diff options
Diffstat (limited to '75472-0.txt')
| -rw-r--r-- | 75472-0.txt | 10117 |
1 files changed, 10117 insertions, 0 deletions
diff --git a/75472-0.txt b/75472-0.txt new file mode 100644 index 0000000..6f05f3b --- /dev/null +++ b/75472-0.txt @@ -0,0 +1,10117 @@ + +*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 75472 *** + + + + NOTAS DEL TRANSCRIPTOR + +En la versión de texto sin formatear las palabras en itálicas están +indicadas con _guiones bajos_; mientras que las palabras en Versalitas +se han escrito en MAYÚSCULAS. + +El criterio utilizado para llevar a cabo esta transcripción, ha sido el +de respetar las reglas de la Real Academia Española, vigentes cuando +la presente edición de esta obra fue publicada. El lector interesado +puede consultar el Mapa de Diccionarios Académicos de la Real Academia +Española. + +Para el texto citado de otros autores por parte de Unamuno, el criterio +en general fue privilegiar que coincidiese con el texto que figuraba +en la imagen utilizada para llevar a cabo la transcripción. En estas +citaciones casi nunca se ha modificado la ortografía, estimando que +la intención de Unamuno fue de que no se la modificase, para dejar +testimonio de lo que era lo habitual en el período en que el texto +citado fue escrito. Debido a esto, es posible encontrar una misma +palabra escrita con ortografía diferente. + +La cubierta del libro fue modificada por el transciptor y se ha +cedido al dominio público. + + + * * * * * + + + VIDA DE DON QUIJOTE Y SANCHO + + + + + VIDA DE DON QUIJOTE + Y SANCHO + + SEGÚN + Miguel de Cervantes Saavedra + + EXPLICADA Y COMENTADA + por + MIGUEL DE UNAMUNO + + [Illustration] + + RENACIMIENTO + + MADRID │ BUENOS AIRES + SAN MARCOS, 42 │ LIBERTAD, 172 + + 1914 + + + ES PROPIEDAD + + + IMPRENTA RENACIMIENTO.--SAN MARCOS, 42. + + + + + PRÓLOGO A ESTA SEGUNDA EDICIÓN + + +Apareció en primera edición esta obra en el año 1905, coincidiendo por +acaso, que no de propósito, con la celebración del tercer centenario de +haberse por primera vez publicado el _Quijote_. No fué, pues, una +obra de centenario. + +Salió, por mi culpa, plagada, no ya sólo de erratas tipográficas, +sino de errores y descuidos del original manuscrito, todo lo que he +procurado corregir en esta segunda edición. + +Pensé un momento si hacerla preceder del ensayo que «Sobre la lectura e +interpretación del _Quijote_» publiqué el mismo año de 1905 en el +número de abril de _La España Moderna_, mas he desistido de ello +en atención a que esta obra toda no es sino una ejecución del programa +en aquel ensayo expuesto. Lo que se reduce a asentar que dejando a +eruditos, críticos e historiadores la meritoria y utilísima tarea de +investigar lo que el _Quijote_ pudo significar en su tiempo y en +el ámbito en que se produjo y lo que Cervantes quiso en él expresar y +expresó, debe quedarnos a otros libre el tomar su obra inmortal como +algo eterno, fuera de época y aun de país, y exponer lo que su lectura +nos sugiere. Y sostuve que hoy ya es el _Quijote_ de todos y +de cada uno de sus lectores, y que puede y debe cada cual darle una +interpretación, por así decirlo, mística, como las que a la Biblia +suele darse. + +Mas si renuncié a insertar al frente de esta segunda edición de mi obra +aquel citado ensayo, no así con otro que con el título de «El sepulcro +de Don Quijote» publiqué en el número de febrero de 1906 de la misma +susomentada revista _La España Moderna_. + +Esta obra es de las mías la que hasta hoy ha alcanzado más favor +del público que me lee, como lo prueba esta segunda edición y el +haber aparecido hace poco una traducción italiana bajo el título de +_Commento al Don Chisciotte_, hecha por G. Beccari y publicada en +la colección _Cultura dell'anima_, dirigida por G. Papini y que +edita R. Carabba en Lanciano. A la vez que se prepara una traducción +francesa. + +Y me complazco en creer que a esta mayor fortuna de esta entre mis +otras obras habrá contribuido el que es una libre y personal exégesis +del _Quijote_, en que el autor no pretende descubrir el sentido +que Cervantes le diera, sino el que le da él, ni es tampoco un erudito +estudio histórico. No creo deber repetir que me siento más quijotista +que cervantista y que pretendo libertar al _Quijote_ del mismo +Cervantes, permitiéndome alguna vez hasta discrepar de la manera cómo +Cervantes entendió y trató a sus dos héroes, sobre todo a Sancho. +Sancho se le imponía a Cervantes, a pesar suyo. Y es que creo que los +personajes de ficción tienen dentro de la mente del autor que los finge +una vida propia, con cierta autonomía, y obedecen a una íntima lógica +de que no es del todo consciente ni dicho autor mismo. Y el que desee +más aclaraciones a este respecto, y no se escandalice de la proposición +de que nosotros podemos comprender a Don Quijote y Sancho mejor que +Cervantes que los creó--o mejor los sacó de la entraña espiritual de su +pueblo--, acuda al ensayo que cité primero. + + MIGUEL DE UNAMUNO. + +Salamanca, enero de 1913. + + + + + EL SEPULCRO DE DON QUIJOTE + + +Me preguntas, mi buen amigo, si sé la manera de desencadenar un +delirio, un vértigo, una locura cualquiera sobre estas pobres +muchedumbres ordenadas y tranquilas que nacen, comen, duermen, se +reproducen y mueren. ¿No habrá un medio, me dices, de reproducir la +epidemia de los flagelantes o la de los convulsionarios? Y me hablas +del milenario. + +Como tú siento yo con frecuencia la nostalgia de la Edad Media; como +tú quisiera vivir entre los espasmos del milenario. Si consiguiéramos +hacer creer que en un día dado, sea el 2 de mayo de 1908, el centenario +del grito de la independencia, se acababa para siempre España; que en +ese día nos repartían como a borregos, creo que el día 3 de mayo de +1908 sería el día más grande de nuestra historia, el amanecer de una +nueva vida. + +Esto es una miseria, una completa miseria. A nadie le importa nada +de nada. Y cuando alguno trata de agitar aisladamente este o aquel +problema, una u otra cuestión, se lo atribuyen o a negocio o a afán de +notoriedad y ansia de singularizarse. + +No se comprende aquí ya ni la locura. Hasta del loco creen y dicen que +lo será por tenerle su cuenta y razón. Lo de la razón de la sinrazón es +ya un hecho para todos estos miserables. Si nuestro señor Don Quijote +resucitara y volviese a esta su España andarían buscándole una segunda +intención a sus nobles desvaríos. Si uno denuncia un abuso, persigue la +injusticia, fustiga la ramplonería, se preguntan los esclavos: ¿qué irá +buscando en eso? ¿A qué aspira? Unas veces creen y dicen que lo hace +para que le tapen la boca con oro; otras que es por ruines sentimientos +y bajas pasiones de vengativo o envidioso; otras que lo hace no más +sino por meter ruido y que de él se hable, por vanagloria; otras que lo +hacen por divertirse y pasar el tiempo, por deporte. ¡Lástima grande +que a tan pocos les dé por deportes semejantes! + +Fíjate y observa. Ante un acto cualquiera de generosidad, de heroísmo, +de locura, a todos esos estúpidos bachilleres, curas y barberos de +hoy no se les ocurre sino preguntarse: ¿por qué lo hará? Y en cuanto +creen haber descubierto la razón del acto--sea o no la que ellos se +suponen--se dicen: ¡bah!, lo ha hecho por esto o por lo otro. En cuanto +una cosa tiene razón de ser y ellos la conocen perdió todo su valor la +cosa. Para eso les sirve la lógica, la cochina lógica. + +Comprender es perdonar, se ha dicho. Y esos miserables necesitan +comprender para perdonar el que se les humille, el que con hechos o +palabras se les eche en cara su miseria, sin hablarles de ella. + +Han llegado a preguntarse estúpidamente para qué hizo Dios el mundo, y +se han contestado a sí mismos: ¡para su gloria!, y se han quedado tan +orondos y satisfechos, como si los muy majaderos supieran qué es eso de +la gloria de Dios. + +Las cosas se hicieron primero, su para qué después. Que me den una idea +nueva, cualquiera, sobre cualquier cosa, y ella me dirá después para +qué sirve. + +Alguna vez, cuando expongo algún proyecto, algo que me parece debía +hacerse, algo, sobre todo, que debía decirse, no falta nunca quien me +pregunte: ¿y después? A preguntas tales no cabe otra respuesta que una +repregunta. Y al «¿y después?» no hay sino dar de rebote un «¿y antes?». + +No hay porvenir; nunca hay porvenir. Eso que llaman el porvenir es una +de las más grandes mentiras. El verdadero porvenir es hoy. ¿Qué seré de +nosotros mañana? ¡No hay mañana! ¿Qué es de nosotros hoy, ahora? Ésta +es la única cuestión. + +Y en cuanto a hoy, todos esos miserables están muy satisfechos porque +hoy existen, y con existir les basta. La existencia, la pura y nuda +existencia, llena su alma toda. No sienten que haya más que existir. + +¿Pero existen? ¿Existen de verdad? Yo creo que no; pues si existieran, +si existieran de verdad, sufrirían de existir y no se contentarían con +ello. Si real y verdaderamente existieran en el tiempo y el espacio +sufrirían de no ser en lo eterno y lo infinito. Y este sufrimiento, +esta pasión, que no es sino la pasión de Dios en nosotros. Dios que +en nosotros sufre por sentirse preso en nuestra finitud y nuestra +temporalidad, este divino sufrimiento les haría romper todos esos +menguados eslabones lógicos con que tratan de atar sus menguados +recuerdos a sus menguadas esperanzas, la ilusión de su pasado a la +ilusión de su porvenir. + +¿Por qué hace eso? ¿Preguntó acaso nunca Sancho por qué hacía Don +Quijote las cosas que hacía? + +Y vuelta a lo mismo, a tu pregunta, a tu preocupación: ¿qué locura +colectiva podríamos imbuir en estas pobres muchedumbres? ¿Qué delirio? + +Tú mismo te has acercado a la solución en una de esas cartas con que +me asaltas a preguntas. En ella me decías: ¿no crees que se podría +intentar alguna nueva cruzada? + +Pues bien, sí; creo que se puede intentar la santa cruzada de ir a +rescatar el sepulcro de Don Quijote del poder de los bachilleres, +curas, barberos, duques y canónigos que lo tienen ocupado. Creo que +se puede intentar la santa cruzada de ir a rescatar el sepulcro del +Caballero de la Locura del poder de los hidalgos de la Razón. + +Defenderán, es natural, su usurpación y tratarán de probar con muchas +y muy estudiadas razones que la guardia y custodia del sepulcro les +corresponde. Lo guardan para que el Caballero no resucite. + +A esas razones hay que contestar con insultos, con pedradas, con gritos +de pasión, con botes de lanza. No hay que razonar con ellos. Si tratas +de razonar frente a sus razones estás perdido. + +Si te preguntan, como acostumbran, ¿con qué derecho reclamas el +sepulcro?, no les contestes nada, que ya lo verán luego. Luego... tal +vez cuando ni tú ni ellos existáis ya, por lo menos en este mundo de +las apariencias. + +Y esta santa cruzada lleva una gran ventaja a aquellas otras santas +cruzadas de que alboreó una nueva vida en este viejo mundo. Aquellos +ardientes cruzados sabían dónde estaba el sepulcro de Cristo, dónde se +decía que estaba, mientras que nuestros cruzados no sabrán dónde está +el sepulcro de Don Quijote. Hay que buscarlo peleando por rescatarlo. + +Tu locura quijotesca te ha llevado más de una vez a hablarme del +quijotismo como de una nueva religión. Y a eso he de decirte que esa +nueva religión que propones y de que me hablas, si llegara a cuajar, +tendría dos singulares preeminencias. La una, que su fundador, su +profeta, Don Quijote--no Cervantes, por supuesto--, no estamos seguros +de que fuese un hombre real, de carne y hueso, sino que más bien +sospechamos que fué una pura ficción. Y su otra preeminencia sería +la de que ese profeta era un profeta ridículo, que fué la befa y el +escarnio de las gentes. + +Es el valor que más falta nos hace: el de afrontar el ridículo. El +ridículo es el arma que manejan todos los miserables bachilleres, +barberos, curas, canónigos y duques que guardan escondido el sepulcro +del Caballero de la Locura. Caballero que hizo reir a todo el mundo, +pero que nunca soltó un chiste. Tenía el alma demasiado grande para +parir chistes. Hizo reir con su seriedad. + +Empieza, pues, amigo, a hacer de Pedro el Ermitaño y llama a las gentes +a que se te unan, se nos unan, y vayamos todos a rescatar ese sepulcro +que no sabemos dónde está. La cruzada misma nos revelará el sagrado +lugar. + +Verás cómo así que el sagrado escuadrón se ponga en marcha aparecerá +en el cielo una estrella nueva, sólo visible para los cruzados, una +estrella refulgente y sonora, que cantará un canto nuevo en esta larga +noche que nos envuelve, y la estrella se pondrá en marcha en cuanto se +ponga en marcha el escuadrón de los cruzados, y cuando hayan vencido +en su cruzada, o cuando hayan sucumbido todos--que es acaso la manera +única de vencer de veras--, la estrella caerá del cielo, y en el sitio +en donde caiga allí está el sepulcro. El sepulcro está donde muera el +escuadrón. + +Y allí donde está el sepulcro, allí está la cuna, allí está el nido. Y +de allí volverá a surgir la estrella refulgente y sonora, camino del +cielo. + +Y no me preguntes más, querido amigo. Cuando me haces hablar de +estas cosas me haces que saque del fondo de mi alma, dolorida por la +ramplonería ambiente que por todas partes me acosa y aprieta, dolorida +por las salpicaduras del fango de mentira en que chapoteamos, dolorida +por los arañazos de la cobardía que nos envuelve, me haces que saque +del fondo de mi alma dolorida las visiones sin razón, los conceptos sin +lógica, las cosas que ni yo sé lo que quieren decir, ni menos quiero +ponerme a averiguarlo. + +¿Qué quieres decir con eso?--me preguntas más de una vez--. Y yo te +respondo: ¿lo sé yo acaso? + +¡No, mi buen amigo, no! Muchas de estas ocurrencias de mi espíritu que +te confío ni yo sé lo que quieren decir, o, por lo menos, soy yo quien +no lo sé. Hay alguien dentro de mí que me las dicta, que me las dice. +Le obedezco y no me adentro a verle la cara ni a preguntarle por su +nombre. Sólo sé que si le viese la cara y si me dijese su nombre me +moriría yo para que viviese él. + +Estoy avergonzado de haber alguna vez fingido entes de ficción, +personajes novelescos, para poner en sus labios lo que no me atrevía a +poner en los míos y hacerles decir como en broma lo que yo siento muy +en serio. + +Tú me conoces, tú, y sabes bien cuán lejos estoy de rebuscar adrede +paradojas, extravagancias y singularidades, piensen lo que pensaren +algunos majaderos. Tú y yo, mi buen amigo, mi único amigo absoluto, +hemos hablado muchas veces, a solas, de lo que sea la locura, y hemos +comentado aquello del _Brand_ ibseniano, hijo de Kierkegaard, de que +está loco el que está solo. Y hemos concordado en que una locura +cualquiera deja de serlo en cuanto se hace colectiva, en cuanto es +locura de todo un pueblo, de todo el género humano acaso. En cuanto +una alucinación se hace colectiva, se hace popular, se hace social, +deja de ser alucinación para convertirse en una realidad, en algo que +está fuera de cada uno de los que la comparten. Y tú y yo estamos de +acuerdo en que hace falta llevar a las muchedumbres, llevar al pueblo, +llevar a nuestro pueblo español una locura cualquiera, la locura de uno +cualquiera de sus miembros que esté loco, pero loco de verdad y no de +mentirijillas. Loco, y no tonto. + +Tú y yo, mi buen amigo, nos hemos escandalizado ante eso que llaman +aquí fanatismo, y que, por nuestra desgracia, no lo es. No; no es +fanatismo nada que esté reglamentado y contenido y encauzado y dirigido +por bachilleres, curas, barberos, canónigos y duques; no es fanatismo +nada que lleve un pendón con fórmulas lógicas, nada que tenga programa, +nada que se proponga para mañana un propósito que puede un orador +desarrollar en un metódico discurso. + +Una vez, ¿te acuerdas?, vimos a ocho o diez mozos reunirse y seguir a +uno que les decía: ¡Vamos a hacer una barbaridad! Y eso es lo que tú +y yo anhelamos, que el pueblo se apiñe y gritando ¡vamos a hacer una +barbaridad! se ponga en marcha. Y si algún bachiller, algún barbero, +algún cura, algún canónigo o algún duque les detuviese para decirles: +«¡hijos míos!, está bien, os veo henchidos de heroísmo, llenos de santa +indignación; también yo voy con vosotros; pero antes de ir todos, y +yo con vosotros, a hacer esa barbaridad, ¿no os parece que debíamos +ponernos de acuerdo respecto a la barbaridad que vamos a hacer? ¿Qué +barbaridad va a ser ésa?», si alguno de esos malandrines que he dicho +les detuviese para decirles tal cosa, deberían derribarle al punto y +pasar todos sobre él, pisoteándole, y ya empezaba la heroica barbaridad. + +¿No crees, mi amigo, que hay por ahí muchas almas solitarias a las que +el corazón les pide alguna barbaridad, algo de que revienten? Ve, pues, +a ver si logras juntarlas y formar escuadrón con ellas y ponernos todos +en marcha--porque yo iré con ellos y tras de ti--a rescatar el sepulcro +de Don Quijote, que, gracias a Dios, no sabemos dónde está. Ya nos lo +dirá la estrella refulgente y sonora. + +Y ¿no será--me dices en tus horas de desaliento, cuando te vas de ti +mismo--, no será que creyendo al ponernos en marcha caminar por campos +y tierras, estemos dando vueltas en tomo al mismo sitio? Entonces la +estrella estará fija, quieta sobre nuestras cabezas y el sepulcro +en nosotros. Y entonces la estrella caerá, pero caerá para venir a +enterrarse en nuestras almas. Y nuestras almas se convertirán en luz, +y fundidas todas en la estrella refulgente y sonora subirá ésta, más +refulgente aún, convertida en un sol, en un sol de eterna melodía, a +alumbrar el cielo de la patria redimida. + +En marcha, pues. Y ten cuenta no se te metan en el sagrado escuadrón +de los cruzados bachilleres, barberos, curas, canónigos o duques +disfrazados de Sanchos. No importa que te pidan ínsulas; lo que debes +hacer es expulsarlos en cuanto te pidan el itinerario de la marcha, +en cuanto te hablen del programa, en cuanto te pregunten al oído, +maliciosamente, que les digas hacia dónde cae el sepulcro. Sigue a la +estrella. Y haz como el Caballero: endereza el entuerto que se te ponga +delante. Ahora lo de ahora, y aquí lo de aquí. + +¡Poneos en marcha! ¿Que adónde vais? La estrella os lo dirá: ¡al +sepulcro! ¿Qué vamos a hacer en el camino, mientras marchamos? ¿Qué? +¡Luchar! Luchar, y ¿cómo? + +¿Cómo? ¿Tropezáis con uno que miente?, gritarle a la cara: ¡mentira!, +y ¡adelante! ¿Tropezáis con uno que roba?, gritarle: ¡ladrón!, y +¡adelante! ¿Tropezáis con uno que dice tonterías, a quien oye toda una +muchedumbre con la boca abierta?, gritarles: ¡estúpidos!, y ¡adelante! +¡Adelante siempre! + +¿Es que con eso--me dice uno a quien tú conoces y que ansía ser +cruzado--, es que con eso se borra la mentira, ni el ladronicio, ni la +tontería del mundo? ¿Quién ha dicho que no? La más miserable de todas +las miserias, la más repugnante y apestosa argucia de la cobardía es +esa de decir que nada se adelante con denunciar a un ladrón porque +otros seguirán robando, que nada se logra con llamarle en su cara +majadero al majadero, porque no por eso la majadería disminuirá en el +mundo. + +Sí, hay que repetirlo una y mil veces: con que una vez, una sola vez, +acabases del todo y para siempre con un solo embustero, habríase +acabado el embuste de una vez para siempre. + +¡En marcha, pues! Y echa del sagrado escuadrón a todos los que empiecen +a estudiar el paso que habrá de llevarse en la marcha y su compás y su +ritmo. Sobre todo, ¡fuera con los que a todas horas andan con eso del +ritmo! Te convertirían el escuadrón en una cuadrilla de baile, y la +marcha en danza. ¡Fuera con ellos! Que se vayan a otra parte a cantar a +la carne. + +Ésos que tratarían de convertirte el escuadrón de marcha en cuadrilla +de baile se llaman a sí mismos, y los unos a los otros entre sí, +poetas. No lo son. Son cualquier otra cosa. Ésos no van al sepulcro +sino por curiosidad, por ver cómo sea, en busca acaso de una sensación +nueva, y por divertirse en el camino. ¡Fuera con ellos! + +Ésos son los que con su indulgencia de bohemios contribuyen a mantener +la cobardía y la mentira y las miserias todas que nos anonadan. Cuando +predican libertad no piensan más que en una: en la de disponer de la +mujer del prójimo. Todo es en ellos sensualidad, y hasta de las ideas, +de las grandes ideas, se enamoran sensualmente. Son incapaces de +casarse con una grande y pura idea y criar familia de ella; no hacen +sino amontonarse con las ideas. Las toman de queridas, menos aún, tal +vez de compañeras de una noche. ¡Fuera con ellos! + +Si alguien quiere coger en el camino tal o cual florecilla que a su +vera sonríe, cójala, pero de paso, sin detenerse, y siga al escuadrón, +cuyo alférez no habrá de quitar ojo de la estrella refulgente y sonora. +Y si se pone la florecilla en el peto sobre la coraza, no para verla +él, sino para que se la vean, ¡fuera con él! Que se vaya, con su flor +en el ojal, a bailar a otra parte. + +Mira, amigo, si quieres cumplir tu misión y servir a tu patria es +preciso que te hagas odioso a los muchachos sensibles que no ven el +universo sino a través de los ojos de su novia. O algo peor aún. Que +tus palabras sean estridentes y agrias a sus oídos. + +El escuadrón no ha de detenerse sino de noche, junto al bosque o al +abrigo de la montaña. Levantará allí sus tiendas, se lavarán los +cruzados sus pies, cenarán lo que sus mujeres les hayan preparado, +engendrarán luego un hijo en ellas, les darán un beso y se dormirán +para recomenzar la marcha al siguiente día. Y cuando alguno se muera +le dejarán a la vera del camino, amortajado en su armadura, a merced +de los cuervos. Quede para los muertos el cuidado de enterrar a sus +muertos. + +Si alguno intenta durante la marcha tocar pífano o dulzaina o caramillo +o vihuela o lo que fuere, rómpele el instrumento y échale de filas, +porque estorba a los demás oir el canto de la estrella. Y es, además, +que él no la oye. Y quien no oiga el canto del cielo no debe ir en +busca del sepulcro del Caballero. + +Te hablarán esos danzantes de poesía. No les hagas caso. El que se pone +a tocar su jeringa--que no es otra cosa la _syringa_--debajo del cielo, +sin oir la música de las esferas, no merece que se le oiga. No conoce +la abismática poesía del fanatismo; no conoce la inmensa poesía de los +templos vacíos, sin luces, sin dorados, sin imágenes, sin pompas, sin +aromas, sin nada de eso que llaman arte. Cuatro paredes lisas y un +techo de tablas; un corralón cualquiera. + +Echa del escuadrón a todos los danzantes de la jeringa. Échalos, antes +de que se te vayan por un plato de alubias. Son filósofos cínicos, +indulgentes, buenos muchachos, de los que todo lo comprenden y todo lo +perdonan. Y el que todo lo comprende no comprende nada, y el que todo +lo perdona nada perdona. No tienen escrúpulo en venderse. Como viven +en dos mundos pueden guardar su libertad en el otro y esclavizarse en +éste. Son a la vez estetas y perezistas o lopezistas o rodriguezistas. + +Hace tiempo se dijo que el hambre y el amor son los dos resortes de +la vida humana. De la baja vida humana, de la vida de tierra. Los +danzantes no bailan sino por hambre o por amor; hambre de carne, amor +de carne también. Échalos de tu escuadrón, y que allí, en un prado, +se harten de bailar mientras uno toca la jeringa, otro da palmaditas +y otro canta a un plato de alubias o a los muslos de su querida de +temporada. Y que allí inventen nuevas piruetas, nuevos trenzados de +pies, nuevas figuras de rigodón. + +Y si alguno te viniera diciendo que él sabe tender puentes y que +acaso llegue ocasión en que se deba aprovechar sus conocimientos para +pasar un río, ¡fuera con él! ¡Fuera el ingeniero! Los ríos se pasarán +vadeándolos, o a nado, aunque se ahogue la mitad de los cruzados. Que +se vaya el ingeniero a hacer puentes a otra parte, donde hacen mucha +falta. Para ir en busca del sepulcro basta la fe como puente. + + * * * * * + +Si quieres, mi buen amigo, llenar tu vocación debidamente desconfía +del arte, desconfía de la ciencia, por lo menos de eso que llaman arte +y ciencia y no son sino mezquinos remedos del arte y de la ciencia +verdaderos. Que te baste tu fe. Tu fe será tu arte, tu fe será tu +ciencia. + +He dudado más de una vez de que puedas cumplir tu obra al notar el +cuidado que pones en escribir las cartas que me escribes. Hay en ellas, +no pocas veces, tachaduras, enmiendas, correcciones, jeringazos. No +es un chorro que brota violento, expulsando el tapón. Más de una +vez tus cartas degeneran en literatura, en esa cochina literatura, +aliada natural de todas las esclavitudes y de todas las miserias. Los +esclavizadores saben bien que mientras está el esclavo cantando a la +libertad se consuela de su esclavitud y no piensa en romper sus cadenas. + +Pero otras veces recobro fe y esperanza en ti cuando siento bajo tus +palabras atropelladas, improvisadas, cacofónicas, el temblar de tu voz +dominada por la fiebre. Hay ocasiones en que puede decirse que ni están +en un lenguaje determinado. Que cada cual lo traduzca al suyo. + +Procura vivir en continuo vértigo pasional, dominado por una pasión +cualquiera. Sólo los apasionados llevan a cabo obras verdaderamente +duraderas y fecundas. Cuando oigas de alguien que es impecable, en +cualquiera de los sentidos de esta estúpida palabra, huye de él; +sobre todo si es artista. Así como el hombre más tonto es el que en +su vida ha hecho ni dicho una tontería, así el artista menos poeta, +el más antipoético--y entre los artistas abundan las naturalezas +antipoéticas--, es el artista impecable, el artista a quien decoran con +la corona, de laurel de cartulina, de la impecabilidad los danzantes de +la jeringa. + +Te consume, mi pobre amigo, una fiebre incesante, una sed de océanos +insondables y sin riberas, un hambre de universos y la morriña de la +eternidad. Sufres de la razón. Y no sabes lo que quieres. Y ahora, +ahora quieres ir al sepulcro del Caballero de la Locura y deshacerte +allí en lágrimas, consumirte en fiebre, morir de sed de océanos, de +hambre de universos, de morriña de eternidad. + +Ponte en marcha, solo. Todos los demás solitarios irán a tu lado, +aunque no los veas. Cada cual creerá ir solo, pero formaréis batallón +sagrado, el batallón de la santa e inacabable cruzada. + +Tú no sabes bien, mi buen amigo, cómo los solitarios todos, sin +conocerse, sin mirarse a las caras, sin saber los unos los nombres de +los otros, caminan juntos y prestándose mutua ayuda. Los otros hablan +unos de otros, se dan las manos, se felicitan mutuamente, se bombean y +se denigran, murmuran entre sí y va cada cual por su lado. Y huyen del +sepulcro. + +Tú no perteneces al cotarro, sino al batallón de los libres cruzados. +¿Por qué te asomas a las tapias del cotarro a oir lo que en él se +cacarea? ¡No, amigo mío, no! Cuando pases junto a un cotarro tápate los +oídos, lanza tu palabra y sigue adelante, camino del sepulcro. Y que en +esa palabra vibren toda tu sed, toda tu hambre, toda tu morriña, todo +tu amor. + +Si quieres vivir de ellos, vive para ellos. Pero entonces, mi pobre +amigo, te habrás muerto. + +Me acuerdo de aquella dolorosa carta que me escribiste cuando estabas +a punto de sucumbir, de derogar, de entrar en la cofradía. Vi entonces +cómo te pesaba tu soledad, esa soledad que debe ser tu consuelo y tu +fortaleza. + +Llegaste a lo más terrible, a lo más desolador; llegaste al borde del +precipicio de tu perdición: llegaste a dudar de tu soledad, llegaste +a creerte en compañía. «¿No será--me decías--una mera cavilación, un +fruto de soberbia, de petulancia, tal vez de locura, esto de creerme +solo? Porque yo, cuando me sereno, me veo acompañado, y recibo +cordiales apretones de manos, voces de aliento, palabras de simpatía, +todo género de muestras de no encontrarme solo, ni mucho menos». Y por +aquí seguías. Y te vi engañado y perdido, te vi huyendo del sepulcro. + +No, no te engañas en los accesos de tu fiebre, en las agonías de tu +sed, en las congojas de tu hambre; estás solo, enteramente solo. No +sólo son mordiscos los mordiscos que como tales sientes, lo son también +los que como besos. Te silban los que aplauden, te quieren detener en +tu marcha al sepulcro los que te gritan ¡adelante! Tápate los oídos. +Y ante todo cúrate de una afección terrible, que por mucho que te la +sacudes vuelve a ti con terquedad de mosca: cúrate de la afección de +preocuparte cómo aparezcas a los demás. Cúidate sólo de cómo aparezcas +ante Dios, cúidate de la idea que de ti Dios tenga. + +Estás solo, mucho más solo de lo que te figuras, y aun así no estás +sino en camino de la absoluta, de la completa, de la verdadera soledad. +La absoluta, la completa, la verdadera soledad consiste en no estar ni +aun consigo mismo. Y no estarás de veras completa y absolutamente solo +hasta que no te despojes de ti mismo, al borde del sepulcro. ¡Santa +soledad! + + * * * * * + +Todo esto dije a mi amigo, y él me contestó en una larga carta, llena +de un furioso desaliento, estas palabras: + +«Todo eso que me dices está muy bien, está bien, no está mal; pero +¿no te parece que en vez de ir a buscar el sepulcro de Don Quijote y +rescatarlo de bachilleres, curas, barberos, canónigos y duques debíamos +ir a buscar el sepulcro de Dios y rescatarlo de creyentes e incrédulos, +de ateos y deístas, que lo ocupan, y esperar allí, dando voces de +suprema desesperación, derritiendo el corazón en lágrimas, a que Dios +resucite y nos salve de la nada?». + + + + + PRIMERA PARTE + + + + + CAPÍTULO I + + Que trata de la condición y ejercicio del famoso hidalgo + Don Quijote de la Mancha. + + +Nada sabemos del nacimiento de Don Quijote, nada de su infancia y +juventud, ni de cómo se fraguara el ánimo del Caballero de la Fe, del +que nos hace con su locura cuerdos. Nada sabemos de sus padres, linaje +y abolengo, ni de cómo hubieran ido asentándosele en el espíritu las +visiones de la asentada llanura manchega en que solía cazar; nada +sabemos de la obra que hiciese en su alma la contemplación de los +trigales salpicados de amapolas y clavellinas; nada sabemos de sus +mocedades. + +Se ha perdido toda memoria de su linaje, nacimiento, niñez y mocedad; +no nos la ha conservado ni la tradición oral ni testimonio alguno +escrito, y si alguno de éstos hubo, hase perdido o yace oculto en +polvo secular. No sabemos si dió o no muestras de su ánimo denodado y +heroico ya desde tierno infante, al modo de esos santos de nacimiento, +que ya desde mamoncillos no maman los viernes y días de ayuno, por +mortificación y dar buen ejemplo. + +Respecto a su linaje declaró él mismo a Sancho, departiendo con +éste después de la conquista del yelmo de Mambrino, que si bien era +_hijodalgo de solar conocido, de posesión y propiedad, y de devengar +quinientos sueldos_, no descendía de reyes, aunque, no obstante ello, +el sabio que escribiese su historia podría deslindar de tal modo su +parentela y descendencia, que le hallase ser quinto o sexto nieto de +rey. Y de hecho no hay quien, a la larga, no descienda de reyes, y de +reyes destronados. Mas él era de los linajes que son y no fueron. Su +linaje empieza en él. + +Es extraño, sin embargo, cómo los diligentes rebuscadores que se han +dado con tanto ahinco a escudriñar la vida y milagros de nuestro +caballero, no han llegado aún a pesquisar huellas de tal linaje, y más +ahora en que tanto peso se atribuye en el destino de un hombre a eso +de su herencia. Que Cervantes no lo hiciera, no nos ha de sorprender, +pues al fin creía que es cada cual hijo de sus obras y que se va +haciendo según vive y obra; pero que no lo hagan estos inquiridores que +para explicar el ingenio de un héroe husmean si fué su padre gotoso, +catarroso o tuerto, me choca mucho, y sólo me lo explico suponiendo que +viven en la tan esparcida cuanto nefanda creencia de que Don Quijote +no es sino ente ficticio y fantástico, como si fuera hacedero a humana +fantasía el parir tan estupenda figura. + +Aparécesenos el hidalgo cuando frisaba en los cincuenta años, en un +lugar de la mancha, pasándolo pobremente con una _olla de algo más vaca +que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, +lantejas los viernes y algún palomino de añadidura los domingos_, +lo cual todo consumía las tres partes de su hacienda, acabando de +concluirla _sayo de velarte, calzas de velludo para las fiestas con +sus pantuflos de lo mismo y los días de entre semana... vellorí de lo +más fino_. En un parco comer se le iban las tres partes de sus rentas, +en un modesto vestir la otra cuarta. Era, pues, un hidalgo pobre, un +hidalgo de gotera acaso, pero de los de lanza en astillero. + +Era hidalgo pobre, mas a pesar de ello, hijo de bienes, porque como +decía su contemporáneo el Dr. D. Juan Huarte en el capítulo XVI de +su EXAMEN DE INGENIOS PARA LAS CIENCIAS, «la ley de la Partida dice +que hijodalgo quiere decir hijo de bienes; y si se entiende de bienes +temporales, no tiene razón, porque hay infinitos hijodalgos pobres e +infinitos ricos que no son hidalgos; pero si se quiere decir hijo de +bienes que llamamos virtud, tiene la misma significación que dijimos». +Y Alonso Quijano era hijo de bondad. + +En eso de la pobreza de nuestro hidalgo estriba lo más de su vida, como +de la pobreza de su pueblo brota el manantial de sus vicios y a la par +de sus virtudes. La tierra que alimentaba a Don Quijote es una tierra +pobre, tan desollada por seculares chaparrones, que por dondequiera +afloran a ras de ella sus entrañas berroqueñas. Basta ver cómo van por +los inviernos sus ríos, apretados a largos trechos entre tajos, hoces +y congostos y llevándose al mar en sus aguas fangosas el rico mantillo +que habría de dar a la tierra su verdura. Y esta pobreza del suelo +hizo a sus moradores andariegos, pues o tenían que ir a buscarse el +pan a luengas tierras, o bien tenían que ir guiando a las ovejas de +que vivían, de pasto en pasto. Nuestro hidalgo hubo de ver, año tras +otro, pasar a los pastores pastoreando sus merinas, sin hogar asentado, +a la de Dios nos valga, y acaso viéndolos así soñó alguna vez con ver +tierras nuevas y correr mundo. + +Era pobre, _de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, +gran madrugador y amigo de la caza_. De lo cual se saca que era de +temperamento colérico, en el que predominan calor y sequedad, y quien +lea el ya citado EXAMEN DE INGENIOS que compuso el Dr. D. Juan Huarte, +dedicándoselo a S. M. el Rey Don Felipe II, verá cuán bien cuadra a Don +Quijote lo que de los temperamentos calientes y secos dice el ingenioso +físico. De este mismo temperamento era también aquel caballero de +Cristo, Íñigo de Loyola, de quien tendremos mucho que decir aquí, y +de quien el P. Pedro de Rivadeneira[1] en la vida que de él compuso, +y en el capítulo V del libro V de ella nos dice que era muy cálido de +complexión y muy colérico, aunque venció luego la cólera, quedándose +«con el vigor y brío que ella suele dar, y que era menester para la +ejecución de las cosas que trataba». Y es natural que Loyola fuese +del mismo temperamento que Don Quijote, porque había de ser capitán +de una milicia, y su arte, arte militar. Y hasta en los más pequeños +pormenores se anunciaba lo que habría de ser, pues al describirnos la +estatura y disposición de su cuerpo en el capítulo XVIII del libro IV +nos dice el citado Padre, su historiador, que tenía la frente ancha +y desarrugada y una calva de muy venerable aspecto. Lo que consuena +con la cuarta señal que pone el Dr. Huarte para conocer al que tenga +ingenio militar y es tener la cabeza calva, y «está la razón muy clara» +dice, añadiendo: «Porque esta diferencia de imaginativa reside en la +parte delantera de la cabeza, como todas las demás; y el demasiado +calor quema el cuero de la cabeza y cierra los caminos por donde han de +pasar los cabellos; allende que la materia de que se engendra, dicen +los médicos que son los excrementos que hace el cerebro al tiempo de su +nutrición, y con el gran fuego que allí hay, todos se gastan y consumen +y así falta materia de que poderse engendrar». De donde yo deduzco, +aunque el puntualísimo historiador de Don Quijote no nos lo diga, que +éste era también de frente ancha, espaciosa y desarrugada, y además +calvo. + +Era Don Quijote amigo de la caza, en cuyo ejercicio se aprende astucias +y engaños de guerra, y así es cómo tras las liebres y perdices corrió y +recorrió los aledaños de su lugar, y debió de recorrerlos solitario y +escotero bajo la tersura sin mancha del cielo manchego. + +Era pobre y ocioso; ocioso estaba los más ratos del año. Y nada hay +en el mundo más ingenioso que la pobreza en la ociosidad. La pobreza +le hacía amar la vida, apartándole de todo hartazgo y nutriéndole +de esperanzas, y la ociosidad debió de hacerle pensar en la vida +inacabable, en la vida perpetuadora. ¡Cuántas veces no soñó en sus +mañaneras cacerías, con que su nombre se desparramara en redondo por +aquellas abiertas llanuras y rodara ciñendo a los hogares todos y +resonase en la anchura de la tierra y de los siglos! De sueños de +ambición apacentó su ociosidad a su pobreza, y despegado del regalo de +la vida, anheló inmortalidad no acabadera. + +En aquellos cuarenta y tantos años de su oscura vida, pues frisaba ésta +en los cincuenta cuando entró en obra de inmortalidad nuestro hidalgo, +en aquellos cuarenta y tantos años ¿qué había hecho fuera de cazar y +administrar su hacienda? En las largas horas de su lenta vida ¿de qué +contemplaciones nutrió su alma? Porque era un contemplativo, ya que +sólo los contemplativos se aprestan a una obra como la suya. + +Adviértase que no se dió al mundo y a su obra redentora hasta frisar +en los cincuenta, en bien sazonada madurez de vida. No floreció, pues, +su locura hasta que su cordura y su bondad hubieron sazonado bien. +No fué un muchacho que se lanza a tontas y a locas a una carrera mal +conocida, sino un hombre sesudo y cuerdo que enloquece de pura madurez +de espíritu. + +La ociosidad y un amor desgraciado de que hablaré más adelante, le +llevaron a darse a leer libros de caballerías _con tanta afición y +gusto, que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la caza y aun la +administración de su hacienda_ y hasta _vendió muchas fanegas de tierra +de sembradura para comprar libros de caballerías_, pues no sólo de pan +vive el hombre. Y apacentó su corazón con las hazañas y proezas de +aquellos esforzados caballeros que, desprendidos de la vida que pasa, +aspiraron a la gloria que queda. El deseo de la gloria fué su resorte +de acción. + +_Y así del poco dormir y del mucho leer se le secó el celebro de manera +que vino a perder el juicio._ En cuanto a lo de secársele el cerebro, +el Dr. Huarte, de quien dije, nos dice en el capítulo I de su obra que +el entendimiento pide «que el celebro sea seco y compuesto de partes +sutiles y muy delicadas», y por lo que hace a la pérdida del juicio +nos habla de Demócrito Abderita, «el cual vino a tanta pujanza de +entendimiento, allá en la vejez, que se le perdió la imaginativa, por +la cual razón comenzó a hacer y decir dichos y sentencias tan fuera +de término, que toda la ciudad de Abdera le tuvo por loco», mas al +ir a verle y curarle Hipócrates se encontró con que era «el hombre +más sabio que había en el mundo», y los locos y desatinados los que +le hicieron ir a curarle. Y fué la ventura de Demócrito--agrega el +doctor Huarte--que todo cuanto razonó con Hipócrates «en aquel breve +tiempo fueron discursos de entendimiento, y no de la imaginativa, +donde tenía la lesión». Y así se ve también en la vida de Don Quijote +que en oyéndole discursos de entendimiento, teníanle todos por hombre +discretísimo y muy cuerdo, mas en llegando a los de imaginativa, donde +tenía la lesión, admirábanse todos de su locura, locura verdaderamente +admirable. + +_Vino a perder el juicio._ Por nuestro bien lo perdió; para dejarnos +eterno ejemplo de generosidad espiritual. Con juicio ¿hubiera sido tan +heroico? Hizo en aras de su pueblo el más grande sacrificio: el de +su juicio. Llenósele la fantasía de hermosos desatinos, y creyó ser +verdad lo que es sólo hermosura. Y lo creyó con fe tan viva, con fe +engendradora de obras, que acordó poner en hecho lo que su desatino le +mostraba, y en puro creerlo hízolo verdad. _En efecto, rematado ya su +juicio, vino a dar en el más extraño pensamiento que jamás dió loco +en el mundo, y fué que le pareció convenible y necesario, así para el +aumento de su honra como para el servicio de su república, hacerse +caballero andante y irse por el mundo con sus armas y caballo a buscar +las aventuras y a ejercitarse en todo aquello que él había leído que +los caballeros andantes se ejercitaban, deshaciendo todo género de +agravio y poniéndose en ocasiones y peligros, donde acabándolos cobrase +eterno nombre y fama._ En esto de cobrar eterno nombre y fama estribaba +lo más de su negocio; en ello el aumento de su honra primero y el +servicio de su república después. Y su honra ¿qué era? ¿Qué era eso +de la honra de que andaba entonces tan llena nuestra España? ¿Qué es +sino un ensancharse en espacio y prolongarse en tiempo la personalidad? +¿Qué es sino darnos a la tradición para vivir en ella y así no morir +del todo? Podrá ello parecer egoísta, y más noble y puro buscar el +servicio de la república primero, si no únicamente, por lo de buscad +el reino de Dios y su justicia, buscarlo por amor al bien mismo, pero +ni los cuerpos pueden menos que caer a tierra, pues tal es su ley, ni +las almas menos que obrar por ley de gravitación espiritual, por ley de +amor propio y deseo de honra. Dicen los físicos que la ley de la caída +es ley de atracción mutua, atrayéndose una a otra la piedra que cae +sobre la tierra y la tierra sobre que aquélla cae, en razón inversa a +su respectiva masa, y así entre Dios y el hombre es también mutua la +atracción. Y si Él nos tira a Sí con infinito tirón, también nosotros +tiramos de Él. Su cielo padece fuerza. Y es Él para nosotros, ante todo +y sobre todo, el eterno productor de inmortalidad. + +El pobre e ingenioso hidalgo no buscó provecho pasajero ni regalo de +cuerpo, sino eterno nombre y fama, poniendo así su nombre sobre sí +mismo. Sometióse a su propia idea, al Don Quijote eterno, a la memoria +que de él quedase. «Quien pierda su alma la ganará»--dijo Jesús--, es +decir, ganará su alma perdida y no otra cosa. Perdió Alonso Quijano el +juicio, para ganarlo en Don Quijote; un juicio glorificado. + +_Imaginábase el pobre ya coronado por el valor de su brazo, por lo +menos del imperio de Trapisonda, y se dió priesa a poner en efecto +lo que deseaba._ No fué un contemplativo tan sólo, sino que pasó del +soñar a poner por obra lo soñado. _Y lo primero que hizo fué limpiar +unas armas que habían sido de sus bisagüelos_, pues salía a luchar a +un mundo para él desconocido, con armas heredadas que _luengos siglos +había que estaban puestas y olvidadas en un rincón_. Mas antes limpió +las armas + + _que el orín de la paz gastado había_ + (Camões: OS LUSIADAS, IV, 22.) + +y se arregló una celada de encaje con cartones, y todo lo demás que +sabéis de cómo lo probó, sin querer repetir la probatura, en lo que +mostró lo cuerda que su locura era. Y _fué luego a ver a su rocín_ y +engrandeciólo con los ojos de la fe y le puso nombre. Y luego se lo +puso a sí mismo, nombre nuevo, como convenía a su renovación interior, +y se llamó Don Quijote y con este nombre ha cobrado eternidad de fama. +E hizo bien en mudar de nombre, pues con el nuevo llegó a ser de veras +hidalgo, si nos atenemos a la doctrina del dicho Dr. Huarte, que en +la ya citada obra nos dice así: «El español que inventó este nombre, +hijodalgo, dió bien a entender... que tienen los hombres dos géneros de +nacimiento. El uno es natural, en el cual todos son iguales, y el otro +espiritual. Cuando el hombre hace algún hecho heroico o alguna extraña +virtud y hazaña, entonces nace de nuevo y cobra otros mejores padres, +y pierde el ser que antes tenía. Ayer se llamaba hijo de Pedro y nieto +de Sancho; ahora se llama hijo de sus obras. De donde tuvo origen el +refrán castellano que dice: cada uno es hijo de sus obras, y porque +las buenas y virtuosas llama la Divina Escritura algo, y los vicios y +pecados nada, compuso este nombre, hijodalgo, que quiere decir ahora +descendiente del que hizo alguna extraña virtud...» Y así Don Quijote, +descendiente de sí mismo, nació en espíritu al decidirse a salir en +busca de aventuras, y se puso nuevo nombre a cuenta de las hazañas que +pensaba llevar a cabo. + +Y después de esto buscó dama de quien enamorarse. Y en la imagen de +Aldonza Lorenzo, _moza labradora de muy buen parecer, de quien él un +tiempo anduvo enamorado, aunque según se entiende ella jamás lo supo ni +se dió cata de ello_, encarnó la Gloria y la llamó Dulcinea del Toboso. + + + NOTAS: + +[1] Le llamo P., es decir, Padre, por acomodarme al uso, o sea abuso, +común en casos tales, y aunque sé que Cristo Jesús dijo: «No os llaméis +Padre en la tierra; pues uno solo es vuestro padre: que está en los +cielos». (Mat., XXIII, 9.) + + + + + CAPÍTULO II + + Que trata de la primera salida que de su tierra hizo Don Quijote. + + +_Y así, sin dar parte a persona alguna de su intención, y sin que nadie +le viese, una mañana antes del día se armó de todas sus armas, subió +sobre su Rocinante... y por la puerta falsa de un corral salió al campo +con grandísimo contento y alborozo de ver con cuánta facilidad había +dado principio a su buen deseo._ Así, solo, sin ser visto, por puerta +falsa de corral, como quien va a hacer algo vedado, se echó al mundo. +¡Singular ejemplo de humildad! El caso es que por cualquier puerta se +sale al mundo, y cuando uno se apresta a una hazaña no debe pararse en +por qué puerta ha de salir. + +Mas pronto cayó en la cuenta de que no era armado caballero, y él, +sumiso a la tradición siempre, _propuso de hacerse armar caballero del +primero que topase_. Porque no iba al mundo a derogar ley alguna, sino +a hacer que se cumplieran las de la caballerosidad y la justicia. + +¿No os recuerda esta salida la de aquel otro caballero, de la Milicia +de Cristo, Íñigo de Loyola, que después de haber procurado en sus +mocedades «de aventajarse sobre todos sus iguales y de alcanzar +fama de hombre valeroso, y honra y gloria militar», y aun en los +comienzos de su conversión, cuando se disponía a ir a Italia, siendo +«muy atormentado de la tentación de la vanagloria», y habiendo sido, +antes de convertirse, «muy curioso y amigo de leer libros profanos +de caballerías», cuando después de herido en Pamplona leyó la vida +de Cristo, y las de los Santos, comenzó a «trocársele el corazón y +a querer imitar y obrar lo que leía»? Y así, una mañana, sin hacer +caso de los consejos de sus hermanos, «púsose en camino acompañado de +dos criados» y emprendió su vida de aventuras en Cristo, poniendo en +un principio «todo su cuidado y conato en hacer cosas grandes y muy +dificultosas... y esto no por otra razón sino porque los Santos que él +había tomado por su dechado y ejemplo, habían echado por este camino». +Así nos lo cuenta el P. Pedro de Rivadeneira en los capítulos I, III y +X del libro I de su VIDA DEL BIENAVENTURADO PADRE IGNACIO DE LOYOLA, +obra que apareció en romance castellano el año 1583, y era una de las +que figuraban en la librería de Don Quijote, que la leyó, y una de +las que en el escrutinio que de la tal librería hicieron el cura y el +barbero, fué indebidamente al fuego del corral, por no haber ellos +reparado en ella, que a haberla descubierto habríala el cura respetado +y puesto sobre su cabeza. Y de que no reparó en ella, es buena prueba +el que Cervantes no la cita. + +Resuelto Don Quijote a hacerse armar caballero del primero que topase, +_se quietó y prosiguió su camino sin llevar otro que aquel que su +caballo quería, creyendo que en aquello consistía la fuerza de las +aventuras_. Y creyendo muy bien al creer así. Su heroico espíritu igual +habría de ejercerse en una que otra aventura; en la que Dios tuviese a +bien depararle. Como Cristo Jesús, de quien fué siempre Don Quijote un +fiel discípulo, estaba a lo que la aventura de los caminos le trajese. +El divino Maestro, yendo a despertar de su mortal sueño a la hija de +Jairo, se detuvo con la mujer de la hemorragia. Lo más urgente es lo de +ahora y lo de aquí; en el momento que pasa y en el reducido lugar que +ocupamos están nuestra eternidad y nuestra infinitud. + +Se dejaba llevar de su caballo el caballero, al azar de los senderos de +la vida. ¿Qué menos daba esto si era siempre la misma y siempre fija su +alma heroica? Salía al mundo a enderezar los entuertos que al encuentro +le salieran, mas sin plan previo, sin programa alguno reformatorio. No +salía a él a aplicar ordenamientos de antemano trazados, sino a vivir +conforme a como los caballeros andantes habían vivido; su dechado eran +vidas creadas y narradas por el arte, no sistemas armados y explicados +por ciencia alguna. A lo que conviene añadir, además, que por aquel +entonces no había aún esta cosa que llamamos ahora sociología por +llamarla de algún modo. + +Y conviene veamos también en esto de dejarse llevar del caballo uno +de los actos de más profunda humildad y obediencia a los designios de +Dios. No escojía, como soberbio, las aventuras, ni iba a hacer esto +o lo otro, sino lo que el azar de los caminos le deparase, y como el +instinto de las bestias depende de la voluntad divina más directamente +que nuestro libre albedrío, de su caballo se dejaba guiar. También +Íñigo de Loyola, en famosa aventura, de que hablaremos, se dejó guiar +de la inspiración de su cabalgadura. + +Esto de la obediencia de Don Quijote a los designios de Dios es una de +las cosas que más debemos observar y admirar en su vida. Su obediencia +fué de la perfecta, de la que es ciega, pues jamás se le ocurrió +pararse a pensar si era o no acomodada a él la aventura que se le +presentase; se dejó llevar, como, según Loyola, debe dejarse llevar +el perfecto obediente, como un báculo en mano de un viejo, o «como un +pequeño crucifijo que se deja volver de una parte a otra sin dificultad +alguna». + +_Yendo, pues, caminando nuestro flamante aventurero, iba hablando +consigo mesmo y diciendo: ¿quién duda sino que en los venideros +tiempos, cuando salga a luz la verdadera historia de mis famosos +hechos._.. y todo lo demás que, según nos cuenta Cervantes, iba +diciéndose Don Quijote. Cuya locura tira siempre a su centro, a buscar +eterno nombre y fama, a que se escriba su historia en los venideros +tiempos. Fué el fondo de pecado, es decir, la raíz hondamente humana, +de su generosa empresa; la de buscar nombre y fama en ella, la de +emprenderla por la gloria. Pero ese mismo fondo de pecado la hizo, +¡es natural!, entrañadamente humana. Toda vida heroica o santa corrió +siempre en pos de gloria, temporal o eterna, terrena o celestial. No +creáis a quienes os digan que buscan el bien por el bien mismo, sin +esperanza de recompensa; de ser ello verdad, serían sus almas como +cuerpos sin peso, puramente aparenciales. Para conservar y acrecentar +la especie humana se nos dió el instinto y sentimiento del amor +entre mujer y hombre, para enriquecerla con grandes obras se nos dió +la ambición de gloria. Lo sobrehumano de la perfección toca en lo +inhumano, y en ello se hunde. + +Y entre los disparates que en este acto de su primer salida iba +nuestro caballero ensartando, fué de lo primero acordarse de la +princesa Dulcinea, de la Gloria, que le hizo el agravio de despedirle +y reprocharle con el riguroso afincamiento de mandarle no parecer ante +la su fermosura. La gloria es conquistadera, mas con harto trabajo, +y el buen hidalgo, impaciente como novicio, se desesperaba de haber +caminado todo aquel día _sin acontecerle cosa que de contar fuese_. No +te desespere eso, buen caballero: lo heroico es abrirse a la gracia de +los sucesos que nos sobrevengan, sin pretender forzarlos a venir. + +Mas al caer de este primer día de su carrera de gloria _vió no lejos +del camino por donde iba, una venta_, llegando a ella _a tiempo que +anochecía_. Y las primeras personas con que topó en el mundo fueron +_dos mujeres mozas, destas que llaman del partido_; encuentro con dos +pobres rameras fué su primer encuentro en su ministerio heroico. Mas +a él le parecieron _dos hermosas doncellas o dos graciosas damas, que +delante de la puerta del castillo_--pues por tal tuvo a la venta--_se +estaban solazando_. ¡Oh poder redentor de la locura! A los ojos del +héroe las mozas del partido aparecieron como hermosas doncellas; su +castidad se proyecta a ellas y las castiga y depura. La limpieza de +Dulcinea las cubre y limpia a los ojos de Don Quijote. + +Y en esto un porquero tocó un cuerno para recoger sus puercos, y lo +tomó Don Quijote por señal de algún enano, y se llegó a la venta y a +las trasfiguradas mozas. Llenas éstas de miedo--¿y qué sino miedo ha de +criar en ellas su desventurado oficio?--se iban a entrar en la venta, +cuando el Caballero, alzada la visera de papelón y descubierto el seco +y polvoroso rostro, les habló _con gentil talante y voz reposada_ +llamándolas doncellas. ¡Doncellas! ¡Santa limosna de la palabra! Pero +ellas, al oirse llamar cosa _tan fuera de su profesión, no pudieron +tener la risa, y fué de manera que Don Quijote vino a correrse_. + +He aquí la primera aventura del hidalgo, cuando responde la risa a su +cándida inocencia, cuando al verter sobre el mundo su corazón la pureza +de que estaba henchido, recibe de rechazo la risa, matadora de todo +generoso anhelo. Y ved que las desgraciadas se ríen precisamente del +mayor honor que pudiera hacérseles. Y él, corrido, les reprendió su +sandez, y arreciaron a reir ellas, y él a enojarse, y salió el ventero, +_hombre que por ser muy gordo era muy pacífico_, y le ofreció posada. +Y ante la humildad del ventero, humillose Don Quijote y se apeó. Y +las mozas, reconciliadas con él, pusiéronse a desarmarle. Dos mozas +del partido hechas por Don Quijote doncellas, ¡oh poder de su locura +redentora!, fueron las primeras en servirle con desinteresado cariño. + + _Nunca fuera caballero + de damas tan bien servido._ + +Recordad a María de Magdala lavando y ungiendo los pies del Señor y +enjugándoselos con su cabellera acariciada tantas veces en el pecado; a +aquella gloriosa Magdalena de que tan devota era Teresa de Jesús, según +ella misma nos lo cuenta en el capítulo IX de su VIDA, y a la que se +encomendaba para que le alcanzase perdón. + +El Caballero manifestó sus deseos de cumplir hazañas en servicio de +aquellas pobres mozas, que aún aguardan el Don Quijote que enderece +su entuerto. _Pero tiempo vendrá_--les dijo--_en que las vuestras +señorías me manden y yo obedezca. Y las mozas, que no estaban hechas +a oir semejantes retóricas_ y sí soeces groserías, _no respondían +palabra; sólo le preguntaron si quería comer alguna cosa_. Cesó la +risa; sintiéronse mujeres las adoncelladas mozas del partido, y +le preguntaron si quería comer. _Si quería comer_... Hay todo un +misterio de la más sencilla ternura en este rasgo que Cervantes nos ha +trasmitido. Las pobres mozas comprendieron al Caballero calando hasta +el fondo su niñez de espíritu, su inocencia heroica, y le preguntaron +si quería comer. Fueron dos pobres pecadoras de por fuerza las primeras +que se cuidaron de mantener la vida del heroico loco. Las adoncelladas +mozas, al ver a tan extraño Caballero, debieron de sentirse conmovidas +en lo más hondo de sus injuriadas entrañas, en sus entrañas de +maternidad, y al sentirse madres, viendo en Don Quijote al niño, como +las madres a sus hijos le preguntaron materialmente si quería comer. +Toda caridad de mujer, todo beneficio, toda limosna que rinde, lo +hace por sentirse madre. Con alma de madres preguntaron las mozas del +partido a Don Quijote si quería comer. Ved, pues, si las adoncelló con +su locura, pues que toda mujer, cuando se siente madre, se adoncella. + +Si quería comer... _A lo que entiendo me haría mucho al +caso_--respondió Don Quijote--, _pues el trabajo y peso de las armas +no se puede llevar sin el gobierno de las tripas_. Y comió, y al oir, +mientras comía, el silbato de cañas de un castrador de puercos, acabóse +de confirmar _que estaba en algún famoso castillo y que le servían con +música, y que el abadejo eran truchas, el pan candial y las rameras +damas, y el ventero castellano del castillo, y con esto daba por bien +empleada su determinación y salida_. Con razón se dijo que nada hay +imposible para el creyente, ni nada como la fe sazona y ablanda el pan +más áspero y duro. + +_Mas lo que más le fatigaba era el no verse armado caballero, por +parecerle que no se podría poner legítimamente en aventura alguna sin +recebir la orden de caballería._ Y decidió hacerlo. + + + + + CAPÍTULO III + + Donde se comenta la graciosa manera que tuvo Don Quijote + en armarse caballero. + + +Va Alonso Quijano a recibir su caballeresco bautismo como Don Quijote. +Y así, hincó ambos hinojos ante el ventero pidiéndole un don, que le +fué otorgado, cual fué el de que le armara caballero, y prometiendo +velar aquella noche las armas en la capilla del castillo. Y el ventero +_por tener que reir aquella noche, determinó de seguirle el humor_, por +donde se ve que era uno de éstos que toman al mundo en espectáculo, +cosa natural en quien estaba hecho a tanto trajín y trasiego de yentes +y vinientes. ¿Cómo no tomar en espectáculo el mundo quien vive en él de +una posada en donde nadie posa de veras? El tener que separarse de uno +apenas conocido y tratado nos lleva a buscar que reir. + +Era el ventero un hombre que había corrido mundo sembrando fechorías +y cosechando prudencia. Y tan claveteada ésta, que al responder Don +Quijote a una pregunta suya _que no traía blanca porque él nunca +había leído en las historias de los caballeros andantes que ninguno +los hubiese traído_, le dijo se engañaba, que puesto caso _que en las +historias no se escribía, por haberles parecido a los autores dellas +que no era menester escrebir una cosa tan clara y tan necesaria de +traerse, como eran dineros y camisas limpias, no por eso se había de +creer que no los trujeron; y así tuviese por cierto y averiguado que +todos los caballeros andantes llevaban herradas las bolsas por lo que +pudiese sucederles_. A lo cual _prometió Don Quijote de hacer lo que se +le aconsejaba_, pues era un loco muy razonable y ante la intimación de +los dineros no hay locura que no se quiebre. + +Pero ¿no vive el sacerdote del altar?, se dirá. Y ¿no es bien que de +sus hazañas viva el hazañoso? ¡Dineros y camisas limpias! ¡Impurezas +de la realidad! Impurezas de la realidad, sí, pero a las que tienen +que acomodarse los héroes. También Íñigo de Loyola se esforzaba por +vivir en verdadero caballero andante a lo divino, tornando, apenas +salía de enfermedades, a sus acostumbradas asperezas de vida, «pero +al fin la larga experiencia y un grave dolor de estómago que a menudo +le saltaba--nos cuenta su historiador, lib. I, cap. IX--y la aspereza +del tiempo, que era en medio del invierno, le ablandaron un poco para +que obedeciese a los consejos de sus devotos y amigos; los cuales le +hicieron tomar dos ropillas cortas, de un paño grosero y pardillo, para +abrigar su cuerpo y del mismo paño una media caperuza para cubrir la +cabeza». + +Púsose luego Don Quijote a velar las armas en el patio de la venta, +a la luz de la luna y espiado por los curiosos. Y entró un arriero a +dar agua a su recua y quitó las armas que estaban sobre la pila, pues +cuando hay que dar de beber a nuestra hacienda arrancamos cuanto nos +estorbe llegar al manantial. Mas recibió su pago en un fuerte astazo de +lanza que le derribó aturdido. Y a otro, que iba a lo mismo, acaecióle +igual. Y a poco empezaron los demás arrieros a apedrear al Caballero, y +él a dar voces llamándoles _soez y baja canalla_ y los llamó _con tanto +brío y denuedo_, que logró atemorizarlos. Poned, pues, alma en vuestras +voces, llamad con denuedo y brío canalla a los arrieros que arrancan +de su reposadero las armas del ideal para poder abrevar sus recuas, y +conseguiréis atemorizarlos. + +El ventero, temeroso de otros males, abrevió la ceremonia, llevó un +libro _donde asentaba la paja y cebada que daba a los arrieros y con un +cabo de vela que traía un muchacho y con las dos ya dichas doncellas_, +hizo ponerse de rodillas a Don Quijote y leyendo una devota oración +le dió un golpe y el espaldarazo. El libro en que asentaba la paja y +cebada sirvió de evangelio ritual, y cuando el Evangelio se convierte +en puro rito es lo mismo. Una de las mozas, la Tolosa, toledana, le +_ciñó_ la espada deseándole ventura en lides y él le rogó se pusiese +Don y se llamase Doña Tolosa, y la otra moza, la Molinera, antequerana, +le calzó la espuela _y le pasó casi el mismo coloquio_ con ella. Y +luego se salió sin que le pidieran la costa. + +Ya le tenemos armado caballero por un bellaco, que harto de hurtar +la vida a salto de mata, la asegura desvalijando a mansalva a los +viandantes, y por dos rameras adoncelladas. Tales le entraron en el +mundo de la inmortalidad, en que habían de reprenderle canónigos y +graves eclesiásticos. Ellas, la Tolosa y la Molinera, le dieron de +comer; ellas le ciñeron espada y le calzaron espuelas mostrándose +con él serviciales y humildes. Humilladas de continuo en su fatal +profesión, penetradas de su propia miseria y sin siquiera el orgullo +hediondo de la degradación, fueron adoncelladas por Don Quijote y +elevadas por él a la dignidad de doñas. Fué el primer entuerto del +mundo enderezado por nuestro Caballero, y como todos los demás que +enderezó, torcido queda. ¡Pobres mujeres que sencillamente, sin +ostentación cínica, doblan la cerviz a la necesidad del vicio y a la +brutalidad del hombre, y para ganarse el pan, se resignan a la infamia! +¡Pobres guardadoras de la virtud ajena, hechas sumideros de lujuria, +que estancándose mancharía a las otras! Fueron las primeras en acoger +al loco sublime; ellas le ciñeron espada, ellas le calzaron espuela, y +de sus manos entró en el camino de la gloria. + +Y aquella vela de armas ¿no os recuerda la del caballero andante de +Cristo, la de Íñigo de Loyola? También Íñigo, la víspera de la Navidad +de 1522, veló sus armas ante el altar de Nuestra Señora de Monserrate. +Oigámoslo al P. Rivadeneira (lib. I, cap. IV): «Como hubiese leído en +sus libros de caballerías que los caballeros noveles solían velar sus +armas, por imitar él, como caballero novel de Cristo, con espiritual +representación, aquel hecho caballeroso y velar sus nuevas y al parecer +pobres y flacas armas, mas en hecho de verdad muy ricas y fuertes, que +contra el enemigo de nuestra naturaleza se había vestido, toda aquella +noche, parte en pie y parte de rodillas, estuvo velando delante de +la imagen de Nuestra Señora, encomendándose de todo corazón a ella, +llorando amargamente sus pecados y proponiendo la enmienda de la vida +para en adelante». + + + + + CAPÍTULO IV + + De lo que sucedió a nuestro Caballero cuando salió de la venta. + + +Salió de la venta Don Quijote y, acordándose de los consejos del sesudo +ventero, determinó volverse a casa a proveerse de lo necesario y a +tomar escudero. No era un necio que fuese a tiro hecho, sino un loco +que admitía las lecciones de la realidad. + +Y al volver a casa, _a acomodarse de todo_, oyó voces salientes de +la espesura de un bosque, y se entró por él y vió a un labrador que +azotaba a un muchacho _desnudo de medio cuerpo arriba_, reprendiéndole +a cada golpe. Y al ver un castigo se sublevó el espíritu de justicia +del caballero e increpó al labrador que se tomaba con quien no +podía defenderse, e invitóle a luchar con él, por ser de cobardes +lo que hacía. _Es un mi criado_--respondió con buenas palabras el +castigador--, contando después cómo le perdía ovejas de la manada, y +que al castigarle decía el criado lo hacía su amo por miserable, en lo +que mentía según el amo. _¿Miente delante de mí, ruin villano?--dijo +Don Quijote--; por el sol que nos alumbra que estoy por pasaros de +parte a parte con esta lanza; pagalde luego sin más réplica; si no, +por el Dios que nos rige, que os concluya y aniquile en este punto; +desatadlo luego._ + +¿Mentir? ¿Mentir delante de Don Quijote? Ante él sólo miente quien +reprocha de mentira a otro, siempre que el reprochador sea el más +fuerte. En el bajo y triste mundo no les queda de ordinario a los +débiles otra defensa que la mentira contra la fortaleza de los fuertes, +y así éstos, los leones, han declarado nobles sus armas, las recias +quijadas y las robustas garras, y viles el veneno de la víbora, las +patas veloces de la liebre, la astucia del zorro y la tinta del +calamar, y vilísima la mentira, arma de quien no tiene otra a que +acogerse. Pero ¿mentir ante Don Quijote, o mejor dicho, mentir a solas +con quien sabe la verdad? Quien miente es el fuerte, que teniendo +atado y azotando al débil, le echa en cara su mentira. ¿Miente? ¿Y +por qué él, Juan Haldudo el rico, al ser cogido en flagrante delito, +va a aumentarlo ejerciendo de acusador, de diablo? Todo amo que se +toma la justicia por su mano, tiene que hacer de diablo para poder +tomársela e inventar imputaciones. Siempre el fuerte busca razones con +que cohonestar sus violencias, cuando en rigor basta la violencia, que +es razón de sí misma, y sobran las razones. Es preferible un pisotón +a secas, cuando nos lo dan adrede, que no con un «usted dispense» de +añadidura. + +Bajó el rico labrador la cabeza--¿y qué iba a hacer ante la verdad, +que armada de lanzón, le hablaba amenazadora?--, bajó la cabeza sin +responder, desató al criado y ofreció, so pena de muerte, pagarle +sesenta y tres reales cuando llegaran a casa, pues no tenía allí +dinero. Resistióse el mozo a ir, por miedo a nueva paliza, mas Don +Quijote replicó: _no hará tal, basta que yo se lo mande para que me +tenga respeto, y con que él me lo jure por la ley de caballería que ha +recebido, le dejaré ir libre y aseguraré la paga_. Protestó el criado, +diciendo no ser caballero su amo, sino Juan Haldudo el rico, vecino +del Quintanar, a lo que respondió Don Quijote que puede haber Haldudos +caballeros _y cada uno es hijo de sus obras_. Lo de haberle tomado +por caballero Don Quijote vino de que vió _tenía una lanza arrimada +a la encina adonde estaba arrendada la yegua_, y ¿quiénes sino los +caballeros usan lanza?, ni ¿cómo sino por ella va a conocérseles? + +Notemos aquel _no hará tal, basta que yo se lo mande para que me tenga +respeto_, sentencia probadora de la honda fe del caballero en sí mismo, +fe en que se ensalzaba, pues no teniendo aún obras, creíase hijo de las +que pensaba acometer y por las que cobraría eterno nombre y fama. Poco +cristiano a primera vista lo de tener a un hijo de Dios por hijo de sus +obras, mas es que el cristianismo de Don Quijote estaba más adentro, +mucho más adentro, por debajo de gracia de fe y de mérito de obras, en +la raíz común a la naturaleza y a la gracia. + +Prometido, pues, por Juan Haldudo el rico, el pagar a su criado un +real sobre otro y aun sahumados, sahumerio de que le hizo gracia Don +Quijote, encomendándole cumpliera como juró, pues de otro modo juraba +él volver a buscarlo y castigarle, pues tendría que hallarlo aunque se +escondiese más que una lagartija; prometido así por Juan Haldudo, se +apartó Don Quijote. Y cuando hubo traspuesto el bosque y ya no parecía, +volvióse el rico Haldudo a su criado, tornó a atarle a la encina y le +hizo pagar cara la justicia de Don Quijote. Y con esto el criado _se +partió llorando y su amo se quedó riendo; y de esta manera deshizo el +agravio el valeroso Don Quijote_--agrega Cervantes maliciosamente. Y +con él maliciarán cuantos hablan de lo contraproducente del ideal. Mas +ahora, ¿ahora quién ríe y quién llora ahora? El caballero se fué su +camino, lleno de fe, ponderando su hazaña y cómo quitó el látigo de la +mano _a aquel despiadado enemigo que tan sin ocasión vapulaba a aquel +delicado infante_. Al cual le fué sin duda de mayor premio la segunda +tanda de azotes con que le dejó por muerto su amo, que no la primera +y sin duda muy merecida en justicia humana. Más le valieron y más le +enseñaron aquellos segundos furiosos azotes, que le hubieran valido y +enseñado los sesenta y tres reales sahumados. Aparte de lo cual, tienen +las aventuras todas de nuestro Caballero su flor en el tiempo y en la +tierra, pero sus raíces en la eternidad, y en la eternidad y en los +profundos, el entuerto del criado de Juan Haldudo el rico, quedó muy +bien y para siempre enderezado. + +Siguió Don Quijote el camino que a Rocinante le placía, pues todos +ellos llevan a la eternidad de la fama cuando el pecho alberga +esforzado empeño. También Íñigo de Loyola, cuando camino de Monserrate, +se separó del moro con quien había disputado, determinó dejar a la +cabalgadura en que iba la elección de camino y de porvenir. Y yendo así +Don Quijote, es cuando dió con aquel tropel de mercaderes toledanos que +iban a comprar seda a Murcia. Y vió nueva aventura y se plantó ante +ellos como Cervantes nos lo cuenta, y quiso hacerlos confesar, ¡a los +mercaderes!, que _no hay en el mundo todo doncella más hermosa que la +emperatriz de la Mancha, la sin par Dulcinea del Toboso_. + +Los corazones mezquinos que sólo miden la grandeza de las acciones +humanas por el bajo provecho de la carne o el sosiego de la vida +externa, alaban el intento de Don Quijote al querer hacer pagar a +Haldudo el rico o al socorrer a menesterosos, pero no ven sino mera +locura en esto de querer que los mercaderes confesasen, sin haberla +nunca visto, la sin par hermosura de Dulcinea del Toboso. Y ésta es, +sin embargo, una de las más quijotescas aventuras de Don Quijote, es +decir, una de las que más levantan el corazón de los redimidos por +su locura. Aquí Don Quijote no se dispone a pelear por favorecer a +menesteroso, ni por enderezar entuerto, ni por reparar injusticia, sino +por la conquista del reino espiritual de la fe. Quería hacer confesar +a aquellos hombres, cuyos corazones amonedados sólo veían el reino +material de las riquezas, que hay un reino espiritual y redimirlos así, +a pesar de ellos mismos. + +Los mercaderes no se rindieron a primeras, y duros de pelar, +acostumbrados a la sisa y al regateo, regatearon la confesión, +disculpándose con no conocer a Dulcinea. Y aquí Don Quijote monta en +quijotería y exclama: _Si os la mostrara ¿qué hiciérades vosotros en +confesar una verdad tan notoria? La importancia está en que sin verla +lo habéis de creer, confesar, afirmar, jurar y defender._ ¡Admirable +caballero de la fe! ¡Y cuán hondo su sentido de ésta! Era de su pueblo, +que fué también tizona en la diestra y en la siniestra el Cristo, a +hacer confesar a remotas gentes un credo que no conocían. Sólo que +alguna vez cambió de manos y erigió en alto la espada y golpeó con el +crucifijo. _Gente descomunal y soberbia_ llamó con razón Don Quijote +a los mercaderes toledanos, pues ¿cuál mayor soberbia que negarse a +confesar, afirmar, jurar y defender la hermosura de Dulcinea, sin +haberla visto? Mas ellos, retusos en la fe, insistieron, y como los +contumaces judíos, que pedían al Señor señales, pidieron al Caballero +les mostrase algún retrato de aquella señora, aunque fuera _tamaño como +un grano de trigo_, y añadiendo a la contumacia protervia, blasfemaron. + +Blasfemaron, suponiendo a la sin par Dulcinea, lucero de nuestras +andanzas por los senderos de esta baja vida, consuelo en las +adversidades, manadero de acometedores bríos, doncella engendradora +de altas empresas, por quien es llevadera la vida y vividera la +muerte; supusieron a la sin par Dulcinea _tuerta de un ojo y que +del otro le mana bermellón y piedra azufre. No le mana, canalla +infame--respondió Don Quijote encendido en cólera--, no le mana eso +que decís, sino ámbar y algalia entre algodones, y no es tuerta ni +corcovada, sino más derecha que un huso de Guadarrama._ ¡No le mana! +¡no le mana!