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+*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 75472 ***
+
+
+
+ NOTAS DEL TRANSCRIPTOR
+
+En la versión de texto sin formatear las palabras en itálicas están
+indicadas con _guiones bajos_; mientras que las palabras en Versalitas
+se han escrito en MAYÚSCULAS.
+
+El criterio utilizado para llevar a cabo esta transcripción, ha sido el
+de respetar las reglas de la Real Academia Española, vigentes cuando
+la presente edición de esta obra fue publicada. El lector interesado
+puede consultar el Mapa de Diccionarios Académicos de la Real Academia
+Española.
+
+Para el texto citado de otros autores por parte de Unamuno, el criterio
+en general fue privilegiar que coincidiese con el texto que figuraba
+en la imagen utilizada para llevar a cabo la transcripción. En estas
+citaciones casi nunca se ha modificado la ortografía, estimando que
+la intención de Unamuno fue de que no se la modificase, para dejar
+testimonio de lo que era lo habitual en el período en que el texto
+citado fue escrito. Debido a esto, es posible encontrar una misma
+palabra escrita con ortografía diferente.
+
+La cubierta del libro fue modificada por el transciptor y se ha
+cedido al dominio público.
+
+
+ * * * * *
+
+
+ VIDA DE DON QUIJOTE Y SANCHO
+
+
+
+
+ VIDA DE DON QUIJOTE
+ Y SANCHO
+
+ SEGÚN
+ Miguel de Cervantes Saavedra
+
+ EXPLICADA Y COMENTADA
+ por
+ MIGUEL DE UNAMUNO
+
+ [Illustration]
+
+ RENACIMIENTO
+
+ MADRID │ BUENOS AIRES
+ SAN MARCOS, 42 │ LIBERTAD, 172
+
+ 1914
+
+
+ ES PROPIEDAD
+
+
+ IMPRENTA RENACIMIENTO.--SAN MARCOS, 42.
+
+
+
+
+ PRÓLOGO A ESTA SEGUNDA EDICIÓN
+
+
+Apareció en primera edición esta obra en el año 1905, coincidiendo por
+acaso, que no de propósito, con la celebración del tercer centenario de
+haberse por primera vez publicado el _Quijote_. No fué, pues, una
+obra de centenario.
+
+Salió, por mi culpa, plagada, no ya sólo de erratas tipográficas,
+sino de errores y descuidos del original manuscrito, todo lo que he
+procurado corregir en esta segunda edición.
+
+Pensé un momento si hacerla preceder del ensayo que «Sobre la lectura e
+interpretación del _Quijote_» publiqué el mismo año de 1905 en el
+número de abril de _La España Moderna_, mas he desistido de ello
+en atención a que esta obra toda no es sino una ejecución del programa
+en aquel ensayo expuesto. Lo que se reduce a asentar que dejando a
+eruditos, críticos e historiadores la meritoria y utilísima tarea de
+investigar lo que el _Quijote_ pudo significar en su tiempo y en
+el ámbito en que se produjo y lo que Cervantes quiso en él expresar y
+expresó, debe quedarnos a otros libre el tomar su obra inmortal como
+algo eterno, fuera de época y aun de país, y exponer lo que su lectura
+nos sugiere. Y sostuve que hoy ya es el _Quijote_ de todos y
+de cada uno de sus lectores, y que puede y debe cada cual darle una
+interpretación, por así decirlo, mística, como las que a la Biblia
+suele darse.
+
+Mas si renuncié a insertar al frente de esta segunda edición de mi obra
+aquel citado ensayo, no así con otro que con el título de «El sepulcro
+de Don Quijote» publiqué en el número de febrero de 1906 de la misma
+susomentada revista _La España Moderna_.
+
+Esta obra es de las mías la que hasta hoy ha alcanzado más favor
+del público que me lee, como lo prueba esta segunda edición y el
+haber aparecido hace poco una traducción italiana bajo el título de
+_Commento al Don Chisciotte_, hecha por G. Beccari y publicada en
+la colección _Cultura dell'anima_, dirigida por G. Papini y que
+edita R. Carabba en Lanciano. A la vez que se prepara una traducción
+francesa.
+
+Y me complazco en creer que a esta mayor fortuna de esta entre mis
+otras obras habrá contribuido el que es una libre y personal exégesis
+del _Quijote_, en que el autor no pretende descubrir el sentido
+que Cervantes le diera, sino el que le da él, ni es tampoco un erudito
+estudio histórico. No creo deber repetir que me siento más quijotista
+que cervantista y que pretendo libertar al _Quijote_ del mismo
+Cervantes, permitiéndome alguna vez hasta discrepar de la manera cómo
+Cervantes entendió y trató a sus dos héroes, sobre todo a Sancho.
+Sancho se le imponía a Cervantes, a pesar suyo. Y es que creo que los
+personajes de ficción tienen dentro de la mente del autor que los finge
+una vida propia, con cierta autonomía, y obedecen a una íntima lógica
+de que no es del todo consciente ni dicho autor mismo. Y el que desee
+más aclaraciones a este respecto, y no se escandalice de la proposición
+de que nosotros podemos comprender a Don Quijote y Sancho mejor que
+Cervantes que los creó--o mejor los sacó de la entraña espiritual de su
+pueblo--, acuda al ensayo que cité primero.
+
+ MIGUEL DE UNAMUNO.
+
+Salamanca, enero de 1913.
+
+
+
+
+ EL SEPULCRO DE DON QUIJOTE
+
+
+Me preguntas, mi buen amigo, si sé la manera de desencadenar un
+delirio, un vértigo, una locura cualquiera sobre estas pobres
+muchedumbres ordenadas y tranquilas que nacen, comen, duermen, se
+reproducen y mueren. ¿No habrá un medio, me dices, de reproducir la
+epidemia de los flagelantes o la de los convulsionarios? Y me hablas
+del milenario.
+
+Como tú siento yo con frecuencia la nostalgia de la Edad Media; como
+tú quisiera vivir entre los espasmos del milenario. Si consiguiéramos
+hacer creer que en un día dado, sea el 2 de mayo de 1908, el centenario
+del grito de la independencia, se acababa para siempre España; que en
+ese día nos repartían como a borregos, creo que el día 3 de mayo de
+1908 sería el día más grande de nuestra historia, el amanecer de una
+nueva vida.
+
+Esto es una miseria, una completa miseria. A nadie le importa nada
+de nada. Y cuando alguno trata de agitar aisladamente este o aquel
+problema, una u otra cuestión, se lo atribuyen o a negocio o a afán de
+notoriedad y ansia de singularizarse.
+
+No se comprende aquí ya ni la locura. Hasta del loco creen y dicen que
+lo será por tenerle su cuenta y razón. Lo de la razón de la sinrazón es
+ya un hecho para todos estos miserables. Si nuestro señor Don Quijote
+resucitara y volviese a esta su España andarían buscándole una segunda
+intención a sus nobles desvaríos. Si uno denuncia un abuso, persigue la
+injusticia, fustiga la ramplonería, se preguntan los esclavos: ¿qué irá
+buscando en eso? ¿A qué aspira? Unas veces creen y dicen que lo hace
+para que le tapen la boca con oro; otras que es por ruines sentimientos
+y bajas pasiones de vengativo o envidioso; otras que lo hace no más
+sino por meter ruido y que de él se hable, por vanagloria; otras que lo
+hacen por divertirse y pasar el tiempo, por deporte. ¡Lástima grande
+que a tan pocos les dé por deportes semejantes!
+
+Fíjate y observa. Ante un acto cualquiera de generosidad, de heroísmo,
+de locura, a todos esos estúpidos bachilleres, curas y barberos de
+hoy no se les ocurre sino preguntarse: ¿por qué lo hará? Y en cuanto
+creen haber descubierto la razón del acto--sea o no la que ellos se
+suponen--se dicen: ¡bah!, lo ha hecho por esto o por lo otro. En cuanto
+una cosa tiene razón de ser y ellos la conocen perdió todo su valor la
+cosa. Para eso les sirve la lógica, la cochina lógica.
+
+Comprender es perdonar, se ha dicho. Y esos miserables necesitan
+comprender para perdonar el que se les humille, el que con hechos o
+palabras se les eche en cara su miseria, sin hablarles de ella.
+
+Han llegado a preguntarse estúpidamente para qué hizo Dios el mundo, y
+se han contestado a sí mismos: ¡para su gloria!, y se han quedado tan
+orondos y satisfechos, como si los muy majaderos supieran qué es eso de
+la gloria de Dios.
+
+Las cosas se hicieron primero, su para qué después. Que me den una idea
+nueva, cualquiera, sobre cualquier cosa, y ella me dirá después para
+qué sirve.
+
+Alguna vez, cuando expongo algún proyecto, algo que me parece debía
+hacerse, algo, sobre todo, que debía decirse, no falta nunca quien me
+pregunte: ¿y después? A preguntas tales no cabe otra respuesta que una
+repregunta. Y al «¿y después?» no hay sino dar de rebote un «¿y antes?».
+
+No hay porvenir; nunca hay porvenir. Eso que llaman el porvenir es una
+de las más grandes mentiras. El verdadero porvenir es hoy. ¿Qué seré de
+nosotros mañana? ¡No hay mañana! ¿Qué es de nosotros hoy, ahora? Ésta
+es la única cuestión.
+
+Y en cuanto a hoy, todos esos miserables están muy satisfechos porque
+hoy existen, y con existir les basta. La existencia, la pura y nuda
+existencia, llena su alma toda. No sienten que haya más que existir.
+
+¿Pero existen? ¿Existen de verdad? Yo creo que no; pues si existieran,
+si existieran de verdad, sufrirían de existir y no se contentarían con
+ello. Si real y verdaderamente existieran en el tiempo y el espacio
+sufrirían de no ser en lo eterno y lo infinito. Y este sufrimiento,
+esta pasión, que no es sino la pasión de Dios en nosotros. Dios que
+en nosotros sufre por sentirse preso en nuestra finitud y nuestra
+temporalidad, este divino sufrimiento les haría romper todos esos
+menguados eslabones lógicos con que tratan de atar sus menguados
+recuerdos a sus menguadas esperanzas, la ilusión de su pasado a la
+ilusión de su porvenir.
+
+¿Por qué hace eso? ¿Preguntó acaso nunca Sancho por qué hacía Don
+Quijote las cosas que hacía?
+
+Y vuelta a lo mismo, a tu pregunta, a tu preocupación: ¿qué locura
+colectiva podríamos imbuir en estas pobres muchedumbres? ¿Qué delirio?
+
+Tú mismo te has acercado a la solución en una de esas cartas con que
+me asaltas a preguntas. En ella me decías: ¿no crees que se podría
+intentar alguna nueva cruzada?
+
+Pues bien, sí; creo que se puede intentar la santa cruzada de ir a
+rescatar el sepulcro de Don Quijote del poder de los bachilleres,
+curas, barberos, duques y canónigos que lo tienen ocupado. Creo que
+se puede intentar la santa cruzada de ir a rescatar el sepulcro del
+Caballero de la Locura del poder de los hidalgos de la Razón.
+
+Defenderán, es natural, su usurpación y tratarán de probar con muchas
+y muy estudiadas razones que la guardia y custodia del sepulcro les
+corresponde. Lo guardan para que el Caballero no resucite.
+
+A esas razones hay que contestar con insultos, con pedradas, con gritos
+de pasión, con botes de lanza. No hay que razonar con ellos. Si tratas
+de razonar frente a sus razones estás perdido.
+
+Si te preguntan, como acostumbran, ¿con qué derecho reclamas el
+sepulcro?, no les contestes nada, que ya lo verán luego. Luego... tal
+vez cuando ni tú ni ellos existáis ya, por lo menos en este mundo de
+las apariencias.
+
+Y esta santa cruzada lleva una gran ventaja a aquellas otras santas
+cruzadas de que alboreó una nueva vida en este viejo mundo. Aquellos
+ardientes cruzados sabían dónde estaba el sepulcro de Cristo, dónde se
+decía que estaba, mientras que nuestros cruzados no sabrán dónde está
+el sepulcro de Don Quijote. Hay que buscarlo peleando por rescatarlo.
+
+Tu locura quijotesca te ha llevado más de una vez a hablarme del
+quijotismo como de una nueva religión. Y a eso he de decirte que esa
+nueva religión que propones y de que me hablas, si llegara a cuajar,
+tendría dos singulares preeminencias. La una, que su fundador, su
+profeta, Don Quijote--no Cervantes, por supuesto--, no estamos seguros
+de que fuese un hombre real, de carne y hueso, sino que más bien
+sospechamos que fué una pura ficción. Y su otra preeminencia sería
+la de que ese profeta era un profeta ridículo, que fué la befa y el
+escarnio de las gentes.
+
+Es el valor que más falta nos hace: el de afrontar el ridículo. El
+ridículo es el arma que manejan todos los miserables bachilleres,
+barberos, curas, canónigos y duques que guardan escondido el sepulcro
+del Caballero de la Locura. Caballero que hizo reir a todo el mundo,
+pero que nunca soltó un chiste. Tenía el alma demasiado grande para
+parir chistes. Hizo reir con su seriedad.
+
+Empieza, pues, amigo, a hacer de Pedro el Ermitaño y llama a las gentes
+a que se te unan, se nos unan, y vayamos todos a rescatar ese sepulcro
+que no sabemos dónde está. La cruzada misma nos revelará el sagrado
+lugar.
+
+Verás cómo así que el sagrado escuadrón se ponga en marcha aparecerá
+en el cielo una estrella nueva, sólo visible para los cruzados, una
+estrella refulgente y sonora, que cantará un canto nuevo en esta larga
+noche que nos envuelve, y la estrella se pondrá en marcha en cuanto se
+ponga en marcha el escuadrón de los cruzados, y cuando hayan vencido
+en su cruzada, o cuando hayan sucumbido todos--que es acaso la manera
+única de vencer de veras--, la estrella caerá del cielo, y en el sitio
+en donde caiga allí está el sepulcro. El sepulcro está donde muera el
+escuadrón.
+
+Y allí donde está el sepulcro, allí está la cuna, allí está el nido. Y
+de allí volverá a surgir la estrella refulgente y sonora, camino del
+cielo.
+
+Y no me preguntes más, querido amigo. Cuando me haces hablar de
+estas cosas me haces que saque del fondo de mi alma, dolorida por la
+ramplonería ambiente que por todas partes me acosa y aprieta, dolorida
+por las salpicaduras del fango de mentira en que chapoteamos, dolorida
+por los arañazos de la cobardía que nos envuelve, me haces que saque
+del fondo de mi alma dolorida las visiones sin razón, los conceptos sin
+lógica, las cosas que ni yo sé lo que quieren decir, ni menos quiero
+ponerme a averiguarlo.
+
+¿Qué quieres decir con eso?--me preguntas más de una vez--. Y yo te
+respondo: ¿lo sé yo acaso?
+
+¡No, mi buen amigo, no! Muchas de estas ocurrencias de mi espíritu que
+te confío ni yo sé lo que quieren decir, o, por lo menos, soy yo quien
+no lo sé. Hay alguien dentro de mí que me las dicta, que me las dice.
+Le obedezco y no me adentro a verle la cara ni a preguntarle por su
+nombre. Sólo sé que si le viese la cara y si me dijese su nombre me
+moriría yo para que viviese él.
+
+Estoy avergonzado de haber alguna vez fingido entes de ficción,
+personajes novelescos, para poner en sus labios lo que no me atrevía a
+poner en los míos y hacerles decir como en broma lo que yo siento muy
+en serio.
+
+Tú me conoces, tú, y sabes bien cuán lejos estoy de rebuscar adrede
+paradojas, extravagancias y singularidades, piensen lo que pensaren
+algunos majaderos. Tú y yo, mi buen amigo, mi único amigo absoluto,
+hemos hablado muchas veces, a solas, de lo que sea la locura, y hemos
+comentado aquello del _Brand_ ibseniano, hijo de Kierkegaard, de que
+está loco el que está solo. Y hemos concordado en que una locura
+cualquiera deja de serlo en cuanto se hace colectiva, en cuanto es
+locura de todo un pueblo, de todo el género humano acaso. En cuanto
+una alucinación se hace colectiva, se hace popular, se hace social,
+deja de ser alucinación para convertirse en una realidad, en algo que
+está fuera de cada uno de los que la comparten. Y tú y yo estamos de
+acuerdo en que hace falta llevar a las muchedumbres, llevar al pueblo,
+llevar a nuestro pueblo español una locura cualquiera, la locura de uno
+cualquiera de sus miembros que esté loco, pero loco de verdad y no de
+mentirijillas. Loco, y no tonto.
+
+Tú y yo, mi buen amigo, nos hemos escandalizado ante eso que llaman
+aquí fanatismo, y que, por nuestra desgracia, no lo es. No; no es
+fanatismo nada que esté reglamentado y contenido y encauzado y dirigido
+por bachilleres, curas, barberos, canónigos y duques; no es fanatismo
+nada que lleve un pendón con fórmulas lógicas, nada que tenga programa,
+nada que se proponga para mañana un propósito que puede un orador
+desarrollar en un metódico discurso.
+
+Una vez, ¿te acuerdas?, vimos a ocho o diez mozos reunirse y seguir a
+uno que les decía: ¡Vamos a hacer una barbaridad! Y eso es lo que tú
+y yo anhelamos, que el pueblo se apiñe y gritando ¡vamos a hacer una
+barbaridad! se ponga en marcha. Y si algún bachiller, algún barbero,
+algún cura, algún canónigo o algún duque les detuviese para decirles:
+«¡hijos míos!, está bien, os veo henchidos de heroísmo, llenos de santa
+indignación; también yo voy con vosotros; pero antes de ir todos, y
+yo con vosotros, a hacer esa barbaridad, ¿no os parece que debíamos
+ponernos de acuerdo respecto a la barbaridad que vamos a hacer? ¿Qué
+barbaridad va a ser ésa?», si alguno de esos malandrines que he dicho
+les detuviese para decirles tal cosa, deberían derribarle al punto y
+pasar todos sobre él, pisoteándole, y ya empezaba la heroica barbaridad.
+
+¿No crees, mi amigo, que hay por ahí muchas almas solitarias a las que
+el corazón les pide alguna barbaridad, algo de que revienten? Ve, pues,
+a ver si logras juntarlas y formar escuadrón con ellas y ponernos todos
+en marcha--porque yo iré con ellos y tras de ti--a rescatar el sepulcro
+de Don Quijote, que, gracias a Dios, no sabemos dónde está. Ya nos lo
+dirá la estrella refulgente y sonora.
+
+Y ¿no será--me dices en tus horas de desaliento, cuando te vas de ti
+mismo--, no será que creyendo al ponernos en marcha caminar por campos
+y tierras, estemos dando vueltas en tomo al mismo sitio? Entonces la
+estrella estará fija, quieta sobre nuestras cabezas y el sepulcro
+en nosotros. Y entonces la estrella caerá, pero caerá para venir a
+enterrarse en nuestras almas. Y nuestras almas se convertirán en luz,
+y fundidas todas en la estrella refulgente y sonora subirá ésta, más
+refulgente aún, convertida en un sol, en un sol de eterna melodía, a
+alumbrar el cielo de la patria redimida.
+
+En marcha, pues. Y ten cuenta no se te metan en el sagrado escuadrón
+de los cruzados bachilleres, barberos, curas, canónigos o duques
+disfrazados de Sanchos. No importa que te pidan ínsulas; lo que debes
+hacer es expulsarlos en cuanto te pidan el itinerario de la marcha,
+en cuanto te hablen del programa, en cuanto te pregunten al oído,
+maliciosamente, que les digas hacia dónde cae el sepulcro. Sigue a la
+estrella. Y haz como el Caballero: endereza el entuerto que se te ponga
+delante. Ahora lo de ahora, y aquí lo de aquí.
+
+¡Poneos en marcha! ¿Que adónde vais? La estrella os lo dirá: ¡al
+sepulcro! ¿Qué vamos a hacer en el camino, mientras marchamos? ¿Qué?
+¡Luchar! Luchar, y ¿cómo?
+
+¿Cómo? ¿Tropezáis con uno que miente?, gritarle a la cara: ¡mentira!,
+y ¡adelante! ¿Tropezáis con uno que roba?, gritarle: ¡ladrón!, y
+¡adelante! ¿Tropezáis con uno que dice tonterías, a quien oye toda una
+muchedumbre con la boca abierta?, gritarles: ¡estúpidos!, y ¡adelante!
+¡Adelante siempre!
+
+¿Es que con eso--me dice uno a quien tú conoces y que ansía ser
+cruzado--, es que con eso se borra la mentira, ni el ladronicio, ni la
+tontería del mundo? ¿Quién ha dicho que no? La más miserable de todas
+las miserias, la más repugnante y apestosa argucia de la cobardía es
+esa de decir que nada se adelante con denunciar a un ladrón porque
+otros seguirán robando, que nada se logra con llamarle en su cara
+majadero al majadero, porque no por eso la majadería disminuirá en el
+mundo.
+
+Sí, hay que repetirlo una y mil veces: con que una vez, una sola vez,
+acabases del todo y para siempre con un solo embustero, habríase
+acabado el embuste de una vez para siempre.
+
+¡En marcha, pues! Y echa del sagrado escuadrón a todos los que empiecen
+a estudiar el paso que habrá de llevarse en la marcha y su compás y su
+ritmo. Sobre todo, ¡fuera con los que a todas horas andan con eso del
+ritmo! Te convertirían el escuadrón en una cuadrilla de baile, y la
+marcha en danza. ¡Fuera con ellos! Que se vayan a otra parte a cantar a
+la carne.
+
+Ésos que tratarían de convertirte el escuadrón de marcha en cuadrilla
+de baile se llaman a sí mismos, y los unos a los otros entre sí,
+poetas. No lo son. Son cualquier otra cosa. Ésos no van al sepulcro
+sino por curiosidad, por ver cómo sea, en busca acaso de una sensación
+nueva, y por divertirse en el camino. ¡Fuera con ellos!
+
+Ésos son los que con su indulgencia de bohemios contribuyen a mantener
+la cobardía y la mentira y las miserias todas que nos anonadan. Cuando
+predican libertad no piensan más que en una: en la de disponer de la
+mujer del prójimo. Todo es en ellos sensualidad, y hasta de las ideas,
+de las grandes ideas, se enamoran sensualmente. Son incapaces de
+casarse con una grande y pura idea y criar familia de ella; no hacen
+sino amontonarse con las ideas. Las toman de queridas, menos aún, tal
+vez de compañeras de una noche. ¡Fuera con ellos!
+
+Si alguien quiere coger en el camino tal o cual florecilla que a su
+vera sonríe, cójala, pero de paso, sin detenerse, y siga al escuadrón,
+cuyo alférez no habrá de quitar ojo de la estrella refulgente y sonora.
+Y si se pone la florecilla en el peto sobre la coraza, no para verla
+él, sino para que se la vean, ¡fuera con él! Que se vaya, con su flor
+en el ojal, a bailar a otra parte.
+
+Mira, amigo, si quieres cumplir tu misión y servir a tu patria es
+preciso que te hagas odioso a los muchachos sensibles que no ven el
+universo sino a través de los ojos de su novia. O algo peor aún. Que
+tus palabras sean estridentes y agrias a sus oídos.
+
+El escuadrón no ha de detenerse sino de noche, junto al bosque o al
+abrigo de la montaña. Levantará allí sus tiendas, se lavarán los
+cruzados sus pies, cenarán lo que sus mujeres les hayan preparado,
+engendrarán luego un hijo en ellas, les darán un beso y se dormirán
+para recomenzar la marcha al siguiente día. Y cuando alguno se muera
+le dejarán a la vera del camino, amortajado en su armadura, a merced
+de los cuervos. Quede para los muertos el cuidado de enterrar a sus
+muertos.
+
+Si alguno intenta durante la marcha tocar pífano o dulzaina o caramillo
+o vihuela o lo que fuere, rómpele el instrumento y échale de filas,
+porque estorba a los demás oir el canto de la estrella. Y es, además,
+que él no la oye. Y quien no oiga el canto del cielo no debe ir en
+busca del sepulcro del Caballero.
+
+Te hablarán esos danzantes de poesía. No les hagas caso. El que se pone
+a tocar su jeringa--que no es otra cosa la _syringa_--debajo del cielo,
+sin oir la música de las esferas, no merece que se le oiga. No conoce
+la abismática poesía del fanatismo; no conoce la inmensa poesía de los
+templos vacíos, sin luces, sin dorados, sin imágenes, sin pompas, sin
+aromas, sin nada de eso que llaman arte. Cuatro paredes lisas y un
+techo de tablas; un corralón cualquiera.
+
+Echa del escuadrón a todos los danzantes de la jeringa. Échalos, antes
+de que se te vayan por un plato de alubias. Son filósofos cínicos,
+indulgentes, buenos muchachos, de los que todo lo comprenden y todo lo
+perdonan. Y el que todo lo comprende no comprende nada, y el que todo
+lo perdona nada perdona. No tienen escrúpulo en venderse. Como viven
+en dos mundos pueden guardar su libertad en el otro y esclavizarse en
+éste. Son a la vez estetas y perezistas o lopezistas o rodriguezistas.
+
+Hace tiempo se dijo que el hambre y el amor son los dos resortes de
+la vida humana. De la baja vida humana, de la vida de tierra. Los
+danzantes no bailan sino por hambre o por amor; hambre de carne, amor
+de carne también. Échalos de tu escuadrón, y que allí, en un prado,
+se harten de bailar mientras uno toca la jeringa, otro da palmaditas
+y otro canta a un plato de alubias o a los muslos de su querida de
+temporada. Y que allí inventen nuevas piruetas, nuevos trenzados de
+pies, nuevas figuras de rigodón.
+
+Y si alguno te viniera diciendo que él sabe tender puentes y que
+acaso llegue ocasión en que se deba aprovechar sus conocimientos para
+pasar un río, ¡fuera con él! ¡Fuera el ingeniero! Los ríos se pasarán
+vadeándolos, o a nado, aunque se ahogue la mitad de los cruzados. Que
+se vaya el ingeniero a hacer puentes a otra parte, donde hacen mucha
+falta. Para ir en busca del sepulcro basta la fe como puente.
+
+ * * * * *
+
+Si quieres, mi buen amigo, llenar tu vocación debidamente desconfía
+del arte, desconfía de la ciencia, por lo menos de eso que llaman arte
+y ciencia y no son sino mezquinos remedos del arte y de la ciencia
+verdaderos. Que te baste tu fe. Tu fe será tu arte, tu fe será tu
+ciencia.
+
+He dudado más de una vez de que puedas cumplir tu obra al notar el
+cuidado que pones en escribir las cartas que me escribes. Hay en ellas,
+no pocas veces, tachaduras, enmiendas, correcciones, jeringazos. No
+es un chorro que brota violento, expulsando el tapón. Más de una
+vez tus cartas degeneran en literatura, en esa cochina literatura,
+aliada natural de todas las esclavitudes y de todas las miserias. Los
+esclavizadores saben bien que mientras está el esclavo cantando a la
+libertad se consuela de su esclavitud y no piensa en romper sus cadenas.
+
+Pero otras veces recobro fe y esperanza en ti cuando siento bajo tus
+palabras atropelladas, improvisadas, cacofónicas, el temblar de tu voz
+dominada por la fiebre. Hay ocasiones en que puede decirse que ni están
+en un lenguaje determinado. Que cada cual lo traduzca al suyo.
+
+Procura vivir en continuo vértigo pasional, dominado por una pasión
+cualquiera. Sólo los apasionados llevan a cabo obras verdaderamente
+duraderas y fecundas. Cuando oigas de alguien que es impecable, en
+cualquiera de los sentidos de esta estúpida palabra, huye de él;
+sobre todo si es artista. Así como el hombre más tonto es el que en
+su vida ha hecho ni dicho una tontería, así el artista menos poeta,
+el más antipoético--y entre los artistas abundan las naturalezas
+antipoéticas--, es el artista impecable, el artista a quien decoran con
+la corona, de laurel de cartulina, de la impecabilidad los danzantes de
+la jeringa.
+
+Te consume, mi pobre amigo, una fiebre incesante, una sed de océanos
+insondables y sin riberas, un hambre de universos y la morriña de la
+eternidad. Sufres de la razón. Y no sabes lo que quieres. Y ahora,
+ahora quieres ir al sepulcro del Caballero de la Locura y deshacerte
+allí en lágrimas, consumirte en fiebre, morir de sed de océanos, de
+hambre de universos, de morriña de eternidad.
+
+Ponte en marcha, solo. Todos los demás solitarios irán a tu lado,
+aunque no los veas. Cada cual creerá ir solo, pero formaréis batallón
+sagrado, el batallón de la santa e inacabable cruzada.
+
+Tú no sabes bien, mi buen amigo, cómo los solitarios todos, sin
+conocerse, sin mirarse a las caras, sin saber los unos los nombres de
+los otros, caminan juntos y prestándose mutua ayuda. Los otros hablan
+unos de otros, se dan las manos, se felicitan mutuamente, se bombean y
+se denigran, murmuran entre sí y va cada cual por su lado. Y huyen del
+sepulcro.
+
+Tú no perteneces al cotarro, sino al batallón de los libres cruzados.
+¿Por qué te asomas a las tapias del cotarro a oir lo que en él se
+cacarea? ¡No, amigo mío, no! Cuando pases junto a un cotarro tápate los
+oídos, lanza tu palabra y sigue adelante, camino del sepulcro. Y que en
+esa palabra vibren toda tu sed, toda tu hambre, toda tu morriña, todo
+tu amor.
+
+Si quieres vivir de ellos, vive para ellos. Pero entonces, mi pobre
+amigo, te habrás muerto.
+
+Me acuerdo de aquella dolorosa carta que me escribiste cuando estabas
+a punto de sucumbir, de derogar, de entrar en la cofradía. Vi entonces
+cómo te pesaba tu soledad, esa soledad que debe ser tu consuelo y tu
+fortaleza.
+
+Llegaste a lo más terrible, a lo más desolador; llegaste al borde del
+precipicio de tu perdición: llegaste a dudar de tu soledad, llegaste
+a creerte en compañía. «¿No será--me decías--una mera cavilación, un
+fruto de soberbia, de petulancia, tal vez de locura, esto de creerme
+solo? Porque yo, cuando me sereno, me veo acompañado, y recibo
+cordiales apretones de manos, voces de aliento, palabras de simpatía,
+todo género de muestras de no encontrarme solo, ni mucho menos». Y por
+aquí seguías. Y te vi engañado y perdido, te vi huyendo del sepulcro.
+
+No, no te engañas en los accesos de tu fiebre, en las agonías de tu
+sed, en las congojas de tu hambre; estás solo, enteramente solo. No
+sólo son mordiscos los mordiscos que como tales sientes, lo son también
+los que como besos. Te silban los que aplauden, te quieren detener en
+tu marcha al sepulcro los que te gritan ¡adelante! Tápate los oídos.
+Y ante todo cúrate de una afección terrible, que por mucho que te la
+sacudes vuelve a ti con terquedad de mosca: cúrate de la afección de
+preocuparte cómo aparezcas a los demás. Cúidate sólo de cómo aparezcas
+ante Dios, cúidate de la idea que de ti Dios tenga.
+
+Estás solo, mucho más solo de lo que te figuras, y aun así no estás
+sino en camino de la absoluta, de la completa, de la verdadera soledad.
+La absoluta, la completa, la verdadera soledad consiste en no estar ni
+aun consigo mismo. Y no estarás de veras completa y absolutamente solo
+hasta que no te despojes de ti mismo, al borde del sepulcro. ¡Santa
+soledad!
+
+ * * * * *
+
+Todo esto dije a mi amigo, y él me contestó en una larga carta, llena
+de un furioso desaliento, estas palabras:
+
+«Todo eso que me dices está muy bien, está bien, no está mal; pero
+¿no te parece que en vez de ir a buscar el sepulcro de Don Quijote y
+rescatarlo de bachilleres, curas, barberos, canónigos y duques debíamos
+ir a buscar el sepulcro de Dios y rescatarlo de creyentes e incrédulos,
+de ateos y deístas, que lo ocupan, y esperar allí, dando voces de
+suprema desesperación, derritiendo el corazón en lágrimas, a que Dios
+resucite y nos salve de la nada?».
+
+
+
+
+ PRIMERA PARTE
+
+
+
+
+ CAPÍTULO I
+
+ Que trata de la condición y ejercicio del famoso hidalgo
+ Don Quijote de la Mancha.
+
+
+Nada sabemos del nacimiento de Don Quijote, nada de su infancia y
+juventud, ni de cómo se fraguara el ánimo del Caballero de la Fe, del
+que nos hace con su locura cuerdos. Nada sabemos de sus padres, linaje
+y abolengo, ni de cómo hubieran ido asentándosele en el espíritu las
+visiones de la asentada llanura manchega en que solía cazar; nada
+sabemos de la obra que hiciese en su alma la contemplación de los
+trigales salpicados de amapolas y clavellinas; nada sabemos de sus
+mocedades.
+
+Se ha perdido toda memoria de su linaje, nacimiento, niñez y mocedad;
+no nos la ha conservado ni la tradición oral ni testimonio alguno
+escrito, y si alguno de éstos hubo, hase perdido o yace oculto en
+polvo secular. No sabemos si dió o no muestras de su ánimo denodado y
+heroico ya desde tierno infante, al modo de esos santos de nacimiento,
+que ya desde mamoncillos no maman los viernes y días de ayuno, por
+mortificación y dar buen ejemplo.
+
+Respecto a su linaje declaró él mismo a Sancho, departiendo con
+éste después de la conquista del yelmo de Mambrino, que si bien era
+_hijodalgo de solar conocido, de posesión y propiedad, y de devengar
+quinientos sueldos_, no descendía de reyes, aunque, no obstante ello,
+el sabio que escribiese su historia podría deslindar de tal modo su
+parentela y descendencia, que le hallase ser quinto o sexto nieto de
+rey. Y de hecho no hay quien, a la larga, no descienda de reyes, y de
+reyes destronados. Mas él era de los linajes que son y no fueron. Su
+linaje empieza en él.
+
+Es extraño, sin embargo, cómo los diligentes rebuscadores que se han
+dado con tanto ahinco a escudriñar la vida y milagros de nuestro
+caballero, no han llegado aún a pesquisar huellas de tal linaje, y más
+ahora en que tanto peso se atribuye en el destino de un hombre a eso
+de su herencia. Que Cervantes no lo hiciera, no nos ha de sorprender,
+pues al fin creía que es cada cual hijo de sus obras y que se va
+haciendo según vive y obra; pero que no lo hagan estos inquiridores que
+para explicar el ingenio de un héroe husmean si fué su padre gotoso,
+catarroso o tuerto, me choca mucho, y sólo me lo explico suponiendo que
+viven en la tan esparcida cuanto nefanda creencia de que Don Quijote
+no es sino ente ficticio y fantástico, como si fuera hacedero a humana
+fantasía el parir tan estupenda figura.
+
+Aparécesenos el hidalgo cuando frisaba en los cincuenta años, en un
+lugar de la mancha, pasándolo pobremente con una _olla de algo más vaca
+que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados,
+lantejas los viernes y algún palomino de añadidura los domingos_,
+lo cual todo consumía las tres partes de su hacienda, acabando de
+concluirla _sayo de velarte, calzas de velludo para las fiestas con
+sus pantuflos de lo mismo y los días de entre semana... vellorí de lo
+más fino_. En un parco comer se le iban las tres partes de sus rentas,
+en un modesto vestir la otra cuarta. Era, pues, un hidalgo pobre, un
+hidalgo de gotera acaso, pero de los de lanza en astillero.
+
+Era hidalgo pobre, mas a pesar de ello, hijo de bienes, porque como
+decía su contemporáneo el Dr. D. Juan Huarte en el capítulo XVI de
+su EXAMEN DE INGENIOS PARA LAS CIENCIAS, «la ley de la Partida dice
+que hijodalgo quiere decir hijo de bienes; y si se entiende de bienes
+temporales, no tiene razón, porque hay infinitos hijodalgos pobres e
+infinitos ricos que no son hidalgos; pero si se quiere decir hijo de
+bienes que llamamos virtud, tiene la misma significación que dijimos».
+Y Alonso Quijano era hijo de bondad.
+
+En eso de la pobreza de nuestro hidalgo estriba lo más de su vida, como
+de la pobreza de su pueblo brota el manantial de sus vicios y a la par
+de sus virtudes. La tierra que alimentaba a Don Quijote es una tierra
+pobre, tan desollada por seculares chaparrones, que por dondequiera
+afloran a ras de ella sus entrañas berroqueñas. Basta ver cómo van por
+los inviernos sus ríos, apretados a largos trechos entre tajos, hoces
+y congostos y llevándose al mar en sus aguas fangosas el rico mantillo
+que habría de dar a la tierra su verdura. Y esta pobreza del suelo
+hizo a sus moradores andariegos, pues o tenían que ir a buscarse el
+pan a luengas tierras, o bien tenían que ir guiando a las ovejas de
+que vivían, de pasto en pasto. Nuestro hidalgo hubo de ver, año tras
+otro, pasar a los pastores pastoreando sus merinas, sin hogar asentado,
+a la de Dios nos valga, y acaso viéndolos así soñó alguna vez con ver
+tierras nuevas y correr mundo.
+
+Era pobre, _de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro,
+gran madrugador y amigo de la caza_. De lo cual se saca que era de
+temperamento colérico, en el que predominan calor y sequedad, y quien
+lea el ya citado EXAMEN DE INGENIOS que compuso el Dr. D. Juan Huarte,
+dedicándoselo a S. M. el Rey Don Felipe II, verá cuán bien cuadra a Don
+Quijote lo que de los temperamentos calientes y secos dice el ingenioso
+físico. De este mismo temperamento era también aquel caballero de
+Cristo, Íñigo de Loyola, de quien tendremos mucho que decir aquí, y
+de quien el P. Pedro de Rivadeneira[1] en la vida que de él compuso,
+y en el capítulo V del libro V de ella nos dice que era muy cálido de
+complexión y muy colérico, aunque venció luego la cólera, quedándose
+«con el vigor y brío que ella suele dar, y que era menester para la
+ejecución de las cosas que trataba». Y es natural que Loyola fuese
+del mismo temperamento que Don Quijote, porque había de ser capitán
+de una milicia, y su arte, arte militar. Y hasta en los más pequeños
+pormenores se anunciaba lo que habría de ser, pues al describirnos la
+estatura y disposición de su cuerpo en el capítulo XVIII del libro IV
+nos dice el citado Padre, su historiador, que tenía la frente ancha
+y desarrugada y una calva de muy venerable aspecto. Lo que consuena
+con la cuarta señal que pone el Dr. Huarte para conocer al que tenga
+ingenio militar y es tener la cabeza calva, y «está la razón muy clara»
+dice, añadiendo: «Porque esta diferencia de imaginativa reside en la
+parte delantera de la cabeza, como todas las demás; y el demasiado
+calor quema el cuero de la cabeza y cierra los caminos por donde han de
+pasar los cabellos; allende que la materia de que se engendra, dicen
+los médicos que son los excrementos que hace el cerebro al tiempo de su
+nutrición, y con el gran fuego que allí hay, todos se gastan y consumen
+y así falta materia de que poderse engendrar». De donde yo deduzco,
+aunque el puntualísimo historiador de Don Quijote no nos lo diga, que
+éste era también de frente ancha, espaciosa y desarrugada, y además
+calvo.
+
+Era Don Quijote amigo de la caza, en cuyo ejercicio se aprende astucias
+y engaños de guerra, y así es cómo tras las liebres y perdices corrió y
+recorrió los aledaños de su lugar, y debió de recorrerlos solitario y
+escotero bajo la tersura sin mancha del cielo manchego.
+
+Era pobre y ocioso; ocioso estaba los más ratos del año. Y nada hay
+en el mundo más ingenioso que la pobreza en la ociosidad. La pobreza
+le hacía amar la vida, apartándole de todo hartazgo y nutriéndole
+de esperanzas, y la ociosidad debió de hacerle pensar en la vida
+inacabable, en la vida perpetuadora. ¡Cuántas veces no soñó en sus
+mañaneras cacerías, con que su nombre se desparramara en redondo por
+aquellas abiertas llanuras y rodara ciñendo a los hogares todos y
+resonase en la anchura de la tierra y de los siglos! De sueños de
+ambición apacentó su ociosidad a su pobreza, y despegado del regalo de
+la vida, anheló inmortalidad no acabadera.
+
+En aquellos cuarenta y tantos años de su oscura vida, pues frisaba ésta
+en los cincuenta cuando entró en obra de inmortalidad nuestro hidalgo,
+en aquellos cuarenta y tantos años ¿qué había hecho fuera de cazar y
+administrar su hacienda? En las largas horas de su lenta vida ¿de qué
+contemplaciones nutrió su alma? Porque era un contemplativo, ya que
+sólo los contemplativos se aprestan a una obra como la suya.
+
+Adviértase que no se dió al mundo y a su obra redentora hasta frisar
+en los cincuenta, en bien sazonada madurez de vida. No floreció, pues,
+su locura hasta que su cordura y su bondad hubieron sazonado bien.
+No fué un muchacho que se lanza a tontas y a locas a una carrera mal
+conocida, sino un hombre sesudo y cuerdo que enloquece de pura madurez
+de espíritu.
+
+La ociosidad y un amor desgraciado de que hablaré más adelante, le
+llevaron a darse a leer libros de caballerías _con tanta afición y
+gusto, que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la caza y aun la
+administración de su hacienda_ y hasta _vendió muchas fanegas de tierra
+de sembradura para comprar libros de caballerías_, pues no sólo de pan
+vive el hombre. Y apacentó su corazón con las hazañas y proezas de
+aquellos esforzados caballeros que, desprendidos de la vida que pasa,
+aspiraron a la gloria que queda. El deseo de la gloria fué su resorte
+de acción.
+
+_Y así del poco dormir y del mucho leer se le secó el celebro de manera
+que vino a perder el juicio._ En cuanto a lo de secársele el cerebro,
+el Dr. Huarte, de quien dije, nos dice en el capítulo I de su obra que
+el entendimiento pide «que el celebro sea seco y compuesto de partes
+sutiles y muy delicadas», y por lo que hace a la pérdida del juicio
+nos habla de Demócrito Abderita, «el cual vino a tanta pujanza de
+entendimiento, allá en la vejez, que se le perdió la imaginativa, por
+la cual razón comenzó a hacer y decir dichos y sentencias tan fuera
+de término, que toda la ciudad de Abdera le tuvo por loco», mas al
+ir a verle y curarle Hipócrates se encontró con que era «el hombre
+más sabio que había en el mundo», y los locos y desatinados los que
+le hicieron ir a curarle. Y fué la ventura de Demócrito--agrega el
+doctor Huarte--que todo cuanto razonó con Hipócrates «en aquel breve
+tiempo fueron discursos de entendimiento, y no de la imaginativa,
+donde tenía la lesión». Y así se ve también en la vida de Don Quijote
+que en oyéndole discursos de entendimiento, teníanle todos por hombre
+discretísimo y muy cuerdo, mas en llegando a los de imaginativa, donde
+tenía la lesión, admirábanse todos de su locura, locura verdaderamente
+admirable.
+
+_Vino a perder el juicio._ Por nuestro bien lo perdió; para dejarnos
+eterno ejemplo de generosidad espiritual. Con juicio ¿hubiera sido tan
+heroico? Hizo en aras de su pueblo el más grande sacrificio: el de
+su juicio. Llenósele la fantasía de hermosos desatinos, y creyó ser
+verdad lo que es sólo hermosura. Y lo creyó con fe tan viva, con fe
+engendradora de obras, que acordó poner en hecho lo que su desatino le
+mostraba, y en puro creerlo hízolo verdad. _En efecto, rematado ya su
+juicio, vino a dar en el más extraño pensamiento que jamás dió loco
+en el mundo, y fué que le pareció convenible y necesario, así para el
+aumento de su honra como para el servicio de su república, hacerse
+caballero andante y irse por el mundo con sus armas y caballo a buscar
+las aventuras y a ejercitarse en todo aquello que él había leído que
+los caballeros andantes se ejercitaban, deshaciendo todo género de
+agravio y poniéndose en ocasiones y peligros, donde acabándolos cobrase
+eterno nombre y fama._ En esto de cobrar eterno nombre y fama estribaba
+lo más de su negocio; en ello el aumento de su honra primero y el
+servicio de su república después. Y su honra ¿qué era? ¿Qué era eso
+de la honra de que andaba entonces tan llena nuestra España? ¿Qué es
+sino un ensancharse en espacio y prolongarse en tiempo la personalidad?
+¿Qué es sino darnos a la tradición para vivir en ella y así no morir
+del todo? Podrá ello parecer egoísta, y más noble y puro buscar el
+servicio de la república primero, si no únicamente, por lo de buscad
+el reino de Dios y su justicia, buscarlo por amor al bien mismo, pero
+ni los cuerpos pueden menos que caer a tierra, pues tal es su ley, ni
+las almas menos que obrar por ley de gravitación espiritual, por ley de
+amor propio y deseo de honra. Dicen los físicos que la ley de la caída
+es ley de atracción mutua, atrayéndose una a otra la piedra que cae
+sobre la tierra y la tierra sobre que aquélla cae, en razón inversa a
+su respectiva masa, y así entre Dios y el hombre es también mutua la
+atracción. Y si Él nos tira a Sí con infinito tirón, también nosotros
+tiramos de Él. Su cielo padece fuerza. Y es Él para nosotros, ante todo
+y sobre todo, el eterno productor de inmortalidad.
+
+El pobre e ingenioso hidalgo no buscó provecho pasajero ni regalo de
+cuerpo, sino eterno nombre y fama, poniendo así su nombre sobre sí
+mismo. Sometióse a su propia idea, al Don Quijote eterno, a la memoria
+que de él quedase. «Quien pierda su alma la ganará»--dijo Jesús--, es
+decir, ganará su alma perdida y no otra cosa. Perdió Alonso Quijano el
+juicio, para ganarlo en Don Quijote; un juicio glorificado.
+
+_Imaginábase el pobre ya coronado por el valor de su brazo, por lo
+menos del imperio de Trapisonda, y se dió priesa a poner en efecto
+lo que deseaba._ No fué un contemplativo tan sólo, sino que pasó del
+soñar a poner por obra lo soñado. _Y lo primero que hizo fué limpiar
+unas armas que habían sido de sus bisagüelos_, pues salía a luchar a
+un mundo para él desconocido, con armas heredadas que _luengos siglos
+había que estaban puestas y olvidadas en un rincón_. Mas antes limpió
+las armas
+
+ _que el orín de la paz gastado había_
+ (Camões: OS LUSIADAS, IV, 22.)
+
+y se arregló una celada de encaje con cartones, y todo lo demás que
+sabéis de cómo lo probó, sin querer repetir la probatura, en lo que
+mostró lo cuerda que su locura era. Y _fué luego a ver a su rocín_ y
+engrandeciólo con los ojos de la fe y le puso nombre. Y luego se lo
+puso a sí mismo, nombre nuevo, como convenía a su renovación interior,
+y se llamó Don Quijote y con este nombre ha cobrado eternidad de fama.
+E hizo bien en mudar de nombre, pues con el nuevo llegó a ser de veras
+hidalgo, si nos atenemos a la doctrina del dicho Dr. Huarte, que en
+la ya citada obra nos dice así: «El español que inventó este nombre,
+hijodalgo, dió bien a entender... que tienen los hombres dos géneros de
+nacimiento. El uno es natural, en el cual todos son iguales, y el otro
+espiritual. Cuando el hombre hace algún hecho heroico o alguna extraña
+virtud y hazaña, entonces nace de nuevo y cobra otros mejores padres,
+y pierde el ser que antes tenía. Ayer se llamaba hijo de Pedro y nieto
+de Sancho; ahora se llama hijo de sus obras. De donde tuvo origen el
+refrán castellano que dice: cada uno es hijo de sus obras, y porque
+las buenas y virtuosas llama la Divina Escritura algo, y los vicios y
+pecados nada, compuso este nombre, hijodalgo, que quiere decir ahora
+descendiente del que hizo alguna extraña virtud...» Y así Don Quijote,
+descendiente de sí mismo, nació en espíritu al decidirse a salir en
+busca de aventuras, y se puso nuevo nombre a cuenta de las hazañas que
+pensaba llevar a cabo.
+
+Y después de esto buscó dama de quien enamorarse. Y en la imagen de
+Aldonza Lorenzo, _moza labradora de muy buen parecer, de quien él un
+tiempo anduvo enamorado, aunque según se entiende ella jamás lo supo ni
+se dió cata de ello_, encarnó la Gloria y la llamó Dulcinea del Toboso.
+
+
+ NOTAS:
+
+[1] Le llamo P., es decir, Padre, por acomodarme al uso, o sea abuso,
+común en casos tales, y aunque sé que Cristo Jesús dijo: «No os llaméis
+Padre en la tierra; pues uno solo es vuestro padre: que está en los
+cielos». (Mat., XXIII, 9.)
+
+
+
+
+ CAPÍTULO II
+
+ Que trata de la primera salida que de su tierra hizo Don Quijote.
+
+
+_Y así, sin dar parte a persona alguna de su intención, y sin que nadie
+le viese, una mañana antes del día se armó de todas sus armas, subió
+sobre su Rocinante... y por la puerta falsa de un corral salió al campo
+con grandísimo contento y alborozo de ver con cuánta facilidad había
+dado principio a su buen deseo._ Así, solo, sin ser visto, por puerta
+falsa de corral, como quien va a hacer algo vedado, se echó al mundo.
+¡Singular ejemplo de humildad! El caso es que por cualquier puerta se
+sale al mundo, y cuando uno se apresta a una hazaña no debe pararse en
+por qué puerta ha de salir.
