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+
+*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 75472 ***
+
+
+
+ NOTAS DEL TRANSCRIPTOR
+
+En la versión de texto sin formatear las palabras en itálicas están
+indicadas con _guiones bajos_; mientras que las palabras en Versalitas
+se han escrito en MAYÚSCULAS.
+
+El criterio utilizado para llevar a cabo esta transcripción, ha sido el
+de respetar las reglas de la Real Academia Española, vigentes cuando
+la presente edición de esta obra fue publicada. El lector interesado
+puede consultar el Mapa de Diccionarios Académicos de la Real Academia
+Española.
+
+Para el texto citado de otros autores por parte de Unamuno, el criterio
+en general fue privilegiar que coincidiese con el texto que figuraba
+en la imagen utilizada para llevar a cabo la transcripción. En estas
+citaciones casi nunca se ha modificado la ortografía, estimando que
+la intención de Unamuno fue de que no se la modificase, para dejar
+testimonio de lo que era lo habitual en el período en que el texto
+citado fue escrito. Debido a esto, es posible encontrar una misma
+palabra escrita con ortografía diferente.
+
+La cubierta del libro fue modificada por el transciptor y se ha
+cedido al dominio público.
+
+
+ * * * * *
+
+
+ VIDA DE DON QUIJOTE Y SANCHO
+
+
+
+
+ VIDA DE DON QUIJOTE
+ Y SANCHO
+
+ SEGÚN
+ Miguel de Cervantes Saavedra
+
+ EXPLICADA Y COMENTADA
+ por
+ MIGUEL DE UNAMUNO
+
+ [Illustration]
+
+ RENACIMIENTO
+
+ MADRID │ BUENOS AIRES
+ SAN MARCOS, 42 │ LIBERTAD, 172
+
+ 1914
+
+
+ ES PROPIEDAD
+
+
+ IMPRENTA RENACIMIENTO.--SAN MARCOS, 42.
+
+
+
+
+ PRÓLOGO A ESTA SEGUNDA EDICIÓN
+
+
+Apareció en primera edición esta obra en el año 1905, coincidiendo por
+acaso, que no de propósito, con la celebración del tercer centenario de
+haberse por primera vez publicado el _Quijote_. No fué, pues, una
+obra de centenario.
+
+Salió, por mi culpa, plagada, no ya sólo de erratas tipográficas,
+sino de errores y descuidos del original manuscrito, todo lo que he
+procurado corregir en esta segunda edición.
+
+Pensé un momento si hacerla preceder del ensayo que «Sobre la lectura e
+interpretación del _Quijote_» publiqué el mismo año de 1905 en el
+número de abril de _La España Moderna_, mas he desistido de ello
+en atención a que esta obra toda no es sino una ejecución del programa
+en aquel ensayo expuesto. Lo que se reduce a asentar que dejando a
+eruditos, críticos e historiadores la meritoria y utilísima tarea de
+investigar lo que el _Quijote_ pudo significar en su tiempo y en
+el ámbito en que se produjo y lo que Cervantes quiso en él expresar y
+expresó, debe quedarnos a otros libre el tomar su obra inmortal como
+algo eterno, fuera de época y aun de país, y exponer lo que su lectura
+nos sugiere. Y sostuve que hoy ya es el _Quijote_ de todos y
+de cada uno de sus lectores, y que puede y debe cada cual darle una
+interpretación, por así decirlo, mística, como las que a la Biblia
+suele darse.
+
+Mas si renuncié a insertar al frente de esta segunda edición de mi obra
+aquel citado ensayo, no así con otro que con el título de «El sepulcro
+de Don Quijote» publiqué en el número de febrero de 1906 de la misma
+susomentada revista _La España Moderna_.
+
+Esta obra es de las mías la que hasta hoy ha alcanzado más favor
+del público que me lee, como lo prueba esta segunda edición y el
+haber aparecido hace poco una traducción italiana bajo el título de
+_Commento al Don Chisciotte_, hecha por G. Beccari y publicada en
+la colección _Cultura dell'anima_, dirigida por G. Papini y que
+edita R. Carabba en Lanciano. A la vez que se prepara una traducción
+francesa.
+
+Y me complazco en creer que a esta mayor fortuna de esta entre mis
+otras obras habrá contribuido el que es una libre y personal exégesis
+del _Quijote_, en que el autor no pretende descubrir el sentido
+que Cervantes le diera, sino el que le da él, ni es tampoco un erudito
+estudio histórico. No creo deber repetir que me siento más quijotista
+que cervantista y que pretendo libertar al _Quijote_ del mismo
+Cervantes, permitiéndome alguna vez hasta discrepar de la manera cómo
+Cervantes entendió y trató a sus dos héroes, sobre todo a Sancho.
+Sancho se le imponía a Cervantes, a pesar suyo. Y es que creo que los
+personajes de ficción tienen dentro de la mente del autor que los finge
+una vida propia, con cierta autonomía, y obedecen a una íntima lógica
+de que no es del todo consciente ni dicho autor mismo. Y el que desee
+más aclaraciones a este respecto, y no se escandalice de la proposición
+de que nosotros podemos comprender a Don Quijote y Sancho mejor que
+Cervantes que los creó--o mejor los sacó de la entraña espiritual de su
+pueblo--, acuda al ensayo que cité primero.
+
+ MIGUEL DE UNAMUNO.
+
+Salamanca, enero de 1913.
+
+
+
+
+ EL SEPULCRO DE DON QUIJOTE
+
+
+Me preguntas, mi buen amigo, si sé la manera de desencadenar un
+delirio, un vértigo, una locura cualquiera sobre estas pobres
+muchedumbres ordenadas y tranquilas que nacen, comen, duermen, se
+reproducen y mueren. ¿No habrá un medio, me dices, de reproducir la
+epidemia de los flagelantes o la de los convulsionarios? Y me hablas
+del milenario.
+
+Como tú siento yo con frecuencia la nostalgia de la Edad Media; como
+tú quisiera vivir entre los espasmos del milenario. Si consiguiéramos
+hacer creer que en un día dado, sea el 2 de mayo de 1908, el centenario
+del grito de la independencia, se acababa para siempre España; que en
+ese día nos repartían como a borregos, creo que el día 3 de mayo de
+1908 sería el día más grande de nuestra historia, el amanecer de una
+nueva vida.
+
+Esto es una miseria, una completa miseria. A nadie le importa nada
+de nada. Y cuando alguno trata de agitar aisladamente este o aquel
+problema, una u otra cuestión, se lo atribuyen o a negocio o a afán de
+notoriedad y ansia de singularizarse.
+
+No se comprende aquí ya ni la locura. Hasta del loco creen y dicen que
+lo será por tenerle su cuenta y razón. Lo de la razón de la sinrazón es
+ya un hecho para todos estos miserables. Si nuestro señor Don Quijote
+resucitara y volviese a esta su España andarían buscándole una segunda
+intención a sus nobles desvaríos. Si uno denuncia un abuso, persigue la
+injusticia, fustiga la ramplonería, se preguntan los esclavos: ¿qué irá
+buscando en eso? ¿A qué aspira? Unas veces creen y dicen que lo hace
+para que le tapen la boca con oro; otras que es por ruines sentimientos
+y bajas pasiones de vengativo o envidioso; otras que lo hace no más
+sino por meter ruido y que de él se hable, por vanagloria; otras que lo
+hacen por divertirse y pasar el tiempo, por deporte. ¡Lástima grande
+que a tan pocos les dé por deportes semejantes!
+
+Fíjate y observa. Ante un acto cualquiera de generosidad, de heroísmo,
+de locura, a todos esos estúpidos bachilleres, curas y barberos de
+hoy no se les ocurre sino preguntarse: ¿por qué lo hará? Y en cuanto
+creen haber descubierto la razón del acto--sea o no la que ellos se
+suponen--se dicen: ¡bah!, lo ha hecho por esto o por lo otro. En cuanto
+una cosa tiene razón de ser y ellos la conocen perdió todo su valor la
+cosa. Para eso les sirve la lógica, la cochina lógica.
+
+Comprender es perdonar, se ha dicho. Y esos miserables necesitan
+comprender para perdonar el que se les humille, el que con hechos o
+palabras se les eche en cara su miseria, sin hablarles de ella.
+
+Han llegado a preguntarse estúpidamente para qué hizo Dios el mundo, y
+se han contestado a sí mismos: ¡para su gloria!, y se han quedado tan
+orondos y satisfechos, como si los muy majaderos supieran qué es eso de
+la gloria de Dios.
+
+Las cosas se hicieron primero, su para qué después. Que me den una idea
+nueva, cualquiera, sobre cualquier cosa, y ella me dirá después para
+qué sirve.
+
+Alguna vez, cuando expongo algún proyecto, algo que me parece debía
+hacerse, algo, sobre todo, que debía decirse, no falta nunca quien me
+pregunte: ¿y después? A preguntas tales no cabe otra respuesta que una
+repregunta. Y al «¿y después?» no hay sino dar de rebote un «¿y antes?».
+
+No hay porvenir; nunca hay porvenir. Eso que llaman el porvenir es una
+de las más grandes mentiras. El verdadero porvenir es hoy. ¿Qué seré de
+nosotros mañana? ¡No hay mañana! ¿Qué es de nosotros hoy, ahora? Ésta
+es la única cuestión.
+
+Y en cuanto a hoy, todos esos miserables están muy satisfechos porque
+hoy existen, y con existir les basta. La existencia, la pura y nuda
+existencia, llena su alma toda. No sienten que haya más que existir.
+
+¿Pero existen? ¿Existen de verdad? Yo creo que no; pues si existieran,
+si existieran de verdad, sufrirían de existir y no se contentarían con
+ello. Si real y verdaderamente existieran en el tiempo y el espacio
+sufrirían de no ser en lo eterno y lo infinito. Y este sufrimiento,
+esta pasión, que no es sino la pasión de Dios en nosotros. Dios que
+en nosotros sufre por sentirse preso en nuestra finitud y nuestra
+temporalidad, este divino sufrimiento les haría romper todos esos
+menguados eslabones lógicos con que tratan de atar sus menguados
+recuerdos a sus menguadas esperanzas, la ilusión de su pasado a la
+ilusión de su porvenir.
+
+¿Por qué hace eso? ¿Preguntó acaso nunca Sancho por qué hacía Don
+Quijote las cosas que hacía?
+
+Y vuelta a lo mismo, a tu pregunta, a tu preocupación: ¿qué locura
+colectiva podríamos imbuir en estas pobres muchedumbres? ¿Qué delirio?
+
+Tú mismo te has acercado a la solución en una de esas cartas con que
+me asaltas a preguntas. En ella me decías: ¿no crees que se podría
+intentar alguna nueva cruzada?
+
+Pues bien, sí; creo que se puede intentar la santa cruzada de ir a
+rescatar el sepulcro de Don Quijote del poder de los bachilleres,
+curas, barberos, duques y canónigos que lo tienen ocupado. Creo que
+se puede intentar la santa cruzada de ir a rescatar el sepulcro del
+Caballero de la Locura del poder de los hidalgos de la Razón.
+
+Defenderán, es natural, su usurpación y tratarán de probar con muchas
+y muy estudiadas razones que la guardia y custodia del sepulcro les
+corresponde. Lo guardan para que el Caballero no resucite.
+
+A esas razones hay que contestar con insultos, con pedradas, con gritos
+de pasión, con botes de lanza. No hay que razonar con ellos. Si tratas
+de razonar frente a sus razones estás perdido.
+
+Si te preguntan, como acostumbran, ¿con qué derecho reclamas el
+sepulcro?, no les contestes nada, que ya lo verán luego. Luego... tal
+vez cuando ni tú ni ellos existáis ya, por lo menos en este mundo de
+las apariencias.
+
+Y esta santa cruzada lleva una gran ventaja a aquellas otras santas
+cruzadas de que alboreó una nueva vida en este viejo mundo. Aquellos
+ardientes cruzados sabían dónde estaba el sepulcro de Cristo, dónde se
+decía que estaba, mientras que nuestros cruzados no sabrán dónde está
+el sepulcro de Don Quijote. Hay que buscarlo peleando por rescatarlo.
+
+Tu locura quijotesca te ha llevado más de una vez a hablarme del
+quijotismo como de una nueva religión. Y a eso he de decirte que esa
+nueva religión que propones y de que me hablas, si llegara a cuajar,
+tendría dos singulares preeminencias. La una, que su fundador, su
+profeta, Don Quijote--no Cervantes, por supuesto--, no estamos seguros
+de que fuese un hombre real, de carne y hueso, sino que más bien
+sospechamos que fué una pura ficción. Y su otra preeminencia sería
+la de que ese profeta era un profeta ridículo, que fué la befa y el
+escarnio de las gentes.
+
+Es el valor que más falta nos hace: el de afrontar el ridículo. El
+ridículo es el arma que manejan todos los miserables bachilleres,
+barberos, curas, canónigos y duques que guardan escondido el sepulcro
+del Caballero de la Locura. Caballero que hizo reir a todo el mundo,
+pero que nunca soltó un chiste. Tenía el alma demasiado grande para
+parir chistes. Hizo reir con su seriedad.
+
+Empieza, pues, amigo, a hacer de Pedro el Ermitaño y llama a las gentes
+a que se te unan, se nos unan, y vayamos todos a rescatar ese sepulcro
+que no sabemos dónde está. La cruzada misma nos revelará el sagrado
+lugar.
+
+Verás cómo así que el sagrado escuadrón se ponga en marcha aparecerá
+en el cielo una estrella nueva, sólo visible para los cruzados, una
+estrella refulgente y sonora, que cantará un canto nuevo en esta larga
+noche que nos envuelve, y la estrella se pondrá en marcha en cuanto se
+ponga en marcha el escuadrón de los cruzados, y cuando hayan vencido
+en su cruzada, o cuando hayan sucumbido todos--que es acaso la manera
+única de vencer de veras--, la estrella caerá del cielo, y en el sitio
+en donde caiga allí está el sepulcro. El sepulcro está donde muera el
+escuadrón.
+
+Y allí donde está el sepulcro, allí está la cuna, allí está el nido. Y
+de allí volverá a surgir la estrella refulgente y sonora, camino del
+cielo.
+
+Y no me preguntes más, querido amigo. Cuando me haces hablar de
+estas cosas me haces que saque del fondo de mi alma, dolorida por la
+ramplonería ambiente que por todas partes me acosa y aprieta, dolorida
+por las salpicaduras del fango de mentira en que chapoteamos, dolorida
+por los arañazos de la cobardía que nos envuelve, me haces que saque
+del fondo de mi alma dolorida las visiones sin razón, los conceptos sin
+lógica, las cosas que ni yo sé lo que quieren decir, ni menos quiero
+ponerme a averiguarlo.
+
+¿Qué quieres decir con eso?--me preguntas más de una vez--. Y yo te
+respondo: ¿lo sé yo acaso?
+
+¡No, mi buen amigo, no! Muchas de estas ocurrencias de mi espíritu que
+te confío ni yo sé lo que quieren decir, o, por lo menos, soy yo quien
+no lo sé. Hay alguien dentro de mí que me las dicta, que me las dice.
+Le obedezco y no me adentro a verle la cara ni a preguntarle por su
+nombre. Sólo sé que si le viese la cara y si me dijese su nombre me
+moriría yo para que viviese él.
+
+Estoy avergonzado de haber alguna vez fingido entes de ficción,
+personajes novelescos, para poner en sus labios lo que no me atrevía a
+poner en los míos y hacerles decir como en broma lo que yo siento muy
+en serio.
+
+Tú me conoces, tú, y sabes bien cuán lejos estoy de rebuscar adrede
+paradojas, extravagancias y singularidades, piensen lo que pensaren
+algunos majaderos. Tú y yo, mi buen amigo, mi único amigo absoluto,
+hemos hablado muchas veces, a solas, de lo que sea la locura, y hemos
+comentado aquello del _Brand_ ibseniano, hijo de Kierkegaard, de que
+está loco el que está solo. Y hemos concordado en que una locura
+cualquiera deja de serlo en cuanto se hace colectiva, en cuanto es
+locura de todo un pueblo, de todo el género humano acaso. En cuanto
+una alucinación se hace colectiva, se hace popular, se hace social,
+deja de ser alucinación para convertirse en una realidad, en algo que
+está fuera de cada uno de los que la comparten. Y tú y yo estamos de
+acuerdo en que hace falta llevar a las muchedumbres, llevar al pueblo,
+llevar a nuestro pueblo español una locura cualquiera, la locura de uno
+cualquiera de sus miembros que esté loco, pero loco de verdad y no de
+mentirijillas. Loco, y no tonto.
+
+Tú y yo, mi buen amigo, nos hemos escandalizado ante eso que llaman
+aquí fanatismo, y que, por nuestra desgracia, no lo es. No; no es
+fanatismo nada que esté reglamentado y contenido y encauzado y dirigido
+por bachilleres, curas, barberos, canónigos y duques; no es fanatismo
+nada que lleve un pendón con fórmulas lógicas, nada que tenga programa,
+nada que se proponga para mañana un propósito que puede un orador
+desarrollar en un metódico discurso.
+
+Una vez, ¿te acuerdas?, vimos a ocho o diez mozos reunirse y seguir a
+uno que les decía: ¡Vamos a hacer una barbaridad! Y eso es lo que tú
+y yo anhelamos, que el pueblo se apiñe y gritando ¡vamos a hacer una
+barbaridad! se ponga en marcha. Y si algún bachiller, algún barbero,
+algún cura, algún canónigo o algún duque les detuviese para decirles:
+«¡hijos míos!, está bien, os veo henchidos de heroísmo, llenos de santa
+indignación; también yo voy con vosotros; pero antes de ir todos, y
+yo con vosotros, a hacer esa barbaridad, ¿no os parece que debíamos
+ponernos de acuerdo respecto a la barbaridad que vamos a hacer? ¿Qué
+barbaridad va a ser ésa?», si alguno de esos malandrines que he dicho
+les detuviese para decirles tal cosa, deberían derribarle al punto y
+pasar todos sobre él, pisoteándole, y ya empezaba la heroica barbaridad.
+
+¿No crees, mi amigo, que hay por ahí muchas almas solitarias a las que
+el corazón les pide alguna barbaridad, algo de que revienten? Ve, pues,
+a ver si logras juntarlas y formar escuadrón con ellas y ponernos todos
+en marcha--porque yo iré con ellos y tras de ti--a rescatar el sepulcro
+de Don Quijote, que, gracias a Dios, no sabemos dónde está. Ya nos lo
+dirá la estrella refulgente y sonora.
+
+Y ¿no será--me dices en tus horas de desaliento, cuando te vas de ti
+mismo--, no será que creyendo al ponernos en marcha caminar por campos
+y tierras, estemos dando vueltas en tomo al mismo sitio? Entonces la
+estrella estará fija, quieta sobre nuestras cabezas y el sepulcro
+en nosotros. Y entonces la estrella caerá, pero caerá para venir a
+enterrarse en nuestras almas. Y nuestras almas se convertirán en luz,
+y fundidas todas en la estrella refulgente y sonora subirá ésta, más
+refulgente aún, convertida en un sol, en un sol de eterna melodía, a
+alumbrar el cielo de la patria redimida.
+
+En marcha, pues. Y ten cuenta no se te metan en el sagrado escuadrón
+de los cruzados bachilleres, barberos, curas, canónigos o duques
+disfrazados de Sanchos. No importa que te pidan ínsulas; lo que debes
+hacer es expulsarlos en cuanto te pidan el itinerario de la marcha,
+en cuanto te hablen del programa, en cuanto te pregunten al oído,
+maliciosamente, que les digas hacia dónde cae el sepulcro. Sigue a la
+estrella. Y haz como el Caballero: endereza el entuerto que se te ponga
+delante. Ahora lo de ahora, y aquí lo de aquí.
+
+¡Poneos en marcha! ¿Que adónde vais? La estrella os lo dirá: ¡al
+sepulcro! ¿Qué vamos a hacer en el camino, mientras marchamos? ¿Qué?
+¡Luchar! Luchar, y ¿cómo?
+
+¿Cómo? ¿Tropezáis con uno que miente?, gritarle a la cara: ¡mentira!,
+y ¡adelante! ¿Tropezáis con uno que roba?, gritarle: ¡ladrón!, y
+¡adelante! ¿Tropezáis con uno que dice tonterías, a quien oye toda una
+muchedumbre con la boca abierta?, gritarles: ¡estúpidos!, y ¡adelante!
+¡Adelante siempre!
+
+¿Es que con eso--me dice uno a quien tú conoces y que ansía ser
+cruzado--, es que con eso se borra la mentira, ni el ladronicio, ni la
+tontería del mundo? ¿Quién ha dicho que no? La más miserable de todas
+las miserias, la más repugnante y apestosa argucia de la cobardía es
+esa de decir que nada se adelante con denunciar a un ladrón porque
+otros seguirán robando, que nada se logra con llamarle en su cara
+majadero al majadero, porque no por eso la majadería disminuirá en el
+mundo.
+
+Sí, hay que repetirlo una y mil veces: con que una vez, una sola vez,
+acabases del todo y para siempre con un solo embustero, habríase
+acabado el embuste de una vez para siempre.
+
+¡En marcha, pues! Y echa del sagrado escuadrón a todos los que empiecen
+a estudiar el paso que habrá de llevarse en la marcha y su compás y su
+ritmo. Sobre todo, ¡fuera con los que a todas horas andan con eso del
+ritmo! Te convertirían el escuadrón en una cuadrilla de baile, y la
+marcha en danza. ¡Fuera con ellos! Que se vayan a otra parte a cantar a
+la carne.
+
+Ésos que tratarían de convertirte el escuadrón de marcha en cuadrilla
+de baile se llaman a sí mismos, y los unos a los otros entre sí,
+poetas. No lo son. Son cualquier otra cosa. Ésos no van al sepulcro
+sino por curiosidad, por ver cómo sea, en busca acaso de una sensación
+nueva, y por divertirse en el camino. ¡Fuera con ellos!
+
+Ésos son los que con su indulgencia de bohemios contribuyen a mantener
+la cobardía y la mentira y las miserias todas que nos anonadan. Cuando
+predican libertad no piensan más que en una: en la de disponer de la
+mujer del prójimo. Todo es en ellos sensualidad, y hasta de las ideas,
+de las grandes ideas, se enamoran sensualmente. Son incapaces de
+casarse con una grande y pura idea y criar familia de ella; no hacen
+sino amontonarse con las ideas. Las toman de queridas, menos aún, tal
+vez de compañeras de una noche. ¡Fuera con ellos!
+
+Si alguien quiere coger en el camino tal o cual florecilla que a su
+vera sonríe, cójala, pero de paso, sin detenerse, y siga al escuadrón,
+cuyo alférez no habrá de quitar ojo de la estrella refulgente y sonora.
+Y si se pone la florecilla en el peto sobre la coraza, no para verla
+él, sino para que se la vean, ¡fuera con él! Que se vaya, con su flor
+en el ojal, a bailar a otra parte.
+
+Mira, amigo, si quieres cumplir tu misión y servir a tu patria es
+preciso que te hagas odioso a los muchachos sensibles que no ven el
+universo sino a través de los ojos de su novia. O algo peor aún. Que
+tus palabras sean estridentes y agrias a sus oídos.
+
+El escuadrón no ha de detenerse sino de noche, junto al bosque o al
+abrigo de la montaña. Levantará allí sus tiendas, se lavarán los
+cruzados sus pies, cenarán lo que sus mujeres les hayan preparado,
+engendrarán luego un hijo en ellas, les darán un beso y se dormirán
+para recomenzar la marcha al siguiente día. Y cuando alguno se muera
+le dejarán a la vera del camino, amortajado en su armadura, a merced
+de los cuervos. Quede para los muertos el cuidado de enterrar a sus
+muertos.
+
+Si alguno intenta durante la marcha tocar pífano o dulzaina o caramillo
+o vihuela o lo que fuere, rómpele el instrumento y échale de filas,
+porque estorba a los demás oir el canto de la estrella. Y es, además,
+que él no la oye. Y quien no oiga el canto del cielo no debe ir en
+busca del sepulcro del Caballero.
+
+Te hablarán esos danzantes de poesía. No les hagas caso. El que se pone
+a tocar su jeringa--que no es otra cosa la _syringa_--debajo del cielo,
+sin oir la música de las esferas, no merece que se le oiga. No conoce
+la abismática poesía del fanatismo; no conoce la inmensa poesía de los
+templos vacíos, sin luces, sin dorados, sin imágenes, sin pompas, sin
+aromas, sin nada de eso que llaman arte. Cuatro paredes lisas y un
+techo de tablas; un corralón cualquiera.
+
+Echa del escuadrón a todos los danzantes de la jeringa. Échalos, antes
+de que se te vayan por un plato de alubias. Son filósofos cínicos,
+indulgentes, buenos muchachos, de los que todo lo comprenden y todo lo
+perdonan. Y el que todo lo comprende no comprende nada, y el que todo
+lo perdona nada perdona. No tienen escrúpulo en venderse. Como viven
+en dos mundos pueden guardar su libertad en el otro y esclavizarse en
+éste. Son a la vez estetas y perezistas o lopezistas o rodriguezistas.
+
+Hace tiempo se dijo que el hambre y el amor son los dos resortes de
+la vida humana. De la baja vida humana, de la vida de tierra. Los
+danzantes no bailan sino por hambre o por amor; hambre de carne, amor
+de carne también. Échalos de tu escuadrón, y que allí, en un prado,
+se harten de bailar mientras uno toca la jeringa, otro da palmaditas
+y otro canta a un plato de alubias o a los muslos de su querida de
+temporada. Y que allí inventen nuevas piruetas, nuevos trenzados de
+pies, nuevas figuras de rigodón.
+
+Y si alguno te viniera diciendo que él sabe tender puentes y que
+acaso llegue ocasión en que se deba aprovechar sus conocimientos para
+pasar un río, ¡fuera con él! ¡Fuera el ingeniero! Los ríos se pasarán
+vadeándolos, o a nado, aunque se ahogue la mitad de los cruzados. Que
+se vaya el ingeniero a hacer puentes a otra parte, donde hacen mucha
+falta. Para ir en busca del sepulcro basta la fe como puente.
+
+ * * * * *
+
+Si quieres, mi buen amigo, llenar tu vocación debidamente desconfía
+del arte, desconfía de la ciencia, por lo menos de eso que llaman arte
+y ciencia y no son sino mezquinos remedos del arte y de la ciencia
+verdaderos. Que te baste tu fe. Tu fe será tu arte, tu fe será tu
+ciencia.
+
+He dudado más de una vez de que puedas cumplir tu obra al notar el
+cuidado que pones en escribir las cartas que me escribes. Hay en ellas,
+no pocas veces, tachaduras, enmiendas, correcciones, jeringazos. No
+es un chorro que brota violento, expulsando el tapón. Más de una
+vez tus cartas degeneran en literatura, en esa cochina literatura,
+aliada natural de todas las esclavitudes y de todas las miserias. Los
+esclavizadores saben bien que mientras está el esclavo cantando a la
+libertad se consuela de su esclavitud y no piensa en romper sus cadenas.
+
+Pero otras veces recobro fe y esperanza en ti cuando siento bajo tus
+palabras atropelladas, improvisadas, cacofónicas, el temblar de tu voz
+dominada por la fiebre. Hay ocasiones en que puede decirse que ni están
+en un lenguaje determinado. Que cada cual lo traduzca al suyo.
+
+Procura vivir en continuo vértigo pasional, dominado por una pasión
+cualquiera. Sólo los apasionados llevan a cabo obras verdaderamente
+duraderas y fecundas. Cuando oigas de alguien que es impecable, en
+cualquiera de los sentidos de esta estúpida palabra, huye de él;
+sobre todo si es artista. Así como el hombre más tonto es el que en
+su vida ha hecho ni dicho una tontería, así el artista menos poeta,
+el más antipoético--y entre los artistas abundan las naturalezas
+antipoéticas--, es el artista impecable, el artista a quien decoran con
+la corona, de laurel de cartulina, de la impecabilidad los danzantes de
+la jeringa.
+
+Te consume, mi pobre amigo, una fiebre incesante, una sed de océanos
+insondables y sin riberas, un hambre de universos y la morriña de la
+eternidad. Sufres de la razón. Y no sabes lo que quieres. Y ahora,
+ahora quieres ir al sepulcro del Caballero de la Locura y deshacerte
+allí en lágrimas, consumirte en fiebre, morir de sed de océanos, de
+hambre de universos, de morriña de eternidad.
+
+Ponte en marcha, solo. Todos los demás solitarios irán a tu lado,
+aunque no los veas. Cada cual creerá ir solo, pero formaréis batallón
+sagrado, el batallón de la santa e inacabable cruzada.
+
+Tú no sabes bien, mi buen amigo, cómo los solitarios todos, sin
+conocerse, sin mirarse a las caras, sin saber los unos los nombres de
+los otros, caminan juntos y prestándose mutua ayuda. Los otros hablan
+unos de otros, se dan las manos, se felicitan mutuamente, se bombean y
+se denigran, murmuran entre sí y va cada cual por su lado. Y huyen del
+sepulcro.
+
+Tú no perteneces al cotarro, sino al batallón de los libres cruzados.
+¿Por qué te asomas a las tapias del cotarro a oir lo que en él se
+cacarea? ¡No, amigo mío, no! Cuando pases junto a un cotarro tápate los
+oídos, lanza tu palabra y sigue adelante, camino del sepulcro. Y que en
+esa palabra vibren toda tu sed, toda tu hambre, toda tu morriña, todo
+tu amor.
+
+Si quieres vivir de ellos, vive para ellos. Pero entonces, mi pobre
+amigo, te habrás muerto.
+
+Me acuerdo de aquella dolorosa carta que me escribiste cuando estabas
+a punto de sucumbir, de derogar, de entrar en la cofradía. Vi entonces
+cómo te pesaba tu soledad, esa soledad que debe ser tu consuelo y tu
+fortaleza.
+
+Llegaste a lo más terrible, a lo más desolador; llegaste al borde del
+precipicio de tu perdición: llegaste a dudar de tu soledad, llegaste
+a creerte en compañía. «¿No será--me decías--una mera cavilación, un
+fruto de soberbia, de petulancia, tal vez de locura, esto de creerme
+solo? Porque yo, cuando me sereno, me veo acompañado, y recibo
+cordiales apretones de manos, voces de aliento, palabras de simpatía,
+todo género de muestras de no encontrarme solo, ni mucho menos». Y por
+aquí seguías. Y te vi engañado y perdido, te vi huyendo del sepulcro.
+
+No, no te engañas en los accesos de tu fiebre, en las agonías de tu
+sed, en las congojas de tu hambre; estás solo, enteramente solo. No
+sólo son mordiscos los mordiscos que como tales sientes, lo son también
+los que como besos. Te silban los que aplauden, te quieren detener en
+tu marcha al sepulcro los que te gritan ¡adelante! Tápate los oídos.
+Y ante todo cúrate de una afección terrible, que por mucho que te la
+sacudes vuelve a ti con terquedad de mosca: cúrate de la afección de
+preocuparte cómo aparezcas a los demás. Cúidate sólo de cómo aparezcas
+ante Dios, cúidate de la idea que de ti Dios tenga.
+
+Estás solo, mucho más solo de lo que te figuras, y aun así no estás
+sino en camino de la absoluta, de la completa, de la verdadera soledad.
+La absoluta, la completa, la verdadera soledad consiste en no estar ni
+aun consigo mismo. Y no estarás de veras completa y absolutamente solo
+hasta que no te despojes de ti mismo, al borde del sepulcro. ¡Santa
+soledad!
+
+ * * * * *
+
+Todo esto dije a mi amigo, y él me contestó en una larga carta, llena
+de un furioso desaliento, estas palabras:
+
+«Todo eso que me dices está muy bien, está bien, no está mal; pero
+¿no te parece que en vez de ir a buscar el sepulcro de Don Quijote y
+rescatarlo de bachilleres, curas, barberos, canónigos y duques debíamos
+ir a buscar el sepulcro de Dios y rescatarlo de creyentes e incrédulos,
+de ateos y deístas, que lo ocupan, y esperar allí, dando voces de
+suprema desesperación, derritiendo el corazón en lágrimas, a que Dios
+resucite y nos salve de la nada?».
+
+
+
+
+ PRIMERA PARTE
+
+
+
+
+ CAPÍTULO I
+
+ Que trata de la condición y ejercicio del famoso hidalgo
+ Don Quijote de la Mancha.
+
+
+Nada sabemos del nacimiento de Don Quijote, nada de su infancia y
+juventud, ni de cómo se fraguara el ánimo del Caballero de la Fe, del
+que nos hace con su locura cuerdos. Nada sabemos de sus padres, linaje
+y abolengo, ni de cómo hubieran ido asentándosele en el espíritu las
+visiones de la asentada llanura manchega en que solía cazar; nada
+sabemos de la obra que hiciese en su alma la contemplación de los
+trigales salpicados de amapolas y clavellinas; nada sabemos de sus
+mocedades.
+
+Se ha perdido toda memoria de su linaje, nacimiento, niñez y mocedad;
+no nos la ha conservado ni la tradición oral ni testimonio alguno
+escrito, y si alguno de éstos hubo, hase perdido o yace oculto en
+polvo secular. No sabemos si dió o no muestras de su ánimo denodado y
+heroico ya desde tierno infante, al modo de esos santos de nacimiento,
+que ya desde mamoncillos no maman los viernes y días de ayuno, por
+mortificación y dar buen ejemplo.
+
+Respecto a su linaje declaró él mismo a Sancho, departiendo con
+éste después de la conquista del yelmo de Mambrino, que si bien era
+_hijodalgo de solar conocido, de posesión y propiedad, y de devengar
+quinientos sueldos_, no descendía de reyes, aunque, no obstante ello,
+el sabio que escribiese su historia podría deslindar de tal modo su
+parentela y descendencia, que le hallase ser quinto o sexto nieto de
+rey. Y de hecho no hay quien, a la larga, no descienda de reyes, y de
+reyes destronados. Mas él era de los linajes que son y no fueron. Su
+linaje empieza en él.
+
+Es extraño, sin embargo, cómo los diligentes rebuscadores que se han
+dado con tanto ahinco a escudriñar la vida y milagros de nuestro
+caballero, no han llegado aún a pesquisar huellas de tal linaje, y más
+ahora en que tanto peso se atribuye en el destino de un hombre a eso
+de su herencia. Que Cervantes no lo hiciera, no nos ha de sorprender,
+pues al fin creía que es cada cual hijo de sus obras y que se va
+haciendo según vive y obra; pero que no lo hagan estos inquiridores que
+para explicar el ingenio de un héroe husmean si fué su padre gotoso,
+catarroso o tuerto, me choca mucho, y sólo me lo explico suponiendo que
+viven en la tan esparcida cuanto nefanda creencia de que Don Quijote
+no es sino ente ficticio y fantástico, como si fuera hacedero a humana
+fantasía el parir tan estupenda figura.
+
+Aparécesenos el hidalgo cuando frisaba en los cincuenta años, en un
+lugar de la mancha, pasándolo pobremente con una _olla de algo más vaca
+que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados,
+lantejas los viernes y algún palomino de añadidura los domingos_,
+lo cual todo consumía las tres partes de su hacienda, acabando de
+concluirla _sayo de velarte, calzas de velludo para las fiestas con
+sus pantuflos de lo mismo y los días de entre semana... vellorí de lo
+más fino_. En un parco comer se le iban las tres partes de sus rentas,
+en un modesto vestir la otra cuarta. Era, pues, un hidalgo pobre, un
+hidalgo de gotera acaso, pero de los de lanza en astillero.
+
+Era hidalgo pobre, mas a pesar de ello, hijo de bienes, porque como
+decía su contemporáneo el Dr. D. Juan Huarte en el capítulo XVI de
+su EXAMEN DE INGENIOS PARA LAS CIENCIAS, «la ley de la Partida dice
+que hijodalgo quiere decir hijo de bienes; y si se entiende de bienes
+temporales, no tiene razón, porque hay infinitos hijodalgos pobres e
+infinitos ricos que no son hidalgos; pero si se quiere decir hijo de
+bienes que llamamos virtud, tiene la misma significación que dijimos».
+Y Alonso Quijano era hijo de bondad.
+
+En eso de la pobreza de nuestro hidalgo estriba lo más de su vida, como
+de la pobreza de su pueblo brota el manantial de sus vicios y a la par
+de sus virtudes. La tierra que alimentaba a Don Quijote es una tierra
+pobre, tan desollada por seculares chaparrones, que por dondequiera
+afloran a ras de ella sus entrañas berroqueñas. Basta ver cómo van por
+los inviernos sus ríos, apretados a largos trechos entre tajos, hoces
+y congostos y llevándose al mar en sus aguas fangosas el rico mantillo
+que habría de dar a la tierra su verdura. Y esta pobreza del suelo
+hizo a sus moradores andariegos, pues o tenían que ir a buscarse el
+pan a luengas tierras, o bien tenían que ir guiando a las ovejas de
+que vivían, de pasto en pasto. Nuestro hidalgo hubo de ver, año tras
+otro, pasar a los pastores pastoreando sus merinas, sin hogar asentado,
+a la de Dios nos valga, y acaso viéndolos así soñó alguna vez con ver
+tierras nuevas y correr mundo.
+
+Era pobre, _de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro,
+gran madrugador y amigo de la caza_. De lo cual se saca que era de
+temperamento colérico, en el que predominan calor y sequedad, y quien
+lea el ya citado EXAMEN DE INGENIOS que compuso el Dr. D. Juan Huarte,
+dedicándoselo a S. M. el Rey Don Felipe II, verá cuán bien cuadra a Don
+Quijote lo que de los temperamentos calientes y secos dice el ingenioso
+físico. De este mismo temperamento era también aquel caballero de
+Cristo, Íñigo de Loyola, de quien tendremos mucho que decir aquí, y
+de quien el P. Pedro de Rivadeneira[1] en la vida que de él compuso,
+y en el capítulo V del libro V de ella nos dice que era muy cálido de
+complexión y muy colérico, aunque venció luego la cólera, quedándose
+«con el vigor y brío que ella suele dar, y que era menester para la
+ejecución de las cosas que trataba». Y es natural que Loyola fuese
+del mismo temperamento que Don Quijote, porque había de ser capitán
+de una milicia, y su arte, arte militar. Y hasta en los más pequeños
+pormenores se anunciaba lo que habría de ser, pues al describirnos la
+estatura y disposición de su cuerpo en el capítulo XVIII del libro IV
+nos dice el citado Padre, su historiador, que tenía la frente ancha
+y desarrugada y una calva de muy venerable aspecto. Lo que consuena
+con la cuarta señal que pone el Dr. Huarte para conocer al que tenga
+ingenio militar y es tener la cabeza calva, y «está la razón muy clara»
+dice, añadiendo: «Porque esta diferencia de imaginativa reside en la
+parte delantera de la cabeza, como todas las demás; y el demasiado
+calor quema el cuero de la cabeza y cierra los caminos por donde han de
+pasar los cabellos; allende que la materia de que se engendra, dicen
+los médicos que son los excrementos que hace el cerebro al tiempo de su
+nutrición, y con el gran fuego que allí hay, todos se gastan y consumen
+y así falta materia de que poderse engendrar». De donde yo deduzco,
+aunque el puntualísimo historiador de Don Quijote no nos lo diga, que
+éste era también de frente ancha, espaciosa y desarrugada, y además
+calvo.
+
+Era Don Quijote amigo de la caza, en cuyo ejercicio se aprende astucias
+y engaños de guerra, y así es cómo tras las liebres y perdices corrió y
+recorrió los aledaños de su lugar, y debió de recorrerlos solitario y
+escotero bajo la tersura sin mancha del cielo manchego.
+
+Era pobre y ocioso; ocioso estaba los más ratos del año. Y nada hay
+en el mundo más ingenioso que la pobreza en la ociosidad. La pobreza
+le hacía amar la vida, apartándole de todo hartazgo y nutriéndole
+de esperanzas, y la ociosidad debió de hacerle pensar en la vida
+inacabable, en la vida perpetuadora. ¡Cuántas veces no soñó en sus
+mañaneras cacerías, con que su nombre se desparramara en redondo por
+aquellas abiertas llanuras y rodara ciñendo a los hogares todos y
+resonase en la anchura de la tierra y de los siglos! De sueños de
+ambición apacentó su ociosidad a su pobreza, y despegado del regalo de
+la vida, anheló inmortalidad no acabadera.
+
+En aquellos cuarenta y tantos años de su oscura vida, pues frisaba ésta
+en los cincuenta cuando entró en obra de inmortalidad nuestro hidalgo,
+en aquellos cuarenta y tantos años ¿qué había hecho fuera de cazar y
+administrar su hacienda? En las largas horas de su lenta vida ¿de qué
+contemplaciones nutrió su alma? Porque era un contemplativo, ya que
+sólo los contemplativos se aprestan a una obra como la suya.
+
+Adviértase que no se dió al mundo y a su obra redentora hasta frisar
+en los cincuenta, en bien sazonada madurez de vida. No floreció, pues,
+su locura hasta que su cordura y su bondad hubieron sazonado bien.
+No fué un muchacho que se lanza a tontas y a locas a una carrera mal
+conocida, sino un hombre sesudo y cuerdo que enloquece de pura madurez
+de espíritu.
+
+La ociosidad y un amor desgraciado de que hablaré más adelante, le
+llevaron a darse a leer libros de caballerías _con tanta afición y
+gusto, que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la caza y aun la
+administración de su hacienda_ y hasta _vendió muchas fanegas de tierra
+de sembradura para comprar libros de caballerías_, pues no sólo de pan
+vive el hombre. Y apacentó su corazón con las hazañas y proezas de
+aquellos esforzados caballeros que, desprendidos de la vida que pasa,
+aspiraron a la gloria que queda. El deseo de la gloria fué su resorte
+de acción.
+
+_Y así del poco dormir y del mucho leer se le secó el celebro de manera
+que vino a perder el juicio._ En cuanto a lo de secársele el cerebro,
+el Dr. Huarte, de quien dije, nos dice en el capítulo I de su obra que
+el entendimiento pide «que el celebro sea seco y compuesto de partes
+sutiles y muy delicadas», y por lo que hace a la pérdida del juicio
+nos habla de Demócrito Abderita, «el cual vino a tanta pujanza de
+entendimiento, allá en la vejez, que se le perdió la imaginativa, por
+la cual razón comenzó a hacer y decir dichos y sentencias tan fuera
+de término, que toda la ciudad de Abdera le tuvo por loco», mas al
+ir a verle y curarle Hipócrates se encontró con que era «el hombre
+más sabio que había en el mundo», y los locos y desatinados los que
+le hicieron ir a curarle. Y fué la ventura de Demócrito--agrega el
+doctor Huarte--que todo cuanto razonó con Hipócrates «en aquel breve
+tiempo fueron discursos de entendimiento, y no de la imaginativa,
+donde tenía la lesión». Y así se ve también en la vida de Don Quijote
+que en oyéndole discursos de entendimiento, teníanle todos por hombre
+discretísimo y muy cuerdo, mas en llegando a los de imaginativa, donde
+tenía la lesión, admirábanse todos de su locura, locura verdaderamente
+admirable.
+
+_Vino a perder el juicio._ Por nuestro bien lo perdió; para dejarnos
+eterno ejemplo de generosidad espiritual. Con juicio ¿hubiera sido tan
+heroico? Hizo en aras de su pueblo el más grande sacrificio: el de
+su juicio. Llenósele la fantasía de hermosos desatinos, y creyó ser
+verdad lo que es sólo hermosura. Y lo creyó con fe tan viva, con fe
+engendradora de obras, que acordó poner en hecho lo que su desatino le
+mostraba, y en puro creerlo hízolo verdad. _En efecto, rematado ya su
+juicio, vino a dar en el más extraño pensamiento que jamás dió loco
+en el mundo, y fué que le pareció convenible y necesario, así para el
+aumento de su honra como para el servicio de su república, hacerse
+caballero andante y irse por el mundo con sus armas y caballo a buscar
+las aventuras y a ejercitarse en todo aquello que él había leído que
+los caballeros andantes se ejercitaban, deshaciendo todo género de
+agravio y poniéndose en ocasiones y peligros, donde acabándolos cobrase
+eterno nombre y fama._ En esto de cobrar eterno nombre y fama estribaba
+lo más de su negocio; en ello el aumento de su honra primero y el
+servicio de su república después. Y su honra ¿qué era? ¿Qué era eso
+de la honra de que andaba entonces tan llena nuestra España? ¿Qué es
+sino un ensancharse en espacio y prolongarse en tiempo la personalidad?
+¿Qué es sino darnos a la tradición para vivir en ella y así no morir
+del todo? Podrá ello parecer egoísta, y más noble y puro buscar el
+servicio de la república primero, si no únicamente, por lo de buscad
+el reino de Dios y su justicia, buscarlo por amor al bien mismo, pero
+ni los cuerpos pueden menos que caer a tierra, pues tal es su ley, ni
+las almas menos que obrar por ley de gravitación espiritual, por ley de
+amor propio y deseo de honra. Dicen los físicos que la ley de la caída
+es ley de atracción mutua, atrayéndose una a otra la piedra que cae
+sobre la tierra y la tierra sobre que aquélla cae, en razón inversa a
+su respectiva masa, y así entre Dios y el hombre es también mutua la
+atracción. Y si Él nos tira a Sí con infinito tirón, también nosotros
+tiramos de Él. Su cielo padece fuerza. Y es Él para nosotros, ante todo
+y sobre todo, el eterno productor de inmortalidad.
+
+El pobre e ingenioso hidalgo no buscó provecho pasajero ni regalo de
+cuerpo, sino eterno nombre y fama, poniendo así su nombre sobre sí
+mismo. Sometióse a su propia idea, al Don Quijote eterno, a la memoria
+que de él quedase. «Quien pierda su alma la ganará»--dijo Jesús--, es
+decir, ganará su alma perdida y no otra cosa. Perdió Alonso Quijano el
+juicio, para ganarlo en Don Quijote; un juicio glorificado.
+
+_Imaginábase el pobre ya coronado por el valor de su brazo, por lo
+menos del imperio de Trapisonda, y se dió priesa a poner en efecto
+lo que deseaba._ No fué un contemplativo tan sólo, sino que pasó del
+soñar a poner por obra lo soñado. _Y lo primero que hizo fué limpiar
+unas armas que habían sido de sus bisagüelos_, pues salía a luchar a
+un mundo para él desconocido, con armas heredadas que _luengos siglos
+había que estaban puestas y olvidadas en un rincón_. Mas antes limpió
+las armas
+
+ _que el orín de la paz gastado había_
+ (Camões: OS LUSIADAS, IV, 22.)
+
+y se arregló una celada de encaje con cartones, y todo lo demás que
+sabéis de cómo lo probó, sin querer repetir la probatura, en lo que
+mostró lo cuerda que su locura era. Y _fué luego a ver a su rocín_ y
+engrandeciólo con los ojos de la fe y le puso nombre. Y luego se lo
+puso a sí mismo, nombre nuevo, como convenía a su renovación interior,
+y se llamó Don Quijote y con este nombre ha cobrado eternidad de fama.
+E hizo bien en mudar de nombre, pues con el nuevo llegó a ser de veras
+hidalgo, si nos atenemos a la doctrina del dicho Dr. Huarte, que en
+la ya citada obra nos dice así: «El español que inventó este nombre,
+hijodalgo, dió bien a entender... que tienen los hombres dos géneros de
+nacimiento. El uno es natural, en el cual todos son iguales, y el otro
+espiritual. Cuando el hombre hace algún hecho heroico o alguna extraña
+virtud y hazaña, entonces nace de nuevo y cobra otros mejores padres,
+y pierde el ser que antes tenía. Ayer se llamaba hijo de Pedro y nieto
+de Sancho; ahora se llama hijo de sus obras. De donde tuvo origen el
+refrán castellano que dice: cada uno es hijo de sus obras, y porque
+las buenas y virtuosas llama la Divina Escritura algo, y los vicios y
+pecados nada, compuso este nombre, hijodalgo, que quiere decir ahora
+descendiente del que hizo alguna extraña virtud...» Y así Don Quijote,
+descendiente de sí mismo, nació en espíritu al decidirse a salir en
+busca de aventuras, y se puso nuevo nombre a cuenta de las hazañas que
+pensaba llevar a cabo.
+
+Y después de esto buscó dama de quien enamorarse. Y en la imagen de
+Aldonza Lorenzo, _moza labradora de muy buen parecer, de quien él un
+tiempo anduvo enamorado, aunque según se entiende ella jamás lo supo ni
+se dió cata de ello_, encarnó la Gloria y la llamó Dulcinea del Toboso.
+
+
+ NOTAS:
+
+[1] Le llamo P., es decir, Padre, por acomodarme al uso, o sea abuso,
+común en casos tales, y aunque sé que Cristo Jesús dijo: «No os llaméis
+Padre en la tierra; pues uno solo es vuestro padre: que está en los
+cielos». (Mat., XXIII, 9.)
+
+
+
+
+ CAPÍTULO II
+
+ Que trata de la primera salida que de su tierra hizo Don Quijote.
+
+
+_Y así, sin dar parte a persona alguna de su intención, y sin que nadie
+le viese, una mañana antes del día se armó de todas sus armas, subió
+sobre su Rocinante... y por la puerta falsa de un corral salió al campo
+con grandísimo contento y alborozo de ver con cuánta facilidad había
+dado principio a su buen deseo._ Así, solo, sin ser visto, por puerta
+falsa de corral, como quien va a hacer algo vedado, se echó al mundo.
+¡Singular ejemplo de humildad! El caso es que por cualquier puerta se
+sale al mundo, y cuando uno se apresta a una hazaña no debe pararse en
+por qué puerta ha de salir.
+
+Mas pronto cayó en la cuenta de que no era armado caballero, y él,
+sumiso a la tradición siempre, _propuso de hacerse armar caballero del
+primero que topase_. Porque no iba al mundo a derogar ley alguna, sino
+a hacer que se cumplieran las de la caballerosidad y la justicia.
+
+¿No os recuerda esta salida la de aquel otro caballero, de la Milicia
+de Cristo, Íñigo de Loyola, que después de haber procurado en sus
+mocedades «de aventajarse sobre todos sus iguales y de alcanzar
+fama de hombre valeroso, y honra y gloria militar», y aun en los
+comienzos de su conversión, cuando se disponía a ir a Italia, siendo
+«muy atormentado de la tentación de la vanagloria», y habiendo sido,
+antes de convertirse, «muy curioso y amigo de leer libros profanos
+de caballerías», cuando después de herido en Pamplona leyó la vida
+de Cristo, y las de los Santos, comenzó a «trocársele el corazón y
+a querer imitar y obrar lo que leía»? Y así, una mañana, sin hacer
+caso de los consejos de sus hermanos, «púsose en camino acompañado de
+dos criados» y emprendió su vida de aventuras en Cristo, poniendo en
+un principio «todo su cuidado y conato en hacer cosas grandes y muy
+dificultosas... y esto no por otra razón sino porque los Santos que él
+había tomado por su dechado y ejemplo, habían echado por este camino».
+Así nos lo cuenta el P. Pedro de Rivadeneira en los capítulos I, III y
+X del libro I de su VIDA DEL BIENAVENTURADO PADRE IGNACIO DE LOYOLA,
+obra que apareció en romance castellano el año 1583, y era una de las
+que figuraban en la librería de Don Quijote, que la leyó, y una de
+las que en el escrutinio que de la tal librería hicieron el cura y el
+barbero, fué indebidamente al fuego del corral, por no haber ellos
+reparado en ella, que a haberla descubierto habríala el cura respetado
+y puesto sobre su cabeza. Y de que no reparó en ella, es buena prueba
+el que Cervantes no la cita.
+
+Resuelto Don Quijote a hacerse armar caballero del primero que topase,
+_se quietó y prosiguió su camino sin llevar otro que aquel que su
+caballo quería, creyendo que en aquello consistía la fuerza de las
+aventuras_. Y creyendo muy bien al creer así. Su heroico espíritu igual
+habría de ejercerse en una que otra aventura; en la que Dios tuviese a
+bien depararle. Como Cristo Jesús, de quien fué siempre Don Quijote un
+fiel discípulo, estaba a lo que la aventura de los caminos le trajese.
+El divino Maestro, yendo a despertar de su mortal sueño a la hija de
+Jairo, se detuvo con la mujer de la hemorragia. Lo más urgente es lo de
+ahora y lo de aquí; en el momento que pasa y en el reducido lugar que
+ocupamos están nuestra eternidad y nuestra infinitud.
+
+Se dejaba llevar de su caballo el caballero, al azar de los senderos de
+la vida. ¿Qué menos daba esto si era siempre la misma y siempre fija su
+alma heroica? Salía al mundo a enderezar los entuertos que al encuentro
+le salieran, mas sin plan previo, sin programa alguno reformatorio. No
+salía a él a aplicar ordenamientos de antemano trazados, sino a vivir
+conforme a como los caballeros andantes habían vivido; su dechado eran
+vidas creadas y narradas por el arte, no sistemas armados y explicados
+por ciencia alguna. A lo que conviene añadir, además, que por aquel
+entonces no había aún esta cosa que llamamos ahora sociología por
+llamarla de algún modo.
+
+Y conviene veamos también en esto de dejarse llevar del caballo uno
+de los actos de más profunda humildad y obediencia a los designios de
+Dios. No escojía, como soberbio, las aventuras, ni iba a hacer esto
+o lo otro, sino lo que el azar de los caminos le deparase, y como el
+instinto de las bestias depende de la voluntad divina más directamente
+que nuestro libre albedrío, de su caballo se dejaba guiar. También
+Íñigo de Loyola, en famosa aventura, de que hablaremos, se dejó guiar
+de la inspiración de su cabalgadura.
+
+Esto de la obediencia de Don Quijote a los designios de Dios es una de
+las cosas que más debemos observar y admirar en su vida. Su obediencia
+fué de la perfecta, de la que es ciega, pues jamás se le ocurrió
+pararse a pensar si era o no acomodada a él la aventura que se le
+presentase; se dejó llevar, como, según Loyola, debe dejarse llevar
+el perfecto obediente, como un báculo en mano de un viejo, o «como un
+pequeño crucifijo que se deja volver de una parte a otra sin dificultad
+alguna».
+
+_Yendo, pues, caminando nuestro flamante aventurero, iba hablando
+consigo mesmo y diciendo: ¿quién duda sino que en los venideros
+tiempos, cuando salga a luz la verdadera historia de mis famosos
+hechos._.. y todo lo demás que, según nos cuenta Cervantes, iba
+diciéndose Don Quijote. Cuya locura tira siempre a su centro, a buscar
+eterno nombre y fama, a que se escriba su historia en los venideros
+tiempos. Fué el fondo de pecado, es decir, la raíz hondamente humana,
+de su generosa empresa; la de buscar nombre y fama en ella, la de
+emprenderla por la gloria. Pero ese mismo fondo de pecado la hizo,
+¡es natural!, entrañadamente humana. Toda vida heroica o santa corrió
+siempre en pos de gloria, temporal o eterna, terrena o celestial. No
+creáis a quienes os digan que buscan el bien por el bien mismo, sin
+esperanza de recompensa; de ser ello verdad, serían sus almas como
+cuerpos sin peso, puramente aparenciales. Para conservar y acrecentar
+la especie humana se nos dió el instinto y sentimiento del amor
+entre mujer y hombre, para enriquecerla con grandes obras se nos dió
+la ambición de gloria. Lo sobrehumano de la perfección toca en lo
+inhumano, y en ello se hunde.
+
+Y entre los disparates que en este acto de su primer salida iba
+nuestro caballero ensartando, fué de lo primero acordarse de la
+princesa Dulcinea, de la Gloria, que le hizo el agravio de despedirle
+y reprocharle con el riguroso afincamiento de mandarle no parecer ante
+la su fermosura. La gloria es conquistadera, mas con harto trabajo,
+y el buen hidalgo, impaciente como novicio, se desesperaba de haber
+caminado todo aquel día _sin acontecerle cosa que de contar fuese_. No
+te desespere eso, buen caballero: lo heroico es abrirse a la gracia de
+los sucesos que nos sobrevengan, sin pretender forzarlos a venir.
+
+Mas al caer de este primer día de su carrera de gloria _vió no lejos
+del camino por donde iba, una venta_, llegando a ella _a tiempo que
+anochecía_. Y las primeras personas con que topó en el mundo fueron
+_dos mujeres mozas, destas que llaman del partido_; encuentro con dos
+pobres rameras fué su primer encuentro en su ministerio heroico. Mas
+a él le parecieron _dos hermosas doncellas o dos graciosas damas, que
+delante de la puerta del castillo_--pues por tal tuvo a la venta--_se
+estaban solazando_. ¡Oh poder redentor de la locura! A los ojos del
+héroe las mozas del partido aparecieron como hermosas doncellas; su
+castidad se proyecta a ellas y las castiga y depura. La limpieza de
+Dulcinea las cubre y limpia a los ojos de Don Quijote.
+
+Y en esto un porquero tocó un cuerno para recoger sus puercos, y lo
+tomó Don Quijote por señal de algún enano, y se llegó a la venta y a
+las trasfiguradas mozas. Llenas éstas de miedo--¿y qué sino miedo ha de
+criar en ellas su desventurado oficio?--se iban a entrar en la venta,
+cuando el Caballero, alzada la visera de papelón y descubierto el seco
+y polvoroso rostro, les habló _con gentil talante y voz reposada_
+llamándolas doncellas. ¡Doncellas! ¡Santa limosna de la palabra! Pero
+ellas, al oirse llamar cosa _tan fuera de su profesión, no pudieron
+tener la risa, y fué de manera que Don Quijote vino a correrse_.
+
+He aquí la primera aventura del hidalgo, cuando responde la risa a su
+cándida inocencia, cuando al verter sobre el mundo su corazón la pureza
+de que estaba henchido, recibe de rechazo la risa, matadora de todo
+generoso anhelo. Y ved que las desgraciadas se ríen precisamente del
+mayor honor que pudiera hacérseles. Y él, corrido, les reprendió su
+sandez, y arreciaron a reir ellas, y él a enojarse, y salió el ventero,
+_hombre que por ser muy gordo era muy pacífico_, y le ofreció posada.
+Y ante la humildad del ventero, humillose Don Quijote y se apeó. Y
+las mozas, reconciliadas con él, pusiéronse a desarmarle. Dos mozas
+del partido hechas por Don Quijote doncellas, ¡oh poder de su locura
+redentora!, fueron las primeras en servirle con desinteresado cariño.
+
+ _Nunca fuera caballero
+ de damas tan bien servido._
+
+Recordad a María de Magdala lavando y ungiendo los pies del Señor y
+enjugándoselos con su cabellera acariciada tantas veces en el pecado; a
+aquella gloriosa Magdalena de que tan devota era Teresa de Jesús, según
+ella misma nos lo cuenta en el capítulo IX de su VIDA, y a la que se
+encomendaba para que le alcanzase perdón.
+
+El Caballero manifestó sus deseos de cumplir hazañas en servicio de
+aquellas pobres mozas, que aún aguardan el Don Quijote que enderece
+su entuerto. _Pero tiempo vendrá_--les dijo--_en que las vuestras
+señorías me manden y yo obedezca. Y las mozas, que no estaban hechas
+a oir semejantes retóricas_ y sí soeces groserías, _no respondían
+palabra; sólo le preguntaron si quería comer alguna cosa_. Cesó la
+risa; sintiéronse mujeres las adoncelladas mozas del partido, y
+le preguntaron si quería comer. _Si quería comer_... Hay todo un
+misterio de la más sencilla ternura en este rasgo que Cervantes nos ha
+trasmitido. Las pobres mozas comprendieron al Caballero calando hasta
+el fondo su niñez de espíritu, su inocencia heroica, y le preguntaron
+si quería comer. Fueron dos pobres pecadoras de por fuerza las primeras
+que se cuidaron de mantener la vida del heroico loco. Las adoncelladas
+mozas, al ver a tan extraño Caballero, debieron de sentirse conmovidas
+en lo más hondo de sus injuriadas entrañas, en sus entrañas de
+maternidad, y al sentirse madres, viendo en Don Quijote al niño, como
+las madres a sus hijos le preguntaron materialmente si quería comer.
+Toda caridad de mujer, todo beneficio, toda limosna que rinde, lo
+hace por sentirse madre. Con alma de madres preguntaron las mozas del
+partido a Don Quijote si quería comer. Ved, pues, si las adoncelló con
+su locura, pues que toda mujer, cuando se siente madre, se adoncella.
+
+Si quería comer... _A lo que entiendo me haría mucho al
+caso_--respondió Don Quijote--, _pues el trabajo y peso de las armas
+no se puede llevar sin el gobierno de las tripas_. Y comió, y al oir,
+mientras comía, el silbato de cañas de un castrador de puercos, acabóse
+de confirmar _que estaba en algún famoso castillo y que le servían con
+música, y que el abadejo eran truchas, el pan candial y las rameras
+damas, y el ventero castellano del castillo, y con esto daba por bien
+empleada su determinación y salida_. Con razón se dijo que nada hay
+imposible para el creyente, ni nada como la fe sazona y ablanda el pan
+más áspero y duro.
+
+_Mas lo que más le fatigaba era el no verse armado caballero, por
+parecerle que no se podría poner legítimamente en aventura alguna sin
+recebir la orden de caballería._ Y decidió hacerlo.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO III
+
+ Donde se comenta la graciosa manera que tuvo Don Quijote
+ en armarse caballero.
+
+
+Va Alonso Quijano a recibir su caballeresco bautismo como Don Quijote.
+Y así, hincó ambos hinojos ante el ventero pidiéndole un don, que le
+fué otorgado, cual fué el de que le armara caballero, y prometiendo
+velar aquella noche las armas en la capilla del castillo. Y el ventero
+_por tener que reir aquella noche, determinó de seguirle el humor_, por
+donde se ve que era uno de éstos que toman al mundo en espectáculo,
+cosa natural en quien estaba hecho a tanto trajín y trasiego de yentes
+y vinientes. ¿Cómo no tomar en espectáculo el mundo quien vive en él de
+una posada en donde nadie posa de veras? El tener que separarse de uno
+apenas conocido y tratado nos lleva a buscar que reir.
+
+Era el ventero un hombre que había corrido mundo sembrando fechorías
+y cosechando prudencia. Y tan claveteada ésta, que al responder Don
+Quijote a una pregunta suya _que no traía blanca porque él nunca
+había leído en las historias de los caballeros andantes que ninguno
+los hubiese traído_, le dijo se engañaba, que puesto caso _que en las
+historias no se escribía, por haberles parecido a los autores dellas
+que no era menester escrebir una cosa tan clara y tan necesaria de
+traerse, como eran dineros y camisas limpias, no por eso se había de
+creer que no los trujeron; y así tuviese por cierto y averiguado que
+todos los caballeros andantes llevaban herradas las bolsas por lo que
+pudiese sucederles_. A lo cual _prometió Don Quijote de hacer lo que se
+le aconsejaba_, pues era un loco muy razonable y ante la intimación de
+los dineros no hay locura que no se quiebre.
+
+Pero ¿no vive el sacerdote del altar?, se dirá. Y ¿no es bien que de
+sus hazañas viva el hazañoso? ¡Dineros y camisas limpias! ¡Impurezas
+de la realidad! Impurezas de la realidad, sí, pero a las que tienen
+que acomodarse los héroes. También Íñigo de Loyola se esforzaba por
+vivir en verdadero caballero andante a lo divino, tornando, apenas
+salía de enfermedades, a sus acostumbradas asperezas de vida, «pero
+al fin la larga experiencia y un grave dolor de estómago que a menudo
+le saltaba--nos cuenta su historiador, lib. I, cap. IX--y la aspereza
+del tiempo, que era en medio del invierno, le ablandaron un poco para
+que obedeciese a los consejos de sus devotos y amigos; los cuales le
+hicieron tomar dos ropillas cortas, de un paño grosero y pardillo, para
+abrigar su cuerpo y del mismo paño una media caperuza para cubrir la
+cabeza».
+
+Púsose luego Don Quijote a velar las armas en el patio de la venta,
+a la luz de la luna y espiado por los curiosos. Y entró un arriero a
+dar agua a su recua y quitó las armas que estaban sobre la pila, pues
+cuando hay que dar de beber a nuestra hacienda arrancamos cuanto nos
+estorbe llegar al manantial. Mas recibió su pago en un fuerte astazo de
+lanza que le derribó aturdido. Y a otro, que iba a lo mismo, acaecióle
+igual. Y a poco empezaron los demás arrieros a apedrear al Caballero, y
+él a dar voces llamándoles _soez y baja canalla_ y los llamó _con tanto
+brío y denuedo_, que logró atemorizarlos. Poned, pues, alma en vuestras
+voces, llamad con denuedo y brío canalla a los arrieros que arrancan
+de su reposadero las armas del ideal para poder abrevar sus recuas, y
+conseguiréis atemorizarlos.
+
+El ventero, temeroso de otros males, abrevió la ceremonia, llevó un
+libro _donde asentaba la paja y cebada que daba a los arrieros y con un
+cabo de vela que traía un muchacho y con las dos ya dichas doncellas_,
+hizo ponerse de rodillas a Don Quijote y leyendo una devota oración
+le dió un golpe y el espaldarazo. El libro en que asentaba la paja y
+cebada sirvió de evangelio ritual, y cuando el Evangelio se convierte
+en puro rito es lo mismo. Una de las mozas, la Tolosa, toledana, le
+_ciñó_ la espada deseándole ventura en lides y él le rogó se pusiese
+Don y se llamase Doña Tolosa, y la otra moza, la Molinera, antequerana,
+le calzó la espuela _y le pasó casi el mismo coloquio_ con ella. Y
+luego se salió sin que le pidieran la costa.
+
+Ya le tenemos armado caballero por un bellaco, que harto de hurtar
+la vida a salto de mata, la asegura desvalijando a mansalva a los
+viandantes, y por dos rameras adoncelladas. Tales le entraron en el
+mundo de la inmortalidad, en que habían de reprenderle canónigos y
+graves eclesiásticos. Ellas, la Tolosa y la Molinera, le dieron de
+comer; ellas le ciñeron espada y le calzaron espuelas mostrándose
+con él serviciales y humildes. Humilladas de continuo en su fatal
+profesión, penetradas de su propia miseria y sin siquiera el orgullo
+hediondo de la degradación, fueron adoncelladas por Don Quijote y
+elevadas por él a la dignidad de doñas. Fué el primer entuerto del
+mundo enderezado por nuestro Caballero, y como todos los demás que
+enderezó, torcido queda. ¡Pobres mujeres que sencillamente, sin
+ostentación cínica, doblan la cerviz a la necesidad del vicio y a la
+brutalidad del hombre, y para ganarse el pan, se resignan a la infamia!
+¡Pobres guardadoras de la virtud ajena, hechas sumideros de lujuria,
+que estancándose mancharía a las otras! Fueron las primeras en acoger
+al loco sublime; ellas le ciñeron espada, ellas le calzaron espuela, y
+de sus manos entró en el camino de la gloria.
+
+Y aquella vela de armas ¿no os recuerda la del caballero andante de
+Cristo, la de Íñigo de Loyola? También Íñigo, la víspera de la Navidad
+de 1522, veló sus armas ante el altar de Nuestra Señora de Monserrate.
+Oigámoslo al P. Rivadeneira (lib. I, cap. IV): «Como hubiese leído en
+sus libros de caballerías que los caballeros noveles solían velar sus
+armas, por imitar él, como caballero novel de Cristo, con espiritual
+representación, aquel hecho caballeroso y velar sus nuevas y al parecer
+pobres y flacas armas, mas en hecho de verdad muy ricas y fuertes, que
+contra el enemigo de nuestra naturaleza se había vestido, toda aquella
+noche, parte en pie y parte de rodillas, estuvo velando delante de
+la imagen de Nuestra Señora, encomendándose de todo corazón a ella,
+llorando amargamente sus pecados y proponiendo la enmienda de la vida
+para en adelante».
+
+
+
+
+ CAPÍTULO IV
+
+ De lo que sucedió a nuestro Caballero cuando salió de la venta.
+
+
+Salió de la venta Don Quijote y, acordándose de los consejos del sesudo
+ventero, determinó volverse a casa a proveerse de lo necesario y a
+tomar escudero. No era un necio que fuese a tiro hecho, sino un loco
+que admitía las lecciones de la realidad.
+
+Y al volver a casa, _a acomodarse de todo_, oyó voces salientes de
+la espesura de un bosque, y se entró por él y vió a un labrador que
+azotaba a un muchacho _desnudo de medio cuerpo arriba_, reprendiéndole
+a cada golpe. Y al ver un castigo se sublevó el espíritu de justicia
+del caballero e increpó al labrador que se tomaba con quien no
+podía defenderse, e invitóle a luchar con él, por ser de cobardes
+lo que hacía. _Es un mi criado_--respondió con buenas palabras el
+castigador--, contando después cómo le perdía ovejas de la manada, y
+que al castigarle decía el criado lo hacía su amo por miserable, en lo
+que mentía según el amo. _¿Miente delante de mí, ruin villano?--dijo
+Don Quijote--; por el sol que nos alumbra que estoy por pasaros de
+parte a parte con esta lanza; pagalde luego sin más réplica; si no,
+por el Dios que nos rige, que os concluya y aniquile en este punto;
+desatadlo luego._
+
+¿Mentir? ¿Mentir delante de Don Quijote? Ante él sólo miente quien
+reprocha de mentira a otro, siempre que el reprochador sea el más
+fuerte. En el bajo y triste mundo no les queda de ordinario a los
+débiles otra defensa que la mentira contra la fortaleza de los fuertes,
+y así éstos, los leones, han declarado nobles sus armas, las recias
+quijadas y las robustas garras, y viles el veneno de la víbora, las
+patas veloces de la liebre, la astucia del zorro y la tinta del
+calamar, y vilísima la mentira, arma de quien no tiene otra a que
+acogerse. Pero ¿mentir ante Don Quijote, o mejor dicho, mentir a solas
+con quien sabe la verdad? Quien miente es el fuerte, que teniendo
+atado y azotando al débil, le echa en cara su mentira. ¿Miente? ¿Y
+por qué él, Juan Haldudo el rico, al ser cogido en flagrante delito,
+va a aumentarlo ejerciendo de acusador, de diablo? Todo amo que se
+toma la justicia por su mano, tiene que hacer de diablo para poder
+tomársela e inventar imputaciones. Siempre el fuerte busca razones con
+que cohonestar sus violencias, cuando en rigor basta la violencia, que
+es razón de sí misma, y sobran las razones. Es preferible un pisotón
+a secas, cuando nos lo dan adrede, que no con un «usted dispense» de
+añadidura.
+
+Bajó el rico labrador la cabeza--¿y qué iba a hacer ante la verdad,
+que armada de lanzón, le hablaba amenazadora?--, bajó la cabeza sin
+responder, desató al criado y ofreció, so pena de muerte, pagarle
+sesenta y tres reales cuando llegaran a casa, pues no tenía allí
+dinero. Resistióse el mozo a ir, por miedo a nueva paliza, mas Don
+Quijote replicó: _no hará tal, basta que yo se lo mande para que me
+tenga respeto, y con que él me lo jure por la ley de caballería que ha
+recebido, le dejaré ir libre y aseguraré la paga_. Protestó el criado,
+diciendo no ser caballero su amo, sino Juan Haldudo el rico, vecino
+del Quintanar, a lo que respondió Don Quijote que puede haber Haldudos
+caballeros _y cada uno es hijo de sus obras_. Lo de haberle tomado
+por caballero Don Quijote vino de que vió _tenía una lanza arrimada
+a la encina adonde estaba arrendada la yegua_, y ¿quiénes sino los
+caballeros usan lanza?, ni ¿cómo sino por ella va a conocérseles?
+
+Notemos aquel _no hará tal, basta que yo se lo mande para que me tenga
+respeto_, sentencia probadora de la honda fe del caballero en sí mismo,
+fe en que se ensalzaba, pues no teniendo aún obras, creíase hijo de las
+que pensaba acometer y por las que cobraría eterno nombre y fama. Poco
+cristiano a primera vista lo de tener a un hijo de Dios por hijo de sus
+obras, mas es que el cristianismo de Don Quijote estaba más adentro,
+mucho más adentro, por debajo de gracia de fe y de mérito de obras, en
+la raíz común a la naturaleza y a la gracia.
+
+Prometido, pues, por Juan Haldudo el rico, el pagar a su criado un
+real sobre otro y aun sahumados, sahumerio de que le hizo gracia Don
+Quijote, encomendándole cumpliera como juró, pues de otro modo juraba
+él volver a buscarlo y castigarle, pues tendría que hallarlo aunque se
+escondiese más que una lagartija; prometido así por Juan Haldudo, se
+apartó Don Quijote. Y cuando hubo traspuesto el bosque y ya no parecía,
+volvióse el rico Haldudo a su criado, tornó a atarle a la encina y le
+hizo pagar cara la justicia de Don Quijote. Y con esto el criado _se
+partió llorando y su amo se quedó riendo; y de esta manera deshizo el
+agravio el valeroso Don Quijote_--agrega Cervantes maliciosamente. Y
+con él maliciarán cuantos hablan de lo contraproducente del ideal. Mas
+ahora, ¿ahora quién ríe y quién llora ahora? El caballero se fué su
+camino, lleno de fe, ponderando su hazaña y cómo quitó el látigo de la
+mano _a aquel despiadado enemigo que tan sin ocasión vapulaba a aquel
+delicado infante_. Al cual le fué sin duda de mayor premio la segunda
+tanda de azotes con que le dejó por muerto su amo, que no la primera
+y sin duda muy merecida en justicia humana. Más le valieron y más le
+enseñaron aquellos segundos furiosos azotes, que le hubieran valido y
+enseñado los sesenta y tres reales sahumados. Aparte de lo cual, tienen
+las aventuras todas de nuestro Caballero su flor en el tiempo y en la
+tierra, pero sus raíces en la eternidad, y en la eternidad y en los
+profundos, el entuerto del criado de Juan Haldudo el rico, quedó muy
+bien y para siempre enderezado.
+
+Siguió Don Quijote el camino que a Rocinante le placía, pues todos
+ellos llevan a la eternidad de la fama cuando el pecho alberga
+esforzado empeño. También Íñigo de Loyola, cuando camino de Monserrate,
+se separó del moro con quien había disputado, determinó dejar a la
+cabalgadura en que iba la elección de camino y de porvenir. Y yendo así
+Don Quijote, es cuando dió con aquel tropel de mercaderes toledanos que
+iban a comprar seda a Murcia. Y vió nueva aventura y se plantó ante
+ellos como Cervantes nos lo cuenta, y quiso hacerlos confesar, ¡a los
+mercaderes!, que _no hay en el mundo todo doncella más hermosa que la
+emperatriz de la Mancha, la sin par Dulcinea del Toboso_.
+
+Los corazones mezquinos que sólo miden la grandeza de las acciones
+humanas por el bajo provecho de la carne o el sosiego de la vida
+externa, alaban el intento de Don Quijote al querer hacer pagar a
+Haldudo el rico o al socorrer a menesterosos, pero no ven sino mera
+locura en esto de querer que los mercaderes confesasen, sin haberla
+nunca visto, la sin par hermosura de Dulcinea del Toboso. Y ésta es,
+sin embargo, una de las más quijotescas aventuras de Don Quijote, es
+decir, una de las que más levantan el corazón de los redimidos por
+su locura. Aquí Don Quijote no se dispone a pelear por favorecer a
+menesteroso, ni por enderezar entuerto, ni por reparar injusticia, sino
+por la conquista del reino espiritual de la fe. Quería hacer confesar
+a aquellos hombres, cuyos corazones amonedados sólo veían el reino
+material de las riquezas, que hay un reino espiritual y redimirlos así,
+a pesar de ellos mismos.
+
+Los mercaderes no se rindieron a primeras, y duros de pelar,
+acostumbrados a la sisa y al regateo, regatearon la confesión,
+disculpándose con no conocer a Dulcinea. Y aquí Don Quijote monta en
+quijotería y exclama: _Si os la mostrara ¿qué hiciérades vosotros en
+confesar una verdad tan notoria? La importancia está en que sin verla
+lo habéis de creer, confesar, afirmar, jurar y defender._ ¡Admirable
+caballero de la fe! ¡Y cuán hondo su sentido de ésta! Era de su pueblo,
+que fué también tizona en la diestra y en la siniestra el Cristo, a
+hacer confesar a remotas gentes un credo que no conocían. Sólo que
+alguna vez cambió de manos y erigió en alto la espada y golpeó con el
+crucifijo. _Gente descomunal y soberbia_ llamó con razón Don Quijote
+a los mercaderes toledanos, pues ¿cuál mayor soberbia que negarse a
+confesar, afirmar, jurar y defender la hermosura de Dulcinea, sin
+haberla visto? Mas ellos, retusos en la fe, insistieron, y como los
+contumaces judíos, que pedían al Señor señales, pidieron al Caballero
+les mostrase algún retrato de aquella señora, aunque fuera _tamaño como
+un grano de trigo_, y añadiendo a la contumacia protervia, blasfemaron.
+
+Blasfemaron, suponiendo a la sin par Dulcinea, lucero de nuestras
+andanzas por los senderos de esta baja vida, consuelo en las
+adversidades, manadero de acometedores bríos, doncella engendradora
+de altas empresas, por quien es llevadera la vida y vividera la
+muerte; supusieron a la sin par Dulcinea _tuerta de un ojo y que
+del otro le mana bermellón y piedra azufre. No le mana, canalla
+infame--respondió Don Quijote encendido en cólera--, no le mana eso
+que decís, sino ámbar y algalia entre algodones, y no es tuerta ni
+corcovada, sino más derecha que un huso de Guadarrama._ ¡No le mana!
+¡no le mana!--repitamos nosotros todos--, ¡no le mana! ¡no le mana!,
+infames mercaderes, ¡no le mana sino ámbar y algalia entre algodones!
+Ámbar mana de los ojos de la Gloria que con ellos nos mira, infames
+mercaderes.
+
+Y para hacerles pagar y cara, tan gran blasfemia, arremetió Don Quijote
+con la lanza baja contra el que lo había dicho _con tanta furia y
+enojo, que si la buena suerte no hiciera que en la mitad del camino
+tropezara y cayera Rocinante lo pasara mal el atrevido mercader_.
+
+Ya está en el suelo Don Quijote, gustando con sus costillas la dureza
+de la madre tierra; es su primer caída. Parémonos a considerarla.
+_Cayó Rocinante, y fué rodando_ su amo una buena pieza por el campo, y
+queriéndose _levantar, jamás pudo: tal embarazo le causaban la lanza,
+adarga, espuelas y celada con el peso de las antiguas armas_. Ya diste
+en tierra, mi señor Don Quijote, por fiar en tu propia fortaleza y
+en la fortaleza de aquel rocín a cuyo instinto fiabas tu camino. Tu
+presunción te ha perdido; el creerte hijo de tus obras. Ya diste en
+tierra, mi pobre hidalgo, y en ella tus armas antes te sirven de
+embarazo que de ayuda. Mas no te importe, pues tu triunfo fué siempre
+el de osar y no el de cobrar suceso. La que llaman victoria los
+mercaderes era indigna de ti; tu grandeza estribó en no reconocer nunca
+tu vencimiento. Sabiduría del corazón y no ciencia de la cabeza es la
+de saber ser derrotado y usar de la derrota. Hoy son los mercaderes
+toledanos los que están en derrota y en gloria tú, noble Caballero.
+
+Y desde el suelo, tendido en él y pugnando por levantarse, aún los
+denostabas llamándolos _gente cobarde, gente cautiva_ y haciéndoles ver
+que no por tu culpa, sino por la de tu caballo, estabas allí tendido.
+Tal nos sucede a nosotros, tus creyentes; no por nuestra culpa, sino
+por la culpa de los rocines que nos llevan por los senderos de la
+vida, estamos tendidos y sin poder levantarnos, pues nos embaraza
+para hacerlo el peso de la antigua armadura que nos cubre. ¿Quién nos
+desnudará de ella?
+
+Y llegó un mozo de mulas, _que no debía de ser muy bienintencionado_,
+según Cervantes, _y oyendo decir al pobre caído tantas arrogancias no
+lo pudo sufrir, sin darle la respuesta en las costillas_ y le molió a
+palos _hasta envidar todo el resto de su cólera_ y sin hacer caso a
+las voces de sus amos de que le dejase. Ahora, ahora que estás tendido
+y sin poder levantarte, mi señor Don Quijote, ahora viene el mozo de
+mulas, peor intencionado que los mercaderes a que sirve, y te da de
+palos. Pero tú, sin par Caballero, molido y casi deshecho, tiéneste
+por dichoso, pareciéndote ser ésa _propia desgracia de caballeros
+andantes_, y con este tu parecer encumbras tu derrota, trasmudándola en
+victoria. ¡Ah, si nosotros, tus fieles, nos tuviésemos por dichosos de
+haber sido molidos a palos, desgracia propia de caballeros andantes!
+Más vale ser león muerto que no perro vivo.
+
+Esta aventura de los mercaderes trae a mi memoria aquella otra del
+caballero Íñigo de Loyola, que nos cuenta el P. Rivadeneira en el
+capítulo III del libro I de su VIDA, cuando yendo Ignacio camino de
+Monserrate «topó acaso con un moro de los que en aquel tiempo quedaban
+en España en los reinos de Valencia y Aragón» y «comenzaron a andar
+juntos, y a trabar plática, y de una en otra vinieron a tratar de
+la virginidad y pureza de la gloriosísima Virgen Nuestra Señora». Y
+tal se puso la cosa, que Íñigo, al separarse del moro, quedó «muy
+dudoso y perplejo en lo que había de hacer; porque no sabía si la fe
+que profesaba y la piedad cristiana le obligaba a darse priesa tras
+el moro, y alcanzarle y darle de puñaladas por el atrevimiento y
+osadía que había tenido de hablar tan desvergonzadamente en desacato
+de la bienaventurada siempre Virgen sin mancilla». Y al llegar a una
+encrucijada, se lo dejó a la cabalgadura, según el camino que tomase,
+o para buscar al moro y matarle a puñaladas o para no hacerle caso. Y
+Dios quiso iluminar a la cabalgadura y «dejando el camino ancho y llano
+por do había ido el moro, se fué por el que era más apropósito para
+Ignacio». Y ved cómo se debe la Compañía de Jesús a la inspiración de
+una caballería.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO V
+
+ Donde se prosigue la narración de la desgracia de nuestro Caballero.
+
+
+Tendido Don Quijote en tierra se acogió a uno de los pasos de sus
+libros, como a pasos de los nuestros nos acogemos en nuestra derrota, y
+comenzó a revolcarse por tierra y a recitar coplas. En lo cual debemos
+ver algo así como cierta deleitación en la derrota y un convertir
+a ésta en sustancia caballeresca. ¿No nos está pasando lo mismo en
+España? ¿No nos deleitamos en nuestra derrota y sentimos cierto gusto,
+como el de los convalecientes, en la propia enfermedad?
+
+Y acertó a pasar Pedro Alonso, un labrador vecino suyo, que le levantó
+del suelo, le reconoció, le recogió y le llevó a su casa. Y no se
+entendieron en el camino, en la plática que hubieron entre ambos,
+plática de que sin duda tuvo noticia Cervantes por el mismo Pedro
+Alonso, varón sencillo y de escasas comprendederas. Y en esta plática
+es cuando Don Quijote pronunció aquella sentencia tan preñada de
+sustancia que dice: _¡Yo sé quién soy!_
+
+Sí, él sabe quién es y no lo saben ni pueden saberlo los piadosos
+Pedros Alonsos. _¡Yo sé quién soy!_--dice el héroe--, porque su
+heroísmo le hace conocerse a sí propio. Puede el héroe decir: «yo sé
+quién soy», y en esto estriba su fuerza y su desgracia a la vez. Su
+fuerza, porque como sabe quién es, no tiene porqué temer a nadie sino
+a Dios que le hizo ser quien es, y su desgracia, porque sólo él sabe,
+aquí en la tierra, quién es él, y como los demás no lo saben, cuanto él
+haga o diga se les aparecerá como hecho o dicho por quien no se conoce,
+por un loco.
+
+Cosa tan grande como terrible la de tener una misión de que sólo es
+sabedor el que la tiene y no puede a los demás hacerles creer en ella;
+la de haber oído en las reconditeces del alma la voz silenciosa de Dios
+que dice: «tienes que hacer esto», mientras no les dice a los demás:
+«este mi hijo que aquí veis tiene esto que hacer». Cosa terrible haber
+oído: «haz eso; haz eso que tus hermanos, juzgando por la ley general
+con que os rijo, estimarán desvarío o quebrantamiento de la ley misma;
+hazlo, porque la ley suprema soy Yo que te lo ordeno». Y como el héroe
+es el único que lo oye y lo sabe y como la obediencia a ese mandato y
+la fe en él es lo que le hace, siendo por ello héroe, ser quien es,
+puede muy bien decir: «yo sé quién soy, y mi Dios y yo sólo lo sabemos
+y no lo saben los demás». Entre mi Dios y yo--puede añadir--no hay ley
+alguna medianera; nos entendemos directa y personalmente, y por eso
+sé quién soy. ¿No recordáis al héroe de la fe, a Abraham, en el monte
+Moria?
+
+Grande y terrible cosa el que sea el héroe el único que vea su
+heroicidad por dentro, en sus entrañas mismas, y que los demás no la
+vean sino por fuera, en sus extrañas. Es lo que hace que el héroe
+viva solo en medio de los hombres y que esta su soledad le sirva de
+una compañía confortadora; y si me dijerais que alegando semejante
+revelación íntima podría cualquiera, con achaque de sentirse héroe
+suscitado por Dios, levantarse a su capricho, os diré que no basta
+decirlo y alegarlo, sino es menester creerlo. No basta exclamar «¡yo
+sé quién soy!», sino es menester saberlo, y pronto se ve el engaño del
+que lo dice y no lo sabe y acaso ni lo cree. Y si lo dice y lo cree,
+soportará resignado la adversidad de los prójimos que le juzgan con la
+ley general, y no con Dios.
+
+_¡Yo sé quién soy!_ Al oir esta arrogante afirmación del Caballero,
+no faltará quien exclame: «¡Vaya con la presunción del hidalgo!...
+Llevamos siglos diciendo y repitiendo que el ahinco mayor del
+hombre debe ser el de buscar conocerse a sí mismo, y que del propio
+conocimiento arranca toda salud, y se nos viene el muy presuntuoso con
+un redondo: _¡yo sé quién soy!_ Esto sólo basta para medir lo hondo de
+su locura».
+
+Pues bien, te equivocas tú el que dices eso; Don Quijote discurría con
+la voluntad, y al decir «¡yo sé quién soy!» no dijo sino «yo sé quién
+quiero ser!». Y es el quicio de la vida humana toda: saber el hombre
+lo que quiere ser. Te debe importar poco lo que eres; lo cardinal para
+ti es lo que quieras ser. El ser que eres no es más que un ser caduco
+y perecedero, que come de la tierra y al que la tierra se lo comerá un
+día; el que quieres ser es tu idea en Dios, Conciencia del Universo, es
+la divina idea de que eres manifestación en el tiempo y el espacio. Y
+tu impulso querencioso hacia ese que quieres ser, no es sino la morriña
+que te arrastra a tu hogar divino. Sólo es hombre hecho y derecho el
+hombre, cuando quiere ser más que hombre. Y si tú, que así reprochas
+su arrogancia a Don Quijote, no quieres ser sino lo que eres, estás
+perdido, irremisiblemente perdido. Estás perdido si no despiertas en
+tus entrañas a Adán y su feliz culpa, la culpa que nos ha merecido
+redención. Porque Adán quiso ser como un dios, sabedor del bien y del
+mal, y para llegar a serlo comió del prohibido fruto del árbol de la
+ciencia, y se le abrieron los ojos y se vió sujeto al trabajo y al
+progreso. Y desde entonces empezó a ser más que hombre, tomando fuerzas
+de su flaqueza y haciendo de su degradación su gloria y del pecado
+cimiento de su redención. Y hasta los ángeles le envidiaron, pues nos
+dice el P. Gaspar de la Figuera, jesuita, en su SUMA ESPIRITUAL, y
+cuando él nos lo asegura lo sabrá de buena tinta, que Lucifer y sus
+compañeros se agradaron a sí mismos, pareciéndose bien, y que «cuando
+llegó el mandato de Dios que adorasen a Cristo todos sus ángeles,
+revelándoles que había Dios de hacerse hombre y ser niño y morir,
+tuviéronle a gran mengua de su naturaleza espiritual, y se afrentaron
+de ello; de manera que quisieron más privarse de la gracia de Dios
+y de la gloria que les podía dar, que venir a tal desprecio». Y así
+se comprende que el ángel caído no tenga redención--si es que no la
+tiene--y la tenga el hombre caído; porque aquél cayó por agradarse a
+sí mismo y de sí mismo contentarse, cayó por soberbia, y el hombre por
+querer ser más que es, por ambición. Cayó el ángel por soberbio y caído
+queda; cayó el hombre por ambicioso y se levanta a más alto asiento que
+de donde cayera.
+
+Sólo el héroe puede decir «¡yo sé quién soy!», porque para él ser es
+querer ser; el héroe sabe quién es, quién quiere ser, y sólo él y Dios
+lo saben, y los demás hombres apenas saben ni quién son ellos mismos,
+porque no quieren de veras ser nada, ni menos saben quién es el héroe;
+no lo saben los piadosos Pedros Alonsos que le levantan del suelo.
+Conténtense con levantarle del suelo y recogerle a su hogar, sin ver en
+Don Quijote mas que a su vecino Alonso Quijano, y aguardar a que sea de
+noche para que al entrarlo al pueblo no vean _al molido hidalgo tan mal
+caballero_.
+
+Entre tanto, estaban el cura y el barbero del lugar con el ama y la
+sobrina de Don Quijote, comentando su ausencia y ensartando muchos más
+disparates que ensartara el Caballero. Llegó éste, y sin hacerles gran
+caso, comió y acostóse.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO VI
+
+
+Aquí inserta Cervantes aquel capítulo VI en que nos cuenta _el donoso y
+ grande escrutinio que el cura y el barbero hicieron en la librería de
+nuestro ingenioso hidalgo_, todo lo cual es crítica literaria que debe
+importarnos muy poco. Trata de libros y no de vida. Pasémoslo por alto.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO VII
+
+De la segunda salida de nuestro buen Caballero Don Quijote de la Mancha.
+
+
+Sus anhelos interrumpiéronle el sueño a Don Quijote, pues hasta en
+sueños quijoteaba, pero volvió a dormirse. Y volvió a dormirse para
+encontrarse al despertar con que Frestón, el encantador, se le había
+llevado los libros, creyendo el incauto que con ellos le llevaba el
+generoso aliento. Y en apoyo de Frestón acudió la sobrina, rogando
+a su tío se dejase de pendencias y de ir por el mundo _a buscar pan
+de trastrigo_, sin percatarse de que es el pan de trastrigo el que
+hace al hombre tras-hombre, o como dicen hoy, sobre-hombre. También
+para disuadir a Íñigo de Loyola de que saliese a buscar aventuras en
+Cristo, acudió su hermano mayor Martín García de Loyola, para que no
+se arrojase a cosa «que no sólo nos quite lo que de vos esperamos--le
+dijo, según el P. Rivadeneira, libro I, cap. III--, sino también
+mancille nuestro linaje con perpetua infamia y deshonra». Pero Íñigo le
+respondió con pocas palabras, que él miraría por sí y se acordaría que
+había nacido de buenos, y salió de caballero andante.
+
+Quince días se estuvo sosegado en casa nuestro Caballero y en este
+tiempo solicitó _a un labrador vecino suyo, hombre de bien pero de muy
+poca sal en la mollera_, gratuita afirmación de Cervantes, desmentida
+luego por el relato de sus donaires y agudezas. En rigor no cabe
+hombría de bien, verdadera hombría de bien no habiendo sal en la
+mollera, visto que en realidad ningún majadero es bueno. Solicitó Don
+Quijote a Sancho y le persuadió a que fuese su escudero.
+
+Ya tenemos en campaña a Sancho el bueno, que dejando mujer e hijos,
+como pedía el Cristo a los que quisieran seguirle, _se asentó por
+escudero de su vecino_. Ya está completado Don Quijote. Necesitaba a
+Sancho. Necesitábalo para hablar, esto es, para pensar en voz alta sin
+rebozo, para oirse a sí mismo y para oir el rechazo vivo de su voz en
+el mundo. Sancho fué su coro, la humanidad toda para él. Y en cabeza de
+Sancho ama a la humanidad toda.
+
+«Ama a tu prójimo como a ti mismo»--se nos dijo--, y no «ama a la
+Humanidad», porque ésta es un abstracto que cada cual concreta en sí
+mismo, y predicar amor a la Humanidad vale, por consiguiente, tanto
+como predicar el amor propio. Del cual estaba, por pecado original,
+lleno Don Quijote, no siendo su carrera toda sino una depuración de
+él. Aprendió a amar a todos sus prójimos amándolos en Sancho, pues es
+en cabeza de un prójimo y no en la comunidad, donde se sana a todos
+los demás; amor que no cuaja sobre individuo, no es amor de verdad. Y
+quien de veras ama a otro ¿cómo podrá odiar a nadie? Y quien a alguien
+odie ¿no le emponzoñará este odio los amores que tuviese? O más bien
+le emponzoñará el amor, no los amores, porque es uno y solo, aunque se
+vierta sobre muchos términos.
+
+De la parte de Sancho empecemos a admirar su fe, la fe que por el
+camino de creer sin haber visto le lleva a la inmortalidad de la fama,
+antes ni aun soñada por él siquiera, y al esplendor de su vida. Por
+toda la eternidad puede decir: «Soy Sancho Panza, el escudero de Don
+Quijote». Y ésta es y será su gloria por los siglos de los siglos.
+
+Se dirá que a Sancho le sacó de su casa la codicia, así como la
+ambición de gloria a Don Quijote, y que así tenemos en amo y escudero,
+por separado, los dos resortes que juntos en uno han sacado de sus
+casas a los españoles. Pero aquí lo maravilloso es que en Don Quijote
+no hubo ni sombra de codicia que le moviese a salir, y que la de Sancho
+no dejaba de tener, aun sin él saberlo, su fondo de ambición, ambición
+que creciendo en el escudero a costa de la codicia, hizo que la sed de
+oro se le trasformase al cabo en sed de fama. Tal es el poder milagroso
+del ansia pura de renombre y fama.
+
+¿Y quién se esquiva de la codicia y quién de la ambición? Temíalas
+Íñigo de Loyola, y tanto las temía, que cuando D. Fernando de Austria,
+rey de Hungría, nombró al P. Claudio Jayo obispo de Trieste y lo aprobó
+el Papa, acudió a éste Íñigo para estorbarlo, pues no quería que sus
+hijos espirituales «deslumbrados y ciegos con el engañoso y aparente
+esplendor de las mitras y dignidades, viniesen a la Compañía, no por
+huir de la vanidad del mundo, sino por buscar en ella al mismo mundo»
+(Rivadeneira, lib. III, cap. XV). ¿Y lo consiguió? Ese huir de las
+dignidades y prelacías de la Iglesia ¿no puede envolver más refinada
+soberbia que el aceptarlas y aun que el buscarlas acaso? Porque «¿qué
+mayor engaño que buscar por medio de la humildad ser honrado y estimado
+de los hombres? y ¿qué mayor soberbia que pretender ser tenido por
+humilde?»--dice un hijo espiritual de Loyola, el P. Alonso Rodríguez,
+en el cap. XIII del tratado tercero de su libro EJERCICIO DE PERFECCIÓN
+Y VIRTUDES CRISTIANAS. Y la soberbia ¿no se pasaría de los individuos
+a la Compañía misma, haciéndose colectiva? ¿Qué sino soberbia refinada
+es pretender, como pretenden los hijos de Loyola, que se salva todo el
+que muere dentro de la Compañía, y de los que no entraron en ella no se
+salvan todos?
+
+La soberbia, la refinada soberbia, es la de abstenerse de obrar por
+no exponerse a la crítica. El acto más grande de humildad es el de un
+Dios que crea un mundo que no añade un adarme a su gloria, y luego un
+linaje humano para que se lo critique, y si deja cabos que presten
+apoyo, siquiera aparente, a esa crítica, tanta mayor humildad. Y pues
+Don Quijote se lanzó a obrar y se expuso a que los hombres se burlasen
+de su obra, fué uno de los más puros dechados de verdadera humildad,
+aunque otra cosa nos finjan las engañosas apariencias. Y con esa
+humildad arrastró tras de sí a Sancho convirtiéndole la codicia en
+ambición y la sed de oro en sed de gloria, único medio eficaz de curar
+la codicia y sed de oro.
+
+Reunió luego Don Quijote dineros _vendiendo una cosa y empeñando otra y
+malbaratándolas todas_, en obediencia al consejo del ventero gordo. Era
+nuestro Caballero un loco razonable y no ente de ficción, como creen
+los mundanos, sino de los hombres que han comido y bebido y dormido y
+muerto.
+
+Proveyóse Sancho de asno y alforjas, de camisas y otras prendas Don
+Quijote, y sin _despedirse Panza de sus hijos y mujer, ni Don Quijote
+de su ama y sobrina_, rompiendo así varonilmente las amarras de la
+carne pecadora, _una noche se salieron del lugar sin que persona los
+viese_. Segunda vez que sale el Caballero al mundo sin que se le
+vea y al amparo de la oscuridad. Mas ahora no va solo; lleva a la
+Humanidad consigo. Y salieron platicando; recordando Panza a su amo
+lo de la ínsula. En lo cual quieren ver los maliciosos una vez más su
+codiciosidad y que por ella servía a su amo, sin caer en la cuenta de
+que prueba más quijotismo seguir a un loco un cuerdo, que seguir el
+loco sus propias locuras. La fe se pega, y es tan robusta y ardorosa
+la de Don Quijote, que rebasa a los que le quieren, y quedan llenos
+de ella sin que a él se le amengüe, sino más bien le crezca. Pues tal
+es la condición de la fe viva: crece vertiéndose y repartiéndose se
+aumenta. ¡Como que es, si verdadera y viva, amor!
+
+¡Maravillas de la fe! No bien ha salido con su amo, y ya el buen Sancho
+sueña con ser rey y reina Juana Gutiérrez, su oíslo, y sus hijos
+infantes. ¡Todo para la casa! Mas por causa de su mujer--siempre la
+mujer es causa de tropiezo--duda de ello; no hay reino que a ella le
+siente bien. _Encomiéndalo tú a Dios, que Él le dará lo que más le
+convenga_--le respondió el piadoso Don Quijote. Y tocado de piedad,
+dijo Sancho que su amo sabría darle todo aquello que le estuviera bien
+y él pudiese llevar. ¡Oh Sancho bueno, Sancho sencillo, Sancho piadoso!
+No pides ya ínsula, ni reino, ni condado, sino lo que el amor de tu amo
+sepa darte. Éste es el más sano pedir. Lo aprendiste en lo de «hágase
+tu voluntad así en la tierra como en el cielo». Pidamos todos tomar a
+bien lo que por mal nos dieren, y habremos pedido cuanto hay que pedir.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO VIII
+
+ Del buen suceso que el valeroso Don Quijote tuvo en la espantable y
+jamás imaginada aventura de los molinos de viento, con otros sucesos de
+ feliz recordación.
+
+
+En tales pláticas iban cuando _descubrieron treinta o cuarenta molinos
+que hay en aquel campo_. Y Don Quijote los tomó por desaforados
+gigantes, y sin hacer caso de Sancho, encomendóse de todo corazón a su
+señora Dulcinea, y arremetió a ellos, dando otra vez con su cuerpo en
+tierra.
+
+Tenía razón el Caballero: el miedo y sólo el miedo le hacía a Sancho y
+nos hace a los demás, simples mortales, ver molinos de viento en los
+desaforados gigantes que siembran mal por la tierra. Aquellos molinos
+molían pan, y de ese pan comían hombres endurecidos en la ceguera. Hoy
+no se nos aparecen ya como molinos, sino como locomotoras, dínamos,
+turbinas, buques de vapor, automóviles, telégrafos con hilos o sin
+ellos, ametralladoras y herramientas de ovariotomía, pero conspiran
+al mismo daño. El miedo y sólo el miedo sanchopancesco nos inspira el
+culto y veneración al vapor y a la electricidad; el miedo y sólo el
+miedo sanchopancesco nos hace caer de hinojos ante los desaforados
+gigantes de la mecánica y la química, implorando de ellos misericordia.
+Y al fin rendirá el género humano su espíritu agotado de cansancio y
+de hastío al pie de una colosal fábrica de elixir de larga vida. Y el
+molido Don Quijote vivirá, porque buscó la salud dentro de sí y se
+atrevió a arremeter a los molinos.
+
+Llegóse Sancho a su amo y le recordó sus advertencias, que _no eran
+sino molinos de viento y no lo podía ignorar sino quien llevase otros
+tales en la cabeza_. Claro está, amigo Sancho, claro está; sólo quien
+lleve en la cabeza molinos, de los que muelen y hacen con el bruto
+trigo que por los sentidos nos entra, harina de pan espiritual, sólo
+quien lleve molinos molederos puede arremeter a los otros, a los
+aparenciales, a los desaforados gigantes disfrazados de ellos. Es
+en la cabeza, amigo Sancho, es en la cabeza donde hay que llevar la
+mecánica, y la dinámica y la química y el vapor y la electricidad, y
+luego... arremeter a los artefactos y armatostes en que los encierran.
+Sólo el que lleva en su cabeza la esencia eterna de la química, quien
+sepa sentir en la ley de sus afectos la ley universal de los afectos
+de las partículas materiales, quien sienta que el ritmo del universo
+es el ritmo de su corazón, sólo ése no tiene miedo al arte de formar o
+transformar drogas o al de armar aparatos de maquinaria.
+
+Lo peor fué que en esta acometida se le rompió la lanza a Don Quijote.
+Es lo que pueden esos gigantes, rompernos las armas pero no el corazón.
+Mas sobran encinas y robles con que reponerlas.
+
+Y siguieron su camino, sin quejarse Don Quijote, pues no les es dado
+hacerlo a los caballeros andantes, y sin haber querido comer cuando
+Sancho se acomodó a ello. Y de camino comía Sancho y caminaba, y
+menudeaba tragos que le hacían olvidar las promesas de su amo y tener
+por mucho descanso el andar a busca de aventuras. Nefasto poder de las
+tripas, que oscurece la memoria y enturbia la fe, atándonos al momento
+pasajero. Mientras se come y se bebe, se es de la comida y de la
+bebida. Y llegó la noche y se la pasó Don Quijote pensando en su señora
+Dulcinea, y Sancho durmiendo el bendito, sin soñar. Y fué entonces
+cuando recomendó Don Quijote a Sancho que no pusiese mano a la espada
+para defenderle, no siendo de canalla y gente baja. Al hombre esforzado
+antes le estorban que le ayudan las defensas de sus secuaces.
+
+Y fué también, estando en esta plática, cuando les ocurrió la aventura
+del vizcaíno, cuando salió Don Quijote a libertar a la princesa que se
+llevaban encantada dos frailes de San Benito. Los cuales intentaron
+amansar al Caballero, pero le hizo saber a aquella fementida canalla
+que los conocía y no había con él palabras blandas. Y dicho esto, los
+puso en huida. Y al ver al uno de ellos en el suelo, arremetió Sancho a
+desnudarlo, atento sin duda a lo de que el hábito no hace al monje.
+
+¡Ah, Sancho, Sancho, y cuán de tierra eres! ¡Desnudar frailes! ¿Y qué
+ganas con eso? Así te fué, que los mozos te molieron a coces por ello.
+
+Obsérvese cómo Sancho apenas se encuentra en una aventura cuando acude
+al punto al botín, mostrando en ello cuán de su casta era. Y pocas
+cosas elevan más a Don Quijote que su desprecio de las riquezas del
+mundo. Tenía el Caballero lo mejor de su casta y de su pueblo. No salió
+a campaña como el Cid «al sabor de la ganancia» y para «perder cueta y
+venir a rictad» (POEMA DEL CID, V. 1689), ni habría dicho nunca lo que
+dicen que dijo Francisco Pizarro en la isla del Gallo cuando haciendo
+con la espada una raya en el suelo, de naciente a poniente, y señalando
+al mediodía como su derrotero, exclamó: «Por aquí se va al Perú a ser
+ricos; por acá se va a Panamá a ser pobres; escoja el que sea buen
+castellano lo que mejor le estuviere». De otro temple era Don Quijote;
+nunca buscó oro. Y al mismo Sancho que empezó buscándolo, le veremos
+ir cobrando poco a poco afición y amor a la gloria, y fe en ella,
+fe a que le llevaba Don Quijote, y hay que convenir en que nuestros
+mismos conquistadores de América unieron siempre a su sed de oro sed
+de gloria, sin que se logre en cada caso separar la una de la otra. De
+gloria y de riqueza a la vez dicen que habló a sus compañeros Vasco
+Núñez de Balboa en aquel glorioso 25 de setiembre de 1513 en que de
+rodillas y anegados por el gozo en lágrimas sus ojos, descubrió desde
+la cima de los Andes, en el Darien, el mar nuevo.
+
+Lo triste es que la gloria fué de ordinario una alcahueta de la
+codicia. Y la codicia, la innoble codicia, nos perdió. Nuestro pueblo
+puede decir lo que dice en el grandioso poema PATRIA, da Guerra
+Junqueiro, el pueblo portugués:
+
+ Novos mundos eu vi, novos espaços,
+ Não para mais saber, mais adorar:
+ A cubiça feroz guiou meus passos,
+ O orgulho vingador moveu meus braços
+ E iluminou a raiva o meu olhar!
+ Não te lavava, não, sangue homicida,
+ Nem em mil milhões d'annos a chorar!...
+ Cruz do Golgota en ferro traduzida,
+ Minha espada de heroe, o cruz de morte,
+ Cruz a que Deos baixou por nos dar vida;
+ Vidas ceifando, deshumana e forte,
+ Ergueste imperios, subjugando a Oriente,
+ Mas Deos soprou... eil-os em nada...
+
+Luego de la aventura de Sancho, acudió el generoso Caballero a la
+princesa, a darle la buena nueva de su liberación, pues los frailes
+que la llevaban seducida habían huido, sin advertir, ¡oh ceguera de
+la nobleza!, que acaso llevaba ella la frailería dentro. Y le pidió
+en pago del beneficio de haberla libertado, que se volviese al Toboso
+a presentarse a Dulcinea. No contaba con el vizcaíno, que le habló
+en _mala lengua castellana y peor vizcaína_, lo cual es muy cierto,
+pues cabe dudar que D. Sancho de Azpeitia hablase puntualmente como
+Cervantes le hace hablar. Con frecuencia se cita las palabras de D.
+Sancho de Azpeitia no más que para hacer chacota, aunque respetuosa y
+cariñosa a las veces, del modo de hablar de nosotros los vizcaínos.
+Cierto es que hemos tardado en aprender la lengua de Don Quijote y
+tardaremos aún en llegar a manejarla a nuestra guisa, mas ahora que
+empezamos a dar en ella nuestro espíritu, que fué hasta ahora casi
+mudo, habéis de oir... Pudo decir Tirso de Molina aquello de
+
+ Vizcaíno es el hierro que os encargo,
+ Corto en palabras, pero en obras largo;
+
+mas habrá que oirnos cuando alarguemos nuestras palabras a la medida de
+nuestras largas obras.
+
+Don Quijote, tan pronto en llamar caballero a quien se le pusiera
+delante, nególe al vizcaíno tal cualidad, olvidando que a la gente
+vasca--entre los que me cuento--, según Tirso de Molina,
+
+ Un nieto de Noé la dió nobleza,
+ que su hidalguía no es de ejecutoria
+ ni mezcla con su sangre, lengua o traje
+ mosaica infamia que la suya ultraje.
+
+¿No conocía Don Quijote las palabras de don Diego López de Haro, tal
+cual le hace hablar Tirso de Molina en la escena primera del acto
+segundo de LA PRUENCIA EN LA MUJER, cuando empieza diciendo:
+
+ Cuatro bárbaros tengo por vasallos
+ a quien Roma jamás conquistar pudo,
+ que sin armas, sin muros, sin caballos
+ libres conservan su valor desnudo?
+
+¿Ni sabía aquello que había ya dicho Camoens en la estrofa oncena del
+cuarto canto de sus LUSIADAS de
+
+ A gente biscainha que carece
+ de polidas razões, e que as injurias
+ muito mal dos estranhos compadece?
+
+Por lo menos ya que LA ARAUCANA de don Alonso de Ercilla y Zúñiga,
+caballero vizcaíno, era uno de los libros que se hallaban en su
+librería, y de los respetados en el escrutinio, tuvo que haber leído
+aquello de su canto XXVII, en que habla de
+
+ la aspereza
+ de la antigua Vizcaya, de do es cierto
+ que procede y se extiende la nobleza
+ por todo lo que vemos descubierto.
+
+_¿Yo no caballero?_--replicó justamente ofendido el vizcaíno, y
+encontráronse frente a frente dos Quijotes. Por esto es tan prolijo
+Cervantes al narrarnos este suceso.
+
+Requerido por el vizcaíno, arrojó el manchego la lanza, sacó la espada,
+embrazó la rodela y arremetióle.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO IX
+
+ Donde se concluye y da fin a la estupenda batalla que el gallardo
+ vizcaíno y el valiente manchego tuvieron.
+
+
+Y se trabó el singular combate o _estupenda batalla que el gallardo
+vizcaíno y el valiente manchego tuvieron_, como la llama Cervantes en
+el título del capítulo IX, concediéndole toda la importancia que se
+merece.
+
+Ahora va de igual a igual, de loco a loco, y parecen amenazar al cielo,
+a la tierra y al abismo. ¡Oh espectáculo de largos en largos siglos
+sólo visto, el de la lucha de dos Quijotes, el manchego y el vizcaíno,
+el del pardo páramo y el de las verdes montañas. Hay que releerlo como
+nos lo relata Cervantes.
+
+_¿Yo no caballero?_ ¿Yo no caballero? ¿Oir esto un vizcaíno y oirlo de
+boca de Don Quijote? No, no puede sufrirse eso.
+
+Deja, Don Quijote, que hable de mi sangre, de mi casta, de mi raza,
+pues a ella debo cuanto soy y valgo y a ella también debo el poder
+sentir tu vida y tu obra.
+
+¡Oh tierra de mi cuna, de mis padres, de mis abuelos y trasabuelos
+todos, tierra de mi infancia y de mis mocedades, tierra en que tomé a
+la compañera de mi vida, tierra de mis amores, tú eres el corazón de
+mi alma! Tu mar y tus montañas, Vizcaya mía, me hicieron lo que soy;
+de la tierra de que se amasan tus robles, tus hayas, tus nogales y tus
+castaños, de esa tierra ha sido mi corazón amasado, Vizcaya mía.
+
+Discutía un Montmorency con un vasco e irritado aquél hubo de decirle
+a mi paisano que ellos, los Montmorencys, databan no sé si del siglo
+VIII, X o XII, y mi vasco le respondió: ¿Sí? ¡Pues nosotros los vascos
+no datamos! Y no, no datamos los vascos. Los vascos sabemos quiénes
+somos, quiénes queremos ser.
+
+Ya ves, Don Quijote, que es un vasco el que ha ido a buscarte en tu
+Mancha y te arremete porque le regateaste lo de ser caballero. Y ¿cómo,
+contemplando a un vasco, y de Azpeitia, no recordar una vez más a aquel
+otro caballero andante vasco, y de Azpeitia también, Íñigo Yáñez de
+Oñaz y Sáez de Balda, del solar de Loyola, fundador de la Milicia de
+Cristo? ¿No culmina en él nuestra casta toda? ¿No es nuestro héroe? ¿No
+lo hemos de reclamar los vascos por nuestro? Sí, nuestro, muy nuestro,
+muy más nuestro que de los jesuitas. Del Íñigo de Loyola han hecho
+ellos un Ignacio de Roma, del héroe vasco un santón jesuítico. ¡Lástima
+de mula que montaba el héroe!
+
+La de Don Sancho de Azpeitia, con sus corcovos, dió en tierra con el
+vizcaíno, lo que debe enseñamos a pelear apeados. Y así fué vencido el
+vizcaíno, pero no por mayor flaqueza de su brazo ni menor coraje, sino
+por culpa de su mula, que no era, de cierto, vizcaína. Si no es por la
+condenada mula lo habría pasado mal Don Quijote, estad seguros de ello,
+y habría aprendido a reportarse ante el hierro vizcaíno
+
+ _corto en palabras, pero en obras largo_.
+
+Aprended, hermanos míos de sangre, a pelear apeados. Apeaos de la mula
+resabiosa y terca que os lleva a su paso de andadura por sus caminos de
+ella, no por los vuestros y míos, no por los de nuestro espíritu y que,
+con sus corcovos, dará con vosotros en tierra, si Dios no lo remedia.
+Apeaos de esa mula, que no nació ahí ni ahí pasta, y vamos todos a
+la conquista del reino del espíritu. Aún no se sabe lo que podemos
+hacer en este mundo de Dios. Aprended, a la vez, a encarnar vuestro
+pensamiento en una lengua de cultura, dejando la milenaria de nuestros
+padres; apeaos de la mula luego y nuestro espíritu, el espíritu de
+nuestra casta circundará en esa lengua, en la de Don Quijote, los
+mundos todos, como circundó por primera vez al orbe la carabela de
+nuestro Sebastián Elcano, el fuerte hijo de Guetaria, hija de nuestro
+mar de Vizcaya.
+
+Y fué por la intervención de las damas afrailadas por lo que perdonó
+Don Quijote la vida a Don Sancho de Azpeitia, a promesa de ir a visitar
+a Dulcinea. Y fueron las damas las prometedoras, que a haberlo sido Don
+Sancho, habríala visitado, de seguro, y hasta es muy de creer que se
+habría enamorado perdidamente de ella y ella de él.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO X
+
+ De los graciosos razonamientos que pasaron entre Don Quijote y Sancho
+ Panza su escudero.
+
+
+Y viene Sancho, el carnal Sancho, el Simón Pedro de nuestro Caballero,
+y le pide la ínsula, a lo cual responde Don Quijote: _advertid, hermano
+Sancho, que esta aventura y las a esta semejantes no son aventuras
+de ínsulas, sino de encrucijadas, en las que no se gana otra cosa
+que sacar rota la cabeza o una oreja menos_. ¡Ay, Pedro, Pedro, o
+digo Sancho, Sancho, y ¿cuándo comprenderás que no es la ínsula, no
+es el poder temporal, sino la gloria de tu señor, el querer eterno,
+tu recompensa? Mas el carnal Sancho volvió a la carga y a pedir a su
+amo se retrajesen a alguna iglesia por miedo a la Santa Hermandad.
+Mas ¿_dónde has visto tú o leído_--le diremos con Don Quijote--_que
+caballero andante haya sido puesto ante la justicia por más homicidios
+que hubiese cometido_? Quien abriga en su corazón la ley, está sobre la
+dictada por los hombres; para el que ama no hay otra ley sino su amor,
+y si por amor mata ¿quién se lo imputará a culpa? Tiene, además, Don
+Quijote poder sobrado para sacar a los Sanchos _de las manos de los
+caldeos, cuanto más de las de la Hermandad_.
+
+Ocurrió luego lo de explicar Don Quijote a Sancho el bálsamo de
+Fierabrás, y lo de pedir Sancho a Don Quijote la receta del bálsamo
+como único pago de sus servicios, pues así son los servidores carnales,
+por muy grande que su fe sea, piden recetas para venderlas y negociar
+con ellas. Y entonces juró el Caballero conquistar el yelmo de Mambrino
+a trueque de la celada rota por Don Sancho de Azpeitia, y a seguida le
+llamó a razón el bandullo y pidió de comer.
+
+Una cebolla y un poco de queso no más traía Sancho, pareciéndole
+manjares no pertenecientes a tan valiente Caballero, mas éste le hizo
+saber que tenía a honra _no comer en un mes_, y de hacerlo lo que
+hallare más a mano. _Y esto se te hiciera cierto si hubieras leído
+tantas historias como yo, que aunque han sido muchas, en todas ellas
+no he hallado hecha relación de que los caballeros andantes comiesen,
+si no era acaso, y en algunos suntuosos banquetes que les hacían, y
+los demás días se los pasaban en flores._ Y ¡qué dicha, mi señor Don
+Quijote, si nos pudiésemos pasar en flores la vida toda! Del comer
+viene con la fuerza toda, también toda la flaqueza del heroísmo.
+
+Y entonces, al explicar Don Quijote a Sancho que los caballeros
+andantes _no podían pasar sin comer y sin hacer todos los otros
+menesteres naturales_, le reveló, y nos reveló, una verdad cimental y
+de grandísimo consuelo para los que no saben cómo vivir su locura, y
+es la de que los caballeros andantes _eran hombres como nosotros_. De
+donde se saca que podemos llegar a ser nosotros caballeros andantes,
+y no es ello poco. _Así que, Sancho amigo, no te congoje lo que a mí
+me da gusto, ni quieras tú hacer mundo nuevo, ni sacar la caballería
+andante de sus quicios._ No quieras, no, pobre Sancho, hacer mundo
+nuevo curando de su locura a los generosos, ni quieras sacar a la
+locura de su quicio, que le tiene tan bien hincado y tan derecho como
+la cordura misma, como ese llamado sentido común. Sancho, como no sabe
+leer ni escribir, no sabe ni ha caído en las reglas de la profesión
+caballeresca, como él dice. Y es cierto lo que dices, Sancho, por el
+leer y el escribir entró la locura en el mundo.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XI
+
+ De lo que sucedió a Don Quijote con unos cabreros.
+
+
+Echaron a andar y fueron recogidos con buen ánimo por unos piadosos
+cabreros, Dios se lo habrá pagado, que les convidaron. Lo aceptó Don
+Quijote, sentóse sobre un dornajo vuelto del revés, hizo hermanalmente
+sentar a su lado a Sancho, y fué entonces, después de bien satisfecho
+el estómago, cuando tomó en la mano un puñado de bellotas y enderezó
+a los cabreros aquel discurso de la edad de oro, que en tantos
+muestrarios de retórica se reproduce. Mas nosotros no estamos haciendo
+aquí literatura, ni nos importa la letra sonora, sino el espíritu
+fecundo, aunque silencioso. Es el tal discurso uno de tantos vulgares
+discursos como se pronuncian, y ese pasado siglo de oro apagado
+relumbre del futuro siglo en que morará el lobo con el cordero y el
+león comerá, como el buey, paja, según nos cuenta el profeta Isaías
+(capítulo XI).
+
+La arenga en sí tiene poco que desentrañar. _Dichosa edad y siglos
+dichosos aquellos a quien los antiguos pusieron nombre de dorados._..
+y lo que sigue. No nos sorprenda oir a Don Quijote cantar los tiempos
+que fueron. Es visión del pasado lo que nos empuja a la conquista del
+porvenir; con madera de recuerdos armamos las esperanzas. Sólo lo
+pasado es hermoso; la muerte lo hermosea todo. ¿Creéis que cuando el
+arroyo llega al mar, al enfrentarse con el abismo que va a tragarle, no
+sueña con la escondida fuente de que brotó y no querría, si pudiera,
+remontar su curso? De ir a perderse, perderse más bien en las entrañas
+de la madre tierra.
+
+No es el discurso de Don Quijote lo que hemos de desentrañar. No valen
+ni aprovechan las palabras del Caballero sino en cuanto son comentarios
+a sus obras y repercusión de ellas. Como hablar, hablaba conforme a sus
+lecturas y al saber del siglo que tuvo a dicha albergarle, pero como
+obrar, obraba conforme a su corazón y al saber eterno. Y así en esa
+arenga no es la arenga misma, en sí no poco trillada, sino el hecho de
+dirigírsela a unos rústicos cabreros que no habrían de entendérsela,
+lo que hemos de considerar, pues en esto estriba lo heroico de esta
+aventura.
+
+Aventura es, en efecto, y de las más heroicas. Porque todo hablar es
+una suerte, y las más de las veces la más apretada suerte de obrar, y
+hazañosa aventura la de administrar el sacramento de la palabra a los
+que no han de entendérnosla según el sentido material. Robusta fe en
+el espíritu hace falta para hablar así a los de torpes entendederas,
+seguros de que sin entendernos nos entienden y de que la semilla va a
+meterse en las cárcavas de sus espíritus sin ellos percatarse de tal
+cosa.
+
+Habla tú que conmigo consideras, lleno de fe en ella, la vida de Don
+Quijote; habla aunque no te entiendan, que ya te entenderán al cabo.
+Y con que sólo vean que les hablas sin pedirles nada o porque de
+gracia te lo dieron antes, basta ya. Habla a los cabreros como hablas
+a tu Dios, del hondo del corazón y en la lengua en que te hablas a ti
+mismo a solas y en silencio. Cuanto más hundidos vivan en la vida de
+la carne, tanto más limpias de brumas estarán sus mentes, y la música
+de tus palabras resonará en ellas mucho mejor que en la mente de los
+bachilleres al arte de Sansón Carrasco. Porque no fueron las rebuscadas
+retóricas de Don Quijote lo que alumbró la mente a los cabreros, sino
+fué el verle armado de punta en blanco, con su lanzón a la vera, las
+bellotas en la mano, y sentado sobre el dornajo, dando al aire de que
+respiraban todos reposadas palabras vibrantes de una voz llena de amor
+y de esperanza.
+
+No faltará quien crea que Don Quijote debió atemperarse al público que
+le escuchaba y hablar a los cabreros de la cuestión cabreril y del modo
+de redimirlos de su baja condición de pastores de cabras. Eso hubiera
+hecho Sancho a tener saber y arrestos para ello, pero el Caballero
+no. Don Quijote sabía bien que no hay más que una sola cuestión, para
+todos la misma, y que lo que redima de su pobreza al pobre, redimirá,
+a la vez, de su riqueza al rico, ¡Mal hayan los remedios de ocasión!
+A cuantos van y vienen y se asenderean llevando y trayendo remedios
+específicos para los males de éstos o de aquéllos, cabe encajarles lo
+que decía el gaucho MARTÍN FIERRO:
+
+ De los males que sufrimos
+ hablan mucho los puebleros,
+ pero hacen como los teros
+ para esconder sus niditos,
+ que en un _lao_ pegan los gritos
+ y en otro tienen los _güevos_.
+
+Cuando os hablen, cándidos cabreros, de la cuestión cabreril, es que
+están pegando gritos para alejaros del sitio en que guardan sus huevos.
+
+Y además, ¿ha de hablarse tan sólo en vista del provecho inmediato, del
+fruto que nuestros oyentes saquen de lo que decimos? Tratando de esto
+el maestro de espíritu P. Alonso Rodríguez, en el capítulo XVIII del
+tratado primero de la tercera parte de su EJERCICIO DE PERFECCIÓN nos
+dice que «no depende nuestro merecimiento, ni la perfección de nuestra
+obra de que el otro se aproveche o no; antes podemos añadir aquí otra
+cosa para nuestro consuelo, o por mejor decir, para consuelo de nuestro
+desconsuelo, y es que no solamente no depende nuestro merecimiento y
+nuestro premio y galardón de que los otros se conviertan y de que se
+haga mucho fruto, sino que en cierta manera podemos decir que hacemos y
+merecemos más cuando no hay nada de eso, que cuando se ve el fruto al
+ojo».
+
+Y este discurso de Don Quijote a los cabreros ¿fué acaso menos
+heroico y más inútil que aquel otro que cerca de Santa Cruz y en casa
+de la india Capillana enderezó a los indios Francisco Pizarro para
+explicarles los fundamentos de la religión cristiana y el poderío del
+rey de Castilla? Algo consiguió, pues los indios, por darle gusto,
+alzaron por tres veces la bandera española. No fué del todo inútil el
+razonamiento de Pizarro; no lo fué el de Don Quijote.
+
+El malicioso Cervantes llama, en efecto, al discurso de éste _inútil
+razonamiento_, para añadir que se lo escucharon los cabreros _embobados
+y suspensos_. La verdad de la historia se le impone aquí, puesto que
+si los embobó y suspendió Don Quijote con su razonamiento, no fué
+éste ya inútil. Y que no lo fué lo prueba el agasajo que le rindieron
+dándole solaz y contento con hacer que cantara un zagal enamorado.
+El espíritu produce espíritu, como la letra letra, y la carne carne,
+y así la arenga de Don Quijote produjo, a vuelta, cantares al son de
+cabreril rabel. No fué, pues, inútil ni lo es nunca la palabra pura. Si
+el pueblo no la entiende, siente, empero, comezón de entenderla, y al
+oirla, rompe a cantar.
+
+Y mientras Don Quijote, inspirado a la vista de las bellotas, regaló a
+los cabreros con aquella arenga ¿qué hizo Sancho? _Sancho... callaba y
+comía bellotas y visitaba muy a menudo el segundo zaque, que por que se
+enfriase el vino le tenían colgado de un alcornoque._ Y pensaría para
+sí ¡así me las den todas!
+
+Qué pensara Sancho de la arenga de su amo no lo sé, pero sí sé qué
+pensarán de ella nuestros Sanchos de hoy. Los cuales buscan ante todo
+eso que llaman soluciones concretas y en cuanto se ponen a escuchar
+a alguien van a oir qué remedios ofrece para los males de la patria
+o para otros cualesquiera males. Se han hecho los oídos oyendo a
+los charlatanes que, subidos en un coche, en la plaza del mercado,
+venden frascos de cualquier droga, y así, apenas alguien les habla,
+esperan saque la droga enfrascada. Mientras se les habla, callan y
+comen bellotas, y se preguntan luego: bien, ¿y en concreto qué? Todo
+eso del siglo de oro les entra por un oído y por el otro les sale: lo
+que ellos buscan es el elixir para curar el mal de muelas o el reuma
+o para quitar manchas de la ropa, el cocimiento regenerativo, el
+bálsamo católico, el revulsivo anticlerical, el emplasto aduanero o el
+vejigatorio hidráulico. A esto llaman soluciones concretas. Estiman
+que el habla no se hizo sino para pedir o para ofrecer algo, y no hay
+manera de que sientan lo que tiene de revelación la música interior
+del espíritu. Porque la otra música, la exterior, la que les recrea
+los oídos carnales, ésa no dejan de entenderla y apreciarla, y hasta
+es el único regalo que se permiten. Si se les habla, o ha de ser para
+acariciarles los oídos con párrafos acompasados a compás tamborilesco,
+o para enseñarles alguna receta de uso doméstico o político.
+
+¡Soluciones concretas! ¡Oh Sanchos prácticos, Sanchos positivos,
+Sanchos materiales! ¿Cuándo oiréis la silenciosa música de las esferas
+espirituales?
+
+Difícil es hablar a los Sanchos, nacidos y criados en lugarejos donde
+sólo se oye comadrerías de solana y sermones, pero más difícil aún es
+hablar a bachilleres. Lo mejor es tener por oyentes a cabreros, hechos
+y acostumbrados a oir las voces de los campos y de los montes. Los
+otros os saldrán con que no os entienden o entenderán a tuertas lo que
+les digáis, porque no reciben vuestras palabras en silencio interior ni
+en atención virgen, y por mucho que agucéis vuestras explicaderas no
+aguzarán sus entendederas ellos.
+
+Es fuerte cosa que por dondequiera que uno vaya en nuestra España,
+derramando verdades del corazón, le salgan al paso diciéndole que
+no lo entienden o entendiéndolo al revés de como se explica. Y ello
+tiene su raíz, y es que van las gentes a oir esto o lo otro o lo de
+más allá, algo que se les ha dicho ya, y no a oir lo que se les diga.
+Los unos son clericales, anticlericales los otros, éstos unitarios
+o centralistas, aquéllos federales o regionalistas, los de aquí
+tradicionalistas, progresistas los de allá, y quieren que se les hable
+en uno de esos lenguajes. Ellos luchan unos con otros, pero luchan como
+es forzoso lo hagan los luchadores terrestres, sobre un mismo suelo, en
+un mismo plano y dándose cara, y si te pones a darles voces desde otro
+plano, por encima o por debajo del que ocupan, les distraes de su pelea
+y no comprenden a qué vas allá. Si estamos peleando--se dicen--, bien
+venido sea quien venga a animarnos con voces de ¡a ellos! ¡adelante! o
+bien a advertirnos de un peligro gritándonos ¡ojo! ¡atrás!, pero ¿quién
+es ése que desde las nubes o desde dentro de la tierra nos grita que
+levantemos la vista o que la hundamos en el suelo? ¿no ve que entre
+tanto nos degollarán los enemigos? Cuando se lucha no se puede mirar
+al cielo ni tratar de penetrar con la vista el seno de la tierra.
+Dicen así; no ven que les proponéis paz y cada uno de los bandos os
+cuenta en el contrario. Y no os queda sino ir a hablar a los cabreros,
+que os regalarán con música; ir a hablar a los sencillos, y hablarles
+sin intentar siquiera poneros a su alcance, hablarles en el tono más
+elevado, seguros de que sin entenderos os entienden.
+
+Sólo Sancho, el carnal Sancho, estaba más para dormir que para oir
+canciones, sin conocer la virtud ensoñadora de éstas.
+
+
+
+
+ CAPÍTULOS XII Y XIII
+
+De lo que contó un cabrero a los que estaban con Don Quijote y Donde se
+ da fin al cuento de la pastora Marcela, con otros sucesos.
+
+
+Entonces fué cuando Pedro el cabrero contó a Don Quijote la historia de
+Grisóstomo y Marcela, después de aquellos tiquismiquis con que el leído
+Caballero corrigió los vocablos al pastor. Era, no hemos de negarlo,
+impertinente Don Quijote cuando se picaba de letrado.
+
+Fué el Caballero a ver cómo enterraban a Grisóstomo, muerto de amores
+por Marcela, y al ir a ello encontró a Vivaldo y platicó con él acerca
+de la caballería andante, profesión si no tan estrecha como la de los
+frailes cartujos, tan necesaria como ella en el mundo, donde sólo el
+ejemplo de lo inasequible a los más, puede enseñar a éstos a poner su
+meta más allá de donde alcancen. Así las carreras de caballos, que sólo
+para criar caballos de carrera sirven, mantienen la pureza de la casta
+caballar, impidiendo que el tiro y la noria y el vil oficio encanijen
+al noble bruto. Y entre ambas profesiones, la de pedir al cielo el bien
+de la tierra, y la de poner en ejecución lo pedido, creando, lanza en
+mano, el reino de Dios, cuyo advenimiento se pide en oración, no cabe
+primero ni segundo. _Así que somos ministros de Dios en la tierra y
+brazos por quien se ejecuta en ella su justicia_--añadió Don Quijote.
+
+¿No es acaso, desgraciado Caballero, la raíz de tus proezas y de tus
+desgracias a la par el noble pecado a través de cuya depuración te
+llevó a la gloria de tu Dulcinea, esto de creerte ministro de Dios
+en la tierra y brazo por quien se ejecuta en ella su justicia? Fué
+tu pecado original y el pecado de tu pueblo; el pecado colectivo de
+cuya mancha y maleficio participabas. Tu pueblo también, arrogante
+Caballero, se creyó ministro de Dios en la tierra y brazo por quien se
+ejecutaba en ella su justicia, y pagó muy cara su presunción y sigue
+pagándola. Creyóse escogido de Dios y esto le ensoberbeció.
+
+¿Pero es que no estaba en lo seguro? ¿No somos acaso todos ministros de
+Dios en la tierra y brazos por quien se ejecuta en ella su justicia?
+Y el persuadirnos de esta verdad ¿no es tal vez el mejor remedio para
+purificar y ennoblecer nuestras acciones? En vez de buscar hacer otras
+cosas que las que haces, luchando contra tu costumbre, persuádete de
+que en todo cuanto hagas, bueno o malo a tu parecer, eres ministro de
+Dios en la tierra y brazo por quien se ejecuta en ella su justicia,
+y sucederá que tus actos acabarán por ser buenos. Estímalos como
+viniendo de Dios y los divinizarás. Hay desgraciado a quien eso que en
+el lenguaje de los hombres llamamos natural perverso o mala índole le
+lleva a ser azote de sus prójimos, y si ese desgraciado se penetrase de
+que ese azote es azote de castigo que puso en sus manos Dios, la que
+llamamos mala índole le daría frutos de bondad.
+
+No os apeguéis al miserable criterio jurídico de juzgar de un
+acto humano por sus consecuencias externas y el daño temporal que
+recibe quien lo sufre; llegad al sentido íntimo y comprended cuánta
+profundidad de sentir, de pensar y de querer se encierra en la verdad
+de que vale más daño infligido con santa intención que no beneficio
+rendido con intención perversa.
+
+Te denuestan, pueblo mío, porque dicen que fuiste a imponer tu fe a
+tajo y mandoble, y lo triste es que no fué del todo así, sino que ibas
+también, y muy principalmente, a arrancar oro a los que lo acumularon;
+ibas a robar. Si sólo hubieras ido a imponer tu fe... Me revuelvo
+contra el que viene, tizona en la diestra y en la otra libro, a querer
+salvarme el alma a pesar mío, pero al cabo se cuida de mí y soy para
+él un hombre, mas para aquél que no viene sino a sacarme los ochavos
+engañándome con baratijas y chucherías, para éste no paso de ser un
+cliente, un parroquiano o vecero. Hoy se da en ponderar esto y pedir
+una sociedad en que en puro policía no pueda hacerse daño y acabemos
+por que nadie obre mal, aunque nadie sienta bien tampoco. ¡Qué horrible
+condición de vida! ¡Qué podredumbre bajo la verdura sosegada! ¡Qué
+quieto lago de ponzoñozas aguas! ¡No, no, y mil veces no, Dios nos dé
+antes un mundo en que todos sientan bien aunque todos obren daño, en
+que los hombres se golpeen en la ceguera del cariño y en que suframos
+todos en silencio por el mal que nos vemos arrastrados a infligir a los
+demás. Sé generoso y arremete a tu hermano; dale de tu espíritu, aunque
+sea golpes. Hay algo más íntimo que eso que llamamos moral y no es sino
+la jurisprudencia que escapa a la policía; hay algo más hondo que el
+Decálogo, que es una tabla de la ley, ¡tabla, tabla y de la ley!; hay
+un espíritu de amor.
+
+Me diréis que no cabe sentir bien sin obrar bien y que las buenas
+acciones brotan, como de su fuente, de los buenos sentimientos y sólo
+de ellos. Pero yo os contestaré con Pablo de Tarso que no hago el bien
+que quiero, sino el mal que no quiero hago, y os añadiré que el ángel
+que en nosotros duerme suele despertar cuando la bestia le arrastra,
+y al despertar llora su esclavitud y su desgracia. ¡Cuántos buenos
+sentimientos brotan de malas acciones a que la bestia nos precipita!
+
+Siguió discurriendo Don Quijote con Vivaldo sobre lo de encomendarse
+los caballeros andantes a su dama antes que a Dios, y dando las razones
+que había leído llegó a lo de no poder ser caballero andante sin dama,
+_porque tan propio y tan natural les es a los tales ser enamorados como
+al cielo tener estrellas, y a buen seguro que no se haya visto historia
+donde se halle caballero andante sin amores, y por el mismo caso que
+estuviese sin ellos no será tenido por legítimo caballero, sino por
+bastardo y que entró en la fortaleza de la caballería dicha, no por la
+puerta, sino por las bardas, como salteador y ladrón_.
+
+Ved aquí cómo del amor a mujer brota todo heroísmo. Del amor a mujer
+han brotado los más fecundos y nobles ideales, del amor a mujer las más
+soberbias fábricas filosóficas. En el amor a mujer arraiga el ansia de
+inmortalidad, pues es en él donde el instinto de perpetuación vence
+y soyuga al de conservación, sobreponiéndose así lo sustancial a lo
+meramente aparencial. Ansia de inmortalidad nos lleva a amar a la mujer
+y así fué cómo Don Quijote juntó en Dulcinea a la mujer y a la Gloria,
+y ya que no pudiera perpetuarse por ella en hijos de carne, buscó
+eternizarse por ella en hazañas de espíritu. Fué enamorado, pero de los
+castos y continentes, como dijo en otra ocasión él mismo. ¿Faltó con su
+castidad y continencia al fin del amor? No, pues engendró en Dulcinea
+hijos espirituales duraderos. Casado no habría podido ser tan loco; los
+hijos de carne le hubieran arrebatado de sus hazañosas empresas.
+
+No le embarazó nunca cuidado de mujer que ata las alas a otros héroes,
+porque como dice el Apóstol (I Cor. VII, 33) «el casado se cuida de lo
+del mundo, de cómo ha de agradar a la mujer, y queda dividido».
+
+Hasta en el más puro orden espiritual y sin sombra de malicia alguna,
+suele buscar el hombre apoyo en mujer, como Francisco de Asís en Clara;
+pero Don Quijote buscóle en dama de sus pensamientos.
+
+Y cómo embaraza la mujer! Íñigo de Loyola no quiso que su Compañía
+tuviese nunca cargo de mujeres debajo de su obediencia (Rivadeneira,
+lib. III, cap. XIV), y cuando Doña Isabel de Rosell pretendió formar
+comunidad de mujeres bajo la obediencia de la Compañía logró Loyola
+que el Papa Pablo III, en letras apostólicas de 20 de mayo de 1547, la
+eximiera de tal carga, pues «a esta mínima Compañía--decíale Íñigo--no
+conviene tener cargo especial de dueñas con voto de obediencia». Y
+no es que despreciara a la mujer, pues la honró en lo que es tenido
+por más bajo y más vil de ella, porque si Don Quijote se hizo armar
+caballero ciñéndole espada y calzándole espuela dos mozas del partido,
+Íñigo de Loyola acompañaba él mismo, en persona, por medio de la ciudad
+de Roma, a las «mujercillas públicas perdidas» para ir a colocarlas
+«en el monasterio de Santa Marta o en casa de alguna señora honesta y
+honrada, donde fuesen instruidas en toda virtud». (Rivadeneira, lib.
+III, cap. IX.).
+
+Don Quijote fué enamorado, pero de los castos y continentes y no sino
+por ser fuerza que los caballeros andantes tengan dama a quien rendir
+su amor--según decía, aunque veremos le quedaba otra dentro--por
+cumplir el rito. Y acaso no falte joven atolondrado que vea en esto un
+motivo para tener en menos a Don Quijote, pues los hay que cifran toda
+la calidad de un hombre en cómo se las ha en lances de amor; es decir,
+de eso que se llama amor a cierta edad de la vida. No recuerdo quién
+dijo, pero dijo muy bien quienquiera que lo dijese, que para los que
+aman mucho, es el amor--amor a mujer, se entiende--algo subordinado
+y secundario en su vida, y es lo principal de ésta para los que aman
+poco. Hay quienes no juzgan de la libertad de un espíritu sino según
+sienta en punto al amor; hay mozos para los cuales todo el valor de un
+poeta se cifra en cómo sienta el amor.
+
+¿Qué diría el casto y continente Don Quijote si volviendo al mundo
+viese el chaparrón de incentivos al deseo carnal con que se trata de
+desviar el amor? ¿Qué diría de todos esos retratos de mujerzuelas en
+actitudes provocativas? De seguro que movido por su amor a Dulcinea,
+por su noble y puro amor, emprendería a tajo y mandoble con todos los
+tenderetes en que esas porquerías se nos muestran, como la emprendió
+con el retablo de maese Pedro. Ellas nos apartan del amor a Dulcinea,
+del amor de la gloria. Siendo incentivos a que nos perpetuemos, nos
+apartan de la verdadera perpetuación. Acaso sea nuestro sino que haya
+de renunciar la carne a perpetuarse si se ha de perpetuar el espíritu.
+
+Don Quijote amó a Dulcinea con amor acabado y perfecto, con amor que no
+corre tras deleite egoísta y propio; entregóse a ella sin pretender que
+ella se le entregara. Se lanzó al mundo a conquistar gloria y laureles
+para ir luego a depositarlos a los pies de su amada. Don Juan Tenorio
+habríase dedicado a rendirla con la mira de poseerla y de saciar en
+ella su apetito, no más que por amor de gozarla y pregonarlo; Don
+Quijote no. Don Quijote no se fué de galán al Toboso a cortejarla y
+enamorarla, sino que se echó al mundo a conquistarlo para ella. ¿Qué
+suele ser ese que llaman amor sino un miserable egoísmo mutuo en que
+busca su propio contento cada uno de los dos amantes? ¿Y no es acaso el
+acto de suprema unión lo que más supremamente los separa? Don Quijote
+amó a Dulcinea con amor acabado, sin exigir ser correspondido; dándose
+todo él y por entero a ella.
+
+Amó Don Quijote a la Gloria encarnada en mujer. Y la Gloria le
+corresponde. _Dió un gran suspiro Don Quijote y dijo: yo no podré
+afirmar si la dulce mi enemiga gusta o no de que el mundo sepa que yo
+la sirvo_, y todo lo que sigue. Sí, Don Quijote mío, sí; la tu dulce
+enemiga, Dulcinea, lleva de comarca en comarca y de siglo en siglo la
+gloria de tu locura de amor. Su linaje, prosapia y alcurnia _no es de
+los antiguos Curcios, Gayos y Cipiones romanos, ni de los modernos
+Colonnas y Ursinos_, ni de ninguna de las famosas familias de distintos
+países que Don Quijote nombró a Vivaldo; _pero es de los del Toboso de
+la Mancha, linaje aunque moderno tal, que puede dar generoso principio
+a las más ilustres familias de los venideros siglos_. Con lo que nos
+enseñó el ingenioso hidalgo que la raíz de la gloria está en el propio
+lugarejo y en la propia edad en que se vive. Sólo es duradera en
+siglos y en vastas tierras la gloria que rebasa de los propios lugar y
+tiempo por haberlos perinchido y cogolmado. Lo universal riñe con lo
+cosmopolita; cuanto más de su país y más de su época sea un hombre es
+más de los países y de las épocas todas. Dulcinea es del Toboso.
+
+Y ahora, Don Quijote mío, llévame a solas contigo, porque quiero que
+hablemos corazón a corazón y lo que ni a sí mismos osan decirse muchos.
+¿Fué de veras tu amor a la gloria lo que te llevó a encarnar en la
+imagen de Dulcinea a Aldonza Lorenzo, de la que un tiempo anduviste
+enamorado, o fué tu desgraciado amor a la bien parecida moza labradora,
+aquel amor que ella _jamás lo supo ni se dió cata de ello_, el que se
+te convirtió en amor de inmortalidad? Mira, mi buen hidalgo, que yo sé
+cómo es la timidez dueña del corazón de los héroes, y bien se ve en ver
+cuando ardías en deseo de Aldonza Lorenzo cómo no te atreviste nunca a
+requerirla de amores. No pudiste romper la vergüenza que te sellaba,
+con sello de bronce, los labios.
+
+Tú mismo se lo declaraste a Sancho, tomándole por confidente, cuando
+al quedarte de penitencia en Sierra Morena (cap. XXV) le dijiste: _mis
+amores y los tuyos han sido siempre platónicos, sin extenderse a más
+que a un honesto mirar, y aun esto tan de cuando en cuando, que osaré
+jurar con verdad, que en doce años que ha que la quiero más que a la
+lumbre de estos ojos que ha de comer la tierra, no la he visto cuatro
+veces y aun podrá ser que destas cuatro veces no hubiese ella echado de
+ver la una que la miraba; tal es el recato y encerramiento en que sus
+padres, Lorenzo Corchuelo y su madre Aldonza Nogales, la han criado_.
+¡Cuatro veces tan sólo y en doce años! Y ¡qué fuego debía de ser el
+que ella despidiese para calentarte doce años el corazón con sólo
+cuatro lejanos toques y de soslayo! Doce años, mi Don Quijote, y cuando
+frisabas en los cincuenta. Te enamoraste, pues, al acercarte a tus
+cuarenta. ¿Qué saben los mozos lo que es la llama que se enciende en
+toda sazón de madurez? ¡Y tu timidez, tu insuperable timidez de hidalgo
+entrado ya en años!
+
+Miradas desde lo más adentro, suspiros ahogados de que ella ni se dió
+cata siquiera, redoblar el golpeteo de tu corazón preso de su hechizo
+cada una de esas cuatro veces que gozaste a hurtadillas de su vista. Y
+este amor contenido, este amor roto en su corriente, pues no hallabas
+en ti brío ni arrojo para enderezarlo a su natural término, este pobre
+amor te labró acaso el alma y fué el manantial de tu heroica locura.
+¿No es así, buen caballero? Acaso ni tú lo sospechabas.
+
+Adéntrate en ti mismo y escudriña y ahonda. Hay amores que no pueden
+romper el vaso que los contiene y se derraman hacia adentro, y los hay
+inconfesables, a los que el destino formidable oprime y constriñe en
+el nido en que brotaron; el exceso mismo de aquéllos los cuaja y los
+encierra, la tremenda fatalidad de éstos los sublima y engrandece. Y
+presos allí, avergozándose y ocultándose de sí mismos, empeñándose por
+anonadarse, bregando por morir, pues que no pueden florecer a la luz
+del día y a la vista de todos, y menos fructificar, se hacen pasión de
+gloria y de inmortalidad y de heroísmo.
+
+Dímelo aquí a solas, Don Quijote mío, dime: el intrépido arrojo que te
+llevó a tus proezas todas ¿no era acaso el estallido de aquellas ansias
+de amor que no te atreviste a confesar a Aldonza Lorenzo? Si eras tan
+valiente ante todos ¿no es porque fuiste cobarde ante el blanco de tus
+anhelos? De las íntimas entrañas de la carne te acosaba el ansia de
+perpetuarte, de dejar simiente tuya en la tierra; la vida de tu vida,
+como la vida de la vida de los hombres todos, fué eternizar la vida.
+Y como no lograste vencerte para dar tu vida perdiéndola en el amor,
+anhelaste perpetuarte en la memoria de las gentes. Mira, Caballero, que
+el ansia de inmortalidad no es sino la flor del ansia de linaje.
+
+¿No te llevó acaso a llenar tus ratos ociosos con la lectura de los
+libros de caballerías el no haber podido romper tu medrosa vergüenza
+para llenarlos con el amor y las caricias de aquella moza labradora
+del Toboso? ¿No es que buscaste en esas ahincadas lecturas lenitivo,
+a la vez que alimento, a la llama que te consumía? Sólo los amores
+desgraciados son fecundos en frutos del espíritu; sólo cuando se le
+cierra al amor su curso natural y corriente es cuando salta en surtidor
+al cielo; sólo la esterilidad temporal da fecundidad eterna. Y tu amor
+fué, Don Quijote mío, desgraciado por causa de tu insuperable y heroico
+encogimiento. Temiste acaso profanarlo confesándoselo a la misma que te
+lo encendía; temiste tal vez mancharlo primero y después malgastarlo y
+perderlo si lo llevabas a su cumplimiento vulgar y usado. Temblaste de
+matar en tus brazos la pureza de tu Aldonza, criada por sus padres en
+grandísimo recato y encerramiento.
+
+Y dime, ¿supo Aldonza Lorenzo de tus hazañas y proezas? De seguro que
+si de ellas supo algo le sirvió de solaz y de comidilla y palique en
+los seranos y en las solanas. ¡Sería de haber oído a Aldonza Lorenzo
+cuando en sus inviernos añosos, al amor de la lumbre del hogar, en
+el rolde de sus nietos, o en el serano de las comadres, contara las
+andanzas y aventuras de aquel pobre Alonso Quijano el Bueno, que salió
+lanza en ristre a enderezar entuertos, invocando a una tal Dulcinea
+del Toboso! ¿Recordaría entonces tus miradas a hurtadillas, heroico
+Caballero? ¿No se diría acaso, a solas y callandito, y en lo más
+adentro de sus adentros: «yo fuí, yo fuí la que le volví loco»?.
+
+No necesitas decírmelo, Don Quijote mío, porque comprendo lo que debe
+ser sacrificar ante un altar, sin que el dios que sobre él se yergue se
+entere siquiera del sacrificio. Te lo creo sin que me lo jures, te lo
+creo a pie juntillas, sí; te creo que cruzan el mundo Aldonzas Lorenzos
+que lanzan a inauditos heroísmos a Alonsos Quijanos y se mueren
+tranquilamente y en paz de conciencia sin haber conocido la maternidad
+que les cupo en los heroísmos tales.
+
+Grande es una pasión que rompe por todo y quebranta leyes y arrolla
+preceptos y desencadena torrencialmente su caudal perinchido, pero es
+más grande aún, cuando temerosa de enfangarse con las tierras que ha de
+arrastrar en su furiosa arremetida, se arremolina en sí y se condensa
+y se mete en sí misma, como queriendo tragarse a sí propia, luchando
+por deshacerse en su imposibilidad misma, y revienta hacia dentro y
+convierte en inmenso piélago el corazón. ¿No te sucedió esto?
+
+Y luego, ven más junto a mí, mi Don Quijote, y dímelo al oído del
+corazón; y luego, cuando la Gloria te ensalzaba ¿no suspiraste en tus
+entrañas por aquel inconfesado amor de tu madurez? ¿No la hubieras
+dado toda ella, a la gloria, por una mirada, no más que por una mirada
+de cariño de tu Aldonza Lorenzo? Si ella, pobre hidalgo, si ella se
+hubiese dado cata de tu amor, y compadecida te hubiese ido un día y te
+hubiese abierto los brazos y entreabierto la boca, llamándote con los
+ojos, si ella se te hubiese rendido, venciendo tu contención grandiosa
+y diciéndote: «te he adivinado, ven y no sufras» ¿hubieras buscado la
+inmortalidad del nombre y de la fama? Mas entonces ¿no se te habría
+disipado el encanto luego? Yo creo que ahora mismo, mientras te tiene
+apretada a su pecho tu Dulcinea, y lleva tu memoria de siglo en siglo,
+yo creo que ahora todavía te envuelve cierta melancólica pesadumbre al
+pensar que ya no puedes recibir en tu pecho el abrazo ni en tus labios
+el beso de Aldonza, ese beso que murió sin haber nacido, ese abrazo
+que se fué para siempre y sin haber nunca llegado, ese recuerdo de una
+esperanza en todo secreto y tan a solas y a calladas acariciada.
+
+¡Cuántos pobres mortales inmortales, cuyo recuerdo florece en la
+memoria de las gentes, darían esa inmortalidad del nombre y de la fama
+por un beso de toda la boca, no más que por un beso en que soñaron
+durante su vida mortal toda! ¡Volver a la vida aparencial y terrena,
+encontrarse de nuevo en el augusto instante que una vez ido ya no
+vuelve, quebrar el vergonzante miedo, trizar el tupido respeto o romper
+la ley y luego deshacerse para siempre en los brazos de la deseada!...
+
+Mientras Don Quijote hablaba a Vivaldo de Dulcinea del Toboso, entró
+Sancho, el buen Sancho, con la más maravillosa profesión de fe. Como
+Simón Pedro, que aun deseando plantar tiendas en lo alto del Tabor para
+pasarlo allí bien y sin penalidades, y aun negando al Maestro, fué
+quien con más ardor le creyó y le quiso, así Sancho a Don Quijote. Pues
+mientras todos los que oían la plática entre Vivaldo y el Caballero _y
+aun hasta los mismos pastores y cabreros conocieron la demasiada falta
+de juicio de nuestro Don Quijote, sólo Sancho Panza pensaba----nos
+dice Cervantes--que cuanto su amo decía era verdad, sabiendo él quién
+era y habiéndole conocido desde su nacimiento_. ¡Oh Sancho bueno,
+Sancho heroico, Sancho quijotesco! Tu fe te salvará. Pues mientras los
+menguados mercaderes toledanos pedían a Don Quijote, como los judíos a
+Jesús, señales para creer, un retrato de aquella señora aunque fuera
+_tamaño como un grano de trigo_, Sancho el heroico pensaba que era
+verdad cuanto su amo decía, sabiendo quién era Don Quijote y habiéndole
+conocido desde su nacimiento. Y las gentes ligeras no quieren ver,
+Sancho heroico, la grandeza de tu fe y la fortaleza de tu ánimo, y han
+dado en menospreciarte y calumniarte haciéndote padrón de lo que nunca
+fuiste. No quieren conocer que tu simpleza fué tan loca, tan heroica,
+como la locura de tu amo, pues que creíste en ésta. Y a lo más que
+llegan es a reprocharte de simple porque creías esas cosas. Mas que no
+lo eras, ni tu sublime fe una ceguera de embaucado, lo prueba el que
+dudando algo _en creer aquello de la linda Dulcinea del Toboso, porque
+nunca tal nombre ni tal princesa había llegado jamás a tu noticia
+aunque vivías tan cerca del Toboso_. La fe es algo que se conquista
+palmo a palmo y golpe tras golpe. Y tú, Sancho heroico, pues crees en
+tu amo y señor Don Quijote, llegarás a creer en su señora Dulcinea
+del Toboso, y ella te cogerá de la mano y te llevará por los campos
+perdurables.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XV
+
+ Donde se cuenta le desgraciada aventura que se topó Don Quijote con
+ topar con unos desalmados yangüeses.
+
+
+Terminado el episodio de Marcela, volvió Don Quijote a quedar solo
+con Sancho en los caminos del mundo. Determinado a ir en busca de la
+pastora Marcela y ofrecérsele se entró en el bosque donde ella entrara,
+y a las dos horas de andar buscándola dió en un apacible prado, donde
+comieron y descansaron los dos, amo y escudero.
+
+Suelto Rocinante, fuese a refocilar con unas jacas gallegas de unos
+arrieros yangüeses, jacas que le recibieron a coces y mordiscos y los
+arrieros remataron la suerte moliéndole a palos. Visto lo cual por Don
+Quijote y que no eran caballeros, sino _gente soez y de baja ralea_--el
+encontrarse apeado le curó de la ceguera de su locura--, demandó ayuda
+de Sancho, quien le hizo ver que no podían vengarse de más de veinte
+tan sólo dos y aun quizá uno y medio.
+
+_Yo valgo por ciento--replicó Don Quijote--, y sin hacer más discursos,
+echó mano a su espada y arremetió a los yangüeses y lo mismo hizo
+Sancho Panza incitado y movido del ejemplo de su amo._ En lo que no se
+sabe qué admirar más, si el heroísmo quijotesco bajo la fe de _yo valgo
+por ciento_ o el heroísmo sanchopancesco bajo la fe de que su amo valía
+por cien. La fe de Sancho en Don Quijote es aún más grande, si cabe,
+que la de su amo en sí mismo. _Yo valgo por ciento, y sin hacer más
+discursos, echó mano a su espada y arremetió._ Si crees que vales por
+ciento ¿para qué discursos? La fe verdadera no razona ni aun consigo
+misma.
+
+Los yangüeses, al verse tantos contra dos, dieron con ellos en tierra a
+estacazos, y así se acabó la aventura.
+
+ Vinieron loe sarracenos
+ y nos molieron a palos,
+ que Dios ayuda a los malos
+ cuando son más que los buenos.
+
+Y entonces pidió Sancho a su amo el bálsamo de Fierabrás y entonces
+pronunció Don Quijote aquellas tan profundas palabras de que él se
+tenía la culpa del percance y molimiento, por haber puesto mano a la
+espada contra hombres no armados caballeros como él y excitó a Sancho
+a que se tomase en casos tales la justicia por su mano. Con hombres no
+armados caballeros, con los que no lleven como tú encendida la lumbre
+del seso, sino que reciben luz de reflejo, con ésos no discutas jamás,
+lector. Di tu palabra y sigue tu camino dejando que la roan hasta el
+hueso.
+
+Y más profundo aún que su amo y señor estuvo Sancho al decir que era él
+hombre pacífico, manso y sosegado y sabía disimular cualquiera injuria,
+_porque tengo mujer e hijos que sustentar y criar_--dijo. ¡Oh sesudo
+y discretísimo Sancho! Y si supieras cuántos quedan aún que teniendo
+mujer e hijos que sustentar y criar se nos vienen con requilorios de
+honor y dignidad, que deben ser un lujo permitido a los ricos tan sólo,
+a aquéllos que tienen quienes sustenten y críen a su mujer e hijos y
+que acaso les hacen una merced con dejarlos huérfanos y viuda, pues que
+las gentes no menguan por ello. Tal fué, Sancho amigo, según dicen, que
+yo en esto me callo, el error de tu pueblo y es que no quiso comprender
+que el honor dura tanto cuanto dura el bolso lleno. En ese sublime y
+noble error estaba y sigue estando tu amo, que quiso entonces y allí,
+molido en tierra, sacarte de él y mostrarte que necesitabas valor para
+ofender y defenderte puesto que el día menos pensado te verías señor de
+una ínsula.
+
+La de Marruecos te ofrecen ahora, y te dan las razones que te daba tu
+amo. Entre las cuales las había de oro, como aquélla de las mudanzas
+de la fortuna. No hagas caso, pues, Sancho amigo, de eso de pueblos
+fuertes y pueblos moribundos, que el mundo da muchas vueltas y lo que
+te hace impropio para la manera de triunfar en privanza hoy, eso mismo
+te hará acaso mañana propiísimo para el modo venidero de triunfar. Tú
+eres paciente y de la paciencia es al cabo la victoria. Vale más tu
+paciencia que todo aquello que te decía tu amo de que salisteis de la
+pendencia con los yangüeses molidos pero no afrentados, _porque las
+armas que aquellos hombres traían y con que os machacaron no eran otras
+que sus estacas_.
+
+Dicen que dijo Felipe II al saber el vencimiento de su Armada
+Invencible que no la había mandado a luchar con los elementos, y la
+última vez que nos han molido a cañonazos una armada, te dijeron
+también, Sancho amigo, que nos venció no el valor, sino la ciencia y
+la riqueza. Pero tú te ríes de cuentos, oyes, callas y aguardas. Sigue
+aguardando, que en aguardar siempre está tu fortaleza. A ti no te dió
+pena el pensar si fué o no afrenta lo de los estacazos, sino el dolor
+de los golpes, y en eso ibas muy bien encaminado, porque el dolor de
+los golpes se pasa, pero el de la afrenta no, y quien hace pasajeros
+los dolores los ha vencido ya con hacerlos tales. Si bien, como te
+dijo tu amo, _no hay memoria a quien el tiempo no acabe, ni dolor que
+la muerte no le consuma_ y ésta es fuente de fortaleza, por serlo de
+paciencia y de consuelo.
+
+Tras estas y otras pláticas acomodó Sancho a Don Quijote sobre el asno
+y reanudaron camino, hasta llegar a una venta.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XVI
+
+De lo que le sucedió al ingenioso hidalgo en la venta que él imaginaba
+ ser castillo.
+
+
+Volvió a encontrar Don Quijote mujeres que hicieron con él oficio de
+mujer, mujeres compasivas y piadosas, pues entre la ventera, su hija y
+Maritornes le hicieron una muy mala cama en que se acostó luego que le
+hubieron emplastado de arriba abajo. Agradeciólo Don Quijote haciendo
+a la ventera _fermosa señora_ y a la venta castillo, con lo que las
+mujeres se maravillaron pareciéndoles otro hombre que los que se usan,
+y no les faltaba razón en parecerles así.
+
+Entonces es cuando dió Don Quijote en esperar a la hija del señor
+del castillo, repentinamente enamorada de él, y fué cuando al acudir
+Maritornes a saciar la carne al carnal arriero, se encontró con el
+espiritual Caballero, que le endilgó un ingenioso discurso de disculpa,
+mostrándole ante todo que estaba tan molido y quebrantado que aunque
+de su voluntad quisiera satisfacer a la de ella, le sería imposible,
+y luego la fe prometida a la sin par Dulcinea del Toboso, que si esas
+dos cosas no hubiera de por medio, el no poder contentarla y lo otro,
+no fuera tan sandio caballero que dejara pasar tan venturosa ocasión en
+blanco.
+
+Esto es fina virtud y continencia de mérito, y lo demás tontería. Y
+tuvo esa virtud, como es natural, su recompensa, cual fué los puñetazos
+y pisotones que arreó a Don Quijote el bruto del arriero, que de puro
+rijoso ardía en chispas. Y acudió el ventero al ruido y se armó aquella
+tremolina de puñetazos que Cervantes cuenta.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XVII
+
+Donde se prosiguen los innumerables trabajos que el bravo Don Quijote y
+su buen escudero Sancho Panza pasaron en la venta, que por su mal pensó
+ que era castillo.
+
+
+Cosas de encantamiento, de las que no hay para qué tomar cólera ni
+enojo, _que como son invisibles y fantásticas, no hallaremos de quien
+vengarnos aunque más lo procuremos_. ¡Y cómo llegaste, oh maravilloso
+Caballero, al hondón de la sabiduría, que consiste en tomar por
+invisibles y fantásticas las cosas de este mundo, y así, en virtud de
+tal tomadura, no enojarse por ellas!
