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| author | Roger Frank <rfrank@pglaf.org> | 2025-10-15 05:28:57 -0700 |
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If you are not located in the United States, you'll have +to check the laws of the country where you are located before using this ebook. + +Title: Candido, o El Optimismo + +Author: Voltaire + +Posting Date: September 13, 2014 [EBook #7109] +Release Date: December, 2004 +First Posted: March 10, 2003 + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK CANDIDO, O EL OPTIMISMO *** + + + + +Produced by Tom Richards, Arno Peters, Juliet Sutherland, +Charles Franks and the Online Distributed Proofreading Team. + + + + + + + + + + +CANDIDO, + +Ó + +EL OPTIMISMO, + +VERSION DEL ORIGINAL TUDESCO DEL DR. RALPH, + +Con las adiciones que se han hallado en los papeles del Doctor, +despues de su fallecimiento en Minden, el año 1759 de nuestra +redencion. + + + + +CAPITULO PRIMERO. + +_Donde se da cuenta de como fué criado Candido en una hermosa +quinta, y como de ella fué echado á patadas._ + + +En la quinta del Señor baron de Tunderten-tronck, título de la +Vesfalia, vivia un mancebo que habia dotado de la índole mas apacible +naturaleza. Víase en su fisonomía su alma: tenia bastante sano juicio, +y alma muy sensible; y por eso creo que le llamaban Candido. +Sospechaban los criados antiguos de la casa, que era hijo de la +hermana del señor baron, y de un honrado hidalgo, vecino suyo, con +quien jamas consintió en casarse la doncella, visto que no podia +probar arriba de setenta y un quarteles, porque la injuria de los +tiempos habia acabado con el resto de su árbol genealógico. + +Era el señor baron uno de los caballeros mas poderosos de la Vesfalia; +su quinta tenia puerta y ventanas, y en la sala estrado habia una +colgadura. Los perros de su casa componian una xauria quando era +menester; los mozos de su caballeriza eran sus picadores, y el +teniente-cura del lugar su primer capellan: todos le daban señoría, y +se echaban á reir quando decia algun chiste. + +La señora baronesa que pesaba unas catorce arrobas, se habia grangeado +por esta prenda universal respeto, y recibia las visitas con una +dignidad que la hacia aun mas respetable. Cunegunda, su hija, doncella +de diez y siete años, era rolliza, sana, de buen color, y muy +apetitosa muchacha; y el hijo del baron en nada desdecia de su padre. +El oráculo de la casa era el preceptor Panglós, y el chicuelo Candido +escuchaba sus lecciones con toda la docilidad propia de su edad y su +carácter. + +Demostrado está, decia Panglós, que no pueden ser las cosas de otro +modo; porque habiéndose hecho todo con un fin, no puede ménos este de +ser el mejor de los fines. Nótese que las narices se hiciéron para +llevar anteojos, y por eso nos ponemos anteojos; las piernas +notoriamente para las calcetas, y por eso se traen calcetas; las +piedras para sacarlas de la cantera y hacer quintas, y por eso tiene +Su Señoría una hermosa quinta; el baron principal de la provincia ha +de estar mas bien aposentado que otro ninguno: y como los marranos +naciéron para que se los coman, todo el año comemos tocino. De suerte +que los que han sustentado que todo está bien, han dicho un disparate, +porque debian decir que todo está en el último ápice de perfeccion. + +Escuchábale Candido con atención, y le creía con inocencia, porque la +señorita Cunegunda le parecía un dechado de lindeza, puesto que nunca +habia sido osado á decírselo. Sacaba de aquí que despues de la +imponderable dicha de ser baron de Tunder-ten-tronck, era el segundo +grado el de ser la señorita Cunegunda, el tercero verla cada dia, y el +quarto oir al maestro Panglós, el filósofo mas aventajado de la +provincia, y por consiguiente del orbe entero. + +Paseándose un dia Cunegunda en los contornos de la quinta por un +tallar que llamaban coto, por entre unas matas vio al doctor Panglós +que estaba dando lecciones de física experimental á la doncella de +labor de su madre, morenita muy graciosa, y no ménos dócil. La niña +Cunegunda tenia mucha disposicion para aprender ciencias; observó pues +sin pestañear, ni hacer el mas mínimo ruido, las repetidas +experiencias que ámbos hacian; vió clara y distintamente la razon +suficiente del doctor, sus causas y efectos, y se volvió desasosegada +y pensativa, preocupada del anhelo de adquirir ciencia, y figurándose +que podía muy bien ser ella la razón suficiente de Candido, y ser este +la suya. + +De vuelta á la quinta encontró á Candido, y se abochornó, y Candido se +puso también colorado. Saludóle Cunegunda con voz trémula, y +correspondió Candido sin saber lo que se decia. El dia siguiente, +despues de comer, al levantarse de la mesa, se encontraron detras de +un biombo Candido y Cunegunda; esta dexó caer el pañuelo, y Candido le +alzó del suelo; ella le cogió la mano sin malicia, y sin malicia +Candido estampó un beso en la de la niña, pero con tal gracia, tanta +viveza, y tan tierno cariño, qual no es ponderable; topáronse sus +bocas, se inflamáron sus ojos, les tembláron las rodillas, y se les +descarriáron las manos.... En esto estaban quando acertó á pasar por +junto al biombo el señor barón de Tunder-ten-tronck, y reparando en +tal causa y tal efecto, sacó á Candido fuera de la quinta á patadas en +el trasero. Desmayóse Cunegunda; y quando volvió en sí, le dió la +señora baronesa una mano de azotes; y reynó la mayor consternación en +la mas hermosa y deleytosa quinta de quantas exîstir pueden. + + + + +CAPITULO II. + +_De lo que sucedió á Candido con los Búlgaros._ + + +Arrojado Candido del paraiso terrenal fué andando mucho tiempo sin +saber adonde se encaminaba, lloroso, alzando los ojos al cielo, y +volviéndolos una y mil veces á la quinta que la mas linda de las +baronesitas encerraba; al fin se acostó sin cenar, en mitad del campo +entre dos surcos. Caía la nieve á chaparrones, y al otro dia Candido +arrecido llegó arrastrando como pudo al pueblo inmediato llamado +Valdberghof-trabenk-dik-dorf, sin un ochavo en la faltriquera, y +muerto de hambre y fatiga. Paróse lleno de pesar á la puerta de una +taberna, y repararon en el dos hombres con vestidos azules. Cantarada, +dixo uno, aquí tenemos un gallardo mozo, que tiene la estatura que +piden las ordenanzas. Acercáronse al punto á Candido, y le convidáron +á comer con mucha cortesía. Caballeros, les dixo Candido con la mas +sincera modestia, mucho favor me hacen vms., pero no tengo para pagar +mi parte. Caballero, le dixo uno de los azules, los sugetos de su +facha y su mérito nunca pagan. ¿No tiene vm. dos varas y seis dedos? +Sí, señores, esa es mi estatura, dixo haciéndoles una cortesía. Vamos, +caballero, siéntese vm. á la mesa, que no solo pagarémos, sino que no +consentirémos que un hombre como vm. ande sin dinero; que entre gente +honrada nos hemos de socorrer unos á otros. Razón tienen vms., dixo +Candido; así me lo ha dicho mil veces el señor Panglós, y ya veo que +todo está perfectísimo. Le ruegan que admita unos escudos; los toma, y +quiere dar un vale; pero no se le quieren, y se sientan á la mesa.--¿No +quiere vm. tiernamente?... Sí, Señores, respondió Candido, con la +mayor ternura quiero á la baronesita Cunegunda. No preguntamos eso, le +dixo uno de aquellos dos señores, sino si quiere vm. tiernamente al +rey de los Bulgaros. No por cierto, dixo, porque no le he visto en mi +ida.--Vaya, pues es el mas amable de los reyes, ¿Quiere vm. que +brindemos á su salud?--Con mucho gusto, señores; y brinda. Basta con +eso, le dixéron, ya es vm. el apoyo, el defensor, el adalid y el héroe +de los Bulgaros; tiene segura su fortuna, y afianzada su gloria. +Echáronle al punto un grillete al pié, y se le lleváron al regimiento, +donde le hiciéron volverse á derecha y á izquierda, meter la baqueta, +sacar la baqueta, apuntar, hacer fuego, acelerar el paso, y le diéron +treinta palos: al otro dia hizo el exercicio algo ménos jual, y no le +diéron mas de veinte; al tercero, llevó solamente diez, y le tuviéron +sus camaradas por un portento. + +Atónito Candido aun no podia entender bien de qué modo era un héroe. +Púsosele en la cabeza un dia de primavera irse á paseo, y siguió su +camino derecho, presumiendo que era prerogativa de la especie humana, +lo mismo que de la especie animal, el servirse de sus piernas á su +antojo. Mas apénas había andado dos leguas, quando héteme otros quatro +héroes de dos varas y tercia, que me lo agarran, me le atan, y me le +llevan á un calabozo, Preguntáronle luego jurídicamente si queria mas +pasar treinta y seis veces por baquetas de todo el regimiento, ó +recibir una vez sola doce balazos en la mollera. Inútilmente alegó que +las voluntades eran libres, y que no queria ni una cosa ni otra, fué +forzoso que escogiese; y en virtud de la dádiva de Dios que llaman +libertad, se resolvió á pasar treinta y seis veces baquetas, y sufrió +dos tandas. Componíase el regimiento de dos mil hombres, lo qual hizo +justamente quatro mil baquetazos que de la nuca al trasero le +descubriéron músculos y nervios. Iban á proceder á la tercera tanda, +quando Candido no pudiendo aguantar mas pidió por favor que se le +hicieran de levantarle la tapa de los sesos; y habiendo conseguido tan +señalada merced, le estaban vendando los ojos, y le hacían hincarse de +rodillas, quando acertó á pasar el rey de los Bulgaros, que +informándose del delito del paciente, como era este rey sugeto de +mucho ingenio, por todo quanto de Candido le dixéron, echó de ver que +era un aprendiz de metafísica muy bisoño en las cosas de este mundo, y +le otorgó el perdon con una clemencia que fué muy loada en todas las +gacetas, y lo será en todos los siglos. Un diestro cirujano curó á +Candido con los emolientes que enseña Dioscórides. Un poco de cútis +tenia ya, y empezaba á poder andar, quando dió una batalla el rey de +los Bulgaros al de los Abaros. + + + + +CAPITULO III. + +_De qué modo se libró Candido de manos de los Bulgaros, y de lo que +le sucedió despues._ + + +No habia cosa mas hermosa, mas vistosa, mas lucida, ni mas bien +ordenada que ámbos exércitos: las trompetas, los pífanos, los +atambores, los obués y los cañones formaban una harmonía qual nunca +la hubo en los infiernos. Primeramente los cañones derribáron unos +seis mil hombres de cada parte, luego la fusilería barrió del mejor de +los mundos unos nueve ó diez mil bribones que inficionaban su +superficie; y finalmente la bayoneta fué la razon suficiente de la +muerte de otros quantos miles. Todo ello podia sumar cosa de treinta +millares. Durante esta heroica carnicería, Candido, que temblaba como +un filósofo, se escondió lo mejor que supo. + +Miéntras que hacian cantar un _Te Deum_ ámbos reyes cada uno en +su campo, se resolvió nuestro héroe á ir á discurrir á otra parte +sobre las causas y los efectos. Pasó por encima de muertos y +moribundos hacinados, y llegó á un lugar inmediato que estaba hecho +cenizas; y era un lugar abaro que conforme á las leyes de derecho +público habian incendiado los Bulgaros: aquí, unos ancianos +acribillados de heridas contemplaban exhalar el alma á sus esposas +degolladas; mas allá, daban el postrer suspiro vírgenes pasadas á +cuchillo despues de haber saciado los deseos naturales de algunos +héroes; otras medio tostadas clamaban por que las acabaran de matar; +la tierra estaba sembrada de sesos al lado de brazos y piernas +cortadas. + +Huyóse á toda priesa Candido á otra aldea que pertenecia á los +Bulgaros, y que habia sido igualmente tratada por los héroes abaros. +Al fin caminando sin cesar por cima de miembros palpitantes, ó +atravesando ruinas, salió al cabo fuera del teatro de la guerra, con +algunas cortas provisiones en la mochila, y sin olvidarse un punto de +su Cunegunda. Al llegar á Holanda se le acabáron las provisiones; mas +habiendo oido decir que la gente era muy rica en este pais, y que eran +cristianos, no le quedó duda de que le darian tan buen trato como el +que en la quinta del señor baron le habian dado, ántes de haberle +echado á patadas á causa de los buenos ojos de Cunegunda la +baronesita. + +Pidió limosna á muchos sugetos graves que todos le dixéron que si +seguia en aquel oficio, le encerrarian en una casa de correccion, para +enseñarle á vivir sin trabajar. Dirigióse luego á un hombre que +acababa de hablar una hora seguida en una crecida asamblea sobre la +caridad, y el orador, mirándole de reojo, le dixo: ¿A qué vienes +aquí? ¿estás por la buena causa? No hay efecto sin causa, respondió +modestamente Candido; todo está encadenado por necesidad, y ordenado +para lo mejor: ha sido necesario que me echaran de casa de la +baronesita Cunegunda, y que pasara baquetas, y es necesario que +mendigue el pan hasta que le pueda ganar; nada de esto podia ménos de +suceder. Amiguito, le dixo el orador, ¿crees que el papa es el +ante-cristo? Nunca lo habia oido, respondió Candido; pero, séalo ó no +lo sea, yo no tengo pan que comer. Ni lo mereces, replicó el otro; +anda, +bribon, anda, miserable, y que no te vuelva yo á ver en mi vida. +Asomóse en esto á la ventana la muger del ministro, y viendo á uno que +dudaba de que el papa fuera el ante-cristo, le tiró á la cabeza un +vaso lleno de.... ¡O cielos, á qué excesos se entregan las damas por +zelo de la religion! + +Uno que no habia sido bautizado, un buen anabantista, llamado +Santiago, testigo de la crueldad y la ignominia con que trataban á uno +de sus hermanos, á un ser bípedo y sin plumas, que tenia alma, se le +llevó á su casa, le limpió, le dió pan y cerbeza, y dos florines, y +ademas quiso enseñarle á trabajar en su fábrica de texidos de Persia, +que se hacen en Holanda. Candido, arrodillándose casi á sus plantas, +clamaba: Bien decia el maestro Panglós, que todo estaba perfectamente +en este mundo; porque infinitamente mas me enternece la mucha +generosidad de vm., que lo que me enojó la inhumanidad de aquel señor +de capa negra, y de su señora muger. + +Yendo al otro dia de pasco se encontró con un pordiosero, cubierto de +lepra, los ojos casi ciegos, carcomida la punta de la nariz, la boca +tuerta, ennegrecídos los dientes, y el habla gangosa, atormentado de +una violenta tos, y que á cada esfuerzo escupia una muela. + + + + +CAPITULO IV. + +_De qué modo encontró Candido á su maestro de filosofía, el doctor +Panglós, y de lo que le aconteció._ + + +Mas que á horror movido á compasion Candido le dió á este horroroso +pordiosero los dos florines que de su honrado anabautista Santiago +habia recibido. Miróle de hito en hito la fantasma, y vertiendo +lágrimas se le colgó al cuello. Zafóse Candido asustado, y el +miserable dixo al otro miserable: ¡Ay! ¿con que no conoces á tu amado +maestro Panglós? ¿Qué oygo? ¡vm., mi amado maestro! ¡vm. en tan +horrible estado! ¿Pues qué desdicha le ha sucedido? ¿porqué no está en +la mas hermosa de las granjas? ¿qué se ha hecho la señorita Cunegunda, +la perla de las doncellas, la obra maestra de la naturaleza? No puedo +alentar, dixo Panglós. Llevóle sin tardanza Candido al pajar del +anabautista, le dió un mendrugo de pan; y quando hubo cobrado aliento +Panglós, le preguntó: ¿Qué es de Cunegunda? Es muerta, respondió el +otro. Desmayóse Candido al oirlo, y su amigo le volvió á la vida con +un poco de vinagre malo que encontró acaso en el pajar. Abrió Candido +los ojos, y exclamó: ¡Cunegunda muerta! Ha perfectísimo entre los +mundos, ¿adonde estás? ¿y de qué enfermedad ha muerto? ¿ha sido por +ventura de la pesadumbre de verme echar á patadas de la soberbia +quinta de su padre? No por cierto, dixo Panglós, sino de que unos +soldados bulgaros le sacáron las tripas, despues que la hubiéron +violado hasta mas no poder, habiendo roto la mollera al señor baron +que la quiso defender. La señora baronesa fué hecha pedazos, mi pobre +alumno tratado lo mismo que su hermana, y en la granja no ha quedado +piedra sobre piedra, ni troxes, ni siquiera un carnero, ni una +gallina, ni un árbol; pero bien nos han vengado, porque lo mismo han +hecho los Abaros en una baronía inmediata que era de un señor bulgaro. + +Desmayóse otra vez Candido al oir este lamentable cuento; pero vuelto +en sí, y habiendo dicho quanto tenia que decir, se informó de la causa +y efecto, y de la razon suficiente que en tan lastimosa situacion á +Panglós habia puesto. ¡Ay! dixo el otro, el amor ha sido; el amor, el +consolador del humano linage, el conservador del universo, el alma de +todos los seres sensibles, el blando amor. Ha, dixo Candido, yo +tambien he conocido á ese amor, á ese árbitro de los corazones, á esa +alma de nuestra alma, que nunca me ha valido mas que un beso y veinte +patadas en el trasero. ¿Cómo tan bella causa ha podido producir en vm. +tan abominables efectos? Respondióle Panglós en los términos +siguientes: Ya conociste, amado Candido, á Paquita, aquella linda +doncella de nuestra ilustre baronesa; pues en sus brazos gocé los +contentos celestiales, que han producido los infernales tormentos que +ves que me consumen: estaba podrida, y acaso ha muerto. Paquita debió +este don á un Franciscano instruidísimo, que había averiguado el +orígen de su achaque, porque se le habia dado una condesa vieja, la +qual le habia recibido de un capitan de caballería, que le hubo de una +marquesa, á quien se le dió un page, que le cogió de un jesuita, el +qual, siendo novicio, le habia recibido en línea recta de uno de los +compañeros de Cristobal Colon. Yo por mi no se le daré á nadie, porque +me voy á morir luego. + +¡O Panglós, exclamó Candido, qué raro árbol de genealogía es ese! ¿fué +acaso el diablo su primer tronco? No por cierto, replicó aquel varon +eminente, que era indispensable cosa y necesario ingrediente del mas +excelente de los mundos; porque si no hubieran pegado á Colon en una +isla de América este mal que envenena el manantial de la generacion, y +que á veces estorba la misma generacion, y manifiestamente se opone al +principal blanco de naturaleza, no tuviéramos ni chocolate ni +cochinilla; y se ha de notar que hasta el dia de hoy es peculiar de +nosotros esta dolencia en este continente, no ménos que la teología +escolástica. Todavía no se ha introducido en la Turquía, en la India, +en la Persia, en la China, en Sian, ni en el Japon; pero razon hay +suficiente para que la padezcan dentro de algunos siglos. Miéntras +tanto es bendicion de Dios lo que entre nosotros prospera, con +particularidad en los exércitos numerosos, que constan de honrados +ganapanes muy bien educados, los quales deciden la suerte de los +estados, y donde se puede afirmar con certeza, que quando pelean +treinta mil hombres en campal batalla contra un exército igualmente +numeroso, hay cerca de veinte mil galicosos por una y otra parte. + +Portentosa cosa es esa, dixo Candido, pero es preciso tratar de +curaros. ¿Y cómo me he de curar, amiguito, dixo Panglós, si no tengo +un ochavo; y en todo este vasto globo á nadie sangran, ni le +administran una lavativa, sin que pague ó que alguien pague por él? + +Estas últimas razones determináron á Candido á irse á echar á los +piés de su caritativo anabautista Santiago, á quien pintó tan +tiernamente la situacion á que se vía reducido su amigo, que no +dificultó el buen hombre en hospedar al doctor Panglós, y curarle á su +costa. Esta cura no costó á Panglós mas que un ojo y una oreja. Como +sabia escribir y contar con perfeccion, le hizo el anabautista su +tenedor de libros. Viéndose precisado á cabo de dos meses á ir á +Lisboa para asuntos de su comercio, se embarcó con sus dos filósofos. +Panglós le explicaba de qué modo todas las cosas estaban +peifectísimamente, y Santiago no era de su parecer. Fuerza es, decia, +que hayan los hombres estragado algo la naturaleza, porque no +naciéron lobos, y se han convertido en lobos. Dios no les dió ni +cañones de veinte y quatro, ni bayonetas, y ellos para destruirse han +fraguado bayonetas y cañones. Tambien pudiera mentar las quiebras, y +la justicia que embarga los bienes de los fallidos para frustrar á los +acreedores. Todo eso era indispensable, replicó el doctor tuerto, y de +los males individuales se compone el bien general; de suerte que +quanto mas males particulares hay, mejor está el todo. Miéntras estaba +argumentando, se obscureció el cielo, sopláron furiosos los vientos de +los quatro ángulos del mundo, y á vista del puerto de Lisboa fué +embutido el navío de la tormenta mas hermosa. + + + + +CAPITULO V. + +_De una tormenta, un naufragio, y un terremoto. De los sucesos del +doctor Panglós, de Candido, y de Santiago el anabautista._ + + +Sin fuerza y medio muertos la mitad de los pasageros con las +imponderables bascas que causa el balance de un navío en los nervios y +en todos los humores que en opuestas direcciones se agitan, ni aun +para temer el riesgo tenian ánimo: la otra mitad gritaba y rezaba; +estaban rasgadas las velas, las xarcias rotas, y abierta la nave: +quien podia trabajaba, nadie se entendia, y nadie mandaba. Algo +ayudaba á la faena el anabautista, que estaba sobre el combes, quando +un furioso marinero le pega un fiero embion, y le derriba en las +tablas; pero fué tanto el esfuerzo que al empujarle hizo, que se cayó +de cabeza fuera del navío, y se quedó colgado y agarrado de una +porcion del mástil roto. Acudió el buen Santiago á socorrerle, y le +ayudó á subir; pero con la fuerza que para ello hizo, se cayó en la +mar á vista del marinero que le dexó ahogarse, sin dignarse siquiera +de mirarle. Candido que se acerca, y ve á su bienhechor que viene un +instante sobre el agua, y que se hunde para siempre, se quiere tirar +tras de el al mar; pero le detiene el filósofo Panglós, demostrándole +que habia sido criada la cala de Lisboa con destino á que se ahogara +en ella el anabautista. Probándolo estaba _à priori_, quando se +abrió el navío, y todos pereciéron, ménos Panglós, Candido, y el +desalmado marinero que habia ahogado al virtuoso anabautista; que el +bribon salió á salvamento nadando hasta la orilla, donde aportáron +Candido y Panglós en una tabla. + +Así que se recobráron un poco del susto y el cansancio, se encamináron +á Lisboa. Llevaban algun dinero, con el qual esperaban librarse del +hambre, despues de haberse zafado de la tormenta. Apenas pusiéron los +piés en la ciudad, lamentándose de la muerte de su bien-hechor, la mar +embatió bramando el puerto, y arrebató quantos navíos se hallaban en +él anclados; se cubriéron calles y plazas de torbellinos de llamas y +cenizas; hundíanse las casas, caían los techos sobre los cimientos, y +los cimientos se dispersaban, y treinta mil moradores de todas edades +y sexôs eran sepultados entre ruinas. El marinero tarareando y votando +decia: Algo ganarémos con esto. ¿Qual puede ser la razon suficiente de +este fenómeno? decia Panglós; y Candido exclamaba: Este es el dia del +juicio final. El marinero se metió sin detenerse en medio de las +ruinas, arrostrando la muerte por buscar dinero, con el que encontró +se fué á emborrachar; y después de haber dormido la borrachera, +compró los favores de la ramera que topó primero, y que se dió á él +entre las ruinas de los desplomados edificios, y en mitad de los +moribundos y los cadáveres, puesto que Panglós le tiraba de la casaca, +diciéndole: Amigo, eso no es bien hecho, que es pecar contra la razon +universal, porque ahora no es ocasion de holgarse. Por vida del Padre +Eterno, respondió el otro, yo soy marinero, y nacido en Batavia; +quatro veces he pisado el crucifixo en quatro viages que tengo hechos +al Japon. Pues no vienes mal ahora con tu razon universal. + +Candido, que la caida de unas piedras habia herido, tendido en el +suelo en mitad de la calle, y cubierto de ruinas, clamaba á Panglós: +¡Ay! tráeme un poco de vino y aceyte, que me muero. Este temblor de +tierra, respondió Panglós, no es cosa nueva: el mismo azote sufrió +Lima años pasados; las mismas causas producen los mismos efectos; sin +duda que hay una veta de azufre subterránea que va de Lisboa á Lima. +Verosímil cosa es, dixo Candido; pero, por Dios, un poco de aceyte y +vino. ¿Cómo verosímil? replicó el filósofo, pues yo sustentaré que +está demostrada. Candido perdió el sentido, y Panglós le llevó un +trago de agua de una fuente inmediata. + +Habiendo hallado el siguiente dia algunos manjares metiéndose por +entre los escombros, cobráron algunas fuerzas, y trabajáron luego, á +exemplo de los demas, en alivio de los habitantes que de la muerte se +habian librado. Algunos vecinos que habian socorrido les diéron la +ménos mala comida que en tamaño desastre se podia esperar: verdad es +que fué muy triste el banquete; los convidados bañaban el pan en +llantos, pero Panglós los consolaba sustentando que no podian suceder +las cosas de otra manera; porque todo esto, decia, es lo mejor que +hay; porque si hay un volcan en Lisboa, no podia estar en otra parte; +porque no es posible que no esten las cosas donde estan; porque todo +está bien. + +Un hombrecito vestido de negro, familiar de la inquisicion, que junto +á el estaba sentado, interrumpió muy cortesmente, y le dixo: Sín duda, +caballero, que no cree vm. en el pecado original; porque, si todo está +perfecto, no ha habido pecado ni castigo. + +Perdóneme Vueselencia, le respondió con mas cortesía Panglós, porque +la caida del hombre y su maldicion hacian parte necesaria del mas +excelente de los mundos posibles. ¿Según eso este caballero no cree +que seamos libres? dixo el familiar. Otra vez ha de perdonar +Vueselencia, replicó Panglós, porque puede subsistir la libertad con +la necesidad absoluta; porque era necesario que fuéramos libres; +porque finalmente la voluntad determinada.... En medio de la frase +estaba Panglós, quando hizo el familiar una seña á su secretario que +le escanciaba vino de Porto ó de Oporto. + + + + +CAPITULO VI. + +_Del magnífico auto de fe que se hizo para que cesara el terremoto, +y de los doscientos azotes que pegáron á Candido._ + + +Pasado el terremoto que habia destruido las tres quartas partes de +Lisboa, el mas eficaz medio que ocurrió á los sabios del pais para +precaver una total ruina, fue la fiesta de un soberbio auto de fe, +habiendo decidido la universidad de Coïmbra que el espectáculo de unas +quantas personas quemadas á fuego lento con toda solemnidad es +infalible secreto para impedir los temblores de tierra. Habian sido +presos por tanto un Vizcayno que estaba convicto de haberse casado con +su comadre, y dos Portugueses que se habían comido un pollo un +viernes, y la olla sin tocino un sábado; y despues de comer se +lleváron atados al doctor Panglós y su discípulo Candido, al uno por +lo que habia dicho, y al otro por haberle escuchado con ademan de +aprobar lo que decia. Pusiéronlos separados en unos aposentos muy +frescos, donde nunca incomodaba el sol, y de allí á ocho dias los +vistiéron de un san-benito, y les engalanáron la cabeza con unas +mitras de papel: la coroza y el san-benito de Candido llevaban llamas +boca abaxo, y diablos sin garras ni rabo; pero los diablos de Panglós +tenian rabo y garras, y las llamas ardian hácia arriba. Así vestidos +saliéron en procesion, y oyéron un sermon muy tierno, al qual se +siguió una bellísima música en fabordon. A Candido, miéntras duró el +canto, le pegáron doscientos azotes á compas; al Vizcayno y á los dos +que habian comido la olla sin tocino los quemáron, y Panglós fué +ahorcado, aunque no era estilo. Aquel mismo día, tembló la tierra con +un furor espantable. + +Candido atónito, desatentado, confuso, ensangrentado y palpitante, +decia entre sí: ¿Si este es el mejor de los mundos posibles, cómo +serán los otros? Vaya con Dios, si no hubieran hecho mas que +espolvorearme las espaldas, que ya los Bulgaros me habian hecho el +mismo agasajo. Pero tú, caro Panglós, el mayor de los filósofos, +¿porqué te he visto ahorcar, sin saber por qué? O mi amado +anabautista, tu que eras el mejor de los hombres, ¿porqué te has +ahogado en el puerto? Y tú, baronesita Cunegunda, perla de las niñas, +¿porqué te han sacado el redaño? Volvíase diciendo esto á su casa, sin +poderse tener en pié, predicado, azotado, absuelto, y bendito, quando +se le acercó una vieja que le dixo: Hijo mió, ten buen ánimo, y +sígueme. + + + +CAPITULO VII. + +_Que cuenta como una vieja remedió las cuitas de Candido, y como +topó este con su dama._ + + +No cobró ánimo Candido, pero siguió á la vieja á una ruin casucha, +donde le dió su conductora un bote de pomada para untarse, y le dexó +de comer y de beber; luego le enseñó una camita muy aseada, y al lado +de la cama un vestido completo: Come, hijo, bebe y duerme, le dixo, y +Nuestra Señora de Atocha, el señor San Antonio de Padua, y el señor +Santiago de Compostela se queden contigo: mañana volveré. Confuso +Candido con todo quanto habia visto, y quanto habia padecido, y inas +todavía con la caridad de la vieja, le quiso besar la mano. No es mi +mano la que has de besar, le dixo la vieja; mañana volveré. Untate con +la pomada, come y duerme. + +No obstante sus muchas desventuras, comió y durmió Candido. Al otro +dia le trae la vieja de almorzar, le visita las espaldas, se las +estriega con otra pomada, y luego le trae de comer: á la noche vuelve, +y le trae que cenar. El tercer dia fué la misma ceremonia. ¿Quién es +vm.? le decia Candido; ¿quién le ha inspirado tanta bondad? ¿cómo +puedo darle dignas gracias? La buena señora nunca respondia palabra, +pero volvió aquella noche, y no traxo que cenar. Ven conmigo, le dixo, +y no chistes; y diciendo esto agarró á Candido del brazo, y echó á +andar con el por el campo. A cosa de medio quarto de legua que +hubiéron andado, llegáron á una casa sola, cercada de canales y +jardines. Llama la vieja á un postigo: abren, y lleva á Candido por +una escalera secreta á un gabinete dorado, donde le dexa sobre un +canapé de terciopelo, cierra la puerta, y se marcha. A Candido se le +figuraba que soñaba, teniendo su vida entera por un sueño funesto, y +el momento actual por un sueño delicioso. + +Presto volvió la vieja, sustentando con dificultad del brazo á una +muger que venia toda trémula, de magestuosa estatura, cubierta de +piedras preciosas, y tapada con un velo. Alza ese velo, dixo á Candido +la vieja. Arrímase el mozo, y alza con mano tímida el velo. ¡Qué +instante! ¡qué pasmo! cree que está viendo á su baronesita, á su +Cunegunda; y así era la verdad, porque era ella propia. Fáltale el +aliento, no puede articular palabra, y cae desmayado á sus plantas. +Cunegunda se cae sobre el canapé: la vieja los inunda en aguas de +olor; vuelven en sí, se hablan; primero en voces interrumpidas, en +preguntas y respuestas que no se dan vado unas á otras, en suspiros, +lágrimas y gritos. La vieja, recomendándoles que metan ménos bulla, +los dexa libres. ¡Con que es vm., dice Candido! ¡con que la veo en +Portugal, y no ha sido violada, y no le han pasado de parte á parte +las entrañas, como me habia dicho el filósofo Panglós! Sí tal, replicó +la hermosa Cunegunda, pero no siempre son mortales esos accidentes. +--¿Y han sido muertos el padre y la madre de vm.?--Por mi desgracia, +sí, respondió llorando Cunegunda.--¿Y su hermano?--Mi hermano +también.--¿Pues porqué está vm. en Portugal? ¿cómo ha sabido que +también yo lo estaba? ¿porqué raro acaso me ha hecho venir á esta +casa? Todo lo diré, replicó la dama; pero antes es forzoso que me diga +vm. quantos sucesos le han pasado desde el inocente beso que me dió, y +las patadas con que se le hiciéron pagar. + +Obedeció Candido con profundo respeto; y puesto que estaba confuso, +que tenia trémula y flaca la voz, y que aun le dolia no poco el +espinazo, contó con la mayor ingenuidad quanto desde el punto de su +separacion habia padecido. Alzaba Cunegunda los ojos al cielo, y +vertió tiernas lágrimas por la muerte del buen anabautista y de +Panglós; habló despues como sigue á Candido, el qual no perdió una +palabra, y se la comia con los ojos. + + + + +CAPITULO VIII. + +_Historia de Cunegunda._ + + +Durmiendo á pierna suelta estaba en mi cama, quando plugo al cielo que +entraran los Bulgaros en nuestra soberbia quinta de Tunder-ten-tronck, +y degollaran á mi padre y á mi hermano, é hiciesen tajadas á mi madre. +Un pazguato de Bulgaro de dos varas y tercia, viendo que habia yo +perdido los sentidos con esta escena, se puso á violarme; con lo qual +volví en mí, y empecé á morder, á arañar, y á querer sacar los ojos al +Bulgarote, no sabiendo que era cosa de estilo quanto en la quinta de +mi padre estaba pasando; pero me dió el belitre una cuchillada junto á +la teta izquierda, que todavía me queda la señal. Ha, espero que me la +enseñará vm., dixo el ingenuo Candido. Ya la verá vm., dixo Cunegunda, +pero sigamos el cuento. Siga vm., replicó Candido. + +Añudó pues así el hilo de su historia Cunegunda: Entró un capitan +bulgaro, que me vió llena de sangre, debaxo del soldado que no se +incomodaba; y enojado del poco respeto que le tenia el malandrin, le +mató encima de mí: hízome luego poner en cura, y me llevó prisionera +de guerra á su guarnicion. Allí lavaba las pocas camisas que el tenia, +y le guisaba la comida; el decia que era yo muy bonita, y tambien he +de confesar que era muy lindo mozo, y que tenia la carne suave y +blanca, pero poco entendimiento, y ménos filosofía: y á tiro de +ballesta se echaba de ver que no le habia educado el doctor Panglós. A +cabo de tres meses perdió todo quanto dinero tenia, y no curándose mas +de mí, me vendió á un Judío llamado Don Isacar, que tenia casa de +comercio en Holanda y en Portugal, y se perdia por mugeres. Prendóse +mucho de mi el tal Judío, pero nada pudo conseguir, que me he +resistido á el mas bien que al soldado bulgaro; porque una honrada +muger bien puede ser violada una vez, pero con ese mismo contratiempo +se fortalece su virtud. El Judío para domesticarme me ha traído á la +casa de campo que vm. ve. Hasta ahora habia creido que no habia en la +tierra mansion mas hermosa que la granja de Tunder-ten-tronck, pero ya +estoy desengañada de mi error. + +El inquisidor general me vió un dia en misa, no me quitó los ojos de +encima, y me mandó á decir que me tenia que hablar de un asunto +secreto. Lleváronme á su palacio, y yo le dixe quien eran mis padres. +Representóme entónces quanto desdecia de mi nobleza el pertenecer á un +israelita. Su Ilustrísima propuso á Don Isacar que le hiciera cesión +de mí; y este, que es banquero de palacio y hombre de mucho poder, +nunca tal quiso consentir. El inquisidor le amenazó con un auto de fe. +Al fin atemorizado mi Judío hizo un ajuste en virtud del qual la casa +y yo habian de ser de ámbos de mancomun; el Judío se reservó los +lúnes, los miércoles y los sábados, y el inquisidor los demas dias de +la semana. Seis meses ha que subsiste este convenio, aunque no sin +freqüentes contiendas, porque muchas veces han disputado sobre si la +noche de sábado á domingo pertenecia á la ley antigua, ó á la ley de +gracia. Yo empero á entrámbas leyes me lie resistido hasta ahora, y +por este motivo pienso que me quieren tanto. Finalmente, por conjurar +la plaga de los terremotos, y por poner miedo á Don Isacar, le plugo +al Ilustrísimo señor inquisidor celebrar un auto de fe. Honróme +convidándome á la fiesta; me diéron uno de los mejores asientos, y se +sirviéron refrescos á las señoras en el intervalo de la misa y el +suplicio de los ajusticiados. Confieso que estaba sobrecogida de +horror de ver quemar á los dos Judíos, y al honrado Vizcayno casado +con su comadre; pero ¡qué asombro, qué confusión y qué susto fué el +mio quando vi con un sambenito y una coroza una cara parecida á la de +Panglós! Estreguéme los ojos, miré con atencion, le vi ahorcar, y me +tomó un desmayo. Apénas habia vuelto en mí, quando le vi á vm. desnudo +de medio cuerpo: allí fué el cúmulo de mi horror, mi consternacion, mi +desconsuelo, y mi desesperacion. Digo de verdad que la cútis de vm. es +mas blanca y mas encarnada que la de mi capitan de Bulgaros; y esta +vista aumentó todos los afectos que abrumada y consumida me tenian. A +dar gritos iba, yá decir: deteneos, inhumanos; pero me faltó la voz, y +habrian sido en balde mis gritos. Quando os hubiéron azotado á su +sabor, decia yo entre mí: ¿Cómo es posible que se encuentren en Lisboa +el amable Candido y el sabio Panglós; uno para llevar doscientos +azotes, y otro para ser ahorcado por órden del ilustrísimo Señor +inquisidor que tanto me ama? ¡Qué cruelmente me engañaba Panglós, +quando me decia que todo era perfectísimo! + +Agitada, desatentada, fuera de mi unas veces, y muriéndome otras de +pesar, tenia preocupada la imaginacion con la muerte de mi padre, mi +madre y mi hermano, con la insolencia de aquel soez soldado bulgaro, +con la cuchillada que me dió, con mi oficio de lavandera y cocinera, +con mi capitan bulgaro, con mi sucio Don Isacar, con mi abominable +inquisidor, con la horca del doctor Panglós, con aquel gran miserere +en fabordon durante el qual le diéron á vm. doscientos azotes, y mas +que todo con el beso que dí á vm. detras del biombo la última vez que +nos vimos. Dí gracias á Dios que nos volvia á reunir por medio de +tantas pruebas, y encargué á mi vieja que cuidase de vm., y me le +traxese luego que fuese posible. Ha desempeñado muy bien mi encargo, y +he disfrutado el imponderable gusto de volver á ver á vm., de oírle, y +de hablarle. Sin duda que debe tener una hambre canina, yo tambien, +tengo buenas ganas, con que cenemos ántes de otra cosa. + +Sentáronse pues ámbos á la mesa, y despues de cenar se volviéron al +hermoso canapé de que ya he hablado. Sobre el estaban, quando llegó el +señor Don Isacar, uno de los dos amos de casa; que era sábado, y venia +á gozar sus derechos, y explicar su rendido amor. + + + + +CAPITULO IX. + +_Prosiguen los sucesos de Cunegunda, Candido, el Inquisidor general, +y el Judío._ + + +Era el tal Isacar el hebreo mas vinagre que desde la cautividad de +Babilonia se habia visto en Israel. ¿Qué es esto, dixo, perra Galilea? +¿con que no te basta con el señor inquisidor, que tambien ese chulo +entra á la parte conmigo? Al decir esto saca un puñal buido que +siempre llevaba en el cinto, y creyendo que su contrario no traía +armas, se tira á él. Pero la vieja habia dado á nuestro buen +Vesfaliano una espada con el vestido completo que hemos dicho: +desenvaynóla Candido, y derribó en el suelo al Israelita muerto, +puesto que fuese de la mas mansa índole. + +¡Virgen Santísima! exclamó la hermosa Cunegunda; ¿qué será de +nosotros? ¡Un hombre muerto en mi casa! Si viene la justicia, soy +perdida. Si no hubieran ahorcado á Panglós, dixo Candido, el nos daria +consejo en este apuro, porque era eminente filósofo; pero pues el nos +falta, consultemos con la vieja. Era esta muy discreta, y empezaba á +decir su parecer, quando abriéron otra puertecilla. Era la una de la +noche; habia ya principiado el domingo, dia que pertenecia al señor +inquisidor. Al entrar este ve al azotado Candido con la espada en la +mano, un muerto en el suelo, Cunegunda asustada, y la vieja dando +consejos. + +En este instante le ocurriéron á Candido las siguientes ideas, y +discurrió así: Si pide auxîlio este varon santo, infaliblemente me +hará quemar, y otro tanto podrá hacer á Cunegunda; me ha hecho azotar +sin misericordia, es mi contrincante, y yo estoy de vena de matar; +pues no hay que detenerse. Fué este discurso tan bien hilado como +pronto; y sin dar tiempo á que se recobrase el inquisidor del primer +susto, le pasó de parte á parte de una estocada, y le dexó tendido +cabe el Judío. Buena la tenemos, dixo Cunegunda: ya no hay remision; +estamos excomulgados, y es llegada nuestra última hora. ¿Cómo ha hecho +vm., siendo de tan suave condicion, para matar en dos minutos á un +prelado y á un Judío? Hermosa señorita, respondió, quando uno está +enamorado, zeloso, y azotado por la inquisicion, no sabe lo que se +hace. + +Rompió entónces la vieja el silencio, y dixo: En la caballeriza hay +tres caballos andaluces con sus sillas y frenos; ensíllelos el +esforzado Candido; esta señora tiene moyadores y diamantes; montemos á +caballo, y vamos á Cadiz, puesto que yo no me puedo sentar mas que +sobre una nalga. El tiempo está hermosísimo, y da contento caminar con +el fresco de la noche. + +Ensilló volando Candido los tres caballos, y Cunegunda, él, y la vieja +anduviéron diez y seis leguas sin parar. Miéntras que iban andando, +vino á la casa de Cunegunda la santa hermandad, enterráron á Su +Ilustrísima en una suntuosa iglesia, y á Isacar le tiráron á un +muladar. + +Ya estaban Candido, Cunegunda y la vieja en la villa de Aracena, en +mitad de los montes de Sierra-Morena, y decian lo que sigue en un +meson. + + + + +CAPITULO X. + +_De la triste situacion en que, se viéron Candido, Cunegunda y la +vieja; de su arribo á Cadiz, y como se embarcáron para América._ + + +¿Quién me habrá robado mis doblones y mis diamantes? decia llorando +Cunegunda; ¿cómo hemos de vivir? ¿qué hemos de hacer? ¿donde he de +hallar +inquisidores y Judíos que me den otros? ¡Ay! dixo la vieja, mucho me +sospecho de un reverendo padre Franciscano que ayer durmió en Badajoz +en nuestra posada. Líbreme Dios de hacer juicios temerarios; pero él +dos veces entró en nuestro quarto, y se fué mucho ántes que nosotros. +Ha, dixo Candido, muchas veces me ha probado el buen Panglós que los +bienes de la tierra son comunes de todos, y cada uno tiene igual +derecho á su posesion. Conforme á estos principios, nos habia de haber +dexado el padre para acabar nuestro camino. ¿Con que no te queda nada, +hermosa Cunegunda? Ni un maravedí, respondió esta. ¿Y qué nos harémos? +exclamó Candido. Vendamos uno de los caballos, dixo la vieja; yo +montaré á las ancas de el de la señorita, puesto que no me puedo +sentar mas que sobre una nalga, y así llegarémos á Cadiz. + +En el mismo meson habia un prior de Benitos, que compró barato el +caballo. Candido, Cunegunda y la vieja atravesáron á Lucena, á Cilla, +y á Lebrixa, y llegaron en fin á Cadiz, donde estaban armando una +esquadra para poner en razon á los reverendos padres jesuitas del +Paraguay, que habian excitado á uno de sus aduares de Indios contra +los reyes de España y Portugal, cerca de la colonia del Sacramento. +Candido, que habia servido en la tropa bulgara, hizo á presencia del +general de aquel pequeño exército el exercicio á la bulgara con tanto +donayre, ligereza, maña, agilidad y desembarazo, que le dió este el +mando de una compañía de infantería. Hétele pues capitan; con esta +graduacion se embarcó en compañía de su Cunegunda, de la vieja, de dos +criados, y de los dos caballos andaluces que habian sido del señor +inquisidor general de Portugal. + +En la travesía discurriéron largamente cerca de la filosofía del pobre +Panglós. Vamos á otro mundo, decia Candido, y sin duda que en el es +donde todo está bien; porque en este nuestro hemos de confesar que hay +sus defectillos en lo físico y en lo moral. Yo te quiero con toda mi +alma, decia Cunegunda; pero todavía llevo el corazon traspasado con lo +que he visto, y lo que he padecido. Todo irá bien, replicó Candido; ya +el mar de este nuevo mundo vale mas que nuestros mares de Europa, que +es mas bonancible, y los vientos son mas constantes: no cabe duda de +que el nuevo mundo es el mejor de los mundos posibles. Plega á Dios, +dixo Cunegunda; pero tan horrorosas desgracias han pasado por mi en el +mio, que apénas si queda en mi corazon resquicio de esperanza. Vms. se +quejan, les dixo la vieja; pues sepan que no han experimentado +desventuras como las mias. Sonrióse Cunegunda del disparate de la +buena muger que se alababa de ser mas desdichada que ella. ¡Ay! le +dixo, madre, á ménos que haya vm. sido violada por dos Bulgaros, que +le hayan dado dos cuchilladas en la barriga, que hayan demolido dos de +sus granjas, que hayan degollado en su presencia dos padres y dos +madres de vm., y que haya visto á dos de sus amantes azotados en un +auto de fe, no se como pueda haber corrido mayores borrascas: sin +contar que he nacido baronesa con setenta y dos quarteles en mi escudo +de armas, y he sido cocinera. Señorita, replicó la vieja, vm. no sabe +qual ha sido mi cuna; y si le enseñara mi trasero, no hablaria del +modo que habla, y suspenderia el juicio. Excitó esta réplica fuerte +curiosidad en los ánimos de Candido y Cunegunda, y la vieja la +satisfizo en las siguientes razones. + + + + +CAPITULO XI. + +_Que cuenta la historia de la vieja._ + +No siempre he tenido yo los ojos lagañosos y ribeteados de escarlata; +no siempre se ha tocado mi barba con mis narices, ni he sido siempre +criada de servicio. Soy hija del papa Urbano X y la princesa de +Palestrina. Hasta que tuve catorce años, me criáron en un palacio al +qual no hubieran podido servir de caballeriza todas las quintas de +barones tudescos, y era mas rico uno de mis trages que todas las +magnificencias de la Vesfalia. Crecia en gracia, en talento y beldad, +en medio de gustos, respetos y esperanzas, y ya inspiraba amor. +Formábase mi pecho; pero ¡qué pecho! blanco, duro, de la forma del de +la ve nus de Medicis; ¡y qué ojos! ¡qué pestañas! ¡qué negras cejas! +¡qué llamas salian de las niñas de mis ojos, que eclipsaban el +resplandor de los astros, segun decian los poetas de mi barrio! Las +doncellas que me desnudaban y me vestian se quedaban absortas quando +me contemplaban por detras y por delante; y todos los hombres se +hubieran querido hallar en su lugar. + +Celebráronse mis desposorios con un príncipe soberano de Masa-Carrara. +¡Dios mio! ¡qué príncipe! tan lindo como yo; ayroso, y de la condición +mas blanda, del mas agudo ingenio, y perdido por mi de amores: yo le +amaba como quien quiere por la vez primera, esto es que le idolatraba. +Dispusiéronse las bodas con pompa y magnificencia nunca vista: todo +era fiestas, torneos, óperas bufas; y en toda Italia se hiciéron +sonetos en mi elogio, de los quales ninguno hubo que no fuera rematado +de malo. Ya rayaba la aurora de mi felicidad, quando una marquesa +vieja, á quien habia cortejado mi príncipe, le convidó á tomar +chocolate con ella, y el desventurado murió al cabo de dos horas en +horribles convulsiones; pero esto es friolera para lo que falta. +Desesperada mi madre, puesto que mucho ménos desconsolada que yo, +quiso perder de vista por algun tiempo esta funesta mansion. Teníamos +una hacienda muy pingüe en las inmediaciones de Gaeta, y nos +embarcámos para este puerto en una galera del pais, dorada como el +altar de San Pedro en Roma. Hete aquí un pirata de Salé que nos da +caza y nos aborda: nuestros soldados se defendiéron como buenos +soldados del papa, es decir que tiráron las armas y se hincáron de +rodillas, pidiendo al pirata la absolución _in articulo mortis_. + +En breve los desnudáron de piés á cabeza, y lo mismo hiciéron con mi +madre, con nuestras doncellas, y conmigo. Cosa portentosa es de ver +con qué presteza desnudan estos caballeros á la gente; pero lo que mas +extrañé, fué que á todos nos metiéron el dedo en un sitio donde +nosotras las mugeres no estamos acostumbradas á meter mas que cañutos +de xeringa. Parecióme muy rara esta ceremonia; que así falla de todo +el que no ha salido de su pais: mas luego supe que era por ver si en +aquel sitio habíamos escondido algunos diamantes, y que es estilo +establecido de tiempo inmemorial en las naciones civilizadas que andan +barriendo los mares, y que los señores religiosos caballeros de Malta +nunca le omiten quando apresan á Turcos ó Turcas, porque es ley del +derecho de gentes, que nunca ha sido quebrantada. + +No diré si fué cosa dura para una princesa joven que la llevaran +cautiva á Marruecos con su madre; bien se pueden vms. figurar quanto +padeceríamos en el navío pirata. Mi madre todavía era muy hermosa; +nuestras camareras, y hasta nuestras meras criadas eran mas lindas que +quantas mugeres pueden hallarse en el Africa toda; y yo era un +embeleso, el epílogo de la beldad y la gracia, y era doncella; pero no +lo fui mucho tiempo, que el arraez del barco me robó la flor que +estaba destinada para el precioso príncipe de Masa-Carrara. Este +arraez era un negro abominable, que creía que me honraba con sus +caricias. Sin duda la princesa de Palestrina y yo debíamos de ser muy +robustas, quando resistímos á todo quanto pasámos hasta llegar á +Marruecos. Pero vernos adelante, que son cosas tan comunes que no +merecen mentarse siquiera. + +Quando llegámos, corrian rios de sangre por Marruecos; cada uno de los +cincuenta hijos del emperador Muley-Ismael tenia su partido aparte, lo +qual componia cincuenta guerras civiles distintas de negros contra +negros, de negros contra moros, de moros contra moros, de mulatos +contra mulatos; y todo el ámbito del imperio era una continua +carnicería. + +Apénas hubimos desembarcado, acudiéron unos negros de una faccion +enemiga de la de mi pirata para quitarle el botin. Despues del oro y +los diamantes, la cosa de mas precio que habia éramos nosotras; y +presencié un combate qual nunca se ve igual en nuestros climas +europeos, porgue no tienen los pueblos septentrionales tan ardiente +la sangre, ni es en ellos la pasion á las mugeres lo que es entre los +Africanos. Parece que los Europeos tienen leche en las venas, miéntras +que por las de los moradores del monte Atlante y paises inmediatos +corre fuego y pólvora. Peleáron con la furia de los leones, los +tigres, y las sierpes de la comarca, para saber quien habia de ser +dueño nuestro. Agarró un moro de mi madre por el brazo derecho, el +teniente del barco la tiró hácia el por el izquierdo; un soldado moro +la cogió de una pierna, y uno de los piratas asió de la otra; y casi +todas nuestras doncellas se encontráron en un momento tiradas de +quatro soldados. Mi capitan se habia puesto delante de mí, y +blandiendo la cimitarra daba la muerte á quantos á su furor se +oponian. Finalmente vi á todas nuestras Italianas y á mi madre +estropeadas, acribilladas de heridas, y hechas tajadas por los +monstruos que batallaban por su posesion; mis compañeros cautivos, los +que los habian cautivado, soldados, marineros, negros, blancos, +mestizos, mulatos, y mi capitan en fin, todos fuéron muertos, y yo +quedé moribunda encima de un monton de cadáveres. Las mismas escenas +se repetian, como es sabido, en un espacio de mas de trescientas +leguas, sin que nadie faltase á las cinco oraciones al dia que manda +Mahoma. + +Zaféme con mucho trabajo de tanta multitud de sangrientos cadáveres +amontonados, y llegué arrastrando al pié de un naranjo grande que +habia á orillas de un arroyo inmediato: allí me caí rendida del susto, +del cansancio, del horror, de la desesperacion, y del hambre. En breve +mis sentidos postrados se entregáron á un sueño que mas que sosiego +era letargo. En este estado de insensibilidad y flaqueza estaba entre +la vida y la muerte, quando me sentí comprimida por una cosa que +bullia sobre mi cuerpo; y abriendo los ojos, vi á un hombre blanco y +de buena traza, que suspirando decia entre dientes: _O che sciagura +d'essere senza cogl...._ + + + + +CAPITULO XII. + +_Donde prosigue la historia de la vieja._ + + +Atónita quanto alborozada de oir el idioma de mi patria, extrañando +empero las palabras que decia aquel hombre, le respondí que mayores +desgracias habia que el desman de que se lamentaba, informándole en +pocas razones de los horrores que habia sufrido; despues de esto me +volví á desmayar. Llevóme á una casa inmediata, hizo que me metieran +en la cama, y me dieran de comer, me sirvió, me consoló, me halagó, me +dixo que no habia visto en su vida criatura mas hermosa, ni habia +nunca sentido mas que le faltara lo que nadie podia suplir. Nací en +Nápoles, me dixo, donde capan todos los años dos ó tres mil +chiquillos: unos se mueren, otros sacan mejor voz que las mugeres, y +otros van á gobernar estados. Me hiciéron la operacion susodicha con +suma felicidad, y he sido músico de la capilla de la señora princesa +de Palestrina. ¡De mi madre! exclamé. ¡De su madre de vm.! exclamó él +llorando. ¡Con que es vm. aquella princesita que crié yo hasta que +tuvo seis años, y daba nuestras de ser tan hermosa como es vm.!--Esa +misma soy, y mi madre está quatrocientos pasos de aquí, hecha tajadas, +baxo un montón de cadáveres...... Contéle entónces quanto me habia +sucedido, y el también me dio cuenta de sus aventuras, y me dixo que +era ministro plenipotenciario de una potencia cristiana cerca del rey +de Marruecos, para firmar un tratado con este monarca, en virtud del +qual se le subministraban navíos, cañones y pólvora, para ayudarle á +exterminar el comercio de los demas cristianos. Ya está desempeñada mi +comision, añadió el honrado eunuco, y me voy á embarcar á Ceuta, de +donde la llevaré á vm. á Italia. _Ma che sciagura, d'essere senza +cogl...._ + +Díle las gracias vertiendo tiernas lágrimas; y en vez de llevarme á +Italia, me conduxo á Argel, y me vendió al Dey. Apenas me habia +vendido, se manifestó en la ciudad con toda su furia aquella peste que +ha dado la vuelta por Africa, Europa y Asia. Señorita, vm. ha visto +temblores de tierra, pero ¿ha padecido la peste? Nunca, respondió la +baronesa. + +Si la hubiera padecido, confesaria vm. que no tienen comparacion los +terremotos con ella, puesto que es muy freqüente en Africa, y que yo +la he pasado. Fígurese vm. qué situacion para la hija de un papa, de +quince años de edad, que en el espacio de tres meses habia sufrido +pobreza y esclavidud, habia sido violada casi todos los dias, habia +visto hacer quatro pedazos á su madre, habia padecido las plagas de la +guerra y la hambre, y se moria de la peste en Argel. Verdad es que no +me morí; pero pereció mi eunuco, el Dey, y el serrallo casi todo. + +Quando calmó un poco la desolacion de esta espantosa peste, vendiéron +á los esclavos del Dey. Compróme un mercader que me llevó á Tunez, +donde me vendió á otro mercader, el qual me revendió en Tripoli; de +Tripoli me revendiéron en Alexandría; de Alexandría en Esmyrna, y de +Esmyrna en Constantinopla: al cabo vine á parar á manos de un agá de +genízaros, que en breve tuvo órden de ir á defender á Azof contra los +Rusos que la tenian sitiada. + +El agá, hombre de mucho mérito, se llevó consigo todo su serrallo, y +nos alojó en un fortin sobre la laguna Meótides, á la guarda de dos +eunucos negros y veinte soldados. Fuéron muertos millares de Rusos, +pero no nos quedáron á deber nada: Azof fué entrada á sangre y fuego, +y no se perdonó edad ni sexô: solo quedó nuestro fortin, que los +enemigos quisiéron tomar por hambre. Los veinte genízaros juráron no +rendirse; los apuros del hambre á que se viéron reducidos, los +forzáron á comerse á los dos eunucos, por no faltar al juramento; y +al cabo de pocos dias se resolviéron á comerse las mugeres. + +Teníamos un iman, varon muy pío y caritativo, que les predicó un +sermón eloqüente, exhortándolos á que no nos mataran del todo. +Cortad, dixo, una nalga á cada una de estas señoras, con la qual os +regalaréis á vuestro sabor; si es menester, les cortaréis la otra +dentro de algunos dias: el cielo remunerará obra tan caritativa, y +recibiréis socorro. Como era tan eloqüente, los persuadió, y nos +hiciéron tan horrorosa operacion. Púsonos el iman el mismo ungüento +que se pone á las criaturas recien circuncidadas, y todas estábamos á +punto de muerte. + +Apénas habian comido los genízaros la carne que nos habian quitado, +desembarcáron los Rusos en unos barcos chatos, y no se escapó con +vida ni siquiera un genízaro: los Rusos no paráron la consideracion +en el estado en que nos hallábamos. En todas partes se encuentran +cirujanos franceses; uno que era muy hábil nos tomó á su cargo, y nos +curó: y toda mi vida me acordaré de que, así que se cerráron mis +llagas, me reqüestó de amores. Nos exhortó luego á tener paciencia, +afirmándonos que lo mismo habia sucedido en otros muchos sitios, y que +esa era la ley de la guerra. + +Luego que pudiéron andar mis compañeras, las conduxéron á Moscou, y yo +cupe en suerte á un boyardo que me hizo su hortelana, y me daba veinte +zurriagazos cada dia. A cabo de dos años fué desquartizado este señor, +por no se qué tracamundana de palacio; y aprovechándome de la ocasion, +me escapé, atravesé la Rusia entera, y serví mucho tiempo en los +mesones, primero de Riga, y luego de Rostoc, de Vismar, de Lipsia, de +Casel, de Utrec, de Leyden, de la Haya, y de Roterdan. Así he +envejecido en el oprobio y la miseria, con no mas que la mitad del +trasero, siempre acordándome de que era hija de un papa. Cien veces he +querido darme la muerte, mas me sentia con apego á la vida. Acaso esta +ridícula flaqueza es una de nuestras propensiones mas funestas; porque +¿donde hay mayor necedad que empeñarse en llevar continuamente encima +una carga que siempre anhela uno por tirar al suelo; horrorizarse de +su exîstencia, y querer exîstir; halagar en fin la víbora que nos está +royendo, hasta que nos haya comido las entrañas y el corazon? + +En los paises adonde me ha llevado mi suerte, y en los mesones donde +he servido, he visto infinita cantidad de personas que maldecian su +exîstencia; pero no han pasado de doce las que he visto que daban +voluntariamente fin á sus cuitas: tres negros, quatro Ingleses, quatro +Ginebrinos, y un catedrático aleman llamado Robel. Al fin me tomó por +su criada el Judío Don Isacar, y me llevó, hermosa señorita, á casa +de vm., donde no he pensado mas queen la felicidad de vm., +interesándome mas en sus aventuras que en las mias propias; y nunca +hubiera mentado siquiera mis cuitas, si no me hubiera vm. picado cun +poco, y si no fuese estilo de los que van embarcados contar cuentos +para matar el tiempo. Señorita, yo tengo experiencia, y se lo que es el +mundo: vaya vm. preguntando á cada pasagero uno por uno la historia +de su vida, y mande que me arrojen de cabeza en el mar, si encuentra +uno solo que no haya maldecido cien veces la exîstencia, y que no se +haya creido el mas desventurado de los mortales. + + + + + +CAPITULO XIII. + +_De como Candido tuvo que separarse por fuerza de la hermosa +Cunegunda y la vieja._ + + +Oída la historia de la vieja, la hermosa Cunegunda la trató con toda la +urbanidad y decoro que se merecia una persona de tan alta gerarquí y +tanto mérito, y admitió su propuesta. Rogó á todos los pasageros que +le contaran sus aventuras uno después de otro, y Candido y ella +confesáron que tenia la vieja razon. ¡Qué lástima es, decia Candido, +que hayan ahorcado, contra lo que es práctica, al sabio Panglós en un +auto de fe! Cosas maravillosas nos diria cerca del mal físico, y del +mal moral, que cubren mares y tierras, y yo tuviera valor para hacerle +con mucho respeto algunos reparillos. + +Miéntras contaba cada uno su historia, iba andando el navío, y al fin +aportó á Buenos-Ayres. Cunegunda, el capitan Candido y la vieja se +fuéron á presentar al gobernador Don Fernando de Ibarra, Figueroa, +Mascareñas, Lampurdan y Souza, el qual señor tenia una arrogancia +que no desdecia de un sugeto posesor de tantos apellidos. Trataba á +los hombres con la mas noble altivez, alzando el pescuezo, hablando en +tan descompasadas y recias voces, y en tono tan altivo, y afectando +ademanes tan arrogantes, que á quantos le saludaban les venían +tentaciones de hartarle de bofetadas. Era con esto enamorado hasta no +mas, y Cunegunda le pareció la mas hermosa criatura de quantas habia +visto. Lo primero que hizo fué preguntar si era muger del capitan. +Sobresaltóse Candido del tonillo con que acompañó esta pregunta, y no +se atrevió á decir que fuese su muger, porque verdaderamente no lo +era; ni ménos que fuese su hermana, porque no lo era tampoco; puesto +que esta mentira oficiosa era muy freqüentemente usada do los +antiguos: pero el alma de Candido era tan pura que no pudo desmentir +la verdad. Esta Señorita, díxo, me debe favorecer con su mano, y +suplicamos ámbos á Vueselencia que se digne ser padrino de los +novios. Oyendo esto Don Fernando de Ibarra, Figueroa, Mascareñas, +Lampurdan y Souza, se alzó con la izquierda mano los bigotes, se rió +con ademan burlon, y mandó al capitan Candido que fuera á pasar +revista á su compañía. Obedeció este, y se quedó el gobernador á +solas con la baronesita; le manifestó su amor, previniéndola que el +dia siguiente seria su esposo por delante ó por detras de la iglesia, +como mas á Cunegunda le potase. Pidióle esta un quarto de hora para +pensarlo bien, consultarlo con la vieja, y resolverse. + +Entráron Cunegunda y la vieja en bureo, y esta dixo: Señorita, vm. +tiene setenta y dos quarteles y ni un ochavo, y está en su mano ser +muger del señor mas principal de la América meridional, que tiene unos +estupendos bigotes, y así no viene al caso echarla de incontrastable +firmeza. Los Bulgaros la violáron á vm.; un inquisidor y un Judío han +disfrutado sus favores: las desdichas dan derechos legítimos. Si yo +fuera vm., confieso que no tendría reparo ninguno en casarme con el +señor gobernador, y hacer rico al señor capitan Candido. Así decia la +vieja con toda aquella autoridad que su prudencia y sus canas le +daban, y miéntras estaba aferrando áncoras un navichuelo que traía un +alcalde y dos alguaciles; y era esta la causa de su arribo. + +No se habia equivocado la vieja en sospechar que el ladron del dinero +y las joyas de Cunegunda en Badajoz, quando venia huyendo con +Candido, era un frayle Francisco de manga ancha. El frayle quiso +vender á un diamantista algunas de las piedras preciosas hurtadas, y +este conoció que eran las mismas que le habia comprado á el propio el +Inquisidor general. Fué preso el santo religioso, y confesó de plano á +quien y como las habia robado, y el camino que llevaban Candido y +Cunegunda. Ya se sabia la fuga de ámbos: fuéron pues en su seguimiento +hasta Cadiz, y sin perder tiempo salió un navío en su demanda. Ya +estaba la embarcación al ancla en el puerto de Buenos-Ayres, y acudió +la voz de que iba á desembarcar un alcalde del crímen, que venia en +busca de los asesinos del ilustrísimo Señor Inquisidor general. Al +punto dió órden la discreta vieja en lo que habia que hacer. Vm. no se +puede escapar, dixo á Cunegunda, ni tiene nada que temer, que no fué +vm. quien mató á Su Ilustrísima; y fuera de eso el gobernador +enamorado no consentirá que la toquen en el pelo de la ropa: con que +no hay que menearse. Va luego corriendo á Candido, y le dice: +Escápate, hijo mio, si no quieres que dentro de una hora te quemen +vivo. No daba el caso un instante de vagar; pero ¿cómo se habia de +apartar de Cunegunda? ¿y donde hallaria asilo? + + + + +CAPITULO XIV. + +_Del recibimiento que á Candido y á Cacambo hiciéron los jesuitas +del Paraguay._ + + +Se había traído consigo Candido de Cadiz uncriado corno se encuentran +muchos en los puertos de mar de España, que era un quarteron, hijo de +un mestizo de Tucuman, y que habia sido monaguillo, sacristan, +marinero, metedor, soldado y lacayo. Llamábase Cacambo, y queria +mucho á su amo, porque su amo era muy bueno. Ensilló en un abrir y +cerrar de ojos los dos caballos andaluces, y dixo á Candido: Vamos, +Señor, sigamos el consejo de la vieja, y echamos á correr sin mirar +siquiera hacia atrás. Candido vertia amargas lágrimas diciendo: ¡Oh +mi amada Cunegunda! ¿con que es fuerza que te abandone quando iba el +señor gobernador á ser padrino de nuestras bodas? ¿Qué va á ser de mi +Cunegunda, que de tan léjos habia traído? Será lo que Dios quisiere, +dixo Cacambo: las mugeres para todo encuentran salida; Dios las +remedia; vámonos. ¿Adonde me llevas? ¿adonde vamos? ¿qué nos haremos +sin Cunegunda? decia Candido. Voy á Santiago, replicó Cacambo; vm. +venia con ánimo de pelear contra los jesuitas, pues vamos á pelear en +su favor. Yo se el camino, y le llevaré á vm. á su reyno; y tendrán +mucha complacencia en poseer un capitan que hace el exercicio á la +bulgara; vm. hará un inmenso caudal: que quando no tiene uno lo que ha +menester en un mundo, lo busca en el otro, y es gran satisfaccion ver +y hacer cosas nuevas. ¿Con que tu ya has estado en el Paraguay? le +dixo Candido. Friolera es si he estado, replicó Cacambo; he sido +pinche en el colegio de la Asuncion, y conozco el gobierno de los +padres lo mismo que las calles de Cadiz. Es un portento el tal +gobierno. Ya tiene mas de trescientas leguas de diámetro, y se divide +en treinta provincias. Los padres son dueños de todo, y los pueblos +no tienen nada: es la obra maestra de la razon y la justicia. Yo por +mí no veo mas divina cosa que los padres, que aquí estan haciendo la +guerra á los reyes de España y Portugal, y confesándolos en Europa; +aquí matan á los Españoles, y en Madrid les abren de par en par el +cielo: vaya, es cosa que me encanta. Vamos apriesa, que va vm. á ser +el mas afortunado de los humanos. ¡Qué gusto para los padres, quando +sepan que les llega un capitan que sabe el exercicio bulgaro! + +Así que llegáron á la primera barrera, dixo Cacambo á la guardia +avanzada que un capitan queria hablar con el señor comandante. Fuéron +á avisar á la gran guardia, y un oficial paraguayés fué corriendo á +echarse á los piés del comandante para darle parte de esta nueva. +Desarmáron primero á Candido y á Cacambo, y les cogiéron sus +caballos andaluces; introduxéronlos luego entre dos filas de +soldados, al cabo de las quales estaba el comandante, con su bonete +de Teatino puesto, la espada ceñida, la sotana remangada, y una +alabarda en la mano: hizo una seña, y al punto veinte y quatro +soldados rodeáron á los recienvenidos. Díxoles un sargento que +esperasen, porque no les podia hablar el comandante, habiendo mandado +el padre provincial que ningún Español descosiese la boca como no +fuese en su presencia, ni se detuviese arriba de tres horas en el +pais. ¿Y donde está el reverendo padre provincial? dixo Cacambo. En +la parada, desde que dixo misa, y no podrán vms. besarle las espuelas +hasta de aquí á tres horas. Si el señor capitan, que se está muriendo +de hambre lo mismo que yo, dixo Cacambo, no es Español, que es Aleman; +con que me parece que podemos almorzar miéntras llega Su +Reverendísima. + +Fuése incontinenti el sargento á dar cuenta al comandante. Bendito sea +Dios, dixo este señor: una vez que es Aleman, bien podemos hablar; +llévenle á mi enramada. Lleváron al punto á Candido á un retrete de +verdura, ornado de una muy bonita colunata de mármol verde y color de +oro, y de enjaulados donde habia encerrados papagayos, páxaros-moscas, +colibríes, gallinas de Guinea, y otros páxaros raros. Estaba servido +en vaxilla de oro un excelente almuerzo; y miéntras comian granos de +maiz los Paraguayeses en escudillas de palo, y en campo raso al calor +del sol, se metió el padre reverendo en la enramada. Era este un mozo +muy galan, lleno de cara, blanco y colorado, las cejas altas y +arqueadas, los ojos despiertos, encarnadas las orejas, roxos los +labios, el ademan altivo, pero no aquella altivez de un Español, ni la +de un jesuita. Fuéron restituidas á Candido y á Cacambo las armas que +les habian quitado, y con ellas los dos caballos andaluces; y Cacambo +les echó un pienso cerca de la enramada, sin perderlos de vista, +temiendo que le jugaran alguna treta. + +Besó Candido la sotana del comandante, y se sentaron ámbos á la mesa. +¿Con que es vm. Aleman? le dixo el jesuita en este idioma. Sí, padre +reverendísimo, dixo Candido. Miráronse uno y otro, al pronunciar estas +palabras, con un pasmo y una alteracion que no podian contener en el +pecho. ¿De qué pais de Alemania es vm.? dixo el jesuita. De la sucia +provincia de Vesfalia, replicó Candido, natural de la quinta de +Tunder-ten-tronck. ¡Dios mio! ¿es posible? exclamó el comandante. ¡Qué +portento! gritaba Candido. ¿Es vm.? decia el comandante. No puede ser, +replicaba Candido. Ambos á dos se tiran uno á otro, se abrazan, y +derraman un mar de lágrimas. ¿Con que es vm., reverendo padre? ¡vm., +hermano de la hermosa Cunegunda; vm., que fué muerto por los Bulgaros; +vm., hijo del señor baron; vm., jesuita en el Paraguay! vaya, que en +este mundo se ven cosas extrañas. ¡Ha Panglós, Panglós, qué júbilo +fuera el tuyo si no te hubieran ahorcado! + +Hizo retirar el comandante á los esclavos negros y á los Paraguayeses, +que le escanciaban vinos preciosos en vasos de cristal de roca, y dió +mil veces gracias á Dios y á San Ignacio, estrechando en sus brazos á +Candido, miéntras que por los rostros de ámbos corrian copiosos +llantos. Mas se enternecerá vm., se pasmará, y perderá el juicio, +continuó Candido, quando sepa que la baronesita su hermana, á quien +cree que le han pasado el vientre, está buena y sana.--¿Adonde?