+
+Mas pronto cayó en la cuenta de que no era armado caballero, y él,
+sumiso a la tradición siempre, _propuso de hacerse armar caballero del
+primero que topase_. Porque no iba al mundo a derogar ley alguna, sino
+a hacer que se cumplieran las de la caballerosidad y la justicia.
+
+¿No os recuerda esta salida la de aquel otro caballero, de la Milicia
+de Cristo, Íñigo de Loyola, que después de haber procurado en sus
+mocedades «de aventajarse sobre todos sus iguales y de alcanzar
+fama de hombre valeroso, y honra y gloria militar», y aun en los
+comienzos de su conversión, cuando se disponía a ir a Italia, siendo
+«muy atormentado de la tentación de la vanagloria», y habiendo sido,
+antes de convertirse, «muy curioso y amigo de leer libros profanos
+de caballerías», cuando después de herido en Pamplona leyó la vida
+de Cristo, y las de los Santos, comenzó a «trocársele el corazón y
+a querer imitar y obrar lo que leía»? Y así, una mañana, sin hacer
+caso de los consejos de sus hermanos, «púsose en camino acompañado de
+dos criados» y emprendió su vida de aventuras en Cristo, poniendo en
+un principio «todo su cuidado y conato en hacer cosas grandes y muy
+dificultosas... y esto no por otra razón sino porque los Santos que él
+había tomado por su dechado y ejemplo, habían echado por este camino».
+Así nos lo cuenta el P. Pedro de Rivadeneira en los capítulos I, III y
+X del libro I de su VIDA DEL BIENAVENTURADO PADRE IGNACIO DE LOYOLA,
+obra que apareció en romance castellano el año 1583, y era una de las
+que figuraban en la librería de Don Quijote, que la leyó, y una de
+las que en el escrutinio que de la tal librería hicieron el cura y el
+barbero, fué indebidamente al fuego del corral, por no haber ellos
+reparado en ella, que a haberla descubierto habríala el cura respetado
+y puesto sobre su cabeza. Y de que no reparó en ella, es buena prueba
+el que Cervantes no la cita.
+
+Resuelto Don Quijote a hacerse armar caballero del primero que topase,
+_se quietó y prosiguió su camino sin llevar otro que aquel que su
+caballo quería, creyendo que en aquello consistía la fuerza de las
+aventuras_. Y creyendo muy bien al creer así. Su heroico espíritu igual
+habría de ejercerse en una que otra aventura; en la que Dios tuviese a
+bien depararle. Como Cristo Jesús, de quien fué siempre Don Quijote un
+fiel discípulo, estaba a lo que la aventura de los caminos le trajese.
+El divino Maestro, yendo a despertar de su mortal sueño a la hija de
+Jairo, se detuvo con la mujer de la hemorragia. Lo más urgente es lo de
+ahora y lo de aquí; en el momento que pasa y en el reducido lugar que
+ocupamos están nuestra eternidad y nuestra infinitud.
+
+Se dejaba llevar de su caballo el caballero, al azar de los senderos de
+la vida. ¿Qué menos daba esto si era siempre la misma y siempre fija su
+alma heroica? Salía al mundo a enderezar los entuertos que al encuentro
+le salieran, mas sin plan previo, sin programa alguno reformatorio. No
+salía a él a aplicar ordenamientos de antemano trazados, sino a vivir
+conforme a como los caballeros andantes habían vivido; su dechado eran
+vidas creadas y narradas por el arte, no sistemas armados y explicados
+por ciencia alguna. A lo que conviene añadir, además, que por aquel
+entonces no había aún esta cosa que llamamos ahora sociología por
+llamarla de algún modo.
+
+Y conviene veamos también en esto de dejarse llevar del caballo uno
+de los actos de más profunda humildad y obediencia a los designios de
+Dios. No escojía, como soberbio, las aventuras, ni iba a hacer esto
+o lo otro, sino lo que el azar de los caminos le deparase, y como el
+instinto de las bestias depende de la voluntad divina más directamente
+que nuestro libre albedrío, de su caballo se dejaba guiar. También
+Íñigo de Loyola, en famosa aventura, de que hablaremos, se dejó guiar
+de la inspiración de su cabalgadura.
+
+Esto de la obediencia de Don Quijote a los designios de Dios es una de
+las cosas que más debemos observar y admirar en su vida. Su obediencia
+fué de la perfecta, de la que es ciega, pues jamás se le ocurrió
+pararse a pensar si era o no acomodada a él la aventura que se le
+presentase; se dejó llevar, como, según Loyola, debe dejarse llevar
+el perfecto obediente, como un báculo en mano de un viejo, o «como un
+pequeño crucifijo que se deja volver de una parte a otra sin dificultad
+alguna».
+
+_Yendo, pues, caminando nuestro flamante aventurero, iba hablando
+consigo mesmo y diciendo: ¿quién duda sino que en los venideros
+tiempos, cuando salga a luz la verdadera historia de mis famosos
+hechos._.. y todo lo demás que, según nos cuenta Cervantes, iba
+diciéndose Don Quijote. Cuya locura tira siempre a su centro, a buscar
+eterno nombre y fama, a que se escriba su historia en los venideros
+tiempos. Fué el fondo de pecado, es decir, la raíz hondamente humana,
+de su generosa empresa; la de buscar nombre y fama en ella, la de
+emprenderla por la gloria. Pero ese mismo fondo de pecado la hizo,
+¡es natural!, entrañadamente humana. Toda vida heroica o santa corrió
+siempre en pos de gloria, temporal o eterna, terrena o celestial. No
+creáis a quienes os digan que buscan el bien por el bien mismo, sin
+esperanza de recompensa; de ser ello verdad, serían sus almas como
+cuerpos sin peso, puramente aparenciales. Para conservar y acrecentar
+la especie humana se nos dió el instinto y sentimiento del amor
+entre mujer y hombre, para enriquecerla con grandes obras se nos dió
+la ambición de gloria. Lo sobrehumano de la perfección toca en lo
+inhumano, y en ello se hunde.
+
+Y entre los disparates que en este acto de su primer salida iba
+nuestro caballero ensartando, fué de lo primero acordarse de la
+princesa Dulcinea, de la Gloria, que le hizo el agravio de despedirle
+y reprocharle con el riguroso afincamiento de mandarle no parecer ante
+la su fermosura. La gloria es conquistadera, mas con harto trabajo,
+y el buen hidalgo, impaciente como novicio, se desesperaba de haber
+caminado todo aquel día _sin acontecerle cosa que de contar fuese_. No
+te desespere eso, buen caballero: lo heroico es abrirse a la gracia de
+los sucesos que nos sobrevengan, sin pretender forzarlos a venir.
+
+Mas al caer de este primer día de su carrera de gloria _vió no lejos
+del camino por donde iba, una venta_, llegando a ella _a tiempo que
+anochecía_. Y las primeras personas con que topó en el mundo fueron
+_dos mujeres mozas, destas que llaman del partido_; encuentro con dos
+pobres rameras fué su primer encuentro en su ministerio heroico. Mas
+a él le parecieron _dos hermosas doncellas o dos graciosas damas, que
+delante de la puerta del castillo_--pues por tal tuvo a la venta--_se
+estaban solazando_. ¡Oh poder redentor de la locura! A los ojos del
+héroe las mozas del partido aparecieron como hermosas doncellas; su
+castidad se proyecta a ellas y las castiga y depura. La limpieza de
+Dulcinea las cubre y limpia a los ojos de Don Quijote.
+
+Y en esto un porquero tocó un cuerno para recoger sus puercos, y lo
+tomó Don Quijote por señal de algún enano, y se llegó a la venta y a
+las trasfiguradas mozas. Llenas éstas de miedo--¿y qué sino miedo ha de
+criar en ellas su desventurado oficio?--se iban a entrar en la venta,
+cuando el Caballero, alzada la visera de papelón y descubierto el seco
+y polvoroso rostro, les habló _con gentil talante y voz reposada_
+llamándolas doncellas. ¡Doncellas! ¡Santa limosna de la palabra! Pero
+ellas, al oirse llamar cosa _tan fuera de su profesión, no pudieron
+tener la risa, y fué de manera que Don Quijote vino a correrse_.
+
+He aquí la primera aventura del hidalgo, cuando responde la risa a su
+cándida inocencia, cuando al verter sobre el mundo su corazón la pureza
+de que estaba henchido, recibe de rechazo la risa, matadora de todo
+generoso anhelo. Y ved que las desgraciadas se ríen precisamente del
+mayor honor que pudiera hacérseles. Y él, corrido, les reprendió su
+sandez, y arreciaron a reir ellas, y él a enojarse, y salió el ventero,
+_hombre que por ser muy gordo era muy pacífico_, y le ofreció posada.
+Y ante la humildad del ventero, humillose Don Quijote y se apeó. Y
+las mozas, reconciliadas con él, pusiéronse a desarmarle. Dos mozas
+del partido hechas por Don Quijote doncellas, ¡oh poder de su locura
+redentora!, fueron las primeras en servirle con desinteresado cariño.
+
+ _Nunca fuera caballero
+ de damas tan bien servido._
+
+Recordad a María de Magdala lavando y ungiendo los pies del Señor y
+enjugándoselos con su cabellera acariciada tantas veces en el pecado; a
+aquella gloriosa Magdalena de que tan devota era Teresa de Jesús, según
+ella misma nos lo cuenta en el capítulo IX de su VIDA, y a la que se
+encomendaba para que le alcanzase perdón.
+
+El Caballero manifestó sus deseos de cumplir hazañas en servicio de
+aquellas pobres mozas, que aún aguardan el Don Quijote que enderece
+su entuerto. _Pero tiempo vendrá_--les dijo--_en que las vuestras
+señorías me manden y yo obedezca. Y las mozas, que no estaban hechas
+a oir semejantes retóricas_ y sí soeces groserías, _no respondían
+palabra; sólo le preguntaron si quería comer alguna cosa_. Cesó la
+risa; sintiéronse mujeres las adoncelladas mozas del partido, y
+le preguntaron si quería comer. _Si quería comer_... Hay todo un
+misterio de la más sencilla ternura en este rasgo que Cervantes nos ha
+trasmitido. Las pobres mozas comprendieron al Caballero calando hasta
+el fondo su niñez de espíritu, su inocencia heroica, y le preguntaron
+si quería comer. Fueron dos pobres pecadoras de por fuerza las primeras
+que se cuidaron de mantener la vida del heroico loco. Las adoncelladas
+mozas, al ver a tan extraño Caballero, debieron de sentirse conmovidas
+en lo más hondo de sus injuriadas entrañas, en sus entrañas de
+maternidad, y al sentirse madres, viendo en Don Quijote al niño, como
+las madres a sus hijos le preguntaron materialmente si quería comer.
+Toda caridad de mujer, todo beneficio, toda limosna que rinde, lo
+hace por sentirse madre. Con alma de madres preguntaron las mozas del
+partido a Don Quijote si quería comer. Ved, pues, si las adoncelló con
+su locura, pues que toda mujer, cuando se siente madre, se adoncella.
+
+Si quería comer... _A lo que entiendo me haría mucho al
+caso_--respondió Don Quijote--, _pues el trabajo y peso de las armas
+no se puede llevar sin el gobierno de las tripas_. Y comió, y al oir,
+mientras comía, el silbato de cañas de un castrador de puercos, acabóse
+de confirmar _que estaba en algún famoso castillo y que le servían con
+música, y que el abadejo eran truchas, el pan candial y las rameras
+damas, y el ventero castellano del castillo, y con esto daba por bien
+empleada su determinación y salida_. Con razón se dijo que nada hay
+imposible para el creyente, ni nada como la fe sazona y ablanda el pan
+más áspero y duro.
+
+_Mas lo que más le fatigaba era el no verse armado caballero, por
+parecerle que no se podría poner legítimamente en aventura alguna sin
+recebir la orden de caballería._ Y decidió hacerlo.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO III
+
+ Donde se comenta la graciosa manera que tuvo Don Quijote
+ en armarse caballero.
+
+
+Va Alonso Quijano a recibir su caballeresco bautismo como Don Quijote.
+Y así, hincó ambos hinojos ante el ventero pidiéndole un don, que le
+fué otorgado, cual fué el de que le armara caballero, y prometiendo
+velar aquella noche las armas en la capilla del castillo. Y el ventero
+_por tener que reir aquella noche, determinó de seguirle el humor_, por
+donde se ve que era uno de éstos que toman al mundo en espectáculo,
+cosa natural en quien estaba hecho a tanto trajín y trasiego de yentes
+y vinientes. ¿Cómo no tomar en espectáculo el mundo quien vive en él de
+una posada en donde nadie posa de veras? El tener que separarse de uno
+apenas conocido y tratado nos lleva a buscar que reir.
+
+Era el ventero un hombre que había corrido mundo sembrando fechorías
+y cosechando prudencia. Y tan claveteada ésta, que al responder Don
+Quijote a una pregunta suya _que no traía blanca porque él nunca
+había leído en las historias de los caballeros andantes que ninguno
+los hubiese traído_, le dijo se engañaba, que puesto caso _que en las
+historias no se escribía, por haberles parecido a los autores dellas
+que no era menester escrebir una cosa tan clara y tan necesaria de
+traerse, como eran dineros y camisas limpias, no por eso se había de
+creer que no los trujeron; y así tuviese por cierto y averiguado que
+todos los caballeros andantes llevaban herradas las bolsas por lo que
+pudiese sucederles_. A lo cual _prometió Don Quijote de hacer lo que se
+le aconsejaba_, pues era un loco muy razonable y ante la intimación de
+los dineros no hay locura que no se quiebre.
+
+Pero ¿no vive el sacerdote del altar?, se dirá. Y ¿no es bien que de
+sus hazañas viva el hazañoso? ¡Dineros y camisas limpias! ¡Impurezas
+de la realidad! Impurezas de la realidad, sí, pero a las que tienen
+que acomodarse los héroes. También Íñigo de Loyola se esforzaba por
+vivir en verdadero caballero andante a lo divino, tornando, apenas
+salía de enfermedades, a sus acostumbradas asperezas de vida, «pero
+al fin la larga experiencia y un grave dolor de estómago que a menudo
+le saltaba--nos cuenta su historiador, lib. I, cap. IX--y la aspereza
+del tiempo, que era en medio del invierno, le ablandaron un poco para
+que obedeciese a los consejos de sus devotos y amigos; los cuales le
+hicieron tomar dos ropillas cortas, de un paño grosero y pardillo, para
+abrigar su cuerpo y del mismo paño una media caperuza para cubrir la
+cabeza».
+
+Púsose luego Don Quijote a velar las armas en el patio de la venta,
+a la luz de la luna y espiado por los curiosos. Y entró un arriero a
+dar agua a su recua y quitó las armas que estaban sobre la pila, pues
+cuando hay que dar de beber a nuestra hacienda arrancamos cuanto nos
+estorbe llegar al manantial. Mas recibió su pago en un fuerte astazo de
+lanza que le derribó aturdido. Y a otro, que iba a lo mismo, acaecióle
+igual. Y a poco empezaron los demás arrieros a apedrear al Caballero, y
+él a dar voces llamándoles _soez y baja canalla_ y los llamó _con tanto
+brío y denuedo_, que logró atemorizarlos. Poned, pues, alma en vuestras
+voces, llamad con denuedo y brío canalla a los arrieros que arrancan
+de su reposadero las armas del ideal para poder abrevar sus recuas, y
+conseguiréis atemorizarlos.
+
+El ventero, temeroso de otros males, abrevió la ceremonia, llevó un
+libro _donde asentaba la paja y cebada que daba a los arrieros y con un
+cabo de vela que traía un muchacho y con las dos ya dichas doncellas_,
+hizo ponerse de rodillas a Don Quijote y leyendo una devota oración
+le dió un golpe y el espaldarazo. El libro en que asentaba la paja y
+cebada sirvió de evangelio ritual, y cuando el Evangelio se convierte
+en puro rito es lo mismo. Una de las mozas, la Tolosa, toledana, le
+_ciñó_ la espada deseándole ventura en lides y él le rogó se pusiese
+Don y se llamase Doña Tolosa, y la otra moza, la Molinera, antequerana,
+le calzó la espuela _y le pasó casi el mismo coloquio_ con ella. Y
+luego se salió sin que le pidieran la costa.
+
+Ya le tenemos armado caballero por un bellaco, que harto de hurtar
+la vida a salto de mata, la asegura desvalijando a mansalva a los
+viandantes, y por dos rameras adoncelladas. Tales le entraron en el
+mundo de la inmortalidad, en que habían de reprenderle canónigos y
+graves eclesiásticos. Ellas, la Tolosa y la Molinera, le dieron de
+comer; ellas le ciñeron espada y le calzaron espuelas mostrándose
+con él serviciales y humildes. Humilladas de continuo en su fatal
+profesión, penetradas de su propia miseria y sin siquiera el orgullo
+hediondo de la degradación, fueron adoncelladas por Don Quijote y
+elevadas por él a la dignidad de doñas. Fué el primer entuerto del
+mundo enderezado por nuestro Caballero, y como todos los demás que
+enderezó, torcido queda. ¡Pobres mujeres que sencillamente, sin
+ostentación cínica, doblan la cerviz a la necesidad del vicio y a la
+brutalidad del hombre, y para ganarse el pan, se resignan a la infamia!
+¡Pobres guardadoras de la virtud ajena, hechas sumideros de lujuria,
+que estancándose mancharía a las otras! Fueron las primeras en acoger
+al loco sublime; ellas le ciñeron espada, ellas le calzaron espuela, y
+de sus manos entró en el camino de la gloria.
+
+Y aquella vela de armas ¿no os recuerda la del caballero andante de
+Cristo, la de Íñigo de Loyola? También Íñigo, la víspera de la Navidad
+de 1522, veló sus armas ante el altar de Nuestra Señora de Monserrate.
+Oigámoslo al P. Rivadeneira (lib. I, cap. IV): «Como hubiese leído en
+sus libros de caballerías que los caballeros noveles solían velar sus
+armas, por imitar él, como caballero novel de Cristo, con espiritual
+representación, aquel hecho caballeroso y velar sus nuevas y al parecer
+pobres y flacas armas, mas en hecho de verdad muy ricas y fuertes, que
+contra el enemigo de nuestra naturaleza se había vestido, toda aquella
+noche, parte en pie y parte de rodillas, estuvo velando delante de
+la imagen de Nuestra Señora, encomendándose de todo corazón a ella,
+llorando amargamente sus pecados y proponiendo la enmienda de la vida
+para en adelante».
+
+
+
+
+ CAPÍTULO IV
+
+ De lo que sucedió a nuestro Caballero cuando salió de la venta.
+
+
+Salió de la venta Don Quijote y, acordándose de los consejos del sesudo
+ventero, determinó volverse a casa a proveerse de lo necesario y a
+tomar escudero. No era un necio que fuese a tiro hecho, sino un loco
+que admitía las lecciones de la realidad.
+
+Y al volver a casa, _a acomodarse de todo_, oyó voces salientes de
+la espesura de un bosque, y se entró por él y vió a un labrador que
+azotaba a un muchacho _desnudo de medio cuerpo arriba_, reprendiéndole
+a cada golpe. Y al ver un castigo se sublevó el espíritu de justicia
+del caballero e increpó al labrador que se tomaba con quien no
+podía defenderse, e invitóle a luchar con él, por ser de cobardes
+lo que hacía. _Es un mi criado_--respondió con buenas palabras el
+castigador--, contando después cómo le perdía ovejas de la manada, y
+que al castigarle decía el criado lo hacía su amo por miserable, en lo
+que mentía según el amo. _¿Miente delante de mí, ruin villano?--dijo
+Don Quijote--; por el sol que nos alumbra que estoy por pasaros de
+parte a parte con esta lanza; pagalde luego sin más réplica; si no,
+por el Dios que nos rige, que os concluya y aniquile en este punto;
+desatadlo luego._
+
+¿Mentir? ¿Mentir delante de Don Quijote? Ante él sólo miente quien
+reprocha de mentira a otro, siempre que el reprochador sea el más
+fuerte. En el bajo y triste mundo no les queda de ordinario a los
+débiles otra defensa que la mentira contra la fortaleza de los fuertes,
+y así éstos, los leones, han declarado nobles sus armas, las recias
+quijadas y las robustas garras, y viles el veneno de la víbora, las
+patas veloces de la liebre, la astucia del zorro y la tinta del
+calamar, y vilísima la mentira, arma de quien no tiene otra a que
+acogerse. Pero ¿mentir ante Don Quijote, o mejor dicho, mentir a solas
+con quien sabe la verdad? Quien miente es el fuerte, que teniendo
+atado y azotando al débil, le echa en cara su mentira. ¿Miente? ¿Y
+por qué él, Juan Haldudo el rico, al ser cogido en flagrante delito,
+va a aumentarlo ejerciendo de acusador, de diablo? Todo amo que se
+toma la justicia por su mano, tiene que hacer de diablo para poder
+tomársela e inventar imputaciones. Siempre el fuerte busca razones con
+que cohonestar sus violencias, cuando en rigor basta la violencia, que
+es razón de sí misma, y sobran las razones. Es preferible un pisotón
+a secas, cuando nos lo dan adrede, que no con un «usted dispense» de
+añadidura.
+
+Bajó el rico labrador la cabeza--¿y qué iba a hacer ante la verdad,
+que armada de lanzón, le hablaba amenazadora?--, bajó la cabeza sin
+responder, desató al criado y ofreció, so pena de muerte, pagarle
+sesenta y tres reales cuando llegaran a casa, pues no tenía allí
+dinero. Resistióse el mozo a ir, por miedo a nueva paliza, mas Don
+Quijote replicó: _no hará tal, basta que yo se lo mande para que me
+tenga respeto, y con que él me lo jure por la ley de caballería que ha
+recebido, le dejaré ir libre y aseguraré la paga_. Protestó el criado,
+diciendo no ser caballero su amo, sino Juan Haldudo el rico, vecino
+del Quintanar, a lo que respondió Don Quijote que puede haber Haldudos
+caballeros _y cada uno es hijo de sus obras_. Lo de haberle tomado
+por caballero Don Quijote vino de que vió _tenía una lanza arrimada
+a la encina adonde estaba arrendada la yegua_, y ¿quiénes sino los
+caballeros usan lanza?, ni ¿cómo sino por ella va a conocérseles?
+
+Notemos aquel _no hará tal, basta que yo se lo mande para que me tenga
+respeto_, sentencia probadora de la honda fe del caballero en sí mismo,
+fe en que se ensalzaba, pues no teniendo aún obras, creíase hijo de las
+que pensaba acometer y por las que cobraría eterno nombre y fama. Poco
+cristiano a primera vista lo de tener a un hijo de Dios por hijo de sus
+obras, mas es que el cristianismo de Don Quijote estaba más adentro,
+mucho más adentro, por debajo de gracia de fe y de mérito de obras, en
+la raíz común a la naturaleza y a la gracia.
+
+Prometido, pues, por Juan Haldudo el rico, el pagar a su criado un
+real sobre otro y aun sahumados, sahumerio de que le hizo gracia Don
+Quijote, encomendándole cumpliera como juró, pues de otro modo juraba
+él volver a buscarlo y castigarle, pues tendría que hallarlo aunque se
+escondiese más que una lagartija; prometido así por Juan Haldudo, se
+apartó Don Quijote. Y cuando hubo traspuesto el bosque y ya no parecía,
+volvióse el rico Haldudo a su criado, tornó a atarle a la encina y le
+hizo pagar cara la justicia de Don Quijote. Y con esto el criado _se
+partió llorando y su amo se quedó riendo; y de esta manera deshizo el
+agravio el valeroso Don Quijote_--agrega Cervantes maliciosamente. Y
+con él maliciarán cuantos hablan de lo contraproducente del ideal. Mas
+ahora, ¿ahora quién ríe y quién llora ahora? El caballero se fué su
+camino, lleno de fe, ponderando su hazaña y cómo quitó el látigo de la
+mano _a aquel despiadado enemigo que tan sin ocasión vapulaba a aquel
+delicado infante_. Al cual le fué sin duda de mayor premio la segunda
+tanda de azotes con que le dejó por muerto su amo, que no la primera
+y sin duda muy merecida en justicia humana. Más le valieron y más le
+enseñaron aquellos segundos furiosos azotes, que le hubieran valido y
+enseñado los sesenta y tres reales sahumados. Aparte de lo cual, tienen
+las aventuras todas de nuestro Caballero su flor en el tiempo y en la
+tierra, pero sus raíces en la eternidad, y en la eternidad y en los
+profundos, el entuerto del criado de Juan Haldudo el rico, quedó muy
+bien y para siempre enderezado.
+
+Siguió Don Quijote el camino que a Rocinante le placía, pues todos
+ellos llevan a la eternidad de la fama cuando el pecho alberga
+esforzado empeño. También Íñigo de Loyola, cuando camino de Monserrate,
+se separó del moro con quien había disputado, determinó dejar a la
+cabalgadura en que iba la elección de camino y de porvenir. Y yendo así
+Don Quijote, es cuando dió con aquel tropel de mercaderes toledanos que
+iban a comprar seda a Murcia. Y vió nueva aventura y se plantó ante
+ellos como Cervantes nos lo cuenta, y quiso hacerlos confesar, ¡a los
+mercaderes!, que _no hay en el mundo todo doncella más hermosa que la
+emperatriz de la Mancha, la sin par Dulcinea del Toboso_.
+
+Los corazones mezquinos que sólo miden la grandeza de las acciones
+humanas por el bajo provecho de la carne o el sosiego de la vida
+externa, alaban el intento de Don Quijote al querer hacer pagar a
+Haldudo el rico o al socorrer a menesterosos, pero no ven sino mera
+locura en esto de querer que los mercaderes confesasen, sin haberla
+nunca visto, la sin par hermosura de Dulcinea del Toboso. Y ésta es,
+sin embargo, una de las más quijotescas aventuras de Don Quijote, es
+decir, una de las que más levantan el corazón de los redimidos por
+su locura. Aquí Don Quijote no se dispone a pelear por favorecer a
+menesteroso, ni por enderezar entuerto, ni por reparar injusticia, sino
+por la conquista del reino espiritual de la fe. Quería hacer confesar
+a aquellos hombres, cuyos corazones amonedados sólo veían el reino
+material de las riquezas, que hay un reino espiritual y redimirlos así,
+a pesar de ellos mismos.
+
+Los mercaderes no se rindieron a primeras, y duros de pelar,
+acostumbrados a la sisa y al regateo, regatearon la confesión,
+disculpándose con no conocer a Dulcinea. Y aquí Don Quijote monta en
+quijotería y exclama: _Si os la mostrara ¿qué hiciérades vosotros en
+confesar una verdad tan notoria? La importancia está en que sin verla
+lo habéis de creer, confesar, afirmar, jurar y defender._ ¡Admirable
+caballero de la fe! ¡Y cuán hondo su sentido de ésta! Era de su pueblo,
+que fué también tizona en la diestra y en la siniestra el Cristo, a
+hacer confesar a remotas gentes un credo que no conocían. Sólo que
+alguna vez cambió de manos y erigió en alto la espada y golpeó con el
+crucifijo. _Gente descomunal y soberbia_ llamó con razón Don Quijote
+a los mercaderes toledanos, pues ¿cuál mayor soberbia que negarse a
+confesar, afirmar, jurar y defender la hermosura de Dulcinea, sin
+haberla visto? Mas ellos, retusos en la fe, insistieron, y como los
+contumaces judíos, que pedían al Señor señales, pidieron al Caballero
+les mostrase algún retrato de aquella señora, aunque fuera _tamaño como
+un grano de trigo_, y añadiendo a la contumacia protervia, blasfemaron.
+
+Blasfemaron, suponiendo a la sin par Dulcinea, lucero de nuestras
+andanzas por los senderos de esta baja vida, consuelo en las
+adversidades, manadero de acometedores bríos, doncella engendradora
+de altas empresas, por quien es llevadera la vida y vividera la
+muerte; supusieron a la sin par Dulcinea _tuerta de un ojo y que
+del otro le mana bermellón y piedra azufre. No le mana, canalla
+infame--respondió Don Quijote encendido en cólera--, no le mana eso
+que decís, sino ámbar y algalia entre algodones, y no es tuerta ni
+corcovada, sino más derecha que un huso de Guadarrama._ ¡No le mana!
+¡no le mana!--repitamos nosotros todos--, ¡no le mana! ¡no le mana!,
+infames mercaderes, ¡no le mana sino ámbar y algalia entre algodones!
+Ámbar mana de los ojos de la Gloria que con ellos nos mira, infames
+mercaderes.
+
+Y para hacerles pagar y cara, tan gran blasfemia, arremetió Don Quijote
+con la lanza baja contra el que lo había dicho _con tanta furia y
+enojo, que si la buena suerte no hiciera que en la mitad del camino
+tropezara y cayera Rocinante lo pasara mal el atrevido mercader_.
+
+Ya está en el suelo Don Quijote, gustando con sus costillas la dureza
+de la madre tierra; es su primer caída. Parémonos a considerarla.
+_Cayó Rocinante, y fué rodando_ su amo una buena pieza por el campo, y
+queriéndose _levantar, jamás pudo: tal embarazo le causaban la lanza,
+adarga, espuelas y celada con el peso de las antiguas armas_. Ya diste
+en tierra, mi señor Don Quijote, por fiar en tu propia fortaleza y
+en la fortaleza de aquel rocín a cuyo instinto fiabas tu camino. Tu
+presunción te ha perdido; el creerte hijo de tus obras. Ya diste en
+tierra, mi pobre hidalgo, y en ella tus armas antes te sirven de
+embarazo que de ayuda. Mas no te importe, pues tu triunfo fué siempre
+el de osar y no el de cobrar suceso. La que llaman victoria los
+mercaderes era indigna de ti; tu grandeza estribó en no reconocer nunca
+tu vencimiento. Sabiduría del corazón y no ciencia de la cabeza es la
+de saber ser derrotado y usar de la derrota. Hoy son los mercaderes
+toledanos los que están en derrota y en gloria tú, noble Caballero.
+
+Y desde el suelo, tendido en él y pugnando por levantarse, aún los
+denostabas llamándolos _gente cobarde, gente cautiva_ y haciéndoles ver
+que no por tu culpa, sino por la de tu caballo, estabas allí tendido.
+Tal nos sucede a nosotros, tus creyentes; no por nuestra culpa, sino
+por la culpa de los rocines que nos llevan por los senderos de la
+vida, estamos tendidos y sin poder levantarnos, pues nos embaraza
+para hacerlo el peso de la antigua armadura que nos cubre. ¿Quién nos
+desnudará de ella?
+
+Y llegó un mozo de mulas, _que no debía de ser muy bienintencionado_,
+según Cervantes, _y oyendo decir al pobre caído tantas arrogancias no
+lo pudo sufrir, sin darle la respuesta en las costillas_ y le molió a
+palos _hasta envidar todo el resto de su cólera_ y sin hacer caso a
+las voces de sus amos de que le dejase. Ahora, ahora que estás tendido
+y sin poder levantarte, mi señor Don Quijote, ahora viene el mozo de
+mulas, peor intencionado que los mercaderes a que sirve, y te da de
+palos. Pero tú, sin par Caballero, molido y casi deshecho, tiéneste
+por dichoso, pareciéndote ser ésa _propia desgracia de caballeros
+andantes_, y con este tu parecer encumbras tu derrota, trasmudándola en
+victoria. ¡Ah, si nosotros, tus fieles, nos tuviésemos por dichosos de
+haber sido molidos a palos, desgracia propia de caballeros andantes!
+Más vale ser león muerto que no perro vivo.
+
+Esta aventura de los mercaderes trae a mi memoria aquella otra del
+caballero Íñigo de Loyola, que nos cuenta el P. Rivadeneira en el
+capítulo III del libro I de su VIDA, cuando yendo Ignacio camino de
+Monserrate «topó acaso con un moro de los que en aquel tiempo quedaban
+en España en los reinos de Valencia y Aragón» y «comenzaron a andar
+juntos, y a trabar plática, y de una en otra vinieron a tratar de
+la virginidad y pureza de la gloriosísima Virgen Nuestra Señora». Y
+tal se puso la cosa, que Íñigo, al separarse del moro, quedó «muy
+dudoso y perplejo en lo que había de hacer; porque no sabía si la fe
+que profesaba y la piedad cristiana le obligaba a darse priesa tras
+el moro, y alcanzarle y darle de puñaladas por el atrevimiento y
+osadía que había tenido de hablar tan desvergonzadamente en desacato
+de la bienaventurada siempre Virgen sin mancilla». Y al llegar a una
+encrucijada, se lo dejó a la cabalgadura, según el camino que tomase,
+o para buscar al moro y matarle a puñaladas o para no hacerle caso. Y
+Dios quiso iluminar a la cabalgadura y «dejando el camino ancho y llano
+por do había ido el moro, se fué por el que era más apropósito para
+Ignacio». Y ved cómo se debe la Compañía de Jesús a la inspiración de
+una caballería.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO V
+
+ Donde se prosigue la narración de la desgracia de nuestro Caballero.
+
+
+Tendido Don Quijote en tierra se acogió a uno de los pasos de sus
+libros, como a pasos de los nuestros nos acogemos en nuestra derrota, y
+comenzó a revolcarse por tierra y a recitar coplas. En lo cual debemos
+ver algo así como cierta deleitación en la derrota y un convertir
+a ésta en sustancia caballeresca. ¿No nos está pasando lo mismo en
+España? ¿No nos deleitamos en nuestra derrota y sentimos cierto gusto,
+como el de los convalecientes, en la propia enfermedad?
+
+Y acertó a pasar Pedro Alonso, un labrador vecino suyo, que le levantó
+del suelo, le reconoció, le recogió y le llevó a su casa. Y no se
+entendieron en el camino, en la plática que hubieron entre ambos,
+plática de que sin duda tuvo noticia Cervantes por el mismo Pedro
+Alonso, varón sencillo y de escasas comprendederas. Y en esta plática
+es cuando Don Quijote pronunció aquella sentencia tan preñada de
+sustancia que dice: _¡Yo sé quién soy!_
+
+Sí, él sabe quién es y no lo saben ni pueden saberlo los piadosos
+Pedros Alonsos. _¡Yo sé quién soy!_--dice el héroe--, porque su
+heroísmo le hace conocerse a sí propio. Puede el héroe decir: «yo sé
+quién soy», y en esto estriba su fuerza y su desgracia a la vez. Su
+fuerza, porque como sabe quién es, no tiene porqué temer a nadie sino
+a Dios que le hizo ser quien es, y su desgracia, porque sólo él sabe,
+aquí en la tierra, quién es él, y como los demás no lo saben, cuanto él
+haga o diga se les aparecerá como hecho o dicho por quien no se conoce,
+por un loco.
+
+Cosa tan grande como terrible la de tener una misión de que sólo es
+sabedor el que la tiene y no puede a los demás hacerles creer en ella;
+la de haber oído en las reconditeces del alma la voz silenciosa de Dios
+que dice: «tienes que hacer esto», mientras no les dice a los demás:
+«este mi hijo que aquí veis tiene esto que hacer». Cosa terrible haber
+oído: «haz eso; haz eso que tus hermanos, juzgando por la ley general
+con que os rijo, estimarán desvarío o quebrantamiento de la ley misma;
+hazlo, porque la ley suprema soy Yo que te lo ordeno». Y como el héroe
+es el único que lo oye y lo sabe y como la obediencia a ese mandato y
+la fe en él es lo que le hace, siendo por ello héroe, ser quien es,
+puede muy bien decir: «yo sé quién soy, y mi Dios y yo sólo lo sabemos
+y no lo saben los demás». Entre mi Dios y yo--puede añadir--no hay ley
+alguna medianera; nos entendemos directa y personalmente, y por eso
+sé quién soy. ¿No recordáis al héroe de la fe, a Abraham, en el monte
+Moria?
+
+Grande y terrible cosa el que sea el héroe el único que vea su
+heroicidad por dentro, en sus entrañas mismas, y que los demás no la
+vean sino por fuera, en sus extrañas. Es lo que hace que el héroe
+viva solo en medio de los hombres y que esta su soledad le sirva de
+una compañía confortadora; y si me dijerais que alegando semejante
+revelación íntima podría cualquiera, con achaque de sentirse héroe
+suscitado por Dios, levantarse a su capricho, os diré que no basta
+decirlo y alegarlo, sino es menester creerlo. No basta exclamar «¡yo
+sé quién soy!», sino es menester saberlo, y pronto se ve el engaño del
+que lo dice y no lo sabe y acaso ni lo cree. Y si lo dice y lo cree,
+soportará resignado la adversidad de los prójimos que le juzgan con la
+ley general, y no con Dios.
+
+_¡Yo sé quién soy!_ Al oir esta arrogante afirmación del Caballero,
+no faltará quien exclame: «¡Vaya con la presunción del hidalgo!...
+Llevamos siglos diciendo y repitiendo que el ahinco mayor del
+hombre debe ser el de buscar conocerse a sí mismo, y que del propio
+conocimiento arranca toda salud, y se nos viene el muy presuntuoso con
+un redondo: _¡yo sé quién soy!_ Esto sólo basta para medir lo hondo de
+su locura».
+
+Pues bien, te equivocas tú el que dices eso; Don Quijote discurría con
+la voluntad, y al decir «¡yo sé quién soy!» no dijo sino «yo sé quién
+quiero ser!». Y es el quicio de la vida humana toda: saber el hombre
+lo que quiere ser. Te debe importar poco lo que eres; lo cardinal para
+ti es lo que quieras ser. El ser que eres no es más que un ser caduco
+y perecedero, que come de la tierra y al que la tierra se lo comerá un
+día; el que quieres ser es tu idea en Dios, Conciencia del Universo, es
+la divina idea de que eres manifestación en el tiempo y el espacio. Y
+tu impulso querencioso hacia ese que quieres ser, no es sino la morriña
+que te arrastra a tu hogar divino. Sólo es hombre hecho y derecho el
+hombre, cuando quiere ser más que hombre. Y si tú, que así reprochas
+su arrogancia a Don Quijote, no quieres ser sino lo que eres, estás
+perdido, irremisiblemente perdido. Estás perdido si no despiertas en
+tus entrañas a Adán y su feliz culpa, la culpa que nos ha merecido
+redención. Porque Adán quiso ser como un dios, sabedor del bien y del
+mal, y para llegar a serlo comió del prohibido fruto del árbol de la
+ciencia, y se le abrieron los ojos y se vió sujeto al trabajo y al
+progreso. Y desde entonces empezó a ser más que hombre, tomando fuerzas
+de su flaqueza y haciendo de su degradación su gloria y del pecado
+cimiento de su redención. Y hasta los ángeles le envidiaron, pues nos
+dice el P. Gaspar de la Figuera, jesuita, en su SUMA ESPIRITUAL, y
+cuando él nos lo asegura lo sabrá de buena tinta, que Lucifer y sus
+compañeros se agradaron a sí mismos, pareciéndose bien, y que «cuando
+llegó el mandato de Dios que adorasen a Cristo todos sus ángeles,
+revelándoles que había Dios de hacerse hombre y ser niño y morir,
+tuviéronle a gran mengua de su naturaleza espiritual, y se afrentaron
+de ello; de manera que quisieron más privarse de la gracia de Dios
+y de la gloria que les podía dar, que venir a tal desprecio». Y así
+se comprende que el ángel caído no tenga redención--si es que no la
+tiene--y la tenga el hombre caído; porque aquél cayó por agradarse a
+sí mismo y de sí mismo contentarse, cayó por soberbia, y el hombre por
+querer ser más que es, por ambición. Cayó el ángel por soberbio y caído
+queda; cayó el hombre por ambicioso y se levanta a más alto asiento que
+de donde cayera.
+
+Sólo el héroe puede decir «¡yo sé quién soy!», porque para él ser es
+querer ser; el héroe sabe quién es, quién quiere ser, y sólo él y Dios
+lo saben, y los demás hombres apenas saben ni quién son ellos mismos,
+porque no quieren de veras ser nada, ni menos saben quién es el héroe;
+no lo saben los piadosos Pedros Alonsos que le levantan del suelo.
+Conténtense con levantarle del suelo y recogerle a su hogar, sin ver en
+Don Quijote mas que a su vecino Alonso Quijano, y aguardar a que sea de
+noche para que al entrarlo al pueblo no vean _al molido hidalgo tan mal
+caballero_.
+
+Entre tanto, estaban el cura y el barbero del lugar con el ama y la
+sobrina de Don Quijote, comentando su ausencia y ensartando muchos más
+disparates que ensartara el Caballero. Llegó éste, y sin hacerles gran
+caso, comió y acostóse.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO VI
+
+
+Aquí inserta Cervantes aquel capítulo VI en que nos cuenta _el donoso y
+ grande escrutinio que el cura y el barbero hicieron en la librería de
+nuestro ingenioso hidalgo_, todo lo cual es crítica literaria que debe
+importarnos muy poco. Trata de libros y no de vida. Pasémoslo por alto.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO VII
+
+De la segunda salida de nuestro buen Caballero Don Quijote de la Mancha.
+
+
+Sus anhelos interrumpiéronle el sueño a Don Quijote, pues hasta en
+sueños quijoteaba, pero volvió a dormirse. Y volvió a dormirse para
+encontrarse al despertar con que Frestón, el encantador, se le había
+llevado los libros, creyendo el incauto que con ellos le llevaba el
+generoso aliento. Y en apoyo de Frestón acudió la sobrina, rogando
+a su tío se dejase de pendencias y de ir por el mundo _a buscar pan
+de trastrigo_, sin percatarse de que es el pan de trastrigo el que
+hace al hombre tras-hombre, o como dicen hoy, sobre-hombre. También
+para disuadir a Íñigo de Loyola de que saliese a buscar aventuras en
+Cristo, acudió su hermano mayor Martín García de Loyola, para que no
+se arrojase a cosa «que no sólo nos quite lo que de vos esperamos--le
+dijo, según el P. Rivadeneira, libro I, cap. III--, sino también
+mancille nuestro linaje con perpetua infamia y deshonra». Pero Íñigo le
+respondió con pocas palabras, que él miraría por sí y se acordaría que
+había nacido de buenos, y salió de caballero andante.
+
+Quince días se estuvo sosegado en casa nuestro Caballero y en este
+tiempo solicitó _a un labrador vecino suyo, hombre de bien pero de muy
+poca sal en la mollera_, gratuita afirmación de Cervantes, desmentida
+luego por el relato de sus donaires y agudezas. En rigor no cabe
+hombría de bien, verdadera hombría de bien no habiendo sal en la
+mollera, visto que en realidad ningún majadero es bueno. Solicitó Don
+Quijote a Sancho y le persuadió a que fuese su escudero.
+
+Ya tenemos en campaña a Sancho el bueno, que dejando mujer e hijos,
+como pedía el Cristo a los que quisieran seguirle, _se asentó por
+escudero de su vecino_. Ya está completado Don Quijote. Necesitaba a
+Sancho. Necesitábalo para hablar, esto es, para pensar en voz alta sin
+rebozo, para oirse a sí mismo y para oir el rechazo vivo de su voz en
+el mundo. Sancho fué su coro, la humanidad toda para él. Y en cabeza de
+Sancho ama a la humanidad toda.
+
+«Ama a tu prójimo como a ti mismo»--se nos dijo--, y no «ama a la
+Humanidad», porque ésta es un abstracto que cada cual concreta en sí
+mismo, y predicar amor a la Humanidad vale, por consiguiente, tanto
+como predicar el amor propio. Del cual estaba, por pecado original,
+lleno Don Quijote, no siendo su carrera toda sino una depuración de
+él. Aprendió a amar a todos sus prójimos amándolos en Sancho, pues es
+en cabeza de un prójimo y no en la comunidad, donde se sana a todos
+los demás; amor que no cuaja sobre individuo, no es amor de verdad. Y
+quien de veras ama a otro ¿cómo podrá odiar a nadie? Y quien a alguien
+odie ¿no le emponzoñará este odio los amores que tuviese? O más bien
+le emponzoñará el amor, no los amores, porque es uno y solo, aunque se
+vierta sobre muchos términos.
+
+De la parte de Sancho empecemos a admirar su fe, la fe que por el
+camino de creer sin haber visto le lleva a la inmortalidad de la fama,
+antes ni aun soñada por él siquiera, y al esplendor de su vida. Por
+toda la eternidad puede decir: «Soy Sancho Panza, el escudero de Don
+Quijote». Y ésta es y será su gloria por los siglos de los siglos.
+
+Se dirá que a Sancho le sacó de su casa la codicia, así como la
+ambición de gloria a Don Quijote, y que así tenemos en amo y escudero,
+por separado, los dos resortes que juntos en uno han sacado de sus
+casas a los españoles. Pero aquí lo maravilloso es que en Don Quijote
+no hubo ni sombra de codicia que le moviese a salir, y que la de Sancho
+no dejaba de tener, aun sin él saberlo, su fondo de ambición, ambición
+que creciendo en el escudero a costa de la codicia, hizo que la sed de
+oro se le trasformase al cabo en sed de fama. Tal es el poder milagroso
+del ansia pura de renombre y fama.
+
+¿Y quién se esquiva de la codicia y quién de la ambición? Temíalas
+Íñigo de Loyola, y tanto las temía, que cuando D. Fernando de Austria,
+rey de Hungría, nombró al P. Claudio Jayo obispo de Trieste y lo aprobó
+el Papa, acudió a éste Íñigo para estorbarlo, pues no quería que sus
+hijos espirituales «deslumbrados y ciegos con el engañoso y aparente
+esplendor de las mitras y dignidades, viniesen a la Compañía, no por
+huir de la vanidad del mundo, sino por buscar en ella al mismo mundo»
+(Rivadeneira, lib. III, cap. XV). ¿Y lo consiguió? Ese huir de las
+dignidades y prelacías de la Iglesia ¿no puede envolver más refinada
+soberbia que el aceptarlas y aun que el buscarlas acaso? Porque «¿qué
+mayor engaño que buscar por medio de la humildad ser honrado y estimado
+de los hombres? y ¿qué mayor soberbia que pretender ser tenido por
+humilde?»--dice un hijo espiritual de Loyola, el P. Alonso Rodríguez,
+en el cap. XIII del tratado tercero de su libro EJERCICIO DE PERFECCIÓN
+Y VIRTUDES CRISTIANAS. Y la soberbia ¿no se pasaría de los individuos
+a la Compañía misma, haciéndose colectiva? ¿Qué sino soberbia refinada
+es pretender, como pretenden los hijos de Loyola, que se salva todo el
+que muere dentro de la Compañía, y de los que no entraron en ella no se
+salvan todos?
+
+La soberbia, la refinada soberbia, es la de abstenerse de obrar por
+no exponerse a la crítica. El acto más grande de humildad es el de un
+Dios que crea un mundo que no añade un adarme a su gloria, y luego un
+linaje humano para que se lo critique, y si deja cabos que presten
+apoyo, siquiera aparente, a esa crítica, tanta mayor humildad. Y pues
+Don Quijote se lanzó a obrar y se expuso a que los hombres se burlasen
+de su obra, fué uno de los más puros dechados de verdadera humildad,
+aunque otra cosa nos finjan las engañosas apariencias. Y con esa
+humildad arrastró tras de sí a Sancho convirtiéndole la codicia en
+ambición y la sed de oro en sed de gloria, único medio eficaz de curar
+la codicia y sed de oro.
+
+Reunió luego Don Quijote dineros _vendiendo una cosa y empeñando otra y
+malbaratándolas todas_, en obediencia al consejo del ventero gordo. Era
+nuestro Caballero un loco razonable y no ente de ficción, como creen
+los mundanos, sino de los hombres que han comido y bebido y dormido y
+muerto.
+
+Proveyóse Sancho de asno y alforjas, de camisas y otras prendas Don
+Quijote, y sin _despedirse Panza de sus hijos y mujer, ni Don Quijote
+de su ama y sobrina_, rompiendo así varonilmente las amarras de la
+carne pecadora, _una noche se salieron del lugar sin que persona los
+viese_. Segunda vez que sale el Caballero al mundo sin que se le
+vea y al amparo de la oscuridad. Mas ahora no va solo; lleva a la
+Humanidad consigo. Y salieron platicando; recordando Panza a su amo
+lo de la ínsula. En lo cual quieren ver los maliciosos una vez más su
+codiciosidad y que por ella servía a su amo, sin caer en la cuenta de
+que prueba más quijotismo seguir a un loco un cuerdo, que seguir el
+loco sus propias locuras. La fe se pega, y es tan robusta y ardorosa
+la de Don Quijote, que rebasa a los que le quieren, y quedan llenos
+de ella sin que a él se le amengüe, sino más bien le crezca. Pues tal
+es la condición de la fe viva: crece vertiéndose y repartiéndose se
+aumenta. ¡Como que es, si verdadera y viva, amor!
+
+¡Maravillas de la fe! No bien ha salido con su amo, y ya el buen Sancho
+sueña con ser rey y reina Juana Gutiérrez, su oíslo, y sus hijos
+infantes. ¡Todo para la casa! Mas por causa de su mujer--siempre la
+mujer es causa de tropiezo--duda de ello; no hay reino que a ella le
+siente bien. _Encomiéndalo tú a Dios, que Él le dará lo que más le
+convenga_--le respondió el piadoso Don Quijote. Y tocado de piedad,
+dijo Sancho que su amo sabría darle todo aquello que le estuviera bien
+y él pudiese llevar. ¡Oh Sancho bueno, Sancho sencillo, Sancho piadoso!