+
+Porque ¿qué sino _mano pegada a algún brazo de algún descomunal
+gigante_ pudo ser aquello que a deshora y cuando más en tu coloquio
+estabas vino a asentarte una puñada en las quijadas? Cosas son de otro
+mundo y recuerda si no cómo estando durmiendo una noche Iñigo de Loyola
+«le quiso el demonio ahogar el año de 1541--como en el capítulo IX del
+libro V de su VIDA se nos cuenta--y fué así que sintió como una mano
+de hombre que le apretaba la garganta y que no le dejaba resollar ni
+invocar el Nombre Santísimo de Jesús», y aquello otro que contó el
+hermano Juan Paulo al P. Rivadeneira, según éste en el mismo capítulo
+nos lo cuenta, de cuando «durmiendo una noche como solía junto al
+aposento de Loyola, y habiéndose despertado a deshora, oyó un ruido
+como de azotes y golpes que le daban al Padre, y al mismo Padre como
+quien gemía y suspiraba. Levantóse luego y fuese a él, hallóle sentado
+en la cama, abrazado con la manta, y díjole: ¿Qué es esto, Padre, que
+veo y oigo? Al cual respondió: ¿Y qué es lo que habéis oído? Y como se
+lo dijese, díjole el Padre: Andad, idos a dormir».
+
+Cosas son de otro mundo, y para curar sus efectos basta el bálsamo de
+Fierabrás. Sólo que no obra maravillosamente sino en los caballeros, y
+bien se vió en lo que le ocurrió con él a Sancho.
+
+A poco de esto aconteció lo de convencerse Don Quijote de que
+estaba en venta y no en castillo, a una sola palabra del ventero,
+en que vuelve a verse, una vez más, cuán cuerdo era en su locura.
+Mas aun así, negóse muy caballerescamente a pagar, lo cual le valió
+a Sancho un manteamiento. Acabado el cual le dió de beber vino la
+piadosa Maritornes, Dios se lo pague, pues era la generosidad y el
+desprendimiento mismos. Ella amó mucho, si bien a su manera, como
+todos, y por eso le serán perdonados sus refocilamientos con arrieros,
+ya que lo hacía de puro blanda de corazón.
+
+Creed que la dadivosa moza asturiana, más buscaba dar placer que no
+recibirlo, y si se entregaba era, como a no pocas Maritornes les
+sucede, por no ver penar y consumirse a los hombres. Quería purificar
+a los arrieros de los torpes deseos que les emporcaban la imaginación
+y dejarlos limpios para el trabajo. _Presumía muy de hidalga_--dice
+Cervantes--y por hidalguía concertó ir a refocilarse con el arriero, _y
+satisfacerle el gusto en cuanto le mandase_, no tomarlo. Ella
+
+ dar quería
+ o que des para darse a natureza
+
+aunque no hubiese leído a Camoens, de cuyos LUSIADAS es esta filosófica
+sentencia (IX, 76). Y por este sencillo desprendimiento, tan sin
+rebuscas de vicio como sin melindres de inocencia, se ha inmortalizado
+la moza asturiana. Vivía ella allende la inocencia y la malicia que de
+la pérdida de ella nace.
+
+Creed que hay pocos pasajes más castos. Maritornes no es una moza del
+partido que por no trabajar o por ajenas culpas comercia con su cuerpo,
+ni es una pervertidora que embruja a los hombres encendiéndoles los
+deseos para apartarles de su ruta y distraerles de su labor; es pura
+y sencillamente la criada de un mesón que trabaja y sirve, y alivia
+las gravezas y remedia los aprietos de los viandantes, quitándoles un
+peso de encima para que puedan reanudar, más desembarazados, su camino.
+No enciende deseos, sino que apaga los que otras, menos desprendidas,
+o el sobrante de la vida carnal habían encendido. Y creed que siendo
+pecaminoso esto, lo es mucho más encender deseos adrede, con ánimo de
+encenderlos, como hace la coqueta, para no apagarlos, que apagar los
+que encendió otra. No peca Maritornes ni por ociosidad y codicia, ni
+por lujuria; es decir, apenas peca. Ni trata de vivir sin trabajar ni
+trata de seducir a los hombres. Hay un fondo de pureza en su grosera
+impureza.
+
+Fué buena con Sancho, que salió de la venta muy contento por no haber
+pagado.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XVIII
+
+ Donde se cuentan las razones que pasó Sancho Panza con su señor Don
+ Quijote, con otras aventuras dignas de ser contadas.
+
+
+Y volvió Don Quijote al manadero de toda fortaleza, cual es el de
+tomar a los hombres que mantean y aporrean por _fantasmas y gente del
+otro mundo_. No te enojes por lo que pueda acaecerte en este mundo
+aparencial; espera al sustancial o acógete a él, en el hondón de tu
+locura. Ésa es la fe honda y verdadera. La cual flaqueó en Sancho, que
+por haber oído nombrar con nombres a los manteadores, los tomó por
+hombres de carne y hueso, y esto le bastó para pedir a su amo volverse
+al lugar entonces que era tiempo de la siega.
+
+Acudió su amo a confortarle en la fe, a lo que él oponía lo que por sus
+ojos había visto y en sus costillas sentido, pero le habló Don Quijote
+de Amadís y el escudero se aquietó. E hiciste bien, Sancho, pues te has
+de convencer de que cuando nos injurian o escarnecen o mantean con sólo
+pensar que no son sino fantasmas los manteadores, se nos derrite el
+rencor y estamos al cabo de cura. Acuérdate de que tus enemigos se han
+de morir.
+
+Y entonces dieron con la aventura de las dos manadas de ovejas, que
+tomó Don Quijote por dos ejércitos, y los describió tan puntualmente
+como quien lleva dentro de sí un mundo verdadero. Y el bueno de Sancho,
+sumergido en el otro mundo, en el aparencial, en el de los manteadores
+de carne y hueso, nada vió, _quizá_ por encantamiento. ¡Oh Sancho
+admirable, y qué caudal de fe encierra ese tu _quizá_! Por un quizá
+empieza la fe que salva; quien duda de lo que ve, una miajica tan sólo
+que sea, acaba por creer lo que no ve ni vió jamás. Tú, Sancho, no oías
+sino balidos de ovejas y carneros, pero bien te dijo tu amo: _El miedo
+que tienes te hace, Sancho, que ni veas ni oyas a derechas_.
+
+El miedo, sí, y sólo el miedo a la muerte y a la vida nos hace no ver
+ni oir a derechas, esto es, no ver ni oir hacia dentro en el mundo
+sustancial de la fe. El miedo nos tapa la verdad, y el miedo mismo,
+cuando se adensa en congoja, nos la revela.
+
+Mandó Don Quijote a Sancho que se retirase, pues el que sólo ve con
+los ojos de la carne, antes estorba que sirve en aventuras, y sin
+hacer caso de las voces del sentido terrenal, acometió al ejército
+de Alifanfarón de Trapobana. Y allí alanceó a su sabor corderos
+como Pizarro y los suyos alancearon en el corral de Cajamarca a los
+servidores del inca Atahualpa, que ni siquiera se defendían. Mas no
+así los pastores de los trapobanenses, que molieron a Don Quijote a
+pedradas, derribándole del caballo.
+
+Con ello volvió a tocar tierra con su cuerpo todo el Caballero, para
+recobrar como Anteo, fuerzas a su toque. Y estando en tierra llegó la
+voz del sentido común, por boca de Sancho, a reprenderle, pues eran
+ovejas, mas él supo oponer su fe a los encantamientos del maligno que
+le perseguía. Y consoló a Sancho, cuya fe flaqueaba de nuevo, con
+palabras evangélicas.
+
+Y luego les avino la aventura del cuerpo muerto, cuyo mérito consistió
+en que habiendo la fantástica visión empezado por erizarle los cabellos
+de la cabeza a Don Quijote, supo éste vencer su miedo a lo fantástico,
+él, que no lo tenía a lo real, y en premio de tal victoria puso en fuga
+a los encamisados, que tomaron a Don Quijote por diablo del infierno.
+A los fantásticos con lo fantástico se les vence; con el miedo a los
+amedrentadores. Y el miedo mismo llega a un punto en que si no mata a
+su presa, se realza y se convierte, pasando por congoja, en valor.
+
+Fué entonces, en medio de la fantástica aventura, cuando puso Sancho a
+Don Quijote el título de _El caballero de la triste figura_.
+
+Y después se entraron por un valle donde les ocurrió la aventura de los
+batanes, intentada por Don Quijote para morir haciéndose digno de poder
+llamarse de su señora Dulcinea, de la Gloria. Y a Sancho, su quebradiza
+fe le puso en la boca palabras conmovedoras para apartar de su empeño
+a su amo, y como no bastasen las palabras, acudió a la industria de
+trabar las patas a Rocinante. Y pasó todo lo demás que Cervantes
+nos cuenta, hasta que amaneció y vieron la causa de los temerosos
+ruidos, y Sancho se burló de su amo, que le asestó por ello dos palos,
+acompañándolos de las profundas palabras de _porque os burláis no me
+burlo yo_.
+
+_Venid acá, señor alegre ¿paréceos a vos que si como éstos fueron mazos
+de batán fueran otra peligrosa aventura, no había yo mostrado el ánimo
+que convenía para emprendella y acaballa? ¿Estoy yo obligado a dicha,
+siendo como soy caballero, a conocer y distinguir los sones, y saber
+cuáles son de batanes o no?_
+
+La cosa está bien clara. Para enderezar entuertos y resucitar la
+caballería y asentar el bien en la tierra, no es menester distinguir
+de sones y saber cuáles son de batanes o no. Tal distinción no es cosa
+que toque al heroísmo, ni los más de los conocimientos que por ahí se
+enseñan añaden un ardite a la suma de bien que haya en el mundo. El
+caballero harto tiene con atender y oir a su corazón y distinguir los
+sones de éste.
+
+Esta doctrina quijotesca hay que predicarla ahora en que el
+sanchopancismo no hace sino repetirnos que lo esencial es aprender a
+distinguir los sones y saber cuáles son de batanes o no, sin advertir
+que mientras es de noche y le dura el miedo, tampoco Sancho los
+distingue, y eso que los oye y no hace falta verlos. Sancho necesita,
+para tener serenidad y atreverse a burlas, ver la causa que produce
+los sones, verla; Sancho, que de noche no se atreve a apartarse de
+su amo por miedo a los temerosos sones y por miedo no los distingue,
+búrlase de él cuando ve el artefacto que los produce. Así es con el
+sanchopancismo que llaman ya positivismo, ya naturalismo, ya empirismo,
+y es que ha sido que pasado el miedo, se burla del idealismo quijotesco.
+
+¿Por qué había de conocer Don Quijote, siendo como era caballero, los
+sones? _Y más que podría ser, como es verdad_--añadió--, _que no los
+he visto en mi vida, como vos los habréis visto, como villano ruin
+que sois, criado y nacido entre ellos; sino, haced vos que estos seis
+mazos se vuelvan en seis jayanes, y echádmelos a las barbas uno a uno,
+o todos juntos, y cuando yo no diere con todos patas arriba, haced de
+mí la burla que quisiéredes_. ¡Admirables razones! En lo esforzado del
+propósito y no en lo puntual del conocimiento, está el héroe.
+
+Mas la verdad es que conviene acompañe Sancho a Don Quijote y no se
+aparté de él. Sancho, como villano ruin que es, criado y nacido entre
+batanes, en cuanto llega la noche y no los ve y oye sus temerosos
+sones, tiembla de miedo como un azogado y se arrima a Don Quijote y
+para que no se le vaya le traba las patas a Rocinante, con lo que el
+Caballero no se puede mover y se libra acaso de una muerte cierta entre
+los batanes, pero luego que se hace de día ¿por qué ha de burlarse del
+que le amparó en su congoja, y le dejó llegar a la luz del día, pues
+acaso sin él habríase muerto de miedo, o el miedo le habría arrojado
+en los batanes, más que su valor a su amo? Si inspiraciones del
+corazón y fe en lo eterno nos sacaron de las congojas de la noche de
+la superstición y del miedo a lo desconocido ¿por qué cuando la luz de
+la experiencia luce hemos de burlarnos de aquellas inspiraciones y de
+aquella fe? Y tanto más cuanto que volveremos a necesitarlas, pues si
+a la noche se sucede el día, vuelve nueva noche tras este nuevo día, y
+así entre luz y tinieblas vamos viviendo y marchando a un término que
+no es ni tinieblas ni luz, sino algo en que ambas se aunan y confunden,
+algo en que se funden corazón y cabeza y en que se hacen uno Don
+Quijote y Sancho.
+
+Hoy Sancho distingue de sones y sabe cuáles son de batanes y cuáles
+no, siempre que sea de día y vea los mazos que los producen, pero de
+noche tiembla de miedo y nunca se atreve con seis jayanes, ni uno a uno
+ni con todos juntos, y hoy Don Quijote se atreve con los jayanes y no
+tiembla ni de noche ni de día, pero no distingue de sones y cuáles son
+de batanes y cuáles no. Día llegará en que fundidos en uno, o mejor,
+quijotizado Sancho antes que sanchizado Don Quijote, no tenga aquél
+miedo y distinga de sones lo mismo de noche que de día y se atreva con
+batanes y con jayanes. Pero es mal camino para llegar a ello burlarse
+del Caballero y creer que todo estriba en distinguir de sones. No, no
+es la ciencia sola, por alta y honda, la redentora de la vida.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XXI
+
+ Que trata de la alta aventura y rica ganancia del yelmo de Mambrino,
+ con otras cosas sucedidas a nuestro invencible Caballero.
+
+
+Tras esto cobró Don Quijote el yelmo de Mambrino, y Sancho, como
+despojo de la victoria, trocó los aparejos de su asno por los del asno
+del barbero, mejor repuesto que el suyo, _y almorzaron de las sobras
+del real que del acémila despojaron_. Y luego _se pusieron a caminar
+por donde la voluntad de Rocinante quiso, que se llevaba tras sí la de
+su amo y aun la del asno_, y de camino se quejó Sancho de cuán poco
+se ganaba con aquellas aventuras. Y departiendo mostró haber calado
+la raíz del heroísmo de su amo cuando le pidió salieran de aquellas
+aventuras _donde ya que se venzan y acaben las más peligrosas, no hay
+quien las vea ni las sepa y así se han de quedar en perpetuo silencio y
+en perjuicio de la intención de vuestra merced_--dijo--, y se pusieran
+a servicio de algún emperador donde no faltaría quien pusiera _en
+escrito las hazañas_ de Don Quijote, _para perpetua memoria_. Y añadió,
+tocado ya de la locura de su amo: _de las mías no digo nada, pues no
+han de salir de los límites escuderiles; aunque sé decir que si se usa
+en la caballería escribir hazañas de escuderos, que no pienso que se
+han de quedar las mías entre renglones_.
+
+¿Qué es eso, Sancho? ¿Estás pensando también tú en dejar eterno nombre
+y fama? ¿Andas también enamorado, aunque sin saberlo, de Dulcinea?
+Tú no has tenido Aldonza Lorenzo que te encienda el amor a la
+inmortalidad, tú no has tenido amores de los que no se confiesan o no
+pueden confesarse, tú al llegar a edad y considerando que no está bien
+que el hombre esté solo, tomaste de mano del cura a Juana Gutiérrez por
+compañera de tus faenas y para madre de tus hijos, pero andas con Don
+Quijote, dejaste por él mujer e hijos, y te estás enquijotando ya.
+
+En esta plática, y al explicar Don Quijote cómo podría llegar a
+casarse con hija de rey, dijo: _sólo falta ahora mirar qué rey de los
+cristianos o de los paganos tenga guerra y tenga hija hermosa; pero
+tiempo habrá para pensar esto, pues como te tengo dicho primero se
+ha de cobrar fama por todas partes, que se acuda a la corte_, en que
+parece que la fama no la quiere para fin, sino como medio, a pesar de
+lo cual puede y debe asegurarse que no habría dejado Don Quijote a
+Dulcinea por ninguna hija de rey, por hermosa que ella fuese y poderoso
+y rico su padre. Y continuando el hidalgo mostró dudas de que el rey le
+quisiese tomar por yerno, visto que no era de linaje de reyes o _por lo
+menos primo segundo de emperador_, temiendo perder por semejante falta
+lo que su brazo tendría bien merecido. _Bien es verdad_--añadió--_que
+yo soy hijodalgo de solar conocido, de posesión y propiedad, y de
+devengar quinientos sueldos; y podría ser que el sabio que escribiese
+mi historia deslindase de tal manera mi parentela y descendencia que
+me hallase quinto o sexto nieto de rey_, y a seguida de esto explicó a
+Sancho lo de las dos maneras de linajes que hay en el mundo: los que
+fueron y ya no son y los que son ya y no fueron.
+
+Y aquí encaja lo que dijo aquel capitán de que habla el Dr. Huarte,
+en el cap. XVI de su EXAMEN DE INGENIOS y decía: «Señor, bien sé que
+vuestra señoría es muy buen caballero y que vuestros padres lo fueron
+también; pero yo y mi brazo derecho, a quien ahora reconozco por padre,
+somos mejores que vos y todo vuestro linaje». Razón que hace alguna vez
+suya Don Quijote, declarándose hijo de sus obras.
+
+Y así es; que mi humanidad empieza en mí y debe cada uno de nosotros
+más que pensar en que es descendiente de sus abuelos y estanque a que
+han venido acaso a juntarse tantas y tan diversas aguas, en que es
+ascendiente de sus nietos y fuente de los arroyos y ríos que de él han
+de brotar al porvenir. Miremos más que somos padres de nuestro porvenir
+que no hijos de nuestro pasado, y en todo caso nodos en que se recogen
+las fuerzas todas de lo que fué para irradiar a lo que será, y en
+cuanto al linaje todos nietos de reyes destronados.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XXII
+
+ De la libertad que dió Don Quijote a muchos desdichados que mal de su
+ grado los llevaban donde no querían ir.
+
+
+Iban en esas y otras pláticas, cuando se le presentó a Don Quijote una
+de sus más grandes aventuras, si es que no la mayor de todas ellas,
+cual fué la de libertar a los galeotes. Que iban presos _de por fuerza
+y no de su voluntad_, y esto le bastó a Don Quijote.
+
+Inquirió sus delitos, y de todo cuanto le dijeron sacó en limpio
+que aunque les habían castigado por sus culpas, las penas que iban
+a padecer no les daban mucho gusto, y que iban a ellas muy de mala
+gana, muy contra su voluntad y acaso injustamente. Por lo cual decidió
+favorecerles, como a menesterosos y opresos de los mayores, pues
+_parece duro caso hacer esclavos a los que Dios y la naturaleza hizo
+libres; cuanto más, señores guardas_--añadió Don Quijote--, _que estos
+pobres no han cometido nada contra vosotros; allá se lo haya cada uno
+con su pecado; Dios hay en el cielo que no se descuida de castigar al
+malo ni de premiar al bueno, y no es bien que los hombres honrados sean
+verdugos de los otros hombres no yéndoles nada en ello_, y así pidió
+con mansedumbre que los soltaran. No lo quisieron hacer a buenas y
+arremetió a malas contra ellos Don Quijote, quien ayudado por Sancho y
+los galeotes mismos, logró librarlos.
+
+Hay que pararse a considerar el ánimo esforzado y justiciero que en
+esta aventura mostró el hidalgo. Mi infortunado amigo Ángel Ganivet,
+gran quijotista--lo cual es decir una cosa muy diferente y hasta
+opuesta a eso que suele llamarse cervantista--, el infortunado Ganivet,
+en su IDEARIUM ESPAÑOL, atañedero, a esto dice:
+
+«El entendimiento que más hondo ha penetrado en el alma de nuestra
+nación, Cervantes... en su libro inmortal, separó en absoluto la
+justicia española de la justicia vulgar de los Códigos y Tribunales;
+la primera la encarnó en Don Quijote y la segunda en Sancho Panza. Los
+únicos fallos judiciales moderados, prudentes y equilibrados que en el
+Quijote se contienen son los que Sancho dictó durante el gobierno de su
+ínsula; en cambio los de Don Quijote son aparentemente absurdos, por
+lo mismo que son de justicia trascendental; unas veces peca por carta
+de más y otras por carta de menos; todas sus aventuras se enderezan
+a mantener la justicia ideal en el mundo, y en cuanto topa con la
+cuerda de galeotes y ve que allí hay criminales efectivos, se apresura
+a ponerlos en libertad. Las razones que Don Quijote da para libertar
+a los condenados a galeras son un compendio de las que alimentan la
+rebelión del espíritu español contra la justicia positiva. Hay, sí,
+que luchar por que la justicia impere en el mundo; pero no hay derecho
+estricto a castigar a un culpable mientras otros se escapan por las
+rendijas de la ley; que al fin la impunidad general se conforma con
+aspiraciones nobles y generosas, aunque contrarias a la vida regular
+de las sociedades, en tanto que el castigo de los unos y la impunidad
+de los otros son un escarnio de los principios de justicia y de los
+sentimientos de humanidad a la vez». Hasta aquí Ganivet.
+
+De deplorar es el que espíritu tan inventivo como el de nuestro
+granadino creyera, conforme al común sentir, que Cervantes encarnó
+cosa alguna en Don Quijote, y no llegara a la fe, fe salvadora, de que
+la historia del ingenioso hidalgo fué, como en realidad lo fué, una
+historia real y verdadera, y además eterna, pues se está realizando de
+continuo en cada uno de sus creyentes. No es que Cervantes quisiera
+encarnar en Don Quijote la justicia española, sino que lo encontró
+así en la vida del Caballero, y no tuvo otro remedio sino narrárnoslo
+cual y como sucedió, aun sin alcanzársele todo su alcance. Ni aun vió
+siquiera el íntimo contraste que surge del hecho de que fuese Don
+Quijote el castigador de los mercaderes toledanos, del vizcaíno y de
+tantos otros más, el mismo que negaba a otros derecho a castigar.
+
+Quédase Ganivet en los umbrales del quijotismo al suponer que la
+justicia hecha por Don Quijote en los galeotes se fundara en que «no
+hay derecho estricto a castigar a un culpable mientras otros se escapan
+por las rendijas de la ley» y que es preferible la impunidad de todos
+a la ley del embudo. Podría, en efecto, sostenerse que por tal razón
+se movió Don Quijote a libertar a los galeotes sobre el fundamento de
+haber dicho el mismo Caballero, en la arenga enderezada a los cabreros,
+y al hablar del siglo de oro, que _la ley del encaje aún no se había
+sentado en el entendimiento del juez, porque entonces no había qué
+juzgar ni quién fuese juzgado_. Mas aunque el mismo Don Quijote se
+engañara creyendo que fué ésta la razón de haber él dado libertad a
+aquellos desgraciados, es lo cierto que en lo más hondo de su corazón
+arraigaba tal hazaña. Y no os debe sorprender esto, lectores, ni debéis
+caer en la simpleza de tomarlo a paradoja, porque no es quien lleva a
+cabo una hazaña el que mejor conoce los motivos por que la cumplió,
+ni suelen ser las razones que en abono y justificación de nuestra
+conducta damos, sino razones _a posteriori_, o para hablar en romance,
+de trasmano, manera que buscamos para explicarnos a nosotros mismos
+y explicar a los demás el porqué de nuestros actos, quedándosenos de
+ordinario desconocido el verdadero porqué. No niego que Don Quijote
+creyera, con Ganivet y acaso con Cervantes, que libertó a los galeotes
+por horror a la ley del encaje y por parecerle injusto castigar a unos
+mientras se escapan otros por las rendijas de la ley, pero niego que
+les libertara movido en realidad, y allá en sus adentros, por semejante
+consideración. Y si así no fuera ¿con qué razón y derecho castigaba él,
+Don Quijote como castigaba, sabiendo que escaparían los más del rigor
+de su brazo? ¿Por qué castigaba Don Quijote si no hay castigo humano
+que sea absolutamente justo?
+
+Don Quijote castigaba, es cierto, pero castigaba como castigan Dios y
+la naturaleza, inmediatamente, cual en naturalísima consecuencia del
+pecado. Así castigó a los arrieros que fueron a tocar sus armas cuando
+las velaba, alzando la lanza a dos manos, dándoles con ella en la
+cabeza y derribándolos para tornar a pasearse con el mismo reposo que
+primero, sin cuidarse más de ello; así amenazó a Juan Haldudo el rico,
+pero soltándolo bajo su palabra de pagar a Andrés; así arremetió a los
+mercaderes toledanos, no bien los oyó blasfemar contra Dulcinea; así
+venció a D. Sancho de Azpeitia, soltándolo bajo promesa de las damas de
+que iría a presentarse a Dulcinea; así arremetió a los yangüeses, al
+ver cómo maltrataban a Rocinante. Su justicia era rápida y ejecutiva;
+sentencia y castigo eran para él una misma cosa; conseguido enderezar
+el entuerto, no se ensañaba en el culpable. Y a nadie intentó
+esclavizar nunca.
+
+Bien habría estado que al prender a cada uno de aquellos galeotes se
+les hubiera dado una tanda de palos, pero... ¿llevarlos a galeras?
+_Parece duro caso_--como dijo el Caballero--_hacer esclavos a los que
+Dios y la naturaleza hizo libres_. Y añadió más adelante: _allá se lo
+haya cada uno con su pecado; Dios hay en el cielo que no se descuida de
+castigar al malo ni de premiar al bueno, y no es bien que los hombres
+honrados sean verdugos de los otros hombres no yéndoles nada en ello_.
+
+Los guardas que llevaban a los galeotes los llevaban fríamente, por
+oficio, en virtud de mandamiento de quien acaso no conociera a los
+culpables, y los llevaban a cautiverio. Y el castigo, cuando de natural
+respuesta a la culpa, de rápido reflejo a la ofensa recibida, se
+convierte en aplicación de justicia abstracta, se hace algo odioso a
+todo corazón bien nacido. Nos hablan las Escrituras de la cólera de
+Dios y de los castigos inmediatos y terribles que fulminaba sobre los
+quebrantadores de su pacto, pero un cautiverio eterno, un penar sin fin
+basado en fríos argumentos teológicos sobre la infinitud de la ofensa
+y la necesidad de satisfacción inacabable, es un principio que repugna
+al cristianismo quijotesco. Bien está hacer seguir a la culpa su
+natural consecuencia, el golpe de la cólera de Dios o de la cólera de
+la naturaleza, pero la última y definitiva justicia es el perdón. Dios,
+la naturaleza y Don Quijote castigan para perdonar. Castigo que no va
+seguido de perdón, ni se endereza a otorgarlo al cabo, no es castigo,
+sino ocioso ensañamiento.
+
+Mas se dirá: pues si se ha de perdonar ¿para qué el castigo? ¿Para
+qué, preguntas? Para que el perdón no sea gratuito y pierda así
+todo mérito; para que gane valor costando adquirirlo, teniendo que
+comprarlo con sufrir castigo; para que el delincuente se ponga en
+estado de recibir el fruto, el beneficio del perdón, borrado por el
+castigo el remordimiento que se lo impediría. El castigo satisface al
+ofensor, no al ofendido, y hasta le repugna a aquél el perdón gratuito,
+apareciéndosele como la más quintesenciada forma de la venganza, como
+flor de desdén. El perdón gratuito es un perdón que se echa como
+de limosna. Los débiles se vengan perdonando, sin haber castigado.
+Agradecemos más el abrazo, si es cordial, después de la bofetada con
+que a nuestra provocación se responde.
+
+Cuando un hombre se siente ofendido, vese empujado a venganza, pero
+luego que se vengó, si es bien nacido y noble, perdona. De ese
+sentimiento de venganza brotó la llamada justicia, intelectualizándolo,
+y muy lejos de ennoblecerse con ello, se envileció. El bofetón que
+suelta uno al que le insulta es más humano, y por ser más humano, más
+noble y más puro que la aplicación de cualquier artículo del código
+penal.
+
+El fin de la justicia es el perdón y en nuestro tránsito a la vida
+venidera, en las ansias de la agonía, a solas con nuestro Dios, se
+cumple el misterio del perdón para los hombres todos. Con la pena de
+vivir y las penas a ella consiguientes se pagan las fechorías todas que
+en la vida se hubieren cometido; con la angustia de tener que morirse
+se acaba de satisfacer por ellas. Y Dios, que hizo al hombre libre, no
+puede condenarle a perpetuo cautiverio.
+
+_Allá se lo haya cada uno con su pecado; Dios hay en el cielo que no se
+descuida de castigar al malo ni de premiar al bueno._ Aquí Don Quijote
+remite el castigo a Dios, sin decirnos cómo creía él que Dios castiga,
+pero no pudo creer, por mucha que su ortodoxia fuese, en castigos
+inacabables, y no creyó en ellos. Hay que remitir, sí, a Dios el
+castigar, pero no haciéndole ministro de nuestras justicias, como tanto
+se acostumbra, cuando somos nosotros los que deberíamos ser ministros
+de la suya. ¿Quién es el mortal que osa pronunciar en nombre de Dios
+sentencias, dejando a Dios el ejecutarlas? ¿Quién es el que así hace a
+Dios ministro suyo? El que cree estar diciendo: «en nombre de Dios te
+condeno», lo que en realidad está queriendo decir es esto otro: «Dios,
+en mi nombre, te condena». Mirad bien que los que se arrogan ministerio
+especial de Dios es en el fondo que pretenden que Dios les ministre a
+ellos. Don Quijote no; Don Quijote que se creía ministro de Dios en
+la tierra y brazo por quien se ejecuta en ella su justicia, pero como
+lo somos todos, Don Quijote le dejaba a Dios el juzgar de quién fuera
+bueno y quién malo y merced a qué castigo habría que perdonar a éste.
+
+Mi fe en Don Quijote me enseña que tal fué su íntimo sentimiento, y si
+no nos lo revela Cervantes es porque no estaba capacitado para penetrar
+en él. No por haber sido su evangelista, hemos de suponer fuera quien
+más adentró en su espíritu. Baste que nos haya conservado el relato de
+su vida y hazañas.
+
+_No es bien que los hombres honrados sean verdugos de los otros
+hombres, no yéndoles en ello nada._ Don Quijote, como el pueblo de que
+es la flor, mira con malos ojos al verdugo y a todo ministro y ejecutor
+de justicia. Santo y bueno que se tome uno la justicia por su mano,
+pues le abona un natural instinto, pero ser verdugo de otros hombres
+para ganarse así el pan sirviendo a la odiosa justicia abstracta, no es
+bien. Pues la justicia es impersonal y abstracta, castigue impersonal y
+abstractamente.
+
+Ya os veo aquí, lectores timoratos, llevaros las manos a la cabeza y os
+oigo exclamar: ¡qué atrocidades! Y luego habláis de orden social y de
+seguridad y de otras monsergas por el estilo. Y yo os digo que si se
+soltase a los galeotes todos no por eso andaría más revuelto el mundo,
+y si los hombres todos cobraran robusta fe en su última salvación,
+en que al cabo todos hemos de ser perdonados y admitidos al goce del
+Señor, que para ello nos crió libres, seríamos todos mejores.
+
+Bien sé que en contra de esto me argüiréis con el ejemplo mismo de los
+galeotes y de cómo le pagaron a Don Quijote la libertad que les había
+devuelto. Pues no bien los vió sueltos, los llamó y diciéndoles que _de
+gente bien nacida es agradecer los beneficios que reciben, y uno de
+los pecados que más a Dios ofenden es la ingratitud_, les mandó fuesen
+cargados de la cadena a presentarse ante la señora Dulcinea del Toboso.
+Los desdichados, llenos de miedo no fuese les prendiera de nuevo la
+Santa Hermandad, respondieron por boca de Ginés de Pasamonte, que no
+podían cumplir lo que Don Quijote les pedía, y se lo mudase en alguna
+cantidad de avemarías y credos. Irritó al Caballero, que era pronto a
+la cólera, el desenfado de Pasamonte, y le reprendió. Y entonces hizo
+éste del ojo a sus compañeros y _apartándose aparte comenzaron a llover
+tantas y tantas piedras sobre Don Quijote... que dieron con él en el
+suelo_. Y una vez en tierra, le golpeó uno y le quitaron la ropilla y a
+Sancho el gabán.
+
+Lo cual debe enseñamos a libertar galeotes precisamente porque no nos
+lo han de agradecer, que de contar de antemano con su agradecimiento,
+nuestra hazaña carecería de valor. Si no hiciéramos beneficios sino
+por las gratitudes que de ellos habríamos de recoger ¿para qué nos
+servirían en la eternidad? Debe hacerse el bien no sólo a pesar de que
+no nos lo han de corresponder en el mundo, sino precisamente porque no
+han de correspondérnoslo. El valor infinito de las buenas obras estriba
+en que no tienen pago adecuado en la vida, y así rebosan de ella. La
+vida es un bien muy pobre para los bienes que en ella cabe ejercer.
+
+Pero viene aquí un pasaje tan triste como hermoso, pues mostrándonos
+una carnal flaqueza del Caballero, nos muestra que era de carne y hueso
+como nosotros, y como nosotros sujeto a las miserias humanas.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XXIII
+
+De lo que aconteció al famoso Don Quijote en Sierra Morena, que fué una
+ de las más raras aventuras que en esta verdadera historia se cuentan.
+
+
+Y fué cuando, viéndose tan malparado, dijo a su escudero: _siempre,
+Sancho, lo he oído decir, que el hacer bien a villanos es echar agua
+en la mar: si yo hubiera creído lo que me dijiste, yo hubiera excusado
+esta pesadumbre; pero ya está hecho, paciencia y escarmentar para desde
+aquí adelante_. El pobre Caballero, tendido en tierra, siente flaquear
+su fe. Mas ved que acude en su ayuda Sancho, el heroico Sancho, y
+lleno de fe quijotesca, responde a su amo: _Así escarmentará vuestra
+merced como yo soy turco_. Y ¡qué bien calaste, Sancho heroico, Sancho
+quijotesco, que tu amo no podía escarmentar de hacer el bien y cumplir
+la justicia verdadera!
+
+Y porque apedrearan a Don Quijote y le robaran la ropilla ¿hemos de
+creer que no le iban agradecidos los galeotes y que la libertad no les
+mejoró el ánimo? Cuando le robaron la ropilla es que la necesitaban, y
+esto no excluía agradecimiento, pues una cosa es la gratitud y otra el
+oficio, y el de los más de ellos era el de ladrones. Y además ¿quién
+sabe si no es que querían llevarse una prenda suya como de recuerdo? ¿Y
+que le apedrearon? Sí, por agradecimiento también. Peor habría sido que
+le hubiesen vuelto las espaldas.
+
+Encimada la aventura de los galeotes y obedeciendo Don Quijote a los
+ruegos de Sancho, que le pedía se apartaran de la furia de la Santa
+Hermandad, mas no por miedo a ella, se entraron en Sierra Morena,
+haciendo noche _entre dos peñas y entre muchos alcornoques_. Y aquella
+noche fué cuando robó su jumento a Sancho Ginés de Pasamonte, el
+desgraciado galeote. Y a poco hallaron la maleta de Cardenio y el
+montoncillo de escudos de oro que hizo exclamar a Sancho: _bendito sea
+todo el cielo que nos ha deparado una aventura que sea de provecho_.
+
+¡Ah Sancho veleta, vuelve a vencerte la carne y llamas aventura a eso
+de topar con un montoncillo de escudos de oro! Eres del país de la
+lotería. Se lo regaló su amo, que no iba a la busca de tales aventuras
+de dinero hallado. Interesóse más en los lamentos amorosos que en la
+maleta se contenían, y al ver pasar saltando de risco en risco a un
+solitario, decidido a buscarle, mandó a Sancho lo atajase. Y entonces
+respondió éste aquellas notabilísimas palabras de: _No podré hacer eso
+porque en apartándome de vuestra merced, luego es conmigo el miedo, que
+me asalta con mil géneros de sobresaltos y visiones_.
+
+¿Y cómo no, Sancho amigo, cómo no? Tu amo será, si quieres, loco de
+remate, pero ni supiste, ni sabes ni sabrás ya vivir sin él; renegarás
+de su locura y de los manteamientos en que con ella te mete, pero si te
+deja, te acometerá el miedo al verte solo. Tú sin tu amo estás tan solo
+que estás sin ti. Gustaste el amparo de Don Quijote, cobraste fe en él,
+si el mantenimiento de tu fe te falta ¿quién te librará del miedo? ¿Es
+acaso el miedo otra cosa que la pérdida de la fe?, y ¿no se recobra
+ésta en fuerza de miedo? Y la fe, amigo Sancho, es adhesión no a una
+teoría, no a una idea, sino a algo vivo, a un hombre real o ideal, es
+facultad de admirar y de confiar. Y tú, Sancho fiel, crees en un loco y
+en su locura, y si te quedas a solas con tu cordura de antes ¿quién te
+librará del miedo que te ha de acometer al verte solo con ella, ahora
+que gustaste de la locura quijotesca? Por eso pides a tu amo y señor
+que no se aparte de ti.
+
+Y tu Don Quijote, magnánimo y fuerte, te responde: _Así será, y yo
+estoy muy contento de que te quieras valer de mi ánimo, el cual no te
+faltará aunque te falte el ánima del cuerpo_. Ten fe, pues, Sancho, ten
+fe, que aunque te falte el ánima del cuerpo, no te faltará el ánimo de
+Don Quijote. La fe cumplió en ti su milagro; el ánimo de Don Quijote es
+ya tu ánimo y ya no vives tú en ti mismo, sino que es él, tu amo, quien
+en ti vive. Estás quijotizado.
+
+Entonces encontró Don Quijote a Cardenio y apenas vió al otro loco,
+loco de amor, _le tuvo un buen espacio estrechamente entre sus brazos,
+como si de luengos tiempos le hubiera conocido_. Y así era en verdad.
+Saludáronse y manifestó Don Quijote su propósito de servirle y si
+no hallaba remedio a su dolor, ayudarle a llorar su desventura y _a
+plañirla como mejor pudiera_. Y al llorar y plañir la desventura de
+Cardenio ¿no llorarías y plañirías la tuya, buen Caballero? Al llorar
+los desdenes de Lucinda ¿no llorarías aquella contención que te impidió
+abrir el corazón a Aldonza?
+
+Hay, sin embargo, maliciosos en creer que todo ello era sólo para mover
+a Cardenio a que contase su historia, pues era Don Quijote curioso en
+extremo y amigo de enterarse de vidas ajenas.
+
+
+
+
+ CAPÍTULOS XXIV Y XXV
+
+ Donde se prosigue la aventura de Sierra Morena y que trata de las
+extrañas cosas que en Sierra Morena sucedieron al valiente caballero de
+ la Mancha y de la imitación que hizo a la penitencia de Beltenebros.
+
+
+Aquí Cervantes, no fiando demasiado en la virtualidad de la historia
+de su héroe, intercala la de Cardenio. Mas aun así nos contó la
+interrupción de Don Quijote a Cardenio y cómo salió a la defensa de
+la reina Madasina, ofendida por éste. Con lo cual quiso enseñarnos a
+que no toleremos se le ofenda a él por los que se obstinan en tratarle
+como a mero ente de razón, sin consistencia real. Y no es razón que
+los tales no estén en su cabal juicio, pues _contra cuerdos y contra
+locos_, como dijo en aquella ocasión Don Quijote, debe volver uno por
+la verdad radical. Como por ella volvió el hidalgo. El cual si pecaba
+era de jactancioso, pues aun entonces afirmó que él se sabía las reglas
+de caballería _mejor que cuantos caballeros las profesaron en el mundo_.
+
+Yendo después por aquellas soledades de Sierra Morena volvió a dar Don
+Quijote en su verdadero tema, y fué al decir a Sancho que le llevaba
+por aquellas partes el deseo _de hacer en ellas una hazaña con que he
+de ganar_--dijo--_perpetuo nombre y fama en todo lo descubierto de
+la tierra_. Y para lograrlo se propone imitar a su modelo, Amadís de
+Gaula. Sabía bien que a la perfección se llega imitando a hombres y no
+tratando de poner en práctica teorías. Y para imitarle en la penitencia
+que hizo en la Peña Pobre, mudando su nombre en el de Beltenebros,
+decidió Don Quijote hacer en Sierra Morena _del desesperado, del
+sandio y del furioso_, aventura más fácil que la de _hender gigantes,
+descabezar serpientes, matar endriagos, desbaratar ejércitos, fracasar
+armadas y dehacer encantamentos_.
+
+Y como el heroico loco era muy cuerdo, no quiso imitar a D. Roldán en
+lo de arrancar árboles, enturbiar las aguas de las claras fuentes,
+matar pastores, destruir ganados, abrasar chozas, derribar casas,
+arrastrar yeguas y _otras cien mil insolencias dignas de eterno nombre
+y escritura_, sino sólo en lo esencial, y aun venir a contentarse con
+la sola imitación de Amadís, _que sin hacer locuras de daño, sino de
+lloros y sentimientos, alcanzó tanta fama como el que más_. El punto
+estaba en alcanzar fama y renombre, y si las locuras de daño no eran
+para ello necesarias, eran ya locuras de locura.
+
+Y requerido por Sancho de por qué razón habría de volverse loco sin que
+Dulcinea le hubiese faltado, contestó con aquella preñadísima sentencia
+que dice: _Ahí está el punto y ésa es la fuerza de mi negocio, que
+volverse loco un caballero andante con causa, ni grado ni gracias; el
+toque está en desatinar sin ocasión y dar a entender a mi dama que si
+en seco hago esto, qué hiciera en mojado_. Sí, Don Quijote mío, el
+toque está en desatinar sin ocasión, en generosa rebelión contra la
+lógica, durísima tirana del espíritu. Los más de los que en ésta tu
+patria son tenidos por locos, desatinan con ocasión y con motivo y en
+mojado, y no son locos, sino majaderos forrados de lo mismo, cuando no
+bellacos de lo fino. La locura, la verdadera locura nos está haciendo
+mucha falta, a ver si nos cura de esta peste del sentido común que nos
+tiene a cada uno ahogado el propio.
+
+Ahogado se lo tenía a Sancho, pues dudó de ti, heroico Caballero,
+cuando le hablaste de nuevo del yelmo de Mambrino y estuvo a punto de
+creer patraña tus promesas todas porque sus ojos carnales le hacían
+ver el yelmo como si fuese bacía de barbero. Pero bien le respondiste:
+_eso que a ti te parece bacía de barbero, me parece a mí el yelmo de
+Mambrino y a otro le parecerá otra cosa_. Ésta es la verdad pura;
+el mundo es lo que a cada cual le parece, y la sabiduría estriba en
+hacérnoslo a nuestra voluntad, desatinando sin ocasión y henchidos de
+fe en lo absurdo. El carnal Sancho creyó, al ver empezar a Don Quijote
+la penitencia que iba de burlas y no de veras, mas desengañóle su amo.
+No, Sancho amigo, no, la verdadera locura va de veras siempre; son los
+cuerdos los que van de burlas.
+
+Y ¡qué locura! Entonces fué cuando Don Quijote declaró a Sancho lo de
+ser Dulcinea Aldonza Lorenzo, la hija de Lorenzo Corchuelo y de Aldonza
+Nogales, y Sancho nos declaró las prendas terrenales de ella, _moza de
+chapa, hecha y derecha y de pelo en pecho_, que tiraba la barra _como
+el más forzudo zagal de todo el pueblo_. Se puso un día _encima del
+campanario de la aldea a llamar a unos zagales suyos que andaban en
+un barbecho de su padre y aunque estaban de allí a media legua, así
+lo oyeron como si estuvieran al pie de la torre_. Y se la oye ahora,
+que convertida en Dulcinea, pregona tu nombre, Sancho socarrón. _Tiene
+mucho de cortesana_--añadió--; _con todos se burla y de todo hace mueca
+y donaire_... Sí, de todos sus favoritos se burla la Gloria.
+
+Dejó de hablar Sancho, juzgando a Dulcinea, o mejor a Aldonza, según
+sus groseros ojazos, y su amo le contó el cuento de la viuda hermosa,
+moza, libre y rica que se enamoró del mozo rollizo e idiota. Para lo
+que le quería... Sí, para el que quiere estrujar idealidad del mundo
+nada hay en él de bajo ni de grosero, y muy bien puede Aldonza Lorenzo
+encarnar a Dulcinea.
+
+Pero hay aquí algo más íntimo. Alonso Quijano el Bueno que había
+recatado en los más recónditos recovecos de su corazón durante doce
+años aquel amor que fué acaso lo que llevándole a engolfarse en libros
+de caballería le llevó a hacerse Don Quijote, Alonso Quijano, roto
+ahora, merced a la locura caballeresca, su vergonzante recato, confiesa
+a Sancho su amor. ¡A Sancho! Y al confesarlo, lo profana. El muy
+bellaco del escudero no se percata de lo que se le abre al conocimiento
+y a la confianza y habla de Aldonza como de una garrida moza cualquiera
+de lugar. Y entonces Don Quijote, apesadumbrado al ver cuán a lo burdo
+entendió Sancho sus amores, sin conocer que para todo buen enamorado
+es su amor único y como no lo ha habido en la tierra antes, le cuenta
+la sustanciosa historia de la viuda y el idiota, para concluir en lo
+de _por lo que yo quiero a Dulcinea del Toboso, tanto vale como la
+más alta princesa de la tierra_. ¡Pobre Caballero! y cómo tuviste que
+callar y sepultar en lo más escondido de tu seno que a no haberte atado
+la vergüenza del de demasiado amor que se te prendió en el otoño de tus
+años, para otra cosa que para invocarla por los caminos bajo el nombre
+de Dulcinea habrías querido a la hermosa hija de Lorenzo Corchuelo y de
+Aldonza Nogales! Di ¿no hubieras dado por ella la gloria, esa gloria
+que por ella ibas a buscar?
+
+Acabado el coloquio, escribió Don Quijote la carta a Dulcinea, aun no
+sabiendo leer Aldonza Nogales, y la cédula de los tres pollinos que se
+entregarían a Sancho. ¡Ah, Sancho, Sancho, llevas el más grande de los
+cometidos, una misiva de amor a Dulcinea, y necesitas llevar con ella
+una cédula de tres pollinos!
+
+Siguióse nuevo coloquio y en él dijo Don Quijote aquello de: _A fe,
+Sancho, que a lo que parece no estás tú más cuerdo que yo_. Cierto es
+ello, pues le contagiaste, noble Caballero.
+
+Al ir a partir Sancho, desnudóse su amo con toda priesa los calzones,
+_quedó en carnes y en pañales y luego, sin más ni más, dió dos
+zapatetas en el aire y dos tumbos la cabeza abajo y los pies en alto
+descubriendo cosas que, por no verlas otra vez, volvió Sancho la rienda
+a Rocinante y se dió por satisfecho de que podía jurar que su amo
+quedaba loco_.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XXVI
+
+ Donde se prosiguen las finezas que de enamorado hizo Don Quijote en
+ Sierra Morena.
+
+
+Y quedóse Don Quijote rezando en un rosario de agallas grandes de
+alcornoque, paseándose por un pradecillo, escribiendo y grabando en las
+cortezas de los árboles y por la menuda arena muchos versos, suspirando
+y llamando a los faunos, silvanos y ninfas de aquellos contornos.
+
+¡Admirable aventura! ¡Aventura del género contemplativo más bien que
+del activo! Hay gentes, Don Quijote mío, ciegas al valor de estas
+aventuras de suspirar y dar sin más ni más zapatetas en el aire. Sólo
+el que las dió o es capaz de darlas, puede dar cima a grandes empresas.
+Desgraciado del que a solas consigo mismo es cuerdo y cuida que los
+demás le miran.
+
+Esta penitencia de Don Quijote en Sierra Morena nos trae a la memoria
+aquella otra de Íñigo de Loyola en la cueva de Manresa y sobre todo
+cuando en el mismo Manresa y en el monasterio de Santo Domingo
+«vínole al pensamiento--como nos dice el P. Rivadeneira, libro I,
+cap. VI--un ejemplo de un santo que para alcanzar de Dios una cosa
+que le pedía, determinó de no desayunarse hasta alcanzarla. A cuya
+imitación--añade--propuso él también de no comer ni beber hasta hallar
+la paz tan deseada de su alma, si ya no se viese por ello a peligro de
+morir».
+
+Al terminar un piadoso autor la vida de San Simeón Estilita, añade:
+«esta vida es más para admirada que para imitada», y Teresa de Jesús,
+en el párrafo tercero del capítulo XIII de su VIDA, nos dice que el
+demonio «nos dice o hace entender que las cosas de los Santos son
+para admiradas, mas no para hacerlas los que somos pecadores» y eso
+dice ella también, mas que «hemos de mirar cuál es de espantar y cuál
+de imitar». Y así podría creerse que la penitencia de Don Quijote en
+Sierra Morena es más para admirada que para imitada. Pero yo os digo
+que de la misma fuente de que brotaron sus más hazañosas proezas, de
+esa misma fuente brotó también lo de las zapatetas en el aire, siendo
+inseparable lo uno de lo otro. Aquellas locuras encendieron su amor a
+Dulcinea, y ese amor fué su brújula y su resorte de acción.
+
+Lo bello es lo superfluo; lo que tiene su fin en sí; la flor de la
+vida. Y esas zapatetas en el aire son bellísimas, porque no tienen
+otro fin que el de darlas. Aunque sí, otro fin tuvieron, fin de propia
+educación. Oídme una parábola:
+
+Llegaron a segar un campo dos segadores. El uno, ansioso de segar
+mucho, empezó a cortar sin cuidarse de afilar la guadaña y al poco
+rato, mellada ella y embotado el filo, derribaba la yerba, mas sin
+cortarla. El otro, deseoso de segar bien, se pasó casi toda la mañana
+en afilar su instrumento, y al caer de la tarde ni éste ni aquél habían
+ganado su jornal. Así hay quien sólo se cuida de obrar sin afilar ni
+pulir su voluntad y su arrojo, y quien se pasa la vida en afile y
+pulimento, y en prepararse a vivir le llega la muerte. Hay, pues, que
+segar y pulir la guadaña, obrar y prepararse para la obra. Sin vida
+interior no la hay exterior.
+
+Y esas zapatetas sin más ni más en el aire, y esos rezos, esos grabados
+en las cortezas de los árboles, suspiros e invocaciones, son ejercicio
+espiritual para arremeter molinos, alancear corderos, vencer vizcaínos,
+libertar galeotes y ser por ellos apedreado. Allí, en aquel retiro y
+con aquellas zapatetas, se curaba de las burlas del mundo, burlándose
+de él, y desahogaba su amor; allí cultivaba su locura heroica con
+desatinos en seco.
+
+En tanto tomó Sancho camino del Toboso y al llegar cerca de la venta en
+que lo mantearon, topó con el cura y el barbero de su lugar. Los cuales
+no bien le vieron, preguntáronle por Don Quijote y dónde quedaba, y
+Sancho, guiado de un certero instinto, intentó ocultarlo. Y ¡qué bien
+comprendías, fiel escudero, que los mayores enemigos del héroe son sus
+propios deudos y parientes, los que le quieren con cariño de la carne!
+No le quieren por él ni por su obra, sino quiérenle para ellos. No le
+quieren por su obra, que es su alma y su razón de ser; no le quieren
+en la eternidad, sino en el tiempo. Cuenta Marcos el evangelista, en
+el capítulo III de su Evangelio, que cuando Jesús había elegido sus
+apóstoles, estaba rodeado de mucha gente, que ni aun podían comer pan
+(ver. 20) y al oirlo los suyos, οι παρ' αὺτοῦ, los de su familia, su
+madre y hermanos, fueron a prenderle diciendo: «está fuera de sí», esto
+es, está loco (ver. 21) y al decirle al Maestro: «He ahí tu madre y tus
+hermanos que te buscan fuera», respondió diciendo: «¿Quién, mi madre
+y mis hermanos? He aquí mi madre y mis hermanos--y miró a los que le
+rodeaban--; quien hiciere la voluntad de Dios ese es mi hermano y mi
+hermana y mi madre» (vers. 31 a 35). Para nadie es más loco el héroe,
+el santo, el redentor, que para su propia familia, para sus padres y
+hermanos.
+
+El cura y el barbero obraban al querer reducir a Don Quijote a su casa,
+conforme al corazón del alma y la sobrina del hidalgo, que le creían
+fuera de sí. Pero los sobrinos de Don Quijote son quienes se encienden
+en su hidalga caballerosidad, son sus parientes en espíritu. El héroe
+acaba por no poder tener amigos; por ser a la fuerza un solitario.
+
+Bien hizo, pues, Sancho en querer ocultar al cura y al barbero dónde
+paraba su amo, pero no le valió la treta, porque como estaba solo, sin
+el amparo de su señor, le atacaron por el miedo y le hicieron cantar
+de plano. Y lo cantó todo, asombrando a los vecinos, que _se admiraron
+de nuevo considerando cuán vehemente había sido la locura de Don
+Quijote, pues había llevado tras sí el juicio de aquel pobre hombre_.
+¿Vehemente? Más que vehemente; contagiosa con el contagio del heroísmo.
+Y no puede ni debe llamarse pobre hombre a quien tan rico de espíritu
+se iba haciendo con sólo haber entrado a servir a tal caballero.
+
+_No quisieron cansarse en sacarle del error en que estaba_--agrega
+el historiador--, _pareciéndoles que pues que no le dañaba nada la
+conciencia, mejor era dejarle en él, y a ellos les sería de más gusto
+oir sus necedades_. Ved cómo toman estos dos mundanos cura y barbero
+las cosas de Sancho; le dejan en lo que creen su error y era fe en el
+heroísmo, para sacar gusto de oir las que reputan sus necedades. Haced
+luego nada heroico o decid algo sutil o nuevo para dar gusto a los que
+os lo tomarán como meras ingeniosidades.
+
+Presumo que leerán estos mis comentarios no pocos curas y barberos
+manchegos, o que merecían serlo, y hasta llego a sospechar que los más
+de los que me los lean andarán más cerca que de otra cosa de aquellos
+cura y barbero, y creerán bueno dejarme en los que juzguen mis errores
+para sacar gusto de mis necedades. Dirán, como si lo oyera, que sólo
+busco y rebusco ingeniosas paradojas para hacerme pasar por original,
+pero yo sólo les digo que si no ven ni sienten todo lo que de pasión y
+encendimiento de ánimo y hondas inquietudes y ardorosos anhelos pongo
+en estos comentarios a la vida de mi señor Don Quijote y de su escudero
+Sancho, y he puesto en otras de mis obras, si no ven ni sienten eso,
+digo, los compadezco con toda la fuerza de mi corazón y los tengo
+por unos miserables esclavos del sentido común y unos espíritus
+aparenciales que se pasean entre sombras recitando de coro las viejas
+coplas de Calaínos. Y me encomiendo a nuestra señora Dulcinea, que dará
+al cabo cuenta de ellos y de mí.
+
+En acabando de leer esto se sonreirán también murmurando: ¡Paradojas!
+¡Nuevas paradojas! ¡Siempre paradojas! Pero venid acá, espíritus
+alcornoqueños, hombres de dura cerviz, venid y decidme ¿qué entendéis
+por paradoja y queréis decir con eso? ¡Sospecho que os queda otra
+dentro, desgraciados rutineros del sentido común! Lo que no queréis
+es remejer el poso de vuestro espíritu ni que os lo remejan; lo que
+rehusáis es zahondar en los hondones del alma. Buscáis la estéril
+tranquilidad de quien descansa en institutos externos, depositarios de
+dogmas, y os divertís con las necedades de Sancho. Y llamáis paradoja
+a lo que os cosquillea el ánimo. Estáis perdidos, irremisiblemente
+perdidos; la haraganería espiritual es vuestra perdición.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XXVII
+
+De cómo salieron con su intención el cura y el barbero, con otras cosas
+ dignas de que se cuenten en esta grande historia.
+
+
+Y volviendo a nuestra historia os recordaré, pues cuantos me leís
+la conocéis ya, lo ideado por el cura y el barbero para sacar a Don
+Quijote de aquella penitencia, que juzgando curibarberilmente estimaban
+inútil, vistiéndose el cura en hábito de doncella andante, ya que los
+curas acostumbran vestirse, como las doncellas y las que lo fueron, por
+la cabeza, y de escudero el rapa-barbas, e irse así _adonde Don Quijote
+estaba, fingiendo ser ella una doncella afligida y menesterosa_ y todo
+lo demás que se nos cuenta al respecto, para sacar a Don Quijote de
+Sierra Morena y llevarle a su casa. Y así, disfrazado de doncella el
+cura, montado en su mula a mujeriegas y con el barbero, con su cola de
+buey por barba, fueron a seducir al Caballero. Y al poco cayó el cura
+en la cuenta de lo indecente que para su carácter era tal mojiganga
+y cambiaron los papeles. Le caía mejor barba de cola de buey que no
+vestido de doncella. Y engañaron a Sancho, al sencillo y fiel Sancho,
+para que vendiese a su amo dándole barbero por doncella andante.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XXIX
+
+ Que trata de la nueva y agradable aventura que al cura y al barbero
+ sucedió en la misma sierra.
+
+
+Mas ni aun esto fué menester, porque la suerte les deparó a la hermosa
+Dorotea---casi todas las damas que figuran en esta historia son
+hermosas--, que se prestó a hacer el papel de doncella menesterosa,
+princesa Micomicona, y tan al vivo se atavió para ello, que cayó en el
+lazo el incauto Sancho.
+
+Estaba a todo esto Don Quijote en camisa, flaco, amarillo, muerto de
+hambre y suspirando por su señora Dulcinea. Ya vestido le encontró la
+princesa Micomicona, hincóse de hinojos ante él, pidióle Don Quijote
+que se levantara, rehusó ella hacerlo hasta que se le otorgara el don
+que pediría, siéndole de antemano otorgado por el Caballero, como no
+hubiera de cumplirse en daño o mengua de su rey, de su patria y de
+aquella que de su corazón y libertad tenía la llave. Esto es prometer
+con cautela y sin comprometerse. Pidióle entonces la princesa se
+fuere con ella sin entrometerse en otra aventura hasta vengarla de un
+traidor que le tenía usurpado el reino, y Don Quijote le aseguró podía
+desechar toda melancolía, pues con la ayuda de Dios y la de su brazo
+veríase ella presto restituida a su reino. Si Dios movía el brazo
+del Caballero, sobraba la segunda ayuda. Quiso la princesa besarle
+las manos, no lo consintió él, que _en todo era comedido y cortés
+caballero_, y se aprestó a seguirla.
+
+Aquí hay que admirar cómo unía y juntaba en uno Don Quijote su fe en
+Dios y su fe en sí mismo, al decir a la princesa lo que le dijo de
+cómo se vería presto restituída a su reino y sentada en la silla de
+su antiguo y grande estado, a pesar y a despecho de los follones que
+contradecirlo quisieren. Y es que no hay fe en sí mismo como la del
+servidor de Dios, pues éste ve a Dios en sí; como la fe del que, cual
+Don Quijote, si bien llevado del cebo de la fama, busca ante todo el
+reino de Dios y su justicia. Dásele todo lo demás por añadidura y a la
+cabeza de todo lo demás fe en sí mismo, necesaria para obrar.
+
+Encontrándose los PP. Láinez y Salmerón con grandes dificultades de
+parte de la Señoría de Venecia para fundar el Colegio de Padua, y
+teniendo por desahuciado el negocio, escribió Láinez a Íñigo de Loyola
+«en qué términos estaba, pidiéndole que para que Nuestro Señor le
+diese buen suceso, dijese una misa por aquel negocio, porque él no
+hallaba otro remedio. Dijo el Padre la misa, como se le pedía, el mismo
+día de la Natividad de Nuestra Señora, y acabada, escribió a Láinez:
+«Ya hice lo que me pedistes; tened buen ánimo, y no os dé pena este
+negocio, que bien le podéis tener por acabado como deseáis. Y así fué».
+(Rivadeneira, libro III, cap. VI.)
+
+Y viene lo triste de la aventura de Don Quijote, y es que entre tanto
+_estábase el barbero aún de rodillas teniendo gran cuenta de disimular
+la risa y de que no se le cayese la barba, con cuya caída quizá
+quedaran todos sin conseguir su buena_--según Cervantes--_intención_.
+Hasta aquí todas han sido aventuras de las que la suerte le procuraba
+al hidalgo al azar de los caminos y veredas, aventuras naturales y
+ordenadas por Dios para su gloria; mas ahora empiezan las que le
+armaron los hombres y con ellas lo más recio de su carrera. Ya tenemos
+al héroe siendo, en cuanto héroe, juguete de los hombres y motivo
+de risa; ya está la compañía de los hombres en campaña contra él.
+El barbero disimula la risa para no ser conocido. Sabe que la risa,
+arrancándonos la máscara de la seriedad, barba tan quitadiza como
+postiza es, nos pone al descubierto.
+
+Empieza ahora, digo, lo triste de la carrera quijotesca. Sus más
+hermosas y más espontáneas aventuras quedan ya cumplidas; en adelante
+las más de ellas lo serán ya de tramoya y armadas por hombres
+maliciosos. Hasta aquí desconocía el mundo al héroe, y éste, a su vez,
+trataba de hacérselo a su antojo; ahora el mundo le conoce y le acepta,
+más para burlarse de él, y siguiéndole el humor, fraguarle a su antojo.
+Ya estás, mi pobre Don Quijote, hecho regocijo y períndola de barberos,
+curas, bachilleres, duques y desocupados de toda laya. Empieza tu
+pasión, y la más amarga, la pasión por la burla.
+
+Mas por esto mismo ganan tus aventuras en profundidad lo que en
+arrojo pierden, porque concurre a ellas, sea como fuere y de un modo
+o de otro, el mundo. Quisiste hacer del mundo tu mundo, enderezando
+entuertos y asentando la justicia en él; ahora el mundo recibe a
+tu mundo como a parte suya y vas a entrar en la vida común. Te
+desquijotizas algo, pero es quijotizando a cuantos de ti se burlen. Con
+la risa los llevas tras de ti, te admiran y te quieren. Tú harás que el
+bachiller Sansón Carrasco acabe por tomar en veras sus burlas, y pase
+de pelear por juego a pelear por honra. Déjale, pues, al barbero que
+se sotorría bajo sus barbas postizas. «He aquí el hombre», dijeron en
+burla a Cristo Nuestro Señor; «he aquí el loco», dirán de ti, mi señor
+Don Quijote, y serás el loco, el único, el Loco.
+
+Y Sancho, el pobre Sancho, sabedor en gran parte de la farsa, pues vió
+tras bastidores y entre bambalinas preparar la comedia, creía, sin
+embargo, con fe heroica, en el reino Micomicón y aun soñaba con traer
+de él negros y venderlos para enriquecerse. ¡Oh fe robusta! Y no se nos
+diga que se la atizaba la codicia, no; sino que era, por el contrario,
+su fe la que le despertaba la codicia.
+
+Hízose entonces el cura el encontradizo, saludó a su vecino Alonso
+Quijano como a su buen compatriota Don Quijote de la Mancha, _la flor
+y nata de la gentileza_..., _la quinta esencia de los caballeros
+andantes_, consagrándole así juguete de sus convecinos, y el ingenioso
+hidalgo, así que le hubo conocido, intentó apearse, ya que el cura
+estaba en pie. Rendía parias al burlador, pues era éste, al fin y al
+cabo, el cura de almas de su pueblo.
+
+Un contratiempo hizo que se le cayeran las postizas barbas al barbero,
+y el cura acudió a pegárselas con un ensalmo _de que se admira Don
+Quijote sobre manera y rogó al cura que cuando tuviese lugar le
+enseñase aquel ensalmo_. ¡Ay, mi pobre Caballero, y cómo empieza a
+obrar en ti la tramoya en que los burladores te envuelven! Ya no
+inventas tú las maravillas; te las inventan.
+
+Mas no contento el cura con su papel de burlador, quiso tomar el de
+reprensor también y enderezó una agria reprimenda al hombre valiente
+que libertó a los galeotes, fingiendo no conocerlo. Y el Caballero,
+_al cual se le mudaba la color a cada palabra_, callaba, sin darse por
+aludido, pues era al fin su cura, su confesor el que hablaba.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XXX
+
+ Que trata de la discreción de la hermosa Dorotea, con otras cosas de
+ mucho gusto y pasatiempo.
+
+
+Y hubiera callado del todo, si Sancho no lo delata y dice que fué su
+amo quien dió libertad a aquellos grandísimos bellacos. Había hablado
+su hombre, el que para él era su mundo. _Majadero--dijo a esta sazón
+Don Quijote--, a los caballeros andantes no les toca ni atañe averiguar
+si los afligidos, encadenados y opresos que encuentran por los caminos
+van de aquella manera o están en aquella angustia por sus culpas o por
+sus gracias; sólo les toca ayudarles como a menesterosos, poniendo los
+ojos en sus penas y no en sus bellaquerías_, con todo lo demás que
+añadió, retando a quien le pareciese mal lo que había hecho, salva
+la santa dignidad del señor licenciado. Admirable respuesta, y digna
+corona a las razones que expuso al libertar a los galeotes. Natural
+era que el cura, como los demás curas con que en el curso de su obra
+topó el hidalgo, discurriera por lo mundano y terrestre, que al fin los
+mundanos y terrestres le pagaban para que hiciese de cura, mas a Don
+Quijote cumplíale sentir por lo divino y celestial. ¡Oh, mi señor Don
+Quijote, y cuándo llegaremos a ver en cada galeote ante todo y sobre
+todo un menesteroso, poniendo los ojos en la pena de su maldad y no en
+otra alguna cosa! Hasta que a la vista del más horrendo crimen no sea
+la exclamación que nos brote: ¡pobre hermano! por el criminal, es que
+el cristianismo no nos ha calado más adentro que el pellejo del alma.
+
+Prosiguiendo en sus burlas, a seguida de esto endilgó la princesa
+Micomicona a Don Quijote la sarta de disparates que había urdido
+para justificarse. Y dióse el triste caso de creérselas Don Quijote
+y Sancho, pues siempre el heroísmo es crédulo. Y allí fué el reir de
+los burladores. Don Quijote renovó sus promesas, mas no aceptó lo de
+casarse con la princesa, cosa que disgustó a Sancho, y tales cosas dijo
+éste poniendo a la Micomicona sobre Dulcinea, que su amo _no lo pudo
+sufrir y alzando el lanzón, sin hablarle palabra a Sancho y sin decirle
+esta boca es mía, le dió tales dos palos, que dió con él en tierra_.
+
+Este silencioso castigo, lo único serio entre tan torpes burlas, nos
+levanta el ánimo, y serias y muy serias fueron las razones con que Don
+Quijote justificó su castigo, haciendo ver que si no fuese por el valor
+que infundía Dulcinea en su pecho, no le tendría para matar una pulga,
+pues no era el valor suyo, sino el de Dulcinea, el que tomando a su
+brazo por instrumento de sus hazañas, llevaba éstas a feliz término. Y
+así es en verdad que cuando vencemos es la Gloria la que por nosotros
+vence. _Ella pelea en mí y vence en mí, y yo vivo y respiro en ella
+y tengo vida y ser._ ¡Heroicas palabras, que debemos llevar grabadas
+en el corazón! Palabras que son al quijotismo lo que al cristianismo
+es aquella sentencia de Pablo de Tarso: «Con Cristo estoy juntamente
+crucificado, y vivo; no ya yo, mas vive Cristo en mí». (Gal. II, 20.)
+
+Y así es siempre en toda obra grande entre los hombres, y es que la
+tal obra, si ha de ser de veras grande, ha de hacerse en obsequio de
+hombre; de hombre o de mujer, mejor de mujer que de hombre. El fin del
+hombre es la humanidad y la humanidad personalizada, hecha individuo,
+y cuando toma por fin a la naturaleza es humanizándola antes. Dios es
+el ideal de la humanidad, el hombre proyectado al infinito y eternizado
+en él. Y así tiene que ser. ¿Por qué habláis de error antropocéntrico?
+¿No decís que una esfera infinita tiene el centro en todas partes, en
+cualquiera de ellas? Para cada uno de nosotros el centro está en sí
+mismo. Pero no puede obrar si no lo polariza; no puede vivir si no se
+descentra. Y ¿a dónde ha de descentrarse sino tendiendo a otro como
+él? El amor de hombre a hombre, de hombre a mujer quiero decir, ha
+producido las maravillas todas.
+
+_Yo vivo y respiro en ella y tengo vida y ser._ Al decir esto de tu
+Dulcinea, mi Don Quijote, ¿no se acordaba tu Alonso el Bueno de aquella
+Aldonza Lorenzo por la que suspiró doce años sin atreverse a confesarle
+su inmenso amor? _¡Vivo y respiro en ella!_ En ella vivió y respiró y
+tuvo vida y ser tu Alonso el Bueno, el que llevas dentro, metido en tu
+locura, en ella vivió y respiró doce largos años de cruel atormentadora
+cordura. Con ella amasó sus recatados ensueños; de su dulce imagen,
+entrevista tan sólo cuatro veces, bebió sus esperanzas, pues que jamás
+habría de sazonarse en recuerdos. En ella tuvo vida y ser, una vida
+oculta y silenciosa, una vida que corría bajo su espíritu como las
+aguas del Guadiana corren un buen trecho bajo tierra, pero regando
+allí, en aquellos soterraños, las raíces de las futuras hazañas de su
+carrera. ¡Oh, mi Alonso el Bueno, vivir y respirar en Aldonza, sin que
+ella lo sepa ni se de cata de ello, tener la vida y el ser en la dulce
+imagen que alimenta el alma!
+
+Mas no se dió por vencido el carnal Sancho, sino que insistió en lo de
+que su amo se casase con la princesa, quedándole libre el amancebarse
+luego con Dulcinea. ¿Qué has dicho, Sancho, qué has dicho? ¡No sabes
+cómo atravesando el alma de Don Quijote has llegado a herir la hebra
+más sensible del corazón de Alonso Quijano! Además, Dulcinea no admite
+partijas ni aparcerías, y quien la quiera toda entera ha de entregarse
+todo y entero a ella. Muchos hay que pretenden casarse con la Fortuna y
+amancebarse con la Gloria, pero así les va, pues aquélla les araña de
+celos y ésta se burla de ellos, hurtándoseles.
+
+Y siguiendo en su plática amo y escudero, acabó aquél por pedirle
+perdón de los palos que le diera, sabido que Sancho no vió a Dulcinea
+tan despacio que hubiera podido notar _su hermosura y sus buenas partes
+punto por punto. Pero así a bulto_--añadió--_me parece bien_. Es la
+concesión que los Sanchos, cuando se les ha pegado, hacen, mintiendo,
+en pro de Dulcinea, a la que no han visto ni conocen. Y luego fué
+Sancho, instado por la princesa, a besar la mano a Don Quijote,
+pidiéndole perdón, y el generoso hidalgo se lo otorgó, bendiciéndole.
+¡Benditos dos palos del lanzón, Sancho amigo, que te han valido
+ser bendecido por tu amo! De seguro que al recibir el perdón tan
+redundante, diste por bueno el castigo que hizo lo merecieras.
+
+Apartáronse después amo y escudero a departir de sus cosas, y entonces
+recobró Sancho su asno, encontrándose lo traía Ginés de Pasamonte,
+disfrazado de gitano, el cual al ver a Don Quijote y su escudero, puso
+pies en polvorosa.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XXXI
+
+ De los sabrosos razonamientos que pasaron entre Don Quijote y Sancho
+ Panza su escudero, con otros sucesos.
+
+
+Y a seguida pasaron aquellos sabrosos razonamientos entre Don Quijote
+y Sancho acerca del encuentro de éste con Dulcinea. Cuando Sancho dijo
+haberla encontrado _ahechando dos hanegas de trigo en un corral de su
+casa_, respondió Don Quijote: _Pues haz cuenta que los granos de aquel
+trigo eran granos de perlas tocados de sus manos_, y al decir Sancho
+que el trigo era rubión, _pues yo te aseguro--dijo Don Quijote--que
+ahechado por sus manos hizo pan candeal, sin duda alguna_. Agregó el
+escudero que al recibir la carta, mandó la ahechadora la pusiese sobre
+un costal, que no la podía leer hasta que acabara de acribar lo que
+allí tenía, a lo cual dijo Don Quijote: _Discreta señora; eso debió de
+ser por leella despacio y recrearse en ella_. Añadió Sancho que olía
+Dulcinea a hombruno, _y no sería eso--respondió Don Quijote--, sino
+que tú debías de estar romadizado, o te debiste de oler a ti mismo,
+porque yo sé bien lo que huele aquella rosa entre espinas, aquel lirio
+del campo, aquel ámbar desleído_. Dijo luego Sancho que Dulcinea, no
+sabiendo leer ni escribir, rasgó y desmenuzó la carta en piezas, por
+que _no se supiese en el lugar sus secretos_, bastándole lo oído al
+escudero sobre las penitencias de su amo, y diciéndole quería ver a
+éste y se pusiese camino del Toboso. Cuando Sancho respondió a su amo
+no haberle dado Dulcinea, al despedirle, joya alguna, sino un pedazo de
+pan y queso por las bardas del corral, _es liberal en extremo--dijo Don
+Quijote--y si no te dió joya de oro, sin duda debió de ser porque no la
+tendría allí a la mano para dártela; pero buenas son mangas después de
+pascua; yo la veré y se satisfará todo_.
+
+Ruego al lector relea todo este admirable diálogo, por cifrarse en él
+la íntima esencia del quijotismo en cuanto doctrina del conocimiento.
+A las mentiras de Sancho fingiendo sucesos según la conformidad de la
+vida vulgar y aparencial, respondían las altas verdades de la fe de Don
+Quijote, basadas en vida fundamental y honda.
+
+No es la inteligencia sino la voluntad la que nos hace el mundo, y al
+viejo aforismo escolástico de _nihil volitum quin praecognitum_, nada
+se quiere sin haberlo antes conocido, hay que corregirlo con un _nihil
+cognitum quin praevolitum_, nada se conoce sin haberlo antes querido.
+
+ Que en este mundo traidor
+ nada es verdad ni es mentira;
+ todo es según el color
+ del cristal con que se mira.
+
+como dijo nuestro Campoamor. Lo cual ha de corregirse también diciendo
+que en este mundo todo es verdad y es mentira todo. Todo es verdad
+en cuanto alimenta generosos anhelos y pare obras fecundas; todo
+es mentira mientras ahogue los impulsos nobles y aborte monstruos
+estériles. Por sus frutos conoceréis a los hombres y a las cosas. Toda
+creencia que lleve a obras de vida es creencia de verdad, y lo es de
+mentira la que lleve a obras de muerte. La vida es el criterio de la
+verdad, y no la concordancia lógica, que lo es sólo de la razón. Si mi
+fe me lleva a crear o aumentar vida ¿para qué queréis más prueba de
+mi fe? Cuando las matemáticas matan, son mentira las matemáticas. Si
+caminando moribundo de sed ves una visión de eso que llamamos agua y
+te abalanzas a ella y bebes y aplacándote la sed te resucita, aquella
+visión lo era verdadera y el agua agua de verdad. Verdad es lo que
+moviéndonos a obrar de un modo o de otro haría que cubriese nuestro
+resultado a nuestro propósito.
+
+Uno de esos que se dedican a la llamada filosofía dirá que Don Quijote
+estableció en esa plática con Sancho la doctrina, ya famosa, de la
+relatividad del conocimiento. Claro está que todo es relativo, pero ¿no
+es relativa también la relatividad misma? Y jugando con los conceptos,
+o no sé si con los vocablos, podría decirse que todo es absoluto,
+absoluto en sí, relativo en relación a lo demás. En esto, en juego de
+palabras, cae toda lógica que no se basa en la fe y no busca en la
+voluntad su último sustento. La lógica de Sancho era una lógica como
+la escolástica, puramente verbal; partía del supuesto de que todos
+queremos decir lo mismo cuando expresamos las mismas palabras, y Don
+Quijote sabía que con las mismas palabras solemos decir cosas opuestas,
+y con opuestas palabras la misma cosa. Gracias a lo cual podemos
+conversar y entendernos. Si mi prójimo entendiese por lo que dice lo
+mismo que entiendo yo, ni sus palabras me enriquecerían el espíritu, ni
+las mías enriquecerían el suyo. Si mi prójimo es otro yo mismo ¿para
+qué le quiero? Para yo, me basto y aun me sobro yo.
+
+Los granos de trigo son de rubión o de candeal según las manos que
+los tocan, y aquellas manos, mi Don Quijote, no han de posarse en las
+tuyas. Y en lo que el Caballero estuvo profundísimo fué en afirmar que
+si Dulcinea huele a hombruno a los Sanchos es porque están romadizados
+y se huelen a sí mismos. Aquellos a quienes el mundo sólo les huele
+a materia es que se huelen a sí mismos; los que sólo ven pasajeros
+fenómenos es que se miran a sí mismos y no se ven en lo hondo. No es
+contemplando el rodar de los astros por el firmamento como te hemos
+de descubrir, Dios y Señor nuestro que regalaste con la locura a Don
+Quijote; es contemplando el rodar de los anhelos amorosos por el
+cimiento de nuestros corazones.
+
+El pan y el queso que por las bardas del corral te dió Dulcinea, se te
+ha convertido, Sancho amigo, en joya de eternidad. Por ese pan y ese
+queso vives y vivirás mientras quede en hombres memoria de hombres y
+aun mucho más allá; por ese pan y ese queso con que tú creías mentir,
+gozas de verdad duradera. Queriendo mentir, decías la verdad.
+
+Siguieron departiendo amo y escudero y en el curso de la plática volvió
+Sancho a sus trece de que se casase Don Quijote con la princesa, y
+por rehusarlo le dijo: _y ¡cómo está vuestra merced lastimado de esos
+cascos!_ Para Sancho la locura de su amo cifrábase tan sólo en dejar la
+fortuna por la Gloria, y así son los Sanchos todos; tienen por cuerdo
+al loco que con su locura prosperó en bienestar y suerte y estiman loco
+al cuerdo a quien su cordura le impidió cobrar fortuna. Sancho quería
+amar y servir a Dios _por lo que pudiese_; el puro amor no cupo en él.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XXXII
+
+ Que trata de lo que sucedió en la venta a toda la cuadrilla de
+ Don Quijote.
+
+
+Después de estas pláticas, y del encuentro con Andrés, el criado de
+Juan Haldudo el rico, de quien dijimos, llegaron a la venta, y mientras
+dormía Don Quijote enzarzose el cura con el ventero y su familia a
+hablar de libros de caballerías, y soltó lo de que los libros en que se
+narran las aventuras de Don Cirongilio y de Félix Marte son mentirosos
+y están llenos de disparates y devaneos, y el del Gran Capitán lo es de
+historia verdadera, así como el de Diego García de Paredes.
+
+Pero véngase acá, señor Licenciado, y dígame: ahora, al presente, y en
+el momento en que vuestra merced habla así ¿dónde estaban y están en la
+tierra el Gran Capitán y Diego García de Paredes? Luego que un hombre
+se murió y pasó acaso a memoria de otros hombres ¿en qué es más que una
+de esas ficciones poéticas de que abomináis? Vuestra merced debe saber
+por sus estudios lo de _operari sequitur esse_, el obrar se sigue al
+ser, y yo le añado que sólo existe lo que obra y existir es obrar, y si
+Don Quijote obra, en cuantos le conocen, obras de vida, es Don Quijote
+mucho más histórico y real que tantos nombres, puros nombres, que andan
+por esas crónicas que vos, señor Licenciado, tenéis por verdaderas.
+Sólo existe lo que obra. Ese investigar si un sujeto existió o no
+existió proviene de que nos empeñamos en cerrar los ojos al misterio
+del tiempo. Lo que fué y ya no es, no es más que lo que no es, pero
+será algún día; el pasado no existe más que el porvenir ni obra más
+que él sobre el presente. ¿Qué diríamos de un caminante empeñado en
+negar el camino que le resta por recorrer y no teniendo por verdadero
+y cierto sino el recorrido ya? Y ¿quién os dice que esos sujetos cuya
+existencia real negáis no han de existir un día, y por lo tanto existen
+ya en la eternidad, y hasta que no hay nada concebible lo cual en la
+eternidad no sea real y efectivo?
+
+Tenía razón el ventero, quijotizado ya--pues no en vano recibió bajo el
+techo de su casa al héroe--, tenía razón al deciros, señor Licenciado:
+_Callad, señor, que si oyese esto_ (las hazañas de don Cirongilio de
+Tracia) _se volvería loco de placer: dos higas para el Gran Capitán y
+para ese Diego García que dice_. En lo eterno son más verdaderas las
+leyendas y ficciones que no la historia. Y en la disputa entre vos,
+señor cura racionalista, y el ventero lleno de fe, llevaba éste la
+mejor parte. Lograsteis, sí, señor Licenciado, tentar la fe de Sancho,
+que oía la disputa, pero fe no conquistada entre tentaciones de duda no
+es fe fecunda en obras duraderas.
+
+Antes de proseguir conviene digamos aquí algo, aunque sea de refilón,
+pues otra cosa no merecen, de esos sujetos vanos y petulantes que se
+atreven a sostener que Don Quijote y Sancho mismos no han existido
+nunca, ni pasan de ser meros entes de ficción.
+
+Sus razones, aparatosas e hinchadas, no merecen siquiera refutación;
+tan ridículas y absurdas son. Da bascas y grima el oirlas. Pero como
+hay personas sencillas que seducidas por la aparente autoridad de los
+que vierten tan apestosa doctrina, les prestan oído atento, conviene
+llamarles la atención sobre ello y que se atengan a lo que viene ya
+recibido desde tanto tiempo, con asenso y aplauso de los más doctos
+y más graves. Para consuelo y corroboración de las gentes sencillas
+y de buena fe, espero, con la ayuda de Dios, escribir un libro en
+que se pruebe con buenas razones y con mejores y muy numerosas
+autoridades--que es lo que en esto vale--cómo Don Quijote y Sancho
+existieron real y verdaderamente, y pasó todo cuanto se nos cuenta de
+ellos, tal y como se nos cuenta. Y allí probaré que aparte de que el
+regocijo, consuelo y provecho que de esta historia se saca es razón más
+que bastante en abono de su verdad, allende esto, si se la niega hay
+que negar otras muchas cosas también y así vendríamos a zapar y socavar
+el orden en que se asienta hoy nuestra sociedad, orden que, como es
+sabido, es hoy el criterio supremo de la verdad de toda doctrina.
+
+
+
+
+ CAPÍTULOS XXXIII Y XXXIV
+
+ Estos dos capítulos se ocupan con la novela de _El Curioso
+ impertinente_, novela por entero impertinente a la acción de la
+ historia.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XXXV
+
+ Que trata de la brava y descomunal batalla que Don Quijote tuvo con
+ unos cueros de vino tinto, y se da fin a la novela de El curioso
+ impertinente.
+
+
+Tras la disputa entre el cura y el ventero y estando leyendo la
+impertinente novela de _El curioso impertinente_, ocurrió la triste
+aventura del acuchillamiento de los pellejos de vino por Don Quijote,
+en sueños y mientras dormía. Debió Cervantes habernos callado esta
+aventura, aunque Don Quijote se ensayase en sueños para sus hazañas de
+despierto. Y menos mal que no fué sino vino lo que se perdió, y así se
+perdiese todo él, por la falta que hace.
+
+Para poder juzgar con justicia de esta aventura sería menester conocer
+lo que no conocemos y es qué soñaba entonces Don Quijote. Juzgarla de
+otro modo sería un juicio como el que habría hecho uno de nuestros
+petulantes sabios si hubiese oído a Íñigo de Loyola cuando en el
+hospital de Luis de Antezana, en Alcalá de Henares, hospital «infamado
+en aquella sazón de andar en él de noche muchos duendes y trasgos»,
+al encontrarse una vez «a boca de noche» con que se estremeció todo
+el aposento, «se le espeluznaron los cabellos, como que viese alguna
+espantable y temerosa figura; mas luego tornó en sí, y viendo que no
+había que temer, hincóse de rodillas y con grande ánimo comenzó a
+voces a llamar, y como a desafiar a los demonios diciendo--según el P.
+Rivadeneira, en el capítulo IX del libro V de la VIDA nos cuenta--:
+Si Dios os ha dado algún poder sobre mí, infernales espíritus, heme
+aquí; ejecutadle en mí, que yo ni quiero resistir ni rehuso cualquiera
+cosa que por este camino venga; mas si no os ha dado poder ninguno
+¿qué sirven, desventurados y condenados espíritus, estos miedos que
+me ponéis? ¿Para qué andáis espantando con vuestro cocos y vanos
+temores los ánimos de los niños y hombres medrosos tan vanamente? Bien
+os entiendo; porque no podéis dañarnos con las obras, nos queréis
+atemorizar con esas falsas representaciones». Y añade el buen Padre
+historiador que «con este acto tan valeroso no sólo venció el miedo
+presente, mas quedó para adelante muy osado contra las opresiones
+diabólicas y espantos de Satanás».
+
+Al narrar esta aventura de los pellejos el puntualísimo historiador nos
+descubre un pormenor secreto y es que tenía Don Quijote las piernas
+_no nada limpias_. Pudo habérselo callado. Pero en ello nos mostró
+que al fin el Caballero era de su casta, casta que nunca hizo entrar
+el aseo entre los deberes caballerescos. Y tan es así, que aunque se
+nos diga de un caballero español que era limpio, luego se ve que no
+extrema la virtud de la limpieza. Y así aunque en el capítulo XVIII
+del libro IV de la VIDA DEL BIENAVENTURADO PADRE IGNACIO DE LOYOLA nos
+diga de él Rivadeneira que «aunque amaba la pobreza, nunca le agradó la
+poca limpieza», en el capítulo VII del libro V de la misma nos cuenta
+que «a un novicio dió penitencia rigurosa porque se lavaba las manos
+algunas veces con jabón, pareciéndole mucha curiosidad para novicio».
+Bien es verdad que entre las propiedades en que se distingue el que
+tiene habilidad perteneciente al arte militar, que era el profesado
+por Don Quijote y por Loyola, señala el Dr. Huarte, en el capítulo XVI
+de su ya citado EXAMEN como la tercera de ellas el «ser descuidados
+del ornamento de su persona; son casi todos desaliñados, sucios, las
+calzas caídas, llenas de arrugas, la capa mal puesta, amigos del sayo
+viejo y de nunca mudar el vestido» y da la razón de ello diciendo
+que «el grande entendimiento y la mucha imaginativa hacen burla de
+todas las cosas del mundo, porque en ninguna de ellas hallan valor ni
+sustancia», añadiendo que «solas las contemplaciones divinas les dan
+gusto y contento, y en éstas ponen la diligencia y cuidado, y desechan
+las demás».
+
+Verdad es que en tiempo de Don Quijote, Íñigo de Loyola y el Dr.
+Huarte no se había aún inventado esto de los microbios y de la asepsia
+y antisepsia, ni andaban las gentes tan embrujadas en pensar que en
+acabando con esos bichillos acabaríamos o poco menos con la muerte, y
+que la felicidad depende de la higiene, género de superstición no menos
+dañoso ni menos ridículo que el de creer y pensar que abrazándose uno a
+la porquería gana el cielo. Un hombre sucio será siempre algo más que
+un cerdo limpio, aunque es mejor aún que se limpie el hombre.
+
+Y volviendo a la aventura, hay que notar cómo Sancho, el buen Sancho,
+creía en el descabezamiento del gigante, y que el vino era sangre y
+_todos reían_. Todos reían, la ventera se quejaba por la pérdida de
+sus cueros, ayudándola Maritornes, y _la hija callaba y de cuando en
+cuando se sonreía_. ¡Poético rasgo! ¡La hija, enamorada de los libros
+de caballerías, se sonreía! ¡Dulce rocío sobre la pasión de risas que
+padecía Don Quijote! En aquel tormento de risotadas, la sonrisa de la
+hija del ventero era un hálito de piedad.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XXXVI
+
+ Que trata de otros raros sucesos que en la venta sucedieron.
+
+
+Tras esto se enredaron los sucesos de la venta con la llegada de nuevos
+comparsas, y el desencanto de Sancho al encontrarse con que la princesa
+Micomicona era Dorotea, la de Fernando, lo cual bastó para persuadirle
+de que la cabeza del gigante había sido un odre de vino.
+
+¡Oh, pobre Sancho, y cuán bravamente peleas por tu fe y cómo vas
+conquistándola entre tumbos y desalientos, perdiendo hoy terreno en
+ella para recobrarlo mañana! ¡Tu carrera fué una carrera de lucha
+interior, entre tu tosco sentido común, azuzado por la codicia, y tu
+noble aspiración al ideal, atraída por Dulcinea y por tu amo! Pocos
+ven cuán de combate fué tu carrera escuderil; pocos ven el purgatorio
+en que viviste; pocos ven cómo fuiste subiendo hasta aquel grado de
+sublime y sencilla fe que llegarás a mostrar cuando tu amo muera.
+De encantamientos en encantamientos llegaste a la cumbre de la fe
+salvadora.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XXXVIII
+
+ Que trata del curioso discurso que hizo Don Quijote de las armas
+ y las letras.
+
+
+Con el buen suceso de los encuentros de la venta aumentaron los
+burladores de Don Quijote, a los que enderezó éste su discurso de las
+letras y las armas. Y como no lo dirigió a cabreros, lo pasaremos por
+alto.
+
+
+
+
+ CAPÍTULOS XXXIX, XL, XLI Y XLII
+
+ Están llenos con la historia del cautivo y el relato de cómo encontró
+ el oidor a su hermano.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XLIII
+
+ Donde se cuenta la agradable historia del mozo de mulas, con otros
+ extraños acontecimientos en la venta sucedidos.
+
+
+Dejemos lo del mozo de mulas, que no nos importa.
+
+Reunida toda aquella gente, quedóse Don Quijote a hacer la guardia
+del castillo. Y el demonio, que no descansa, insinuó a la hija de la
+ventera, la de la sonrisa, y a Maritornes, que hiciesen una burla a Don
+Quijote, en pago de su guardia.
+
+A solas y mientras hacía su guardia, recordaba en voz alta Don Quijote
+a su señora Dulcinea, cuando la hija de la ventera _le comenzó a cecear
+y a decirle: señor mío, lléguese acá la vuestra merced, si es servido_.
+Y el frágil Caballero ablandóse y cedió, y en vez de hacer oídos sordos
+a los reclamos de retozona semidoncella, se metió a exponerle la
+imposibilidad en que estaba de satisfacerla, sin advertir el cuitado
+que discutir con la tentación, reconociéndola así beligerancia, es
+ya camino para ser vencido por ella. Y así fué que le pidieron una
+de sus manos, llamándolas hermosas. Y el cuitado hidalgo, rendido al
+requiebro, le dió la mano a que no había tocado otra de mujer alguna, y
+no para que la besara, sino para que por ella admirasen la fuerza del
+brazo que tal mano tenía.
+
+¿Admirar? ¿No ves, sencillo Caballero, el peligroso juego en que te
+metes al dar tu mano a la admiración de unas damas? ¿No sabes acaso que
+la admiración de una mujer hacia un hombre no es sino forma de algo
+más íntimo que la admiración misma? No se admira sino lo que se ama,
+y en la mujer no hay mas que un modo de admirar al hombre. ¡Y admirar
+no tus propósitos, no una obra o hazaña tuya, no tus pensamientos,
+sino admirar tu mano! ¡Oh, si hubieras logrado que la admirase Aldonza
+Lorenzo; que te la hubiese recogido entre las suyas para que por _la
+contextura de sus nervios, la trabazón de sus músculos, la anchura y
+espaciosidad de sus venas_ sacase qué tal debía ser la fuerza del brazo
+que tal mano tenía, y sobre todo la fuerza del corazón que regaba de
+sangre aquellas venas!
+
+Cometiste, buen Caballero, una imperdonable lije reza al dar a admirar
+tu mano a damas que te la pedían para burlarse de ti y lo pagaste
+caro. Lo pagó caro, porque se quedó preso de la mano por un cabestro.
+Maritornes y la hija del ventero _se fueron muertas de risa y le
+dejaron asido de manera que fué imposible soltarse_. Fíate luego de
+mujeres retozonas y regocijadas.
+
+Creyólo encantamiento Don Quijote y no era sino castigo a su blandura
+y petulancia. El héroe no debe dar a admirar sus manos, así sin más
+ni más y al primero o a la primera que las pida, sino guardarlas más
+bien de miradas curiosas y lijeras. ¿Qué importa a los demás las manos
+con que se hace las cosas? Fea costumbre es esa de meterse en casa del
+combatiente generoso y revisar sus armas, inquirir cómo trabaja y vive
+y examinarle las manos. Si escribes, que nadie sepa cómo escribes, ni a
+qué horas, ni con qué pluma ni de qué modo.
+
+En tanto Don Quijote _maldecía ante sí su poca discreción y discurso_
+al no estar alerta frente a los encantamientos y _allí fué el maldecir
+de su fortuna y el exagerar la falta que haría en el mundo su presencia
+y el acordarse de nuevo de Dulcinea y el llamar a Sancho Panza_ y a
+los sabios Lirgandeo y Alquife, y a su buena amiga Urganda, y _allí le
+tomó la mañana tan desesperado y confuso que bramaba como un toro_.
+Y aun así, preso de la mano, increpó a cuatro hombres de a caballo,
+que llamaron a la venta al amanecer, mostrando en ello su indomable
+fortaleza.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XLIV
+
+ Donde se prosiguen los inauditos sucesos de la venta.
+
+
+Y luego que Maritornes le soltó, temerosa de lo que sucediese, Don
+Quijote _subió sobre Rocinante, embrazó su adarga, enristró su lanza_ y
+retó a quien dijese que había sido con justo título encantado. ¡Bravo,
+mi buen hidalgo!
+
+ Procure siempre acertarla
+ el honrado y principal;
+ pero si la acierta mal,
+ defenderla, y no enmendarla
+
+como dice el conde Lozano a Peranzules en LAS MOCEDADES DEL CID.
+
+Los de a caballo fueron a su asunto, y Don Quijote, _que vió que
+ninguno de los cuatro caminantes hacía caso de él, ni le respondían a
+su demanda, moría y rabiaba de despecho y saña_... Sí, mi pobre Don
+Quijote, sí; gustamos más de que se rían de nosotros que no de que no
+nos hagan caso. Comprendo tu despecho y saña. Entre aquel corro de
+burladores lo peor para ti es que no hiciesen, ni aun de burlas, caso
+de tus retos ni bravatas.
+
+Poco después de esto trabóse el ventero a puñetazos con dos huéspedes
+que buscaban escurrírsele sin pagar, y acudieron la ventera y su hija
+a Don Quijote como más desocupado, para que socorriese al marido y
+padre, a lo cual respondió _muy de espacio y con mucha flema: fermosa
+doncella, no ha lugar por ahora vuestra petición, porque estoy impedido
+de entremeterme en otra aventura en tanto no diere cima a una en que
+mi palabra me ha puesto_, añadiendo que corriese a decir a su padre
+entretuviera la batalla mientras él obtenía licencia de la princesa
+Micomicona. Obtúvola, mas ni aun así puso mano a su espada Don Quijote,
+al ver que eran gente escuderil. E hizo bien.
+
+Pues qué ¿no hay sino acudir al Caballero cuando se nos antoja y ahora
+burlarnos de él y colgarle de la mano y querer luego que nos sirva y
+acorra en nuestros aprietos con aquella misma mano injuriada antes?
+Está muy bien burlarse del loco, mas luego, cuando lo necesitamos
+acudimos a él. ¡Desgraciado del héroe que pone su heroísmo al servicio
+de los que se le vienen delante, y así lo rebaja! Si tu prójimo anda a
+puñetazos con bellacos como él, déjale y allá se las haya, sobre todo
+si es porque quieren escurrírsele sin pagar; tu entremetimiento será
+dañoso. No cuando él crea deber ser socorrido, sino cuando crea yo
+deber socorrerle. No des a nadie lo que te pida, sino lo que entiendas
+que necesita, y soporta luego su ingratitud.
+
+A poco de esto entró en la venta el barbero del yelmo de Mambrino y la
+tramó con Sancho; llamándole ladrón al ver los aparejos del suyo en el
+asno de éste, y Sancho se defendió bravamente contentando a su amo, que
+_propuso en su corazón armarle caballero_. Mentó el barbero la bacía y
+entonces se interpuso Don Quijote, y mandó traerla y juró que era yelmo
+y lo puso a la consideración de los allí presentes. ¡Sublime fe que
+afirmó en voz alta, bacía en la mano, y a la vista de todos, que era
+yelmo!
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XLV
+
+ Donde se acaba de averiguar la duda del yelmo de Mambrino y de la
+ albarda, y otras aventuras sucedidas con toda verdad.
+
+
+_¿Qué les parece a vuestras mercedes, señores--dijo el barbero--, de
+lo que afirman estos gentiles hombres, pues aún porfían que ésta no es
+bacía, sino yelmo? Y quien lo contrario dijere--dijo Don Quijote--le
+haré yo conocer que miente si fuere caballero, y si escudero que
+remiente mil veces._
+
+Así, así, mi señor Don Quijote, así; es el valor descarado de afirmar
+en voz alta y a la vista de todos y de defender con la propia vida
+la afirmación, lo que crea las verdades todas. Las cosas son tanto
+más verdaderas cuanto más creídas y no es la inteligencia, sino la
+voluntad, la que las impone.
+
+Bien hubo de verlo el pobre barbero de quien la bacía fué cuando no era
+aún yelmo. Primero fué Sancho, cuando Don Quijote dijo _juro por la
+orden de caballería que profeso que este yelmo fué el mismo que yo le
+quité, sin haber añadido en él ni quitado cosa alguna_, quien agregó en
+tímido apoyo de su amo: _En eso no hay duda, porque desde que mi señor
+le ganó hasta ahora no ha hecho con él más de una batalla, cuando libró
+a los sin ventura encadenados; y si no fuera por este baciyelmo, no lo
+pasara entonces muy bien, porque hubo asaz de pedradas en aquel trance_.
+
+¿Baciyelmo? ¿Baciyelmo, Sancho? ¡No hemos de ofenderte creyendo que
+esto de llamarle baciyelmo fué una de tus socarronerías, no!; es la
+marcha de tu fe. No podías pasar de lo que tus ojos te enseñaban,
+mostrándote como bacía la prenda de la disputa, a lo que la fe en tu
+amo te enseñaba, mostrándotela como yelmo, sin agarrarte a eso del
+baciyelmo. En esto sois muchos los Sanchos, y habéis inventado lo de
+que en el medio está la virtud. No, amigo Sancho, no; no hay baciyelmos
+que valgan. Es yelmo o es bacía según quien de él se sirva, o mejor
+dicho es bacía y es yelmo a la vez porque hace a los dos trances. Sin
+quitarle ni añadirle nada puede y debe ser yelmo y bacía, todo él yelmo
+y toda ella bacía; pero lo que no puede ni debe ser, por mucho que se
+le quite o se le añada, es baciyelmo.
+
+Más resueltos encontró el barbero de la bacía al otro barbero maese
+Nicolás, y a Don Fernando, el de Dorotea, y al cura y a Cardenio
+y al oidor, que con grande asombro de otros de los presentes lo
+diputaron por yelmo. Como burla pesada quiso tomarlo uno de los cuatro
+cuadrilleros allí presentes, incomodóse, trató de borrachos a los que
+afirmaban lo contrario, lanzóle un mentís Don Quijote y fuese sobre él
+y armóse la de San Quintín, dándose de golpes los unos a los otros.
+Y fué Don Quijote quien con sus voces, y recordando la discordia del
+campo de Agramante, apaciguó el cotarro.
+
+¿Qué? ¿Os extraña la general pendencia por si era la bacía bacía o si
+era yelmo? Otras más entreveradas y más furiosas se han armado en el
+mundo por otras bacías y no de Mambrino. Por si el pan es pan y el
+vino vino, y por cosas parecidas. En torno a Caballeros de la fe se
+arredilan carneros humanos, y por llevarles el humor o por cualquier
+otra cosa sostienen que la bacía es yelmo, como aquellos dicen, y se
+vienen a las manos por sostenerlo, y es lo fuerte del caso que los
+más de cuantos pelean sosteniendo que es yelmo, tienen para sí que
+es bacía. El heroísmo de Don Quijote se comunicó a sus burladores,
+quedaron quijotizados a su pesar, y Don Fernando medía con sus pies a
+un cuadrillero por haber éste osado sostener que la bacía no era yelmo,
+sino bacía. ¡Heroico Don Fernando!
+
+Ved, pues, a los burladores de Don Quijote burlados por él,
+quijotizados a su despecho mismo, y metidos en pendencia y luchando a
+brazo partido por defender la fe del Caballero, aun sin compartirla.
+Seguro estoy, aunque Cervantes no nos lo cuenta, seguro estoy de que
+después de la tunda dada y recibida, empezaron los partidarios del
+Caballero, los quijotanos o yelmistas, a dudar de que la bacía lo
+fuera y a empezar a creer que fuese el yelmo de Mambrino, pues con
+sus costillas habían sostenido tal credo. Cumple afirmar aquí una vez
+más que son los mártires los que hacen la fe más bien que la fe a los
+mártires.
+
+En pocas aventuras se nos aparece Don Quijote más grande que en esta en
+que impone su fe a los que se burlan de ella, y los lleva a defenderla
+a puñetazos y a coces y a sufrir por ella.
+
+¿Y a qué se debió ello? No a otra cosa si no a su valor de afirmar
+delante de todos que aquella bacía, que como tal la veía él, lo mismo
+que los demás, con los ojos de la cara, era el yelmo de Mambrino, pues
+le hacía oficio de semejante yelmo.
+
+No le faltó «esse descarado heroismo d'affirmar, que, batendo na terra
+com pé forte, ou pallidamente elevando os olhos ao Ceo cria a traves da
+universal illusão Sciencias e Religiões» como dice Eça de Queiroz al
+final de su A RELIQUIA.
+
+Es el valor de más quilates, el que afronta no daño del cuerpo, ni
+mengua de la fortuna ni menoscabo de la honra, sino el que le tomen a
+uno por loco o por sandio.
+
+Este valor es el que necesitamos en España, y cuya falta nos tiene
+perlesiada el alma. Por falta de él no somos fuertes ni ricos ni
+cultos; por falta de él no hay canales de riego ni pantanos, ni buenas
+cosechas; por falta de él no llueve más sobre nuestros secos campos,
+resquebrajados de sed, o cae a chaparrones el agua arrastrando el
+mantillo y arrasando a las veces las viviendas.
+
+Que ¿también esto os parece paradoja? Id por esos campos y proponed a
+un labrador una mejora de cultivo o la introducción de una nueva planta
+o una novedad agrícola y os dirá: «Eso no pinta aquí». «¿Lo habéis
+probado?», preguntaréis, y se limitará a repetiros: «Eso no pinta
+aquí». Y no sabe si pinta o no pinta, porque no lo ha probado, ni lo
+ensayará nunca. Lo probaría estando de antemano seguro del buen éxito,
+pero ante la perspectiva de un fracaso y tras él la burla y chacota de
+sus convecinos, tal vez el que le tengan por loco o por iluso o por
+mentecato, ante esto se arredra y no ensaya. Y luego se sorprende del
+triunfo de los valientes, de los que arrostran motajos, de los que no
+se atienen al «en donde fueres haz lo que vieres» y el «¿adónde vas,
+Vicente?, ¡adonde va la gente!», de los que se sacuden del instinto
+rebañego.
+
+Hubo en esta provincia de Salamanca un hombre singular, que surgido
+de la mayor indigencia amasó unos cuantos millones. Estos charros del
+rebaño no se explicaban tal fortuna sino suponiendo que había robado
+en sus mocedades, porque estos desgraciados, tupidos de sentido común
+y enteramente faltos de valor moral, no creen sino en el robo y en la
+lotería. Mas un día me contaron una proeza quijotesca de ese ganadero,
+el Mosco. Y fué que trajo de las costas del Cantábrico hueva de besugo
+para echarla en una charca de una de sus fincas. Y al oirlo me lo
+expliqué todo. El que tiene valor de arrostrar la rechifla que ha de
+atraerle forzosamente el traer hueva de besugo para echarla en una
+charca de Castilla, el que hace esto, merece la fortuna.
+
+¿Que es ello absurdo?--decís. ¿Y quién sabe qué es lo absurdo? ¡Y
+aunque lo fuera! Sólo el que ensaya lo absurdo es capaz de conquistar
+lo imposible. No hay mas que un modo de dar una vez en el clavo, y es
+dar ciento en la herradura. Y sobre todo no hay más que un modo de
+triunfar de veras: arrostrar el ridículo. Y por no tener valor para
+arrostrarlo tiene esta gente su agricultura en la postración en que
+yace.
+
+Sí, todo nuestro mal es la cobardía moral, la falta de arranque para
+afirmar cada uno su verdad, su fe, y defenderla. La mentira envuelve y
+agarrota las almas de esta casta de borregos modorros, estúpidos por
+opilación de sensatez.
+
+Se proclama que hay principios indiscutibles y cuando se trata de
+ponerlos en tela de juicio, no falta quien ponga el grito en el cielo.
+No ha mucho pedí que se pidiera la derogación de ciertos artículos
+de nuestra ley de Instrucción Pública, y una mazorca de mandrias
+se pusieron a berrear que era inoportuno e impertinente, y otras
+palabrotas más fuertes y más groseras. ¡Inoportuno! Estoy harto de oir
+llamar inoportunas a las cosas mis oportunas, a todo lo que corta la
+digestión de los hartos y enfurece a los tontos. ¿Qué se teme? ¿Que
+se trabe pendencia y se encienda la guerra civil de nuevo? ¡Mejor que
+mejor! Es lo que necesitamos.
+
+Sí, es lo que necesitamos: una nueva guerra civil. Es menester afirmar
+que deben ser y son yelmos las bacías y que se arme sobre ello
+pendencia como la que se armó en la venta. Una nueva guerra civil,
+con unas o con otras armas. ¿No oís a esos desgraciados de corazón
+engurruñido y seco que dicen y repiten que estas o las otras disputas a
+nada práctico conducen? ¿Qué entienden por práctica esas pobres gentes?
+¿No oís a los que repiten que hay discusiones que deben evitarse?
+
+No faltan menguados que nos estén cantando de continuo el estribillo
+de que deben dejarse a un lado las cuestiones religiosas; que lo
+primero es hacerse fuertes y ricos. Y los muy mandrias no ven que por
+no resolver nuestro íntimo negocio, no somos ni seremos fuertes ni
+ricos. Lo repito, nuestra patria no tendrá agricultura, ni industria,
+ni comercio, ni habrá aquí caminos que lleven a parte adonde merezca
+irse mientras no descubramos nuestro cristianismo, el quijotesco. No
+tendremos vida exterior poderosa y espléndida y gloriosa y fuerte
+mientras no encendamos en el corazón de nuestro pueblo el fuego de las
+eternas inquietudes. No se puede ser rico viviendo de mentira, y la
+mentira es el pan nuestro de cada día para nuestro espíritu.
+
+¿No oís a ese burro grave que abre la boca y dice: «¡eso no puede
+decirse aquí!»? ¿No oís hablar de paz, de una paz más mortal que la
+muerte misma, a todos los miserables que viven presos de la mentira?
+¿No os dice nada ese terrible artículo, padrón de ignominia para
+nuestro pueblo, que figura en los reglamentos de casi todas las
+sociedades de recreo de España y que dice: «se prohibe discusiones
+políticas y religiosas»?
+
+¡Paz! ¡paz! ¡paz! Croan a coro todas las ranas y los renacuajos todos
+de nuestro charco.
+
+¡Paz! ¡paz! ¡paz! Sí, sea, paz, pero sobre el triunfo de la sinceridad,
+sobre la derrota de la mentira. Paz, pero no una paz de compromiso,
+no un miserable convenio como el que negocian los políticos, sino paz
+de comprensión. Paz, sí, pero después que los cuadrilleros reconozcan
+a Don Quijote su derecho a afirmar que la bacía es yelmo; mas aún,
+después que los cuadrilleros confiesen y afirmen que en manos de Don
+Quijote es yelmo la bacía. Y esos desdichados que gritan «¡paz! ¡paz!»
+se atreven a tomar en labios el nombre del Cristo. Y olvidan que el
+Cristo dijo que él no venía a traer paz, sino guerra, y que por él
+estarían divididos los de cada casa, los padres contra los hijos, los
+hermanos contra los hermanos. Y por él, por el Cristo, para establecer
+su reinado, el reinado social de Jesús--que es todo lo contrario de lo
+que llaman los jesuítas el reinado social de Jesucristo--, el reinado
+de la sinceridad y de la verdad y del amor y de la paz verdaderas; para
+establecer el reinado de Jesús tiene que haber guerra.
+
+¡Raza de víboras la de esos que piden paz! Piden paz para poder morder
+y roer y emponzoñar más a sus anchas. De ellos dijo el Maestro que
+«ensanchan sus filacterias y estienden los flecos de sus mantos» (Mar.
+XXIII, 5). ¿Sabéis qué es esto? Eran las filacterias unas cajitas
+que contenían pasajes de la Escritura y que llevaban los judíos en
+la cabeza y el brazo izquierdo en ciertas ocasiones. Eran como esos
+amuletos que se cuelga del cuello de los niños para preservarles de no
+sé qué mal y consisten en unas bolsitas, bordadas muy cucamente, con
+lentejuelas, por alguna monja que, bordándolas, mató el aburrimiento, y
+dentro de las cuales bolsas se mete unos papelitos en que van impresos
+pasajes del Evangelio, de ese Evangelio que jamás habrá de leer el niño
+que lleva al cuello el amuleto, y en latín dichos pasajes, para mayor
+claridad. Eso eran las filacterias, y llevaban además los fariseos en
+los flecos o randas de los mantos pasajes también de las Escrituras.
+Era como eso que hoy llevan muchos sobre la solapa de la levita o de la
+chaqueta: un corazón pintado en un disco de seco y duro barro. Y estos
+del amuleto, de la filacteria moderna, estos y sus congéneres son los
+que osan hablar de paz y de oportunidad y de pertinencia. No, ellos
+mismos nos han enseñado la fórmula: no caben nefandos contubernios
+entre los hijos de la luz y los de las tinieblas. Y ellos, los cobardes
+servidores de la mentira, son los hijos de las tinieblas, y nosotros,
+los fieles de Don Quijote, somos los hijos de la luz.
+
+Y volviendo a la historia vemos que se sosegaron todos, pero uno de
+los cuadrilleros empezó a examinar a Don Quijote, contra quien llevaba
+mandamiento de prisión por haber libertado a los galeotes y asióle del
+cuello y pidió ayuda a la Santa Hermandad, pero revolvióse el Caballero
+contra él y por poco lo ahoga. Separáronlos, pero los cuadrilleros
+pedían su presa, _aquel robador y salteador de sendas y de carreras_.
+
+_Reíase de oir decir estas razones Don Quijote_, reíase y hacía bien
+en reirse, él, de quien los otros se reían; reíase con risa heroica
+y caballeresca, no burlona, y con mucho sosiego los reprendió por
+llamar saltear caminos a _acorrer a los miserables, alzar los caídos,
+remediar los menesterosos_. Y allí, arrogante y noble, invocó su fuero
+de caballero andante, cuya _ley es su espada, sus fueros sus bríos, sus
+premáticas su voluntad_.
+
+¡Bravo, mi señor Don Quijote, bravo! La ley no se hizo para ti ni para
+nosotros tus creyentes; nuestras premáticas son nuestra voluntad.
+Dijiste bien; tenías bríos para dar tú solo cuatrocientos palos a
+cuatrocientos cuadrilleros que se te pusieran delante, o por lo menos
+para intentarlo, que en el intento está el valor.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XLVI
+
+ De la notable aventura de los cuadrilleros y la gran ferocidad de
+ nuestro buen caballero Don Quijote.
+
+
+Y así los cuadrilleros hubieron de resignarse a pretexto de estar Don
+Quijote loco, y el barbero hubo de avenirse a que la bacía era yelmo
+merced a ocho reales que por ella le dió el cura a socapa, que si por
+aquí hubiesen empezado habríase evitado la pendencia, pues no hay
+barbero antiquijotano o baciísta que por ocho reales no declare que
+son yelmos las bacías todas habidas y por haber, y más si antes le han
+carmenado las costillas por sostener lo contrario. Y ¡qué bien conocía
+el cura la manera de hacer confesar la fe a los barberos, que andan muy
+cerca de los carboneros! No sé cómo no se ha hecho la fe del barbero
+tan proverbial como la del carbonero. Lo merece.
+
+Y no bien había llevado Don Quijote a sus burladores a pelear por fe
+que no compartían y lo sosegó luego todo, cuando trataron de enjaularle
+y lo pusieron por obra, disfrazándose para ello. Sólo disfrazados
+pueden los burladores enjaular al Caballero. Encerráronle en una
+jaula, clavaron los maderos y le sacaron en hombros con unas ridículas
+palabras que declamó maese Nicolás para hacer creer a Don Quijote que
+iba encantado, como lo creyó. Y luego acomodaron la jaula en un carro
+de bueyes.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XLVII
+
+ Del extraño modo con que fué encantado Don Quijote de la Mancha, con
+ otros famosos sucesos.
+
+
+¡Encerrado en una jaula de madera tirada en carro de bueyes! Muchas y
+muy graves historias de caballeros andantes había leído Don Quijote,
+pero jamás vió ni oyó que les llevasen de tal manera a los caballeros
+andantes, sino siempre por los aires _con extraña ligereza, encerrados
+en alguna parda y escura nube o en algún carro de fuego_. Pero es que
+la caballería y los encantos de su tiempo seguían otro camino distinto
+del seguido por los antiguos, y así cumplía para que se consumase la
+burlesca pasión de nuestro Caballero.
+
+El mundo obliga a los caballeros a ir encerrados en jaula y a paso
+de buey. Y aun finge que llora al verlos ir así, como lo fingieron
+la ventera, su hija y Maritornes. Y emprendió su camino la carreta,
+entre los cuadrilleros, llevando Sancho de la rienda a Rocinante. _Don
+Quijote iba sentado en la jaula, las manos atadas, tendidos los pies
+y arrimado a las verjas con tanto silencio y tanta paciencia como si
+no fuera hombre de carne_... Y claro que no lo era, sino hombre de
+espíritu. Admiremos una vez más a Don Quijote en esta aventura, en su
+silencio y en su paciencia.
+
+Y no paró aquí su pasión, sino que yendo así hubo de topar con un
+canónigo, hombre de sobrado sentido común. Y a las primeras de cambio,
+enterándole Don Quijote de quién era, le mostró ingenuamente el fondo
+de su heroísmo, al decirle que era caballero andante, pero no de los
+olvidados de la fama, sino de aquellos que ha de poner ésta _su nombre
+en el templo de la inmortalidad, para que sirva de ejemplo y dechado de
+loa venideros siglos_.
+
+¡Oh, mi heroico Caballero, que encerrado en jaula y a paso de bueyes
+llevado, aún crees, y crees bien, que tu nombre será puesto para
+los venideros siglos en el templo de la inmortalidad! Se admiró el
+canónigo al oir a Don Quijote y aún más de oir al cura confirmar lo
+dicho por él, cuando vele aquí que Sancho metió su malicioso juicio,
+dudando fuese encantado su amo, pues comía, bebía, hablaba y hacía sus
+necesidades, y encarándose con el cura le echó en rostro la su envidia.
+
+Acertaste, fiel escudero, acertaste; la envidia y sólo la envidia
+enjauló a tu amo, la envidia disfrazada de caridad, la envidia de los
+hombres cuerdos que no pueden sufrir locura heroica, la envidia que
+ha erigido al sentido común en tirano nivelador. Esclavos de él eran
+el canónigo y el cura ¡es natural! y se pusieron a departir aparte,
+ensartando el primero un sin fin de ramplonadas y oquedades a cuenta de
+literatura.
+
+¡Y cuán profundamente castellana fué aquella plática entre canónigo y
+cura! En el contacto y trato de estos espíritus alcornoqueños, lejos de
+gastárseles el corcho de que están recubiertos, se les acrecienta, como
+con el roce crece, en vez de menguar, el callo. ¡Qué alegría hubieron
+de sentir al encontrarse tan razonables el uno para el otro! Está visto
+que esta casta sólo llega a lo eterno humano, a lo divino más bien, o
+cuando rompe gracias a la locura la corteza que le aprisiona el alma,
+o cuando con la simplicidad lugareña le rezuma el alma de ella. No le
+falta inteligencia; sino le falta espíritu. Es brutalmente sensata, y
+el supuesto espiritualismo cristiano que dice profesar no es, en el
+fondo, sino el más crudo materialismo que puede concebirse. No le basta
+sentir a Dios, quiere que le demuestren matemáticamente su existencia,
+y aún más, necesita tragárselo.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XLVIII
+
+Donde prosigue el canónigo la materia de los libros de caballerías, con
+ otras cosas dignas de su ingenio.
+
+
+Mientras cura y canónigo se satisfacían con vulgaridades, llegóse
+Sancho a su amo y le reveló lo de ir allí el cura y el barbero del
+lugar replicándole Don Quijote que bien podrían parecerle ellos
+mismos, pero no por eso debía creer que lo fuesen realmente, sino cosa
+de encantamiento para dar ocasión al pobre escudero a ponerse en un
+laberinto de imaginaciones. Y así es en verdad, que ni los curas ni
+los barberos son lo que parecen, sino figuras de encantamiento para
+meternos en un laberinto de imaginaciones. Y agregó el Caballero:
+_yo me veo enjaulado y sé de mí que fuerzas humanas, como no fueran
+sobrenaturales, no fueran bastantes a enjaularme, ¿qué quieres que diga
+o piense sino que la manera de mi encantamiento excede a cuantas yo he
+leído?_
+
+¡Oh fe robusta y maravillosa! No hay, en efecto, fuerza humana que
+pueda esclavizar y enjaular de veras a otro hombre, pues cargado
+de grilletes y esposas y cadenas será siempre libre el libre, y si
+alguien se ve sin movimiento, es que se halla encantado. Habláis de
+libertad y buscáis la de fuera; pedís libertad de pensamiento en vez
+de ejercitaros en pensar. Desea con ansia volar, aunque llevado en
+el encierro de una jaula y a paso de buey, y tu deseo hará que te
+broten alas, y la jaula se te ensanchará convirtiéndosete en Universo
+y volarás por su firmamento. Todo contratiempo que te ocurra ten por
+seguro que proviene de encantamientos, pues no hay hombre capaz de
+enjaular a hombre.
+
+Pero Sancho no cejaba en su propósito para probarle a su amo que no iba
+encantado, como creía, le preguntó si le había venido gana de hacer lo
+que no se excusa, a lo que respondió Don Quijote: _Ya, ya te entiendo,
+Sancho; y muchas veces, y aun ahora la tengo; sácame deste peligro, que
+no anda todo limpio_.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XLIX
+
+Donde se trata del discreto coloquio que Sancho Panza tuvo con su señor
+ Don Quijote.
+
+
+Y entonces Sancho, triunfante, exclamó: _¡cogido le tengo!_, queriendo
+por ello probarle que no iba en verdad, como en verdad iba, encantado.
+A lo que respondió el Caballero: _Verdad dices, Sancho, pero ya te he
+dicho que hay muchas maneras de encantamientos_.
+
+Claro está, tantas como personas. Y de que sea uno esclavo de su
+cuerpo, jaula estrecha y pobre y más a paso de buey llevada que aquélla
+en donde iba encantado nuestro hidalgo, de que sea uno esclavo de su
+cuerpo no se ha de sacar que no es toda la vida de este bajo mundo
+sino puro encantamiento. Así discurren los Sanchos materialistas, que
+deducen no hay sino lo aparencial y lo que se ve y se toca y se huele
+de que tengamos todos, héroes y no héroes, que hacer aguas menores y
+mayores. La necesidad de tener que hacer lo que no se excusa es el
+argumento Aquiles del sanchopancismo filosófico, disfrácese como se
+disfrazare. Pero bien, dijo Don Quijote: _yo sé y tengo para mí que
+voy encantado, y esto me basta para la seguridad de mi conciencia_.
+¡Admirable respuesta que pone la seguridad de la conciencia por encima
+de los engaños de los sentidos! ¡Admirable respuesta que opone a las
+necesidades de limpiarse el cuerpo la necesidad de asegurarse la
+conciencia! Rara vez se ha dado una más robusta fórmula de la fe. Lo
+que basta para la seguridad de la conciencia eso es la verdad y sólo
+eso. La verdad no es relación lógica del mundo aparencial a la razón,
+aparencial también, sino que es penetración íntima del mundo sustancial
+en la conciencia, sustancial también.
+
+Sacáronle a Don Quijote de la jaula para que hiciese lo que no se
+excusa, y limpio ya su cuerpo, pasó por otra más dura prueba y
+fué tener que oir las hueras sensateces del canónigo, empeñado en
+demostrarle que ni iba encantado ni había caballeros andantes en el
+mundo. Y a ello respondió muy bien Don Quijote que si no era cierto lo
+de Amadís y Fierabrás, no lo sería más lo de Héctor y los Doce Pares y
+Roldán y el Cid. Y así es, como ya he dicho, pues hoy ¿hay más realidad
+en el Cid que en Amadís o en Don Quijote mismo? Mas el canónigo, hombre
+de dura cerviz y tupido de bastísimo sentido común, se salió, como
+todos los ergotistas más o menos canónigos, con simplezas como la de no
+haber duda de que hubo Cid, ni menos Bernardo del Carpio, pero sí de
+que hicieran las hazañas que de ellos se cuenta. Era, al parecer, el
+tal canónigo uno de esos pobres hombres que manejan la crítica o cedazo
+y se ponen a puntualizar, papelotes en mano, si tal cosa fué o no como
+se cuenta, sin advertir que lo pasado no es ya y que sólo existe de
+verdad lo que obra, y que una de esas llamadas leyendas cuando mueve a
+obrar a los hombres, encendiéndoles los corazones, o les consuela de
+la vida, es mil veces más real que el relato de cualquier acta que se
+pudra en un archivo.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO L
+
+De las discretas altercaciones que Don Quijote y el canónigo tuvieron,
+ con otros sucesos.
+
+
+¿Que no son ciertos los libros de caballerías? _Léalos y verá el
+gusto que recibe de su leyenda_--retrucó triunfadoramente Don
+Quijote. ¡Válgame Dios, y que no comprendiese el canónigo la fuerza
+incontrastable de este argumento, cuando había tantas otras cosas
+tenidas por él como las más verdaderas de todas, más verdaderas aún que
+las percibidas por el sentido, y cosas cuya verdad se saca del consuelo
+y provecho que se recibe de ellas y de que bastan para la seguridad
+de la conciencia! Que todo un canónigo de la Santa Iglesia Católica
+Apostólica Romana no comprendiese cómo el consuelo, por ser consuelo,
+ha de ser verdad, y no que hayamos de buscar en la verdad lógica
+consuelo. ¡Oh, y si aplicándolo a los libros de caballería celestial
+o de ultratumba, le hubiesen retrucado al canónigo el argumento! ¿Qué
+habría dicho entonces? ¿Si los argumentos que él enderezaba contra la
+locura caballeresca, se los hubiesen rebotado enderezados contra la
+locura de la cruz? Don Quijote esgrimió el tan socorrido argumento
+del consentimiento de las gentes, ¿por qué no había de tener valor
+en su boca? Y sobre todo _de mí sé decir_--añadió--_que después que
+soy caballero andante soy valiente, comedido, liberal, bien criado,
+generoso, cortés, atrevido, blando, sufridor de trabajos_... ¡Suprema
+razón! Suprema razón que no podía rechazar el canónigo, pues sabía
+bien que de haber hecho a los hombres humildes, mansos, caritativos y
+prontos a sufrir hasta la muerte, se deduce la verdad de las leyendas
+que los hacen tales. Y si no los hacen así, entonces son mentira y no
+verdad las leyendas.
+
+Pero ¡con qué canónigos se topa uno, Dios mío, por esos andurriales de
+la vida! A este con que topó Don Quijote y que era la sesudez en pasta,
+¿no podría habérsele desentrañado un añico siquiera de locura? Es muy
+de dudarlo; el seso le había carcomido las entrañas. Estos hombres tan
+razonables no suelen tener sino razón; piensan con la cabeza tan sólo,
+cuando debe pensarse con todo el cuerpo y con el alma toda.
+
+No consiguió el canónigo convencer a Don Quijote, ni era posible le
+convenciese. ¿Y por qué? Por la razón misma que decía Teresa de Jesús
+(VIDA, XVI, 5) que no logran los predicadores que dejen los pecadores
+sus vicios públicos: «porque tienen mucho seso los que los predican»
+y «no están sin él con el gran fuego del amor de Dios como lo estaban
+los apóstoles y ansí calienta poco esta llama». Y así Don Quijote había
+movido a sus burladores a que sostuvieran y defendieran a costa de sus
+costillas que la bacía no era bacía sino yelmo, y el sesudo canónigo no
+logró convencerle a él de que no hubiese habido caballeros andantes en
+el mundo, porque Don Quijote con el gran fuego del amor de Dulcinea,
+encendido y atizado secretamente por aquellas cuatro furtivas vistas de
+Aldonza en doce largos años de pensar, estaba sin seso y calentaba su
+llama a cuantos de buena fe se le acercaban. No hay sino ver a Sancho,
+que gracias a ello sintió que hasta conocer a su amo había vivido, aun
+sin saberlo, en arrecidísima vida.
+
+
+
+
+ CAPÍTULOS LI Y LII
+
+ Que trata de lo que contó el cabrero a todos los que llevaban a Don
+ Quijote y De la pendencia que Don Quijote tuvo con el cabrero con la
+rara aventura de los disciplinantes, a quien dió felice fin a costa de
+ su sudor.
+
+
+Ocurrió luego el lance del cabrero y la aventura de los disciplinantes,
+y a los pocos días entraron al enjaulado caballero en su aldea, al
+mediodía de un domingo, para mayor burla y chacota. Y volvió Sancho
+lleno de fe en las caballerías, como se lo mostró a su mujer, pues
+_es linda cosa esperar los sucesos atravesando montes, escudriñando
+selvas, pisando peñas, visitando castillos, alojando en ventas a toda
+discreción sin pagar ofrecido sea al diablo el maravedí_.
+
+Y así acabó la segunda salida del Ingenioso Hidalgo y la primera parte
+de su historia.
+
+
+
+
+ SEGUNDA PARTE
+
+
+
+
+ CAPÍTULO I
+
+ De lo que el cura y el barbero pasaron con Don Quijote cerca de su
+ enfermedad.
+
+
+Cuando llevaba muy sosegado Don Quijote un mes ya en su casa,
+nutriéndose de cosas confortativas para el corazón y el cerebro,
+creyéronle los suyos curado de su heroísmo caballeresco. Fueron a
+tentarle y probarle y entonces ocurrió entre él y el cura y el barbero
+la plática aquella que nos ha conservado Cervantes y lo de _¡caballero
+andante he de morir!_ que dijo Don Quijote a su sobrina. Y a seguida el
+cuento del loco de Sevilla, por el barbero, y la melancólica respuesta
+del hidalgo: _Ah, señor rapista, señor rapista, y cuán ciego es aquel
+que no ve por tela de cedazo_, y todo lo que a esto se sigue.
+
+En cierto tiempo en que yo corría una revuelta galerna íntima del
+espíritu, recibí una carta de un amigo en que a vueltas de mil elogios
+para dorar la píldora me daba a entender que me tenía por loco, pues
+me desasosegaban cuidados que a él nunca le quitaron el sueño. Y al
+leerlo me dije: ¡Válgame Dios y cómo confunden las gentes la locura con
+la mentecatería, pues este mi pobre amigo por creerme loco me juzga
+tan ciego que no he de ver por tela de cedazo; ¡me tiene por tonto que
+no he de entenderle! Pero me consolé pronto de la amistad de mi amigo.
+¿No ves que ese tan solícito amigo te toma por loco al colmarte de
+atenciones?
+
+
+
+
+ CAPÍTULO II
+
+Que trata de la notable pendencia que Sancho Panza tuvo con la sobrina
+ y ama de Don Quijote, con otros sucesos graciosos.
+
+
+Mientras estaban en esas pláticas Don Quijote, el cura y el barbero, se
+armó en el patio una más que regular peltrera entre Sancho de un lado
+y del otro el ama y la sobrina, pues no querían éstas dejarle entrar,
+reprochándole de haber sido él quien distraía y sonsacaba a su señor y
+le llevaba por aquellos andurriales, y replicándoles Sancho que él era
+el sonsacado y el distraído con engañifas.
+
+Mas cabe aquí hacer notar que acaso el ama y la sobrina no andaban
+muy lejos de la verdad, pues ambos a la par, Don Quijote y Sancho, se
+sonsacaban y distraían y se llevaban mutuamente por los andurriales
+del mundo. El que cree dirigir suele ser en mucha parte el dirigido,
+y la fe del héroe se alimenta de la que alcanza a infundir en sus
+seguidores. Sancho era la humanidad para Don Quijote, y Sancho,
+desfallecido y enardeciéndose a veces en su fe, alimentaba la de su
+señor y amo. Solemos necesitar de que nos crean para creernos, y si no
+fuera monstruosa herejía y hasta impiedad manifiesta sostendría que
+Dios se alimenta de la fe que en él tenemos los hombres. Pensamiento
+que disfrazándolo con los dioses paganos, expresó profundísima y
+egregiamente Góngora en aquellos dos diamantinos--por la dureza y por
+el esplendor--versos que dicen:
+
+ _Ídolos a los troncos la escultura,
+ a los ídolos dioses hizo el ruego._
+
+En una misma turquesa forjaron a caballero y escudero, como suponía el
+cura. Lo más grande y más consolador de la vida que en común hicieron,
+es el no poderse concebir al uno sin el otro, y que muy lejos de
+ser dos cabos opuestos, como hay quien mal supone, fueron y son no
+ya las dos mitades de una naranja, sino un mismo ser visto por dos
+lados. Sancho mantenía vivo el sanchopancismo de Don Quijote y éste
+quijotizaba a Sancho, sacándole a flor de alma su entraña quijotesca.
+Que aunque él dijera _Sancho nací y Sancho pienso morir_, lo cierto es
+que hay dentro de Sancho mucho Don Quijote.
+
+Y así cuando se quedaron solos, dijo el hidalgo a su escudero lo de
+_juntos salimos, juntos fuimos y juntos peregrinamos; una misma fortuna
+y una misma suerte ha corrido por los dos, y lo otro de soy tu cabeza y
+tú mi parte_... _y por esta razón el mal que a mí me toca o tocare, a
+ti te ha de doler y a mí el tuyo_, preñadísimas palabras en que mostró
+el caballero cuan a lo hondo sentía lo uno y mismo que con su escudero
+era.
+
+
+
+
+ CAPÍTULOS III Y IV
+
+Del ridículo razonamiento que pasó entre Don Quijote, Sancho Panza y el
+ bachiller Sansón Carrasco y Donde Sancho Panza satisface al bachiller
+ Sansón Carrasco de sus dudas y preguntas, con otros sucesos dignos de
+ saberse y de contarse.
+
+
+Siguieron hablando de lo que de ellos se decía por el mundo, radical
+cuidado de Don Quijote, y luego hizo Sancho venir al bachiller Sansón
+Carrasco, bachiller por esta Salamanca de mis pecados, típico personaje
+que entra aquí en tablado. Es este bachiller por Salamanca el hombre
+más representativo, después de nuestros dos héroes, que en la historia
+de éstos juega papel; es el cogollo y cifra del sentido común amigo
+de burlas y regocijos, el cabecilla de los que traían y llevaban,
+dejándola uno para tomarla otro, la Vida del Ingenioso Hidalgo. Quedóse
+a comer con Don Quijote y de refilón a burlarse de él para hacer honor
+a su mesa.
+
+Y el cándido Don Quijote--siempre lo fueron los héroes--al oir hablar
+de la historia que de sus hazañas andaba compuesta, se encendió en sed
+de renombre, pues _una de las cosas que más debe de dar contento a un
+hombre virtuoso y eminente, es verse_--dijo--_viviendo andar con buen
+nombre por las lenguas de las gentes, impreso y en estampa_, y así y
+por ello decidió volver a salir y declaró al bachiller su intento y
+cayó en la simplicidad de pedirle consejo de _por qué parte comenzaría
+su jornada_.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO V
+
+ De la discreta y graciosa plática que pasó entre Sancho Panza y su
+ mujer Teresa Panza, y otros sucesos dignos de felice recordación.
+
+
+De esta plática se saca muy en claro cómo había Don Quijote infundido
+en su escudero soplo de ambición y el del _Sancho nací, Sancho he
+de morir_, quería morir Don Sancho y señoría y abuelo de condes y
+marqueses.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO VI
+
+ De lo que pasó a Don Quijote con su sobrina y con su ama; y es uno de
+ los importantes capítulos de toda la historia.
+
+
+¡Y tan importante como es! Pues mientras Sancho altercaba con su mujer,
+disputaban con Don Quijote su ama y su sobrina, caseros estorbos de su
+heroísmo.
+
+Y hubo de oir el buen caballero que una rapaza como su sobrina, que
+apenas si sabía menear doce palillos de randas, se atreviera a negar
+que haya habido caballeros andantes en el mundo. Triste cosa es venir a
+oir en la propia casa y de labios de una rapazuela, que las repite de
+coro, las simplezas del vulgo.
+
+¡Y pensar que esta rapaza de Antonia Quijana es la que domeña y
+lleva hoy a los hombres en España! Sí, es esta atrevida rapaza, esta
+gallinita de corral, alicorta y picoteadora, es ésta la que apaga todo
+heroísmo naciente. Es la que decía a su señor tío aquello de _y que con
+todo esto dé en una ceguera tan grande y en una sandez tan conocida,
+que se dé a entender que es valiente siendo viejo, que tiene fuerzas
+estando enfermo, y que endereza tuertos estando por la edad agobiado, y
+sobre todo que es caballero no lo siendo, porque aunque lo puedan ser
+los hidalgos, no lo son los pobres_. Y hasta el esforzado Caballero de
+la Fe, vencido por la modesta entereza de aquella humilde rapazuela, se
+ablandó a contestarla: _Tienes mucha razón, sobrina, en lo que dices_.
+
+Y si tú mismo, denodado Don Quijote, te dejaste convencer, aunque
+sólo fuese de palabra y pasajeramente, por aquella gatita casera ¿qué
+mucho el que se rindan a su sabiduría de cocina los que la buscan para
+perpetuar en ella su linaje? Ella, la muy simplona, no comprende que
+pueda un viejo ser valiente y tener fuerzas un enfermo y enderezar
+tuertos el agobiado por la edad, y sobre todo no comprende que pueda un
+pobre ser caballero. Y aunque simplona y casera y de tan corto alcance
+de corazón como de cabeza, si se atreve contigo, su tío, ¿no se ha de
+atrever con los que la solicitan para novia o la poseen como maridos?
+Le han enseñado que el matrimonio se instituyó «para casar, dar gracia
+a los casados y criar hijos para el cielo» y de tal modo lo entiende
+y lo practica, que aparta a su marido de que nos conquiste ese cielo
+mismo para el que ha de criar sus hijos.
+
+Hay un sentido común y junto a él un sentimiento común también; junto
+a la ramplonería de la cabeza nos embarga y embota la ramplonería
+del corazón. Y de esta ramplonería eres tú, Antonia Quijana, lectora
+mía, la guardiana y celadora. La alimentas en tu corazoncito mientras
+espumas la olla de tu tío o mientras meneas los palillos de randas.
+¿Correr tu marido tras de la gloria? ¿La gloria? Y eso ¿con qué se
+come? El laurel es bueno para asaborar las patatas cocidas, es un
+excelente condimento de la cocina casera. Y tienes de él bastante con
+el que coges en la iglesia el Domingo de Ramos. Además, sientes unos
+furiosos celos de Dulcinea.
+
+No sé si caerán bajo los lindos ojos de alguna Antonia Quijana estos
+mis comentarios a la vida de su señor tío; hasta lo dudo, porque
+nuestras sobrinas de Don Quijote no gustan de leer cosa para la que
+tenga que fruncir la atención y rumiar algo lo leído; les basta
+noveluchas de diálogo muy cortado o de argumento que suspenda el
+ánimo por lo terrible, o ya libricos devotos tupidos de superlativos
+acaramelados y de desaboridas jaculatorias. Además presumo que
+los directores de vuestros espirituelos os prevendrían contra mis
+peligrosos extravíos de pluma si vuestra propia insustancialidad no
+os sirviera de fortísimo escudo. Estoy, pues, casi seguro de que no
+hojearéis con vuestras ociosas manos, hechas a menear palillos de
+randas, estas empecatadas páginas, pero si por un azar os cayesen bajo
+la mirada, os digo que no espero surja de entre vosotras ni una nueva
+Dulcinea que lance a un nuevo Don Quijote a la conquista de la fama,
+ni otra Teresa de Jesús, dama andante del amor que de tan hondamente
+humano se sale de lo humano todo. Ni encenderéis un amor como el que
+Aldonza Lorenzo, sin de ello percatarse, encendió en el corazón de
+Alonso el Bueno, ni lo encenderéis en el vuestro como aquel amor de
+Teresa para Jesús que hizo le atravesase el corazón un serafín con un
+dardo.
+
+También ella, Teresa, así como Alonso Quijano anduvo doce años
+enamorado de Aldonza, así tuvo ella trato con quien por vía de
+casamiento le pareció podía acabar en bien, y aquel con quien confesaba
+le dijo que no iba contra Dios (VIDA, cap. II), pero comprendió el
+premio que da el Señor a los que todo lo dejan por él y que el hombre
+no aplaca la sed de amor infinito y aquellos libros de caballerías a
+que fué aficionada le llevaron, a través de lo terreno del amor, al
+amor sustancial, y anheló gloria eterna y engolfarse en Jesús, ideal de
+hombre. Y dió en heroica locura y llegó a decir a su confesor: «suplico
+a vuestra merced seamos todos locos, por amor de quien por nosotros se
+lo llamaron» (VIDA, cap. XVI). Pero ¿tú, mi Antonia Quijana, tú? Tú
+no enloqueces ni en lo humano ni en lo divino; tendrás poco seso tal
+vez, pero por poco que sea te llena y tupe la cabecita toda, que es más
+pequeña aún que él y no te queda en ella sitio para el cogüelmo del
+corazón.
+
+Tienes muy buen sentido, discreta Antonia, sabes contar los garbanzos
+y remendar los calzones a tu marido, sabes cuidar la olla de tu tío
+y menear los palillos de randas, y para pasto de lo supremo de tu
+espíritu tienes tus funciones de celadora de este o del otro coro y la
+obligación de recitar a tal hora del día estas o las otras untuosas
+palabras que te dan por escrito. No dijo para ti Teresa lo de «no haga
+caso del entendimiento, que es un moledor» (VIDA, cap. XV), porque te
+da poca molienda tu entendimientecillo enroderado por tu director de
+espíritu y menoscabado y engurruñido desde que te lo descubrieron. Ese
+tu espíritu, tu almita que acaso fué soñadora otraño, te la alicortaron
+y encanijaron en un terrible potro; te la han brezado desde que lanzó
+su primer medroso vagido, te la han brezado con el viejo estribillo de
+
+ _duerme niño chiquito
+ que viene el Coco
+ a llevarse a los niños
+ que duermen poco_,
+
+te la han brezado con la gangosa canción con que tú misma, mi pobre
+Antonia, brezas a tus hijos, cuando eres madre, para que se duerman.
+Y mira, Antonia, no hagas por un momento caso alguno de los que
+te quieren gallinita de corral, no les hagas caso y medita en ese
+plañidero estribillo con que aduermes a tus hijos. Medita en eso de
+que venga el Coco y se lleve a los niños que duermen poco; medita,
+mi querida Antonia, en eso de que sea el mucho dormir lo que haya de
+librarnos de las garras del Coco. Mira, mi Antonia, que el Coco viene y
+se lleva y se traga a los dormidos, no a los despiertos.
+
+Y ahora, si por un momento logré distraerte de tus faenas y quehaceres,
+de las que llaman labores de tu sexo, perdónamelo o no me lo perdones.
+Yo soy quien no me perdonaría nunca el no haberte dicho que sólo te
+queremos de veras, te queremos mujer fuerte, los que te hablamos recio
+y duro, no los que te amarran, como ídolo, a un altar y te tienen allí
+presa atufándote con el incienso de fáciles requiebros, ni los que te
+aduermen el espíritu brezándotelo con ñoñas canciones de una piedad de
+alfeñique.
+
+Y tú, mi Don Quijote, triste cosa es que cuando te retraes a tu casa,
+al amor de tu hogar, como a castillo roquero que te mantenga lejos
+de las flechas envenenadas del mundo, y no te deje oir las voces de
+los que hablan por no callarse, triste cosa es que te muelan entonces
+todavía los oídos con ecos de esas mismas voces importunas. Triste
+cosa es que en vez de ser tu hogar expansión de tu espíritu y ámbito
+que de él te hizo, sea trasunto de lo de fuera. No te habría dicho eso
+Aldonza, de seguro, no te lo habría dicho.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO VII
+
+ De lo que pasó Don Quijote con su escudero, con otros sucesos
+ famosísimos.
+
+
+Y a la pena de tener que oir tales cosas en su propia casa uniósele
+la de ver cómo vacilaba la fe de Sancho, el cual pedía salario fijo,
+cosa no conocida entre caballeros andantes, a quienes siempre sirvieron
+a merced sus escuderos. La fe de Sancho, en continua conquista de sí
+misma, no le había aún dado esperanza, y quería salario. No estaba para
+entender la profundísima sentencia entonces pronunciada por su amo, y
+fué la de _vale más buena esperanza que ruin posesión_. ¿Y es que la
+entendemos en todo su alcance yo y tú, lector mío? ¿No nos atenemos más
+bien, como buenos Sanchos, a lo de «más vale pájaro en mano que ciento
+volando»? ¿No olvidamos hoy y siempre que la esperanza crea lo que la
+posesión mata? Lo que hemos de acaudalar para nuestra última hora es
+riqueza de esperanzas, que con ellas, mejor que con recuerdos, se entra
+en la eternidad. Que nuestra vida sea un perduradero sábado santo.
+
+Con justa razón enojado Don Quijote al ver que Sancho, movido de su
+carnalidad, le pedía salario, como si le hubiera mayor que el de
+seguirle y servirle en su carrera de gloria, le rechazó de escudero
+entonces. Y ante el rechazo encendióse la fe del pobre Sancho, _se le
+anubló el cielo y se le cayeron las alas del corazón, porque tenía
+creído que su señor no se iría sin él por todos los haberes del mundo_.
+
+Rompió esta plática el bachiller Carrasco, que acudió a felicitar a
+Don Quijote y a ofrecérsele por escudero... ¡impía oferta! Y al oirlo
+Sancho enternecióse, se le llenaron de lágrimas los ojos y entregóse a
+su amo.
+
+Pero ¿creías acaso, pobre Sancho, que te iba a ser vividera la vida sin
+tu amo? No, ya no eres tuyo; eres de él. También tú andas, aunque no lo
+sepas ni lo creas, enamorado de Dulcinea del Toboso.
+
+No faltará quien reproche a Don Quijote el haber arrancado de nuevo
+a Sancho del sosiego de su vida y de la tranquilidad de su trabajo,
+haciéndole dejar mujer e hijos por correr tras engañosas aventuras;
+no faltan corazones tan apocados como para sentir así. Pero nosotros
+consideremos que una vez que Sancho hubo encentado la sabrosidad de su
+nueva vida, no quiso volver a la otra, y a despecho de los arredros y
+trompicones de su fe, se le nublaba el cielo y se le caían las alas del
+corazón al ocurrirle el recelo de que su amo y señor fuera a dejarle.
+
+Hay espíritus menguados que sostienen ser mejor cerdo satisfecho que
+no hombre desgraciado y los hay también para endechar a la que llaman
+santa ignorancia. Pero quien haya gustado la humanidad la prefiere, aun
+en lo hondo de la desgracia, a la hartura del cerdo. Hay, pues, que
+desasosegar a los prójimos los espíritus, hurgándoselos en el meollo,
+y cumplir la obra de misericordia de despertar al dormido cuando se
+acerca un peligro o cuando se presenta a la contemplación alguna
+hermosura. Hay que inquietar los espíritus y enfusar en ellos fuertes
+anhelos, aun a sabiendas de que no han de alcanzar nunca lo anhelado.
+Hay que sacarle a Sancho de su casa, desarrimándole de mujer e hijos,
+y hacer que corra en busca de aventuras; hay que hacerle hombre. Hay
+un sosiego hondo, entrañado, íntimo, y este sosiego sólo se alcanza
+sacudiéndose del aparencial sosiego de la vida casera y aldeana; las
+inquietudes del ángel son mil veces más sabrosas que no el reposo de
+la bestia. Y no ya sólo las inquietudes, sino hasta las penas, aquel
+«recio martirio sabroso» de que nos habla en su VIDA (XX, 8) Teresa de
+Jesús.
+
+¿Qué es eso de la santa ignorancia? La ignorancia ni es ni puede ser
+santa. ¿Qué es eso de envidiar el sosiego de quien nunca vislumbró el
+supremo misterio ni miró más allá de la vida y de la muerte? Sí, sé
+la canción, sé lo de «¡qué buena almohada es el catecismo! hijo mío,
+duerme y cree; por acá se gana el cielo en la cama». ¡Raza cobarde,
+y cobarde con la más desastrosa cobardía, con la cobardía moral que
+tiembla y se arredra de encarar las supremas tinieblas!
+
+Mira, Sancho, si todos esos que envidian, de pico al menos, la
+tranquilidad de que gozabas antes de haberte sacado de tus casillas tu
+amo, supieran lo que es la lucha por la fe, créeme, no te ponderarían
+tanto la del carbonero. Mi cuerpo vive gracias a luchar momento a
+momento contra la muerte, y vive mi alma porque lucha también contra
+su muerte momento a momento. Y así vamos a la toma de una nueva
+afirmación sobre los escombros de la que nos desmoronó la lógica, y se
+van amontonando los escombros de todas ellas, y un día, vencedores,
+sobre la pingorota de este inmenso montón de afirmaciones desmoronadas,
+proclamarán los nietos de nuestros nietos la afirmación última, y
+crearán así la inmortalidad del hombre.
+
+Por bien empleados debió de dar Sancho todos sus trabajos y miserias y
+escaseces, incluso lo del manteamiento, a trueque de haberse renovado
+y quijotizado junto a Don Quijote; con tal de haberse trasformado
+del zafio y oscuro Sancho Panza que era en el inmortal escudero
+del inmortal Don Quijote de la Mancha, que es para siempre jamás.
+Henchidos, pues, de lágrimas los ojos entregóse a su amo.
+
+Y en su consecuencia a los pocos días y al anochecer _sin que nadie lo
+viese sino el bachiller, que quiso acompañarles media legua del lugar,
+se pusieron camino del Toboso_.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO VIII
+
+Donde se cuenta lo que le sucedió a Don Quijote yendo a ver a su señora
+ Dulcinea del Toboso.
+
+
+Y de camino disertó Don Quijote sobre Eróstrato y el deseo de alcanzar
+fama, raigambre de su heroísmo. Y no dejó de abismarse entonces Don
+Quijote en los abismos de la cordura de Alonso el Bueno, observando la
+vanidad de la fama que _en este presente y acabable siglo se alcanza,
+la cual fama por mucho que dure se ha de acabar con el mismo mundo, que
+tiene su fin señalado_.
+
+ Eu sou a gloria, genio jocundo
+ De radioso paiz solar;
+ Seras o poeta maior do mundo...
+ .................................
+ Dizem que o mundo debe acavar.
+
+dice SAGRAMOR en el poema de Eugenio de Castro.
+
+En esta tercera y última salida de Don Quijote hemos de ver cómo se
+hunde en las simas de su cordura, hasta llegar a la inmersión en ellas
+con su muerte ejemplar.
+
+Movido por las palabras de su amo y viendo Sancho cuán más grande es la
+fama de los santos que no la de los héroes, dijo a Don Quijote aquello
+de que se dieran a ser santos y alcanzarían más brevemente la buena
+fama que pretendían, poniéndole el ejemplo de San Diego de Alcalá y San
+Pedro de Alcántara, canonizados por aquellos días.
+
+«Veréis que un día seré adorado por el mundo entero», solía decir el
+pobrecito de Asís, según nos cuentan los Tres Compañeros (4) y Tomás
+de Celano (2. Cel., I. I), y los mismos móviles que empujaron a unos
+al heroísmo empujaron a otros a la santidad. Así como Don Quijote,
+enardecido por la lectura de los libros de caballerías se lanzó al
+mundo, así Teresa de Cepeda, siendo aún niña y encendida por la lectura
+de las vidas de santos, que le parecía «compraban muy barato el ir
+a gozar de Dios», concertó con su hermano irse a tierra de moros,
+pidiendo por amor de Dios, para que allá los descabezasen, y visto lo
+imposible de ello, ordenaron hacerse ermitaños, y en una huerta que
+había en casa procuraban, como podían, hacer ermitas (VIDA, I, 2).
+De Íñigo de Loyola hemos dicho ya lo que nos cuenta al respecto su
+secretario que fué, el P. Pedro de Rivadeneira.
+
+¿Qué es todo esto sino caballería andante a lo divino o religioso? Y
+en cabo de cuenta ¿qué buscaban unos y otros, héroes y santos, sino
+sobrevivir? Los unos en la memoria de los hombres, en el seno de Dios
+los otros. ¿Y cuál ha sido el más entrañado resorte de vida de nuestro
+pueblo español sino el ansia de sobrevivir, que no a otra cosa viene a
+reducirse el que dicen ser nuestro culto a la muerte? No, culto a la
+muerte, no; sino culto a la inmortalidad.
+
+El mismo Sancho, que tan apegado aparece a la vida que pasa y no queda,
+declaraba que _más vale ser humilde frailecito de cualquier orden
+que sea, que valiente y andante caballero_, a lo que le contestó muy
+sesudamente Don Quijote que _no todos podemos ser frailes y muchos
+son los caminos por donde lleva Dios a los suyos al cielo_. Y si no
+todos podemos ser frailes, no puede ser que sea el estado de frailería
+o monacato más perfecto en sí que otro cualquiera, pues no cabe que
+el estado de mayor perfección cristiana no sea igualmente asequible
+en cualquier estado, sino se reserve, por fuerza de ley natural, a un
+número de personas, ya que de aspirar a él todos el linaje se acabaría.
+Y dijo muy bien Don Quijote, respondiendo a Sancho, que si hay en el
+cielo más frailes que caballeros andantes es por ser mayor el número de
+religiosos que el de caballeros merecedores de tal nombre. ¿Y cuando
+el religioso sea a la vez caballero?, se preguntará. Ya nos hablará de
+ellos Don Quijote.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO IX
+
+ Donde se cuenta lo que en él se verá.
+
+
+Y ¿cuándo disertó así Don Quijote acerca de la gloria y de su vanidad
+última y de cómo acaba al acabarse el mundo? Cuando iba al Toboso a ver
+a Dulcinea, e iba dentro de él Alonso el Bueno a ver a Aldonza Lorenzo,
+por la que suspiró doce años. Gracias a la locura ha vencido el
+vergonzoso hidalgo su vergonzosidad sublime, y vestido de Don Quijote
+y arrebujado en él va a ver al blanco de sus ansias, a curarse de su
+locura al verla y al abrazarla. Nos acercamos al momento crítico de la
+vida del Caballero.
+
+Y así, en tales pláticas llegaron amo y escudero al Toboso, patria de
+la sin par Dulcinea.
+
+Llegaron a ella y dijo Don Quijote a su escudero: _Sancho, hijo, guía
+al palacio de Dulcinea, quizá podrá ser que la hallemos despierta_.
+
+Observemos que al pedirle tan elevado ministerio y favor tan señalado,
+se adulcigua el Caballero y le llama a Sancho hijo, y observemos además
+cómo son los Sanchos, la baja humanidad, los que guían a los héroes al
+palacio de la Gloria.
+
+Y allí fueron los aprietos de Sancho el embustero, buscando
+escapatorias a su sandez, hasta que declaró no haber visto jamás a
+Dulcinea, al modo mismo que su amo decía no haberla visto sino estar
+enamorado de ella de oídas. De oídas estamos enamorados de la Gloria
+los que lo estamos, sin que jamás la hayamos visto ni oído. Pero por
+dentro anda Aldonza, vista y bien vista, aunque sólo sea cuatro veces
+en doce años. Y al cabo el malicioso Sancho consiguió que el cándido de
+su amo se saliese del Toboso a esperar emboscado en alguna floresta a
+que diese el socarrón con Dulcinea.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO X
+
+Donde se cuenta la industria que Sancho tuvo para encantar a la señora
+ Dulcinea y de otros sucesos tan ridículos como verdaderos.
+
+
+Y aquí fué el soliloquio de Sancho al pie de un árbol y el declararse
+que su amo era un loco de atar y él no le quedaba en zaga, siendo más
+mentecato que aquél, pues le seguía y servía, y aquí fué el decidir
+engañarle haciéndole creer _que una labradora, la primera que me topare
+por aquí_--pensó--_es la señora Dulcinea; y cuando él no lo crea lo
+juraré yo_. Y ya tenemos con esto al fiel Sancho decidido a jugársela
+a su amo y a venir a ser así uno más entre sus burladores ¡caso de
+triste meditación! Y hemos de considerar también en él cómo teniendo
+Sancho a su amo por loco de atar y capaz de ser por él engañado, y que
+tomaba unas cosas por otras y juzgaba lo blanco por negro y lo negro
+por blanco, con todo y con esto se dejaba a su vez él engañar o más
+bien arrastrar de la fe en Don Quijote y sin creerlo creía en él, y
+viendo que eran molinos de viento los gigantes y manadas de carneros
+los ejércitos de enemigos, creía en la ínsula tantas veces prometida.
+
+¡Oh poder maravilloso de la fe, retuso a todo empuje de desengaños!
+¡Oh misterios de la fe sanchopancesca que sin creer cree y viendo y
+entendiendo y declarando que es negro, hace al que la acaudala sentir
+y obrar y esperar como si fuese blanco! De todo ello hemos de concluir
+que Sancho vivía, sentía, obraba y esperaba bajo el encanto de un
+poder extraño que le dirigía y llevaba contra lo que veía y entendía,
+y que su vida toda fué una lenta entrega de sí mismo a ese poder de
+la fe quijotesca y quijotizante. Y así cuando él creyó engañar a su
+amo resultó el engañado él y fué el instrumento para encantar real y
+verdaderamente a Dulcinea.
+
+La fe de Sancho en Don Quijote no fué una fe muerta, es decir,
+engañosa, de esas que descansan en ignorancia, no fué nunca fe de
+carbonero, ni menos fe de barbero, descansadora en ocho reales. Era,
+por el contrario, fe verdadera y viva, fe que se alimenta de dudas.
+Porque sólo los que dudan creen de verdad y los que no dudan ni
+sienten tentaciones contra su fe, no creen de verdad. La verdadera
+fe se mantiene de la duda; de dudas, que son su pábulo, se nutre y
+se conquista instante a instante, lo mismo que la verdadera vida
+se mantiene de la muerte y se renueva segundo a segundo, siendo
+una creación continua. Una vida sin muerte alguna en ella, sin
+deshacimiento en su hacimiento incesante, no sería mas que perpetua
+muerte, reposo de piedra. Los que no mueren, no viven; no viven los que
+no mueren a cada instante para resucitar al punto, y los que no dudan,
+no creen. La fe se mantiene resolviendo dudas y volviendo a resolver
+las que de la resolución de las anteriores hubieren surgido.
+
+Sancho veía las locuras de su amo y que los molinos eran molinos y no
+gigantes, y sabía bien que la zafia labradora a la que iba a encontrar
+a la salida del Toboso no era, no ya Dulcinea del Toboso, mas ni aun
+Aldonza Lorenzo, y con todo ello creía a su amo y tenía fe en él y
+creía en Dulcinea del Toboso y hasta en su encantamiento acabó por
+creer, como veremos. Esta la tuya es fe, Sancho, y no la de esos que
+dicen creer un dogma sin entender, ni aun a la letra, siquiera su
+sentido inmediato, y tal vez sin conocerlo; ésta es fe y no la del
+carbonero que afirma ser verdad lo que dice un libro que no ha leído
+porque no sabe leer ni tampoco sabe lo que el libro dice. Tú, Sancho,
+entendías muy bien a tu amo, pues todo lo que te decía eran dichos
+muy claros y muy entendederos, y veías, sin embargo, que tus ojos te
+mostraban otra cosa y sospechabas que tu amo desvariaba por loco y
+dudabas de lo que veías, y a pesar de ello le creías pues ibas tras de
+sus pasos. Y mientras tu cabeza te decía que no, decíate tu corazón que
+sí, y tu voluntad te llevaba en contra de tu entendimiento y a favor de
+tu fe.
+
+En mantener esa lucha entre el corazón y la cabeza, entre el
+sentimiento y la inteligencia, y en que aquel diga ¡sí! mientras esta
+dice ¡no! y ¡no! cuando la otra ¡sí!, en esto y no en ponerlos de
+acuerdo consiste la fe fecunda y salvadora; para los Sanchos por lo
+menos. Y aun para los Quijotes, porque veremos dudar a Don Quijote
+mismo. Y no nos quepa duda de que con los ojos de la carne Don
+Quijote vió los molinos como tales molinos y las ventas como ventas
+y de que allá, en su fuero interno, reconocía la realidad del mundo
+aparencial--aunque una realidad aparencial también--en que ponía el
+mundo sustancial de su fe. Y buena prueba de ello es aquel maravilloso
+diálogo que sostuvo con Sancho cuando éste volvió a Sierra Morena a
+darle cuenta de su visita a Dulcinea. El loco suele ser un comediante
+profundo, que toma en serio la comedia, pero que no se engaña y
+mientras hace en serio el papel de Dios o de rey o de bestia, sabe bien
+que ni es Dios, ni rey, ni bestia; quiere serlo y basta. ¿Y no es loco
+todo el que toma en serio el mundo? ¿Y no deberíamos ser locos todos?
+
+Y ahora llegamos al momento tristísimo de la carrera de Don Quijote; a
+la derrota de Alonso Quijano el Bueno dentro de él.
+
+Aconteció, pues, que al volverse Sancho a su amo salían del Toboso
+tres labradoras sobre tres pollinos o pollinas, y se las presentó
+a Don Quijote como Dulcinea y dos doncellas diciéndole que venía a
+verle. _¡Santo Dios! ¿Qué es lo que dices, Sancho amigo?_--dijo Don
+Quijote...--_mira no me engañes ni quieras con falsas alegrías alegrar
+mis verdaderas tristezas_. _Y ¿qué sacaría yo de engañar a vuesa
+merced?_--respondió Sancho. Salieron al camino, no columbró en él Don
+Quijote sino a las tres labradoras, porfió Sancho que eran Dulcinea y
+sus doncellas, atúvose a sus sentidos, contra su costumbre el amo, y
+trocáronse los papeles, siquiera en apariencia.
+
+El paso este del encantamiento de Dulcinea es grandemente melancólico.
+Sancho hizo su comedia, teniendo del cabestro al jumento de una de
+las tres labradoras, hincándose de rodillas y enderezándole aquel
+saludo que nos ha conservado la historia. Don Quijote miraba con ojos
+desencajados y vista turbada a la que Sancho llamaba reina y señora, y
+en que él, Don Quijote, esperó ver a Dulcinea, y debajo de él, Alonso
+Quijano, esperaba a Aldonza Lorenzo, suspirada en silencio doce años
+por sólo cuatro goces de su vista. Don Quijote se puso de hinojos y
+_miraba con ojos desencajados y vista turbada a la que Sancho llamaba
+reina y señora_, sin descubrir en ella _sino una moza aldeana y no de
+muy buen rostro, porque era carirredonda y chata_. Ve aquí, Caballero,
+que tu Sancho, la humanidad que te acompaña y guía, te presenta a la
+Gloria, por la que tanto suspiraste, y no ves en ella sino una moza
+aldeana y no de muy buen rostro.
+
+Pero es aún más triste el paso, pues si Don Quijote no veía a
+Dulcinea, tampoco el pobre Alonso Quijano el Bueno veía a su Aldonza.
+Doce años de solitario sufrir, doce años de no haber podido vencer
+su encogimiento soberano, doce años de esperar lo imposible, y por
+imposible con más ahinco esperado, a que ella, Aldonza, su Aldonza,
+por un inaudito milagro se percatara del amor de su Alonso, y se
+fuera a él; doce años de soñar en el imposible procurando acallar
+con la lectura de los libros de caballerías el todopoderoso amor, y
+ahora en que, gracias a Dios, ya loco, rota la vergüenza, se cumple
+lo imposible y va a recibir el premio de su locura; ahora... ¡ahora
+esto! ¡Qué santa, qué dulce, qué redentora suele ser la locura! Loco
+Alonso Quijano, por merced del Señor que se compadece de los buenos,
+rompió aquella tremenda costra de la timidez del hidalgo lugareño, y
+se atrevió a escribir a su Aldonza, aunque fuese bajo la advocación de
+Dulcinea, y ahora, en premio, Aldonza misma viene desde el Toboso a
+verle. Se cumplió lo imposible, merced a la locura. ¡Al cabo de doce
+años!