--repitamos nosotros todos--, ¡no le mana! ¡no le mana!, +infames mercaderes, ¡no le mana sino ámbar y algalia entre algodones! +Ámbar mana de los ojos de la Gloria que con ellos nos mira, infames +mercaderes. + +Y para hacerles pagar y cara, tan gran blasfemia, arremetió Don Quijote +con la lanza baja contra el que lo había dicho _con tanta furia y +enojo, que si la buena suerte no hiciera que en la mitad del camino +tropezara y cayera Rocinante lo pasara mal el atrevido mercader_. + +Ya está en el suelo Don Quijote, gustando con sus costillas la dureza +de la madre tierra; es su primer caída. Parémonos a considerarla. +_Cayó Rocinante, y fué rodando_ su amo una buena pieza por el campo, y +queriéndose _levantar, jamás pudo: tal embarazo le causaban la lanza, +adarga, espuelas y celada con el peso de las antiguas armas_. Ya diste +en tierra, mi señor Don Quijote, por fiar en tu propia fortaleza y +en la fortaleza de aquel rocín a cuyo instinto fiabas tu camino. Tu +presunción te ha perdido; el creerte hijo de tus obras. Ya diste en +tierra, mi pobre hidalgo, y en ella tus armas antes te sirven de +embarazo que de ayuda. Mas no te importe, pues tu triunfo fué siempre +el de osar y no el de cobrar suceso. La que llaman victoria los +mercaderes era indigna de ti; tu grandeza estribó en no reconocer nunca +tu vencimiento. Sabiduría del corazón y no ciencia de la cabeza es la +de saber ser derrotado y usar de la derrota. Hoy son los mercaderes +toledanos los que están en derrota y en gloria tú, noble Caballero. + +Y desde el suelo, tendido en él y pugnando por levantarse, aún los +denostabas llamándolos _gente cobarde, gente cautiva_ y haciéndoles ver +que no por tu culpa, sino por la de tu caballo, estabas allí tendido. +Tal nos sucede a nosotros, tus creyentes; no por nuestra culpa, sino +por la culpa de los rocines que nos llevan por los senderos de la +vida, estamos tendidos y sin poder levantarnos, pues nos embaraza +para hacerlo el peso de la antigua armadura que nos cubre. ¿Quién nos +desnudará de ella? + +Y llegó un mozo de mulas, _que no debía de ser muy bienintencionado_, +según Cervantes, _y oyendo decir al pobre caído tantas arrogancias no +lo pudo sufrir, sin darle la respuesta en las costillas_ y le molió a +palos _hasta envidar todo el resto de su cólera_ y sin hacer caso a +las voces de sus amos de que le dejase. Ahora, ahora que estás tendido +y sin poder levantarte, mi señor Don Quijote, ahora viene el mozo de +mulas, peor intencionado que los mercaderes a que sirve, y te da de +palos. Pero tú, sin par Caballero, molido y casi deshecho, tiéneste +por dichoso, pareciéndote ser ésa _propia desgracia de caballeros +andantes_, y con este tu parecer encumbras tu derrota, trasmudándola en +victoria. ¡Ah, si nosotros, tus fieles, nos tuviésemos por dichosos de +haber sido molidos a palos, desgracia propia de caballeros andantes! +Más vale ser león muerto que no perro vivo. + +Esta aventura de los mercaderes trae a mi memoria aquella otra del +caballero Íñigo de Loyola, que nos cuenta el P. Rivadeneira en el +capítulo III del libro I de su VIDA, cuando yendo Ignacio camino de +Monserrate «topó acaso con un moro de los que en aquel tiempo quedaban +en España en los reinos de Valencia y Aragón» y «comenzaron a andar +juntos, y a trabar plática, y de una en otra vinieron a tratar de +la virginidad y pureza de la gloriosísima Virgen Nuestra Señora». Y +tal se puso la cosa, que Íñigo, al separarse del moro, quedó «muy +dudoso y perplejo en lo que había de hacer; porque no sabía si la fe +que profesaba y la piedad cristiana le obligaba a darse priesa tras +el moro, y alcanzarle y darle de puñaladas por el atrevimiento y +osadía que había tenido de hablar tan desvergonzadamente en desacato +de la bienaventurada siempre Virgen sin mancilla». Y al llegar a una +encrucijada, se lo dejó a la cabalgadura, según el camino que tomase, +o para buscar al moro y matarle a puñaladas o para no hacerle caso. Y +Dios quiso iluminar a la cabalgadura y «dejando el camino ancho y llano +por do había ido el moro, se fué por el que era más apropósito para +Ignacio». Y ved cómo se debe la Compañía de Jesús a la inspiración de +una caballería. + + + + + CAPÍTULO V + + Donde se prosigue la narración de la desgracia de nuestro Caballero. + + +Tendido Don Quijote en tierra se acogió a uno de los pasos de sus +libros, como a pasos de los nuestros nos acogemos en nuestra derrota, y +comenzó a revolcarse por tierra y a recitar coplas. En lo cual debemos +ver algo así como cierta deleitación en la derrota y un convertir +a ésta en sustancia caballeresca. ¿No nos está pasando lo mismo en +España? ¿No nos deleitamos en nuestra derrota y sentimos cierto gusto, +como el de los convalecientes, en la propia enfermedad? + +Y acertó a pasar Pedro Alonso, un labrador vecino suyo, que le levantó +del suelo, le reconoció, le recogió y le llevó a su casa. Y no se +entendieron en el camino, en la plática que hubieron entre ambos, +plática de que sin duda tuvo noticia Cervantes por el mismo Pedro +Alonso, varón sencillo y de escasas comprendederas. Y en esta plática +es cuando Don Quijote pronunció aquella sentencia tan preñada de +sustancia que dice: _¡Yo sé quién soy!_ + +Sí, él sabe quién es y no lo saben ni pueden saberlo los piadosos +Pedros Alonsos. _¡Yo sé quién soy!_--dice el héroe--, porque su +heroísmo le hace conocerse a sí propio. Puede el héroe decir: «yo sé +quién soy», y en esto estriba su fuerza y su desgracia a la vez. Su +fuerza, porque como sabe quién es, no tiene porqué temer a nadie sino +a Dios que le hizo ser quien es, y su desgracia, porque sólo él sabe, +aquí en la tierra, quién es él, y como los demás no lo saben, cuanto él +haga o diga se les aparecerá como hecho o dicho por quien no se conoce, +por un loco. + +Cosa tan grande como terrible la de tener una misión de que sólo es +sabedor el que la tiene y no puede a los demás hacerles creer en ella; +la de haber oído en las reconditeces del alma la voz silenciosa de Dios +que dice: «tienes que hacer esto», mientras no les dice a los demás: +«este mi hijo que aquí veis tiene esto que hacer». Cosa terrible haber +oído: «haz eso; haz eso que tus hermanos, juzgando por la ley general +con que os rijo, estimarán desvarío o quebrantamiento de la ley misma; +hazlo, porque la ley suprema soy Yo que te lo ordeno». Y como el héroe +es el único que lo oye y lo sabe y como la obediencia a ese mandato y +la fe en él es lo que le hace, siendo por ello héroe, ser quien es, +puede muy bien decir: «yo sé quién soy, y mi Dios y yo sólo lo sabemos +y no lo saben los demás». Entre mi Dios y yo--puede añadir--no hay ley +alguna medianera; nos entendemos directa y personalmente, y por eso +sé quién soy. ¿No recordáis al héroe de la fe, a Abraham, en el monte +Moria? + +Grande y terrible cosa el que sea el héroe el único que vea su +heroicidad por dentro, en sus entrañas mismas, y que los demás no la +vean sino por fuera, en sus extrañas. Es lo que hace que el héroe +viva solo en medio de los hombres y que esta su soledad le sirva de +una compañía confortadora; y si me dijerais que alegando semejante +revelación íntima podría cualquiera, con achaque de sentirse héroe +suscitado por Dios, levantarse a su capricho, os diré que no basta +decirlo y alegarlo, sino es menester creerlo. No basta exclamar «¡yo +sé quién soy!», sino es menester saberlo, y pronto se ve el engaño del +que lo dice y no lo sabe y acaso ni lo cree. Y si lo dice y lo cree, +soportará resignado la adversidad de los prójimos que le juzgan con la +ley general, y no con Dios. + +_¡Yo sé quién soy!_ Al oir esta arrogante afirmación del Caballero, +no faltará quien exclame: «¡Vaya con la presunción del hidalgo!... +Llevamos siglos diciendo y repitiendo que el ahinco mayor del +hombre debe ser el de buscar conocerse a sí mismo, y que del propio +conocimiento arranca toda salud, y se nos viene el muy presuntuoso con +un redondo: _¡yo sé quién soy!_ Esto sólo basta para medir lo hondo de +su locura». + +Pues bien, te equivocas tú el que dices eso; Don Quijote discurría con +la voluntad, y al decir «¡yo sé quién soy!» no dijo sino «yo sé quién +quiero ser!». Y es el quicio de la vida humana toda: saber el hombre +lo que quiere ser. Te debe importar poco lo que eres; lo cardinal para +ti es lo que quieras ser. El ser que eres no es más que un ser caduco +y perecedero, que come de la tierra y al que la tierra se lo comerá un +día; el que quieres ser es tu idea en Dios, Conciencia del Universo, es +la divina idea de que eres manifestación en el tiempo y el espacio. Y +tu impulso querencioso hacia ese que quieres ser, no es sino la morriña +que te arrastra a tu hogar divino. Sólo es hombre hecho y derecho el +hombre, cuando quiere ser más que hombre. Y si tú, que así reprochas +su arrogancia a Don Quijote, no quieres ser sino lo que eres, estás +perdido, irremisiblemente perdido. Estás perdido si no despiertas en +tus entrañas a Adán y su feliz culpa, la culpa que nos ha merecido +redención. Porque Adán quiso ser como un dios, sabedor del bien y del +mal, y para llegar a serlo comió del prohibido fruto del árbol de la +ciencia, y se le abrieron los ojos y se vió sujeto al trabajo y al +progreso. Y desde entonces empezó a ser más que hombre, tomando fuerzas +de su flaqueza y haciendo de su degradación su gloria y del pecado +cimiento de su redención. Y hasta los ángeles le envidiaron, pues nos +dice el P. Gaspar de la Figuera, jesuita, en su SUMA ESPIRITUAL, y +cuando él nos lo asegura lo sabrá de buena tinta, que Lucifer y sus +compañeros se agradaron a sí mismos, pareciéndose bien, y que «cuando +llegó el mandato de Dios que adorasen a Cristo todos sus ángeles, +revelándoles que había Dios de hacerse hombre y ser niño y morir, +tuviéronle a gran mengua de su naturaleza espiritual, y se afrentaron +de ello; de manera que quisieron más privarse de la gracia de Dios +y de la gloria que les podía dar, que venir a tal desprecio». Y así +se comprende que el ángel caído no tenga redención--si es que no la +tiene--y la tenga el hombre caído; porque aquél cayó por agradarse a +sí mismo y de sí mismo contentarse, cayó por soberbia, y el hombre por +querer ser más que es, por ambición. Cayó el ángel por soberbio y caído +queda; cayó el hombre por ambicioso y se levanta a más alto asiento que +de donde cayera. + +Sólo el héroe puede decir «¡yo sé quién soy!», porque para él ser es +querer ser; el héroe sabe quién es, quién quiere ser, y sólo él y Dios +lo saben, y los demás hombres apenas saben ni quién son ellos mismos, +porque no quieren de veras ser nada, ni menos saben quién es el héroe; +no lo saben los piadosos Pedros Alonsos que le levantan del suelo. +Conténtense con levantarle del suelo y recogerle a su hogar, sin ver en +Don Quijote mas que a su vecino Alonso Quijano, y aguardar a que sea de +noche para que al entrarlo al pueblo no vean _al molido hidalgo tan mal +caballero_. + +Entre tanto, estaban el cura y el barbero del lugar con el ama y la +sobrina de Don Quijote, comentando su ausencia y ensartando muchos más +disparates que ensartara el Caballero. Llegó éste, y sin hacerles gran +caso, comió y acostóse. + + + + + CAPÍTULO VI + + +Aquí inserta Cervantes aquel capítulo VI en que nos cuenta _el donoso y + grande escrutinio que el cura y el barbero hicieron en la librería de +nuestro ingenioso hidalgo_, todo lo cual es crítica literaria que debe +importarnos muy poco. Trata de libros y no de vida. Pasémoslo por alto. + + + + + CAPÍTULO VII + +De la segunda salida de nuestro buen Caballero Don Quijote de la Mancha. + + +Sus anhelos interrumpiéronle el sueño a Don Quijote, pues hasta en +sueños quijoteaba, pero volvió a dormirse. Y volvió a dormirse para +encontrarse al despertar con que Frestón, el encantador, se le había +llevado los libros, creyendo el incauto que con ellos le llevaba el +generoso aliento. Y en apoyo de Frestón acudió la sobrina, rogando +a su tío se dejase de pendencias y de ir por el mundo _a buscar pan +de trastrigo_, sin percatarse de que es el pan de trastrigo el que +hace al hombre tras-hombre, o como dicen hoy, sobre-hombre. También +para disuadir a Íñigo de Loyola de que saliese a buscar aventuras en +Cristo, acudió su hermano mayor Martín García de Loyola, para que no +se arrojase a cosa «que no sólo nos quite lo que de vos esperamos--le +dijo, según el P. Rivadeneira, libro I, cap. III--, sino también +mancille nuestro linaje con perpetua infamia y deshonra». Pero Íñigo le +respondió con pocas palabras, que él miraría por sí y se acordaría que +había nacido de buenos, y salió de caballero andante. + +Quince días se estuvo sosegado en casa nuestro Caballero y en este +tiempo solicitó _a un labrador vecino suyo, hombre de bien pero de muy +poca sal en la mollera_, gratuita afirmación de Cervantes, desmentida +luego por el relato de sus donaires y agudezas. En rigor no cabe +hombría de bien, verdadera hombría de bien no habiendo sal en la +mollera, visto que en realidad ningún majadero es bueno. Solicitó Don +Quijote a Sancho y le persuadió a que fuese su escudero. + +Ya tenemos en campaña a Sancho el bueno, que dejando mujer e hijos, +como pedía el Cristo a los que quisieran seguirle, _se asentó por +escudero de su vecino_. Ya está completado Don Quijote. Necesitaba a +Sancho. Necesitábalo para hablar, esto es, para pensar en voz alta sin +rebozo, para oirse a sí mismo y para oir el rechazo vivo de su voz en +el mundo. Sancho fué su coro, la humanidad toda para él. Y en cabeza de +Sancho ama a la humanidad toda. + +«Ama a tu prójimo como a ti mismo»--se nos dijo--, y no «ama a la +Humanidad», porque ésta es un abstracto que cada cual concreta en sí +mismo, y predicar amor a la Humanidad vale, por consiguiente, tanto +como predicar el amor propio. Del cual estaba, por pecado original, +lleno Don Quijote, no siendo su carrera toda sino una depuración de +él. Aprendió a amar a todos sus prójimos amándolos en Sancho, pues es +en cabeza de un prójimo y no en la comunidad, donde se sana a todos +los demás; amor que no cuaja sobre individuo, no es amor de verdad. Y +quien de veras ama a otro ¿cómo podrá odiar a nadie? Y quien a alguien +odie ¿no le emponzoñará este odio los amores que tuviese? O más bien +le emponzoñará el amor, no los amores, porque es uno y solo, aunque se +vierta sobre muchos términos. + +De la parte de Sancho empecemos a admirar su fe, la fe que por el +camino de creer sin haber visto le lleva a la inmortalidad de la fama, +antes ni aun soñada por él siquiera, y al esplendor de su vida. Por +toda la eternidad puede decir: «Soy Sancho Panza, el escudero de Don +Quijote». Y ésta es y será su gloria por los siglos de los siglos. + +Se dirá que a Sancho le sacó de su casa la codicia, así como la +ambición de gloria a Don Quijote, y que así tenemos en amo y escudero, +por separado, los dos resortes que juntos en uno han sacado de sus +casas a los españoles. Pero aquí lo maravilloso es que en Don Quijote +no hubo ni sombra de codicia que le moviese a salir, y que la de Sancho +no dejaba de tener, aun sin él saberlo, su fondo de ambición, ambición +que creciendo en el escudero a costa de la codicia, hizo que la sed de +oro se le trasformase al cabo en sed de fama. Tal es el poder milagroso +del ansia pura de renombre y fama. + +¿Y quién se esquiva de la codicia y quién de la ambición? Temíalas +Íñigo de Loyola, y tanto las temía, que cuando D. Fernando de Austria, +rey de Hungría, nombró al P. Claudio Jayo obispo de Trieste y lo aprobó +el Papa, acudió a éste Íñigo para estorbarlo, pues no quería que sus +hijos espirituales «deslumbrados y ciegos con el engañoso y aparente +esplendor de las mitras y dignidades, viniesen a la Compañía, no por +huir de la vanidad del mundo, sino por buscar en ella al mismo mundo» +(Rivadeneira, lib. III, cap. XV). ¿Y lo consiguió? Ese huir de las +dignidades y prelacías de la Iglesia ¿no puede envolver más refinada +soberbia que el aceptarlas y aun que el buscarlas acaso? Porque «¿qué +mayor engaño que buscar por medio de la humildad ser honrado y estimado +de los hombres? y ¿qué mayor soberbia que pretender ser tenido por +humilde?»--dice un hijo espiritual de Loyola, el P. Alonso Rodríguez, +en el cap. XIII del tratado tercero de su libro EJERCICIO DE PERFECCIÓN +Y VIRTUDES CRISTIANAS. Y la soberbia ¿no se pasaría de los individuos +a la Compañía misma, haciéndose colectiva? ¿Qué sino soberbia refinada +es pretender, como pretenden los hijos de Loyola, que se salva todo el +que muere dentro de la Compañía, y de los que no entraron en ella no se +salvan todos? + +La soberbia, la refinada soberbia, es la de abstenerse de obrar por +no exponerse a la crítica. El acto más grande de humildad es el de un +Dios que crea un mundo que no añade un adarme a su gloria, y luego un +linaje humano para que se lo critique, y si deja cabos que presten +apoyo, siquiera aparente, a esa crítica, tanta mayor humildad. Y pues +Don Quijote se lanzó a obrar y se expuso a que los hombres se burlasen +de su obra, fué uno de los más puros dechados de verdadera humildad, +aunque otra cosa nos finjan las engañosas apariencias. Y con esa +humildad arrastró tras de sí a Sancho convirtiéndole la codicia en +ambición y la sed de oro en sed de gloria, único medio eficaz de curar +la codicia y sed de oro. + +Reunió luego Don Quijote dineros _vendiendo una cosa y empeñando otra y +malbaratándolas todas_, en obediencia al consejo del ventero gordo. Era +nuestro Caballero un loco razonable y no ente de ficción, como creen +los mundanos, sino de los hombres que han comido y bebido y dormido y +muerto. + +Proveyóse Sancho de asno y alforjas, de camisas y otras prendas Don +Quijote, y sin _despedirse Panza de sus hijos y mujer, ni Don Quijote +de su ama y sobrina_, rompiendo así varonilmente las amarras de la +carne pecadora, _una noche se salieron del lugar sin que persona los +viese_. Segunda vez que sale el Caballero al mundo sin que se le +vea y al amparo de la oscuridad. Mas ahora no va solo; lleva a la +Humanidad consigo. Y salieron platicando; recordando Panza a su amo +lo de la ínsula. En lo cual quieren ver los maliciosos una vez más su +codiciosidad y que por ella servía a su amo, sin caer en la cuenta de +que prueba más quijotismo seguir a un loco un cuerdo, que seguir el +loco sus propias locuras. La fe se pega, y es tan robusta y ardorosa +la de Don Quijote, que rebasa a los que le quieren, y quedan llenos +de ella sin que a él se le amengüe, sino más bien le crezca. Pues tal +es la condición de la fe viva: crece vertiéndose y repartiéndose se +aumenta. ¡Como que es, si verdadera y viva, amor! + +¡Maravillas de la fe! No bien ha salido con su amo, y ya el buen Sancho +sueña con ser rey y reina Juana Gutiérrez, su oíslo, y sus hijos +infantes. ¡Todo para la casa! Mas por causa de su mujer--siempre la +mujer es causa de tropiezo--duda de ello; no hay reino que a ella le +siente bien. _Encomiéndalo tú a Dios, que Él le dará lo que más le +convenga_--le respondió el piadoso Don Quijote. Y tocado de piedad, +dijo Sancho que su amo sabría darle todo aquello que le estuviera bien +y él pudiese llevar. ¡Oh Sancho bueno, Sancho sencillo, Sancho piadoso! +No pides ya ínsula, ni reino, ni condado, sino lo que el amor de tu amo +sepa darte. Éste es el más sano pedir. Lo aprendiste en lo de «hágase +tu voluntad así en la tierra como en el cielo». Pidamos todos tomar a +bien lo que por mal nos dieren, y habremos pedido cuanto hay que pedir. + + + + + CAPÍTULO VIII + + Del buen suceso que el valeroso Don Quijote tuvo en la espantable y +jamás imaginada aventura de los molinos de viento, con otros sucesos de + feliz recordación. + + +En tales pláticas iban cuando _descubrieron treinta o cuarenta molinos +que hay en aquel campo_. Y Don Quijote los tomó por desaforados +gigantes, y sin hacer caso de Sancho, encomendóse de todo corazón a su +señora Dulcinea, y arremetió a ellos, dando otra vez con su cuerpo en +tierra. + +Tenía razón el Caballero: el miedo y sólo el miedo le hacía a Sancho y +nos hace a los demás, simples mortales, ver molinos de viento en los +desaforados gigantes que siembran mal por la tierra. Aquellos molinos +molían pan, y de ese pan comían hombres endurecidos en la ceguera. Hoy +no se nos aparecen ya como molinos, sino como locomotoras, dínamos, +turbinas, buques de vapor, automóviles, telégrafos con hilos o sin +ellos, ametralladoras y herramientas de ovariotomía, pero conspiran +al mismo daño. El miedo y sólo el miedo sanchopancesco nos inspira el +culto y veneración al vapor y a la electricidad; el miedo y sólo el +miedo sanchopancesco nos hace caer de hinojos ante los desaforados +gigantes de la mecánica y la química, implorando de ellos misericordia. +Y al fin rendirá el género humano su espíritu agotado de cansancio y +de hastío al pie de una colosal fábrica de elixir de larga vida. Y el +molido Don Quijote vivirá, porque buscó la salud dentro de sí y se +atrevió a arremeter a los molinos. + +Llegóse Sancho a su amo y le recordó sus advertencias, que _no eran +sino molinos de viento y no lo podía ignorar sino quien llevase otros +tales en la cabeza_. Claro está, amigo Sancho, claro está; sólo quien +lleve en la cabeza molinos, de los que muelen y hacen con el bruto +trigo que por los sentidos nos entra, harina de pan espiritual, sólo +quien lleve molinos molederos puede arremeter a los otros, a los +aparenciales, a los desaforados gigantes disfrazados de ellos. Es +en la cabeza, amigo Sancho, es en la cabeza donde hay que llevar la +mecánica, y la dinámica y la química y el vapor y la electricidad, y +luego... arremeter a los artefactos y armatostes en que los encierran. +Sólo el que lleva en su cabeza la esencia eterna de la química, quien +sepa sentir en la ley de sus afectos la ley universal de los afectos +de las partículas materiales, quien sienta que el ritmo del universo +es el ritmo de su corazón, sólo ése no tiene miedo al arte de formar o +transformar drogas o al de armar aparatos de maquinaria. + +Lo peor fué que en esta acometida se le rompió la lanza a Don Quijote. +Es lo que pueden esos gigantes, rompernos las armas pero no el corazón. +Mas sobran encinas y robles con que reponerlas. + +Y siguieron su camino, sin quejarse Don Quijote, pues no les es dado +hacerlo a los caballeros andantes, y sin haber querido comer cuando +Sancho se acomodó a ello. Y de camino comía Sancho y caminaba, y +menudeaba tragos que le hacían olvidar las promesas de su amo y tener +por mucho descanso el andar a busca de aventuras. Nefasto poder de las +tripas, que oscurece la memoria y enturbia la fe, atándonos al momento +pasajero. Mientras se come y se bebe, se es de la comida y de la +bebida. Y llegó la noche y se la pasó Don Quijote pensando en su señora +Dulcinea, y Sancho durmiendo el bendito, sin soñar. Y fué entonces +cuando recomendó Don Quijote a Sancho que no pusiese mano a la espada +para defenderle, no siendo de canalla y gente baja. Al hombre esforzado +antes le estorban que le ayudan las defensas de sus secuaces. + +Y fué también, estando en esta plática, cuando les ocurrió la aventura +del vizcaíno, cuando salió Don Quijote a libertar a la princesa que se +llevaban encantada dos frailes de San Benito. Los cuales intentaron +amansar al Caballero, pero le hizo saber a aquella fementida canalla +que los conocía y no había con él palabras blandas. Y dicho esto, los +puso en huida. Y al ver al uno de ellos en el suelo, arremetió Sancho a +desnudarlo, atento sin duda a lo de que el hábito no hace al monje. + +¡Ah, Sancho, Sancho, y cuán de tierra eres! ¡Desnudar frailes! ¿Y qué +ganas con eso? Así te fué, que los mozos te molieron a coces por ello. + +Obsérvese cómo Sancho apenas se encuentra en una aventura cuando acude +al punto al botín, mostrando en ello cuán de su casta era. Y pocas +cosas elevan más a Don Quijote que su desprecio de las riquezas del +mundo. Tenía el Caballero lo mejor de su casta y de su pueblo. No salió +a campaña como el Cid «al sabor de la ganancia» y para «perder cueta y +venir a rictad» (POEMA DEL CID, V. 1689), ni habría dicho nunca lo que +dicen que dijo Francisco Pizarro en la isla del Gallo cuando haciendo +con la espada una raya en el suelo, de naciente a poniente, y señalando +al mediodía como su derrotero, exclamó: «Por aquí se va al Perú a ser +ricos; por acá se va a Panamá a ser pobres; escoja el que sea buen +castellano lo que mejor le estuviere». De otro temple era Don Quijote; +nunca buscó oro. Y al mismo Sancho que empezó buscándolo, le veremos +ir cobrando poco a poco afición y amor a la gloria, y fe en ella, +fe a que le llevaba Don Quijote, y hay que convenir en que nuestros +mismos conquistadores de América unieron siempre a su sed de oro sed +de gloria, sin que se logre en cada caso separar la una de la otra. De +gloria y de riqueza a la vez dicen que habló a sus compañeros Vasco +Núñez de Balboa en aquel glorioso 25 de setiembre de 1513 en que de +rodillas y anegados por el gozo en lágrimas sus ojos, descubrió desde +la cima de los Andes, en el Darien, el mar nuevo. + +Lo triste es que la gloria fué de ordinario una alcahueta de la +codicia. Y la codicia, la innoble codicia, nos perdió. Nuestro pueblo +puede decir lo que dice en el grandioso poema PATRIA, da Guerra +Junqueiro, el pueblo portugués: + + Novos mundos eu vi, novos espaços, + Não para mais saber, mais adorar: + A cubiça feroz guiou meus passos, + O orgulho vingador moveu meus braços + E iluminou a raiva o meu olhar! + Não te lavava, não, sangue homicida, + Nem em mil milhões d'annos a chorar!... + Cruz do Golgota en ferro traduzida, + Minha espada de heroe, o cruz de morte, + Cruz a que Deos baixou por nos dar vida; + Vidas ceifando, deshumana e forte, + Ergueste imperios, subjugando a Oriente, + Mas Deos soprou... eil-os em nada... + +Luego de la aventura de Sancho, acudió el generoso Caballero a la +princesa, a darle la buena nueva de su liberación, pues los frailes +que la llevaban seducida habían huido, sin advertir, ¡oh ceguera de +la nobleza!, que acaso llevaba ella la frailería dentro. Y le pidió +en pago del beneficio de haberla libertado, que se volviese al Toboso +a presentarse a Dulcinea. No contaba con el vizcaíno, que le habló +en _mala lengua castellana y peor vizcaína_, lo cual es muy cierto, +pues cabe dudar que D. Sancho de Azpeitia hablase puntualmente como +Cervantes le hace hablar. Con frecuencia se cita las palabras de D. +Sancho de Azpeitia no más que para hacer chacota, aunque respetuosa y +cariñosa a las veces, del modo de hablar de nosotros los vizcaínos. +Cierto es que hemos tardado en aprender la lengua de Don Quijote y +tardaremos aún en llegar a manejarla a nuestra guisa, mas ahora que +empezamos a dar en ella nuestro espíritu, que fué hasta ahora casi +mudo, habéis de oir... Pudo decir Tirso de Molina aquello de + + Vizcaíno es el hierro que os encargo, + Corto en palabras, pero en obras largo; + +mas habrá que oirnos cuando alarguemos nuestras palabras a la medida de +nuestras largas obras. + +Don Quijote, tan pronto en llamar caballero a quien se le pusiera +delante, nególe al vizcaíno tal cualidad, olvidando que a la gente +vasca--entre los que me cuento--, según Tirso de Molina, + + Un nieto de Noé la dió nobleza, + que su hidalguía no es de ejecutoria + ni mezcla con su sangre, lengua o traje + mosaica infamia que la suya ultraje. + +¿No conocía Don Quijote las palabras de don Diego López de Haro, tal +cual le hace hablar Tirso de Molina en la escena primera del acto +segundo de LA PRUENCIA EN LA MUJER, cuando empieza diciendo: + + Cuatro bárbaros tengo por vasallos + a quien Roma jamás conquistar pudo, + que sin armas, sin muros, sin caballos + libres conservan su valor desnudo? + +¿Ni sabía aquello que había ya dicho Camoens en la estrofa oncena del +cuarto canto de sus LUSIADAS de + + A gente biscainha que carece + de polidas razões, e que as injurias + muito mal dos estranhos compadece? + +Por lo menos ya que LA ARAUCANA de don Alonso de Ercilla y Zúñiga, +caballero vizcaíno, era uno de los libros que se hallaban en su +librería, y de los respetados en el escrutinio, tuvo que haber leído +aquello de su canto XXVII, en que habla de + + la aspereza + de la antigua Vizcaya, de do es cierto + que procede y se extiende la nobleza + por todo lo que vemos descubierto. + +_¿Yo no caballero?_--replicó justamente ofendido el vizcaíno, y +encontráronse frente a frente dos Quijotes. Por esto es tan prolijo +Cervantes al narrarnos este suceso. + +Requerido por el vizcaíno, arrojó el manchego la lanza, sacó la espada, +embrazó la rodela y arremetióle. + + + + + CAPÍTULO IX + + Donde se concluye y da fin a la estupenda batalla que el gallardo + vizcaíno y el valiente manchego tuvieron. + + +Y se trabó el singular combate o _estupenda batalla que el gallardo +vizcaíno y el valiente manchego tuvieron_, como la llama Cervantes en +el título del capítulo IX, concediéndole toda la importancia que se +merece. + +Ahora va de igual a igual, de loco a loco, y parecen amenazar al cielo, +a la tierra y al abismo. ¡Oh espectáculo de largos en largos siglos +sólo visto, el de la lucha de dos Quijotes, el manchego y el vizcaíno, +el del pardo páramo y el de las verdes montañas. Hay que releerlo como +nos lo relata Cervantes. + +_¿Yo no caballero?_ ¿Yo no caballero? ¿Oir esto un vizcaíno y oirlo de +boca de Don Quijote? No, no puede sufrirse eso. + +Deja, Don Quijote, que hable de mi sangre, de mi casta, de mi raza, +pues a ella debo cuanto soy y valgo y a ella también debo el poder +sentir tu vida y tu obra. + +¡Oh tierra de mi cuna, de mis padres, de mis abuelos y trasabuelos +todos, tierra de mi infancia y de mis mocedades, tierra en que tomé a +la compañera de mi vida, tierra de mis amores, tú eres el corazón de +mi alma! Tu mar y tus montañas, Vizcaya mía, me hicieron lo que soy; +de la tierra de que se amasan tus robles, tus hayas, tus nogales y tus +castaños, de esa tierra ha sido mi corazón amasado, Vizcaya mía. + +Discutía un Montmorency con un vasco e irritado aquél hubo de decirle +a mi paisano que ellos, los Montmorencys, databan no sé si del siglo +VIII, X o XII, y mi vasco le respondió: ¿Sí? ¡Pues nosotros los vascos +no datamos! Y no, no datamos los vascos. Los vascos sabemos quiénes +somos, quiénes queremos ser. + +Ya ves, Don Quijote, que es un vasco el que ha ido a buscarte en tu +Mancha y te arremete porque le regateaste lo de ser caballero. Y ¿cómo, +contemplando a un vasco, y de Azpeitia, no recordar una vez más a aquel +otro caballero andante vasco, y de Azpeitia también, Íñigo Yáñez de +Oñaz y Sáez de Balda, del solar de Loyola, fundador de la Milicia de +Cristo? ¿No culmina en él nuestra casta toda? ¿No es nuestro héroe? ¿No +lo hemos de reclamar los vascos por nuestro? Sí, nuestro, muy nuestro, +muy más nuestro que de los jesuitas. Del Íñigo de Loyola han hecho +ellos un Ignacio de Roma, del héroe vasco un santón jesuítico. ¡Lástima +de mula que montaba el héroe! + +La de Don Sancho de Azpeitia, con sus corcovos, dió en tierra con el +vizcaíno, lo que debe enseñamos a pelear apeados. Y así fué vencido el +vizcaíno, pero no por mayor flaqueza de su brazo ni menor coraje, sino +por culpa de su mula, que no era, de cierto, vizcaína. Si no es por la +condenada mula lo habría pasado mal Don Quijote, estad seguros de ello, +y habría aprendido a reportarse ante el hierro vizcaíno + + _corto en palabras, pero en obras largo_. + +Aprended, hermanos míos de sangre, a pelear apeados. Apeaos de la mula +resabiosa y terca que os lleva a su paso de andadura por sus caminos de +ella, no por los vuestros y míos, no por los de nuestro espíritu y que, +con sus corcovos, dará con vosotros en tierra, si Dios no lo remedia. +Apeaos de esa mula, que no nació ahí ni ahí pasta, y vamos todos a +la conquista del reino del espíritu. Aún no se sabe lo que podemos +hacer en este mundo de Dios. Aprended, a la vez, a encarnar vuestro +pensamiento en una lengua de cultura, dejando la milenaria de nuestros +padres; apeaos de la mula luego y nuestro espíritu, el espíritu de +nuestra casta circundará en esa lengua, en la de Don Quijote, los +mundos todos, como circundó por primera vez al orbe la carabela de +nuestro Sebastián Elcano, el fuerte hijo de Guetaria, hija de nuestro +mar de Vizcaya. + +Y fué por la intervención de las damas afrailadas por lo que perdonó +Don Quijote la vida a Don Sancho de Azpeitia, a promesa de ir a visitar +a Dulcinea. Y fueron las damas las prometedoras, que a haberlo sido Don +Sancho, habríala visitado, de seguro, y hasta es muy de creer que se +habría enamorado perdidamente de ella y ella de él. + + + + + CAPÍTULO X + + De los graciosos razonamientos que pasaron entre Don Quijote y Sancho + Panza su escudero. + + +Y viene Sancho, el carnal Sancho, el Simón Pedro de nuestro Caballero, +y le pide la ínsula, a lo cual responde Don Quijote: _advertid, hermano +Sancho, que esta aventura y las a esta semejantes no son aventuras +de ínsulas, sino de encrucijadas, en las que no se gana otra cosa +que sacar rota la cabeza o una oreja menos_. ¡Ay, Pedro, Pedro, o +digo Sancho, Sancho, y ¿cuándo comprenderás que no es la ínsula, no +es el poder temporal, sino la gloria de tu señor, el querer eterno, +tu recompensa? Mas el carnal Sancho volvió a la carga y a pedir a su +amo se retrajesen a alguna iglesia por miedo a la Santa Hermandad. +Mas ¿_dónde has visto tú o leído_--le diremos con Don Quijote--_que +caballero andante haya sido puesto ante la justicia por más homicidios +que hubiese cometido_? Quien abriga en su corazón la ley, está sobre la +dictada por los hombres; para el que ama no hay otra ley sino su amor, +y si por amor mata ¿quién se lo imputará a culpa? Tiene, además, Don +Quijote poder sobrado para sacar a los Sanchos _de las manos de los +caldeos, cuanto más de las de la Hermandad_. + +Ocurrió luego lo de explicar Don Quijote a Sancho el bálsamo de +Fierabrás, y lo de pedir Sancho a Don Quijote la receta del bálsamo +como único pago de sus servicios, pues así son los servidores carnales, +por muy grande que su fe sea, piden recetas para venderlas y negociar +con ellas. Y entonces juró el Caballero conquistar el yelmo de Mambrino +a trueque de la celada rota por Don Sancho de Azpeitia, y a seguida le +llamó a razón el bandullo y pidió de comer. + +Una cebolla y un poco de queso no más traía Sancho, pareciéndole +manjares no pertenecientes a tan valiente Caballero, mas éste le hizo +saber que tenía a honra _no comer en un mes_, y de hacerlo lo que +hallare más a mano. _Y esto se te hiciera cierto si hubieras leído +tantas historias como yo, que aunque han sido muchas, en todas ellas +no he hallado hecha relación de que los caballeros andantes comiesen, +si no era acaso, y en algunos suntuosos banquetes que les hacían, y +los demás días se los pasaban en flores._ Y ¡qué dicha, mi señor Don +Quijote, si nos pudiésemos pasar en flores la vida toda! Del comer +viene con la fuerza toda, también toda la flaqueza del heroísmo. + +Y entonces, al explicar Don Quijote a Sancho que los caballeros +andantes _no podían pasar sin comer y sin hacer todos los otros +menesteres naturales_, le reveló, y nos reveló, una verdad cimental y +de grandísimo consuelo para los que no saben cómo vivir su locura, y +es la de que los caballeros andantes _eran hombres como nosotros_. De +donde se saca que podemos llegar a ser nosotros caballeros andantes, +y no es ello poco. _Así que, Sancho amigo, no te congoje lo que a mí +me da gusto, ni quieras tú hacer mundo nuevo, ni sacar la caballería +andante de sus quicios._ No quieras, no, pobre Sancho, hacer mundo +nuevo curando de su locura a los generosos, ni quieras sacar a la +locura de su quicio, que le tiene tan bien hincado y tan derecho como +la cordura misma, como ese llamado sentido común. Sancho, como no sabe +leer ni escribir, no sabe ni ha caído en las reglas de la profesión +caballeresca, como él dice. Y es cierto lo que dices, Sancho, por el +leer y el escribir entró la locura en el mundo. + + + + + CAPÍTULO XI + + De lo que sucedió a Don Quijote con unos cabreros. + + +Echaron a andar y fueron recogidos con buen ánimo por unos piadosos +cabreros, Dios se lo habrá pagado, que les convidaron. Lo aceptó Don +Quijote, sentóse sobre un dornajo vuelto del revés, hizo hermanalmente +sentar a su lado a Sancho, y fué entonces, después de bien satisfecho +el estómago, cuando tomó en la mano un puñado de bellotas y enderezó +a los cabreros aquel discurso de la edad de oro, que en tantos +muestrarios de retórica se reproduce. Mas nosotros no estamos haciendo +aquí literatura, ni nos importa la letra sonora, sino el espíritu +fecundo, aunque silencioso. Es el tal discurso uno de tantos vulgares +discursos como se pronuncian, y ese pasado siglo de oro apagado +relumbre del futuro siglo en que morará el lobo con el cordero y el +león comerá, como el buey, paja, según nos cuenta el profeta Isaías +(capítulo XI). + +La arenga en sí tiene poco que desentrañar. _Dichosa edad y siglos +dichosos aquellos a quien los antiguos pusieron nombre de dorados._.. +y lo que sigue. No nos sorprenda oir a Don Quijote cantar los tiempos +que fueron. Es visión del pasado lo que nos empuja a la conquista del +porvenir; con madera de recuerdos armamos las esperanzas. Sólo lo +pasado es hermoso; la muerte lo hermosea todo. ¿Creéis que cuando el +arroyo llega al mar, al enfrentarse con el abismo que va a tragarle, no +sueña con la escondida fuente de que brotó y no querría, si pudiera, +remontar su curso? De ir a perderse, perderse más bien en las entrañas +de la madre tierra. + +No es el discurso de Don Quijote lo que hemos de desentrañar. No valen +ni aprovechan las palabras del Caballero sino en cuanto son comentarios +a sus obras y repercusión de ellas. Como hablar, hablaba conforme a sus +lecturas y al saber del siglo que tuvo a dicha albergarle, pero como +obrar, obraba conforme a su corazón y al saber eterno. Y así en esa +arenga no es la arenga misma, en sí no poco trillada, sino el hecho de +dirigírsela a unos rústicos cabreros que no habrían de entendérsela, +lo que hemos de considerar, pues en esto estriba lo heroico de esta +aventura. + +Aventura es, en efecto, y de las más heroicas. Porque todo hablar es +una suerte, y las más de las veces la más apretada suerte de obrar, y +hazañosa aventura la de administrar el sacramento de la palabra a los +que no han de entendérnosla según el sentido material. Robusta fe en +el espíritu hace falta para hablar así a los de torpes entendederas, +seguros de que sin entendernos nos entienden y de que la semilla va a +meterse en las cárcavas de sus espíritus sin ellos percatarse de tal +cosa. + +Habla tú que conmigo consideras, lleno de fe en ella, la vida de Don +Quijote; habla aunque no te entiendan, que ya te entenderán al cabo. +Y con que sólo vean que les hablas sin pedirles nada o porque de +gracia te lo dieron antes, basta ya. Habla a los cabreros como hablas +a tu Dios, del hondo del corazón y en la lengua en que te hablas a ti +mismo a solas y en silencio. Cuanto más hundidos vivan en la vida de +la carne, tanto más limpias de brumas estarán sus mentes, y la música +de tus palabras resonará en ellas mucho mejor que en la mente de los +bachilleres al arte de Sansón Carrasco. Porque no fueron las rebuscadas +retóricas de Don Quijote lo que alumbró la mente a los cabreros, sino +fué el verle armado de punta en blanco, con su lanzón a la vera, las +bellotas en la mano, y sentado sobre el dornajo, dando al aire de que +respiraban todos reposadas palabras vibrantes de una voz llena de amor +y de esperanza. + +No faltará quien crea que Don Quijote debió atemperarse al público que +le escuchaba y hablar a los cabreros de la cuestión cabreril y del modo +de redimirlos de su baja condición de pastores de cabras. Eso hubiera +hecho Sancho a tener saber y arrestos para ello, pero el Caballero +no. Don Quijote sabía bien que no hay más que una sola cuestión, para +todos la misma, y que lo que redima de su pobreza al pobre, redimirá, +a la vez, de su riqueza al rico, ¡Mal hayan los remedios de ocasión! +A cuantos van y vienen y se asenderean llevando y trayendo remedios +específicos para los males de éstos o de aquéllos, cabe encajarles lo +que decía el gaucho MARTÍN FIERRO: + + De los males que sufrimos + hablan mucho los puebleros, + pero hacen como los teros + para esconder sus niditos, + que en un _lao_ pegan los gritos + y en otro tienen los _güevos_. + +Cuando os hablen, cándidos cabreros, de la cuestión cabreril, es que +están pegando gritos para alejaros del sitio en que guardan sus huevos. + +Y además, ¿ha de hablarse tan sólo en vista del provecho inmediato, del +fruto que nuestros oyentes saquen de lo que decimos? Tratando de esto +el maestro de espíritu P. Alonso Rodríguez, en el capítulo XVIII del +tratado primero de la tercera parte de su EJERCICIO DE PERFECCIÓN nos +dice que «no depende nuestro merecimiento, ni la perfección de nuestra +obra de que el otro se aproveche o no; antes podemos añadir aquí otra +cosa para nuestro consuelo, o por mejor decir, para consuelo de nuestro +desconsuelo, y es que no solamente no depende nuestro merecimiento y +nuestro premio y galardón de que los otros se conviertan y de que se +haga mucho fruto, sino que en cierta manera podemos decir que hacemos y +merecemos más cuando no hay nada de eso, que cuando se ve el fruto al +ojo». + +Y este discurso de Don Quijote a los cabreros ¿fué acaso menos +heroico y más inútil que aquel otro que cerca de Santa Cruz y en casa +de la india Capillana enderezó a los indios Francisco Pizarro para +explicarles los fundamentos de la religión cristiana y el poderío del +rey de Castilla? Algo consiguió, pues los indios, por darle gusto, +alzaron por tres veces la bandera española. No fué del todo inútil el +razonamiento de Pizarro; no lo fué el de Don Quijote. + +El malicioso Cervantes llama, en efecto, al discurso de éste _inútil +razonamiento_, para añadir que se lo escucharon los cabreros _embobados +y suspensos_. La verdad de la historia se le impone aquí, puesto que +si los embobó y suspendió Don Quijote con su razonamiento, no fué +éste ya inútil. Y que no lo fué lo prueba el agasajo que le rindieron +dándole solaz y contento con hacer que cantara un zagal enamorado. +El espíritu produce espíritu, como la letra letra, y la carne carne, +y así la arenga de Don Quijote produjo, a vuelta, cantares al son de +cabreril rabel. No fué, pues, inútil ni lo es nunca la palabra pura. Si +el pueblo no la entiende, siente, empero, comezón de entenderla, y al +oirla, rompe a cantar. + +Y mientras Don Quijote, inspirado a la vista de las bellotas, regaló a +los cabreros con aquella arenga ¿qué hizo Sancho? _Sancho... callaba y +comía bellotas y visitaba muy a menudo el segundo zaque, que por que se +enfriase el vino le tenían colgado de un alcornoque._ Y pensaría para +sí ¡así me las den todas! + +Qué pensara Sancho de la arenga de su amo no lo sé, pero sí sé qué +pensarán de ella nuestros Sanchos de hoy. Los cuales buscan ante todo +eso que llaman soluciones concretas y en cuanto se ponen a escuchar +a alguien van a oir qué remedios ofrece para los males de la patria +o para otros cualesquiera males. Se han hecho los oídos oyendo a +los charlatanes que, subidos en un coche, en la plaza del mercado, +venden frascos de cualquier droga, y así, apenas alguien les habla, +esperan saque la droga enfrascada. Mientras se les habla, callan y +comen bellotas, y se preguntan luego: bien, ¿y en concreto qué? Todo +eso del siglo de oro les entra por un oído y por el otro les sale: lo +que ellos buscan es el elixir para curar el mal de muelas o el reuma +o para quitar manchas de la ropa, el cocimiento regenerativo, el +bálsamo católico, el revulsivo anticlerical, el emplasto aduanero o el +vejigatorio hidráulico. A esto llaman soluciones concretas. Estiman +que el habla no se hizo sino para pedir o para ofrecer algo, y no hay +manera de que sientan lo que tiene de revelación la música interior +del espíritu. Porque la otra música, la exterior, la que les recrea +los oídos carnales, ésa no dejan de entenderla y apreciarla, y hasta +es el único regalo que se permiten. Si se les habla, o ha de ser para +acariciarles los oídos con párrafos acompasados a compás tamborilesco, +o para enseñarles alguna receta de uso doméstico o político. + +¡Soluciones concretas! ¡Oh Sanchos prácticos, Sanchos positivos, +Sanchos materiales! ¿Cuándo oiréis la silenciosa música de las esferas +espirituales? + +Difícil es hablar a los Sanchos, nacidos y criados en lugarejos donde +sólo se oye comadrerías de solana y sermones, pero más difícil aún es +hablar a bachilleres. Lo mejor es tener por oyentes a cabreros, hechos +y acostumbrados a oir las voces de los campos y de los montes. Los +otros os saldrán con que no os entienden o entenderán a tuertas lo que +les digáis, porque no reciben vuestras palabras en silencio interior ni +en atención virgen, y por mucho que agucéis vuestras explicaderas no +aguzarán sus entendederas ellos. + +Es fuerte cosa que por dondequiera que uno vaya en nuestra España, +derramando verdades del corazón, le salgan al paso diciéndole que +no lo entienden o entendiéndolo al revés de como se explica. Y ello +tiene su raíz, y es que van las gentes a oir esto o lo otro o lo de +más allá, algo que se les ha dicho ya, y no a oir lo que se les diga. +Los unos son clericales, anticlericales los otros, éstos unitarios +o centralistas, aquéllos federales o regionalistas, los de aquí +tradicionalistas, progresistas los de allá, y quieren que se les hable +en uno de esos lenguajes. Ellos luchan unos con otros, pero luchan como +es forzoso lo hagan los luchadores terrestres, sobre un mismo suelo, en +un mismo plano y dándose cara, y si te pones a darles voces desde otro +plano, por encima o por debajo del que ocupan, les distraes de su pelea +y no comprenden a qué vas allá. Si estamos peleando--se dicen--, bien +venido sea quien venga a animarnos con voces de ¡a ellos! ¡adelante! o +bien a advertirnos de un peligro gritándonos ¡ojo! ¡atrás!, pero ¿quién +es ése que desde las nubes o desde dentro de la tierra nos grita que +levantemos la vista o que la hundamos en el suelo? ¿no ve que entre +tanto nos degollarán los enemigos? Cuando se lucha no se puede mirar +al cielo ni tratar de penetrar con la vista el seno de la tierra. +Dicen así; no ven que les proponéis paz y cada uno de los bandos os +cuenta en el contrario. Y no os queda sino ir a hablar a los cabreros, +que os regalarán con música; ir a hablar a los sencillos, y hablarles +sin intentar siquiera poneros a su alcance, hablarles en el tono más +elevado, seguros de que sin entenderos os entienden. + +Sólo Sancho, el carnal Sancho, estaba más para dormir que para oir +canciones, sin conocer la virtud ensoñadora de éstas. + + + + + CAPÍTULOS XII Y XIII + +De lo que contó un cabrero a los que estaban con Don Quijote y Donde se + da fin al cuento de la pastora Marcela, con otros sucesos. + + +Entonces fué cuando Pedro el cabrero contó a Don Quijote la historia de +Grisóstomo y Marcela, después de aquellos tiquismiquis con que el leído +Caballero corrigió los vocablos al pastor. Era, no hemos de negarlo, +impertinente Don Quijote cuando se picaba de letrado. + +Fué el Caballero a ver cómo enterraban a Grisóstomo, muerto de amores +por Marcela, y al ir a ello encontró a Vivaldo y platicó con él acerca +de la caballería andante, profesión si no tan estrecha como la de los +frailes cartujos, tan necesaria como ella en el mundo, donde sólo el +ejemplo de lo inasequible a los más, puede enseñar a éstos a poner su +meta más allá de donde alcancen. Así las carreras de caballos, que sólo +para criar caballos de carrera sirven, mantienen la pureza de la casta +caballar, impidiendo que el tiro y la noria y el vil oficio encanijen +al noble bruto. Y entre ambas profesiones, la de pedir al cielo el bien +de la tierra, y la de poner en ejecución lo pedido, creando, lanza en +mano, el reino de Dios, cuyo advenimiento se pide en oración, no cabe +primero ni segundo. _Así que somos ministros de Dios en la tierra y +brazos por quien se ejecuta en ella su justicia_--añadió Don Quijote. + +¿No es acaso, desgraciado Caballero, la raíz de tus proezas y de tus +desgracias a la par el noble pecado a través de cuya depuración te +llevó a la gloria de tu Dulcinea, esto de creerte ministro de Dios +en la tierra y brazo por quien se ejecuta en ella su justicia? Fué +tu pecado original y el pecado de tu pueblo; el pecado colectivo de +cuya mancha y maleficio participabas. Tu pueblo también, arrogante +Caballero, se creyó ministro de Dios en la tierra y brazo por quien se +ejecutaba en ella su justicia, y pagó muy cara su presunción y sigue +pagándola. Creyóse escogido de Dios y esto le ensoberbeció. + +¿Pero es que no estaba en lo seguro? ¿No somos acaso todos ministros de +Dios en la tierra y brazos por quien se ejecuta en ella su justicia? +Y el persuadirnos de esta verdad ¿no es tal vez el mejor remedio para +purificar y ennoblecer nuestras acciones? En vez de buscar hacer otras +cosas que las que haces, luchando contra tu costumbre, persuádete de +que en todo cuanto hagas, bueno o malo a tu parecer, eres ministro de +Dios en la tierra y brazo por quien se ejecuta en ella su justicia, +y sucederá que tus actos acabarán por ser buenos. Estímalos como +viniendo de Dios y los divinizarás. Hay desgraciado a quien eso que en +el lenguaje de los hombres llamamos natural perverso o mala índole le +lleva a ser azote de sus prójimos, y si ese desgraciado se penetrase de +que ese azote es azote de castigo que puso en sus manos Dios, la que +llamamos mala índole le daría frutos de bondad. + +No os apeguéis al miserable criterio jurídico de juzgar de un +acto humano por sus consecuencias externas y el daño temporal que +recibe quien lo sufre; llegad al sentido íntimo y comprended cuánta +profundidad de sentir, de pensar y de querer se encierra en la verdad +de que vale más daño infligido con santa intención que no beneficio +rendido con intención perversa. + +Te denuestan, pueblo mío, porque dicen que fuiste a imponer tu fe a +tajo y mandoble, y lo triste es que no fué del todo así, sino que ibas +también, y muy principalmente, a arrancar oro a los que lo acumularon; +ibas a robar. Si sólo hubieras ido a imponer tu fe... Me revuelvo +contra el que viene, tizona en la diestra y en la otra libro, a querer +salvarme el alma a pesar mío, pero al cabo se cuida de mí y soy para +él un hombre, mas para aquél que no viene sino a sacarme los ochavos +engañándome con baratijas y chucherías, para éste no paso de ser un +cliente, un parroquiano o vecero. Hoy se da en ponderar esto y pedir +una sociedad en que en puro policía no pueda hacerse daño y acabemos +por que nadie obre mal, aunque nadie sienta bien tampoco. ¡Qué horrible +condición de vida! ¡Qué podredumbre bajo la verdura sosegada! ¡Qué +quieto lago de ponzoñozas aguas! ¡No, no, y mil veces no, Dios nos dé +antes un mundo en que todos sientan bien aunque todos obren daño, en +que los hombres se golpeen en la ceguera del cariño y en que suframos +todos en silencio por el mal que nos vemos arrastrados a infligir a los +demás. Sé generoso y arremete a tu hermano; dale de tu espíritu, aunque +sea golpes. Hay algo más íntimo que eso que llamamos moral y no es sino +la jurisprudencia que escapa a la policía; hay algo más hondo que el +Decálogo, que es una tabla de la ley, ¡tabla, tabla y de la ley!; hay +un espíritu de amor. + +Me diréis que no cabe sentir bien sin obrar bien y que las buenas +acciones brotan, como de su fuente, de los buenos sentimientos y sólo +de ellos. Pero yo os contestaré con Pablo de Tarso que no hago el bien +que quiero, sino el mal que no quiero hago, y os añadiré que el ángel +que en nosotros duerme suele despertar cuando la bestia le arrastra, +y al despertar llora su esclavitud y su desgracia. ¡Cuántos buenos +sentimientos brotan de malas acciones a que la bestia nos precipita! + +Siguió discurriendo Don Quijote con Vivaldo sobre lo de encomendarse +los caballeros andantes a su dama antes que a Dios, y dando las razones +que había leído llegó a lo de no poder ser caballero andante sin dama, +_porque tan propio y tan natural les es a los tales ser enamorados como +al cielo tener estrellas, y a buen seguro que no se haya visto historia +donde se halle caballero andante sin amores, y por el mismo caso que +estuviese sin ellos no será tenido por legítimo caballero, sino por +bastardo y que entró en la fortaleza de la caballería dicha, no por la +puerta, sino por las bardas, como salteador y ladrón_. + +Ved aquí cómo del amor a mujer brota todo heroísmo. Del amor a mujer +han brotado los más fecundos y nobles ideales, del amor a mujer las más +soberbias fábricas filosóficas. En el amor a mujer arraiga el ansia de +inmortalidad, pues es en él donde el instinto de perpetuación vence +y soyuga al de conservación, sobreponiéndose así lo sustancial a lo +meramente aparencial. Ansia de inmortalidad nos lleva a amar a la mujer +y así fué cómo Don Quijote juntó en Dulcinea a la mujer y a la Gloria, +y ya que no pudiera perpetuarse por ella en hijos de carne, buscó +eternizarse por ella en hazañas de espíritu. Fué enamorado, pero de los +castos y continentes, como dijo en otra ocasión él mismo. ¿Faltó con su +castidad y continencia al fin del amor? No, pues engendró en Dulcinea +hijos espirituales duraderos. Casado no habría podido ser tan loco; los +hijos de carne le hubieran arrebatado de sus hazañosas empresas. + +No le embarazó nunca cuidado de mujer que ata las alas a otros héroes, +porque como dice el Apóstol (I Cor. VII, 33) «el casado se cuida de lo +del mundo, de cómo ha de agradar a la mujer, y queda dividido». + +Hasta en el más puro orden espiritual y sin sombra de malicia alguna, +suele buscar el hombre apoyo en mujer, como Francisco de Asís en Clara; +pero Don Quijote buscóle en dama de sus pensamientos. + +Y cómo embaraza la mujer! Íñigo de Loyola no quiso que su Compañía +tuviese nunca cargo de mujeres debajo de su obediencia (Rivadeneira, +lib. III, cap. XIV), y cuando Doña Isabel de Rosell pretendió formar +comunidad de mujeres bajo la obediencia de la Compañía logró Loyola +que el Papa Pablo III, en letras apostólicas de 20 de mayo de 1547, la +eximiera de tal carga, pues «a esta mínima Compañía--decíale Íñigo--no +conviene tener cargo especial de dueñas con voto de obediencia». Y +no es que despreciara a la mujer, pues la honró en lo que es tenido +por más bajo y más vil de ella, porque si Don Quijote se hizo armar +caballero ciñéndole espada y calzándole espuela dos mozas del partido, +Íñigo de Loyola acompañaba él mismo, en persona, por medio de la ciudad +de Roma, a las «mujercillas públicas perdidas» para ir a colocarlas +«en el monasterio de Santa Marta o en casa de alguna señora honesta y +honrada, donde fuesen instruidas en toda virtud». (Rivadeneira, lib. +III, cap. IX.). + +Don Quijote fué enamorado, pero de los castos y continentes y no sino +por ser fuerza que los caballeros andantes tengan dama a quien rendir +su amor--según decía, aunque veremos le quedaba otra dentro--por +cumplir el rito. Y acaso no falte joven atolondrado que vea en esto un +motivo para tener en menos a Don Quijote, pues los hay que cifran toda +la calidad de un hombre en cómo se las ha en lances de amor; es decir, +de eso que se llama amor a cierta edad de la vida. No recuerdo quién +dijo, pero dijo muy bien quienquiera que lo dijese, que para los que +aman mucho, es el amor--amor a mujer, se entiende--algo subordinado +y secundario en su vida, y es lo principal de ésta para los que aman +poco. Hay quienes no juzgan de la libertad de un espíritu sino según +sienta en punto al amor; hay mozos para los cuales todo el valor de un +poeta se cifra en cómo sienta el amor. + +¿Qué diría el casto y continente Don Quijote si volviendo al mundo +viese el chaparrón de incentivos al deseo carnal con que se trata de +desviar el amor? ¿Qué diría de todos esos retratos de mujerzuelas en +actitudes provocativas? De seguro que movido por su amor a Dulcinea, +por su noble y puro amor, emprendería a tajo y mandoble con todos los +tenderetes en que esas porquerías se nos muestran, como la emprendió +con el retablo de maese Pedro. Ellas nos apartan del amor a Dulcinea, +del amor de la gloria. Siendo incentivos a que nos perpetuemos, nos +apartan de la verdadera perpetuación. Acaso sea nuestro sino que haya +de renunciar la carne a perpetuarse si se ha de perpetuar el espíritu. + +Don Quijote amó a Dulcinea con amor acabado y perfecto, con amor que no +corre tras deleite egoísta y propio; entregóse a ella sin pretender que +ella se le entregara. Se lanzó al mundo a conquistar gloria y laureles +para ir luego a depositarlos a los pies de su amada. Don Juan Tenorio +habríase dedicado a rendirla con la mira de poseerla y de saciar en +ella su apetito, no más que por amor de gozarla y pregonarlo; Don +Quijote no. Don Quijote no se fué de galán al Toboso a cortejarla y +enamorarla, sino que se echó al mundo a conquistarlo para ella. ¿Qué +suele ser ese que llaman amor sino un miserable egoísmo mutuo en que +busca su propio contento cada uno de los dos amantes? ¿Y no es acaso el +acto de suprema unión lo que más supremamente los separa? Don Quijote +amó a Dulcinea con amor acabado, sin exigir ser correspondido; dándose +todo él y por entero a ella. + +Amó Don Quijote a la Gloria encarnada en mujer. Y la Gloria le +corresponde. _Dió un gran suspiro Don Quijote y dijo: yo no podré +afirmar si la dulce mi enemiga gusta o no de que el mundo sepa que yo +la sirvo_, y todo lo que sigue. Sí, Don Quijote mío, sí; la tu dulce +enemiga, Dulcinea, lleva de comarca en comarca y de siglo en siglo la +gloria de tu locura de amor. Su linaje, prosapia y alcurnia _no es de +los antiguos Curcios, Gayos y Cipiones romanos, ni de los modernos +Colonnas y Ursinos_, ni de ninguna de las famosas familias de distintos +países que Don Quijote nombró a Vivaldo; _pero es de los del Toboso de +la Mancha, linaje aunque moderno tal, que puede dar generoso principio +a las más ilustres familias de los venideros siglos_. Con lo que nos +enseñó el ingenioso hidalgo que la raíz de la gloria está en el propio +lugarejo y en la propia edad en que se vive. Sólo es duradera en +siglos y en vastas tierras la gloria que rebasa de los propios lugar y +tiempo por haberlos perinchido y cogolmado. Lo universal riñe con lo +cosmopolita; cuanto más de su país y más de su época sea un hombre es +más de los países y de las épocas todas. Dulcinea es del Toboso. + +Y ahora, Don Quijote mío, llévame a solas contigo, porque quiero que +hablemos corazón a corazón y lo que ni a sí mismos osan decirse muchos. +¿Fué de veras tu amor a la gloria lo que te llevó a encarnar en la +imagen de Dulcinea a Aldonza Lorenzo, de la que un tiempo anduviste +enamorado, o fué tu desgraciado amor a la bien parecida moza labradora, +aquel amor que ella _jamás lo supo ni se dió cata de ello_, el que se +te convirtió en amor de inmortalidad? Mira, mi buen hidalgo, que yo sé +cómo es la timidez dueña del corazón de los héroes, y bien se ve en ver +cuando ardías en deseo de Aldonza Lorenzo cómo no te atreviste nunca a +requerirla de amores. No pudiste romper la vergüenza que te sellaba, +con sello de bronce, los labios. + +Tú mismo se lo declaraste a Sancho, tomándole por confidente, cuando +al quedarte de penitencia en Sierra Morena (cap. XXV) le dijiste: _mis +amores y los tuyos han sido siempre platónicos, sin extenderse a más +que a un honesto mirar, y aun esto tan de cuando en cuando, que osaré +jurar con verdad, que en doce años que ha que la quiero más que a la +lumbre de estos ojos que ha de comer la tierra, no la he visto cuatro +veces y aun podrá ser que destas cuatro veces no hubiese ella echado de +ver la una que la miraba; tal es el recato y encerramiento en que sus +padres, Lorenzo Corchuelo y su madre Aldonza Nogales, la han criado_. +¡Cuatro veces tan sólo y en doce años! Y ¡qué fuego debía de ser el +que ella despidiese para calentarte doce años el corazón con sólo +cuatro lejanos toques y de soslayo! Doce años, mi Don Quijote, y cuando +frisabas en los cincuenta. Te enamoraste, pues, al acercarte a tus +cuarenta. ¿Qué saben los mozos lo que es la llama que se enciende en +toda sazón de madurez? ¡Y tu timidez, tu insuperable timidez de hidalgo +entrado ya en años! + +Miradas desde lo más adentro, suspiros ahogados de que ella ni se dió +cata siquiera, redoblar el golpeteo de tu corazón preso de su hechizo +cada una de esas cuatro veces que gozaste a hurtadillas de su vista. Y +este amor contenido, este amor roto en su corriente, pues no hallabas +en ti brío ni arrojo para enderezarlo a su natural término, este pobre +amor te labró acaso el alma y fué el manantial de tu heroica locura. +¿No es así, buen caballero? Acaso ni tú lo sospechabas. + +Adéntrate en ti mismo y escudriña y ahonda. Hay amores que no pueden +romper el vaso que los contiene y se derraman hacia adentro, y los hay +inconfesables, a los que el destino formidable oprime y constriñe en +el nido en que brotaron; el exceso mismo de aquéllos los cuaja y los +encierra, la tremenda fatalidad de éstos los sublima y engrandece. Y +presos allí, avergozándose y ocultándose de sí mismos, empeñándose por +anonadarse, bregando por morir, pues que no pueden florecer a la luz +del día y a la vista de todos, y menos fructificar, se hacen pasión de +gloria y de inmortalidad y de heroísmo. + +Dímelo aquí a solas, Don Quijote mío, dime: el intrépido arrojo que te +llevó a tus proezas todas ¿no era acaso el estallido de aquellas ansias +de amor que no te atreviste a confesar a Aldonza Lorenzo? Si eras tan +valiente ante todos ¿no es porque fuiste cobarde ante el blanco de tus +anhelos? De las íntimas entrañas de la carne te acosaba el ansia de +perpetuarte, de dejar simiente tuya en la tierra; la vida de tu vida, +como la vida de la vida de los hombres todos, fué eternizar la vida. +Y como no lograste vencerte para dar tu vida perdiéndola en el amor, +anhelaste perpetuarte en la memoria de las gentes. Mira, Caballero, que +el ansia de inmortalidad no es sino la flor del ansia de linaje. + +¿No te llevó acaso a llenar tus ratos ociosos con la lectura de los +libros de caballerías el no haber podido romper tu medrosa vergüenza +para llenarlos con el amor y las caricias de aquella moza labradora +del Toboso? ¿No es que buscaste en esas ahincadas lecturas lenitivo, +a la vez que alimento, a la llama que te consumía? Sólo los amores +desgraciados son fecundos en frutos del espíritu; sólo cuando se le +cierra al amor su curso natural y corriente es cuando salta en surtidor +al cielo; sólo la esterilidad temporal da fecundidad eterna. Y tu amor +fué, Don Quijote mío, desgraciado por causa de tu insuperable y heroico +encogimiento. Temiste acaso profanarlo confesándoselo a la misma que te +lo encendía; temiste tal vez mancharlo primero y después malgastarlo y +perderlo si lo llevabas a su cumplimiento vulgar y usado. Temblaste de +matar en tus brazos la pureza de tu Aldonza, criada por sus padres en +grandísimo recato y encerramiento. + +Y dime, ¿supo Aldonza Lorenzo de tus hazañas y proezas? De seguro que +si de ellas supo algo le sirvió de solaz y de comidilla y palique en +los seranos y en las solanas. ¡Sería de haber oído a Aldonza Lorenzo +cuando en sus inviernos añosos, al amor de la lumbre del hogar, en +el rolde de sus nietos, o en el serano de las comadres, contara las +andanzas y aventuras de aquel pobre Alonso Quijano el Bueno, que salió +lanza en ristre a enderezar entuertos, invocando a una tal Dulcinea +del Toboso! ¿Recordaría entonces tus miradas a hurtadillas, heroico +Caballero? ¿No se diría acaso, a solas y callandito, y en lo más +adentro de sus adentros: «yo fuí, yo fuí la que le volví loco»?. + +No necesitas decírmelo, Don Quijote mío, porque comprendo lo que debe +ser sacrificar ante un altar, sin que el dios que sobre él se yergue se +entere siquiera del sacrificio. Te lo creo sin que me lo jures, te lo +creo a pie juntillas, sí; te creo que cruzan el mundo Aldonzas Lorenzos +que lanzan a inauditos heroísmos a Alonsos Quijanos y se mueren +tranquilamente y en paz de conciencia sin haber conocido la maternidad +que les cupo en los heroísmos tales. + +Grande es una pasión que rompe por todo y quebranta leyes y arrolla +preceptos y desencadena torrencialmente su caudal perinchido, pero es +más grande aún, cuando temerosa de enfangarse con las tierras que ha de +arrastrar en su furiosa arremetida, se arremolina en sí y se condensa +y se mete en sí misma, como queriendo tragarse a sí propia, luchando +por deshacerse en su imposibilidad misma, y revienta hacia dentro y +convierte en inmenso piélago el corazón. ¿No te sucedió esto? + +Y luego, ven más junto a mí, mi Don Quijote, y dímelo al oído del +corazón; y luego, cuando la Gloria te ensalzaba ¿no suspiraste en tus +entrañas por aquel inconfesado amor de tu madurez? ¿No la hubieras +dado toda ella, a la gloria, por una mirada, no más que por una mirada +de cariño de tu Aldonza Lorenzo? Si ella, pobre hidalgo, si ella se +hubiese dado cata de tu amor, y compadecida te hubiese ido un día y te +hubiese abierto los brazos y entreabierto la boca, llamándote con los +ojos, si ella se te hubiese rendido, venciendo tu contención grandiosa +y diciéndote: «te he adivinado, ven y no sufras» ¿hubieras buscado la +inmortalidad del nombre y de la fama? Mas entonces ¿no se te habría +disipado el encanto luego? Yo creo que ahora mismo, mientras te tiene +apretada a su pecho tu Dulcinea, y lleva tu memoria de siglo en siglo, +yo creo que ahora todavía te envuelve cierta melancólica pesadumbre al +pensar que ya no puedes recibir en tu pecho el abrazo ni en tus labios +el beso de Aldonza, ese beso que murió sin haber nacido, ese abrazo +que se fué para siempre y sin haber nunca llegado, ese recuerdo de una +esperanza en todo secreto y tan a solas y a calladas acariciada. + +¡Cuántos pobres mortales inmortales, cuyo recuerdo florece en la +memoria de las gentes, darían esa inmortalidad del nombre y de la fama +por un beso de toda la boca, no más que por un beso en que soñaron +durante su vida mortal toda! ¡Volver a la vida aparencial y terrena, +encontrarse de nuevo en el augusto instante que una vez ido ya no +vuelve, quebrar el vergonzante miedo, trizar el tupido respeto o romper +la ley y luego deshacerse para siempre en los brazos de la deseada!... + +Mientras Don Quijote hablaba a Vivaldo de Dulcinea del Toboso, entró +Sancho, el buen Sancho, con la más maravillosa profesión de fe. Como +Simón Pedro, que aun deseando plantar tiendas en lo alto del Tabor para +pasarlo allí bien y sin penalidades, y aun negando al Maestro, fué +quien con más ardor le creyó y le quiso, así Sancho a Don Quijote. Pues +mientras todos los que oían la plática entre Vivaldo y el Caballero _y +aun hasta los mismos pastores y cabreros conocieron la demasiada falta +de juicio de nuestro Don Quijote, sólo Sancho Panza pensaba----nos +dice Cervantes--que cuanto su amo decía era verdad, sabiendo él quién +era y habiéndole conocido desde su nacimiento_. ¡Oh Sancho bueno, +Sancho heroico, Sancho quijotesco! Tu fe te salvará. Pues mientras los +menguados mercaderes toledanos pedían a Don Quijote, como los judíos a +Jesús, señales para creer, un retrato de aquella señora aunque fuera +_tamaño como