+No pides ya ínsula, ni reino, ni condado, sino lo que el amor de tu amo
+sepa darte. Éste es el más sano pedir. Lo aprendiste en lo de «hágase
+tu voluntad así en la tierra como en el cielo». Pidamos todos tomar a
+bien lo que por mal nos dieren, y habremos pedido cuanto hay que pedir.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO VIII
+
+ Del buen suceso que el valeroso Don Quijote tuvo en la espantable y
+jamás imaginada aventura de los molinos de viento, con otros sucesos de
+ feliz recordación.
+
+
+En tales pláticas iban cuando _descubrieron treinta o cuarenta molinos
+que hay en aquel campo_. Y Don Quijote los tomó por desaforados
+gigantes, y sin hacer caso de Sancho, encomendóse de todo corazón a su
+señora Dulcinea, y arremetió a ellos, dando otra vez con su cuerpo en
+tierra.
+
+Tenía razón el Caballero: el miedo y sólo el miedo le hacía a Sancho y
+nos hace a los demás, simples mortales, ver molinos de viento en los
+desaforados gigantes que siembran mal por la tierra. Aquellos molinos
+molían pan, y de ese pan comían hombres endurecidos en la ceguera. Hoy
+no se nos aparecen ya como molinos, sino como locomotoras, dínamos,
+turbinas, buques de vapor, automóviles, telégrafos con hilos o sin
+ellos, ametralladoras y herramientas de ovariotomía, pero conspiran
+al mismo daño. El miedo y sólo el miedo sanchopancesco nos inspira el
+culto y veneración al vapor y a la electricidad; el miedo y sólo el
+miedo sanchopancesco nos hace caer de hinojos ante los desaforados
+gigantes de la mecánica y la química, implorando de ellos misericordia.
+Y al fin rendirá el género humano su espíritu agotado de cansancio y
+de hastío al pie de una colosal fábrica de elixir de larga vida. Y el
+molido Don Quijote vivirá, porque buscó la salud dentro de sí y se
+atrevió a arremeter a los molinos.
+
+Llegóse Sancho a su amo y le recordó sus advertencias, que _no eran
+sino molinos de viento y no lo podía ignorar sino quien llevase otros
+tales en la cabeza_. Claro está, amigo Sancho, claro está; sólo quien
+lleve en la cabeza molinos, de los que muelen y hacen con el bruto
+trigo que por los sentidos nos entra, harina de pan espiritual, sólo
+quien lleve molinos molederos puede arremeter a los otros, a los
+aparenciales, a los desaforados gigantes disfrazados de ellos. Es
+en la cabeza, amigo Sancho, es en la cabeza donde hay que llevar la
+mecánica, y la dinámica y la química y el vapor y la electricidad, y
+luego... arremeter a los artefactos y armatostes en que los encierran.
+Sólo el que lleva en su cabeza la esencia eterna de la química, quien
+sepa sentir en la ley de sus afectos la ley universal de los afectos
+de las partículas materiales, quien sienta que el ritmo del universo
+es el ritmo de su corazón, sólo ése no tiene miedo al arte de formar o
+transformar drogas o al de armar aparatos de maquinaria.
+
+Lo peor fué que en esta acometida se le rompió la lanza a Don Quijote.
+Es lo que pueden esos gigantes, rompernos las armas pero no el corazón.
+Mas sobran encinas y robles con que reponerlas.
+
+Y siguieron su camino, sin quejarse Don Quijote, pues no les es dado
+hacerlo a los caballeros andantes, y sin haber querido comer cuando
+Sancho se acomodó a ello. Y de camino comía Sancho y caminaba, y
+menudeaba tragos que le hacían olvidar las promesas de su amo y tener
+por mucho descanso el andar a busca de aventuras. Nefasto poder de las
+tripas, que oscurece la memoria y enturbia la fe, atándonos al momento
+pasajero. Mientras se come y se bebe, se es de la comida y de la
+bebida. Y llegó la noche y se la pasó Don Quijote pensando en su señora
+Dulcinea, y Sancho durmiendo el bendito, sin soñar. Y fué entonces
+cuando recomendó Don Quijote a Sancho que no pusiese mano a la espada
+para defenderle, no siendo de canalla y gente baja. Al hombre esforzado
+antes le estorban que le ayudan las defensas de sus secuaces.
+
+Y fué también, estando en esta plática, cuando les ocurrió la aventura
+del vizcaíno, cuando salió Don Quijote a libertar a la princesa que se
+llevaban encantada dos frailes de San Benito. Los cuales intentaron
+amansar al Caballero, pero le hizo saber a aquella fementida canalla
+que los conocía y no había con él palabras blandas. Y dicho esto, los
+puso en huida. Y al ver al uno de ellos en el suelo, arremetió Sancho a
+desnudarlo, atento sin duda a lo de que el hábito no hace al monje.
+
+¡Ah, Sancho, Sancho, y cuán de tierra eres! ¡Desnudar frailes! ¿Y qué
+ganas con eso? Así te fué, que los mozos te molieron a coces por ello.
+
+Obsérvese cómo Sancho apenas se encuentra en una aventura cuando acude
+al punto al botín, mostrando en ello cuán de su casta era. Y pocas
+cosas elevan más a Don Quijote que su desprecio de las riquezas del
+mundo. Tenía el Caballero lo mejor de su casta y de su pueblo. No salió
+a campaña como el Cid «al sabor de la ganancia» y para «perder cueta y
+venir a rictad» (POEMA DEL CID, V. 1689), ni habría dicho nunca lo que
+dicen que dijo Francisco Pizarro en la isla del Gallo cuando haciendo
+con la espada una raya en el suelo, de naciente a poniente, y señalando
+al mediodía como su derrotero, exclamó: «Por aquí se va al Perú a ser
+ricos; por acá se va a Panamá a ser pobres; escoja el que sea buen
+castellano lo que mejor le estuviere». De otro temple era Don Quijote;
+nunca buscó oro. Y al mismo Sancho que empezó buscándolo, le veremos
+ir cobrando poco a poco afición y amor a la gloria, y fe en ella,
+fe a que le llevaba Don Quijote, y hay que convenir en que nuestros
+mismos conquistadores de América unieron siempre a su sed de oro sed
+de gloria, sin que se logre en cada caso separar la una de la otra. De
+gloria y de riqueza a la vez dicen que habló a sus compañeros Vasco
+Núñez de Balboa en aquel glorioso 25 de setiembre de 1513 en que de
+rodillas y anegados por el gozo en lágrimas sus ojos, descubrió desde
+la cima de los Andes, en el Darien, el mar nuevo.
+
+Lo triste es que la gloria fué de ordinario una alcahueta de la
+codicia. Y la codicia, la innoble codicia, nos perdió. Nuestro pueblo
+puede decir lo que dice en el grandioso poema PATRIA, da Guerra
+Junqueiro, el pueblo portugués:
+
+ Novos mundos eu vi, novos espaços,
+ Não para mais saber, mais adorar:
+ A cubiça feroz guiou meus passos,
+ O orgulho vingador moveu meus braços
+ E iluminou a raiva o meu olhar!
+ Não te lavava, não, sangue homicida,
+ Nem em mil milhões d'annos a chorar!...
+ Cruz do Golgota en ferro traduzida,
+ Minha espada de heroe, o cruz de morte,
+ Cruz a que Deos baixou por nos dar vida;
+ Vidas ceifando, deshumana e forte,
+ Ergueste imperios, subjugando a Oriente,
+ Mas Deos soprou... eil-os em nada...
+
+Luego de la aventura de Sancho, acudió el generoso Caballero a la
+princesa, a darle la buena nueva de su liberación, pues los frailes
+que la llevaban seducida habían huido, sin advertir, ¡oh ceguera de
+la nobleza!, que acaso llevaba ella la frailería dentro. Y le pidió
+en pago del beneficio de haberla libertado, que se volviese al Toboso
+a presentarse a Dulcinea. No contaba con el vizcaíno, que le habló
+en _mala lengua castellana y peor vizcaína_, lo cual es muy cierto,
+pues cabe dudar que D. Sancho de Azpeitia hablase puntualmente como
+Cervantes le hace hablar. Con frecuencia se cita las palabras de D.
+Sancho de Azpeitia no más que para hacer chacota, aunque respetuosa y
+cariñosa a las veces, del modo de hablar de nosotros los vizcaínos.
+Cierto es que hemos tardado en aprender la lengua de Don Quijote y
+tardaremos aún en llegar a manejarla a nuestra guisa, mas ahora que
+empezamos a dar en ella nuestro espíritu, que fué hasta ahora casi
+mudo, habéis de oir... Pudo decir Tirso de Molina aquello de
+
+ Vizcaíno es el hierro que os encargo,
+ Corto en palabras, pero en obras largo;
+
+mas habrá que oirnos cuando alarguemos nuestras palabras a la medida de
+nuestras largas obras.
+
+Don Quijote, tan pronto en llamar caballero a quien se le pusiera
+delante, nególe al vizcaíno tal cualidad, olvidando que a la gente
+vasca--entre los que me cuento--, según Tirso de Molina,
+
+ Un nieto de Noé la dió nobleza,
+ que su hidalguía no es de ejecutoria
+ ni mezcla con su sangre, lengua o traje
+ mosaica infamia que la suya ultraje.
+
+¿No conocía Don Quijote las palabras de don Diego López de Haro, tal
+cual le hace hablar Tirso de Molina en la escena primera del acto
+segundo de LA PRUENCIA EN LA MUJER, cuando empieza diciendo:
+
+ Cuatro bárbaros tengo por vasallos
+ a quien Roma jamás conquistar pudo,
+ que sin armas, sin muros, sin caballos
+ libres conservan su valor desnudo?
+
+¿Ni sabía aquello que había ya dicho Camoens en la estrofa oncena del
+cuarto canto de sus LUSIADAS de
+
+ A gente biscainha que carece
+ de polidas razões, e que as injurias
+ muito mal dos estranhos compadece?
+
+Por lo menos ya que LA ARAUCANA de don Alonso de Ercilla y Zúñiga,
+caballero vizcaíno, era uno de los libros que se hallaban en su
+librería, y de los respetados en el escrutinio, tuvo que haber leído
+aquello de su canto XXVII, en que habla de
+
+ la aspereza
+ de la antigua Vizcaya, de do es cierto
+ que procede y se extiende la nobleza
+ por todo lo que vemos descubierto.
+
+_¿Yo no caballero?_--replicó justamente ofendido el vizcaíno, y
+encontráronse frente a frente dos Quijotes. Por esto es tan prolijo
+Cervantes al narrarnos este suceso.
+
+Requerido por el vizcaíno, arrojó el manchego la lanza, sacó la espada,
+embrazó la rodela y arremetióle.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO IX
+
+ Donde se concluye y da fin a la estupenda batalla que el gallardo
+ vizcaíno y el valiente manchego tuvieron.
+
+
+Y se trabó el singular combate o _estupenda batalla que el gallardo
+vizcaíno y el valiente manchego tuvieron_, como la llama Cervantes en
+el título del capítulo IX, concediéndole toda la importancia que se
+merece.
+
+Ahora va de igual a igual, de loco a loco, y parecen amenazar al cielo,
+a la tierra y al abismo. ¡Oh espectáculo de largos en largos siglos
+sólo visto, el de la lucha de dos Quijotes, el manchego y el vizcaíno,
+el del pardo páramo y el de las verdes montañas. Hay que releerlo como
+nos lo relata Cervantes.
+
+_¿Yo no caballero?_ ¿Yo no caballero? ¿Oir esto un vizcaíno y oirlo de
+boca de Don Quijote? No, no puede sufrirse eso.
+
+Deja, Don Quijote, que hable de mi sangre, de mi casta, de mi raza,
+pues a ella debo cuanto soy y valgo y a ella también debo el poder
+sentir tu vida y tu obra.
+
+¡Oh tierra de mi cuna, de mis padres, de mis abuelos y trasabuelos
+todos, tierra de mi infancia y de mis mocedades, tierra en que tomé a
+la compañera de mi vida, tierra de mis amores, tú eres el corazón de
+mi alma! Tu mar y tus montañas, Vizcaya mía, me hicieron lo que soy;
+de la tierra de que se amasan tus robles, tus hayas, tus nogales y tus
+castaños, de esa tierra ha sido mi corazón amasado, Vizcaya mía.
+
+Discutía un Montmorency con un vasco e irritado aquél hubo de decirle
+a mi paisano que ellos, los Montmorencys, databan no sé si del siglo
+VIII, X o XII, y mi vasco le respondió: ¿Sí? ¡Pues nosotros los vascos
+no datamos! Y no, no datamos los vascos. Los vascos sabemos quiénes
+somos, quiénes queremos ser.
+
+Ya ves, Don Quijote, que es un vasco el que ha ido a buscarte en tu
+Mancha y te arremete porque le regateaste lo de ser caballero. Y ¿cómo,
+contemplando a un vasco, y de Azpeitia, no recordar una vez más a aquel
+otro caballero andante vasco, y de Azpeitia también, Íñigo Yáñez de
+Oñaz y Sáez de Balda, del solar de Loyola, fundador de la Milicia de
+Cristo? ¿No culmina en él nuestra casta toda? ¿No es nuestro héroe? ¿No
+lo hemos de reclamar los vascos por nuestro? Sí, nuestro, muy nuestro,
+muy más nuestro que de los jesuitas. Del Íñigo de Loyola han hecho
+ellos un Ignacio de Roma, del héroe vasco un santón jesuítico. ¡Lástima
+de mula que montaba el héroe!
+
+La de Don Sancho de Azpeitia, con sus corcovos, dió en tierra con el
+vizcaíno, lo que debe enseñamos a pelear apeados. Y así fué vencido el
+vizcaíno, pero no por mayor flaqueza de su brazo ni menor coraje, sino
+por culpa de su mula, que no era, de cierto, vizcaína. Si no es por la
+condenada mula lo habría pasado mal Don Quijote, estad seguros de ello,
+y habría aprendido a reportarse ante el hierro vizcaíno
+
+ _corto en palabras, pero en obras largo_.
+
+Aprended, hermanos míos de sangre, a pelear apeados. Apeaos de la mula
+resabiosa y terca que os lleva a su paso de andadura por sus caminos de
+ella, no por los vuestros y míos, no por los de nuestro espíritu y que,
+con sus corcovos, dará con vosotros en tierra, si Dios no lo remedia.
+Apeaos de esa mula, que no nació ahí ni ahí pasta, y vamos todos a
+la conquista del reino del espíritu. Aún no se sabe lo que podemos
+hacer en este mundo de Dios. Aprended, a la vez, a encarnar vuestro
+pensamiento en una lengua de cultura, dejando la milenaria de nuestros
+padres; apeaos de la mula luego y nuestro espíritu, el espíritu de
+nuestra casta circundará en esa lengua, en la de Don Quijote, los
+mundos todos, como circundó por primera vez al orbe la carabela de
+nuestro Sebastián Elcano, el fuerte hijo de Guetaria, hija de nuestro
+mar de Vizcaya.
+
+Y fué por la intervención de las damas afrailadas por lo que perdonó
+Don Quijote la vida a Don Sancho de Azpeitia, a promesa de ir a visitar
+a Dulcinea. Y fueron las damas las prometedoras, que a haberlo sido Don
+Sancho, habríala visitado, de seguro, y hasta es muy de creer que se
+habría enamorado perdidamente de ella y ella de él.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO X
+
+ De los graciosos razonamientos que pasaron entre Don Quijote y Sancho
+ Panza su escudero.
+
+
+Y viene Sancho, el carnal Sancho, el Simón Pedro de nuestro Caballero,
+y le pide la ínsula, a lo cual responde Don Quijote: _advertid, hermano
+Sancho, que esta aventura y las a esta semejantes no son aventuras
+de ínsulas, sino de encrucijadas, en las que no se gana otra cosa
+que sacar rota la cabeza o una oreja menos_. ¡Ay, Pedro, Pedro, o
+digo Sancho, Sancho, y ¿cuándo comprenderás que no es la ínsula, no
+es el poder temporal, sino la gloria de tu señor, el querer eterno,
+tu recompensa? Mas el carnal Sancho volvió a la carga y a pedir a su
+amo se retrajesen a alguna iglesia por miedo a la Santa Hermandad.
+Mas ¿_dónde has visto tú o leído_--le diremos con Don Quijote--_que
+caballero andante haya sido puesto ante la justicia por más homicidios
+que hubiese cometido_? Quien abriga en su corazón la ley, está sobre la
+dictada por los hombres; para el que ama no hay otra ley sino su amor,
+y si por amor mata ¿quién se lo imputará a culpa? Tiene, además, Don
+Quijote poder sobrado para sacar a los Sanchos _de las manos de los
+caldeos, cuanto más de las de la Hermandad_.
+
+Ocurrió luego lo de explicar Don Quijote a Sancho el bálsamo de
+Fierabrás, y lo de pedir Sancho a Don Quijote la receta del bálsamo
+como único pago de sus servicios, pues así son los servidores carnales,
+por muy grande que su fe sea, piden recetas para venderlas y negociar
+con ellas. Y entonces juró el Caballero conquistar el yelmo de Mambrino
+a trueque de la celada rota por Don Sancho de Azpeitia, y a seguida le
+llamó a razón el bandullo y pidió de comer.
+
+Una cebolla y un poco de queso no más traía Sancho, pareciéndole
+manjares no pertenecientes a tan valiente Caballero, mas éste le hizo
+saber que tenía a honra _no comer en un mes_, y de hacerlo lo que
+hallare más a mano. _Y esto se te hiciera cierto si hubieras leído
+tantas historias como yo, que aunque han sido muchas, en todas ellas
+no he hallado hecha relación de que los caballeros andantes comiesen,
+si no era acaso, y en algunos suntuosos banquetes que les hacían, y
+los demás días se los pasaban en flores._ Y ¡qué dicha, mi señor Don
+Quijote, si nos pudiésemos pasar en flores la vida toda! Del comer
+viene con la fuerza toda, también toda la flaqueza del heroísmo.
+
+Y entonces, al explicar Don Quijote a Sancho que los caballeros
+andantes _no podían pasar sin comer y sin hacer todos los otros
+menesteres naturales_, le reveló, y nos reveló, una verdad cimental y
+de grandísimo consuelo para los que no saben cómo vivir su locura, y
+es la de que los caballeros andantes _eran hombres como nosotros_. De
+donde se saca que podemos llegar a ser nosotros caballeros andantes,
+y no es ello poco. _Así que, Sancho amigo, no te congoje lo que a mí
+me da gusto, ni quieras tú hacer mundo nuevo, ni sacar la caballería
+andante de sus quicios._ No quieras, no, pobre Sancho, hacer mundo
+nuevo curando de su locura a los generosos, ni quieras sacar a la
+locura de su quicio, que le tiene tan bien hincado y tan derecho como
+la cordura misma, como ese llamado sentido común. Sancho, como no sabe
+leer ni escribir, no sabe ni ha caído en las reglas de la profesión
+caballeresca, como él dice. Y es cierto lo que dices, Sancho, por el
+leer y el escribir entró la locura en el mundo.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XI
+
+ De lo que sucedió a Don Quijote con unos cabreros.
+
+
+Echaron a andar y fueron recogidos con buen ánimo por unos piadosos
+cabreros, Dios se lo habrá pagado, que les convidaron. Lo aceptó Don
+Quijote, sentóse sobre un dornajo vuelto del revés, hizo hermanalmente
+sentar a su lado a Sancho, y fué entonces, después de bien satisfecho
+el estómago, cuando tomó en la mano un puñado de bellotas y enderezó
+a los cabreros aquel discurso de la edad de oro, que en tantos
+muestrarios de retórica se reproduce. Mas nosotros no estamos haciendo
+aquí literatura, ni nos importa la letra sonora, sino el espíritu
+fecundo, aunque silencioso. Es el tal discurso uno de tantos vulgares
+discursos como se pronuncian, y ese pasado siglo de oro apagado
+relumbre del futuro siglo en que morará el lobo con el cordero y el
+león comerá, como el buey, paja, según nos cuenta el profeta Isaías
+(capítulo XI).
+
+La arenga en sí tiene poco que desentrañar. _Dichosa edad y siglos
+dichosos aquellos a quien los antiguos pusieron nombre de dorados._..
+y lo que sigue. No nos sorprenda oir a Don Quijote cantar los tiempos
+que fueron. Es visión del pasado lo que nos empuja a la conquista del
+porvenir; con madera de recuerdos armamos las esperanzas. Sólo lo
+pasado es hermoso; la muerte lo hermosea todo. ¿Creéis que cuando el
+arroyo llega al mar, al enfrentarse con el abismo que va a tragarle, no
+sueña con la escondida fuente de que brotó y no querría, si pudiera,
+remontar su curso? De ir a perderse, perderse más bien en las entrañas
+de la madre tierra.
+
+No es el discurso de Don Quijote lo que hemos de desentrañar. No valen
+ni aprovechan las palabras del Caballero sino en cuanto son comentarios
+a sus obras y repercusión de ellas. Como hablar, hablaba conforme a sus
+lecturas y al saber del siglo que tuvo a dicha albergarle, pero como
+obrar, obraba conforme a su corazón y al saber eterno. Y así en esa
+arenga no es la arenga misma, en sí no poco trillada, sino el hecho de
+dirigírsela a unos rústicos cabreros que no habrían de entendérsela,
+lo que hemos de considerar, pues en esto estriba lo heroico de esta
+aventura.
+
+Aventura es, en efecto, y de las más heroicas. Porque todo hablar es
+una suerte, y las más de las veces la más apretada suerte de obrar, y
+hazañosa aventura la de administrar el sacramento de la palabra a los
+que no han de entendérnosla según el sentido material. Robusta fe en
+el espíritu hace falta para hablar así a los de torpes entendederas,
+seguros de que sin entendernos nos entienden y de que la semilla va a
+meterse en las cárcavas de sus espíritus sin ellos percatarse de tal
+cosa.
+
+Habla tú que conmigo consideras, lleno de fe en ella, la vida de Don
+Quijote; habla aunque no te entiendan, que ya te entenderán al cabo.
+Y con que sólo vean que les hablas sin pedirles nada o porque de
+gracia te lo dieron antes, basta ya. Habla a los cabreros como hablas
+a tu Dios, del hondo del corazón y en la lengua en que te hablas a ti
+mismo a solas y en silencio. Cuanto más hundidos vivan en la vida de
+la carne, tanto más limpias de brumas estarán sus mentes, y la música
+de tus palabras resonará en ellas mucho mejor que en la mente de los
+bachilleres al arte de Sansón Carrasco. Porque no fueron las rebuscadas
+retóricas de Don Quijote lo que alumbró la mente a los cabreros, sino
+fué el verle armado de punta en blanco, con su lanzón a la vera, las
+bellotas en la mano, y sentado sobre el dornajo, dando al aire de que
+respiraban todos reposadas palabras vibrantes de una voz llena de amor
+y de esperanza.
+
+No faltará quien crea que Don Quijote debió atemperarse al público que
+le escuchaba y hablar a los cabreros de la cuestión cabreril y del modo
+de redimirlos de su baja condición de pastores de cabras. Eso hubiera
+hecho Sancho a tener saber y arrestos para ello, pero el Caballero
+no. Don Quijote sabía bien que no hay más que una sola cuestión, para
+todos la misma, y que lo que redima de su pobreza al pobre, redimirá,
+a la vez, de su riqueza al rico, ¡Mal hayan los remedios de ocasión!
+A cuantos van y vienen y se asenderean llevando y trayendo remedios
+específicos para los males de éstos o de aquéllos, cabe encajarles lo
+que decía el gaucho MARTÍN FIERRO:
+
+ De los males que sufrimos
+ hablan mucho los puebleros,
+ pero hacen como los teros
+ para esconder sus niditos,
+ que en un _lao_ pegan los gritos
+ y en otro tienen los _güevos_.
+
+Cuando os hablen, cándidos cabreros, de la cuestión cabreril, es que
+están pegando gritos para alejaros del sitio en que guardan sus huevos.
+
+Y además, ¿ha de hablarse tan sólo en vista del provecho inmediato, del
+fruto que nuestros oyentes saquen de lo que decimos? Tratando de esto
+el maestro de espíritu P. Alonso Rodríguez, en el capítulo XVIII del
+tratado primero de la tercera parte de su EJERCICIO DE PERFECCIÓN nos
+dice que «no depende nuestro merecimiento, ni la perfección de nuestra
+obra de que el otro se aproveche o no; antes podemos añadir aquí otra
+cosa para nuestro consuelo, o por mejor decir, para consuelo de nuestro
+desconsuelo, y es que no solamente no depende nuestro merecimiento y
+nuestro premio y galardón de que los otros se conviertan y de que se
+haga mucho fruto, sino que en cierta manera podemos decir que hacemos y
+merecemos más cuando no hay nada de eso, que cuando se ve el fruto al
+ojo».
+
+Y este discurso de Don Quijote a los cabreros ¿fué acaso menos
+heroico y más inútil que aquel otro que cerca de Santa Cruz y en casa
+de la india Capillana enderezó a los indios Francisco Pizarro para
+explicarles los fundamentos de la religión cristiana y el poderío del
+rey de Castilla? Algo consiguió, pues los indios, por darle gusto,
+alzaron por tres veces la bandera española. No fué del todo inútil el
+razonamiento de Pizarro; no lo fué el de Don Quijote.
+
+El malicioso Cervantes llama, en efecto, al discurso de éste _inútil
+razonamiento_, para añadir que se lo escucharon los cabreros _embobados
+y suspensos_. La verdad de la historia se le impone aquí, puesto que
+si los embobó y suspendió Don Quijote con su razonamiento, no fué
+éste ya inútil. Y que no lo fué lo prueba el agasajo que le rindieron
+dándole solaz y contento con hacer que cantara un zagal enamorado.
+El espíritu produce espíritu, como la letra letra, y la carne carne,
+y así la arenga de Don Quijote produjo, a vuelta, cantares al son de
+cabreril rabel. No fué, pues, inútil ni lo es nunca la palabra pura. Si
+el pueblo no la entiende, siente, empero, comezón de entenderla, y al
+oirla, rompe a cantar.
+
+Y mientras Don Quijote, inspirado a la vista de las bellotas, regaló a
+los cabreros con aquella arenga ¿qué hizo Sancho? _Sancho... callaba y
+comía bellotas y visitaba muy a menudo el segundo zaque, que por que se
+enfriase el vino le tenían colgado de un alcornoque._ Y pensaría para
+sí ¡así me las den todas!
+
+Qué pensara Sancho de la arenga de su amo no lo sé, pero sí sé qué
+pensarán de ella nuestros Sanchos de hoy. Los cuales buscan ante todo
+eso que llaman soluciones concretas y en cuanto se ponen a escuchar
+a alguien van a oir qué remedios ofrece para los males de la patria
+o para otros cualesquiera males. Se han hecho los oídos oyendo a
+los charlatanes que, subidos en un coche, en la plaza del mercado,
+venden frascos de cualquier droga, y así, apenas alguien les habla,
+esperan saque la droga enfrascada. Mientras se les habla, callan y
+comen bellotas, y se preguntan luego: bien, ¿y en concreto qué? Todo
+eso del siglo de oro les entra por un oído y por el otro les sale: lo
+que ellos buscan es el elixir para curar el mal de muelas o el reuma
+o para quitar manchas de la ropa, el cocimiento regenerativo, el
+bálsamo católico, el revulsivo anticlerical, el emplasto aduanero o el
+vejigatorio hidráulico. A esto llaman soluciones concretas. Estiman
+que el habla no se hizo sino para pedir o para ofrecer algo, y no hay
+manera de que sientan lo que tiene de revelación la música interior
+del espíritu. Porque la otra música, la exterior, la que les recrea
+los oídos carnales, ésa no dejan de entenderla y apreciarla, y hasta
+es el único regalo que se permiten. Si se les habla, o ha de ser para
+acariciarles los oídos con párrafos acompasados a compás tamborilesco,
+o para enseñarles alguna receta de uso doméstico o político.
+
+¡Soluciones concretas! ¡Oh Sanchos prácticos, Sanchos positivos,
+Sanchos materiales! ¿Cuándo oiréis la silenciosa música de las esferas
+espirituales?
+
+Difícil es hablar a los Sanchos, nacidos y criados en lugarejos donde
+sólo se oye comadrerías de solana y sermones, pero más difícil aún es
+hablar a bachilleres. Lo mejor es tener por oyentes a cabreros, hechos
+y acostumbrados a oir las voces de los campos y de los montes. Los
+otros os saldrán con que no os entienden o entenderán a tuertas lo que
+les digáis, porque no reciben vuestras palabras en silencio interior ni
+en atención virgen, y por mucho que agucéis vuestras explicaderas no
+aguzarán sus entendederas ellos.
+
+Es fuerte cosa que por dondequiera que uno vaya en nuestra España,
+derramando verdades del corazón, le salgan al paso diciéndole que
+no lo entienden o entendiéndolo al revés de como se explica. Y ello
+tiene su raíz, y es que van las gentes a oir esto o lo otro o lo de
+más allá, algo que se les ha dicho ya, y no a oir lo que se les diga.
+Los unos son clericales, anticlericales los otros, éstos unitarios
+o centralistas, aquéllos federales o regionalistas, los de aquí
+tradicionalistas, progresistas los de allá, y quieren que se les hable
+en uno de esos lenguajes. Ellos luchan unos con otros, pero luchan como
+es forzoso lo hagan los luchadores terrestres, sobre un mismo suelo, en
+un mismo plano y dándose cara, y si te pones a darles voces desde otro
+plano, por encima o por debajo del que ocupan, les distraes de su pelea
+y no comprenden a qué vas allá. Si estamos peleando--se dicen--, bien
+venido sea quien venga a animarnos con voces de ¡a ellos! ¡adelante! o
+bien a advertirnos de un peligro gritándonos ¡ojo! ¡atrás!, pero ¿quién
+es ése que desde las nubes o desde dentro de la tierra nos grita que
+levantemos la vista o que la hundamos en el suelo? ¿no ve que entre
+tanto nos degollarán los enemigos? Cuando se lucha no se puede mirar
+al cielo ni tratar de penetrar con la vista el seno de la tierra.
+Dicen así; no ven que les proponéis paz y cada uno de los bandos os
+cuenta en el contrario. Y no os queda sino ir a hablar a los cabreros,
+que os regalarán con música; ir a hablar a los sencillos, y hablarles
+sin intentar siquiera poneros a su alcance, hablarles en el tono más
+elevado, seguros de que sin entenderos os entienden.
+
+Sólo Sancho, el carnal Sancho, estaba más para dormir que para oir
+canciones, sin conocer la virtud ensoñadora de éstas.
+
+
+
+
+ CAPÍTULOS XII Y XIII
+
+De lo que contó un cabrero a los que estaban con Don Quijote y Donde se
+ da fin al cuento de la pastora Marcela, con otros sucesos.
+
+
+Entonces fué cuando Pedro el cabrero contó a Don Quijote la historia de
+Grisóstomo y Marcela, después de aquellos tiquismiquis con que el leído
+Caballero corrigió los vocablos al pastor. Era, no hemos de negarlo,
+impertinente Don Quijote cuando se picaba de letrado.
+
+Fué el Caballero a ver cómo enterraban a Grisóstomo, muerto de amores
+por Marcela, y al ir a ello encontró a Vivaldo y platicó con él acerca
+de la caballería andante, profesión si no tan estrecha como la de los
+frailes cartujos, tan necesaria como ella en el mundo, donde sólo el
+ejemplo de lo inasequible a los más, puede enseñar a éstos a poner su
+meta más allá de donde alcancen. Así las carreras de caballos, que sólo
+para criar caballos de carrera sirven, mantienen la pureza de la casta
+caballar, impidiendo que el tiro y la noria y el vil oficio encanijen
+al noble bruto. Y entre ambas profesiones, la de pedir al cielo el bien
+de la tierra, y la de poner en ejecución lo pedido, creando, lanza en
+mano, el reino de Dios, cuyo advenimiento se pide en oración, no cabe
+primero ni segundo. _Así que somos ministros de Dios en la tierra y
+brazos por quien se ejecuta en ella su justicia_--añadió Don Quijote.
+
+¿No es acaso, desgraciado Caballero, la raíz de tus proezas y de tus
+desgracias a la par el noble pecado a través de cuya depuración te
+llevó a la gloria de tu Dulcinea, esto de creerte ministro de Dios
+en la tierra y brazo por quien se ejecuta en ella su justicia? Fué
+tu pecado original y el pecado de tu pueblo; el pecado colectivo de
+cuya mancha y maleficio participabas. Tu pueblo también, arrogante
+Caballero, se creyó ministro de Dios en la tierra y brazo por quien se
+ejecutaba en ella su justicia, y pagó muy cara su presunción y sigue
+pagándola. Creyóse escogido de Dios y esto le ensoberbeció.
+
+¿Pero es que no estaba en lo seguro? ¿No somos acaso todos ministros de
+Dios en la tierra y brazos por quien se ejecuta en ella su justicia?
+Y el persuadirnos de esta verdad ¿no es tal vez el mejor remedio para
+purificar y ennoblecer nuestras acciones? En vez de buscar hacer otras
+cosas que las que haces, luchando contra tu costumbre, persuádete de
+que en todo cuanto hagas, bueno o malo a tu parecer, eres ministro de
+Dios en la tierra y brazo por quien se ejecuta en ella su justicia,
+y sucederá que tus actos acabarán por ser buenos. Estímalos como
+viniendo de Dios y los divinizarás. Hay desgraciado a quien eso que en
+el lenguaje de los hombres llamamos natural perverso o mala índole le
+lleva a ser azote de sus prójimos, y si ese desgraciado se penetrase de
+que ese azote es azote de castigo que puso en sus manos Dios, la que
+llamamos mala índole le daría frutos de bondad.
+
+No os apeguéis al miserable criterio jurídico de juzgar de un
+acto humano por sus consecuencias externas y el daño temporal que
+recibe quien lo sufre; llegad al sentido íntimo y comprended cuánta
+profundidad de sentir, de pensar y de querer se encierra en la verdad
+de que vale más daño infligido con santa intención que no beneficio
+rendido con intención perversa.
+
+Te denuestan, pueblo mío, porque dicen que fuiste a imponer tu fe a
+tajo y mandoble, y lo triste es que no fué del todo así, sino que ibas
+también, y muy principalmente, a arrancar oro a los que lo acumularon;
+ibas a robar. Si sólo hubieras ido a imponer tu fe... Me revuelvo
+contra el que viene, tizona en la diestra y en la otra libro, a querer
+salvarme el alma a pesar mío, pero al cabo se cuida de mí y soy para
+él un hombre, mas para aquél que no viene sino a sacarme los ochavos
+engañándome con baratijas y chucherías, para éste no paso de ser un
+cliente, un parroquiano o vecero. Hoy se da en ponderar esto y pedir
+una sociedad en que en puro policía no pueda hacerse daño y acabemos
+por que nadie obre mal, aunque nadie sienta bien tampoco. ¡Qué horrible
+condición de vida! ¡Qué podredumbre bajo la verdura sosegada! ¡Qué
+quieto lago de ponzoñozas aguas! ¡No, no, y mil veces no, Dios nos dé
+antes un mundo en que todos sientan bien aunque todos obren daño, en
+que los hombres se golpeen en la ceguera del cariño y en que suframos
+todos en silencio por el mal que nos vemos arrastrados a infligir a los
+demás. Sé generoso y arremete a tu hermano; dale de tu espíritu, aunque
+sea golpes. Hay algo más íntimo que eso que llamamos moral y no es sino
+la jurisprudencia que escapa a la policía; hay algo más hondo que el
+Decálogo, que es una tabla de la ley, ¡tabla, tabla y de la ley!; hay
+un espíritu de amor.
+
+Me diréis que no cabe sentir bien sin obrar bien y que las buenas
+acciones brotan, como de su fuente, de los buenos sentimientos y sólo
+de ellos. Pero yo os contestaré con Pablo de Tarso que no hago el bien
+que quiero, sino el mal que no quiero hago, y os añadiré que el ángel
+que en nosotros duerme suele despertar cuando la bestia le arrastra,
+y al despertar llora su esclavitud y su desgracia. ¡Cuántos buenos
+sentimientos brotan de malas acciones a que la bestia nos precipita!
+
+Siguió discurriendo Don Quijote con Vivaldo sobre lo de encomendarse
+los caballeros andantes a su dama antes que a Dios, y dando las razones
+que había leído llegó a lo de no poder ser caballero andante sin dama,
+_porque tan propio y tan natural les es a los tales ser enamorados como
+al cielo tener estrellas, y a buen seguro que no se haya visto historia
+donde se halle caballero andante sin amores, y por el mismo caso que
+estuviese sin ellos no será tenido por legítimo caballero, sino por
+bastardo y que entró en la fortaleza de la caballería dicha, no por la
+puerta, sino por las bardas, como salteador y ladrón_.
+
+Ved aquí cómo del amor a mujer brota todo heroísmo. Del amor a mujer
+han brotado los más fecundos y nobles ideales, del amor a mujer las más
+soberbias fábricas filosóficas. En el amor a mujer arraiga el ansia de
+inmortalidad, pues es en él donde el instinto de perpetuación vence
+y soyuga al de conservación, sobreponiéndose así lo sustancial a lo
+meramente aparencial. Ansia de inmortalidad nos lleva a amar a la mujer
+y así fué cómo Don Quijote juntó en Dulcinea a la mujer y a la Gloria,
+y ya que no pudiera perpetuarse por ella en hijos de carne, buscó
+eternizarse por ella en hazañas de espíritu. Fué enamorado, pero de los
+castos y continentes, como dijo en otra ocasión él mismo. ¿Faltó con su
+castidad y continencia al fin del amor? No, pues engendró en Dulcinea
+hijos espirituales duraderos. Casado no habría podido ser tan loco; los
+hijos de carne le hubieran arrebatado de sus hazañosas empresas.
+
+No le embarazó nunca cuidado de mujer que ata las alas a otros héroes,
+porque como dice el Apóstol (I Cor. VII, 33) «el casado se cuida de lo
+del mundo, de cómo ha de agradar a la mujer, y queda dividido».
+
+Hasta en el más puro orden espiritual y sin sombra de malicia alguna,
+suele buscar el hombre apoyo en mujer, como Francisco de Asís en Clara;
+pero Don Quijote buscóle en dama de sus pensamientos.
+
+Y cómo embaraza la mujer! Íñigo de Loyola no quiso que su Compañía
+tuviese nunca cargo de mujeres debajo de su obediencia (Rivadeneira,
+lib. III, cap. XIV), y cuando Doña Isabel de Rosell pretendió formar
+comunidad de mujeres bajo la obediencia de la Compañía logró Loyola
+que el Papa Pablo III, en letras apostólicas de 20 de mayo de 1547, la
+eximiera de tal carga, pues «a esta mínima Compañía--decíale Íñigo--no
+conviene tener cargo especial de dueñas con voto de obediencia». Y
+no es que despreciara a la mujer, pues la honró en lo que es tenido
+por más bajo y más vil de ella, porque si Don Quijote se hizo armar
+caballero ciñéndole espada y calzándole espuela dos mozas del partido,
+Íñigo de Loyola acompañaba él mismo, en persona, por medio de la ciudad
+de Roma, a las «mujercillas públicas perdidas» para ir a colocarlas
+«en el monasterio de Santa Marta o en casa de alguna señora honesta y
+honrada, donde fuesen instruidas en toda virtud». (Rivadeneira, lib.
+III, cap. IX.).
+
+Don Quijote fué enamorado, pero de los castos y continentes y no sino
+por ser fuerza que los caballeros andantes tengan dama a quien rendir
+su amor--según decía, aunque veremos le quedaba otra dentro--por
+cumplir el rito. Y acaso no falte joven atolondrado que vea en esto un
+motivo para tener en menos a Don Quijote, pues los hay que cifran toda
+la calidad de un hombre en cómo se las ha en lances de amor; es decir,
+de eso que se llama amor a cierta edad de la vida. No recuerdo quién
+dijo, pero dijo muy bien quienquiera que lo dijese, que para los que
+aman mucho, es el amor--amor a mujer, se entiende--algo subordinado
+y secundario en su vida, y es lo principal de ésta para los que aman
+poco. Hay quienes no juzgan de la libertad de un espíritu sino según
+sienta en punto al amor; hay mozos para los cuales todo el valor de un
+poeta se cifra en cómo sienta el amor.
+
+¿Qué diría el casto y continente Don Quijote si volviendo al mundo
+viese el chaparrón de incentivos al deseo carnal con que se trata de
+desviar el amor? ¿Qué diría de todos esos retratos de mujerzuelas en
+actitudes provocativas? De seguro que movido por su amor a Dulcinea,
+por su noble y puro amor, emprendería a tajo y mandoble con todos los
+tenderetes en que esas porquerías se nos muestran, como la emprendió
+con el retablo de maese Pedro. Ellas nos apartan del amor a Dulcinea,
+del amor de la gloria. Siendo incentivos a que nos perpetuemos, nos
+apartan de la verdadera perpetuación. Acaso sea nuestro sino que haya
+de renunciar la carne a perpetuarse si se ha de perpetuar el espíritu.
+
+Don Quijote amó a Dulcinea con amor acabado y perfecto, con amor que no
+corre tras deleite egoísta y propio; entregóse a ella sin pretender que
+ella se le entregara. Se lanzó al mundo a conquistar gloria y laureles
+para ir luego a depositarlos a los pies de su amada. Don Juan Tenorio
+habríase dedicado a rendirla con la mira de poseerla y de saciar en
+ella su apetito, no más que por amor de gozarla y pregonarlo; Don
+Quijote no. Don Quijote no se fué de galán al Toboso a cortejarla y
+enamorarla, sino que se echó al mundo a conquistarlo para ella. ¿Qué
+suele ser ese que llaman amor sino un miserable egoísmo mutuo en que
+busca su propio contento cada uno de los dos amantes? ¿Y no es acaso el
+acto de suprema unión lo que más supremamente los separa? Don Quijote
+amó a Dulcinea con amor acabado, sin exigir ser correspondido; dándose
+todo él y por entero a ella.
+
+Amó Don Quijote a la Gloria encarnada en mujer. Y la Gloria le
+corresponde. _Dió un gran suspiro Don Quijote y dijo: yo no podré
+afirmar si la dulce mi enemiga gusta o no de que el mundo sepa que yo
+la sirvo_, y todo lo que sigue. Sí, Don Quijote mío, sí; la tu dulce
+enemiga, Dulcinea, lleva de comarca en comarca y de siglo en siglo la
+gloria de tu locura de amor. Su linaje, prosapia y alcurnia _no es de
+los antiguos Curcios, Gayos y Cipiones romanos, ni de los modernos
+Colonnas y Ursinos_, ni de ninguna de las famosas familias de distintos
+países que Don Quijote nombró a Vivaldo; _pero es de los del Toboso de
+la Mancha, linaje aunque moderno tal, que puede dar generoso principio
+a las más ilustres familias de los venideros siglos_. Con lo que nos
+enseñó el ingenioso hidalgo que la raíz de la gloria está en el propio
+lugarejo y en la propia edad en que se vive. Sólo es duradera en
+siglos y en vastas tierras la gloria que rebasa de los propios lugar y
+tiempo por haberlos perinchido y cogolmado. Lo universal riñe con lo
+cosmopolita; cuanto más de su país y más de su época sea un hombre es
+más de los países y de las épocas todas. Dulcinea es del Toboso.
+
+Y ahora, Don Quijote mío, llévame a solas contigo, porque quiero que
+hablemos corazón a corazón y lo que ni a sí mismos osan decirse muchos.
+¿Fué de veras tu amor a la gloria lo que te llevó a encarnar en la
+imagen de Dulcinea a Aldonza Lorenzo, de la que un tiempo anduviste
+enamorado, o fué tu desgraciado amor a la bien parecida moza labradora,
+aquel amor que ella _jamás lo supo ni se dió cata de ello_, el que se
+te convirtió en amor de inmortalidad? Mira, mi buen hidalgo, que yo sé
+cómo es la timidez dueña del corazón de los héroes, y bien se ve en ver
+cuando ardías en deseo de Aldonza Lorenzo cómo no te atreviste nunca a
+requerirla de amores. No pudiste romper la vergüenza que te sellaba,
+con sello de bronce, los labios.
+
+Tú mismo se lo declaraste a Sancho, tomándole por confidente, cuando
+al quedarte de penitencia en Sierra Morena (cap. XXV) le dijiste: _mis
+amores y los tuyos han sido siempre platónicos, sin extenderse a más
+que a un honesto mirar, y aun esto tan de cuando en cuando, que osaré
+jurar con verdad, que en doce años que ha que la quiero más que a la
+lumbre de estos ojos que ha de comer la tierra, no la he visto cuatro
+veces y aun podrá ser que destas cuatro veces no hubiese ella echado de
+ver la una que la miraba; tal es el recato y encerramiento en que sus
+padres, Lorenzo Corchuelo y su madre Aldonza Nogales, la han criado_.
+¡Cuatro veces tan sólo y en doce años! Y ¡qué fuego debía de ser el
+que ella despidiese para calentarte doce años el corazón con sólo
+cuatro lejanos toques y de soslayo! Doce años, mi Don Quijote, y cuando
+frisabas en los cincuenta. Te enamoraste, pues, al acercarte a tus
+cuarenta. ¿Qué saben los mozos lo que es la llama que se enciende en
+toda sazón de madurez? ¡Y tu timidez, tu insuperable timidez de hidalgo
+entrado ya en años!
+
+Miradas desde lo más adentro, suspiros ahogados de que ella ni se dió
+cata siquiera, redoblar el golpeteo de tu corazón preso de su hechizo
+cada una de esas cuatro veces que gozaste a hurtadillas de su vista. Y
+este amor contenido, este amor roto en su corriente, pues no hallabas
+en ti brío ni arrojo para enderezarlo a su natural término, este pobre
+amor te labró acaso el alma y fué el manantial de tu heroica locura.
+¿No es así, buen caballero? Acaso ni tú lo sospechabas.
+
+Adéntrate en ti mismo y escudriña y ahonda. Hay amores que no pueden
+romper el vaso que los contiene y se derraman hacia adentro, y los hay
+inconfesables, a los que el destino formidable oprime y constriñe en
+el nido en que brotaron; el exceso mismo de aquéllos los cuaja y los
+encierra, la tremenda fatalidad de éstos los sublima y engrandece. Y
+presos allí, avergozándose y ocultándose de sí mismos, empeñándose por
+anonadarse, bregando por morir, pues que no pueden florecer a la luz
+del día y a la vista de todos, y menos fructificar, se hacen pasión de
+gloria y de inmortalidad y de heroísmo.
+
+Dímelo aquí a solas, Don Quijote mío, dime: el intrépido arrojo que te
+llevó a tus proezas todas ¿no era acaso el estallido de aquellas ansias
+de amor que no te atreviste a confesar a Aldonza Lorenzo? Si eras tan
+valiente ante todos ¿no es porque fuiste cobarde ante el blanco de tus
+anhelos? De las íntimas entrañas de la carne te acosaba el ansia de
+perpetuarte, de dejar simiente tuya en la tierra; la vida de tu vida,
+como la vida de la vida de los hombres todos, fué eternizar la vida.
+Y como no lograste vencerte para dar tu vida perdiéndola en el amor,
+anhelaste perpetuarte en la memoria de las gentes. Mira, Caballero, que
+el ansia de inmortalidad no es sino la flor del ansia de linaje.
+
+¿No te llevó acaso a llenar tus ratos ociosos con la lectura de los
+libros de caballerías el no haber podido romper tu medrosa vergüenza
+para llenarlos con el amor y las caricias de aquella moza labradora
+del Toboso? ¿No es que buscaste en esas ahincadas lecturas lenitivo,
+a la vez que alimento, a la llama que te consumía? Sólo los amores
+desgraciados son fecundos en frutos del espíritu; sólo cuando se le
+cierra al amor su curso natural y corriente es cuando salta en surtidor
+al cielo; sólo la esterilidad temporal da fecundidad eterna. Y tu amor
+fué, Don Quijote mío, desgraciado por causa de tu insuperable y heroico
+encogimiento. Temiste acaso profanarlo confesándoselo a la misma que te
+lo encendía; temiste tal vez mancharlo primero y después malgastarlo y
+perderlo si lo llevabas a su cumplimiento vulgar y usado. Temblaste de
+matar en tus brazos la pureza de tu Aldonza, criada por sus padres en
+grandísimo recato y encerramiento.
+
+Y dime, ¿supo Aldonza Lorenzo de tus hazañas y proezas? De seguro que
+si de ellas supo algo le sirvió de solaz y de comidilla y palique en
+los seranos y en las solanas. ¡Sería de haber oído a Aldonza Lorenzo
+cuando en sus inviernos añosos, al amor de la lumbre del hogar, en
+el rolde de sus nietos, o en el serano de las comadres, contara las
+andanzas y aventuras de aquel pobre Alonso Quijano el Bueno, que salió
+lanza en ristre a enderezar entuertos, invocando a una tal Dulcinea
+del Toboso! ¿Recordaría entonces tus miradas a hurtadillas, heroico
+Caballero? ¿No se diría acaso, a solas y callandito, y en lo más
+adentro de sus adentros: «yo fuí, yo fuí la que le volví loco»?.
+
+No necesitas decírmelo, Don Quijote mío, porque comprendo lo que debe
+ser sacrificar ante un altar, sin que el dios que sobre él se yergue se
+entere siquiera del sacrificio. Te lo creo sin que me lo jures, te lo
+creo a pie juntillas, sí; te creo que cruzan el mundo Aldonzas Lorenzos
+que lanzan a inauditos heroísmos a Alonsos Quijanos y se mueren
+tranquilamente y en paz de conciencia sin haber conocido la maternidad
+que les cupo en los heroísmos tales.