+
+¡Oh momento supremo tanto tiempo suspirado! _¡Santo Dios! ¿Qué es lo
+que dices, Sancho amigo?_ ¡Ahora, ahora va a redimirse de su locura,
+ahora va a lavársela en el torrente de las lágrimas de la dicha; ahora
+va a cobrar el premio de su esperanza en lo imposible! ¡Oh, y cuántas
+tinieblas de locura se disiparían bajo una mirada de amor!
+
+_No quieras con falsas alegrías alegrar mis verdaderas tristezas._
+Pensemos en esto de alegrársele las tristezas a Don Quijote; las
+tristezas de doce años, las tristezas de su locura. ¿Pues qué, creéis
+que Alonso el Bueno no se daba cuenta de que estaba loco y no aceptaba
+su locura como único remedio de su amor, como regalo de la piedad
+divina? Al saber que su locura daba fruto, alborotóse el corazón del
+hidalgo, y mandó a Sancho, en albricias de aquellas no esperadas
+nuevas, el mejor despojo de la primera aventura que tuviese y _si esto
+no te contenta, te mando_--le dijo--_las crías que este año me dieren
+las tres yeguas mías, que tú sabes que quedan para parir en el prado
+concejil de nuestro pueblo_. Primero le ofrece Don Quijote del caudal
+del caballero andante, despojo de aventura, en albricias de anunciarle
+la venida de Dulcinea, mas luego asoma Alonso Quijano, y con el corazón
+anegado en gozo porque viene a verle Aldonza, ofrece el hidalgo de su
+caudal, no ya despojo de aventura, sino crías de las yeguas. ¿No veis
+aquí cómo el amor saca a flor de la locura quijotesca la cordura de
+Quijano?
+
+Ya te dan fruto tus locuras, buen caballero, pues merced a ellas
+sale a verte Aldonza, sacando del exceso de tu desvarío cuán grande
+debe ser tu amor. Y vino en seguida el tremendo golpe, el golpe que
+hundió en su locura al pobre Alonso el Bueno, hasta su muerte. Ahora,
+ahora es cuando se remacha la suerte de Alonso. Esperaba a Aldonza y
+lo vehemente de la esperanza no le dejaba dudar y puesto de hinojos,
+como mejor decía a aquel callado culto de doce años _miraba con ojos
+desencajados y vista turbada a la que Sancho llamaba reina y señora
+y como no descubría en ella sino una moza aldeana y no de muy buen
+rostro, porque era carirredonda y chata, estaba suspenso y admirado,
+sin osar desplegar los labios_. ¡Ni la locura te valió, buen Caballero!
+Cuando al cabo de doce años vas a tocar el premio de ella, la brutal
+realidad te da en el rostro. ¿No es acaso así con todo amor?
+
+Mas no te pese, mi Don Quijote, y sigue con tu locura solitaria; no
+te pese de no llegar a comprometerte con la dicha; no te pese de no
+votarte a la felicidad; no te pese de que no se haya llenado tu anhelo
+de doce años, en brazos de tu Aldonza.
+
+_Y tú, oh extremo del valor que puede desearse, término de la humana
+gentileza, único remedio deste afligido corazón que te adora, ya que
+el maligno encantador me persigue y ha puesto nubes y cataratas en
+mis ojos, y para ellos solos y no para otros ha mudado y transformado
+tu sin igual hermosura y rostro en el de una labradora pobre, si ya
+también el mío no le ha cambiado en el de algún vestiglo para hacerle
+aborrecible a tus ojos, no dejes de mirarme blanda y amorosamente,
+echando de ver en esta sumisión y arrodillamiento que a tu contrahecha
+hermosura hago, la humildad con que mi alma te adora._ ¿No os entran
+ganas de llorar oyendo este plañidero ruego? ¿No oís cómo suena en sus
+entrañas, bajo la retórica caballeresca de Don Quijote, el lamento
+infinito de Alonso el Bueno, el más desgarrador quejido que haya
+jamás brotado del corazón del hombre? ¿No oís la voz agorera y eterna
+del eterno desengaño humano? Por primera, por última, por única vez
+habla Don Quijote de su propio rostro, de aquel rostro de Alonso que
+se encendía en rubor al pensar en Aldonza... _La humildad con que mi
+alma te adora_... Humildad de doce años, humildad alimentada en largas
+noches de soledad y de absurdas esperanzas, humildad nutrida con el más
+grandioso temor y encogimiento que jamás se viera. Lo inmenso de su
+amor le había hecho humilde, y jamás osó dirigirla una palabra sólo.
+
+Seguid leyendo la historia de este encuentro, y sacándola por vosotros
+mismos, lectores míos, el jugo que tenga; a mí me apesadumbra tanto que
+me priva de imaginación para rehacerla, y voy a pasar a otra cosa. Leed
+vosotros la respuesta grosera que la moza dió a Don Quijote, y cómo dió
+con ella en tierra a corcovos, su borrica, y cómo Don Quijote acudió a
+levantarla, cosa que evitó ella subiéndose de un salto sobre la borrica
+y dándole un olor a ajos crudos que le encalabrinó y atosigó el alma.
+No puede leerse sin angustia este martirio del pobre Alonso.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XI
+
+ De la extraña aventura que le sucedió al valeroso Don Quijote con el
+ carro o carreta de las cortes de la muerte.
+
+
+Reanudaron amo y escudero su camino, burlándose el socarrón Sancho de
+la candidez de su amo. Y entonces fué cuando toparon con la carreta
+de la muerte o de la compañía de Angulo el Malo, que Don Quijote,
+aleccionado y entristecido por lo que acababa de pasarle, tomó por lo
+que realmente era. Y entonces fué también cuando Rocinante, alborotado
+por el cascabeleo del moharracho, dió con su amo en tierra y todo lo
+que se sigue. Y cómo quiso castigar el Caballero a los farsantes, y
+le esperaron éstos en ala y armados de guijarros, y convenció Sancho
+a su amo, hombre cuerdo y sesudo al fin, de que no debía meterse con
+semejante tropa, pues entre todos los que allí estaban, aunque parecían
+reyes, príncipes y emperadores, no había ningún caballero andante. Y
+así Don Quijote mudó ya de su determinado intento. Y al ver que Sancho,
+por su parte, no quería vengarse, fué cuando le dijo lo de: _Pues ésa
+es tu determinación, Sancho bueno, Sancho discreto, Sancho cristiano y
+Sancho sincero, dejemos estas fantasmas y volvamos a buscar mejores y
+más calificadas aventuras_.
+
+La del carro de la muerte parece una de las más heroicas que llevó a
+feliz término nuestro hidalgo, pues en ella se nos muestra venciéndose
+a sí mismo con su cordura. ¡Es que le pesaba sobre el corazón el
+encantamiento de su dama! El mundo comedia es, y gran locura querer
+luchar con gentes que no son lo que parecen, sino míseros farsantes que
+representan su papel y entre los cuales apenas si se halla de higos
+a brevas un caballero andante. En el tablado del mundo es novedad
+sorprendente ver entrar un caballero de verdad, de los que matan y
+hacen en serio la escena del desafío cuando los otros hacen que la
+hacen y por hacer el papel no más. Tal es el héroe. Y al héroe le
+esperan los comediantes todos en ala y armados de piedras. Dejad, pues,
+a los farsantes y recordad la profunda sentencia de Sancho: _nunca los
+cetros y coronas de los emperadores farsantes fueron de oro puro sino
+de oropel o hoja de lata_. Recordadla y tened en cuenta que la creencia
+de los que en la comedia del mundo hacen el papel de maestros, cobrando
+por ello su salario, es ciencia de oropel u hoja de lata.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XII
+
+ De la extraña aventura que le sucedió al valeroso Don Quijote con el
+ bravo caballero de los Espejos.
+
+
+Conversando sobre lo que es la comedia del mundo se quedaron amo y
+escudero debajo de unos altos y sombrosos árboles, cuando les rompió el
+sueño la llegada del caballero de los Espejos. Y allí fué la plática de
+los escuderos de un lado y de los caballeros por el otro, y el declarar
+Sancho que a su amo un niño le haría entender que era de noche en la
+mitad del día, sencillez por la que le quería como a las telas de su
+corazón y no se amañaba a dejarle por más disparates que hiciera. Aquí
+se nos declara la razón del amor que Sancho profesaba a su amo, mas no
+la de la admiración.
+
+¿Pues qué creíais, Sancho? El héroe es siempre por dentro un niño, su
+corazón es infantil siempre; el héroe no es más que un niño grande.
+Tu Don Quijote no fué sino un niño, un niño durante los doce largos
+años en que no logró romper la vergüenza que le ataba, un niño al
+engolfarse en los libros de caballerías, un niño al lanzarse en busca
+de aventuras. ¡Y Dios nos conserve siempre niños, Sancho amigo!
+
+
+
+
+ CAPÍTULOS XIII Y XIV
+
+Donde se prosigue la aventura del caballero del Bosque con el discreto,
+ nuevo y suave coloquio que pasó entre los dos escuderos.
+
+
+Mientras platicaban los escuderos entre sí también platicaban los
+caballeros, y de esta plática y de haber afirmado el de los Espejos
+ser vencedor de Don Quijote surgió el que concertasen un duelo bajo
+condiciones de que el vencido quedara sujeto a obedecer al vencedor.
+Y así que fué de día fué el lance, derribando Don Quijote al de los
+Espejos, el bachiller Sansón Carrasco, pues no era otro, que habiendo
+ido por lana y a llevarse al hidalgo a su casa, salió para la suya
+trasquilado.
+
+Al descubrirle la visera y ver al bachiller, atribuyólo Don Quijote
+a magia, mas Sancho, que se había encaramado a un árbol para ver
+la pelea, le pidió metiese la espada por la boca al que parecía el
+bachiller Sansón Carrasco. ¡Ah, Sancho, Sancho, y cuán bien se aviene
+tu impiadosa crueldad de ahora con tu cobardía de antes!
+
+Volvió al cabo en sí el bachiller, confesó aventajar Dulcinea del
+Toboso en hermosura a Casildea de Vandalia y prometió ir a presentarse
+a ella. _Todo lo confieso, juzgo y siento como vos lo creéis, juzgáis
+y sentís--respondió el derrengado caballero_, el burlador burlado,
+el vencido bachiller. Así, mal que les pese, tienen que declarar los
+bachilleres ser verdad lo que por tal proclaman los hidalgos; así los
+burladores son burlados; así el sentido común debe andar por los suelos
+a botes de la lanza del heroísmo. Pues que ¿no hay sino hacerse el loco
+para reducir a cordura a los que lo son de veras?
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XV
+
+Donde se cuenta y da noticia de quién era el caballero de los Espejos y
+ su escudero.
+
+
+En este capítulo de la historia se nos cuenta cómo el caballero de los
+Espejos no era otro que Sansón Carrasco, bachiller por Salamanca, que
+de acuerdo con el cura y el barbero, ideó aquella traza para obligar a
+Don Quijote a que se redujese a su casa.
+
+Y el maligno Carrasco juró vengarse de Don Quijote, moliéndole a palos
+las costillas, locura mil veces más desatinada y más de verdad locura
+que la del hidalgo; locura, en fin, de pasión de hombre sensato, que
+son las peores y las más ponzoñosas de las locuras todas. El loco _que
+lo es por fuerza lo será siempre, y el que lo es de grado lo dejará de
+ser cuando quisiera_--decía el bachiller.
+
+Pero venid acá, señor bachiller por Salamanca, venid y decidme ¿cuál es
+peor desvarío, el que arranca de la cabeza o el que del corazón brota,
+la enfermedad del imaginar o la del querer? Y el que de grado o por
+voluntad se hace el loco, es que tiene la voluntad enferma o torcida, y
+para esto hay peor remedio que para las enfermedades del entendimiento.
+Y los que, como su merced, tienen el entendimiento tupido de cordura
+socarrona, y allende esto se lo han atiborrado de lugares comunes
+escolásticos en las aulas de Salamanca, suelen tener la voluntad loca
+de malas pasiones, de rencor, de soberbia, de envidia. ¿Pues qué razón
+había para ir a pelear Sansón Carrasco contra Don Quijote?
+
+_¿He sido yo su enemigo por ventura? ¿Hele dado yo jamás ocasión de
+tenerme ojeriza? ¿Soy yo su rival o hace él profesión de las armas
+para tener envidia a la fama que yo por ellas he ganado?_--decía Don
+Quijote. Sí, generoso Caballero, sí; fuiste y eres su enemigo como
+lo es todo hidalgo heroico y generoso de todo bachiller socarrón y
+rutinero; le diste ocasión de ojeriza, pues cobraste con tus locas
+hazañas una fama que él nunca alcanzó con sus cuerdos estudios y
+bachillerías salamanquescas, y era tu rival y te tenía envidia. Y
+aunque declaró, y acaso así lo creyese él mismo, que salió al campo con
+la mira de reducirte a cordura, la verdad es que le movió a ello, tal
+vez sin él percatarse de tal motivo, su deseo de unir su nombre al tuyo
+y de andar junto contigo en lengua de la fama, como lo consiguió.
+
+¿Y no sería acaso que buscaba llegase a oídos de aquella andaluza
+Casilda, con la que se pasó en claro las noches a la reja, allá en
+las callejas de Salamanca, y a la que envolvió en su Casildea de
+Vandalia, su hazañosa proeza y su locura? ¿No oiría acaso hablar de ti
+con admiración a esa Casilda, que habría leído la primera parte de tu
+historia? Todo podía ser.
+
+Pero tú le venciste, para que se vea que la locura generosa da más
+arrestos y más bríos que no la cordura menguada y socarrona, y sobre
+todo para que el bueno del bachiller por Salamanca aprendiese aquello
+de _quod natura non dat, Salmantica non praestat_, vieja verdad a
+pesar de aquel arrogante lema del escudo de la vieja Escuela que dice:
+_Omnium scientiarum princeps, Salmantica docet_.
+
+
+
+
+ CAPÍTULOS XVI Y XVII
+
+De lo que sucedió a Don Quijote con un discreto caballero de la Mancha
+y Donde se declara el último punto y extremo adonde llegó y pudo llegar
+ el inaudito ánimo de Don Quijote, con la felicemente acabada aventura
+ de los leones.
+
+
+Acabado este lance se encontró Don Quijote con el discretísimo Don
+Diego de Miranda, yendo con el cual toparon con los carros de los
+leones. Y allí fué la estupenda y nunca bien ponderada aventura,
+y cuando Don Quijote exclamó el inmortal: _¿leoncitos a mí? ¿a mí
+leoncitos y a tales horas? pues por Dios que han de ver esos señores
+que acá los envían si soy yo hombre que se espanta de leones_. Quiso
+convencerle Don Diego con que los leones no iban contra él, mas
+despachólo Don Quijote con que él sabía si iban o no a él aquellos
+señores leones y amenazó al leonero si no les abría la jaula. Pidió
+el leonero desuncir las mulas y ponerse en salvo y _oh hombre de poca
+fe--respondió Don Quijote--; apéate y desunce y haz lo que quisieres_.
+
+¡Maravillosa proeza! ¡nunca visto valor de Don Quijote, y valor en
+seco, sin motivo ni objetivo, valor puro, valor acendrado! ¿No sería
+tal vez que mientras Don Quijote mostraba ostentar así su valentía,
+por debajo de él el pobre Alonso el Bueno, agobiado por el desencanto
+sufrido al no encontrarse con la suspirada Aldonza, buscaba morir en
+las garras y quijadas del león con muerte no tan torturadora como la
+que de continuo le estaba dando su amor desventurado?
+
+Ello fué que no sirvieron ruegos ni razones, sino que Don Quijote
+se apeó _temiendo que Rocinante se espantaría con la vista de los
+leones... arrojó la lanza y embrazó el escudo y desenvainando la
+espada, paso ante paso, con maravilloso denuedo y corazón valiente
+se fué a poner delante del carro, encomendándose a Dios de todo
+corazón y luego a su señora Dulcinea_. Al mismo historiador le arranca
+expresiones de admiración esta intrepidez singular. Abierta la jaula,
+_lo primero que_ (el león) _hizo fué revolverse_ (en ella) _donde
+venía echado y tender la garra y desperezarse todo; abrió luego la
+boca y bostezó muy despacio, y con casi dos palmos de lengua que sacó
+fuera se despolvoreó los ojos y se lavó el rostro: hecho esto sacó la
+cabeza fuera de la jaula y miró a todas partes con los ojos hechos
+brasas, vista y ademán para poner espanto a la misma temeridad. Sólo
+Don Quijote lo miraba atentamente, deseando que saltase ya del carro y
+viniese con él a las manos, entre las cuales pensaba hacerle pedazos_,
+mientras acaso esperase en tanto el pobre Alonso el Bueno que entre
+las garras de la bestia acabase de sufrir su pobre y llagado corazón y
+se deshiciese en él la imagen de aquella Aldonza, suspirada doce años.
+_Pero el generoso león, más comedido que arrogante, no haciendo caso de
+niñerías ni de bravatas, después de haber mirado a una y otra parte,
+como se ha dicho, volvió las espaldas y enseñó sus traseras partes a
+Don Quijote, y con gran flema y remanso se volvió a echar en la jaula._
+
+¡Ah, condenado Cide Hamete Benengeli, o quienquiera que fuese el que
+escribió tal hazaña, y cuán menguadamente la entendiste! No parece
+sino que al narrarla te soplaba al oído el envidioso bachiller Sansón
+Carrasco! No, no fué así, sino lo que en verdad pasó es que el león se
+espantó o se avergonzó más bien al ver la fiereza de nuestro caballero,
+pues Dios permite que las fieras sientan más al vivo que los hombres
+la presencia del poder incontrastable de la fe. O ¿no sería acaso que
+el león, soñando entonces en la leona recostada, allá, en las arenas
+del desierto, bajo una palmera, vió a Aldonza Lorenzo en el corazón del
+Caballero? ¿No fué su amor lo que le hizo a la bestia comprender el
+amor del hombre y respetarle y avergonzarse ante él?
+
+No, el león no podía ni debía burlarse de Don Quijote, pues no era
+hombre sino león, y las fieras naturales, como no tienen estragada la
+voluntad por pecado original alguno, jamás se burlan. Los animales
+son enteramente serios y enteramente sinceros, sin que en ellos
+quepa socarronería ni malicia. Los animales no son bachilleres, ni
+por Salamanca ni por ninguna otra parte, porque les basta lo que la
+naturaleza les da.
+
+Lo que le pasó al león, enjaulado entonces como en un tiempo lo estuvo
+Don Quijote, es que al ver a éste se avergonzó, y que esto debió ser
+así nos lo prueba y corrobora el que ya en otra ocasión, siglos antes,
+se había otro león avergonzado ante otro hazañoso caballero, el Cid Ruy
+Díaz de Vivar, según nos lo cuenta su viejo romance (POEMA DEL CID,
+versos 2278 a 2301). El cual dice que estando el Cid en Valencia con
+todos sus vasallos y sus yernos, los infantes de Carrión, y durmiendo
+el Campeador en un escaño, salióse de la red y se desató el león,
+sembrando miedo en la corte. Despertó el que en buen hora nació, y al
+ver lo que acontecía
+
+
+ Mió Çid fincó el cobdo, en pie se levantó;
+ el manto trae al cuello e adelinó pora leon;
+ el leon quando lo vió assí, envergonçó:
+ ante mió Çid la cabeça premió e el rostro fincó.
+ Mió Çid don Rodrigo al cuello lo tomó,
+ e lieva lo adestrando, en la red lo metió.
+
+ (2296-2301).
+
+
+Así ante Don Quijote, nuevo Cid Campeador, _envergonzó_ el león, que
+acaso fuera uno de los dos que hoy figuran en nuestro escudo de armas,
+y el avergonzado ante el Cid el otro.
+
+Aún insistió Don Quijote en que se irritase al león; mas el leonero
+le convenció de que no debía hacerse. Y fué entonces cuando el
+Caballero pronunció aquellas profundísimas palabras de _bien podrán
+los encantadores quitarme la ventura, pero el esfuerzo y el ánimo será
+imposible_. Y ¿qué más hace falta?
+
+Y no se me venga ahora aquí diciendo que me aparto del puntualísimo
+texto del historiador, porque es preciso entender bien en que no puede
+uno apartarse de él, sin muy grave temeridad y aun peligro de su
+conciencia, y en que somos libres de interpretarlo a nuestro sabor y
+consejo. En cuanto se refiere a hechos y aparte los evidentes errores
+de copista--rectificables todos--no hay sino acatar la infalible
+autoridad del texto cervantino. Y así debemos creer y confesar que el
+león volvió las espaldas a Don Quijote y se volvió a echar en la jaula.
+Pero que fuese por comedimiento y que considerase niñerías y bravatas
+las de Don Quijote y que no lo hiciese por vergüenza al ver su valor,
+o ya compadecido de su amor desgraciado, es una libre interpretación
+del historiador, que no vale sino por la autoridad personal y puramente
+humana del historiador mismo. Sucede con esto como con el comentario
+que pone al discurso de los cabreros, llamándolo _inútil razonamiento_,
+y que es una glosa desdichada que se ha interpolado en el texto.
+
+Hago estas prevenciones porque no quiero, he de repetirlo une vez
+más, que se me confunda con la perniciosa y pestilente secta de los
+hombres vanos e hinchados de huera ciencia histórica, que se atreven a
+sostener que no hubo tales Don Quijote y Sancho en el mundo, y otras
+atroces osadías semejantes, a que les lleva su desmedido afán de lograr
+notoriedad sosteniendo novedades y singularidades. Y ved aquí cómo el
+mismo noble impulso de dejar nombre y fama que movió a Don Quijote a
+llevar a cabo sus hazañas, les mueve a otros a negarlas. ¡Qué abismo de
+contradicciones es el hombre!
+
+Y volviendo a nuestra historia, hemos de añadir que luego de
+avergonzado el león y al explicar Don Quijote a Don Diego de Miranda su
+aparente locura en tal proeza, descubrió una vez más la raíz de ella al
+declarar que andaba a la busca de tan arriesgadas aventuras _sólo por
+alcanzar gloriosa fama y duradera_ y explicó, con atinadísimas razones,
+cómo debe el caballero dar en temerario--pues reconoció ser _temeridad
+exorbitante_ lo del león--ya que _es más fácil dar el temerario en
+verdadero valiente que no el cobarde subir a la verdadera valentía y
+en esto de acometer aventuras... antes se ha de pecar por carta de más
+que de menos_. ¡Concertadísimas y muy cuerdas razones con las que se
+justifica todo exceso ascético o heroico!
+
+Conviene también pararse a considerar cómo esta aventura del león fué
+una aventura por parte de Don Quijote, de acabada obediencia y de
+perfecta fe. Cuando el Caballero topó al azar de los caminos con el
+león aquél fué, sin duda alguna, porque Dios se lo enviaba a él, y su
+fortísima fe le hizo decir que él sabía si iban o no a él aquellos
+señores leones. Y con sólo verlos entendió la voluntad del Señor y
+obedeció según la tercera y más perfecta manera de obedecer que hay,
+según Íñigo de Loyola--véase el cuarto aviso que dictó sobre esto,
+según lo trae el P. Rivadeneira, en el capítulo IV del libro V de
+la VIDA--y es «cuando hago esto o aquello sintiendo alguna señal de
+Superior, aunque no me lo mande ni ordene». Y así Don Quijote en cuanto
+vió al león, sintió la señal de Dios, y arremetió sin prudencia alguna,
+pues como decía el mismo Loyola--véase el mismo capítulo antedicho--«la
+prudencia no se ha de pedir tanto al que obedece y ejecuta cuanto al
+que manda y ordena». Y Dios quiso, sin duda, probar la fe y obediencia
+de Don Quijote como había probado las de Abraham mandándole subir al
+monte Moria a sacrificar a su hijo. (Gen., cap. XXII.)
+
+
+
+
+ CAPÍTULOS XVIII, XIX, XX, XXI, XXII Y XXIII
+
+ _Que tratan de lo que sucedió a Don Quijote en casa del caballero
+ del Verde Gabán, de la aventura del pastor enamorado, de las bodas
+ de Camacho, y en los dos últimos de la aventura de la cueva de
+ Montesinos_, que está en el corazón de la Mancha, y de las admirables
+ cosas que el extremado Don Quijote contó que había visto _en ella_.
+
+
+Llegaron a casa de Don Diego, conoció allí Don Quijote al hijo de
+aquél, Don Lorenzo, y al oirle negar que hubiese habido caballeros
+andantes no trató ya de sacarle de su engaño, sino que propuso rogar al
+cielo le sacase de él. ¡Ah, mi pobre Caballero, y cómo te ha dejado el
+encantamiento de tu Dulcinea!
+
+Tras esto ocurrió lo de las bodas de Camacho en que nada hay que notar,
+y después se dirigió Don Quijote a la cueva de Montesinos, que está en
+el corazón de la Mancha.
+
+Antes de hundirse en ella _hizo una oración en voz baja pidiendo a
+Dios le ayudase y le diese buen suceso en aquella al parecer peligrosa
+y nueva aventura, y en voz alta dijo luego: oh señora de mis acciones
+y movimientos, clarísima y sin par Dulcinea del Toboso, si es posible
+que lleguen a tus oídos las plegarias y rogaciones deste tu venturoso
+amante, por tu inaudita belleza te ruego las escuches, que no son
+otras que rogarte no me niegues tu favor y amparo ahora que tanto lo
+he menester_. Ved cómo a canto de meterse en tan inaudito empeño ruega
+primero a Dios y a Dulcinea luego, a Dios en voz baja y a Dulcinea
+en alta voz. Con Dios primero, sí, pero a solas, que no necesita
+de que nos desgañitemos para oirnos, pues oye hasta el resollar de
+nuestro silencio; mas con Dulcinea nos es menester dar grandes voces e
+invocarla a pecho henchido y boca llena, entre los hombres.
+
+Y prosiguió diciendo Don Quijote: _Yo voy a despeñarme, a empozarme
+y a hundirme en el abismo que aquí se me representa, sólo por que
+conozca el mundo que si tú me favoreces no habrá imposible a quien yo
+no acometa y acabe_. Amad a Dulcinea y no habrá imposible que se os
+resista y tese. ¡Ahí está el abismo; adentro de él!
+
+_Y en diciendo esto se acercó a la sima, vió no ser posible descolgarse
+ni hacer lugar a la entrada si no era a fuerza de brazos o a
+cuchilladas, y así poniendo mano a la espada, comenzó a derribar y
+a cortar de aquellas malezas que a la boca de la cueva estaban, por
+cuyo ruido y estruendo salieron por ella una infinidad de grandísimos
+cuervos y grajos, tan espesos y con tanta priesa que dieron con Don
+Quijote en el suelo; y si él fuera tan agorero como católico cristiano,
+lo tuviera a mala señal y excusara de encerrarse en lugar semejante._
+Parémonos a considerarlo.
+
+Si te empeñas en empozarte y hundirte en la sima de la tradición de
+tu pueblo para escudriñarla y desentrañar sus entrañas, escarbándola
+y zahondándola hasta dar con su hondón, se te echarán al rostro los
+grandísimos cuervos y grajos que anidan en su boca y buscan entre
+las breñas de ella abrigo. Tendrás primero que derribar y cortar
+las malezas que encubren a la cueva encantada, o más bien tendrás
+que desescombrar su entrada, obstruida por escombros. Lo que llaman
+tradición los tradicionalistas no son sino rastrojos y escurrajas de
+ella. Los grandísimos cuervos y grajos que guardan la boca de esa sima
+encantada y en la que fraguaron sus escondrijos, jamás se empozaron
+ni hundieron en las entrañas de la sima, y se atreven, no embargante,
+a graznar diciéndose moradores de su interior. La tradición por ellos
+invocada no lo es de verdad; se dicen voceros del pueblo y nada hay de
+esto. Con el machaqueo de sus graznidos han hecho creer al pueblo que
+cree lo que no cree, y es menester empozarse en las entrañas de la sima
+para sacar de allí el alma viva de las creencias del pueblo.
+
+Y antes de hundirse y empozarse uno en esa sima de las verdaderas
+creencias y tradiciones del pueblo, no las del carbonero de la fe,
+tiene que derribar y cortar las malezas que cubren su entrada. Cuando
+lo hagáis os dirán que queréis cegar la cueva y taparla y ahogar a los
+moradores de ella; os llamarán malos hijos y descastados y todo cuanto
+se les ocurra. Haced oídos sordos a graznidos tales.
+
+Y allí, en la cueva, gozó Don Quijote de visiones que se dejan muy
+a la zaga a las más maravillosas de que otros hayan gozado, sin que
+sea menester repetir aquí lo de que si a uno se le aparece un ángel
+en sueños es que soñó que se le aparecía un ángel. Invito al lector a
+que relea en el capítulo XXIII de la Segunda Parte el relato de las
+asombrosas visiones de Don Quijote y juzgando, como debe juzgarse,
+por el contento y deleite que de su lectura reciba, me diga luego si
+no son más fidedignas que otras no menos asombrosas con que dicen que
+Dios regaló a siervos suyos, soñadores en la profunda cueva encantada
+del éxtasis. Y no sirve sino creer a Don Quijote, que siendo hombre
+incapaz de mentir, afirmó que lo por él contado lo vió por sus propios
+ojos y lo tocó con sus mismas manos, y esto baste y aun sobre. Sancho
+quiso negar la verdad de tales visiones y más cuando oyó decir a su amo
+que vió a Dulcinea encantada en la moza labradora que aquél le había
+mostrado, mas Don Quijote respondió sesudamente: _Como te conozco,
+Sancho, no hago caso de tus palabras_. Ni debemos nosotros tampoco
+hacer caso de palabras sanchopancescas cuando de rendir fe a visiones
+se trate.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XXIV
+
+ Donde se cuentan mil zarandajas tan impertinentes como necesarias al
+ verdadero entendimiento desta grande historia.
+
+
+Al llegar a esta aventura de visión se cree el historiador obligado
+a dudar de su autenticidad, mostrando en ello su poca fe, y hasta
+se propasa a suponer que al tiempo de morir se retractó de ella Don
+Quijote y dijo que _la había inventado por parecerle que convenía y
+cuadraba bien con las aventuras que había en su historia_. ¡Oh menguado
+historiador, cuán poco se te alcanza de achaque de visiones!
+
+Sin duda no leíste, o si lo leíste, pues se publicó veintidós años
+antes que tú publicases la historia de Don Quijote, no meditaste bien
+el libro de la VIDA DEL BIENAVENTURADO P. IGNACIO DE LOYOLA, del P.
+Pedro de Rivadeneira, quien en el capítulo VII del libro I nos cuenta
+las visiones del caballero andante de Cristo y cómo «se le representó
+la manera que tuvo Dios en hacer el mundo» y «vió la sagrada humanidad
+de nuestro Redentor Jesucristo, alguna vez también a la gloriosísima
+Virgen» y otras maravillosas visiones, entre ellas la del Demonio, que
+se le apareció muchas veces «no sólo en Manresa y en los caminos, sino
+en París también y en Roma; pero su semblante y aspecto... era tan
+apocado y feo, que no haciendo caso dél, con el báculo que traía en la
+mano fácilmente le echaba de sí».
+
+De los que nieguen tales visiones y digan que son imposibles, digamos
+lo que de ellos dice el piadosísimo P. Rivadeneira y es que «serán
+comúnmente hombres que no saben, ni entienden, ni han oído decir qué
+cosa sea espíritu, ni gozo ni fruto espiritual... ni piensan que hay
+otros pasatiempos y gustos, ni recreaciones sino las que ellos, de
+noche y de día, por mar y por tierra, con tanto cuidado y solicitud
+y artificio buscan para cumplir con sus apetitos y dar contento a su
+sensualidad. Y así no hay que hacer caso de ellos». ¡Prudentísimas
+palabras, que debía conocer y haber leído Don Quijote, pues contestó a
+Sancho lo de: _Como te conozco, Sancho, no hago caso de tus palabras!_
+
+Con gran acierto trae a colación aquí el Padre Rivadeneira lo del
+Apóstol (I. Cor. II) de que los hombres carnales no son quién para
+juzgar de las cosas y visiones de los espirituales y se consuela y nos
+consuela el buen padre con que había también «cristianos y cuerdos,
+y leídos en historias y vidas de Santos» que aunque entienden que en
+cosas de visiones «es menester mucho tiento, porque puede haber engaño
+y muchas veces le hay», no por eso ha de dejarse de darlas crédito.
+Conviene que el lector lea las razones todas que aduce el piadoso
+Padre historiador de Íñigo de Loyola para convencernos de la verdad de
+las visiones de éste, pues quien tan grandes obras llevó a cabo, bien
+pudo ver lo que vió, y «necesariamente habemos de conceder lo que es
+más, concedamos lo que es menos, y entendamos que todos los rayos y
+resplandores que vemos en las obras que hizo, salieron destas luces
+y visitaciones divinas». ¿Cómo, en efecto, negaremos que vió lo que
+vió Don Quijote en la cueva de Montesinos siendo caballero incapaz
+de mentir y habiendo arremetido a molinos y yangüeses, enzarzado a
+sus burladores en defender lo del yelmo, vencido al Caballero de
+los Espejos y avergonzado al león? El que estas, y otras no menos
+asombrosas hazañas llevó a cabo, bien pudo ver en la cueva de
+Montesinos cuanto se le antojara ver en ella. Y si lo vió, de lo cual
+no debe cabernos duda, ¿qué diremos de la realidad de sus visiones? Si
+la vida es sueño ¿por qué hemos de obstinarnos en negar que los sueños
+sean vida? Y todo cuanto es vida es verdad. Lo que llamamos realidad
+¿es algo más que una ilusión que nos lleva a obrar y produce obras?
+El efecto práctico es el único criterio valedero de la verdad de una
+visión cualquiera.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XXV
+
+ Donde se apunta la aventura del rebuzno y la graciosa del titeretero,
+ con las memorables adivinanzas del mono adivino.
+
+
+De allí continuaron su camino, ardiendo Don Quijote en deseos de saber
+para qué llevaba armas un hombre que se les adelantó, y como rehusara
+éste darle cuenta de ello hasta que acabase de dar recado a su bestia,
+ayudóle a ello Don Quijote, ahechándole la cebada y limpiando el
+pesebre, maravilloso ejemplo de humildad que no suele ser lo mentado
+que merece serlo. Y ésta es sin duda una de las grandes aventuras de
+nuestro Caballero, la de haber ahechado cebada y limpiado un pesebre,
+no más, al parecer, que por oir pronto un relato deleitoso; el relato
+de los regidores rebuznantes.
+
+Y como no nos está bien el creer que sólo por oir tal cosa se redujera
+Don Quijote a ejercer menesteres tan impropios de su oficio de
+caballero andante, hemos, por fuerza, de suponer lo hizo para ejercitar
+su humildad y ejercitarla sencillamente y buscando un protesto, con
+lo que evitó la soberbia del humilde. No se las echó de tal, ni hizo
+ostentación de humildad, sino que pura y sencillamente, como quien hace
+la cosa más natural y corriente del mundo, y sin concederle importancia
+al acto, con aquellas manos que alancearon molinos, libertaron
+galeotes, vencieron al vizcaíno y al Caballero de los Espejos y
+esperaron, sin temblar, al leoncito; con aquellas mismas manos ahechó
+cebada y limpió el pesebre, dando por razón aquellas sencillísimas
+palabras de: _no quede por eso, que yo os ayudaré a todo_.
+
+Lo hizo más sencillamente aún que Íñigo de Loyola después de haber
+recibido el cargo de Prepósito general de la Compañía que formó cuando
+«se entró en la cocina y en ella por muchos días sirvió de cocinero y
+hizo otros oficios bajos de casa», porque Íñigo lo hacía con intención
+de enseñar, «para provocar a todos con su ejemplo al deseo de la
+verdadera humildad»--dice el P. Rivadeneira, lib. III, cap. II--y en
+Don Quijote no hubo ni esa segunda intención de aleccionar a otros,
+sino pura y simplemente ahechó la cebada y limpió el pesebre como si
+fuese cosa suya, como la violeta perfuma y el ruiseñor canta. _No quede
+por eso, que yo os ayudaré a todo._
+
+_Yo os ayudaré a todo_, es lo que dice Don Quijote a todo hombre
+sencillo y limpio de segundas intenciones.
+
+En esta aventura se ve acaso más que en otra alguna cómo era el
+espíritu de Alonso Quijano, a quien sus virtudes le valieron el
+sobrenombre de Bueno, el espíritu que guiaba al de Don Quijote, y cómo
+en la bondad del hombre está la raíz del heroísmo del caballero. ¡Oh,
+mi señor Don Quijote, y cuán grande te me apareces ahechando cebada y
+limpiando el pesebre, sin ostentación alguna de humildad y como si tal
+cosa hicieras! A bueno es a lo que nadie te ha ganado, a sencillamente
+bueno. Y por eso tienes un altar en el corazón de todos los buenos que
+no en tu locura sino en tu bondad paran su vista. Tú mismo, mi señor,
+cuando quisiste alabar a tu escudero le llamaste por de pronto y ante
+todo Sancho bueno, y luego discreto, cristiano y sincero. Es lo que
+hay que ser en el mundo, señor mío, bueno, sencillamente bueno, bueno
+a secas, bueno sin adjetivo ni teologías ni aditamento alguno, bueno y
+no más que bueno. Y si tan noble dictado se confunde con el de tonto tú
+llegaste en tu bondad hasta la locura entre tantos cuerdos burladores,
+es decir, malos. Porque en nada como en la burla se conoce la maldad
+humana y el demonio es el gran burlador, el emperador y padre de los
+burladores todos. Y si la risa puede llegar a ser santa y liberadora y,
+en fin, buena, no es ella risa de burla, sino risa de contento.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XXVI
+
+Donde se prosigue la graciosa aventura del titeretero, con otras cosas
+ en verdad harto buenas.
+
+
+Encontrándose Don Quijote en la venta y después de haber oído el
+relato de los alcaldes rebuznadores fué cuando llegó Maese Pedro con
+el mono adivino y el retablo de la libertad de Melisendra. Pasmado Don
+Quijote al ver que Maese Pedro, luego que oyó al mono, le conoció, lo
+tuvo por cosa demoniaca, y pasó después a ver el retablo y asistir a
+la representación de la libertad que a Melisendra dió su esposo Don
+Gaiferos.
+
+Salieron allí entonces Carlo Magno y Roldán, el alcázar de Zaragoza,
+moros, Marsilio de Sansueña, Don Gaiferos... Y cuando llevándose éste
+a su esposa Melisendra partió en su seguimiento lucida caballería,
+púsose en pie Don Quijote, acudió en ayuda de Don Gaiferos después de
+pronunciado su discurso a los perseguidores, a estilo homérico, _y
+comenzó a llover cuchilladas sobre la titerera morisma, derribando a
+unos, descabezando a otros, estropeando a éste, destrozando a aquél
+y entre otros muchos tiró un altibajo tal, que si Maese Pedro no se
+abaja, se encoje y agazapa, le cercenara la cabeza con más facilidad
+que si fuera hecha de masa de mazapán_.
+
+¡Brava y ejemplarísima pelea! ¡Provechosa lección! Y no servía que
+Maese Pedro advirtiese a Don Quijote que aquellos que derribaba,
+destrozaba y mataba no eran verdaderos moros sino unas figurillas
+de pasta, pues no por eso dejaba de menudear aquél cuchilladas. Y
+hacía bien, muy requetebién. Arman los maeses Pedros sus retablos de
+farándula y pretenden que por ser las de ellos figurillas de pasta,
+declaradas tales, se les respete. Y lo que el Caballero andante debe
+derribar, descabezar y estropear es lo que a título de ficción hace más
+daño que el error mismo. Porque es más respetable el error creído que
+no la verdad en que no se cree.
+
+--Mire, señor, que no haga el ridículo ni se meta a perseguir
+figurillas de retablo; que estamos todos en el secreto y es éste un
+juego de compadres en que a nadie se engaña; mire que aquí no se trata
+sino de pasar el tiempo y hacer que hacemos, y ni Carlo Magno es Carlo
+Magno, ni Roldán Roldán, ni Don Gaiferos es tal Don Gaiferos, y aquí
+a nadie se embauca, sino que se deleita y regocija a la galería, que
+aunque finge creer la comedia tampoco la cree en verdad; mire, señor,
+no malgaste sus energías en pelear con figurillas de pasta...
+
+--Pues porque son de pasta las figurillas y estamos en ello
+todos--respondo--es por lo que hay que descabezarlas y destrozarlas,
+pues nada más pernicioso que la mentira por todos consentida. Todos
+estamos en el secreto, secreto a voces, todos sabemos y nos lo decimos
+al oído los unos a los otros, que el tal Don Gaiferos no es Don
+Gaiferos, ni hay tal libertad de Melisendra, y si es así ¿por qué duele
+e irrita que se encarame uno a la pingorota de la torre más alta del
+pueblo y grite desde ella a voces, como vocero de la sinceridad, lo que
+todos se dicen al oído, derribando, descabezando y estropeando así al
+embuste? Hay que limpiar el mundo de comedias y de retablos.
+
+Y acude Maese Pedro cariacontecido y exclama: _mire, pecador de mí,
+que me destruye y echa a perder toda mi hacienda_. Pues no vivas de
+eso, Ginesillo de Pasamonte: es lo que le debemos responder. Trabaja y
+no armes retablos. Y en resolución digamos con Don Quijote: _¡viva la
+andante caballería sobre cuantas cosas hoy viven en la tierra!_ ¡Viva
+la andante caballería y muera la farándula!
+
+¡Muera la farándula! Hay que acabar con los retablos todos, con todas
+las ficciones sancionadas. Don Quijote, tomando en serio la comedia,
+sólo puede parecer ridículo a los que toman en cómico la seriedad y
+hacen de la vida teatro. Y en último caso ¿por qué no ha de entrar en
+la representación y formar parte de ella el descabezamiento, estropicio
+y destrozo de los comediantes de pasta? Es fuerte cosa que se quejen
+de quien toma en serio la comedia los que representan ésta lo más
+seriamente del mundo, y ponen todo su cuidado en que no se falte una
+tilde a las reglas del arte cómico. Porque habréis observado, buenos
+lectores, que nada hay más insoportable que la exigencia de que se
+guarden estrechamente los ritos, etiquetas y rúbricas de las cosas
+de pura representación, y que sean los que se dan de maestros de
+ceremonias los que menos respeten la verdadera seriedad de la vida.
+Sabrá muy bien cuándo se debe llevar corbata negra y cuándo blanca,
+hasta qué hora levita y desde qué hora fraque, y qué tratamiento debe
+dársele, pero éste mismo no sabrá por dónde buscar a su Dios, ni cual
+es su destino último. Y no hablemos de los que rebelándose contra la
+ética quieren imponernos la tiranía de la estética y sustituir a la
+conciencia moral con esa quisicosa que llaman el buen gusto. Cuando
+empiezan a prevalecer tales doctrinas los obreros tienen que declararse
+cursis.
+
+Tratando Teresa de Jesús en el capítulo XXXVII de su VIDA de cómo «no
+cumple perder punto en puntos de mundo» por no dar «ocasión a que
+se sientan los que tienen su honra puesta en estos puntos» y de los
+que dicen que «los monasterios han de ser corte de crianza» dice que
+no puede entender esto. Agrega que ni aun tiempo hay para aprender
+tales cosas, pues sólo «para títulos de cartas es ya menester haya
+cátedra adonde se lea cómo se ha de hacer, a manera de decir, porque
+ya deja papel de una parte, ya de otra, y a quien no se solía poner
+magnífico, hase de poner ilustre». La animosa monja no sabía en qué ha
+de parar esto, porque no teniendo aún cincuenta años cuando escribía lo
+trascrito, decía «en lo que he vivido he visto tantas mudanzas, que no
+sé vivir». Y añadía así: «Por cierto yo he lástima a gente espiritual
+que está obligada a estar en el mundo por algunos santos fines, que es
+terrible la cruz que en esto llevan. Si se pudieran concertar todos
+y hacerse ignorantes, y querer que los tengan por tales en estas
+ciencias, de mucho trabajo se quitarían». ¡Y de tanto! Los espirituales
+deben concertarse, en efecto, y hacerse ignorantes en puntos de mundo
+y querer que los tengan por tales. Cuantos amamos a la verdad sobre
+todas las cosas debemos concertarnos para ignorar las premáticas y
+mandamientos de ese dichoso buen gusto con que se la disfraza, y para
+pisotear las buenas formas y dejar que nos llamen cursis y querer que
+nos tengan por tales.
+
+Hay una gavilla suelta de faranduleros que llevan prendido de la boca
+el amomiado credo, herencia de sus bisabuelos, como llevan el escudo
+de la casa grabado en la sortija o en el puño del bastón, y respetan
+esas venerandas tradiciones de nuestros mayores como respetan cualquier
+otra antigualla, por bien parecer y hacerse pasar por distinguidos. Es
+de buen tono y viste muy bien eso que llaman ser conservador. Y esa
+gavilla de farsantes ha declarado cursilería todo lo que es pasión y
+arranque y brío y de mal gusto los tajos y mandobles a las titereras
+y los guiñoles todos que tienen armados. Y cuando esos mamarrachos,
+alcornoques secos y vacíos, digan y repitan la gran sandez de «lo
+cortés no quita a lo valiente», salgámosles a la cara y digámosles
+en ella y en sus barbas, si las tuvieran, que lo cortés quita a lo
+valiente, y que el verdadero valor, el valor quijotesco puede, suele
+y debe consistir muchas veces en atropellar toda cortesía y aparecer
+hasta, si preciso fuere, grosero. Sobre todo con los Maese Pedros que
+viven de retablos.
+
+¿Conocéis cosa más terrible que oir la misa de un cura ateo, que la
+celebra por cobrar el pie de altar? ¡Muera toda farándula, toda ficción
+sancionada!
+
+Pasando por León fuí a ver y contemplar su primorosa catedral gótica,
+aquella gran lámpara de piedra, en cuyo seno canturrean los canónigos
+al son pastoso del órgano. Y contemplando sus mimbreñas columnas, sus
+altos ventanales de pintadas vidrieras por donde la luz al entrar se
+destrenza y desparrama en colores varios, y la enramada de nervios
+que sostiene a la bóveda, pensé así: ¡Cuántos deseos silenciosos,
+cuántos anhelos callados, cuántos pensares recónditos no habrá recibido
+esta pedernosa fábrica, junto con oraciones cuchicheadas o tan sólo
+pensadas, con ruegos, con imprecaciones, con requiebros de amor al oído
+de la amada, con quejas, con reconvenciones! ¡cuántos secretos vertidos
+en el confesonario! ¿Y si todos estos deseos, anhelos, pensares,
+oraciones, cuchicheos, ruegos, imprecaciones, requiebros, quejas y
+secretos, si todo esto empezase a cantar por debajo de la rutinera
+salmodia litúrgica del coro canónico? En la caja de una vihuela, en
+sus entrañas, duermen las notas todas que se le arrancaron a ella, así
+como las notas todas que pasaron junto a ella, rozándola, al pasar en
+vuelo, con sus alas sonoras; y si todas esas notas, propias y ajenas,
+que allí duermen, despertaran, estallaría la caja de la vihuela por el
+empuje de la tempestad sonora. Y así, si despertase todo eso que duerme
+en el seno de la catedral, vihuela de piedra, y rompiera a cantar todo
+ello, derrumbaríase la catedral rota por el empuje del clamor inmenso.
+Las voces, libertadas, buscarían el cielo. Derrumbaríase la catedral
+de piedra, vencida y agobiada por la violencia del propio esfuerzo, al
+ponerse a cantar, pero de entre sus escombros, que seguirían cantando,
+resurgiría una catedral de espíritu, más aérea, más luminosa y a la
+vez más sólida, una inmensa seo que elevaría al cielo columnas de
+sentimiento que se ramificaran bajo la bóveda de Dios, echando a tierra
+su peso muerto por arbotantes y contrafuertes de ideas. Y esto no
+sería comedia litúrgica. ¡Oh y quién pudiese hacer cantar a nuestras
+catedrales toda oración, toda palabra, todo pensar y todo sentir que
+en su seno han acogido! ¡quién pudiese animarles las entrañas, las
+entrañas mismas de la encantada cueva de Montesinos!
+
+Volvamos al retablo. Un retablo hay en la capital de mi patria y la
+de Don Quijote, donde se representa la libertad de Melisendra o la
+regeneración de España o la revolución desde arriba, y se mueven allí,
+en el Parlamento, las figurillas de pasta según les tira de los hilos
+Maese Pedro. Y hace falta que entre en él un loco caballero andante, y
+sin hacer caso de voces, derribe, descabece y estropee a cuantos allí
+manotean, y destruya y eche a perder la hacienda de Maese Pedro.
+
+El cual volvió a la carga y el pobre Don Quijote, como llevaba en sí al
+bueno de Alonso el Bueno, convencióse de que todo había sido cosa de
+encantamiento y ofreció pagar el destrozo. Y harto hizo con pagarlo.
+Aunque si bien se mira justo es que al que vive de mentiras, cuando
+se le han quebrado éstas, se le remedie en lo posible el daño hasta
+que aprenda a vivir de la verdad. Porque es lo que se dice: si quitáis
+a los faranduleros la farándula, de la cual tan sólo han aprendido a
+vivir ¿cómo vivirán? Y cierto es también que Dios no quiere la muerte
+del pecador, sino que se convierta y viva, y para que pueda convertirse
+ha de vivir y para que viva es menester sustentarle.
+
+¡Oh Don Quijote el Bueno! y cuán magnánimamente después de haber
+derribado, descabezado y estropeado la mentira pagaste lo que ella
+valía, dando cuatro reales y medio por el rey Marsilio de Zaragoza,
+cinco y cuartillo por Carlo Magno, y así por los otros, hasta cuarenta
+y dos reales y tres cuartillos. ¡Si no costara más hacer añicos el
+retablo parlamentario y el otro!
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XXVII
+
+ Donde se da cuenta de quiénes eran Maese Pedro y su mono, con el mal
+suceso que Don Quijote tuvo en la aventura del rebuzno, que no la acabó
+ como él quisiera y lo tenía pensado.
+
+
+Luego de eso de Maese Pedro, el cual ya sabemos qué pícaro era, fué
+cuando Don Quijote se halló entre la gente armada del pueblo de los
+rebuznadores e intentó persuadirlos a que no peleasen por tal niñería
+y corroborándole Sancho, dió en la mala ocurrencia de rebuznar, por
+donde se armó la pedrea de que a todo galope salió Don Quijote,
+encomendándose de todo corazón a Dios, que de aquel peligro le librase.
+
+Y aquí, al contar esta la primera vez que huye el denodado vencedor
+del vizcaíno, del Caballero de los Espejos y del león, el que tantas
+veces afrontó a tropas de hombres, dice el historiador: _cuando el
+valiente huye, la superchería está descubierta, y es de varones
+prudentes guardarse para mejor ocasión_. Y ¿cómo iba a hacer frente Don
+Quijote a un pueblo que tiene a gala rebuznar? La manera de expresarse
+colectivamente un pueblo es un a modo de rebuzno, aunque cada uno de
+los que lo componen use de lenguaje articulado para sus menesteres
+individuales, pues sabido es cuán a menudo ocurre que el juntarse
+hombres racionales o semi-racionales siquiera, formen un pueblo asno.
+
+Antes de dictar ordenamientos para regir al pueblo, oigamos su
+parecer--se dice--, consultémosle. Y es ello algo así como si un
+albéitar en vez de escudriñar a un asno y tantearle y pulsarle y
+registrarle para descubrir de qué padece y dónde le duele y de qué
+remedio ha menester, le consulta y espera a que rebuzne para recetarle,
+arrogándose el papel de truchimán de rebuznos. No, sino cuando no se
+logra convencer al pueblo rebuznador, huir de él como prudente y no
+temerario caballero. Y no hacer caso de los Sanchos egoístas que se
+quejan porque no los defendimos cuando tuvieron el mal acuerdo de
+rebuznar ante rebuznadores.
+
+Y volvió después de esto Sancho a lo del salario, y Don Quijote quiso
+saldar cuentas y despedirle y entonces es cuando le dijo aquellas
+durísimas palabras de _asno eres y asno has de ser y en asno has de
+parar cuando se te acabe el curso de la vida_, al oir lo cual rompió
+a llorar el pobre escudero y confesó que para ser asno del todo no le
+faltaba sino la cola. Y le perdonó el magnánimo caballero, mandándole
+procurara ensanchar el corazón. Y fué y es uno de los más señalados
+beneficios que Sancho debió y debe a Don Quijote, el de que éste le
+convenciera y le convenza de que para ser asno del todo no le falta
+sino la cola. Cola que no le brotará ni crecerá mientras siga y sirva a
+Don Quijote.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XXIX
+
+ De la famosa aventura del barco encantado.
+
+
+Y en esto llegaron a orillas del río Ebro y se encontraron allí con _un
+pequeño barco sin remos ni otras jarcias algunas_, y ¡es claro! barco
+sin remos ni otras jarcias y atado en la orilla, ¡aventura al canto!
+Donde veas algo en facha de espera, es que te espera a ti, no lo dudes.
+Y si es barco métete en él, desatrácalo y que te lleve a la buena de
+Dios.
+
+Así hizo Don Quijote y no bien se habían apartado obra de dos varas
+de la orilla, cuando Sancho, que, como buen manchego, debía de ser
+hidrófobo, rompió a llorar. Y tan hidrófobo, pues al tentarse para
+comprobar si habían pasado la línea equinoccial, en pasando la cual
+mueren los piojos, topó no ya con algo, sino con algos. Y el barco fué
+a dar a una aceña, en que se hizo trizas, no sin antes haberse ido al
+agua Don Quijote y Sancho.
+
+Y éste sí que es típico dechado de aventuras de obediencia, más aún
+que la del león. Recuerda lo que siendo General de la Compañía de
+Jesús «dijo diversas veces» Íñigo de Loyola, y es que «si el Papa le
+mandase que en el puerto de Ostia entrase en la primera barca que
+hallase y que sin mástil, ni gobernalle, sin vela, sin remos, sin las
+otras cosas necesarias para la navegación y para su mantenimiento,
+atravesase la mar, que lo haría y obedecería no sólo con paz, mas aun
+con contentamiento y alegría de su ánimo». (Riv., lib. V, cap. IV.)
+
+¿Y para qué había puesto Dios allí aquel barquichuelo, sino para que,
+obedeciéndole, embarcase en él Don Quijote a busca de una aventura
+desconocida? Nadie sabe para qué le es más propio ni cuál la hazaña[2]
+que le está reservada.
+
+Tu hazaña, tu verdadera hazaña, la que hará valer tu vida, no será
+acaso la que vayas tú a buscar, sino la que venga a buscarte, y ¡ay
+de los que van en busca de la dicha mientras está ella llamando a las
+puertas de su casa! Por algo se dijo lo de que las más grandes obras
+son obras de circunstancias.
+
+
+ NOTAS:
+
+[2] Sentí por un momento la tentación de añadir «ni la aceña» diciendo
+«ni cuál la hazaña ni la aceña que le está reservada», pero he vencido
+pronto la tentación ésa. Odio los calembures y juegos de palabras, que
+revelan el más menguado y más despreciable ingenio.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XXX
+
+ De lo que le avino a Don Quijote con una bella cazadora.
+
+
+Ahora empiezan las tristes aventuras de Don Quijote en casa de los
+Duques; ahora es cuando topó con la bella cazadora, la duquesa, que le
+llevó a su morada a regocijarse con él y burlarse de su heroísmo; ahora
+empieza la pasión del caballero en poder de sus burladores. Aquí es
+donde la historia de nuestro Ingenioso Hidalgo se hunde en despeñaderos
+de lamentable miseria; aquí es donde a su magnanimidad y discreción
+responden la bellaquería y sandez de aquellos próceres que creían, sin
+duda, nacidos los héroes para divertirlos y servirles de juguete y
+zarandillos. ¡Oh desdichado que caminas al templo de la fama y corres
+tras la inmortalidad de la gloria, mira que si los grandes de la tierra
+te agasajan y miman y regalan es para que adornes sus mansiones o
+para divertirse contigo como con un juguete! Tu presencia no es sino
+ornato de su mesa y figuras en ella como figuraría una fruta rara o el
+último ejemplar de un pajarraco que se extingue. Cuando más parecen
+reverenciarte más se burlan de ti. Mira que en el fondo no hay soberbia
+como la soberbia de aquéllos que no pueden atribuir a propio mérito,
+sino al azar del nacimiento, las preeminencias de que gozan. No seas
+juguete de los grandes. Recorre la historia y ve en lo que vinieron a
+dar los héroes que se redujeron a ser ornamento de los salones.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XXXI
+
+ Que trata de muchas y grandes cosas.
+
+
+Recibieron de solemne burla a Don Quijote en casa de los Duques,
+vistiéronle a usanza caballeresca y le llevaron a comer.
+
+Y allí fué donde se encontró, en la mesa, con aquel _grave eclesiástico
+déstos que gobiernan las casas de los príncipes; déstos que como no
+nacen príncipes no aciertan a enseñar cómo lo han de ser los que lo
+son; déstos que quieren que la grandeza de los grandes se mida con la
+estrechez de sus ánimos_ y el cual enderezó a Don Quijote, llamándole
+Don Tonto, aquella reprensión áspera y desabrida, recomendándole se
+volviese a su casa a criar a sus hijos, si los tenía, y a curar de su
+hacienda, dejando de andar vagando por el mundo y dando que reir a
+cuantos le conocían y no conocían.
+
+¡Oh, y cómo dura y persiste y no acaba en nuestra España la ralea de
+estos graves y sesudos eclesiásticos que quieren que la grandeza de los
+grandes se mida con la estrechez de sus ánimos! ¡Don Tonto! ¡Don Tonto!
+Y ¡cómo te viste tratar, mi loco sublime, por aquel grave varón, cifra
+y compendio de la verdadera tontería, humana! El grave eclesiástico no
+debía de haber leído los Evangelios ni debía de conocer aquel sermón de
+Jesús desde la montaña en que dijo: «cualquiera que dijere a su hermano
+_raca_ será culpado del concejo, y cualquiera que le dijere tonto será
+reo del infierno del fuego» (Mat., V, 22). Reo se hizo, pues, del
+infierno del fuego por haber llamado a Don Quijote tonto.
+
+Ya estás, señor mío, frente a la encarnación del sentido común. Y no
+nos quepa duda de que si Cristo Nuestro Señor hubiese en tiempo de Don
+Quijote vuelto al mundo o si hoy volviese a él, formaría aquel grave
+eclesiástico entonces o formarían hoy sus sucesores, entre los fariseos
+que le reputarían por loco o dañino agitador y le buscarían nueva
+muerte afrentosa.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XXXII
+
+De la respuesta que dió Don Quijote a su reprensor, con otros graves y
+ graciosos sucesos.
+
+
+Pero a fe que si fué desabrida la reprimenda, también fué estupenda la
+réplica de Don Quijote a ella, tal cual en este capítulo se contiene.
+No hay sino releerla. No hay sino releerla la soberana lección a los
+que _sin haber visto más mundo que el que puede contenerse en veinte
+o treinta leguas de distrito_ se meten de rondón a dar leyes a la
+caballería y a juzgar de los caballeros andantes.
+
+_Mis intenciones siempre las enderezo a buenos fines, que son de hacer
+bien a todos y mal a ninguno: si el que esto entiende, si el que esto
+obra, si el que desto trata, merece ser llamado bobo, díganlo vuestras
+grandezas_--exclamó Don Quijote. Pero es que se las había con uno
+de esos hombres de voluntad mezquina y de corazón estrecho que han
+inventado lo de que hay ideas buenas e ideas malas, y se empeñan en
+ser definidores de la verdad y del error, y en que se siguen al mundo
+grandes males de que los hombres crean las visiones de la cueva de
+Montesinos y no otras visiones no menos visionarias que ellas. Los
+tales, locos, o mejor menguados de corazón, no de cabeza, no hacen
+sino perseguir a los que tienen por locos de la cabeza, y entercarse
+en hacernos creer que traen perdido el mundo los caballeros andantes
+que enderezan sus intenciones a buenos fines, crean lo que creyeren, y
+no los graves eclesiásticos que miden la grandeza de los grandes con
+la estrechez de sus ánimos. Como sus seseras resecas y amojamadas son
+incapaces de parir imaginación alguna, atiénense como a inconmovible
+norma de conducta a las empedernidas y encostradas imágenes que en
+depósito recibieron, y como no saben abrirse sendero a campo traviesa
+y por la espesura de la selva, fija en la estrella norte la mirada,
+obstínanse en que vayamos los demás en su desvencijado carro por las
+roderas del camino de servidumbre pública. Esas gentes no hacen sino
+censurar a los que de veras hacen algo. Cuando alguien tiene cuita,
+acude a los caballeros andantes y no a ellos, ni _al perezoso cortesano
+que antes busca nuevas para referirlas y contarlas, que procura hacer
+obras y hazañas para que otros las cuenten y las escriban_ como dirá
+más adelante el mismo Don Quijote cuando se le presente Trifaldín, el
+heraldo de la Dueña Dolorida.
+
+Dijo muy bien Don Quijote: _Si me tuvieran por tonto los caballeros,
+los magníficos, los generosos, los altamente nacidos, tuviéralo por
+afrenta irreparable; pero de que me tengan por sandio los estudiantes
+que nunca entraron ni pisaron las sendas de la caballería, no se me
+da un ardite_. Razones dignas del Cid quien según el sabido romance,
+cuando aquel monje Bernardo se atrevió a hablarle en lugar del rey
+Alfonso, platicando en el claustro de San Pedro de Cardeña,
+
+ ¿Quién vos mete, dijo el Cid, en el consejo de guerra
+ fraile honrado, a vos agora, la vuesa cogulla puesta?
+ Subid vos a la tribuna, y rogad a Dios que venzan,
+ que non venciera Josué si Moisén non lo ficiera.
+ Llevad vos la capa al coro, yo el pendón a la frontera
+
+ ...........................................................
+
+ que más de aceite que sangre, manchado el hábito muestra.
+
+reprimenda que hizo exclamar al Rey lo de:
+
+ Cosas tenedes, el Cid, que farán fablar las piedras,
+ pues por cualquier niñería facéis campaña la iglesia.
+
+Y cuando los graves eclesiásticos no pueden con los caballeros
+andantes, vuélvense a sus escuderos. Pero también Sancho sabe
+responder: _soy quien júntate a los buenos, y serás uno de ellos... yo
+me he arrimado a buen señor, y ha muchos meses que ando en su compañía
+y he de ser otro como él, Dios queriendo_. Y lo querrá Dios, Sancho
+bueno, Sancho discreto, Sancho cristiano, Sancho sincero, lo querrá
+Dios. ¡Tú lo dijiste: júntate a los buenos! Porque tu amo fué y es y
+será bueno, ante todo y sobre todo bueno, y en pura fuerza de bondad
+loco, y su locura le ha merecido gloria en el mundo mientras éste dure
+y gloria también en la eternidad. ¡Oh, Don Quijote, mi San Quijote! Sí,
+los cuerdos canonizamos tus locuras, y que los graves eclesiásticos de
+ánimo estrecho se excusen de reprender lo que no pueden remediar. _Y
+sin decir más ni comer más se fué_, dice el historiador refiriéndose al
+grave eclesiástico. ¡Se fué!... ¡Se fué!... Oh y si pudiésemos decir
+siempre lo mismo...
+
+Recordemos aquí, lector, que esta reprimenda del grave eclesiástico
+a Don Quijote no deja de tener parentesco con la reprimenda que el
+Vicario del convento de dominicos de San Esteban de Salamanca, de
+esta Salamanca en que escribo y en que se graduó de bachiller Sansón
+Carrasco, enderezó a Íñigo de Loyola según nos cuenta su historiador
+en el capítulo XV del libro I de su VIDA. Cuando le invitaron a que
+fuese a aquella casa, pues los frailes tenían gran deseo de oirle y
+hablarle, y fué, y después de haber comido los llevaron a una capilla
+y preguntó el Vicario a Ignacio en qué estudios se había criado y qué
+género de letras había profesado, y dijo luego: «Vosotros sois unos
+simples idiotas, y hombres sin letras, como vos mismo confesáis; pues
+¿cómo podéis hablar seguramente de las virtudes y de los vicios»? Y
+luego encerraron a Ignacio y sus compañeros y de allí los llevaron a la
+cárcel. Loyola, por su parte, «en más de treinta años, nunca llamó a
+nadie bobo, ni dijo otra palabra de que se pudiese agraviar» según su
+biógrafo en el capítulo VI del libro V de su VIDA.
+
+¿Cómo, sin licencia ni título, ni grados conferidos por tribunal
+ordinario, cómo se atrevía así Ignacio a hablar de la virtud y del
+vicio? Y a Don Quijote ¿quién le dió licencia para meterse a caballero
+andante o con qué derecho se entremetía a enderezar tuertos y corregir
+abusos, aunque no lo hicieren los graves eclesiásticos que para hacerlo
+cobraban su salario? Ni el Vicario del monasterio de San Esteban de
+Salamanca, ni el grave eclesiástico que gobernaba la casa de los
+Duques sufrían que se saliese nadie del oficio que la sociedad les
+tuviera asignado. ¿Qué orden puede haber, en efecto si no se atiene y
+atempera cada uno a lo que se le pide y no más que a ello? Cierto que
+no cabría así progreso, pero el progreso es fuente y raíz de muchos
+males. Bien se dijo lo de ¡zapatero, a tus zapatos! Ignacio habría
+hecho mejor en seguir la carrera a que sus padres le dedicaron, o por
+lo menos no meterse a predicar hasta haberse graduado de teólogo, y
+Don Quijote debía haberse casado con Aldonza Lorenzo para criar a
+sus hijos y cuidar de su hacienda. Ambos graves eclesiásticos, el de
+casa de los Duques y el del convento de San Esteban de Salamanca,
+fueron predecesores de aquel que escribió en el Catecismo: «eso no me
+lo preguntéis a mí, que soy ignorante; doctores tiene la Santa Madre
+Iglesia que os sabrán responder».
+
+«Buenos estamos--como dijo el Vicario de San Esteban de Salamanca--:
+tenemos el mundo lleno de errores, y brotan cada día nuevas herejías
+y doctrinas ponzoñosas; y vos no queréis declararnos lo que andáis
+enseñando...» Medrados estamos, en efecto, si ha de salir por ahí cada
+uno a su antojo, éste enderezando entuertos y aquél predicando, el uno
+alanceando molinos y el otro fundando Compañías! ¡Al carril, al carril
+todos! ¡Sólo en el carril hay orden! Y lo estupendo es que sea ésta hoy
+la doctrina de los que se dicen hijos del reprendido en el convento de
+San Esteban y herederos de su espíritu.
+
+Acabada la comida en casa de los Duques siguió la burla, no tan amarga
+ni burlesca como la gravedad del grave eclesiástico, y fué lo triste
+que fueron ya las doncellas las que, sin contar con sus amos los
+Duques, se propasaron a añadir burlas de su propia cuenta a las burlas
+tramadas por aquéllos. _Ni él ni yo sabemos de achaque de burlas_--dijo
+Don Quijote refiriéndose a Sancho. Y era verdad, pues jamás se vió
+loco más serio que Don Quijote. Y cuando la locura se acompaña de la
+seriedad, reálzase y se eleva mil codos sobre la cordura retozona y
+burladora.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XXXIII
+
+De la sabrosa plática que la Duquesa y sus doncellas pasaron con Sancho
+ Panza, digna de que se lea y de que se note.
+
+
+Entre burlas y regocijo confesó Sancho a la Duquesa que tenía a Don
+Quijote por loco rematado y él, pues con todo y con eso le seguía y
+servía e iba atenido a las vanas promesas suyas, sin duda alguna debía
+de ser más loco y tonto que su amo.
+
+Pero ven acá, pobre Sancho, ven y dinos ¿lo crees de veras así? Y aun
+creyéndolo ¿no sientes que es mejor para tu fama y tu salud eterna
+seguir al loco generoso que no a un cuerdo mezquino? ¿No dijiste hace
+poco al grave eclesiástico, cuerdo hasta reventar de cordura, que hay
+que juntarse a los buenos, por locos que ellos sean, y que habías de
+ser otro como él, como tu amo. Dios queriendo? ¡Ah, Sancho, Sancho, y
+cómo bamboleas en tu fe y perinoleas y te revuelves como veleta a todos
+vientos y al son que te tocan bailas! Pero sabemos bien que crees creer
+una cosa y crees otra, y que mientras te figuras sentir de un modo
+estás, en tu interior, sintiendo de otro modo muy diverso. Bien dijiste
+lo de: _ésta fué mi suerte y mi malandanza; no puedo más, seguirle
+tengo; somos de un mismo lugar; he comido su pan; quiérole bien; es
+agradecido; dióme sus pollinos, y sobre todo, yo soy fiel_... Sí, y tu
+fidelidad te salvará, Sancho bueno, Sancho cristiano. Estabas y estás
+quijotizado, y en prueba de ello pronto te hizo dudar la Duquesa de que
+hubieras inventado lo del encanto de Dulcinea y acabaste por confesar
+que de tu ruin ingenio no se puede ni se debe presumir que fabricases
+en un instante tan agudo embuste. Sí, Sancho, sí; cuando creemos ser
+burladores solemos muchas veces ser los burlados, y cuando se nos
+figura hacer algo en chanzas es que el Supremo Poder que de nosotros
+se sirve para sus ocultos e inescudriñables fines nos lo hace hacer en
+veras. Cuando creemos ir por un camino nos están llevando por otro, y
+así no hay sino dejarse guiar de las buenas intenciones del corazón y
+que Dios las haga fructificar, pues si nosotros sembramos la semilla,
+arando antes la tierra que la recibe, es el cielo el que la riega y
+airea y da lumbre.
+
+Debo aquí, antes de pasar adelante, protestar contra la malicia del
+historiador, que al fin de este capítulo XXXIII que vengo explicando y
+comentando, dice que las burlas que hicieron los Duques al Caballero
+fueron _tan propias y discretas, que son las mejores aventuras que en
+esta grande historia se contienen_. ¡No, no, y mil veces no! Las tales
+burlas no fueron ni propias ni menos discretas, sino torpísimas, y
+si ellas sirvieron para poner a mayor luz el insondable espíritu de
+nuestro hidalgo y alumbrar el abismo de la bondad de su locura, débese
+tan sólo a que la grandeza de Don Quijote y su heroísmo eran tales, que
+convertían en veras sublimes las más bajas y torpes burlas.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XXXIV
+
+Que da cuenta de la noticia que tuvo de cómo se había de desencantar la
+ sin par Dulcinea del Toboso, que es una de las aventuras más famosas
+ deste libro.
+
+
+Entre esas burlas que el historiador estima propias y discretas, no lo
+siendo ni de lejos, estuvo la del modo cómo se había de desencantar a
+Dulcinea, dándose Sancho tres mil trescientos azotes
+
+ _en ambas sus valientes posaderas
+ al aire descubiertas, de tal modo
+ que le escuezan, le amarguen y le enfaden_.
+
+Y los azotes había de dárselos de propia voluntad, sin que valiesen los
+que por fuerza quería propinarle Don Quijote. Negóse Sancho a dárselos,
+porfiaron negándole el gobierno de la ínsula si no prometía vapularse,
+y al fin, vencido de razones y de codicia, lo prometió. Y _Don Quijote
+se colgó del cuello de Sancho dándole mil besos en la frente y en las
+mejillas_, recompensa más que colmada a su final resignación.
+
+Y ¿por qué no te has de azotar por amor de Dulcinea, Sancho amigo, si
+es a ella a quien debes la perpetuidad de tu fama? Vale más que te
+azotes por Dulcinea que no por lo que sueles azotarte de ordinario;
+vale más Dulcinea que no gobierno de ínsula alguna. Si al azotarte,
+si al trabajar pusieses siempre tu mira en Dulcinea, sería siempre
+santo tu trabajo. Cuando trabajes de zapatero pon tu hito en hacerlo
+mejor que ningún otro, y aspira a la gloria de que tus parroquianos no
+padezcan callos en los pies.
+
+Hay una forma la más elevada de trabajo, cual es la de convertirlo en
+oración, y aserrar madera, colocar mampuesto, coser zapatos, cortar
+calzones o componer relojes a la mayor honra y gloria de Dios, pero
+hay otra forma, por menos encumbrada más humana y más conseguidera, y
+es hacerlo por Dulcinea, por la gloria. ¡Cuántos pobres Sanchos que se
+desesperan y reniegan bajo el yugo del trabajo se sentirían alijarados
+de él y henchidos de alegría en su labor, si al trabajar, es decir, al
+azotarse pusieran su mira en desencantar a Dulcinea, en cobrar nombre
+y fama con su trabajo! Esfuérzate, Sancho, por ser en tu pueblo el
+primero de tu oficio y toda la pesadumbre y graveza de tu trabajo se
+disipará ante tan honrado propósito. El pundonor dignifica al artesano.
+
+Cuenta el GÉNESIS no que Dios condenara al hombre al trabajo, pues dice
+que le puso en el paraíso para que lo cuidara y trabajase (II, 15),
+sino que le condenó, luego de haber Adán pecado, a la penosidad del
+trabajo, a que le fuese éste penoso y molesto, a que con dolor comiera
+de la tierra que no le produciría sino espinas y cardos, a comer su
+pan amasado con sudor (III, 17-19). Y el amor a la gloria, el ansia
+de desencantar a Dulcinea, convierte en rosas los cardos y en suaves
+pétalos las pinchosas espinas. Y ¿cómo quieres, Sancho, que fuese a
+vivir Adán en el paraíso sin trabajarlo? ¿Qué paraíso podía ser ese en
+que no se trabajaba? No, no puede haber verdadero paraíso alguno sin
+algún trabajo en él.
+
+Ya sé que hay Sanchos que cantan esta copla:
+
+ Cada vez que considero
+ que me tengo de morir,
+ tiendo la capa en el suelo
+ y no me harto de dormir.
+
+Ya sé que hay Sanchos que se representan la gloria eterna como un
+eterno nada hacer, como un campo celeste en que tendidos a la bartola
+se está viendo lucir el sol increado, pero para ellos la suprema
+recompensa debe ser la nada, el sueño inacabable sin ensueños ni
+despertar. Nacieron cansados y con la pesadumbre de los trabajos y
+penas de sus abuelos y tatarabuelos a cuestas; ¡descansen sobre sus
+nietos y tataranietos durmiendo en las honduras de éstos! Y esperen así
+que Dios los despierte al trabajo divino.
+
+Ten por seguro, Sancho, que si al fin y a la postre se nos da, como
+te tienen prometido, una visión beatífica de Dios, esa visión habrá
+de ser un trabajo, una continua y nunca acabadera conquista de la
+Verdad Suprema e Infinita, un hundirse y chapuzarse cada vez más en
+los abismos sin fondo de la Vida Eterna. Unos irán en ese glorioso
+hundimiento más de prisa que otros y ganando más hondura y más gozo que
+ellos, pero todos irán hundiéndose sin fin ni acabamiento. Si todos
+vamos al infinito, si todos vamos _infinitándonos_, nuestra diferencia
+estribará en marchar unos más de prisa y otros más despacio, en crecer
+éstos en mayor medida que aquéllos, pero todos avanzando y creciendo
+siempre y acercándonos todos al término inasequible, al que ninguno ha
+de llegar jamás. Y es el consuelo y la dicha de cada uno el saber que
+llegará alguna vez a donde llegó otro cualquiera, y ninguno a parada de
+última queda. Y es mejor no llegar a ella, a quietud, pues si el que ve
+a Dios, según las Escrituras, se muere, el que alcanza por entero a la
+Verdad Suprema queda absorbido en ella y deja de ser.
+
+Trabajo, Señor, da a Sancho, y danos a todos los pobres mortales
+trabajo siempre, procúranos azotes, y que siempre nos cueste esfuerzo
+conquistarte y que jamás descanse en Ti nuestro espíritu, no sea que
+nos anegues y derritas en Tu Seno. Danos Tu paraíso, Señor, pero para
+que lo guardemos y trabajemos, no para dormir en él; dánoslo para que
+empleemos la eternidad en conquistar palmo a palmo y eternamente los
+insondables abismos de Tu infinito seno.
+
+
+
+
+ CAPÍTULOS XL, XLI, XLII Y XLIII
+
+ De la venida de Clavileño y de otras cosas.
+
+
+Viene luego en nuestra historia el relato de la Dueña Dolorida, que
+al historiador le parece de perlas, según lo declara al principio del
+capítulo XL, y a mí me parece de lo más burdo y más torpemente tramado
+que puede darse. Todo el valor de esta grosera burla consiste en
+preparar la del caballo Clavileño, en el cual habrían de ir Don Quijote
+y su escudero por los aires al reino de Gandaya, vendados los ojos
+antes ambos.
+
+Resistióse Sancho a subirse en Clavileño, pues no era brujo _para
+gustar de andar por los aires_, ni era cosa que sus insulanos dijeran
+que su gobernador se andaba _paseando por los vientos_, mas el Duque
+le dijo: _Sancho amigo, la ínsula que yo os he prometido no es movible
+ni fugitiva... y pues vos sabéis que sé yo que no hay ningún género
+de oficio destos de mayor cuantía que no se grangee con alguna suerte
+de coecho, cual más, cual menos, el que yo quiero llevar por este
+gobierno es que vais con vuestro señor Don Quijote a dar cima y cabo
+a esta memorable aventura_, con otras razones que añadió. A lo cual
+_no más señor--dijo Sancho--, yo soy un pobre escudero, y no puedo
+llevar a cuestas tantas cortesías; suba mi amo, tápenme estos ojos y
+encomiéndenme a Dios, y avísenme si cuando vamos por esas altanerías
+podré encomendarme a nuestro Señor o invocar los ángeles que me
+favorezcan_. Entonces declaró Don Quijote que desde la memorable
+aventura de los batanes, nunca había visto a Sancho con tanto temor. A
+pesar de lo cual montó el escudero en Clavileño, detrás de su amo, y
+pidió, con lágrimas en los ojos, que rezasen por él. Y luego, cuando
+iban por los aires imaginarios, se ceñía y apretaba a su amo, lleno de
+miedo cerval.
+
+El resto de la aventura es cosa tristísima si la hemos de juzgar a lo
+mundano, pero ¡cuántos se remontan en Clavileño sin moverse del lugar
+en que montaron y atraviesan así la región del aire y la del fuego!
+Es tan triste la aventura, que quiero llegar a cuando al acabarla y
+después de haberse visto Don Quijote y Sancho sin más daño que un
+revolcón y chamuscamiento, libre ya el escudero de su miedo, dió en
+inventar mentiras, y al oirlas Don Quijote se acercó a Sancho y le dijo
+estas preñadas palabras: _Sancho, pues vos queréis que se os crea lo
+que habéis visto en el cielo, yo quiero que vos me creáis a mí lo que
+vi en la cueva de Montesinos, y no digo más_.
+
+Vele aquí la fórmula más comprensiva y a la vez más vasta de la
+tolerancia: si quieres que te crea, créeme tú. Sobre el crédito mutuo
+se cimenta la sociedad de los hombres. La visión del prójimo es para
+él tan verdadera como para ti lo es tu propia visión. Siempre, sin
+embargo, que sea verdadera visión y no embuste y patraña.
+
+Y en esto estriba la diferencia entre Don Quijote y Sancho, y es
+que Don Quijote vió de veras lo que dijo había visto en la cueva de
+Montesinos--a pesar de las maliciosas insinuaciones de Cervantes en
+contrario--y Sancho no vió lo que dijo haber visto en las esferas
+celestiales yendo en lomos de Clavileño, sino que lo inventó mintiendo,
+por imitar a su amo o desahogar su miedo. No nos es dado a todos gozar
+de visiones y menos aún el creer en ellas y creyéndolas hacerlas
+verdaderas.
+
+Poneos en guardia contra los Sanchos que apareciendo defensores y
+sustentadores de la ilusión y de las visiones, en realidad no defienden
+sino la mentira y la farándula. Cuando os digan de un embustero que
+acaba por creer los embustes que urde, contestad redondamente que no.
+El arte no puede ni debe ser alcahuete de la mentira; el arte es la
+suprema verdad, la que se crea en fuerza de fe. Ningún embustero puede
+ser poeta. La poesía es eterna y fecunda como la visión: la mentira es
+estéril como una mula y dura menos que la nieve marzera.
+
+Y admiremos la suprema generosidad de Don Quijote que estando seguro
+de que él vió lo que dijo haber visto en la cueva de Montesinos y más
+seguro aún, si cabe, de que Sancho no vió lo que decía haber visto
+en las celestes esferas se limitó a decirle: _si vos queréis que os
+crea... yo quiero que vos me creáis_. ¡Cristianísima manera de salir
+al paso y cerrárselo a los embusteros que juzgando a los demás por sus
+propias mañas, toman por embustes las visiones quijotescas! Y hay, no
+obstante, una vara infalible para deslindar de la mentira la visión.
+
+Don Quijote se hundió y empozó en la cueva de Montesinos lleno de
+coraje y denuedo, sin hacer caso de Sancho que quería disuadirle de
+ello, a cuyas amonestaciones contestó lo de _¡ata y calla!_, y haciendo
+oídos sordos al guía, bajó lleno de valor, y Sancho montó en Clavileño
+aterido de miedo y con lágrimas en los ojos y no muy de su voluntad. Y
+así como el valor es el padre de las visiones, así la cobardía es la
+madre de los embustes. El que acomete una empresa henchido de bravura
+y fiado en el triunfo o sin importársele de la derrota, llega a ver
+visiones, pero no trama mentiras, y el que teme un desenlace adverso,
+el que no sabe afrontar serenamente el fracaso, el que empeña en su
+intento esa mezquina pasión del amor propio que se arredra ante el no
+salirse con la suya, éste trama mentiras para precaverse de la derrota
+y no sabe ver visiones.
+
+Así en esta nuestra patria y patria de Don Quijote y Sancho como es la
+cobardía moral lo que tiene presas a las almas, y los hombres reculan
+ante un probable fracaso y tiemblan de haber de caer en ridículo,
+verbenean que es una lástima las mentiras, y escasean que da pena las
+visiones. Los embusteros ahogan a los visionarios. Y no sabremos ver
+visiones reconfortantes y encorazonadoras y gozar de ellas, mientras no
+aprendamos a afrontar el ridículo, y a arrostrar el que los tontos y
+los menguados de corazón nos tomen por locos o caprichudos o soberbios
+y a saber que el quedarse solo no es quedar derrotado como dicen los
+mentecatos, y a no andarnos siempre calculando de antemano el llamado
+triunfo. Don Quijote no pensó al meterse en la cueva en cómo saldría
+de ella ni en si saldría siquiera, y por eso vió allí dentro visiones.
+Y Sancho, como mientras iba a su pesar y con los ojos vendados, sobre
+Clavileño, no pensaba sino en cómo habría de salir de aquella aventura
+en que por quiebras de su oficio escuderil se veía metido, así que se
+vió sano y libre rompió a ensartar embustes.
+
+Y esta otra diferencia hay al respecto entre Don Quijote y Sancho,
+y es que Don Quijote se metió en la cueva por sí y ante sí, sin que
+nadie le forzase a ello ni le mandase hacerlo, pudiendo muy bien
+haberse ahorrado tal proeza para cuyo cumplimiento hubo de desviarse
+de su camino, y Sancho montó en Clavileño porque el Duque se lo impuso
+como condición para darle el gobierno de la ínsula. Don Quijote se
+despeñó, empozó y hundió en la cueva sólo por que conociera el mundo
+que si Dulcinea le favorecía no habría imposible que él no acometiera y
+acabase, y Sancho montó en Clavileño por amor al gobierno de la ínsula.
+Y de lo encumbrado y desinteresado del propósito del caballero nació
+su valor y de su valor las visiones de que gozó, y de lo interesado
+y pobre del propósito del escudero nació su miedo y de su miedo los
+embustes que urdió. Ni Don Quijote buscaba gobierno alguno sino sólo
+mostrar la fortaleza con que le animaba Dulcinea y hacer que los
+hombres declararan así la grandeza de ésta, ni Sancho buscaba gloria
+alguna sino sólo el gobierno de la ínsula. Y por esto Don Quijote vió
+visiones valerosamente, y Sancho fraguó embustes cobardemente.
+
+El interés, sea del género que fuese y aunque se disfrace de amor a la
+gloria, la rebusca de fortuna, de posición, de honores, de distinciones
+mundanas, de aplausos del momento, de cargos o preminencias de aparato,
+de lo que nos dan los otros a cambio de servicios reales o ilusorios
+o a trueque de promesas y halagos, todo esto engendra cobardía moral,
+y la cobardía moral pare mentiras conejilmente, y el desinterés de
+no buscar sino a Dulcinea y saber esperar a que los hombres nos
+reconocerán al cabo fieles servidores y favoritos de ella, infunde
+valor y el valor nos regala visiones. Armémonos, pues, de visiones
+quijotescas y desbaratemos con ellas los embustes sanchopancescos.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XLIV
+
+Cómo Sancho Panza fué llevado al gobierno y de la soledad y pobreza de
+ Don Quijote.
+
+
+Partióse luego de esto Sancho para el gobierno de su ínsula, después
+de recibidos los consejos de su amo, _y apenas se hubo partido Sancho,
+cuando Don Quijote sintió su soledad_; tristísimo rasgo que nos ha
+conservado la historia. Y ¿cómo no había de sentir su soledad, si
+Sancho era el linaje humano para él y en cabeza de Sancho amaba a los
+hombres todos? ¿cómo no si había Sancho sido su confidente y el único
+que le oyó aquello de los doce años en que había querido en silencio a
+Aldonza Lorenzo más que a la lumbre de sus ojos, que la tierra comería
+un día? ¿no estaba entre ellos dos solos el secreto misterioso de su
+vida?
+
+Sin Sancho Don Quijote no es Don Quijote, y necesita el amo más del
+escudero que el escudero del amo. ¡Cosa triste la soledad del héroe!
+Porque los vulgares, los rutineros, los Sanchos, pueden vivir sin
+caballeros andantes, pero el caballero andante ¿cómo vivirá sin pueblo?
+Y es lo triste que necesita de él, y ha de vivir sin embargo solo. ¡Oh
+soledad, oh triste soledad!
+
+Encerróse Don Quijote a solas, sin consentir le sirvieran doncellas,
+y _a la luz de dos velas de cera, se desnudó, y al descalzarse ¡oh
+desgracia indigna de tal persona! se le soltaron, no suspiros ni otra
+cosa que desacreditase la limpieza de su policía, sino hasta dos
+docenas de puntos de una media que quedó hecha zelosía. Afligióse
+en extremo el buen señor_--añade la historia--_y diera él por tener
+allí un adarme de seda verde una onza de plata_. Y a seguida diserta
+el historiador sobre la pobreza, y entre otras cosas dice: _¿por qué
+quieres estrellarte con los hidalgos y bien nacidos más que con la otra
+gente?_
+
+Agradezcamos al puntualísimo historiador de Don Quijote el que nos haya
+conservado este suceso íntimo del habérsele suelto al caballero las
+dos docenas de puntos de la media y de su aflicción por ello. Es algo
+de una profundísima melancolía. Quédase el héroe a solas y encerrado
+en su aposento, lejos de los hombres, y cuando éstos le creen acaso
+con la mente ocupada en sus futuras empresas o encendiéndose en nuevos
+anhelos de perdurable gloria, está el _buen señor_--¡y qué bien cae lo
+de llamarle _buen señor_ en este caso!--afligido por el soltamiento de
+los puntos de la media.
+
+¡Oh pobreza, pobreza!--digo yo también--y ¡cómo ocupas las soledades
+de los caballeros andantes y de los hombres todos! Por no confesarse
+pobre se deslustra el héroe, y sus desmayos y aflicciones y tristezas
+es porque se le deshicieron las medias y no tiene con qué sustituirlas.
+Le veis triste, le veis abatido, juzgáis que el desaliento le gana o
+que el caballeresco ánimo se le mengua, y no es sino que piensa en lo
+mucho que rompen botas sus hijitos. ¡Oh pobreza, pobreza, y cuándo
+te llevaremos de bracete con la vista alta y el corazón sereno! El
+más terrible enemigo del heroísmo es la vergüenza de aparecer pobre.
+Pobre era Don Quijote y al verse con las medias sueltas de puntos, se
+afligía. Arremetió a molinos, embistió a yangüeses, venció al vizcaíno
+y a Carrasco, esperó a pie firme y sin temblar al león, para venir a
+afligirse luego de tener que presentarse ante los Duques con la media
+deshecha, mostrando su pobreza. ¡Tener que hacer un papel en el mundo
+siendo pobre!
+
+¿Y si los pobres mundanos supiéramos el descanso que da el hacer voto
+de pobreza y no avergonzarse de ella? Íñigo de Loyola, a imitación
+de otros fundadores, instituyó voto de pobreza en la Compañía por él
+fundada, y de cuán bien les va a sus hijos con ella nos certifica el P.
+Alonso Rodríguez en el capítulo III del Tratado III de la Tercera parte
+de su EJERCICIO DE PERFECCIÓN. En que nos dice que si deja uno criados
+en el mundo, halla en la Compañía muchos que le sirvan, y que «si vais
+a Castilla, a Portugal, a Francia, a Italia, a Alemania, a las Indias
+y a cualquier parte del mundo, hallaréis que nos tienen ya puesta allá
+casa con otros tantos oficiales de asiento», por manera que dejando
+las riquezas del mundo «más señor sois vos de las cosas y riquezas
+del mundo que los mismos ricos; que no son ellos los señores de sus
+haciendas y riquezas sino vos», y así, en efecto, entienden muchos
+de los jesuitas. Y agrega con mucho tino el buen Padre que mientras
+el rico está dando vuelcos de noche porque su hacienda y riquezas le
+quitan el sueño, el religioso «¡cuán sin cuidado y sin tener cuenta si
+vale caro o barato, o si es buen año o malo, lo tiene todo!».
+
+También el pobre Don Quijote hizo algo así como voto de pobreza al
+principio de su carrera y salió de su casa sin blanca y se negaba
+a pagar, creyéndose libre de ello por fuero de caballería, mas el
+ventero que le armó caballero le persuadió a que llevase dineros y
+camisas limpias y le obedeció _vendiendo una cosa y empeñando otra y
+malbaratándolas todas_. Y por haber así quebrantado su voto de pobreza,
+la pobreza le persigue y le acuita, y se acongoja al soltársele los
+puntos de las medias.
+
+¡Oh pobreza, pobreza!, antes que confesarte preferimos pasar por
+bellacos, por duros de corazón, por falsos, por malos amigos y hasta
+por viles. Inventamos miserables embustes para rehusar lo que no
+podemos dar por carecer nosotros de ello. La pobreza no es la escasez
+de recursos pecuniarios para la vida, sino el estado de ánimo que tal
+escasez engendra; la pobreza es algo íntimo, y de aquí su fuerza.
+
+ ¡Oh necesidad infame, a cuántos honrados fuerzas
+ A que por salir de ti, hagan mil cosas mal hechas!
+
+como dice el tan sabido romance refiriéndose al engaño con que el Cid
+sacó dinero a los judíos, dándoles un arca llena de arena.
+
+Mira a ése; no sale de casa sino a favor de las espesas sombras de la
+noche, porque entonces no se ve cómo su traje relumbra de puro roce;
+tiene vergüenza de aparecer pobre más aún que de serlo. Mira ese otro;
+es un Catón, un hombre rígido e incorruptible; repite cada día que hay
+que predicar con el ejemplo y la pureza de la vida, mas en cuanto se
+mete a murmurar, no inquiere sino cuánto gana éste o cuánto tiene aquél
+y no hace sino pensar en lo cara que es la vida.
+
+¡Oh pobreza, pobreza!, tú has hecho el hediondo orgullo de nuestra
+España. ¿No conocéis acaso el orgullo de la pobreza y de la más baja y
+declarada, de la pobreza del mendigo? Es cosa maravillosa que sea la
+pobreza, lo que más nos afrenta y aflige, una de las cosas que nos dé
+más orgullo. Aunque no sea sino orgullo fingido y un modo de encubrir
+aquélla; es una vergüenza disfrazada de orgullo para defenderse,
+como el miedo de esos inofensivos animalitos que lo disfrazan de
+terribilidad y se ponen amedrentadores, hinchándoseles la gola cuando
+más muertos de miedo se sienten. Sucede con esto como con aquello de
+que muchos se ensoberbezcan de su humildad.
+
+Es menester que os fijéis en la gravedad y aun altanería con que
+pordiosean muchos pordioseros. Os contaré un caso al propósito y es
+el de un mendigo que acostumbraba a pedir a un señor los sábados, y
+una vez le pidió no siendo sábado y aquél le dió una perra chica,
+mas percatándose luego de habérsela dado en día no sábado, le
+llamó al mendigo la atención sobre ello, rogándole no se saliese
+de la costumbre. Y al oir esto el mendigo, le alargó la limosna,
+devolviéndosela, y le dijo: «¿Ah, pero ahora salimos con ésas? Tome,
+tome su perra chica y busque otro pobre». Que es como si dijera:
+¿Conque vengo a hacerle la merced de ponerle en ocasión de que ejercite
+la virtud de la caridad y gane así méritos para el cielo, y me viene
+con condiciones y reparos? Tome, tome su limosna, y busque quien le
+favorezca en tomársela.
+
+Y ¡oh pobreza la más triste y miserable de todas, la de tener que
+presentarse con las medias enterizas, la de tener que conservar el
+traje del papel que en la comedia del mundo representamos! Triste caso
+es el del pobre cómico que no puede mudarse de camisa y tiene que
+guardar y limpiar y conservar enteros los disfraces con que se gana su
+vida en el tablado; triste caso es no tener en las crudas noches del
+invierno una pobre capa con que guardarse del frío y tener que guardar
+el vistoso manto con que se hace el papel de rey en la comedia. Y más
+triste aún que no pueda uno en esas noches abrigarse con el manto
+teatral.
+
+Don Quijote se afligía y avergonzaba de tener que aparecer pobre. Era,
+al fin, hijo de Adán. Y Adán mismo, nos cuenta el GÉNESIS (cap. III,
+versículos 7 a 10) que después que hubo pecado conoció estar desnudo,
+es decir, que era pobre, y al llamarle Dios se escondió, y es que tenía
+miedo por verse desnudo. Y el miedo a la desnudez, a la pobreza, ha
+sido siempre y sigue siendo el primer resorte de acción de los pobres
+mortales. Terribles fueron aquellos tenebrosos tiempos medievales,
+hacia el milenio, cuando empujaba a los espíritus más que el ansia de
+la gloria celestial, el temor al infierno, pero ¿no veis que en nuestra
+sociedad es más el horror a la pobreza que no la sed de riquezas lo
+que lanza a los más de los hombres a sus más locas empresas? Es más
+avariciosidad que ambición lo que nos mueve, y si examinamos a los que
+pasan por más ambiciosos, encontraremos un avaro dentro de ellos. Toda
+garantía nos parece poca para preservarnos y preservar a los nuestros
+de la tan aborrecida y tan temida pobreza, y amontonamos riquezas para
+taparle todo agujero por donde se nos meta en casa. El delito hoy,
+el verdadero delito, es ser pobre; aquellas de nuestras sociedades
+que se dicen más adelantadas y cultas, distínguense por su odio a la
+pobreza y a los pobres; nada hay más triste que el ejercicio de la
+beneficencia. Diríase que se quiere suprimir los pobres, no la pobreza,
+exterminarlos, como si se tratase de exterminar una plaga de animales
+dañinos. Se trata de acabar con la pobreza no por amor al pobre, sino
+para que su presencia no nos recuerde el terrible término.
+
+Y ¿qué de extraño tiene que se buscase el cielo no más que por huir de
+la indigencia? El ansia de renombre y fama, la sed de gloria que movía
+a nuestro Don Quijote ¿no era acaso en el fondo el miedo a oscurecerse,
+a desaparecer, a dejar de ser? La vanagloria es, en el fondo, el terror
+a la nada, mil veces más terrible que el infierno mismo. Porque al fin
+en un infierno se es, se vive, y nunca, diga lo que dijere el Dante,
+puede mientras se es, perderse la esperanza, esencia misma del ser.
+Porque la esperanza es la flor del esfuerzo del pasado por hacerse
+porvenir y ese esfuerzo constituye el ser mismo.
+
+Y ven ahora acá, mi Don Quijote, y llama a tu Alonso el Bueno, y dime:
+esa tu vergüenza de ser pobre ¿no entró, en parte al menos, en la
+grandiosa vergüenza que te impidió declararte a Aldonza Lorenzo? Tú
+conocías lo de «contigo pan y cebolla» y algo más que pan y cebolla
+podías ofrecerla, como era _una olla de algo más vaca que ternera,
+salpicón las más noches, lantejas los viernes... y algún palomino
+de añadidura los domingos_, pero ¿era eso bastante para ella? Y aun
+siéndolo ¿lo sería para los frutos que de vuestro amor pudiesen
+nacer?... Pero dejo esto, pues sé bien cuán profundamente te conmueves
+y ruborizas si se te habla de ello.
+
+No nos extrañe, pues, que Don Quijote se recostase _pensativo y
+pesaroso, así de la falta que Sancho le hacía, como de la irreparable
+desgracia de sus medias, a quien tomara los puntos aunque fuera con
+seda de otro color, que es una de las mayores señales de miseria que
+un hidalgo puede dar en el discurso de su prolija estrecheza_. Y ¡qué
+maravillosa conjunción la que el historiador establece aquí entre
+la soledad y la pobreza de Don Quijote! ¡Pobre y solo! Aún se puede
+soportar la pobreza en compañía o la soledad en riqueza, pero ¡pobre y
+solo!
+
+¿De qué le servían, estando pobre y solo, los requiebros del
+Altisidora? Hizo bien en cerrar la ventana al oirlos.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XLVI
+
+ Del temeroso espanto cencerril y gatuno que recibió Don Quijote en el
+ discurso de los amores de la enamorada Altisidora.
+
+
+Mas luego, apiadado de la dolencia de amor de la desenvuelta moza,
+mandó le pusiesen un laúd por la noche en el aposento, _que yo
+consolaré lo mejor que pudiere a esta lastimada doncella--dijo. Y
+llegadas las once horas de la noche halló Don Quijote una vihuela en
+su aposento; templóla, abrió la reja, y sintió que andaba gente en el
+jardín y habiendo recorrido los trastes de la vihuela, y afinádola
+lo mejor que supo, escupió y remondóse el pecho, y luego con voz
+ronquilla, aunque entonada, cantó_ un romance que trae el historiador y
+que el mismo Don Quijote _aquel día había compuesto_.
+
+El verdadero héroe es, sépalo o no, poeta, porque ¿qué sino poesía es
+el heroísmo? La misma es la raíz de la una y del otro, y si el héroe
+es poeta en acción, es el poeta héroe en imaginativa. El caballero
+andante, que hace profesión de las armas, necesita raíces de poeta,
+porque su arte es arte militar, del cual no dudaba el Dr. Huarte,
+como en el cap. XVI de su EXAMEN nos dice, sino que «pertenece a la
+imaginativa, porque todo lo que el buen capitán ha de hacer dice
+consonancia, figura y correspondencia... para todo lo cual es tan
+impertinente el entendimiento, como los oídos para ver». Y todo ello no
+es sino redundancia de vida, esfuerzo que en redondearse y cumplirse se
+perfecciona, y acaba, obra cuyo fin es la obra misma. Llega a un punto
+la savia en que ha de volverse por donde fué, y al llegar allá, al
+punto que no es camino para otro, sino término, se vuelve sobre sí y da
+sobre el brote que así forma, la flor, y la flor lo es de belleza.
+
+Don Quijote canta, Don Quijote es poeta, cosa que ya temía la gatita
+muerta de su sobrina cuando en el escrutinio que el cura y el barbero
+hicieron en la librería, al querer perdonar LA DIANA de Jorge de
+Montemayor, manifestó temores de que su tío diera en poeta, _que
+según dicen es enfermedad incurable y pegadiza_--añadió. ¡Ay Antonia,
+Antonia, y qué ojeriza tienes a la poesía y qué rencor le guardas! Pero
+tu tío es poeta, y si no hubiera nunca cantado, no habría sido el héroe
+que fué. No que el ser cantor le hiciera ser héroe, sino que de la
+plenitud del heroísmo le brotó el canto.
+
+No apruebo, pues, las razones que el P. Rivadeneira en el cap. XXII del
+libro III de su VIDA DE SAN IGNACIO nos da para justificar el que la
+Compañía de Jesús no tenga coro. Dícenos que «no es de esencia de la
+Religión el tener coro», y, en efecto, puede haber ruiseñor mudo, pero
+será ruiseñor enfermo, y añade, con Santo Tomás, que los que tienen por
+oficio enseñar al pueblo y apacentarle con el pan de la doctrina «no
+deben ocuparse en cantar, porque ocupados con el canto, no dejen lo que
+tanto importa». Pero ¿es que hay doctrina más íntima ni más profunda
+que la que se da cantando? En los consejos mismos que se dan a hombre
+no es la letra sino la música de ellos lo que aprovecha y edifica.
+Música es el espíritu y la carne es letra, y toda doctrina del corazón
+es canto.
+
+Curioso es, en efecto, que siendo tales y tan grandes las
+semejanzas entre Don Quijote e Íñigo de Loyola y recreándose éste y
+enterneciéndosele el ánima y hallando a Dios con el canto, al que era
+muy inclinado, según en el capítulo V del libro V de su VIDA nos cuenta
+su biógrafo, no pusiera coro en la Compañía, y de ésta no tenerlo hemos
+de deducir las imperfecciones que la acompañan y la esterilidad poética
+que sobre ella pesa. Jamás pudo albergarse a sus anchas cigarra en ese
+hormiguero de clérigos regulares. Y no se diga que no nacimos todos
+para cantar, que no se trata aquí de «para» alguno, sino que todo el
+que de veras ha nacido en espíritu y no sólo en carne, sólo por ello
+canta, canta, porque ha nacido, y si no canta es que no nació sino
+en carne. Y si fundamos la Compañía de Dulcinea del Toboso, no nos
+olvidemos del coro, y sea el canto en ella florecimiento de afectos
+heroicos y de encumbrados anhelos.
+
+Cantando estaba Don Quijote cuando echaron sobre él, en torpísima
+burla, un saco de gatos, y al defenderse de ellos le saltó uno al
+rostro y _le asió de las narices con las uñas y los dientes, por cuyo
+dolor Don Quijote comenzó a dar los mayores gritos que pudo_, y costó
+quitársele.
+
+¡Pobre mi señor! Se avergüenzan ante ti leones y se te agarran a las
+narices gatos. De gatos que huyen y no de leones que se ven libres, es
+de lo que debe apartarse el héroe. «Con pulgas y con mosquitos puede
+Dios hacer guerra a todos los emperadores y monarcas del mundo» dice el
+P. Alonso Rodríguez (EJERCICIO DE PERFECCIÓN, Parte tercera, Tratado
+primero, capítulo XV). ¡líbrenos Dios de pulgas, de mosquitos y de
+gatos en huida, y mándenos en cambio leones a los que se abre la jaula!
+
+Mas aun así y con todo y con ser temibles enemigos las pulgas y los
+mosquitos, no debe dejarse de hacerles la guerra, y para que se la
+hagamos nos los manda Dios. Podía alguno haberle dicho a Don Quijote,
+para disuadirle de perseguir a pulgas y mosquitos humanos, lo de que el
+águila no caza moscas--_aquila non capit muscas_--pero le diría mal.
+Las moscas, y sobre todo las ponzoñozas, son un excelente digestivo
+para el águila, un activísimo fermento para la cocción de sus alimentos.
+
+Y es que, en efecto, el veneno mismo que inyectado con aguijón en los
+canalillos del torrente circulatorio de la sangre nos escuece, molesta
+y daña o nos levanta un bubón y acaso puede llegar a matarnos, ese
+mismo veneno tomado por la boca no sólo es inofensivo, sino que puede
+ayudarnos a hacer una pronta y acabada digestión. Y es gracias a lo
+digestivo de la ponzoña de esas moscas venenosas que con aguijón y todo
+traga, luego de cazadas, el águila, como puede ésta, una vez descansado
+su estómago, mirar cara a cara al sol.
+
+¿Creéis acaso que puede ponerse alma y vida en un trabajo que se
+emprende por amor a Dulcinea y para que nos haga famosos no sólo en los
+presentes sino en los venideros siglos, si no nos espolean a él las
+miseriucas del lugarejo o lugarón en que comemos, dormimos y vivimos?
+El mejor libro de Historia Universal, el más duradero y extendido y el
+de historia más verdaderamente universal sería el de quien acertase a
+contar con toda su vida y su hondura las rencillas, los chismes, las
+intrigas y los cabildeos que se traen en Carbajosa de la Sierra, lugar
+de trescientos vecinos, el alcalde y la alcaldesa, el maestro y la
+maestra, el secretario y su novia, de una parte, y de la otra el cura y
+su ama, el tío Roque y la tía Mezuca, asistidos unos y otros por coro
+de ambos sexos. ¿Qué fué la guerra de Troya a que debemos la ILÍADA?
+
+Y las moscas, pulgas y mosquitos deben quedar muy satisfechos, porque
+vamos a ver: a algún sujeto que intrigue, cabildee y se revuelva en
+esta ciudad en que escribo ¿qué otra probabilidad puede quedarle de
+pasar, de un modo o de otro y bajo uno u otro nombre a la posteridad,
+sino el que acierte yo, o acierte otro que como yo ame a Dulcinea, a
+pintarle con sus rasgos universales y eternos?
+
+Miles de veces se ha dicho y repetido que lo más grande y más duradero
+en arte y literatura se construyó con reducidos materiales, y todo el
+mundo sabe que cuanto se pierde en extensión se gana en intensidad.
+Pero es que al ganarse en intensidad se gana en extensión también, por
+paradójico que os parezca; y se gana en duración. El átomo es eterno,
+si existe el átomo. Lo que es de cada uno de los hombres, lo es de
+todos; lo más individual es lo más general. Y por mi parte prefiero ser
+átomo eterno a ser momento fugitivo de todo el Universo.
+
+Lo absolutamente individual es lo absolutamente universal, pues hasta
+en lógica se identifica a las proposiciones individuales con las
+universales. Por vía de remoción se llega, en el hombre, al contratante
+social de Juan Jacobo, al bípedo implume de Platón, al _homo sapiens_
+de Linneo, o al mamífero vertical de la ciencia moderna, al hombre por
+definición, que como no es de aquí ni de allí, ni de ahora ni de antes,
+no es de ninguna parte ni de tiempo alguno, resultando ser, por lo
+tanto, un _homo insipidus_. Y así cuanto más se estrecha y constriñe la
+acción a lugar y tiempo limitados, tanto más universal y más secular
+se hace, siempre que se ponga alma de eternidad y de infinitud, soplo
+divino en ella. La mentira más grande en historia es la llamada
+historia universal.
+
+Ved a Don Quijote; Don Quijote no fué a Flandes, ni se embarcó para
+América, ni intentó tomar parte en ninguna de las grandes empresas
+históricas de su tiempo, sino que anduvo por los polvorientos caminos
+de su Mancha a socorrer a los menesterosos que en ellos topase y a
+enderezar los tuertos de allí y de entonces. Su corazón le decía que
+vencidos los molinos de viento de la Mancha quedaban vencidos en ellos
+todos los demás molinos y castigado Juan Haldudo el rico quedaban
+castigados todos los amos ricos despiadados y avariciosos. Porque
+no os quepa duda de que el día en que sea vencido del todo y por
+entero un malicioso, la malicia empezará a desaparecer de la tierra y
+desaparecerá pronto de ella.
+
+Don Quijote fué, queda ya dicho, fiel discípulo del Cristo, y Jesús de
+Nazaret hizo de su vida enseñanza eterna en los campos y caminos de la
+pequeña Galilea. Ni subió a más ciudad que a Jerusalén, ni Don Quijote
+a otra que a Barcelona, la Jerusalén de nuestro Caballero.
+
+Nada hay menos universal que lo llamado cosmopolita, o mundial como
+ahora han dado en decir; nada menos eterno que lo que pretendemos poner
+fuera de tiempo. En las entrañas de las cosas, y no fuera de ellas,
+están lo eterno y lo infinito. La eternidad es la sustancia del momento
+que pasa, y no la envolvente del pasado, el presente y el futuro de las
+duraciones todas, la infinitud es la sustancia del punto que miro, y no
+la envolvente de la anchura, largura y altura de las extensiones todas.
+La eternidad y la infinitud son las sustancias del tiempo y del espacio
+respectivamente, y éstos sus formas, estando aquéllas virtualmente
+todas enteras, en cada momento de una duración la una, en cada punto de
+una extensión la otra.
+
+Cacemos, pues, y traguémonos a las moscas ponzoñosas que zumbando y
+esgrimiendo su aguijón, revolotean en torno nuestro, y Dulcinea nos
+dé el poder convertir esta caza en combate épico que se cante en la
+duración de los siglos por el ámbito de la tierra toda.
+
+
+
+
+ CAPÍTULOS XLVII, XLIX, LI, LIII Y LV
+
+ Del fatigado fin y remate que tuvo el gobierno de Sancho Panza.
+
+
+Deja aquí el historiador a Don Quijote, y salteando los capítulos entre
+las cosas de éste y las de su escudero, pasa a contarnos cómo gobernó
+Sancho la ínsula, gobernamiento a que sólo cabe poner de comentario
+aquellas palabras de Pablo de Tarso en el versillo 18 del capítulo III
+de su segunda epístola a los Corintios, donde dice: «Nadie se engañe
+a sí mismo; si alguno entre vosotros parece ser sabio en este siglo,
+hágase simple para ser de veras sabio».
+
+Con razón dijo el mayordomo oyendo a Sancho: _cada día se ven cosas
+nuevas en el mundo; las burlas se vuelven en veras, y los burladores se
+hallan burlados_. ¿Y cómo no?
+
+Sancho, el gobernador por burlas, _ordenó cosas tan buenas, que hasta
+hoy se guardan en aquel lugar y se nombran: las Constituciones del
+Gran Gobernador Sancho Panza_. Y no nos extrañe esto, pues los más de
+los grandes legisladores no pasan de Sancho Panzas, que a no serlo mal
+podrían legislar.
+
+Y llegó, por fin, el fin del gobierno de Sancho y con este fin se
+sumergió Panza en las honduras de su heroísmo. Dejando el gobierno de
+la ínsula, por el que tanto había suspirado, acabó de conocerse Sancho,
+y pudiera haber dicho a sus burladores lo que Don Quijote dijo a Pedro
+Alonso cuando éste le recogió en su primera salida, y es aquello de:
+_yo sé quién soy_. Dije que sólo el héroe puede decir _yo sé quién soy_
+y ahora añado que todo el que puede decir _yo sé quién soy_, es héroe,
+por humilde y oscura que su vida se nos aparezca. Y Sancho, al dejar la
+ínsula, supo quién era.
+
+Luego que le molieron y quebrantaron en el burlesco asalto a la ínsula,
+vuelto en sí del desmayo que el temor y el sobresalto le produjeron,
+preguntó qué hora era, calló, vistióse, se fué a la caballeriza,
+_siguiéndole todos los que allí se hallaban, y llegándose al rucio le
+abrazó y le dió un beso de paz en la frente y no sin lágrimas en los
+ojos, le dijo: venid vos acá, compañero mío y amigo mío, y conllevador
+de mis trabajos y miserias; cuando yo me avenía con vos, y no tenía
+otros pensamientos que los que me daban los cuidados de remendar
+vuestros aparejos y de sustentar vuestro corpezuelo, dichosas eran mis
+horas, mis días y mis años; pero después que os dejé y me subí sobre
+las torres de la ambición y de la soberbia, se me han entrado por el
+alma adentro mil miserias, mil trabajos y cuatro mil desasosiegos_. Y
+luego de enalbardar el rucio, añadió otras no menos bien concertadas
+razones pidiendo le dejaran volver a su _antigua libertad_.
+
+_Yo no nací_--dijo--_para ser gobernador ni para defender ínsulas
+ni ciudades de los enemigos que quisieren acometerlas. Mejor se me
+entiende a mí de arar y cavar, podar y ensarmentar las viñas que dar
+leyes ni de defender provincias ni reinos. Bien se está San Pedro en
+Roma: quiero decir, que bien se está cada uno usando el oficio para
+que fué nacido._ Y tú, Sancho, no naciste para mandar sino para ser
+mandado, y el que para ser mandado nació halla su libertad en que le
+manden y su esclavitud en mandar; naciste no para guiar a otros, sino
+para seguir a tu amo Don Quijote, y en seguirle está tu ínsula. ¡Ser
+señor! ¡Y qué de congojas y miserias trae consigo! Bien decía Teresa de
+Jesús, cuando en el cap. XXXIV de su VIDA nos habla de aquella señora
+que había de ayudarle en fundar el monasterio de San José, que viéndola
+vivir aborreció del todo el desear ser señora, porque «ello es una
+sujeción, que una de las mentiras que dice el mundo, es llamar señores
+a las personas semejantes, que no me parece son sino esclavos de mil
+cosas».
+
+Creíste, Sancho, salir de casa de tu mujer y tus hijos y los dejaste
+por buscar para ti y para ellos el gobierno de la ínsula, pero en
+realidad saliste llevado del heroico espíritu de tu amo y fuiste
+conocido, aunque sin darte de ello clara cuenta, que el seguirle y
+servirle y vivir con él era tu ínsula. ¿Qué vas a hacer sin tu amo y
+señor? ¿De qué te ha servido el gobierno de tu ínsula si no tenías allí
+a tu Don Quijote y no podías mirarte en él y servirle y admirarle y
+quererle? Porque ojos que no ven, corazón que no siente.
+
+_Quédense en esta caballeriza_--añadió Sancho--_las alas de la hormiga,
+que me levantaron en el aire para que me comiesen vencejos y otros
+pájaros, y volvamos a andar por el mundo con pie llano_... Habrás oído
+muchas veces, buen Sancho, que hay que ser ambicioso y esforzarse por
+volar para que nos broten alas, y yo te lo he dicho muchas veces y te
+lo repito, pero tu ambición debe cifrarse en buscar a Don Quijote; la
+ambición del que nació para ser mandado debe ser buscar quien bien le
+mande y que pueda de él decirse lo que del Cid decían los burgaleses
+según el viejo ROMANCE DE MYO CID
+
+ Dios, qué buen vassalo si ouiesse buen señor!
+
+Al dejar ese gobierno por el que tanto tiempo suspiraste y que te
+parecía ser la razón y el fin de todos tus andantes trabajos, al
+dejarlo y volverte a tu amo, llegas al meollo de ti mismo y puedes
+hombrearte con tu Don Quijote y decir como él y con él: _¡yo sé quién
+soy! Eres héroe_ como él, tan héroe como él. Y es, Sancho, que el
+heroísmo se pega cuando nos acercamos al héroe con el corazón puro.
+Admirar y querer al héroe con desinterés y sin malicia es ya participar
+de su heroísmo; es como el que sabe gozar de la obra del poeta, que es
+a su vez poeta por saber gozarla.
+
+Teníante por interesado y codicioso, Sancho, y al salir de tu ínsula
+pudiste exclamar: _saliendo yo desnudo como salgo, no es menester otra
+señal para dar a entender que he gobernado como un ángel_. Y así era la
+verdad, y así lo reconoció el Dr. Recio. Ofreciéronle compañía para el
+camino y _todo aquello que quisiese para el regalo de su persona y para
+la comodidad de su viaje_. Pero _Sancho dijo que no quería más que un
+poco de cebada para el rucio y medio queso y medio pan para él_. No se
+olvidaba de su amigo y compañero el rucio, del sufrido y noble animal
+que le ligaba a la tierra. _Abrazáronle todos y él, llorando, abrazó a
+todos y los dejó admirados así de sus razones como de su determinación
+tan resoluta y discreta._ Y quedóse solo en los caminos del mundo,
+lejos de su casa, sin la ínsula y sin Don Quijote, abandonado a sí
+mismo, dueño de sí. ¿Dueño? _Le tomó la noche algo escura y cerrada_ y
+solo, sin su amo, fuera de su lugar, ¿qué iba a sucederle? _Cayeron él
+y el rucio en una honda y escurísima sima._
+
+Mira, Sancho, es lo que tiene que sucederte en cuanto te encuentres
+lejos de tu lugar, del lugar de los tuyos, sin ínsula y sin amo: caerte
+en sima. Pero no te vino mal esa caída, porque allí, en lo hondo de la
+sima, pudiste ver mejor lo hondo de la sima de tu vida y cómo el que
+se vió ayer gobernador de una ínsula, _mandando a sus sirvientes y sus
+vasallos, hoy se había de ver sepultado en una sima sin haber persona
+alguna que le remediase, ni criado ni vasallo que acuda a su socorro_.
+Y allí, en el fondo de la sima, comprendiste que no habrías de tener en
+ella la ventura que tu amo Don Quijote tuvo en la cueva de Montesinos,
+pues _allí vió él visiones hermosas y apacibles_--te decías--_y yo veré
+aquí, a lo que creo, sapos y culebras_. Sí, hermano Sancho; no son las
+visiones para todos ni es el mundo de las simas más que una proyección
+del mundo de la sima de nuestro espíritu; tú hubieras visto en la
+cueva de Montesinos sapos y culebras como en esa cueva en que caíste
+los viste, y tu amo hubiera visto en esa tu sima visiones hermosas y
+apacibles como las vió en la cueva de Montesinos. Para ti no ha de
+haber más visiones que las de tu amo; él ve el mundo de las visiones y
+tú lo ves en él; él lo ve por su fe en Dios y en sí mismo y tú lo ves
+por tu fe en Dios y en tu amo. Y no es menos grande tu fe que la fe de
+Don Quijote, ni son menos propias de ti las visiones que ves por tu amo
+que son propias de él las que él ve por sí mismo. El mismo Dios se las
+suscita y te las suscita, a él en él mismo, y a ti en él. No es menos
+héroe el que cree en el héroe que el héroe mismo creído por él.
+
+Mas el pobre Sancho dió en lamentarse en el fondo de la sima y en
+llorar su desgracia, viendo ya que sacaría de allí sus huesos _mondos,
+blancos y raídos_ y los de su buen rucio con ellos; viéndose morir
+lejos de su patria y de los suyos, sin que nadie le cierre los ojos
+ni se duela de su muerte al tiempo de morir, que es morir dos veces y
+quedarse solo con la muerte. Y así le llegó el día; y ¿qué iba a hacer
+el pobre Sancho, solo con su rucio, sino dar voces y pedir socorro?
+Y explorar su sima, pues para algo había servido a Don Quijote. Y
+entonces es cuando exclamó aquellas tan preñadas sentencias: _¡Válame
+Dios todopoderoso! ésta que para mí es desventura, mejor fuera para
+aventura de mi amo Don Quijote. Él sí que tuviera estas profundidades y
+mazmorras por jardines floridos y por palacios de Galiana, y esperara
+salir desta escuridad y estrecheza a algún florido prado; pero yo sin
+ventura, falto de consejo y menoscabado de ánimo, a cada paso pienso
+que debajo de los pies de improviso se ha de abrir otra sima más
+profunda que la otra, que acabe de tragarme._
+
+Sí, hermano Sancho, sí; el menoscabo de tu ánimo te impide y te
+impedirá encontrar jardines floridos y palacios de Galiana en las
+profundas simas a que caigas. Pero mira, ahora en que en el fondo de la
+sima de tu desgracia reconoces lo mucho que de tu amo te separa, ahora
+es cuando estás más cerca de él, pues cuanto más sientas tu distancia
+de él, más a él te acercas. Te pasa con tu amo, aunque en finito y
+relativo, lo que en infinito y absoluto nos pasa a tu amo, a ti, a
+mí y a todos los mortales, con Dios, y es que cuanto más sentimos el
+infinito que de Él nos separa, más cerca de Él estamos, y cuanto menos
+acertamos a definirle y representárnoslo, mejor le conocemos y queremos
+más.
+
+Y yendo así con el rucio y con sus pensamientos por aquellas
+profundidades Sancho, dando voces, las oyó... ¿quién había de oirlas?
+¿quién otro sino el mismísimo Don Quijote? El cual habiendo salido una
+mañana a imponerse y ensayarse en lo que había de hacer en el trance de
+la honra de la hija de Doña Rodríguez, fué llevado por Dios a la boca
+de la sima, donde oyó las voces que Sancho daba. Y Don Quijote le creía
+alma en pena, y le ofrecía sufragios para sacarle del purgatorio, que
+pues su profesión era de favorecer y acorrer a los necesitados de este
+mundo, también lo sería para acorrer y ayudar a los menesterosos del
+otro.
+
+Mira, Sancho, cómo tu amo al oirte en la sima y en la sima no verte,
+tiénete por muerto y te ofrece sus sufragios. Y entonces, al oir tú
+la voz de tu amo, exclamaste lleno de júbilo: _¡nunca me he muerto en
+todos los días de mi vida!_ Ya no piensas en que recojan tus huesos
+mondos, blancos y roídos, ni en que has de morir solo con la muerte;
+oíste a tu amo y olvidando que has de morir, recuerdas tan sólo que no
+te has muerto nunca todavía. Y rebuznó el rucio, y al oirlo comprendió
+Don Quijote que no se trataba de alma en pena, sino de su escudero, que
+le acompañaba. Y es la señal muy cierta, pues cuando de las cosas que
+nos parecen del otro mundo salen rebuznos, es que no se trata sino de
+cosas del mundo éste. Y Don Quijote hizo que le sacaran de la sima.
+
+Y así fué sacado Sancho de la sima en que cayera al salir del gobierno
+de su ínsula y encontrarse solo, de aquella sima por la que caminó
+llevando tras de sí y guiando a su rucio. Que esta diferencia entre
+otras había entre amo y escudero, y es que aquél se dejaba guiar de su
+caballo y el escudero guiaba a su rucio. Y así sucede que en la marcha
+por el bajo mundo se deja el Quijote llevar por su animal, y el Sancho
+lo lleva.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO LVI
+
+ De lo que sucedió a Don Quijote con Doña Rodríguez, la dueña de la
+ Duquesa, con otros acontecimientos dignos de escritura y de memoria
+ eterna.
+
+
+En la melancólica aventura de la dueña Doña Rodríguez sólo hay que
+advertir la encantadora simplicidad de esta buena mujer, que entre
+tantos burladores, acudió en veras a Don Quijote. Y entonces se
+preparó el singular duelo del caballero con Tosilos para obligar al
+seductor de la hija de Doña Rodríguez a que tomase a ésta por suegra,
+y el inesperado desenlace de él merced al súbito enamorarse Tosilos
+de la ex doncella y declarar cómo la quería por mujer. Y he aquí cómo
+entre tantos burladores la simple, la boba, la sincera Doña Rodríguez
+logró poner a su desdoncellada hija a punto de casarse, gracias a Don
+Quijote. Pues siempre ocurre que quien con pureza de intención y de
+veras y no en burlas, acude a Don Quijote, sin burlarse de él, consigue
+su propósito. Difícil es esta fe en un mundo de burladores, pero ¿no
+creéis que quien tomase a Don Quijote tan en serio como Doña Rodríguez
+y su hija le tomaron lograría sus propósitos, a no atravesársele
+aviesos burladores, como se les atravesaron a ellas?
+
+Cierto es que al descubrirse que el caballero que se dió por vencido
+no era el seductor sino Tosilos, se llamaron a engaño la seducida
+y su señora madre, pero bien dijo Don Quijote a la ex doncella al
+encontrarse con aquel nuevo caso de encantamiento: _tomad mi consejo
+y apesar de la malicia de mis enemigos casaos con él, que sin duda es
+el mismo que vos deseáis alcanzar por esposo_. ¡Y tan el mismo! Como
+que lo aceptó, pues más quería ser mujer legítima de un lacayo, que no
+amiga y burlada de un caballero. De mano de Don Quijote tomó inesperado
+esposo, y ésta es la aventura a que por el pronto dió más feliz remate
+nuestro caballero. Y le dió tal por haberse encontrado con gentes
+sencillas y humildes, de las que toman el mundo en serio y acuden
+en serio a Don Quijote; por haberse encontrado con burlada moza que
+anhelaba esposo, contentándose con el que Don Quijote le diera.
+
+¡Hermosa conformidad! Y tal es la condición para que pueda el héroe
+hacer en nosotros su beneficio y es que nos hallemos dispuestos a
+recibir de su mano lo que nos diere, siempre que remedie nuestra
+necesidad. ¿Eres, lectora, una burlada doncella y quieres remediar tu
+desgracia? ¿necesitas marido que cubra tu vergüenza? pues no pretendas
+que haya él de ser éste o aquél, y menos tu burlador; conténtate con el
+que te depare Don Quijote, que es buen casamentero.
+
+Y al concluir de contar esta tan afortunada aventura, añade el
+historiador estas terribles palabras: _Aclamaron todos la victoria
+por Don Quijote, y los más quedaron tristes y melancólicos de ver que
+no se habían hecho pedazos los tan esperados combatientes_. ¡Oh, y
+qué terrible es en sus burlas el hombre! Más de temer es la burla del
+hombre que no la seria acometividad de una fiera salvaje, que os ataca
+por hambre. Puestos los hombres en el despeñadero de las burlas no
+paran hasta bajar a crímenes y villanías; por burlas comenzaron muchos
+de los más horrendos delitos; por buscar deleite y regocijo se ha
+llevado a muchos a trabarse de manos homicidas.
+
+¡Cosa terrible la burla! Dicen que por burla, señor mío Don Quijote, se
+escribió tu historia, para curarnos de la locura del heroísmo, y añaden
+que el burlador logró su objeto. Tu nombre ha llegado a ser para muchos
+cifra y resumen de burlas y sirve de conjuro para exorcizar heroísmos
+y achicar grandezas. Y no recobraremos más nuestro aliento de antaño
+mientras no volvamos la burla en veras y hagamos el Quijote muy en
+serio y no por compromiso y sin creer en ti.
+
+Ríense los más de los que leen tu historia, loco sublime, y no pueden
+aprovecharse de su meollo espiritual mientras no la lloren. ¡Pobre de
+aquel a quien tu historia, Ingenioso Hidalgo, no arranque lágrimas,
+lágrimas del corazón, no ya de los ojos!
+
+En una obra de burlas se condensó el fruto de nuestro heroísmo; en una
+obra de burlas se eternizó la pasajera grandeza de nuestra España; en
+una obra de burlas se cifra y compendia nuestra filosofía española, la
+única verdadera y hondamente tal; con una obra de burlas llegó el alma
+de nuestro pueblo, encarnada en hombre, a los abismos del misterio de
+la vida. Y esa obra de burlas es la más triste historia que jamás se
+ha escrito; la más triste, sí, pero también la más consoladora para
+cuantos saben gustar en las lágrimas de la risa la redención de la
+miserable cordura a que la esclavitud de la vida presente nos condena.
+
+Yo no sé si esa obra, mal entendida y peor sentida, puede tener en
+ello parte, mas es el caso que se cierne sobre nuestra pobre patria
+una atmósfera abochornada de gravedad abrumadora. Por dondequiera
+hombres graves; enormemente graves, graves hasta la estupidez. Enseñan
+con gravedad, predican con gravedad, mienten con gravedad, engañan
+con gravedad, disputan con gravedad, juegan y ríen con gravedad,
+faltan con gravedad a su palabra, y hasta eso que llaman informalidad
+y ligereza son la ligereza e informalidad más graves que se conoce.
+Ni aun a solas dan unos tumbos y zapatetas en el aire, en seco y sin
+motivo alguno, y de tal modo pareció agotarse en la historia de Don
+Quijote el repuesto todo de heroísmo que en España hubiera, que no es
+fácil se encuentre hoy en el mundo pueblo más incapaz que el español
+de comprender y sentir el humor. Aquí se toma por donaires y se ríe
+las más chocarreras torpezas de cualquier ingenio afrailado; hay asnos
+en figura humana que celebran como agudo chiste el que se le diga a
+alguien que se le ven las orejas de burro. Después que tú, Don Quijote,
+te fuiste de este mundo se ha llegado a reir como gracias las insípidas
+sandeces de un tal Fray Gerundio de Campazas y luego que Sancho dejó
+de luchar en la conquista de su fe, se nos vino un Bertoldo italiano y
+está bertoldizando a nuestro pueblo. Mentira parece que en el pueblo en
+que Don Quijote elevó a heroicas hazañas las más miserables burlas, se
+rieran los retorcidos chistes de aquel fúnebre Quevedo, hombre grave
+y tieso si los ha habido, y fuesen reídas las pretendidas gracias,
+puramente de corteza, cuando no de pellejo de corteza, es decir, de
+vocablo, de su Gran Tacaño.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO LVII
+
+ Que trata de cómo Don Quijote se despidió del Duque, y de lo que le
+ sucedió con la discreta y desenvuelta Altisidora, doncella de la
+ Duquesa.
+
+
+Harto Don Quijote de su ociosidad en casa de los Duques y dolido allá,
+por muy dentro de sí, aunque su historiador no nos lo apunte, de
+las burlas que se le hacían, decidió marcharse. Y no nos quepa duda
+de que las tales burlas ni se le pasaban inadvertidas ni dejaban de
+dolerle, pues aunque su locura las tomara por buenas y las aprovechase
+en heroísmo, no dejaba de trabajar por debajo de ella su cordura, a
+oscuras, y tal vez sin que él mismo se percatara de ello.
+
+Y así _pidió un día licencia a los Duques para partirse_ y se la dieron
+_con muestras de que en gran manera les pesaba de que los dejase_. A
+Sancho le dieron, a escondidas de su amo, _un bolsico con doscientos
+escudos de oro_, el triste precio de las burlas, el salario de los
+juglares. Y después de sufrir una vez más los burlescos requiebros de
+Altisidora, se salió Don Quijote del castillo, _enderezando su camino a
+Zaragoza_.
+
+Toma ya libre huelgo el Caballero de la Fe; respiremos con él.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO LVIII
+
+Que trata de cómo menudearon sobre Don Quijote aventuras tantas, que no
+ se daban vagar unas a otras.
+
+
+_Cuando Don Quijote se vió en la campaña rasa, libre y desembarazado de
+los requiebros de Altisidora, le pareció que estaba en su centro y que
+los espíritus se le renovaban para proseguir de nuevo el asunto de sus
+caballerías, y volviéndose a Sancho, le dijo: la libertad, Sancho, es
+uno de los más preciados dones que a los hombres dieron los siglos_...
+con todo lo que se sigue.
+
+Sí, ya estás libre de burlas y chacotas, ya estás libre de Duques y
+doncellas y lacayos, ya estás libre de la vergüenza de aparecer pobre.
+Se comprende bien que _en metad de aquellos banquetes sazonados y
+de aquellas bebidas de nieve_ te pareciera _estar metido entre las
+estrechezas de la hambre_. Bien decías: _Venturoso aquel a quien el
+cielo dió un pedazo de pan, sin que le quede obligación de agradecerlo
+a otro que al mismo cielo_. ¿Y quién es ése?
+
+_En estos y otros razonamientos iban los andantes caballero y escudero_
+y ocupado el corazón de Don Quijote por los dejos de su esclavitud en
+casa de los Duques y el recuerdo de su soledad y su pobreza, cuando
+se encontró con una docena de labradores que llevaban, cubiertas con
+unos lienzos, unas imágenes de relieve y entalladura para el retablo
+de su aldea. Pidió Don Quijote cortésmente que se las mostrasen y
+le enseñaron las de San Jorge, San Martín, San Diego Matamoros y
+San Pablo, caballeros andantes del cristianismo los cuatro y que
+pelearon a lo divino. Y Don Quijote al verlos dijo: _Por buen agüero
+he tenido, hermanos, haber visto lo que he visto, porque estos santos
+y caballeros profesaron lo que yo profeso, que es el ejercicio de las
+armas; sino que la diferencia que hay entre mí y ellos es que ellos
+fueron santos y pelearon a lo divino y yo soy pecador y peleo a lo
+humano. Ellos conquistaron el cielo a fuerza de brazos, porque el
+cielo padece fuerza, y yo hasta ahora no sé lo que conquisto a fuerza
+de mis trabajos; pero si mi Dulcinea del Toboso saliese de los que
+padece, mejorándose mi ventura y adobándoseme el juicio, podría ser que
+encaminase mis pasos por mejor camino del que llevo._
+
+¡Hondísimo pasaje! Aquí la temporal locura del caballero Don Quijote
+se derrite en la eterna bondad de la cordura del hidalgo Alonso el
+Bueno, y no hay acaso en toda la tristísima epopeya de su vida pasaje
+que nos labre más honda pesadumbre en el corazón. Aquí Don Quijote se
+adentra y entraña en la cordura de Alonso Quijano el Bueno, zahonda
+en sí mismo, torna a ser niño y a mamar, según aquello de Teresa de
+Jesús (VIDA, XIII, II) de que lo «del conocimiento propio jamás se ha
+de dejar ni hay alma en este camino tan gigante que no haya menester
+muchas veces tornar a ser niño y a mamar». Sí, Don Quijote se vuelve
+aquí a su niñez espiritual, a la niñez cuyo recuerdo es el alivio de
+nuestra alma, pues es el niño que llevamos todos dentro quien ha de
+justificarnos algún día. Hay que hacerse como niños para entrar en el
+reino de los cielos. Aquí se le agolpaban en la cabeza y en el corazón
+a Don Quijote aquellos años de sus remotas mocedades de que nada nos
+dice su historia, todos aquellos misteriosos años en que libre todavía
+del encanto de los libros de caballerías había contemplado con paz, en
+serenas tardes, la mansedumbre de la reposada Mancha.
+
+¿Y no había, pobre Caballero, en el poso de este tu desencanto un
+recuerdo de aquella garrida Aldonza por la que suspirabas doce años
+ya sin más que haberla visto cuatro veces? _Si mi Dulcinea del Toboso
+saliese de los_ (trabajos) _que padece_... decías, mi pobre Don
+Quijote, y en tanto pensaba dentro de ti Alonso Quijano: ¡oh, si el
+imposible por ser imposible se cumpliese merced a mi locura, si Aldonza
+movida a compasión y encantada por la locura de mis proezas, viniese a
+romper mi vergüenza, esta vergüenza de pobre hidalgo entrado en años y
+henchido de amor, ¡oh, entonces, _mejorándose mi ventura y adobándoseme
+el juicio_, encaminaría mis pasos a una vida de amor dichoso! ¡Oh mi
+Aldonza, mi Aldonza, tu pudiste llevarme por mejor camino del que
+llevo! ¡pero... es ya tarde! ¡Te encontré muy tarde en mi vida! ¡Oh
+misterios del tiempo! ¡Contigo habría yo sido héroe, pero un héroe sin
+locura; contigo este mi esfuerzo heroico habríase enderezado a hazañas
+de otra laya y otro alcance; contigo en vez de estas burlas, habría
+derramado fecundas veras por los campos de mi patria!
+
+Y ahora, dejando a Alonso el Bueno, volvamos a Don Quijote para oir al
+caballero empeñado en la hazañosa empresa de enderezar los tuertos del
+mundo a fin de alcanzar merced a ello eternidad de nombre y fama, oirle
+cómo confiesa no saber lo que conquista a fuerza de sus trabajos, y
+verle volver su mirada a la salvación de su alma y a la conquista del
+cielo, que padece fuerza.
+
+«¿De qué aprovecha al hombre si ganare todo el mundo y perdiere su
+alma? O ¿qué recompensa dará el hombre por su alma?»--dice el Evangelio
+(Mat., XVI, 26).
+
+Esas palabras de descorazonamiento en su obra, de Don Quijote, esa su
+bajada a la cordura de Alonso el Bueno, es lo que más a las claras
+pone su hermandad espiritual con los místicos de su propia tierra
+castellana, con aquellas almas llenas de la sed de los secos parameros
+sobre que moraban y de la serena limpieza del terso cielo bajo el cual
+penaban. Son a la vez la queja del alma al encontrarse sola.
+
+¿Por qué afanarse? ¿Para qué todo? Bástele a cada día su malicia. ¿Para
+qué ir a enderezar los tuertos del mundo? El mundo lo llevamos dentro
+de nosotros, es nuestro sueño, como lo es la vida; purifiquémonos y
+lo purificaremos. La mirada limpia, limpia cuanto mira; los oídos
+castos castigan cuanto oyen. La mala intención de un acto ¿está en
+quien lo comete o en quien lo juzga? La horrible maldad de un Caín o
+de un Judas ¿no será acaso condensación y símbolo de la maldad de los
+que han fomentado sus leyendas? ¿No es la maldad nuestra lo que nos
+hace descubrir cuanto hay de malo en nuestro hermano? ¿No es la paja
+que te anubla el ojo lo que te permite ver la viga del mío? Tal vez
+el Demonio carga con las culpas de los que le temen... Santifiquemos
+nuestra intención y quedará santificado el mundo; purifiquemos nuestra
+conciencia y puro saldrá el ambiente. «La caridad cubre multitud de
+pecados»--dice la primera de las dos epístolas atribuidas al apóstol
+Pedro (IV, 8). Los limpios de corazón ven a Dios en todo, y todo lo
+perdonan en su nombre. Las ajenas intenciones caen fuera de nuestro
+influjo, y sólo en la intención está el mal.
+
+Y sobre todo, en esos tus actos heroicos ¿qué buscas? ¿Enderezar
+entuertos por amor a la justicia, o cobrar eterno nombre y fama por
+enderezarlos? La verdad es, pobres mortales, que no sabemos lo que
+conquistamos a fuerza de trabajos. Mejóresenos la ventura, adóbesenos
+el juicio y enderezaremos nuestros pasos por mejor camino del que
+llevamos, por otro camino que no el de la vanagloria.
+
+¡Buscar renombre y fama! Ya lo dijo Segismundo, hermano de Don Quijote:
+
+ ¿Quién por vanagloria humana
+ pierde una divina gloria?
+ ¿qué pasado bien no es sueño?
+ ¿quién tuvo dichas heroicas
+ que entre sí no diga, cuando
+ las revuelve en su memoria:
+ sin duda que fué soñando
+ cuanto vi? Pues si esto toca
+ mi desengaño, si sé
+ que es el gusto llama hermosa
+ que la convierte en cenizas
+ cualquiera viento que sopla,
+ acudamos a lo eterno,
+ que es la fama vividora
+ donde ni duermen las dichas
+ ni las grandezas reposan.
+
+ (LA VIDA ES SUEÑO, III, 10.)
+
+Acudamos a lo eterno, sí, y así mejorada nuestra ventura y adobado
+nuestro juicio, encaminemos nuestros pasos por mejor camino del que
+llevamos, encaminémonos a conquistar el cielo, que padece fuerza,
+
+ la fama vividora
+ donde ni duermen las dichas,
+ ni las grandezas reposan.
+
+Ya antes, mucho antes que el Segismundo calderoniano, el grave Jorge
+Manrique, al cantar la muerte de su padre, Don Rodrigo, Maestre de
+Santiago, nos dijo de las tres vidas: la vida de la carne, la vida del
+nombre y la vida del alma. Cuando después de tanta hazaña descansaba
+Don Rodrigo
+
+ en la su villa de Ocaña,
+ vino la muerte a llamar
+ a su puerta,
+ diciendo: buen Caballero,
+ dexad el mundo engañoso,
+ y su halago,
+ muestre su esfuerzo famoso
+ vuestro corazón de acero
+ en este trago.
+ Y pues de vida y salud
+ hicisteis tan poco cuenta
+ por la fama,
+ esfuércese la virtud
+ para sufrir esta afrenta
+ que os llama.
+ No se os haga tan amarga
+ la batalla temerosa
+ que esperáis,
+ pues otra vida más larga
+ de fama tan gloriosa
+ acá dexáis.
+ Aunque esta vida de honor
+ tampoco no es eternal,
+ ni verdadera;
+ mas con todo muy mejor
+ que la otra temporal
+ perecedera.
+
+ * * * * *
+
+ Y con esta confianza
+ y con la fe tan entera
+ que tenéis
+ partid con buena esperanza,
+ que esta otra vida tercera
+ ganaréis.
+
+¿No es acaso la mayor locura dejar perder la gloria inacabable por la
+gloria pasajera, la eternidad del espíritu por que dure nuestro nombre
+tanto como durare el mundo, un instante de eternidad? Mayormente,
+cuanto que buscando la gloria celestial se conquista, por añadidura,
+la terrena. Bien lo decía Fernando de Pulgar, consejero, secretario
+y cronista de los Reyes Católicos, quien en su libro de los CLAROS
+VARONES DE CASTILLA, al hablar del Conde de Haro, D. Pedro Fernández
+de Velasco, nos dice que «este noble Conde, no señoreado de ambición
+por aver fama en esta vida, mas señoreando la tentación por aver gloria
+en la otra, gobernó la república tan rectamente que ovo el premio que
+suele dar la verdadera virtud: la qual conoscida en el alcançó tener
+tanto crédito e autoridad, que si alguna grande y señalada confianza
+se avía de fazer en el Reyno, quier de personas, quier de fortalezas o
+de otra cosa de qualquier qualidad siempre se confiaban en él». Quiere
+decirse que buscando el reino de Dios y su justicia, haber gloria en
+la otra vida, consiguió de añadidura fama en ésta, por donde se ve una
+vez más cómo el mejor negocio es la virtud y la carrera más lucrativa y
+provechosa la de santo.
+
+La carrera más provechosa y lucrativa es la de santo, en efecto.
+También Íñigo de Loyola fué en sus mocedades, según dije que el P.
+Rivadeneira nos lo cuenta, amigo de leer libros de caballerías y buscó
+«alcanzar nombre de hombre valeroso, y honra y gloria militar» (VIDA,
+libro 2, cap. II). Pero leyó otros y «trató muy de veras consigo mismo
+de mudar la vida y enderezar la proa de sus pensamientos a otro puerto
+más cierto y más seguro que hasta allí, y destejer la tela que había
+tejido, y desmarañar los embustes y enredos de su vanidad» (libro
+2, capítulo II). Y este Íñigo ¿no tuvo alguna Aldonza por la que
+suspiró años y más años y que le llevó a su vida de santidad, luego de
+rompérsele la pierna?
+
+¡Abismático pasaje, henchido de suprema melancolía el del encuentro
+de Don Quijote con las cuatro imágenes de los caballeros andantes a
+lo divino! Por buen agüero lo tuvo el Caballero, y era, en efecto, el
+agüero de sus próximas conversión y muerte. Pronto mejorada su ventura
+y adobado su juicio enderezará sus pasos por mejor camino, por camino
+de la muerte.
+
+¡Abismático pasaje! ¿Y a quién de nosotros, los que seguimos o queremos
+seguir en algo a Don Quijote, no nos ha ocurrido cosa parecida? El
+triste dejo del triunfo es el desencanto. No, no era aquello. Lo que
+hiciste o dijiste no merecía los aplausos con que te lo premiaron.
+Y llegas a casa y te encuentras en ella solo, y entonces, vestido
+como estás, te echas sobre la cama y dejas volar tu imaginación por
+el vacío. En nada te fijas, en nada concentras tu imaginación; te
+invade un gran desaliento. No, no era aquello. No quisiste hacer lo
+hecho, no quisiste decir lo dicho; te aplaudieron lo que no era tuyo.
+Y llega tu mujer, rebosante de cariño, y al verte así, tendido, te
+pregunta qué tienes, qué te pasa, por qué te preocupas, y la despides,
+acaso desabridamente, con un áspero y seco: ¡déjame en paz! Y quedas
+en guerra. Y en tanto creen los que te censuran que estás embriagado
+con el triunfo, cuando en verdad estás triste, muy triste, abatido,
+enteramente abatido. Te has cobrado asco a ti mismo; no puedes volver
+atrás, no puedes retrotraer el tiempo y decir a los que iban a
+escucharte: «todo esto es mentira; yo ni aun sé lo que voy a decir;
+aquí venimos a engañarnos; voy a ponerme en espectáculo; vámonos,
+pues, cada uno a su casa, a ver si se nos mejora la ventura y adobamos
+nuestro juicio».
+
+El lector echará de ver, de seguro, que escribo estas líneas bajo un
+apretón de desaliento. Y así es. Es ya de noche, he hablado esta tarde
+en público y aún se me revuelven en el oído tristemente los aplausos.
+Y oigo también los reproches, y me digo: ¡tienen razón! Tienen razón:
+fué un número de feria; tienen razón: me estoy convirtiendo en un
+cómico, en un histrión, en un profesional de la palabra. Y ya hasta
+mi sinceridad, esta sinceridad de que he alardeado tanto, se me va
+convirtiendo en tópico de retórica. ¿No sería mejor que me recogiese en
+casa una temporada y callase y esperara? Pero ¿es esto hacedero? ¿podré
+resistir mañana? ¿no es acaso una cobardía desertar? ¿no hago algún
+bien a alguien con mi palabra aunque ella me desaliente y apesadumbre?
+Esta voz que me dice: ¡calla, histrión! ¿es voz de un ángel de Dios o
+es la voz del demonio tentador? ¡Oh Dios mío, Tú sabes que te ofrezco
+los aplausos lo mismo que las censuras. Tú sabes que no sé por dónde
+ni adónde me llevas; Tú sabes que si hay quienes me juzguen mal, me
+juzgo yo peor que ellos; Tú, Señor, sabes la verdad, Tú solo; mejórame
+la ventura y adóbame el juicio, a ver si enderezo mis pasos por mejor
+camino del que llevo!
+
+_No sé lo que conquisto a fuerza de mis trabajos_, digo con Don
+Quijote. Y Don Quijote tuvo que decirlo en uno de esos momentos en
+que sacude al alma el soplo del aletazo del ángel del misterio; en
+un momento de angustia. Porque hay veces que sin saber cómo ni de
+dónde, nos sobrecoge de pronto y al menos esperarlo, atrapándonos
+desprevenidos y en descuido, el sentimiento de nuestra mortalidad.
+Cuando más entoñado me encuentro en el tráfago de los cuidados y
+menesteres de la vida, estando distraído, en fiesta o en agradable
+charla, de repente parece como si la muerte aleteara sobre mí. No la
+muerte, sino algo peor, una sensación de anonadamiento, una suprema
+angustia. Y esta angustia, arrancándonos del conocimiento aparencial,
+nos lleva de golpe y porrazo al conocimiento sustancial de las cosas.
+
+La creación toda es algo que hemos de perder un día o que un día
+ha de perdernos, pues ¿qué otra cosa es desvanecernos del mundo
+sino desvanecerse el mundo de nosotros? ¿Te puedes concebir como no
+existiendo? Inténtalo; concentra tu imaginación en ello y figúrate a ti
+mismo sin ver, ni oir, ni tocar, ni recordar nada; inténtalo y acaso
+llames y atraigas a ti esa angustia que nos visita cuando menos la
+esperamos, y sientas el nudo que te aprieta el gaznate del alma, por
+donde resuella tu espíritu. Como el arrendajo al roble, así la cuita
+imperecedera nos labra a picotazos el corazón para ahoyar en él su nido.
+
+Y en esa angustia, en esa suprema congoja del ahogo espiritual, cuando
+se te escurran las ideas, te alzarás de un vuelo congojoso, para
+recobrarlas al conocimiento sustancial. Y verás que el mundo es tu
+creación, no tu representación, como decía el tudesco. A fuerza de
+ese supremo trabajo de congoja conquistarás la verdad, que no es, no,
+el reflejo del Universo en la mente, sino su asiento en el corazón.
+La congoja del espíritu es la puerta de la verdad sustancial. Sufre,
+para que creas y creyendo vivas. Frente a todas las negaciones de la
+_lógica_ que rige las relaciones aparenciales de las cosas, se alza la
+afirmación de la _cardíaca_, que rige los toques sustanciales de ellas.
+Aunque tu cabeza diga que se te ha de derretir la conciencia un día, tu
+corazón, despertado y alumbrado por la congoja infinita, te enseñará
+que hay un mundo en que la razón no es guía. La verdad es lo que hace
+vivir, no lo que hace pensar.
+
+A la vista de las imágenes padeció un relámpago de desmayo Don Quijote.
+De no haberlo nunca padecido, sería en puro sobrehumano, inhumano, y
+como tal modelo imposible para los hombres de cada día. Y ¿qué mucho lo
+padeciera si el mismo Cristo, abrumado por la tristeza, en el olivar
+pidió a su Padre si podía ahorrarle las heces del cáliz de la amargura?
+Don Quijote dudó por un momento de la Gloria, pero ésta, su amada, le
+amaba a su vez ya y era, por tanto, su madre, como lo es del amado
+toda su amante verdadera. Hay quien no descubre la hondura toda del
+cariño que su mujer le guarda sino al oirla, en momento de congoja, un
+desgarrador ¡hijo mío! yendo a estrecharle maternalmente en sus brazos.
+Todo amor de mujer es, si verdadero y entrañable, amor de madre; la
+mujer prohija a quien ama. Y así Dulcinea es ya madre espiritual, no
+tan sólo señora de los pensamientos, de Don Quijote, y aunque se le
+hubiese a éste pasado por las mientes desahijarse de ella, veréis que
+ella le recobra con amoroso reclamo, como al ternerillo recental que
+corre a triscar suelto le requerencia la vaca, al sentirse con las
+ubres perinchidas, rompiendo con dulce abrullo el aire que los separa.
+Veréis cómo le detiene y le retiene con verdes lazos.
+
+Y fué que iban, después de lo narrado, entretenidos amo y escudero en
+razones y pláticas, entrando por una selva que fuera del camino estaba,
+cuando _a deshora y sin pensar en ello, se halló Don Quijote enredado
+entre unas redes de hilo verde, que desde unos árboles a otros estaban
+tendidas_ y que resultaron estarlo por unas hermosísimas doncellas y
+unos mozos principales que disfrazados de pastores y zagalas querían,
+formando una nueva y pastoril Arcadia, pasarlo en recitar églogas
+de Garcilaso y de Camoens. Conocieron a Don Quijote y le rogaron se
+detuviese con ellos, como así lo hizo, y en su compañía de ellos comió.
+Y a fuer de agradecido y para pagar el agasajo ofreció lo que podía
+y tenía de su cosecha, cual fué sustentar durante dos días naturales
+en mitad de aquel camino real que va a Zaragoza, que aquellas señoras
+contrahechas en pastoras que allí estaban, eran las más hermosas
+doncellas y más corteses que había en el mundo, exceptuando tan sólo a
+la sin par Dulcinea del Toboso, única señora de sus pensamientos.
+
+¡Vele aquí cómo vuelve ya a su locura nuestro admirable caballero!
+Cuando más ensimismado iba en meditar la vanidad y locura del esfuerzo
+de sus trabajos, le prenden y vuelven verdes redes al fresco sueño de
+la locura y de la vida. Volvió el Caballero al sueño de la vida, a su
+generosa locura, resurgiendo reconfortado, de la egoísta cordura de
+Alonso el Bueno. Y entonces, al retomar a su sublime locura, entonces
+es cuando vuelve a su magnánima intención y ofrece lo que ofreció
+sostener en honra y prez de sus agasajadoras. De aquella sumersión en
+los abismos de la oquedad del esfuerzo humano, tomó huelgos y recobró
+nuevo cuajo la energía creadora del Caballero de la Fe, al modo
+como Anteo, al toque de la Tierra, su madre; y se lanzó a la santa
+resignación de la acción, que nunca vuelve, como la mujer de Lot, la
+cara al pasado, sino que siempre se orienta al porvenir, único reino
+del ideal.
+
+Se echó Don Quijote al camino, plantóse en él y lanzó su reto. Y aquí
+dirá el lector lo que ya varias veces se habrá dicho en el curso de
+esta peregrina historia y es: ¿qué tiene que ver la verdad de una
+proposición con el valor de quien la sustenta y la fortaleza de su
+brazo? Porque venza en lid de armas el sustentador de esto o de aquello
+¿ha de tenerse lo que él sustentaba por más verdadero que lo sustentado
+por el vencido?
+
+Ya te he dicho, lector, que son los mártires los que hacen la fe más
+bien que ser la fe la que hace mártires. Y la fe hace la verdad.
+
+ Verdad entre burla y juego, como es hija de la fe,
+ es peña que al agua y viento para siempre está en un ser.
+
+Como según el conocido romance dijo Rodrigo Díaz de Vivar,
+
+ ahinojado ante el Rey,
+ delante los que juzgaba, antes de los años diez.
+
+Es verdadero, te lo repito, cuanto moviéndonos a obrar hace que cubra
+el resultado a nuestro propósito y es por lo tanto la acción la que
+hace la verdad. Déjate, pues, de lógicas. Y ¿cómo se hace que los
+hombres crean las cosas y les lleven a llenar sus propósitos si no es
+manteniéndolas con valor? Las gentes creen verdadera la empresa que
+venció por el esfuerzo del ánimo y del brazo de quien la sustentaba, y
+al creerla verdadera, la hacen tal si les lleva a obrar con buen éxito.
+Las manos, pues, abonan a la lengua, y con hondo sentido dijo Pero
+Vermuez a Ferrando, el infante de Carrión, en aquellas famosas cortes,
+lo de
+
+ Delant myo Çid e delante todos oviste te de alabar
+ Que mataras al moro e que fizieres barnax;
+ Croviorontelo todos, ma non saben la verdad.
+ E eres fermoso, mas mal barragán.
+ Lengua sin manos, cuemo osas fablar.
+
+ (POEMA DEL ÇID, 3324-3325).
+
+
+Y continúa echándole en cara que huyó del león al que avergonzó el Cid,
+por lo cual valía menos entonces--poró menos vales oy (3334)--y luego
+abandonó a su mujer, la hija del Cid y
+
+
+ por cuanto las dexastes menos valedes vos
+
+ (3344)
+
+
+y acaba exclamando:
+
+ De cuanto he dicho verdadero seré yo.
+
+ (3357)
+
+
+Todos creyeron a Fernando, mas era por ignorar la verdad; que era
+hermoso, pero «mal barragán». Lengua sin manos, ¿cómo osas hablar?
+
+No faltará todavía chinche escolástico como para venirme con que
+confundo la verdad lógica con la verdad moral y el error con la
+mentira, y que puede haber quien se mueva a obrar por manifiesta
+ilusión y logre, sin embargo, su propósito. A lo que digo que entonces
+la tal ilusión es la verdad más verdadera, y que no hay más lógica que
+la moral. Y de cuanto digo verdadero seré yo. Y basta.
+
+Salió Don Quijote al camino, plantóse en él, lanzó su reto y entonces
+fué cuando una manada de toros y cabestros le derribaron y pisotearon.
+Así sucede, que cuando retáis a caballeros a defender una verdad,
+vienen toros y cabestros y hasta bueyes y os pisotean.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO LIX
+
+Donde se cuenta el extraordinario suceso, que se puede tener por
+ aventura, que le sucedió a Don Quijote.
+
+
+Levantóse Don Quijote, montó y sin despedirse de la Arcadia fingida,
+reanudó más entristecido aún su camino. Porque venía ya triste desde
+casa de los Duques. Y viendo comer a Sancho: _Come, Sancho amigo--dijo
+Don Quijote--, sustenta la vida, que más que a mí te importa, y déjame
+morir a manos de mis pensamientos y a fuerza de mis desgracias_.
+¡Déjame morir! ¡Déjame morir a manos de mis pensamientos! ¿Pensabas
+acaso, pobre Caballero, en el encantamiento de Dulcinea y pensaba tu
+Alonso en el encanto de Aldonza?
+
+_Yo, Sancho_--prosiguió Don Quijote--, _nací para vivir muriendo, y tú
+para morir comiendo_. ¡Preñadísima sentencia! Sí, para vivir muriendo
+nació todo género de heroísmo. Al verse el Caballero _pisado y acoceado
+y molido de los pies de animales inmundos y soeces pensó_ dejarse morir
+de hambre. La cercanía de la muerte, que se le venía encima a muy
+raudos pasos, iba alumbrando su mente y disipando de ella la cerrazón
+de la locura. Comprendía ya que eran animales inmundos y soeces los que
+le acocearon y molieron y no los tuvo por cosa de encantamiento y magia.
+
+¡Pobre mi señor! La fortuna se te ha vuelto de espaldas y te desdeña.
+Mas no por eso la esperas menos, y tu esperanza es tu verdadera
+fortuna, tu dicha el esperarla. ¿No esperaste durante doce arrastrados
+años y no esperabas todavía lo imposible, con tanto más grande
+esperanza cuanto más imposible es lo esperado? Bien se ve que no habías
+olvidado aquello que leíste en el canto segundo de la áspera ARAUCANA
+de mi paisano Ercilla y es que
+
+ el más seguro bien de la fortuna
+ es no haberla tenido vez alguna.
+
+Descansaron un rato amo y escudero, reanudaron camino y llegaron a una
+venta, que por tal venta la tomó Don Quijote, pues salió, como vemos,
+de casa de los Duques en vía de curación de su locura y desempañada la
+vista. Las burlas se le iban aclarando. Las burlas le abrieron los ojos
+para conocer a los animales inmundos y soeces.
+
+Y aun tuvo que apurar en la venta otro tormento y fué el de conocer las
+patrañas que acerca de él había propalado la falsa segunda parte de su
+historia.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO LX
+
+ De lo que le sucedió a Don Quijote yendo a Barcelona.
+
+
+Continuaron camino de Barcelona y en él, sesteando entre unas espesas
+encinas o alcornoques, sucedió el más triste suceso de tantos tan
+tristísimos como la historia de nuestro Don Quijote encierra. Y fué
+que desesperado Don Quijote de la flojedad y caridad poca de Sancho
+su escudero, _pues a lo que creía solos cinco azotes se había dado,
+número desigual y pequeño para los infinitos que le faltaban_ por
+darse si había de desencantar a Dulcinea, determinó azotarle a pesar
+suyo. Intentó hacerlo, resistióse el escudero, forcejeó Don Quijote
+y viéndolo Sancho Panza, _se puso en pie y arremetiendo a su amo, se
+abrazó con él a brazo partido, y echándole una zancadilla dió con él
+en el suelo boca arriba; púsole la rodilla derecha sobre el pecho y
+con las manos le tenía las manos de modo que ni le dejaba rodear ni
+alentar_.
+
+Basta ya, que oprime al ánimo más recio la lectura de este tristísimo
+paso. Tras las burlas de los Duques, la aflicción por la pobreza, el
+desmayo del heroísmo ante las imágenes de los cuatro caballeros y el
+molimiento por pies de animales inmundos y soeces, sólo faltaba, como
+suprema tortura, la rebeldía de su escudero. Sancho se había visto
+gobernador y a su amo a las patas de los cabestros. El paso es de
+hondísima tristeza.
+
+_Don Quijote le decía: ¿cómo, traidor, contra tu amo y señor natural
+te desmandas? ¿Con quien te da su pan te atreves?_ ¿El pan? No sólo
+el pan, sino la gloria y la vida misma perduraderas. _Ni quito rey ni
+pongo rey--respondió Sancho--, sino ayúdome a mí que soy mi señor._
+
+¡Oh, pobre Sancho, y a qué desfalladero de torpeza te arroja la carne
+pecadora! Te desmandas contra tu amo y señor natural, contra el que te
+da el eterno pan de tu vida eterna, creyéndote señor de ti mismo. No,
+pobre Sancho, no; los Sanchos no son señores de sí mismos. Esa proterva
+razón que para rebelarte aduces de _¡soy mi señor!_ no es mas que un
+eco del «¡no serviré!» de Lucifer, el príncipe de las tinieblas. No,
+Sancho, no; tú no eres ni puedes ser señor de ti mismo, y si mataras a
+tu amo, en aquel mismo instante te matarías para siempre a ti mismo.
+
+Pero bien mirado tampoco está del todo mal que Sancho se rebele
+así, pues de no haberse nunca rebelado no sería hombre, hombre de
+verdad, entero y verdadero. Y esa rebelión, si bien se mira, fué un
+acto de cariño, de hondo cariño a su amo que se desmandaba y salía,
+en la tristeza de su locura agonizante, de las buenas prácticas
+caballerescas. Después de aquello, después de haberle tenido sujeto
+bajo su rodilla, después de haberle vencido, es seguro que Sancho quiso
+y respetó y admiró más a su amo. Así es el hombre.
+
+Y Don Quijote prometió no tocarle en el pelo de la ropa, dejándose
+vencer de su escudero. Es la primera vez en su vida toda en que el
+Caballero de los Leones se deja vencer humildemente y sin defenderse
+siquiera; se deja vencer de su escudero.
+
+Y este mismo Sancho que arremete a su amo y le pone la rodilla sobre el
+pecho, al sentir sobre su cabeza y pendientes de un árbol dos pies de
+persona con zapatos y calzas, tiembla de miedo y da voces llamando a
+Don Quijote que le acorra y favorezca.
+
+No bien acaba de desmandarse contra su amo y señor natural al grito
+revolucionario de _¡yo soy mi señor!_ cuando no es ya señor de sí
+mismo, sino que tiembla de miedo al sentir sobre su cabeza unos pies
+calzados, y llama a su amo y señor natural, al que le amparaba del
+miedo. Y Don Quijote ¡claro está! acudió a la llamada, porque era
+bueno. Y supuso fueran pies de foragidos y bandoleros que en aquellos
+árboles estaban ahorcados.