--Aquí +cerca, en casa del señor gobernador de Buenos-Ayres, y yo he venido +con ella á la guerra. Cada palabra que en esta larga conversación +decian era un prodigio nuevo: toda su alma la tenian pendiente de la +lengua, atenta en los oidos, y brillándoles en los ojos. A fuer de +Alemanes, estuviéron largo espacio sentados á la mesa, miéntras venia +el reverendo padre provincial; y el comandante habló así á su amado +Candido. + + + + +CAPITULO XV. + +_Que cuenta la muerte gue dió Candido al hermano de su querida +Cunegunda._ + + +Toda mi vida tendré presente aquel horrorosa dia que vi dar muerte á +mi padre y á mi madre, y violar á mi hermana. Quando se retiráron los +Bulgaros, nadie pudo dar lengua de esta adorable hermana, y echáron en +una carreta á mi madre, á mi padre, y á mí, á dos criadas, y tres +muchachos degollados, para enterrarnos en una iglesia de jesuitas, que +dista dos leguas de la quinta de mi padre. Un jesuita nos roció con +agua bendita, que estaba muy salada; me entráron unas gotas en los +ojos, y advirtió el padre que hacian mis pestañas un movimiento de +contraccion; púsome la mano en el corazon, y le sintió latir: me +socorriéron, y al cabo de tres semanas me hallé sano. Ya sabe vm., +querido Candido, que era muy bonitillo; creció mi hermosura con la +edad, de suerte que el reverendo padre Croust, rector de la casa, me +tomó mucho cariño, y me dió el hábito de novicio: poco despues me +enviáron á Roma. El padre general necesitaba una leva de jesuitas +alemanes mozos. Los soberanos del Paraguay admiten lo ménos jesuitas +españoles que pueden, y prefieren á los extrangeros, de quien se +tienen por mas seguros. El reverendo padre general me creyó bueno para +el cultivo de esta viña, y vinimos juntos un Polaco, un Tirolés, y yo. +Así que llegué, me ordenáron de subdiácono, y me diéron una tenencia: +y ya soy coronel y sacerdote. Las tropas del rey de España serán +recibidas con brío, y yo salgo fiador de que se han de volver +excomulgadas y vencidas. La Providencia le ha traído á vm. aquí para +favorecernos. Pero ¿es cierto que está mi querida Cunegunda aquí cerca +en casa del gobernador de Buenos-Ayres? Candido le confirmó con +juramento la verdad de quanto le habia referido, y corriéron de nuevo +los llantos de entrámbos. + +No se hartaba el baron de dar abrazos á Candido, apellidándole su +hermano y su libertador. Acaso podrémos, querido Candido, le dixo, +entrar vencedores los dos juntos en Buenos-Ayres, y recuperar á mi +hermana Cunegunda. No deseo yo otra cosa, respondió Candido, porque me +iba á casar con ella, y todavía espero ser su esposo. ¡Tú, insolente! +replicó el baron: ¡tener descaro para casarte con mi hermana, que +tiene setenta y dos quarteles! ¡y tienes avilantez para hablarme de +tan temerario pensamiento! Confuso Candido al oir estas razones, le +respondió: Reverendo padre, no importan un bledo todos los quarteles +de este mundo; yo he sacado á la hermana de vuestra reverencia de +poder de un Judío y un inquisidor; ella me está agradecida, y quiere +ser mi muger: maese Panglós me ha dicho que todos éramos iguales, y +Cunegunda ha de ser mia. Eso lo verémos, picaruelo, dixo el jesuita +baron de Tunder-ten-tronck, alargándole con la hoja de la espada un +cintarazo en los hocicos. Candido desenvayna la suya, y se la mete en +la barriga hasta la cazoleta al baron jesuita; pero, al sacarla +humeando en sangre, echó á llorar. ¡Ay, Dios mio, dixo, que he quitado +la vida á mi amo antiguo, á mi amigo y mi cuñado! El mejor hombre del +mundo soy, y ya llevo muertos tres hombres, y de estos tres los dos +son clérigos. + +Acudió á la bulla Cacambo que estaba de centinela á la puerta de la +enramada. No nos queda mas que vender caras nuestras vidas, le dixo su +amo; sin duda van á entrar en la enramada: muramos con las armas en la +mano. Cacambo que no se atosigaba por nada, sin inmutarse cogió la +sotana del baron, se la echó á Candido encima, le puso el bonete de +Teatino del cadáver, y le hizo montar á caballo: todo esto se executó +en un momento. Galopemos, Señor: todo el mundo creerá que es vm. un +jesuita que lleva órdenes, y ántes que vengan tras de nosotros, +estarémos ya fuera de las fronteras. Todo fué uno el pronunciar estas +palabras, y volar gritando: Plaza, plaza al reverendo padre coronel. + + + + +CAPITULO XVI. + +_Donde se da cuenta de los sucesos de nuestros dos caminantes con +dos muchachas, dos ximios, y los salvages llamados Orejones._ + + +Ya habian pasado las barreras Candido y su criado, y todavía ninguno +en el campo sabia la muerte del jesuita tudeseo. El vigilante Cacambo +no se habia olvidado de hacer buen repuesto de pan, chocolate, jamon, +fruta, y botas de buen vino, y así se metiéron con sus caballos +andaluces en un pais desconocido, donde no descubriéron sendero +ninguno trillado: al cabo se ofreció á su vista una hermosa pradera +regada de mil arroyuelos, y nuestros dos caminantes dexáron pacer sus +caballerías, Cacambo propuso á su amo que comiese, dándole con el +consejo el exemplo. ¿Cómo quieres, le dixo Candido, que coma jamon, +después de haber muerto al hijo del señor baron, y viéndome condenado +á no volver á mirar á la bella Cunegunda? ¿Qué me valdrá el alargar +mis desventurados años, debiendo pasailos léjos de ella en los +remordimientos y la desesperacion? ¿Qué dirá el diarista de Trevoux? + +Dicho esto, no dexó de comer. El sol iba á ponerse, quando á deshora +oyen los dos asendereados caminantes unos blandos quejidos como de +mugeres; pero no sabian si eran de gusto ó de sentimiento: +levantáronse empero á toda priesa con el susto y la inquietud que +qualquiera cosa infunde en un pais no conocido. Daban estos gritos +dos mozas en cueros, que corrian con mucha ligereza por la pradera, y +en su seguimiento iban dos ximios dándoles bocados en las nalgas. +Movióse Candido á compasion; habia aprendido á tirar con los +Búlgaros, y era tan diestro que derribaba una avellana del árbol sin +tocar á las hojas; cogió pues su escopeta madrileña de dos cañones, +tiró, y mató ámbos ximios. Bendito sea Dios, querido Cacambo, dixo, +que de tamaño peligro he librado esas dos pobres criaturas: si cometí +un pecado en matar á un inquisidor y á un jesuita, ya he satisfecho á +Dios, librando de la muerte á dos muchachas, que acaso son señoritas +de circunstancias; y esta aventura no puede ménos de grangearnos +mucho provecho en el pais. Iba á decir mas, pero se le heló la sangre +y el habla quando vió que las dos muchachas se abrazaban +amorosamente de los monos, inundaban en llanto los cadáveres, y +henchian el viento de los mas dolientes gritos. No esperaba yo tanta +bondad, dixo á Cacambo; el qual le replicó: Buena la hemos hecho, +Señor. Los que vm. ha muerto eran los amantes de estas dos niñas. +¡Amantes! ¿cómo es posible? Cacambo, tu te estás burlando: ¿cómo +quieres que tal crea?' Señor amado, replicó Cacambo, vm. de todo se +pasma. ¿Porqué extraña tanto que en algunos países sean los ximios +favorecidos de las damas, si son quarterones de hombre, lo mismo que +yo quarteron de Español? Ha, repuso Candido, bien me acuerdo de haber +oido decir á maese Panglós que antiguamente sucedian esos casos, y que +de estas mezelas procediéron los egypancs, los faunos, los sátiros, +que viéron muchos principales personages de la antigüedad; pero yo +todo lo tenia por fabuloso. Ya puede vm. convencerse ahora, dixo +Cacambo, de que son verdades, y ya ve los estilos de la gente que no +ha tenido cierta educacion: lo que me temo, es que estas damas nos +metan en algun atolladero. + +Persuadido Candido por tan sólidas reflexîones, se desvió de la +pradera, y se metió en una selva, donde cenó con Cacambo; y despues +que hubiéron ámbos echado sendas maldiciones al inquisidor de +Portugal, al gobernador de Buenos-Ayres, y al baron, se quedáron +dormidos sobre la yerba. Al despertar sintiéron que no se podian +menear; y era la causa que por la noche los Orejones, moradores del +pais, á quien habian dado el soplo las dos damas, los habian atado con +cuerdas hechas de cortezas de árboles. Cercábanlos unos cincuenta +Orejones desnudos, y armados con flechas, mazas y hachas de pedernal: +unos hacian hervir un grandísimo caldero, otros aguzaban asadores, y +todos clamaban: Un jesuita, un jesuita; ahora nos vengarémos, y nos +regalarémos; á comer jesuita, á comer jesuíta. + +Bien le habia yo dicho á vm., señor, dixo en triste voz Cacambo, que +las muchachas aquellas nos jugarian una mala pasada. Candido mirando +los asadores y el caldero, dixo: Sin, duda que van á cocernos ó +asarnos. Ha, ¿qué diria el doctor Panglós si viera lo que es la pura +naturaleza? Todo está bien, norabuena; pero confesemos que es triste +cosa haber perdido á mi Cunegunda, y ser espetado en un asador por +unos Orejones. Cacambo, que nunca se alteraba por nada, dixo al +desconsolado Candido: No se aflija vm., que yo entiendo algo el +guirigay de estos pueblos, y les voy á hablar. No dexes de +representarles, dixo Candido, que es una inhumanidad horrible el cocer +la gente en agua hirviendo, y accion de mal cristiano. + +Señores, dixo alzando la voz Cacambo, vms. piensan que se van á comer +á un jesuíta; y fuera muy bien hecho, que no hay cosa mas conforme á +justicia que tratar así á sus enemigos. Efectivamente el derecho +natural enseña á matar al próxîmo, y así es estilo en todo el mundo: y +si no exercitamos nosotros el derecho de comérnoslos, consiste en que +tenemos otros manjares con que regalarnos; pero vosotros no estais en +el mismo caso, y cierto vale mas comerse á sus enemigos, que abandonar +á los cuervos y las cornejas el fruto de la victoria. Mas vms., +señores, no se querrán comer á sus amigos; y creen que van á espetar á +un jpsuita en el asador, miéntras que el asado es vuestro defensor, y +enemigo de vuestros enemigos. Yo soy nacido en vuestro mismo pais; +este señor que estais viendo es mi amo, y léjos de ser jesuita, acaba +de matar á un jesuita, y se ha traído los despojos: este es el motivo +de vuestro error. Para verificar lo que os digo, coged su sotana, +llevadla á la primera barrera del reyno de los padres, é informaos si +es cierto que mi amo ha muerto á un jesuita. Poco tiempo será +necesario, y luego nos podeis comer, si averiguais que es mentira; +pero si os he dicho la verdad, harto bien sabeis los principios de +derecho público, la moral y las leyes, para que nos hagais mal. + +Pareció justa la proposicion á los Orejones, y comisionáron á dos +prohombres para que con la mayor presteza se informaran de la verdad: +los diputados desempeñáron su comision con mucha sagacidad, y +volvieron con buenas noticias. Desatáron pues los Orejones á los dos +presos, les hiciéron mil agasajos, les diéron víveres, y los +conduxéron hasta los confines de su estado, gritando muy alegres: No +es jesuita, no es jesuita. + +No se hartaba Candido de pasmarse del motivo porque le habían puesto +en libertad. ¡Qué pueblo, decia, qué gente, qué costumbres! Si no +hubiera tenido la fortuna de atravesar de una estocada de parte á +parte al hermano de mi baronesita, me comian sin mas remision. Verdad +es que la naturaleza pura es buena, quando en vez de comerme me lian +agasajado tanto estas gentes, así que han sabido que no era jesuita. + + + + +CAPITULO XVII. + +_Cuéntase el arribo de Candido con su criado al pais del Dorada, y +lo que alli viéron._ + + +Quando estuviéron en la raya de los Orejones, Ya ve vm., dixo Cacarnbo +á Candido, que este hemisferio vale tan poco como el otro; créame, y +vólvamónos á Europa por el camino mas corto. ¿Cómo me he de volver, +respondió Candido, ni adonde he de ir? Si me vuelvo á mi pais, los +Abaros y los Bulgaros lo talan todo á sangre y fuego; si á Portugal, +me queman; si nos quedamos en este pais, corremos peligro de que nos +asen vivos. Mas ¿cómo nos hemos de resolver á dexar la parte del mundo +donde reside mi baronesita? + +Encaminémonos á Cayena, dixo Cacambo; alli hallarémos Franceses, que +andan por todo el mundo, y que nos podrán valer: y acaso tendrá Dios +misericordia de nosotros. + +No era cosa fácil ir á Cayena: bien sabian, á poco mas ó ménos, hácia +que parte se habian de dirigir; pero las montañas, los rios, los +despeñaderos, los salteadores, y los salvages cran en todas partes +estorbos insuperables. Los caballos se muriéron de cansancio; se les +acabáron las provisiones; y se mantuviéron por espacio de un mes con +frutas silvestres. Al cabo se halláron á orillas de un riachuelo +poblado de cocos, que les conserváron la vida y la esperanza. +Cacambo, que era de tan buen consejo como la vieja, dixo á Candido: Ya +no podemos ir mas tiempo á pié, sobrado hemos andado; una canoa vacía +estoy viendo á la orilla del río, llenémosla de cocos, metámonos +dentro, y dexémonos llevar de la corriente: un río va siempre á parar +á algun sitio habitado; y si no vemos cosas gratas, á lo ménos +verémos cosas nuevas. Vamos allá, dixo Candido, y encomendémonos á la +Providencia. + +Navegáron por espacio de algunas leguas entre riberas, unas veces +amenas, otras áridas, aquí llanas, y allá escarpadas. El río se iba +continuamente ensanchando, y al cabo se encañaba baso una bóveda de +espantables breñas que escalaban el cielo. Tuviéron ámbos caminantes +la osadía de dexarse arrastrar de las olas debaxo de esta bóveda; y el +río, que en este sitio se estrechaba, se los llevó con horroroso +estrépito y no vista velocidad. Al cabo de veinte y quatro horas +viéron otra vez la luz; pero la canoa se hizo añicos en los baxíos, y +tuviéron que andar á gatas de uno en otro peñasco una legua entera: +finalmente avistáron un inmenso horizonte cercado de inaccesibles +montañas. Todo el pais estaba cultivado no ménos para recrear el gusto +que para satisfacer las necesidades; en todas paftes lo útil se +maridaba con lo agradable; víanse los caminos reales cubiertos, ó por +mejor decir ornados de carruages deforma elegante y luciente materia, +y dentro mugeres y hombres de peregrina hermosura: tiraban con raudo +paso de estos carruages unos avultados carneros encarnados, muy mas +ligeros que los mejores caballos de Andalucía, Tetuan y Mequinez. + +Mejor tierra es esta, dixo Candido, que la Vesfalia; y se apeó con +Cacambo en el primer lugar que topó. Algunos muchachos de la aldea, +vestidos de tisú de oro hecho pedazos, estaban jugando al tejo á la +entrada del lugar; nuestros dos hombres del otro mundo se divertian +en mirarlos. Eran los tejos unas piezas redondas muy anchas, +amarillas, encarnadas y verdes, que despedian mucho brillo: cogiéron +algunas, y eran oro, esmeraldas y rubíes, de tanto valor que el de +ménos precio hubiera sido la mas rica joya del trono del Gran Mogol. +Estos muchachos, dixo Cacambo, son sin duda los infantes que estan +jugando al tejo. En esto se asomó el maestro de primeras letras del +lugar, y dixo á los muchachos que ya era hora de entrar en la +escuela. Ese es, dixo Candido, el preceptor de la familia real. + +Los chicos del lugar abandonáron al punto el juego, y tiráron los +tejos, y quanto para divertirse les habia servido. Cogiólos Candido, +y acercándose á todo correr al preceptor, se los presentó con mucha +humildad, diciéndole por señas que sus Altezas Reales se habian dexado +olvidado aquel oro y aquellas piedras preciosas. Echóse á reir el +maestro de leer, y las tiró al suelo; miró luego atentamente á Candido +á la cara, y siguió su camino. + +Los caminantes se diéron priesa á coger el oro, los rubíes y las +esmeraldas. ¿Donde estamos? decia Candido: menester es que esten bien +educados los infantes de este pais, pues así los enseñan á no hacer +caso del oro ni las piedras preciosas. No estaba Cacambo ménos atónito +que Candido. Al fin se llegáron á la primera casa del lugar, que tenia +trazas de un palacio de Europa; á la puerta habia agolpada una +muchedumbre de gente, y mas todavía dentro: oíase resonar una música +melodiosa, y se respiraba un delicioso olor de exquisitos manjares. +Arrimóse Cacambo á la puerta, y oyó hablar peruano, que era su lengua +materna; pues ya sabe todo el mundo que Cacambo era hijo de Tucuman, +de un pueblo donde no se conocia otro idioma. Yo le serviré á vm. de +intérprete, dixo á Candido; entremos, que este es un meson. + +Al punto dos mozos y dos criadas del meson, vestidos de tela de oro, +y los cabellos prendidos con lazos de lo mismo, los convidaron á que +se sentaran á mesa redonda. Sirviéron en ella quatro sopas con dos +papagayos cada una, un buytre cocido que pesaba doscientas libras, +dos monos asados de un sabor muy delicado, trescientos colibríes en un +plato, y seiscientos páxaros-moscas en otro, exquisitas frutas, y +pastelería deliciosa, todo en platos de cristal de roca; y los mozos y +sirvientas del meson escanciaban varios licores sacados de la caña de +azúcar. + +La mayor parte de los comensales eran mercaderes y carruageros, todos +de una urbanidad imponderable, que con la mas prudente circunspeccion +hiciéron á Cacambo algunas preguntas, y respondiéron á las de este, +dexándole muy satisfecho de sus respuestas. Quando se acabó la comida, +Cacambo y Candido créyeron que pagaban muy bien el gasto, tirando en +la mesa dos de aquellas grandes piezas de oro que habian cogido; pero +soltarón la carcajada el huésped y la huéspeda, y no pudiéron durante +largo rato contener la risa: al fin se serenáron, y el huésped les +dixo: Bien vemos, señores, que son vms. extrangeros; y como no estamos +acostumbrados á ver ninguno, vms. perdonen si nos hemos echado á reir +quando nos han querido pagar con las piedras de nuestros caminos +reales. Sin duda vms. no tienen moneda del pais, pero tampoco se +necesita para comer aquí, porque todas las posadas establecidas para +comodidad del comercio las paga el gobierno. Aquí han, comido vms. +mal, porque estan en una pobre aldea; pero en las demas partes los +recibirán como se merecen. Explicaba Cacambo á Candido todo quanto +decia el huésped, y lo escuchaba Candido con tanto pasmo y maravilla +como tenia en decírselo su amigo Cacambo. ¿Pues qué pais es este, +decían ambos, ignorado de todo lo demas de la tierra, y donde la +naturaleza entera tanto de la nuestra se diferencia? Es regular que +este sea el pais donde todo está bien, añadia Candido, que alguno ha +de haber de esta especie; y diga lo que quiera maese Panglós, muchas +veces he advertido que todo iba mal en Vesfalia. + + + + +CAPITULO XVIII. + +_Donde se da cuenta de lo que en el pais del Dorado viéron._ + + +Cacambo dió parte de su curiosidad á su huésped, y este le dixo: Yo +soy un ignorante, y no me arrepiento de serlo; pero en el pueblo +tenemos á un anciano retirado de la corte, que es el sugeto mas docto +del reyno, y que mas gusta de comunicar con los otros lo que sabe. +Dicho esto, llevó á Cacambo á casa del anciano. Candido representaba +la segunda persona, y acompañaba á su criado. Entráron ámbos en una +casa sin pompa, porque las puertas no eran mas que de plata, y los +techos de los aposentos de oro, pero con tan fino gusto labrados, que +con los mas ricos techos podian entrar en cetejo; la antesala +solamente en rubíes y esmeraldas estaba embutida, pero el órden con +que estaba todo colocado resarcia esta excesiva simplicidad. + +Recibió el anciano á los dos extrangeros en un sofá de plumas de +colibrí, y les ofreció varios licores en vasos de diamante, y luego +satisfizo su curiosidad en estos términos. Yo tengo ciento setenta y +dos años, y mi difunto padre, caballerízo del rey, me contó las +asombrosas revoluciones del Perú, que habia el presenciado. El reyno +donde estamos es la antigua patria de los Incas, que cometiéron el +disparate de abandonarla por ir á sojuzgar parte del mundo, y que al +fin destruyéron los Españoles. + +Mas prudentes fuéron los príncipes de su familia que permaneciéron en +su patria, y por consentimiento de la nacion dispusiéron que no +saliera nunca ningun habitante de nuestro pequeño reyno: lo qual ha +mantenido intacta nuestra inocencia y felicidad. Los Españoles han +tenido una confusa idea de este pais, que han llamado _El +Dorado_; y un Inglés, nombrado el caballero Raleigh, llegó aquí +cerca unos cien años hace; mas como estamos rodeados de intransitables +breñas y simas espantosas, siempre hemos vivido exentos de la +rapacidad europea, que con la insaciable sed que los atormenta de las +piedras y el lodo de nuestra tierra, hubieran acabado con todos +nosotros sin dexar uno vivo. + +Fué larga la conversacion, y se trató en ella de la forma de gobierno, +de las costumbres, de las mugeres, de los teatros y de las artes; +finalmente Candido, que era muy adicto á la metafísica, preguntó, por +medio de Cacambo, si tenian religion los moradores. Sonrojóse un poco +el anciano, y respondió: ¿Pues cómo lo dudais? ¿creeis que tan +ingratos somos? Preguntó Cacambo con mucha humildad qué religion era +la del Dorado. Otra vez se abochornó el viejo, y le replicó: ¿Acaso +puede haber dos religiones? Nuestra religion es la de todo el mundo: +adoramos á Dios noche y dia. ¿Y no adorais mas que un solo Dios? +repuso Cacambo, sirviendo de intérprete á las dudas de Candido. Como +si hubiera dos, ó tres, ó quatro, dixo el anciano: vaya, que las +personas de vuestro mundo hacen preguntas muy raras. No se hartaba +Candido de preguntar al buen viejo, y queria saber qué era lo que +pedian á Dios en el Dorado. No le pedimos nada, dixo el respetable y +buen sabio, y nada tenemos que pedirle, pues nos ha dado todo quanto +necesitamos; pero le tributamos sin cesar acciones de gracias. A +Candido le vino la curiosidad de ver los sacerdotes, y preguntó donde +estaban; y el venerable anciano le dixo sonriéndose: Amigo mio, aquí +todos somos sacerdotes; el rey y todas las cabezas de familia cantan +todas las mañanas solemnes cánticos de acciones de gracias, que +acompañan cinco ó seis mil músicos.--¿Con que no teneis frayles que +enseñen, que arguyan, que gobiernen, que enreden, y que quemen á los +que no son de su parecer?--Menester seria que estuviéramos locos, +respondió el anciano; aquí todos somos de un mismo parecer, y no +entendemos que significan esos vuestros frayles. Estaba Candido como +extático oyendo estas razones, y decia para sí: Muy distinto pais es +este +de la Vesfalia, y de la quinta del señor baron; si hubiera visto +nuestro +amigo Panglós el Dorado, no diria que la quinta de Tunder-ten-tronck +era lo mejor que habia en la tierra. Cierto que es bueno viajar. + +Acabada esta larga conversacion, hizo el buen viejo poner un coche +tirado de seis carneros, y dió á los dos caminantes doce de sus +criados para que los llevaran á la Corte. Perdonad, les dixo, si me +priva mi edad de la honra de acompañaros; pero el rey os agasajará de +modo que quedeis gustosos, y sin duda disculparéis los estilos del +pais, si alguno de ellos os desagrada. + +Montáron en coche Candido y Cacambo; los seis carneros iban volando, y +en ménos de quatro horas llegáron al palacio del rey, situado á un +extremo de la capital. La puerta principal tenia doscientos y veinte +piés de alto, y ciento de ancho, y no es dable decir de qué materia +era; mas bien se echa de ver quan portentosas ventajas sacaria á los +pedruscos y la arena que llamamos nosotros oro y piedras preciosas. +Al apearse Candido y Cacambo del coche, fuéron recibidos por veinte +hermosas doncellas de la guardia real, que los lleváron al baño, y los +vistiéron de un ropage de plumion de colibrí; luego los principales +oficiales y oficialas de palacio los conduxéron al aposento de Su +Magestad, entre dos filas de mil músicos cada una, como era estilo. +Quando estuviéron cerca de la sala del trono, preguntó Cacambo á uno +de los oficiales principales como habian de saludar á Su Magestad; si +hincados de rodillas ó postrados al suelo; si habian de poner las +manos en la cabeza ó en el trasero; si habian de lamer el polvo de la +sala; finalmente quales eran las ceremonias. La práctica, dixo el +oficial, es dar un abrazo al rey, y besarle en ámbas mexillas. +Abalanzáronse pues Candido y Cacambo al cuello de Su Magestad, el qual +correspondió con la mayor afabilidad, y los convidó cortesmente á +cenar. Entre tanto les enseñáron la ciudad, los edificios públicos que +escalaban las nubes, las plazas de mercado ornadas de mil colunas, las +fuentes de agua clara, las de agua rosada, las de licores de caña, que +sin parar corrian en vastas plazas empedradas con una especie de +piedras preciosas que esparcian un olor parecido al del clavo y la +canela. Quiso Candido ver la sala del crimen y el tribunal, y le +dixéron que no los habia, porque ninguno litigaba: se informó si habia +cárcel, y le fué dicho que no; pero lo que mas extrañó y mas +satisfaccion le causó, fué el palacio de las ciencias, donde vió una +galería de dos mil pasos, llena toda de instrumentos de física y +matemáticas. + +Habiendo andado en toda aquella tarde como la milésima parte de la +ciudad, los traxéron de vuelta á palacio. Candido se sentó á la mesa +entre Su Magestad, su criado Cacambo, y muchas señoras; y no se puede +ponderar lo delicado de los manjares, ni los dichos agudos que de boca +del monarca se oían. Cacambo le explicaba á Candido los donayres del +rey, y aunque traducidos todavía eran donayres; y de todo quanto pasmó +á Candido, no fué esto lo que le dexó ménos pasmado. + +Un mes estuviéron en este hospicio. Candido decia continuamente á +Cacambo: Ello es cierto, amigo mio, que la quinta donde yo nací no se +puede comparar con el pais donde estamos; pero al cabo mi Cunegunda no +habita en él, y sin duda que tampoco á tí te faltará en Europa una que +bien quieras. Si nos quedamos aquí, serémos uno de tantos; y si damos +vuelta á nuestro mundo no mas que con una docena de carneros cargados +de piedras del Dorado, serémos mas ricos que todos los monarcas +juntos, no tendrémos que tener miedo á inquisidores, y con facilidad +podrémos cobrar á la baronesita. Este razonamiento petó á Cacambo: tal +es la manía de correr mundo, de ser tenido entre los suyos, de hacer +alarde de lo que ha visto uno en sus viages, que los dos afortunados +se determináron á dexarlo de ser, y á despedirse de Su Magestad. + +Haceis un disparate, les dixo el rey: bien se que mi pais vale poco; +mas quando se halla uno medianamente bien en un sitio, se debe estar +en él. Yo no tengo por cierto derecho para detener á los extrangeros, +tiranía tan opuesta á nuestra práctica como á nuestras leyes. Todo +hombre es libre, y os podeis ir quando quisiéreis; pero es muy ardua +empresa el salir de este pais: no es posible subir el raudo río por el +qual habeis venido por milagro, y que corre baxo bóvedas de peñascos; +las montañas que cercan mis dominios tienen quatro mil varas de +elevacion, y son derechas como torres; su anchura coge un espacio de +diez leguas, y no es posible baxarlas como no sea despeñándose. Pero, +pues estais resueltos á iros, voy á dar órden á los intendentes de +máquinas para que hagan una que os pueda transportar con comodidad; y +quando os hayan conducido al otro lado de las montañas, nadie os podrá +acompañar; porque tienen hecho voto mis vasallos de no pasar nunca su +recinto, y no son tan imprudentes que le hayan de quebrantar: en +quanto á lo demás, pedidme lo que mas os acomode. No pedimos que +Vuestra Magestad nos dé otra cosa, dixo Cacambo, que algunos carneros +cargados de víveres, de piedras y barro del pais. Rióse el rey, y +dixo: No se qué, pasion es la que tienen vuestros Europeos á nuestro +barro amarillo; llévaos todo el que querais, y buen provecho os haga. + +Inmediatamente dió órden á sus ingenieros que hicieran una máquina +para izar fuera del reyno á estos dos hombres extraordinarios: tres +mil buenos físicos trabajáron en ella, y se concluyó al cabo de quince +dias, sin costar arriba de cien millones de duros, moneda del pais. +Metiéron en la máquina á Candido y á Cacambo: dos carneros grandes +encarnados tenian puesta la silla y el freno para que montasen en +ellos así que hubiesen pasado los montes, y los seguian otros veinte +cargados de víveres, treinta con preseas de las cosas mas curiosas que +en el pais habia, y cincuenta con oro, diamantes, y otras piedras +preciosas. El rey dió un cariñoso abrazo á los dos vagamundos. Fué +cosa de ver su partida, y el ingenioso modo con que los izáron á ellos +y á sus carneros á la cumbre de las montañas. Habiéndolos dexado en +parage seguro, se despidiéron de ellos los físicos; y Candido no tuvo +otro hipo ni otra idea que ir á presentar sus carneros á la +baronesita. A bien que llevamos, decia, con que pagar al gobernador de +Buenos-Ayres, si es dable poner precio á mi Cuncgunda: vamos á la isla +de Cayena, embarquémonos, y luego verémos qué reyno habernos de poner +en ajuste. + + + + +CAPITULO XIX. + +_De los sucesos de Surinam, y del conocimiento que hizo Candido de +Martin._ + + +La primera jornada de nuestros dos caminantes fué bastante agradable, +llevados en alas de la idea de encontrarse posesores de mayores +tesoros que quantos en Asia, Europa y Africa se podian reunir. El +enamorado Candido grabó el nombre de Cunegunda en las cortezas de los +árboles. A la segunda jornada se atolláron en pantanos dos carneros, y +pereciéron con la carga que llevaban; otros dos se muriéron de +cansancio algunos dias despues; luego pereciéron de hambre de siete á +ocho en un desierto; de allí á algunos dias se cayéron otros en unas +simas: por fin á los cien dias de viage no les quedáron mas que dos +carneros. Candido dixo á Cacambo: Ya ves, amigo, que deleznables son +las riquezas de este mundo; nada hay sólido, como no sea la virtud, y +la dicha de volver á ver á Cunegunda. Confiéselo así, dixo Cacambo; +pero todavía tenemos dos carneros con mas tesoros que quantos podrá +poseer el rey de España, y desde aquí columbro una ciudad, que presumo +que ha de ser Surinam, colonia holandesa. Al término de nuestras +miserias tocamos, y al principio de nuestra ventura. + +En las inmediaciones del pueblo encontráron á un negro tendido en el +suelo, que no tenia mas que la mitad de su vestido, esto es de unos +calzoncillos de lienzo crudo azul, y al pobre le faltaba la pierna +izquierda y la mano derecha. ¡Dios mió! le dixo Candido, ¿qué haces +ahí, amigo, en la terrible situacion en que te veo? Estoy aguardando á +mi amo el señor de Vanderdendur, negociante afamado, respondió el +negro. ¿Ha sido por ventura el señor Vanderdendur quien tal te ha +parado? dixo Candido. Sí, Señor, respondió el negro; así es práctica: +nos dan un par de calzoncillos de lienzo dos veces al año para que nos +vistamos; quando trabajamos en los ingenios de azúcar, y nos coge un +dedo la piedra del molino, nos cortan la mano; quando nos queremos +escapar, nos cortan una pierna: yo me he visto en ámbos casos, y á ese +precio se come azúcar en Europa; puesto que quando en la costa de +Guinea me vendió mi madre por dos escudos patagones, me dixo: Hijo +querido, da gracias á nuestros fetiches, y adóralos sin cesar, para +que vivas feliz; ya logras de ellos la gracia de ser esclavo de +nuestros señores los blancos, y de hacer afortunados á tu padre y á tu +madre. Yo no se ¡ay! si los he hecho afortunados; lo que se es que +ellos me han hecho muy desdichado, y que los perros, los monos y los +papagayos lo son mil veces ménos que nosotros. Los fetiches holandeses +que me han convertido, dicen que los blancos y los negros somos todos +hijos de Adan. Yo no soy genealogista, pero si los predicadores dicen +la verdad, todos somos primos hermanos; y cierto que no es posible +portarse de un modo mas horroroso con sus propios parientes. + +O Panglós, exclamó Candido, esta abominacion no la habias tú +adivinado: se acabó, será fuerza que abjure tu optimismo. ¿Qué es el +optimismo? dixo Cacambo. Ha, respondió Candido, es la manía de +sustentar que todo está bien quando está uno muy mal. Vertia lágrimas +al decirlo contemplando al negro, y entró llorando en Surinam. + +Lo primero que preguntáron fué si habia en el puerto algun navío que +se pudiera fletar para Buenos-Ayres. El hombre á quien se lo +preguntáron era justamente un patron español que les ofreció +ajustarse en conciencia con ellos, y les dió cita en una hostería, +adonde Candido y Cacambo le fuéron á esperar con sus carneros. + +Candido que llevaba siempre el corazon en las manos contó todas sus +aventuras al Español, y le confesó que queria robar á la baronesita +Cunegunda. Ya me guardaré yo, le respondió, de pasarlos á vms. á +Buenos-Ayres, porque seria irremisiblemente ahorcado, y vms. ni mas ni +ménos; que la hermosa Cunegunda es la dama en privanza de Su +Excelencia. Este dicho fué una puñalada en el corazon de Candido: +lloró amalgamente, y despues de su llanto, llamando aparte á Cacambo, +le dixo: Escucha, querido amigo, lo que tienes que hacer; cada uno de +nosotros lleva en el bolsillo uno ó dos millones de pesos en +diamantes, y tu eres mas astuto que yo: vete á Buenos-Ayres, en busca +de Cunegunda. Si pone el gobernador alguna dificultad, dale cien mil +duros; si no basta, dale doscientos mil: tu no has muerto á inquisidor +ninguno, y nadie te perseguirá. Yo fletaré otro navío, y te iré á +esperar á Venecia; que es pais libre, donde no hay ni Bulgaros, ni +Abaros, ni Judíos, ni inquisidores que temer. Parecióle bien á +Cacambo tan prudente determinacion, puesto que sentia á par de muerte +haberse de separar de amo tan bueno; pero la satisfaccion de servirle +pudo mas con el que el sentimiento de dexarle. Abrazáronse derramando +muchas lágrimas; Candido le encomendó que no se olvidara de la buena +vieja; y Cacambo se partió aquel mismo dia: el tal Cacambo era un +excelente sugeto. + +Detúvose algún tiempo Candido en Surinam, esperando á que hubiese otro +patron que le llevase á Italia con los dos carneros que le habian, +quedado. Tomó criados para su servicio, y compró todo quanto era +necesario para un viage largo; finalmente se le presentó el señor +Vanderdendur, armador de una gruesa embarcacion. ¿Quanto pide vm., le +preguntó, por llevarme en derechura á Venecia, con mis criados, mi +bagage, y los dos carneros que vm. ve ? El patron pidió diez mil duros, +y Candido se los ofreció sin rebaxa. ¡Hola, hola! dixo entre sí el +prudente Vanderdendur, ¿con que esté extrangero da diez mil duros sin +regatear? Menester es que sea muy rico. Volvió de allí á un rato, y +dixo que no podia hacer el viage por ménos de veinte mil. Veinte mil +le daré á vm., dixo Candido. Toma, dixo en voz baxa el mercader, ¿con +que da veinte mil duros con la misma facilidad que diez mil? Otra vez +volvió, y dixo que no le podia llevar á Venecia si no le daba treinta +mil duros. Pues treinta mil serán, respondió Candido. Ha, ha, murmuró +el holandés, treinta mil duros no le cuestan nada á este hombre; sin +duda que en los dos carneros lleva inmensos tesoros: no insistamos +mas; hagamos que nos pague los treinta mil duros, y luego verémos. +Vendió Candido dos diamantes, que el mas chico valia mas que todo +quanto dinero le habia pedido el patron, y le pagó adelantado. Estaban +ya embarcados los dos carneros, y seguia Candido de léjos en una +lancha para ir al navío que estaba en la rada; el patron se aprovecha +de la ocasion, leva anclas, y sesga el mar llevando el viento en popa. +En breve le pierde de vista Candido confuso y desatentado. ¡Ay! +exclamaba, esta picardía es digna del antiguo hemisferio. Vuélvese á +la playa anegado en su dolor, y habiendo perdido lo que bastaba para +hacer ricos á veinte monarcas. Fuera de sí, se va á dar parte al juez +holandés, y en el arrebato de su turbacion llama muy recio á la +puerta, entra, cuenta su cuita, y alza la voz algo mas de lo que era +regular. Lo primero que hizo el juez fué condenaile á pagar diez mil +duros por la bulla que habia metido: oyóle luego con mucha pachorra, +le prometió que exâmininaria el asunto así que voliera el mercader, y +exîgió otros diez mil duros por los derechos de audiencia. + +Esta conducta acabó de desesperar á Candido; y aunque á la verdad +habia padecido otras desgracias mil veces mas crueles, la calma del +juez y del patron que le habia robado le exâltaron la cólera, y le +ocasionáron una negra melancolía. Presentábase á su mente la maldad +humana con toda su disformidad, y solo pensamientos tristes revolvia. +Finalmente estando para salir para Burdeos un navío francés, y no +quedándole carneros cargados de diamantes que embarcar, ajustó en lo +que valia un camarote del navío, y mandó pregonar en la ciudad que +pagaba el viage y la manutencion, y daba dos mil duros á un hombre de +bien que le quisiera acompañar, con la condición de que fuese el mas +descontento de su suerte, y el mas desdichado de la provincia. +Presentóse una cáfila tal de pretendientes, que no hubieran podido +caber en una esquadra. Queriendo Candido escoger los que mejor +educados parecian, señaló hasta unos veinte que le parecieron mas +sociables, y todos pretendían que merecían la preferencia. Reuniólos +en su posada, y los convidó á cenar, poniendo por condicion que +hiciese cada uno de ellos juramento de contar con sinceridad su +propia historia, y prometiendo escoger al que mas digno de compasion +y mas descontento con justicia de su suerte le pareciese, y dar á los +demas una gratificacion. Duró la sesion hasta las quatro de la +madrugada; y al oir sus aventuras ó desventuras se acordaba Candido de +lo que le habia dicho la vieja quando iban á Buenos-Ayres, y de la +apuesta que habia hecho de que no habia uno en el navío á quien no +hubiesen acontecido gravísimas desdichas. A cada lástima que contaban, +pensaba en Panglós, y decia: El tal Panglós apurado se habia de ver +para demostrar su sistema: yo quisiera que se hallase aquí. Es cierto +que si está todo bien, es en el Dorado, pero no en lo demas de la +tierra. Finalmente se determinó enfavor de un hombre docto y pobre, +que habia trabajado diez años para los libreros de Amsterdan, +creyendo que no habia en el mundo oficio que mas aperreado traxese al +que le exercitaba. Fuera de eso este docto sugeto, que era hombre de +muy buena pasta, habia sido robado por su muger, aporreado por su +hijo, y su hija le habia abandonado, y se habia escapado con un +Portugués. Le acababan de quitar un miserable empleo con el qual +vivia, y le perseguian los predicantes de Surinam, porque le tachaban +de sociniano. Hase de confesar que los demas eran por lo menós tan +desventurados como él; pero Candido esperaba que con el docto se +aburriria ménos en el viage. Todos sus competidores se quejáron de la +injusticia manifiesta de Candido; mas este los calmó repartiendo cien +duros á cada uno. + + + + +CAPITULO XX. + +_De lo que sucedió á Candido y á Martin durante la navegacion._ + + +Embarcóse pues para Burdeos con Candido el docto anciano, cuyo nombre +era Martin. Ambos habian visto y habian padecido mucho; y aun quando +el navío hubiera ido de Surinam al Japon por el cabo de Buena +Esperanza, no les hubiera en todo el viage faltado materia para +discurrir acerca del mal físico y el mal moral. Verdad es que Candido +le sacaba muchas ventajas á Martin, porque llevaba la esperanza de +ver á su Cunegunda, y Martin no tenia cosa ninguna que esperar: y le +quedaba oro y diamantes; de suerte que aunque habia perdido cien +carneros grandes cargados de las mayores riquezas de la tierra, y +aunque le escarbaba continuamente la bribonada del patron holandés, +todavía quando pensaba en lo que aun llevaba en su bolsillo, y hablaba +de Cunegunda, con especialidad después de comer, se inclinaba al +sistema de Panglós. Y vm., señor Martín, le dixo al docto, ¿qué piensa +de todo esto? ¿qué opinion lleva cerca del mal físico y el mal moral? +Señor, respondió Martin, los clérigos me han acusado de ser sociniano; +pero la verdad es que soy maniquéo. Ese es cuento, replicó Candido, +que ya no hay maniquéos en el mundo. Pues yo en el mundo estoy, dixo +Martin, y es la realidad que no está en mi creer otra cosa. Menester +es que tenga vm. el diablo en el cuerpo, repuso Candido. Tanto papelea +en este mundo, dixo Martin, que muy bien puede ser que esté en mi +cuerpo lo mismo que en otra parte. Confieso que quando tiendo la vista +por este globo ó glóbulo, se me figura que le ha dexado Dios á +disposicion de un ser maléfico, exceptuando el Dorado. Aun no he visto +un pueblo que no desee la ruina del pueblo inmediato, ni una familia +que no quisiera exterminar otra familia. En todas partes los menudos +exêcran de los grandes, y se postran á sus plantas; y los grandes los +tratan como viles rebaños, desollándolos y comiéndoselos. Un millon de +asesinos en regimientos andan corriendo la Europa entera, saqueando y +matando con disciplina, porque no saben oficio mas honroso; en las +ciudades que en apariencia disfrutan la paz, y en que florecen las +artes, estan roidos los hombres de mas envidia, inquietudes y afanes, +que quantas plagas padece una ciudad sitiada. Todavía son mas crueles +los pesares secretòs que las miserias públicas; en una palabra, he +visto tanto y he padecido tanto, que soy maniquéo. Cosas buenas hay, +no obstante, replicó Candido. Podrá ser, decía Martin, mas no han +llegado á mi noticia. + +En esta disputa estaban quando se oyéron descargas de artillería. De +uno en otro instante crecia el estruendo, y todos se armáron de un +anteojo. Veíanse como á distancia de tres millas dos navios que +combatían, y los traxo el viento tan cerca del navío francés á uno y á +otro, que tuviéron el gusto de mirar el combate muy á su sabor. Al +cabo uno de los navios descargó una andanada con tanto tino y acierto, +y tan á flor de agua, que echó á pique á su contrario. Martin y +Candido distinguiéron con mucha claridad en el combes de la nave que +zozobraba unos cien hombres que todos alzaban las manos al cielo dando +espantosos gritos; en un punto se los tragó á todos la mar. + +Vea vm., dixo Martin, pues así se tratan los hombres unos á otros. +Verdad es, dixo Candido, que anda aquí la mano del diablo. Diciendo +esto, advirtió cierta cosa de un encarnado muy subido, que nadaba +junto al navio; echáron la lancha para ver que era, y era uno de sus +carneros. Mas se alegró Candido con haber recobrado este carnero, que +lo que habia sentido la pérdida de ciento cargados todos de diamantes +gruesos del Dorado. + +En breve reconoció el capitán del navío francés que el del navío +sumergidor era Español, y el del navío sumergido un pirata holandés, +el mismo que habia robado á Candido. Con el pirata se hundiéron en el +mar las inmensas riquezas de que se habia apoderado el infame, y solo +se libertó un carnero. Ya ve vm., dixo Candido á Maitin, que á veces +llevan los delitos su merecido: este pícaro de patrón holandés ha +sufrido la pena digna de sus maldades. Está bien, dixo Martin, pero +¿porqué han muerto los pasageros que venian en su navío? Dios ha +castigado al malo, y el diablo ha ahogado á los buenos. + +Seguían en tanto su derrota el navío francés y el español, y Candido +en sus conversaciones con Martin. Quince dias sin parar disputáron, y +tan adelantados estaban el último como el primero; pero hablaban, se +comunicaban sus ideas, y se consolaban. Candido pasando la mano por el +lomo á su carnero le decía: Una vez que te he hallado á tí, tambien +podié hallar á Cunegunda. + + + + +CAPITULO XXI. + +_Donde se da cuenta de la plática de Candido y Martín, al acercarse +á las costas de Francia._ + + +Avistaronse al fin las costas de Francia. ¿Ha estado vm. en Francia, +señor Martin? dixo Candido. Sí, Señor, respondió Martin, y he corrido +muchas provincias: en unas la mitad de los habitantes son locos, en +otras muy retrecheros, en estas bastante bonazos y bastante tontos, y +en aquellas lo dan por ladinos. En todas la ocupacion principal es +enamorar, murmurar la segunda, y la tercera decir majaderías.--¿Y ha +visto vm. á Paris, señor Martin?--He visto á París, que es una +menestra de páxaros de todas clases, un caos, una prensa, donde todo +el mundo anhela por placeres, y casi nadie los halla, á lo ménos segun +me ha parecido. Estuve poco tiempo; al llegar, me robáron quanto traía +unos rateros en la plaza de San German; luego me reputáron á mi por +ladron, y me tuviéron ocho dias en la cárcel; y al salir libre entré +como corrector en una imprenta, para ganar con que volverme á pié á +Holanda. He conocido la canalla escritora, la canalla enredadora, y la +canalla convulsa. Dicen que hay algunas personas muy cultas en este +pueblo, y creo que así será. + +Yo por mi no tengo hipo ninguno por ver la Francia, dixo Candido; bien +puede vm. considerar que quien ha vivido un mes en el Dorado no se +cura de ver cosa ninguna de este mundo, como no sea Cunegunda. Voy á +esperarla á Venecia, y atravesarémos la Francia para ir á Italia: ¿me +acompañará vm.? Con mil amores, respondió Martin; dicen que Venecia +solo para los nobles Venecianos es buena, puesto que hacen mucho +agasajo á los extrangeros que llevan mucho dinero: yo no le tengo, +pero vm. sí, y le seguiré adonde quiera que fuere. Hablando de otra +cosa, dixo Candido, ¿cree vm. que la tierra haya sido antiguamente +mar, como lo afirma aquel libro gordo que es del capitan del buque? No +por cierto, replicó Martin, como ni tampoco los demas adefesios que +nos quieren hacer tragar de algun tiempo acá. ¿Pues para qué fin +piensa vm. que fué criado el mundo? continuó Candido. Para hacernos +dar al diablo, respondió Martin. ¿No se pasma vm., siguió Candido, del +amor de las dos mozas del pais de los Orejones á los dos ximios, que +conté á vm.? Muy léjos de eso, repuso Martin; no veo que tenga nada de +extraño esa pasion, y he visto tantas cosas extraordinarias, que nada +se me hace extraordinario. ¿Cree vm., le dixo Candido, que en todos +tiempos se hayan degollado los hombres como hacen hoy, y que siempre +hayan sido embusteros, aleves, pérfidos, ingratos, ladrones, flacos, +mudables, viles, envidiosos, glotones, borrachos, codiciosos, +ambiciosos, sangrientos, calumniadores, disolutos, fanáticos, +hipócritas y necios? ¿Cree vm., replicó Martin, que los milanos se +hayan, siempre engullido las palomas, quando han podido dar con ellas? +Sin duda, dixo Candido. Pues bien, continuó Martin, si los milanos +siempre han tenido las mismas inclinaciones, ¿porqué quiere vm. que +las de los hombres hayan ariado? No, dixo Candido, eso es muy +diferente porque el libre albedrío..... Así discurrian, quando +aportáron á Burdeos. + + + + +CAPITULO XXII. + +_De los sucesos que en Francia aconteciéron á Candido y á +Martin._ + + +No se detuvo Candido en Burdeos mas tiempo que el que le fué necesario +para vender algunos pedernales del Dorado, y comprar una buena silla +de posta de dos asientos, porque no podia ya vivir sin su filósofo +Martin. Lo único que sintió fué tenerse que separar de su carnero, que +dexó á la Academia de ciencias de Burdeos, la qual propuso por asunto +del premio de aquel año determinar porque la lana de aquel carnero era +encarnada; y se le adjudicó á un docto del Norte, que demostró por A +mas B, ménos C dividido por Z, que era forzoso que fuera aquel carnero +encarnado, y que se muriese de la moniña. + +Todos quantos caminantes topaba Candido en los mesones le decian: +Vamos á Paris. Este general prurito le inspiró al fin deseos de ver +esta capital, en lo qual no se desviaba mucho de la dirección de +Venecia. Entró por el arrabal de San Marcelo, y creyó que estaba en la +mas sucia aldea de Vesfalia. Apénas llegó á la posada, le acometió +una ligera enfermedad originada del cansancio; y como llevaba al dedo +un enorme diamante, y habian advertido en su coche una caxa muy +pesada, al punto se le acercáron dos doctores médicos que no habia +mandado llamar, varios íntimos amigos que no se apartaban de él, y dos +devotas mugeres que le hacian caldos. Decia Martin: Bien me acuerdo de +haber estado yo malo en Paris, quando mi primer viage; pero era muy +pobre, y así ni tuve amigos, ni devotas, ni médicos, y sané muy +presto. + +Las resultas fuéron que á poder de sangrías, recetas y médicos, se +agravó la enfermedad de Candido. Al fin sanó; y miéntras estaba +convaleciente, le visitáron muchos sugetos de trato fino, que cenaban +con él. Habia juego fuerte, y Candido se pasmaba de que nunca le +venian, buenos naypes; pero Martin no lo extrañaba. + +Entre los que mas concurrian á su casa habia un cierto abate, que era +de aquellos hombres diligentes, siempre listos para todo quanto les +mandan, serviciales, entremetidos, halagüeños, descarados, buenos para +todo, que atisban á los forasteros que llegan á la capital, les +cuentan los sucesos mas escandalosos que acontecen, y les brindan con +placeres á qualquier precio. Lo primero que hizo fué llevar á la +comedia á Martin y á Candido. Representaban una tragedia nueva, y +Candido se encontró al lado de unos quantos hypercríticos, lo qual no +le quitó que llorase al ver algunas escenas representadas con la mayor +perfeccion. Uno de los hypercríticos que junto á el estaban, le dixo +en un entre-acto: Hace vm. muy mal en llorar; esa comedianta es +malísima, y el que representa con ella peor todavía, y peor la +tragedia que los actores: el autor no sabe palabra de arábigo, y ha +puesto la escena en la Arabia; sin contar con que es hombre que cree +que no hay ideas innatas: mañana le traeré á vm. veinte folletos +contra él. Caballero, ¿quantas composiciones dramáticas tienen vms. en +Francia? dixo Candido al abate; y este respondió: Cinco o séis mil. +Mucho es, dixo Candido; ¿y quantas buenas hay? Quince ó diez y seis, +replicó el otro. Mucho es, dixo Martin. + +Salió Candido muy satisfecho con una cómica que hacia el papel de la +reyna Isabel de Inglaterra, en una tragedia muy insulsa que algunas +veces se representa. Mucho me gusta esta actriz, le dixo á Martin, +porque se da ayre á Cunegunda; mucho gusto tendria en hacerle una +visita. El abate, se brindó á llevarle á su casa. Candido criado en +Alemania preguntó qué ceremonias eran las que se estilaban en Francia +para tratar con las reynas de Inglaterra. Distingo, dixo el abate: en +las provincias las llevan á comer á los mesones, en Paris las respetan +quando son bonitas, y las tiran al muladar después de muertas. ¡Al +muladar las reynas! dixo Candido. Verdad es, dixo Martin; razon tiene +el señor abate: en Paris estaba yo quando la señora Monima pasó, como +dicen, de esta á mejor vida, y le negáron lo que esta gente llama +_sepultura en tierra santa_, lo qual significa podrirse con toda +la pobretería de la parroquia en un hediondo cementerio, y la +enterráron sola y señera en un rincon de su jardin, lo qual le causó +sin duda muchísima pesadumbre, porque tenia muy hidalgos +pensamientos. Accion de mala crianza fué en efecto, dixo Candido. ¿Qué +quiere vm., dixo Martin, si estas gentes son así? Imagínese vm. todas +las contradicciones, y todas las incompatibilidades posibles, y las +hallará reunidas en el gobierno, en los tribunales, en las iglesias, +y en los espectáculos de esta donosa nacion. ¿Y es cierto que en Paris +se ríe la gente de todo? Verdad es, dixo el abate, pero se ríen +dándose al diablo; se lamentan de todo dando careajadas de risa; y +riéndose se cometen las mas detestables acciones. + +¿Quién es, dixo Candido, aquel marrano que tan mal hablaba de la +tragedia que tanto me ha hecho llorar, y de los actores que tanto +gusto me han dado? Un malandrin, respondió el abate, que gana la vida +hablando mal de todas las composiciones dramáticas y de todos los +libros que salen; que aborrece á todo aquel que es aplaudido, como +aborrecen los eunucos á los que gozan; una sierpe de la literatura, +que vive de ponzoña y cieno; un folletista. ¿Qué llama vm. folletista? +dixo Candido. Un compositor de folletos, dixo el abate, un Freron, ó +un Ostolaza. Así discurrian Candido, Martin y el abate en la +escalera del coliseo, miéntras que iba saliendo la gente, concluida la +comedia. Puesto que tengo muchísimos deseos de ver á Cunegunda, dixo +Candido, bien quisiera cenar con la primera trágica, que me ha +parecido un portento. No era hombre el abate que tuviese entrada en +casa de la tal primera actriz, que solo recibia sugetos del mas fino +trato. Está ocupada esta noche, respondió; pero tendré la honra de +llevar á vm. á casa de una señora de circunstancias, y conocerá á +París allí como si hubiera vivido en el muchos años. + +Candido, que naturalmente era amigo de saber, se dexó llevar á casa de +la tal señora: estaban ocupados los tertulianos en jugar á la banca, y +doce tristes apuntes tenian en la mano cada uno un juego de naypes, +archivo de su mala ventura. Reynaba un profundo silencio; teñido +estaba el semblante de los apuntes de una macilenta amarillez, y se +leía la zozobra en el del banquero; y la señora de la casa, sentada +junto al despiadado banquero, con ojos de lince anotaba todos los +parolis, y todos los sietelevares con que doblaba cada jugador sus +naypes, haciéndoselos desdoblar con un cuidado muy escrupuloso, pero +con cortesía y sin enfadarse, por temor de perder sus parroquianos. +Llamábanla la marquesa de Paroliñac; su hija, muchacha de quince años, +era uno de los apúntes, y con un guiñar de ojos advertía á su madre +las picardigüelas de los pobres apuntes que procuraban enmendar los +rigores de la mala suerte. Entráron el abate, Candido y Martin, y +nadie se levantó á darles las buenas noches, ni los saludó, ni los +miró siquiera; tan ocupados todos estaban en sus naypes. Mas cortés +era la señora baronesa de Tunder-tentronck, dixo entre sí Candido. + +Acercóse en esto el abate al oido de la marquesa, la qual se +medio-levantó de la silla, honró á Candido con una risita agraciada, y +á +Martin haciéndole cortesía con la cabeza con magestuoso ademan; mandó +luego que traxeran á Candido asiento y una baraja, y este perdió en +dos tallas diez mil duros. Cenaron luego con mucha jovialidad, y todos +estaban atónitos de que Candido no sintiese mas lo que perdia. Los +lacayos en su idioma lacayuno se decían unos á otros: Preciso es que +sea un mylord inglés. + +La cena se parecia á casi todas las cenas de Paris; primero mucho +silencio, luego un estrépito de palabras que no se entendian, chistes +luego, casi todos muy insulsos, noticias falsas, malos raciocinios, +algo de política, y mucha murmuracion; despues habláron de obras +nuevas. Pasáron luego á tratar de teatros, y el ama de casa preguntó +porque habia ciertas tragedias que se representaban con freqüencia, y +que nadie podia leer. Un hombre de fino gusto que habia entre los +convidados, explicó con mucha claridad como podia interesar una +tragedia que tuviera poquísimo mérito, probando en breves razones que +no bastaba traer por los cabellos una ó dos situacíones de aquellas +que tan freqüentes son en las novelas, y siempre embelesan á los +oyentes; que es menester novedad sin extravagancia, sublimidad á +veces, y naturalidad siempre; conocer el corazon del hombre y el +estilo de las pasiones; ser gran poeta, sin que parezca poeta ninguno +de los interlocutores; saber con perfeccion su idioma, hablarle con +pureza, y con harmonía continua, sin sacrificar nunca el sentido al +consonante. Todo aquel que no observare todas estas reglas, añadió, +muy bien podrá componer una ó dos tragedias que sean aplaudidas en el +teatro, mas nunca pasará plaza de buen escritor. Poquísimas tragedias +hay buenas: unas son idylios en coloquios bien escritos y bien +versificados; otras disertaciones de política que infunden sueño, ó +amplificaciones que cansan; otras desatinos de un energúmeno en estilo +bárbaro, razones cortadas, apóstrofes interminables á los Dioses no +sabiendo que decir á los hombres, falsas máxîmas, y lugares comunes +hinchados. + +Escuchaba con mucha atención Candido este razonamiento, y formó por él +altísima idea del orador; y como había tenido la marquesa la atencion +de colocarle á su lado, se tomó la licencia de preguntarle al oido +quien era un hombre que tan de perlas hablaba. Ese es un docto, dixo +la dama, que nunca apunta, y que me trae á cenar algunas veces el +abate, que entiende perfectamente de tragedias y libros, y que ha +compuesto una tragedia que silbáron, y un libro del qual un solo +exemplar que me dedicó ha salido de la tienda de su librero. ¡Qué +varon tan eminente! dixo Candido, es otro Panglós; y volviéndose hácia +él le dixo: ¿Sin duda, Caballero, que es vm. de dictámen de que todo +está perfectamente en el mundo físico y en el moral, y de que nada +podia suceder de otra manera? ¡Yo, caballero! le respondió el docto; +nada ménos que eso. Todo me parece que va al revés en nuestro pais, y +que nadie sabe ni qual es su estado, ni qual su cargo, ni lo que hace, +ni lo que debiera hacer; y que excepto la cena que es bastante jovial, +y donde la gente está bastante acorde, todo el resto del tiempo se +consume en impertinentes contiendas; de jansenistas con motinistas, +de parlamentarios con eclesiásticos, de literatos con literatos, de +palaciegos con palaciegos, de alcabaleros y diezmeros con el pueblo, +de mugeres con maridos, y de parientes con parientes; por fin una +guerra perdurable. + +Replicóle Candido: Cosas peores he visto yo; pero un sabio que despues +tuvo la desgracia de ser ahorcado, me enseñó que todas esas cosas son +dechado de perfecciones, y sombras de una hermosa pintura. Ese +ahorcado se reía de la gente, dixo Martin, y esas sombras sen manchas +horrorosas, Los hombres son los que echan esas manchas, dixo Candido, +y no pueden hacer ménos. ¿Con que no es culpa de ellos? replicó +Martin. Bebian en tanto la mayor parte de los apuntes, que no +entendian una palabra de la materia; Martin discurria con el hombre +docto, y Candido contaba parte de sus aventuras al ama de la casa. + +Despues de cenar, llevó la marquesa á su retiete á Candido, y le sentó +en un canapé. ¿Con que está vm. enamorado perdido de Cunegunda, la +baronesita de Tunder-ten-tronck? Sí, Señora, respondió Candido. +Replicóle la marquesa con una amorosa sonrisa: Vm. responde como un +mozo de Vesfalia; un Francés me hubiera dicho: Verdad es, Señora, que +he querido á Cunegunda, pero quando la miro á vm., me temo no +quererla. Yo, Señora, dixo Candido, responderé como vm. quisiere. La +pasión de vm., dixo la marquesa, empezó alzando un pañuelo, y yo +quiero que vm. alce mi liga. Con toda mi alma, dixo Candido, y la +levantó del suelo. Ahora quiero que me la ponga, continuó la dama, y +Candido se la puso. Mire vm., repuso la dama, vm. es extrangero: á mis +amantes de Paris los hago yo penar á veces quince dias seguidos, pero +á vm. me rindo desde la primera noche, porque es menester tratar +cortesmente á un buen mozo de Vesfalia. La buena caña que había +reparado en dos diamantes enormes de dos sortijas del extrangero buen +mozo, tanto se los alabó, que de los dedos de Candido pasáron á los de +la marquesa. + +Al volverse Candido á su casa con el abate, sintió algunos +remordimientos por haber cometido una infidelidad á Cunegunda; y el +señor abate tomó parte en su sentimiento, porque le habia cabido una +muy pequeña en los diez mil duros perdidos por Candido al juego, y en +el valor de los dos brillantes, medio-dados y medio-estafados: y era +su ánimo aprovecharse todo quanto pudiese de lo que el trato de +Candido le podía valer. Hablábale sin cesar de Cunegunda, y Candido +le dixo que quando la viera en Venecia, le pediria perdon de la +infidelidad que acababa de cometer. + +Cada dia estaba el abate mas cortés y mas atento, interesándole todo +quanto decía Candido, todo quanto hacia, y quanto quería hacer. ¿Con +que está vm. aplazado por la baronesita para Venecia? le dixo. Sí, +señor abate, respondió Candido, tengo precision de ir allá á buscar á +Cunegunda. Llevado entónces del gusto de hablar de su amada, le contó, +como era su costumbre, parte de sus aventuras con esta ilustre +Vesfaliana. Bien creo, dixo el abate, que esa señorita tiene mucho +talento, y escribe muy bonitas cartas. Nunca me ha escrito, dixo +Candido, porque se ha de figurar vm. que quando me echáron de la +granja por amor de ella, no le pude escribir; que poco después supe +que era muerta, que despues me la encontré, y la volví á perder, y que +le he despachado un mensagero á dos mil y quinientas leguas de aquí, +que aguardo con su respuesta. + +Escuchóle con mucha atención el abate, se paró algo pensativo, y se +despidió luego de ámbos extrangeros, abrazándolos tiernamente. Al otro +dia, ántes de levantarse de la cama, diéron á Candido la esquela +siguiente: "Muy Señor mió, y mi querido amante: ocho días hace que +estoy mala en esta ciudad, y acabo de saber que se encuentra vm. en +ella. Hubiera ido volando á echarme en sus brazos, si me pudiera +menear. He sabido que habia vm. pasado por Burdeos, donde se ha +quedado el fiel Cacambo y la vieja, que llegarán muy en breve. El +gobernador de Buenos-Ayres se ha quedado con todo quanto Cacambo +llevaba; pero el corazón de vm. me queda. Venga vm. á verme; su +presencia me dará la vida, ó hará que me muera de alegría." + +Una carta tan tierna, y tan poco esperada, puso á Candido en una +imponderable alegría, pero la enfermedad de su amada Cunegunda le +traspasaba de dolor. Fluctuante entre estos dos afectos, agarra á +puñados el oro y los diamantes, y hace que le lleven con Martin á la +posada donde estaba Cunegunda alojada: entra temblando con la ternura, +latiéndole el corazon, y el habla interrumpida con sollozos; quiere +descorrer las coitinas de la cama, y manda que traygan luz. No haga +vm. tal, le dixo la criada, la luz le hace mal; y volvió á correr la +cortina. Amada Cunegunda, dixo llorando Candido: ¿cómo te hallas? No +puede hablar, dixo la criada. Entónces la enferma sacó fuera de la +cama una mano muy suave que bañó Candido un largo rato con lágrimas, y +que llenó lurgo de diamantes, desando un saco de oro encima del +taburete. + +En medio de sus arrebatos se aparece un alguacil acompañado del abate +y de seis corchetes. ¿Con que estos son, dixo, los dos extrangeros +sospechosos? y mandó incontinenti que los ataran y los llevaran á la +cárcel. No tratan de esta manera en el Dorado á los forasteros, dixo +Candido. Mas maniquéo soy que nunca, replicó Martin. Pero, señor, +¿adonde nos lleva vm.? dixo Candido. A un calabozo, respondió el +alguacil. + +Martin, que se habia recobrado del primer sobresalto, sospechó que la +señora que se decia Cnnegunda era una buscona, el señor abate un +tunante que habia abusado del candor de Candido, y el alguacil otro +tuno de quien no era difícil desprenderse. Por no exponerse á tener +que lidiar con la justicia, y con el hipo que tenia de ver á la +verdadera Cunegunda, Candido, por consejo de Maitin, ofreció al +alguacil tres diamantillos de tres mil duros cada uno. Ha, señor, le +dixo el hombre de vara de justicia, aunque hubiera vm. cometido todos +los delitos imaginables, seria el mas hombre de bien de este mundo. +¡Tres diamantes de tres mil duros cada uno! La vida perderia yo por +vm., para lue le lleve á un calabozo. Todos los extrangeros son +arrestados, pero déxelo por mi cuenta, que yo tengo mi hermano en +Diepe en la Normandía, y le llevaré alla; y si tiene vm. algunos +diamantes que darle, le tratará como yo propio. ¿Y porqué arrestan á +todos los extranjeros? dixo Candido. El abate tomando entónces el +hilo, respondió: Porque un miserable andrajoso del país de Atrebácia +[Footnote: Artois. Daiuieu, el que hirió á Luis XV, era natural de +Arras, capital del Artois.], que había oido decir disparates, ha +cometido un parricidio, no como el del mes de Mayo de 1610, [Footnote: +Francisco Kavaillac mató á Henrique IV de una puñalada en Mayo de +1610.] sino como el del mes de Diciembre de 1594, [Footnote: Juan +Clialel, en Diciembre de 1594, hirió á Henrique quarto; pero la herida +no fué de peligro.] y como otros muchos cometidos otros años y otros +meses por andrajosos que habian oido decir disparates. + +Entónces explicó el alguacil lo que habia apuntado el abate. ¡Qué +monstruos! exclamó Candido. ¿Cómo se cometen tamañas atrocidades en +un pueblo que canta y bayla? ¿Quando saldré yo de este pais donde +azuzan ximios á tigres? En mi pais he visto osos; solo en el Dorado he +visto hombres. En nombre de Dios, señor alguacil, lléveme vm. á +Venecia, donde aguardo á mi Cunegunda. Donde yo puedo llevar á vm., es +á la Normandía baxa, dixo el cabo de ronda. Hízole luego quitar los +grillos, dixo que se habia equivocado, despidió á sus corchetes, y se +llevó á Candido y Martin á Diepe, entregándolos á su hermano. Había un +buque holandés pequeño al ancla; y el Normando, que con el cebo de +otros tres diamantes era el mas servicial de los mortales, embarcó á +Candido y á su familia en el tal navío que iba á dar á la vela para +Portsmúa en Inglaterra. No era camino para Venecia; pero Candido creyó +que salía del infierno, y estaba resuelto a dirigirse á Venecia luego +que se le presentase ocasion. + + + + +CAPITULO XXIII. + +_Del arribo de Candido y Martin á la costa de Inglaterra, y de lo +que allí viéron._ + + +¡Ay Panglós amigo! ¡ay amigo Martin! ¡ay amada Cunegunda! ¡lo que es +este mundo! decia Candido en el navío holandés. Cosa muy desatinada y +muy abominable, respondió Martin.--Vm. ha estado en Inglaterra: ¿son +tan locos como en Francia?--Es locura de otra especie, dixo Martin; ya +sabe vm. que ámbas naciones estan en guerra por algunas aranzadas de +nieve en el Canadá, y por tan discreta guerra gastan mucho mas que lo +que todo el Canadá vale. Decir á vm. á punto fixo en qual de los dos +paises hay mas locos de atar, mis cortas luces no alcanzan á tanto; lo +que sí sé, es que en el pais que vamos á ver son locos atrabiliosos. + +Diciendo esto aportáron á Portsmúa: la orilla del mar estaba cubierta +de gente que miraba con atencion á un hombre gordo [El almirante +Byng], hincado de rodillas, y vendados los ojos, en el combes de uno +de los navíos de la esquadra. Quatro soldados formados en frente le +tiráron cada uno tres balas á la mollera con el mayor sosiego, y toda +la asamblea se fué muy satisfecha. ¿Qué quiere decir esto? dixo +Candido: ¿qué perverso demonio reyna en todas partes? Preguntó quien +era aquel hombre gordo que acababan de matar con tanta solemnidad. Un +almirante, le dixéron.--¿Y porqué han muerto á ese almirante?