un grano de trigo_, Sancho el heroico pensaba que era +verdad cuanto su amo decía, sabiendo quién era Don Quijote y habiéndole +conocido desde su nacimiento. Y las gentes ligeras no quieren ver, +Sancho heroico, la grandeza de tu fe y la fortaleza de tu ánimo, y han +dado en menospreciarte y calumniarte haciéndote padrón de lo que nunca +fuiste. No quieren conocer que tu simpleza fué tan loca, tan heroica, +como la locura de tu amo, pues que creíste en ésta. Y a lo más que +llegan es a reprocharte de simple porque creías esas cosas. Mas que no +lo eras, ni tu sublime fe una ceguera de embaucado, lo prueba el que +dudando algo _en creer aquello de la linda Dulcinea del Toboso, porque +nunca tal nombre ni tal princesa había llegado jamás a tu noticia +aunque vivías tan cerca del Toboso_. La fe es algo que se conquista +palmo a palmo y golpe tras golpe. Y tú, Sancho heroico, pues crees en +tu amo y señor Don Quijote, llegarás a creer en su señora Dulcinea +del Toboso, y ella te cogerá de la mano y te llevará por los campos +perdurables. + + + + + CAPÍTULO XV + + Donde se cuenta le desgraciada aventura que se topó Don Quijote con + topar con unos desalmados yangüeses. + + +Terminado el episodio de Marcela, volvió Don Quijote a quedar solo +con Sancho en los caminos del mundo. Determinado a ir en busca de la +pastora Marcela y ofrecérsele se entró en el bosque donde ella entrara, +y a las dos horas de andar buscándola dió en un apacible prado, donde +comieron y descansaron los dos, amo y escudero. + +Suelto Rocinante, fuese a refocilar con unas jacas gallegas de unos +arrieros yangüeses, jacas que le recibieron a coces y mordiscos y los +arrieros remataron la suerte moliéndole a palos. Visto lo cual por Don +Quijote y que no eran caballeros, sino _gente soez y de baja ralea_--el +encontrarse apeado le curó de la ceguera de su locura--, demandó ayuda +de Sancho, quien le hizo ver que no podían vengarse de más de veinte +tan sólo dos y aun quizá uno y medio. + +_Yo valgo por ciento--replicó Don Quijote--, y sin hacer más discursos, +echó mano a su espada y arremetió a los yangüeses y lo mismo hizo +Sancho Panza incitado y movido del ejemplo de su amo._ En lo que no se +sabe qué admirar más, si el heroísmo quijotesco bajo la fe de _yo valgo +por ciento_ o el heroísmo sanchopancesco bajo la fe de que su amo valía +por cien. La fe de Sancho en Don Quijote es aún más grande, si cabe, +que la de su amo en sí mismo. _Yo valgo por ciento, y sin hacer más +discursos, echó mano a su espada y arremetió._ Si crees que vales por +ciento ¿para qué discursos? La fe verdadera no razona ni aun consigo +misma. + +Los yangüeses, al verse tantos contra dos, dieron con ellos en tierra a +estacazos, y así se acabó la aventura. + + Vinieron loe sarracenos + y nos molieron a palos, + que Dios ayuda a los malos + cuando son más que los buenos. + +Y entonces pidió Sancho a su amo el bálsamo de Fierabrás y entonces +pronunció Don Quijote aquellas tan profundas palabras de que él se +tenía la culpa del percance y molimiento, por haber puesto mano a la +espada contra hombres no armados caballeros como él y excitó a Sancho +a que se tomase en casos tales la justicia por su mano. Con hombres no +armados caballeros, con los que no lleven como tú encendida la lumbre +del seso, sino que reciben luz de reflejo, con ésos no discutas jamás, +lector. Di tu palabra y sigue tu camino dejando que la roan hasta el +hueso. + +Y más profundo aún que su amo y señor estuvo Sancho al decir que era él +hombre pacífico, manso y sosegado y sabía disimular cualquiera injuria, +_porque tengo mujer e hijos que sustentar y criar_--dijo. ¡Oh sesudo +y discretísimo Sancho! Y si supieras cuántos quedan aún que teniendo +mujer e hijos que sustentar y criar se nos vienen con requilorios de +honor y dignidad, que deben ser un lujo permitido a los ricos tan sólo, +a aquéllos que tienen quienes sustenten y críen a su mujer e hijos y +que acaso les hacen una merced con dejarlos huérfanos y viuda, pues que +las gentes no menguan por ello. Tal fué, Sancho amigo, según dicen, que +yo en esto me callo, el error de tu pueblo y es que no quiso comprender +que el honor dura tanto cuanto dura el bolso lleno. En ese sublime y +noble error estaba y sigue estando tu amo, que quiso entonces y allí, +molido en tierra, sacarte de él y mostrarte que necesitabas valor para +ofender y defenderte puesto que el día menos pensado te verías señor de +una ínsula. + +La de Marruecos te ofrecen ahora, y te dan las razones que te daba tu +amo. Entre las cuales las había de oro, como aquélla de las mudanzas +de la fortuna. No hagas caso, pues, Sancho amigo, de eso de pueblos +fuertes y pueblos moribundos, que el mundo da muchas vueltas y lo que +te hace impropio para la manera de triunfar en privanza hoy, eso mismo +te hará acaso mañana propiísimo para el modo venidero de triunfar. Tú +eres paciente y de la paciencia es al cabo la victoria. Vale más tu +paciencia que todo aquello que te decía tu amo de que salisteis de la +pendencia con los yangüeses molidos pero no afrentados, _porque las +armas que aquellos hombres traían y con que os machacaron no eran otras +que sus estacas_. + +Dicen que dijo Felipe II al saber el vencimiento de su Armada +Invencible que no la había mandado a luchar con los elementos, y la +última vez que nos han molido a cañonazos una armada, te dijeron +también, Sancho amigo, que nos venció no el valor, sino la ciencia y +la riqueza. Pero tú te ríes de cuentos, oyes, callas y aguardas. Sigue +aguardando, que en aguardar siempre está tu fortaleza. A ti no te dió +pena el pensar si fué o no afrenta lo de los estacazos, sino el dolor +de los golpes, y en eso ibas muy bien encaminado, porque el dolor de +los golpes se pasa, pero el de la afrenta no, y quien hace pasajeros +los dolores los ha vencido ya con hacerlos tales. Si bien, como te +dijo tu amo, _no hay memoria a quien el tiempo no acabe, ni dolor que +la muerte no le consuma_ y ésta es fuente de fortaleza, por serlo de +paciencia y de consuelo. + +Tras estas y otras pláticas acomodó Sancho a Don Quijote sobre el asno +y reanudaron camino, hasta llegar a una venta. + + + + + CAPÍTULO XVI + +De lo que le sucedió al ingenioso hidalgo en la venta que él imaginaba + ser castillo. + + +Volvió a encontrar Don Quijote mujeres que hicieron con él oficio de +mujer, mujeres compasivas y piadosas, pues entre la ventera, su hija y +Maritornes le hicieron una muy mala cama en que se acostó luego que le +hubieron emplastado de arriba abajo. Agradeciólo Don Quijote haciendo +a la ventera _fermosa señora_ y a la venta castillo, con lo que las +mujeres se maravillaron pareciéndoles otro hombre que los que se usan, +y no les faltaba razón en parecerles así. + +Entonces es cuando dió Don Quijote en esperar a la hija del señor +del castillo, repentinamente enamorada de él, y fué cuando al acudir +Maritornes a saciar la carne al carnal arriero, se encontró con el +espiritual Caballero, que le endilgó un ingenioso discurso de disculpa, +mostrándole ante todo que estaba tan molido y quebrantado que aunque +de su voluntad quisiera satisfacer a la de ella, le sería imposible, +y luego la fe prometida a la sin par Dulcinea del Toboso, que si esas +dos cosas no hubiera de por medio, el no poder contentarla y lo otro, +no fuera tan sandio caballero que dejara pasar tan venturosa ocasión en +blanco. + +Esto es fina virtud y continencia de mérito, y lo demás tontería. Y +tuvo esa virtud, como es natural, su recompensa, cual fué los puñetazos +y pisotones que arreó a Don Quijote el bruto del arriero, que de puro +rijoso ardía en chispas. Y acudió el ventero al ruido y se armó aquella +tremolina de puñetazos que Cervantes cuenta. + + + + + CAPÍTULO XVII + +Donde se prosiguen los innumerables trabajos que el bravo Don Quijote y +su buen escudero Sancho Panza pasaron en la venta, que por su mal pensó + que era castillo. + + +Cosas de encantamiento, de las que no hay para qué tomar cólera ni +enojo, _que como son invisibles y fantásticas, no hallaremos de quien +vengarnos aunque más lo procuremos_. ¡Y cómo llegaste, oh maravilloso +Caballero, al hondón de la sabiduría, que consiste en tomar por +invisibles y fantásticas las cosas de este mundo, y así, en virtud de +tal tomadura, no enojarse por ellas! + +Porque ¿qué sino _mano pegada a algún brazo de algún descomunal +gigante_ pudo ser aquello que a deshora y cuando más en tu coloquio +estabas vino a asentarte una puñada en las quijadas? Cosas son de otro +mundo y recuerda si no cómo estando durmiendo una noche Iñigo de Loyola +«le quiso el demonio ahogar el año de 1541--como en el capítulo IX del +libro V de su VIDA se nos cuenta--y fué así que sintió como una mano +de hombre que le apretaba la garganta y que no le dejaba resollar ni +invocar el Nombre Santísimo de Jesús», y aquello otro que contó el +hermano Juan Paulo al P. Rivadeneira, según éste en el mismo capítulo +nos lo cuenta, de cuando «durmiendo una noche como solía junto al +aposento de Loyola, y habiéndose despertado a deshora, oyó un ruido +como de azotes y golpes que le daban al Padre, y al mismo Padre como +quien gemía y suspiraba. Levantóse luego y fuese a él, hallóle sentado +en la cama, abrazado con la manta, y díjole: ¿Qué es esto, Padre, que +veo y oigo? Al cual respondió: ¿Y qué es lo que habéis oído? Y como se +lo dijese, díjole el Padre: Andad, idos a dormir». + +Cosas son de otro mundo, y para curar sus efectos basta el bálsamo de +Fierabrás. Sólo que no obra maravillosamente sino en los caballeros, y +bien se vió en lo que le ocurrió con él a Sancho. + +A poco de esto aconteció lo de convencerse Don Quijote de que +estaba en venta y no en castillo, a una sola palabra del ventero, +en que vuelve a verse, una vez más, cuán cuerdo era en su locura. +Mas aun así, negóse muy caballerescamente a pagar, lo cual le valió +a Sancho un manteamiento. Acabado el cual le dió de beber vino la +piadosa Maritornes, Dios se lo pague, pues era la generosidad y el +desprendimiento mismos. Ella amó mucho, si bien a su manera, como +todos, y por eso le serán perdonados sus refocilamientos con arrieros, +ya que lo hacía de puro blanda de corazón. + +Creed que la dadivosa moza asturiana, más buscaba dar placer que no +recibirlo, y si se entregaba era, como a no pocas Maritornes les +sucede, por no ver penar y consumirse a los hombres. Quería purificar +a los arrieros de los torpes deseos que les emporcaban la imaginación +y dejarlos limpios para el trabajo. _Presumía muy de hidalga_--dice +Cervantes--y por hidalguía concertó ir a refocilarse con el arriero, _y +satisfacerle el gusto en cuanto le mandase_, no tomarlo. Ella + + dar quería + o que des para darse a natureza + +aunque no hubiese leído a Camoens, de cuyos LUSIADAS es esta filosófica +sentencia (IX, 76). Y por este sencillo desprendimiento, tan sin +rebuscas de vicio como sin melindres de inocencia, se ha inmortalizado +la moza asturiana. Vivía ella allende la inocencia y la malicia que de +la pérdida de ella nace. + +Creed que hay pocos pasajes más castos. Maritornes no es una moza del +partido que por no trabajar o por ajenas culpas comercia con su cuerpo, +ni es una pervertidora que embruja a los hombres encendiéndoles los +deseos para apartarles de su ruta y distraerles de su labor; es pura +y sencillamente la criada de un mesón que trabaja y sirve, y alivia +las gravezas y remedia los aprietos de los viandantes, quitándoles un +peso de encima para que puedan reanudar, más desembarazados, su camino. +No enciende deseos, sino que apaga los que otras, menos desprendidas, +o el sobrante de la vida carnal habían encendido. Y creed que siendo +pecaminoso esto, lo es mucho más encender deseos adrede, con ánimo de +encenderlos, como hace la coqueta, para no apagarlos, que apagar los +que encendió otra. No peca Maritornes ni por ociosidad y codicia, ni +por lujuria; es decir, apenas peca. Ni trata de vivir sin trabajar ni +trata de seducir a los hombres. Hay un fondo de pureza en su grosera +impureza. + +Fué buena con Sancho, que salió de la venta muy contento por no haber +pagado. + + + + + CAPÍTULO XVIII + + Donde se cuentan las razones que pasó Sancho Panza con su señor Don + Quijote, con otras aventuras dignas de ser contadas. + + +Y volvió Don Quijote al manadero de toda fortaleza, cual es el de +tomar a los hombres que mantean y aporrean por _fantasmas y gente del +otro mundo_. No te enojes por lo que pueda acaecerte en este mundo +aparencial; espera al sustancial o acógete a él, en el hondón de tu +locura. Ésa es la fe honda y verdadera. La cual flaqueó en Sancho, que +por haber oído nombrar con nombres a los manteadores, los tomó por +hombres de carne y hueso, y esto le bastó para pedir a su amo volverse +al lugar entonces que era tiempo de la siega. + +Acudió su amo a confortarle en la fe, a lo que él oponía lo que por sus +ojos había visto y en sus costillas sentido, pero le habló Don Quijote +de Amadís y el escudero se aquietó. E hiciste bien, Sancho, pues te has +de convencer de que cuando nos injurian o escarnecen o mantean con sólo +pensar que no son sino fantasmas los manteadores, se nos derrite el +rencor y estamos al cabo de cura. Acuérdate de que tus enemigos se han +de morir. + +Y entonces dieron con la aventura de las dos manadas de ovejas, que +tomó Don Quijote por dos ejércitos, y los describió tan puntualmente +como quien lleva dentro de sí un mundo verdadero. Y el bueno de Sancho, +sumergido en el otro mundo, en el aparencial, en el de los manteadores +de carne y hueso, nada vió, _quizá_ por encantamiento. ¡Oh Sancho +admirable, y qué caudal de fe encierra ese tu _quizá_! Por un quizá +empieza la fe que salva; quien duda de lo que ve, una miajica tan sólo +que sea, acaba por creer lo que no ve ni vió jamás. Tú, Sancho, no oías +sino balidos de ovejas y carneros, pero bien te dijo tu amo: _El miedo +que tienes te hace, Sancho, que ni veas ni oyas a derechas_. + +El miedo, sí, y sólo el miedo a la muerte y a la vida nos hace no ver +ni oir a derechas, esto es, no ver ni oir hacia dentro en el mundo +sustancial de la fe. El miedo nos tapa la verdad, y el miedo mismo, +cuando se adensa en congoja, nos la revela. + +Mandó Don Quijote a Sancho que se retirase, pues el que sólo ve con +los ojos de la carne, antes estorba que sirve en aventuras, y sin +hacer caso de las voces del sentido terrenal, acometió al ejército +de Alifanfarón de Trapobana. Y allí alanceó a su sabor corderos +como Pizarro y los suyos alancearon en el corral de Cajamarca a los +servidores del inca Atahualpa, que ni siquiera se defendían. Mas no +así los pastores de los trapobanenses, que molieron a Don Quijote a +pedradas, derribándole del caballo. + +Con ello volvió a tocar tierra con su cuerpo todo el Caballero, para +recobrar como Anteo, fuerzas a su toque. Y estando en tierra llegó la +voz del sentido común, por boca de Sancho, a reprenderle, pues eran +ovejas, mas él supo oponer su fe a los encantamientos del maligno que +le perseguía. Y consoló a Sancho, cuya fe flaqueaba de nuevo, con +palabras evangélicas. + +Y luego les avino la aventura del cuerpo muerto, cuyo mérito consistió +en que habiendo la fantástica visión empezado por erizarle los cabellos +de la cabeza a Don Quijote, supo éste vencer su miedo a lo fantástico, +él, que no lo tenía a lo real, y en premio de tal victoria puso en fuga +a los encamisados, que tomaron a Don Quijote por diablo del infierno. +A los fantásticos con lo fantástico se les vence; con el miedo a los +amedrentadores. Y el miedo mismo llega a un punto en que si no mata a +su presa, se realza y se convierte, pasando por congoja, en valor. + +Fué entonces, en medio de la fantástica aventura, cuando puso Sancho a +Don Quijote el título de _El caballero de la triste figura_. + +Y después se entraron por un valle donde les ocurrió la aventura de los +batanes, intentada por Don Quijote para morir haciéndose digno de poder +llamarse de su señora Dulcinea, de la Gloria. Y a Sancho, su quebradiza +fe le puso en la boca palabras conmovedoras para apartar de su empeño +a su amo, y como no bastasen las palabras, acudió a la industria de +trabar las patas a Rocinante. Y pasó todo lo demás que Cervantes +nos cuenta, hasta que amaneció y vieron la causa de los temerosos +ruidos, y Sancho se burló de su amo, que le asestó por ello dos palos, +acompañándolos de las profundas palabras de _porque os burláis no me +burlo yo_. + +_Venid acá, señor alegre ¿paréceos a vos que si como éstos fueron mazos +de batán fueran otra peligrosa aventura, no había yo mostrado el ánimo +que convenía para emprendella y acaballa? ¿Estoy yo obligado a dicha, +siendo como soy caballero, a conocer y distinguir los sones, y saber +cuáles son de batanes o no?_ + +La cosa está bien clara. Para enderezar entuertos y resucitar la +caballería y asentar el bien en la tierra, no es menester distinguir +de sones y saber cuáles son de batanes o no. Tal distinción no es cosa +que toque al heroísmo, ni los más de los conocimientos que por ahí se +enseñan añaden un ardite a la suma de bien que haya en el mundo. El +caballero harto tiene con atender y oir a su corazón y distinguir los +sones de éste. + +Esta doctrina quijotesca hay que predicarla ahora en que el +sanchopancismo no hace sino repetirnos que lo esencial es aprender a +distinguir los sones y saber cuáles son de batanes o no, sin advertir +que mientras es de noche y le dura el miedo, tampoco Sancho los +distingue, y eso que los oye y no hace falta verlos. Sancho necesita, +para tener serenidad y atreverse a burlas, ver la causa que produce +los sones, verla; Sancho, que de noche no se atreve a apartarse de +su amo por miedo a los temerosos sones y por miedo no los distingue, +búrlase de él cuando ve el artefacto que los produce. Así es con el +sanchopancismo que llaman ya positivismo, ya naturalismo, ya empirismo, +y es que ha sido que pasado el miedo, se burla del idealismo quijotesco. + +¿Por qué había de conocer Don Quijote, siendo como era caballero, los +sones? _Y más que podría ser, como es verdad_--añadió--, _que no los +he visto en mi vida, como vos los habréis visto, como villano ruin +que sois, criado y nacido entre ellos; sino, haced vos que estos seis +mazos se vuelvan en seis jayanes, y echádmelos a las barbas uno a uno, +o todos juntos, y cuando yo no diere con todos patas arriba, haced de +mí la burla que quisiéredes_. ¡Admirables razones! En lo esforzado del +propósito y no en lo puntual del conocimiento, está el héroe. + +Mas la verdad es que conviene acompañe Sancho a Don Quijote y no se +aparté de él. Sancho, como villano ruin que es, criado y nacido entre +batanes, en cuanto llega la noche y no los ve y oye sus temerosos +sones, tiembla de miedo como un azogado y se arrima a Don Quijote y +para que no se le vaya le traba las patas a Rocinante, con lo que el +Caballero no se puede mover y se libra acaso de una muerte cierta entre +los batanes, pero luego que se hace de día ¿por qué ha de burlarse del +que le amparó en su congoja, y le dejó llegar a la luz del día, pues +acaso sin él habríase muerto de miedo, o el miedo le habría arrojado +en los batanes, más que su valor a su amo? Si inspiraciones del +corazón y fe en lo eterno nos sacaron de las congojas de la noche de +la superstición y del miedo a lo desconocido ¿por qué cuando la luz de +la experiencia luce hemos de burlarnos de aquellas inspiraciones y de +aquella fe? Y tanto más cuanto que volveremos a necesitarlas, pues si +a la noche se sucede el día, vuelve nueva noche tras este nuevo día, y +así entre luz y tinieblas vamos viviendo y marchando a un término que +no es ni tinieblas ni luz, sino algo en que ambas se aunan y confunden, +algo en que se funden corazón y cabeza y en que se hacen uno Don +Quijote y Sancho. + +Hoy Sancho distingue de sones y sabe cuáles son de batanes y cuáles +no, siempre que sea de día y vea los mazos que los producen, pero de +noche tiembla de miedo y nunca se atreve con seis jayanes, ni uno a uno +ni con todos juntos, y hoy Don Quijote se atreve con los jayanes y no +tiembla ni de noche ni de día, pero no distingue de sones y cuáles son +de batanes y cuáles no. Día llegará en que fundidos en uno, o mejor, +quijotizado Sancho antes que sanchizado Don Quijote, no tenga aquél +miedo y distinga de sones lo mismo de noche que de día y se atreva con +batanes y con jayanes. Pero es mal camino para llegar a ello burlarse +del Caballero y creer que todo estriba en distinguir de sones. No, no +es la ciencia sola, por alta y honda, la redentora de la vida. + + + + + CAPÍTULO XXI + + Que trata de la alta aventura y rica ganancia del yelmo de Mambrino, + con otras cosas sucedidas a nuestro invencible Caballero. + + +Tras esto cobró Don Quijote el yelmo de Mambrino, y Sancho, como +despojo de la victoria, trocó los aparejos de su asno por los del asno +del barbero, mejor repuesto que el suyo, _y almorzaron de las sobras +del real que del acémila despojaron_. Y luego _se pusieron a caminar +por donde la voluntad de Rocinante quiso, que se llevaba tras sí la de +su amo y aun la del asno_, y de camino se quejó Sancho de cuán poco +se ganaba con aquellas aventuras. Y departiendo mostró haber calado +la raíz del heroísmo de su amo cuando le pidió salieran de aquellas +aventuras _donde ya que se venzan y acaben las más peligrosas, no hay +quien las vea ni las sepa y así se han de quedar en perpetuo silencio y +en perjuicio de la intención de vuestra merced_--dijo--, y se pusieran +a servicio de algún emperador donde no faltaría quien pusiera _en +escrito las hazañas_ de Don Quijote, _para perpetua memoria_. Y añadió, +tocado ya de la locura de su amo: _de las mías no digo nada, pues no +han de salir de los límites escuderiles; aunque sé decir que si se usa +en la caballería escribir hazañas de escuderos, que no pienso que se +han de quedar las mías entre renglones_. + +¿Qué es eso, Sancho? ¿Estás pensando también tú en dejar eterno nombre +y fama? ¿Andas también enamorado, aunque sin saberlo, de Dulcinea? +Tú no has tenido Aldonza Lorenzo que te encienda el amor a la +inmortalidad, tú no has tenido amores de los que no se confiesan o no +pueden confesarse, tú al llegar a edad y considerando que no está bien +que el hombre esté solo, tomaste de mano del cura a Juana Gutiérrez por +compañera de tus faenas y para madre de tus hijos, pero andas con Don +Quijote, dejaste por él mujer e hijos, y te estás enquijotando ya. + +En esta plática, y al explicar Don Quijote cómo podría llegar a +casarse con hija de rey, dijo: _sólo falta ahora mirar qué rey de los +cristianos o de los paganos tenga guerra y tenga hija hermosa; pero +tiempo habrá para pensar esto, pues como te tengo dicho primero se +ha de cobrar fama por todas partes, que se acuda a la corte_, en que +parece que la fama no la quiere para fin, sino como medio, a pesar de +lo cual puede y debe asegurarse que no habría dejado Don Quijote a +Dulcinea por ninguna hija de rey, por hermosa que ella fuese y poderoso +y rico su padre. Y continuando el hidalgo mostró dudas de que el rey le +quisiese tomar por yerno, visto que no era de linaje de reyes o _por lo +menos primo segundo de emperador_, temiendo perder por semejante falta +lo que su brazo tendría bien merecido. _Bien es verdad_--añadió--_que +yo soy hijodalgo de solar conocido, de posesión y propiedad, y de +devengar quinientos sueldos; y podría ser que el sabio que escribiese +mi historia deslindase de tal manera mi parentela y descendencia que +me hallase quinto o sexto nieto de rey_, y a seguida de esto explicó a +Sancho lo de las dos maneras de linajes que hay en el mundo: los que +fueron y ya no son y los que son ya y no fueron. + +Y aquí encaja lo que dijo aquel capitán de que habla el Dr. Huarte, +en el cap. XVI de su EXAMEN DE INGENIOS y decía: «Señor, bien sé que +vuestra señoría es muy buen caballero y que vuestros padres lo fueron +también; pero yo y mi brazo derecho, a quien ahora reconozco por padre, +somos mejores que vos y todo vuestro linaje». Razón que hace alguna vez +suya Don Quijote, declarándose hijo de sus obras. + +Y así es; que mi humanidad empieza en mí y debe cada uno de nosotros +más que pensar en que es descendiente de sus abuelos y estanque a que +han venido acaso a juntarse tantas y tan diversas aguas, en que es +ascendiente de sus nietos y fuente de los arroyos y ríos que de él han +de brotar al porvenir. Miremos más que somos padres de nuestro porvenir +que no hijos de nuestro pasado, y en todo caso nodos en que se recogen +las fuerzas todas de lo que fué para irradiar a lo que será, y en +cuanto al linaje todos nietos de reyes destronados. + + + + + CAPÍTULO XXII + + De la libertad que dió Don Quijote a muchos desdichados que mal de su + grado los llevaban donde no querían ir. + + +Iban en esas y otras pláticas, cuando se le presentó a Don Quijote una +de sus más grandes aventuras, si es que no la mayor de todas ellas, +cual fué la de libertar a los galeotes. Que iban presos _de por fuerza +y no de su voluntad_, y esto le bastó a Don Quijote. + +Inquirió sus delitos, y de todo cuanto le dijeron sacó en limpio +que aunque les habían castigado por sus culpas, las penas que iban +a padecer no les daban mucho gusto, y que iban a ellas muy de mala +gana, muy contra su voluntad y acaso injustamente. Por lo cual decidió +favorecerles, como a menesterosos y opresos de los mayores, pues +_parece duro caso hacer esclavos a los que Dios y la naturaleza hizo +libres; cuanto más, señores guardas_--añadió Don Quijote--, _que estos +pobres no han cometido nada contra vosotros; allá se lo haya cada uno +con su pecado; Dios hay en el cielo que no se descuida de castigar al +malo ni de premiar al bueno, y no es bien que los hombres honrados sean +verdugos de los otros hombres no yéndoles nada en ello_, y así pidió +con mansedumbre que los soltaran. No lo quisieron hacer a buenas y +arremetió a malas contra ellos Don Quijote, quien ayudado por Sancho y +los galeotes mismos, logró librarlos. + +Hay que pararse a considerar el ánimo esforzado y justiciero que en +esta aventura mostró el hidalgo. Mi infortunado amigo Ángel Ganivet, +gran quijotista--lo cual es decir una cosa muy diferente y hasta +opuesta a eso que suele llamarse cervantista--, el infortunado Ganivet, +en su IDEARIUM ESPAÑOL, atañedero, a esto dice: + +«El entendimiento que más hondo ha penetrado en el alma de nuestra +nación, Cervantes... en su libro inmortal, separó en absoluto la +justicia española de la justicia vulgar de los Códigos y Tribunales; +la primera la encarnó en Don Quijote y la segunda en Sancho Panza. Los +únicos fallos judiciales moderados, prudentes y equilibrados que en el +Quijote se contienen son los que Sancho dictó durante el gobierno de su +ínsula; en cambio los de Don Quijote son aparentemente absurdos, por +lo mismo que son de justicia trascendental; unas veces peca por carta +de más y otras por carta de menos; todas sus aventuras se enderezan +a mantener la justicia ideal en el mundo, y en cuanto topa con la +cuerda de galeotes y ve que allí hay criminales efectivos, se apresura +a ponerlos en libertad. Las razones que Don Quijote da para libertar +a los condenados a galeras son un compendio de las que alimentan la +rebelión del espíritu español contra la justicia positiva. Hay, sí, +que luchar por que la justicia impere en el mundo; pero no hay derecho +estricto a castigar a un culpable mientras otros se escapan por las +rendijas de la ley; que al fin la impunidad general se conforma con +aspiraciones nobles y generosas, aunque contrarias a la vida regular +de las sociedades, en tanto que el castigo de los unos y la impunidad +de los otros son un escarnio de los principios de justicia y de los +sentimientos de humanidad a la vez». Hasta aquí Ganivet. + +De deplorar es el que espíritu tan inventivo como el de nuestro +granadino creyera, conforme al común sentir, que Cervantes encarnó +cosa alguna en Don Quijote, y no llegara a la fe, fe salvadora, de que +la historia del ingenioso hidalgo fué, como en realidad lo fué, una +historia real y verdadera, y además eterna, pues se está realizando de +continuo en cada uno de sus creyentes. No es que Cervantes quisiera +encarnar en Don Quijote la justicia española, sino que lo encontró +así en la vida del Caballero, y no tuvo otro remedio sino narrárnoslo +cual y como sucedió, aun sin alcanzársele todo su alcance. Ni aun vió +siquiera el íntimo contraste que surge del hecho de que fuese Don +Quijote el castigador de los mercaderes toledanos, del vizcaíno y de +tantos otros más, el mismo que negaba a otros derecho a castigar. + +Quédase Ganivet en los umbrales del quijotismo al suponer que la +justicia hecha por Don Quijote en los galeotes se fundara en que «no +hay derecho estricto a castigar a un culpable mientras otros se escapan +por las rendijas de la ley» y que es preferible la impunidad de todos +a la ley del embudo. Podría, en efecto, sostenerse que por tal razón +se movió Don Quijote a libertar a los galeotes sobre el fundamento de +haber dicho el mismo Caballero, en la arenga enderezada a los cabreros, +y al hablar del siglo de oro, que _la ley del encaje aún no se había +sentado en el entendimiento del juez, porque entonces no había qué +juzgar ni quién fuese juzgado_. Mas aunque el mismo Don Quijote se +engañara creyendo que fué ésta la razón de haber él dado libertad a +aquellos desgraciados, es lo cierto que en lo más hondo de su corazón +arraigaba tal hazaña. Y no os debe sorprender esto, lectores, ni debéis +caer en la simpleza de tomarlo a paradoja, porque no es quien lleva a +cabo una hazaña el que mejor conoce los motivos por que la cumplió, +ni suelen ser las razones que en abono y justificación de nuestra +conducta damos, sino razones _a posteriori_, o para hablar en romance, +de trasmano, manera que buscamos para explicarnos a nosotros mismos +y explicar a los demás el porqué de nuestros actos, quedándosenos de +ordinario desconocido el verdadero porqué. No niego que Don Quijote +creyera, con Ganivet y acaso con Cervantes, que libertó a los galeotes +por horror a la ley del encaje y por parecerle injusto castigar a unos +mientras se escapan otros por las rendijas de la ley, pero niego que +les libertara movido en realidad, y allá en sus adentros, por semejante +consideración. Y si así no fuera ¿con qué razón y derecho castigaba él, +Don Quijote como castigaba, sabiendo que escaparían los más del rigor +de su brazo? ¿Por qué castigaba Don Quijote si no hay castigo humano +que sea absolutamente justo? + +Don Quijote castigaba, es cierto, pero castigaba como castigan Dios y +la naturaleza, inmediatamente, cual en naturalísima consecuencia del +pecado. Así castigó a los arrieros que fueron a tocar sus armas cuando +las velaba, alzando la lanza a dos manos, dándoles con ella en la +cabeza y derribándolos para tornar a pasearse con el mismo reposo que +primero, sin cuidarse más de ello; así amenazó a Juan Haldudo el rico, +pero soltándolo bajo su palabra de pagar a Andrés; así arremetió a los +mercaderes toledanos, no bien los oyó blasfemar contra Dulcinea; así +venció a D. Sancho de Azpeitia, soltándolo bajo promesa de las damas de +que iría a presentarse a Dulcinea; así arremetió a los yangüeses, al +ver cómo maltrataban a Rocinante. Su justicia era rápida y ejecutiva; +sentencia y castigo eran para él una misma cosa; conseguido enderezar +el entuerto, no se ensañaba en el culpable. Y a nadie intentó +esclavizar nunca. + +Bien habría estado que al prender a cada uno de aquellos galeotes se +les hubiera dado una tanda de palos, pero... ¿llevarlos a galeras? +_Parece duro caso_--como dijo el Caballero--_hacer esclavos a los que +Dios y la naturaleza hizo libres_. Y añadió más adelante: _allá se lo +haya cada uno con su pecado; Dios hay en el cielo que no se descuida de +castigar al malo ni de premiar al bueno, y no es bien que los hombres +honrados sean verdugos de los otros hombres no yéndoles nada en ello_. + +Los guardas que llevaban a los galeotes los llevaban fríamente, por +oficio, en virtud de mandamiento de quien acaso no conociera a los +culpables, y los llevaban a cautiverio. Y el castigo, cuando de natural +respuesta a la culpa, de rápido reflejo a la ofensa recibida, se +convierte en aplicación de justicia abstracta, se hace algo odioso a +todo corazón bien nacido. Nos hablan las Escrituras de la cólera de +Dios y de los castigos inmediatos y terribles que fulminaba sobre los +quebrantadores de su pacto, pero un cautiverio eterno, un penar sin fin +basado en fríos argumentos teológicos sobre la infinitud de la ofensa +y la necesidad de satisfacción inacabable, es un principio que repugna +al cristianismo quijotesco. Bien está hacer seguir a la culpa su +natural consecuencia, el golpe de la cólera de Dios o de la cólera de +la naturaleza, pero la última y definitiva justicia es el perdón. Dios, +la naturaleza y Don Quijote castigan para perdonar. Castigo que no va +seguido de perdón, ni se endereza a otorgarlo al cabo, no es castigo, +sino ocioso ensañamiento. + +Mas se dirá: pues si se ha de perdonar ¿para qué el castigo? ¿Para +qué, preguntas? Para que el perdón no sea gratuito y pierda así +todo mérito; para que gane valor costando adquirirlo, teniendo que +comprarlo con sufrir castigo; para que el delincuente se ponga en +estado de recibir el fruto, el beneficio del perdón, borrado por el +castigo el remordimiento que se lo impediría. El castigo satisface al +ofensor, no al ofendido, y hasta le repugna a aquél el perdón gratuito, +apareciéndosele como la más quintesenciada forma de la venganza, como +flor de desdén. El perdón gratuito es un perdón que se echa como +de limosna. Los débiles se vengan perdonando, sin haber castigado. +Agradecemos más el abrazo, si es cordial, después de la bofetada con +que a nuestra provocación se responde. + +Cuando un hombre se siente ofendido, vese empujado a venganza, pero +luego que se vengó, si es bien nacido y noble, perdona. De ese +sentimiento de venganza brotó la llamada justicia, intelectualizándolo, +y muy lejos de ennoblecerse con ello, se envileció. El bofetón que +suelta uno al que le insulta es más humano, y por ser más humano, más +noble y más puro que la aplicación de cualquier artículo del código +penal. + +El fin de la justicia es el perdón y en nuestro tránsito a la vida +venidera, en las ansias de la agonía, a solas con nuestro Dios, se +cumple el misterio del perdón para los hombres todos. Con la pena de +vivir y las penas a ella consiguientes se pagan las fechorías todas que +en la vida se hubieren cometido; con la angustia de tener que morirse +se acaba de satisfacer por ellas. Y Dios, que hizo al hombre libre, no +puede condenarle a perpetuo cautiverio. + +_Allá se lo haya cada uno con su pecado; Dios hay en el cielo que no se +descuida de castigar al malo ni de premiar al bueno._ Aquí Don Quijote +remite el castigo a Dios, sin decirnos cómo creía él que Dios castiga, +pero no pudo creer, por mucha que su ortodoxia fuese, en castigos +inacabables, y no creyó en ellos. Hay que remitir, sí, a Dios el +castigar, pero no haciéndole ministro de nuestras justicias, como tanto +se acostumbra, cuando somos nosotros los que deberíamos ser ministros +de la suya. ¿Quién es el mortal que osa pronunciar en nombre de Dios +sentencias, dejando a Dios el ejecutarlas? ¿Quién es el que así hace a +Dios ministro suyo? El que cree estar diciendo: «en nombre de Dios te +condeno», lo que en realidad está queriendo decir es esto otro: «Dios, +en mi nombre, te condena». Mirad bien que los que se arrogan ministerio +especial de Dios es en el fondo que pretenden que Dios les ministre a +ellos. Don Quijote no; Don Quijote que se creía ministro de Dios en +la tierra y brazo por quien se ejecuta en ella su justicia, pero como +lo somos todos, Don Quijote le dejaba a Dios el juzgar de quién fuera +bueno y quién malo y merced a qué castigo habría que perdonar a éste. + +Mi fe en Don Quijote me enseña que tal fué su íntimo sentimiento, y si +no nos lo revela Cervantes es porque no estaba capacitado para penetrar +en él. No por haber sido su evangelista, hemos de suponer fuera quien +más adentró en su espíritu. Baste que nos haya conservado el relato de +su vida y hazañas. + +_No es bien que los hombres honrados sean verdugos de los otros +hombres, no yéndoles en ello nada._ Don Quijote, como el pueblo de que +es la flor, mira con malos ojos al verdugo y a todo ministro y ejecutor +de justicia. Santo y bueno que se tome uno la justicia por su mano, +pues le abona un natural instinto, pero ser verdugo de otros hombres +para ganarse así el pan sirviendo a la odiosa justicia abstracta, no es +bien. Pues la justicia es impersonal y abstracta, castigue impersonal y +abstractamente. + +Ya os veo aquí, lectores timoratos, llevaros las manos a la cabeza y os +oigo exclamar: ¡qué atrocidades! Y luego habláis de orden social y de +seguridad y de otras monsergas por el estilo. Y yo os digo que si se +soltase a los galeotes todos no por eso andaría más revuelto el mundo, +y si los hombres todos cobraran robusta fe en su última salvación, +en que al cabo todos hemos de ser perdonados y admitidos al goce del +Señor, que para ello nos crió libres, seríamos todos mejores. + +Bien sé que en contra de esto me argüiréis con el ejemplo mismo de los +galeotes y de cómo le pagaron a Don Quijote la libertad que les había +devuelto. Pues no bien los vió sueltos, los llamó y diciéndoles que _de +gente bien nacida es agradecer los beneficios que reciben, y uno de +los pecados que más a Dios ofenden es la ingratitud_, les mandó fuesen +cargados de la cadena a presentarse ante la señora Dulcinea del Toboso. +Los desdichados, llenos de miedo no fuese les prendiera de nuevo la +Santa Hermandad, respondieron por boca de Ginés de Pasamonte, que no +podían cumplir lo que Don Quijote les pedía, y se lo mudase en alguna +cantidad de avemarías y credos. Irritó al Caballero, que era pronto a +la cólera, el desenfado de Pasamonte, y le reprendió. Y entonces hizo +éste del ojo a sus compañeros y _apartándose aparte comenzaron a llover +tantas y tantas piedras sobre Don Quijote... que dieron con él en el +suelo_. Y una vez en tierra, le golpeó uno y le quitaron la ropilla y a +Sancho el gabán. + +Lo cual debe enseñamos a libertar galeotes precisamente porque no nos +lo han de agradecer, que de contar de antemano con su agradecimiento, +nuestra hazaña carecería de valor. Si no hiciéramos beneficios sino +por las gratitudes que de ellos habríamos de recoger ¿para qué nos +servirían en la eternidad? Debe hacerse el bien no sólo a pesar de que +no nos lo han de corresponder en el mundo, sino precisamente porque no +han de correspondérnoslo. El valor infinito de las buenas obras estriba +en que no tienen pago adecuado en la vida, y así rebosan de ella. La +vida es un bien muy pobre para los bienes que en ella cabe ejercer. + +Pero viene aquí un pasaje tan triste como hermoso, pues mostrándonos +una carnal flaqueza del Caballero, nos muestra que era de carne y hueso +como nosotros, y como nosotros sujeto a las miserias humanas. + + + + + CAPÍTULO XXIII + +De lo que aconteció al famoso Don Quijote en Sierra Morena, que fué una + de las más raras aventuras que en esta verdadera historia se cuentan. + + +Y fué cuando, viéndose tan malparado, dijo a su escudero: _siempre, +Sancho, lo he oído decir, que el hacer bien a villanos es echar agua +en la mar: si yo hubiera creído lo que me dijiste, yo hubiera excusado +esta pesadumbre; pero ya está hecho, paciencia y escarmentar para desde +aquí adelante_. El pobre Caballero, tendido en tierra, siente flaquear +su fe. Mas ved que acude en su ayuda Sancho, el heroico Sancho, y +lleno de fe quijotesca, responde a su amo: _Así escarmentará vuestra +merced como yo soy turco_. Y ¡qué bien calaste, Sancho heroico, Sancho +quijotesco, que tu amo no podía escarmentar de hacer el bien y cumplir +la justicia verdadera! + +Y porque apedrearan a Don Quijote y le robaran la ropilla ¿hemos de +creer que no le iban agradecidos los galeotes y que la libertad no les +mejoró el ánimo? Cuando le robaron la ropilla es que la necesitaban, y +esto no excluía agradecimiento, pues una cosa es la gratitud y otra el +oficio, y el de los más de ellos era el de ladrones. Y además ¿quién +sabe si no es que querían llevarse una prenda suya como de recuerdo? ¿Y +que le apedrearon? Sí, por agradecimiento también. Peor habría sido que +le hubiesen vuelto las espaldas. + +Encimada la aventura de los galeotes y obedeciendo Don Quijote a los +ruegos de Sancho, que le pedía se apartaran de la furia de la Santa +Hermandad, mas no por miedo a ella, se entraron en Sierra Morena, +haciendo noche _entre dos peñas y entre muchos alcornoques_. Y aquella +noche fué cuando robó su jumento a Sancho Ginés de Pasamonte, el +desgraciado galeote. Y a poco hallaron la maleta de Cardenio y el +montoncillo de escudos de oro que hizo exclamar a Sancho: _bendito sea +todo el cielo que nos ha deparado una aventura que sea de provecho_. + +¡Ah Sancho veleta, vuelve a vencerte la carne y llamas aventura a eso +de topar con un montoncillo de escudos de oro! Eres del país de la +lotería. Se lo regaló su amo, que no iba a la busca de tales aventuras +de dinero hallado. Interesóse más en los lamentos amorosos que en la +maleta se contenían, y al ver pasar saltando de risco en risco a un +solitario, decidido a buscarle, mandó a Sancho lo atajase. Y entonces +respondió éste aquellas notabilísimas palabras de: _No podré hacer eso +porque en apartándome de vuestra merced, luego es conmigo el miedo, que +me asalta con mil géneros de sobresaltos y visiones_. + +¿Y cómo no, Sancho amigo, cómo no? Tu amo será, si quieres, loco de +remate, pero ni supiste, ni sabes ni sabrás ya vivir sin él; renegarás +de su locura y de los manteamientos en que con ella te mete, pero si te +deja, te acometerá el miedo al verte solo. Tú sin tu amo estás tan solo +que estás sin ti. Gustaste el amparo de Don Quijote, cobraste fe en él, +si el mantenimiento de tu fe te falta ¿quién te librará del miedo? ¿Es +acaso el miedo otra cosa que la pérdida de la fe?, y ¿no se recobra +ésta en fuerza de miedo? Y la fe, amigo Sancho, es adhesión no a una +teoría, no a una idea, sino a algo vivo, a un hombre real o ideal, es +facultad de admirar y de confiar. Y tú, Sancho fiel, crees en un loco y +en su locura, y si te quedas a solas con tu cordura de antes ¿quién te +librará del miedo que te ha de acometer al verte solo con ella, ahora +que gustaste de la locura quijotesca? Por eso pides a tu amo y señor +que no se aparte de ti. + +Y tu Don Quijote, magnánimo y fuerte, te responde: _Así será, y yo +estoy muy contento de que te quieras valer de mi ánimo, el cual no te +faltará aunque te falte el ánima del cuerpo_. Ten fe, pues, Sancho, ten +fe, que aunque te falte el ánima del cuerpo, no te faltará el ánimo de +Don Quijote. La fe cumplió en ti su milagro; el ánimo de Don Quijote es +ya tu ánimo y ya no vives tú en ti mismo, sino que es él, tu amo, quien +en ti vive. Estás quijotizado. + +Entonces encontró Don Quijote a Cardenio y apenas vió al otro loco, +loco de amor, _le tuvo un buen espacio estrechamente entre sus brazos, +como si de luengos tiempos le hubiera conocido_. Y así era en verdad. +Saludáronse y manifestó Don Quijote su propósito de servirle y si +no hallaba remedio a su dolor, ayudarle a llorar su desventura y _a +plañirla como mejor pudiera_. Y al llorar y plañir la desventura de +Cardenio ¿no llorarías y plañirías la tuya, buen Caballero? Al llorar +los desdenes de Lucinda ¿no llorarías aquella contención que te impidió +abrir el corazón a Aldonza? + +Hay, sin embargo, maliciosos en creer que todo ello era sólo para mover +a Cardenio a que contase su historia, pues era Don Quijote curioso en +extremo y amigo de enterarse de vidas ajenas. + + + + + CAPÍTULOS XXIV Y XXV + + Donde se prosigue la aventura de Sierra Morena y que trata de las +extrañas cosas que en Sierra Morena sucedieron al valiente caballero de + la Mancha y de la imitación que hizo a la penitencia de Beltenebros. + + +Aquí Cervantes, no fiando demasiado en la virtualidad de la historia +de su héroe, intercala la de Cardenio. Mas aun así nos contó la +interrupción de Don Quijote a Cardenio y cómo salió a la defensa de +la reina Madasina, ofendida por éste. Con lo cual quiso enseñarnos a +que no toleremos se le ofenda a él por los que se obstinan en tratarle +como a mero ente de razón, sin consistencia real. Y no es razón que +los tales no estén en su cabal juicio, pues _contra cuerdos y contra +locos_, como dijo en aquella ocasión Don Quijote, debe volver uno por +la verdad radical. Como por ella volvió el hidalgo. El cual si pecaba +era de jactancioso, pues aun entonces afirmó que él se sabía las reglas +de caballería _mejor que cuantos caballeros las profesaron en el mundo_. + +Yendo después por aquellas soledades de Sierra Morena volvió a dar Don +Quijote en su verdadero tema, y fué al decir a Sancho que le llevaba +por aquellas partes el deseo _de hacer en ellas una hazaña con que he +de ganar_--dijo--_perpetuo nombre y fama en todo lo descubierto de +la tierra_. Y para lograrlo se propone imitar a su modelo, Amadís de +Gaula. Sabía bien que a la perfección se llega imitando a hombres y no +tratando de poner en práctica teorías. Y para imitarle en la penitencia +que hizo en la Peña Pobre, mudando su nombre en el de Beltenebros, +decidió Don Quijote hacer en Sierra Morena _del desesperado, del +sandio y del furioso_, aventura más fácil que la de _hender gigantes, +descabezar serpientes, matar endriagos, desbaratar ejércitos, fracasar +armadas y dehacer encantamentos_. + +Y como el heroico loco era muy cuerdo, no quiso imitar a D. Roldán en +lo de arrancar árboles, enturbiar las aguas de las claras fuentes, +matar pastores, destruir ganados, abrasar chozas, derribar casas, +arrastrar yeguas y _otras cien mil insolencias dignas de eterno nombre +y escritura_, sino sólo en lo esencial, y aun venir a contentarse con +la sola imitación de Amadís, _que sin hacer locuras de daño, sino de +lloros y sentimientos, alcanzó tanta fama como el que más_. El punto +estaba en alcanzar fama y renombre, y si las locuras de daño no eran +para ello necesarias, eran ya locuras de locura. + +Y requerido por Sancho de por qué razón habría de volverse loco sin que +Dulcinea le hubiese faltado, contestó con aquella preñadísima sentencia +que dice: _Ahí está el punto y ésa es la fuerza de mi negocio, que +volverse loco un caballero andante con causa, ni grado ni gracias; el +toque está en desatinar sin ocasión y dar a entender a mi dama que si +en seco hago esto, qué hiciera en mojado_. Sí, Don Quijote mío, el +toque está en desatinar sin ocasión, en generosa rebelión contra la +lógica, durísima tirana del espíritu. Los más de los que en ésta tu +patria son tenidos por locos, desatinan con ocasión y con motivo y en +mojado, y no son locos, sino majaderos forrados de lo mismo, cuando no +bellacos de lo fino. La locura, la verdadera locura nos está haciendo +mucha falta, a ver si nos cura de esta peste del sentido común que nos +tiene a cada uno ahogado el propio. + +Ahogado se lo tenía a Sancho, pues dudó de ti, heroico Caballero, +cuando le hablaste de nuevo del yelmo de Mambrino y estuvo a punto de +creer patraña tus promesas todas porque sus ojos carnales le hacían +ver el yelmo como si fuese bacía de barbero. Pero bien le respondiste: +_eso que a ti te parece bacía de barbero, me parece a mí el yelmo de +Mambrino y a otro le parecerá otra cosa_. Ésta es la verdad pura; +el mundo es lo que a cada cual le parece, y la sabiduría estriba en +hacérnoslo a nuestra voluntad, desatinando sin ocasión y henchidos de +fe en lo absurdo. El carnal Sancho creyó, al ver empezar a Don Quijote +la penitencia que iba de burlas y no de veras, mas desengañóle su amo. +No, Sancho amigo, no, la verdadera locura va de veras siempre; son los +cuerdos los que van de burlas. + +Y ¡qué locura! Entonces fué cuando Don Quijote declaró a Sancho lo de +ser Dulcinea Aldonza Lorenzo, la hija de Lorenzo Corchuelo y de Aldonza +Nogales, y Sancho nos declaró las prendas terrenales de ella, _moza de +chapa, hecha y derecha y de pelo en pecho_, que tiraba la barra _como +el más forzudo zagal de todo el pueblo_. Se puso un día _encima del +campanario de la aldea a llamar a unos zagales suyos que andaban en +un barbecho de su padre y aunque estaban de allí a media legua, así +lo oyeron como si estuvieran al pie de la torre_. Y se la oye ahora, +que convertida en Dulcinea, pregona tu nombre, Sancho socarrón. _Tiene +mucho de cortesana_--añadió--; _con todos se burla y de todo hace mueca +y donaire_... Sí, de todos sus favoritos se burla la Gloria. + +Dejó de hablar Sancho, juzgando a Dulcinea, o mejor a Aldonza, según +sus groseros ojazos, y su amo le contó el cuento de la viuda hermosa, +moza, libre y rica que se enamoró del mozo rollizo e idiota. Para lo +que le quería... Sí, para el que quiere estrujar idealidad del mundo +nada hay en él de bajo ni de grosero, y muy bien puede Aldonza Lorenzo +encarnar a Dulcinea. + +Pero hay aquí algo más íntimo. Alonso Quijano el Bueno que había +recatado en los más recónditos recovecos de su corazón durante doce +años aquel amor que fué acaso lo que llevándole a engolfarse en libros +de caballería le llevó a hacerse Don Quijote, Alonso Quijano, roto +ahora, merced a la locura caballeresca, su vergonzante recato, confiesa +a Sancho su amor. ¡A Sancho! Y al confesarlo, lo profana. El muy +bellaco del escudero no se percata de lo que se le abre al conocimiento +y a la confianza y habla de Aldonza como de una garrida moza cualquiera +de lugar. Y entonces Don Quijote, apesadumbrado al ver cuán a lo burdo +entendió Sancho sus amores, sin conocer que para todo buen enamorado +es su amor único y como no lo ha habido en la tierra antes, le cuenta +la sustanciosa historia de la viuda y el idiota, para concluir en lo +de _por lo que yo quiero a Dulcinea del Toboso, tanto vale como la +más alta princesa de la tierra_. ¡Pobre Caballero! y cómo tuviste que +callar y sepultar en lo más escondido de tu seno que a no haberte atado +la vergüenza del de demasiado amor que se te prendió en el otoño de tus +años, para otra cosa que para invocarla por los caminos bajo el nombre +de Dulcinea habrías querido a la hermosa hija de Lorenzo Corchuelo y de +Aldonza Nogales! Di ¿no hubieras dado por ella la gloria, esa gloria +que por ella ibas a buscar? + +Acabado el coloquio, escribió Don Quijote la carta a Dulcinea, aun no +sabiendo leer Aldonza Nogales, y la cédula de los tres pollinos que se +entregarían a Sancho. ¡Ah, Sancho, Sancho, llevas el más grande de los +cometidos, una misiva de amor a Dulcinea, y necesitas llevar con ella +una cédula de tres pollinos! + +Siguióse nuevo coloquio y en él dijo Don Quijote aquello de: _A fe, +Sancho, que a lo que parece no estás tú más cuerdo que yo_. Cierto es +ello, pues le contagiaste, noble Caballero. + +Al ir a partir Sancho, desnudóse su amo con toda priesa los calzones, +_quedó en carnes y en pañales y luego, sin más ni más, dió dos +zapatetas en el aire y dos tumbos la cabeza abajo y los pies en alto +descubriendo cosas que, por no verlas otra vez, volvió Sancho la rienda +a Rocinante y se dió por satisfecho de que podía jurar que su amo +quedaba loco_. + + + + + CAPÍTULO XXVI + + Donde se prosiguen las finezas que de enamorado hizo Don Quijote en + Sierra Morena. + + +Y quedóse Don Quijote rezando en un rosario de agallas grandes de +alcornoque, paseándose por un pradecillo, escribiendo y grabando en las +cortezas de los árboles y por la menuda arena muchos versos, suspirando +y llamando a los faunos, silvanos y ninfas de aquellos contornos. + +¡Admirable aventura! ¡Aventura del género contemplativo más bien que +del activo! Hay gentes, Don Quijote mío, ciegas al valor de estas +aventuras de suspirar y dar sin más ni más zapatetas en el aire. Sólo +el que las dió o es capaz de darlas, puede dar cima a grandes empresas. +Desgraciado del que a solas consigo mismo es cuerdo y cuida que los +demás le miran. + +Esta penitencia de Don Quijote en Sierra Morena nos trae a la memoria +aquella otra de Íñigo de Loyola en la cueva de Manresa y sobre todo +cuando en el mismo Manresa y en el monasterio de Santo Domingo +«vínole al pensamiento--como nos dice el P. Rivadeneira, libro I, +cap. VI--un ejemplo de un santo que para alcanzar de Dios una cosa +que le pedía, determinó de no desayunarse hasta alcanzarla. A cuya +imitación--añade--propuso él también de no comer ni beber hasta hallar +la paz tan deseada de su alma, si ya no se viese por ello a peligro de +morir». + +Al terminar un piadoso autor la vida de San Simeón Estilita, añade: +«esta vida es más para admirada que para imitada», y Teresa de Jesús, +en el párrafo tercero del capítulo XIII de su VIDA, nos dice que el +demonio «nos dice o hace entender que las cosas de los Santos son +para admiradas, mas no para hacerlas los que somos pecadores» y eso +dice ella también, mas que «hemos de mirar cuál es de espantar y cuál +de imitar». Y así podría creerse que la penitencia de Don Quijote en +Sierra Morena es más para admirada que para imitada. Pero yo os digo +que de la misma fuente de que brotaron sus más hazañosas proezas, de +esa misma fuente brotó también lo de las zapatetas en el aire, siendo +inseparable lo uno de lo otro. Aquellas locuras encendieron su amor a +Dulcinea, y ese amor fué su brújula y su resorte de acción. + +Lo bello es lo superfluo; lo que tiene su fin en sí; la flor de la +vida. Y esas zapatetas en el aire son bellísimas, porque no tienen +otro fin que el de darlas. Aunque sí, otro fin tuvieron, fin de propia +educación. Oídme una parábola: + +Llegaron a segar un campo dos segadores. El uno, ansioso de segar +mucho, empezó a cortar sin cuidarse de afilar la guadaña y al poco +rato, mellada ella y embotado el filo, derribaba la yerba, mas sin +cortarla. El otro, deseoso de segar bien, se pasó casi toda la mañana +en afilar su instrumento, y al caer de la tarde ni éste ni aquél habían +ganado su jornal. Así hay quien sólo se cuida de obrar sin afilar ni +pulir su voluntad y su arrojo, y quien se pasa la vida en afile y +pulimento, y en prepararse a vivir le llega la muerte. Hay, pues, que +segar y pulir la guadaña, obrar y prepararse para la obra. Sin vida +interior no la hay exterior. + +Y esas zapatetas sin más ni más en el aire, y esos rezos, esos grabados +en las cortezas de los árboles, suspiros e invocaciones, son ejercicio +espiritual para arremeter molinos, alancear corderos, vencer vizcaínos, +libertar galeotes y ser por ellos apedreado. Allí, en aquel retiro y +con aquellas zapatetas, se curaba de las burlas del mundo, burlándose +de él, y desahogaba su amor; allí cultivaba su locura heroica con +desatinos en seco. + +En tanto tomó Sancho camino del Toboso y al llegar cerca de la venta en +que lo mantearon, topó con el cura y el barbero de su lugar. Los cuales +no bien le vieron, preguntáronle por Don Quijote y dónde quedaba, y +Sancho, guiado de un certero instinto, intentó ocultarlo. Y ¡qué bien +comprendías, fiel escudero, que los mayores enemigos del héroe son sus +propios deudos y parientes, los que le quieren con cariño de la carne! +No le quieren por él ni por su obra, sino quiérenle para ellos. No le +quieren por su obra, que es su alma y su razón de ser; no le quieren +en la eternidad, sino en el tiempo. Cuenta Marcos el evangelista, en +el capítulo III de su Evangelio, que cuando Jesús había elegido sus +apóstoles, estaba rodeado de mucha gente, que ni aun podían comer pan +(ver. 20) y al oirlo los suyos, οι παρ' αὺτοῦ, los de su familia, su +madre y hermanos, fueron a prenderle diciendo: «está fuera de sí», esto +es, está loco (ver. 21) y al decirle al Maestro: «He ahí tu madre y tus +hermanos que te buscan fuera», respondió diciendo: «¿Quién, mi madre +y mis hermanos? He aquí mi madre y mis hermanos--y miró a los que le +rodeaban--; quien hiciere la voluntad de Dios ese es mi hermano y mi +hermana y mi madre» (vers. 31 a 35). Para nadie es más loco el héroe, +el santo, el redentor, que para su propia familia, para sus padres y +hermanos. + +El cura y el barbero obraban al querer reducir a Don Quijote a su casa, +conforme al corazón del alma y la sobrina del hidalgo, que le creían +fuera de sí. Pero los sobrinos de Don Quijote son quienes se encienden +en su hidalga caballerosidad, son sus parientes en espíritu. El héroe +acaba por no poder tener amigos; por ser a la fuerza un solitario. + +Bien hizo, pues, Sancho en querer ocultar al cura y al barbero dónde +paraba su amo, pero no le valió la treta, porque como estaba solo, sin +el amparo de su señor, le atacaron por el miedo y le hicieron cantar +de plano. Y lo cantó todo, asombrando a los vecinos, que _se admiraron +de nuevo considerando cuán vehemente había sido la locura de Don +Quijote, pues había llevado tras sí el juicio de aquel pobre hombre_. +¿Vehemente? Más que vehemente; contagiosa con el contagio del heroísmo. +Y no puede ni debe llamarse pobre hombre a quien tan rico de espíritu +se iba haciendo con sólo haber entrado a servir a tal caballero. + +_No quisieron cansarse en sacarle del error en que estaba_--agrega +el historiador--, _pareciéndoles que pues que no le dañaba nada la +conciencia, mejor era dejarle en él, y a ellos les sería de más gusto +oir sus necedades_. Ved cómo toman estos dos mundanos cura y barbero +las cosas de Sancho; le dejan en lo que creen su error y era fe en el +heroísmo, para sacar gusto de oir las que reputan sus necedades. Haced +luego nada heroico o decid algo sutil o nuevo para dar gusto a los que +os lo tomarán como meras ingeniosidades. + +Presumo que leerán estos mis comentarios no pocos curas y barberos +manchegos, o que merecían serlo, y hasta llego a sospechar que los más +de los que me los lean andarán más cerca que de otra cosa de aquellos +cura y barbero, y creerán bueno dejarme en los que juzguen mis errores +para sacar gusto de mis necedades. Dirán, como si lo oyera, que sólo +busco y rebusco ingeniosas paradojas para hacerme pasar por original, +pero yo sólo les digo que si no ven ni sienten todo lo que de pasión y +encendimiento de ánimo y hondas inquietudes y ardorosos anhelos pongo +en estos comentarios a la vida de mi señor Don Quijote y de su escudero +Sancho, y he puesto en otras de mis obras, si no ven ni sienten eso, +digo, los compadezco con toda la fuerza de mi corazón y los tengo +por unos miserables esclavos del sentido común y unos espíritus +aparenciales que se pasean entre sombras recitando de coro las viejas +coplas de Calaínos. Y me encomiendo a nuestra señora Dulcinea, que dará +al cabo cuenta de ellos y de mí. + +En acabando de leer esto se sonreirán también murmurando: ¡Paradojas! +¡Nuevas paradojas! ¡Siempre paradojas! Pero venid acá, espíritus +alcornoqueños, hombres de dura cerviz, venid y decidme ¿qué entendéis +por paradoja y queréis decir con eso? ¡Sospecho que os queda otra +dentro, desgraciados rutineros del sentido común! Lo que no queréis +es remejer el poso de vuestro espíritu ni que os lo remejan; lo que +rehusáis es zahondar en los hondones del alma. Buscáis la estéril +tranquilidad de quien descansa en institutos externos, depositarios de +dogmas, y os divertís con las necedades de Sancho. Y llamáis paradoja +a lo que os cosquillea el ánimo. Estáis perdidos, irremisiblemente +perdidos; la haraganería espiritual es vuestra perdición. + + + + + CAPÍTULO XXVII + +De cómo salieron con su intención el cura y el barbero, con otras cosas + dignas de que se cuenten en esta grande historia. + + +Y volviendo a nuestra historia os recordaré, pues cuantos me leís +la conocéis ya, lo ideado por el cura y el barbero para sacar a Don +Quijote de aquella penitencia, que juzgando curibarberilmente estimaban +inútil, vistiéndose el cura en hábito de doncella andante, ya que los +curas acostumbran vestirse, como las doncellas y las que lo fueron, por +la cabeza, y de escudero el rapa-barbas, e irse así _adonde Don Quijote +estaba, fingiendo ser ella una doncella afligida y menesterosa_ y todo +lo demás que se nos cuenta al respecto, para sacar a Don Quijote de +Sierra Morena y llevarle a su casa. Y así, disfrazado de doncella el +cura, montado en su mula a mujeriegas y con el barbero, con su cola de +buey por barba, fueron a seducir al Caballero. Y al poco cayó el cura +en la cuenta de lo indecente que para su carácter era tal mojiganga +y cambiaron los papeles. Le caía mejor barba de cola de buey que no +vestido de doncella. Y engañaron a Sancho, al sencillo y fiel Sancho, +para que vendiese a su amo dándole barbero por doncella andante. + + + + + CAPÍTULO XXIX + + Que trata de la nueva y agradable aventura que al cura y al barbero + sucedió en la misma sierra. + + +Mas ni aun esto fué menester, porque la suerte les deparó a la hermosa +Dorotea---casi todas las damas que figuran en esta historia son +hermosas--, que se prestó a hacer el papel de doncella menesterosa, +princesa Micomicona, y tan al vivo se atavió para ello, que cayó en el +lazo el incauto Sancho. + +Estaba a todo esto Don Quijote en camisa, flaco, amarillo, muerto de +hambre y suspirando por su señora Dulcinea. Ya vestido le encontró la +princesa Micomicona, hincóse de hinojos ante él, pidióle Don Quijote +que se levantara, rehusó ella hacerlo hasta que se le otorgara el don +que pediría, siéndole de antemano otorgado por el Caballero, como no +hubiera de cumplirse en daño o mengua de su rey, de su patria y de +aquella que de su corazón y libertad tenía la llave. Esto es prometer +con cautela y sin comprometerse. Pidióle entonces la princesa se +fuere con ella sin entrometerse en otra aventura hasta vengarla de un +traidor que le tenía usurpado el reino, y Don Quijote le aseguró podía +desechar toda melancolía, pues con la ayuda de Dios y la de su brazo +veríase ella presto restituida a su reino. Si Dios movía el brazo +del Caballero, sobraba la segunda ayuda. Quiso la princesa besarle +las manos, no lo consintió él, que _en todo era comedido y cortés +caballero_, y se aprestó a seguirla. + +Aquí hay que admirar cómo unía y juntaba en uno Don Quijote su fe en +Dios y su fe en sí mismo, al decir a la princesa lo que le dijo de +cómo se vería presto restituída a su reino y sentada en la silla de +su antiguo y grande estado, a pesar y a despecho de los follones que +contradecirlo quisieren. Y es que no hay fe en sí mismo como la del +servidor de Dios, pues éste ve a Dios en sí; como la fe del que, cual +Don Quijote, si bien llevado del cebo de la fama, busca ante todo el +reino de Dios y su justicia. Dásele todo lo demás por añadidura y a la +cabeza de todo lo demás fe en sí mismo, necesaria para obrar. + +Encontrándose los PP. Láinez y Salmerón con grandes dificultades de +parte de la Señoría de Venecia para fundar el Colegio de Padua, y +teniendo por desahuciado el negocio, escribió Láinez a Íñigo de Loyola +«en qué términos estaba, pidiéndole que para que Nuestro Señor le +diese buen suceso, dijese una misa por aquel negocio, porque él no +hallaba otro remedio. Dijo el Padre la misa, como se le pedía, el mismo +día de la Natividad de Nuestra Señora, y acabada, escribió a Láinez: +«Ya hice lo que me pedistes; tened buen ánimo, y no os dé pena este +negocio, que bien le podéis tener por acabado como deseáis. Y así fué». +(Rivadeneira, libro III, cap. VI.) + +Y viene lo triste de la aventura de Don Quijote, y es que entre tanto +_estábase el barbero aún de rodillas teniendo gran cuenta de disimular +la risa y de que no se le cayese la barba, con cuya caída quizá +quedaran todos sin conseguir su buena_--según Cervantes--_intención_. +Hasta aquí todas han sido aventuras de las que la suerte le procuraba +al hidalgo al azar de los caminos y veredas, aventuras naturales y +ordenadas por Dios para su gloria; mas ahora empiezan las que le +armaron los hombres y con ellas lo más recio de su carrera. Ya tenemos +al héroe siendo, en cuanto héroe, juguete de los hombres y motivo +de risa; ya está la compañía de los hombres en campaña contra él. +El barbero disimula la risa para no ser conocido. Sabe que la risa, +arrancándonos la máscara de la seriedad, barba tan quitadiza como +postiza es, nos pone al descubierto. + +Empieza ahora, digo, lo triste de la carrera quijotesca. Sus más +hermosas y más espontáneas aventuras quedan ya cumplidas; en adelante +las más de ellas lo serán ya de tramoya y armadas por hombres +maliciosos. Hasta aquí desconocía el mundo al héroe, y éste, a su vez, +trataba de hacérselo a su antojo; ahora el mundo le conoce y le acepta, +más para burlarse de él, y siguiéndole el humor, fraguarle a su antojo. +Ya estás, mi pobre Don Quijote, hecho regocijo y períndola de barberos, +curas, bachilleres, duques y desocupados de toda laya. Empieza tu +pasión, y la más amarga, la pasión por la burla. + +Mas por esto mismo ganan tus aventuras en profundidad lo que en +arrojo pierden, porque concurre a ellas, sea como fuere y de un modo +o de otro, el mundo. Quisiste hacer del mundo tu mundo, enderezando +entuertos y asentando la justicia en él; ahora el mundo recibe a +tu mundo como a parte suya y vas a entrar en la vida común. Te +desquijotizas algo, pero es quijotizando a cuantos de ti se burlen. Con +la risa los llevas tras de ti, te admiran y te quieren. Tú harás que el +bachiller Sansón Carrasco acabe por tomar en veras sus burlas, y pase +de pelear por juego a pelear por honra. Déjale, pues, al barbero que +se sotorría bajo sus barbas postizas. «He aquí el hombre», dijeron en +burla a Cristo Nuestro Señor; «he aquí el loco», dirán de ti, mi señor +Don Quijote, y serás el loco, el único, el Loco. + +Y Sancho, el pobre Sancho, sabedor en gran parte de la farsa, pues vió +tras bastidores y entre bambalinas preparar la comedia, creía, sin +embargo, con fe heroica, en el reino Micomicón y aun soñaba con traer +de él negros y venderlos para enriquecerse. ¡Oh fe robusta! Y no se nos +diga que se la atizaba la codicia, no; sino que era, por el contrario, +su fe la que le despertaba la codicia. + +Hízose entonces el cura el encontradizo, saludó a su vecino Alonso +Quijano como a su buen compatriota Don Quijote de la Mancha, _la flor +y nata de la gentileza_..., _la quinta esencia de los caballeros +andantes_, consagrándole así juguete de sus convecinos, y el ingenioso +hidalgo, así que le hubo conocido, intentó apearse, ya que el cura +estaba en pie. Rendía parias al burlador, pues era éste, al fin y al +cabo, el cura de almas de su pueblo. + +Un contratiempo hizo que se le cayeran las postizas barbas al barbero, +y el cura acudió a pegárselas con un ensalmo _de que se admira Don +Quijote sobre manera y rogó al cura que cuando tuviese lugar le +enseñase aquel ensalmo_. ¡Ay, mi pobre Caballero, y cómo empieza a +obrar en ti la tramoya en que los burladores te envuelven! Ya no +inventas tú las maravillas; te las inventan. + +Mas no contento el cura con su papel de burlador, quiso tomar el de +reprensor también y enderezó una agria reprimenda al hombre valiente +que libertó a los galeotes, fingiendo no conocerlo. Y el Caballero, +_al cual se le mudaba la color a cada palabra_, callaba, sin darse por +aludido, pues era al fin su cura, su confesor el que hablaba. + + + + + CAPÍTULO XXX + + Que trata de la discreción de la hermosa Dorotea, con otras cosas de + mucho gusto y pasatiempo. + + +Y hubiera callado del todo, si Sancho no lo delata y dice que fué su +amo quien dió libertad a aquellos grandísimos bellacos. Había hablado +su hombre, el que para él era su mundo. _Majadero--dijo a esta sazón +Don Quijote--, a los caballeros andantes no les toca ni atañe averiguar +si los afligidos, encadenados y opresos que encuentran por los caminos +van de aquella manera o están en aquella angustia por sus culpas o por +sus gracias; sólo les toca ayudarles como a menesterosos, poniendo los +ojos en sus penas y no en sus bellaquerías_, con todo lo demás que +añadió, retando a quien le pareciese mal lo que había hecho, salva +la santa dignidad del señor licenciado. Admirable respuesta, y digna +corona a las razones que expuso al libertar a los galeotes. Natural +era que el cura, como los demás curas con que en el curso de su obra +topó el hidalgo, discurriera por lo mundano y terrestre, que al fin los +mundanos y terrestres le pagaban para que hiciese de cura, mas a Don +Quijote cumplíale sentir por lo divino y celestial. ¡Oh, mi señor Don +Quijote, y cuándo llegaremos a ver en cada galeote ante todo y sobre +todo un menesteroso, poniendo los ojos en la pena de su maldad y no en +otra alguna cosa! Hasta que a la vista del más horrendo crimen no sea +la exclamación que nos brote: ¡pobre hermano! por el criminal, es que +el cristianismo no nos ha calado más adentro que el pellejo del alma. + +Prosiguiendo en sus burlas, a seguida de esto endilgó la princesa +Micomicona a Don Quijote la sarta de disparates que había urdido +para justificarse. Y dióse el triste caso de creérselas Don Quijote +y Sancho, pues siempre el heroísmo es crédulo. Y allí fué el reir de +los burladores. Don Quijote renovó sus promesas, mas no aceptó lo de +casarse con la princesa, cosa que disgustó a Sancho, y tales cosas dijo +éste poniendo a la Micomicona sobre Dulcinea, que su amo _no lo pudo +sufrir y alzando el lanzón, sin hablarle palabra a Sancho y sin decirle +esta boca es mía, le dió tales dos palos, que dió con él en tierra_. + +Este silencioso castigo, lo único serio entre tan torpes burlas, nos +levanta el ánimo, y serias y muy serias fueron las razones con que Don +Quijote justificó su castigo, haciendo ver que si no fuese por el valor +que infundía Dulcinea en su pecho, no le tendría para matar una pulga, +pues no era el valor suyo, sino el de Dulcinea, el que tomando a su +brazo por instrumento de sus hazañas, llevaba éstas a feliz término. Y +así es en verdad que cuando vencemos es la Gloria la que por nosotros +vence. _Ella pelea en mí y vence en mí, y yo vivo y respiro en ella +y tengo vida y ser._ ¡Heroicas palabras, que debemos llevar grabadas +en el corazón! Palabras que son al quijotismo lo que al cristianismo +es aquella sentencia de Pablo de Tarso: «Con Cristo estoy juntamente +crucificado, y vivo; no ya yo, mas vive Cristo en mí». (Gal. II, 20.) + +Y así es siempre en toda obra grande entre los hombres, y es que la +tal obra, si ha de ser de veras grande, ha de hacerse en obsequio de +hombre; de hombre o de mujer, mejor de mujer que de hombre. El fin del +hombre es la humanidad y la humanidad personalizada, hecha individuo, +y cuando toma por fin a la naturaleza es humanizándola antes. Dios es +el ideal de la humanidad, el hombre proyectado al infinito y eternizado +en él. Y así tiene que ser. ¿Por qué habláis de error antropocéntrico? +¿No decís que una esfera infinita tiene el centro en todas partes, en +cualquiera de ellas? Para cada uno de nosotros el centro está en sí +mismo. Pero no puede obrar si no lo polariza; no puede vivir si no se +descentra. Y ¿a dónde ha de descentrarse sino tendiendo a otro como +él? El amor de hombre a hombre, de hombre a mujer quiero decir, ha +producido las maravillas todas. + +_Yo vivo y respiro en ella y tengo vida y ser._ Al decir esto de tu +Dulcinea, mi Don Quijote, ¿no se acordaba tu Alonso el Bueno de aquella +Aldonza Lorenzo por la que suspiró doce años sin atreverse a confesarle +su inmenso amor? _¡Vivo y respiro en ella!