+
+Grande es una pasión que rompe por todo y quebranta leyes y arrolla
+preceptos y desencadena torrencialmente su caudal perinchido, pero es
+más grande aún, cuando temerosa de enfangarse con las tierras que ha de
+arrastrar en su furiosa arremetida, se arremolina en sí y se condensa
+y se mete en sí misma, como queriendo tragarse a sí propia, luchando
+por deshacerse en su imposibilidad misma, y revienta hacia dentro y
+convierte en inmenso piélago el corazón. ¿No te sucedió esto?
+
+Y luego, ven más junto a mí, mi Don Quijote, y dímelo al oído del
+corazón; y luego, cuando la Gloria te ensalzaba ¿no suspiraste en tus
+entrañas por aquel inconfesado amor de tu madurez? ¿No la hubieras
+dado toda ella, a la gloria, por una mirada, no más que por una mirada
+de cariño de tu Aldonza Lorenzo? Si ella, pobre hidalgo, si ella se
+hubiese dado cata de tu amor, y compadecida te hubiese ido un día y te
+hubiese abierto los brazos y entreabierto la boca, llamándote con los
+ojos, si ella se te hubiese rendido, venciendo tu contención grandiosa
+y diciéndote: «te he adivinado, ven y no sufras» ¿hubieras buscado la
+inmortalidad del nombre y de la fama? Mas entonces ¿no se te habría
+disipado el encanto luego? Yo creo que ahora mismo, mientras te tiene
+apretada a su pecho tu Dulcinea, y lleva tu memoria de siglo en siglo,
+yo creo que ahora todavía te envuelve cierta melancólica pesadumbre al
+pensar que ya no puedes recibir en tu pecho el abrazo ni en tus labios
+el beso de Aldonza, ese beso que murió sin haber nacido, ese abrazo
+que se fué para siempre y sin haber nunca llegado, ese recuerdo de una
+esperanza en todo secreto y tan a solas y a calladas acariciada.
+
+¡Cuántos pobres mortales inmortales, cuyo recuerdo florece en la
+memoria de las gentes, darían esa inmortalidad del nombre y de la fama
+por un beso de toda la boca, no más que por un beso en que soñaron
+durante su vida mortal toda! ¡Volver a la vida aparencial y terrena,
+encontrarse de nuevo en el augusto instante que una vez ido ya no
+vuelve, quebrar el vergonzante miedo, trizar el tupido respeto o romper
+la ley y luego deshacerse para siempre en los brazos de la deseada!...
+
+Mientras Don Quijote hablaba a Vivaldo de Dulcinea del Toboso, entró
+Sancho, el buen Sancho, con la más maravillosa profesión de fe. Como
+Simón Pedro, que aun deseando plantar tiendas en lo alto del Tabor para
+pasarlo allí bien y sin penalidades, y aun negando al Maestro, fué
+quien con más ardor le creyó y le quiso, así Sancho a Don Quijote. Pues
+mientras todos los que oían la plática entre Vivaldo y el Caballero _y
+aun hasta los mismos pastores y cabreros conocieron la demasiada falta
+de juicio de nuestro Don Quijote, sólo Sancho Panza pensaba----nos
+dice Cervantes--que cuanto su amo decía era verdad, sabiendo él quién
+era y habiéndole conocido desde su nacimiento_. ¡Oh Sancho bueno,
+Sancho heroico, Sancho quijotesco! Tu fe te salvará. Pues mientras los
+menguados mercaderes toledanos pedían a Don Quijote, como los judíos a
+Jesús, señales para creer, un retrato de aquella señora aunque fuera
+_tamaño como un grano de trigo_, Sancho el heroico pensaba que era
+verdad cuanto su amo decía, sabiendo quién era Don Quijote y habiéndole
+conocido desde su nacimiento. Y las gentes ligeras no quieren ver,
+Sancho heroico, la grandeza de tu fe y la fortaleza de tu ánimo, y han
+dado en menospreciarte y calumniarte haciéndote padrón de lo que nunca
+fuiste. No quieren conocer que tu simpleza fué tan loca, tan heroica,
+como la locura de tu amo, pues que creíste en ésta. Y a lo más que
+llegan es a reprocharte de simple porque creías esas cosas. Mas que no
+lo eras, ni tu sublime fe una ceguera de embaucado, lo prueba el que
+dudando algo _en creer aquello de la linda Dulcinea del Toboso, porque
+nunca tal nombre ni tal princesa había llegado jamás a tu noticia
+aunque vivías tan cerca del Toboso_. La fe es algo que se conquista
+palmo a palmo y golpe tras golpe. Y tú, Sancho heroico, pues crees en
+tu amo y señor Don Quijote, llegarás a creer en su señora Dulcinea
+del Toboso, y ella te cogerá de la mano y te llevará por los campos
+perdurables.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XV
+
+ Donde se cuenta le desgraciada aventura que se topó Don Quijote con
+ topar con unos desalmados yangüeses.
+
+
+Terminado el episodio de Marcela, volvió Don Quijote a quedar solo
+con Sancho en los caminos del mundo. Determinado a ir en busca de la
+pastora Marcela y ofrecérsele se entró en el bosque donde ella entrara,
+y a las dos horas de andar buscándola dió en un apacible prado, donde
+comieron y descansaron los dos, amo y escudero.
+
+Suelto Rocinante, fuese a refocilar con unas jacas gallegas de unos
+arrieros yangüeses, jacas que le recibieron a coces y mordiscos y los
+arrieros remataron la suerte moliéndole a palos. Visto lo cual por Don
+Quijote y que no eran caballeros, sino _gente soez y de baja ralea_--el
+encontrarse apeado le curó de la ceguera de su locura--, demandó ayuda
+de Sancho, quien le hizo ver que no podían vengarse de más de veinte
+tan sólo dos y aun quizá uno y medio.
+
+_Yo valgo por ciento--replicó Don Quijote--, y sin hacer más discursos,
+echó mano a su espada y arremetió a los yangüeses y lo mismo hizo
+Sancho Panza incitado y movido del ejemplo de su amo._ En lo que no se
+sabe qué admirar más, si el heroísmo quijotesco bajo la fe de _yo valgo
+por ciento_ o el heroísmo sanchopancesco bajo la fe de que su amo valía
+por cien. La fe de Sancho en Don Quijote es aún más grande, si cabe,
+que la de su amo en sí mismo. _Yo valgo por ciento, y sin hacer más
+discursos, echó mano a su espada y arremetió._ Si crees que vales por
+ciento ¿para qué discursos? La fe verdadera no razona ni aun consigo
+misma.
+
+Los yangüeses, al verse tantos contra dos, dieron con ellos en tierra a
+estacazos, y así se acabó la aventura.
+
+ Vinieron loe sarracenos
+ y nos molieron a palos,
+ que Dios ayuda a los malos
+ cuando son más que los buenos.
+
+Y entonces pidió Sancho a su amo el bálsamo de Fierabrás y entonces
+pronunció Don Quijote aquellas tan profundas palabras de que él se
+tenía la culpa del percance y molimiento, por haber puesto mano a la
+espada contra hombres no armados caballeros como él y excitó a Sancho
+a que se tomase en casos tales la justicia por su mano. Con hombres no
+armados caballeros, con los que no lleven como tú encendida la lumbre
+del seso, sino que reciben luz de reflejo, con ésos no discutas jamás,
+lector. Di tu palabra y sigue tu camino dejando que la roan hasta el
+hueso.
+
+Y más profundo aún que su amo y señor estuvo Sancho al decir que era él
+hombre pacífico, manso y sosegado y sabía disimular cualquiera injuria,
+_porque tengo mujer e hijos que sustentar y criar_--dijo. ¡Oh sesudo
+y discretísimo Sancho! Y si supieras cuántos quedan aún que teniendo
+mujer e hijos que sustentar y criar se nos vienen con requilorios de
+honor y dignidad, que deben ser un lujo permitido a los ricos tan sólo,
+a aquéllos que tienen quienes sustenten y críen a su mujer e hijos y
+que acaso les hacen una merced con dejarlos huérfanos y viuda, pues que
+las gentes no menguan por ello. Tal fué, Sancho amigo, según dicen, que
+yo en esto me callo, el error de tu pueblo y es que no quiso comprender
+que el honor dura tanto cuanto dura el bolso lleno. En ese sublime y
+noble error estaba y sigue estando tu amo, que quiso entonces y allí,
+molido en tierra, sacarte de él y mostrarte que necesitabas valor para
+ofender y defenderte puesto que el día menos pensado te verías señor de
+una ínsula.
+
+La de Marruecos te ofrecen ahora, y te dan las razones que te daba tu
+amo. Entre las cuales las había de oro, como aquélla de las mudanzas
+de la fortuna. No hagas caso, pues, Sancho amigo, de eso de pueblos
+fuertes y pueblos moribundos, que el mundo da muchas vueltas y lo que
+te hace impropio para la manera de triunfar en privanza hoy, eso mismo
+te hará acaso mañana propiísimo para el modo venidero de triunfar. Tú
+eres paciente y de la paciencia es al cabo la victoria. Vale más tu
+paciencia que todo aquello que te decía tu amo de que salisteis de la
+pendencia con los yangüeses molidos pero no afrentados, _porque las
+armas que aquellos hombres traían y con que os machacaron no eran otras
+que sus estacas_.
+
+Dicen que dijo Felipe II al saber el vencimiento de su Armada
+Invencible que no la había mandado a luchar con los elementos, y la
+última vez que nos han molido a cañonazos una armada, te dijeron
+también, Sancho amigo, que nos venció no el valor, sino la ciencia y
+la riqueza. Pero tú te ríes de cuentos, oyes, callas y aguardas. Sigue
+aguardando, que en aguardar siempre está tu fortaleza. A ti no te dió
+pena el pensar si fué o no afrenta lo de los estacazos, sino el dolor
+de los golpes, y en eso ibas muy bien encaminado, porque el dolor de
+los golpes se pasa, pero el de la afrenta no, y quien hace pasajeros
+los dolores los ha vencido ya con hacerlos tales. Si bien, como te
+dijo tu amo, _no hay memoria a quien el tiempo no acabe, ni dolor que
+la muerte no le consuma_ y ésta es fuente de fortaleza, por serlo de
+paciencia y de consuelo.
+
+Tras estas y otras pláticas acomodó Sancho a Don Quijote sobre el asno
+y reanudaron camino, hasta llegar a una venta.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XVI
+
+De lo que le sucedió al ingenioso hidalgo en la venta que él imaginaba
+ ser castillo.
+
+
+Volvió a encontrar Don Quijote mujeres que hicieron con él oficio de
+mujer, mujeres compasivas y piadosas, pues entre la ventera, su hija y
+Maritornes le hicieron una muy mala cama en que se acostó luego que le
+hubieron emplastado de arriba abajo. Agradeciólo Don Quijote haciendo
+a la ventera _fermosa señora_ y a la venta castillo, con lo que las
+mujeres se maravillaron pareciéndoles otro hombre que los que se usan,
+y no les faltaba razón en parecerles así.
+
+Entonces es cuando dió Don Quijote en esperar a la hija del señor
+del castillo, repentinamente enamorada de él, y fué cuando al acudir
+Maritornes a saciar la carne al carnal arriero, se encontró con el
+espiritual Caballero, que le endilgó un ingenioso discurso de disculpa,
+mostrándole ante todo que estaba tan molido y quebrantado que aunque
+de su voluntad quisiera satisfacer a la de ella, le sería imposible,
+y luego la fe prometida a la sin par Dulcinea del Toboso, que si esas
+dos cosas no hubiera de por medio, el no poder contentarla y lo otro,
+no fuera tan sandio caballero que dejara pasar tan venturosa ocasión en
+blanco.
+
+Esto es fina virtud y continencia de mérito, y lo demás tontería. Y
+tuvo esa virtud, como es natural, su recompensa, cual fué los puñetazos
+y pisotones que arreó a Don Quijote el bruto del arriero, que de puro
+rijoso ardía en chispas. Y acudió el ventero al ruido y se armó aquella
+tremolina de puñetazos que Cervantes cuenta.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XVII
+
+Donde se prosiguen los innumerables trabajos que el bravo Don Quijote y
+su buen escudero Sancho Panza pasaron en la venta, que por su mal pensó
+ que era castillo.
+
+
+Cosas de encantamiento, de las que no hay para qué tomar cólera ni
+enojo, _que como son invisibles y fantásticas, no hallaremos de quien
+vengarnos aunque más lo procuremos_. ¡Y cómo llegaste, oh maravilloso
+Caballero, al hondón de la sabiduría, que consiste en tomar por
+invisibles y fantásticas las cosas de este mundo, y así, en virtud de
+tal tomadura, no enojarse por ellas!
+
+Porque ¿qué sino _mano pegada a algún brazo de algún descomunal
+gigante_ pudo ser aquello que a deshora y cuando más en tu coloquio
+estabas vino a asentarte una puñada en las quijadas? Cosas son de otro
+mundo y recuerda si no cómo estando durmiendo una noche Iñigo de Loyola
+«le quiso el demonio ahogar el año de 1541--como en el capítulo IX del
+libro V de su VIDA se nos cuenta--y fué así que sintió como una mano
+de hombre que le apretaba la garganta y que no le dejaba resollar ni
+invocar el Nombre Santísimo de Jesús», y aquello otro que contó el
+hermano Juan Paulo al P. Rivadeneira, según éste en el mismo capítulo
+nos lo cuenta, de cuando «durmiendo una noche como solía junto al
+aposento de Loyola, y habiéndose despertado a deshora, oyó un ruido
+como de azotes y golpes que le daban al Padre, y al mismo Padre como
+quien gemía y suspiraba. Levantóse luego y fuese a él, hallóle sentado
+en la cama, abrazado con la manta, y díjole: ¿Qué es esto, Padre, que
+veo y oigo? Al cual respondió: ¿Y qué es lo que habéis oído? Y como se
+lo dijese, díjole el Padre: Andad, idos a dormir».
+
+Cosas son de otro mundo, y para curar sus efectos basta el bálsamo de
+Fierabrás. Sólo que no obra maravillosamente sino en los caballeros, y
+bien se vió en lo que le ocurrió con él a Sancho.
+
+A poco de esto aconteció lo de convencerse Don Quijote de que
+estaba en venta y no en castillo, a una sola palabra del ventero,
+en que vuelve a verse, una vez más, cuán cuerdo era en su locura.
+Mas aun así, negóse muy caballerescamente a pagar, lo cual le valió
+a Sancho un manteamiento. Acabado el cual le dió de beber vino la
+piadosa Maritornes, Dios se lo pague, pues era la generosidad y el
+desprendimiento mismos. Ella amó mucho, si bien a su manera, como
+todos, y por eso le serán perdonados sus refocilamientos con arrieros,
+ya que lo hacía de puro blanda de corazón.
+
+Creed que la dadivosa moza asturiana, más buscaba dar placer que no
+recibirlo, y si se entregaba era, como a no pocas Maritornes les
+sucede, por no ver penar y consumirse a los hombres. Quería purificar
+a los arrieros de los torpes deseos que les emporcaban la imaginación
+y dejarlos limpios para el trabajo. _Presumía muy de hidalga_--dice
+Cervantes--y por hidalguía concertó ir a refocilarse con el arriero, _y
+satisfacerle el gusto en cuanto le mandase_, no tomarlo. Ella
+
+ dar quería
+ o que des para darse a natureza
+
+aunque no hubiese leído a Camoens, de cuyos LUSIADAS es esta filosófica
+sentencia (IX, 76). Y por este sencillo desprendimiento, tan sin
+rebuscas de vicio como sin melindres de inocencia, se ha inmortalizado
+la moza asturiana. Vivía ella allende la inocencia y la malicia que de
+la pérdida de ella nace.
+
+Creed que hay pocos pasajes más castos. Maritornes no es una moza del
+partido que por no trabajar o por ajenas culpas comercia con su cuerpo,
+ni es una pervertidora que embruja a los hombres encendiéndoles los
+deseos para apartarles de su ruta y distraerles de su labor; es pura
+y sencillamente la criada de un mesón que trabaja y sirve, y alivia
+las gravezas y remedia los aprietos de los viandantes, quitándoles un
+peso de encima para que puedan reanudar, más desembarazados, su camino.
+No enciende deseos, sino que apaga los que otras, menos desprendidas,
+o el sobrante de la vida carnal habían encendido. Y creed que siendo
+pecaminoso esto, lo es mucho más encender deseos adrede, con ánimo de
+encenderlos, como hace la coqueta, para no apagarlos, que apagar los
+que encendió otra. No peca Maritornes ni por ociosidad y codicia, ni
+por lujuria; es decir, apenas peca. Ni trata de vivir sin trabajar ni
+trata de seducir a los hombres. Hay un fondo de pureza en su grosera
+impureza.
+
+Fué buena con Sancho, que salió de la venta muy contento por no haber
+pagado.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XVIII
+
+ Donde se cuentan las razones que pasó Sancho Panza con su señor Don
+ Quijote, con otras aventuras dignas de ser contadas.
+
+
+Y volvió Don Quijote al manadero de toda fortaleza, cual es el de
+tomar a los hombres que mantean y aporrean por _fantasmas y gente del
+otro mundo_. No te enojes por lo que pueda acaecerte en este mundo
+aparencial; espera al sustancial o acógete a él, en el hondón de tu
+locura. Ésa es la fe honda y verdadera. La cual flaqueó en Sancho, que
+por haber oído nombrar con nombres a los manteadores, los tomó por
+hombres de carne y hueso, y esto le bastó para pedir a su amo volverse
+al lugar entonces que era tiempo de la siega.
+
+Acudió su amo a confortarle en la fe, a lo que él oponía lo que por sus
+ojos había visto y en sus costillas sentido, pero le habló Don Quijote
+de Amadís y el escudero se aquietó. E hiciste bien, Sancho, pues te has
+de convencer de que cuando nos injurian o escarnecen o mantean con sólo
+pensar que no son sino fantasmas los manteadores, se nos derrite el
+rencor y estamos al cabo de cura. Acuérdate de que tus enemigos se han
+de morir.
+
+Y entonces dieron con la aventura de las dos manadas de ovejas, que
+tomó Don Quijote por dos ejércitos, y los describió tan puntualmente
+como quien lleva dentro de sí un mundo verdadero. Y el bueno de Sancho,
+sumergido en el otro mundo, en el aparencial, en el de los manteadores
+de carne y hueso, nada vió, _quizá_ por encantamiento. ¡Oh Sancho
+admirable, y qué caudal de fe encierra ese tu _quizá_! Por un quizá
+empieza la fe que salva; quien duda de lo que ve, una miajica tan sólo
+que sea, acaba por creer lo que no ve ni vió jamás. Tú, Sancho, no oías
+sino balidos de ovejas y carneros, pero bien te dijo tu amo: _El miedo
+que tienes te hace, Sancho, que ni veas ni oyas a derechas_.
+
+El miedo, sí, y sólo el miedo a la muerte y a la vida nos hace no ver
+ni oir a derechas, esto es, no ver ni oir hacia dentro en el mundo
+sustancial de la fe. El miedo nos tapa la verdad, y el miedo mismo,
+cuando se adensa en congoja, nos la revela.
+
+Mandó Don Quijote a Sancho que se retirase, pues el que sólo ve con
+los ojos de la carne, antes estorba que sirve en aventuras, y sin
+hacer caso de las voces del sentido terrenal, acometió al ejército
+de Alifanfarón de Trapobana. Y allí alanceó a su sabor corderos
+como Pizarro y los suyos alancearon en el corral de Cajamarca a los
+servidores del inca Atahualpa, que ni siquiera se defendían. Mas no
+así los pastores de los trapobanenses, que molieron a Don Quijote a
+pedradas, derribándole del caballo.
+
+Con ello volvió a tocar tierra con su cuerpo todo el Caballero, para
+recobrar como Anteo, fuerzas a su toque. Y estando en tierra llegó la
+voz del sentido común, por boca de Sancho, a reprenderle, pues eran
+ovejas, mas él supo oponer su fe a los encantamientos del maligno que
+le perseguía. Y consoló a Sancho, cuya fe flaqueaba de nuevo, con
+palabras evangélicas.
+
+Y luego les avino la aventura del cuerpo muerto, cuyo mérito consistió
+en que habiendo la fantástica visión empezado por erizarle los cabellos
+de la cabeza a Don Quijote, supo éste vencer su miedo a lo fantástico,
+él, que no lo tenía a lo real, y en premio de tal victoria puso en fuga
+a los encamisados, que tomaron a Don Quijote por diablo del infierno.
+A los fantásticos con lo fantástico se les vence; con el miedo a los
+amedrentadores. Y el miedo mismo llega a un punto en que si no mata a
+su presa, se realza y se convierte, pasando por congoja, en valor.
+
+Fué entonces, en medio de la fantástica aventura, cuando puso Sancho a
+Don Quijote el título de _El caballero de la triste figura_.
+
+Y después se entraron por un valle donde les ocurrió la aventura de los
+batanes, intentada por Don Quijote para morir haciéndose digno de poder
+llamarse de su señora Dulcinea, de la Gloria. Y a Sancho, su quebradiza
+fe le puso en la boca palabras conmovedoras para apartar de su empeño
+a su amo, y como no bastasen las palabras, acudió a la industria de
+trabar las patas a Rocinante. Y pasó todo lo demás que Cervantes
+nos cuenta, hasta que amaneció y vieron la causa de los temerosos
+ruidos, y Sancho se burló de su amo, que le asestó por ello dos palos,
+acompañándolos de las profundas palabras de _porque os burláis no me
+burlo yo_.
+
+_Venid acá, señor alegre ¿paréceos a vos que si como éstos fueron mazos
+de batán fueran otra peligrosa aventura, no había yo mostrado el ánimo
+que convenía para emprendella y acaballa? ¿Estoy yo obligado a dicha,
+siendo como soy caballero, a conocer y distinguir los sones, y saber
+cuáles son de batanes o no?_
+
+La cosa está bien clara. Para enderezar entuertos y resucitar la
+caballería y asentar el bien en la tierra, no es menester distinguir
+de sones y saber cuáles son de batanes o no. Tal distinción no es cosa
+que toque al heroísmo, ni los más de los conocimientos que por ahí se
+enseñan añaden un ardite a la suma de bien que haya en el mundo. El
+caballero harto tiene con atender y oir a su corazón y distinguir los
+sones de éste.
+
+Esta doctrina quijotesca hay que predicarla ahora en que el
+sanchopancismo no hace sino repetirnos que lo esencial es aprender a
+distinguir los sones y saber cuáles son de batanes o no, sin advertir
+que mientras es de noche y le dura el miedo, tampoco Sancho los
+distingue, y eso que los oye y no hace falta verlos. Sancho necesita,
+para tener serenidad y atreverse a burlas, ver la causa que produce
+los sones, verla; Sancho, que de noche no se atreve a apartarse de
+su amo por miedo a los temerosos sones y por miedo no los distingue,
+búrlase de él cuando ve el artefacto que los produce. Así es con el
+sanchopancismo que llaman ya positivismo, ya naturalismo, ya empirismo,
+y es que ha sido que pasado el miedo, se burla del idealismo quijotesco.
+
+¿Por qué había de conocer Don Quijote, siendo como era caballero, los
+sones? _Y más que podría ser, como es verdad_--añadió--, _que no los
+he visto en mi vida, como vos los habréis visto, como villano ruin
+que sois, criado y nacido entre ellos; sino, haced vos que estos seis
+mazos se vuelvan en seis jayanes, y echádmelos a las barbas uno a uno,
+o todos juntos, y cuando yo no diere con todos patas arriba, haced de
+mí la burla que quisiéredes_. ¡Admirables razones! En lo esforzado del
+propósito y no en lo puntual del conocimiento, está el héroe.
+
+Mas la verdad es que conviene acompañe Sancho a Don Quijote y no se
+aparté de él. Sancho, como villano ruin que es, criado y nacido entre
+batanes, en cuanto llega la noche y no los ve y oye sus temerosos
+sones, tiembla de miedo como un azogado y se arrima a Don Quijote y
+para que no se le vaya le traba las patas a Rocinante, con lo que el
+Caballero no se puede mover y se libra acaso de una muerte cierta entre
+los batanes, pero luego que se hace de día ¿por qué ha de burlarse del
+que le amparó en su congoja, y le dejó llegar a la luz del día, pues
+acaso sin él habríase muerto de miedo, o el miedo le habría arrojado
+en los batanes, más que su valor a su amo? Si inspiraciones del
+corazón y fe en lo eterno nos sacaron de las congojas de la noche de
+la superstición y del miedo a lo desconocido ¿por qué cuando la luz de
+la experiencia luce hemos de burlarnos de aquellas inspiraciones y de
+aquella fe? Y tanto más cuanto que volveremos a necesitarlas, pues si
+a la noche se sucede el día, vuelve nueva noche tras este nuevo día, y
+así entre luz y tinieblas vamos viviendo y marchando a un término que
+no es ni tinieblas ni luz, sino algo en que ambas se aunan y confunden,
+algo en que se funden corazón y cabeza y en que se hacen uno Don
+Quijote y Sancho.
+
+Hoy Sancho distingue de sones y sabe cuáles son de batanes y cuáles
+no, siempre que sea de día y vea los mazos que los producen, pero de
+noche tiembla de miedo y nunca se atreve con seis jayanes, ni uno a uno
+ni con todos juntos, y hoy Don Quijote se atreve con los jayanes y no
+tiembla ni de noche ni de día, pero no distingue de sones y cuáles son
+de batanes y cuáles no. Día llegará en que fundidos en uno, o mejor,
+quijotizado Sancho antes que sanchizado Don Quijote, no tenga aquél
+miedo y distinga de sones lo mismo de noche que de día y se atreva con
+batanes y con jayanes. Pero es mal camino para llegar a ello burlarse
+del Caballero y creer que todo estriba en distinguir de sones. No, no
+es la ciencia sola, por alta y honda, la redentora de la vida.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XXI
+
+ Que trata de la alta aventura y rica ganancia del yelmo de Mambrino,
+ con otras cosas sucedidas a nuestro invencible Caballero.
+
+
+Tras esto cobró Don Quijote el yelmo de Mambrino, y Sancho, como
+despojo de la victoria, trocó los aparejos de su asno por los del asno
+del barbero, mejor repuesto que el suyo, _y almorzaron de las sobras
+del real que del acémila despojaron_. Y luego _se pusieron a caminar
+por donde la voluntad de Rocinante quiso, que se llevaba tras sí la de
+su amo y aun la del asno_, y de camino se quejó Sancho de cuán poco
+se ganaba con aquellas aventuras. Y departiendo mostró haber calado
+la raíz del heroísmo de su amo cuando le pidió salieran de aquellas
+aventuras _donde ya que se venzan y acaben las más peligrosas, no hay
+quien las vea ni las sepa y así se han de quedar en perpetuo silencio y
+en perjuicio de la intención de vuestra merced_--dijo--, y se pusieran
+a servicio de algún emperador donde no faltaría quien pusiera _en
+escrito las hazañas_ de Don Quijote, _para perpetua memoria_. Y añadió,
+tocado ya de la locura de su amo: _de las mías no digo nada, pues no
+han de salir de los límites escuderiles; aunque sé decir que si se usa
+en la caballería escribir hazañas de escuderos, que no pienso que se
+han de quedar las mías entre renglones_.
+
+¿Qué es eso, Sancho? ¿Estás pensando también tú en dejar eterno nombre
+y fama? ¿Andas también enamorado, aunque sin saberlo, de Dulcinea?
+Tú no has tenido Aldonza Lorenzo que te encienda el amor a la
+inmortalidad, tú no has tenido amores de los que no se confiesan o no
+pueden confesarse, tú al llegar a edad y considerando que no está bien
+que el hombre esté solo, tomaste de mano del cura a Juana Gutiérrez por
+compañera de tus faenas y para madre de tus hijos, pero andas con Don
+Quijote, dejaste por él mujer e hijos, y te estás enquijotando ya.
+
+En esta plática, y al explicar Don Quijote cómo podría llegar a
+casarse con hija de rey, dijo: _sólo falta ahora mirar qué rey de los
+cristianos o de los paganos tenga guerra y tenga hija hermosa; pero
+tiempo habrá para pensar esto, pues como te tengo dicho primero se
+ha de cobrar fama por todas partes, que se acuda a la corte_, en que
+parece que la fama no la quiere para fin, sino como medio, a pesar de
+lo cual puede y debe asegurarse que no habría dejado Don Quijote a
+Dulcinea por ninguna hija de rey, por hermosa que ella fuese y poderoso
+y rico su padre. Y continuando el hidalgo mostró dudas de que el rey le
+quisiese tomar por yerno, visto que no era de linaje de reyes o _por lo
+menos primo segundo de emperador_, temiendo perder por semejante falta
+lo que su brazo tendría bien merecido. _Bien es verdad_--añadió--_que
+yo soy hijodalgo de solar conocido, de posesión y propiedad, y de
+devengar quinientos sueldos; y podría ser que el sabio que escribiese
+mi historia deslindase de tal manera mi parentela y descendencia que
+me hallase quinto o sexto nieto de rey_, y a seguida de esto explicó a
+Sancho lo de las dos maneras de linajes que hay en el mundo: los que
+fueron y ya no son y los que son ya y no fueron.
+
+Y aquí encaja lo que dijo aquel capitán de que habla el Dr. Huarte,
+en el cap. XVI de su EXAMEN DE INGENIOS y decía: «Señor, bien sé que
+vuestra señoría es muy buen caballero y que vuestros padres lo fueron
+también; pero yo y mi brazo derecho, a quien ahora reconozco por padre,
+somos mejores que vos y todo vuestro linaje». Razón que hace alguna vez
+suya Don Quijote, declarándose hijo de sus obras.
+
+Y así es; que mi humanidad empieza en mí y debe cada uno de nosotros
+más que pensar en que es descendiente de sus abuelos y estanque a que
+han venido acaso a juntarse tantas y tan diversas aguas, en que es
+ascendiente de sus nietos y fuente de los arroyos y ríos que de él han
+de brotar al porvenir. Miremos más que somos padres de nuestro porvenir
+que no hijos de nuestro pasado, y en todo caso nodos en que se recogen
+las fuerzas todas de lo que fué para irradiar a lo que será, y en
+cuanto al linaje todos nietos de reyes destronados.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XXII
+
+ De la libertad que dió Don Quijote a muchos desdichados que mal de su
+ grado los llevaban donde no querían ir.
+
+
+Iban en esas y otras pláticas, cuando se le presentó a Don Quijote una
+de sus más grandes aventuras, si es que no la mayor de todas ellas,
+cual fué la de libertar a los galeotes. Que iban presos _de por fuerza
+y no de su voluntad_, y esto le bastó a Don Quijote.
+
+Inquirió sus delitos, y de todo cuanto le dijeron sacó en limpio
+que aunque les habían castigado por sus culpas, las penas que iban
+a padecer no les daban mucho gusto, y que iban a ellas muy de mala
+gana, muy contra su voluntad y acaso injustamente. Por lo cual decidió
+favorecerles, como a menesterosos y opresos de los mayores, pues
+_parece duro caso hacer esclavos a los que Dios y la naturaleza hizo
+libres; cuanto más, señores guardas_--añadió Don Quijote--, _que estos
+pobres no han cometido nada contra vosotros; allá se lo haya cada uno
+con su pecado; Dios hay en el cielo que no se descuida de castigar al
+malo ni de premiar al bueno, y no es bien que los hombres honrados sean
+verdugos de los otros hombres no yéndoles nada en ello_, y así pidió
+con mansedumbre que los soltaran. No lo quisieron hacer a buenas y
+arremetió a malas contra ellos Don Quijote, quien ayudado por Sancho y
+los galeotes mismos, logró librarlos.
+
+Hay que pararse a considerar el ánimo esforzado y justiciero que en
+esta aventura mostró el hidalgo. Mi infortunado amigo Ángel Ganivet,
+gran quijotista--lo cual es decir una cosa muy diferente y hasta
+opuesta a eso que suele llamarse cervantista--, el infortunado Ganivet,
+en su IDEARIUM ESPAÑOL, atañedero, a esto dice:
+
+«El entendimiento que más hondo ha penetrado en el alma de nuestra
+nación, Cervantes... en su libro inmortal, separó en absoluto la
+justicia española de la justicia vulgar de los Códigos y Tribunales;
+la primera la encarnó en Don Quijote y la segunda en Sancho Panza. Los
+únicos fallos judiciales moderados, prudentes y equilibrados que en el
+Quijote se contienen son los que Sancho dictó durante el gobierno de su
+ínsula; en cambio los de Don Quijote son aparentemente absurdos, por
+lo mismo que son de justicia trascendental; unas veces peca por carta
+de más y otras por carta de menos; todas sus aventuras se enderezan
+a mantener la justicia ideal en el mundo, y en cuanto topa con la
+cuerda de galeotes y ve que allí hay criminales efectivos, se apresura
+a ponerlos en libertad. Las razones que Don Quijote da para libertar
+a los condenados a galeras son un compendio de las que alimentan la
+rebelión del espíritu español contra la justicia positiva. Hay, sí,
+que luchar por que la justicia impere en el mundo; pero no hay derecho
+estricto a castigar a un culpable mientras otros se escapan por las
+rendijas de la ley; que al fin la impunidad general se conforma con
+aspiraciones nobles y generosas, aunque contrarias a la vida regular
+de las sociedades, en tanto que el castigo de los unos y la impunidad
+de los otros son un escarnio de los principios de justicia y de los
+sentimientos de humanidad a la vez». Hasta aquí Ganivet.
+
+De deplorar es el que espíritu tan inventivo como el de nuestro
+granadino creyera, conforme al común sentir, que Cervantes encarnó
+cosa alguna en Don Quijote, y no llegara a la fe, fe salvadora, de que
+la historia del ingenioso hidalgo fué, como en realidad lo fué, una
+historia real y verdadera, y además eterna, pues se está realizando de
+continuo en cada uno de sus creyentes. No es que Cervantes quisiera
+encarnar en Don Quijote la justicia española, sino que lo encontró
+así en la vida del Caballero, y no tuvo otro remedio sino narrárnoslo
+cual y como sucedió, aun sin alcanzársele todo su alcance. Ni aun vió
+siquiera el íntimo contraste que surge del hecho de que fuese Don
+Quijote el castigador de los mercaderes toledanos, del vizcaíno y de
+tantos otros más, el mismo que negaba a otros derecho a castigar.
+
+Quédase Ganivet en los umbrales del quijotismo al suponer que la
+justicia hecha por Don Quijote en los galeotes se fundara en que «no
+hay derecho estricto a castigar a un culpable mientras otros se escapan
+por las rendijas de la ley» y que es preferible la impunidad de todos
+a la ley del embudo. Podría, en efecto, sostenerse que por tal razón
+se movió Don Quijote a libertar a los galeotes sobre el fundamento de
+haber dicho el mismo Caballero, en la arenga enderezada a los cabreros,
+y al hablar del siglo de oro, que _la ley del encaje aún no se había
+sentado en el entendimiento del juez, porque entonces no había qué
+juzgar ni quién fuese juzgado_. Mas aunque el mismo Don Quijote se
+engañara creyendo que fué ésta la razón de haber él dado libertad a
+aquellos desgraciados, es lo cierto que en lo más hondo de su corazón
+arraigaba tal hazaña. Y no os debe sorprender esto, lectores, ni debéis
+caer en la simpleza de tomarlo a paradoja, porque no es quien lleva a
+cabo una hazaña el que mejor conoce los motivos por que la cumplió,
+ni suelen ser las razones que en abono y justificación de nuestra
+conducta damos, sino razones _a posteriori_, o para hablar en romance,
+de trasmano, manera que buscamos para explicarnos a nosotros mismos
+y explicar a los demás el porqué de nuestros actos, quedándosenos de
+ordinario desconocido el verdadero porqué. No niego que Don Quijote
+creyera, con Ganivet y acaso con Cervantes, que libertó a los galeotes
+por horror a la ley del encaje y por parecerle injusto castigar a unos
+mientras se escapan otros por las rendijas de la ley, pero niego que
+les libertara movido en realidad, y allá en sus adentros, por semejante
+consideración. Y si así no fuera ¿con qué razón y derecho castigaba él,
+Don Quijote como castigaba, sabiendo que escaparían los más del rigor
+de su brazo? ¿Por qué castigaba Don Quijote si no hay castigo humano
+que sea absolutamente justo?
+
+Don Quijote castigaba, es cierto, pero castigaba como castigan Dios y
+la naturaleza, inmediatamente, cual en naturalísima consecuencia del
+pecado. Así castigó a los arrieros que fueron a tocar sus armas cuando
+las velaba, alzando la lanza a dos manos, dándoles con ella en la
+cabeza y derribándolos para tornar a pasearse con el mismo reposo que
+primero, sin cuidarse más de ello; así amenazó a Juan Haldudo el rico,
+pero soltándolo bajo su palabra de pagar a Andrés; así arremetió a los
+mercaderes toledanos, no bien los oyó blasfemar contra Dulcinea; así
+venció a D. Sancho de Azpeitia, soltándolo bajo promesa de las damas de
+que iría a presentarse a Dulcinea; así arremetió a los yangüeses, al
+ver cómo maltrataban a Rocinante. Su justicia era rápida y ejecutiva;
+sentencia y castigo eran para él una misma cosa; conseguido enderezar
+el entuerto, no se ensañaba en el culpable. Y a nadie intentó
+esclavizar nunca.
+
+Bien habría estado que al prender a cada uno de aquellos galeotes se
+les hubiera dado una tanda de palos, pero... ¿llevarlos a galeras?
+_Parece duro caso_--como dijo el Caballero--_hacer esclavos a los que
+Dios y la naturaleza hizo libres_. Y añadió más adelante: _allá se lo
+haya cada uno con su pecado; Dios hay en el cielo que no se descuida de
+castigar al malo ni de premiar al bueno, y no es bien que los hombres
+honrados sean verdugos de los otros hombres no yéndoles nada en ello_.
+
+Los guardas que llevaban a los galeotes los llevaban fríamente, por
+oficio, en virtud de mandamiento de quien acaso no conociera a los
+culpables, y los llevaban a cautiverio. Y el castigo, cuando de natural
+respuesta a la culpa, de rápido reflejo a la ofensa recibida, se
+convierte en aplicación de justicia abstracta, se hace algo odioso a
+todo corazón bien nacido. Nos hablan las Escrituras de la cólera de
+Dios y de los castigos inmediatos y terribles que fulminaba sobre los
+quebrantadores de su pacto, pero un cautiverio eterno, un penar sin fin
+basado en fríos argumentos teológicos sobre la infinitud de la ofensa
+y la necesidad de satisfacción inacabable, es un principio que repugna
+al cristianismo quijotesco. Bien está hacer seguir a la culpa su
+natural consecuencia, el golpe de la cólera de Dios o de la cólera de
+la naturaleza, pero la última y definitiva justicia es el perdón. Dios,
+la naturaleza y Don Quijote castigan para perdonar. Castigo que no va
+seguido de perdón, ni se endereza a otorgarlo al cabo, no es castigo,
+sino ocioso ensañamiento.
+
+Mas se dirá: pues si se ha de perdonar ¿para qué el castigo? ¿Para
+qué, preguntas? Para que el perdón no sea gratuito y pierda así
+todo mérito; para que gane valor costando adquirirlo, teniendo que
+comprarlo con sufrir castigo; para que el delincuente se ponga en
+estado de recibir el fruto, el beneficio del perdón, borrado por el
+castigo el remordimiento que se lo impediría. El castigo satisface al
+ofensor, no al ofendido, y hasta le repugna a aquél el perdón gratuito,
+apareciéndosele como la más quintesenciada forma de la venganza, como
+flor de desdén. El perdón gratuito es un perdón que se echa como
+de limosna. Los débiles se vengan perdonando, sin haber castigado.
+Agradecemos más el abrazo, si es cordial, después de la bofetada con
+que a nuestra provocación se responde.
+
+Cuando un hombre se siente ofendido, vese empujado a venganza, pero
+luego que se vengó, si es bien nacido y noble, perdona. De ese
+sentimiento de venganza brotó la llamada justicia, intelectualizándolo,
+y muy lejos de ennoblecerse con ello, se envileció. El bofetón que
+suelta uno al que le insulta es más humano, y por ser más humano, más
+noble y más puro que la aplicación de cualquier artículo del código
+penal.
+
+El fin de la justicia es el perdón y en nuestro tránsito a la vida
+venidera, en las ansias de la agonía, a solas con nuestro Dios, se
+cumple el misterio del perdón para los hombres todos. Con la pena de
+vivir y las penas a ella consiguientes se pagan las fechorías todas que
+en la vida se hubieren cometido; con la angustia de tener que morirse
+se acaba de satisfacer por ellas. Y Dios, que hizo al hombre libre, no
+puede condenarle a perpetuo cautiverio.
+
+_Allá se lo haya cada uno con su pecado; Dios hay en el cielo que no se
+descuida de castigar al malo ni de premiar al bueno._ Aquí Don Quijote
+remite el castigo a Dios, sin decirnos cómo creía él que Dios castiga,
+pero no pudo creer, por mucha que su ortodoxia fuese, en castigos
+inacabables, y no creyó en ellos. Hay que remitir, sí, a Dios el
+castigar, pero no haciéndole ministro de nuestras justicias, como tanto
+se acostumbra, cuando somos nosotros los que deberíamos ser ministros
+de la suya. ¿Quién es el mortal que osa pronunciar en nombre de Dios
+sentencias, dejando a Dios el ejecutarlas? ¿Quién es el que así hace a
+Dios ministro suyo? El que cree estar diciendo: «en nombre de Dios te
+condeno», lo que en realidad está queriendo decir es esto otro: «Dios,
+en mi nombre, te condena». Mirad bien que los que se arrogan ministerio
+especial de Dios es en el fondo que pretenden que Dios les ministre a
+ellos. Don Quijote no; Don Quijote que se creía ministro de Dios en
+la tierra y brazo por quien se ejecuta en ella su justicia, pero como
+lo somos todos, Don Quijote le dejaba a Dios el juzgar de quién fuera
+bueno y quién malo y merced a qué castigo habría que perdonar a éste.
+
+Mi fe en Don Quijote me enseña que tal fué su íntimo sentimiento, y si
+no nos lo revela Cervantes es porque no estaba capacitado para penetrar
+en él. No por haber sido su evangelista, hemos de suponer fuera quien
+más adentró en su espíritu. Baste que nos haya conservado el relato de
+su vida y hazañas.
+
+_No es bien que los hombres honrados sean verdugos de los otros
+hombres, no yéndoles en ello nada._ Don Quijote, como el pueblo de que
+es la flor, mira con malos ojos al verdugo y a todo ministro y ejecutor
+de justicia. Santo y bueno que se tome uno la justicia por su mano,
+pues le abona un natural instinto, pero ser verdugo de otros hombres
+para ganarse así el pan sirviendo a la odiosa justicia abstracta, no es
+bien. Pues la justicia es impersonal y abstracta, castigue impersonal y
+abstractamente.
+
+Ya os veo aquí, lectores timoratos, llevaros las manos a la cabeza y os
+oigo exclamar: ¡qué atrocidades! Y luego habláis de orden social y de
+seguridad y de otras monsergas por el estilo. Y yo os digo que si se
+soltase a los galeotes todos no por eso andaría más revuelto el mundo,
+y si los hombres todos cobraran robusta fe en su última salvación,
+en que al cabo todos hemos de ser perdonados y admitidos al goce del
+Señor, que para ello nos crió libres, seríamos todos mejores.
+
+Bien sé que en contra de esto me argüiréis con el ejemplo mismo de los
+galeotes y de cómo le pagaron a Don Quijote la libertad que les había
+devuelto. Pues no bien los vió sueltos, los llamó y diciéndoles que _de
+gente bien nacida es agradecer los beneficios que reciben, y uno de
+los pecados que más a Dios ofenden es la ingratitud_, les mandó fuesen
+cargados de la cadena a presentarse ante la señora Dulcinea del Toboso.
+Los desdichados, llenos de miedo no fuese les prendiera de nuevo la
+Santa Hermandad, respondieron por boca de Ginés de Pasamonte, que no
+podían cumplir lo que Don Quijote les pedía, y se lo mudase en alguna
+cantidad de avemarías y credos. Irritó al Caballero, que era pronto a
+la cólera, el desenfado de Pasamonte, y le reprendió. Y entonces hizo
+éste del ojo a sus compañeros y _apartándose aparte comenzaron a llover
+tantas y tantas piedras sobre Don Quijote... que dieron con él en el
+suelo_. Y una vez en tierra, le golpeó uno y le quitaron la ropilla y a
+Sancho el gabán.
+
+Lo cual debe enseñamos a libertar galeotes precisamente porque no nos
+lo han de agradecer, que de contar de antemano con su agradecimiento,
+nuestra hazaña carecería de valor. Si no hiciéramos beneficios sino
+por las gratitudes que de ellos habríamos de recoger ¿para qué nos
+servirían en la eternidad? Debe hacerse el bien no sólo a pesar de que
+no nos lo han de corresponder en el mundo, sino precisamente porque no
+han de correspondérnoslo. El valor infinito de las buenas obras estriba
+en que no tienen pago adecuado en la vida, y así rebosan de ella. La
+vida es un bien muy pobre para los bienes que en ella cabe ejercer.
+
+Pero viene aquí un pasaje tan triste como hermoso, pues mostrándonos
+una carnal flaqueza del Caballero, nos muestra que era de carne y hueso
+como nosotros, y como nosotros sujeto a las miserias humanas.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XXIII
+
+De lo que aconteció al famoso Don Quijote en Sierra Morena, que fué una
+ de las más raras aventuras que en esta verdadera historia se cuentan.
+
+
+Y fué cuando, viéndose tan malparado, dijo a su escudero: _siempre,
+Sancho, lo he oído decir, que el hacer bien a villanos es echar agua
+en la mar: si yo hubiera creído lo que me dijiste, yo hubiera excusado
+esta pesadumbre; pero ya está hecho, paciencia y escarmentar para desde
+aquí adelante_. El pobre Caballero, tendido en tierra, siente flaquear
+su fe. Mas ved que acude en su ayuda Sancho, el heroico Sancho, y
+lleno de fe quijotesca, responde a su amo: _Así escarmentará vuestra
+merced como yo soy turco_. Y ¡qué bien calaste, Sancho heroico, Sancho
+quijotesco, que tu amo no podía escarmentar de hacer el bien y cumplir
+la justicia verdadera!
+
+Y porque apedrearan a Don Quijote y le robaran la ropilla ¿hemos de
+creer que no le iban agradecidos los galeotes y que la libertad no les
+mejoró el ánimo? Cuando le robaron la ropilla es que la necesitaban, y
+esto no excluía agradecimiento, pues una cosa es la gratitud y otra el
+oficio, y el de los más de ellos era el de ladrones. Y además ¿quién
+sabe si no es que querían llevarse una prenda suya como de recuerdo? ¿Y
+que le apedrearon? Sí, por agradecimiento también. Peor habría sido que
+le hubiesen vuelto las espaldas.
+
+Encimada la aventura de los galeotes y obedeciendo Don Quijote a los
+ruegos de Sancho, que le pedía se apartaran de la furia de la Santa
+Hermandad, mas no por miedo a ella, se entraron en Sierra Morena,
+haciendo noche _entre dos peñas y entre muchos alcornoques_. Y aquella
+noche fué cuando robó su jumento a Sancho Ginés de Pasamonte, el
+desgraciado galeote. Y a poco hallaron la maleta de Cardenio y el
+montoncillo de escudos de oro que hizo exclamar a Sancho: _bendito sea
+todo el cielo que nos ha deparado una aventura que sea de provecho_.
+
+¡Ah Sancho veleta, vuelve a vencerte la carne y llamas aventura a eso
+de topar con un montoncillo de escudos de oro! Eres del país de la
+lotería. Se lo regaló su amo, que no iba a la busca de tales aventuras
+de dinero hallado. Interesóse más en los lamentos amorosos que en la
+maleta se contenían, y al ver pasar saltando de risco en risco a un
+solitario, decidido a buscarle, mandó a Sancho lo atajase. Y entonces
+respondió éste aquellas notabilísimas palabras de: _No podré hacer eso
+porque en apartándome de vuestra merced, luego es conmigo el miedo, que
+me asalta con mil géneros de sobresaltos y visiones_.
+
+¿Y cómo no, Sancho amigo, cómo no? Tu amo será, si quieres, loco de
+remate, pero ni supiste, ni sabes ni sabrás ya vivir sin él; renegarás
+de su locura y de los manteamientos en que con ella te mete, pero si te
+deja, te acometerá el miedo al verte solo. Tú sin tu amo estás tan solo
+que estás sin ti. Gustaste el amparo de Don Quijote, cobraste fe en él,
+si el mantenimiento de tu fe te falta ¿quién te librará del miedo? ¿Es
+acaso el miedo otra cosa que la pérdida de la fe?, y ¿no se recobra
+ésta en fuerza de miedo? Y la fe, amigo Sancho, es adhesión no a una
+teoría, no a una idea, sino a algo vivo, a un hombre real o ideal, es
+facultad de admirar y de confiar. Y tú, Sancho fiel, crees en un loco y
+en su locura, y si te quedas a solas con tu cordura de antes ¿quién te
+librará del miedo que te ha de acometer al verte solo con ella, ahora
+que gustaste de la locura quijotesca? Por eso pides a tu amo y señor
+que no se aparte de ti.
+
+Y tu Don Quijote, magnánimo y fuerte, te responde: _Así será, y yo
+estoy muy contento de que te quieras valer de mi ánimo, el cual no te
+faltará aunque te falte el ánima del cuerpo_. Ten fe, pues, Sancho, ten
+fe, que aunque te falte el ánima del cuerpo, no te faltará el ánimo de
+Don Quijote. La fe cumplió en ti su milagro; el ánimo de Don Quijote es
+ya tu ánimo y ya no vives tú en ti mismo, sino que es él, tu amo, quien
+en ti vive. Estás quijotizado.