+
+Así lo vieron al amanecer en que _cuarenta bandoleros vivos que
+de improviso les rodearon, diciéndoles en lengua catalana que se
+estuvieran quedos, y se detuvieran hasta que llegase su capitán_. Y
+el pobre Don Quijote hallóse _a pie, su caballo sin freno, su lanza
+arrimada a un árbol, y finalmente sin defensa alguna, y así tuvo por
+bien cruzar las manos e inclinar la cabeza guardándose para mejor sazón
+y coyuntura_. ¡Ejemplarísimo Caballero! Y ¡cómo le han enseñado las
+burlas de los Duques, las coces de los cabestros y la arremetida de
+Sancho! Es que barrunta, aun sin conocerla, la cercanía de su muerte.
+
+Llegó el capitán, Roque Guinart, vió la triste y melancólica figura de
+Don Quijote y le animó. Había oído hablar de él. Y allí conoció Don
+Quijote la concertada república de los bandoleros y pretendió persuadir
+con buenas palabras, y no obligarle por fuerza a Roque Guinart a que se
+hiciese caballero andante. Sirvió el encuentro para que el caballero
+admirase la vida del caballeresco bandolero, la equidad con que se
+repartían los despojos del robo y su generosidad con los viandantes. Y
+él, Don Quijote, que con grande escándalo de las personas graves había
+dado libertad a los galeotes, no intentó siquiera deshacer la república
+de los bandidos.
+
+Esto de la justicia distributiva y el buen orden que en repartir
+los despojos del botín se observaba en la banda de Roque Guinart,
+es condición de toda sociedad de bandoleros. Fernando de Pulgar, al
+hablarnos en sus CLAROS VARONES DE CASTILLA del bandolero D. Rodrigo
+de Villadrando, Conde de Ribadeo, que con sus bandas y su gran poder
+«robó, quemó, destruyó, derribó, despobló Villas e Lugares e pueblos de
+Borgoña e de Francia» nos dice que «tenía dos singulares condiciones:
+la una, que facía guardar la justicia entre la gente que tenía, e no
+consentía fuerza ni robo ni otro crimen; e si alguno lo cometía, él
+por sus manos lo punía». Por donde se ve cómo es en el seno de las
+sociedades organizadas para el robo donde más severamente se persigue
+el robo mismo, así como en los ejércitos, organizados para ofender y
+destruir, es donde más duramente se castigan las ofensas y lo que a la
+destrucción del ejército mismo tienda. Y así cabe decir de todo género
+de justicia humana que brotó de la injusticia, de la necesidad que ésta
+tenía de sostenerse y perpetuarse. La justicia y el orden nacieron en
+el mundo para mantener la violencia y el desorden. Con razón ha dicho
+un pensador que de los primeros bandoleros a sueldo surgió la guardia
+civil. Y los romanos, formuladores del derecho que aún subsiste, los
+del _ita ius esto_ ¿qué eran sino unos bandoleros que empezaron su vida
+por un robo según la leyenda por ellos mismos forjada?
+
+Conviene, lector, te pares a considerar esto de que nuestros preceptos
+morales y jurídicos hayan nacido de la violencia y de que para poder
+matar una sociedad de hombres se haya dicho a cada uno de éstos que no
+deben matarse entre sí, y se les haya predicado que no deben robarse
+unos a otros para que así mejor se dediquen al robo en cuadrilla.
+Tal es el verdadero abolengo y linaje de nuestras leyes y nuestros
+preceptos; tal la fuente de la moral al uso. Y este su abolengo y
+linaje se descubre en ella y por esto nos sentimos inclinados a
+perdonar y aun querer a los Roque Guinart, porque en ellos no hay
+doblez ni falsía, sino que aparecen sus bandas tal y como son, mientras
+los pueblos naciones que se dicen llamados a cumplir el derecho y
+servir a la cultura y a la paz son sociedades fariseas. ¿Conocéis algún
+rasgo quijotesco de una nación de hombres como tal nación?
+
+Consideremos, por otra parte, cómo del mal sale el bien--porque al fin
+es un bien, si bien transitorio, el de la justicia distributiva--y
+tiene éste sus raíces en aquél, o son más bien caras de una misma
+figura. De la guerra brota la paz, y del robo en cuadrilla el castigo
+al robo. La sociedad tiene que tomar sobre sí los crímenes para
+libertar de ellos, y de su remordimiento, a los que la forman. Y ¿no
+hay acaso un remordimiento social, desparramado entre sus miembros
+todos? Sin duda y el hecho éste del remordimiento social, tan poco
+advertido de ordinario, es el móvil principal de todo progreso de
+la especie. Acaso lo que nos mueve a ser buenos y justos con los de
+nuestra sociedad es cierto oscuro sentimiento de que la sociedad
+misma es mala e injusta; el remordimiento colectivo de una tropa de
+guerra es tal vez lo que les mueve a prestarse servicios entre sí y
+aun a prestárselos, a las veces, al enemigo vencido. Por conocer la
+insolencia de su oficio se guardaban fe entre sí los compañeros de
+Roque.
+
+ * * * * *
+
+Este precioso episodio de Roque Guinart es el que más íntima relación
+guarda con la esencia de la historia de Don Quijote. Es un reflejo,
+a la vez, del culto popular al bandolerismo, culto jamás borrado de
+nuestra España. Roque Guinart es un predecesor de los muchos bandidos
+generosos cuyas hazañas, trasmitidas y esparcidas merced a los pliegos
+de cordel y coplas de ciegos, han admirado y deleitado a nuestro
+pueblo; de Diego Corrientes, llamado por antonomasia el bandido
+generoso; del guapo Francisco Esteban; de José María, el Rey de Sierra
+Morena; del gaucho Juan Moreira allá en la Argentina, y de tantos otros
+más, cuyo patrón en el cielo de nuestro pueblo es San Dimas.
+
+Cuando crucificaron a Nuestro Señor Jesús Cristo, uno de los
+malhechores que estaban colgados junto a Él, le injuriaba diciendo:
+«Si Tú eres el Cristo, sálvate a Ti mismo y a nosotros. Y respondiendo
+el otro, reprendióle diciendo: ¿Ni aun tú temes a Dios estando en la
+misma condenación? Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque
+recibimos lo que merecieron nuestros hechos, mas Éste ningún mal hizo.
+Y dijo a Jesús: Señor, acuérdate de mí cuando fueres en tu reino. Y
+entonces Jesús le dijo: De veras te digo que hoy estarás conmigo en el
+paraíso. (Luc., XXIII, 39-43).
+
+No se encuentra otra vez alguna en el Evangelio una afirmación tan
+redonda de «serás conmigo en el paraíso», una tan firmemente dada
+seguridad de salvación. Una vez canoniza el Cristo y es a un bandolero
+en el momento de la muerte. Y al canonizarle canoniza la humildad de
+nuestro bandolerismo. Y ¿por qué cuando fustigó duramente a tantos
+escribas y fariseos, hombres honrados según la ley? Porque éstos se
+tenían por justos a sí mismos, como el fariseo de la parábola, mientras
+el bandolero, como el publicano de la misma, reconoció su culpa. Fué su
+humildad lo que premió Jesús. El bandolero se confesó culpable y creyó
+en el Cristo.
+
+Nada aborrece más el pueblo que al Catón que se tiene por justo y
+parece ir diciendo: miradme y aprended de mí a ser honrados. Roque
+Guinart, por el contrario, no ensalzaba su estado, sino que confesó a
+Don Quijote que no había modo de vivir más inquieto ni sobresaltado que
+el suyo, y que perseveraba en él, por deseo de venganza, a despecho y a
+pesar de lo que entendía, y añadió: _y como un abismo llama a otro y un
+pecado a otro pecado, hanse eslabonado las venganzas, de manera que no
+sólo las mías, pero las ajenas, tomo a mi cargo; pero Dios es servido
+de que aunque me veo en la mitad del laberinto de mis confusiones, no
+pierdo la esperanza de salir dél a puerto seguro_. Es un eco de la
+oración de San Dimas. Y nos parece oir aquello de Pablo de Tarso: «no
+hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero hago; miserable
+hombre de mí ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?».
+
+«No hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero hago». Palabras
+que nos sugiere la conducta de Roque Guinart y que nos piden a gritos
+nos paremos a meditarlas. Y a meditar en que no es lo mismo cumplir la
+ley que ser bueno. Hay, en efecto, quien se muere sin haber abrigado un
+solo buen deseo y sin haber, a pesar de ello, cometido un solo delito,
+y quien, por el contrario, llega a la muerte con una vida cargada de
+delitos y de generosos deseos a la vez. Son las intenciones y no los
+actos lo que nos empuerca y estraga el alma, y no pocas veces un acto
+delictuoso nos purga y limpia de la intención que lo engendrara. Más de
+un rencoroso homicida habrá empezado a sentir amor a su víctima luego
+que sació su odio en ella, mientras hay gentes que siguen odiando al
+enemigo que se murió, después de muerto. Ya sé que son muchos los que
+anhelan una humanidad en que se impidan los crímenes aunque los malos
+sentimientos envenenen las almas, pero Dios nos dé una humanidad de
+fuertes pasiones, de odios y de amores, de envidias y de admiraciones,
+de ascetas y de libertinos, aunque traigan consigo estas pasiones sus
+naturales frutos. El criterio jurídico sólo ve lo de fuera y mide la
+punibilidad del acto por sus consecuencias; el criterio estrictamente
+moral debe juzgarlo por su causa y no por su efecto. Lo que ocurre
+es que nuestra moral corriente está manchada de abogacía y nuestro
+criterio ético estropeado por el jurídico. El matar no es malo por
+el daño que reciben el muerto o sus deudos o parientes, sino por la
+perversión que al espíritu del matador lleva el sentimiento que le
+impulsa a dar a otro la muerte; la fornicación no es pecado por daño
+alguno que reciba la fornicada--pues de ordinario no lo recibe tal y
+sí sólo deleite--sino porque el sucio deseo distrae al hombre de la
+contemplación de su fin propio y le tiñe de falsedad cuanto percibe.
+Con hondo sentimiento se llama entre los gauchos _desgracia_, no al ser
+muerto, sino al haber tenido que matar a otro. Y por ello, aunque en el
+mundo de la servidumbre, en el mundo aparencial de las trasgresiones
+del derecho, caigamos en delito, nos salvaremos si conservamos sana
+intención en el mundo de la libertad, en el mundo esencial de los
+anhelos íntimos.
+
+Y además ¿no endurecerá en sus fechorías al facineroso la desconfianza
+del perdón? Recordad aquí a los galeotes. Creo que si todos los hombres
+se persuadieran de que hay un perdón final para todos y una vida
+perdurable, en una u otra forma, se harían todos mejores. El temor al
+castigo no evita más fechorías que las que provoca la desesperanza de
+perdón. Recordad a Pablo el ermitaño y a Enrico el bandolero del drama
+de Tirso de Molina que lleva por título EL CONDENADO POR DESCONFIADO,
+profunda quintaesencia de la fe española, recordad que si Pablo,
+macerado en penitencias, se pierde por desconfiar de su salvación,
+por confiar en ella se salva Enrico el frígido. Volved a leer este
+drama. Recordad a aquel Enrico, hijo de Anareto, que conservó entre sus
+maldades entrañable cariño a su tullido padre y fe en la misericordia
+de Dios, reconociendo la justicia del castigo. Recordadle diciendo:
+
+ Mas siempre tengo esperanza
+ en que tengo de salvarme, puesto que no va fundada
+ mi esperanza en obras mías, sino en saber que se hermana
+ Dios con el más pecador, y con su piedad le salva
+
+ (II, 17)
+
+y recordadle arrepentido, gracias a su padre.
+
+¿Que esto repugna al sentido moral? Al sanchopancesco, sí; al
+quijotesco, no. Un filósofo alemán de hace poco, Nietzsche, metió ruido
+en el mundo escribiendo de lo que está allende el bien y el mal. Hay
+algo que está no allende, sino dentro del bien y del mal, en su raíz
+común. ¿Qué sabemos nosotros, pobres mortales, lo que son el bien y el
+mal vistos desde el cielo? ¿Os escandaliza acaso que una muerte de fe
+abone toda una vida de maldades? ¿Sabéis acaso si ese último acto de
+fe y de contrición no es el brotar a la vida exterior, que se acaba
+entonces, sentimientos de bondad y de amor que circularon en la vida
+interior, presos bajo la recia costra de las maldades? Y ¿es que no hay
+en todos, absolutamente en todos, esos sentimientos, pues sin ellos no
+se es hombre? Sí, pobres hombres, confiemos, que todos somos buenos.
+
+¡Pero es que así no viviremos nunca seguros!--exclamáis--¡con tales
+doctrinas no cabe orden social! Y ¿quién os ha dicho, apocados
+espíritus, que el destino final del hombre se sujete a asegurar el
+orden social en la tierra y a evitar esos daños aparentes que llamamos
+delitos y ofensas? ¡Ah, pobres hombres, siempre veréis en Dios un
+espantajo o un gendarme, no un Padre, no un Padre que perdona siempre
+a sus hijos, no más sino por ser hijos suyos, hijos de sus entrañas, y
+como tales hijos de Dios, buenos siempre por dentro de dentro aunque
+ellos mismos ni lo sepan ni lo crean. Tengo, pues, para mí que Roque
+Guinart y sus compañeros eran mejores de lo que ellos mismos se creían.
+Reconocía el buen Roque la insolencia de su oficio, pero se sentía
+atado a él como a un sino fatal. Era su estrella. Y podía haber dicho
+con el gaucho Martín Fierro lo de
+
+ Vamos, suerte, vamos juntos,
+ Puesto que juntos nacimos,
+ Y ya que juntos vivimos.
+ Sin podernos dividir,
+ Yo abriré con mi cuchillo
+ El camino _pa_ seguir.
+
+Y volviendo a nuestra historia, conviene recordar aquí lo que D.
+Francisco Manuel de Melo en su HISTORIA DE LOS MOVIMIENTOS, SEPARACIÓN
+Y GUERRA DE CATALUÑA EN TIEMPO DE FELIPE IV, obra publicada unos
+cuarenta años después de la historia de nuestro Caballero, dice al
+describir a los catalanes «por la mayor parte hombres de durísimo
+natural» que «en las injurias muestran gran sentimiento y por eso son
+inclinados a venganza», y añade: «La tierra, abundante en asperezas,
+ayuda y dispone su ánimo vengativo a terribles efectos con pequeña
+ocasión; el quejoso o agraviado deja los pueblos y se entra a vivir en
+los bosques, donde en continuos asaltos, fatigan los caminos; otros
+sin más ocasión que su propia insolencia, siguen a estotros; éstos
+y aquéllos se mantienen por la industria de sus insultos. Llaman
+comúnmente andar en trabajo aquel espacio de tiempo que gastan en este
+modo de vivir, como en señal de que le conocen por desconcierto; no es
+acción entre ellos reputada por afrentosa, antes al ofendido ayudan
+siempre sus deudos y amigos». Y habla luego de los famosos bandos de
+Narros y Cadells «no menos celebrados y dañosos a su patria que los
+Güelfos y Gibelinos de Milán, los Pafos y Médicis de Florencia, los
+Beamonteses y Agramonteses de Navarra y los Gamboinos y Oñacinos de la
+antigua Vizcaya».
+
+Al bando de los Narros pertenecía Roque Guinart y como de tal bando
+despachó un mensajero a Barcelona dando cuenta a sus amigos de cómo
+iba Don Quijote _para que con él se solazasen, que él quisiera que
+careciesen de este gusto los Cadells sus contrarios; pero que esto
+era imposible a causa que las locuras y discreciones de Don Quijote
+y los donaires de su escudero Sancho Panza no podían dejar de dar
+gusto general a todo el mundo_. ¡Pobre Don Quijote, ya querían hacerte
+monopolio de un bando y solaz a él sólo reservado! ¡Lo que se le ocurre
+a un catalán, aunque sea bandolero!
+
+
+
+
+ CAPÍTULOS LXI, LXII Y LXIII
+
+ De lo que le sucedió a Don Quijote en la entrada de Barcelona, con
+ otras cosas que tienen más de lo verdadero que de lo discreto.
+
+
+A los tres días _por caminos desusados, por atajos y sendas encubiertas
+partieron Roque, Don Quijote y Sancho con otros seis escuderos a
+Barcelona_, a cuya playa llegaron la víspera de San Juan en la noche, y
+allí se les despidió Roque dejando diez escudos a Sancho.
+
+Ya tenemos en ciudad a Don Quijote y nada menos que en la grande y
+florida ciudad condal de Barcelona, _archivo de la cortesía, albergue
+de los extranjeros, hospital de los pobres, patria de los valientes,
+venganza de los ofendidos y correspondencia grata de firmes amistades y
+en sitio y belleza única_ como más adelante, en el cap. LXXII la llama
+el historiador. Allí, al rayar del día, apacentó en el mar su vista,
+pareciéndole espaciosísimo y largo, vió las galeras y se halló de
+fiesta. Y vino la burla ciudadana de los amigos de Roque, que rodeando
+a Don Quijote, al son de chirimías y atabales, le llevaron a la ciudad,
+donde los muchachos le hicieron ser derribado de Rocinante, poniendo a
+éste aliagas bajo el rabo.
+
+Ya estás, mi señor Don Quijote, de hazme reir de una ciudad y de
+juguete de sus muchachos. ¿Por qué te saliste del campo y de sus
+caminos libres, único terreno propio de tu heroísmo? Allí, en
+Barcelona, le sacaron al balcón de una de las calles más principales de
+la ciudad _a vista de las gentes y de los muchachos que como a mona le
+miraban_, allí le pasearon por las calles, sobre un gran macho de paso
+llano, con un balandrán y a las espaldas un pergamino en que se leía:
+_éste es Don Quijote de la Mancha_, lo que traía consigo, con grande
+admiración del Caballero, que todos los muchachos, sin haberle jamás
+visto, le conocieran.
+
+¡Pobre Don Quijote, paseado por la ciudad, con tu _ecce homo_ a
+espaldas! Ya estás convertido en curiosidad ciudadana. Y no faltó,
+un castellano por cierto, quien te llamase loco y te reprendiese tu
+locura. Y luego, en casa de D. Antonio Moreno, que le hospedaba, hubo
+sarao y le hicieron bailar hasta que tuvo que sentarse _en mitad de la
+sala, en el suelo, molido y quebrantado de tan bailador ejercicio_.
+
+Esto supera ya en tristeza a cuanto desde el día malaventurado en que
+topó con los Duques le está ocurriendo. Le pasean por las calles,
+convertido en mona de los muchachos, y luego le hacen bailar. Tómanle
+de juguete, de trompo, de perinola y zarandillo. Ahora, ahora es, mi
+señor, cuando cuesta seguirte, ahora es cuando tus fieles han de poner
+su fe a prueba. «¡Que baile! ¡Que baile!»--es uno de los gritos de
+irrisión y burla con que escarnecen a los hombres las muchedumbres
+españolas. Y a ti, mi señor Don Quijote, te hicieron bailar en
+Barcelona, hasta molerte y quebrantarte.
+
+Ser blanco de la ociosa curiosidad de las muchedumbres; oir que al
+pasar dicen junto a uno a media voz «¡ése! ¡ése!»; aguantas las miradas
+de los necios que le miran a uno porque se le trae y se le lleva en
+los papeles públicos y luego persuadirte de que no conoce tu obra
+esa gente como no conocían las hazañas de Don Quijote y menos aún su
+espíritu heroico los chicuelos que por las calles de Barcelona le
+aclamaban, y de que no eres sino un nombre para ellos; ¿sabéis lo que
+es esto? ¿Sabéis lo que es eso de que se conozca sólo vuestro nombre y
+de que os conozcan en dondequiera mientras en dondequiera no saben lo
+que habéis hecho? Pudiera muy bien suceder que estos mis comentarios
+a la vida de mi señor Don Quijote provocaran en esta nuestra España,
+como han provocado algunos otros trabajos míos, discusiones y vocerío;
+pues bien; os aseguro desde ahora que los más furiosos en vocear por
+ellos no los habrán leído. Y sin embargo, es tan miserable el hombre,
+que prefiere el nombre sin la obra a la obra sin el nombre, quiere más
+dejar su efigie acuñada en cobre a dejar oro puro de su espíritu, pero
+de donde se borren la efigie y la leyenda.
+
+Allí, en la industriosa ciudad de Barcelona, le enseñaron, ¿qué sino
+curiosidades de industria? Allí vió y oyó a la cabeza encantada; allí
+visitó el taller de imprimir. _Sucedió, pues, que yendo por una calle
+alzó los ojos Don Quijote y vió escrito sobre una puerta con letras
+muy grandes_: AQUÍ SE IMPRIMEN LIBROS; _de lo que se contentó mucho,
+porque hasta entonces no había visto emprenta alguna y deseaba saber
+cómo fuese_. Curiosidad naturalísima en quien buscó en libros bálsamo
+al demasiado amor y fué por libros llevado a meterse en las azarosas
+andanzas de su carrera de gloria. Figuraos al hidalgo cincuentón
+que allá, en su lugarejo manchego, había alimentado con lecturas su
+soledad, para quien más que para otro cualquiera fueron los libros
+fieles amigos, y comprenderéis con qué ánimo entraría en la imprenta.
+En la cual se portó como discreto, y manifestó que sabía algún tanto
+del toscano y se preciaba de cantar algunas estancias del Ariosto. Y
+hasta allí dejó asomar ciertas puntas y ribetes de ironía a cuenta de
+los traductores y las traducciones.
+
+Este y otros pasajes especialmente literarios de nuestra historia,
+son de los que más suelen citar esos que se llaman a sí mismos
+cervantistas, pero la verdad es que ello apenas lo merece. Son
+tiquismiquis y minucias de los del oficio, que a los demás les debe
+tener sin cuidado. Bien está que los escritores nos cuidemos de la
+hechura de nuestros trabajos y le demos vueltas y más vueltas al
+lenguaje y al estilo, pero de esto nada se le da al que nos lee.
+Bien está el que un escritor teja sus párrafos, y luego los desmote,
+perche, lustre, tunda y prense para cortarlos y coserlos luego y hacer
+así traje a su pensamiento, mas sea para provecho del que le haya de
+leer. Yo mismo, en estas páginas, confieso que a las veces he zuñido
+y bruñido mi discurso, mas en lo que todo sobre todo he puesto ahinco
+es en sacar a ras de lengua escrita voces de la lengua corrientemente
+hablada, en desentoñar y desentrañar palabras que chorrean vida según
+corren frescas y rozagantes de boca en oído y de oído en boca de los
+buenos lugareños de tierras de Castilla y de León. Hay que flexibilizar
+y enriquecer el rígido y escueto castellano, dicen allende los mares.
+Sin duda hay que darle más soltura y más riqueza, pero es a la lengua
+enteca y enclavijada de los periódicos y de los cafés. Mas para ello
+no es menester acudir fuera y tomar de prestado voces y giros de otros
+idiomas; basta remejerle los entresijos al mismo romance castellano.
+Cada uno ha de engordar de sí mismo.
+
+Otros vienen y nos dicen que no, sino que lo necesario y apremiante es
+podar nuestra lengua y recortarla y darla precisión y fijeza. Dicen los
+tales que padece de maraña y de braveza montesina nuestra lengua, que
+por dondequiera le asoman y apuntan ramas viciosas, y nos la quieren
+dejar como arbolito de jardín, como boje enjaulado. Así, añaden,
+ganará en claridad y en lógica. ¿Pero es que vamos a escribir algún
+_Discurso del método_ con ella? ¡Al demonio la lógica y la claridad
+ésas! Quédense los tales recortes y podas y redondeos para lenguas en
+que haya de encarnar la lógica del raciocinio raciocinante, pero la
+nuestra ¿no debe ser acaso ante todo y sobre todo instrumento de pasión
+y envoltura de quijotescos anhelos conquistadores?
+
+Y en eso mismo de claridad habría que entenderse, pues hay quien aspira
+a que le den las ideas mascadas, ensalivadas y hechas bolo engullible
+para no tener que pasar otro trabajo sino el de tragarlas, o mejor aún
+que se las empapicen.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO LXIV
+
+ Que trata de la aventura que más pesadumbre dió a Don Quijote de
+ cuantas hasta entonces le habían sucedido.
+
+
+Y allí, en Barcelona, dieron fin las malandanzas caballerescas de
+nuestro Don Quijote; allí fué vencido por el Caballero de la Blanca
+Luna. Hízose éste el encontradizo, le buscó quimera por precedencia de
+hermosura de sus respectivas damas, le derribó y le pidió confesase
+las condiciones del desafío. Y el gran Don Quijote, el inquebrantable
+Caballero de la Fe, el heroico loco, molido y aturdido y _como si
+hablara dentro de una tumba, con voz debilitada y enferma dijo:
+Dulcinea del Toboso es la más hermosa mujer del mundo, y yo el más
+desdichado Caballero de la tierra, y no es bien que mi flaqueza
+defraude esta verdad; aprieta, caballero, la lanza y quítame la vida,
+pues me has quitado la honra_.
+
+Ved aquí cómo cuando es vencido el invicto Caballero de la Fe, es el
+amor lo que en él vence. Esas sublimes palabras del vencimiento de
+Don Quijote son el grito sublime de la victoria del Amor. Él se había
+entregado a Dulcinea, mas sin pretender que por eso se le entregase
+Dulcinea, y así su derrota en nada empañaba la hermosura de la dama. Él
+la había hecho, cierto es, él la había hecho en puro fe, él la había
+creado con el fuego de su pasión; pero una vez creada, ella era ella
+y de ella recibía su vida él. Yo forjo con mi fe, y contra todos, mi
+verdad, pero luego de así forjada ella, mi verdad se valdrá y sostendrá
+sola y me sobrevivirá y viviré yo de ella.
+
+¡Oh, mi Don Quijote, y cuán a dos dedos de tu salvación eterna estás,
+pues curado ya de la presunción, no hablas de la fortaleza de tu
+brazo, sino que confiesas tu flaqueza! Y ¡cómo se te viene encima la
+luz purificadora de la muerte próxima! ¡Como de dentro de una tumba
+hablas; como de dentro de la tumba del mundo que se burla de los héroes
+y los pasea por las calles con su pergamino a la espalda! Y vencido y
+maltrecho y triste y afligido y conociendo tu flaqueza, aún proclamas
+a Dulcinea del Toboso la más hermosa mujer del mundo. ¡Oh generoso
+Caballero! Tú no eres como esos que buscando la Gloria cuando se ven
+por ella desdeñados, la niegan y la denigran y la motejan de vana y
+aun dañosa; tú no eres de los que culpan a la Gloria de sus propias
+flaquezas y de no haber podido conquistarla; tú vencido y maltrecho
+prefieres la muerte a renegar de la que te metió en tu carrera de
+heroísmo.
+
+Y es porque tienes fe en ella, en tu Dulcinea, sientes que cuando
+pareciendo abandonarte, deja que te venzan, es para luego ceñirte
+entre sus temblorosos brazos con hambriento cariño, y apretarte a su
+pecho encendido hasta que sean un parejo golpear el de su corazón y
+el del tuyo, y pegar a tu boca su boca, respirando de tu aliento y de
+su aliento tú y quedar así las dos bocas prendidas para siempre en un
+beso inacabable de gloria y de amor eternos. Te deja ser vencido para
+que comprendas que no a la fortaleza de tu brazo, sino al amor que la
+tuviste debes tu vida eterna. Tú la amaste, invicto Caballero de la
+Fe, con el amor más esmerado y grande, con amor que se alimentaba de
+sus desdenes y rechazos. No por haberle visto trasformada en zafia
+labradora se te amenguó el denodado ánimo ni pregonaste el vanidad de
+vanidades y todo vanidad, del sabio rey podrido por los hartazgos. Al
+ser vencido tu grito de triunfo, invicto Caballero, fué proclamar la
+hermosura sin par de Dulcinea.
+
+Así a nosotros, tus fieles, cuando más vencidos estemos, cuando el
+mundo nos aplaste y nos estruje el corazón la vida y se nos derritan
+las esperanzas todas, danos alma, Caballero, danos alma y coraje para
+gritar desde el fondo de nuestra nadería: ¡plenitud de plenitudes y
+todo plenitud! ¿Que yo muero en mi demanda? Pues así se hará ésta más
+grande con mi muerte. ¿Que peleando en pro de mi verdad, me vencen? ¡No
+importa! No importa, pues ella vivirá y viviendo ella os mostrará que
+no depende de mí, sino yo de ella.
+
+No es éste mi yo deleznable y caduco; no es éste mi yo que come de la
+tierra y al que la tierra comerá un día, el que tiene que vencer; no
+es éste sino que es mi verdad, mi yo eterno, mi padrón y modelo desde
+antes de antes y hasta después de después; es la idea que de mí tiene
+Dios, Conciencia del Universo. Y esta mi divina idea, esta mi Dulcinea,
+se engrandece y se sobrehermosea con mi vencimiento y muerte. Todo tu
+problema es éste: si has de empañar esa tu idea y borrarla y hacer
+que Dios te olvide, o si has de sacrificarte a ella y hacer que ella
+sobrenade y viva para siempre en la eterna e infinita Conciencia del
+Universo. O Dios o el olvido.
+
+Si por guardar tu mecha apagas tu luz; si por ahorrar tu vida malgastas
+tu idea. Dios no se acordará de ti, anegándote en su olvido como en
+perdón supremo. Y no hay otro infierno que éste; el que nos olvide
+Dios, y volvamos a la in conciencia de que surgimos. «¡Señor, acuérdate
+de mí!» digamos con el bandolero que moría junto a Jesús (Luc., XXIII,
+42). Señor, acuérdate de mí y que mi vida toda sea una vivificación de
+mi idea divina, y si la empañare, si la sepultara en mi carne, si la
+deshiciera en este mi yo caduco y terreno, entonces ¡ay de mí, Señor,
+porque me perdonarías olvidándome! Si aspiro a Ti, viviré en Ti; si de
+Ti me aparto, iré a dar en lo que no es tuyo, en lo único que fuera de
+Ti cabe: en la nada.
+
+Y el vencedor de Don Quijote, el de la Blanca Luna, a quien también
+sacó del sosiego aldeano el amor a Dulcinea, no mata al Caballero, sino
+que exclama: _¡viva, viva en su entereza la fama de la hermosura de
+la señora Dulcinea del Toboso!_ y se contenta con pedirle al vencido
+que se retire a su lugar mientras él le mande... ¡que se retire a bien
+morir! Sansón Carrasco, el bachiller por Salamanca, que no era otro el
+de la Blanca Luna, fué también en busca de gloria y para que la fama
+lleve su nombre con el de Don Quijote. ¿Y no fué acaso también para
+merecer a los ojos de aquella andaluza Casilda, de que se enamoró en
+las callejas de la dorada ciudad del Tormes.
+
+Y Sancho, el fiel Sancho, _todo triste, todo apesarado, no sabía qué
+hacerse ni decirse; parecíale que todo aquel suceso pasaba en sueños
+y que toda aquella máquina era cosa de encantamento. Veía a su señor
+rendido y obligado a no tomar armas en un año; imaginaba la luz de la
+gloria de sus hazañas oscurecida, las esperanzas de sus nuevas promesas
+deshechas como se deshace el humo con el viento._
+
+Parémonos a considerar este fin de la gloriosa carrera de Don Quijote y
+cómo fué en Barcelona vencido, y vencido por su convecino el bachiller
+Sansón Carrasco. Y aquí, mi señor Don Quijote, he de confesarte una mi
+pasada bellaquería.
+
+Hace algunos años que en un semanario que en esta nuestra España
+alcanzó autoridad y renombre, lancé contra ti, generoso hidalgo, este
+grito de guerra: ¡Muera Don Quijote! Resonó el grito, sobre todo en esa
+Barcelona donde fuiste vencido, y donde me lo tradujeron al catalán,
+resonó el grito y tuvo eco y me lo corearon y aplaudieron muchos. Pedí
+que murieras para que resucitara en ti Alonso el Bueno, el enamorado
+de Aldonza, como si su bondad se hubiera nunca mostrado más espléndida
+que en tus locas hazañas. Y hoy te confieso, señor mío, que aquel mi
+grito que tanto gusto dió en esa Barcelona donde fuiste vencido y
+donde me lo tradujeron al catalán, fué un grito que me lo inspiró tu
+vencedor Sansón Carrasco, bachiller por Salamanca. Porque si es en esa
+Barcelona, faro y como centro de la nueva vida industrial de España,
+si es en esa ciudad donde más se grita contra el quijotismo, es el
+espíritu bachilleresco, espíritu de socarronería y de envidia el que lo
+anima. Fuiste, sí, vencido en Barcelona, pero lo fuiste por un manchego
+bachiller por Salamanca. Es, sí, en Barcelona donde más se denigra
+tu espíritu, pero es lo bajo del espíritu bachilleresco manchego y
+salmantino lo que a esas denigraciones les lleva. Porque allí, en
+Barcelona, es donde vence el bachiller Sansón Carrasco.
+
+Y cuando éste declaró a D. Antonio Moreno quién era: _Oh, señor--dijo
+D. Antonio--, Dios os perdone el agravio que habéis hecho a todo el
+mundo en querer volver cuerdo al más gracioso loco que hay en él. ¿No
+veis, señor, que no podrá llegar el provecho que cause la cordura de
+Don Quijote a lo que llega el gusto que da con sus desvaríos?_ Y por
+este hilo siguió ensartando sus pareceres. ¡Triste modo de pensar, pues
+no quiere que sane, por parecerle loco _gracioso_ y por tomar gusto de
+sus desvaríos! No se sabe qué deplorar más, si la pequeñez de alma de
+Sansón Carrasco o la de D. Antonio Moreno.
+
+Quieren a Don Quijote para reirle las gracias y tomar gusto de sus
+desvaríos, y por haberlas reído antaño tienen ogaño que llorar, y por
+haber tomado de sus desvaríos gusto les tiene que disgustar la vida hoy.
+
+Yo lancé contra ti, mi señor Don Quijote, aquel muera. Perdónamelo;
+perdónamelo porque lo lancé lleno de sana y buena, aunque equivocada
+intención, y por amor a ti, pero los espíritus menguados, a los que
+su mengua les pervierte las entendederas, me lo tomaron al revés de
+como yo lo tomaba, y queriendo servirte te ofendí acaso. Triste caso
+éste de que no nos hayan de entender cosa alguna a derechas, y no más
+por defecto de cabeza que por vicio de corazón. Perdóname, pues, Don
+Quijote mío, el daño que pude hacerte queriendo hacerte bien; tú me has
+convencido de cuán peligroso es predicar cordura entre estos espíritus
+alcornoqueños; tú me has enseñado el mal que se sigue de amonestar a
+que sean prácticos a hombres que propenden al más grosero materialismo,
+aunque se disfrace de espiritualismo cristiano.
+
+Pégame tu locura, Don Quijote mío, pégamela por entero. Y luego que
+me llamen soberbio o lo que quieran. No quiero buscar el provecho que
+ellos buscan. Que digan: ¿qué querrá? ¿qué busca? y conjeturando por
+los suyos, no encuentren mis caminos. Ellos buscan el provecho de esta
+vida perecedera y se aduermen en la rutinera creencia de la otra; a mí,
+mi Don Quijote, déjame luchar conmigo mismo, ¡déjame sufrir! Guárdense
+para sí aspiraciones de diputado provincial; a mí dame tu Clavileño
+y aunque no me mueva del suelo, sueñe en él subir a los cielos del
+aire y del fuego imperecederos. ¡Alma de mi alma, corazón de mi vida,
+insaciable sed de eternidad e infinitud! sé mi pan de cada día. ¡Hábil?
+No, hábil, no; no, no quiero ser hábil. No quiero ser razonable según
+esa miserable razón que da de comer a los vividores; ¡enloquéceme, mi
+Don Quijote!
+
+¡Viva Don Quijote! ¡viva Don Quijote vencido y maltrecho! ¡viva Don
+Quijote muerto! ¡viva Don Quijote! ¡Regálanos tu locura, eterno
+Don Quijote nuestro! Regálame tu locura y deja que en tu regazo me
+desahogue. Si supieras lo que sufro, Don Quijote mío, entre estos
+tus paisanos cuyo repuesto todo de locura heroica te llevaste tú,
+dejándoles tan sólo la petulante presunción que te perdía. ¡Si supieras
+cómo desdeñan desde su estúpida e insultante sanidad todo hervor de
+espíritu y todo anhelo de vida íntima! ¡Si supieras con qué asnal
+gravedad ríen las gracias de la que creen locura y toman gusto de lo
+que estiman desvaríos! ¡Oh Don Quijote mío, qué soberbia, qué estúpida
+soberbia la soberbia silenciosa de estos brutos que llaman paradoja a
+lo que no estaba etiquetado en su mollera y afán de originalidad a todo
+revuelo del espíritu! Para ellos no hay quemantes lágrimas vertidas
+en silencio, en el silencio del misterio, porque estos bárbaros se
+lo creen tener todo resuelto; para ellos no hay inquietud del alma,
+pues se creen nacidos en posesión de la verdad absoluta; para ellos
+no hay sino dogmas y fórmulas y recetas. Todos ellos tienen alma de
+bachilleres. Y aunque odian a Barcelona, van a Barcelona y allí te
+vencen.
+
+_Seis días estuvo Don Quijote en el lecho, marrido, triste, pensativo y
+mal acondicionado, yendo y viniendo con la imaginación en el desdichado
+suceso de su vencimiento_, sin que le sirviesen los consuelos de su
+fiel Sancho. El cual veía bien que era él allí el más perdidoso, aunque
+su amo el más malparado. Y pocos días después emprendieron su regreso a
+la aldea, _Don Quijote desarmado y de camino, Sancho a pie, por ir el
+rucio cargado con las armas_. Así es desde que vencieron a Don Quijote;
+son rucios los que llevan sus armas.
+
+En el camino encontró a Tosilos, el lacayo, que le contó cómo los
+Duques le hicieron apalear, y Doña Rodríguez se volvió a Castilla y
+su hija entró monja. Así había acabado una de las aventuras a que dió
+mejor remate Don Quijote.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO LXVII
+
+ De la resolución que tomó Don Quijote de hacerse pastor y de seguir
+ la vida del campo en tanto que pasaba el año de su promesa, con otros
+ sucesos en verdad gustosos y buenos.
+
+
+Caminando, caminando, llegaron al lugar en que habían topado a _las
+bizarras pastoras y gallardos pastores que en él querían renovar e
+imitar a la pastoral Arcadia_. Y al reconocerlo, dijo Don Quijote: _si
+es que te parece bien, querría, oh Sancho, que nos convirtiésemos en
+pastores siquiera el tiempo que tengo de estar recogido. Yo compraré
+algunas ovejas y todas las demás cosas que al pastoral ejercicio son
+necesarias y llamándome yo el pastor Quijotiz y tú el pastor Pancino,
+nos andaremos por los montes, por las selvas y por los prados, cantando
+aquí, endechando allí, bebiendo de los líquidos cristales de las
+fuentes, o ya de los limpios arroyuelos, o de los caudalosos ríos.
+Daránnos con abundantísima mano de su dulcísimo fruto las encinas,
+asiento los troncos de los durísimos alcornoques, sombra los sauces,
+olor las rosas, alfombras de mil colores matizadas los extendidos
+prados, aliento el aire claro y puro, luz la luna y las estrellas, a
+pesar de la escuridad de la noche, gusto el canto, alegría el lloro,
+Apolo versos, el amor conceptos, con que podremos hacernos eternos y
+famosos no sólo en los presentes, sino en los venideros siglos._
+
+¡Válgame Dios y con qué tino se dijo aquello de «cada loco con su
+tema» y cuán bien conocía a su tío la sobrina de Don Quijote cuando al
+encontrarse el cura y el barbero, en el escrutinio que de su librería
+hicieron, con LA DIANA de Jorge de Montemayor y querer perdonarla
+exclamó: _¡Ay, señor! bien puede vuestra merced mandar quemar como a
+los demás; porque no sería mucho que habiendo sanado mi señor tío de la
+enfermedad caballeresca, leyendo éstos se le antojase de hacerse pastor
+y andarse por los bosques y prados cantando y tañendo_.
+
+Parece, al volver Don Quijote de Barcelona, ir en camino de curarse de
+su heroica locura y de prepararse a bien morir, mas en viendo el prado
+de otrora, sueña de nuevo con hacerse eterno y famoso, no sólo en los
+presentes, sino en los venideros siglos. Porque ésta era su radical
+locura, éste su resorte de acción, ésta, como vimos al principio de su
+historia, la causa que le movió a hacerse caballero andante. El ansia
+de gloria y renombre es el espíritu íntimo del quijotismo, su esencia
+y su razón de ser, y si no se puede cobrarlos venciendo gigantes y
+vestiglos y enderezando entuertos, cobraráselos endechando a la luna y
+haciendo de pastor. El toque está en dejar nombre por los siglos, en
+vivir en la memoria de las gentes; ¡El toque está en no morir! ¡En no
+morir! ¡No morir! Ésta es la raíz última, la raíz de las raíces de la
+locura quijotesca. ¡No morir! ¡no morir! Ansia de vida; ansia de vida
+eterna es la que te dió vida inmortal, mi señor Don Quijote; el sueño
+de tu vida fué y es sueño de no morir.
+
+Con tal de no morir cambiabas tu profesión de caballero andante por
+la de pastor endechante. Así tu España, mi Don Quijote, al tener que
+recogerse a su aldea, vencida y maltrecha, piensa en dedicarse al
+pastoreo y habla de colonización interior, de pantanos, de riegos y de
+granjas.
+
+Y por debajo de esa ansia de no morir ¿no andaba, mi pobre
+Alonso, tu soberano amor? _Las pastoras de quien hemos de ser
+amantes_--dijiste--_como entre peras podemos escocer sus nombres, y
+pues el de mi señora cuadra así al de pastora como al de princesa, no
+hay para qué cansarse en buscar otro que mejor le venga_. Sí, siempre
+era Dulcinea, la Gloria, y por debajo de ella siempre era Aldonza
+Lorenzo, la suspirada doce años. ¡Y cómo suspirarías ahora por ella!
+¡cómo la llamarías! ¡cómo grabarías un día y otro su nombre en las
+cortezas de los árboles y hasta alguna vez en tu corazón! ¿Y si así
+llegaba ello a su noticia y se daba cata y venía a ti, desencantada?
+
+¡Hacerse pastor! Es también, mi Don Quijote, lo que se le ha ocurrido a
+tu pueblo luego que ha vuelto de América derrotado en su encontronazo
+con el de Robinsón. Ahora habla de dedicarse a cuidar y cultivar su
+hacienda, a alumbrar pozos y trazar canales para regar sus resecas
+tierras; ahora habla de política hidráulica. ¿No será que siente el
+remordimiento de sus atrocidades pasadas por tierras de Italia, Flandes
+y América?
+
+Leed PATRIA, el hermoso poema de Guerra Junqueiro, el poeta de nuestro
+pueblo hermano, el pueblo portugués. Leed esa amarga sátira y llegad al
+fin de ella, cuando aparece vestido de monje carmelita el espectro del
+condestable Nunalvares, el vencedor de Aljubarrota, que luego entró en
+religión. Oídle hablar, oídle hablar del dolor que purifica y redime,
+del dolor que
+
+ Como no ar o vento sobre o vento
+ Como no mar o vaga sobre o vaga
+ Só na dôr tem a dôr socegamento
+
+y llegad a cuando en un éxtasis descuelga la vieja espada de
+Aljubarrota, tinta en sangre fraternal, y exclama:
+
+ Porém, se a patria, ja na derradeira
+ Angustia e mingoa onde a lençou mac dano,
+ Terra d'escravos é, terra estrangeira.
+
+ Rutila espada, que brandí ufano!
+ Antes un velho lavrador mendigo
+ Te erga a custo do chão, piadoso e humano!
+
+ Volte a bigorna o duro ago antigo!
+ E acabes, afinal, relha de arado.
+ Pelos campos de Deos, a lavrar trigo
+
+y arroja su espada al abismo de la noche, exclamando:
+
+ Deos te acompanhe! Seja Deos louvado!
+
+Y luego entra en escena «el loco»--o _doido_--el pobre pueblo
+portugués, nuestro hermano, y echa de menos los tiempos en que fué
+campesino.
+
+ Fosse eu ainda o camponez adusto,
+ Lavrador matinal, risonho e grave,
+ D'alma de pomba e coração de justo!
+
+ Sentime eu ainda a musica suave
+ Da candura feliz no peito agreste,
+ Qual em rorida brenha um trino d'ave!
+
+ Em vez do mundo (fome, guerra e peste!)
+ Conquistasse, por unica vitoria,
+ Os thesoiros sen fim do amor celeste.
+
+ Nunca de feitos meus cantasse a Historia;
+ Ignorasse o meu nome a voz da Fama
+ E a minha sombra humilde a luz da Gloria.
+
+ Vivesse obscuro e triste, herva da lama;
+ Nas alturas, porém, fosse contado
+ Entre os que Deos aceita, os que Deos ama.
+
+Es todo lo contrario de Don Quijote y Sancho. Busca nuestro Caballero
+en la vida pastoril hacerse eterno y famoso; busca en ella este pobre
+loco portugués ser olvidado, expiar sus culpas y redimirse en el dolor,
+
+ Dôr temerosa, Dôr idolatrada
+ O Dôr, filha de Deos, mãe do Universo!
+
+¿No buscan, en el fondo, una misma cosa? ¿No buscaba lo mismo Don
+Quijote echándose al mundo a deshacer entuertos y proponiéndose
+dedicarse al ejercicio pastoril? ¿No busca nuestro pueblo ahora, con
+los pantanos y canales y la política hidráulica, lo mismo que buscó con
+sus atrocidades en América?
+
+El pobre loco portugués, _o doido_, luego de confesar sus culpas, sus
+glorias
+
+ Minhas glorias!... infamias e vergonhas
+ De ladrão, de pirata e de assasino!
+
+pide la cruz, pide el dolor, y muere en la cruz, en cuya cabecera
+«desenhada a sangue, esta ironía:--_Portugal, rei do Oriente!_» muere
+bendiciendo el llanto que brota de sus ojos
+
+ porque és o mar de pranto
+ que os meus crimes verteram pelo mundo...
+
+bendiciendo la sangre que corre de sus heridas porque es
+
+ o mar de sangue
+ do meu orgulho e minha iniquidade...
+
+¿Es esto lo que pide y busca nuestro loco, nuestro pueblo español? No,
+no es esto precisamente. No es que no cante sus hechos la Historia, que
+ignore su nombre la voz de la Fama, y su nombre humilde la luz de la
+gloria; no, no es esto.
+
+Se retira a la vida pastoril, derrotado en la de caballero andante,
+para poder hacerse eterno y famoso no sólo en los presentes, sino en
+los venideros siglos. Cambia de camino pero no de estrella que le guíe.
+
+¿Ha de renunciar el pueblo a toda acción quijotesca y encerrarse en
+su natal dehesa a purgar sus antiguas culpas, cuidando de su ganado
+o labrando su tierra y sin poner su mira mas que en el cielo? ¿Ha
+de pensar tan sólo en ser allá en las alturas contado entre los que
+Dios ama? ¿Ha de volver a su apacible vida de antes de lanzarse a sus
+aventureras empresas? ¿Tuvimos esta vida nunca? ¿Tuvimos paz?
+
+No basta como ideal de vida de un pueblo el de mantener la vida misma
+en el mayor bienestar y holgura, ni aun basta la felicidad. Menos aún
+abrazarse al dolor. No puede ser ideal de un pueblo el ideal ascético,
+destructor de la vida.
+
+¿Aspirar al cielo? No; ¡al reino de Dios! Y a todas horas, día tras
+día, alza por miles de bocas nuestro pueblo esta plegaria a nuestro
+Padre que está en los cielos: ¡venga a nos el tu reino! «¡Venga a nos
+el tu reino!» y no «llévanos a tu reino»; es el reino de Dios el que
+ha de bajar a la tierra, y no ir la tierra al reino de Dios, pues
+este reino ha de ser reino de vivos y no de muertos. Y ese reino cuyo
+advenimiento pedimos a diario, tenemos que crearlo, y no con oraciones
+sólo; con lucha.
+
+ Pudesse eu, d'alma libre e resoluta,
+ Olhos no fogo da manha nascente,
+ Erguer ainda os braços para a luta!
+ Não, como outr'ora, para a luta ardente
+ Da riqueza e grandeza, é vaidade...
+ Da fortuna, que é sombra que nos mente...
+ Seja a hora do prelio a eternidade!
+ E o globo estreito a arena, onde ñao cança
+ A batalha do Amor e da Verdade!
+
+¡Esta, la batalla del Amor y de la verdad! Y en tal pelea ha de ser el
+pueblo todo un Don Quijote, un pastor Quijotiz más bien.
+
+ Cavalleiro de Deos, ergue-te e avança!
+ Põe na bigorna os cravos de Jesus;
+ Bate-os cantando... E o ferro da tua lança!
+ Faz a hastea de lança d'una cruz;
+ Vae, cavalleiro de viseira erguida;
+ Dá lançadas magnánimas de luz!...
+
+¡Hay que pelear, sí, a lanzadas de luz!
+
+Encerrémonos, bien está, en la natal dehesa, pero a cobrar fama
+pastoreando y cantando. Es un derivativo de la acción heroica; es otra
+nueva empresa. Vayamos a manejar el cayado con mano movida por el
+corazón mismo que nos hizo manejar la espada. Es el ejercicio pastoril
+ahora gobierno, que «no consiste--dice el Maestro Fray Luis de León
+en los NOMBRES DE CRISTO, libro I, cap. VI--en dar leyes, ni en poner
+mandamientos, sino en apacentar y alimentar a los que gobierna».
+¿Apacentarlos y alimentarlos con qué? Con amor y verdad.
+
+Pueblo moribundo se ha llamado a tu pueblo, Don Quijote mío, por los
+que embriagados con el triunfo pasajero olvidan que la fortuna da más
+vueltas que la tierra y que aquello mismo que nos hace menos aptos para
+el tipo de civilización que hoy priva en el mundo, acaso eso mismo
+nos haga más aptos para la civilización de mañana. El mundo da muchas
+vueltas y la fortuna más.
+
+Hay que aspirar, de todos modos, a hacerse eternos y famosos, no sólo
+en los presentes, sino en los venideros siglos; no puede subsistir como
+pueblo aquel pueblo cuyos pastores, su conciencia, no se lo representen
+con una misión histórica, con un ideal propio que realizar en la
+tierra. Estos pastores han de aspirar a cobrar fama pastoreándolo y
+cantando, y así, cobrando fama, llevarle a su destino. ¿Es que no hay
+en la Conciencia eterna e infinita una eterna idea de tu pueblo, Don
+Quijote mío? ¿Es que no hay una España celestial, de que esta España
+terrena no es sino trasunto y reflejo en los pobres siglos de los
+hombres? ¿Es que no hay un alma de España tan inmortal como el alma de
+cada uno de sus hijos?
+
+Cruzando el mar en quebradizas cara velas fueron nuestros abuelos a
+descubrir el Nuevo Mundo que dormía bajo estrellas antes desconocidas;
+¿no hay algún nuevo mundo del espíritu cuyo descubrimiento nos reserve
+Dios cuando osemos como los héroes de Camões lanzarnos a «mares d'antes
+nunca navegados» en espirituales carabelas labradas con madera de los
+bosques de nuestro pueblo?
+
+Dicen en mi tierra vasca que los abuelos de mis abuelos, los denodados
+pescadores del golfo de mi Vizcaya, se iban tras de la ballena hasta
+los bancos de Terranova siglos antes de que Colón llamara a las puertas
+de la Rábida. Soberbiamente lo dice el escudo de Lequeitio: _Reges
+debelavit, horrenda cete subiecit, terra marique potens, Lequeitio_. Y
+para someter a horrendas ballenas fueron, dicen, los balleneros de mi
+casta, hasta las entonces desconocidas costas de la remota América. Y
+aun dicen más, y es que corre la leyenda de que fué un marino vasco,
+por nombre Andialotza, es decir Gran Vergüenza, quien primero dió a
+Colón noticias del Nuevo Mundo, por no atreverse, sin duda, el gran
+vergonzoso a descubrirlo. Temía a la gloria. ¿Será esto profético? Y si
+el buen Andialotza, mi paisano, pierde su ingénita vergüenza, ¿habrá
+que esperar al Colón del Nuevo Espíritu de España?
+
+¿Hay una filosofía española? Sí; la de Don Quijote. Y conviene que
+éste, nuestro Caballero de la Fe, el Caballero de nuestra Fe, deje en
+el astillero su lanza y en la cuadra a Rocinante y cuelgue la espada,
+y convertido en el pastor Quijotiz empuñe el cayado con mano firme,
+y lleve consigo el caramillo, y a la sombra de las sombrosas encinas
+de dulcísimo fruto, mientras pacen cabizbajas sus ovejas, cante
+inspirado por Dulcinea, su visión del mundo y de la vida, para cobrar,
+cantándola, eterno nombre y fama. Y no ya su visión, sino más bien
+su encorazonamiento de ellos. Y para cobrar fama, pues se nos dió la
+gloria como norte de la vida.
+
+El Nunalvares del poeta os dirá de la fama que
+
+ Fama grande do mundo tão mezquino
+ Dando as trombetas com ardor, não vôa
+ Onde vôa cantando, un passarinho.
+
+Mas no os fiéis demasiado de tales voces de desaliento, pues sí, la
+fama vuela, vuela más allá del mundo, y vuela aún más la canción del
+amor y la verdad.
+
+Tal vez a los ecos de esa canción de amores del pastor Quijotiz caigan
+vencidos los gigantes que fingen ser molinos, y se amansen los galeotes
+y licencie Roque Guinart a sus huestes, y enmudezcan los canónigos y
+los graves eclesiásticos, y reconozcan los cuadrilleros que las bacías
+en manos del hidalgo milagrero son yelmos, y renuncien los Maese Pedros
+a sus titereras, y se nos abran las entrañas de la cueva de Montesinos,
+y se enderece todo entuerto y se deshaga todo agravio, y se adoncellen
+las mozas del partido y venga a nosotros el reino de Dios realizándose
+en la tierra aquel siglo de oro con cuya visión embobó y suspendió Don
+Quijote el ánimo a los cabreros.
+
+Hay que dar «lanzadas magnánimas de luz», o mejor, hay que lanzar la
+verdad al mundo, mientras se pastorea el ganado, al son de pastoril
+caramillo, la santa palabra que ha de hacer el milagro. Hay que pedir a
+Apolo versos, al amor conceptos. Sobre todo conceptos al amor.
+
+¿Hay una filosofía española, mi Don Quijote? Sí, la tuya, la filosofía
+de Dulcinea, la de no morir, la de creer, la de crear la verdad. Y esta
+filosofía ni se aprende en cátedras ni se expone por lógica inductiva
+ni deductiva, ni surge de silogismos, ni de laboratorios, sino surge
+del corazón.
+
+Pensabas, mi Don Quijote, en hacerte pastor Quijotiz y que te diera
+el amor conceptos. Todos los conceptos de vida, todos los conceptos
+eternos, manan del amor. Es Aldonza, mi pastor Quijotiz, es siempre
+Aldonza la fuente de sabiduría. A través de ella, a través de tu
+Aldonza, a través de la mujer, o es el Universo todo.
+
+¿No ves a este pueblo endiosando cada día más el ideal de la mujer, a
+la mujer por excelencia, a la Virgen Madre? ¿No le ves rendido a ese
+culto y hasta casi olvidando por él el culto al Hijo? ¿No ves que no
+hace sino ensalzarla más y más alto, pujando por ponerla al lado del
+Padre mismo, a su igual, en el seno de la Trinidad, que pasaría a ser
+Cuaternidad si no es ya que la identificaran con el Espíritu como con
+el Verbo se identificó al Hijo? ¿No la han declarado Corredentora? Y
+esto ¿por qué es?
+
+La concepción de Dios que se nos ha venido trasmitiendo ha sido
+una concepción no ya antropomórfica, sino andromórfica; nos lo
+representamos no ya como a persona humana--_homo_--, sino como a
+varón--_vir_--; Dios era y es en nuestras mentes masculino. Su modo
+de juzgar y condenar a los hombres, modo de varón, no de persona
+humana por encima de sexo; modo de Padre. Y para compensarlo hacía
+falta la Madre, la Madre que perdona siempre, la Madre que abre
+siempre los brazos al hijo cuando huye éste de la mano levantada o
+del ceño fruncido del irritado Padre, la Madre en cuyo regazo se
+busca como consuelo una oscura remembranza de aquella tibia paz de
+la inconsciencia que dentro de él fué el alba que precedió a nuestro
+nacimiento, y un dejo de aquella dulce leche que embalsamó nuestros
+sueños de inocencia, la Madre que no conoce más justicia que el perdón
+ni más ley que el amor. Las lágrimas maternales borran las tablas del
+Decálogo. Nuestra pobre e imperfecta concepción de un Dios varón, de un
+Dios con largas barbas y voz de trueno, de un Dios que impone preceptos
+y pronuncia sentencias, de un Dios Amo de Casa, _Pater familias_ a la
+romana, necesitaba compensarse y completarse, y como en el fondo no
+podemos concebir al Dios personal y vivo no ya por encima de rasgos
+humanos, mas ni aun por encima de rasgos varoniles y menos un Dios
+neutro o hermafrodita, acudimos a darle un Dios femenino y junto al
+Dios Padre hemos puesto a la Diosa Madre, a la que perdona siempre
+porque como mira con amor ciego ve siempre el fondo de la culpa y en
+ese fondo la justicia única del perdón, a la que siempre consuela, a la
+Madre Dulcísima, a la Madre de Dios, a la Virgen Madre. Es la Virgen
+Madre, es la Madre Purísima, la que no es sino madre, y siendo todo lo
+que hace ser mujer a la mujer, queda limpia de todo el barro humano
+para que en ella aliente é irradie tan sólo el soplo divino.
+
+Es la Virgen Madre; es la Madre de Dios. Es la Madre de Dios; es la
+pobre Humanidad dolorida. Porque aunque compuesta de hombres y mujeres,
+la Humanidad es mujer, es madre. Lo es cada sociedad; lo es cada
+pueblo. Las muchedumbres son femeninas. Juntad a los hombres y tened
+por cierto que es lo femenino de ellos, lo que tienen de sus madres, lo
+que los junta. La pobre Humanidad dolorida es la Madre de Dios, pues
+en ella, en su seno, es donde se manifiesta, donde encarna la eterna
+e infinita Conciencia del Universo. Y la Humanidad es pura, purísima,
+limpia de toda mancha, aunque nazcamos manchados cada uno de los
+hombres y mujeres. ¡Dios te salve, Humanidad; llena eres de gracia!
+
+Mira, mi pastor Quijotiz, cómo se va a la Humanidad desde Aldonza,
+la recatada doncella del Toboso; mira cómo da el amor conceptos.
+Y mira si al son de tu pastoril caramillo puede hacerse amorosa
+filosofía española, aunque graznen para ahogar sus melódicos sones
+los grandísimos cuervos y grajos que anidan en la boca de la cueva de
+Montesinos.
+
+Si Don Quijote volviera al mundo sería pastor Quijotiz, no ya caballero
+andante de espada; sería pastor de almas, empuñando en vez del cayado
+la pluma, o dirigiendo su encendida palabra a los cabreros todos. Y
+¡quién sabe si no ha resucitado...!
+
+Si Don Quijote volviera al mundo sería pastor, o lo será cuando vuelva;
+pastor de pueblos. Y buscará que le dé el amor conceptos, y en hacer
+vivir y triunfar éstos pondrá todo el denuedo y la bravura toda que
+puso antes en acometer molinos y libertar galeotes. Y buena falta
+nos está haciendo, porque es cobardía de pensar lo que nos tiene tan
+abatidos. Es cobardía de afrontar los eternos problemas; es cobardía de
+escarbar en el corazón; es cobardía de hurgar las inquietudes íntimas
+de las entrañas eternas. Esa cobardía lleva a muchos a la erudición,
+adormidera de desasosiegos del espíritu u ocupación de la pereza
+espiritual; algo así como el juego del ajedrez.
+
+«No quiero meterme a estudiar patología--me decía un cobarde--ni aun
+quiero saber hacia dónde me cae el hígado ni para qué sirve, pues
+si me pongo a ello, llego a creer que padezco de la enfermedad cuya
+descripción acabo de leer. Ahí está el médico, cuyo oficio es curarme y
+para lo cual le pago; descargo en él mi responsabilidad, y si me mata,
+allá por su cuenta; moriré, al menos, sin aprensiones ni cuidados. Y lo
+mismo tengo al cura. No quiero meterme a pensar en mi origen ni en mi
+destino, de dónde vengo y adónde voy, y si hay o no Dios y cómo sea, y
+si hay o no otra vida y en qué consista; eso no sirve mas que para dar
+quebraderos de cabeza y robarme el tiempo y la energía que necesito
+para ganar el pan de mis hijos. Ahí está el cura, y pues tal es su
+oficio, averigüe él lo que haya, dígame misa y absuélvame cuando al ir
+a morirme confiese mis pecados. Y si se engaña y me engaña, allá él por
+su cuenta. Él responderá de sí; para mí en el creer no hay engaño».
+
+¡Qué falta nos estás haciendo, pastor Quijotiz, para arremeter con tus
+conceptos dictados por el amor a lanzadas magnánimas de luz, contra
+esta mentira apestosa y libertar a los pobres galeotes del espíritu!
+Aunque luego te apedreen, que te apedrearán, de seguro, si les rompes
+las cadenas de la cobardía que les tienen presos; te apedrearán.
+
+Te apedrearán. Los galeotes espirituales apedrean al que les rompe las
+cadenas que les agarrotan. Y precisamente por esto, porque ha de ser
+uno apedreado por ellos, es por lo que hay que libertarlos. El primer
+uso que de su libertad hacen es apedrear al libertador.
+
+El más acendrado beneficio es el que se hace al que no nos lo reconoce
+por tal; la mayor caridad que puedes rendir a tu prójimo no es
+aplacarle deseos ni remediarle necesidades, sino encenderle aquéllos y
+crearle éstas. Libértale, y luego que te apedree por haberle libertado
+y ejercite así sus brazos libres, empezará a desear la libertad.
+
+Te apedrearán porque se verán perdidos. Y dirán: ¿libertad?, bien,
+¿y qué hago yo con esto? Un galeote, amigo mío, a quien me dedicaba
+yo a limarle las cadenas espirituales y sembrar inquietudes y dudas
+en su alma, me dijo un día: «mira, déjame en paz y no me molestes;
+así vivo bien ¿para qué tribulaciones y congojas? Si yo no creyera
+en el infierno sería un criminal». Y le contesté: «no, seguirías
+siendo como eres y haciendo lo que haces y no haciendo lo que hoy no
+haces, y si así no fuera y dieses en criminal entonces, es que lo eres
+también ahora». Y me replicó: «necesito una razón para ser bueno; un
+fundamento objetivo sobre que basar mi conducta; necesito saber por
+qué es malo lo que a mi conciencia repugna». Y le contrarrepliqué:
+«lo es porque repugna a tu conciencia, en la que vive Dios». Y volvió
+a replicarme: «no quiero encontrarme en medio del Océano, como un
+náufrago, ahogándome, perdido y sin tener una tabla a que agarrarme».
+Y volví a contrarreplicarle: «¿tabla? La tabla soy yo mismo; no la
+necesito, porque floto en ese Océano de que hablas, y que no es sino
+Dios. El hombre flota en Dios sin necesidad de tabla alguna, y lo único
+que yo deseo es quitarte la tabla, dejarte solo, infundirte aliento y
+que sientas que flotas. ¿Fundamento objetivo, dices? ¿Y qué es eso?
+¿Quieres más objeto de ti que tú mismo? Hay que echar a los hombres en
+medio del Océano y quitarles toda tabla, y que aprendan a ser hombres,
+a flotar. Tienes tan poca confianza en Dios, que estando en Él, en
+quien vivimos, nos movemos y somos (Hechos, XVII, 28), ¿necesitas tabla
+a que agarrarte? Él te sostendrá, sin tabla. Y si te hundes en Él ¿qué
+importa? Esas congojas y tribulaciones y dudas que tanto temes son el
+principio del ahogo, son las aguas vivas y eternas que te echan el aire
+de la tranquilidad aparencial en que estás muriendo hora tras hora;
+déjate ahogar, déjate ir al fondo y perder sentido y quedar como una
+esponja, que luego volverás a la sobrehaz de las aguas donde te veas
+y te toques y te sientas dentro del Océano». «Sí, muerto»--me dijo.
+«No, resucitado y más vivo que nunca»--le dije. Y el pobrecito de mi
+amigo el galeote se me escapó lleno de miedo de sí mismo. Y luego me ha
+apedreado, y al sentir sus pedradas sobre el yelmo de Mambrino con que
+me cubro la cabeza, he dicho en mi corazón: ¡Gracias, Dios mío, porque
+has hecho que no cayeran mis palabras en el espíritu de mi amigo como
+en pelada roca, sino que prendieran en él!
+
+¡Si les oyeses, mi pastor Quijotiz, hablar de su fe y de sus creencias
+a los galeotes del espíritu!... ¡Si oyeras, mi buen pastor, hablar de
+ello a sus pastores!... Uno de estos pastores he conocido para quien
+la virtud de los silbos con que llamaba a sus ovejas, la verdad de la
+doctrina en que les adoctrinaba y sin acatar la cual les negaba salud
+eterna, estribaba ¡figúrate, en que era castiza, en que era la más
+española! Para él la herejía no era sino una traición a la patria. Y
+conozco un perro de pastor, un ladrador de nuestras glorias patrias
+y guardián de nuestras tradiciones, para quien la religión no es mas
+que un género literario, tal vez una rama de las humanidades y a lo
+sumo una de las bellas artes. Contra estos miserables haces falta, mi
+pastor Quijotiz, para limpiar con tus cantos toda esa asquerosa cotena
+del espíritu e infundirnos a todos valor para que nos hundamos en la
+cueva de Montesinos y miremos allí cara a cara las visiones que se nos
+presenten.
+
+Se comprende bien que los jesuitas, remachadores de cadenas de
+galeotes, te guarden ojeriza, mi Don Quijote, y quemen con algazara el
+libro de tu historia, según nos asegura que alguna vez lo han hecho,
+uno que rompió las cadenas de la Orden, el ex jesuita autor de UN
+BARRIDO HACIA FUERA EN LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
+
+¡Ven, pastor Quijotiz, a pastorearnos y cantar los conceptos que el
+amor te inspire!
+
+
+
+
+ CAPÍTULO LXVIII
+
+ De la cerdosa aventura que le aconteció a Don Quijote.
+
+
+Y a poco de haber hecho Don Quijote esos propósitos de pastoreo, llegó
+una piara de más de seiscientos puercos, y pasaron sobre él. Por pena
+de su pecado tuvo aquella afrenta el Caballero, mas no le acongojó
+tanto que no le dejase componer aquel madrigalete en que decía, entre
+otras cosas, lo de:
+
+ _Así el vivir me mata
+ Que la muerte me torna a dar la vida.
+ ¡Oh condición no oída
+ La que conmigo muerte y vida trata!_
+
+¡Maravillosa sentencia en que se declara lo más íntimo del espíritu
+quijotesco! Y ved cómo cuando Don Quijote llegó a expresar lo más
+recóndito, lo más profundo, lo más entrañable de su locura de gloria,
+lo hizo en verso, y después de vencido y después de pisoteado por piara
+de cerdos. El verso es, sin duda, el lenguaje natural de lo profundo
+del espíritu; en verso compendiaron San Juan de la Cruz y Santa Teresa
+lo más íntimo de sus sentires. Y así Don Quijote fué en verso como
+llegó a descubrir los abismos de su locura, que el vivir le mataba
+y la muerte tornaría a darle vida, que su anhelo era anhelo de vida
+inacabable y eterna, de vida en la muerte, de perdurable vida.
+
+ _Así el vivir me mata
+ Que la muerte me torna a dar la vida._
+
+Sí, Don Quijote mío, la muerte tornó a darte vida y vida imperecedera.
+El vivir nos mata. Ya lo dijo tu hermana Teresa de Jesús, cuando cantó:
+
+ Sácame de aquesta muerte
+ Mi Dios y dame la vida;
+ No me tengas impedida
+ En este lazo tan fuerte;
+ Miro que muero por verte
+ Y vivir sin Ti no puedo,
+ Que muero porque no muero.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO LXIX
+
+ Del más raro y más nuevo suceso que en todo el discurso desta grande
+ historia avino a Don Quijote.
+
+
+Cantando el madrigalete Don Quijote y durmiendo la vida Sancho, les
+llegó el nuevo día, y al declinar de la tarde de éste la última burla
+de los Duques. Y fué que les rodearon hasta diez hombres de a caballo
+y cuatro o cinco de a pie y entre denuestos e improperios los llevaron
+al castillo de los Duques. Y allí se encontraron sobre un túmulo,
+con el cuerpo muerto de Altisidora, para resucitar a la cual mandó
+Radamante que sellaran el rostro de Sancho con veinticuatro mamonas y
+doce pellizcos, y seis alfilerazos en brazos y lomos. Y a pesar de su
+resistencia hiciéronle así seis dueñas y resucitó Altisidora. Y viendo
+Don Quijote la virtud que el cielo puso en el cuerpo de Sancho, pidióle
+de rodillas el que entonces, teniendo sazonada semejante virtud, se
+diera algunos azotes para desencantar a Dulcinea.
+
+Y lo cierto es, a pesar de las torpes burlas de los Duques, que el
+cuerpo de Sancho tiene virtud para desencantar y resucitar doncellas.
+Del cuerpo de Sancho se alimentan los Duques y sus lacayos y sus
+doncellas; del cuerpo de Sancho, en última instancia, procede el que
+Dulcinea pueda llevar a sus favoritos al templo de la eternidad de la
+fama. Sancho se azota con el trabajo para que puedan otros, libres de
+él, enamorar a Dulcinea; los azotes de Sancho hacen al héroe héroe y a
+su cantor cantor celebrado, y al santo santo y al poderoso poderoso.
+
+Aquí dice el historiador una verdad como un templo, cual es _que tiene
+para sí ser tan locos los burladores como los burlados, y que no
+estaban los Duques a dos dedos de parecer tontos, pues tanto ahinco
+ponían en burlarse de dos tontos_... Alto aquí, que ni a Don Quijote
+ni a Sancho puede llamárseles tontos y sí a los Duques, que lo eran y
+de remate y capirote, y tontos, como todos los tontos suelen serlo,
+maliciosos y bellacos. No hay, en efecto, tonto bueno; el tonto, y más
+si es amigo de burlas, rumia el pasto amargo de la envidia. En el fondo
+no perdonaban los Duques a Don Quijote el renombre por éste adquirido y
+aspiraban a unir su nombre al nombre inmortal del Caballero. Pero bien
+los castigó el sabio historiador pasando en silencio sus nombres, con
+lo cual no lograron su propósito. En _los Duques_ a secas se quedarán,
+y como cifra y compendio de Duques sandios y mal intencionados.
+
+Poco después de la resurrección de Altisidora, entró esta
+desenvueltísima doncella en el aposento de Don Quijote, y en la plática
+que allí tuvieron dijo el Caballero aquellas memorables palabras de _no
+hay otro yo en el mundo_, sentencia hermana melliza de aquella otra de:
+_¡yo sé quién soy!_
+
+¡No hay otro yo en el mundo! He aquí una sentencia que deberíamos
+no olvidar nunca, y sobre todo cuando al acongojarnos por tener que
+desaparecer un día, nos vengan con la ridícula monserga de que somos
+un átomo en el Universo y que sin nosotros siguen los astros su curso
+y que el Bien ha de realizarse hasta sin nuestro concurso y que es
+soberbia imaginar que toda esta inmensa fábrica se hizo para nuestra
+salud. ¡No hay otro yo en el mundo! Cada uno de nosotros es único e
+insustituíble.
+
+¡No hay otro yo en el mundo! Cada cual de nosotros es absoluto. Si hay
+un Dios que ha hecho y conserva el mundo, lo ha hecho y lo conserva
+para mí! ¡No hay otro yo! Los habrá mayores y menores, mejores y
+peores, pero no otro yo. Yo soy algo enteramente nuevo; en mí se resume
+una eternidad de pasado y de mí arranca una eternidad de porvenir. ¡No
+hay otro yo! Esta es la única base sólida del amor entre los hombres,
+porque tampoco hay otro tú que tú, ni otro él que él.
+
+Prosiguió la plática y en ella mostró la liviana Altisidora que aun
+en burlas y todo, le dolía el desvío de Don Quijote. Imposible es que
+una doncella finja en chanzas enamorarse y no lleve a mal el que no se
+la corresponda en veras. Y fué tal su irritación por no haber logrado
+esto, que llamando a Don Quijote _don vencido y don molido a palos_, le
+declaró que lo de la resurrección había sido una burla.
+
+Este rasgo debía bastar para convencernos de cuán real y verdadera es
+la historia que estoy explicando y comentando, porque esto de acabar
+por tomar en veras las burlas la desdeñada doncella, es de las cosas
+que no se inventan ni pueden inventarse. Y tengo para mí que si Don
+Quijote flaquea y cede y la requiere, se le entrega ella en cuerpo y
+alma, aunque sólo fuera para poder decir luego que fué poseída por un
+loco cuya fama llenaba el mundo entero. Todo el mal de aquella doncella
+nacía de ociosidad, según declaró a los Duques el mismo Don Quijote.
+Sin duda, pero falta saber de qué género de ociosidad nacía su mal.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO LXXI
+
+ De lo que a Don Quijote le sucedió con su escudero Sancho yendo a su
+ aldea.
+
+
+Salieron amo y escudero de casa de los Duques y reanudaron camino de
+su aldea. Y yendo de camino ofreció Don Quijote a Sancho pagarle los
+azotes, _a cuyos ofrecimientos abrió Sancho los ojos y las orejas de un
+palmo, y dió consentimiento en su corazón a azotarse de buena gana_,
+pues el amor de sus hijos y de su mujer le hacía mostrarse interesado,
+según declaró él mismo. Estimólos Sancho en ochocientos veinticinco
+reales, y Don Quijote exclamó: _¡Oh Sancho bendito! ¡oh Sancho amable!
+y cuán obligados hemos de quedar Dulcinea y yo a servirte todos los
+días que el cielo nos diere de vida!_ Y llegada la noche se retiró
+Sancho entre unos árboles y _haciendo del cabestro y de la jáquima del
+rucio un poderoso y flexible azote_, desnudóse de medio cuerpo arriba,
+_comenzó a darse y comenzó Don Quijote a contar los azotes_. A los
+seis u ocho pidió Sancho aumento de precio y se lo dobló su amo, _pero
+el socarrón dejó de dárselos en las espaldas, y daba en los árboles,
+on unos suspiros de cuando en cuando, que parecía que con cada uno de
+ellos se le arrancaba el alma_.
+
+Mira, Sancho, esto que a cuenta de tus azotes pasó entre tu amo y tú,
+es un perfecto símbolo de lo que en tu vida pasa. Ya te dije que de
+tus azotes vivimos todos, incluso los que filosofamos sobre ellos o
+los ponemos en coplas. Tiempo hay en que se te quiere obligar por la
+fuerza a que te azotes, y se te esclaviza, pero llega día en que haces
+lo que hiciste con tu amo y señor natural Don Quijote, y es desmandarte
+contra quien te quiere forzar a que te azotes y poner tu rodilla sobre
+su pecho y exclamar: _¡mi amo soy yo!_ Y entonces se cambia de táctica
+y se te ofrece pagarte los azotes, lo cual es un nuevo engaño, pues
+que de ellos sale también la paga que por ellos te dan. Y tú, pobre
+Sancho, movido del amor a tus hijos y a tu mujer, accedes y te dispones
+a azotarte. Pero ¿cómo has de hacerlo con voluntad y de veras, si no
+estás persuadido del valer de tus azotes? Das seis u ocho en tu cuerpo
+y los tres mil doscientos noventa y dos restantes en los árboles y lo
+más de tu trabajo se pierde. Lo más del trabajo humano se pierde, y
+es natural que así sea, porque ¿con qué devoción va a pulir joyas un
+infeliz que las pule para ganarse el pan mas sin estar persuadido del
+valor social de las tales joyas? ¿con qué ahinco hará juguetes para los
+hijos de los ricos el que haciéndolos saca el pan para los suyos, que
+no tienen con qué jugar?
+
+Trabajo de Sísifo es lo más del trabajo humano y el pueblo no tiene
+conciencia de que es sólo un pretexto para que le den jornal, y no como
+cosa suya, sino como algo ajeno que le hacen la merced de dejárselo
+ganar. El toque está en que reciba Sancho su salario como cosa que no
+le pertenece sino en virtud de los azotes que se hubiera dado y porque
+le han hecho la merced de proporcionarle azotina, y para sostener y
+perpetuar la mentira del derecho de propiedad y del acaparamiento de la
+tierra por los poderosos, se inventan azotes, por absurdos que ellos
+sean. Y así se azota Sancho con el mismo empeño con que desenchinarran
+calles esos desgraciados a los que en los meses de invierno, cuando
+escasean azotes, les mandan los Municipios a desenchinarrar calles para
+volverlas a enchinarrar y con ello justificar la limosna vergonzante
+que se les reparte.
+
+Tela de Penélope y tonel de las Danaides es lo más de tu azotina,
+Sancho; el caso es que te cueste ganarte el pan y que tengas que
+agradecérselo a los que te proporcionan azotes, y que reconozcas que
+te pagan de lo suyo y no pongas tu pie en sus hanegas de sembradura
+como en su pecho pusiste la rodilla. Haces, pues, muy bien en desollar
+los árboles a jaquimazos, pues lo mismo te han de pagar, ya que te
+pagan no porque te azotes, sino por que no te rebeles. Haces muy bien,
+pero harías mejor si volvieras la jáquima alguna vez contra tus amos y
+los azotaras a ellos y no a los árboles y los echaras a azotes de sus
+hanegas de sembradura, o que las aren y siembren ellos contigo y como
+cosa de los dos.
+
+
+
+
+ CAPÍTULOS LXXII Y LXXIII
+
+ De cómo Don Quijote y Sancho llegaron a su aldea.
+
+
+Prosiguiendo su camino, se encontraron en el mesón con D. Álvaro Tarfe;
+a los dos días acabó con sus azotes Sancho y a poco divisaron la aldea.
+Entraron en ella y en sus casas. Y al declarar Don Quijote al cura y al
+bachiller su propósito de que se hicieran pastores, descubrió Carrasco
+su mal, la locura pegada por Don Quijote y que le llevó a vencer a
+éste, al decir lo de _como ya todo el mundo sabe, yo soy celebérrimo
+poeta_. ¿No os dije que el bachiller estaba tocado de la misma locura
+del hidalgo? ¿No había acaso soñado entre las doradas piedras de
+Salamanca, sueño de no morir?
+
+Acudió el ama al oir lo de los pastores a aconsejar a su amo y le dijo:
+_estése en su casa, atienda a su hacienda, confiese a menudo, favorezca
+a los pobres y sobre mi ánima si mal le fuere_.
+
+Esta buena ama habla poco, pero cuando rompe a hablar se vacía en pocas
+palabras. ¡Y qué bien discurre! ¡con cuánto seso! Lo que aconsejó a su
+amo es lo que nos aconsejan los que dicen querernos bien.
+
+¡Querernos bien!... ¡querernos bien!... ¡Ay cariño, cariño, y qué miedo
+te tengo! Así que oigo a un amigo lo de «yo te quiero bien» o «haga
+caso de los que bien le queremos» me echo a temblar. Los que me quieren
+bien... ¿y quiénes me quieren bien? Los que quieren que sea como ellos
+quieren para quererme. ¡Ay Cariño, cariño, terrible cariño que nos
+lleva a buscar en el querido el que de él hicimos! ¿Quién me quiere
+como soy? Tú, Tú sólo, Dios mío, que queriéndome me creas de continuo,
+pues es mi existencia misma obra de tu eterno amor.
+
+_Estése en su casa_... ¿Y por qué he de estarme en casa? Estése cada
+uno en la suya y no habrá Dios que esté en la de todos.
+
+_Atienda a su hacienda_... ¿Y cuál es mi hacienda? Mi hacienda es mi
+gloria.
+
+_Confiese a menudo_... Mi vida y mi obra son una confesión perpetua.
+Desgraciado del hombre que tiene que recogerse a tiempos y lugares para
+confesarse. Eso de la confesión de que habla el ama de Don Quijote ¿no
+nos educa acaso a ser reservados y chismosos a la vez?
+
+_Favorezca a los pobres_... Sí, pero a los verdaderos pobres, a los
+pobres de espíritu y no con el favor que ellos piden, sino con el que
+necesitan.
+
+Mira, lector, aunque no te conozco te quiero tanto que si pudiese
+tenerte en mis manos te abriría el pecho y en el cogollo del corazón te
+rasgaría una llaga y te pondría allí vinagre y sal para que no pudieses
+descansar nunca y vivieras en perpetua zozobra y en anhelo inacabable.
+Si no he logrado desasosegarte con mi Quijote es, créemelo bien, por mi
+torpeza y porque este muerto papel en que escribo ni grita, ni chilla,
+ni suspira, ni llora, porque no se hizo el lenguaje para qué tú y yo
+nos entendiéramos.
+
+Y ahora vamos a asistir a bien morir a Don Quijote.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO LXXIV
+
+De cómo Don Quijote cayó malo, y del testamento que hizo, y su muerte.
+
+
+ Dió el alma a quien se la dió,
+ El Cual la ponga en el cielo
+ y en su gloria,
+ y aunque la vida murió,
+ nos dejó harto consuelo
+ su memoria.
+
+ (Final de las coplas que Jorge Manrique
+ compuso a la muerte de su padre D. Rodrigo
+ Manrique, gran maestre de Santiago.)
+
+
+Llegamos al cabo, oh lector, al remate de esta lastimosa historia; a
+la coronación de la vida de Don Quijote, o sea a su muerte. Pues toda
+vida se corona y completa en muerte y a la luz de la muerte es como hay
+que mirar la vida. Y tan es así, que aquella antigua máxima que dice
+«cual fué la vida tal será la muerte»--_sicut vita finis ita_--habrá
+que cambiarla diciendo «cual es la muerte, tal fué la vida». Una muerte
+buena y gloriosa abona y glorifica la vida toda, por mala e infame
+que ésta hubiese sido, y una muerte mala malea la vida al parecer más
+buena. En la muerte se revela el misterio de la vida, su secreto fondo.
+En la muerte de Don Quijote se reveló el misterio de su vida quijotesca.
+
+Seis días estuvo encamado con calentura, desahucióle el médico,
+quedóse solo y durmió más de seis horas de un tirón. _Despertó al
+cabo del tiempo dicho, y dando una gran voz dijo: Bendito sea el
+poderoso Dios que tanto bien me ha hecho. En fin, sus misericordias
+no tienen límite, ni las abrevian ni impiden los pecados de los
+hombres._ ¡Piadosísimas palabras! Preguntóle la sobrina qué le pasaba
+y respondió: _Las misericordias, sobrina, son las que en este instante
+ha usado Dios conmigo, a quien, como dije, no las impiden mis pecados.
+Yo tengo juicio ya libre y claro, sin las sombras caliginosas de la
+ignorancia, que sobre él me pusieron mi amarga y continua leyenda de
+los detestables libros de caballerías. Yo conozco sus disparates y sus
+embelecos, y no me pesa sino que este desengaño ha llegado tan tarde,
+que no me deja tiempo para hacer alguna recompensa, leyendo otros que
+sean luz del alma. Yo me siento, sobrina, a punto de muerte; quería
+hacerla de tal modo que diese a entender que no había sido mi vida tan
+mala que dejase renombre de loco: que puesto que lo he sido, no querría
+confirmar esta verdad en mi muerte._
+
+¡Pobre Don Quijote! A lindero de morir y a la luz de la muerte confiesa
+y declara que no fué su vida sino sueño de locura. ¡La vida es sueño!
+Tal es, en resolución última, la verdad a que con su muerte llega Don
+Quijote y en ella se encuentra con su hermano Segismundo.
+
+Mas todavía lamenta no poder leer otros libros, que sean luz del alma.
+¿Libros? ¿Pero es, noble hidalgo, que no estás desengañado ya de
+ellos? Libros te metieron a caballero andante, libros te llevaban a
+ser pastor; ¿y si esos libros que sean luz del alma te meten en otras,
+aunque nuevas caballerías? ¿Será cosa de recordar aquí, una vez más,
+a Íñigo de Loyola en cama, herido, en Pamplona, pidiendo le llevasen
+libros de caballerías para matar con ellos el tiempo y dándole la vida
+de Cristo Nuestro Señor y el FLOS SANCTORUM, los que le empujaron a
+meterse a ser caballero andante a lo divino?
+
+Llamó Don Quijote a sus buenos amigos el cura, el bachiller Sansón
+Carrasco y a Maese Nicolás el barbero, y pidió confesarse y hacer
+testamento. Y apenas vió entrar a los tres les dijo: _dadme albricias,
+buenos señores, de que ya yo no soy Don Quijote de la Mancha, sino
+Alonso Quijano, a quien mis costumbres me dieron renombre de bueno_.
+Pocos días hace que hablando con D. Álvaro de Tarfe y al llamarle éste
+bueno, le dijo: _yo no sé si soy bueno, pero sé decir que no soy el
+malo_, tal vez recordando aquello del Evangelio: «¿por qué me llamas
+bueno? Ninguno es bueno sino uno: Dios» (Mat., XIX, 17) y ahora a pique
+de morir y por la luz de la muerte alumbrado, dice que sus costumbres
+le dieron _renombre de bueno_. ¡Renombre! ¡renombre! y ¡cuán dura
+de arrancar es, Don Quijote mío, la raíz de la locura de tu vida!
+¡Renombre de bueno! ¡renombre!
+
+Siguió disertando piadosamente, abominó de Amadís de Gaula y _de toda
+la infinita caterva de su linaje_, y al oirle creyeron los tres _que
+alguna nueva locura le había tomado_. Y así era en verdad, que le tomó
+la última locura, la no curadera, la de la muerte. La vida es sueño, de
+cierto, pero dinos, desventurado Don Quijote, tú que despertaste del
+sueño de tu locura para morir abominando de ella, dinos, ¿no es sueño
+también la muerte? ¡Ah, y si fuera sueño eterno y sueño sin ensueños ni
+despertar, entonces, querido Caballero, en qué más valía la cordura de
+tu muerte que la locura de tu vida? Si es la muerte sueño, Don Quijote
+mío, ¿por qué han de ser molinos los gigantes, carneros los ejércitos,
+zafia labradora Dulcinea y burladores los hombres? Si es la muerte
+sueño, locura y sólo honda locura fué tu anhelo de inmortalidad.
+
+Y si fué sueño y vanidad tu locura ¿qué sino sueño y vanidad es todo
+heroísmo humano, todo esfuerzo en pro del bien del prójimo, toda
+ayuda a los menesterosos y toda guerra a los opresores? Si fué sueño
+y vanidad tu locura de no morir, entonces sólo tienen razón en el
+mundo los bachilleres Carrascos, los Duques, los Don Antonio Moreno,
+cuantos burladores, en fin, hacen del valor y de la bondad pasatiempo y
+regocijo de sus ocios. Si fué sueño y vanidad tu ansia de vida eterna,
+toda la verdad se encierra en aquellos versos de la Odisea:
+
+ τὸν δὲ ζεοὶ μὲν τεῦξαν, ἐπεxλώσαντο δ'δλεζρον
+ ἀνζρώποις ΐνα ᾖσι xαὶ ἐσσομένοισιν ἀοιδή
+
+ (VIII, 579-580)
+
+«Los dioses traman y cumplen la perdición de los mortales para que los
+venideros tengan algo que cantar». Y entonces sí que podemos decir
+con Segismundo, tu hermano, que «el delito mayor del hombre es haber
+nacido». Más nos valiera, si eso así fuese, no haber visto la luz del
+sol ni haber recogido en nuestro pecho el aire de la vida.
+
+¿Qué te arrastró, Don Quijote mío, a tu locura de renombre y fama y
+a tu ansia de sobrevivir con gloria en los recuerdos de los hombres,
+sino tu ansia de no morir, tu anhelo de inmortalidad, esa herencia que
+heredamos de nuestros padres, «que tenemos un apetito de divinidad y
+una locura y frenesí de querer ser más de lo que somos», para servirme
+de palabras del Padre Alonso Rodríguez, tu contemporáneo (EJERCICIO
+DE PERFECCIÓN Y VIRTUDES CRISTIANAS, tratado octavo, cap. XV)? ¿Qué
+es sino el espanto de tener que llegar a ser nada lo que nos empuja a
+querer serlo todo, como único remedio para no caer en ese tan pavoroso
+de anonadarnos?
+
+Pero allí estaba Sancho, en la cumbre de su fe, a que llegó después de
+tantos tumbos, arredros y tropiezos, y Sancho al oirle tan desengañado,
+le dijo: _¿ahora, señor Don Quijote, que tenemos nueva que está
+desencantada la señora Dulcinea, sale vuesa merced con eso; y ahora
+que estamos tan a pique de ser pastores para pasar la vida cantando
+como unos príncipes, quiere vuesa merced hacerse ermitaño? Calle por su
+vida, vuelva en sí, y déjese de cuentos_. ¡Notables palabras! _¡Vuelva
+en si! ¡Vuelva en sí y déjese de cuentos!_ Mas ¡ay! amigo Sancho, que
+tu amo no puede ya volver en sí, sino que ha de volver al seno de la
+tierra todoparidora, que a todos nos da a luz y a todos nos recoge en
+sombras. ¡Pobre Sancho, que te quedas solo con tu fe, con la fe que dió
+tu amo!
+
+¡Déjese de cuentos! _Los de hasta aquí--replicó Don Quijote--que han
+sido verdaderos en mi daño, los ha de volver mi muerte, con ayuda
+del cielo, en mi provecho._ Sí, Don Quijote mío, esos cuentos son tu
+provecho. Tu muerte fué aún más heroica que tu vida, porque al llegar
+a ella cumpliste la más grande renuncia, la renuncia de tu gloria, la
+renuncia de tu obra. Fué tu muerte encumbrado sacrificio. En la cumbre
+de tu pasión, cargado de burlas, renuncias no a ti mismo, sino a algo
+más grande que tú: a tu obra. Y la gloria te acoja para siempre.
+
+_Hizo salir la gente el cura, y quedóse solo con él y confesóle. Y
+acabóse la confesión y salió el cura diciendo: verdaderamente se muere
+y verdaderamente está cuerdo Alonso Quijano el Bueno; bien podemos
+entrar para que haga su testamento._ Rompieron a llorar Sancho, el ama
+y la sobrina, porque en verdad _en tanto que Don Quijote fué Alonso
+Quijano el Bueno a secas, y en tanto que fué Don Quijote de la Mancha,
+fué siempre de apacible condición y de agradable trato, y por esto
+no sólo era bien querido de los de su casa, sino de todos cuantos le
+conocían_. Fué siempre bueno, bueno sobre todo y ante todo, bueno con
+bondad nativa, y esta bondad que sirvió de cimiento a la cordura de
+Alonso Quijano y a su muerte ejemplar, esta misma bondad sirvió de
+cimiento a la locura de Don Quijote y a su ejemplarísima vida. La raíz
+de tu locura de inmortalidad, la raíz de tu anhelo de vivir en los
+inacabables siglos, la raíz de tu ansia de no morir, fué tu bondad,
+Don Quijote mío. El bueno no se resigna a disiparse, porque siente que
+su bondad hace parte de Dios, del Dios que es Dios no de los muertos,
+sino de los vivos, pues para él viven todos. La bondad no teme ni al
+infinito ni a lo eterno; la bondad reconoce que sólo en alma humana se
+perfecciona y acaba; la bondad sabe que es una mentira la realización
+del Bien en el proceso de la especie. El toque está en ser bueno, sea
+cual fuere el sueño de la vida. Ya lo dijo Segismundo (jornada II,
+escena IV),
+
+ que estoy soñando y que quiero
+ obrar bien, pues no se pierde
+ el hacer bien aun en sueños.
+
+Y si la bondad nos eterniza ¿qué mayor cordura que morirse?
+_Verdaderamente se muere y verdaderamente está cuerdo Alonso Quijano el
+Bueno_; muere a la locura de la vida, despierta de su sueño.
+
+Hizo Don Quijote su testamento y en él la mención de Sancho que éste
+se merecía, pues si loco fué su amo parte a darle el gobierno de la
+ínsula, _pudiera estando cuerdo darle el de un reino, se le diera,
+porque la sencillez de su condición y fidelidad de su trato lo merece_.
+Y volviéndose a Sancho, quiso quebrantarle la fe y persuadirle de que
+no había habido caballeros andantes en el mundo, a lo cual Sancho,
+henchido de fe y loco de remate cuando su amo se moría cuerdo,
+respondió llorando: _Ay, no se muera vuesa merced, señor mío, sino tome
+mi consejo y viva muchos años, porque la mayor locura que puede hacer
+un hombre en esta vida es dejarse morir sin más ni más_. ¿La mayor
+locura, Sancho?
+
+ “Y consiento en mi morir
+ con voluntad placentera
+ clara y pura;
+ que querer hombre vivir
+ cuando Dios quiere que muera,
+ es locura”
+
+pudo contestarte tu amo, con palabras del Maestre D. Rodrigo Manrique,
+tales cuales en su boca las pone su hijo D. Jorge, el de las coplas
+inmortales.
+
+Y dicho lo de la locura de dejarse morir, volvió Sancho a las andadas,
+hablando a Don Quijote del desencanto de Dulcinea y de los libros de
+caballerías. ¡Oh heroico Sancho, y cuán pocos advierten el que ganaste
+la cumbre de la locura cuando tu amo se despeñaba en el abismo de
+la sensatez, y que sobre su lecho de muerte irradiaba tu fe, tu fe,
+Sancho, la fe de ti que ni has muerto ni morirás! Don Quijote perdió
+su fe y murióse, tú la cobraste y vives; era preciso que él muriera en
+desengaño, para que en engaño vivificante vivas tú.
+
+¡Oh Sancho, y cuán melancólico es tu recuerdo de Dulcinea ahora en
+que tu amo se prepara al trance de la muerte! Ya no es Don Quijote,
+sino Alonso Quijano el Bueno, el tímido hidalgo que se pasó doce años
+queriendo como a la lumbre de sus ojos, de esos ojos que en breve ha de
+comerse la tierra, a Aldonza Lorenzo, la hija de Lorenzo Corchuelo y de
+Aldonza Nogales, la del Toboso. Al recordarle, Sancho, en su lecho de
+muerte a su dama, le recuerdas a la garrida moza a la que sólo gozó, a
+hurtadillas, con los ojos cuatro veces en doce largos años de soledad y
+de recato. La vería el hidalgo ahora casada ya, rodeada de sus hijos,
+gloriándose en su marido, haciendo fructificar la vida en el Toboso.
+Y entonces, en su lecho de muerte de soltero, pensó acaso que pudo
+haberla llevado a él y haber bebido de ella en él la vida. Y habría
+muerto sin gloria, sin que Dulcinea le llamase desde el cielo de la
+locura, pero sintiendo sobre sus labios fríos los ardientes labios de
+Aldonza, y rodeado de sus hijos en quienes perviviría. ¡Tenerla allí,
+en el lecho en que morías, buen hidalgo, y en que se habrían confundido
+antes veces en una sola vuestras sendas vidas; tenerla allí, cogida de
+su mano tu mano y dándote así con la suya un calor que de la tuya se
+escapaba, y ver llegar la luz encegadora del último misterio, luz de
+tinieblas, en sus ojos llorosos y despavoridos, fijos en los cuales
+pasarían a la eterna visión los tuyos! Te morías sin haber gozado del
+amor, del único amor que a la muerte vence. Y entonces, al oir a Sancho
+hablar de Dulcinea, debiste de repasar en tu corazón aquellos doce
+largos años de la tortura de vergonzosidad invencible. Fué tu último
+combate, mi Don Quijote, del que ninguno de los que te rodeaban en tu
+lecho de muerte se dió cata.
+
+Acudió el bachiller en ayuda de Sancho, y al oirlo dijo Don Quijote
+con mortal sosiego: _Señores, vámonos poco a poco, pues ya en los
+nidos de antaño no hay pájaros ogaño: yo fuí loco y ya soy cuerdo; fuí
+Don Quijote de la Mancha, y soy ahora, como he dicho, Alonso Quijano
+el Bueno: pueda con vuesas mercedes mi arrepentimiento y mi verdad
+volverme a la estimación que de mí se tenía._ Sanaste, Caballero,
+para morir; volviste a ser Alonso Quijano el Bueno para morir. Mira,
+pobre Alonso Quijano, mira a tu pueblo y ve si no sanará de su locura
+para morirse luego. Molido y maltrecho y después de que allá, en las
+Américas, acabaron de vencerle, retorna a su aldea, ¿A curar de su
+locura? ¡Quién sabe!... Tal vez a morir. Tal vez a morir si no quedara
+Sancho, que te reemplazará lleno de fe. Porque tu fe, Caballero, se
+atesora en Sancho hoy.
+
+Sancho, que no ha muerto, es el heredero de tu espíritu, buen hidalgo,
+y esperamos tus fieles en que Sancho sienta un día que se le hincha
+de quijotismo el alma, que le florecen los viejos recuerdos de su
+vida escuderil, y vaya a tu casa y se revista de tus armaduras, que
+hará se las arregle a su talla y cuerpo el herrero del lugar, y saque
+a Rocinante de su cuadra y monte en él, y embrace tu lanza, la lanza
+con que diste libertad a los galeotes y derribaste al Caballero de los
+Espejos, y sin hacer caso de las voces de tu sobrina, salga al campo
+y vuelva a la vida de aventuras, convertido de escudero en caballero
+andante. Y entonces, Don Quijote mío, entonces es cuando tu espíritu
+se asentará en la tierra. Es Sancho, es tu fiel Sancho, es Sancho el
+bueno, el que enloqueció cuando tú curabas de tu locura en tu lecho de
+muerte, es Sancho el que ha de asentar para siempre el quijotismo sobre
+la tierra de los hombres. Cuando tu fiel Sancho, noble Caballero, monte
+en tu Rocinante, revestido de tus armas y embrazando tu lanza, entonces
+resucitarás en él, y entonces se realizará tu ensueño. Dulcinea os
+cogerá a los dos y estrechándoos con sus brazos contra su pecho, os
+hará uno solo.
+
+_Vámonos poco a poco, pues ya en los nidos de antaño no hay pájaros
+ogaño; disipóse el sueño._
+
+ “Y la experiencia me enseña
+ que el hombre que vive sueña
+ lo que es, hasta dispertar.
+ Sueña el rey que es rey y vive
+ con este engaño mandando,
+ disponiendo y gobernando.”
+
+ (LA VIDA ES SUEÑO, II, 19)
+
+Soñó Don Quijote que era caballero andante hasta que todas sus aventuras
+
+ “en cenizas le convierte
+ la muerte--¡desdicha fuerte!”
+
+ (II, 19)
+
+¿Qué fué la vida de Don Quijote?
+
+ “¿Qué es la vida? Una ilusión,
+ una sombra, una ficción,
+ y el mayor bien es pequeño;
+ que toda la vida es sueño
+ y los sueños sueños son.”
+
+ (II, 19)
+
+_¡Ay, no se muera vuesa merced, señor mío, sino tome mi consejo y viva
+muchos años!_
+
+ “¿Otra vez?--¡qué es esto, cielos!--
+ ¿queréis que sueñe grandezas
+ que ha de deshacer el tiempo?
+ ¿Otra vez queréis que vea
+ entre sombras y bosquejos
+ la majestad y la pompa
+ desvanecida del viento?”
+
+ (III, 3)
+
+_Señores, vámonos poco a poco, pues ya en los nidos de antaño no hay
+pájaros ogaño._
+
+ "Idos, sombras que fingís
+ hoy a mis sentidos muertos
+ cuerpo y voz, siendo verdad
+ que ni tenéis voz ni cuerpo;
+ que no quiero majestades
+ fingidas, pompas no quiero
+ fantásticas, ilusiones
+ que al soplo menos lijero
+ del aura han de deshacerse,
+ bien como el florido almendro
+ que por madrugar sus flores
+ sin aviso y sin consejo,
+ al primer soplo se apagan,
+ marchitando y desluciendo
+ de los rosados capullos
+ belleza, luz y ornamento.”
+
+ (III, 70)
+
+Dejadme, que digo con mi hermana Teresa de Jesús:
+
+ Aquella vida de arriba
+ es la vida verdadera:
+ hasta que esta vida muera
+ no se goza estando viva:
+ muerte, no me seas esquiva:
+ vivo muriendo primero,
+ que muero porque no muero.
+
+_¡Señores, vámonos poco a poco, pues ya en los nidos de antaño no hay
+pájaros ogaño!_ O como dijo Íñigo de Loyola cuando al tiempo de ir a
+despertar del sueño de la vida, ya espirante, querían darle un poco
+de sustancia: «ya no es tiempo deso» (Rivadeneira, lib. IV, capítulo
+XVI) y murió Íñigo como había de morir unos cincuenta años más tarde
+Don Quijote, sencillamente, sin comedia alguna, sin reunir gente en
+torno de su lecho ni hacer espectáculo de la muerte, como se mueren los
+verdaderos santos y los verdaderos héroes, casi como los animales se
+mueren: acostándose a morir.
+
+Siguió dictando el buen Alonso Quijano su testamento y mandó toda
+su hacienda a puerta cerrada a Antonia Quijana, su sobrina, mas
+imponiéndola como obligación para el disfrute de ella que _si quiere
+casarse, se case con hombre de quien primero se haya hecho información
+que no sabe qué cosa sean libros de caballerías; y en caso que se
+averiguare que lo sabe y con todo eso mi sobrina quiere casarse con
+él y se casare, pierda todo lo que le he mandado, lo cual puedan mis
+albaceas distribuir en obras pías a su voluntad_.
+
+Y ¡qué bien calaba Don Quijote que entre el oficio de marido y de
+caballero andante hay mutua y fortísima irreductibilidad! Y al dictar
+esto ¿no pensaría acaso el buen hidalgo en su Aldonza y que de haber él
+roto el sello de su demasiado amor se habría ahorrado las malandanzas
+caballerescas, preso junto al fogón del hogar por los brazos de ella?
+
+Tu testamento se cumple, Don Quijote, y los mozos de esta tu patria
+renuncian a todas las caballerías para poder gozar de las haciendas de
+tus sobrinas, que son casi todas las españolas, y gozar de las sobrinas
+mismas. En sus brazos se ahoga todo heroísmo. Tiemblan de que a sus
+novios y maridos les dé la ventolera por donde le dió a su tío. Es tu
+sobrina, Don Quijote, es tu sobrina la que hoy reina y gobierna en tu
+España; es tu sobrina, no Sancho. Es la medrosica, casera y encojada
+Antonia Quijana, la que temía te diese por dar en poeta, _enfermedad
+incurable y pegadiza_; la que ayudó con tanto celo al cura y al
+barbero a quemar tus libros; la que te aconsejaba no te metieses en
+pendencias ni fueses por el mundo en busca de pan de trastrigo; la que
+se te atrevió a asegurar en tus barbas que todo eso de los caballeros
+andantes es fábula y mentira, doncellesco atrevimiento que te obligó
+a exclamar: _Por el Dios que me sustenta, que si no fueras mi sobrina
+derechamente como hija de mi misma hermana, que había de hacer un tal
+castigo en ti, por la blasfemia que has dicho, que sonara por todo el
+mundo_; es ésta, la _rapaza que apenas sabe menear doce palillos de
+randas_ y se atrevía a poner lengua en las historias de los caballeros
+andantes y a censurarlas, es ésta la que maneja y zarandea y asenderea
+como a unos dominguillos a los hijos de tu España. No es Dulcinea del
+Toboso, no; no es tampoco Aldonza Lorenzo, por la que se suspira doce
+años sin haberla visto sino sólo cuatro veces y sin haberla confesado
+amor; es Antonia Quijana, la que apenas sabe menear doce palillos de
+randas y menea a los hombres de hoy en tu patria.
+
+Es Antonia Quijana la que por mezquindad de espíritu, por creer a su
+marido pobre, le retiene y le impide lanzarse a heroicas aventuras
+en que cobre eterno nombre y fama. ¡Si fuese siquiera Dulcinea!...
+Dulcinea, sí; por extraño que nos parezca, Dulcinea puede moverle a uno
+a renunciar a toda gloria, a que se dé la gloria de renunciar a ella.
+Dulcinea, o mejor dicho, Aldonza. Aldonza, la ideal, puede decirle:
+«Ven, ven acá a mis brazos y deshaz en lágrimas tus ansias sobre mi
+pecho, ven acá; ya veo, veo para ti un empinado tormo en los siglos de
+los hombres, un picacho en que te contemplen tus hermanos todos; te veo
+aclamado por sus generaciones, pero ven a mí y por mí renuncia a todo
+eso, serás así más grande, mi Alonso, serás más grande. Toma mi boca
+entera y hártala de calientes besos en su silencio, y renuncia a que
+ande en frío tu nombre en bocas de los que no has de conocer nunca.
+¿Oirás luego de muerto lo que de ti digan? ¡Sepulta en mi pecho todo
+tu amor, que si él es grande, mejor es que lo sepultes en mí a no que
+lo desparrames entre los hombres pasajeros y casquivanos! No merecen
+admirarte, mi Alonso, no merecen admirarte. Serás para mí sola y así
+serás mejor para el Universo todo y para Dios. Parecerán así perdidos
+tu poderío y tu heroísmo, mas no hagas caso, ¿sabes, por ventura, el
+efluvio inmenso de vida que, sin nadie notarlo, se desprende de un amor
+heroico y callado y se desparrama luego por más allá de los hombres
+todos hasta el confín de las últimas estrellas? ¿Sabes la misteriosa
+energía que irradia a todo un pueblo y a sus generaciones venideras
+hasta la consumación de los siglos de una feliz pareja donde se asienta
+el amor triunfante y silencioso? ¿Sabes lo que es conservar el fuego
+sagrado de la vida y aun encenderlo más y más en un culto callado y
+recogido? El amor con sólo amar y sin hacer otra cosa cumple una labor
+heroica. Ven y renuncia a toda acción entre mis brazos, que este tu
+reposo y tu oscurecimiento en ellos serán fuente de acciones y de
+claridades para los que nunca sabrán tu nombre. Cuando hasta el eco de
+tu nombre se disipe en el aire, al disiparse éste, aún el rescoldo de
+tu amor calentará las ruinas de los orbes. Ven y date a mí, Alonso,
+que aunque no salgas a los caminos a enderezar entuertos, tu grandeza
+no habrá de perderse, pues en mi seno nada se pierde. Ven, que yo te
+llevaré desde el reposo de mi regazo al reposo final e inacabable».
+
+Así podría hablar Aldonza, y sería grande Alonso renunciando en sus
+brazos a toda gloria; pero tú, Antonia, tú no sabes hablar así. Tú no
+crees que el amor vale más que la gloria; tú lo que crees es que ni el
+amor ni la gloria valen el amodorrador sosiego del hogar, que ni el
+amor ni la gloria valen la seguridad de los garbanzos; tú crees que el
+Coco se lleva a los que duermen poco, y no sabes que el amor, lo mismo
+que la gloria, no duerme, sino vela.
+
+Acabó de hacer su testamento Alonso Quijano, recibió los sacramentos,
+abominó de nuevo de los libros de caballerías, y _entre compasiones y
+lágrimas de los que allí se hallaban, dió su espíritu; quiero decir que
+se murió_, agrega el historiador.
+
+_¡Dió su espíritu!_ ¿Y a quién se lo dió? Dónde está hoy? ¿dónde sueña?
+¿dónde vive? ¡cuál es el abismo de la cordura en que van a descansar
+las armas curadas del sueño de la vida, de la locura de no morir? ¡Oh
+Dios mío; Tú que diste vida y espíritu a Don Quijote en la vida y en
+el espíritu de su pueblo; Tú que inspiraste a Cervantes esa epopeya
+profundamente cristiana; Tú, Dios de mi sueño, ¿dónde acoges los
+espíritus de los que atravesamos este sueño de la vida tocados de la
+locura de vivir por los siglos de los siglos venideros? Nos diste el
+ansia de renombre y fama, como sombra de tu gloria; pasará el mundo
+¿pasaremos con él también nosotros. Dios mío?
+
+¡La vida es sueño! ¿Será acaso también sueño, Dios mío, este tu
+Universo de que eres la Conciencia eterna e infinita? ¿será un sueño
+tuyo? ¿será que nos estás soñando? ¿Seremos sueño, sueño tuyo, nosotros
+los soñadores de la vida? Y si así fuese ¿qué será del Universo todo,
+qué será de nosotros, qué será de mí cuando Tú, Dios de mi vida,
+despiertes? ¡Suéñanos, Señor! Y ¿no será tal vez que despiertas para
+los buenos cuando a la muerte despiertan ellos del sueño de la vida?
+¿Podemos acaso nosotros, pobres sueños soñadores, soñar lo que sea la
+vela del hombre en tu eterna vela, Dios nuestro? ¿No será la bondad
+resplandor de la vigilia en las oscuridades del sueño? Mejor que
+indagar tu sueño y nuestro sueño, escudriñando el Universo y la vida,
+mejor mil veces obrar el bien,
+
+ pues no se pierde
+ el hacer bien, ni aun en sueños.
+
+Mejor que investigar si son molinos o gigantes los que se nos muestran
+dañosos, seguir la voz del corazón y arremeterlos, que toda arremetida
+generosa trasciende del sueño de la vida. De nuestros actos y no de
+nuestras contemplaciones sacaremos sabiduría. ¡Suéñanos, Dios de
+nuestro sueño!
+
+¡Consérvale a Sancho su sueño, su fe, Dios mío, y que crea en su vida
+perdurable y que sueñe ser pastor allá en los infinitos campos de
+Tu Seno, endechando sin fin a la Vida inacabable que eres Tú mismo;
+consérvasela, Dios de mi España! Mira, Señor, que el día en que tu
+siervo Sancho cure de su locura, se morirá, y al morir él se morirá su
+España, tu España, Señor. Fundaste este tu pueblo, el pueblo de tus
+siervos Don Quijote y Sancho, sobre la fe en la inmortalidad personal;
+mira, Señor, que esa es nuestra razón de vida y es nuestro destino
+entre los pueblos el de hacer que esa nuestra verdad del corazón
+alumbre las mentes contra todas las tinieblas de la lógica y del
+raciocinio y consuele los corazones de los condenados al sueño de la
+vida.
+
+ _Así el vivir nos mata
+ que la muerte nos torna a dar la vida._
+
+Agrega el historiador que pidió el cura al escribano le diese por
+testimonio _cómo Alonso Quijano el Bueno, llamado comúnmente Don
+Quijote de la Mancha, había pasado de esta presente vida y muerto
+naturalmente, y que el tal testimonio pedía para quitar la ocasión de
+que algún autor le resucitase falsamente_, y más adelante añade que
+yace en la huesa _tendido de largo, imposibilitado de hacer tercera
+jornada y salida nueva_.
+
+¿Pero es que creéis que Don Quijote no ha de resucitar? Hay quien cree
+que no ha muerto; que el muerto, y bien muerto, es Cervantes que quiso
+matarle, y no Don Quijote. Hay quien cree que resucitó al tercer día,
+y que volverá a la tierra en carne mortal y a hacer de las suyas. Y
+volverá cuando Sancho, agobiado hoy por los recuerdos, sienta hervir la
+sangre que acopió en sus andanzas escuderiles, y monte, como dije, en
+Rocinante, y revestido de las armas de su amo, embrace el lanzón y se
+lance a hacer de Don Quijote. Y su amo vendrá entonces y encarnará en
+él. ¡Ánimo, Sancho heroico, y aviva esa fe que encendió en ti tu amo y
+que tanto te costó atizar y afirmar! ¡ánimo!
+
+Y no se cuenta milagro que hiciese después de muerto, como se cuenta
+del Cid que ganó batalla siendo cadáver, y se cuenta de él además que
+estando muerto también y queriendo un judío tocarle la barba, que en su
+vida nadie se la tocó,
+
+ Antes que a la barba llegue, el buen Cid había empuñado
+ a la su espada tizona, y un buen palmo la había sacado;
+ el judío que esto vido, muy gran pavor ha cobrado;
+ tendido cayó de espaldas, amortecido de espanto.
+
+Don Quijote no sé que haya ganado batalla después de muerto y sé que
+muchos judíos osan tocarle la barba. De Don Quijote no se sabe que haya
+hecho milagro alguno después de muerto, pero ¿no basta con los que
+hizo en vida, y no fué perpetuo milagro su carrera toda de aventuras?
+Cuanto más que, como recordaba el P. Rivadeneira, en el capítulo final
+de su tantas veces aquí citada obra al hablarnos de los milagros que
+Dios hizo por San Ignacio, entre los nacidos de mujer no se había
+levantado, al decir del Evangelio, otro mayor que San Juan Bautista, y
+con todo eso dice de él el Evangelio mismo que no hizo milagro alguno.
+Y si el piadoso biógrafo de Loyola tiene por el mayor milagro de éste
+la fundación de la Compañía de Jesús ¿no hemos de tener nosotros por
+el milagro mayor de Don Quijote el que hubiese hecho escribir la
+historia de su vida a un hombre que, como Cervantes mostró en sus
+demás trabajos, la endeblez de su ingenio y cuán por debajo estaba, en
+el orden natural de las cosas, de lo que para contar las hazañas del
+Ingenioso Hidalgo y tal cual él las contó, se requería?
+
+No cabe duda sino que en EL INGENIOSO HIDALGO DON QUIJOTE DE LA
+MANCHA que compuso Miguel de Cervantes Saavedra se mostró éste muy
+por encima de lo que podríamos esperar de él juzgándole por sus otras
+obras; se sobrepujó con mucho a sí mismo. Por lo cual es de creer que
+el historiador arábigo Cide Hamete Benengeli no es un puro recurso
+literario, sino que encubre una profunda verdad, cual es la de que esa
+historia se la dictó a Cervantes otro que llevaba dentro de sí y al que
+ni antes ni después de haberla escrito, trató una vez más; un espíritu
+que en las profundidades de su alma habitaba. Y esta inmensa lejanía
+que hay de la historia de nuestro Caballero a todas las demás obras
+que Cervantes escribió, este patentísimo y espléndido milagro es la
+razón principal--si para ellos hiciesen, que no hacen falta razones,
+miserables siempre--para creer nosotros y confesar que la historia fué
+real y verdadera, y que el mismo Don Quijote envolviéndose en Cide
+Hamete Benengeli, se la dictó a Cervantes. Y aun llego a sospechar que
+mientras he estado explicando y comentando esta vida me han visitado
+secretamente Don Quijote y Sancho, y aun sin yo saberlo, me han
+desplegado y descubierto las entretelas de sus corazones.
+
+Y he de añadir aquí que muchas veces tenemos a un escritor por persona
+real y verdadera e histórica por verle de carne y hueso y a los sujetos
+que finge en sus ficciones no más sino por de pura fantasía, y sucede
+al revés, y es que estos sujetos lo son muy de veras y de toda realidad
+y se sirven de aquel otro que nos parece de carne y hueso para tomar
+ellos ser y figura ante los hombres. Y cuando despertemos todos del
+sueño de la vida, se han de ver a este respecto cosas muy peregrinas y
+se espantarán los sabios al ver qué es la verdad y qué es la mentira y
+cuán errados andábamos al pensar que esa quisicosa que llamamos lógica
+tenga valor alguno fuera de este miserable mundo en que nos tienen
+presos el tiempo y el espacio, tiranos del espíritu.
+
+Cosas muy peregrinas conoceremos allí respecto a la vida y a la muerte,
+y allí se verá cuán profundo sentido tiene la primera parte del
+epitafio que en la sepultura de Don Quijote puso Sansón Carrasco y que
+dice:
+
+ _Yace aquí el hidalgo fuerte
+ que a tanto extremo llegó
+ de valiente, que te advierte,
+ que la muerte no triunfó
+ de tu vida con la muerte._
+
+Y así es, pues Don Quijote es, merced a su muerte, inmortal; la muerte
+es nuestra inmortalizadora.
+
+Nada pasa, nada se disipa, nada se anonada; eternízase la más pequeña
+partecilla de materia y el más débil golpecito de fuerza y no hay
+visión, por huidera que sea, que no quede reflejada para siempre en
+alguna parte. Así como si al pasar por un punto, en el infinito de las
+tinieblas, se encendiera y brillara por un momento todo lo que por
+allí pasase, así brilla un momento en nuestra conciencia del presente
+cuanto desfila de lo insondable del porvenir a lo insondable del
+pasado. No hay visión ni cosa ni momento de ella que no descienda a las
+honduras eternas de donde salió y allí se quede. Sueño es este súbito y
+momentáneo encendimiento de la sustancia tenebrosa, sueño es la vida,
+y apagado el pasajero fulgor desciende su reflejo a las honduras de
+las tinieblas y allí queda y persiste hasta que una suprema sacudida
+lo reenciende para siempre un día. Porque la muerte no triunfa de la
+vida con la muerte de ésta. Muerte y vida son mezquinos términos de que
+nos valemos en esta prisión del tiempo y del espacio; tienen ambas una
+raíz común y la raigambre de esta raíz arraiga en la eternidad de lo
+infinito, en Dios, Conciencia del Universo.
+
+Al acabar la historia colgó el historiador su pluma y le dijo: _aquí
+quedarás colgada desta espetera y deste hilo de alambre, ni sé si
+bien cortada o mal tajada péñola mía, adonde vivirás luengos siglos,
+si presuntuosos y malandrines historiadores no te descuelgan para
+profanarte_.
+
+Líbreme Dios de meterme a contar sucesos que al puntualísimo
+historiador de Don Quijote se le hubiesen escapado; nunca me tuve por
+erudito ni me he metido jamás a escudriñar los archivos caballerescos
+de la Mancha. Yo sólo he querido explicar y comentar su vida.
+
+_Para mí solo nació Don Quijote, y yo para él; él supo obrar y yo
+escribir_, hace decir el historiador a su pluma. Y yo digo que para
+que Cervantes contara su vida y yo la explicara y comentara nacieron
+Don Quijote y Sancho, Cervantes nació para contarla y explicarla, y
+para comentarla nací yo... No puede contar tu vida, ni puede explicarla
+ni comentarla, señor mío Don Quijote, sino quien esté tocado de tu
+misma locura de no morir. Intercede, pues, en favor mío, oh mi señor y
+patrón, para que tu Dulcinea del Toboso, ya desencantada merced a los
+azotes de tu Sancho, me lleve de su mano a la inmortalidad del nombre y
+de la fama. ¡Y si es la vida sueño, déjame soñarla inacabable!
+
+ A reinar, fortuna, vamos.
+ No me despiertes, si sueño.
+
+ (LA VIDA ES SUEÑO, II, 4)
+
+ καὶ μαχόμην κατ' ἔμ'αὐτὸν ἐγώ
+ ΙΛΙΑΛΟΣ Α' σοα'
+
+
+
+
+ VOCABULARIO
+
+
+Hay en este libro unas pocas voces, no llegan a treinta, que no se
+encuentran en la última edición, la décimatercia, del DICCIONARIO DE LA
+LENGUA CASTELLANA POR LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA, que pasa por oficial,
+y voces que tampoco son de uso corriente entre escritores. Las más de
+ellas--su casi totalidad--las he tomado de boca del pueblo de esta
+región salmantina, que las emplea corrientemente, tres de ellas las
+he formado yo mismo según la analogía del lenguaje castellano, y una
+(_oíslo_) se halla en el QUIJOTE.
+
+Creo que para enriquecer el idioma mejor que ir a pescar en viejos
+librotes de antiguos escritores vocablos hoy muertos, es sacar de las
+entrañas del idioma mismo, del habla popular, voces y giros que en
+ellas viven, tanto más cuanto que de ordinario los más de los arcaísmos
+perduran como provincialismos hoy.
+
+He aquí esas voces:
+
+_adulciguar._--Ésta la he formado yo siguiendo la analogía que de las
+latinas _sanctificare_, _mortificare_, _verificare_, _testificare_,
+etc., nos da santiguar, amortiguar, averiguar, atestiguar, etc., por un
+proceso fonético que no es de este lugar explicarlo, y de _fructificar_
+dió el «afruchiguar» que usan aún hoy los judíos españoles de Oriente.
+Así de _dulcificare_ he formado adulciguar, esto es: dulcificar, y es
+más que posible que esta voz haya sido usada.
+
+_brezar._--El Diccionario de la Academia trae _brizar_, y agrega
+_ant._, esto es, «anticuado». Será anticuado entre los académicos, pero
+en esta provincia de Salamanca, por lo menos, es voz viva y bien viva y
+enteramente moderna. Dicen _brizar o brezar_--más esto que aquello--y
+significa «cunar, mover la cuna para adormecer a los niños».
+
+_cogolmar._--Colmar, llenar más la medida.
+
+_cogüelmo._--Colmo, lo que pasa de la medida.
+
+_cotena._--Costra de porquería. Se dice, por ejemplo, «el muy marrano
+tiene dos jemes de cotena a cuestas».
+
+_desfalladero._--Derrumbadero. Se usa en la ribera del Duero, raya de
+Portugal.
+
+_desenchinarrar._--Lo contrario de enchinarrar; desencachar o
+desadoquinar.
+
+_desentoñar._--Desatollar algo, sacarlo del barro, de la tierra o de
+otro sitio en que estuviera entoñado.
+
+_enchinarrar._--Poner chinarros en una calzada o calle; adoquinarla.
+
+_enfusar._--Este bonito verbo, del participial latino _infusare_, el
+cual a su vez se formó del participio _infusus_, de _infundere_, se
+usa mucho en esta provincia de Salamanca en el sentido de embutir,
+tratándose en especial de embutir carnes de cerdo. Yo le extiendo
+el significado, haciéndolo equivalente del vocablo culto infundir.
+Del mismo modo tenemos: ayudar, cantar, olvidar, hartar, hurtar,
+untar, echar, usar, etc., de los participales _adiutare-adiutus_,
+_cantare-cantus_, _oblitare-oblitus_, _farctare-farctus_,
+_furtane-furtus_, _unctare-unctus_, _iactare-iactus_, _arsare-arsus_,
+_usare-usus_, etc., cuyos verbos simples _adiuvare_, _canere_,
+_oblivisci_, _farcire_, _furere_, _ungere_, _iacere_, _ardere_, _uti_ o
+no pasaron al castellano o pasaron en voces cultas o semi-cultas, como
+ungir, verbigracia.
+
+_engurruñido._--Recogido, arrugado, como cuando una fruta se seca, se
+achica y se arruga. La Academia trae _engurriado, da_, adjetivo ant.
+rugoso, y _engurruñarse_, estar triste, melancólico. Recuerdo ahora
+esta copla que he oído:
+
+ En el cielo de tu boca
+ quisiera yo estar metido;
+ si no cupiera de pie,
+ cabería engurruñido.
+
+_enroderar._--Meter en roderas o carriles.
+
+_entoñar._--Atollar, meter algo en alguna parte, enterrarlo.
+
+_escurrajas._--Escurriduras.
+
+_marzera_ (nieve).--Nieve de Marzo.
+
+_pedernoso._--Esta es la otra voz que he inventado, por analogía con
+pedernal y empedernido. Equivale a pétreo, que no me gusta, y es muy
+fácil que haya sido usada.
+
+_perinchir._--Preciosa voz que se usa en algunos pueblos del llamado
+Abadengo, de esta provincia, y que equivale a colmar, hacer que rebase
+la medida. Se compone de _per_ y _henchir_.
+
+_remejer._--Revolver, remezclar. Se usa mucho, lo mismo que el simple:
+_mejer_, en casi todo el Oeste y Noroeste de España (Salamanca, Zamora,
+León, Galicia). Es el latín _miscere_. La Academia a la voz _mejido_,
+que es el participio de mejer, que se usa en «huevo mejido», «yema
+mejida», le llama adjetivo.
+
+_retuso._--Rehacio. Esta voz, enteramente latina, sin quitarle ni
+ponerle nada, se usa aquí mucho. De ser de origen popular debió decir
+re_duso_.
+
+_serano._--Esta preciosa voz, usadísima en todos estos lugares
+salmantinos, es igual al portugués «serão» y significa como el francés
+_soirée_, una velada nocturna.
+
+_sotorreirse._--Es voz que he formado yo para decir reirse so capa,
+reirse entre dientes.
+
+_verbenzar._--Este vocablo, también precioso, significa pulular,
+abundar y además moverse una masa como una gusanera, Equivale a
+gusanear y deriva de una antigua voz castellana _vierben_, gusano, de
+_vermine_.
+
+_zuñir._--Operación que hacen los plateros para igualar las
+desigualdades y asperezas de la filigrana, frotándola contra una
+pizarra.
+
+
+
+*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 75472 ***
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+/* Transcriber's notes */
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+
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+</head>
+<body>
+<div style='text-align:center'>*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 75472 ***</div>
+
+<figure class="figcenter illowe45" id="cover">
+ <img class="w100" src="images/cover.jpg" alt="tapa" title="ilotapa">
+</figure>
+
+<div class="chapter">
+<div class="tnote">
+ <p class="center p2 big2 p1b">NOTAS DEL TRANSCRIPTOR</p>
+
+<p>En la versión de texto sin formatear las palabras en <i>itálicas</i> están
+indicadas con _guiones bajos_; mientras que las palabras en <span class="smcap">Versalitas</span>
+se han escrito en MAYÚSCULAS.</p>
+
+<p>El criterio utilizado para llevar a cabo esta transcripción, ha sido el
+de respetar las reglas de la Real Academia Española, vigentes cuando
+la presente edición de esta obra fue publicada. El lector interesado
+puede consultar el Mapa de Diccionarios Académicos de la Real Academia
+Española.</p>
+
+<p>Para el texto citado de otros autores por parte de Unamuno, el criterio
+en general fue privilegiar que coincidiese con el texto que figuraba
+en la imagen utilizada para llevar a cabo la transcripción. En estas
+citaciones casi nunca se ha modificado la ortografía, estimando que
+la intención de Unamuno fue de que no se la modificase, para dejar
+testimonio de lo que era lo habitual en el período en que el texto
+citado fue escrito. Debido a esto, es posible encontrar una misma
+palabra escrita con ortografía diferente.</p>
+
+<p>La cubierta del libro fue modificada por el transciptor y se ha
+cedido al dominio público.</p>
+</div>
+</div>
+
+<hr class="tb x-ebookmaker-drop">
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p class="half-title">VIDA DE DON QUIJOTE Y SANCHO</p>
+</div>
+
+
+
+
+<div class="chapter">
+<h1>VIDA DE DON QUIJOTE Y SANCHO</h1>
+</div>
+
+<p class="center">SEGÚN</p>
+<p class="center big2">Miguel de Cervantes Saavedra</p>
+
+<p class="center p1">EXPLICADA Y COMENTADA<br>
+ por</p>
+
+<p class="center big3">MIGUEL DE UNAMUNO</p>
+<br>
+<figure class="figcenter illowe7" id="title-page">
+ <img class="w100 p2 p2b" src="images/title-page.jpg" alt="ilotp" title="tpilo">
+</figure><br>
+<br>
+<p class="center">RENACIMIENTO<br>
+<br>
+<span style="margin-left: 0.75em; margin-right: 2.2em;"><small>MADRID</small></span>│<small>BUENOS AIRES</small><br>
+<span style=" margin-left: -0.9em; margin-right: 0.3em;"><small>SAN MARCOS, 42</small></span> │ <small> LIBERTAD, 172</small><br>
+<br>
+<small>1914</small></p>
+
+<div class="chapter">
+<p class="center p6 p6b">ES PROPIEDAD</p>
+</div>
+
+<p class="center">IMPRENTA RENACIMIENTO.—SAN MARCOS, 42.</p>
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_5">[Pg 5]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >Prólogo a esta segunda edición</h2>
+</div>
+
+
+<p>Apareció en primera edición esta obra en
+el año 1905, coincidiendo por acaso, que no
+de propósito, con la celebración del tercer centenario
+de haberse por primera vez publicado
+el <em>Quijote</em>. No fué, pues, una obra de centenario.</p>
+
+<p>Salió, por mi culpa, plagada, no ya sólo de
+erratas tipográficas, sino de errores y descuidos
+del original manuscrito, todo lo que he procurado
+corregir en esta segunda edición.</p>
+
+<p>Pensé un momento si hacerla preceder del
+ensayo que «Sobre la lectura e interpretación
+del <em>Quijote</em>» publiqué el mismo año de 1905 en
+el número de abril de <em>La España Moderna</em>,
+mas he desistido de ello en atención a que esta
+obra toda no es sino una ejecución del programa
+en aquel ensayo expuesto. Lo que se reduce
+a asentar que dejando a eruditos, críticos e
+historiadores la meritoria y utilísima tarea de
+investigar lo que el <em>Quijote</em> pudo significar en<span class="pagenum" id="Page_6">[Pg 6]</span>
+su tiempo y en el ámbito en que se produjo y lo
+que Cervantes quiso en él expresar y expresó,
+debe quedarnos a otros libre el tomar su obra
+inmortal como algo eterno, fuera de época y
+aun de país, y exponer lo que su lectura nos
+sugiere. Y sostuve que hoy ya es el <em>Quijote</em> de
+todos y de cada uno de sus lectores, y que puede
+y debe cada cual darle una interpretación,
+por así decirlo, mística, como las que a la Biblia
+suele darse.</p>
+
+<p>Mas si renuncié a insertar al frente de esta
+segunda edición de mi obra aquel citado ensayo,
+no así con otro que con el título de «El sepulcro
+de Don Quijote» publiqué en el número
+de febrero de 1906 de la misma susomentada
+revista <em>La España Moderna</em>.</p>
+
+<p>Esta obra es de las mías la que hasta hoy ha
+alcanzado más favor del público que me lee,
+como lo prueba esta segunda edición y el haber
+aparecido hace poco una traducción italiana
+bajo el título de <em>Commento al Don Chisciotte</em>,
+hecha por G. Beccari y publicada en la colección
+<em>Cultura dell'anima</em>, dirigida por G. Papini
+y que edita R. Carabba en Lanciano. A la
+vez que se prepara una traducción francesa.</p>
+
+<p>Y me complazco en creer que a esta mayor
+fortuna de esta entre mis otras obras habrá contribuido
+el que es una libre y personal exégesis
+del <em>Quijote</em>, en que el autor no pretende descubrir
+el sentido que Cervantes le diera, sino el<span class="pagenum" id="Page_7">[Pg 7]</span>
+que le da él, ni es tampoco un erudito estudio
+histórico. No creo deber repetir que me siento
+más quijotista que cervantista y que pretendo
+libertar al <em>Quijote</em> del mismo Cervantes, permitiéndome
+alguna vez hasta discrepar de la manera
+cómo Cervantes entendió y trató a sus dos
+héroes, sobre todo a Sancho. Sancho se le imponía
+a Cervantes, a pesar suyo. Y es que creo
+que los personajes de ficción tienen dentro de
+la mente del autor que los finge una vida propia,
+con cierta autonomía, y obedecen a una íntima
+lógica de que no es del todo consciente
+ni dicho autor mismo. Y el que desee más aclaraciones
+a este respecto, y no se escandalice de
+la proposición de que nosotros podemos comprender
+a Don Quijote y Sancho mejor que
+Cervantes que los creó—o mejor los sacó de la
+entraña espiritual de su pueblo—, acuda al ensayo
+que cité primero.</p>
+
+<p class="right" style="padding-right: 2em;"><span class="smcap">Miguel de Unamuno.</span></p>
+
+
+
+<p>Salamanca, enero de 1913.</p>
+
+
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_9">[Pg 9]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >EL SEPULCRO DE DON QUIJOTE</h2>
+</div>
+
+
+<p>Me preguntas, mi buen amigo, si sé la manera
+de desencadenar un delirio, un vértigo, una
+locura cualquiera sobre estas pobres muchedumbres
+ordenadas y tranquilas que nacen, comen,
+duermen, se reproducen y mueren. ¿No
+habrá un medio, me dices, de reproducir la epidemia
+de los flagelantes o la de los convulsionarios?
+Y me hablas del milenario.</p>
+
+<p>Como tú siento yo con frecuencia la nostalgia
+de la Edad Media; como tú quisiera vivir entre
+los espasmos del milenario. Si consiguiéramos
+hacer creer que en un día dado, sea el 2 de
+mayo de 1908, el centenario del grito de la independencia,
+se acababa para siempre España;
+que en ese día nos repartían como a borregos,
+creo que el día 3 de mayo de 1908 sería el
+día más grande de nuestra historia, el amanecer
+de una nueva vida.</p>
+
+<p>Esto es una miseria, una completa miseria.<span class="pagenum" id="Page_10">[Pg 10]</span>
+A nadie le importa nada de nada. Y cuando alguno
+trata de agitar aisladamente este o aquel
+problema, una u otra cuestión, se lo atribuyen
+o a negocio o a afán de notoriedad y ansia de
+singularizarse.</p>
+
+<p>No se comprende aquí ya ni la locura. Hasta
+del loco creen y dicen que lo será por tenerle
+su cuenta y razón. Lo de la razón de la sinrazón
+es ya un hecho para todos estos miserables.
+Si nuestro señor Don Quijote resucitara y volviese
+a esta su España andarían buscándole
+una segunda intención a sus nobles desvaríos.
+Si uno denuncia un abuso, persigue la injusticia,
+fustiga la ramplonería, se preguntan los esclavos:
+¿qué irá buscando en eso? ¿A qué aspira?
+Unas veces creen y dicen que lo hace
+para que le tapen la boca con oro; otras que es
+por ruines sentimientos y bajas pasiones de vengativo
+o envidioso; otras que lo hace no más
+sino por meter ruido y que de él se hable, por
+vanagloria; otras que lo hacen por divertirse y
+pasar el tiempo, por deporte. ¡Lástima grande
+que a tan pocos les dé por deportes semejantes!</p>
+
+<p>Fíjate y observa. Ante un acto cualquiera de
+generosidad, de heroísmo, de locura, a todos
+esos estúpidos bachilleres, curas y barberos de
+hoy no se les ocurre sino preguntarse: ¿por qué
+lo hará? Y en cuanto creen haber descubierto
+la razón del acto—sea o no la que ellos se suponen—se
+dicen: ¡bah!, lo ha hecho por esto<span class="pagenum" id="Page_11">[Pg 11]</span>
+o por lo otro. En cuanto una cosa tiene razón
+de ser y ellos la conocen perdió todo su valor
+la cosa. Para eso les sirve la lógica, la cochina
+lógica.</p>
+
+<p>Comprender es perdonar, se ha dicho. Y esos
+miserables necesitan comprender para perdonar
+el que se les humille, el que con hechos o
+palabras se les eche en cara su miseria, sin hablarles
+de ella.</p>
+
+<p>Han llegado a preguntarse estúpidamente
+para qué hizo Dios el mundo, y se han contestado
+a sí mismos: ¡para su gloria!, y se han
+quedado tan orondos y satisfechos, como si los
+muy majaderos supieran qué es eso de la gloria
+de Dios.</p>
+
+<p>Las cosas se hicieron primero, su para qué
+después. Que me den una idea nueva, cualquiera,
+sobre cualquier cosa, y ella me dirá después
+para qué sirve.</p>
+
+<p>Alguna vez, cuando expongo algún proyecto,
+algo que me parece debía hacerse, algo, sobre
+todo, que debía decirse, no falta nunca
+quien me pregunte: ¿y después? A preguntas
+tales no cabe otra respuesta que una repregunta.
+Y al «¿y después?» no hay sino dar de rebote
+un «¿y antes?».</p>
+
+<p>No hay porvenir; nunca hay porvenir. Eso
+que llaman el porvenir es una de las más grandes
+mentiras. El verdadero porvenir es hoy.
+¿Qué seré de nosotros mañana? ¡No hay mañana!<span class="pagenum" id="Page_12">[Pg 12]</span>
+¿Qué es de nosotros hoy, ahora? Ésta es
+la única cuestión.</p>
+
+<p>Y en cuanto a hoy, todos esos miserables están
+muy satisfechos porque hoy existen, y con
+existir les basta. La existencia, la pura y nuda
+existencia, llena su alma toda. No sienten que
+haya más que existir.</p>
+
+<p>¿Pero existen? ¿Existen de verdad? Yo creo
+que no; pues si existieran, si existieran de verdad,
+sufrirían de existir y no se contentarían con
+ello. Si real y verdaderamente existieran en el
+tiempo y el espacio sufrirían de no ser en lo
+eterno y lo infinito. Y este sufrimiento, esta pasión,
+que no es sino la pasión de Dios en nosotros.
+Dios que en nosotros sufre por sentirse
+preso en nuestra finitud y nuestra temporalidad,
+este divino sufrimiento les haría romper
+todos esos menguados eslabones lógicos con
+que tratan de atar sus menguados recuerdos a
+sus menguadas esperanzas, la ilusión de su pasado
+a la ilusión de su porvenir.</p>
+
+<p>¿Por qué hace eso? ¿Preguntó acaso nunca
+Sancho por qué hacía Don Quijote las cosas que
+hacía?</p>
+
+<p>Y vuelta a lo mismo, a tu pregunta, a tu
+preocupación: ¿qué locura colectiva podríamos
+imbuir en estas pobres muchedumbres?
+¿Qué delirio?</p>
+
+<p>Tú mismo te has acercado a la solución en
+una de esas cartas con que me asaltas a preguntas.<span class="pagenum" id="Page_13">[Pg 13]</span>
+En ella me decías: ¿no crees que se podría
+intentar alguna nueva cruzada?</p>
+
+<p>Pues bien, sí; creo que se puede intentar la
+santa cruzada de ir a rescatar el sepulcro de
+Don Quijote del poder de los bachilleres, curas,
+barberos, duques y canónigos que lo tienen
+ocupado. Creo que se puede intentar la santa
+cruzada de ir a rescatar el sepulcro del Caballero
+de la Locura del poder de los hidalgos de la
+Razón.</p>
+
+<p>Defenderán, es natural, su usurpación y tratarán
+de probar con muchas y muy estudiadas
+razones que la guardia y custodia del sepulcro
+les corresponde. Lo guardan para que el Caballero
+no resucite.</p>
+
+<p>A esas razones hay que contestar con insultos,
+con pedradas, con gritos de pasión, con botes
+de lanza. No hay que razonar con ellos. Si
+tratas de razonar frente a sus razones estás perdido.</p>
+
+<p>Si te preguntan, como acostumbran, ¿con
+qué derecho reclamas el sepulcro?, no les contestes
+nada, que ya lo verán luego. Luego... tal
+vez cuando ni tú ni ellos existáis ya, por lo menos
+en este mundo de las apariencias.</p>
+
+<p>Y esta santa cruzada lleva una gran ventaja
+a aquellas otras santas cruzadas de que alboreó
+una nueva vida en este viejo mundo. Aquellos
+ardientes cruzados sabían dónde estaba el sepulcro
+de Cristo, dónde se decía que estaba,<span class="pagenum" id="Page_14">[Pg 14]</span>
+mientras que nuestros cruzados no sabrán dónde
+está el sepulcro de Don Quijote. Hay que
+buscarlo peleando por rescatarlo.</p>
+
+<p>Tu locura quijotesca te ha llevado más de
+una vez a hablarme del quijotismo como de una
+nueva religión. Y a eso he de decirte que esa
+nueva religión que propones y de que me hablas,
+si llegara a cuajar, tendría dos singulares
+preeminencias. La una, que su fundador, su
+profeta, Don Quijote—no Cervantes, por supuesto—,
+no estamos seguros de que fuese un
+hombre real, de carne y hueso, sino que más
+bien sospechamos que fué una pura ficción. Y
+su otra preeminencia sería la de que ese profeta
+era un profeta ridículo, que fué la befa y el
+escarnio de las gentes.</p>
+
+<p>Es el valor que más falta nos hace: el de
+afrontar el ridículo. El ridículo es el arma que
+manejan todos los miserables bachilleres, barberos,
+curas, canónigos y duques que guardan
+escondido el sepulcro del Caballero de la Locura.
+Caballero que hizo reir a todo el mundo,
+pero que nunca soltó un chiste. Tenía el alma
+demasiado grande para parir chistes. Hizo reir
+con su seriedad.</p>
+
+<p>Empieza, pues, amigo, a hacer de Pedro el
+Ermitaño y llama a las gentes a que se te unan,
+se nos unan, y vayamos todos a rescatar ese sepulcro
+que no sabemos dónde está. La cruzada
+misma nos revelará el sagrado lugar.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_15">[Pg 15]</span></p>
+
+<p>Verás cómo así que el sagrado escuadrón se
+ponga en marcha aparecerá en el cielo una estrella
+nueva, sólo visible para los cruzados, una
+estrella refulgente y sonora, que cantará un
+canto nuevo en esta larga noche que nos envuelve,
+y la estrella se pondrá en marcha en
+cuanto se ponga en marcha el escuadrón de los
+cruzados, y cuando hayan vencido en su cruzada,
+o cuando hayan sucumbido todos—que es
+acaso la manera única de vencer de veras—, la
+estrella caerá del cielo, y en el sitio en donde
+caiga allí está el sepulcro. El sepulcro está donde
+muera el escuadrón.</p>
+
+<p>Y allí donde está el sepulcro, allí está la
+cuna, allí está el nido. Y de allí volverá a surgir
+la estrella refulgente y sonora, camino del
+cielo.</p>
+
+<p>Y no me preguntes más, querido amigo.
+Cuando me haces hablar de estas cosas me haces
+que saque del fondo de mi alma, dolorida
+por la ramplonería ambiente que por todas partes
+me acosa y aprieta, dolorida por las salpicaduras
+del fango de mentira en que chapoteamos,
+dolorida por los arañazos de la cobardía
+que nos envuelve, me haces que saque del fondo
+de mi alma dolorida las visiones sin razón,
+los conceptos sin lógica, las cosas que ni yo sé
+lo que quieren decir, ni menos quiero ponerme
+a averiguarlo.</p>
+
+<p>¿Qué quieres decir con eso?—me preguntas<span class="pagenum" id="Page_16">[Pg 16]</span>
+más de una vez—. Y yo te respondo: ¿lo sé
+yo acaso?</p>
+
+<p>¡No, mi buen amigo, no! Muchas de estas
+ocurrencias de mi espíritu que te confío ni yo
+sé lo que quieren decir, o, por lo menos, soy yo
+quien no lo sé. Hay alguien dentro de mí que
+me las dicta, que me las dice. Le obedezco y no
+me adentro a verle la cara ni a preguntarle por
+su nombre. Sólo sé que si le viese la cara y si
+me dijese su nombre me moriría yo para que
+viviese él.</p>
+
+<p>Estoy avergonzado de haber alguna vez fingido
+entes de ficción, personajes novelescos,
+para poner en sus labios lo que no me atrevía a
+poner en los míos y hacerles decir como en broma
+lo que yo siento muy en serio.</p>
+
+<p>Tú me conoces, tú, y sabes bien cuán lejos
+estoy de rebuscar adrede paradojas, extravagancias
+y singularidades, piensen lo que pensaren
+algunos majaderos. Tú y yo, mi buen amigo,
+mi único amigo absoluto, hemos hablado
+muchas veces, a solas, de lo que sea la locura,
+y hemos comentado aquello del <em>Brand</em> ibseniano,
+hijo de Kierkegaard, de que está loco el que
+está solo. Y hemos concordado en que una locura
+cualquiera deja de serlo en cuanto se hace
+colectiva, en cuanto es locura de todo un pueblo,
+de todo el género humano acaso. En cuanto
+una alucinación se hace colectiva, se hace
+popular, se hace social, deja de ser alucinación<span class="pagenum" id="Page_17">[Pg 17]</span>
+para convertirse en una realidad, en algo que
+está fuera de cada uno de los que la comparten.
+Y tú y yo estamos de acuerdo en que hace falta
+llevar a las muchedumbres, llevar al pueblo,
+llevar a nuestro pueblo español una locura cualquiera,
+la locura de uno cualquiera de sus
+miembros que esté loco, pero loco de verdad y
+no de mentirijillas. Loco, y no tonto.</p>
+
+<p>Tú y yo, mi buen amigo, nos hemos escandalizado
+ante eso que llaman aquí fanatismo, y
+que, por nuestra desgracia, no lo es. No; no es
+fanatismo nada que esté reglamentado y contenido
+y encauzado y dirigido por bachilleres,
+curas, barberos, canónigos y duques; no es fanatismo
+nada que lleve un pendón con fórmulas
+lógicas, nada que tenga programa, nada que
+se proponga para mañana un propósito que
+puede un orador desarrollar en un metódico discurso.</p>
+
+<p>Una vez, ¿te acuerdas?, vimos a ocho o diez
+mozos reunirse y seguir a uno que les decía:
+¡Vamos a hacer una barbaridad! Y eso es lo
+que tú y yo anhelamos, que el pueblo se apiñe
+y gritando ¡vamos a hacer una barbaridad! se
+ponga en marcha. Y si algún bachiller, algún
+barbero, algún cura, algún canónigo o algún
+duque les detuviese para decirles: «¡hijos míos!,
+está bien, os veo henchidos de heroísmo, llenos
+de santa indignación; también yo voy con vosotros;
+pero antes de ir todos, y yo con vosotros,<span class="pagenum" id="Page_18">[Pg 18]</span>
+a hacer esa barbaridad, ¿no os parece que debíamos
+ponernos de acuerdo respecto a la barbaridad
+que vamos a hacer? ¿Qué barbaridad
+va a ser ésa?», si alguno de esos malandrines
+que he dicho les detuviese para decirles tal cosa,
+deberían derribarle al punto y pasar todos sobre
+él, pisoteándole, y ya empezaba la heroica
+barbaridad.</p>
+
+<p>¿No crees, mi amigo, que hay por ahí muchas
+almas solitarias a las que el corazón les
+pide alguna barbaridad, algo de que revienten?
+Ve, pues, a ver si logras juntarlas y formar escuadrón
+con ellas y ponernos todos en marcha—porque
+yo iré con ellos y tras de ti—a rescatar
+el sepulcro de Don Quijote, que, gracias a Dios,
+no sabemos dónde está. Ya nos lo dirá la estrella
+refulgente y sonora.</p>
+
+<p>Y ¿no será—me dices en tus horas de desaliento,
+cuando te vas de ti mismo—, no será
+que creyendo al ponernos en marcha caminar
+por campos y tierras, estemos dando vueltas
+en tomo al mismo sitio? Entonces la estrella estará
+fija, quieta sobre nuestras cabezas y el sepulcro
+en nosotros. Y entonces la estrella caerá,
+pero caerá para venir a enterrarse en nuestras
+almas. Y nuestras almas se convertirán en
+luz, y fundidas todas en la estrella refulgente y
+sonora subirá ésta, más refulgente aún, convertida
+en un sol, en un sol de eterna melodía,
+a alumbrar el cielo de la patria redimida.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_19">[Pg 19]</span></p>
+
+<p>En marcha, pues. Y ten cuenta no se te metan
+en el sagrado escuadrón de los cruzados bachilleres,
+barberos, curas, canónigos o duques
+disfrazados de Sanchos. No importa que te pidan
+ínsulas; lo que debes hacer es expulsarlos
+en cuanto te pidan el itinerario de la marcha,
+en cuanto te hablen del programa, en cuanto te
+pregunten al oído, maliciosamente, que les digas
+hacia dónde cae el sepulcro. Sigue a la estrella.
+Y haz como el Caballero: endereza el
+entuerto que se te ponga delante. Ahora lo de
+ahora, y aquí lo de aquí.</p>
+
+<p>¡Poneos en marcha! ¿Que adónde vais? La
+estrella os lo dirá: ¡al sepulcro! ¿Qué vamos a
+hacer en el camino, mientras marchamos?
+¿Qué? ¡Luchar! Luchar, y ¿cómo?</p>
+
+<p>¿Cómo? ¿Tropezáis con uno que miente?,
+gritarle a la cara: ¡mentira!, y ¡adelante!
+¿Tropezáis con uno que roba?, gritarle: ¡ladrón!,
+y ¡adelante! ¿Tropezáis con uno que
+dice tonterías, a quien oye toda una muchedumbre
+con la boca abierta?, gritarles: ¡estúpidos!,
+y ¡adelante! ¡Adelante siempre!</p>
+
+<p>¿Es que con eso—me dice uno a quien tú conoces
+y que ansía ser cruzado—, es que con eso
+se borra la mentira, ni el ladronicio, ni la
+tontería del mundo? ¿Quién ha dicho que no?
+La más miserable de todas las miserias, la más
+repugnante y apestosa argucia de la cobardía es
+esa de decir que nada se adelante con denunciar<span class="pagenum" id="Page_20">[Pg 20]</span>
+a un ladrón porque otros seguirán robando,
+que nada se logra con llamarle en su cara majadero
+al majadero, porque no por eso la majadería
+disminuirá en el mundo.</p>
+
+<p>Sí, hay que repetirlo una y mil veces: con
+que una vez, una sola vez, acabases del todo y
+para siempre con un solo embustero, habríase
+acabado el embuste de una vez para siempre.</p>
+
+<p>¡En marcha, pues! Y echa del sagrado escuadrón
+a todos los que empiecen a estudiar el
+paso que habrá de llevarse en la marcha y su
+compás y su ritmo. Sobre todo, ¡fuera con los
+que a todas horas andan con eso del ritmo! Te
+convertirían el escuadrón en una cuadrilla de
+baile, y la marcha en danza. ¡Fuera con ellos!
+Que se vayan a otra parte a cantar a la carne.</p>
+
+<p>Ésos que tratarían de convertirte el escuadrón
+de marcha en cuadrilla de baile se llaman
+a sí mismos, y los unos a los otros entre sí, poetas.
+No lo son. Son cualquier otra cosa. Ésos no
+van al sepulcro sino por curiosidad, por ver
+cómo sea, en busca acaso de una sensación
+nueva, y por divertirse en el camino. ¡Fuera
+con ellos!</p>
+
+<p>Ésos son los que con su indulgencia de bohemios
+contribuyen a mantener la cobardía y
+la mentira y las miserias todas que nos anonadan.
+Cuando predican libertad no piensan
+más que en una: en la de disponer de la mujer
+del prójimo. Todo es en ellos sensualidad, y<span class="pagenum" id="Page_21">[Pg 21]</span>
+hasta de las ideas, de las grandes ideas, se enamoran
+sensualmente. Son incapaces de casarse
+con una grande y pura idea y criar familia
+de ella; no hacen sino amontonarse con las
+ideas. Las toman de queridas, menos aún, tal
+vez de compañeras de una noche. ¡Fuera con
+ellos!</p>
+
+<p>Si alguien quiere coger en el camino tal o
+cual florecilla que a su vera sonríe, cójala, pero
+de paso, sin detenerse, y siga al escuadrón,
+cuyo alférez no habrá de quitar ojo de la estrella
+refulgente y sonora. Y si se pone la florecilla
+en el peto sobre la coraza, no para verla él,
+sino para que se la vean, ¡fuera con él! Que se
+vaya, con su flor en el ojal, a bailar a otra parte.</p>
+
+<p>Mira, amigo, si quieres cumplir tu misión y
+servir a tu patria es preciso que te hagas odioso
+a los muchachos sensibles que no ven el universo
+sino a través de los ojos de su novia. O
+algo peor aún. Que tus palabras sean estridentes
+y agrias a sus oídos.</p>
+
+<p>El escuadrón no ha de detenerse sino de noche,
+junto al bosque o al abrigo de la montaña.
+Levantará allí sus tiendas, se lavarán los cruzados
+sus pies, cenarán lo que sus mujeres les
+hayan preparado, engendrarán luego un hijo
+en ellas, les darán un beso y se dormirán para
+recomenzar la marcha al siguiente día. Y cuando
+alguno se muera le dejarán a la vera del camino,
+amortajado en su armadura, a merced<span class="pagenum" id="Page_22">[Pg 22]</span>
+de los cuervos. Quede para los muertos el cuidado
+de enterrar a sus muertos.</p>
+
+<p>Si alguno intenta durante la marcha tocar
+pífano o dulzaina o caramillo o vihuela o lo
+que fuere, rómpele el instrumento y échale de
+filas, porque estorba a los demás oir el canto de
+la estrella. Y es, además, que él no la oye. Y
+quien no oiga el canto del cielo no debe ir en
+busca del sepulcro del Caballero.</p>
+
+<p>Te hablarán esos danzantes de poesía. No les
+hagas caso. El que se pone a tocar su jeringa—que
+no es otra cosa la <em>syringa</em>—debajo del
+cielo, sin oir la música de las esferas, no merece
+que se le oiga. No conoce la abismática poesía
+del fanatismo; no conoce la inmensa poesía
+de los templos vacíos, sin luces, sin dorados,
+sin imágenes, sin pompas, sin aromas, sin nada
+de eso que llaman arte. Cuatro paredes lisas y
+un techo de tablas; un corralón cualquiera.</p>
+
+<p>Echa del escuadrón a todos los danzantes de
+la jeringa. Échalos, antes de que se te vayan
+por un plato de alubias. Son filósofos cínicos,
+indulgentes, buenos muchachos, de los que
+todo lo comprenden y todo lo perdonan. Y el
+que todo lo comprende no comprende nada, y
+el que todo lo perdona nada perdona. No tienen
+escrúpulo en venderse. Como viven en dos
+mundos pueden guardar su libertad en el otro
+y esclavizarse en éste. Son a la vez estetas y
+perezistas o lopezistas o rodriguezistas.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_23">[Pg 23]</span></p>
+
+<p>Hace tiempo se dijo que el hambre y el amor
+son los dos resortes de la vida humana. De la
+baja vida humana, de la vida de tierra. Los
+danzantes no bailan sino por hambre o por
+amor; hambre de carne, amor de carne también.
+Échalos de tu escuadrón, y que allí, en
+un prado, se harten de bailar mientras uno toca
+la jeringa, otro da palmaditas y otro canta a un
+plato de alubias o a los muslos de su querida
+de temporada. Y que allí inventen nuevas piruetas,
+nuevos trenzados de pies, nuevas figuras
+de rigodón.</p>
+
+<p>Y si alguno te viniera diciendo que él sabe
+tender puentes y que acaso llegue ocasión en
+que se deba aprovechar sus conocimientos para
+pasar un río, ¡fuera con él! ¡Fuera el ingeniero!
+Los ríos se pasarán vadeándolos, o a
+nado, aunque se ahogue la mitad de los cruzados.
+Que se vaya el ingeniero a hacer puentes
+a otra parte, donde hacen mucha falta. Para ir
+en busca del sepulcro basta la fe como puente.</p>
+
+<hr class="tb">
+
+<p>Si quieres, mi buen amigo, llenar tu vocación
+debidamente desconfía del arte, desconfía de
+la ciencia, por lo menos de eso que llaman arte
+y ciencia y no son sino mezquinos remedos del<span class="pagenum" id="Page_24">[Pg 24]</span>
+arte y de la ciencia verdaderos. Que te baste tu
+fe. Tu fe será tu arte, tu fe será tu ciencia.</p>
+
+<p>He dudado más de una vez de que puedas
+cumplir tu obra al notar el cuidado que pones
+en escribir las cartas que me escribes. Hay en
+ellas, no pocas veces, tachaduras, enmiendas,
+correcciones, jeringazos. No es un chorro que
+brota violento, expulsando el tapón. Más de
+una vez tus cartas degeneran en literatura, en
+esa cochina literatura, aliada natural de todas
+las esclavitudes y de todas las miserias. Los esclavizadores
+saben bien que mientras está el
+esclavo cantando a la libertad se consuela de
+su esclavitud y no piensa en romper sus cadenas.</p>
+
+<p>Pero otras veces recobro fe y esperanza en ti
+cuando siento bajo tus palabras atropelladas,
+improvisadas, cacofónicas, el temblar de tu voz
+dominada por la fiebre. Hay ocasiones en que
+puede decirse que ni están en un lenguaje
+determinado. Que cada cual lo traduzca al
+suyo.</p>
+
+<p>Procura vivir en continuo vértigo pasional,
+dominado por una pasión cualquiera. Sólo los
+apasionados llevan a cabo obras verdaderamente
+duraderas y fecundas. Cuando oigas de
+alguien que es impecable, en cualquiera de los
+sentidos de esta estúpida palabra, huye de él;
+sobre todo si es artista. Así como el hombre
+más tonto es el que en su vida ha hecho ni dicho<span class="pagenum" id="Page_25">[Pg 25]</span>
+una tontería, así el artista menos poeta, el
+más antipoético—y entre los artistas abundan
+las naturalezas antipoéticas—, es el artista impecable,
+el artista a quien decoran con la corona,
+de laurel de cartulina, de la impecabilidad
+los danzantes de la jeringa.</p>
+
+<p>Te consume, mi pobre amigo, una fiebre incesante,
+una sed de océanos insondables y sin
+riberas, un hambre de universos y la morriña de
+la eternidad. Sufres de la razón. Y no sabes lo
+que quieres. Y ahora, ahora quieres ir al sepulcro
+del Caballero de la Locura y deshacerte
+allí en lágrimas, consumirte en fiebre, morir de
+sed de océanos, de hambre de universos, de
+morriña de eternidad.</p>
+
+<p>Ponte en marcha, solo. Todos los demás solitarios
+irán a tu lado, aunque no los veas. Cada
+cual creerá ir solo, pero formaréis batallón sagrado,
+el batallón de la santa e inacabable cruzada.</p>
+
+<p>Tú no sabes bien, mi buen amigo, cómo los
+solitarios todos, sin conocerse, sin mirarse a
+las caras, sin saber los unos los nombres de los
+otros, caminan juntos y prestándose mutua
+ayuda. Los otros hablan unos de otros, se dan
+las manos, se felicitan mutuamente, se bombean
+y se denigran, murmuran entre sí y va
+cada cual por su lado. Y huyen del sepulcro.</p>
+
+<p>Tú no perteneces al cotarro, sino al batallón
+de los libres cruzados. ¿Por qué te asomas a<span class="pagenum" id="Page_26">[Pg 26]</span>
+las tapias del cotarro a oir lo que en él se cacarea?
+¡No, amigo mío, no! Cuando pases junto
+a un cotarro tápate los oídos, lanza tu palabra
+y sigue adelante, camino del sepulcro. Y
+que en esa palabra vibren toda tu sed, toda tu
+hambre, toda tu morriña, todo tu amor.</p>
+
+<p>Si quieres vivir de ellos, vive para ellos. Pero
+entonces, mi pobre amigo, te habrás muerto.</p>
+
+<p>Me acuerdo de aquella dolorosa carta que me
+escribiste cuando estabas a punto de sucumbir,
+de derogar, de entrar en la cofradía. Vi entonces
+cómo te pesaba tu soledad, esa soledad
+que debe ser tu consuelo y tu fortaleza.</p>
+
+<p>Llegaste a lo más terrible, a lo más desolador;
+llegaste al borde del precipicio de tu perdición:
+llegaste a dudar de tu soledad, llegaste
+a creerte en compañía. «¿No será—me decías—una
+mera cavilación, un fruto de soberbia,
+de petulancia, tal vez de locura, esto de
+creerme solo? Porque yo, cuando me sereno,
+me veo acompañado, y recibo cordiales apretones
+de manos, voces de aliento, palabras de
+simpatía, todo género de muestras de no encontrarme
+solo, ni mucho menos». Y por aquí
+seguías. Y te vi engañado y perdido, te vi huyendo
+del sepulcro.</p>
+
+<p>No, no te engañas en los accesos de tu fiebre,
+en las agonías de tu sed, en las congojas
+de tu hambre; estás solo, enteramente solo. No
+sólo son mordiscos los mordiscos que como tales<span class="pagenum" id="Page_27">[Pg 27]</span>
+sientes, lo son también los que como besos.
+Te silban los que aplauden, te quieren detener
+en tu marcha al sepulcro los que te gritan ¡adelante!
+Tápate los oídos. Y ante todo cúrate de
+una afección terrible, que por mucho que te la
+sacudes vuelve a ti con terquedad de mosca:
+cúrate de la afección de preocuparte cómo aparezcas
+a los demás. Cúidate sólo de cómo aparezcas
+ante Dios, cúidate de la idea que de ti
+Dios tenga.</p>
+
+<p>Estás solo, mucho más solo de lo que te figuras,
+y aun así no estás sino en camino de la absoluta,
+de la completa, de la verdadera soledad.
+La absoluta, la completa, la verdadera
+soledad consiste en no estar ni aun consigo mismo.