--Porque +no +ha hecho matar bastante gente; ha dado una batalla á un +almirante francés, y hemos fallado que no estaba bastante cerca del +enemigo. Pues el almirante francés tan léjos estaba del inglés como +este del francés, replicó Candido. Sin disputa, le dixéron; pero en +esta tierra es conveniente matar de quando en quando algun almirante +para dar mas ánimo á los otros. + +Tanto se irritó y se pasmó Candido con lo que oía y lo que vía, que no +quiso siquiera poner pié en tierra, y se ajustó con el patron +holandés, á riesgo de que le robara como el de Surinam, para que le +conduxera sin mas tardanza á Venecia. A cabo de dos dias estuvo listo +el patrón. Costeáron la Francia, pasáron á vista de Lisboa, y se +estremeció Candido; desembocáron por el estrecho en el Mediterráneo, +y finalmente aportáron á Venecia. Bendito sea Dios, dixo Candido +dando un abrazo á Martin, que aquí veré á la hermosa Cunegunda. Con +Cacambo cuento lo mismo que conmigo propio. Todo está bien, todo va +bien y lo mejor que es posible. + + + + +CAPITULO XXIV. + +_Que trata de fray Hilarion y de Paquita._ + + +Luego que llegó á Venecia, se echó á buscar á Cacambo en todas las +posadas, en todos los cafés, y en casa de todas las mozas de vida +alegre; pero no le fué posible dar con él. Todos los dias iba á +informarse de todos los navíos y barcos, y nadie sabia de Cacambo. +¡Con que he tenido yo lugar, le decía á Martin, para pasar de Surinam +á Burdeos, para ir de Burdeos á Paris, de Paris á Diepe, de Diepeá +Portsmúa, para costear á Portugal y á España, para atravesar todo el +Mediterráneo, y pasar algunos meses en Venecia, y aun no ha llegado la +hermosa Cunegunda, y en su lugar he topado una buscona y un abate! +Sin duda es muerta Cunegunda, y á mi no me queda mas remedio que +morir. ¡Ha, quanto mas hubiera valido quedarme en aquel paraiso +terrenal del Dorado, que volver á esta maldita Europa! Razon tiene +vm., amado Martin; todo es mera ilusion y calamidad. + +Acometióle una negra melancolía, y no fué ni á la ópera á la moda, ni +á las demas diversiones del carnaval, ni hubo dama que le causara la +mas leve tentacion. Díxole Martin: ¡Qué sencillo es vm., si se figura +que un criado mestizo, que lleva un millon de duros en la faltriquera, +irá á buscar á su amada al fin del mundo, y á traérsela á Venecia; la +guardará para sí, si la encuentra, y si no, tomará otra: aconsejo á +vm. que se olvide de Cacambo y de su Cunegunda. Martin no era hombre +que daba consuelos. Crecia la melancolía de Candido, y Martin no se +hartaba de probarle que eran muy raras la virtud y la felicidad sobre +la tierra, excepto acaso en el Dorado, donde ninguno podia entrar. + +Sobre esta importante materia disputaban, miéntras venia Cunegunda, +quando reparó Candido en un frayle Francisco mozo, que se paseaba por +la plaza de San Marcos, llevando del brazo á una moza. El Franciscano +era robusto, fuerte, y de buenos colores, los ojos brillantes, la +cabeza erguida, el continente reposado, y el paso sereno; la moza, que +era muy linda, iba cantando, y miraba con enamorados ojos á su +diaguino, el qual de quando en quando le pasaba la mano por la cara. +Me confesará vm. á lo ménos, dixo Candido á Martin, que estos dos son +dichosos. Ménos en el Dorado, no he encontrado hasta ahora en el mundo +habitable mas que desventurados; pero apuesto á que esa moza y ese +frayle son felicísimas criaturas. Yo apuesto á que no, dixo Martin. +Convidémoslos á comer, dixo Candido, y verémos si me equivoco. + +Acercóse á ellos, hízoles una reverencia, y los convidó á su posada á +comer macarrones, perdices de Lombardía, huevos de sollo, y á teber +vino de Montepulciano y _lácrima-cristi_, Chipre y Samos. +Sonrojóse la mozuela; admitió el Franciscano el convite, y le siguió +la muchacha mirando á Candido pasmada y confusa, y vertiendo algunas +lágrimas. Apénas entró la mozuela en el aposento de Candido, le dixo: +¿Pues que, ya no conoce el señor Candido á Paquita? Candido que oyó +estas palabras, y que hasta entónces no la habia mirado con atencion, +porque solo en Cunegunda pensaba, le dixo: ¡Ha, pobre chica! ¿con que +tú eres la que puso al doctor Panglós en el lindo estado en que le vi? +¡Ay, señor! yo propia soy, dixo Paquita; ya veo que está vm. informado +de todo. Supe las desgracias horrorosas que sucediéron á la señora +baronesa y á la hermosa Cunegunda, y júrole á vm. que no ha sido ménos +adversa mi estrella. Quando vm. me vió era yo una inocente; y un +capuchino, que era mi confesor, me engañó con mucha facilidad: las +resultas fuéron horribles, y me vi precisada á salir de la quinta, +poco después que le echó á vm. el señor baron á patadas en el trasero. +Si no hubiera tenido lástima de mi un, médico famoso, me hubiera +muerto; por agradecérselo, fui un poco de tiempo la querida del tal +médico: y su muger, que estaba endiablada de zelos, me aporreaba sin +misericordia todos los días. Era ella una furia, el mas feo el de los +hombres, y yo la mas sin ventura de las mugeres, aporreada sin cesar +por un hombre á quien no podía ver. Bien sabe vm., señor, los peligros +que corre una muger vinagre que lo es de un médico: aburrido el mío de +los rompimientos de cabeza de su muger, un dia para curarla de un +resfriado le administró un remedio tan eficaz, que en menos de dos +horas se murió en horrendas convulsiones. Los parientes de la difunta +formáron causa criminal al doctor, el qual se escapó, y á mi me +metiéron en la cárcel; y si no hubiera sido algo bonita, DO me hubiera +sacado á salvamento mi inocencia. El juez me declaró libre, con la +condicion de ser el sucesor del médico; y muy en breve me sustituyó +otra, y fuí despedida sin darme un quarto, y forzada á emprender este +abominable oficio, que á vosotros los hombres os parece tan gustoso, +y que para nosotras es un piélago de desventuras. Víneme á exercitar +mi profesion á Venecia. Ha, señor, si se figurara vm. qué cosa tan +inaguantable es halagar sin diferencia al negociante viejo, al +letrado, al frayle, al gondolero, y al abate; estar expuesta á tanto +insulto, á tantos malos tratamientos; verse á cada paso obligada á +pedir prestado un guardapesillo para que se le remangue á una un +hombre asqueroso; robada por este de lo que ha ganado con aquel, +estafada por los alguaciles, y sin tener otra perspectiva que una +horrible vejez, un hospital y un muladar, confesaria que soy la mas +malbadada criatura de este mundo. Así descubria Paquita su corazon al +buen Candido, en su gabinete, á presencia de Martin, el qual dixo: Ya +llevo ganada, como vm. ve, la mitad de la apuesta. + +Habíase quedado fray Hilarion en la sala de comer, bebiendo un trago +miéntras servian la comida. Candido le dixo á Paquita: Pues si +parecias tan alegre y tan contenta quando te encontré; si cantabas y +halagabas al diaguino con tanta naturalidad, que te tuve por tan feliz +como dices que eres desdichada. Ha, señor, respondió Paquita, esa es +otra de las lacras de nuestro oficio. Ayer me robó y me aporreó un +oficial, y hoy tengo que fingir que estoy alegre para agradar á un +frayle. + +No quiso Candido oir mas, y confesó que Martin tenia razón. Sentáronse +luego á la mesa con Paquita y el frayle Francisco; fué bastante alegre +la comida, y de sobremesa habláron con alguna confianza. Díxole +Candido al frayle: Paréceme, padre, que disfruta Vuestra Reverencia +de una suerte envidiable. En su semblante brilla la salud y la +robustez, su fisonomía indica el bien-estar, tiene una muy linda moza +para su recreo, y me parece muy satisfecho con su hábito de diaguino. +Por Dios santo, caballero, respondió fray Hilarion, que quisiera que +todos los Franciscanos estuvieran en el quinto infierno, y que mil +veces me han dado tentaciones de pegar fuego al convento, y de +hacerme Turco. Quando tenia quince años, mis padres, por dexar mas +caudal á un maldito hermano mayor (condenado el sea), me obligáron á +tomar este exêcrable hábito. El convento es un nido de zelos, de +rencillas y de desesperacion. Verdad es que por algunas malas +misiones de quaresma que he predicado, me han dado algunos quartos, +que la mitad me ha robado el guardian: lo restante me sirve para +mantener mozas; pero quando por la noche entro en mi celda, me dan +impulsos de romperme la cabeza contra las paredes, y lo mismo sucede á +todos los demas religiosos. + +Volviéndose entónces Martin á Candido con su acostumbrado relente, le +dixo: ¿Qué tal? ¿he ganado, ó no, la apuesta? Candido regaló dos mil +duros á Paquita, y mil á fray Hilarion. Yo fío, dixo, que con este +dinero serán felices. + +Pues yo fío lo contrario, dixo Martin, que con esos miles los hará vm. +más infelices todavía. Sea lo que fuere, dixo Candido, un consuelo +tengo, y es que á veces encuentra uno gentes que creía no encontrar +nunca; y muy bien, podrá suceder que después de haber topado á mi +carnero encarnado y á Paquita, me halle un dia de manos á boca con +Cunegunda. Mucho deseo, dixo Martin, que sea para la mayor felicidad +de vm.; pero se me hace muy cuesta arriba. Malas creederas tiene vm., +respondió Candido. Consiste en que he vivido mucho, replicó Martin. +¿Pues no ve vm. esos gondoleros, dixo Candido, que no cesan de cantar? +Pero no los ve vm. en su casa con sus mugeres y sus chiquillos, repuso +Martin. Sus pesadumbres tiene el Dux, y los gondoleros las suyas. +Verdad es que pesándolo todo, mas feliz suerte que la del Dux es la +del gondolero; pero es tan poca la diferencia, que no merece la pena +de un detenido exâmen. Me han hablado, dixo Candido, del senador +Pococurante, que vive en ese suntuoso palacio situado sobre el Brenta, +y que agasaja mucho á los forasteros; y dicen que es un hombre que +nunca ha sabido qué cosa sea tener pesadumbre. Mucho diera por ver un +ente tan raro, dixo Martin. Sin mas dilación mandó Candido á pedir +licencia al señor Pococurante para hacerle una visita el dia +siguiente. + + + + +CAPITULO XXV. + +_Que da cuenta de la visita que hiciéron Martin y Candido al señor +Pococurante, noble veneciano._ + + +Emarcaronse Candido y Martin en una gondola, y fuéron por el Brenta al +palacio del noble Pococurante. Los jardines eran amenos y ornados con +hermosas estatuas de mármol, el palacio de magnífica fábrica, y el +dueño un hombre como de sesenta años, y muy rico. Recibió á los dos +curiosos forasteros con mucha urbanidad, pero sin mucho cumplimiento; +cosa que intimidó á Candido, y no le pareció mal á Martin. + +Al instante dos muchachas bonitas y muy aseadas sirviéron el +chocolate: Candido no pudo ménos de elogiar sus gracias y su +hermosura. No son malas chicas, dixo el senador; algunas veces mando +que duerman conmigo, porque estoy aburrido de las señoras del pueblo, +de su retrechería, sus zelos, sus contiendas, su mal genio, sus +nimiedades, su vanidad, sus tonterías, y mas aun de los sonetos que +tiene uno que hacer ó mandar hacer en elogio suyo: mas con todo ya +empiezan á fastidiarme estas muchachas. + +Despues de almorzar, se fuéron á pasear á una espaciosa galería, y +pasmado Candido de la hermosura de las pinturas, preguntó de qué +maestro eran las dos primeras. Son de Rafael, dixo el senador, y las +compré muy caras por vanidad, algunos años ha; dicen que son la cosa +mas hermosa que tiene Italia, pero á mi no me gustan: los colores son +muy denegridos, las figuras no están bien perfiladas, ni salen lo +bastante del plano; los ropages no se parecen en nada á la ropa de +vestir; y en una palabra, digan lo que quisieren, yo no alcanzo á ver +aquí una feliz imitacion de la naturaleza, y no daré mi aprobacion á +un quadro hasta que me retrate la propia naturaleza; pero no los hay +de esta especie. Yo tengo muchos, pero no miro á uno siquiera. + +Pococurante, ántes de comer, mandó que le dieran un concierto: la +música le pareció deliciosa á Candido. Bien puede este estruendo, +dixo Pococurante, divertir cosa de media hora; pero quando dura mas, á +todo el mundo cansa, puesto que nadie se atreve á confesarlo. La +música del dia no es otra cosa que el arte de executar cosas +dificultosas, y lo que no es mas que difícil no gusta mucho tiempo. +Mas me agradaría la ópera, si no hubieran atinado con el arte de +convertirla en un monstruo que me repugna. Vaya quien quisiere á ver +malas tragedias en música, cuyas escenas no paran en mas que en traer +al estricote dos ó tres ridiculas coplas donde lucen los gorgeos de +una cantarina; saboréese otro en oir á un tiple tararear el papel de +César ó Caton, y pasearse en afeminados pasos por las tablas: yo por +mí, muchos años hace que no veo semejantes majaderías de que tanto +se ufana hoy la Italia, y que tan caras pagan los soberanos +extrangeros. Candido contradixo un poco, pero con prudencia; y Martin +fué en todo del dictámen del senador. + +Sentáronse á la mesa, y después de una opípara comida entráron en la +biblioteca. Candido que vió un Homero magníficamente enquadernado, +alabó mucho el fino gusto de Su Ilustrísima. Este es el libro, dixo, +que era las delicias de Panglós, el mejor filósofo de Alemania. Pues +no es las mias, dixo con mucha frialdad Pococurante: en otro tiempo me +habían hecho creer que tenia mucho gusto en leerle; pero la repeticion +no interrumpida de batallas que todas son parecidas, aquellos Dioses +siempre en accion, y que nunca hacen cosa ninguna decisiva; aquella +Helena, causa de la guerra, y que apénas tiene accion en el poema; +aquella Troya siempre sitiada, y nunca tomada: todo esto me causaba un +fastidio mortal. Algunas veces he preguntado á varios hombres doctos +si los aburria esta lectura tanto como á mí; y todos los que hablaban +sinceramente me han confesado que se les caía el libro de las manos, +pero que era indispensable tenerle en su biblioteca, como un +monumento de la antigüedad, ó como una medalla enmohecida que no es ya +materia de comercio. + +No piensa así Vueselencia de Virgilio, dixo Candido. Convengo, dixo +Pococurante, en que el segundo, el quarto y el sexto libro de su +Eneyda son excelentes; mas por lo que hace á su pío Eneas, al fuerte +Cloanto, al amigo Acates, al niño Ascanio, al tonto del rey Latino, á +la zafia Amata, y á la insulsa Lavinia, creo que no hay cosa mas fria +ni mas desagradable: y mas me gusta el Taso, y las novelas para +arrullar criaturas del Ariosto. + +¿Me hará Su Excelencia el gusto de decirme, repuso Candido, si no le +tiene muy grande en la lectura de Horacio? Máxîmas hay en él, dixo +Pococurante, que pueden ser útiles á un hombre de mundo, y que +reducidas á enérgicos versos se graban con facilidad en la memoria; +pero no me curo ni de su viage á Brindis, ni de su descripcion de una +mala comida, ni de la disputa digna de unos mozos de esquina entre no +sé qué Rupilo, cuyas razones, dice, _estaban llenas de podre_, y +las de su contrincante _llenas de vinagre_. Sus groseros versos +contra viejas y hechiceras los he leido con mucho asco; y no veo qué +mérito tiene decir á su amigo Mecenas, que si le pone en el catálogo +de poetas líricos, tocará á los astros con su erguida frente. A los +tontos todo los maravilla en un autor apreciado; pero yo, que leo para +mí solo, no apruebo mas que lo que me da gusto. Candido, que se habia +criado no juzgando de nada por sí propio, estaba muy atónito con todo +quanto oía; y á Martin le parecía el modo de pensar de Pococurante muy +conforme á razón. + +¡Ha! aquí hay un Cicerón, dixo Candido: sin duda no se cansa +Vueselencia de leerle. Nunca le leo, respondió el Veneciano. ¿Qué +tengo yo con que haya defendido á Rabirio ó á Cluencio? Sobrados +pleytos tengo sin esos que fallar. Mas me hubieran agradado sus obras +filosóficas; pero quando he visto que de todo dudaba, he inferido que +lo mismo sabia yo que él, y que para ser ignorante á nadie necesitaba. + +¡Hola! ochenta tomos de la academia de ciencias; algo bueno podrá +haber en ellos, exclamó Martin. Sí que lo habría, dixo Pococurante, si +uno de los autores de ese fárrago hubiese inventado siquiera el arte +de hacer alfileres; pero en todos esos libros no se hallan mas que +sistemas vanos, y ninguna cosa útil. + +¡Quantas composiciones teatrales estoy viendo, dixo Candido, en +italiano, en castellano y en francés! Así es verdad, dixo el senador; +de tres mil pasan, y no hay treinta buenas. Lo que es esas +recopilaciones de sermones que todos juntos no equivalen á una página +de Séneca, y todos esos librotes de teología, ya se presumen vms. que +no los abro nunca, ni yo ni nadie. + +Reparó Martin en unos estantes cargados de libros ingleses. Bien creo, +dixo, que un republicano se recrea con la mayor parte de estas obras +con tanta libertad escritas. Sí, respondió Pococurante, bella cosa es +escribir lo que se siente; que es la prerogativa del hombre. En +nuestra Italia toda solo se escribe lo que no se siente, y no son +osados los moradores de la patria de los Césares y los Antoninos á +concebir una idea sin la venia de un Domínico. Mucho me contentaria la +libertad que á los ingenios ingleses inspira, si no estragaran la +pasión y el espíritu de partido quantas dotes apreciables aquella +tiene. + +Reparando Candido en un Milton, le preguntó si tenia por un hombre +sublime á este autor. ¿A quién? dixo Pococurante: ¿á ese bárbaro que +en diez libros de duros versos ha hecho un prolixo comento del +Génesis? ¿á ese zafio imitador de los Griegos, que desfigura la +creacion, y miéntras que pinta Moises al eterno Ser criando el mundo +por su palabra, hace que coja el Mesías en un armario del cielo un +inmenso compás para trazar su obra? ¡Yo, estimar á quien ha echado á +perder el infierno y el diablo del Taso; á quien disfraza á Lucifer, +unas veces de sapo, otras de pigmeo, le hace repetir cien veces las +mismas razones, y disputar sobre teología; á quien imitando seriamente +la cómica invencion de las armas de fuego del Ariosto, representa á +los diablos tirando cañonazos en el cielo! Ni yo, ni nadie en Italia +ha podido gustar de todas esas tristes extravagancias. Las bodas del +Pecado y la Muerte, y las culebras que pare el Pecado provocan á +vomitar á todo hombre de gusto algo delicado; y su prolixa descripcion +de un hospital solo para un enterrador es buena. Este poema obscuro, +estrambótico y repugnante, fue despreciado en su cuna, y yo le trato +hoy como le tratáron en su patria sus coetáneos. Por lo demas, yo digo +mi dictámen sin curarme de si los demas piensan como yo. Candido +estaba muy afligido con estas razones, porque respetaba á Homero, y no +le desagradaba Milton. ¡Ay! dixo en voz baxa á Martin, mucho me temo +que profese este hombre un profundo desprecio á nuestros poetas +tudescos. Poco inconveniente seria, replicó Martin. ¡O qué hombre tan +superior, decía entre dientes Candido, qué ingenio tan divino este +Pococurante! ninguna cosa le agrada. + +Hecho el escrutinio de todos los libros, baxáron al jardín, y Candido +alabó mucho todas sus preciosidades. No hay una cosa de peor gusto, +dixo Pococurante, aquí no tenemos otra cosa que fruslerías; bien es +que mañana voy á disponer que me planten otro por un estilo mas noble. + +Despidiéronse en fin ámbos curiosos de Su Excelencia, y al volverse á +su casa dixo Candido á Martin: Confiese vm. que el señor Pococurante +es el mas feliz de los humanos, porque es un hombre superior á todo +quanto tiene. + +¿Pues no considera vm., dixo Martin, que está aburrido de quanto +tiene? Mucho tiempo ha que dixo Platon que no son los mejores +estómagos los que vomitan todos los alimentos. ¿Pero no es un gusto, +respondió Candido, criticarlo todo, y hallar defectos donde los demas +solo perfecciones encuentran? Eso es lo mismo, replicó Martin, que +decir que es mucho gusto no tener gustos. Segun eso, dixo Candido, no +hay otro hombre feliz que yo, quando vuelva á ver á mi Cunegunda. +Buena cosa es la esperanza, respondió Martin. + +Corrian en tanto los dias y las semanas, y Cacambo no parecia, y +estaba Candido tan sumido en su pesadumbre, que ni siquiera notó que +no habian venido á darle las gracias fray Hilarion ni Paquita. + + + + +CAPITULO XXVI. + +_Que da cuenta de como Candido y Martin cenáron con unos +extranjeros, y quien eran estos._ + + +Un dia, yendo Candido y Martin á sentarse á la mesa con los forasteros +alojados en su misma posada, se acercó por detras al primero uno que +tenia una cara de color de hollin de chimenca, el qual, agarrándole +del brazo, le dixo: Dispóngase vm. á venirse con nosotros, y no se +descuide. Vuelve Candido el rostro, conoce á Cacambo; solo la vista de +Cunegunda le hubiera podido causar mas extrañeza y mas contento. Poco +le faltó para volverse loco de alegría; y dando mil abrazos á su caro +amigo, le dixo: ¿Con que sin duda está contigo Cunegunda? ¿donde está? +llévame á verla, y á morir de gozo á sus plantas. Cunegunda no está +aquí, dixo Cacambo, que está en Constantinopla.--¡Dios mio, en +Constantinopla! pero aunque estuviera en la China, voy allá volando: +vamos. Despues de cenar nos irémos, respondió Cacambo: no puedo decir +á vm. mas, que soy esclavo, y me está esperando mi amo, y así es +menester que le vaya á servir á la mesa: no diga vm. una palabra; +cene, y esté aparejado. + +Preocupado Candido de júbilo y sentimiento, gozoso por haber vuelto á +ver á su fiel agente, atónito de verle esclavo, rebosando en la +alegría de encontrar á su amada, palpitándole el pecho, y vacilante su +razon, se sentó á la mesa con Martin, el qual sin inmutarse +contemplaba todas estas aventuras, y con otros seis extrangeros que +habian venido á pasar el carnaval á Venecia. + +Cacambo, que era el copero de uno de los extrangeros, arrimándose á su +amo al fin de la comida, le dixo al oido: Señor, Vuestra Magestad +puede irse quando quisiere, que el buque está pronto; y se fué dichas +estas palabras. Atónitos los convidados se miraban sin chistar, quando +llegándose otro sirviente á su amo, le dixo: Señor, el coche de +Vuestra Magestad está en Padua, y el barco listo. El amo hizo una +seña, y se fué el criado. Otra vez se miráron á la cara los +convidados, y creció el asombro. Arrimándose luego el tercer criado á +otro extrangero, le dixo: Señor, créame Vuestra Magestad, que no se +debe detener mas aquí; yo voy á disponerlo todo, y desapareció. + +Entónces no dudáron Candido ni Martin de que era mogiganga de +carnaval. El quarto criado dixo al quarto amo: Vuestra Magestad se +podrá ir quando quiera, y se salió lo mismo que los demas. Otro tanto +dixo el criado quinto al quinto amo; pero el sexto se explicó de muy +diferente modo con el sexto forastero, que estaba al lado de Candido, +y le dixo: A fe, Señor, que nadie quiere fiar un ochavo á Vuestra +Magestad, ni á mi tampoco, y que esta misma noche pudiera ser muy bien +que nos metieran en la cárcel, y así voy á ponerme en salvo: quédese +con Dios Vuestra Magestad. + +Habiéndose marchado todos los criados, se quedáron en alto silencio +Candido, Martin y los seis forasteros. Rompióle al fin Candido, +diciendo: Cierto, señores, que es donosa la burla; ¿porqué son todos +vms. reyes? Yo por mi declaro que ni el señor Martin ni yo lo somos. +Respondiendo entónces con mucha dignidad el amo de Cacambo, dixo en +italiano: Yo no soy un bufon; mi nombre es Acmet III; he sido gran +Sultan por espacio de muchos años; habia destronado á mi hermano, y mi +sobrino me na destronado á mí; á mis visires les han cortado la +cabeza, y yo acabo mis dias en el serrallo viejo. Mi sobrino el gran +Sultan Mahamud me da licencia para viajar de quando en quando para +restablecer mi salud; y he venido á pasar el carnaval á Venecia. + +Después de Acmet habló un mancebo que junto á el estaba, y dixo: Yo me +llamo Ivan, he sido emperador de toda la Rusia, y destronado en la +cuna. Mi padre y mi madre fuéron encarcelados, y á mi me criáron en +una cárcel. Algunas veces me dan licencia para viajar en compañía de +mis alcaydes; y he venido á pasar el carnaval á Venecia. + +Dixo luego el tercero: Yo soy Carlos Eduardo, rey de Inglaterra, +habiéndome cedido mi padre sus derechos á la corona. He peleado por +sustentarlos; á ochocientos partidarios mios les han arrancado el +corazon, y les han sacudido con el en la cara: á mi me han tenido +preso, y ahora voy á ver al Rey mi padre á Roma, el qual ha sido +destronado así como mi abuelo, y así como yo; y he venido á pasar el +carnaval á Venecia. + +Habló entónces el quarto, y dixo: Yo soy rey de los Polacos; la suerte +de la guerra me ha privado de mis estados hereditarios; los mismos +contratiempos ha sufrido mi padre: me resigno á los decretos de la +Providencia, como hacen el sultan Acmet, el emperador Ivan, y el rey +Carlos Eduardo, que Dios guarde dilatados años; y he venido á pasar el +carnaval á Venecia. + +Dixo despues el quinto: Tambien yo soy rey de los Polacos, y dos veces +he perdido mi reyno; pero la Providencia me ha dado otro estado, en el +qual he hecho mas bienes que quantos han podido hacer en las riberas +del Vistula todos los reyes de la Sarmacia juntos: tambien me resigno +á los juicios de la Providencia; y he venido á pasar el carnaval á +Venecia. + +Habló por último el sexto monarca, y dixo: Caballeros, yo no soy tan +gran señor como vms., mas al cabo rey he sido como el mas pintado: mi +nombre es Teodoro; fuí electo rey en Córcega, me daban +_magestad,_ y ahora apénas se dignan de decirme _su merced_: +he hecho acuñar moneda, y no tengo un maravedí; tenia dos secretarios +de estado, y apénas me queda un lacayo; me he visto en un trono, y he +estado mucho tiempo en Londres en una cárcel acostado sobre paja; y me +rezelo que me suceda aquí lo mismo, puesto que he venido, como +Vuestras Magestades, á pasar el carnaval á Venecia. + +Escucháron con magnánima compasion los otros cinco monarcas este +razonamiento, y dió cada uno veinte zequíes al rey Teodoro para que +comprase vestidos y ropa blanca. Candido le regaló un brillante de dos +mil zequíes. ¿Quién es este particular, dixéron los cinco reyes, que +puede hacer una dádiva cien veces mas quantiosa que qualquiera de +nosotros, y que efectivamente la hace? + +Al levantarse de la mesa, llegáron á la misma posada quatro Altezas +Serenísimas que tambien habian perdido sus estados por los acasos de +la guerra, y venian á pasar lo restante del carnaval á Venecia; pero +ne se informó siquiera Candido de las aventuras de los recien-venidos, +no pensando en mas que en ir á buscar á su amada Cunegunda á +Constantinopla. + + + + +CAPITULO XXVII. + +_Del viage de Candido á Constantinopla._ + + +Ya el fiel Cacambo había concertado con el capitan turco que habia de +llevar á Constantinopla al sultan Acmet, que tomara á bordo á Candido +y á Martin; y ámbos se embarcáron, habiéndose postrado primero ante su +miserable Alteza. Candido en el camino decia á Martin: ¡Con que hemos +cenado con seis reyes destronados, y de los seis á uno he tenido que +darle tina limosna! Acaso hay otros muchos príncipes mas desgraciados. +Yo á la verdad no he perdido mas que cien carneros, y voy á descansar +de mis fatigas en brazos de Cunegunda. Razon tenia Panglós, amado +Martin, todo está bien. Sea enhorabuena, dixo Martin. Increible +aventura es empero, continuó Candido, la que en Venecia nos ha +sucedido; porque nunca se ha visto ni oido cosa tal como cenar juntos +en la misma posada seis monarcas destronados. No es eso cosa mas +extraordinaria, replicó Martin, que otras muchas que nos han sucedido. +Con mucha freqüencia sucede que un rey sea destronado; y por lo que +respeta á la honra que hemos tenido de cenar con ellos, eso es una +friolera que ni siquiera mentarse merece. + +Apénas estaba Candido en el navío, se arrojó en brazos de su criado +antiguo y su amigo Cacambo. ¿Y pues, le dixo, qué hace Cunegunda? +¿es todavía un portento de beldad? ¿me quiere aun? ¿cómo está? Sin +duda que le has comprado un palacio en Constantinopla. Señor mi amo, +le respondió Cacambo, Cunegunda está fregando platos á orillas de la +Propontis, en casa de un príncipe que tiene poquísimos platos, porque +es esclava de un soberano antiguo llamado Ragotski, á quien da el +gran Turco tres duros diarios en su asilo; y lo peor es que ha perdido +su hermosura, y que está horrorosa de puro fea. ¡Ay! fea ó hermosa, +dixo Candido, yo soy hombre de bien, y mi obligacion es quererla +siempre. ¿Pero cómo se puede encontrar en tan miserable estado con el +millón de duros que tu le llevaste? Bueno está eso, respondió +Cacambo: ¿pues no tuve que dar doscientos mil al señor Don Fernando +de Ibarra, Figueroa, Mascareñas, Lampurdan y Souza, gobernador de +Buenos-Ayres, para alcanzar su licencia de traerme á Cunegunda? ¿y no +nos ha robado un pirata todo quanto nos había quedado? ¿No nos ha +conducido dicho pirata al cabo de Matapan, á Milo, á Nicaria, á Samos, +á Petri, á los Dardanelos, á Mármara y á Escutari? Cunegunda y la +vieja estan sirviendo al príncipe que llevo dicho, y yo soy esclavo +del sultan destronado. ¡Quanta espantosa calamidad encadenada una con +otra! dixo Candido. Al cabo aun me quedan algunos diamantes, y con +facilidad rescataré á Cunegunda. ¡Que lástima es que esté tan fea! +Volviéndose luego á Martin, le dixo: ¿Quién piensa vm. que es mas +digno de compasion, el emperador Acmet, el emperador Ivan, el rey +Carlos Eduardo, ó yo? No lo sé, dixo Martin, y menester fuera hallarme +dentro del pecho de vms. para saberlo. Ha, dixo Candido, si estuviera +aquí Panglós, el lo sabria, y nos lo diria. Yo no poseo, respondió +Martin, la balanza con que pesaba ese señor Panglós las miserias, y +valuaba las cuitas humanas; pero sí presumo que hay en la tierra +millones de hombres mas dignos de lástima que el rey Carlos Eduardo, +el emperador Ivan, y el sultan Acmet. Bien puede ser, dixo Candido. + +A pocos dias llegáron al canal del mar Negro. Candido rescató á precio +muy subido á Cacambo, y sin perder un instante se metió con sus +compañeros en una galera para ir á orillas de la Propontis en demanda +de Cunegunda, por mas fea que estuviese. + +Habia entre la chusma dos galeotes que remaban muy mal, y á quien el +arraez levantisco aplicaba de quando en quando sendos latigazos en las +espaldas con el rebenque. Por un movimiento natural los miró Candido +con mas atención que á los demas forzados, arrimándose a ellos con +lástima; y en algunas facciones de sus desfigurados rostros le +pareció que se daban un poco de ayre á Panglós, y al otro desventurado +jesuíta, al baron, hermano de Cunegunda. Enternecido y movido á +compasión con esta idea, los contempló con mayor atencion, y dixo á +Cacambo: Por mi vida, que si no hubiera visto ahorcar á maese Panglós, +y no hubiera tenido la desgracia de matar al baron, creeria que son +esos que van remando en la galera. + +Oyendo los nombres del baron y de Panglós, diéron un agudo grito ámbos +galeotes, se paráron en el banco, y dexáron caer los remos. Al punto +se tiró á ellos el arraez, menudeando los latigazos con el rebenque. +Deténgase, deténgase, Señor, clamó Candido, que le daré el dinero que +me pidiere. ¿Con que es Candido? decía uno de los forzados. ¿Con que +es Candido? repetia el otro. ¿Es sueño? decia Candido; ¿estoy en esta +galera? ¿estoy despierto? ¿Es el señor baron á quien yo maté? ¿es +maese Panglós á quien vi ahorcar? Nosotros somos, nosotros somos, +respondian á la par. ¿Con que este es aquel insigne filósofo? decia +Martin. Ha, señor arraez levantisco, ¿quanto quiere por el rescate del +señor baron de Tunder-ten-tronck, uno de los primeros barones del +imperio, y del señor Panglós, el metafísico mas profundo de Alemania? + +Perro cristiano, respondió el arraez, una vez que esos dos perros de +galeotes cristianos son barones y metafísicos, lo qual es sin duda +un, cargo muy alto en su pais, me has de dar por ellos cincuenta mil +zequíes.--Yo se los daré, señor; lléveme de un vuelo á Constantinopla, +y al punto será satisfecho; pero no, lléveme á casa de Cunegunda. El +arráez, así que oyó la oferta de Candido, puso la proa á la ciudad, y +hacia que remaran con mas ligereza que un páxaro sesga el ayre. + +Dió Candido cien abrazos á Panglós y al baron.--¿Pues cómo no he +muerto á vm., mi amado baron? ¿y vm., mi amado Panglós, cómo está vivo +habiéndole ahorcado? ¿y porqué están ámbos en galeras en Turquía? ¿Es +cierto que esté mi querida hermana en esta tierra? dixo el barón. Sí, +Señor, respondió Cacambo. Al fin vuelvo á ver á mi caro Candido, +exclamaba Panglós. Candido les presentaba á Martin y á Cacambo: todos +se abrazaban, todos hablaban á la par; bogaba la galera, y estaban ya +dentro del puerto. Llamáron á un. Judío á quien vendió Candido por +cincuenta mil zequíes un diamante que valia cien mil, y el Judío le +juró por Abrahan, que no podia dar un ochavo mas. Incontinenti +satisfizo el rescate del baron y Panglós: este se arrojó á las plantas +de su libertador, bañándolas en lágrimas; aquel le dió las gracias +baxando la cabeza, y le prometió pagarle su dinero así que tuviese con +que. ¿Pero es posible, decia, que esté en Turquía mi hermana? Tan +posible, replicó Cacambo, que está fregando platos en casa de un +príncipe de Transilvania. Llamáron, al punto á otros Judíos, vendió +Candido otros diamantes, y se partiéron todos en otra galera para ir á +librar á Cunegunda. + + + + +CAPITULO XXVIII. + +_Que trata de los sucesos que pasáron con Candido, Cunegunda, +Panglós y Martin._ + + +Mil perdones pido á vm., dixo Candido al baron, mil perdones, padre +reverendísimo, de haberle pasado el cuerpo de una estocada. No +tratemos mas de eso, dixo el baron, yo confieso que me excedí un poco. +Pero una vez que desea vm. saber como me he visto en galeras, le +contaré que despues que me hubo sanado de mi herida el hermano +boticario del colegio, me acometió y me hizo prisionero una partida +española, y me pusiéron en la cárcel de Buenos-Ayres, quando acababa +mi hermana de embarcarse para Europa. Pedí que me enviaran á Roma al +padre general, y me nombráron para ir á Constantinopla de capellan de +la embaxada de Francia. Habia apénas ocho dias que estaba desempeñando +las obligaciones de mi empleo, quando encontré una noche á un icoglan +muy muchacho y muy lindo; y como hacia mucho calor, quiso el mozo +bañarse, y yo tambien me metí con el en el baño, no sabiendo que era +delito capital en un cristiano que le hallaran desnudo con un mancebo +musulman. Un cadí me mando dar cien palos en la planta de los piés, y +me condenó á galeras; y pienso que jamas se ha cometido injusticia mas +horrorosa. Ahora querria saber porque se halla mi hermana de fregona +de un príncipe de Transilvania refugiado en Turquía. + +¿Y vm., mi amado Panglós, cómo es posible que le esté viendo? Verdad +es, dixo Panglós, que me viste ahorcar; iban á quemarme, pero ya te +acuerdas que llovia á chaparrones quando me habian de echar á la +hoguera, y que no fué posible encender el fuego; así que me ahorcáron, +sin exemplar, no pudiendo mas: y un cirujano que compró mi cuerpo, me +llevó á su casa, y me disecó. Primero me hizo una incision crucial +desde el ombligo hasta la clavícula. Yo estaba tan mal ahorcado, que +no podia ser mas: el executor de las sentencias de la santa +inquisicion, que era subdiácono, es verdad que quemaba las personas +con la mayor habilidad, pero no entendia cosa en materia de ahorcar: +la soga que estaba mojada apretó poco, en fin todavía estaba vivo. La +incision crucial me hizo dar un grito tan desaforado, que atemorizado +el cirujano se cayó de espaldas; y creyendo que estaba disecando á +Lucifer se escapó muerto de miedo, y se volvió á caer de la escalera +abaxo. Al estrépito acudió su muger de un quarto inmediato; y +viéndome tendido en la mesa con la incision crucial, se asustó mas que +su marido, se escapó, y se cayó encima de él. Quando volviéron algo en +sí, oí que decia la cirujana al cirujano: ¿Quién te metió en disecar á +un herege? ¿acaso no sabes que todos ellos tienen metido el diablo en +el cuerpo? me voy corriendo á llamar á un clérigo que le exôrcize. +Asustado con estas palabras recogí las pocas fuerzas que me quedaban, +y me puse á gritar: Tengan lástima de mí. Al fin cobró ánimo el +barbero portugués, me dió unos quantos puntos en la incision, su muger +me cuidó, y á cabo de quince dias estaba ya bueno. El barbero me +acomodó de lacayo de un caballero de Malta que iba á Venecia; pero no +teniendo mi amo con que mantenerme, me puse á servir á un mercader +veneciano, y le acompañé á Constantinopla. + +Ocurrióme un dia la idea de entrar en una mezquita, donde no habia mas +que un iman viejo y una santurrona moza muy bonita, que rezaba sus +padre-nuestros: tenia descubiertos los pechos, y entre las dos tetas +un ramillete muy hermoso de tulipas, rosas, anémonas, ranúnculos, +jacintos y aurículas. Cayósele el ramillete, y yo le cogí, y se le +puse con tanta cortesía como respeto. Tanto tardaba en ponérsele, que +se enfadó el iman; y advirtiendo que era cristiano, llamó gente. +Lleváronme á casa del cadí, que me mandó dar cien varazos en los piés +y me envió á galeras, amarrándome justamente á la misma galera y al +mismo banco que el señor baron. En ella habia quatro mozos de +Marsella, cinco clérigos napolitanos, y dos frayles de Corfú, que nos +aseguráron que casi todos los dias sucedian aventuras como las +nuestras. Sustentaba el señor baron que le habian hecho mas injusticia +que á mí; y yo defendia que mucho mas permitido era volver á poner un +ramillete al pecho de una moza, que hallarse en cueros con un icoglan: +disputábamos continuamente, y nos sacudian cien latigazos al dia con +la penca, quando te conduxo á nuestra galera la cadena de los sucesos +de este universo, y nos rescataste. ¿Y pues, amado Panglós, le dixo +Candido, quando se vió vm. ahorcado, disecado, molido á palos, y +remando en galeras, pensaba que todo iba perfectamente? Siempre me +estoy en mis trece, respondió Panglós; que al fin soy filósofo, y un +filósofo no se ha de desdecir, porque no se puede engañar Leibnitz, +aparte que la harmonía preestablecida, es la cosa mas linda del mundo, +no ménos que el lleno y la materia sutil. + + + + +CAPITULO XXIX. + +_De como topó Candido con Cunegunda y con la vieja._ + + +Miéntras se daban cuenta de sus aventuras Candido, el baron, Panglós, +Martin y Cacambo; miéntras que discurrian acerca de los sucesos +contingentes ó no contingentes de este mundo, que disputaban sobre los +efectos y las causas, sobre el mal moral y el mal físico, sobre la +libertad y la necesidad, sobre los consuelos que puede recibir quien +está en galeras en Turquía, aportáron á las playas de la Propontis, +junto á la morada del principe de Transilvania. Lo primero que se les +presentó fué Cunegunda y la vieja que estaban tendiendo unas +servilletas para que se enxugasen en unas tomizas. Al ver esta escena, +se puso amarillo el baron; y el tierno y enamorado Candido +contemplando á Cunegunda toda prieta, los ojos lagañosos, enxutos los +pechos, la cara arrugada, y los bazos amoratados, se hizo tres pasos +atras, y se adelantó luego por buena crianza. Abrazó Cunegunda á +Candido y á su hermano, todos abrazáron á la vieja, y Candido las +rescató á entrámbas. + +Habia un cortijillo en las inmediaciones, y propuso la vieja á Candido +que le comprase, ínterin hallaba toda la compañía mejor acómodo. +Cunegunda que no sabia que estaba fea, no habiéndoselo dicho nadie, +acordó sus promesas á Candido en tono tan resuelto, que no se atrevió +el pobre á replicar. Declaró pues al baron que se iba á casar con su +hermana; pero este dixo: Nunca consentiré yo en semejante vileza de su +parte, y tamaña osadía de la tuya, ni nunca no podrán echar en cara +tal ignominia. ¿Con que los hijos de mi hermana no podrán entrar en +los cabildos de Alemania? No, mi hermana no se ha de casar, como no +sea con un baron del imperio. Cunegunda se postró á sus plantas, y las +bañó en llanto, pero fué en balde. ¡Fatuo, sin seso, le dixo Candido, +te he librado de galeras, he pagado tu rescate, y el de tu hermana que +estaba fregando platos, y que es fea; soy tan bueno que quiero que sea +mi muger, y todavía quieres tu estorbármelo! Si me dexara llevar de la +ira, te matara segunda vez. Otras ciento me puedes matar, respondió el +baron, pero no te has de casar con mi hermana miéntras yo viva. + + + + +CAPITULO XXX. + +_Donde se da fin á la historia._ + + +En lo interior de su corazon no tenia Candido ganas ningunas de +casarse con Cunegunda; pero la mucha insolencia del baron le determinó +á acelerar las bodas, sin contar que la baronesita le apretaba tanto, +que no las podía dilatar mas. Consultó pues á Panglós, á Martin y al +fiel Cacambo. Panglós compuso una erudita memoria, probando que no +tenia el baron derecho ninguno en su hermana, y que segun todas las +leyes del imperio podia Cunegunda casarse con Candido, dándole la mano +izquierda; Martin fué de parecer de que tiraran con el baron al mar; y +Cacambo de que se le entregaran al arraez levantisco, el qual le +volveria á poner á remar á la galera, ínterin le enviaban al padre +general por la primera embarcacion que diese á la vela para Roma. +Pareció bien esta idea: aprobóla la vieja; y sin decir palabra á +Cunegunda, se puso en execucion mediante algun dinero: teniendo así la +satisfaccion de jugar pieza á un jesuita, y escarmentar la vanidad de +un baron aleman. + +Cosa natural era pensar que despues de tantas desgracias Candido +casado con su amada, viviendo en compañía del filósofo Panglós, del +filósofo Martin, del prudente Cacambo y de la vieja, y habiendo traído +tantos diamantes de la patria de los antiguos Incas, disfrutaria la +vida mas feliz; pero tanto le estafáron los Judíos, que no le quedáron +mas bienes que su pobre cortijo. Su muger, que cada dia era mas fea, +se hizo de una condicion de vinagre inaguantable; y la vieja cayó +enferma, y era mas regañona, todavía que Cunegunda. Cacambo que cavaba +el huerto y llevaba á vender la hortaliza á Constantinopla, estaba +rendido de faena, y maldecia su suerte. Panglós se desesperaba, porque +no lucia su saber en alguna universidad de Alemania: solo Martin, +firmemente convencido de que en todas partes el hombre se encuentra +mal, llevaba las cosas en paciencia. Algunas veces disputaban Candido, +Martin y Panglós sobre metafísica y moral. Por las ventanas del +coitijo sovían pasar con mucha freqüencia barcos cargados de efendis, +baxáes y cadíes, que iban desterrados á Lemnos, Mitylene y Erzerum; y +llegar otros cadíes, otros baxáes y otros efendis, que ocupaban el +lugar de los depuestos, y que lo eran ellos luego; y se vían cabezas +rellenas con mucho aseo de paja, que se llevaban de regalo á la +Sublime Puerta. Estas escenas daban materia á nuevas disertaciones; y +quando no disputaban se aburrian tanto, que la vieja se aventuró á +decirles un dia: Quisiera yo saber qué es peor, ¿ser violada cien +veces al dia por piratas negros, verse cortar una nalga, pasar +baquetas entre los Bulgaros, ser azotado y ahorcado en un auto de fe, +ser disecado, remar en galeras, finalmente padecer todas quantas +desventuras hemos pasado, ó estar aquí sin hacer nada? Ardua es la +qüestion, dixo Candido. + +Suscitó este razonamiento nuevas reflexîones; y coligió Martin que el +destino del hombre era vivir en las convulsiones de las angustias, ó +en el parasismo del fastidio. Candido no se lo concedia, pero no +afirmaba nada: Panglós confesaba que toda su vida habia sido una serie +de horrorosos infortunios; pero como una vez habia sustentado que todo +estaba perfecto, seguía sustentándolo sin creerlo. Lo que acabó de +cimentar los detestables principios de Martin, de hacer titubear mas +que nunca á Candido, y de poner en confusion á Panglós, fué que un dia +viéron llegar á su cortijo á Paquita y fray Hilarion en la mas +horrenda miseria. En breve tiempo se habian comido los tres mil duros, +se habian dexado y vuéltose á juntar, y vuelto á reñir, habian sido +puestos en la cárcel, se habian escapado, y finalmente fray Hilarion +se habia hecho Turco. Paquita seguía exercitando su oficio, pero ya no +ganaba con el para comer. Bien habia yo pronosticado, dixo Martín á +Candido, que en breve disiparian las dádivas de vm., y serian mas +miserables: vm. y Cacambo han rebosado en millones de pesos, y no son +mas afortunados que fray Hilarion y Paquita. ¡Ha, dixo Panglós á +Paquita, con que te ha traído el cielo con nosotros! ¿Sabes, pobre +muchacha, que me tienes de costa la punta de la nariz, un ojo y una +oreja? ¡Qué mudada que estás! ¡válgame Dios, lo que es este mundo! +Esta nueva aventura les dió márgen á que filosofaran mas que nunca. + +En la vecindad vivia un derviche que gozaba la reputacion del mejor +filósofo de Turquía. + +Fuéren á consultarle; habló Panglós por los demás, y le dixo: Maestro, +venimos á rogarte que nos digas para que fué formado un animal tan +extraño como el hombre? ¿Quién te mete en eso? le dixo el derviche: +¿te importa para algo? Pero, reverendo padre, horribles males hay en +la tierra. ¿Qué hace al caso que haya bienes ó que haya males? quando +envía Su Alteza un navio á Egipto, se informa de si se hallan bien ó +mal los ratones que van en él? Pues qué se ha de hacer? dixo Panglós. +Que te calles, respondió el derviche. Yo esperaba, dixo Panglós, +discurrir con vos acerca de las causas y los efectos, del mejor de los +mundos posibles, del origen del mal, de la naturaleza del alma, y de +la harmonía preestablecida. En respuesta les dió el derviche con la +puerta en los hocicos. + +Miéntras que estaban en esta conversacion, se esparció la voz de que +acababan de ahorcar en Constantinopla á dos visires del banco y al +muftí, y de empalar á varios de sus amigos; catástrofe que metió mucha +bulla por espacia de algunas horas. Al volverse Panglós, Candido y +Martin á su cortijo ,`encontráron á un buen anciano que estaba tomando +el fresco á la puerta de su casa, baxo un emparrado de naranjos. +Panglós, que no era ménos curioso que argu-mentista, le preguntó como +se llamaba el muftí que acababan de ahorcar. No lo sé, respondió el +buen hombre, ni nunca he sabido el nombre de muftí ni de visir +ninguno. Ignoro absolutamente la aventura de que me hablais; presumo, +sí, que generalmente los que manejan los negocios públicos perecen á +veces miserablemente, y que bien se lo merecen; pero jamas me informo +de los sucesos de Constantinopla, contentandome con enviará vender +allá las frutas del huerto que labro. Dicho esto, convidó á los +extrangeros á entrar en su casa; y sus dos hijas y dos hijos les +presentáron muchas especies de sorbetes que ellos propios fabricaban, +kaimak guarnecido de cáscaras de azamboa confitadas, naranjas, +limones, limas, pinas, alfónsigos, y café de Moka, que no estaba +mezclado con los malos cafées de Batavia y las islas de América; y +luego las dos hijas del buen musulman sahumáron las barbas de Candido, +Panglós y Martin. Sin duda que teneis, dixo Candido al Turco, una +vasta y magnífica posesión. Nada mas que veinte fanegadas de tierra, +respondió el Turco, que labro con mis hijos: y el trabajo nos libra de +tres insufribles calamidades, el aburrimiento, el vicio, y la +necesidad. + +Miéntras se volvia Candido á su cortijo, iba haciendo profundas +reflexiones en las razones del Turco, y le dixo á Panglós y á Martin: +Se me figura que se ha sabido este buen viejo labrar una suerte muy +mas feliz que la de los seis monarcas con quien tuvimos la honra de +cenar en Venecia. Las grandezas, dixo Panglós, son muy peligrosas, +segun opinan todos los filósofos. Eglon, rey de los Moabita, fué +asesinado por Aod; Absalon colgado de los cabellos y atravesado con +tres saetas; el rey Nadab, hijo de Jeroboan, muerto por Baza; el rey +Ela por Zambri; Ocosías por Jehú; Atalia por Joyada; y los reyes +Joaquín, Jeconías y Sedecías fuéron esclavos. Sabido es de qué modo +muriéron Creso, Astyages, Dario, Dionisio de Syracusa, Pyrro, Perseo, +Hanibal, Jugurta, Ariovisto, César, Pompeyo, Neron, Oton, Vitelio, +Domiciano, Ricardo II de Inglaterra, Eduardo II, Henrique VI, Ricardo +III, María Estuardo, Carlos I, los tres Henriques de Francia, el +emperador Heririque IV, el rey godo Don Rodrigo, Don Alvaro de Luna; y +nadie ignora... Tampoco ignoro yo, dixo Cundido, que es menester +cultivar nuestra huerta. Razon tienes, dixo Panglós; porque quando fué +colocado el hombre en el paraiso de Eden, fué para labrarle, _ut +operaretur eum_, lo qual prueba que no nació para el sosiego. +Trabajemos pues sin argumentar, dixo Martin, que es el medio único de +que sea la ida tolerable. + +Toda la compañía aprobó tan loable determinacion; empezó cada uno á +exercitar su habilidad, y el cortijillo rindió mucho. Verdad es que +Cunegunda era muy fea, pero hacia excelentes pasteles; Paquita +bordaba, y la vieja cuidaba de la ropa blanca. Hasta fray Hilarion +sirvió, que aprendió con perfeccion el oficio de carpintero, y paró en +ser muy hombre de bien. Panglós deeia algunas veces á Candido. Todos +los sucesos están encadenados en el mejor de los mundos posibles; +porque si no te hubieran echado á patadas en el trasero de una +magnífica quinta por amor de Cunegunda, si no te hubieran metido en +la inquisicion, si no hubieras andado á pié por las soledades de la +América, si no hubieras pegado una birena estocada al baron, y si no +hubieras perdido todos tus carneros del buen pais del Dorado, no +estarias aqui ahora comiendo azamboas en dulce, y alfónsigos. Bien +dice vm., respondió Candido; pero es menester labrar nuestra huerta. + +_Fin de Candido, ó del Optimismo._ + + + + +TABLA + +DE LAS NOVELAS CONTENIDAS EN EL TOMO PRIMERO. + +ZADIG, Ó EL DESTINO, historia oriental Dedicatoria de Zadig á la +sultana +Cheraah, por Sadi. + +CAP. I. El tuerto +CAP. II. Las narices +CAP. III. El perro y el caballo +CAP. IV. El envidioso +CAP. V. El generoso +CAP. VI. El ministro +CAP. VII. Disputas y audiencias +CAP. VIII. Los zelos +CAP. IX. La muger aporreada +CAP. X. La esclavitud +CAP. XI. La hoguera +CAP. XII. La cena +CAP. XIII. Las citas +CAP. XIV. El bayle +CAP. XV. Los ojos azules +CAP. XVI. El bandolero +CAP. XVII. El pescador +CAP. XVIII. El basilisco +CAP. XIX. Las justas +CAP. XX. El ermitaño +CAP. XXI. Las adivinanzas + +COMO ANDA EL MUNDO, vision de Babuco, escrita por el propio MEMNON, +Ó LA CORDURA HUMABA LOS DOS CONSOLADOS HISTORIA DE LOS VIAGES DE +ESCARMENTADO, escrita por el propio. + +MICROMEGAS, historia filosófica. + +CAP. I. Viage de un raorador del mundo de la estrella Sino al planeta +de Saturno. +CAP. II. Conversación del morador de Siriot con el de Saturno. +CAP. III. Viage de los dos habitantes de Sirio y Saturno. +CAP. IV. Que da cuenta de lo que les sucedió en el globo de la tierra. +CAP. V. Experiencias y raciocinios de ambos caminantes. +CAP. VI. De lo que les aconteció con unos hombres. +CAP. VII. Conversación con los hombres. + +HISTORIA DE UN BUEN BRAMA. + +CANDIDO, Ó EL OPTIMISMO. + +CAP. I. Donde se da cuenta de como fue criado Candido en una herniosa +quinta, y como de ella fue echado a patadas. +CAP. II. De lo que sucedió á Candido con los Bulgaros. +CAP. III. De qué modo se libró Candido de manos de los Bulgaros, y de +lo que le sucedió despues. +CAP. IV. De qué modo encontró Candido á su maestro de filosofía, el +doctor Panglós, y de loque le aconteció. +CAP. V. De una tormenta, un naufragio, y un terremoto. De los sucesos +del doctor Panglós, de Candido, y de Santiago el anabautista. +CAP. VI. Del magnífico auto de fe que se hizo para que cesara el +terremoto, y de los doscientos azotes que pegaron á Candido. +CAP. VII. Que cuenta como una vieja remedió las cuitas de Candido, y +como topó este con su dama. +CAP. VIII. Historia de Cunegunda. +CAP. IX. Prosiguen los sucesos de Cunegunda, Candido, el inquisidor +general, y el Judío. +CAP. X. De la triste situacion en que se viéron Candido, Cunegunda y +la vieja; de su arribo á Cadiz, y como se embarcáron para América. +CAP. XI. Que cuenta la historia de la vieja. +CAP. XII. Donde prosigue la historia de la vieja. +CAP. XIII. De como Candi lo tuvo que separarse por fuerza de la +hermosa Cunegunda y la vieja. +CAP. XIV. Del recibimiento que á Candido y Cacambo hiciéron los +jesuitas del Paraguay. +CAP. XV. Que quenta la muerte que dió Candido al hermano de su querida +Cunegunda. +CAP. XVI. Donde se da cuenta de los sucesos de nuestros dos caminantes +con dos muchachas, dos ximios, y los salvages llamados Orejones. +CAP. XVII. Cuéntase el arribo de Candido con su criado al pais del +Dorado, y lo qne allí viéron. +CAP. XVIII. Donde se da cuenta de lo que en el pais del Dorado viéron. +CAP. XIX. De los sucesos de Surinam, y del conocimiento que hizo +Candido de Martin. +CAP. XX. De lo que sucedió á Candido y á Martin durante la navegacion. +CAP. XXI. Donde se da cuenta de la plática de Candido y Martin, al +acercarse á las costas de Francia. +CAP. XXII. De los sucesos que en Francia aconteciéron +á Candido y á Martin. +CAP. XXIII. Del arribo de Candido y Martin á la costa de Inglaterra, y +de lo que allí viéron. +CAP. XXIV. Que trata de fray Hilarion y de Paquita. +CAP. XXV. Que da cuenta de la visita que hiciéron Martin y Candido al +señor Pococurante, noble veneciano. +CAP. XXVI. Que da cuenta de como Candido y Martin cenáron con unos +extrangeros, y quien eran estos. +CAP. XXVII. Del viage de Candido á Constantinopla. +CAP. XXVIII. Que trata de los sucesos que pasáron con Candido, +Cunegunda, Panglós y Martin. +CAP. XXIX. De como topó Candido con Cunegunda y con la vieja. +CAP. XXX. Donde se da fin á la historia + + + + + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of Candido, o El Optimismo, by Voltaire + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK CANDIDO, O EL OPTIMISMO *** + +***** This file should be named 7109-8.txt or 7109-8.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + http://www.gutenberg.org/7/1/0/7109/ + +Produced by Tom Richards, Arno Peters, Juliet Sutherland, +Charles Franks and the Online Distributed Proofreading Team. + +Updated editions will replace the previous one--the old editions will +be renamed. + +Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright +law means that no one owns a United States copyright in these works, +so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the United +States without permission and without paying copyright +royalties. 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RALPH, + +Con las adiciones que se han hallado en los papeles del Doctor, +despues de su fallecimiento en Minden, el ano 1759 de nuestra +redencion. + + + + +CAPITULO PRIMERO. + +_Donde se da cuenta de como fue criado Candido en una hermosa +quinta, y como de ella fue echado a patadas._ + + +En la quinta del Senor baron de Tunderten-tronck, titulo de la +Vesfalia, vivia un mancebo que habia dotado de la indole mas apacible +naturaleza. Viase en su fisonomia su alma: tenia bastante sano juicio, +y alma muy sensible; y por eso creo que le llamaban Candido. +Sospechaban los criados antiguos de la casa, que era hijo de la +hermana del senor baron, y de un honrado hidalgo, vecino suyo, con +quien jamas consintio en casarse la doncella, visto que no podia +probar arriba de setenta y un quarteles, porque la injuria de los +tiempos habia acabado con el resto de su arbol genealogico. + +Era el senor baron uno de los caballeros mas poderosos de la Vesfalia; +su quinta tenia puerta y ventanas, y en la sala estrado habia una +colgadura. Los perros de su casa componian una xauria quando era +menester; los mozos de su caballeriza eran sus picadores, y el +teniente-cura del lugar su primer capellan: todos le daban senoria, y +se echaban a reir quando decia algun chiste. + +La senora baronesa que pesaba unas catorce arrobas, se habia grangeado +por esta prenda universal respeto, y recibia las visitas con una +dignidad que la hacia aun mas respetable. Cunegunda, su hija, doncella +de diez y siete anos, era rolliza, sana, de buen color, y muy +apetitosa muchacha; y el hijo del baron en nada desdecia de su padre. +El oraculo de la casa era el preceptor Panglos, y el chicuelo Candido +escuchaba sus lecciones con toda la docilidad propia de su edad y su +caracter. + +Demostrado esta, decia Panglos, que no pueden ser las cosas de otro +modo; porque habiendose hecho todo con un fin, no puede menos este de +ser el mejor de los fines. Notese que las narices se hicieron para +llevar anteojos, y por eso nos ponemos anteojos; las piernas +notoriamente para las calcetas, y por eso se traen calcetas; las +piedras para sacarlas de la cantera y hacer quintas, y por eso tiene +Su Senoria una hermosa quinta; el baron principal de la provincia ha +de estar mas bien aposentado que otro ninguno: y como los marranos +nacieron para que se los coman, todo el ano comemos tocino. De suerte +que los que han sustentado que todo esta bien, han dicho un disparate, +porque debian decir que todo esta en el ultimo apice de perfeccion. + +Escuchabale Candido con atencion, y le creia con inocencia, porque la +senorita Cunegunda le parecia un dechado de lindeza, puesto que nunca +habia sido osado a decirselo. Sacaba de aqui que despues de la +imponderable dicha de ser baron de Tunder-ten-tronck, era el segundo +grado el de ser la senorita Cunegunda, el tercero verla cada dia, y el +quarto oir al maestro Panglos, el filosofo mas aventajado de la +provincia, y por consiguiente del orbe entero. + +Paseandose un dia Cunegunda en los contornos de la quinta por un +tallar que llamaban coto, por entre unas matas vio al doctor Panglos +que estaba dando lecciones de fisica experimental a la doncella de +labor de su madre, morenita muy graciosa, y no menos docil. La nina +Cunegunda tenia mucha disposicion para aprender ciencias; observo pues +sin pestanear, ni hacer el mas minimo ruido, las repetidas +experiencias que ambos hacian; vio clara y distintamente la razon +suficiente del doctor, sus causas y efectos, y se volvio desasosegada +y pensativa, preocupada del anhelo de adquirir ciencia, y figurandose +que podia muy bien ser ella la razon suficiente de Candido, y ser este +la suya. + +De vuelta a la quinta encontro a Candido, y se abochorno, y Candido se +puso tambien colorado. Saludole Cunegunda con voz tremula, y +correspondio Candido sin saber lo que se decia. El dia siguiente, +despues de comer, al levantarse de la mesa, se encontraron detras de +un biombo Candido y Cunegunda; esta dexo caer el panuelo, y Candido le +alzo del suelo; ella le cogio la mano sin malicia, y sin malicia +Candido estampo un beso en la de la nina, pero con tal gracia, tanta +viveza, y tan tierno carino, qual no es ponderable; toparonse sus +bocas, se inflamaron sus ojos, les temblaron las rodillas, y se les +descarriaron las manos.... En esto estaban quando acerto a pasar por +junto al biombo el senor baron de Tunder-ten-tronck, y reparando en +tal causa y tal efecto, saco a Candido fuera de la quinta a patadas en +el trasero. Desmayose Cunegunda; y quando volvio en si, le dio la +senora baronesa una mano de azotes; y reyno la mayor consternacion en +la mas hermosa y deleytosa quinta de quantas existir pueden. + + + + +CAPITULO II. + +_De lo que sucedio a Candido con los Bulgaros._ + + +Arrojado Candido del paraiso terrenal fue andando mucho tiempo sin +saber adonde se encaminaba, lloroso, alzando los ojos al cielo, y +volviendolos una y mil veces a la quinta que la mas linda de las +baronesitas encerraba; al fin se acosto sin cenar, en mitad del campo +entre dos surcos. Caia la nieve a chaparrones, y al otro dia Candido +arrecido llego arrastrando como pudo al pueblo inmediato llamado +Valdberghof-trabenk-dik-dorf, sin un ochavo en la faltriquera, y +muerto de hambre y fatiga. Parose lleno de pesar a la puerta de una +taberna, y repararon en el dos hombres con vestidos azules. Cantarada, +dixo uno, aqui tenemos un gallardo mozo, que tiene la estatura que +piden las ordenanzas. Acercaronse al punto a Candido, y le convidaron +a comer con mucha cortesia. Caballeros, les dixo Candido con la mas +sincera modestia, mucho favor me hacen vms., pero no tengo para pagar +mi parte. Caballero, le dixo uno de los azules, los sugetos de su +facha y su merito nunca pagan. ?No tiene vm. dos varas y seis dedos? +Si, senores, esa es mi estatura, dixo haciendoles una cortesia. Vamos, +caballero, sientese vm. a la mesa, que no solo pagaremos, sino que no +consentiremos que un hombre como vm. ande sin dinero; que entre gente +honrada nos hemos de socorrer unos a otros. Razon tienen vms., dixo +Candido; asi me lo ha dicho mil veces el senor Panglos, y ya veo que +todo esta perfectisimo. Le ruegan que admita unos escudos; los toma, y +quiere dar un vale; pero no se le quieren, y se sientan a la mesa.--?No +quiere vm. tiernamente?... Si, Senores, respondio Candido, con la +mayor ternura quiero a la baronesita Cunegunda. No preguntamos eso, le +dixo uno de aquellos dos senores, sino si quiere vm. tiernamente al +rey de los Bulgaros. No por cierto, dixo, porque no le he visto en mi +ida.--Vaya, pues es el mas amable de los reyes, ?Quiere vm. que +brindemos a su salud?--Con mucho gusto, senores; y brinda. Basta con +eso, le dixeron, ya es vm. el apoyo, el defensor, el adalid y el heroe +de los Bulgaros; tiene segura su fortuna, y afianzada su gloria. +Echaronle al punto un grillete al pie, y se le llevaron al regimiento, +donde le hicieron volverse a derecha y a izquierda, meter la baqueta, +sacar la baqueta, apuntar, hacer fuego, acelerar el paso, y le dieron +treinta palos: al otro dia hizo el exercicio algo menos jual, y no le +dieron mas de veinte; al tercero, llevo solamente diez, y le tuvieron +sus camaradas por un portento. + +Atonito Candido aun no podia entender bien de que modo era un heroe. +Pusosele en la cabeza un dia de primavera irse a paseo, y siguio su +camino derecho, presumiendo que era prerogativa de la especie humana, +lo mismo que de la especie animal, el servirse de sus piernas a su +antojo. Mas apenas habia andado dos leguas, quando heteme otros quatro +heroes de dos varas y tercia, que me lo agarran, me le atan, y me le +llevan a un calabozo, Preguntaronle luego juridicamente si queria mas +pasar treinta y seis veces por baquetas de todo el regimiento, o +recibir una vez sola doce balazos en la mollera. Inutilmente alego que +las voluntades eran libres, y que no queria ni una cosa ni otra, fue +forzoso que escogiese; y en virtud de la dadiva de Dios que llaman +libertad, se resolvio a pasar treinta y seis veces baquetas, y sufrio +dos tandas. Componiase el regimiento de dos mil hombres, lo qual hizo +justamente quatro mil baquetazos que de la nuca al trasero le +descubrieron musculos y nervios. Iban a proceder a la tercera tanda, +quando Candido no pudiendo aguantar mas pidio por favor que se le +hicieran de levantarle la tapa de los sesos; y habiendo conseguido tan +senalada merced, le estaban vendando los ojos, y le hacian hincarse de +rodillas, quando acerto a pasar el rey de los Bulgaros, que +informandose del delito del paciente, como era este rey sugeto de +mucho ingenio, por todo quanto de Candido le dixeron, echo de ver que +era un aprendiz de metafisica muy bisono en las cosas de este mundo, y +le otorgo el perdon con una clemencia que fue muy loada en todas las +gacetas, y lo sera en todos los siglos. Un diestro cirujano curo a +Candido con los emolientes que ensena Dioscorides. Un poco de cutis +tenia ya, y empezaba a poder andar, quando dio una batalla el rey de +los Bulgaros al de los Abaros. + + + + +CAPITULO III. + +_De que modo se libro Candido de manos de los Bulgaros, y de lo que +le sucedio despues._ + + +No habia cosa mas hermosa, mas vistosa, mas lucida, ni mas bien +ordenada que ambos exercitos: las trompetas, los pifanos, los +atambores, los obues y los canones formaban una harmonia qual nunca +la hubo en los infiernos. Primeramente los canones derribaron unos +seis mil hombres de cada parte, luego la fusileria barrio del mejor de +los mundos unos nueve o diez mil bribones que inficionaban su +superficie; y finalmente la bayoneta fue la razon suficiente de la +muerte de otros quantos miles. Todo ello podia sumar cosa de treinta +millares. Durante esta heroica carniceria, Candido, que temblaba como +un filosofo, se escondio lo mejor que supo. + +Mientras que hacian cantar un _Te Deum_ ambos reyes cada uno en +su campo, se resolvio nuestro heroe a ir a discurrir a otra parte +sobre las causas y los efectos. Paso por encima de muertos y +moribundos hacinados, y llego a un lugar inmediato que estaba hecho +cenizas; y era un lugar abaro que conforme a las leyes de derecho +publico habian incendiado los Bulgaros: aqui, unos ancianos +acribillados de heridas contemplaban exhalar el alma a sus esposas +degolladas; mas alla, daban el postrer suspiro virgenes pasadas a +cuchillo despues de haber saciado los deseos naturales de algunos +heroes; otras medio tostadas clamaban por que las acabaran de matar; +la tierra estaba sembrada de sesos al lado de brazos y piernas +cortadas. + +Huyose a toda priesa Candido a otra aldea que pertenecia a los +Bulgaros, y que habia sido igualmente tratada por los heroes abaros. +Al fin caminando sin cesar por cima de miembros palpitantes, o +atravesando ruinas, salio al cabo fuera del teatro de la guerra, con +algunas cortas provisiones en la mochila, y sin olvidarse un punto de +su Cunegunda. Al llegar a Holanda se le acabaron las provisiones; mas +habiendo oido decir que la gente era muy rica en este pais, y que eran +cristianos, no le quedo duda de que le darian tan buen trato como el +que en la quinta del senor baron le habian dado, antes de haberle +echado a patadas a causa de los buenos ojos de Cunegunda la +baronesita. + +Pidio limosna a muchos sugetos graves que todos le dixeron que si +seguia en aquel oficio, le encerrarian en una casa de correccion, para +ensenarle a vivir sin trabajar. Dirigiose luego a un hombre que +acababa de hablar una hora seguida en una crecida asamblea sobre la +caridad, y el orador, mirandole de reojo, le dixo: ?A que vienes +aqui? ?estas por la buena causa? No hay efecto sin causa, respondio +modestamente Candido; todo esta encadenado por necesidad, y ordenado +para lo mejor: ha sido necesario que me echaran de casa de la +baronesita Cunegunda, y que pasara baquetas, y es necesario que +mendigue el pan hasta que le pueda ganar; nada de esto podia menos de +suceder. Amiguito, le dixo el orador, ?crees que el papa es el +ante-cristo? Nunca lo habia oido, respondio Candido; pero, sealo o no +lo sea, yo no tengo pan que comer. Ni lo mereces, replico el otro; +anda, +bribon, anda, miserable, y que no te vuelva yo a ver en mi vida. +Asomose en esto a la ventana la muger del ministro, y viendo a uno que +dudaba de que el papa fuera el ante-cristo, le tiro a la cabeza un +vaso lleno de.... iO cielos, a que excesos se entregan las damas por +zelo de la religion! + +Uno que no habia sido bautizado, un buen anabantista, llamado +Santiago, testigo de la crueldad y la ignominia con que trataban a uno +de sus hermanos, a un ser bipedo y sin plumas, que tenia alma, se le +llevo a su casa, le limpio, le dio pan y cerbeza, y dos florines, y +ademas quiso ensenarle a trabajar en su fabrica de texidos de Persia, +que se hacen en Holanda. Candido, arrodillandose casi a sus plantas, +clamaba: Bien decia el maestro Panglos, que todo estaba perfectamente +en este mundo; porque infinitamente mas me enternece la mucha +generosidad de vm., que lo que me enojo la inhumanidad de aquel senor +de capa negra, y de su senora muger. + +Yendo al otro dia de pasco se encontro con un pordiosero, cubierto de +lepra, los ojos casi ciegos, carcomida la punta de la nariz, la boca +tuerta, ennegrecidos los dientes, y el habla gangosa, atormentado de +una violenta tos, y que a cada esfuerzo escupia una muela. + + + + +CAPITULO IV. + +_De que modo encontro Candido a su maestro de filosofia, el doctor +Panglos, y de lo que le acontecio._ + + +Mas que a horror movido a compasion Candido le dio a este horroroso +pordiosero los dos florines que de su honrado anabautista Santiago +habia recibido. Mirole de hito en hito la fantasma, y vertiendo +lagrimas se le colgo al cuello. Zafose Candido asustado, y el +miserable dixo al otro miserable: iAy! ?con que no conoces a tu amado +maestro Panglos? ?Que oygo? ivm., mi amado maestro! ivm. en tan +horrible estado! ?Pues que desdicha le ha sucedido? ?porque no esta en +la mas hermosa de las granjas? ?que se ha hecho la senorita Cunegunda, +la perla de las doncellas, la obra maestra de la naturaleza? No puedo +alentar, dixo Panglos. Llevole sin tardanza Candido al pajar del +anabautista, le dio un mendrugo de pan; y quando hubo cobrado aliento +Panglos, le pregunto: ?Que es de Cunegunda? Es muerta, respondio el +otro. Desmayose Candido al oirlo, y su amigo le volvio a la vida con +un poco de vinagre malo que encontro acaso en el pajar. Abrio Candido +los ojos, y exclamo: iCunegunda muerta! Ha perfectisimo entre los +mundos, ?adonde estas? ?y de que enfermedad ha muerto? ?ha sido por +ventura de la pesadumbre de verme echar a patadas de la soberbia +quinta de su padre? No por cierto, dixo Panglos, sino de que unos +soldados bulgaros le sacaron las tripas, despues que la hubieron +violado hasta mas no poder, habiendo roto la mollera al senor baron +que la quiso defender. La senora baronesa fue hecha pedazos, mi pobre +alumno tratado lo mismo que su hermana, y en la granja no ha quedado +piedra sobre piedra, ni troxes, ni siquiera un carnero, ni una +gallina, ni un arbol; pero bien nos han vengado, porque lo mismo han +hecho los Abaros en una baronia inmediata que era de un senor bulgaro. + +Desmayose otra vez Candido al oir este lamentable cuento; pero vuelto +en si, y habiendo dicho quanto tenia que decir, se informo de la causa +y efecto, y de la razon suficiente que en tan lastimosa situacion a +Panglos habia puesto. iAy! dixo el otro, el amor ha sido; el amor, el +consolador del humano linage, el conservador del universo, el alma de +todos los seres sensibles, el blando amor. Ha, dixo Candido, yo +tambien he conocido a ese amor, a ese arbitro de los corazones, a esa +alma de nuestra alma, que nunca me ha valido mas que un beso y veinte +patadas en el trasero. ?Como tan bella causa ha podido producir en vm. +tan abominables efectos? Respondiole Panglos en los terminos +siguientes: Ya conociste, amado Candido, a Paquita, aquella linda +doncella de nuestra ilustre baronesa; pues en sus brazos goce los +contentos celestiales, que han producido los infernales tormentos que +ves que me consumen: estaba podrida, y acaso ha muerto. Paquita debio +este don a un Franciscano instruidisimo, que habia averiguado el +origen de su achaque, porque se le habia dado una condesa vieja, la +qual le habia recibido de un capitan de caballeria, que le hubo de una +marquesa, a quien se le dio un page, que le cogio de un jesuita, el +qual, siendo novicio, le habia recibido en linea recta de uno de los +companeros de Cristobal Colon. Yo por mi no se le dare a nadie, porque +me voy a morir luego. + +iO Panglos, exclamo Candido, que raro arbol de genealogia es ese! ?fue +acaso el diablo su primer tronco? No por cierto, replico aquel varon +eminente, que era indispensable cosa y necesario ingrediente del mas +excelente de los mundos; porque si no hubieran pegado a Colon en una +isla de America este mal que envenena el manantial de la generacion, y +que a veces estorba la misma generacion, y manifiestamente se opone al +principal blanco de naturaleza, no tuvieramos ni chocolate ni +cochinilla; y se ha de notar que hasta el dia de hoy es peculiar de +nosotros esta dolencia en este continente, no menos que la teologia +escolastica. Todavia no se ha introducido en la Turquia, en la India, +en la Persia, en la China, en Sian, ni en el Japon; pero razon hay +suficiente para que la padezcan dentro de algunos siglos. Mientras +tanto es bendicion de Dios lo que entre nosotros prospera, con +particularidad en los exercitos numerosos, que constan de honrados +ganapanes muy bien educados, los quales deciden la suerte de los +estados, y donde se puede afirmar con certeza, que quando pelean +treinta mil hombres en campal batalla contra un exercito igualmente +numeroso, hay cerca de veinte mil galicosos por una y otra parte. + +Portentosa cosa es esa, dixo Candido, pero es preciso tratar de +curaros. ?Y como me he de curar, amiguito, dixo Panglos, si no tengo +un ochavo; y en todo este vasto globo a nadie sangran, ni le +administran una lavativa, sin que pague o que alguien pague por el? + +Estas ultimas razones determinaron a Candido a irse a echar a los +pies de su caritativo anabautista Santiago, a quien pinto tan +tiernamente la situacion a que se via reducido su amigo, que no +dificulto el buen hombre en hospedar al doctor Panglos, y curarle a su +costa. Esta cura no costo a Panglos mas que un ojo y una oreja. Como +sabia escribir y contar con perfeccion, le hizo el anabautista su +tenedor de libros. Viendose precisado a cabo de dos meses a ir a +Lisboa para asuntos de su comercio, se embarco con sus dos filosofos. +Panglos le explicaba de que modo todas las cosas estaban +peifectisimamente, y Santiago no era de su parecer. Fuerza es, decia, +que hayan los hombres estragado algo la naturaleza, porque no +nacieron lobos, y se han convertido en lobos. Dios no les dio ni +canones de veinte y quatro, ni bayonetas, y ellos para destruirse han +fraguado bayonetas y canones. Tambien pudiera mentar las quiebras, y +la justicia que embarga los bienes de los fallidos para frustrar a los +acreedores. Todo eso era indispensable, replico el doctor tuerto, y de +los males individuales se compone el bien general; de suerte que +quanto mas males particulares hay, mejor esta el todo. Mientras estaba +argumentando, se obscurecio el cielo, soplaron furiosos los vientos de +los quatro angulos del mundo, y a vista del puerto de Lisboa fue +embutido el navio de la tormenta mas hermosa. + + + + +CAPITULO V. + +_De una tormenta, un naufragio, y un terremoto. De los sucesos del +doctor Panglos, de Candido, y de Santiago el anabautista._ + + +Sin fuerza y medio muertos la mitad de los pasageros con las +imponderables bascas que causa el balance de un navio en los nervios y +en todos los humores que en opuestas direcciones se agitan, ni aun +para temer el riesgo tenian animo: la otra mitad gritaba y rezaba; +estaban rasgadas las velas, las xarcias rotas, y abierta la nave: +quien podia trabajaba, nadie se entendia, y nadie mandaba. Algo +ayudaba a la faena el anabautista, que estaba sobre el combes, quando +un furioso marinero le pega un fiero embion, y le derriba en las +tablas; pero fue tanto el esfuerzo que al empujarle hizo, que se cayo +de cabeza fuera del navio, y se quedo colgado y agarrado de una +porcion del mastil roto. Acudio el buen Santiago a socorrerle, y le +ayudo a subir; pero con la fuerza que para ello hizo, se cayo en la +mar a vista del marinero que le dexo ahogarse, sin dignarse siquiera +de mirarle. Candido que se acerca, y ve a su bienhechor que viene un +instante sobre el agua, y que se hunde para siempre, se quiere tirar +tras de el al mar; pero le detiene el filosofo Panglos, demostrandole +que habia sido criada la cala de Lisboa con destino a que se ahogara +en ella el anabautista. Probandolo estaba _a priori_, quando se +abrio el navio, y todos perecieron, menos Panglos, Candido, y el +desalmado marinero que habia ahogado al virtuoso anabautista; que el +bribon salio a salvamento nadando hasta la orilla, donde aportaron +Candido y Panglos en una tabla. + +Asi que se recobraron un poco del susto y el cansancio, se encaminaron +a Lisboa. Llevaban algun dinero, con el qual esperaban librarse del +hambre, despues de haberse zafado de la tormenta. Apenas pusieron los +pies en la ciudad, lamentandose de la muerte de su bien-hechor, la mar +embatio bramando el puerto, y arrebato quantos navios se hallaban en +el anclados; se cubrieron calles y plazas de torbellinos de llamas y +cenizas; hundianse las casas, caian los techos sobre los cimientos, y +los cimientos se dispersaban, y treinta mil moradores de todas edades +y sexos eran sepultados entre ruinas. El marinero tarareando y votando +decia: Algo ganaremos con esto. ?Qual puede ser la razon suficiente de +este fenomeno? decia Panglos; y Candido exclamaba: Este es el dia del +juicio final. El marinero se metio sin detenerse en medio de las +ruinas, arrostrando la muerte por buscar dinero, con el que encontro +se fue a emborrachar; y despues de haber dormido la borrachera, +compro los favores de la ramera que topo primero, y que se dio a el +entre las ruinas de los desplomados edificios, y en mitad de los +moribundos y los cadaveres, puesto que Panglos le tiraba de la casaca, +diciendole: Amigo, eso no es bien hecho, que es pecar contra la razon +universal, porque ahora no es ocasion de holgarse. Por vida del Padre +Eterno, respondio el otro, yo soy marinero, y nacido en Batavia; +quatro veces he pisado el crucifixo en quatro viages que tengo hechos +al Japon. Pues no vienes mal ahora con tu razon universal. + +Candido, que la caida de unas piedras habia herido, tendido en el +suelo en mitad de la calle, y cubierto de ruinas, clamaba a Panglos: +iAy! traeme un poco de vino y aceyte, que me muero. Este temblor de +tierra, respondio Panglos, no es cosa nueva: el mismo azote sufrio +Lima anos pasados; las mismas causas producen los mismos efectos; sin +duda que hay una veta de azufre subterranea que va de Lisboa a Lima. +Verosimil cosa es, dixo Candido; pero, por Dios, un poco de aceyte y +vino. ?Como verosimil? replico el filosofo, pues yo sustentare que +esta demostrada. Candido perdio el sentido, y Panglos le llevo un +trago de agua de una fuente inmediata. + +Habiendo hallado el siguiente dia algunos manjares metiendose por +entre los escombros, cobraron algunas fuerzas, y trabajaron luego, a +exemplo de los demas, en alivio de los habitantes que de la muerte se +habian librado. Algunos vecinos que habian socorrido les dieron la +menos mala comida que en tamano desastre se podia esperar: verdad es +que fue muy triste el banquete; los convidados banaban el pan en +llantos, pero Panglos los consolaba sustentando que no podian suceder +las cosas de otra manera; porque todo esto, decia, es lo mejor que +hay; porque si hay un volcan en Lisboa, no podia estar en otra parte; +porque no es posible que no esten las cosas donde estan; porque todo +esta bien. + +Un hombrecito vestido de negro, familiar de la inquisicion, que junto +a el estaba sentado, interrumpio muy cortesmente, y le dixo: Sin duda, +caballero, que no cree vm. en el pecado original; porque, si todo esta +perfecto, no ha habido pecado ni castigo. + +Perdoneme Vueselencia, le respondio con mas cortesia Panglos, porque +la caida del hombre y su maldicion hacian parte necesaria del mas +excelente de los mundos posibles. ?Segun eso este caballero no cree +que seamos libres? dixo el familiar. Otra vez ha de perdonar +Vueselencia, replico Panglos, porque puede subsistir la libertad con +la necesidad absoluta; porque era necesario que fueramos libres; +porque finalmente la voluntad determinada.... En medio de la frase +estaba Panglos, quando hizo el familiar una sena a su secretario que +le escanciaba vino de Porto o de Oporto. + + + + +CAPITULO VI. + +_Del magnifico auto de fe que se hizo para que cesara el terremoto, +y de los doscientos azotes que pegaron a Candido._ + + +Pasado el terremoto que habia destruido las tres quartas partes de +Lisboa, el mas eficaz medio que ocurrio a los sabios del pais para +precaver una total ruina, fue la fiesta de un soberbio auto de fe, +habiendo decidido la universidad de Coimbra que el espectaculo de unas +quantas personas quemadas a fuego lento con toda solemnidad es +infalible secreto para impedir los temblores de tierra. Habian sido +presos por tanto un Vizcayno que estaba convicto de haberse casado con +su comadre, y dos Portugueses que se habian comido un pollo un +viernes, y la olla sin tocino un sabado; y despues de comer se +llevaron atados al doctor Panglos y su discipulo Candido, al uno por +lo que habia dicho, y al otro por haberle escuchado con ademan de +aprobar lo que decia. Pusieronlos separados en unos aposentos muy +frescos, donde nunca incomodaba el sol, y de alli a ocho dias los +vistieron de un san-benito, y les engalanaron la cabeza con unas +mitras de papel: la coroza y el san-benito de Candido llevaban llamas +boca abaxo, y diablos sin garras ni rabo; pero los diablos de Panglos +tenian rabo y garras, y las llamas ardian hacia arriba. Asi vestidos +salieron en procesion, y oyeron un sermon muy tierno, al qual se +siguio una bellisima musica en fabordon. A Candido, mientras duro el +canto, le pegaron doscientos azotes a compas; al Vizcayno y a los dos +que habian comido la olla sin tocino los quemaron, y Panglos fue +ahorcado, aunque no era estilo. Aquel mismo dia, temblo la tierra con +un furor espantable. + +Candido atonito, desatentado, confuso, ensangrentado y palpitante, +decia entre si: ?Si este es el mejor de los mundos posibles, como +seran los otros? Vaya con Dios, si no hubieran hecho mas que +espolvorearme las espaldas, que ya los Bulgaros me habian hecho el +mismo agasajo. Pero tu, caro Panglos, el mayor de los filosofos, +?porque te he visto ahorcar, sin saber por que? O mi amado +anabautista, tu que eras el mejor de los hombres, ?porque te has +ahogado en el puerto? Y tu, baronesita Cunegunda, perla de las ninas, +?porque te han sacado el redano? Volviase diciendo esto a su casa, sin +poderse tener en pie, predicado, azotado, absuelto, y bendito, quando +se le acerco una vieja que le dixo: Hijo mio, ten buen animo, y +sigueme. + + + +CAPITULO VII. + +_Que cuenta como una vieja remedio las cuitas de Candido, y como +topo este con su dama._ + + +No cobro animo Candido, pero siguio a la vieja a una ruin casucha, +donde le dio su conductora un bote de pomada para untarse, y le dexo +de comer y de beber; luego le enseno una camita muy aseada, y al lado +de la cama un vestido completo: Come, hijo, bebe y duerme, le dixo, y +Nuestra Senora de Atocha, el senor San Antonio de Padua, y el senor +Santiago de Compostela se queden contigo: manana volvere. Confuso +Candido con todo quanto habia visto, y quanto habia padecido, y inas +todavia con la caridad de la vieja, le quiso besar la mano. No es mi +mano la que has de besar, le dixo la vieja; manana volvere. Untate con +la pomada, come y duerme. + +No obstante sus muchas desventuras, comio y durmio Candido. Al otro +dia le trae la vieja de almorzar, le visita las espaldas, se las +estriega con otra pomada, y luego le trae de comer: a la noche vuelve, +y le trae que cenar. El tercer dia fue la misma ceremonia. ?Quien es +vm.? le decia Candido; ?quien le ha inspirado tanta bondad? ?como +puedo darle dignas gracias? La buena senora nunca respondia palabra, +pero volvio aquella noche, y no traxo que cenar. Ven conmigo, le dixo, +y no chistes; y diciendo esto agarro a Candido del brazo, y echo a +andar con el por el campo. A cosa de medio quarto de legua que +hubieron andado, llegaron a una casa sola, cercada de canales y +jardines. Llama la vieja a un postigo: abren, y lleva a Candido por +una escalera secreta a un gabinete dorado, donde le dexa sobre un +canape de terciopelo, cierra la puerta, y se marcha. A Candido se le +figuraba que sonaba, teniendo su vida entera por un sueno funesto, y +el momento actual por un sueno delicioso. + +Presto volvio la vieja, sustentando con dificultad del brazo a una +muger que venia toda tremula, de magestuosa estatura, cubierta de +piedras preciosas, y tapada con un velo. Alza ese velo, dixo a Candido +la vieja. Arrimase el mozo, y alza con mano timida el velo. iQue +instante! ique pasmo! cree que esta viendo a su baronesita, a su +Cunegunda; y asi era la verdad, porque era ella propia. Faltale el +aliento, no puede articular palabra, y cae desmayado a sus plantas. +Cunegunda se cae sobre el canape: la vieja los inunda en aguas de +olor; vuelven en si, se hablan; primero en voces interrumpidas, en +preguntas y respuestas que no se dan vado unas a otras, en suspiros, +lagrimas y gritos. La vieja, recomendandoles que metan menos bulla, +los dexa libres. iCon que es vm., dice Candido! icon que la veo en +Portugal, y no ha sido violada, y no le han pasado de parte a parte +las entranas, como me habia dicho el filosofo Panglos! Si tal, replico +la hermosa Cunegunda, pero no siempre son mortales esos accidentes. +--?Y han sido muertos el padre y la madre de vm.?