_ En ella vivió y respiró y +tuvo vida y ser tu Alonso el Bueno, el que llevas dentro, metido en tu +locura, en ella vivió y respiró doce largos años de cruel atormentadora +cordura. Con ella amasó sus recatados ensueños; de su dulce imagen, +entrevista tan sólo cuatro veces, bebió sus esperanzas, pues que jamás +habría de sazonarse en recuerdos. En ella tuvo vida y ser, una vida +oculta y silenciosa, una vida que corría bajo su espíritu como las +aguas del Guadiana corren un buen trecho bajo tierra, pero regando +allí, en aquellos soterraños, las raíces de las futuras hazañas de su +carrera. ¡Oh, mi Alonso el Bueno, vivir y respirar en Aldonza, sin que +ella lo sepa ni se de cata de ello, tener la vida y el ser en la dulce +imagen que alimenta el alma! + +Mas no se dió por vencido el carnal Sancho, sino que insistió en lo de +que su amo se casase con la princesa, quedándole libre el amancebarse +luego con Dulcinea. ¿Qué has dicho, Sancho, qué has dicho? ¡No sabes +cómo atravesando el alma de Don Quijote has llegado a herir la hebra +más sensible del corazón de Alonso Quijano! Además, Dulcinea no admite +partijas ni aparcerías, y quien la quiera toda entera ha de entregarse +todo y entero a ella. Muchos hay que pretenden casarse con la Fortuna y +amancebarse con la Gloria, pero así les va, pues aquélla les araña de +celos y ésta se burla de ellos, hurtándoseles. + +Y siguiendo en su plática amo y escudero, acabó aquél por pedirle +perdón de los palos que le diera, sabido que Sancho no vió a Dulcinea +tan despacio que hubiera podido notar _su hermosura y sus buenas partes +punto por punto. Pero así a bulto_--añadió--_me parece bien_. Es la +concesión que los Sanchos, cuando se les ha pegado, hacen, mintiendo, +en pro de Dulcinea, a la que no han visto ni conocen. Y luego fué +Sancho, instado por la princesa, a besar la mano a Don Quijote, +pidiéndole perdón, y el generoso hidalgo se lo otorgó, bendiciéndole. +¡Benditos dos palos del lanzón, Sancho amigo, que te han valido +ser bendecido por tu amo! De seguro que al recibir el perdón tan +redundante, diste por bueno el castigo que hizo lo merecieras. + +Apartáronse después amo y escudero a departir de sus cosas, y entonces +recobró Sancho su asno, encontrándose lo traía Ginés de Pasamonte, +disfrazado de gitano, el cual al ver a Don Quijote y su escudero, puso +pies en polvorosa. + + + + + CAPÍTULO XXXI + + De los sabrosos razonamientos que pasaron entre Don Quijote y Sancho + Panza su escudero, con otros sucesos. + + +Y a seguida pasaron aquellos sabrosos razonamientos entre Don Quijote +y Sancho acerca del encuentro de éste con Dulcinea. Cuando Sancho dijo +haberla encontrado _ahechando dos hanegas de trigo en un corral de su +casa_, respondió Don Quijote: _Pues haz cuenta que los granos de aquel +trigo eran granos de perlas tocados de sus manos_, y al decir Sancho +que el trigo era rubión, _pues yo te aseguro--dijo Don Quijote--que +ahechado por sus manos hizo pan candeal, sin duda alguna_. Agregó el +escudero que al recibir la carta, mandó la ahechadora la pusiese sobre +un costal, que no la podía leer hasta que acabara de acribar lo que +allí tenía, a lo cual dijo Don Quijote: _Discreta señora; eso debió de +ser por leella despacio y recrearse en ella_. Añadió Sancho que olía +Dulcinea a hombruno, _y no sería eso--respondió Don Quijote--, sino +que tú debías de estar romadizado, o te debiste de oler a ti mismo, +porque yo sé bien lo que huele aquella rosa entre espinas, aquel lirio +del campo, aquel ámbar desleído_. Dijo luego Sancho que Dulcinea, no +sabiendo leer ni escribir, rasgó y desmenuzó la carta en piezas, por +que _no se supiese en el lugar sus secretos_, bastándole lo oído al +escudero sobre las penitencias de su amo, y diciéndole quería ver a +éste y se pusiese camino del Toboso. Cuando Sancho respondió a su amo +no haberle dado Dulcinea, al despedirle, joya alguna, sino un pedazo de +pan y queso por las bardas del corral, _es liberal en extremo--dijo Don +Quijote--y si no te dió joya de oro, sin duda debió de ser porque no la +tendría allí a la mano para dártela; pero buenas son mangas después de +pascua; yo la veré y se satisfará todo_. + +Ruego al lector relea todo este admirable diálogo, por cifrarse en él +la íntima esencia del quijotismo en cuanto doctrina del conocimiento. +A las mentiras de Sancho fingiendo sucesos según la conformidad de la +vida vulgar y aparencial, respondían las altas verdades de la fe de Don +Quijote, basadas en vida fundamental y honda. + +No es la inteligencia sino la voluntad la que nos hace el mundo, y al +viejo aforismo escolástico de _nihil volitum quin praecognitum_, nada +se quiere sin haberlo antes conocido, hay que corregirlo con un _nihil +cognitum quin praevolitum_, nada se conoce sin haberlo antes querido. + + Que en este mundo traidor + nada es verdad ni es mentira; + todo es según el color + del cristal con que se mira. + +como dijo nuestro Campoamor. Lo cual ha de corregirse también diciendo +que en este mundo todo es verdad y es mentira todo. Todo es verdad +en cuanto alimenta generosos anhelos y pare obras fecundas; todo +es mentira mientras ahogue los impulsos nobles y aborte monstruos +estériles. Por sus frutos conoceréis a los hombres y a las cosas. Toda +creencia que lleve a obras de vida es creencia de verdad, y lo es de +mentira la que lleve a obras de muerte. La vida es el criterio de la +verdad, y no la concordancia lógica, que lo es sólo de la razón. Si mi +fe me lleva a crear o aumentar vida ¿para qué queréis más prueba de +mi fe? Cuando las matemáticas matan, son mentira las matemáticas. Si +caminando moribundo de sed ves una visión de eso que llamamos agua y +te abalanzas a ella y bebes y aplacándote la sed te resucita, aquella +visión lo era verdadera y el agua agua de verdad. Verdad es lo que +moviéndonos a obrar de un modo o de otro haría que cubriese nuestro +resultado a nuestro propósito. + +Uno de esos que se dedican a la llamada filosofía dirá que Don Quijote +estableció en esa plática con Sancho la doctrina, ya famosa, de la +relatividad del conocimiento. Claro está que todo es relativo, pero ¿no +es relativa también la relatividad misma? Y jugando con los conceptos, +o no sé si con los vocablos, podría decirse que todo es absoluto, +absoluto en sí, relativo en relación a lo demás. En esto, en juego de +palabras, cae toda lógica que no se basa en la fe y no busca en la +voluntad su último sustento. La lógica de Sancho era una lógica como +la escolástica, puramente verbal; partía del supuesto de que todos +queremos decir lo mismo cuando expresamos las mismas palabras, y Don +Quijote sabía que con las mismas palabras solemos decir cosas opuestas, +y con opuestas palabras la misma cosa. Gracias a lo cual podemos +conversar y entendernos. Si mi prójimo entendiese por lo que dice lo +mismo que entiendo yo, ni sus palabras me enriquecerían el espíritu, ni +las mías enriquecerían el suyo. Si mi prójimo es otro yo mismo ¿para +qué le quiero? Para yo, me basto y aun me sobro yo. + +Los granos de trigo son de rubión o de candeal según las manos que +los tocan, y aquellas manos, mi Don Quijote, no han de posarse en las +tuyas. Y en lo que el Caballero estuvo profundísimo fué en afirmar que +si Dulcinea huele a hombruno a los Sanchos es porque están romadizados +y se huelen a sí mismos. Aquellos a quienes el mundo sólo les huele +a materia es que se huelen a sí mismos; los que sólo ven pasajeros +fenómenos es que se miran a sí mismos y no se ven en lo hondo. No es +contemplando el rodar de los astros por el firmamento como te hemos +de descubrir, Dios y Señor nuestro que regalaste con la locura a Don +Quijote; es contemplando el rodar de los anhelos amorosos por el +cimiento de nuestros corazones. + +El pan y el queso que por las bardas del corral te dió Dulcinea, se te +ha convertido, Sancho amigo, en joya de eternidad. Por ese pan y ese +queso vives y vivirás mientras quede en hombres memoria de hombres y +aun mucho más allá; por ese pan y ese queso con que tú creías mentir, +gozas de verdad duradera. Queriendo mentir, decías la verdad. + +Siguieron departiendo amo y escudero y en el curso de la plática volvió +Sancho a sus trece de que se casase Don Quijote con la princesa, y +por rehusarlo le dijo: _y ¡cómo está vuestra merced lastimado de esos +cascos!_ Para Sancho la locura de su amo cifrábase tan sólo en dejar la +fortuna por la Gloria, y así son los Sanchos todos; tienen por cuerdo +al loco que con su locura prosperó en bienestar y suerte y estiman loco +al cuerdo a quien su cordura le impidió cobrar fortuna. Sancho quería +amar y servir a Dios _por lo que pudiese_; el puro amor no cupo en él. + + + + + CAPÍTULO XXXII + + Que trata de lo que sucedió en la venta a toda la cuadrilla de + Don Quijote. + + +Después de estas pláticas, y del encuentro con Andrés, el criado de +Juan Haldudo el rico, de quien dijimos, llegaron a la venta, y mientras +dormía Don Quijote enzarzose el cura con el ventero y su familia a +hablar de libros de caballerías, y soltó lo de que los libros en que se +narran las aventuras de Don Cirongilio y de Félix Marte son mentirosos +y están llenos de disparates y devaneos, y el del Gran Capitán lo es de +historia verdadera, así como el de Diego García de Paredes. + +Pero véngase acá, señor Licenciado, y dígame: ahora, al presente, y en +el momento en que vuestra merced habla así ¿dónde estaban y están en la +tierra el Gran Capitán y Diego García de Paredes? Luego que un hombre +se murió y pasó acaso a memoria de otros hombres ¿en qué es más que una +de esas ficciones poéticas de que abomináis? Vuestra merced debe saber +por sus estudios lo de _operari sequitur esse_, el obrar se sigue al +ser, y yo le añado que sólo existe lo que obra y existir es obrar, y si +Don Quijote obra, en cuantos le conocen, obras de vida, es Don Quijote +mucho más histórico y real que tantos nombres, puros nombres, que andan +por esas crónicas que vos, señor Licenciado, tenéis por verdaderas. +Sólo existe lo que obra. Ese investigar si un sujeto existió o no +existió proviene de que nos empeñamos en cerrar los ojos al misterio +del tiempo. Lo que fué y ya no es, no es más que lo que no es, pero +será algún día; el pasado no existe más que el porvenir ni obra más +que él sobre el presente. ¿Qué diríamos de un caminante empeñado en +negar el camino que le resta por recorrer y no teniendo por verdadero +y cierto sino el recorrido ya? Y ¿quién os dice que esos sujetos cuya +existencia real negáis no han de existir un día, y por lo tanto existen +ya en la eternidad, y hasta que no hay nada concebible lo cual en la +eternidad no sea real y efectivo? + +Tenía razón el ventero, quijotizado ya--pues no en vano recibió bajo el +techo de su casa al héroe--, tenía razón al deciros, señor Licenciado: +_Callad, señor, que si oyese esto_ (las hazañas de don Cirongilio de +Tracia) _se volvería loco de placer: dos higas para el Gran Capitán y +para ese Diego García que dice_. En lo eterno son más verdaderas las +leyendas y ficciones que no la historia. Y en la disputa entre vos, +señor cura racionalista, y el ventero lleno de fe, llevaba éste la +mejor parte. Lograsteis, sí, señor Licenciado, tentar la fe de Sancho, +que oía la disputa, pero fe no conquistada entre tentaciones de duda no +es fe fecunda en obras duraderas. + +Antes de proseguir conviene digamos aquí algo, aunque sea de refilón, +pues otra cosa no merecen, de esos sujetos vanos y petulantes que se +atreven a sostener que Don Quijote y Sancho mismos no han existido +nunca, ni pasan de ser meros entes de ficción. + +Sus razones, aparatosas e hinchadas, no merecen siquiera refutación; +tan ridículas y absurdas son. Da bascas y grima el oirlas. Pero como +hay personas sencillas que seducidas por la aparente autoridad de los +que vierten tan apestosa doctrina, les prestan oído atento, conviene +llamarles la atención sobre ello y que se atengan a lo que viene ya +recibido desde tanto tiempo, con asenso y aplauso de los más doctos +y más graves. Para consuelo y corroboración de las gentes sencillas +y de buena fe, espero, con la ayuda de Dios, escribir un libro en +que se pruebe con buenas razones y con mejores y muy numerosas +autoridades--que es lo que en esto vale--cómo Don Quijote y Sancho +existieron real y verdaderamente, y pasó todo cuanto se nos cuenta de +ellos, tal y como se nos cuenta. Y allí probaré que aparte de que el +regocijo, consuelo y provecho que de esta historia se saca es razón más +que bastante en abono de su verdad, allende esto, si se la niega hay +que negar otras muchas cosas también y así vendríamos a zapar y socavar +el orden en que se asienta hoy nuestra sociedad, orden que, como es +sabido, es hoy el criterio supremo de la verdad de toda doctrina. + + + + + CAPÍTULOS XXXIII Y XXXIV + + Estos dos capítulos se ocupan con la novela de _El Curioso + impertinente_, novela por entero impertinente a la acción de la + historia. + + + + + CAPÍTULO XXXV + + Que trata de la brava y descomunal batalla que Don Quijote tuvo con + unos cueros de vino tinto, y se da fin a la novela de El curioso + impertinente. + + +Tras la disputa entre el cura y el ventero y estando leyendo la +impertinente novela de _El curioso impertinente_, ocurrió la triste +aventura del acuchillamiento de los pellejos de vino por Don Quijote, +en sueños y mientras dormía. Debió Cervantes habernos callado esta +aventura, aunque Don Quijote se ensayase en sueños para sus hazañas de +despierto. Y menos mal que no fué sino vino lo que se perdió, y así se +perdiese todo él, por la falta que hace. + +Para poder juzgar con justicia de esta aventura sería menester conocer +lo que no conocemos y es qué soñaba entonces Don Quijote. Juzgarla de +otro modo sería un juicio como el que habría hecho uno de nuestros +petulantes sabios si hubiese oído a Íñigo de Loyola cuando en el +hospital de Luis de Antezana, en Alcalá de Henares, hospital «infamado +en aquella sazón de andar en él de noche muchos duendes y trasgos», +al encontrarse una vez «a boca de noche» con que se estremeció todo +el aposento, «se le espeluznaron los cabellos, como que viese alguna +espantable y temerosa figura; mas luego tornó en sí, y viendo que no +había que temer, hincóse de rodillas y con grande ánimo comenzó a +voces a llamar, y como a desafiar a los demonios diciendo--según el P. +Rivadeneira, en el capítulo IX del libro V de la VIDA nos cuenta--: +Si Dios os ha dado algún poder sobre mí, infernales espíritus, heme +aquí; ejecutadle en mí, que yo ni quiero resistir ni rehuso cualquiera +cosa que por este camino venga; mas si no os ha dado poder ninguno +¿qué sirven, desventurados y condenados espíritus, estos miedos que +me ponéis? ¿Para qué andáis espantando con vuestro cocos y vanos +temores los ánimos de los niños y hombres medrosos tan vanamente? Bien +os entiendo; porque no podéis dañarnos con las obras, nos queréis +atemorizar con esas falsas representaciones». Y añade el buen Padre +historiador que «con este acto tan valeroso no sólo venció el miedo +presente, mas quedó para adelante muy osado contra las opresiones +diabólicas y espantos de Satanás». + +Al narrar esta aventura de los pellejos el puntualísimo historiador nos +descubre un pormenor secreto y es que tenía Don Quijote las piernas +_no nada limpias_. Pudo habérselo callado. Pero en ello nos mostró +que al fin el Caballero era de su casta, casta que nunca hizo entrar +el aseo entre los deberes caballerescos. Y tan es así, que aunque se +nos diga de un caballero español que era limpio, luego se ve que no +extrema la virtud de la limpieza. Y así aunque en el capítulo XVIII +del libro IV de la VIDA DEL BIENAVENTURADO PADRE IGNACIO DE LOYOLA nos +diga de él Rivadeneira que «aunque amaba la pobreza, nunca le agradó la +poca limpieza», en el capítulo VII del libro V de la misma nos cuenta +que «a un novicio dió penitencia rigurosa porque se lavaba las manos +algunas veces con jabón, pareciéndole mucha curiosidad para novicio». +Bien es verdad que entre las propiedades en que se distingue el que +tiene habilidad perteneciente al arte militar, que era el profesado +por Don Quijote y por Loyola, señala el Dr. Huarte, en el capítulo XVI +de su ya citado EXAMEN como la tercera de ellas el «ser descuidados +del ornamento de su persona; son casi todos desaliñados, sucios, las +calzas caídas, llenas de arrugas, la capa mal puesta, amigos del sayo +viejo y de nunca mudar el vestido» y da la razón de ello diciendo +que «el grande entendimiento y la mucha imaginativa hacen burla de +todas las cosas del mundo, porque en ninguna de ellas hallan valor ni +sustancia», añadiendo que «solas las contemplaciones divinas les dan +gusto y contento, y en éstas ponen la diligencia y cuidado, y desechan +las demás». + +Verdad es que en tiempo de Don Quijote, Íñigo de Loyola y el Dr. +Huarte no se había aún inventado esto de los microbios y de la asepsia +y antisepsia, ni andaban las gentes tan embrujadas en pensar que en +acabando con esos bichillos acabaríamos o poco menos con la muerte, y +que la felicidad depende de la higiene, género de superstición no menos +dañoso ni menos ridículo que el de creer y pensar que abrazándose uno a +la porquería gana el cielo. Un hombre sucio será siempre algo más que +un cerdo limpio, aunque es mejor aún que se limpie el hombre. + +Y volviendo a la aventura, hay que notar cómo Sancho, el buen Sancho, +creía en el descabezamiento del gigante, y que el vino era sangre y +_todos reían_. Todos reían, la ventera se quejaba por la pérdida de +sus cueros, ayudándola Maritornes, y _la hija callaba y de cuando en +cuando se sonreía_. ¡Poético rasgo! ¡La hija, enamorada de los libros +de caballerías, se sonreía! ¡Dulce rocío sobre la pasión de risas que +padecía Don Quijote! En aquel tormento de risotadas, la sonrisa de la +hija del ventero era un hálito de piedad. + + + + + CAPÍTULO XXXVI + + Que trata de otros raros sucesos que en la venta sucedieron. + + +Tras esto se enredaron los sucesos de la venta con la llegada de nuevos +comparsas, y el desencanto de Sancho al encontrarse con que la princesa +Micomicona era Dorotea, la de Fernando, lo cual bastó para persuadirle +de que la cabeza del gigante había sido un odre de vino. + +¡Oh, pobre Sancho, y cuán bravamente peleas por tu fe y cómo vas +conquistándola entre tumbos y desalientos, perdiendo hoy terreno en +ella para recobrarlo mañana! ¡Tu carrera fué una carrera de lucha +interior, entre tu tosco sentido común, azuzado por la codicia, y tu +noble aspiración al ideal, atraída por Dulcinea y por tu amo! Pocos +ven cuán de combate fué tu carrera escuderil; pocos ven el purgatorio +en que viviste; pocos ven cómo fuiste subiendo hasta aquel grado de +sublime y sencilla fe que llegarás a mostrar cuando tu amo muera. +De encantamientos en encantamientos llegaste a la cumbre de la fe +salvadora. + + + + + CAPÍTULO XXXVIII + + Que trata del curioso discurso que hizo Don Quijote de las armas + y las letras. + + +Con el buen suceso de los encuentros de la venta aumentaron los +burladores de Don Quijote, a los que enderezó éste su discurso de las +letras y las armas. Y como no lo dirigió a cabreros, lo pasaremos por +alto. + + + + + CAPÍTULOS XXXIX, XL, XLI Y XLII + + Están llenos con la historia del cautivo y el relato de cómo encontró + el oidor a su hermano. + + + + + CAPÍTULO XLIII + + Donde se cuenta la agradable historia del mozo de mulas, con otros + extraños acontecimientos en la venta sucedidos. + + +Dejemos lo del mozo de mulas, que no nos importa. + +Reunida toda aquella gente, quedóse Don Quijote a hacer la guardia +del castillo. Y el demonio, que no descansa, insinuó a la hija de la +ventera, la de la sonrisa, y a Maritornes, que hiciesen una burla a Don +Quijote, en pago de su guardia. + +A solas y mientras hacía su guardia, recordaba en voz alta Don Quijote +a su señora Dulcinea, cuando la hija de la ventera _le comenzó a cecear +y a decirle: señor mío, lléguese acá la vuestra merced, si es servido_. +Y el frágil Caballero ablandóse y cedió, y en vez de hacer oídos sordos +a los reclamos de retozona semidoncella, se metió a exponerle la +imposibilidad en que estaba de satisfacerla, sin advertir el cuitado +que discutir con la tentación, reconociéndola así beligerancia, es +ya camino para ser vencido por ella. Y así fué que le pidieron una +de sus manos, llamándolas hermosas. Y el cuitado hidalgo, rendido al +requiebro, le dió la mano a que no había tocado otra de mujer alguna, y +no para que la besara, sino para que por ella admirasen la fuerza del +brazo que tal mano tenía. + +¿Admirar? ¿No ves, sencillo Caballero, el peligroso juego en que te +metes al dar tu mano a la admiración de unas damas? ¿No sabes acaso que +la admiración de una mujer hacia un hombre no es sino forma de algo +más íntimo que la admiración misma? No se admira sino lo que se ama, +y en la mujer no hay mas que un modo de admirar al hombre. ¡Y admirar +no tus propósitos, no una obra o hazaña tuya, no tus pensamientos, +sino admirar tu mano! ¡Oh, si hubieras logrado que la admirase Aldonza +Lorenzo; que te la hubiese recogido entre las suyas para que por _la +contextura de sus nervios, la trabazón de sus músculos, la anchura y +espaciosidad de sus venas_ sacase qué tal debía ser la fuerza del brazo +que tal mano tenía, y sobre todo la fuerza del corazón que regaba de +sangre aquellas venas! + +Cometiste, buen Caballero, una imperdonable lije reza al dar a admirar +tu mano a damas que te la pedían para burlarse de ti y lo pagaste +caro. Lo pagó caro, porque se quedó preso de la mano por un cabestro. +Maritornes y la hija del ventero _se fueron muertas de risa y le +dejaron asido de manera que fué imposible soltarse_. Fíate luego de +mujeres retozonas y regocijadas. + +Creyólo encantamiento Don Quijote y no era sino castigo a su blandura +y petulancia. El héroe no debe dar a admirar sus manos, así sin más +ni más y al primero o a la primera que las pida, sino guardarlas más +bien de miradas curiosas y lijeras. ¿Qué importa a los demás las manos +con que se hace las cosas? Fea costumbre es esa de meterse en casa del +combatiente generoso y revisar sus armas, inquirir cómo trabaja y vive +y examinarle las manos. Si escribes, que nadie sepa cómo escribes, ni a +qué horas, ni con qué pluma ni de qué modo. + +En tanto Don Quijote _maldecía ante sí su poca discreción y discurso_ +al no estar alerta frente a los encantamientos y _allí fué el maldecir +de su fortuna y el exagerar la falta que haría en el mundo su presencia +y el acordarse de nuevo de Dulcinea y el llamar a Sancho Panza_ y a +los sabios Lirgandeo y Alquife, y a su buena amiga Urganda, y _allí le +tomó la mañana tan desesperado y confuso que bramaba como un toro_. +Y aun así, preso de la mano, increpó a cuatro hombres de a caballo, +que llamaron a la venta al amanecer, mostrando en ello su indomable +fortaleza. + + + + + CAPÍTULO XLIV + + Donde se prosiguen los inauditos sucesos de la venta. + + +Y luego que Maritornes le soltó, temerosa de lo que sucediese, Don +Quijote _subió sobre Rocinante, embrazó su adarga, enristró su lanza_ y +retó a quien dijese que había sido con justo título encantado. ¡Bravo, +mi buen hidalgo! + + Procure siempre acertarla + el honrado y principal; + pero si la acierta mal, + defenderla, y no enmendarla + +como dice el conde Lozano a Peranzules en LAS MOCEDADES DEL CID. + +Los de a caballo fueron a su asunto, y Don Quijote, _que vió que +ninguno de los cuatro caminantes hacía caso de él, ni le respondían a +su demanda, moría y rabiaba de despecho y saña_... Sí, mi pobre Don +Quijote, sí; gustamos más de que se rían de nosotros que no de que no +nos hagan caso. Comprendo tu despecho y saña. Entre aquel corro de +burladores lo peor para ti es que no hiciesen, ni aun de burlas, caso +de tus retos ni bravatas. + +Poco después de esto trabóse el ventero a puñetazos con dos huéspedes +que buscaban escurrírsele sin pagar, y acudieron la ventera y su hija +a Don Quijote como más desocupado, para que socorriese al marido y +padre, a lo cual respondió _muy de espacio y con mucha flema: fermosa +doncella, no ha lugar por ahora vuestra petición, porque estoy impedido +de entremeterme en otra aventura en tanto no diere cima a una en que +mi palabra me ha puesto_, añadiendo que corriese a decir a su padre +entretuviera la batalla mientras él obtenía licencia de la princesa +Micomicona. Obtúvola, mas ni aun así puso mano a su espada Don Quijote, +al ver que eran gente escuderil. E hizo bien. + +Pues qué ¿no hay sino acudir al Caballero cuando se nos antoja y ahora +burlarnos de él y colgarle de la mano y querer luego que nos sirva y +acorra en nuestros aprietos con aquella misma mano injuriada antes? +Está muy bien burlarse del loco, mas luego, cuando lo necesitamos +acudimos a él. ¡Desgraciado del héroe que pone su heroísmo al servicio +de los que se le vienen delante, y así lo rebaja! Si tu prójimo anda a +puñetazos con bellacos como él, déjale y allá se las haya, sobre todo +si es porque quieren escurrírsele sin pagar; tu entremetimiento será +dañoso. No cuando él crea deber ser socorrido, sino cuando crea yo +deber socorrerle. No des a nadie lo que te pida, sino lo que entiendas +que necesita, y soporta luego su ingratitud. + +A poco de esto entró en la venta el barbero del yelmo de Mambrino y la +tramó con Sancho; llamándole ladrón al ver los aparejos del suyo en el +asno de éste, y Sancho se defendió bravamente contentando a su amo, que +_propuso en su corazón armarle caballero_. Mentó el barbero la bacía y +entonces se interpuso Don Quijote, y mandó traerla y juró que era yelmo +y lo puso a la consideración de los allí presentes. ¡Sublime fe que +afirmó en voz alta, bacía en la mano, y a la vista de todos, que era +yelmo! + + + + + CAPÍTULO XLV + + Donde se acaba de averiguar la duda del yelmo de Mambrino y de la + albarda, y otras aventuras sucedidas con toda verdad. + + +_¿Qué les parece a vuestras mercedes, señores--dijo el barbero--, de +lo que afirman estos gentiles hombres, pues aún porfían que ésta no es +bacía, sino yelmo? Y quien lo contrario dijere--dijo Don Quijote--le +haré yo conocer que miente si fuere caballero, y si escudero que +remiente mil veces._ + +Así, así, mi señor Don Quijote, así; es el valor descarado de afirmar +en voz alta y a la vista de todos y de defender con la propia vida +la afirmación, lo que crea las verdades todas. Las cosas son tanto +más verdaderas cuanto más creídas y no es la inteligencia, sino la +voluntad, la que las impone. + +Bien hubo de verlo el pobre barbero de quien la bacía fué cuando no era +aún yelmo. Primero fué Sancho, cuando Don Quijote dijo _juro por la +orden de caballería que profeso que este yelmo fué el mismo que yo le +quité, sin haber añadido en él ni quitado cosa alguna_, quien agregó en +tímido apoyo de su amo: _En eso no hay duda, porque desde que mi señor +le ganó hasta ahora no ha hecho con él más de una batalla, cuando libró +a los sin ventura encadenados; y si no fuera por este baciyelmo, no lo +pasara entonces muy bien, porque hubo asaz de pedradas en aquel trance_. + +¿Baciyelmo? ¿Baciyelmo, Sancho? ¡No hemos de ofenderte creyendo que +esto de llamarle baciyelmo fué una de tus socarronerías, no!; es la +marcha de tu fe. No podías pasar de lo que tus ojos te enseñaban, +mostrándote como bacía la prenda de la disputa, a lo que la fe en tu +amo te enseñaba, mostrándotela como yelmo, sin agarrarte a eso del +baciyelmo. En esto sois muchos los Sanchos, y habéis inventado lo de +que en el medio está la virtud. No, amigo Sancho, no; no hay baciyelmos +que valgan. Es yelmo o es bacía según quien de él se sirva, o mejor +dicho es bacía y es yelmo a la vez porque hace a los dos trances. Sin +quitarle ni añadirle nada puede y debe ser yelmo y bacía, todo él yelmo +y toda ella bacía; pero lo que no puede ni debe ser, por mucho que se +le quite o se le añada, es baciyelmo. + +Más resueltos encontró el barbero de la bacía al otro barbero maese +Nicolás, y a Don Fernando, el de Dorotea, y al cura y a Cardenio +y al oidor, que con grande asombro de otros de los presentes lo +diputaron por yelmo. Como burla pesada quiso tomarlo uno de los cuatro +cuadrilleros allí presentes, incomodóse, trató de borrachos a los que +afirmaban lo contrario, lanzóle un mentís Don Quijote y fuese sobre él +y armóse la de San Quintín, dándose de golpes los unos a los otros. +Y fué Don Quijote quien con sus voces, y recordando la discordia del +campo de Agramante, apaciguó el cotarro. + +¿Qué? ¿Os extraña la general pendencia por si era la bacía bacía o si +era yelmo? Otras más entreveradas y más furiosas se han armado en el +mundo por otras bacías y no de Mambrino. Por si el pan es pan y el +vino vino, y por cosas parecidas. En torno a Caballeros de la fe se +arredilan carneros humanos, y por llevarles el humor o por cualquier +otra cosa sostienen que la bacía es yelmo, como aquellos dicen, y se +vienen a las manos por sostenerlo, y es lo fuerte del caso que los +más de cuantos pelean sosteniendo que es yelmo, tienen para sí que +es bacía. El heroísmo de Don Quijote se comunicó a sus burladores, +quedaron quijotizados a su pesar, y Don Fernando medía con sus pies a +un cuadrillero por haber éste osado sostener que la bacía no era yelmo, +sino bacía. ¡Heroico Don Fernando! + +Ved, pues, a los burladores de Don Quijote burlados por él, +quijotizados a su despecho mismo, y metidos en pendencia y luchando a +brazo partido por defender la fe del Caballero, aun sin compartirla. +Seguro estoy, aunque Cervantes no nos lo cuenta, seguro estoy de que +después de la tunda dada y recibida, empezaron los partidarios del +Caballero, los quijotanos o yelmistas, a dudar de que la bacía lo +fuera y a empezar a creer que fuese el yelmo de Mambrino, pues con +sus costillas habían sostenido tal credo. Cumple afirmar aquí una vez +más que son los mártires los que hacen la fe más bien que la fe a los +mártires. + +En pocas aventuras se nos aparece Don Quijote más grande que en esta en +que impone su fe a los que se burlan de ella, y los lleva a defenderla +a puñetazos y a coces y a sufrir por ella. + +¿Y a qué se debió ello? No a otra cosa si no a su valor de afirmar +delante de todos que aquella bacía, que como tal la veía él, lo mismo +que los demás, con los ojos de la cara, era el yelmo de Mambrino, pues +le hacía oficio de semejante yelmo. + +No le faltó «esse descarado heroismo d'affirmar, que, batendo na terra +com pé forte, ou pallidamente elevando os olhos ao Ceo cria a traves da +universal illusão Sciencias e Religiões» como dice Eça de Queiroz al +final de su A RELIQUIA. + +Es el valor de más quilates, el que afronta no daño del cuerpo, ni +mengua de la fortuna ni menoscabo de la honra, sino el que le tomen a +uno por loco o por sandio. + +Este valor es el que necesitamos en España, y cuya falta nos tiene +perlesiada el alma. Por falta de él no somos fuertes ni ricos ni +cultos; por falta de él no hay canales de riego ni pantanos, ni buenas +cosechas; por falta de él no llueve más sobre nuestros secos campos, +resquebrajados de sed, o cae a chaparrones el agua arrastrando el +mantillo y arrasando a las veces las viviendas. + +Que ¿también esto os parece paradoja? Id por esos campos y proponed a +un labrador una mejora de cultivo o la introducción de una nueva planta +o una novedad agrícola y os dirá: «Eso no pinta aquí». «¿Lo habéis +probado?», preguntaréis, y se limitará a repetiros: «Eso no pinta +aquí». Y no sabe si pinta o no pinta, porque no lo ha probado, ni lo +ensayará nunca. Lo probaría estando de antemano seguro del buen éxito, +pero ante la perspectiva de un fracaso y tras él la burla y chacota de +sus convecinos, tal vez el que le tengan por loco o por iluso o por +mentecato, ante esto se arredra y no ensaya. Y luego se sorprende del +triunfo de los valientes, de los que arrostran motajos, de los que no +se atienen al «en donde fueres haz lo que vieres» y el «¿adónde vas, +Vicente?, ¡adonde va la gente!», de los que se sacuden del instinto +rebañego. + +Hubo en esta provincia de Salamanca un hombre singular, que surgido +de la mayor indigencia amasó unos cuantos millones. Estos charros del +rebaño no se explicaban tal fortuna sino suponiendo que había robado +en sus mocedades, porque estos desgraciados, tupidos de sentido común +y enteramente faltos de valor moral, no creen sino en el robo y en la +lotería. Mas un día me contaron una proeza quijotesca de ese ganadero, +el Mosco. Y fué que trajo de las costas del Cantábrico hueva de besugo +para echarla en una charca de una de sus fincas. Y al oirlo me lo +expliqué todo. El que tiene valor de arrostrar la rechifla que ha de +atraerle forzosamente el traer hueva de besugo para echarla en una +charca de Castilla, el que hace esto, merece la fortuna. + +¿Que es ello absurdo?--decís. ¿Y quién sabe qué es lo absurdo? ¡Y +aunque lo fuera! Sólo el que ensaya lo absurdo es capaz de conquistar +lo imposible. No hay mas que un modo de dar una vez en el clavo, y es +dar ciento en la herradura. Y sobre todo no hay más que un modo de +triunfar de veras: arrostrar el ridículo. Y por no tener valor para +arrostrarlo tiene esta gente su agricultura en la postración en que +yace. + +Sí, todo nuestro mal es la cobardía moral, la falta de arranque para +afirmar cada uno su verdad, su fe, y defenderla. La mentira envuelve y +agarrota las almas de esta casta de borregos modorros, estúpidos por +opilación de sensatez. + +Se proclama que hay principios indiscutibles y cuando se trata de +ponerlos en tela de juicio, no falta quien ponga el grito en el cielo. +No ha mucho pedí que se pidiera la derogación de ciertos artículos +de nuestra ley de Instrucción Pública, y una mazorca de mandrias +se pusieron a berrear que era inoportuno e impertinente, y otras +palabrotas más fuertes y más groseras. ¡Inoportuno! Estoy harto de oir +llamar inoportunas a las cosas mis oportunas, a todo lo que corta la +digestión de los hartos y enfurece a los tontos. ¿Qué se teme? ¿Que +se trabe pendencia y se encienda la guerra civil de nuevo? ¡Mejor que +mejor! Es lo que necesitamos. + +Sí, es lo que necesitamos: una nueva guerra civil. Es menester afirmar +que deben ser y son yelmos las bacías y que se arme sobre ello +pendencia como la que se armó en la venta. Una nueva guerra civil, +con unas o con otras armas. ¿No oís a esos desgraciados de corazón +engurruñido y seco que dicen y repiten que estas o las otras disputas a +nada práctico conducen? ¿Qué entienden por práctica esas pobres gentes? +¿No oís a los que repiten que hay discusiones que deben evitarse? + +No faltan menguados que nos estén cantando de continuo el estribillo +de que deben dejarse a un lado las cuestiones religiosas; que lo +primero es hacerse fuertes y ricos. Y los muy mandrias no ven que por +no resolver nuestro íntimo negocio, no somos ni seremos fuertes ni +ricos. Lo repito, nuestra patria no tendrá agricultura, ni industria, +ni comercio, ni habrá aquí caminos que lleven a parte adonde merezca +irse mientras no descubramos nuestro cristianismo, el quijotesco. No +tendremos vida exterior poderosa y espléndida y gloriosa y fuerte +mientras no encendamos en el corazón de nuestro pueblo el fuego de las +eternas inquietudes. No se puede ser rico viviendo de mentira, y la +mentira es el pan nuestro de cada día para nuestro espíritu. + +¿No oís a ese burro grave que abre la boca y dice: «¡eso no puede +decirse aquí!»? ¿No oís hablar de paz, de una paz más mortal que la +muerte misma, a todos los miserables que viven presos de la mentira? +¿No os dice nada ese terrible artículo, padrón de ignominia para +nuestro pueblo, que figura en los reglamentos de casi todas las +sociedades de recreo de España y que dice: «se prohibe discusiones +políticas y religiosas»? + +¡Paz! ¡paz! ¡paz! Croan a coro todas las ranas y los renacuajos todos +de nuestro charco. + +¡Paz! ¡paz! ¡paz! Sí, sea, paz, pero sobre el triunfo de la sinceridad, +sobre la derrota de la mentira. Paz, pero no una paz de compromiso, +no un miserable convenio como el que negocian los políticos, sino paz +de comprensión. Paz, sí, pero después que los cuadrilleros reconozcan +a Don Quijote su derecho a afirmar que la bacía es yelmo; mas aún, +después que los cuadrilleros confiesen y afirmen que en manos de Don +Quijote es yelmo la bacía. Y esos desdichados que gritan «¡paz! ¡paz!» +se atreven a tomar en labios el nombre del Cristo. Y olvidan que el +Cristo dijo que él no venía a traer paz, sino guerra, y que por él +estarían divididos los de cada casa, los padres contra los hijos, los +hermanos contra los hermanos. Y por él, por el Cristo, para establecer +su reinado, el reinado social de Jesús--que es todo lo contrario de lo +que llaman los jesuítas el reinado social de Jesucristo--, el reinado +de la sinceridad y de la verdad y del amor y de la paz verdaderas; para +establecer el reinado de Jesús tiene que haber guerra. + +¡Raza de víboras la de esos que piden paz! Piden paz para poder morder +y roer y emponzoñar más a sus anchas. De ellos dijo el Maestro que +«ensanchan sus filacterias y estienden los flecos de sus mantos» (Mar. +XXIII, 5). ¿Sabéis qué es esto? Eran las filacterias unas cajitas +que contenían pasajes de la Escritura y que llevaban los judíos en +la cabeza y el brazo izquierdo en ciertas ocasiones. Eran como esos +amuletos que se cuelga del cuello de los niños para preservarles de no +sé qué mal y consisten en unas bolsitas, bordadas muy cucamente, con +lentejuelas, por alguna monja que, bordándolas, mató el aburrimiento, y +dentro de las cuales bolsas se mete unos papelitos en que van impresos +pasajes del Evangelio, de ese Evangelio que jamás habrá de leer el niño +que lleva al cuello el amuleto, y en latín dichos pasajes, para mayor +claridad. Eso eran las filacterias, y llevaban además los fariseos en +los flecos o randas de los mantos pasajes también de las Escrituras. +Era como eso que hoy llevan muchos sobre la solapa de la levita o de la +chaqueta: un corazón pintado en un disco de seco y duro barro. Y estos +del amuleto, de la filacteria moderna, estos y sus congéneres son los +que osan hablar de paz y de oportunidad y de pertinencia. No, ellos +mismos nos han enseñado la fórmula: no caben nefandos contubernios +entre los hijos de la luz y los de las tinieblas. Y ellos, los cobardes +servidores de la mentira, son los hijos de las tinieblas, y nosotros, +los fieles de Don Quijote, somos los hijos de la luz. + +Y volviendo a la historia vemos que se sosegaron todos, pero uno de +los cuadrilleros empezó a examinar a Don Quijote, contra quien llevaba +mandamiento de prisión por haber libertado a los galeotes y asióle del +cuello y pidió ayuda a la Santa Hermandad, pero revolvióse el Caballero +contra él y por poco lo ahoga. Separáronlos, pero los cuadrilleros +pedían su presa, _aquel robador y salteador de sendas y de carreras_. + +_Reíase de oir decir estas razones Don Quijote_, reíase y hacía bien +en reirse, él, de quien los otros se reían; reíase con risa heroica +y caballeresca, no burlona, y con mucho sosiego los reprendió por +llamar saltear caminos a _acorrer a los miserables, alzar los caídos, +remediar los menesterosos_. Y allí, arrogante y noble, invocó su fuero +de caballero andante, cuya _ley es su espada, sus fueros sus bríos, sus +premáticas su voluntad_. + +¡Bravo, mi señor Don Quijote, bravo! La ley no se hizo para ti ni para +nosotros tus creyentes; nuestras premáticas son nuestra voluntad. +Dijiste bien; tenías bríos para dar tú solo cuatrocientos palos a +cuatrocientos cuadrilleros que se te pusieran delante, o por lo menos +para intentarlo, que en el intento está el valor. + + + + + CAPÍTULO XLVI + + De la notable aventura de los cuadrilleros y la gran ferocidad de + nuestro buen caballero Don Quijote. + + +Y así los cuadrilleros hubieron de resignarse a pretexto de estar Don +Quijote loco, y el barbero hubo de avenirse a que la bacía era yelmo +merced a ocho reales que por ella le dió el cura a socapa, que si por +aquí hubiesen empezado habríase evitado la pendencia, pues no hay +barbero antiquijotano o baciísta que por ocho reales no declare que +son yelmos las bacías todas habidas y por haber, y más si antes le han +carmenado las costillas por sostener lo contrario. Y ¡qué bien conocía +el cura la manera de hacer confesar la fe a los barberos, que andan muy +cerca de los carboneros! No sé cómo no se ha hecho la fe del barbero +tan proverbial como la del carbonero. Lo merece. + +Y no bien había llevado Don Quijote a sus burladores a pelear por fe +que no compartían y lo sosegó luego todo, cuando trataron de enjaularle +y lo pusieron por obra, disfrazándose para ello. Sólo disfrazados +pueden los burladores enjaular al Caballero. Encerráronle en una +jaula, clavaron los maderos y le sacaron en hombros con unas ridículas +palabras que declamó maese Nicolás para hacer creer a Don Quijote que +iba encantado, como lo creyó. Y luego acomodaron la jaula en un carro +de bueyes. + + + + + CAPÍTULO XLVII + + Del extraño modo con que fué encantado Don Quijote de la Mancha, con + otros famosos sucesos. + + +¡Encerrado en una jaula de madera tirada en carro de bueyes! Muchas y +muy graves historias de caballeros andantes había leído Don Quijote, +pero jamás vió ni oyó que les llevasen de tal manera a los caballeros +andantes, sino siempre por los aires _con extraña ligereza, encerrados +en alguna parda y escura nube o en algún carro de fuego_. Pero es que +la caballería y los encantos de su tiempo seguían otro camino distinto +del seguido por los antiguos, y así cumplía para que se consumase la +burlesca pasión de nuestro Caballero. + +El mundo obliga a los caballeros a ir encerrados en jaula y a paso +de buey. Y aun finge que llora al verlos ir así, como lo fingieron +la ventera, su hija y Maritornes. Y emprendió su camino la carreta, +entre los cuadrilleros, llevando Sancho de la rienda a Rocinante. _Don +Quijote iba sentado en la jaula, las manos atadas, tendidos los pies +y arrimado a las verjas con tanto silencio y tanta paciencia como si +no fuera hombre de carne_... Y claro que no lo era, sino hombre de +espíritu. Admiremos una vez más a Don Quijote en esta aventura, en su +silencio y en su paciencia. + +Y no paró aquí su pasión, sino que yendo así hubo de topar con un +canónigo, hombre de sobrado sentido común. Y a las primeras de cambio, +enterándole Don Quijote de quién era, le mostró ingenuamente el fondo +de su heroísmo, al decirle que era caballero andante, pero no de los +olvidados de la fama, sino de aquellos que ha de poner ésta _su nombre +en el templo de la inmortalidad, para que sirva de ejemplo y dechado de +loa venideros siglos_. + +¡Oh, mi heroico Caballero, que encerrado en jaula y a paso de bueyes +llevado, aún crees, y crees bien, que tu nombre será puesto para +los venideros siglos en el templo de la inmortalidad! Se admiró el +canónigo al oir a Don Quijote y aún más de oir al cura confirmar lo +dicho por él, cuando vele aquí que Sancho metió su malicioso juicio, +dudando fuese encantado su amo, pues comía, bebía, hablaba y hacía sus +necesidades, y encarándose con el cura le echó en rostro la su envidia. + +Acertaste, fiel escudero, acertaste; la envidia y sólo la envidia +enjauló a tu amo, la envidia disfrazada de caridad, la envidia de los +hombres cuerdos que no pueden sufrir locura heroica, la envidia que +ha erigido al sentido común en tirano nivelador. Esclavos de él eran +el canónigo y el cura ¡es natural! y se pusieron a departir aparte, +ensartando el primero un sin fin de ramplonadas y oquedades a cuenta de +literatura. + +¡Y cuán profundamente castellana fué aquella plática entre canónigo y +cura! En el contacto y trato de estos espíritus alcornoqueños, lejos de +gastárseles el corcho de que están recubiertos, se les acrecienta, como +con el roce crece, en vez de menguar, el callo. ¡Qué alegría hubieron +de sentir al encontrarse tan razonables el uno para el otro! Está visto +que esta casta sólo llega a lo eterno humano, a lo divino más bien, o +cuando rompe gracias a la locura la corteza que le aprisiona el alma, +o cuando con la simplicidad lugareña le rezuma el alma de ella. No le +falta inteligencia; sino le falta espíritu. Es brutalmente sensata, y +el supuesto espiritualismo cristiano que dice profesar no es, en el +fondo, sino el más crudo materialismo que puede concebirse. No le basta +sentir a Dios, quiere que le demuestren matemáticamente su existencia, +y aún más, necesita tragárselo. + + + + + CAPÍTULO XLVIII + +Donde prosigue el canónigo la materia de los libros de caballerías, con + otras cosas dignas de su ingenio. + + +Mientras cura y canónigo se satisfacían con vulgaridades, llegóse +Sancho a su amo y le reveló lo de ir allí el cura y el barbero del +lugar replicándole Don Quijote que bien podrían parecerle ellos +mismos, pero no por eso debía creer que lo fuesen realmente, sino cosa +de encantamiento para dar ocasión al pobre escudero a ponerse en un +laberinto de imaginaciones. Y así es en verdad, que ni los curas ni +los barberos son lo que parecen, sino figuras de encantamiento para +meternos en un laberinto de imaginaciones. Y agregó el Caballero: +_yo me veo enjaulado y sé de mí que fuerzas humanas, como no fueran +sobrenaturales, no fueran bastantes a enjaularme, ¿qué quieres que diga +o piense sino que la manera de mi encantamiento excede a cuantas yo he +leído?_ + +¡Oh fe robusta y maravillosa! No hay, en efecto, fuerza humana que +pueda esclavizar y enjaular de veras a otro hombre, pues cargado +de grilletes y esposas y cadenas será siempre libre el libre, y si +alguien se ve sin movimiento, es que se halla encantado. Habláis de +libertad y buscáis la de fuera; pedís libertad de pensamiento en vez +de ejercitaros en pensar. Desea con ansia volar, aunque llevado en +el encierro de una jaula y a paso de buey, y tu deseo hará que te +broten alas, y la jaula se te ensanchará convirtiéndosete en Universo +y volarás por su firmamento. Todo contratiempo que te ocurra ten por +seguro que proviene de encantamientos, pues no hay hombre capaz de +enjaular a hombre. + +Pero Sancho no cejaba en su propósito para probarle a su amo que no iba +encantado, como creía, le preguntó si le había venido gana de hacer lo +que no se excusa, a lo que respondió Don Quijote: _Ya, ya te entiendo, +Sancho; y muchas veces, y aun ahora la tengo; sácame deste peligro, que +no anda todo limpio_. + + + + + CAPÍTULO XLIX + +Donde se trata del discreto coloquio que Sancho Panza tuvo con su señor + Don Quijote. + + +Y entonces Sancho, triunfante, exclamó: _¡cogido le tengo!_, queriendo +por ello probarle que no iba en verdad, como en verdad iba, encantado. +A lo que respondió el Caballero: _Verdad dices, Sancho, pero ya te he +dicho que hay muchas maneras de encantamientos_. + +Claro está, tantas como personas. Y de que sea uno esclavo de su +cuerpo, jaula estrecha y pobre y más a paso de buey llevada que aquélla +en donde iba encantado nuestro hidalgo, de que sea uno esclavo de su +cuerpo no se ha de sacar que no es toda la vida de este bajo mundo +sino puro encantamiento. Así discurren los Sanchos materialistas, que +deducen no hay sino lo aparencial y lo que se ve y se toca y se huele +de que tengamos todos, héroes y no héroes, que hacer aguas menores y +mayores. La necesidad de tener que hacer lo que no se excusa es el +argumento Aquiles del sanchopancismo filosófico, disfrácese como se +disfrazare. Pero bien, dijo Don Quijote: _yo sé y tengo para mí que +voy encantado, y esto me basta para la seguridad de mi conciencia_. +¡Admirable respuesta que pone la seguridad de la conciencia por encima +de los engaños de los sentidos! ¡Admirable respuesta que opone a las +necesidades de limpiarse el cuerpo la necesidad de asegurarse la +conciencia! Rara vez se ha dado una más robusta fórmula de la fe. Lo +que basta para la seguridad de la conciencia eso es la verdad y sólo +eso. La verdad no es relación lógica del mundo aparencial a la razón, +aparencial también, sino que es penetración íntima del mundo sustancial +en la conciencia, sustancial también. + +Sacáronle a Don Quijote de la jaula para que hiciese lo que no se +excusa, y limpio ya su cuerpo, pasó por otra más dura prueba y +fué tener que oir las hueras sensateces del canónigo, empeñado en +demostrarle que ni iba encantado ni había caballeros andantes en el +mundo. Y a ello respondió muy bien Don Quijote que si no era cierto lo +de Amadís y Fierabrás, no lo sería más lo de Héctor y los Doce Pares y +Roldán y el Cid. Y así es, como ya he dicho, pues hoy ¿hay más realidad +en el Cid que en Amadís o en Don Quijote mismo? Mas el canónigo, hombre +de dura cerviz y tupido de bastísimo sentido común, se salió, como +todos los ergotistas más o menos canónigos, con simplezas como la de no +haber duda de que hubo Cid, ni menos Bernardo del Carpio, pero sí de +que hicieran las hazañas que de ellos se cuenta. Era, al parecer, el +tal canónigo uno de esos pobres hombres que manejan la crítica o cedazo +y se ponen a puntualizar, papelotes en mano, si tal cosa fué o no como +se cuenta, sin advertir que lo pasado no es ya y que sólo existe de +verdad lo que obra, y que una de esas llamadas leyendas cuando mueve a +obrar a los hombres, encendiéndoles los corazones, o les consuela de +la vida, es mil veces más real que el relato de cualquier acta que se +pudra en un archivo. + + + + + CAPÍTULO L + +De las discretas altercaciones que Don Quijote y el canónigo tuvieron, + con otros sucesos. + + +¿Que no son ciertos los libros de caballerías? _Léalos y verá el +gusto que recibe de su leyenda_--retrucó triunfadoramente Don +Quijote. ¡Válgame Dios, y que no comprendiese el canónigo la fuerza +incontrastable de este argumento, cuando había tantas otras cosas +tenidas por él como las más verdaderas de todas, más verdaderas aún que +las percibidas por el sentido, y cosas cuya verdad se saca del consuelo +y provecho que se recibe de ellas y de que bastan para la seguridad +de la conciencia! Que todo un canónigo de la Santa Iglesia Católica +Apostólica Romana no comprendiese cómo el consuelo, por ser consuelo, +ha de ser verdad, y no que hayamos de buscar en la verdad lógica +consuelo. ¡Oh, y si aplicándolo a los libros de caballería celestial +o de ultratumba, le hubiesen retrucado al canónigo el argumento! ¿Qué +habría dicho entonces? ¿Si los argumentos que él enderezaba contra la +locura caballeresca, se los hubiesen rebotado enderezados contra la +locura de la cruz? Don Quijote esgrimió el tan socorrido argumento +del consentimiento de las gentes, ¿por qué no había de tener valor +en su boca? Y sobre todo _de mí sé decir_--añadió--_que después que +soy caballero andante soy valiente, comedido, liberal, bien criado, +generoso, cortés, atrevido, blando, sufridor de trabajos_... ¡Suprema +razón! Suprema razón que no podía rechazar el canónigo, pues sabía +bien que de haber hecho a los hombres humildes, mansos, caritativos y +prontos a sufrir hasta la muerte, se deduce la verdad de las leyendas +que los hacen tales. Y si no los hacen así, entonces son mentira y no +verdad las leyendas. + +Pero ¡con qué canónigos se topa uno, Dios mío, por esos andurriales de +la vida! A este con que topó Don Quijote y que era la sesudez en pasta, +¿no podría habérsele desentrañado un añico siquiera de locura? Es muy +de dudarlo; el seso le había carcomido las entrañas. Estos hombres tan +razonables no suelen tener sino razón; piensan con la cabeza tan sólo, +cuando debe pensarse con todo el cuerpo y con el alma toda. + +No consiguió el canónigo convencer a Don Quijote, ni era posible le +convenciese. ¿Y por qué? Por la razón misma que decía Teresa de Jesús +(VIDA, XVI, 5) que no logran los predicadores que dejen los pecadores +sus vicios públicos: «porque tienen mucho seso los que los predican» +y «no están sin él con el gran fuego del amor de Dios como lo estaban +los apóstoles y ansí calienta poco esta llama». Y así Don Quijote había +movido a sus burladores a que sostuvieran y defendieran a costa de sus +costillas que la bacía no era bacía sino yelmo, y el sesudo canónigo no +logró convencerle a él de que no hubiese habido caballeros andantes en +el mundo, porque Don Quijote con el gran fuego del amor de Dulcinea, +encendido y atizado secretamente por aquellas cuatro furtivas vistas de +Aldonza en doce largos años de pensar, estaba sin seso y calentaba su +llama a cuantos de buena fe se le acercaban. No hay sino ver a Sancho, +que gracias a ello sintió que hasta conocer a su amo había vivido, aun +sin saberlo, en arrecidísima vida. + + + + + CAPÍTULOS LI Y LII + + Que trata de lo que contó el cabrero a todos los que llevaban a Don + Quijote y De la pendencia que Don Quijote tuvo con el cabrero con la +rara aventura de los disciplinantes, a quien dió felice fin a costa de + su sudor. + + +Ocurrió luego el lance del cabrero y la aventura de los disciplinantes, +y a los pocos días entraron al enjaulado caballero en su aldea, al +mediodía de un domingo, para mayor burla y chacota. Y volvió Sancho +lleno de fe en las caballerías, como se lo mostró a su mujer, pues +_es linda cosa esperar los sucesos atravesando montes, escudriñando +selvas, pisando peñas, visitando castillos, alojando en ventas a toda +discreción sin pagar ofrecido sea al diablo el maravedí_. + +Y así acabó la segunda salida del Ingenioso Hidalgo y la primera parte +de su historia. + + + + + SEGUNDA PARTE + + + + + CAPÍTULO I + + De lo que el cura y el barbero pasaron con Don Quijote cerca de su + enfermedad. + + +Cuando llevaba muy sosegado Don Quijote un mes ya en su casa, +nutriéndose de cosas confortativas para el corazón y el cerebro, +creyéronle los suyos curado de su heroísmo caballeresco. Fueron a +tentarle y probarle y entonces ocurrió entre él y el cura y el barbero +la plática aquella que nos ha conservado Cervantes y lo de _¡caballero +andante he de morir!_ que dijo Don Quijote a su sobrina. Y a seguida el +cuento del loco de Sevilla, por el barbero, y la melancólica respuesta +del hidalgo: _Ah, señor rapista, señor rapista, y cuán ciego es aquel +que no ve por tela de cedazo_, y todo lo que a esto se sigue. + +En cierto tiempo en que yo corría una revuelta galerna íntima del +espíritu, recibí una carta de un amigo en que a vueltas de mil elogios +para dorar la píldora me daba a entender que me tenía por loco, pues +me desasosegaban cuidados que a él nunca le quitaron el sueño. Y al +leerlo me dije: ¡Válgame Dios y cómo confunden las gentes la locura con +la mentecatería, pues este mi pobre amigo por creerme loco me juzga +tan ciego que no he de ver por tela de cedazo; ¡me tiene por tonto que +no he de entenderle! Pero me consolé pronto de la amistad de mi amigo. +¿No ves que ese tan solícito amigo te toma por loco al colmarte de +atenciones? + + + + + CAPÍTULO II + +Que trata de la notable pendencia que Sancho Panza tuvo con la sobrina + y ama de Don Quijote, con otros sucesos graciosos. + + +Mientras estaban en esas pláticas Don Quijote, el cura y el barbero, se +armó en el patio una más que regular peltrera entre Sancho de un lado +y del otro el ama y la sobrina, pues no querían éstas dejarle entrar, +reprochándole de haber sido él quien distraía y sonsacaba a su señor y +le llevaba por aquellos andurriales, y replicándoles Sancho que él era +el sonsacado y el distraído con engañifas. + +Mas cabe aquí hacer notar que acaso el ama y la sobrina no andaban +muy lejos de la verdad, pues ambos a la par, Don Quijote y Sancho, se +sonsacaban y distraían y se llevaban mutuamente por los andurriales +del mundo. El que cree dirigir suele ser en mucha parte el dirigido, +y la fe del héroe se alimenta de la que alcanza a infundir en sus +seguidores. Sancho era la humanidad para Don Quijote, y Sancho, +desfallecido y enardeciéndose a veces en su fe, alimentaba la de su +señor y amo. Solemos necesitar de que nos crean para creernos, y si no +fuera monstruosa herejía y hasta impiedad manifiesta sostendría que +Dios se alimenta de la fe que en él tenemos los hombres. Pensamiento +que disfrazándolo con los dioses paganos, expresó profundísima y +egregiamente Góngora en aquellos dos diamantinos--por la dureza y por +el esplendor--versos que dicen: + + _Ídolos a los troncos la escultura, + a los ídolos dioses hizo el ruego._ + +En una misma turquesa forjaron a caballero y escudero, como suponía el +cura. Lo más grande y más consolador de la vida que en común hicieron, +es el no poderse concebir al uno sin el otro, y que muy lejos de +ser dos cabos opuestos, como hay quien mal supone, fueron y son no +ya las dos mitades de una naranja, sino un mismo ser visto por dos +lados. Sancho mantenía vivo el sanchopancismo de Don Quijote y éste +quijotizaba a Sancho, sacándole a flor de alma su entraña quijotesca. +Que aunque él dijera _Sancho nací y Sancho pienso morir_, lo cierto es +que hay dentro de Sancho mucho Don Quijote. + +Y así cuando se quedaron solos, dijo el hidalgo a su escudero lo de +_juntos salimos, juntos fuimos y juntos peregrinamos; una misma fortuna +y una misma suerte ha corrido por los dos, y lo otro de soy tu cabeza y +tú mi parte_... _y por esta razón el mal que a mí me toca o tocare, a +ti te ha de doler y a mí el tuyo_, preñadísimas palabras en que mostró +el caballero cuan a lo hondo sentía lo uno y mismo que con su escudero +era. + + + + + CAPÍTULOS III Y IV + +Del ridículo razonamiento que pasó entre Don Quijote, Sancho Panza y el + bachiller Sansón Carrasco y Donde Sancho Panza satisface al bachiller + Sansón Carrasco de sus dudas y preguntas, con otros sucesos dignos de + saberse y de contarse. + + +Siguieron hablando de lo que de ellos se decía por el mundo, radical +cuidado de Don Quijote, y luego hizo Sancho venir al bachiller Sansón +Carrasco, bachiller por esta Salamanca de mis pecados, típico personaje +que entra aquí en tablado. Es este bachiller por Salamanca el hombre +más representativo, después de nuestros dos héroes, que en la historia +de éstos juega papel; es el cogollo y cifra del sentido común amigo +de burlas y regocijos, el cabecilla de los que traían y llevaban, +dejándola uno para tomarla otro, la Vida del Ingenioso Hidalgo. Quedóse +a comer con Don Quijote y de refilón a burlarse de él para hacer honor +a su mesa. + +Y el cándido Don Quijote--siempre lo fueron los héroes--al oir hablar +de la historia que de sus hazañas andaba compuesta, se encendió en sed +de renombre, pues _una de las cosas que más debe de dar contento a un +hombre virtuoso y eminente, es verse_--dijo--_viviendo andar con buen +nombre por las lenguas de las gentes, impreso y en estampa_, y así y +por ello decidió volver a salir y declaró al bachiller su intento y +cayó en la simplicidad de pedirle consejo de _por qué parte comenzaría +su jornada_. + + + + + CAPÍTULO V + + De la discreta y graciosa plática que pasó entre Sancho Panza y su + mujer Teresa Panza, y otros sucesos dignos de felice recordación. + + +De esta plática se saca muy en claro cómo había Don Quijote infundido +en su escudero soplo de ambición y el del _Sancho nací, Sancho he +de morir_, quería morir Don Sancho y señoría y abuelo de condes y +marqueses. + + + + + CAPÍTULO VI + + De lo que pasó a Don Quijote con su sobrina y con su ama; y es uno de + los importantes capítulos de toda la historia. + + +¡Y tan importante como es! Pues mientras Sancho altercaba con su mujer, +disputaban con Don Quijote su ama y su sobrina, caseros estorbos de su +heroísmo. + +Y hubo de oir el buen caballero que una rapaza como su sobrina, que +apenas si sabía menear doce palillos de randas, se atreviera a negar +que haya habido caballeros andantes en el mundo. Triste cosa es venir a +oir en la propia casa y de labios de una rapazuela, que las repite de +coro, las simplezas del vulgo. + +¡Y pensar que esta rapaza de Antonia Quijana es la que domeña y +lleva hoy a los hombres en España! Sí, es esta atrevida rapaza, esta +gallinita de corral, alicorta y picoteadora, es ésta la que apaga todo +heroísmo naciente. Es la que decía a su señor tío aquello de _y que con +todo esto dé en una ceguera tan grande y en una sandez tan conocida, +que se dé a entender que es valiente siendo viejo, que tiene fuerzas +estando enfermo, y que endereza tuertos estando por la edad agobiado, y +sobre todo que es caballero no lo siendo, porque aunque lo puedan ser +los hidalgos, no lo son los pobres_. Y hasta el esforzado Caballero de +la Fe, vencido por la modesta entereza de aquella humilde rapazuela, se +ablandó a contestarla: _Tienes mucha razón, sobrina, en lo que dices_. + +Y si tú mismo, denodado Don Quijote, te dejaste convencer, aunque +sólo fuese de palabra y pasajeramente, por aquella gatita casera ¿qué +mucho el que se rindan a su sabiduría de cocina los que la buscan para +perpetuar en ella su linaje? Ella, la muy simplona, no comprende que +pueda un viejo ser valiente y tener fuerzas un enfermo y enderezar +tuertos el agobiado por la edad, y sobre todo no comprende que pueda un +pobre ser caballero. Y aunque simplona y casera y de tan corto alcance +de corazón como de cabeza, si se atreve contigo, su tío, ¿no se ha de +atrever con los que la solicitan para novia o la poseen como maridos? +Le han enseñado que el matrimonio se instituyó «para casar, dar gracia +a los casados y criar hijos para el cielo» y de tal modo lo entiende +y lo practica, que aparta a su marido de que nos conquiste ese cielo +mismo para el que ha de criar sus hijos. + +Hay un sentido común y junto a él un sentimiento común también; junto +a la ramplonería de la cabeza nos embarga y embota la ramplonería +del corazón. Y de esta ramplonería eres tú, Antonia Quijana, lectora +mía, la guardiana y celadora. La alimentas en tu corazoncito mientras +espumas la olla de tu tío o mientras meneas los palillos de randas. +¿Correr tu marido tras de la gloria? ¿La gloria? Y eso ¿con qué se +come? El laurel es bueno para asaborar las patatas cocidas, es un +excelente condimento de la cocina casera. Y tienes de él bastante con +el que coges en la iglesia el Domingo de Ramos. Además, sientes unos +furiosos celos de Dulcinea. + +No sé si caerán bajo los lindos ojos de alguna Antonia Quijana estos +mis comentarios a la vida de su señor tío; hasta lo dudo, porque +nuestras sobrinas de Don Quijote no gustan de leer cosa para la que +tenga que fruncir la atención y rumiar algo lo leído; les basta +noveluchas de diálogo muy cortado o de argumento que suspenda el +ánimo por lo terrible, o ya libricos devotos tupidos de superlativos +acaramelados y de desaboridas jaculatorias. Además presumo que +los directores de vuestros espirituelos os prevendrían contra mis +peligrosos extravíos de pluma si vuestra propia insustancialidad no +os sirviera de fortísimo escudo. Estoy, pues, casi seguro de que no +hojearéis con vuestras ociosas manos, hechas a menear palillos de +randas, estas empecatadas páginas, pero si por un azar os cayesen bajo +la mirada, os digo que no espero surja de entre vosotras ni una nueva +Dulcinea que lance a un nuevo Don Quijote a la conquista de la fama, +ni otra Teresa de Jesús, dama andante del amor que de tan hondamente +humano se sale de lo humano todo. Ni encenderéis un amor como el que +Aldonza Lorenzo, sin de ello percatarse, encendió en el corazón de +Alonso el Bueno, ni lo encenderéis en el vuestro como aquel amor de +Teresa para Jesús que hizo le atravesase el corazón un serafín con un +dardo. + +También ella, Teresa, así como Alonso Quijano anduvo doce años +enamorado de Aldonza, así tuvo ella trato con quien por vía de +casamiento le pareció podía acabar en bien, y aquel con quien confesaba +le dijo que no iba contra Dios (VIDA, cap. II), pero comprendió el +premio que da el Señor a los que todo lo dejan por él y que el hombre +no aplaca la sed de amor infinito y aquellos libros de caballerías a +que fué aficionada le llevaron, a través de lo terreno del amor, al +amor sustancial, y anheló gloria eterna y engolfarse en Jesús, ideal de +hombre. Y dió en heroica locura y llegó a decir a su confesor: «suplico +a vuestra merced seamos todos locos, por amor de quien por nosotros se +lo llamaron» (VIDA, cap. XVI). Pero ¿tú, mi Antonia Quijana, tú? Tú +no enloqueces ni en lo humano ni en lo divino; tendrás poco seso tal +vez, pero por poco que sea te llena y tupe la cabecita toda, que es más +pequeña aún que él y no te queda en ella sitio para el cogüelmo del +corazón. + +Tienes muy buen sentido, discreta Antonia, sabes contar los garbanzos +y remendar los calzones a tu marido, sabes cuidar la olla de tu tío +y menear los palillos de randas, y para pasto de lo supremo de tu +espíritu tienes tus funciones de celadora de este o del otro coro y la +obligación de recitar a tal hora del día estas o las otras untuosas +palabras que te dan por escrito. No dijo para ti Teresa lo de «no haga +caso del entendimiento, que es un moledor» (VIDA, cap. XV), porque te +da poca molienda tu entendimientecillo enroderado por tu director de +espíritu y menoscabado y engurruñido desde que te lo descubrieron. Ese +tu espíritu, tu almita que acaso fué soñadora otraño, te la alicortaron +y encanijaron en un terrible potro; te la han brezado desde que lanzó +su primer medroso vagido, te la han brezado con el viejo estribillo de + + _duerme niño chiquito + que viene el Coco + a llevarse a los niños + que duermen poco_, + +te la han brezado con la gangosa canción con que tú misma, mi pobre +Antonia, brezas a tus hijos, cuando eres madre, para que se duerman. +Y mira, Antonia, no hagas por un momento caso alguno de los que +te quieren gallinita de corral, no les hagas caso y medita en ese +plañidero estribillo con que aduermes a tus hijos. Medita en eso de +que venga el Coco y se lleve a los niños que duermen poco; medita, +mi querida Antonia, en eso de que sea el mucho dormir lo que haya de +librarnos de las garras del Coco. Mira, mi Antonia, que el Coco viene y +se lleva y se traga a los dormidos, no a los despiertos. + +Y ahora, si por un momento logré distraerte de tus faenas y quehaceres, +de las que llaman labores de tu sexo, perdónamelo o no me lo perdones. +Yo soy quien no me perdonaría nunca el no haberte dicho que sólo te +queremos de veras, te queremos mujer fuerte, los que te hablamos recio +y duro, no los que te amarran, como ídolo, a un altar y te tienen allí +presa atufándote con el incienso de fáciles requiebros, ni los que te +aduermen el espíritu brezándotelo con ñoñas canciones de una piedad de +alfeñique. + +Y tú, mi Don Quijote, triste cosa es que cuando te retraes a tu casa, +al amor de tu hogar, como a castillo roquero que te mantenga lejos +de las flechas envenenadas del mundo, y no te deje oir las voces de +los que hablan por no callarse, triste cosa es que te muelan entonces +todavía los oídos con ecos de esas mismas voces importunas. Triste +cosa es que en vez de ser tu hogar expansión de tu espíritu y ámbito +que de él te hizo, sea trasunto de lo de fuera. No te habría dicho eso +Aldonza, de seguro, no te lo habría dicho. + + + + + CAPÍTULO VII + + De lo que pasó Don Quijote con su escudero, con otros sucesos + famosísimos. + + +Y a la pena de tener que oir tales cosas en su propia casa uniósele +la de ver cómo vacilaba la fe de Sancho, el cual pedía salario fijo, +cosa no conocida entre caballeros andantes, a quienes siempre sirvieron +a merced sus escuderos. La fe de Sancho, en continua conquista de sí +misma, no le había aún dado esperanza, y quería salario. No estaba para +entender la profundísima sentencia entonces pronunciada por su amo, y +fué la de _vale más buena esperanza que ruin posesión_. ¿Y es que la +entendemos en todo su alcance yo y tú, lector mío? ¿No nos atenemos más +bien, como buenos Sanchos, a lo de «más vale pájaro en mano que ciento +volando»? ¿No olvidamos hoy y siempre que la esperanza crea lo que la +posesión mata? Lo que hemos de acaudalar para nuestra última hora es +riqueza de esperanzas, que con ellas, mejor que con recuerdos, se