+Y no estarás de veras completa y absolutamente
+solo hasta que no te despojes de ti mismo,
+al borde del sepulcro. ¡Santa soledad!</p>
+
+<hr class="tb">
+
+<p>Todo esto dije a mi amigo, y él me contestó
+en una larga carta, llena de un furioso desaliento,
+estas palabras:</p>
+
+<p>«Todo eso que me dices está muy bien, está
+bien, no está mal; pero ¿no te parece que en
+vez de ir a buscar el sepulcro de Don Quijote y
+rescatarlo de bachilleres, curas, barberos, canónigos
+y duques debíamos ir a buscar el sepulcro<span class="pagenum" id="Page_28">[Pg 28]</span>
+de Dios y rescatarlo de creyentes e incrédulos,
+de ateos y deístas, que lo ocupan, y
+esperar allí, dando voces de suprema desesperación,
+derritiendo el corazón en lágrimas, a
+que Dios resucite y nos salve de la nada?».</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_29">[Pg 29]</span></p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_30">[Pg 30]</span></p>
+<p class="half-title">PRIMERA PARTE</p>
+</div>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_31">[Pg 31]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO I</h2>
+</div>
+
+<p class="center p2b big2">Que trata de la condición y ejercicio del famoso hidalgo<br>
+Don Quijote de la Mancha.</p>
+
+
+<p>Nada sabemos del nacimiento de Don Quijote,
+nada de su infancia y juventud, ni de cómo se
+fraguara el ánimo del Caballero de la Fe, del
+que nos hace con su locura cuerdos. Nada sabemos
+de sus padres, linaje y abolengo, ni de cómo
+hubieran ido asentándosele en el espíritu las visiones
+de la asentada llanura manchega en que
+solía cazar; nada sabemos de la obra que hiciese
+en su alma la contemplación de los trigales
+salpicados de amapolas y clavellinas; nada sabemos
+de sus mocedades.</p>
+
+<p>Se ha perdido toda memoria de su linaje, nacimiento,
+niñez y mocedad; no nos la ha conservado
+ni la tradición oral ni testimonio alguno
+escrito, y si alguno de éstos hubo, hase perdido
+o yace oculto en polvo secular. No sabemos
+si dió o no muestras de su ánimo denodado y
+heroico ya desde tierno infante, al modo de esos
+santos de nacimiento, que ya desde mamoncillos
+no maman los viernes y días de ayuno, por
+mortificación y dar buen ejemplo.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_32">[Pg 32]</span></p>
+
+<p>Respecto a su linaje declaró él mismo a Sancho,
+departiendo con éste después de la conquista
+del yelmo de Mambrino, que si bien era
+<em>hijodalgo de solar conocido, de posesión y propiedad,
+y de devengar quinientos sueldos</em>, no
+descendía de reyes, aunque, no obstante ello,
+el sabio que escribiese su historia podría deslindar
+de tal modo su parentela y descendencia,
+que le hallase ser quinto o sexto nieto de rey.
+Y de hecho no hay quien, a la larga, no descienda
+de reyes, y de reyes destronados. Mas él
+era de los linajes que son y no fueron. Su linaje
+empieza en él.</p>
+
+<p>Es extraño, sin embargo, cómo los diligentes
+rebuscadores que se han dado con tanto ahinco
+a escudriñar la vida y milagros de nuestro caballero,
+no han llegado aún a pesquisar huellas
+de tal linaje, y más ahora en que tanto peso
+se atribuye en el destino de un hombre a eso
+de su herencia. Que Cervantes no lo hiciera,
+no nos ha de sorprender, pues al fin creía que
+es cada cual hijo de sus obras y que se va haciendo
+según vive y obra; pero que no lo hagan
+estos inquiridores que para explicar el ingenio
+de un héroe husmean si fué su padre gotoso,
+catarroso o tuerto, me choca mucho, y
+sólo me lo explico suponiendo que viven en la
+tan esparcida cuanto nefanda creencia de que
+Don Quijote no es sino ente ficticio y fantástico,
+como si fuera hacedero a humana fantasía el
+parir tan estupenda figura.</p>
+
+<p>Aparécesenos el hidalgo cuando frisaba en los
+cincuenta años, en un lugar de la mancha, pasándolo
+pobremente con una <em>olla de algo más
+vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos
+y quebrantos los sábados, lantejas los viernes<span class="pagenum" id="Page_33">[Pg 33]</span>
+y algún palomino de añadidura los domingos</em>,
+lo cual todo consumía las tres partes de su
+hacienda, acabando de concluirla <em>sayo de velarte,
+calzas de velludo para las fiestas con sus
+pantuflos de lo mismo y los días de entre semana...
+vellorí de lo más fino</em>. En un parco comer
+se le iban las tres partes de sus rentas, en un
+modesto vestir la otra cuarta. Era, pues, un hidalgo
+pobre, un hidalgo de gotera acaso, pero
+de los de lanza en astillero.</p>
+
+<p>Era hidalgo pobre, mas a pesar de ello, hijo
+de bienes, porque como decía su contemporáneo
+el Dr. D. Juan Huarte en el capítulo XVI
+de su <span class="smcap">Examen de ingenios para las ciencias</span>,
+«la ley de la Partida dice que hijodalgo quiere
+decir hijo de bienes; y si se entiende de bienes
+temporales, no tiene razón, porque hay infinitos
+hijodalgos pobres e infinitos ricos que no
+son hidalgos; pero si se quiere decir hijo de
+bienes que llamamos virtud, tiene la misma significación
+que dijimos». Y Alonso Quijano era
+hijo de bondad.</p>
+
+<p>En eso de la pobreza de nuestro hidalgo estriba
+lo más de su vida, como de la pobreza de
+su pueblo brota el manantial de sus vicios y a
+la par de sus virtudes. La tierra que alimentaba
+a Don Quijote es una tierra pobre, tan desollada
+por seculares chaparrones, que por dondequiera
+afloran a ras de ella sus entrañas
+berroqueñas. Basta ver cómo van por los inviernos
+sus ríos, apretados a largos trechos entre
+tajos, hoces y congostos y llevándose al mar
+en sus aguas fangosas el rico mantillo que habría
+de dar a la tierra su verdura. Y esta pobreza
+del suelo hizo a sus moradores andariegos,
+pues o tenían que ir a buscarse el pan a<span class="pagenum" id="Page_34">[Pg 34]</span>
+luengas tierras, o bien tenían que ir guiando a
+las ovejas de que vivían, de pasto en pasto.
+Nuestro hidalgo hubo de ver, año tras otro, pasar
+a los pastores pastoreando sus merinas, sin
+hogar asentado, a la de Dios nos valga, y acaso
+viéndolos así soñó alguna vez con ver tierras
+nuevas y correr mundo.</p>
+
+<p>Era pobre, <em>de complexión recia, seco de carnes,
+enjuto de rostro, gran madrugador y amigo
+de la caza</em>. De lo cual se saca que era de
+temperamento colérico, en el que predominan
+calor y sequedad, y quien lea el ya citado <span class="smcap">Examen
+de ingenios</span> que compuso el Dr. D. Juan
+Huarte, dedicándoselo a S. M. el Rey Don Felipe
+II, verá cuán bien cuadra a Don Quijote
+lo que de los temperamentos calientes y secos
+dice el ingenioso físico. De este mismo temperamento
+era también aquel caballero de Cristo,
+Íñigo de Loyola, de quien tendremos mucho
+que decir aquí, y de quien el P. Pedro de
+Rivadeneira<a id="FNanchor_1" href="#Footnote_1" class="fnanchor">[1]</a> en la vida que de él compuso,
+y en el capítulo V del libro V de ella nos dice
+que era muy cálido de complexión y muy colérico,
+aunque venció luego la cólera, quedándose
+«con el vigor y brío que ella suele dar, y
+que era menester para la ejecución de las cosas
+que trataba». Y es natural que Loyola fuese
+del mismo temperamento que Don Quijote,
+porque había de ser capitán de una milicia, y
+su arte, arte militar. Y hasta en los más pequeños
+pormenores se anunciaba lo que habría<span class="pagenum" id="Page_35">[Pg 35]</span>
+de ser, pues al describirnos la estatura y
+disposición de su cuerpo en el capítulo XVIII
+del libro IV nos dice el citado Padre, su historiador,
+que tenía la frente ancha y desarrugada
+y una calva de muy venerable aspecto. Lo
+que consuena con la cuarta señal que pone el
+Dr. Huarte para conocer al que tenga ingenio
+militar y es tener la cabeza calva, y «está
+la razón muy clara» dice, añadiendo: «Porque
+esta diferencia de imaginativa reside en la parte
+delantera de la cabeza, como todas las demás;
+y el demasiado calor quema el cuero de
+la cabeza y cierra los caminos por donde han
+de pasar los cabellos; allende que la materia
+de que se engendra, dicen los médicos que son
+los excrementos que hace el cerebro al tiempo
+de su nutrición, y con el gran fuego que allí
+hay, todos se gastan y consumen y así falta materia
+de que poderse engendrar». De donde yo
+deduzco, aunque el puntualísimo historiador de
+Don Quijote no nos lo diga, que éste era también
+de frente ancha, espaciosa y desarrugada,
+y además calvo.</p>
+
+<p>Era Don Quijote amigo de la caza, en cuyo
+ejercicio se aprende astucias y engaños de guerra,
+y así es cómo tras las liebres y perdices
+corrió y recorrió los aledaños de su lugar, y debió
+de recorrerlos solitario y escotero bajo la
+tersura sin mancha del cielo manchego.</p>
+
+<p>Era pobre y ocioso; ocioso estaba los más ratos
+del año. Y nada hay en el mundo más ingenioso
+que la pobreza en la ociosidad. La pobreza
+le hacía amar la vida, apartándole de todo
+hartazgo y nutriéndole de esperanzas, y la ociosidad
+debió de hacerle pensar en la vida inacabable,
+en la vida perpetuadora. ¡Cuántas veces<span class="pagenum" id="Page_36">[Pg 36]</span>
+no soñó en sus mañaneras cacerías, con que su
+nombre se desparramara en redondo por aquellas
+abiertas llanuras y rodara ciñendo a los hogares
+todos y resonase en la anchura de la tierra
+y de los siglos! De sueños de ambición apacentó
+su ociosidad a su pobreza, y despegado
+del regalo de la vida, anheló inmortalidad no
+acabadera.</p>
+
+<p>En aquellos cuarenta y tantos años de su oscura
+vida, pues frisaba ésta en los cincuenta
+cuando entró en obra de inmortalidad nuestro
+hidalgo, en aquellos cuarenta y tantos años ¿qué
+había hecho fuera de cazar y administrar su hacienda?
+En las largas horas de su lenta vida
+¿de qué contemplaciones nutrió su alma? Porque
+era un contemplativo, ya que sólo los contemplativos
+se aprestan a una obra como la
+suya.</p>
+
+<p>Adviértase que no se dió al mundo y a su
+obra redentora hasta frisar en los cincuenta,
+en bien sazonada madurez de vida. No floreció,
+pues, su locura hasta que su cordura y su bondad
+hubieron sazonado bien. No fué un muchacho
+que se lanza a tontas y a locas a una carrera
+mal conocida, sino un hombre sesudo y cuerdo
+que enloquece de pura madurez de espíritu.</p>
+
+<p>La ociosidad y un amor desgraciado de que
+hablaré más adelante, le llevaron a darse a leer
+libros de caballerías <em>con tanta afición y gusto,
+que olvidó casi de todo punto el ejercicio de
+la caza y aun la administración de su hacienda</em>
+y hasta <em>vendió muchas fanegas de tierra
+de sembradura para comprar libros de caballerías</em>,
+pues no sólo de pan vive el hombre.
+Y apacentó su corazón con las hazañas y proezas
+de aquellos esforzados caballeros que, desprendidos<span class="pagenum" id="Page_37">[Pg 37]</span>
+de la vida que pasa, aspiraron a la gloria
+que queda. El deseo de la gloria fué su resorte
+de acción.</p>
+
+<p><em>Y así del poco dormir y del mucho leer se le
+secó el celebro de manera que vino a perder el
+juicio.</em> En cuanto a lo de secársele el cerebro,
+el Dr. Huarte, de quien dije, nos dice en el capítulo
+I de su obra que el entendimiento pide
+«que el celebro sea seco y compuesto de partes
+sutiles y muy delicadas», y por lo que hace
+a la pérdida del juicio nos habla de Demócrito
+Abderita, «el cual vino a tanta pujanza de
+entendimiento, allá en la vejez, que se le perdió
+la imaginativa, por la cual razón comenzó
+a hacer y decir dichos y sentencias tan fuera de
+término, que toda la ciudad de Abdera le tuvo
+por loco», mas al ir a verle y curarle Hipócrates
+se encontró con que era «el hombre más sabio
+que había en el mundo», y los locos y
+desatinados los que le hicieron ir a curarle.
+Y fué la ventura de Demócrito—agrega el doctor
+Huarte—que todo cuanto razonó con Hipócrates
+«en aquel breve tiempo fueron discursos
+de entendimiento, y no de la imaginativa,
+donde tenía la lesión». Y así se ve también en
+la vida de Don Quijote que en oyéndole discursos
+de entendimiento, teníanle todos por hombre
+discretísimo y muy cuerdo, mas en llegando
+a los de imaginativa, donde tenía la lesión,
+admirábanse todos de su locura, locura verdaderamente
+admirable.</p>
+
+<p><em>Vino a perder el juicio.</em> Por nuestro bien lo
+perdió; para dejarnos eterno ejemplo de generosidad
+espiritual. Con juicio ¿hubiera sido tan
+heroico? Hizo en aras de su pueblo el más
+grande sacrificio: el de su juicio. Llenósele la<span class="pagenum" id="Page_38">[Pg 38]</span>
+fantasía de hermosos desatinos, y creyó ser verdad
+lo que es sólo hermosura. Y lo creyó con
+fe tan viva, con fe engendradora de obras, que
+acordó poner en hecho lo que su desatino le
+mostraba, y en puro creerlo hízolo verdad. <em>En
+efecto, rematado ya su juicio, vino a dar en el
+más extraño pensamiento que jamás dió loco en
+el mundo, y fué que le pareció convenible y
+necesario, así para el aumento de su honra
+como para el servicio de su república, hacerse
+caballero andante y irse por el mundo con sus
+armas y caballo a buscar las aventuras y a
+ejercitarse en todo aquello que él había leído que
+los caballeros andantes se ejercitaban, deshaciendo
+todo género de agravio y poniéndose en
+ocasiones y peligros, donde acabándolos cobrase
+eterno nombre y fama.</em> En esto de cobrar
+eterno nombre y fama estribaba lo más de su
+negocio; en ello el aumento de su honra primero
+y el servicio de su república después. Y su honra
+¿qué era? ¿Qué era eso de la honra de que
+andaba entonces tan llena nuestra España? ¿Qué
+es sino un ensancharse en espacio y prolongarse
+en tiempo la personalidad? ¿Qué es sino darnos
+a la tradición para vivir en ella y así no morir
+del todo? Podrá ello parecer egoísta, y más
+noble y puro buscar el servicio de la república
+primero, si no únicamente, por lo de buscad el
+reino de Dios y su justicia, buscarlo por amor
+al bien mismo, pero ni los cuerpos pueden menos
+que caer a tierra, pues tal es su ley, ni las
+almas menos que obrar por ley de gravitación
+espiritual, por ley de amor propio y deseo de
+honra. Dicen los físicos que la ley de la caída es
+ley de atracción mutua, atrayéndose una a otra
+la piedra que cae sobre la tierra y la tierra sobre<span class="pagenum" id="Page_39">[Pg 39]</span>
+que aquélla cae, en razón inversa a su respectiva
+masa, y así entre Dios y el hombre es
+también mutua la atracción. Y si Él nos tira a
+Sí con infinito tirón, también nosotros tiramos de
+Él. Su cielo padece fuerza. Y es Él para nosotros,
+ante todo y sobre todo, el eterno productor
+de inmortalidad.</p>
+
+<p>El pobre e ingenioso hidalgo no buscó provecho
+pasajero ni regalo de cuerpo, sino eterno
+nombre y fama, poniendo así su nombre sobre
+sí mismo. Sometióse a su propia idea, al
+Don Quijote eterno, a la memoria que de él
+quedase. «Quien pierda su alma la ganará»—dijo
+Jesús—, es decir, ganará su alma perdida y no
+otra cosa. Perdió Alonso Quijano el juicio, para
+ganarlo en Don Quijote; un juicio glorificado.</p>
+
+<p><em>Imaginábase el pobre ya coronado por el valor
+de su brazo, por lo menos del imperio de
+Trapisonda, y se dió priesa a poner en efecto
+lo que deseaba.</em> No fué un contemplativo tan
+sólo, sino que pasó del soñar a poner por obra
+lo soñado. <em>Y lo primero que hizo fué limpiar
+unas armas que habían sido de sus bisagüelos</em>,
+pues salía a luchar a un mundo para él desconocido,
+con armas heredadas que <em>luengos siglos
+había que estaban puestas y olvidadas en un
+rincón</em>. Mas antes limpió las armas</p>
+
+<p class="center p1 p1b"><em>que el orín de la paz gastado había</em><br>
+
+ <span class="smcap" style="padding-left: 5em;">(Camões: Os Lusiadas</span>, IV, 22.)</p>
+
+<p>y se arregló una celada de encaje con cartones,
+y todo lo demás que sabéis de cómo lo probó,
+sin querer repetir la probatura, en lo que mostró
+lo cuerda que su locura era. Y <em>fué luego a
+ver a su rocín</em> y engrandeciólo con los ojos de la<span class="pagenum" id="Page_40">[Pg 40]</span>
+fe y le puso nombre. Y luego se lo puso a sí
+mismo, nombre nuevo, como convenía a su renovación
+interior, y se llamó Don Quijote y con
+este nombre ha cobrado eternidad de fama. E
+hizo bien en mudar de nombre, pues con el
+nuevo llegó a ser de veras hidalgo, si nos atenemos
+a la doctrina del dicho Dr. Huarte, que
+en la ya citada obra nos dice así: «El español
+que inventó este nombre, hijodalgo, dió bien
+a entender... que tienen los hombres dos géneros
+de nacimiento. El uno es natural, en el
+cual todos son iguales, y el otro espiritual. Cuando
+el hombre hace algún hecho heroico o alguna
+extraña virtud y hazaña, entonces nace de
+nuevo y cobra otros mejores padres, y pierde
+el ser que antes tenía. Ayer se llamaba hijo
+de Pedro y nieto de Sancho; ahora se llama
+hijo de sus obras. De donde tuvo origen el refrán
+castellano que dice: cada uno es hijo de
+sus obras, y porque las buenas y virtuosas llama
+la Divina Escritura algo, y los vicios y pecados
+nada, compuso este nombre, hijodalgo, que quiere
+decir ahora descendiente del que hizo alguna
+extraña virtud...» Y así Don Quijote, descendiente
+de sí mismo, nació en espíritu al decidirse
+a salir en busca de aventuras, y se puso
+nuevo nombre a cuenta de las hazañas que pensaba
+llevar a cabo.</p>
+
+<p>Y después de esto buscó dama de quien enamorarse.
+Y en la imagen de Aldonza Lorenzo,
+<em>moza labradora de muy buen parecer, de quien
+él un tiempo anduvo enamorado, aunque según
+se entiende ella jamás lo supo ni se dió cata de
+ello</em>, encarnó la Gloria y la llamó Dulcinea del
+Toboso.</p>
+
+
+<div class="chapter">
+<div class="footnotes">
+<p class="center big2 p2">NOTAS:</p>
+
+<div class="footnote">
+
+<p><a id="Footnote_1" href="#FNanchor_1" class="label">[1]</a> Le llamo P., es decir, Padre, por acomodarme al uso, o
+sea abuso, común en casos tales, y aunque sé que Cristo Jesús dijo:
+«No os llaméis Padre en la tierra; pues uno solo es vuestro padre:
+que está en los cielos». (Mat., XXIII, 9.)</p>
+
+</div>
+</div>
+</div>
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_41">[Pg 41]</span></p>
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO II</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">Que trata de la primera salida que de su tierra hizo Don Quijote.</p>
+
+
+<p><em>Y así, sin dar parte a persona alguna de su intención,
+y sin que nadie le viese, una mañana
+antes del día se armó de todas sus armas, subió
+sobre su Rocinante... y por la puerta falsa de
+un corral salió al campo con grandísimo contento
+y alborozo de ver con cuánta facilidad había
+dado principio a su buen deseo.</em> Así, solo, sin
+ser visto, por puerta falsa de corral, como quien
+va a hacer algo vedado, se echó al mundo. ¡Singular
+ejemplo de humildad! El caso es que por
+cualquier puerta se sale al mundo, y cuando
+uno se apresta a una hazaña no debe pararse en
+por qué puerta ha de salir.</p>
+
+<p>Mas pronto cayó en la cuenta de que no era
+armado caballero, y él, sumiso a la tradición
+siempre, <em>propuso de hacerse armar caballero del
+primero que topase</em>. Porque no iba al mundo a
+derogar ley alguna, sino a hacer que se cumplieran
+las de la caballerosidad y la justicia.</p>
+
+<p>¿No os recuerda esta salida la de aquel otro
+caballero, de la Milicia de Cristo, Íñigo de Loyola,
+que después de haber procurado en sus<span class="pagenum" id="Page_42">[Pg 42]</span>
+mocedades «de aventajarse sobre todos sus iguales
+y de alcanzar fama de hombre valeroso, y
+honra y gloria militar», y aun en los comienzos de
+su conversión, cuando se disponía a ir a Italia,
+siendo «muy atormentado de la tentación de la
+vanagloria», y habiendo sido, antes de convertirse,
+«muy curioso y amigo de leer libros profanos
+de caballerías», cuando después de herido en
+Pamplona leyó la vida de Cristo, y las de los Santos,
+comenzó a «trocársele el corazón y a querer
+imitar y obrar lo que leía»? Y así, una mañana, sin
+hacer caso de los consejos de sus hermanos,
+«púsose en camino acompañado de dos criados»
+y emprendió su vida de aventuras en Cristo, poniendo
+en un principio «todo su cuidado y conato
+en hacer cosas grandes y muy dificultosas... y
+esto no por otra razón sino porque los Santos
+que él había tomado por su dechado y ejemplo,
+habían echado por este camino». Así nos lo
+cuenta el P. Pedro de Rivadeneira en los capítulos
+I, III y X del libro I de su <span class="smcap">Vida del bienaventurado
+Padre Ignacio de Loyola</span>, obra que
+apareció en romance castellano el año 1583, y
+era una de las que figuraban en la librería de
+Don Quijote, que la leyó, y una de las que en
+el escrutinio que de la tal librería hicieron el
+cura y el barbero, fué indebidamente al fuego
+del corral, por no haber ellos reparado en ella,
+que a haberla descubierto habríala el cura respetado
+y puesto sobre su cabeza. Y de que no
+reparó en ella, es buena prueba el que Cervantes
+no la cita.</p>
+
+<p>Resuelto Don Quijote a hacerse armar caballero
+del primero que topase, <em>se quietó y prosiguió
+su camino sin llevar otro que aquel que su
+caballo quería, creyendo que en aquello consistía<span class="pagenum" id="Page_43">[Pg 43]</span>
+la fuerza de las aventuras</em>. Y creyendo muy
+bien al creer así. Su heroico espíritu igual habría
+de ejercerse en una que otra aventura; en
+la que Dios tuviese a bien depararle. Como Cristo
+Jesús, de quien fué siempre Don Quijote un
+fiel discípulo, estaba a lo que la aventura de los
+caminos le trajese. El divino Maestro, yendo a
+despertar de su mortal sueño a la hija de Jairo,
+se detuvo con la mujer de la hemorragia. Lo
+más urgente es lo de ahora y lo de aquí; en el
+momento que pasa y en el reducido lugar que
+ocupamos están nuestra eternidad y nuestra infinitud.</p>
+
+<p>Se dejaba llevar de su caballo el caballero, al
+azar de los senderos de la vida. ¿Qué menos
+daba esto si era siempre la misma y siempre
+fija su alma heroica? Salía al mundo a enderezar
+los entuertos que al encuentro le salieran, mas
+sin plan previo, sin programa alguno reformatorio.
+No salía a él a aplicar ordenamientos de
+antemano trazados, sino a vivir conforme a como
+los caballeros andantes habían vivido; su dechado
+eran vidas creadas y narradas por el arte,
+no sistemas armados y explicados por ciencia
+alguna. A lo que conviene añadir, además, que
+por aquel entonces no había aún esta cosa que
+llamamos ahora sociología por llamarla de algún
+modo.</p>
+
+<p>Y conviene veamos también en esto de dejarse
+llevar del caballo uno de los actos de más
+profunda humildad y obediencia a los designios
+de Dios. No escojía, como soberbio, las aventuras,
+ni iba a hacer esto o lo otro, sino lo que el
+azar de los caminos le deparase, y como el instinto
+de las bestias depende de la voluntad divina
+más directamente que nuestro libre albedrío,<span class="pagenum" id="Page_44">[Pg 44]</span>
+de su caballo se dejaba guiar. También
+Íñigo de Loyola, en famosa aventura, de que
+hablaremos, se dejó guiar de la inspiración de
+su cabalgadura.</p>
+
+<p>Esto de la obediencia de Don Quijote a los designios
+de Dios es una de las cosas que más debemos
+observar y admirar en su vida. Su obediencia
+fué de la perfecta, de la que es ciega,
+pues jamás se le ocurrió pararse a pensar si era
+o no acomodada a él la aventura que se le presentase;
+se dejó llevar, como, según Loyola, debe
+dejarse llevar el perfecto obediente, como un
+báculo en mano de un viejo, o «como un pequeño
+crucifijo que se deja volver de una parte a
+otra sin dificultad alguna».</p>
+
+<p><em>Yendo, pues, caminando nuestro flamante
+aventurero, iba hablando consigo mesmo y diciendo:
+¿quién duda sino que en los venideros
+tiempos, cuando salga a luz la verdadera historia
+de mis famosos hechos.</em>.. y todo lo demás
+que, según nos cuenta Cervantes, iba diciéndose
+Don Quijote. Cuya locura tira siempre a su centro,
+a buscar eterno nombre y fama, a que se escriba
+su historia en los venideros tiempos. Fué el
+fondo de pecado, es decir, la raíz hondamente
+humana, de su generosa empresa; la de buscar
+nombre y fama en ella, la de emprenderla por
+la gloria. Pero ese mismo fondo de pecado la
+hizo, ¡es natural!, entrañadamente humana.
+Toda vida heroica o santa corrió siempre en pos
+de gloria, temporal o eterna, terrena o celestial.
+No creáis a quienes os digan que buscan el bien
+por el bien mismo, sin esperanza de recompensa;
+de ser ello verdad, serían sus almas como
+cuerpos sin peso, puramente aparenciales. Para
+conservar y acrecentar la especie humana se<span class="pagenum" id="Page_45">[Pg 45]</span>
+nos dió el instinto y sentimiento del amor entre
+mujer y hombre, para enriquecerla con grandes
+obras se nos dió la ambición de gloria. Lo sobrehumano
+de la perfección toca en lo inhumano,
+y en ello se hunde.</p>
+
+<p>Y entre los disparates que en este acto de su
+primer salida iba nuestro caballero ensartando,
+fué de lo primero acordarse de la princesa Dulcinea,
+de la Gloria, que le hizo el agravio de despedirle
+y reprocharle con el riguroso afincamiento
+de mandarle no parecer ante la su fermosura. La
+gloria es conquistadera, mas con harto trabajo,
+y el buen hidalgo, impaciente como novicio, se
+desesperaba de haber caminado todo aquel día
+<em>sin acontecerle cosa que de contar fuese</em>. No
+te desespere eso, buen caballero: lo heroico es
+abrirse a la gracia de los sucesos que nos sobrevengan,
+sin pretender forzarlos a venir.</p>
+
+<p>Mas al caer de este primer día de su carrera de
+gloria <em>vió no lejos del camino por donde iba,
+una venta</em>, llegando a ella <em>a tiempo que anochecía</em>.
+Y las primeras personas con que topó en el
+mundo fueron <em>dos mujeres mozas, destas que
+llaman del partido</em>; encuentro con dos pobres rameras
+fué su primer encuentro en su ministerio
+heroico. Mas a él le parecieron <em>dos hermosas
+doncellas o dos graciosas damas, que delante de
+la puerta del castillo</em>—pues por tal tuvo a la venta—<em>se
+estaban solazando</em>. ¡Oh poder redentor de
+la locura! A los ojos del héroe las mozas del
+partido aparecieron como hermosas doncellas;
+su castidad se proyecta a ellas y las castiga y depura.
+La limpieza de Dulcinea las cubre y limpia
+a los ojos de Don Quijote.</p>
+
+<p>Y en esto un porquero tocó un cuerno para
+recoger sus puercos, y lo tomó Don Quijote por<span class="pagenum" id="Page_46">[Pg 46]</span>
+señal de algún enano, y se llegó a la venta y a
+las trasfiguradas mozas. Llenas éstas de miedo—¿y
+qué sino miedo ha de criar en ellas su desventurado
+oficio?—se iban a entrar en la venta,
+cuando el Caballero, alzada la visera de papelón
+y descubierto el seco y polvoroso rostro, les
+habló <em>con gentil talante y voz reposada</em> llamándolas
+doncellas. ¡Doncellas! ¡Santa limosna de
+la palabra! Pero ellas, al oirse llamar cosa <em>tan
+fuera de su profesión, no pudieron tener la risa,
+y fué de manera que Don Quijote vino a correrse</em>.</p>
+
+<p>He aquí la primera aventura del hidalgo, cuando
+responde la risa a su cándida inocencia, cuando
+al verter sobre el mundo su corazón la pureza
+de que estaba henchido, recibe de rechazo la
+risa, matadora de todo generoso anhelo. Y ved
+que las desgraciadas se ríen precisamente del
+mayor honor que pudiera hacérseles. Y él, corrido,
+les reprendió su sandez, y arreciaron a
+reir ellas, y él a enojarse, y salió el ventero,
+<em>hombre que por ser muy gordo era muy pacífico</em>,
+y le ofreció posada. Y ante la humildad del ventero,
+humillose Don Quijote y se apeó. Y las
+mozas, reconciliadas con él, pusiéronse a desarmarle.
+Dos mozas del partido hechas por Don
+Quijote doncellas, ¡oh poder de su locura redentora!,
+fueron las primeras en servirle con desinteresado
+cariño.</p>
+
+<div class="poetry-container">
+<div class="poetry">
+<p><em>Nunca fuera caballero<br>
+de damas tan bien servido.</em></p>
+</div>
+</div>
+
+<p>Recordad a María de Magdala lavando y ungiendo
+los pies del Señor y enjugándoselos
+con su cabellera acariciada tantas veces en el<span class="pagenum" id="Page_47">[Pg 47]</span>
+pecado; a aquella gloriosa Magdalena de que
+tan devota era Teresa de Jesús, según ella misma
+nos lo cuenta en el capítulo IX de su <span class="smcap">Vida</span>,
+y a la que se encomendaba para que le alcanzase
+perdón.</p>
+
+<p>El Caballero manifestó sus deseos de cumplir
+hazañas en servicio de aquellas pobres mozas,
+que aún aguardan el Don Quijote que enderece
+su entuerto. <em>Pero tiempo vendrá</em>—les dijo—<em>en
+que las vuestras señorías me manden y yo obedezca.
+Y las mozas, que no estaban hechas a
+oir semejantes retóricas</em> y sí soeces groserías, <em>no
+respondían palabra; sólo le preguntaron si quería
+comer alguna cosa</em>. Cesó la risa; sintiéronse
+mujeres las adoncelladas mozas del partido, y
+le preguntaron si quería comer. <em>Si quería comer</em>...
+Hay todo un misterio de la más sencilla
+ternura en este rasgo que Cervantes nos ha trasmitido.
+Las pobres mozas comprendieron al Caballero
+calando hasta el fondo su niñez de espíritu,
+su inocencia heroica, y le preguntaron si
+quería comer. Fueron dos pobres pecadoras de
+por fuerza las primeras que se cuidaron de mantener
+la vida del heroico loco. Las adoncelladas
+mozas, al ver a tan extraño Caballero, debieron
+de sentirse conmovidas en lo más hondo de sus
+injuriadas entrañas, en sus entrañas de maternidad,
+y al sentirse madres, viendo en Don Quijote
+al niño, como las madres a sus hijos le preguntaron
+materialmente si quería comer. Toda
+caridad de mujer, todo beneficio, toda limosna
+que rinde, lo hace por sentirse madre. Con alma
+de madres preguntaron las mozas del partido a
+Don Quijote si quería comer. Ved, pues, si las
+adoncelló con su locura, pues que toda mujer,
+cuando se siente madre, se adoncella.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_48">[Pg 48]</span></p>
+
+<p>Si quería comer... <em>A lo que entiendo me haría
+mucho al caso</em>—respondió Don Quijote—,
+<em>pues el trabajo y peso de las armas no se puede
+llevar sin el gobierno de las tripas</em>. Y comió,
+y al oir, mientras comía, el silbato de cañas
+de un castrador de puercos, acabóse de confirmar
+<em>que estaba en algún famoso castillo y
+que le servían con música, y que el abadejo
+eran truchas, el pan candial y las rameras damas,
+y el ventero castellano del castillo, y con
+esto daba por bien empleada su determinación
+y salida</em>. Con razón se dijo que nada hay imposible
+para el creyente, ni nada como la fe sazona
+y ablanda el pan más áspero y duro.</p>
+
+<p><em>Mas lo que más le fatigaba era el no verse
+armado caballero, por parecerle que no se podría
+poner legítimamente en aventura alguna
+sin recebir la orden de caballería.</em> Y decidió hacerlo.</p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_49">[Pg 49]</span></p>
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO III</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">Donde se comenta la graciosa manera<br>
+que tuvo Don Quijote en armarse caballero.</p>
+
+
+<p>Va Alonso Quijano a recibir su caballeresco
+bautismo como Don Quijote. Y así, hincó ambos
+hinojos ante el ventero pidiéndole un don,
+que le fué otorgado, cual fué el de que le armara
+caballero, y prometiendo velar aquella
+noche las armas en la capilla del castillo. Y el
+ventero <em>por tener que reir aquella noche, determinó
+de seguirle el humor</em>, por donde se ve
+que era uno de éstos que toman al mundo en
+espectáculo, cosa natural en quien estaba hecho
+a tanto trajín y trasiego de yentes y vinientes.
+¿Cómo no tomar en espectáculo el mundo
+quien vive en él de una posada en donde nadie
+posa de veras? El tener que separarse de uno
+apenas conocido y tratado nos lleva a buscar
+que reir.</p>
+
+<p>Era el ventero un hombre que había corrido
+mundo sembrando fechorías y cosechando prudencia.
+Y tan claveteada ésta, que al responder
+Don Quijote a una pregunta suya <em>que no traía
+blanca porque él nunca había leído en las historias<span class="pagenum" id="Page_50">[Pg 50]</span>
+de los caballeros andantes que ninguno
+los hubiese traído</em>, le dijo se engañaba, que
+puesto caso <em>que en las historias no se escribía,
+por haberles parecido a los autores dellas que
+no era menester escrebir una cosa tan clara y
+tan necesaria de traerse, como eran dineros y
+camisas limpias, no por eso se había de creer
+que no los trujeron; y así tuviese por cierto
+y averiguado que todos los caballeros andantes
+llevaban herradas las bolsas por lo que pudiese
+sucederles</em>. A lo cual <em>prometió Don Quijote
+de hacer lo que se le aconsejaba</em>, pues
+era un loco muy razonable y ante la intimación
+de los dineros no hay locura que no se quiebre.</p>
+
+<p>Pero ¿no vive el sacerdote del altar?, se dirá.
+Y ¿no es bien que de sus hazañas viva el hazañoso?
+¡Dineros y camisas limpias! ¡Impurezas
+de la realidad! Impurezas de la realidad,
+sí, pero a las que tienen que acomodarse los
+héroes. También Íñigo de Loyola se esforzaba
+por vivir en verdadero caballero andante a lo
+divino, tornando, apenas salía de enfermedades,
+a sus acostumbradas asperezas de vida,
+«pero al fin la larga experiencia y un grave dolor
+de estómago que a menudo le saltaba—nos
+cuenta su historiador, lib. I, cap. IX—y la aspereza
+del tiempo, que era en medio del invierno,
+le ablandaron un poco para que obedeciese
+a los consejos de sus devotos y amigos;
+los cuales le hicieron tomar dos ropillas cortas,
+de un paño grosero y pardillo, para abrigar
+su cuerpo y del mismo paño una media
+caperuza para cubrir la cabeza».</p>
+
+<p>Púsose luego Don Quijote a velar las armas
+en el patio de la venta, a la luz de la luna y espiado
+por los curiosos. Y entró un arriero a dar<span class="pagenum" id="Page_51">[Pg 51]</span>
+agua a su recua y quitó las armas que estaban
+sobre la pila, pues cuando hay que dar de beber
+a nuestra hacienda arrancamos cuanto nos
+estorbe llegar al manantial. Mas recibió su
+pago en un fuerte astazo de lanza que le derribó
+aturdido. Y a otro, que iba a lo mismo,
+acaecióle igual. Y a poco empezaron los demás
+arrieros a apedrear al Caballero, y él a dar
+voces llamándoles <em>soez y baja canalla</em> y los llamó
+<em>con tanto brío y denuedo</em>, que logró atemorizarlos.
+Poned, pues, alma en vuestras voces,
+llamad con denuedo y brío canalla a los
+arrieros que arrancan de su reposadero las armas
+del ideal para poder abrevar sus recuas, y
+conseguiréis atemorizarlos.</p>
+
+<p>El ventero, temeroso de otros males, abrevió
+la ceremonia, llevó un libro <em>donde asentaba
+la paja y cebada que daba a los arrieros y
+con un cabo de vela que traía un muchacho
+y con las dos ya dichas doncellas</em>, hizo ponerse
+de rodillas a Don Quijote y leyendo una devota
+oración le dió un golpe y el espaldarazo.
+El libro en que asentaba la paja y cebada sirvió
+de evangelio ritual, y cuando el Evangelio se
+convierte en puro rito es lo mismo. Una de las
+mozas, la Tolosa, toledana, le <em>ciñó</em> la espada
+deseándole ventura en lides y él le rogó se pusiese
+Don y se llamase Doña Tolosa, y la otra
+moza, la Molinera, antequerana, le calzó la
+espuela <em>y le pasó casi el mismo coloquio</em> con
+ella. Y luego se salió sin que le pidieran la
+costa.</p>
+
+<p>Ya le tenemos armado caballero por un bellaco,
+que harto de hurtar la vida a salto de
+mata, la asegura desvalijando a mansalva a los
+viandantes, y por dos rameras adoncelladas.<span class="pagenum" id="Page_52">[Pg 52]</span>
+Tales le entraron en el mundo de la inmortalidad,
+en que habían de reprenderle canónigos y
+graves eclesiásticos. Ellas, la Tolosa y la Molinera,
+le dieron de comer; ellas le ciñeron espada
+y le calzaron espuelas mostrándose con
+él serviciales y humildes. Humilladas de continuo
+en su fatal profesión, penetradas de su
+propia miseria y sin siquiera el orgullo hediondo
+de la degradación, fueron adoncelladas por
+Don Quijote y elevadas por él a la dignidad de
+doñas. Fué el primer entuerto del mundo enderezado
+por nuestro Caballero, y como todos
+los demás que enderezó, torcido queda. ¡Pobres
+mujeres que sencillamente, sin ostentación
+cínica, doblan la cerviz a la necesidad del
+vicio y a la brutalidad del hombre, y para ganarse
+el pan, se resignan a la infamia! ¡Pobres
+guardadoras de la virtud ajena, hechas sumideros
+de lujuria, que estancándose mancharía a
+las otras! Fueron las primeras en acoger al
+loco sublime; ellas le ciñeron espada, ellas le
+calzaron espuela, y de sus manos entró en el
+camino de la gloria.</p>
+
+<p>Y aquella vela de armas ¿no os recuerda la
+del caballero andante de Cristo, la de Íñigo de
+Loyola? También Íñigo, la víspera de la Navidad
+de 1522, veló sus armas ante el altar de
+Nuestra Señora de Monserrate. Oigámoslo al
+P. Rivadeneira (lib. I, cap. IV): «Como hubiese
+leído en sus libros de caballerías que los caballeros
+noveles solían velar sus armas, por imitar
+él, como caballero novel de Cristo, con espiritual
+representación, aquel hecho caballeroso y velar
+sus nuevas y al parecer pobres y flacas armas,
+mas en hecho de verdad muy ricas y fuertes, que
+contra el enemigo de nuestra naturaleza se había<span class="pagenum" id="Page_53">[Pg 53]</span>
+vestido, toda aquella noche, parte en pie y
+parte de rodillas, estuvo velando delante de la
+imagen de Nuestra Señora, encomendándose de
+todo corazón a ella, llorando amargamente sus
+pecados y proponiendo la enmienda de la vida
+para en adelante».</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_54">[Pg 54]</span></p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_55">[Pg 55]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO IV</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">De lo que sucedió a nuestro Caballero
+cuando salió de la venta.</p>
+
+
+<p>Salió de la venta Don Quijote y, acordándose
+de los consejos del sesudo ventero, determinó
+volverse a casa a proveerse de lo necesario y a
+tomar escudero. No era un necio que fuese a
+tiro hecho, sino un loco que admitía las lecciones
+de la realidad.</p>
+
+<p>Y al volver a casa, <em>a acomodarse de todo</em>, oyó
+voces salientes de la espesura de un bosque, y
+se entró por él y vió a un labrador que azotaba a
+un muchacho <em>desnudo de medio cuerpo arriba</em>,
+reprendiéndole a cada golpe. Y al ver un castigo
+se sublevó el espíritu de justicia del caballero e
+increpó al labrador que se tomaba con quien no
+podía defenderse, e invitóle a luchar con él, por
+ser de cobardes lo que hacía. <em>Es un mi criado</em>—respondió
+con buenas palabras el castigador—,
+contando después cómo le perdía ovejas de la
+manada, y que al castigarle decía el criado lo hacía
+su amo por miserable, en lo que mentía según
+el amo. <em>¿Miente delante de mí, ruin villano?—dijo
+Don Quijote—; por el sol que nos alumbra<span class="pagenum" id="Page_56">[Pg 56]</span>
+que estoy por pasaros de parte a parte con esta
+lanza; pagalde luego sin más réplica; si no, por
+el Dios que nos rige, que os concluya y aniquile
+en este punto; desatadlo luego.</em></p>
+
+<p>¿Mentir? ¿Mentir delante de Don Quijote?
+Ante él sólo miente quien reprocha de mentira
+a otro, siempre que el reprochador sea el más
+fuerte. En el bajo y triste mundo no les queda
+de ordinario a los débiles otra defensa que la
+mentira contra la fortaleza de los fuertes, y así
+éstos, los leones, han declarado nobles sus armas,
+las recias quijadas y las robustas garras,
+y viles el veneno de la víbora, las patas veloces
+de la liebre, la astucia del zorro y la tinta del
+calamar, y vilísima la mentira, arma de quien
+no tiene otra a que acogerse. Pero ¿mentir ante
+Don Quijote, o mejor dicho, mentir a solas con
+quien sabe la verdad? Quien miente es el fuerte,
+que teniendo atado y azotando al débil, le
+echa en cara su mentira. ¿Miente? ¿Y por qué
+él, Juan Haldudo el rico, al ser cogido en flagrante
+delito, va a aumentarlo ejerciendo de
+acusador, de diablo? Todo amo que se toma la
+justicia por su mano, tiene que hacer de diablo
+para poder tomársela e inventar imputaciones.
+Siempre el fuerte busca razones con que cohonestar
+sus violencias, cuando en rigor basta la
+violencia, que es razón de sí misma, y sobran
+las razones. Es preferible un pisotón a secas,
+cuando nos lo dan adrede, que no con un «usted
+dispense» de añadidura.</p>
+
+<p>Bajó el rico labrador la cabeza—¿y qué iba a
+hacer ante la verdad, que armada de lanzón, le
+hablaba amenazadora?—, bajó la cabeza sin responder,
+desató al criado y ofreció, so pena de
+muerte, pagarle sesenta y tres reales cuando<span class="pagenum" id="Page_57">[Pg 57]</span>
+llegaran a casa, pues no tenía allí dinero. Resistióse
+el mozo a ir, por miedo a nueva paliza,
+mas Don Quijote replicó: <em>no hará tal, basta que
+yo se lo mande para que me tenga respeto, y
+con que él me lo jure por la ley de caballería que
+ha recebido, le dejaré ir libre y aseguraré la
+paga</em>. Protestó el criado, diciendo no ser caballero
+su amo, sino Juan Haldudo el rico, vecino
+del Quintanar, a lo que respondió Don Quijote
+que puede haber Haldudos caballeros <em>y cada
+uno es hijo de sus obras</em>. Lo de haberle tomado
+por caballero Don Quijote vino de que vió <em>tenía
+una lanza arrimada a la encina adonde estaba
+arrendada la yegua</em>, y ¿quiénes sino los caballeros
+usan lanza?, ni ¿cómo sino por ella va
+a conocérseles?</p>
+
+<p>Notemos aquel <em>no hará tal, basta que yo se
+lo mande para que me tenga respeto</em>, sentencia
+probadora de la honda fe del caballero en
+sí mismo, fe en que se ensalzaba, pues no teniendo
+aún obras, creíase hijo de las que pensaba
+acometer y por las que cobraría eterno
+nombre y fama. Poco cristiano a primera vista
+lo de tener a un hijo de Dios por hijo de sus
+obras, mas es que el cristianismo de Don Quijote
+estaba más adentro, mucho más adentro, por
+debajo de gracia de fe y de mérito de obras, en
+la raíz común a la naturaleza y a la gracia.</p>
+
+<p>Prometido, pues, por Juan Haldudo el rico,
+el pagar a su criado un real sobre otro y aun sahumados,
+sahumerio de que le hizo gracia Don
+Quijote, encomendándole cumpliera como juró,
+pues de otro modo juraba él volver a buscarlo
+y castigarle, pues tendría que hallarlo aunque
+se escondiese más que una lagartija; prometido
+así por Juan Haldudo, se apartó Don Quijote.<span class="pagenum" id="Page_58">[Pg 58]</span>
+Y cuando hubo traspuesto el bosque y ya no
+parecía, volvióse el rico Haldudo a su criado,
+tornó a atarle a la encina y le hizo pagar cara
+la justicia de Don Quijote. Y con esto el criado
+<em>se partió llorando y su amo se quedó riendo;
+y de esta manera deshizo el agravio el valeroso
+Don Quijote</em>—agrega Cervantes maliciosamente.
+Y con él maliciarán cuantos hablan de
+lo contraproducente del ideal. Mas ahora, ¿ahora
+quién ríe y quién llora ahora? El caballero
+se fué su camino, lleno de fe, ponderando su
+hazaña y cómo quitó el látigo de la mano <em>a aquel
+despiadado enemigo que tan sin ocasión vapulaba
+a aquel delicado infante</em>. Al cual le fué
+sin duda de mayor premio la segunda tanda de
+azotes con que le dejó por muerto su amo, que
+no la primera y sin duda muy merecida en justicia
+humana. Más le valieron y más le enseñaron
+aquellos segundos furiosos azotes, que le
+hubieran valido y enseñado los sesenta y tres
+reales sahumados. Aparte de lo cual, tienen las
+aventuras todas de nuestro Caballero su flor en
+el tiempo y en la tierra, pero sus raíces en la
+eternidad, y en la eternidad y en los profundos,
+el entuerto del criado de Juan Haldudo el rico,
+quedó muy bien y para siempre enderezado.</p>
+
+<p>Siguió Don Quijote el camino que a Rocinante
+le placía, pues todos ellos llevan a la eternidad
+de la fama cuando el pecho alberga esforzado
+empeño. También Íñigo de Loyola,
+cuando camino de Monserrate, se separó del
+moro con quien había disputado, determinó dejar
+a la cabalgadura en que iba la elección de
+camino y de porvenir. Y yendo así Don Quijote,
+es cuando dió con aquel tropel de mercaderes
+toledanos que iban a comprar seda a Murcia. Y<span class="pagenum" id="Page_59">[Pg 59]</span>
+vió nueva aventura y se plantó ante ellos como
+Cervantes nos lo cuenta, y quiso hacerlos confesar,
+¡a los mercaderes!, que <em>no hay en el mundo
+todo doncella más hermosa que la emperatriz de
+la Mancha, la sin par Dulcinea del Toboso</em>.</p>
+
+<p>Los corazones mezquinos que sólo miden la
+grandeza de las acciones humanas por el bajo
+provecho de la carne o el sosiego de la vida
+externa, alaban el intento de Don Quijote al
+querer hacer pagar a Haldudo el rico o al socorrer
+a menesterosos, pero no ven sino mera
+locura en esto de querer que los mercaderes
+confesasen, sin haberla nunca visto, la sin par
+hermosura de Dulcinea del Toboso. Y ésta es,
+sin embargo, una de las más quijotescas aventuras
+de Don Quijote, es decir, una de las que
+más levantan el corazón de los redimidos por
+su locura. Aquí Don Quijote no se dispone a
+pelear por favorecer a menesteroso, ni por enderezar
+entuerto, ni por reparar injusticia, sino
+por la conquista del reino espiritual de la fe.
+Quería hacer confesar a aquellos hombres, cuyos
+corazones amonedados sólo veían el reino
+material de las riquezas, que hay un reino espiritual
+y redimirlos así, a pesar de ellos mismos.</p>
+
+<p>Los mercaderes no se rindieron a primeras,
+y duros de pelar, acostumbrados a la sisa y al
+regateo, regatearon la confesión, disculpándose
+con no conocer a Dulcinea. Y aquí Don Quijote
+monta en quijotería y exclama: <em>Si os la
+mostrara ¿qué hiciérades vosotros en confesar
+una verdad tan notoria? La importancia está
+en que sin verla lo habéis de creer, confesar,
+afirmar, jurar y defender.</em> ¡Admirable caballero
+de la fe! ¡Y cuán hondo su sentido de ésta! Era
+de su pueblo, que fué también tizona en la diestra<span class="pagenum" id="Page_60">[Pg 60]</span>
+y en la siniestra el Cristo, a hacer confesar
+a remotas gentes un credo que no conocían.
+Sólo que alguna vez cambió de manos y erigió en
+alto la espada y golpeó con el crucifijo. <em>Gente
+descomunal y soberbia</em> llamó con razón Don
+Quijote a los mercaderes toledanos, pues ¿cuál
+mayor soberbia que negarse a confesar, afirmar,
+jurar y defender la hermosura de Dulcinea,
+sin haberla visto? Mas ellos, retusos en la
+fe, insistieron, y como los contumaces judíos,
+que pedían al Señor señales, pidieron al Caballero
+les mostrase algún retrato de aquella señora,
+aunque fuera <em>tamaño como un grano de
+trigo</em>, y añadiendo a la contumacia protervia,
+blasfemaron.</p>
+
+<p>Blasfemaron, suponiendo a la sin par Dulcinea,
+lucero de nuestras andanzas por los senderos
+de esta baja vida, consuelo en las adversidades,
+manadero de acometedores bríos, doncella
+engendradora de altas empresas, por quien
+es llevadera la vida y vividera la muerte; supusieron
+a la sin par Dulcinea <em>tuerta de un ojo y
+que del otro le mana bermellón y piedra azufre.
+No le mana, canalla infame—respondió Don
+Quijote encendido en cólera—, no le mana eso
+que decís, sino ámbar y algalia entre algodones,
+y no es tuerta ni corcovada, sino más derecha
+que un huso de Guadarrama.</em> ¡No le mana!
+¡no le mana!—repitamos nosotros todos—, ¡no le
+mana! ¡no le mana!, infames mercaderes, ¡no le
+mana sino ámbar y algalia entre algodones! Ámbar
+mana de los ojos de la Gloria que con ellos
+nos mira, infames mercaderes.</p>
+
+<p>Y para hacerles pagar y cara, tan gran blasfemia,
+arremetió Don Quijote con la lanza baja
+contra el que lo había dicho <em>con tanta furia y<span class="pagenum" id="Page_61">[Pg 61]</span>
+enojo, que si la buena suerte no hiciera que en
+la mitad del camino tropezara y cayera Rocinante
+lo pasara mal el atrevido mercader</em>.</p>
+
+<p>Ya está en el suelo Don Quijote, gustando
+con sus costillas la dureza de la madre tierra;
+es su primer caída. Parémonos a considerarla.
+<em>Cayó Rocinante, y fué rodando</em> su amo una
+buena pieza por el campo, y queriéndose <em>levantar,
+jamás pudo: tal embarazo le causaban la
+lanza, adarga, espuelas y celada con el peso de
+las antiguas armas</em>. Ya diste en tierra, mi señor
+Don Quijote, por fiar en tu propia fortaleza y en
+la fortaleza de aquel rocín a cuyo instinto fiabas
+tu camino. Tu presunción te ha perdido; el creerte
+hijo de tus obras. Ya diste en tierra, mi pobre
+hidalgo, y en ella tus armas antes te sirven de
+embarazo que de ayuda. Mas no te importe,
+pues tu triunfo fué siempre el de osar y no el de
+cobrar suceso. La que llaman victoria los mercaderes
+era indigna de ti; tu grandeza estribó en
+no reconocer nunca tu vencimiento. Sabiduría
+del corazón y no ciencia de la cabeza es la de
+saber ser derrotado y usar de la derrota. Hoy
+son los mercaderes toledanos los que están en
+derrota y en gloria tú, noble Caballero.</p>
+
+<p>Y desde el suelo, tendido en él y pugnando
+por levantarse, aún los denostabas llamándolos
+<em>gente cobarde, gente cautiva</em> y haciéndoles ver
+que no por tu culpa, sino por la de tu caballo,
+estabas allí tendido. Tal nos sucede a nosotros,
+tus creyentes; no por nuestra culpa, sino por la
+culpa de los rocines que nos llevan por los senderos
+de la vida, estamos tendidos y sin poder
+levantarnos, pues nos embaraza para hacerlo el
+peso de la antigua armadura que nos cubre.
+¿Quién nos desnudará de ella?</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_62">[Pg 62]</span></p>
+
+<p>Y llegó un mozo de mulas, <em>que no debía de
+ser muy bienintencionado</em>, según Cervantes, <em>y
+oyendo decir al pobre caído tantas arrogancias
+no lo pudo sufrir, sin darle la respuesta en las
+costillas</em> y le molió a palos <em>hasta envidar todo el
+resto de su cólera</em> y sin hacer caso a las voces
+de sus amos de que le dejase. Ahora, ahora que
+estás tendido y sin poder levantarte, mi señor
+Don Quijote, ahora viene el mozo de mulas,
+peor intencionado que los mercaderes a que sirve,
+y te da de palos. Pero tú, sin par Caballero,
+molido y casi deshecho, tiéneste por dichoso,
+pareciéndote ser ésa <em>propia desgracia de caballeros
+andantes</em>, y con este tu parecer encumbras
+tu derrota, trasmudándola en victoria. ¡Ah,
+si nosotros, tus fieles, nos tuviésemos por dichosos
+de haber sido molidos a palos, desgracia
+propia de caballeros andantes! Más vale ser
+león muerto que no perro vivo.</p>
+
+<p>Esta aventura de los mercaderes trae a mi
+memoria aquella otra del caballero Íñigo de Loyola,
+que nos cuenta el P. Rivadeneira en el
+capítulo III del libro I de su <span class="smcap">Vida</span>, cuando yendo
+Ignacio camino de Monserrate «topó acaso
+con un moro de los que en aquel tiempo quedaban
+en España en los reinos de Valencia y
+Aragón» y «comenzaron a andar juntos, y a
+trabar plática, y de una en otra vinieron a tratar
+de la virginidad y pureza de la gloriosísima
+Virgen Nuestra Señora». Y tal se puso la cosa,
+que Íñigo, al separarse del moro, quedó «muy
+dudoso y perplejo en lo que había de hacer;
+porque no sabía si la fe que profesaba y la piedad
+cristiana le obligaba a darse priesa tras el
+moro, y alcanzarle y darle de puñaladas por el
+atrevimiento y osadía que había tenido de hablar<span class="pagenum" id="Page_63">[Pg 63]</span>
+tan desvergonzadamente en desacato de la
+bienaventurada siempre Virgen sin mancilla».
+Y al llegar a una encrucijada, se lo dejó a la
+cabalgadura, según el camino que tomase, o
+para buscar al moro y matarle a puñaladas o
+para no hacerle caso. Y Dios quiso iluminar a
+la cabalgadura y «dejando el camino ancho y
+llano por do había ido el moro, se fué por el
+que era más apropósito para Ignacio». Y ved
+cómo se debe la Compañía de Jesús a la inspiración
+de una caballería.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_64">[Pg 64]</span></p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_65">[Pg 65]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO V</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">Donde se prosigue la narración de la desgracia de nuestro
+Caballero.</p>
+
+
+<p>Tendido Don Quijote en tierra se acogió a
+uno de los pasos de sus libros, como a pasos
+de los nuestros nos acogemos en nuestra derrota,
+y comenzó a revolcarse por tierra y a
+recitar coplas. En lo cual debemos ver algo así
+como cierta deleitación en la derrota y un convertir
+a ésta en sustancia caballeresca. ¿No nos
+está pasando lo mismo en España? ¿No nos
+deleitamos en nuestra derrota y sentimos cierto
+gusto, como el de los convalecientes, en la
+propia enfermedad?</p>
+
+<p>Y acertó a pasar Pedro Alonso, un labrador
+vecino suyo, que le levantó del suelo, le reconoció,
+le recogió y le llevó a su casa. Y no se
+entendieron en el camino, en la plática que hubieron
+entre ambos, plática de que sin duda
+tuvo noticia Cervantes por el mismo Pedro Alonso,
+varón sencillo y de escasas comprendederas.
+Y en esta plática es cuando Don Quijote
+pronunció aquella sentencia tan preñada de sustancia
+que dice: <em>¡Yo sé quién soy!</em></p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_66">[Pg 66]</span></p>
+
+<p>Sí, él sabe quién es y no lo saben ni pueden
+saberlo los piadosos Pedros Alonsos. <em>¡Yo sé
+quién soy!</em>—dice el héroe—, porque su heroísmo
+le hace conocerse a sí propio. Puede el héroe
+decir: «yo sé quién soy», y en esto estriba su
+fuerza y su desgracia a la vez. Su fuerza, porque
+como sabe quién es, no tiene porqué temer
+a nadie sino a Dios que le hizo ser quien es, y
+su desgracia, porque sólo él sabe, aquí en la tierra,
+quién es él, y como los demás no lo saben,
+cuanto él haga o diga se les aparecerá como
+hecho o dicho por quien no se conoce, por un
+loco.</p>
+
+<p>Cosa tan grande como terrible la de tener una
+misión de que sólo es sabedor el que la tiene
+y no puede a los demás hacerles creer en
+ella; la de haber oído en las reconditeces del
+alma la voz silenciosa de Dios que dice: «tienes
+que hacer esto», mientras no les dice a los
+demás: «este mi hijo que aquí veis tiene esto
+que hacer». Cosa terrible haber oído: «haz eso;
+haz eso que tus hermanos, juzgando por la ley
+general con que os rijo, estimarán desvarío o
+quebrantamiento de la ley misma; hazlo, porque
+la ley suprema soy Yo que te lo ordeno».
+Y como el héroe es el único que lo oye y lo
+sabe y como la obediencia a ese mandato y la
+fe en él es lo que le hace, siendo por ello héroe,
+ser quien es, puede muy bien decir: «yo
+sé quién soy, y mi Dios y yo sólo lo sabemos
+y no lo saben los demás». Entre mi Dios y yo—puede
+añadir—no hay ley alguna medianera;
+nos entendemos directa y personalmente, y por
+eso sé quién soy. ¿No recordáis al héroe de la
+fe, a Abraham, en el monte Moria?</p>
+
+<p>Grande y terrible cosa el que sea el héroe el<span class="pagenum" id="Page_67">[Pg 67]</span>
+único que vea su heroicidad por dentro, en sus
+entrañas mismas, y que los demás no la vean
+sino por fuera, en sus extrañas. Es lo que hace
+que el héroe viva solo en medio de los hombres
+y que esta su soledad le sirva de una
+compañía confortadora; y si me dijerais que alegando
+semejante revelación íntima podría cualquiera,
+con achaque de sentirse héroe suscitado
+por Dios, levantarse a su capricho, os diré
+que no basta decirlo y alegarlo, sino es menester
+creerlo. No basta exclamar «¡yo sé quién soy!»,
+sino es menester saberlo, y pronto se ve el engaño
+del que lo dice y no lo sabe y acaso ni lo
+cree. Y si lo dice y lo cree, soportará resignado
+la adversidad de los prójimos que le juzgan
+con la ley general, y no con Dios.</p>
+
+<p><em>¡Yo sé quién soy!</em> Al oir esta arrogante afirmación
+del Caballero, no faltará quien exclame:
+«¡Vaya con la presunción del hidalgo!... Llevamos
+siglos diciendo y repitiendo que el ahinco
+mayor del hombre debe ser el de buscar conocerse
+a sí mismo, y que del propio conocimiento
+arranca toda salud, y se nos viene el muy
+presuntuoso con un redondo: <em>¡yo sé quién soy!</em>
+Esto sólo basta para medir lo hondo de su locura».</p>
+
+<p>Pues bien, te equivocas tú el que dices eso;
+Don Quijote discurría con la voluntad, y al decir
+«¡yo sé quién soy!» no dijo sino «yo sé quién
+quiero ser!». Y es el quicio de la vida humana
+toda: saber el hombre lo que quiere ser. Te
+debe importar poco lo que eres; lo cardinal
+para ti es lo que quieras ser. El ser que eres
+no es más que un ser caduco y perecedero, que
+come de la tierra y al que la tierra se lo comerá
+un día; el que quieres ser es tu idea en Dios,<span class="pagenum" id="Page_68">[Pg 68]</span>
+Conciencia del Universo, es la divina idea de
+que eres manifestación en el tiempo y el espacio.
+Y tu impulso querencioso hacia ese que
+quieres ser, no es sino la morriña que te arrastra
+a tu hogar divino. Sólo es hombre hecho
+y derecho el hombre, cuando quiere ser más
+que hombre. Y si tú, que así reprochas su arrogancia
+a Don Quijote, no quieres ser sino lo
+que eres, estás perdido, irremisiblemente perdido.
+Estás perdido si no despiertas en tus entrañas
+a Adán y su feliz culpa, la culpa que nos
+ha merecido redención. Porque Adán quiso ser
+como un dios, sabedor del bien y del mal, y
+para llegar a serlo comió del prohibido fruto
+del árbol de la ciencia, y se le abrieron los ojos
+y se vió sujeto al trabajo y al progreso. Y desde
+entonces empezó a ser más que hombre, tomando
+fuerzas de su flaqueza y haciendo de su
+degradación su gloria y del pecado cimiento de
+su redención. Y hasta los ángeles le envidiaron,
+pues nos dice el P. Gaspar de la Figuera, jesuita,
+en su <span class="smcap">Suma espiritual</span>, y cuando él nos lo
+asegura lo sabrá de buena tinta, que Lucifer y
+sus compañeros se agradaron a sí mismos, pareciéndose
+bien, y que «cuando llegó el mandato
+de Dios que adorasen a Cristo todos sus ángeles,
+revelándoles que había Dios de hacerse
+hombre y ser niño y morir, tuviéronle a gran
+mengua de su naturaleza espiritual, y se afrentaron
+de ello; de manera que quisieron más
+privarse de la gracia de Dios y de la gloria que
+les podía dar, que venir a tal desprecio». Y
+así se comprende que el ángel caído no tenga
+redención—si es que no la tiene—y la tenga
+el hombre caído; porque aquél cayó por agradarse
+a sí mismo y de sí mismo contentarse,<span class="pagenum" id="Page_69">[Pg 69]</span>
+cayó por soberbia, y el hombre por querer ser más
+que es, por ambición. Cayó el ángel por soberbio
+y caído queda; cayó el hombre por ambicioso
+y se levanta a más alto asiento que de donde
+cayera.</p>
+
+<p>Sólo el héroe puede decir «¡yo sé quién soy!»,
+porque para él ser es querer ser; el héroe sabe
+quién es, quién quiere ser, y sólo él y Dios lo
+saben, y los demás hombres apenas saben ni
+quién son ellos mismos, porque no quieren de
+veras ser nada, ni menos saben quién es el héroe;
+no lo saben los piadosos Pedros Alonsos que
+le levantan del suelo. Conténtense con levantarle
+del suelo y recogerle a su hogar, sin ver
+en Don Quijote mas que a su vecino Alonso
+Quijano, y aguardar a que sea de noche para
+que al entrarlo al pueblo no vean <em>al molido hidalgo
+tan mal caballero</em>.</p>
+
+<p>Entre tanto, estaban el cura y el barbero del
+lugar con el ama y la sobrina de Don Quijote,
+comentando su ausencia y ensartando muchos
+más disparates que ensartara el Caballero. Llegó
+éste, y sin hacerles gran caso, comió y acostóse.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_70">[Pg 70]</span></p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_71">[Pg 71]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO VI</h2>
+</div>
+
+
+<p class="center big2 p2b">Aquí inserta Cervantes aquel capítulo VI en
+que nos cuenta <em>el donoso y grande escrutinio
+que el cura y el barbero hicieron en la librería
+de nuestro ingenioso hidalgo</em>, todo lo cual es
+crítica literaria que debe importarnos muy poco.
+Trata de libros y no de vida. Pasémoslo por
+alto.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_72">[Pg 72]</span></p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_73">[Pg 73]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO VII</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">De la segunda salida de nuestro buen Caballero
+Don Quijote de la Mancha.</p>
+
+
+<p>Sus anhelos interrumpiéronle el sueño a Don
+Quijote, pues hasta en sueños quijoteaba, pero
+volvió a dormirse. Y volvió a dormirse para encontrarse
+al despertar con que Frestón, el encantador,
+se le había llevado los libros, creyendo el
+incauto que con ellos le llevaba el generoso
+aliento. Y en apoyo de Frestón acudió la sobrina,
+rogando a su tío se dejase de pendencias
+y de ir por el mundo <em>a buscar pan de trastrigo</em>,
+sin percatarse de que es el pan de trastrigo el
+que hace al hombre tras-hombre, o como dicen
+hoy, sobre-hombre. También para disuadir
+a Íñigo de Loyola de que saliese a buscar aventuras
+en Cristo, acudió su hermano mayor Martín
+García de Loyola, para que no se arrojase
+a cosa «que no sólo nos quite lo que de vos
+esperamos—le dijo, según el P. Rivadeneira, libro
+I, cap. III—, sino también mancille nuestro
+linaje con perpetua infamia y deshonra». Pero
+Íñigo le respondió con pocas palabras, que él<span class="pagenum" id="Page_74">[Pg 74]</span>
+miraría por sí y se acordaría que había nacido
+de buenos, y salió de caballero andante.</p>
+
+<p>Quince días se estuvo sosegado en casa nuestro
+Caballero y en este tiempo solicitó <em>a un labrador
+vecino suyo, hombre de bien pero de
+muy poca sal en la mollera</em>, gratuita afirmación
+de Cervantes, desmentida luego por el relato de
+sus donaires y agudezas. En rigor no cabe hombría
+de bien, verdadera hombría de bien no habiendo
+sal en la mollera, visto que en realidad
+ningún majadero es bueno. Solicitó Don Quijote
+a Sancho y le persuadió a que fuese su escudero.</p>
+
+<p>Ya tenemos en campaña a Sancho el bueno,
+que dejando mujer e hijos, como pedía el Cristo
+a los que quisieran seguirle, <em>se asentó por
+escudero de su vecino</em>. Ya está completado Don
+Quijote. Necesitaba a Sancho. Necesitábalo
+para hablar, esto es, para pensar en voz alta
+sin rebozo, para oirse a sí mismo y para oir el
+rechazo vivo de su voz en el mundo. Sancho fué
+su coro, la humanidad toda para él. Y en cabeza
+de Sancho ama a la humanidad toda.</p>
+
+<p>«Ama a tu prójimo como a ti mismo»—se nos
+dijo—, y no «ama a la Humanidad», porque
+ésta es un abstracto que cada cual concreta en sí
+mismo, y predicar amor a la Humanidad vale,
+por consiguiente, tanto como predicar el amor
+propio. Del cual estaba, por pecado original,
+lleno Don Quijote, no siendo su carrera toda
+sino una depuración de él. Aprendió a amar a
+todos sus prójimos amándolos en Sancho, pues
+es en cabeza de un prójimo y no en la comunidad,
+donde se sana a todos los demás; amor
+que no cuaja sobre individuo, no es amor de
+verdad. Y quien de veras ama a otro ¿cómo
+podrá odiar a nadie? Y quien a alguien odie<span class="pagenum" id="Page_75">[Pg 75]</span>
+¿no le emponzoñará este odio los amores que
+tuviese? O más bien le emponzoñará el amor,
+no los amores, porque es uno y solo, aunque
+se vierta sobre muchos términos.</p>
+
+<p>De la parte de Sancho empecemos a admirar
+su fe, la fe que por el camino de creer sin haber
+visto le lleva a la inmortalidad de la fama,
+antes ni aun soñada por él siquiera, y al esplendor
+de su vida. Por toda la eternidad puede decir:
+«Soy Sancho Panza, el escudero de Don
+Quijote». Y ésta es y será su gloria por los siglos
+de los siglos.</p>
+
+<p>Se dirá que a Sancho le sacó de su casa la
+codicia, así como la ambición de gloria a Don
+Quijote, y que así tenemos en amo y escudero,
+por separado, los dos resortes que juntos
+en uno han sacado de sus casas a los españoles.
+Pero aquí lo maravilloso es que en Don
+Quijote no hubo ni sombra de codicia que le
+moviese a salir, y que la de Sancho no dejaba
+de tener, aun sin él saberlo, su fondo de ambición,
+ambición que creciendo en el escudero
+a costa de la codicia, hizo que la sed de oro se
+le trasformase al cabo en sed de fama. Tal es
+el poder milagroso del ansia pura de renombre
+y fama.</p>
+
+<p>¿Y quién se esquiva de la codicia y quién de
+la ambición? Temíalas Íñigo de Loyola, y tanto
+las temía, que cuando D. Fernando de Austria,
+rey de Hungría, nombró al P. Claudio Jayo
+obispo de Trieste y lo aprobó el Papa, acudió
+a éste Íñigo para estorbarlo, pues no quería
+que sus hijos espirituales «deslumbrados y
+ciegos con el engañoso y aparente esplendor
+de las mitras y dignidades, viniesen a la Compañía,
+no por huir de la vanidad del mundo,<span class="pagenum" id="Page_76">[Pg 76]</span>
+sino por buscar en ella al mismo mundo» (Rivadeneira,
+lib. III, cap. XV). ¿Y lo consiguió?
+Ese huir de las dignidades y prelacías de la Iglesia
+¿no puede envolver más refinada soberbia
+que el aceptarlas y aun que el buscarlas acaso?
+Porque «¿qué mayor engaño que buscar por
+medio de la humildad ser honrado y estimado
+de los hombres? y ¿qué mayor soberbia que
+pretender ser tenido por humilde?»—dice un
+hijo espiritual de Loyola, el P. Alonso Rodríguez,
+en el cap. XIII del tratado tercero de su
+libro <span class="smcap">Ejercicio de perfección y virtudes cristianas</span>.
+Y la soberbia ¿no se pasaría de los individuos
+a la Compañía misma, haciéndose colectiva?
+¿Qué sino soberbia refinada es pretender,
+como pretenden los hijos de Loyola, que
+se salva todo el que muere dentro de la Compañía,
+y de los que no entraron en ella no se
+salvan todos?</p>
+
+<p>La soberbia, la refinada soberbia, es la de
+abstenerse de obrar por no exponerse a la crítica.
+El acto más grande de humildad es el de
+un Dios que crea un mundo que no añade un
+adarme a su gloria, y luego un linaje humano
+para que se lo critique, y si deja cabos que presten
+apoyo, siquiera aparente, a esa crítica,
+tanta mayor humildad. Y pues Don Quijote se
+lanzó a obrar y se expuso a que los hombres
+se burlasen de su obra, fué uno de los más puros
+dechados de verdadera humildad, aunque
+otra cosa nos finjan las engañosas apariencias.
+Y con esa humildad arrastró tras de sí a Sancho
+convirtiéndole la codicia en ambición y la
+sed de oro en sed de gloria, único medio eficaz
+de curar la codicia y sed de oro.</p>
+
+<p>Reunió luego Don Quijote dineros <em>vendiendo<span class="pagenum" id="Page_77">[Pg 77]</span>
+una cosa y empeñando otra y malbaratándolas
+todas</em>, en obediencia al consejo del ventero
+gordo. Era nuestro Caballero un loco razonable
+y no ente de ficción, como creen los mundanos,
+sino de los hombres que han comido y
+bebido y dormido y muerto.</p>
+
+<p>Proveyóse Sancho de asno y alforjas, de camisas
+y otras prendas Don Quijote, y sin <em>despedirse
+Panza de sus hijos y mujer, ni Don Quijote
+de su ama y sobrina</em>, rompiendo así varonilmente
+las amarras de la carne pecadora, <em>una
+noche se salieron del lugar sin que persona los
+viese</em>. Segunda vez que sale el Caballero al
+mundo sin que se le vea y al amparo de la oscuridad.
+Mas ahora no va solo; lleva a la Humanidad
+consigo. Y salieron platicando; recordando
+Panza a su amo lo de la ínsula. En lo
+cual quieren ver los maliciosos una vez más su
+codiciosidad y que por ella servía a su amo,
+sin caer en la cuenta de que prueba más quijotismo
+seguir a un loco un cuerdo, que seguir
+el loco sus propias locuras. La fe se pega, y
+es tan robusta y ardorosa la de Don Quijote,
+que rebasa a los que le quieren, y quedan llenos
+de ella sin que a él se le amengüe, sino más
+bien le crezca. Pues tal es la condición de la
+fe viva: crece vertiéndose y repartiéndose se
+aumenta. ¡Como que es, si verdadera y viva,
+amor!</p>
+
+<p>¡Maravillas de la fe! No bien ha salido con su
+amo, y ya el buen Sancho sueña con ser rey y
+reina Juana Gutiérrez, su oíslo, y sus hijos infantes.
+¡Todo para la casa! Mas por causa de
+su mujer—siempre la mujer es causa de tropiezo—duda
+de ello; no hay reino que a ella
+le siente bien. <em>Encomiéndalo tú a Dios, que<span class="pagenum" id="Page_78">[Pg 78]</span>
+Él le dará lo que más le convenga</em>—le respondió
+el piadoso Don Quijote. Y tocado de piedad,
+dijo Sancho que su amo sabría darle todo
+aquello que le estuviera bien y él pudiese llevar.
+¡Oh Sancho bueno, Sancho sencillo, Sancho
+piadoso! No pides ya ínsula, ni reino, ni
+condado, sino lo que el amor de tu amo sepa
+darte. Éste es el más sano pedir. Lo aprendiste
+en lo de «hágase tu voluntad así en la tierra
+como en el cielo». Pidamos todos tomar a bien
+lo que por mal nos dieren, y habremos pedido
+cuanto hay que pedir.</p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_79">[Pg 79]</span></p>
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO VIII</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">Del buen suceso que el valeroso Don Quijote tuvo en la espantable<br>
+y jamás imaginada aventura de los molinos de viento, con otros<br>
+sucesos de feliz recordación.</p>
+
+
+<p>En tales pláticas iban cuando <em>descubrieron
+treinta o cuarenta molinos que hay en aquel
+campo</em>. Y Don Quijote los tomó por desaforados
+gigantes, y sin hacer caso de Sancho, encomendóse
+de todo corazón a su señora Dulcinea, y
+arremetió a ellos, dando otra vez con su cuerpo
+en tierra.</p>
+
+<p>Tenía razón el Caballero: el miedo y sólo el
+miedo le hacía a Sancho y nos hace a los demás,
+simples mortales, ver molinos de viento en los
+desaforados gigantes que siembran mal por la
+tierra. Aquellos molinos molían pan, y de ese
+pan comían hombres endurecidos en la ceguera.
+Hoy no se nos aparecen ya como molinos, sino
+como locomotoras, dínamos, turbinas, buques
+de vapor, automóviles, telégrafos con hilos o sin
+ellos, ametralladoras y herramientas de ovariotomía,
+pero conspiran al mismo daño. El miedo
+y sólo el miedo sanchopancesco nos inspira el
+culto y veneración al vapor y a la electricidad;<span class="pagenum" id="Page_80">[Pg 80]</span>
+el miedo y sólo el miedo sanchopancesco nos
+hace caer de hinojos ante los desaforados gigantes
+de la mecánica y la química, implorando de
+ellos misericordia. Y al fin rendirá el género humano
+su espíritu agotado de cansancio y de
+hastío al pie de una colosal fábrica de elixir de
+larga vida. Y el molido Don Quijote vivirá, porque
+buscó la salud dentro de sí y se atrevió a
+arremeter a los molinos.</p>
+
+<p>Llegóse Sancho a su amo y le recordó sus advertencias,
+que <em>no eran sino molinos de viento
+y no lo podía ignorar sino quien llevase otros tales
+en la cabeza</em>. Claro está, amigo Sancho, claro
+está; sólo quien lleve en la cabeza molinos, de
+los que muelen y hacen con el bruto trigo que
+por los sentidos nos entra, harina de pan espiritual,
+sólo quien lleve molinos molederos puede
+arremeter a los otros, a los aparenciales, a los
+desaforados gigantes disfrazados de ellos. Es en
+la cabeza, amigo Sancho, es en la cabeza donde
+hay que llevar la mecánica, y la dinámica y la
+química y el vapor y la electricidad, y luego...
+arremeter a los artefactos y armatostes en que
+los encierran. Sólo el que lleva en su cabeza la
+esencia eterna de la química, quien sepa sentir
+en la ley de sus afectos la ley universal de los
+afectos de las partículas materiales, quien sienta
+que el ritmo del universo es el ritmo de su corazón,
+sólo ése no tiene miedo al arte de formar
+o transformar drogas o al de armar aparatos de
+maquinaria.</p>
+
+<p>Lo peor fué que en esta acometida se le rompió
+la lanza a Don Quijote. Es lo que pueden
+esos gigantes, rompernos las armas pero no el
+corazón. Mas sobran encinas y robles con que
+reponerlas.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_81">[Pg 81]</span></p>
+
+<p>Y siguieron su camino, sin quejarse Don Quijote,
+pues no les es dado hacerlo a los caballeros
+andantes, y sin haber querido comer cuando
+Sancho se acomodó a ello. Y de camino comía
+Sancho y caminaba, y menudeaba tragos que le
+hacían olvidar las promesas de su amo y tener
+por mucho descanso el andar a busca de aventuras.
+Nefasto poder de las tripas, que oscurece
+la memoria y enturbia la fe, atándonos al momento
+pasajero. Mientras se come y se bebe, se es
+de la comida y de la bebida. Y llegó la noche y
+se la pasó Don Quijote pensando en su señora
+Dulcinea, y Sancho durmiendo el bendito, sin soñar.
+Y fué entonces cuando recomendó Don Quijote
+a Sancho que no pusiese mano a la espada
+para defenderle, no siendo de canalla y gente
+baja. Al hombre esforzado antes le estorban que
+le ayudan las defensas de sus secuaces.</p>
+
+<p>Y fué también, estando en esta plática, cuando
+les ocurrió la aventura del vizcaíno, cuando
+salió Don Quijote a libertar a la princesa que se
+llevaban encantada dos frailes de San Benito. Los
+cuales intentaron amansar al Caballero, pero le
+hizo saber a aquella fementida canalla que los
+conocía y no había con él palabras blandas. Y
+dicho esto, los puso en huida. Y al ver al uno
+de ellos en el suelo, arremetió Sancho a desnudarlo,
+atento sin duda a lo de que el hábito no
+hace al monje.</p>
+
+<p>¡Ah, Sancho, Sancho, y cuán de tierra eres!
+¡Desnudar frailes! ¿Y qué ganas con eso? Así te
+fué, que los mozos te molieron a coces por ello.</p>
+
+<p>Obsérvese cómo Sancho apenas se encuentra
+en una aventura cuando acude al punto al botín,
+mostrando en ello cuán de su casta era. Y pocas
+cosas elevan más a Don Quijote que su desprecio<span class="pagenum" id="Page_82">[Pg 82]</span>
+de las riquezas del mundo. Tenía el Caballero
+lo mejor de su casta y de su pueblo. No salió
+a campaña como el Cid «al sabor de la ganancia»
+y para «perder cueta y venir a rictad» (<span class="smcap">Poema
+del Cid</span>, V. 1689), ni habría dicho nunca lo que
+dicen que dijo Francisco Pizarro en la isla del
+Gallo cuando haciendo con la espada una raya
+en el suelo, de naciente a poniente, y señalando
+al mediodía como su derrotero, exclamó: «Por
+aquí se va al Perú a ser ricos; por acá se va a Panamá
+a ser pobres; escoja el que sea buen castellano
+lo que mejor le estuviere». De otro temple
+era Don Quijote; nunca buscó oro. Y al mismo
+Sancho que empezó buscándolo, le veremos ir cobrando
+poco a poco afición y amor a la gloria, y
+fe en ella, fe a que le llevaba Don Quijote, y hay
+que convenir en que nuestros mismos conquistadores
+de América unieron siempre a su sed de oro
+sed de gloria, sin que se logre en cada caso separar
+la una de la otra. De gloria y de riqueza a la
+vez dicen que habló a sus compañeros Vasco Núñez
+de Balboa en aquel glorioso 25 de setiembre
+de 1513 en que de rodillas y anegados por el gozo
+en lágrimas sus ojos, descubrió desde la cima de
+los Andes, en el Darien, el mar nuevo.</p>
+
+<p>Lo triste es que la gloria fué de ordinario una
+alcahueta de la codicia. Y la codicia, la innoble
+codicia, nos perdió. Nuestro pueblo puede decir
+lo que dice en el grandioso poema <span class="smcap">Patria</span>, da
+Guerra Junqueiro, el pueblo portugués:</p>
+
+<div class="poetry-container">
+<div class="poetry">
+<p>Novos mundos eu vi, novos espaços,<br>
+Não para mais saber, mais adorar:<br>
+A cubiça feroz guiou meus passos,<br>
+O orgulho vingador moveu meus braços<br>
+E iluminou a raiva o meu olhar!<br>
+Não te lavava, não, sangue homicida,
+<span class="pagenum" id="Page_83">[Pg 83]</span><br>
+Nem em mil milhões d'annos a chorar!...<br>
+Cruz do Golgota en ferro traduzida,<br>
+Minha espada de heroe, o cruz de morte,<br>
+Cruz a que Deos baixou por nos dar vida;<br>
+Vidas ceifando, deshumana e forte,<br>
+Ergueste imperios, subjugando a Oriente,<br>
+Mas Deos soprou... eil-os em nada...</p>
+</div>
+</div>
+
+<p>Luego de la aventura de Sancho, acudió el generoso
+Caballero a la princesa, a darle la buena
+nueva de su liberación, pues los frailes que la llevaban
+seducida habían huido, sin advertir, ¡oh
+ceguera de la nobleza!, que acaso llevaba ella la
+frailería dentro. Y le pidió en pago del beneficio
+de haberla libertado, que se volviese al Toboso a
+presentarse a Dulcinea. No contaba con el vizcaíno,
+que le habló en <em>mala lengua castellana y
+peor vizcaína</em>, lo cual es muy cierto, pues cabe
+dudar que D. Sancho de Azpeitia hablase puntualmente
+como Cervantes le hace hablar. Con
+frecuencia se cita las palabras de D. Sancho de
+Azpeitia no más que para hacer chacota, aunque
+respetuosa y cariñosa a las veces, del modo de
+hablar de nosotros los vizcaínos. Cierto es que
+hemos tardado en aprender la lengua de Don
+Quijote y tardaremos aún en llegar a manejarla
+a nuestra guisa, mas ahora que empezamos a
+dar en ella nuestro espíritu, que fué hasta ahora
+casi mudo, habéis de oir... Pudo decir Tirso de
+Molina aquello de</p>
+
+<div class="poetry-container">
+<div class="poetry">
+<p> Vizcaíno es el hierro que os encargo,<br>
+Corto en palabras, pero en obras largo;</p>
+</div>
+</div>
+
+<p>mas habrá que oirnos cuando alarguemos nuestras
+palabras a la medida de nuestras largas
+obras.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_84">[Pg 84]</span></p>
+
+<p>Don Quijote, tan pronto en llamar caballero
+a quien se le pusiera delante, nególe al vizcaíno
+tal cualidad, olvidando que a la gente vasca—entre
+los que me cuento—, según Tirso de Molina,</p>
+
+
+<div class="poetry-container">
+<div class="poetry">
+<p><span style="margin-left: 1em;">Un nieto de Noé la dió nobleza,</span><br>
+que su hidalguía no es de ejecutoria<br>
+ni mezcla con su sangre, lengua o traje<br>
+mosaica infamia que la suya ultraje.</p>
+</div>
+</div>
+
+
+<p>¿No conocía Don Quijote las palabras de don
+Diego López de Haro, tal cual le hace hablar
+Tirso de Molina en la escena primera del acto
+segundo de <span class="smcap">La Pruencia en la mujer</span>, cuando
+empieza diciendo:</p>
+
+
+<div class="poetry-container">
+<div class="poetry">
+<p><span style="margin-left: 1em;">Cuatro bárbaros tengo por vasallos</span><br>
+a quien Roma jamás conquistar pudo,<br>
+que sin armas, sin muros, sin caballos<br>
+libres conservan su valor desnudo?</p>
+</div>
+</div>
+
+<p>¿Ni sabía aquello que había ya dicho Camoens
+en la estrofa oncena del cuarto canto de sus
+<span class="smcap">Lusiadas</span> de</p>
+
+<div class="poetry-container">
+<div class="poetry">
+<p><span style="margin-left: 1em;">A gente biscainha que carece</span><br>
+de polidas razões, e que as injurias<br>
+muito mal dos estranhos compadece?</p>
+</div>
+</div>
+
+<p>Por lo menos ya que <span class="smcap">La Araucana</span> de don Alonso
+de Ercilla y Zúñiga, caballero vizcaíno, era
+uno de los libros que se hallaban en su librería,
+y de los respetados en el escrutinio, tuvo que
+haber leído aquello de su canto <span class="allsmcap">XXVII</span>, en que
+habla de</p>
+
+
+<div class="poetry-container">
+<div class="poetry">
+<p><span style="margin-left: 11em;">la aspereza</span><br>
+de la antigua Vizcaya, de do es cierto<br>
+que procede y se extiende la nobleza<br>
+por todo lo que vemos descubierto.</p>
+</div>
+</div>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_85">[Pg 85]</span></p>
+
+<p><em>¿Yo no caballero?</em>—replicó justamente ofendido
+el vizcaíno, y encontráronse frente a frente
+dos Quijotes. Por esto es tan prolijo Cervantes
+al narrarnos este suceso.</p>
+
+<p>Requerido por el vizcaíno, arrojó el manchego
+la lanza, sacó la espada, embrazó la rodela
+y arremetióle.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_86">[Pg 86]</span></p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_87">[Pg 87]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO IX</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">Donde se concluye y da fin a la estupenda batalla que el gallardo<br>
+vizcaíno y el valiente manchego tuvieron.</p>
+
+
+<p>Y se trabó el singular combate o <em>estupenda
+batalla que el gallardo vizcaíno y el valiente
+manchego tuvieron</em>, como la llama Cervantes
+en el título del capítulo IX, concediéndole toda
+la importancia que se merece.</p>
+
+<p>Ahora va de igual a igual, de loco a loco, y
+parecen amenazar al cielo, a la tierra y al abismo.
+¡Oh espectáculo de largos en largos siglos
+sólo visto, el de la lucha de dos Quijotes, el
+manchego y el vizcaíno, el del pardo páramo y
+el de las verdes montañas. Hay que releerlo
+como nos lo relata Cervantes.</p>
+
+<p><em>¿Yo no caballero?</em> ¿Yo no caballero? ¿Oir esto
+un vizcaíno y oirlo de boca de Don Quijote? No,
+no puede sufrirse eso.</p>
+
+<p>Deja, Don Quijote, que hable de mi sangre,
+de mi casta, de mi raza, pues a ella debo cuanto
+soy y valgo y a ella también debo el poder
+sentir tu vida y tu obra.</p>
+
+<p>¡Oh tierra de mi cuna, de mis padres, de mis
+abuelos y trasabuelos todos, tierra de mi infancia<span class="pagenum" id="Page_88">[Pg 88]</span>
+y de mis mocedades, tierra en que tomé
+a la compañera de mi vida, tierra de mis amores,
+tú eres el corazón de mi alma! Tu mar y
+tus montañas, Vizcaya mía, me hicieron lo que
+soy; de la tierra de que se amasan tus robles,
+tus hayas, tus nogales y tus castaños, de esa tierra
+ha sido mi corazón amasado, Vizcaya mía.</p>
+
+<p>Discutía un Montmorency con un vasco e irritado
+aquél hubo de decirle a mi paisano que
+ellos, los Montmorencys, databan no sé si del siglo
+<span class="allsmcap">VIII</span>, <span class="allsmcap">X</span> o <span class="allsmcap">XII</span>, y mi vasco le respondió: ¿Sí?
+¡Pues nosotros los vascos no datamos! Y no, no
+datamos los vascos. Los vascos sabemos quiénes
+somos, quiénes queremos ser.</p>
+
+<p>Ya ves, Don Quijote, que es un vasco el que
+ha ido a buscarte en tu Mancha y te arremete
+porque le regateaste lo de ser caballero. Y
+¿cómo, contemplando a un vasco, y de Azpeitia,
+no recordar una vez más a aquel otro caballero
+andante vasco, y de Azpeitia también, Íñigo
+Yáñez de Oñaz y Sáez de Balda, del solar de
+Loyola, fundador de la Milicia de Cristo? ¿No
+culmina en él nuestra casta toda? ¿No es nuestro
+héroe? ¿No lo hemos de reclamar los vascos por
+nuestro? Sí, nuestro, muy nuestro, muy más
+nuestro que de los jesuitas. Del Íñigo de Loyola
+han hecho ellos un Ignacio de Roma, del héroe
+vasco un santón jesuítico. ¡Lástima de mula que
+montaba el héroe!</p>
+
+<p>La de Don Sancho de Azpeitia, con sus corcovos,
+dió en tierra con el vizcaíno, lo que debe
+enseñamos a pelear apeados. Y así fué vencido
+el vizcaíno, pero no por mayor flaqueza de su
+brazo ni menor coraje, sino por culpa de su
+mula, que no era, de cierto, vizcaína. Si no es
+por la condenada mula lo habría pasado mal<span class="pagenum" id="Page_89">[Pg 89]</span>
+Don Quijote, estad seguros de ello, y habría
+aprendido a reportarse ante el hierro vizcaíno</p>
+
+<p class="center p1 p1b"><em>corto en palabras, pero en obras largo</em>.</p>
+
+<p>Aprended, hermanos míos de sangre, a pelear
+apeados. Apeaos de la mula resabiosa y
+terca que os lleva a su paso de andadura por
+sus caminos de ella, no por los vuestros y míos,
+no por los de nuestro espíritu y que, con sus
+corcovos, dará con vosotros en tierra, si Dios
+no lo remedia. Apeaos de esa mula, que no nació
+ahí ni ahí pasta, y vamos todos a la conquista
+del reino del espíritu. Aún no se sabe lo
+que podemos hacer en este mundo de Dios.
+Aprended, a la vez, a encarnar vuestro pensamiento
+en una lengua de cultura, dejando la
+milenaria de nuestros padres; apeaos de la mula
+luego y nuestro espíritu, el espíritu de nuestra
+casta circundará en esa lengua, en la de Don
+Quijote, los mundos todos, como circundó por
+primera vez al orbe la carabela de nuestro Sebastián
+Elcano, el fuerte hijo de Guetaria, hija
+de nuestro mar de Vizcaya.</p>
+
+<p>Y fué por la intervención de las damas afrailadas
+por lo que perdonó Don Quijote la vida a
+Don Sancho de Azpeitia, a promesa de ir a visitar
+a Dulcinea. Y fueron las damas las prometedoras,
+que a haberlo sido Don Sancho, habríala
+visitado, de seguro, y hasta es muy de creer
+que se habría enamorado perdidamente de ella
+y ella de él.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_90">[Pg 90]</span></p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_91">[Pg 91]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO X</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">De los graciosos razonamientos que pasaron entre Don Quijote<br>
+y Sancho Panza su escudero.</p>
+
+
+<p>Y viene Sancho, el carnal Sancho, el Simón
+Pedro de nuestro Caballero, y le pide la ínsula,
+a lo cual responde Don Quijote: <em>advertid, hermano
+Sancho, que esta aventura y las a esta semejantes
+no son aventuras de ínsulas, sino de
+encrucijadas, en las que no se gana otra cosa
+que sacar rota la cabeza o una oreja menos</em>.
+¡Ay, Pedro, Pedro, o digo Sancho, Sancho, y
+¿cuándo comprenderás que no es la ínsula, no
+es el poder temporal, sino la gloria de tu señor,
+el querer eterno, tu recompensa? Mas el carnal
+Sancho volvió a la carga y a pedir a su amo se
+retrajesen a alguna iglesia por miedo a la Santa
+Hermandad. Mas ¿<em>dónde has visto tú o leído</em>—le
+diremos con Don Quijote—<em>que caballero andante
+haya sido puesto ante la justicia por más
+homicidios que hubiese cometido</em>? Quien abriga
+en su corazón la ley, está sobre la dictada por
+los hombres; para el que ama no hay otra ley
+sino su amor, y si por amor mata ¿quién se lo
+imputará a culpa? Tiene, además, Don Quijote<span class="pagenum" id="Page_92">[Pg 92]</span>
+poder sobrado para sacar a los Sanchos <em>de las
+manos de los caldeos, cuanto más de las de la
+Hermandad</em>.</p>
+
+<p>Ocurrió luego lo de explicar Don Quijote a
+Sancho el bálsamo de Fierabrás, y lo de pedir
+Sancho a Don Quijote la receta del bálsamo como
+único pago de sus servicios, pues así son los servidores
+carnales, por muy grande que su fe sea,
+piden recetas para venderlas y negociar con
+ellas. Y entonces juró el Caballero conquistar
+el yelmo de Mambrino a trueque de la celada
+rota por Don Sancho de Azpeitia, y a seguida
+le llamó a razón el bandullo y pidió de comer.</p>
+
+<p>Una cebolla y un poco de queso no más traía
+Sancho, pareciéndole manjares no pertenecientes
+a tan valiente Caballero, mas éste le hizo
+saber que tenía a honra <em>no comer en un mes</em>, y
+de hacerlo lo que hallare más a mano. <em>Y esto
+se te hiciera cierto si hubieras leído tantas historias
+como yo, que aunque han sido muchas,
+en todas ellas no he hallado hecha relación de
+que los caballeros andantes comiesen, si no era
+acaso, y en algunos suntuosos banquetes que les
+hacían, y los demás días se los pasaban en flores.</em>
+Y ¡qué dicha, mi señor Don Quijote, si nos
+pudiésemos pasar en flores la vida toda! Del comer
+viene con la fuerza toda, también toda la
+flaqueza del heroísmo.</p>
+
+<p>Y entonces, al explicar Don Quijote a Sancho
+que los caballeros andantes <em>no podían pasar
+sin comer y sin hacer todos los otros menesteres
+naturales</em>, le reveló, y nos reveló, una
+verdad cimental y de grandísimo consuelo para
+los que no saben cómo vivir su locura, y es la
+de que los caballeros andantes <em>eran hombres
+como nosotros</em>. De donde se saca que podemos<span class="pagenum" id="Page_93">[Pg 93]</span>
+llegar a ser nosotros caballeros andantes, y no
+es ello poco. <em>Así que, Sancho amigo, no te congoje
+lo que a mí me da gusto, ni quieras tú hacer
+mundo nuevo, ni sacar la caballería andante
+de sus quicios.</em> No quieras, no, pobre Sancho,
+hacer mundo nuevo curando de su locura a los
+generosos, ni quieras sacar a la locura de su
+quicio, que le tiene tan bien hincado y tan derecho
+como la cordura misma, como ese llamado
+sentido común. Sancho, como no sabe leer ni
+escribir, no sabe ni ha caído en las reglas de la
+profesión caballeresca, como él dice. Y es cierto
+lo que dices, Sancho, por el leer y el escribir
+entró la locura en el mundo.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_94">[Pg 94]</span></p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_95">[Pg 95]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO XI</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">De lo que sucedió a Don Quijote con unos cabreros.</p>
+
+
+<p>Echaron a andar y fueron recogidos con buen
+ánimo por unos piadosos cabreros, Dios se lo
+habrá pagado, que les convidaron. Lo aceptó
+Don Quijote, sentóse sobre un dornajo vuelto
+del revés, hizo hermanalmente sentar a su lado
+a Sancho, y fué entonces, después de bien satisfecho
+el estómago, cuando tomó en la mano
+un puñado de bellotas y enderezó a los cabreros
+aquel discurso de la edad de oro, que en
+tantos muestrarios de retórica se reproduce. Mas
+nosotros no estamos haciendo aquí literatura,
+ni nos importa la letra sonora, sino el espíritu
+fecundo, aunque silencioso. Es el tal discurso
+uno de tantos vulgares discursos como se pronuncian,
+y ese pasado siglo de oro apagado relumbre
+del futuro siglo en que morará el lobo
+con el cordero y el león comerá, como el buey,
+paja, según nos cuenta el profeta Isaías (capítulo
+XI).</p>
+
+<p>La arenga en sí tiene poco que desentrañar.
+<em>Dichosa edad y siglos dichosos aquellos a quien
+los antiguos pusieron nombre de dorados.</em>..<span class="pagenum" id="Page_96">[Pg 96]</span>
+y lo que sigue. No nos sorprenda oir a Don Quijote
+cantar los tiempos que fueron. Es visión
+del pasado lo que nos empuja a la conquista
+del porvenir; con madera de recuerdos armamos
+las esperanzas. Sólo lo pasado es hermoso;
+la muerte lo hermosea todo. ¿Creéis que cuando
+el arroyo llega al mar, al enfrentarse con
+el abismo que va a tragarle, no sueña con la
+escondida fuente de que brotó y no querría, si
+pudiera, remontar su curso? De ir a perderse,
+perderse más bien en las entrañas de la madre
+tierra.</p>
+
+<p>No es el discurso de Don Quijote lo que hemos
+de desentrañar. No valen ni aprovechan las
+palabras del Caballero sino en cuanto son comentarios
+a sus obras y repercusión de ellas.
+Como hablar, hablaba conforme a sus lecturas
+y al saber del siglo que tuvo a dicha albergarle,
+pero como obrar, obraba conforme a su corazón
+y al saber eterno. Y así en esa arenga no
+es la arenga misma, en sí no poco trillada, sino
+el hecho de dirigírsela a unos rústicos cabreros
+que no habrían de entendérsela, lo que hemos
+de considerar, pues en esto estriba lo heroico
+de esta aventura.</p>
+
+<p>Aventura es, en efecto, y de las más heroicas.
+Porque todo hablar es una suerte, y las más
+de las veces la más apretada suerte de obrar, y
+hazañosa aventura la de administrar el sacramento
+de la palabra a los que no han de entendérnosla
+según el sentido material. Robusta
+fe en el espíritu hace falta para hablar así a los
+de torpes entendederas, seguros de que sin entendernos
+nos entienden y de que la semilla va
+a meterse en las cárcavas de sus espíritus sin
+ellos percatarse de tal cosa.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_97">[Pg 97]</span></p>
+
+<p>Habla tú que conmigo consideras, lleno de fe
+en ella, la vida de Don Quijote; habla aunque
+no te entiendan, que ya te entenderán al cabo.
+Y con que sólo vean que les hablas sin pedirles
+nada o porque de gracia te lo dieron antes, basta
+ya. Habla a los cabreros como hablas a tu
+Dios, del hondo del corazón y en la lengua en
+que te hablas a ti mismo a solas y en silencio.
+Cuanto más hundidos vivan en la vida de la carne,
+tanto más limpias de brumas estarán sus
+mentes, y la música de tus palabras resonará en
+ellas mucho mejor que en la mente de los bachilleres
+al arte de Sansón Carrasco. Porque no
+fueron las rebuscadas retóricas de Don Quijote
+lo que alumbró la mente a los cabreros, sino
+fué el verle armado de punta en blanco, con su
+lanzón a la vera, las bellotas en la mano, y sentado
+sobre el dornajo, dando al aire de que respiraban
+todos reposadas palabras vibrantes de una
+voz llena de amor y de esperanza.</p>
+
+<p>No faltará quien crea que Don Quijote debió
+atemperarse al público que le escuchaba y hablar
+a los cabreros de la cuestión cabreril y del
+modo de redimirlos de su baja condición de
+pastores de cabras. Eso hubiera hecho Sancho
+a tener saber y arrestos para ello, pero el Caballero
+no. Don Quijote sabía bien que no hay
+más que una sola cuestión, para todos la misma,
+y que lo que redima de su pobreza al pobre,
+redimirá, a la vez, de su riqueza al rico,
+¡Mal hayan los remedios de ocasión! A cuantos
+van y vienen y se asenderean llevando y trayendo
+remedios específicos para los males de éstos
+o de aquéllos, cabe encajarles lo que decía
+el gaucho <span class="smcap">Martín Fierro</span>:</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_98">[Pg 98]</span></p>
+
+<div class="poetry-container">
+<div class="poetry">
+<p>De los males que sufrimos<br>
+hablan mucho los puebleros,<br>
+pero hacen como los teros<br>
+para esconder sus niditos,<br>
+que en un <em>lao</em> pegan los gritos<br>
+y en otro tienen los <em>güevos</em>.</p>
+</div>
+</div>
+
+<p>Cuando os hablen, cándidos cabreros, de la
+cuestión cabreril, es que están pegando gritos
+para alejaros del sitio en que guardan sus huevos.</p>
+
+<p>Y además, ¿ha de hablarse tan sólo en vista
+del provecho inmediato, del fruto que nuestros
+oyentes saquen de lo que decimos? Tratando
+de esto el maestro de espíritu P. Alonso Rodríguez,
+en el capítulo XVIII del tratado primero
+de la tercera parte de su <span class="smcap">Ejercicio de Perfección</span>
+nos dice que «no depende nuestro merecimiento,
+ni la perfección de nuestra obra de que
+el otro se aproveche o no; antes podemos añadir
+aquí otra cosa para nuestro consuelo, o por
+mejor decir, para consuelo de nuestro desconsuelo,
+y es que no solamente no depende nuestro
+merecimiento y nuestro premio y galardón
+de que los otros se conviertan y de que se haga
+mucho fruto, sino que en cierta manera podemos
+decir que hacemos y merecemos más cuando
+no hay nada de eso, que cuando se ve el fruto
+al ojo».</p>
+
+<p>Y este discurso de Don Quijote a los cabreros
+¿fué acaso menos heroico y más inútil que aquel
+otro que cerca de Santa Cruz y en casa de la
+india Capillana enderezó a los indios Francisco
+Pizarro para explicarles los fundamentos de la
+religión cristiana y el poderío del rey de Castilla?
+Algo consiguió, pues los indios, por darle
+gusto, alzaron por tres veces la bandera española.<span class="pagenum" id="Page_99">[Pg 99]</span>
+No fué del todo inútil el razonamiento
+de Pizarro; no lo fué el de Don Quijote.</p>
+
+<p>El malicioso Cervantes llama, en efecto, al
+discurso de éste <em>inútil razonamiento</em>, para añadir
+que se lo escucharon los cabreros <em>embobados
+y suspensos</em>. La verdad de la historia se le
+impone aquí, puesto que si los embobó y suspendió
+Don Quijote con su razonamiento, no
+fué éste ya inútil. Y que no lo fué lo prueba el
+agasajo que le rindieron dándole solaz y contento
+con hacer que cantara un zagal enamorado.
+El espíritu produce espíritu, como la letra letra,
+y la carne carne, y así la arenga de Don
+Quijote produjo, a vuelta, cantares al son de
+cabreril rabel. No fué, pues, inútil ni lo es nunca
+la palabra pura. Si el pueblo no la entiende,
+siente, empero, comezón de entenderla, y
+al oirla, rompe a cantar.</p>
+
+<p>Y mientras Don Quijote, inspirado a la vista
+de las bellotas, regaló a los cabreros con aquella
+arenga ¿qué hizo Sancho? <em>Sancho... callaba
+y comía bellotas y visitaba muy a menudo
+el segundo zaque, que por que se enfriase el
+vino le tenían colgado de un alcornoque.</em> Y pensaría
+para sí ¡así me las den todas!</p>
+
+<p>Qué pensara Sancho de la arenga de su amo
+no lo sé, pero sí sé qué pensarán de ella nuestros
+Sanchos de hoy. Los cuales buscan ante
+todo eso que llaman soluciones concretas y en
+cuanto se ponen a escuchar a alguien van a oir
+qué remedios ofrece para los males de la patria
+o para otros cualesquiera males. Se han hecho
+los oídos oyendo a los charlatanes que, subidos
+en un coche, en la plaza del mercado, venden
+frascos de cualquier droga, y así, apenas
+alguien les habla, esperan saque la droga enfrascada.<span class="pagenum" id="Page_100">[Pg 100]</span>
+Mientras se les habla, callan y comen bellotas,
+y se preguntan luego: bien, ¿y en concreto
+qué? Todo eso del siglo de oro les entra por
+un oído y por el otro les sale: lo que ellos buscan
+es el elixir para curar el mal de muelas o
+el reuma o para quitar manchas de la ropa, el
+cocimiento regenerativo, el bálsamo católico, el
+revulsivo anticlerical, el emplasto aduanero o el
+vejigatorio hidráulico. A esto llaman soluciones
+concretas. Estiman que el habla no se hizo sino
+para pedir o para ofrecer algo, y no hay manera
+de que sientan lo que tiene de revelación
+la música interior del espíritu. Porque la otra
+música, la exterior, la que les recrea los oídos
+carnales, ésa no dejan de entenderla y apreciarla,
+y hasta es el único regalo que se permiten.
+Si se les habla, o ha de ser para acariciarles
+los oídos con párrafos acompasados a compás
+tamborilesco, o para enseñarles alguna receta
+de uso doméstico o político.</p>
+
+<p>¡Soluciones concretas! ¡Oh Sanchos prácticos,
+Sanchos positivos, Sanchos materiales! ¿Cuándo
+oiréis la silenciosa música de las esferas espirituales?</p>
+
+<p>Difícil es hablar a los Sanchos, nacidos y criados
+en lugarejos donde sólo se oye comadrerías
+de solana y sermones, pero más difícil aún es
+hablar a bachilleres. Lo mejor es tener por oyentes
+a cabreros, hechos y acostumbrados a oir las
+voces de los campos y de los montes. Los otros
+os saldrán con que no os entienden o entenderán
+a tuertas lo que les digáis, porque no reciben
+vuestras palabras en silencio interior ni
+en atención virgen, y por mucho que agucéis
+vuestras explicaderas no aguzarán sus entendederas
+ellos.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_101">[Pg 101]</span></p>
+
+<p>Es fuerte cosa que por dondequiera que uno
+vaya en nuestra España, derramando verdades
+del corazón, le salgan al paso diciéndole que no
+lo entienden o entendiéndolo al revés de como
+se explica. Y ello tiene su raíz, y es que van
+las gentes a oir esto o lo otro o lo de más allá,
+algo que se les ha dicho ya, y no a oir lo que
+se les diga. Los unos son clericales, anticlericales
+los otros, éstos unitarios o centralistas,
+aquéllos federales o regionalistas, los de aquí
+tradicionalistas, progresistas los de allá, y quieren
+que se les hable en uno de esos lenguajes.
+Ellos luchan unos con otros, pero luchan como
+es forzoso lo hagan los luchadores terrestres, sobre
+un mismo suelo, en un mismo plano y dándose
+cara, y si te pones a darles voces desde
+otro plano, por encima o por debajo del que
+ocupan, les distraes de su pelea y no comprenden
+a qué vas allá. Si estamos peleando—se
+dicen—, bien venido sea quien venga a animarnos
+con voces de ¡a ellos! ¡adelante! o bien a
+advertirnos de un peligro gritándonos ¡ojo!
+¡atrás!, pero ¿quién es ése que desde las nubes
+o desde dentro de la tierra nos grita que
+levantemos la vista o que la hundamos en el suelo?
+¿no ve que entre tanto nos degollarán los
+enemigos? Cuando se lucha no se puede mirar
+al cielo ni tratar de penetrar con la vista el seno
+de la tierra. Dicen así; no ven que les proponéis
+paz y cada uno de los bandos os cuenta en
+el contrario. Y no os queda sino ir a hablar a
+los cabreros, que os regalarán con música; ir
+a hablar a los sencillos, y hablarles sin intentar
+siquiera poneros a su alcance, hablarles en el
+tono más elevado, seguros de que sin entenderos
+os entienden.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_102">[Pg 102]</span></p>
+
+<p>Sólo Sancho, el carnal Sancho, estaba más
+para dormir que para oir canciones, sin conocer
+la virtud ensoñadora de éstas.</p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_103">[Pg 103]</span></p>
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULOS XII <small>Y</small> XIII</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">De lo que contó un cabrero a los que estaban con Don Quijote y<br>
+donde se da fin al cuento de la pastora Marcela, con otros sucesos.</p>
+
+
+<p>Entonces fué cuando Pedro el cabrero contó
+a Don Quijote la historia de Grisóstomo y Marcela,
+después de aquellos tiquismiquis con que
+el leído Caballero corrigió los vocablos al pastor.
+Era, no hemos de negarlo, impertinente Don
+Quijote cuando se picaba de letrado.</p>
+
+<p>Fué el Caballero a ver cómo enterraban a Grisóstomo,
+muerto de amores por Marcela, y al ir
+a ello encontró a Vivaldo y platicó con él acerca
+de la caballería andante, profesión si no tan estrecha
+como la de los frailes cartujos, tan necesaria
+como ella en el mundo, donde sólo el ejemplo
+de lo inasequible a los más, puede enseñar a
+éstos a poner su meta más allá de donde alcancen.
+Así las carreras de caballos, que sólo para
+criar caballos de carrera sirven, mantienen la pureza
+de la casta caballar, impidiendo que el tiro
+y la noria y el vil oficio encanijen al noble bruto.
+Y entre ambas profesiones, la de pedir al cielo<span class="pagenum" id="Page_104">[Pg 104]</span>
+el bien de la tierra, y la de poner en ejecución lo
+pedido, creando, lanza en mano, el reino de
+Dios, cuyo advenimiento se pide en oración, no
+cabe primero ni segundo. <em>Así que somos ministros
+de Dios en la tierra y brazos por quien se
+ejecuta en ella su justicia</em>—añadió Don Quijote.</p>
+
+<p>¿No es acaso, desgraciado Caballero, la raíz de
+tus proezas y de tus desgracias a la par el noble
+pecado a través de cuya depuración te llevó a la
+gloria de tu Dulcinea, esto de creerte ministro de
+Dios en la tierra y brazo por quien se ejecuta en
+ella su justicia? Fué tu pecado original y el pecado
+de tu pueblo; el pecado colectivo de cuya
+mancha y maleficio participabas. Tu pueblo también,
+arrogante Caballero, se creyó ministro de
+Dios en la tierra y brazo por quien se ejecutaba
+en ella su justicia, y pagó muy cara su presunción
+y sigue pagándola. Creyóse escogido de Dios y
+esto le ensoberbeció.</p>
+
+<p>¿Pero es que no estaba en lo seguro? ¿No somos
+acaso todos ministros de Dios en la tierra y
+brazos por quien se ejecuta en ella su justicia? Y
+el persuadirnos de esta verdad ¿no es tal vez el
+mejor remedio para purificar y ennoblecer nuestras
+acciones? En vez de buscar hacer otras cosas
+que las que haces, luchando contra tu costumbre,
+persuádete de que en todo cuanto hagas, bueno
+o malo a tu parecer, eres ministro de Dios en la
+tierra y brazo por quien se ejecuta en ella su justicia,
+y sucederá que tus actos acabarán por ser
+buenos. Estímalos como viniendo de Dios y los
+divinizarás. Hay desgraciado a quien eso que en
+el lenguaje de los hombres llamamos natural perverso
+o mala índole le lleva a ser azote de sus
+prójimos, y si ese desgraciado se penetrase de
+que ese azote es azote de castigo que puso en<span class="pagenum" id="Page_105">[Pg 105]</span>
+sus manos Dios, la que llamamos mala índole le
+daría frutos de bondad.</p>
+
+<p>No os apeguéis al miserable criterio jurídico
+de juzgar de un acto humano por sus consecuencias
+externas y el daño temporal que recibe quien
+lo sufre; llegad al sentido íntimo y comprended
+cuánta profundidad de sentir, de pensar y de
+querer se encierra en la verdad de que vale más
+daño infligido con santa intención que no beneficio
+rendido con intención perversa.</p>
+
+<p>Te denuestan, pueblo mío, porque dicen que
+fuiste a imponer tu fe a tajo y mandoble, y lo
+triste es que no fué del todo así, sino que ibas
+también, y muy principalmente, a arrancar oro a
+los que lo acumularon; ibas a robar. Si sólo hubieras
+ido a imponer tu fe... Me revuelvo contra
+el que viene, tizona en la diestra y en la otra
+libro, a querer salvarme el alma a pesar mío,
+pero al cabo se cuida de mí y soy para él un hombre,
+mas para aquél que no viene sino a sacarme
+los ochavos engañándome con baratijas y chucherías,
+para éste no paso de ser un cliente, un parroquiano
+o vecero. Hoy se da en ponderar esto
+y pedir una sociedad en que en puro policía no
+pueda hacerse daño y acabemos por que nadie
+obre mal, aunque nadie sienta bien tampoco.
+¡Qué horrible condición de vida! ¡Qué podredumbre
+bajo la verdura sosegada! ¡Qué quieto lago
+de ponzoñozas aguas! ¡No, no, y mil veces no,
+Dios nos dé antes un mundo en que todos sientan
+bien aunque todos obren daño, en que los hombres
+se golpeen en la ceguera del cariño y en que
+suframos todos en silencio por el mal que nos vemos
+arrastrados a infligir a los demás. Sé generoso
+y arremete a tu hermano; dale de tu espíritu,
+aunque sea golpes. Hay algo más íntimo que<span class="pagenum" id="Page_106">[Pg 106]</span>
+eso que llamamos moral y no es sino la jurisprudencia
+que escapa a la policía; hay algo más hondo
+que el Decálogo, que es una tabla de la ley,
+¡tabla, tabla y de la ley!; hay un espíritu de amor.</p>
+
+<p>Me diréis que no cabe sentir bien sin obrar bien
+y que las buenas acciones brotan, como de su
+fuente, de los buenos sentimientos y sólo de ellos.
+Pero yo os contestaré con Pablo de Tarso que no
+hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero
+hago, y os añadiré que el ángel que en nosotros
+duerme suele despertar cuando la bestia
+le arrastra, y al despertar llora su esclavitud
+y su desgracia. ¡Cuántos buenos sentimientos
+brotan de malas acciones a que la bestia nos
+precipita!</p>
+
+<p>Siguió discurriendo Don Quijote con Vivaldo
+sobre lo de encomendarse los caballeros andantes
+a su dama antes que a Dios, y dando las razones
+que había leído llegó a lo de no poder ser
+caballero andante sin dama, <em>porque tan propio y
+tan natural les es a los tales ser enamorados como
+al cielo tener estrellas, y a buen seguro que no
+se haya visto historia donde se halle caballero andante
+sin amores, y por el mismo caso que estuviese
+sin ellos no será tenido por legítimo caballero,
+sino por bastardo y que entró en la fortaleza
+de la caballería dicha, no por la puerta, sino
+por las bardas, como salteador y ladrón</em>.</p>
+
+<p>Ved aquí cómo del amor a mujer brota todo
+heroísmo. Del amor a mujer han brotado los más
+fecundos y nobles ideales, del amor a mujer las
+más soberbias fábricas filosóficas. En el amor a
+mujer arraiga el ansia de inmortalidad, pues es en
+él donde el instinto de perpetuación vence y soyuga
+al de conservación, sobreponiéndose así lo
+sustancial a lo meramente aparencial. Ansia de<span class="pagenum" id="Page_107">[Pg 107]</span>
+inmortalidad nos lleva a amar a la mujer y así fué
+cómo Don Quijote juntó en Dulcinea a la mujer
+y a la Gloria, y ya que no pudiera perpetuarse
+por ella en hijos de carne, buscó eternizarse por
+ella en hazañas de espíritu. Fué enamorado, pero
+de los castos y continentes, como dijo en otra ocasión
+él mismo. ¿Faltó con su castidad y continencia
+al fin del amor? No, pues engendró en Dulcinea
+hijos espirituales duraderos. Casado no
+habría podido ser tan loco; los hijos de carne
+le hubieran arrebatado de sus hazañosas empresas.</p>
+
+<p>No le embarazó nunca cuidado de mujer que
+ata las alas a otros héroes, porque como dice el
+Apóstol (I Cor. VII, 33) «el casado se cuida de
+lo del mundo, de cómo ha de agradar a la mujer,
+y queda dividido».</p>
+
+<p>Hasta en el más puro orden espiritual y sin
+sombra de malicia alguna, suele buscar el hombre
+apoyo en mujer, como Francisco de Asís en
+Clara; pero Don Quijote buscóle en dama de sus
+pensamientos.</p>
+
+<p>Y cómo embaraza la mujer! Íñigo de Loyola
+no quiso que su Compañía tuviese nunca cargo
+de mujeres debajo de su obediencia (Rivadeneira,
+lib. III, cap. XIV), y cuando Doña Isabel de
+Rosell pretendió formar comunidad de mujeres
+bajo la obediencia de la Compañía logró Loyola
+que el Papa Pablo III, en letras apostólicas
+de 20 de mayo de 1547, la eximiera de tal carga,
+pues «a esta mínima Compañía—decíale Íñigo—no
+conviene tener cargo especial de dueñas
+con voto de obediencia». Y no es que despreciara
+a la mujer, pues la honró en lo que es tenido
+por más bajo y más vil de ella, porque si
+Don Quijote se hizo armar caballero ciñéndole<span class="pagenum" id="Page_108">[Pg 108]</span>
+espada y calzándole espuela dos mozas del partido,
+Íñigo de Loyola acompañaba él mismo,
+en persona, por medio de la ciudad de Roma,
+a las «mujercillas públicas perdidas» para ir a
+colocarlas «en el monasterio de Santa Marta o
+en casa de alguna señora honesta y honrada,
+donde fuesen instruidas en toda virtud». (Rivadeneira,
+lib. III, cap. IX.).</p>
+
+<p>Don Quijote fué enamorado, pero de los castos
+y continentes y no sino por ser fuerza que
+los caballeros andantes tengan dama a quien
+rendir su amor—según decía, aunque veremos
+le quedaba otra dentro—por cumplir el rito. Y
+acaso no falte joven atolondrado que vea en
+esto un motivo para tener en menos a Don Quijote,
+pues los hay que cifran toda la calidad de
+un hombre en cómo se las ha en lances de
+amor; es decir, de eso que se llama amor a
+cierta edad de la vida. No recuerdo quién dijo,
+pero dijo muy bien quienquiera que lo dijese,
+que para los que aman mucho, es el amor—amor
+a mujer, se entiende—algo subordinado y
+secundario en su vida, y es lo principal de ésta
+para los que aman poco. Hay quienes no juzgan
+de la libertad de un espíritu sino según sienta
+en punto al amor; hay mozos para los cuales
+todo el valor de un poeta se cifra en cómo sienta
+el amor.</p>
+
+<p>¿Qué diría el casto y continente Don Quijote
+si volviendo al mundo viese el chaparrón de incentivos
+al deseo carnal con que se trata de desviar
+el amor? ¿Qué diría de todos esos retratos
+de mujerzuelas en actitudes provocativas?
+De seguro que movido por su amor a Dulcinea,
+por su noble y puro amor, emprendería a tajo
+y mandoble con todos los tenderetes en que<span class="pagenum" id="Page_109">[Pg 109]</span>
+esas porquerías se nos muestran, como la emprendió
+con el retablo de maese Pedro. Ellas
+nos apartan del amor a Dulcinea, del amor de
+la gloria. Siendo incentivos a que nos perpetuemos,
+nos apartan de la verdadera perpetuación.
+Acaso sea nuestro sino que haya de renunciar
+la carne a perpetuarse si se ha de perpetuar el
+espíritu.</p>
+
+<p>Don Quijote amó a Dulcinea con amor acabado
+y perfecto, con amor que no corre tras
+deleite egoísta y propio; entregóse a ella sin pretender
+que ella se le entregara. Se lanzó al mundo
+a conquistar gloria y laureles para ir luego a
+depositarlos a los pies de su amada. Don Juan
+Tenorio habríase dedicado a rendirla con la
+mira de poseerla y de saciar en ella su apetito,
+no más que por amor de gozarla y pregonarlo;
+Don Quijote no. Don Quijote no se fué de galán
+al Toboso a cortejarla y enamorarla, sino
+que se echó al mundo a conquistarlo para ella.
+¿Qué suele ser ese que llaman amor sino un
+miserable egoísmo mutuo en que busca su propio
+contento cada uno de los dos amantes? ¿Y
+no es acaso el acto de suprema unión lo que
+más supremamente los separa? Don Quijote amó
+a Dulcinea con amor acabado, sin exigir ser
+correspondido; dándose todo él y por entero a
+ella.</p>
+
+<p>Amó Don Quijote a la Gloria encarnada en
+mujer. Y la Gloria le corresponde. <em>Dió un gran
+suspiro Don Quijote y dijo: yo no podré afirmar
+si la dulce mi enemiga gusta o no de que el
+mundo sepa que yo la sirvo</em>, y todo lo que sigue.
+Sí, Don Quijote mío, sí; la tu dulce enemiga,
+Dulcinea, lleva de comarca en comarca
+y de siglo en siglo la gloria de tu locura de amor.<span class="pagenum" id="Page_110">[Pg 110]</span>
+Su linaje, prosapia y alcurnia <em>no es de los antiguos
+Curcios, Gayos y Cipiones romanos, ni de
+los modernos Colonnas y Ursinos</em>, ni de ninguna
+de las famosas familias de distintos países que
+Don Quijote nombró a Vivaldo; <em>pero es de los
+del Toboso de la Mancha, linaje aunque moderno
+tal, que puede dar generoso principio a las
+más ilustres familias de los venideros siglos</em>. Con
+lo que nos enseñó el ingenioso hidalgo que la
+raíz de la gloria está en el propio lugarejo y
+en la propia edad en que se vive. Sólo es duradera
+en siglos y en vastas tierras la gloria que
+rebasa de los propios lugar y tiempo por haberlos
+perinchido y cogolmado. Lo universal riñe
+con lo cosmopolita; cuanto más de su país y
+más de su época sea un hombre es más de los
+países y de las épocas todas. Dulcinea es del
+Toboso.</p>
+
+<p>Y ahora, Don Quijote mío, llévame a solas
+contigo, porque quiero que hablemos corazón a
+corazón y lo que ni a sí mismos osan decirse muchos.
+¿Fué de veras tu amor a la gloria lo que
+te llevó a encarnar en la imagen de Dulcinea
+a Aldonza Lorenzo, de la que un tiempo anduviste
+enamorado, o fué tu desgraciado amor a
+la bien parecida moza labradora, aquel amor
+que ella <em>jamás lo supo ni se dió cata de ello</em>,
+el que se te convirtió en amor de inmortalidad?
+Mira, mi buen hidalgo, que yo sé cómo es la
+timidez dueña del corazón de los héroes, y bien
+se ve en ver cuando ardías en deseo de Aldonza
+Lorenzo cómo no te atreviste nunca a requerirla
+de amores. No pudiste romper la vergüenza
+que te sellaba, con sello de bronce, los labios.</p>
+
+<p>Tú mismo se lo declaraste a Sancho, tomándole<span class="pagenum" id="Page_111">[Pg 111]</span>
+por confidente, cuando al quedarte de penitencia
+en Sierra Morena (cap. XXV) le dijiste:
+<em>mis amores y los tuyos han sido siempre platónicos,
+sin extenderse a más que a un honesto
+mirar, y aun esto tan de cuando en cuando, que
+osaré jurar con verdad, que en doce años que
+ha que la quiero más que a la lumbre de estos
+ojos que ha de comer la tierra, no la he visto
+cuatro veces y aun podrá ser que destas cuatro
+veces no hubiese ella echado de ver la una que
+la miraba; tal es el recato y encerramiento en
+que sus padres, Lorenzo Corchuelo y su madre
+Aldonza Nogales, la han criado</em>. ¡Cuatro veces
+tan sólo y en doce años! Y ¡qué fuego debía de
+ser el que ella despidiese para calentarte doce
+años el corazón con sólo cuatro lejanos toques y
+de soslayo! Doce años, mi Don Quijote, y cuando
+frisabas en los cincuenta. Te enamoraste,
+pues, al acercarte a tus cuarenta. ¿Qué saben
+los mozos lo que es la llama que se enciende
+en toda sazón de madurez? ¡Y tu timidez, tu insuperable
+timidez de hidalgo entrado ya en
+años!</p>
+
+<p>Miradas desde lo más adentro, suspiros ahogados
+de que ella ni se dió cata siquiera, redoblar el
+golpeteo de tu corazón preso de su hechizo cada
+una de esas cuatro veces que gozaste a hurtadillas
+de su vista. Y este amor contenido, este
+amor roto en su corriente, pues no hallabas en
+ti brío ni arrojo para enderezarlo a su natural
+término, este pobre amor te labró acaso el alma
+y fué el manantial de tu heroica locura. ¿No es
+así, buen caballero? Acaso ni tú lo sospechabas.</p>
+
+<p>Adéntrate en ti mismo y escudriña y ahonda.
+Hay amores que no pueden romper el vaso que<span class="pagenum" id="Page_112">[Pg 112]</span>
+los contiene y se derraman hacia adentro, y
+los hay inconfesables, a los que el destino formidable
+oprime y constriñe en el nido en que
+brotaron; el exceso mismo de aquéllos los cuaja
+y los encierra, la tremenda fatalidad de éstos
+los sublima y engrandece. Y presos allí, avergozándose
+y ocultándose de sí mismos, empeñándose
+por anonadarse, bregando por morir,
+pues que no pueden florecer a la luz del día y
+a la vista de todos, y menos fructificar, se hacen
+pasión de gloria y de inmortalidad y de heroísmo.</p>
+
+<p>Dímelo aquí a solas, Don Quijote mío, dime:
+el intrépido arrojo que te llevó a tus proezas
+todas ¿no era acaso el estallido de aquellas ansias
+de amor que no te atreviste a confesar a
+Aldonza Lorenzo? Si eras tan valiente ante todos
+¿no es porque fuiste cobarde ante el blanco
+de tus anhelos? De las íntimas entrañas de
+la carne te acosaba el ansia de perpetuarte, de
+dejar simiente tuya en la tierra; la vida de tu
+vida, como la vida de la vida de los hombres todos,
+fué eternizar la vida. Y como no lograste
+vencerte para dar tu vida perdiéndola en el amor,
+anhelaste perpetuarte en la memoria de las gentes.
+Mira, Caballero, que el ansia de inmortalidad
+no es sino la flor del ansia de linaje.</p>
+
+<p>¿No te llevó acaso a llenar tus ratos ociosos
+con la lectura de los libros de caballerías el no
+haber podido romper tu medrosa vergüenza para
+llenarlos con el amor y las caricias de aquella
+moza labradora del Toboso? ¿No es que buscaste
+en esas ahincadas lecturas lenitivo, a la
+vez que alimento, a la llama que te consumía?
+Sólo los amores desgraciados son fecundos en
+frutos del espíritu; sólo cuando se le cierra al<span class="pagenum" id="Page_113">[Pg 113]</span>
+amor su curso natural y corriente es cuando salta
+en surtidor al cielo; sólo la esterilidad temporal
+da fecundidad eterna. Y tu amor fué, Don
+Quijote mío, desgraciado por causa de tu insuperable
+y heroico encogimiento. Temiste acaso
+profanarlo confesándoselo a la misma que te lo
+encendía; temiste tal vez mancharlo primero y
+después malgastarlo y perderlo si lo llevabas a
+su cumplimiento vulgar y usado. Temblaste de
+matar en tus brazos la pureza de tu Aldonza,
+criada por sus padres en grandísimo recato y
+encerramiento.</p>
+
+<p>Y dime, ¿supo Aldonza Lorenzo de tus hazañas
+y proezas? De seguro que si de ellas supo
+algo le sirvió de solaz y de comidilla y palique
+en los seranos y en las solanas. ¡Sería de haber
+oído a Aldonza Lorenzo cuando en sus inviernos
+añosos, al amor de la lumbre del hogar, en
+el rolde de sus nietos, o en el serano de las comadres,
+contara las andanzas y aventuras de
+aquel pobre Alonso Quijano el Bueno, que salió
+lanza en ristre a enderezar entuertos, invocando
+a una tal Dulcinea del Toboso! ¿Recordaría
+entonces tus miradas a hurtadillas, heroico
+Caballero? ¿No se diría acaso, a solas y callandito,
+y en lo más adentro de sus adentros:
+«yo fuí, yo fuí la que le volví loco»?.</p>
+
+<p>No necesitas decírmelo, Don Quijote mío, porque
+comprendo lo que debe ser sacrificar ante
+un altar, sin que el dios que sobre él se yergue
+se entere siquiera del sacrificio. Te lo creo sin
+que me lo jures, te lo creo a pie juntillas, sí;
+te creo que cruzan el mundo Aldonzas Lorenzos
+que lanzan a inauditos heroísmos a
+Alonsos Quijanos y se mueren tranquilamente
+y en paz de conciencia sin haber conocido la<span class="pagenum" id="Page_114">[Pg 114]</span>
+maternidad que les cupo en los heroísmos tales.</p>
+
+<p>Grande es una pasión que rompe por todo y
+quebranta leyes y arrolla preceptos y desencadena
+torrencialmente su caudal perinchido, pero
+es más grande aún, cuando temerosa de enfangarse
+con las tierras que ha de arrastrar en
+su furiosa arremetida, se arremolina en sí y se
+condensa y se mete en sí misma, como queriendo
+tragarse a sí propia, luchando por deshacerse
+en su imposibilidad misma, y revienta hacia
+dentro y convierte en inmenso piélago el corazón.
+¿No te sucedió esto?</p>
+
+<p>Y luego, ven más junto a mí, mi Don Quijote,
+y dímelo al oído del corazón; y luego, cuando
+la Gloria te ensalzaba ¿no suspiraste en tus
+entrañas por aquel inconfesado amor de tu madurez?
+¿No la hubieras dado toda ella, a la gloria,
+por una mirada, no más que por una mirada
+de cariño de tu Aldonza Lorenzo? Si ella,
+pobre hidalgo, si ella se hubiese dado cata de
+tu amor, y compadecida te hubiese ido un día
+y te hubiese abierto los brazos y entreabierto
+la boca, llamándote con los ojos, si ella se te
+hubiese rendido, venciendo tu contención grandiosa
+y diciéndote: «te he adivinado, ven y no
+sufras» ¿hubieras buscado la inmortalidad del
+nombre y de la fama? Mas entonces ¿no se te
+habría disipado el encanto luego? Yo creo que
+ahora mismo, mientras te tiene apretada a su
+pecho tu Dulcinea, y lleva tu memoria de siglo
+en siglo, yo creo que ahora todavía te envuelve
+cierta melancólica pesadumbre al pensar que
+ya no puedes recibir en tu pecho el abrazo ni en
+tus labios el beso de Aldonza, ese beso que
+murió sin haber nacido, ese abrazo que se fué
+para siempre y sin haber nunca llegado, ese<span class="pagenum" id="Page_115">[Pg 115]</span>
+recuerdo de una esperanza en todo secreto y tan
+a solas y a calladas acariciada.</p>
+
+<p>¡Cuántos pobres mortales inmortales, cuyo recuerdo
+florece en la memoria de las gentes, darían
+esa inmortalidad del nombre y de la fama
+por un beso de toda la boca, no más que por
+un beso en que soñaron durante su vida mortal
+toda! ¡Volver a la vida aparencial y terrena,
+encontrarse de nuevo en el augusto instante que
+una vez ido ya no vuelve, quebrar el vergonzante
+miedo, trizar el tupido respeto o romper
+la ley y luego deshacerse para siempre en los
+brazos de la deseada!...</p>
+
+<p>Mientras Don Quijote hablaba a Vivaldo de
+Dulcinea del Toboso, entró Sancho, el buen
+Sancho, con la más maravillosa profesión de fe.
+Como Simón Pedro, que aun deseando plantar
+tiendas en lo alto del Tabor para pasarlo
+allí bien y sin penalidades, y aun negando al
+Maestro, fué quien con más ardor le creyó y le
+quiso, así Sancho a Don Quijote. Pues mientras
+todos los que oían la plática entre Vivaldo y el
+Caballero <em>y aun hasta los mismos pastores y
+cabreros conocieron la demasiada falta de juicio
+de nuestro Don Quijote, sólo Sancho Panza
+pensaba——nos dice Cervantes—que cuanto su
+amo decía era verdad, sabiendo él quién era y
+habiéndole conocido desde su nacimiento</em>. ¡Oh
+Sancho bueno, Sancho heroico, Sancho quijotesco!
+Tu fe te salvará. Pues mientras los menguados
+mercaderes toledanos pedían a Don Quijote,
+como los judíos a Jesús, señales para creer,
+un retrato de aquella señora aunque fuera <em>tamaño
+como un grano de trigo</em>, Sancho el heroico
+pensaba que era verdad cuanto su amo decía,
+sabiendo quién era Don Quijote y habiéndole<span class="pagenum" id="Page_116">[Pg 116]</span>
+conocido desde su nacimiento. Y las gentes ligeras
+no quieren ver, Sancho heroico, la grandeza
+de tu fe y la fortaleza de tu ánimo, y han dado
+en menospreciarte y calumniarte haciéndote padrón
+de lo que nunca fuiste. No quieren conocer
+que tu simpleza fué tan loca, tan heroica, como
+la locura de tu amo, pues que creíste en ésta.
+Y a lo más que llegan es a reprocharte de simple
+porque creías esas cosas. Mas que no lo eras,
+ni tu sublime fe una ceguera de embaucado, lo
+prueba el que dudando algo <em>en creer aquello de
+la linda Dulcinea del Toboso, porque nunca tal
+nombre ni tal princesa había llegado jamás a
+tu noticia aunque vivías tan cerca del Toboso</em>.
+La fe es algo que se conquista palmo a palmo y
+golpe tras golpe. Y tú, Sancho heroico, pues
+crees en tu amo y señor Don Quijote, llegarás a
+creer en su señora Dulcinea del Toboso, y ella
+te cogerá de la mano y te llevará por los campos
+perdurables.</p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_117">[Pg 117]</span></p>
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO XV</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">Donde se cuenta le desgraciada aventura que se topó Don Quijote<br>
+con topar con unos desalmados yangüeses.</p>
+
+
+<p>Terminado el episodio de Marcela, volvió Don
+Quijote a quedar solo con Sancho en los caminos
+del mundo. Determinado a ir en busca de
+la pastora Marcela y ofrecérsele se entró en el
+bosque donde ella entrara, y a las dos horas
+de andar buscándola dió en un apacible prado,
+donde comieron y descansaron los dos, amo y
+escudero.</p>
+
+<p>Suelto Rocinante, fuese a refocilar con unas
+jacas gallegas de unos arrieros yangüeses, jacas
+que le recibieron a coces y mordiscos y los
+arrieros remataron la suerte moliéndole a palos.
+Visto lo cual por Don Quijote y que no eran
+caballeros, sino <em>gente soez y de baja ralea</em>—el
+encontrarse apeado le curó de la ceguera de su
+locura—, demandó ayuda de Sancho, quien le
+hizo ver que no podían vengarse de más de
+veinte tan sólo dos y aun quizá uno y medio.</p>
+
+<p><em>Yo valgo por ciento—replicó Don Quijote—, y
+sin hacer más discursos, echó mano a su espada
+y arremetió a los yangüeses y lo mismo hizo<span class="pagenum" id="Page_118">[Pg 118]</span>
+Sancho Panza incitado y movido del ejemplo de
+su amo.</em> En lo que no se sabe qué admirar más,
+si el heroísmo quijotesco bajo la fe de <em>yo valgo
+por ciento</em> o el heroísmo sanchopancesco bajo la
+fe de que su amo valía por cien. La fe de Sancho
+en Don Quijote es aún más grande, si cabe,
+que la de su amo en sí mismo. <em>Yo valgo por
+ciento, y sin hacer más discursos, echó mano a
+su espada y arremetió.</em> Si crees que vales por
+ciento ¿para qué discursos? La fe verdadera no
+razona ni aun consigo misma.</p>
+
+<p>Los yangüeses, al verse tantos contra dos, dieron
+con ellos en tierra a estacazos, y así se acabó
+la aventura.</p>
+
+<div class="poetry-container">
+<div class="poetry">
+<p><span style="margin-left: 1em;">Vinieron loe sarracenos</span><br>
+y nos molieron a palos,<br>
+que Dios ayuda a los malos<br>
+cuando son más que los buenos.</p>
+</div>
+</div>
+
+<p>Y entonces pidió Sancho a su amo el bálsamo
+de Fierabrás y entonces pronunció Don Quijote
+aquellas tan profundas palabras de que él se
+tenía la culpa del percance y molimiento, por
+haber puesto mano a la espada contra hombres
+no armados caballeros como él y excitó a Sancho
+a que se tomase en casos tales la justicia por su
+mano. Con hombres no armados caballeros, con
+los que no lleven como tú encendida la lumbre
+del seso, sino que reciben luz de reflejo, con
+ésos no discutas jamás, lector. Di tu palabra y
+sigue tu camino dejando que la roan hasta el
+hueso.</p>
+
+<p>Y más profundo aún que su amo y señor estuvo
+Sancho al decir que era él hombre pacífico,
+manso y sosegado y sabía disimular cualquiera
+injuria, <em>porque tengo mujer e hijos que<span class="pagenum" id="Page_119">[Pg 119]</span>
+sustentar y criar</em>—dijo. ¡Oh sesudo y discretísimo
+Sancho! Y si supieras cuántos quedan aún
+que teniendo mujer e hijos que sustentar y
+criar se nos vienen con requilorios de honor y
+dignidad, que deben ser un lujo permitido a los
+ricos tan sólo, a aquéllos que tienen quienes
+sustenten y críen a su mujer e hijos y que acaso
+les hacen una merced con dejarlos huérfanos
+y viuda, pues que las gentes no menguan
+por ello. Tal fué, Sancho amigo, según dicen,
+que yo en esto me callo, el error de tu pueblo
+y es que no quiso comprender que el honor
+dura tanto cuanto dura el bolso lleno. En ese sublime
+y noble error estaba y sigue estando tu
+amo, que quiso entonces y allí, molido en tierra,
+sacarte de él y mostrarte que necesitabas valor
+para ofender y defenderte puesto que el día menos
+pensado te verías señor de una ínsula.</p>
+
+<p>La de Marruecos te ofrecen ahora, y te dan
+las razones que te daba tu amo. Entre las cuales
+las había de oro, como aquélla de las mudanzas
+de la fortuna. No hagas caso, pues, Sancho
+amigo, de eso de pueblos fuertes y pueblos
+moribundos, que el mundo da muchas vueltas
+y lo que te hace impropio para la manera de
+triunfar en privanza hoy, eso mismo te hará acaso
+mañana propiísimo para el modo venidero de
+triunfar. Tú eres paciente y de la paciencia es
+al cabo la victoria. Vale más tu paciencia que
+todo aquello que te decía tu amo de que salisteis
+de la pendencia con los yangüeses molidos pero
+no afrentados, <em>porque las armas que aquellos
+hombres traían y con que os machacaron no
+eran otras que sus estacas</em>.</p>
+
+<p>Dicen que dijo Felipe II al saber el vencimiento
+de su Armada Invencible que no la había<span class="pagenum" id="Page_120">[Pg 120]</span>
+mandado a luchar con los elementos, y la
+última vez que nos han molido a cañonazos una
+armada, te dijeron también, Sancho amigo, que
+nos venció no el valor, sino la ciencia y la riqueza.
+Pero tú te ríes de cuentos, oyes, callas
+y aguardas. Sigue aguardando, que en aguardar
+siempre está tu fortaleza. A ti no te dió pena el
+pensar si fué o no afrenta lo de los estacazos,
+sino el dolor de los golpes, y en eso ibas muy
+bien encaminado, porque el dolor de los golpes
+se pasa, pero el de la afrenta no, y quien hace
+pasajeros los dolores los ha vencido ya con hacerlos
+tales. Si bien, como te dijo tu amo, <em>no
+hay memoria a quien el tiempo no acabe, ni
+dolor que la muerte no le consuma</em> y ésta es
+fuente de fortaleza, por serlo de paciencia y de
+consuelo.</p>
+
+<p>Tras estas y otras pláticas acomodó Sancho
+a Don Quijote sobre el asno y reanudaron camino,
+hasta llegar a una venta.</p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_121">[Pg 121]</span></p>
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO XVI</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">De lo que le sucedió al ingenioso hidalgo en la venta<br>
+ que él imaginaba ser castillo.</p>
+
+
+<p>Volvió a encontrar Don Quijote mujeres que
+hicieron con él oficio de mujer, mujeres compasivas
+y piadosas, pues entre la ventera, su
+hija y Maritornes le hicieron una muy mala cama
+en que se acostó luego que le hubieron emplastado
+de arriba abajo. Agradeciólo Don Quijote
+haciendo a la ventera <em>fermosa señora</em> y a la
+venta castillo, con lo que las mujeres se maravillaron
+pareciéndoles otro hombre que los que se
+usan, y no les faltaba razón en parecerles así.</p>
+
+<p>Entonces es cuando dió Don Quijote en esperar
+a la hija del señor del castillo, repentinamente
+enamorada de él, y fué cuando al acudir
+Maritornes a saciar la carne al carnal arriero,
+se encontró con el espiritual Caballero, que
+le endilgó un ingenioso discurso de disculpa,
+mostrándole ante todo que estaba tan molido y
+quebrantado que aunque de su voluntad quisiera
+satisfacer a la de ella, le sería imposible, y
+luego la fe prometida a la sin par Dulcinea del
+Toboso, que si esas dos cosas no hubiera de<span class="pagenum" id="Page_122">[Pg 122]</span>
+por medio, el no poder contentarla y lo otro,
+no fuera tan sandio caballero que dejara pasar
+tan venturosa ocasión en blanco.</p>
+
+<p>Esto es fina virtud y continencia de mérito,
+y lo demás tontería. Y tuvo esa virtud, como
+es natural, su recompensa, cual fué los puñetazos
+y pisotones que arreó a Don Quijote el
+bruto del arriero, que de puro rijoso ardía en
+chispas. Y acudió el ventero al ruido y se armó
+aquella tremolina de puñetazos que Cervantes
+cuenta.</p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_123">[Pg 123]</span></p>
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO XVII</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">Donde se prosiguen los innumerables trabajos que el bravo<br> Don
+Quijote y su buen escudero Sancho Panza pasaron en la venta, que<br>
+por su mal pensó que era castillo.</p>
+
+
+<p>Cosas de encantamiento, de las que no hay
+para qué tomar cólera ni enojo, <em>que como son
+invisibles y fantásticas, no hallaremos de quien
+vengarnos aunque más lo procuremos</em>. ¡Y cómo
+llegaste, oh maravilloso Caballero, al hondón de
+la sabiduría, que consiste en tomar por invisibles
+y fantásticas las cosas de este mundo, y
+así, en virtud de tal tomadura, no enojarse por
+ellas!</p>
+
+<p>Porque ¿qué sino <em>mano pegada a algún brazo
+de algún descomunal gigante</em> pudo ser aquello
+que a deshora y cuando más en tu coloquio
+estabas vino a asentarte una puñada en las quijadas?
+Cosas son de otro mundo y recuerda
+si no cómo estando durmiendo una noche
+Iñigo de Loyola «le quiso el demonio ahogar
+el año de 1541—como en el capítulo IX del
+libro V de su <span class="smcap">Vida</span> se nos cuenta—y fué así
+que sintió como una mano de hombre que le
+apretaba la garganta y que no le dejaba resollar<span class="pagenum" id="Page_124">[Pg 124]</span>
+ni invocar el Nombre Santísimo de Jesús»,
+y aquello otro que contó el hermano Juan Paulo
+al P. Rivadeneira, según éste en el mismo
+capítulo nos lo cuenta, de cuando «durmiendo
+una noche como solía junto al aposento de Loyola,
+y habiéndose despertado a deshora, oyó
+un ruido como de azotes y golpes que le daban
+al Padre, y al mismo Padre como quien
+gemía y suspiraba. Levantóse luego y fuese a
+él, hallóle sentado en la cama, abrazado con
+la manta, y díjole: ¿Qué es esto, Padre, que
+veo y oigo? Al cual respondió: ¿Y qué es lo
+que habéis oído? Y como se lo dijese, díjole el
+Padre: Andad, idos a dormir».</p>
+
+<p>Cosas son de otro mundo, y para curar sus
+efectos basta el bálsamo de Fierabrás. Sólo que
+no obra maravillosamente sino en los caballeros,
+y bien se vió en lo que le ocurrió con él a
+Sancho.</p>
+
+<p>A poco de esto aconteció lo de convencerse
+Don Quijote de que estaba en venta y no en
+castillo, a una sola palabra del ventero, en que
+vuelve a verse, una vez más, cuán cuerdo era
+en su locura. Mas aun así, negóse muy caballerescamente
+a pagar, lo cual le valió a Sancho
+un manteamiento. Acabado el cual le dió
+de beber vino la piadosa Maritornes, Dios se
+lo pague, pues era la generosidad y el desprendimiento
+mismos. Ella amó mucho, si bien a
+su manera, como todos, y por eso le serán perdonados
+sus refocilamientos con arrieros, ya que
+lo hacía de puro blanda de corazón.</p>
+
+<p>Creed que la dadivosa moza asturiana, más
+buscaba dar placer que no recibirlo, y si se entregaba
+era, como a no pocas Maritornes les sucede,
+por no ver penar y consumirse a los hombres.<span class="pagenum" id="Page_125">[Pg 125]</span>
+Quería purificar a los arrieros de los torpes
+deseos que les emporcaban la imaginación
+y dejarlos limpios para el trabajo. <em>Presumía muy
+de hidalga</em>—dice Cervantes—y por hidalguía concertó
+ir a refocilarse con el arriero, <em>y satisfacerle
+el gusto en cuanto le mandase</em>, no tomarlo. Ella</p>
+
+<div class="poetry-container">
+<div class="poetry">
+<p><span style="margin-left: 8em;">dar quería</span><br>
+o que des para darse a natureza</p>
+</div>
+</div>
+
+<p>aunque no hubiese leído a Camoens, de cuyos
+<span class="smcap">Lusiadas</span> es esta filosófica sentencia (IX, 76).
+Y por este sencillo desprendimiento, tan sin
+rebuscas de vicio como sin melindres de inocencia,
+se ha inmortalizado la moza asturiana. Vivía
+ella allende la inocencia y la malicia que de
+la pérdida de ella nace.</p>
+
+<p>Creed que hay pocos pasajes más castos. Maritornes
+no es una moza del partido que por no
+trabajar o por ajenas culpas comercia con su
+cuerpo, ni es una pervertidora que embruja a los
+hombres encendiéndoles los deseos para apartarles
+de su ruta y distraerles de su labor; es pura
+y sencillamente la criada de un mesón que trabaja
+y sirve, y alivia las gravezas y remedia los
+aprietos de los viandantes, quitándoles un peso
+de encima para que puedan reanudar, más desembarazados,
+su camino. No enciende deseos,
+sino que apaga los que otras, menos desprendidas,
+o el sobrante de la vida carnal habían
+encendido. Y creed que siendo pecaminoso esto,
+lo es mucho más encender deseos adrede, con
+ánimo de encenderlos, como hace la coqueta,
+para no apagarlos, que apagar los que encendió
+otra. No peca Maritornes ni por ociosidad y codicia,
+ni por lujuria; es decir, apenas peca. Ni<span class="pagenum" id="Page_126">[Pg 126]</span>
+trata de vivir sin trabajar ni trata de seducir a
+los hombres. Hay un fondo de pureza en su grosera
+impureza.</p>
+
+<p>Fué buena con Sancho, que salió de la venta
+muy contento por no haber pagado.</p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_127">[Pg 127]</span></p>
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO XVIII</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">Donde se cuentan las razones que pasó Sancho Panza con su señor<br>
+Don Quijote, con otras aventuras dignas de ser contadas.</p>
+
+
+<p>Y volvió Don Quijote al manadero de toda
+fortaleza, cual es el de tomar a los hombres
+que mantean y aporrean por <em>fantasmas y gente
+del otro mundo</em>. No te enojes por lo que
+pueda acaecerte en este mundo aparencial; espera
+al sustancial o acógete a él, en el hondón
+de tu locura. Ésa es la fe honda y verdadera.
+La cual flaqueó en Sancho, que por haber oído
+nombrar con nombres a los manteadores, los
+tomó por hombres de carne y hueso, y esto le
+bastó para pedir a su amo volverse al lugar entonces
+que era tiempo de la siega.</p>
+
+<p>Acudió su amo a confortarle en la fe, a lo
+que él oponía lo que por sus ojos había visto y
+en sus costillas sentido, pero le habló Don Quijote
+de Amadís y el escudero se aquietó. E hiciste
+bien, Sancho, pues te has de convencer
+de que cuando nos injurian o escarnecen o mantean
+con sólo pensar que no son sino fantasmas<span class="pagenum" id="Page_128">[Pg 128]</span>
+los manteadores, se nos derrite el rencor y estamos
+al cabo de cura. Acuérdate de que tus
+enemigos se han de morir.</p>
+
+<p>Y entonces dieron con la aventura de las dos
+manadas de ovejas, que tomó Don Quijote por
+dos ejércitos, y los describió tan puntualmente
+como quien lleva dentro de sí un mundo verdadero.
+Y el bueno de Sancho, sumergido en el
+otro mundo, en el aparencial, en el de los manteadores
+de carne y hueso, nada vió, <em>quizá</em> por
+encantamiento. ¡Oh Sancho admirable, y qué
+caudal de fe encierra ese tu <em>quizá</em>! Por un quizá
+empieza la fe que salva; quien duda de lo
+que ve, una miajica tan sólo que sea, acaba por
+creer lo que no ve ni vió jamás. Tú, Sancho,
+no oías sino balidos de ovejas y carneros, pero
+bien te dijo tu amo: <em>El miedo que tienes te hace,
+Sancho, que ni veas ni oyas a derechas</em>.</p>
+
+<p>El miedo, sí, y sólo el miedo a la muerte y a
+la vida nos hace no ver ni oir a derechas, esto
+es, no ver ni oir hacia dentro en el mundo sustancial
+de la fe. El miedo nos tapa la verdad, y
+el miedo mismo, cuando se adensa en congoja,
+nos la revela.</p>
+
+<p>Mandó Don Quijote a Sancho que se retirase,
+pues el que sólo ve con los ojos de la carne,
+antes estorba que sirve en aventuras, y sin
+hacer caso de las voces del sentido terrenal, acometió
+al ejército de Alifanfarón de Trapobana.
+Y allí alanceó a su sabor corderos como Pizarro
+y los suyos alancearon en el corral de Cajamarca
+a los servidores del inca Atahualpa, que ni
+siquiera se defendían. Mas no así los pastores de
+los trapobanenses, que molieron a Don Quijote
+a pedradas, derribándole del caballo.</p>
+
+<p>Con ello volvió a tocar tierra con su cuerpo<span class="pagenum" id="Page_129">[Pg 129]</span>
+todo el Caballero, para recobrar como Anteo,
+fuerzas a su toque. Y estando en tierra llegó la
+voz del sentido común, por boca de Sancho, a
+reprenderle, pues eran ovejas, mas él supo oponer
+su fe a los encantamientos del maligno que
+le perseguía. Y consoló a Sancho, cuya fe flaqueaba
+de nuevo, con palabras evangélicas.</p>
+
+<p>Y luego les avino la aventura del cuerpo muerto,
+cuyo mérito consistió en que habiendo la
+fantástica visión empezado por erizarle los cabellos
+de la cabeza a Don Quijote, supo éste vencer
+su miedo a lo fantástico, él, que no lo tenía
+a lo real, y en premio de tal victoria puso en fuga
+a los encamisados, que tomaron a Don Quijote
+por diablo del infierno. A los fantásticos con lo
+fantástico se les vence; con el miedo a los amedrentadores.
+Y el miedo mismo llega a un punto
+en que si no mata a su presa, se realza y se convierte,
+pasando por congoja, en valor.</p>
+
+<p>Fué entonces, en medio de la fantástica aventura,
+cuando puso Sancho a Don Quijote el título
+de <em>El caballero de la triste figura</em>.</p>
+
+<p>Y después se entraron por un valle donde les
+ocurrió la aventura de los batanes, intentada
+por Don Quijote para morir haciéndose digno
+de poder llamarse de su señora Dulcinea, de la
+Gloria. Y a Sancho, su quebradiza fe le puso
+en la boca palabras conmovedoras para apartar
+de su empeño a su amo, y como no bastasen
+las palabras, acudió a la industria de trabar las
+patas a Rocinante. Y pasó todo lo demás que
+Cervantes nos cuenta, hasta que amaneció y
+vieron la causa de los temerosos ruidos, y Sancho
+se burló de su amo, que le asestó por ello
+dos palos, acompañándolos de las profundas palabras
+de <em>porque os burláis no me burlo yo</em>.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_130">[Pg 130]</span></p>
+
+<p><em>Venid acá, señor alegre ¿paréceos a vos que
+si como éstos fueron mazos de batán fueran
+otra peligrosa aventura, no había yo mostrado
+el ánimo que convenía para emprendella y acaballa?
+¿Estoy yo obligado a dicha, siendo como
+soy caballero, a conocer y distinguir los sones,
+y saber cuáles son de batanes o no?</em></p>
+
+<p>La cosa está bien clara. Para enderezar entuertos
+y resucitar la caballería y asentar el bien
+en la tierra, no es menester distinguir de sones
+y saber cuáles son de batanes o no. Tal distinción
+no es cosa que toque al heroísmo, ni
+los más de los conocimientos que por ahí se enseñan
+añaden un ardite a la suma de bien que
+haya en el mundo. El caballero harto tiene con
+atender y oir a su corazón y distinguir los sones
+de éste.</p>
+
+<p>Esta doctrina quijotesca hay que predicarla
+ahora en que el sanchopancismo no hace sino
+repetirnos que lo esencial es aprender a distinguir
+los sones y saber cuáles son de batanes o
+no, sin advertir que mientras es de noche y le
+dura el miedo, tampoco Sancho los distingue,
+y eso que los oye y no hace falta verlos. Sancho
+necesita, para tener serenidad y atreverse
+a burlas, ver la causa que produce los sones,
+verla; Sancho, que de noche no se atreve a
+apartarse de su amo por miedo a los temerosos
+sones y por miedo no los distingue, búrlase de
+él cuando ve el artefacto que los produce. Así
+es con el sanchopancismo que llaman ya positivismo,
+ya naturalismo, ya empirismo, y es que
+ha sido que pasado el miedo, se burla del idealismo
+quijotesco.</p>
+
+<p>¿Por qué había de conocer Don Quijote, siendo
+como era caballero, los sones? <em>Y más que podría<span class="pagenum" id="Page_131">[Pg 131]</span>
+ser, como es verdad</em>—añadió—, <em>que no los
+he visto en mi vida, como vos los habréis visto,
+como villano ruin que sois, criado y nacido entre
+ellos; sino, haced vos que estos seis mazos se
+vuelvan en seis jayanes, y echádmelos a las barbas
+uno a uno, o todos juntos, y cuando yo no
+diere con todos patas arriba, haced de mí la
+burla que quisiéredes</em>. ¡Admirables razones! En
+lo esforzado del propósito y no en lo puntual del
+conocimiento, está el héroe.</p>
+
+<p>Mas la verdad es que conviene acompañe
+Sancho a Don Quijote y no se aparté de él.
+Sancho, como villano ruin que es, criado y nacido
+entre batanes, en cuanto llega la noche y
+no los ve y oye sus temerosos sones, tiembla
+de miedo como un azogado y se arrima a Don
+Quijote y para que no se le vaya le traba las patas
+a Rocinante, con lo que el Caballero no se
+puede mover y se libra acaso de una muerte
+cierta entre los batanes, pero luego que se hace
+de día ¿por qué ha de burlarse del que le amparó
+en su congoja, y le dejó llegar a la luz del
+día, pues acaso sin él habríase muerto de miedo,
+o el miedo le habría arrojado en los batanes,
+más que su valor a su amo? Si inspiraciones
+del corazón y fe en lo eterno nos sacaron
+de las congojas de la noche de la superstición
+y del miedo a lo desconocido ¿por qué cuando
+la luz de la experiencia luce hemos de burlarnos
+de aquellas inspiraciones y de aquella fe?
+Y tanto más cuanto que volveremos a necesitarlas,
+pues si a la noche se sucede el día, vuelve
+nueva noche tras este nuevo día, y así entre
+luz y tinieblas vamos viviendo y marchando a
+un término que no es ni tinieblas ni luz, sino
+algo en que ambas se aunan y confunden, algo<span class="pagenum" id="Page_132">[Pg 132]</span>
+en que se funden corazón y cabeza y en que se
+hacen uno Don Quijote y Sancho.</p>
+
+<p>Hoy Sancho distingue de sones y sabe cuáles
+son de batanes y cuáles no, siempre que sea de
+día y vea los mazos que los producen, pero de
+noche tiembla de miedo y nunca se atreve con
+seis jayanes, ni uno a uno ni con todos juntos,
+y hoy Don Quijote se atreve con los jayanes y
+no tiembla ni de noche ni de día, pero no distingue
+de sones y cuáles son de batanes y cuáles
+no. Día llegará en que fundidos en uno, o mejor,
+quijotizado Sancho antes que sanchizado Don
+Quijote, no tenga aquél miedo y distinga de
+sones lo mismo de noche que de día y se atreva
+con batanes y con jayanes. Pero es mal camino
+para llegar a ello burlarse del Caballero
+y creer que todo estriba en distinguir de sones.