+
+Entonces encontró Don Quijote a Cardenio y apenas vió al otro loco,
+loco de amor, _le tuvo un buen espacio estrechamente entre sus brazos,
+como si de luengos tiempos le hubiera conocido_. Y así era en verdad.
+Saludáronse y manifestó Don Quijote su propósito de servirle y si
+no hallaba remedio a su dolor, ayudarle a llorar su desventura y _a
+plañirla como mejor pudiera_. Y al llorar y plañir la desventura de
+Cardenio ¿no llorarías y plañirías la tuya, buen Caballero? Al llorar
+los desdenes de Lucinda ¿no llorarías aquella contención que te impidió
+abrir el corazón a Aldonza?
+
+Hay, sin embargo, maliciosos en creer que todo ello era sólo para mover
+a Cardenio a que contase su historia, pues era Don Quijote curioso en
+extremo y amigo de enterarse de vidas ajenas.
+
+
+
+
+ CAPÍTULOS XXIV Y XXV
+
+ Donde se prosigue la aventura de Sierra Morena y que trata de las
+extrañas cosas que en Sierra Morena sucedieron al valiente caballero de
+ la Mancha y de la imitación que hizo a la penitencia de Beltenebros.
+
+
+Aquí Cervantes, no fiando demasiado en la virtualidad de la historia
+de su héroe, intercala la de Cardenio. Mas aun así nos contó la
+interrupción de Don Quijote a Cardenio y cómo salió a la defensa de
+la reina Madasina, ofendida por éste. Con lo cual quiso enseñarnos a
+que no toleremos se le ofenda a él por los que se obstinan en tratarle
+como a mero ente de razón, sin consistencia real. Y no es razón que
+los tales no estén en su cabal juicio, pues _contra cuerdos y contra
+locos_, como dijo en aquella ocasión Don Quijote, debe volver uno por
+la verdad radical. Como por ella volvió el hidalgo. El cual si pecaba
+era de jactancioso, pues aun entonces afirmó que él se sabía las reglas
+de caballería _mejor que cuantos caballeros las profesaron en el mundo_.
+
+Yendo después por aquellas soledades de Sierra Morena volvió a dar Don
+Quijote en su verdadero tema, y fué al decir a Sancho que le llevaba
+por aquellas partes el deseo _de hacer en ellas una hazaña con que he
+de ganar_--dijo--_perpetuo nombre y fama en todo lo descubierto de
+la tierra_. Y para lograrlo se propone imitar a su modelo, Amadís de
+Gaula. Sabía bien que a la perfección se llega imitando a hombres y no
+tratando de poner en práctica teorías. Y para imitarle en la penitencia
+que hizo en la Peña Pobre, mudando su nombre en el de Beltenebros,
+decidió Don Quijote hacer en Sierra Morena _del desesperado, del
+sandio y del furioso_, aventura más fácil que la de _hender gigantes,
+descabezar serpientes, matar endriagos, desbaratar ejércitos, fracasar
+armadas y dehacer encantamentos_.
+
+Y como el heroico loco era muy cuerdo, no quiso imitar a D. Roldán en
+lo de arrancar árboles, enturbiar las aguas de las claras fuentes,
+matar pastores, destruir ganados, abrasar chozas, derribar casas,
+arrastrar yeguas y _otras cien mil insolencias dignas de eterno nombre
+y escritura_, sino sólo en lo esencial, y aun venir a contentarse con
+la sola imitación de Amadís, _que sin hacer locuras de daño, sino de
+lloros y sentimientos, alcanzó tanta fama como el que más_. El punto
+estaba en alcanzar fama y renombre, y si las locuras de daño no eran
+para ello necesarias, eran ya locuras de locura.
+
+Y requerido por Sancho de por qué razón habría de volverse loco sin que
+Dulcinea le hubiese faltado, contestó con aquella preñadísima sentencia
+que dice: _Ahí está el punto y ésa es la fuerza de mi negocio, que
+volverse loco un caballero andante con causa, ni grado ni gracias; el
+toque está en desatinar sin ocasión y dar a entender a mi dama que si
+en seco hago esto, qué hiciera en mojado_. Sí, Don Quijote mío, el
+toque está en desatinar sin ocasión, en generosa rebelión contra la
+lógica, durísima tirana del espíritu. Los más de los que en ésta tu
+patria son tenidos por locos, desatinan con ocasión y con motivo y en
+mojado, y no son locos, sino majaderos forrados de lo mismo, cuando no
+bellacos de lo fino. La locura, la verdadera locura nos está haciendo
+mucha falta, a ver si nos cura de esta peste del sentido común que nos
+tiene a cada uno ahogado el propio.
+
+Ahogado se lo tenía a Sancho, pues dudó de ti, heroico Caballero,
+cuando le hablaste de nuevo del yelmo de Mambrino y estuvo a punto de
+creer patraña tus promesas todas porque sus ojos carnales le hacían
+ver el yelmo como si fuese bacía de barbero. Pero bien le respondiste:
+_eso que a ti te parece bacía de barbero, me parece a mí el yelmo de
+Mambrino y a otro le parecerá otra cosa_. Ésta es la verdad pura;
+el mundo es lo que a cada cual le parece, y la sabiduría estriba en
+hacérnoslo a nuestra voluntad, desatinando sin ocasión y henchidos de
+fe en lo absurdo. El carnal Sancho creyó, al ver empezar a Don Quijote
+la penitencia que iba de burlas y no de veras, mas desengañóle su amo.
+No, Sancho amigo, no, la verdadera locura va de veras siempre; son los
+cuerdos los que van de burlas.
+
+Y ¡qué locura! Entonces fué cuando Don Quijote declaró a Sancho lo de
+ser Dulcinea Aldonza Lorenzo, la hija de Lorenzo Corchuelo y de Aldonza
+Nogales, y Sancho nos declaró las prendas terrenales de ella, _moza de
+chapa, hecha y derecha y de pelo en pecho_, que tiraba la barra _como
+el más forzudo zagal de todo el pueblo_. Se puso un día _encima del
+campanario de la aldea a llamar a unos zagales suyos que andaban en
+un barbecho de su padre y aunque estaban de allí a media legua, así
+lo oyeron como si estuvieran al pie de la torre_. Y se la oye ahora,
+que convertida en Dulcinea, pregona tu nombre, Sancho socarrón. _Tiene
+mucho de cortesana_--añadió--; _con todos se burla y de todo hace mueca
+y donaire_... Sí, de todos sus favoritos se burla la Gloria.
+
+Dejó de hablar Sancho, juzgando a Dulcinea, o mejor a Aldonza, según
+sus groseros ojazos, y su amo le contó el cuento de la viuda hermosa,
+moza, libre y rica que se enamoró del mozo rollizo e idiota. Para lo
+que le quería... Sí, para el que quiere estrujar idealidad del mundo
+nada hay en él de bajo ni de grosero, y muy bien puede Aldonza Lorenzo
+encarnar a Dulcinea.
+
+Pero hay aquí algo más íntimo. Alonso Quijano el Bueno que había
+recatado en los más recónditos recovecos de su corazón durante doce
+años aquel amor que fué acaso lo que llevándole a engolfarse en libros
+de caballería le llevó a hacerse Don Quijote, Alonso Quijano, roto
+ahora, merced a la locura caballeresca, su vergonzante recato, confiesa
+a Sancho su amor. ¡A Sancho! Y al confesarlo, lo profana. El muy
+bellaco del escudero no se percata de lo que se le abre al conocimiento
+y a la confianza y habla de Aldonza como de una garrida moza cualquiera
+de lugar. Y entonces Don Quijote, apesadumbrado al ver cuán a lo burdo
+entendió Sancho sus amores, sin conocer que para todo buen enamorado
+es su amor único y como no lo ha habido en la tierra antes, le cuenta
+la sustanciosa historia de la viuda y el idiota, para concluir en lo
+de _por lo que yo quiero a Dulcinea del Toboso, tanto vale como la
+más alta princesa de la tierra_. ¡Pobre Caballero! y cómo tuviste que
+callar y sepultar en lo más escondido de tu seno que a no haberte atado
+la vergüenza del de demasiado amor que se te prendió en el otoño de tus
+años, para otra cosa que para invocarla por los caminos bajo el nombre
+de Dulcinea habrías querido a la hermosa hija de Lorenzo Corchuelo y de
+Aldonza Nogales! Di ¿no hubieras dado por ella la gloria, esa gloria
+que por ella ibas a buscar?
+
+Acabado el coloquio, escribió Don Quijote la carta a Dulcinea, aun no
+sabiendo leer Aldonza Nogales, y la cédula de los tres pollinos que se
+entregarían a Sancho. ¡Ah, Sancho, Sancho, llevas el más grande de los
+cometidos, una misiva de amor a Dulcinea, y necesitas llevar con ella
+una cédula de tres pollinos!
+
+Siguióse nuevo coloquio y en él dijo Don Quijote aquello de: _A fe,
+Sancho, que a lo que parece no estás tú más cuerdo que yo_. Cierto es
+ello, pues le contagiaste, noble Caballero.
+
+Al ir a partir Sancho, desnudóse su amo con toda priesa los calzones,
+_quedó en carnes y en pañales y luego, sin más ni más, dió dos
+zapatetas en el aire y dos tumbos la cabeza abajo y los pies en alto
+descubriendo cosas que, por no verlas otra vez, volvió Sancho la rienda
+a Rocinante y se dió por satisfecho de que podía jurar que su amo
+quedaba loco_.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XXVI
+
+ Donde se prosiguen las finezas que de enamorado hizo Don Quijote en
+ Sierra Morena.
+
+
+Y quedóse Don Quijote rezando en un rosario de agallas grandes de
+alcornoque, paseándose por un pradecillo, escribiendo y grabando en las
+cortezas de los árboles y por la menuda arena muchos versos, suspirando
+y llamando a los faunos, silvanos y ninfas de aquellos contornos.
+
+¡Admirable aventura! ¡Aventura del género contemplativo más bien que
+del activo! Hay gentes, Don Quijote mío, ciegas al valor de estas
+aventuras de suspirar y dar sin más ni más zapatetas en el aire. Sólo
+el que las dió o es capaz de darlas, puede dar cima a grandes empresas.
+Desgraciado del que a solas consigo mismo es cuerdo y cuida que los
+demás le miran.
+
+Esta penitencia de Don Quijote en Sierra Morena nos trae a la memoria
+aquella otra de Íñigo de Loyola en la cueva de Manresa y sobre todo
+cuando en el mismo Manresa y en el monasterio de Santo Domingo
+«vínole al pensamiento--como nos dice el P. Rivadeneira, libro I,
+cap. VI--un ejemplo de un santo que para alcanzar de Dios una cosa
+que le pedía, determinó de no desayunarse hasta alcanzarla. A cuya
+imitación--añade--propuso él también de no comer ni beber hasta hallar
+la paz tan deseada de su alma, si ya no se viese por ello a peligro de
+morir».
+
+Al terminar un piadoso autor la vida de San Simeón Estilita, añade:
+«esta vida es más para admirada que para imitada», y Teresa de Jesús,
+en el párrafo tercero del capítulo XIII de su VIDA, nos dice que el
+demonio «nos dice o hace entender que las cosas de los Santos son
+para admiradas, mas no para hacerlas los que somos pecadores» y eso
+dice ella también, mas que «hemos de mirar cuál es de espantar y cuál
+de imitar». Y así podría creerse que la penitencia de Don Quijote en
+Sierra Morena es más para admirada que para imitada. Pero yo os digo
+que de la misma fuente de que brotaron sus más hazañosas proezas, de
+esa misma fuente brotó también lo de las zapatetas en el aire, siendo
+inseparable lo uno de lo otro. Aquellas locuras encendieron su amor a
+Dulcinea, y ese amor fué su brújula y su resorte de acción.
+
+Lo bello es lo superfluo; lo que tiene su fin en sí; la flor de la
+vida. Y esas zapatetas en el aire son bellísimas, porque no tienen
+otro fin que el de darlas. Aunque sí, otro fin tuvieron, fin de propia
+educación. Oídme una parábola:
+
+Llegaron a segar un campo dos segadores. El uno, ansioso de segar
+mucho, empezó a cortar sin cuidarse de afilar la guadaña y al poco
+rato, mellada ella y embotado el filo, derribaba la yerba, mas sin
+cortarla. El otro, deseoso de segar bien, se pasó casi toda la mañana
+en afilar su instrumento, y al caer de la tarde ni éste ni aquél habían
+ganado su jornal. Así hay quien sólo se cuida de obrar sin afilar ni
+pulir su voluntad y su arrojo, y quien se pasa la vida en afile y
+pulimento, y en prepararse a vivir le llega la muerte. Hay, pues, que
+segar y pulir la guadaña, obrar y prepararse para la obra. Sin vida
+interior no la hay exterior.
+
+Y esas zapatetas sin más ni más en el aire, y esos rezos, esos grabados
+en las cortezas de los árboles, suspiros e invocaciones, son ejercicio
+espiritual para arremeter molinos, alancear corderos, vencer vizcaínos,
+libertar galeotes y ser por ellos apedreado. Allí, en aquel retiro y
+con aquellas zapatetas, se curaba de las burlas del mundo, burlándose
+de él, y desahogaba su amor; allí cultivaba su locura heroica con
+desatinos en seco.
+
+En tanto tomó Sancho camino del Toboso y al llegar cerca de la venta en
+que lo mantearon, topó con el cura y el barbero de su lugar. Los cuales
+no bien le vieron, preguntáronle por Don Quijote y dónde quedaba, y
+Sancho, guiado de un certero instinto, intentó ocultarlo. Y ¡qué bien
+comprendías, fiel escudero, que los mayores enemigos del héroe son sus
+propios deudos y parientes, los que le quieren con cariño de la carne!
+No le quieren por él ni por su obra, sino quiérenle para ellos. No le
+quieren por su obra, que es su alma y su razón de ser; no le quieren
+en la eternidad, sino en el tiempo. Cuenta Marcos el evangelista, en
+el capítulo III de su Evangelio, que cuando Jesús había elegido sus
+apóstoles, estaba rodeado de mucha gente, que ni aun podían comer pan
+(ver. 20) y al oirlo los suyos, οι παρ' αὺτοῦ, los de su familia, su
+madre y hermanos, fueron a prenderle diciendo: «está fuera de sí», esto
+es, está loco (ver. 21) y al decirle al Maestro: «He ahí tu madre y tus
+hermanos que te buscan fuera», respondió diciendo: «¿Quién, mi madre
+y mis hermanos? He aquí mi madre y mis hermanos--y miró a los que le
+rodeaban--; quien hiciere la voluntad de Dios ese es mi hermano y mi
+hermana y mi madre» (vers. 31 a 35). Para nadie es más loco el héroe,
+el santo, el redentor, que para su propia familia, para sus padres y
+hermanos.
+
+El cura y el barbero obraban al querer reducir a Don Quijote a su casa,
+conforme al corazón del alma y la sobrina del hidalgo, que le creían
+fuera de sí. Pero los sobrinos de Don Quijote son quienes se encienden
+en su hidalga caballerosidad, son sus parientes en espíritu. El héroe
+acaba por no poder tener amigos; por ser a la fuerza un solitario.
+
+Bien hizo, pues, Sancho en querer ocultar al cura y al barbero dónde
+paraba su amo, pero no le valió la treta, porque como estaba solo, sin
+el amparo de su señor, le atacaron por el miedo y le hicieron cantar
+de plano. Y lo cantó todo, asombrando a los vecinos, que _se admiraron
+de nuevo considerando cuán vehemente había sido la locura de Don
+Quijote, pues había llevado tras sí el juicio de aquel pobre hombre_.
+¿Vehemente? Más que vehemente; contagiosa con el contagio del heroísmo.
+Y no puede ni debe llamarse pobre hombre a quien tan rico de espíritu
+se iba haciendo con sólo haber entrado a servir a tal caballero.
+
+_No quisieron cansarse en sacarle del error en que estaba_--agrega
+el historiador--, _pareciéndoles que pues que no le dañaba nada la
+conciencia, mejor era dejarle en él, y a ellos les sería de más gusto
+oir sus necedades_. Ved cómo toman estos dos mundanos cura y barbero
+las cosas de Sancho; le dejan en lo que creen su error y era fe en el
+heroísmo, para sacar gusto de oir las que reputan sus necedades. Haced
+luego nada heroico o decid algo sutil o nuevo para dar gusto a los que
+os lo tomarán como meras ingeniosidades.
+
+Presumo que leerán estos mis comentarios no pocos curas y barberos
+manchegos, o que merecían serlo, y hasta llego a sospechar que los más
+de los que me los lean andarán más cerca que de otra cosa de aquellos
+cura y barbero, y creerán bueno dejarme en los que juzguen mis errores
+para sacar gusto de mis necedades. Dirán, como si lo oyera, que sólo
+busco y rebusco ingeniosas paradojas para hacerme pasar por original,
+pero yo sólo les digo que si no ven ni sienten todo lo que de pasión y
+encendimiento de ánimo y hondas inquietudes y ardorosos anhelos pongo
+en estos comentarios a la vida de mi señor Don Quijote y de su escudero
+Sancho, y he puesto en otras de mis obras, si no ven ni sienten eso,
+digo, los compadezco con toda la fuerza de mi corazón y los tengo
+por unos miserables esclavos del sentido común y unos espíritus
+aparenciales que se pasean entre sombras recitando de coro las viejas
+coplas de Calaínos. Y me encomiendo a nuestra señora Dulcinea, que dará
+al cabo cuenta de ellos y de mí.
+
+En acabando de leer esto se sonreirán también murmurando: ¡Paradojas!
+¡Nuevas paradojas! ¡Siempre paradojas! Pero venid acá, espíritus
+alcornoqueños, hombres de dura cerviz, venid y decidme ¿qué entendéis
+por paradoja y queréis decir con eso? ¡Sospecho que os queda otra
+dentro, desgraciados rutineros del sentido común! Lo que no queréis
+es remejer el poso de vuestro espíritu ni que os lo remejan; lo que
+rehusáis es zahondar en los hondones del alma. Buscáis la estéril
+tranquilidad de quien descansa en institutos externos, depositarios de
+dogmas, y os divertís con las necedades de Sancho. Y llamáis paradoja
+a lo que os cosquillea el ánimo. Estáis perdidos, irremisiblemente
+perdidos; la haraganería espiritual es vuestra perdición.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XXVII
+
+De cómo salieron con su intención el cura y el barbero, con otras cosas
+ dignas de que se cuenten en esta grande historia.
+
+
+Y volviendo a nuestra historia os recordaré, pues cuantos me leís
+la conocéis ya, lo ideado por el cura y el barbero para sacar a Don
+Quijote de aquella penitencia, que juzgando curibarberilmente estimaban
+inútil, vistiéndose el cura en hábito de doncella andante, ya que los
+curas acostumbran vestirse, como las doncellas y las que lo fueron, por
+la cabeza, y de escudero el rapa-barbas, e irse así _adonde Don Quijote
+estaba, fingiendo ser ella una doncella afligida y menesterosa_ y todo
+lo demás que se nos cuenta al respecto, para sacar a Don Quijote de
+Sierra Morena y llevarle a su casa. Y así, disfrazado de doncella el
+cura, montado en su mula a mujeriegas y con el barbero, con su cola de
+buey por barba, fueron a seducir al Caballero. Y al poco cayó el cura
+en la cuenta de lo indecente que para su carácter era tal mojiganga
+y cambiaron los papeles. Le caía mejor barba de cola de buey que no
+vestido de doncella. Y engañaron a Sancho, al sencillo y fiel Sancho,
+para que vendiese a su amo dándole barbero por doncella andante.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XXIX
+
+ Que trata de la nueva y agradable aventura que al cura y al barbero
+ sucedió en la misma sierra.
+
+
+Mas ni aun esto fué menester, porque la suerte les deparó a la hermosa
+Dorotea---casi todas las damas que figuran en esta historia son
+hermosas--, que se prestó a hacer el papel de doncella menesterosa,
+princesa Micomicona, y tan al vivo se atavió para ello, que cayó en el
+lazo el incauto Sancho.
+
+Estaba a todo esto Don Quijote en camisa, flaco, amarillo, muerto de
+hambre y suspirando por su señora Dulcinea. Ya vestido le encontró la
+princesa Micomicona, hincóse de hinojos ante él, pidióle Don Quijote
+que se levantara, rehusó ella hacerlo hasta que se le otorgara el don
+que pediría, siéndole de antemano otorgado por el Caballero, como no
+hubiera de cumplirse en daño o mengua de su rey, de su patria y de
+aquella que de su corazón y libertad tenía la llave. Esto es prometer
+con cautela y sin comprometerse. Pidióle entonces la princesa se
+fuere con ella sin entrometerse en otra aventura hasta vengarla de un
+traidor que le tenía usurpado el reino, y Don Quijote le aseguró podía
+desechar toda melancolía, pues con la ayuda de Dios y la de su brazo
+veríase ella presto restituida a su reino. Si Dios movía el brazo
+del Caballero, sobraba la segunda ayuda. Quiso la princesa besarle
+las manos, no lo consintió él, que _en todo era comedido y cortés
+caballero_, y se aprestó a seguirla.
+
+Aquí hay que admirar cómo unía y juntaba en uno Don Quijote su fe en
+Dios y su fe en sí mismo, al decir a la princesa lo que le dijo de
+cómo se vería presto restituída a su reino y sentada en la silla de
+su antiguo y grande estado, a pesar y a despecho de los follones que
+contradecirlo quisieren. Y es que no hay fe en sí mismo como la del
+servidor de Dios, pues éste ve a Dios en sí; como la fe del que, cual
+Don Quijote, si bien llevado del cebo de la fama, busca ante todo el
+reino de Dios y su justicia. Dásele todo lo demás por añadidura y a la
+cabeza de todo lo demás fe en sí mismo, necesaria para obrar.
+
+Encontrándose los PP. Láinez y Salmerón con grandes dificultades de
+parte de la Señoría de Venecia para fundar el Colegio de Padua, y
+teniendo por desahuciado el negocio, escribió Láinez a Íñigo de Loyola
+«en qué términos estaba, pidiéndole que para que Nuestro Señor le
+diese buen suceso, dijese una misa por aquel negocio, porque él no
+hallaba otro remedio. Dijo el Padre la misa, como se le pedía, el mismo
+día de la Natividad de Nuestra Señora, y acabada, escribió a Láinez:
+«Ya hice lo que me pedistes; tened buen ánimo, y no os dé pena este
+negocio, que bien le podéis tener por acabado como deseáis. Y así fué».
+(Rivadeneira, libro III, cap. VI.)
+
+Y viene lo triste de la aventura de Don Quijote, y es que entre tanto
+_estábase el barbero aún de rodillas teniendo gran cuenta de disimular
+la risa y de que no se le cayese la barba, con cuya caída quizá
+quedaran todos sin conseguir su buena_--según Cervantes--_intención_.
+Hasta aquí todas han sido aventuras de las que la suerte le procuraba
+al hidalgo al azar de los caminos y veredas, aventuras naturales y
+ordenadas por Dios para su gloria; mas ahora empiezan las que le
+armaron los hombres y con ellas lo más recio de su carrera. Ya tenemos
+al héroe siendo, en cuanto héroe, juguete de los hombres y motivo
+de risa; ya está la compañía de los hombres en campaña contra él.
+El barbero disimula la risa para no ser conocido. Sabe que la risa,
+arrancándonos la máscara de la seriedad, barba tan quitadiza como
+postiza es, nos pone al descubierto.
+
+Empieza ahora, digo, lo triste de la carrera quijotesca. Sus más
+hermosas y más espontáneas aventuras quedan ya cumplidas; en adelante
+las más de ellas lo serán ya de tramoya y armadas por hombres
+maliciosos. Hasta aquí desconocía el mundo al héroe, y éste, a su vez,
+trataba de hacérselo a su antojo; ahora el mundo le conoce y le acepta,
+más para burlarse de él, y siguiéndole el humor, fraguarle a su antojo.
+Ya estás, mi pobre Don Quijote, hecho regocijo y períndola de barberos,
+curas, bachilleres, duques y desocupados de toda laya. Empieza tu
+pasión, y la más amarga, la pasión por la burla.
+
+Mas por esto mismo ganan tus aventuras en profundidad lo que en
+arrojo pierden, porque concurre a ellas, sea como fuere y de un modo
+o de otro, el mundo. Quisiste hacer del mundo tu mundo, enderezando
+entuertos y asentando la justicia en él; ahora el mundo recibe a
+tu mundo como a parte suya y vas a entrar en la vida común. Te
+desquijotizas algo, pero es quijotizando a cuantos de ti se burlen. Con
+la risa los llevas tras de ti, te admiran y te quieren. Tú harás que el
+bachiller Sansón Carrasco acabe por tomar en veras sus burlas, y pase
+de pelear por juego a pelear por honra. Déjale, pues, al barbero que
+se sotorría bajo sus barbas postizas. «He aquí el hombre», dijeron en
+burla a Cristo Nuestro Señor; «he aquí el loco», dirán de ti, mi señor
+Don Quijote, y serás el loco, el único, el Loco.
+
+Y Sancho, el pobre Sancho, sabedor en gran parte de la farsa, pues vió
+tras bastidores y entre bambalinas preparar la comedia, creía, sin
+embargo, con fe heroica, en el reino Micomicón y aun soñaba con traer
+de él negros y venderlos para enriquecerse. ¡Oh fe robusta! Y no se nos
+diga que se la atizaba la codicia, no; sino que era, por el contrario,
+su fe la que le despertaba la codicia.
+
+Hízose entonces el cura el encontradizo, saludó a su vecino Alonso
+Quijano como a su buen compatriota Don Quijote de la Mancha, _la flor
+y nata de la gentileza_..., _la quinta esencia de los caballeros
+andantes_, consagrándole así juguete de sus convecinos, y el ingenioso
+hidalgo, así que le hubo conocido, intentó apearse, ya que el cura
+estaba en pie. Rendía parias al burlador, pues era éste, al fin y al
+cabo, el cura de almas de su pueblo.
+
+Un contratiempo hizo que se le cayeran las postizas barbas al barbero,
+y el cura acudió a pegárselas con un ensalmo _de que se admira Don
+Quijote sobre manera y rogó al cura que cuando tuviese lugar le
+enseñase aquel ensalmo_. ¡Ay, mi pobre Caballero, y cómo empieza a
+obrar en ti la tramoya en que los burladores te envuelven! Ya no
+inventas tú las maravillas; te las inventan.
+
+Mas no contento el cura con su papel de burlador, quiso tomar el de
+reprensor también y enderezó una agria reprimenda al hombre valiente
+que libertó a los galeotes, fingiendo no conocerlo. Y el Caballero,
+_al cual se le mudaba la color a cada palabra_, callaba, sin darse por
+aludido, pues era al fin su cura, su confesor el que hablaba.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XXX
+
+ Que trata de la discreción de la hermosa Dorotea, con otras cosas de
+ mucho gusto y pasatiempo.
+
+
+Y hubiera callado del todo, si Sancho no lo delata y dice que fué su
+amo quien dió libertad a aquellos grandísimos bellacos. Había hablado
+su hombre, el que para él era su mundo. _Majadero--dijo a esta sazón
+Don Quijote--, a los caballeros andantes no les toca ni atañe averiguar
+si los afligidos, encadenados y opresos que encuentran por los caminos
+van de aquella manera o están en aquella angustia por sus culpas o por
+sus gracias; sólo les toca ayudarles como a menesterosos, poniendo los
+ojos en sus penas y no en sus bellaquerías_, con todo lo demás que
+añadió, retando a quien le pareciese mal lo que había hecho, salva
+la santa dignidad del señor licenciado. Admirable respuesta, y digna
+corona a las razones que expuso al libertar a los galeotes. Natural
+era que el cura, como los demás curas con que en el curso de su obra
+topó el hidalgo, discurriera por lo mundano y terrestre, que al fin los
+mundanos y terrestres le pagaban para que hiciese de cura, mas a Don
+Quijote cumplíale sentir por lo divino y celestial. ¡Oh, mi señor Don
+Quijote, y cuándo llegaremos a ver en cada galeote ante todo y sobre
+todo un menesteroso, poniendo los ojos en la pena de su maldad y no en
+otra alguna cosa! Hasta que a la vista del más horrendo crimen no sea
+la exclamación que nos brote: ¡pobre hermano! por el criminal, es que
+el cristianismo no nos ha calado más adentro que el pellejo del alma.
+
+Prosiguiendo en sus burlas, a seguida de esto endilgó la princesa
+Micomicona a Don Quijote la sarta de disparates que había urdido
+para justificarse. Y dióse el triste caso de creérselas Don Quijote
+y Sancho, pues siempre el heroísmo es crédulo. Y allí fué el reir de
+los burladores. Don Quijote renovó sus promesas, mas no aceptó lo de
+casarse con la princesa, cosa que disgustó a Sancho, y tales cosas dijo
+éste poniendo a la Micomicona sobre Dulcinea, que su amo _no lo pudo
+sufrir y alzando el lanzón, sin hablarle palabra a Sancho y sin decirle
+esta boca es mía, le dió tales dos palos, que dió con él en tierra_.
+
+Este silencioso castigo, lo único serio entre tan torpes burlas, nos
+levanta el ánimo, y serias y muy serias fueron las razones con que Don
+Quijote justificó su castigo, haciendo ver que si no fuese por el valor
+que infundía Dulcinea en su pecho, no le tendría para matar una pulga,
+pues no era el valor suyo, sino el de Dulcinea, el que tomando a su
+brazo por instrumento de sus hazañas, llevaba éstas a feliz término. Y
+así es en verdad que cuando vencemos es la Gloria la que por nosotros
+vence. _Ella pelea en mí y vence en mí, y yo vivo y respiro en ella
+y tengo vida y ser._ ¡Heroicas palabras, que debemos llevar grabadas
+en el corazón! Palabras que son al quijotismo lo que al cristianismo
+es aquella sentencia de Pablo de Tarso: «Con Cristo estoy juntamente
+crucificado, y vivo; no ya yo, mas vive Cristo en mí». (Gal. II, 20.)
+
+Y así es siempre en toda obra grande entre los hombres, y es que la
+tal obra, si ha de ser de veras grande, ha de hacerse en obsequio de
+hombre; de hombre o de mujer, mejor de mujer que de hombre. El fin del
+hombre es la humanidad y la humanidad personalizada, hecha individuo,
+y cuando toma por fin a la naturaleza es humanizándola antes. Dios es
+el ideal de la humanidad, el hombre proyectado al infinito y eternizado
+en él. Y así tiene que ser. ¿Por qué habláis de error antropocéntrico?
+¿No decís que una esfera infinita tiene el centro en todas partes, en
+cualquiera de ellas? Para cada uno de nosotros el centro está en sí
+mismo. Pero no puede obrar si no lo polariza; no puede vivir si no se
+descentra. Y ¿a dónde ha de descentrarse sino tendiendo a otro como
+él? El amor de hombre a hombre, de hombre a mujer quiero decir, ha
+producido las maravillas todas.
+
+_Yo vivo y respiro en ella y tengo vida y ser._ Al decir esto de tu
+Dulcinea, mi Don Quijote, ¿no se acordaba tu Alonso el Bueno de aquella
+Aldonza Lorenzo por la que suspiró doce años sin atreverse a confesarle
+su inmenso amor? _¡Vivo y respiro en ella!_ En ella vivió y respiró y
+tuvo vida y ser tu Alonso el Bueno, el que llevas dentro, metido en tu
+locura, en ella vivió y respiró doce largos años de cruel atormentadora
+cordura. Con ella amasó sus recatados ensueños; de su dulce imagen,
+entrevista tan sólo cuatro veces, bebió sus esperanzas, pues que jamás
+habría de sazonarse en recuerdos. En ella tuvo vida y ser, una vida
+oculta y silenciosa, una vida que corría bajo su espíritu como las
+aguas del Guadiana corren un buen trecho bajo tierra, pero regando
+allí, en aquellos soterraños, las raíces de las futuras hazañas de su
+carrera. ¡Oh, mi Alonso el Bueno, vivir y respirar en Aldonza, sin que
+ella lo sepa ni se de cata de ello, tener la vida y el ser en la dulce
+imagen que alimenta el alma!
+
+Mas no se dió por vencido el carnal Sancho, sino que insistió en lo de
+que su amo se casase con la princesa, quedándole libre el amancebarse
+luego con Dulcinea. ¿Qué has dicho, Sancho, qué has dicho? ¡No sabes
+cómo atravesando el alma de Don Quijote has llegado a herir la hebra
+más sensible del corazón de Alonso Quijano! Además, Dulcinea no admite
+partijas ni aparcerías, y quien la quiera toda entera ha de entregarse
+todo y entero a ella. Muchos hay que pretenden casarse con la Fortuna y
+amancebarse con la Gloria, pero así les va, pues aquélla les araña de
+celos y ésta se burla de ellos, hurtándoseles.
+
+Y siguiendo en su plática amo y escudero, acabó aquél por pedirle
+perdón de los palos que le diera, sabido que Sancho no vió a Dulcinea
+tan despacio que hubiera podido notar _su hermosura y sus buenas partes
+punto por punto. Pero así a bulto_--añadió--_me parece bien_. Es la
+concesión que los Sanchos, cuando se les ha pegado, hacen, mintiendo,
+en pro de Dulcinea, a la que no han visto ni conocen. Y luego fué
+Sancho, instado por la princesa, a besar la mano a Don Quijote,
+pidiéndole perdón, y el generoso hidalgo se lo otorgó, bendiciéndole.
+¡Benditos dos palos del lanzón, Sancho amigo, que te han valido
+ser bendecido por tu amo! De seguro que al recibir el perdón tan
+redundante, diste por bueno el castigo que hizo lo merecieras.
+
+Apartáronse después amo y escudero a departir de sus cosas, y entonces
+recobró Sancho su asno, encontrándose lo traía Ginés de Pasamonte,
+disfrazado de gitano, el cual al ver a Don Quijote y su escudero, puso
+pies en polvorosa.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XXXI
+
+ De los sabrosos razonamientos que pasaron entre Don Quijote y Sancho
+ Panza su escudero, con otros sucesos.
+
+
+Y a seguida pasaron aquellos sabrosos razonamientos entre Don Quijote
+y Sancho acerca del encuentro de éste con Dulcinea. Cuando Sancho dijo
+haberla encontrado _ahechando dos hanegas de trigo en un corral de su
+casa_, respondió Don Quijote: _Pues haz cuenta que los granos de aquel
+trigo eran granos de perlas tocados de sus manos_, y al decir Sancho
+que el trigo era rubión, _pues yo te aseguro--dijo Don Quijote--que
+ahechado por sus manos hizo pan candeal, sin duda alguna_. Agregó el
+escudero que al recibir la carta, mandó la ahechadora la pusiese sobre
+un costal, que no la podía leer hasta que acabara de acribar lo que
+allí tenía, a lo cual dijo Don Quijote: _Discreta señora; eso debió de
+ser por leella despacio y recrearse en ella_. Añadió Sancho que olía
+Dulcinea a hombruno, _y no sería eso--respondió Don Quijote--, sino
+que tú debías de estar romadizado, o te debiste de oler a ti mismo,
+porque yo sé bien lo que huele aquella rosa entre espinas, aquel lirio
+del campo, aquel ámbar desleído_. Dijo luego Sancho que Dulcinea, no
+sabiendo leer ni escribir, rasgó y desmenuzó la carta en piezas, por
+que _no se supiese en el lugar sus secretos_, bastándole lo oído al
+escudero sobre las penitencias de su amo, y diciéndole quería ver a
+éste y se pusiese camino del Toboso. Cuando Sancho respondió a su amo
+no haberle dado Dulcinea, al despedirle, joya alguna, sino un pedazo de
+pan y queso por las bardas del corral, _es liberal en extremo--dijo Don
+Quijote--y si no te dió joya de oro, sin duda debió de ser porque no la
+tendría allí a la mano para dártela; pero buenas son mangas después de
+pascua; yo la veré y se satisfará todo_.
+
+Ruego al lector relea todo este admirable diálogo, por cifrarse en él
+la íntima esencia del quijotismo en cuanto doctrina del conocimiento.
+A las mentiras de Sancho fingiendo sucesos según la conformidad de la
+vida vulgar y aparencial, respondían las altas verdades de la fe de Don
+Quijote, basadas en vida fundamental y honda.
+
+No es la inteligencia sino la voluntad la que nos hace el mundo, y al
+viejo aforismo escolástico de _nihil volitum quin praecognitum_, nada
+se quiere sin haberlo antes conocido, hay que corregirlo con un _nihil
+cognitum quin praevolitum_, nada se conoce sin haberlo antes querido.
+
+ Que en este mundo traidor
+ nada es verdad ni es mentira;
+ todo es según el color
+ del cristal con que se mira.
+
+como dijo nuestro Campoamor. Lo cual ha de corregirse también diciendo
+que en este mundo todo es verdad y es mentira todo. Todo es verdad
+en cuanto alimenta generosos anhelos y pare obras fecundas; todo
+es mentira mientras ahogue los impulsos nobles y aborte monstruos
+estériles. Por sus frutos conoceréis a los hombres y a las cosas. Toda
+creencia que lleve a obras de vida es creencia de verdad, y lo es de
+mentira la que lleve a obras de muerte. La vida es el criterio de la
+verdad, y no la concordancia lógica, que lo es sólo de la razón. Si mi
+fe me lleva a crear o aumentar vida ¿para qué queréis más prueba de
+mi fe? Cuando las matemáticas matan, son mentira las matemáticas. Si
+caminando moribundo de sed ves una visión de eso que llamamos agua y
+te abalanzas a ella y bebes y aplacándote la sed te resucita, aquella
+visión lo era verdadera y el agua agua de verdad. Verdad es lo que
+moviéndonos a obrar de un modo o de otro haría que cubriese nuestro
+resultado a nuestro propósito.
+
+Uno de esos que se dedican a la llamada filosofía dirá que Don Quijote
+estableció en esa plática con Sancho la doctrina, ya famosa, de la
+relatividad del conocimiento. Claro está que todo es relativo, pero ¿no
+es relativa también la relatividad misma? Y jugando con los conceptos,
+o no sé si con los vocablos, podría decirse que todo es absoluto,
+absoluto en sí, relativo en relación a lo demás. En esto, en juego de
+palabras, cae toda lógica que no se basa en la fe y no busca en la
+voluntad su último sustento. La lógica de Sancho era una lógica como
+la escolástica, puramente verbal; partía del supuesto de que todos
+queremos decir lo mismo cuando expresamos las mismas palabras, y Don
+Quijote sabía que con las mismas palabras solemos decir cosas opuestas,
+y con opuestas palabras la misma cosa. Gracias a lo cual podemos
+conversar y entendernos. Si mi prójimo entendiese por lo que dice lo
+mismo que entiendo yo, ni sus palabras me enriquecerían el espíritu, ni
+las mías enriquecerían el suyo. Si mi prójimo es otro yo mismo ¿para
+qué le quiero? Para yo, me basto y aun me sobro yo.
+
+Los granos de trigo son de rubión o de candeal según las manos que
+los tocan, y aquellas manos, mi Don Quijote, no han de posarse en las
+tuyas. Y en lo que el Caballero estuvo profundísimo fué en afirmar que
+si Dulcinea huele a hombruno a los Sanchos es porque están romadizados
+y se huelen a sí mismos. Aquellos a quienes el mundo sólo les huele
+a materia es que se huelen a sí mismos; los que sólo ven pasajeros
+fenómenos es que se miran a sí mismos y no se ven en lo hondo. No es
+contemplando el rodar de los astros por el firmamento como te hemos
+de descubrir, Dios y Señor nuestro que regalaste con la locura a Don
+Quijote; es contemplando el rodar de los anhelos amorosos por el
+cimiento de nuestros corazones.
+
+El pan y el queso que por las bardas del corral te dió Dulcinea, se te
+ha convertido, Sancho amigo, en joya de eternidad. Por ese pan y ese
+queso vives y vivirás mientras quede en hombres memoria de hombres y
+aun mucho más allá; por ese pan y ese queso con que tú creías mentir,
+gozas de verdad duradera. Queriendo mentir, decías la verdad.
+
+Siguieron departiendo amo y escudero y en el curso de la plática volvió
+Sancho a sus trece de que se casase Don Quijote con la princesa, y
+por rehusarlo le dijo: _y ¡cómo está vuestra merced lastimado de esos
+cascos!_ Para Sancho la locura de su amo cifrábase tan sólo en dejar la
+fortuna por la Gloria, y así son los Sanchos todos; tienen por cuerdo
+al loco que con su locura prosperó en bienestar y suerte y estiman loco
+al cuerdo a quien su cordura le impidió cobrar fortuna. Sancho quería
+amar y servir a Dios _por lo que pudiese_; el puro amor no cupo en él.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XXXII
+
+ Que trata de lo que sucedió en la venta a toda la cuadrilla de
+ Don Quijote.
+
+
+Después de estas pláticas, y del encuentro con Andrés, el criado de
+Juan Haldudo el rico, de quien dijimos, llegaron a la venta, y mientras
+dormía Don Quijote enzarzose el cura con el ventero y su familia a
+hablar de libros de caballerías, y soltó lo de que los libros en que se
+narran las aventuras de Don Cirongilio y de Félix Marte son mentirosos
+y están llenos de disparates y devaneos, y el del Gran Capitán lo es de
+historia verdadera, así como el de Diego García de Paredes.
+
+Pero véngase acá, señor Licenciado, y dígame: ahora, al presente, y en
+el momento en que vuestra merced habla así ¿dónde estaban y están en la
+tierra el Gran Capitán y Diego García de Paredes? Luego que un hombre
+se murió y pasó acaso a memoria de otros hombres ¿en qué es más que una
+de esas ficciones poéticas de que abomináis? Vuestra merced debe saber
+por sus estudios lo de _operari sequitur esse_, el obrar se sigue al
+ser, y yo le añado que sólo existe lo que obra y existir es obrar, y si
+Don Quijote obra, en cuantos le conocen, obras de vida, es Don Quijote
+mucho más histórico y real que tantos nombres, puros nombres, que andan
+por esas crónicas que vos, señor Licenciado, tenéis por verdaderas.
+Sólo existe lo que obra. Ese investigar si un sujeto existió o no
+existió proviene de que nos empeñamos en cerrar los ojos al misterio
+del tiempo. Lo que fué y ya no es, no es más que lo que no es, pero
+será algún día; el pasado no existe más que el porvenir ni obra más
+que él sobre el presente. ¿Qué diríamos de un caminante empeñado en
+negar el camino que le resta por recorrer y no teniendo por verdadero
+y cierto sino el recorrido ya? Y ¿quién os dice que esos sujetos cuya
+existencia real negáis no han de existir un día, y por lo tanto existen
+ya en la eternidad, y hasta que no hay nada concebible lo cual en la
+eternidad no sea real y efectivo?
+
+Tenía razón el ventero, quijotizado ya--pues no en vano recibió bajo el
+techo de su casa al héroe--, tenía razón al deciros, señor Licenciado:
+_Callad, señor, que si oyese esto_ (las hazañas de don Cirongilio de
+Tracia) _se volvería loco de placer: dos higas para el Gran Capitán y
+para ese Diego García que dice_. En lo eterno son más verdaderas las
+leyendas y ficciones que no la historia. Y en la disputa entre vos,
+señor cura racionalista, y el ventero lleno de fe, llevaba éste la
+mejor parte. Lograsteis, sí, señor Licenciado, tentar la fe de Sancho,
+que oía la disputa, pero fe no conquistada entre tentaciones de duda no
+es fe fecunda en obras duraderas.
+
+Antes de proseguir conviene digamos aquí algo, aunque sea de refilón,
+pues otra cosa no merecen, de esos sujetos vanos y petulantes que se
+atreven a sostener que Don Quijote y Sancho mismos no han existido
+nunca, ni pasan de ser meros entes de ficción.
+
+Sus razones, aparatosas e hinchadas, no merecen siquiera refutación;
+tan ridículas y absurdas son. Da bascas y grima el oirlas. Pero como
+hay personas sencillas que seducidas por la aparente autoridad de los
+que vierten tan apestosa doctrina, les prestan oído atento, conviene
+llamarles la atención sobre ello y que se atengan a lo que viene ya
+recibido desde tanto tiempo, con asenso y aplauso de los más doctos
+y más graves. Para consuelo y corroboración de las gentes sencillas
+y de buena fe, espero, con la ayuda de Dios, escribir un libro en
+que se pruebe con buenas razones y con mejores y muy numerosas
+autoridades--que es lo que en esto vale--cómo Don Quijote y Sancho
+existieron real y verdaderamente, y pasó todo cuanto se nos cuenta de
+ellos, tal y como se nos cuenta. Y allí probaré que aparte de que el
+regocijo, consuelo y provecho que de esta historia se saca es razón más
+que bastante en abono de su verdad, allende esto, si se la niega hay
+que negar otras muchas cosas también y así vendríamos a zapar y socavar
+el orden en que se asienta hoy nuestra sociedad, orden que, como es
+sabido, es hoy el criterio supremo de la verdad de toda doctrina.
+
+
+
+
+ CAPÍTULOS XXXIII Y XXXIV
+
+ Estos dos capítulos se ocupan con la novela de _El Curioso
+ impertinente_, novela por entero impertinente a la acción de la
+ historia.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XXXV
+
+ Que trata de la brava y descomunal batalla que Don Quijote tuvo con
+ unos cueros de vino tinto, y se da fin a la novela de El curioso
+ impertinente.
+
+
+Tras la disputa entre el cura y el ventero y estando leyendo la
+impertinente novela de _El curioso impertinente_, ocurrió la triste
+aventura del acuchillamiento de los pellejos de vino por Don Quijote,
+en sueños y mientras dormía. Debió Cervantes habernos callado esta
+aventura, aunque Don Quijote se ensayase en sueños para sus hazañas de
+despierto. Y menos mal que no fué sino vino lo que se perdió, y así se
+perdiese todo él, por la falta que hace.
+
+Para poder juzgar con justicia de esta aventura sería menester conocer
+lo que no conocemos y es qué soñaba entonces Don Quijote. Juzgarla de
+otro modo sería un juicio como el que habría hecho uno de nuestros
+petulantes sabios si hubiese oído a Íñigo de Loyola cuando en el
+hospital de Luis de Antezana, en Alcalá de Henares, hospital «infamado
+en aquella sazón de andar en él de noche muchos duendes y trasgos»,
+al encontrarse una vez «a boca de noche» con que se estremeció todo
+el aposento, «se le espeluznaron los cabellos, como que viese alguna
+espantable y temerosa figura; mas luego tornó en sí, y viendo que no
+había que temer, hincóse de rodillas y con grande ánimo comenzó a
+voces a llamar, y como a desafiar a los demonios diciendo--según el P.
+Rivadeneira, en el capítulo IX del libro V de la VIDA nos cuenta--:
+Si Dios os ha dado algún poder sobre mí, infernales espíritus, heme
+aquí; ejecutadle en mí, que yo ni quiero resistir ni rehuso cualquiera
+cosa que por este camino venga; mas si no os ha dado poder ninguno
+¿qué sirven, desventurados y condenados espíritus, estos miedos que
+me ponéis? ¿Para qué andáis espantando con vuestro cocos y vanos
+temores los ánimos de los niños y hombres medrosos tan vanamente? Bien
+os entiendo; porque no podéis dañarnos con las obras, nos queréis
+atemorizar con esas falsas representaciones». Y añade el buen Padre
+historiador que «con este acto tan valeroso no sólo venció el miedo
+presente, mas quedó para adelante muy osado contra las opresiones
+diabólicas y espantos de Satanás».
+
+Al narrar esta aventura de los pellejos el puntualísimo historiador nos
+descubre un pormenor secreto y es que tenía Don Quijote las piernas
+_no nada limpias_. Pudo habérselo callado. Pero en ello nos mostró
+que al fin el Caballero era de su casta, casta que nunca hizo entrar
+el aseo entre los deberes caballerescos. Y tan es así, que aunque se
+nos diga de un caballero español que era limpio, luego se ve que no
+extrema la virtud de la limpieza. Y así aunque en el capítulo XVIII
+del libro IV de la VIDA DEL BIENAVENTURADO PADRE IGNACIO DE LOYOLA nos
+diga de él Rivadeneira que «aunque amaba la pobreza, nunca le agradó la
+poca limpieza», en el capítulo VII del libro V de la misma nos cuenta
+que «a un novicio dió penitencia rigurosa porque se lavaba las manos
+algunas veces con jabón, pareciéndole mucha curiosidad para novicio».
+Bien es verdad que entre las propiedades en que se distingue el que
+tiene habilidad perteneciente al arte militar, que era el profesado
+por Don Quijote y por Loyola, señala el Dr. Huarte, en el capítulo XVI
+de su ya citado EXAMEN como la tercera de ellas el «ser descuidados
+del ornamento de su persona; son casi todos desaliñados, sucios, las
+calzas caídas, llenas de arrugas, la capa mal puesta, amigos del sayo
+viejo y de nunca mudar el vestido» y da la razón de ello diciendo
+que «el grande entendimiento y la mucha imaginativa hacen burla de
+todas las cosas del mundo, porque en ninguna de ellas hallan valor ni
+sustancia», añadiendo que «solas las contemplaciones divinas les dan
+gusto y contento, y en éstas ponen la diligencia y cuidado, y desechan
+las demás».
+
+Verdad es que en tiempo de Don Quijote, Íñigo de Loyola y el Dr.