--Por mi desgracia, +si, respondio llorando Cunegunda.--?Y su hermano?--Mi hermano +tambien.--?Pues porque esta vm. en Portugal? ?como ha sabido que +tambien yo lo estaba? ?porque raro acaso me ha hecho venir a esta +casa? Todo lo dire, replico la dama; pero antes es forzoso que me diga +vm. quantos sucesos le han pasado desde el inocente beso que me dio, y +las patadas con que se le hicieron pagar. + +Obedecio Candido con profundo respeto; y puesto que estaba confuso, +que tenia tremula y flaca la voz, y que aun le dolia no poco el +espinazo, conto con la mayor ingenuidad quanto desde el punto de su +separacion habia padecido. Alzaba Cunegunda los ojos al cielo, y +vertio tiernas lagrimas por la muerte del buen anabautista y de +Panglos; hablo despues como sigue a Candido, el qual no perdio una +palabra, y se la comia con los ojos. + + + + +CAPITULO VIII. + +_Historia de Cunegunda._ + + +Durmiendo a pierna suelta estaba en mi cama, quando plugo al cielo que +entraran los Bulgaros en nuestra soberbia quinta de Tunder-ten-tronck, +y degollaran a mi padre y a mi hermano, e hiciesen tajadas a mi madre. +Un pazguato de Bulgaro de dos varas y tercia, viendo que habia yo +perdido los sentidos con esta escena, se puso a violarme; con lo qual +volvi en mi, y empece a morder, a aranar, y a querer sacar los ojos al +Bulgarote, no sabiendo que era cosa de estilo quanto en la quinta de +mi padre estaba pasando; pero me dio el belitre una cuchillada junto a +la teta izquierda, que todavia me queda la senal. Ha, espero que me la +ensenara vm., dixo el ingenuo Candido. Ya la vera vm., dixo Cunegunda, +pero sigamos el cuento. Siga vm., replico Candido. + +Anudo pues asi el hilo de su historia Cunegunda: Entro un capitan +bulgaro, que me vio llena de sangre, debaxo del soldado que no se +incomodaba; y enojado del poco respeto que le tenia el malandrin, le +mato encima de mi: hizome luego poner en cura, y me llevo prisionera +de guerra a su guarnicion. Alli lavaba las pocas camisas que el tenia, +y le guisaba la comida; el decia que era yo muy bonita, y tambien he +de confesar que era muy lindo mozo, y que tenia la carne suave y +blanca, pero poco entendimiento, y menos filosofia: y a tiro de +ballesta se echaba de ver que no le habia educado el doctor Panglos. A +cabo de tres meses perdio todo quanto dinero tenia, y no curandose mas +de mi, me vendio a un Judio llamado Don Isacar, que tenia casa de +comercio en Holanda y en Portugal, y se perdia por mugeres. Prendose +mucho de mi el tal Judio, pero nada pudo conseguir, que me he +resistido a el mas bien que al soldado bulgaro; porque una honrada +muger bien puede ser violada una vez, pero con ese mismo contratiempo +se fortalece su virtud. El Judio para domesticarme me ha traido a la +casa de campo que vm. ve. Hasta ahora habia creido que no habia en la +tierra mansion mas hermosa que la granja de Tunder-ten-tronck, pero ya +estoy desenganada de mi error. + +El inquisidor general me vio un dia en misa, no me quito los ojos de +encima, y me mando a decir que me tenia que hablar de un asunto +secreto. Llevaronme a su palacio, y yo le dixe quien eran mis padres. +Representome entonces quanto desdecia de mi nobleza el pertenecer a un +israelita. Su Ilustrisima propuso a Don Isacar que le hiciera cesion +de mi; y este, que es banquero de palacio y hombre de mucho poder, +nunca tal quiso consentir. El inquisidor le amenazo con un auto de fe. +Al fin atemorizado mi Judio hizo un ajuste en virtud del qual la casa +y yo habian de ser de ambos de mancomun; el Judio se reservo los +lunes, los miercoles y los sabados, y el inquisidor los demas dias de +la semana. Seis meses ha que subsiste este convenio, aunque no sin +frequentes contiendas, porque muchas veces han disputado sobre si la +noche de sabado a domingo pertenecia a la ley antigua, o a la ley de +gracia. Yo empero a entrambas leyes me lie resistido hasta ahora, y +por este motivo pienso que me quieren tanto. Finalmente, por conjurar +la plaga de los terremotos, y por poner miedo a Don Isacar, le plugo +al Ilustrisimo senor inquisidor celebrar un auto de fe. Honrome +convidandome a la fiesta; me dieron uno de los mejores asientos, y se +sirvieron refrescos a las senoras en el intervalo de la misa y el +suplicio de los ajusticiados. Confieso que estaba sobrecogida de +horror de ver quemar a los dos Judios, y al honrado Vizcayno casado +con su comadre; pero ique asombro, que confusion y que susto fue el +mio quando vi con un sambenito y una coroza una cara parecida a la de +Panglos! Estregueme los ojos, mire con atencion, le vi ahorcar, y me +tomo un desmayo. Apenas habia vuelto en mi, quando le vi a vm. desnudo +de medio cuerpo: alli fue el cumulo de mi horror, mi consternacion, mi +desconsuelo, y mi desesperacion. Digo de verdad que la cutis de vm. es +mas blanca y mas encarnada que la de mi capitan de Bulgaros; y esta +vista aumento todos los afectos que abrumada y consumida me tenian. A +dar gritos iba, ya decir: deteneos, inhumanos; pero me falto la voz, y +habrian sido en balde mis gritos. Quando os hubieron azotado a su +sabor, decia yo entre mi: ?Como es posible que se encuentren en Lisboa +el amable Candido y el sabio Panglos; uno para llevar doscientos +azotes, y otro para ser ahorcado por orden del ilustrisimo Senor +inquisidor que tanto me ama? iQue cruelmente me enganaba Panglos, +quando me decia que todo era perfectisimo! + +Agitada, desatentada, fuera de mi unas veces, y muriendome otras de +pesar, tenia preocupada la imaginacion con la muerte de mi padre, mi +madre y mi hermano, con la insolencia de aquel soez soldado bulgaro, +con la cuchillada que me dio, con mi oficio de lavandera y cocinera, +con mi capitan bulgaro, con mi sucio Don Isacar, con mi abominable +inquisidor, con la horca del doctor Panglos, con aquel gran miserere +en fabordon durante el qual le dieron a vm. doscientos azotes, y mas +que todo con el beso que di a vm. detras del biombo la ultima vez que +nos vimos. Di gracias a Dios que nos volvia a reunir por medio de +tantas pruebas, y encargue a mi vieja que cuidase de vm., y me le +traxese luego que fuese posible. Ha desempenado muy bien mi encargo, y +he disfrutado el imponderable gusto de volver a ver a vm., de oirle, y +de hablarle. Sin duda que debe tener una hambre canina, yo tambien, +tengo buenas ganas, con que cenemos antes de otra cosa. + +Sentaronse pues ambos a la mesa, y despues de cenar se volvieron al +hermoso canape de que ya he hablado. Sobre el estaban, quando llego el +senor Don Isacar, uno de los dos amos de casa; que era sabado, y venia +a gozar sus derechos, y explicar su rendido amor. + + + + +CAPITULO IX. + +_Prosiguen los sucesos de Cunegunda, Candido, el Inquisidor general, +y el Judio._ + + +Era el tal Isacar el hebreo mas vinagre que desde la cautividad de +Babilonia se habia visto en Israel. ?Que es esto, dixo, perra Galilea? +?con que no te basta con el senor inquisidor, que tambien ese chulo +entra a la parte conmigo? Al decir esto saca un punal buido que +siempre llevaba en el cinto, y creyendo que su contrario no traia +armas, se tira a el. Pero la vieja habia dado a nuestro buen +Vesfaliano una espada con el vestido completo que hemos dicho: +desenvaynola Candido, y derribo en el suelo al Israelita muerto, +puesto que fuese de la mas mansa indole. + +iVirgen Santisima! exclamo la hermosa Cunegunda; ?que sera de +nosotros? iUn hombre muerto en mi casa! Si viene la justicia, soy +perdida. Si no hubieran ahorcado a Panglos, dixo Candido, el nos daria +consejo en este apuro, porque era eminente filosofo; pero pues el nos +falta, consultemos con la vieja. Era esta muy discreta, y empezaba a +decir su parecer, quando abrieron otra puertecilla. Era la una de la +noche; habia ya principiado el domingo, dia que pertenecia al senor +inquisidor. Al entrar este ve al azotado Candido con la espada en la +mano, un muerto en el suelo, Cunegunda asustada, y la vieja dando +consejos. + +En este instante le ocurrieron a Candido las siguientes ideas, y +discurrio asi: Si pide auxilio este varon santo, infaliblemente me +hara quemar, y otro tanto podra hacer a Cunegunda; me ha hecho azotar +sin misericordia, es mi contrincante, y yo estoy de vena de matar; +pues no hay que detenerse. Fue este discurso tan bien hilado como +pronto; y sin dar tiempo a que se recobrase el inquisidor del primer +susto, le paso de parte a parte de una estocada, y le dexo tendido +cabe el Judio. Buena la tenemos, dixo Cunegunda: ya no hay remision; +estamos excomulgados, y es llegada nuestra ultima hora. ?Como ha hecho +vm., siendo de tan suave condicion, para matar en dos minutos a un +prelado y a un Judio? Hermosa senorita, respondio, quando uno esta +enamorado, zeloso, y azotado por la inquisicion, no sabe lo que se +hace. + +Rompio entonces la vieja el silencio, y dixo: En la caballeriza hay +tres caballos andaluces con sus sillas y frenos; ensillelos el +esforzado Candido; esta senora tiene moyadores y diamantes; montemos a +caballo, y vamos a Cadiz, puesto que yo no me puedo sentar mas que +sobre una nalga. El tiempo esta hermosisimo, y da contento caminar con +el fresco de la noche. + +Ensillo volando Candido los tres caballos, y Cunegunda, el, y la vieja +anduvieron diez y seis leguas sin parar. Mientras que iban andando, +vino a la casa de Cunegunda la santa hermandad, enterraron a Su +Ilustrisima en una suntuosa iglesia, y a Isacar le tiraron a un +muladar. + +Ya estaban Candido, Cunegunda y la vieja en la villa de Aracena, en +mitad de los montes de Sierra-Morena, y decian lo que sigue en un +meson. + + + + +CAPITULO X. + +_De la triste situacion en que, se vieron Candido, Cunegunda y la +vieja; de su arribo a Cadiz, y como se embarcaron para America._ + + +?Quien me habra robado mis doblones y mis diamantes? decia llorando +Cunegunda; ?como hemos de vivir? ?que hemos de hacer? ?donde he de +hallar +inquisidores y Judios que me den otros? iAy! dixo la vieja, mucho me +sospecho de un reverendo padre Franciscano que ayer durmio en Badajoz +en nuestra posada. Libreme Dios de hacer juicios temerarios; pero el +dos veces entro en nuestro quarto, y se fue mucho antes que nosotros. +Ha, dixo Candido, muchas veces me ha probado el buen Panglos que los +bienes de la tierra son comunes de todos, y cada uno tiene igual +derecho a su posesion. Conforme a estos principios, nos habia de haber +dexado el padre para acabar nuestro camino. ?Con que no te queda nada, +hermosa Cunegunda? Ni un maravedi, respondio esta. ?Y que nos haremos? +exclamo Candido. Vendamos uno de los caballos, dixo la vieja; yo +montare a las ancas de el de la senorita, puesto que no me puedo +sentar mas que sobre una nalga, y asi llegaremos a Cadiz. + +En el mismo meson habia un prior de Benitos, que compro barato el +caballo. Candido, Cunegunda y la vieja atravesaron a Lucena, a Cilla, +y a Lebrixa, y llegaron en fin a Cadiz, donde estaban armando una +esquadra para poner en razon a los reverendos padres jesuitas del +Paraguay, que habian excitado a uno de sus aduares de Indios contra +los reyes de Espana y Portugal, cerca de la colonia del Sacramento. +Candido, que habia servido en la tropa bulgara, hizo a presencia del +general de aquel pequeno exercito el exercicio a la bulgara con tanto +donayre, ligereza, mana, agilidad y desembarazo, que le dio este el +mando de una compania de infanteria. Hetele pues capitan; con esta +graduacion se embarco en compania de su Cunegunda, de la vieja, de dos +criados, y de los dos caballos andaluces que habian sido del senor +inquisidor general de Portugal. + +En la travesia discurrieron largamente cerca de la filosofia del pobre +Panglos. Vamos a otro mundo, decia Candido, y sin duda que en el es +donde todo esta bien; porque en este nuestro hemos de confesar que hay +sus defectillos en lo fisico y en lo moral. Yo te quiero con toda mi +alma, decia Cunegunda; pero todavia llevo el corazon traspasado con lo +que he visto, y lo que he padecido. Todo ira bien, replico Candido; ya +el mar de este nuevo mundo vale mas que nuestros mares de Europa, que +es mas bonancible, y los vientos son mas constantes: no cabe duda de +que el nuevo mundo es el mejor de los mundos posibles. Plega a Dios, +dixo Cunegunda; pero tan horrorosas desgracias han pasado por mi en el +mio, que apenas si queda en mi corazon resquicio de esperanza. Vms. se +quejan, les dixo la vieja; pues sepan que no han experimentado +desventuras como las mias. Sonriose Cunegunda del disparate de la +buena muger que se alababa de ser mas desdichada que ella. iAy! le +dixo, madre, a menos que haya vm. sido violada por dos Bulgaros, que +le hayan dado dos cuchilladas en la barriga, que hayan demolido dos de +sus granjas, que hayan degollado en su presencia dos padres y dos +madres de vm., y que haya visto a dos de sus amantes azotados en un +auto de fe, no se como pueda haber corrido mayores borrascas: sin +contar que he nacido baronesa con setenta y dos quarteles en mi escudo +de armas, y he sido cocinera. Senorita, replico la vieja, vm. no sabe +qual ha sido mi cuna; y si le ensenara mi trasero, no hablaria del +modo que habla, y suspenderia el juicio. Excito esta replica fuerte +curiosidad en los animos de Candido y Cunegunda, y la vieja la +satisfizo en las siguientes razones. + + + + +CAPITULO XI. + +_Que cuenta la historia de la vieja._ + +No siempre he tenido yo los ojos laganosos y ribeteados de escarlata; +no siempre se ha tocado mi barba con mis narices, ni he sido siempre +criada de servicio. Soy hija del papa Urbano X y la princesa de +Palestrina. Hasta que tuve catorce anos, me criaron en un palacio al +qual no hubieran podido servir de caballeriza todas las quintas de +barones tudescos, y era mas rico uno de mis trages que todas las +magnificencias de la Vesfalia. Crecia en gracia, en talento y beldad, +en medio de gustos, respetos y esperanzas, y ya inspiraba amor. +Formabase mi pecho; pero ique pecho! blanco, duro, de la forma del de +la ve nus de Medicis; iy que ojos! ique pestanas! ique negras cejas! +ique llamas salian de las ninas de mis ojos, que eclipsaban el +resplandor de los astros, segun decian los poetas de mi barrio! Las +doncellas que me desnudaban y me vestian se quedaban absortas quando +me contemplaban por detras y por delante; y todos los hombres se +hubieran querido hallar en su lugar. + +Celebraronse mis desposorios con un principe soberano de Masa-Carrara. +iDios mio! ique principe! tan lindo como yo; ayroso, y de la condicion +mas blanda, del mas agudo ingenio, y perdido por mi de amores: yo le +amaba como quien quiere por la vez primera, esto es que le idolatraba. +Dispusieronse las bodas con pompa y magnificencia nunca vista: todo +era fiestas, torneos, operas bufas; y en toda Italia se hicieron +sonetos en mi elogio, de los quales ninguno hubo que no fuera rematado +de malo. Ya rayaba la aurora de mi felicidad, quando una marquesa +vieja, a quien habia cortejado mi principe, le convido a tomar +chocolate con ella, y el desventurado murio al cabo de dos horas en +horribles convulsiones; pero esto es friolera para lo que falta. +Desesperada mi madre, puesto que mucho menos desconsolada que yo, +quiso perder de vista por algun tiempo esta funesta mansion. Teniamos +una hacienda muy pingue en las inmediaciones de Gaeta, y nos +embarcamos para este puerto en una galera del pais, dorada como el +altar de San Pedro en Roma. Hete aqui un pirata de Sale que nos da +caza y nos aborda: nuestros soldados se defendieron como buenos +soldados del papa, es decir que tiraron las armas y se hincaron de +rodillas, pidiendo al pirata la absolucion _in articulo mortis_. + +En breve los desnudaron de pies a cabeza, y lo mismo hicieron con mi +madre, con nuestras doncellas, y conmigo. Cosa portentosa es de ver +con que presteza desnudan estos caballeros a la gente; pero lo que mas +extrane, fue que a todos nos metieron el dedo en un sitio donde +nosotras las mugeres no estamos acostumbradas a meter mas que canutos +de xeringa. Pareciome muy rara esta ceremonia; que asi falla de todo +el que no ha salido de su pais: mas luego supe que era por ver si en +aquel sitio habiamos escondido algunos diamantes, y que es estilo +establecido de tiempo inmemorial en las naciones civilizadas que andan +barriendo los mares, y que los senores religiosos caballeros de Malta +nunca le omiten quando apresan a Turcos o Turcas, porque es ley del +derecho de gentes, que nunca ha sido quebrantada. + +No dire si fue cosa dura para una princesa joven que la llevaran +cautiva a Marruecos con su madre; bien se pueden vms. figurar quanto +padeceriamos en el navio pirata. Mi madre todavia era muy hermosa; +nuestras camareras, y hasta nuestras meras criadas eran mas lindas que +quantas mugeres pueden hallarse en el Africa toda; y yo era un +embeleso, el epilogo de la beldad y la gracia, y era doncella; pero no +lo fui mucho tiempo, que el arraez del barco me robo la flor que +estaba destinada para el precioso principe de Masa-Carrara. Este +arraez era un negro abominable, que creia que me honraba con sus +caricias. Sin duda la princesa de Palestrina y yo debiamos de ser muy +robustas, quando resistimos a todo quanto pasamos hasta llegar a +Marruecos. Pero vernos adelante, que son cosas tan comunes que no +merecen mentarse siquiera. + +Quando llegamos, corrian rios de sangre por Marruecos; cada uno de los +cincuenta hijos del emperador Muley-Ismael tenia su partido aparte, lo +qual componia cincuenta guerras civiles distintas de negros contra +negros, de negros contra moros, de moros contra moros, de mulatos +contra mulatos; y todo el ambito del imperio era una continua +carniceria. + +Apenas hubimos desembarcado, acudieron unos negros de una faccion +enemiga de la de mi pirata para quitarle el botin. Despues del oro y +los diamantes, la cosa de mas precio que habia eramos nosotras; y +presencie un combate qual nunca se ve igual en nuestros climas +europeos, porgue no tienen los pueblos septentrionales tan ardiente +la sangre, ni es en ellos la pasion a las mugeres lo que es entre los +Africanos. Parece que los Europeos tienen leche en las venas, mientras +que por las de los moradores del monte Atlante y paises inmediatos +corre fuego y polvora. Pelearon con la furia de los leones, los +tigres, y las sierpes de la comarca, para saber quien habia de ser +dueno nuestro. Agarro un moro de mi madre por el brazo derecho, el +teniente del barco la tiro hacia el por el izquierdo; un soldado moro +la cogio de una pierna, y uno de los piratas asio de la otra; y casi +todas nuestras doncellas se encontraron en un momento tiradas de +quatro soldados. Mi capitan se habia puesto delante de mi, y +blandiendo la cimitarra daba la muerte a quantos a su furor se +oponian. Finalmente vi a todas nuestras Italianas y a mi madre +estropeadas, acribilladas de heridas, y hechas tajadas por los +monstruos que batallaban por su posesion; mis companeros cautivos, los +que los habian cautivado, soldados, marineros, negros, blancos, +mestizos, mulatos, y mi capitan en fin, todos fueron muertos, y yo +quede moribunda encima de un monton de cadaveres. Las mismas escenas +se repetian, como es sabido, en un espacio de mas de trescientas +leguas, sin que nadie faltase a las cinco oraciones al dia que manda +Mahoma. + +Zafeme con mucho trabajo de tanta multitud de sangrientos cadaveres +amontonados, y llegue arrastrando al pie de un naranjo grande que +habia a orillas de un arroyo inmediato: alli me cai rendida del susto, +del cansancio, del horror, de la desesperacion, y del hambre. En breve +mis sentidos postrados se entregaron a un sueno que mas que sosiego +era letargo. En este estado de insensibilidad y flaqueza estaba entre +la vida y la muerte, quando me senti comprimida por una cosa que +bullia sobre mi cuerpo; y abriendo los ojos, vi a un hombre blanco y +de buena traza, que suspirando decia entre dientes: _O che sciagura +d'essere senza cogl...._ + + + + +CAPITULO XII. + +_Donde prosigue la historia de la vieja._ + + +Atonita quanto alborozada de oir el idioma de mi patria, extranando +empero las palabras que decia aquel hombre, le respondi que mayores +desgracias habia que el desman de que se lamentaba, informandole en +pocas razones de los horrores que habia sufrido; despues de esto me +volvi a desmayar. Llevome a una casa inmediata, hizo que me metieran +en la cama, y me dieran de comer, me sirvio, me consolo, me halago, me +dixo que no habia visto en su vida criatura mas hermosa, ni habia +nunca sentido mas que le faltara lo que nadie podia suplir. Naci en +Napoles, me dixo, donde capan todos los anos dos o tres mil +chiquillos: unos se mueren, otros sacan mejor voz que las mugeres, y +otros van a gobernar estados. Me hicieron la operacion susodicha con +suma felicidad, y he sido musico de la capilla de la senora princesa +de Palestrina. iDe mi madre! exclame. iDe su madre de vm.! exclamo el +llorando. iCon que es vm. aquella princesita que crie yo hasta que +tuvo seis anos, y daba nuestras de ser tan hermosa como es vm.!--Esa +misma soy, y mi madre esta quatrocientos pasos de aqui, hecha tajadas, +baxo un monton de cadaveres...... Contele entonces quanto me habia +sucedido, y el tambien me dio cuenta de sus aventuras, y me dixo que +era ministro plenipotenciario de una potencia cristiana cerca del rey +de Marruecos, para firmar un tratado con este monarca, en virtud del +qual se le subministraban navios, canones y polvora, para ayudarle a +exterminar el comercio de los demas cristianos. Ya esta desempenada mi +comision, anadio el honrado eunuco, y me voy a embarcar a Ceuta, de +donde la llevare a vm. a Italia. _Ma che sciagura, d'essere senza +cogl...._ + +Dile las gracias vertiendo tiernas lagrimas; y en vez de llevarme a +Italia, me conduxo a Argel, y me vendio al Dey. Apenas me habia +vendido, se manifesto en la ciudad con toda su furia aquella peste que +ha dado la vuelta por Africa, Europa y Asia. Senorita, vm. ha visto +temblores de tierra, pero ?ha padecido la peste? Nunca, respondio la +baronesa. + +Si la hubiera padecido, confesaria vm. que no tienen comparacion los +terremotos con ella, puesto que es muy frequente en Africa, y que yo +la he pasado. Figurese vm. que situacion para la hija de un papa, de +quince anos de edad, que en el espacio de tres meses habia sufrido +pobreza y esclavidud, habia sido violada casi todos los dias, habia +visto hacer quatro pedazos a su madre, habia padecido las plagas de la +guerra y la hambre, y se moria de la peste en Argel. Verdad es que no +me mori; pero perecio mi eunuco, el Dey, y el serrallo casi todo. + +Quando calmo un poco la desolacion de esta espantosa peste, vendieron +a los esclavos del Dey. Comprome un mercader que me llevo a Tunez, +donde me vendio a otro mercader, el qual me revendio en Tripoli; de +Tripoli me revendieron en Alexandria; de Alexandria en Esmyrna, y de +Esmyrna en Constantinopla: al cabo vine a parar a manos de un aga de +genizaros, que en breve tuvo orden de ir a defender a Azof contra los +Rusos que la tenian sitiada. + +El aga, hombre de mucho merito, se llevo consigo todo su serrallo, y +nos alojo en un fortin sobre la laguna Meotides, a la guarda de dos +eunucos negros y veinte soldados. Fueron muertos millares de Rusos, +pero no nos quedaron a deber nada: Azof fue entrada a sangre y fuego, +y no se perdono edad ni sexo: solo quedo nuestro fortin, que los +enemigos quisieron tomar por hambre. Los veinte genizaros juraron no +rendirse; los apuros del hambre a que se vieron reducidos, los +forzaron a comerse a los dos eunucos, por no faltar al juramento; y +al cabo de pocos dias se resolvieron a comerse las mugeres. + +Teniamos un iman, varon muy pio y caritativo, que les predico un +sermon eloquente, exhortandolos a que no nos mataran del todo. +Cortad, dixo, una nalga a cada una de estas senoras, con la qual os +regalareis a vuestro sabor; si es menester, les cortareis la otra +dentro de algunos dias: el cielo remunerara obra tan caritativa, y +recibireis socorro. Como era tan eloquente, los persuadio, y nos +hicieron tan horrorosa operacion. Pusonos el iman el mismo unguento +que se pone a las criaturas recien circuncidadas, y todas estabamos a +punto de muerte. + +Apenas habian comido los genizaros la carne que nos habian quitado, +desembarcaron los Rusos en unos barcos chatos, y no se escapo con +vida ni siquiera un genizaro: los Rusos no pararon la consideracion +en el estado en que nos hallabamos. En todas partes se encuentran +cirujanos franceses; uno que era muy habil nos tomo a su cargo, y nos +curo: y toda mi vida me acordare de que, asi que se cerraron mis +llagas, me requesto de amores. Nos exhorto luego a tener paciencia, +afirmandonos que lo mismo habia sucedido en otros muchos sitios, y que +esa era la ley de la guerra. + +Luego que pudieron andar mis companeras, las conduxeron a Moscou, y yo +cupe en suerte a un boyardo que me hizo su hortelana, y me daba veinte +zurriagazos cada dia. A cabo de dos anos fue desquartizado este senor, +por no se que tracamundana de palacio; y aprovechandome de la ocasion, +me escape, atravese la Rusia entera, y servi mucho tiempo en los +mesones, primero de Riga, y luego de Rostoc, de Vismar, de Lipsia, de +Casel, de Utrec, de Leyden, de la Haya, y de Roterdan. Asi he +envejecido en el oprobio y la miseria, con no mas que la mitad del +trasero, siempre acordandome de que era hija de un papa. Cien veces he +querido darme la muerte, mas me sentia con apego a la vida. Acaso esta +ridicula flaqueza es una de nuestras propensiones mas funestas; porque +?donde hay mayor necedad que empenarse en llevar continuamente encima +una carga que siempre anhela uno por tirar al suelo; horrorizarse de +su existencia, y querer existir; halagar en fin la vibora que nos esta +royendo, hasta que nos haya comido las entranas y el corazon? + +En los paises adonde me ha llevado mi suerte, y en los mesones donde +he servido, he visto infinita cantidad de personas que maldecian su +existencia; pero no han pasado de doce las que he visto que daban +voluntariamente fin a sus cuitas: tres negros, quatro Ingleses, quatro +Ginebrinos, y un catedratico aleman llamado Robel. Al fin me tomo por +su criada el Judio Don Isacar, y me llevo, hermosa senorita, a casa +de vm., donde no he pensado mas queen la felicidad de vm., +interesandome mas en sus aventuras que en las mias propias; y nunca +hubiera mentado siquiera mis cuitas, si no me hubiera vm. picado cun +poco, y si no fuese estilo de los que van embarcados contar cuentos +para matar el tiempo. Senorita, yo tengo experiencia, y se lo que es el +mundo: vaya vm. preguntando a cada pasagero uno por uno la historia +de su vida, y mande que me arrojen de cabeza en el mar, si encuentra +uno solo que no haya maldecido cien veces la existencia, y que no se +haya creido el mas desventurado de los mortales. + + + + + +CAPITULO XIII. + +_De como Candido tuvo que separarse por fuerza de la hermosa +Cunegunda y la vieja._ + + +Oida la historia de la vieja, la hermosa Cunegunda la trato con toda la +urbanidad y decoro que se merecia una persona de tan alta gerarqui y +tanto merito, y admitio su propuesta. Rogo a todos los pasageros que +le contaran sus aventuras uno despues de otro, y Candido y ella +confesaron que tenia la vieja razon. iQue lastima es, decia Candido, +que hayan ahorcado, contra lo que es practica, al sabio Panglos en un +auto de fe! Cosas maravillosas nos diria cerca del mal fisico, y del +mal moral, que cubren mares y tierras, y yo tuviera valor para hacerle +con mucho respeto algunos reparillos. + +Mientras contaba cada uno su historia, iba andando el navio, y al fin +aporto a Buenos-Ayres. Cunegunda, el capitan Candido y la vieja se +fueron a presentar al gobernador Don Fernando de Ibarra, Figueroa, +Mascarenas, Lampurdan y Souza, el qual senor tenia una arrogancia +que no desdecia de un sugeto posesor de tantos apellidos. Trataba a +los hombres con la mas noble altivez, alzando el pescuezo, hablando en +tan descompasadas y recias voces, y en tono tan altivo, y afectando +ademanes tan arrogantes, que a quantos le saludaban les venian +tentaciones de hartarle de bofetadas. Era con esto enamorado hasta no +mas, y Cunegunda le parecio la mas hermosa criatura de quantas habia +visto. Lo primero que hizo fue preguntar si era muger del capitan. +Sobresaltose Candido del tonillo con que acompano esta pregunta, y no +se atrevio a decir que fuese su muger, porque verdaderamente no lo +era; ni menos que fuese su hermana, porque no lo era tampoco; puesto +que esta mentira oficiosa era muy frequentemente usada do los +antiguos: pero el alma de Candido era tan pura que no pudo desmentir +la verdad. Esta Senorita, dixo, me debe favorecer con su mano, y +suplicamos ambos a Vueselencia que se digne ser padrino de los +novios. Oyendo esto Don Fernando de Ibarra, Figueroa, Mascarenas, +Lampurdan y Souza, se alzo con la izquierda mano los bigotes, se rio +con ademan burlon, y mando al capitan Candido que fuera a pasar +revista a su compania. Obedecio este, y se quedo el gobernador a +solas con la baronesita; le manifesto su amor, previniendola que el +dia siguiente seria su esposo por delante o por detras de la iglesia, +como mas a Cunegunda le potase. Pidiole esta un quarto de hora para +pensarlo bien, consultarlo con la vieja, y resolverse. + +Entraron Cunegunda y la vieja en bureo, y esta dixo: Senorita, vm. +tiene setenta y dos quarteles y ni un ochavo, y esta en su mano ser +muger del senor mas principal de la America meridional, que tiene unos +estupendos bigotes, y asi no viene al caso echarla de incontrastable +firmeza. Los Bulgaros la violaron a vm.; un inquisidor y un Judio han +disfrutado sus favores: las desdichas dan derechos legitimos. Si yo +fuera vm., confieso que no tendria reparo ninguno en casarme con el +senor gobernador, y hacer rico al senor capitan Candido. Asi decia la +vieja con toda aquella autoridad que su prudencia y sus canas le +daban, y mientras estaba aferrando ancoras un navichuelo que traia un +alcalde y dos alguaciles; y era esta la causa de su arribo. + +No se habia equivocado la vieja en sospechar que el ladron del dinero +y las joyas de Cunegunda en Badajoz, quando venia huyendo con +Candido, era un frayle Francisco de manga ancha. El frayle quiso +vender a un diamantista algunas de las piedras preciosas hurtadas, y +este conocio que eran las mismas que le habia comprado a el propio el +Inquisidor general. Fue preso el santo religioso, y confeso de plano a +quien y como las habia robado, y el camino que llevaban Candido y +Cunegunda. Ya se sabia la fuga de ambos: fueron pues en su seguimiento +hasta Cadiz, y sin perder tiempo salio un navio en su demanda. Ya +estaba la embarcacion al ancla en el puerto de Buenos-Ayres, y acudio +la voz de que iba a desembarcar un alcalde del crimen, que venia en +busca de los asesinos del ilustrisimo Senor Inquisidor general. Al +punto dio orden la discreta vieja en lo que habia que hacer. Vm. no se +puede escapar, dixo a Cunegunda, ni tiene nada que temer, que no fue +vm. quien mato a Su Ilustrisima; y fuera de eso el gobernador +enamorado no consentira que la toquen en el pelo de la ropa: con que +no hay que menearse. Va luego corriendo a Candido, y le dice: +Escapate, hijo mio, si no quieres que dentro de una hora te quemen +vivo. No daba el caso un instante de vagar; pero ?como se habia de +apartar de Cunegunda? ?y donde hallaria asilo? + + + + +CAPITULO XIV. + +_Del recibimiento que a Candido y a Cacambo hicieron los jesuitas +del Paraguay._ + + +Se habia traido consigo Candido de Cadiz uncriado corno se encuentran +muchos en los puertos de mar de Espana, que era un quarteron, hijo de +un mestizo de Tucuman, y que habia sido monaguillo, sacristan, +marinero, metedor, soldado y lacayo. Llamabase Cacambo, y queria +mucho a su amo, porque su amo era muy bueno. Ensillo en un abrir y +cerrar de ojos los dos caballos andaluces, y dixo a Candido: Vamos, +Senor, sigamos el consejo de la vieja, y echamos a correr sin mirar +siquiera hacia atras. Candido vertia amargas lagrimas diciendo: iOh +mi amada Cunegunda! ?con que es fuerza que te abandone quando iba el +senor gobernador a ser padrino de nuestras bodas? ?Que va a ser de mi +Cunegunda, que de tan lejos habia traido? Sera lo que Dios quisiere, +dixo Cacambo: las mugeres para todo encuentran salida; Dios las +remedia; vamonos. ?Adonde me llevas? ?adonde vamos? ?que nos haremos +sin Cunegunda? decia Candido. Voy a Santiago, replico Cacambo; vm. +venia con animo de pelear contra los jesuitas, pues vamos a pelear en +su favor. Yo se el camino, y le llevare a vm. a su reyno; y tendran +mucha complacencia en poseer un capitan que hace el exercicio a la +bulgara; vm. hara un inmenso caudal: que quando no tiene uno lo que ha +menester en un mundo, lo busca en el otro, y es gran satisfaccion ver +y hacer cosas nuevas. ?Con que tu ya has estado en el Paraguay? le +dixo Candido. Friolera es si he estado, replico Cacambo; he sido +pinche en el colegio de la Asuncion, y conozco el gobierno de los +padres lo mismo que las calles de Cadiz. Es un portento el tal +gobierno. Ya tiene mas de trescientas leguas de diametro, y se divide +en treinta provincias. Los padres son duenos de todo, y los pueblos +no tienen nada: es la obra maestra de la razon y la justicia. Yo por +mi no veo mas divina cosa que los padres, que aqui estan haciendo la +guerra a los reyes de Espana y Portugal, y confesandolos en Europa; +aqui matan a los Espanoles, y en Madrid les abren de par en par el +cielo: vaya, es cosa que me encanta. Vamos apriesa, que va vm. a ser +el mas afortunado de los humanos. iQue gusto para los padres, quando +sepan que les llega un capitan que sabe el exercicio bulgaro! + +Asi que llegaron a la primera barrera, dixo Cacambo a la guardia +avanzada que un capitan queria hablar con el senor comandante. Fueron +a avisar a la gran guardia, y un oficial paraguayes fue corriendo a +echarse a los pies del comandante para darle parte de esta nueva. +Desarmaron primero a Candido y a Cacambo, y les cogieron sus +caballos andaluces; introduxeronlos luego entre dos filas de +soldados, al cabo de las quales estaba el comandante, con su bonete +de Teatino puesto, la espada cenida, la sotana remangada, y una +alabarda en la mano: hizo una sena, y al punto veinte y quatro +soldados rodearon a los recienvenidos. Dixoles un sargento que +esperasen, porque no les podia hablar el comandante, habiendo mandado +el padre provincial que ningun Espanol descosiese la boca como no +fuese en su presencia, ni se detuviese arriba de tres horas en el +pais. ?Y donde esta el reverendo padre provincial? dixo Cacambo. En +la parada, desde que dixo misa, y no podran vms. besarle las espuelas +hasta de aqui a tres horas. Si el senor capitan, que se esta muriendo +de hambre lo mismo que yo, dixo Cacambo, no es Espanol, que es Aleman; +con que me parece que podemos almorzar mientras llega Su +Reverendisima. + +Fuese incontinenti el sargento a dar cuenta al comandante. Bendito sea +Dios, dixo este senor: una vez que es Aleman, bien podemos hablar; +llevenle a mi enramada. Llevaron al punto a Candido a un retrete de +verdura, ornado de una muy bonita colunata de marmol verde y color de +oro, y de enjaulados donde habia encerrados papagayos, paxaros-moscas, +colibries, gallinas de Guinea, y otros paxaros raros. Estaba servido +en vaxilla de oro un excelente almuerzo; y mientras comian granos de +maiz los Paraguayeses en escudillas de palo, y en campo raso al calor +del sol, se metio el padre reverendo en la enramada. Era este un mozo +muy galan, lleno de cara, blanco y colorado, las cejas altas y +arqueadas, los ojos despiertos, encarnadas las orejas, roxos los +labios, el ademan altivo, pero no aquella altivez de un Espanol, ni la +de un jesuita. Fueron restituidas a Candido y a Cacambo las armas que +les habian quitado, y con ellas los dos caballos andaluces; y Cacambo +les echo un pienso cerca de la enramada, sin perderlos de vista, +temiendo que le jugaran alguna treta. + +Beso Candido la sotana del comandante, y se sentaron ambos a la mesa. +?Con que es vm. Aleman? le dixo el jesuita en este idioma. Si, padre +reverendisimo, dixo Candido. Miraronse uno y otro, al pronunciar estas +palabras, con un pasmo y una alteracion que no podian contener en el +pecho. ?De que pais de Alemania es vm.? dixo el jesuita. De la sucia +provincia de Vesfalia, replico Candido, natural de la quinta de +Tunder-ten-tronck. iDios mio! ?es posible? exclamo el comandante. iQue +portento! gritaba Candido. ?Es vm.? decia el comandante. No puede ser, +replicaba Candido. Ambos a dos se tiran uno a otro, se abrazan, y +derraman un mar de lagrimas. ?Con que es vm., reverendo padre? ivm., +hermano de la hermosa Cunegunda; vm., que fue muerto por los Bulgaros; +vm., hijo del senor baron; vm., jesuita en el Paraguay! vaya, que en +este mundo se ven cosas extranas. iHa Panglos, Panglos, que jubilo +fuera el tuyo si no te hubieran ahorcado! + +Hizo retirar el comandante a los esclavos negros y a los Paraguayeses, +que le escanciaban vinos preciosos en vasos de cristal de roca, y dio +mil veces gracias a Dios y a San Ignacio, estrechando en sus brazos a +Candido, mientras que por los rostros de ambos corrian copiosos +llantos. Mas se enternecera vm., se pasmara, y perdera el juicio, +continuo Candido, quando sepa que la baronesita su hermana, a quien +cree que le han pasado el vientre, esta buena y sana.--?Adonde?--Aqui +cerca, en casa del senor gobernador de Buenos-Ayres, y yo he venido +con ella a la guerra. Cada palabra que en esta larga conversacion +decian era un prodigio nuevo: toda su alma la tenian pendiente de la +lengua, atenta en los oidos, y brillandoles en los ojos. A fuer de +Alemanes, estuvieron largo espacio sentados a la mesa, mientras venia +el reverendo padre provincial; y el comandante hablo asi a su amado +Candido. + + + + +CAPITULO XV. + +_Que cuenta la muerte gue dio Candido al hermano de su querida +Cunegunda._ + + +Toda mi vida tendre presente aquel horrorosa dia que vi dar muerte a +mi padre y a mi madre, y violar a mi hermana. Quando se retiraron los +Bulgaros, nadie pudo dar lengua de esta adorable hermana, y echaron en +una carreta a mi madre, a mi padre, y a mi, a dos criadas, y tres +muchachos degollados, para enterrarnos en una iglesia de jesuitas, que +dista dos leguas de la quinta de mi padre. Un jesuita nos rocio con +agua bendita, que estaba muy salada; me entraron unas gotas en los +ojos, y advirtio el padre que hacian mis pestanas un movimiento de +contraccion; pusome la mano en el corazon, y le sintio latir: me +socorrieron, y al cabo de tres semanas me halle sano. Ya sabe vm., +querido Candido, que era muy bonitillo; crecio mi hermosura con la +edad, de suerte que el reverendo padre Croust, rector de la casa, me +tomo mucho carino, y me dio el habito de novicio: poco despues me +enviaron a Roma. El padre general necesitaba una leva de jesuitas +alemanes mozos. Los soberanos del Paraguay admiten lo menos jesuitas +espanoles que pueden, y prefieren a los extrangeros, de quien se +tienen por mas seguros. El reverendo padre general me creyo bueno para +el cultivo de esta vina, y vinimos juntos un Polaco, un Tiroles, y yo. +Asi que llegue, me ordenaron de subdiacono, y me dieron una tenencia: +y ya soy coronel y sacerdote. Las tropas del rey de Espana seran +recibidas con brio, y yo salgo fiador de que se han de volver +excomulgadas y vencidas. La Providencia le ha traido a vm. aqui para +favorecernos. Pero ?es cierto que esta mi querida Cunegunda aqui cerca +en casa del gobernador de Buenos-Ayres? Candido le confirmo con +juramento la verdad de quanto le habia referido, y corrieron de nuevo +los llantos de entrambos. + +No se hartaba el baron de dar abrazos a Candido, apellidandole su +hermano y su libertador. Acaso podremos, querido Candido, le dixo, +entrar vencedores los dos juntos en Buenos-Ayres, y recuperar a mi +hermana Cunegunda. No deseo yo otra cosa, respondio Candido, porque me +iba a casar con ella, y todavia espero ser su esposo. iTu, insolente! +replico el baron: itener descaro para casarte con mi hermana, que +tiene setenta y dos quarteles! iy tienes avilantez para hablarme de +tan temerario pensamiento! Confuso Candido al oir estas razones, le +respondio: Reverendo padre, no importan un bledo todos los quarteles +de este mundo; yo he sacado a la hermana de vuestra reverencia de +poder de un Judio y un inquisidor; ella me esta agradecida, y quiere +ser mi muger: maese Panglos me ha dicho que todos eramos iguales, y +Cunegunda ha de ser mia. Eso lo veremos, picaruelo, dixo el jesuita +baron de Tunder-ten-tronck, alargandole con la hoja de la espada un +cintarazo en los hocicos. Candido desenvayna la suya, y se la mete en +la barriga hasta la cazoleta al baron jesuita; pero, al sacarla +humeando en sangre, echo a llorar. iAy, Dios mio, dixo, que he quitado +la vida a mi amo antiguo, a mi amigo y mi cunado! El mejor hombre del +mundo soy, y ya llevo muertos tres hombres, y de estos tres los dos +son clerigos. + +Acudio a la bulla Cacambo que estaba de centinela a la puerta de la +enramada. No nos queda mas que vender caras nuestras vidas, le dixo su +amo; sin duda van a entrar en la enramada: muramos con las armas en la +mano. Cacambo que no se atosigaba por nada, sin inmutarse cogio la +sotana del baron, se la echo a Candido encima, le puso el bonete de +Teatino del cadaver, y le hizo montar a caballo: todo esto se executo +en un momento. Galopemos, Senor: todo el mundo creera que es vm. un +jesuita que lleva ordenes, y antes que vengan tras de nosotros, +estaremos ya fuera de las fronteras. Todo fue uno el pronunciar estas +palabras, y volar gritando: Plaza, plaza al reverendo padre coronel. + + + + +CAPITULO XVI. + +_Donde se da cuenta de los sucesos de nuestros dos caminantes con +dos muchachas, dos ximios, y los salvages llamados Orejones._ + + +Ya habian pasado las barreras Candido y su criado, y todavia ninguno +en el campo sabia la muerte del jesuita tudeseo. El vigilante Cacambo +no se habia olvidado de hacer buen repuesto de pan, chocolate, jamon, +fruta, y botas de buen vino, y asi se metieron con sus caballos +andaluces en un pais desconocido, donde no descubrieron sendero +ninguno trillado: al cabo se ofrecio a su vista una hermosa pradera +regada de mil arroyuelos, y nuestros dos caminantes dexaron pacer sus +caballerias, Cacambo propuso a su amo que comiese, dandole con el +consejo el exemplo. ?Como quieres, le dixo Candido, que coma jamon, +despues de haber muerto al hijo del senor baron, y viendome condenado +a no volver a mirar a la bella Cunegunda? ?Que me valdra el alargar +mis desventurados anos, debiendo pasailos lejos de ella en los +remordimientos y la desesperacion? ?Que dira el diarista de Trevoux? + +Dicho esto, no dexo de comer. El sol iba a ponerse, quando a deshora +oyen los dos asendereados caminantes unos blandos quejidos como de +mugeres; pero no sabian si eran de gusto o de sentimiento: +levantaronse empero a toda priesa con el susto y la inquietud que +qualquiera cosa infunde en un pais no conocido. Daban estos gritos +dos mozas en cueros, que corrian con mucha ligereza por la pradera, y +en su seguimiento iban dos ximios dandoles bocados en las nalgas. +Moviose Candido a compasion; habia aprendido a tirar con los +Bulgaros, y era tan diestro que derribaba una avellana del arbol sin +tocar a las hojas; cogio pues su escopeta madrilena de dos canones, +tiro, y mato ambos ximios. Bendito sea Dios, querido Cacambo, dixo, +que de tamano peligro he librado esas dos pobres criaturas: si cometi +un pecado en matar a un inquisidor y a un jesuita, ya he satisfecho a +Dios, librando de la muerte a dos muchachas, que acaso son senoritas +de circunstancias; y esta aventura no puede menos de grangearnos +mucho provecho en el pais. Iba a decir mas, pero se le helo la sangre +y el habla quando vio que las dos muchachas se abrazaban +amorosamente de los monos, inundaban en llanto los cadaveres, y +henchian el viento de los mas dolientes gritos. No esperaba yo tanta +bondad, dixo a Cacambo; el qual le replico: Buena la hemos hecho, +Senor. Los que vm. ha muerto eran los amantes de estas dos ninas. +iAmantes! ?como es posible? Cacambo, tu te estas burlando: ?como +quieres que tal crea?' Senor amado, replico Cacambo, vm. de todo se +pasma. ?Porque extrana tanto que en algunos paises sean los ximios +favorecidos de las damas, si son quarterones de hombre, lo mismo que +yo quarteron de Espanol? Ha, repuso Candido, bien me acuerdo de haber +oido decir a maese Panglos que antiguamente sucedian esos casos, y que +de estas mezelas procedieron los egypancs, los faunos, los satiros, +que vieron muchos principales personages de la antiguedad; pero yo +todo lo tenia por fabuloso. Ya puede vm. convencerse ahora, dixo +Cacambo, de que son verdades, y ya ve los estilos de la gente que no +ha tenido cierta educacion: lo que me temo, es que estas damas nos +metan en algun atolladero. + +Persuadido Candido por tan solidas reflexiones, se desvio de la +pradera, y se metio en una selva, donde ceno con Cacambo; y despues +que hubieron ambos echado sendas maldiciones al inquisidor de +Portugal, al gobernador de Buenos-Ayres, y al baron, se quedaron +dormidos sobre la yerba. Al despertar sintieron que no se podian +menear; y era la causa que por la noche los Orejones, moradores del +pais, a quien habian dado el soplo las dos damas, los habian atado con +cuerdas hechas de cortezas de arboles. Cercabanlos unos cincuenta +Orejones desnudos, y armados con flechas, mazas y hachas de pedernal: +unos hacian hervir un grandisimo caldero, otros aguzaban asadores, y +todos clamaban: Un jesuita, un jesuita; ahora nos vengaremos, y nos +regalaremos; a comer jesuita, a comer jesuita. + +Bien le habia yo dicho a vm., senor, dixo en triste voz Cacambo, que +las muchachas aquellas nos jugarian una mala pasada. Candido mirando +los asadores y el caldero, dixo: Sin, duda que van a cocernos o +asarnos. Ha, ?que diria el doctor Panglos si viera lo que es la pura +naturaleza? Todo esta bien, norabuena; pero confesemos que es triste +cosa haber perdido a mi Cunegunda, y ser espetado en un asador por +unos Orejones. Cacambo, que nunca se alteraba por nada, dixo al +desconsolado Candido: No se aflija vm., que yo entiendo algo el +guirigay de estos pueblos, y les voy a hablar. No dexes de +representarles, dixo Candido, que es una inhumanidad horrible el cocer +la gente en agua hirviendo, y accion de mal cristiano. + +Senores, dixo alzando la voz Cacambo, vms. piensan que se van a comer +a un jesuita; y fuera muy bien hecho, que no hay cosa mas conforme a +justicia que tratar asi a sus enemigos. Efectivamente el derecho +natural ensena a matar al proximo, y asi es estilo en todo el mundo: y +si no exercitamos nosotros el derecho de comernoslos, consiste en que +tenemos otros manjares con que regalarnos; pero vosotros no estais en +el mismo caso, y cierto vale mas comerse a sus enemigos, que abandonar +a los cuervos y las cornejas el fruto de la victoria. Mas vms., +senores, no se querran comer a sus amigos; y creen que van a espetar a +un jpsuita en el asador, mientras que el asado es vuestro defensor, y +enemigo de vuestros enemigos. Yo soy nacido en vuestro mismo pais; +este senor que estais viendo es mi amo, y lejos de ser jesuita, acaba +de matar a un jesuita, y se ha traido los despojos: este es el motivo +de vuestro error. Para verificar lo que os digo, coged su sotana, +llevadla a la primera barrera del reyno de los padres, e informaos si +es cierto que mi amo ha muerto a un jesuita. Poco tiempo sera +necesario, y luego nos podeis comer, si averiguais que es mentira; +pero si os he dicho la verdad, harto bien sabeis los principios de +derecho publico, la moral y las leyes, para que nos hagais mal. + +Parecio justa la proposicion a los Orejones, y comisionaron a dos +prohombres para que con la mayor presteza se informaran de la verdad: +los diputados desempenaron su comision con mucha sagacidad, y +volvieron con buenas noticias. Desataron pues los Orejones a los dos +presos, les hicieron mil agasajos, les dieron viveres, y los +conduxeron hasta los confines de su estado, gritando muy alegres: No +es jesuita, no es jesuita. + +No se hartaba Candido de pasmarse del motivo porque le habian puesto +en libertad. iQue pueblo, decia, que gente, que costumbres! Si no +hubiera tenido la fortuna de atravesar de una estocada de parte a +parte al hermano de mi baronesita, me comian sin mas remision. Verdad +es que la naturaleza pura es buena, quando en vez de comerme me lian +agasajado tanto estas gentes, asi que han sabido que no era jesuita. + + + + +CAPITULO XVII. + +_Cuentase el arribo de Candido con su criado al pais del Dorada, y +lo que alli vieron._ + + +Quando estuvieron en la raya de los Orejones, Ya ve vm., dixo Cacarnbo +a Candido, que este hemisferio vale tan poco como el otro; creame, y +volvamonos a Europa por el camino mas corto. ?Como me he de volver, +respondio Candido, ni adonde he de ir? Si me vuelvo a mi pais, los +Abaros y los Bulgaros lo talan todo a sangre y fuego; si a Portugal, +me queman; si nos quedamos en este pais, corremos peligro de que nos +asen vivos. Mas ?como nos hemos de resolver a dexar la parte del mundo +donde reside mi baronesita? + +Encaminemonos a Cayena, dixo Cacambo; alli hallaremos Franceses, que +andan por todo el mundo, y que nos podran valer: y acaso tendra Dios +misericordia de nosotros. + +No era cosa facil ir a Cayena: bien sabian, a poco mas o menos, hacia +que parte se habian de dirigir; pero las montanas, los rios, los +despenaderos, los salteadores, y los salvages cran en todas partes +estorbos insuperables. Los caballos se murieron de cansancio; se les +acabaron las provisiones; y se mantuvieron por espacio de un mes con +frutas silvestres. Al cabo se hallaron a orillas de un riachuelo +poblado de cocos, que les conservaron la vida y la esperanza. +Cacambo, que era de tan buen consejo como la vieja, dixo a Candido: Ya +no podemos ir mas tiempo a pie, sobrado hemos andado; una canoa vacia +estoy viendo a la orilla del rio, llenemosla de cocos, metamonos +dentro, y dexemonos llevar de la corriente: un rio va siempre a parar +a algun sitio habitado; y si no vemos cosas gratas, a lo menos +veremos cosas nuevas. Vamos alla, dixo Candido, y encomendemonos a la +Providencia. + +Navegaron por espacio de algunas leguas entre riberas, unas veces +amenas, otras aridas, aqui llanas, y alla escarpadas. El rio se iba +continuamente ensanchando, y al cabo se encanaba baso una boveda de +espantables brenas que escalaban el cielo. Tuvieron ambos caminantes +la osadia de dexarse arrastrar de las olas debaxo de esta boveda; y el +rio, que en este sitio se estrechaba, se los llevo con horroroso +estrepito y no vista velocidad. Al cabo de veinte y quatro horas +vieron otra vez la luz; pero la canoa se hizo anicos en los baxios, y +tuvieron que andar a gatas de uno en otro penasco una legua entera: +finalmente avistaron un inmenso horizonte cercado de inaccesibles +montanas. Todo el pais estaba cultivado no menos para recrear el gusto +que para satisfacer las necesidades; en todas paftes lo util se +maridaba con lo agradable; vianse los caminos reales cubiertos, o por +mejor decir ornados de carruages deforma elegante y luciente materia, +y dentro mugeres y hombres de peregrina hermosura: tiraban con raudo +paso de estos carruages unos avultados carneros encarnados, muy mas +ligeros que los mejores caballos de Andalucia, Tetuan y Mequinez. + +Mejor tierra es esta, dixo Candido, que la Vesfalia; y se apeo con +Cacambo en el primer lugar que topo. Algunos muchachos de la aldea, +vestidos de tisu de oro hecho pedazos, estaban jugando al tejo a la +entrada del lugar; nuestros dos hombres del otro mundo se divertian +en mirarlos. Eran los tejos unas piezas redondas muy anchas, +amarillas, encarnadas y verdes, que despedian mucho brillo: cogieron +algunas, y eran oro, esmeraldas y rubies, de tanto valor que el de +menos precio hubiera sido la mas rica joya del trono del Gran Mogol. +Estos muchachos, dixo Cacambo, son sin duda los infantes que estan +jugando al tejo. En esto se asomo el maestro de primeras letras del +lugar, y dixo a los muchachos que ya era hora de entrar en la +escuela. Ese es, dixo Candido, el preceptor de la familia real. + +Los chicos del lugar abandonaron al punto el juego, y tiraron los +tejos, y quanto para divertirse les habia servido. Cogiolos Candido, +y acercandose a todo correr al preceptor, se los presento con mucha +humildad, diciendole por senas que sus Altezas Reales se habian dexado +olvidado aquel oro y aquellas piedras preciosas. Echose a reir el +maestro de leer, y las tiro al suelo; miro luego atentamente a Candido +a la cara, y siguio su camino. + +Los caminantes se dieron priesa a coger el oro, los rubies y las +esmeraldas. ?Donde estamos? decia Candido: menester es que esten bien +educados los infantes de este pais, pues asi los ensenan a no hacer +caso del oro ni las piedras preciosas. No estaba Cacambo menos atonito +que Candido. Al fin se llegaron a la primera casa del lugar, que tenia +trazas de un palacio de Europa; a la puerta habia agolpada una +muchedumbre de gente, y mas todavia dentro: oiase resonar una musica +melodiosa, y se respiraba un delicioso olor de exquisitos manjares. +Arrimose Cacambo a la puerta, y oyo hablar peruano, que era su lengua +materna; pues ya sabe todo el mundo que Cacambo era hijo de Tucuman, +de un pueblo donde no se conocia otro idioma. Yo le servire a vm. de +interprete, dixo a Candido; entremos, que este es un meson. + +Al punto dos mozos y dos criadas del meson, vestidos de tela de oro, +y los cabellos prendidos con lazos de lo mismo, los convidaron a que +se sentaran a mesa redonda. Sirvieron en ella quatro sopas con dos +papagayos cada una, un buytre cocido que pesaba doscientas libras, +dos monos asados de un sabor muy delicado, trescientos colibries en un +plato, y seiscientos paxaros-moscas en otro, exquisitas frutas, y +pasteleria deliciosa, todo en platos de cristal de roca; y los mozos y +sirvientas del meson escanciaban varios licores sacados de la cana de +azucar. + +La mayor parte de los comensales eran mercaderes y carruageros, todos +de una urbanidad imponderable, que con la mas prudente circunspeccion +hicieron a Cacambo algunas preguntas, y respondieron a las de este, +dexandole muy satisfecho de sus respuestas. Quando se acabo la comida, +Cacambo y Candido creyeron que pagaban muy bien el gasto, tirando en +la mesa dos de aquellas grandes piezas de oro que habian cogido; pero +soltaron la carcajada el huesped y la huespeda, y no pudieron durante +largo rato contener la risa: al fin se serenaron, y el huesped les +dixo: Bien vemos, senores, que son vms. extrangeros; y como no estamos +acostumbrados a ver ninguno, vms. perdonen si nos hemos echado a reir +quando nos han querido pagar con las piedras de nuestros caminos +reales. Sin duda vms. no tienen moneda del pais, pero tampoco se +necesita para comer aqui, porque todas las posadas establecidas para +comodidad del comercio las paga el gobierno. Aqui han, comido vms. +mal, porque estan en una pobre aldea; pero en las demas partes los +recibiran como se merecen. Explicaba Cacambo a Candido todo quanto +decia el huesped, y lo escuchaba Candido con tanto pasmo y maravilla +como tenia en decirselo su amigo Cacambo. ?Pues que pais es este, +decian ambos, ignorado de todo lo demas de la tierra, y donde la +naturaleza entera tanto de la nuestra se diferencia? Es regular que +este sea el pais donde todo esta bien, anadia Candido, que alguno ha +de haber de esta especie; y diga lo que quiera maese Panglos, muchas +veces he advertido que todo iba mal en Vesfalia. + + + + +CAPITULO XVIII. + +_Donde se da cuenta de lo que en el pais del Dorado vieron._ + + +Cacambo dio parte de su curiosidad a su huesped, y este le dixo: Yo +soy un ignorante, y no me arrepiento de serlo; pero en el pueblo +tenemos a un anciano retirado de la corte, que es el sugeto mas docto +del reyno, y que mas gusta de comunicar con los otros lo que sabe. +Dicho esto, llevo a Cacambo a casa del anciano. Candido representaba +la segunda persona, y acompanaba a su criado. Entraron ambos en una +casa sin pompa, porque las puertas no eran mas que de plata, y los +techos de los aposentos de oro, pero con tan fino gusto labrados, que +con los mas ricos techos podian entrar en cetejo; la antesala +solamente en rubies y esmeraldas estaba embutida, pero el orden con +que estaba todo colocado resarcia esta excesiva simplicidad. + +Recibio el anciano a los dos extrangeros en un sofa de plumas de +colibri, y les ofrecio varios licores en vasos de diamante, y luego +satisfizo su curiosidad en estos terminos. Yo tengo ciento setenta y +dos anos, y mi difunto padre, caballerizo del rey, me conto las +asombrosas revoluciones del Peru, que habia el presenciado. El reyno +donde estamos es la antigua patria de los Incas, que cometieron el +disparate de abandonarla por ir a sojuzgar parte del mundo, y que al +fin destruyeron los Espanoles. + +Mas prudentes fueron los principes de su familia que permanecieron en +su patria, y por consentimiento de la nacion dispusieron que no +saliera nunca ningun habitante de nuestro pequeno reyno: lo qual ha +mantenido intacta nuestra inocencia y felicidad. Los Espanoles han +tenido una confusa idea de este pais, que han llamado _El +Dorado_; y un Ingles, nombrado el caballero Raleigh, llego aqui +cerca unos cien anos hace; mas como estamos rodeados de intransitables +brenas y simas espantosas, siempre hemos vivido exentos de la +rapacidad europea, que con la insaciable sed que los atormenta de las +piedras y el lodo de nuestra tierra, hubieran acabado con todos +nosotros sin dexar uno vivo. + +Fue larga la conversacion, y se trato en ella de la forma de gobierno, +de las costumbres, de las mugeres, de los teatros y de las artes; +finalmente Candido, que era muy adicto a la metafisica, pregunto, por +medio de Cacambo, si tenian religion los moradores. Sonrojose un poco +el anciano, y respondio: ?Pues como lo dudais? ?creeis que tan +ingratos somos? Pregunto Cacambo con mucha humildad que religion era +la del Dorado. Otra vez se abochorno el viejo, y le replico: ?Acaso +puede haber dos religiones? Nuestra religion es la de todo el mundo: +adoramos a Dios noche y dia. ?Y no adorais mas que un solo Dios? +repuso Cacambo, sirviendo de interprete a las dudas de Candido. Como +si hubiera dos, o tres, o quatro, dixo el anciano: vaya, que las +personas de vuestro mundo hacen preguntas muy raras. No se hartaba +Candido de preguntar al buen viejo, y queria saber que era lo que +pedian a Dios en el Dorado. No le pedimos nada, dixo el respetable y +buen sabio, y nada tenemos que pedirle, pues nos ha dado todo quanto +necesitamos; pero le tributamos sin cesar acciones de gracias. A +Candido le vino la curiosidad de ver los sacerdotes, y pregunto donde +estaban; y el venerable anciano le dixo sonriendose: Amigo mio, aqui +todos somos sacerdotes; el rey y todas las cabezas de familia cantan +todas las mananas solemnes canticos de acciones de gracias, que +acompanan cinco o seis mil musicos.--?Con que no teneis frayles que +ensenen, que arguyan, que gobiernen, que enreden, y que quemen a los +que no son de su parecer?