+No, no es la ciencia sola, por alta y honda,
+la redentora de la vida.</p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_133">[Pg 133]</span></p>
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO XXI</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">Que trata de la alta aventura y rica ganancia del yelmo de<br>
+Mambrino, con otras cosas sucedidas a nuestro invencible Caballero.</p>
+
+
+<p>Tras esto cobró Don Quijote el yelmo de
+Mambrino, y Sancho, como despojo de la victoria,
+trocó los aparejos de su asno por los del
+asno del barbero, mejor repuesto que el suyo,
+<em>y almorzaron de las sobras del real que del
+acémila despojaron</em>. Y luego <em>se pusieron a caminar
+por donde la voluntad de Rocinante quiso,
+que se llevaba tras sí la de su amo y aun la
+del asno</em>, y de camino se quejó Sancho de cuán
+poco se ganaba con aquellas aventuras. Y departiendo
+mostró haber calado la raíz del heroísmo
+de su amo cuando le pidió salieran de
+aquellas aventuras <em>donde ya que se venzan y
+acaben las más peligrosas, no hay quien las vea
+ni las sepa y así se han de quedar en perpetuo
+silencio y en perjuicio de la intención de vuestra
+merced</em>—dijo—, y se pusieran a servicio de
+algún emperador donde no faltaría quien pusiera
+<em>en escrito las hazañas</em> de Don Quijote, <em>para
+perpetua memoria</em>. Y añadió, tocado ya de la
+locura de su amo: <em>de las mías no digo nada,<span class="pagenum" id="Page_134">[Pg 134]</span>
+pues no han de salir de los límites escuderiles;
+aunque sé decir que si se usa en la caballería escribir
+hazañas de escuderos, que no pienso que
+se han de quedar las mías entre renglones</em>.</p>
+
+<p>¿Qué es eso, Sancho? ¿Estás pensando también
+tú en dejar eterno nombre y fama? ¿Andas
+también enamorado, aunque sin saberlo, de
+Dulcinea? Tú no has tenido Aldonza Lorenzo
+que te encienda el amor a la inmortalidad, tú
+no has tenido amores de los que no se confiesan
+o no pueden confesarse, tú al llegar a edad y
+considerando que no está bien que el hombre
+esté solo, tomaste de mano del cura a Juana Gutiérrez
+por compañera de tus faenas y para madre
+de tus hijos, pero andas con Don Quijote,
+dejaste por él mujer e hijos, y te estás enquijotando
+ya.</p>
+
+<p>En esta plática, y al explicar Don Quijote
+cómo podría llegar a casarse con hija de rey,
+dijo: <em>sólo falta ahora mirar qué rey de los cristianos
+o de los paganos tenga guerra y tenga
+hija hermosa; pero tiempo habrá para pensar
+esto, pues como te tengo dicho primero se ha
+de cobrar fama por todas partes, que se acuda
+a la corte</em>, en que parece que la fama no
+la quiere para fin, sino como medio, a pesar de
+lo cual puede y debe asegurarse que no habría
+dejado Don Quijote a Dulcinea por ninguna
+hija de rey, por hermosa que ella fuese y
+poderoso y rico su padre. Y continuando el
+hidalgo mostró dudas de que el rey le quisiese
+tomar por yerno, visto que no era de linaje
+de reyes o <em>por lo menos primo segundo de
+emperador</em>, temiendo perder por semejante falta
+lo que su brazo tendría bien merecido. <em>Bien
+es verdad</em>—añadió—<em>que yo soy hijodalgo de solar<span class="pagenum" id="Page_135">[Pg 135]</span>
+conocido, de posesión y propiedad, y de devengar
+quinientos sueldos; y podría ser que el
+sabio que escribiese mi historia deslindase de
+tal manera mi parentela y descendencia que me
+hallase quinto o sexto nieto de rey</em>, y a seguida
+de esto explicó a Sancho lo de las dos maneras
+de linajes que hay en el mundo: los que fueron
+y ya no son y los que son ya y no fueron.</p>
+
+<p>Y aquí encaja lo que dijo aquel capitán de
+que habla el Dr. Huarte, en el cap. XVI de su
+<span class="smcap">Examen de Ingenios</span> y decía: «Señor, bien sé
+que vuestra señoría es muy buen caballero y
+que vuestros padres lo fueron también; pero yo
+y mi brazo derecho, a quien ahora reconozco
+por padre, somos mejores que vos y todo vuestro
+linaje». Razón que hace alguna vez suya
+Don Quijote, declarándose hijo de sus obras.</p>
+
+<p>Y así es; que mi humanidad empieza en mí y
+debe cada uno de nosotros más que pensar en
+que es descendiente de sus abuelos y estanque
+a que han venido acaso a juntarse tantas y tan
+diversas aguas, en que es ascendiente de sus
+nietos y fuente de los arroyos y ríos que de él
+han de brotar al porvenir. Miremos más que somos
+padres de nuestro porvenir que no hijos de
+nuestro pasado, y en todo caso nodos en que
+se recogen las fuerzas todas de lo que fué para
+irradiar a lo que será, y en cuanto al linaje todos
+nietos de reyes destronados.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_136">[Pg 136]</span></p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_137">[Pg 137]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO XXII</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">De la libertad que dió Don Quijote a muchos desdichados que mal<br>
+de su grado los llevaban donde no querían ir.</p>
+
+
+<p>Iban en esas y otras pláticas, cuando se le
+presentó a Don Quijote una de sus más grandes
+aventuras, si es que no la mayor de todas ellas,
+cual fué la de libertar a los galeotes. Que iban
+presos <em>de por fuerza y no de su voluntad</em>, y
+esto le bastó a Don Quijote.</p>
+
+<p>Inquirió sus delitos, y de todo cuanto le dijeron
+sacó en limpio que aunque les habían castigado
+por sus culpas, las penas que iban a padecer
+no les daban mucho gusto, y que iban a
+ellas muy de mala gana, muy contra su voluntad
+y acaso injustamente. Por lo cual decidió
+favorecerles, como a menesterosos y opresos de
+los mayores, pues <em>parece duro caso hacer esclavos
+a los que Dios y la naturaleza hizo libres;
+cuanto más, señores guardas</em>—añadió Don Quijote—,
+<em>que estos pobres no han cometido nada
+contra vosotros; allá se lo haya cada uno con su
+pecado; Dios hay en el cielo que no se descuida
+de castigar al malo ni de premiar al bueno,
+y no es bien que los hombres honrados sean<span class="pagenum" id="Page_138">[Pg 138]</span>
+verdugos de los otros hombres no yéndoles nada
+en ello</em>, y así pidió con mansedumbre que los
+soltaran. No lo quisieron hacer a buenas y arremetió
+a malas contra ellos Don Quijote, quien
+ayudado por Sancho y los galeotes mismos, logró
+librarlos.</p>
+
+<p>Hay que pararse a considerar el ánimo esforzado
+y justiciero que en esta aventura mostró
+el hidalgo. Mi infortunado amigo Ángel Ganivet,
+gran quijotista—lo cual es decir una cosa
+muy diferente y hasta opuesta a eso que suele
+llamarse cervantista—, el infortunado Ganivet,
+en su <span class="smcap">Idearium español</span>, atañedero, a esto dice:</p>
+
+<p>«El entendimiento que más hondo ha penetrado
+en el alma de nuestra nación, Cervantes... en
+su libro inmortal, separó en absoluto
+la justicia española de la justicia vulgar de los
+Códigos y Tribunales; la primera la encarnó en
+Don Quijote y la segunda en Sancho Panza.
+Los únicos fallos judiciales moderados, prudentes
+y equilibrados que en el Quijote se contienen
+son los que Sancho dictó durante el gobierno
+de su ínsula; en cambio los de Don Quijote
+son aparentemente absurdos, por lo mismo
+que son de justicia trascendental; unas veces
+peca por carta de más y otras por carta de menos;
+todas sus aventuras se enderezan a mantener
+la justicia ideal en el mundo, y en cuanto
+topa con la cuerda de galeotes y ve que allí hay
+criminales efectivos, se apresura a ponerlos en
+libertad. Las razones que Don Quijote da para
+libertar a los condenados a galeras son un compendio
+de las que alimentan la rebelión del
+espíritu español contra la justicia positiva. Hay,
+sí, que luchar por que la justicia impere en el
+mundo; pero no hay derecho estricto a castigar<span class="pagenum" id="Page_139">[Pg 139]</span>
+a un culpable mientras otros se escapan
+por las rendijas de la ley; que al fin la impunidad
+general se conforma con aspiraciones nobles
+y generosas, aunque contrarias a la vida
+regular de las sociedades, en tanto que el castigo
+de los unos y la impunidad de los otros son
+un escarnio de los principios de justicia y de
+los sentimientos de humanidad a la vez». Hasta
+aquí Ganivet.</p>
+
+<p>De deplorar es el que espíritu tan inventivo
+como el de nuestro granadino creyera, conforme
+al común sentir, que Cervantes encarnó cosa
+alguna en Don Quijote, y no llegara a la fe, fe
+salvadora, de que la historia del ingenioso hidalgo
+fué, como en realidad lo fué, una historia
+real y verdadera, y además eterna, pues se
+está realizando de continuo en cada uno de sus
+creyentes. No es que Cervantes quisiera encarnar
+en Don Quijote la justicia española, sino
+que lo encontró así en la vida del Caballero, y
+no tuvo otro remedio sino narrárnoslo cual y
+como sucedió, aun sin alcanzársele todo su alcance.
+Ni aun vió siquiera el íntimo contraste
+que surge del hecho de que fuese Don Quijote
+el castigador de los mercaderes toledanos, del
+vizcaíno y de tantos otros más, el mismo que
+negaba a otros derecho a castigar.</p>
+
+<p>Quédase Ganivet en los umbrales del quijotismo
+al suponer que la justicia hecha por Don
+Quijote en los galeotes se fundara en que «no
+hay derecho estricto a castigar a un culpable
+mientras otros se escapan por las rendijas de la
+ley» y que es preferible la impunidad de todos
+a la ley del embudo. Podría, en efecto, sostenerse
+que por tal razón se movió Don Quijote
+a libertar a los galeotes sobre el fundamento de<span class="pagenum" id="Page_140">[Pg 140]</span>
+haber dicho el mismo Caballero, en la arenga
+enderezada a los cabreros, y al hablar del siglo
+de oro, que <em>la ley del encaje aún no se había
+sentado en el entendimiento del juez, porque
+entonces no había qué juzgar ni quién fuese
+juzgado</em>. Mas aunque el mismo Don Quijote se
+engañara creyendo que fué ésta la razón de
+haber él dado libertad a aquellos desgraciados,
+es lo cierto que en lo más hondo de su corazón
+arraigaba tal hazaña. Y no os debe sorprender
+esto, lectores, ni debéis caer en la simpleza de
+tomarlo a paradoja, porque no es quien lleva
+a cabo una hazaña el que mejor conoce los
+motivos por que la cumplió, ni suelen ser las
+razones que en abono y justificación de nuestra
+conducta damos, sino razones <em>a posteriori</em>,
+o para hablar en romance, de trasmano, manera
+que buscamos para explicarnos a nosotros
+mismos y explicar a los demás el porqué de
+nuestros actos, quedándosenos de ordinario desconocido
+el verdadero porqué. No niego que
+Don Quijote creyera, con Ganivet y acaso con
+Cervantes, que libertó a los galeotes por horror
+a la ley del encaje y por parecerle injusto castigar
+a unos mientras se escapan otros por las
+rendijas de la ley, pero niego que les libertara
+movido en realidad, y allá en sus adentros, por
+semejante consideración. Y si así no fuera ¿con
+qué razón y derecho castigaba él, Don Quijote
+como castigaba, sabiendo que escaparían los
+más del rigor de su brazo? ¿Por qué castigaba
+Don Quijote si no hay castigo humano que sea
+absolutamente justo?</p>
+
+<p>Don Quijote castigaba, es cierto, pero castigaba
+como castigan Dios y la naturaleza, inmediatamente,
+cual en naturalísima consecuencia<span class="pagenum" id="Page_141">[Pg 141]</span>
+del pecado. Así castigó a los arrieros que fueron
+a tocar sus armas cuando las velaba, alzando
+la lanza a dos manos, dándoles con ella en
+la cabeza y derribándolos para tornar a pasearse
+con el mismo reposo que primero, sin cuidarse
+más de ello; así amenazó a Juan Haldudo el
+rico, pero soltándolo bajo su palabra de pagar
+a Andrés; así arremetió a los mercaderes toledanos,
+no bien los oyó blasfemar contra Dulcinea;
+así venció a D. Sancho de Azpeitia, soltándolo
+bajo promesa de las damas de que
+iría a presentarse a Dulcinea; así arremetió a los
+yangüeses, al ver cómo maltrataban a Rocinante.
+Su justicia era rápida y ejecutiva; sentencia
+y castigo eran para él una misma cosa; conseguido
+enderezar el entuerto, no se ensañaba en
+el culpable. Y a nadie intentó esclavizar nunca.</p>
+
+<p>Bien habría estado que al prender a cada uno
+de aquellos galeotes se les hubiera dado una
+tanda de palos, pero... ¿llevarlos a galeras? <em>Parece
+duro caso</em>—como dijo el Caballero—<em>hacer
+esclavos a los que Dios y la naturaleza hizo libres</em>.
+Y añadió más adelante: <em>allá se lo haya cada uno
+con su pecado; Dios hay en el cielo que no se
+descuida de castigar al malo ni de premiar al
+bueno, y no es bien que los hombres honrados
+sean verdugos de los otros hombres no yéndoles
+nada en ello</em>.</p>
+
+<p>Los guardas que llevaban a los galeotes los
+llevaban fríamente, por oficio, en virtud de mandamiento
+de quien acaso no conociera a los
+culpables, y los llevaban a cautiverio. Y el castigo,
+cuando de natural respuesta a la culpa,
+de rápido reflejo a la ofensa recibida, se convierte
+en aplicación de justicia abstracta, se hace
+algo odioso a todo corazón bien nacido. Nos<span class="pagenum" id="Page_142">[Pg 142]</span>
+hablan las Escrituras de la cólera de Dios y de
+los castigos inmediatos y terribles que fulminaba
+sobre los quebrantadores de su pacto, pero
+un cautiverio eterno, un penar sin fin basado
+en fríos argumentos teológicos sobre la infinitud
+de la ofensa y la necesidad de satisfacción
+inacabable, es un principio que repugna al
+cristianismo quijotesco. Bien está hacer seguir
+a la culpa su natural consecuencia, el golpe de
+la cólera de Dios o de la cólera de la naturaleza,
+pero la última y definitiva justicia es el
+perdón. Dios, la naturaleza y Don Quijote castigan
+para perdonar. Castigo que no va seguido
+de perdón, ni se endereza a otorgarlo al cabo,
+no es castigo, sino ocioso ensañamiento.</p>
+
+<p>Mas se dirá: pues si se ha de perdonar ¿para
+qué el castigo? ¿Para qué, preguntas? Para que
+el perdón no sea gratuito y pierda así todo mérito;
+para que gane valor costando adquirirlo,
+teniendo que comprarlo con sufrir castigo; para
+que el delincuente se ponga en estado de recibir
+el fruto, el beneficio del perdón, borrado
+por el castigo el remordimiento que se lo impediría.
+El castigo satisface al ofensor, no al ofendido,
+y hasta le repugna a aquél el perdón gratuito,
+apareciéndosele como la más quintesenciada
+forma de la venganza, como flor de desdén.
+El perdón gratuito es un perdón que se
+echa como de limosna. Los débiles se vengan
+perdonando, sin haber castigado. Agradecemos
+más el abrazo, si es cordial, después de la bofetada
+con que a nuestra provocación se responde.</p>
+
+<p>Cuando un hombre se siente ofendido, vese
+empujado a venganza, pero luego que se vengó,
+si es bien nacido y noble, perdona. De ese
+sentimiento de venganza brotó la llamada justicia,<span class="pagenum" id="Page_143">[Pg 143]</span>
+intelectualizándolo, y muy lejos de ennoblecerse
+con ello, se envileció. El bofetón que
+suelta uno al que le insulta es más humano, y
+por ser más humano, más noble y más puro
+que la aplicación de cualquier artículo del código
+penal.</p>
+
+<p>El fin de la justicia es el perdón y en nuestro
+tránsito a la vida venidera, en las ansias de la
+agonía, a solas con nuestro Dios, se cumple el
+misterio del perdón para los hombres todos. Con
+la pena de vivir y las penas a ella consiguientes
+se pagan las fechorías todas que en la vida se
+hubieren cometido; con la angustia de tener
+que morirse se acaba de satisfacer por ellas. Y
+Dios, que hizo al hombre libre, no puede condenarle
+a perpetuo cautiverio.</p>
+
+<p><em>Allá se lo haya cada uno con su pecado;
+Dios hay en el cielo que no se descuida de
+castigar al malo ni de premiar al bueno.</em> Aquí
+Don Quijote remite el castigo a Dios, sin decirnos
+cómo creía él que Dios castiga, pero no
+pudo creer, por mucha que su ortodoxia fuese,
+en castigos inacabables, y no creyó en ellos. Hay
+que remitir, sí, a Dios el castigar, pero no haciéndole
+ministro de nuestras justicias, como
+tanto se acostumbra, cuando somos nosotros los
+que deberíamos ser ministros de la suya.
+¿Quién es el mortal que osa pronunciar en nombre
+de Dios sentencias, dejando a Dios el ejecutarlas?
+¿Quién es el que así hace a Dios ministro
+suyo? El que cree estar diciendo: «en nombre
+de Dios te condeno», lo que en realidad está
+queriendo decir es esto otro: «Dios, en mi nombre,
+te condena». Mirad bien que los que se
+arrogan ministerio especial de Dios es en el fondo
+que pretenden que Dios les ministre a ellos.<span class="pagenum" id="Page_144">[Pg 144]</span>
+Don Quijote no; Don Quijote que se creía ministro
+de Dios en la tierra y brazo por quien se
+ejecuta en ella su justicia, pero como lo somos
+todos, Don Quijote le dejaba a Dios el juzgar
+de quién fuera bueno y quién malo y merced
+a qué castigo habría que perdonar a éste.</p>
+
+<p>Mi fe en Don Quijote me enseña que tal fué
+su íntimo sentimiento, y si no nos lo revela
+Cervantes es porque no estaba capacitado para
+penetrar en él. No por haber sido su evangelista,
+hemos de suponer fuera quien más adentró
+en su espíritu. Baste que nos haya conservado
+el relato de su vida y hazañas.</p>
+
+<p><em>No es bien que los hombres honrados sean
+verdugos de los otros hombres, no yéndoles en
+ello nada.</em> Don Quijote, como el pueblo de que
+es la flor, mira con malos ojos al verdugo y a
+todo ministro y ejecutor de justicia. Santo y
+bueno que se tome uno la justicia por su mano,
+pues le abona un natural instinto, pero ser verdugo
+de otros hombres para ganarse así el pan
+sirviendo a la odiosa justicia abstracta, no es
+bien. Pues la justicia es impersonal y abstracta,
+castigue impersonal y abstractamente.</p>
+
+<p>Ya os veo aquí, lectores timoratos, llevaros
+las manos a la cabeza y os oigo exclamar: ¡qué
+atrocidades! Y luego habláis de orden social y
+de seguridad y de otras monsergas por el estilo.
+Y yo os digo que si se soltase a los galeotes todos
+no por eso andaría más revuelto el mundo, y
+si los hombres todos cobraran robusta fe en su
+última salvación, en que al cabo todos hemos
+de ser perdonados y admitidos al goce del Señor,
+que para ello nos crió libres, seríamos todos
+mejores.</p>
+
+<p>Bien sé que en contra de esto me argüiréis<span class="pagenum" id="Page_145">[Pg 145]</span>
+con el ejemplo mismo de los galeotes y de cómo
+le pagaron a Don Quijote la libertad que les
+había devuelto. Pues no bien los vió sueltos,
+los llamó y diciéndoles que <em>de gente bien nacida
+es agradecer los beneficios que reciben, y
+uno de los pecados que más a Dios ofenden es
+la ingratitud</em>, les mandó fuesen cargados de
+la cadena a presentarse ante la señora Dulcinea
+del Toboso. Los desdichados, llenos de miedo
+no fuese les prendiera de nuevo la Santa Hermandad,
+respondieron por boca de Ginés de
+Pasamonte, que no podían cumplir lo que Don
+Quijote les pedía, y se lo mudase en alguna cantidad
+de avemarías y credos. Irritó al Caballero,
+que era pronto a la cólera, el desenfado de Pasamonte,
+y le reprendió. Y entonces hizo éste
+del ojo a sus compañeros y <em>apartándose aparte
+comenzaron a llover tantas y tantas piedras sobre
+Don Quijote... que dieron con él en el suelo</em>.
+Y una vez en tierra, le golpeó uno y le quitaron
+la ropilla y a Sancho el gabán.</p>
+
+<p>Lo cual debe enseñamos a libertar galeotes
+precisamente porque no nos lo han de agradecer,
+que de contar de antemano con su agradecimiento,
+nuestra hazaña carecería de valor.
+Si no hiciéramos beneficios sino por las gratitudes
+que de ellos habríamos de recoger ¿para
+qué nos servirían en la eternidad? Debe hacerse
+el bien no sólo a pesar de que no nos lo han de
+corresponder en el mundo, sino precisamente
+porque no han de correspondérnoslo. El valor
+infinito de las buenas obras estriba en que no
+tienen pago adecuado en la vida, y así rebosan
+de ella. La vida es un bien muy pobre para los
+bienes que en ella cabe ejercer.</p>
+
+<p>Pero viene aquí un pasaje tan triste como<span class="pagenum" id="Page_146">[Pg 146]</span>
+hermoso, pues mostrándonos una carnal flaqueza
+del Caballero, nos muestra que era de carne
+y hueso como nosotros, y como nosotros sujeto a
+las miserias humanas.</p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_147">[Pg 147]</span></p>
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO XXIII</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">De lo que aconteció al famoso Don Quijote en Sierra Morena,<br>
+que fué una de las más raras aventuras que en esta verdadera historia se cuentan.</p>
+
+
+<p>Y fué cuando, viéndose tan malparado, dijo a
+su escudero: <em>siempre, Sancho, lo he oído decir,
+que el hacer bien a villanos es echar agua
+en la mar: si yo hubiera creído lo que me dijiste,
+yo hubiera excusado esta pesadumbre; pero
+ya está hecho, paciencia y escarmentar para
+desde aquí adelante</em>. El pobre Caballero, tendido
+en tierra, siente flaquear su fe. Mas ved que
+acude en su ayuda Sancho, el heroico Sancho,
+y lleno de fe quijotesca, responde a su amo: <em>Así
+escarmentará vuestra merced como yo soy turco</em>.
+Y ¡qué bien calaste, Sancho heroico, Sancho
+quijotesco, que tu amo no podía escarmentar
+de hacer el bien y cumplir la justicia verdadera!</p>
+
+<p>Y porque apedrearan a Don Quijote y le
+robaran la ropilla ¿hemos de creer que no le
+iban agradecidos los galeotes y que la libertad
+no les mejoró el ánimo? Cuando le robaron la
+ropilla es que la necesitaban, y esto no excluía<span class="pagenum" id="Page_148">[Pg 148]</span>
+agradecimiento, pues una cosa es la gratitud y
+otra el oficio, y el de los más de ellos era el
+de ladrones. Y además ¿quién sabe si no es que
+querían llevarse una prenda suya como de recuerdo?
+¿Y que le apedrearon? Sí, por agradecimiento
+también. Peor habría sido que le hubiesen
+vuelto las espaldas.</p>
+
+<p>Encimada la aventura de los galeotes y obedeciendo
+Don Quijote a los ruegos de Sancho,
+que le pedía se apartaran de la furia de la Santa
+Hermandad, mas no por miedo a ella, se entraron
+en Sierra Morena, haciendo noche <em>entre
+dos peñas y entre muchos alcornoques</em>. Y aquella
+noche fué cuando robó su jumento a Sancho
+Ginés de Pasamonte, el desgraciado galeote.
+Y a poco hallaron la maleta de Cardenio
+y el montoncillo de escudos de oro que hizo
+exclamar a Sancho: <em>bendito sea todo el cielo
+que nos ha deparado una aventura que sea de
+provecho</em>.</p>
+
+<p>¡Ah Sancho veleta, vuelve a vencerte la carne
+y llamas aventura a eso de topar con un
+montoncillo de escudos de oro! Eres del país
+de la lotería. Se lo regaló su amo, que no iba
+a la busca de tales aventuras de dinero hallado.
+Interesóse más en los lamentos amorosos que
+en la maleta se contenían, y al ver pasar saltando
+de risco en risco a un solitario, decidido
+a buscarle, mandó a Sancho lo atajase. Y entonces
+respondió éste aquellas notabilísimas palabras
+de: <em>No podré hacer eso porque en apartándome
+de vuestra merced, luego es conmigo
+el miedo, que me asalta con mil géneros de sobresaltos
+y visiones</em>.</p>
+
+<p>¿Y cómo no, Sancho amigo, cómo no? Tu
+amo será, si quieres, loco de remate, pero ni<span class="pagenum" id="Page_149">[Pg 149]</span>
+supiste, ni sabes ni sabrás ya vivir sin él; renegarás
+de su locura y de los manteamientos en
+que con ella te mete, pero si te deja, te acometerá
+el miedo al verte solo. Tú sin tu amo estás
+tan solo que estás sin ti. Gustaste el amparo
+de Don Quijote, cobraste fe en él, si el mantenimiento
+de tu fe te falta ¿quién te librará del
+miedo? ¿Es acaso el miedo otra cosa que la
+pérdida de la fe?, y ¿no se recobra ésta en fuerza
+de miedo? Y la fe, amigo Sancho, es adhesión
+no a una teoría, no a una idea, sino a algo
+vivo, a un hombre real o ideal, es facultad de
+admirar y de confiar. Y tú, Sancho fiel, crees
+en un loco y en su locura, y si te quedas a solas
+con tu cordura de antes ¿quién te librará del
+miedo que te ha de acometer al verte solo con
+ella, ahora que gustaste de la locura quijotesca?
+Por eso pides a tu amo y señor que no se
+aparte de ti.</p>
+
+<p>Y tu Don Quijote, magnánimo y fuerte, te responde:
+<em>Así será, y yo estoy muy contento de
+que te quieras valer de mi ánimo, el cual no te
+faltará aunque te falte el ánima del cuerpo</em>.
+Ten fe, pues, Sancho, ten fe, que aunque te
+falte el ánima del cuerpo, no te faltará el ánimo
+de Don Quijote. La fe cumplió en ti su milagro;
+el ánimo de Don Quijote es ya tu ánimo y ya
+no vives tú en ti mismo, sino que es él, tu amo,
+quien en ti vive. Estás quijotizado.</p>
+
+<p>Entonces encontró Don Quijote a Cardenio
+y apenas vió al otro loco, loco de amor, <em>le tuvo
+un buen espacio estrechamente entre sus brazos,
+como si de luengos tiempos le hubiera conocido</em>.
+Y así era en verdad. Saludáronse y manifestó
+Don Quijote su propósito de servirle y si no
+hallaba remedio a su dolor, ayudarle a llorar<span class="pagenum" id="Page_150">[Pg 150]</span>
+su desventura y <em>a plañirla como mejor pudiera</em>.
+Y al llorar y plañir la desventura de Cardenio
+¿no llorarías y plañirías la tuya, buen Caballero?
+Al llorar los desdenes de Lucinda ¿no
+llorarías aquella contención que te impidió abrir
+el corazón a Aldonza?</p>
+
+<p>Hay, sin embargo, maliciosos en creer que
+todo ello era sólo para mover a Cardenio a que
+contase su historia, pues era Don Quijote curioso
+en extremo y amigo de enterarse de vidas
+ajenas.</p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_151">[Pg 151]</span></p>
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULOS XXIV <small>Y</small> XXV</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">Donde se prosigue la aventura de Sierra Morena<br>
+y que trata de las extrañas cosas que en Sierra Morena sucedieron al<br>
+valiente caballero de la Mancha y de la imitación que hizo a la penitencia de Beltenebros.</p>
+
+
+<p>Aquí Cervantes, no fiando demasiado en la
+virtualidad de la historia de su héroe, intercala
+la de Cardenio. Mas aun así nos contó la interrupción
+de Don Quijote a Cardenio y cómo salió
+a la defensa de la reina Madasina, ofendida
+por éste. Con lo cual quiso enseñarnos a que no
+toleremos se le ofenda a él por los que se
+obstinan en tratarle como a mero ente de razón,
+sin consistencia real. Y no es razón que los tales
+no estén en su cabal juicio, pues <em>contra cuerdos
+y contra locos</em>, como dijo en aquella ocasión
+Don Quijote, debe volver uno por la verdad
+radical. Como por ella volvió el hidalgo.
+El cual si pecaba era de jactancioso, pues aun
+entonces afirmó que él se sabía las reglas de caballería
+<em>mejor que cuantos caballeros las profesaron
+en el mundo</em>.</p>
+
+<p>Yendo después por aquellas soledades de Sierra<span class="pagenum" id="Page_152">[Pg 152]</span>
+Morena volvió a dar Don Quijote en su verdadero
+tema, y fué al decir a Sancho que le llevaba
+por aquellas partes el deseo <em>de hacer en ellas
+una hazaña con que he de ganar</em>—dijo—<em>perpetuo
+nombre y fama en todo lo descubierto de la
+tierra</em>. Y para lograrlo se propone imitar a su
+modelo, Amadís de Gaula. Sabía bien que a la
+perfección se llega imitando a hombres y no tratando
+de poner en práctica teorías. Y para imitarle
+en la penitencia que hizo en la Peña Pobre,
+mudando su nombre en el de Beltenebros, decidió
+Don Quijote hacer en Sierra Morena <em>del desesperado,
+del sandio y del furioso</em>, aventura más
+fácil que la de <em>hender gigantes, descabezar serpientes,
+matar endriagos, desbaratar ejércitos,
+fracasar armadas y dehacer encantamentos</em>.</p>
+
+<p>Y como el heroico loco era muy cuerdo, no
+quiso imitar a D. Roldán en lo de arrancar árboles,
+enturbiar las aguas de las claras fuentes,
+matar pastores, destruir ganados, abrasar chozas,
+derribar casas, arrastrar yeguas y <em>otras cien
+mil insolencias dignas de eterno nombre y escritura</em>,
+sino sólo en lo esencial, y aun venir a contentarse
+con la sola imitación de Amadís, <em>que sin
+hacer locuras de daño, sino de lloros y sentimientos,
+alcanzó tanta fama como el que más</em>. El
+punto estaba en alcanzar fama y renombre, y si
+las locuras de daño no eran para ello necesarias,
+eran ya locuras de locura.</p>
+
+<p>Y requerido por Sancho de por qué razón
+habría de volverse loco sin que Dulcinea le hubiese
+faltado, contestó con aquella preñadísima
+sentencia que dice: <em>Ahí está el punto y ésa es
+la fuerza de mi negocio, que volverse loco un
+caballero andante con causa, ni grado ni gracias;
+el toque está en desatinar sin ocasión y dar<span class="pagenum" id="Page_153">[Pg 153]</span>
+a entender a mi dama que si en seco hago esto,
+qué hiciera en mojado</em>. Sí, Don Quijote mío, el
+toque está en desatinar sin ocasión, en generosa
+rebelión contra la lógica, durísima tirana del espíritu.
+Los más de los que en ésta tu patria son
+tenidos por locos, desatinan con ocasión y con
+motivo y en mojado, y no son locos, sino majaderos
+forrados de lo mismo, cuando no bellacos
+de lo fino. La locura, la verdadera locura nos
+está haciendo mucha falta, a ver si nos cura de
+esta peste del sentido común que nos tiene a
+cada uno ahogado el propio.</p>
+
+<p>Ahogado se lo tenía a Sancho, pues dudó de ti,
+heroico Caballero, cuando le hablaste de nuevo
+del yelmo de Mambrino y estuvo a punto de
+creer patraña tus promesas todas porque sus
+ojos carnales le hacían ver el yelmo como si fuese
+bacía de barbero. Pero bien le respondiste:
+<em>eso que a ti te parece bacía de barbero, me parece
+a mí el yelmo de Mambrino y a otro le parecerá
+otra cosa</em>. Ésta es la verdad pura; el mundo
+es lo que a cada cual le parece, y la sabiduría
+estriba en hacérnoslo a nuestra voluntad, desatinando
+sin ocasión y henchidos de fe en lo absurdo.
+El carnal Sancho creyó, al ver empezar
+a Don Quijote la penitencia que iba de burlas
+y no de veras, mas desengañóle su amo. No,
+Sancho amigo, no, la verdadera locura va de veras
+siempre; son los cuerdos los que van de
+burlas.</p>
+
+<p>Y ¡qué locura! Entonces fué cuando Don Quijote
+declaró a Sancho lo de ser Dulcinea Aldonza
+Lorenzo, la hija de Lorenzo Corchuelo
+y de Aldonza Nogales, y Sancho nos declaró
+las prendas terrenales de ella, <em>moza de chapa,
+hecha y derecha y de pelo en pecho</em>, que tiraba<span class="pagenum" id="Page_154">[Pg 154]</span>
+la barra <em>como el más forzudo zagal de todo
+el pueblo</em>. Se puso un día <em>encima del campanario
+de la aldea a llamar a unos zagales suyos
+que andaban en un barbecho de su padre y aunque
+estaban de allí a media legua, así lo oyeron
+como si estuvieran al pie de la torre</em>. Y se la oye
+ahora, que convertida en Dulcinea, pregona tu
+nombre, Sancho socarrón. <em>Tiene mucho de cortesana</em>—añadió—;
+<em>con todos se burla y de todo
+hace mueca y donaire</em>... Sí, de todos sus favoritos
+se burla la Gloria.</p>
+
+<p>Dejó de hablar Sancho, juzgando a Dulcinea,
+o mejor a Aldonza, según sus groseros ojazos,
+y su amo le contó el cuento de la viuda hermosa,
+moza, libre y rica que se enamoró del
+mozo rollizo e idiota. Para lo que le quería...
+Sí, para el que quiere estrujar idealidad del mundo
+nada hay en él de bajo ni de grosero, y muy
+bien puede Aldonza Lorenzo encarnar a Dulcinea.</p>
+
+<p>Pero hay aquí algo más íntimo. Alonso Quijano
+el Bueno que había recatado en los más
+recónditos recovecos de su corazón durante doce
+años aquel amor que fué acaso lo que llevándole
+a engolfarse en libros de caballería le llevó a
+hacerse Don Quijote, Alonso Quijano, roto ahora,
+merced a la locura caballeresca, su vergonzante
+recato, confiesa a Sancho su amor. ¡A Sancho!
+Y al confesarlo, lo profana. El muy bellaco
+del escudero no se percata de lo que se le
+abre al conocimiento y a la confianza y habla
+de Aldonza como de una garrida moza cualquiera
+de lugar. Y entonces Don Quijote, apesadumbrado
+al ver cuán a lo burdo entendió
+Sancho sus amores, sin conocer que para todo
+buen enamorado es su amor único y como<span class="pagenum" id="Page_155">[Pg 155]</span>
+no lo ha habido en la tierra antes, le cuenta la
+sustanciosa historia de la viuda y el idiota, para
+concluir en lo de <em>por lo que yo quiero a Dulcinea
+del Toboso, tanto vale como la más
+alta princesa de la tierra</em>. ¡Pobre Caballero! y
+cómo tuviste que callar y sepultar en lo más
+escondido de tu seno que a no haberte atado
+la vergüenza del de demasiado amor que se te
+prendió en el otoño de tus años, para otra cosa
+que para invocarla por los caminos bajo el nombre
+de Dulcinea habrías querido a la hermosa
+hija de Lorenzo Corchuelo y de Aldonza Nogales!
+Di ¿no hubieras dado por ella la gloria, esa
+gloria que por ella ibas a buscar?</p>
+
+<p>Acabado el coloquio, escribió Don Quijote
+la carta a Dulcinea, aun no sabiendo leer Aldonza
+Nogales, y la cédula de los tres pollinos
+que se entregarían a Sancho. ¡Ah, Sancho, Sancho,
+llevas el más grande de los cometidos,
+una misiva de amor a Dulcinea, y necesitas
+llevar con ella una cédula de tres pollinos!</p>
+
+<p>Siguióse nuevo coloquio y en él dijo Don
+Quijote aquello de: <em>A fe, Sancho, que a lo que
+parece no estás tú más cuerdo que yo</em>. Cierto
+es ello, pues le contagiaste, noble Caballero.</p>
+
+<p>Al ir a partir Sancho, desnudóse su amo con
+toda priesa los calzones, <em>quedó en carnes y en
+pañales y luego, sin más ni más, dió dos zapatetas
+en el aire y dos tumbos la cabeza abajo
+y los pies en alto descubriendo cosas que, por
+no verlas otra vez, volvió Sancho la rienda a
+Rocinante y se dió por satisfecho de que podía
+jurar que su amo quedaba loco</em>.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_156">[Pg 156]</span></p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_157">[Pg 157]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO XXVI</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">Donde se prosiguen las finezas que de enamorado hizo Don Quijote en Sierra Morena.</p>
+
+
+<p>Y quedóse Don Quijote rezando en un rosario
+de agallas grandes de alcornoque, paseándose
+por un pradecillo, escribiendo y grabando
+en las cortezas de los árboles y por la menuda
+arena muchos versos, suspirando y llamando a
+los faunos, silvanos y ninfas de aquellos contornos.</p>
+
+<p>¡Admirable aventura! ¡Aventura del género
+contemplativo más bien que del activo! Hay
+gentes, Don Quijote mío, ciegas al valor de estas
+aventuras de suspirar y dar sin más ni más
+zapatetas en el aire. Sólo el que las dió o es
+capaz de darlas, puede dar cima a grandes empresas.
+Desgraciado del que a solas consigo
+mismo es cuerdo y cuida que los demás le
+miran.</p>
+
+<p>Esta penitencia de Don Quijote en Sierra Morena
+nos trae a la memoria aquella otra de Íñigo
+de Loyola en la cueva de Manresa y sobre
+todo cuando en el mismo Manresa y en el monasterio
+de Santo Domingo «vínole al pensamiento—como<span class="pagenum" id="Page_158">[Pg 158]</span>
+nos dice el P. Rivadeneira, libro
+I, cap. VI—un ejemplo de un santo que
+para alcanzar de Dios una cosa que le pedía,
+determinó de no desayunarse hasta alcanzarla.
+A cuya imitación—añade—propuso él también
+de no comer ni beber hasta hallar la paz tan
+deseada de su alma, si ya no se viese por ello
+a peligro de morir».</p>
+
+<p>Al terminar un piadoso autor la vida de San
+Simeón Estilita, añade: «esta vida es más para
+admirada que para imitada», y Teresa de Jesús,
+en el párrafo tercero del capítulo XIII de su
+<span class="smcap">Vida</span>, nos dice que el demonio «nos dice o hace
+entender que las cosas de los Santos son para
+admiradas, mas no para hacerlas los que somos
+pecadores» y eso dice ella también, mas
+que «hemos de mirar cuál es de espantar y
+cuál de imitar». Y así podría creerse que la
+penitencia de Don Quijote en Sierra Morena
+es más para admirada que para imitada. Pero
+yo os digo que de la misma fuente de que brotaron
+sus más hazañosas proezas, de esa misma
+fuente brotó también lo de las zapatetas en
+el aire, siendo inseparable lo uno de lo otro.
+Aquellas locuras encendieron su amor a Dulcinea,
+y ese amor fué su brújula y su resorte
+de acción.</p>
+
+<p>Lo bello es lo superfluo; lo que tiene su fin
+en sí; la flor de la vida. Y esas zapatetas en el
+aire son bellísimas, porque no tienen otro fin
+que el de darlas. Aunque sí, otro fin tuvieron,
+fin de propia educación. Oídme una parábola:</p>
+
+<p>Llegaron a segar un campo dos segadores.
+El uno, ansioso de segar mucho, empezó a cortar
+sin cuidarse de afilar la guadaña y al poco
+rato, mellada ella y embotado el filo, derribaba<span class="pagenum" id="Page_159">[Pg 159]</span>
+la yerba, mas sin cortarla. El otro, deseoso de
+segar bien, se pasó casi toda la mañana en afilar
+su instrumento, y al caer de la tarde ni éste
+ni aquél habían ganado su jornal. Así hay quien
+sólo se cuida de obrar sin afilar ni pulir su voluntad
+y su arrojo, y quien se pasa la vida en
+afile y pulimento, y en prepararse a vivir le
+llega la muerte. Hay, pues, que segar y pulir la
+guadaña, obrar y prepararse para la obra. Sin
+vida interior no la hay exterior.</p>
+
+<p>Y esas zapatetas sin más ni más en el aire,
+y esos rezos, esos grabados en las cortezas de
+los árboles, suspiros e invocaciones, son ejercicio
+espiritual para arremeter molinos, alancear
+corderos, vencer vizcaínos, libertar galeotes
+y ser por ellos apedreado. Allí, en aquel
+retiro y con aquellas zapatetas, se curaba de
+las burlas del mundo, burlándose de él, y desahogaba
+su amor; allí cultivaba su locura heroica
+con desatinos en seco.</p>
+
+<p>En tanto tomó Sancho camino del Toboso y
+al llegar cerca de la venta en que lo mantearon,
+topó con el cura y el barbero de su lugar. Los
+cuales no bien le vieron, preguntáronle por Don
+Quijote y dónde quedaba, y Sancho, guiado de
+un certero instinto, intentó ocultarlo. Y ¡qué
+bien comprendías, fiel escudero, que los mayores
+enemigos del héroe son sus propios deudos
+y parientes, los que le quieren con cariño
+de la carne! No le quieren por él ni por su obra,
+sino quiérenle para ellos. No le quieren por su
+obra, que es su alma y su razón de ser; no le
+quieren en la eternidad, sino en el tiempo. Cuenta
+Marcos el evangelista, en el capítulo III de su
+Evangelio, que cuando Jesús había elegido sus
+apóstoles, estaba rodeado de mucha gente,<span class="pagenum" id="Page_160">[Pg 160]</span>
+que ni aun podían comer pan (ver. 20) y al
+oirlo los suyos, οι παρ' αὺτοῦ, los de su familia,
+su madre y hermanos, fueron a prenderle
+diciendo: «está fuera de sí», esto es, está loco
+(ver. 21) y al decirle al Maestro: «He ahí tu
+madre y tus hermanos que te buscan fuera»,
+respondió diciendo: «¿Quién, mi madre y mis
+hermanos? He aquí mi madre y mis hermanos—y
+miró a los que le rodeaban—; quien hiciere
+la voluntad de Dios ese es mi hermano y mi
+hermana y mi madre» (vers. 31 a 35). Para nadie
+es más loco el héroe, el santo, el redentor,
+que para su propia familia, para sus padres y
+hermanos.</p>
+
+<p>El cura y el barbero obraban al querer reducir
+a Don Quijote a su casa, conforme al corazón
+del alma y la sobrina del hidalgo, que le
+creían fuera de sí. Pero los sobrinos de Don
+Quijote son quienes se encienden en su hidalga
+caballerosidad, son sus parientes en espíritu.
+El héroe acaba por no poder tener amigos;
+por ser a la fuerza un solitario.</p>
+
+<p>Bien hizo, pues, Sancho en querer ocultar al
+cura y al barbero dónde paraba su amo, pero
+no le valió la treta, porque como estaba solo,
+sin el amparo de su señor, le atacaron por el
+miedo y le hicieron cantar de plano. Y lo cantó
+todo, asombrando a los vecinos, que <em>se admiraron
+de nuevo considerando cuán vehemente
+había sido la locura de Don Quijote, pues
+había llevado tras sí el juicio de aquel pobre
+hombre</em>. ¿Vehemente? Más que vehemente;
+contagiosa con el contagio del heroísmo. Y no
+puede ni debe llamarse pobre hombre a quien
+tan rico de espíritu se iba haciendo con sólo
+haber entrado a servir a tal caballero.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_161">[Pg 161]</span></p>
+
+<p><em>No quisieron cansarse en sacarle del error
+en que estaba</em>—agrega el historiador—, <em>pareciéndoles
+que pues que no le dañaba nada la conciencia,
+mejor era dejarle en él, y a ellos les sería
+de más gusto oir sus necedades</em>. Ved cómo
+toman estos dos mundanos cura y barbero las
+cosas de Sancho; le dejan en lo que creen su
+error y era fe en el heroísmo, para sacar gusto
+de oir las que reputan sus necedades. Haced
+luego nada heroico o decid algo sutil o nuevo
+para dar gusto a los que os lo tomarán como
+meras ingeniosidades.</p>
+
+<p>Presumo que leerán estos mis comentarios no
+pocos curas y barberos manchegos, o que merecían
+serlo, y hasta llego a sospechar que los
+más de los que me los lean andarán más cerca
+que de otra cosa de aquellos cura y barbero, y
+creerán bueno dejarme en los que juzguen mis
+errores para sacar gusto de mis necedades. Dirán,
+como si lo oyera, que sólo busco y rebusco
+ingeniosas paradojas para hacerme pasar
+por original, pero yo sólo les digo que si no ven
+ni sienten todo lo que de pasión y encendimiento
+de ánimo y hondas inquietudes y ardorosos
+anhelos pongo en estos comentarios a la
+vida de mi señor Don Quijote y de su escudero
+Sancho, y he puesto en otras de mis obras,
+si no ven ni sienten eso, digo, los compadezco
+con toda la fuerza de mi corazón y los tengo
+por unos miserables esclavos del sentido común
+y unos espíritus aparenciales que se pasean entre
+sombras recitando de coro las viejas coplas
+de Calaínos. Y me encomiendo a nuestra señora
+Dulcinea, que dará al cabo cuenta de ellos y
+de mí.</p>
+
+<p>En acabando de leer esto se sonreirán también<span class="pagenum" id="Page_162">[Pg 162]</span>
+murmurando: ¡Paradojas! ¡Nuevas paradojas!
+¡Siempre paradojas! Pero venid acá, espíritus
+alcornoqueños, hombres de dura cerviz, venid
+y decidme ¿qué entendéis por paradoja y
+queréis decir con eso? ¡Sospecho que os queda
+otra dentro, desgraciados rutineros del sentido
+común! Lo que no queréis es remejer el poso
+de vuestro espíritu ni que os lo remejan; lo que
+rehusáis es zahondar en los hondones del alma.
+Buscáis la estéril tranquilidad de quien descansa
+en institutos externos, depositarios de dogmas,
+y os divertís con las necedades de Sancho.
+Y llamáis paradoja a lo que os cosquillea el
+ánimo. Estáis perdidos, irremisiblemente perdidos;
+la haraganería espiritual es vuestra perdición.</p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_163">[Pg 163]</span></p>
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO XXVII</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">De cómo salieron con su intención el cura y el barbero,<br>
+con otras cosas dignas de que se cuenten en esta grande historia.</p>
+
+
+<p>Y volviendo a nuestra historia os recordaré,
+pues cuantos me leís la conocéis ya, lo ideado
+por el cura y el barbero para sacar a Don Quijote
+de aquella penitencia, que juzgando curibarberilmente
+estimaban inútil, vistiéndose el
+cura en hábito de doncella andante, ya que los
+curas acostumbran vestirse, como las doncellas
+y las que lo fueron, por la cabeza, y de escudero
+el rapa-barbas, e irse así <em>adonde Don Quijote
+estaba, fingiendo ser ella una doncella afligida
+y menesterosa</em> y todo lo demás que se nos
+cuenta al respecto, para sacar a Don Quijote de
+Sierra Morena y llevarle a su casa. Y así, disfrazado
+de doncella el cura, montado en su mula
+a mujeriegas y con el barbero, con su cola de
+buey por barba, fueron a seducir al Caballero.
+Y al poco cayó el cura en la cuenta de lo indecente
+que para su carácter era tal mojiganga y
+cambiaron los papeles. Le caía mejor barba de
+cola de buey que no vestido de doncella. Y engañaron
+a Sancho, al sencillo y fiel Sancho, para
+que vendiese a su amo dándole barbero por doncella
+andante.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_164">[Pg 164]</span></p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_165">[Pg 165]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO XXIX</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">Que trata de la nueva y agradable aventura que al cura y al barbero<br>
+sucedió en la misma sierra.</p>
+
+
+<p>Mas ni aun esto fué menester, porque la suerte
+les deparó a la hermosa Dorotea—-casi todas
+las damas que figuran en esta historia son hermosas—,
+que se prestó a hacer el papel de doncella
+menesterosa, princesa Micomicona, y tan
+al vivo se atavió para ello, que cayó en el lazo
+el incauto Sancho.</p>
+
+<p>Estaba a todo esto Don Quijote en camisa,
+flaco, amarillo, muerto de hambre y suspirando
+por su señora Dulcinea. Ya vestido le encontró
+la princesa Micomicona, hincóse de hinojos ante
+él, pidióle Don Quijote que se levantara, rehusó
+ella hacerlo hasta que se le otorgara el don
+que pediría, siéndole de antemano otorgado por
+el Caballero, como no hubiera de cumplirse en
+daño o mengua de su rey, de su patria y de
+aquella que de su corazón y libertad tenía la
+llave. Esto es prometer con cautela y sin comprometerse.
+Pidióle entonces la princesa se fuere
+con ella sin entrometerse en otra aventura
+hasta vengarla de un traidor que le tenía usurpado
+el reino, y Don Quijote le aseguró podía<span class="pagenum" id="Page_166">[Pg 166]</span>
+desechar toda melancolía, pues con la ayuda de
+Dios y la de su brazo veríase ella presto restituida
+a su reino. Si Dios movía el brazo del
+Caballero, sobraba la segunda ayuda. Quiso la
+princesa besarle las manos, no lo consintió él,
+que <em>en todo era comedido y cortés caballero</em>, y
+se aprestó a seguirla.</p>
+
+<p>Aquí hay que admirar cómo unía y juntaba
+en uno Don Quijote su fe en Dios y su fe en sí
+mismo, al decir a la princesa lo que le dijo de
+cómo se vería presto restituída a su reino y sentada
+en la silla de su antiguo y grande estado,
+a pesar y a despecho de los follones que contradecirlo
+quisieren. Y es que no hay fe en sí
+mismo como la del servidor de Dios, pues éste
+ve a Dios en sí; como la fe del que, cual Don
+Quijote, si bien llevado del cebo de la fama,
+busca ante todo el reino de Dios y su justicia.
+Dásele todo lo demás por añadidura y a la cabeza
+de todo lo demás fe en sí mismo, necesaria
+para obrar.</p>
+
+<p>Encontrándose los PP. Láinez y Salmerón con
+grandes dificultades de parte de la Señoría de
+Venecia para fundar el Colegio de Padua, y teniendo
+por desahuciado el negocio, escribió Láinez
+a Íñigo de Loyola «en qué términos estaba,
+pidiéndole que para que Nuestro Señor le
+diese buen suceso, dijese una misa por aquel
+negocio, porque él no hallaba otro remedio. Dijo
+el Padre la misa, como se le pedía, el mismo
+día de la Natividad de Nuestra Señora, y acabada,
+escribió a Láinez: «Ya hice lo que me pedistes;
+tened buen ánimo, y no os dé pena
+este negocio, que bien le podéis tener por acabado
+como deseáis. Y así fué». (Rivadeneira, libro
+III, cap. VI.)</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_167">[Pg 167]</span></p>
+
+<p>Y viene lo triste de la aventura de Don Quijote,
+y es que entre tanto <em>estábase el barbero aún
+de rodillas teniendo gran cuenta de disimular la
+risa y de que no se le cayese la barba, con cuya
+caída quizá quedaran todos sin conseguir su buena</em>—según
+Cervantes—<em>intención</em>. Hasta aquí todas
+han sido aventuras de las que la suerte le
+procuraba al hidalgo al azar de los caminos y
+veredas, aventuras naturales y ordenadas por
+Dios para su gloria; mas ahora empiezan las que
+le armaron los hombres y con ellas lo más recio
+de su carrera. Ya tenemos al héroe siendo,
+en cuanto héroe, juguete de los hombres y motivo
+de risa; ya está la compañía de los hombres
+en campaña contra él. El barbero disimula
+la risa para no ser conocido. Sabe que
+la risa, arrancándonos la máscara de la seriedad,
+barba tan quitadiza como postiza es,
+nos pone al descubierto.</p>
+
+<p>Empieza ahora, digo, lo triste de la carrera
+quijotesca. Sus más hermosas y más espontáneas
+aventuras quedan ya cumplidas; en adelante las
+más de ellas lo serán ya de tramoya y armadas
+por hombres maliciosos. Hasta aquí desconocía
+el mundo al héroe, y éste, a su vez, trataba de
+hacérselo a su antojo; ahora el mundo le conoce
+y le acepta, más para burlarse de él, y siguiéndole
+el humor, fraguarle a su antojo. Ya
+estás, mi pobre Don Quijote, hecho regocijo y períndola
+de barberos, curas, bachilleres, duques y
+desocupados de toda laya. Empieza tu pasión,
+y la más amarga, la pasión por la burla.</p>
+
+<p>Mas por esto mismo ganan tus aventuras en
+profundidad lo que en arrojo pierden, porque
+concurre a ellas, sea como fuere y de un modo
+o de otro, el mundo. Quisiste hacer del mundo<span class="pagenum" id="Page_168">[Pg 168]</span>
+tu mundo, enderezando entuertos y asentando la
+justicia en él; ahora el mundo recibe a tu mundo
+como a parte suya y vas a entrar en la vida común.
+Te desquijotizas algo, pero es quijotizando
+a cuantos de ti se burlen. Con la risa los
+llevas tras de ti, te admiran y te quieren. Tú harás
+que el bachiller Sansón Carrasco acabe por
+tomar en veras sus burlas, y pase de pelear por
+juego a pelear por honra. Déjale, pues, al barbero
+que se sotorría bajo sus barbas postizas.
+«He aquí el hombre», dijeron en burla a Cristo
+Nuestro Señor; «he aquí el loco», dirán de ti,
+mi señor Don Quijote, y serás el loco, el único,
+el Loco.</p>
+
+<p>Y Sancho, el pobre Sancho, sabedor en gran
+parte de la farsa, pues vió tras bastidores y entre
+bambalinas preparar la comedia, creía, sin
+embargo, con fe heroica, en el reino Micomicón
+y aun soñaba con traer de él negros y venderlos
+para enriquecerse. ¡Oh fe robusta! Y no se nos
+diga que se la atizaba la codicia, no; sino que
+era, por el contrario, su fe la que le despertaba
+la codicia.</p>
+
+<p>Hízose entonces el cura el encontradizo, saludó
+a su vecino Alonso Quijano como a su buen
+compatriota Don Quijote de la Mancha, <em>la flor
+y nata de la gentileza</em>..., <em>la quinta esencia de los
+caballeros andantes</em>, consagrándole así juguete
+de sus convecinos, y el ingenioso hidalgo, así
+que le hubo conocido, intentó apearse, ya que el
+cura estaba en pie. Rendía parias al burlador,
+pues era éste, al fin y al cabo, el cura de almas
+de su pueblo.</p>
+
+<p>Un contratiempo hizo que se le cayeran las
+postizas barbas al barbero, y el cura acudió a
+pegárselas con un ensalmo <em>de que se admira<span class="pagenum" id="Page_169">[Pg 169]</span>
+Don Quijote sobre manera y rogó al cura que
+cuando tuviese lugar le enseñase aquel ensalmo</em>.
+¡Ay, mi pobre Caballero, y cómo empieza
+a obrar en ti la tramoya en que los burladores
+te envuelven! Ya no inventas tú las maravillas;
+te las inventan.</p>
+
+<p>Mas no contento el cura con su papel de burlador,
+quiso tomar el de reprensor también y
+enderezó una agria reprimenda al hombre valiente
+que libertó a los galeotes, fingiendo no
+conocerlo. Y el Caballero, <em>al cual se le mudaba
+la color a cada palabra</em>, callaba, sin darse por
+aludido, pues era al fin su cura, su confesor el
+que hablaba.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_170">[Pg 170]</span></p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_171">[Pg 171]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO XXX</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">Que trata de la discreción de la hermosa Dorotea, con otras cosas<br>
+de mucho gusto y pasatiempo.</p>
+
+
+<p>Y hubiera callado del todo, si Sancho no lo
+delata y dice que fué su amo quien dió libertad
+a aquellos grandísimos bellacos. Había hablado
+su hombre, el que para él era su mundo. <em>Majadero—dijo
+a esta sazón Don Quijote—, a los caballeros
+andantes no les toca ni atañe averiguar
+si los afligidos, encadenados y opresos que encuentran
+por los caminos van de aquella manera
+o están en aquella angustia por sus culpas o
+por sus gracias; sólo les toca ayudarles como a
+menesterosos, poniendo los ojos en sus penas y
+no en sus bellaquerías</em>, con todo lo demás que
+añadió, retando a quien le pareciese mal lo que
+había hecho, salva la santa dignidad del señor
+licenciado. Admirable respuesta, y digna corona
+a las razones que expuso al libertar a los galeotes.
+Natural era que el cura, como los demás
+curas con que en el curso de su obra topó el hidalgo,
+discurriera por lo mundano y terrestre,
+que al fin los mundanos y terrestres le pagaban
+para que hiciese de cura, mas a Don Quijote<span class="pagenum" id="Page_172">[Pg 172]</span>
+cumplíale sentir por lo divino y celestial. ¡Oh, mi
+señor Don Quijote, y cuándo llegaremos a ver
+en cada galeote ante todo y sobre todo un menesteroso,
+poniendo los ojos en la pena de su
+maldad y no en otra alguna cosa! Hasta que a
+la vista del más horrendo crimen no sea la exclamación
+que nos brote: ¡pobre hermano! por
+el criminal, es que el cristianismo no nos ha calado
+más adentro que el pellejo del alma.</p>
+
+<p>Prosiguiendo en sus burlas, a seguida de esto
+endilgó la princesa Micomicona a Don Quijote
+la sarta de disparates que había urdido para
+justificarse. Y dióse el triste caso de creérselas
+Don Quijote y Sancho, pues siempre el heroísmo
+es crédulo. Y allí fué el reir de los burladores.
+Don Quijote renovó sus promesas, mas no
+aceptó lo de casarse con la princesa, cosa que
+disgustó a Sancho, y tales cosas dijo éste poniendo
+a la Micomicona sobre Dulcinea, que su
+amo <em>no lo pudo sufrir y alzando el lanzón, sin
+hablarle palabra a Sancho y sin decirle esta
+boca es mía, le dió tales dos palos, que dió con
+él en tierra</em>.</p>
+
+<p>Este silencioso castigo, lo único serio entre tan
+torpes burlas, nos levanta el ánimo, y serias y
+muy serias fueron las razones con que Don Quijote
+justificó su castigo, haciendo ver que si no
+fuese por el valor que infundía Dulcinea en su
+pecho, no le tendría para matar una pulga, pues
+no era el valor suyo, sino el de Dulcinea, el que
+tomando a su brazo por instrumento de sus hazañas,
+llevaba éstas a feliz término. Y así es en
+verdad que cuando vencemos es la Gloria la que
+por nosotros vence. <em>Ella pelea en mí y vence en
+mí, y yo vivo y respiro en ella y tengo vida y
+ser.</em> ¡Heroicas palabras, que debemos llevar grabadas<span class="pagenum" id="Page_173">[Pg 173]</span>
+en el corazón! Palabras que son al quijotismo
+lo que al cristianismo es aquella sentencia
+de Pablo de Tarso: «Con Cristo estoy juntamente
+crucificado, y vivo; no ya yo, mas vive Cristo
+en mí». (Gal. II, 20.)</p>
+
+<p>Y así es siempre en toda obra grande entre
+los hombres, y es que la tal obra, si ha de ser
+de veras grande, ha de hacerse en obsequio de
+hombre; de hombre o de mujer, mejor de mujer
+que de hombre. El fin del hombre es la humanidad
+y la humanidad personalizada, hecha
+individuo, y cuando toma por fin a la naturaleza
+es humanizándola antes. Dios es el ideal de la
+humanidad, el hombre proyectado al infinito y
+eternizado en él. Y así tiene que ser. ¿Por qué
+habláis de error antropocéntrico? ¿No decís que
+una esfera infinita tiene el centro en todas partes,
+en cualquiera de ellas? Para cada uno de
+nosotros el centro está en sí mismo. Pero no
+puede obrar si no lo polariza; no puede vivir si
+no se descentra. Y ¿a dónde ha de descentrarse
+sino tendiendo a otro como él? El amor de hombre
+a hombre, de hombre a mujer quiero decir,
+ha producido las maravillas todas.</p>
+
+<p><em>Yo vivo y respiro en ella y tengo vida y ser.</em>
+Al decir esto de tu Dulcinea, mi Don Quijote,
+¿no se acordaba tu Alonso el Bueno de aquella
+Aldonza Lorenzo por la que suspiró doce años
+sin atreverse a confesarle su inmenso amor?
+<em>¡Vivo y respiro en ella!</em> En ella vivió y respiró
+y tuvo vida y ser tu Alonso el Bueno, el que
+llevas dentro, metido en tu locura, en ella vivió
+y respiró doce largos años de cruel atormentadora
+cordura. Con ella amasó sus recatados ensueños;
+de su dulce imagen, entrevista tan sólo
+cuatro veces, bebió sus esperanzas, pues que<span class="pagenum" id="Page_174">[Pg 174]</span>
+jamás habría de sazonarse en recuerdos. En
+ella tuvo vida y ser, una vida oculta y silenciosa,
+una vida que corría bajo su espíritu como las
+aguas del Guadiana corren un buen trecho bajo
+tierra, pero regando allí, en aquellos soterraños,
+las raíces de las futuras hazañas de su carrera.
+¡Oh, mi Alonso el Bueno, vivir y respirar
+en Aldonza, sin que ella lo sepa ni se de
+cata de ello, tener la vida y el ser en la dulce
+imagen que alimenta el alma!</p>
+
+<p>Mas no se dió por vencido el carnal Sancho,
+sino que insistió en lo de que su amo se casase
+con la princesa, quedándole libre el amancebarse
+luego con Dulcinea. ¿Qué has dicho, Sancho,
+qué has dicho? ¡No sabes cómo atravesando el
+alma de Don Quijote has llegado a herir la hebra
+más sensible del corazón de Alonso Quijano!
+Además, Dulcinea no admite partijas ni
+aparcerías, y quien la quiera toda entera ha
+de entregarse todo y entero a ella. Muchos hay
+que pretenden casarse con la Fortuna y amancebarse
+con la Gloria, pero así les va, pues aquélla
+les araña de celos y ésta se burla de ellos,
+hurtándoseles.</p>
+
+<p>Y siguiendo en su plática amo y escudero,
+acabó aquél por pedirle perdón de los palos que
+le diera, sabido que Sancho no vió a Dulcinea
+tan despacio que hubiera podido notar <em>su hermosura
+y sus buenas partes punto por punto.
+Pero así a bulto</em>—añadió—<em>me parece bien</em>. Es
+la concesión que los Sanchos, cuando se les ha
+pegado, hacen, mintiendo, en pro de Dulcinea,
+a la que no han visto ni conocen. Y luego fué
+Sancho, instado por la princesa, a besar la mano
+a Don Quijote, pidiéndole perdón, y el generoso
+hidalgo se lo otorgó, bendiciéndole. ¡Benditos<span class="pagenum" id="Page_175">[Pg 175]</span>
+dos palos del lanzón, Sancho amigo, que te
+han valido ser bendecido por tu amo! De seguro
+que al recibir el perdón tan redundante, diste
+por bueno el castigo que hizo lo merecieras.</p>
+
+<p>Apartáronse después amo y escudero a departir
+de sus cosas, y entonces recobró Sancho
+su asno, encontrándose lo traía Ginés de Pasamonte,
+disfrazado de gitano, el cual al ver a
+Don Quijote y su escudero, puso pies en polvorosa.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_176">[Pg 176]</span></p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_177">[Pg 177]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO XXXI</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">De los sabrosos razonamientos que pasaron entre Don Quijote<br>
+y Sancho Panza su escudero, con otros sucesos.</p>
+
+
+<p>Y a seguida pasaron aquellos sabrosos razonamientos
+entre Don Quijote y Sancho acerca
+del encuentro de éste con Dulcinea. Cuando
+Sancho dijo haberla encontrado <em>ahechando dos
+hanegas de trigo en un corral de su casa</em>, respondió
+Don Quijote: <em>Pues haz cuenta que los
+granos de aquel trigo eran granos de perlas tocados
+de sus manos</em>, y al decir Sancho que el
+trigo era rubión, <em>pues yo te aseguro—dijo Don
+Quijote—que ahechado por sus manos hizo pan
+candeal, sin duda alguna</em>. Agregó el escudero
+que al recibir la carta, mandó la ahechadora la
+pusiese sobre un costal, que no la podía leer
+hasta que acabara de acribar lo que allí tenía,
+a lo cual dijo Don Quijote: <em>Discreta señora; eso
+debió de ser por leella despacio y recrearse en
+ella</em>. Añadió Sancho que olía Dulcinea a hombruno,
+<em>y no sería eso—respondió Don Quijote—,
+sino que tú debías de estar romadizado,
+o te debiste de oler a ti mismo, porque yo sé
+bien lo que huele aquella rosa entre espinas,<span class="pagenum" id="Page_178">[Pg 178]</span>
+aquel lirio del campo, aquel ámbar desleído</em>.
+Dijo luego Sancho que Dulcinea, no sabiendo
+leer ni escribir, rasgó y desmenuzó la carta en
+piezas, por que <em>no se supiese en el lugar sus
+secretos</em>, bastándole lo oído al escudero sobre
+las penitencias de su amo, y diciéndole quería
+ver a éste y se pusiese camino del Toboso. Cuando
+Sancho respondió a su amo no haberle dado
+Dulcinea, al despedirle, joya alguna, sino un
+pedazo de pan y queso por las bardas del corral,
+<em>es liberal en extremo—dijo Don Quijote—y
+si no te dió joya de oro, sin duda debió de ser
+porque no la tendría allí a la mano para dártela;
+pero buenas son mangas después de pascua;
+yo la veré y se satisfará todo</em>.</p>
+
+<p>Ruego al lector relea todo este admirable
+diálogo, por cifrarse en él la íntima esencia del
+quijotismo en cuanto doctrina del conocimiento.
+A las mentiras de Sancho fingiendo sucesos
+según la conformidad de la vida vulgar y aparencial,
+respondían las altas verdades de la fe de
+Don Quijote, basadas en vida fundamental y
+honda.</p>
+
+<p>No es la inteligencia sino la voluntad la que
+nos hace el mundo, y al viejo aforismo escolástico
+de <em>nihil volitum quin praecognitum</em>, nada
+se quiere sin haberlo antes conocido, hay que
+corregirlo con un <em>nihil cognitum quin praevolitum</em>,
+nada se conoce sin haberlo antes querido.</p>
+
+<div class="poetry-container">
+<div class="poetry">
+<p><span style="margin-left: 1em;">Que en este mundo traidor</span><br>
+nada es verdad ni es mentira;<br>
+todo es según el color<br>
+del cristal con que se mira.</p>
+</div>
+</div>
+
+<p>como dijo nuestro Campoamor. Lo cual ha de<span class="pagenum" id="Page_179">[Pg 179]</span>
+corregirse también diciendo que en este mundo
+todo es verdad y es mentira todo. Todo es
+verdad en cuanto alimenta generosos anhelos y
+pare obras fecundas; todo es mentira mientras
+ahogue los impulsos nobles y aborte monstruos
+estériles. Por sus frutos conoceréis a los hombres
+y a las cosas. Toda creencia que lleve a
+obras de vida es creencia de verdad, y lo es de
+mentira la que lleve a obras de muerte. La vida
+es el criterio de la verdad, y no la concordancia
+lógica, que lo es sólo de la razón. Si mi fe me
+lleva a crear o aumentar vida ¿para qué queréis
+más prueba de mi fe? Cuando las matemáticas
+matan, son mentira las matemáticas. Si caminando
+moribundo de sed ves una visión de
+eso que llamamos agua y te abalanzas a ella y
+bebes y aplacándote la sed te resucita, aquella
+visión lo era verdadera y el agua agua de
+verdad. Verdad es lo que moviéndonos a obrar
+de un modo o de otro haría que cubriese nuestro
+resultado a nuestro propósito.</p>
+
+<p>Uno de esos que se dedican a la llamada filosofía
+dirá que Don Quijote estableció en esa
+plática con Sancho la doctrina, ya famosa, de
+la relatividad del conocimiento. Claro está que
+todo es relativo, pero ¿no es relativa también
+la relatividad misma? Y jugando con los conceptos,
+o no sé si con los vocablos, podría decirse
+que todo es absoluto, absoluto en sí, relativo
+en relación a lo demás. En esto, en juego
+de palabras, cae toda lógica que no se basa
+en la fe y no busca en la voluntad su último
+sustento. La lógica de Sancho era una lógica
+como la escolástica, puramente verbal; partía
+del supuesto de que todos queremos decir lo
+mismo cuando expresamos las mismas palabras,<span class="pagenum" id="Page_180">[Pg 180]</span>
+y Don Quijote sabía que con las mismas palabras
+solemos decir cosas opuestas, y con opuestas
+palabras la misma cosa. Gracias a lo cual
+podemos conversar y entendernos. Si mi prójimo
+entendiese por lo que dice lo mismo que
+entiendo yo, ni sus palabras me enriquecerían
+el espíritu, ni las mías enriquecerían el suyo.
+Si mi prójimo es otro yo mismo ¿para qué le
+quiero? Para yo, me basto y aun me sobro yo.</p>
+
+<p>Los granos de trigo son de rubión o de candeal
+según las manos que los tocan, y aquellas
+manos, mi Don Quijote, no han de posarse en
+las tuyas. Y en lo que el Caballero estuvo profundísimo
+fué en afirmar que si Dulcinea huele
+a hombruno a los Sanchos es porque están romadizados
+y se huelen a sí mismos. Aquellos a
+quienes el mundo sólo les huele a materia es
+que se huelen a sí mismos; los que sólo ven
+pasajeros fenómenos es que se miran a sí mismos
+y no se ven en lo hondo. No es contemplando
+el rodar de los astros por el firmamento
+como te hemos de descubrir, Dios y Señor nuestro
+que regalaste con la locura a Don Quijote;
+es contemplando el rodar de los anhelos amorosos
+por el cimiento de nuestros corazones.</p>
+
+<p>El pan y el queso que por las bardas del corral
+te dió Dulcinea, se te ha convertido, Sancho
+amigo, en joya de eternidad. Por ese pan
+y ese queso vives y vivirás mientras quede en
+hombres memoria de hombres y aun mucho
+más allá; por ese pan y ese queso con que tú
+creías mentir, gozas de verdad duradera. Queriendo
+mentir, decías la verdad.</p>
+
+<p>Siguieron departiendo amo y escudero y en
+el curso de la plática volvió Sancho a sus trece
+de que se casase Don Quijote con la princesa,<span class="pagenum" id="Page_181">[Pg 181]</span> y
+por rehusarlo le dijo: <em>y ¡cómo está vuestra
+merced lastimado de esos cascos!</em> Para Sancho
+la locura de su amo cifrábase tan sólo
+en dejar la fortuna por la Gloria, y así son los
+Sanchos todos; tienen por cuerdo al loco que
+con su locura prosperó en bienestar y suerte y
+estiman loco al cuerdo a quien su cordura le
+impidió cobrar fortuna. Sancho quería amar y
+servir a Dios <em>por lo que pudiese</em>; el puro amor
+no cupo en él.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_182">[Pg 182]</span></p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_183">[Pg 183]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO XXXII</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">Que trata de lo que sucedió en la venta a toda la cuadrilla de Don Quijote.</p>
+
+
+<p>Después de estas pláticas, y del encuentro con
+Andrés, el criado de Juan Haldudo el rico, de
+quien dijimos, llegaron a la venta, y mientras
+dormía Don Quijote enzarzose el cura con el
+ventero y su familia a hablar de libros de caballerías,
+y soltó lo de que los libros en que se
+narran las aventuras de Don Cirongilio y de Félix
+Marte son mentirosos y están llenos de disparates
+y devaneos, y el del Gran Capitán lo es
+de historia verdadera, así como el de Diego
+García de Paredes.</p>
+
+<p>Pero véngase acá, señor Licenciado, y dígame:
+ahora, al presente, y en el momento en
+que vuestra merced habla así ¿dónde estaban y
+están en la tierra el Gran Capitán y Diego García
+de Paredes? Luego que un hombre se murió
+y pasó acaso a memoria de otros hombres
+¿en qué es más que una de esas ficciones poéticas
+de que abomináis? Vuestra merced debe
+saber por sus estudios lo de <em>operari sequitur
+esse</em>, el obrar se sigue al ser, y yo le añado que<span class="pagenum" id="Page_184">[Pg 184]</span>
+sólo existe lo que obra y existir es obrar, y si
+Don Quijote obra, en cuantos le conocen, obras
+de vida, es Don Quijote mucho más histórico y
+real que tantos nombres, puros nombres, que
+andan por esas crónicas que vos, señor Licenciado,
+tenéis por verdaderas. Sólo existe lo que
+obra. Ese investigar si un sujeto existió o no
+existió proviene de que nos empeñamos en cerrar
+los ojos al misterio del tiempo. Lo que fué
+y ya no es, no es más que lo que no es, pero
+será algún día; el pasado no existe más que el
+porvenir ni obra más que él sobre el presente.
+¿Qué diríamos de un caminante empeñado en
+negar el camino que le resta por recorrer y no
+teniendo por verdadero y cierto sino el recorrido
+ya? Y ¿quién os dice que esos sujetos cuya
+existencia real negáis no han de existir un día,
+y por lo tanto existen ya en la eternidad, y hasta
+que no hay nada concebible lo cual en la eternidad
+no sea real y efectivo?</p>
+
+<p>Tenía razón el ventero, quijotizado ya—pues
+no en vano recibió bajo el techo de su casa al
+héroe—, tenía razón al deciros, señor Licenciado:
+<em>Callad, señor, que si oyese esto</em> (las hazañas
+de don Cirongilio de Tracia) <em>se volvería
+loco de placer: dos higas para el Gran Capitán
+y para ese Diego García que dice</em>. En lo eterno
+son más verdaderas las leyendas y ficciones que
+no la historia. Y en la disputa entre vos, señor
+cura racionalista, y el ventero lleno de fe, llevaba
+éste la mejor parte. Lograsteis, sí, señor
+Licenciado, tentar la fe de Sancho, que oía la
+disputa, pero fe no conquistada entre tentaciones
+de duda no es fe fecunda en obras duraderas.</p>
+
+<p>Antes de proseguir conviene digamos aquí<span class="pagenum" id="Page_185">[Pg 185]</span>
+algo, aunque sea de refilón, pues otra cosa no
+merecen, de esos sujetos vanos y petulantes que
+se atreven a sostener que Don Quijote y Sancho
+mismos no han existido nunca, ni pasan de ser
+meros entes de ficción.</p>
+
+<p>Sus razones, aparatosas e hinchadas, no merecen
+siquiera refutación; tan ridículas y absurdas
+son. Da bascas y grima el oirlas. Pero como
+hay personas sencillas que seducidas por la aparente
+autoridad de los que vierten tan apestosa
+doctrina, les prestan oído atento, conviene llamarles
+la atención sobre ello y que se atengan
+a lo que viene ya recibido desde tanto tiempo,
+con asenso y aplauso de los más doctos y más
+graves. Para consuelo y corroboración de las
+gentes sencillas y de buena fe, espero, con la
+ayuda de Dios, escribir un libro en que se pruebe
+con buenas razones y con mejores y muy
+numerosas autoridades—que es lo que en esto
+vale—cómo Don Quijote y Sancho existieron
+real y verdaderamente, y pasó todo cuanto se
+nos cuenta de ellos, tal y como se nos cuenta.
+Y allí probaré que aparte de que el regocijo,
+consuelo y provecho que de esta historia se saca
+es razón más que bastante en abono de su verdad,
+allende esto, si se la niega hay que negar
+otras muchas cosas también y así vendríamos
+a zapar y socavar el orden en que se asienta
+hoy nuestra sociedad, orden que, como es sabido,
+es hoy el criterio supremo de la verdad de
+toda doctrina.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_186">[Pg 186]</span></p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_187">[Pg 187]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULOS XXXIII <small>Y</small> XXXIV</h2>
+</div>
+
+
+<p class="center big2 p2b">Estos dos capítulos se ocupan con la novela de <em>El curioso impertinente</em>,<br>
+novela por entero impertinente a la acción de la historia.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_188">[Pg 188]</span></p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_189">[Pg 189]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO XXXV</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">Que trata de la brava y descomunal batalla que Don Quijote tuvo<br>
+con unos cueros de vino tinto, y se da fin a la novela de El curioso impertinente.</p>
+
+
+<p>Tras la disputa entre el cura y el ventero y
+estando leyendo la impertinente novela de <em>El
+curioso impertinente</em>, ocurrió la triste aventura
+del acuchillamiento de los pellejos de vino por
+Don Quijote, en sueños y mientras dormía. Debió
+Cervantes habernos callado esta aventura,
+aunque Don Quijote se ensayase en sueños para
+sus hazañas de despierto. Y menos mal que no
+fué sino vino lo que se perdió, y así se perdiese
+todo él, por la falta que hace.</p>
+
+<p>Para poder juzgar con justicia de esta aventura
+sería menester conocer lo que no conocemos
+y es qué soñaba entonces Don Quijote. Juzgarla
+de otro modo sería un juicio como el que
+habría hecho uno de nuestros petulantes sabios
+si hubiese oído a Íñigo de Loyola cuando en el
+hospital de Luis de Antezana, en Alcalá de Henares,
+hospital «infamado en aquella sazón de
+andar en él de noche muchos duendes y trasgos»,
+al encontrarse una vez «a boca de noche»<span class="pagenum" id="Page_190">[Pg 190]</span>
+con que se estremeció todo el aposento, «se le
+espeluznaron los cabellos, como que viese alguna
+espantable y temerosa figura; mas luego
+tornó en sí, y viendo que no había que temer,
+hincóse de rodillas y con grande ánimo comenzó
+a voces a llamar, y como a desafiar a los demonios
+diciendo—según el P. Rivadeneira, en
+el capítulo IX del libro V de la <span class="smcap">Vida</span> nos cuenta—:
+Si Dios os ha dado algún poder sobre mí,
+infernales espíritus, heme aquí; ejecutadle en mí,
+que yo ni quiero resistir ni rehuso cualquiera
+cosa que por este camino venga; mas si no os
+ha dado poder ninguno ¿qué sirven, desventurados
+y condenados espíritus, estos miedos que
+me ponéis? ¿Para qué andáis espantando con
+vuestro cocos y vanos temores los ánimos de los
+niños y hombres medrosos tan vanamente? Bien
+os entiendo; porque no podéis dañarnos con las
+obras, nos queréis atemorizar con esas falsas
+representaciones». Y añade el buen Padre historiador
+que «con este acto tan valeroso no sólo
+venció el miedo presente, mas quedó para adelante
+muy osado contra las opresiones diabólicas
+y espantos de Satanás».</p>
+
+<p>Al narrar esta aventura de los pellejos el
+puntualísimo historiador nos descubre un pormenor
+secreto y es que tenía Don Quijote las
+piernas <em>no nada limpias</em>. Pudo habérselo callado.
+Pero en ello nos mostró que al fin el Caballero
+era de su casta, casta que nunca hizo entrar
+el aseo entre los deberes caballerescos. Y
+tan es así, que aunque se nos diga de un caballero
+español que era limpio, luego se ve que
+no extrema la virtud de la limpieza. Y así aunque
+en el capítulo XVIII del libro IV de la <span class="smcap">Vida
+del bienaventurado Padre Ignacio de Loyola<span class="pagenum" id="Page_191">[Pg 191]</span></span>
+nos diga de él Rivadeneira que «aunque amaba
+la pobreza, nunca le agradó la poca limpieza»,
+en el capítulo VII del libro V de la misma nos
+cuenta que «a un novicio dió penitencia rigurosa
+porque se lavaba las manos algunas veces
+con jabón, pareciéndole mucha curiosidad para
+novicio». Bien es verdad que entre las propiedades
+en que se distingue el que tiene habilidad
+perteneciente al arte militar, que era el
+profesado por Don Quijote y por Loyola, señala
+el Dr. Huarte, en el capítulo XVI de su ya
+citado <span class="smcap">Examen</span> como la tercera de ellas el «ser
+descuidados del ornamento de su persona; son
+casi todos desaliñados, sucios, las calzas caídas,
+llenas de arrugas, la capa mal puesta, amigos
+del sayo viejo y de nunca mudar el vestido» y
+da la razón de ello diciendo que «el grande entendimiento
+y la mucha imaginativa hacen burla
+de todas las cosas del mundo, porque en ninguna
+de ellas hallan valor ni sustancia», añadiendo
+que «solas las contemplaciones divinas
+les dan gusto y contento, y en éstas ponen la
+diligencia y cuidado, y desechan las demás».</p>
+
+<p>Verdad es que en tiempo de Don Quijote,
+Íñigo de Loyola y el Dr. Huarte no se había aún
+inventado esto de los microbios y de la asepsia y
+antisepsia, ni andaban las gentes tan embrujadas
+en pensar que en acabando con esos bichillos acabaríamos
+o poco menos con la muerte, y que la
+felicidad depende de la higiene, género de superstición
+no menos dañoso ni menos ridículo que
+el de creer y pensar que abrazándose uno a la
+porquería gana el cielo. Un hombre sucio será
+siempre algo más que un cerdo limpio, aunque
+es mejor aún que se limpie el hombre.</p>
+
+<p>Y volviendo a la aventura, hay que notar cómo<span class="pagenum" id="Page_192">[Pg 192]</span>
+Sancho, el buen Sancho, creía en el descabezamiento
+del gigante, y que el vino era sangre
+y <em>todos reían</em>. Todos reían, la ventera se quejaba
+por la pérdida de sus cueros, ayudándola
+Maritornes, y <em>la hija callaba y de cuando en cuando
+se sonreía</em>. ¡Poético rasgo! ¡La hija, enamorada
+de los libros de caballerías, se sonreía! ¡Dulce
+rocío sobre la pasión de risas que padecía
+Don Quijote! En aquel tormento de risotadas,
+la sonrisa de la hija del ventero era un hálito de
+piedad.</p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_193">[Pg 193]</span></p>
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO XXXVI</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">Que trata de otros raros sucesos que en la venta sucedieron.</p>
+
+
+<p>Tras esto se enredaron los sucesos de la venta
+con la llegada de nuevos comparsas, y el desencanto
+de Sancho al encontrarse con que la
+princesa Micomicona era Dorotea, la de Fernando,
+lo cual bastó para persuadirle de que la cabeza
+del gigante había sido un odre de vino.</p>
+
+<p>¡Oh, pobre Sancho, y cuán bravamente peleas
+por tu fe y cómo vas conquistándola entre tumbos
+y desalientos, perdiendo hoy terreno en ella
+para recobrarlo mañana! ¡Tu carrera fué una carrera
+de lucha interior, entre tu tosco sentido
+común, azuzado por la codicia, y tu noble aspiración
+al ideal, atraída por Dulcinea y por tu
+amo! Pocos ven cuán de combate fué tu carrera
+escuderil; pocos ven el purgatorio en que viviste;
+pocos ven cómo fuiste subiendo hasta aquel
+grado de sublime y sencilla fe que llegarás a
+mostrar cuando tu amo muera. De encantamientos
+en encantamientos llegaste a la cumbre de la
+fe salvadora.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_194">[Pg 194]</span></p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_195">[Pg 195]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO XXXVIII</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">Que trata del curioso discurso que hizo Don Quijote de las armas
+y las letras.</p>
+
+
+<p>Con el buen suceso de los encuentros de la
+venta aumentaron los burladores de Don Quijote,
+a los que enderezó éste su discurso de las letras
+y las armas. Y como no lo dirigió a cabreros,
+lo pasaremos por alto.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_196">[Pg 196]</span></p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_197">[Pg 197]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULOS XXXIX, XL, XLI <small>Y</small> XLII</h2>
+</div>
+
+
+<p class="center big2 p2b">Están llenos con la historia del cautivo<br> y el relato
+de cómo encontró el oidor a su hermano.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_198">[Pg 198]</span></p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_199">[Pg 199]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO XLIII</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">Donde se cuenta la agradable historia del mozo de mulas, con otros<br>
+extraños acontecimientos en la venta sucedidos.</p>
+
+
+<p>Dejemos lo del mozo de mulas, que no nos
+importa.</p>
+
+<p>Reunida toda aquella gente, quedóse Don
+Quijote a hacer la guardia del castillo. Y el demonio,
+que no descansa, insinuó a la hija de la
+ventera, la de la sonrisa, y a Maritornes, que hiciesen
+una burla a Don Quijote, en pago de su
+guardia.</p>
+
+<p>A solas y mientras hacía su guardia, recordaba
+en voz alta Don Quijote a su señora Dulcinea,
+cuando la hija de la ventera <em>le comenzó a
+cecear y a decirle: señor mío, lléguese acá la
+vuestra merced, si es servido</em>. Y el frágil Caballero
+ablandóse y cedió, y en vez de hacer oídos
+sordos a los reclamos de retozona semidoncella,
+se metió a exponerle la imposibilidad en que
+estaba de satisfacerla, sin advertir el cuitado que
+discutir con la tentación, reconociéndola así beligerancia,
+es ya camino para ser vencido por
+ella. Y así fué que le pidieron una de sus manos,
+llamándolas hermosas. Y el cuitado hidalgo,<span class="pagenum" id="Page_200">[Pg 200]</span>
+rendido al requiebro, le dió la mano a que
+no había tocado otra de mujer alguna, y no para
+que la besara, sino para que por ella admirasen
+la fuerza del brazo que tal mano tenía.</p>
+
+<p>¿Admirar? ¿No ves, sencillo Caballero, el peligroso
+juego en que te metes al dar tu mano a
+la admiración de unas damas? ¿No sabes acaso
+que la admiración de una mujer hacia un hombre
+no es sino forma de algo más íntimo que la
+admiración misma? No se admira sino lo que
+se ama, y en la mujer no hay mas que un modo
+de admirar al hombre. ¡Y admirar no tus propósitos,
+no una obra o hazaña tuya, no tus pensamientos,
+sino admirar tu mano! ¡Oh, si hubieras
+logrado que la admirase Aldonza Lorenzo;
+que te la hubiese recogido entre las suyas para que
+por <em>la contextura de sus nervios, la trabazón de
+sus músculos, la anchura y espaciosidad de sus
+venas</em> sacase qué tal debía ser la fuerza del brazo
+que tal mano tenía, y sobre todo la fuerza
+del corazón que regaba de sangre aquellas venas!</p>
+
+<p>Cometiste, buen Caballero, una imperdonable
+lije reza al dar a admirar tu mano a damas
+que te la pedían para burlarse de ti y lo pagaste
+caro. Lo pagó caro, porque se quedó preso de
+la mano por un cabestro. Maritornes y la hija
+del ventero <em>se fueron muertas de risa y le dejaron
+asido de manera que fué imposible soltarse</em>.
+Fíate luego de mujeres retozonas y regocijadas.</p>
+
+<p>Creyólo encantamiento Don Quijote y no era
+sino castigo a su blandura y petulancia. El héroe
+no debe dar a admirar sus manos, así sin más
+ni más y al primero o a la primera que las pida,
+sino guardarlas más bien de miradas curiosas y
+lijeras. ¿Qué importa a los demás las manos con<span class="pagenum" id="Page_201">[Pg 201]</span>
+que se hace las cosas? Fea costumbre es esa
+de meterse en casa del combatiente generoso y
+revisar sus armas, inquirir cómo trabaja y vive
+y examinarle las manos. Si escribes, que nadie
+sepa cómo escribes, ni a qué horas, ni con qué
+pluma ni de qué modo.</p>
+
+<p>En tanto Don Quijote <em>maldecía ante sí su
+poca discreción y discurso</em> al no estar alerta
+frente a los encantamientos y <em>allí fué el
+maldecir de su fortuna y el exagerar la falta
+que haría en el mundo su presencia y el acordarse
+de nuevo de Dulcinea y el llamar a Sancho
+Panza</em> y a los sabios Lirgandeo y Alquife,
+y a su buena amiga Urganda, y <em>allí le tomó la
+mañana tan desesperado y confuso que bramaba
+como un toro</em>. Y aun así, preso de la mano,
+increpó a cuatro hombres de a caballo, que llamaron
+a la venta al amanecer, mostrando en ello
+su indomable fortaleza.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_202">[Pg 202]</span></p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_203">[Pg 203]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO XLIV</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">Donde se prosiguen los inauditos sucesos de la venta.</p>
+
+
+<p>Y luego que Maritornes le soltó, temerosa de
+lo que sucediese, Don Quijote <em>subió sobre Rocinante,
+embrazó su adarga, enristró su lanza</em>
+y retó a quien dijese que había sido con justo
+título encantado. ¡Bravo, mi buen hidalgo!</p>
+
+<div class="poetry-container">
+<div class="poetry">
+<p><span style="margin-left: 1em;">Procure siempre acertarla</span><br>
+el honrado y principal;<br>
+pero si la acierta mal,<br>
+defenderla, y no enmendarla</p>
+</div>
+</div>
+
+<p>como dice el conde Lozano a Peranzules en <span class="smcap">Las
+mocedades del Cid</span>.</p>
+
+<p>Los de a caballo fueron a su asunto, y Don
+Quijote, <em>que vió que ninguno de los cuatro caminantes
+hacía caso de él, ni le respondían a
+su demanda, moría y rabiaba de despecho y
+saña</em>... Sí, mi pobre Don Quijote, sí; gustamos
+más de que se rían de nosotros que no de que
+no nos hagan caso. Comprendo tu despecho y
+saña. Entre aquel corro de burladores lo peor
+para ti es que no hiciesen, ni aun de burlas,
+caso de tus retos ni bravatas.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_204">[Pg 204]</span></p>
+
+<p>Poco después de esto trabóse el ventero a
+puñetazos con dos huéspedes que buscaban escurrírsele
+sin pagar, y acudieron la ventera y su
+hija a Don Quijote como más desocupado, para
+que socorriese al marido y padre, a lo cual respondió
+<em>muy de espacio y con mucha flema: fermosa
+doncella, no ha lugar por ahora vuestra
+petición, porque estoy impedido de entremeterme
+en otra aventura en tanto no diere cima a
+una en que mi palabra me ha puesto</em>, añadiendo
+que corriese a decir a su padre entretuviera
+la batalla mientras él obtenía licencia de la princesa
+Micomicona. Obtúvola, mas ni aun así puso
+mano a su espada Don Quijote, al ver que eran
+gente escuderil. E hizo bien.</p>
+
+<p>Pues qué ¿no hay sino acudir al Caballero
+cuando se nos antoja y ahora burlarnos de él y
+colgarle de la mano y querer luego que nos
+sirva y acorra en nuestros aprietos con aquella
+misma mano injuriada antes? Está muy bien
+burlarse del loco, mas luego, cuando lo necesitamos
+acudimos a él. ¡Desgraciado del héroe
+que pone su heroísmo al servicio de los que
+se le vienen delante, y así lo rebaja! Si tu prójimo
+anda a puñetazos con bellacos como él, déjale
+y allá se las haya, sobre todo si es porque
+quieren escurrírsele sin pagar; tu entremetimiento
+será dañoso. No cuando él crea deber ser socorrido,
+sino cuando crea yo deber socorrerle.
+No des a nadie lo que te pida, sino lo que entiendas
+que necesita, y soporta luego su ingratitud.</p>
+
+<p>A poco de esto entró en la venta el barbero
+del yelmo de Mambrino y la tramó con Sancho;
+llamándole ladrón al ver los aparejos del suyo
+en el asno de éste, y Sancho se defendió bravamente<span class="pagenum" id="Page_205">[Pg 205]</span>
+contentando a su amo, que <em>propuso en su
+corazón armarle caballero</em>. Mentó el barbero la
+bacía y entonces se interpuso Don Quijote, y
+mandó traerla y juró que era yelmo y lo puso
+a la consideración de los allí presentes. ¡Sublime
+fe que afirmó en voz alta, bacía en la mano,
+y a la vista de todos, que era yelmo!</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_206">[Pg 206]</span></p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_207">[Pg 207]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO XLV</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">Donde se acaba de averiguar la duda del yelmo de Mambrino y de<br>
+la albarda, y otras aventuras sucedidas con toda verdad.</p>
+
+
+<p><em>¿Qué les parece a vuestras mercedes, señores—dijo
+el barbero—, de lo que afirman estos
+gentiles hombres, pues aún porfían que ésta no
+es bacía, sino yelmo? Y quien lo contrario dijere—dijo
+Don Quijote—le haré yo conocer que
+miente si fuere caballero, y si escudero que remiente
+mil veces.</em></p>
+
+<p>Así, así, mi señor Don Quijote, así; es el valor
+descarado de afirmar en voz alta y a la vista
+de todos y de defender con la propia vida
+la afirmación, lo que crea las verdades todas.
+Las cosas son tanto más verdaderas cuanto más
+creídas y no es la inteligencia, sino la voluntad,
+la que las impone.</p>
+
+<p>Bien hubo de verlo el pobre barbero de quien
+la bacía fué cuando no era aún yelmo. Primero
+fué Sancho, cuando Don Quijote dijo <em>juro por
+la orden de caballería que profeso que este yelmo
+fué el mismo que yo le quité, sin haber añadido
+en él ni quitado cosa alguna</em>, quien agregó
+en tímido apoyo de su amo: <em>En eso no hay duda,
+porque desde que mi señor le ganó hasta ahora
+no ha hecho con él más de una batalla, cuando<span class="pagenum" id="Page_208">[Pg 208]</span>
+libró a los sin ventura encadenados; y si no fuera
+por este baciyelmo, no lo pasara entonces muy
+bien, porque hubo asaz de pedradas en aquel
+trance</em>.</p>
+
+<p>¿Baciyelmo? ¿Baciyelmo, Sancho? ¡No hemos
+de ofenderte creyendo que esto de llamarle baciyelmo
+fué una de tus socarronerías, no!; es la
+marcha de tu fe. No podías pasar de lo que tus
+ojos te enseñaban, mostrándote como bacía la
+prenda de la disputa, a lo que la fe en tu amo te
+enseñaba, mostrándotela como yelmo, sin agarrarte
+a eso del baciyelmo. En esto sois muchos
+los Sanchos, y habéis inventado lo de que en el
+medio está la virtud. No, amigo Sancho, no; no
+hay baciyelmos que valgan. Es yelmo o es bacía
+según quien de él se sirva, o mejor dicho es bacía
+y es yelmo a la vez porque hace a los dos
+trances. Sin quitarle ni añadirle nada puede y
+debe ser yelmo y bacía, todo él yelmo y toda
+ella bacía; pero lo que no puede ni debe ser,
+por mucho que se le quite o se le añada, es baciyelmo.</p>
+
+<p>Más resueltos encontró el barbero de la bacía
+al otro barbero maese Nicolás, y a Don Fernando,
+el de Dorotea, y al cura y a Cardenio y al
+oidor, que con grande asombro de otros de los
+presentes lo diputaron por yelmo. Como burla
+pesada quiso tomarlo uno de los cuatro cuadrilleros
+allí presentes, incomodóse, trató de borrachos
+a los que afirmaban lo contrario, lanzóle
+un mentís Don Quijote y fuese sobre él y armóse
+la de San Quintín, dándose de golpes los unos
+a los otros. Y fué Don Quijote quien con sus
+voces, y recordando la discordia del campo de
+Agramante, apaciguó el cotarro.</p>
+
+<p>¿Qué? ¿Os extraña la general pendencia por<span class="pagenum" id="Page_209">[Pg 209]</span>
+si era la bacía bacía o si era yelmo? Otras más
+entreveradas y más furiosas se han armado en
+el mundo por otras bacías y no de Mambrino.
+Por si el pan es pan y el vino vino, y por cosas
+parecidas. En torno a Caballeros de la fe se arredilan
+carneros humanos, y por llevarles el humor
+o por cualquier otra cosa sostienen que la bacía
+es yelmo, como aquellos dicen, y se vienen a
+las manos por sostenerlo, y es lo fuerte del caso
+que los más de cuantos pelean sosteniendo que
+es yelmo, tienen para sí que es bacía. El heroísmo
+de Don Quijote se comunicó a sus burladores,
+quedaron quijotizados a su pesar, y Don
+Fernando medía con sus pies a un cuadrillero
+por haber éste osado sostener que la bacía no
+era yelmo, sino bacía. ¡Heroico Don Fernando!</p>
+
+<p>Ved, pues, a los burladores de Don Quijote
+burlados por él, quijotizados a su despecho mismo,
+y metidos en pendencia y luchando a brazo
+partido por defender la fe del Caballero, aun sin
+compartirla. Seguro estoy, aunque Cervantes no
+nos lo cuenta, seguro estoy de que después de
+la tunda dada y recibida, empezaron los partidarios
+del Caballero, los quijotanos o yelmistas,
+a dudar de que la bacía lo fuera y a empezar a
+creer que fuese el yelmo de Mambrino, pues
+con sus costillas habían sostenido tal credo. Cumple
+afirmar aquí una vez más que son los mártires
+los que hacen la fe más bien que la fe a los
+mártires.</p>
+
+<p>En pocas aventuras se nos aparece Don Quijote
+más grande que en esta en que impone su
+fe a los que se burlan de ella, y los lleva a defenderla
+a puñetazos y a coces y a sufrir por ella.</p>
+
+<p>¿Y a qué se debió ello? No a otra cosa si no
+a su valor de afirmar delante de todos que aquella<span class="pagenum" id="Page_210">[Pg 210]</span>
+bacía, que como tal la veía él, lo mismo que
+los demás, con los ojos de la cara, era el yelmo
+de Mambrino, pues le hacía oficio de semejante
+yelmo.</p>
+
+<p>No le faltó «esse descarado heroismo d'affirmar,
+que, batendo na terra com pé forte, ou pallidamente
+elevando os olhos ao Ceo cria a traves
+da universal illusão Sciencias e Religiões»
+como dice Eça de Queiroz al final de su <span class="smcap">A Reliquia</span>.</p>
+
+<p>Es el valor de más quilates, el que afronta no
+daño del cuerpo, ni mengua de la fortuna ni menoscabo
+de la honra, sino el que le tomen a uno
+por loco o por sandio.</p>
+
+<p>Este valor es el que necesitamos en España, y
+cuya falta nos tiene perlesiada el alma. Por falta
+de él no somos fuertes ni ricos ni cultos; por
+falta de él no hay canales de riego ni pantanos,
+ni buenas cosechas; por falta de él no llueve más
+sobre nuestros secos campos, resquebrajados de
+sed, o cae a chaparrones el agua arrastrando el
+mantillo y arrasando a las veces las viviendas.</p>
+
+<p>Que ¿también esto os parece paradoja? Id por
+esos campos y proponed a un labrador una mejora
+de cultivo o la introducción de una nueva
+planta o una novedad agrícola y os dirá: «Eso
+no pinta aquí». «¿Lo habéis probado?», preguntaréis,
+y se limitará a repetiros: «Eso no pinta
+aquí». Y no sabe si pinta o no pinta, porque no
+lo ha probado, ni lo ensayará nunca. Lo probaría
+estando de antemano seguro del buen éxito,
+pero ante la perspectiva de un fracaso y tras él
+la burla y chacota de sus convecinos, tal vez el
+que le tengan por loco o por iluso o por mentecato,
+ante esto se arredra y no ensaya. Y luego
+se sorprende del triunfo de los valientes, de los<span class="pagenum" id="Page_211">[Pg 211]</span>
+que arrostran motajos, de los que no se atienen
+al «en donde fueres haz lo que vieres» y el
+«¿adónde vas, Vicente?, ¡adonde va la gente!»,
+de los que se sacuden del instinto rebañego.</p>
+
+<p>Hubo en esta provincia de Salamanca un
+hombre singular, que surgido de la mayor indigencia
+amasó unos cuantos millones. Estos charros
+del rebaño no se explicaban tal fortuna sino
+suponiendo que había robado en sus mocedades,
+porque estos desgraciados, tupidos de sentido
+común y enteramente faltos de valor moral, no
+creen sino en el robo y en la lotería. Mas un día
+me contaron una proeza quijotesca de ese ganadero,
+el Mosco. Y fué que trajo de las costas del
+Cantábrico hueva de besugo para echarla en una
+charca de una de sus fincas. Y al oirlo me lo expliqué
+todo. El que tiene valor de arrostrar la
+rechifla que ha de atraerle forzosamente el traer
+hueva de besugo para echarla en una charca de
+Castilla, el que hace esto, merece la fortuna.</p>
+
+<p>¿Que es ello absurdo?—decís. ¿Y quién sabe
+qué es lo absurdo? ¡Y aunque lo fuera! Sólo el
+que ensaya lo absurdo es capaz de conquistar
+lo imposible. No hay mas que un modo de dar
+una vez en el clavo, y es dar ciento en la herradura.
+Y sobre todo no hay más que un modo
+de triunfar de veras: arrostrar el ridículo. Y por
+no tener valor para arrostrarlo tiene esta gente
+su agricultura en la postración en que yace.</p>
+
+<p>Sí, todo nuestro mal es la cobardía moral, la
+falta de arranque para afirmar cada uno su verdad,
+su fe, y defenderla. La mentira envuelve y
+agarrota las almas de esta casta de borregos modorros,
+estúpidos por opilación de sensatez.</p>
+
+<p>Se proclama que hay principios indiscutibles
+y cuando se trata de ponerlos en tela de juicio,<span class="pagenum" id="Page_212">[Pg 212]</span>
+no falta quien ponga el grito en el cielo. No ha
+mucho pedí que se pidiera la derogación de ciertos
+artículos de nuestra ley de Instrucción Pública,
+y una mazorca de mandrias se pusieron a
+berrear que era inoportuno e impertinente, y
+otras palabrotas más fuertes y más groseras. ¡Inoportuno!
+Estoy harto de oir llamar inoportunas
+a las cosas mis oportunas, a todo lo que corta
+la digestión de los hartos y enfurece a los tontos.
+¿Qué se teme? ¿Que se trabe pendencia y
+se encienda la guerra civil de nuevo? ¡Mejor que
+mejor! Es lo que necesitamos.</p>
+
+<p>Sí, es lo que necesitamos: una nueva guerra
+civil. Es menester afirmar que deben ser y son
+yelmos las bacías y que se arme sobre ello pendencia
+como la que se armó en la venta. Una
+nueva guerra civil, con unas o con otras armas.
+¿No oís a esos desgraciados de corazón engurruñido
+y seco que dicen y repiten que estas o
+las otras disputas a nada práctico conducen?
+¿Qué entienden por práctica esas pobres gentes?
+¿No oís a los que repiten que hay discusiones
+que deben evitarse?</p>
+
+<p>No faltan menguados que nos estén cantando
+de continuo el estribillo de que deben dejarse a
+un lado las cuestiones religiosas; que lo primero
+es hacerse fuertes y ricos. Y los muy mandrias no
+ven que por no resolver nuestro íntimo negocio,
+no somos ni seremos fuertes ni ricos. Lo repito,
+nuestra patria no tendrá agricultura, ni industria,
+ni comercio, ni habrá aquí caminos que lleven a
+parte adonde merezca irse mientras no descubramos
+nuestro cristianismo, el quijotesco. No tendremos
+vida exterior poderosa y espléndida y gloriosa
+y fuerte mientras no encendamos en el corazón
+de nuestro pueblo el fuego de las eternas<span class="pagenum" id="Page_213">[Pg 213]</span>
+inquietudes. No se puede ser rico viviendo de
+mentira, y la mentira es el pan nuestro de cada
+día para nuestro espíritu.</p>
+
+<p>¿No oís a ese burro grave que abre la boca y
+dice: «¡eso no puede decirse aquí!»? ¿No oís hablar
+de paz, de una paz más mortal que la muerte
+misma, a todos los miserables que viven presos
+de la mentira? ¿No os dice nada ese terrible
+artículo, padrón de ignominia para nuestro pueblo,
+que figura en los reglamentos de casi todas
+las sociedades de recreo de España y que dice:
+«se prohibe discusiones políticas y religiosas»?</p>
+
+<p>¡Paz! ¡paz! ¡paz! Croan a coro todas las ranas
+y los renacuajos todos de nuestro charco.</p>
+
+<p>¡Paz! ¡paz! ¡paz! Sí, sea, paz, pero sobre el
+triunfo de la sinceridad, sobre la derrota de la
+mentira. Paz, pero no una paz de compromiso,
+no un miserable convenio como el que negocian
+los políticos, sino paz de comprensión. Paz, sí,
+pero después que los cuadrilleros reconozcan a
+Don Quijote su derecho a afirmar que la bacía
+es yelmo; mas aún, después que los cuadrilleros
+confiesen y afirmen que en manos de Don Quijote
+es yelmo la bacía. Y esos desdichados que
+gritan «¡paz! ¡paz!» se atreven a tomar en labios
+el nombre del Cristo. Y olvidan que el Cristo dijo
+que él no venía a traer paz, sino guerra, y que por
+él estarían divididos los de cada casa, los padres
+contra los hijos, los hermanos contra los hermanos.
+Y por él, por el Cristo, para establecer su reinado,
+el reinado social de Jesús—que es todo lo
+contrario de lo que llaman los jesuítas el reinado
+social de Jesucristo—, el reinado de la sinceridad
+y de la verdad y del amor y de la paz verdaderas;
+para establecer el reinado de Jesús tiene que haber
+guerra.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_214">[Pg 214]</span></p>
+
+<p>¡Raza de víboras la de esos que piden paz!
+Piden paz para poder morder y roer y emponzoñar
+más a sus anchas. De ellos dijo el Maestro
+que «ensanchan sus filacterias y estienden los flecos
+de sus mantos» (Mar. XXIII, 5). ¿Sabéis qué
+es esto? Eran las filacterias unas cajitas que contenían
+pasajes de la Escritura y que llevaban los
+judíos en la cabeza y el brazo izquierdo en ciertas
+ocasiones. Eran como esos amuletos que se
+cuelga del cuello de los niños para preservarles
+de no sé qué mal y consisten en unas bolsitas,
+bordadas muy cucamente, con lentejuelas, por
+alguna monja que, bordándolas, mató el aburrimiento,
+y dentro de las cuales bolsas se mete
+unos papelitos en que van impresos pasajes del
+Evangelio, de ese Evangelio que jamás habrá de
+leer el niño que lleva al cuello el amuleto, y en
+latín dichos pasajes, para mayor claridad. Eso
+eran las filacterias, y llevaban además los fariseos
+en los flecos o randas de los mantos pasajes también
+de las Escrituras. Era como eso que hoy llevan
+muchos sobre la solapa de la levita o de la
+chaqueta: un corazón pintado en un disco de
+seco y duro barro. Y estos del amuleto, de la
+filacteria moderna, estos y sus congéneres son los
+que osan hablar de paz y de oportunidad y de
+pertinencia. No, ellos mismos nos han enseñado
+la fórmula: no caben nefandos contubernios entre
+los hijos de la luz y los de las tinieblas. Y ellos,
+los cobardes servidores de la mentira, son los
+hijos de las tinieblas, y nosotros, los fieles de
+Don Quijote, somos los hijos de la luz.</p>
+
+<p>Y volviendo a la historia vemos que se sosegaron
+todos, pero uno de los cuadrilleros empezó
+a examinar a Don Quijote, contra quien
+llevaba mandamiento de prisión por haber libertado<span class="pagenum" id="Page_215">[Pg 215]</span>
+a los galeotes y asióle del cuello y pidió
+ayuda a la Santa Hermandad, pero revolvióse
+el Caballero contra él y por poco lo ahoga. Separáronlos,
+pero los cuadrilleros pedían su presa,
+<em>aquel robador y salteador de sendas y de
+carreras</em>.</p>
+
+<p><em>Reíase de oir decir estas razones Don Quijote</em>,
+reíase y hacía bien en reirse, él, de quien los
+otros se reían; reíase con risa heroica y caballeresca,
+no burlona, y con mucho sosiego los reprendió
+por llamar saltear caminos a <em>acorrer a
+los miserables, alzar los caídos, remediar los menesterosos</em>.
+Y allí, arrogante y noble, invocó su
+fuero de caballero andante, cuya <em>ley es su espada,
+sus fueros sus bríos, sus premáticas su voluntad</em>.</p>
+
+<p>¡Bravo, mi señor Don Quijote, bravo! La ley
+no se hizo para ti ni para nosotros tus creyentes;
+nuestras premáticas son nuestra voluntad.
+Dijiste bien; tenías bríos para dar tú solo cuatrocientos
+palos a cuatrocientos cuadrilleros que
+se te pusieran delante, o por lo menos para intentarlo,
+que en el intento está el valor.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_216">[Pg 216]</span></p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_217">[Pg 217]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO XLVI</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">De la notable aventura de los cuadrilleros y la gran ferocidad de<br>
+nuestro buen caballero Don Quijote.</p>
+
+
+<p>Y así los cuadrilleros hubieron de resignarse a
+pretexto de estar Don Quijote loco, y el barbero
+hubo de avenirse a que la bacía era yelmo
+merced a ocho reales que por ella le dió el
+cura a socapa, que si por aquí hubiesen empezado
+habríase evitado la pendencia, pues no hay
+barbero antiquijotano o baciísta que por ocho
+reales no declare que son yelmos las bacías todas
+habidas y por haber, y más si antes le han
+carmenado las costillas por sostener lo contrario.
+Y ¡qué bien conocía el cura la manera de
+hacer confesar la fe a los barberos, que andan
+muy cerca de los carboneros! No sé cómo no se
+ha hecho la fe del barbero tan proverbial como
+la del carbonero. Lo merece.</p>
+
+<p>Y no bien había llevado Don Quijote a sus
+burladores a pelear por fe que no compartían y
+lo sosegó luego todo, cuando trataron de enjaularle
+y lo pusieron por obra, disfrazándose
+para ello. Sólo disfrazados pueden los burladores
+enjaular al Caballero. Encerráronle en una<span class="pagenum" id="Page_218">[Pg 218]</span>
+jaula, clavaron los maderos y le sacaron en hombros
+con unas ridículas palabras que declamó
+maese Nicolás para hacer creer a Don Quijote
+que iba encantado, como lo creyó. Y luego acomodaron
+la jaula en un carro de bueyes.</p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_219">[Pg 219]</span></p>
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO XLVII</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">Del extraño modo con que fué encantado Don Quijote de la Mancha,<br>
+con otros famosos sucesos.</p>
+
+
+<p>¡Encerrado en una jaula de madera tirada en
+carro de bueyes! Muchas y muy graves historias
+de caballeros andantes había leído Don Quijote,
+pero jamás vió ni oyó que les llevasen de
+tal manera a los caballeros andantes, sino siempre
+por los aires <em>con extraña ligereza, encerrados
+en alguna parda y escura nube o en algún
+carro de fuego</em>. Pero es que la caballería y los
+encantos de su tiempo seguían otro camino distinto
+del seguido por los antiguos, y así cumplía
+para que se consumase la burlesca pasión
+de nuestro Caballero.</p>
+
+<p>El mundo obliga a los caballeros a ir encerrados
+en jaula y a paso de buey. Y aun finge
+que llora al verlos ir así, como lo fingieron la
+ventera, su hija y Maritornes. Y emprendió su
+camino la carreta, entre los cuadrilleros, llevando
+Sancho de la rienda a Rocinante. <em>Don Quijote
+iba sentado en la jaula, las manos atadas, tendidos
+los pies y arrimado a las verjas con tanto silencio
+y tanta paciencia como si no fuera hombre<span class="pagenum" id="Page_220">[Pg 220]</span>
+de carne</em>... Y claro que no lo era, sino hombre
+de espíritu. Admiremos una vez más a Don
+Quijote en esta aventura, en su silencio y en su
+paciencia.</p>
+
+<p>Y no paró aquí su pasión, sino que yendo así
+hubo de topar con un canónigo, hombre de sobrado
+sentido común. Y a las primeras de cambio,
+enterándole Don Quijote de quién era, le
+mostró ingenuamente el fondo de su heroísmo,
+al decirle que era caballero andante, pero no
+de los olvidados de la fama, sino de aquellos
+que ha de poner ésta <em>su nombre en el templo de
+la inmortalidad, para que sirva de ejemplo y dechado
+de loa venideros siglos</em>.</p>
+
+<p>¡Oh, mi heroico Caballero, que encerrado en
+jaula y a paso de bueyes llevado, aún crees, y
+crees bien, que tu nombre será puesto para los
+venideros siglos en el templo de la inmortalidad!
+Se admiró el canónigo al oir a Don Quijote y
+aún más de oir al cura confirmar lo dicho por él,
+cuando vele aquí que Sancho metió su malicioso
+juicio, dudando fuese encantado su amo, pues
+comía, bebía, hablaba y hacía sus necesidades,
+y encarándose con el cura le echó en rostro la
+su envidia.</p>
+
+<p>Acertaste, fiel escudero, acertaste; la envidia
+y sólo la envidia enjauló a tu amo, la envidia
+disfrazada de caridad, la envidia de los hombres
+cuerdos que no pueden sufrir locura heroica, la
+envidia que ha erigido al sentido común en tirano
+nivelador. Esclavos de él eran el canónigo
+y el cura ¡es natural! y se pusieron a departir
+aparte, ensartando el primero un sin fin de ramplonadas
+y oquedades a cuenta de literatura.</p>
+
+<p>¡Y cuán profundamente castellana fué aquella
+plática entre canónigo y cura! En el contacto y<span class="pagenum" id="Page_221">[Pg 221]</span>
+trato de estos espíritus alcornoqueños, lejos de
+gastárseles el corcho de que están recubiertos,
+se les acrecienta, como con el roce crece, en
+vez de menguar, el callo. ¡Qué alegría hubieron
+de sentir al encontrarse tan razonables el uno
+para el otro! Está visto que esta casta sólo
+llega a lo eterno humano, a lo divino más bien,
+o cuando rompe gracias a la locura la corteza
+que le aprisiona el alma, o cuando con la simplicidad
+lugareña le rezuma el alma de ella. No le
+falta inteligencia; sino le falta espíritu. Es brutalmente
+sensata, y el supuesto espiritualismo cristiano
+que dice profesar no es, en el fondo, sino
+el más crudo materialismo que puede concebirse.
+No le basta sentir a Dios, quiere que le demuestren
+matemáticamente su existencia, y aún
+más, necesita tragárselo.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_222">[Pg 222]</span></p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_223">[Pg 223]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO XLVIII</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">Donde prosigue el canónigo la materia de los libros de caballerías,<br>
+con otras cosas dignas de su ingenio.</p>
+
+
+<p>Mientras cura y canónigo se satisfacían con
+vulgaridades, llegóse Sancho a su amo y le reveló
+lo de ir allí el cura y el barbero del lugar
+replicándole Don Quijote que bien podrían parecerle
+ellos mismos, pero no por eso debía
+creer que lo fuesen realmente, sino cosa de encantamiento
+para dar ocasión al pobre escudero
+a ponerse en un laberinto de imaginaciones.
+Y así es en verdad, que ni los curas ni los barberos
+son lo que parecen, sino figuras de encantamiento
+para meternos en un laberinto de imaginaciones.
+Y agregó el Caballero: <em>yo me veo enjaulado
+y sé de mí que fuerzas humanas, como
+no fueran sobrenaturales, no fueran bastantes a
+enjaularme, ¿qué quieres que diga o piense sino
+que la manera de mi encantamiento excede a
+cuantas yo he leído?</em></p>
+
+<p>¡Oh fe robusta y maravillosa! No hay, en efecto,
+fuerza humana que pueda esclavizar y enjaular
+de veras a otro hombre, pues cargado de grilletes
+y esposas y cadenas será siempre libre el<span class="pagenum" id="Page_224">[Pg 224]</span>
+libre, y si alguien se ve sin movimiento, es que
+se halla encantado. Habláis de libertad y buscáis
+la de fuera; pedís libertad de pensamiento en
+vez de ejercitaros en pensar. Desea con ansia
+volar, aunque llevado en el encierro de una jaula
+y a paso de buey, y tu deseo hará que te broten
+alas, y la jaula se te ensanchará convirtiéndosete
+en Universo y volarás por su firmamento.
+Todo contratiempo que te ocurra ten por seguro
+que proviene de encantamientos, pues no hay
+hombre capaz de enjaular a hombre.</p>
+
+<p>Pero Sancho no cejaba en su propósito para
+probarle a su amo que no iba encantado, como
+creía, le preguntó si le había venido gana de hacer
+lo que no se excusa, a lo que respondió Don
+Quijote: <em>Ya, ya te entiendo, Sancho; y muchas
+veces, y aun ahora la tengo; sácame deste peligro,
+que no anda todo limpio</em>.</p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_225">[Pg 225]</span></p>
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO XLIX</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">Donde se trata del discreto coloquio que Sancho Panza tuvo con<br>
+su señor Don Quijote.</p>
+
+
+<p>Y entonces Sancho, triunfante, exclamó: <em>¡cogido
+le tengo!</em>, queriendo por ello probarle que
+no iba en verdad, como en verdad iba, encantado.
+A lo que respondió el Caballero: <em>Verdad
+dices, Sancho, pero ya te he dicho que hay muchas
+maneras de encantamientos</em>.</p>
+
+<p>Claro está, tantas como personas. Y de que
+sea uno esclavo de su cuerpo, jaula estrecha y
+pobre y más a paso de buey llevada que aquélla
+en donde iba encantado nuestro hidalgo, de
+que sea uno esclavo de su cuerpo no se ha de
+sacar que no es toda la vida de este bajo mundo
+sino puro encantamiento. Así discurren los Sanchos
+materialistas, que deducen no hay sino lo
+aparencial y lo que se ve y se toca y se huele de
+que tengamos todos, héroes y no héroes, que
+hacer aguas menores y mayores. La necesidad
+de tener que hacer lo que no se excusa es el
+argumento Aquiles del sanchopancismo filosófico,
+disfrácese como se disfrazare. Pero bien,
+dijo Don Quijote: <em>yo sé y tengo para mí que voy<span class="pagenum" id="Page_226">[Pg 226]</span>
+encantado, y esto me basta para la seguridad de
+mi conciencia</em>. ¡Admirable respuesta que pone
+la seguridad de la conciencia por encima de los
+engaños de los sentidos! ¡Admirable respuesta
+que opone a las necesidades de limpiarse el cuerpo
+la necesidad de asegurarse la conciencia! Rara
+vez se ha dado una más robusta fórmula de la
+fe. Lo que basta para la seguridad de la conciencia
+eso es la verdad y sólo eso. La verdad
+no es relación lógica del mundo aparencial a la
+razón, aparencial también, sino que es penetración
+íntima del mundo sustancial en la conciencia,
+sustancial también.</p>
+
+<p>Sacáronle a Don Quijote de la jaula para que
+hiciese lo que no se excusa, y limpio ya su cuerpo,
+pasó por otra más dura prueba y fué tener
+que oir las hueras sensateces del canónigo, empeñado
+en demostrarle que ni iba encantado ni
+había caballeros andantes en el mundo. Y a ello
+respondió muy bien Don Quijote que si no era
+cierto lo de Amadís y Fierabrás, no lo sería más
+lo de Héctor y los Doce Pares y Roldán y el
+Cid. Y así es, como ya he dicho, pues hoy ¿hay
+más realidad en el Cid que en Amadís o en Don
+Quijote mismo? Mas el canónigo, hombre de
+dura cerviz y tupido de bastísimo sentido común,
+se salió, como todos los ergotistas más o menos
+canónigos, con simplezas como la de no haber
+duda de que hubo Cid, ni menos Bernardo del
+Carpio, pero sí de que hicieran las hazañas que
+de ellos se cuenta. Era, al parecer, el tal canónigo
+uno de esos pobres hombres que manejan la
+crítica o cedazo y se ponen a puntualizar, papelotes
+en mano, si tal cosa fué o no como se cuenta,
+sin advertir que lo pasado no es ya y que sólo
+existe de verdad lo que obra, y que una de esas<span class="pagenum" id="Page_227">[Pg 227]</span>
+llamadas leyendas cuando mueve a obrar a los
+hombres, encendiéndoles los corazones, o les
+consuela de la vida, es mil veces más real que
+el relato de cualquier acta que se pudra en un
+archivo.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_228">[Pg 228]</span></p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_229">[Pg 229]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO L</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">De las discretas altercaciones que Don Quijote y el canónigo<br> tuvieron,
+con otros sucesos.</p>
+
+
+<p>¿Que no son ciertos los libros de caballerías?
+<em>Léalos y verá el gusto que recibe de su leyenda</em>—retrucó
+triunfadoramente Don Quijote. ¡Válgame
+Dios, y que no comprendiese el canónigo la
+fuerza incontrastable de este argumento, cuando
+había tantas otras cosas tenidas por él como
+las más verdaderas de todas, más verdaderas aún
+que las percibidas por el sentido, y cosas cuya
+verdad se saca del consuelo y provecho que se
+recibe de ellas y de que bastan para la seguridad
+de la conciencia! Que todo un canónigo de la
+Santa Iglesia Católica Apostólica Romana no
+comprendiese cómo el consuelo, por ser consuelo,
+ha de ser verdad, y no que hayamos de
+buscar en la verdad lógica consuelo. ¡Oh, y si
+aplicándolo a los libros de caballería celestial o
+de ultratumba, le hubiesen retrucado al canónigo
+el argumento! ¿Qué habría dicho entonces?
+¿Si los argumentos que él enderezaba contra
+la locura caballeresca, se los hubiesen rebotado
+enderezados contra la locura de la cruz?<span class="pagenum" id="Page_230">[Pg 230]</span>
+Don Quijote esgrimió el tan socorrido argumento
+del consentimiento de las gentes, ¿por qué
+no había de tener valor en su boca? Y sobre
+todo <em>de mí sé decir</em>—añadió—<em>que después que
+soy caballero andante soy valiente, comedido,
+liberal, bien criado, generoso, cortés, atrevido,
+blando, sufridor de trabajos</em>... ¡Suprema razón!
+Suprema razón que no podía rechazar el canónigo,
+pues sabía bien que de haber hecho a los
+hombres humildes, mansos, caritativos y prontos
+a sufrir hasta la muerte, se deduce la verdad
+de las leyendas que los hacen tales. Y si no los
+hacen así, entonces son mentira y no verdad las
+leyendas.</p>
+
+<p>Pero ¡con qué canónigos se topa uno, Dios
+mío, por esos andurriales de la vida! A este con
+que topó Don Quijote y que era la sesudez
+en pasta, ¿no podría habérsele desentrañado un
+añico siquiera de locura? Es muy de dudarlo;
+el seso le había carcomido las entrañas. Estos
+hombres tan razonables no suelen tener sino razón;
+piensan con la cabeza tan sólo, cuando debe
+pensarse con todo el cuerpo y con el alma toda.</p>
+
+<p>No consiguió el canónigo convencer a Don
+Quijote, ni era posible le convenciese. ¿Y por
+qué? Por la razón misma que decía Teresa de
+Jesús (<span class="smcap">Vida</span>, XVI, 5) que no logran los predicadores
+que dejen los pecadores sus vicios públicos:
+«porque tienen mucho seso los que los
+predican» y «no están sin él con el gran fuego
+del amor de Dios como lo estaban los apóstoles
+y ansí calienta poco esta llama». Y así Don Quijote
+había movido a sus burladores a que sostuvieran
+y defendieran a costa de sus costillas que
+la bacía no era bacía sino yelmo, y el sesudo canónigo
+no logró convencerle a él de que no hubiese<span class="pagenum" id="Page_231">[Pg 231]</span>
+habido caballeros andantes en el mundo,
+porque Don Quijote con el gran fuego del amor
+de Dulcinea, encendido y atizado secretamente
+por aquellas cuatro furtivas vistas de Aldonza
+en doce largos años de pensar, estaba sin seso
+y calentaba su llama a cuantos de buena fe se le
+acercaban. No hay sino ver a Sancho, que gracias
+a ello sintió que hasta conocer a su amo
+había vivido, aun sin saberlo, en arrecidísima
+vida.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_232">[Pg 232]</span></p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_233">[Pg 233]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULOS LI <small>Y</small> LII</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">Que trata de lo que contó el cabrero a todos los que llevaban a<br>
+Don Quijote y ge la pendencia que Don Quijote tuvo con el cabrero<br>
+con la rara aventura de los disciplinantes, a quien dió felice fin<br>
+a costa de su sudor.</p>
+
+
+<p>Ocurrió luego el lance del cabrero y la aventura
+de los disciplinantes, y a los pocos días entraron
+al enjaulado caballero en su aldea, al
+mediodía de un domingo, para mayor burla y
+chacota. Y volvió Sancho lleno de fe en las caballerías,
+como se lo mostró a su mujer, pues
+<em>es linda cosa esperar los sucesos atravesando
+montes, escudriñando selvas, pisando peñas, visitando
+castillos, alojando en ventas a toda discreción
+sin pagar ofrecido sea al diablo el maravedí</em>.</p>
+
+<p>Y así acabó la segunda salida del Ingenioso
+Hidalgo y la primera parte de su historia.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_234">[Pg 234]</span></p>
+<p><span class="pagenum" id="Page_235">[Pg 235]</span></p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_236">[Pg 236]</span></p>
+<p class="half-title">SEGUNDA PARTE</p>
+</div>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_237">[Pg 237]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO I</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">De lo que el cura y el barbero pasaron con Don Quijote cerca de su enfermedad.</p>
+
+
+<p>Cuando llevaba muy sosegado Don Quijote un
+mes ya en su casa, nutriéndose de cosas confortativas
+para el corazón y el cerebro, creyéronle
+los suyos curado de su heroísmo caballeresco.
+Fueron a tentarle y probarle y entonces ocurrió
+entre él y el cura y el barbero la plática aquella
+que nos ha conservado Cervantes y lo de <em>¡caballero
+andante he de morir!</em> que dijo Don Quijote
+a su sobrina. Y a seguida el cuento del loco
+de Sevilla, por el barbero, y la melancólica respuesta
+del hidalgo: <em>Ah, señor rapista, señor rapista,
+y cuán ciego es aquel que no ve por tela
+de cedazo</em>, y todo lo que a esto se sigue.</p>
+
+<p>En cierto tiempo en que yo corría una revuelta
+galerna íntima del espíritu, recibí una carta
+de un amigo en que a vueltas de mil elogios para
+dorar la píldora me daba a entender que me
+tenía por loco, pues me desasosegaban cuidados
+que a él nunca le quitaron el sueño. Y al
+leerlo me dije: ¡Válgame Dios y cómo confunden
+las gentes la locura con la mentecatería, pues<span class="pagenum" id="Page_238">[Pg 238]</span>
+este mi pobre amigo por creerme loco me juzga
+tan ciego que no he de ver por tela de cedazo;
+¡me tiene por tonto que no he de entenderle!
+Pero me consolé pronto de la amistad de
+mi amigo. ¿No ves que ese tan solícito amigo te
+toma por loco al colmarte de atenciones?</p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_239">[Pg 239]</span></p>
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO II</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">Que trata de la notable pendencia que Sancho Panza tuvo con la<br>
+sobrina y ama de Don Quijote, con otros sucesos graciosos.</p>
+
+
+<p>Mientras estaban en esas pláticas Don Quijote,
+el cura y el barbero, se armó en el patio una
+más que regular peltrera entre Sancho de un lado
+y del otro el ama y la sobrina, pues no querían
+éstas dejarle entrar, reprochándole de haber
+sido él quien distraía y sonsacaba a su señor y
+le llevaba por aquellos andurriales, y replicándoles
+Sancho que él era el sonsacado y el distraído
+con engañifas.</p>
+
+<p>Mas cabe aquí hacer notar que acaso el ama
+y la sobrina no andaban muy lejos de la verdad,
+pues ambos a la par, Don Quijote y Sancho, se
+sonsacaban y distraían y se llevaban mutuamente
+por los andurriales del mundo. El que cree dirigir
+suele ser en mucha parte el dirigido, y la
+fe del héroe se alimenta de la que alcanza a infundir
+en sus seguidores. Sancho era la humanidad
+para Don Quijote, y Sancho, desfallecido y
+enardeciéndose a veces en su fe, alimentaba la
+de su señor y amo. Solemos necesitar de que
+nos crean para creernos, y si no fuera monstruosa<span class="pagenum" id="Page_240">[Pg 240]</span>
+herejía y hasta impiedad manifiesta sostendría
+que Dios se alimenta de la fe que en él tenemos
+los hombres. Pensamiento que disfrazándolo
+con los dioses paganos, expresó profundísima
+y egregiamente Góngora en aquellos dos
+diamantinos—por la dureza y por el esplendor—versos
+que dicen:</p>
+
+<div class="poetry-container">
+<div class="poetry">
+<p><em>Ídolos a los troncos la escultura,<br>
+a los ídolos dioses hizo el ruego.</em></p>
+</div>
+</div>
+
+<p>En una misma turquesa forjaron a caballero y
+escudero, como suponía el cura. Lo más grande y
+más consolador de la vida que en común hicieron,
+es el no poderse concebir al uno sin el otro,
+y que muy lejos de ser dos cabos opuestos, como
+hay quien mal supone, fueron y son no ya las
+dos mitades de una naranja, sino un mismo ser
+visto por dos lados. Sancho mantenía vivo el
+sanchopancismo de Don Quijote y éste quijotizaba
+a Sancho, sacándole a flor de alma su entraña
+quijotesca. Que aunque él dijera <em>Sancho
+nací y Sancho pienso morir</em>, lo cierto es que hay
+dentro de Sancho mucho Don Quijote.</p>
+
+<p>Y así cuando se quedaron solos, dijo el hidalgo
+a su escudero lo de <em>juntos salimos, juntos fuimos
+y juntos peregrinamos; una misma fortuna
+y una misma suerte ha corrido por los dos, y lo
+otro de soy tu cabeza y tú mi parte</em>... <em>y por esta
+razón el mal que a mí me toca o tocare, a ti te
+ha de doler y a mí el tuyo</em>, preñadísimas palabras
+en que mostró el caballero cuan a lo hondo
+sentía lo uno y mismo que con su escudero era.</p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_241">[Pg 241]</span></p>
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULOS III <small>Y</small> IV</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">Del ridículo razonamiento que pasó entre Don Quijote, Sancho Panza
+y el bachiller Sansón Carrasco y donde Sancho Panza<br>
+ satisface al bachiller Sansón Carrasco de sus dudas y preguntas,<br>
+ con otros sucesos dignos de saberse y de contarse.</p>
+
+
+<p>Siguieron hablando de lo que de ellos se decía
+por el mundo, radical cuidado de Don Quijote,
+y luego hizo Sancho venir al bachiller Sansón
+Carrasco, bachiller por esta Salamanca de mis
+pecados, típico personaje que entra aquí en tablado.
+Es este bachiller por Salamanca el hombre
+más representativo, después de nuestros dos
+héroes, que en la historia de éstos juega papel;
+es el cogollo y cifra del sentido común amigo de
+burlas y regocijos, el cabecilla de los que traían
+y llevaban, dejándola uno para tomarla otro, la
+Vida del Ingenioso Hidalgo. Quedóse a comer
+con Don Quijote y de refilón a burlarse de él
+para hacer honor a su mesa.</p>
+
+<p>Y el cándido Don Quijote—siempre lo fueron
+los héroes—al oir hablar de la historia que de
+sus hazañas andaba compuesta, se encendió en<span class="pagenum" id="Page_242">[Pg 242]</span>
+sed de renombre, pues <em>una de las cosas que más
+debe de dar contento a un hombre virtuoso y
+eminente, es verse</em>—dijo—<em>viviendo andar con
+buen nombre por las lenguas de las gentes, impreso
+y en estampa</em>, y así y por ello decidió volver
+a salir y declaró al bachiller su intento y cayó
+en la simplicidad de pedirle consejo de <em>por qué
+parte comenzaría su jornada</em>.</p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_243">[Pg 243]</span></p>
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO V</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">De la discreta y graciosa plática que pasó entre Sancho Panza y su<br>
+mujer Teresa Panza, y otros sucesos dignos de felice recordación.</p>
+
+
+<p>De esta plática se saca muy en claro cómo había
+Don Quijote infundido en su escudero soplo
+de ambición y el del <em>Sancho nací, Sancho he de
+morir</em>, quería morir Don Sancho y señoría y abuelo
+de condes y marqueses.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_244">[Pg 244]</span></p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_245">[Pg 245]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO VI</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">De lo que pasó a Don Quijote con su sobrina y con su ama; y es<br>
+uno de los importantes capítulos de toda la historia.</p>
+
+
+<p>¡Y tan importante como es! Pues mientras Sancho
+altercaba con su mujer, disputaban con Don
+Quijote su ama y su sobrina, caseros estorbos
+de su heroísmo.</p>
+
+<p>Y hubo de oir el buen caballero que una rapaza
+como su sobrina, que apenas si sabía menear
+doce palillos de randas, se atreviera a negar que
+haya habido caballeros andantes en el mundo.
+Triste cosa es venir a oir en la propia casa y de
+labios de una rapazuela, que las repite de coro,
+las simplezas del vulgo.</p>
+
+<p>¡Y pensar que esta rapaza de Antonia Quijana
+es la que domeña y lleva hoy a los hombres en
+España! Sí, es esta atrevida rapaza, esta gallinita
+de corral, alicorta y picoteadora, es ésta la
+que apaga todo heroísmo naciente. Es la que decía
+a su señor tío aquello de <em>y que con todo esto
+dé en una ceguera tan grande y en una sandez
+tan conocida, que se dé a entender que es valiente
+siendo viejo, que tiene fuerzas estando enfermo,<span class="pagenum" id="Page_246">[Pg 246]</span>
+y que endereza tuertos estando por la edad
+agobiado, y sobre todo que es caballero no lo
+siendo, porque aunque lo puedan ser los hidalgos,
+no lo son los pobres</em>. Y hasta el esforzado
+Caballero de la Fe, vencido por la modesta entereza
+de aquella humilde rapazuela, se ablandó a
+contestarla: <em>Tienes mucha razón, sobrina, en lo
+que dices</em>.</p>
+
+<p>Y si tú mismo, denodado Don Quijote, te dejaste
+convencer, aunque sólo fuese de palabra y
+pasajeramente, por aquella gatita casera ¿qué
+mucho el que se rindan a su sabiduría de cocina
+los que la buscan para perpetuar en ella su linaje?
+Ella, la muy simplona, no comprende que
+pueda un viejo ser valiente y tener fuerzas un
+enfermo y enderezar tuertos el agobiado por la
+edad, y sobre todo no comprende que pueda un
+pobre ser caballero. Y aunque simplona y casera
+y de tan corto alcance de corazón como de cabeza,
+si se atreve contigo, su tío, ¿no se ha de
+atrever con los que la solicitan para novia o la
+poseen como maridos? Le han enseñado que el
+matrimonio se instituyó «para casar, dar gracia
+a los casados y criar hijos para el cielo» y de tal
+modo lo entiende y lo practica, que aparta a su
+marido de que nos conquiste ese cielo mismo
+para el que ha de criar sus hijos.</p>
+
+<p>Hay un sentido común y junto a él un sentimiento
+común también; junto a la ramplonería
+de la cabeza nos embarga y embota la ramplonería
+del corazón. Y de esta ramplonería eres tú,
+Antonia Quijana, lectora mía, la guardiana y
+celadora. La alimentas en tu corazoncito mientras
+espumas la olla de tu tío o mientras meneas
+los palillos de randas. ¿Correr tu marido tras
+de la gloria? ¿La gloria? Y eso ¿con qué se<span class="pagenum" id="Page_247">[Pg 247]</span>
+come? El laurel es bueno para asaborar las patatas
+cocidas, es un excelente condimento de la
+cocina casera. Y tienes de él bastante con el que
+coges en la iglesia el Domingo de Ramos. Además,
+sientes unos furiosos celos de Dulcinea.</p>
+
+<p>No sé si caerán bajo los lindos ojos de alguna
+Antonia Quijana estos mis comentarios a la vida
+de su señor tío; hasta lo dudo, porque nuestras
+sobrinas de Don Quijote no gustan de leer cosa
+para la que tenga que fruncir la atención y rumiar
+algo lo leído; les basta noveluchas de diálogo
+muy cortado o de argumento que suspenda
+el ánimo por lo terrible, o ya libricos devotos tupidos
+de superlativos acaramelados y de desaboridas
+jaculatorias. Además presumo que los directores
+de vuestros espirituelos os prevendrían
+contra mis peligrosos extravíos de pluma si vuestra
+propia insustancialidad no os sirviera de fortísimo
+escudo. Estoy, pues, casi seguro de que
+no hojearéis con vuestras ociosas manos, hechas
+a menear palillos de randas, estas empecatadas
+páginas, pero si por un azar os cayesen bajo la
+mirada, os digo que no espero surja de entre
+vosotras ni una nueva Dulcinea que lance a un
+nuevo Don Quijote a la conquista de la fama, ni
+otra Teresa de Jesús, dama andante del amor
+que de tan hondamente humano se sale de lo humano
+todo. Ni encenderéis un amor como el que
+Aldonza Lorenzo, sin de ello percatarse, encendió
+en el corazón de Alonso el Bueno, ni lo encenderéis
+en el vuestro como aquel amor de Teresa
+para Jesús que hizo le atravesase el corazón
+un serafín con un dardo.</p>
+
+<p>También ella, Teresa, así como Alonso Quijano
+anduvo doce años enamorado de Aldonza,
+así tuvo ella trato con quien por vía de casamiento<span class="pagenum" id="Page_248">[Pg 248]</span>
+le pareció podía acabar en bien, y aquel con
+quien confesaba le dijo que no iba contra Dios
+(<span class="smcap">Vida</span>, cap. II), pero comprendió el premio que
+da el Señor a los que todo lo dejan por él y que
+el hombre no aplaca la sed de amor infinito y
+aquellos libros de caballerías a que fué aficionada
+le llevaron, a través de lo terreno del amor,
+al amor sustancial, y anheló gloria eterna y engolfarse
+en Jesús, ideal de hombre. Y dió en heroica
+locura y llegó a decir a su confesor: «suplico
+a vuestra merced seamos todos locos, por
+amor de quien por nosotros se lo llamaron»
+(<span class="smcap">Vida</span>, cap. XVI). Pero ¿tú, mi Antonia Quijana,
+tú? Tú no enloqueces ni en lo humano ni en lo
+divino; tendrás poco seso tal vez, pero por poco
+que sea te llena y tupe la cabecita toda, que es
+más pequeña aún que él y no te queda en ella
+sitio para el cogüelmo del corazón.</p>
+
+<p>Tienes muy buen sentido, discreta Antonia,
+sabes contar los garbanzos y remendar los calzones
+a tu marido, sabes cuidar la olla de tu tío
+y menear los palillos de randas, y para pasto de
+lo supremo de tu espíritu tienes tus funciones de
+celadora de este o del otro coro y la obligación
+de recitar a tal hora del día estas o las otras untuosas
+palabras que te dan por escrito. No dijo
+para ti Teresa lo de «no haga caso del entendimiento,
+que es un moledor» (<span class="smcap">Vida</span>, cap. XV),
+porque te da poca molienda tu entendimientecillo
+enroderado por tu director de espíritu y menoscabado
+y engurruñido desde que te lo descubrieron.
+Ese tu espíritu, tu almita que acaso fué
+soñadora otraño, te la alicortaron y encanijaron en
+un terrible potro; te la han brezado desde que
+lanzó su primer medroso vagido, te la han brezado
+con el viejo estribillo de</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_249">[Pg 249]</span></p>
+
+<div class="poetry-container">
+<div class="poetry">
+<p><em>duerme niño chiquito<br>
+que viene el Coco<br>
+a llevarse a los niños<br>
+que duermen poco</em>,</p>
+</div>
+</div>
+
+<p>te la han brezado con la gangosa canción con
+que tú misma, mi pobre Antonia, brezas a tus
+hijos, cuando eres madre, para que se duerman.
+Y mira, Antonia, no hagas por un momento caso
+alguno de los que te quieren gallinita de corral,
+no les hagas caso y medita en ese plañidero estribillo
+con que aduermes a tus hijos. Medita en
+eso de que venga el Coco y se lleve a los niños
+que duermen poco; medita, mi querida Antonia,
+en eso de que sea el mucho dormir lo que haya
+de librarnos de las garras del Coco. Mira, mi
+Antonia, que el Coco viene y se lleva y se traga
+a los dormidos, no a los despiertos.</p>
+
+<p>Y ahora, si por un momento logré distraerte
+de tus faenas y quehaceres, de las que llaman labores
+de tu sexo, perdónamelo o no me lo perdones.
+Yo soy quien no me perdonaría nunca el
+no haberte dicho que sólo te queremos de veras,
+te queremos mujer fuerte, los que te hablamos recio
+y duro, no los que te amarran, como ídolo,
+a un altar y te tienen allí presa atufándote con
+el incienso de fáciles requiebros, ni los que te
+aduermen el espíritu brezándotelo con ñoñas
+canciones de una piedad de alfeñique.</p>
+
+<p>Y tú, mi Don Quijote, triste cosa es que cuando
+te retraes a tu casa, al amor de tu hogar,
+como a castillo roquero que te mantenga lejos de
+las flechas envenenadas del mundo, y no te deje
+oir las voces de los que hablan por no callarse,
+triste cosa es que te muelan entonces todavía los
+oídos con ecos de esas mismas voces importunas.
+Triste cosa es que en vez de ser tu hogar<span class="pagenum" id="Page_250">[Pg 250]</span>
+expansión de tu espíritu y ámbito que de él te
+hizo, sea trasunto de lo de fuera. No te habría
+dicho eso Aldonza, de seguro, no te lo habría
+dicho.</p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_251">[Pg 251]</span></p>
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO VII</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">De lo que pasó Don Quijote con su escudero, con otros sucesos famosísimos.</p>
+
+
+<p>Y a la pena de tener que oir tales cosas en su
+propia casa uniósele la de ver cómo vacilaba la
+fe de Sancho, el cual pedía salario fijo, cosa no
+conocida entre caballeros andantes, a quienes
+siempre sirvieron a merced sus escuderos. La fe
+de Sancho, en continua conquista de sí misma,
+no le había aún dado esperanza, y quería salario.
+No estaba para entender la profundísima
+sentencia entonces pronunciada por su amo, y
+fué la de <em>vale más buena esperanza que ruin
+posesión</em>. ¿Y es que la entendemos en todo su alcance
+yo y tú, lector mío? ¿No nos atenemos más
+bien, como buenos Sanchos, a lo de «más vale
+pájaro en mano que ciento volando»? ¿No olvidamos
+hoy y siempre que la esperanza crea
+lo que la posesión mata? Lo que hemos de acaudalar
+para nuestra última hora es riqueza de
+esperanzas, que con ellas, mejor que con recuerdos,
+se entra en la eternidad. Que nuestra vida
+sea un perduradero sábado santo.</p>
+
+<p>Con justa razón enojado Don Quijote al ver<span class="pagenum" id="Page_252">[Pg 252]</span>
+que Sancho, movido de su carnalidad, le pedía
+salario, como si le hubiera mayor que el de seguirle
+y servirle en su carrera de gloria, le rechazó
+de escudero entonces. Y ante el rechazo encendióse
+la fe del pobre Sancho, <em>se le anubló el
+cielo y se le cayeron las alas del corazón, porque
+tenía creído que su señor no se iría sin él por
+todos los haberes del mundo</em>.</p>
+
+<p>Rompió esta plática el bachiller Carrasco, que
+acudió a felicitar a Don Quijote y a ofrecérsele
+por escudero... ¡impía oferta! Y al oirlo Sancho
+enternecióse, se le llenaron de lágrimas los ojos
+y entregóse a su amo.</p>
+
+<p>Pero ¿creías acaso, pobre Sancho, que te iba
+a ser vividera la vida sin tu amo? No, ya no eres
+tuyo; eres de él. También tú andas, aunque no
+lo sepas ni lo creas, enamorado de Dulcinea del
+Toboso.</p>
+
+<p>No faltará quien reproche a Don Quijote el
+haber arrancado de nuevo a Sancho del sosiego
+de su vida y de la tranquilidad de su trabajo,
+haciéndole dejar mujer e hijos por correr tras
+engañosas aventuras; no faltan corazones tan
+apocados como para sentir así. Pero nosotros
+consideremos que una vez que Sancho hubo encentado
+la sabrosidad de su nueva vida, no quiso
+volver a la otra, y a despecho de los arredros
+y trompicones de su fe, se le nublaba el cielo y
+se le caían las alas del corazón al ocurrirle el recelo
+de que su amo y señor fuera a dejarle.</p>
+
+<p>Hay espíritus menguados que sostienen ser
+mejor cerdo satisfecho que no hombre desgraciado
+y los hay también para endechar a la que
+llaman santa ignorancia. Pero quien haya gustado
+la humanidad la prefiere, aun en lo hondo
+de la desgracia, a la hartura del cerdo. Hay,<span class="pagenum" id="Page_253">[Pg 253]</span>
+pues, que desasosegar a los prójimos los espíritus,
+hurgándoselos en el meollo, y cumplir la
+obra de misericordia de despertar al dormido
+cuando se acerca un peligro o cuando se presenta
+a la contemplación alguna hermosura. Hay
+que inquietar los espíritus y enfusar en ellos
+fuertes anhelos, aun a sabiendas de que no han
+de alcanzar nunca lo anhelado. Hay que sacarle
+a Sancho de su casa, desarrimándole de mujer
+e hijos, y hacer que corra en busca de aventuras;
+hay que hacerle hombre. Hay un sosiego
+hondo, entrañado, íntimo, y este sosiego sólo
+se alcanza sacudiéndose del aparencial sosiego
+de la vida casera y aldeana; las inquietudes
+del ángel son mil veces más sabrosas que no el
+reposo de la bestia. Y no ya sólo las inquietudes,
+sino hasta las penas, aquel «recio martirio sabroso»
+de que nos habla en su <span class="smcap">Vida</span> (XX, 8)
+Teresa de Jesús.</p>
+
+<p>¿Qué es eso de la santa ignorancia? La ignorancia
+ni es ni puede ser santa. ¿Qué es eso de
+envidiar el sosiego de quien nunca vislumbró el
+supremo misterio ni miró más allá de la vida y
+de la muerte? Sí, sé la canción, sé lo de «¡qué
+buena almohada es el catecismo! hijo mío, duerme
+y cree; por acá se gana el cielo en la cama».
+¡Raza cobarde, y cobarde con la más desastrosa
+cobardía, con la cobardía moral que tiembla y
+se arredra de encarar las supremas tinieblas!</p>
+
+<p>Mira, Sancho, si todos esos que envidian, de
+pico al menos, la tranquilidad de que gozabas
+antes de haberte sacado de tus casillas tu amo,
+supieran lo que es la lucha por la fe, créeme, no
+te ponderarían tanto la del carbonero. Mi cuerpo
+vive gracias a luchar momento a momento
+contra la muerte, y vive mi alma porque lucha<span class="pagenum" id="Page_254">[Pg 254]</span>
+también contra su muerte momento a momento.
+Y así vamos a la toma de una nueva afirmación
+sobre los escombros de la que nos desmoronó
+la lógica, y se van amontonando los escombros
+de todas ellas, y un día, vencedores, sobre la
+pingorota de este inmenso montón de afirmaciones
+desmoronadas, proclamarán los nietos de
+nuestros nietos la afirmación última, y crearán
+así la inmortalidad del hombre.</p>
+
+<p>Por bien empleados debió de dar Sancho todos
+sus trabajos y miserias y escaseces, incluso
+lo del manteamiento, a trueque de haberse renovado
+y quijotizado junto a Don Quijote; con tal
+de haberse trasformado del zafio y oscuro Sancho
+Panza que era en el inmortal escudero del
+inmortal Don Quijote de la Mancha, que es para
+siempre jamás. Henchidos, pues, de lágrimas
+los ojos entregóse a su amo.</p>
+
+<p>Y en su consecuencia a los pocos días y al
+anochecer <em>sin que nadie lo viese sino el bachiller,
+que quiso acompañarles media legua del
+lugar, se pusieron camino del Toboso</em>.</p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_255">[Pg 255]</span></p>
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO VIII</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">Donde se cuenta lo que le sucedió a Don Quijote yendo a ver<br> a su
+señora Dulcinea del Toboso.</p>
+
+
+<p>Y de camino disertó Don Quijote sobre Eróstrato
+y el deseo de alcanzar fama, raigambre de
+su heroísmo. Y no dejó de abismarse entonces
+Don Quijote en los abismos de la cordura de
+Alonso el Bueno, observando la vanidad de la
+fama que <em>en este presente y acabable siglo se
+alcanza, la cual fama por mucho que dure se ha
+de acabar con el mismo mundo, que tiene su fin
+señalado</em>.</p>
+
+<div class="poetry-container">
+<div class="poetry">
+<p>Eu sou a gloria, genio jocundo<br>
+De radioso paiz solar;<br>
+Seras o poeta maior do mundo...<br>
+ ............................................<br>
+Dizem que o mundo debe acavar.</p>
+</div>
+</div>
+
+<p>dice <span class="smcap">Sagramor</span> en el poema de Eugenio de Castro.</p>
+
+<p>En esta tercera y última salida de Don Quijote
+hemos de ver cómo se hunde en las simas de
+su cordura, hasta llegar a la inmersión en ellas
+con su muerte ejemplar.</p>
+
+<p>Movido por las palabras de su amo y viendo<span class="pagenum" id="Page_256">[Pg 256]</span>
+Sancho cuán más grande es la fama de los santos
+que no la de los héroes, dijo a Don Quijote aquello
+de que se dieran a ser santos y alcanzarían más
+brevemente la buena fama que pretendían, poniéndole
+el ejemplo de San Diego de Alcalá y
+San Pedro de Alcántara, canonizados por aquellos
+días.</p>
+
+<p>«Veréis que un día seré adorado por el mundo
+entero», solía decir el pobrecito de Asís, según
+nos cuentan los Tres Compañeros (4) y Tomás
+de Celano (2. Cel., I. I), y los mismos móviles
+que empujaron a unos al heroísmo empujaron
+a otros a la santidad. Así como Don Quijote,
+enardecido por la lectura de los libros de caballerías
+se lanzó al mundo, así Teresa de Cepeda,
+siendo aún niña y encendida por la lectura de
+las vidas de santos, que le parecía «compraban
+muy barato el ir a gozar de Dios», concertó con
+su hermano irse a tierra de moros, pidiendo por
+amor de Dios, para que allá los descabezasen,
+y visto lo imposible de ello, ordenaron hacerse
+ermitaños, y en una huerta que había en casa
+procuraban, como podían, hacer ermitas (<span class="smcap">Vida</span>,
+I, 2). De Íñigo de Loyola hemos dicho ya lo que
+nos cuenta al respecto su secretario que fué, el
+P. Pedro de Rivadeneira.</p>
+
+<p>¿Qué es todo esto sino caballería andante a
+lo divino o religioso? Y en cabo de cuenta ¿qué
+buscaban unos y otros, héroes y santos, sino sobrevivir?
+Los unos en la memoria de los hombres,
+en el seno de Dios los otros. ¿Y cuál ha
+sido el más entrañado resorte de vida de nuestro
+pueblo español sino el ansia de sobrevivir, que
+no a otra cosa viene a reducirse el que dicen ser
+nuestro culto a la muerte? No, culto a la muerte,
+no; sino culto a la inmortalidad.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_257">[Pg 257]</span></p>
+
+<p>El mismo Sancho, que tan apegado aparece a
+la vida que pasa y no queda, declaraba que <em>más
+vale ser humilde frailecito de cualquier orden
+que sea, que valiente y andante caballero</em>, a lo
+que le contestó muy sesudamente Don Quijote
+que <em>no todos podemos ser frailes y muchos son
+los caminos por donde lleva Dios a los suyos al
+cielo</em>. Y si no todos podemos ser frailes, no puede
+ser que sea el estado de frailería o monacato
+más perfecto en sí que otro cualquiera, pues no
+cabe que el estado de mayor perfección cristiana
+no sea igualmente asequible en cualquier estado,
+sino se reserve, por fuerza de ley natural,
+a un número de personas, ya que de aspirar a
+él todos el linaje se acabaría. Y dijo muy bien
+Don Quijote, respondiendo a Sancho, que si hay
+en el cielo más frailes que caballeros andantes
+es por ser mayor el número de religiosos que el
+de caballeros merecedores de tal nombre. ¿Y
+cuando el religioso sea a la vez caballero?, se
+preguntará. Ya nos hablará de ellos Don Quijote.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_258">[Pg 258]</span></p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_259">[Pg 259]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO IX</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">Donde se cuenta lo que en él se verá.</p>
+
+
+<p>Y ¿cuándo disertó así Don Quijote acerca de
+la gloria y de su vanidad última y de cómo acaba
+al acabarse el mundo? Cuando iba al Toboso
+a ver a Dulcinea, e iba dentro de él Alonso el
+Bueno a ver a Aldonza Lorenzo, por la que suspiró
+doce años. Gracias a la locura ha vencido
+el vergonzoso hidalgo su vergonzosidad sublime,
+y vestido de Don Quijote y arrebujado en él va
+a ver al blanco de sus ansias, a curarse de su
+locura al verla y al abrazarla. Nos acercamos al
+momento crítico de la vida del Caballero.</p>
+
+<p>Y así, en tales pláticas llegaron amo y escudero
+al Toboso, patria de la sin par Dulcinea.</p>
+
+<p>Llegaron a ella y dijo Don Quijote a su escudero:
+<em>Sancho, hijo, guía al palacio de Dulcinea,
+quizá podrá ser que la hallemos despierta</em>.</p>
+
+<p>Observemos que al pedirle tan elevado ministerio
+y favor tan señalado, se adulcigua el Caballero
+y le llama a Sancho hijo, y observemos
+además cómo son los Sanchos, la baja humanidad,
+los que guían a los héroes al palacio de la
+Gloria.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_260">[Pg 260]</span></p>
+
+<p>Y allí fueron los aprietos de Sancho el embustero,
+buscando escapatorias a su sandez, hasta
+que declaró no haber visto jamás a Dulcinea, al
+modo mismo que su amo decía no haberla visto
+sino estar enamorado de ella de oídas. De oídas
+estamos enamorados de la Gloria los que lo estamos,
+sin que jamás la hayamos visto ni oído.
+Pero por dentro anda Aldonza, vista y bien vista,
+aunque sólo sea cuatro veces en doce años.
+Y al cabo el malicioso Sancho consiguió que el
+cándido de su amo se saliese del Toboso a esperar
+emboscado en alguna floresta a que diese
+el socarrón con Dulcinea.</p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_261">[Pg 261]</span></p>
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO X</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">Donde se cuenta la industria que Sancho tuvo para encantar a la<br>
+señora Dulcinea y de otros sucesos tan ridículos como verdaderos.</p>
+
+
+<p>Y aquí fué el soliloquio de Sancho al pie de
+un árbol y el declararse que su amo era un loco
+de atar y él no le quedaba en zaga, siendo más
+mentecato que aquél, pues le seguía y servía, y
+aquí fué el decidir engañarle haciéndole creer
+<em>que una labradora, la primera que me topare
+por aquí</em>—pensó—<em>es la señora Dulcinea; y cuando
+él no lo crea lo juraré yo</em>. Y ya tenemos con
+esto al fiel Sancho decidido a jugársela a su amo
+y a venir a ser así uno más entre sus burladores
+¡caso de triste meditación! Y hemos de considerar
+también en él cómo teniendo Sancho a su
+amo por loco de atar y capaz de ser por él engañado,
+y que tomaba unas cosas por otras y juzgaba
+lo blanco por negro y lo negro por blanco,
+con todo y con esto se dejaba a su vez él
+engañar o más bien arrastrar de la fe en Don
+Quijote y sin creerlo creía en él, y viendo que
+eran molinos de viento los gigantes y manadas
+de carneros los ejércitos de enemigos, creía en
+la ínsula tantas veces prometida.</p>
+
+<p>¡Oh poder maravilloso de la fe, retuso a todo<span class="pagenum" id="Page_262">[Pg 262]</span>
+empuje de desengaños! ¡Oh misterios de la fe
+sanchopancesca que sin creer cree y viendo
+y entendiendo y declarando que es negro, hace
+al que la acaudala sentir y obrar y esperar como
+si fuese blanco! De todo ello hemos de concluir
+que Sancho vivía, sentía, obraba y esperaba
+bajo el encanto de un poder extraño que le
+dirigía y llevaba contra lo que veía y entendía,
+y que su vida toda fué una lenta entrega de sí
+mismo a ese poder de la fe quijotesca y quijotizante.
+Y así cuando él creyó engañar a su
+amo resultó el engañado él y fué el instrumento
+para encantar real y verdaderamente a Dulcinea.</p>
+
+<p>La fe de Sancho en Don Quijote no fué una
+fe muerta, es decir, engañosa, de esas que descansan
+en ignorancia, no fué nunca fe de carbonero,
+ni menos fe de barbero, descansadora
+en ocho reales. Era, por el contrario, fe verdadera
+y viva, fe que se alimenta de dudas.
+Porque sólo los que dudan creen de verdad y
+los que no dudan ni sienten tentaciones contra
+su fe, no creen de verdad. La verdadera
+fe se mantiene de la duda; de dudas, que son
+su pábulo, se nutre y se conquista instante a
+instante, lo mismo que la verdadera vida se
+mantiene de la muerte y se renueva segundo a
+segundo, siendo una creación continua. Una vida
+sin muerte alguna en ella, sin deshacimiento
+en su hacimiento incesante, no sería mas que
+perpetua muerte, reposo de piedra. Los que no
+mueren, no viven; no viven los que no mueren
+a cada instante para resucitar al punto, y los
+que no dudan, no creen. La fe se mantiene resolviendo
+dudas y volviendo a resolver las que
+de la resolución de las anteriores hubieren surgido.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_263">[Pg 263]</span></p>
+
+<p>Sancho veía las locuras de su amo y que los
+molinos eran molinos y no gigantes, y sabía
+bien que la zafia labradora a la que iba a encontrar
+a la salida del Toboso no era, no ya
+Dulcinea del Toboso, mas ni aun Aldonza Lorenzo,
+y con todo ello creía a su amo y tenía
+fe en él y creía en Dulcinea del Toboso y hasta
+en su encantamiento acabó por creer, como
+veremos. Esta la tuya es fe, Sancho, y no la
+de esos que dicen creer un dogma sin entender,
+ni aun a la letra, siquiera su sentido inmediato,
+y tal vez sin conocerlo; ésta es fe y no la del
+carbonero que afirma ser verdad lo que dice un
+libro que no ha leído porque no sabe leer ni
+tampoco sabe lo que el libro dice. Tú, Sancho,
+entendías muy bien a tu amo, pues todo lo que
+te decía eran dichos muy claros y muy entendederos,
+y veías, sin embargo, que tus ojos te
+mostraban otra cosa y sospechabas que tu amo
+desvariaba por loco y dudabas de lo que veías,
+y a pesar de ello le creías pues ibas tras de sus
+pasos. Y mientras tu cabeza te decía que no,
+decíate tu corazón que sí, y tu voluntad te llevaba
+en contra de tu entendimiento y a favor
+de tu fe.</p>
+
+<p>En mantener esa lucha entre el corazón y la
+cabeza, entre el sentimiento y la inteligencia,
+y en que aquel diga ¡sí! mientras esta dice ¡no!
+y ¡no! cuando la otra ¡sí!, en esto y no en ponerlos
+de acuerdo consiste la fe fecunda y salvadora;
+para los Sanchos por lo menos. Y aun
+para los Quijotes, porque veremos dudar a Don
+Quijote mismo. Y no nos quepa duda de que
+con los ojos de la carne Don Quijote vió los
+molinos como tales molinos y las ventas como
+ventas y de que allá, en su fuero interno, reconocía<span class="pagenum" id="Page_264">[Pg 264]</span>
+la realidad del mundo aparencial—aunque
+una realidad aparencial también—en que
+ponía el mundo sustancial de su fe. Y buena
+prueba de ello es aquel maravilloso diálogo que
+sostuvo con Sancho cuando éste volvió a Sierra
+Morena a darle cuenta de su visita a Dulcinea.
+El loco suele ser un comediante profundo,
+que toma en serio la comedia, pero que no
+se engaña y mientras hace en serio el papel de
+Dios o de rey o de bestia, sabe bien que ni es
+Dios, ni rey, ni bestia; quiere serlo y basta. ¿Y
+no es loco todo el que toma en serio el mundo?
+¿Y no deberíamos ser locos todos?</p>
+
+<p>Y ahora llegamos al momento tristísimo de
+la carrera de Don Quijote; a la derrota de Alonso
+Quijano el Bueno dentro de él.</p>
+
+<p>Aconteció, pues, que al volverse Sancho a
+su amo salían del Toboso tres labradoras sobre
+tres pollinos o pollinas, y se las presentó a Don
+Quijote como Dulcinea y dos doncellas diciéndole
+que venía a verle. <em>¡Santo Dios! ¿Qué es
+lo que dices, Sancho amigo?</em>—dijo Don Quijote...—<em>mira
+no me engañes ni quieras con falsas
+alegrías alegrar mis verdaderas tristezas</em>. <em>Y
+¿qué sacaría yo de engañar a vuesa merced?</em>—respondió
+Sancho. Salieron al camino, no
+columbró en él Don Quijote sino a las tres labradoras,
+porfió Sancho que eran Dulcinea y
+sus doncellas, atúvose a sus sentidos, contra su
+costumbre el amo, y trocáronse los papeles,
+siquiera en apariencia.</p>
+
+<p>El paso este del encantamiento de Dulcinea
+es grandemente melancólico. Sancho hizo su
+comedia, teniendo del cabestro al jumento de
+una de las tres labradoras, hincándose de rodillas
+y enderezándole aquel saludo que nos ha<span class="pagenum" id="Page_265">[Pg 265]</span>
+conservado la historia. Don Quijote miraba con
+ojos desencajados y vista turbada a la que Sancho
+llamaba reina y señora, y en que él, Don
+Quijote, esperó ver a Dulcinea, y debajo de él,
+Alonso Quijano, esperaba a Aldonza Lorenzo,
+suspirada en silencio doce años por sólo cuatro
+goces de su vista. Don Quijote se puso de hinojos
+y <em>miraba con ojos desencajados y vista
+turbada a la que Sancho llamaba reina y señora</em>,
+sin descubrir en ella <em>sino una moza aldeana
+y no de muy buen rostro, porque era carirredonda
+y chata</em>. Ve aquí, Caballero, que
+tu Sancho, la humanidad que te acompaña y
+guía, te presenta a la Gloria, por la que tanto
+suspiraste, y no ves en ella sino una moza aldeana
+y no de muy buen rostro.</p>
+
+<p>Pero es aún más triste el paso, pues si Don
+Quijote no veía a Dulcinea, tampoco el pobre
+Alonso Quijano el Bueno veía a su Aldonza.
+Doce años de solitario sufrir, doce años de no
+haber podido vencer su encogimiento soberano,
+doce años de esperar lo imposible, y por imposible
+con más ahinco esperado, a que ella, Aldonza,
+su Aldonza, por un inaudito milagro se
+percatara del amor de su Alonso, y se fuera a
+él; doce años de soñar en el imposible procurando
+acallar con la lectura de los libros de caballerías
+el todopoderoso amor, y ahora en que,
+gracias a Dios, ya loco, rota la vergüenza, se
+cumple lo imposible y va a recibir el premio de
+su locura; ahora... ¡ahora esto! ¡Qué santa,
+qué dulce, qué redentora suele ser la locura!