+Huarte no se había aún inventado esto de los microbios y de la asepsia
+y antisepsia, ni andaban las gentes tan embrujadas en pensar que en
+acabando con esos bichillos acabaríamos o poco menos con la muerte, y
+que la felicidad depende de la higiene, género de superstición no menos
+dañoso ni menos ridículo que el de creer y pensar que abrazándose uno a
+la porquería gana el cielo. Un hombre sucio será siempre algo más que
+un cerdo limpio, aunque es mejor aún que se limpie el hombre.
+
+Y volviendo a la aventura, hay que notar cómo Sancho, el buen Sancho,
+creía en el descabezamiento del gigante, y que el vino era sangre y
+_todos reían_. Todos reían, la ventera se quejaba por la pérdida de
+sus cueros, ayudándola Maritornes, y _la hija callaba y de cuando en
+cuando se sonreía_. ¡Poético rasgo! ¡La hija, enamorada de los libros
+de caballerías, se sonreía! ¡Dulce rocío sobre la pasión de risas que
+padecía Don Quijote! En aquel tormento de risotadas, la sonrisa de la
+hija del ventero era un hálito de piedad.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XXXVI
+
+ Que trata de otros raros sucesos que en la venta sucedieron.
+
+
+Tras esto se enredaron los sucesos de la venta con la llegada de nuevos
+comparsas, y el desencanto de Sancho al encontrarse con que la princesa
+Micomicona era Dorotea, la de Fernando, lo cual bastó para persuadirle
+de que la cabeza del gigante había sido un odre de vino.
+
+¡Oh, pobre Sancho, y cuán bravamente peleas por tu fe y cómo vas
+conquistándola entre tumbos y desalientos, perdiendo hoy terreno en
+ella para recobrarlo mañana! ¡Tu carrera fué una carrera de lucha
+interior, entre tu tosco sentido común, azuzado por la codicia, y tu
+noble aspiración al ideal, atraída por Dulcinea y por tu amo! Pocos
+ven cuán de combate fué tu carrera escuderil; pocos ven el purgatorio
+en que viviste; pocos ven cómo fuiste subiendo hasta aquel grado de
+sublime y sencilla fe que llegarás a mostrar cuando tu amo muera.
+De encantamientos en encantamientos llegaste a la cumbre de la fe
+salvadora.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XXXVIII
+
+ Que trata del curioso discurso que hizo Don Quijote de las armas
+ y las letras.
+
+
+Con el buen suceso de los encuentros de la venta aumentaron los
+burladores de Don Quijote, a los que enderezó éste su discurso de las
+letras y las armas. Y como no lo dirigió a cabreros, lo pasaremos por
+alto.
+
+
+
+
+ CAPÍTULOS XXXIX, XL, XLI Y XLII
+
+ Están llenos con la historia del cautivo y el relato de cómo encontró
+ el oidor a su hermano.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XLIII
+
+ Donde se cuenta la agradable historia del mozo de mulas, con otros
+ extraños acontecimientos en la venta sucedidos.
+
+
+Dejemos lo del mozo de mulas, que no nos importa.
+
+Reunida toda aquella gente, quedóse Don Quijote a hacer la guardia
+del castillo. Y el demonio, que no descansa, insinuó a la hija de la
+ventera, la de la sonrisa, y a Maritornes, que hiciesen una burla a Don
+Quijote, en pago de su guardia.
+
+A solas y mientras hacía su guardia, recordaba en voz alta Don Quijote
+a su señora Dulcinea, cuando la hija de la ventera _le comenzó a cecear
+y a decirle: señor mío, lléguese acá la vuestra merced, si es servido_.
+Y el frágil Caballero ablandóse y cedió, y en vez de hacer oídos sordos
+a los reclamos de retozona semidoncella, se metió a exponerle la
+imposibilidad en que estaba de satisfacerla, sin advertir el cuitado
+que discutir con la tentación, reconociéndola así beligerancia, es
+ya camino para ser vencido por ella. Y así fué que le pidieron una
+de sus manos, llamándolas hermosas. Y el cuitado hidalgo, rendido al
+requiebro, le dió la mano a que no había tocado otra de mujer alguna, y
+no para que la besara, sino para que por ella admirasen la fuerza del
+brazo que tal mano tenía.
+
+¿Admirar? ¿No ves, sencillo Caballero, el peligroso juego en que te
+metes al dar tu mano a la admiración de unas damas? ¿No sabes acaso que
+la admiración de una mujer hacia un hombre no es sino forma de algo
+más íntimo que la admiración misma? No se admira sino lo que se ama,
+y en la mujer no hay mas que un modo de admirar al hombre. ¡Y admirar
+no tus propósitos, no una obra o hazaña tuya, no tus pensamientos,
+sino admirar tu mano! ¡Oh, si hubieras logrado que la admirase Aldonza
+Lorenzo; que te la hubiese recogido entre las suyas para que por _la
+contextura de sus nervios, la trabazón de sus músculos, la anchura y
+espaciosidad de sus venas_ sacase qué tal debía ser la fuerza del brazo
+que tal mano tenía, y sobre todo la fuerza del corazón que regaba de
+sangre aquellas venas!
+
+Cometiste, buen Caballero, una imperdonable lije reza al dar a admirar
+tu mano a damas que te la pedían para burlarse de ti y lo pagaste
+caro. Lo pagó caro, porque se quedó preso de la mano por un cabestro.
+Maritornes y la hija del ventero _se fueron muertas de risa y le
+dejaron asido de manera que fué imposible soltarse_. Fíate luego de
+mujeres retozonas y regocijadas.
+
+Creyólo encantamiento Don Quijote y no era sino castigo a su blandura
+y petulancia. El héroe no debe dar a admirar sus manos, así sin más
+ni más y al primero o a la primera que las pida, sino guardarlas más
+bien de miradas curiosas y lijeras. ¿Qué importa a los demás las manos
+con que se hace las cosas? Fea costumbre es esa de meterse en casa del
+combatiente generoso y revisar sus armas, inquirir cómo trabaja y vive
+y examinarle las manos. Si escribes, que nadie sepa cómo escribes, ni a
+qué horas, ni con qué pluma ni de qué modo.
+
+En tanto Don Quijote _maldecía ante sí su poca discreción y discurso_
+al no estar alerta frente a los encantamientos y _allí fué el maldecir
+de su fortuna y el exagerar la falta que haría en el mundo su presencia
+y el acordarse de nuevo de Dulcinea y el llamar a Sancho Panza_ y a
+los sabios Lirgandeo y Alquife, y a su buena amiga Urganda, y _allí le
+tomó la mañana tan desesperado y confuso que bramaba como un toro_.
+Y aun así, preso de la mano, increpó a cuatro hombres de a caballo,
+que llamaron a la venta al amanecer, mostrando en ello su indomable
+fortaleza.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XLIV
+
+ Donde se prosiguen los inauditos sucesos de la venta.
+
+
+Y luego que Maritornes le soltó, temerosa de lo que sucediese, Don
+Quijote _subió sobre Rocinante, embrazó su adarga, enristró su lanza_ y
+retó a quien dijese que había sido con justo título encantado. ¡Bravo,
+mi buen hidalgo!
+
+ Procure siempre acertarla
+ el honrado y principal;
+ pero si la acierta mal,
+ defenderla, y no enmendarla
+
+como dice el conde Lozano a Peranzules en LAS MOCEDADES DEL CID.
+
+Los de a caballo fueron a su asunto, y Don Quijote, _que vió que
+ninguno de los cuatro caminantes hacía caso de él, ni le respondían a
+su demanda, moría y rabiaba de despecho y saña_... Sí, mi pobre Don
+Quijote, sí; gustamos más de que se rían de nosotros que no de que no
+nos hagan caso. Comprendo tu despecho y saña. Entre aquel corro de
+burladores lo peor para ti es que no hiciesen, ni aun de burlas, caso
+de tus retos ni bravatas.
+
+Poco después de esto trabóse el ventero a puñetazos con dos huéspedes
+que buscaban escurrírsele sin pagar, y acudieron la ventera y su hija
+a Don Quijote como más desocupado, para que socorriese al marido y
+padre, a lo cual respondió _muy de espacio y con mucha flema: fermosa
+doncella, no ha lugar por ahora vuestra petición, porque estoy impedido
+de entremeterme en otra aventura en tanto no diere cima a una en que
+mi palabra me ha puesto_, añadiendo que corriese a decir a su padre
+entretuviera la batalla mientras él obtenía licencia de la princesa
+Micomicona. Obtúvola, mas ni aun así puso mano a su espada Don Quijote,
+al ver que eran gente escuderil. E hizo bien.
+
+Pues qué ¿no hay sino acudir al Caballero cuando se nos antoja y ahora
+burlarnos de él y colgarle de la mano y querer luego que nos sirva y
+acorra en nuestros aprietos con aquella misma mano injuriada antes?
+Está muy bien burlarse del loco, mas luego, cuando lo necesitamos
+acudimos a él. ¡Desgraciado del héroe que pone su heroísmo al servicio
+de los que se le vienen delante, y así lo rebaja! Si tu prójimo anda a
+puñetazos con bellacos como él, déjale y allá se las haya, sobre todo
+si es porque quieren escurrírsele sin pagar; tu entremetimiento será
+dañoso. No cuando él crea deber ser socorrido, sino cuando crea yo
+deber socorrerle. No des a nadie lo que te pida, sino lo que entiendas
+que necesita, y soporta luego su ingratitud.
+
+A poco de esto entró en la venta el barbero del yelmo de Mambrino y la
+tramó con Sancho; llamándole ladrón al ver los aparejos del suyo en el
+asno de éste, y Sancho se defendió bravamente contentando a su amo, que
+_propuso en su corazón armarle caballero_. Mentó el barbero la bacía y
+entonces se interpuso Don Quijote, y mandó traerla y juró que era yelmo
+y lo puso a la consideración de los allí presentes. ¡Sublime fe que
+afirmó en voz alta, bacía en la mano, y a la vista de todos, que era
+yelmo!
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XLV
+
+ Donde se acaba de averiguar la duda del yelmo de Mambrino y de la
+ albarda, y otras aventuras sucedidas con toda verdad.
+
+
+_¿Qué les parece a vuestras mercedes, señores--dijo el barbero--, de
+lo que afirman estos gentiles hombres, pues aún porfían que ésta no es
+bacía, sino yelmo? Y quien lo contrario dijere--dijo Don Quijote--le
+haré yo conocer que miente si fuere caballero, y si escudero que
+remiente mil veces._
+
+Así, así, mi señor Don Quijote, así; es el valor descarado de afirmar
+en voz alta y a la vista de todos y de defender con la propia vida
+la afirmación, lo que crea las verdades todas. Las cosas son tanto
+más verdaderas cuanto más creídas y no es la inteligencia, sino la
+voluntad, la que las impone.
+
+Bien hubo de verlo el pobre barbero de quien la bacía fué cuando no era
+aún yelmo. Primero fué Sancho, cuando Don Quijote dijo _juro por la
+orden de caballería que profeso que este yelmo fué el mismo que yo le
+quité, sin haber añadido en él ni quitado cosa alguna_, quien agregó en
+tímido apoyo de su amo: _En eso no hay duda, porque desde que mi señor
+le ganó hasta ahora no ha hecho con él más de una batalla, cuando libró
+a los sin ventura encadenados; y si no fuera por este baciyelmo, no lo
+pasara entonces muy bien, porque hubo asaz de pedradas en aquel trance_.
+
+¿Baciyelmo? ¿Baciyelmo, Sancho? ¡No hemos de ofenderte creyendo que
+esto de llamarle baciyelmo fué una de tus socarronerías, no!; es la
+marcha de tu fe. No podías pasar de lo que tus ojos te enseñaban,
+mostrándote como bacía la prenda de la disputa, a lo que la fe en tu
+amo te enseñaba, mostrándotela como yelmo, sin agarrarte a eso del
+baciyelmo. En esto sois muchos los Sanchos, y habéis inventado lo de
+que en el medio está la virtud. No, amigo Sancho, no; no hay baciyelmos
+que valgan. Es yelmo o es bacía según quien de él se sirva, o mejor
+dicho es bacía y es yelmo a la vez porque hace a los dos trances. Sin
+quitarle ni añadirle nada puede y debe ser yelmo y bacía, todo él yelmo
+y toda ella bacía; pero lo que no puede ni debe ser, por mucho que se
+le quite o se le añada, es baciyelmo.
+
+Más resueltos encontró el barbero de la bacía al otro barbero maese
+Nicolás, y a Don Fernando, el de Dorotea, y al cura y a Cardenio
+y al oidor, que con grande asombro de otros de los presentes lo
+diputaron por yelmo. Como burla pesada quiso tomarlo uno de los cuatro
+cuadrilleros allí presentes, incomodóse, trató de borrachos a los que
+afirmaban lo contrario, lanzóle un mentís Don Quijote y fuese sobre él
+y armóse la de San Quintín, dándose de golpes los unos a los otros.
+Y fué Don Quijote quien con sus voces, y recordando la discordia del
+campo de Agramante, apaciguó el cotarro.
+
+¿Qué? ¿Os extraña la general pendencia por si era la bacía bacía o si
+era yelmo? Otras más entreveradas y más furiosas se han armado en el
+mundo por otras bacías y no de Mambrino. Por si el pan es pan y el
+vino vino, y por cosas parecidas. En torno a Caballeros de la fe se
+arredilan carneros humanos, y por llevarles el humor o por cualquier
+otra cosa sostienen que la bacía es yelmo, como aquellos dicen, y se
+vienen a las manos por sostenerlo, y es lo fuerte del caso que los
+más de cuantos pelean sosteniendo que es yelmo, tienen para sí que
+es bacía. El heroísmo de Don Quijote se comunicó a sus burladores,
+quedaron quijotizados a su pesar, y Don Fernando medía con sus pies a
+un cuadrillero por haber éste osado sostener que la bacía no era yelmo,
+sino bacía. ¡Heroico Don Fernando!
+
+Ved, pues, a los burladores de Don Quijote burlados por él,
+quijotizados a su despecho mismo, y metidos en pendencia y luchando a
+brazo partido por defender la fe del Caballero, aun sin compartirla.
+Seguro estoy, aunque Cervantes no nos lo cuenta, seguro estoy de que
+después de la tunda dada y recibida, empezaron los partidarios del
+Caballero, los quijotanos o yelmistas, a dudar de que la bacía lo
+fuera y a empezar a creer que fuese el yelmo de Mambrino, pues con
+sus costillas habían sostenido tal credo. Cumple afirmar aquí una vez
+más que son los mártires los que hacen la fe más bien que la fe a los
+mártires.
+
+En pocas aventuras se nos aparece Don Quijote más grande que en esta en
+que impone su fe a los que se burlan de ella, y los lleva a defenderla
+a puñetazos y a coces y a sufrir por ella.
+
+¿Y a qué se debió ello? No a otra cosa si no a su valor de afirmar
+delante de todos que aquella bacía, que como tal la veía él, lo mismo
+que los demás, con los ojos de la cara, era el yelmo de Mambrino, pues
+le hacía oficio de semejante yelmo.
+
+No le faltó «esse descarado heroismo d'affirmar, que, batendo na terra
+com pé forte, ou pallidamente elevando os olhos ao Ceo cria a traves da
+universal illusão Sciencias e Religiões» como dice Eça de Queiroz al
+final de su A RELIQUIA.
+
+Es el valor de más quilates, el que afronta no daño del cuerpo, ni
+mengua de la fortuna ni menoscabo de la honra, sino el que le tomen a
+uno por loco o por sandio.
+
+Este valor es el que necesitamos en España, y cuya falta nos tiene
+perlesiada el alma. Por falta de él no somos fuertes ni ricos ni
+cultos; por falta de él no hay canales de riego ni pantanos, ni buenas
+cosechas; por falta de él no llueve más sobre nuestros secos campos,
+resquebrajados de sed, o cae a chaparrones el agua arrastrando el
+mantillo y arrasando a las veces las viviendas.
+
+Que ¿también esto os parece paradoja? Id por esos campos y proponed a
+un labrador una mejora de cultivo o la introducción de una nueva planta
+o una novedad agrícola y os dirá: «Eso no pinta aquí». «¿Lo habéis
+probado?», preguntaréis, y se limitará a repetiros: «Eso no pinta
+aquí». Y no sabe si pinta o no pinta, porque no lo ha probado, ni lo
+ensayará nunca. Lo probaría estando de antemano seguro del buen éxito,
+pero ante la perspectiva de un fracaso y tras él la burla y chacota de
+sus convecinos, tal vez el que le tengan por loco o por iluso o por
+mentecato, ante esto se arredra y no ensaya. Y luego se sorprende del
+triunfo de los valientes, de los que arrostran motajos, de los que no
+se atienen al «en donde fueres haz lo que vieres» y el «¿adónde vas,
+Vicente?, ¡adonde va la gente!», de los que se sacuden del instinto
+rebañego.
+
+Hubo en esta provincia de Salamanca un hombre singular, que surgido
+de la mayor indigencia amasó unos cuantos millones. Estos charros del
+rebaño no se explicaban tal fortuna sino suponiendo que había robado
+en sus mocedades, porque estos desgraciados, tupidos de sentido común
+y enteramente faltos de valor moral, no creen sino en el robo y en la
+lotería. Mas un día me contaron una proeza quijotesca de ese ganadero,
+el Mosco. Y fué que trajo de las costas del Cantábrico hueva de besugo
+para echarla en una charca de una de sus fincas. Y al oirlo me lo
+expliqué todo. El que tiene valor de arrostrar la rechifla que ha de
+atraerle forzosamente el traer hueva de besugo para echarla en una
+charca de Castilla, el que hace esto, merece la fortuna.
+
+¿Que es ello absurdo?--decís. ¿Y quién sabe qué es lo absurdo? ¡Y
+aunque lo fuera! Sólo el que ensaya lo absurdo es capaz de conquistar
+lo imposible. No hay mas que un modo de dar una vez en el clavo, y es
+dar ciento en la herradura. Y sobre todo no hay más que un modo de
+triunfar de veras: arrostrar el ridículo. Y por no tener valor para
+arrostrarlo tiene esta gente su agricultura en la postración en que
+yace.
+
+Sí, todo nuestro mal es la cobardía moral, la falta de arranque para
+afirmar cada uno su verdad, su fe, y defenderla. La mentira envuelve y
+agarrota las almas de esta casta de borregos modorros, estúpidos por
+opilación de sensatez.
+
+Se proclama que hay principios indiscutibles y cuando se trata de
+ponerlos en tela de juicio, no falta quien ponga el grito en el cielo.
+No ha mucho pedí que se pidiera la derogación de ciertos artículos
+de nuestra ley de Instrucción Pública, y una mazorca de mandrias
+se pusieron a berrear que era inoportuno e impertinente, y otras
+palabrotas más fuertes y más groseras. ¡Inoportuno! Estoy harto de oir
+llamar inoportunas a las cosas mis oportunas, a todo lo que corta la
+digestión de los hartos y enfurece a los tontos. ¿Qué se teme? ¿Que
+se trabe pendencia y se encienda la guerra civil de nuevo? ¡Mejor que
+mejor! Es lo que necesitamos.
+
+Sí, es lo que necesitamos: una nueva guerra civil. Es menester afirmar
+que deben ser y son yelmos las bacías y que se arme sobre ello
+pendencia como la que se armó en la venta. Una nueva guerra civil,
+con unas o con otras armas. ¿No oís a esos desgraciados de corazón
+engurruñido y seco que dicen y repiten que estas o las otras disputas a
+nada práctico conducen? ¿Qué entienden por práctica esas pobres gentes?
+¿No oís a los que repiten que hay discusiones que deben evitarse?
+
+No faltan menguados que nos estén cantando de continuo el estribillo
+de que deben dejarse a un lado las cuestiones religiosas; que lo
+primero es hacerse fuertes y ricos. Y los muy mandrias no ven que por
+no resolver nuestro íntimo negocio, no somos ni seremos fuertes ni
+ricos. Lo repito, nuestra patria no tendrá agricultura, ni industria,
+ni comercio, ni habrá aquí caminos que lleven a parte adonde merezca
+irse mientras no descubramos nuestro cristianismo, el quijotesco. No
+tendremos vida exterior poderosa y espléndida y gloriosa y fuerte
+mientras no encendamos en el corazón de nuestro pueblo el fuego de las
+eternas inquietudes. No se puede ser rico viviendo de mentira, y la
+mentira es el pan nuestro de cada día para nuestro espíritu.
+
+¿No oís a ese burro grave que abre la boca y dice: «¡eso no puede
+decirse aquí!»? ¿No oís hablar de paz, de una paz más mortal que la
+muerte misma, a todos los miserables que viven presos de la mentira?
+¿No os dice nada ese terrible artículo, padrón de ignominia para
+nuestro pueblo, que figura en los reglamentos de casi todas las
+sociedades de recreo de España y que dice: «se prohibe discusiones
+políticas y religiosas»?
+
+¡Paz! ¡paz! ¡paz! Croan a coro todas las ranas y los renacuajos todos
+de nuestro charco.
+
+¡Paz! ¡paz! ¡paz! Sí, sea, paz, pero sobre el triunfo de la sinceridad,
+sobre la derrota de la mentira. Paz, pero no una paz de compromiso,
+no un miserable convenio como el que negocian los políticos, sino paz
+de comprensión. Paz, sí, pero después que los cuadrilleros reconozcan
+a Don Quijote su derecho a afirmar que la bacía es yelmo; mas aún,
+después que los cuadrilleros confiesen y afirmen que en manos de Don
+Quijote es yelmo la bacía. Y esos desdichados que gritan «¡paz! ¡paz!»
+se atreven a tomar en labios el nombre del Cristo. Y olvidan que el
+Cristo dijo que él no venía a traer paz, sino guerra, y que por él
+estarían divididos los de cada casa, los padres contra los hijos, los
+hermanos contra los hermanos. Y por él, por el Cristo, para establecer
+su reinado, el reinado social de Jesús--que es todo lo contrario de lo
+que llaman los jesuítas el reinado social de Jesucristo--, el reinado
+de la sinceridad y de la verdad y del amor y de la paz verdaderas; para
+establecer el reinado de Jesús tiene que haber guerra.
+
+¡Raza de víboras la de esos que piden paz! Piden paz para poder morder
+y roer y emponzoñar más a sus anchas. De ellos dijo el Maestro que
+«ensanchan sus filacterias y estienden los flecos de sus mantos» (Mar.
+XXIII, 5). ¿Sabéis qué es esto? Eran las filacterias unas cajitas
+que contenían pasajes de la Escritura y que llevaban los judíos en
+la cabeza y el brazo izquierdo en ciertas ocasiones. Eran como esos
+amuletos que se cuelga del cuello de los niños para preservarles de no
+sé qué mal y consisten en unas bolsitas, bordadas muy cucamente, con
+lentejuelas, por alguna monja que, bordándolas, mató el aburrimiento, y
+dentro de las cuales bolsas se mete unos papelitos en que van impresos
+pasajes del Evangelio, de ese Evangelio que jamás habrá de leer el niño
+que lleva al cuello el amuleto, y en latín dichos pasajes, para mayor
+claridad. Eso eran las filacterias, y llevaban además los fariseos en
+los flecos o randas de los mantos pasajes también de las Escrituras.
+Era como eso que hoy llevan muchos sobre la solapa de la levita o de la
+chaqueta: un corazón pintado en un disco de seco y duro barro. Y estos
+del amuleto, de la filacteria moderna, estos y sus congéneres son los
+que osan hablar de paz y de oportunidad y de pertinencia. No, ellos
+mismos nos han enseñado la fórmula: no caben nefandos contubernios
+entre los hijos de la luz y los de las tinieblas. Y ellos, los cobardes
+servidores de la mentira, son los hijos de las tinieblas, y nosotros,
+los fieles de Don Quijote, somos los hijos de la luz.
+
+Y volviendo a la historia vemos que se sosegaron todos, pero uno de
+los cuadrilleros empezó a examinar a Don Quijote, contra quien llevaba
+mandamiento de prisión por haber libertado a los galeotes y asióle del
+cuello y pidió ayuda a la Santa Hermandad, pero revolvióse el Caballero
+contra él y por poco lo ahoga. Separáronlos, pero los cuadrilleros
+pedían su presa, _aquel robador y salteador de sendas y de carreras_.
+
+_Reíase de oir decir estas razones Don Quijote_, reíase y hacía bien
+en reirse, él, de quien los otros se reían; reíase con risa heroica
+y caballeresca, no burlona, y con mucho sosiego los reprendió por
+llamar saltear caminos a _acorrer a los miserables, alzar los caídos,
+remediar los menesterosos_. Y allí, arrogante y noble, invocó su fuero
+de caballero andante, cuya _ley es su espada, sus fueros sus bríos, sus
+premáticas su voluntad_.
+
+¡Bravo, mi señor Don Quijote, bravo! La ley no se hizo para ti ni para
+nosotros tus creyentes; nuestras premáticas son nuestra voluntad.
+Dijiste bien; tenías bríos para dar tú solo cuatrocientos palos a
+cuatrocientos cuadrilleros que se te pusieran delante, o por lo menos
+para intentarlo, que en el intento está el valor.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XLVI
+
+ De la notable aventura de los cuadrilleros y la gran ferocidad de
+ nuestro buen caballero Don Quijote.
+
+
+Y así los cuadrilleros hubieron de resignarse a pretexto de estar Don
+Quijote loco, y el barbero hubo de avenirse a que la bacía era yelmo
+merced a ocho reales que por ella le dió el cura a socapa, que si por
+aquí hubiesen empezado habríase evitado la pendencia, pues no hay
+barbero antiquijotano o baciísta que por ocho reales no declare que
+son yelmos las bacías todas habidas y por haber, y más si antes le han
+carmenado las costillas por sostener lo contrario. Y ¡qué bien conocía
+el cura la manera de hacer confesar la fe a los barberos, que andan muy
+cerca de los carboneros! No sé cómo no se ha hecho la fe del barbero
+tan proverbial como la del carbonero. Lo merece.
+
+Y no bien había llevado Don Quijote a sus burladores a pelear por fe
+que no compartían y lo sosegó luego todo, cuando trataron de enjaularle
+y lo pusieron por obra, disfrazándose para ello. Sólo disfrazados
+pueden los burladores enjaular al Caballero. Encerráronle en una
+jaula, clavaron los maderos y le sacaron en hombros con unas ridículas
+palabras que declamó maese Nicolás para hacer creer a Don Quijote que
+iba encantado, como lo creyó. Y luego acomodaron la jaula en un carro
+de bueyes.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XLVII
+
+ Del extraño modo con que fué encantado Don Quijote de la Mancha, con
+ otros famosos sucesos.
+
+
+¡Encerrado en una jaula de madera tirada en carro de bueyes! Muchas y
+muy graves historias de caballeros andantes había leído Don Quijote,
+pero jamás vió ni oyó que les llevasen de tal manera a los caballeros
+andantes, sino siempre por los aires _con extraña ligereza, encerrados
+en alguna parda y escura nube o en algún carro de fuego_. Pero es que
+la caballería y los encantos de su tiempo seguían otro camino distinto
+del seguido por los antiguos, y así cumplía para que se consumase la
+burlesca pasión de nuestro Caballero.
+
+El mundo obliga a los caballeros a ir encerrados en jaula y a paso
+de buey. Y aun finge que llora al verlos ir así, como lo fingieron
+la ventera, su hija y Maritornes. Y emprendió su camino la carreta,
+entre los cuadrilleros, llevando Sancho de la rienda a Rocinante. _Don
+Quijote iba sentado en la jaula, las manos atadas, tendidos los pies
+y arrimado a las verjas con tanto silencio y tanta paciencia como si
+no fuera hombre de carne_... Y claro que no lo era, sino hombre de
+espíritu. Admiremos una vez más a Don Quijote en esta aventura, en su
+silencio y en su paciencia.
+
+Y no paró aquí su pasión, sino que yendo así hubo de topar con un
+canónigo, hombre de sobrado sentido común. Y a las primeras de cambio,
+enterándole Don Quijote de quién era, le mostró ingenuamente el fondo
+de su heroísmo, al decirle que era caballero andante, pero no de los
+olvidados de la fama, sino de aquellos que ha de poner ésta _su nombre
+en el templo de la inmortalidad, para que sirva de ejemplo y dechado de
+loa venideros siglos_.
+
+¡Oh, mi heroico Caballero, que encerrado en jaula y a paso de bueyes
+llevado, aún crees, y crees bien, que tu nombre será puesto para
+los venideros siglos en el templo de la inmortalidad! Se admiró el
+canónigo al oir a Don Quijote y aún más de oir al cura confirmar lo
+dicho por él, cuando vele aquí que Sancho metió su malicioso juicio,
+dudando fuese encantado su amo, pues comía, bebía, hablaba y hacía sus
+necesidades, y encarándose con el cura le echó en rostro la su envidia.
+
+Acertaste, fiel escudero, acertaste; la envidia y sólo la envidia
+enjauló a tu amo, la envidia disfrazada de caridad, la envidia de los
+hombres cuerdos que no pueden sufrir locura heroica, la envidia que
+ha erigido al sentido común en tirano nivelador. Esclavos de él eran
+el canónigo y el cura ¡es natural! y se pusieron a departir aparte,
+ensartando el primero un sin fin de ramplonadas y oquedades a cuenta de
+literatura.
+
+¡Y cuán profundamente castellana fué aquella plática entre canónigo y
+cura! En el contacto y trato de estos espíritus alcornoqueños, lejos de
+gastárseles el corcho de que están recubiertos, se les acrecienta, como
+con el roce crece, en vez de menguar, el callo. ¡Qué alegría hubieron
+de sentir al encontrarse tan razonables el uno para el otro! Está visto
+que esta casta sólo llega a lo eterno humano, a lo divino más bien, o
+cuando rompe gracias a la locura la corteza que le aprisiona el alma,
+o cuando con la simplicidad lugareña le rezuma el alma de ella. No le
+falta inteligencia; sino le falta espíritu. Es brutalmente sensata, y
+el supuesto espiritualismo cristiano que dice profesar no es, en el
+fondo, sino el más crudo materialismo que puede concebirse. No le basta
+sentir a Dios, quiere que le demuestren matemáticamente su existencia,
+y aún más, necesita tragárselo.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XLVIII
+
+Donde prosigue el canónigo la materia de los libros de caballerías, con
+ otras cosas dignas de su ingenio.
+
+
+Mientras cura y canónigo se satisfacían con vulgaridades, llegóse
+Sancho a su amo y le reveló lo de ir allí el cura y el barbero del
+lugar replicándole Don Quijote que bien podrían parecerle ellos
+mismos, pero no por eso debía creer que lo fuesen realmente, sino cosa
+de encantamiento para dar ocasión al pobre escudero a ponerse en un
+laberinto de imaginaciones. Y así es en verdad, que ni los curas ni
+los barberos son lo que parecen, sino figuras de encantamiento para
+meternos en un laberinto de imaginaciones. Y agregó el Caballero:
+_yo me veo enjaulado y sé de mí que fuerzas humanas, como no fueran
+sobrenaturales, no fueran bastantes a enjaularme, ¿qué quieres que diga
+o piense sino que la manera de mi encantamiento excede a cuantas yo he
+leído?_
+
+¡Oh fe robusta y maravillosa! No hay, en efecto, fuerza humana que
+pueda esclavizar y enjaular de veras a otro hombre, pues cargado
+de grilletes y esposas y cadenas será siempre libre el libre, y si
+alguien se ve sin movimiento, es que se halla encantado. Habláis de
+libertad y buscáis la de fuera; pedís libertad de pensamiento en vez
+de ejercitaros en pensar. Desea con ansia volar, aunque llevado en
+el encierro de una jaula y a paso de buey, y tu deseo hará que te
+broten alas, y la jaula se te ensanchará convirtiéndosete en Universo
+y volarás por su firmamento. Todo contratiempo que te ocurra ten por
+seguro que proviene de encantamientos, pues no hay hombre capaz de
+enjaular a hombre.
+
+Pero Sancho no cejaba en su propósito para probarle a su amo que no iba
+encantado, como creía, le preguntó si le había venido gana de hacer lo
+que no se excusa, a lo que respondió Don Quijote: _Ya, ya te entiendo,
+Sancho; y muchas veces, y aun ahora la tengo; sácame deste peligro, que
+no anda todo limpio_.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XLIX
+
+Donde se trata del discreto coloquio que Sancho Panza tuvo con su señor
+ Don Quijote.
+
+
+Y entonces Sancho, triunfante, exclamó: _¡cogido le tengo!_, queriendo
+por ello probarle que no iba en verdad, como en verdad iba, encantado.
+A lo que respondió el Caballero: _Verdad dices, Sancho, pero ya te he
+dicho que hay muchas maneras de encantamientos_.
+
+Claro está, tantas como personas. Y de que sea uno esclavo de su
+cuerpo, jaula estrecha y pobre y más a paso de buey llevada que aquélla
+en donde iba encantado nuestro hidalgo, de que sea uno esclavo de su
+cuerpo no se ha de sacar que no es toda la vida de este bajo mundo
+sino puro encantamiento. Así discurren los Sanchos materialistas, que
+deducen no hay sino lo aparencial y lo que se ve y se toca y se huele
+de que tengamos todos, héroes y no héroes, que hacer aguas menores y
+mayores. La necesidad de tener que hacer lo que no se excusa es el
+argumento Aquiles del sanchopancismo filosófico, disfrácese como se
+disfrazare. Pero bien, dijo Don Quijote: _yo sé y tengo para mí que
+voy encantado, y esto me basta para la seguridad de mi conciencia_.
+¡Admirable respuesta que pone la seguridad de la conciencia por encima
+de los engaños de los sentidos! ¡Admirable respuesta que opone a las
+necesidades de limpiarse el cuerpo la necesidad de asegurarse la
+conciencia! Rara vez se ha dado una más robusta fórmula de la fe. Lo
+que basta para la seguridad de la conciencia eso es la verdad y sólo
+eso. La verdad no es relación lógica del mundo aparencial a la razón,
+aparencial también, sino que es penetración íntima del mundo sustancial
+en la conciencia, sustancial también.
+
+Sacáronle a Don Quijote de la jaula para que hiciese lo que no se
+excusa, y limpio ya su cuerpo, pasó por otra más dura prueba y
+fué tener que oir las hueras sensateces del canónigo, empeñado en
+demostrarle que ni iba encantado ni había caballeros andantes en el
+mundo. Y a ello respondió muy bien Don Quijote que si no era cierto lo
+de Amadís y Fierabrás, no lo sería más lo de Héctor y los Doce Pares y
+Roldán y el Cid. Y así es, como ya he dicho, pues hoy ¿hay más realidad
+en el Cid que en Amadís o en Don Quijote mismo? Mas el canónigo, hombre
+de dura cerviz y tupido de bastísimo sentido común, se salió, como
+todos los ergotistas más o menos canónigos, con simplezas como la de no
+haber duda de que hubo Cid, ni menos Bernardo del Carpio, pero sí de
+que hicieran las hazañas que de ellos se cuenta. Era, al parecer, el
+tal canónigo uno de esos pobres hombres que manejan la crítica o cedazo
+y se ponen a puntualizar, papelotes en mano, si tal cosa fué o no como
+se cuenta, sin advertir que lo pasado no es ya y que sólo existe de
+verdad lo que obra, y que una de esas llamadas leyendas cuando mueve a
+obrar a los hombres, encendiéndoles los corazones, o les consuela de
+la vida, es mil veces más real que el relato de cualquier acta que se
+pudra en un archivo.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO L
+
+De las discretas altercaciones que Don Quijote y el canónigo tuvieron,
+ con otros sucesos.
+
+
+¿Que no son ciertos los libros de caballerías? _Léalos y verá el
+gusto que recibe de su leyenda_--retrucó triunfadoramente Don
+Quijote. ¡Válgame Dios, y que no comprendiese el canónigo la fuerza
+incontrastable de este argumento, cuando había tantas otras cosas
+tenidas por él como las más verdaderas de todas, más verdaderas aún que
+las percibidas por el sentido, y cosas cuya verdad se saca del consuelo
+y provecho que se recibe de ellas y de que bastan para la seguridad
+de la conciencia! Que todo un canónigo de la Santa Iglesia Católica
+Apostólica Romana no comprendiese cómo el consuelo, por ser consuelo,
+ha de ser verdad, y no que hayamos de buscar en la verdad lógica
+consuelo. ¡Oh, y si aplicándolo a los libros de caballería celestial
+o de ultratumba, le hubiesen retrucado al canónigo el argumento! ¿Qué
+habría dicho entonces? ¿Si los argumentos que él enderezaba contra la
+locura caballeresca, se los hubiesen rebotado enderezados contra la
+locura de la cruz? Don Quijote esgrimió el tan socorrido argumento
+del consentimiento de las gentes, ¿por qué no había de tener valor
+en su boca? Y sobre todo _de mí sé decir_--añadió--_que después que
+soy caballero andante soy valiente, comedido, liberal, bien criado,
+generoso, cortés, atrevido, blando, sufridor de trabajos_... ¡Suprema
+razón! Suprema razón que no podía rechazar el canónigo, pues sabía
+bien que de haber hecho a los hombres humildes, mansos, caritativos y
+prontos a sufrir hasta la muerte, se deduce la verdad de las leyendas
+que los hacen tales. Y si no los hacen así, entonces son mentira y no
+verdad las leyendas.
+
+Pero ¡con qué canónigos se topa uno, Dios mío, por esos andurriales de
+la vida! A este con que topó Don Quijote y que era la sesudez en pasta,
+¿no podría habérsele desentrañado un añico siquiera de locura? Es muy
+de dudarlo; el seso le había carcomido las entrañas. Estos hombres tan
+razonables no suelen tener sino razón; piensan con la cabeza tan sólo,
+cuando debe pensarse con todo el cuerpo y con el alma toda.
+
+No consiguió el canónigo convencer a Don Quijote, ni era posible le
+convenciese. ¿Y por qué? Por la razón misma que decía Teresa de Jesús
+(VIDA, XVI, 5) que no logran los predicadores que dejen los pecadores
+sus vicios públicos: «porque tienen mucho seso los que los predican»
+y «no están sin él con el gran fuego del amor de Dios como lo estaban
+los apóstoles y ansí calienta poco esta llama». Y así Don Quijote había
+movido a sus burladores a que sostuvieran y defendieran a costa de sus
+costillas que la bacía no era bacía sino yelmo, y el sesudo canónigo no
+logró convencerle a él de que no hubiese habido caballeros andantes en
+el mundo, porque Don Quijote con el gran fuego del amor de Dulcinea,
+encendido y atizado secretamente por aquellas cuatro furtivas vistas de
+Aldonza en doce largos años de pensar, estaba sin seso y calentaba su
+llama a cuantos de buena fe se le acercaban. No hay sino ver a Sancho,
+que gracias a ello sintió que hasta conocer a su amo había vivido, aun
+sin saberlo, en arrecidísima vida.
+
+
+
+
+ CAPÍTULOS LI Y LII
+
+ Que trata de lo que contó el cabrero a todos los que llevaban a Don
+ Quijote y De la pendencia que Don Quijote tuvo con el cabrero con la
+rara aventura de los disciplinantes, a quien dió felice fin a costa de
+ su sudor.
+
+
+Ocurrió luego el lance del cabrero y la aventura de los disciplinantes,
+y a los pocos días entraron al enjaulado caballero en su aldea, al
+mediodía de un domingo, para mayor burla y chacota. Y volvió Sancho
+lleno de fe en las caballerías, como se lo mostró a su mujer, pues
+_es linda cosa esperar los sucesos atravesando montes, escudriñando
+selvas, pisando peñas, visitando castillos, alojando en ventas a toda
+discreción sin pagar ofrecido sea al diablo el maravedí_.
+
+Y así acabó la segunda salida del Ingenioso Hidalgo y la primera parte
+de su historia.
+
+
+
+
+ SEGUNDA PARTE
+
+
+
+
+ CAPÍTULO I
+
+ De lo que el cura y el barbero pasaron con Don Quijote cerca de su
+ enfermedad.
+
+
+Cuando llevaba muy sosegado Don Quijote un mes ya en su casa,
+nutriéndose de cosas confortativas para el corazón y el cerebro,
+creyéronle los suyos curado de su heroísmo caballeresco. Fueron a
+tentarle y probarle y entonces ocurrió entre él y el cura y el barbero
+la plática aquella que nos ha conservado Cervantes y lo de _¡caballero
+andante he de morir!_ que dijo Don Quijote a su sobrina. Y a seguida el
+cuento del loco de Sevilla, por el barbero, y la melancólica respuesta
+del hidalgo: _Ah, señor rapista, señor rapista, y cuán ciego es aquel
+que no ve por tela de cedazo_, y todo lo que a esto se sigue.
+
+En cierto tiempo en que yo corría una revuelta galerna íntima del
+espíritu, recibí una carta de un amigo en que a vueltas de mil elogios
+para dorar la píldora me daba a entender que me tenía por loco, pues
+me desasosegaban cuidados que a él nunca le quitaron el sueño. Y al
+leerlo me dije: ¡Válgame Dios y cómo confunden las gentes la locura con
+la mentecatería, pues este mi pobre amigo por creerme loco me juzga
+tan ciego que no he de ver por tela de cedazo; ¡me tiene por tonto que
+no he de entenderle! Pero me consolé pronto de la amistad de mi amigo.
+¿No ves que ese tan solícito amigo te toma por loco al colmarte de
+atenciones?
+
+
+
+
+ CAPÍTULO II
+
+Que trata de la notable pendencia que Sancho Panza tuvo con la sobrina
+ y ama de Don Quijote, con otros sucesos graciosos.
+
+
+Mientras estaban en esas pláticas Don Quijote, el cura y el barbero, se
+armó en el patio una más que regular peltrera entre Sancho de un lado
+y del otro el ama y la sobrina, pues no querían éstas dejarle entrar,
+reprochándole de haber sido él quien distraía y sonsacaba a su señor y
+le llevaba por aquellos andurriales, y replicándoles Sancho que él era
+el sonsacado y el distraído con engañifas.
+
+Mas cabe aquí hacer notar que acaso el ama y la sobrina no andaban
+muy lejos de la verdad, pues ambos a la par, Don Quijote y Sancho, se
+sonsacaban y distraían y se llevaban mutuamente por los andurriales
+del mundo. El que cree dirigir suele ser en mucha parte el dirigido,
+y la fe del héroe se alimenta de la que alcanza a infundir en sus
+seguidores. Sancho era la humanidad para Don Quijote, y Sancho,
+desfallecido y enardeciéndose a veces en su fe, alimentaba la de su
+señor y amo. Solemos necesitar de que nos crean para creernos, y si no
+fuera monstruosa herejía y hasta impiedad manifiesta sostendría que
+Dios se alimenta de la fe que en él tenemos los hombres. Pensamiento
+que disfrazándolo con los dioses paganos, expresó profundísima y
+egregiamente Góngora en aquellos dos diamantinos--por la dureza y por
+el esplendor--versos que dicen:
+
+ _Ídolos a los troncos la escultura,
+ a los ídolos dioses hizo el ruego._
+
+En una misma turquesa forjaron a caballero y escudero, como suponía el
+cura. Lo más grande y más consolador de la vida que en común hicieron,
+es el no poderse concebir al uno sin el otro, y que muy lejos de
+ser dos cabos opuestos, como hay quien mal supone, fueron y son no
+ya las dos mitades de una naranja, sino un mismo ser visto por dos
+lados. Sancho mantenía vivo el sanchopancismo de Don Quijote y éste
+quijotizaba a Sancho, sacándole a flor de alma su entraña quijotesca.
+Que aunque él dijera _Sancho nací y Sancho pienso morir_, lo cierto es
+que hay dentro de Sancho mucho Don Quijote.
+
+Y así cuando se quedaron solos, dijo el hidalgo a su escudero lo de
+_juntos salimos, juntos fuimos y juntos peregrinamos; una misma fortuna
+y una misma suerte ha corrido por los dos, y lo otro de soy tu cabeza y
+tú mi parte_... _y por esta razón el mal que a mí me toca o tocare, a
+ti te ha de doler y a mí el tuyo_, preñadísimas palabras en que mostró
+el caballero cuan a lo hondo sentía lo uno y mismo que con su escudero
+era.
+
+
+
+
+ CAPÍTULOS III Y IV
+
+Del ridículo razonamiento que pasó entre Don Quijote, Sancho Panza y el
+ bachiller Sansón Carrasco y Donde Sancho Panza satisface al bachiller
+ Sansón Carrasco de sus dudas y preguntas, con otros sucesos dignos de
+ saberse y de contarse.
+
+
+Siguieron hablando de lo que de ellos se decía por el mundo, radical
+cuidado de Don Quijote, y luego hizo Sancho venir al bachiller Sansón
+Carrasco, bachiller por esta Salamanca de mis pecados, típico personaje
+que entra aquí en tablado. Es este bachiller por Salamanca el hombre
+más representativo, después de nuestros dos héroes, que en la historia
+de éstos juega papel; es el cogollo y cifra del sentido común amigo
+de burlas y regocijos, el cabecilla de los que traían y llevaban,
+dejándola uno para tomarla otro, la Vida del Ingenioso Hidalgo. Quedóse
+a comer con Don Quijote y de refilón a burlarse de él para hacer honor
+a su mesa.
+
+Y el cándido Don Quijote--siempre lo fueron los héroes--al oir hablar
+de la historia que de sus hazañas andaba compuesta, se encendió en sed
+de renombre, pues _una de las cosas que más debe de dar contento a un
+hombre virtuoso y eminente, es verse_--dijo--_viviendo andar con buen
+nombre por las lenguas de las gentes, impreso y en estampa_, y así y
+por ello decidió volver a salir y declaró al bachiller su intento y
+cayó en la simplicidad de pedirle consejo de _por qué parte comenzaría
+su jornada_.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO V
+
+ De la discreta y graciosa plática que pasó entre Sancho Panza y su
+ mujer Teresa Panza, y otros sucesos dignos de felice recordación.
+
+
+De esta plática se saca muy en claro cómo había Don Quijote infundido
+en su escudero soplo de ambición y el del _Sancho nací, Sancho he
+de morir_, quería morir Don Sancho y señoría y abuelo de condes y
+marqueses.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO VI
+
+ De lo que pasó a Don Quijote con su sobrina y con su ama; y es uno de
+ los importantes capítulos de toda la historia.
+
+
+¡Y tan importante como es! Pues mientras Sancho altercaba con su mujer,
+disputaban con Don Quijote su ama y su sobrina, caseros estorbos de su
+heroísmo.
+
+Y hubo de oir el buen caballero que una rapaza como su sobrina, que
+apenas si sabía menear doce palillos de randas, se atreviera a negar
+que haya habido caballeros andantes en el mundo. Triste cosa es venir a
+oir en la propia casa y de labios de una rapazuela, que las repite de
+coro, las simplezas del vulgo.
+
+¡Y pensar que esta rapaza de Antonia Quijana es la que domeña y
+lleva hoy a los hombres en España! Sí, es esta atrevida rapaza, esta
+gallinita de corral, alicorta y picoteadora, es ésta la que apaga todo
+heroísmo naciente. Es la que decía a su señor tío aquello de _y que con
+todo esto dé en una ceguera tan grande y en una sandez tan conocida,
+que se dé a entender que es valiente siendo viejo, que tiene fuerzas
+estando enfermo, y que endereza tuertos estando por la edad agobiado, y
+sobre todo que es caballero no lo siendo, porque aunque lo puedan ser
+los hidalgos, no lo son los pobres_. Y hasta el esforzado Caballero de
+la Fe, vencido por la modesta entereza de aquella humilde rapazuela, se
+ablandó a contestarla: _Tienes mucha razón, sobrina, en lo que dices_.
+
+Y si tú mismo, denodado Don Quijote, te dejaste convencer, aunque
+sólo fuese de palabra y pasajeramente, por aquella gatita casera ¿qué
+mucho el que se rindan a su sabiduría de cocina los que la buscan para
+perpetuar en ella su linaje? Ella, la muy simplona, no comprende que
+pueda un viejo ser valiente y tener fuerzas un enfermo y enderezar
+tuertos el agobiado por la edad, y sobre todo no comprende que pueda un
+pobre ser caballero. Y aunque simplona y casera y de tan corto alcance
+de corazón como de cabeza, si se atreve contigo, su tío, ¿no se ha de
+atrever con los que la solicitan para novia o la poseen como maridos?
+Le han enseñado que el matrimonio se instituyó «para casar, dar gracia
+a los casados y criar hijos para el cielo» y de tal modo lo entiende
+y lo practica, que aparta a su marido de que nos conquiste ese cielo
+mismo para el que ha de criar sus hijos.
+
+Hay un sentido común y junto a él un sentimiento común también; junto
+a la ramplonería de la cabeza nos embarga y embota la ramplonería
+del corazón. Y de esta ramplonería eres tú, Antonia Quijana, lectora
+mía, la guardiana y celadora. La alimentas en tu corazoncito mientras
+espumas la olla de tu tío o mientras meneas los palillos de randas.
+¿Correr tu marido tras de la gloria? ¿La gloria? Y eso ¿con qué se
+come? El laurel es bueno para asaborar las patatas cocidas, es un
+excelente condimento de la cocina casera. Y tienes de él bastante con
+el que coges en la iglesia el Domingo de Ramos. Además, sientes unos
+furiosos celos de Dulcinea.