--Menester seria que estuvieramos locos, +respondio el anciano; aqui todos somos de un mismo parecer, y no +entendemos que significan esos vuestros frayles. Estaba Candido como +extatico oyendo estas razones, y decia para si: Muy distinto pais es +este +de la Vesfalia, y de la quinta del senor baron; si hubiera visto +nuestro +amigo Panglos el Dorado, no diria que la quinta de Tunder-ten-tronck +era lo mejor que habia en la tierra. Cierto que es bueno viajar. + +Acabada esta larga conversacion, hizo el buen viejo poner un coche +tirado de seis carneros, y dio a los dos caminantes doce de sus +criados para que los llevaran a la Corte. Perdonad, les dixo, si me +priva mi edad de la honra de acompanaros; pero el rey os agasajara de +modo que quedeis gustosos, y sin duda disculpareis los estilos del +pais, si alguno de ellos os desagrada. + +Montaron en coche Candido y Cacambo; los seis carneros iban volando, y +en menos de quatro horas llegaron al palacio del rey, situado a un +extremo de la capital. La puerta principal tenia doscientos y veinte +pies de alto, y ciento de ancho, y no es dable decir de que materia +era; mas bien se echa de ver quan portentosas ventajas sacaria a los +pedruscos y la arena que llamamos nosotros oro y piedras preciosas. +Al apearse Candido y Cacambo del coche, fueron recibidos por veinte +hermosas doncellas de la guardia real, que los llevaron al bano, y los +vistieron de un ropage de plumion de colibri; luego los principales +oficiales y oficialas de palacio los conduxeron al aposento de Su +Magestad, entre dos filas de mil musicos cada una, como era estilo. +Quando estuvieron cerca de la sala del trono, pregunto Cacambo a uno +de los oficiales principales como habian de saludar a Su Magestad; si +hincados de rodillas o postrados al suelo; si habian de poner las +manos en la cabeza o en el trasero; si habian de lamer el polvo de la +sala; finalmente quales eran las ceremonias. La practica, dixo el +oficial, es dar un abrazo al rey, y besarle en ambas mexillas. +Abalanzaronse pues Candido y Cacambo al cuello de Su Magestad, el qual +correspondio con la mayor afabilidad, y los convido cortesmente a +cenar. Entre tanto les ensenaron la ciudad, los edificios publicos que +escalaban las nubes, las plazas de mercado ornadas de mil colunas, las +fuentes de agua clara, las de agua rosada, las de licores de cana, que +sin parar corrian en vastas plazas empedradas con una especie de +piedras preciosas que esparcian un olor parecido al del clavo y la +canela. Quiso Candido ver la sala del crimen y el tribunal, y le +dixeron que no los habia, porque ninguno litigaba: se informo si habia +carcel, y le fue dicho que no; pero lo que mas extrano y mas +satisfaccion le causo, fue el palacio de las ciencias, donde vio una +galeria de dos mil pasos, llena toda de instrumentos de fisica y +matematicas. + +Habiendo andado en toda aquella tarde como la milesima parte de la +ciudad, los traxeron de vuelta a palacio. Candido se sento a la mesa +entre Su Magestad, su criado Cacambo, y muchas senoras; y no se puede +ponderar lo delicado de los manjares, ni los dichos agudos que de boca +del monarca se oian. Cacambo le explicaba a Candido los donayres del +rey, y aunque traducidos todavia eran donayres; y de todo quanto pasmo +a Candido, no fue esto lo que le dexo menos pasmado. + +Un mes estuvieron en este hospicio. Candido decia continuamente a +Cacambo: Ello es cierto, amigo mio, que la quinta donde yo naci no se +puede comparar con el pais donde estamos; pero al cabo mi Cunegunda no +habita en el, y sin duda que tampoco a ti te faltara en Europa una que +bien quieras. Si nos quedamos aqui, seremos uno de tantos; y si damos +vuelta a nuestro mundo no mas que con una docena de carneros cargados +de piedras del Dorado, seremos mas ricos que todos los monarcas +juntos, no tendremos que tener miedo a inquisidores, y con facilidad +podremos cobrar a la baronesita. Este razonamiento peto a Cacambo: tal +es la mania de correr mundo, de ser tenido entre los suyos, de hacer +alarde de lo que ha visto uno en sus viages, que los dos afortunados +se determinaron a dexarlo de ser, y a despedirse de Su Magestad. + +Haceis un disparate, les dixo el rey: bien se que mi pais vale poco; +mas quando se halla uno medianamente bien en un sitio, se debe estar +en el. Yo no tengo por cierto derecho para detener a los extrangeros, +tirania tan opuesta a nuestra practica como a nuestras leyes. Todo +hombre es libre, y os podeis ir quando quisiereis; pero es muy ardua +empresa el salir de este pais: no es posible subir el raudo rio por el +qual habeis venido por milagro, y que corre baxo bovedas de penascos; +las montanas que cercan mis dominios tienen quatro mil varas de +elevacion, y son derechas como torres; su anchura coge un espacio de +diez leguas, y no es posible baxarlas como no sea despenandose. Pero, +pues estais resueltos a iros, voy a dar orden a los intendentes de +maquinas para que hagan una que os pueda transportar con comodidad; y +quando os hayan conducido al otro lado de las montanas, nadie os podra +acompanar; porque tienen hecho voto mis vasallos de no pasar nunca su +recinto, y no son tan imprudentes que le hayan de quebrantar: en +quanto a lo demas, pedidme lo que mas os acomode. No pedimos que +Vuestra Magestad nos de otra cosa, dixo Cacambo, que algunos carneros +cargados de viveres, de piedras y barro del pais. Riose el rey, y +dixo: No se que, pasion es la que tienen vuestros Europeos a nuestro +barro amarillo; llevaos todo el que querais, y buen provecho os haga. + +Inmediatamente dio orden a sus ingenieros que hicieran una maquina +para izar fuera del reyno a estos dos hombres extraordinarios: tres +mil buenos fisicos trabajaron en ella, y se concluyo al cabo de quince +dias, sin costar arriba de cien millones de duros, moneda del pais. +Metieron en la maquina a Candido y a Cacambo: dos carneros grandes +encarnados tenian puesta la silla y el freno para que montasen en +ellos asi que hubiesen pasado los montes, y los seguian otros veinte +cargados de viveres, treinta con preseas de las cosas mas curiosas que +en el pais habia, y cincuenta con oro, diamantes, y otras piedras +preciosas. El rey dio un carinoso abrazo a los dos vagamundos. Fue +cosa de ver su partida, y el ingenioso modo con que los izaron a ellos +y a sus carneros a la cumbre de las montanas. Habiendolos dexado en +parage seguro, se despidieron de ellos los fisicos; y Candido no tuvo +otro hipo ni otra idea que ir a presentar sus carneros a la +baronesita. A bien que llevamos, decia, con que pagar al gobernador de +Buenos-Ayres, si es dable poner precio a mi Cuncgunda: vamos a la isla +de Cayena, embarquemonos, y luego veremos que reyno habernos de poner +en ajuste. + + + + +CAPITULO XIX. + +_De los sucesos de Surinam, y del conocimiento que hizo Candido de +Martin._ + + +La primera jornada de nuestros dos caminantes fue bastante agradable, +llevados en alas de la idea de encontrarse posesores de mayores +tesoros que quantos en Asia, Europa y Africa se podian reunir. El +enamorado Candido grabo el nombre de Cunegunda en las cortezas de los +arboles. A la segunda jornada se atollaron en pantanos dos carneros, y +perecieron con la carga que llevaban; otros dos se murieron de +cansancio algunos dias despues; luego perecieron de hambre de siete a +ocho en un desierto; de alli a algunos dias se cayeron otros en unas +simas: por fin a los cien dias de viage no les quedaron mas que dos +carneros. Candido dixo a Cacambo: Ya ves, amigo, que deleznables son +las riquezas de este mundo; nada hay solido, como no sea la virtud, y +la dicha de volver a ver a Cunegunda. Confieselo asi, dixo Cacambo; +pero todavia tenemos dos carneros con mas tesoros que quantos podra +poseer el rey de Espana, y desde aqui columbro una ciudad, que presumo +que ha de ser Surinam, colonia holandesa. Al termino de nuestras +miserias tocamos, y al principio de nuestra ventura. + +En las inmediaciones del pueblo encontraron a un negro tendido en el +suelo, que no tenia mas que la mitad de su vestido, esto es de unos +calzoncillos de lienzo crudo azul, y al pobre le faltaba la pierna +izquierda y la mano derecha. iDios mio! le dixo Candido, ?que haces +ahi, amigo, en la terrible situacion en que te veo? Estoy aguardando a +mi amo el senor de Vanderdendur, negociante afamado, respondio el +negro. ?Ha sido por ventura el senor Vanderdendur quien tal te ha +parado? dixo Candido. Si, Senor, respondio el negro; asi es practica: +nos dan un par de calzoncillos de lienzo dos veces al ano para que nos +vistamos; quando trabajamos en los ingenios de azucar, y nos coge un +dedo la piedra del molino, nos cortan la mano; quando nos queremos +escapar, nos cortan una pierna: yo me he visto en ambos casos, y a ese +precio se come azucar en Europa; puesto que quando en la costa de +Guinea me vendio mi madre por dos escudos patagones, me dixo: Hijo +querido, da gracias a nuestros fetiches, y adoralos sin cesar, para +que vivas feliz; ya logras de ellos la gracia de ser esclavo de +nuestros senores los blancos, y de hacer afortunados a tu padre y a tu +madre. Yo no se iay! si los he hecho afortunados; lo que se es que +ellos me han hecho muy desdichado, y que los perros, los monos y los +papagayos lo son mil veces menos que nosotros. Los fetiches holandeses +que me han convertido, dicen que los blancos y los negros somos todos +hijos de Adan. Yo no soy genealogista, pero si los predicadores dicen +la verdad, todos somos primos hermanos; y cierto que no es posible +portarse de un modo mas horroroso con sus propios parientes. + +O Panglos, exclamo Candido, esta abominacion no la habias tu +adivinado: se acabo, sera fuerza que abjure tu optimismo. ?Que es el +optimismo? dixo Cacambo. Ha, respondio Candido, es la mania de +sustentar que todo esta bien quando esta uno muy mal. Vertia lagrimas +al decirlo contemplando al negro, y entro llorando en Surinam. + +Lo primero que preguntaron fue si habia en el puerto algun navio que +se pudiera fletar para Buenos-Ayres. El hombre a quien se lo +preguntaron era justamente un patron espanol que les ofrecio +ajustarse en conciencia con ellos, y les dio cita en una hosteria, +adonde Candido y Cacambo le fueron a esperar con sus carneros. + +Candido que llevaba siempre el corazon en las manos conto todas sus +aventuras al Espanol, y le confeso que queria robar a la baronesita +Cunegunda. Ya me guardare yo, le respondio, de pasarlos a vms. a +Buenos-Ayres, porque seria irremisiblemente ahorcado, y vms. ni mas ni +menos; que la hermosa Cunegunda es la dama en privanza de Su +Excelencia. Este dicho fue una punalada en el corazon de Candido: +lloro amalgamente, y despues de su llanto, llamando aparte a Cacambo, +le dixo: Escucha, querido amigo, lo que tienes que hacer; cada uno de +nosotros lleva en el bolsillo uno o dos millones de pesos en +diamantes, y tu eres mas astuto que yo: vete a Buenos-Ayres, en busca +de Cunegunda. Si pone el gobernador alguna dificultad, dale cien mil +duros; si no basta, dale doscientos mil: tu no has muerto a inquisidor +ninguno, y nadie te perseguira. Yo fletare otro navio, y te ire a +esperar a Venecia; que es pais libre, donde no hay ni Bulgaros, ni +Abaros, ni Judios, ni inquisidores que temer. Pareciole bien a +Cacambo tan prudente determinacion, puesto que sentia a par de muerte +haberse de separar de amo tan bueno; pero la satisfaccion de servirle +pudo mas con el que el sentimiento de dexarle. Abrazaronse derramando +muchas lagrimas; Candido le encomendo que no se olvidara de la buena +vieja; y Cacambo se partio aquel mismo dia: el tal Cacambo era un +excelente sugeto. + +Detuvose algun tiempo Candido en Surinam, esperando a que hubiese otro +patron que le llevase a Italia con los dos carneros que le habian, +quedado. Tomo criados para su servicio, y compro todo quanto era +necesario para un viage largo; finalmente se le presento el senor +Vanderdendur, armador de una gruesa embarcacion. ?Quanto pide vm., le +pregunto, por llevarme en derechura a Venecia, con mis criados, mi +bagage, y los dos carneros que vm. ve ? El patron pidio diez mil duros, +y Candido se los ofrecio sin rebaxa. iHola, hola! dixo entre si el +prudente Vanderdendur, ?con que este extrangero da diez mil duros sin +regatear? Menester es que sea muy rico. Volvio de alli a un rato, y +dixo que no podia hacer el viage por menos de veinte mil. Veinte mil +le dare a vm., dixo Candido. Toma, dixo en voz baxa el mercader, ?con +que da veinte mil duros con la misma facilidad que diez mil? Otra vez +volvio, y dixo que no le podia llevar a Venecia si no le daba treinta +mil duros. Pues treinta mil seran, respondio Candido. Ha, ha, murmuro +el holandes, treinta mil duros no le cuestan nada a este hombre; sin +duda que en los dos carneros lleva inmensos tesoros: no insistamos +mas; hagamos que nos pague los treinta mil duros, y luego veremos. +Vendio Candido dos diamantes, que el mas chico valia mas que todo +quanto dinero le habia pedido el patron, y le pago adelantado. Estaban +ya embarcados los dos carneros, y seguia Candido de lejos en una +lancha para ir al navio que estaba en la rada; el patron se aprovecha +de la ocasion, leva anclas, y sesga el mar llevando el viento en popa. +En breve le pierde de vista Candido confuso y desatentado. iAy! +exclamaba, esta picardia es digna del antiguo hemisferio. Vuelvese a +la playa anegado en su dolor, y habiendo perdido lo que bastaba para +hacer ricos a veinte monarcas. Fuera de si, se va a dar parte al juez +holandes, y en el arrebato de su turbacion llama muy recio a la +puerta, entra, cuenta su cuita, y alza la voz algo mas de lo que era +regular. Lo primero que hizo el juez fue condenaile a pagar diez mil +duros por la bulla que habia metido: oyole luego con mucha pachorra, +le prometio que examininaria el asunto asi que voliera el mercader, y +exigio otros diez mil duros por los derechos de audiencia. + +Esta conducta acabo de desesperar a Candido; y aunque a la verdad +habia padecido otras desgracias mil veces mas crueles, la calma del +juez y del patron que le habia robado le exaltaron la colera, y le +ocasionaron una negra melancolia. Presentabase a su mente la maldad +humana con toda su disformidad, y solo pensamientos tristes revolvia. +Finalmente estando para salir para Burdeos un navio frances, y no +quedandole carneros cargados de diamantes que embarcar, ajusto en lo +que valia un camarote del navio, y mando pregonar en la ciudad que +pagaba el viage y la manutencion, y daba dos mil duros a un hombre de +bien que le quisiera acompanar, con la condicion de que fuese el mas +descontento de su suerte, y el mas desdichado de la provincia. +Presentose una cafila tal de pretendientes, que no hubieran podido +caber en una esquadra. Queriendo Candido escoger los que mejor +educados parecian, senalo hasta unos veinte que le parecieron mas +sociables, y todos pretendian que merecian la preferencia. Reuniolos +en su posada, y los convido a cenar, poniendo por condicion que +hiciese cada uno de ellos juramento de contar con sinceridad su +propia historia, y prometiendo escoger al que mas digno de compasion +y mas descontento con justicia de su suerte le pareciese, y dar a los +demas una gratificacion. Duro la sesion hasta las quatro de la +madrugada; y al oir sus aventuras o desventuras se acordaba Candido de +lo que le habia dicho la vieja quando iban a Buenos-Ayres, y de la +apuesta que habia hecho de que no habia uno en el navio a quien no +hubiesen acontecido gravisimas desdichas. A cada lastima que contaban, +pensaba en Panglos, y decia: El tal Panglos apurado se habia de ver +para demostrar su sistema: yo quisiera que se hallase aqui. Es cierto +que si esta todo bien, es en el Dorado, pero no en lo demas de la +tierra. Finalmente se determino enfavor de un hombre docto y pobre, +que habia trabajado diez anos para los libreros de Amsterdan, +creyendo que no habia en el mundo oficio que mas aperreado traxese al +que le exercitaba. Fuera de eso este docto sugeto, que era hombre de +muy buena pasta, habia sido robado por su muger, aporreado por su +hijo, y su hija le habia abandonado, y se habia escapado con un +Portugues. Le acababan de quitar un miserable empleo con el qual +vivia, y le perseguian los predicantes de Surinam, porque le tachaban +de sociniano. Hase de confesar que los demas eran por lo menos tan +desventurados como el; pero Candido esperaba que con el docto se +aburriria menos en el viage. Todos sus competidores se quejaron de la +injusticia manifiesta de Candido; mas este los calmo repartiendo cien +duros a cada uno. + + + + +CAPITULO XX. + +_De lo que sucedio a Candido y a Martin durante la navegacion._ + + +Embarcose pues para Burdeos con Candido el docto anciano, cuyo nombre +era Martin. Ambos habian visto y habian padecido mucho; y aun quando +el navio hubiera ido de Surinam al Japon por el cabo de Buena +Esperanza, no les hubiera en todo el viage faltado materia para +discurrir acerca del mal fisico y el mal moral. Verdad es que Candido +le sacaba muchas ventajas a Martin, porque llevaba la esperanza de +ver a su Cunegunda, y Martin no tenia cosa ninguna que esperar: y le +quedaba oro y diamantes; de suerte que aunque habia perdido cien +carneros grandes cargados de las mayores riquezas de la tierra, y +aunque le escarbaba continuamente la bribonada del patron holandes, +todavia quando pensaba en lo que aun llevaba en su bolsillo, y hablaba +de Cunegunda, con especialidad despues de comer, se inclinaba al +sistema de Panglos. Y vm., senor Martin, le dixo al docto, ?que piensa +de todo esto? ?que opinion lleva cerca del mal fisico y el mal moral? +Senor, respondio Martin, los clerigos me han acusado de ser sociniano; +pero la verdad es que soy maniqueo. Ese es cuento, replico Candido, +que ya no hay maniqueos en el mundo. Pues yo en el mundo estoy, dixo +Martin, y es la realidad que no esta en mi creer otra cosa. Menester +es que tenga vm. el diablo en el cuerpo, repuso Candido. Tanto papelea +en este mundo, dixo Martin, que muy bien puede ser que este en mi +cuerpo lo mismo que en otra parte. Confieso que quando tiendo la vista +por este globo o globulo, se me figura que le ha dexado Dios a +disposicion de un ser malefico, exceptuando el Dorado. Aun no he visto +un pueblo que no desee la ruina del pueblo inmediato, ni una familia +que no quisiera exterminar otra familia. En todas partes los menudos +execran de los grandes, y se postran a sus plantas; y los grandes los +tratan como viles rebanos, desollandolos y comiendoselos. Un millon de +asesinos en regimientos andan corriendo la Europa entera, saqueando y +matando con disciplina, porque no saben oficio mas honroso; en las +ciudades que en apariencia disfrutan la paz, y en que florecen las +artes, estan roidos los hombres de mas envidia, inquietudes y afanes, +que quantas plagas padece una ciudad sitiada. Todavia son mas crueles +los pesares secretos que las miserias publicas; en una palabra, he +visto tanto y he padecido tanto, que soy maniqueo. Cosas buenas hay, +no obstante, replico Candido. Podra ser, decia Martin, mas no han +llegado a mi noticia. + +En esta disputa estaban quando se oyeron descargas de artilleria. De +uno en otro instante crecia el estruendo, y todos se armaron de un +anteojo. Veianse como a distancia de tres millas dos navios que +combatian, y los traxo el viento tan cerca del navio frances a uno y a +otro, que tuvieron el gusto de mirar el combate muy a su sabor. Al +cabo uno de los navios descargo una andanada con tanto tino y acierto, +y tan a flor de agua, que echo a pique a su contrario. Martin y +Candido distinguieron con mucha claridad en el combes de la nave que +zozobraba unos cien hombres que todos alzaban las manos al cielo dando +espantosos gritos; en un punto se los trago a todos la mar. + +Vea vm., dixo Martin, pues asi se tratan los hombres unos a otros. +Verdad es, dixo Candido, que anda aqui la mano del diablo. Diciendo +esto, advirtio cierta cosa de un encarnado muy subido, que nadaba +junto al navio; echaron la lancha para ver que era, y era uno de sus +carneros. Mas se alegro Candido con haber recobrado este carnero, que +lo que habia sentido la perdida de ciento cargados todos de diamantes +gruesos del Dorado. + +En breve reconocio el capitan del navio frances que el del navio +sumergidor era Espanol, y el del navio sumergido un pirata holandes, +el mismo que habia robado a Candido. Con el pirata se hundieron en el +mar las inmensas riquezas de que se habia apoderado el infame, y solo +se liberto un carnero. Ya ve vm., dixo Candido a Maitin, que a veces +llevan los delitos su merecido: este picaro de patron holandes ha +sufrido la pena digna de sus maldades. Esta bien, dixo Martin, pero +?porque han muerto los pasageros que venian en su navio? Dios ha +castigado al malo, y el diablo ha ahogado a los buenos. + +Seguian en tanto su derrota el navio frances y el espanol, y Candido +en sus conversaciones con Martin. Quince dias sin parar disputaron, y +tan adelantados estaban el ultimo como el primero; pero hablaban, se +comunicaban sus ideas, y se consolaban. Candido pasando la mano por el +lomo a su carnero le decia: Una vez que te he hallado a ti, tambien +podie hallar a Cunegunda. + + + + +CAPITULO XXI. + +_Donde se da cuenta de la platica de Candido y Martin, al acercarse +a las costas de Francia._ + + +Avistaronse al fin las costas de Francia. ?Ha estado vm. en Francia, +senor Martin? dixo Candido. Si, Senor, respondio Martin, y he corrido +muchas provincias: en unas la mitad de los habitantes son locos, en +otras muy retrecheros, en estas bastante bonazos y bastante tontos, y +en aquellas lo dan por ladinos. En todas la ocupacion principal es +enamorar, murmurar la segunda, y la tercera decir majaderias.--?Y ha +visto vm. a Paris, senor Martin?--He visto a Paris, que es una +menestra de paxaros de todas clases, un caos, una prensa, donde todo +el mundo anhela por placeres, y casi nadie los halla, a lo menos segun +me ha parecido. Estuve poco tiempo; al llegar, me robaron quanto traia +unos rateros en la plaza de San German; luego me reputaron a mi por +ladron, y me tuvieron ocho dias en la carcel; y al salir libre entre +como corrector en una imprenta, para ganar con que volverme a pie a +Holanda. He conocido la canalla escritora, la canalla enredadora, y la +canalla convulsa. Dicen que hay algunas personas muy cultas en este +pueblo, y creo que asi sera. + +Yo por mi no tengo hipo ninguno por ver la Francia, dixo Candido; bien +puede vm. considerar que quien ha vivido un mes en el Dorado no se +cura de ver cosa ninguna de este mundo, como no sea Cunegunda. Voy a +esperarla a Venecia, y atravesaremos la Francia para ir a Italia: ?me +acompanara vm.? Con mil amores, respondio Martin; dicen que Venecia +solo para los nobles Venecianos es buena, puesto que hacen mucho +agasajo a los extrangeros que llevan mucho dinero: yo no le tengo, +pero vm. si, y le seguire adonde quiera que fuere. Hablando de otra +cosa, dixo Candido, ?cree vm. que la tierra haya sido antiguamente +mar, como lo afirma aquel libro gordo que es del capitan del buque? No +por cierto, replico Martin, como ni tampoco los demas adefesios que +nos quieren hacer tragar de algun tiempo aca. ?Pues para que fin +piensa vm. que fue criado el mundo? continuo Candido. Para hacernos +dar al diablo, respondio Martin. ?No se pasma vm., siguio Candido, del +amor de las dos mozas del pais de los Orejones a los dos ximios, que +conte a vm.? Muy lejos de eso, repuso Martin; no veo que tenga nada de +extrano esa pasion, y he visto tantas cosas extraordinarias, que nada +se me hace extraordinario. ?Cree vm., le dixo Candido, que en todos +tiempos se hayan degollado los hombres como hacen hoy, y que siempre +hayan sido embusteros, aleves, perfidos, ingratos, ladrones, flacos, +mudables, viles, envidiosos, glotones, borrachos, codiciosos, +ambiciosos, sangrientos, calumniadores, disolutos, fanaticos, +hipocritas y necios? ?Cree vm., replico Martin, que los milanos se +hayan, siempre engullido las palomas, quando han podido dar con ellas? +Sin duda, dixo Candido. Pues bien, continuo Martin, si los milanos +siempre han tenido las mismas inclinaciones, ?porque quiere vm. que +las de los hombres hayan ariado? No, dixo Candido, eso es muy +diferente porque el libre albedrio..... Asi discurrian, quando +aportaron a Burdeos. + + + + +CAPITULO XXII. + +_De los sucesos que en Francia acontecieron a Candido y a +Martin._ + + +No se detuvo Candido en Burdeos mas tiempo que el que le fue necesario +para vender algunos pedernales del Dorado, y comprar una buena silla +de posta de dos asientos, porque no podia ya vivir sin su filosofo +Martin. Lo unico que sintio fue tenerse que separar de su carnero, que +dexo a la Academia de ciencias de Burdeos, la qual propuso por asunto +del premio de aquel ano determinar porque la lana de aquel carnero era +encarnada; y se le adjudico a un docto del Norte, que demostro por A +mas B, menos C dividido por Z, que era forzoso que fuera aquel carnero +encarnado, y que se muriese de la monina. + +Todos quantos caminantes topaba Candido en los mesones le decian: +Vamos a Paris. Este general prurito le inspiro al fin deseos de ver +esta capital, en lo qual no se desviaba mucho de la direccion de +Venecia. Entro por el arrabal de San Marcelo, y creyo que estaba en la +mas sucia aldea de Vesfalia. Apenas llego a la posada, le acometio +una ligera enfermedad originada del cansancio; y como llevaba al dedo +un enorme diamante, y habian advertido en su coche una caxa muy +pesada, al punto se le acercaron dos doctores medicos que no habia +mandado llamar, varios intimos amigos que no se apartaban de el, y dos +devotas mugeres que le hacian caldos. Decia Martin: Bien me acuerdo de +haber estado yo malo en Paris, quando mi primer viage; pero era muy +pobre, y asi ni tuve amigos, ni devotas, ni medicos, y sane muy +presto. + +Las resultas fueron que a poder de sangrias, recetas y medicos, se +agravo la enfermedad de Candido. Al fin sano; y mientras estaba +convaleciente, le visitaron muchos sugetos de trato fino, que cenaban +con el. Habia juego fuerte, y Candido se pasmaba de que nunca le +venian, buenos naypes; pero Martin no lo extranaba. + +Entre los que mas concurrian a su casa habia un cierto abate, que era +de aquellos hombres diligentes, siempre listos para todo quanto les +mandan, serviciales, entremetidos, halaguenos, descarados, buenos para +todo, que atisban a los forasteros que llegan a la capital, les +cuentan los sucesos mas escandalosos que acontecen, y les brindan con +placeres a qualquier precio. Lo primero que hizo fue llevar a la +comedia a Martin y a Candido. Representaban una tragedia nueva, y +Candido se encontro al lado de unos quantos hypercriticos, lo qual no +le quito que llorase al ver algunas escenas representadas con la mayor +perfeccion. Uno de los hypercriticos que junto a el estaban, le dixo +en un entre-acto: Hace vm. muy mal en llorar; esa comedianta es +malisima, y el que representa con ella peor todavia, y peor la +tragedia que los actores: el autor no sabe palabra de arabigo, y ha +puesto la escena en la Arabia; sin contar con que es hombre que cree +que no hay ideas innatas: manana le traere a vm. veinte folletos +contra el. Caballero, ?quantas composiciones dramaticas tienen vms. en +Francia? dixo Candido al abate; y este respondio: Cinco o seis mil. +Mucho es, dixo Candido; ?y quantas buenas hay? Quince o diez y seis, +replico el otro. Mucho es, dixo Martin. + +Salio Candido muy satisfecho con una comica que hacia el papel de la +reyna Isabel de Inglaterra, en una tragedia muy insulsa que algunas +veces se representa. Mucho me gusta esta actriz, le dixo a Martin, +porque se da ayre a Cunegunda; mucho gusto tendria en hacerle una +visita. El abate, se brindo a llevarle a su casa. Candido criado en +Alemania pregunto que ceremonias eran las que se estilaban en Francia +para tratar con las reynas de Inglaterra. Distingo, dixo el abate: en +las provincias las llevan a comer a los mesones, en Paris las respetan +quando son bonitas, y las tiran al muladar despues de muertas. iAl +muladar las reynas! dixo Candido. Verdad es, dixo Martin; razon tiene +el senor abate: en Paris estaba yo quando la senora Monima paso, como +dicen, de esta a mejor vida, y le negaron lo que esta gente llama +_sepultura en tierra santa_, lo qual significa podrirse con toda +la pobreteria de la parroquia en un hediondo cementerio, y la +enterraron sola y senera en un rincon de su jardin, lo qual le causo +sin duda muchisima pesadumbre, porque tenia muy hidalgos +pensamientos. Accion de mala crianza fue en efecto, dixo Candido. ?Que +quiere vm., dixo Martin, si estas gentes son asi? Imaginese vm. todas +las contradicciones, y todas las incompatibilidades posibles, y las +hallara reunidas en el gobierno, en los tribunales, en las iglesias, +y en los espectaculos de esta donosa nacion. ?Y es cierto que en Paris +se rie la gente de todo? Verdad es, dixo el abate, pero se rien +dandose al diablo; se lamentan de todo dando careajadas de risa; y +riendose se cometen las mas detestables acciones. + +?Quien es, dixo Candido, aquel marrano que tan mal hablaba de la +tragedia que tanto me ha hecho llorar, y de los actores que tanto +gusto me han dado? Un malandrin, respondio el abate, que gana la vida +hablando mal de todas las composiciones dramaticas y de todos los +libros que salen; que aborrece a todo aquel que es aplaudido, como +aborrecen los eunucos a los que gozan; una sierpe de la literatura, +que vive de ponzona y cieno; un folletista. ?Que llama vm. folletista? +dixo Candido. Un compositor de folletos, dixo el abate, un Freron, o +un Ostolaza. Asi discurrian Candido, Martin y el abate en la +escalera del coliseo, mientras que iba saliendo la gente, concluida la +comedia. Puesto que tengo muchisimos deseos de ver a Cunegunda, dixo +Candido, bien quisiera cenar con la primera tragica, que me ha +parecido un portento. No era hombre el abate que tuviese entrada en +casa de la tal primera actriz, que solo recibia sugetos del mas fino +trato. Esta ocupada esta noche, respondio; pero tendre la honra de +llevar a vm. a casa de una senora de circunstancias, y conocera a +Paris alli como si hubiera vivido en el muchos anos. + +Candido, que naturalmente era amigo de saber, se dexo llevar a casa de +la tal senora: estaban ocupados los tertulianos en jugar a la banca, y +doce tristes apuntes tenian en la mano cada uno un juego de naypes, +archivo de su mala ventura. Reynaba un profundo silencio; tenido +estaba el semblante de los apuntes de una macilenta amarillez, y se +leia la zozobra en el del banquero; y la senora de la casa, sentada +junto al despiadado banquero, con ojos de lince anotaba todos los +parolis, y todos los sietelevares con que doblaba cada jugador sus +naypes, haciendoselos desdoblar con un cuidado muy escrupuloso, pero +con cortesia y sin enfadarse, por temor de perder sus parroquianos. +Llamabanla la marquesa de Parolinac; su hija, muchacha de quince anos, +era uno de los apuntes, y con un guinar de ojos advertia a su madre +las picardiguelas de los pobres apuntes que procuraban enmendar los +rigores de la mala suerte. Entraron el abate, Candido y Martin, y +nadie se levanto a darles las buenas noches, ni los saludo, ni los +miro siquiera; tan ocupados todos estaban en sus naypes. Mas cortes +era la senora baronesa de Tunder-tentronck, dixo entre si Candido. + +Acercose en esto el abate al oido de la marquesa, la qual se +medio-levanto de la silla, honro a Candido con una risita agraciada, y +a +Martin haciendole cortesia con la cabeza con magestuoso ademan; mando +luego que traxeran a Candido asiento y una baraja, y este perdio en +dos tallas diez mil duros. Cenaron luego con mucha jovialidad, y todos +estaban atonitos de que Candido no sintiese mas lo que perdia. Los +lacayos en su idioma lacayuno se decian unos a otros: Preciso es que +sea un mylord ingles. + +La cena se parecia a casi todas las cenas de Paris; primero mucho +silencio, luego un estrepito de palabras que no se entendian, chistes +luego, casi todos muy insulsos, noticias falsas, malos raciocinios, +algo de politica, y mucha murmuracion; despues hablaron de obras +nuevas. Pasaron luego a tratar de teatros, y el ama de casa pregunto +porque habia ciertas tragedias que se representaban con frequencia, y +que nadie podia leer. Un hombre de fino gusto que habia entre los +convidados, explico con mucha claridad como podia interesar una +tragedia que tuviera poquisimo merito, probando en breves razones que +no bastaba traer por los cabellos una o dos situaciones de aquellas +que tan frequentes son en las novelas, y siempre embelesan a los +oyentes; que es menester novedad sin extravagancia, sublimidad a +veces, y naturalidad siempre; conocer el corazon del hombre y el +estilo de las pasiones; ser gran poeta, sin que parezca poeta ninguno +de los interlocutores; saber con perfeccion su idioma, hablarle con +pureza, y con harmonia continua, sin sacrificar nunca el sentido al +consonante. Todo aquel que no observare todas estas reglas, anadio, +muy bien podra componer una o dos tragedias que sean aplaudidas en el +teatro, mas nunca pasara plaza de buen escritor. Poquisimas tragedias +hay buenas: unas son idylios en coloquios bien escritos y bien +versificados; otras disertaciones de politica que infunden sueno, o +amplificaciones que cansan; otras desatinos de un energumeno en estilo +barbaro, razones cortadas, apostrofes interminables a los Dioses no +sabiendo que decir a los hombres, falsas maximas, y lugares comunes +hinchados. + +Escuchaba con mucha atencion Candido este razonamiento, y formo por el +altisima idea del orador; y como habia tenido la marquesa la atencion +de colocarle a su lado, se tomo la licencia de preguntarle al oido +quien era un hombre que tan de perlas hablaba. Ese es un docto, dixo +la dama, que nunca apunta, y que me trae a cenar algunas veces el +abate, que entiende perfectamente de tragedias y libros, y que ha +compuesto una tragedia que silbaron, y un libro del qual un solo +exemplar que me dedico ha salido de la tienda de su librero. iQue +varon tan eminente! dixo Candido, es otro Panglos; y volviendose hacia +el le dixo: ?Sin duda, Caballero, que es vm. de dictamen de que todo +esta perfectamente en el mundo fisico y en el moral, y de que nada +podia suceder de otra manera? iYo, caballero! le respondio el docto; +nada menos que eso. Todo me parece que va al reves en nuestro pais, y +que nadie sabe ni qual es su estado, ni qual su cargo, ni lo que hace, +ni lo que debiera hacer; y que excepto la cena que es bastante jovial, +y donde la gente esta bastante acorde, todo el resto del tiempo se +consume en impertinentes contiendas; de jansenistas con motinistas, +de parlamentarios con eclesiasticos, de literatos con literatos, de +palaciegos con palaciegos, de alcabaleros y diezmeros con el pueblo, +de mugeres con maridos, y de parientes con parientes; por fin una +guerra perdurable. + +Replicole Candido: Cosas peores he visto yo; pero un sabio que despues +tuvo la desgracia de ser ahorcado, me enseno que todas esas cosas son +dechado de perfecciones, y sombras de una hermosa pintura. Ese +ahorcado se reia de la gente, dixo Martin, y esas sombras sen manchas +horrorosas, Los hombres son los que echan esas manchas, dixo Candido, +y no pueden hacer menos. ?Con que no es culpa de ellos? replico +Martin. Bebian en tanto la mayor parte de los apuntes, que no +entendian una palabra de la materia; Martin discurria con el hombre +docto, y Candido contaba parte de sus aventuras al ama de la casa. + +Despues de cenar, llevo la marquesa a su retiete a Candido, y le sento +en un canape. ?Con que esta vm. enamorado perdido de Cunegunda, la +baronesita de Tunder-ten-tronck? Si, Senora, respondio Candido. +Replicole la marquesa con una amorosa sonrisa: Vm. responde como un +mozo de Vesfalia; un Frances me hubiera dicho: Verdad es, Senora, que +he querido a Cunegunda, pero quando la miro a vm., me temo no +quererla. Yo, Senora, dixo Candido, respondere como vm. quisiere. La +pasion de vm., dixo la marquesa, empezo alzando un panuelo, y yo +quiero que vm. alce mi liga. Con toda mi alma, dixo Candido, y la +levanto del suelo. Ahora quiero que me la ponga, continuo la dama, y +Candido se la puso. Mire vm., repuso la dama, vm. es extrangero: a mis +amantes de Paris los hago yo penar a veces quince dias seguidos, pero +a vm. me rindo desde la primera noche, porque es menester tratar +cortesmente a un buen mozo de Vesfalia. La buena cana que habia +reparado en dos diamantes enormes de dos sortijas del extrangero buen +mozo, tanto se los alabo, que de los dedos de Candido pasaron a los de +la marquesa. + +Al volverse Candido a su casa con el abate, sintio algunos +remordimientos por haber cometido una infidelidad a Cunegunda; y el +senor abate tomo parte en su sentimiento, porque le habia cabido una +muy pequena en los diez mil duros perdidos por Candido al juego, y en +el valor de los dos brillantes, medio-dados y medio-estafados: y era +su animo aprovecharse todo quanto pudiese de lo que el trato de +Candido le podia valer. Hablabale sin cesar de Cunegunda, y Candido +le dixo que quando la viera en Venecia, le pediria perdon de la +infidelidad que acababa de cometer. + +Cada dia estaba el abate mas cortes y mas atento, interesandole todo +quanto decia Candido, todo quanto hacia, y quanto queria hacer. ?Con +que esta vm. aplazado por la baronesita para Venecia? le dixo. Si, +senor abate, respondio Candido, tengo precision de ir alla a buscar a +Cunegunda. Llevado entonces del gusto de hablar de su amada, le conto, +como era su costumbre, parte de sus aventuras con esta ilustre +Vesfaliana. Bien creo, dixo el abate, que esa senorita tiene mucho +talento, y escribe muy bonitas cartas. Nunca me ha escrito, dixo +Candido, porque se ha de figurar vm. que quando me echaron de la +granja por amor de ella, no le pude escribir; que poco despues supe +que era muerta, que despues me la encontre, y la volvi a perder, y que +le he despachado un mensagero a dos mil y quinientas leguas de aqui, +que aguardo con su respuesta. + +Escuchole con mucha atencion el abate, se paro algo pensativo, y se +despidio luego de ambos extrangeros, abrazandolos tiernamente. Al otro +dia, antes de levantarse de la cama, dieron a Candido la esquela +siguiente: "Muy Senor mio, y mi querido amante: ocho dias hace que +estoy mala en esta ciudad, y acabo de saber que se encuentra vm. en +ella. Hubiera ido volando a echarme en sus brazos, si me pudiera +menear. He sabido que habia vm. pasado por Burdeos, donde se ha +quedado el fiel Cacambo y la vieja, que llegaran muy en breve. El +gobernador de Buenos-Ayres se ha quedado con todo quanto Cacambo +llevaba; pero el corazon de vm. me queda. Venga vm. a verme; su +presencia me dara la vida, o hara que me muera de alegria." + +Una carta tan tierna, y tan poco esperada, puso a Candido en una +imponderable alegria, pero la enfermedad de su amada Cunegunda le +traspasaba de dolor. Fluctuante entre estos dos afectos, agarra a +punados el oro y los diamantes, y hace que le lleven con Martin a la +posada donde estaba Cunegunda alojada: entra temblando con la ternura, +latiendole el corazon, y el habla interrumpida con sollozos; quiere +descorrer las coitinas de la cama, y manda que traygan luz. No haga +vm. tal, le dixo la criada, la luz le hace mal; y volvio a correr la +cortina. Amada Cunegunda, dixo llorando Candido: ?como te hallas? No +puede hablar, dixo la criada. Entonces la enferma saco fuera de la +cama una mano muy suave que bano Candido un largo rato con lagrimas, y +que lleno lurgo de diamantes, desando un saco de oro encima del +taburete. + +En medio de sus arrebatos se aparece un alguacil acompanado del abate +y de seis corchetes. ?Con que estos son, dixo, los dos extrangeros +sospechosos? y mando incontinenti que los ataran y los llevaran a la +carcel. No tratan de esta manera en el Dorado a los forasteros, dixo +Candido. Mas maniqueo soy que nunca, replico Martin. Pero, senor, +?adonde nos lleva vm.? dixo Candido. A un calabozo, respondio el +alguacil. + +Martin, que se habia recobrado del primer sobresalto, sospecho que la +senora que se decia Cnnegunda era una buscona, el senor abate un +tunante que habia abusado del candor de Candido, y el alguacil otro +tuno de quien no era dificil desprenderse. Por no exponerse a tener +que lidiar con la justicia, y con el hipo que tenia de ver a la +verdadera Cunegunda, Candido, por consejo de Maitin, ofrecio al +alguacil tres diamantillos de tres mil duros cada uno. Ha, senor, le +dixo el hombre de vara de justicia, aunque hubiera vm. cometido todos +los delitos imaginables, seria el mas hombre de bien de este mundo. +iTres diamantes de tres mil duros cada uno! La vida perderia yo por +vm., para lue le lleve a un calabozo. Todos los extrangeros son +arrestados, pero dexelo por mi cuenta, que yo tengo mi hermano en +Diepe en la Normandia, y le llevare alla; y si tiene vm. algunos +diamantes que darle, le tratara como yo propio. ?Y porque arrestan a +todos los extranjeros? dixo Candido. El abate tomando entonces el +hilo, respondio: Porque un miserable andrajoso del pais de Atrebacia +[Footnote: Artois. Daiuieu, el que hirio a Luis XV, era natural de +Arras, capital del Artois.], que habia oido decir disparates, ha +cometido un parricidio, no como el del mes de Mayo de 1610, [Footnote: +Francisco Kavaillac mato a Henrique IV de una punalada en Mayo de +1610.] sino como el del mes de Diciembre de 1594, [Footnote: Juan +Clialel, en Diciembre de 1594, hirio a Henrique quarto; pero la herida +no fue de peligro.] y como otros muchos cometidos otros anos y otros +meses por andrajosos que habian oido decir disparates. + +Entonces explico el alguacil lo que habia apuntado el abate. iQue +monstruos! exclamo Candido. ?Como se cometen tamanas atrocidades en +un pueblo que canta y bayla? ?Quando saldre yo de este pais donde +azuzan ximios a tigres? En mi pais he visto osos; solo en el Dorado he +visto hombres. En nombre de Dios, senor alguacil, lleveme vm. a +Venecia, donde aguardo a mi Cunegunda. Donde yo puedo llevar a vm., es +a la Normandia baxa, dixo el cabo de ronda. Hizole luego quitar los +grillos, dixo que se habia equivocado, despidio a sus corchetes, y se +llevo a Candido y Martin a Diepe, entregandolos a su hermano. Habia un +buque holandes pequeno al ancla; y el Normando, que con el cebo de +otros tres diamantes era el mas servicial de los mortales, embarco a +Candido y a su familia en el tal navio que iba a dar a la vela para +Portsmua en Inglaterra. No era camino para Venecia; pero Candido creyo +que salia del infierno, y estaba resuelto a dirigirse a Venecia luego +que se le presentase ocasion. + + + + +CAPITULO XXIII. + +_Del arribo de Candido y Martin a la costa de Inglaterra, y de lo +que alli vieron._ + + +iAy Panglos amigo! iay amigo Martin! iay amada Cunegunda! ilo que es +este mundo! decia Candido en el navio holandes. Cosa muy desatinada y +muy abominable, respondio Martin.--Vm. ha estado en Inglaterra: ?son +tan locos como en Francia?--Es locura de otra especie, dixo Martin; ya +sabe vm. que ambas naciones estan en guerra por algunas aranzadas de +nieve en el Canada, y por tan discreta guerra gastan mucho mas que lo +que todo el Canada vale. Decir a vm. a punto fixo en qual de los dos +paises hay mas locos de atar, mis cortas luces no alcanzan a tanto; lo +que si se, es que en el pais que vamos a ver son locos atrabiliosos. + +Diciendo esto aportaron a Portsmua: la orilla del mar estaba cubierta +de gente que miraba con atencion a un hombre gordo [El almirante +Byng], hincado de rodillas, y vendados los ojos, en el combes de uno +de los navios de la esquadra. Quatro soldados formados en frente le +tiraron cada uno tres balas a la mollera con el mayor sosiego, y toda +la asamblea se fue muy satisfecha. ?Que quiere decir esto? dixo +Candido: ?que perverso demonio reyna en todas partes? Pregunto quien +era aquel hombre gordo que acababan de matar con tanta solemnidad. Un +almirante, le dixeron.--?Y porque han muerto a ese almirante?--Porque +no +ha hecho matar bastante gente; ha dado una batalla a un +almirante frances, y hemos fallado que no estaba bastante cerca del +enemigo. Pues el almirante frances tan lejos estaba del ingles como +este del frances, replico Candido. Sin disputa, le dixeron; pero en +esta tierra es conveniente matar de quando en quando algun almirante +para dar mas animo a los otros. + +Tanto se irrito y se pasmo Candido con lo que oia y lo que via, que no +quiso siquiera poner pie en tierra, y se ajusto con el patron +holandes, a riesgo de que le robara como el de Surinam, para que le +conduxera sin mas tardanza a Venecia. A cabo de dos dias estuvo listo +el patron. Costearon la Francia, pasaron a vista de Lisboa, y se +estremecio Candido; desembocaron por el estrecho en el Mediterraneo, +y finalmente aportaron a Venecia. Bendito sea Dios, dixo Candido +dando un abrazo a Martin, que aqui vere a la hermosa Cunegunda. Con +Cacambo cuento lo mismo que conmigo propio. Todo esta bien, todo va +bien y lo mejor que es posible. + + + + +CAPITULO XXIV. + +_Que trata de fray Hilarion y de Paquita._ + + +Luego que llego a Venecia, se echo a buscar a Cacambo en todas las +posadas, en todos los cafes, y en casa de todas las mozas de vida +alegre; pero no le fue posible dar con el. Todos los dias iba a +informarse de todos los navios y barcos, y nadie sabia de Cacambo. +iCon que he tenido yo lugar, le decia a Martin, para pasar de Surinam +a Burdeos, para ir de Burdeos a Paris, de Paris a Diepe, de Diepea +Portsmua, para costear a Portugal y a Espana, para atravesar todo el +Mediterraneo, y pasar algunos meses en Venecia, y aun no ha llegado la +hermosa Cunegunda, y en su lugar he topado una buscona y un abate! +Sin duda es muerta Cunegunda, y a mi no me queda mas remedio que +morir. iHa, quanto mas hubiera valido quedarme en aquel paraiso +terrenal del Dorado, que volver a esta maldita Europa! Razon tiene +vm., amado Martin; todo es mera ilusion y calamidad. + +Acometiole una negra melancolia, y no fue ni a la opera a la moda, ni +a las demas diversiones del carnaval, ni hubo dama que le causara la +mas leve tentacion. Dixole Martin: iQue sencillo es vm., si se figura +que un criado mestizo, que lleva un millon de duros en la faltriquera, +ira a buscar a su amada al fin del mundo, y a traersela a Venecia; la +guardara para si, si la encuentra, y si no, tomara otra: aconsejo a +vm. que se olvide de Cacambo y de su Cunegunda. Martin no era hombre +que daba consuelos. Crecia la melancolia de Candido, y Martin no se +hartaba de probarle que eran muy raras la virtud y la felicidad sobre +la tierra, excepto acaso en el Dorado, donde ninguno podia entrar. + +Sobre esta importante materia disputaban, mientras venia Cunegunda, +quando reparo Candido en un frayle Francisco mozo, que se paseaba por +la plaza de San Marcos, llevando del brazo a una moza. El Franciscano +era robusto, fuerte, y de buenos colores, los ojos brillantes, la +cabeza erguida, el continente reposado, y el paso sereno; la moza, que +era muy linda, iba cantando, y miraba con enamorados ojos a su +diaguino, el qual de quando en quando le pasaba la mano por la cara. +Me confesara vm. a lo menos, dixo Candido a Martin, que estos dos son +dichosos. Menos en el Dorado, no he encontrado hasta ahora en el mundo +habitable mas que desventurados; pero apuesto a que esa moza y ese +frayle son felicisimas criaturas. Yo apuesto a que no, dixo Martin. +Convidemoslos a comer, dixo Candido, y veremos si me equivoco. + +Acercose a ellos, hizoles una reverencia, y los convido a su posada a +comer macarrones, perdices de Lombardia, huevos de sollo, y a teber +vino de Montepulciano y _lacrima-cristi_, Chipre y Samos. +Sonrojose la mozuela; admitio el Franciscano el convite, y le siguio +la muchacha mirando a Candido pasmada y confusa, y vertiendo algunas +lagrimas. Apenas entro la mozuela en el aposento de Candido, le dixo: +?Pues que, ya no conoce el senor Candido a Paquita? Candido que oyo +estas palabras, y que hasta entonces no la habia mirado con atencion, +porque solo en Cunegunda pensaba, le dixo: iHa, pobre chica! ?con que +tu eres la que puso al doctor Panglos en el lindo estado en que le vi? +iAy, senor! yo propia soy, dixo Paquita; ya veo que esta vm. informado +de todo. Supe las desgracias horrorosas que sucedieron a la senora +baronesa y a la hermosa Cunegunda, y jurole a vm. que no ha sido menos +adversa mi estrella. Quando vm. me vio era yo una inocente; y un +capuchino, que era mi confesor, me engano con mucha facilidad: las +resultas fueron horribles, y me vi precisada a salir de la quinta, +poco despues que le echo a vm. el senor baron a patadas en el trasero. +Si no hubiera tenido lastima de mi un, medico famoso, me hubiera +muerto; por agradecerselo, fui un poco de tiempo la querida del tal +medico: y su muger, que estaba endiablada de zelos, me aporreaba sin +misericordia todos los dias. Era ella una furia, el mas feo el de los +hombres, y yo la mas sin ventura de las mugeres, aporreada sin cesar +por un hombre a quien no podia ver. Bien sabe vm., senor, los peligros +que corre una muger vinagre que lo es de un medico: aburrido el mio de +los rompimientos de cabeza de su muger, un dia para curarla de un +resfriado le administro un remedio tan eficaz, que en menos de dos +horas se murio en horrendas convulsiones. Los parientes de la difunta +formaron causa criminal al doctor, el qual se escapo, y a mi me +metieron en la carcel; y si no hubiera sido algo bonita, DO me hubiera +sacado a salvamento mi inocencia. El juez me declaro libre, con la +condicion de ser el sucesor del medico; y muy en breve me sustituyo +otra, y fui despedida sin darme un quarto, y forzada a emprender este +abominable oficio, que a vosotros los hombres os parece tan gustoso, +y que para nosotras es un pielago de desventuras. Vineme a exercitar +mi profesion a Venecia. Ha, senor, si se figurara vm. que cosa tan +inaguantable es halagar sin diferencia al negociante viejo, al +letrado, al frayle, al gondolero, y al abate; estar expuesta a tanto +insulto, a tantos malos tratamientos; verse a cada paso obligada a +pedir prestado un guardapesillo para que se le remangue a una un +hombre asqueroso; robada por este de lo que ha ganado con aquel, +estafada por los alguaciles, y sin tener otra perspectiva que una +horrible vejez, un hospital y un muladar, confesaria que soy la mas +malbadada criatura de este mundo. Asi descubria Paquita su corazon al +buen Candido, en su gabinete, a presencia de Martin, el qual dixo: Ya +llevo ganada, como vm. ve, la mitad de la apuesta. + +Habiase quedado fray Hilarion en la sala de comer, bebiendo un trago +mientras servian la comida. Candido le dixo a Paquita: Pues si +parecias tan alegre y tan contenta quando te encontre; si cantabas y +halagabas al diaguino con tanta naturalidad, que te tuve por tan feliz +como dices que eres desdichada. Ha, senor, respondio Paquita, esa es +otra de las lacras de nuestro oficio. Ayer me robo y me aporreo un +oficial, y hoy tengo que fingir que estoy alegre para agradar a un +frayle. + +No quiso Candido oir mas, y confeso que Martin tenia razon. Sentaronse +luego a la mesa con Paquita y el frayle Francisco; fue bastante alegre +la comida, y de sobremesa hablaron con alguna confianza. Dixole +Candido al frayle: Pareceme, padre, que disfruta Vuestra Reverencia +de una suerte envidiable. En su semblante brilla la salud y la +robustez, su fisonomia indica el bien-estar, tiene una muy linda moza +para su recreo, y me parece muy satisfecho con su habito de diaguino. +Por Dios santo, caballero, respondio fray Hilarion, que quisiera que +todos los Franciscanos estuvieran en el quinto infierno, y que mil +veces me han dado tentaciones de pegar fuego al convento, y de +hacerme Turco. Quando tenia quince anos, mis padres, por dexar mas +caudal a un maldito hermano mayor (condenado el sea), me obligaron a +tomar este execrable habito. El convento es un nido de zelos, de +rencillas y de desesperacion. Verdad es que por algunas malas +misiones de quaresma que he predicado, me han dado algunos quartos, +que la mitad me ha robado el guardian: lo restante me sirve para +mantener mozas; pero quando por la noche entro en mi celda, me dan +impulsos de romperme la cabeza contra las paredes, y lo mismo sucede a +todos los demas religiosos. + +Volviendose entonces Martin a Candido con su acostumbrado relente, le +dixo: ?Que tal? ?he ganado, o no, la apuesta? Candido regalo dos mil +duros a Paquita, y mil a fray Hilarion. Yo fio, dixo, que con este +dinero seran felices. + +Pues yo fio lo contrario, dixo Martin, que con esos miles los hara vm. +mas infelices todavia. Sea lo que fuere, dixo Candido, un consuelo +tengo, y es que a veces encuentra uno gentes que creia no encontrar +nunca; y muy bien, podra suceder que despues de haber topado a mi +carnero encarnado y a Paquita, me halle un dia de manos a boca con +Cunegunda. Mucho deseo, dixo Martin, que sea para la mayor felicidad +de vm.; pero se me hace muy cuesta arriba. Malas creederas tiene vm., +respondio Candido. Consiste en que he vivido mucho, replico Martin. +?Pues no ve vm. esos gondoleros, dixo Candido, que no cesan de cantar? +Pero no los ve vm. en su casa con sus mugeres y sus chiquillos, repuso +Martin. Sus pesadumbres tiene el Dux, y los gondoleros las suyas. +Verdad es que pesandolo todo, mas feliz suerte que la del Dux es la +del gondolero; pero es tan poca la diferencia, que no merece la pena +de un detenido examen. Me han hablado, dixo Candido, del senador +Pococurante, que vive en ese suntuoso palacio situado sobre el Brenta, +y que agasaja mucho a los forasteros; y dicen que es un hombre que +nunca ha sabido que cosa sea tener pesadumbre. Mucho diera por ver un +ente tan raro, dixo Martin. Sin mas dilacion mando Candido a pedir +licencia al senor Pococurante para hacerle una visita el dia +siguiente. + + + + +CAPITULO XXV. + +_Que da cuenta de la visita que hicieron Martin y Candido al senor +Pococurante, noble veneciano._ + + +Emarcaronse Candido y Martin en una gondola, y fueron por el Brenta al +palacio del noble Pococurante. Los jardines eran amenos y ornados con +hermosas estatuas de marmol, el palacio de magnifica fabrica, y el +dueno un hombre como de sesenta anos, y muy rico. Recibio a los dos +curiosos forasteros con mucha urbanidad, pero sin mucho cumplimiento; +cosa que intimido a Candido, y no le parecio mal a Martin. + +Al instante dos muchachas bonitas y muy aseadas sirvieron el +chocolate: Candido no pudo menos de elogiar sus gracias y su +hermosura. No son malas chicas, dixo el senador; algunas veces mando +que duerman conmigo, porque estoy aburrido de las senoras del pueblo, +de su retrecheria, sus zelos, sus contiendas, su mal genio, sus +nimiedades, su vanidad, sus tonterias, y mas aun de los sonetos que +tiene uno que hacer o mandar hacer en elogio suyo: mas con todo ya +empiezan a fastidiarme estas muchachas. + +Despues de almorzar, se fueron a pasear a una espaciosa galeria, y +pasmado Candido de la hermosura de las pinturas, pregunto de que +maestro eran las dos primeras. Son de Rafael, dixo el senador, y las +compre muy caras por vanidad, algunos anos ha; dicen que son la cosa +mas hermosa que tiene Italia, pero a mi no me gustan: los colores son +muy denegridos, las figuras no estan bien perfiladas, ni salen lo +bastante del plano; los ropages no se parecen en nada a la ropa de +vestir; y en una palabra, digan lo que quisieren, yo no alcanzo a ver +aqui una feliz imitacion de la naturaleza, y no dare mi aprobacion a +un quadro hasta que me retrate la propia naturaleza; pero no los hay +de esta especie. Yo tengo muchos, pero no miro a uno siquiera. + +Pococurante, antes de comer, mando que le dieran un concierto: la +musica le parecio deliciosa a Candido. Bien puede este estruendo, +dixo Pococurante, divertir cosa de media hora; pero quando dura mas, a +todo el mundo cansa, puesto que nadie se atreve a confesarlo. La +musica del dia no es otra cosa que el arte de executar cosas +dificultosas, y lo que no es mas que dificil no gusta mucho tiempo. +Mas me agradaria la opera, si no hubieran atinado con el arte de +convertirla en un monstruo que me repugna. Vaya quien quisiere a ver +malas tragedias en musica, cuyas escenas no paran en mas que en traer +al estricote dos o tres ridiculas coplas donde lucen los gorgeos de +una cantarina; saboreese otro en oir a un tiple tararear el papel de +Cesar o Caton, y pasearse en afeminados pasos por las tablas: yo por +mi, muchos anos hace que no veo semejantes majaderias de que tanto +se ufana hoy la Italia, y que tan caras pagan los soberanos +extrangeros. Candido contradixo un poco, pero con prudencia; y Martin +fue en todo del dictamen del senador. + +Sentaronse a la mesa, y despues de una opipara comida entraron en la +biblioteca. Candido que vio un Homero magnificamente enquadernado, +alabo mucho el fino gusto de Su Ilustrisima. Este es el libro, dixo, +que era las delicias de Panglos, el mejor filosofo de Alemania. Pues +no es las mias, dixo con mucha frialdad Pococurante: en otro tiempo me +habian hecho creer que tenia mucho gusto en leerle; pero la repeticion +no interrumpida de batallas que todas son parecidas, aquellos Dioses +siempre en accion, y que nunca hacen cosa ninguna decisiva; aquella +Helena, causa de la guerra, y que apenas tiene accion en el poema; +aquella Troya siempre sitiada, y nunca tomada: todo esto me causaba un +fastidio mortal. Algunas veces he preguntado a varios hombres doctos +si los aburria esta lectura tanto como a mi; y todos los que hablaban +sinceramente me han confesado que se les caia el libro de las manos, +pero que era indispensable tenerle en su biblioteca, como un +monumento de la antiguedad, o como una medalla enmohecida que no es ya +materia de comercio. + +No piensa asi Vueselencia de Virgilio, dixo Candido. Convengo, dixo +Pococurante, en que el segundo, el quarto y el sexto libro de su +Eneyda son excelentes; mas por lo que hace a su pio Eneas, al fuerte +Cloanto, al amigo Acates, al nino Ascanio, al tonto del rey Latino, a +la zafia Amata, y a la insulsa Lavinia, creo que no hay cosa mas fria +ni mas desagradable: y mas me gusta el Taso, y las novelas para +arrullar criaturas del Ariosto. + +?Me hara Su Excelencia el gusto de decirme, repuso Candido, si no le +tiene muy grande en la lectura de Horacio? Maximas hay en el, dixo +Pococurante, que pueden ser utiles a un hombre de mundo, y que +reducidas a energicos versos se graban con facilidad en la memoria; +pero no me curo ni de su viage a Brindis, ni de su descripcion de una +mala comida, ni de la disputa digna de unos mozos de esquina entre no +se que Rupilo, cuyas razones, dice, _estaban llenas de podre_, y +las de su contrincante _llenas de vinagre_. Sus groseros versos +contra viejas y hechiceras los he leido con mucho asco; y no veo que +merito tiene decir a su amigo Mecenas, que si le pone en el catalogo +de poetas liricos, tocara a los astros con su erguida frente. A los +tontos todo los maravilla en un autor apreciado; pero yo, que leo para +mi solo, no apruebo mas que lo que me da gusto. Candido, que se habia +criado no juzgando de nada por si propio, estaba muy atonito con todo +quanto oia; y a Martin le parecia el modo de pensar de Pococurante muy +conforme a razon. + +iHa! aqui hay un Ciceron, dixo Candido: sin duda no se cansa +Vueselencia de leerle. Nunca le leo, respondio el Veneciano. ?Que +tengo yo con que haya defendido a Rabirio o a Cluencio? Sobrados +pleytos tengo sin esos que fallar. Mas me hubieran agradado sus obras +filosoficas; pero quando he visto que de todo dudaba, he inferido que +lo mismo sabia yo que el, y que para ser ignorante a nadie necesitaba. + +iHola! ochenta tomos de la academia de ciencias; algo bueno podra +haber en ellos, exclamo Martin. Si que lo habria, dixo Pococurante, si +uno de los autores de ese farrago hubiese inventado siquiera el arte +de hacer alfileres; pero en todos esos libros no se hallan mas que +sistemas vanos, y ninguna cosa util. + +iQuantas composiciones teatrales estoy viendo, dixo Candido, en +italiano, en castellano y en frances! Asi es verdad, dixo el senador; +de tres mil pasan, y no hay treinta buenas. Lo que es esas +recopilaciones de sermones que todos juntos no equivalen a una pagina +de Seneca, y todos esos librotes de teologia, ya se presumen vms. que +no los abro nunca, ni yo ni nadie. + +Reparo Martin en unos estantes cargados de libros ingleses. Bien creo, +dixo, que un republicano se recrea con la mayor parte de estas obras +con tanta libertad escritas. Si, respondio Pococurante, bella cosa es +escribir lo que se siente; que es la prerogativa del hombre. En +nuestra Italia toda solo se escribe lo que no se siente, y no son +osados los moradores de la patria de los Cesares y los Antoninos a +concebir una idea sin la venia de un Dominico. Mucho me contentaria la +libertad que a los ingenios ingleses inspira, si no estragaran la +pasion y el espiritu de partido quantas dotes apreciables aquella +tiene. + +Reparando Candido en un Milton, le pregunto si tenia por un hombre +sublime a este autor. ?A quien? dixo Pococurante: ?a ese barbaro que +en diez libros de duros versos ha hecho un prolixo comento del +Genesis? ?a ese zafio imitador de los Griegos, que desfigura la +creacion, y mientras que pinta Moises al eterno Ser criando el mundo +por su palabra, hace que coja el Mesias en un armario del cielo un +inmenso compas para trazar su obra? iYo, estimar a quien ha echado a +perder el infierno y el diablo del Taso; a quien disfraza a Lucifer, +unas veces de sapo, otras de pigmeo, le hace repetir cien veces las +mismas razones, y disputar sobre teologia; a quien imitando seriamente +la comica invencion de las armas de fuego del Ariosto, representa a +los diablos tirando canonazos en el cielo! Ni yo, ni nadie en Italia +ha podido gustar de todas esas tristes extravagancias. Las bodas del +Pecado y la Muerte, y las culebras que pare el Pecado provocan a +vomitar a todo hombre de gusto algo delicado; y su prolixa descripcion +de un hospital solo para un enterrador es buena. Este poema obscuro, +estrambotico y repugnante, fue despreciado en su cuna, y yo le trato +hoy como le trataron en su patria sus coetaneos. Por lo demas, yo digo +mi dictamen sin curarme de si los demas piensan como yo. Candido +estaba muy afligido con estas razones, porque respetaba a Homero, y no +le desagradaba Milton. iAy! dixo en voz baxa a Martin, mucho me temo +que profese este hombre un profundo desprecio a nuestros poetas +tudescos. Poco inconveniente seria, replico Martin. iO que hombre tan +superior, decia entre dientes Candido, que ingenio tan divino este +Pococurante! ninguna cosa le agrada. + +Hecho el escrutinio de todos los libros, baxaron al jardin, y Candido +alabo mucho todas sus preciosidades. No hay una cosa de peor gusto, +dixo Pococurante, aqui no tenemos otra cosa que fruslerias; bien es +que manana voy a disponer que me planten otro por un estilo mas noble. + +Despidieronse en fin ambos curiosos de Su Excelencia, y al volverse a +su casa dixo Candido a Martin: Confiese vm. que el senor Pococurante +es el mas feliz de los humanos, porque es un hombre superior a todo +quanto tiene. + +?Pues no considera vm., dixo Martin, que esta aburrido de quanto +tiene? Mucho tiempo ha que dixo Platon que no son los mejores +estomagos los que vomitan todos los alimentos. ?Pero no es un gusto, +respondio Candido, criticarlo todo, y hallar defectos donde los demas +solo perfecciones encuentran? Eso es lo mismo, replico Martin, que +decir que es mucho gusto no tener gustos. Segun eso, dixo Candido, no +hay otro hombre feliz que yo, quando vuelva a ver a mi Cunegunda. +Buena cosa es la esperanza, respondio Martin. + +Corrian en tanto los dias y las semanas, y Cacambo no parecia, y +estaba Candido tan sumido en su pesadumbre, que ni siquiera noto que +no habian venido a darle las gracias fray Hilarion ni Paquita. + + + + +CAPITULO XXVI. + +_Que da cuenta de como Candido y Martin cenaron con unos +extranjeros, y quien eran estos._ + + +Un dia, yendo Candido y Martin a sentarse a la mesa con los forasteros +alojados en su misma posada, se acerco por detras al primero uno que +tenia una cara de color de hollin de chimenca, el qual, agarrandole +del brazo, le dixo: Dispongase vm. a venirse con nosotros, y no se +descuide. Vuelve Candido el rostro, conoce a Cacambo; solo la vista de +Cunegunda le hubiera podido causar mas extraneza y mas contento. Poco +le falto para volverse loco de alegria; y dando mil abrazos a su caro +amigo, le dixo: ?Con que sin duda esta contigo Cunegunda? ?donde esta? +llevame a verla, y a morir de gozo a sus plantas. Cunegunda no esta +aqui, dixo Cacambo, que esta en Constantinopla.--iDios mio, en +Constantinopla! pero aunque estuviera en la China, voy alla volando: +vamos. Despues de cenar nos iremos, respondio Cacambo: no puedo decir +a vm. mas, que soy esclavo, y me esta esperando mi amo, y asi es +menester que le vaya a servir a la mesa: no diga vm. una palabra; +cene, y este aparejado. + +Preocupado Candido de jubilo y sentimiento, gozoso por haber vuelto a +ver a su fiel agente, atonito de verle esclavo, rebosando en la +alegria de encontrar a su amada, palpitandole el pecho, y vacilante su +razon, se sento a la mesa con Martin, el qual sin inmutarse +contemplaba todas estas aventuras, y con otros seis extrangeros que +habian venido a pasar el carnaval a Venecia. + +Cacambo, que era el copero de uno de los extrangeros, arrimandose a su +amo al fin de la comida, le dixo al oido: Senor, Vuestra Magestad +puede irse quando quisiere, que el buque esta pronto; y se fue dichas +estas palabras. Atonitos los convidados se miraban sin chistar, quando +llegandose otro sirviente a su amo, le dixo: Senor, el coche de +Vuestra Magestad esta en Padua, y el barco listo. El amo hizo una +sena, y se fue el criado. Otra vez se miraron a la cara los +convidados, y crecio el asombro. Arrimandose luego el tercer criado a +otro extrangero, le dixo: Senor, creame Vuestra Magestad, que no se +debe detener mas aqui; yo voy a disponerlo todo, y desaparecio. + +Entonces no dudaron Candido ni Martin de que era mogiganga de +carnaval. El quarto criado dixo al quarto amo: Vuestra Magestad se +podra ir quando quiera, y se salio lo mismo que los demas. Otro tanto +dixo el criado quinto al quinto amo; pero el sexto se explico de muy +diferente modo con el sexto forastero, que estaba al lado de Candido, +y le dixo: A fe, Senor, que nadie quiere fiar un ochavo a Vuestra +Magestad, ni a mi tampoco, y que esta misma noche pudiera ser muy bien +que nos metieran en la carcel, y asi voy a ponerme en salvo: quedese +con Dios Vuestra Magestad. + +Habiendose marchado todos los criados, se quedaron en alto silencio +Candido, Martin y los seis forasteros. Rompiole al fin Candido, +diciendo: Cierto, senores, que es donosa la burla; ?porque son todos +vms. reyes? Yo por mi declaro que ni el senor Martin ni yo lo somos. +Respondiendo entonces con mucha dignidad el amo de Cacambo, dixo en +italiano: Yo no soy un bufon; mi nombre es Acmet III; he sido gran +Sultan por espacio de muchos anos; habia destronado a mi hermano, y mi +sobrino me na destronado a mi; a mis visires les han cortado la +cabeza, y yo acabo mis dias en el serrallo viejo. Mi sobrino el gran +Sultan Mahamud me da licencia para viajar de quando en quando para +restablecer mi salud; y he venido a pasar el carnaval a Venecia. + +Despues de Acmet hablo un mancebo que junto a el estaba, y dixo: Yo me +llamo Ivan, he sido emperador de toda la Rusia, y destronado en la +cuna. Mi padre y mi madre fueron encarcelados, y a mi me criaron en +una carcel. Algunas veces me dan licencia para viajar en compania de +mis alcaydes; y he venido a pasar el carnaval a Venecia. + +Dixo luego el tercero: Yo soy Carlos Eduardo, rey de Inglaterra, +habiendome cedido mi padre sus derechos a la corona. He peleado por +sustentarlos; a ochocientos partidarios mios les han arrancado el +corazon, y les han sacudido con el en la cara: a mi me han tenido +preso, y ahora voy a ver al Rey mi padre a Roma, el qual ha sido +destronado asi como mi abuelo, y asi como yo; y he venido a pasar el +carnaval a Venecia. + +Hablo entonces el quarto, y dixo: Yo soy rey de los Polacos; la suerte +de la guerra me ha privado de mis estados hereditarios; los mismos +contratiempos ha sufrido mi padre: me resigno a los decretos de la +Providencia, como hacen el sultan Acmet, el emperador Ivan, y el rey +Carlos Eduardo, que Dios guarde dilatados anos; y he venido a pasar el +carnaval a Venecia. + +Dixo despues el quinto: Tambien yo soy rey de los Polacos, y dos veces +he perdido mi reyno; pero la Providencia me ha dado otro estado, en el +qual he hecho mas bienes que quantos han podido hacer en las riberas +del Vistula todos los reyes de la Sarmacia juntos: tambien me resigno +a los juicios de la Providencia; y he venido a pasar el carnaval a +Venecia. + +Hablo por ultimo el sexto monarca, y dixo: Caballeros, yo no soy tan +gran senor como vms., mas al cabo rey he sido como el mas pintado: mi +nombre es Teodoro; fui electo rey en Corcega, me daban +_magestad,_ y ahora apenas se dignan de decirme _su merced_: +he hecho acunar moneda, y no tengo un maravedi; tenia dos secretarios +de estado, y apenas me queda un lacayo; me he visto en un trono, y he +estado mucho tiempo en Londres en una carcel acostado sobre paja; y me +rezelo que me suceda aqui lo mismo, puesto que he venido, como +Vuestras Magestades, a pasar el carnaval a Venecia. + +Escucharon con magnanima compasion los otros cinco monarcas este +razonamiento, y dio cada uno veinte zequies al rey Teodoro para que +comprase vestidos y ropa blanca. Candido le regalo un brillante de dos +mil zequies. ?Quien es este particular, dixeron los cinco reyes, que +puede hacer una dadiva cien veces mas quantiosa que qualquiera de +nosotros, y que efectivamente la hace? + +Al levantarse de la mesa, llegaron a la misma posada quatro Altezas +Serenisimas que tambien habian perdido sus estados por los acasos de +la guerra, y venian a pasar lo restante del carnaval a Venecia; pero +ne se informo siquiera Candido de las aventuras de los recien-venidos, +no pensando en mas que en ir a buscar a su amada Cunegunda a +Constantinopla. + + + + +CAPITULO XXVII. + +_Del viage de Candido a Constantinopla._ + + +Ya el fiel Cacambo habia concertado con el capitan turco que habia de +llevar a Constantinopla al sultan Acmet, que tomara a bordo a Candido +y a Martin; y ambos se embarcaron, habiendose postrado primero ante su +miserable Alteza. Candido en el camino decia a Martin: iCon que hemos +cenado con seis reyes destronados, y de los seis a uno he tenido que +darle tina limosna! Acaso hay otros muchos principes mas desgraciados. +Yo a la verdad no he perdido mas que cien carneros, y voy a descansar +de mis fatigas en brazos de Cunegunda. Razon tenia Panglos, amado +Martin, todo esta bien. Sea enhorabuena, dixo Martin. Increible +aventura es empero, continuo Candido, la que en Venecia nos ha +sucedido; porque nunca se ha visto ni oido cosa tal como cenar juntos +en la misma posada seis monarcas destronados. No es eso cosa mas +extraordinaria, replico Martin, que otras muchas que nos han sucedido. +Con mucha frequencia sucede que un rey sea destronado; y por lo que +respeta a la honra que hemos tenido de cenar con ellos, eso es una +friolera que ni siquiera mentarse merece. + +Apenas estaba Candido en el navio, se arrojo en brazos de su criado +antiguo y su amigo Cacambo. ?Y pues, le dixo, que hace Cunegunda? +?es todavia un portento de beldad? ?me quiere aun? ?como esta? Sin +duda que le has comprado un palacio en Constantinopla. Senor mi amo, +le respondio Cacambo, Cunegunda esta fregando platos a orillas de la +Propontis, en casa de un principe que tiene poquisimos platos, porque +es esclava de un soberano antiguo llamado Ragotski, a quien da el +gran Turco tres duros diarios en su asilo; y lo peor es que ha perdido +su hermosura, y que esta horrorosa de puro fea. iAy! fea o hermosa, +dixo Candido, yo soy hombre de bien, y mi obligacion es quererla +siempre. ?Pero como se puede encontrar en tan miserable estado con el +millon de duros que tu le llevaste? Bueno esta eso, respondio +Cacambo: ?pues no tuve que dar doscientos mil al senor Don Fernando +de Ibarra, Figueroa, Mascarenas, Lampurdan y Souza, gobernador de +Buenos-Ayres, para alcanzar su licencia de traerme a Cunegunda? ?y no +nos ha robado un pirata todo quanto nos habia quedado? ?No nos ha +conducido dicho pirata al cabo de Matapan, a Milo, a Nicaria, a Samos, +a Petri, a los Dardanelos, a Marmara y a Escutari? Cunegunda y la +vieja estan sirviendo al principe que llevo dicho, y yo soy esclavo +del sultan destronado. iQuanta espantosa calamidad encadenada una con +otra! dixo Candido. Al cabo aun me quedan algunos diamantes, y con +facilidad rescatare a Cunegunda. iQue lastima es que este tan fea! +Volviendose luego a Martin, le dixo: ?Quien piensa vm. que es mas +digno de compasion, el emperador Acmet, el emperador Ivan, el rey +Carlos Eduardo, o yo? No lo se, dixo Martin, y menester fuera hallarme +dentro del pecho de vms. para saberlo. Ha, dixo Candido, si estuviera +aqui Panglos, el lo sabria, y nos lo diria. Yo no poseo, respondio +Martin, la balanza con que pesaba ese senor Panglos las miserias, y +valuaba las cuitas humanas; pero si presumo que hay en la tierra +millones de hombres mas dignos de lastima que el rey Carlos Eduardo, +el emperador Ivan, y el sultan Acmet. Bien puede ser, dixo Candido. + +A pocos dias llegaron al canal del mar Negro. Candido rescato a precio +muy subido a Cacambo, y sin perder un instante se metio con sus +companeros en una galera para ir a orillas de la Propontis en demanda +de Cunegunda, por mas fea que estuviese. + +Habia entre la chusma dos galeotes que remaban muy mal, y a quien el +arraez levantisco aplicaba de quando en quando sendos latigazos en las +espaldas con el rebenque. Por un movimiento natural los miro Candido +con mas atencion que a los demas forzados, arrimandose a ellos con +lastima; y en algunas facciones de sus desfigurados rostros le +parecio que se daban un poco de ayre a Panglos, y al otro desventurado +jesuita, al baron, hermano de Cunegunda. Enternecido y movido a +compasion con esta idea, los contemplo con mayor atencion, y dixo a +Cacambo: Por mi vida, que si no hubiera visto ahorcar a maese Panglos, +y no hubiera tenido la desgracia de matar al baron, creeria que son +esos que van remando en la galera. + +Oyendo los nombres del baron y de Panglos, dieron un agudo grito ambos +galeotes, se pararon en el banco, y dexaron caer los remos. Al punto +se tiro a ellos el arraez, menudeando los latigazos con el rebenque. +Detengase, detengase, Senor, clamo Candido, que le dare el dinero que +me pidiere. ?Con que es Candido? decia uno de los forzados. ?Con que +es Candido? repetia el otro. ?Es sueno? decia Candido; ?estoy en esta +galera? ?estoy despierto? ?Es el senor baron a quien yo mate? ?es +maese Panglos a quien vi ahorcar? Nosotros somos, nosotros somos, +respondian a la par. ?Con que este es aquel insigne filosofo? decia +Martin. Ha, senor arraez levantisco, ?quanto quiere por el rescate del +senor baron de Tunder-ten-tronck, uno de los primeros barones del +imperio, y del senor Panglos, el metafisico mas profundo de Alemania? + +Perro cristiano, respondio el arraez, una vez que esos dos perros de +galeotes cristianos son barones y metafisicos, lo qual es sin duda +un, cargo muy alto en su pais, me has de dar por ellos cincuenta mil +zequies.