entra +en la eternidad. Que nuestra vida sea un perduradero sábado santo. + +Con justa razón enojado Don Quijote al ver que Sancho, movido de su +carnalidad, le pedía salario, como si le hubiera mayor que el de +seguirle y servirle en su carrera de gloria, le rechazó de escudero +entonces. Y ante el rechazo encendióse la fe del pobre Sancho, _se le +anubló el cielo y se le cayeron las alas del corazón, porque tenía +creído que su señor no se iría sin él por todos los haberes del mundo_. + +Rompió esta plática el bachiller Carrasco, que acudió a felicitar a +Don Quijote y a ofrecérsele por escudero... ¡impía oferta! Y al oirlo +Sancho enternecióse, se le llenaron de lágrimas los ojos y entregóse a +su amo. + +Pero ¿creías acaso, pobre Sancho, que te iba a ser vividera la vida sin +tu amo? No, ya no eres tuyo; eres de él. También tú andas, aunque no lo +sepas ni lo creas, enamorado de Dulcinea del Toboso. + +No faltará quien reproche a Don Quijote el haber arrancado de nuevo +a Sancho del sosiego de su vida y de la tranquilidad de su trabajo, +haciéndole dejar mujer e hijos por correr tras engañosas aventuras; +no faltan corazones tan apocados como para sentir así. Pero nosotros +consideremos que una vez que Sancho hubo encentado la sabrosidad de su +nueva vida, no quiso volver a la otra, y a despecho de los arredros y +trompicones de su fe, se le nublaba el cielo y se le caían las alas del +corazón al ocurrirle el recelo de que su amo y señor fuera a dejarle. + +Hay espíritus menguados que sostienen ser mejor cerdo satisfecho que +no hombre desgraciado y los hay también para endechar a la que llaman +santa ignorancia. Pero quien haya gustado la humanidad la prefiere, aun +en lo hondo de la desgracia, a la hartura del cerdo. Hay, pues, que +desasosegar a los prójimos los espíritus, hurgándoselos en el meollo, +y cumplir la obra de misericordia de despertar al dormido cuando se +acerca un peligro o cuando se presenta a la contemplación alguna +hermosura. Hay que inquietar los espíritus y enfusar en ellos fuertes +anhelos, aun a sabiendas de que no han de alcanzar nunca lo anhelado. +Hay que sacarle a Sancho de su casa, desarrimándole de mujer e hijos, +y hacer que corra en busca de aventuras; hay que hacerle hombre. Hay +un sosiego hondo, entrañado, íntimo, y este sosiego sólo se alcanza +sacudiéndose del aparencial sosiego de la vida casera y aldeana; las +inquietudes del ángel son mil veces más sabrosas que no el reposo de +la bestia. Y no ya sólo las inquietudes, sino hasta las penas, aquel +«recio martirio sabroso» de que nos habla en su VIDA (XX, 8) Teresa de +Jesús. + +¿Qué es eso de la santa ignorancia? La ignorancia ni es ni puede ser +santa. ¿Qué es eso de envidiar el sosiego de quien nunca vislumbró el +supremo misterio ni miró más allá de la vida y de la muerte? Sí, sé +la canción, sé lo de «¡qué buena almohada es el catecismo! hijo mío, +duerme y cree; por acá se gana el cielo en la cama». ¡Raza cobarde, +y cobarde con la más desastrosa cobardía, con la cobardía moral que +tiembla y se arredra de encarar las supremas tinieblas! + +Mira, Sancho, si todos esos que envidian, de pico al menos, la +tranquilidad de que gozabas antes de haberte sacado de tus casillas tu +amo, supieran lo que es la lucha por la fe, créeme, no te ponderarían +tanto la del carbonero. Mi cuerpo vive gracias a luchar momento a +momento contra la muerte, y vive mi alma porque lucha también contra +su muerte momento a momento. Y así vamos a la toma de una nueva +afirmación sobre los escombros de la que nos desmoronó la lógica, y se +van amontonando los escombros de todas ellas, y un día, vencedores, +sobre la pingorota de este inmenso montón de afirmaciones desmoronadas, +proclamarán los nietos de nuestros nietos la afirmación última, y +crearán así la inmortalidad del hombre. + +Por bien empleados debió de dar Sancho todos sus trabajos y miserias y +escaseces, incluso lo del manteamiento, a trueque de haberse renovado +y quijotizado junto a Don Quijote; con tal de haberse trasformado +del zafio y oscuro Sancho Panza que era en el inmortal escudero +del inmortal Don Quijote de la Mancha, que es para siempre jamás. +Henchidos, pues, de lágrimas los ojos entregóse a su amo. + +Y en su consecuencia a los pocos días y al anochecer _sin que nadie lo +viese sino el bachiller, que quiso acompañarles media legua del lugar, +se pusieron camino del Toboso_. + + + + + CAPÍTULO VIII + +Donde se cuenta lo que le sucedió a Don Quijote yendo a ver a su señora + Dulcinea del Toboso. + + +Y de camino disertó Don Quijote sobre Eróstrato y el deseo de alcanzar +fama, raigambre de su heroísmo. Y no dejó de abismarse entonces Don +Quijote en los abismos de la cordura de Alonso el Bueno, observando la +vanidad de la fama que _en este presente y acabable siglo se alcanza, +la cual fama por mucho que dure se ha de acabar con el mismo mundo, que +tiene su fin señalado_. + + Eu sou a gloria, genio jocundo + De radioso paiz solar; + Seras o poeta maior do mundo... + ................................. + Dizem que o mundo debe acavar. + +dice SAGRAMOR en el poema de Eugenio de Castro. + +En esta tercera y última salida de Don Quijote hemos de ver cómo se +hunde en las simas de su cordura, hasta llegar a la inmersión en ellas +con su muerte ejemplar. + +Movido por las palabras de su amo y viendo Sancho cuán más grande es la +fama de los santos que no la de los héroes, dijo a Don Quijote aquello +de que se dieran a ser santos y alcanzarían más brevemente la buena +fama que pretendían, poniéndole el ejemplo de San Diego de Alcalá y San +Pedro de Alcántara, canonizados por aquellos días. + +«Veréis que un día seré adorado por el mundo entero», solía decir el +pobrecito de Asís, según nos cuentan los Tres Compañeros (4) y Tomás +de Celano (2. Cel., I. I), y los mismos móviles que empujaron a unos +al heroísmo empujaron a otros a la santidad. Así como Don Quijote, +enardecido por la lectura de los libros de caballerías se lanzó al +mundo, así Teresa de Cepeda, siendo aún niña y encendida por la lectura +de las vidas de santos, que le parecía «compraban muy barato el ir +a gozar de Dios», concertó con su hermano irse a tierra de moros, +pidiendo por amor de Dios, para que allá los descabezasen, y visto lo +imposible de ello, ordenaron hacerse ermitaños, y en una huerta que +había en casa procuraban, como podían, hacer ermitas (VIDA, I, 2). +De Íñigo de Loyola hemos dicho ya lo que nos cuenta al respecto su +secretario que fué, el P. Pedro de Rivadeneira. + +¿Qué es todo esto sino caballería andante a lo divino o religioso? Y +en cabo de cuenta ¿qué buscaban unos y otros, héroes y santos, sino +sobrevivir? Los unos en la memoria de los hombres, en el seno de Dios +los otros. ¿Y cuál ha sido el más entrañado resorte de vida de nuestro +pueblo español sino el ansia de sobrevivir, que no a otra cosa viene a +reducirse el que dicen ser nuestro culto a la muerte? No, culto a la +muerte, no; sino culto a la inmortalidad. + +El mismo Sancho, que tan apegado aparece a la vida que pasa y no queda, +declaraba que _más vale ser humilde frailecito de cualquier orden +que sea, que valiente y andante caballero_, a lo que le contestó muy +sesudamente Don Quijote que _no todos podemos ser frailes y muchos +son los caminos por donde lleva Dios a los suyos al cielo_. Y si no +todos podemos ser frailes, no puede ser que sea el estado de frailería +o monacato más perfecto en sí que otro cualquiera, pues no cabe que +el estado de mayor perfección cristiana no sea igualmente asequible +en cualquier estado, sino se reserve, por fuerza de ley natural, a un +número de personas, ya que de aspirar a él todos el linaje se acabaría. +Y dijo muy bien Don Quijote, respondiendo a Sancho, que si hay en el +cielo más frailes que caballeros andantes es por ser mayor el número de +religiosos que el de caballeros merecedores de tal nombre. ¿Y cuando +el religioso sea a la vez caballero?, se preguntará. Ya nos hablará de +ellos Don Quijote. + + + + + CAPÍTULO IX + + Donde se cuenta lo que en él se verá. + + +Y ¿cuándo disertó así Don Quijote acerca de la gloria y de su vanidad +última y de cómo acaba al acabarse el mundo? Cuando iba al Toboso a ver +a Dulcinea, e iba dentro de él Alonso el Bueno a ver a Aldonza Lorenzo, +por la que suspiró doce años. Gracias a la locura ha vencido el +vergonzoso hidalgo su vergonzosidad sublime, y vestido de Don Quijote +y arrebujado en él va a ver al blanco de sus ansias, a curarse de su +locura al verla y al abrazarla. Nos acercamos al momento crítico de la +vida del Caballero. + +Y así, en tales pláticas llegaron amo y escudero al Toboso, patria de +la sin par Dulcinea. + +Llegaron a ella y dijo Don Quijote a su escudero: _Sancho, hijo, guía +al palacio de Dulcinea, quizá podrá ser que la hallemos despierta_. + +Observemos que al pedirle tan elevado ministerio y favor tan señalado, +se adulcigua el Caballero y le llama a Sancho hijo, y observemos además +cómo son los Sanchos, la baja humanidad, los que guían a los héroes al +palacio de la Gloria. + +Y allí fueron los aprietos de Sancho el embustero, buscando +escapatorias a su sandez, hasta que declaró no haber visto jamás a +Dulcinea, al modo mismo que su amo decía no haberla visto sino estar +enamorado de ella de oídas. De oídas estamos enamorados de la Gloria +los que lo estamos, sin que jamás la hayamos visto ni oído. Pero por +dentro anda Aldonza, vista y bien vista, aunque sólo sea cuatro veces +en doce años. Y al cabo el malicioso Sancho consiguió que el cándido de +su amo se saliese del Toboso a esperar emboscado en alguna floresta a +que diese el socarrón con Dulcinea. + + + + + CAPÍTULO X + +Donde se cuenta la industria que Sancho tuvo para encantar a la señora + Dulcinea y de otros sucesos tan ridículos como verdaderos. + + +Y aquí fué el soliloquio de Sancho al pie de un árbol y el declararse +que su amo era un loco de atar y él no le quedaba en zaga, siendo más +mentecato que aquél, pues le seguía y servía, y aquí fué el decidir +engañarle haciéndole creer _que una labradora, la primera que me topare +por aquí_--pensó--_es la señora Dulcinea; y cuando él no lo crea lo +juraré yo_. Y ya tenemos con esto al fiel Sancho decidido a jugársela +a su amo y a venir a ser así uno más entre sus burladores ¡caso de +triste meditación! Y hemos de considerar también en él cómo teniendo +Sancho a su amo por loco de atar y capaz de ser por él engañado, y que +tomaba unas cosas por otras y juzgaba lo blanco por negro y lo negro +por blanco, con todo y con esto se dejaba a su vez él engañar o más +bien arrastrar de la fe en Don Quijote y sin creerlo creía en él, y +viendo que eran molinos de viento los gigantes y manadas de carneros +los ejércitos de enemigos, creía en la ínsula tantas veces prometida. + +¡Oh poder maravilloso de la fe, retuso a todo empuje de desengaños! +¡Oh misterios de la fe sanchopancesca que sin creer cree y viendo y +entendiendo y declarando que es negro, hace al que la acaudala sentir +y obrar y esperar como si fuese blanco! De todo ello hemos de concluir +que Sancho vivía, sentía, obraba y esperaba bajo el encanto de un +poder extraño que le dirigía y llevaba contra lo que veía y entendía, +y que su vida toda fué una lenta entrega de sí mismo a ese poder de +la fe quijotesca y quijotizante. Y así cuando él creyó engañar a su +amo resultó el engañado él y fué el instrumento para encantar real y +verdaderamente a Dulcinea. + +La fe de Sancho en Don Quijote no fué una fe muerta, es decir, +engañosa, de esas que descansan en ignorancia, no fué nunca fe de +carbonero, ni menos fe de barbero, descansadora en ocho reales. Era, +por el contrario, fe verdadera y viva, fe que se alimenta de dudas. +Porque sólo los que dudan creen de verdad y los que no dudan ni +sienten tentaciones contra su fe, no creen de verdad. La verdadera +fe se mantiene de la duda; de dudas, que son su pábulo, se nutre y +se conquista instante a instante, lo mismo que la verdadera vida +se mantiene de la muerte y se renueva segundo a segundo, siendo +una creación continua. Una vida sin muerte alguna en ella, sin +deshacimiento en su hacimiento incesante, no sería mas que perpetua +muerte, reposo de piedra. Los que no mueren, no viven; no viven los que +no mueren a cada instante para resucitar al punto, y los que no dudan, +no creen. La fe se mantiene resolviendo dudas y volviendo a resolver +las que de la resolución de las anteriores hubieren surgido. + +Sancho veía las locuras de su amo y que los molinos eran molinos y no +gigantes, y sabía bien que la zafia labradora a la que iba a encontrar +a la salida del Toboso no era, no ya Dulcinea del Toboso, mas ni aun +Aldonza Lorenzo, y con todo ello creía a su amo y tenía fe en él y +creía en Dulcinea del Toboso y hasta en su encantamiento acabó por +creer, como veremos. Esta la tuya es fe, Sancho, y no la de esos que +dicen creer un dogma sin entender, ni aun a la letra, siquiera su +sentido inmediato, y tal vez sin conocerlo; ésta es fe y no la del +carbonero que afirma ser verdad lo que dice un libro que no ha leído +porque no sabe leer ni tampoco sabe lo que el libro dice. Tú, Sancho, +entendías muy bien a tu amo, pues todo lo que te decía eran dichos +muy claros y muy entendederos, y veías, sin embargo, que tus ojos te +mostraban otra cosa y sospechabas que tu amo desvariaba por loco y +dudabas de lo que veías, y a pesar de ello le creías pues ibas tras de +sus pasos. Y mientras tu cabeza te decía que no, decíate tu corazón que +sí, y tu voluntad te llevaba en contra de tu entendimiento y a favor de +tu fe. + +En mantener esa lucha entre el corazón y la cabeza, entre el +sentimiento y la inteligencia, y en que aquel diga ¡sí! mientras esta +dice ¡no! y ¡no! cuando la otra ¡sí!, en esto y no en ponerlos de +acuerdo consiste la fe fecunda y salvadora; para los Sanchos por lo +menos. Y aun para los Quijotes, porque veremos dudar a Don Quijote +mismo. Y no nos quepa duda de que con los ojos de la carne Don +Quijote vió los molinos como tales molinos y las ventas como ventas +y de que allá, en su fuero interno, reconocía la realidad del mundo +aparencial--aunque una realidad aparencial también--en que ponía el +mundo sustancial de su fe. Y buena prueba de ello es aquel maravilloso +diálogo que sostuvo con Sancho cuando éste volvió a Sierra Morena a +darle cuenta de su visita a Dulcinea. El loco suele ser un comediante +profundo, que toma en serio la comedia, pero que no se engaña y +mientras hace en serio el papel de Dios o de rey o de bestia, sabe bien +que ni es Dios, ni rey, ni bestia; quiere serlo y basta. ¿Y no es loco +todo el que toma en serio el mundo? ¿Y no deberíamos ser locos todos? + +Y ahora llegamos al momento tristísimo de la carrera de Don Quijote; a +la derrota de Alonso Quijano el Bueno dentro de él. + +Aconteció, pues, que al volverse Sancho a su amo salían del Toboso +tres labradoras sobre tres pollinos o pollinas, y se las presentó +a Don Quijote como Dulcinea y dos doncellas diciéndole que venía a +verle. _¡Santo Dios! ¿Qué es lo que dices, Sancho amigo?_--dijo Don +Quijote...--_mira no me engañes ni quieras con falsas alegrías alegrar +mis verdaderas tristezas_. _Y ¿qué sacaría yo de engañar a vuesa +merced?_--respondió Sancho. Salieron al camino, no columbró en él Don +Quijote sino a las tres labradoras, porfió Sancho que eran Dulcinea y +sus doncellas, atúvose a sus sentidos, contra su costumbre el amo, y +trocáronse los papeles, siquiera en apariencia. + +El paso este del encantamiento de Dulcinea es grandemente melancólico. +Sancho hizo su comedia, teniendo del cabestro al jumento de una de +las tres labradoras, hincándose de rodillas y enderezándole aquel +saludo que nos ha conservado la historia. Don Quijote miraba con ojos +desencajados y vista turbada a la que Sancho llamaba reina y señora, y +en que él, Don Quijote, esperó ver a Dulcinea, y debajo de él, Alonso +Quijano, esperaba a Aldonza Lorenzo, suspirada en silencio doce años +por sólo cuatro goces de su vista. Don Quijote se puso de hinojos y +_miraba con ojos desencajados y vista turbada a la que Sancho llamaba +reina y señora_, sin descubrir en ella _sino una moza aldeana y no de +muy buen rostro, porque era carirredonda y chata_. Ve aquí, Caballero, +que tu Sancho, la humanidad que te acompaña y guía, te presenta a la +Gloria, por la que tanto suspiraste, y no ves en ella sino una moza +aldeana y no de muy buen rostro. + +Pero es aún más triste el paso, pues si Don Quijote no veía a +Dulcinea, tampoco el pobre Alonso Quijano el Bueno veía a su Aldonza. +Doce años de solitario sufrir, doce años de no haber podido vencer +su encogimiento soberano, doce años de esperar lo imposible, y por +imposible con más ahinco esperado, a que ella, Aldonza, su Aldonza, +por un inaudito milagro se percatara del amor de su Alonso, y se +fuera a él; doce años de soñar en el imposible procurando acallar +con la lectura de los libros de caballerías el todopoderoso amor, y +ahora en que, gracias a Dios, ya loco, rota la vergüenza, se cumple +lo imposible y va a recibir el premio de su locura; ahora... ¡ahora +esto! ¡Qué santa, qué dulce, qué redentora suele ser la locura! Loco +Alonso Quijano, por merced del Señor que se compadece de los buenos, +rompió aquella tremenda costra de la timidez del hidalgo lugareño, y +se atrevió a escribir a su Aldonza, aunque fuese bajo la advocación de +Dulcinea, y ahora, en premio, Aldonza misma viene desde el Toboso a +verle. Se cumplió lo imposible, merced a la locura. ¡Al cabo de doce +años! + +¡Oh momento supremo tanto tiempo suspirado! _¡Santo Dios! ¿Qué es lo +que dices, Sancho amigo?_ ¡Ahora, ahora va a redimirse de su locura, +ahora va a lavársela en el torrente de las lágrimas de la dicha; ahora +va a cobrar el premio de su esperanza en lo imposible! ¡Oh, y cuántas +tinieblas de locura se disiparían bajo una mirada de amor! + +_No quieras con falsas alegrías alegrar mis verdaderas tristezas._ +Pensemos en esto de alegrársele las tristezas a Don Quijote; las +tristezas de doce años, las tristezas de su locura. ¿Pues qué, creéis +que Alonso el Bueno no se daba cuenta de que estaba loco y no aceptaba +su locura como único remedio de su amor, como regalo de la piedad +divina? Al saber que su locura daba fruto, alborotóse el corazón del +hidalgo, y mandó a Sancho, en albricias de aquellas no esperadas +nuevas, el mejor despojo de la primera aventura que tuviese y _si esto +no te contenta, te mando_--le dijo--_las crías que este año me dieren +las tres yeguas mías, que tú sabes que quedan para parir en el prado +concejil de nuestro pueblo_. Primero le ofrece Don Quijote del caudal +del caballero andante, despojo de aventura, en albricias de anunciarle +la venida de Dulcinea, mas luego asoma Alonso Quijano, y con el corazón +anegado en gozo porque viene a verle Aldonza, ofrece el hidalgo de su +caudal, no ya despojo de aventura, sino crías de las yeguas. ¿No veis +aquí cómo el amor saca a flor de la locura quijotesca la cordura de +Quijano? + +Ya te dan fruto tus locuras, buen caballero, pues merced a ellas +sale a verte Aldonza, sacando del exceso de tu desvarío cuán grande +debe ser tu amor. Y vino en seguida el tremendo golpe, el golpe que +hundió en su locura al pobre Alonso el Bueno, hasta su muerte. Ahora, +ahora es cuando se remacha la suerte de Alonso. Esperaba a Aldonza y +lo vehemente de la esperanza no le dejaba dudar y puesto de hinojos, +como mejor decía a aquel callado culto de doce años _miraba con ojos +desencajados y vista turbada a la que Sancho llamaba reina y señora +y como no descubría en ella sino una moza aldeana y no de muy buen +rostro, porque era carirredonda y chata, estaba suspenso y admirado, +sin osar desplegar los labios_. ¡Ni la locura te valió, buen Caballero! +Cuando al cabo de doce años vas a tocar el premio de ella, la brutal +realidad te da en el rostro. ¿No es acaso así con todo amor? + +Mas no te pese, mi Don Quijote, y sigue con tu locura solitaria; no +te pese de no llegar a comprometerte con la dicha; no te pese de no +votarte a la felicidad; no te pese de que no se haya llenado tu anhelo +de doce años, en brazos de tu Aldonza. + +_Y tú, oh extremo del valor que puede desearse, término de la humana +gentileza, único remedio deste afligido corazón que te adora, ya que +el maligno encantador me persigue y ha puesto nubes y cataratas en +mis ojos, y para ellos solos y no para otros ha mudado y transformado +tu sin igual hermosura y rostro en el de una labradora pobre, si ya +también el mío no le ha cambiado en el de algún vestiglo para hacerle +aborrecible a tus ojos, no dejes de mirarme blanda y amorosamente, +echando de ver en esta sumisión y arrodillamiento que a tu contrahecha +hermosura hago, la humildad con que mi alma te adora._ ¿No os entran +ganas de llorar oyendo este plañidero ruego? ¿No oís cómo suena en sus +entrañas, bajo la retórica caballeresca de Don Quijote, el lamento +infinito de Alonso el Bueno, el más desgarrador quejido que haya +jamás brotado del corazón del hombre? ¿No oís la voz agorera y eterna +del eterno desengaño humano? Por primera, por última, por única vez +habla Don Quijote de su propio rostro, de aquel rostro de Alonso que +se encendía en rubor al pensar en Aldonza... _La humildad con que mi +alma te adora_... Humildad de doce años, humildad alimentada en largas +noches de soledad y de absurdas esperanzas, humildad nutrida con el más +grandioso temor y encogimiento que jamás se viera. Lo inmenso de su +amor le había hecho humilde, y jamás osó dirigirla una palabra sólo. + +Seguid leyendo la historia de este encuentro, y sacándola por vosotros +mismos, lectores míos, el jugo que tenga; a mí me apesadumbra tanto que +me priva de imaginación para rehacerla, y voy a pasar a otra cosa. Leed +vosotros la respuesta grosera que la moza dió a Don Quijote, y cómo dió +con ella en tierra a corcovos, su borrica, y cómo Don Quijote acudió a +levantarla, cosa que evitó ella subiéndose de un salto sobre la borrica +y dándole un olor a ajos crudos que le encalabrinó y atosigó el alma. +No puede leerse sin angustia este martirio del pobre Alonso. + + + + + CAPÍTULO XI + + De la extraña aventura que le sucedió al valeroso Don Quijote con el + carro o carreta de las cortes de la muerte. + + +Reanudaron amo y escudero su camino, burlándose el socarrón Sancho de +la candidez de su amo. Y entonces fué cuando toparon con la carreta +de la muerte o de la compañía de Angulo el Malo, que Don Quijote, +aleccionado y entristecido por lo que acababa de pasarle, tomó por lo +que realmente era. Y entonces fué también cuando Rocinante, alborotado +por el cascabeleo del moharracho, dió con su amo en tierra y todo lo +que se sigue. Y cómo quiso castigar el Caballero a los farsantes, y +le esperaron éstos en ala y armados de guijarros, y convenció Sancho +a su amo, hombre cuerdo y sesudo al fin, de que no debía meterse con +semejante tropa, pues entre todos los que allí estaban, aunque parecían +reyes, príncipes y emperadores, no había ningún caballero andante. Y +así Don Quijote mudó ya de su determinado intento. Y al ver que Sancho, +por su parte, no quería vengarse, fué cuando le dijo lo de: _Pues ésa +es tu determinación, Sancho bueno, Sancho discreto, Sancho cristiano y +Sancho sincero, dejemos estas fantasmas y volvamos a buscar mejores y +más calificadas aventuras_. + +La del carro de la muerte parece una de las más heroicas que llevó a +feliz término nuestro hidalgo, pues en ella se nos muestra venciéndose +a sí mismo con su cordura. ¡Es que le pesaba sobre el corazón el +encantamiento de su dama! El mundo comedia es, y gran locura querer +luchar con gentes que no son lo que parecen, sino míseros farsantes que +representan su papel y entre los cuales apenas si se halla de higos +a brevas un caballero andante. En el tablado del mundo es novedad +sorprendente ver entrar un caballero de verdad, de los que matan y +hacen en serio la escena del desafío cuando los otros hacen que la +hacen y por hacer el papel no más. Tal es el héroe. Y al héroe le +esperan los comediantes todos en ala y armados de piedras. Dejad, pues, +a los farsantes y recordad la profunda sentencia de Sancho: _nunca los +cetros y coronas de los emperadores farsantes fueron de oro puro sino +de oropel o hoja de lata_. Recordadla y tened en cuenta que la creencia +de los que en la comedia del mundo hacen el papel de maestros, cobrando +por ello su salario, es ciencia de oropel u hoja de lata. + + + + + CAPÍTULO XII + + De la extraña aventura que le sucedió al valeroso Don Quijote con el + bravo caballero de los Espejos. + + +Conversando sobre lo que es la comedia del mundo se quedaron amo y +escudero debajo de unos altos y sombrosos árboles, cuando les rompió el +sueño la llegada del caballero de los Espejos. Y allí fué la plática de +los escuderos de un lado y de los caballeros por el otro, y el declarar +Sancho que a su amo un niño le haría entender que era de noche en la +mitad del día, sencillez por la que le quería como a las telas de su +corazón y no se amañaba a dejarle por más disparates que hiciera. Aquí +se nos declara la razón del amor que Sancho profesaba a su amo, mas no +la de la admiración. + +¿Pues qué creíais, Sancho? El héroe es siempre por dentro un niño, su +corazón es infantil siempre; el héroe no es más que un niño grande. +Tu Don Quijote no fué sino un niño, un niño durante los doce largos +años en que no logró romper la vergüenza que le ataba, un niño al +engolfarse en los libros de caballerías, un niño al lanzarse en busca +de aventuras. ¡Y Dios nos conserve siempre niños, Sancho amigo! + + + + + CAPÍTULOS XIII Y XIV + +Donde se prosigue la aventura del caballero del Bosque con el discreto, + nuevo y suave coloquio que pasó entre los dos escuderos. + + +Mientras platicaban los escuderos entre sí también platicaban los +caballeros, y de esta plática y de haber afirmado el de los Espejos +ser vencedor de Don Quijote surgió el que concertasen un duelo bajo +condiciones de que el vencido quedara sujeto a obedecer al vencedor. +Y así que fué de día fué el lance, derribando Don Quijote al de los +Espejos, el bachiller Sansón Carrasco, pues no era otro, que habiendo +ido por lana y a llevarse al hidalgo a su casa, salió para la suya +trasquilado. + +Al descubrirle la visera y ver al bachiller, atribuyólo Don Quijote +a magia, mas Sancho, que se había encaramado a un árbol para ver +la pelea, le pidió metiese la espada por la boca al que parecía el +bachiller Sansón Carrasco. ¡Ah, Sancho, Sancho, y cuán bien se aviene +tu impiadosa crueldad de ahora con tu cobardía de antes! + +Volvió al cabo en sí el bachiller, confesó aventajar Dulcinea del +Toboso en hermosura a Casildea de Vandalia y prometió ir a presentarse +a ella. _Todo lo confieso, juzgo y siento como vos lo creéis, juzgáis +y sentís--respondió el derrengado caballero_, el burlador burlado, +el vencido bachiller. Así, mal que les pese, tienen que declarar los +bachilleres ser verdad lo que por tal proclaman los hidalgos; así los +burladores son burlados; así el sentido común debe andar por los suelos +a botes de la lanza del heroísmo. Pues que ¿no hay sino hacerse el loco +para reducir a cordura a los que lo son de veras? + + + + + CAPÍTULO XV + +Donde se cuenta y da noticia de quién era el caballero de los Espejos y + su escudero. + + +En este capítulo de la historia se nos cuenta cómo el caballero de los +Espejos no era otro que Sansón Carrasco, bachiller por Salamanca, que +de acuerdo con el cura y el barbero, ideó aquella traza para obligar a +Don Quijote a que se redujese a su casa. + +Y el maligno Carrasco juró vengarse de Don Quijote, moliéndole a palos +las costillas, locura mil veces más desatinada y más de verdad locura +que la del hidalgo; locura, en fin, de pasión de hombre sensato, que +son las peores y las más ponzoñosas de las locuras todas. El loco _que +lo es por fuerza lo será siempre, y el que lo es de grado lo dejará de +ser cuando quisiera_--decía el bachiller. + +Pero venid acá, señor bachiller por Salamanca, venid y decidme ¿cuál es +peor desvarío, el que arranca de la cabeza o el que del corazón brota, +la enfermedad del imaginar o la del querer? Y el que de grado o por +voluntad se hace el loco, es que tiene la voluntad enferma o torcida, y +para esto hay peor remedio que para las enfermedades del entendimiento. +Y los que, como su merced, tienen el entendimiento tupido de cordura +socarrona, y allende esto se lo han atiborrado de lugares comunes +escolásticos en las aulas de Salamanca, suelen tener la voluntad loca +de malas pasiones, de rencor, de soberbia, de envidia. ¿Pues qué razón +había para ir a pelear Sansón Carrasco contra Don Quijote? + +_¿He sido yo su enemigo por ventura? ¿Hele dado yo jamás ocasión de +tenerme ojeriza? ¿Soy yo su rival o hace él profesión de las armas +para tener envidia a la fama que yo por ellas he ganado?_--decía Don +Quijote. Sí, generoso Caballero, sí; fuiste y eres su enemigo como +lo es todo hidalgo heroico y generoso de todo bachiller socarrón y +rutinero; le diste ocasión de ojeriza, pues cobraste con tus locas +hazañas una fama que él nunca alcanzó con sus cuerdos estudios y +bachillerías salamanquescas, y era tu rival y te tenía envidia. Y +aunque declaró, y acaso así lo creyese él mismo, que salió al campo con +la mira de reducirte a cordura, la verdad es que le movió a ello, tal +vez sin él percatarse de tal motivo, su deseo de unir su nombre al tuyo +y de andar junto contigo en lengua de la fama, como lo consiguió. + +¿Y no sería acaso que buscaba llegase a oídos de aquella andaluza +Casilda, con la que se pasó en claro las noches a la reja, allá en +las callejas de Salamanca, y a la que envolvió en su Casildea de +Vandalia, su hazañosa proeza y su locura? ¿No oiría acaso hablar de ti +con admiración a esa Casilda, que habría leído la primera parte de tu +historia? Todo podía ser. + +Pero tú le venciste, para que se vea que la locura generosa da más +arrestos y más bríos que no la cordura menguada y socarrona, y sobre +todo para que el bueno del bachiller por Salamanca aprendiese aquello +de _quod natura non dat, Salmantica non praestat_, vieja verdad a +pesar de aquel arrogante lema del escudo de la vieja Escuela que dice: +_Omnium scientiarum princeps, Salmantica docet_. + + + + + CAPÍTULOS XVI Y XVII + +De lo que sucedió a Don Quijote con un discreto caballero de la Mancha +y Donde se declara el último punto y extremo adonde llegó y pudo llegar + el inaudito ánimo de Don Quijote, con la felicemente acabada aventura + de los leones. + + +Acabado este lance se encontró Don Quijote con el discretísimo Don +Diego de Miranda, yendo con el cual toparon con los carros de los +leones. Y allí fué la estupenda y nunca bien ponderada aventura, +y cuando Don Quijote exclamó el inmortal: _¿leoncitos a mí? ¿a mí +leoncitos y a tales horas? pues por Dios que han de ver esos señores +que acá los envían si soy yo hombre que se espanta de leones_. Quiso +convencerle Don Diego con que los leones no iban contra él, mas +despachólo Don Quijote con que él sabía si iban o no a él aquellos +señores leones y amenazó al leonero si no les abría la jaula. Pidió +el leonero desuncir las mulas y ponerse en salvo y _oh hombre de poca +fe--respondió Don Quijote--; apéate y desunce y haz lo que quisieres_. + +¡Maravillosa proeza! ¡nunca visto valor de Don Quijote, y valor en +seco, sin motivo ni objetivo, valor puro, valor acendrado! ¿No sería +tal vez que mientras Don Quijote mostraba ostentar así su valentía, +por debajo de él el pobre Alonso el Bueno, agobiado por el desencanto +sufrido al no encontrarse con la suspirada Aldonza, buscaba morir en +las garras y quijadas del león con muerte no tan torturadora como la +que de continuo le estaba dando su amor desventurado? + +Ello fué que no sirvieron ruegos ni razones, sino que Don Quijote +se apeó _temiendo que Rocinante se espantaría con la vista de los +leones... arrojó la lanza y embrazó el escudo y desenvainando la +espada, paso ante paso, con maravilloso denuedo y corazón valiente +se fué a poner delante del carro, encomendándose a Dios de todo +corazón y luego a su señora Dulcinea_. Al mismo historiador le arranca +expresiones de admiración esta intrepidez singular. Abierta la jaula, +_lo primero que_ (el león) _hizo fué revolverse_ (en ella) _donde +venía echado y tender la garra y desperezarse todo; abrió luego la +boca y bostezó muy despacio, y con casi dos palmos de lengua que sacó +fuera se despolvoreó los ojos y se lavó el rostro: hecho esto sacó la +cabeza fuera de la jaula y miró a todas partes con los ojos hechos +brasas, vista y ademán para poner espanto a la misma temeridad. Sólo +Don Quijote lo miraba atentamente, deseando que saltase ya del carro y +viniese con él a las manos, entre las cuales pensaba hacerle pedazos_, +mientras acaso esperase en tanto el pobre Alonso el Bueno que entre +las garras de la bestia acabase de sufrir su pobre y llagado corazón y +se deshiciese en él la imagen de aquella Aldonza, suspirada doce años. +_Pero el generoso león, más comedido que arrogante, no haciendo caso de +niñerías ni de bravatas, después de haber mirado a una y otra parte, +como se ha dicho, volvió las espaldas y enseñó sus traseras partes a +Don Quijote, y con gran flema y remanso se volvió a echar en la jaula._ + +¡Ah, condenado Cide Hamete Benengeli, o quienquiera que fuese el que +escribió tal hazaña, y cuán menguadamente la entendiste! No parece +sino que al narrarla te soplaba al oído el envidioso bachiller Sansón +Carrasco! No, no fué así, sino lo que en verdad pasó es que el león se +espantó o se avergonzó más bien al ver la fiereza de nuestro caballero, +pues Dios permite que las fieras sientan más al vivo que los hombres +la presencia del poder incontrastable de la fe. O ¿no sería acaso que +el león, soñando entonces en la leona recostada, allá, en las arenas +del desierto, bajo una palmera, vió a Aldonza Lorenzo en el corazón del +Caballero? ¿No fué su amor lo que le hizo a la bestia comprender el +amor del hombre y respetarle y avergonzarse ante él? + +No, el león no podía ni debía burlarse de Don Quijote, pues no era +hombre sino león, y las fieras naturales, como no tienen estragada la +voluntad por pecado original alguno, jamás se burlan. Los animales +son enteramente serios y enteramente sinceros, sin que en ellos +quepa socarronería ni malicia. Los animales no son bachilleres, ni +por Salamanca ni por ninguna otra parte, porque les basta lo que la +naturaleza les da. + +Lo que le pasó al león, enjaulado entonces como en un tiempo lo estuvo +Don Quijote, es que al ver a éste se avergonzó, y que esto debió ser +así nos lo prueba y corrobora el que ya en otra ocasión, siglos antes, +se había otro león avergonzado ante otro hazañoso caballero, el Cid Ruy +Díaz de Vivar, según nos lo cuenta su viejo romance (POEMA DEL CID, +versos 2278 a 2301). El cual dice que estando el Cid en Valencia con +todos sus vasallos y sus yernos, los infantes de Carrión, y durmiendo +el Campeador en un escaño, salióse de la red y se desató el león, +sembrando miedo en la corte. Despertó el que en buen hora nació, y al +ver lo que acontecía + + + Mió Çid fincó el cobdo, en pie se levantó; + el manto trae al cuello e adelinó pora leon; + el leon quando lo vió assí, envergonçó: + ante mió Çid la cabeça premió e el rostro fincó. + Mió Çid don Rodrigo al cuello lo tomó, + e lieva lo adestrando, en la red lo metió. + + (2296-2301). + + +Así ante Don Quijote, nuevo Cid Campeador, _envergonzó_ el león, que +acaso fuera uno de los dos que hoy figuran en nuestro escudo de armas, +y el avergonzado ante el Cid el otro. + +Aún insistió Don Quijote en que se irritase al león; mas el leonero +le convenció de que no debía hacerse. Y fué entonces cuando el +Caballero pronunció aquellas profundísimas palabras de _bien podrán +los encantadores quitarme la ventura, pero el esfuerzo y el ánimo será +imposible_. Y ¿qué más hace falta? + +Y no se me venga ahora aquí diciendo que me aparto del puntualísimo +texto del historiador, porque es preciso entender bien en que no puede +uno apartarse de él, sin muy grave temeridad y aun peligro de su +conciencia, y en que somos libres de interpretarlo a nuestro sabor y +consejo. En cuanto se refiere a hechos y aparte los evidentes errores +de copista--rectificables todos--no hay sino acatar la infalible +autoridad del texto cervantino. Y así debemos creer y confesar que el +león volvió las espaldas a Don Quijote y se volvió a echar en la jaula. +Pero que fuese por comedimiento y que considerase niñerías y bravatas +las de Don Quijote y que no lo hiciese por vergüenza al ver su valor, +o ya compadecido de su amor desgraciado, es una libre interpretación +del historiador, que no vale sino por la autoridad personal y puramente +humana del historiador mismo. Sucede con esto como con el comentario +que pone al discurso de los cabreros, llamándolo _inútil razonamiento_, +y que es una glosa desdichada que se ha interpolado en el texto. + +Hago estas prevenciones porque no quiero, he de repetirlo une vez +más, que se me confunda con la perniciosa y pestilente secta de los +hombres vanos e hinchados de huera ciencia histórica, que se atreven a +sostener que no hubo tales Don Quijote y Sancho en el mundo, y otras +atroces osadías semejantes, a que les lleva su desmedido afán de lograr +notoriedad sosteniendo novedades y singularidades. Y ved aquí cómo el +mismo noble impulso de dejar nombre y fama que movió a Don Quijote a +llevar a cabo sus hazañas, les mueve a otros a negarlas. ¡Qué abismo de +contradicciones es el hombre! + +Y volviendo a nuestra historia, hemos de añadir que luego de +avergonzado el león y al explicar Don Quijote a Don Diego de Miranda su +aparente locura en tal proeza, descubrió una vez más la raíz de ella al +declarar que andaba a la busca de tan arriesgadas aventuras _sólo por +alcanzar gloriosa fama y duradera_ y explicó, con atinadísimas razones, +cómo debe el caballero dar en temerario--pues reconoció ser _temeridad +exorbitante_ lo del león--ya que _es más fácil dar el temerario en +verdadero valiente que no el cobarde subir a la verdadera valentía y +en esto de acometer aventuras... antes se ha de pecar por carta de más +que de menos_. ¡Concertadísimas y muy cuerdas razones con las que se +justifica todo exceso ascético o heroico! + +Conviene también pararse a considerar cómo esta aventura del león fué +una aventura por parte de Don Quijote, de acabada obediencia y de +perfecta fe. Cuando el Caballero topó al azar de los caminos con el +león aquél fué, sin duda alguna, porque Dios se lo enviaba a él, y su +fortísima fe le hizo decir que él sabía si iban o no a él aquellos +señores leones. Y con sólo verlos entendió la voluntad del Señor y +obedeció según la tercera y más perfecta manera de obedecer que hay, +según Íñigo de Loyola--véase el cuarto aviso que dictó sobre esto, +según lo trae el P. Rivadeneira, en el capítulo IV del libro V de +la VIDA--y es «cuando hago esto o aquello sintiendo alguna señal de +Superior, aunque no me lo mande ni ordene». Y así Don Quijote en cuanto +vió al león, sintió la señal de Dios, y arremetió sin prudencia alguna, +pues como decía el mismo Loyola--véase el mismo capítulo antedicho--«la +prudencia no se ha de pedir tanto al que obedece y ejecuta cuanto al +que manda y ordena». Y Dios quiso, sin duda, probar la fe y obediencia +de Don Quijote como había probado las de Abraham mandándole subir al +monte Moria a sacrificar a su hijo. (Gen., cap. XXII.) + + + + + CAPÍTULOS XVIII, XIX, XX, XXI, XXII Y XXIII + + _Que tratan de lo que sucedió a Don Quijote en casa del caballero + del Verde Gabán, de la aventura del pastor enamorado, de las bodas + de Camacho, y en los dos últimos de la aventura de la cueva de + Montesinos_, que está en el corazón de la Mancha, y de las admirables + cosas que el extremado Don Quijote contó que había visto _en ella_. + + +Llegaron a casa de Don Diego, conoció allí Don Quijote al hijo de +aquél, Don Lorenzo, y al oirle negar que hubiese habido caballeros +andantes no trató ya de sacarle de su engaño, sino que propuso rogar al +cielo le sacase de él. ¡Ah, mi pobre Caballero, y cómo te ha dejado el +encantamiento de tu Dulcinea! + +Tras esto ocurrió lo de las bodas de Camacho en que nada hay que notar, +y después se dirigió Don Quijote a la cueva de Montesinos, que está en +el corazón de la Mancha. + +Antes de hundirse en ella _hizo una oración en voz baja pidiendo a +Dios le ayudase y le diese buen suceso en aquella al parecer peligrosa +y nueva aventura, y en voz alta dijo luego: oh señora de mis acciones +y movimientos, clarísima y sin par Dulcinea del Toboso, si es posible +que lleguen a tus oídos las plegarias y rogaciones deste tu venturoso +amante, por tu inaudita belleza te ruego las escuches, que no son +otras que rogarte no me niegues tu favor y amparo ahora que tanto lo +he menester_. Ved cómo a canto de meterse en tan inaudito empeño ruega +primero a Dios y a Dulcinea luego, a Dios en voz baja y a Dulcinea +en alta voz. Con Dios primero, sí, pero a solas, que no necesita +de que nos desgañitemos para oirnos, pues oye hasta el resollar de +nuestro silencio; mas con Dulcinea nos es menester dar grandes voces e +invocarla a pecho henchido y boca llena, entre los hombres. + +Y prosiguió diciendo Don Quijote: _Yo voy a despeñarme, a empozarme +y a hundirme en el abismo que aquí se me representa, sólo por que +conozca el mundo que si tú me favoreces no habrá imposible a quien yo +no acometa y acabe_. Amad a Dulcinea y no habrá imposible que se os +resista y tese. ¡Ahí está el abismo; adentro de él! + +_Y en diciendo esto se acercó a la sima, vió no ser posible descolgarse +ni hacer lugar a la entrada si no era a fuerza de brazos o a +cuchilladas, y así poniendo mano a la espada, comenzó a derribar y +a cortar de aquellas malezas que a la boca de la cueva estaban, por +cuyo ruido y estruendo salieron por ella una infinidad de grandísimos +cuervos y grajos, tan espesos y con tanta priesa que dieron con Don +Quijote en el suelo; y si él fuera tan agorero como católico cristiano, +lo tuviera a mala señal y excusara de encerrarse en lugar semejante._ +Parémonos a considerarlo. + +Si te empeñas en empozarte y hundirte en la sima de la tradición de +tu pueblo para escudriñarla y desentrañar sus entrañas, escarbándola +y zahondándola hasta dar con su hondón, se te echarán al rostro los +grandísimos cuervos y grajos que anidan en su boca y buscan entre +las breñas de ella abrigo. Tendrás primero que derribar y cortar +las malezas que encubren a la cueva encantada, o más bien tendrás +que desescombrar su entrada, obstruida por escombros. Lo que llaman +tradición los tradicionalistas no son sino rastrojos y escurrajas de +ella. Los grandísimos cuervos y grajos que guardan la boca de esa sima +encantada y en la que fraguaron sus escondrijos, jamás se empozaron +ni hundieron en las entrañas de la sima, y se atreven, no embargante, +a graznar diciéndose moradores de su interior. La tradición por ellos +invocada no lo es de verdad; se dicen voceros del pueblo y nada hay de +esto. Con el machaqueo de sus graznidos han hecho creer al pueblo que +cree lo que no cree, y es menester empozarse en las entrañas de la sima +para sacar de allí el alma viva de las creencias del pueblo. + +Y antes de hundirse y empozarse uno en esa sima de las verdaderas +creencias y tradiciones del pueblo, no las del carbonero de la fe, +tiene que derribar y cortar las malezas que cubren su entrada. Cuando +lo hagáis os dirán que queréis cegar la cueva y taparla y ahogar a los +moradores de ella; os llamarán malos hijos y descastados y todo cuanto +se les ocurra. Haced oídos sordos a graznidos tales. + +Y allí, en la cueva, gozó Don Quijote de visiones que se dejan muy +a la zaga a las más maravillosas de que otros hayan gozado, sin que +sea menester repetir aquí lo de que si a uno se le aparece un ángel +en sueños es que soñó que se le aparecía un ángel. Invito al lector a +que relea en el capítulo XXIII de la Segunda Parte el relato de las +asombrosas visiones de Don Quijote y juzgando, como debe juzgarse, +por el contento y deleite que de su lectura reciba, me diga luego si +no son más fidedignas que otras no menos asombrosas con que dicen que +Dios regaló a siervos suyos, soñadores en la profunda cueva encantada +del éxtasis. Y no sirve sino creer a Don Quijote, que siendo hombre +incapaz de mentir, afirmó que lo por él contado lo vió por sus propios +ojos y lo tocó con sus mismas manos, y esto baste y aun sobre. Sancho +quiso negar la verdad de tales visiones y más cuando oyó decir a su amo +que vió a Dulcinea encantada en la moza labradora que aquél le había +mostrado, mas Don Quijote respondió sesudamente: _Como te conozco, +Sancho, no hago caso de tus palabras_. Ni debemos nosotros tampoco +hacer caso de palabras sanchopancescas cuando de rendir fe a visiones +se trate. + + + + + CAPÍTULO XXIV + + Donde se cuentan mil zarandajas tan impertinentes como necesarias al + verdadero entendimiento desta grande historia. + + +Al llegar a esta aventura de visión se cree el historiador obligado +a dudar de su autenticidad, mostrando en ello su poca fe, y hasta +se propasa a suponer que al tiempo de morir se retractó de ella Don +Quijote y dijo que _la había inventado por parecerle que convenía y +cuadraba bien con las aventuras que había en su historia_. ¡Oh menguado +historiador, cuán poco se te alcanza de achaque de visiones! + +Sin duda no leíste, o si lo leíste, pues se publicó veintidós años +antes que tú publicases la historia de Don Quijote, no meditaste bien +el libro de la VIDA DEL BIENAVENTURADO P. IGNACIO DE LOYOLA, del P. +Pedro de Rivadeneira, quien en el capítulo VII del libro I nos cuenta +las visiones del caballero andante de Cristo y cómo «se le representó +la manera que tuvo Dios en hacer el mundo» y «vió la sagrada humanidad +de nuestro Redentor Jesucristo, alguna vez también a la gloriosísima +Virgen» y otras maravillosas visiones, entre ellas la del Demonio, que +se le apareció muchas veces «no sólo en Manresa y en los caminos, sino +en París también y en Roma; pero su semblante y aspecto... era tan +apocado y feo, que no haciendo caso dél, con el báculo que traía en la +mano fácilmente le echaba de sí». + +De los que nieguen tales visiones y digan que son imposibles, digamos +lo que de ellos dice el piadosísimo P. Rivadeneira y es que «serán +comúnmente hombres que no saben, ni entienden, ni han oído decir qué +cosa sea espíritu, ni gozo ni fruto espiritual... ni piensan que hay +otros pasatiempos y gustos, ni recreaciones sino las que ellos, de +noche y de día, por mar y por tierra, con tanto cuidado y solicitud +y artificio buscan para cumplir con sus apetitos y dar contento a su +sensualidad. Y así no hay que hacer caso de ellos». ¡Prudentísimas +palabras, que debía conocer y haber leído Don Quijote, pues contestó a +Sancho lo de: _Como te conozco, Sancho, no hago caso de tus palabras!_ + +Con gran acierto trae a colación aquí el Padre Rivadeneira lo del +Apóstol (I. Cor. II) de que los hombres carnales no son quién para +juzgar de las cosas y visiones de los espirituales y se consuela y nos +consuela el buen padre con que había también «cristianos y cuerdos, +y leídos en historias y vidas de Santos» que aunque entienden que en +cosas de visiones «es menester mucho tiento, porque puede haber engaño +y muchas veces le hay», no por eso ha de dejarse de darlas crédito. +Conviene que el lector lea las razones todas que aduce el piadoso +Padre historiador de Íñigo de Loyola para convencernos de la verdad de +las visiones de éste, pues quien tan grandes obras llevó a cabo, bien +pudo ver lo que vió, y «necesariamente habemos de conceder lo que es +más, concedamos lo que es menos, y entendamos que todos los rayos y +resplandores que vemos en las obras que hizo, salieron destas luces +y visitaciones divinas». ¿Cómo, en efecto, negaremos que vió lo que +vió Don Quijote en la cueva de Montesinos siendo caballero incapaz +de mentir y habiendo arremetido a molinos y yangüeses, enzarzado a +sus burladores en defender lo del yelmo, vencido al Caballero de +los Espejos y avergonzado al león? El que estas, y otras no menos +asombrosas hazañas llevó a cabo, bien pudo ver en la cueva de +Montesinos cuanto se le antojara ver en ella. Y si lo vió, de lo cual +no debe cabernos duda, ¿qué diremos de la realidad de sus visiones? Si +la vida es sueño ¿por qué hemos de obstinarnos en negar que los sueños +sean vida? Y todo cuanto es vida es verdad. Lo que llamamos realidad +¿es algo más que una ilusión que nos lleva a obrar y produce obras? +El efecto práctico es el único criterio valedero de la verdad de una +visión cualquiera. + + + + + CAPÍTULO XXV + + Donde se apunta la aventura del rebuzno y la graciosa del titeretero, + con las memorables adivinanzas del mono adivino. + + +De allí continuaron su camino, ardiendo Don Quijote en deseos de saber +para qué llevaba armas un hombre que se les adelantó, y como rehusara +éste darle cuenta de ello hasta que acabase de dar recado a su bestia, +ayudóle a ello Don Quijote, ahechándole la cebada y limpiando el +pesebre, maravilloso ejemplo de humildad que no suele ser lo mentado +que merece serlo. Y ésta es sin duda una de las grandes aventuras de +nuestro Caballero, la de haber ahechado cebada y limpiado un pesebre, +no más, al parecer, que por oir pronto un relato deleitoso; el relato +de los regidores rebuznantes. + +Y como no nos está bien el creer que sólo por oir tal cosa se redujera +Don Quijote a ejercer menesteres tan impropios de su oficio de +caballero andante, hemos, por fuerza, de suponer lo hizo para ejercitar +su humildad y ejercitarla sencillamente y buscando un protesto, con +lo que evitó la soberbia del humilde. No se las echó de tal, ni hizo +ostentación de humildad, sino que pura y sencillamente, como quien hace +la cosa más natural y corriente del mundo, y sin concederle importancia +al acto, con aquellas manos que alancearon molinos, libertaron +galeotes, vencieron al vizcaíno y al Caballero de los Espejos y +esperaron, sin temblar, al leoncito; con aquellas mismas manos ahechó +cebada y limpió el pesebre, dando por razón aquellas sencillísimas +palabras de: _no quede por eso, que yo os ayudaré a todo_. + +Lo hizo más sencillamente aún que Íñigo de Loyola después de haber +recibido el cargo de Prepósito general de la Compañía que formó cuando +«se entró en la cocina y en ella por muchos días sirvió de cocinero y +hizo otros oficios bajos de casa», porque Íñigo lo hacía con intención +de enseñar, «para provocar a todos con su ejemplo al deseo de la +verdadera humildad»--dice el P. Rivadeneira, lib. III, cap. II--y en +Don Quijote no hubo ni esa segunda intención de aleccionar a otros, +sino pura y simplemente ahechó la cebada y limpió el pesebre como si +fuese cosa suya, como la violeta perfuma y el ruiseñor canta. _No quede +por eso, que yo os ayudaré a todo._ + +_Yo os ayudaré a todo_, es lo que dice Don Quijote a todo hombre +sencillo y limpio de segundas intenciones. + +En esta aventura se ve acaso más que en otra alguna cómo era el +espíritu de Alonso Quijano, a quien sus virtudes le valieron el +sobrenombre de Bueno, el espíritu que guiaba al de Don Quijote, y cómo +en la bondad del hombre está la raíz del heroísmo del caballero. ¡Oh, +mi señor Don Quijote, y cuán grande te me apareces ahechando cebada y +limpiando el pesebre, sin ostentación alguna de humildad y como si tal +cosa hicieras! A bueno es a lo que nadie te ha ganado, a sencillamente +bueno. Y por eso tienes un altar en el corazón de todos los buenos que +no en tu locura sino en tu bondad paran su vista. Tú mismo, mi señor, +cuando quisiste alabar a tu escudero le llamaste por de pronto y ante +todo Sancho bueno, y luego discreto, cristiano y sincero. Es lo que +hay que ser en el mundo, señor mío, bueno, sencillamente bueno, bueno +a secas, bueno sin adjetivo ni teologías ni aditamento alguno, bueno y +no más que bueno. Y si tan noble dictado se confunde con el de tonto tú +llegaste en tu bondad hasta la locura entre tantos cuerdos burladores, +es decir, malos. Porque en nada como en la burla se conoce la maldad +humana y el demonio es el gran burlador, el emperador y padre de los +burladores todos. Y si la risa puede llegar a ser santa y liberadora y, +en fin, buena, no es ella risa de burla, sino risa de contento. + + + + + CAPÍTULO XXVI + +Donde se prosigue la graciosa aventura del titeretero, con otras cosas + en verdad harto buenas. + + +Encontrándose Don Quijote en la venta y después de haber oído el +relato de los alcaldes rebuznadores fué cuando llegó Maese Pedro con +el mono adivino y el retablo de la libertad de Melisendra. Pasmado Don +Quijote al ver que Maese Pedro, luego que oyó al mono, le conoció, lo +tuvo por cosa demoniaca, y pasó después a ver el retablo y asistir a +la representación de la libertad que a Melisendra dió su esposo Don +Gaiferos. + +Salieron allí entonces Carlo Magno y Roldán, el alcázar de Zaragoza, +moros, Marsilio de Sansueña, Don Gaiferos... Y cuando llevándose éste +a su esposa Melisendra partió en su seguimiento lucida caballería, +púsose en pie Don Quijote, acudió en ayuda de Don Gaiferos después de +pronunciado su discurso a los perseguidores, a estilo homérico, _y +comenzó a llover cuchilladas sobre la titerera morisma, derribando a +unos, descabezando a otros, estropeando a éste, destrozando a aquél +y entre otros muchos tiró un altibajo tal, que si Maese Pedro no se +abaja, se encoje y agazapa, le cercenara la cabeza con más facilidad +que si fuera hecha de masa de mazapán_. + +¡Brava y ejemplarísima pelea! ¡Provechosa lección! Y no servía que +Maese Pedro advirtiese a Don Quijote que aquellos que derribaba, +destrozaba y mataba no eran verdaderos moros sino unas figurillas +de pasta, pues no por eso dejaba de menudear aquél cuchilladas. Y +hacía bien, muy requetebién. Arman los maeses Pedros sus retablos de +farándula y pretenden que por ser las de ellos figurillas de pasta, +declaradas tales, se les respete. Y lo que el Caballero andante debe +derribar, descabezar y estropear es lo que a título de ficción hace más +daño que el error mismo. Porque es más respetable el error creído que +no la verdad en que no se cree. + +--Mire, señor, que no haga el ridículo ni se meta a perseguir +figurillas de retablo; que estamos todos en el secreto y es éste un +juego de compadres en que a nadie se engaña; mire que aquí no se trata +sino de pasar el tiempo y hacer que hacemos, y ni Carlo Magno es Carlo +Magno, ni Roldán Roldán, ni Don Gaiferos es tal Don Gaiferos, y aquí +a nadie se embauca, sino que se deleita y regocija a la galería, que +aunque finge creer la comedia tampoco la cree en verdad; mire, señor, +no malgaste sus energías en pelear con figurillas de pasta... + +--Pues porque son de pasta las figurillas y estamos en ello +todos--respondo--es por lo que hay que descabezarlas y destrozarlas, +pues nada más pernicioso que la mentira por todos consentida. Todos +estamos en el secreto, secreto a voces, todos sabemos y nos lo decimos +al oído los unos a los otros, que el tal Don Gaiferos no es Don +Gaiferos, ni hay tal libertad de Melisendra, y si es así ¿por qué duele +e irrita que se encarame uno a la pingorota de la torre más alta del +pueblo y grite desde ella a voces, como vocero de la sinceridad, lo que +todos se dicen al oído, derribando, descabezando y estropeando así al +embuste? Hay que limpiar el mundo de comedias y de retablos. + +Y acude Maese Pedro cariacontecido y exclama: _mire, pecador de mí, +que me destruye y echa a perder toda mi hacienda_. Pues no vivas de +eso, Ginesillo de Pasamonte: es lo que le debemos responder. Trabaja y +no armes retablos. Y en resolución digamos con Don Quijote: _¡viva la +andante caballería sobre cuantas cosas hoy viven en la tierra!_ ¡Viva +la andante caballería y muera la farándula! + +¡Muera la farándula! Hay que acabar con los retablos todos, con todas +las ficciones sancionadas. Don Quijote, tomando en serio la comedia, +sólo puede parecer ridículo a los que toman en cómico la seriedad y +hacen de la vida teatro. Y en último caso ¿por qué no ha de entrar en +la representación y formar parte de ella el descabezamiento, estropicio +y destrozo de los comediantes de pasta? Es fuerte cosa que se quejen +de quien toma en serio la comedia los que representan ésta lo más +seriamente del mundo, y ponen todo su cuidado en que no se falte una +tilde a las reglas del arte cómico. Porque habréis observado, buenos +lectores, que nada hay más insoportable que la exigencia de que se +guarden estrechamente los ritos, etiquetas y rúbricas de las cosas +de pura representación, y que sean los que se dan de maestros de +ceremonias los que menos respeten la verdadera seriedad de la vida. +Sabrá muy bien cuándo se debe llevar corbata negra y cuándo blanca, +hasta qué hora levita y desde qué hora fraque, y qué tratamiento debe +dársele, pero éste mismo no sabrá por dónde buscar a su Dios, ni cual +es su destino último. Y no hablemos de los que rebelándose contra la +ética quieren imponernos la tiranía de la estética y sustituir a la +conciencia moral con esa quisicosa que llaman el buen gusto. Cuando +empiezan a prevalecer tales doctrinas los obreros tienen que declararse +cursis. + +Tratando Teresa de Jesús en el capítulo XXXVII de su VIDA de cómo «no +cumple perder punto en puntos de mundo» por no dar «ocasión a que +se sientan los que tienen su honra puesta en estos puntos» y de los +que dicen que «los monasterios han de ser corte de crianza» dice que +no puede entender esto. Agrega que ni aun tiempo hay para aprender +tales cosas, pues sólo «para títulos de cartas es ya menester haya +cátedra adonde se lea cómo se ha de hacer, a manera de decir, porque +ya deja papel de una parte, ya de otra, y a quien no se solía poner +magnífico, hase de poner ilustre». La animosa monja no sabía en qué ha +de parar esto, porque no teniendo aún cincuenta años cuando escribía lo +trascrito, decía «en lo que he vivido he visto tantas mudanzas, que no +sé vivir». Y añadía así: «Por cierto yo he lástima a gente espiritual +que está obligada a estar en el mundo por algunos santos fines, que es +terrible la cruz que en esto llevan. Si se pudieran concertar todos +y hacerse ignorantes, y querer que los tengan por tales en estas +ciencias, de mucho trabajo se quitarían». ¡Y de tanto! Los espirituales +deben concertarse, en efecto, y hacerse ignorantes en puntos de mundo +y querer que los tengan por tales. Cuantos amamos a la verdad sobre +todas las cosas debemos concertarnos para ignorar las premáticas y +mandamientos de ese dichoso buen gusto con que se la disfraza, y para +pisotear las buenas formas y dejar que nos llamen cursis y querer que +nos tengan por tales. + +Hay una gavilla suelta de faranduleros que llevan prendido de la boca +el amomiado credo, herencia de sus bisabuelos, como llevan el escudo +de la casa grabado en la sortija o en el puño del bastón, y respetan +esas venerandas tradiciones de nuestros mayores como respetan cualquier +otra antigualla, por bien parecer y hacerse pasar por distinguidos. Es +de buen tono y viste muy bien eso que llaman ser conservador. Y esa +gavilla de farsantes ha declarado cursilería todo lo que es pasión y +arranque y brío y de mal gusto los tajos y mandobles a las titereras +y los guiñoles todos que tienen armados. Y cuando esos mamarrachos, +alcornoques secos y vacíos, digan y repitan la gran sandez de «lo +cortés no quita a lo valiente», salgámosles a la cara y digámosles +en ella y en sus barbas, si las tuvieran, que lo cortés quita a lo +valiente, y que el verdadero valor, el valor quijotesco puede, suele +y debe consistir muchas veces en atropellar toda cortesía y aparecer +hasta, si preciso fuere, grosero. Sobre todo con los Maese Pedros que +viven de retablos. + +¿Conocéis cosa más terrible que oir la misa de un cura ateo, que la +celebra por cobrar el pie de altar? ¡Muera toda farándula, toda ficción +sancionada! + +Pasando por León fuí a ver y contemplar su primorosa catedral gótica, +aquella gran lámpara de piedra, en cuyo seno canturrean los canónigos +al son pastoso del órgano. Y contemplando sus mimbreñas columnas, sus +altos ventanales de pintadas vidrieras por donde la luz al entrar se +destrenza y desparrama en colores varios, y la enramada de nervios +que sostiene a la bóveda, pensé así: ¡Cuántos deseos silenciosos, +cuántos anhelos callados, cuántos pensares recónditos no habrá recibido +esta pedernosa fábrica, junto con oraciones cuchicheadas o tan sólo +pensadas, con ruegos, con imprecaciones, con requiebros de amor al oído +de la amada, con quejas, con reconvenciones! ¡cuántos secretos vertidos +en el confesonario! ¿Y si todos estos deseos, anhelos, pensares, +oraciones, cuchicheos, ruegos, imprecaciones, requiebros, quejas y +secretos, si todo esto empezase a cantar por debajo de la rutinera +salmodia litúrgica del coro canónico? En la caja de una vihuela, en +sus entrañas, duermen las notas todas que se le arrancaron a ella, así +como las notas todas que pasaron junto a ella, rozándola, al pasar en +vuelo, con sus alas sonoras; y si todas esas notas, propias y ajenas, +que allí duermen, despertaran, estallaría la caja de la vihuela por el +empuje de la tempestad sonora. Y así, si despertase todo eso que duerme +en el seno de la catedral, vihuela de piedra, y rompiera a cantar todo +ello, derrumbaríase la catedral rota por el empuje del clamor inmenso. +Las voces, libertadas, buscarían el cielo. Derrumbaríase la catedral +de piedra, vencida y agobiada por la violencia del propio esfuerzo, al +ponerse a cantar, pero de entre sus escombros, que seguirían cantando, +resurgiría una catedral de espíritu, más aérea, más luminosa y a la +vez más sólida, una inmensa seo que elevaría al cielo columnas de +sentimiento que se ramificaran bajo la bóveda de Dios, echando a tierra +su peso muerto por arbotantes y contrafuertes de ideas. Y esto no +sería comedia litúrgica. ¡Oh y quién pudiese hacer cantar a nuestras +catedrales toda oración, toda palabra, todo pensar y todo sentir que +en su seno han acogido! ¡quién pudiese animarles las entrañas, las +entrañas mismas de la encantada cueva de Montesinos! + +Volvamos al retablo. Un retablo hay en la capital de mi patria y la +de Don Quijote, donde se representa la libertad de Melisendra o la +regeneración de España o la revolución desde arriba, y se mueven allí, +en el Parlamento, las figurillas de pasta según les tira de los hilos +Maese Pedro. Y hace falta que entre en él un loco caballero andante, y +sin hacer caso de voces, derribe, descabece y estropee a cuantos allí +manotean, y destruya y eche a perder la hacienda de Maese Pedro. + +El cual volvió a la carga y el pobre Don Quijote, como llevaba en sí al +bueno de Alonso el Bueno, convencióse de que todo había sido cosa de +encantamiento y ofreció pagar el destrozo. Y harto hizo con pagarlo. +Aunque si bien se mira justo es que al que vive de mentiras, cuando +se le han quebrado éstas, se le remedie en lo posible el daño hasta +que aprenda a vivir de la verdad. Porque es lo que se dice: si quitáis +a los faranduleros la farándula, de la cual tan sólo han aprendido a +vivir ¿cómo vivirán? Y cierto es también que Dios no quiere la muerte +del pecador, sino que se convierta y viva, y para que pueda convertirse +ha de vivir y para que viva es menester sustentarle. + +¡Oh Don Quijote el Bueno! y cuán magnánimamente después de haber +derribado, descabezado y estropeado la mentira pagaste lo que ella +valía, dando cuatro reales y medio por el rey Marsilio de Zaragoza, +cinco y cuartillo por Carlo Magno, y así por los otros, hasta cuarenta +y dos reales y tres cuartillos. ¡Si no costara más hacer añicos el +retablo parlamentario y el otro! + + + + + CAPÍTULO XXVII + + Donde se da cuenta de quiénes eran Maese Pedro y su mono, con el mal +suceso que Don Quijote tuvo en la aventura del rebuzno, que no la acabó + como él quisiera y lo tenía pensado. + + +Luego de eso de Maese Pedro, el cual ya sabemos qué pícaro era, fué +cuando Don Quijote se halló entre la gente armada del pueblo de los +rebuznadores e intentó persuadirlos a que no peleasen por tal niñería +y corroborándole Sancho, dió en la mala ocurrencia de rebuznar, por +donde se armó la pedrea de que a todo galope salió Don Quijote, +encomendándose de todo corazón a Dios, que de aquel peligro le librase. + +Y aquí, al contar esta la primera vez que huye el denodado vencedor +del vizcaíno, del Caballero de los Espejos y del león, el que tantas +veces afrontó a tropas de hombres, dice el historiador: _cuando el +valiente huye, la superchería está descubierta, y es de varones +prudentes guardarse para mejor ocasión_. Y ¿cómo iba a hacer frente Don +Quijote a un pueblo que tiene a gala rebuznar? La manera de expresarse +colectivamente un pueblo es un a modo de rebuzno, aunque cada uno de +los que lo componen use de lenguaje articulado para sus menesteres +individuales, pues sabido es cuán a menudo ocurre que el juntarse +hombres racionales o semi-racionales siquiera, formen un pueblo asno. + +Antes de dictar ordenamientos para regir al pueblo, oigamos su +parecer--se dice--, consultémosle. Y es ello algo así como si un +albéitar en vez de escudriñar a un asno y tantearle y pulsarle y +registrarle para descubrir de qué padece y dónde le duele y de qué +remedio ha menester, le consulta y espera a que rebuzne para recetarle, +arrogándose el papel de truchimán de rebuznos. No, sino cuando no se +logra convencer al pueblo rebuznador, huir de él como prudente y no +temerario caballero. Y no hacer caso de los Sanchos egoístas que se +quejan porque no los defendimos cuando tuvieron el mal acuerdo de +rebuznar ante rebuznadores. + +Y volvió después de esto Sancho a lo del salario, y Don Quijote quiso +saldar cuentas y despedirle y entonces es cuando le dijo aquellas +durísimas palabras de _asno eres y asno has de ser y en asno has de +parar cuando se te acabe el curso de la vida_, al oir lo cual rompió +a llorar el pobre escudero y confesó que para ser asno del todo no le +faltaba sino la cola. Y le perdonó el magnánimo caballero, mandándole +procurara ensanchar el corazón. Y fué y es uno de los más señalados +beneficios que Sancho debió y debe a Don Quijote, el de que éste le +convenciera y le convenza de que para ser asno del todo no le falta +sino la cola. Cola que no le brotará ni crecerá mientras siga y sirva a +Don Quijote. + + + + + CAPÍTULO XXIX + + De la famosa aventura del barco encantado. + + +Y en esto llegaron a orillas del río Ebro y se encontraron allí con _un +pequeño barco sin remos ni otras jarcias algunas_, y ¡es claro! barco +sin remos ni otras jarcias y atado en la orilla, ¡aventura al canto! +Donde veas algo en facha de espera, es que te espera a ti, no lo dudes. +Y si es barco métete en él, desatrácalo y que te lleve a la buena de +Dios. + +Así hizo Don Quijote y no bien se habían apartado obra de dos varas +de la orilla, cuando Sancho, que, como buen manchego, debía de ser +hidrófobo, rompió a llorar. Y tan hidrófobo, pues al tentarse para +comprobar si habían pasado la línea equinoccial, en pasando la cual +mueren los piojos, topó no ya con algo, sino con algos. Y el barco fué +a dar a una aceña, en que se hizo trizas, no sin antes haberse ido al +agua Don Quijote y Sancho. + +Y éste sí que es típico dechado de aventuras de obediencia, más aún +que la del león. Recuerda lo que siendo General de la Compañía de +Jesús «dijo diversas veces» Íñigo de Loyola, y es que «si el Papa le +mandase que en el puerto de Ostia entrase en la primera barca que +hallase y que sin mástil, ni gobernalle, sin vela, sin remos, sin las +otras cosas necesarias para la navegación y para su mantenimiento, +atravesase la mar, que lo haría y obedecería no sólo con paz, mas aun +con contentamiento y alegría de su ánimo». (Riv., lib. V, cap. IV.) + +¿Y para qué había puesto Dios allí aquel barquichuelo, sino para que, +obedeciéndole, embarcase en él Don Quijote a busca de una aventura +desconocida? Nadie sabe para qué le es más propio ni cuál la hazaña[2] +que le está reservada. + +Tu hazaña, tu verdadera hazaña, la que hará valer tu vida, no será +acaso la que vayas tú a buscar, sino la que venga a buscarte, y ¡ay +de los que van en busca de la dicha mientras está ella llamando a las +puertas de su casa! Por algo se dijo lo de que las más grandes obras +son obras de circunstancias. + + + NOTAS: + +[2] Sentí por un momento la tentación de añadir «ni la aceña» diciendo +«ni cuál la hazaña ni la aceña que le está reservada», pero he vencido +pronto la tentación ésa. Odio los calembures y juegos de palabras, que +revelan el más menguado y más despreciable ingenio. + + + + + CAPÍTULO XXX + + De lo que le avino a Don Quijote con una bella cazadora. + + +Ahora empiezan las tristes aventuras de Don Quijote en casa de los +Duques; ahora es cuando topó con la bella cazadora, la duquesa, que le +llevó a su morada a regocijarse con él y burlarse de su heroísmo; ahora +empieza la pasión del caballero en poder de sus burladores. Aquí es +donde la historia de nuestro Ingenioso Hidalgo se hunde en despeñaderos +de lamentable miseria; aquí es donde a su magnanimidad y discreción +responden la bellaquería y sandez de aquellos próceres que creían, sin +duda, nacidos los héroes para divertirlos y servirles de juguete y +zarandillos. ¡Oh desdichado que caminas al templo de la fama y corres +tras la inmortalidad de la gloria, mira que si los grandes de la tierra +te agasajan y miman y regalan es para que adornes sus mansiones o +para divertirse contigo como con un juguete! Tu presencia