+
+No sé si caerán bajo los lindos ojos de alguna Antonia Quijana estos
+mis comentarios a la vida de su señor tío; hasta lo dudo, porque
+nuestras sobrinas de Don Quijote no gustan de leer cosa para la que
+tenga que fruncir la atención y rumiar algo lo leído; les basta
+noveluchas de diálogo muy cortado o de argumento que suspenda el
+ánimo por lo terrible, o ya libricos devotos tupidos de superlativos
+acaramelados y de desaboridas jaculatorias. Además presumo que
+los directores de vuestros espirituelos os prevendrían contra mis
+peligrosos extravíos de pluma si vuestra propia insustancialidad no
+os sirviera de fortísimo escudo. Estoy, pues, casi seguro de que no
+hojearéis con vuestras ociosas manos, hechas a menear palillos de
+randas, estas empecatadas páginas, pero si por un azar os cayesen bajo
+la mirada, os digo que no espero surja de entre vosotras ni una nueva
+Dulcinea que lance a un nuevo Don Quijote a la conquista de la fama,
+ni otra Teresa de Jesús, dama andante del amor que de tan hondamente
+humano se sale de lo humano todo. Ni encenderéis un amor como el que
+Aldonza Lorenzo, sin de ello percatarse, encendió en el corazón de
+Alonso el Bueno, ni lo encenderéis en el vuestro como aquel amor de
+Teresa para Jesús que hizo le atravesase el corazón un serafín con un
+dardo.
+
+También ella, Teresa, así como Alonso Quijano anduvo doce años
+enamorado de Aldonza, así tuvo ella trato con quien por vía de
+casamiento le pareció podía acabar en bien, y aquel con quien confesaba
+le dijo que no iba contra Dios (VIDA, cap. II), pero comprendió el
+premio que da el Señor a los que todo lo dejan por él y que el hombre
+no aplaca la sed de amor infinito y aquellos libros de caballerías a
+que fué aficionada le llevaron, a través de lo terreno del amor, al
+amor sustancial, y anheló gloria eterna y engolfarse en Jesús, ideal de
+hombre. Y dió en heroica locura y llegó a decir a su confesor: «suplico
+a vuestra merced seamos todos locos, por amor de quien por nosotros se
+lo llamaron» (VIDA, cap. XVI). Pero ¿tú, mi Antonia Quijana, tú? Tú
+no enloqueces ni en lo humano ni en lo divino; tendrás poco seso tal
+vez, pero por poco que sea te llena y tupe la cabecita toda, que es más
+pequeña aún que él y no te queda en ella sitio para el cogüelmo del
+corazón.
+
+Tienes muy buen sentido, discreta Antonia, sabes contar los garbanzos
+y remendar los calzones a tu marido, sabes cuidar la olla de tu tío
+y menear los palillos de randas, y para pasto de lo supremo de tu
+espíritu tienes tus funciones de celadora de este o del otro coro y la
+obligación de recitar a tal hora del día estas o las otras untuosas
+palabras que te dan por escrito. No dijo para ti Teresa lo de «no haga
+caso del entendimiento, que es un moledor» (VIDA, cap. XV), porque te
+da poca molienda tu entendimientecillo enroderado por tu director de
+espíritu y menoscabado y engurruñido desde que te lo descubrieron. Ese
+tu espíritu, tu almita que acaso fué soñadora otraño, te la alicortaron
+y encanijaron en un terrible potro; te la han brezado desde que lanzó
+su primer medroso vagido, te la han brezado con el viejo estribillo de
+
+ _duerme niño chiquito
+ que viene el Coco
+ a llevarse a los niños
+ que duermen poco_,
+
+te la han brezado con la gangosa canción con que tú misma, mi pobre
+Antonia, brezas a tus hijos, cuando eres madre, para que se duerman.
+Y mira, Antonia, no hagas por un momento caso alguno de los que
+te quieren gallinita de corral, no les hagas caso y medita en ese
+plañidero estribillo con que aduermes a tus hijos. Medita en eso de
+que venga el Coco y se lleve a los niños que duermen poco; medita,
+mi querida Antonia, en eso de que sea el mucho dormir lo que haya de
+librarnos de las garras del Coco. Mira, mi Antonia, que el Coco viene y
+se lleva y se traga a los dormidos, no a los despiertos.
+
+Y ahora, si por un momento logré distraerte de tus faenas y quehaceres,
+de las que llaman labores de tu sexo, perdónamelo o no me lo perdones.
+Yo soy quien no me perdonaría nunca el no haberte dicho que sólo te
+queremos de veras, te queremos mujer fuerte, los que te hablamos recio
+y duro, no los que te amarran, como ídolo, a un altar y te tienen allí
+presa atufándote con el incienso de fáciles requiebros, ni los que te
+aduermen el espíritu brezándotelo con ñoñas canciones de una piedad de
+alfeñique.
+
+Y tú, mi Don Quijote, triste cosa es que cuando te retraes a tu casa,
+al amor de tu hogar, como a castillo roquero que te mantenga lejos
+de las flechas envenenadas del mundo, y no te deje oir las voces de
+los que hablan por no callarse, triste cosa es que te muelan entonces
+todavía los oídos con ecos de esas mismas voces importunas. Triste
+cosa es que en vez de ser tu hogar expansión de tu espíritu y ámbito
+que de él te hizo, sea trasunto de lo de fuera. No te habría dicho eso
+Aldonza, de seguro, no te lo habría dicho.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO VII
+
+ De lo que pasó Don Quijote con su escudero, con otros sucesos
+ famosísimos.
+
+
+Y a la pena de tener que oir tales cosas en su propia casa uniósele
+la de ver cómo vacilaba la fe de Sancho, el cual pedía salario fijo,
+cosa no conocida entre caballeros andantes, a quienes siempre sirvieron
+a merced sus escuderos. La fe de Sancho, en continua conquista de sí
+misma, no le había aún dado esperanza, y quería salario. No estaba para
+entender la profundísima sentencia entonces pronunciada por su amo, y
+fué la de _vale más buena esperanza que ruin posesión_. ¿Y es que la
+entendemos en todo su alcance yo y tú, lector mío? ¿No nos atenemos más
+bien, como buenos Sanchos, a lo de «más vale pájaro en mano que ciento
+volando»? ¿No olvidamos hoy y siempre que la esperanza crea lo que la
+posesión mata? Lo que hemos de acaudalar para nuestra última hora es
+riqueza de esperanzas, que con ellas, mejor que con recuerdos, se entra
+en la eternidad. Que nuestra vida sea un perduradero sábado santo.
+
+Con justa razón enojado Don Quijote al ver que Sancho, movido de su
+carnalidad, le pedía salario, como si le hubiera mayor que el de
+seguirle y servirle en su carrera de gloria, le rechazó de escudero
+entonces. Y ante el rechazo encendióse la fe del pobre Sancho, _se le
+anubló el cielo y se le cayeron las alas del corazón, porque tenía
+creído que su señor no se iría sin él por todos los haberes del mundo_.
+
+Rompió esta plática el bachiller Carrasco, que acudió a felicitar a
+Don Quijote y a ofrecérsele por escudero... ¡impía oferta! Y al oirlo
+Sancho enternecióse, se le llenaron de lágrimas los ojos y entregóse a
+su amo.
+
+Pero ¿creías acaso, pobre Sancho, que te iba a ser vividera la vida sin
+tu amo? No, ya no eres tuyo; eres de él. También tú andas, aunque no lo
+sepas ni lo creas, enamorado de Dulcinea del Toboso.
+
+No faltará quien reproche a Don Quijote el haber arrancado de nuevo
+a Sancho del sosiego de su vida y de la tranquilidad de su trabajo,
+haciéndole dejar mujer e hijos por correr tras engañosas aventuras;
+no faltan corazones tan apocados como para sentir así. Pero nosotros
+consideremos que una vez que Sancho hubo encentado la sabrosidad de su
+nueva vida, no quiso volver a la otra, y a despecho de los arredros y
+trompicones de su fe, se le nublaba el cielo y se le caían las alas del
+corazón al ocurrirle el recelo de que su amo y señor fuera a dejarle.
+
+Hay espíritus menguados que sostienen ser mejor cerdo satisfecho que
+no hombre desgraciado y los hay también para endechar a la que llaman
+santa ignorancia. Pero quien haya gustado la humanidad la prefiere, aun
+en lo hondo de la desgracia, a la hartura del cerdo. Hay, pues, que
+desasosegar a los prójimos los espíritus, hurgándoselos en el meollo,
+y cumplir la obra de misericordia de despertar al dormido cuando se
+acerca un peligro o cuando se presenta a la contemplación alguna
+hermosura. Hay que inquietar los espíritus y enfusar en ellos fuertes
+anhelos, aun a sabiendas de que no han de alcanzar nunca lo anhelado.
+Hay que sacarle a Sancho de su casa, desarrimándole de mujer e hijos,
+y hacer que corra en busca de aventuras; hay que hacerle hombre. Hay
+un sosiego hondo, entrañado, íntimo, y este sosiego sólo se alcanza
+sacudiéndose del aparencial sosiego de la vida casera y aldeana; las
+inquietudes del ángel son mil veces más sabrosas que no el reposo de
+la bestia. Y no ya sólo las inquietudes, sino hasta las penas, aquel
+«recio martirio sabroso» de que nos habla en su VIDA (XX, 8) Teresa de
+Jesús.
+
+¿Qué es eso de la santa ignorancia? La ignorancia ni es ni puede ser
+santa. ¿Qué es eso de envidiar el sosiego de quien nunca vislumbró el
+supremo misterio ni miró más allá de la vida y de la muerte? Sí, sé
+la canción, sé lo de «¡qué buena almohada es el catecismo! hijo mío,
+duerme y cree; por acá se gana el cielo en la cama». ¡Raza cobarde,
+y cobarde con la más desastrosa cobardía, con la cobardía moral que
+tiembla y se arredra de encarar las supremas tinieblas!
+
+Mira, Sancho, si todos esos que envidian, de pico al menos, la
+tranquilidad de que gozabas antes de haberte sacado de tus casillas tu
+amo, supieran lo que es la lucha por la fe, créeme, no te ponderarían
+tanto la del carbonero. Mi cuerpo vive gracias a luchar momento a
+momento contra la muerte, y vive mi alma porque lucha también contra
+su muerte momento a momento. Y así vamos a la toma de una nueva
+afirmación sobre los escombros de la que nos desmoronó la lógica, y se
+van amontonando los escombros de todas ellas, y un día, vencedores,
+sobre la pingorota de este inmenso montón de afirmaciones desmoronadas,
+proclamarán los nietos de nuestros nietos la afirmación última, y
+crearán así la inmortalidad del hombre.
+
+Por bien empleados debió de dar Sancho todos sus trabajos y miserias y
+escaseces, incluso lo del manteamiento, a trueque de haberse renovado
+y quijotizado junto a Don Quijote; con tal de haberse trasformado
+del zafio y oscuro Sancho Panza que era en el inmortal escudero
+del inmortal Don Quijote de la Mancha, que es para siempre jamás.
+Henchidos, pues, de lágrimas los ojos entregóse a su amo.
+
+Y en su consecuencia a los pocos días y al anochecer _sin que nadie lo
+viese sino el bachiller, que quiso acompañarles media legua del lugar,
+se pusieron camino del Toboso_.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO VIII
+
+Donde se cuenta lo que le sucedió a Don Quijote yendo a ver a su señora
+ Dulcinea del Toboso.
+
+
+Y de camino disertó Don Quijote sobre Eróstrato y el deseo de alcanzar
+fama, raigambre de su heroísmo. Y no dejó de abismarse entonces Don
+Quijote en los abismos de la cordura de Alonso el Bueno, observando la
+vanidad de la fama que _en este presente y acabable siglo se alcanza,
+la cual fama por mucho que dure se ha de acabar con el mismo mundo, que
+tiene su fin señalado_.
+
+ Eu sou a gloria, genio jocundo
+ De radioso paiz solar;
+ Seras o poeta maior do mundo...
+ .................................
+ Dizem que o mundo debe acavar.
+
+dice SAGRAMOR en el poema de Eugenio de Castro.
+
+En esta tercera y última salida de Don Quijote hemos de ver cómo se
+hunde en las simas de su cordura, hasta llegar a la inmersión en ellas
+con su muerte ejemplar.
+
+Movido por las palabras de su amo y viendo Sancho cuán más grande es la
+fama de los santos que no la de los héroes, dijo a Don Quijote aquello
+de que se dieran a ser santos y alcanzarían más brevemente la buena
+fama que pretendían, poniéndole el ejemplo de San Diego de Alcalá y San
+Pedro de Alcántara, canonizados por aquellos días.
+
+«Veréis que un día seré adorado por el mundo entero», solía decir el
+pobrecito de Asís, según nos cuentan los Tres Compañeros (4) y Tomás
+de Celano (2. Cel., I. I), y los mismos móviles que empujaron a unos
+al heroísmo empujaron a otros a la santidad. Así como Don Quijote,
+enardecido por la lectura de los libros de caballerías se lanzó al
+mundo, así Teresa de Cepeda, siendo aún niña y encendida por la lectura
+de las vidas de santos, que le parecía «compraban muy barato el ir
+a gozar de Dios», concertó con su hermano irse a tierra de moros,
+pidiendo por amor de Dios, para que allá los descabezasen, y visto lo
+imposible de ello, ordenaron hacerse ermitaños, y en una huerta que
+había en casa procuraban, como podían, hacer ermitas (VIDA, I, 2).
+De Íñigo de Loyola hemos dicho ya lo que nos cuenta al respecto su
+secretario que fué, el P. Pedro de Rivadeneira.
+
+¿Qué es todo esto sino caballería andante a lo divino o religioso? Y
+en cabo de cuenta ¿qué buscaban unos y otros, héroes y santos, sino
+sobrevivir? Los unos en la memoria de los hombres, en el seno de Dios
+los otros. ¿Y cuál ha sido el más entrañado resorte de vida de nuestro
+pueblo español sino el ansia de sobrevivir, que no a otra cosa viene a
+reducirse el que dicen ser nuestro culto a la muerte? No, culto a la
+muerte, no; sino culto a la inmortalidad.
+
+El mismo Sancho, que tan apegado aparece a la vida que pasa y no queda,
+declaraba que _más vale ser humilde frailecito de cualquier orden
+que sea, que valiente y andante caballero_, a lo que le contestó muy
+sesudamente Don Quijote que _no todos podemos ser frailes y muchos
+son los caminos por donde lleva Dios a los suyos al cielo_. Y si no
+todos podemos ser frailes, no puede ser que sea el estado de frailería
+o monacato más perfecto en sí que otro cualquiera, pues no cabe que
+el estado de mayor perfección cristiana no sea igualmente asequible
+en cualquier estado, sino se reserve, por fuerza de ley natural, a un
+número de personas, ya que de aspirar a él todos el linaje se acabaría.
+Y dijo muy bien Don Quijote, respondiendo a Sancho, que si hay en el
+cielo más frailes que caballeros andantes es por ser mayor el número de
+religiosos que el de caballeros merecedores de tal nombre. ¿Y cuando
+el religioso sea a la vez caballero?, se preguntará. Ya nos hablará de
+ellos Don Quijote.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO IX
+
+ Donde se cuenta lo que en él se verá.
+
+
+Y ¿cuándo disertó así Don Quijote acerca de la gloria y de su vanidad
+última y de cómo acaba al acabarse el mundo? Cuando iba al Toboso a ver
+a Dulcinea, e iba dentro de él Alonso el Bueno a ver a Aldonza Lorenzo,
+por la que suspiró doce años. Gracias a la locura ha vencido el
+vergonzoso hidalgo su vergonzosidad sublime, y vestido de Don Quijote
+y arrebujado en él va a ver al blanco de sus ansias, a curarse de su
+locura al verla y al abrazarla. Nos acercamos al momento crítico de la
+vida del Caballero.
+
+Y así, en tales pláticas llegaron amo y escudero al Toboso, patria de
+la sin par Dulcinea.
+
+Llegaron a ella y dijo Don Quijote a su escudero: _Sancho, hijo, guía
+al palacio de Dulcinea, quizá podrá ser que la hallemos despierta_.
+
+Observemos que al pedirle tan elevado ministerio y favor tan señalado,
+se adulcigua el Caballero y le llama a Sancho hijo, y observemos además
+cómo son los Sanchos, la baja humanidad, los que guían a los héroes al
+palacio de la Gloria.
+
+Y allí fueron los aprietos de Sancho el embustero, buscando
+escapatorias a su sandez, hasta que declaró no haber visto jamás a
+Dulcinea, al modo mismo que su amo decía no haberla visto sino estar
+enamorado de ella de oídas. De oídas estamos enamorados de la Gloria
+los que lo estamos, sin que jamás la hayamos visto ni oído. Pero por
+dentro anda Aldonza, vista y bien vista, aunque sólo sea cuatro veces
+en doce años. Y al cabo el malicioso Sancho consiguió que el cándido de
+su amo se saliese del Toboso a esperar emboscado en alguna floresta a
+que diese el socarrón con Dulcinea.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO X
+
+Donde se cuenta la industria que Sancho tuvo para encantar a la señora
+ Dulcinea y de otros sucesos tan ridículos como verdaderos.
+
+
+Y aquí fué el soliloquio de Sancho al pie de un árbol y el declararse
+que su amo era un loco de atar y él no le quedaba en zaga, siendo más
+mentecato que aquél, pues le seguía y servía, y aquí fué el decidir
+engañarle haciéndole creer _que una labradora, la primera que me topare
+por aquí_--pensó--_es la señora Dulcinea; y cuando él no lo crea lo
+juraré yo_. Y ya tenemos con esto al fiel Sancho decidido a jugársela
+a su amo y a venir a ser así uno más entre sus burladores ¡caso de
+triste meditación! Y hemos de considerar también en él cómo teniendo
+Sancho a su amo por loco de atar y capaz de ser por él engañado, y que
+tomaba unas cosas por otras y juzgaba lo blanco por negro y lo negro
+por blanco, con todo y con esto se dejaba a su vez él engañar o más
+bien arrastrar de la fe en Don Quijote y sin creerlo creía en él, y
+viendo que eran molinos de viento los gigantes y manadas de carneros
+los ejércitos de enemigos, creía en la ínsula tantas veces prometida.
+
+¡Oh poder maravilloso de la fe, retuso a todo empuje de desengaños!
+¡Oh misterios de la fe sanchopancesca que sin creer cree y viendo y
+entendiendo y declarando que es negro, hace al que la acaudala sentir
+y obrar y esperar como si fuese blanco! De todo ello hemos de concluir
+que Sancho vivía, sentía, obraba y esperaba bajo el encanto de un
+poder extraño que le dirigía y llevaba contra lo que veía y entendía,
+y que su vida toda fué una lenta entrega de sí mismo a ese poder de
+la fe quijotesca y quijotizante. Y así cuando él creyó engañar a su
+amo resultó el engañado él y fué el instrumento para encantar real y
+verdaderamente a Dulcinea.
+
+La fe de Sancho en Don Quijote no fué una fe muerta, es decir,
+engañosa, de esas que descansan en ignorancia, no fué nunca fe de
+carbonero, ni menos fe de barbero, descansadora en ocho reales. Era,
+por el contrario, fe verdadera y viva, fe que se alimenta de dudas.
+Porque sólo los que dudan creen de verdad y los que no dudan ni
+sienten tentaciones contra su fe, no creen de verdad. La verdadera
+fe se mantiene de la duda; de dudas, que son su pábulo, se nutre y
+se conquista instante a instante, lo mismo que la verdadera vida
+se mantiene de la muerte y se renueva segundo a segundo, siendo
+una creación continua. Una vida sin muerte alguna en ella, sin
+deshacimiento en su hacimiento incesante, no sería mas que perpetua
+muerte, reposo de piedra. Los que no mueren, no viven; no viven los que
+no mueren a cada instante para resucitar al punto, y los que no dudan,
+no creen. La fe se mantiene resolviendo dudas y volviendo a resolver
+las que de la resolución de las anteriores hubieren surgido.
+
+Sancho veía las locuras de su amo y que los molinos eran molinos y no
+gigantes, y sabía bien que la zafia labradora a la que iba a encontrar
+a la salida del Toboso no era, no ya Dulcinea del Toboso, mas ni aun
+Aldonza Lorenzo, y con todo ello creía a su amo y tenía fe en él y
+creía en Dulcinea del Toboso y hasta en su encantamiento acabó por
+creer, como veremos. Esta la tuya es fe, Sancho, y no la de esos que
+dicen creer un dogma sin entender, ni aun a la letra, siquiera su
+sentido inmediato, y tal vez sin conocerlo; ésta es fe y no la del
+carbonero que afirma ser verdad lo que dice un libro que no ha leído
+porque no sabe leer ni tampoco sabe lo que el libro dice. Tú, Sancho,
+entendías muy bien a tu amo, pues todo lo que te decía eran dichos
+muy claros y muy entendederos, y veías, sin embargo, que tus ojos te
+mostraban otra cosa y sospechabas que tu amo desvariaba por loco y
+dudabas de lo que veías, y a pesar de ello le creías pues ibas tras de
+sus pasos. Y mientras tu cabeza te decía que no, decíate tu corazón que
+sí, y tu voluntad te llevaba en contra de tu entendimiento y a favor de
+tu fe.
+
+En mantener esa lucha entre el corazón y la cabeza, entre el
+sentimiento y la inteligencia, y en que aquel diga ¡sí! mientras esta
+dice ¡no! y ¡no! cuando la otra ¡sí!, en esto y no en ponerlos de
+acuerdo consiste la fe fecunda y salvadora; para los Sanchos por lo
+menos. Y aun para los Quijotes, porque veremos dudar a Don Quijote
+mismo. Y no nos quepa duda de que con los ojos de la carne Don
+Quijote vió los molinos como tales molinos y las ventas como ventas
+y de que allá, en su fuero interno, reconocía la realidad del mundo
+aparencial--aunque una realidad aparencial también--en que ponía el
+mundo sustancial de su fe. Y buena prueba de ello es aquel maravilloso
+diálogo que sostuvo con Sancho cuando éste volvió a Sierra Morena a
+darle cuenta de su visita a Dulcinea. El loco suele ser un comediante
+profundo, que toma en serio la comedia, pero que no se engaña y
+mientras hace en serio el papel de Dios o de rey o de bestia, sabe bien
+que ni es Dios, ni rey, ni bestia; quiere serlo y basta. ¿Y no es loco
+todo el que toma en serio el mundo? ¿Y no deberíamos ser locos todos?
+
+Y ahora llegamos al momento tristísimo de la carrera de Don Quijote; a
+la derrota de Alonso Quijano el Bueno dentro de él.
+
+Aconteció, pues, que al volverse Sancho a su amo salían del Toboso
+tres labradoras sobre tres pollinos o pollinas, y se las presentó
+a Don Quijote como Dulcinea y dos doncellas diciéndole que venía a
+verle. _¡Santo Dios! ¿Qué es lo que dices, Sancho amigo?_--dijo Don
+Quijote...--_mira no me engañes ni quieras con falsas alegrías alegrar
+mis verdaderas tristezas_. _Y ¿qué sacaría yo de engañar a vuesa
+merced?_--respondió Sancho. Salieron al camino, no columbró en él Don
+Quijote sino a las tres labradoras, porfió Sancho que eran Dulcinea y
+sus doncellas, atúvose a sus sentidos, contra su costumbre el amo, y
+trocáronse los papeles, siquiera en apariencia.
+
+El paso este del encantamiento de Dulcinea es grandemente melancólico.
+Sancho hizo su comedia, teniendo del cabestro al jumento de una de
+las tres labradoras, hincándose de rodillas y enderezándole aquel
+saludo que nos ha conservado la historia. Don Quijote miraba con ojos
+desencajados y vista turbada a la que Sancho llamaba reina y señora, y
+en que él, Don Quijote, esperó ver a Dulcinea, y debajo de él, Alonso
+Quijano, esperaba a Aldonza Lorenzo, suspirada en silencio doce años
+por sólo cuatro goces de su vista. Don Quijote se puso de hinojos y
+_miraba con ojos desencajados y vista turbada a la que Sancho llamaba
+reina y señora_, sin descubrir en ella _sino una moza aldeana y no de
+muy buen rostro, porque era carirredonda y chata_. Ve aquí, Caballero,
+que tu Sancho, la humanidad que te acompaña y guía, te presenta a la
+Gloria, por la que tanto suspiraste, y no ves en ella sino una moza
+aldeana y no de muy buen rostro.
+
+Pero es aún más triste el paso, pues si Don Quijote no veía a
+Dulcinea, tampoco el pobre Alonso Quijano el Bueno veía a su Aldonza.
+Doce años de solitario sufrir, doce años de no haber podido vencer
+su encogimiento soberano, doce años de esperar lo imposible, y por
+imposible con más ahinco esperado, a que ella, Aldonza, su Aldonza,
+por un inaudito milagro se percatara del amor de su Alonso, y se
+fuera a él; doce años de soñar en el imposible procurando acallar
+con la lectura de los libros de caballerías el todopoderoso amor, y
+ahora en que, gracias a Dios, ya loco, rota la vergüenza, se cumple
+lo imposible y va a recibir el premio de su locura; ahora... ¡ahora
+esto! ¡Qué santa, qué dulce, qué redentora suele ser la locura! Loco
+Alonso Quijano, por merced del Señor que se compadece de los buenos,
+rompió aquella tremenda costra de la timidez del hidalgo lugareño, y
+se atrevió a escribir a su Aldonza, aunque fuese bajo la advocación de
+Dulcinea, y ahora, en premio, Aldonza misma viene desde el Toboso a
+verle. Se cumplió lo imposible, merced a la locura. ¡Al cabo de doce
+años!
+
+¡Oh momento supremo tanto tiempo suspirado! _¡Santo Dios! ¿Qué es lo
+que dices, Sancho amigo?_ ¡Ahora, ahora va a redimirse de su locura,
+ahora va a lavársela en el torrente de las lágrimas de la dicha; ahora
+va a cobrar el premio de su esperanza en lo imposible! ¡Oh, y cuántas
+tinieblas de locura se disiparían bajo una mirada de amor!
+
+_No quieras con falsas alegrías alegrar mis verdaderas tristezas._
+Pensemos en esto de alegrársele las tristezas a Don Quijote; las
+tristezas de doce años, las tristezas de su locura. ¿Pues qué, creéis
+que Alonso el Bueno no se daba cuenta de que estaba loco y no aceptaba
+su locura como único remedio de su amor, como regalo de la piedad
+divina? Al saber que su locura daba fruto, alborotóse el corazón del
+hidalgo, y mandó a Sancho, en albricias de aquellas no esperadas
+nuevas, el mejor despojo de la primera aventura que tuviese y _si esto
+no te contenta, te mando_--le dijo--_las crías que este año me dieren
+las tres yeguas mías, que tú sabes que quedan para parir en el prado
+concejil de nuestro pueblo_. Primero le ofrece Don Quijote del caudal
+del caballero andante, despojo de aventura, en albricias de anunciarle
+la venida de Dulcinea, mas luego asoma Alonso Quijano, y con el corazón
+anegado en gozo porque viene a verle Aldonza, ofrece el hidalgo de su
+caudal, no ya despojo de aventura, sino crías de las yeguas. ¿No veis
+aquí cómo el amor saca a flor de la locura quijotesca la cordura de
+Quijano?
+
+Ya te dan fruto tus locuras, buen caballero, pues merced a ellas
+sale a verte Aldonza, sacando del exceso de tu desvarío cuán grande
+debe ser tu amor. Y vino en seguida el tremendo golpe, el golpe que
+hundió en su locura al pobre Alonso el Bueno, hasta su muerte. Ahora,
+ahora es cuando se remacha la suerte de Alonso. Esperaba a Aldonza y
+lo vehemente de la esperanza no le dejaba dudar y puesto de hinojos,
+como mejor decía a aquel callado culto de doce años _miraba con ojos
+desencajados y vista turbada a la que Sancho llamaba reina y señora
+y como no descubría en ella sino una moza aldeana y no de muy buen
+rostro, porque era carirredonda y chata, estaba suspenso y admirado,
+sin osar desplegar los labios_. ¡Ni la locura te valió, buen Caballero!
+Cuando al cabo de doce años vas a tocar el premio de ella, la brutal
+realidad te da en el rostro. ¿No es acaso así con todo amor?
+
+Mas no te pese, mi Don Quijote, y sigue con tu locura solitaria; no
+te pese de no llegar a comprometerte con la dicha; no te pese de no
+votarte a la felicidad; no te pese de que no se haya llenado tu anhelo
+de doce años, en brazos de tu Aldonza.
+
+_Y tú, oh extremo del valor que puede desearse, término de la humana
+gentileza, único remedio deste afligido corazón que te adora, ya que
+el maligno encantador me persigue y ha puesto nubes y cataratas en
+mis ojos, y para ellos solos y no para otros ha mudado y transformado
+tu sin igual hermosura y rostro en el de una labradora pobre, si ya
+también el mío no le ha cambiado en el de algún vestiglo para hacerle
+aborrecible a tus ojos, no dejes de mirarme blanda y amorosamente,
+echando de ver en esta sumisión y arrodillamiento que a tu contrahecha
+hermosura hago, la humildad con que mi alma te adora._ ¿No os entran
+ganas de llorar oyendo este plañidero ruego? ¿No oís cómo suena en sus
+entrañas, bajo la retórica caballeresca de Don Quijote, el lamento
+infinito de Alonso el Bueno, el más desgarrador quejido que haya
+jamás brotado del corazón del hombre? ¿No oís la voz agorera y eterna
+del eterno desengaño humano? Por primera, por última, por única vez
+habla Don Quijote de su propio rostro, de aquel rostro de Alonso que
+se encendía en rubor al pensar en Aldonza... _La humildad con que mi
+alma te adora_... Humildad de doce años, humildad alimentada en largas
+noches de soledad y de absurdas esperanzas, humildad nutrida con el más
+grandioso temor y encogimiento que jamás se viera. Lo inmenso de su
+amor le había hecho humilde, y jamás osó dirigirla una palabra sólo.
+
+Seguid leyendo la historia de este encuentro, y sacándola por vosotros
+mismos, lectores míos, el jugo que tenga; a mí me apesadumbra tanto que
+me priva de imaginación para rehacerla, y voy a pasar a otra cosa. Leed
+vosotros la respuesta grosera que la moza dió a Don Quijote, y cómo dió
+con ella en tierra a corcovos, su borrica, y cómo Don Quijote acudió a
+levantarla, cosa que evitó ella subiéndose de un salto sobre la borrica
+y dándole un olor a ajos crudos que le encalabrinó y atosigó el alma.
+No puede leerse sin angustia este martirio del pobre Alonso.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XI
+
+ De la extraña aventura que le sucedió al valeroso Don Quijote con el
+ carro o carreta de las cortes de la muerte.
+
+
+Reanudaron amo y escudero su camino, burlándose el socarrón Sancho de
+la candidez de su amo. Y entonces fué cuando toparon con la carreta
+de la muerte o de la compañía de Angulo el Malo, que Don Quijote,
+aleccionado y entristecido por lo que acababa de pasarle, tomó por lo
+que realmente era. Y entonces fué también cuando Rocinante, alborotado
+por el cascabeleo del moharracho, dió con su amo en tierra y todo lo
+que se sigue. Y cómo quiso castigar el Caballero a los farsantes, y
+le esperaron éstos en ala y armados de guijarros, y convenció Sancho
+a su amo, hombre cuerdo y sesudo al fin, de que no debía meterse con
+semejante tropa, pues entre todos los que allí estaban, aunque parecían
+reyes, príncipes y emperadores, no había ningún caballero andante. Y
+así Don Quijote mudó ya de su determinado intento. Y al ver que Sancho,
+por su parte, no quería vengarse, fué cuando le dijo lo de: _Pues ésa
+es tu determinación, Sancho bueno, Sancho discreto, Sancho cristiano y
+Sancho sincero, dejemos estas fantasmas y volvamos a buscar mejores y
+más calificadas aventuras_.
+
+La del carro de la muerte parece una de las más heroicas que llevó a
+feliz término nuestro hidalgo, pues en ella se nos muestra venciéndose
+a sí mismo con su cordura. ¡Es que le pesaba sobre el corazón el
+encantamiento de su dama! El mundo comedia es, y gran locura querer
+luchar con gentes que no son lo que parecen, sino míseros farsantes que
+representan su papel y entre los cuales apenas si se halla de higos
+a brevas un caballero andante. En el tablado del mundo es novedad
+sorprendente ver entrar un caballero de verdad, de los que matan y
+hacen en serio la escena del desafío cuando los otros hacen que la
+hacen y por hacer el papel no más. Tal es el héroe. Y al héroe le
+esperan los comediantes todos en ala y armados de piedras. Dejad, pues,
+a los farsantes y recordad la profunda sentencia de Sancho: _nunca los
+cetros y coronas de los emperadores farsantes fueron de oro puro sino
+de oropel o hoja de lata_. Recordadla y tened en cuenta que la creencia
+de los que en la comedia del mundo hacen el papel de maestros, cobrando
+por ello su salario, es ciencia de oropel u hoja de lata.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XII
+
+ De la extraña aventura que le sucedió al valeroso Don Quijote con el
+ bravo caballero de los Espejos.
+
+
+Conversando sobre lo que es la comedia del mundo se quedaron amo y
+escudero debajo de unos altos y sombrosos árboles, cuando les rompió el
+sueño la llegada del caballero de los Espejos. Y allí fué la plática de
+los escuderos de un lado y de los caballeros por el otro, y el declarar
+Sancho que a su amo un niño le haría entender que era de noche en la
+mitad del día, sencillez por la que le quería como a las telas de su
+corazón y no se amañaba a dejarle por más disparates que hiciera. Aquí
+se nos declara la razón del amor que Sancho profesaba a su amo, mas no
+la de la admiración.
+
+¿Pues qué creíais, Sancho? El héroe es siempre por dentro un niño, su
+corazón es infantil siempre; el héroe no es más que un niño grande.
+Tu Don Quijote no fué sino un niño, un niño durante los doce largos
+años en que no logró romper la vergüenza que le ataba, un niño al
+engolfarse en los libros de caballerías, un niño al lanzarse en busca
+de aventuras. ¡Y Dios nos conserve siempre niños, Sancho amigo!
+
+
+
+
+ CAPÍTULOS XIII Y XIV
+
+Donde se prosigue la aventura del caballero del Bosque con el discreto,
+ nuevo y suave coloquio que pasó entre los dos escuderos.
+
+
+Mientras platicaban los escuderos entre sí también platicaban los
+caballeros, y de esta plática y de haber afirmado el de los Espejos
+ser vencedor de Don Quijote surgió el que concertasen un duelo bajo
+condiciones de que el vencido quedara sujeto a obedecer al vencedor.
+Y así que fué de día fué el lance, derribando Don Quijote al de los
+Espejos, el bachiller Sansón Carrasco, pues no era otro, que habiendo
+ido por lana y a llevarse al hidalgo a su casa, salió para la suya
+trasquilado.
+
+Al descubrirle la visera y ver al bachiller, atribuyólo Don Quijote
+a magia, mas Sancho, que se había encaramado a un árbol para ver
+la pelea, le pidió metiese la espada por la boca al que parecía el
+bachiller Sansón Carrasco. ¡Ah, Sancho, Sancho, y cuán bien se aviene
+tu impiadosa crueldad de ahora con tu cobardía de antes!
+
+Volvió al cabo en sí el bachiller, confesó aventajar Dulcinea del
+Toboso en hermosura a Casildea de Vandalia y prometió ir a presentarse
+a ella. _Todo lo confieso, juzgo y siento como vos lo creéis, juzgáis
+y sentís--respondió el derrengado caballero_, el burlador burlado,
+el vencido bachiller. Así, mal que les pese, tienen que declarar los
+bachilleres ser verdad lo que por tal proclaman los hidalgos; así los
+burladores son burlados; así el sentido común debe andar por los suelos
+a botes de la lanza del heroísmo. Pues que ¿no hay sino hacerse el loco
+para reducir a cordura a los que lo son de veras?
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XV
+
+Donde se cuenta y da noticia de quién era el caballero de los Espejos y
+ su escudero.
+
+
+En este capítulo de la historia se nos cuenta cómo el caballero de los
+Espejos no era otro que Sansón Carrasco, bachiller por Salamanca, que
+de acuerdo con el cura y el barbero, ideó aquella traza para obligar a
+Don Quijote a que se redujese a su casa.
+
+Y el maligno Carrasco juró vengarse de Don Quijote, moliéndole a palos
+las costillas, locura mil veces más desatinada y más de verdad locura
+que la del hidalgo; locura, en fin, de pasión de hombre sensato, que
+son las peores y las más ponzoñosas de las locuras todas. El loco _que
+lo es por fuerza lo será siempre, y el que lo es de grado lo dejará de
+ser cuando quisiera_--decía el bachiller.
+
+Pero venid acá, señor bachiller por Salamanca, venid y decidme ¿cuál es
+peor desvarío, el que arranca de la cabeza o el que del corazón brota,
+la enfermedad del imaginar o la del querer? Y el que de grado o por
+voluntad se hace el loco, es que tiene la voluntad enferma o torcida, y
+para esto hay peor remedio que para las enfermedades del entendimiento.
+Y los que, como su merced, tienen el entendimiento tupido de cordura
+socarrona, y allende esto se lo han atiborrado de lugares comunes
+escolásticos en las aulas de Salamanca, suelen tener la voluntad loca
+de malas pasiones, de rencor, de soberbia, de envidia. ¿Pues qué razón
+había para ir a pelear Sansón Carrasco contra Don Quijote?
+
+_¿He sido yo su enemigo por ventura? ¿Hele dado yo jamás ocasión de
+tenerme ojeriza? ¿Soy yo su rival o hace él profesión de las armas
+para tener envidia a la fama que yo por ellas he ganado?_--decía Don
+Quijote. Sí, generoso Caballero, sí; fuiste y eres su enemigo como
+lo es todo hidalgo heroico y generoso de todo bachiller socarrón y
+rutinero; le diste ocasión de ojeriza, pues cobraste con tus locas
+hazañas una fama que él nunca alcanzó con sus cuerdos estudios y
+bachillerías salamanquescas, y era tu rival y te tenía envidia. Y
+aunque declaró, y acaso así lo creyese él mismo, que salió al campo con
+la mira de reducirte a cordura, la verdad es que le movió a ello, tal
+vez sin él percatarse de tal motivo, su deseo de unir su nombre al tuyo
+y de andar junto contigo en lengua de la fama, como lo consiguió.
+
+¿Y no sería acaso que buscaba llegase a oídos de aquella andaluza
+Casilda, con la que se pasó en claro las noches a la reja, allá en
+las callejas de Salamanca, y a la que envolvió en su Casildea de
+Vandalia, su hazañosa proeza y su locura? ¿No oiría acaso hablar de ti
+con admiración a esa Casilda, que habría leído la primera parte de tu
+historia? Todo podía ser.
+
+Pero tú le venciste, para que se vea que la locura generosa da más
+arrestos y más bríos que no la cordura menguada y socarrona, y sobre
+todo para que el bueno del bachiller por Salamanca aprendiese aquello
+de _quod natura non dat, Salmantica non praestat_, vieja verdad a
+pesar de aquel arrogante lema del escudo de la vieja Escuela que dice:
+_Omnium scientiarum princeps, Salmantica docet_.
+
+
+
+
+ CAPÍTULOS XVI Y XVII
+
+De lo que sucedió a Don Quijote con un discreto caballero de la Mancha
+y Donde se declara el último punto y extremo adonde llegó y pudo llegar
+ el inaudito ánimo de Don Quijote, con la felicemente acabada aventura
+ de los leones.
+
+
+Acabado este lance se encontró Don Quijote con el discretísimo Don
+Diego de Miranda, yendo con el cual toparon con los carros de los
+leones. Y allí fué la estupenda y nunca bien ponderada aventura,
+y cuando Don Quijote exclamó el inmortal: _¿leoncitos a mí? ¿a mí
+leoncitos y a tales horas? pues por Dios que han de ver esos señores
+que acá los envían si soy yo hombre que se espanta de leones_. Quiso
+convencerle Don Diego con que los leones no iban contra él, mas
+despachólo Don Quijote con que él sabía si iban o no a él aquellos
+señores leones y amenazó al leonero si no les abría la jaula. Pidió
+el leonero desuncir las mulas y ponerse en salvo y _oh hombre de poca
+fe--respondió Don Quijote--; apéate y desunce y haz lo que quisieres_.
+
+¡Maravillosa proeza! ¡nunca visto valor de Don Quijote, y valor en
+seco, sin motivo ni objetivo, valor puro, valor acendrado! ¿No sería
+tal vez que mientras Don Quijote mostraba ostentar así su valentía,
+por debajo de él el pobre Alonso el Bueno, agobiado por el desencanto
+sufrido al no encontrarse con la suspirada Aldonza, buscaba morir en
+las garras y quijadas del león con muerte no tan torturadora como la
+que de continuo le estaba dando su amor desventurado?
+
+Ello fué que no sirvieron ruegos ni razones, sino que Don Quijote
+se apeó _temiendo que Rocinante se espantaría con la vista de los
+leones... arrojó la lanza y embrazó el escudo y desenvainando la
+espada, paso ante paso, con maravilloso denuedo y corazón valiente
+se fué a poner delante del carro, encomendándose a Dios de todo
+corazón y luego a su señora Dulcinea_. Al mismo historiador le arranca
+expresiones de admiración esta intrepidez singular. Abierta la jaula,
+_lo primero que_ (el león) _hizo fué revolverse_ (en ella) _donde
+venía echado y tender la garra y desperezarse todo; abrió luego la
+boca y bostezó muy despacio, y con casi dos palmos de lengua que sacó
+fuera se despolvoreó los ojos y se lavó el rostro: hecho esto sacó la
+cabeza fuera de la jaula y miró a todas partes con los ojos hechos
+brasas, vista y ademán para poner espanto a la misma temeridad. Sólo
+Don Quijote lo miraba atentamente, deseando que saltase ya del carro y
+viniese con él a las manos, entre las cuales pensaba hacerle pedazos_,
+mientras acaso esperase en tanto el pobre Alonso el Bueno que entre
+las garras de la bestia acabase de sufrir su pobre y llagado corazón y
+se deshiciese en él la imagen de aquella Aldonza, suspirada doce años.
+_Pero el generoso león, más comedido que arrogante, no haciendo caso de
+niñerías ni de bravatas, después de haber mirado a una y otra parte,
+como se ha dicho, volvió las espaldas y enseñó sus traseras partes a
+Don Quijote, y con gran flema y remanso se volvió a echar en la jaula._
+
+¡Ah, condenado Cide Hamete Benengeli, o quienquiera que fuese el que
+escribió tal hazaña, y cuán menguadamente la entendiste! No parece
+sino que al narrarla te soplaba al oído el envidioso bachiller Sansón
+Carrasco! No, no fué así, sino lo que en verdad pasó es que el león se
+espantó o se avergonzó más bien al ver la fiereza de nuestro caballero,
+pues Dios permite que las fieras sientan más al vivo que los hombres
+la presencia del poder incontrastable de la fe. O ¿no sería acaso que
+el león, soñando entonces en la leona recostada, allá, en las arenas
+del desierto, bajo una palmera, vió a Aldonza Lorenzo en el corazón del
+Caballero? ¿No fué su amor lo que le hizo a la bestia comprender el
+amor del hombre y respetarle y avergonzarse ante él?
+
+No, el león no podía ni debía burlarse de Don Quijote, pues no era
+hombre sino león, y las fieras naturales, como no tienen estragada la
+voluntad por pecado original alguno, jamás se burlan. Los animales
+son enteramente serios y enteramente sinceros, sin que en ellos
+quepa socarronería ni malicia. Los animales no son bachilleres, ni
+por Salamanca ni por ninguna otra parte, porque les basta lo que la
+naturaleza les da.
+
+Lo que le pasó al león, enjaulado entonces como en un tiempo lo estuvo
+Don Quijote, es que al ver a éste se avergonzó, y que esto debió ser
+así nos lo prueba y corrobora el que ya en otra ocasión, siglos antes,
+se había otro león avergonzado ante otro hazañoso caballero, el Cid Ruy
+Díaz de Vivar, según nos lo cuenta su viejo romance (POEMA DEL CID,
+versos 2278 a 2301). El cual dice que estando el Cid en Valencia con
+todos sus vasallos y sus yernos, los infantes de Carrión, y durmiendo
+el Campeador en un escaño, salióse de la red y se desató el león,
+sembrando miedo en la corte. Despertó el que en buen hora nació, y al
+ver lo que acontecía
+
+
+ Mió Çid fincó el cobdo, en pie se levantó;
+ el manto trae al cuello e adelinó pora leon;
+ el leon quando lo vió assí, envergonçó:
+ ante mió Çid la cabeça premió e el rostro fincó.
+ Mió Çid don Rodrigo al cuello lo tomó,
+ e lieva lo adestrando, en la red lo metió.
+
+ (2296-2301).
+
+
+Así ante Don Quijote, nuevo Cid Campeador, _envergonzó_ el león, que
+acaso fuera uno de los dos que hoy figuran en nuestro escudo de armas,
+y el avergonzado ante el Cid el otro.
+
+Aún insistió Don Quijote en que se irritase al león; mas el leonero
+le convenció de que no debía hacerse. Y fué entonces cuando el
+Caballero pronunció aquellas profundísimas palabras de _bien podrán
+los encantadores quitarme la ventura, pero el esfuerzo y el ánimo será
+imposible_. Y ¿qué más hace falta?
+
+Y no se me venga ahora aquí diciendo que me aparto del puntualísimo
+texto del historiador, porque es preciso entender bien en que no puede
+uno apartarse de él, sin muy grave temeridad y aun peligro de su
+conciencia, y en que somos libres de interpretarlo a nuestro sabor y
+consejo. En cuanto se refiere a hechos y aparte los evidentes errores
+de copista--rectificables todos--no hay sino acatar la infalible
+autoridad del texto cervantino. Y así debemos creer y confesar que el
+león volvió las espaldas a Don Quijote y se volvió a echar en la jaula.
+Pero que fuese por comedimiento y que considerase niñerías y bravatas
+las de Don Quijote y que no lo hiciese por vergüenza al ver su valor,
+o ya compadecido de su amor desgraciado, es una libre interpretación
+del historiador, que no vale sino por la autoridad personal y puramente
+humana del historiador mismo. Sucede con esto como con el comentario
+que pone al discurso de los cabreros, llamándolo _inútil razonamiento_,
+y que es una glosa desdichada que se ha interpolado en el texto.
+
+Hago estas prevenciones porque no quiero, he de repetirlo une vez
+más, que se me confunda con la perniciosa y pestilente secta de los
+hombres vanos e hinchados de huera ciencia histórica, que se atreven a
+sostener que no hubo tales Don Quijote y Sancho en el mundo, y otras
+atroces osadías semejantes, a que les lleva su desmedido afán de lograr
+notoriedad sosteniendo novedades y singularidades. Y ved aquí cómo el
+mismo noble impulso de dejar nombre y fama que movió a Don Quijote a
+llevar a cabo sus hazañas, les mueve a otros a negarlas. ¡Qué abismo de
+contradicciones es el hombre!
+
+Y volviendo a nuestra historia, hemos de añadir que luego de
+avergonzado el león y al explicar Don Quijote a Don Diego de Miranda su
+aparente locura en tal proeza, descubrió una vez más la raíz de ella al
+declarar que andaba a la busca de tan arriesgadas aventuras _sólo por
+alcanzar gloriosa fama y duradera_ y explicó, con atinadísimas razones,
+cómo debe el caballero dar en temerario--pues reconoció ser _temeridad
+exorbitante_ lo del león--ya que _es más fácil dar el temerario en
+verdadero valiente que no el cobarde subir a la verdadera valentía y
+en esto de acometer aventuras... antes se ha de pecar por carta de más
+que de menos_. ¡Concertadísimas y muy cuerdas razones con las que se
+justifica todo exceso ascético o heroico!
+
+Conviene también pararse a considerar cómo esta aventura del león fué
+una aventura por parte de Don Quijote, de acabada obediencia y de
+perfecta fe. Cuando el Caballero topó al azar de los caminos con el
+león aquél fué, sin duda alguna, porque Dios se lo enviaba a él, y su
+fortísima fe le hizo decir que él sabía si iban o no a él aquellos
+señores leones. Y con sólo verlos entendió la voluntad del Señor y
+obedeció según la tercera y más perfecta manera de obedecer que hay,
+según Íñigo de Loyola--véase el cuarto aviso que dictó sobre esto,
+según lo trae el P. Rivadeneira, en el capítulo IV del libro V de
+la VIDA--y es «cuando hago esto o aquello sintiendo alguna señal de
+Superior, aunque no me lo mande ni ordene». Y así Don Quijote en cuanto
+vió al león, sintió la señal de Dios, y arremetió sin prudencia alguna,
+pues como decía el mismo Loyola--véase el mismo capítulo antedicho--«la
+prudencia no se ha de pedir tanto al que obedece y ejecuta cuanto al
+que manda y ordena». Y Dios quiso, sin duda, probar la fe y obediencia
+de Don Quijote como había probado las de Abraham mandándole subir al
+monte Moria a sacrificar a su hijo. (Gen., cap. XXII.)
+
+
+
+
+ CAPÍTULOS XVIII, XIX, XX, XXI, XXII Y XXIII
+
+ _Que tratan de lo que sucedió a Don Quijote en casa del caballero
+ del Verde Gabán, de la aventura del pastor enamorado, de las bodas
+ de Camacho, y en los dos últimos de la aventura de la cueva de
+ Montesinos_, que está en el corazón de la Mancha, y de las admirables
+ cosas que el extremado Don Quijote contó que había visto _en ella_.
+
+
+Llegaron a casa de Don Diego, conoció allí Don Quijote al hijo de
+aquél, Don Lorenzo, y al oirle negar que hubiese habido caballeros
+andantes no trató ya de sacarle de su engaño, sino que propuso rogar al
+cielo le sacase de él. ¡Ah, mi pobre Caballero, y cómo te ha dejado el
+encantamiento de tu Dulcinea!
+
+Tras esto ocurrió lo de las bodas de Camacho en que nada hay que notar,
+y después se dirigió Don Quijote a la cueva de Montesinos, que está en
+el corazón de la Mancha.