--Yo se los dare, senor; lleveme de un vuelo a Constantinopla, +y al punto sera satisfecho; pero no, lleveme a casa de Cunegunda. El +arraez, asi que oyo la oferta de Candido, puso la proa a la ciudad, y +hacia que remaran con mas ligereza que un paxaro sesga el ayre. + +Dio Candido cien abrazos a Panglos y al baron.--?Pues como no he +muerto a vm., mi amado baron? ?y vm., mi amado Panglos, como esta vivo +habiendole ahorcado? ?y porque estan ambos en galeras en Turquia? ?Es +cierto que este mi querida hermana en esta tierra? dixo el baron. Si, +Senor, respondio Cacambo. Al fin vuelvo a ver a mi caro Candido, +exclamaba Panglos. Candido les presentaba a Martin y a Cacambo: todos +se abrazaban, todos hablaban a la par; bogaba la galera, y estaban ya +dentro del puerto. Llamaron a un. Judio a quien vendio Candido por +cincuenta mil zequies un diamante que valia cien mil, y el Judio le +juro por Abrahan, que no podia dar un ochavo mas. Incontinenti +satisfizo el rescate del baron y Panglos: este se arrojo a las plantas +de su libertador, banandolas en lagrimas; aquel le dio las gracias +baxando la cabeza, y le prometio pagarle su dinero asi que tuviese con +que. ?Pero es posible, decia, que este en Turquia mi hermana? Tan +posible, replico Cacambo, que esta fregando platos en casa de un +principe de Transilvania. Llamaron, al punto a otros Judios, vendio +Candido otros diamantes, y se partieron todos en otra galera para ir a +librar a Cunegunda. + + + + +CAPITULO XXVIII. + +_Que trata de los sucesos que pasaron con Candido, Cunegunda, +Panglos y Martin._ + + +Mil perdones pido a vm., dixo Candido al baron, mil perdones, padre +reverendisimo, de haberle pasado el cuerpo de una estocada. No +tratemos mas de eso, dixo el baron, yo confieso que me excedi un poco. +Pero una vez que desea vm. saber como me he visto en galeras, le +contare que despues que me hubo sanado de mi herida el hermano +boticario del colegio, me acometio y me hizo prisionero una partida +espanola, y me pusieron en la carcel de Buenos-Ayres, quando acababa +mi hermana de embarcarse para Europa. Pedi que me enviaran a Roma al +padre general, y me nombraron para ir a Constantinopla de capellan de +la embaxada de Francia. Habia apenas ocho dias que estaba desempenando +las obligaciones de mi empleo, quando encontre una noche a un icoglan +muy muchacho y muy lindo; y como hacia mucho calor, quiso el mozo +banarse, y yo tambien me meti con el en el bano, no sabiendo que era +delito capital en un cristiano que le hallaran desnudo con un mancebo +musulman. Un cadi me mando dar cien palos en la planta de los pies, y +me condeno a galeras; y pienso que jamas se ha cometido injusticia mas +horrorosa. Ahora querria saber porque se halla mi hermana de fregona +de un principe de Transilvania refugiado en Turquia. + +?Y vm., mi amado Panglos, como es posible que le este viendo? Verdad +es, dixo Panglos, que me viste ahorcar; iban a quemarme, pero ya te +acuerdas que llovia a chaparrones quando me habian de echar a la +hoguera, y que no fue posible encender el fuego; asi que me ahorcaron, +sin exemplar, no pudiendo mas: y un cirujano que compro mi cuerpo, me +llevo a su casa, y me diseco. Primero me hizo una incision crucial +desde el ombligo hasta la clavicula. Yo estaba tan mal ahorcado, que +no podia ser mas: el executor de las sentencias de la santa +inquisicion, que era subdiacono, es verdad que quemaba las personas +con la mayor habilidad, pero no entendia cosa en materia de ahorcar: +la soga que estaba mojada apreto poco, en fin todavia estaba vivo. La +incision crucial me hizo dar un grito tan desaforado, que atemorizado +el cirujano se cayo de espaldas; y creyendo que estaba disecando a +Lucifer se escapo muerto de miedo, y se volvio a caer de la escalera +abaxo. Al estrepito acudio su muger de un quarto inmediato; y +viendome tendido en la mesa con la incision crucial, se asusto mas que +su marido, se escapo, y se cayo encima de el. Quando volvieron algo en +si, oi que decia la cirujana al cirujano: ?Quien te metio en disecar a +un herege? ?acaso no sabes que todos ellos tienen metido el diablo en +el cuerpo? me voy corriendo a llamar a un clerigo que le exorcize. +Asustado con estas palabras recogi las pocas fuerzas que me quedaban, +y me puse a gritar: Tengan lastima de mi. Al fin cobro animo el +barbero portugues, me dio unos quantos puntos en la incision, su muger +me cuido, y a cabo de quince dias estaba ya bueno. El barbero me +acomodo de lacayo de un caballero de Malta que iba a Venecia; pero no +teniendo mi amo con que mantenerme, me puse a servir a un mercader +veneciano, y le acompane a Constantinopla. + +Ocurriome un dia la idea de entrar en una mezquita, donde no habia mas +que un iman viejo y una santurrona moza muy bonita, que rezaba sus +padre-nuestros: tenia descubiertos los pechos, y entre las dos tetas +un ramillete muy hermoso de tulipas, rosas, anemonas, ranunculos, +jacintos y auriculas. Cayosele el ramillete, y yo le cogi, y se le +puse con tanta cortesia como respeto. Tanto tardaba en ponersele, que +se enfado el iman; y advirtiendo que era cristiano, llamo gente. +Llevaronme a casa del cadi, que me mando dar cien varazos en los pies +y me envio a galeras, amarrandome justamente a la misma galera y al +mismo banco que el senor baron. En ella habia quatro mozos de +Marsella, cinco clerigos napolitanos, y dos frayles de Corfu, que nos +aseguraron que casi todos los dias sucedian aventuras como las +nuestras. Sustentaba el senor baron que le habian hecho mas injusticia +que a mi; y yo defendia que mucho mas permitido era volver a poner un +ramillete al pecho de una moza, que hallarse en cueros con un icoglan: +disputabamos continuamente, y nos sacudian cien latigazos al dia con +la penca, quando te conduxo a nuestra galera la cadena de los sucesos +de este universo, y nos rescataste. ?Y pues, amado Panglos, le dixo +Candido, quando se vio vm. ahorcado, disecado, molido a palos, y +remando en galeras, pensaba que todo iba perfectamente? Siempre me +estoy en mis trece, respondio Panglos; que al fin soy filosofo, y un +filosofo no se ha de desdecir, porque no se puede enganar Leibnitz, +aparte que la harmonia preestablecida, es la cosa mas linda del mundo, +no menos que el lleno y la materia sutil. + + + + +CAPITULO XXIX. + +_De como topo Candido con Cunegunda y con la vieja._ + + +Mientras se daban cuenta de sus aventuras Candido, el baron, Panglos, +Martin y Cacambo; mientras que discurrian acerca de los sucesos +contingentes o no contingentes de este mundo, que disputaban sobre los +efectos y las causas, sobre el mal moral y el mal fisico, sobre la +libertad y la necesidad, sobre los consuelos que puede recibir quien +esta en galeras en Turquia, aportaron a las playas de la Propontis, +junto a la morada del principe de Transilvania. Lo primero que se les +presento fue Cunegunda y la vieja que estaban tendiendo unas +servilletas para que se enxugasen en unas tomizas. Al ver esta escena, +se puso amarillo el baron; y el tierno y enamorado Candido +contemplando a Cunegunda toda prieta, los ojos laganosos, enxutos los +pechos, la cara arrugada, y los bazos amoratados, se hizo tres pasos +atras, y se adelanto luego por buena crianza. Abrazo Cunegunda a +Candido y a su hermano, todos abrazaron a la vieja, y Candido las +rescato a entrambas. + +Habia un cortijillo en las inmediaciones, y propuso la vieja a Candido +que le comprase, interin hallaba toda la compania mejor acomodo. +Cunegunda que no sabia que estaba fea, no habiendoselo dicho nadie, +acordo sus promesas a Candido en tono tan resuelto, que no se atrevio +el pobre a replicar. Declaro pues al baron que se iba a casar con su +hermana; pero este dixo: Nunca consentire yo en semejante vileza de su +parte, y tamana osadia de la tuya, ni nunca no podran echar en cara +tal ignominia. ?Con que los hijos de mi hermana no podran entrar en +los cabildos de Alemania? No, mi hermana no se ha de casar, como no +sea con un baron del imperio. Cunegunda se postro a sus plantas, y las +bano en llanto, pero fue en balde. iFatuo, sin seso, le dixo Candido, +te he librado de galeras, he pagado tu rescate, y el de tu hermana que +estaba fregando platos, y que es fea; soy tan bueno que quiero que sea +mi muger, y todavia quieres tu estorbarmelo! Si me dexara llevar de la +ira, te matara segunda vez. Otras ciento me puedes matar, respondio el +baron, pero no te has de casar con mi hermana mientras yo viva. + + + + +CAPITULO XXX. + +_Donde se da fin a la historia._ + + +En lo interior de su corazon no tenia Candido ganas ningunas de +casarse con Cunegunda; pero la mucha insolencia del baron le determino +a acelerar las bodas, sin contar que la baronesita le apretaba tanto, +que no las podia dilatar mas. Consulto pues a Panglos, a Martin y al +fiel Cacambo. Panglos compuso una erudita memoria, probando que no +tenia el baron derecho ninguno en su hermana, y que segun todas las +leyes del imperio podia Cunegunda casarse con Candido, dandole la mano +izquierda; Martin fue de parecer de que tiraran con el baron al mar; y +Cacambo de que se le entregaran al arraez levantisco, el qual le +volveria a poner a remar a la galera, interin le enviaban al padre +general por la primera embarcacion que diese a la vela para Roma. +Parecio bien esta idea: aprobola la vieja; y sin decir palabra a +Cunegunda, se puso en execucion mediante algun dinero: teniendo asi la +satisfaccion de jugar pieza a un jesuita, y escarmentar la vanidad de +un baron aleman. + +Cosa natural era pensar que despues de tantas desgracias Candido +casado con su amada, viviendo en compania del filosofo Panglos, del +filosofo Martin, del prudente Cacambo y de la vieja, y habiendo traido +tantos diamantes de la patria de los antiguos Incas, disfrutaria la +vida mas feliz; pero tanto le estafaron los Judios, que no le quedaron +mas bienes que su pobre cortijo. Su muger, que cada dia era mas fea, +se hizo de una condicion de vinagre inaguantable; y la vieja cayo +enferma, y era mas reganona, todavia que Cunegunda. Cacambo que cavaba +el huerto y llevaba a vender la hortaliza a Constantinopla, estaba +rendido de faena, y maldecia su suerte. Panglos se desesperaba, porque +no lucia su saber en alguna universidad de Alemania: solo Martin, +firmemente convencido de que en todas partes el hombre se encuentra +mal, llevaba las cosas en paciencia. Algunas veces disputaban Candido, +Martin y Panglos sobre metafisica y moral. Por las ventanas del +coitijo sovian pasar con mucha frequencia barcos cargados de efendis, +baxaes y cadies, que iban desterrados a Lemnos, Mitylene y Erzerum; y +llegar otros cadies, otros baxaes y otros efendis, que ocupaban el +lugar de los depuestos, y que lo eran ellos luego; y se vian cabezas +rellenas con mucho aseo de paja, que se llevaban de regalo a la +Sublime Puerta. Estas escenas daban materia a nuevas disertaciones; y +quando no disputaban se aburrian tanto, que la vieja se aventuro a +decirles un dia: Quisiera yo saber que es peor, ?ser violada cien +veces al dia por piratas negros, verse cortar una nalga, pasar +baquetas entre los Bulgaros, ser azotado y ahorcado en un auto de fe, +ser disecado, remar en galeras, finalmente padecer todas quantas +desventuras hemos pasado, o estar aqui sin hacer nada? Ardua es la +question, dixo Candido. + +Suscito este razonamiento nuevas reflexiones; y coligio Martin que el +destino del hombre era vivir en las convulsiones de las angustias, o +en el parasismo del fastidio. Candido no se lo concedia, pero no +afirmaba nada: Panglos confesaba que toda su vida habia sido una serie +de horrorosos infortunios; pero como una vez habia sustentado que todo +estaba perfecto, seguia sustentandolo sin creerlo. Lo que acabo de +cimentar los detestables principios de Martin, de hacer titubear mas +que nunca a Candido, y de poner en confusion a Panglos, fue que un dia +vieron llegar a su cortijo a Paquita y fray Hilarion en la mas +horrenda miseria. En breve tiempo se habian comido los tres mil duros, +se habian dexado y vueltose a juntar, y vuelto a renir, habian sido +puestos en la carcel, se habian escapado, y finalmente fray Hilarion +se habia hecho Turco. Paquita seguia exercitando su oficio, pero ya no +ganaba con el para comer. Bien habia yo pronosticado, dixo Martin a +Candido, que en breve disiparian las dadivas de vm., y serian mas +miserables: vm. y Cacambo han rebosado en millones de pesos, y no son +mas afortunados que fray Hilarion y Paquita. iHa, dixo Panglos a +Paquita, con que te ha traido el cielo con nosotros! ?Sabes, pobre +muchacha, que me tienes de costa la punta de la nariz, un ojo y una +oreja? iQue mudada que estas! ivalgame Dios, lo que es este mundo! +Esta nueva aventura les dio margen a que filosofaran mas que nunca. + +En la vecindad vivia un derviche que gozaba la reputacion del mejor +filosofo de Turquia. + +Fueren a consultarle; hablo Panglos por los demas, y le dixo: Maestro, +venimos a rogarte que nos digas para que fue formado un animal tan +extrano como el hombre? ?Quien te mete en eso? le dixo el derviche: +?te importa para algo? Pero, reverendo padre, horribles males hay en +la tierra. ?Que hace al caso que haya bienes o que haya males? quando +envia Su Alteza un navio a Egipto, se informa de si se hallan bien o +mal los ratones que van en el? Pues que se ha de hacer? dixo Panglos. +Que te calles, respondio el derviche. Yo esperaba, dixo Panglos, +discurrir con vos acerca de las causas y los efectos, del mejor de los +mundos posibles, del origen del mal, de la naturaleza del alma, y de +la harmonia preestablecida. En respuesta les dio el derviche con la +puerta en los hocicos. + +Mientras que estaban en esta conversacion, se esparcio la voz de que +acababan de ahorcar en Constantinopla a dos visires del banco y al +mufti, y de empalar a varios de sus amigos; catastrofe que metio mucha +bulla por espacia de algunas horas. Al volverse Panglos, Candido y +Martin a su cortijo ,`encontraron a un buen anciano que estaba tomando +el fresco a la puerta de su casa, baxo un emparrado de naranjos. +Panglos, que no era menos curioso que argu-mentista, le pregunto como +se llamaba el mufti que acababan de ahorcar. No lo se, respondio el +buen hombre, ni nunca he sabido el nombre de mufti ni de visir +ninguno. Ignoro absolutamente la aventura de que me hablais; presumo, +si, que generalmente los que manejan los negocios publicos perecen a +veces miserablemente, y que bien se lo merecen; pero jamas me informo +de los sucesos de Constantinopla, contentandome con enviara vender +alla las frutas del huerto que labro. Dicho esto, convido a los +extrangeros a entrar en su casa; y sus dos hijas y dos hijos les +presentaron muchas especies de sorbetes que ellos propios fabricaban, +kaimak guarnecido de cascaras de azamboa confitadas, naranjas, +limones, limas, pinas, alfonsigos, y cafe de Moka, que no estaba +mezclado con los malos cafees de Batavia y las islas de America; y +luego las dos hijas del buen musulman sahumaron las barbas de Candido, +Panglos y Martin. Sin duda que teneis, dixo Candido al Turco, una +vasta y magnifica posesion. Nada mas que veinte fanegadas de tierra, +respondio el Turco, que labro con mis hijos: y el trabajo nos libra de +tres insufribles calamidades, el aburrimiento, el vicio, y la +necesidad. + +Mientras se volvia Candido a su cortijo, iba haciendo profundas +reflexiones en las razones del Turco, y le dixo a Panglos y a Martin: +Se me figura que se ha sabido este buen viejo labrar una suerte muy +mas feliz que la de los seis monarcas con quien tuvimos la honra de +cenar en Venecia. Las grandezas, dixo Panglos, son muy peligrosas, +segun opinan todos los filosofos. Eglon, rey de los Moabita, fue +asesinado por Aod; Absalon colgado de los cabellos y atravesado con +tres saetas; el rey Nadab, hijo de Jeroboan, muerto por Baza; el rey +Ela por Zambri; Ocosias por Jehu; Atalia por Joyada; y los reyes +Joaquin, Jeconias y Sedecias fueron esclavos. Sabido es de que modo +murieron Creso, Astyages, Dario, Dionisio de Syracusa, Pyrro, Perseo, +Hanibal, Jugurta, Ariovisto, Cesar, Pompeyo, Neron, Oton, Vitelio, +Domiciano, Ricardo II de Inglaterra, Eduardo II, Henrique VI, Ricardo +III, Maria Estuardo, Carlos I, los tres Henriques de Francia, el +emperador Heririque IV, el rey godo Don Rodrigo, Don Alvaro de Luna; y +nadie ignora... Tampoco ignoro yo, dixo Cundido, que es menester +cultivar nuestra huerta. Razon tienes, dixo Panglos; porque quando fue +colocado el hombre en el paraiso de Eden, fue para labrarle, _ut +operaretur eum_, lo qual prueba que no nacio para el sosiego. +Trabajemos pues sin argumentar, dixo Martin, que es el medio unico de +que sea la ida tolerable. + +Toda la compania aprobo tan loable determinacion; empezo cada uno a +exercitar su habilidad, y el cortijillo rindio mucho. Verdad es que +Cunegunda era muy fea, pero hacia excelentes pasteles; Paquita +bordaba, y la vieja cuidaba de la ropa blanca. Hasta fray Hilarion +sirvio, que aprendio con perfeccion el oficio de carpintero, y paro en +ser muy hombre de bien. Panglos deeia algunas veces a Candido. Todos +los sucesos estan encadenados en el mejor de los mundos posibles; +porque si no te hubieran echado a patadas en el trasero de una +magnifica quinta por amor de Cunegunda, si no te hubieran metido en +la inquisicion, si no hubieras andado a pie por las soledades de la +America, si no hubieras pegado una birena estocada al baron, y si no +hubieras perdido todos tus carneros del buen pais del Dorado, no +estarias aqui ahora comiendo azamboas en dulce, y alfonsigos. Bien +dice vm., respondio Candido; pero es menester labrar nuestra huerta. + +_Fin de Candido, o del Optimismo._ + + + + +TABLA + +DE LAS NOVELAS CONTENIDAS EN EL TOMO PRIMERO. + +ZADIG, O EL DESTINO, historia oriental Dedicatoria de Zadig a la +sultana +Cheraah, por Sadi. + +CAP. I. El tuerto +CAP. II. Las narices +CAP. III. El perro y el caballo +CAP. IV. El envidioso +CAP. V. El generoso +CAP. VI. El ministro +CAP. VII. Disputas y audiencias +CAP. VIII. Los zelos +CAP. IX. La muger aporreada +CAP. X. La esclavitud +CAP. XI. La hoguera +CAP. XII. La cena +CAP. XIII. Las citas +CAP. XIV. El bayle +CAP. XV. Los ojos azules +CAP. XVI. El bandolero +CAP. XVII. El pescador +CAP. XVIII. El basilisco +CAP. XIX. Las justas +CAP. XX. El ermitano +CAP. XXI. Las adivinanzas + +COMO ANDA EL MUNDO, vision de Babuco, escrita por el propio MEMNON, +O LA CORDURA HUMABA LOS DOS CONSOLADOS HISTORIA DE LOS VIAGES DE +ESCARMENTADO, escrita por el propio. + +MICROMEGAS, historia filosofica. + +CAP. I. Viage de un raorador del mundo de la estrella Sino al planeta +de Saturno. +CAP. II. Conversacion del morador de Siriot con el de Saturno. +CAP. III. Viage de los dos habitantes de Sirio y Saturno. +CAP. IV. Que da cuenta de lo que les sucedio en el globo de la tierra. +CAP. V. Experiencias y raciocinios de ambos caminantes. +CAP. VI. De lo que les acontecio con unos hombres. +CAP. VII. Conversacion con los hombres. + +HISTORIA DE UN BUEN BRAMA. + +CANDIDO, O EL OPTIMISMO. + +CAP. I. Donde se da cuenta de como fue criado Candido en una herniosa +quinta, y como de ella fue echado a patadas. +CAP. II. De lo que sucedio a Candido con los Bulgaros. +CAP. III. De que modo se libro Candido de manos de los Bulgaros, y de +lo que le sucedio despues. +CAP. IV. De que modo encontro Candido a su maestro de filosofia, el +doctor Panglos, y de loque le acontecio. +CAP. V. De una tormenta, un naufragio, y un terremoto. De los sucesos +del doctor Panglos, de Candido, y de Santiago el anabautista. +CAP. VI. Del magnifico auto de fe que se hizo para que cesara el +terremoto, y de los doscientos azotes que pegaron a Candido. +CAP. VII. Que cuenta como una vieja remedio las cuitas de Candido, y +como topo este con su dama. +CAP. VIII. Historia de Cunegunda. +CAP. IX. Prosiguen los sucesos de Cunegunda, Candido, el inquisidor +general, y el Judio. +CAP. X. De la triste situacion en que se vieron Candido, Cunegunda y +la vieja; de su arribo a Cadiz, y como se embarcaron para America. +CAP. XI. Que cuenta la historia de la vieja. +CAP. XII. Donde prosigue la historia de la vieja. +CAP. XIII. De como Candi lo tuvo que separarse por fuerza de la +hermosa Cunegunda y la vieja. +CAP. XIV. Del recibimiento que a Candido y Cacambo hicieron los +jesuitas del Paraguay. +CAP. XV. Que quenta la muerte que dio Candido al hermano de su querida +Cunegunda. +CAP. XVI. Donde se da cuenta de los sucesos de nuestros dos caminantes +con dos muchachas, dos ximios, y los salvages llamados Orejones. +CAP. XVII. Cuentase el arribo de Candido con su criado al pais del +Dorado, y lo qne alli vieron. +CAP. XVIII. Donde se da cuenta de lo que en el pais del Dorado vieron. +CAP. XIX. De los sucesos de Surinam, y del conocimiento que hizo +Candido de Martin. +CAP. XX. De lo que sucedio a Candido y a Martin durante la navegacion. +CAP. XXI. Donde se da cuenta de la platica de Candido y Martin, al +acercarse a las costas de Francia. +CAP. XXII. De los sucesos que en Francia acontecieron +a Candido y a Martin. +CAP. XXIII. Del arribo de Candido y Martin a la costa de Inglaterra, y +de lo que alli vieron. +CAP. XXIV. Que trata de fray Hilarion y de Paquita. +CAP. XXV. Que da cuenta de la visita que hicieron Martin y Candido al +senor Pococurante, noble veneciano. +CAP. XXVI. Que da cuenta de como Candido y Martin cenaron con unos +extrangeros, y quien eran estos. +CAP. XXVII. Del viage de Candido a Constantinopla. +CAP. XXVIII. Que trata de los sucesos que pasaron con Candido, +Cunegunda, Panglos y Martin. +CAP. XXIX. De como topo Candido con Cunegunda y con la vieja. +CAP. XXX. Donde se da fin a la historia + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of Candido, o El Optimismo, by Voltaire + +*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK CANDIDO, O EL OPTIMISMO *** + +This file should be named 7cand10.txt or 7cand10.zip +Corrected EDITIONS of our eBooks get a new NUMBER, 7cand11.txt +VERSIONS based on separate sources get new LETTER, 7cand10a.txt + +Produced by Tom Richards, Arno Peters, Juliet Sutherland, +Charles Franks and the Online Distributed Proofreading Team. + +Project Gutenberg eBooks are often created from several printed +editions, all of which are confirmed as Public Domain in the US +unless a copyright notice is included. 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RALPH, + +Con las adiciones que se han hallado en los papeles del Doctor, +despues de su fallecimiento en Minden, el año 1759 de nuestra +redencion. + + + + +CAPITULO PRIMERO. + +_Donde se da cuenta de como fué criado Candido en una hermosa +quinta, y como de ella fué echado á patadas._ + + +En la quinta del Señor baron de Tunderten-tronck, título de la +Vesfalia, vivia un mancebo que habia dotado de la índole mas apacible +naturaleza. Víase en su fisonomía su alma: tenia bastante sano juicio, +y alma muy sensible; y por eso creo que le llamaban Candido. +Sospechaban los criados antiguos de la casa, que era hijo de la +hermana del señor baron, y de un honrado hidalgo, vecino suyo, con +quien jamas consintió en casarse la doncella, visto que no podia +probar arriba de setenta y un quarteles, porque la injuria de los +tiempos habia acabado con el resto de su árbol genealógico. + +Era el señor baron uno de los caballeros mas poderosos de la Vesfalia; +su quinta tenia puerta y ventanas, y en la sala estrado habia una +colgadura. Los perros de su casa componian una xauria quando era +menester; los mozos de su caballeriza eran sus picadores, y el +teniente-cura del lugar su primer capellan: todos le daban señoría, y +se echaban á reir quando decia algun chiste. + +La señora baronesa que pesaba unas catorce arrobas, se habia grangeado +por esta prenda universal respeto, y recibia las visitas con una +dignidad que la hacia aun mas respetable. Cunegunda, su hija, doncella +de diez y siete años, era rolliza, sana, de buen color, y muy +apetitosa muchacha; y el hijo del baron en nada desdecia de su padre. +El oráculo de la casa era el preceptor Panglós, y el chicuelo Candido +escuchaba sus lecciones con toda la docilidad propia de su edad y su +carácter. + +Demostrado está, decia Panglós, que no pueden ser las cosas de otro +modo; porque habiéndose hecho todo con un fin, no puede ménos este de +ser el mejor de los fines. Nótese que las narices se hiciéron para +llevar anteojos, y por eso nos ponemos anteojos; las piernas +notoriamente para las calcetas, y por eso se traen calcetas; las +piedras para sacarlas de la cantera y hacer quintas, y por eso tiene +Su Señoría una hermosa quinta; el baron principal de la provincia ha +de estar mas bien aposentado que otro ninguno: y como los marranos +naciéron para que se los coman, todo el año comemos tocino. De suerte +que los que han sustentado que todo está bien, han dicho un disparate, +porque debian decir que todo está en el último ápice de perfeccion. + +Escuchábale Candido con atención, y le creía con inocencia, porque la +señorita Cunegunda le parecía un dechado de lindeza, puesto que nunca +habia sido osado á decírselo. Sacaba de aquí que despues de la +imponderable dicha de ser baron de Tunder-ten-tronck, era el segundo +grado el de ser la señorita Cunegunda, el tercero verla cada dia, y el +quarto oir al maestro Panglós, el filósofo mas aventajado de la +provincia, y por consiguiente del orbe entero. + +Paseándose un dia Cunegunda en los contornos de la quinta por un +tallar que llamaban coto, por entre unas matas vio al doctor Panglós +que estaba dando lecciones de física experimental á la doncella de +labor de su madre, morenita muy graciosa, y no ménos dócil. La niña +Cunegunda tenia mucha disposicion para aprender ciencias; observó pues +sin pestañear, ni hacer el mas mínimo ruido, las repetidas +experiencias que ámbos hacian; vió clara y distintamente la razon +suficiente del doctor, sus causas y efectos, y se volvió desasosegada +y pensativa, preocupada del anhelo de adquirir ciencia, y figurándose +que podía muy bien ser ella la razón suficiente de Candido, y ser este +la suya. + +De vuelta á la quinta encontró á Candido, y se abochornó, y Candido se +puso también colorado. Saludóle Cunegunda con voz trémula, y +correspondió Candido sin saber lo que se decia. El dia siguiente, +despues de comer, al levantarse de la mesa, se encontraron detras de +un biombo Candido y Cunegunda; esta dexó caer el pañuelo, y Candido le +alzó del suelo; ella le cogió la mano sin malicia, y sin malicia +Candido estampó un beso en la de la niña, pero con tal gracia, tanta +viveza, y tan tierno cariño, qual no es ponderable; topáronse sus +bocas, se inflamáron sus ojos, les tembláron las rodillas, y se les +descarriáron las manos.... En esto estaban quando acertó á pasar por +junto al biombo el señor barón de Tunder-ten-tronck, y reparando en +tal causa y tal efecto, sacó á Candido fuera de la quinta á patadas en +el trasero. Desmayóse Cunegunda; y quando volvió en sí, le dió la +señora baronesa una mano de azotes; y reynó la mayor consternación en +la mas hermosa y deleytosa quinta de quantas exîstir pueden. + + + + +CAPITULO II. + +_De lo que sucedió á Candido con los Búlgaros._ + + +Arrojado Candido del paraiso terrenal fué andando mucho tiempo sin +saber adonde se encaminaba, lloroso, alzando los ojos al cielo, y +volviéndolos una y mil veces á la quinta que la mas linda de las +baronesitas encerraba; al fin se acostó sin cenar, en mitad del campo +entre dos surcos. Caía la nieve á chaparrones, y al otro dia Candido +arrecido llegó arrastrando como pudo al pueblo inmediato llamado +Valdberghof-trabenk-dik-dorf, sin un ochavo en la faltriquera, y +muerto de hambre y fatiga. Paróse lleno de pesar á la puerta de una +taberna, y repararon en el dos hombres con vestidos azules. Cantarada, +dixo uno, aquí tenemos un gallardo mozo, que tiene la estatura que +piden las ordenanzas. Acercáronse al punto á Candido, y le convidáron +á comer con mucha cortesía. Caballeros, les dixo Candido con la mas +sincera modestia, mucho favor me hacen vms., pero no tengo para pagar +mi parte. Caballero, le dixo uno de los azules, los sugetos de su +facha y su mérito nunca pagan. ¿No tiene vm. dos varas y seis dedos? +Sí, señores, esa es mi estatura, dixo haciéndoles una cortesía. Vamos, +caballero, siéntese vm. á la mesa, que no solo pagarémos, sino que no +consentirémos que un hombre como vm. ande sin dinero; que entre gente +honrada nos hemos de socorrer unos á otros. Razón tienen vms., dixo +Candido; así me lo ha dicho mil veces el señor Panglós, y ya veo que +todo está perfectísimo. Le ruegan que admita unos escudos; los toma, y +quiere dar un vale; pero no se le quieren, y se sientan á la mesa.--¿No +quiere vm. tiernamente?... Sí, Señores, respondió Candido, con la +mayor ternura quiero á la baronesita Cunegunda. No preguntamos eso, le +dixo uno de aquellos dos señores, sino si quiere vm. tiernamente al +rey de los Bulgaros. No por cierto, dixo, porque no le he visto en mi +ida.--Vaya, pues es el mas amable de los reyes, ¿Quiere vm. que +brindemos á su salud?--Con mucho gusto, señores; y brinda. Basta con +eso, le dixéron, ya es vm. el apoyo, el defensor, el adalid y el héroe +de los Bulgaros; tiene segura su fortuna, y afianzada su gloria. +Echáronle al punto un grillete al pié, y se le lleváron al regimiento, +donde le hiciéron volverse á derecha y á izquierda, meter la baqueta, +sacar la baqueta, apuntar, hacer fuego, acelerar el paso, y le diéron +treinta palos: al otro dia hizo el exercicio algo ménos jual, y no le +diéron mas de veinte; al tercero, llevó solamente diez, y le tuviéron +sus camaradas por un portento. + +Atónito Candido aun no podia entender bien de qué modo era un héroe. +Púsosele en la cabeza un dia de primavera irse á paseo, y siguió su +camino derecho, presumiendo que era prerogativa de la especie humana, +lo mismo que de la especie animal, el servirse de sus piernas á su +antojo. Mas apénas había andado dos leguas, quando héteme otros quatro +héroes de dos varas y tercia, que me lo agarran, me le atan, y me le +llevan á un calabozo, Preguntáronle luego jurídicamente si queria mas +pasar treinta y seis veces por baquetas de todo el regimiento, ó +recibir una vez sola doce balazos en la mollera. Inútilmente alegó que +las voluntades eran libres, y que no queria ni una cosa ni otra, fué +forzoso que escogiese; y en virtud de la dádiva de Dios que llaman +libertad, se resolvió á pasar treinta y seis veces baquetas, y sufrió +dos tandas. Componíase el regimiento de dos mil hombres, lo qual hizo +justamente quatro mil baquetazos que de la nuca al trasero le +descubriéron músculos y nervios. Iban á proceder á la tercera tanda, +quando Candido no pudiendo aguantar mas pidió por favor que se le +hicieran de levantarle la tapa de los sesos; y habiendo conseguido tan +señalada merced, le estaban vendando los ojos, y le hacían hincarse de +rodillas, quando acertó á pasar el rey de los Bulgaros, que +informándose del delito del paciente, como era este rey sugeto de +mucho ingenio, por todo quanto de Candido le dixéron, echó de ver que +era un aprendiz de metafísica muy bisoño en las cosas de este mundo, y +le otorgó el perdon con una clemencia que fué muy loada en todas las +gacetas, y lo será en todos los siglos. Un diestro cirujano curó á +Candido con los emolientes que enseña Dioscórides. Un poco de cútis +tenia ya, y empezaba á poder andar, quando dió una batalla el rey de +los Bulgaros al de los Abaros. + + + + +CAPITULO III. + +_De qué modo se libró Candido de manos de los Bulgaros, y de lo que +le sucedió despues._ + + +No habia cosa mas hermosa, mas vistosa, mas lucida, ni mas bien +ordenada que ámbos exércitos: las trompetas, los pífanos, los +atambores, los obués y los cañones formaban una harmonía qual nunca +la hubo en los infiernos. Primeramente los cañones derribáron unos +seis mil hombres de cada parte, luego la fusilería barrió del mejor de +los mundos unos nueve ó diez mil bribones que inficionaban su +superficie; y finalmente la bayoneta fué la razon suficiente de la +muerte de otros quantos miles. Todo ello podia sumar cosa de treinta +millares. Durante esta heroica carnicería, Candido, que temblaba como +un filósofo, se escondió lo mejor que supo. + +Miéntras que hacian cantar un _Te Deum_ ámbos reyes cada uno en +su campo, se resolvió nuestro héroe á ir á discurrir á otra parte +sobre las causas y los efectos. Pasó por encima de muertos y +moribundos hacinados, y llegó á un lugar inmediato que estaba hecho +cenizas; y era un lugar abaro que conforme á las leyes de derecho +público habian incendiado los Bulgaros: aquí, unos ancianos +acribillados de heridas contemplaban exhalar el alma á sus esposas +degolladas; mas allá, daban el postrer suspiro vírgenes pasadas á +cuchillo despues de haber saciado los deseos naturales de algunos +héroes; otras medio tostadas clamaban por que las acabaran de matar; +la tierra estaba sembrada de sesos al lado de brazos y piernas +cortadas. + +Huyóse á toda priesa Candido á otra aldea que pertenecia á los +Bulgaros, y que habia sido igualmente tratada por los héroes abaros. +Al fin caminando sin cesar por cima de miembros palpitantes, ó +atravesando ruinas, salió al cabo fuera del teatro de la guerra, con +algunas cortas provisiones en la mochila, y sin olvidarse un punto de +su Cunegunda. Al llegar á Holanda se le acabáron las provisiones; mas +habiendo oido decir que la gente era muy rica en este pais, y que eran +cristianos, no le quedó duda de que le darian tan buen trato como el +que en la quinta del señor baron le habian dado, ántes de haberle +echado á patadas á causa de los buenos ojos de Cunegunda la +baronesita. + +Pidió limosna á muchos sugetos graves que todos le dixéron que si +seguia en aquel oficio, le encerrarian en una casa de correccion, para +enseñarle á vivir sin trabajar. Dirigióse luego á un hombre que +acababa de hablar una hora seguida en una crecida asamblea sobre la +caridad, y el orador, mirándole de reojo, le dixo: ¿A qué vienes +aquí? ¿estás por la buena causa? No hay efecto sin causa, respondió +modestamente Candido; todo está encadenado por necesidad, y ordenado +para lo mejor: ha sido necesario que me echaran de casa de la +baronesita Cunegunda, y que pasara baquetas, y es necesario que +mendigue el pan hasta que le pueda ganar; nada de esto podia ménos de +suceder. Amiguito, le dixo el orador, ¿crees que el papa es el +ante-cristo? Nunca lo habia oido, respondió Candido; pero, séalo ó no +lo sea, yo no tengo pan que comer. Ni lo mereces, replicó el otro; +anda, +bribon, anda, miserable, y que no te vuelva yo á ver en mi vida. +Asomóse en esto á la ventana la muger del ministro, y viendo á uno que +dudaba de que el papa fuera el ante-cristo, le tiró á la cabeza un +vaso lleno de.... ¡O cielos, á qué excesos se entregan las damas por +zelo de la religion! + +Uno que no habia sido bautizado, un buen anabantista, llamado +Santiago, testigo de la crueldad y la ignominia con que trataban á uno +de sus hermanos, á un ser bípedo y sin plumas, que tenia alma, se le +llevó á su casa, le limpió, le dió pan y cerbeza, y dos florines, y +ademas quiso enseñarle á trabajar en su fábrica de texidos de Persia, +que se hacen en Holanda. Candido, arrodillándose casi á sus plantas, +clamaba: Bien decia el maestro Panglós, que todo estaba perfectamente +en este mundo; porque infinitamente mas me enternece la mucha +generosidad de vm., que lo que me enojó la inhumanidad de aquel señor +de capa negra, y de su señora muger. + +Yendo al otro dia de pasco se encontró con un pordiosero, cubierto de +lepra, los ojos casi ciegos, carcomida la punta de la nariz, la boca +tuerta, ennegrecídos los dientes, y el habla gangosa, atormentado de +una violenta tos, y que á cada esfuerzo escupia una muela. + + + + +CAPITULO IV. + +_De qué modo encontró Candido á su maestro de filosofía, el doctor +Panglós, y de lo que le aconteció._ + + +Mas que á horror movido á compasion Candido le dió á este horroroso +pordiosero los dos florines que de su honrado anabautista Santiago +habia recibido. Miróle de hito en hito la fantasma, y vertiendo +lágrimas se le colgó al cuello. Zafóse Candido asustado, y el +miserable dixo al otro miserable: ¡Ay! ¿con que no conoces á tu amado +maestro Panglós? ¿Qué oygo? ¡vm., mi amado maestro! ¡vm. en tan +horrible estado! ¿Pues qué desdicha le ha sucedido? ¿porqué no está en +la mas hermosa de las granjas? ¿qué se ha hecho la señorita Cunegunda, +la perla de las doncellas, la obra maestra de la naturaleza? No puedo +alentar, dixo Panglós. Llevóle sin tardanza Candido al pajar del +anabautista, le dió un mendrugo de pan; y quando hubo cobrado aliento +Panglós, le preguntó: ¿Qué es de Cunegunda? Es muerta, respondió el +otro. Desmayóse Candido al oirlo, y su amigo le volvió á la vida con +un poco de vinagre malo que encontró acaso en el pajar. Abrió Candido +los ojos, y exclamó: ¡Cunegunda muerta! Ha perfectísimo entre los +mundos, ¿adonde estás? ¿y de qué enfermedad ha muerto? ¿ha sido por +ventura de la pesadumbre de verme echar á patadas de la soberbia +quinta de su padre? No por cierto, dixo Panglós, sino de que unos +soldados bulgaros le sacáron las tripas, despues que la hubiéron +violado hasta mas no poder, habiendo roto la mollera al señor baron +que la quiso defender. La señora baronesa fué hecha pedazos, mi pobre +alumno tratado lo mismo que su hermana, y en la granja no ha quedado +piedra sobre piedra, ni troxes, ni siquiera un carnero, ni una +gallina, ni un árbol; pero bien nos han vengado, porque lo mismo han +hecho los Abaros en una baronía inmediata que era de un señor bulgaro. + +Desmayóse otra vez Candido al oir este lamentable cuento; pero vuelto +en sí, y habiendo dicho quanto tenia que decir, se informó de la causa +y efecto, y de la razon suficiente que en tan lastimosa situacion á +Panglós habia puesto. ¡Ay! dixo el otro, el amor ha sido; el amor, el +consolador del humano linage, el conservador del universo, el alma de +todos los seres sensibles, el blando amor. Ha, dixo Candido, yo +tambien he conocido á ese amor, á ese árbitro de los corazones, á esa +alma de nuestra alma, que nunca me ha valido mas que un beso y veinte +patadas en el trasero. ¿Cómo tan bella causa ha podido producir en vm. +tan abominables efectos? Respondióle Panglós en los términos +siguientes: Ya conociste, amado Candido, á Paquita, aquella linda +doncella de nuestra ilustre baronesa; pues en sus brazos gocé los +contentos celestiales, que han producido los infernales tormentos que +ves que me consumen: estaba podrida, y acaso ha muerto. Paquita debió +este don á un Franciscano instruidísimo, que había averiguado el +orígen de su achaque, porque se le habia dado una condesa vieja, la +qual le habia recibido de un capitan de caballería, que le hubo de una +marquesa, á quien se le dió un page, que le cogió de un jesuita, el +qual, siendo novicio, le habia recibido en línea recta de uno de los +compañeros de Cristobal Colon. Yo por mi no se le daré á nadie, porque +me voy á morir luego. + +¡O Panglós, exclamó Candido, qué raro árbol de genealogía es ese! ¿fué +acaso el diablo su primer tronco? No por cierto, replicó aquel varon +eminente, que era indispensable cosa y necesario ingrediente del mas +excelente de los mundos; porque si no hubieran pegado á Colon en una +isla de América este mal que envenena el manantial de la generacion, y +que á veces estorba la misma generacion, y manifiestamente se opone al +principal blanco de naturaleza, no tuviéramos ni chocolate ni +cochinilla; y se ha de notar que hasta el dia de hoy es peculiar de +nosotros esta dolencia en este continente, no ménos que la teología +escolástica. Todavía no se ha introducido en la Turquía, en la India, +en la Persia, en la China, en Sian, ni en el Japon; pero razon hay +suficiente para que la padezcan dentro de algunos siglos. Miéntras +tanto es bendicion de Dios lo que entre nosotros prospera, con +particularidad en los exércitos numerosos, que constan de honrados +ganapanes muy bien educados, los quales deciden la suerte de los +estados, y donde se puede afirmar con certeza, que quando pelean +treinta mil hombres en campal batalla contra un exército igualmente +numeroso, hay cerca de veinte mil galicosos por una y otra parte. + +Portentosa cosa es esa, dixo Candido, pero es preciso tratar de +curaros. ¿Y cómo me he de curar, amiguito, dixo Panglós, si no tengo +un ochavo; y en todo este vasto globo á nadie sangran, ni le +administran una lavativa, sin que pague ó que alguien pague por él? + +Estas últimas razones determináron á Candido á irse á echar á los +piés de su caritativo anabautista Santiago, á quien pintó tan +tiernamente la situacion á que se vía reducido su amigo, que no +dificultó el buen hombre en hospedar al doctor Panglós, y curarle á su +costa. Esta cura no costó á Panglós mas que un ojo y una oreja. Como +sabia escribir y contar con perfeccion, le hizo el anabautista su +tenedor de libros. Viéndose precisado á cabo de dos meses á ir á +Lisboa para asuntos de su comercio, se embarcó con sus dos filósofos. +Panglós le explicaba de qué modo todas las cosas estaban +peifectísimamente, y Santiago no era de su parecer. Fuerza es, decia, +que hayan los hombres estragado algo la naturaleza, porque no +naciéron lobos, y se han convertido en lobos. Dios no les dió ni +cañones de veinte y quatro, ni bayonetas, y ellos para destruirse han +fraguado bayonetas y cañones. Tambien pudiera mentar las quiebras, y +la justicia que embarga los bienes de los fallidos para frustrar á los +acreedores. Todo eso era indispensable, replicó el doctor tuerto, y de +los males individuales se compone el bien general; de suerte que +quanto mas males particulares hay, mejor está el todo. Miéntras estaba +argumentando, se obscureció el cielo, sopláron furiosos los vientos de +los quatro ángulos del mundo, y á vista del puerto de Lisboa fué +embutido el navío de la tormenta mas hermosa. + + + + +CAPITULO V. + +_De una tormenta, un naufragio, y un terremoto. De los sucesos del +doctor Panglós, de Candido, y de Santiago el anabautista._ + + +Sin fuerza y medio muertos la mitad de los pasageros con las +imponderables bascas que causa el balance de un navío en los nervios y +en todos los humores que en opuestas direcciones se agitan, ni aun +para temer el riesgo tenian ánimo: la otra mitad gritaba y rezaba; +estaban rasgadas las velas, las xarcias rotas, y abierta la nave: +quien podia trabajaba, nadie se entendia, y nadie mandaba. Algo +ayudaba á la faena el anabautista, que estaba sobre el combes, quando +un furioso marinero le pega un fiero embion, y le derriba en las +tablas; pero fué tanto el esfuerzo que al empujarle hizo, que se cayó +de cabeza fuera del navío, y se quedó colgado y agarrado de una +porcion del mástil roto. Acudió el buen Santiago á socorrerle, y le +ayudó á subir; pero con la fuerza que para ello hizo, se cayó en la +mar á vista del marinero que le dexó ahogarse, sin dignarse siquiera +de mirarle. Candido que se acerca, y ve á su bienhechor que viene un +instante sobre el agua, y que se hunde para siempre, se quiere tirar +tras de el al mar; pero le detiene el filósofo Panglós, demostrándole +que habia sido criada la cala de Lisboa con destino á que se ahogara +en ella el anabautista. Probándolo estaba _à priori_, quando se +abrió el navío, y todos pereciéron, ménos Panglós, Candido, y el +desalmado marinero que habia ahogado al virtuoso anabautista; que el +bribon salió á salvamento nadando hasta la orilla, donde aportáron +Candido y Panglós en una tabla. + +Así que se recobráron un poco del susto y el cansancio, se encamináron +á Lisboa. Llevaban algun dinero, con el qual esperaban librarse del +hambre, despues de haberse zafado de la tormenta. Apenas pusiéron los +piés en la ciudad, lamentándose de la muerte de su bien-hechor, la mar +embatió bramando el puerto, y arrebató quantos navíos se hallaban en +él anclados; se cubriéron calles y plazas de torbellinos de llamas y +cenizas; hundíanse las casas, caían los techos sobre los cimientos, y +los cimientos se dispersaban, y treinta mil moradores de todas edades +y sexôs eran sepultados entre ruinas. El marinero tarareando y votando +decia: Algo ganarémos con esto. ¿Qual puede ser la razon suficiente de +este fenómeno? decia Panglós; y Candido exclamaba: Este es el dia del +juicio final. El marinero se metió sin detenerse en medio de las +ruinas, arrostrando la muerte por buscar dinero, con el que encontró +se fué á emborrachar; y después de haber dormido la borrachera, +compró los favores de la ramera que topó primero, y que se dió á él +entre las ruinas de los desplomados edificios, y en mitad de los +moribundos y los cadáveres, puesto que Panglós le tiraba de la casaca, +diciéndole: Amigo, eso no es bien hecho, que es pecar contra la razon +universal, porque ahora no es ocasion de holgarse. Por vida del Padre +Eterno, respondió el otro, yo soy marinero, y nacido en Batavia; +quatro veces he pisado el crucifixo en quatro viages que tengo hechos +al Japon. Pues no vienes mal ahora con tu razon universal. + +Candido, que la caida de unas piedras habia herido, tendido en el +suelo en mitad de la calle, y cubierto de ruinas, clamaba á Panglós: +¡Ay! tráeme un poco de vino y aceyte, que me muero. Este temblor de +tierra, respondió Panglós, no es cosa nueva: el mismo azote sufrió +Lima años pasados; las mismas causas producen los mismos efectos; sin +duda que hay una veta de azufre subterránea que va de Lisboa á Lima. +Verosímil cosa es, dixo Candido; pero, por Dios, un poco de aceyte y +vino. ¿Cómo verosímil? replicó el filósofo, pues yo sustentaré que +está demostrada. Candido perdió el sentido, y Panglós le llevó un +trago de agua de una fuente inmediata. + +Habiendo hallado el siguiente dia algunos manjares metiéndose por +entre los escombros, cobráron algunas fuerzas, y trabajáron luego, á +exemplo de los demas, en alivio de los habitantes que de la muerte se +habian librado. Algunos vecinos que habian socorrido les diéron la +ménos mala comida que en tamaño desastre se podia esperar: verdad es +que fué muy triste el banquete; los convidados bañaban el pan en +llantos, pero Panglós los consolaba sustentando que no podian suceder +las cosas de otra manera; porque todo esto, decia, es lo mejor que +hay; porque si hay un volcan en Lisboa, no podia estar en otra parte; +porque no es posible que no esten las cosas donde estan; porque todo +está bien. + +Un hombrecito vestido de negro, familiar de la inquisicion, que junto +á el estaba sentado, interrumpió muy cortesmente, y le dixo: Sín duda, +caballero, que no cree vm. en el pecado original; porque, si todo está +perfecto, no ha habido pecado ni castigo. + +Perdóneme Vueselencia, le respondió con mas cortesía Panglós, porque +la caida del hombre y su maldicion hacian parte necesaria del mas +excelente de los mundos posibles. ¿Según eso este caballero no cree +que seamos libres? dixo el familiar. Otra vez ha de perdonar +Vueselencia, replicó Panglós, porque puede subsistir la libertad con +la necesidad absoluta; porque era necesario que fuéramos libres; +porque finalmente la voluntad determinada.... En medio de la frase +estaba Panglós, quando hizo el familiar una seña á su secretario que +le escanciaba vino de Porto ó de Oporto. + + + + +CAPITULO VI. + +_Del magnífico auto de fe que se hizo para que cesara el terremoto, +y de los doscientos azotes que pegáron á Candido._ + + +Pasado el terremoto que habia destruido las tres quartas partes de +Lisboa, el mas eficaz medio que ocurrió á los sabios del pais para +precaver una total ruina, fue la fiesta de un soberbio auto de fe, +habiendo decidido la universidad de Coïmbra que el espectáculo de unas +quantas personas quemadas á fuego lento con toda solemnidad es +infalible secreto para impedir los temblores de tierra. Habian sido +presos por tanto un Vizcayno que estaba convicto de haberse casado con +su comadre, y dos Portugueses que se habían comido un pollo un +viernes, y la olla sin tocino un sábado; y despues de comer se +lleváron atados al doctor Panglós y su discípulo Candido, al uno por +lo que habia dicho, y al otro por haberle escuchado con ademan de +aprobar lo que decia. Pusiéronlos separados en unos aposentos muy +frescos, donde nunca incomodaba el sol, y de allí á ocho dias los +vistiéron de un san-benito, y les engalanáron la cabeza con unas +mitras de papel: la coroza y el san-benito de Candido llevaban llamas +boca abaxo, y diablos sin garras ni rabo; pero los diablos de Panglós +tenian rabo y garras, y las llamas ardian hácia arriba. Así vestidos +saliéron en procesion, y oyéron un sermon muy tierno, al qual se +siguió una bellísima música en fabordon. A Candido, miéntras duró el +canto, le pegáron doscientos azotes á compas; al Vizcayno y á los dos +que habian comido la olla sin tocino los quemáron, y Panglós fué +ahorcado, aunque no era estilo. Aquel mismo día, tembló la tierra con +un furor espantable. + +Candido atónito, desatentado, confuso, ensangrentado y palpitante, +decia entre sí: ¿Si este es el mejor de los mundos posibles, cómo +serán los otros? Vaya con Dios, si no hubieran hecho mas que +espolvorearme las espaldas, que ya los Bulgaros me habian hecho el +mismo agasajo. Pero tú, caro Panglós, el mayor de los filósofos, +¿porqué te he visto ahorcar, sin saber por qué? O mi amado +anabautista, tu que eras el mejor de los hombres, ¿porqué te has +ahogado en el puerto? Y tú, baronesita Cunegunda, perla de las niñas, +¿porqué te han sacado el redaño? Volvíase diciendo esto á su casa, sin +poderse tener en pié, predicado, azotado, absuelto, y bendito, quando +se le acercó una vieja que le dixo: Hijo mió, ten buen ánimo, y +sígueme. + + + +CAPITULO VII. + +_Que cuenta como una vieja remedió las cuitas de Candido, y como +topó este con su dama._ + + +No cobró ánimo Candido, pero siguió á la vieja á una ruin casucha, +donde le dió su conductora un bote de pomada para untarse, y le dexó +de comer y de beber; luego le enseñó una camita muy aseada, y al lado +de la cama un vestido completo: Come, hijo, bebe y duerme, le dixo, y +Nuestra Señora de Atocha, el señor San Antonio de Padua, y el señor +Santiago de Compostela se queden contigo: mañana volveré. Confuso +Candido con todo quanto habia visto, y quanto habia padecido, y inas +todavía con la caridad de la vieja, le quiso besar la mano. No es mi +mano la que has de besar, le dixo la vieja; mañana volveré. Untate con +la pomada, come y duerme. + +No obstante sus muchas desventuras, comió y durmió Candido. Al otro +dia le trae la vieja de almorzar, le visita las espaldas, se las +estriega con otra pomada, y luego le trae de comer: á la noche vuelve, +y le trae que cenar. El tercer dia fué la misma ceremonia. ¿Quién es +vm.? le decia Candido; ¿quién le ha inspirado tanta bondad? ¿cómo +puedo darle dignas gracias? La buena señora nunca respondia palabra, +pero volvió aquella noche, y no traxo que cenar. Ven conmigo, le dixo, +y no chistes; y diciendo esto agarró á Candido del brazo, y echó á +andar con el por el campo. A cosa de medio quarto de legua que +hubiéron andado, llegáron á una casa sola, cercada de canales y +jardines. Llama la vieja á un postigo: abren, y lleva á Candido por +una escalera secreta á un gabinete dorado, donde le dexa sobre un +canapé de terciopelo, cierra la puerta, y se marcha. A Candido se le +figuraba que soñaba, teniendo su vida entera por un sueño funesto, y +el momento actual por un sueño delicioso. + +Presto volvió la vieja, sustentando con dificultad del brazo á una +muger que venia toda trémula, de magestuosa estatura, cubierta de +piedras preciosas, y tapada con un velo. Alza ese velo, dixo á Candido +la vieja. Arrímase el mozo, y alza con mano tímida el velo. ¡Qué +instante! ¡qué pasmo! cree que está viendo á su baronesita, á su +Cunegunda; y así era la verdad, porque era ella propia. Fáltale el +aliento, no puede articular palabra, y cae desmayado á sus plantas. +Cunegunda se cae sobre el canapé: la vieja los inunda en aguas de +olor; vuelven en sí, se hablan; primero en voces interrumpidas, en +preguntas y respuestas que no se dan vado unas á otras, en suspiros, +lágrimas y gritos. La vieja, recomendándoles que metan ménos bulla, +los dexa libres. ¡Con que es vm., dice Candido! ¡con que la veo en +Portugal, y no ha sido violada, y no le han pasado de parte á parte +las entrañas, como me habia dicho el filósofo Panglós! Sí tal, replicó +la hermosa Cunegunda, pero no siempre son mortales esos accidentes. +--¿Y han sido muertos el padre y la madre de vm.?--Por mi desgracia, +sí, respondió llorando Cunegunda.--¿Y su hermano?--Mi hermano +también.--¿Pues porqué está vm. en Portugal? ¿cómo ha sabido que +también yo lo estaba? ¿porqué raro acaso me ha hecho venir á esta +casa? Todo lo diré, replicó la dama; pero antes es forzoso que me diga +vm. quantos sucesos le han pasado desde el inocente beso que me dió, y +las patadas con que se le hiciéron pagar. + +Obedeció Candido con profundo respeto; y puesto que estaba confuso, +que tenia trémula y flaca la voz, y que aun le dolia no poco el +espinazo, contó con la mayor ingenuidad quanto desde el punto de su +separacion habia padecido. Alzaba Cunegunda los ojos al cielo, y +vertió tiernas lágrimas por la muerte del buen anabautista y de +Panglós; habló despues como sigue á Candido, el qual no perdió una +palabra, y se la comia con los ojos. + + + + +CAPITULO VIII. + +_Historia de Cunegunda._ + + +Durmiendo á pierna suelta estaba en mi cama, quando plugo al cielo que +entraran los Bulgaros en nuestra soberbia quinta de Tunder-ten-tronck, +y degollaran á mi padre y á mi hermano, é hiciesen tajadas á mi madre. +Un pazguato de Bulgaro de dos varas y tercia, viendo que habia yo +perdido los sentidos con esta escena, se puso á violarme; con lo qual +volví en mí, y empecé á morder, á arañar, y á querer sacar los ojos al +Bulgarote, no sabiendo que era cosa de estilo quanto en la quinta de +mi padre estaba pasando; pero me dió el belitre una cuchillada junto á +la teta izquierda, que todavía me queda la señal. Ha, espero que me la +enseñará vm., dixo el ingenuo Candido. Ya la verá vm., dixo Cunegunda, +pero sigamos el cuento. Siga vm., replicó Candido. + +Añudó pues así el hilo de su historia Cunegunda: Entró un capitan +bulgaro, que me vió llena de sangre, debaxo del soldado que no se +incomodaba; y enojado del poco respeto que le tenia el malandrin, le +mató encima de mí: hízome luego poner en cura, y me llevó prisionera +de guerra á su guarnicion. Allí lavaba las pocas camisas que el tenia, +y le guisaba la comida; el decia que era yo muy bonita, y tambien he +de confesar que era muy lindo mozo, y que tenia la carne suave y +blanca, pero poco entendimiento, y ménos filosofía: y á tiro de +ballesta se echaba de ver que no le habia educado el doctor Panglós. A +cabo de tres meses perdió todo quanto dinero tenia, y no curándose mas +de mí, me vendió á un Judío llamado Don Isacar, que tenia casa de +comercio en Holanda y en Portugal, y se perdia por mugeres. Prendóse +mucho de mi el tal Judío, pero nada pudo conseguir, que me he +resistido á el mas bien que al soldado bulgaro; porque una honrada +muger bien puede ser violada una vez, pero con ese mismo contratiempo +se fortalece su virtud. El Judío para domesticarme me ha traído á la +casa de campo que vm. ve. Hasta ahora habia creido que no habia en la +tierra mansion mas hermosa que la granja de Tunder-ten-tronck, pero ya +estoy desengañada de mi error. + +El inquisidor general me vió un dia en misa, no me quitó los ojos de +encima, y me mandó á decir que me tenia que hablar de un asunto +secreto. Lleváronme á su palacio, y yo le dixe quien eran mis padres. +Representóme entónces quanto desdecia de mi nobleza el pertenecer á un +israelita. Su Ilustrísima propuso á Don Isacar que le hiciera cesión +de mí; y este, que es banquero de palacio y hombre de mucho poder, +nunca tal quiso consentir. El inquisidor le amenazó con un auto de fe. +Al fin atemorizado mi Judío hizo un ajuste en virtud del qual la casa +y yo habian de ser de ámbos de mancomun; el Judío se reservó los +lúnes, los miércoles y los sábados, y el inquisidor los demas dias de +la semana. Seis meses ha que subsiste este convenio, aunque no sin +freqüentes contiendas, porque muchas veces han disputado sobre si la +noche de sábado á domingo pertenecia á la ley antigua, ó á la ley de +gracia. Yo empero á entrámbas leyes me lie resistido hasta ahora, y +por este motivo pienso que me quieren tanto. Finalmente, por conjurar +la plaga de los terremotos, y por poner miedo á Don Isacar, le plugo +al Ilustrísimo señor inquisidor celebrar un auto de fe. Honróme +convidándome á la fiesta; me diéron uno de los mejores asientos, y se +sirviéron refrescos á las señoras en el intervalo de la misa y el +suplicio de los ajusticiados. Confieso que estaba sobrecogida de +horror de ver quemar á los dos Judíos, y al honrado Vizcayno casado +con su comadre; pero ¡qué asombro, qué confusión y qué susto fué el +mio quando vi con un sambenito y una coroza una cara parecida á la de +Panglós! Estreguéme los ojos, miré con atencion, le vi ahorcar, y me +tomó un desmayo. Apénas habia vuelto en mí, quando le vi á vm. desnudo +de medio cuerpo: allí fué el cúmulo de mi horror, mi consternacion, mi +desconsuelo, y mi desesperacion. Digo de verdad que la cútis de vm. es +mas blanca y mas encarnada que la de mi capitan de Bulgaros; y esta +vista aumentó todos los afectos que abrumada y consumida me tenian. A +dar gritos iba, yá decir: deteneos, inhumanos; pero me faltó la voz, y +habrian sido en balde mis gritos. Quando os hubiéron azotado á su +sabor, decia yo entre mí: ¿Cómo es posible que se encuentren en Lisboa +el amable Candido y el sabio Panglós; uno para llevar doscientos +azotes, y otro para ser ahorcado por órden del ilustrísimo Señor +inquisidor que tanto me ama? ¡Qué cruelmente me engañaba Panglós, +quando me decia que todo era perfectísimo! + +Agitada, desatentada, fuera de mi unas veces, y muriéndome otras de +pesar, tenia preocupada la imaginacion con la muerte de mi padre, mi +madre y mi hermano, con la insolencia de aquel soez soldado bulgaro, +con la cuchillada que me dió, con mi oficio de lavandera y cocinera, +con mi capitan bulgaro, con mi sucio Don Isacar, con mi abominable +inquisidor, con la horca del doctor Panglós, con aquel gran miserere +en fabordon durante el qual le diéron á vm. doscientos azotes, y mas +que todo con el beso que dí á vm. detras del biombo la última vez que +nos vimos. Dí gracias á Dios que nos volvia á reunir por medio de +tantas pruebas, y encargué á mi vieja que cuidase de vm., y me le +traxese luego que fuese posible. Ha desempeñado muy bien mi encargo, y +he disfrutado el imponderable gusto de volver á ver á vm., de oírle, y +de hablarle. Sin duda que debe tener una hambre canina, yo tambien, +tengo buenas ganas, con que cenemos ántes de otra cosa. + +Sentáronse pues ámbos á la mesa, y despues de cenar se volviéron al +hermoso canapé de que ya he hablado. Sobre el estaban, quando llegó el +señor Don Isacar, uno de los dos amos de casa; que era sábado, y venia +á gozar sus derechos, y explicar su rendido amor. + + + + +CAPITULO IX. + +_Prosiguen los sucesos de Cunegunda, Candido, el Inquisidor general, +y el Judío._ + + +Era el tal Isacar el hebreo mas vinagre que desde la cautividad de +Babilonia se habia visto en Israel. ¿Qué es esto, dixo, perra Galilea? +¿con que no te basta con el señor inquisidor, que tambien ese chulo +entra á la parte conmigo? Al decir esto saca un puñal buido que +siempre llevaba en el cinto, y creyendo que su contrario no traía +armas, se tira á él. Pero la vieja habia dado á nuestro buen +Vesfaliano una espada con el vestido completo que hemos dicho: +desenvaynóla Candido, y derribó en el suelo al Israelita muerto, +puesto que fuese de la mas mansa índole. + +¡Virgen Santísima! exclamó la hermosa Cunegunda; ¿qué será de +nosotros? ¡Un hombre muerto en mi casa! Si viene la justicia, soy +perdida. Si no hubieran ahorcado á Panglós, dixo Candido, el nos daria +consejo en este apuro, porque era eminente filósofo; pero pues el nos +falta, consultemos con la vieja. Era esta muy discreta, y empezaba á +decir su parecer, quando abriéron otra puertecilla. Era la una de la +noche; habia ya principiado el domingo, dia que pertenecia al señor +inquisidor. Al entrar este ve al azotado Candido con la espada en la +mano, un muerto en el suelo, Cunegunda asustada, y la vieja dando +consejos. + +En este instante le ocurriéron á Candido las siguientes ideas, y +discurrió así: Si pide auxîlio este varon santo, infaliblemente me +hará quemar, y otro tanto podrá hacer á Cunegunda; me ha hecho azotar +sin misericordia, es mi contrincante, y yo estoy de vena de matar; +pues no hay que detenerse. Fué este discurso tan bien hilado como +pronto; y sin dar tiempo á que se recobrase el inquisidor del primer +susto, le pasó de parte á parte de una estocada, y le dexó tendido +cabe el Judío. Buena la tenemos, dixo Cunegunda: ya no hay remision; +estamos excomulgados, y es llegada nuestra última hora. ¿Cómo ha hecho +vm., siendo de tan suave condicion, para matar en dos minutos á un +prelado y á un Judío? Hermosa señorita, respondió, quando uno está +enamorado, zeloso, y azotado por la inquisicion, no sabe lo que se +hace. + +Rompió entónces la vieja el silencio, y dixo: En la caballeriza hay +tres caballos andaluces con sus sillas y frenos; ensíllelos el +esforzado Candido; esta señora tiene moyadores y diamantes; montemos á +caballo, y vamos á Cadiz, puesto que yo no me puedo sentar mas que +sobre una nalga. El tiempo está hermosísimo, y da contento caminar con +el fresco de la noche. + +Ensilló volando Candido los tres caballos, y Cunegunda, él, y la vieja +anduviéron diez y seis leguas sin parar. Miéntras que iban andando, +vino á la casa de Cunegunda la santa hermandad, enterráron á Su +Ilustrísima en una suntuosa iglesia, y á Isacar le tiráron á un +muladar. + +Ya estaban Candido, Cunegunda y la vieja en la villa de Aracena, en +mitad de los montes de Sierra-Morena, y decian lo que sigue en un +meson. + + + + +CAPITULO X. + +_De la triste situacion en que, se viéron Candido, Cunegunda y la +vieja; de su arribo á Cadiz, y como se embarcáron para América._ + + +¿Quién me habrá robado mis doblones y mis diamantes? decia llorando +Cunegunda; ¿cómo hemos de vivir? ¿qué hemos de hacer? ¿donde he de +hallar +inquisidores y Judíos que me den otros? ¡Ay! dixo la vieja, mucho me +sospecho de un reverendo padre Franciscano que ayer durmió en Badajoz +en nuestra posada. Líbreme Dios de hacer juicios temerarios; pero él +dos veces entró en nuestro quarto, y se fué mucho ántes que nosotros. +Ha, dixo Candido, muchas veces me ha probado el buen Panglós que los +bienes de la tierra son comunes de todos, y cada uno tiene igual +derecho á su posesion. Conforme á estos principios, nos habia de haber +dexado el padre para acabar nuestro camino. ¿Con que no te queda nada, +hermosa Cunegunda? Ni un maravedí, respondió esta. ¿Y qué nos harémos? +exclamó Candido. Vendamos uno de los caballos, dixo la vieja; yo +montaré á las ancas de el de la señorita, puesto que no me puedo +sentar mas que sobre una nalga, y así llegarémos á Cadiz. + +En el mismo meson habia un prior de Benitos, que compró barato el +caballo. Candido, Cunegunda y la vieja atravesáron á Lucena, á Cilla, +y á Lebrixa, y llegaron en fin á Cadiz, donde estaban armando una +esquadra para poner en razon á los reverendos padres jesuitas del +Paraguay, que habian excitado á uno de sus aduares de Indios contra +los reyes de España y Portugal, cerca de la colonia del Sacramento. +Candido, que habia servido en la tropa bulgara, hizo á presencia del +general de aquel pequeño exército el exercicio á la bulgara con tanto +donayre, ligereza, maña, agilidad y desembarazo, que le dió este el +mando de una compañía de infantería. Hétele pues capitan; con esta +graduacion se embarcó en compañía de su Cunegunda, de la vieja, de dos +criados, y de los dos caballos andaluces que habian sido del señor +inquisidor general de Portugal. + +En la travesía discurriéron largamente cerca de la filosofía del pobre +Panglós. Vamos á otro mundo, decia Candido, y sin duda que en el es +donde todo está bien; porque en este nuestro hemos de confesar que hay +sus defectillos en lo físico y en lo moral. Yo te quiero con toda mi +alma, decia Cunegunda; pero todavía llevo el corazon traspasado con lo +que he visto, y lo que he padecido. Todo irá bien, replicó Candido; ya +el mar de este nuevo mundo vale mas que nuestros mares de Europa, que +es mas bonancible, y los vientos son mas constantes: no cabe duda de +que el nuevo mundo es el mejor de los mundos posibles. Plega á Dios, +dixo Cunegunda; pero tan horrorosas desgracias han pasado por mi en el +mio, que apénas si queda en mi corazon resquicio de esperanza. Vms. se +quejan, les dixo la vieja; pues sepan que no han experimentado +desventuras como las mias. Sonrióse Cunegunda del disparate de la +buena muger que se alababa de ser mas desdichada que ella. ¡Ay! le +dixo, madre, á ménos que haya vm. sido violada por dos Bulgaros, que +le hayan dado dos cuchilladas en la barriga, que hayan demolido dos de +sus granjas, que hayan degollado en su presencia dos padres y dos +madres de vm., y que haya visto á dos de sus amantes azotados en un +auto de fe, no se como pueda haber corrido mayores borrascas: sin +contar que he nacido baronesa con setenta y dos quarteles en mi escudo +de armas, y he sido cocinera. Señorita, replicó la vieja, vm. no sabe +qual ha sido mi cuna; y si le enseñara mi trasero, no hablaria del +modo que habla, y suspenderia el juicio. Excitó esta réplica fuerte +curiosidad en los ánimos de Candido y Cunegunda, y la vieja la +satisfizo en las siguientes razones. + + + + +CAPITULO XI. + +_Que cuenta la historia de la vieja._ + +No siempre he tenido yo los ojos lagañosos y ribeteados de escarlata; +no siempre se ha tocado mi barba con mis narices, ni he sido siempre +criada de servicio. Soy hija del papa Urbano X y la princesa de +Palestrina. Hasta que tuve catorce años, me criáron en un palacio al +qual no hubieran podido servir de caballeriza todas las quintas de +barones tudescos, y era mas rico uno de mis trages que todas las +magnificencias de la Vesfalia. Crecia en gracia, en talento y beldad, +en medio de gustos, respetos y esperanzas, y ya inspiraba amor. +Formábase mi pecho; pero ¡qué pecho! blanco, duro, de la forma del de +la ve nus de Medicis; ¡y qué ojos! ¡qué pestañas! ¡qué negras cejas! +¡qué llamas salian de las niñas de mis ojos, que eclipsaban el +resplandor de los astros, segun decian los poetas de mi barrio! Las +doncellas que me desnudaban y me vestian se quedaban absortas quando +me contemplaban por detras y por delante; y todos los hombres se +hubieran querido hallar en su lugar. + +Celebráronse mis desposorios con un príncipe soberano de Masa-Carrara. +¡Dios mio! ¡qué príncipe! tan lindo como yo; ayroso, y de la condición +mas blanda, del mas agudo ingenio, y perdido por mi de amores: yo le +amaba como quien quiere por la vez primera, esto es que le idolatraba. +Dispusiéronse las bodas con pompa y magnificencia nunca vista: todo +era fiestas, torneos, óperas bufas; y en toda Italia se hiciéron +sonetos en mi elogio, de los quales ninguno hubo que no fuera rematado +de malo. Ya rayaba la aurora de mi felicidad, quando una marquesa +vieja, á quien habia cortejado mi príncipe, le convidó á tomar +chocolate con ella, y el desventurado murió al cabo de dos horas en +horribles convulsiones; pero esto es friolera para lo que falta. +Desesperada mi madre, puesto que mucho ménos desconsolada que yo, +quiso perder de vista por algun tiempo esta funesta mansion. Teníamos +una hacienda muy pingüe en las inmediaciones de Gaeta, y nos +embarcámos para este puerto en una galera del pais, dorada como el +altar de San Pedro en Roma. Hete aquí un pirata de Salé que nos da +caza y nos aborda: nuestros soldados se defendiéron como buenos +soldados del papa, es decir que tiráron las armas y se hincáron de +rodillas, pidiendo al pirata la absolución _in articulo mortis_. + +En breve los desnudáron de piés á cabeza, y lo mismo hiciéron con mi +madre, con nuestras doncellas, y conmigo. Cosa portentosa es de ver +con qué presteza desnudan estos caballeros á la gente; pero lo que mas +extrañé, fué que á todos nos metiéron el dedo en un sitio donde +nosotras las mugeres no estamos acostumbradas á meter mas que cañutos +de xeringa. Parecióme muy rara esta ceremonia; que así falla de todo +el que no ha salido de su pais: mas luego supe que era por ver si en +aquel sitio habíamos escondido algunos diamantes, y que es estilo +establecido de tiempo inmemorial en las naciones civilizadas que andan +barriendo los mares, y que los señores religiosos caballeros de Malta +nunca le omiten quando apresan á Turcos ó Turcas, porque es ley del +derecho de gentes, que nunca ha sido quebrantada. + +No diré si fué cosa dura para una princesa joven que la llevaran +cautiva á Marruecos con su madre; bien se pueden vms. figurar quanto +padeceríamos en el navío pirata. Mi madre todavía era muy hermosa; +nuestras camareras, y hasta nuestras meras criadas eran mas lindas que +quantas mugeres pueden hallarse en el Africa toda; y yo era un +embeleso, el epílogo de la beldad y la gracia, y era doncella; pero no +lo fui mucho tiempo, que el arraez del barco me robó la flor que +estaba destinada para el precioso príncipe de Masa-Carrara. Este +arraez era un negro abominable, que creía que me honraba con sus +caricias. Sin duda la princesa de Palestrina y yo debíamos de ser muy +robustas, quando resistímos á todo quanto pasámos hasta llegar á +Marruecos. Pero vernos adelante, que son cosas tan comunes que no +merecen mentarse siquiera. + +Quando llegámos, corrian rios de sangre por Marruecos; cada uno de los +cincuenta hijos del emperador Muley-Ismael tenia su partido aparte, lo +qual componia cincuenta guerras civiles distintas de negros contra +negros, de negros contra moros, de moros contra moros, de mulatos +contra mulatos; y todo el ámbito del imperio era una continua +carnicería. + +Apénas hubimos desembarcado, acudiéron unos negros de una faccion +enemiga de la de mi pirata para quitarle el botin. Despues del oro y +los diamantes, la cosa de mas precio que habia éramos nosotras; y +presencié un combate qual nunca se ve igual en nuestros climas +europeos, porgue no tienen los pueblos septentrionales tan ardiente +la sangre, ni es en ellos la pasion á las mugeres lo que es entre los +Africanos. Parece que los Europeos tienen leche en las venas, miéntras +que por las de los moradores del monte Atlante y paises inmediatos +corre fuego y pólvora. Peleáron con la furia de los leones, los +tigres, y las sierpes de la comarca, para saber quien habia de ser +dueño nuestro. Agarró un moro de mi madre por el brazo derecho, el +teniente del barco la tiró hácia el por el izquierdo; un soldado moro +la cogió de una pierna, y uno de los piratas asió de la otra; y casi +todas nuestras doncellas se encontráron en un momento tiradas de +quatro soldados. Mi capitan se habia puesto delante de mí, y +blandiendo la cimitarra daba la muerte á quantos á su furor se +oponian. Finalmente vi á todas nuestras Italianas y á mi madre +estropeadas, acribilladas de heridas, y hechas tajadas por los +monstruos que batallaban por su posesion; mis compañeros cautivos, los +que los habian cautivado, soldados, marineros, negros, blancos, +mestizos, mulatos, y mi capitan en fin, todos fuéron muertos, y yo +quedé moribunda encima de un monton de cadáveres. Las mismas escenas +se repetian, como es sabido, en un espacio de mas de trescientas +leguas, sin que nadie faltase á las cinco oraciones al dia que manda +Mahoma. + +Zaféme con mucho trabajo de tanta multitud de sangrientos cadáveres +amontonados, y llegué arrastrando al pié de un naranjo grande que +habia á orillas de un arroyo inmediato: allí me caí rendida del susto, +del cansancio, del horror, de la desesperacion, y del hambre. En breve +mis sentidos postrados se entregáron á un sueño que mas que sosiego +era letargo. En este estado de insensibilidad y flaqueza estaba entre +la vida y la muerte, quando me sentí comprimida por una cosa que +bullia sobre mi cuerpo; y abriendo los ojos, vi á un hombre blanco y +de buena traza, que suspirando decia entre dientes: _O che sciagura +d'essere senza cogl...._ + + + + +CAPITULO XII. + +_Donde prosigue la historia de la vieja._ + + +Atónita quanto alborozada de oir el idioma de mi patria, extrañando +empero las palabras que decia aquel hombre, le respondí que mayores +desgracias habia que el desman de que se lamentaba, informándole en +pocas razones de los horrores que habia sufrido; despues de esto me +volví á desmayar. Llevóme á una casa inmediata, hizo que me metieran +en la cama, y me dieran de comer, me sirvió, me consoló, me halagó, me +dixo que no habia visto en su vida criatura mas hermosa, ni habia +nunca sentido mas que le faltara lo que nadie podia suplir. Nací en +Nápoles, me dixo, donde capan todos los años dos ó tres mil +chiquillos: unos se mueren, otros sacan mejor voz que las mugeres, y +otros van á gobernar estados. Me hiciéron la operacion susodicha con +suma felicidad, y he sido músico de la capilla de la señora princesa +de Palestrina. ¡De mi madre! exclamé. ¡De su madre de vm.! exclamó él +llorando. ¡Con que es vm. aquella princesita que crié yo hasta que +tuvo seis años, y daba nuestras de ser tan hermosa como es vm.!