+Loco Alonso Quijano, por merced del Señor
+que se compadece de los buenos, rompió aquella
+tremenda costra de la timidez del hidalgo
+lugareño, y se atrevió a escribir a su Aldonza,<span class="pagenum" id="Page_266">[Pg 266]</span>
+aunque fuese bajo la advocación de Dulcinea,
+y ahora, en premio, Aldonza misma viene
+desde el Toboso a verle. Se cumplió lo
+imposible, merced a la locura. ¡Al cabo de doce
+años!</p>
+
+<p>¡Oh momento supremo tanto tiempo suspirado!
+<em>¡Santo Dios! ¿Qué es lo que dices, Sancho
+amigo?</em> ¡Ahora, ahora va a redimirse de su
+locura, ahora va a lavársela en el torrente de
+las lágrimas de la dicha; ahora va a cobrar el
+premio de su esperanza en lo imposible! ¡Oh, y
+cuántas tinieblas de locura se disiparían bajo
+una mirada de amor!</p>
+
+<p><em>No quieras con falsas alegrías alegrar mis verdaderas
+tristezas.</em> Pensemos en esto de alegrársele
+las tristezas a Don Quijote; las tristezas
+de doce años, las tristezas de su locura. ¿Pues
+qué, creéis que Alonso el Bueno no se daba
+cuenta de que estaba loco y no aceptaba su locura
+como único remedio de su amor, como
+regalo de la piedad divina? Al saber que su locura
+daba fruto, alborotóse el corazón del hidalgo,
+y mandó a Sancho, en albricias de aquellas
+no esperadas nuevas, el mejor despojo de la
+primera aventura que tuviese y <em>si esto no te
+contenta, te mando</em>—le dijo—<em>las crías que este
+año me dieren las tres yeguas mías, que tú sabes
+que quedan para parir en el prado concejil
+de nuestro pueblo</em>. Primero le ofrece Don Quijote
+del caudal del caballero andante, despojo
+de aventura, en albricias de anunciarle la venida
+de Dulcinea, mas luego asoma Alonso Quijano,
+y con el corazón anegado en gozo porque
+viene a verle Aldonza, ofrece el hidalgo de su
+caudal, no ya despojo de aventura, sino crías
+de las yeguas. ¿No veis aquí cómo el amor<span class="pagenum" id="Page_267">[Pg 267]</span>
+saca a flor de la locura quijotesca la cordura
+de Quijano?</p>
+
+<p>Ya te dan fruto tus locuras, buen caballero,
+pues merced a ellas sale a verte Aldonza, sacando
+del exceso de tu desvarío cuán grande
+debe ser tu amor. Y vino en seguida el tremendo
+golpe, el golpe que hundió en su locura al
+pobre Alonso el Bueno, hasta su muerte. Ahora,
+ahora es cuando se remacha la suerte de
+Alonso. Esperaba a Aldonza y lo vehemente
+de la esperanza no le dejaba dudar y puesto de
+hinojos, como mejor decía a aquel callado culto
+de doce años <em>miraba con ojos desencajados
+y vista turbada a la que Sancho llamaba reina
+y señora y como no descubría en ella sino una
+moza aldeana y no de muy buen rostro, porque
+era carirredonda y chata, estaba suspenso
+y admirado, sin osar desplegar los labios</em>. ¡Ni
+la locura te valió, buen Caballero! Cuando al
+cabo de doce años vas a tocar el premio de ella,
+la brutal realidad te da en el rostro. ¿No es acaso
+así con todo amor?</p>
+
+<p>Mas no te pese, mi Don Quijote, y sigue con
+tu locura solitaria; no te pese de no llegar a
+comprometerte con la dicha; no te pese de no
+votarte a la felicidad; no te pese de que no se
+haya llenado tu anhelo de doce años, en brazos
+de tu Aldonza.</p>
+
+<p><em>Y tú, oh extremo del valor que puede desearse,
+término de la humana gentileza, único remedio
+deste afligido corazón que te adora, ya
+que el maligno encantador me persigue y ha
+puesto nubes y cataratas en mis ojos, y para
+ellos solos y no para otros ha mudado y transformado
+tu sin igual hermosura y rostro en el
+de una labradora pobre, si ya también el mío<span class="pagenum" id="Page_268">[Pg 268]</span>
+no le ha cambiado en el de algún vestiglo para
+hacerle aborrecible a tus ojos, no dejes de mirarme
+blanda y amorosamente, echando de ver
+en esta sumisión y arrodillamiento que a tu
+contrahecha hermosura hago, la humildad con
+que mi alma te adora.</em> ¿No os entran ganas de
+llorar oyendo este plañidero ruego? ¿No oís
+cómo suena en sus entrañas, bajo la retórica
+caballeresca de Don Quijote, el lamento infinito
+de Alonso el Bueno, el más desgarrador
+quejido que haya jamás brotado del corazón
+del hombre? ¿No oís la voz agorera y eterna
+del eterno desengaño humano? Por primera,
+por última, por única vez habla Don Quijote de
+su propio rostro, de aquel rostro de Alonso que
+se encendía en rubor al pensar en Aldonza...
+<em>La humildad con que mi alma te adora</em>... Humildad
+de doce años, humildad alimentada en largas
+noches de soledad y de absurdas esperanzas,
+humildad nutrida con el más grandioso temor
+y encogimiento que jamás se viera. Lo inmenso
+de su amor le había hecho humilde, y jamás
+osó dirigirla una palabra sólo.</p>
+
+<p>Seguid leyendo la historia de este encuentro,
+y sacándola por vosotros mismos, lectores míos,
+el jugo que tenga; a mí me apesadumbra tanto
+que me priva de imaginación para rehacerla, y
+voy a pasar a otra cosa. Leed vosotros la respuesta
+grosera que la moza dió a Don Quijote,
+y cómo dió con ella en tierra a corcovos, su borrica,
+y cómo Don Quijote acudió a levantarla,
+cosa que evitó ella subiéndose de un salto sobre
+la borrica y dándole un olor a ajos crudos que le
+encalabrinó y atosigó el alma. No puede leerse
+sin angustia este martirio del pobre Alonso.</p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_269">[Pg 269]</span></p>
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO XI</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">De la extraña aventura que le sucedió al valeroso Don Quijote con<br>
+el carro o carreta de las cortes de la muerte.</p>
+
+
+<p>Reanudaron amo y escudero su camino, burlándose
+el socarrón Sancho de la candidez de su
+amo. Y entonces fué cuando toparon con la carreta
+de la muerte o de la compañía de Angulo
+el Malo, que Don Quijote, aleccionado y entristecido
+por lo que acababa de pasarle, tomó por
+lo que realmente era. Y entonces fué también
+cuando Rocinante, alborotado por el cascabeleo
+del moharracho, dió con su amo en tierra y todo
+lo que se sigue. Y cómo quiso castigar el Caballero
+a los farsantes, y le esperaron éstos en ala y
+armados de guijarros, y convenció Sancho a su
+amo, hombre cuerdo y sesudo al fin, de que no
+debía meterse con semejante tropa, pues entre
+todos los que allí estaban, aunque parecían reyes,
+príncipes y emperadores, no había ningún
+caballero andante. Y así Don Quijote mudó ya de
+su determinado intento. Y al ver que Sancho,
+por su parte, no quería vengarse, fué cuando le
+dijo lo de: <em>Pues ésa es tu determinación, Sancho
+bueno, Sancho discreto, Sancho cristiano y Sancho<span class="pagenum" id="Page_270">[Pg 270]</span>
+sincero, dejemos estas fantasmas y volvamos
+a buscar mejores y más calificadas aventuras</em>.</p>
+
+<p>La del carro de la muerte parece una de las
+más heroicas que llevó a feliz término nuestro
+hidalgo, pues en ella se nos muestra venciéndose
+a sí mismo con su cordura. ¡Es que le pesaba sobre
+el corazón el encantamiento de su dama!
+El mundo comedia es, y gran locura querer luchar
+con gentes que no son lo que parecen, sino
+míseros farsantes que representan su papel y entre
+los cuales apenas si se halla de higos a brevas
+un caballero andante. En el tablado del
+mundo es novedad sorprendente ver entrar un
+caballero de verdad, de los que matan y hacen
+en serio la escena del desafío cuando los otros
+hacen que la hacen y por hacer el papel no más.
+Tal es el héroe. Y al héroe le esperan los comediantes
+todos en ala y armados de piedras. Dejad,
+pues, a los farsantes y recordad la profunda
+sentencia de Sancho: <em>nunca los cetros y coronas
+de los emperadores farsantes fueron de oro
+puro sino de oropel o hoja de lata</em>. Recordadla y
+tened en cuenta que la creencia de los que en
+la comedia del mundo hacen el papel de maestros,
+cobrando por ello su salario, es ciencia de
+oropel u hoja de lata.</p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_271">[Pg 271]</span></p>
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO XII</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">De la extraña aventura que le sucedió al valeroso Don Quijote con<br>
+el bravo caballero de los Espejos.</p>
+
+
+<p>Conversando sobre lo que es la comedia del
+mundo se quedaron amo y escudero debajo de
+unos altos y sombrosos árboles, cuando les rompió
+el sueño la llegada del caballero de los Espejos.
+Y allí fué la plática de los escuderos de
+un lado y de los caballeros por el otro, y el declarar
+Sancho que a su amo un niño le haría entender
+que era de noche en la mitad del día,
+sencillez por la que le quería como a las telas de
+su corazón y no se amañaba a dejarle por más
+disparates que hiciera. Aquí se nos declara la
+razón del amor que Sancho profesaba a su amo,
+mas no la de la admiración.</p>
+
+<p>¿Pues qué creíais, Sancho? El héroe es siempre
+por dentro un niño, su corazón es infantil
+siempre; el héroe no es más que un niño grande.
+Tu Don Quijote no fué sino un niño, un niño
+durante los doce largos años en que no logró
+romper la vergüenza que le ataba, un niño al engolfarse
+en los libros de caballerías, un niño al
+lanzarse en busca de aventuras. ¡Y Dios nos conserve
+siempre niños, Sancho amigo!</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_272">[Pg 272]</span></p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_273">[Pg 273]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULOS XIII <small>Y</small> XIV</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">Donde se prosigue la aventura del caballero del Bosque con el discreto,<br>
+nuevo y suave coloquio que pasó entre los dos escuderos.</p>
+
+
+<p>Mientras platicaban los escuderos entre sí también
+platicaban los caballeros, y de esta plática
+y de haber afirmado el de los Espejos ser vencedor
+de Don Quijote surgió el que concertasen un
+duelo bajo condiciones de que el vencido quedara
+sujeto a obedecer al vencedor. Y así que fué
+de día fué el lance, derribando Don Quijote al
+de los Espejos, el bachiller Sansón Carrasco, pues
+no era otro, que habiendo ido por lana y a llevarse
+al hidalgo a su casa, salió para la suya
+trasquilado.</p>
+
+<p>Al descubrirle la visera y ver al bachiller, atribuyólo
+Don Quijote a magia, mas Sancho, que
+se había encaramado a un árbol para ver la pelea,
+le pidió metiese la espada por la boca al que
+parecía el bachiller Sansón Carrasco. ¡Ah, Sancho,
+Sancho, y cuán bien se aviene tu impiadosa
+crueldad de ahora con tu cobardía de antes!</p>
+
+<p>Volvió al cabo en sí el bachiller, confesó aventajar
+Dulcinea del Toboso en hermosura a Casildea
+de Vandalia y prometió ir a presentarse a<span class="pagenum" id="Page_274">[Pg 274]</span>
+ella. <em>Todo lo confieso, juzgo y siento como vos
+lo creéis, juzgáis y sentís—respondió el derrengado
+caballero</em>, el burlador burlado, el vencido
+bachiller. Así, mal que les pese, tienen que declarar
+los bachilleres ser verdad lo que por tal
+proclaman los hidalgos; así los burladores son
+burlados; así el sentido común debe andar por
+los suelos a botes de la lanza del heroísmo. Pues
+que ¿no hay sino hacerse el loco para reducir a
+cordura a los que lo son de veras?</p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_275">[Pg 275]</span></p>
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO XV</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">Donde se cuenta y da noticia de quién era el caballero de los Espejos y su escudero.</p>
+
+
+<p>En este capítulo de la historia se nos cuenta
+cómo el caballero de los Espejos no era otro que
+Sansón Carrasco, bachiller por Salamanca, que
+de acuerdo con el cura y el barbero, ideó aquella
+traza para obligar a Don Quijote a que se redujese
+a su casa.</p>
+
+<p>Y el maligno Carrasco juró vengarse de Don
+Quijote, moliéndole a palos las costillas, locura
+mil veces más desatinada y más de verdad locura
+que la del hidalgo; locura, en fin, de pasión de
+hombre sensato, que son las peores y las más
+ponzoñosas de las locuras todas. El loco <em>que lo
+es por fuerza lo será siempre, y el que lo es de
+grado lo dejará de ser cuando quisiera</em>—decía el
+bachiller.</p>
+
+<p>Pero venid acá, señor bachiller por Salamanca,
+venid y decidme ¿cuál es peor desvarío, el
+que arranca de la cabeza o el que del corazón
+brota, la enfermedad del imaginar o la del querer?
+Y el que de grado o por voluntad se hace
+el loco, es que tiene la voluntad enferma o torcida,<span class="pagenum" id="Page_276">[Pg 276]</span>
+y para esto hay peor remedio que para
+las enfermedades del entendimiento. Y los que,
+como su merced, tienen el entendimiento tupido
+de cordura socarrona, y allende esto se lo han
+atiborrado de lugares comunes escolásticos en
+las aulas de Salamanca, suelen tener la voluntad
+loca de malas pasiones, de rencor, de soberbia,
+de envidia. ¿Pues qué razón había para ir a pelear
+Sansón Carrasco contra Don Quijote?</p>
+
+<p><em>¿He sido yo su enemigo por ventura? ¿Hele
+dado yo jamás ocasión de tenerme ojeriza? ¿Soy
+yo su rival o hace él profesión de las armas para
+tener envidia a la fama que yo por ellas he ganado?</em>—decía
+Don Quijote. Sí, generoso Caballero,
+sí; fuiste y eres su enemigo como lo es
+todo hidalgo heroico y generoso de todo bachiller
+socarrón y rutinero; le diste ocasión de ojeriza,
+pues cobraste con tus locas hazañas una fama
+que él nunca alcanzó con sus cuerdos estudios
+y bachillerías salamanquescas, y era tu rival y
+te tenía envidia. Y aunque declaró, y acaso así lo
+creyese él mismo, que salió al campo con la mira
+de reducirte a cordura, la verdad es que le movió
+a ello, tal vez sin él percatarse de tal motivo,
+su deseo de unir su nombre al tuyo y de andar
+junto contigo en lengua de la fama, como lo consiguió.</p>
+
+<p>¿Y no sería acaso que buscaba llegase a oídos
+de aquella andaluza Casilda, con la que se pasó
+en claro las noches a la reja, allá en las callejas
+de Salamanca, y a la que envolvió en su Casildea
+de Vandalia, su hazañosa proeza y su locura?
+¿No oiría acaso hablar de ti con admiración
+a esa Casilda, que habría leído la primera parte
+de tu historia? Todo podía ser.</p>
+
+<p>Pero tú le venciste, para que se vea que la<span class="pagenum" id="Page_277">[Pg 277]</span>
+locura generosa da más arrestos y más bríos que
+no la cordura menguada y socarrona, y sobre
+todo para que el bueno del bachiller por Salamanca
+aprendiese aquello de <em>quod natura non
+dat, Salmantica non praestat</em>, vieja verdad a pesar
+de aquel arrogante lema del escudo de la
+vieja Escuela que dice: <em>Omnium scientiarum
+princeps, Salmantica docet</em>.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_278">[Pg 278]</span></p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_279">[Pg 279]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULOS XVI <small>Y</small> XVII</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">De lo que sucedió a Don Quijote con un discreto caballero<br>
+ de la Mancha y donde se declara el último punto y extremo adonde<br>
+ llegó y pudo llegar el inaudito ánimo de Don Quijote,<br>
+ con la felicemente acabada aventura de los leones.</p>
+
+
+<p>Acabado este lance se encontró Don Quijote
+con el discretísimo Don Diego de Miranda, yendo
+con el cual toparon con los carros de los leones.
+Y allí fué la estupenda y nunca bien ponderada
+aventura, y cuando Don Quijote exclamó el
+inmortal: <em>¿leoncitos a mí? ¿a mí leoncitos y a
+tales horas? pues por Dios que han de ver esos
+señores que acá los envían si soy yo hombre que
+se espanta de leones</em>. Quiso convencerle Don
+Diego con que los leones no iban contra él, mas
+despachólo Don Quijote con que él sabía si iban
+o no a él aquellos señores leones y amenazó al
+leonero si no les abría la jaula. Pidió el leonero
+desuncir las mulas y ponerse en salvo y <em>oh hombre
+de poca fe—respondió Don Quijote—; apéate
+y desunce y haz lo que quisieres</em>.</p>
+
+<p>¡Maravillosa proeza! ¡nunca visto valor de Don<span class="pagenum" id="Page_280">[Pg 280]</span>
+Quijote, y valor en seco, sin motivo ni objetivo,
+valor puro, valor acendrado! ¿No sería tal vez que
+mientras Don Quijote mostraba ostentar así su
+valentía, por debajo de él el pobre Alonso el
+Bueno, agobiado por el desencanto sufrido al no
+encontrarse con la suspirada Aldonza, buscaba
+morir en las garras y quijadas del león con muerte
+no tan torturadora como la que de continuo le
+estaba dando su amor desventurado?</p>
+
+<p>Ello fué que no sirvieron ruegos ni razones,
+sino que Don Quijote se apeó <em>temiendo que Rocinante
+se espantaría con la vista de los leones...
+arrojó la lanza y embrazó el escudo y desenvainando
+la espada, paso ante paso, con maravilloso
+denuedo y corazón valiente se fué a poner
+delante del carro, encomendándose a Dios de
+todo corazón y luego a su señora Dulcinea</em>. Al
+mismo historiador le arranca expresiones de admiración
+esta intrepidez singular. Abierta la jaula,
+<em>lo primero que</em> (el león) <em>hizo fué revolverse</em>
+(en ella) <em>donde venía echado y tender la garra
+y desperezarse todo; abrió luego la boca y bostezó
+muy despacio, y con casi dos palmos de lengua
+que sacó fuera se despolvoreó los ojos y se
+lavó el rostro: hecho esto sacó la cabeza fuera de
+la jaula y miró a todas partes con los ojos hechos
+brasas, vista y ademán para poner espanto a la
+misma temeridad. Sólo Don Quijote lo miraba
+atentamente, deseando que saltase ya del carro
+y viniese con él a las manos, entre las cuales
+pensaba hacerle pedazos</em>, mientras acaso esperase
+en tanto el pobre Alonso el Bueno que entre
+las garras de la bestia acabase de sufrir su pobre
+y llagado corazón y se deshiciese en él la imagen
+de aquella Aldonza, suspirada doce años. <em>Pero
+el generoso león, más comedido que arrogante,<span class="pagenum" id="Page_281">[Pg 281]</span>
+no haciendo caso de niñerías ni de bravatas, después
+de haber mirado a una y otra parte, como
+se ha dicho, volvió las espaldas y enseñó sus traseras
+partes a Don Quijote, y con gran flema y
+remanso se volvió a echar en la jaula.</em></p>
+
+<p>¡Ah, condenado Cide Hamete Benengeli, o
+quienquiera que fuese el que escribió tal hazaña,
+y cuán menguadamente la entendiste! No
+parece sino que al narrarla te soplaba al oído el
+envidioso bachiller Sansón Carrasco! No, no fué
+así, sino lo que en verdad pasó es que el león se
+espantó o se avergonzó más bien al ver la fiereza
+de nuestro caballero, pues Dios permite que
+las fieras sientan más al vivo que los hombres la
+presencia del poder incontrastable de la fe. O
+¿no sería acaso que el león, soñando entonces en
+la leona recostada, allá, en las arenas del desierto,
+bajo una palmera, vió a Aldonza Lorenzo en
+el corazón del Caballero? ¿No fué su amor lo que
+le hizo a la bestia comprender el amor del hombre
+y respetarle y avergonzarse ante él?</p>
+
+<p>No, el león no podía ni debía burlarse de Don
+Quijote, pues no era hombre sino león, y las
+fieras naturales, como no tienen estragada la voluntad
+por pecado original alguno, jamás se burlan.
+Los animales son enteramente serios y enteramente
+sinceros, sin que en ellos quepa socarronería
+ni malicia. Los animales no son bachilleres,
+ni por Salamanca ni por ninguna otra parte,
+porque les basta lo que la naturaleza les da.</p>
+
+<p>Lo que le pasó al león, enjaulado entonces
+como en un tiempo lo estuvo Don Quijote, es
+que al ver a éste se avergonzó, y que esto debió
+ser así nos lo prueba y corrobora el que ya en
+otra ocasión, siglos antes, se había otro león avergonzado
+ante otro hazañoso caballero, el Cid<span class="pagenum" id="Page_282">[Pg 282]</span>
+Ruy Díaz de Vivar, según nos lo cuenta su viejo
+romance (<span class="smcap">Poema del Cid</span>, versos 2278 a 2301).
+El cual dice que estando el Cid en Valencia con
+todos sus vasallos y sus yernos, los infantes de
+Carrión, y durmiendo el Campeador en un escaño,
+salióse de la red y se desató el león, sembrando
+miedo en la corte. Despertó el que en
+buen hora nació, y al ver lo que acontecía</p>
+
+<div class="poetry-container">
+<div class="poetry">
+<p><span style="margin-left: 1em;">Mió Çid fincó el cobdo, en pie se levantó;</span><br>
+el manto trae al cuello e adelinó pora leon;<br>
+el leon quando lo vió assí, envergonçó:<br>
+ante mió Çid la cabeça premió e el rostro fincó.<br>
+Mió Çid don Rodrigo al cuello lo tomó,<br>
+e lieva lo adestrando, en la red lo metió.</p>
+
+<p style="padding-left: 10em;">(2296-2301).</p>
+</div>
+</div>
+
+<p>Así ante Don Quijote, nuevo Cid Campeador,
+<em>envergonzó</em> el león, que acaso fuera uno de los
+dos que hoy figuran en nuestro escudo de armas,
+y el avergonzado ante el Cid el otro.</p>
+
+<p>Aún insistió Don Quijote en que se irritase al
+león; mas el leonero le convenció de que no debía
+hacerse. Y fué entonces cuando el Caballero
+pronunció aquellas profundísimas palabras de
+<em>bien podrán los encantadores quitarme la ventura,
+pero el esfuerzo y el ánimo será imposible</em>.
+Y ¿qué más hace falta?</p>
+
+<p>Y no se me venga ahora aquí diciendo que
+me aparto del puntualísimo texto del historiador,
+porque es preciso entender bien en que no puede
+uno apartarse de él, sin muy grave temeridad
+y aun peligro de su conciencia, y en que somos
+libres de interpretarlo a nuestro sabor y consejo.
+En cuanto se refiere a hechos y aparte los
+evidentes errores de copista—rectificables todos—no
+hay sino acatar la infalible autoridad<span class="pagenum" id="Page_283">[Pg 283]</span>
+del texto cervantino. Y así debemos creer y confesar
+que el león volvió las espaldas a Don Quijote
+y se volvió a echar en la jaula. Pero que
+fuese por comedimiento y que considerase niñerías
+y bravatas las de Don Quijote y que no
+lo hiciese por vergüenza al ver su valor, o ya
+compadecido de su amor desgraciado, es una libre
+interpretación del historiador, que no vale
+sino por la autoridad personal y puramente humana
+del historiador mismo. Sucede con esto
+como con el comentario que pone al discurso de
+los cabreros, llamándolo <em>inútil razonamiento</em>, y
+que es una glosa desdichada que se ha interpolado
+en el texto.</p>
+
+<p>Hago estas prevenciones porque no quiero, he
+de repetirlo une vez más, que se me confunda
+con la perniciosa y pestilente secta de los hombres
+vanos e hinchados de huera ciencia histórica,
+que se atreven a sostener que no hubo tales
+Don Quijote y Sancho en el mundo, y otras atroces
+osadías semejantes, a que les lleva su desmedido
+afán de lograr notoriedad sosteniendo novedades
+y singularidades. Y ved aquí cómo el mismo
+noble impulso de dejar nombre y fama que
+movió a Don Quijote a llevar a cabo sus hazañas,
+les mueve a otros a negarlas. ¡Qué abismo
+de contradicciones es el hombre!</p>
+
+<p>Y volviendo a nuestra historia, hemos de añadir
+que luego de avergonzado el león y al explicar
+Don Quijote a Don Diego de Miranda su
+aparente locura en tal proeza, descubrió una
+vez más la raíz de ella al declarar que andaba a
+la busca de tan arriesgadas aventuras <em>sólo por
+alcanzar gloriosa fama y duradera</em> y explicó,
+con atinadísimas razones, cómo debe el caballero
+dar en temerario—pues reconoció ser <em>temeridad<span class="pagenum" id="Page_284">[Pg 284]</span>
+exorbitante</em> lo del león—ya que <em>es más fácil
+dar el temerario en verdadero valiente que
+no el cobarde subir a la verdadera valentía y en
+esto de acometer aventuras... antes se ha de pecar
+por carta de más que de menos</em>. ¡Concertadísimas
+y muy cuerdas razones con las que se
+justifica todo exceso ascético o heroico!</p>
+
+<p>Conviene también pararse a considerar cómo
+esta aventura del león fué una aventura por parte
+de Don Quijote, de acabada obediencia y de
+perfecta fe. Cuando el Caballero topó al azar de
+los caminos con el león aquél fué, sin duda alguna,
+porque Dios se lo enviaba a él, y su fortísima
+fe le hizo decir que él sabía si iban o no
+a él aquellos señores leones. Y con sólo verlos
+entendió la voluntad del Señor y obedeció según
+la tercera y más perfecta manera de obedecer
+que hay, según Íñigo de Loyola—véase el
+cuarto aviso que dictó sobre esto, según lo trae
+el P. Rivadeneira, en el capítulo IV del libro V
+de la <span class="smcap">Vida</span>—y es «cuando hago esto o aquello
+sintiendo alguna señal de Superior, aunque no
+me lo mande ni ordene». Y así Don Quijote en
+cuanto vió al león, sintió la señal de Dios, y arremetió
+sin prudencia alguna, pues como decía el
+mismo Loyola—véase el mismo capítulo antedicho—«la
+prudencia no se ha de pedir tanto
+al que obedece y ejecuta cuanto al que manda
+y ordena». Y Dios quiso, sin duda, probar la fe
+y obediencia de Don Quijote como había probado
+las de Abraham mandándole subir al monte
+Moria a sacrificar a su hijo. (Gen., cap. XXII.)</p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_285">[Pg 285]</span></p>
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULOS XVIII, XIX, XX, XXI,
+XXII <small>Y</small> XXIII</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b"><em>Que tratan de lo que sucedió a Don Quijote en casa del caballero<br>
+del Verde Gabán, de la aventura del pastor enamorado, de las<br>
+bodas de Camacho, y en los dos últimos de la aventura de la<br>
+cueva de Montesinos</em>, que está en el corazón de la Mancha, y de<br>
+las admirables cosas que el extremado Don Quijote contó que había visto <em>en ella</em>.</p>
+
+
+<p>Llegaron a casa de Don Diego, conoció allí
+Don Quijote al hijo de aquél, Don Lorenzo, y
+al oirle negar que hubiese habido caballeros andantes
+no trató ya de sacarle de su engaño, sino
+que propuso rogar al cielo le sacase de él. ¡Ah,
+mi pobre Caballero, y cómo te ha dejado el encantamiento
+de tu Dulcinea!</p>
+
+<p>Tras esto ocurrió lo de las bodas de Camacho
+en que nada hay que notar, y después se dirigió
+Don Quijote a la cueva de Montesinos, que está
+en el corazón de la Mancha.</p>
+
+<p>Antes de hundirse en ella <em>hizo una oración en
+voz baja pidiendo a Dios le ayudase y le diese
+buen suceso en aquella al parecer peligrosa y
+nueva aventura, y en voz alta dijo luego: oh señora<span class="pagenum" id="Page_286">[Pg 286]</span>
+de mis acciones y movimientos, clarísima y
+sin par Dulcinea del Toboso, si es posible que
+lleguen a tus oídos las plegarias y rogaciones
+deste tu venturoso amante, por tu inaudita belleza
+te ruego las escuches, que no son otras que
+rogarte no me niegues tu favor y amparo ahora
+que tanto lo he menester</em>. Ved cómo a canto de
+meterse en tan inaudito empeño ruega primero
+a Dios y a Dulcinea luego, a Dios en voz baja y
+a Dulcinea en alta voz. Con Dios primero, sí,
+pero a solas, que no necesita de que nos desgañitemos
+para oirnos, pues oye hasta el resollar
+de nuestro silencio; mas con Dulcinea nos es
+menester dar grandes voces e invocarla a pecho
+henchido y boca llena, entre los hombres.</p>
+
+<p>Y prosiguió diciendo Don Quijote: <em>Yo voy a
+despeñarme, a empozarme y a hundirme en el
+abismo que aquí se me representa, sólo por que
+conozca el mundo que si tú me favoreces no habrá
+imposible a quien yo no acometa y acabe</em>.
+Amad a Dulcinea y no habrá imposible que se
+os resista y tese. ¡Ahí está el abismo; adentro
+de él!</p>
+
+<p><em>Y en diciendo esto se acercó a la sima, vió no
+ser posible descolgarse ni hacer lugar a la entrada
+si no era a fuerza de brazos o a cuchilladas,
+y así poniendo mano a la espada, comenzó a
+derribar y a cortar de aquellas malezas que a la
+boca de la cueva estaban, por cuyo ruido y estruendo
+salieron por ella una infinidad de grandísimos
+cuervos y grajos, tan espesos y con tanta
+priesa que dieron con Don Quijote en el suelo; y
+si él fuera tan agorero como católico cristiano,
+lo tuviera a mala señal y excusara de encerrarse
+en lugar semejante.</em> Parémonos a considerarlo.</p>
+
+<p>Si te empeñas en empozarte y hundirte en la<span class="pagenum" id="Page_287">[Pg 287]</span>
+sima de la tradición de tu pueblo para escudriñarla
+y desentrañar sus entrañas, escarbándola
+y zahondándola hasta dar con su hondón, se te
+echarán al rostro los grandísimos cuervos y grajos
+que anidan en su boca y buscan entre las
+breñas de ella abrigo. Tendrás primero que derribar
+y cortar las malezas que encubren a la
+cueva encantada, o más bien tendrás que desescombrar
+su entrada, obstruida por escombros.
+Lo que llaman tradición los tradicionalistas no
+son sino rastrojos y escurrajas de ella. Los grandísimos
+cuervos y grajos que guardan la boca de
+esa sima encantada y en la que fraguaron sus
+escondrijos, jamás se empozaron ni hundieron
+en las entrañas de la sima, y se atreven, no embargante,
+a graznar diciéndose moradores de su
+interior. La tradición por ellos invocada no lo
+es de verdad; se dicen voceros del pueblo y
+nada hay de esto. Con el machaqueo de sus
+graznidos han hecho creer al pueblo que cree
+lo que no cree, y es menester empozarse en las
+entrañas de la sima para sacar de allí el alma
+viva de las creencias del pueblo.</p>
+
+<p>Y antes de hundirse y empozarse uno en esa
+sima de las verdaderas creencias y tradiciones
+del pueblo, no las del carbonero de la fe, tiene
+que derribar y cortar las malezas que cubren su
+entrada. Cuando lo hagáis os dirán que queréis
+cegar la cueva y taparla y ahogar a los moradores
+de ella; os llamarán malos hijos y descastados y
+todo cuanto se les ocurra. Haced oídos sordos a
+graznidos tales.</p>
+
+<p>Y allí, en la cueva, gozó Don Quijote de visiones
+que se dejan muy a la zaga a las más maravillosas
+de que otros hayan gozado, sin que sea
+menester repetir aquí lo de que si a uno se le<span class="pagenum" id="Page_288">[Pg 288]</span>
+aparece un ángel en sueños es que soñó que se
+le aparecía un ángel. Invito al lector a que relea
+en el capítulo XXIII de la Segunda Parte el relato
+de las asombrosas visiones de Don Quijote
+y juzgando, como debe juzgarse, por el contento
+y deleite que de su lectura reciba, me diga
+luego si no son más fidedignas que otras no menos
+asombrosas con que dicen que Dios regaló
+a siervos suyos, soñadores en la profunda cueva
+encantada del éxtasis. Y no sirve sino creer a
+Don Quijote, que siendo hombre incapaz de
+mentir, afirmó que lo por él contado lo vió por
+sus propios ojos y lo tocó con sus mismas manos,
+y esto baste y aun sobre. Sancho quiso negar
+la verdad de tales visiones y más cuando oyó
+decir a su amo que vió a Dulcinea encantada
+en la moza labradora que aquél le había mostrado,
+mas Don Quijote respondió sesudamente:
+<em>Como te conozco, Sancho, no hago caso de tus
+palabras</em>. Ni debemos nosotros tampoco hacer
+caso de palabras sanchopancescas cuando de
+rendir fe a visiones se trate.</p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_289">[Pg 289]</span></p>
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO XXIV</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">Donde se cuentan mil zarandajas tan impertinentes como necesarias<br>
+al verdadero entendimiento desta grande historia.</p>
+
+
+<p>Al llegar a esta aventura de visión se cree el
+historiador obligado a dudar de su autenticidad,
+mostrando en ello su poca fe, y hasta se propasa
+a suponer que al tiempo de morir se retractó
+de ella Don Quijote y dijo que <em>la había inventado
+por parecerle que convenía y cuadraba bien
+con las aventuras que había en su historia</em>. ¡Oh
+menguado historiador, cuán poco se te alcanza
+de achaque de visiones!</p>
+
+<p>Sin duda no leíste, o si lo leíste, pues se publicó
+veintidós años antes que tú publicases la historia
+de Don Quijote, no meditaste bien el libro de
+la <span class="smcap">Vida del bienaventurado P. Ignacio de Loyola</span>,
+del P. Pedro de Rivadeneira, quien en el
+capítulo VII del libro I nos cuenta las visiones
+del caballero andante de Cristo y cómo «se le
+representó la manera que tuvo Dios en hacer el
+mundo» y «vió la sagrada humanidad de nuestro
+Redentor Jesucristo, alguna vez también a
+la gloriosísima Virgen» y otras maravillosas visiones,
+entre ellas la del Demonio, que se le<span class="pagenum" id="Page_290">[Pg 290]</span>
+apareció muchas veces «no sólo en Manresa y
+en los caminos, sino en París también y en Roma;
+pero su semblante y aspecto... era tan apocado
+y feo, que no haciendo caso dél, con el báculo
+que traía en la mano fácilmente le echaba de sí».</p>
+
+<p>De los que nieguen tales visiones y digan que
+son imposibles, digamos lo que de ellos dice el
+piadosísimo P. Rivadeneira y es que «serán
+comúnmente hombres que no saben, ni entienden,
+ni han oído decir qué cosa sea espíritu, ni
+gozo ni fruto espiritual... ni piensan que hay
+otros pasatiempos y gustos, ni recreaciones sino
+las que ellos, de noche y de día, por mar y por
+tierra, con tanto cuidado y solicitud y artificio
+buscan para cumplir con sus apetitos y dar contento
+a su sensualidad. Y así no hay que hacer
+caso de ellos». ¡Prudentísimas palabras, que debía
+conocer y haber leído Don Quijote, pues contestó
+a Sancho lo de: <em>Como te conozco, Sancho,
+no hago caso de tus palabras!</em></p>
+
+<p>Con gran acierto trae a colación aquí el Padre
+Rivadeneira lo del Apóstol (I. Cor. II) de
+que los hombres carnales no son quién para juzgar
+de las cosas y visiones de los espirituales y
+se consuela y nos consuela el buen padre con
+que había también «cristianos y cuerdos, y leídos
+en historias y vidas de Santos» que aunque entienden
+que en cosas de visiones «es menester
+mucho tiento, porque puede haber engaño y
+muchas veces le hay», no por eso ha de dejarse
+de darlas crédito. Conviene que el lector lea las
+razones todas que aduce el piadoso Padre historiador
+de Íñigo de Loyola para convencernos
+de la verdad de las visiones de éste, pues quien
+tan grandes obras llevó a cabo, bien pudo ver lo
+que vió, y «necesariamente habemos de conceder<span class="pagenum" id="Page_291">[Pg 291]</span>
+lo que es más, concedamos lo que es menos,
+y entendamos que todos los rayos y resplandores
+que vemos en las obras que hizo, salieron
+destas luces y visitaciones divinas». ¿Cómo,
+en efecto, negaremos que vió lo que vió Don
+Quijote en la cueva de Montesinos siendo caballero
+incapaz de mentir y habiendo arremetido a
+molinos y yangüeses, enzarzado a sus burladores
+en defender lo del yelmo, vencido al Caballero
+de los Espejos y avergonzado al león? El
+que estas, y otras no menos asombrosas hazañas
+llevó a cabo, bien pudo ver en la cueva de
+Montesinos cuanto se le antojara ver en ella. Y
+si lo vió, de lo cual no debe cabernos duda,
+¿qué diremos de la realidad de sus visiones? Si
+la vida es sueño ¿por qué hemos de obstinarnos
+en negar que los sueños sean vida? Y todo cuanto
+es vida es verdad. Lo que llamamos realidad
+¿es algo más que una ilusión que nos lleva a
+obrar y produce obras? El efecto práctico es el
+único criterio valedero de la verdad de una visión
+cualquiera.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_292">[Pg 292]</span></p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_293">[Pg 293]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO XXV</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">Donde se apunta la aventura del rebuzno y la graciosa del titeretero,<br>
+con las memorables adivinanzas del mono adivino.</p>
+
+
+<p>De allí continuaron su camino, ardiendo Don
+Quijote en deseos de saber para qué llevaba armas
+un hombre que se les adelantó, y como rehusara
+éste darle cuenta de ello hasta que acabase
+de dar recado a su bestia, ayudóle a ello
+Don Quijote, ahechándole la cebada y limpiando
+el pesebre, maravilloso ejemplo de humildad
+que no suele ser lo mentado que merece
+serlo. Y ésta es sin duda una de las grandes
+aventuras de nuestro Caballero, la de haber ahechado
+cebada y limpiado un pesebre, no más, al
+parecer, que por oir pronto un relato deleitoso;
+el relato de los regidores rebuznantes.</p>
+
+<p>Y como no nos está bien el creer que sólo por
+oir tal cosa se redujera Don Quijote a ejercer
+menesteres tan impropios de su oficio de caballero
+andante, hemos, por fuerza, de suponer lo
+hizo para ejercitar su humildad y ejercitarla sencillamente
+y buscando un protesto, con lo que
+evitó la soberbia del humilde. No se las echó de
+tal, ni hizo ostentación de humildad, sino que<span class="pagenum" id="Page_294">[Pg 294]</span>
+pura y sencillamente, como quien hace la cosa
+más natural y corriente del mundo, y sin concederle
+importancia al acto, con aquellas manos
+que alancearon molinos, libertaron galeotes,
+vencieron al vizcaíno y al Caballero de los Espejos
+y esperaron, sin temblar, al leoncito; con
+aquellas mismas manos ahechó cebada y limpió
+el pesebre, dando por razón aquellas sencillísimas
+palabras de: <em>no quede por eso, que yo
+os ayudaré a todo</em>.</p>
+
+<p>Lo hizo más sencillamente aún que Íñigo de
+Loyola después de haber recibido el cargo de
+Prepósito general de la Compañía que formó
+cuando «se entró en la cocina y en ella por muchos
+días sirvió de cocinero y hizo otros oficios
+bajos de casa», porque Íñigo lo hacía con intención
+de enseñar, «para provocar a todos con su
+ejemplo al deseo de la verdadera humildad»—dice
+el P. Rivadeneira, lib. III, cap. II—y en
+Don Quijote no hubo ni esa segunda intención
+de aleccionar a otros, sino pura y simplemente
+ahechó la cebada y limpió el pesebre como si
+fuese cosa suya, como la violeta perfuma y el
+ruiseñor canta. <em>No quede por eso, que yo os
+ayudaré a todo.</em></p>
+
+<p><em>Yo os ayudaré a todo</em>, es lo que dice Don
+Quijote a todo hombre sencillo y limpio de segundas
+intenciones.</p>
+
+<p>En esta aventura se ve acaso más que en
+otra alguna cómo era el espíritu de Alonso Quijano,
+a quien sus virtudes le valieron el sobrenombre
+de Bueno, el espíritu que guiaba al de
+Don Quijote, y cómo en la bondad del hombre
+está la raíz del heroísmo del caballero. ¡Oh, mi
+señor Don Quijote, y cuán grande te me apareces
+ahechando cebada y limpiando el pesebre,<span class="pagenum" id="Page_295">[Pg 295]</span>
+sin ostentación alguna de humildad y como
+si tal cosa hicieras! A bueno es a lo que nadie
+te ha ganado, a sencillamente bueno. Y por eso
+tienes un altar en el corazón de todos los buenos
+que no en tu locura sino en tu bondad paran
+su vista. Tú mismo, mi señor, cuando quisiste
+alabar a tu escudero le llamaste por de
+pronto y ante todo Sancho bueno, y luego discreto,
+cristiano y sincero. Es lo que hay que
+ser en el mundo, señor mío, bueno, sencillamente
+bueno, bueno a secas, bueno sin adjetivo
+ni teologías ni aditamento alguno, bueno
+y no más que bueno. Y si tan noble dictado se
+confunde con el de tonto tú llegaste en tu bondad
+hasta la locura entre tantos cuerdos burladores,
+es decir, malos. Porque en nada como
+en la burla se conoce la maldad humana y el
+demonio es el gran burlador, el emperador y
+padre de los burladores todos. Y si la risa puede
+llegar a ser santa y liberadora y, en fin, buena,
+no es ella risa de burla, sino risa de contento.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_296">[Pg 296]</span></p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_297">[Pg 297]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO XXVI</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">Donde se prosigue la graciosa aventura del titeretero, con otras cosas<br>
+en verdad harto buenas.</p>
+
+
+<p>Encontrándose Don Quijote en la venta y después
+de haber oído el relato de los alcaldes rebuznadores
+fué cuando llegó Maese Pedro con
+el mono adivino y el retablo de la libertad de
+Melisendra. Pasmado Don Quijote al ver que
+Maese Pedro, luego que oyó al mono, le conoció,
+lo tuvo por cosa demoniaca, y pasó después
+a ver el retablo y asistir a la representación
+de la libertad que a Melisendra dió su esposo
+Don Gaiferos.</p>
+
+<p>Salieron allí entonces Carlo Magno y Roldán,
+el alcázar de Zaragoza, moros, Marsilio de
+Sansueña, Don Gaiferos... Y cuando llevándose
+éste a su esposa Melisendra partió en su
+seguimiento lucida caballería, púsose en pie
+Don Quijote, acudió en ayuda de Don Gaiferos
+después de pronunciado su discurso a los
+perseguidores, a estilo homérico, <em>y comenzó a
+llover cuchilladas sobre la titerera morisma, derribando
+a unos, descabezando a otros, estropeando
+a éste, destrozando a aquél y entre otros<span class="pagenum" id="Page_298">[Pg 298]</span>
+muchos tiró un altibajo tal, que si Maese Pedro
+no se abaja, se encoje y agazapa, le cercenara
+la cabeza con más facilidad que si fuera hecha
+de masa de mazapán</em>.</p>
+
+<p>¡Brava y ejemplarísima pelea! ¡Provechosa lección!
+Y no servía que Maese Pedro advirtiese
+a Don Quijote que aquellos que derribaba, destrozaba
+y mataba no eran verdaderos moros
+sino unas figurillas de pasta, pues no por eso
+dejaba de menudear aquél cuchilladas. Y hacía
+bien, muy requetebién. Arman los maeses Pedros
+sus retablos de farándula y pretenden que
+por ser las de ellos figurillas de pasta, declaradas
+tales, se les respete. Y lo que el Caballero
+andante debe derribar, descabezar y estropear
+es lo que a título de ficción hace más daño que
+el error mismo. Porque es más respetable el
+error creído que no la verdad en que no se
+cree.</p>
+
+<p>—Mire, señor, que no haga el ridículo ni se
+meta a perseguir figurillas de retablo; que estamos
+todos en el secreto y es éste un juego de
+compadres en que a nadie se engaña; mire que
+aquí no se trata sino de pasar el tiempo y hacer
+que hacemos, y ni Carlo Magno es Carlo
+Magno, ni Roldán Roldán, ni Don Gaiferos es
+tal Don Gaiferos, y aquí a nadie se embauca,
+sino que se deleita y regocija a la galería, que
+aunque finge creer la comedia tampoco la cree
+en verdad; mire, señor, no malgaste sus energías
+en pelear con figurillas de pasta...</p>
+
+<p>—Pues porque son de pasta las figurillas y
+estamos en ello todos—respondo—es por lo
+que hay que descabezarlas y destrozarlas, pues
+nada más pernicioso que la mentira por todos
+consentida. Todos estamos en el secreto, secreto<span class="pagenum" id="Page_299">[Pg 299]</span>
+a voces, todos sabemos y nos lo decimos
+al oído los unos a los otros, que el tal Don
+Gaiferos no es Don Gaiferos, ni hay tal libertad
+de Melisendra, y si es así ¿por qué duele e
+irrita que se encarame uno a la pingorota de la
+torre más alta del pueblo y grite desde ella a
+voces, como vocero de la sinceridad, lo que
+todos se dicen al oído, derribando, descabezando
+y estropeando así al embuste? Hay que
+limpiar el mundo de comedias y de retablos.</p>
+
+<p>Y acude Maese Pedro cariacontecido y exclama:
+<em>mire, pecador de mí, que me destruye
+y echa a perder toda mi hacienda</em>. Pues no vivas
+de eso, Ginesillo de Pasamonte: es lo que
+le debemos responder. Trabaja y no armes retablos.
+Y en resolución digamos con Don Quijote:
+<em>¡viva la andante caballería sobre cuantas
+cosas hoy viven en la tierra!</em> ¡Viva la andante
+caballería y muera la farándula!</p>
+
+<p>¡Muera la farándula! Hay que acabar con los
+retablos todos, con todas las ficciones sancionadas.
+Don Quijote, tomando en serio la comedia,
+sólo puede parecer ridículo a los que
+toman en cómico la seriedad y hacen de la vida
+teatro. Y en último caso ¿por qué no ha de entrar
+en la representación y formar parte de ella
+el descabezamiento, estropicio y destrozo de
+los comediantes de pasta? Es fuerte cosa que se
+quejen de quien toma en serio la comedia los
+que representan ésta lo más seriamente del mundo,
+y ponen todo su cuidado en que no se falte
+una tilde a las reglas del arte cómico. Porque
+habréis observado, buenos lectores, que nada
+hay más insoportable que la exigencia de que
+se guarden estrechamente los ritos, etiquetas y
+rúbricas de las cosas de pura representación,<span class="pagenum" id="Page_300">[Pg 300]</span>
+y que sean los que se dan de maestros de ceremonias
+los que menos respeten la verdadera
+seriedad de la vida. Sabrá muy bien cuándo se
+debe llevar corbata negra y cuándo blanca, hasta
+qué hora levita y desde qué hora fraque, y
+qué tratamiento debe dársele, pero éste mismo
+no sabrá por dónde buscar a su Dios, ni cual
+es su destino último. Y no hablemos de los que
+rebelándose contra la ética quieren imponernos
+la tiranía de la estética y sustituir a la conciencia
+moral con esa quisicosa que llaman el buen
+gusto. Cuando empiezan a prevalecer tales
+doctrinas los obreros tienen que declararse
+cursis.</p>
+
+<p>Tratando Teresa de Jesús en el capítulo
+XXXVII de su <span class="smcap">Vida</span> de cómo «no cumple
+perder punto en puntos de mundo» por no dar
+«ocasión a que se sientan los que tienen su
+honra puesta en estos puntos» y de los que dicen
+que «los monasterios han de ser corte de
+crianza» dice que no puede entender esto.
+Agrega que ni aun tiempo hay para aprender
+tales cosas, pues sólo «para títulos de cartas es
+ya menester haya cátedra adonde se lea cómo
+se ha de hacer, a manera de decir, porque ya
+deja papel de una parte, ya de otra, y a
+quien no se solía poner magnífico, hase de poner
+ilustre». La animosa monja no sabía en qué
+ha de parar esto, porque no teniendo aún cincuenta
+años cuando escribía lo trascrito, decía
+«en lo que he vivido he visto tantas mudanzas,
+que no sé vivir». Y añadía así: «Por cierto yo
+he lástima a gente espiritual que está obligada
+a estar en el mundo por algunos santos
+fines, que es terrible la cruz que en esto llevan.
+Si se pudieran concertar todos y hacerse ignorantes,<span class="pagenum" id="Page_301">[Pg 301]</span>
+y querer que los tengan por tales en estas
+ciencias, de mucho trabajo se quitarían». ¡Y
+de tanto! Los espirituales deben concertarse, en
+efecto, y hacerse ignorantes en puntos de mundo
+y querer que los tengan por tales. Cuantos
+amamos a la verdad sobre todas las cosas debemos
+concertarnos para ignorar las premáticas
+y mandamientos de ese dichoso buen gusto con
+que se la disfraza, y para pisotear las buenas
+formas y dejar que nos llamen cursis y querer
+que nos tengan por tales.</p>
+
+<p>Hay una gavilla suelta de faranduleros que llevan
+prendido de la boca el amomiado credo,
+herencia de sus bisabuelos, como llevan el escudo
+de la casa grabado en la sortija o en el
+puño del bastón, y respetan esas venerandas tradiciones
+de nuestros mayores como respetan
+cualquier otra antigualla, por bien parecer y hacerse
+pasar por distinguidos. Es de buen tono
+y viste muy bien eso que llaman ser conservador.
+Y esa gavilla de farsantes ha declarado cursilería
+todo lo que es pasión y arranque y brío
+y de mal gusto los tajos y mandobles a las titereras
+y los guiñoles todos que tienen armados.
+Y cuando esos mamarrachos, alcornoques secos
+y vacíos, digan y repitan la gran sandez de «lo
+cortés no quita a lo valiente», salgámosles a la
+cara y digámosles en ella y en sus barbas, si las
+tuvieran, que lo cortés quita a lo valiente, y
+que el verdadero valor, el valor quijotesco puede,
+suele y debe consistir muchas veces en atropellar
+toda cortesía y aparecer hasta, si preciso
+fuere, grosero. Sobre todo con los Maese Pedros
+que viven de retablos.</p>
+
+<p>¿Conocéis cosa más terrible que oir la misa
+de un cura ateo, que la celebra por cobrar el pie<span class="pagenum" id="Page_302">[Pg 302]</span>
+de altar? ¡Muera toda farándula, toda ficción
+sancionada!</p>
+
+<p>Pasando por León fuí a ver y contemplar su
+primorosa catedral gótica, aquella gran lámpara
+de piedra, en cuyo seno canturrean los canónigos
+al son pastoso del órgano. Y contemplando
+sus mimbreñas columnas, sus altos ventanales de
+pintadas vidrieras por donde la luz al entrar se
+destrenza y desparrama en colores varios, y la
+enramada de nervios que sostiene a la bóveda,
+pensé así: ¡Cuántos deseos silenciosos, cuántos
+anhelos callados, cuántos pensares recónditos no
+habrá recibido esta pedernosa fábrica, junto con
+oraciones cuchicheadas o tan sólo pensadas, con
+ruegos, con imprecaciones, con requiebros de
+amor al oído de la amada, con quejas, con reconvenciones!
+¡cuántos secretos vertidos en el
+confesonario! ¿Y si todos estos deseos, anhelos,
+pensares, oraciones, cuchicheos, ruegos, imprecaciones,
+requiebros, quejas y secretos, si todo
+esto empezase a cantar por debajo de la rutinera
+salmodia litúrgica del coro canónico? En la
+caja de una vihuela, en sus entrañas, duermen
+las notas todas que se le arrancaron a ella, así
+como las notas todas que pasaron junto a ella,
+rozándola, al pasar en vuelo, con sus alas sonoras;
+y si todas esas notas, propias y ajenas, que
+allí duermen, despertaran, estallaría la caja de
+la vihuela por el empuje de la tempestad sonora.
+Y así, si despertase todo eso que duerme en el
+seno de la catedral, vihuela de piedra, y rompiera
+a cantar todo ello, derrumbaríase la catedral
+rota por el empuje del clamor inmenso. Las voces,
+libertadas, buscarían el cielo. Derrumbaríase
+la catedral de piedra, vencida y agobiada por
+la violencia del propio esfuerzo, al ponerse a<span class="pagenum" id="Page_303">[Pg 303]</span>
+cantar, pero de entre sus escombros, que seguirían
+cantando, resurgiría una catedral de espíritu,
+más aérea, más luminosa y a la vez más sólida,
+una inmensa seo que elevaría al cielo columnas
+de sentimiento que se ramificaran bajo la
+bóveda de Dios, echando a tierra su peso muerto
+por arbotantes y contrafuertes de ideas. Y
+esto no sería comedia litúrgica. ¡Oh y quién pudiese
+hacer cantar a nuestras catedrales toda
+oración, toda palabra, todo pensar y todo sentir
+que en su seno han acogido! ¡quién pudiese
+animarles las entrañas, las entrañas mismas de
+la encantada cueva de Montesinos!</p>
+
+<p>Volvamos al retablo. Un retablo hay en la capital
+de mi patria y la de Don Quijote, donde se
+representa la libertad de Melisendra o la regeneración
+de España o la revolución desde arriba,
+y se mueven allí, en el Parlamento, las figurillas
+de pasta según les tira de los hilos Maese Pedro.
+Y hace falta que entre en él un loco caballero
+andante, y sin hacer caso de voces, derribe, descabece
+y estropee a cuantos allí manotean, y destruya
+y eche a perder la hacienda de Maese Pedro.</p>
+
+<p>El cual volvió a la carga y el pobre Don Quijote,
+como llevaba en sí al bueno de Alonso el
+Bueno, convencióse de que todo había sido cosa
+de encantamiento y ofreció pagar el destrozo. Y
+harto hizo con pagarlo. Aunque si bien se mira
+justo es que al que vive de mentiras, cuando se
+le han quebrado éstas, se le remedie en lo posible
+el daño hasta que aprenda a vivir de la verdad.
+Porque es lo que se dice: si quitáis a los
+faranduleros la farándula, de la cual tan sólo
+han aprendido a vivir ¿cómo vivirán? Y cierto es
+también que Dios no quiere la muerte del pecador,<span class="pagenum" id="Page_304">[Pg 304]</span>
+sino que se convierta y viva, y para que
+pueda convertirse ha de vivir y para que viva
+es menester sustentarle.</p>
+
+<p>¡Oh Don Quijote el Bueno! y cuán magnánimamente
+después de haber derribado, descabezado
+y estropeado la mentira pagaste lo que
+ella valía, dando cuatro reales y medio por el
+rey Marsilio de Zaragoza, cinco y cuartillo por
+Carlo Magno, y así por los otros, hasta cuarenta
+y dos reales y tres cuartillos. ¡Si no costara más
+hacer añicos el retablo parlamentario y el otro!</p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_305">[Pg 305]</span></p>
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO XXVII</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">Donde se da cuenta de quiénes eran Maese Pedro y su mono, con<br>
+el mal suceso que Don Quijote tuvo en la aventura del rebuzno,<br>
+que no la acabó como él quisiera y lo tenía pensado.</p>
+
+
+<p>Luego de eso de Maese Pedro, el cual ya sabemos
+qué pícaro era, fué cuando Don Quijote
+se halló entre la gente armada del pueblo de
+los rebuznadores e intentó persuadirlos a que
+no peleasen por tal niñería y corroborándole
+Sancho, dió en la mala ocurrencia de rebuznar,
+por donde se armó la pedrea de que a todo galope
+salió Don Quijote, encomendándose de todo
+corazón a Dios, que de aquel peligro le librase.</p>
+
+<p>Y aquí, al contar esta la primera vez que huye
+el denodado vencedor del vizcaíno, del Caballero
+de los Espejos y del león, el que tantas veces
+afrontó a tropas de hombres, dice el historiador:
+<em>cuando el valiente huye, la superchería está descubierta,
+y es de varones prudentes guardarse
+para mejor ocasión</em>. Y ¿cómo iba a hacer frente
+Don Quijote a un pueblo que tiene a gala rebuznar?
+La manera de expresarse colectivamente
+un pueblo es un a modo de rebuzno, aunque
+cada uno de los que lo componen use de lenguaje<span class="pagenum" id="Page_306">[Pg 306]</span>
+articulado para sus menesteres individuales,
+pues sabido es cuán a menudo ocurre que el juntarse
+hombres racionales o semi-racionales siquiera,
+formen un pueblo asno.</p>
+
+<p>Antes de dictar ordenamientos para regir al
+pueblo, oigamos su parecer—se dice—, consultémosle.
+Y es ello algo así como si un albéitar
+en vez de escudriñar a un asno y tantearle y pulsarle
+y registrarle para descubrir de qué padece
+y dónde le duele y de qué remedio ha menester,
+le consulta y espera a que rebuzne para recetarle,
+arrogándose el papel de truchimán de rebuznos.
+No, sino cuando no se logra convencer al
+pueblo rebuznador, huir de él como prudente y
+no temerario caballero. Y no hacer caso de los
+Sanchos egoístas que se quejan porque no los
+defendimos cuando tuvieron el mal acuerdo de
+rebuznar ante rebuznadores.</p>
+
+<p>Y volvió después de esto Sancho a lo del salario,
+y Don Quijote quiso saldar cuentas y despedirle
+y entonces es cuando le dijo aquellas
+durísimas palabras de <em>asno eres y asno has de
+ser y en asno has de parar cuando se te acabe el
+curso de la vida</em>, al oir lo cual rompió a llorar el
+pobre escudero y confesó que para ser asno del
+todo no le faltaba sino la cola. Y le perdonó el
+magnánimo caballero, mandándole procurara ensanchar
+el corazón. Y fué y es uno de los más
+señalados beneficios que Sancho debió y debe a
+Don Quijote, el de que éste le convenciera y le
+convenza de que para ser asno del todo no le falta
+sino la cola. Cola que no le brotará ni crecerá
+mientras siga y sirva a Don Quijote.</p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_307">[Pg 307]</span></p>
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO XXIX</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">De la famosa aventura del barco encantado.</p>
+
+
+<p>Y en esto llegaron a orillas del río Ebro y se
+encontraron allí con <em>un pequeño barco sin remos
+ni otras jarcias algunas</em>, y ¡es claro! barco sin remos
+ni otras jarcias y atado en la orilla, ¡aventura
+al canto! Donde veas algo en facha de espera,
+es que te espera a ti, no lo dudes. Y si es
+barco métete en él, desatrácalo y que te lleve a
+la buena de Dios.</p>
+
+<p>Así hizo Don Quijote y no bien se habían
+apartado obra de dos varas de la orilla, cuando
+Sancho, que, como buen manchego, debía de
+ser hidrófobo, rompió a llorar. Y tan hidrófobo,
+pues al tentarse para comprobar si habían pasado
+la línea equinoccial, en pasando la cual mueren
+los piojos, topó no ya con algo, sino con algos.
+Y el barco fué a dar a una aceña, en que se
+hizo trizas, no sin antes haberse ido al agua Don
+Quijote y Sancho.</p>
+
+<p>Y éste sí que es típico dechado de aventuras
+de obediencia, más aún que la del león. Recuerda
+lo que siendo General de la Compañía
+de Jesús «dijo diversas veces» Íñigo de Loyola, y<span class="pagenum" id="Page_308">[Pg 308]</span>
+es que «si el Papa le mandase que en el puerto
+de Ostia entrase en la primera barca que hallase
+y que sin mástil, ni gobernalle, sin vela, sin remos,
+sin las otras cosas necesarias para la navegación
+y para su mantenimiento, atravesase la
+mar, que lo haría y obedecería no sólo con paz,
+mas aun con contentamiento y alegría de su ánimo».
+(Riv., lib. V, cap. IV.)</p>
+
+<p>¿Y para qué había puesto Dios allí aquel barquichuelo,
+sino para que, obedeciéndole, embarcase
+en él Don Quijote a busca de una aventura
+desconocida? Nadie sabe para qué le es más
+propio ni cuál la hazaña<a id="FNanchor_2" href="#Footnote_2" class="fnanchor">[2]</a> que le está reservada.</p>
+
+<p>Tu hazaña, tu verdadera hazaña, la que hará
+valer tu vida, no será acaso la que vayas tú a
+buscar, sino la que venga a buscarte, y ¡ay de
+los que van en busca de la dicha mientras está
+ella llamando a las puertas de su casa! Por algo
+se dijo lo de que las más grandes obras son obras
+de circunstancias.</p>
+
+
+<div class="chapter">
+<div class="footnotes">
+<p class="center big2">NOTAS:</p>
+
+<div class="footnote">
+
+<p><a id="Footnote_2" href="#FNanchor_2" class="label">[2]</a> Sentí por un momento la tentación de añadir «ni la aceña»
+diciendo «ni cuál la hazaña ni la aceña que le está reservada», pero
+he vencido pronto la tentación ésa. Odio los calembures y juegos de
+palabras, que revelan el más menguado y más despreciable ingenio.</p>
+
+</div>
+</div>
+</div>
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_309">[Pg 309]</span></p>
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO XXX</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">De lo que le avino a Don Quijote con una bella cazadora.</p>
+
+
+<p>Ahora empiezan las tristes aventuras de Don
+Quijote en casa de los Duques; ahora es cuando
+topó con la bella cazadora, la duquesa, que le
+llevó a su morada a regocijarse con él y burlarse
+de su heroísmo; ahora empieza la pasión del caballero
+en poder de sus burladores. Aquí es
+donde la historia de nuestro Ingenioso Hidalgo
+se hunde en despeñaderos de lamentable miseria;
+aquí es donde a su magnanimidad y discreción
+responden la bellaquería y sandez de aquellos
+próceres que creían, sin duda, nacidos los
+héroes para divertirlos y servirles de juguete y
+zarandillos. ¡Oh desdichado que caminas al templo
+de la fama y corres tras la inmortalidad de
+la gloria, mira que si los grandes de la tierra te
+agasajan y miman y regalan es para que adornes
+sus mansiones o para divertirse contigo como con
+un juguete! Tu presencia no es sino ornato de su
+mesa y figuras en ella como figuraría una fruta
+rara o el último ejemplar de un pajarraco que se
+extingue. Cuando más parecen reverenciarte
+más se burlan de ti. Mira que en el fondo no hay<span class="pagenum" id="Page_310">[Pg 310]</span>
+soberbia como la soberbia de aquéllos que no
+pueden atribuir a propio mérito, sino al azar del
+nacimiento, las preeminencias de que gozan. No
+seas juguete de los grandes. Recorre la historia
+y ve en lo que vinieron a dar los héroes que se
+redujeron a ser ornamento de los salones.</p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_311">[Pg 311]</span></p>
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO XXXI</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">Que trata de muchas y grandes cosas.</p>
+
+
+<p>Recibieron de solemne burla a Don Quijote en
+casa de los Duques, vistiéronle a usanza caballeresca
+y le llevaron a comer.</p>
+
+<p>Y allí fué donde se encontró, en la mesa, con
+aquel <em>grave eclesiástico déstos que gobiernan
+las casas de los príncipes; déstos que como no
+nacen príncipes no aciertan a enseñar cómo lo
+han de ser los que lo son; déstos que quieren
+que la grandeza de los grandes se mida con la
+estrechez de sus ánimos</em> y el cual enderezó a Don
+Quijote, llamándole Don Tonto, aquella reprensión
+áspera y desabrida, recomendándole se volviese
+a su casa a criar a sus hijos, si los tenía, y
+a curar de su hacienda, dejando de andar vagando
+por el mundo y dando que reir a cuantos
+le conocían y no conocían.</p>
+
+<p>¡Oh, y cómo dura y persiste y no acaba en
+nuestra España la ralea de estos graves y sesudos
+eclesiásticos que quieren que la grandeza
+de los grandes se mida con la estrechez de sus
+ánimos! ¡Don Tonto! ¡Don Tonto! Y ¡cómo te
+viste tratar, mi loco sublime, por aquel grave varón,<span class="pagenum" id="Page_312">[Pg 312]</span>
+cifra y compendio de la verdadera tontería,
+humana! El grave eclesiástico no debía de haber
+leído los Evangelios ni debía de conocer
+aquel sermón de Jesús desde la montaña en que
+dijo: «cualquiera que dijere a su hermano <em>raca</em>
+será culpado del concejo, y cualquiera que le
+dijere tonto será reo del infierno del fuego»
+(Mat., V, 22). Reo se hizo, pues, del infierno
+del fuego por haber llamado a Don Quijote
+tonto.</p>
+
+<p>Ya estás, señor mío, frente a la encarnación
+del sentido común. Y no nos quepa duda de que
+si Cristo Nuestro Señor hubiese en tiempo de
+Don Quijote vuelto al mundo o si hoy volviese a
+él, formaría aquel grave eclesiástico entonces o
+formarían hoy sus sucesores, entre los fariseos
+que le reputarían por loco o dañino agitador y
+le buscarían nueva muerte afrentosa.</p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_313">[Pg 313]</span></p>
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO XXXII</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">De la respuesta que dió Don Quijote a su reprensor, con otros graves<br>
+y graciosos sucesos.</p>
+
+
+<p>Pero a fe que si fué desabrida la reprimenda,
+también fué estupenda la réplica de Don Quijote
+a ella, tal cual en este capítulo se contiene.
+No hay sino releerla. No hay sino releerla la soberana
+lección a los que <em>sin haber visto más mundo
+que el que puede contenerse en veinte o
+treinta leguas de distrito</em> se meten de rondón a
+dar leyes a la caballería y a juzgar de los caballeros
+andantes.</p>
+
+<p><em>Mis intenciones siempre las enderezo a buenos
+fines, que son de hacer bien a todos y mal
+a ninguno: si el que esto entiende, si el que esto
+obra, si el que desto trata, merece ser llamado
+bobo, díganlo vuestras grandezas</em>—exclamó Don
+Quijote. Pero es que se las había con uno de
+esos hombres de voluntad mezquina y de corazón
+estrecho que han inventado lo de que hay
+ideas buenas e ideas malas, y se empeñan en
+ser definidores de la verdad y del error, y en
+que se siguen al mundo grandes males de que
+los hombres crean las visiones de la cueva de<span class="pagenum" id="Page_314">[Pg 314]</span>
+Montesinos y no otras visiones no menos visionarias
+que ellas. Los tales, locos, o mejor menguados
+de corazón, no de cabeza, no hacen
+sino perseguir a los que tienen por locos de la
+cabeza, y entercarse en hacernos creer que
+traen perdido el mundo los caballeros andantes
+que enderezan sus intenciones a buenos fines,
+crean lo que creyeren, y no los graves eclesiásticos
+que miden la grandeza de los grandes con
+la estrechez de sus ánimos. Como sus seseras
+resecas y amojamadas son incapaces de parir
+imaginación alguna, atiénense como a inconmovible
+norma de conducta a las empedernidas
+y encostradas imágenes que en depósito recibieron,
+y como no saben abrirse sendero a campo
+traviesa y por la espesura de la selva, fija en la
+estrella norte la mirada, obstínanse en que vayamos
+los demás en su desvencijado carro por
+las roderas del camino de servidumbre pública.
+Esas gentes no hacen sino censurar a los que
+de veras hacen algo. Cuando alguien tiene cuita,
+acude a los caballeros andantes y no a ellos, ni
+<em>al perezoso cortesano que antes busca nuevas
+para referirlas y contarlas, que procura hacer
+obras y hazañas para que otros las cuenten y las
+escriban</em> como dirá más adelante el mismo Don
+Quijote cuando se le presente Trifaldín, el heraldo
+de la Dueña Dolorida.</p>
+
+<p>Dijo muy bien Don Quijote: <em>Si me tuvieran
+por tonto los caballeros, los magníficos, los generosos,
+los altamente nacidos, tuviéralo por
+afrenta irreparable; pero de que me tengan por
+sandio los estudiantes que nunca entraron ni
+pisaron las sendas de la caballería, no se me da
+un ardite</em>. Razones dignas del Cid quien según
+el sabido romance, cuando aquel monje Bernardo<span class="pagenum" id="Page_315">[Pg 315]</span>
+se atrevió a hablarle en lugar del rey Alfonso,
+platicando en el claustro de San Pedro
+de Cardeña,</p>
+
+
+<div class="poetry-container">
+<div class="poetry">
+<p>¿Quién vos mete, dijo el Cid, en el consejo de guerra<br>
+fraile honrado, a vos agora, la vuesa cogulla puesta?<br>
+Subid vos a la tribuna, y rogad a Dios que venzan,<br>
+que non venciera Josué si Moisén non lo ficiera.<br>
+Llevad vos la capa al coro, yo el pendón a la frontera<br>
+
+...........................................................<br>
+
+que más de aceite que sangre, manchado el hábito muestra.</p>
+</div>
+</div>
+
+<p>reprimenda que hizo exclamar al Rey lo de:</p>
+
+<div class="poetry-container">
+<div class="poetry">
+<p>Cosas tenedes, el Cid, que farán fablar las piedras,<br>
+pues por cualquier niñería facéis campaña la iglesia.</p>
+</div>
+</div>
+
+<p>Y cuando los graves eclesiásticos no pueden
+con los caballeros andantes, vuélvense a sus
+escuderos. Pero también Sancho sabe responder:
+<em>soy quien júntate a los buenos, y serás uno
+de ellos... yo me he arrimado a buen señor, y
+ha muchos meses que ando en su compañía y
+he de ser otro como él, Dios queriendo</em>. Y lo
+querrá Dios, Sancho bueno, Sancho discreto,
+Sancho cristiano, Sancho sincero, lo querrá Dios.
+¡Tú lo dijiste: júntate a los buenos! Porque tu
+amo fué y es y será bueno, ante todo y sobre
+todo bueno, y en pura fuerza de bondad loco,
+y su locura le ha merecido gloria en el mundo
+mientras éste dure y gloria también en la
+eternidad. ¡Oh, Don Quijote, mi San Quijote!
+Sí, los cuerdos canonizamos tus locuras, y que
+los graves eclesiásticos de ánimo estrecho se
+excusen de reprender lo que no pueden remediar.
+<em>Y sin decir más ni comer más se fué</em>, dice
+el historiador refiriéndose al grave eclesiástico.<span class="pagenum" id="Page_316">[Pg 316]</span>
+¡Se fué!... ¡Se fué!... Oh y si pudiésemos decir
+siempre lo mismo...</p>
+
+<p>Recordemos aquí, lector, que esta reprimenda
+del grave eclesiástico a Don Quijote no
+deja de tener parentesco con la reprimenda que
+el Vicario del convento de dominicos de San
+Esteban de Salamanca, de esta Salamanca en
+que escribo y en que se graduó de bachiller
+Sansón Carrasco, enderezó a Íñigo de Loyola
+según nos cuenta su historiador en el capítulo
+XV del libro I de su <span class="smcap">Vida</span>. Cuando le invitaron
+a que fuese a aquella casa, pues los frailes
+tenían gran deseo de oirle y hablarle, y fué, y
+después de haber comido los llevaron a una capilla
+y preguntó el Vicario a Ignacio en qué estudios
+se había criado y qué género de letras
+había profesado, y dijo luego: «Vosotros sois
+unos simples idiotas, y hombres sin letras, como
+vos mismo confesáis; pues ¿cómo podéis hablar
+seguramente de las virtudes y de los vicios»?
+Y luego encerraron a Ignacio y sus compañeros
+y de allí los llevaron a la cárcel. Loyola,
+por su parte, «en más de treinta años,
+nunca llamó a nadie bobo, ni dijo otra palabra
+de que se pudiese agraviar» según su biógrafo
+en el capítulo VI del libro V de su <span class="smcap">Vida</span>.</p>
+
+<p>¿Cómo, sin licencia ni título, ni grados conferidos
+por tribunal ordinario, cómo se atrevía
+así Ignacio a hablar de la virtud y del vicio? Y
+a Don Quijote ¿quién le dió licencia para meterse
+a caballero andante o con qué derecho
+se entremetía a enderezar tuertos y corregir
+abusos, aunque no lo hicieren los graves eclesiásticos
+que para hacerlo cobraban su salario?
+Ni el Vicario del monasterio de San Esteban
+de Salamanca, ni el grave eclesiástico que gobernaba<span class="pagenum" id="Page_317">[Pg 317]</span>
+la casa de los Duques sufrían que se
+saliese nadie del oficio que la sociedad les tuviera
+asignado. ¿Qué orden puede haber, en
+efecto si no se atiene y atempera cada uno a
+lo que se le pide y no más que a ello? Cierto
+que no cabría así progreso, pero el progreso
+es fuente y raíz de muchos males. Bien se dijo
+lo de ¡zapatero, a tus zapatos! Ignacio habría
+hecho mejor en seguir la carrera a que sus
+padres le dedicaron, o por lo menos no meterse
+a predicar hasta haberse graduado de teólogo,
+y Don Quijote debía haberse casado con
+Aldonza Lorenzo para criar a sus hijos y cuidar
+de su hacienda. Ambos graves eclesiásticos,
+el de casa de los Duques y el del convento
+de San Esteban de Salamanca, fueron predecesores
+de aquel que escribió en el Catecismo:
+«eso no me lo preguntéis a mí, que soy
+ignorante; doctores tiene la Santa Madre Iglesia
+que os sabrán responder».</p>
+
+<p>«Buenos estamos—como dijo el Vicario de
+San Esteban de Salamanca—: tenemos el mundo
+lleno de errores, y brotan cada día nuevas herejías
+y doctrinas ponzoñosas; y vos no queréis
+declararnos lo que andáis enseñando...» Medrados
+estamos, en efecto, si ha de salir por ahí
+cada uno a su antojo, éste enderezando entuertos
+y aquél predicando, el uno alanceando molinos
+y el otro fundando Compañías! ¡Al carril,
+al carril todos! ¡Sólo en el carril hay orden!
+Y lo estupendo es que sea ésta hoy la doctrina
+de los que se dicen hijos del reprendido en el
+convento de San Esteban y herederos de su espíritu.</p>
+
+<p>Acabada la comida en casa de los Duques siguió
+la burla, no tan amarga ni burlesca como<span class="pagenum" id="Page_318">[Pg 318]</span>
+la gravedad del grave eclesiástico, y fué lo triste
+que fueron ya las doncellas las que, sin contar
+con sus amos los Duques, se propasaron a
+añadir burlas de su propia cuenta a las burlas
+tramadas por aquéllos. <em>Ni él ni yo sabemos de
+achaque de burlas</em>—dijo Don Quijote refiriéndose
+a Sancho. Y era verdad, pues jamás se
+vió loco más serio que Don Quijote. Y cuando
+la locura se acompaña de la seriedad, reálzase
+y se eleva mil codos sobre la cordura retozona
+y burladora.</p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_319">[Pg 319]</span></p>
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO XXXIII</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">De la sabrosa plática que la Duquesa y sus doncellas pasaron con<br>
+Sancho Panza, digna de que se lea y de que se note.</p>
+
+
+<p>Entre burlas y regocijo confesó Sancho a la
+Duquesa que tenía a Don Quijote por loco rematado
+y él, pues con todo y con eso le seguía
+y servía e iba atenido a las vanas promesas
+suyas, sin duda alguna debía de ser más loco
+y tonto que su amo.</p>
+
+<p>Pero ven acá, pobre Sancho, ven y dinos ¿lo
+crees de veras así? Y aun creyéndolo ¿no sientes
+que es mejor para tu fama y tu salud eterna
+seguir al loco generoso que no a un cuerdo
+mezquino? ¿No dijiste hace poco al grave eclesiástico,
+cuerdo hasta reventar de cordura, que
+hay que juntarse a los buenos, por locos que
+ellos sean, y que habías de ser otro como él,
+como tu amo. Dios queriendo? ¡Ah, Sancho,
+Sancho, y cómo bamboleas en tu fe y perinoleas
+y te revuelves como veleta a todos vientos
+y al son que te tocan bailas! Pero sabemos bien
+que crees creer una cosa y crees otra, y que
+mientras te figuras sentir de un modo estás, en<span class="pagenum" id="Page_320">[Pg 320]</span>
+tu interior, sintiendo de otro modo muy diverso.
+Bien dijiste lo de: <em>ésta fué mi suerte y mi
+malandanza; no puedo más, seguirle tengo; somos
+de un mismo lugar; he comido su pan; quiérole
+bien; es agradecido; dióme sus pollinos, y
+sobre todo, yo soy fiel</em>... Sí, y tu fidelidad te salvará,
+Sancho bueno, Sancho cristiano. Estabas
+y estás quijotizado, y en prueba de ello pronto
+te hizo dudar la Duquesa de que hubieras inventado
+lo del encanto de Dulcinea y acabaste
+por confesar que de tu ruin ingenio no se puede
+ni se debe presumir que fabricases en un instante
+tan agudo embuste. Sí, Sancho, sí; cuando
+creemos ser burladores solemos muchas veces
+ser los burlados, y cuando se nos figura hacer
+algo en chanzas es que el Supremo Poder que
+de nosotros se sirve para sus ocultos e inescudriñables
+fines nos lo hace hacer en veras. Cuando
+creemos ir por un camino nos están llevando
+por otro, y así no hay sino dejarse guiar de
+las buenas intenciones del corazón y que Dios
+las haga fructificar, pues si nosotros sembramos
+la semilla, arando antes la tierra que la recibe,
+es el cielo el que la riega y airea y da
+lumbre.</p>
+
+<p>Debo aquí, antes de pasar adelante, protestar
+contra la malicia del historiador, que al fin
+de este capítulo XXXIII que vengo explicando
+y comentando, dice que las burlas que hicieron
+los Duques al Caballero fueron <em>tan propias y
+discretas, que son las mejores aventuras que
+en esta grande historia se contienen</em>. ¡No, no,
+y mil veces no! Las tales burlas no fueron ni
+propias ni menos discretas, sino torpísimas, y
+si ellas sirvieron para poner a mayor luz el insondable
+espíritu de nuestro hidalgo y alumbrar<span class="pagenum" id="Page_321">[Pg 321]</span>
+el abismo de la bondad de su locura, débese
+tan sólo a que la grandeza de Don Quijote y
+su heroísmo eran tales, que convertían en veras
+sublimes las más bajas y torpes burlas.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_322">[Pg 322]</span></p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_323">[Pg 323]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO XXXIV</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">Que da cuenta de la noticia que tuvo de cómo se había de desencantar<br>
+la sin par Dulcinea del Toboso, que es una de las aventuras más famosas deste libro.</p>
+
+
+<p>Entre esas burlas que el historiador estima
+propias y discretas, no lo siendo ni de lejos, estuvo
+la del modo cómo se había de desencantar
+a Dulcinea, dándose Sancho tres mil trescientos
+azotes</p>
+
+<div class="poetry-container">
+<div class="poetry">
+<p><em>en ambas sus valientes posaderas<br>
+al aire descubiertas, de tal modo<br>
+que le escuezan, le amarguen y le enfaden</em>.</p>
+</div>
+</div>
+
+<p>Y los azotes había de dárselos de propia voluntad,
+sin que valiesen los que por fuerza quería
+propinarle Don Quijote. Negóse Sancho a
+dárselos, porfiaron negándole el gobierno de la
+ínsula si no prometía vapularse, y al fin, vencido
+de razones y de codicia, lo prometió. Y <em>Don
+Quijote se colgó del cuello de Sancho dándole
+mil besos en la frente y en las mejillas</em>, recompensa
+más que colmada a su final resignación.</p>
+
+<p>Y ¿por qué no te has de azotar por amor de<span class="pagenum" id="Page_324">[Pg 324]</span>
+Dulcinea, Sancho amigo, si es a ella a quien debes
+la perpetuidad de tu fama? Vale más que te
+azotes por Dulcinea que no por lo que sueles
+azotarte de ordinario; vale más Dulcinea que
+no gobierno de ínsula alguna. Si al azotarte, si
+al trabajar pusieses siempre tu mira en Dulcinea,
+sería siempre santo tu trabajo. Cuando trabajes
+de zapatero pon tu hito en hacerlo mejor que
+ningún otro, y aspira a la gloria de que tus parroquianos
+no padezcan callos en los pies.</p>
+
+<p>Hay una forma la más elevada de trabajo,
+cual es la de convertirlo en oración, y aserrar
+madera, colocar mampuesto, coser zapatos, cortar
+calzones o componer relojes a la mayor honra
+y gloria de Dios, pero hay otra forma, por
+menos encumbrada más humana y más conseguidera,
+y es hacerlo por Dulcinea, por la gloria.
+¡Cuántos pobres Sanchos que se desesperan
+y reniegan bajo el yugo del trabajo se sentirían
+alijarados de él y henchidos de alegría en su
+labor, si al trabajar, es decir, al azotarse pusieran
+su mira en desencantar a Dulcinea, en cobrar
+nombre y fama con su trabajo! Esfuérzate,
+Sancho, por ser en tu pueblo el primero
+de tu oficio y toda la pesadumbre y graveza de
+tu trabajo se disipará ante tan honrado propósito.
+El pundonor dignifica al artesano.</p>
+
+<p>Cuenta el <span class="smcap">Génesis</span> no que Dios condenara al
+hombre al trabajo, pues dice que le puso en el
+paraíso para que lo cuidara y trabajase (II, 15),
+sino que le condenó, luego de haber Adán pecado,
+a la penosidad del trabajo, a que le fuese
+éste penoso y molesto, a que con dolor comiera
+de la tierra que no le produciría sino espinas
+y cardos, a comer su pan amasado con sudor
+(III, 17-19). Y el amor a la gloria, el ansia de<span class="pagenum" id="Page_325">[Pg 325]</span>
+desencantar a Dulcinea, convierte en rosas los
+cardos y en suaves pétalos las pinchosas espinas.
+Y ¿cómo quieres, Sancho, que fuese a vivir
+Adán en el paraíso sin trabajarlo? ¿Qué paraíso
+podía ser ese en que no se trabajaba? No,
+no puede haber verdadero paraíso alguno sin
+algún trabajo en él.</p>
+
+<p>Ya sé que hay Sanchos que cantan esta copla:</p>
+
+<div class="poetry-container">
+<div class="poetry">
+<p><span style="margin-left: 1em;">Cada vez que considero</span><br>
+que me tengo de morir,<br>
+tiendo la capa en el suelo<br>
+y no me harto de dormir.</p>
+</div>
+</div>
+
+<p>Ya sé que hay Sanchos que se representan la
+gloria eterna como un eterno nada hacer, como
+un campo celeste en que tendidos a la bartola
+se está viendo lucir el sol increado, pero para
+ellos la suprema recompensa debe ser la nada,
+el sueño inacabable sin ensueños ni despertar.
+Nacieron cansados y con la pesadumbre de los
+trabajos y penas de sus abuelos y tatarabuelos a
+cuestas; ¡descansen sobre sus nietos y tataranietos
+durmiendo en las honduras de éstos! Y
+esperen así que Dios los despierte al trabajo
+divino.</p>
+
+<p>Ten por seguro, Sancho, que si al fin y a la
+postre se nos da, como te tienen prometido,
+una visión beatífica de Dios, esa visión habrá
+de ser un trabajo, una continua y nunca acabadera
+conquista de la Verdad Suprema e Infinita,
+un hundirse y chapuzarse cada vez más en los
+abismos sin fondo de la Vida Eterna. Unos irán
+en ese glorioso hundimiento más de prisa que
+otros y ganando más hondura y más gozo que
+ellos, pero todos irán hundiéndose sin fin ni<span class="pagenum" id="Page_326">[Pg 326]</span>
+acabamiento. Si todos vamos al infinito, si todos
+vamos <em>infinitándonos</em>, nuestra diferencia estribará
+en marchar unos más de prisa y otros
+más despacio, en crecer éstos en mayor medida
+que aquéllos, pero todos avanzando y creciendo
+siempre y acercándonos todos al término inasequible,
+al que ninguno ha de llegar jamás. Y es
+el consuelo y la dicha de cada uno el saber que
+llegará alguna vez a donde llegó otro cualquiera,
+y ninguno a parada de última queda. Y es mejor
+no llegar a ella, a quietud, pues si el que ve
+a Dios, según las Escrituras, se muere, el que alcanza
+por entero a la Verdad Suprema queda
+absorbido en ella y deja de ser.</p>
+
+<p>Trabajo, Señor, da a Sancho, y danos a todos
+los pobres mortales trabajo siempre, procúranos
+azotes, y que siempre nos cueste esfuerzo conquistarte
+y que jamás descanse en Ti nuestro espíritu,
+no sea que nos anegues y derritas en Tu
+Seno. Danos Tu paraíso, Señor, pero para que
+lo guardemos y trabajemos, no para dormir en
+él; dánoslo para que empleemos la eternidad en
+conquistar palmo a palmo y eternamente los insondables
+abismos de Tu infinito seno.</p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_327">[Pg 327]</span></p>
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULOS XL, XLI, XLII <small>Y</small> XLIII</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">De la venida de Clavileño y de otras cosas.</p>
+
+
+<p>Viene luego en nuestra historia el relato de la
+Dueña Dolorida, que al historiador le parece de
+perlas, según lo declara al principio del capítulo
+XL, y a mí me parece de lo más burdo y más
+torpemente tramado que puede darse. Todo el
+valor de esta grosera burla consiste en preparar
+la del caballo Clavileño, en el cual habrían
+de ir Don Quijote y su escudero por los aires
+al reino de Gandaya, vendados los ojos antes
+ambos.</p>
+
+<p>Resistióse Sancho a subirse en Clavileño, pues
+no era brujo <em>para gustar de andar por los aires</em>,
+ni era cosa que sus insulanos dijeran que su gobernador
+se andaba <em>paseando por los vientos</em>,
+mas el Duque le dijo: <em>Sancho amigo, la ínsula que
+yo os he prometido no es movible ni fugitiva...
+y pues vos sabéis que sé yo que no hay ningún
+género de oficio destos de mayor cuantía que no
+se grangee con alguna suerte de coecho, cual
+más, cual menos, el que yo quiero llevar por este
+gobierno es que vais con vuestro señor Don Quijote
+a dar cima y cabo a esta memorable aventura</em>,
+con otras razones que añadió. A lo cual <em>no<span class="pagenum" id="Page_328">[Pg 328]</span>
+más señor—dijo Sancho—, yo soy un pobre escudero,
+y no puedo llevar a cuestas tantas cortesías;
+suba mi amo, tápenme estos ojos y encomiéndenme
+a Dios, y avísenme si cuando vamos
+por esas altanerías podré encomendarme a nuestro
+Señor o invocar los ángeles que me favorezcan</em>.
+Entonces declaró Don Quijote que desde la
+memorable aventura de los batanes, nunca había
+visto a Sancho con tanto temor. A pesar de
+lo cual montó el escudero en Clavileño, detrás
+de su amo, y pidió, con lágrimas en los ojos, que
+rezasen por él. Y luego, cuando iban por los
+aires imaginarios, se ceñía y apretaba a su amo,
+lleno de miedo cerval.</p>
+
+<p>El resto de la aventura es cosa tristísima si la
+hemos de juzgar a lo mundano, pero ¡cuántos se
+remontan en Clavileño sin moverse del lugar en
+que montaron y atraviesan así la región del aire
+y la del fuego! Es tan triste la aventura, que
+quiero llegar a cuando al acabarla y después de
+haberse visto Don Quijote y Sancho sin más daño
+que un revolcón y chamuscamiento, libre ya el
+escudero de su miedo, dió en inventar mentiras,
+y al oirlas Don Quijote se acercó a Sancho y le
+dijo estas preñadas palabras: <em>Sancho, pues vos
+queréis que se os crea lo que habéis visto en el
+cielo, yo quiero que vos me creáis a mí lo que
+vi en la cueva de Montesinos, y no digo más</em>.</p>
+
+<p>Vele aquí la fórmula más comprensiva y a
+la vez más vasta de la tolerancia: si quieres que
+te crea, créeme tú. Sobre el crédito mutuo se
+cimenta la sociedad de los hombres. La visión
+del prójimo es para él tan verdadera como para
+ti lo es tu propia visión. Siempre, sin embargo,
+que sea verdadera visión y no embuste y patraña.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_329">[Pg 329]</span></p>
+
+<p>Y en esto estriba la diferencia entre Don Quijote
+y Sancho, y es que Don Quijote vió de veras
+lo que dijo había visto en la cueva de Montesinos—a
+pesar de las maliciosas insinuaciones
+de Cervantes en contrario—y Sancho no vió lo
+que dijo haber visto en las esferas celestiales
+yendo en lomos de Clavileño, sino que lo inventó
+mintiendo, por imitar a su amo o desahogar su
+miedo. No nos es dado a todos gozar de visiones
+y menos aún el creer en ellas y creyéndolas hacerlas
+verdaderas.</p>
+
+<p>Poneos en guardia contra los Sanchos que apareciendo
+defensores y sustentadores de la ilusión
+y de las visiones, en realidad no defienden sino
+la mentira y la farándula. Cuando os digan de
+un embustero que acaba por creer los embustes
+que urde, contestad redondamente que no.
+El arte no puede ni debe ser alcahuete de la
+mentira; el arte es la suprema verdad, la que se
+crea en fuerza de fe. Ningún embustero puede
+ser poeta. La poesía es eterna y fecunda como la
+visión: la mentira es estéril como una mula y
+dura menos que la nieve marzera.</p>
+
+<p>Y admiremos la suprema generosidad de Don
+Quijote que estando seguro de que él vió lo que
+dijo haber visto en la cueva de Montesinos y
+más seguro aún, si cabe, de que Sancho no vió
+lo que decía haber visto en las celestes esferas
+se limitó a decirle: <em>si vos queréis que os crea...
+yo quiero que vos me creáis</em>. ¡Cristianísima manera
+de salir al paso y cerrárselo a los embusteros
+que juzgando a los demás por sus propias
+mañas, toman por embustes las visiones quijotescas!
+Y hay, no obstante, una vara infalible
+para deslindar de la mentira la visión.</p>
+
+<p>Don Quijote se hundió y empozó en la cueva<span class="pagenum" id="Page_330">[Pg 330]</span>
+de Montesinos lleno de coraje y denuedo, sin
+hacer caso de Sancho que quería disuadirle de
+ello, a cuyas amonestaciones contestó lo de <em>¡ata
+y calla!</em>, y haciendo oídos sordos al guía, bajó
+lleno de valor, y Sancho montó en Clavileño aterido
+de miedo y con lágrimas en los ojos y no
+muy de su voluntad. Y así como el valor es el
+padre de las visiones, así la cobardía es la madre
+de los embustes. El que acomete una empresa
+henchido de bravura y fiado en el triunfo o sin
+importársele de la derrota, llega a ver visiones,
+pero no trama mentiras, y el que teme un desenlace
+adverso, el que no sabe afrontar serenamente
+el fracaso, el que empeña en su intento esa
+mezquina pasión del amor propio que se arredra
+ante el no salirse con la suya, éste trama
+mentiras para precaverse de la derrota y no sabe
+ver visiones.</p>
+
+<p>Así en esta nuestra patria y patria de Don
+Quijote y Sancho como es la cobardía moral lo
+que tiene presas a las almas, y los hombres reculan
+ante un probable fracaso y tiemblan de haber
+de caer en ridículo, verbenean que es una
+lástima las mentiras, y escasean que da pena las
+visiones. Los embusteros ahogan a los visionarios.
+Y no sabremos ver visiones reconfortantes
+y encorazonadoras y gozar de ellas, mientras no
+aprendamos a afrontar el ridículo, y a arrostrar
+el que los tontos y los menguados de corazón nos
+tomen por locos o caprichudos o soberbios y a
+saber que el quedarse solo no es quedar derrotado
+como dicen los mentecatos, y a no andarnos
+siempre calculando de antemano el llamado
+triunfo. Don Quijote no pensó al meterse en la
+cueva en cómo saldría de ella ni en si saldría
+siquiera, y por eso vió allí dentro visiones. Y<span class="pagenum" id="Page_331">[Pg 331]</span>
+Sancho, como mientras iba a su pesar y con los
+ojos vendados, sobre Clavileño, no pensaba sino
+en cómo habría de salir de aquella aventura en
+que por quiebras de su oficio escuderil se veía
+metido, así que se vió sano y libre rompió a ensartar
+embustes.</p>
+
+<p>Y esta otra diferencia hay al respecto entre
+Don Quijote y Sancho, y es que Don Quijote se
+metió en la cueva por sí y ante sí, sin que nadie
+le forzase a ello ni le mandase hacerlo, pudiendo
+muy bien haberse ahorrado tal proeza para cuyo
+cumplimiento hubo de desviarse de su camino,
+y Sancho montó en Clavileño porque el Duque
+se lo impuso como condición para darle el gobierno
+de la ínsula. Don Quijote se despeñó, empozó
+y hundió en la cueva sólo por que conociera
+el mundo que si Dulcinea le favorecía no habría
+imposible que él no acometiera y acabase,
+y Sancho montó en Clavileño por amor al gobierno
+de la ínsula. Y de lo encumbrado y desinteresado
+del propósito del caballero nació su
+valor y de su valor las visiones de que gozó, y
+de lo interesado y pobre del propósito del escudero
+nació su miedo y de su miedo los embustes
+que urdió. Ni Don Quijote buscaba gobierno alguno
+sino sólo mostrar la fortaleza con que le
+animaba Dulcinea y hacer que los hombres declararan
+así la grandeza de ésta, ni Sancho buscaba
+gloria alguna sino sólo el gobierno de la
+ínsula. Y por esto Don Quijote vió visiones valerosamente,
+y Sancho fraguó embustes cobardemente.</p>
+
+<p>El interés, sea del género que fuese y aunque
+se disfrace de amor a la gloria, la rebusca de
+fortuna, de posición, de honores, de distinciones
+mundanas, de aplausos del momento, de<span class="pagenum" id="Page_332">[Pg 332]</span>
+cargos o preminencias de aparato, de lo que nos
+dan los otros a cambio de servicios reales o ilusorios
+o a trueque de promesas y halagos, todo
+esto engendra cobardía moral, y la cobardía moral
+pare mentiras conejilmente, y el desinterés
+de no buscar sino a Dulcinea y saber esperar
+a que los hombres nos reconocerán al cabo fieles
+servidores y favoritos de ella, infunde valor
+y el valor nos regala visiones. Armémonos, pues,
+de visiones quijotescas y desbaratemos con ellas
+los embustes sanchopancescos.</p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_333">[Pg 333]</span></p>
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO XLIV</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">Cómo Sancho Panza fué llevado al gobierno y de la soledad y pobreza de Don Quijote.</p>
+
+
+<p>Partióse luego de esto Sancho para el gobierno
+de su ínsula, después de recibidos los
+consejos de su amo, <em>y apenas se hubo partido
+Sancho, cuando Don Quijote sintió su soledad</em>;
+tristísimo rasgo que nos ha conservado la historia.
+Y ¿cómo no había de sentir su soledad, si
+Sancho era el linaje humano para él y en cabeza
+de Sancho amaba a los hombres todos?
+¿cómo no si había Sancho sido su confidente y el
+único que le oyó aquello de los doce años en
+que había querido en silencio a Aldonza Lorenzo
+más que a la lumbre de sus ojos, que la tierra
+comería un día? ¿no estaba entre ellos dos
+solos el secreto misterioso de su vida?</p>
+
+<p>Sin Sancho Don Quijote no es Don Quijote,
+y necesita el amo más del escudero que el escudero
+del amo. ¡Cosa triste la soledad del héroe!
+Porque los vulgares, los rutineros, los Sanchos,
+pueden vivir sin caballeros andantes, pero el
+caballero andante ¿cómo vivirá sin pueblo? Y
+es lo triste que necesita de él, y ha de vivir sin
+embargo solo. ¡Oh soledad, oh triste soledad!</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_334">[Pg 334]</span></p>
+
+<p>Encerróse Don Quijote a solas, sin consentir
+le sirvieran doncellas, y <em>a la luz de dos velas de
+cera, se desnudó, y al descalzarse ¡oh desgracia
+indigna de tal persona! se le soltaron, no suspiros
+ni otra cosa que desacreditase la limpieza
+de su policía, sino hasta dos docenas de puntos
+de una media que quedó hecha zelosía. Afligióse
+en extremo el buen señor</em>—añade la historia—<em>y
+diera él por tener allí un adarme de seda verde
+una onza de plata</em>. Y a seguida diserta el historiador
+sobre la pobreza, y entre otras cosas
+dice: <em>¿por qué quieres estrellarte con los hidalgos
+y bien nacidos más que con la otra gente?</em></p>
+
+<p>Agradezcamos al puntualísimo historiador de
+Don Quijote el que nos haya conservado este
+suceso íntimo del habérsele suelto al caballero
+las dos docenas de puntos de la media y de su
+aflicción por ello. Es algo de una profundísima
+melancolía. Quédase el héroe a solas y encerrado
+en su aposento, lejos de los hombres, y cuando
+éstos le creen acaso con la mente ocupada
+en sus futuras empresas o encendiéndose en
+nuevos anhelos de perdurable gloria, está el
+<em>buen señor</em>—¡y qué bien cae lo de llamarle <em>buen
+señor</em> en este caso!—afligido por el soltamiento
+de los puntos de la media.</p>
+
+<p>¡Oh pobreza, pobreza!—digo yo también—y
+¡cómo ocupas las soledades de los caballeros andantes
+y de los hombres todos! Por no confesarse
+pobre se deslustra el héroe, y sus desmayos
+y aflicciones y tristezas es porque se le deshicieron
+las medias y no tiene con qué sustituirlas.
+Le veis triste, le veis abatido, juzgáis que el desaliento
+le gana o que el caballeresco ánimo se
+le mengua, y no es sino que piensa en lo mucho
+que rompen botas sus hijitos. ¡Oh pobreza, pobreza,<span class="pagenum" id="Page_335">[Pg 335]</span>
+y cuándo te llevaremos de bracete con
+la vista alta y el corazón sereno! El más terrible
+enemigo del heroísmo es la vergüenza de aparecer
+pobre. Pobre era Don Quijote y al verse con
+las medias sueltas de puntos, se afligía. Arremetió
+a molinos, embistió a yangüeses, venció al
+vizcaíno y a Carrasco, esperó a pie firme y sin
+temblar al león, para venir a afligirse luego de
+tener que presentarse ante los Duques con la
+media deshecha, mostrando su pobreza. ¡Tener
+que hacer un papel en el mundo siendo pobre!</p>
+
+<p>¿Y si los pobres mundanos supiéramos el descanso
+que da el hacer voto de pobreza y no avergonzarse
+de ella? Íñigo de Loyola, a imitación de
+otros fundadores, instituyó voto de pobreza en
+la Compañía por él fundada, y de cuán bien les
+va a sus hijos con ella nos certifica el P. Alonso
+Rodríguez en el capítulo III del Tratado III de
+la Tercera parte de su <span class="smcap">Ejercicio de perfección</span>.
+En que nos dice que si deja uno criados en el
+mundo, halla en la Compañía muchos que le
+sirvan, y que «si vais a Castilla, a Portugal, a
+Francia, a Italia, a Alemania, a las Indias y a
+cualquier parte del mundo, hallaréis que nos tienen
+ya puesta allá casa con otros tantos oficiales
+de asiento», por manera que dejando las riquezas
+del mundo «más señor sois vos de las cosas
+y riquezas del mundo que los mismos ricos; que
+no son ellos los señores de sus haciendas y riquezas
+sino vos», y así, en efecto, entienden muchos
+de los jesuitas. Y agrega con mucho tino el
+buen Padre que mientras el rico está dando
+vuelcos de noche porque su hacienda y riquezas
+le quitan el sueño, el religioso «¡cuán sin cuidado
+y sin tener cuenta si vale caro o barato, o si
+es buen año o malo, lo tiene todo!».</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_336">[Pg 336]</span></p>
+
+<p>También el pobre Don Quijote hizo algo así
+como voto de pobreza al principio de su carrera
+y salió de su casa sin blanca y se negaba a
+pagar, creyéndose libre de ello por fuero de caballería,
+mas el ventero que le armó caballero
+le persuadió a que llevase dineros y camisas limpias
+y le obedeció <em>vendiendo una cosa y empeñando
+otra y malbaratándolas todas</em>. Y por haber
+así quebrantado su voto de pobreza, la pobreza
+le persigue y le acuita, y se acongoja al
+soltársele los puntos de las medias.</p>
+
+<p>¡Oh pobreza, pobreza!, antes que confesarte
+preferimos pasar por bellacos, por duros de
+corazón, por falsos, por malos amigos y hasta
+por viles. Inventamos miserables embustes para
+rehusar lo que no podemos dar por carecer nosotros
+de ello. La pobreza no es la escasez de recursos
+pecuniarios para la vida, sino el estado de
+ánimo que tal escasez engendra; la pobreza es
+algo íntimo, y de aquí su fuerza.</p>
+
+<div class="poetry-container">
+<div class="poetry">
+<p>¡Oh necesidad infame, a cuántos honrados fuerzas<br>
+A que por salir de ti, hagan mil cosas mal hechas!</p>
+</div>
+</div>
+
+<p>como dice el tan sabido romance refiriéndose al
+engaño con que el Cid sacó dinero a los judíos,
+dándoles un arca llena de arena.</p>
+
+<p>Mira a ése; no sale de casa sino a favor de
+las espesas sombras de la noche, porque entonces
+no se ve cómo su traje relumbra de puro
+roce; tiene vergüenza de aparecer pobre más
+aún que de serlo. Mira ese otro; es un Catón,
+un hombre rígido e incorruptible; repite cada
+día que hay que predicar con el ejemplo y la pureza
+de la vida, mas en cuanto se mete a murmurar,
+no inquiere sino cuánto gana éste o cuánto<span class="pagenum" id="Page_337">[Pg 337]</span>
+tiene aquél y no hace sino pensar en lo cara
+que es la vida.</p>
+
+<p>¡Oh pobreza, pobreza!, tú has hecho el hediondo
+orgullo de nuestra España. ¿No conocéis acaso
+el orgullo de la pobreza y de la más baja y
+declarada, de la pobreza del mendigo? Es cosa
+maravillosa que sea la pobreza, lo que más nos
+afrenta y aflige, una de las cosas que nos dé
+más orgullo. Aunque no sea sino orgullo fingido
+y un modo de encubrir aquélla; es una vergüenza
+disfrazada de orgullo para defenderse, como
+el miedo de esos inofensivos animalitos que lo
+disfrazan de terribilidad y se ponen amedrentadores,
+hinchándoseles la gola cuando más muertos
+de miedo se sienten. Sucede con esto como
+con aquello de que muchos se ensoberbezcan de
+su humildad.</p>
+
+<p>Es menester que os fijéis en la gravedad y aun
+altanería con que pordiosean muchos pordioseros.
+Os contaré un caso al propósito y es el de
+un mendigo que acostumbraba a pedir a un señor
+los sábados, y una vez le pidió no siendo sábado
+y aquél le dió una perra chica, mas percatándose
+luego de habérsela dado en día no sábado,
+le llamó al mendigo la atención sobre ello, rogándole
+no se saliese de la costumbre. Y al oir esto
+el mendigo, le alargó la limosna, devolviéndosela,
+y le dijo: «¿Ah, pero ahora salimos con ésas?
+Tome, tome su perra chica y busque otro pobre».
+Que es como si dijera: ¿Conque vengo a hacerle
+la merced de ponerle en ocasión de que ejercite la
+virtud de la caridad y gane así méritos para el
+cielo, y me viene con condiciones y reparos?
+Tome, tome su limosna, y busque quien le favorezca
+en tomársela.</p>
+
+<p>Y ¡oh pobreza la más triste y miserable de todas,<span class="pagenum" id="Page_338">[Pg 338]</span>
+la de tener que presentarse con las medias
+enterizas, la de tener que conservar el traje del
+papel que en la comedia del mundo representamos!
+Triste caso es el del pobre cómico que no
+puede mudarse de camisa y tiene que guardar y
+limpiar y conservar enteros los disfraces con que
+se gana su vida en el tablado; triste caso es no
+tener en las crudas noches del invierno una pobre
+capa con que guardarse del frío y tener que
+guardar el vistoso manto con que se hace el papel
+de rey en la comedia. Y más triste aún que
+no pueda uno en esas noches abrigarse con el
+manto teatral.</p>
+
+<p>Don Quijote se afligía y avergonzaba de tener
+que aparecer pobre. Era, al fin, hijo de Adán. Y
+Adán mismo, nos cuenta el <span class="smcap">Génesis</span> (cap. III,
+versículos 7 a 10) que después que hubo pecado
+conoció estar desnudo, es decir, que era pobre,
+y al llamarle Dios se escondió, y es que tenía
+miedo por verse desnudo. Y el miedo a la desnudez,
+a la pobreza, ha sido siempre y sigue siendo
+el primer resorte de acción de los pobres mortales.
+Terribles fueron aquellos tenebrosos tiempos
+medievales, hacia el milenio, cuando empujaba
+a los espíritus más que el ansia de la
+gloria celestial, el temor al infierno, pero ¿no
+veis que en nuestra sociedad es más el horror a
+la pobreza que no la sed de riquezas lo que lanza
+a los más de los hombres a sus más locas
+empresas? Es más avariciosidad que ambición lo
+que nos mueve, y si examinamos a los que pasan
+por más ambiciosos, encontraremos un avaro
+dentro de ellos. Toda garantía nos parece poca
+para preservarnos y preservar a los nuestros de
+la tan aborrecida y tan temida pobreza, y amontonamos
+riquezas para taparle todo agujero por<span class="pagenum" id="Page_339">[Pg 339]</span>
+donde se nos meta en casa. El delito hoy, el verdadero
+delito, es ser pobre; aquellas de nuestras
+sociedades que se dicen más adelantadas y
+cultas, distínguense por su odio a la pobreza y
+a los pobres; nada hay más triste que el ejercicio
+de la beneficencia. Diríase que se quiere suprimir
+los pobres, no la pobreza, exterminarlos,
+como si se tratase de exterminar una plaga de
+animales dañinos. Se trata de acabar con la pobreza
+no por amor al pobre, sino para que su
+presencia no nos recuerde el terrible término.</p>
+
+<p>Y ¿qué de extraño tiene que se buscase el cielo
+no más que por huir de la indigencia? El ansia
+de renombre y fama, la sed de gloria que movía
+a nuestro Don Quijote ¿no era acaso en el
+fondo el miedo a oscurecerse, a desaparecer, a
+dejar de ser? La vanagloria es, en el fondo, el
+terror a la nada, mil veces más terrible que el infierno
+mismo. Porque al fin en un infierno se es,
+se vive, y nunca, diga lo que dijere el Dante, puede
+mientras se es, perderse la esperanza, esencia
+misma del ser. Porque la esperanza es la
+flor del esfuerzo del pasado por hacerse porvenir
+y ese esfuerzo constituye el ser mismo.</p>
+
+<p>Y ven ahora acá, mi Don Quijote, y llama a
+tu Alonso el Bueno, y dime: esa tu vergüenza
+de ser pobre ¿no entró, en parte al menos, en la
+grandiosa vergüenza que te impidió declararte a
+Aldonza Lorenzo? Tú conocías lo de «contigo
+pan y cebolla» y algo más que pan y cebolla podías
+ofrecerla, como era <em>una olla de algo más
+vaca que ternera, salpicón las más noches, lantejas
+los viernes... y algún palomino de añadidura
+los domingos</em>, pero ¿era eso bastante para
+ella? Y aun siéndolo ¿lo sería para los frutos que
+de vuestro amor pudiesen nacer?... Pero dejo<span class="pagenum" id="Page_340">[Pg 340]</span>
+esto, pues sé bien cuán profundamente te conmueves
+y ruborizas si se te habla de ello.</p>
+
+<p>No nos extrañe, pues, que Don Quijote se recostase
+<em>pensativo y pesaroso, así de la falta que
+Sancho le hacía, como de la irreparable desgracia
+de sus medias, a quien tomara los puntos aunque
+fuera con seda de otro color, que es una de las
+mayores señales de miseria que un hidalgo puede
+dar en el discurso de su prolija estrecheza</em>. Y ¡qué
+maravillosa conjunción la que el historiador establece
+aquí entre la soledad y la pobreza de Don
+Quijote! ¡Pobre y solo! Aún se puede soportar
+la pobreza en compañía o la soledad en riqueza,
+pero ¡pobre y solo!</p>
+
+<p>¿De qué le servían, estando pobre y solo, los
+requiebros del Altisidora? Hizo bien en cerrar la
+ventana al oirlos.</p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_341">[Pg 341]</span></p>
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO XLVI</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">Del temeroso espanto cencerril y gatuno que recibió Don Quijote<br>
+en el discurso de los amores de la enamorada Altisidora.</p>
+
+
+<p>Mas luego, apiadado de la dolencia de amor
+de la desenvuelta moza, mandó le pusiesen un
+laúd por la noche en el aposento, <em>que yo consolaré
+lo mejor que pudiere a esta lastimada doncella—dijo.
+Y llegadas las once horas de la noche
+halló Don Quijote una vihuela en su aposento;
+templóla, abrió la reja, y sintió que andaba
+gente en el jardín y habiendo recorrido los trastes
+de la vihuela, y afinádola lo mejor que supo,
+escupió y remondóse el pecho, y luego con voz
+ronquilla, aunque entonada, cantó</em> un romance
+que trae el historiador y que el mismo Don Quijote
+<em>aquel día había compuesto</em>.</p>
+
+<p>El verdadero héroe es, sépalo o no, poeta,
+porque ¿qué sino poesía es el heroísmo? La
+misma es la raíz de la una y del otro, y si el héroe
+es poeta en acción, es el poeta héroe en imaginativa.
+El caballero andante, que hace profesión
+de las armas, necesita raíces de poeta, porque
+su arte es arte militar, del cual no dudaba
+el Dr. Huarte, como en el cap. XVI de su <span class="smcap">Examen<span class="pagenum" id="Page_342">[Pg 342]</span></span>
+nos dice, sino que «pertenece a la imaginativa,
+porque todo lo que el buen capitán ha de
+hacer dice consonancia, figura y correspondencia...
+para todo lo cual es tan impertinente el entendimiento,
+como los oídos para ver». Y todo
+ello no es sino redundancia de vida, esfuerzo que
+en redondearse y cumplirse se perfecciona, y
+acaba, obra cuyo fin es la obra misma. Llega a
+un punto la savia en que ha de volverse por donde
+fué, y al llegar allá, al punto que no es camino
+para otro, sino término, se vuelve sobre sí
+y da sobre el brote que así forma, la flor, y la
+flor lo es de belleza.</p>
+
+<p>Don Quijote canta, Don Quijote es poeta, cosa
+que ya temía la gatita muerta de su sobrina cuando
+en el escrutinio que el cura y el barbero hicieron
+en la librería, al querer perdonar <span class="smcap">La Diana</span>
+de Jorge de Montemayor, manifestó temores
+de que su tío diera en poeta, <em>que según dicen es
+enfermedad incurable y pegadiza</em>—añadió. ¡Ay
+Antonia, Antonia, y qué ojeriza tienes a la poesía
+y qué rencor le guardas! Pero tu tío es poeta,
+y si no hubiera nunca cantado, no habría sido el
+héroe que fué. No que el ser cantor le hiciera
+ser héroe, sino que de la plenitud del heroísmo
+le brotó el canto.</p>
+
+<p>No apruebo, pues, las razones que el P. Rivadeneira
+en el cap. XXII del libro III de su <span class="smcap">Vida
+de San Ignacio</span> nos da para justificar el que la
+Compañía de Jesús no tenga coro. Dícenos que
+«no es de esencia de la Religión el tener coro»,
+y, en efecto, puede haber ruiseñor mudo, pero
+será ruiseñor enfermo, y añade, con Santo Tomás,
+que los que tienen por oficio enseñar al
+pueblo y apacentarle con el pan de la doctrina
+«no deben ocuparse en cantar, porque ocupados<span class="pagenum" id="Page_343">[Pg 343]</span>
+con el canto, no dejen lo que tanto importa».
+Pero ¿es que hay doctrina más íntima ni más
+profunda que la que se da cantando? En los
+consejos mismos que se dan a hombre no es la
+letra sino la música de ellos lo que aprovecha y
+edifica. Música es el espíritu y la carne es letra,
+y toda doctrina del corazón es canto.</p>
+
+<p>Curioso es, en efecto, que siendo tales y tan
+grandes las semejanzas entre Don Quijote e Íñigo
+de Loyola y recreándose éste y enterneciéndosele
+el ánima y hallando a Dios con el canto,
+al que era muy inclinado, según en el capítulo
+V del libro V de su <span class="smcap">Vida</span> nos cuenta su biógrafo,
+no pusiera coro en la Compañía, y de ésta
+no tenerlo hemos de deducir las imperfecciones
+que la acompañan y la esterilidad poética que
+sobre ella pesa. Jamás pudo albergarse a sus
+anchas cigarra en ese hormiguero de clérigos regulares.
+Y no se diga que no nacimos todos para
+cantar, que no se trata aquí de «para» alguno,
+sino que todo el que de veras ha nacido en espíritu
+y no sólo en carne, sólo por ello canta, canta,
+porque ha nacido, y si no canta es que no
+nació sino en carne. Y si fundamos la Compañía
+de Dulcinea del Toboso, no nos olvidemos
+del coro, y sea el canto en ella florecimiento de
+afectos heroicos y de encumbrados anhelos.</p>
+
+<p>Cantando estaba Don Quijote cuando echaron
+sobre él, en torpísima burla, un saco de
+gatos, y al defenderse de ellos le saltó uno al
+rostro y <em>le asió de las narices con las uñas y los
+dientes, por cuyo dolor Don Quijote comenzó
+a dar los mayores gritos que pudo</em>, y costó quitársele.</p>
+
+<p>¡Pobre mi señor! Se avergüenzan ante ti leones
+y se te agarran a las narices gatos. De gatos<span class="pagenum" id="Page_344">[Pg 344]</span>
+que huyen y no de leones que se ven libres, es
+de lo que debe apartarse el héroe. «Con pulgas
+y con mosquitos puede Dios hacer guerra a todos
+los emperadores y monarcas del mundo»
+dice el P. Alonso Rodríguez (<span class="smcap">Ejercicio de perfección</span>,
+Parte tercera, Tratado primero, capítulo
+XV). ¡líbrenos Dios de pulgas, de mosquitos
+y de gatos en huida, y mándenos en cambio leones
+a los que se abre la jaula!</p>
+
+<p>Mas aun así y con todo y con ser temibles enemigos
+las pulgas y los mosquitos, no debe dejarse
+de hacerles la guerra, y para que se la hagamos
+nos los manda Dios. Podía alguno haberle dicho
+a Don Quijote, para disuadirle de perseguir
+a pulgas y mosquitos humanos, lo de que el águila
+no caza moscas—<em>aquila non capit muscas</em>—pero
+le diría mal. Las moscas, y sobre todo las
+ponzoñozas, son un excelente digestivo para el
+águila, un activísimo fermento para la cocción de
+sus alimentos.</p>
+
+<p>Y es que, en efecto, el veneno mismo que inyectado
+con aguijón en los canalillos del torrente
+circulatorio de la sangre nos escuece, molesta
+y daña o nos levanta un bubón y acaso puede
+llegar a matarnos, ese mismo veneno tomado por
+la boca no sólo es inofensivo, sino que puede
+ayudarnos a hacer una pronta y acabada digestión.
+Y es gracias a lo digestivo de la ponzoña
+de esas moscas venenosas que con aguijón y todo
+traga, luego de cazadas, el águila, como puede
+ésta, una vez descansado su estómago, mirar
+cara a cara al sol.</p>
+
+<p>¿Creéis acaso que puede ponerse alma y vida
+en un trabajo que se emprende por amor a Dulcinea
+y para que nos haga famosos no sólo en
+los presentes sino en los venideros siglos, si no<span class="pagenum" id="Page_345">[Pg 345]</span>
+nos espolean a él las miseriucas del lugarejo o
+lugarón en que comemos, dormimos y vivimos?
+El mejor libro de Historia Universal, el más duradero
+y extendido y el de historia más verdaderamente
+universal sería el de quien acertase a
+contar con toda su vida y su hondura las rencillas,
+los chismes, las intrigas y los cabildeos que
+se traen en Carbajosa de la Sierra, lugar de
+trescientos vecinos, el alcalde y la alcaldesa, el
+maestro y la maestra, el secretario y su novia, de
+una parte, y de la otra el cura y su ama, el tío
+Roque y la tía Mezuca, asistidos unos y otros por
+coro de ambos sexos. ¿Qué fué la guerra de Troya
+a que debemos la <span class="smcap">Ilíada</span>?</p>
+
+<p>Y las moscas, pulgas y mosquitos deben quedar
+muy satisfechos, porque vamos a ver: a algún
+sujeto que intrigue, cabildee y se revuelva
+en esta ciudad en que escribo ¿qué otra probabilidad
+puede quedarle de pasar, de un modo o
+de otro y bajo uno u otro nombre a la posteridad,
+sino el que acierte yo, o acierte otro que
+como yo ame a Dulcinea, a pintarle con sus rasgos
+universales y eternos?</p>
+
+<p>Miles de veces se ha dicho y repetido que lo
+más grande y más duradero en arte y literatura
+se construyó con reducidos materiales, y todo el
+mundo sabe que cuanto se pierde en extensión
+se gana en intensidad. Pero es que al ganarse en
+intensidad se gana en extensión también, por
+paradójico que os parezca; y se gana en duración.
+El átomo es eterno, si existe el átomo. Lo
+que es de cada uno de los hombres, lo es de todos;
+lo más individual es lo más general. Y por
+mi parte prefiero ser átomo eterno a ser momento
+fugitivo de todo el Universo.</p>
+
+<p>Lo absolutamente individual es lo absolutamente<span class="pagenum" id="Page_346">[Pg 346]</span>
+universal, pues hasta en lógica se identifica
+a las proposiciones individuales con las universales.
+Por vía de remoción se llega, en el hombre,
+al contratante social de Juan Jacobo, al bípedo
+implume de Platón, al <em>homo sapiens</em> de
+Linneo, o al mamífero vertical de la ciencia moderna,
+al hombre por definición, que como no es
+de aquí ni de allí, ni de ahora ni de antes, no es
+de ninguna parte ni de tiempo alguno, resultando
+ser, por lo tanto, un <em>homo insipidus</em>. Y así
+cuanto más se estrecha y constriñe la acción a
+lugar y tiempo limitados, tanto más universal y
+más secular se hace, siempre que se ponga alma
+de eternidad y de infinitud, soplo divino en ella.
+La mentira más grande en historia es la llamada
+historia universal.</p>
+
+<p>Ved a Don Quijote; Don Quijote no fué a
+Flandes, ni se embarcó para América, ni intentó
+tomar parte en ninguna de las grandes empresas
+históricas de su tiempo, sino que anduvo por
+los polvorientos caminos de su Mancha a socorrer
+a los menesterosos que en ellos topase y a
+enderezar los tuertos de allí y de entonces. Su
+corazón le decía que vencidos los molinos de
+viento de la Mancha quedaban vencidos en ellos
+todos los demás molinos y castigado Juan Haldudo
+el rico quedaban castigados todos los amos
+ricos despiadados y avariciosos. Porque no os
+quepa duda de que el día en que sea vencido
+del todo y por entero un malicioso, la malicia
+empezará a desaparecer de la tierra y desaparecerá
+pronto de ella.</p>
+
+<p>Don Quijote fué, queda ya dicho, fiel discípulo
+del Cristo, y Jesús de Nazaret hizo de su vida
+enseñanza eterna en los campos y caminos de
+la pequeña Galilea. Ni subió a más ciudad que a<span class="pagenum" id="Page_347">[Pg 347]</span>
+Jerusalén, ni Don Quijote a otra que a Barcelona,
+la Jerusalén de nuestro Caballero.</p>
+
+<p>Nada hay menos universal que lo llamado cosmopolita,
+o mundial como ahora han dado en
+decir; nada menos eterno que lo que pretendemos
+poner fuera de tiempo. En las entrañas de
+las cosas, y no fuera de ellas, están lo eterno y
+lo infinito. La eternidad es la sustancia del momento
+que pasa, y no la envolvente del pasado,
+el presente y el futuro de las duraciones todas,
+la infinitud es la sustancia del punto que miro,
+y no la envolvente de la anchura, largura y altura
+de las extensiones todas. La eternidad y la infinitud
+son las sustancias del tiempo y del espacio
+respectivamente, y éstos sus formas, estando
+aquéllas virtualmente todas enteras, en cada momento
+de una duración la una, en cada punto
+de una extensión la otra.</p>
+
+<p>Cacemos, pues, y traguémonos a las moscas
+ponzoñosas que zumbando y esgrimiendo su
+aguijón, revolotean en torno nuestro, y Dulcinea
+nos dé el poder convertir esta caza en combate
+épico que se cante en la duración de los siglos
+por el ámbito de la tierra toda.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_348">[Pg 348]</span></p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_349">[Pg 349]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULOS XLVII, XLIX, LI, LIII <small>Y</small> LV</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">Del fatigado fin y remate que tuvo el gobierno de Sancho Panza.</p>
+
+
+<p>Deja aquí el historiador a Don Quijote, y salteando
+los capítulos entre las cosas de éste y
+las de su escudero, pasa a contarnos cómo gobernó
+Sancho la ínsula, gobernamiento a que
+sólo cabe poner de comentario aquellas palabras
+de Pablo de Tarso en el versillo 18 del
+capítulo III de su segunda epístola a los Corintios,
+donde dice: «Nadie se engañe a sí mismo;
+si alguno entre vosotros parece ser sabio
+en este siglo, hágase simple para ser de veras
+sabio».</p>
+
+<p>Con razón dijo el mayordomo oyendo a Sancho:
+<em>cada día se ven cosas nuevas en el mundo;
+las burlas se vuelven en veras, y los burladores
+se hallan burlados</em>. ¿Y cómo no?</p>
+
+<p>Sancho, el gobernador por burlas, <em>ordenó cosas
+tan buenas, que hasta hoy se guardan en
+aquel lugar y se nombran: las Constituciones del
+Gran Gobernador Sancho Panza</em>. Y no nos extrañe
+esto, pues los más de los grandes legisladores
+no pasan de Sancho Panzas, que a no
+serlo mal podrían legislar.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_350">[Pg 350]</span></p>
+
+<p>Y llegó, por fin, el fin del gobierno de Sancho
+y con este fin se sumergió Panza en las
+honduras de su heroísmo. Dejando el gobierno
+de la ínsula, por el que tanto había suspirado,
+acabó de conocerse Sancho, y pudiera haber
+dicho a sus burladores lo que Don Quijote dijo
+a Pedro Alonso cuando éste le recogió en su
+primera salida, y es aquello de: <em>yo sé quién soy</em>.
+Dije que sólo el héroe puede decir <em>yo sé quién
+soy</em> y ahora añado que todo el que puede decir
+<em>yo sé quién soy</em>, es héroe, por humilde y
+oscura que su vida se nos aparezca. Y Sancho, al
+dejar la ínsula, supo quién era.</p>
+
+<p>Luego que le molieron y quebrantaron en el
+burlesco asalto a la ínsula, vuelto en sí del desmayo
+que el temor y el sobresalto le produjeron,
+preguntó qué hora era, calló, vistióse, se
+fué a la caballeriza, <em>siguiéndole todos los que
+allí se hallaban, y llegándose al rucio le abrazó
+y le dió un beso de paz en la frente y no sin lágrimas
+en los ojos, le dijo: venid vos acá, compañero
+mío y amigo mío, y conllevador de mis
+trabajos y miserias; cuando yo me avenía con
+vos, y no tenía otros pensamientos que los que
+me daban los cuidados de remendar vuestros aparejos
+y de sustentar vuestro corpezuelo, dichosas
+eran mis horas, mis días y mis años; pero
+después que os dejé y me subí sobre las torres
+de la ambición y de la soberbia, se me han entrado
+por el alma adentro mil miserias, mil trabajos
+y cuatro mil desasosiegos</em>. Y luego de enalbardar
+el rucio, añadió otras no menos bien concertadas
+razones pidiendo le dejaran volver a su
+<em>antigua libertad</em>.</p>
+
+<p><em>Yo no nací</em>—dijo—<em>para ser gobernador ni para
+defender ínsulas ni ciudades de los enemigos<span class="pagenum" id="Page_351">[Pg 351]</span>
+que quisieren acometerlas. Mejor se me entiende
+a mí de arar y cavar, podar y ensarmentar
+las viñas que dar leyes ni de defender provincias
+ni reinos. Bien se está San Pedro en Roma:
+quiero decir, que bien se está cada uno usando
+el oficio para que fué nacido.</em> Y tú, Sancho, no
+naciste para mandar sino para ser mandado, y
+el que para ser mandado nació halla su libertad
+en que le manden y su esclavitud en mandar;
+naciste no para guiar a otros, sino para seguir
+a tu amo Don Quijote, y en seguirle está
+tu ínsula. ¡Ser señor! ¡Y qué de congojas y miserias
+trae consigo! Bien decía Teresa de Jesús,
+cuando en el cap. XXXIV de su <span class="smcap">Vida</span> nos
+habla de aquella señora que había de ayudarle
+en fundar el monasterio de San José, que viéndola
+vivir aborreció del todo el desear ser señora,
+porque «ello es una sujeción, que una de las
+mentiras que dice el mundo, es llamar señores
+a las personas semejantes, que no me parece
+son sino esclavos de mil cosas».</p>
+
+<p>Creíste, Sancho, salir de casa de tu mujer y
+tus hijos y los dejaste por buscar para ti y para
+ellos el gobierno de la ínsula, pero en realidad
+saliste llevado del heroico espíritu de tu amo y
+fuiste conocido, aunque sin darte de ello clara
+cuenta, que el seguirle y servirle y vivir con él
+era tu ínsula. ¿Qué vas a hacer sin tu amo y señor?
+¿De qué te ha servido el gobierno de tu ínsula
+si no tenías allí a tu Don Quijote y no podías
+mirarte en él y servirle y admirarle y quererle?
+Porque ojos que no ven, corazón que no
+siente.</p>
+
+<p><em>Quédense en esta caballeriza</em>—añadió Sancho—<em>las
+alas de la hormiga, que me levantaron en el
+aire para que me comiesen vencejos y otros pájaros,<span class="pagenum" id="Page_352">[Pg 352]</span>
+y volvamos a andar por el mundo con pie
+llano</em>... Habrás oído muchas veces, buen Sancho,
+que hay que ser ambicioso y esforzarse por
+volar para que nos broten alas, y yo te lo he
+dicho muchas veces y te lo repito, pero tu ambición
+debe cifrarse en buscar a Don Quijote; la
+ambición del que nació para ser mandado debe
+ser buscar quien bien le mande y que pueda de
+él decirse lo que del Cid decían los burgaleses
+según el viejo <span class="smcap">Romance de myo Cid</span></p>
+
+<p class="center p1 p1b">Dios, qué buen vassalo si ouiesse buen señor!</p>
+
+<p>Al dejar ese gobierno por el que tanto tiempo
+suspiraste y que te parecía ser la razón y el
+fin de todos tus andantes trabajos, al dejarlo y
+volverte a tu amo, llegas al meollo de ti mismo
+y puedes hombrearte con tu Don Quijote y decir
+como él y con él: <em>¡yo sé quién soy! Eres héroe</em>
+como él, tan héroe como él. Y es, Sancho,
+que el heroísmo se pega cuando nos acercamos
+al héroe con el corazón puro. Admirar y querer
+al héroe con desinterés y sin malicia es ya participar
+de su heroísmo; es como el que sabe gozar
+de la obra del poeta, que es a su vez poeta
+por saber gozarla.</p>
+
+<p>Teníante por interesado y codicioso, Sancho,
+y al salir de tu ínsula pudiste exclamar: <em>saliendo
+yo desnudo como salgo, no es menester otra
+señal para dar a entender que he gobernado
+como un ángel</em>. Y así era la verdad, y así lo reconoció
+el Dr. Recio. Ofreciéronle compañía
+para el camino y <em>todo aquello que quisiese para
+el regalo de su persona y para la comodidad de
+su viaje</em>. Pero <em>Sancho dijo que no quería más
+que un poco de cebada para el rucio y medio<span class="pagenum" id="Page_353">[Pg 353]</span>
+queso y medio pan para él</em>. No se olvidaba de
+su amigo y compañero el rucio, del sufrido y
+noble animal que le ligaba a la tierra. <em>Abrazáronle
+todos y él, llorando, abrazó a todos y
+los dejó admirados así de sus razones como de
+su determinación tan resoluta y discreta.</em> Y quedóse
+solo en los caminos del mundo, lejos de su
+casa, sin la ínsula y sin Don Quijote, abandonado
+a sí mismo, dueño de sí. ¿Dueño? <em>Le tomó la
+noche algo escura y cerrada</em> y solo, sin su amo,
+fuera de su lugar, ¿qué iba a sucederle? <em>Cayeron
+él y el rucio en una honda y escurísima sima.</em></p>
+
+<p>Mira, Sancho, es lo que tiene que sucederte
+en cuanto te encuentres lejos de tu lugar, del
+lugar de los tuyos, sin ínsula y sin amo: caerte
+en sima. Pero no te vino mal esa caída, porque
+allí, en lo hondo de la sima, pudiste ver mejor
+lo hondo de la sima de tu vida y cómo el que
+se vió ayer gobernador de una ínsula, <em>mandando
+a sus sirvientes y sus vasallos, hoy se había de ver
+sepultado en una sima sin haber persona alguna
+que le remediase, ni criado ni vasallo que
+acuda a su socorro</em>. Y allí, en el fondo de la
+sima, comprendiste que no habrías de tener en
+ella la ventura que tu amo Don Quijote tuvo en
+la cueva de Montesinos, pues <em>allí vió él visiones
+hermosas y apacibles</em>—te decías—<em>y yo veré aquí,
+a lo que creo, sapos y culebras</em>. Sí, hermano
+Sancho; no son las visiones para todos ni es el
+mundo de las simas más que una proyección del
+mundo de la sima de nuestro espíritu; tú hubieras
+visto en la cueva de Montesinos sapos y culebras
+como en esa cueva en que caíste los
+viste, y tu amo hubiera visto en esa tu sima
+visiones hermosas y apacibles como las vió en
+la cueva de Montesinos. Para ti no ha de haber<span class="pagenum" id="Page_354">[Pg 354]</span>
+más visiones que las de tu amo; él ve el mundo
+de las visiones y tú lo ves en él; él lo ve por su
+fe en Dios y en sí mismo y tú lo ves por tu
+fe en Dios y en tu amo. Y no es menos grande tu
+fe que la fe de Don Quijote, ni son menos propias
+de ti las visiones que ves por tu amo que son
+propias de él las que él ve por sí mismo. El mismo
+Dios se las suscita y te las suscita, a él en él
+mismo, y a ti en él. No es menos héroe el que
+cree en el héroe que el héroe mismo creído
+por él.</p>
+
+<p>Mas el pobre Sancho dió en lamentarse en
+el fondo de la sima y en llorar su desgracia,
+viendo ya que sacaría de allí sus huesos <em>mondos,
+blancos y raídos</em> y los de su buen rucio
+con ellos; viéndose morir lejos de su patria y de
+los suyos, sin que nadie le cierre los ojos ni se
+duela de su muerte al tiempo de morir, que es
+morir dos veces y quedarse solo con la muerte.
+Y así le llegó el día; y ¿qué iba a hacer el pobre
+Sancho, solo con su rucio, sino dar voces y
+pedir socorro? Y explorar su sima, pues para
+algo había servido a Don Quijote. Y entonces es
+cuando exclamó aquellas tan preñadas sentencias:
+<em>¡Válame Dios todopoderoso! ésta que para
+mí es desventura, mejor fuera para aventura de
+mi amo Don Quijote. Él sí que tuviera estas profundidades
+y mazmorras por jardines floridos y
+por palacios de Galiana, y esperara salir desta
+escuridad y estrecheza a algún florido prado;
+pero yo sin ventura, falto de consejo y menoscabado
+de ánimo, a cada paso pienso que debajo
+de los pies de improviso se ha de abrir otra sima
+más profunda que la otra, que acabe de tragarme.</em></p>
+
+<p>Sí, hermano Sancho, sí; el menoscabo de tu<span class="pagenum" id="Page_355">[Pg 355]</span>
+ánimo te impide y te impedirá encontrar jardines
+floridos y palacios de Galiana en las profundas
+simas a que caigas. Pero mira, ahora en que
+en el fondo de la sima de tu desgracia reconoces
+lo mucho que de tu amo te separa, ahora es
+cuando estás más cerca de él, pues cuanto más
+sientas tu distancia de él, más a él te acercas.
+Te pasa con tu amo, aunque en finito y relativo,
+lo que en infinito y absoluto nos pasa a tu
+amo, a ti, a mí y a todos los mortales, con Dios,
+y es que cuanto más sentimos el infinito que de
+Él nos separa, más cerca de Él estamos, y cuanto
+menos acertamos a definirle y representárnoslo,
+mejor le conocemos y queremos más.</p>
+
+<p>Y yendo así con el rucio y con sus pensamientos
+por aquellas profundidades Sancho,
+dando voces, las oyó... ¿quién había de oirlas?
+¿quién otro sino el mismísimo Don Quijote?
+El cual habiendo salido una mañana a imponerse
+y ensayarse en lo que había de hacer en el
+trance de la honra de la hija de Doña Rodríguez,
+fué llevado por Dios a la boca de la sima,
+donde oyó las voces que Sancho daba. Y Don
+Quijote le creía alma en pena, y le ofrecía sufragios
+para sacarle del purgatorio, que pues su profesión
+era de favorecer y acorrer a los necesitados
+de este mundo, también lo sería para acorrer
+y ayudar a los menesterosos del otro.</p>
+
+<p>Mira, Sancho, cómo tu amo al oirte en la sima
+y en la sima no verte, tiénete por muerto y te ofrece
+sus sufragios. Y entonces, al oir tú la voz de tu
+amo, exclamaste lleno de júbilo: <em>¡nunca me he
+muerto en todos los días de mi vida!</em> Ya no piensas
+en que recojan tus huesos mondos, blancos y
+roídos, ni en que has de morir solo con la muerte;
+oíste a tu amo y olvidando que has de morir, recuerdas<span class="pagenum" id="Page_356">[Pg 356]</span>
+tan sólo que no te has muerto nunca todavía.
+Y rebuznó el rucio, y al oirlo comprendió
+Don Quijote que no se trataba de alma en pena,
+sino de su escudero, que le acompañaba. Y es
+la señal muy cierta, pues cuando de las cosas
+que nos parecen del otro mundo salen rebuznos,
+es que no se trata sino de cosas del mundo éste.
+Y Don Quijote hizo que le sacaran de la sima.</p>
+
+<p>Y así fué sacado Sancho de la sima en que
+cayera al salir del gobierno de su ínsula y encontrarse
+solo, de aquella sima por la que caminó
+llevando tras de sí y guiando a su rucio. Que
+esta diferencia entre otras había entre amo y
+escudero, y es que aquél se dejaba guiar de su
+caballo y el escudero guiaba a su rucio. Y así sucede
+que en la marcha por el bajo mundo se
+deja el Quijote llevar por su animal, y el Sancho
+lo lleva.</p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_357">[Pg 357]</span></p>
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO LVI</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">De lo que sucedió a Don Quijote con Doña Rodríguez,<br>
+ la dueña de la Duquesa, con otros acontecimientos<br>
+ dignos de escritura y de memoria eterna.</p>
+
+
+<p>En la melancólica aventura de la dueña Doña
+Rodríguez sólo hay que advertir la encantadora
+simplicidad de esta buena mujer, que entre tantos
+burladores, acudió en veras a Don Quijote.
+Y entonces se preparó el singular duelo del caballero
+con Tosilos para obligar al seductor de
+la hija de Doña Rodríguez a que tomase a ésta
+por suegra, y el inesperado desenlace de él merced
+al súbito enamorarse Tosilos de la ex doncella
+y declarar cómo la quería por mujer. Y he
+aquí cómo entre tantos burladores la simple, la
+boba, la sincera Doña Rodríguez logró poner a
+su desdoncellada hija a punto de casarse, gracias
+a Don Quijote. Pues siempre ocurre que
+quien con pureza de intención y de veras y no
+en burlas, acude a Don Quijote, sin burlarse de
+él, consigue su propósito. Difícil es esta fe en
+un mundo de burladores, pero ¿no creéis que
+quien tomase a Don Quijote tan en serio como
+Doña Rodríguez y su hija le tomaron lograría<span class="pagenum" id="Page_358">[Pg 358]</span>
+sus propósitos, a no atravesársele aviesos burladores,
+como se les atravesaron a ellas?</p>
+
+<p>Cierto es que al descubrirse que el caballero
+que se dió por vencido no era el seductor sino
+Tosilos, se llamaron a engaño la seducida y su
+señora madre, pero bien dijo Don Quijote a la
+ex doncella al encontrarse con aquel nuevo caso
+de encantamiento: <em>tomad mi consejo y apesar
+de la malicia de mis enemigos casaos con él,
+que sin duda es el mismo que vos deseáis alcanzar
+por esposo</em>. ¡Y tan el mismo! Como que lo
+aceptó, pues más quería ser mujer legítima de
+un lacayo, que no amiga y burlada de un caballero.
+De mano de Don Quijote tomó inesperado
+esposo, y ésta es la aventura a que por el pronto
+dió más feliz remate nuestro caballero. Y le
+dió tal por haberse encontrado con gentes sencillas
+y humildes, de las que toman el mundo en
+serio y acuden en serio a Don Quijote; por haberse
+encontrado con burlada moza que anhelaba
+esposo, contentándose con el que Don Quijote
+le diera.</p>
+
+<p>¡Hermosa conformidad! Y tal es la condición
+para que pueda el héroe hacer en nosotros su
+beneficio y es que nos hallemos dispuestos a
+recibir de su mano lo que nos diere, siempre que
+remedie nuestra necesidad. ¿Eres, lectora, una
+burlada doncella y quieres remediar tu desgracia?
+¿necesitas marido que cubra tu vergüenza?
+pues no pretendas que haya él de ser éste o
+aquél, y menos tu burlador; conténtate con el
+que te depare Don Quijote, que es buen casamentero.</p>
+
+<p>Y al concluir de contar esta tan afortunada
+aventura, añade el historiador estas terribles palabras:
+<em>Aclamaron todos la victoria por Don Quijote,<span class="pagenum" id="Page_359">[Pg 359]</span>
+y los más quedaron tristes y melancólicos
+de ver que no se habían hecho pedazos los tan
+esperados combatientes</em>. ¡Oh, y qué terrible es
+en sus burlas el hombre! Más de temer es la burla
+del hombre que no la seria acometividad de
+una fiera salvaje, que os ataca por hambre.
+Puestos los hombres en el despeñadero de las
+burlas no paran hasta bajar a crímenes y villanías;
+por burlas comenzaron muchos de los más
+horrendos delitos; por buscar deleite y regocijo
+se ha llevado a muchos a trabarse de manos
+homicidas.</p>
+
+<p>¡Cosa terrible la burla! Dicen que por burla,
+señor mío Don Quijote, se escribió tu historia,
+para curarnos de la locura del heroísmo, y
+añaden que el burlador logró su objeto. Tu nombre
+ha llegado a ser para muchos cifra y resumen
+de burlas y sirve de conjuro para exorcizar
+heroísmos y achicar grandezas. Y no recobraremos
+más nuestro aliento de antaño mientras no
+volvamos la burla en veras y hagamos el Quijote
+muy en serio y no por compromiso y sin creer
+en ti.</p>
+
+<p>Ríense los más de los que leen tu historia,
+loco sublime, y no pueden aprovecharse de su
+meollo espiritual mientras no la lloren. ¡Pobre
+de aquel a quien tu historia, Ingenioso Hidalgo,
+no arranque lágrimas, lágrimas del corazón, no
+ya de los ojos!</p>
+
+<p>En una obra de burlas se condensó el fruto
+de nuestro heroísmo; en una obra de burlas se
+eternizó la pasajera grandeza de nuestra España;
+en una obra de burlas se cifra y compendia
+nuestra filosofía española, la única verdadera y
+hondamente tal; con una obra de burlas llegó el
+alma de nuestro pueblo, encarnada en hombre,<span class="pagenum" id="Page_360">[Pg 360]</span>
+a los abismos del misterio de la vida. Y esa obra
+de burlas es la más triste historia que jamás se
+ha escrito; la más triste, sí, pero también la más
+consoladora para cuantos saben gustar en las
+lágrimas de la risa la redención de la miserable
+cordura a que la esclavitud de la vida presente
+nos condena.</p>
+
+<p>Yo no sé si esa obra, mal entendida y peor
+sentida, puede tener en ello parte, mas es el
+caso que se cierne sobre nuestra pobre patria
+una atmósfera abochornada de gravedad abrumadora.
+Por dondequiera hombres graves; enormemente
+graves, graves hasta la estupidez. Enseñan
+con gravedad, predican con gravedad, mienten
+con gravedad, engañan con gravedad, disputan
+con gravedad, juegan y ríen con gravedad,
+faltan con gravedad a su palabra, y hasta eso que
+llaman informalidad y ligereza son la ligereza e informalidad
+más graves que se conoce. Ni aun a
+solas dan unos tumbos y zapatetas en el aire, en
+seco y sin motivo alguno, y de tal modo pareció
+agotarse en la historia de Don Quijote el repuesto
+todo de heroísmo que en España hubiera, que
+no es fácil se encuentre hoy en el mundo pueblo
+más incapaz que el español de comprender
+y sentir el humor. Aquí se toma por donaires y
+se ríe las más chocarreras torpezas de cualquier
+ingenio afrailado; hay asnos en figura humana
+que celebran como agudo chiste el que se le
+diga a alguien que se le ven las orejas de burro.
+Después que tú, Don Quijote, te fuiste de
+este mundo se ha llegado a reir como gracias las
+insípidas sandeces de un tal Fray Gerundio de
+Campazas y luego que Sancho dejó de luchar
+en la conquista de su fe, se nos vino un Bertoldo
+italiano y está bertoldizando a nuestro pueblo.<span class="pagenum" id="Page_361">[Pg 361]</span>
+Mentira parece que en el pueblo en que Don
+Quijote elevó a heroicas hazañas las más miserables
+burlas, se rieran los retorcidos chistes de
+aquel fúnebre Quevedo, hombre grave y tieso
+si los ha habido, y fuesen reídas las pretendidas
+gracias, puramente de corteza, cuando no de
+pellejo de corteza, es decir, de vocablo, de su
+Gran Tacaño.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_362">[Pg 362]</span></p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_363">[Pg 363]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO LVII</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">Que trata de cómo Don Quijote se despidió del Duque, y de lo que<br>
+le sucedió con la discreta y desenvuelta Altisidora, doncella de la Duquesa.</p>
+
+
+<p>Harto Don Quijote de su ociosidad en casa
+de los Duques y dolido allá, por muy dentro de
+sí, aunque su historiador no nos lo apunte, de
+las burlas que se le hacían, decidió marcharse.
+Y no nos quepa duda de que las tales burlas ni
+se le pasaban inadvertidas ni dejaban de dolerle,
+pues aunque su locura las tomara por buenas
+y las aprovechase en heroísmo, no dejaba de
+trabajar por debajo de ella su cordura, a oscuras,
+y tal vez sin que él mismo se percatara de
+ello.</p>
+
+<p>Y así <em>pidió un día licencia a los Duques para
+partirse</em> y se la dieron <em>con muestras de que en
+gran manera les pesaba de que los dejase</em>. A
+Sancho le dieron, a escondidas de su amo, <em>un
+bolsico con doscientos escudos de oro</em>, el triste
+precio de las burlas, el salario de los juglares.
+Y después de sufrir una vez más los burlescos<span class="pagenum" id="Page_364">[Pg 364]</span>
+requiebros de Altisidora, se salió Don Quijote
+del castillo, <em>enderezando su camino a Zaragoza</em>.</p>
+
+<p>Toma ya libre huelgo el Caballero de la Fe;
+respiremos con él.</p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_365">[Pg 365]</span></p>
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO LVIII</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">Que trata de cómo menudearon sobre Don Quijote aventuras tantas,<br>
+que no se daban vagar unas a otras.</p>
+
+
+<p><em>Cuando Don Quijote se vió en la campaña
+rasa, libre y desembarazado de los requiebros
+de Altisidora, le pareció que estaba en su centro
+y que los espíritus se le renovaban para proseguir
+de nuevo el asunto de sus caballerías, y
+volviéndose a Sancho, le dijo: la libertad, Sancho,
+es uno de los más preciados dones que a
+los hombres dieron los siglos</em>... con todo lo que
+se sigue.</p>
+
+<p>Sí, ya estás libre de burlas y chacotas, ya estás
+libre de Duques y doncellas y lacayos, ya estás
+libre de la vergüenza de aparecer pobre. Se
+comprende bien que <em>en metad de aquellos banquetes
+sazonados y de aquellas bebidas de nieve</em>
+te pareciera <em>estar metido entre las estrechezas
+de la hambre</em>. Bien decías: <em>Venturoso
+aquel a quien el cielo dió un pedazo de pan,
+sin que le quede obligación de agradecerlo a
+otro que al mismo cielo</em>. ¿Y quién es ése?</p>
+
+<p><em>En estos y otros razonamientos iban los andantes
+caballero y escudero</em> y ocupado el corazón<span class="pagenum" id="Page_366">[Pg 366]</span>
+de Don Quijote por los dejos de su esclavitud
+en casa de los Duques y el recuerdo de
+su soledad y su pobreza, cuando se encontró
+con una docena de labradores que llevaban, cubiertas
+con unos lienzos, unas imágenes de relieve
+y entalladura para el retablo de su aldea.
+Pidió Don Quijote cortésmente que se las mostrasen
+y le enseñaron las de San Jorge, San
+Martín, San Diego Matamoros y San Pablo, caballeros
+andantes del cristianismo los cuatro y
+que pelearon a lo divino. Y Don Quijote al verlos
+dijo: <em>Por buen agüero he tenido, hermanos,
+haber visto lo que he visto, porque estos santos
+y caballeros profesaron lo que yo profeso,
+que es el ejercicio de las armas; sino que la diferencia
+que hay entre mí y ellos es que ellos
+fueron santos y pelearon a lo divino y yo soy
+pecador y peleo a lo humano. Ellos conquistaron
+el cielo a fuerza de brazos, porque el cielo
+padece fuerza, y yo hasta ahora no sé lo que
+conquisto a fuerza de mis trabajos; pero si mi
+Dulcinea del Toboso saliese de los que padece,
+mejorándose mi ventura y adobándoseme el juicio,
+podría ser que encaminase mis pasos por
+mejor camino del que llevo.</em></p>
+
+<p>¡Hondísimo pasaje! Aquí la temporal locura
+del caballero Don Quijote se derrite en la eterna
+bondad de la cordura del hidalgo Alonso el
+Bueno, y no hay acaso en toda la tristísima epopeya
+de su vida pasaje que nos labre más honda
+pesadumbre en el corazón. Aquí Don Quijote
+se adentra y entraña en la cordura de Alonso
+Quijano el Bueno, zahonda en sí mismo, torna
+a ser niño y a mamar, según aquello de Teresa
+de Jesús (<span class="smcap">Vida</span>, XIII, II) de que lo «del conocimiento
+propio jamás se ha de dejar ni hay alma<span class="pagenum" id="Page_367">[Pg 367]</span>
+en este camino tan gigante que no haya menester
+muchas veces tornar a ser niño y a mamar».
+Sí, Don Quijote se vuelve aquí a su niñez espiritual,
+a la niñez cuyo recuerdo es el alivio de
+nuestra alma, pues es el niño que llevamos todos
+dentro quien ha de justificarnos algún día.
+Hay que hacerse como niños para entrar en el
+reino de los cielos. Aquí se le agolpaban en la cabeza
+y en el corazón a Don Quijote aquellos
+años de sus remotas mocedades de que nada
+nos dice su historia, todos aquellos misteriosos
+años en que libre todavía del encanto de los libros
+de caballerías había contemplado con paz,
+en serenas tardes, la mansedumbre de la reposada
+Mancha.</p>
+
+<p>¿Y no había, pobre Caballero, en el poso de
+este tu desencanto un recuerdo de aquella garrida
+Aldonza por la que suspirabas doce años
+ya sin más que haberla visto cuatro veces? <em>Si
+mi Dulcinea del Toboso saliese de los</em> (trabajos)
+<em>que padece</em>... decías, mi pobre Don Quijote,
+y en tanto pensaba dentro de ti Alonso
+Quijano: ¡oh, si el imposible por ser imposible
+se cumpliese merced a mi locura, si Aldonza
+movida a compasión y encantada por la locura
+de mis proezas, viniese a romper mi vergüenza,
+esta vergüenza de pobre hidalgo entrado en años
+y henchido de amor, ¡oh, entonces, <em>mejorándose
+mi ventura y adobándoseme el juicio</em>, encaminaría
+mis pasos a una vida de amor dichoso!
+¡Oh mi Aldonza, mi Aldonza, tu pudiste llevarme
+por mejor camino del que llevo! ¡pero... es
+ya tarde! ¡Te encontré muy tarde en mi vida!
+¡Oh misterios del tiempo! ¡Contigo habría yo
+sido héroe, pero un héroe sin locura; contigo
+este mi esfuerzo heroico habríase enderezado a<span class="pagenum" id="Page_368">[Pg 368]</span>
+hazañas de otra laya y otro alcance; contigo en
+vez de estas burlas, habría derramado fecundas
+veras por los campos de mi patria!</p>
+
+<p>Y ahora, dejando a Alonso el Bueno, volvamos
+a Don Quijote para oir al caballero empeñado
+en la hazañosa empresa de enderezar
+los tuertos del mundo a fin de alcanzar merced
+a ello eternidad de nombre y fama, oirle cómo
+confiesa no saber lo que conquista a fuerza de
+sus trabajos, y verle volver su mirada a la salvación
+de su alma y a la conquista del cielo, que
+padece fuerza.</p>
+
+<p>«¿De qué aprovecha al hombre si ganare
+todo el mundo y perdiere su alma? O ¿qué recompensa
+dará el hombre por su alma?»—dice
+el Evangelio (Mat., XVI, 26).</p>
+
+<p>Esas palabras de descorazonamiento en su
+obra, de Don Quijote, esa su bajada a la cordura
+de Alonso el Bueno, es lo que más a las
+claras pone su hermandad espiritual con los místicos
+de su propia tierra castellana, con aquellas
+almas llenas de la sed de los secos parameros
+sobre que moraban y de la serena limpieza
+del terso cielo bajo el cual penaban. Son a la
+vez la queja del alma al encontrarse sola.</p>
+
+<p>¿Por qué afanarse? ¿Para qué todo? Bástele
+a cada día su malicia. ¿Para qué ir a enderezar
+los tuertos del mundo? El mundo lo llevamos
+dentro de nosotros, es nuestro sueño, como
+lo es la vida; purifiquémonos y lo purificaremos.
+La mirada limpia, limpia cuanto mira; los oídos
+castos castigan cuanto oyen. La mala intención
+de un acto ¿está en quien lo comete o en quien
+lo juzga? La horrible maldad de un Caín o de
+un Judas ¿no será acaso condensación y símbolo
+de la maldad de los que han fomentado sus<span class="pagenum" id="Page_369">[Pg 369]</span>
+leyendas? ¿No es la maldad nuestra lo que nos
+hace descubrir cuanto hay de malo en nuestro
+hermano? ¿No es la paja que te anubla el ojo lo
+que te permite ver la viga del mío? Tal vez el
+Demonio carga con las culpas de los que le temen...
+Santifiquemos nuestra intención y quedará
+santificado el mundo; purifiquemos nuestra
+conciencia y puro saldrá el ambiente. «La caridad
+cubre multitud de pecados»—dice la primera de
+las dos epístolas atribuidas al apóstol Pedro (IV,
+8). Los limpios de corazón ven a Dios en todo,
+y todo lo perdonan en su nombre. Las ajenas
+intenciones caen fuera de nuestro influjo, y
+sólo en la intención está el mal.</p>
+
+<p>Y sobre todo, en esos tus actos heroicos ¿qué
+buscas? ¿Enderezar entuertos por amor a la
+justicia, o cobrar eterno nombre y fama por enderezarlos?
+La verdad es, pobres mortales, que
+no sabemos lo que conquistamos a fuerza de
+trabajos. Mejóresenos la ventura, adóbesenos el
+juicio y enderezaremos nuestros pasos por mejor
+camino del que llevamos, por otro camino que
+no el de la vanagloria.</p>
+
+<p>¡Buscar renombre y fama! Ya lo dijo Segismundo,
+hermano de Don Quijote:</p>
+
+
+<div class="poetry-container"><div class="poetry">
+<p><span style="margin-left: 1em;">¿Quién por vanagloria humana</span><br>
+pierde una divina gloria?<br>
+¿qué pasado bien no es sueño?<br>
+¿quién tuvo dichas heroicas<br>
+que entre sí no diga, cuando<br>
+las revuelve en su memoria:<br>
+sin duda que fué soñando<br>
+cuanto vi? Pues si esto toca<br>
+mi desengaño, si sé<br>
+que es el gusto llama hermosa<br>
+que la convierte en cenizas<br>
+cualquiera viento que sopla,<span class="pagenum" id="Page_370">[Pg 370]</span><br>
+acudamos a lo eterno,<br>
+que es la fama vividora<br>
+donde ni duermen las dichas<br>
+ni las grandezas reposan.</p>
+
+<p><span class="smcap" style="padding-left: 10em;">(La Vida es Sueño</span>, III, 10.)</p>
+</div>
+</div>
+
+<p>Acudamos a lo eterno, sí, y así mejorada
+nuestra ventura y adobado nuestro juicio, encaminemos
+nuestros pasos por mejor camino del
+que llevamos, encaminémonos a conquistar el
+cielo, que padece fuerza,</p>
+
+<div class="poetry-container">
+<div class="poetry">
+<p><span style="margin-left: 6em;">la fama vividora</span><br>
+donde ni duermen las dichas,<br>
+ni las grandezas reposan.</p>
+</div>
+</div>
+
+<p>Ya antes, mucho antes que el Segismundo calderoniano,
+el grave Jorge Manrique, al cantar
+la muerte de su padre, Don Rodrigo, Maestre
+de Santiago, nos dijo de las tres vidas: la vida
+de la carne, la vida del nombre y la vida del
+alma. Cuando después de tanta hazaña descansaba
+Don Rodrigo</p>
+
+<div class="poetry-container">
+<div class="poetry">
+<p>en la su villa de Ocaña,<br>
+vino la muerte a llamar<br>
+a su puerta,<br>
+diciendo: buen Caballero,<br>
+dexad el mundo engañoso,<br>
+y su halago,<br>
+muestre su esfuerzo famoso<br>
+vuestro corazón de acero<br>
+en este trago.<br>
+Y pues de vida y salud<br>
+hicisteis tan poco cuenta<br>
+por la fama,<br>
+esfuércese la virtud<br>
+para sufrir esta afrenta<br>
+que os llama.<br>
+No se os haga tan amarga
+<span class="pagenum" id="Page_371">[Pg 371]</span><br>
+la batalla temerosa<br>
+que esperáis,<br>
+pues otra vida más larga<br>
+de fama tan gloriosa<br>
+acá dexáis.<br>
+Aunque esta vida de honor<br>
+tampoco no es eternal,<br>
+ni verdadera;<br>
+mas con todo muy mejor<br>
+que la otra temporal<br>
+perecedera.<br>
+
+.................................................<br>
+
+Y con esta confianza<br>
+y con la fe tan entera<br>
+que tenéis<br>
+partid con buena esperanza,<br>
+que esta otra vida tercera<br>
+ganaréis.</p>
+</div>
+</div>
+
+<p>¿No es acaso la mayor locura dejar perder
+la gloria inacabable por la gloria pasajera, la
+eternidad del espíritu por que dure nuestro nombre
+tanto como durare el mundo, un instante
+de eternidad? Mayormente, cuanto que buscando
+la gloria celestial se conquista, por añadidura,
+la terrena. Bien lo decía Fernando de Pulgar,
+consejero, secretario y cronista de los Reyes Católicos,
+quien en su libro de los <span class="smcap">Claros varones
+de Castilla</span>, al hablar del Conde de Haro,
+D. Pedro Fernández de Velasco, nos dice que
+«este noble Conde, no señoreado de ambición
+por aver fama en esta vida, mas señoreando la
+tentación por aver gloria en la otra, gobernó la
+república tan rectamente que ovo el premio
+que suele dar la verdadera virtud: la qual conoscida
+en el alcançó tener tanto crédito e autoridad,
+que si alguna grande y señalada confianza
+se avía de fazer en el Reyno, quier de personas,
+quier de fortalezas o de otra cosa de qualquier<span class="pagenum" id="Page_372">[Pg 372]</span>
+qualidad siempre se confiaban en él». Quiere
+decirse que buscando el reino de Dios y su justicia,
+haber gloria en la otra vida, consiguió de
+añadidura fama en ésta, por donde se ve una
+vez más cómo el mejor negocio es la virtud y la
+carrera más lucrativa y provechosa la de santo.</p>
+
+<p>La carrera más provechosa y lucrativa es la
+de santo, en efecto. También Íñigo de Loyola
+fué en sus mocedades, según dije que el P. Rivadeneira
+nos lo cuenta, amigo de leer libros
+de caballerías y buscó «alcanzar nombre de
+hombre valeroso, y honra y gloria militar» (<span class="smcap">Vida</span>,
+libro 2, cap. II). Pero leyó otros y «trató muy
+de veras consigo mismo de mudar la vida y enderezar
+la proa de sus pensamientos a otro puerto
+más cierto y más seguro que hasta allí, y destejer
+la tela que había tejido, y desmarañar los
+embustes y enredos de su vanidad» (libro 2,
+capítulo II). Y este Íñigo ¿no tuvo alguna Aldonza
+por la que suspiró años y más años y
+que le llevó a su vida de santidad, luego de
+rompérsele la pierna?</p>
+
+<p>¡Abismático pasaje, henchido de suprema
+melancolía el del encuentro de Don Quijote
+con las cuatro imágenes de los caballeros andantes
+a lo divino! Por buen agüero lo tuvo el
+Caballero, y era, en efecto, el agüero de sus
+próximas conversión y muerte. Pronto mejorada
+su ventura y adobado su juicio enderezará
+sus pasos por mejor camino, por camino de la
+muerte.</p>
+
+<p>¡Abismático pasaje! ¿Y a quién de nosotros,
+los que seguimos o queremos seguir en algo a
+Don Quijote, no nos ha ocurrido cosa parecida?
+El triste dejo del triunfo es el desencanto.
+No, no era aquello. Lo que hiciste o dijiste no<span class="pagenum" id="Page_373">[Pg 373]</span>
+merecía los aplausos con que te lo premiaron.
+Y llegas a casa y te encuentras en ella solo, y
+entonces, vestido como estás, te echas sobre
+la cama y dejas volar tu imaginación por el
+vacío. En nada te fijas, en nada concentras tu
+imaginación; te invade un gran desaliento. No,
+no era aquello. No quisiste hacer lo hecho, no
+quisiste decir lo dicho; te aplaudieron lo que
+no era tuyo. Y llega tu mujer, rebosante de cariño,
+y al verte así, tendido, te pregunta qué
+tienes, qué te pasa, por qué te preocupas, y la
+despides, acaso desabridamente, con un áspero
+y seco: ¡déjame en paz! Y quedas en guerra.
+Y en tanto creen los que te censuran que
+estás embriagado con el triunfo, cuando en verdad
+estás triste, muy triste, abatido, enteramente
+abatido. Te has cobrado asco a ti mismo;
+no puedes volver atrás, no puedes retrotraer
+el tiempo y decir a los que iban a escucharte:
+«todo esto es mentira; yo ni aun sé lo
+que voy a decir; aquí venimos a engañarnos;
+voy a ponerme en espectáculo; vámonos, pues,
+cada uno a su casa, a ver si se nos mejora la
+ventura y adobamos nuestro juicio».</p>
+
+<p>El lector echará de ver, de seguro, que escribo
+estas líneas bajo un apretón de desaliento.
+Y así es. Es ya de noche, he hablado esta
+tarde en público y aún se me revuelven en el
+oído tristemente los aplausos. Y oigo también
+los reproches, y me digo: ¡tienen razón! Tienen
+razón: fué un número de feria; tienen razón:
+me estoy convirtiendo en un cómico, en
+un histrión, en un profesional de la palabra. Y
+ya hasta mi sinceridad, esta sinceridad de que
+he alardeado tanto, se me va convirtiendo en
+tópico de retórica. ¿No sería mejor que me recogiese<span class="pagenum" id="Page_374">[Pg 374]</span>
+en casa una temporada y callase y esperara?