no es sino +ornato de su mesa y figuras en ella como figuraría una fruta rara o el +último ejemplar de un pajarraco que se extingue. Cuando más parecen +reverenciarte más se burlan de ti. Mira que en el fondo no hay soberbia +como la soberbia de aquéllos que no pueden atribuir a propio mérito, +sino al azar del nacimiento, las preeminencias de que gozan. No seas +juguete de los grandes. Recorre la historia y ve en lo que vinieron a +dar los héroes que se redujeron a ser ornamento de los salones. + + + + + CAPÍTULO XXXI + + Que trata de muchas y grandes cosas. + + +Recibieron de solemne burla a Don Quijote en casa de los Duques, +vistiéronle a usanza caballeresca y le llevaron a comer. + +Y allí fué donde se encontró, en la mesa, con aquel _grave eclesiástico +déstos que gobiernan las casas de los príncipes; déstos que como no +nacen príncipes no aciertan a enseñar cómo lo han de ser los que lo +son; déstos que quieren que la grandeza de los grandes se mida con la +estrechez de sus ánimos_ y el cual enderezó a Don Quijote, llamándole +Don Tonto, aquella reprensión áspera y desabrida, recomendándole se +volviese a su casa a criar a sus hijos, si los tenía, y a curar de su +hacienda, dejando de andar vagando por el mundo y dando que reir a +cuantos le conocían y no conocían. + +¡Oh, y cómo dura y persiste y no acaba en nuestra España la ralea de +estos graves y sesudos eclesiásticos que quieren que la grandeza de los +grandes se mida con la estrechez de sus ánimos! ¡Don Tonto! ¡Don Tonto! +Y ¡cómo te viste tratar, mi loco sublime, por aquel grave varón, cifra +y compendio de la verdadera tontería, humana! El grave eclesiástico no +debía de haber leído los Evangelios ni debía de conocer aquel sermón de +Jesús desde la montaña en que dijo: «cualquiera que dijere a su hermano +_raca_ será culpado del concejo, y cualquiera que le dijere tonto será +reo del infierno del fuego» (Mat., V, 22). Reo se hizo, pues, del +infierno del fuego por haber llamado a Don Quijote tonto. + +Ya estás, señor mío, frente a la encarnación del sentido común. Y no +nos quepa duda de que si Cristo Nuestro Señor hubiese en tiempo de Don +Quijote vuelto al mundo o si hoy volviese a él, formaría aquel grave +eclesiástico entonces o formarían hoy sus sucesores, entre los fariseos +que le reputarían por loco o dañino agitador y le buscarían nueva +muerte afrentosa. + + + + + CAPÍTULO XXXII + +De la respuesta que dió Don Quijote a su reprensor, con otros graves y + graciosos sucesos. + + +Pero a fe que si fué desabrida la reprimenda, también fué estupenda la +réplica de Don Quijote a ella, tal cual en este capítulo se contiene. +No hay sino releerla. No hay sino releerla la soberana lección a los +que _sin haber visto más mundo que el que puede contenerse en veinte +o treinta leguas de distrito_ se meten de rondón a dar leyes a la +caballería y a juzgar de los caballeros andantes. + +_Mis intenciones siempre las enderezo a buenos fines, que son de hacer +bien a todos y mal a ninguno: si el que esto entiende, si el que esto +obra, si el que desto trata, merece ser llamado bobo, díganlo vuestras +grandezas_--exclamó Don Quijote. Pero es que se las había con uno +de esos hombres de voluntad mezquina y de corazón estrecho que han +inventado lo de que hay ideas buenas e ideas malas, y se empeñan en +ser definidores de la verdad y del error, y en que se siguen al mundo +grandes males de que los hombres crean las visiones de la cueva de +Montesinos y no otras visiones no menos visionarias que ellas. Los +tales, locos, o mejor menguados de corazón, no de cabeza, no hacen +sino perseguir a los que tienen por locos de la cabeza, y entercarse +en hacernos creer que traen perdido el mundo los caballeros andantes +que enderezan sus intenciones a buenos fines, crean lo que creyeren, y +no los graves eclesiásticos que miden la grandeza de los grandes con +la estrechez de sus ánimos. Como sus seseras resecas y amojamadas son +incapaces de parir imaginación alguna, atiénense como a inconmovible +norma de conducta a las empedernidas y encostradas imágenes que en +depósito recibieron, y como no saben abrirse sendero a campo traviesa +y por la espesura de la selva, fija en la estrella norte la mirada, +obstínanse en que vayamos los demás en su desvencijado carro por las +roderas del camino de servidumbre pública. Esas gentes no hacen sino +censurar a los que de veras hacen algo. Cuando alguien tiene cuita, +acude a los caballeros andantes y no a ellos, ni _al perezoso cortesano +que antes busca nuevas para referirlas y contarlas, que procura hacer +obras y hazañas para que otros las cuenten y las escriban_ como dirá +más adelante el mismo Don Quijote cuando se le presente Trifaldín, el +heraldo de la Dueña Dolorida. + +Dijo muy bien Don Quijote: _Si me tuvieran por tonto los caballeros, +los magníficos, los generosos, los altamente nacidos, tuviéralo por +afrenta irreparable; pero de que me tengan por sandio los estudiantes +que nunca entraron ni pisaron las sendas de la caballería, no se me +da un ardite_. Razones dignas del Cid quien según el sabido romance, +cuando aquel monje Bernardo se atrevió a hablarle en lugar del rey +Alfonso, platicando en el claustro de San Pedro de Cardeña, + + ¿Quién vos mete, dijo el Cid, en el consejo de guerra + fraile honrado, a vos agora, la vuesa cogulla puesta? + Subid vos a la tribuna, y rogad a Dios que venzan, + que non venciera Josué si Moisén non lo ficiera. + Llevad vos la capa al coro, yo el pendón a la frontera + + ........................................................... + + que más de aceite que sangre, manchado el hábito muestra. + +reprimenda que hizo exclamar al Rey lo de: + + Cosas tenedes, el Cid, que farán fablar las piedras, + pues por cualquier niñería facéis campaña la iglesia. + +Y cuando los graves eclesiásticos no pueden con los caballeros +andantes, vuélvense a sus escuderos. Pero también Sancho sabe +responder: _soy quien júntate a los buenos, y serás uno de ellos... yo +me he arrimado a buen señor, y ha muchos meses que ando en su compañía +y he de ser otro como él, Dios queriendo_. Y lo querrá Dios, Sancho +bueno, Sancho discreto, Sancho cristiano, Sancho sincero, lo querrá +Dios. ¡Tú lo dijiste: júntate a los buenos! Porque tu amo fué y es y +será bueno, ante todo y sobre todo bueno, y en pura fuerza de bondad +loco, y su locura le ha merecido gloria en el mundo mientras éste dure +y gloria también en la eternidad. ¡Oh, Don Quijote, mi San Quijote! Sí, +los cuerdos canonizamos tus locuras, y que los graves eclesiásticos de +ánimo estrecho se excusen de reprender lo que no pueden remediar. _Y +sin decir más ni comer más se fué_, dice el historiador refiriéndose al +grave eclesiástico. ¡Se fué!... ¡Se fué!... Oh y si pudiésemos decir +siempre lo mismo... + +Recordemos aquí, lector, que esta reprimenda del grave eclesiástico +a Don Quijote no deja de tener parentesco con la reprimenda que el +Vicario del convento de dominicos de San Esteban de Salamanca, de +esta Salamanca en que escribo y en que se graduó de bachiller Sansón +Carrasco, enderezó a Íñigo de Loyola según nos cuenta su historiador +en el capítulo XV del libro I de su VIDA. Cuando le invitaron a que +fuese a aquella casa, pues los frailes tenían gran deseo de oirle y +hablarle, y fué, y después de haber comido los llevaron a una capilla +y preguntó el Vicario a Ignacio en qué estudios se había criado y qué +género de letras había profesado, y dijo luego: «Vosotros sois unos +simples idiotas, y hombres sin letras, como vos mismo confesáis; pues +¿cómo podéis hablar seguramente de las virtudes y de los vicios»? Y +luego encerraron a Ignacio y sus compañeros y de allí los llevaron a la +cárcel. Loyola, por su parte, «en más de treinta años, nunca llamó a +nadie bobo, ni dijo otra palabra de que se pudiese agraviar» según su +biógrafo en el capítulo VI del libro V de su VIDA. + +¿Cómo, sin licencia ni título, ni grados conferidos por tribunal +ordinario, cómo se atrevía así Ignacio a hablar de la virtud y del +vicio? Y a Don Quijote ¿quién le dió licencia para meterse a caballero +andante o con qué derecho se entremetía a enderezar tuertos y corregir +abusos, aunque no lo hicieren los graves eclesiásticos que para hacerlo +cobraban su salario? Ni el Vicario del monasterio de San Esteban de +Salamanca, ni el grave eclesiástico que gobernaba la casa de los +Duques sufrían que se saliese nadie del oficio que la sociedad les +tuviera asignado. ¿Qué orden puede haber, en efecto si no se atiene y +atempera cada uno a lo que se le pide y no más que a ello? Cierto que +no cabría así progreso, pero el progreso es fuente y raíz de muchos +males. Bien se dijo lo de ¡zapatero, a tus zapatos! Ignacio habría +hecho mejor en seguir la carrera a que sus padres le dedicaron, o por +lo menos no meterse a predicar hasta haberse graduado de teólogo, y +Don Quijote debía haberse casado con Aldonza Lorenzo para criar a +sus hijos y cuidar de su hacienda. Ambos graves eclesiásticos, el de +casa de los Duques y el del convento de San Esteban de Salamanca, +fueron predecesores de aquel que escribió en el Catecismo: «eso no me +lo preguntéis a mí, que soy ignorante; doctores tiene la Santa Madre +Iglesia que os sabrán responder». + +«Buenos estamos--como dijo el Vicario de San Esteban de Salamanca--: +tenemos el mundo lleno de errores, y brotan cada día nuevas herejías +y doctrinas ponzoñosas; y vos no queréis declararnos lo que andáis +enseñando...» Medrados estamos, en efecto, si ha de salir por ahí cada +uno a su antojo, éste enderezando entuertos y aquél predicando, el uno +alanceando molinos y el otro fundando Compañías! ¡Al carril, al carril +todos! ¡Sólo en el carril hay orden! Y lo estupendo es que sea ésta hoy +la doctrina de los que se dicen hijos del reprendido en el convento de +San Esteban y herederos de su espíritu. + +Acabada la comida en casa de los Duques siguió la burla, no tan amarga +ni burlesca como la gravedad del grave eclesiástico, y fué lo triste +que fueron ya las doncellas las que, sin contar con sus amos los +Duques, se propasaron a añadir burlas de su propia cuenta a las burlas +tramadas por aquéllos. _Ni él ni yo sabemos de achaque de burlas_--dijo +Don Quijote refiriéndose a Sancho. Y era verdad, pues jamás se vió +loco más serio que Don Quijote. Y cuando la locura se acompaña de la +seriedad, reálzase y se eleva mil codos sobre la cordura retozona y +burladora. + + + + + CAPÍTULO XXXIII + +De la sabrosa plática que la Duquesa y sus doncellas pasaron con Sancho + Panza, digna de que se lea y de que se note. + + +Entre burlas y regocijo confesó Sancho a la Duquesa que tenía a Don +Quijote por loco rematado y él, pues con todo y con eso le seguía y +servía e iba atenido a las vanas promesas suyas, sin duda alguna debía +de ser más loco y tonto que su amo. + +Pero ven acá, pobre Sancho, ven y dinos ¿lo crees de veras así? Y aun +creyéndolo ¿no sientes que es mejor para tu fama y tu salud eterna +seguir al loco generoso que no a un cuerdo mezquino? ¿No dijiste hace +poco al grave eclesiástico, cuerdo hasta reventar de cordura, que hay +que juntarse a los buenos, por locos que ellos sean, y que habías de +ser otro como él, como tu amo. Dios queriendo? ¡Ah, Sancho, Sancho, y +cómo bamboleas en tu fe y perinoleas y te revuelves como veleta a todos +vientos y al son que te tocan bailas! Pero sabemos bien que crees creer +una cosa y crees otra, y que mientras te figuras sentir de un modo +estás, en tu interior, sintiendo de otro modo muy diverso. Bien dijiste +lo de: _ésta fué mi suerte y mi malandanza; no puedo más, seguirle +tengo; somos de un mismo lugar; he comido su pan; quiérole bien; es +agradecido; dióme sus pollinos, y sobre todo, yo soy fiel_... Sí, y tu +fidelidad te salvará, Sancho bueno, Sancho cristiano. Estabas y estás +quijotizado, y en prueba de ello pronto te hizo dudar la Duquesa de que +hubieras inventado lo del encanto de Dulcinea y acabaste por confesar +que de tu ruin ingenio no se puede ni se debe presumir que fabricases +en un instante tan agudo embuste. Sí, Sancho, sí; cuando creemos ser +burladores solemos muchas veces ser los burlados, y cuando se nos +figura hacer algo en chanzas es que el Supremo Poder que de nosotros +se sirve para sus ocultos e inescudriñables fines nos lo hace hacer en +veras. Cuando creemos ir por un camino nos están llevando por otro, y +así no hay sino dejarse guiar de las buenas intenciones del corazón y +que Dios las haga fructificar, pues si nosotros sembramos la semilla, +arando antes la tierra que la recibe, es el cielo el que la riega y +airea y da lumbre. + +Debo aquí, antes de pasar adelante, protestar contra la malicia del +historiador, que al fin de este capítulo XXXIII que vengo explicando y +comentando, dice que las burlas que hicieron los Duques al Caballero +fueron _tan propias y discretas, que son las mejores aventuras que en +esta grande historia se contienen_. ¡No, no, y mil veces no! Las tales +burlas no fueron ni propias ni menos discretas, sino torpísimas, y +si ellas sirvieron para poner a mayor luz el insondable espíritu de +nuestro hidalgo y alumbrar el abismo de la bondad de su locura, débese +tan sólo a que la grandeza de Don Quijote y su heroísmo eran tales, que +convertían en veras sublimes las más bajas y torpes burlas. + + + + + CAPÍTULO XXXIV + +Que da cuenta de la noticia que tuvo de cómo se había de desencantar la + sin par Dulcinea del Toboso, que es una de las aventuras más famosas + deste libro. + + +Entre esas burlas que el historiador estima propias y discretas, no lo +siendo ni de lejos, estuvo la del modo cómo se había de desencantar a +Dulcinea, dándose Sancho tres mil trescientos azotes + + _en ambas sus valientes posaderas + al aire descubiertas, de tal modo + que le escuezan, le amarguen y le enfaden_. + +Y los azotes había de dárselos de propia voluntad, sin que valiesen los +que por fuerza quería propinarle Don Quijote. Negóse Sancho a dárselos, +porfiaron negándole el gobierno de la ínsula si no prometía vapularse, +y al fin, vencido de razones y de codicia, lo prometió. Y _Don Quijote +se colgó del cuello de Sancho dándole mil besos en la frente y en las +mejillas_, recompensa más que colmada a su final resignación. + +Y ¿por qué no te has de azotar por amor de Dulcinea, Sancho amigo, si +es a ella a quien debes la perpetuidad de tu fama? Vale más que te +azotes por Dulcinea que no por lo que sueles azotarte de ordinario; +vale más Dulcinea que no gobierno de ínsula alguna. Si al azotarte, +si al trabajar pusieses siempre tu mira en Dulcinea, sería siempre +santo tu trabajo. Cuando trabajes de zapatero pon tu hito en hacerlo +mejor que ningún otro, y aspira a la gloria de que tus parroquianos no +padezcan callos en los pies. + +Hay una forma la más elevada de trabajo, cual es la de convertirlo en +oración, y aserrar madera, colocar mampuesto, coser zapatos, cortar +calzones o componer relojes a la mayor honra y gloria de Dios, pero +hay otra forma, por menos encumbrada más humana y más conseguidera, y +es hacerlo por Dulcinea, por la gloria. ¡Cuántos pobres Sanchos que se +desesperan y reniegan bajo el yugo del trabajo se sentirían alijarados +de él y henchidos de alegría en su labor, si al trabajar, es decir, al +azotarse pusieran su mira en desencantar a Dulcinea, en cobrar nombre +y fama con su trabajo! Esfuérzate, Sancho, por ser en tu pueblo el +primero de tu oficio y toda la pesadumbre y graveza de tu trabajo se +disipará ante tan honrado propósito. El pundonor dignifica al artesano. + +Cuenta el GÉNESIS no que Dios condenara al hombre al trabajo, pues dice +que le puso en el paraíso para que lo cuidara y trabajase (II, 15), +sino que le condenó, luego de haber Adán pecado, a la penosidad del +trabajo, a que le fuese éste penoso y molesto, a que con dolor comiera +de la tierra que no le produciría sino espinas y cardos, a comer su +pan amasado con sudor (III, 17-19). Y el amor a la gloria, el ansia +de desencantar a Dulcinea, convierte en rosas los cardos y en suaves +pétalos las pinchosas espinas. Y ¿cómo quieres, Sancho, que fuese a +vivir Adán en el paraíso sin trabajarlo? ¿Qué paraíso podía ser ese en +que no se trabajaba? No, no puede haber verdadero paraíso alguno sin +algún trabajo en él. + +Ya sé que hay Sanchos que cantan esta copla: + + Cada vez que considero + que me tengo de morir, + tiendo la capa en el suelo + y no me harto de dormir. + +Ya sé que hay Sanchos que se representan la gloria eterna como un +eterno nada hacer, como un campo celeste en que tendidos a la bartola +se está viendo lucir el sol increado, pero para ellos la suprema +recompensa debe ser la nada, el sueño inacabable sin ensueños ni +despertar. Nacieron cansados y con la pesadumbre de los trabajos y +penas de sus abuelos y tatarabuelos a cuestas; ¡descansen sobre sus +nietos y tataranietos durmiendo en las honduras de éstos! Y esperen así +que Dios los despierte al trabajo divino. + +Ten por seguro, Sancho, que si al fin y a la postre se nos da, como +te tienen prometido, una visión beatífica de Dios, esa visión habrá +de ser un trabajo, una continua y nunca acabadera conquista de la +Verdad Suprema e Infinita, un hundirse y chapuzarse cada vez más en +los abismos sin fondo de la Vida Eterna. Unos irán en ese glorioso +hundimiento más de prisa que otros y ganando más hondura y más gozo que +ellos, pero todos irán hundiéndose sin fin ni acabamiento. Si todos +vamos al infinito, si todos vamos _infinitándonos_, nuestra diferencia +estribará en marchar unos más de prisa y otros más despacio, en crecer +éstos en mayor medida que aquéllos, pero todos avanzando y creciendo +siempre y acercándonos todos al término inasequible, al que ninguno ha +de llegar jamás. Y es el consuelo y la dicha de cada uno el saber que +llegará alguna vez a donde llegó otro cualquiera, y ninguno a parada de +última queda. Y es mejor no llegar a ella, a quietud, pues si el que ve +a Dios, según las Escrituras, se muere, el que alcanza por entero a la +Verdad Suprema queda absorbido en ella y deja de ser. + +Trabajo, Señor, da a Sancho, y danos a todos los pobres mortales +trabajo siempre, procúranos azotes, y que siempre nos cueste esfuerzo +conquistarte y que jamás descanse en Ti nuestro espíritu, no sea que +nos anegues y derritas en Tu Seno. Danos Tu paraíso, Señor, pero para +que lo guardemos y trabajemos, no para dormir en él; dánoslo para que +empleemos la eternidad en conquistar palmo a palmo y eternamente los +insondables abismos de Tu infinito seno. + + + + + CAPÍTULOS XL, XLI, XLII Y XLIII + + De la venida de Clavileño y de otras cosas. + + +Viene luego en nuestra historia el relato de la Dueña Dolorida, que +al historiador le parece de perlas, según lo declara al principio del +capítulo XL, y a mí me parece de lo más burdo y más torpemente tramado +que puede darse. Todo el valor de esta grosera burla consiste en +preparar la del caballo Clavileño, en el cual habrían de ir Don Quijote +y su escudero por los aires al reino de Gandaya, vendados los ojos +antes ambos. + +Resistióse Sancho a subirse en Clavileño, pues no era brujo _para +gustar de andar por los aires_, ni era cosa que sus insulanos dijeran +que su gobernador se andaba _paseando por los vientos_, mas el Duque +le dijo: _Sancho amigo, la ínsula que yo os he prometido no es movible +ni fugitiva... y pues vos sabéis que sé yo que no hay ningún género +de oficio destos de mayor cuantía que no se grangee con alguna suerte +de coecho, cual más, cual menos, el que yo quiero llevar por este +gobierno es que vais con vuestro señor Don Quijote a dar cima y cabo +a esta memorable aventura_, con otras razones que añadió. A lo cual +_no más señor--dijo Sancho--, yo soy un pobre escudero, y no puedo +llevar a cuestas tantas cortesías; suba mi amo, tápenme estos ojos y +encomiéndenme a Dios, y avísenme si cuando vamos por esas altanerías +podré encomendarme a nuestro Señor o invocar los ángeles que me +favorezcan_. Entonces declaró Don Quijote que desde la memorable +aventura de los batanes, nunca había visto a Sancho con tanto temor. A +pesar de lo cual montó el escudero en Clavileño, detrás de su amo, y +pidió, con lágrimas en los ojos, que rezasen por él. Y luego, cuando +iban por los aires imaginarios, se ceñía y apretaba a su amo, lleno de +miedo cerval. + +El resto de la aventura es cosa tristísima si la hemos de juzgar a lo +mundano, pero ¡cuántos se remontan en Clavileño sin moverse del lugar +en que montaron y atraviesan así la región del aire y la del fuego! +Es tan triste la aventura, que quiero llegar a cuando al acabarla y +después de haberse visto Don Quijote y Sancho sin más daño que un +revolcón y chamuscamiento, libre ya el escudero de su miedo, dió en +inventar mentiras, y al oirlas Don Quijote se acercó a Sancho y le dijo +estas preñadas palabras: _Sancho, pues vos queréis que se os crea lo +que habéis visto en el cielo, yo quiero que vos me creáis a mí lo que +vi en la cueva de Montesinos, y no digo más_. + +Vele aquí la fórmula más comprensiva y a la vez más vasta de la +tolerancia: si quieres que te crea, créeme tú. Sobre el crédito mutuo +se cimenta la sociedad de los hombres. La visión del prójimo es para +él tan verdadera como para ti lo es tu propia visión. Siempre, sin +embargo, que sea verdadera visión y no embuste y patraña. + +Y en esto estriba la diferencia entre Don Quijote y Sancho, y es +que Don Quijote vió de veras lo que dijo había visto en la cueva de +Montesinos--a pesar de las maliciosas insinuaciones de Cervantes en +contrario--y Sancho no vió lo que dijo haber visto en las esferas +celestiales yendo en lomos de Clavileño, sino que lo inventó mintiendo, +por imitar a su amo o desahogar su miedo. No nos es dado a todos gozar +de visiones y menos aún el creer en ellas y creyéndolas hacerlas +verdaderas. + +Poneos en guardia contra los Sanchos que apareciendo defensores y +sustentadores de la ilusión y de las visiones, en realidad no defienden +sino la mentira y la farándula. Cuando os digan de un embustero que +acaba por creer los embustes que urde, contestad redondamente que no. +El arte no puede ni debe ser alcahuete de la mentira; el arte es la +suprema verdad, la que se crea en fuerza de fe. Ningún embustero puede +ser poeta. La poesía es eterna y fecunda como la visión: la mentira es +estéril como una mula y dura menos que la nieve marzera. + +Y admiremos la suprema generosidad de Don Quijote que estando seguro +de que él vió lo que dijo haber visto en la cueva de Montesinos y más +seguro aún, si cabe, de que Sancho no vió lo que decía haber visto +en las celestes esferas se limitó a decirle: _si vos queréis que os +crea... yo quiero que vos me creáis_. ¡Cristianísima manera de salir +al paso y cerrárselo a los embusteros que juzgando a los demás por sus +propias mañas, toman por embustes las visiones quijotescas! Y hay, no +obstante, una vara infalible para deslindar de la mentira la visión. + +Don Quijote se hundió y empozó en la cueva de Montesinos lleno de +coraje y denuedo, sin hacer caso de Sancho que quería disuadirle de +ello, a cuyas amonestaciones contestó lo de _¡ata y calla!_, y haciendo +oídos sordos al guía, bajó lleno de valor, y Sancho montó en Clavileño +aterido de miedo y con lágrimas en los ojos y no muy de su voluntad. Y +así como el valor es el padre de las visiones, así la cobardía es la +madre de los embustes. El que acomete una empresa henchido de bravura +y fiado en el triunfo o sin importársele de la derrota, llega a ver +visiones, pero no trama mentiras, y el que teme un desenlace adverso, +el que no sabe afrontar serenamente el fracaso, el que empeña en su +intento esa mezquina pasión del amor propio que se arredra ante el no +salirse con la suya, éste trama mentiras para precaverse de la derrota +y no sabe ver visiones. + +Así en esta nuestra patria y patria de Don Quijote y Sancho como es la +cobardía moral lo que tiene presas a las almas, y los hombres reculan +ante un probable fracaso y tiemblan de haber de caer en ridículo, +verbenean que es una lástima las mentiras, y escasean que da pena las +visiones. Los embusteros ahogan a los visionarios. Y no sabremos ver +visiones reconfortantes y encorazonadoras y gozar de ellas, mientras no +aprendamos a afrontar el ridículo, y a arrostrar el que los tontos y +los menguados de corazón nos tomen por locos o caprichudos o soberbios +y a saber que el quedarse solo no es quedar derrotado como dicen los +mentecatos, y a no andarnos siempre calculando de antemano el llamado +triunfo. Don Quijote no pensó al meterse en la cueva en cómo saldría +de ella ni en si saldría siquiera, y por eso vió allí dentro visiones. +Y Sancho, como mientras iba a su pesar y con los ojos vendados, sobre +Clavileño, no pensaba sino en cómo habría de salir de aquella aventura +en que por quiebras de su oficio escuderil se veía metido, así que se +vió sano y libre rompió a ensartar embustes. + +Y esta otra diferencia hay al respecto entre Don Quijote y Sancho, +y es que Don Quijote se metió en la cueva por sí y ante sí, sin que +nadie le forzase a ello ni le mandase hacerlo, pudiendo muy bien +haberse ahorrado tal proeza para cuyo cumplimiento hubo de desviarse +de su camino, y Sancho montó en Clavileño porque el Duque se lo impuso +como condición para darle el gobierno de la ínsula. Don Quijote se +despeñó, empozó y hundió en la cueva sólo por que conociera el mundo +que si Dulcinea le favorecía no habría imposible que él no acometiera y +acabase, y Sancho montó en Clavileño por amor al gobierno de la ínsula. +Y de lo encumbrado y desinteresado del propósito del caballero nació +su valor y de su valor las visiones de que gozó, y de lo interesado +y pobre del propósito del escudero nació su miedo y de su miedo los +embustes que urdió. Ni Don Quijote buscaba gobierno alguno sino sólo +mostrar la fortaleza con que le animaba Dulcinea y hacer que los +hombres declararan así la grandeza de ésta, ni Sancho buscaba gloria +alguna sino sólo el gobierno de la ínsula. Y por esto Don Quijote vió +visiones valerosamente, y Sancho fraguó embustes cobardemente. + +El interés, sea del género que fuese y aunque se disfrace de amor a la +gloria, la rebusca de fortuna, de posición, de honores, de distinciones +mundanas, de aplausos del momento, de cargos o preminencias de aparato, +de lo que nos dan los otros a cambio de servicios reales o ilusorios +o a trueque de promesas y halagos, todo esto engendra cobardía moral, +y la cobardía moral pare mentiras conejilmente, y el desinterés de +no buscar sino a Dulcinea y saber esperar a que los hombres nos +reconocerán al cabo fieles servidores y favoritos de ella, infunde +valor y el valor nos regala visiones. Armémonos, pues, de visiones +quijotescas y desbaratemos con ellas los embustes sanchopancescos. + + + + + CAPÍTULO XLIV + +Cómo Sancho Panza fué llevado al gobierno y de la soledad y pobreza de + Don Quijote. + + +Partióse luego de esto Sancho para el gobierno de su ínsula, después +de recibidos los consejos de su amo, _y apenas se hubo partido Sancho, +cuando Don Quijote sintió su soledad_; tristísimo rasgo que nos ha +conservado la historia. Y ¿cómo no había de sentir su soledad, si +Sancho era el linaje humano para él y en cabeza de Sancho amaba a los +hombres todos? ¿cómo no si había Sancho sido su confidente y el único +que le oyó aquello de los doce años en que había querido en silencio a +Aldonza Lorenzo más que a la lumbre de sus ojos, que la tierra comería +un día? ¿no estaba entre ellos dos solos el secreto misterioso de su +vida? + +Sin Sancho Don Quijote no es Don Quijote, y necesita el amo más del +escudero que el escudero del amo. ¡Cosa triste la soledad del héroe! +Porque los vulgares, los rutineros, los Sanchos, pueden vivir sin +caballeros andantes, pero el caballero andante ¿cómo vivirá sin pueblo? +Y es lo triste que necesita de él, y ha de vivir sin embargo solo. ¡Oh +soledad, oh triste soledad! + +Encerróse Don Quijote a solas, sin consentir le sirvieran doncellas, +y _a la luz de dos velas de cera, se desnudó, y al descalzarse ¡oh +desgracia indigna de tal persona! se le soltaron, no suspiros ni otra +cosa que desacreditase la limpieza de su policía, sino hasta dos +docenas de puntos de una media que quedó hecha zelosía. Afligióse +en extremo el buen señor_--añade la historia--_y diera él por tener +allí un adarme de seda verde una onza de plata_. Y a seguida diserta +el historiador sobre la pobreza, y entre otras cosas dice: _¿por qué +quieres estrellarte con los hidalgos y bien nacidos más que con la otra +gente?_ + +Agradezcamos al puntualísimo historiador de Don Quijote el que nos haya +conservado este suceso íntimo del habérsele suelto al caballero las +dos docenas de puntos de la media y de su aflicción por ello. Es algo +de una profundísima melancolía. Quédase el héroe a solas y encerrado +en su aposento, lejos de los hombres, y cuando éstos le creen acaso +con la mente ocupada en sus futuras empresas o encendiéndose en nuevos +anhelos de perdurable gloria, está el _buen señor_--¡y qué bien cae lo +de llamarle _buen señor_ en este caso!--afligido por el soltamiento de +los puntos de la media. + +¡Oh pobreza, pobreza!--digo yo también--y ¡cómo ocupas las soledades +de los caballeros andantes y de los hombres todos! Por no confesarse +pobre se deslustra el héroe, y sus desmayos y aflicciones y tristezas +es porque se le deshicieron las medias y no tiene con qué sustituirlas. +Le veis triste, le veis abatido, juzgáis que el desaliento le gana o +que el caballeresco ánimo se le mengua, y no es sino que piensa en lo +mucho que rompen botas sus hijitos. ¡Oh pobreza, pobreza, y cuándo +te llevaremos de bracete con la vista alta y el corazón sereno! El +más terrible enemigo del heroísmo es la vergüenza de aparecer pobre. +Pobre era Don Quijote y al verse con las medias sueltas de puntos, se +afligía. Arremetió a molinos, embistió a yangüeses, venció al vizcaíno +y a Carrasco, esperó a pie firme y sin temblar al león, para venir a +afligirse luego de tener que presentarse ante los Duques con la media +deshecha, mostrando su pobreza. ¡Tener que hacer un papel en el mundo +siendo pobre! + +¿Y si los pobres mundanos supiéramos el descanso que da el hacer voto +de pobreza y no avergonzarse de ella? Íñigo de Loyola, a imitación +de otros fundadores, instituyó voto de pobreza en la Compañía por él +fundada, y de cuán bien les va a sus hijos con ella nos certifica el P. +Alonso Rodríguez en el capítulo III del Tratado III de la Tercera parte +de su EJERCICIO DE PERFECCIÓN. En que nos dice que si deja uno criados +en el mundo, halla en la Compañía muchos que le sirvan, y que «si vais +a Castilla, a Portugal, a Francia, a Italia, a Alemania, a las Indias +y a cualquier parte del mundo, hallaréis que nos tienen ya puesta allá +casa con otros tantos oficiales de asiento», por manera que dejando +las riquezas del mundo «más señor sois vos de las cosas y riquezas +del mundo que los mismos ricos; que no son ellos los señores de sus +haciendas y riquezas sino vos», y así, en efecto, entienden muchos +de los jesuitas. Y agrega con mucho tino el buen Padre que mientras +el rico está dando vuelcos de noche porque su hacienda y riquezas le +quitan el sueño, el religioso «¡cuán sin cuidado y sin tener cuenta si +vale caro o barato, o si es buen año o malo, lo tiene todo!». + +También el pobre Don Quijote hizo algo así como voto de pobreza al +principio de su carrera y salió de su casa sin blanca y se negaba +a pagar, creyéndose libre de ello por fuero de caballería, mas el +ventero que le armó caballero le persuadió a que llevase dineros y +camisas limpias y le obedeció _vendiendo una cosa y empeñando otra y +malbaratándolas todas_. Y por haber así quebrantado su voto de pobreza, +la pobreza le persigue y le acuita, y se acongoja al soltársele los +puntos de las medias. + +¡Oh pobreza, pobreza!, antes que confesarte preferimos pasar por +bellacos, por duros de corazón, por falsos, por malos amigos y hasta +por viles. Inventamos miserables embustes para rehusar lo que no +podemos dar por carecer nosotros de ello. La pobreza no es la escasez +de recursos pecuniarios para la vida, sino el estado de ánimo que tal +escasez engendra; la pobreza es algo íntimo, y de aquí su fuerza. + + ¡Oh necesidad infame, a cuántos honrados fuerzas + A que por salir de ti, hagan mil cosas mal hechas! + +como dice el tan sabido romance refiriéndose al engaño con que el Cid +sacó dinero a los judíos, dándoles un arca llena de arena. + +Mira a ése; no sale de casa sino a favor de las espesas sombras de la +noche, porque entonces no se ve cómo su traje relumbra de puro roce; +tiene vergüenza de aparecer pobre más aún que de serlo. Mira ese otro; +es un Catón, un hombre rígido e incorruptible; repite cada día que hay +que predicar con el ejemplo y la pureza de la vida, mas en cuanto se +mete a murmurar, no inquiere sino cuánto gana éste o cuánto tiene aquél +y no hace sino pensar en lo cara que es la vida. + +¡Oh pobreza, pobreza!, tú has hecho el hediondo orgullo de nuestra +España. ¿No conocéis acaso el orgullo de la pobreza y de la más baja y +declarada, de la pobreza del mendigo? Es cosa maravillosa que sea la +pobreza, lo que más nos afrenta y aflige, una de las cosas que nos dé +más orgullo. Aunque no sea sino orgullo fingido y un modo de encubrir +aquélla; es una vergüenza disfrazada de orgullo para defenderse, +como el miedo de esos inofensivos animalitos que lo disfrazan de +terribilidad y se ponen amedrentadores, hinchándoseles la gola cuando +más muertos de miedo se sienten. Sucede con esto como con aquello de +que muchos se ensoberbezcan de su humildad. + +Es menester que os fijéis en la gravedad y aun altanería con que +pordiosean muchos pordioseros. Os contaré un caso al propósito y es +el de un mendigo que acostumbraba a pedir a un señor los sábados, y +una vez le pidió no siendo sábado y aquél le dió una perra chica, +mas percatándose luego de habérsela dado en día no sábado, le +llamó al mendigo la atención sobre ello, rogándole no se saliese +de la costumbre. Y al oir esto el mendigo, le alargó la limosna, +devolviéndosela, y le dijo: «¿Ah, pero ahora salimos con ésas? Tome, +tome su perra chica y busque otro pobre». Que es como si dijera: +¿Conque vengo a hacerle la merced de ponerle en ocasión de que ejercite +la virtud de la caridad y gane así méritos para el cielo, y me viene +con condiciones y reparos? Tome, tome su limosna, y busque quien le +favorezca en tomársela. + +Y ¡oh pobreza la más triste y miserable de todas, la de tener que +presentarse con las medias enterizas, la de tener que conservar el +traje del papel que en la comedia del mundo representamos! Triste caso +es el del pobre cómico que no puede mudarse de camisa y tiene que +guardar y limpiar y conservar enteros los disfraces con que se gana su +vida en el tablado; triste caso es no tener en las crudas noches del +invierno una pobre capa con que guardarse del frío y tener que guardar +el vistoso manto con que se hace el papel de rey en la comedia. Y más +triste aún que no pueda uno en esas noches abrigarse con el manto +teatral. + +Don Quijote se afligía y avergonzaba de tener que aparecer pobre. Era, +al fin, hijo de Adán. Y Adán mismo, nos cuenta el GÉNESIS (cap. III, +versículos 7 a 10) que después que hubo pecado conoció estar desnudo, +es decir, que era pobre, y al llamarle Dios se escondió, y es que tenía +miedo por verse desnudo. Y el miedo a la desnudez, a la pobreza, ha +sido siempre y sigue siendo el primer resorte de acción de los pobres +mortales. Terribles fueron aquellos tenebrosos tiempos medievales, +hacia el milenio, cuando empujaba a los espíritus más que el ansia de +la gloria celestial, el temor al infierno, pero ¿no veis que en nuestra +sociedad es más el horror a la pobreza que no la sed de riquezas lo +que lanza a los más de los hombres a sus más locas empresas? Es más +avariciosidad que ambición lo que nos mueve, y si examinamos a los que +pasan por más ambiciosos, encontraremos un avaro dentro de ellos. Toda +garantía nos parece poca para preservarnos y preservar a los nuestros +de la tan aborrecida y tan temida pobreza, y amontonamos riquezas para +taparle todo agujero por donde se nos meta en casa. El delito hoy, +el verdadero delito, es ser pobre; aquellas de nuestras sociedades +que se dicen más adelantadas y cultas, distínguense por su odio a la +pobreza y a los pobres; nada hay más triste que el ejercicio de la +beneficencia. Diríase que se quiere suprimir los pobres, no la pobreza, +exterminarlos, como si se tratase de exterminar una plaga de animales +dañinos. Se trata de acabar con la pobreza no por amor al pobre, sino +para que su presencia no nos recuerde el terrible término. + +Y ¿qué de extraño tiene que se buscase el cielo no más que por huir de +la indigencia? El ansia de renombre y fama, la sed de gloria que movía +a nuestro Don Quijote ¿no era acaso en el fondo el miedo a oscurecerse, +a desaparecer, a dejar de ser? La vanagloria es, en el fondo, el terror +a la nada, mil veces más terrible que el infierno mismo. Porque al fin +en un infierno se es, se vive, y nunca, diga lo que dijere el Dante, +puede mientras se es, perderse la esperanza, esencia misma del ser. +Porque la esperanza es la flor del esfuerzo del pasado por hacerse +porvenir y ese esfuerzo constituye el ser mismo. + +Y ven ahora acá, mi Don Quijote, y llama a tu Alonso el Bueno, y dime: +esa tu vergüenza de ser pobre ¿no entró, en parte al menos, en la +grandiosa vergüenza que te impidió declararte a Aldonza Lorenzo? Tú +conocías lo de «contigo pan y cebolla» y algo más que pan y cebolla +podías ofrecerla, como era _una olla de algo más vaca que ternera, +salpicón las más noches, lantejas los viernes... y algún palomino +de añadidura los domingos_, pero ¿era eso bastante para ella? Y aun +siéndolo ¿lo sería para los frutos que de vuestro amor pudiesen +nacer?... Pero dejo esto, pues sé bien cuán profundamente te conmueves +y ruborizas si se te habla de ello. + +No nos extrañe, pues, que Don Quijote se recostase _pensativo y +pesaroso, así de la falta que Sancho le hacía, como de la irreparable +desgracia de sus medias, a quien tomara los puntos aunque fuera con +seda de otro color, que es una de las mayores señales de miseria que +un hidalgo puede dar en el discurso de su prolija estrecheza_. Y ¡qué +maravillosa conjunción la que el historiador establece aquí entre +la soledad y la pobreza de Don Quijote! ¡Pobre y solo! Aún se puede +soportar la pobreza en compañía o la soledad en riqueza, pero ¡pobre y +solo! + +¿De qué le servían, estando pobre y solo, los requiebros del +Altisidora? Hizo bien en cerrar la ventana al oirlos. + + + + + CAPÍTULO XLVI + + Del temeroso espanto cencerril y gatuno que recibió Don Quijote en el + discurso de los amores de la enamorada Altisidora. + + +Mas luego, apiadado de la dolencia de amor de la desenvuelta moza, +mandó le pusiesen un laúd por la noche en el aposento, _que yo +consolaré lo mejor que pudiere a esta lastimada doncella--dijo. Y +llegadas las once horas de la noche halló Don Quijote una vihuela en +su aposento; templóla, abrió la reja, y sintió que andaba gente en el +jardín y habiendo recorrido los trastes de la vihuela, y afinádola +lo mejor que supo, escupió y remondóse el pecho, y luego con voz +ronquilla, aunque entonada, cantó_ un romance que trae el historiador y +que el mismo Don Quijote _aquel día había compuesto_. + +El verdadero héroe es, sépalo o no, poeta, porque ¿qué sino poesía es +el heroísmo? La misma es la raíz de la una y del otro, y si el héroe +es poeta en acción, es el poeta héroe en imaginativa. El caballero +andante, que hace profesión de las armas, necesita raíces de poeta, +porque su arte es arte militar, del cual no dudaba el Dr. Huarte, +como en el cap. XVI de su EXAMEN nos dice, sino que «pertenece a la +imaginativa, porque todo lo que el buen capitán ha de hacer dice +consonancia, figura y correspondencia... para todo lo cual es tan +impertinente el entendimiento, como los oídos para ver». Y todo ello no +es sino redundancia de vida, esfuerzo que en redondearse y cumplirse se +perfecciona, y acaba, obra cuyo fin es la obra misma. Llega a un punto +la savia en que ha de volverse por donde fué, y al llegar allá, al +punto que no es camino para otro, sino término, se vuelve sobre sí y da +sobre el brote que así forma, la flor, y la flor lo es de belleza. + +Don Quijote canta, Don Quijote es poeta, cosa que ya temía la gatita +muerta de su sobrina cuando en el escrutinio que el cura y el barbero +hicieron en la librería, al querer perdonar LA DIANA de Jorge de +Montemayor, manifestó temores de que su tío diera en poeta, _que +según dicen es enfermedad incurable y pegadiza_--añadió. ¡Ay Antonia, +Antonia, y qué ojeriza tienes a la poesía y qué rencor le guardas! Pero +tu tío es poeta, y si no hubiera nunca cantado, no habría sido el héroe +que fué. No que el ser cantor le hiciera ser héroe, sino que de la +plenitud del heroísmo le brotó el canto. + +No apruebo, pues, las razones que el P. Rivadeneira en el cap. XXII del +libro III de su VIDA DE SAN IGNACIO nos da para justificar el que la +Compañía de Jesús no tenga coro. Dícenos que «no es de esencia de la +Religión el tener coro», y, en efecto, puede haber ruiseñor mudo, pero +será ruiseñor enfermo, y añade, con Santo Tomás, que los que tienen por +oficio enseñar al pueblo y apacentarle con el pan de la doctrina «no +deben ocuparse en cantar, porque ocupados con el canto, no dejen lo que +tanto importa». Pero ¿es que hay doctrina más íntima ni más profunda +que la que se da cantando? En los consejos mismos que se dan a hombre +no es la letra sino la música de ellos lo que aprovecha y edifica. +Música es el espíritu y la carne es letra, y toda doctrina del corazón +es canto. + +Curioso es, en efecto, que siendo tales y tan grandes las +semejanzas entre Don Quijote e Íñigo de Loyola y recreándose éste y +enterneciéndosele el ánima y hallando a Dios con el canto, al que era +muy inclinado, según en el capítulo V del libro V de su VIDA nos cuenta +su biógrafo, no pusiera coro en la Compañía, y de ésta no tenerlo hemos +de deducir las imperfecciones que la acompañan y la esterilidad poética +que sobre ella pesa. Jamás pudo albergarse a sus anchas cigarra en ese +hormiguero de clérigos regulares. Y no se diga que no nacimos todos +para cantar, que no se trata aquí de «para» alguno, sino que todo el +que de veras ha nacido en espíritu y no sólo en carne, sólo por ello +canta, canta, porque ha nacido, y si no canta es que no nació sino +en carne. Y si fundamos la Compañía de Dulcinea del Toboso, no nos +olvidemos del coro, y sea el canto en ella florecimiento de afectos +heroicos y de encumbrados anhelos. + +Cantando estaba Don Quijote cuando echaron sobre él, en torpísima +burla, un saco de gatos, y al defenderse de ellos le saltó uno al +rostro y _le asió de las narices con las uñas y los dientes, por cuyo +dolor Don Quijote comenzó a dar los mayores gritos que pudo_, y costó +quitársele. + +¡Pobre mi señor! Se avergüenzan ante ti leones y se te agarran a las +narices gatos. De gatos que huyen y no de leones que se ven libres, es +de lo que debe apartarse el héroe. «Con pulgas y con mosquitos puede +Dios hacer guerra a todos los emperadores y monarcas del mundo» dice el +P. Alonso Rodríguez (EJERCICIO DE PERFECCIÓN, Parte tercera, Tratado +primero, capítulo XV). ¡líbrenos Dios de pulgas, de mosquitos y de +gatos en huida, y mándenos en cambio leones a los que se abre la jaula! + +Mas aun así y con todo y con ser temibles enemigos las pulgas y los +mosquitos, no debe dejarse de hacerles la guerra, y para que se la +hagamos nos los manda Dios. Podía alguno haberle dicho a Don Quijote, +para disuadirle de perseguir a pulgas y mosquitos humanos, lo de que el +águila no caza moscas--_aquila non capit muscas_--pero le diría mal. +Las moscas, y sobre todo las ponzoñozas, son un excelente digestivo +para el águila, un activísimo fermento para la cocción de sus alimentos. + +Y es que, en efecto, el veneno mismo que inyectado con aguijón en los +canalillos del torrente circulatorio de la sangre nos escuece, molesta +y daña o nos levanta un bubón y acaso puede llegar a matarnos, ese +mismo veneno tomado por la boca no sólo es inofensivo, sino que puede +ayudarnos a hacer una pronta y acabada digestión. Y es gracias a lo +digestivo de la ponzoña de esas moscas venenosas que con aguijón y todo +traga, luego de cazadas, el águila, como puede ésta, una vez descansado +su estómago, mirar cara a cara al sol. + +¿Creéis acaso que puede ponerse alma y vida en un trabajo que se +emprende por amor a Dulcinea y para que nos haga famosos no sólo en los +presentes sino en los venideros siglos, si no nos espolean a él las +miseriucas del lugarejo o lugarón en que comemos, dormimos y vivimos? +El mejor libro de Historia Universal, el más duradero y extendido y el +de historia más verdaderamente universal sería el de quien acertase a +contar con toda su vida y su hondura las rencillas, los chismes, las +intrigas y los cabildeos que se traen en Carbajosa de la Sierra, lugar +de trescientos vecinos, el alcalde y la alcaldesa, el maestro y la +maestra, el secretario y su novia, de una parte, y de la otra el cura y +su ama, el tío Roque y la tía Mezuca, asistidos unos y otros por coro +de ambos sexos. ¿Qué fué la guerra de Troya a que debemos la ILÍADA? + +Y las moscas, pulgas y mosquitos deben quedar muy satisfechos, porque +vamos a ver: a algún sujeto que intrigue, cabildee y se revuelva en +esta ciudad en que escribo ¿qué otra probabilidad puede quedarle de +pasar, de un modo o de otro y bajo uno u otro nombre a la posteridad, +sino el que acierte yo, o acierte otro que como yo ame a Dulcinea, a +pintarle con sus rasgos universales y eternos? + +Miles de veces se ha dicho y repetido que lo más grande y más duradero +en arte y literatura se construyó con reducidos materiales, y todo el +mundo sabe que cuanto se pierde en extensión se gana en intensidad. +Pero es que al ganarse en intensidad se gana en extensión también, por +paradójico que os parezca; y se gana en duración. El átomo es eterno, +si existe el átomo. Lo que es de cada uno de los hombres, lo es de +todos; lo más individual es lo más general. Y por mi parte prefiero ser +átomo eterno a ser momento fugitivo de todo el Universo. + +Lo absolutamente individual es lo absolutamente universal, pues hasta +en lógica se identifica a las proposiciones individuales con las +universales. Por vía de remoción se llega, en el hombre, al contratante +social de Juan Jacobo, al bípedo implume de Platón, al _homo sapiens_ +de Linneo, o al mamífero vertical de la ciencia moderna, al hombre por +definición, que como no es de aquí ni de allí, ni de ahora ni de antes, +no es de ninguna parte ni de tiempo alguno, resultando ser, por lo +tanto, un _homo insipidus_. Y así cuanto más se estrecha y constriñe la +acción a lugar y tiempo limitados, tanto más universal y más secular +se hace, siempre que se ponga alma de eternidad y de infinitud, soplo +divino en ella. La mentira más grande en historia es la llamada +historia universal. + +Ved a Don Quijote; Don Quijote no fué a Flandes, ni se embarcó para +América, ni intentó tomar parte en ninguna de las grandes empresas +históricas de su tiempo, sino que anduvo por los polvorientos caminos +de su Mancha a socorrer a los menesterosos que en ellos topase y a +enderezar los tuertos de allí y de entonces. Su corazón le decía que +vencidos los molinos de viento de la Mancha quedaban vencidos en ellos +todos los demás molinos y castigado Juan Haldudo el rico quedaban +castigados todos los amos ricos despiadados y avariciosos. Porque +no os quepa duda de que el día en que sea vencido del todo y por +entero un malicioso, la malicia empezará a desaparecer de la tierra y +desaparecerá pronto de ella. + +Don Quijote fué, queda ya dicho, fiel discípulo del Cristo, y Jesús de +Nazaret hizo de su vida enseñanza eterna en los campos y caminos de la +pequeña Galilea. Ni subió a más ciudad que a Jerusalén, ni Don Quijote +a otra que a Barcelona, la Jerusalén de nuestro Caballero. + +Nada hay menos universal que lo llamado cosmopolita, o mundial como +ahora han dado en decir; nada menos eterno que lo que pretendemos poner +fuera de tiempo. En las entrañas de las cosas, y no fuera de ellas, +están lo eterno y lo infinito. La eternidad es la sustancia del momento +que pasa, y no la envolvente del pasado, el presente y el futuro de las +duraciones todas, la infinitud es la sustancia del punto que miro, y no +la envolvente de la anchura, largura y altura de las extensiones todas. +La eternidad y la infinitud son las sustancias del tiempo y del espacio +respectivamente, y éstos sus formas, estando aquéllas virtualmente +todas enteras, en cada momento de una duración la una, en cada punto de +una extensión la otra. + +Cacemos, pues, y traguémonos a las moscas ponzoñosas que zumbando y +esgrimiendo su aguijón, revolotean en torno nuestro, y Dulcinea nos +dé el poder convertir esta caza en combate épico que se cante en la +duración de los siglos por el ámbito de la tierra toda. + + + + + CAPÍTULOS XLVII, XLIX, LI, LIII Y LV + + Del fatigado fin y remate que tuvo el gobierno de Sancho Panza. + + +Deja aquí el historiador a Don Quijote, y salteando los capítulos entre +las cosas de éste y las de su escudero, pasa a contarnos cómo gobernó +Sancho la ínsula, gobernamiento a que sólo cabe poner de comentario +aquellas palabras de Pablo de Tarso en el versillo 18 del capítulo III +de su segunda epístola a los Corintios, donde dice: «Nadie se engañe +a sí mismo; si alguno entre vosotros parece ser sabio en este siglo, +hágase simple para ser de veras sabio». + +Con razón dijo el mayordomo oyendo a Sancho: _cada día se ven cosas +nuevas en el mundo; las burlas se vuelven en veras, y los burladores se +hallan burlados_. ¿Y cómo no? + +Sancho, el gobernador por burlas, _ordenó cosas tan buenas, que hasta +hoy se guardan en aquel lugar y se nombran: las Constituciones del +Gran Gobernador Sancho Panza_. Y no nos extrañe esto, pues los más de +los grandes legisladores no pasan de Sancho Panzas, que a no serlo mal +podrían legislar. + +Y llegó, por fin, el fin del gobierno de Sancho y con este fin se +sumergió Panza en las honduras de su heroísmo. Dejando el gobierno de +la ínsula, por el que tanto había suspirado, acabó de conocerse Sancho, +y pudiera haber dicho a sus burladores lo que Don Quijote dijo a Pedro +Alonso cuando éste le recogió en su primera salida, y es aquello de: +_yo sé quién soy_. Dije que sólo el héroe puede decir _yo sé quién soy_ +y ahora añado que todo el que puede decir _yo sé quién soy_, es héroe, +por humilde y oscura que su vida se nos aparezca. Y Sancho, al dejar la +ínsula, supo quién era. + +Luego que le molieron y quebrantaron en el burlesco asalto a la ínsula, +vuelto en sí del desmayo que el temor y el sobresalto le produjeron, +preguntó qué hora era, calló, vistióse, se fué a la caballeriza, +_siguiéndole todos los que allí se hallaban, y llegándose al rucio le +abrazó y le dió un beso de paz en la frente y no sin lágrimas en los +ojos, le dijo: venid vos acá, compañero mío y amigo mío, y conllevador +de mis trabajos y miserias; cuando yo me avenía con vos, y no tenía +otros pensamientos que los que me daban los cuidados de remendar +vuestros aparejos y de sustentar vuestro corpezuelo, dichosas eran mis +horas, mis días y mis años; pero después que os dejé y me subí sobre +las torres de la ambición y de la soberbia, se me han entrado por el +alma adentro mil miserias, mil trabajos y cuatro mil desasosiegos_. Y +luego de enalbardar el rucio, añadió otras no menos bien concertadas +razones pidiendo le dejaran volver a su _antigua libertad_. + +_Yo no nací_--dijo--_para ser gobernador ni para defender ínsulas +ni ciudades de los enemigos que quisieren acometerlas. Mejor se me +entiende a mí de arar y cavar, podar y ensarmentar las viñas que dar +leyes ni de defender provincias ni reinos. Bien se está San Pedro en +Roma: quiero decir, que bien se está cada uno usando el oficio para +que fué nacido._ Y tú, Sancho, no naciste para mandar sino para ser +mandado, y el que para ser mandado nació halla su libertad en que le +manden y su esclavitud en mandar; naciste no para guiar a otros, sino +para seguir a tu amo Don Quijote, y en seguirle está tu ínsula. ¡Ser +señor! ¡Y qué de congojas y miserias trae consigo! Bien decía Teresa de +Jesús, cuando en el cap. XXXIV de su VIDA nos habla de aquella señora +que había de ayudarle en fundar el monasterio de San José, que viéndola +vivir aborreció del todo el desear ser señora, porque «ello es una +sujeción, que una de las mentiras que dice el mundo, es llamar señores +a las personas semejantes, que no me parece son sino esclavos de mil +cosas». + +Creíste, Sancho, salir de casa de tu mujer y tus hijos y los dejaste +por buscar para ti y para ellos el gobierno de la ínsula, pero en +realidad saliste llevado del heroico espíritu de tu amo y fuiste +conocido, aunque sin darte de ello clara cuenta, que el seguirle y +servirle y vivir con él era tu ínsula. ¿Qué vas a hacer sin tu amo y +señor? ¿De qué te ha servido el gobierno de tu ínsula si no tenías allí +a tu Don Quijote y no podías mirarte en él y servirle y admirarle y +quererle? Porque ojos que no ven, corazón que no siente. + +_Quédense en esta caballeriza_--añadió Sancho--_las alas de la hormiga, +que me levantaron en el aire para que me comiesen vencejos y otros +pájaros, y volvamos a andar por el mundo con pie llano_... Habrás oído +muchas veces, buen Sancho, que hay que ser ambicioso y esforzarse por +volar para que nos broten alas, y yo te lo he dicho muchas veces y te +lo repito, pero tu ambición debe cifrarse en buscar a Don Quijote; la +ambición del que nació para ser mandado debe ser buscar quien bien le +mande y que pueda de él decirse lo que del Cid decían los burgaleses +según el viejo ROMANCE DE MYO CID + + Dios, qué buen vassalo si ouiesse buen señor! + +Al dejar ese gobierno por el que tanto tiempo suspiraste y que te +parecía ser la razón y el fin de todos tus andantes trabajos, al +dejarlo y volverte a tu amo, llegas al meollo de ti mismo y puedes +hombrearte con tu Don Quijote y decir como él y con él: _¡yo sé quién +soy! Eres héroe_ como él, tan héroe como él. Y es, Sancho, que el +heroísmo se pega cuando nos acercamos al héroe con el corazón puro. +Admirar y querer al héroe con desinterés y sin malicia es ya participar +de su heroísmo; es como el que sabe gozar de la obra del poeta, que es +a su vez poeta por saber gozarla. + +Teníante por interesado y codicioso, Sancho, y al salir de tu ínsula +pudiste exclamar: _saliendo yo desnudo como salgo, no es menester otra +señal para dar a entender que he gobernado como un ángel_. Y así era la +verdad, y así lo reconoció el Dr. Recio. Ofreciéronle compañía para el +camino y _todo aquello que quisiese para el regalo de su persona y para +la comodidad de su viaje_. Pero _Sancho dijo que no quería más que un +poco de cebada para el rucio y medio queso y medio pan para él_. No se +olvidaba de su amigo y compañero el rucio, del sufrido y noble animal +que le ligaba a la tierra. _Abrazáronle todos y él, llorando, abrazó a +todos y los dejó admirados así de sus razones como de su determinación +tan resoluta y discreta._ Y quedóse solo en los caminos del mundo, +lejos de su casa, sin la ínsula y sin Don Quijote, abandonado a sí +mismo, dueño de sí. ¿Dueño? _Le tomó la noche algo escura y cerrada_ y +solo, sin su amo, fuera de su lugar, ¿qué iba a sucederle? _Cayeron él +y el rucio en una honda y escurísima sima._ + +Mira, Sancho, es lo que tiene que sucederte en cuanto te encuentres +lejos de tu lugar, del lugar de los tuyos, sin ínsula y sin amo: caerte +en sima. Pero no te vino mal esa caída, porque allí, en lo hondo de la +sima, pudiste ver mejor lo hondo de la sima de tu vida y cómo el que +se vió ayer gobernador de una ínsula, _mandando a sus sirvientes y sus +vasallos, hoy se había de ver sepultado en una sima sin haber persona +alguna que le remediase, ni criado ni vasallo que acuda a su socorro_. +Y allí, en el fondo de la sima, comprendiste que no habrías de tener en +ella la ventura que tu amo Don Quijote tuvo en la cueva de Montesinos, +pues _allí vió él visiones hermosas y apacibles_--te decías--_y yo veré +aquí, a lo que creo, sapos y culebras_. Sí, hermano Sancho; no son las +visiones para todos ni es el mundo de las simas más que una proyección +del mundo de la sima de nuestro espíritu; tú hubieras visto en la +cueva de Montesinos sapos y culebras como en esa cueva en que caíste +los viste, y tu amo hubiera visto en esa tu sima visiones hermosas y +apacibles como las vió en la cueva de Montesinos. Para ti no ha de +haber más visiones que las de tu amo; él ve el mundo de las visiones y +tú lo ves en él; él lo ve por su fe en Dios y en sí mismo y tú lo ves +por tu fe en Dios y en tu amo. Y no es menos grande tu fe que la fe de +Don Quijote, ni son menos propias de ti las visiones que ves por tu amo +que son propias de él las que él ve por sí mismo. El mismo Dios se las +suscita y te las suscita, a él en él mismo, y a ti en él. No es menos +héroe el que cree en el héroe que el héroe mismo creído por él. + +Mas el pobre Sancho dió en lamentarse en el fondo de la sima y en +llorar su desgracia, viendo ya que sacaría de allí sus huesos _mondos, +blancos y raídos_ y los de su buen rucio con ellos; viéndose morir +lejos de su patria y de los suyos, sin que nadie le cierre los ojos +ni se duela de su muerte al tiempo de morir, que es morir dos veces y +quedarse solo con la muerte. Y así le llegó el día; y ¿qué iba a hacer +el pobre Sancho, solo con su rucio, sino dar voces y pedir socorro? +Y explorar su sima, pues para algo había servido a Don Quijote. Y +entonces es cuando exclamó aquellas tan preñadas sentencias: _¡Válame +Dios todopoderoso! ésta que para mí es desventura, mejor fuera para +aventura de mi amo Don Quijote. Él sí que tuviera estas profundidades y +mazmorras por jardines floridos y por palacios de Galiana, y esperara +salir desta escuridad y estrecheza a algún florido prado; pero yo sin +ventura, falto de consejo y menoscabado de ánimo, a cada paso pienso +que debajo de los pies de improviso se ha de abrir otra sima más +profunda que la otra, que acabe de tragarme._ + +Sí, hermano Sancho, sí; el menoscabo de tu ánimo te impide y te +impedirá encontrar jardines floridos y palacios de Galiana en las +profundas simas a que caigas. Pero mira, ahora en que en el fondo de la +sima de tu desgracia reconoces lo mucho que de tu amo te separa, ahora +es cuando estás más cerca de él, pues cuanto más sientas tu distancia +de él, más a él te acercas. Te pasa con tu amo, aunque en finito y +relativo, lo que en infinito y absoluto nos pasa a tu amo, a ti, a +mí y a todos los mortales, con Dios, y es que cuanto más sentimos el +infinito que de Él nos separa, más cerca de Él estamos, y cuanto menos +acertamos a definirle y representárnoslo, mejor le conocemos y queremos +más. + +Y yendo así con el rucio y con sus pensamientos por aquellas +profundidades Sancho, dando voces, las oyó... ¿quién había de oirlas? +¿quién otro sino el mismísimo Don Quijote? El cual habiendo salido una +mañana a imponerse y ensayarse en lo que había de hacer en el trance de +la honra de la hija de Doña Rodríguez, fué llevado por Dios a la boca +de la sima, donde oyó las voces que Sancho daba. Y Don Quijote le creía +alma en pena, y le ofrecía sufragios para sacarle del purgatorio, que +pues su profesión era de favorecer y acorrer a los necesitados de este +mundo, también lo sería para acorrer y ayudar a los menesterosos del +otro. + +Mira, Sancho, cómo tu amo al oirte en la sima y en la sima no verte, +tiénete por muerto y te ofrece sus sufragios. Y entonces, al oir tú +la voz de tu amo, exclamaste lleno de júbilo: _¡nunca me he muerto en +todos los días de mi vida!_ Ya no piensas en que recojan tus huesos +mondos, blancos y roídos, ni en que has de morir solo con la muerte; +oíste a tu amo y olvidando que has de morir, recuerdas tan sólo que no +te has muerto nunca todavía. Y rebuznó el rucio, y al oirlo comprendió +Don Quijote que no se trataba de alma en pena, sino de su escudero, que +le acompañaba. Y es la señal muy cierta, pues cuando de las cosas que +nos parecen del otro mundo salen rebuznos, es que no se trata sino de +cosas del mundo éste. Y Don Quijote hizo que le sacaran de la sima. + +Y así fué sacado Sancho de la sima en que cayera al salir del gobierno +de su ínsula y encontrarse solo, de aquella sima por la que caminó +llevando tras de sí y guiando a su rucio. Que esta diferencia entre +otras había entre amo y escudero, y es que aquél se dejaba guiar de su +caballo y el escudero guiaba a su rucio. Y así sucede que en la marcha +por el bajo mundo se deja el Quijote llevar por su animal, y el Sancho +lo lleva. + + + + + CAPÍTULO LVI + + De lo que sucedió a Don Quijote con Doña Rodríguez, la dueña de la + Duquesa, con otros acontecimientos dignos de escritura y de memoria + eterna. + + +En la melancólica aventura de la dueña Doña Rodríguez sólo hay que +advertir la encantadora simplicidad de esta buena mujer, que entre +tantos burladores, acudió en veras a Don Quijote. Y entonces se +preparó el singular duelo del caballero con Tosilos para obligar al +seductor de la hija de Doña Rodríguez a que tomase a ésta por suegra, +y el inesperado desenlace de él merced al súbito enamorarse Tosilos +de la ex doncella y declarar cómo la quería por mujer. Y he aquí cómo +entre tantos burladores la simple, la boba, la sincera Doña Rodríguez +logró poner a su desdoncellada hija a punto de casarse, gracias a Don +Quijote. Pues siempre ocurre que quien con pureza de intención y de +veras y no en burlas, acude a Don Quijote, sin burlarse de él, consigue +su propósito. Difícil es esta fe en un mundo de burladores, pero ¿no +creéis que quien tomase a Don Quijote tan en serio como Doña Rodríguez +y su hija le tomaron lograría sus propósitos, a no atravesársele +aviesos burladores, como se les atravesaron a ellas? + +Cierto es que al descubrirse que el caballero que se dió por vencido +no era el seductor sino Tosilos, se llamaron a engaño la seducida +y su señora madre, pero bien dijo Don Quijote a la ex doncella al +encontrarse con aquel nuevo caso de encantamiento: _tomad mi consejo +y apesar de la malicia de mis enemigos casaos con él, que sin duda es +el mismo que vos deseáis alcanzar por esposo_. ¡Y tan el mismo! Como +que lo aceptó, pues más quería ser mujer legítima de un lacayo, que no +amiga y burlada de un caballero. De mano de Don Quijote tomó inesperado +esposo, y ésta es la aventura a que por el pronto dió más feliz remate +nuestro caballero. Y le dió tal por haberse encontrado con gentes +sencillas y humildes, de las que toman el mundo en serio y acuden +en serio a Don Quijote; por haberse encontrado con burlada moza que +anhelaba esposo, contentándose con el que Don Quijote le diera. + +¡Hermosa conformidad! Y tal es la condición para que pueda el héroe +hacer en nosotros su beneficio y es que nos hallemos dispuestos a +recibir de su mano lo que nos diere, siempre que remedie nuestra +necesidad. ¿Eres, lectora, una burlada doncella y quieres remediar tu +desgracia? ¿necesitas marido que cubra tu vergüenza? pues no pretendas +que haya él de ser éste o aquél, y menos tu burlador; conténtate con el +que te depare Don Quijote, que es buen casamentero. + +Y al concluir de contar esta tan afortunada aventura, añade el +historiador estas terribles palabras: _Aclamaron todos la victoria +por Don Quijote, y los más quedaron tristes y melancólicos de ver que +no se habían hecho pedazos los tan esperados combatientes_. ¡Oh, y +qué terrible es en sus burlas el hombre! Más de temer es la burla del +hombre que no la seria acometividad de una fiera salvaje, que os ataca +por hambre. Puestos los hombres en el despeñadero de las burlas no +paran hasta bajar a crímenes y villanías; por burlas comenzaron muchos +de los más horrendos delitos; por buscar deleite y regocijo se ha +llevado a muchos a trabarse de manos homicidas. + +¡Cosa terrible la burla! Dicen que por burla, señor mío Don Quijote, se +escribió tu historia, para curarnos de la locura del heroísmo, y añaden +que el burlador logró su objeto. Tu nombre ha llegado a ser para muchos +cifra y resumen de burlas y sirve de conjuro para exorcizar heroísmos +y achicar grandezas. Y no recobraremos más nuestro aliento de antaño +mientras no volvamos la burla en veras y hagamos el Quijote muy en +serio y no por compromiso y sin creer en ti. + +Ríense los más de los que leen tu historia, loco sublime, y no pueden +aprovecharse de su meollo espiritual mientras no la lloren. ¡Pobre de +aquel a quien tu historia, Ingenioso Hidalgo, no arranque lágrimas, +lágrimas del corazón, no ya de los ojos! + +En una obra de burlas se condensó el fruto de nuestro heroísmo; en una +obra de burlas se eternizó la pasajera grandeza de nuestra España; en +una obra de burlas se cifra y compendia nuestra filosofía española, la +única verdadera y hondamente tal; con una obra de burlas llegó el alma +de nuestro pueblo, encarnada en hombre, a los abismos del misterio de +la vida. Y esa obra de burlas es la más triste historia que jamás se +ha escrito; la más triste, sí, pero también la más consoladora para +cuantos saben gustar en las lágrimas de la risa la redención de la +miserable cordura a que la esclavitud de la vida presente nos condena. + +Yo no sé si esa obra, mal entendida y peor sentida, puede tener en +ello parte, mas es el caso que se cierne sobre nuestra pobre patria +una atmósfera abochornada de gravedad abrumadora. Por dondequiera +hombres graves; enormemente graves, graves hasta la estupidez. Enseñan +con gravedad, predican con gravedad, mienten con gravedad, engañan +con gravedad, disputan con gravedad, juegan y ríen con gravedad, +faltan con gravedad a su palabra, y hasta eso que llaman informalidad +y ligereza son la ligereza e informalidad más graves que se conoce. +Ni aun a solas dan unos tumbos y zapatetas en el aire, en seco y sin +motivo alguno, y de tal modo pareció agotarse en la historia de Don +Quijote el repuesto todo de heroísmo que en España hubiera, que no es +fácil se encuentre hoy en el mundo pueblo más incapaz que el español +de comprender y sentir el humor. Aquí se toma por donaires y se ríe +las más chocarreras torpezas de cualquier ingenio afrailado; hay asnos +en figura humana que celebran como agudo chiste el que se le diga a +alguien que se le ven las orejas de burro. Después que tú, Don Quijote, +te fuiste de este mundo se ha llegado a reir como gracias las insípidas +sandeces de un tal Fray Gerundio de Campazas y luego que Sancho dejó +de luchar en la conquista de su fe, se nos vino un Bertoldo italiano y +está bertoldizando a nuestro pueblo. Mentira parece que en el pueblo en +que Don Quijote elevó a heroicas hazañas las más miserables burlas, se +rieran los retorcidos chistes de aquel fúnebre Quevedo, hombre grave +y tieso si los ha habido, y fuesen reídas las pretendidas gracias, +puramente de corteza, cuando no de pellejo de corteza, es decir, de +vocablo, de su Gran Tacaño. + + + + + CAPÍTULO LVII + + Que trata de cómo Don Quijote se despidió del Duque, y de lo que le + sucedió con la discreta y desenvuelta Altisidora, doncella de la + Duquesa. + + +Harto Don Quijote de su ociosidad en casa de los Duques y dolido allá, +por muy dentro de sí, aunque su historiador no nos lo apunte, de +las burlas que se le hacían, decidió marcharse. Y no nos quepa duda +de que las tales burlas ni se le pasaban inadvertidas ni dejaban de +dolerle, pues aunque su locura las tomara por buenas y las aprovechase +en heroísmo, no dejaba de trabajar por debajo de ella su cordura, a +oscuras, y tal vez sin que él mismo se percatara de ello. + +Y así _pidió un día licencia a los Duques para partirse_ y se la dieron +_con muestras de que en gran manera les pesaba de que los dejase_. A +Sancho le dieron, a escondidas de su amo, _un bolsico con doscientos +escudos de oro_, el triste precio de las burlas, el salario de los +juglares. Y después de sufrir una vez más los burlescos requiebros de +Altisidora, se salió Don Quijote del castillo, _enderezando su camino a +Zaragoza_. + +Toma ya libre huelgo el Caballero de la Fe; respiremos con él. + + + + + CAPÍTULO LVIII + +Que trata de cómo menudearon sobre Don Quijote aventuras tantas, que no + se daban vagar unas a otras. + + +_Cuando Don Quijote se vió en la campaña rasa, libre y desembarazado de +los requiebros de Altisidora, le pareció que estaba en su centro y que +los espíritus se le renovaban para proseguir de nuevo el asunto de sus +caballerías, y volviéndose a Sancho, le dijo: la libertad, Sancho, es +uno de los más preciados dones que a los hombres dieron los siglos_... +con todo lo que se sigue. + +Sí, ya estás libre de burlas y chacotas, ya estás libre de Duques y +doncellas y lacayos, ya estás libre de la vergüenza de aparecer pobre. +Se comprende bien que _en metad de aquellos banquetes sazonados y +de aquellas bebidas de nieve_ te pareciera _estar metido entre las +estrechezas de la hambre_. Bien decías: _Venturoso aquel a quien el +cielo dió un pedazo de pan, sin que le quede obligación de agradecerlo +a otro que al mismo cielo_. ¿Y quién es ése? + +_En estos y otros razonamientos iban los andantes caballero y escudero_ +y ocupado el corazón de Don Quijote por los dejos de su esclavitud en +casa de los Duques y el recuerdo de su soledad y su pobreza, cuando +se encontró con una docena de labradores que llevaban, cubiertas con +unos lienzos, unas imágenes de relieve y entalladura para el retablo +de su aldea. Pidió Don Quijote cortésmente que se las mostrasen y +le enseñaron las de San Jorge, San Martín, San Diego Matamoros y +San Pablo, caballeros andantes del cristianismo los cuatro y que +pelearon a lo divino. Y Don Quijote al verlos dijo: _Por buen agüero +he tenido, hermanos, haber visto lo que he visto, porque estos santos +y caballeros profesaron lo que yo profeso, que es el ejercicio de las +armas; sino que la diferencia que hay entre mí y ellos es que ellos +fueron santos y pelearon a lo divino y yo soy pecador y peleo a lo +humano. Ellos conquistaron el cielo a fuerza de brazos, porque el +cielo padece fuerza, y yo hasta ahora no sé lo que conquisto a fuerza +de mis trabajos; pero si mi Dulcinea del Toboso saliese de los que +padece, mejorándose mi ventura y adobándoseme el juicio, podría ser que +encaminase mis pasos por mejor camino del que llevo._ + +¡Hondísimo pasaje! Aquí la temporal locura del caballero Don Quijote +se derrite en la eterna bondad de la cordura del hidalgo Alonso el +Bueno, y no hay acaso en toda la tristísima epopeya de su vida pasaje +que nos labre más honda pesadumbre en el corazón. Aquí Don Quijote se +adentra y entraña en la cordura de Alonso Quijano el Bueno, zahonda +en sí mismo, torna a ser niño y a mamar, según aquello de Teresa de +Jesús (VIDA, XIII, II) de que lo «del conocimiento propio jamás se ha +de dejar ni hay alma en este camino tan gigante que no haya menester +muchas veces tornar a ser niño y a mamar». Sí, Don Quijote se vuelve +aquí a su niñez espiritual, a la niñez cuyo recuerdo es el alivio de +nuestra alma, pues es el niño que llevamos todos dentro quien ha de +justificarnos algún día. Hay que hacerse como niños para entrar en el +reino de los cielos. Aquí se le agolpaban en la cabeza y en el corazón +a Don Quijote aquellos años de sus remotas mocedades de que nada nos +dice su historia, todos aquellos misteriosos años en que libre todavía +del encanto de los libros de caballerías había contemplado con paz, en +serenas tardes, la mansedumbre de la reposada Mancha. + +¿Y no había, pobre Caballero, en el poso de este tu desencanto un +recuerdo de aquella garrida Aldonza por la que suspirabas doce años +ya sin más que haberla visto cuatro veces? _Si mi Dulcinea del Toboso +saliese de los_ (trabajos) _que padece_... decías, mi pobre Don +Quijote, y en tanto pensaba dentro de ti Alonso Quijano: ¡oh, si el +imposible por ser imposible se cumpliese merced a mi locura, si Aldonza +movida a compasión y encantada por la locura de mis proezas, viniese a +romper mi vergüenza, esta vergüenza de pobre hidalgo entrado en años y +henchido de amor, ¡oh, entonces, _mejorándose mi ventura y adobándoseme +el juicio_, encaminaría mis pasos a una vida de amor dichoso! ¡Oh mi +Aldonza, mi Aldonza, tu pudiste llevarme por mejor camino del que +llevo! ¡pero... es ya tarde! ¡Te encontré muy tarde en mi vida! ¡Oh +misterios del tiempo! ¡Contigo habría yo sido héroe, pero un héroe sin +locura; contigo este mi esfuerzo heroico habríase enderezado a hazañas +de otra laya y otro alcance; contigo en vez de estas burlas, habría +derramado fecundas veras por los campos de mi patria! + +Y ahora, dejando a Alonso el Bueno, volvamos a Don Quijote para oir al +caballero empeñado en la hazañosa empresa de enderezar los tuertos del +mundo a fin de alcanzar merced a ello eternidad de nombre y fama, oirle +cómo confiesa no saber lo que conquista a fuerza de sus trabajos, y +verle volver su mirada a la salvación de su alma y a la conquista del +cielo, que padece fuerza. + +«¿De qué aprovecha al hombre si ganare todo el mundo y perdiere su +alma? O ¿qué recompensa dará el hombre por su alma?»