--Esa +misma soy, y mi madre está quatrocientos pasos de aquí, hecha tajadas, +baxo un montón de cadáveres...... Contéle entónces quanto me habia +sucedido, y el también me dio cuenta de sus aventuras, y me dixo que +era ministro plenipotenciario de una potencia cristiana cerca del rey +de Marruecos, para firmar un tratado con este monarca, en virtud del +qual se le subministraban navíos, cañones y pólvora, para ayudarle á +exterminar el comercio de los demas cristianos. Ya está desempeñada mi +comision, añadió el honrado eunuco, y me voy á embarcar á Ceuta, de +donde la llevaré á vm. á Italia. _Ma che sciagura, d'essere senza +cogl...._ + +Díle las gracias vertiendo tiernas lágrimas; y en vez de llevarme á +Italia, me conduxo á Argel, y me vendió al Dey. Apenas me habia +vendido, se manifestó en la ciudad con toda su furia aquella peste que +ha dado la vuelta por Africa, Europa y Asia. Señorita, vm. ha visto +temblores de tierra, pero ¿ha padecido la peste? Nunca, respondió la +baronesa. + +Si la hubiera padecido, confesaria vm. que no tienen comparacion los +terremotos con ella, puesto que es muy freqüente en Africa, y que yo +la he pasado. Fígurese vm. qué situacion para la hija de un papa, de +quince años de edad, que en el espacio de tres meses habia sufrido +pobreza y esclavidud, habia sido violada casi todos los dias, habia +visto hacer quatro pedazos á su madre, habia padecido las plagas de la +guerra y la hambre, y se moria de la peste en Argel. Verdad es que no +me morí; pero pereció mi eunuco, el Dey, y el serrallo casi todo. + +Quando calmó un poco la desolacion de esta espantosa peste, vendiéron +á los esclavos del Dey. Compróme un mercader que me llevó á Tunez, +donde me vendió á otro mercader, el qual me revendió en Tripoli; de +Tripoli me revendiéron en Alexandría; de Alexandría en Esmyrna, y de +Esmyrna en Constantinopla: al cabo vine á parar á manos de un agá de +genízaros, que en breve tuvo órden de ir á defender á Azof contra los +Rusos que la tenian sitiada. + +El agá, hombre de mucho mérito, se llevó consigo todo su serrallo, y +nos alojó en un fortin sobre la laguna Meótides, á la guarda de dos +eunucos negros y veinte soldados. Fuéron muertos millares de Rusos, +pero no nos quedáron á deber nada: Azof fué entrada á sangre y fuego, +y no se perdonó edad ni sexô: solo quedó nuestro fortin, que los +enemigos quisiéron tomar por hambre. Los veinte genízaros juráron no +rendirse; los apuros del hambre á que se viéron reducidos, los +forzáron á comerse á los dos eunucos, por no faltar al juramento; y +al cabo de pocos dias se resolviéron á comerse las mugeres. + +Teníamos un iman, varon muy pío y caritativo, que les predicó un +sermón eloqüente, exhortándolos á que no nos mataran del todo. +Cortad, dixo, una nalga á cada una de estas señoras, con la qual os +regalaréis á vuestro sabor; si es menester, les cortaréis la otra +dentro de algunos dias: el cielo remunerará obra tan caritativa, y +recibiréis socorro. Como era tan eloqüente, los persuadió, y nos +hiciéron tan horrorosa operacion. Púsonos el iman el mismo ungüento +que se pone á las criaturas recien circuncidadas, y todas estábamos á +punto de muerte. + +Apénas habian comido los genízaros la carne que nos habian quitado, +desembarcáron los Rusos en unos barcos chatos, y no se escapó con +vida ni siquiera un genízaro: los Rusos no paráron la consideracion +en el estado en que nos hallábamos. En todas partes se encuentran +cirujanos franceses; uno que era muy hábil nos tomó á su cargo, y nos +curó: y toda mi vida me acordaré de que, así que se cerráron mis +llagas, me reqüestó de amores. Nos exhortó luego á tener paciencia, +afirmándonos que lo mismo habia sucedido en otros muchos sitios, y que +esa era la ley de la guerra. + +Luego que pudiéron andar mis compañeras, las conduxéron á Moscou, y yo +cupe en suerte á un boyardo que me hizo su hortelana, y me daba veinte +zurriagazos cada dia. A cabo de dos años fué desquartizado este señor, +por no se qué tracamundana de palacio; y aprovechándome de la ocasion, +me escapé, atravesé la Rusia entera, y serví mucho tiempo en los +mesones, primero de Riga, y luego de Rostoc, de Vismar, de Lipsia, de +Casel, de Utrec, de Leyden, de la Haya, y de Roterdan. Así he +envejecido en el oprobio y la miseria, con no mas que la mitad del +trasero, siempre acordándome de que era hija de un papa. Cien veces he +querido darme la muerte, mas me sentia con apego á la vida. Acaso esta +ridícula flaqueza es una de nuestras propensiones mas funestas; porque +¿donde hay mayor necedad que empeñarse en llevar continuamente encima +una carga que siempre anhela uno por tirar al suelo; horrorizarse de +su exîstencia, y querer exîstir; halagar en fin la víbora que nos está +royendo, hasta que nos haya comido las entrañas y el corazon? + +En los paises adonde me ha llevado mi suerte, y en los mesones donde +he servido, he visto infinita cantidad de personas que maldecian su +exîstencia; pero no han pasado de doce las que he visto que daban +voluntariamente fin á sus cuitas: tres negros, quatro Ingleses, quatro +Ginebrinos, y un catedrático aleman llamado Robel. Al fin me tomó por +su criada el Judío Don Isacar, y me llevó, hermosa señorita, á casa +de vm., donde no he pensado mas queen la felicidad de vm., +interesándome mas en sus aventuras que en las mias propias; y nunca +hubiera mentado siquiera mis cuitas, si no me hubiera vm. picado cun +poco, y si no fuese estilo de los que van embarcados contar cuentos +para matar el tiempo. Señorita, yo tengo experiencia, y se lo que es el +mundo: vaya vm. preguntando á cada pasagero uno por uno la historia +de su vida, y mande que me arrojen de cabeza en el mar, si encuentra +uno solo que no haya maldecido cien veces la exîstencia, y que no se +haya creido el mas desventurado de los mortales. + + + + + +CAPITULO XIII. + +_De como Candido tuvo que separarse por fuerza de la hermosa +Cunegunda y la vieja._ + + +Oída la historia de la vieja, la hermosa Cunegunda la trató con toda la +urbanidad y decoro que se merecia una persona de tan alta gerarquí y +tanto mérito, y admitió su propuesta. Rogó á todos los pasageros que +le contaran sus aventuras uno después de otro, y Candido y ella +confesáron que tenia la vieja razon. ¡Qué lástima es, decia Candido, +que hayan ahorcado, contra lo que es práctica, al sabio Panglós en un +auto de fe! Cosas maravillosas nos diria cerca del mal físico, y del +mal moral, que cubren mares y tierras, y yo tuviera valor para hacerle +con mucho respeto algunos reparillos. + +Miéntras contaba cada uno su historia, iba andando el navío, y al fin +aportó á Buenos-Ayres. Cunegunda, el capitan Candido y la vieja se +fuéron á presentar al gobernador Don Fernando de Ibarra, Figueroa, +Mascareñas, Lampurdan y Souza, el qual señor tenia una arrogancia +que no desdecia de un sugeto posesor de tantos apellidos. Trataba á +los hombres con la mas noble altivez, alzando el pescuezo, hablando en +tan descompasadas y recias voces, y en tono tan altivo, y afectando +ademanes tan arrogantes, que á quantos le saludaban les venían +tentaciones de hartarle de bofetadas. Era con esto enamorado hasta no +mas, y Cunegunda le pareció la mas hermosa criatura de quantas habia +visto. Lo primero que hizo fué preguntar si era muger del capitan. +Sobresaltóse Candido del tonillo con que acompañó esta pregunta, y no +se atrevió á decir que fuese su muger, porque verdaderamente no lo +era; ni ménos que fuese su hermana, porque no lo era tampoco; puesto +que esta mentira oficiosa era muy freqüentemente usada do los +antiguos: pero el alma de Candido era tan pura que no pudo desmentir +la verdad. Esta Señorita, díxo, me debe favorecer con su mano, y +suplicamos ámbos á Vueselencia que se digne ser padrino de los +novios. Oyendo esto Don Fernando de Ibarra, Figueroa, Mascareñas, +Lampurdan y Souza, se alzó con la izquierda mano los bigotes, se rió +con ademan burlon, y mandó al capitan Candido que fuera á pasar +revista á su compañía. Obedeció este, y se quedó el gobernador á +solas con la baronesita; le manifestó su amor, previniéndola que el +dia siguiente seria su esposo por delante ó por detras de la iglesia, +como mas á Cunegunda le potase. Pidióle esta un quarto de hora para +pensarlo bien, consultarlo con la vieja, y resolverse. + +Entráron Cunegunda y la vieja en bureo, y esta dixo: Señorita, vm. +tiene setenta y dos quarteles y ni un ochavo, y está en su mano ser +muger del señor mas principal de la América meridional, que tiene unos +estupendos bigotes, y así no viene al caso echarla de incontrastable +firmeza. Los Bulgaros la violáron á vm.; un inquisidor y un Judío han +disfrutado sus favores: las desdichas dan derechos legítimos. Si yo +fuera vm., confieso que no tendría reparo ninguno en casarme con el +señor gobernador, y hacer rico al señor capitan Candido. Así decia la +vieja con toda aquella autoridad que su prudencia y sus canas le +daban, y miéntras estaba aferrando áncoras un navichuelo que traía un +alcalde y dos alguaciles; y era esta la causa de su arribo. + +No se habia equivocado la vieja en sospechar que el ladron del dinero +y las joyas de Cunegunda en Badajoz, quando venia huyendo con +Candido, era un frayle Francisco de manga ancha. El frayle quiso +vender á un diamantista algunas de las piedras preciosas hurtadas, y +este conoció que eran las mismas que le habia comprado á el propio el +Inquisidor general. Fué preso el santo religioso, y confesó de plano á +quien y como las habia robado, y el camino que llevaban Candido y +Cunegunda. Ya se sabia la fuga de ámbos: fuéron pues en su seguimiento +hasta Cadiz, y sin perder tiempo salió un navío en su demanda. Ya +estaba la embarcación al ancla en el puerto de Buenos-Ayres, y acudió +la voz de que iba á desembarcar un alcalde del crímen, que venia en +busca de los asesinos del ilustrísimo Señor Inquisidor general. Al +punto dió órden la discreta vieja en lo que habia que hacer. Vm. no se +puede escapar, dixo á Cunegunda, ni tiene nada que temer, que no fué +vm. quien mató á Su Ilustrísima; y fuera de eso el gobernador +enamorado no consentirá que la toquen en el pelo de la ropa: con que +no hay que menearse. Va luego corriendo á Candido, y le dice: +Escápate, hijo mio, si no quieres que dentro de una hora te quemen +vivo. No daba el caso un instante de vagar; pero ¿cómo se habia de +apartar de Cunegunda? ¿y donde hallaria asilo? + + + + +CAPITULO XIV. + +_Del recibimiento que á Candido y á Cacambo hiciéron los jesuitas +del Paraguay._ + + +Se había traído consigo Candido de Cadiz uncriado corno se encuentran +muchos en los puertos de mar de España, que era un quarteron, hijo de +un mestizo de Tucuman, y que habia sido monaguillo, sacristan, +marinero, metedor, soldado y lacayo. Llamábase Cacambo, y queria +mucho á su amo, porque su amo era muy bueno. Ensilló en un abrir y +cerrar de ojos los dos caballos andaluces, y dixo á Candido: Vamos, +Señor, sigamos el consejo de la vieja, y echamos á correr sin mirar +siquiera hacia atrás. Candido vertia amargas lágrimas diciendo: ¡Oh +mi amada Cunegunda! ¿con que es fuerza que te abandone quando iba el +señor gobernador á ser padrino de nuestras bodas? ¿Qué va á ser de mi +Cunegunda, que de tan léjos habia traído? Será lo que Dios quisiere, +dixo Cacambo: las mugeres para todo encuentran salida; Dios las +remedia; vámonos. ¿Adonde me llevas? ¿adonde vamos? ¿qué nos haremos +sin Cunegunda? decia Candido. Voy á Santiago, replicó Cacambo; vm. +venia con ánimo de pelear contra los jesuitas, pues vamos á pelear en +su favor. Yo se el camino, y le llevaré á vm. á su reyno; y tendrán +mucha complacencia en poseer un capitan que hace el exercicio á la +bulgara; vm. hará un inmenso caudal: que quando no tiene uno lo que ha +menester en un mundo, lo busca en el otro, y es gran satisfaccion ver +y hacer cosas nuevas. ¿Con que tu ya has estado en el Paraguay? le +dixo Candido. Friolera es si he estado, replicó Cacambo; he sido +pinche en el colegio de la Asuncion, y conozco el gobierno de los +padres lo mismo que las calles de Cadiz. Es un portento el tal +gobierno. Ya tiene mas de trescientas leguas de diámetro, y se divide +en treinta provincias. Los padres son dueños de todo, y los pueblos +no tienen nada: es la obra maestra de la razon y la justicia. Yo por +mí no veo mas divina cosa que los padres, que aquí estan haciendo la +guerra á los reyes de España y Portugal, y confesándolos en Europa; +aquí matan á los Españoles, y en Madrid les abren de par en par el +cielo: vaya, es cosa que me encanta. Vamos apriesa, que va vm. á ser +el mas afortunado de los humanos. ¡Qué gusto para los padres, quando +sepan que les llega un capitan que sabe el exercicio bulgaro! + +Así que llegáron á la primera barrera, dixo Cacambo á la guardia +avanzada que un capitan queria hablar con el señor comandante. Fuéron +á avisar á la gran guardia, y un oficial paraguayés fué corriendo á +echarse á los piés del comandante para darle parte de esta nueva. +Desarmáron primero á Candido y á Cacambo, y les cogiéron sus +caballos andaluces; introduxéronlos luego entre dos filas de +soldados, al cabo de las quales estaba el comandante, con su bonete +de Teatino puesto, la espada ceñida, la sotana remangada, y una +alabarda en la mano: hizo una seña, y al punto veinte y quatro +soldados rodeáron á los recienvenidos. Díxoles un sargento que +esperasen, porque no les podia hablar el comandante, habiendo mandado +el padre provincial que ningún Español descosiese la boca como no +fuese en su presencia, ni se detuviese arriba de tres horas en el +pais. ¿Y donde está el reverendo padre provincial? dixo Cacambo. En +la parada, desde que dixo misa, y no podrán vms. besarle las espuelas +hasta de aquí á tres horas. Si el señor capitan, que se está muriendo +de hambre lo mismo que yo, dixo Cacambo, no es Español, que es Aleman; +con que me parece que podemos almorzar miéntras llega Su +Reverendísima. + +Fuése incontinenti el sargento á dar cuenta al comandante. Bendito sea +Dios, dixo este señor: una vez que es Aleman, bien podemos hablar; +llévenle á mi enramada. Lleváron al punto á Candido á un retrete de +verdura, ornado de una muy bonita colunata de mármol verde y color de +oro, y de enjaulados donde habia encerrados papagayos, páxaros-moscas, +colibríes, gallinas de Guinea, y otros páxaros raros. Estaba servido +en vaxilla de oro un excelente almuerzo; y miéntras comian granos de +maiz los Paraguayeses en escudillas de palo, y en campo raso al calor +del sol, se metió el padre reverendo en la enramada. Era este un mozo +muy galan, lleno de cara, blanco y colorado, las cejas altas y +arqueadas, los ojos despiertos, encarnadas las orejas, roxos los +labios, el ademan altivo, pero no aquella altivez de un Español, ni la +de un jesuita. Fuéron restituidas á Candido y á Cacambo las armas que +les habian quitado, y con ellas los dos caballos andaluces; y Cacambo +les echó un pienso cerca de la enramada, sin perderlos de vista, +temiendo que le jugaran alguna treta. + +Besó Candido la sotana del comandante, y se sentaron ámbos á la mesa. +¿Con que es vm. Aleman? le dixo el jesuita en este idioma. Sí, padre +reverendísimo, dixo Candido. Miráronse uno y otro, al pronunciar estas +palabras, con un pasmo y una alteracion que no podian contener en el +pecho. ¿De qué pais de Alemania es vm.? dixo el jesuita. De la sucia +provincia de Vesfalia, replicó Candido, natural de la quinta de +Tunder-ten-tronck. ¡Dios mio! ¿es posible? exclamó el comandante. ¡Qué +portento! gritaba Candido. ¿Es vm.? decia el comandante. No puede ser, +replicaba Candido. Ambos á dos se tiran uno á otro, se abrazan, y +derraman un mar de lágrimas. ¿Con que es vm., reverendo padre? ¡vm., +hermano de la hermosa Cunegunda; vm., que fué muerto por los Bulgaros; +vm., hijo del señor baron; vm., jesuita en el Paraguay! vaya, que en +este mundo se ven cosas extrañas. ¡Ha Panglós, Panglós, qué júbilo +fuera el tuyo si no te hubieran ahorcado! + +Hizo retirar el comandante á los esclavos negros y á los Paraguayeses, +que le escanciaban vinos preciosos en vasos de cristal de roca, y dió +mil veces gracias á Dios y á San Ignacio, estrechando en sus brazos á +Candido, miéntras que por los rostros de ámbos corrian copiosos +llantos. Mas se enternecerá vm., se pasmará, y perderá el juicio, +continuó Candido, quando sepa que la baronesita su hermana, á quien +cree que le han pasado el vientre, está buena y sana.--¿Adonde?--Aquí +cerca, en casa del señor gobernador de Buenos-Ayres, y yo he venido +con ella á la guerra. Cada palabra que en esta larga conversación +decian era un prodigio nuevo: toda su alma la tenian pendiente de la +lengua, atenta en los oidos, y brillándoles en los ojos. A fuer de +Alemanes, estuviéron largo espacio sentados á la mesa, miéntras venia +el reverendo padre provincial; y el comandante habló así á su amado +Candido. + + + + +CAPITULO XV. + +_Que cuenta la muerte gue dió Candido al hermano de su querida +Cunegunda._ + + +Toda mi vida tendré presente aquel horrorosa dia que vi dar muerte á +mi padre y á mi madre, y violar á mi hermana. Quando se retiráron los +Bulgaros, nadie pudo dar lengua de esta adorable hermana, y echáron en +una carreta á mi madre, á mi padre, y á mí, á dos criadas, y tres +muchachos degollados, para enterrarnos en una iglesia de jesuitas, que +dista dos leguas de la quinta de mi padre. Un jesuita nos roció con +agua bendita, que estaba muy salada; me entráron unas gotas en los +ojos, y advirtió el padre que hacian mis pestañas un movimiento de +contraccion; púsome la mano en el corazon, y le sintió latir: me +socorriéron, y al cabo de tres semanas me hallé sano. Ya sabe vm., +querido Candido, que era muy bonitillo; creció mi hermosura con la +edad, de suerte que el reverendo padre Croust, rector de la casa, me +tomó mucho cariño, y me dió el hábito de novicio: poco despues me +enviáron á Roma. El padre general necesitaba una leva de jesuitas +alemanes mozos. Los soberanos del Paraguay admiten lo ménos jesuitas +españoles que pueden, y prefieren á los extrangeros, de quien se +tienen por mas seguros. El reverendo padre general me creyó bueno para +el cultivo de esta viña, y vinimos juntos un Polaco, un Tirolés, y yo. +Así que llegué, me ordenáron de subdiácono, y me diéron una tenencia: +y ya soy coronel y sacerdote. Las tropas del rey de España serán +recibidas con brío, y yo salgo fiador de que se han de volver +excomulgadas y vencidas. La Providencia le ha traído á vm. aquí para +favorecernos. Pero ¿es cierto que está mi querida Cunegunda aquí cerca +en casa del gobernador de Buenos-Ayres? Candido le confirmó con +juramento la verdad de quanto le habia referido, y corriéron de nuevo +los llantos de entrámbos. + +No se hartaba el baron de dar abrazos á Candido, apellidándole su +hermano y su libertador. Acaso podrémos, querido Candido, le dixo, +entrar vencedores los dos juntos en Buenos-Ayres, y recuperar á mi +hermana Cunegunda. No deseo yo otra cosa, respondió Candido, porque me +iba á casar con ella, y todavía espero ser su esposo. ¡Tú, insolente! +replicó el baron: ¡tener descaro para casarte con mi hermana, que +tiene setenta y dos quarteles! ¡y tienes avilantez para hablarme de +tan temerario pensamiento! Confuso Candido al oir estas razones, le +respondió: Reverendo padre, no importan un bledo todos los quarteles +de este mundo; yo he sacado á la hermana de vuestra reverencia de +poder de un Judío y un inquisidor; ella me está agradecida, y quiere +ser mi muger: maese Panglós me ha dicho que todos éramos iguales, y +Cunegunda ha de ser mia. Eso lo verémos, picaruelo, dixo el jesuita +baron de Tunder-ten-tronck, alargándole con la hoja de la espada un +cintarazo en los hocicos. Candido desenvayna la suya, y se la mete en +la barriga hasta la cazoleta al baron jesuita; pero, al sacarla +humeando en sangre, echó á llorar. ¡Ay, Dios mio, dixo, que he quitado +la vida á mi amo antiguo, á mi amigo y mi cuñado! El mejor hombre del +mundo soy, y ya llevo muertos tres hombres, y de estos tres los dos +son clérigos. + +Acudió á la bulla Cacambo que estaba de centinela á la puerta de la +enramada. No nos queda mas que vender caras nuestras vidas, le dixo su +amo; sin duda van á entrar en la enramada: muramos con las armas en la +mano. Cacambo que no se atosigaba por nada, sin inmutarse cogió la +sotana del baron, se la echó á Candido encima, le puso el bonete de +Teatino del cadáver, y le hizo montar á caballo: todo esto se executó +en un momento. Galopemos, Señor: todo el mundo creerá que es vm. un +jesuita que lleva órdenes, y ántes que vengan tras de nosotros, +estarémos ya fuera de las fronteras. Todo fué uno el pronunciar estas +palabras, y volar gritando: Plaza, plaza al reverendo padre coronel. + + + + +CAPITULO XVI. + +_Donde se da cuenta de los sucesos de nuestros dos caminantes con +dos muchachas, dos ximios, y los salvages llamados Orejones._ + + +Ya habian pasado las barreras Candido y su criado, y todavía ninguno +en el campo sabia la muerte del jesuita tudeseo. El vigilante Cacambo +no se habia olvidado de hacer buen repuesto de pan, chocolate, jamon, +fruta, y botas de buen vino, y así se metiéron con sus caballos +andaluces en un pais desconocido, donde no descubriéron sendero +ninguno trillado: al cabo se ofreció á su vista una hermosa pradera +regada de mil arroyuelos, y nuestros dos caminantes dexáron pacer sus +caballerías, Cacambo propuso á su amo que comiese, dándole con el +consejo el exemplo. ¿Cómo quieres, le dixo Candido, que coma jamon, +después de haber muerto al hijo del señor baron, y viéndome condenado +á no volver á mirar á la bella Cunegunda? ¿Qué me valdrá el alargar +mis desventurados años, debiendo pasailos léjos de ella en los +remordimientos y la desesperacion? ¿Qué dirá el diarista de Trevoux? + +Dicho esto, no dexó de comer. El sol iba á ponerse, quando á deshora +oyen los dos asendereados caminantes unos blandos quejidos como de +mugeres; pero no sabian si eran de gusto ó de sentimiento: +levantáronse empero á toda priesa con el susto y la inquietud que +qualquiera cosa infunde en un pais no conocido. Daban estos gritos +dos mozas en cueros, que corrian con mucha ligereza por la pradera, y +en su seguimiento iban dos ximios dándoles bocados en las nalgas. +Movióse Candido á compasion; habia aprendido á tirar con los +Búlgaros, y era tan diestro que derribaba una avellana del árbol sin +tocar á las hojas; cogió pues su escopeta madrileña de dos cañones, +tiró, y mató ámbos ximios. Bendito sea Dios, querido Cacambo, dixo, +que de tamaño peligro he librado esas dos pobres criaturas: si cometí +un pecado en matar á un inquisidor y á un jesuita, ya he satisfecho á +Dios, librando de la muerte á dos muchachas, que acaso son señoritas +de circunstancias; y esta aventura no puede ménos de grangearnos +mucho provecho en el pais. Iba á decir mas, pero se le heló la sangre +y el habla quando vió que las dos muchachas se abrazaban +amorosamente de los monos, inundaban en llanto los cadáveres, y +henchian el viento de los mas dolientes gritos. No esperaba yo tanta +bondad, dixo á Cacambo; el qual le replicó: Buena la hemos hecho, +Señor. Los que vm. ha muerto eran los amantes de estas dos niñas. +¡Amantes! ¿cómo es posible? Cacambo, tu te estás burlando: ¿cómo +quieres que tal crea?' Señor amado, replicó Cacambo, vm. de todo se +pasma. ¿Porqué extraña tanto que en algunos países sean los ximios +favorecidos de las damas, si son quarterones de hombre, lo mismo que +yo quarteron de Español? Ha, repuso Candido, bien me acuerdo de haber +oido decir á maese Panglós que antiguamente sucedian esos casos, y que +de estas mezelas procediéron los egypancs, los faunos, los sátiros, +que viéron muchos principales personages de la antigüedad; pero yo +todo lo tenia por fabuloso. Ya puede vm. convencerse ahora, dixo +Cacambo, de que son verdades, y ya ve los estilos de la gente que no +ha tenido cierta educacion: lo que me temo, es que estas damas nos +metan en algun atolladero. + +Persuadido Candido por tan sólidas reflexîones, se desvió de la +pradera, y se metió en una selva, donde cenó con Cacambo; y despues +que hubiéron ámbos echado sendas maldiciones al inquisidor de +Portugal, al gobernador de Buenos-Ayres, y al baron, se quedáron +dormidos sobre la yerba. Al despertar sintiéron que no se podian +menear; y era la causa que por la noche los Orejones, moradores del +pais, á quien habian dado el soplo las dos damas, los habian atado con +cuerdas hechas de cortezas de árboles. Cercábanlos unos cincuenta +Orejones desnudos, y armados con flechas, mazas y hachas de pedernal: +unos hacian hervir un grandísimo caldero, otros aguzaban asadores, y +todos clamaban: Un jesuita, un jesuita; ahora nos vengarémos, y nos +regalarémos; á comer jesuita, á comer jesuíta. + +Bien le habia yo dicho á vm., señor, dixo en triste voz Cacambo, que +las muchachas aquellas nos jugarian una mala pasada. Candido mirando +los asadores y el caldero, dixo: Sin, duda que van á cocernos ó +asarnos. Ha, ¿qué diria el doctor Panglós si viera lo que es la pura +naturaleza? Todo está bien, norabuena; pero confesemos que es triste +cosa haber perdido á mi Cunegunda, y ser espetado en un asador por +unos Orejones. Cacambo, que nunca se alteraba por nada, dixo al +desconsolado Candido: No se aflija vm., que yo entiendo algo el +guirigay de estos pueblos, y les voy á hablar. No dexes de +representarles, dixo Candido, que es una inhumanidad horrible el cocer +la gente en agua hirviendo, y accion de mal cristiano. + +Señores, dixo alzando la voz Cacambo, vms. piensan que se van á comer +á un jesuíta; y fuera muy bien hecho, que no hay cosa mas conforme á +justicia que tratar así á sus enemigos. Efectivamente el derecho +natural enseña á matar al próxîmo, y así es estilo en todo el mundo: y +si no exercitamos nosotros el derecho de comérnoslos, consiste en que +tenemos otros manjares con que regalarnos; pero vosotros no estais en +el mismo caso, y cierto vale mas comerse á sus enemigos, que abandonar +á los cuervos y las cornejas el fruto de la victoria. Mas vms., +señores, no se querrán comer á sus amigos; y creen que van á espetar á +un jpsuita en el asador, miéntras que el asado es vuestro defensor, y +enemigo de vuestros enemigos. Yo soy nacido en vuestro mismo pais; +este señor que estais viendo es mi amo, y léjos de ser jesuita, acaba +de matar á un jesuita, y se ha traído los despojos: este es el motivo +de vuestro error. Para verificar lo que os digo, coged su sotana, +llevadla á la primera barrera del reyno de los padres, é informaos si +es cierto que mi amo ha muerto á un jesuita. Poco tiempo será +necesario, y luego nos podeis comer, si averiguais que es mentira; +pero si os he dicho la verdad, harto bien sabeis los principios de +derecho público, la moral y las leyes, para que nos hagais mal. + +Pareció justa la proposicion á los Orejones, y comisionáron á dos +prohombres para que con la mayor presteza se informaran de la verdad: +los diputados desempeñáron su comision con mucha sagacidad, y +volvieron con buenas noticias. Desatáron pues los Orejones á los dos +presos, les hiciéron mil agasajos, les diéron víveres, y los +conduxéron hasta los confines de su estado, gritando muy alegres: No +es jesuita, no es jesuita. + +No se hartaba Candido de pasmarse del motivo porque le habían puesto +en libertad. ¡Qué pueblo, decia, qué gente, qué costumbres! Si no +hubiera tenido la fortuna de atravesar de una estocada de parte á +parte al hermano de mi baronesita, me comian sin mas remision. Verdad +es que la naturaleza pura es buena, quando en vez de comerme me lian +agasajado tanto estas gentes, así que han sabido que no era jesuita. + + + + +CAPITULO XVII. + +_Cuéntase el arribo de Candido con su criado al pais del Dorada, y +lo que alli viéron._ + + +Quando estuviéron en la raya de los Orejones, Ya ve vm., dixo Cacarnbo +á Candido, que este hemisferio vale tan poco como el otro; créame, y +vólvamónos á Europa por el camino mas corto. ¿Cómo me he de volver, +respondió Candido, ni adonde he de ir? Si me vuelvo á mi pais, los +Abaros y los Bulgaros lo talan todo á sangre y fuego; si á Portugal, +me queman; si nos quedamos en este pais, corremos peligro de que nos +asen vivos. Mas ¿cómo nos hemos de resolver á dexar la parte del mundo +donde reside mi baronesita? + +Encaminémonos á Cayena, dixo Cacambo; alli hallarémos Franceses, que +andan por todo el mundo, y que nos podrán valer: y acaso tendrá Dios +misericordia de nosotros. + +No era cosa fácil ir á Cayena: bien sabian, á poco mas ó ménos, hácia +que parte se habian de dirigir; pero las montañas, los rios, los +despeñaderos, los salteadores, y los salvages cran en todas partes +estorbos insuperables. Los caballos se muriéron de cansancio; se les +acabáron las provisiones; y se mantuviéron por espacio de un mes con +frutas silvestres. Al cabo se halláron á orillas de un riachuelo +poblado de cocos, que les conserváron la vida y la esperanza. +Cacambo, que era de tan buen consejo como la vieja, dixo á Candido: Ya +no podemos ir mas tiempo á pié, sobrado hemos andado; una canoa vacía +estoy viendo á la orilla del río, llenémosla de cocos, metámonos +dentro, y dexémonos llevar de la corriente: un río va siempre á parar +á algun sitio habitado; y si no vemos cosas gratas, á lo ménos +verémos cosas nuevas. Vamos allá, dixo Candido, y encomendémonos á la +Providencia. + +Navegáron por espacio de algunas leguas entre riberas, unas veces +amenas, otras áridas, aquí llanas, y allá escarpadas. El río se iba +continuamente ensanchando, y al cabo se encañaba baso una bóveda de +espantables breñas que escalaban el cielo. Tuviéron ámbos caminantes +la osadía de dexarse arrastrar de las olas debaxo de esta bóveda; y el +río, que en este sitio se estrechaba, se los llevó con horroroso +estrépito y no vista velocidad. Al cabo de veinte y quatro horas +viéron otra vez la luz; pero la canoa se hizo añicos en los baxíos, y +tuviéron que andar á gatas de uno en otro peñasco una legua entera: +finalmente avistáron un inmenso horizonte cercado de inaccesibles +montañas. Todo el pais estaba cultivado no ménos para recrear el gusto +que para satisfacer las necesidades; en todas paftes lo útil se +maridaba con lo agradable; víanse los caminos reales cubiertos, ó por +mejor decir ornados de carruages deforma elegante y luciente materia, +y dentro mugeres y hombres de peregrina hermosura: tiraban con raudo +paso de estos carruages unos avultados carneros encarnados, muy mas +ligeros que los mejores caballos de Andalucía, Tetuan y Mequinez. + +Mejor tierra es esta, dixo Candido, que la Vesfalia; y se apeó con +Cacambo en el primer lugar que topó. Algunos muchachos de la aldea, +vestidos de tisú de oro hecho pedazos, estaban jugando al tejo á la +entrada del lugar; nuestros dos hombres del otro mundo se divertian +en mirarlos. Eran los tejos unas piezas redondas muy anchas, +amarillas, encarnadas y verdes, que despedian mucho brillo: cogiéron +algunas, y eran oro, esmeraldas y rubíes, de tanto valor que el de +ménos precio hubiera sido la mas rica joya del trono del Gran Mogol. +Estos muchachos, dixo Cacambo, son sin duda los infantes que estan +jugando al tejo. En esto se asomó el maestro de primeras letras del +lugar, y dixo á los muchachos que ya era hora de entrar en la +escuela. Ese es, dixo Candido, el preceptor de la familia real. + +Los chicos del lugar abandonáron al punto el juego, y tiráron los +tejos, y quanto para divertirse les habia servido. Cogiólos Candido, +y acercándose á todo correr al preceptor, se los presentó con mucha +humildad, diciéndole por señas que sus Altezas Reales se habian dexado +olvidado aquel oro y aquellas piedras preciosas. Echóse á reir el +maestro de leer, y las tiró al suelo; miró luego atentamente á Candido +á la cara, y siguió su camino. + +Los caminantes se diéron priesa á coger el oro, los rubíes y las +esmeraldas. ¿Donde estamos? decia Candido: menester es que esten bien +educados los infantes de este pais, pues así los enseñan á no hacer +caso del oro ni las piedras preciosas. No estaba Cacambo ménos atónito +que Candido. Al fin se llegáron á la primera casa del lugar, que tenia +trazas de un palacio de Europa; á la puerta habia agolpada una +muchedumbre de gente, y mas todavía dentro: oíase resonar una música +melodiosa, y se respiraba un delicioso olor de exquisitos manjares. +Arrimóse Cacambo á la puerta, y oyó hablar peruano, que era su lengua +materna; pues ya sabe todo el mundo que Cacambo era hijo de Tucuman, +de un pueblo donde no se conocia otro idioma. Yo le serviré á vm. de +intérprete, dixo á Candido; entremos, que este es un meson. + +Al punto dos mozos y dos criadas del meson, vestidos de tela de oro, +y los cabellos prendidos con lazos de lo mismo, los convidaron á que +se sentaran á mesa redonda. Sirviéron en ella quatro sopas con dos +papagayos cada una, un buytre cocido que pesaba doscientas libras, +dos monos asados de un sabor muy delicado, trescientos colibríes en un +plato, y seiscientos páxaros-moscas en otro, exquisitas frutas, y +pastelería deliciosa, todo en platos de cristal de roca; y los mozos y +sirvientas del meson escanciaban varios licores sacados de la caña de +azúcar. + +La mayor parte de los comensales eran mercaderes y carruageros, todos +de una urbanidad imponderable, que con la mas prudente circunspeccion +hiciéron á Cacambo algunas preguntas, y respondiéron á las de este, +dexándole muy satisfecho de sus respuestas. Quando se acabó la comida, +Cacambo y Candido créyeron que pagaban muy bien el gasto, tirando en +la mesa dos de aquellas grandes piezas de oro que habian cogido; pero +soltarón la carcajada el huésped y la huéspeda, y no pudiéron durante +largo rato contener la risa: al fin se serenáron, y el huésped les +dixo: Bien vemos, señores, que son vms. extrangeros; y como no estamos +acostumbrados á ver ninguno, vms. perdonen si nos hemos echado á reir +quando nos han querido pagar con las piedras de nuestros caminos +reales. Sin duda vms. no tienen moneda del pais, pero tampoco se +necesita para comer aquí, porque todas las posadas establecidas para +comodidad del comercio las paga el gobierno. Aquí han, comido vms. +mal, porque estan en una pobre aldea; pero en las demas partes los +recibirán como se merecen. Explicaba Cacambo á Candido todo quanto +decia el huésped, y lo escuchaba Candido con tanto pasmo y maravilla +como tenia en decírselo su amigo Cacambo. ¿Pues qué pais es este, +decían ambos, ignorado de todo lo demas de la tierra, y donde la +naturaleza entera tanto de la nuestra se diferencia? Es regular que +este sea el pais donde todo está bien, añadia Candido, que alguno ha +de haber de esta especie; y diga lo que quiera maese Panglós, muchas +veces he advertido que todo iba mal en Vesfalia. + + + + +CAPITULO XVIII. + +_Donde se da cuenta de lo que en el pais del Dorado viéron._ + + +Cacambo dió parte de su curiosidad á su huésped, y este le dixo: Yo +soy un ignorante, y no me arrepiento de serlo; pero en el pueblo +tenemos á un anciano retirado de la corte, que es el sugeto mas docto +del reyno, y que mas gusta de comunicar con los otros lo que sabe. +Dicho esto, llevó á Cacambo á casa del anciano. Candido representaba +la segunda persona, y acompañaba á su criado. Entráron ámbos en una +casa sin pompa, porque las puertas no eran mas que de plata, y los +techos de los aposentos de oro, pero con tan fino gusto labrados, que +con los mas ricos techos podian entrar en cetejo; la antesala +solamente en rubíes y esmeraldas estaba embutida, pero el órden con +que estaba todo colocado resarcia esta excesiva simplicidad. + +Recibió el anciano á los dos extrangeros en un sofá de plumas de +colibrí, y les ofreció varios licores en vasos de diamante, y luego +satisfizo su curiosidad en estos términos. Yo tengo ciento setenta y +dos años, y mi difunto padre, caballerízo del rey, me contó las +asombrosas revoluciones del Perú, que habia el presenciado. El reyno +donde estamos es la antigua patria de los Incas, que cometiéron el +disparate de abandonarla por ir á sojuzgar parte del mundo, y que al +fin destruyéron los Españoles. + +Mas prudentes fuéron los príncipes de su familia que permaneciéron en +su patria, y por consentimiento de la nacion dispusiéron que no +saliera nunca ningun habitante de nuestro pequeño reyno: lo qual ha +mantenido intacta nuestra inocencia y felicidad. Los Españoles han +tenido una confusa idea de este pais, que han llamado _El +Dorado_; y un Inglés, nombrado el caballero Raleigh, llegó aquí +cerca unos cien años hace; mas como estamos rodeados de intransitables +breñas y simas espantosas, siempre hemos vivido exentos de la +rapacidad europea, que con la insaciable sed que los atormenta de las +piedras y el lodo de nuestra tierra, hubieran acabado con todos +nosotros sin dexar uno vivo. + +Fué larga la conversacion, y se trató en ella de la forma de gobierno, +de las costumbres, de las mugeres, de los teatros y de las artes; +finalmente Candido, que era muy adicto á la metafísica, preguntó, por +medio de Cacambo, si tenian religion los moradores. Sonrojóse un poco +el anciano, y respondió: ¿Pues cómo lo dudais? ¿creeis que tan +ingratos somos? Preguntó Cacambo con mucha humildad qué religion era +la del Dorado. Otra vez se abochornó el viejo, y le replicó: ¿Acaso +puede haber dos religiones? Nuestra religion es la de todo el mundo: +adoramos á Dios noche y dia. ¿Y no adorais mas que un solo Dios? +repuso Cacambo, sirviendo de intérprete á las dudas de Candido. Como +si hubiera dos, ó tres, ó quatro, dixo el anciano: vaya, que las +personas de vuestro mundo hacen preguntas muy raras. No se hartaba +Candido de preguntar al buen viejo, y queria saber qué era lo que +pedian á Dios en el Dorado. No le pedimos nada, dixo el respetable y +buen sabio, y nada tenemos que pedirle, pues nos ha dado todo quanto +necesitamos; pero le tributamos sin cesar acciones de gracias. A +Candido le vino la curiosidad de ver los sacerdotes, y preguntó donde +estaban; y el venerable anciano le dixo sonriéndose: Amigo mio, aquí +todos somos sacerdotes; el rey y todas las cabezas de familia cantan +todas las mañanas solemnes cánticos de acciones de gracias, que +acompañan cinco ó seis mil músicos.--¿Con que no teneis frayles que +enseñen, que arguyan, que gobiernen, que enreden, y que quemen á los +que no son de su parecer?--Menester seria que estuviéramos locos, +respondió el anciano; aquí todos somos de un mismo parecer, y no +entendemos que significan esos vuestros frayles. Estaba Candido como +extático oyendo estas razones, y decia para sí: Muy distinto pais es +este +de la Vesfalia, y de la quinta del señor baron; si hubiera visto +nuestro +amigo Panglós el Dorado, no diria que la quinta de Tunder-ten-tronck +era lo mejor que habia en la tierra. Cierto que es bueno viajar. + +Acabada esta larga conversacion, hizo el buen viejo poner un coche +tirado de seis carneros, y dió á los dos caminantes doce de sus +criados para que los llevaran á la Corte. Perdonad, les dixo, si me +priva mi edad de la honra de acompañaros; pero el rey os agasajará de +modo que quedeis gustosos, y sin duda disculparéis los estilos del +pais, si alguno de ellos os desagrada. + +Montáron en coche Candido y Cacambo; los seis carneros iban volando, y +en ménos de quatro horas llegáron al palacio del rey, situado á un +extremo de la capital. La puerta principal tenia doscientos y veinte +piés de alto, y ciento de ancho, y no es dable decir de qué materia +era; mas bien se echa de ver quan portentosas ventajas sacaria á los +pedruscos y la arena que llamamos nosotros oro y piedras preciosas. +Al apearse Candido y Cacambo del coche, fuéron recibidos por veinte +hermosas doncellas de la guardia real, que los lleváron al baño, y los +vistiéron de un ropage de plumion de colibrí; luego los principales +oficiales y oficialas de palacio los conduxéron al aposento de Su +Magestad, entre dos filas de mil músicos cada una, como era estilo. +Quando estuviéron cerca de la sala del trono, preguntó Cacambo á uno +de los oficiales principales como habian de saludar á Su Magestad; si +hincados de rodillas ó postrados al suelo; si habian de poner las +manos en la cabeza ó en el trasero; si habian de lamer el polvo de la +sala; finalmente quales eran las ceremonias. La práctica, dixo el +oficial, es dar un abrazo al rey, y besarle en ámbas mexillas. +Abalanzáronse pues Candido y Cacambo al cuello de Su Magestad, el qual +correspondió con la mayor afabilidad, y los convidó cortesmente á +cenar. Entre tanto les enseñáron la ciudad, los edificios públicos que +escalaban las nubes, las plazas de mercado ornadas de mil colunas, las +fuentes de agua clara, las de agua rosada, las de licores de caña, que +sin parar corrian en vastas plazas empedradas con una especie de +piedras preciosas que esparcian un olor parecido al del clavo y la +canela. Quiso Candido ver la sala del crimen y el tribunal, y le +dixéron que no los habia, porque ninguno litigaba: se informó si habia +cárcel, y le fué dicho que no; pero lo que mas extrañó y mas +satisfaccion le causó, fué el palacio de las ciencias, donde vió una +galería de dos mil pasos, llena toda de instrumentos de física y +matemáticas. + +Habiendo andado en toda aquella tarde como la milésima parte de la +ciudad, los traxéron de vuelta á palacio. Candido se sentó á la mesa +entre Su Magestad, su criado Cacambo, y muchas señoras; y no se puede +ponderar lo delicado de los manjares, ni los dichos agudos que de boca +del monarca se oían. Cacambo le explicaba á Candido los donayres del +rey, y aunque traducidos todavía eran donayres; y de todo quanto pasmó +á Candido, no fué esto lo que le dexó ménos pasmado. + +Un mes estuviéron en este hospicio. Candido decia continuamente á +Cacambo: Ello es cierto, amigo mio, que la quinta donde yo nací no se +puede comparar con el pais donde estamos; pero al cabo mi Cunegunda no +habita en él, y sin duda que tampoco á tí te faltará en Europa una que +bien quieras. Si nos quedamos aquí, serémos uno de tantos; y si damos +vuelta á nuestro mundo no mas que con una docena de carneros cargados +de piedras del Dorado, serémos mas ricos que todos los monarcas +juntos, no tendrémos que tener miedo á inquisidores, y con facilidad +podrémos cobrar á la baronesita. Este razonamiento petó á Cacambo: tal +es la manía de correr mundo, de ser tenido entre los suyos, de hacer +alarde de lo que ha visto uno en sus viages, que los dos afortunados +se determináron á dexarlo de ser, y á despedirse de Su Magestad. + +Haceis un disparate, les dixo el rey: bien se que mi pais vale poco; +mas quando se halla uno medianamente bien en un sitio, se debe estar +en él. Yo no tengo por cierto derecho para detener á los extrangeros, +tiranía tan opuesta á nuestra práctica como á nuestras leyes. Todo +hombre es libre, y os podeis ir quando quisiéreis; pero es muy ardua +empresa el salir de este pais: no es posible subir el raudo río por el +qual habeis venido por milagro, y que corre baxo bóvedas de peñascos; +las montañas que cercan mis dominios tienen quatro mil varas de +elevacion, y son derechas como torres; su anchura coge un espacio de +diez leguas, y no es posible baxarlas como no sea despeñándose. Pero, +pues estais resueltos á iros, voy á dar órden á los intendentes de +máquinas para que hagan una que os pueda transportar con comodidad; y +quando os hayan conducido al otro lado de las montañas, nadie os podrá +acompañar; porque tienen hecho voto mis vasallos de no pasar nunca su +recinto, y no son tan imprudentes que le hayan de quebrantar: en +quanto á lo demás, pedidme lo que mas os acomode. No pedimos que +Vuestra Magestad nos dé otra cosa, dixo Cacambo, que algunos carneros +cargados de víveres, de piedras y barro del pais. Rióse el rey, y +dixo: No se qué, pasion es la que tienen vuestros Europeos á nuestro +barro amarillo; llévaos todo el que querais, y buen provecho os haga. + +Inmediatamente dió órden á sus ingenieros que hicieran una máquina +para izar fuera del reyno á estos dos hombres extraordinarios: tres +mil buenos físicos trabajáron en ella, y se concluyó al cabo de quince +dias, sin costar arriba de cien millones de duros, moneda del pais. +Metiéron en la máquina á Candido y á Cacambo: dos carneros grandes +encarnados tenian puesta la silla y el freno para que montasen en +ellos así que hubiesen pasado los montes, y los seguian otros veinte +cargados de víveres, treinta con preseas de las cosas mas curiosas que +en el pais habia, y cincuenta con oro, diamantes, y otras piedras +preciosas. El rey dió un cariñoso abrazo á los dos vagamundos. Fué +cosa de ver su partida, y el ingenioso modo con que los izáron á ellos +y á sus carneros á la cumbre de las montañas. Habiéndolos dexado en +parage seguro, se despidiéron de ellos los físicos; y Candido no tuvo +otro hipo ni otra idea que ir á presentar sus carneros á la +baronesita. A bien que llevamos, decia, con que pagar al gobernador de +Buenos-Ayres, si es dable poner precio á mi Cuncgunda: vamos á la isla +de Cayena, embarquémonos, y luego verémos qué reyno habernos de poner +en ajuste. + + + + +CAPITULO XIX. + +_De los sucesos de Surinam, y del conocimiento que hizo Candido de +Martin._ + + +La primera jornada de nuestros dos caminantes fué bastante agradable, +llevados en alas de la idea de encontrarse posesores de mayores +tesoros que quantos en Asia, Europa y Africa se podian reunir. El +enamorado Candido grabó el nombre de Cunegunda en las cortezas de los +árboles. A la segunda jornada se atolláron en pantanos dos carneros, y +pereciéron con la carga que llevaban; otros dos se muriéron de +cansancio algunos dias despues; luego pereciéron de hambre de siete á +ocho en un desierto; de allí á algunos dias se cayéron otros en unas +simas: por fin á los cien dias de viage no les quedáron mas que dos +carneros. Candido dixo á Cacambo: Ya ves, amigo, que deleznables son +las riquezas de este mundo; nada hay sólido, como no sea la virtud, y +la dicha de volver á ver á Cunegunda. Confiéselo así, dixo Cacambo; +pero todavía tenemos dos carneros con mas tesoros que quantos podrá +poseer el rey de España, y desde aquí columbro una ciudad, que presumo +que ha de ser Surinam, colonia holandesa. Al término de nuestras +miserias tocamos, y al principio de nuestra ventura. + +En las inmediaciones del pueblo encontráron á un negro tendido en el +suelo, que no tenia mas que la mitad de su vestido, esto es de unos +calzoncillos de lienzo crudo azul, y al pobre le faltaba la pierna +izquierda y la mano derecha. ¡Dios mió! le dixo Candido, ¿qué haces +ahí, amigo, en la terrible situacion en que te veo? Estoy aguardando á +mi amo el señor de Vanderdendur, negociante afamado, respondió el +negro. ¿Ha sido por ventura el señor Vanderdendur quien tal te ha +parado? dixo Candido. Sí, Señor, respondió el negro; así es práctica: +nos dan un par de calzoncillos de lienzo dos veces al año para que nos +vistamos; quando trabajamos en los ingenios de azúcar, y nos coge un +dedo la piedra del molino, nos cortan la mano; quando nos queremos +escapar, nos cortan una pierna: yo me he visto en ámbos casos, y á ese +precio se come azúcar en Europa; puesto que quando en la costa de +Guinea me vendió mi madre por dos escudos patagones, me dixo: Hijo +querido, da gracias á nuestros fetiches, y adóralos sin cesar, para +que vivas feliz; ya logras de ellos la gracia de ser esclavo de +nuestros señores los blancos, y de hacer afortunados á tu padre y á tu +madre. Yo no se ¡ay! si los he hecho afortunados; lo que se es que +ellos me han hecho muy desdichado, y que los perros, los monos y los +papagayos lo son mil veces ménos que nosotros. Los fetiches holandeses +que me han convertido, dicen que los blancos y los negros somos todos +hijos de Adan. Yo no soy genealogista, pero si los predicadores dicen +la verdad, todos somos primos hermanos; y cierto que no es posible +portarse de un modo mas horroroso con sus propios parientes. + +O Panglós, exclamó Candido, esta abominacion no la habias tú +adivinado: se acabó, será fuerza que abjure tu optimismo. ¿Qué es el +optimismo? dixo Cacambo. Ha, respondió Candido, es la manía de +sustentar que todo está bien quando está uno muy mal. Vertia lágrimas +al decirlo contemplando al negro, y entró llorando en Surinam. + +Lo primero que preguntáron fué si habia en el puerto algun navío que +se pudiera fletar para Buenos-Ayres. El hombre á quien se lo +preguntáron era justamente un patron español que les ofreció +ajustarse en conciencia con ellos, y les dió cita en una hostería, +adonde Candido y Cacambo le fuéron á esperar con sus carneros. + +Candido que llevaba siempre el corazon en las manos contó todas sus +aventuras al Español, y le confesó que queria robar á la baronesita +Cunegunda. Ya me guardaré yo, le respondió, de pasarlos á vms. á +Buenos-Ayres, porque seria irremisiblemente ahorcado, y vms. ni mas ni +ménos; que la hermosa Cunegunda es la dama en privanza de Su +Excelencia. Este dicho fué una puñalada en el corazon de Candido: +lloró amalgamente, y despues de su llanto, llamando aparte á Cacambo, +le dixo: Escucha, querido amigo, lo que tienes que hacer; cada uno de +nosotros lleva en el bolsillo uno ó dos millones de pesos en +diamantes, y tu eres mas astuto que yo: vete á Buenos-Ayres, en busca +de Cunegunda. Si pone el gobernador alguna dificultad, dale cien mil +duros; si no basta, dale doscientos mil: tu no has muerto á inquisidor +ninguno, y nadie te perseguirá. Yo fletaré otro navío, y te iré á +esperar á Venecia; que es pais libre, donde no hay ni Bulgaros, ni +Abaros, ni Judíos, ni inquisidores que temer. Parecióle bien á +Cacambo tan prudente determinacion, puesto que sentia á par de muerte +haberse de separar de amo tan bueno; pero la satisfaccion de servirle +pudo mas con el que el sentimiento de dexarle. Abrazáronse derramando +muchas lágrimas; Candido le encomendó que no se olvidara de la buena +vieja; y Cacambo se partió aquel mismo dia: el tal Cacambo era un +excelente sugeto. + +Detúvose algún tiempo Candido en Surinam, esperando á que hubiese otro +patron que le llevase á Italia con los dos carneros que le habian, +quedado. Tomó criados para su servicio, y compró todo quanto era +necesario para un viage largo; finalmente se le presentó el señor +Vanderdendur, armador de una gruesa embarcacion. ¿Quanto pide vm., le +preguntó, por llevarme en derechura á Venecia, con mis criados, mi +bagage, y los dos carneros que vm. ve ? El patron pidió diez mil duros, +y Candido se los ofreció sin rebaxa. ¡Hola, hola! dixo entre sí el +prudente Vanderdendur, ¿con que esté extrangero da diez mil duros sin +regatear? Menester es que sea muy rico. Volvió de allí á un rato, y +dixo que no podia hacer el viage por ménos de veinte mil. Veinte mil +le daré á vm., dixo Candido. Toma, dixo en voz baxa el mercader, ¿con +que da veinte mil duros con la misma facilidad que diez mil? Otra vez +volvió, y dixo que no le podia llevar á Venecia si no le daba treinta +mil duros. Pues treinta mil serán, respondió Candido. Ha, ha, murmuró +el holandés, treinta mil duros no le cuestan nada á este hombre; sin +duda que en los dos carneros lleva inmensos tesoros: no insistamos +mas; hagamos que nos pague los treinta mil duros, y luego verémos. +Vendió Candido dos diamantes, que el mas chico valia mas que todo +quanto dinero le habia pedido el patron, y le pagó adelantado. Estaban +ya embarcados los dos carneros, y seguia Candido de léjos en una +lancha para ir al navío que estaba en la rada; el patron se aprovecha +de la ocasion, leva anclas, y sesga el mar llevando el viento en popa. +En breve le pierde de vista Candido confuso y desatentado. ¡Ay! +exclamaba, esta picardía es digna del antiguo hemisferio. Vuélvese á +la playa anegado en su dolor, y habiendo perdido lo que bastaba para +hacer ricos á veinte monarcas. Fuera de sí, se va á dar parte al juez +holandés, y en el arrebato de su turbacion llama muy recio á la +puerta, entra, cuenta su cuita, y alza la voz algo mas de lo que era +regular. Lo primero que hizo el juez fué condenaile á pagar diez mil +duros por la bulla que habia metido: oyóle luego con mucha pachorra, +le prometió que exâmininaria el asunto así que voliera el mercader, y +exîgió otros diez mil duros por los derechos de audiencia. + +Esta conducta acabó de desesperar á Candido; y aunque á la verdad +habia padecido otras desgracias mil veces mas crueles, la calma del +juez y del patron que le habia robado le exâltaron la cólera, y le +ocasionáron una negra melancolía. Presentábase á su mente la maldad +humana con toda su disformidad, y solo pensamientos tristes revolvia. +Finalmente estando para salir para Burdeos un navío francés, y no +quedándole carneros cargados de diamantes que embarcar, ajustó en lo +que valia un camarote del navío, y mandó pregonar en la ciudad que +pagaba el viage y la manutencion, y daba dos mil duros á un hombre de +bien que le quisiera acompañar, con la condición de que fuese el mas +descontento de su suerte, y el mas desdichado de la provincia. +Presentóse una cáfila tal de pretendientes, que no hubieran podido +caber en una esquadra. Queriendo Candido escoger los que mejor +educados parecian, señaló hasta unos veinte que le parecieron mas +sociables, y todos pretendían que merecían la preferencia. Reuniólos +en su posada, y los convidó á cenar, poniendo por condicion que +hiciese cada uno de ellos juramento de contar con sinceridad su +propia historia, y prometiendo escoger al que mas digno de compasion +y mas descontento con justicia de su suerte le pareciese, y dar á los +demas una gratificacion. Duró la sesion hasta las quatro de la +madrugada; y al oir sus aventuras ó desventuras se acordaba Candido de +lo que le habia dicho la vieja quando iban á Buenos-Ayres, y de la +apuesta que habia hecho de que no habia uno en el navío á quien no +hubiesen acontecido gravísimas desdichas. A cada lástima que contaban, +pensaba en Panglós, y decia: El tal Panglós apurado se habia de ver +para demostrar su sistema: yo quisiera que se hallase aquí. Es cierto +que si está todo bien, es en el Dorado, pero no en lo demas de la +tierra. Finalmente se determinó enfavor de un hombre docto y pobre, +que habia trabajado diez años para los libreros de Amsterdan, +creyendo que no habia en el mundo oficio que mas aperreado traxese al +que le exercitaba. Fuera de eso este docto sugeto, que era hombre de +muy buena pasta, habia sido robado por su muger, aporreado por su +hijo, y su hija le habia abandonado, y se habia escapado con un +Portugués. Le acababan de quitar un miserable empleo con el qual +vivia, y le perseguian los predicantes de Surinam, porque le tachaban +de sociniano. Hase de confesar que los demas eran por lo menós tan +desventurados como él; pero Candido esperaba que con el docto se +aburriria ménos en el viage. Todos sus competidores se quejáron de la +injusticia manifiesta de Candido; mas este los calmó repartiendo cien +duros á cada uno. + + + + +CAPITULO XX. + +_De lo que sucedió á Candido y á Martin durante la navegacion._ + + +Embarcóse pues para Burdeos con Candido el docto anciano, cuyo nombre +era Martin. Ambos habian visto y habian padecido mucho; y aun quando +el navío hubiera ido de Surinam al Japon por el cabo de Buena +Esperanza, no les hubiera en todo el viage faltado materia para +discurrir acerca del mal físico y el mal moral. Verdad es que Candido +le sacaba muchas ventajas á Martin, porque llevaba la esperanza de +ver á su Cunegunda, y Martin no tenia cosa ninguna que esperar: y le +quedaba oro y diamantes; de suerte que aunque habia perdido cien +carneros grandes cargados de las mayores riquezas de la tierra, y +aunque le escarbaba continuamente la bribonada del patron holandés, +todavía quando pensaba en lo que aun llevaba en su bolsillo, y hablaba +de Cunegunda, con especialidad después de comer, se inclinaba al +sistema de Panglós. Y vm., señor Martín, le dixo al docto, ¿qué piensa +de todo esto? ¿qué opinion lleva cerca del mal físico y el mal moral? +Señor, respondió Martin, los clérigos me han acusado de ser sociniano; +pero la verdad es que soy maniquéo. Ese es cuento, replicó Candido, +que ya no hay maniquéos en el mundo. Pues yo en el mundo estoy, dixo +Martin, y es la realidad que no está en mi creer otra cosa. Menester +es que tenga vm. el diablo en el cuerpo, repuso Candido. Tanto papelea +en este mundo, dixo Martin, que muy bien puede ser que esté en mi +cuerpo lo mismo que en otra parte. Confieso que quando tiendo la vista +por este globo ó glóbulo, se me figura que le ha dexado Dios á +disposicion de un ser maléfico, exceptuando el Dorado. Aun no he visto +un pueblo que no desee la ruina del pueblo inmediato, ni una familia +que no quisiera exterminar otra familia. En todas partes los menudos +exêcran de los grandes, y se postran á sus plantas; y los grandes los +tratan como viles rebaños, desollándolos y comiéndoselos. Un millon de +asesinos en regimientos andan corriendo la Europa entera, saqueando y +matando con disciplina, porque no saben oficio mas honroso; en las +ciudades que en apariencia disfrutan la paz, y en que florecen las +artes, estan roidos los hombres de mas envidia, inquietudes y afanes, +que quantas plagas padece una ciudad sitiada. Todavía son mas crueles +los pesares secretòs que las miserias públicas; en una palabra, he +visto tanto y he padecido tanto, que soy maniquéo. Cosas buenas hay, +no obstante, replicó Candido. Podrá ser, decía Martin, mas no han +llegado á mi noticia. + +En esta disputa estaban quando se oyéron descargas de artillería. De +uno en otro instante crecia el estruendo, y todos se armáron de un +anteojo. Veíanse como á distancia de tres millas dos navios que +combatían, y los traxo el viento tan cerca del navío francés á uno y á +otro, que tuviéron el gusto de mirar el combate muy á su sabor. Al +cabo uno de los navios descargó una andanada con tanto tino y acierto, +y tan á flor de agua, que echó á pique á su contrario. Martin y +Candido distinguiéron con mucha claridad en el combes de la nave que +zozobraba unos cien hombres que todos alzaban las manos al cielo dando +espantosos gritos; en un punto se los tragó á todos la mar. + +Vea vm., dixo Martin, pues así se tratan los hombres unos á otros. +Verdad es, dixo Candido, que anda aquí la mano del diablo. Diciendo +esto, advirtió cierta cosa de un encarnado muy subido, que nadaba +junto al navio; echáron la lancha para ver que era, y era uno de sus +carneros. Mas se alegró Candido con haber recobrado este carnero, que +lo que habia sentido la pérdida de ciento cargados todos de diamantes +gruesos del Dorado. + +En breve reconoció el capitán del navío francés que el del navío +sumergidor era Español, y el del navío sumergido un pirata holandés, +el mismo que habia robado á Candido. Con el pirata se hundiéron en el +mar las inmensas riquezas de que se habia apoderado el infame, y solo +se libertó un carnero. Ya ve vm., dixo Candido á Maitin, que á veces +llevan los delitos su merecido: este pícaro de patrón holandés ha +sufrido la pena digna de sus maldades. Está bien, dixo Martin, pero +¿porqué han muerto los pasageros que venian en su navío? Dios ha +castigado al malo, y el diablo ha ahogado á los buenos. + +Seguían en tanto su derrota el navío francés y el español, y Candido +en sus conversaciones con Martin. Quince dias sin parar disputáron, y +tan adelantados estaban el último como el primero; pero hablaban, se +comunicaban sus ideas, y se consolaban. Candido pasando la mano por el +lomo á su carnero le decía: Una vez que te he hallado á tí, tambien +podié hallar á Cunegunda. + + + + +CAPITULO XXI. + +_Donde se da cuenta de la plática de Candido y Martín, al acercarse +á las costas de Francia._ + + +Avistaronse al fin las costas de Francia. ¿Ha estado vm. en Francia, +señor Martin? dixo Candido. Sí, Señor, respondió Martin, y he corrido +muchas provincias: en unas la mitad de los habitantes son locos, en +otras muy retrecheros, en estas bastante bonazos y bastante tontos, y +en aquellas lo dan por ladinos. En todas la ocupacion principal es +enamorar, murmurar la segunda, y la tercera decir majaderías.--¿Y ha +visto vm. á Paris, señor Martin?