+Pero ¿es esto hacedero? ¿podré resistir
+mañana? ¿no es acaso una cobardía desertar?
+¿no hago algún bien a alguien con mi palabra
+aunque ella me desaliente y apesadumbre?
+Esta voz que me dice: ¡calla, histrión! ¿es
+voz de un ángel de Dios o es la voz del demonio
+tentador? ¡Oh Dios mío, Tú sabes que te
+ofrezco los aplausos lo mismo que las censuras.
+Tú sabes que no sé por dónde ni adónde
+me llevas; Tú sabes que si hay quienes me
+juzguen mal, me juzgo yo peor que ellos; Tú,
+Señor, sabes la verdad, Tú solo; mejórame la
+ventura y adóbame el juicio, a ver si enderezo
+mis pasos por mejor camino del que llevo!</p>
+
+<p><em>No sé lo que conquisto a fuerza de mis trabajos</em>,
+digo con Don Quijote. Y Don Quijote
+tuvo que decirlo en uno de esos momentos en
+que sacude al alma el soplo del aletazo del ángel
+del misterio; en un momento de angustia. Porque
+hay veces que sin saber cómo ni de dónde,
+nos sobrecoge de pronto y al menos esperarlo,
+atrapándonos desprevenidos y en descuido, el
+sentimiento de nuestra mortalidad. Cuando
+más entoñado me encuentro en el tráfago de los
+cuidados y menesteres de la vida, estando distraído,
+en fiesta o en agradable charla, de repente
+parece como si la muerte aleteara sobre
+mí. No la muerte, sino algo peor, una sensación
+de anonadamiento, una suprema angustia.
+Y esta angustia, arrancándonos del conocimiento
+aparencial, nos lleva de golpe y porrazo
+al conocimiento sustancial de las cosas.</p>
+
+<p>La creación toda es algo que hemos de perder
+un día o que un día ha de perdernos, pues
+¿qué otra cosa es desvanecernos del mundo<span class="pagenum" id="Page_375">[Pg 375]</span>
+sino desvanecerse el mundo de nosotros? ¿Te
+puedes concebir como no existiendo? Inténtalo;
+concentra tu imaginación en ello y figúrate
+a ti mismo sin ver, ni oir, ni tocar, ni recordar
+nada; inténtalo y acaso llames y atraigas a ti
+esa angustia que nos visita cuando menos la
+esperamos, y sientas el nudo que te aprieta el
+gaznate del alma, por donde resuella tu espíritu.
+Como el arrendajo al roble, así la cuita
+imperecedera nos labra a picotazos el corazón
+para ahoyar en él su nido.</p>
+
+<p>Y en esa angustia, en esa suprema congoja
+del ahogo espiritual, cuando se te escurran las
+ideas, te alzarás de un vuelo congojoso, para
+recobrarlas al conocimiento sustancial. Y verás
+que el mundo es tu creación, no tu representación,
+como decía el tudesco. A fuerza de
+ese supremo trabajo de congoja conquistarás
+la verdad, que no es, no, el reflejo del Universo
+en la mente, sino su asiento en el corazón.
+La congoja del espíritu es la puerta de la verdad
+sustancial. Sufre, para que creas y creyendo
+vivas. Frente a todas las negaciones de la
+<em>lógica</em> que rige las relaciones aparenciales de
+las cosas, se alza la afirmación de la <em>cardíaca</em>,
+que rige los toques sustanciales de ellas. Aunque
+tu cabeza diga que se te ha de derretir la
+conciencia un día, tu corazón, despertado y
+alumbrado por la congoja infinita, te enseñará
+que hay un mundo en que la razón no es guía.
+La verdad es lo que hace vivir, no lo que hace
+pensar.</p>
+
+<p>A la vista de las imágenes padeció un relámpago
+de desmayo Don Quijote. De no haberlo
+nunca padecido, sería en puro sobrehumano,
+inhumano, y como tal modelo imposible<span class="pagenum" id="Page_376">[Pg 376]</span>
+para los hombres de cada día. Y ¿qué mucho
+lo padeciera si el mismo Cristo, abrumado por
+la tristeza, en el olivar pidió a su Padre si podía
+ahorrarle las heces del cáliz de la amargura?
+Don Quijote dudó por un momento de la
+Gloria, pero ésta, su amada, le amaba a su vez
+ya y era, por tanto, su madre, como lo es del
+amado toda su amante verdadera. Hay quien
+no descubre la hondura toda del cariño que su
+mujer le guarda sino al oirla, en momento de
+congoja, un desgarrador ¡hijo mío! yendo a estrecharle
+maternalmente en sus brazos. Todo
+amor de mujer es, si verdadero y entrañable,
+amor de madre; la mujer prohija a quien ama.
+Y así Dulcinea es ya madre espiritual, no tan
+sólo señora de los pensamientos, de Don Quijote,
+y aunque se le hubiese a éste pasado por
+las mientes desahijarse de ella, veréis que ella
+le recobra con amoroso reclamo, como al ternerillo
+recental que corre a triscar suelto le
+requerencia la vaca, al sentirse con las ubres
+perinchidas, rompiendo con dulce abrullo el
+aire que los separa. Veréis cómo le detiene y
+le retiene con verdes lazos.</p>
+
+<p>Y fué que iban, después de lo narrado, entretenidos
+amo y escudero en razones y pláticas,
+entrando por una selva que fuera del camino
+estaba, cuando <em>a deshora y sin pensar
+en ello, se halló Don Quijote enredado entre
+unas redes de hilo verde, que desde unos árboles
+a otros estaban tendidas</em> y que resultaron
+estarlo por unas hermosísimas doncellas y
+unos mozos principales que disfrazados de
+pastores y zagalas querían, formando una nueva
+y pastoril Arcadia, pasarlo en recitar églogas
+de Garcilaso y de Camoens. Conocieron a<span class="pagenum" id="Page_377">[Pg 377]</span>
+Don Quijote y le rogaron se detuviese con
+ellos, como así lo hizo, y en su compañía de
+ellos comió. Y a fuer de agradecido y para pagar
+el agasajo ofreció lo que podía y tenía de
+su cosecha, cual fué sustentar durante dos días
+naturales en mitad de aquel camino real que
+va a Zaragoza, que aquellas señoras contrahechas
+en pastoras que allí estaban, eran las
+más hermosas doncellas y más corteses que
+había en el mundo, exceptuando tan sólo a la
+sin par Dulcinea del Toboso, única señora de
+sus pensamientos.</p>
+
+<p>¡Vele aquí cómo vuelve ya a su locura nuestro
+admirable caballero! Cuando más ensimismado
+iba en meditar la vanidad y locura del
+esfuerzo de sus trabajos, le prenden y vuelven
+verdes redes al fresco sueño de la locura y de
+la vida. Volvió el Caballero al sueño de la vida,
+a su generosa locura, resurgiendo reconfortado,
+de la egoísta cordura de Alonso el Bueno.
+Y entonces, al retomar a su sublime locura,
+entonces es cuando vuelve a su magnánima intención
+y ofrece lo que ofreció sostener en
+honra y prez de sus agasajadoras. De aquella
+sumersión en los abismos de la oquedad del
+esfuerzo humano, tomó huelgos y recobró nuevo
+cuajo la energía creadora del Caballero de
+la Fe, al modo como Anteo, al toque de la Tierra,
+su madre; y se lanzó a la santa resignación
+de la acción, que nunca vuelve, como la mujer
+de Lot, la cara al pasado, sino que siempre se
+orienta al porvenir, único reino del ideal.</p>
+
+<p>Se echó Don Quijote al camino, plantóse en
+él y lanzó su reto. Y aquí dirá el lector lo que
+ya varias veces se habrá dicho en el curso de
+esta peregrina historia y es: ¿qué tiene que ver<span class="pagenum" id="Page_378">[Pg 378]</span>
+la verdad de una proposición con el valor de
+quien la sustenta y la fortaleza de su brazo?
+Porque venza en lid de armas el sustentador
+de esto o de aquello ¿ha de tenerse lo que él
+sustentaba por más verdadero que lo sustentado
+por el vencido?</p>
+
+<p>Ya te he dicho, lector, que son los mártires
+los que hacen la fe más bien que ser la fe la
+que hace mártires. Y la fe hace la verdad.</p>
+
+
+
+<p>Verdad entre burla y juego, como es hija de la fe,<br>
+es peña que al agua y viento para siempre está en un ser.</p>
+
+
+
+<p>Como según el conocido romance dijo Rodrigo
+Díaz de Vivar,</p>
+
+<div class="poetry-container">
+<div class="poetry">
+<p><span style="margin-left: 7em;">ahinojado ante el Rey,</span><br>
+delante los que juzgaba, antes de los años diez.</p>
+</div>
+</div>
+
+<p>Es verdadero, te lo repito, cuanto moviéndonos
+a obrar hace que cubra el resultado a nuestro
+propósito y es por lo tanto la acción la que hace
+la verdad. Déjate, pues, de lógicas. Y ¿cómo
+se hace que los hombres crean las cosas y les
+lleven a llenar sus propósitos si no es manteniéndolas
+con valor? Las gentes creen verdadera
+la empresa que venció por el esfuerzo del
+ánimo y del brazo de quien la sustentaba, y al
+creerla verdadera, la hacen tal si les lleva a
+obrar con buen éxito. Las manos, pues, abonan
+a la lengua, y con hondo sentido dijo Pero
+Vermuez a Ferrando, el infante de Carrión, en
+aquellas famosas cortes, lo de</p>
+
+<div class="poetry-container">
+<div class="poetry">
+<p>Delant myo Çid e delante todos oviste te de alabar<br>
+Que mataras al moro e que fizieres barnax;<br>
+Croviorontelo todos, ma non saben la verdad.<span class="pagenum" id="Page_379">[Pg 379]</span><br>
+E eres fermoso, mas mal barragán.<br>
+Lengua sin manos, cuemo osas fablar.</p>
+
+<p><span class="smcap" style="padding-left: 10em;">(Poema del Çid</span>, 3324-3325).</p>
+</div>
+</div>
+
+<p>Y continúa echándole en cara que huyó del
+león al que avergonzó el Cid, por lo cual valía
+menos entonces—poró menos vales oy (3334)—y
+luego abandonó a su mujer, la hija del Cid y</p>
+
+<p class="center p1">por cuanto las dexastes menos valedes vos</p>
+
+<p class="center p1b" style="padding-left: 10em;"> (3344)</p>
+
+<p>y acaba exclamando:</p>
+
+<p class="center p1">
+De cuanto he dicho verdadero seré yo.</p>
+
+<p class="center p1b" style="padding-left: 10em;"> (3357)</p>
+
+<p>Todos creyeron a Fernando, mas era por ignorar
+la verdad; que era hermoso, pero «mal
+barragán». Lengua sin manos, ¿cómo osas hablar?</p>
+
+<p>No faltará todavía chinche escolástico como
+para venirme con que confundo la verdad lógica
+con la verdad moral y el error con la
+mentira, y que puede haber quien se mueva a
+obrar por manifiesta ilusión y logre, sin embargo,
+su propósito. A lo que digo que entonces
+la tal ilusión es la verdad más verdadera, y
+que no hay más lógica que la moral. Y de cuanto
+digo verdadero seré yo. Y basta.</p>
+
+<p>Salió Don Quijote al camino, plantóse en él,
+lanzó su reto y entonces fué cuando una manada
+de toros y cabestros le derribaron y pisotearon.
+Así sucede, que cuando retáis a caballeros
+a defender una verdad, vienen toros y cabestros
+y hasta bueyes y os pisotean.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_380">[Pg 380]</span></p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_381">[Pg 381]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO LIX</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">Donde se cuenta el extraordinario suceso, que se puede tener por<br>
+aventura, que le sucedió a Don Quijote.</p>
+
+
+<p>Levantóse Don Quijote, montó y sin despedirse
+de la Arcadia fingida, reanudó más entristecido
+aún su camino. Porque venía ya triste
+desde casa de los Duques. Y viendo comer
+a Sancho: <em>Come, Sancho amigo—dijo Don Quijote—,
+sustenta la vida, que más que a mí te importa,
+y déjame morir a manos de mis pensamientos
+y a fuerza de mis desgracias</em>. ¡Déjame
+morir! ¡Déjame morir a manos de mis pensamientos!
+¿Pensabas acaso, pobre Caballero, en
+el encantamiento de Dulcinea y pensaba tu
+Alonso en el encanto de Aldonza?</p>
+
+<p><em>Yo, Sancho</em>—prosiguió Don Quijote—, <em>nací
+para vivir muriendo, y tú para morir comiendo</em>.
+¡Preñadísima sentencia! Sí, para vivir muriendo
+nació todo género de heroísmo. Al verse
+el Caballero <em>pisado y acoceado y molido de
+los pies de animales inmundos y soeces pensó</em>
+dejarse morir de hambre. La cercanía de la
+muerte, que se le venía encima a muy raudos
+pasos, iba alumbrando su mente y disipando<span class="pagenum" id="Page_382">[Pg 382]</span>
+de ella la cerrazón de la locura. Comprendía
+ya que eran animales inmundos y soeces los
+que le acocearon y molieron y no los tuvo por
+cosa de encantamiento y magia.</p>
+
+<p>¡Pobre mi señor! La fortuna se te ha vuelto
+de espaldas y te desdeña. Mas no por eso la
+esperas menos, y tu esperanza es tu verdadera
+fortuna, tu dicha el esperarla. ¿No esperaste
+durante doce arrastrados años y no esperabas
+todavía lo imposible, con tanto más grande esperanza
+cuanto más imposible es lo esperado?
+Bien se ve que no habías olvidado aquello que
+leíste en el canto segundo de la áspera <span class="smcap">Araucana</span>
+de mi paisano Ercilla y es que</p>
+
+<div class="poetry-container">
+<div class="poetry">
+<p>el más seguro bien de la fortuna<br>
+es no haberla tenido vez alguna.</p>
+</div>
+</div>
+
+<p>Descansaron un rato amo y escudero, reanudaron
+camino y llegaron a una venta, que por
+tal venta la tomó Don Quijote, pues salió, como
+vemos, de casa de los Duques en vía de curación
+de su locura y desempañada la vista. Las
+burlas se le iban aclarando. Las burlas le abrieron
+los ojos para conocer a los animales inmundos
+y soeces.</p>
+
+<p>Y aun tuvo que apurar en la venta otro tormento
+y fué el de conocer las patrañas que
+acerca de él había propalado la falsa segunda
+parte de su historia.</p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_383">[Pg 383]</span></p>
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO LX</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">De lo que le sucedió a Don Quijote yendo a Barcelona.</p>
+
+
+<p>Continuaron camino de Barcelona y en él,
+sesteando entre unas espesas encinas o alcornoques,
+sucedió el más triste suceso de tantos
+tan tristísimos como la historia de nuestro Don
+Quijote encierra. Y fué que desesperado Don
+Quijote de la flojedad y caridad poca de Sancho
+su escudero, <em>pues a lo que creía solos cinco
+azotes se había dado, número desigual y pequeño
+para los infinitos que le faltaban</em> por
+darse si había de desencantar a Dulcinea, determinó
+azotarle a pesar suyo. Intentó hacerlo,
+resistióse el escudero, forcejeó Don Quijote y
+viéndolo Sancho Panza, <em>se puso en pie y arremetiendo
+a su amo, se abrazó con él a brazo
+partido, y echándole una zancadilla dió con él
+en el suelo boca arriba; púsole la rodilla derecha
+sobre el pecho y con las manos le tenía
+las manos de modo que ni le dejaba rodear ni
+alentar</em>.</p>
+
+<p>Basta ya, que oprime al ánimo más recio la
+lectura de este tristísimo paso. Tras las burlas
+de los Duques, la aflicción por la pobreza, el<span class="pagenum" id="Page_384">[Pg 384]</span>
+desmayo del heroísmo ante las imágenes de los
+cuatro caballeros y el molimiento por pies de
+animales inmundos y soeces, sólo faltaba, como
+suprema tortura, la rebeldía de su escudero.
+Sancho se había visto gobernador y a su amo
+a las patas de los cabestros. El paso es de hondísima
+tristeza.</p>
+
+<p><em>Don Quijote le decía: ¿cómo, traidor, contra
+tu amo y señor natural te desmandas? ¿Con
+quien te da su pan te atreves?</em> ¿El pan? No
+sólo el pan, sino la gloria y la vida misma perduraderas.
+<em>Ni quito rey ni pongo rey—respondió
+Sancho—, sino ayúdome a mí que soy mi señor.</em></p>
+
+<p>¡Oh, pobre Sancho, y a qué desfalladero de
+torpeza te arroja la carne pecadora! Te desmandas
+contra tu amo y señor natural, contra el
+que te da el eterno pan de tu vida eterna, creyéndote
+señor de ti mismo. No, pobre Sancho,
+no; los Sanchos no son señores de sí mismos.
+Esa proterva razón que para rebelarte aduces
+de <em>¡soy mi señor!</em> no es mas que un eco del «¡no
+serviré!» de Lucifer, el príncipe de las tinieblas.
+No, Sancho, no; tú no eres ni puedes ser señor
+de ti mismo, y si mataras a tu amo, en aquel
+mismo instante te matarías para siempre a ti
+mismo.</p>
+
+<p>Pero bien mirado tampoco está del todo mal
+que Sancho se rebele así, pues de no haberse
+nunca rebelado no sería hombre, hombre de
+verdad, entero y verdadero. Y esa rebelión, si
+bien se mira, fué un acto de cariño, de hondo
+cariño a su amo que se desmandaba y salía, en
+la tristeza de su locura agonizante, de las buenas
+prácticas caballerescas. Después de aquello,
+después de haberle tenido sujeto bajo su
+rodilla, después de haberle vencido, es seguro<span class="pagenum" id="Page_385">[Pg 385]</span>
+que Sancho quiso y respetó y admiró más a su
+amo. Así es el hombre.</p>
+
+<p>Y Don Quijote prometió no tocarle en el pelo
+de la ropa, dejándose vencer de su escudero. Es
+la primera vez en su vida toda en que el Caballero
+de los Leones se deja vencer humildemente
+y sin defenderse siquiera; se deja vencer de su
+escudero.</p>
+
+<p>Y este mismo Sancho que arremete a su amo
+y le pone la rodilla sobre el pecho, al sentir sobre
+su cabeza y pendientes de un árbol dos pies
+de persona con zapatos y calzas, tiembla de miedo
+y da voces llamando a Don Quijote que le
+acorra y favorezca.</p>
+
+<p>No bien acaba de desmandarse contra su amo
+y señor natural al grito revolucionario de <em>¡yo soy
+mi señor!</em> cuando no es ya señor de sí mismo,
+sino que tiembla de miedo al sentir sobre su cabeza
+unos pies calzados, y llama a su amo y señor
+natural, al que le amparaba del miedo. Y
+Don Quijote ¡claro está! acudió a la llamada,
+porque era bueno. Y supuso fueran pies de foragidos
+y bandoleros que en aquellos árboles
+estaban ahorcados.</p>
+
+<p>Así lo vieron al amanecer en que <em>cuarenta
+bandoleros vivos que de improviso les rodearon,
+diciéndoles en lengua catalana que se estuvieran
+quedos, y se detuvieran hasta que llegase su capitán</em>.
+Y el pobre Don Quijote hallóse <em>a pie, su
+caballo sin freno, su lanza arrimada a un árbol, y
+finalmente sin defensa alguna, y así tuvo por
+bien cruzar las manos e inclinar la cabeza guardándose
+para mejor sazón y coyuntura</em>. ¡Ejemplarísimo
+Caballero! Y ¡cómo le han enseñado
+las burlas de los Duques, las coces de los cabestros
+y la arremetida de Sancho! Es que barrunta,<span class="pagenum" id="Page_386">[Pg 386]</span>
+aun sin conocerla, la cercanía de su muerte.</p>
+
+<p>Llegó el capitán, Roque Guinart, vió la triste
+y melancólica figura de Don Quijote y le animó.
+Había oído hablar de él. Y allí conoció Don Quijote
+la concertada república de los bandoleros y
+pretendió persuadir con buenas palabras, y no
+obligarle por fuerza a Roque Guinart a que se
+hiciese caballero andante. Sirvió el encuentro
+para que el caballero admirase la vida del caballeresco
+bandolero, la equidad con que se repartían
+los despojos del robo y su generosidad
+con los viandantes. Y él, Don Quijote, que con
+grande escándalo de las personas graves había
+dado libertad a los galeotes, no intentó siquiera
+deshacer la república de los bandidos.</p>
+
+<p>Esto de la justicia distributiva y el buen orden
+que en repartir los despojos del botín se observaba
+en la banda de Roque Guinart, es condición
+de toda sociedad de bandoleros. Fernando
+de Pulgar, al hablarnos en sus <span class="smcap">Claros varones
+de Castilla</span> del bandolero D. Rodrigo de Villadrando,
+Conde de Ribadeo, que con sus bandas
+y su gran poder «robó, quemó, destruyó,
+derribó, despobló Villas e Lugares e pueblos de
+Borgoña e de Francia» nos dice que «tenía dos
+singulares condiciones: la una, que facía guardar
+la justicia entre la gente que tenía, e no consentía
+fuerza ni robo ni otro crimen; e si alguno
+lo cometía, él por sus manos lo punía». Por donde
+se ve cómo es en el seno de las sociedades
+organizadas para el robo donde más severamente
+se persigue el robo mismo, así como en los
+ejércitos, organizados para ofender y destruir,
+es donde más duramente se castigan las ofensas
+y lo que a la destrucción del ejército mismo tienda.
+Y así cabe decir de todo género de justicia<span class="pagenum" id="Page_387">[Pg 387]</span>
+humana que brotó de la injusticia, de la necesidad
+que ésta tenía de sostenerse y perpetuarse.
+La justicia y el orden nacieron en el mundo para
+mantener la violencia y el desorden. Con razón
+ha dicho un pensador que de los primeros bandoleros
+a sueldo surgió la guardia civil. Y los
+romanos, formuladores del derecho que aún subsiste,
+los del <em>ita ius esto</em> ¿qué eran sino unos bandoleros
+que empezaron su vida por un robo según
+la leyenda por ellos mismos forjada?</p>
+
+<p>Conviene, lector, te pares a considerar esto de
+que nuestros preceptos morales y jurídicos hayan
+nacido de la violencia y de que para poder
+matar una sociedad de hombres se haya dicho a
+cada uno de éstos que no deben matarse entre
+sí, y se les haya predicado que no deben robarse
+unos a otros para que así mejor se dediquen
+al robo en cuadrilla. Tal es el verdadero abolengo
+y linaje de nuestras leyes y nuestros preceptos;
+tal la fuente de la moral al uso. Y este su
+abolengo y linaje se descubre en ella y por esto
+nos sentimos inclinados a perdonar y aun querer
+a los Roque Guinart, porque en ellos no hay
+doblez ni falsía, sino que aparecen sus bandas
+tal y como son, mientras los pueblos naciones
+que se dicen llamados a cumplir el derecho y
+servir a la cultura y a la paz son sociedades fariseas.
+¿Conocéis algún rasgo quijotesco de una
+nación de hombres como tal nación?</p>
+
+<p>Consideremos, por otra parte, cómo del mal
+sale el bien—porque al fin es un bien, si bien
+transitorio, el de la justicia distributiva—y tiene
+éste sus raíces en aquél, o son más bien caras
+de una misma figura. De la guerra brota la paz,
+y del robo en cuadrilla el castigo al robo. La sociedad
+tiene que tomar sobre sí los crímenes para<span class="pagenum" id="Page_388">[Pg 388]</span>
+libertar de ellos, y de su remordimiento, a los
+que la forman. Y ¿no hay acaso un remordimiento
+social, desparramado entre sus miembros
+todos? Sin duda y el hecho éste del remordimiento
+social, tan poco advertido de ordinario, es el
+móvil principal de todo progreso de la especie.
+Acaso lo que nos mueve a ser buenos y justos
+con los de nuestra sociedad es cierto oscuro sentimiento
+de que la sociedad misma es mala e injusta;
+el remordimiento colectivo de una tropa de
+guerra es tal vez lo que les mueve a prestarse
+servicios entre sí y aun a prestárselos, a las veces,
+al enemigo vencido. Por conocer la insolencia
+de su oficio se guardaban fe entre sí los
+compañeros de Roque.</p>
+
+<hr class="tb">
+
+<p>Este precioso episodio de Roque Guinart es
+el que más íntima relación guarda con la esencia
+de la historia de Don Quijote. Es un reflejo,
+a la vez, del culto popular al bandolerismo, culto
+jamás borrado de nuestra España. Roque Guinart
+es un predecesor de los muchos bandidos
+generosos cuyas hazañas, trasmitidas y esparcidas
+merced a los pliegos de cordel y coplas de
+ciegos, han admirado y deleitado a nuestro pueblo;
+de Diego Corrientes, llamado por antonomasia
+el bandido generoso; del guapo Francisco
+Esteban; de José María, el Rey de Sierra
+Morena; del gaucho Juan Moreira allá en la Argentina,
+y de tantos otros más, cuyo patrón en
+el cielo de nuestro pueblo es San Dimas.</p>
+
+<p>Cuando crucificaron a Nuestro Señor Jesús
+Cristo, uno de los malhechores que estaban colgados
+junto a Él, le injuriaba diciendo: «Si Tú
+eres el Cristo, sálvate a Ti mismo y a nosotros.
+Y respondiendo el otro, reprendióle diciendo:<span class="pagenum" id="Page_389">[Pg 389]</span>
+¿Ni aun tú temes a Dios estando en la misma condenación?
+Nosotros, a la verdad, justamente padecemos,
+porque recibimos lo que merecieron
+nuestros hechos, mas Éste ningún mal hizo. Y
+dijo a Jesús: Señor, acuérdate de mí cuando fueres
+en tu reino. Y entonces Jesús le dijo: De
+veras te digo que hoy estarás conmigo en el
+paraíso. (Luc., XXIII, 39-43).</p>
+
+<p>No se encuentra otra vez alguna en el Evangelio
+una afirmación tan redonda de «serás conmigo
+en el paraíso», una tan firmemente dada
+seguridad de salvación. Una vez canoniza el
+Cristo y es a un bandolero en el momento de la
+muerte. Y al canonizarle canoniza la humildad
+de nuestro bandolerismo. Y ¿por qué cuando
+fustigó duramente a tantos escribas y fariseos,
+hombres honrados según la ley? Porque éstos
+se tenían por justos a sí mismos, como el fariseo
+de la parábola, mientras el bandolero, como el
+publicano de la misma, reconoció su culpa. Fué
+su humildad lo que premió Jesús. El bandolero
+se confesó culpable y creyó en el Cristo.</p>
+
+<p>Nada aborrece más el pueblo que al Catón
+que se tiene por justo y parece ir diciendo: miradme
+y aprended de mí a ser honrados. Roque
+Guinart, por el contrario, no ensalzaba su estado,
+sino que confesó a Don Quijote que no había
+modo de vivir más inquieto ni sobresaltado
+que el suyo, y que perseveraba en él, por deseo
+de venganza, a despecho y a pesar de lo que
+entendía, y añadió: <em>y como un abismo llama a
+otro y un pecado a otro pecado, hanse eslabonado
+las venganzas, de manera que no sólo las
+mías, pero las ajenas, tomo a mi cargo; pero
+Dios es servido de que aunque me veo en la mitad
+del laberinto de mis confusiones, no pierdo<span class="pagenum" id="Page_390">[Pg 390]</span>
+la esperanza de salir dél a puerto seguro</em>. Es un
+eco de la oración de San Dimas. Y nos parece
+oir aquello de Pablo de Tarso: «no hago el bien
+que quiero, sino el mal que no quiero hago;
+miserable hombre de mí ¿quién me librará de
+este cuerpo de muerte?».</p>
+
+<p>«No hago el bien que quiero, sino el mal que
+no quiero hago». Palabras que nos sugiere la
+conducta de Roque Guinart y que nos piden a
+gritos nos paremos a meditarlas. Y a meditar
+en que no es lo mismo cumplir la ley que ser
+bueno. Hay, en efecto, quien se muere sin haber
+abrigado un solo buen deseo y sin haber, a
+pesar de ello, cometido un solo delito, y quien,
+por el contrario, llega a la muerte con una vida
+cargada de delitos y de generosos deseos a la
+vez. Son las intenciones y no los actos lo que
+nos empuerca y estraga el alma, y no pocas veces
+un acto delictuoso nos purga y limpia de la
+intención que lo engendrara. Más de un rencoroso
+homicida habrá empezado a sentir amor a
+su víctima luego que sació su odio en ella, mientras
+hay gentes que siguen odiando al enemigo
+que se murió, después de muerto. Ya sé que
+son muchos los que anhelan una humanidad en
+que se impidan los crímenes aunque los malos
+sentimientos envenenen las almas, pero Dios nos
+dé una humanidad de fuertes pasiones, de odios
+y de amores, de envidias y de admiraciones, de
+ascetas y de libertinos, aunque traigan consigo
+estas pasiones sus naturales frutos. El criterio jurídico
+sólo ve lo de fuera y mide la punibilidad
+del acto por sus consecuencias; el criterio estrictamente
+moral debe juzgarlo por su causa y no
+por su efecto. Lo que ocurre es que nuestra moral
+corriente está manchada de abogacía y nuestro<span class="pagenum" id="Page_391">[Pg 391]</span>
+criterio ético estropeado por el jurídico. El
+matar no es malo por el daño que reciben el
+muerto o sus deudos o parientes, sino por la
+perversión que al espíritu del matador lleva el
+sentimiento que le impulsa a dar a otro la muerte;
+la fornicación no es pecado por daño alguno
+que reciba la fornicada—pues de ordinario
+no lo recibe tal y sí sólo deleite—sino porque
+el sucio deseo distrae al hombre de la contemplación
+de su fin propio y le tiñe de falsedad
+cuanto percibe. Con hondo sentimiento se llama
+entre los gauchos <em>desgracia</em>, no al ser muerto,
+sino al haber tenido que matar a otro. Y por ello,
+aunque en el mundo de la servidumbre, en el
+mundo aparencial de las trasgresiones del derecho,
+caigamos en delito, nos salvaremos si conservamos
+sana intención en el mundo de la libertad,
+en el mundo esencial de los anhelos íntimos.</p>
+
+<p>Y además ¿no endurecerá en sus fechorías al
+facineroso la desconfianza del perdón? Recordad
+aquí a los galeotes. Creo que si todos los hombres
+se persuadieran de que hay un perdón final
+para todos y una vida perdurable, en una u otra
+forma, se harían todos mejores. El temor al castigo
+no evita más fechorías que las que provoca
+la desesperanza de perdón. Recordad a Pablo
+el ermitaño y a Enrico el bandolero del drama
+de Tirso de Molina que lleva por título <span class="smcap">El condenado
+por desconfiado</span>, profunda quintaesencia
+de la fe española, recordad que si Pablo, macerado
+en penitencias, se pierde por desconfiar de
+su salvación, por confiar en ella se salva Enrico
+el frígido. Volved a leer este drama. Recordad
+a aquel Enrico, hijo de Anareto, que conservó
+entre sus maldades entrañable cariño a su tullido<span class="pagenum" id="Page_392">[Pg 392]</span>
+padre y fe en la misericordia de Dios, reconociendo
+la justicia del castigo. Recordadle diciendo:</p>
+
+
+<div class="poetry-container">
+<div class="poetry"><p><span style="margin-left: 11em;">Mas siempre tengo esperanza</span><br>
+en que tengo de salvarme, puesto que no va fundada<br>
+mi esperanza en obras mías, sino en saber que se hermana<br>
+Dios con el más pecador, y con su piedad le salva</p>
+
+<p style="padding-left: 10em;">(II, 17)</p>
+</div>
+</div>
+
+<p>y recordadle arrepentido, gracias a su padre.</p>
+
+<p>¿Que esto repugna al sentido moral? Al sanchopancesco,
+sí; al quijotesco, no. Un filósofo
+alemán de hace poco, Nietzsche, metió ruido en
+el mundo escribiendo de lo que está allende el
+bien y el mal. Hay algo que está no allende, sino
+dentro del bien y del mal, en su raíz común. ¿Qué
+sabemos nosotros, pobres mortales, lo que son
+el bien y el mal vistos desde el cielo? ¿Os escandaliza
+acaso que una muerte de fe abone toda
+una vida de maldades? ¿Sabéis acaso si ese último
+acto de fe y de contrición no es el brotar
+a la vida exterior, que se acaba entonces, sentimientos
+de bondad y de amor que circularon en
+la vida interior, presos bajo la recia costra de
+las maldades? Y ¿es que no hay en todos, absolutamente
+en todos, esos sentimientos, pues sin
+ellos no se es hombre? Sí, pobres hombres, confiemos,
+que todos somos buenos.</p>
+
+<p>¡Pero es que así no viviremos nunca seguros!—exclamáis—¡con
+tales doctrinas no cabe orden
+social! Y ¿quién os ha dicho, apocados espíritus,
+que el destino final del hombre se sujete
+a asegurar el orden social en la tierra y a evitar
+esos daños aparentes que llamamos delitos y
+ofensas? ¡Ah, pobres hombres, siempre veréis
+en Dios un espantajo o un gendarme, no un Padre,<span class="pagenum" id="Page_393">[Pg 393]</span>
+no un Padre que perdona siempre a sus hijos,
+no más sino por ser hijos suyos, hijos de sus
+entrañas, y como tales hijos de Dios, buenos
+siempre por dentro de dentro aunque ellos mismos
+ni lo sepan ni lo crean. Tengo, pues, para mí
+que Roque Guinart y sus compañeros eran mejores
+de lo que ellos mismos se creían. Reconocía el
+buen Roque la insolencia de su oficio, pero se
+sentía atado a él como a un sino fatal. Era su
+estrella. Y podía haber dicho con el gaucho
+Martín Fierro lo de</p>
+
+<div class="poetry-container">
+<div class="poetry">
+<p>Vamos, suerte, vamos juntos,<br>
+Puesto que juntos nacimos,<br>
+Y ya que juntos vivimos.<br>
+Sin podernos dividir,<br>
+Yo abriré con mi cuchillo<br>
+El camino <em>pa</em> seguir.</p>
+</div>
+</div>
+
+<p>Y volviendo a nuestra historia, conviene recordar
+aquí lo que D. Francisco Manuel de
+Melo en su <span class="smcap">Historia de Los movimientos, separación
+y guerra de Cataluña en tiempo de
+Felipe IV</span>, obra publicada unos cuarenta años
+después de la historia de nuestro Caballero,
+dice al describir a los catalanes «por la mayor
+parte hombres de durísimo natural» que «en
+las injurias muestran gran sentimiento y por
+eso son inclinados a venganza», y añade: «La
+tierra, abundante en asperezas, ayuda y dispone
+su ánimo vengativo a terribles efectos con
+pequeña ocasión; el quejoso o agraviado deja
+los pueblos y se entra a vivir en los bosques,
+donde en continuos asaltos, fatigan los caminos;
+otros sin más ocasión que su propia insolencia,
+siguen a estotros; éstos y aquéllos se
+mantienen por la industria de sus insultos. Llaman<span class="pagenum" id="Page_394">[Pg 394]</span>
+comúnmente andar en trabajo aquel espacio
+de tiempo que gastan en este modo de
+vivir, como en señal de que le conocen por
+desconcierto; no es acción entre ellos reputada
+por afrentosa, antes al ofendido ayudan
+siempre sus deudos y amigos». Y habla luego
+de los famosos bandos de Narros y Cadells
+«no menos celebrados y dañosos a su patria que
+los Güelfos y Gibelinos de Milán, los Pafos y
+Médicis de Florencia, los Beamonteses y Agramonteses
+de Navarra y los Gamboinos y Oñacinos
+de la antigua Vizcaya».</p>
+
+<p>Al bando de los Narros pertenecía Roque
+Guinart y como de tal bando despachó un mensajero
+a Barcelona dando cuenta a sus amigos
+de cómo iba Don Quijote <em>para que con él se
+solazasen, que él quisiera que careciesen de
+este gusto los Cadells sus contrarios; pero que
+esto era imposible a causa que las locuras y
+discreciones de Don Quijote y los donaires de
+su escudero Sancho Panza no podían dejar de
+dar gusto general a todo el mundo</em>. ¡Pobre Don
+Quijote, ya querían hacerte monopolio de un
+bando y solaz a él sólo reservado! ¡Lo que se
+le ocurre a un catalán, aunque sea bandolero!</p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_395">[Pg 395]</span></p>
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULOS LXI, LXII <small>Y</small> LXIII</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">De lo que le sucedió a Don Quijote en la entrada de Barcelona,<br>
+con otras cosas que tienen más de lo verdadero que de lo discreto.</p>
+
+
+<p>A los tres días <em>por caminos desusados, por
+atajos y sendas encubiertas partieron Roque,
+Don Quijote y Sancho con otros seis escuderos
+a Barcelona</em>, a cuya playa llegaron la víspera
+de San Juan en la noche, y allí se les despidió
+Roque dejando diez escudos a Sancho.</p>
+
+<p>Ya tenemos en ciudad a Don Quijote y nada
+menos que en la grande y florida ciudad condal
+de Barcelona, <em>archivo de la cortesía, albergue
+de los extranjeros, hospital de los pobres, patria
+de los valientes, venganza de los ofendidos
+y correspondencia grata de firmes amistades y
+en sitio y belleza única</em> como más adelante, en
+el cap. LXXII la llama el historiador. Allí, al
+rayar del día, apacentó en el mar su vista, pareciéndole
+espaciosísimo y largo, vió las galeras
+y se halló de fiesta. Y vino la burla ciudadana
+de los amigos de Roque, que rodeando
+a Don Quijote, al son de chirimías y atabales,
+le llevaron a la ciudad, donde los muchachos<span class="pagenum" id="Page_396">[Pg 396]</span>
+le hicieron ser derribado de Rocinante, poniendo
+a éste aliagas bajo el rabo.</p>
+
+<p>Ya estás, mi señor Don Quijote, de hazme
+reir de una ciudad y de juguete de sus muchachos.
+¿Por qué te saliste del campo y de sus
+caminos libres, único terreno propio de tu heroísmo?
+Allí, en Barcelona, le sacaron al balcón
+de una de las calles más principales de la
+ciudad <em>a vista de las gentes y de los muchachos
+que como a mona le miraban</em>, allí le pasearon
+por las calles, sobre un gran macho de paso
+llano, con un balandrán y a las espaldas un pergamino
+en que se leía: <em>éste es Don Quijote
+de la Mancha</em>, lo que traía consigo, con grande
+admiración del Caballero, que todos los
+muchachos, sin haberle jamás visto, le conocieran.</p>
+
+<p>¡Pobre Don Quijote, paseado por la ciudad,
+con tu <em>ecce homo</em> a espaldas! Ya estás convertido
+en curiosidad ciudadana. Y no faltó, un
+castellano por cierto, quien te llamase loco y
+te reprendiese tu locura. Y luego, en casa de
+D. Antonio Moreno, que le hospedaba, hubo
+sarao y le hicieron bailar hasta que tuvo que
+sentarse <em>en mitad de la sala, en el suelo, molido
+y quebrantado de tan bailador ejercicio</em>.</p>
+
+<p>Esto supera ya en tristeza a cuanto desde
+el día malaventurado en que topó con los Duques
+le está ocurriendo. Le pasean por las calles,
+convertido en mona de los muchachos, y
+luego le hacen bailar. Tómanle de juguete, de
+trompo, de perinola y zarandillo. Ahora, ahora
+es, mi señor, cuando cuesta seguirte, ahora es
+cuando tus fieles han de poner su fe a prueba.
+«¡Que baile! ¡Que baile!»—es uno de los gritos
+de irrisión y burla con que escarnecen a los<span class="pagenum" id="Page_397">[Pg 397]</span>
+hombres las muchedumbres españolas. Y a ti,
+mi señor Don Quijote, te hicieron bailar en
+Barcelona, hasta molerte y quebrantarte.</p>
+
+<p>Ser blanco de la ociosa curiosidad de las muchedumbres;
+oir que al pasar dicen junto a uno
+a media voz «¡ése! ¡ése!»; aguantas las miradas
+de los necios que le miran a uno porque se le
+trae y se le lleva en los papeles públicos y luego
+persuadirte de que no conoce tu obra esa
+gente como no conocían las hazañas de Don
+Quijote y menos aún su espíritu heroico los chicuelos
+que por las calles de Barcelona le aclamaban,
+y de que no eres sino un nombre para
+ellos; ¿sabéis lo que es esto? ¿Sabéis lo que es
+eso de que se conozca sólo vuestro nombre y
+de que os conozcan en dondequiera mientras
+en dondequiera no saben lo que habéis hecho?
+Pudiera muy bien suceder que estos mis comentarios
+a la vida de mi señor Don Quijote
+provocaran en esta nuestra España, como han
+provocado algunos otros trabajos míos, discusiones
+y vocerío; pues bien; os aseguro desde
+ahora que los más furiosos en vocear por ellos
+no los habrán leído. Y sin embargo, es tan miserable
+el hombre, que prefiere el nombre sin
+la obra a la obra sin el nombre, quiere más dejar
+su efigie acuñada en cobre a dejar oro puro
+de su espíritu, pero de donde se borren la efigie
+y la leyenda.</p>
+
+<p>Allí, en la industriosa ciudad de Barcelona,
+le enseñaron, ¿qué sino curiosidades de industria?
+Allí vió y oyó a la cabeza encantada; allí
+visitó el taller de imprimir. <em>Sucedió, pues, que
+yendo por una calle alzó los ojos Don Quijote
+y vió escrito sobre una puerta con letras muy
+grandes</em>: <span class="smcap">Aquí se imprimen libros</span>; <em>de lo que se<span class="pagenum" id="Page_398">[Pg 398]</span>
+contentó mucho, porque hasta entonces no había
+visto emprenta alguna y deseaba saber
+cómo fuese</em>. Curiosidad naturalísima en quien
+buscó en libros bálsamo al demasiado amor y
+fué por libros llevado a meterse en las azarosas
+andanzas de su carrera de gloria. Figuraos
+al hidalgo cincuentón que allá, en su lugarejo
+manchego, había alimentado con lecturas su
+soledad, para quien más que para otro cualquiera
+fueron los libros fieles amigos, y comprenderéis
+con qué ánimo entraría en la imprenta.
+En la cual se portó como discreto, y
+manifestó que sabía algún tanto del toscano y
+se preciaba de cantar algunas estancias del
+Ariosto. Y hasta allí dejó asomar ciertas puntas
+y ribetes de ironía a cuenta de los traductores
+y las traducciones.</p>
+
+<p>Este y otros pasajes especialmente literarios
+de nuestra historia, son de los que más suelen
+citar esos que se llaman a sí mismos cervantistas,
+pero la verdad es que ello apenas lo merece.
+Son tiquismiquis y minucias de los del oficio,
+que a los demás les debe tener sin cuidado.
+Bien está que los escritores nos cuidemos de
+la hechura de nuestros trabajos y le demos
+vueltas y más vueltas al lenguaje y al estilo,
+pero de esto nada se le da al que nos lee.
+Bien está el que un escritor teja sus párrafos,
+y luego los desmote, perche, lustre, tunda y
+prense para cortarlos y coserlos luego y hacer
+así traje a su pensamiento, mas sea para provecho
+del que le haya de leer. Yo mismo, en
+estas páginas, confieso que a las veces he zuñido
+y bruñido mi discurso, mas en lo que todo
+sobre todo he puesto ahinco es en sacar a ras
+de lengua escrita voces de la lengua corrientemente<span class="pagenum" id="Page_399">[Pg 399]</span>
+hablada, en desentoñar y desentrañar
+palabras que chorrean vida según corren frescas
+y rozagantes de boca en oído y de oído en
+boca de los buenos lugareños de tierras de
+Castilla y de León. Hay que flexibilizar y enriquecer
+el rígido y escueto castellano, dicen
+allende los mares. Sin duda hay que darle más
+soltura y más riqueza, pero es a la lengua enteca
+y enclavijada de los periódicos y de los cafés.
+Mas para ello no es menester acudir fuera y
+tomar de prestado voces y giros de otros idiomas;
+basta remejerle los entresijos al mismo romance
+castellano. Cada uno ha de engordar de
+sí mismo.</p>
+
+<p>Otros vienen y nos dicen que no, sino que lo
+necesario y apremiante es podar nuestra lengua
+y recortarla y darla precisión y fijeza. Dicen los
+tales que padece de maraña y de braveza montesina
+nuestra lengua, que por dondequiera le
+asoman y apuntan ramas viciosas, y nos la quieren
+dejar como arbolito de jardín, como boje
+enjaulado. Así, añaden, ganará en claridad y
+en lógica. ¿Pero es que vamos a escribir algún
+<em>Discurso del método</em> con ella? ¡Al demonio la
+lógica y la claridad ésas! Quédense los tales recortes
+y podas y redondeos para lenguas en que
+haya de encarnar la lógica del raciocinio raciocinante,
+pero la nuestra ¿no debe ser acaso ante
+todo y sobre todo instrumento de pasión y envoltura
+de quijotescos anhelos conquistadores?</p>
+
+<p>Y en eso mismo de claridad habría que entenderse,
+pues hay quien aspira a que le den
+las ideas mascadas, ensalivadas y hechas bolo
+engullible para no tener que pasar otro trabajo
+sino el de tragarlas, o mejor aún que se las empapicen.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_400">[Pg 400]</span></p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_401">[Pg 401]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO LXIV</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">Que trata de la aventura que más pesadumbre dió a Don Quijote<br>
+de cuantas hasta entonces le habían sucedido.</p>
+
+
+<p>Y allí, en Barcelona, dieron fin las malandanzas
+caballerescas de nuestro Don Quijote; allí
+fué vencido por el Caballero de la Blanca Luna.
+Hízose éste el encontradizo, le buscó quimera
+por precedencia de hermosura de sus respectivas
+damas, le derribó y le pidió confesase las
+condiciones del desafío. Y el gran Don Quijote,
+el inquebrantable Caballero de la Fe, el heroico
+loco, molido y aturdido y <em>como si hablara dentro
+de una tumba, con voz debilitada y enferma
+dijo: Dulcinea del Toboso es la más hermosa
+mujer del mundo, y yo el más desdichado Caballero
+de la tierra, y no es bien que mi flaqueza
+defraude esta verdad; aprieta, caballero, la lanza
+y quítame la vida, pues me has quitado la
+honra</em>.</p>
+
+<p>Ved aquí cómo cuando es vencido el invicto
+Caballero de la Fe, es el amor lo que en él vence.
+Esas sublimes palabras del vencimiento de
+Don Quijote son el grito sublime de la victoria<span class="pagenum" id="Page_402">[Pg 402]</span>
+del Amor. Él se había entregado a Dulcinea,
+mas sin pretender que por eso se le entregase
+Dulcinea, y así su derrota en nada empañaba
+la hermosura de la dama. Él la había hecho,
+cierto es, él la había hecho en puro fe,
+él la había creado con el fuego de su pasión;
+pero una vez creada, ella era ella y de ella recibía
+su vida él. Yo forjo con mi fe, y contra
+todos, mi verdad, pero luego de así forjada
+ella, mi verdad se valdrá y sostendrá sola y me
+sobrevivirá y viviré yo de ella.</p>
+
+<p>¡Oh, mi Don Quijote, y cuán a dos dedos de
+tu salvación eterna estás, pues curado ya de la
+presunción, no hablas de la fortaleza de tu brazo,
+sino que confiesas tu flaqueza! Y ¡cómo se te
+viene encima la luz purificadora de la muerte
+próxima! ¡Como de dentro de una tumba hablas;
+como de dentro de la tumba del mundo que se
+burla de los héroes y los pasea por las calles
+con su pergamino a la espalda! Y vencido y maltrecho
+y triste y afligido y conociendo tu flaqueza,
+aún proclamas a Dulcinea del Toboso la más
+hermosa mujer del mundo. ¡Oh generoso Caballero!
+Tú no eres como esos que buscando la
+Gloria cuando se ven por ella desdeñados, la niegan
+y la denigran y la motejan de vana y aun dañosa;
+tú no eres de los que culpan a la Gloria de
+sus propias flaquezas y de no haber podido conquistarla;
+tú vencido y maltrecho prefieres la
+muerte a renegar de la que te metió en tu carrera
+de heroísmo.</p>
+
+<p>Y es porque tienes fe en ella, en tu Dulcinea,
+sientes que cuando pareciendo abandonarte,
+deja que te venzan, es para luego ceñirte entre
+sus temblorosos brazos con hambriento cariño,
+y apretarte a su pecho encendido hasta que<span class="pagenum" id="Page_403">[Pg 403]</span>
+sean un parejo golpear el de su corazón y el
+del tuyo, y pegar a tu boca su boca, respirando
+de tu aliento y de su aliento tú y quedar así las
+dos bocas prendidas para siempre en un beso
+inacabable de gloria y de amor eternos. Te deja
+ser vencido para que comprendas que no a
+la fortaleza de tu brazo, sino al amor que la
+tuviste debes tu vida eterna. Tú la amaste, invicto
+Caballero de la Fe, con el amor más esmerado
+y grande, con amor que se alimentaba
+de sus desdenes y rechazos. No por haberle visto
+trasformada en zafia labradora se te amenguó
+el denodado ánimo ni pregonaste el vanidad
+de vanidades y todo vanidad, del sabio rey podrido
+por los hartazgos. Al ser vencido tu grito
+de triunfo, invicto Caballero, fué proclamar la
+hermosura sin par de Dulcinea.</p>
+
+<p>Así a nosotros, tus fieles, cuando más vencidos
+estemos, cuando el mundo nos aplaste y
+nos estruje el corazón la vida y se nos derritan
+las esperanzas todas, danos alma, Caballero, danos
+alma y coraje para gritar desde el fondo de
+nuestra nadería: ¡plenitud de plenitudes y todo
+plenitud! ¿Que yo muero en mi demanda? Pues
+así se hará ésta más grande con mi muerte. ¿Que
+peleando en pro de mi verdad, me vencen? ¡No
+importa! No importa, pues ella vivirá y viviendo
+ella os mostrará que no depende de mí, sino
+yo de ella.</p>
+
+<p>No es éste mi yo deleznable y caduco; no es
+éste mi yo que come de la tierra y al que la
+tierra comerá un día, el que tiene que vencer;
+no es éste sino que es mi verdad, mi yo eterno,
+mi padrón y modelo desde antes de antes y
+hasta después de después; es la idea que de mí
+tiene Dios, Conciencia del Universo. Y esta mi<span class="pagenum" id="Page_404">[Pg 404]</span>
+divina idea, esta mi Dulcinea, se engrandece y
+se sobrehermosea con mi vencimiento y muerte.
+Todo tu problema es éste: si has de empañar
+esa tu idea y borrarla y hacer que Dios te
+olvide, o si has de sacrificarte a ella y hacer que
+ella sobrenade y viva para siempre en la eterna
+e infinita Conciencia del Universo. O Dios o el
+olvido.</p>
+
+<p>Si por guardar tu mecha apagas tu luz; si por
+ahorrar tu vida malgastas tu idea. Dios no se
+acordará de ti, anegándote en su olvido como
+en perdón supremo. Y no hay otro infierno que
+éste; el que nos olvide Dios, y volvamos a la
+in conciencia de que surgimos. «¡Señor, acuérdate
+de mí!» digamos con el bandolero que
+moría junto a Jesús (Luc., XXIII, 42). Señor,
+acuérdate de mí y que mi vida toda sea una vivificación
+de mi idea divina, y si la empañare,
+si la sepultara en mi carne, si la deshiciera en
+este mi yo caduco y terreno, entonces ¡ay de
+mí, Señor, porque me perdonarías olvidándome!
+Si aspiro a Ti, viviré en Ti; si de Ti me aparto,
+iré a dar en lo que no es tuyo, en lo único que
+fuera de Ti cabe: en la nada.</p>
+
+<p>Y el vencedor de Don Quijote, el de la Blanca
+Luna, a quien también sacó del sosiego aldeano
+el amor a Dulcinea, no mata al Caballero,
+sino que exclama: <em>¡viva, viva en su entereza la
+fama de la hermosura de la señora Dulcinea del
+Toboso!</em> y se contenta con pedirle al vencido
+que se retire a su lugar mientras él le mande...
+¡que se retire a bien morir! Sansón Carrasco,
+el bachiller por Salamanca, que no era otro
+el de la Blanca Luna, fué también en busca de
+gloria y para que la fama lleve su nombre con
+el de Don Quijote. ¿Y no fué acaso también para<span class="pagenum" id="Page_405">[Pg 405]</span>
+merecer a los ojos de aquella andaluza Casilda,
+de que se enamoró en las callejas de la dorada
+ciudad del Tormes.</p>
+
+<p>Y Sancho, el fiel Sancho, <em>todo triste, todo
+apesarado, no sabía qué hacerse ni decirse; parecíale
+que todo aquel suceso pasaba en sueños
+y que toda aquella máquina era cosa de encantamento.
+Veía a su señor rendido y obligado
+a no tomar armas en un año; imaginaba la luz de
+la gloria de sus hazañas oscurecida, las esperanzas
+de sus nuevas promesas deshechas como
+se deshace el humo con el viento.</em></p>
+
+<p>Parémonos a considerar este fin de la gloriosa
+carrera de Don Quijote y cómo fué en Barcelona
+vencido, y vencido por su convecino el bachiller
+Sansón Carrasco. Y aquí, mi señor Don
+Quijote, he de confesarte una mi pasada bellaquería.</p>
+
+<p>Hace algunos años que en un semanario que
+en esta nuestra España alcanzó autoridad y renombre,
+lancé contra ti, generoso hidalgo, este
+grito de guerra: ¡Muera Don Quijote! Resonó
+el grito, sobre todo en esa Barcelona donde
+fuiste vencido, y donde me lo tradujeron al catalán,
+resonó el grito y tuvo eco y me lo corearon
+y aplaudieron muchos. Pedí que murieras
+para que resucitara en ti Alonso el Bueno,
+el enamorado de Aldonza, como si su bondad
+se hubiera nunca mostrado más espléndida que
+en tus locas hazañas. Y hoy te confieso, señor
+mío, que aquel mi grito que tanto gusto dió en
+esa Barcelona donde fuiste vencido y donde me
+lo tradujeron al catalán, fué un grito que me
+lo inspiró tu vencedor Sansón Carrasco, bachiller
+por Salamanca. Porque si es en esa Barcelona,
+faro y como centro de la nueva vida industrial<span class="pagenum" id="Page_406">[Pg 406]</span>
+de España, si es en esa ciudad donde más
+se grita contra el quijotismo, es el espíritu bachilleresco,
+espíritu de socarronería y de envidia
+el que lo anima. Fuiste, sí, vencido en Barcelona,
+pero lo fuiste por un manchego bachiller
+por Salamanca. Es, sí, en Barcelona donde
+más se denigra tu espíritu, pero es lo bajo del
+espíritu bachilleresco manchego y salmantino
+lo que a esas denigraciones les lleva. Porque
+allí, en Barcelona, es donde vence el bachiller
+Sansón Carrasco.</p>
+
+<p>Y cuando éste declaró a D. Antonio Moreno
+quién era: <em>Oh, señor—dijo D. Antonio—, Dios
+os perdone el agravio que habéis hecho a todo
+el mundo en querer volver cuerdo al más gracioso
+loco que hay en él. ¿No veis, señor, que no
+podrá llegar el provecho que cause la cordura de
+Don Quijote a lo que llega el gusto que da con
+sus desvaríos?</em> Y por este hilo siguió ensartando
+sus pareceres. ¡Triste modo de pensar, pues
+no quiere que sane, por parecerle loco <em>gracioso</em>
+y por tomar gusto de sus desvaríos! No se
+sabe qué deplorar más, si la pequeñez de alma
+de Sansón Carrasco o la de D. Antonio Moreno.</p>
+
+<p>Quieren a Don Quijote para reirle las gracias
+y tomar gusto de sus desvaríos, y por haberlas
+reído antaño tienen ogaño que llorar, y
+por haber tomado de sus desvaríos gusto les tiene
+que disgustar la vida hoy.</p>
+
+<p>Yo lancé contra ti, mi señor Don Quijote,
+aquel muera. Perdónamelo; perdónamelo porque
+lo lancé lleno de sana y buena, aunque
+equivocada intención, y por amor a ti, pero los
+espíritus menguados, a los que su mengua les
+pervierte las entendederas, me lo tomaron al<span class="pagenum" id="Page_407">[Pg 407]</span>
+revés de como yo lo tomaba, y queriendo servirte
+te ofendí acaso. Triste caso éste de que
+no nos hayan de entender cosa alguna a derechas,
+y no más por defecto de cabeza que
+por vicio de corazón. Perdóname, pues, Don
+Quijote mío, el daño que pude hacerte queriendo
+hacerte bien; tú me has convencido de
+cuán peligroso es predicar cordura entre estos
+espíritus alcornoqueños; tú me has enseñado
+el mal que se sigue de amonestar a que sean
+prácticos a hombres que propenden al más grosero
+materialismo, aunque se disfrace de espiritualismo
+cristiano.</p>
+
+<p>Pégame tu locura, Don Quijote mío, pégamela
+por entero. Y luego que me llamen soberbio
+o lo que quieran. No quiero buscar el provecho
+que ellos buscan. Que digan: ¿qué querrá?
+¿qué busca? y conjeturando por los suyos,
+no encuentren mis caminos. Ellos buscan el provecho
+de esta vida perecedera y se aduermen
+en la rutinera creencia de la otra; a mí, mi
+Don Quijote, déjame luchar conmigo mismo,
+¡déjame sufrir! Guárdense para sí aspiraciones
+de diputado provincial; a mí dame tu Clavileño
+y aunque no me mueva del suelo, sueñe en
+él subir a los cielos del aire y del fuego imperecederos.
+¡Alma de mi alma, corazón de mi
+vida, insaciable sed de eternidad e infinitud!
+sé mi pan de cada día. ¡Hábil? No, hábil, no;
+no, no quiero ser hábil. No quiero ser razonable
+según esa miserable razón que da de comer
+a los vividores; ¡enloquéceme, mi Don Quijote!</p>
+
+<p>¡Viva Don Quijote! ¡viva Don Quijote vencido
+y maltrecho! ¡viva Don Quijote muerto! ¡viva
+Don Quijote! ¡Regálanos tu locura, eterno Don<span class="pagenum" id="Page_408">[Pg 408]</span>
+Quijote nuestro! Regálame tu locura y deja que
+en tu regazo me desahogue. Si supieras lo que
+sufro, Don Quijote mío, entre estos tus paisanos
+cuyo repuesto todo de locura heroica te
+llevaste tú, dejándoles tan sólo la petulante presunción
+que te perdía. ¡Si supieras cómo desdeñan
+desde su estúpida e insultante sanidad todo
+hervor de espíritu y todo anhelo de vida íntima!
+¡Si supieras con qué asnal gravedad ríen
+las gracias de la que creen locura y toman gusto
+de lo que estiman desvaríos! ¡Oh Don Quijote
+mío, qué soberbia, qué estúpida soberbia
+la soberbia silenciosa de estos brutos que llaman
+paradoja a lo que no estaba etiquetado
+en su mollera y afán de originalidad a todo revuelo
+del espíritu! Para ellos no hay quemantes
+lágrimas vertidas en silencio, en el silencio
+del misterio, porque estos bárbaros se lo creen
+tener todo resuelto; para ellos no hay inquietud
+del alma, pues se creen nacidos en posesión
+de la verdad absoluta; para ellos no hay sino
+dogmas y fórmulas y recetas. Todos ellos tienen
+alma de bachilleres. Y aunque odian a
+Barcelona, van a Barcelona y allí te vencen.</p>
+
+<p><em>Seis días estuvo Don Quijote en el lecho,
+marrido, triste, pensativo y mal acondicionado,
+yendo y viniendo con la imaginación en el desdichado
+suceso de su vencimiento</em>, sin que le
+sirviesen los consuelos de su fiel Sancho. El cual
+veía bien que era él allí el más perdidoso,
+aunque su amo el más malparado. Y pocos
+días después emprendieron su regreso a la aldea,
+<em>Don Quijote desarmado y de camino, Sancho
+a pie, por ir el rucio cargado con las armas</em>.
+Así es desde que vencieron a Don Quijote; son
+rucios los que llevan sus armas.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_409">[Pg 409]</span></p>
+
+<p>En el camino encontró a Tosilos, el lacayo,
+que le contó cómo los Duques le hicieron apalear,
+y Doña Rodríguez se volvió a Castilla y
+su hija entró monja. Así había acabado una
+de las aventuras a que dió mejor remate Don
+Quijote.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_410">[Pg 410]</span></p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_411">[Pg 411]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO LXVII</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">De la resolución que tomó Don Quijote de hacerse pastor y de seguir<br>
+la vida del campo en tanto que pasaba el año de su promesa,<br>
+con otros sucesos en verdad gustosos y buenos.</p>
+
+
+<p>Caminando, caminando, llegaron al lugar en
+que habían topado a <em>las bizarras pastoras y gallardos
+pastores que en él querían renovar e
+imitar a la pastoral Arcadia</em>. Y al reconocerlo,
+dijo Don Quijote: <em>si es que te parece bien, querría,
+oh Sancho, que nos convirtiésemos en pastores
+siquiera el tiempo que tengo de estar recogido.
+Yo compraré algunas ovejas y todas
+las demás cosas que al pastoral ejercicio son
+necesarias y llamándome yo el pastor Quijotiz
+y tú el pastor Pancino, nos andaremos por los
+montes, por las selvas y por los prados, cantando
+aquí, endechando allí, bebiendo de los líquidos
+cristales de las fuentes, o ya de los limpios
+arroyuelos, o de los caudalosos ríos. Daránnos
+con abundantísima mano de su dulcísimo fruto
+las encinas, asiento los troncos de los durísimos
+alcornoques, sombra los sauces, olor las
+rosas, alfombras de mil colores matizadas los
+extendidos prados, aliento el aire claro y puro,<span class="pagenum" id="Page_412">[Pg 412]</span>
+luz la luna y las estrellas, a pesar de la escuridad
+de la noche, gusto el canto, alegría el lloro,
+Apolo versos, el amor conceptos, con que podremos
+hacernos eternos y famosos no sólo en los
+presentes, sino en los venideros siglos.</em></p>
+
+<p>¡Válgame Dios y con qué tino se dijo aquello
+de «cada loco con su tema» y cuán bien conocía
+a su tío la sobrina de Don Quijote cuando
+al encontrarse el cura y el barbero, en el escrutinio
+que de su librería hicieron, con <span class="smcap">La Diana</span>
+de Jorge de Montemayor y querer perdonarla
+exclamó: <em>¡Ay, señor! bien puede vuestra merced
+mandar quemar como a los demás; porque no
+sería mucho que habiendo sanado mi señor tío
+de la enfermedad caballeresca, leyendo éstos se
+le antojase de hacerse pastor y andarse por los
+bosques y prados cantando y tañendo</em>.</p>
+
+<p>Parece, al volver Don Quijote de Barcelona,
+ir en camino de curarse de su heroica locura y de
+prepararse a bien morir, mas en viendo el prado
+de otrora, sueña de nuevo con hacerse eterno y
+famoso, no sólo en los presentes, sino en los venideros
+siglos. Porque ésta era su radical locura,
+éste su resorte de acción, ésta, como vimos al
+principio de su historia, la causa que le movió a
+hacerse caballero andante. El ansia de gloria y
+renombre es el espíritu íntimo del quijotismo,
+su esencia y su razón de ser, y si no se puede
+cobrarlos venciendo gigantes y vestiglos y enderezando
+entuertos, cobraráselos endechando a la
+luna y haciendo de pastor. El toque está en dejar
+nombre por los siglos, en vivir en la memoria
+de las gentes; ¡El toque está en no morir! ¡En
+no morir! ¡No morir! Ésta es la raíz última, la
+raíz de las raíces de la locura quijotesca. ¡No
+morir! ¡no morir! Ansia de vida; ansia de vida<span class="pagenum" id="Page_413">[Pg 413]</span>
+eterna es la que te dió vida inmortal, mi señor
+Don Quijote; el sueño de tu vida fué y es sueño
+de no morir.</p>
+
+<p>Con tal de no morir cambiabas tu profesión de
+caballero andante por la de pastor endechante.
+Así tu España, mi Don Quijote, al tener que recogerse
+a su aldea, vencida y maltrecha, piensa
+en dedicarse al pastoreo y habla de colonización
+interior, de pantanos, de riegos y de granjas.</p>
+
+<p>Y por debajo de esa ansia de no morir ¿no andaba,
+mi pobre Alonso, tu soberano amor? <em>Las
+pastoras de quien hemos de ser amantes</em>—dijiste—<em>como
+entre peras podemos escocer sus nombres,
+y pues el de mi señora cuadra así al de
+pastora como al de princesa, no hay para qué
+cansarse en buscar otro que mejor le venga</em>. Sí,
+siempre era Dulcinea, la Gloria, y por debajo
+de ella siempre era Aldonza Lorenzo, la suspirada
+doce años. ¡Y cómo suspirarías ahora por
+ella! ¡cómo la llamarías! ¡cómo grabarías un día
+y otro su nombre en las cortezas de los árboles
+y hasta alguna vez en tu corazón! ¿Y si así llegaba
+ello a su noticia y se daba cata y venía a
+ti, desencantada?</p>
+
+<p>¡Hacerse pastor! Es también, mi Don Quijote,
+lo que se le ha ocurrido a tu pueblo luego
+que ha vuelto de América derrotado en su encontronazo
+con el de Robinsón. Ahora habla
+de dedicarse a cuidar y cultivar su hacienda, a
+alumbrar pozos y trazar canales para regar sus
+resecas tierras; ahora habla de política hidráulica.
+¿No será que siente el remordimiento de
+sus atrocidades pasadas por tierras de Italia,
+Flandes y América?</p>
+
+<p>Leed <span class="smcap">Patria</span>, el hermoso poema de Guerra
+Junqueiro, el poeta de nuestro pueblo hermano,<span class="pagenum" id="Page_414">[Pg 414]</span>
+el pueblo portugués. Leed esa amarga sátira
+y llegad al fin de ella, cuando aparece vestido
+de monje carmelita el espectro del condestable
+Nunalvares, el vencedor de Aljubarrota,
+que luego entró en religión. Oídle hablar, oídle
+hablar del dolor que purifica y redime, del dolor
+que</p>
+
+<div class="poetry-container">
+<div class="poetry">
+<p>Como no ar o vento sobre o vento<br>
+Como no mar o vaga sobre o vaga<br>
+Só na dôr tem a dôr socegamento</p>
+</div>
+</div>
+
+<p>y llegad a cuando en un éxtasis descuelga la
+vieja espada de Aljubarrota, tinta en sangre fraternal,
+y exclama:</p>
+
+<div class="poetry-container">
+<div class="poetry">
+<p>Porém, se a patria, ja na derradeira<br>
+Angustia e mingoa onde a lençou mac dano,<br>
+Terra d'escravos é, terra estrangeira.<br>
+<br>
+Rutila espada, que brandí ufano!<br>
+Antes un velho lavrador mendigo<br>
+Te erga a custo do chão, piadoso e humano!<br>
+<br>
+Volte a bigorna o duro ago antigo!<br>
+E acabes, afinal, relha de arado.<br>
+Pelos campos de Deos, a lavrar trigo</p>
+</div>
+</div>
+
+<p>y arroja su espada al abismo de la noche, exclamando:</p>
+
+<p class="center p1 p1b">Deos te acompanhe! Seja Deos louvado!</p>
+
+<p>Y luego entra en escena «el loco»—o <em>doido</em>—el
+pobre pueblo portugués, nuestro hermano, y
+echa de menos los tiempos en que fué campesino.</p>
+
+<div class="poetry-container">
+<div class="poetry">
+<p>Fosse eu ainda o camponez adusto,<br>
+Lavrador matinal, risonho e grave,<br>
+D'alma de pomba e coração de justo!</p>
+</div>
+</div>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_415">[Pg 415]</span></p>
+
+<div class="poetry-container">
+<div class="poetry">
+<p>Sentime eu ainda a musica suave<br>
+Da candura feliz no peito agreste,<br>
+Qual em rorida brenha um trino d'ave!<br>
+<br>
+Em vez do mundo (fome, guerra e peste!)<br>
+Conquistasse, por unica vitoria,<br>
+Os thesoiros sen fim do amor celeste.<br>
+<br>
+Nunca de feitos meus cantasse a Historia;<br>
+Ignorasse o meu nome a voz da Fama<br>
+E a minha sombra humilde a luz da Gloria.<br>
+<br>
+Vivesse obscuro e triste, herva da lama;<br>
+Nas alturas, porém, fosse contado<br>
+Entre os que Deos aceita, os que Deos ama.</p>
+</div>
+</div>
+
+<p>Es todo lo contrario de Don Quijote y Sancho.
+Busca nuestro Caballero en la vida pastoril hacerse
+eterno y famoso; busca en ella este pobre
+loco portugués ser olvidado, expiar sus culpas y
+redimirse en el dolor,</p>
+
+<div class="poetry-container">
+<div class="poetry">
+<p>Dôr temerosa, Dôr idolatrada<br>
+O Dôr, filha de Deos, mãe do Universo!</p>
+</div>
+</div>
+
+<p>¿No buscan, en el fondo, una misma cosa?
+¿No buscaba lo mismo Don Quijote echándose
+al mundo a deshacer entuertos y proponiéndose
+dedicarse al ejercicio pastoril? ¿No busca nuestro
+pueblo ahora, con los pantanos y canales y la
+política hidráulica, lo mismo que buscó con sus
+atrocidades en América?</p>
+
+<p>El pobre loco portugués, <em>o doido</em>, luego de
+confesar sus culpas, sus glorias</p>
+
+<div class="poetry-container">
+<div class="poetry">
+<p>Minhas glorias!... infamias e vergonhas<br>
+De ladrão, de pirata e de assasino!</p>
+</div>
+</div>
+
+
+<p>pide la cruz, pide el dolor, y muere en la cruz,<span class="pagenum" id="Page_416">[Pg 416]</span>
+en cuya cabecera «desenhada a sangue, esta
+ironía:—<em>Portugal, rei do Oriente!</em>» muere bendiciendo
+el llanto que brota de sus ojos</p>
+
+<div class="poetry-container">
+<div class="poetry">
+<p><span style="margin-left: 8em;">porque és o mar de pranto</span><br>
+que os meus crimes verteram pelo mundo...</p>
+</div>
+</div>
+
+<p>bendiciendo la sangre que corre de sus heridas
+porque es</p>
+
+<div class="poetry-container">
+<div class="poetry">
+<p><span style="margin-left: 10em;">o mar de sangue</span><br>
+do meu orgulho e minha iniquidade...</p>
+</div>
+</div>
+
+<p>¿Es esto lo que pide y busca nuestro loco,
+nuestro pueblo español? No, no es esto precisamente.
+No es que no cante sus hechos la Historia,
+que ignore su nombre la voz de la Fama, y
+su nombre humilde la luz de la gloria; no, no
+es esto.</p>
+
+<p>Se retira a la vida pastoril, derrotado en la
+de caballero andante, para poder hacerse eterno
+y famoso no sólo en los presentes, sino en los
+venideros siglos. Cambia de camino pero no de
+estrella que le guíe.</p>
+
+<p>¿Ha de renunciar el pueblo a toda acción quijotesca
+y encerrarse en su natal dehesa a purgar
+sus antiguas culpas, cuidando de su ganado o
+labrando su tierra y sin poner su mira mas que
+en el cielo? ¿Ha de pensar tan sólo en ser allá
+en las alturas contado entre los que Dios ama?
+¿Ha de volver a su apacible vida de antes de
+lanzarse a sus aventureras empresas? ¿Tuvimos
+esta vida nunca? ¿Tuvimos paz?</p>
+
+<p>No basta como ideal de vida de un pueblo el
+de mantener la vida misma en el mayor bienestar
+y holgura, ni aun basta la felicidad. Menos
+aún abrazarse al dolor. No puede ser ideal de<span class="pagenum" id="Page_417">[Pg 417]</span>
+un pueblo el ideal ascético, destructor de la vida.</p>
+
+<p>¿Aspirar al cielo? No; ¡al reino de Dios! Y a
+todas horas, día tras día, alza por miles de
+bocas nuestro pueblo esta plegaria a nuestro Padre
+que está en los cielos: ¡venga a nos el tu reino!
+«¡Venga a nos el tu reino!» y no «llévanos a
+tu reino»; es el reino de Dios el que ha de bajar
+a la tierra, y no ir la tierra al reino de Dios, pues
+este reino ha de ser reino de vivos y no de muertos.
+Y ese reino cuyo advenimiento pedimos a
+diario, tenemos que crearlo, y no con oraciones
+sólo; con lucha.</p>
+
+<div class="poetry-container">
+<div class="poetry">
+<p>Pudesse eu, d'alma libre e resoluta,<br>
+Olhos no fogo da manha nascente,<br>
+Erguer ainda os braços para a luta!<br>
+Não, como outr'ora, para a luta ardente<br>
+Da riqueza e grandeza, é vaidade...<br>
+Da fortuna, que é sombra que nos mente...<br>
+Seja a hora do prelio a eternidade!<br>
+E o globo estreito a arena, onde ñao cança<br>
+A batalha do Amor e da Verdade!</p>
+</div>
+</div>
+
+<p>¡Esta, la batalla del Amor y de la verdad! Y
+en tal pelea ha de ser el pueblo todo un Don
+Quijote, un pastor Quijotiz más bien.</p>
+
+<div class="poetry-container">
+<div class="poetry">
+<p>Cavalleiro de Deos, ergue-te e avança!<br>
+Põe na bigorna os cravos de Jesus;<br>
+Bate-os cantando... E o ferro da tua lança!<br>
+Faz a hastea de lança d'una cruz;<br>
+Vae, cavalleiro de viseira erguida;<br>
+Dá lançadas magnánimas de luz!...</p>
+</div>
+</div>
+
+<p>¡Hay que pelear, sí, a lanzadas de luz!</p>
+
+<p>Encerrémonos, bien está, en la natal dehesa,
+pero a cobrar fama pastoreando y cantando. Es
+un derivativo de la acción heroica; es otra nueva
+empresa. Vayamos a manejar el cayado con<span class="pagenum" id="Page_418">[Pg 418]</span>
+mano movida por el corazón mismo que nos
+hizo manejar la espada. Es el ejercicio pastoril
+ahora gobierno, que «no consiste—dice el Maestro
+Fray Luis de León en los <span class="smcap">Nombres de Cristo</span>,
+libro I, cap. VI—en dar leyes, ni en poner mandamientos,
+sino en apacentar y alimentar a los
+que gobierna». ¿Apacentarlos y alimentarlos con
+qué? Con amor y verdad.</p>
+
+<p>Pueblo moribundo se ha llamado a tu pueblo,
+Don Quijote mío, por los que embriagados con
+el triunfo pasajero olvidan que la fortuna da
+más vueltas que la tierra y que aquello mismo
+que nos hace menos aptos para el tipo de civilización
+que hoy priva en el mundo, acaso eso
+mismo nos haga más aptos para la civilización
+de mañana. El mundo da muchas vueltas y la
+fortuna más.</p>
+
+<p>Hay que aspirar, de todos modos, a hacerse
+eternos y famosos, no sólo en los presentes, sino
+en los venideros siglos; no puede subsistir como
+pueblo aquel pueblo cuyos pastores, su conciencia,
+no se lo representen con una misión histórica,
+con un ideal propio que realizar en la tierra.
+Estos pastores han de aspirar a cobrar fama
+pastoreándolo y cantando, y así, cobrando fama,
+llevarle a su destino. ¿Es que no hay en la Conciencia
+eterna e infinita una eterna idea de tu
+pueblo, Don Quijote mío? ¿Es que no hay una
+España celestial, de que esta España terrena no
+es sino trasunto y reflejo en los pobres siglos de
+los hombres? ¿Es que no hay un alma de España
+tan inmortal como el alma de cada uno de sus
+hijos?</p>
+
+<p>Cruzando el mar en quebradizas cara velas fueron
+nuestros abuelos a descubrir el Nuevo Mundo
+que dormía bajo estrellas antes desconocidas;<span class="pagenum" id="Page_419">[Pg 419]</span>
+¿no hay algún nuevo mundo del espíritu
+cuyo descubrimiento nos reserve Dios cuando
+osemos como los héroes de Camões lanzarnos
+a «mares d'antes nunca navegados» en espirituales
+carabelas labradas con madera de los bosques
+de nuestro pueblo?</p>
+
+<p>Dicen en mi tierra vasca que los abuelos de
+mis abuelos, los denodados pescadores del golfo
+de mi Vizcaya, se iban tras de la ballena
+hasta los bancos de Terranova siglos antes de
+que Colón llamara a las puertas de la Rábida.
+Soberbiamente lo dice el escudo de Lequeitio:
+<em>Reges debelavit, horrenda cete subiecit, terra
+marique potens, Lequeitio</em>. Y para someter a horrendas
+ballenas fueron, dicen, los balleneros de
+mi casta, hasta las entonces desconocidas costas
+de la remota América. Y aun dicen más, y es
+que corre la leyenda de que fué un marino vasco,
+por nombre Andialotza, es decir Gran Vergüenza,
+quien primero dió a Colón noticias del
+Nuevo Mundo, por no atreverse, sin duda, el gran
+vergonzoso a descubrirlo. Temía a la gloria.
+¿Será esto profético? Y si el buen Andialotza,
+mi paisano, pierde su ingénita vergüenza, ¿habrá
+que esperar al Colón del Nuevo Espíritu de España?</p>
+
+<p>¿Hay una filosofía española? Sí; la de Don
+Quijote. Y conviene que éste, nuestro Caballero
+de la Fe, el Caballero de nuestra Fe, deje en
+el astillero su lanza y en la cuadra a Rocinante
+y cuelgue la espada, y convertido en el pastor
+Quijotiz empuñe el cayado con mano firme, y
+lleve consigo el caramillo, y a la sombra de las
+sombrosas encinas de dulcísimo fruto, mientras
+pacen cabizbajas sus ovejas, cante inspirado por
+Dulcinea, su visión del mundo y de la vida, para<span class="pagenum" id="Page_420">[Pg 420]</span>
+cobrar, cantándola, eterno nombre y fama. Y
+no ya su visión, sino más bien su encorazonamiento
+de ellos. Y para cobrar fama, pues se
+nos dió la gloria como norte de la vida.</p>
+
+<p>El Nunalvares del poeta os dirá de la fama
+que</p>
+
+<div class="poetry-container">
+<div class="poetry">
+<p>Fama grande do mundo tão mezquino<br>
+Dando as trombetas com ardor, não vôa<br>
+Onde vôa cantando, un passarinho.</p>
+</div>
+</div>
+
+<p>Mas no os fiéis demasiado de tales voces de
+desaliento, pues sí, la fama vuela, vuela más
+allá del mundo, y vuela aún más la canción del
+amor y la verdad.</p>
+
+<p>Tal vez a los ecos de esa canción de amores
+del pastor Quijotiz caigan vencidos los gigantes
+que fingen ser molinos, y se amansen los
+galeotes y licencie Roque Guinart a sus huestes,
+y enmudezcan los canónigos y los graves
+eclesiásticos, y reconozcan los cuadrilleros que
+las bacías en manos del hidalgo milagrero son
+yelmos, y renuncien los Maese Pedros a sus titereras,
+y se nos abran las entrañas de la cueva
+de Montesinos, y se enderece todo entuerto y se
+deshaga todo agravio, y se adoncellen las mozas
+del partido y venga a nosotros el reino de
+Dios realizándose en la tierra aquel siglo de oro
+con cuya visión embobó y suspendió Don Quijote
+el ánimo a los cabreros.</p>
+
+<p>Hay que dar «lanzadas magnánimas de luz»,
+o mejor, hay que lanzar la verdad al mundo,
+mientras se pastorea el ganado, al son de pastoril
+caramillo, la santa palabra que ha de hacer el
+milagro. Hay que pedir a Apolo versos, al amor
+conceptos. Sobre todo conceptos al amor.</p>
+
+<p>¿Hay una filosofía española, mi Don Quijote?<span class="pagenum" id="Page_421">[Pg 421]</span>
+Sí, la tuya, la filosofía de Dulcinea, la de no
+morir, la de creer, la de crear la verdad. Y esta
+filosofía ni se aprende en cátedras ni se expone
+por lógica inductiva ni deductiva, ni surge de
+silogismos, ni de laboratorios, sino surge del
+corazón.</p>
+
+<p>Pensabas, mi Don Quijote, en hacerte pastor
+Quijotiz y que te diera el amor conceptos. Todos
+los conceptos de vida, todos los conceptos
+eternos, manan del amor. Es Aldonza, mi pastor
+Quijotiz, es siempre Aldonza la fuente de sabiduría.
+A través de ella, a través de tu Aldonza,
+a través de la mujer, o es el Universo todo.</p>
+
+<p>¿No ves a este pueblo endiosando cada día
+más el ideal de la mujer, a la mujer por excelencia,
+a la Virgen Madre? ¿No le ves rendido
+a ese culto y hasta casi olvidando por él
+el culto al Hijo? ¿No ves que no hace sino ensalzarla
+más y más alto, pujando por ponerla
+al lado del Padre mismo, a su igual, en el
+seno de la Trinidad, que pasaría a ser Cuaternidad
+si no es ya que la identificaran con el Espíritu
+como con el Verbo se identificó al Hijo?
+¿No la han declarado Corredentora? Y esto ¿por
+qué es?</p>
+
+<p>La concepción de Dios que se nos ha venido
+trasmitiendo ha sido una concepción no ya antropomórfica,
+sino andromórfica; nos lo representamos
+no ya como a persona humana—<em>homo</em>—,
+sino como a varón—<em>vir</em>—; Dios era y es
+en nuestras mentes masculino. Su modo de juzgar
+y condenar a los hombres, modo de varón,
+no de persona humana por encima de sexo;
+modo de Padre. Y para compensarlo hacía falta
+la Madre, la Madre que perdona siempre, la
+Madre que abre siempre los brazos al hijo cuando<span class="pagenum" id="Page_422">[Pg 422]</span>
+huye éste de la mano levantada o del ceño
+fruncido del irritado Padre, la Madre en cuyo
+regazo se busca como consuelo una oscura remembranza
+de aquella tibia paz de la inconsciencia
+que dentro de él fué el alba que precedió a
+nuestro nacimiento, y un dejo de aquella dulce
+leche que embalsamó nuestros sueños de inocencia,
+la Madre que no conoce más justicia que
+el perdón ni más ley que el amor. Las lágrimas
+maternales borran las tablas del Decálogo. Nuestra
+pobre e imperfecta concepción de un Dios
+varón, de un Dios con largas barbas y voz
+de trueno, de un Dios que impone preceptos y
+pronuncia sentencias, de un Dios Amo de Casa,
+<em>Pater familias</em> a la romana, necesitaba compensarse
+y completarse, y como en el fondo no podemos
+concebir al Dios personal y vivo no ya
+por encima de rasgos humanos, mas ni aun por
+encima de rasgos varoniles y menos un Dios
+neutro o hermafrodita, acudimos a darle un Dios
+femenino y junto al Dios Padre hemos puesto
+a la Diosa Madre, a la que perdona siempre
+porque como mira con amor ciego ve siempre
+el fondo de la culpa y en ese fondo la justicia
+única del perdón, a la que siempre consuela,
+a la Madre Dulcísima, a la Madre de
+Dios, a la Virgen Madre. Es la Virgen Madre,
+es la Madre Purísima, la que no es sino madre,
+y siendo todo lo que hace ser mujer a la mujer,
+queda limpia de todo el barro humano
+para que en ella aliente é irradie tan sólo el
+soplo divino.</p>
+
+<p>Es la Virgen Madre; es la Madre de Dios. Es
+la Madre de Dios; es la pobre Humanidad dolorida.
+Porque aunque compuesta de hombres
+y mujeres, la Humanidad es mujer, es madre.<span class="pagenum" id="Page_423">[Pg 423]</span>
+Lo es cada sociedad; lo es cada pueblo. Las
+muchedumbres son femeninas. Juntad a los
+hombres y tened por cierto que es lo femenino
+de ellos, lo que tienen de sus madres, lo que
+los junta. La pobre Humanidad dolorida es la
+Madre de Dios, pues en ella, en su seno, es
+donde se manifiesta, donde encarna la eterna
+e infinita Conciencia del Universo. Y la Humanidad
+es pura, purísima, limpia de toda mancha,
+aunque nazcamos manchados cada uno de los
+hombres y mujeres. ¡Dios te salve, Humanidad;
+llena eres de gracia!</p>
+
+<p>Mira, mi pastor Quijotiz, cómo se va a la
+Humanidad desde Aldonza, la recatada doncella
+del Toboso; mira cómo da el amor conceptos.
+Y mira si al son de tu pastoril caramillo
+puede hacerse amorosa filosofía española, aunque
+graznen para ahogar sus melódicos sones
+los grandísimos cuervos y grajos que anidan
+en la boca de la cueva de Montesinos.</p>
+
+<p>Si Don Quijote volviera al mundo sería pastor
+Quijotiz, no ya caballero andante de espada;
+sería pastor de almas, empuñando en vez
+del cayado la pluma, o dirigiendo su encendida
+palabra a los cabreros todos. Y ¡quién sabe si
+no ha resucitado...!</p>
+
+<p>Si Don Quijote volviera al mundo sería pastor,
+o lo será cuando vuelva; pastor de pueblos.
+Y buscará que le dé el amor conceptos, y en
+hacer vivir y triunfar éstos pondrá todo el denuedo
+y la bravura toda que puso antes en acometer
+molinos y libertar galeotes. Y buena falta
+nos está haciendo, porque es cobardía de pensar
+lo que nos tiene tan abatidos. Es cobardía de
+afrontar los eternos problemas; es cobardía de
+escarbar en el corazón; es cobardía de hurgar<span class="pagenum" id="Page_424">[Pg 424]</span>
+las inquietudes íntimas de las entrañas eternas.
+Esa cobardía lleva a muchos a la erudición,
+adormidera de desasosiegos del espíritu u
+ocupación de la pereza espiritual; algo así
+como el juego del ajedrez.</p>
+
+<p>«No quiero meterme a estudiar patología—me
+decía un cobarde—ni aun quiero saber
+hacia dónde me cae el hígado ni para qué sirve,
+pues si me pongo a ello, llego a creer que
+padezco de la enfermedad cuya descripción
+acabo de leer. Ahí está el médico, cuyo oficio
+es curarme y para lo cual le pago; descargo en
+él mi responsabilidad, y si me mata, allá por su
+cuenta; moriré, al menos, sin aprensiones ni
+cuidados. Y lo mismo tengo al cura. No quiero
+meterme a pensar en mi origen ni en mi destino,
+de dónde vengo y adónde voy, y si hay o
+no Dios y cómo sea, y si hay o no otra vida y
+en qué consista; eso no sirve mas que para dar
+quebraderos de cabeza y robarme el tiempo y
+la energía que necesito para ganar el pan de
+mis hijos. Ahí está el cura, y pues tal es su oficio,
+averigüe él lo que haya, dígame misa y
+absuélvame cuando al ir a morirme confiese
+mis pecados. Y si se engaña y me engaña, allá
+él por su cuenta. Él responderá de sí; para mí
+en el creer no hay engaño».</p>
+
+<p>¡Qué falta nos estás haciendo, pastor Quijotiz,
+para arremeter con tus conceptos dictados
+por el amor a lanzadas magnánimas de luz,
+contra esta mentira apestosa y libertar a los pobres
+galeotes del espíritu! Aunque luego te
+apedreen, que te apedrearán, de seguro, si les
+rompes las cadenas de la cobardía que les tienen
+presos; te apedrearán.</p>
+
+<p>Te apedrearán. Los galeotes espirituales apedrean<span class="pagenum" id="Page_425">[Pg 425]</span>
+al que les rompe las cadenas que les agarrotan.
+Y precisamente por esto, porque ha de
+ser uno apedreado por ellos, es por lo que hay
+que libertarlos. El primer uso que de su libertad
+hacen es apedrear al libertador.</p>
+
+<p>El más acendrado beneficio es el que se hace
+al que no nos lo reconoce por tal; la mayor caridad
+que puedes rendir a tu prójimo no es aplacarle
+deseos ni remediarle necesidades, sino
+encenderle aquéllos y crearle éstas. Libértale,
+y luego que te apedree por haberle libertado
+y ejercite así sus brazos libres, empezará a desear
+la libertad.</p>
+
+<p>Te apedrearán porque se verán perdidos. Y
+dirán: ¿libertad?, bien, ¿y qué hago yo con
+esto? Un galeote, amigo mío, a quien me dedicaba
+yo a limarle las cadenas espirituales y
+sembrar inquietudes y dudas en su alma, me
+dijo un día: «mira, déjame en paz y no me
+molestes; así vivo bien ¿para qué tribulaciones
+y congojas? Si yo no creyera en el infierno
+sería un criminal». Y le contesté: «no, seguirías
+siendo como eres y haciendo lo que haces
+y no haciendo lo que hoy no haces, y si así no
+fuera y dieses en criminal entonces, es que lo
+eres también ahora». Y me replicó: «necesito
+una razón para ser bueno; un fundamento objetivo
+sobre que basar mi conducta; necesito
+saber por qué es malo lo que a mi conciencia
+repugna». Y le contrarrepliqué: «lo es porque
+repugna a tu conciencia, en la que vive Dios».
+Y volvió a replicarme: «no quiero encontrarme
+en medio del Océano, como un náufrago,
+ahogándome, perdido y sin tener una tabla a
+que agarrarme». Y volví a contrarreplicarle:
+«¿tabla? La tabla soy yo mismo; no la necesito,<span class="pagenum" id="Page_426">[Pg 426]</span>
+porque floto en ese Océano de que hablas,
+y que no es sino Dios. El hombre flota en Dios
+sin necesidad de tabla alguna, y lo único que
+yo deseo es quitarte la tabla, dejarte solo, infundirte
+aliento y que sientas que flotas. ¿Fundamento
+objetivo, dices? ¿Y qué es eso? ¿Quieres
+más objeto de ti que tú mismo? Hay que
+echar a los hombres en medio del Océano y
+quitarles toda tabla, y que aprendan a ser hombres,
+a flotar. Tienes tan poca confianza en
+Dios, que estando en Él, en quien vivimos, nos
+movemos y somos (Hechos, XVII, 28), ¿necesitas
+tabla a que agarrarte? Él te sostendrá,
+sin tabla. Y si te hundes en Él ¿qué importa?
+Esas congojas y tribulaciones y dudas que tanto
+temes son el principio del ahogo, son las
+aguas vivas y eternas que te echan el aire de
+la tranquilidad aparencial en que estás muriendo
+hora tras hora; déjate ahogar, déjate ir
+al fondo y perder sentido y quedar como una
+esponja, que luego volverás a la sobrehaz de
+las aguas donde te veas y te toques y te sientas
+dentro del Océano». «Sí, muerto»—me dijo.
+«No, resucitado y más vivo que nunca»—le
+dije. Y el pobrecito de mi amigo el galeote se
+me escapó lleno de miedo de sí mismo. Y luego
+me ha apedreado, y al sentir sus pedradas
+sobre el yelmo de Mambrino con que me cubro
+la cabeza, he dicho en mi corazón: ¡Gracias,
+Dios mío, porque has hecho que no cayeran
+mis palabras en el espíritu de mi amigo
+como en pelada roca, sino que prendieran
+en él!</p>
+
+<p>¡Si les oyeses, mi pastor Quijotiz, hablar de
+su fe y de sus creencias a los galeotes del espíritu!...
+¡Si oyeras, mi buen pastor, hablar de<span class="pagenum" id="Page_427">[Pg 427]</span>
+ello a sus pastores!... Uno de estos pastores he
+conocido para quien la virtud de los silbos con
+que llamaba a sus ovejas, la verdad de la doctrina
+en que les adoctrinaba y sin acatar la
+cual les negaba salud eterna, estribaba ¡figúrate,
+en que era castiza, en que era la más española!
+Para él la herejía no era sino una traición
+a la patria. Y conozco un perro de pastor,
+un ladrador de nuestras glorias patrias y guardián
+de nuestras tradiciones, para quien la religión
+no es mas que un género literario, tal vez
+una rama de las humanidades y a lo sumo una
+de las bellas artes. Contra estos miserables
+haces falta, mi pastor Quijotiz, para limpiar
+con tus cantos toda esa asquerosa cotena del
+espíritu e infundirnos a todos valor para que
+nos hundamos en la cueva de Montesinos y
+miremos allí cara a cara las visiones que se nos
+presenten.</p>
+
+<p>Se comprende bien que los jesuitas, remachadores
+de cadenas de galeotes, te guarden
+ojeriza, mi Don Quijote, y quemen con algazara
+el libro de tu historia, según nos asegura
+que alguna vez lo han hecho, uno que rompió
+las cadenas de la Orden, el ex jesuita autor de
+<span class="smcap">Un barrido hacia fuera en la Compañía de
+Jesús</span>.</p>
+
+<p>¡Ven, pastor Quijotiz, a pastorearnos y cantar
+los conceptos que el amor te inspire!</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_428">[Pg 428]</span></p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_429">[Pg 429]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO LXVIII</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">De la cerdosa aventura que le aconteció a Don Quijote.</p>
+
+
+<p>Y a poco de haber hecho Don Quijote esos
+propósitos de pastoreo, llegó una piara de más
+de seiscientos puercos, y pasaron sobre él. Por
+pena de su pecado tuvo aquella afrenta el Caballero,
+mas no le acongojó tanto que no le
+dejase componer aquel madrigalete en que decía,
+entre otras cosas, lo de:</p>
+
+<div class="poetry-container">
+<div class="poetry">
+<p><em>Así el vivir me mata<br>
+Que la muerte me torna a dar la vida.<br>
+¡Oh condición no oída<br>
+La que conmigo muerte y vida trata!</em></p>
+</div>
+</div>
+
+<p>¡Maravillosa sentencia en que se declara lo
+más íntimo del espíritu quijotesco! Y ved cómo
+cuando Don Quijote llegó a expresar lo más recóndito,
+lo más profundo, lo más entrañable
+de su locura de gloria, lo hizo en verso, y después
+de vencido y después de pisoteado por
+piara de cerdos. El verso es, sin duda, el lenguaje
+natural de lo profundo del espíritu; en
+verso compendiaron San Juan de la Cruz y<span class="pagenum" id="Page_430">[Pg 430]</span>
+Santa Teresa lo más íntimo de sus sentires. Y
+así Don Quijote fué en verso como llegó a descubrir
+los abismos de su locura, que el vivir le
+mataba y la muerte tornaría a darle vida, que
+su anhelo era anhelo de vida inacabable y eterna,
+de vida en la muerte, de perdurable vida.</p>
+
+<div class="poetry-container">
+<div class="poetry">
+<p><em>Así el vivir me mata<br>
+Que la muerte me torna a dar la vida.</em></p>
+</div>
+</div>
+
+<p>Sí, Don Quijote mío, la muerte tornó a darte
+vida y vida imperecedera. El vivir nos mata.
+Ya lo dijo tu hermana Teresa de Jesús, cuando
+cantó:</p>
+
+<div class="poetry-container">
+<div class="poetry">
+<p>Sácame de aquesta muerte<br>
+Mi Dios y dame la vida;<br>
+No me tengas impedida<br>
+En este lazo tan fuerte;<br>
+Miro que muero por verte<br>
+Y vivir sin Ti no puedo,<br>
+Que muero porque no muero.</p>
+</div>
+</div>
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_431">[Pg 431]</span></p>
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO LXIX</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">Del más raro y más nuevo suceso que en todo el discurso desta<br>
+grande historia avino a Don Quijote.</p>
+
+
+<p>Cantando el madrigalete Don Quijote y durmiendo
+la vida Sancho, les llegó el nuevo día,
+y al declinar de la tarde de éste la última burla
+de los Duques. Y fué que les rodearon hasta
+diez hombres de a caballo y cuatro o cinco de
+a pie y entre denuestos e improperios los llevaron
+al castillo de los Duques. Y allí se encontraron
+sobre un túmulo, con el cuerpo muerto
+de Altisidora, para resucitar a la cual mandó
+Radamante que sellaran el rostro de Sancho
+con veinticuatro mamonas y doce pellizcos, y
+seis alfilerazos en brazos y lomos. Y a pesar
+de su resistencia hiciéronle así seis dueñas y
+resucitó Altisidora. Y viendo Don Quijote la
+virtud que el cielo puso en el cuerpo de Sancho,
+pidióle de rodillas el que entonces, teniendo
+sazonada semejante virtud, se diera algunos
+azotes para desencantar a Dulcinea.</p>
+
+<p>Y lo cierto es, a pesar de las torpes burlas de
+los Duques, que el cuerpo de Sancho tiene virtud
+para desencantar y resucitar doncellas. Del<span class="pagenum" id="Page_432">[Pg 432]</span>
+cuerpo de Sancho se alimentan los Duques y
+sus lacayos y sus doncellas; del cuerpo de Sancho,
+en última instancia, procede el que Dulcinea
+pueda llevar a sus favoritos al templo de
+la eternidad de la fama. Sancho se azota con el
+trabajo para que puedan otros, libres de él, enamorar
+a Dulcinea; los azotes de Sancho hacen
+al héroe héroe y a su cantor cantor celebrado, y
+al santo santo y al poderoso poderoso.</p>
+
+<p>Aquí dice el historiador una verdad como un
+templo, cual es <em>que tiene para sí ser tan locos
+los burladores como los burlados, y que no estaban
+los Duques a dos dedos de parecer tontos,
+pues tanto ahinco ponían en burlarse de dos
+tontos</em>... Alto aquí, que ni a Don Quijote ni a
+Sancho puede llamárseles tontos y sí a los Duques,
+que lo eran y de remate y capirote, y
+tontos, como todos los tontos suelen serlo, maliciosos
+y bellacos. No hay, en efecto, tonto bueno;
+el tonto, y más si es amigo de burlas, rumia
+el pasto amargo de la envidia. En el fondo
+no perdonaban los Duques a Don Quijote el
+renombre por éste adquirido y aspiraban a
+unir su nombre al nombre inmortal del Caballero.
+Pero bien los castigó el sabio historiador
+pasando en silencio sus nombres, con lo
+cual no lograron su propósito. En <em>los Duques</em>
+a secas se quedarán, y como cifra y compendio
+de Duques sandios y mal intencionados.</p>
+
+<p>Poco después de la resurrección de Altisidora,
+entró esta desenvueltísima doncella en el
+aposento de Don Quijote, y en la plática que
+allí tuvieron dijo el Caballero aquellas memorables
+palabras de <em>no hay otro yo en el mundo</em>,
+sentencia hermana melliza de aquella otra de:
+<em>¡yo sé quién soy!</em></p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_433">[Pg 433]</span></p>
+
+<p>¡No hay otro yo en el mundo! He aquí una
+sentencia que deberíamos no olvidar nunca, y
+sobre todo cuando al acongojarnos por tener
+que desaparecer un día, nos vengan con la ridícula
+monserga de que somos un átomo en el
+Universo y que sin nosotros siguen los astros su
+curso y que el Bien ha de realizarse hasta sin
+nuestro concurso y que es soberbia imaginar
+que toda esta inmensa fábrica se hizo para nuestra
+salud. ¡No hay otro yo en el mundo! Cada
+uno de nosotros es único e insustituíble.</p>
+
+<p>¡No hay otro yo en el mundo! Cada cual de
+nosotros es absoluto. Si hay un Dios que ha hecho
+y conserva el mundo, lo ha hecho y lo conserva
+para mí! ¡No hay otro yo! Los habrá mayores
+y menores, mejores y peores, pero no
+otro yo. Yo soy algo enteramente nuevo; en
+mí se resume una eternidad de pasado y de
+mí arranca una eternidad de porvenir. ¡No
+hay otro yo! Esta es la única base sólida del
+amor entre los hombres, porque tampoco hay
+otro tú que tú, ni otro él que él.</p>
+
+<p>Prosiguió la plática y en ella mostró la liviana
+Altisidora que aun en burlas y todo, le dolía
+el desvío de Don Quijote. Imposible es que una
+doncella finja en chanzas enamorarse y no lleve
+a mal el que no se la corresponda en veras.
+Y fué tal su irritación por no haber logrado esto,
+que llamando a Don Quijote <em>don vencido y don
+molido a palos</em>, le declaró que lo de la resurrección
+había sido una burla.</p>
+
+<p>Este rasgo debía bastar para convencernos de
+cuán real y verdadera es la historia que estoy
+explicando y comentando, porque esto de acabar
+por tomar en veras las burlas la desdeñada
+doncella, es de las cosas que no se inventan ni<span class="pagenum" id="Page_434">[Pg 434]</span>
+pueden inventarse. Y tengo para mí que si Don
+Quijote flaquea y cede y la requiere, se le entrega
+ella en cuerpo y alma, aunque sólo fuera
+para poder decir luego que fué poseída por un
+loco cuya fama llenaba el mundo entero. Todo
+el mal de aquella doncella nacía de ociosidad,
+según declaró a los Duques el mismo Don Quijote.
+Sin duda, pero falta saber de qué género
+de ociosidad nacía su mal.</p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_435">[Pg 435]</span></p>
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO LXXI</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">De lo que a Don Quijote le sucedió con su escudero Sancho yendo a su aldea.</p>
+
+
+<p>Salieron amo y escudero de casa de los Duques
+y reanudaron camino de su aldea. Y yendo
+de camino ofreció Don Quijote a Sancho pagarle
+los azotes, <em>a cuyos ofrecimientos abrió
+Sancho los ojos y las orejas de un palmo, y dió
+consentimiento en su corazón a azotarse de buena
+gana</em>, pues el amor de sus hijos y de su mujer
+le hacía mostrarse interesado, según declaró él
+mismo. Estimólos Sancho en ochocientos veinticinco
+reales, y Don Quijote exclamó: <em>¡Oh Sancho
+bendito! ¡oh Sancho amable! y cuán obligados
+hemos de quedar Dulcinea y yo a servirte
+todos los días que el cielo nos diere de vida!</em> Y
+llegada la noche se retiró Sancho entre unos árboles
+y <em>haciendo del cabestro y de la jáquima
+del rucio un poderoso y flexible azote</em>, desnudóse
+de medio cuerpo arriba, <em>comenzó a darse
+y comenzó Don Quijote a contar los azotes</em>. A
+los seis u ocho pidió Sancho aumento de precio
+y se lo dobló su amo, <em>pero el socarrón dejó de
+dárselos en las espaldas, y daba en los árboles,<span class="pagenum" id="Page_436">[Pg 436]</span>
+on unos suspiros de cuando en cuando, que parecía
+que con cada uno de ellos se le arrancaba
+el alma</em>.</p>
+
+<p>Mira, Sancho, esto que a cuenta de tus azotes
+pasó entre tu amo y tú, es un perfecto símbolo
+de lo que en tu vida pasa. Ya te dije que de
+tus azotes vivimos todos, incluso los que filosofamos
+sobre ellos o los ponemos en coplas.
+Tiempo hay en que se te quiere obligar por la
+fuerza a que te azotes, y se te esclaviza, pero
+llega día en que haces lo que hiciste con tu amo
+y señor natural Don Quijote, y es desmandarte
+contra quien te quiere forzar a que te azotes y
+poner tu rodilla sobre su pecho y exclamar: <em>¡mi
+amo soy yo!</em> Y entonces se cambia de táctica y
+se te ofrece pagarte los azotes, lo cual es un
+nuevo engaño, pues que de ellos sale también la
+paga que por ellos te dan. Y tú, pobre Sancho,
+movido del amor a tus hijos y a tu mujer, accedes
+y te dispones a azotarte. Pero ¿cómo has
+de hacerlo con voluntad y de veras, si no estás
+persuadido del valer de tus azotes? Das seis u
+ocho en tu cuerpo y los tres mil doscientos noventa
+y dos restantes en los árboles y lo más
+de tu trabajo se pierde. Lo más del trabajo humano
+se pierde, y es natural que así sea, porque
+¿con qué devoción va a pulir joyas un infeliz
+que las pule para ganarse el pan mas sin
+estar persuadido del valor social de las tales joyas?
+¿con qué ahinco hará juguetes para los hijos
+de los ricos el que haciéndolos saca el pan
+para los suyos, que no tienen con qué jugar?</p>
+
+<p>Trabajo de Sísifo es lo más del trabajo humano
+y el pueblo no tiene conciencia de que
+es sólo un pretexto para que le den jornal, y
+no como cosa suya, sino como algo ajeno que<span class="pagenum" id="Page_437">[Pg 437]</span>
+le hacen la merced de dejárselo ganar. El toque
+está en que reciba Sancho su salario como cosa
+que no le pertenece sino en virtud de los azotes
+que se hubiera dado y porque le han hecho la
+merced de proporcionarle azotina, y para sostener
+y perpetuar la mentira del derecho de
+propiedad y del acaparamiento de la tierra por
+los poderosos, se inventan azotes, por absurdos
+que ellos sean. Y así se azota Sancho con el
+mismo empeño con que desenchinarran calles
+esos desgraciados a los que en los meses de invierno,
+cuando escasean azotes, les mandan los
+Municipios a desenchinarrar calles para volverlas
+a enchinarrar y con ello justificar la limosna
+vergonzante que se les reparte.</p>
+
+<p>Tela de Penélope y tonel de las Danaides es
+lo más de tu azotina, Sancho; el caso es que te
+cueste ganarte el pan y que tengas que agradecérselo
+a los que te proporcionan azotes, y que
+reconozcas que te pagan de lo suyo y no pongas
+tu pie en sus hanegas de sembradura como en
+su pecho pusiste la rodilla. Haces, pues, muy
+bien en desollar los árboles a jaquimazos, pues
+lo mismo te han de pagar, ya que te pagan no
+porque te azotes, sino por que no te rebeles.
+Haces muy bien, pero harías mejor si volvieras
+la jáquima alguna vez contra tus amos y los
+azotaras a ellos y no a los árboles y los echaras
+a azotes de sus hanegas de sembradura, o que
+las aren y siembren ellos contigo y como cosa
+de los dos.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_438">[Pg 438]</span></p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_439">[Pg 439]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULOS LXXII <small>Y</small> LXXIII</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">De cómo Don Quijote y Sancho llegaron a su aldea.</p>
+
+
+<p>Prosiguiendo su camino, se encontraron en el
+mesón con D. Álvaro Tarfe; a los dos días
+acabó con sus azotes Sancho y a poco divisaron
+la aldea. Entraron en ella y en sus casas. Y al
+declarar Don Quijote al cura y al bachiller su
+propósito de que se hicieran pastores, descubrió
+Carrasco su mal, la locura pegada por Don Quijote
+y que le llevó a vencer a éste, al decir lo
+de <em>como ya todo el mundo sabe, yo soy celebérrimo
+poeta</em>. ¿No os dije que el bachiller estaba
+tocado de la misma locura del hidalgo?
+¿No había acaso soñado entre las doradas piedras
+de Salamanca, sueño de no morir?</p>
+
+<p>Acudió el ama al oir lo de los pastores a aconsejar
+a su amo y le dijo: <em>estése en su casa, atienda
+a su hacienda, confiese a menudo, favorezca
+a los pobres y sobre mi ánima si mal le fuere</em>.</p>
+
+<p>Esta buena ama habla poco, pero cuando
+rompe a hablar se vacía en pocas palabras. ¡Y
+qué bien discurre! ¡con cuánto seso! Lo que
+aconsejó a su amo es lo que nos aconsejan los
+que dicen querernos bien.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_440">[Pg 440]</span></p>
+
+<p>¡Querernos bien!... ¡querernos bien!... ¡Ay cariño,
+cariño, y qué miedo te tengo! Así que oigo a
+un amigo lo de «yo te quiero bien» o «haga caso
+de los que bien le queremos» me echo a temblar.
+Los que me quieren bien... ¿y quiénes me
+quieren bien? Los que quieren que sea como
+ellos quieren para quererme. ¡Ay Cariño, cariño,
+terrible cariño que nos lleva a buscar en
+el querido el que de él hicimos! ¿Quién me
+quiere como soy? Tú, Tú sólo, Dios mío, que
+queriéndome me creas de continuo, pues es mi
+existencia misma obra de tu eterno amor.</p>
+
+<p><em>Estése en su casa</em>... ¿Y por qué he de estarme
+en casa? Estése cada uno en la suya y no
+habrá Dios que esté en la de todos.</p>
+
+<p><em>Atienda a su hacienda</em>... ¿Y cuál es mi hacienda?
+Mi hacienda es mi gloria.</p>
+
+<p><em>Confiese a menudo</em>... Mi vida y mi obra son
+una confesión perpetua. Desgraciado del hombre
+que tiene que recogerse a tiempos y lugares
+para confesarse. Eso de la confesión de que
+habla el ama de Don Quijote ¿no nos educa
+acaso a ser reservados y chismosos a la vez?</p>
+
+<p><em>Favorezca a los pobres</em>... Sí, pero a los verdaderos
+pobres, a los pobres de espíritu y no con
+el favor que ellos piden, sino con el que necesitan.</p>
+
+<p>Mira, lector, aunque no te conozco te quiero
+tanto que si pudiese tenerte en mis manos te
+abriría el pecho y en el cogollo del corazón te
+rasgaría una llaga y te pondría allí vinagre y sal
+para que no pudieses descansar nunca y vivieras
+en perpetua zozobra y en anhelo inacabable.
+Si no he logrado desasosegarte con mi
+Quijote es, créemelo bien, por mi torpeza y porque
+este muerto papel en que escribo ni grita,<span class="pagenum" id="Page_441">[Pg 441]</span>
+ni chilla, ni suspira, ni llora, porque no se hizo
+el lenguaje para qué tú y yo nos entendiéramos.</p>
+
+<p>Y ahora vamos a asistir a bien morir a Don
+Quijote.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_442">[Pg 442]</span></p>
+
+
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_443">[Pg 443]</span></p>
+
+<h2 class="nobreak" >CAPÍTULO LXXIV</h2>
+</div>
+
+<p class="center big2 p2b">De cómo Don Quijote cayó malo, y del testamento que hizo, y su muerte.</p>
+
+
+<div class="poetry-container">
+<div class="poetry">
+<p style="padding-left: 10em;">Dió el alma a quien se la dió,<br>
+El Cual la ponga en el cielo<br>
+y en su gloria,<br>
+y aunque la vida murió,<br>
+nos dejó harto consuelo<br>
+su memoria.</p>
+</div>
+</div>
+
+
+<p class="p1b" style="padding-left: 55%;">(Final de las coplas que Jorge Manrique<br>
+compuso a la muerte de su padre D. Rodrigo<br>
+Manrique, gran maestre de Santiago.)</p>
+
+
+
+<p>Llegamos al cabo, oh lector, al remate de esta
+lastimosa historia; a la coronación de la vida de
+Don Quijote, o sea a su muerte. Pues toda vida
+se corona y completa en muerte y a la luz de la
+muerte es como hay que mirar la vida. Y tan
+es así, que aquella antigua máxima que dice
+«cual fué la vida tal será la muerte»—<em>sicut
+vita finis ita</em>—habrá que cambiarla diciendo
+«cual es la muerte, tal fué la vida». Una muerte
+buena y gloriosa abona y glorifica la vida toda,
+por mala e infame que ésta hubiese sido, y una
+muerte mala malea la vida al parecer más buena.
+En la muerte se revela el misterio de la vida,
+su secreto fondo. En la muerte de Don Quijote
+se reveló el misterio de su vida quijotesca.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_444">[Pg 444]</span></p>
+
+<p>Seis días estuvo encamado con calentura,
+desahucióle el médico, quedóse solo y durmió
+más de seis horas de un tirón. <em>Despertó al cabo
+del tiempo dicho, y dando una gran voz dijo:
+Bendito sea el poderoso Dios que tanto bien me
+ha hecho. En fin, sus misericordias no tienen límite,
+ni las abrevian ni impiden los pecados de
+los hombres.</em> ¡Piadosísimas palabras! Preguntóle
+la sobrina qué le pasaba y respondió: <em>Las
+misericordias, sobrina, son las que en este instante
+ha usado Dios conmigo, a quien, como
+dije, no las impiden mis pecados. Yo tengo juicio
+ya libre y claro, sin las sombras caliginosas
+de la ignorancia, que sobre él me pusieron mi
+amarga y continua leyenda de los detestables
+libros de caballerías. Yo conozco sus disparates
+y sus embelecos, y no me pesa sino que este
+desengaño ha llegado tan tarde, que no me deja
+tiempo para hacer alguna recompensa, leyendo
+otros que sean luz del alma. Yo me siento, sobrina,
+a punto de muerte; quería hacerla de tal
+modo que diese a entender que no había sido
+mi vida tan mala que dejase renombre de
+loco: que puesto que lo he sido, no querría confirmar
+esta verdad en mi muerte.</em></p>
+
+<p>¡Pobre Don Quijote! A lindero de morir y a
+la luz de la muerte confiesa y declara que no fué
+su vida sino sueño de locura. ¡La vida es sueño!
+Tal es, en resolución última, la verdad a que
+con su muerte llega Don Quijote y en ella se encuentra
+con su hermano Segismundo.</p>
+
+<p>Mas todavía lamenta no poder leer otros libros,
+que sean luz del alma. ¿Libros? ¿Pero es,
+noble hidalgo, que no estás desengañado ya de
+ellos? Libros te metieron a caballero andante,
+libros te llevaban a ser pastor; ¿y si esos libros<span class="pagenum" id="Page_445">[Pg 445]</span>
+que sean luz del alma te meten en otras, aunque
+nuevas caballerías? ¿Será cosa de recordar
+aquí, una vez más, a Íñigo de Loyola en cama,
+herido, en Pamplona, pidiendo le llevasen libros
+de caballerías para matar con ellos el tiempo
+y dándole la vida de Cristo Nuestro Señor
+y el <span class="smcap">Flos Sanctorum</span>, los que le empujaron a
+meterse a ser caballero andante a lo divino?</p>
+
+<p>Llamó Don Quijote a sus buenos amigos el
+cura, el bachiller Sansón Carrasco y a Maese Nicolás
+el barbero, y pidió confesarse y hacer testamento.
+Y apenas vió entrar a los tres les dijo:
+<em>dadme albricias, buenos señores, de que ya yo
+no soy Don Quijote de la Mancha, sino Alonso
+Quijano, a quien mis costumbres me dieron renombre
+de bueno</em>. Pocos días hace que hablando
+con D. Álvaro de Tarfe y al llamarle éste
+bueno, le dijo: <em>yo no sé si soy bueno, pero sé
+decir que no soy el malo</em>, tal vez recordando
+aquello del Evangelio: «¿por qué me
+llamas bueno? Ninguno es bueno sino uno:
+Dios» (Mat., XIX, 17) y ahora a pique de morir
+y por la luz de la muerte alumbrado, dice
+que sus costumbres le dieron <em>renombre de bueno</em>.
+¡Renombre! ¡renombre! y ¡cuán dura de
+arrancar es, Don Quijote mío, la raíz de la locura
+de tu vida! ¡Renombre de bueno! ¡renombre!</p>
+
+<p>Siguió disertando piadosamente, abominó de
+Amadís de Gaula y <em>de toda la infinita caterva
+de su linaje</em>, y al oirle creyeron los tres <em>que alguna
+nueva locura le había tomado</em>. Y así era en
+verdad, que le tomó la última locura, la no
+curadera, la de la muerte. La vida es sueño, de
+cierto, pero dinos, desventurado Don Quijote,
+tú que despertaste del sueño de tu locura para<span class="pagenum" id="Page_446">[Pg 446]</span>
+morir abominando de ella, dinos, ¿no es sueño
+también la muerte? ¡Ah, y si fuera sueño eterno
+y sueño sin ensueños ni despertar, entonces,
+querido Caballero, en qué más valía la cordura
+de tu muerte que la locura de tu vida? Si es la
+muerte sueño, Don Quijote mío, ¿por qué han
+de ser molinos los gigantes, carneros los ejércitos,
+zafia labradora Dulcinea y burladores los
+hombres? Si es la muerte sueño, locura y sólo
+honda locura fué tu anhelo de inmortalidad.</p>
+
+<p>Y si fué sueño y vanidad tu locura ¿qué sino
+sueño y vanidad es todo heroísmo humano, todo
+esfuerzo en pro del bien del prójimo, toda ayuda
+a los menesterosos y toda guerra a los opresores?
+Si fué sueño y vanidad tu locura de no
+morir, entonces sólo tienen razón en el mundo
+los bachilleres Carrascos, los Duques, los Don
+Antonio Moreno, cuantos burladores, en fin,
+hacen del valor y de la bondad pasatiempo y
+regocijo de sus ocios. Si fué sueño y vanidad tu
+ansia de vida eterna, toda la verdad se encierra
+en aquellos versos de la Odisea:</p>
+
+<div class="poetry-container">
+<div class="poetry">
+<p>τὸν δὲ ζεοὶ μὲν τεῦξαν, ἐπεxλώσαντο δ'δλεζρον<br>
+ἀνζρώποις ΐνα ᾖσι xαὶ ἐσσομένοισιν ἀοιδή<br>
+<br>
+<span style="padding-left: 10em;">(VIII, 579-580)</span></p>
+</div>
+</div>
+
+
+<p>«Los dioses traman y cumplen la perdición de
+los mortales para que los venideros tengan algo
+que cantar». Y entonces sí que podemos decir
+con Segismundo, tu hermano, que «el delito
+mayor del hombre es haber nacido». Más nos
+valiera, si eso así fuese, no haber visto la luz del
+sol ni haber recogido en nuestro pecho el aire de
+la vida.</p>
+
+<p>¿Qué te arrastró, Don Quijote mío, a tu locura<span class="pagenum" id="Page_447">[Pg 447]</span>
+de renombre y fama y a tu ansia de sobrevivir
+con gloria en los recuerdos de los hombres, sino
+tu ansia de no morir, tu anhelo de inmortalidad,
+esa herencia que heredamos de nuestros
+padres, «que tenemos un apetito de divinidad
+y una locura y frenesí de querer ser más de lo
+que somos», para servirme de palabras del Padre
+Alonso Rodríguez, tu contemporáneo (<span class="smcap">Ejercicio
+de perfección y virtudes cristianas</span>, tratado
+octavo, cap. XV)? ¿Qué es sino el espanto
+de tener que llegar a ser nada lo que nos empuja
+a querer serlo todo, como único remedio
+para no caer en ese tan pavoroso de anonadarnos?</p>
+
+<p>Pero allí estaba Sancho, en la cumbre de su
+fe, a que llegó después de tantos tumbos, arredros
+y tropiezos, y Sancho al oirle tan desengañado,
+le dijo: <em>¿ahora, señor Don Quijote, que
+tenemos nueva que está desencantada la señora
+Dulcinea, sale vuesa merced con eso; y ahora
+que estamos tan a pique de ser pastores para pasar
+la vida cantando como unos príncipes, quiere
+vuesa merced hacerse ermitaño? Calle por su
+vida, vuelva en sí, y déjese de cuentos</em>. ¡Notables
+palabras! <em>¡Vuelva en si! ¡Vuelva en sí y déjese
+de cuentos!</em> Mas ¡ay! amigo Sancho, que tu
+amo no puede ya volver en sí, sino que ha de
+volver al seno de la tierra todoparidora, que
+a todos nos da a luz y a todos nos recoge en
+sombras. ¡Pobre Sancho, que te quedas solo con
+tu fe, con la fe que dió tu amo!</p>
+
+<p>¡Déjese de cuentos! <em>Los de hasta aquí—replicó
+Don Quijote—que han sido verdaderos en mi
+daño, los ha de volver mi muerte, con ayuda del
+cielo, en mi provecho.</em> Sí, Don Quijote mío,
+esos cuentos son tu provecho. Tu muerte fué<span class="pagenum" id="Page_448">[Pg 448]</span>
+aún más heroica que tu vida, porque al llegar a
+ella cumpliste la más grande renuncia, la renuncia
+de tu gloria, la renuncia de tu obra. Fué
+tu muerte encumbrado sacrificio. En la cumbre
+de tu pasión, cargado de burlas, renuncias no
+a ti mismo, sino a algo más grande que tú: a tu
+obra. Y la gloria te acoja para siempre.</p>
+
+<p><em>Hizo salir la gente el cura, y quedóse solo con
+él y confesóle. Y acabóse la confesión y salió el
+cura diciendo: verdaderamente se muere y verdaderamente
+está cuerdo Alonso Quijano el Bueno;
+bien podemos entrar para que haga su testamento.</em>
+Rompieron a llorar Sancho, el ama y
+la sobrina, porque en verdad <em>en tanto que Don
+Quijote fué Alonso Quijano el Bueno a secas,
+y en tanto que fué Don Quijote de la Mancha,
+fué siempre de apacible condición y de agradable
+trato, y por esto no sólo era bien querido
+de los de su casa, sino de todos cuantos le
+conocían</em>. Fué siempre bueno, bueno sobre todo
+y ante todo, bueno con bondad nativa, y esta
+bondad que sirvió de cimiento a la cordura de
+Alonso Quijano y a su muerte ejemplar, esta
+misma bondad sirvió de cimiento a la locura
+de Don Quijote y a su ejemplarísima vida. La
+raíz de tu locura de inmortalidad, la raíz de tu
+anhelo de vivir en los inacabables siglos, la raíz
+de tu ansia de no morir, fué tu bondad, Don
+Quijote mío. El bueno no se resigna a disiparse,
+porque siente que su bondad hace parte de Dios,
+del Dios que es Dios no de los muertos, sino
+de los vivos, pues para él viven todos. La bondad
+no teme ni al infinito ni a lo eterno; la bondad
+reconoce que sólo en alma humana se perfecciona
+y acaba; la bondad sabe que es una
+mentira la realización del Bien en el proceso de<span class="pagenum" id="Page_449">[Pg 449]</span>
+la especie. El toque está en ser bueno, sea cual
+fuere el sueño de la vida. Ya lo dijo Segismundo
+(jornada II, escena IV),</p>
+
+
+<div class="poetry-container">
+<div class="poetry">
+<p>que estoy soñando y que quiero<br>
+obrar bien, pues no se pierde<br>
+el hacer bien aun en sueños.</p>
+</div>
+</div>
+
+<p>Y si la bondad nos eterniza ¿qué mayor cordura
+que morirse? <em>Verdaderamente se muere y
+verdaderamente está cuerdo Alonso Quijano el
+Bueno</em>; muere a la locura de la vida, despierta
+de su sueño.</p>
+
+<p>Hizo Don Quijote su testamento y en él la
+mención de Sancho que éste se merecía, pues
+si loco fué su amo parte a darle el gobierno de
+la ínsula, <em>pudiera estando cuerdo darle el de
+un reino, se le diera, porque la sencillez de su
+condición y fidelidad de su trato lo merece</em>. Y
+volviéndose a Sancho, quiso quebrantarle la fe
+y persuadirle de que no había habido caballeros
+andantes en el mundo, a lo cual Sancho, henchido
+de fe y loco de remate cuando su amo se
+moría cuerdo, respondió llorando: <em>Ay, no se
+muera vuesa merced, señor mío, sino tome mi
+consejo y viva muchos años, porque la mayor
+locura que puede hacer un hombre en esta vida
+es dejarse morir sin más ni más</em>. ¿La mayor locura,
+Sancho?</p>
+
+<div class="poetry-container">
+<div class="poetry">
+<p>“Y consiento en mi morir<br>
+con voluntad placentera<br>
+clara y pura;<br>
+que querer hombre vivir<br>
+cuando Dios quiere que muera,<br>
+es locura”</p>
+</div>
+</div>
+
+<p>pudo contestarte tu amo, con palabras del Maestre<span class="pagenum" id="Page_450">[Pg 450]</span>
+D. Rodrigo Manrique, tales cuales en su
+boca las pone su hijo D. Jorge, el de las coplas
+inmortales.</p>
+
+<p>Y dicho lo de la locura de dejarse morir, volvió
+Sancho a las andadas, hablando a Don Quijote
+del desencanto de Dulcinea y de los libros
+de caballerías. ¡Oh heroico Sancho, y cuán pocos
+advierten el que ganaste la cumbre de la
+locura cuando tu amo se despeñaba en el abismo
+de la sensatez, y que sobre su lecho de
+muerte irradiaba tu fe, tu fe, Sancho, la fe de ti
+que ni has muerto ni morirás! Don Quijote perdió
+su fe y murióse, tú la cobraste y vives; era
+preciso que él muriera en desengaño, para que
+en engaño vivificante vivas tú.</p>
+
+<p>¡Oh Sancho, y cuán melancólico es tu recuerdo
+de Dulcinea ahora en que tu amo se prepara
+al trance de la muerte! Ya no es Don Quijote,
+sino Alonso Quijano el Bueno, el tímido hidalgo
+que se pasó doce años queriendo como a la
+lumbre de sus ojos, de esos ojos que en breve
+ha de comerse la tierra, a Aldonza Lorenzo, la
+hija de Lorenzo Corchuelo y de Aldonza Nogales,
+la del Toboso. Al recordarle, Sancho, en
+su lecho de muerte a su dama, le recuerdas a la
+garrida moza a la que sólo gozó, a hurtadillas,
+con los ojos cuatro veces en doce largos años de
+soledad y de recato. La vería el hidalgo ahora
+casada ya, rodeada de sus hijos, gloriándose en
+su marido, haciendo fructificar la vida en el Toboso.
+Y entonces, en su lecho de muerte de
+soltero, pensó acaso que pudo haberla llevado
+a él y haber bebido de ella en él la vida. Y habría
+muerto sin gloria, sin que Dulcinea le llamase
+desde el cielo de la locura, pero sintiendo
+sobre sus labios fríos los ardientes labios de Aldonza,<span class="pagenum" id="Page_451">[Pg 451]</span>
+y rodeado de sus hijos en quienes perviviría.
+¡Tenerla allí, en el lecho en que morías,
+buen hidalgo, y en que se habrían confundido
+antes veces en una sola vuestras sendas
+vidas; tenerla allí, cogida de su mano tu mano y
+dándote así con la suya un calor que de la tuya
+se escapaba, y ver llegar la luz encegadora del
+último misterio, luz de tinieblas, en sus ojos llorosos
+y despavoridos, fijos en los cuales pasarían
+a la eterna visión los tuyos! Te morías sin haber
+gozado del amor, del único amor que a la muerte
+vence. Y entonces, al oir a Sancho hablar de
+Dulcinea, debiste de repasar en tu corazón aquellos
+doce largos años de la tortura de vergonzosidad
+invencible. Fué tu último combate, mi
+Don Quijote, del que ninguno de los que te rodeaban
+en tu lecho de muerte se dió cata.</p>
+
+<p>Acudió el bachiller en ayuda de Sancho, y
+al oirlo dijo Don Quijote con mortal sosiego:
+<em>Señores, vámonos poco a poco, pues ya en los
+nidos de antaño no hay pájaros ogaño: yo fuí
+loco y ya soy cuerdo; fuí Don Quijote de la
+Mancha, y soy ahora, como he dicho, Alonso
+Quijano el Bueno: pueda con vuesas mercedes
+mi arrepentimiento y mi verdad volverme a la
+estimación que de mí se tenía.</em> Sanaste, Caballero,
+para morir; volviste a ser Alonso Quijano
+el Bueno para morir. Mira, pobre Alonso Quijano,
+mira a tu pueblo y ve si no sanará de su
+locura para morirse luego. Molido y maltrecho
+y después de que allá, en las Américas, acabaron
+de vencerle, retorna a su aldea, ¿A curar
+de su locura? ¡Quién sabe!... Tal vez a morir.
+Tal vez a morir si no quedara Sancho, que te
+reemplazará lleno de fe. Porque tu fe, Caballero,
+se atesora en Sancho hoy.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_452">[Pg 452]</span></p>
+
+<p>Sancho, que no ha muerto, es el heredero de
+tu espíritu, buen hidalgo, y esperamos tus fieles
+en que Sancho sienta un día que se le hincha
+de quijotismo el alma, que le florecen los viejos
+recuerdos de su vida escuderil, y vaya a tu casa
+y se revista de tus armaduras, que hará se las
+arregle a su talla y cuerpo el herrero del lugar,
+y saque a Rocinante de su cuadra y monte en
+él, y embrace tu lanza, la lanza con que diste
+libertad a los galeotes y derribaste al Caballero
+de los Espejos, y sin hacer caso de las voces
+de tu sobrina, salga al campo y vuelva a la vida
+de aventuras, convertido de escudero en caballero
+andante. Y entonces, Don Quijote mío, entonces
+es cuando tu espíritu se asentará en la
+tierra. Es Sancho, es tu fiel Sancho, es Sancho el
+bueno, el que enloqueció cuando tú curabas de
+tu locura en tu lecho de muerte, es Sancho el
+que ha de asentar para siempre el quijotismo
+sobre la tierra de los hombres. Cuando tu fiel
+Sancho, noble Caballero, monte en tu Rocinante,
+revestido de tus armas y embrazando tu lanza,
+entonces resucitarás en él, y entonces se realizará
+tu ensueño. Dulcinea os cogerá a los dos
+y estrechándoos con sus brazos contra su pecho,
+os hará uno solo.</p>
+
+<p><em>Vámonos poco a poco, pues ya en los nidos
+de antaño no hay pájaros ogaño; disipóse el
+sueño.</em></p>
+
+
+<div class="poetry-container">
+<div class="poetry">
+<p>“Y la experiencia me enseña<br>
+que el hombre que vive sueña<br>
+lo que es, hasta dispertar.<br>
+Sueña el rey que es rey y vive<br>
+con este engaño mandando,<br>
+disponiendo y gobernando.”<br>
+<br>
+<span class="smcap" style="padding-left: 10em;">(La vida es sueño</span>, II, 19)</p>
+</div>
+</div>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_453">[Pg 453]</span></p>
+
+<p>Soñó Don Quijote que era caballero andante
+hasta que todas sus aventuras</p>
+
+<div class="poetry-container">
+<div class="poetry">
+<p>“en cenizas le convierte<br>
+la muerte—¡desdicha fuerte!”<br>
+<br>
+<span style="padding-left: 10em;">(II, 19)</span></p>
+</div>
+</div>
+
+
+<p>¿Qué fué la vida de Don Quijote?</p>
+
+<div class="poetry-container">
+<div class="poetry">
+<p>“¿Qué es la vida? Una ilusión,<br>
+una sombra, una ficción,<br>
+y el mayor bien es pequeño;<br>
+que toda la vida es sueño<br>
+y los sueños sueños son.”<br>
+<br>
+<span style="padding-left: 10em;">(II, 19)</span></p>
+</div>
+</div>
+
+<p><em>¡Ay, no se muera vuesa merced, señor mío,
+sino tome mi consejo y viva muchos años!</em></p>
+
+<div class="poetry-container">
+<div class="poetry">
+<p>“¿Otra vez?—¡qué es esto, cielos!—<br>
+¿queréis que sueñe grandezas<br>
+que ha de deshacer el tiempo?<br>
+¿Otra vez queréis que vea<br>
+entre sombras y bosquejos<br>
+la majestad y la pompa<br>
+desvanecida del viento?”<br>
+<br>
+<span style="padding-left: 10em;">(III, 3)</span></p>
+</div>
+</div>
+
+<p><em>Señores, vámonos poco a poco, pues ya en
+los nidos de antaño no hay pájaros ogaño.</em></p>
+
+<div class="poetry-container">
+<div class="poetry">
+<p>"Idos, sombras que fingís<br>
+hoy a mis sentidos muertos<br>
+cuerpo y voz, siendo verdad<br>
+que ni tenéis voz ni cuerpo;<br>
+que no quiero majestades<br>
+fingidas, pompas no quiero<br>
+fantásticas, ilusiones<br>
+que al soplo menos lijero<br>
+del aura han de deshacerse,
+<span class="pagenum" id="Page_454">[Pg 454]</span><br>
+bien como el florido almendro<br>
+que por madrugar sus flores<br>
+sin aviso y sin consejo,<br>
+al primer soplo se apagan,<br>
+marchitando y desluciendo<br>
+de los rosados capullos<br>
+belleza, luz y ornamento.”<br>
+<br>
+<span style="padding-left: 10em;">(III, 70)</span></p>
+</div>
+</div>
+
+
+<p>Dejadme, que digo con mi hermana Teresa
+de Jesús:</p>
+
+<div class="poetry-container">
+<div class="poetry">
+<p>Aquella vida de arriba<br>
+es la vida verdadera:<br>
+hasta que esta vida muera<br>
+no se goza estando viva:<br>
+muerte, no me seas esquiva:<br>
+vivo muriendo primero,<br>
+que muero porque no muero.</p>
+</div>
+</div>
+
+<p><em>¡Señores, vámonos poco a poco, pues ya en
+los nidos de antaño no hay pájaros ogaño!</em> O
+como dijo Íñigo de Loyola cuando al tiempo de
+ir a despertar del sueño de la vida, ya espirante,
+querían darle un poco de sustancia: «ya no
+es tiempo deso» (Rivadeneira, lib. IV, capítulo
+XVI) y murió Íñigo como había de morir
+unos cincuenta años más tarde Don Quijote,
+sencillamente, sin comedia alguna, sin reunir
+gente en torno de su lecho ni hacer espectáculo
+de la muerte, como se mueren los verdaderos
+santos y los verdaderos héroes, casi como los
+animales se mueren: acostándose a morir.</p>
+
+<p>Siguió dictando el buen Alonso Quijano su testamento
+y mandó toda su hacienda a puerta
+cerrada a Antonia Quijana, su sobrina, mas imponiéndola
+como obligación para el disfrute de
+ella que <em>si quiere casarse, se case con hombre
+de quien primero se haya hecho información
+que no sabe qué cosa sean libros de caballerías;<span class="pagenum" id="Page_455">[Pg 455]</span>
+y en caso que se averiguare que lo sabe y
+con todo eso mi sobrina quiere casarse con él y
+se casare, pierda todo lo que le he mandado, lo
+cual puedan mis albaceas distribuir en obras
+pías a su voluntad</em>.</p>
+
+<p>Y ¡qué bien calaba Don Quijote que entre el
+oficio de marido y de caballero andante hay
+mutua y fortísima irreductibilidad! Y al dictar
+esto ¿no pensaría acaso el buen hidalgo en su
+Aldonza y que de haber él roto el sello de su
+demasiado amor se habría ahorrado las malandanzas
+caballerescas, preso junto al fogón del
+hogar por los brazos de ella?</p>
+
+<p>Tu testamento se cumple, Don Quijote, y los
+mozos de esta tu patria renuncian a todas las
+caballerías para poder gozar de las haciendas
+de tus sobrinas, que son casi todas las españolas,
+y gozar de las sobrinas mismas. En sus brazos
+se ahoga todo heroísmo. Tiemblan de que
+a sus novios y maridos les dé la ventolera por
+donde le dió a su tío. Es tu sobrina, Don Quijote,
+es tu sobrina la que hoy reina y gobierna en
+tu España; es tu sobrina, no Sancho. Es la medrosica,
+casera y encojada Antonia Quijana, la
+que temía te diese por dar en poeta, <em>enfermedad
+incurable y pegadiza</em>; la que ayudó con
+tanto celo al cura y al barbero a quemar tus libros;
+la que te aconsejaba no te metieses en
+pendencias ni fueses por el mundo en busca de
+pan de trastrigo; la que se te atrevió a asegurar
+en tus barbas que todo eso de los caballeros
+andantes es fábula y mentira, doncellesco
+atrevimiento que te obligó a exclamar: <em>Por el
+Dios que me sustenta, que si no fueras mi sobrina
+derechamente como hija de mi misma hermana,
+que había de hacer un tal castigo en ti,<span class="pagenum" id="Page_456">[Pg 456]</span>
+por la blasfemia que has dicho, que sonara por
+todo el mundo</em>; es ésta, la <em>rapaza que apenas
+sabe menear doce palillos de randas</em> y se atrevía
+a poner lengua en las historias de los caballeros
+andantes y a censurarlas, es ésta la que maneja
+y zarandea y asenderea como a unos dominguillos
+a los hijos de tu España. No es Dulcinea
+del Toboso, no; no es tampoco Aldonza
+Lorenzo, por la que se suspira doce años sin
+haberla visto sino sólo cuatro veces y sin haberla
+confesado amor; es Antonia Quijana, la que
+apenas sabe menear doce palillos de randas y
+menea a los hombres de hoy en tu patria.</p>
+
+<p>Es Antonia Quijana la que por mezquindad de
+espíritu, por creer a su marido pobre, le retiene
+y le impide lanzarse a heroicas aventuras en
+que cobre eterno nombre y fama. ¡Si fuese siquiera
+Dulcinea!... Dulcinea, sí; por extraño que
+nos parezca, Dulcinea puede moverle a uno a
+renunciar a toda gloria, a que se dé la gloria de
+renunciar a ella. Dulcinea, o mejor dicho, Aldonza.
+Aldonza, la ideal, puede decirle: «Ven,
+ven acá a mis brazos y deshaz en lágrimas tus
+ansias sobre mi pecho, ven acá; ya veo, veo para
+ti un empinado tormo en los siglos de los hombres,
+un picacho en que te contemplen tus hermanos
+todos; te veo aclamado por sus generaciones,
+pero ven a mí y por mí renuncia a todo eso, serás
+así más grande, mi Alonso, serás más grande.
+Toma mi boca entera y hártala de calientes besos
+en su silencio, y renuncia a que ande en frío tu
+nombre en bocas de los que no has de conocer
+nunca. ¿Oirás luego de muerto lo que de ti digan?
+¡Sepulta en mi pecho todo tu amor, que si él es
+grande, mejor es que lo sepultes en mí a no que
+lo desparrames entre los hombres pasajeros y<span class="pagenum" id="Page_457">[Pg 457]</span>
+casquivanos! No merecen admirarte, mi Alonso,
+no merecen admirarte. Serás para mí sola y así
+serás mejor para el Universo todo y para Dios.
+Parecerán así perdidos tu poderío y tu heroísmo,
+mas no hagas caso, ¿sabes, por ventura, el efluvio
+inmenso de vida que, sin nadie notarlo, se
+desprende de un amor heroico y callado y se
+desparrama luego por más allá de los hombres
+todos hasta el confín de las últimas estrellas?
+¿Sabes la misteriosa energía que irradia a todo
+un pueblo y a sus generaciones venideras hasta
+la consumación de los siglos de una feliz pareja
+donde se asienta el amor triunfante y silencioso?
+¿Sabes lo que es conservar el fuego sagrado de
+la vida y aun encenderlo más y más en un culto
+callado y recogido? El amor con sólo amar y sin
+hacer otra cosa cumple una labor heroica. Ven
+y renuncia a toda acción entre mis brazos, que
+este tu reposo y tu oscurecimiento en ellos serán
+fuente de acciones y de claridades para los
+que nunca sabrán tu nombre. Cuando hasta el
+eco de tu nombre se disipe en el aire, al disiparse
+éste, aún el rescoldo de tu amor calentará
+las ruinas de los orbes. Ven y date a mí, Alonso,
+que aunque no salgas a los caminos a enderezar
+entuertos, tu grandeza no habrá de perderse,
+pues en mi seno nada se pierde. Ven,
+que yo te llevaré desde el reposo de mi regazo
+al reposo final e inacabable».</p>
+
+<p>Así podría hablar Aldonza, y sería grande
+Alonso renunciando en sus brazos a toda gloria;
+pero tú, Antonia, tú no sabes hablar así. Tú no
+crees que el amor vale más que la gloria; tú lo
+que crees es que ni el amor ni la gloria valen el
+amodorrador sosiego del hogar, que ni el amor
+ni la gloria valen la seguridad de los garbanzos;<span class="pagenum" id="Page_458">[Pg 458]</span>
+tú crees que el Coco se lleva a los que duermen
+poco, y no sabes que el amor, lo mismo que la
+gloria, no duerme, sino vela.</p>
+
+<p>Acabó de hacer su testamento Alonso Quijano,
+recibió los sacramentos, abominó de nuevo
+de los libros de caballerías, y <em>entre compasiones
+y lágrimas de los que allí se hallaban, dió su espíritu;
+quiero decir que se murió</em>, agrega el historiador.</p>
+
+<p><em>¡Dió su espíritu!</em> ¿Y a quién se lo dió? Dónde
+está hoy? ¿dónde sueña? ¿dónde vive? ¡cuál es
+el abismo de la cordura en que van a descansar
+las armas curadas del sueño de la vida, de la locura
+de no morir? ¡Oh Dios mío; Tú que diste
+vida y espíritu a Don Quijote en la vida y en
+el espíritu de su pueblo; Tú que inspiraste a
+Cervantes esa epopeya profundamente cristiana;
+Tú, Dios de mi sueño, ¿dónde acoges los
+espíritus de los que atravesamos este sueño de
+la vida tocados de la locura de vivir por los siglos
+de los siglos venideros? Nos diste el ansia
+de renombre y fama, como sombra de tu gloria;
+pasará el mundo ¿pasaremos con él también
+nosotros. Dios mío?</p>
+
+<p>¡La vida es sueño! ¿Será acaso también sueño,
+Dios mío, este tu Universo de que eres la Conciencia
+eterna e infinita? ¿será un sueño tuyo?
+¿será que nos estás soñando? ¿Seremos sueño,
+sueño tuyo, nosotros los soñadores de la vida? Y
+si así fuese ¿qué será del Universo todo, qué
+será de nosotros, qué será de mí cuando Tú,
+Dios de mi vida, despiertes? ¡Suéñanos, Señor!
+Y ¿no será tal vez que despiertas para los buenos
+cuando a la muerte despiertan ellos del sueño
+de la vida? ¿Podemos acaso nosotros, pobres
+sueños soñadores, soñar lo que sea la vela del<span class="pagenum" id="Page_459">[Pg 459]</span>
+hombre en tu eterna vela, Dios nuestro? ¿No será
+la bondad resplandor de la vigilia en las oscuridades
+del sueño? Mejor que indagar tu sueño y
+nuestro sueño, escudriñando el Universo y la
+vida, mejor mil veces obrar el bien,</p>
+
+
+<div class="poetry-container">
+<div class="poetry">
+<p><span style="margin-left: 7em;">pues no se pierde</span><br>
+el hacer bien, ni aun en sueños.</p>
+</div>
+</div>
+
+<p>Mejor que investigar si son molinos o gigantes
+los que se nos muestran dañosos, seguir la
+voz del corazón y arremeterlos, que toda arremetida
+generosa trasciende del sueño de la vida.
+De nuestros actos y no de nuestras contemplaciones
+sacaremos sabiduría. ¡Suéñanos, Dios de
+nuestro sueño!</p>
+
+<p>¡Consérvale a Sancho su sueño, su fe, Dios
+mío, y que crea en su vida perdurable y que sueñe
+ser pastor allá en los infinitos campos de Tu
+Seno, endechando sin fin a la Vida inacabable
+que eres Tú mismo; consérvasela, Dios de mi
+España! Mira, Señor, que el día en que tu siervo
+Sancho cure de su locura, se morirá, y al morir
+él se morirá su España, tu España, Señor.
+Fundaste este tu pueblo, el pueblo de tus siervos
+Don Quijote y Sancho, sobre la fe en la inmortalidad
+personal; mira, Señor, que esa es
+nuestra razón de vida y es nuestro destino entre
+los pueblos el de hacer que esa nuestra verdad
+del corazón alumbre las mentes contra todas las
+tinieblas de la lógica y del raciocinio y consuele
+los corazones de los condenados al sueño de
+la vida.</p>
+
+<div class="poetry-container">
+<div class="poetry">
+<p><span style="margin-left: 1em;"><em>Así el vivir nos mata</em></span><br>
+<em>que la muerte nos torna a dar la vida.</em></p>
+</div>
+</div>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_460">[Pg 460]</span></p>
+
+<p>Agrega el historiador que pidió el cura al escribano
+le diese por testimonio <em>cómo Alonso
+Quijano el Bueno, llamado comúnmente Don
+Quijote de la Mancha, había pasado de esta presente
+vida y muerto naturalmente, y que el tal
+testimonio pedía para quitar la ocasión de que
+algún autor le resucitase falsamente</em>, y más adelante
+añade que yace en la huesa <em>tendido de largo,
+imposibilitado de hacer tercera jornada y salida
+nueva</em>.</p>
+
+<p>¿Pero es que creéis que Don Quijote no ha de
+resucitar? Hay quien cree que no ha muerto;
+que el muerto, y bien muerto, es Cervantes que
+quiso matarle, y no Don Quijote. Hay quien
+cree que resucitó al tercer día, y que volverá
+a la tierra en carne mortal y a hacer de las suyas.
+Y volverá cuando Sancho, agobiado hoy
+por los recuerdos, sienta hervir la sangre que
+acopió en sus andanzas escuderiles, y monte,
+como dije, en Rocinante, y revestido de las armas
+de su amo, embrace el lanzón y se lance a
+hacer de Don Quijote. Y su amo vendrá entonces
+y encarnará en él. ¡Ánimo, Sancho heroico,
+y aviva esa fe que encendió en ti tu amo y que
+tanto te costó atizar y afirmar! ¡ánimo!</p>
+
+<p>Y no se cuenta milagro que hiciese después
+de muerto, como se cuenta del Cid que ganó
+batalla siendo cadáver, y se cuenta de él además
+que estando muerto también y queriendo
+un judío tocarle la barba, que en su vida nadie
+se la tocó,</p>
+
+<div class="poetry-container">
+<div class="poetry">
+<p><span style="margin-left: 1em;">Antes que a la barba llegue, el buen Cid había empuñado</span><br>
+a la su espada tizona, y un buen palmo la había sacado;<br>
+el judío que esto vido, muy gran pavor ha cobrado;<br>
+tendido cayó de espaldas, amortecido de espanto.</p>
+</div>
+</div>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_461">[Pg 461]</span></p>
+
+<p>Don Quijote no sé que haya ganado batalla
+después de muerto y sé que muchos judíos osan
+tocarle la barba. De Don Quijote no se sabe que
+haya hecho milagro alguno después de muerto,
+pero ¿no basta con los que hizo en vida, y no fué
+perpetuo milagro su carrera toda de aventuras?
+Cuanto más que, como recordaba el P. Rivadeneira,
+en el capítulo final de su tantas veces
+aquí citada obra al hablarnos de los milagros que
+Dios hizo por San Ignacio, entre los nacidos de
+mujer no se había levantado, al decir del Evangelio,
+otro mayor que San Juan Bautista, y con
+todo eso dice de él el Evangelio mismo que no
+hizo milagro alguno. Y si el piadoso biógrafo
+de Loyola tiene por el mayor milagro de éste
+la fundación de la Compañía de Jesús ¿no hemos
+de tener nosotros por el milagro mayor de
+Don Quijote el que hubiese hecho escribir la historia
+de su vida a un hombre que, como Cervantes
+mostró en sus demás trabajos, la endeblez de
+su ingenio y cuán por debajo estaba, en el orden
+natural de las cosas, de lo que para contar las
+hazañas del Ingenioso Hidalgo y tal cual él las
+contó, se requería?</p>
+
+<p>No cabe duda sino que en <span class="smcap">El Ingenioso Hidalgo
+Don Quijote de la Mancha</span> que compuso
+Miguel de Cervantes Saavedra se mostró éste
+muy por encima de lo que podríamos esperar
+de él juzgándole por sus otras obras; se sobrepujó
+con mucho a sí mismo. Por lo cual es de
+creer que el historiador arábigo Cide Hamete Benengeli
+no es un puro recurso literario, sino que
+encubre una profunda verdad, cual es la de que
+esa historia se la dictó a Cervantes otro que llevaba
+dentro de sí y al que ni antes ni después de haberla
+escrito, trató una vez más; un espíritu que<span class="pagenum" id="Page_462">[Pg 462]</span>
+en las profundidades de su alma habitaba. Y
+esta inmensa lejanía que hay de la historia de
+nuestro Caballero a todas las demás obras que
+Cervantes escribió, este patentísimo y espléndido
+milagro es la razón principal—si para ellos
+hiciesen, que no hacen falta razones, miserables
+siempre—para creer nosotros y confesar que la
+historia fué real y verdadera, y que el mismo
+Don Quijote envolviéndose en Cide Hamete Benengeli,
+se la dictó a Cervantes. Y aun llego a
+sospechar que mientras he estado explicando y
+comentando esta vida me han visitado secretamente
+Don Quijote y Sancho, y aun sin yo saberlo,
+me han desplegado y descubierto las entretelas
+de sus corazones.</p>
+
+<p>Y he de añadir aquí que muchas veces tenemos
+a un escritor por persona real y verdadera
+e histórica por verle de carne y hueso y a los
+sujetos que finge en sus ficciones no más sino por
+de pura fantasía, y sucede al revés, y es que estos
+sujetos lo son muy de veras y de toda realidad
+y se sirven de aquel otro que nos parece de
+carne y hueso para tomar ellos ser y figura ante
+los hombres. Y cuando despertemos todos del
+sueño de la vida, se han de ver a este respecto
+cosas muy peregrinas y se espantarán los sabios
+al ver qué es la verdad y qué es la mentira y
+cuán errados andábamos al pensar que esa quisicosa
+que llamamos lógica tenga valor alguno
+fuera de este miserable mundo en que nos tienen
+presos el tiempo y el espacio, tiranos del espíritu.</p>
+
+<p>Cosas muy peregrinas conoceremos allí respecto
+a la vida y a la muerte, y allí se verá cuán
+profundo sentido tiene la primera parte del epitafio
+que en la sepultura de Don Quijote puso
+Sansón Carrasco y que dice:</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_463">[Pg 463]</span></p>
+
+<div class="poetry-container">
+<div class="poetry">
+<p><em>Yace aquí el hidalgo fuerte<br>
+que a tanto extremo llegó<br>
+de valiente, que te advierte,<br>
+que la muerte no triunfó<br>
+de tu vida con la muerte.</em></p>
+</div>
+</div>
+
+<p>Y así es, pues Don Quijote es, merced a su
+muerte, inmortal; la muerte es nuestra inmortalizadora.</p>
+
+<p>Nada pasa, nada se disipa, nada se anonada;
+eternízase la más pequeña partecilla de materia
+y el más débil golpecito de fuerza y no hay
+visión, por huidera que sea, que no quede reflejada
+para siempre en alguna parte. Así como si
+al pasar por un punto, en el infinito de las tinieblas,
+se encendiera y brillara por un momento
+todo lo que por allí pasase, así brilla un momento
+en nuestra conciencia del presente cuanto
+desfila de lo insondable del porvenir a lo insondable
+del pasado. No hay visión ni cosa ni momento
+de ella que no descienda a las honduras
+eternas de donde salió y allí se quede. Sueño
+es este súbito y momentáneo encendimiento de
+la sustancia tenebrosa, sueño es la vida, y apagado
+el pasajero fulgor desciende su reflejo a las
+honduras de las tinieblas y allí queda y persiste
+hasta que una suprema sacudida lo reenciende
+para siempre un día. Porque la muerte no triunfa
+de la vida con la muerte de ésta. Muerte y
+vida son mezquinos términos de que nos valemos
+en esta prisión del tiempo y del espacio;
+tienen ambas una raíz común y la raigambre de
+esta raíz arraiga en la eternidad de lo infinito, en
+Dios, Conciencia del Universo.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_464">[Pg 464]</span></p>
+
+<p>Al acabar la historia colgó el historiador su
+pluma y le dijo: <em>aquí quedarás colgada desta espetera
+y deste hilo de alambre, ni sé si bien cortada
+o mal tajada péñola mía, adonde vivirás
+luengos siglos, si presuntuosos y malandrines
+historiadores no te descuelgan para profanarte</em>.</p>
+
+<p>Líbreme Dios de meterme a contar sucesos
+que al puntualísimo historiador de Don Quijote
+se le hubiesen escapado; nunca me tuve por
+erudito ni me he metido jamás a escudriñar los
+archivos caballerescos de la Mancha. Yo sólo
+he querido explicar y comentar su vida.</p>
+
+<p><em>Para mí solo nació Don Quijote, y yo para él;
+él supo obrar y yo escribir</em>, hace decir el historiador
+a su pluma. Y yo digo que para que Cervantes
+contara su vida y yo la explicara y comentara
+nacieron Don Quijote y Sancho, Cervantes
+nació para contarla y explicarla, y para
+comentarla nací yo... No puede contar tu vida,
+ni puede explicarla ni comentarla, señor mío
+Don Quijote, sino quien esté tocado de tu misma
+locura de no morir. Intercede, pues, en favor
+mío, oh mi señor y patrón, para que tu Dulcinea
+del Toboso, ya desencantada merced a los
+azotes de tu Sancho, me lleve de su mano a la
+inmortalidad del nombre y de la fama. ¡Y si es
+la vida sueño, déjame soñarla inacabable!</p>
+
+<div class="poetry-container">
+<div class="poetry">
+<p>A reinar, fortuna, vamos.<br>
+No me despiertes, si sueño.<br>
+<br>
+<span class="smcap" style="padding-left: 10em;">(La vida es sueño</span>, II, 4)</p>
+</div>
+</div>
+
+<div class="poetry-container">
+<div class="poetry">
+<p>καὶ μαχόμην κατ' ἔμ'αὐτὸν ἐγώ
+ΙΛΙΑΛΟΣ Α' σοα'</p>
+</div>
+</div>
+
+<div class="chapter">
+<p><span class="pagenum" id="Page_465">[Pg 465]</span></p>
+
+
+
+<h2 class="nobreak" >VOCABULARIO</h2>
+</div>
+
+
+<p>Hay en este libro unas pocas voces, no llegan
+a treinta, que no se encuentran en la última edición,
+la décimatercia, del <span class="smcap">Diccionario de la lengua
+castellana por la Real Academia Española</span>,
+que pasa por oficial, y voces que tampoco
+son de uso corriente entre escritores. Las más
+de ellas—su casi totalidad—las he tomado de
+boca del pueblo de esta región salmantina, que
+las emplea corrientemente, tres de ellas las he
+formado yo mismo según la analogía del lenguaje
+castellano, y una (<em>oíslo</em>) se halla en el
+<span class="smcap">Quijote</span>.</p>
+
+<p>Creo que para enriquecer el idioma mejor que
+ir a pescar en viejos librotes de antiguos escritores
+vocablos hoy muertos, es sacar de las entrañas
+del idioma mismo, del habla popular, voces
+y giros que en ellas viven, tanto más cuanto
+que de ordinario los más de los arcaísmos perduran
+como provincialismos hoy.</p>
+
+<p>He aquí esas voces:</p>
+
+<p><em>adulciguar.</em>—Ésta la he formado yo siguiendo
+la analogía que de las latinas <em>sanctificare</em>, <em>mortificare</em>,
+<em>verificare</em>, <em>testificare</em>, etc., nos da santiguar,
+amortiguar, averiguar, atestiguar, etc., por<span class="pagenum" id="Page_466">[Pg 466]</span>
+un proceso fonético que no es de este lugar explicarlo,
+y de <em>fructificar</em> dió el «afruchiguar» que
+usan aún hoy los judíos españoles de Oriente.
+Así de <em>dulcificare</em> he formado adulciguar, esto es:
+dulcificar, y es más que posible que esta voz
+haya sido usada.</p>
+
+<p><em>brezar.</em>—El Diccionario de la Academia trae
+<em>brizar</em>, y agrega <em>ant.</em>, esto es, «anticuado». Será
+anticuado entre los académicos, pero en esta
+provincia de Salamanca, por lo menos, es voz
+viva y bien viva y enteramente moderna. Dicen
+<em>brizar o brezar</em>—más esto que aquello—y significa
+«cunar, mover la cuna para adormecer a los
+niños».</p>
+
+<p><em>cogolmar.</em>—Colmar, llenar más la medida.</p>
+
+<p><em>cogüelmo.</em>—Colmo, lo que pasa de la medida.</p>
+
+<p><em>cotena.</em>—Costra de porquería. Se dice, por
+ejemplo, «el muy marrano tiene dos jemes de
+cotena a cuestas».</p>
+
+<p><em>desfalladero.</em>—Derrumbadero. Se usa en la ribera
+del Duero, raya de Portugal.</p>
+
+<p><em>desenchinarrar.</em>—Lo contrario de enchinarrar;
+desencachar o desadoquinar.</p>
+
+<p><em>desentoñar.</em>—Desatollar algo, sacarlo del barro,
+de la tierra o de otro sitio en que estuviera
+entoñado.</p>
+
+<p><em>enchinarrar.</em>—Poner chinarros en una calzada
+o calle; adoquinarla.</p>
+
+<p><em>enfusar.</em>—Este bonito verbo, del participial latino
+<em>infusare</em>, el cual a su vez se formó del participio
+<em>infusus</em>, de <em>infundere</em>, se usa mucho en
+esta provincia de Salamanca en el sentido de
+embutir, tratándose en especial de embutir carnes
+de cerdo. Yo le extiendo el significado, haciéndolo
+equivalente del vocablo culto infundir.
+Del mismo modo tenemos: ayudar, cantar, olvidar,<span class="pagenum" id="Page_467">[Pg 467]</span>
+hartar, hurtar, untar, echar, usar, etc., de
+los participales <em>adiutare-adiutus</em>, <em>cantare-cantus</em>,
+<em>oblitare-oblitus</em>, <em>farctare-farctus</em>, <em>furtane-furtus</em>,
+<em>unctare-unctus</em>, <em>iactare-iactus</em>, <em>arsare-arsus</em>, <em>usare-usus</em>,
+etc., cuyos verbos simples <em>adiuvare</em>, <em>canere</em>,
+<em>oblivisci</em>, <em>farcire</em>, <em>furere</em>, <em>ungere</em>, <em>iacere</em>,
+<em>ardere</em>, <em>uti</em> o no pasaron al castellano o pasaron
+en voces cultas o semi-cultas, como ungir, verbigracia.</p>
+
+<p><em>engurruñido.</em>—Recogido, arrugado, como cuando
+una fruta se seca, se achica y se arruga. La
+Academia trae <em>engurriado, da</em>, adjetivo ant. rugoso,
+y <em>engurruñarse</em>, estar triste, melancólico.
+Recuerdo ahora esta copla que he oído:</p>
+
+<div class="poetry-container">
+<div class="poetry">
+<p>En el cielo de tu boca<br>
+quisiera yo estar metido;<br>
+si no cupiera de pie,<br>
+cabería engurruñido.</p>
+</div>
+</div>
+
+<p><em>enroderar.</em>—Meter en roderas o carriles.</p>
+
+<p><em>entoñar.</em>—Atollar, meter algo en alguna parte,
+enterrarlo.</p>
+
+<p><em>escurrajas.</em>—Escurriduras.</p>
+
+<p><em>marzera</em> (nieve).—Nieve de Marzo.</p>
+
+<p><em>pedernoso.</em>—Esta es la otra voz que he inventado,
+por analogía con pedernal y empedernido.
+Equivale a pétreo, que no me gusta, y es muy
+fácil que haya sido usada.</p>
+
+<p><em>perinchir.</em>—Preciosa voz que se usa en algunos
+pueblos del llamado Abadengo, de esta provincia,
+y que equivale a colmar, hacer que rebase
+la medida. Se compone de <em>per</em> y <em>henchir</em>.</p>
+
+<p><em>remejer.</em>—Revolver, remezclar. Se usa mucho,
+lo mismo que el simple: <em>mejer</em>, en casi todo el
+Oeste y Noroeste de España (Salamanca, Zamora,<span class="pagenum" id="Page_468">[Pg 468]</span>
+León, Galicia). Es el latín <em>miscere</em>. La Academia
+a la voz <em>mejido</em>, que es el participio de
+mejer, que se usa en «huevo mejido», «yema
+mejida», le llama adjetivo.</p>
+
+<p><em>retuso.</em>—Rehacio. Esta voz, enteramente latina,
+sin quitarle ni ponerle nada, se usa aquí
+mucho. De ser de origen popular debió decir
+re<em>duso</em>.</p>
+
+<p><em>serano.</em>—Esta preciosa voz, usadísima en todos
+estos lugares salmantinos, es igual al portugués
+«serão» y significa como el francés <em>soirée</em>,
+una velada nocturna.</p>
+
+<p><em>sotorreirse.</em>—Es voz que he formado yo para
+decir reirse so capa, reirse entre dientes.</p>
+
+<p><em>verbenzar.</em>—Este vocablo, también precioso,
+significa pulular, abundar y además moverse una
+masa como una gusanera, Equivale a gusanear
+y deriva de una antigua voz castellana <em>vierben</em>,
+gusano, de <em>vermine</em>.</p>
+
+<p><em>zuñir.</em>—Operación que hacen los plateros para
+igualar las desigualdades y asperezas de la filigrana,
+frotándola contra una pizarra.</p>
+
+
+<div style='text-align:center'>*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 75472 ***</div>
+</body>
+</html>
+
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