--dice el Evangelio +(Mat., XVI, 26). + +Esas palabras de descorazonamiento en su obra, de Don Quijote, esa su +bajada a la cordura de Alonso el Bueno, es lo que más a las claras +pone su hermandad espiritual con los místicos de su propia tierra +castellana, con aquellas almas llenas de la sed de los secos parameros +sobre que moraban y de la serena limpieza del terso cielo bajo el cual +penaban. Son a la vez la queja del alma al encontrarse sola. + +¿Por qué afanarse? ¿Para qué todo? Bástele a cada día su malicia. ¿Para +qué ir a enderezar los tuertos del mundo? El mundo lo llevamos dentro +de nosotros, es nuestro sueño, como lo es la vida; purifiquémonos y +lo purificaremos. La mirada limpia, limpia cuanto mira; los oídos +castos castigan cuanto oyen. La mala intención de un acto ¿está en +quien lo comete o en quien lo juzga? La horrible maldad de un Caín o +de un Judas ¿no será acaso condensación y símbolo de la maldad de los +que han fomentado sus leyendas? ¿No es la maldad nuestra lo que nos +hace descubrir cuanto hay de malo en nuestro hermano? ¿No es la paja +que te anubla el ojo lo que te permite ver la viga del mío? Tal vez +el Demonio carga con las culpas de los que le temen... Santifiquemos +nuestra intención y quedará santificado el mundo; purifiquemos nuestra +conciencia y puro saldrá el ambiente. «La caridad cubre multitud de +pecados»--dice la primera de las dos epístolas atribuidas al apóstol +Pedro (IV, 8). Los limpios de corazón ven a Dios en todo, y todo lo +perdonan en su nombre. Las ajenas intenciones caen fuera de nuestro +influjo, y sólo en la intención está el mal. + +Y sobre todo, en esos tus actos heroicos ¿qué buscas? ¿Enderezar +entuertos por amor a la justicia, o cobrar eterno nombre y fama por +enderezarlos? La verdad es, pobres mortales, que no sabemos lo que +conquistamos a fuerza de trabajos. Mejóresenos la ventura, adóbesenos +el juicio y enderezaremos nuestros pasos por mejor camino del que +llevamos, por otro camino que no el de la vanagloria. + +¡Buscar renombre y fama! Ya lo dijo Segismundo, hermano de Don Quijote: + + ¿Quién por vanagloria humana + pierde una divina gloria? + ¿qué pasado bien no es sueño? + ¿quién tuvo dichas heroicas + que entre sí no diga, cuando + las revuelve en su memoria: + sin duda que fué soñando + cuanto vi? Pues si esto toca + mi desengaño, si sé + que es el gusto llama hermosa + que la convierte en cenizas + cualquiera viento que sopla, + acudamos a lo eterno, + que es la fama vividora + donde ni duermen las dichas + ni las grandezas reposan. + + (LA VIDA ES SUEÑO, III, 10.) + +Acudamos a lo eterno, sí, y así mejorada nuestra ventura y adobado +nuestro juicio, encaminemos nuestros pasos por mejor camino del que +llevamos, encaminémonos a conquistar el cielo, que padece fuerza, + + la fama vividora + donde ni duermen las dichas, + ni las grandezas reposan. + +Ya antes, mucho antes que el Segismundo calderoniano, el grave Jorge +Manrique, al cantar la muerte de su padre, Don Rodrigo, Maestre de +Santiago, nos dijo de las tres vidas: la vida de la carne, la vida del +nombre y la vida del alma. Cuando después de tanta hazaña descansaba +Don Rodrigo + + en la su villa de Ocaña, + vino la muerte a llamar + a su puerta, + diciendo: buen Caballero, + dexad el mundo engañoso, + y su halago, + muestre su esfuerzo famoso + vuestro corazón de acero + en este trago. + Y pues de vida y salud + hicisteis tan poco cuenta + por la fama, + esfuércese la virtud + para sufrir esta afrenta + que os llama. + No se os haga tan amarga + la batalla temerosa + que esperáis, + pues otra vida más larga + de fama tan gloriosa + acá dexáis. + Aunque esta vida de honor + tampoco no es eternal, + ni verdadera; + mas con todo muy mejor + que la otra temporal + perecedera. + + * * * * * + + Y con esta confianza + y con la fe tan entera + que tenéis + partid con buena esperanza, + que esta otra vida tercera + ganaréis. + +¿No es acaso la mayor locura dejar perder la gloria inacabable por la +gloria pasajera, la eternidad del espíritu por que dure nuestro nombre +tanto como durare el mundo, un instante de eternidad? Mayormente, +cuanto que buscando la gloria celestial se conquista, por añadidura, +la terrena. Bien lo decía Fernando de Pulgar, consejero, secretario +y cronista de los Reyes Católicos, quien en su libro de los CLAROS +VARONES DE CASTILLA, al hablar del Conde de Haro, D. Pedro Fernández +de Velasco, nos dice que «este noble Conde, no señoreado de ambición +por aver fama en esta vida, mas señoreando la tentación por aver gloria +en la otra, gobernó la república tan rectamente que ovo el premio que +suele dar la verdadera virtud: la qual conoscida en el alcançó tener +tanto crédito e autoridad, que si alguna grande y señalada confianza +se avía de fazer en el Reyno, quier de personas, quier de fortalezas o +de otra cosa de qualquier qualidad siempre se confiaban en él». Quiere +decirse que buscando el reino de Dios y su justicia, haber gloria en +la otra vida, consiguió de añadidura fama en ésta, por donde se ve una +vez más cómo el mejor negocio es la virtud y la carrera más lucrativa y +provechosa la de santo. + +La carrera más provechosa y lucrativa es la de santo, en efecto. +También Íñigo de Loyola fué en sus mocedades, según dije que el P. +Rivadeneira nos lo cuenta, amigo de leer libros de caballerías y buscó +«alcanzar nombre de hombre valeroso, y honra y gloria militar» (VIDA, +libro 2, cap. II). Pero leyó otros y «trató muy de veras consigo mismo +de mudar la vida y enderezar la proa de sus pensamientos a otro puerto +más cierto y más seguro que hasta allí, y destejer la tela que había +tejido, y desmarañar los embustes y enredos de su vanidad» (libro +2, capítulo II). Y este Íñigo ¿no tuvo alguna Aldonza por la que +suspiró años y más años y que le llevó a su vida de santidad, luego de +rompérsele la pierna? + +¡Abismático pasaje, henchido de suprema melancolía el del encuentro +de Don Quijote con las cuatro imágenes de los caballeros andantes a +lo divino! Por buen agüero lo tuvo el Caballero, y era, en efecto, el +agüero de sus próximas conversión y muerte. Pronto mejorada su ventura +y adobado su juicio enderezará sus pasos por mejor camino, por camino +de la muerte. + +¡Abismático pasaje! ¿Y a quién de nosotros, los que seguimos o queremos +seguir en algo a Don Quijote, no nos ha ocurrido cosa parecida? El +triste dejo del triunfo es el desencanto. No, no era aquello. Lo que +hiciste o dijiste no merecía los aplausos con que te lo premiaron. +Y llegas a casa y te encuentras en ella solo, y entonces, vestido +como estás, te echas sobre la cama y dejas volar tu imaginación por +el vacío. En nada te fijas, en nada concentras tu imaginación; te +invade un gran desaliento. No, no era aquello. No quisiste hacer lo +hecho, no quisiste decir lo dicho; te aplaudieron lo que no era tuyo. +Y llega tu mujer, rebosante de cariño, y al verte así, tendido, te +pregunta qué tienes, qué te pasa, por qué te preocupas, y la despides, +acaso desabridamente, con un áspero y seco: ¡déjame en paz! Y quedas +en guerra. Y en tanto creen los que te censuran que estás embriagado +con el triunfo, cuando en verdad estás triste, muy triste, abatido, +enteramente abatido. Te has cobrado asco a ti mismo; no puedes volver +atrás, no puedes retrotraer el tiempo y decir a los que iban a +escucharte: «todo esto es mentira; yo ni aun sé lo que voy a decir; +aquí venimos a engañarnos; voy a ponerme en espectáculo; vámonos, +pues, cada uno a su casa, a ver si se nos mejora la ventura y adobamos +nuestro juicio». + +El lector echará de ver, de seguro, que escribo estas líneas bajo un +apretón de desaliento. Y así es. Es ya de noche, he hablado esta tarde +en público y aún se me revuelven en el oído tristemente los aplausos. +Y oigo también los reproches, y me digo: ¡tienen razón! Tienen razón: +fué un número de feria; tienen razón: me estoy convirtiendo en un +cómico, en un histrión, en un profesional de la palabra. Y ya hasta +mi sinceridad, esta sinceridad de que he alardeado tanto, se me va +convirtiendo en tópico de retórica. ¿No sería mejor que me recogiese en +casa una temporada y callase y esperara? Pero ¿es esto hacedero? ¿podré +resistir mañana? ¿no es acaso una cobardía desertar? ¿no hago algún +bien a alguien con mi palabra aunque ella me desaliente y apesadumbre? +Esta voz que me dice: ¡calla, histrión! ¿es voz de un ángel de Dios o +es la voz del demonio tentador? ¡Oh Dios mío, Tú sabes que te ofrezco +los aplausos lo mismo que las censuras. Tú sabes que no sé por dónde +ni adónde me llevas; Tú sabes que si hay quienes me juzguen mal, me +juzgo yo peor que ellos; Tú, Señor, sabes la verdad, Tú solo; mejórame +la ventura y adóbame el juicio, a ver si enderezo mis pasos por mejor +camino del que llevo! + +_No sé lo que conquisto a fuerza de mis trabajos_, digo con Don +Quijote. Y Don Quijote tuvo que decirlo en uno de esos momentos en +que sacude al alma el soplo del aletazo del ángel del misterio; en +un momento de angustia. Porque hay veces que sin saber cómo ni de +dónde, nos sobrecoge de pronto y al menos esperarlo, atrapándonos +desprevenidos y en descuido, el sentimiento de nuestra mortalidad. +Cuando más entoñado me encuentro en el tráfago de los cuidados y +menesteres de la vida, estando distraído, en fiesta o en agradable +charla, de repente parece como si la muerte aleteara sobre mí. No la +muerte, sino algo peor, una sensación de anonadamiento, una suprema +angustia. Y esta angustia, arrancándonos del conocimiento aparencial, +nos lleva de golpe y porrazo al conocimiento sustancial de las cosas. + +La creación toda es algo que hemos de perder un día o que un día +ha de perdernos, pues ¿qué otra cosa es desvanecernos del mundo +sino desvanecerse el mundo de nosotros? ¿Te puedes concebir como no +existiendo? Inténtalo; concentra tu imaginación en ello y figúrate a ti +mismo sin ver, ni oir, ni tocar, ni recordar nada; inténtalo y acaso +llames y atraigas a ti esa angustia que nos visita cuando menos la +esperamos, y sientas el nudo que te aprieta el gaznate del alma, por +donde resuella tu espíritu. Como el arrendajo al roble, así la cuita +imperecedera nos labra a picotazos el corazón para ahoyar en él su nido. + +Y en esa angustia, en esa suprema congoja del ahogo espiritual, cuando +se te escurran las ideas, te alzarás de un vuelo congojoso, para +recobrarlas al conocimiento sustancial. Y verás que el mundo es tu +creación, no tu representación, como decía el tudesco. A fuerza de +ese supremo trabajo de congoja conquistarás la verdad, que no es, no, +el reflejo del Universo en la mente, sino su asiento en el corazón. +La congoja del espíritu es la puerta de la verdad sustancial. Sufre, +para que creas y creyendo vivas. Frente a todas las negaciones de la +_lógica_ que rige las relaciones aparenciales de las cosas, se alza la +afirmación de la _cardíaca_, que rige los toques sustanciales de ellas. +Aunque tu cabeza diga que se te ha de derretir la conciencia un día, tu +corazón, despertado y alumbrado por la congoja infinita, te enseñará +que hay un mundo en que la razón no es guía. La verdad es lo que hace +vivir, no lo que hace pensar. + +A la vista de las imágenes padeció un relámpago de desmayo Don Quijote. +De no haberlo nunca padecido, sería en puro sobrehumano, inhumano, y +como tal modelo imposible para los hombres de cada día. Y ¿qué mucho lo +padeciera si el mismo Cristo, abrumado por la tristeza, en el olivar +pidió a su Padre si podía ahorrarle las heces del cáliz de la amargura? +Don Quijote dudó por un momento de la Gloria, pero ésta, su amada, le +amaba a su vez ya y era, por tanto, su madre, como lo es del amado +toda su amante verdadera. Hay quien no descubre la hondura toda del +cariño que su mujer le guarda sino al oirla, en momento de congoja, un +desgarrador ¡hijo mío! yendo a estrecharle maternalmente en sus brazos. +Todo amor de mujer es, si verdadero y entrañable, amor de madre; la +mujer prohija a quien ama. Y así Dulcinea es ya madre espiritual, no +tan sólo señora de los pensamientos, de Don Quijote, y aunque se le +hubiese a éste pasado por las mientes desahijarse de ella, veréis que +ella le recobra con amoroso reclamo, como al ternerillo recental que +corre a triscar suelto le requerencia la vaca, al sentirse con las +ubres perinchidas, rompiendo con dulce abrullo el aire que los separa. +Veréis cómo le detiene y le retiene con verdes lazos. + +Y fué que iban, después de lo narrado, entretenidos amo y escudero en +razones y pláticas, entrando por una selva que fuera del camino estaba, +cuando _a deshora y sin pensar en ello, se halló Don Quijote enredado +entre unas redes de hilo verde, que desde unos árboles a otros estaban +tendidas_ y que resultaron estarlo por unas hermosísimas doncellas y +unos mozos principales que disfrazados de pastores y zagalas querían, +formando una nueva y pastoril Arcadia, pasarlo en recitar églogas +de Garcilaso y de Camoens. Conocieron a Don Quijote y le rogaron se +detuviese con ellos, como así lo hizo, y en su compañía de ellos comió. +Y a fuer de agradecido y para pagar el agasajo ofreció lo que podía +y tenía de su cosecha, cual fué sustentar durante dos días naturales +en mitad de aquel camino real que va a Zaragoza, que aquellas señoras +contrahechas en pastoras que allí estaban, eran las más hermosas +doncellas y más corteses que había en el mundo, exceptuando tan sólo a +la sin par Dulcinea del Toboso, única señora de sus pensamientos. + +¡Vele aquí cómo vuelve ya a su locura nuestro admirable caballero! +Cuando más ensimismado iba en meditar la vanidad y locura del esfuerzo +de sus trabajos, le prenden y vuelven verdes redes al fresco sueño de +la locura y de la vida. Volvió el Caballero al sueño de la vida, a su +generosa locura, resurgiendo reconfortado, de la egoísta cordura de +Alonso el Bueno. Y entonces, al retomar a su sublime locura, entonces +es cuando vuelve a su magnánima intención y ofrece lo que ofreció +sostener en honra y prez de sus agasajadoras. De aquella sumersión en +los abismos de la oquedad del esfuerzo humano, tomó huelgos y recobró +nuevo cuajo la energía creadora del Caballero de la Fe, al modo +como Anteo, al toque de la Tierra, su madre; y se lanzó a la santa +resignación de la acción, que nunca vuelve, como la mujer de Lot, la +cara al pasado, sino que siempre se orienta al porvenir, único reino +del ideal. + +Se echó Don Quijote al camino, plantóse en él y lanzó su reto. Y aquí +dirá el lector lo que ya varias veces se habrá dicho en el curso de +esta peregrina historia y es: ¿qué tiene que ver la verdad de una +proposición con el valor de quien la sustenta y la fortaleza de su +brazo? Porque venza en lid de armas el sustentador de esto o de aquello +¿ha de tenerse lo que él sustentaba por más verdadero que lo sustentado +por el vencido? + +Ya te he dicho, lector, que son los mártires los que hacen la fe más +bien que ser la fe la que hace mártires. Y la fe hace la verdad. + + Verdad entre burla y juego, como es hija de la fe, + es peña que al agua y viento para siempre está en un ser. + +Como según el conocido romance dijo Rodrigo Díaz de Vivar, + + ahinojado ante el Rey, + delante los que juzgaba, antes de los años diez. + +Es verdadero, te lo repito, cuanto moviéndonos a obrar hace que cubra +el resultado a nuestro propósito y es por lo tanto la acción la que +hace la verdad. Déjate, pues, de lógicas. Y ¿cómo se hace que los +hombres crean las cosas y les lleven a llenar sus propósitos si no es +manteniéndolas con valor? Las gentes creen verdadera la empresa que +venció por el esfuerzo del ánimo y del brazo de quien la sustentaba, y +al creerla verdadera, la hacen tal si les lleva a obrar con buen éxito. +Las manos, pues, abonan a la lengua, y con hondo sentido dijo Pero +Vermuez a Ferrando, el infante de Carrión, en aquellas famosas cortes, +lo de + + Delant myo Çid e delante todos oviste te de alabar + Que mataras al moro e que fizieres barnax; + Croviorontelo todos, ma non saben la verdad. + E eres fermoso, mas mal barragán. + Lengua sin manos, cuemo osas fablar. + + (POEMA DEL ÇID, 3324-3325). + + +Y continúa echándole en cara que huyó del león al que avergonzó el Cid, +por lo cual valía menos entonces--poró menos vales oy (3334)--y luego +abandonó a su mujer, la hija del Cid y + + + por cuanto las dexastes menos valedes vos + + (3344) + + +y acaba exclamando: + + De cuanto he dicho verdadero seré yo. + + (3357) + + +Todos creyeron a Fernando, mas era por ignorar la verdad; que era +hermoso, pero «mal barragán». Lengua sin manos, ¿cómo osas hablar? + +No faltará todavía chinche escolástico como para venirme con que +confundo la verdad lógica con la verdad moral y el error con la +mentira, y que puede haber quien se mueva a obrar por manifiesta +ilusión y logre, sin embargo, su propósito. A lo que digo que entonces +la tal ilusión es la verdad más verdadera, y que no hay más lógica que +la moral. Y de cuanto digo verdadero seré yo. Y basta. + +Salió Don Quijote al camino, plantóse en él, lanzó su reto y entonces +fué cuando una manada de toros y cabestros le derribaron y pisotearon. +Así sucede, que cuando retáis a caballeros a defender una verdad, +vienen toros y cabestros y hasta bueyes y os pisotean. + + + + + CAPÍTULO LIX + +Donde se cuenta el extraordinario suceso, que se puede tener por + aventura, que le sucedió a Don Quijote. + + +Levantóse Don Quijote, montó y sin despedirse de la Arcadia fingida, +reanudó más entristecido aún su camino. Porque venía ya triste desde +casa de los Duques. Y viendo comer a Sancho: _Come, Sancho amigo--dijo +Don Quijote--, sustenta la vida, que más que a mí te importa, y déjame +morir a manos de mis pensamientos y a fuerza de mis desgracias_. +¡Déjame morir! ¡Déjame morir a manos de mis pensamientos! ¿Pensabas +acaso, pobre Caballero, en el encantamiento de Dulcinea y pensaba tu +Alonso en el encanto de Aldonza? + +_Yo, Sancho_--prosiguió Don Quijote--, _nací para vivir muriendo, y tú +para morir comiendo_. ¡Preñadísima sentencia! Sí, para vivir muriendo +nació todo género de heroísmo. Al verse el Caballero _pisado y acoceado +y molido de los pies de animales inmundos y soeces pensó_ dejarse morir +de hambre. La cercanía de la muerte, que se le venía encima a muy +raudos pasos, iba alumbrando su mente y disipando de ella la cerrazón +de la locura. Comprendía ya que eran animales inmundos y soeces los que +le acocearon y molieron y no los tuvo por cosa de encantamiento y magia. + +¡Pobre mi señor! La fortuna se te ha vuelto de espaldas y te desdeña. +Mas no por eso la esperas menos, y tu esperanza es tu verdadera +fortuna, tu dicha el esperarla. ¿No esperaste durante doce arrastrados +años y no esperabas todavía lo imposible, con tanto más grande +esperanza cuanto más imposible es lo esperado? Bien se ve que no habías +olvidado aquello que leíste en el canto segundo de la áspera ARAUCANA +de mi paisano Ercilla y es que + + el más seguro bien de la fortuna + es no haberla tenido vez alguna. + +Descansaron un rato amo y escudero, reanudaron camino y llegaron a una +venta, que por tal venta la tomó Don Quijote, pues salió, como vemos, +de casa de los Duques en vía de curación de su locura y desempañada la +vista. Las burlas se le iban aclarando. Las burlas le abrieron los ojos +para conocer a los animales inmundos y soeces. + +Y aun tuvo que apurar en la venta otro tormento y fué el de conocer las +patrañas que acerca de él había propalado la falsa segunda parte de su +historia. + + + + + CAPÍTULO LX + + De lo que le sucedió a Don Quijote yendo a Barcelona. + + +Continuaron camino de Barcelona y en él, sesteando entre unas espesas +encinas o alcornoques, sucedió el más triste suceso de tantos tan +tristísimos como la historia de nuestro Don Quijote encierra. Y fué +que desesperado Don Quijote de la flojedad y caridad poca de Sancho +su escudero, _pues a lo que creía solos cinco azotes se había dado, +número desigual y pequeño para los infinitos que le faltaban_ por +darse si había de desencantar a Dulcinea, determinó azotarle a pesar +suyo. Intentó hacerlo, resistióse el escudero, forcejeó Don Quijote +y viéndolo Sancho Panza, _se puso en pie y arremetiendo a su amo, se +abrazó con él a brazo partido, y echándole una zancadilla dió con él +en el suelo boca arriba; púsole la rodilla derecha sobre el pecho y +con las manos le tenía las manos de modo que ni le dejaba rodear ni +alentar_. + +Basta ya, que oprime al ánimo más recio la lectura de este tristísimo +paso. Tras las burlas de los Duques, la aflicción por la pobreza, el +desmayo del heroísmo ante las imágenes de los cuatro caballeros y el +molimiento por pies de animales inmundos y soeces, sólo faltaba, como +suprema tortura, la rebeldía de su escudero. Sancho se había visto +gobernador y a su amo a las patas de los cabestros. El paso es de +hondísima tristeza. + +_Don Quijote le decía: ¿cómo, traidor, contra tu amo y señor natural +te desmandas? ¿Con quien te da su pan te atreves?_ ¿El pan? No sólo +el pan, sino la gloria y la vida misma perduraderas. _Ni quito rey ni +pongo rey--respondió Sancho--, sino ayúdome a mí que soy mi señor._ + +¡Oh, pobre Sancho, y a qué desfalladero de torpeza te arroja la carne +pecadora! Te desmandas contra tu amo y señor natural, contra el que te +da el eterno pan de tu vida eterna, creyéndote señor de ti mismo. No, +pobre Sancho, no; los Sanchos no son señores de sí mismos. Esa proterva +razón que para rebelarte aduces de _¡soy mi señor!_ no es mas que un +eco del «¡no serviré!» de Lucifer, el príncipe de las tinieblas. No, +Sancho, no; tú no eres ni puedes ser señor de ti mismo, y si mataras a +tu amo, en aquel mismo instante te matarías para siempre a ti mismo. + +Pero bien mirado tampoco está del todo mal que Sancho se rebele +así, pues de no haberse nunca rebelado no sería hombre, hombre de +verdad, entero y verdadero. Y esa rebelión, si bien se mira, fué un +acto de cariño, de hondo cariño a su amo que se desmandaba y salía, +en la tristeza de su locura agonizante, de las buenas prácticas +caballerescas. Después de aquello, después de haberle tenido sujeto +bajo su rodilla, después de haberle vencido, es seguro que Sancho quiso +y respetó y admiró más a su amo. Así es el hombre. + +Y Don Quijote prometió no tocarle en el pelo de la ropa, dejándose +vencer de su escudero. Es la primera vez en su vida toda en que el +Caballero de los Leones se deja vencer humildemente y sin defenderse +siquiera; se deja vencer de su escudero. + +Y este mismo Sancho que arremete a su amo y le pone la rodilla sobre el +pecho, al sentir sobre su cabeza y pendientes de un árbol dos pies de +persona con zapatos y calzas, tiembla de miedo y da voces llamando a +Don Quijote que le acorra y favorezca. + +No bien acaba de desmandarse contra su amo y señor natural al grito +revolucionario de _¡yo soy mi señor!_ cuando no es ya señor de sí +mismo, sino que tiembla de miedo al sentir sobre su cabeza unos pies +calzados, y llama a su amo y señor natural, al que le amparaba del +miedo. Y Don Quijote ¡claro está! acudió a la llamada, porque era +bueno. Y supuso fueran pies de foragidos y bandoleros que en aquellos +árboles estaban ahorcados. + +Así lo vieron al amanecer en que _cuarenta bandoleros vivos que +de improviso les rodearon, diciéndoles en lengua catalana que se +estuvieran quedos, y se detuvieran hasta que llegase su capitán_. Y +el pobre Don Quijote hallóse _a pie, su caballo sin freno, su lanza +arrimada a un árbol, y finalmente sin defensa alguna, y así tuvo por +bien cruzar las manos e inclinar la cabeza guardándose para mejor sazón +y coyuntura_. ¡Ejemplarísimo Caballero! Y ¡cómo le han enseñado las +burlas de los Duques, las coces de los cabestros y la arremetida de +Sancho! Es que barrunta, aun sin conocerla, la cercanía de su muerte. + +Llegó el capitán, Roque Guinart, vió la triste y melancólica figura de +Don Quijote y le animó. Había oído hablar de él. Y allí conoció Don +Quijote la concertada república de los bandoleros y pretendió persuadir +con buenas palabras, y no obligarle por fuerza a Roque Guinart a que se +hiciese caballero andante. Sirvió el encuentro para que el caballero +admirase la vida del caballeresco bandolero, la equidad con que se +repartían los despojos del robo y su generosidad con los viandantes. Y +él, Don Quijote, que con grande escándalo de las personas graves había +dado libertad a los galeotes, no intentó siquiera deshacer la república +de los bandidos. + +Esto de la justicia distributiva y el buen orden que en repartir +los despojos del botín se observaba en la banda de Roque Guinart, +es condición de toda sociedad de bandoleros. Fernando de Pulgar, al +hablarnos en sus CLAROS VARONES DE CASTILLA del bandolero D. Rodrigo +de Villadrando, Conde de Ribadeo, que con sus bandas y su gran poder +«robó, quemó, destruyó, derribó, despobló Villas e Lugares e pueblos de +Borgoña e de Francia» nos dice que «tenía dos singulares condiciones: +la una, que facía guardar la justicia entre la gente que tenía, e no +consentía fuerza ni robo ni otro crimen; e si alguno lo cometía, él +por sus manos lo punía». Por donde se ve cómo es en el seno de las +sociedades organizadas para el robo donde más severamente se persigue +el robo mismo, así como en los ejércitos, organizados para ofender y +destruir, es donde más duramente se castigan las ofensas y lo que a la +destrucción del ejército mismo tienda. Y así cabe decir de todo género +de justicia humana que brotó de la injusticia, de la necesidad que ésta +tenía de sostenerse y perpetuarse. La justicia y el orden nacieron en +el mundo para mantener la violencia y el desorden. Con razón ha dicho +un pensador que de los primeros bandoleros a sueldo surgió la guardia +civil. Y los romanos, formuladores del derecho que aún subsiste, los +del _ita ius esto_ ¿qué eran sino unos bandoleros que empezaron su vida +por un robo según la leyenda por ellos mismos forjada? + +Conviene, lector, te pares a considerar esto de que nuestros preceptos +morales y jurídicos hayan nacido de la violencia y de que para poder +matar una sociedad de hombres se haya dicho a cada uno de éstos que no +deben matarse entre sí, y se les haya predicado que no deben robarse +unos a otros para que así mejor se dediquen al robo en cuadrilla. +Tal es el verdadero abolengo y linaje de nuestras leyes y nuestros +preceptos; tal la fuente de la moral al uso. Y este su abolengo y +linaje se descubre en ella y por esto nos sentimos inclinados a +perdonar y aun querer a los Roque Guinart, porque en ellos no hay +doblez ni falsía, sino que aparecen sus bandas tal y como son, mientras +los pueblos naciones que se dicen llamados a cumplir el derecho y +servir a la cultura y a la paz son sociedades fariseas. ¿Conocéis algún +rasgo quijotesco de una nación de hombres como tal nación? + +Consideremos, por otra parte, cómo del mal sale el bien--porque al fin +es un bien, si bien transitorio, el de la justicia distributiva--y +tiene éste sus raíces en aquél, o son más bien caras de una misma +figura. De la guerra brota la paz, y del robo en cuadrilla el castigo +al robo. La sociedad tiene que tomar sobre sí los crímenes para +libertar de ellos, y de su remordimiento, a los que la forman. Y ¿no +hay acaso un remordimiento social, desparramado entre sus miembros +todos? Sin duda y el hecho éste del remordimiento social, tan poco +advertido de ordinario, es el móvil principal de todo progreso de +la especie. Acaso lo que nos mueve a ser buenos y justos con los de +nuestra sociedad es cierto oscuro sentimiento de que la sociedad +misma es mala e injusta; el remordimiento colectivo de una tropa de +guerra es tal vez lo que les mueve a prestarse servicios entre sí y +aun a prestárselos, a las veces, al enemigo vencido. Por conocer la +insolencia de su oficio se guardaban fe entre sí los compañeros de +Roque. + + * * * * * + +Este precioso episodio de Roque Guinart es el que más íntima relación +guarda con la esencia de la historia de Don Quijote. Es un reflejo, +a la vez, del culto popular al bandolerismo, culto jamás borrado de +nuestra España. Roque Guinart es un predecesor de los muchos bandidos +generosos cuyas hazañas, trasmitidas y esparcidas merced a los pliegos +de cordel y coplas de ciegos, han admirado y deleitado a nuestro +pueblo; de Diego Corrientes, llamado por antonomasia el bandido +generoso; del guapo Francisco Esteban; de José María, el Rey de Sierra +Morena; del gaucho Juan Moreira allá en la Argentina, y de tantos otros +más, cuyo patrón en el cielo de nuestro pueblo es San Dimas. + +Cuando crucificaron a Nuestro Señor Jesús Cristo, uno de los +malhechores que estaban colgados junto a Él, le injuriaba diciendo: +«Si Tú eres el Cristo, sálvate a Ti mismo y a nosotros. Y respondiendo +el otro, reprendióle diciendo: ¿Ni aun tú temes a Dios estando en la +misma condenación? Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque +recibimos lo que merecieron nuestros hechos, mas Éste ningún mal hizo. +Y dijo a Jesús: Señor, acuérdate de mí cuando fueres en tu reino. Y +entonces Jesús le dijo: De veras te digo que hoy estarás conmigo en el +paraíso. (Luc., XXIII, 39-43). + +No se encuentra otra vez alguna en el Evangelio una afirmación tan +redonda de «serás conmigo en el paraíso», una tan firmemente dada +seguridad de salvación. Una vez canoniza el Cristo y es a un bandolero +en el momento de la muerte. Y al canonizarle canoniza la humildad de +nuestro bandolerismo. Y ¿por qué cuando fustigó duramente a tantos +escribas y fariseos, hombres honrados según la ley? Porque éstos se +tenían por justos a sí mismos, como el fariseo de la parábola, mientras +el bandolero, como el publicano de la misma, reconoció su culpa. Fué su +humildad lo que premió Jesús. El bandolero se confesó culpable y creyó +en el Cristo. + +Nada aborrece más el pueblo que al Catón que se tiene por justo y +parece ir diciendo: miradme y aprended de mí a ser honrados. Roque +Guinart, por el contrario, no ensalzaba su estado, sino que confesó a +Don Quijote que no había modo de vivir más inquieto ni sobresaltado que +el suyo, y que perseveraba en él, por deseo de venganza, a despecho y a +pesar de lo que entendía, y añadió: _y como un abismo llama a otro y un +pecado a otro pecado, hanse eslabonado las venganzas, de manera que no +sólo las mías, pero las ajenas, tomo a mi cargo; pero Dios es servido +de que aunque me veo en la mitad del laberinto de mis confusiones, no +pierdo la esperanza de salir dél a puerto seguro_. Es un eco de la +oración de San Dimas. Y nos parece oir aquello de Pablo de Tarso: «no +hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero hago; miserable +hombre de mí ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?». + +«No hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero hago». Palabras +que nos sugiere la conducta de Roque Guinart y que nos piden a gritos +nos paremos a meditarlas. Y a meditar en que no es lo mismo cumplir la +ley que ser bueno. Hay, en efecto, quien se muere sin haber abrigado un +solo buen deseo y sin haber, a pesar de ello, cometido un solo delito, +y quien, por el contrario, llega a la muerte con una vida cargada de +delitos y de generosos deseos a la vez. Son las intenciones y no los +actos lo que nos empuerca y estraga el alma, y no pocas veces un acto +delictuoso nos purga y limpia de la intención que lo engendrara. Más de +un rencoroso homicida habrá empezado a sentir amor a su víctima luego +que sació su odio en ella, mientras hay gentes que siguen odiando al +enemigo que se murió, después de muerto. Ya sé que son muchos los que +anhelan una humanidad en que se impidan los crímenes aunque los malos +sentimientos envenenen las almas, pero Dios nos dé una humanidad de +fuertes pasiones, de odios y de amores, de envidias y de admiraciones, +de ascetas y de libertinos, aunque traigan consigo estas pasiones sus +naturales frutos. El criterio jurídico sólo ve lo de fuera y mide la +punibilidad del acto por sus consecuencias; el criterio estrictamente +moral debe juzgarlo por su causa y no por su efecto. Lo que ocurre +es que nuestra moral corriente está manchada de abogacía y nuestro +criterio ético estropeado por el jurídico. El matar no es malo por +el daño que reciben el muerto o sus deudos o parientes, sino por la +perversión que al espíritu del matador lleva el sentimiento que le +impulsa a dar a otro la muerte; la fornicación no es pecado por daño +alguno que reciba la fornicada--pues de ordinario no lo recibe tal y +sí sólo deleite--sino porque el sucio deseo distrae al hombre de la +contemplación de su fin propio y le tiñe de falsedad cuanto percibe. +Con hondo sentimiento se llama entre los gauchos _desgracia_, no al ser +muerto, sino al haber tenido que matar a otro. Y por ello, aunque en el +mundo de la servidumbre, en el mundo aparencial de las trasgresiones +del derecho, caigamos en delito, nos salvaremos si conservamos sana +intención en el mundo de la libertad, en el mundo esencial de los +anhelos íntimos. + +Y además ¿no endurecerá en sus fechorías al facineroso la desconfianza +del perdón? Recordad aquí a los galeotes. Creo que si todos los hombres +se persuadieran de que hay un perdón final para todos y una vida +perdurable, en una u otra forma, se harían todos mejores. El temor al +castigo no evita más fechorías que las que provoca la desesperanza de +perdón. Recordad a Pablo el ermitaño y a Enrico el bandolero del drama +de Tirso de Molina que lleva por título EL CONDENADO POR DESCONFIADO, +profunda quintaesencia de la fe española, recordad que si Pablo, +macerado en penitencias, se pierde por desconfiar de su salvación, +por confiar en ella se salva Enrico el frígido. Volved a leer este +drama. Recordad a aquel Enrico, hijo de Anareto, que conservó entre sus +maldades entrañable cariño a su tullido padre y fe en la misericordia +de Dios, reconociendo la justicia del castigo. Recordadle diciendo: + + Mas siempre tengo esperanza + en que tengo de salvarme, puesto que no va fundada + mi esperanza en obras mías, sino en saber que se hermana + Dios con el más pecador, y con su piedad le salva + + (II, 17) + +y recordadle arrepentido, gracias a su padre. + +¿Que esto repugna al sentido moral? Al sanchopancesco, sí; al +quijotesco, no. Un filósofo alemán de hace poco, Nietzsche, metió ruido +en el mundo escribiendo de lo que está allende el bien y el mal. Hay +algo que está no allende, sino dentro del bien y del mal, en su raíz +común. ¿Qué sabemos nosotros, pobres mortales, lo que son el bien y el +mal vistos desde el cielo? ¿Os escandaliza acaso que una muerte de fe +abone toda una vida de maldades? ¿Sabéis acaso si ese último acto de +fe y de contrición no es el brotar a la vida exterior, que se acaba +entonces, sentimientos de bondad y de amor que circularon en la vida +interior, presos bajo la recia costra de las maldades? Y ¿es que no hay +en todos, absolutamente en todos, esos sentimientos, pues sin ellos no +se es hombre? Sí, pobres hombres, confiemos, que todos somos buenos. + +¡Pero es que así no viviremos nunca seguros!--exclamáis--¡con tales +doctrinas no cabe orden social! Y ¿quién os ha dicho, apocados +espíritus, que el destino final del hombre se sujete a asegurar el +orden social en la tierra y a evitar esos daños aparentes que llamamos +delitos y ofensas? ¡Ah, pobres hombres, siempre veréis en Dios un +espantajo o un gendarme, no un Padre, no un Padre que perdona siempre +a sus hijos, no más sino por ser hijos suyos, hijos de sus entrañas, y +como tales hijos de Dios, buenos siempre por dentro de dentro aunque +ellos mismos ni lo sepan ni lo crean. Tengo, pues, para mí que Roque +Guinart y sus compañeros eran mejores de lo que ellos mismos se creían. +Reconocía el buen Roque la insolencia de su oficio, pero se sentía +atado a él como a un sino fatal. Era su estrella. Y podía haber dicho +con el gaucho Martín Fierro lo de + + Vamos, suerte, vamos juntos, + Puesto que juntos nacimos, + Y ya que juntos vivimos. + Sin podernos dividir, + Yo abriré con mi cuchillo + El camino _pa_ seguir. + +Y volviendo a nuestra historia, conviene recordar aquí lo que D. +Francisco Manuel de Melo en su HISTORIA DE LOS MOVIMIENTOS, SEPARACIÓN +Y GUERRA DE CATALUÑA EN TIEMPO DE FELIPE IV, obra publicada unos +cuarenta años después de la historia de nuestro Caballero, dice al +describir a los catalanes «por la mayor parte hombres de durísimo +natural» que «en las injurias muestran gran sentimiento y por eso son +inclinados a venganza», y añade: «La tierra, abundante en asperezas, +ayuda y dispone su ánimo vengativo a terribles efectos con pequeña +ocasión; el quejoso o agraviado deja los pueblos y se entra a vivir en +los bosques, donde en continuos asaltos, fatigan los caminos; otros +sin más ocasión que su propia insolencia, siguen a estotros; éstos +y aquéllos se mantienen por la industria de sus insultos. Llaman +comúnmente andar en trabajo aquel espacio de tiempo que gastan en este +modo de vivir, como en señal de que le conocen por desconcierto; no es +acción entre ellos reputada por afrentosa, antes al ofendido ayudan +siempre sus deudos y amigos». Y habla luego de los famosos bandos de +Narros y Cadells «no menos celebrados y dañosos a su patria que los +Güelfos y Gibelinos de Milán, los Pafos y Médicis de Florencia, los +Beamonteses y Agramonteses de Navarra y los Gamboinos y Oñacinos de la +antigua Vizcaya». + +Al bando de los Narros pertenecía Roque Guinart y como de tal bando +despachó un mensajero a Barcelona dando cuenta a sus amigos de cómo +iba Don Quijote _para que con él se solazasen, que él quisiera que +careciesen de este gusto los Cadells sus contrarios; pero que esto +era imposible a causa que las locuras y discreciones de Don Quijote +y los donaires de su escudero Sancho Panza no podían dejar de dar +gusto general a todo el mundo_. ¡Pobre Don Quijote, ya querían hacerte +monopolio de un bando y solaz a él sólo reservado! ¡Lo que se le ocurre +a un catalán, aunque sea bandolero! + + + + + CAPÍTULOS LXI, LXII Y LXIII + + De lo que le sucedió a Don Quijote en la entrada de Barcelona, con + otras cosas que tienen más de lo verdadero que de lo discreto. + + +A los tres días _por caminos desusados, por atajos y sendas encubiertas +partieron Roque, Don Quijote y Sancho con otros seis escuderos a +Barcelona_, a cuya playa llegaron la víspera de San Juan en la noche, y +allí se les despidió Roque dejando diez escudos a Sancho. + +Ya tenemos en ciudad a Don Quijote y nada menos que en la grande y +florida ciudad condal de Barcelona, _archivo de la cortesía, albergue +de los extranjeros, hospital de los pobres, patria de los valientes, +venganza de los ofendidos y correspondencia grata de firmes amistades y +en sitio y belleza única_ como más adelante, en el cap. LXXII la llama +el historiador. Allí, al rayar del día, apacentó en el mar su vista, +pareciéndole espaciosísimo y largo, vió las galeras y se halló de +fiesta. Y vino la burla ciudadana de los amigos de Roque, que rodeando +a Don Quijote, al son de chirimías y atabales, le llevaron a la ciudad, +donde los muchachos le hicieron ser derribado de Rocinante, poniendo a +éste aliagas bajo el rabo. + +Ya estás, mi señor Don Quijote, de hazme reir de una ciudad y de +juguete de sus muchachos. ¿Por qué te saliste del campo y de sus +caminos libres, único terreno propio de tu heroísmo? Allí, en +Barcelona, le sacaron al balcón de una de las calles más principales de +la ciudad _a vista de las gentes y de los muchachos que como a mona le +miraban_, allí le pasearon por las calles, sobre un gran macho de paso +llano, con un balandrán y a las espaldas un pergamino en que se leía: +_éste es Don Quijote de la Mancha_, lo que traía consigo, con grande +admiración del Caballero, que todos los muchachos, sin haberle jamás +visto, le conocieran. + +¡Pobre Don Quijote, paseado por la ciudad, con tu _ecce homo_ a +espaldas! Ya estás convertido en curiosidad ciudadana. Y no faltó, +un castellano por cierto, quien te llamase loco y te reprendiese tu +locura. Y luego, en casa de D. Antonio Moreno, que le hospedaba, hubo +sarao y le hicieron bailar hasta que tuvo que sentarse _en mitad de la +sala, en el suelo, molido y quebrantado de tan bailador ejercicio_. + +Esto supera ya en tristeza a cuanto desde el día malaventurado en que +topó con los Duques le está ocurriendo. Le pasean por las calles, +convertido en mona de los muchachos, y luego le hacen bailar. Tómanle +de juguete, de trompo, de perinola y zarandillo. Ahora, ahora es, mi +señor, cuando cuesta seguirte, ahora es cuando tus fieles han de poner +su fe a prueba. «¡Que baile! ¡Que baile!»--es uno de los gritos de +irrisión y burla con que escarnecen a los hombres las muchedumbres +españolas. Y a ti, mi señor Don Quijote, te hicieron bailar en +Barcelona, hasta molerte y quebrantarte. + +Ser blanco de la ociosa curiosidad de las muchedumbres; oir que al +pasar dicen junto a uno a media voz «¡ése! ¡ése!»; aguantas las miradas +de los necios que le miran a uno porque se le trae y se le lleva en +los papeles públicos y luego persuadirte de que no conoce tu obra +esa gente como no conocían las hazañas de Don Quijote y menos aún su +espíritu heroico los chicuelos que por las calles de Barcelona le +aclamaban, y de que no eres sino un nombre para ellos; ¿sabéis lo que +es esto? ¿Sabéis lo que es eso de que se conozca sólo vuestro nombre y +de que os conozcan en dondequiera mientras en dondequiera no saben lo +que habéis hecho? Pudiera muy bien suceder que estos mis comentarios +a la vida de mi señor Don Quijote provocaran en esta nuestra España, +como han provocado algunos otros trabajos míos, discusiones y vocerío; +pues bien; os aseguro desde ahora que los más furiosos en vocear por +ellos no los habrán leído. Y sin embargo, es tan miserable el hombre, +que prefiere el nombre sin la obra a la obra sin el nombre, quiere más +dejar su efigie acuñada en cobre a dejar oro puro de su espíritu, pero +de donde se borren la efigie y la leyenda. + +Allí, en la industriosa ciudad de Barcelona, le enseñaron, ¿qué sino +curiosidades de industria? Allí vió y oyó a la cabeza encantada; allí +visitó el taller de imprimir. _Sucedió, pues, que yendo por una calle +alzó los ojos Don Quijote y vió escrito sobre una puerta con letras +muy grandes_: AQUÍ SE IMPRIMEN LIBROS; _de lo que se contentó mucho, +porque hasta entonces no había visto emprenta alguna y deseaba saber +cómo fuese_. Curiosidad naturalísima en quien buscó en libros bálsamo +al demasiado amor y fué por libros llevado a meterse en las azarosas +andanzas de su carrera de gloria. Figuraos al hidalgo cincuentón +que allá, en su lugarejo manchego, había alimentado con lecturas su +soledad, para quien más que para otro cualquiera fueron los libros +fieles amigos, y comprenderéis con qué ánimo entraría en la imprenta. +En la cual se portó como discreto, y manifestó que sabía algún tanto +del toscano y se preciaba de cantar algunas estancias del Ariosto. Y +hasta allí dejó asomar ciertas puntas y ribetes de ironía a cuenta de +los traductores y las traducciones. + +Este y otros pasajes especialmente literarios de nuestra historia, +son de los que más suelen citar esos que se llaman a sí mismos +cervantistas, pero la verdad es que ello apenas lo merece. Son +tiquismiquis y minucias de los del oficio, que a los demás les debe +tener sin cuidado. Bien está que los escritores nos cuidemos de la +hechura de nuestros trabajos y le demos vueltas y más vueltas al +lenguaje y al estilo, pero de esto nada se le da al que nos lee. +Bien está el que un escritor teja sus párrafos, y luego los desmote, +perche, lustre, tunda y prense para cortarlos y coserlos luego y hacer +así traje a su pensamiento, mas sea para provecho del que le haya de +leer. Yo mismo, en estas páginas, confieso que a las veces he zuñido +y bruñido mi discurso, mas en lo que todo sobre todo he puesto ahinco +es en sacar a ras de lengua escrita voces de la lengua corrientemente +hablada, en desentoñar y desentrañar palabras que chorrean vida según +corren frescas y rozagantes de boca en oído y de oído en boca de los +buenos lugareños de tierras de Castilla y de León. Hay que flexibilizar +y enriquecer el rígido y escueto castellano, dicen allende los mares. +Sin duda hay que darle más soltura y más riqueza, pero es a la lengua +enteca y enclavijada de los periódicos y de los cafés. Mas para ello +no es menester acudir fuera y tomar de prestado voces y giros de otros +idiomas; basta remejerle los entresijos al mismo romance castellano. +Cada uno ha de engordar de sí mismo. + +Otros vienen y nos dicen que no, sino que lo necesario y apremiante es +podar nuestra lengua y recortarla y darla precisión y fijeza. Dicen los +tales que padece de maraña y de braveza montesina nuestra lengua, que +por dondequiera le asoman y apuntan ramas viciosas, y nos la quieren +dejar como arbolito de jardín, como boje enjaulado. Así, añaden, +ganará en claridad y en lógica. ¿Pero es que vamos a escribir algún +_Discurso del método_ con ella? ¡Al demonio la lógica y la claridad +ésas! Quédense los tales recortes y podas y redondeos para lenguas en +que haya de encarnar la lógica del raciocinio raciocinante, pero la +nuestra ¿no debe ser acaso ante todo y sobre todo instrumento de pasión +y envoltura de quijotescos anhelos conquistadores? + +Y en eso mismo de claridad habría que entenderse, pues hay quien aspira +a que le den las ideas mascadas, ensalivadas y hechas bolo engullible +para no tener que pasar otro trabajo sino el de tragarlas, o mejor aún +que se las empapicen. + + + + + CAPÍTULO LXIV + + Que trata de la aventura que más pesadumbre dió a Don Quijote de + cuantas hasta entonces le habían sucedido. + + +Y allí, en Barcelona, dieron fin las malandanzas caballerescas de +nuestro Don Quijote; allí fué vencido por el Caballero de la Blanca +Luna. Hízose éste el encontradizo, le buscó quimera por precedencia de +hermosura de sus respectivas damas, le derribó y le pidió confesase +las condiciones del desafío. Y el gran Don Quijote, el inquebrantable +Caballero de la Fe, el heroico loco, molido y aturdido y _como si +hablara dentro de una tumba, con voz debilitada y enferma dijo: +Dulcinea del Toboso es la más hermosa mujer del mundo, y yo el más +desdichado Caballero de la tierra, y no es bien que mi flaqueza +defraude esta verdad; aprieta, caballero, la lanza y quítame la vida, +pues me has quitado la honra_. + +Ved aquí cómo cuando es vencido el invicto Caballero de la Fe, es el +amor lo que en él vence. Esas sublimes palabras del vencimiento de +Don Quijote son el grito sublime de la victoria del Amor. Él se había +entregado a Dulcinea, mas sin pretender que por eso se le entregase +Dulcinea, y así su derrota en nada empañaba la hermosura de la dama. Él +la había hecho, cierto es, él la había hecho en puro fe, él la había +creado con el fuego de su pasión; pero una vez creada, ella era ella +y de ella recibía su vida él. Yo forjo con mi fe, y contra todos, mi +verdad, pero luego de así forjada ella, mi verdad se valdrá y sostendrá +sola y me sobrevivirá y viviré yo de ella. + +¡Oh, mi Don Quijote, y cuán a dos dedos de tu salvación eterna estás, +pues curado ya de la presunción, no hablas de la fortaleza de tu +brazo, sino que confiesas tu flaqueza! Y ¡cómo se te viene encima la +luz purificadora de la muerte próxima! ¡Como de dentro de una tumba +hablas; como de dentro de la tumba del mundo que se burla de los héroes +y los pasea por las calles con su pergamino a la espalda! Y vencido y +maltrecho y triste y afligido y conociendo tu flaqueza, aún proclamas +a Dulcinea del Toboso la más hermosa mujer del mundo. ¡Oh generoso +Caballero! Tú no eres como esos que buscando la Gloria cuando se ven +por ella desdeñados, la niegan y la denigran y la motejan de vana y +aun dañosa; tú no eres de los que culpan a la Gloria de sus propias +flaquezas y de no haber podido conquistarla; tú vencido y maltrecho +prefieres la muerte a renegar de la que te metió en tu carrera de +heroísmo. + +Y es porque tienes fe en ella, en tu Dulcinea, sientes que cuando +pareciendo abandonarte, deja que te venzan, es para luego ceñirte +entre sus temblorosos brazos con hambriento cariño, y apretarte a su +pecho encendido hasta que sean un parejo golpear el de su corazón y +el del tuyo, y pegar a tu boca su boca, respirando de tu aliento y de +su aliento tú y quedar así las dos bocas prendidas para siempre en un +beso inacabable de gloria y de amor eternos. Te deja ser vencido para +que comprendas que no a la fortaleza de tu brazo, sino al amor que la +tuviste debes tu vida eterna. Tú la amaste, invicto Caballero de la +Fe, con el amor más esmerado y grande, con amor que se alimentaba de +sus desdenes y rechazos. No por haberle visto trasformada en zafia +labradora se te amenguó el denodado ánimo ni pregonaste el vanidad de +vanidades y todo vanidad, del sabio rey podrido por los hartazgos. Al +ser vencido tu grito de triunfo, invicto Caballero, fué proclamar la +hermosura sin par de Dulcinea. + +Así a nosotros, tus fieles, cuando más vencidos estemos, cuando el +mundo nos aplaste y nos estruje el corazón la vida y se nos derritan +las esperanzas todas, danos alma, Caballero, danos alma y coraje para +gritar desde el fondo de nuestra nadería: ¡plenitud de plenitudes y +todo plenitud! ¿Que yo muero en mi demanda? Pues así se hará ésta más +grande con mi muerte. ¿Que peleando en pro de mi verdad, me vencen? ¡No +importa! No importa, pues ella vivirá y viviendo ella os mostrará que +no depende de mí, sino yo de ella. + +No es éste mi yo deleznable y caduco; no es éste mi yo que come de la +tierra y al que la tierra comerá un día, el que tiene que vencer; no +es éste sino que es mi verdad, mi yo eterno, mi padrón y modelo desde +antes de antes y hasta después de después; es la idea que de mí tiene +Dios, Conciencia del Universo. Y esta mi divina idea, esta mi Dulcinea, +se engrandece y se sobrehermosea con mi vencimiento y muerte. Todo tu +problema es éste: si has de empañar esa tu idea y borrarla y hacer +que Dios te olvide, o si has de sacrificarte a ella y hacer que ella +sobrenade y viva para siempre en la eterna e infinita Conciencia del +Universo. O Dios o el olvido. + +Si por guardar tu mecha apagas tu luz; si por ahorrar tu vida malgastas +tu idea. Dios no se acordará de ti, anegándote en su olvido como en +perdón supremo. Y no hay otro infierno que éste; el que nos olvide +Dios, y volvamos a la in conciencia de que surgimos. «¡Señor, acuérdate +de mí!» digamos con el bandolero que moría junto a Jesús (Luc., XXIII, +42). Señor, acuérdate de mí y que mi vida toda sea una vivificación de +mi idea divina, y si la empañare, si la sepultara en mi carne, si la +deshiciera en este mi yo caduco y terreno, entonces ¡ay de mí, Señor, +porque me perdonarías olvidándome! Si aspiro a Ti, viviré en Ti; si de +Ti me aparto, iré a dar en lo que no es tuyo, en lo único que fuera de +Ti cabe: en la nada. + +Y el vencedor de Don Quijote, el de la Blanca Luna, a quien también +sacó del sosiego aldeano el amor a Dulcinea, no mata al Caballero, sino +que exclama: _¡viva, viva en su entereza la fama de la hermosura de +la señora Dulcinea del Toboso!_ y se contenta con pedirle al vencido +que se retire a su lugar mientras él le mande... ¡que se retire a bien +morir! Sansón Carrasco, el bachiller por Salamanca, que no era otro el +de la Blanca Luna, fué también en busca de gloria y para que la fama +lleve su nombre con el de Don Quijote. ¿Y no fué acaso también para +merecer a los ojos de aquella andaluza Casilda, de que se enamoró en +las callejas de la dorada ciudad del Tormes. + +Y Sancho, el fiel Sancho, _todo triste, todo apesarado, no sabía qué +hacerse ni decirse; parecíale que todo aquel suceso pasaba en sueños +y que toda aquella máquina era cosa de encantamento. Veía a su señor +rendido y obligado a no tomar armas en un año; imaginaba la luz de la +gloria de sus hazañas oscurecida, las esperanzas de sus nuevas promesas +deshechas como se deshace el humo con el viento._ + +Parémonos a considerar este fin de la gloriosa carrera de Don Quijote y +cómo fué en Barcelona vencido, y vencido por su convecino el bachiller +Sansón Carrasco. Y aquí, mi señor Don Quijote, he de confesarte una mi +pasada bellaquería. + +Hace algunos años que en un semanario que en esta nuestra España +alcanzó autoridad y renombre, lancé contra ti, generoso hidalgo, este +grito de guerra: ¡Muera Don Quijote! Resonó el grito, sobre todo en esa +Barcelona donde fuiste vencido, y donde me lo tradujeron al catalán, +resonó el grito y tuvo eco y me lo corearon y aplaudieron muchos. Pedí +que murieras para que resucitara en ti Alonso el Bueno, el enamorado +de Aldonza, como si su bondad se hubiera nunca mostrado más espléndida +que en tus locas hazañas. Y hoy te confieso, señor mío, que aquel mi +grito que tanto gusto dió en esa Barcelona donde fuiste vencido y +donde me lo tradujeron al catalán, fué un grito que me lo inspiró tu +vencedor Sansón Carrasco, bachiller por Salamanca. Porque si es en esa +Barcelona, faro y como centro de la nueva vida industrial de España, +si es en esa ciudad donde más se grita contra el quijotismo, es el +espíritu bachilleresco, espíritu de socarronería y de envidia el que lo +anima. Fuiste, sí, vencido en Barcelona, pero lo fuiste por un manchego +bachiller por Salamanca. Es, sí, en Barcelona donde más se denigra +tu espíritu, pero es lo bajo del espíritu bachilleresco manchego y +salmantino lo que a esas denigraciones les lleva. Porque allí, en +Barcelona, es donde vence el bachiller Sansón Carrasco. + +Y cuando éste declaró a D. Antonio Moreno quién era: _Oh, señor--dijo +D. Antonio--, Dios os perdone el agravio que habéis hecho a todo el +mundo en querer volver cuerdo al más gracioso loco que hay en él. ¿No +veis, señor, que no podrá llegar el provecho que cause la cordura de +Don Quijote a lo que llega el gusto que da con sus desvaríos?_ Y por +este hilo siguió ensartando sus pareceres. ¡Triste modo de pensar, pues +no quiere que sane, por parecerle loco _gracioso_ y por tomar gusto de +sus desvaríos! No se sabe qué deplorar más, si la pequeñez de alma de +Sansón Carrasco o la de D. Antonio Moreno. + +Quieren a Don Quijote para reirle las gracias y tomar gusto de sus +desvaríos, y por haberlas reído antaño tienen ogaño que llorar, y por +haber tomado de sus desvaríos gusto les tiene que disgustar la vida hoy. + +Yo lancé contra ti, mi señor Don Quijote, aquel muera. Perdónamelo; +perdónamelo porque lo lancé lleno de sana y buena, aunque equivocada +intención, y por amor a ti, pero los espíritus menguados, a los que +su mengua les pervierte las entendederas, me lo tomaron al revés de +como yo lo tomaba, y queriendo servirte te ofendí acaso. Triste caso +éste de que no nos hayan de entender cosa alguna a derechas, y no más +por defecto de cabeza que por vicio de corazón. Perdóname, pues, Don +Quijote mío, el daño que pude hacerte queriendo hacerte bien; tú me has +convencido de cuán peligroso es predicar cordura entre estos espíritus +alcornoqueños; tú me has enseñado el mal que se sigue de amonestar a +que sean prácticos a hombres que propenden al más grosero materialismo, +aunque se disfrace de espiritualismo cristiano. + +Pégame tu locura, Don Quijote mío, pégamela por entero. Y luego que +me llamen soberbio o lo que quieran. No quiero buscar el provecho que +ellos buscan. Que digan: ¿qué querrá? ¿qué busca? y conjeturando por +los suyos, no encuentren mis caminos. Ellos buscan el provecho de esta +vida perecedera y se aduermen en la rutinera creencia de la otra; a mí, +mi Don Quijote, déjame luchar conmigo mismo, ¡déjame sufrir! Guárdense +para sí aspiraciones de diputado provincial; a mí dame tu Clavileño +y aunque no me mueva del suelo, sueñe en él subir a los cielos del +aire y del fuego imperecederos. ¡Alma de mi alma, corazón de mi vida, +insaciable sed de eternidad e infinitud! sé mi pan de cada día. ¡Hábil? +No, hábil, no; no, no quiero ser hábil. No quiero ser razonable según +esa miserable razón que da de comer a los vividores; ¡enloquéceme, mi +Don Quijote! + +¡Viva Don Quijote! ¡viva Don Quijote vencido y maltrecho! ¡viva Don +Quijote muerto! ¡viva Don Quijote! ¡Regálanos tu locura, eterno +Don Quijote nuestro! Regálame tu locura y deja que en tu regazo me +desahogue. Si supieras lo que sufro, Don Quijote mío, entre estos +tus paisanos cuyo repuesto todo de locura heroica te llevaste tú, +dejándoles tan sólo la petulante presunción que te perdía. ¡Si supieras +cómo desdeñan desde su estúpida e insultante sanidad todo hervor de +espíritu y todo anhelo de vida íntima! ¡Si supieras con qué asnal +gravedad ríen las gracias de la que creen locura y toman gusto de lo +que estiman desvaríos! ¡Oh Don Quijote mío, qué soberbia, qué estúpida +soberbia la soberbia silenciosa de estos brutos que llaman paradoja a +lo que no estaba etiquetado en su mollera y afán de originalidad a todo +revuelo del espíritu! Para ellos no hay quemantes lágrimas vertidas +en silencio, en el silencio del misterio, porque estos bárbaros se +lo creen tener todo resuelto; para ellos no hay inquietud del alma, +pues se creen nacidos en posesión de la verdad absoluta; para ellos +no hay sino dogmas y fórmulas y recetas. Todos ellos tienen alma de +bachilleres. Y aunque odian a Barcelona, van a Barcelona y allí te +vencen. + +_Seis días estuvo Don Quijote en el lecho, marrido, triste, pensativo y +mal acondicionado, yendo y viniendo con la imaginación en el desdichado +suceso de su vencimiento_, sin que le sirviesen los consuelos de su +fiel Sancho. El cual veía bien que era él allí el más perdidoso, aunque +su amo el más malparado. Y pocos días después emprendieron su regreso a +la aldea, _Don Quijote desarmado y de camino, Sancho a pie, por ir el +rucio cargado con las armas_. Así es desde que vencieron a Don Quijote; +son rucios los que llevan sus armas. + +En el camino encontró a Tosilos, el lacayo, que le contó cómo los +Duques le hicieron apalear, y Doña Rodríguez se volvió a Castilla y +su hija entró monja. Así había acabado una de las aventuras a que dió +mejor remate Don Quijote. + + + + + CAPÍTULO LXVII + + De la resolución que tomó Don Quijote de hacerse pastor y de seguir + la vida del campo en tanto que pasaba el año de su promesa, con otros + sucesos en verdad gustosos y buenos. + + +Caminando, caminando, llegaron al lugar en que habían topado a _las +bizarras pastoras y gallardos pastores que en él querían renovar e +imitar a la pastoral Arcadia_. Y al reconocerlo, dijo Don Quijote: _si +es que te parece bien, querría, oh Sancho, que nos convirtiésemos en +pastores siquiera el tiempo que tengo de estar recogido. Yo compraré +algunas ovejas y todas las demás cosas que al pastoral ejercicio son +necesarias y llamándome yo el pastor Quijotiz y tú el pastor Pancino, +nos andaremos por los montes, por las selvas y por los prados, cantando +aquí, endechando allí, bebiendo de los líquidos cristales de las +fuentes, o ya de los limpios arroyuelos, o de los caudalosos ríos. +Daránnos con abundantísima mano de su dulcísimo fruto las encinas, +asiento los troncos de los durísimos alcornoques, sombra los sauces, +olor las rosas, alfombras de mil colores matizadas los extendidos +prados, aliento el aire claro y puro, luz la luna y las estrellas, a +pesar de la escuridad de la noche, gusto el canto, alegría el lloro, +Apolo versos, el amor conceptos, con que podremos hacernos eternos y +famosos no sólo en los presentes, sino en los venideros siglos._ + +¡Válgame Dios y con qué tino se dijo aquello de «cada loco con su +tema» y cuán bien conocía a su tío la sobrina de Don Quijote cuando al +encontrarse el cura y el barbero, en el escrutinio que de su librería +hicieron, con LA DIANA de Jorge de Montemayor y querer perdonarla +exclamó: _¡Ay, señor! bien puede vuestra merced mandar quemar como a +los demás; porque no sería mucho que habiendo sanado mi señor tío de la +enfermedad caballeresca, leyendo éstos se le antojase de hacerse pastor +y andarse por los bosques y prados cantando y tañendo_. + +Parece, al volver Don Quijote de Barcelona, ir en camino de curarse de +su heroica locura y de prepararse a bien morir, mas en viendo el prado +de otrora, sueña de nuevo con hacerse eterno y famoso, no sólo en los +presentes, sino en los venideros siglos. Porque ésta era su radical +locura, éste su resorte de acción, ésta, como vimos al principio de su +historia, la causa que le movió a hacerse caballero andante. El ansia +de gloria y renombre es el espíritu íntimo del quijotismo, su esencia +y su razón de ser, y si no se puede cobrarlos venciendo gigantes y +vestiglos y enderezando entuertos, cobraráselos endechando a la luna y +haciendo de pastor. El toque está en dejar nombre por los siglos, en +vivir en la memoria de las gentes; ¡El toque está en no morir! ¡En no +morir! ¡No morir! Ésta es la raíz última, la raíz de las raíces de la +locura quijotesca. ¡No morir! ¡no morir! Ansia de vida; ansia de vida +eterna es la que te dió vida inmortal, mi señor Don Quijote; el sueño +de tu vida fué y es sueño de no morir. + +Con tal de no morir cambiabas tu profesión de caballero andante por +la de pastor endechante. Así tu España, mi Don Quijote, al tener que +recogerse a su aldea, vencida y maltrecha, piensa en dedicarse al +pastoreo y habla de colonización interior, de pantanos, de riegos y de +granjas. + +Y por debajo de esa ansia de no morir ¿no andaba, mi pobre +Alonso, tu soberano amor? _Las pastoras de quien hemos de ser +amantes_--dijiste--_como entre peras podemos escocer sus nombres, y +pues el de mi señora cuadra así al de pastora como al de princesa, no +hay para qué cansarse en buscar otro que mejor le venga_. Sí, siempre +era Dulcinea, la Gloria, y por debajo de ella siempre era Aldonza +Lorenzo, la suspirada doce años. ¡Y cómo suspirarías ahora por ella! +¡cómo la llamarías! ¡cómo grabarías un día y otro su nombre en las +cortezas de los árboles y hasta alguna vez en tu corazón! ¿Y si así +llegaba ello a su noticia y se daba cata y venía a ti, desencantada? + +¡Hacerse pastor! Es también, mi Don Quijote, lo que se le ha ocurrido a +tu pueblo luego que ha vuelto de América derrotado en su encontronazo +con el de Robinsón. Ahora habla de dedicarse a cuidar y cultivar su +hacienda, a alumbrar pozos y trazar canales para regar sus resecas +tierras; ahora habla de política hidráulica. ¿No será que siente el +remordimiento de sus atrocidades pasadas por tierras de Italia, Flandes +y América? + +Leed PATRIA, el hermoso poema de Guerra Junqueiro, el poeta de nuestro +pueblo hermano, el pueblo portugués. Leed esa amarga sátira y llegad al +fin de ella, cuando aparece vestido de monje carmelita el espectro del +condestable Nunalvares, el vencedor de Aljubarrota, que luego entró en +religión. Oídle hablar, oídle hablar del dolor que purifica y redime, +del dolor que + + Como no ar o vento sobre o vento + Como no mar o vaga sobre o vaga + Só na dôr tem a dôr socegamento + +y llegad a cuando en un éxtasis descuelga la vieja espada de +Aljubarrota, tinta en sangre fraternal, y exclama: + + Porém, se a patria, ja na derradeira + Angustia e mingoa onde a lençou mac dano, + Terra d'escravos é, terra estrangeira. + + Rutila espada, que brandí ufano! + Antes un velho lavrador mendigo + Te erga a custo do chão, piadoso e humano! + + Volte a bigorna o duro ago antigo! + E acabes, afinal, relha de arado. + Pelos campos de Deos, a lavrar trigo + +y arroja su espada al abismo de la noche, exclamando: + + Deos te acompanhe! Seja Deos louvado! + +Y luego entra en escena «el loco»--o _doido_--el pobre pueblo +portugués, nuestro hermano, y echa de menos los tiempos en que fué +campesino. + + Fosse eu ainda o camponez adusto, + Lavrador matinal, risonho e grave, + D'alma de pomba e coração de justo! + + Sentime eu ainda a musica suave + Da candura feliz no peito agreste, + Qual em rorida brenha um trino d'ave! + + Em vez do mundo (fome, guerra e peste!) + Conquistasse, por unica vitoria, + Os thesoiros sen fim do amor celeste. + + Nunca de feitos meus cantasse a Historia; + Ignorasse o meu nome a voz da Fama + E a minha sombra humilde a luz da Gloria. + + Vivesse obscuro e triste, herva da lama; + Nas alturas, porém, fosse contado + Entre os que Deos aceita, os que Deos ama. + +Es todo lo contrario de Don Quijote y Sancho. Busca nuestro Caballero +en la vida pastoril hacerse eterno y famoso; busca en ella este pobre +loco portugués ser olvidado, expiar sus culpas y redimirse en el dolor, + + Dôr temerosa, Dôr idolatrada + O Dôr, filha de Deos, mãe do Universo! + +¿No buscan, en el fondo, una misma cosa? ¿No buscaba lo mismo Don +Quijote echándose al mundo a deshacer entuertos y proponiéndose +dedicarse al ejercicio pastoril? ¿No busca nuestro pueblo ahora, con +los pantanos y canales y la política hidráulica, lo mismo que buscó con +sus atrocidades en América? + +El pobre loco portugués, _o doido_, luego de confesar sus culpas, sus +glorias + + Minhas glorias!... infamias e vergonhas + De ladrão, de pirata e de assasino! + +pide la cruz, pide el dolor, y muere en la cruz, en cuya cabecera +«desenhada a sangue, esta ironía:--_Portugal, rei do Oriente!