--He visto á París, que es una +menestra de páxaros de todas clases, un caos, una prensa, donde todo +el mundo anhela por placeres, y casi nadie los halla, á lo ménos segun +me ha parecido. Estuve poco tiempo; al llegar, me robáron quanto traía +unos rateros en la plaza de San German; luego me reputáron á mi por +ladron, y me tuviéron ocho dias en la cárcel; y al salir libre entré +como corrector en una imprenta, para ganar con que volverme á pié á +Holanda. He conocido la canalla escritora, la canalla enredadora, y la +canalla convulsa. Dicen que hay algunas personas muy cultas en este +pueblo, y creo que así será. + +Yo por mi no tengo hipo ninguno por ver la Francia, dixo Candido; bien +puede vm. considerar que quien ha vivido un mes en el Dorado no se +cura de ver cosa ninguna de este mundo, como no sea Cunegunda. Voy á +esperarla á Venecia, y atravesarémos la Francia para ir á Italia: ¿me +acompañará vm.? Con mil amores, respondió Martin; dicen que Venecia +solo para los nobles Venecianos es buena, puesto que hacen mucho +agasajo á los extrangeros que llevan mucho dinero: yo no le tengo, +pero vm. sí, y le seguiré adonde quiera que fuere. Hablando de otra +cosa, dixo Candido, ¿cree vm. que la tierra haya sido antiguamente +mar, como lo afirma aquel libro gordo que es del capitan del buque? No +por cierto, replicó Martin, como ni tampoco los demas adefesios que +nos quieren hacer tragar de algun tiempo acá. ¿Pues para qué fin +piensa vm. que fué criado el mundo? continuó Candido. Para hacernos +dar al diablo, respondió Martin. ¿No se pasma vm., siguió Candido, del +amor de las dos mozas del pais de los Orejones á los dos ximios, que +conté á vm.? Muy léjos de eso, repuso Martin; no veo que tenga nada de +extraño esa pasion, y he visto tantas cosas extraordinarias, que nada +se me hace extraordinario. ¿Cree vm., le dixo Candido, que en todos +tiempos se hayan degollado los hombres como hacen hoy, y que siempre +hayan sido embusteros, aleves, pérfidos, ingratos, ladrones, flacos, +mudables, viles, envidiosos, glotones, borrachos, codiciosos, +ambiciosos, sangrientos, calumniadores, disolutos, fanáticos, +hipócritas y necios? ¿Cree vm., replicó Martin, que los milanos se +hayan, siempre engullido las palomas, quando han podido dar con ellas? +Sin duda, dixo Candido. Pues bien, continuó Martin, si los milanos +siempre han tenido las mismas inclinaciones, ¿porqué quiere vm. que +las de los hombres hayan ariado? No, dixo Candido, eso es muy +diferente porque el libre albedrío..... Así discurrian, quando +aportáron á Burdeos. + + + + +CAPITULO XXII. + +_De los sucesos que en Francia aconteciéron á Candido y á +Martin._ + + +No se detuvo Candido en Burdeos mas tiempo que el que le fué necesario +para vender algunos pedernales del Dorado, y comprar una buena silla +de posta de dos asientos, porque no podia ya vivir sin su filósofo +Martin. Lo único que sintió fué tenerse que separar de su carnero, que +dexó á la Academia de ciencias de Burdeos, la qual propuso por asunto +del premio de aquel año determinar porque la lana de aquel carnero era +encarnada; y se le adjudicó á un docto del Norte, que demostró por A +mas B, ménos C dividido por Z, que era forzoso que fuera aquel carnero +encarnado, y que se muriese de la moniña. + +Todos quantos caminantes topaba Candido en los mesones le decian: +Vamos á Paris. Este general prurito le inspiró al fin deseos de ver +esta capital, en lo qual no se desviaba mucho de la dirección de +Venecia. Entró por el arrabal de San Marcelo, y creyó que estaba en la +mas sucia aldea de Vesfalia. Apénas llegó á la posada, le acometió +una ligera enfermedad originada del cansancio; y como llevaba al dedo +un enorme diamante, y habian advertido en su coche una caxa muy +pesada, al punto se le acercáron dos doctores médicos que no habia +mandado llamar, varios íntimos amigos que no se apartaban de él, y dos +devotas mugeres que le hacian caldos. Decia Martin: Bien me acuerdo de +haber estado yo malo en Paris, quando mi primer viage; pero era muy +pobre, y así ni tuve amigos, ni devotas, ni médicos, y sané muy +presto. + +Las resultas fuéron que á poder de sangrías, recetas y médicos, se +agravó la enfermedad de Candido. Al fin sanó; y miéntras estaba +convaleciente, le visitáron muchos sugetos de trato fino, que cenaban +con él. Habia juego fuerte, y Candido se pasmaba de que nunca le +venian, buenos naypes; pero Martin no lo extrañaba. + +Entre los que mas concurrian á su casa habia un cierto abate, que era +de aquellos hombres diligentes, siempre listos para todo quanto les +mandan, serviciales, entremetidos, halagüeños, descarados, buenos para +todo, que atisban á los forasteros que llegan á la capital, les +cuentan los sucesos mas escandalosos que acontecen, y les brindan con +placeres á qualquier precio. Lo primero que hizo fué llevar á la +comedia á Martin y á Candido. Representaban una tragedia nueva, y +Candido se encontró al lado de unos quantos hypercríticos, lo qual no +le quitó que llorase al ver algunas escenas representadas con la mayor +perfeccion. Uno de los hypercríticos que junto á el estaban, le dixo +en un entre-acto: Hace vm. muy mal en llorar; esa comedianta es +malísima, y el que representa con ella peor todavía, y peor la +tragedia que los actores: el autor no sabe palabra de arábigo, y ha +puesto la escena en la Arabia; sin contar con que es hombre que cree +que no hay ideas innatas: mañana le traeré á vm. veinte folletos +contra él. Caballero, ¿quantas composiciones dramáticas tienen vms. en +Francia? dixo Candido al abate; y este respondió: Cinco o séis mil. +Mucho es, dixo Candido; ¿y quantas buenas hay? Quince ó diez y seis, +replicó el otro. Mucho es, dixo Martin. + +Salió Candido muy satisfecho con una cómica que hacia el papel de la +reyna Isabel de Inglaterra, en una tragedia muy insulsa que algunas +veces se representa. Mucho me gusta esta actriz, le dixo á Martin, +porque se da ayre á Cunegunda; mucho gusto tendria en hacerle una +visita. El abate, se brindó á llevarle á su casa. Candido criado en +Alemania preguntó qué ceremonias eran las que se estilaban en Francia +para tratar con las reynas de Inglaterra. Distingo, dixo el abate: en +las provincias las llevan á comer á los mesones, en Paris las respetan +quando son bonitas, y las tiran al muladar después de muertas. ¡Al +muladar las reynas! dixo Candido. Verdad es, dixo Martin; razon tiene +el señor abate: en Paris estaba yo quando la señora Monima pasó, como +dicen, de esta á mejor vida, y le negáron lo que esta gente llama +_sepultura en tierra santa_, lo qual significa podrirse con toda +la pobretería de la parroquia en un hediondo cementerio, y la +enterráron sola y señera en un rincon de su jardin, lo qual le causó +sin duda muchísima pesadumbre, porque tenia muy hidalgos +pensamientos. Accion de mala crianza fué en efecto, dixo Candido. ¿Qué +quiere vm., dixo Martin, si estas gentes son así? Imagínese vm. todas +las contradicciones, y todas las incompatibilidades posibles, y las +hallará reunidas en el gobierno, en los tribunales, en las iglesias, +y en los espectáculos de esta donosa nacion. ¿Y es cierto que en Paris +se ríe la gente de todo? Verdad es, dixo el abate, pero se ríen +dándose al diablo; se lamentan de todo dando careajadas de risa; y +riéndose se cometen las mas detestables acciones. + +¿Quién es, dixo Candido, aquel marrano que tan mal hablaba de la +tragedia que tanto me ha hecho llorar, y de los actores que tanto +gusto me han dado? Un malandrin, respondió el abate, que gana la vida +hablando mal de todas las composiciones dramáticas y de todos los +libros que salen; que aborrece á todo aquel que es aplaudido, como +aborrecen los eunucos á los que gozan; una sierpe de la literatura, +que vive de ponzoña y cieno; un folletista. ¿Qué llama vm. folletista? +dixo Candido. Un compositor de folletos, dixo el abate, un Freron, ó +un Ostolaza. Así discurrian Candido, Martin y el abate en la +escalera del coliseo, miéntras que iba saliendo la gente, concluida la +comedia. Puesto que tengo muchísimos deseos de ver á Cunegunda, dixo +Candido, bien quisiera cenar con la primera trágica, que me ha +parecido un portento. No era hombre el abate que tuviese entrada en +casa de la tal primera actriz, que solo recibia sugetos del mas fino +trato. Está ocupada esta noche, respondió; pero tendré la honra de +llevar á vm. á casa de una señora de circunstancias, y conocerá á +París allí como si hubiera vivido en el muchos años. + +Candido, que naturalmente era amigo de saber, se dexó llevar á casa de +la tal señora: estaban ocupados los tertulianos en jugar á la banca, y +doce tristes apuntes tenian en la mano cada uno un juego de naypes, +archivo de su mala ventura. Reynaba un profundo silencio; teñido +estaba el semblante de los apuntes de una macilenta amarillez, y se +leía la zozobra en el del banquero; y la señora de la casa, sentada +junto al despiadado banquero, con ojos de lince anotaba todos los +parolis, y todos los sietelevares con que doblaba cada jugador sus +naypes, haciéndoselos desdoblar con un cuidado muy escrupuloso, pero +con cortesía y sin enfadarse, por temor de perder sus parroquianos. +Llamábanla la marquesa de Paroliñac; su hija, muchacha de quince años, +era uno de los apúntes, y con un guiñar de ojos advertía á su madre +las picardigüelas de los pobres apuntes que procuraban enmendar los +rigores de la mala suerte. Entráron el abate, Candido y Martin, y +nadie se levantó á darles las buenas noches, ni los saludó, ni los +miró siquiera; tan ocupados todos estaban en sus naypes. Mas cortés +era la señora baronesa de Tunder-tentronck, dixo entre sí Candido. + +Acercóse en esto el abate al oido de la marquesa, la qual se +medio-levantó de la silla, honró á Candido con una risita agraciada, y +á +Martin haciéndole cortesía con la cabeza con magestuoso ademan; mandó +luego que traxeran á Candido asiento y una baraja, y este perdió en +dos tallas diez mil duros. Cenaron luego con mucha jovialidad, y todos +estaban atónitos de que Candido no sintiese mas lo que perdia. Los +lacayos en su idioma lacayuno se decían unos á otros: Preciso es que +sea un mylord inglés. + +La cena se parecia á casi todas las cenas de Paris; primero mucho +silencio, luego un estrépito de palabras que no se entendian, chistes +luego, casi todos muy insulsos, noticias falsas, malos raciocinios, +algo de política, y mucha murmuracion; despues habláron de obras +nuevas. Pasáron luego á tratar de teatros, y el ama de casa preguntó +porque habia ciertas tragedias que se representaban con freqüencia, y +que nadie podia leer. Un hombre de fino gusto que habia entre los +convidados, explicó con mucha claridad como podia interesar una +tragedia que tuviera poquísimo mérito, probando en breves razones que +no bastaba traer por los cabellos una ó dos situacíones de aquellas +que tan freqüentes son en las novelas, y siempre embelesan á los +oyentes; que es menester novedad sin extravagancia, sublimidad á +veces, y naturalidad siempre; conocer el corazon del hombre y el +estilo de las pasiones; ser gran poeta, sin que parezca poeta ninguno +de los interlocutores; saber con perfeccion su idioma, hablarle con +pureza, y con harmonía continua, sin sacrificar nunca el sentido al +consonante. Todo aquel que no observare todas estas reglas, añadió, +muy bien podrá componer una ó dos tragedias que sean aplaudidas en el +teatro, mas nunca pasará plaza de buen escritor. Poquísimas tragedias +hay buenas: unas son idylios en coloquios bien escritos y bien +versificados; otras disertaciones de política que infunden sueño, ó +amplificaciones que cansan; otras desatinos de un energúmeno en estilo +bárbaro, razones cortadas, apóstrofes interminables á los Dioses no +sabiendo que decir á los hombres, falsas máxîmas, y lugares comunes +hinchados. + +Escuchaba con mucha atención Candido este razonamiento, y formó por él +altísima idea del orador; y como había tenido la marquesa la atencion +de colocarle á su lado, se tomó la licencia de preguntarle al oido +quien era un hombre que tan de perlas hablaba. Ese es un docto, dixo +la dama, que nunca apunta, y que me trae á cenar algunas veces el +abate, que entiende perfectamente de tragedias y libros, y que ha +compuesto una tragedia que silbáron, y un libro del qual un solo +exemplar que me dedicó ha salido de la tienda de su librero. ¡Qué +varon tan eminente! dixo Candido, es otro Panglós; y volviéndose hácia +él le dixo: ¿Sin duda, Caballero, que es vm. de dictámen de que todo +está perfectamente en el mundo físico y en el moral, y de que nada +podia suceder de otra manera? ¡Yo, caballero! le respondió el docto; +nada ménos que eso. Todo me parece que va al revés en nuestro pais, y +que nadie sabe ni qual es su estado, ni qual su cargo, ni lo que hace, +ni lo que debiera hacer; y que excepto la cena que es bastante jovial, +y donde la gente está bastante acorde, todo el resto del tiempo se +consume en impertinentes contiendas; de jansenistas con motinistas, +de parlamentarios con eclesiásticos, de literatos con literatos, de +palaciegos con palaciegos, de alcabaleros y diezmeros con el pueblo, +de mugeres con maridos, y de parientes con parientes; por fin una +guerra perdurable. + +Replicóle Candido: Cosas peores he visto yo; pero un sabio que despues +tuvo la desgracia de ser ahorcado, me enseñó que todas esas cosas son +dechado de perfecciones, y sombras de una hermosa pintura. Ese +ahorcado se reía de la gente, dixo Martin, y esas sombras sen manchas +horrorosas, Los hombres son los que echan esas manchas, dixo Candido, +y no pueden hacer ménos. ¿Con que no es culpa de ellos? replicó +Martin. Bebian en tanto la mayor parte de los apuntes, que no +entendian una palabra de la materia; Martin discurria con el hombre +docto, y Candido contaba parte de sus aventuras al ama de la casa. + +Despues de cenar, llevó la marquesa á su retiete á Candido, y le sentó +en un canapé. ¿Con que está vm. enamorado perdido de Cunegunda, la +baronesita de Tunder-ten-tronck? Sí, Señora, respondió Candido. +Replicóle la marquesa con una amorosa sonrisa: Vm. responde como un +mozo de Vesfalia; un Francés me hubiera dicho: Verdad es, Señora, que +he querido á Cunegunda, pero quando la miro á vm., me temo no +quererla. Yo, Señora, dixo Candido, responderé como vm. quisiere. La +pasión de vm., dixo la marquesa, empezó alzando un pañuelo, y yo +quiero que vm. alce mi liga. Con toda mi alma, dixo Candido, y la +levantó del suelo. Ahora quiero que me la ponga, continuó la dama, y +Candido se la puso. Mire vm., repuso la dama, vm. es extrangero: á mis +amantes de Paris los hago yo penar á veces quince dias seguidos, pero +á vm. me rindo desde la primera noche, porque es menester tratar +cortesmente á un buen mozo de Vesfalia. La buena caña que había +reparado en dos diamantes enormes de dos sortijas del extrangero buen +mozo, tanto se los alabó, que de los dedos de Candido pasáron á los de +la marquesa. + +Al volverse Candido á su casa con el abate, sintió algunos +remordimientos por haber cometido una infidelidad á Cunegunda; y el +señor abate tomó parte en su sentimiento, porque le habia cabido una +muy pequeña en los diez mil duros perdidos por Candido al juego, y en +el valor de los dos brillantes, medio-dados y medio-estafados: y era +su ánimo aprovecharse todo quanto pudiese de lo que el trato de +Candido le podía valer. Hablábale sin cesar de Cunegunda, y Candido +le dixo que quando la viera en Venecia, le pediria perdon de la +infidelidad que acababa de cometer. + +Cada dia estaba el abate mas cortés y mas atento, interesándole todo +quanto decía Candido, todo quanto hacia, y quanto quería hacer. ¿Con +que está vm. aplazado por la baronesita para Venecia? le dixo. Sí, +señor abate, respondió Candido, tengo precision de ir allá á buscar á +Cunegunda. Llevado entónces del gusto de hablar de su amada, le contó, +como era su costumbre, parte de sus aventuras con esta ilustre +Vesfaliana. Bien creo, dixo el abate, que esa señorita tiene mucho +talento, y escribe muy bonitas cartas. Nunca me ha escrito, dixo +Candido, porque se ha de figurar vm. que quando me echáron de la +granja por amor de ella, no le pude escribir; que poco después supe +que era muerta, que despues me la encontré, y la volví á perder, y que +le he despachado un mensagero á dos mil y quinientas leguas de aquí, +que aguardo con su respuesta. + +Escuchóle con mucha atención el abate, se paró algo pensativo, y se +despidió luego de ámbos extrangeros, abrazándolos tiernamente. Al otro +dia, ántes de levantarse de la cama, diéron á Candido la esquela +siguiente: "Muy Señor mió, y mi querido amante: ocho días hace que +estoy mala en esta ciudad, y acabo de saber que se encuentra vm. en +ella. Hubiera ido volando á echarme en sus brazos, si me pudiera +menear. He sabido que habia vm. pasado por Burdeos, donde se ha +quedado el fiel Cacambo y la vieja, que llegarán muy en breve. El +gobernador de Buenos-Ayres se ha quedado con todo quanto Cacambo +llevaba; pero el corazón de vm. me queda. Venga vm. á verme; su +presencia me dará la vida, ó hará que me muera de alegría." + +Una carta tan tierna, y tan poco esperada, puso á Candido en una +imponderable alegría, pero la enfermedad de su amada Cunegunda le +traspasaba de dolor. Fluctuante entre estos dos afectos, agarra á +puñados el oro y los diamantes, y hace que le lleven con Martin á la +posada donde estaba Cunegunda alojada: entra temblando con la ternura, +latiéndole el corazon, y el habla interrumpida con sollozos; quiere +descorrer las coitinas de la cama, y manda que traygan luz. No haga +vm. tal, le dixo la criada, la luz le hace mal; y volvió á correr la +cortina. Amada Cunegunda, dixo llorando Candido: ¿cómo te hallas? No +puede hablar, dixo la criada. Entónces la enferma sacó fuera de la +cama una mano muy suave que bañó Candido un largo rato con lágrimas, y +que llenó lurgo de diamantes, desando un saco de oro encima del +taburete. + +En medio de sus arrebatos se aparece un alguacil acompañado del abate +y de seis corchetes. ¿Con que estos son, dixo, los dos extrangeros +sospechosos? y mandó incontinenti que los ataran y los llevaran á la +cárcel. No tratan de esta manera en el Dorado á los forasteros, dixo +Candido. Mas maniquéo soy que nunca, replicó Martin. Pero, señor, +¿adonde nos lleva vm.? dixo Candido. A un calabozo, respondió el +alguacil. + +Martin, que se habia recobrado del primer sobresalto, sospechó que la +señora que se decia Cnnegunda era una buscona, el señor abate un +tunante que habia abusado del candor de Candido, y el alguacil otro +tuno de quien no era difícil desprenderse. Por no exponerse á tener +que lidiar con la justicia, y con el hipo que tenia de ver á la +verdadera Cunegunda, Candido, por consejo de Maitin, ofreció al +alguacil tres diamantillos de tres mil duros cada uno. Ha, señor, le +dixo el hombre de vara de justicia, aunque hubiera vm. cometido todos +los delitos imaginables, seria el mas hombre de bien de este mundo. +¡Tres diamantes de tres mil duros cada uno! La vida perderia yo por +vm., para lue le lleve á un calabozo. Todos los extrangeros son +arrestados, pero déxelo por mi cuenta, que yo tengo mi hermano en +Diepe en la Normandía, y le llevaré alla; y si tiene vm. algunos +diamantes que darle, le tratará como yo propio. ¿Y porqué arrestan á +todos los extranjeros? dixo Candido. El abate tomando entónces el +hilo, respondió: Porque un miserable andrajoso del país de Atrebácia +[Footnote: Artois. Daiuieu, el que hirió á Luis XV, era natural de +Arras, capital del Artois.], que había oido decir disparates, ha +cometido un parricidio, no como el del mes de Mayo de 1610, [Footnote: +Francisco Kavaillac mató á Henrique IV de una puñalada en Mayo de +1610.] sino como el del mes de Diciembre de 1594, [Footnote: Juan +Clialel, en Diciembre de 1594, hirió á Henrique quarto; pero la herida +no fué de peligro.] y como otros muchos cometidos otros años y otros +meses por andrajosos que habian oido decir disparates. + +Entónces explicó el alguacil lo que habia apuntado el abate. ¡Qué +monstruos! exclamó Candido. ¿Cómo se cometen tamañas atrocidades en +un pueblo que canta y bayla? ¿Quando saldré yo de este pais donde +azuzan ximios á tigres? En mi pais he visto osos; solo en el Dorado he +visto hombres. En nombre de Dios, señor alguacil, lléveme vm. á +Venecia, donde aguardo á mi Cunegunda. Donde yo puedo llevar á vm., es +á la Normandía baxa, dixo el cabo de ronda. Hízole luego quitar los +grillos, dixo que se habia equivocado, despidió á sus corchetes, y se +llevó á Candido y Martin á Diepe, entregándolos á su hermano. Había un +buque holandés pequeño al ancla; y el Normando, que con el cebo de +otros tres diamantes era el mas servicial de los mortales, embarcó á +Candido y á su familia en el tal navío que iba á dar á la vela para +Portsmúa en Inglaterra. No era camino para Venecia; pero Candido creyó +que salía del infierno, y estaba resuelto a dirigirse á Venecia luego +que se le presentase ocasion. + + + + +CAPITULO XXIII. + +_Del arribo de Candido y Martin á la costa de Inglaterra, y de lo +que allí viéron._ + + +¡Ay Panglós amigo! ¡ay amigo Martin! ¡ay amada Cunegunda! ¡lo que es +este mundo! decia Candido en el navío holandés. Cosa muy desatinada y +muy abominable, respondió Martin.--Vm. ha estado en Inglaterra: ¿son +tan locos como en Francia?--Es locura de otra especie, dixo Martin; ya +sabe vm. que ámbas naciones estan en guerra por algunas aranzadas de +nieve en el Canadá, y por tan discreta guerra gastan mucho mas que lo +que todo el Canadá vale. Decir á vm. á punto fixo en qual de los dos +paises hay mas locos de atar, mis cortas luces no alcanzan á tanto; lo +que sí sé, es que en el pais que vamos á ver son locos atrabiliosos. + +Diciendo esto aportáron á Portsmúa: la orilla del mar estaba cubierta +de gente que miraba con atencion á un hombre gordo [El almirante +Byng], hincado de rodillas, y vendados los ojos, en el combes de uno +de los navíos de la esquadra. Quatro soldados formados en frente le +tiráron cada uno tres balas á la mollera con el mayor sosiego, y toda +la asamblea se fué muy satisfecha. ¿Qué quiere decir esto? dixo +Candido: ¿qué perverso demonio reyna en todas partes? Preguntó quien +era aquel hombre gordo que acababan de matar con tanta solemnidad. Un +almirante, le dixéron.--¿Y porqué han muerto á ese almirante?--Porque +no +ha hecho matar bastante gente; ha dado una batalla á un +almirante francés, y hemos fallado que no estaba bastante cerca del +enemigo. Pues el almirante francés tan léjos estaba del inglés como +este del francés, replicó Candido. Sin disputa, le dixéron; pero en +esta tierra es conveniente matar de quando en quando algun almirante +para dar mas ánimo á los otros. + +Tanto se irritó y se pasmó Candido con lo que oía y lo que vía, que no +quiso siquiera poner pié en tierra, y se ajustó con el patron +holandés, á riesgo de que le robara como el de Surinam, para que le +conduxera sin mas tardanza á Venecia. A cabo de dos dias estuvo listo +el patrón. Costeáron la Francia, pasáron á vista de Lisboa, y se +estremeció Candido; desembocáron por el estrecho en el Mediterráneo, +y finalmente aportáron á Venecia. Bendito sea Dios, dixo Candido +dando un abrazo á Martin, que aquí veré á la hermosa Cunegunda. Con +Cacambo cuento lo mismo que conmigo propio. Todo está bien, todo va +bien y lo mejor que es posible. + + + + +CAPITULO XXIV. + +_Que trata de fray Hilarion y de Paquita._ + + +Luego que llegó á Venecia, se echó á buscar á Cacambo en todas las +posadas, en todos los cafés, y en casa de todas las mozas de vida +alegre; pero no le fué posible dar con él. Todos los dias iba á +informarse de todos los navíos y barcos, y nadie sabia de Cacambo. +¡Con que he tenido yo lugar, le decía á Martin, para pasar de Surinam +á Burdeos, para ir de Burdeos á Paris, de Paris á Diepe, de Diepeá +Portsmúa, para costear á Portugal y á España, para atravesar todo el +Mediterráneo, y pasar algunos meses en Venecia, y aun no ha llegado la +hermosa Cunegunda, y en su lugar he topado una buscona y un abate! +Sin duda es muerta Cunegunda, y á mi no me queda mas remedio que +morir. ¡Ha, quanto mas hubiera valido quedarme en aquel paraiso +terrenal del Dorado, que volver á esta maldita Europa! Razon tiene +vm., amado Martin; todo es mera ilusion y calamidad. + +Acometióle una negra melancolía, y no fué ni á la ópera á la moda, ni +á las demas diversiones del carnaval, ni hubo dama que le causara la +mas leve tentacion. Díxole Martin: ¡Qué sencillo es vm., si se figura +que un criado mestizo, que lleva un millon de duros en la faltriquera, +irá á buscar á su amada al fin del mundo, y á traérsela á Venecia; la +guardará para sí, si la encuentra, y si no, tomará otra: aconsejo á +vm. que se olvide de Cacambo y de su Cunegunda. Martin no era hombre +que daba consuelos. Crecia la melancolía de Candido, y Martin no se +hartaba de probarle que eran muy raras la virtud y la felicidad sobre +la tierra, excepto acaso en el Dorado, donde ninguno podia entrar. + +Sobre esta importante materia disputaban, miéntras venia Cunegunda, +quando reparó Candido en un frayle Francisco mozo, que se paseaba por +la plaza de San Marcos, llevando del brazo á una moza. El Franciscano +era robusto, fuerte, y de buenos colores, los ojos brillantes, la +cabeza erguida, el continente reposado, y el paso sereno; la moza, que +era muy linda, iba cantando, y miraba con enamorados ojos á su +diaguino, el qual de quando en quando le pasaba la mano por la cara. +Me confesará vm. á lo ménos, dixo Candido á Martin, que estos dos son +dichosos. Ménos en el Dorado, no he encontrado hasta ahora en el mundo +habitable mas que desventurados; pero apuesto á que esa moza y ese +frayle son felicísimas criaturas. Yo apuesto á que no, dixo Martin. +Convidémoslos á comer, dixo Candido, y verémos si me equivoco. + +Acercóse á ellos, hízoles una reverencia, y los convidó á su posada á +comer macarrones, perdices de Lombardía, huevos de sollo, y á teber +vino de Montepulciano y _lácrima-cristi_, Chipre y Samos. +Sonrojóse la mozuela; admitió el Franciscano el convite, y le siguió +la muchacha mirando á Candido pasmada y confusa, y vertiendo algunas +lágrimas. Apénas entró la mozuela en el aposento de Candido, le dixo: +¿Pues que, ya no conoce el señor Candido á Paquita? Candido que oyó +estas palabras, y que hasta entónces no la habia mirado con atencion, +porque solo en Cunegunda pensaba, le dixo: ¡Ha, pobre chica! ¿con que +tú eres la que puso al doctor Panglós en el lindo estado en que le vi? +¡Ay, señor! yo propia soy, dixo Paquita; ya veo que está vm. informado +de todo. Supe las desgracias horrorosas que sucediéron á la señora +baronesa y á la hermosa Cunegunda, y júrole á vm. que no ha sido ménos +adversa mi estrella. Quando vm. me vió era yo una inocente; y un +capuchino, que era mi confesor, me engañó con mucha facilidad: las +resultas fuéron horribles, y me vi precisada á salir de la quinta, +poco después que le echó á vm. el señor baron á patadas en el trasero. +Si no hubiera tenido lástima de mi un, médico famoso, me hubiera +muerto; por agradecérselo, fui un poco de tiempo la querida del tal +médico: y su muger, que estaba endiablada de zelos, me aporreaba sin +misericordia todos los días. Era ella una furia, el mas feo el de los +hombres, y yo la mas sin ventura de las mugeres, aporreada sin cesar +por un hombre á quien no podía ver. Bien sabe vm., señor, los peligros +que corre una muger vinagre que lo es de un médico: aburrido el mío de +los rompimientos de cabeza de su muger, un dia para curarla de un +resfriado le administró un remedio tan eficaz, que en menos de dos +horas se murió en horrendas convulsiones. Los parientes de la difunta +formáron causa criminal al doctor, el qual se escapó, y á mi me +metiéron en la cárcel; y si no hubiera sido algo bonita, DO me hubiera +sacado á salvamento mi inocencia. El juez me declaró libre, con la +condicion de ser el sucesor del médico; y muy en breve me sustituyó +otra, y fuí despedida sin darme un quarto, y forzada á emprender este +abominable oficio, que á vosotros los hombres os parece tan gustoso, +y que para nosotras es un piélago de desventuras. Víneme á exercitar +mi profesion á Venecia. Ha, señor, si se figurara vm. qué cosa tan +inaguantable es halagar sin diferencia al negociante viejo, al +letrado, al frayle, al gondolero, y al abate; estar expuesta á tanto +insulto, á tantos malos tratamientos; verse á cada paso obligada á +pedir prestado un guardapesillo para que se le remangue á una un +hombre asqueroso; robada por este de lo que ha ganado con aquel, +estafada por los alguaciles, y sin tener otra perspectiva que una +horrible vejez, un hospital y un muladar, confesaria que soy la mas +malbadada criatura de este mundo. Así descubria Paquita su corazon al +buen Candido, en su gabinete, á presencia de Martin, el qual dixo: Ya +llevo ganada, como vm. ve, la mitad de la apuesta. + +Habíase quedado fray Hilarion en la sala de comer, bebiendo un trago +miéntras servian la comida. Candido le dixo á Paquita: Pues si +parecias tan alegre y tan contenta quando te encontré; si cantabas y +halagabas al diaguino con tanta naturalidad, que te tuve por tan feliz +como dices que eres desdichada. Ha, señor, respondió Paquita, esa es +otra de las lacras de nuestro oficio. Ayer me robó y me aporreó un +oficial, y hoy tengo que fingir que estoy alegre para agradar á un +frayle. + +No quiso Candido oir mas, y confesó que Martin tenia razón. Sentáronse +luego á la mesa con Paquita y el frayle Francisco; fué bastante alegre +la comida, y de sobremesa habláron con alguna confianza. Díxole +Candido al frayle: Paréceme, padre, que disfruta Vuestra Reverencia +de una suerte envidiable. En su semblante brilla la salud y la +robustez, su fisonomía indica el bien-estar, tiene una muy linda moza +para su recreo, y me parece muy satisfecho con su hábito de diaguino. +Por Dios santo, caballero, respondió fray Hilarion, que quisiera que +todos los Franciscanos estuvieran en el quinto infierno, y que mil +veces me han dado tentaciones de pegar fuego al convento, y de +hacerme Turco. Quando tenia quince años, mis padres, por dexar mas +caudal á un maldito hermano mayor (condenado el sea), me obligáron á +tomar este exêcrable hábito. El convento es un nido de zelos, de +rencillas y de desesperacion. Verdad es que por algunas malas +misiones de quaresma que he predicado, me han dado algunos quartos, +que la mitad me ha robado el guardian: lo restante me sirve para +mantener mozas; pero quando por la noche entro en mi celda, me dan +impulsos de romperme la cabeza contra las paredes, y lo mismo sucede á +todos los demas religiosos. + +Volviéndose entónces Martin á Candido con su acostumbrado relente, le +dixo: ¿Qué tal? ¿he ganado, ó no, la apuesta? Candido regaló dos mil +duros á Paquita, y mil á fray Hilarion. Yo fío, dixo, que con este +dinero serán felices. + +Pues yo fío lo contrario, dixo Martin, que con esos miles los hará vm. +más infelices todavía. Sea lo que fuere, dixo Candido, un consuelo +tengo, y es que á veces encuentra uno gentes que creía no encontrar +nunca; y muy bien, podrá suceder que después de haber topado á mi +carnero encarnado y á Paquita, me halle un dia de manos á boca con +Cunegunda. Mucho deseo, dixo Martin, que sea para la mayor felicidad +de vm.; pero se me hace muy cuesta arriba. Malas creederas tiene vm., +respondió Candido. Consiste en que he vivido mucho, replicó Martin. +¿Pues no ve vm. esos gondoleros, dixo Candido, que no cesan de cantar? +Pero no los ve vm. en su casa con sus mugeres y sus chiquillos, repuso +Martin. Sus pesadumbres tiene el Dux, y los gondoleros las suyas. +Verdad es que pesándolo todo, mas feliz suerte que la del Dux es la +del gondolero; pero es tan poca la diferencia, que no merece la pena +de un detenido exâmen. Me han hablado, dixo Candido, del senador +Pococurante, que vive en ese suntuoso palacio situado sobre el Brenta, +y que agasaja mucho á los forasteros; y dicen que es un hombre que +nunca ha sabido qué cosa sea tener pesadumbre. Mucho diera por ver un +ente tan raro, dixo Martin. Sin mas dilación mandó Candido á pedir +licencia al señor Pococurante para hacerle una visita el dia +siguiente. + + + + +CAPITULO XXV. + +_Que da cuenta de la visita que hiciéron Martin y Candido al señor +Pococurante, noble veneciano._ + + +Emarcaronse Candido y Martin en una gondola, y fuéron por el Brenta al +palacio del noble Pococurante. Los jardines eran amenos y ornados con +hermosas estatuas de mármol, el palacio de magnífica fábrica, y el +dueño un hombre como de sesenta años, y muy rico. Recibió á los dos +curiosos forasteros con mucha urbanidad, pero sin mucho cumplimiento; +cosa que intimidó á Candido, y no le pareció mal á Martin. + +Al instante dos muchachas bonitas y muy aseadas sirviéron el +chocolate: Candido no pudo ménos de elogiar sus gracias y su +hermosura. No son malas chicas, dixo el senador; algunas veces mando +que duerman conmigo, porque estoy aburrido de las señoras del pueblo, +de su retrechería, sus zelos, sus contiendas, su mal genio, sus +nimiedades, su vanidad, sus tonterías, y mas aun de los sonetos que +tiene uno que hacer ó mandar hacer en elogio suyo: mas con todo ya +empiezan á fastidiarme estas muchachas. + +Despues de almorzar, se fuéron á pasear á una espaciosa galería, y +pasmado Candido de la hermosura de las pinturas, preguntó de qué +maestro eran las dos primeras. Son de Rafael, dixo el senador, y las +compré muy caras por vanidad, algunos años ha; dicen que son la cosa +mas hermosa que tiene Italia, pero á mi no me gustan: los colores son +muy denegridos, las figuras no están bien perfiladas, ni salen lo +bastante del plano; los ropages no se parecen en nada á la ropa de +vestir; y en una palabra, digan lo que quisieren, yo no alcanzo á ver +aquí una feliz imitacion de la naturaleza, y no daré mi aprobacion á +un quadro hasta que me retrate la propia naturaleza; pero no los hay +de esta especie. Yo tengo muchos, pero no miro á uno siquiera. + +Pococurante, ántes de comer, mandó que le dieran un concierto: la +música le pareció deliciosa á Candido. Bien puede este estruendo, +dixo Pococurante, divertir cosa de media hora; pero quando dura mas, á +todo el mundo cansa, puesto que nadie se atreve á confesarlo. La +música del dia no es otra cosa que el arte de executar cosas +dificultosas, y lo que no es mas que difícil no gusta mucho tiempo. +Mas me agradaría la ópera, si no hubieran atinado con el arte de +convertirla en un monstruo que me repugna. Vaya quien quisiere á ver +malas tragedias en música, cuyas escenas no paran en mas que en traer +al estricote dos ó tres ridiculas coplas donde lucen los gorgeos de +una cantarina; saboréese otro en oir á un tiple tararear el papel de +César ó Caton, y pasearse en afeminados pasos por las tablas: yo por +mí, muchos años hace que no veo semejantes majaderías de que tanto +se ufana hoy la Italia, y que tan caras pagan los soberanos +extrangeros. Candido contradixo un poco, pero con prudencia; y Martin +fué en todo del dictámen del senador. + +Sentáronse á la mesa, y después de una opípara comida entráron en la +biblioteca. Candido que vió un Homero magníficamente enquadernado, +alabó mucho el fino gusto de Su Ilustrísima. Este es el libro, dixo, +que era las delicias de Panglós, el mejor filósofo de Alemania. Pues +no es las mias, dixo con mucha frialdad Pococurante: en otro tiempo me +habían hecho creer que tenia mucho gusto en leerle; pero la repeticion +no interrumpida de batallas que todas son parecidas, aquellos Dioses +siempre en accion, y que nunca hacen cosa ninguna decisiva; aquella +Helena, causa de la guerra, y que apénas tiene accion en el poema; +aquella Troya siempre sitiada, y nunca tomada: todo esto me causaba un +fastidio mortal. Algunas veces he preguntado á varios hombres doctos +si los aburria esta lectura tanto como á mí; y todos los que hablaban +sinceramente me han confesado que se les caía el libro de las manos, +pero que era indispensable tenerle en su biblioteca, como un +monumento de la antigüedad, ó como una medalla enmohecida que no es ya +materia de comercio. + +No piensa así Vueselencia de Virgilio, dixo Candido. Convengo, dixo +Pococurante, en que el segundo, el quarto y el sexto libro de su +Eneyda son excelentes; mas por lo que hace á su pío Eneas, al fuerte +Cloanto, al amigo Acates, al niño Ascanio, al tonto del rey Latino, á +la zafia Amata, y á la insulsa Lavinia, creo que no hay cosa mas fria +ni mas desagradable: y mas me gusta el Taso, y las novelas para +arrullar criaturas del Ariosto. + +¿Me hará Su Excelencia el gusto de decirme, repuso Candido, si no le +tiene muy grande en la lectura de Horacio? Máxîmas hay en él, dixo +Pococurante, que pueden ser útiles á un hombre de mundo, y que +reducidas á enérgicos versos se graban con facilidad en la memoria; +pero no me curo ni de su viage á Brindis, ni de su descripcion de una +mala comida, ni de la disputa digna de unos mozos de esquina entre no +sé qué Rupilo, cuyas razones, dice, _estaban llenas de podre_, y +las de su contrincante _llenas de vinagre_. Sus groseros versos +contra viejas y hechiceras los he leido con mucho asco; y no veo qué +mérito tiene decir á su amigo Mecenas, que si le pone en el catálogo +de poetas líricos, tocará á los astros con su erguida frente. A los +tontos todo los maravilla en un autor apreciado; pero yo, que leo para +mí solo, no apruebo mas que lo que me da gusto. Candido, que se habia +criado no juzgando de nada por sí propio, estaba muy atónito con todo +quanto oía; y á Martin le parecía el modo de pensar de Pococurante muy +conforme á razón. + +¡Ha! aquí hay un Cicerón, dixo Candido: sin duda no se cansa +Vueselencia de leerle. Nunca le leo, respondió el Veneciano. ¿Qué +tengo yo con que haya defendido á Rabirio ó á Cluencio? Sobrados +pleytos tengo sin esos que fallar. Mas me hubieran agradado sus obras +filosóficas; pero quando he visto que de todo dudaba, he inferido que +lo mismo sabia yo que él, y que para ser ignorante á nadie necesitaba. + +¡Hola! ochenta tomos de la academia de ciencias; algo bueno podrá +haber en ellos, exclamó Martin. Sí que lo habría, dixo Pococurante, si +uno de los autores de ese fárrago hubiese inventado siquiera el arte +de hacer alfileres; pero en todos esos libros no se hallan mas que +sistemas vanos, y ninguna cosa útil. + +¡Quantas composiciones teatrales estoy viendo, dixo Candido, en +italiano, en castellano y en francés! Así es verdad, dixo el senador; +de tres mil pasan, y no hay treinta buenas. Lo que es esas +recopilaciones de sermones que todos juntos no equivalen á una página +de Séneca, y todos esos librotes de teología, ya se presumen vms. que +no los abro nunca, ni yo ni nadie. + +Reparó Martin en unos estantes cargados de libros ingleses. Bien creo, +dixo, que un republicano se recrea con la mayor parte de estas obras +con tanta libertad escritas. Sí, respondió Pococurante, bella cosa es +escribir lo que se siente; que es la prerogativa del hombre. En +nuestra Italia toda solo se escribe lo que no se siente, y no son +osados los moradores de la patria de los Césares y los Antoninos á +concebir una idea sin la venia de un Domínico. Mucho me contentaria la +libertad que á los ingenios ingleses inspira, si no estragaran la +pasión y el espíritu de partido quantas dotes apreciables aquella +tiene. + +Reparando Candido en un Milton, le preguntó si tenia por un hombre +sublime á este autor. ¿A quién? dixo Pococurante: ¿á ese bárbaro que +en diez libros de duros versos ha hecho un prolixo comento del +Génesis? ¿á ese zafio imitador de los Griegos, que desfigura la +creacion, y miéntras que pinta Moises al eterno Ser criando el mundo +por su palabra, hace que coja el Mesías en un armario del cielo un +inmenso compás para trazar su obra? ¡Yo, estimar á quien ha echado á +perder el infierno y el diablo del Taso; á quien disfraza á Lucifer, +unas veces de sapo, otras de pigmeo, le hace repetir cien veces las +mismas razones, y disputar sobre teología; á quien imitando seriamente +la cómica invencion de las armas de fuego del Ariosto, representa á +los diablos tirando cañonazos en el cielo! Ni yo, ni nadie en Italia +ha podido gustar de todas esas tristes extravagancias. Las bodas del +Pecado y la Muerte, y las culebras que pare el Pecado provocan á +vomitar á todo hombre de gusto algo delicado; y su prolixa descripcion +de un hospital solo para un enterrador es buena. Este poema obscuro, +estrambótico y repugnante, fue despreciado en su cuna, y yo le trato +hoy como le tratáron en su patria sus coetáneos. Por lo demas, yo digo +mi dictámen sin curarme de si los demas piensan como yo. Candido +estaba muy afligido con estas razones, porque respetaba á Homero, y no +le desagradaba Milton. ¡Ay! dixo en voz baxa á Martin, mucho me temo +que profese este hombre un profundo desprecio á nuestros poetas +tudescos. Poco inconveniente seria, replicó Martin. ¡O qué hombre tan +superior, decía entre dientes Candido, qué ingenio tan divino este +Pococurante! ninguna cosa le agrada. + +Hecho el escrutinio de todos los libros, baxáron al jardín, y Candido +alabó mucho todas sus preciosidades. No hay una cosa de peor gusto, +dixo Pococurante, aquí no tenemos otra cosa que fruslerías; bien es +que mañana voy á disponer que me planten otro por un estilo mas noble. + +Despidiéronse en fin ámbos curiosos de Su Excelencia, y al volverse á +su casa dixo Candido á Martin: Confiese vm. que el señor Pococurante +es el mas feliz de los humanos, porque es un hombre superior á todo +quanto tiene. + +¿Pues no considera vm., dixo Martin, que está aburrido de quanto +tiene? Mucho tiempo ha que dixo Platon que no son los mejores +estómagos los que vomitan todos los alimentos. ¿Pero no es un gusto, +respondió Candido, criticarlo todo, y hallar defectos donde los demas +solo perfecciones encuentran? Eso es lo mismo, replicó Martin, que +decir que es mucho gusto no tener gustos. Segun eso, dixo Candido, no +hay otro hombre feliz que yo, quando vuelva á ver á mi Cunegunda. +Buena cosa es la esperanza, respondió Martin. + +Corrian en tanto los dias y las semanas, y Cacambo no parecia, y +estaba Candido tan sumido en su pesadumbre, que ni siquiera notó que +no habian venido á darle las gracias fray Hilarion ni Paquita. + + + + +CAPITULO XXVI. + +_Que da cuenta de como Candido y Martin cenáron con unos +extranjeros, y quien eran estos._ + + +Un dia, yendo Candido y Martin á sentarse á la mesa con los forasteros +alojados en su misma posada, se acercó por detras al primero uno que +tenia una cara de color de hollin de chimenca, el qual, agarrándole +del brazo, le dixo: Dispóngase vm. á venirse con nosotros, y no se +descuide. Vuelve Candido el rostro, conoce á Cacambo; solo la vista de +Cunegunda le hubiera podido causar mas extrañeza y mas contento. Poco +le faltó para volverse loco de alegría; y dando mil abrazos á su caro +amigo, le dixo: ¿Con que sin duda está contigo Cunegunda? ¿donde está? +llévame á verla, y á morir de gozo á sus plantas. Cunegunda no está +aquí, dixo Cacambo, que está en Constantinopla.--¡Dios mio, en +Constantinopla! pero aunque estuviera en la China, voy allá volando: +vamos. Despues de cenar nos irémos, respondió Cacambo: no puedo decir +á vm. mas, que soy esclavo, y me está esperando mi amo, y así es +menester que le vaya á servir á la mesa: no diga vm. una palabra; +cene, y esté aparejado. + +Preocupado Candido de júbilo y sentimiento, gozoso por haber vuelto á +ver á su fiel agente, atónito de verle esclavo, rebosando en la +alegría de encontrar á su amada, palpitándole el pecho, y vacilante su +razon, se sentó á la mesa con Martin, el qual sin inmutarse +contemplaba todas estas aventuras, y con otros seis extrangeros que +habian venido á pasar el carnaval á Venecia. + +Cacambo, que era el copero de uno de los extrangeros, arrimándose á su +amo al fin de la comida, le dixo al oido: Señor, Vuestra Magestad +puede irse quando quisiere, que el buque está pronto; y se fué dichas +estas palabras. Atónitos los convidados se miraban sin chistar, quando +llegándose otro sirviente á su amo, le dixo: Señor, el coche de +Vuestra Magestad está en Padua, y el barco listo. El amo hizo una +seña, y se fué el criado. Otra vez se miráron á la cara los +convidados, y creció el asombro. Arrimándose luego el tercer criado á +otro extrangero, le dixo: Señor, créame Vuestra Magestad, que no se +debe detener mas aquí; yo voy á disponerlo todo, y desapareció. + +Entónces no dudáron Candido ni Martin de que era mogiganga de +carnaval. El quarto criado dixo al quarto amo: Vuestra Magestad se +podrá ir quando quiera, y se salió lo mismo que los demas. Otro tanto +dixo el criado quinto al quinto amo; pero el sexto se explicó de muy +diferente modo con el sexto forastero, que estaba al lado de Candido, +y le dixo: A fe, Señor, que nadie quiere fiar un ochavo á Vuestra +Magestad, ni á mi tampoco, y que esta misma noche pudiera ser muy bien +que nos metieran en la cárcel, y así voy á ponerme en salvo: quédese +con Dios Vuestra Magestad. + +Habiéndose marchado todos los criados, se quedáron en alto silencio +Candido, Martin y los seis forasteros. Rompióle al fin Candido, +diciendo: Cierto, señores, que es donosa la burla; ¿porqué son todos +vms. reyes? Yo por mi declaro que ni el señor Martin ni yo lo somos. +Respondiendo entónces con mucha dignidad el amo de Cacambo, dixo en +italiano: Yo no soy un bufon; mi nombre es Acmet III; he sido gran +Sultan por espacio de muchos años; habia destronado á mi hermano, y mi +sobrino me na destronado á mí; á mis visires les han cortado la +cabeza, y yo acabo mis dias en el serrallo viejo. Mi sobrino el gran +Sultan Mahamud me da licencia para viajar de quando en quando para +restablecer mi salud; y he venido á pasar el carnaval á Venecia. + +Después de Acmet habló un mancebo que junto á el estaba, y dixo: Yo me +llamo Ivan, he sido emperador de toda la Rusia, y destronado en la +cuna. Mi padre y mi madre fuéron encarcelados, y á mi me criáron en +una cárcel. Algunas veces me dan licencia para viajar en compañía de +mis alcaydes; y he venido á pasar el carnaval á Venecia. + +Dixo luego el tercero: Yo soy Carlos Eduardo, rey de Inglaterra, +habiéndome cedido mi padre sus derechos á la corona. He peleado por +sustentarlos; á ochocientos partidarios mios les han arrancado el +corazon, y les han sacudido con el en la cara: á mi me han tenido +preso, y ahora voy á ver al Rey mi padre á Roma, el qual ha sido +destronado así como mi abuelo, y así como yo; y he venido á pasar el +carnaval á Venecia. + +Habló entónces el quarto, y dixo: Yo soy rey de los Polacos; la suerte +de la guerra me ha privado de mis estados hereditarios; los mismos +contratiempos ha sufrido mi padre: me resigno á los decretos de la +Providencia, como hacen el sultan Acmet, el emperador Ivan, y el rey +Carlos Eduardo, que Dios guarde dilatados años; y he venido á pasar el +carnaval á Venecia. + +Dixo despues el quinto: Tambien yo soy rey de los Polacos, y dos veces +he perdido mi reyno; pero la Providencia me ha dado otro estado, en el +qual he hecho mas bienes que quantos han podido hacer en las riberas +del Vistula todos los reyes de la Sarmacia juntos: tambien me resigno +á los juicios de la Providencia; y he venido á pasar el carnaval á +Venecia. + +Habló por último el sexto monarca, y dixo: Caballeros, yo no soy tan +gran señor como vms., mas al cabo rey he sido como el mas pintado: mi +nombre es Teodoro; fuí electo rey en Córcega, me daban +_magestad,_ y ahora apénas se dignan de decirme _su merced_: +he hecho acuñar moneda, y no tengo un maravedí; tenia dos secretarios +de estado, y apénas me queda un lacayo; me he visto en un trono, y he +estado mucho tiempo en Londres en una cárcel acostado sobre paja; y me +rezelo que me suceda aquí lo mismo, puesto que he venido, como +Vuestras Magestades, á pasar el carnaval á Venecia. + +Escucháron con magnánima compasion los otros cinco monarcas este +razonamiento, y dió cada uno veinte zequíes al rey Teodoro para que +comprase vestidos y ropa blanca. Candido le regaló un brillante de dos +mil zequíes. ¿Quién es este particular, dixéron los cinco reyes, que +puede hacer una dádiva cien veces mas quantiosa que qualquiera de +nosotros, y que efectivamente la hace? + +Al levantarse de la mesa, llegáron á la misma posada quatro Altezas +Serenísimas que tambien habian perdido sus estados por los acasos de +la guerra, y venian á pasar lo restante del carnaval á Venecia; pero +ne se informó siquiera Candido de las aventuras de los recien-venidos, +no pensando en mas que en ir á buscar á su amada Cunegunda á +Constantinopla. + + + + +CAPITULO XXVII. + +_Del viage de Candido á Constantinopla._ + + +Ya el fiel Cacambo había concertado con el capitan turco que habia de +llevar á Constantinopla al sultan Acmet, que tomara á bordo á Candido +y á Martin; y ámbos se embarcáron, habiéndose postrado primero ante su +miserable Alteza. Candido en el camino decia á Martin: ¡Con que hemos +cenado con seis reyes destronados, y de los seis á uno he tenido que +darle tina limosna! Acaso hay otros muchos príncipes mas desgraciados. +Yo á la verdad no he perdido mas que cien carneros, y voy á descansar +de mis fatigas en brazos de Cunegunda. Razon tenia Panglós, amado +Martin, todo está bien. Sea enhorabuena, dixo Martin. Increible +aventura es empero, continuó Candido, la que en Venecia nos ha +sucedido; porque nunca se ha visto ni oido cosa tal como cenar juntos +en la misma posada seis monarcas destronados. No es eso cosa mas +extraordinaria, replicó Martin, que otras muchas que nos han sucedido. +Con mucha freqüencia sucede que un rey sea destronado; y por lo que +respeta á la honra que hemos tenido de cenar con ellos, eso es una +friolera que ni siquiera mentarse merece. + +Apénas estaba Candido en el navío, se arrojó en brazos de su criado +antiguo y su amigo Cacambo. ¿Y pues, le dixo, qué hace Cunegunda? +¿es todavía un portento de beldad? ¿me quiere aun? ¿cómo está? Sin +duda que le has comprado un palacio en Constantinopla. Señor mi amo, +le respondió Cacambo, Cunegunda está fregando platos á orillas de la +Propontis, en casa de un príncipe que tiene poquísimos platos, porque +es esclava de un soberano antiguo llamado Ragotski, á quien da el +gran Turco tres duros diarios en su asilo; y lo peor es que ha perdido +su hermosura, y que está horrorosa de puro fea. ¡Ay! fea ó hermosa, +dixo Candido, yo soy hombre de bien, y mi obligacion es quererla +siempre. ¿Pero cómo se puede encontrar en tan miserable estado con el +millón de duros que tu le llevaste? Bueno está eso, respondió +Cacambo: ¿pues no tuve que dar doscientos mil al señor Don Fernando +de Ibarra, Figueroa, Mascareñas, Lampurdan y Souza, gobernador de +Buenos-Ayres, para alcanzar su licencia de traerme á Cunegunda? ¿y no +nos ha robado un pirata todo quanto nos había quedado? ¿No nos ha +conducido dicho pirata al cabo de Matapan, á Milo, á Nicaria, á Samos, +á Petri, á los Dardanelos, á Mármara y á Escutari? Cunegunda y la +vieja estan sirviendo al príncipe que llevo dicho, y yo soy esclavo +del sultan destronado. ¡Quanta espantosa calamidad encadenada una con +otra! dixo Candido. Al cabo aun me quedan algunos diamantes, y con +facilidad rescataré á Cunegunda. ¡Que lástima es que esté tan fea! +Volviéndose luego á Martin, le dixo: ¿Quién piensa vm. que es mas +digno de compasion, el emperador Acmet, el emperador Ivan, el rey +Carlos Eduardo, ó yo? No lo sé, dixo Martin, y menester fuera hallarme +dentro del pecho de vms. para saberlo. Ha, dixo Candido, si estuviera +aquí Panglós, el lo sabria, y nos lo diria. Yo no poseo, respondió +Martin, la balanza con que pesaba ese señor Panglós las miserias, y +valuaba las cuitas humanas; pero sí presumo que hay en la tierra +millones de hombres mas dignos de lástima que el rey Carlos Eduardo, +el emperador Ivan, y el sultan Acmet. Bien puede ser, dixo Candido. + +A pocos dias llegáron al canal del mar Negro. Candido rescató á precio +muy subido á Cacambo, y sin perder un instante se metió con sus +compañeros en una galera para ir á orillas de la Propontis en demanda +de Cunegunda, por mas fea que estuviese. + +Habia entre la chusma dos galeotes que remaban muy mal, y á quien el +arraez levantisco aplicaba de quando en quando sendos latigazos en las +espaldas con el rebenque. Por un movimiento natural los miró Candido +con mas atención que á los demas forzados, arrimándose a ellos con +lástima; y en algunas facciones de sus desfigurados rostros le +pareció que se daban un poco de ayre á Panglós, y al otro desventurado +jesuíta, al baron, hermano de Cunegunda. Enternecido y movido á +compasión con esta idea, los contempló con mayor atencion, y dixo á +Cacambo: Por mi vida, que si no hubiera visto ahorcar á maese Panglós, +y no hubiera tenido la desgracia de matar al baron, creeria que son +esos que van remando en la galera. + +Oyendo los nombres del baron y de Panglós, diéron un agudo grito ámbos +galeotes, se paráron en el banco, y dexáron caer los remos. Al punto +se tiró á ellos el arraez, menudeando los latigazos con el rebenque. +Deténgase, deténgase, Señor, clamó Candido, que le daré el dinero que +me pidiere. ¿Con que es Candido? decía uno de los forzados. ¿Con que +es Candido? repetia el otro. ¿Es sueño? decia Candido; ¿estoy en esta +galera? ¿estoy despierto? ¿Es el señor baron á quien yo maté? ¿es +maese Panglós á quien vi ahorcar? Nosotros somos, nosotros somos, +respondian á la par. ¿Con que este es aquel insigne filósofo? decia +Martin. Ha, señor arraez levantisco, ¿quanto quiere por el rescate del +señor baron de Tunder-ten-tronck, uno de los primeros barones del +imperio, y del señor Panglós, el metafísico mas profundo de Alemania? + +Perro cristiano, respondió el arraez, una vez que esos dos perros de +galeotes cristianos son barones y metafísicos, lo qual es sin duda +un, cargo muy alto en su pais, me has de dar por ellos cincuenta mil +zequíes.--Yo se los daré, señor; lléveme de un vuelo á Constantinopla, +y al punto será satisfecho; pero no, lléveme á casa de Cunegunda. El +arráez, así que oyó la oferta de Candido, puso la proa á la ciudad, y +hacia que remaran con mas ligereza que un páxaro sesga el ayre. + +Dió Candido cien abrazos á Panglós y al baron.--¿Pues cómo no he +muerto á vm., mi amado baron? ¿y vm., mi amado Panglós, cómo está vivo +habiéndole ahorcado? ¿y porqué están ámbos en galeras en Turquía? ¿Es +cierto que esté mi querida hermana en esta tierra? dixo el barón. Sí, +Señor, respondió Cacambo. Al fin vuelvo á ver á mi caro Candido, +exclamaba Panglós. Candido les presentaba á Martin y á Cacambo: todos +se abrazaban, todos hablaban á la par; bogaba la galera, y estaban ya +dentro del puerto. Llamáron á un. Judío á quien vendió Candido por +cincuenta mil zequíes un diamante que valia cien mil, y el Judío le +juró por Abrahan, que no podia dar un ochavo mas. Incontinenti +satisfizo el rescate del baron y Panglós: este se arrojó á las plantas +de su libertador, bañándolas en lágrimas; aquel le dió las gracias +baxando la cabeza, y le prometió pagarle su dinero así que tuviese con +que. ¿Pero es posible, decia, que esté en Turquía mi hermana? Tan +posible, replicó Cacambo, que está fregando platos en casa de un +príncipe de Transilvania. Llamáron, al punto á otros Judíos, vendió +Candido otros diamantes, y se partiéron todos en otra galera para ir á +librar á Cunegunda. + + + + +CAPITULO XXVIII. + +_Que trata de los sucesos que pasáron con Candido, Cunegunda, +Panglós y Martin._ + + +Mil perdones pido á vm., dixo Candido al baron, mil perdones, padre +reverendísimo, de haberle pasado el cuerpo de una estocada. No +tratemos mas de eso, dixo el baron, yo confieso que me excedí un poco. +Pero una vez que desea vm. saber como me he visto en galeras, le +contaré que despues que me hubo sanado de mi herida el hermano +boticario del colegio, me acometió y me hizo prisionero una partida +española, y me pusiéron en la cárcel de Buenos-Ayres, quando acababa +mi hermana de embarcarse para Europa. Pedí que me enviaran á Roma al +padre general, y me nombráron para ir á Constantinopla de capellan de +la embaxada de Francia. Habia apénas ocho dias que estaba desempeñando +las obligaciones de mi empleo, quando encontré una noche á un icoglan +muy muchacho y muy lindo; y como hacia mucho calor, quiso el mozo +bañarse, y yo tambien me metí con el en el baño, no sabiendo que era +delito capital en un cristiano que le hallaran desnudo con un mancebo +musulman. Un cadí me mando dar cien palos en la planta de los piés, y +me condenó á galeras; y pienso que jamas se ha cometido injusticia mas +horrorosa. Ahora querria saber porque se halla mi hermana de fregona +de un príncipe de Transilvania refugiado en Turquía. + +¿Y vm., mi amado Panglós, cómo es posible que le esté viendo? Verdad +es, dixo Panglós, que me viste ahorcar; iban á quemarme, pero ya te +acuerdas que llovia á chaparrones quando me habian de echar á la +hoguera, y que no fué posible encender el fuego; así que me ahorcáron, +sin exemplar, no pudiendo mas: y un cirujano que compró mi cuerpo, me +llevó á su casa, y me disecó. Primero me hizo una incision crucial +desde el ombligo hasta la clavícula. Yo estaba tan mal ahorcado, que +no podia ser mas: el executor de las sentencias de la santa +inquisicion, que era subdiácono, es verdad que quemaba las personas +con la mayor habilidad, pero no entendia cosa en materia de ahorcar: +la soga que estaba mojada apretó poco, en fin todavía estaba vivo. La +incision crucial me hizo dar un grito tan desaforado, que atemorizado +el cirujano se cayó de espaldas; y creyendo que estaba disecando á +Lucifer se escapó muerto de miedo, y se volvió á caer de la escalera +abaxo. Al estrépito acudió su muger de un quarto inmediato; y +viéndome tendido en la mesa con la incision crucial, se asustó mas que +su marido, se escapó, y se cayó encima de él. Quando volviéron algo en +sí, oí que decia la cirujana al cirujano: ¿Quién te metió en disecar á +un herege? ¿acaso no sabes que todos ellos tienen metido el diablo en +el cuerpo? me voy corriendo á llamar á un clérigo que le exôrcize. +Asustado con estas palabras recogí las pocas fuerzas que me quedaban, +y me puse á gritar: Tengan lástima de mí. Al fin cobró ánimo el +barbero portugués, me dió unos quantos puntos en la incision, su muger +me cuidó, y á cabo de quince dias estaba ya bueno. El barbero me +acomodó de lacayo de un caballero de Malta que iba á Venecia; pero no +teniendo mi amo con que mantenerme, me puse á servir á un mercader +veneciano, y le acompañé á Constantinopla. + +Ocurrióme un dia la idea de entrar en una mezquita, donde no habia mas +que un iman viejo y una santurrona moza muy bonita, que rezaba sus +padre-nuestros: tenia descubiertos los pechos, y entre las dos tetas +un ramillete muy hermoso de tulipas, rosas, anémonas, ranúnculos, +jacintos y aurículas. Cayósele el ramillete, y yo le cogí, y se le +puse con tanta cortesía como respeto. Tanto tardaba en ponérsele, que +se enfadó el iman; y advirtiendo que era cristiano, llamó gente. +Lleváronme á casa del cadí, que me mandó dar cien varazos en los piés +y me envió á galeras, amarrándome justamente á la misma galera y al +mismo banco que el señor baron. En ella habia quatro mozos de +Marsella, cinco clérigos napolitanos, y dos frayles de Corfú, que nos +aseguráron que casi todos los dias sucedian aventuras como las +nuestras. Sustentaba el señor baron que le habian hecho mas injusticia +que á mí; y yo defendia que mucho mas permitido era volver á poner un +ramillete al pecho de una moza, que hallarse en cueros con un icoglan: +disputábamos continuamente, y nos sacudian cien latigazos al dia con +la penca, quando te conduxo á nuestra galera la cadena de los sucesos +de este universo, y nos rescataste. ¿Y pues, amado Panglós, le dixo +Candido, quando se vió vm. ahorcado, disecado, molido á palos, y +remando en galeras, pensaba que todo iba perfectamente? Siempre me +estoy en mis trece, respondió Panglós; que al fin soy filósofo, y un +filósofo no se ha de desdecir, porque no se puede engañar Leibnitz, +aparte que la harmonía preestablecida, es la cosa mas linda del mundo, +no ménos que el lleno y la materia sutil. + + + + +CAPITULO XXIX. + +_De como topó Candido con Cunegunda y con la vieja._ + + +Miéntras se daban cuenta de sus aventuras Candido, el baron, Panglós, +Martin y Cacambo; miéntras que discurrian acerca de los sucesos +contingentes ó no contingentes de este mundo, que disputaban sobre los +efectos y las causas, sobre el mal moral y el mal físico, sobre la +libertad y la necesidad, sobre los consuelos que puede recibir quien +está en galeras en Turquía, aportáron á las playas de la Propontis, +junto á la morada del principe de Transilvania. Lo primero que se les +presentó fué Cunegunda y la vieja que estaban tendiendo unas +servilletas para que se enxugasen en unas tomizas. Al ver esta escena, +se puso amarillo el baron; y el tierno y enamorado Candido +contemplando á Cunegunda toda prieta, los ojos lagañosos, enxutos los +pechos, la cara arrugada, y los bazos amoratados, se hizo tres pasos +atras, y se adelantó luego por buena crianza. Abrazó Cunegunda á +Candido y á su hermano, todos abrazáron á la vieja, y Candido las +rescató á entrámbas. + +Habia un cortijillo en las inmediaciones, y propuso la vieja á Candido +que le comprase, ínterin hallaba toda la compañía mejor acómodo. +Cunegunda que no sabia que estaba fea, no habiéndoselo dicho nadie, +acordó sus promesas á Candido en tono tan resuelto, que no se atrevió +el pobre á replicar. Declaró pues al baron que se iba á casar con su +hermana; pero este dixo: Nunca consentiré yo en semejante vileza de su +parte, y tamaña osadía de la tuya, ni nunca no podrán echar en cara +tal ignominia. ¿Con que los hijos de mi hermana no podrán entrar en +los cabildos de Alemania? No, mi hermana no se ha de casar, como no +sea con un baron del imperio. Cunegunda se postró á sus plantas, y las +bañó en llanto, pero fué en balde. ¡Fatuo, sin seso, le dixo Candido, +te he librado de galeras, he pagado tu rescate, y el de tu hermana que +estaba fregando platos, y que es fea; soy tan bueno que quiero que sea +mi muger, y todavía quieres tu estorbármelo! Si me dexara llevar de la +ira, te matara segunda vez. Otras ciento me puedes matar, respondió el +baron, pero no te has de casar con mi hermana miéntras yo viva. + + + + +CAPITULO XXX. + +_Donde se da fin á la historia._ + + +En lo interior de su corazon no tenia Candido ganas ningunas de +casarse con Cunegunda; pero la mucha insolencia del baron le determinó +á acelerar las bodas, sin contar que la baronesita le apretaba tanto, +que no las podía dilatar mas. Consultó pues á Panglós, á Martin y al +fiel Cacambo. Panglós compuso una erudita memoria, probando que no +tenia el baron derecho ninguno en su hermana, y que segun todas las +leyes del imperio podia Cunegunda casarse con Candido, dándole la mano +izquierda; Martin fué de parecer de que tiraran con el baron al mar; y +Cacambo de que se le entregaran al arraez levantisco, el qual le +volveria á poner á remar á la galera, ínterin le enviaban al padre +general por la primera embarcacion que diese á la vela para Roma. +Pareció bien esta idea: aprobóla la vieja; y sin decir palabra á +Cunegunda, se puso en execucion mediante algun dinero: teniendo así la +satisfaccion de jugar pieza á un jesuita, y escarmentar la vanidad de +un baron aleman. + +Cosa natural era pensar que despues de tantas desgracias Candido +casado con su amada, viviendo en compañía del filósofo Panglós, del +filósofo Martin, del prudente Cacambo y de la vieja, y habiendo traído +tantos diamantes de la patria de los antiguos Incas, disfrutaria la +vida mas feliz; pero tanto le estafáron los Judíos, que no le quedáron +mas bienes que su pobre cortijo. Su muger, que cada dia era mas fea, +se hizo de una condicion de vinagre inaguantable; y la vieja cayó +enferma, y era mas regañona, todavía que Cunegunda. Cacambo que cavaba +el huerto y llevaba á vender la hortaliza á Constantinopla, estaba +rendido de faena, y maldecia su suerte. Panglós se desesperaba, porque +no lucia su saber en alguna universidad de Alemania: solo Martin, +firmemente convencido de que en todas partes el hombre se encuentra +mal, llevaba las cosas en paciencia. Algunas veces disputaban Candido, +Martin y Panglós sobre metafísica y moral. Por las ventanas del +coitijo sovían pasar con mucha freqüencia barcos cargados de efendis, +baxáes y cadíes, que iban desterrados á Lemnos, Mitylene y Erzerum; y +llegar otros cadíes, otros baxáes y otros efendis, que ocupaban el +lugar de los depuestos, y que lo eran ellos luego; y se vían cabezas +rellenas con mucho aseo de paja, que se llevaban de regalo á la +Sublime Puerta. Estas escenas daban materia á nuevas disertaciones; y +quando no disputaban se aburrian tanto, que la vieja se aventuró á +decirles un dia: Quisiera yo saber qué es peor, ¿ser violada cien +veces al dia por piratas negros, verse cortar una nalga, pasar +baquetas entre los Bulgaros, ser azotado y ahorcado en un auto de fe, +ser disecado, remar en galeras, finalmente padecer todas quantas +desventuras hemos pasado, ó estar aquí sin hacer nada? Ardua es la +qüestion, dixo Candido. + +Suscitó este razonamiento nuevas reflexîones; y coligió Martin que el +destino del hombre era vivir en las convulsiones de las angustias, ó +en el parasismo del fastidio. Candido no se lo concedia, pero no +afirmaba nada: Panglós confesaba que toda su vida habia sido una serie +de horrorosos infortunios; pero como una vez habia sustentado que todo +estaba perfecto, seguía sustentándolo sin creerlo. Lo que acabó de +cimentar los detestables principios de Martin, de hacer titubear mas +que nunca á Candido, y de poner en confusion á Panglós, fué que un dia +viéron llegar á su cortijo á Paquita y fray Hilarion en la mas +horrenda miseria. En breve tiempo se habian comido los tres mil duros, +se habian dexado y vuéltose á juntar, y vuelto á reñir, habian sido +puestos en la cárcel, se habian escapado, y finalmente fray Hilarion +se habia hecho Turco. Paquita seguía exercitando su oficio, pero ya no +ganaba con el para comer. Bien habia yo pronosticado, dixo Martín á +Candido, que en breve disiparian las dádivas de vm., y serian mas +miserables: vm. y Cacambo han rebosado en millones de pesos, y no son +mas afortunados que fray Hilarion y Paquita. ¡Ha, dixo Panglós á +Paquita, con que te ha traído el cielo con nosotros! ¿Sabes, pobre +muchacha, que me tienes de costa la punta de la nariz, un ojo y una +oreja? ¡Qué mudada que estás! ¡válgame Dios, lo que es este mundo! +Esta nueva aventura les dió márgen á que filosofaran mas que nunca. + +En la vecindad vivia un derviche que gozaba la reputacion del mejor +filósofo de Turquía. + +Fuéren á consultarle; habló Panglós por los demás, y le dixo: Maestro, +venimos á rogarte que nos digas para que fué formado un animal tan +extraño como el hombre? ¿Quién te mete en eso? le dixo el derviche: +¿te importa para algo? Pero, reverendo padre, horribles males hay en +la tierra. ¿Qué hace al caso que haya bienes ó que haya males? quando +envía Su Alteza un navio á Egipto, se informa de si se hallan bien ó +mal los ratones que van en él? Pues qué se ha de hacer? dixo Panglós. +Que te calles, respondió el derviche. Yo esperaba, dixo Panglós, +discurrir con vos acerca de las causas y los efectos, del mejor de los +mundos posibles, del origen del mal, de la naturaleza del alma, y de +la harmonía preestablecida. En respuesta les dió el derviche con la +puerta en los hocicos. + +Miéntras que estaban en esta conversacion, se esparció la voz de que +acababan de ahorcar en Constantinopla á dos visires del banco y al +muftí, y de empalar á varios de sus amigos; catástrofe que metió mucha +bulla por espacia de algunas horas. Al volverse Panglós, Candido y +Martin á su cortijo ,`encontráron á un buen anciano que estaba tomando +el fresco á la puerta de su casa, baxo un emparrado de naranjos. +Panglós, que no era ménos curioso que argu-mentista, le preguntó como +se llamaba el muftí que acababan de ahorcar. No lo sé, respondió el +buen hombre, ni nunca he sabido el nombre de muftí ni de visir +ninguno. Ignoro absolutamente la aventura de que me hablais; presumo, +sí, que generalmente los que manejan los negocios públicos perecen á +veces miserablemente, y que bien se lo merecen; pero jamas me informo +de los sucesos de Constantinopla, contentandome con enviará vender +allá las frutas del huerto que labro. Dicho esto, convidó á los +extrangeros á entrar en su casa; y sus dos hijas y dos hijos les +presentáron muchas especies de sorbetes que ellos propios fabricaban, +kaimak guarnecido de cáscaras de azamboa confitadas, naranjas, +limones, limas, pinas, alfónsigos, y café de Moka, que no estaba +mezclado con los malos cafées de Batavia y las islas de América; y +luego las dos hijas del buen musulman sahumáron las barbas de Candido, +Panglós y Martin. Sin duda que teneis, dixo Candido al Turco, una +vasta y magnífica posesión. Nada mas que veinte fanegadas de tierra, +respondió el Turco, que labro con mis hijos: y el trabajo nos libra de +tres insufribles calamidades, el aburrimiento, el vicio, y la +necesidad. + +Miéntras se volvia Candido á su cortijo, iba haciendo profundas +reflexiones en las razones del Turco, y le dixo á Panglós y á Martin: +Se me figura que se ha sabido este buen viejo labrar una suerte muy +mas feliz que la de los seis monarcas con quien tuvimos la honra de +cenar en Venecia. Las grandezas, dixo Panglós, son muy peligrosas, +segun opinan todos los filósofos. Eglon, rey de los Moabita, fué +asesinado por Aod; Absalon colgado de los cabellos y atravesado con +tres saetas; el rey Nadab, hijo de Jeroboan, muerto por Baza; el rey +Ela por Zambri; Ocosías por Jehú; Atalia por Joyada; y los reyes +Joaquín, Jeconías y Sedecías fuéron esclavos. Sabido es de qué modo +muriéron Creso, Astyages, Dario, Dionisio de Syracusa, Pyrro, Perseo, +Hanibal, Jugurta, Ariovisto, César, Pompeyo, Neron, Oton, Vitelio, +Domiciano, Ricardo II de Inglaterra, Eduardo II, Henrique VI, Ricardo +III, María Estuardo, Carlos I, los tres Henriques de Francia, el +emperador Heririque IV, el rey godo Don Rodrigo, Don Alvaro de Luna; y +nadie ignora... Tampoco ignoro yo, dixo Cundido, que es menester +cultivar nuestra huerta. Razon tienes, dixo Panglós; porque quando fué +colocado el hombre en el paraiso de Eden, fué para labrarle, _ut +operaretur eum_, lo qual prueba que no nació para el sosiego. +Trabajemos pues sin argumentar, dixo Martin, que es el medio único de +que sea la ida tolerable. + +Toda la compañía aprobó tan loable determinacion; empezó cada uno á +exercitar su habilidad, y el cortijillo rindió mucho. Verdad es que +Cunegunda era muy fea, pero hacia excelentes pasteles; Paquita +bordaba, y la vieja cuidaba de la ropa blanca. Hasta fray Hilarion +sirvió, que aprendió con perfeccion el oficio de carpintero, y paró en +ser muy hombre de bien. Panglós deeia algunas veces á Candido. Todos +los sucesos están encadenados en el mejor de los mundos posibles; +porque si no te hubieran echado á patadas en el trasero de una +magnífica quinta por amor de Cunegunda, si no te hubieran metido en +la inquisicion, si no hubieras andado á pié por las soledades de la +América, si no hubieras pegado una birena estocada al baron, y si no +hubieras perdido todos tus carneros del buen pais del Dorado, no +estarias aqui ahora comiendo azamboas en dulce, y alfónsigos. Bien +dice vm., respondió Candido; pero es menester labrar nuestra huerta. + +_Fin de Candido, ó del Optimismo._ + + + + +TABLA + +DE LAS NOVELAS CONTENIDAS EN EL TOMO PRIMERO. + +ZADIG, Ó EL DESTINO, historia oriental Dedicatoria de Zadig á la +sultana +Cheraah, por Sadi. + +CAP. I. El tuerto +CAP. II. Las narices +CAP. III. El perro y el caballo +CAP. IV. El envidioso +CAP. V. El generoso +CAP. VI. El ministro +CAP. VII. Disputas y audiencias +CAP. VIII. Los zelos +CAP. IX. La muger aporreada +CAP. X. La esclavitud +CAP. XI. La hoguera +CAP. XII. La cena +CAP. XIII. Las citas +CAP. XIV. El bayle +CAP. XV. Los ojos azules +CAP. XVI. El bandolero +CAP. XVII. El pescador +CAP. XVIII. El basilisco +CAP. XIX. Las justas +CAP. XX. El ermitaño +CAP. XXI. Las adivinanzas + +COMO ANDA EL MUNDO, vision de Babuco, escrita por el propio MEMNON, +Ó LA CORDURA HUMABA LOS DOS CONSOLADOS HISTORIA DE LOS VIAGES DE +ESCARMENTADO, escrita por el propio. + +MICROMEGAS, historia filosófica. + +CAP. I. Viage de un raorador del mundo de la estrella Sino al planeta +de Saturno. +CAP. II. Conversación del morador de Siriot con el de Saturno. +CAP. III. Viage de los dos habitantes de Sirio y Saturno. +CAP. IV. Que da cuenta de lo que les sucedió en el globo de la tierra. +CAP. V. Experiencias y raciocinios de ambos caminantes. +CAP. VI. De lo que les aconteció con unos hombres. +CAP. VII. Conversación con los hombres. + +HISTORIA DE UN BUEN BRAMA. + +CANDIDO, Ó EL OPTIMISMO. + +CAP. I. Donde se da cuenta de como fue criado Candido en una herniosa +quinta, y como de ella fue echado a patadas. +CAP. II. De lo que sucedió á Candido con los Bulgaros. +CAP. III. De qué modo se libró Candido de manos de los Bulgaros, y de +lo que le sucedió despues. +CAP. IV. De qué modo encontró Candido á su maestro de filosofía, el +doctor Panglós, y de loque le aconteció. +CAP. V. De una tormenta, un naufragio, y un terremoto. De los sucesos +del doctor Panglós, de Candido, y de Santiago el anabautista. +CAP. VI. Del magnífico auto de fe que se hizo para que cesara el +terremoto, y de los doscientos azotes que pegaron á Candido. +CAP. VII. Que cuenta como una vieja remedió las cuitas de Candido, y +como topó este con su dama. +CAP. VIII. Historia de Cunegunda. +CAP. IX. Prosiguen los sucesos de Cunegunda, Candido, el inquisidor +general, y el Judío. +CAP. X. De la triste situacion en que se viéron Candido, Cunegunda y +la vieja; de su arribo á Cadiz, y como se embarcáron para América. +CAP. XI. Que cuenta la historia de la vieja. +CAP. XII. Donde prosigue la historia de la vieja. +CAP. XIII. De como Candi lo tuvo que separarse por fuerza de la +hermosa Cunegunda y la vieja. +CAP. XIV. Del recibimiento que á Candido y Cacambo hiciéron los +jesuitas del Paraguay. +CAP. XV. Que quenta la muerte que dió Candido al hermano de su querida +Cunegunda. +CAP. XVI. Donde se da cuenta de los sucesos de nuestros dos caminantes +con dos muchachas, dos ximios, y los salvages llamados Orejones. +CAP. XVII. Cuéntase el arribo de Candido con su criado al pais del +Dorado, y lo qne allí viéron. +CAP. XVIII. Donde se da cuenta de lo que en el pais del Dorado viéron. +CAP. XIX. De los sucesos de Surinam, y del conocimiento que hizo +Candido de Martin. +CAP. XX. De lo que sucedió á Candido y á Martin durante la navegacion. +CAP. XXI. Donde se da cuenta de la plática de Candido y Martin, al +acercarse á las costas de Francia. +CAP. XXII. De los sucesos que en Francia aconteciéron +á Candido y á Martin. +CAP. XXIII. Del arribo de Candido y Martin á la costa de Inglaterra, y +de lo que allí viéron. +CAP. XXIV. Que trata de fray Hilarion y de Paquita. +CAP. XXV. Que da cuenta de la visita que hiciéron Martin y Candido al +señor Pococurante, noble veneciano. +CAP. XXVI. Que da cuenta de como Candido y Martin cenáron con unos +extrangeros, y quien eran estos. +CAP. XXVII. Del viage de Candido á Constantinopla. +CAP. XXVIII. Que trata de los sucesos que pasáron con Candido, +Cunegunda, Panglós y Martin. +CAP. XXIX. De como topó Candido con Cunegunda y con la vieja. +CAP. XXX. Donde se da fin á la historia + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of Candido, o El Optimismo, by Voltaire + +*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK CANDIDO, O EL OPTIMISMO *** + +This file should be named 8cand10.txt or 8cand10.zip +Corrected EDITIONS of our eBooks get a new NUMBER, 8cand11.txt +VERSIONS based on separate sources get new LETTER, 8cand10a.txt + +Produced by Tom Richards, Arno Peters, Juliet Sutherland, +Charles Franks and the Online Distributed Proofreading Team. + +Project Gutenberg eBooks are often created from several printed +editions, all of which are confirmed as Public Domain in the US +unless a copyright notice is included. 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