_» muere +bendiciendo el llanto que brota de sus ojos + + porque és o mar de pranto + que os meus crimes verteram pelo mundo... + +bendiciendo la sangre que corre de sus heridas porque es + + o mar de sangue + do meu orgulho e minha iniquidade... + +¿Es esto lo que pide y busca nuestro loco, nuestro pueblo español? No, +no es esto precisamente. No es que no cante sus hechos la Historia, que +ignore su nombre la voz de la Fama, y su nombre humilde la luz de la +gloria; no, no es esto. + +Se retira a la vida pastoril, derrotado en la de caballero andante, +para poder hacerse eterno y famoso no sólo en los presentes, sino en +los venideros siglos. Cambia de camino pero no de estrella que le guíe. + +¿Ha de renunciar el pueblo a toda acción quijotesca y encerrarse en +su natal dehesa a purgar sus antiguas culpas, cuidando de su ganado +o labrando su tierra y sin poner su mira mas que en el cielo? ¿Ha +de pensar tan sólo en ser allá en las alturas contado entre los que +Dios ama? ¿Ha de volver a su apacible vida de antes de lanzarse a sus +aventureras empresas? ¿Tuvimos esta vida nunca? ¿Tuvimos paz? + +No basta como ideal de vida de un pueblo el de mantener la vida misma +en el mayor bienestar y holgura, ni aun basta la felicidad. Menos aún +abrazarse al dolor. No puede ser ideal de un pueblo el ideal ascético, +destructor de la vida. + +¿Aspirar al cielo? No; ¡al reino de Dios! Y a todas horas, día tras +día, alza por miles de bocas nuestro pueblo esta plegaria a nuestro +Padre que está en los cielos: ¡venga a nos el tu reino! «¡Venga a nos +el tu reino!» y no «llévanos a tu reino»; es el reino de Dios el que +ha de bajar a la tierra, y no ir la tierra al reino de Dios, pues +este reino ha de ser reino de vivos y no de muertos. Y ese reino cuyo +advenimiento pedimos a diario, tenemos que crearlo, y no con oraciones +sólo; con lucha. + + Pudesse eu, d'alma libre e resoluta, + Olhos no fogo da manha nascente, + Erguer ainda os braços para a luta! + Não, como outr'ora, para a luta ardente + Da riqueza e grandeza, é vaidade... + Da fortuna, que é sombra que nos mente... + Seja a hora do prelio a eternidade! + E o globo estreito a arena, onde ñao cança + A batalha do Amor e da Verdade! + +¡Esta, la batalla del Amor y de la verdad! Y en tal pelea ha de ser el +pueblo todo un Don Quijote, un pastor Quijotiz más bien. + + Cavalleiro de Deos, ergue-te e avança! + Põe na bigorna os cravos de Jesus; + Bate-os cantando... E o ferro da tua lança! + Faz a hastea de lança d'una cruz; + Vae, cavalleiro de viseira erguida; + Dá lançadas magnánimas de luz!... + +¡Hay que pelear, sí, a lanzadas de luz! + +Encerrémonos, bien está, en la natal dehesa, pero a cobrar fama +pastoreando y cantando. Es un derivativo de la acción heroica; es otra +nueva empresa. Vayamos a manejar el cayado con mano movida por el +corazón mismo que nos hizo manejar la espada. Es el ejercicio pastoril +ahora gobierno, que «no consiste--dice el Maestro Fray Luis de León +en los NOMBRES DE CRISTO, libro I, cap. VI--en dar leyes, ni en poner +mandamientos, sino en apacentar y alimentar a los que gobierna». +¿Apacentarlos y alimentarlos con qué? Con amor y verdad. + +Pueblo moribundo se ha llamado a tu pueblo, Don Quijote mío, por los +que embriagados con el triunfo pasajero olvidan que la fortuna da más +vueltas que la tierra y que aquello mismo que nos hace menos aptos para +el tipo de civilización que hoy priva en el mundo, acaso eso mismo +nos haga más aptos para la civilización de mañana. El mundo da muchas +vueltas y la fortuna más. + +Hay que aspirar, de todos modos, a hacerse eternos y famosos, no sólo +en los presentes, sino en los venideros siglos; no puede subsistir como +pueblo aquel pueblo cuyos pastores, su conciencia, no se lo representen +con una misión histórica, con un ideal propio que realizar en la +tierra. Estos pastores han de aspirar a cobrar fama pastoreándolo y +cantando, y así, cobrando fama, llevarle a su destino. ¿Es que no hay +en la Conciencia eterna e infinita una eterna idea de tu pueblo, Don +Quijote mío? ¿Es que no hay una España celestial, de que esta España +terrena no es sino trasunto y reflejo en los pobres siglos de los +hombres? ¿Es que no hay un alma de España tan inmortal como el alma de +cada uno de sus hijos? + +Cruzando el mar en quebradizas cara velas fueron nuestros abuelos a +descubrir el Nuevo Mundo que dormía bajo estrellas antes desconocidas; +¿no hay algún nuevo mundo del espíritu cuyo descubrimiento nos reserve +Dios cuando osemos como los héroes de Camões lanzarnos a «mares d'antes +nunca navegados» en espirituales carabelas labradas con madera de los +bosques de nuestro pueblo? + +Dicen en mi tierra vasca que los abuelos de mis abuelos, los denodados +pescadores del golfo de mi Vizcaya, se iban tras de la ballena hasta +los bancos de Terranova siglos antes de que Colón llamara a las puertas +de la Rábida. Soberbiamente lo dice el escudo de Lequeitio: _Reges +debelavit, horrenda cete subiecit, terra marique potens, Lequeitio_. Y +para someter a horrendas ballenas fueron, dicen, los balleneros de mi +casta, hasta las entonces desconocidas costas de la remota América. Y +aun dicen más, y es que corre la leyenda de que fué un marino vasco, +por nombre Andialotza, es decir Gran Vergüenza, quien primero dió a +Colón noticias del Nuevo Mundo, por no atreverse, sin duda, el gran +vergonzoso a descubrirlo. Temía a la gloria. ¿Será esto profético? Y si +el buen Andialotza, mi paisano, pierde su ingénita vergüenza, ¿habrá +que esperar al Colón del Nuevo Espíritu de España? + +¿Hay una filosofía española? Sí; la de Don Quijote. Y conviene que +éste, nuestro Caballero de la Fe, el Caballero de nuestra Fe, deje en +el astillero su lanza y en la cuadra a Rocinante y cuelgue la espada, +y convertido en el pastor Quijotiz empuñe el cayado con mano firme, +y lleve consigo el caramillo, y a la sombra de las sombrosas encinas +de dulcísimo fruto, mientras pacen cabizbajas sus ovejas, cante +inspirado por Dulcinea, su visión del mundo y de la vida, para cobrar, +cantándola, eterno nombre y fama. Y no ya su visión, sino más bien +su encorazonamiento de ellos. Y para cobrar fama, pues se nos dió la +gloria como norte de la vida. + +El Nunalvares del poeta os dirá de la fama que + + Fama grande do mundo tão mezquino + Dando as trombetas com ardor, não vôa + Onde vôa cantando, un passarinho. + +Mas no os fiéis demasiado de tales voces de desaliento, pues sí, la +fama vuela, vuela más allá del mundo, y vuela aún más la canción del +amor y la verdad. + +Tal vez a los ecos de esa canción de amores del pastor Quijotiz caigan +vencidos los gigantes que fingen ser molinos, y se amansen los galeotes +y licencie Roque Guinart a sus huestes, y enmudezcan los canónigos y +los graves eclesiásticos, y reconozcan los cuadrilleros que las bacías +en manos del hidalgo milagrero son yelmos, y renuncien los Maese Pedros +a sus titereras, y se nos abran las entrañas de la cueva de Montesinos, +y se enderece todo entuerto y se deshaga todo agravio, y se adoncellen +las mozas del partido y venga a nosotros el reino de Dios realizándose +en la tierra aquel siglo de oro con cuya visión embobó y suspendió Don +Quijote el ánimo a los cabreros. + +Hay que dar «lanzadas magnánimas de luz», o mejor, hay que lanzar la +verdad al mundo, mientras se pastorea el ganado, al son de pastoril +caramillo, la santa palabra que ha de hacer el milagro. Hay que pedir a +Apolo versos, al amor conceptos. Sobre todo conceptos al amor. + +¿Hay una filosofía española, mi Don Quijote? Sí, la tuya, la filosofía +de Dulcinea, la de no morir, la de creer, la de crear la verdad. Y esta +filosofía ni se aprende en cátedras ni se expone por lógica inductiva +ni deductiva, ni surge de silogismos, ni de laboratorios, sino surge +del corazón. + +Pensabas, mi Don Quijote, en hacerte pastor Quijotiz y que te diera +el amor conceptos. Todos los conceptos de vida, todos los conceptos +eternos, manan del amor. Es Aldonza, mi pastor Quijotiz, es siempre +Aldonza la fuente de sabiduría. A través de ella, a través de tu +Aldonza, a través de la mujer, o es el Universo todo. + +¿No ves a este pueblo endiosando cada día más el ideal de la mujer, a +la mujer por excelencia, a la Virgen Madre? ¿No le ves rendido a ese +culto y hasta casi olvidando por él el culto al Hijo? ¿No ves que no +hace sino ensalzarla más y más alto, pujando por ponerla al lado del +Padre mismo, a su igual, en el seno de la Trinidad, que pasaría a ser +Cuaternidad si no es ya que la identificaran con el Espíritu como con +el Verbo se identificó al Hijo? ¿No la han declarado Corredentora? Y +esto ¿por qué es? + +La concepción de Dios que se nos ha venido trasmitiendo ha sido +una concepción no ya antropomórfica, sino andromórfica; nos lo +representamos no ya como a persona humana--_homo_--, sino como a +varón--_vir_--; Dios era y es en nuestras mentes masculino. Su modo +de juzgar y condenar a los hombres, modo de varón, no de persona +humana por encima de sexo; modo de Padre. Y para compensarlo hacía +falta la Madre, la Madre que perdona siempre, la Madre que abre +siempre los brazos al hijo cuando huye éste de la mano levantada o +del ceño fruncido del irritado Padre, la Madre en cuyo regazo se +busca como consuelo una oscura remembranza de aquella tibia paz de +la inconsciencia que dentro de él fué el alba que precedió a nuestro +nacimiento, y un dejo de aquella dulce leche que embalsamó nuestros +sueños de inocencia, la Madre que no conoce más justicia que el perdón +ni más ley que el amor. Las lágrimas maternales borran las tablas del +Decálogo. Nuestra pobre e imperfecta concepción de un Dios varón, de un +Dios con largas barbas y voz de trueno, de un Dios que impone preceptos +y pronuncia sentencias, de un Dios Amo de Casa, _Pater familias_ a la +romana, necesitaba compensarse y completarse, y como en el fondo no +podemos concebir al Dios personal y vivo no ya por encima de rasgos +humanos, mas ni aun por encima de rasgos varoniles y menos un Dios +neutro o hermafrodita, acudimos a darle un Dios femenino y junto al +Dios Padre hemos puesto a la Diosa Madre, a la que perdona siempre +porque como mira con amor ciego ve siempre el fondo de la culpa y en +ese fondo la justicia única del perdón, a la que siempre consuela, a la +Madre Dulcísima, a la Madre de Dios, a la Virgen Madre. Es la Virgen +Madre, es la Madre Purísima, la que no es sino madre, y siendo todo lo +que hace ser mujer a la mujer, queda limpia de todo el barro humano +para que en ella aliente é irradie tan sólo el soplo divino. + +Es la Virgen Madre; es la Madre de Dios. Es la Madre de Dios; es la +pobre Humanidad dolorida. Porque aunque compuesta de hombres y mujeres, +la Humanidad es mujer, es madre. Lo es cada sociedad; lo es cada +pueblo. Las muchedumbres son femeninas. Juntad a los hombres y tened +por cierto que es lo femenino de ellos, lo que tienen de sus madres, lo +que los junta. La pobre Humanidad dolorida es la Madre de Dios, pues +en ella, en su seno, es donde se manifiesta, donde encarna la eterna +e infinita Conciencia del Universo. Y la Humanidad es pura, purísima, +limpia de toda mancha, aunque nazcamos manchados cada uno de los +hombres y mujeres. ¡Dios te salve, Humanidad; llena eres de gracia! + +Mira, mi pastor Quijotiz, cómo se va a la Humanidad desde Aldonza, +la recatada doncella del Toboso; mira cómo da el amor conceptos. +Y mira si al son de tu pastoril caramillo puede hacerse amorosa +filosofía española, aunque graznen para ahogar sus melódicos sones +los grandísimos cuervos y grajos que anidan en la boca de la cueva de +Montesinos. + +Si Don Quijote volviera al mundo sería pastor Quijotiz, no ya caballero +andante de espada; sería pastor de almas, empuñando en vez del cayado +la pluma, o dirigiendo su encendida palabra a los cabreros todos. Y +¡quién sabe si no ha resucitado...! + +Si Don Quijote volviera al mundo sería pastor, o lo será cuando vuelva; +pastor de pueblos. Y buscará que le dé el amor conceptos, y en hacer +vivir y triunfar éstos pondrá todo el denuedo y la bravura toda que +puso antes en acometer molinos y libertar galeotes. Y buena falta +nos está haciendo, porque es cobardía de pensar lo que nos tiene tan +abatidos. Es cobardía de afrontar los eternos problemas; es cobardía de +escarbar en el corazón; es cobardía de hurgar las inquietudes íntimas +de las entrañas eternas. Esa cobardía lleva a muchos a la erudición, +adormidera de desasosiegos del espíritu u ocupación de la pereza +espiritual; algo así como el juego del ajedrez. + +«No quiero meterme a estudiar patología--me decía un cobarde--ni aun +quiero saber hacia dónde me cae el hígado ni para qué sirve, pues +si me pongo a ello, llego a creer que padezco de la enfermedad cuya +descripción acabo de leer. Ahí está el médico, cuyo oficio es curarme y +para lo cual le pago; descargo en él mi responsabilidad, y si me mata, +allá por su cuenta; moriré, al menos, sin aprensiones ni cuidados. Y lo +mismo tengo al cura. No quiero meterme a pensar en mi origen ni en mi +destino, de dónde vengo y adónde voy, y si hay o no Dios y cómo sea, y +si hay o no otra vida y en qué consista; eso no sirve mas que para dar +quebraderos de cabeza y robarme el tiempo y la energía que necesito +para ganar el pan de mis hijos. Ahí está el cura, y pues tal es su +oficio, averigüe él lo que haya, dígame misa y absuélvame cuando al ir +a morirme confiese mis pecados. Y si se engaña y me engaña, allá él por +su cuenta. Él responderá de sí; para mí en el creer no hay engaño». + +¡Qué falta nos estás haciendo, pastor Quijotiz, para arremeter con tus +conceptos dictados por el amor a lanzadas magnánimas de luz, contra +esta mentira apestosa y libertar a los pobres galeotes del espíritu! +Aunque luego te apedreen, que te apedrearán, de seguro, si les rompes +las cadenas de la cobardía que les tienen presos; te apedrearán. + +Te apedrearán. Los galeotes espirituales apedrean al que les rompe las +cadenas que les agarrotan. Y precisamente por esto, porque ha de ser +uno apedreado por ellos, es por lo que hay que libertarlos. El primer +uso que de su libertad hacen es apedrear al libertador. + +El más acendrado beneficio es el que se hace al que no nos lo reconoce +por tal; la mayor caridad que puedes rendir a tu prójimo no es +aplacarle deseos ni remediarle necesidades, sino encenderle aquéllos y +crearle éstas. Libértale, y luego que te apedree por haberle libertado +y ejercite así sus brazos libres, empezará a desear la libertad. + +Te apedrearán porque se verán perdidos. Y dirán: ¿libertad?, bien, +¿y qué hago yo con esto? Un galeote, amigo mío, a quien me dedicaba +yo a limarle las cadenas espirituales y sembrar inquietudes y dudas +en su alma, me dijo un día: «mira, déjame en paz y no me molestes; +así vivo bien ¿para qué tribulaciones y congojas? Si yo no creyera +en el infierno sería un criminal». Y le contesté: «no, seguirías +siendo como eres y haciendo lo que haces y no haciendo lo que hoy no +haces, y si así no fuera y dieses en criminal entonces, es que lo eres +también ahora». Y me replicó: «necesito una razón para ser bueno; un +fundamento objetivo sobre que basar mi conducta; necesito saber por +qué es malo lo que a mi conciencia repugna». Y le contrarrepliqué: +«lo es porque repugna a tu conciencia, en la que vive Dios». Y volvió +a replicarme: «no quiero encontrarme en medio del Océano, como un +náufrago, ahogándome, perdido y sin tener una tabla a que agarrarme». +Y volví a contrarreplicarle: «¿tabla? La tabla soy yo mismo; no la +necesito, porque floto en ese Océano de que hablas, y que no es sino +Dios. El hombre flota en Dios sin necesidad de tabla alguna, y lo único +que yo deseo es quitarte la tabla, dejarte solo, infundirte aliento y +que sientas que flotas. ¿Fundamento objetivo, dices? ¿Y qué es eso? +¿Quieres más objeto de ti que tú mismo? Hay que echar a los hombres en +medio del Océano y quitarles toda tabla, y que aprendan a ser hombres, +a flotar. Tienes tan poca confianza en Dios, que estando en Él, en +quien vivimos, nos movemos y somos (Hechos, XVII, 28), ¿necesitas tabla +a que agarrarte? Él te sostendrá, sin tabla. Y si te hundes en Él ¿qué +importa? Esas congojas y tribulaciones y dudas que tanto temes son el +principio del ahogo, son las aguas vivas y eternas que te echan el aire +de la tranquilidad aparencial en que estás muriendo hora tras hora; +déjate ahogar, déjate ir al fondo y perder sentido y quedar como una +esponja, que luego volverás a la sobrehaz de las aguas donde te veas +y te toques y te sientas dentro del Océano». «Sí, muerto»--me dijo. +«No, resucitado y más vivo que nunca»--le dije. Y el pobrecito de mi +amigo el galeote se me escapó lleno de miedo de sí mismo. Y luego me ha +apedreado, y al sentir sus pedradas sobre el yelmo de Mambrino con que +me cubro la cabeza, he dicho en mi corazón: ¡Gracias, Dios mío, porque +has hecho que no cayeran mis palabras en el espíritu de mi amigo como +en pelada roca, sino que prendieran en él! + +¡Si les oyeses, mi pastor Quijotiz, hablar de su fe y de sus creencias +a los galeotes del espíritu!... ¡Si oyeras, mi buen pastor, hablar de +ello a sus pastores!... Uno de estos pastores he conocido para quien +la virtud de los silbos con que llamaba a sus ovejas, la verdad de la +doctrina en que les adoctrinaba y sin acatar la cual les negaba salud +eterna, estribaba ¡figúrate, en que era castiza, en que era la más +española! Para él la herejía no era sino una traición a la patria. Y +conozco un perro de pastor, un ladrador de nuestras glorias patrias +y guardián de nuestras tradiciones, para quien la religión no es mas +que un género literario, tal vez una rama de las humanidades y a lo +sumo una de las bellas artes. Contra estos miserables haces falta, mi +pastor Quijotiz, para limpiar con tus cantos toda esa asquerosa cotena +del espíritu e infundirnos a todos valor para que nos hundamos en la +cueva de Montesinos y miremos allí cara a cara las visiones que se nos +presenten. + +Se comprende bien que los jesuitas, remachadores de cadenas de +galeotes, te guarden ojeriza, mi Don Quijote, y quemen con algazara el +libro de tu historia, según nos asegura que alguna vez lo han hecho, +uno que rompió las cadenas de la Orden, el ex jesuita autor de UN +BARRIDO HACIA FUERA EN LA COMPAÑÍA DE JESÚS. + +¡Ven, pastor Quijotiz, a pastorearnos y cantar los conceptos que el +amor te inspire! + + + + + CAPÍTULO LXVIII + + De la cerdosa aventura que le aconteció a Don Quijote. + + +Y a poco de haber hecho Don Quijote esos propósitos de pastoreo, llegó +una piara de más de seiscientos puercos, y pasaron sobre él. Por pena +de su pecado tuvo aquella afrenta el Caballero, mas no le acongojó +tanto que no le dejase componer aquel madrigalete en que decía, entre +otras cosas, lo de: + + _Así el vivir me mata + Que la muerte me torna a dar la vida. + ¡Oh condición no oída + La que conmigo muerte y vida trata!_ + +¡Maravillosa sentencia en que se declara lo más íntimo del espíritu +quijotesco! Y ved cómo cuando Don Quijote llegó a expresar lo más +recóndito, lo más profundo, lo más entrañable de su locura de gloria, +lo hizo en verso, y después de vencido y después de pisoteado por piara +de cerdos. El verso es, sin duda, el lenguaje natural de lo profundo +del espíritu; en verso compendiaron San Juan de la Cruz y Santa Teresa +lo más íntimo de sus sentires. Y así Don Quijote fué en verso como +llegó a descubrir los abismos de su locura, que el vivir le mataba +y la muerte tornaría a darle vida, que su anhelo era anhelo de vida +inacabable y eterna, de vida en la muerte, de perdurable vida. + + _Así el vivir me mata + Que la muerte me torna a dar la vida._ + +Sí, Don Quijote mío, la muerte tornó a darte vida y vida imperecedera. +El vivir nos mata. Ya lo dijo tu hermana Teresa de Jesús, cuando cantó: + + Sácame de aquesta muerte + Mi Dios y dame la vida; + No me tengas impedida + En este lazo tan fuerte; + Miro que muero por verte + Y vivir sin Ti no puedo, + Que muero porque no muero. + + + + + CAPÍTULO LXIX + + Del más raro y más nuevo suceso que en todo el discurso desta grande + historia avino a Don Quijote. + + +Cantando el madrigalete Don Quijote y durmiendo la vida Sancho, les +llegó el nuevo día, y al declinar de la tarde de éste la última burla +de los Duques. Y fué que les rodearon hasta diez hombres de a caballo +y cuatro o cinco de a pie y entre denuestos e improperios los llevaron +al castillo de los Duques. Y allí se encontraron sobre un túmulo, +con el cuerpo muerto de Altisidora, para resucitar a la cual mandó +Radamante que sellaran el rostro de Sancho con veinticuatro mamonas y +doce pellizcos, y seis alfilerazos en brazos y lomos. Y a pesar de su +resistencia hiciéronle así seis dueñas y resucitó Altisidora. Y viendo +Don Quijote la virtud que el cielo puso en el cuerpo de Sancho, pidióle +de rodillas el que entonces, teniendo sazonada semejante virtud, se +diera algunos azotes para desencantar a Dulcinea. + +Y lo cierto es, a pesar de las torpes burlas de los Duques, que el +cuerpo de Sancho tiene virtud para desencantar y resucitar doncellas. +Del cuerpo de Sancho se alimentan los Duques y sus lacayos y sus +doncellas; del cuerpo de Sancho, en última instancia, procede el que +Dulcinea pueda llevar a sus favoritos al templo de la eternidad de la +fama. Sancho se azota con el trabajo para que puedan otros, libres de +él, enamorar a Dulcinea; los azotes de Sancho hacen al héroe héroe y a +su cantor cantor celebrado, y al santo santo y al poderoso poderoso. + +Aquí dice el historiador una verdad como un templo, cual es _que tiene +para sí ser tan locos los burladores como los burlados, y que no +estaban los Duques a dos dedos de parecer tontos, pues tanto ahinco +ponían en burlarse de dos tontos_... Alto aquí, que ni a Don Quijote +ni a Sancho puede llamárseles tontos y sí a los Duques, que lo eran y +de remate y capirote, y tontos, como todos los tontos suelen serlo, +maliciosos y bellacos. No hay, en efecto, tonto bueno; el tonto, y más +si es amigo de burlas, rumia el pasto amargo de la envidia. En el fondo +no perdonaban los Duques a Don Quijote el renombre por éste adquirido y +aspiraban a unir su nombre al nombre inmortal del Caballero. Pero bien +los castigó el sabio historiador pasando en silencio sus nombres, con +lo cual no lograron su propósito. En _los Duques_ a secas se quedarán, +y como cifra y compendio de Duques sandios y mal intencionados. + +Poco después de la resurrección de Altisidora, entró esta +desenvueltísima doncella en el aposento de Don Quijote, y en la plática +que allí tuvieron dijo el Caballero aquellas memorables palabras de _no +hay otro yo en el mundo_, sentencia hermana melliza de aquella otra de: +_¡yo sé quién soy!_ + +¡No hay otro yo en el mundo! He aquí una sentencia que deberíamos +no olvidar nunca, y sobre todo cuando al acongojarnos por tener que +desaparecer un día, nos vengan con la ridícula monserga de que somos +un átomo en el Universo y que sin nosotros siguen los astros su curso +y que el Bien ha de realizarse hasta sin nuestro concurso y que es +soberbia imaginar que toda esta inmensa fábrica se hizo para nuestra +salud. ¡No hay otro yo en el mundo! Cada uno de nosotros es único e +insustituíble. + +¡No hay otro yo en el mundo! Cada cual de nosotros es absoluto. Si hay +un Dios que ha hecho y conserva el mundo, lo ha hecho y lo conserva +para mí! ¡No hay otro yo! Los habrá mayores y menores, mejores y +peores, pero no otro yo. Yo soy algo enteramente nuevo; en mí se resume +una eternidad de pasado y de mí arranca una eternidad de porvenir. ¡No +hay otro yo! Esta es la única base sólida del amor entre los hombres, +porque tampoco hay otro tú que tú, ni otro él que él. + +Prosiguió la plática y en ella mostró la liviana Altisidora que aun +en burlas y todo, le dolía el desvío de Don Quijote. Imposible es que +una doncella finja en chanzas enamorarse y no lleve a mal el que no se +la corresponda en veras. Y fué tal su irritación por no haber logrado +esto, que llamando a Don Quijote _don vencido y don molido a palos_, le +declaró que lo de la resurrección había sido una burla. + +Este rasgo debía bastar para convencernos de cuán real y verdadera es +la historia que estoy explicando y comentando, porque esto de acabar +por tomar en veras las burlas la desdeñada doncella, es de las cosas +que no se inventan ni pueden inventarse. Y tengo para mí que si Don +Quijote flaquea y cede y la requiere, se le entrega ella en cuerpo y +alma, aunque sólo fuera para poder decir luego que fué poseída por un +loco cuya fama llenaba el mundo entero. Todo el mal de aquella doncella +nacía de ociosidad, según declaró a los Duques el mismo Don Quijote. +Sin duda, pero falta saber de qué género de ociosidad nacía su mal. + + + + + CAPÍTULO LXXI + + De lo que a Don Quijote le sucedió con su escudero Sancho yendo a su + aldea. + + +Salieron amo y escudero de casa de los Duques y reanudaron camino de +su aldea. Y yendo de camino ofreció Don Quijote a Sancho pagarle los +azotes, _a cuyos ofrecimientos abrió Sancho los ojos y las orejas de un +palmo, y dió consentimiento en su corazón a azotarse de buena gana_, +pues el amor de sus hijos y de su mujer le hacía mostrarse interesado, +según declaró él mismo. Estimólos Sancho en ochocientos veinticinco +reales, y Don Quijote exclamó: _¡Oh Sancho bendito! ¡oh Sancho amable! +y cuán obligados hemos de quedar Dulcinea y yo a servirte todos los +días que el cielo nos diere de vida!_ Y llegada la noche se retiró +Sancho entre unos árboles y _haciendo del cabestro y de la jáquima del +rucio un poderoso y flexible azote_, desnudóse de medio cuerpo arriba, +_comenzó a darse y comenzó Don Quijote a contar los azotes_. A los +seis u ocho pidió Sancho aumento de precio y se lo dobló su amo, _pero +el socarrón dejó de dárselos en las espaldas, y daba en los árboles, +on unos suspiros de cuando en cuando, que parecía que con cada uno de +ellos se le arrancaba el alma_. + +Mira, Sancho, esto que a cuenta de tus azotes pasó entre tu amo y tú, +es un perfecto símbolo de lo que en tu vida pasa. Ya te dije que de +tus azotes vivimos todos, incluso los que filosofamos sobre ellos o +los ponemos en coplas. Tiempo hay en que se te quiere obligar por la +fuerza a que te azotes, y se te esclaviza, pero llega día en que haces +lo que hiciste con tu amo y señor natural Don Quijote, y es desmandarte +contra quien te quiere forzar a que te azotes y poner tu rodilla sobre +su pecho y exclamar: _¡mi amo soy yo!_ Y entonces se cambia de táctica +y se te ofrece pagarte los azotes, lo cual es un nuevo engaño, pues +que de ellos sale también la paga que por ellos te dan. Y tú, pobre +Sancho, movido del amor a tus hijos y a tu mujer, accedes y te dispones +a azotarte. Pero ¿cómo has de hacerlo con voluntad y de veras, si no +estás persuadido del valer de tus azotes? Das seis u ocho en tu cuerpo +y los tres mil doscientos noventa y dos restantes en los árboles y lo +más de tu trabajo se pierde. Lo más del trabajo humano se pierde, y +es natural que así sea, porque ¿con qué devoción va a pulir joyas un +infeliz que las pule para ganarse el pan mas sin estar persuadido del +valor social de las tales joyas? ¿con qué ahinco hará juguetes para los +hijos de los ricos el que haciéndolos saca el pan para los suyos, que +no tienen con qué jugar? + +Trabajo de Sísifo es lo más del trabajo humano y el pueblo no tiene +conciencia de que es sólo un pretexto para que le den jornal, y no como +cosa suya, sino como algo ajeno que le hacen la merced de dejárselo +ganar. El toque está en que reciba Sancho su salario como cosa que no +le pertenece sino en virtud de los azotes que se hubiera dado y porque +le han hecho la merced de proporcionarle azotina, y para sostener y +perpetuar la mentira del derecho de propiedad y del acaparamiento de la +tierra por los poderosos, se inventan azotes, por absurdos que ellos +sean. Y así se azota Sancho con el mismo empeño con que desenchinarran +calles esos desgraciados a los que en los meses de invierno, cuando +escasean azotes, les mandan los Municipios a desenchinarrar calles para +volverlas a enchinarrar y con ello justificar la limosna vergonzante +que se les reparte. + +Tela de Penélope y tonel de las Danaides es lo más de tu azotina, +Sancho; el caso es que te cueste ganarte el pan y que tengas que +agradecérselo a los que te proporcionan azotes, y que reconozcas que +te pagan de lo suyo y no pongas tu pie en sus hanegas de sembradura +como en su pecho pusiste la rodilla. Haces, pues, muy bien en desollar +los árboles a jaquimazos, pues lo mismo te han de pagar, ya que te +pagan no porque te azotes, sino por que no te rebeles. Haces muy bien, +pero harías mejor si volvieras la jáquima alguna vez contra tus amos y +los azotaras a ellos y no a los árboles y los echaras a azotes de sus +hanegas de sembradura, o que las aren y siembren ellos contigo y como +cosa de los dos. + + + + + CAPÍTULOS LXXII Y LXXIII + + De cómo Don Quijote y Sancho llegaron a su aldea. + + +Prosiguiendo su camino, se encontraron en el mesón con D. Álvaro Tarfe; +a los dos días acabó con sus azotes Sancho y a poco divisaron la aldea. +Entraron en ella y en sus casas. Y al declarar Don Quijote al cura y al +bachiller su propósito de que se hicieran pastores, descubrió Carrasco +su mal, la locura pegada por Don Quijote y que le llevó a vencer a +éste, al decir lo de _como ya todo el mundo sabe, yo soy celebérrimo +poeta_. ¿No os dije que el bachiller estaba tocado de la misma locura +del hidalgo? ¿No había acaso soñado entre las doradas piedras de +Salamanca, sueño de no morir? + +Acudió el ama al oir lo de los pastores a aconsejar a su amo y le dijo: +_estése en su casa, atienda a su hacienda, confiese a menudo, favorezca +a los pobres y sobre mi ánima si mal le fuere_. + +Esta buena ama habla poco, pero cuando rompe a hablar se vacía en pocas +palabras. ¡Y qué bien discurre! ¡con cuánto seso! Lo que aconsejó a su +amo es lo que nos aconsejan los que dicen querernos bien. + +¡Querernos bien!... ¡querernos bien!... ¡Ay cariño, cariño, y qué miedo +te tengo! Así que oigo a un amigo lo de «yo te quiero bien» o «haga +caso de los que bien le queremos» me echo a temblar. Los que me quieren +bien... ¿y quiénes me quieren bien? Los que quieren que sea como ellos +quieren para quererme. ¡Ay Cariño, cariño, terrible cariño que nos +lleva a buscar en el querido el que de él hicimos! ¿Quién me quiere +como soy? Tú, Tú sólo, Dios mío, que queriéndome me creas de continuo, +pues es mi existencia misma obra de tu eterno amor. + +_Estése en su casa_... ¿Y por qué he de estarme en casa? Estése cada +uno en la suya y no habrá Dios que esté en la de todos. + +_Atienda a su hacienda_... ¿Y cuál es mi hacienda? Mi hacienda es mi +gloria. + +_Confiese a menudo_... Mi vida y mi obra son una confesión perpetua. +Desgraciado del hombre que tiene que recogerse a tiempos y lugares para +confesarse. Eso de la confesión de que habla el ama de Don Quijote ¿no +nos educa acaso a ser reservados y chismosos a la vez? + +_Favorezca a los pobres_... Sí, pero a los verdaderos pobres, a los +pobres de espíritu y no con el favor que ellos piden, sino con el que +necesitan. + +Mira, lector, aunque no te conozco te quiero tanto que si pudiese +tenerte en mis manos te abriría el pecho y en el cogollo del corazón te +rasgaría una llaga y te pondría allí vinagre y sal para que no pudieses +descansar nunca y vivieras en perpetua zozobra y en anhelo inacabable. +Si no he logrado desasosegarte con mi Quijote es, créemelo bien, por mi +torpeza y porque este muerto papel en que escribo ni grita, ni chilla, +ni suspira, ni llora, porque no se hizo el lenguaje para qué tú y yo +nos entendiéramos. + +Y ahora vamos a asistir a bien morir a Don Quijote. + + + + + CAPÍTULO LXXIV + +De cómo Don Quijote cayó malo, y del testamento que hizo, y su muerte. + + + Dió el alma a quien se la dió, + El Cual la ponga en el cielo + y en su gloria, + y aunque la vida murió, + nos dejó harto consuelo + su memoria. + + (Final de las coplas que Jorge Manrique + compuso a la muerte de su padre D. Rodrigo + Manrique, gran maestre de Santiago.) + + +Llegamos al cabo, oh lector, al remate de esta lastimosa historia; a +la coronación de la vida de Don Quijote, o sea a su muerte. Pues toda +vida se corona y completa en muerte y a la luz de la muerte es como hay +que mirar la vida. Y tan es así, que aquella antigua máxima que dice +«cual fué la vida tal será la muerte»--_sicut vita finis ita_--habrá +que cambiarla diciendo «cual es la muerte, tal fué la vida». Una muerte +buena y gloriosa abona y glorifica la vida toda, por mala e infame +que ésta hubiese sido, y una muerte mala malea la vida al parecer más +buena. En la muerte se revela el misterio de la vida, su secreto fondo. +En la muerte de Don Quijote se reveló el misterio de su vida quijotesca. + +Seis días estuvo encamado con calentura, desahucióle el médico, +quedóse solo y durmió más de seis horas de un tirón. _Despertó al +cabo del tiempo dicho, y dando una gran voz dijo: Bendito sea el +poderoso Dios que tanto bien me ha hecho. En fin, sus misericordias +no tienen límite, ni las abrevian ni impiden los pecados de los +hombres._ ¡Piadosísimas palabras! Preguntóle la sobrina qué le pasaba +y respondió: _Las misericordias, sobrina, son las que en este instante +ha usado Dios conmigo, a quien, como dije, no las impiden mis pecados. +Yo tengo juicio ya libre y claro, sin las sombras caliginosas de la +ignorancia, que sobre él me pusieron mi amarga y continua leyenda de +los detestables libros de caballerías. Yo conozco sus disparates y sus +embelecos, y no me pesa sino que este desengaño ha llegado tan tarde, +que no me deja tiempo para hacer alguna recompensa, leyendo otros que +sean luz del alma. Yo me siento, sobrina, a punto de muerte; quería +hacerla de tal modo que diese a entender que no había sido mi vida tan +mala que dejase renombre de loco: que puesto que lo he sido, no querría +confirmar esta verdad en mi muerte._ + +¡Pobre Don Quijote! A lindero de morir y a la luz de la muerte confiesa +y declara que no fué su vida sino sueño de locura. ¡La vida es sueño! +Tal es, en resolución última, la verdad a que con su muerte llega Don +Quijote y en ella se encuentra con su hermano Segismundo. + +Mas todavía lamenta no poder leer otros libros, que sean luz del alma. +¿Libros? ¿Pero es, noble hidalgo, que no estás desengañado ya de +ellos? Libros te metieron a caballero andante, libros te llevaban a +ser pastor; ¿y si esos libros que sean luz del alma te meten en otras, +aunque nuevas caballerías? ¿Será cosa de recordar aquí, una vez más, +a Íñigo de Loyola en cama, herido, en Pamplona, pidiendo le llevasen +libros de caballerías para matar con ellos el tiempo y dándole la vida +de Cristo Nuestro Señor y el FLOS SANCTORUM, los que le empujaron a +meterse a ser caballero andante a lo divino? + +Llamó Don Quijote a sus buenos amigos el cura, el bachiller Sansón +Carrasco y a Maese Nicolás el barbero, y pidió confesarse y hacer +testamento. Y apenas vió entrar a los tres les dijo: _dadme albricias, +buenos señores, de que ya yo no soy Don Quijote de la Mancha, sino +Alonso Quijano, a quien mis costumbres me dieron renombre de bueno_. +Pocos días hace que hablando con D. Álvaro de Tarfe y al llamarle éste +bueno, le dijo: _yo no sé si soy bueno, pero sé decir que no soy el +malo_, tal vez recordando aquello del Evangelio: «¿por qué me llamas +bueno? Ninguno es bueno sino uno: Dios» (Mat., XIX, 17) y ahora a pique +de morir y por la luz de la muerte alumbrado, dice que sus costumbres +le dieron _renombre de bueno_. ¡Renombre! ¡renombre! y ¡cuán dura +de arrancar es, Don Quijote mío, la raíz de la locura de tu vida! +¡Renombre de bueno! ¡renombre! + +Siguió disertando piadosamente, abominó de Amadís de Gaula y _de toda +la infinita caterva de su linaje_, y al oirle creyeron los tres _que +alguna nueva locura le había tomado_. Y así era en verdad, que le tomó +la última locura, la no curadera, la de la muerte. La vida es sueño, de +cierto, pero dinos, desventurado Don Quijote, tú que despertaste del +sueño de tu locura para morir abominando de ella, dinos, ¿no es sueño +también la muerte? ¡Ah, y si fuera sueño eterno y sueño sin ensueños ni +despertar, entonces, querido Caballero, en qué más valía la cordura de +tu muerte que la locura de tu vida? Si es la muerte sueño, Don Quijote +mío, ¿por qué han de ser molinos los gigantes, carneros los ejércitos, +zafia labradora Dulcinea y burladores los hombres? Si es la muerte +sueño, locura y sólo honda locura fué tu anhelo de inmortalidad. + +Y si fué sueño y vanidad tu locura ¿qué sino sueño y vanidad es todo +heroísmo humano, todo esfuerzo en pro del bien del prójimo, toda +ayuda a los menesterosos y toda guerra a los opresores? Si fué sueño +y vanidad tu locura de no morir, entonces sólo tienen razón en el +mundo los bachilleres Carrascos, los Duques, los Don Antonio Moreno, +cuantos burladores, en fin, hacen del valor y de la bondad pasatiempo y +regocijo de sus ocios. Si fué sueño y vanidad tu ansia de vida eterna, +toda la verdad se encierra en aquellos versos de la Odisea: + + τὸν δὲ ζεοὶ μὲν τεῦξαν, ἐπεxλώσαντο δ'δλεζρον + ἀνζρώποις ΐνα ᾖσι xαὶ ἐσσομένοισιν ἀοιδή + + (VIII, 579-580) + +«Los dioses traman y cumplen la perdición de los mortales para que los +venideros tengan algo que cantar». Y entonces sí que podemos decir +con Segismundo, tu hermano, que «el delito mayor del hombre es haber +nacido». Más nos valiera, si eso así fuese, no haber visto la luz del +sol ni haber recogido en nuestro pecho el aire de la vida. + +¿Qué te arrastró, Don Quijote mío, a tu locura de renombre y fama y +a tu ansia de sobrevivir con gloria en los recuerdos de los hombres, +sino tu ansia de no morir, tu anhelo de inmortalidad, esa herencia que +heredamos de nuestros padres, «que tenemos un apetito de divinidad y +una locura y frenesí de querer ser más de lo que somos», para servirme +de palabras del Padre Alonso Rodríguez, tu contemporáneo (EJERCICIO +DE PERFECCIÓN Y VIRTUDES CRISTIANAS, tratado octavo, cap. XV)? ¿Qué +es sino el espanto de tener que llegar a ser nada lo que nos empuja a +querer serlo todo, como único remedio para no caer en ese tan pavoroso +de anonadarnos? + +Pero allí estaba Sancho, en la cumbre de su fe, a que llegó después de +tantos tumbos, arredros y tropiezos, y Sancho al oirle tan desengañado, +le dijo: _¿ahora, señor Don Quijote, que tenemos nueva que está +desencantada la señora Dulcinea, sale vuesa merced con eso; y ahora +que estamos tan a pique de ser pastores para pasar la vida cantando +como unos príncipes, quiere vuesa merced hacerse ermitaño? Calle por su +vida, vuelva en sí, y déjese de cuentos_. ¡Notables palabras! _¡Vuelva +en si! ¡Vuelva en sí y déjese de cuentos!_ Mas ¡ay! amigo Sancho, que +tu amo no puede ya volver en sí, sino que ha de volver al seno de la +tierra todoparidora, que a todos nos da a luz y a todos nos recoge en +sombras. ¡Pobre Sancho, que te quedas solo con tu fe, con la fe que dió +tu amo! + +¡Déjese de cuentos! _Los de hasta aquí--replicó Don Quijote--que han +sido verdaderos en mi daño, los ha de volver mi muerte, con ayuda +del cielo, en mi provecho._ Sí, Don Quijote mío, esos cuentos son tu +provecho. Tu muerte fué aún más heroica que tu vida, porque al llegar +a ella cumpliste la más grande renuncia, la renuncia de tu gloria, la +renuncia de tu obra. Fué tu muerte encumbrado sacrificio. En la cumbre +de tu pasión, cargado de burlas, renuncias no a ti mismo, sino a algo +más grande que tú: a tu obra. Y la gloria te acoja para siempre. + +_Hizo salir la gente el cura, y quedóse solo con él y confesóle. Y +acabóse la confesión y salió el cura diciendo: verdaderamente se muere +y verdaderamente está cuerdo Alonso Quijano el Bueno; bien podemos +entrar para que haga su testamento._ Rompieron a llorar Sancho, el ama +y la sobrina, porque en verdad _en tanto que Don Quijote fué Alonso +Quijano el Bueno a secas, y en tanto que fué Don Quijote de la Mancha, +fué siempre de apacible condición y de agradable trato, y por esto +no sólo era bien querido de los de su casa, sino de todos cuantos le +conocían_. Fué siempre bueno, bueno sobre todo y ante todo, bueno con +bondad nativa, y esta bondad que sirvió de cimiento a la cordura de +Alonso Quijano y a su muerte ejemplar, esta misma bondad sirvió de +cimiento a la locura de Don Quijote y a su ejemplarísima vida. La raíz +de tu locura de inmortalidad, la raíz de tu anhelo de vivir en los +inacabables siglos, la raíz de tu ansia de no morir, fué tu bondad, +Don Quijote mío. El bueno no se resigna a disiparse, porque siente que +su bondad hace parte de Dios, del Dios que es Dios no de los muertos, +sino de los vivos, pues para él viven todos. La bondad no teme ni al +infinito ni a lo eterno; la bondad reconoce que sólo en alma humana se +perfecciona y acaba; la bondad sabe que es una mentira la realización +del Bien en el proceso de la especie. El toque está en ser bueno, sea +cual fuere el sueño de la vida. Ya lo dijo Segismundo (jornada II, +escena IV), + + que estoy soñando y que quiero + obrar bien, pues no se pierde + el hacer bien aun en sueños. + +Y si la bondad nos eterniza ¿qué mayor cordura que morirse? +_Verdaderamente se muere y verdaderamente está cuerdo Alonso Quijano el +Bueno_; muere a la locura de la vida, despierta de su sueño. + +Hizo Don Quijote su testamento y en él la mención de Sancho que éste +se merecía, pues si loco fué su amo parte a darle el gobierno de la +ínsula, _pudiera estando cuerdo darle el de un reino, se le diera, +porque la sencillez de su condición y fidelidad de su trato lo merece_. +Y volviéndose a Sancho, quiso quebrantarle la fe y persuadirle de que +no había habido caballeros andantes en el mundo, a lo cual Sancho, +henchido de fe y loco de remate cuando su amo se moría cuerdo, +respondió llorando: _Ay, no se muera vuesa merced, señor mío, sino tome +mi consejo y viva muchos años, porque la mayor locura que puede hacer +un hombre en esta vida es dejarse morir sin más ni más_. ¿La mayor +locura, Sancho? + + “Y consiento en mi morir + con voluntad placentera + clara y pura; + que querer hombre vivir + cuando Dios quiere que muera, + es locura” + +pudo contestarte tu amo, con palabras del Maestre D. Rodrigo Manrique, +tales cuales en su boca las pone su hijo D. Jorge, el de las coplas +inmortales. + +Y dicho lo de la locura de dejarse morir, volvió Sancho a las andadas, +hablando a Don Quijote del desencanto de Dulcinea y de los libros de +caballerías. ¡Oh heroico Sancho, y cuán pocos advierten el que ganaste +la cumbre de la locura cuando tu amo se despeñaba en el abismo de +la sensatez, y que sobre su lecho de muerte irradiaba tu fe, tu fe, +Sancho, la fe de ti que ni has muerto ni morirás! Don Quijote perdió +su fe y murióse, tú la cobraste y vives; era preciso que él muriera en +desengaño, para que en engaño vivificante vivas tú. + +¡Oh Sancho, y cuán melancólico es tu recuerdo de Dulcinea ahora en +que tu amo se prepara al trance de la muerte! Ya no es Don Quijote, +sino Alonso Quijano el Bueno, el tímido hidalgo que se pasó doce años +queriendo como a la lumbre de sus ojos, de esos ojos que en breve ha de +comerse la tierra, a Aldonza Lorenzo, la hija de Lorenzo Corchuelo y de +Aldonza Nogales, la del Toboso. Al recordarle, Sancho, en su lecho de +muerte a su dama, le recuerdas a la garrida moza a la que sólo gozó, a +hurtadillas, con los ojos cuatro veces en doce largos años de soledad y +de recato. La vería el hidalgo ahora casada ya, rodeada de sus hijos, +gloriándose en su marido, haciendo fructificar la vida en el Toboso. +Y entonces, en su lecho de muerte de soltero, pensó acaso que pudo +haberla llevado a él y haber bebido de ella en él la vida. Y habría +muerto sin gloria, sin que Dulcinea le llamase desde el cielo de la +locura, pero sintiendo sobre sus labios fríos los ardientes labios de +Aldonza, y rodeado de sus hijos en quienes perviviría. ¡Tenerla allí, +en el lecho en que morías, buen hidalgo, y en que se habrían confundido +antes veces en una sola vuestras sendas vidas; tenerla allí, cogida de +su mano tu mano y dándote así con la suya un calor que de la tuya se +escapaba, y ver llegar la luz encegadora del último misterio, luz de +tinieblas, en sus ojos llorosos y despavoridos, fijos en los cuales +pasarían a la eterna visión los tuyos! Te morías sin haber gozado del +amor, del único amor que a la muerte vence. Y entonces, al oir a Sancho +hablar de Dulcinea, debiste de repasar en tu corazón aquellos doce +largos años de la tortura de vergonzosidad invencible. Fué tu último +combate, mi Don Quijote, del que ninguno de los que te rodeaban en tu +lecho de muerte se dió cata. + +Acudió el bachiller en ayuda de Sancho, y al oirlo dijo Don Quijote +con mortal sosiego: _Señores, vámonos poco a poco, pues ya en los +nidos de antaño no hay pájaros ogaño: yo fuí loco y ya soy cuerdo; fuí +Don Quijote de la Mancha, y soy ahora, como he dicho, Alonso Quijano +el Bueno: pueda con vuesas mercedes mi arrepentimiento y mi verdad +volverme a la estimación que de mí se tenía._ Sanaste, Caballero, +para morir; volviste a ser Alonso Quijano el Bueno para morir. Mira, +pobre Alonso Quijano, mira a tu pueblo y ve si no sanará de su locura +para morirse luego. Molido y maltrecho y después de que allá, en las +Américas, acabaron de vencerle, retorna a su aldea, ¿A curar de su +locura? ¡Quién sabe!... Tal vez a morir. Tal vez a morir si no quedara +Sancho, que te reemplazará lleno de fe. Porque tu fe, Caballero, se +atesora en Sancho hoy. + +Sancho, que no ha muerto, es el heredero de tu espíritu, buen hidalgo, +y esperamos tus fieles en que Sancho sienta un día que se le hincha +de quijotismo el alma, que le florecen los viejos recuerdos de su +vida escuderil, y vaya a tu casa y se revista de tus armaduras, que +hará se las arregle a su talla y cuerpo el herrero del lugar, y saque +a Rocinante de su cuadra y monte en él, y embrace tu lanza, la lanza +con que diste libertad a los galeotes y derribaste al Caballero de los +Espejos, y sin hacer caso de las voces de tu sobrina, salga al campo +y vuelva a la vida de aventuras, convertido de escudero en caballero +andante. Y entonces, Don Quijote mío, entonces es cuando tu espíritu +se asentará en la tierra. Es Sancho, es tu fiel Sancho, es Sancho el +bueno, el que enloqueció cuando tú curabas de tu locura en tu lecho de +muerte, es Sancho el que ha de asentar para siempre el quijotismo sobre +la tierra de los hombres. Cuando tu fiel Sancho, noble Caballero, monte +en tu Rocinante, revestido de tus armas y embrazando tu lanza, entonces +resucitarás en él, y entonces se realizará tu ensueño. Dulcinea os +cogerá a los dos y estrechándoos con sus brazos contra su pecho, os +hará uno solo. + +_Vámonos poco a poco, pues ya en los nidos de antaño no hay pájaros +ogaño; disipóse el sueño._ + + “Y la experiencia me enseña + que el hombre que vive sueña + lo que es, hasta dispertar. + Sueña el rey que es rey y vive + con este engaño mandando, + disponiendo y gobernando.” + + (LA VIDA ES SUEÑO, II, 19) + +Soñó Don Quijote que era caballero andante hasta que todas sus aventuras + + “en cenizas le convierte + la muerte--¡desdicha fuerte!” + + (II, 19) + +¿Qué fué la vida de Don Quijote? + + “¿Qué es la vida? Una ilusión, + una sombra, una ficción, + y el mayor bien es pequeño; + que toda la vida es sueño + y los sueños sueños son.” + + (II, 19) + +_¡Ay, no se muera vuesa merced, señor mío, sino tome mi consejo y viva +muchos años!_ + + “¿Otra vez?--¡qué es esto, cielos!-- + ¿queréis que sueñe grandezas + que ha de deshacer el tiempo? + ¿Otra vez queréis que vea + entre sombras y bosquejos + la majestad y la pompa + desvanecida del viento?” + + (III, 3) + +_Señores, vámonos poco a poco, pues ya en los nidos de antaño no hay +pájaros ogaño._ + + "Idos, sombras que fingís + hoy a mis sentidos muertos + cuerpo y voz, siendo verdad + que ni tenéis voz ni cuerpo; + que no quiero majestades + fingidas, pompas no quiero + fantásticas, ilusiones + que al soplo menos lijero + del aura han de deshacerse, + bien como el florido almendro + que por madrugar sus flores + sin aviso y sin consejo, + al primer soplo se apagan, + marchitando y desluciendo + de los rosados capullos + belleza, luz y ornamento.” + + (III, 70) + +Dejadme, que digo con mi hermana Teresa de Jesús: + + Aquella vida de arriba + es la vida verdadera: + hasta que esta vida muera + no se goza estando viva: + muerte, no me seas esquiva: + vivo muriendo primero, + que muero porque no muero. + +_¡Señores, vámonos poco a poco, pues ya en los nidos de antaño no hay +pájaros ogaño!_ O como dijo Íñigo de Loyola cuando al tiempo de ir a +despertar del sueño de la vida, ya espirante, querían darle un poco +de sustancia: «ya no es tiempo deso» (Rivadeneira, lib. IV, capítulo +XVI) y murió Íñigo como había de morir unos cincuenta años más tarde +Don Quijote, sencillamente, sin comedia alguna, sin reunir gente en +torno de su lecho ni hacer espectáculo de la muerte, como se mueren los +verdaderos santos y los verdaderos héroes, casi como los animales se +mueren: acostándose a morir. + +Siguió dictando el buen Alonso Quijano su testamento y mandó toda +su hacienda a puerta cerrada a Antonia Quijana, su sobrina, mas +imponiéndola como obligación para el disfrute de ella que _si quiere +casarse, se case con hombre de quien primero se haya hecho información +que no sabe qué cosa sean libros de caballerías; y en caso que se +averiguare que lo sabe y con todo eso mi sobrina quiere casarse con +él y se casare, pierda todo lo que le he mandado, lo cual puedan mis +albaceas distribuir en obras pías a su voluntad_. + +Y ¡qué bien calaba Don Quijote que entre el oficio de marido y de +caballero andante hay mutua y fortísima irreductibilidad! Y al dictar +esto ¿no pensaría acaso el buen hidalgo en su Aldonza y que de haber él +roto el sello de su demasiado amor se habría ahorrado las malandanzas +caballerescas, preso junto al fogón del hogar por los brazos de ella? + +Tu testamento se cumple, Don Quijote, y los mozos de esta tu patria +renuncian a todas las caballerías para poder gozar de las haciendas de +tus sobrinas, que son casi todas las españolas, y gozar de las sobrinas +mismas. En sus brazos se ahoga todo heroísmo. Tiemblan de que a sus +novios y maridos les dé la ventolera por donde le dió a su tío. Es tu +sobrina, Don Quijote, es tu sobrina la que hoy reina y gobierna en tu +España; es tu sobrina, no Sancho. Es la medrosica, casera y encojada +Antonia Quijana, la que temía te diese por dar en poeta, _enfermedad +incurable y pegadiza_; la que ayudó con tanto celo al cura y al +barbero a quemar tus libros; la que te aconsejaba no te metieses en +pendencias ni fueses por el mundo en busca de pan de trastrigo; la que +se te atrevió a asegurar en tus barbas que todo eso de los caballeros +andantes es fábula y mentira, doncellesco atrevimiento que te obligó +a exclamar: _Por el Dios que me sustenta, que si no fueras mi sobrina +derechamente como hija de mi misma hermana, que había de hacer un tal +castigo en ti, por la blasfemia que has dicho, que sonara por todo el +mundo_; es ésta, la _rapaza que apenas sabe menear doce palillos de +randas_ y se atrevía a poner lengua en las historias de los caballeros +andantes y a censurarlas, es ésta la que maneja y zarandea y asenderea +como a unos dominguillos a los hijos de tu España. No es Dulcinea del +Toboso, no; no es tampoco Aldonza Lorenzo, por la que se suspira doce +años sin haberla visto sino sólo cuatro veces y sin haberla confesado +amor; es Antonia Quijana, la que apenas sabe menear doce palillos de +randas y menea a los hombres de hoy en tu patria. + +Es Antonia Quijana la que por mezquindad de espíritu, por creer a su +marido pobre, le retiene y le impide lanzarse a heroicas aventuras +en que cobre eterno nombre y fama. ¡Si fuese siquiera Dulcinea!... +Dulcinea, sí; por extraño que nos parezca, Dulcinea puede moverle a uno +a renunciar a toda gloria, a que se dé la gloria de renunciar a ella. +Dulcinea, o mejor dicho, Aldonza. Aldonza, la ideal, puede decirle: +«Ven, ven acá a mis brazos y deshaz en lágrimas tus ansias sobre mi +pecho, ven acá; ya veo, veo para ti un empinado tormo en los siglos de +los hombres, un picacho en que te contemplen tus hermanos todos; te veo +aclamado por sus generaciones, pero ven a mí y por mí renuncia a todo +eso, serás así más grande, mi Alonso, serás más grande. Toma mi boca +entera y hártala de calientes besos en su silencio, y renuncia a que +ande en frío tu nombre en bocas de los que no has de conocer nunca. +¿Oirás luego de muerto lo que de ti digan? ¡Sepulta en mi pecho todo +tu amor, que si él es grande, mejor es que lo sepultes en mí a no que +lo desparrames entre los hombres pasajeros y casquivanos! No merecen +admirarte, mi Alonso, no merecen admirarte. Serás para mí sola y así +serás mejor para el Universo todo y para Dios. Parecerán así perdidos +tu poderío y tu heroísmo, mas no hagas caso, ¿sabes, por ventura, el +efluvio inmenso de vida que, sin nadie notarlo, se desprende de un amor +heroico y callado y se desparrama luego por más allá de los hombres +todos hasta el confín de las últimas estrellas? ¿Sabes la misteriosa +energía que irradia a todo un pueblo y a sus generaciones venideras +hasta la consumación de los siglos de una feliz pareja donde se asienta +el amor triunfante y silencioso? ¿Sabes lo que es conservar el fuego +sagrado de la vida y aun encenderlo más y más en un culto callado y +recogido? El amor con sólo amar y sin hacer otra cosa cumple una labor +heroica. Ven y renuncia a toda acción entre mis brazos, que este tu +reposo y tu oscurecimiento en ellos serán fuente de acciones y de +claridades para los que nunca sabrán tu nombre. Cuando hasta el eco de +tu nombre se disipe en el aire, al disiparse éste, aún el rescoldo de +tu amor calentará las ruinas de los orbes. Ven y date a mí, Alonso, +que aunque no salgas a los caminos a enderezar entuertos, tu grandeza +no habrá de perderse, pues en mi seno nada se pierde. Ven, que yo te +llevaré desde el reposo de mi regazo al reposo final e inacabable». + +Así podría hablar Aldonza, y sería grande Alonso renunciando en sus +brazos a toda gloria; pero tú, Antonia, tú no sabes hablar así. Tú no +crees que el amor vale más que la gloria; tú lo que crees es que ni el +amor ni la gloria valen el amodorrador sosiego del hogar, que ni el +amor ni la gloria valen la seguridad de los garbanzos; tú crees que el +Coco se lleva a los que duermen poco, y no sabes que el amor, lo mismo +que la gloria, no duerme, sino vela. + +Acabó de hacer su testamento Alonso Quijano, recibió los sacramentos, +abominó de nuevo de los libros de caballerías, y _entre compasiones y +lágrimas de los que allí se hallaban, dió su espíritu; quiero decir que +se murió_, agrega el historiador. + +_¡Dió su espíritu!_ ¿Y a quién se lo dió? Dónde está hoy? ¿dónde sueña? +¿dónde vive? ¡cuál es el abismo de la cordura en que van a descansar +las armas curadas del sueño de la vida, de la locura de no morir? ¡Oh +Dios mío; Tú que diste vida y espíritu a Don Quijote en la vida y en +el espíritu de su pueblo; Tú que inspiraste a Cervantes esa epopeya +profundamente cristiana; Tú, Dios de mi sueño, ¿dónde acoges los +espíritus de los que atravesamos este sueño de la vida tocados de la +locura de vivir por los siglos de los siglos venideros? Nos diste el +ansia de renombre y fama, como sombra de tu gloria; pasará el mundo +¿pasaremos con él también nosotros. Dios mío? + +¡La vida es sueño! ¿Será acaso también sueño, Dios mío, este tu +Universo de que eres la Conciencia eterna e infinita? ¿será un sueño +tuyo? ¿será que nos estás soñando? ¿Seremos sueño, sueño tuyo, nosotros +los soñadores de la vida? Y si así fuese ¿qué será del Universo todo, +qué será de nosotros, qué será de mí cuando Tú, Dios de mi vida, +despiertes? ¡Suéñanos, Señor! Y ¿no será tal vez que despiertas para +los buenos cuando a la muerte despiertan ellos del sueño de la vida? +¿Podemos acaso nosotros, pobres sueños soñadores, soñar lo que sea la +vela del hombre en tu eterna vela, Dios nuestro? ¿No será la bondad +resplandor de la vigilia en las oscuridades del sueño? Mejor que +indagar tu sueño y nuestro sueño, escudriñando el Universo y la vida, +mejor mil veces obrar el bien, + + pues no se pierde + el hacer bien, ni aun en sueños. + +Mejor que investigar si son molinos o gigantes los que se nos muestran +dañosos, seguir la voz del corazón y arremeterlos, que toda arremetida +generosa trasciende del sueño de la vida. De nuestros actos y no de +nuestras contemplaciones sacaremos sabiduría. ¡Suéñanos, Dios de +nuestro sueño! + +¡Consérvale a Sancho su sueño, su fe, Dios mío, y que crea en su vida +perdurable y que sueñe ser pastor allá en los infinitos campos de +Tu Seno, endechando sin fin a la Vida inacabable que eres Tú mismo; +consérvasela, Dios de mi España! Mira, Señor, que el día en que tu +siervo Sancho cure de su locura, se morirá, y al morir él se morirá su +España, tu España, Señor. Fundaste este tu pueblo, el pueblo de tus +siervos Don Quijote y Sancho, sobre la fe en la inmortalidad personal; +mira, Señor, que esa es nuestra razón de vida y es nuestro destino +entre los pueblos el de hacer que esa nuestra verdad del corazón +alumbre las mentes contra todas las tinieblas de la lógica y del +raciocinio y consuele los corazones de los condenados al sueño de la +vida. + + _Así el vivir nos mata + que la muerte nos torna a dar la vida._ + +Agrega el historiador que pidió el cura al escribano le diese por +testimonio _cómo Alonso Quijano el Bueno, llamado comúnmente Don +Quijote de la Mancha, había pasado de esta presente vida y muerto +naturalmente, y que el tal testimonio pedía para quitar la ocasión de +que algún autor le resucitase falsamente_, y más adelante añade que +yace en la huesa _tendido de largo, imposibilitado de hacer tercera +jornada y salida nueva_. + +¿Pero es que creéis que Don Quijote no ha de resucitar? Hay quien cree +que no ha muerto; que el muerto, y bien muerto, es Cervantes que quiso +matarle, y no Don Quijote. Hay quien cree que resucitó al tercer día, +y que volverá a la tierra en carne mortal y a hacer de las suyas. Y +volverá cuando Sancho, agobiado hoy por los recuerdos, sienta hervir la +sangre que acopió en sus andanzas escuderiles, y monte, como dije, en +Rocinante, y revestido de las armas de su amo, embrace el lanzón y se +lance a hacer de Don Quijote. Y su amo vendrá entonces y encarnará en +él. ¡Ánimo, Sancho heroico, y aviva esa fe que encendió en ti tu amo y +que tanto te costó atizar y afirmar! ¡ánimo! + +Y no se cuenta milagro que hiciese después de muerto, como se cuenta +del Cid que ganó batalla siendo cadáver, y se cuenta de él además que +estando muerto también y queriendo un judío tocarle la barba, que en su +vida nadie se la tocó, + + Antes que a la barba llegue, el buen Cid había empuñado + a la su espada tizona, y un buen palmo la había sacado; + el judío que esto vido, muy gran pavor ha cobrado; + tendido cayó de espaldas, amortecido de espanto. + +Don Quijote no sé que haya ganado batalla después de muerto y sé que +muchos judíos osan tocarle la barba. De Don Quijote no se sabe que haya +hecho milagro alguno después de muerto, pero ¿no basta con los que +hizo en vida, y no fué perpetuo milagro su carrera toda de aventuras? +Cuanto más que, como recordaba el P. Rivadeneira, en el capítulo final +de su tantas veces aquí citada obra al hablarnos de los milagros que +Dios hizo por San Ignacio, entre los nacidos de mujer no se había +levantado, al decir del Evangelio, otro mayor que San Juan Bautista, y +con todo eso dice de él el Evangelio mismo que no hizo milagro alguno. +Y si el piadoso biógrafo de Loyola tiene por el mayor milagro de éste +la fundación de la Compañía de Jesús ¿no hemos de tener nosotros por +el milagro mayor de Don Quijote el que hubiese hecho escribir la +historia de su vida a un hombre que, como Cervantes mostró en sus +demás trabajos, la endeblez de su ingenio y cuán por debajo estaba, en +el orden natural de las cosas, de lo que para contar las hazañas del +Ingenioso Hidalgo y tal cual él las contó, se requería? + +No cabe duda sino que en EL INGENIOSO HIDALGO DON QUIJOTE DE LA +MANCHA que compuso Miguel de Cervantes Saavedra se mostró éste muy +por encima de lo que podríamos esperar de él juzgándole por sus otras +obras; se sobrepujó con mucho a sí mismo. Por lo cual es de creer que +el historiador arábigo Cide Hamete Benengeli no es un puro recurso +literario, sino que encubre una profunda verdad, cual es la de que esa +historia se la dictó a Cervantes otro que llevaba dentro de sí y al que +ni antes ni después de haberla escrito, trató una vez más; un espíritu +que en las profundidades de su alma habitaba. Y esta inmensa lejanía +que hay de la historia de nuestro Caballero a todas las demás obras +que Cervantes escribió, este patentísimo y espléndido milagro es la +razón principal--si para ellos hiciesen, que no hacen falta razones, +miserables siempre--para creer nosotros y confesar que la historia fué +real y verdadera, y que el mismo Don Quijote envolviéndose en Cide +Hamete Benengeli, se la dictó a Cervantes. Y aun llego a sospechar que +mientras he estado explicando y comentando esta vida me han visitado +secretamente Don Quijote y Sancho, y aun sin yo saberlo, me han +desplegado y descubierto las entretelas de sus corazones. + +Y he de añadir aquí que muchas veces tenemos a un escritor por persona +real y verdadera e histórica por verle de carne y hueso y a los sujetos +que finge en sus ficciones no más sino por de pura fantasía, y sucede +al revés, y es que estos sujetos lo son muy de veras y de toda realidad +y se sirven de aquel otro que nos parece de carne y hueso para tomar +ellos ser y figura ante los hombres. Y cuando despertemos todos del +sueño de la vida, se han de ver a este respecto cosas muy peregrinas y +se espantarán los sabios al ver qué es la verdad y qué es la mentira y +cuán errados andábamos al pensar que esa quisicosa que llamamos lógica +tenga valor alguno fuera de este miserable mundo en que nos tienen +presos el tiempo y el espacio, tiranos del espíritu. + +Cosas muy peregrinas conoceremos allí respecto a la vida y a la muerte, +y allí se verá cuán profundo sentido tiene la primera parte del +epitafio que en la sepultura de Don Quijote puso Sansón Carrasco y que +dice: + + _Yace aquí el hidalgo fuerte + que a tanto extremo llegó + de valiente, que te advierte, + que la muerte no triunfó + de tu vida con la muerte._ + +Y así es, pues Don Quijote es, merced a su muerte, inmortal; la muerte +es nuestra inmortalizadora. + +Nada pasa, nada se disipa, nada se anonada; eternízase la más pequeña +partecilla de materia y el más débil golpecito de fuerza y no hay +visión, por huidera que sea, que no quede reflejada para siempre en +alguna parte. Así como si al pasar por un punto, en el infinito de las +tinieblas, se encendiera y brillara por un momento todo lo que por +allí pasase, así brilla un momento en nuestra conciencia del presente +cuanto desfila de lo insondable del porvenir a lo insondable del +pasado. No hay visión ni cosa ni momento de ella que no descienda a las +honduras eternas de donde salió y allí se quede. Sueño es este súbito y +momentáneo encendimiento de la sustancia tenebrosa, sueño es la vida, +y apagado el pasajero fulgor desciende su reflejo a las honduras de +las tinieblas y allí queda y persiste hasta que una suprema sacudida +lo reenciende para siempre un día. Porque la muerte no triunfa de la +vida con la muerte de ésta. Muerte y vida son mezquinos términos de que +nos valemos en esta prisión del tiempo y del espacio; tienen ambas una +raíz común y la raigambre de esta raíz arraiga en la eternidad de lo +infinito, en Dios, Conciencia del Universo. + +Al acabar la historia colgó el historiador su pluma y le dijo: _aquí +quedarás colgada desta espetera y deste hilo de alambre, ni sé si +bien cortada o mal tajada péñola mía, adonde vivirás luengos siglos, +si presuntuosos y malandrines historiadores no te descuelgan para +profanarte_. + +Líbreme Dios de meterme a contar sucesos que al puntualísimo +historiador de Don Quijote se le hubiesen escapado; nunca me tuve por +erudito ni me he metido jamás a escudriñar los archivos caballerescos +de la Mancha. Yo sólo he querido explicar y comentar su vida. + +_Para mí solo nació Don Quijote, y yo para él; él supo obrar y yo +escribir_, hace decir el historiador a su pluma. Y yo digo que para +que Cervantes contara su vida y yo la explicara y comentara nacieron +Don Quijote y Sancho, Cervantes nació para contarla y explicarla, y +para comentarla nací yo... No puede contar tu vida, ni puede explicarla +ni comentarla, señor mío Don Quijote, sino quien esté tocado de tu +misma locura de no morir. Intercede, pues, en favor mío, oh mi señor y +patrón, para que tu Dulcinea del Toboso, ya desencantada merced a los +azotes de tu Sancho, me lleve de su mano a la inmortalidad del nombre y +de la fama. ¡Y si es la vida sueño, déjame soñarla inacabable! + + A reinar, fortuna, vamos. + No me despiertes, si sueño. + + (LA VIDA ES SUEÑO, II, 4) + + καὶ μαχόμην κατ' ἔμ'αὐτὸν ἐγώ + ΙΛΙΑΛΟΣ Α' σοα' + + + + + VOCABULARIO + + +Hay en este libro unas pocas voces, no llegan a treinta, que no se +encuentran en la última edición, la décimatercia, del DICCIONARIO DE LA +LENGUA CASTELLANA POR LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA, que pasa por oficial, +y voces que tampoco son de uso corriente entre escritores. Las más de +ellas--su casi totalidad--las he tomado de boca del pueblo de esta +región salmantina, que las emplea corrientemente, tres de ellas las +he formado yo mismo según la analogía del lenguaje castellano, y una +(_oíslo_) se halla en el QUIJOTE. + +Creo que para enriquecer el idioma mejor que ir a pescar en viejos +librotes de antiguos escritores vocablos hoy muertos, es sacar de las +entrañas del idioma mismo, del habla popular, voces y giros que en +ellas viven, tanto más cuanto que de ordinario los más de los arcaísmos +perduran como provincialismos hoy. + +He aquí esas voces: + +_adulciguar._--Ésta la he formado yo siguiendo la analogía que de las +latinas _sanctificare_, _mortificare_, _verificare_, _testificare_, +etc., nos da santiguar, amortiguar, averiguar, atestiguar, etc., por un +proceso fonético que no es de este lugar explicarlo, y de _fructificar_ +dió el «afruchiguar» que usan aún hoy los judíos españoles de Oriente. +Así de _dulcificare_ he formado adulciguar, esto es: dulcificar, y es +más que posible que esta voz haya sido usada. + +_brezar._--El Diccionario de la Academia trae _brizar_, y agrega +_ant._, esto es, «anticuado». Será anticuado entre los académicos, pero +en esta provincia de Salamanca, por lo menos, es voz viva y bien viva y +enteramente moderna. Dicen _brizar o brezar_--más esto que aquello--y +significa «cunar, mover la cuna para adormecer a los niños». + +_cogolmar._--Colmar, llenar más la medida. + +_cogüelmo._--Colmo, lo que pasa de la medida. + +_cotena._--Costra de porquería. Se dice, por ejemplo, «el muy marrano +tiene dos jemes de cotena a cuestas». + +_desfalladero._--Derrumbadero. Se usa en la ribera del Duero, raya de +Portugal. + +_desenchinarrar._--Lo contrario de enchinarrar; desencachar o +desadoquinar. + +_desentoñar._--Desatollar algo, sacarlo del barro, de la tierra o de +otro sitio en que estuviera entoñado. + +_enchinarrar._--Poner chinarros en una calzada o calle; adoquinarla. + +_enfusar._--Este bonito verbo, del participial latino _infusare_, el +cual a su vez se formó del participio _infusus_, de _infundere_, se +usa mucho en esta provincia de Salamanca en el sentido de embutir, +tratándose en especial de embutir carnes de cerdo. Yo le extiendo +el significado, haciéndolo equivalente del vocablo culto infundir. +Del mismo modo tenemos: ayudar, cantar, olvidar, hartar, hurtar, +untar, echar, usar, etc., de los participales _adiutare-adiutus_, +_cantare-cantus_, _oblitare-oblitus_, _farctare-farctus_, +_furtane-furtus_, _unctare-unctus_, _iactare-iactus_, _arsare-arsus_, +_usare-usus_, etc., cuyos verbos simples _adiuvare_, _canere_, +_oblivisci_, _farcire_, _furere_, _ungere_, _iacere_, _ardere_, _uti_ o +no pasaron al castellano o pasaron en voces cultas o semi-cultas, como +ungir, verbigracia. + +_engurruñido._--Recogido, arrugado, como cuando una fruta se seca, se +achica y se arruga. La Academia trae _engurriado, da_, adjetivo ant. +rugoso, y _engurruñarse_, estar triste, melancólico. Recuerdo ahora +esta copla que he oído: + + En el cielo de tu boca + quisiera yo estar metido; + si no cupiera de pie, + cabería engurruñido. + +_enroderar._--Meter en roderas o carriles. + +_entoñar._--Atollar, meter algo en alguna parte, enterrarlo. + +_escurrajas._--Escurriduras. + +_marzera_ (nieve).--Nieve de Marzo. + +_pedernoso._--Esta es la otra voz que he inventado, por analogía con +pedernal y empedernido. Equivale a pétreo, que no me gusta, y es muy +fácil que haya sido usada. + +_perinchir._--Preciosa voz que se usa en algunos pueblos del llamado +Abadengo, de esta provincia, y que equivale a colmar, hacer que rebase +la medida. Se compone de _per_ y _henchir_. + +_remejer._--Revolver, remezclar. Se usa mucho, lo mismo que el simple: +_mejer_, en casi todo el Oeste y Noroeste de España (Salamanca, Zamora, +León, Galicia). Es el latín _miscere_. La Academia a la voz _mejido_, +que es el participio de mejer, que se usa en «huevo mejido», «yema +mejida», le llama adjetivo. + +_retuso._--Rehacio. Esta voz, enteramente latina, sin quitarle ni +ponerle nada, se usa aquí mucho. De ser de origen popular debió decir +re_duso_. + +_serano._--Esta preciosa voz, usadísima en todos estos lugares +salmantinos, es igual al portugués «serão» y significa como el francés +_soirée_, una velada nocturna. + +_sotorreirse._--Es voz que he formado yo para decir reirse so capa, +reirse entre dientes. + +_verbenzar._--Este vocablo, también precioso, significa pulular, +abundar y además moverse una masa como una gusanera, Equivale a +gusanear y deriva de una antigua voz castellana _vierben_, gusano, de +_vermine_. + +_zuñir._--Operación que hacen los plateros para igualar las +desigualdades y asperezas de la filigrana, frotándola contra una +pizarra. + + + +*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 75472 *** |