+
+Antes de hundirse en ella _hizo una oración en voz baja pidiendo a
+Dios le ayudase y le diese buen suceso en aquella al parecer peligrosa
+y nueva aventura, y en voz alta dijo luego: oh señora de mis acciones
+y movimientos, clarísima y sin par Dulcinea del Toboso, si es posible
+que lleguen a tus oídos las plegarias y rogaciones deste tu venturoso
+amante, por tu inaudita belleza te ruego las escuches, que no son
+otras que rogarte no me niegues tu favor y amparo ahora que tanto lo
+he menester_. Ved cómo a canto de meterse en tan inaudito empeño ruega
+primero a Dios y a Dulcinea luego, a Dios en voz baja y a Dulcinea
+en alta voz. Con Dios primero, sí, pero a solas, que no necesita
+de que nos desgañitemos para oirnos, pues oye hasta el resollar de
+nuestro silencio; mas con Dulcinea nos es menester dar grandes voces e
+invocarla a pecho henchido y boca llena, entre los hombres.
+
+Y prosiguió diciendo Don Quijote: _Yo voy a despeñarme, a empozarme
+y a hundirme en el abismo que aquí se me representa, sólo por que
+conozca el mundo que si tú me favoreces no habrá imposible a quien yo
+no acometa y acabe_. Amad a Dulcinea y no habrá imposible que se os
+resista y tese. ¡Ahí está el abismo; adentro de él!
+
+_Y en diciendo esto se acercó a la sima, vió no ser posible descolgarse
+ni hacer lugar a la entrada si no era a fuerza de brazos o a
+cuchilladas, y así poniendo mano a la espada, comenzó a derribar y
+a cortar de aquellas malezas que a la boca de la cueva estaban, por
+cuyo ruido y estruendo salieron por ella una infinidad de grandísimos
+cuervos y grajos, tan espesos y con tanta priesa que dieron con Don
+Quijote en el suelo; y si él fuera tan agorero como católico cristiano,
+lo tuviera a mala señal y excusara de encerrarse en lugar semejante._
+Parémonos a considerarlo.
+
+Si te empeñas en empozarte y hundirte en la sima de la tradición de
+tu pueblo para escudriñarla y desentrañar sus entrañas, escarbándola
+y zahondándola hasta dar con su hondón, se te echarán al rostro los
+grandísimos cuervos y grajos que anidan en su boca y buscan entre
+las breñas de ella abrigo. Tendrás primero que derribar y cortar
+las malezas que encubren a la cueva encantada, o más bien tendrás
+que desescombrar su entrada, obstruida por escombros. Lo que llaman
+tradición los tradicionalistas no son sino rastrojos y escurrajas de
+ella. Los grandísimos cuervos y grajos que guardan la boca de esa sima
+encantada y en la que fraguaron sus escondrijos, jamás se empozaron
+ni hundieron en las entrañas de la sima, y se atreven, no embargante,
+a graznar diciéndose moradores de su interior. La tradición por ellos
+invocada no lo es de verdad; se dicen voceros del pueblo y nada hay de
+esto. Con el machaqueo de sus graznidos han hecho creer al pueblo que
+cree lo que no cree, y es menester empozarse en las entrañas de la sima
+para sacar de allí el alma viva de las creencias del pueblo.
+
+Y antes de hundirse y empozarse uno en esa sima de las verdaderas
+creencias y tradiciones del pueblo, no las del carbonero de la fe,
+tiene que derribar y cortar las malezas que cubren su entrada. Cuando
+lo hagáis os dirán que queréis cegar la cueva y taparla y ahogar a los
+moradores de ella; os llamarán malos hijos y descastados y todo cuanto
+se les ocurra. Haced oídos sordos a graznidos tales.
+
+Y allí, en la cueva, gozó Don Quijote de visiones que se dejan muy
+a la zaga a las más maravillosas de que otros hayan gozado, sin que
+sea menester repetir aquí lo de que si a uno se le aparece un ángel
+en sueños es que soñó que se le aparecía un ángel. Invito al lector a
+que relea en el capítulo XXIII de la Segunda Parte el relato de las
+asombrosas visiones de Don Quijote y juzgando, como debe juzgarse,
+por el contento y deleite que de su lectura reciba, me diga luego si
+no son más fidedignas que otras no menos asombrosas con que dicen que
+Dios regaló a siervos suyos, soñadores en la profunda cueva encantada
+del éxtasis. Y no sirve sino creer a Don Quijote, que siendo hombre
+incapaz de mentir, afirmó que lo por él contado lo vió por sus propios
+ojos y lo tocó con sus mismas manos, y esto baste y aun sobre. Sancho
+quiso negar la verdad de tales visiones y más cuando oyó decir a su amo
+que vió a Dulcinea encantada en la moza labradora que aquél le había
+mostrado, mas Don Quijote respondió sesudamente: _Como te conozco,
+Sancho, no hago caso de tus palabras_. Ni debemos nosotros tampoco
+hacer caso de palabras sanchopancescas cuando de rendir fe a visiones
+se trate.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XXIV
+
+ Donde se cuentan mil zarandajas tan impertinentes como necesarias al
+ verdadero entendimiento desta grande historia.
+
+
+Al llegar a esta aventura de visión se cree el historiador obligado
+a dudar de su autenticidad, mostrando en ello su poca fe, y hasta
+se propasa a suponer que al tiempo de morir se retractó de ella Don
+Quijote y dijo que _la había inventado por parecerle que convenía y
+cuadraba bien con las aventuras que había en su historia_. ¡Oh menguado
+historiador, cuán poco se te alcanza de achaque de visiones!
+
+Sin duda no leíste, o si lo leíste, pues se publicó veintidós años
+antes que tú publicases la historia de Don Quijote, no meditaste bien
+el libro de la VIDA DEL BIENAVENTURADO P. IGNACIO DE LOYOLA, del P.
+Pedro de Rivadeneira, quien en el capítulo VII del libro I nos cuenta
+las visiones del caballero andante de Cristo y cómo «se le representó
+la manera que tuvo Dios en hacer el mundo» y «vió la sagrada humanidad
+de nuestro Redentor Jesucristo, alguna vez también a la gloriosísima
+Virgen» y otras maravillosas visiones, entre ellas la del Demonio, que
+se le apareció muchas veces «no sólo en Manresa y en los caminos, sino
+en París también y en Roma; pero su semblante y aspecto... era tan
+apocado y feo, que no haciendo caso dél, con el báculo que traía en la
+mano fácilmente le echaba de sí».
+
+De los que nieguen tales visiones y digan que son imposibles, digamos
+lo que de ellos dice el piadosísimo P. Rivadeneira y es que «serán
+comúnmente hombres que no saben, ni entienden, ni han oído decir qué
+cosa sea espíritu, ni gozo ni fruto espiritual... ni piensan que hay
+otros pasatiempos y gustos, ni recreaciones sino las que ellos, de
+noche y de día, por mar y por tierra, con tanto cuidado y solicitud
+y artificio buscan para cumplir con sus apetitos y dar contento a su
+sensualidad. Y así no hay que hacer caso de ellos». ¡Prudentísimas
+palabras, que debía conocer y haber leído Don Quijote, pues contestó a
+Sancho lo de: _Como te conozco, Sancho, no hago caso de tus palabras!_
+
+Con gran acierto trae a colación aquí el Padre Rivadeneira lo del
+Apóstol (I. Cor. II) de que los hombres carnales no son quién para
+juzgar de las cosas y visiones de los espirituales y se consuela y nos
+consuela el buen padre con que había también «cristianos y cuerdos,
+y leídos en historias y vidas de Santos» que aunque entienden que en
+cosas de visiones «es menester mucho tiento, porque puede haber engaño
+y muchas veces le hay», no por eso ha de dejarse de darlas crédito.
+Conviene que el lector lea las razones todas que aduce el piadoso
+Padre historiador de Íñigo de Loyola para convencernos de la verdad de
+las visiones de éste, pues quien tan grandes obras llevó a cabo, bien
+pudo ver lo que vió, y «necesariamente habemos de conceder lo que es
+más, concedamos lo que es menos, y entendamos que todos los rayos y
+resplandores que vemos en las obras que hizo, salieron destas luces
+y visitaciones divinas». ¿Cómo, en efecto, negaremos que vió lo que
+vió Don Quijote en la cueva de Montesinos siendo caballero incapaz
+de mentir y habiendo arremetido a molinos y yangüeses, enzarzado a
+sus burladores en defender lo del yelmo, vencido al Caballero de
+los Espejos y avergonzado al león? El que estas, y otras no menos
+asombrosas hazañas llevó a cabo, bien pudo ver en la cueva de
+Montesinos cuanto se le antojara ver en ella. Y si lo vió, de lo cual
+no debe cabernos duda, ¿qué diremos de la realidad de sus visiones? Si
+la vida es sueño ¿por qué hemos de obstinarnos en negar que los sueños
+sean vida? Y todo cuanto es vida es verdad. Lo que llamamos realidad
+¿es algo más que una ilusión que nos lleva a obrar y produce obras?
+El efecto práctico es el único criterio valedero de la verdad de una
+visión cualquiera.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XXV
+
+ Donde se apunta la aventura del rebuzno y la graciosa del titeretero,
+ con las memorables adivinanzas del mono adivino.
+
+
+De allí continuaron su camino, ardiendo Don Quijote en deseos de saber
+para qué llevaba armas un hombre que se les adelantó, y como rehusara
+éste darle cuenta de ello hasta que acabase de dar recado a su bestia,
+ayudóle a ello Don Quijote, ahechándole la cebada y limpiando el
+pesebre, maravilloso ejemplo de humildad que no suele ser lo mentado
+que merece serlo. Y ésta es sin duda una de las grandes aventuras de
+nuestro Caballero, la de haber ahechado cebada y limpiado un pesebre,
+no más, al parecer, que por oir pronto un relato deleitoso; el relato
+de los regidores rebuznantes.
+
+Y como no nos está bien el creer que sólo por oir tal cosa se redujera
+Don Quijote a ejercer menesteres tan impropios de su oficio de
+caballero andante, hemos, por fuerza, de suponer lo hizo para ejercitar
+su humildad y ejercitarla sencillamente y buscando un protesto, con
+lo que evitó la soberbia del humilde. No se las echó de tal, ni hizo
+ostentación de humildad, sino que pura y sencillamente, como quien hace
+la cosa más natural y corriente del mundo, y sin concederle importancia
+al acto, con aquellas manos que alancearon molinos, libertaron
+galeotes, vencieron al vizcaíno y al Caballero de los Espejos y
+esperaron, sin temblar, al leoncito; con aquellas mismas manos ahechó
+cebada y limpió el pesebre, dando por razón aquellas sencillísimas
+palabras de: _no quede por eso, que yo os ayudaré a todo_.
+
+Lo hizo más sencillamente aún que Íñigo de Loyola después de haber
+recibido el cargo de Prepósito general de la Compañía que formó cuando
+«se entró en la cocina y en ella por muchos días sirvió de cocinero y
+hizo otros oficios bajos de casa», porque Íñigo lo hacía con intención
+de enseñar, «para provocar a todos con su ejemplo al deseo de la
+verdadera humildad»--dice el P. Rivadeneira, lib. III, cap. II--y en
+Don Quijote no hubo ni esa segunda intención de aleccionar a otros,
+sino pura y simplemente ahechó la cebada y limpió el pesebre como si
+fuese cosa suya, como la violeta perfuma y el ruiseñor canta. _No quede
+por eso, que yo os ayudaré a todo._
+
+_Yo os ayudaré a todo_, es lo que dice Don Quijote a todo hombre
+sencillo y limpio de segundas intenciones.
+
+En esta aventura se ve acaso más que en otra alguna cómo era el
+espíritu de Alonso Quijano, a quien sus virtudes le valieron el
+sobrenombre de Bueno, el espíritu que guiaba al de Don Quijote, y cómo
+en la bondad del hombre está la raíz del heroísmo del caballero. ¡Oh,
+mi señor Don Quijote, y cuán grande te me apareces ahechando cebada y
+limpiando el pesebre, sin ostentación alguna de humildad y como si tal
+cosa hicieras! A bueno es a lo que nadie te ha ganado, a sencillamente
+bueno. Y por eso tienes un altar en el corazón de todos los buenos que
+no en tu locura sino en tu bondad paran su vista. Tú mismo, mi señor,
+cuando quisiste alabar a tu escudero le llamaste por de pronto y ante
+todo Sancho bueno, y luego discreto, cristiano y sincero. Es lo que
+hay que ser en el mundo, señor mío, bueno, sencillamente bueno, bueno
+a secas, bueno sin adjetivo ni teologías ni aditamento alguno, bueno y
+no más que bueno. Y si tan noble dictado se confunde con el de tonto tú
+llegaste en tu bondad hasta la locura entre tantos cuerdos burladores,
+es decir, malos. Porque en nada como en la burla se conoce la maldad
+humana y el demonio es el gran burlador, el emperador y padre de los
+burladores todos. Y si la risa puede llegar a ser santa y liberadora y,
+en fin, buena, no es ella risa de burla, sino risa de contento.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XXVI
+
+Donde se prosigue la graciosa aventura del titeretero, con otras cosas
+ en verdad harto buenas.
+
+
+Encontrándose Don Quijote en la venta y después de haber oído el
+relato de los alcaldes rebuznadores fué cuando llegó Maese Pedro con
+el mono adivino y el retablo de la libertad de Melisendra. Pasmado Don
+Quijote al ver que Maese Pedro, luego que oyó al mono, le conoció, lo
+tuvo por cosa demoniaca, y pasó después a ver el retablo y asistir a
+la representación de la libertad que a Melisendra dió su esposo Don
+Gaiferos.
+
+Salieron allí entonces Carlo Magno y Roldán, el alcázar de Zaragoza,
+moros, Marsilio de Sansueña, Don Gaiferos... Y cuando llevándose éste
+a su esposa Melisendra partió en su seguimiento lucida caballería,
+púsose en pie Don Quijote, acudió en ayuda de Don Gaiferos después de
+pronunciado su discurso a los perseguidores, a estilo homérico, _y
+comenzó a llover cuchilladas sobre la titerera morisma, derribando a
+unos, descabezando a otros, estropeando a éste, destrozando a aquél
+y entre otros muchos tiró un altibajo tal, que si Maese Pedro no se
+abaja, se encoje y agazapa, le cercenara la cabeza con más facilidad
+que si fuera hecha de masa de mazapán_.
+
+¡Brava y ejemplarísima pelea! ¡Provechosa lección! Y no servía que
+Maese Pedro advirtiese a Don Quijote que aquellos que derribaba,
+destrozaba y mataba no eran verdaderos moros sino unas figurillas
+de pasta, pues no por eso dejaba de menudear aquél cuchilladas. Y
+hacía bien, muy requetebién. Arman los maeses Pedros sus retablos de
+farándula y pretenden que por ser las de ellos figurillas de pasta,
+declaradas tales, se les respete. Y lo que el Caballero andante debe
+derribar, descabezar y estropear es lo que a título de ficción hace más
+daño que el error mismo. Porque es más respetable el error creído que
+no la verdad en que no se cree.
+
+--Mire, señor, que no haga el ridículo ni se meta a perseguir
+figurillas de retablo; que estamos todos en el secreto y es éste un
+juego de compadres en que a nadie se engaña; mire que aquí no se trata
+sino de pasar el tiempo y hacer que hacemos, y ni Carlo Magno es Carlo
+Magno, ni Roldán Roldán, ni Don Gaiferos es tal Don Gaiferos, y aquí
+a nadie se embauca, sino que se deleita y regocija a la galería, que
+aunque finge creer la comedia tampoco la cree en verdad; mire, señor,
+no malgaste sus energías en pelear con figurillas de pasta...
+
+--Pues porque son de pasta las figurillas y estamos en ello
+todos--respondo--es por lo que hay que descabezarlas y destrozarlas,
+pues nada más pernicioso que la mentira por todos consentida. Todos
+estamos en el secreto, secreto a voces, todos sabemos y nos lo decimos
+al oído los unos a los otros, que el tal Don Gaiferos no es Don
+Gaiferos, ni hay tal libertad de Melisendra, y si es así ¿por qué duele
+e irrita que se encarame uno a la pingorota de la torre más alta del
+pueblo y grite desde ella a voces, como vocero de la sinceridad, lo que
+todos se dicen al oído, derribando, descabezando y estropeando así al
+embuste? Hay que limpiar el mundo de comedias y de retablos.
+
+Y acude Maese Pedro cariacontecido y exclama: _mire, pecador de mí,
+que me destruye y echa a perder toda mi hacienda_. Pues no vivas de
+eso, Ginesillo de Pasamonte: es lo que le debemos responder. Trabaja y
+no armes retablos. Y en resolución digamos con Don Quijote: _¡viva la
+andante caballería sobre cuantas cosas hoy viven en la tierra!_ ¡Viva
+la andante caballería y muera la farándula!
+
+¡Muera la farándula! Hay que acabar con los retablos todos, con todas
+las ficciones sancionadas. Don Quijote, tomando en serio la comedia,
+sólo puede parecer ridículo a los que toman en cómico la seriedad y
+hacen de la vida teatro. Y en último caso ¿por qué no ha de entrar en
+la representación y formar parte de ella el descabezamiento, estropicio
+y destrozo de los comediantes de pasta? Es fuerte cosa que se quejen
+de quien toma en serio la comedia los que representan ésta lo más
+seriamente del mundo, y ponen todo su cuidado en que no se falte una
+tilde a las reglas del arte cómico. Porque habréis observado, buenos
+lectores, que nada hay más insoportable que la exigencia de que se
+guarden estrechamente los ritos, etiquetas y rúbricas de las cosas
+de pura representación, y que sean los que se dan de maestros de
+ceremonias los que menos respeten la verdadera seriedad de la vida.
+Sabrá muy bien cuándo se debe llevar corbata negra y cuándo blanca,
+hasta qué hora levita y desde qué hora fraque, y qué tratamiento debe
+dársele, pero éste mismo no sabrá por dónde buscar a su Dios, ni cual
+es su destino último. Y no hablemos de los que rebelándose contra la
+ética quieren imponernos la tiranía de la estética y sustituir a la
+conciencia moral con esa quisicosa que llaman el buen gusto. Cuando
+empiezan a prevalecer tales doctrinas los obreros tienen que declararse
+cursis.
+
+Tratando Teresa de Jesús en el capítulo XXXVII de su VIDA de cómo «no
+cumple perder punto en puntos de mundo» por no dar «ocasión a que
+se sientan los que tienen su honra puesta en estos puntos» y de los
+que dicen que «los monasterios han de ser corte de crianza» dice que
+no puede entender esto. Agrega que ni aun tiempo hay para aprender
+tales cosas, pues sólo «para títulos de cartas es ya menester haya
+cátedra adonde se lea cómo se ha de hacer, a manera de decir, porque
+ya deja papel de una parte, ya de otra, y a quien no se solía poner
+magnífico, hase de poner ilustre». La animosa monja no sabía en qué ha
+de parar esto, porque no teniendo aún cincuenta años cuando escribía lo
+trascrito, decía «en lo que he vivido he visto tantas mudanzas, que no
+sé vivir». Y añadía así: «Por cierto yo he lástima a gente espiritual
+que está obligada a estar en el mundo por algunos santos fines, que es
+terrible la cruz que en esto llevan. Si se pudieran concertar todos
+y hacerse ignorantes, y querer que los tengan por tales en estas
+ciencias, de mucho trabajo se quitarían». ¡Y de tanto! Los espirituales
+deben concertarse, en efecto, y hacerse ignorantes en puntos de mundo
+y querer que los tengan por tales. Cuantos amamos a la verdad sobre
+todas las cosas debemos concertarnos para ignorar las premáticas y
+mandamientos de ese dichoso buen gusto con que se la disfraza, y para
+pisotear las buenas formas y dejar que nos llamen cursis y querer que
+nos tengan por tales.
+
+Hay una gavilla suelta de faranduleros que llevan prendido de la boca
+el amomiado credo, herencia de sus bisabuelos, como llevan el escudo
+de la casa grabado en la sortija o en el puño del bastón, y respetan
+esas venerandas tradiciones de nuestros mayores como respetan cualquier
+otra antigualla, por bien parecer y hacerse pasar por distinguidos. Es
+de buen tono y viste muy bien eso que llaman ser conservador. Y esa
+gavilla de farsantes ha declarado cursilería todo lo que es pasión y
+arranque y brío y de mal gusto los tajos y mandobles a las titereras
+y los guiñoles todos que tienen armados. Y cuando esos mamarrachos,
+alcornoques secos y vacíos, digan y repitan la gran sandez de «lo
+cortés no quita a lo valiente», salgámosles a la cara y digámosles
+en ella y en sus barbas, si las tuvieran, que lo cortés quita a lo
+valiente, y que el verdadero valor, el valor quijotesco puede, suele
+y debe consistir muchas veces en atropellar toda cortesía y aparecer
+hasta, si preciso fuere, grosero. Sobre todo con los Maese Pedros que
+viven de retablos.
+
+¿Conocéis cosa más terrible que oir la misa de un cura ateo, que la
+celebra por cobrar el pie de altar? ¡Muera toda farándula, toda ficción
+sancionada!
+
+Pasando por León fuí a ver y contemplar su primorosa catedral gótica,
+aquella gran lámpara de piedra, en cuyo seno canturrean los canónigos
+al son pastoso del órgano. Y contemplando sus mimbreñas columnas, sus
+altos ventanales de pintadas vidrieras por donde la luz al entrar se
+destrenza y desparrama en colores varios, y la enramada de nervios
+que sostiene a la bóveda, pensé así: ¡Cuántos deseos silenciosos,
+cuántos anhelos callados, cuántos pensares recónditos no habrá recibido
+esta pedernosa fábrica, junto con oraciones cuchicheadas o tan sólo
+pensadas, con ruegos, con imprecaciones, con requiebros de amor al oído
+de la amada, con quejas, con reconvenciones! ¡cuántos secretos vertidos
+en el confesonario! ¿Y si todos estos deseos, anhelos, pensares,
+oraciones, cuchicheos, ruegos, imprecaciones, requiebros, quejas y
+secretos, si todo esto empezase a cantar por debajo de la rutinera
+salmodia litúrgica del coro canónico? En la caja de una vihuela, en
+sus entrañas, duermen las notas todas que se le arrancaron a ella, así
+como las notas todas que pasaron junto a ella, rozándola, al pasar en
+vuelo, con sus alas sonoras; y si todas esas notas, propias y ajenas,
+que allí duermen, despertaran, estallaría la caja de la vihuela por el
+empuje de la tempestad sonora. Y así, si despertase todo eso que duerme
+en el seno de la catedral, vihuela de piedra, y rompiera a cantar todo
+ello, derrumbaríase la catedral rota por el empuje del clamor inmenso.
+Las voces, libertadas, buscarían el cielo. Derrumbaríase la catedral
+de piedra, vencida y agobiada por la violencia del propio esfuerzo, al
+ponerse a cantar, pero de entre sus escombros, que seguirían cantando,
+resurgiría una catedral de espíritu, más aérea, más luminosa y a la
+vez más sólida, una inmensa seo que elevaría al cielo columnas de
+sentimiento que se ramificaran bajo la bóveda de Dios, echando a tierra
+su peso muerto por arbotantes y contrafuertes de ideas. Y esto no
+sería comedia litúrgica. ¡Oh y quién pudiese hacer cantar a nuestras
+catedrales toda oración, toda palabra, todo pensar y todo sentir que
+en su seno han acogido! ¡quién pudiese animarles las entrañas, las
+entrañas mismas de la encantada cueva de Montesinos!
+
+Volvamos al retablo. Un retablo hay en la capital de mi patria y la
+de Don Quijote, donde se representa la libertad de Melisendra o la
+regeneración de España o la revolución desde arriba, y se mueven allí,
+en el Parlamento, las figurillas de pasta según les tira de los hilos
+Maese Pedro. Y hace falta que entre en él un loco caballero andante, y
+sin hacer caso de voces, derribe, descabece y estropee a cuantos allí
+manotean, y destruya y eche a perder la hacienda de Maese Pedro.
+
+El cual volvió a la carga y el pobre Don Quijote, como llevaba en sí al
+bueno de Alonso el Bueno, convencióse de que todo había sido cosa de
+encantamiento y ofreció pagar el destrozo. Y harto hizo con pagarlo.
+Aunque si bien se mira justo es que al que vive de mentiras, cuando
+se le han quebrado éstas, se le remedie en lo posible el daño hasta
+que aprenda a vivir de la verdad. Porque es lo que se dice: si quitáis
+a los faranduleros la farándula, de la cual tan sólo han aprendido a
+vivir ¿cómo vivirán? Y cierto es también que Dios no quiere la muerte
+del pecador, sino que se convierta y viva, y para que pueda convertirse
+ha de vivir y para que viva es menester sustentarle.
+
+¡Oh Don Quijote el Bueno! y cuán magnánimamente después de haber
+derribado, descabezado y estropeado la mentira pagaste lo que ella
+valía, dando cuatro reales y medio por el rey Marsilio de Zaragoza,
+cinco y cuartillo por Carlo Magno, y así por los otros, hasta cuarenta
+y dos reales y tres cuartillos. ¡Si no costara más hacer añicos el
+retablo parlamentario y el otro!
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XXVII
+
+ Donde se da cuenta de quiénes eran Maese Pedro y su mono, con el mal
+suceso que Don Quijote tuvo en la aventura del rebuzno, que no la acabó
+ como él quisiera y lo tenía pensado.
+
+
+Luego de eso de Maese Pedro, el cual ya sabemos qué pícaro era, fué
+cuando Don Quijote se halló entre la gente armada del pueblo de los
+rebuznadores e intentó persuadirlos a que no peleasen por tal niñería
+y corroborándole Sancho, dió en la mala ocurrencia de rebuznar, por
+donde se armó la pedrea de que a todo galope salió Don Quijote,
+encomendándose de todo corazón a Dios, que de aquel peligro le librase.
+
+Y aquí, al contar esta la primera vez que huye el denodado vencedor
+del vizcaíno, del Caballero de los Espejos y del león, el que tantas
+veces afrontó a tropas de hombres, dice el historiador: _cuando el
+valiente huye, la superchería está descubierta, y es de varones
+prudentes guardarse para mejor ocasión_. Y ¿cómo iba a hacer frente Don
+Quijote a un pueblo que tiene a gala rebuznar? La manera de expresarse
+colectivamente un pueblo es un a modo de rebuzno, aunque cada uno de
+los que lo componen use de lenguaje articulado para sus menesteres
+individuales, pues sabido es cuán a menudo ocurre que el juntarse
+hombres racionales o semi-racionales siquiera, formen un pueblo asno.
+
+Antes de dictar ordenamientos para regir al pueblo, oigamos su
+parecer--se dice--, consultémosle. Y es ello algo así como si un
+albéitar en vez de escudriñar a un asno y tantearle y pulsarle y
+registrarle para descubrir de qué padece y dónde le duele y de qué
+remedio ha menester, le consulta y espera a que rebuzne para recetarle,
+arrogándose el papel de truchimán de rebuznos. No, sino cuando no se
+logra convencer al pueblo rebuznador, huir de él como prudente y no
+temerario caballero. Y no hacer caso de los Sanchos egoístas que se
+quejan porque no los defendimos cuando tuvieron el mal acuerdo de
+rebuznar ante rebuznadores.
+
+Y volvió después de esto Sancho a lo del salario, y Don Quijote quiso
+saldar cuentas y despedirle y entonces es cuando le dijo aquellas
+durísimas palabras de _asno eres y asno has de ser y en asno has de
+parar cuando se te acabe el curso de la vida_, al oir lo cual rompió
+a llorar el pobre escudero y confesó que para ser asno del todo no le
+faltaba sino la cola. Y le perdonó el magnánimo caballero, mandándole
+procurara ensanchar el corazón. Y fué y es uno de los más señalados
+beneficios que Sancho debió y debe a Don Quijote, el de que éste le
+convenciera y le convenza de que para ser asno del todo no le falta
+sino la cola. Cola que no le brotará ni crecerá mientras siga y sirva a
+Don Quijote.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XXIX
+
+ De la famosa aventura del barco encantado.
+
+
+Y en esto llegaron a orillas del río Ebro y se encontraron allí con _un
+pequeño barco sin remos ni otras jarcias algunas_, y ¡es claro! barco
+sin remos ni otras jarcias y atado en la orilla, ¡aventura al canto!
+Donde veas algo en facha de espera, es que te espera a ti, no lo dudes.
+Y si es barco métete en él, desatrácalo y que te lleve a la buena de
+Dios.
+
+Así hizo Don Quijote y no bien se habían apartado obra de dos varas
+de la orilla, cuando Sancho, que, como buen manchego, debía de ser
+hidrófobo, rompió a llorar. Y tan hidrófobo, pues al tentarse para
+comprobar si habían pasado la línea equinoccial, en pasando la cual
+mueren los piojos, topó no ya con algo, sino con algos. Y el barco fué
+a dar a una aceña, en que se hizo trizas, no sin antes haberse ido al
+agua Don Quijote y Sancho.
+
+Y éste sí que es típico dechado de aventuras de obediencia, más aún
+que la del león. Recuerda lo que siendo General de la Compañía de
+Jesús «dijo diversas veces» Íñigo de Loyola, y es que «si el Papa le
+mandase que en el puerto de Ostia entrase en la primera barca que
+hallase y que sin mástil, ni gobernalle, sin vela, sin remos, sin las
+otras cosas necesarias para la navegación y para su mantenimiento,
+atravesase la mar, que lo haría y obedecería no sólo con paz, mas aun
+con contentamiento y alegría de su ánimo». (Riv., lib. V, cap. IV.)
+
+¿Y para qué había puesto Dios allí aquel barquichuelo, sino para que,
+obedeciéndole, embarcase en él Don Quijote a busca de una aventura
+desconocida? Nadie sabe para qué le es más propio ni cuál la hazaña[2]
+que le está reservada.
+
+Tu hazaña, tu verdadera hazaña, la que hará valer tu vida, no será
+acaso la que vayas tú a buscar, sino la que venga a buscarte, y ¡ay
+de los que van en busca de la dicha mientras está ella llamando a las
+puertas de su casa! Por algo se dijo lo de que las más grandes obras
+son obras de circunstancias.
+
+
+ NOTAS:
+
+[2] Sentí por un momento la tentación de añadir «ni la aceña» diciendo
+«ni cuál la hazaña ni la aceña que le está reservada», pero he vencido
+pronto la tentación ésa. Odio los calembures y juegos de palabras, que
+revelan el más menguado y más despreciable ingenio.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XXX
+
+ De lo que le avino a Don Quijote con una bella cazadora.
+
+
+Ahora empiezan las tristes aventuras de Don Quijote en casa de los
+Duques; ahora es cuando topó con la bella cazadora, la duquesa, que le
+llevó a su morada a regocijarse con él y burlarse de su heroísmo; ahora
+empieza la pasión del caballero en poder de sus burladores. Aquí es
+donde la historia de nuestro Ingenioso Hidalgo se hunde en despeñaderos
+de lamentable miseria; aquí es donde a su magnanimidad y discreción
+responden la bellaquería y sandez de aquellos próceres que creían, sin
+duda, nacidos los héroes para divertirlos y servirles de juguete y
+zarandillos. ¡Oh desdichado que caminas al templo de la fama y corres
+tras la inmortalidad de la gloria, mira que si los grandes de la tierra
+te agasajan y miman y regalan es para que adornes sus mansiones o
+para divertirse contigo como con un juguete! Tu presencia no es sino
+ornato de su mesa y figuras en ella como figuraría una fruta rara o el
+último ejemplar de un pajarraco que se extingue. Cuando más parecen
+reverenciarte más se burlan de ti. Mira que en el fondo no hay soberbia
+como la soberbia de aquéllos que no pueden atribuir a propio mérito,
+sino al azar del nacimiento, las preeminencias de que gozan. No seas
+juguete de los grandes. Recorre la historia y ve en lo que vinieron a
+dar los héroes que se redujeron a ser ornamento de los salones.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XXXI
+
+ Que trata de muchas y grandes cosas.
+
+
+Recibieron de solemne burla a Don Quijote en casa de los Duques,
+vistiéronle a usanza caballeresca y le llevaron a comer.
+
+Y allí fué donde se encontró, en la mesa, con aquel _grave eclesiástico
+déstos que gobiernan las casas de los príncipes; déstos que como no
+nacen príncipes no aciertan a enseñar cómo lo han de ser los que lo
+son; déstos que quieren que la grandeza de los grandes se mida con la
+estrechez de sus ánimos_ y el cual enderezó a Don Quijote, llamándole
+Don Tonto, aquella reprensión áspera y desabrida, recomendándole se
+volviese a su casa a criar a sus hijos, si los tenía, y a curar de su
+hacienda, dejando de andar vagando por el mundo y dando que reir a
+cuantos le conocían y no conocían.
+
+¡Oh, y cómo dura y persiste y no acaba en nuestra España la ralea de
+estos graves y sesudos eclesiásticos que quieren que la grandeza de los
+grandes se mida con la estrechez de sus ánimos! ¡Don Tonto! ¡Don Tonto!
+Y ¡cómo te viste tratar, mi loco sublime, por aquel grave varón, cifra
+y compendio de la verdadera tontería, humana! El grave eclesiástico no
+debía de haber leído los Evangelios ni debía de conocer aquel sermón de
+Jesús desde la montaña en que dijo: «cualquiera que dijere a su hermano
+_raca_ será culpado del concejo, y cualquiera que le dijere tonto será
+reo del infierno del fuego» (Mat., V, 22). Reo se hizo, pues, del
+infierno del fuego por haber llamado a Don Quijote tonto.
+
+Ya estás, señor mío, frente a la encarnación del sentido común. Y no
+nos quepa duda de que si Cristo Nuestro Señor hubiese en tiempo de Don
+Quijote vuelto al mundo o si hoy volviese a él, formaría aquel grave
+eclesiástico entonces o formarían hoy sus sucesores, entre los fariseos
+que le reputarían por loco o dañino agitador y le buscarían nueva
+muerte afrentosa.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XXXII
+
+De la respuesta que dió Don Quijote a su reprensor, con otros graves y
+ graciosos sucesos.
+
+
+Pero a fe que si fué desabrida la reprimenda, también fué estupenda la
+réplica de Don Quijote a ella, tal cual en este capítulo se contiene.
+No hay sino releerla. No hay sino releerla la soberana lección a los
+que _sin haber visto más mundo que el que puede contenerse en veinte
+o treinta leguas de distrito_ se meten de rondón a dar leyes a la
+caballería y a juzgar de los caballeros andantes.
+
+_Mis intenciones siempre las enderezo a buenos fines, que son de hacer
+bien a todos y mal a ninguno: si el que esto entiende, si el que esto
+obra, si el que desto trata, merece ser llamado bobo, díganlo vuestras
+grandezas_--exclamó Don Quijote. Pero es que se las había con uno
+de esos hombres de voluntad mezquina y de corazón estrecho que han
+inventado lo de que hay ideas buenas e ideas malas, y se empeñan en
+ser definidores de la verdad y del error, y en que se siguen al mundo
+grandes males de que los hombres crean las visiones de la cueva de
+Montesinos y no otras visiones no menos visionarias que ellas. Los
+tales, locos, o mejor menguados de corazón, no de cabeza, no hacen
+sino perseguir a los que tienen por locos de la cabeza, y entercarse
+en hacernos creer que traen perdido el mundo los caballeros andantes
+que enderezan sus intenciones a buenos fines, crean lo que creyeren, y
+no los graves eclesiásticos que miden la grandeza de los grandes con
+la estrechez de sus ánimos. Como sus seseras resecas y amojamadas son
+incapaces de parir imaginación alguna, atiénense como a inconmovible
+norma de conducta a las empedernidas y encostradas imágenes que en
+depósito recibieron, y como no saben abrirse sendero a campo traviesa
+y por la espesura de la selva, fija en la estrella norte la mirada,
+obstínanse en que vayamos los demás en su desvencijado carro por las
+roderas del camino de servidumbre pública. Esas gentes no hacen sino
+censurar a los que de veras hacen algo. Cuando alguien tiene cuita,
+acude a los caballeros andantes y no a ellos, ni _al perezoso cortesano
+que antes busca nuevas para referirlas y contarlas, que procura hacer
+obras y hazañas para que otros las cuenten y las escriban_ como dirá
+más adelante el mismo Don Quijote cuando se le presente Trifaldín, el
+heraldo de la Dueña Dolorida.
+
+Dijo muy bien Don Quijote: _Si me tuvieran por tonto los caballeros,
+los magníficos, los generosos, los altamente nacidos, tuviéralo por
+afrenta irreparable; pero de que me tengan por sandio los estudiantes
+que nunca entraron ni pisaron las sendas de la caballería, no se me
+da un ardite_. Razones dignas del Cid quien según el sabido romance,
+cuando aquel monje Bernardo se atrevió a hablarle en lugar del rey
+Alfonso, platicando en el claustro de San Pedro de Cardeña,
+
+ ¿Quién vos mete, dijo el Cid, en el consejo de guerra
+ fraile honrado, a vos agora, la vuesa cogulla puesta?
+ Subid vos a la tribuna, y rogad a Dios que venzan,
+ que non venciera Josué si Moisén non lo ficiera.
+ Llevad vos la capa al coro, yo el pendón a la frontera
+
+ ...........................................................
+
+ que más de aceite que sangre, manchado el hábito muestra.
+
+reprimenda que hizo exclamar al Rey lo de:
+
+ Cosas tenedes, el Cid, que farán fablar las piedras,
+ pues por cualquier niñería facéis campaña la iglesia.
+
+Y cuando los graves eclesiásticos no pueden con los caballeros
+andantes, vuélvense a sus escuderos. Pero también Sancho sabe
+responder: _soy quien júntate a los buenos, y serás uno de ellos... yo
+me he arrimado a buen señor, y ha muchos meses que ando en su compañía
+y he de ser otro como él, Dios queriendo_. Y lo querrá Dios, Sancho
+bueno, Sancho discreto, Sancho cristiano, Sancho sincero, lo querrá
+Dios. ¡Tú lo dijiste: júntate a los buenos! Porque tu amo fué y es y
+será bueno, ante todo y sobre todo bueno, y en pura fuerza de bondad
+loco, y su locura le ha merecido gloria en el mundo mientras éste dure
+y gloria también en la eternidad. ¡Oh, Don Quijote, mi San Quijote! Sí,
+los cuerdos canonizamos tus locuras, y que los graves eclesiásticos de
+ánimo estrecho se excusen de reprender lo que no pueden remediar. _Y
+sin decir más ni comer más se fué_, dice el historiador refiriéndose al
+grave eclesiástico. ¡Se fué!... ¡Se fué!... Oh y si pudiésemos decir
+siempre lo mismo...
+
+Recordemos aquí, lector, que esta reprimenda del grave eclesiástico
+a Don Quijote no deja de tener parentesco con la reprimenda que el
+Vicario del convento de dominicos de San Esteban de Salamanca, de
+esta Salamanca en que escribo y en que se graduó de bachiller Sansón
+Carrasco, enderezó a Íñigo de Loyola según nos cuenta su historiador
+en el capítulo XV del libro I de su VIDA. Cuando le invitaron a que
+fuese a aquella casa, pues los frailes tenían gran deseo de oirle y
+hablarle, y fué, y después de haber comido los llevaron a una capilla
+y preguntó el Vicario a Ignacio en qué estudios se había criado y qué
+género de letras había profesado, y dijo luego: «Vosotros sois unos
+simples idiotas, y hombres sin letras, como vos mismo confesáis; pues
+¿cómo podéis hablar seguramente de las virtudes y de los vicios»? Y
+luego encerraron a Ignacio y sus compañeros y de allí los llevaron a la
+cárcel. Loyola, por su parte, «en más de treinta años, nunca llamó a
+nadie bobo, ni dijo otra palabra de que se pudiese agraviar» según su
+biógrafo en el capítulo VI del libro V de su VIDA.
+
+¿Cómo, sin licencia ni título, ni grados conferidos por tribunal
+ordinario, cómo se atrevía así Ignacio a hablar de la virtud y del
+vicio? Y a Don Quijote ¿quién le dió licencia para meterse a caballero
+andante o con qué derecho se entremetía a enderezar tuertos y corregir
+abusos, aunque no lo hicieren los graves eclesiásticos que para hacerlo
+cobraban su salario? Ni el Vicario del monasterio de San Esteban de
+Salamanca, ni el grave eclesiástico que gobernaba la casa de los
+Duques sufrían que se saliese nadie del oficio que la sociedad les
+tuviera asignado. ¿Qué orden puede haber, en efecto si no se atiene y
+atempera cada uno a lo que se le pide y no más que a ello? Cierto que
+no cabría así progreso, pero el progreso es fuente y raíz de muchos
+males. Bien se dijo lo de ¡zapatero, a tus zapatos! Ignacio habría
+hecho mejor en seguir la carrera a que sus padres le dedicaron, o por
+lo menos no meterse a predicar hasta haberse graduado de teólogo, y
+Don Quijote debía haberse casado con Aldonza Lorenzo para criar a
+sus hijos y cuidar de su hacienda. Ambos graves eclesiásticos, el de
+casa de los Duques y el del convento de San Esteban de Salamanca,
+fueron predecesores de aquel que escribió en el Catecismo: «eso no me
+lo preguntéis a mí, que soy ignorante; doctores tiene la Santa Madre
+Iglesia que os sabrán responder».
+
+«Buenos estamos--como dijo el Vicario de San Esteban de Salamanca--:
+tenemos el mundo lleno de errores, y brotan cada día nuevas herejías
+y doctrinas ponzoñosas; y vos no queréis declararnos lo que andáis
+enseñando...» Medrados estamos, en efecto, si ha de salir por ahí cada
+uno a su antojo, éste enderezando entuertos y aquél predicando, el uno
+alanceando molinos y el otro fundando Compañías! ¡Al carril, al carril
+todos! ¡Sólo en el carril hay orden! Y lo estupendo es que sea ésta hoy
+la doctrina de los que se dicen hijos del reprendido en el convento de
+San Esteban y herederos de su espíritu.
+
+Acabada la comida en casa de los Duques siguió la burla, no tan amarga
+ni burlesca como la gravedad del grave eclesiástico, y fué lo triste
+que fueron ya las doncellas las que, sin contar con sus amos los
+Duques, se propasaron a añadir burlas de su propia cuenta a las burlas
+tramadas por aquéllos. _Ni él ni yo sabemos de achaque de burlas_--dijo
+Don Quijote refiriéndose a Sancho. Y era verdad, pues jamás se vió
+loco más serio que Don Quijote. Y cuando la locura se acompaña de la
+seriedad, reálzase y se eleva mil codos sobre la cordura retozona y
+burladora.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XXXIII
+
+De la sabrosa plática que la Duquesa y sus doncellas pasaron con Sancho
+ Panza, digna de que se lea y de que se note.
+
+
+Entre burlas y regocijo confesó Sancho a la Duquesa que tenía a Don
+Quijote por loco rematado y él, pues con todo y con eso le seguía y
+servía e iba atenido a las vanas promesas suyas, sin duda alguna debía
+de ser más loco y tonto que su amo.
+
+Pero ven acá, pobre Sancho, ven y dinos ¿lo crees de veras así? Y aun
+creyéndolo ¿no sientes que es mejor para tu fama y tu salud eterna
+seguir al loco generoso que no a un cuerdo mezquino? ¿No dijiste hace
+poco al grave eclesiástico, cuerdo hasta reventar de cordura, que hay
+que juntarse a los buenos, por locos que ellos sean, y que habías de
+ser otro como él, como tu amo. Dios queriendo? ¡Ah, Sancho, Sancho, y
+cómo bamboleas en tu fe y perinoleas y te revuelves como veleta a todos
+vientos y al son que te tocan bailas! Pero sabemos bien que crees creer
+una cosa y crees otra, y que mientras te figuras sentir de un modo
+estás, en tu interior, sintiendo de otro modo muy diverso. Bien dijiste
+lo de: _ésta fué mi suerte y mi malandanza; no puedo más, seguirle
+tengo; somos de un mismo lugar; he comido su pan; quiérole bien; es
+agradecido; dióme sus pollinos, y sobre todo, yo soy fiel_... Sí, y tu
+fidelidad te salvará, Sancho bueno, Sancho cristiano. Estabas y estás
+quijotizado, y en prueba de ello pronto te hizo dudar la Duquesa de que
+hubieras inventado lo del encanto de Dulcinea y acabaste por confesar
+que de tu ruin ingenio no se puede ni se debe presumir que fabricases
+en un instante tan agudo embuste. Sí, Sancho, sí; cuando creemos ser
+burladores solemos muchas veces ser los burlados, y cuando se nos
+figura hacer algo en chanzas es que el Supremo Poder que de nosotros
+se sirve para sus ocultos e inescudriñables fines nos lo hace hacer en
+veras. Cuando creemos ir por un camino nos están llevando por otro, y
+así no hay sino dejarse guiar de las buenas intenciones del corazón y
+que Dios las haga fructificar, pues si nosotros sembramos la semilla,
+arando antes la tierra que la recibe, es el cielo el que la riega y
+airea y da lumbre.
+
+Debo aquí, antes de pasar adelante, protestar contra la malicia del
+historiador, que al fin de este capítulo XXXIII que vengo explicando y
+comentando, dice que las burlas que hicieron los Duques al Caballero
+fueron _tan propias y discretas, que son las mejores aventuras que en
+esta grande historia se contienen_. ¡No, no, y mil veces no! Las tales
+burlas no fueron ni propias ni menos discretas, sino torpísimas, y
+si ellas sirvieron para poner a mayor luz el insondable espíritu de
+nuestro hidalgo y alumbrar el abismo de la bondad de su locura, débese
+tan sólo a que la grandeza de Don Quijote y su heroísmo eran tales, que
+convertían en veras sublimes las más bajas y torpes burlas.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XXXIV
+
+Que da cuenta de la noticia que tuvo de cómo se había de desencantar la
+ sin par Dulcinea del Toboso, que es una de las aventuras más famosas
+ deste libro.
+
+
+Entre esas burlas que el historiador estima propias y discretas, no lo
+siendo ni de lejos, estuvo la del modo cómo se había de desencantar a
+Dulcinea, dándose Sancho tres mil trescientos azotes
+
+ _en ambas sus valientes posaderas
+ al aire descubiertas, de tal modo
+ que le escuezan, le amarguen y le enfaden_.
+
+Y los azotes había de dárselos de propia voluntad, sin que valiesen los
+que por fuerza quería propinarle Don Quijote. Negóse Sancho a dárselos,
+porfiaron negándole el gobierno de la ínsula si no prometía vapularse,
+y al fin, vencido de razones y de codicia, lo prometió. Y _Don Quijote
+se colgó del cuello de Sancho dándole mil besos en la frente y en las
+mejillas_, recompensa más que colmada a su final resignación.
+
+Y ¿por qué no te has de azotar por amor de Dulcinea, Sancho amigo, si
+es a ella a quien debes la perpetuidad de tu fama? Vale más que te
+azotes por Dulcinea que no por lo que sueles azotarte de ordinario;
+vale más Dulcinea que no gobierno de ínsula alguna. Si al azotarte,
+si al trabajar pusieses siempre tu mira en Dulcinea, sería siempre
+santo tu trabajo. Cuando trabajes de zapatero pon tu hito en hacerlo
+mejor que ningún otro, y aspira a la gloria de que tus parroquianos no
+padezcan callos en los pies.
+
+Hay una forma la más elevada de trabajo, cual es la de convertirlo en
+oración, y aserrar madera, colocar mampuesto, coser zapatos, cortar
+calzones o componer relojes a la mayor honra y gloria de Dios, pero
+hay otra forma, por menos encumbrada más humana y más conseguidera, y
+es hacerlo por Dulcinea, por la gloria. ¡Cuántos pobres Sanchos que se
+desesperan y reniegan bajo el yugo del trabajo se sentirían alijarados
+de él y henchidos de alegría en su labor, si al trabajar, es decir, al
+azotarse pusieran su mira en desencantar a Dulcinea, en cobrar nombre
+y fama con su trabajo! Esfuérzate, Sancho, por ser en tu pueblo el
+primero de tu oficio y toda la pesadumbre y graveza de tu trabajo se
+disipará ante tan honrado propósito. El pundonor dignifica al artesano.
+
+Cuenta el GÉNESIS no que Dios condenara al hombre al trabajo, pues dice
+que le puso en el paraíso para que lo cuidara y trabajase (II, 15),
+sino que le condenó, luego de haber Adán pecado, a la penosidad del
+trabajo, a que le fuese éste penoso y molesto, a que con dolor comiera
+de la tierra que no le produciría sino espinas y cardos, a comer su
+pan amasado con sudor (III, 17-19). Y el amor a la gloria, el ansia
+de desencantar a Dulcinea, convierte en rosas los cardos y en suaves
+pétalos las pinchosas espinas. Y ¿cómo quieres, Sancho, que fuese a
+vivir Adán en el paraíso sin trabajarlo? ¿Qué paraíso podía ser ese en
+que no se trabajaba? No, no puede haber verdadero paraíso alguno sin
+algún trabajo en él.
+
+Ya sé que hay Sanchos que cantan esta copla:
+
+ Cada vez que considero
+ que me tengo de morir,
+ tiendo la capa en el suelo
+ y no me harto de dormir.
+
+Ya sé que hay Sanchos que se representan la gloria eterna como un
+eterno nada hacer, como un campo celeste en que tendidos a la bartola
+se está viendo lucir el sol increado, pero para ellos la suprema
+recompensa debe ser la nada, el sueño inacabable sin ensueños ni
+despertar. Nacieron cansados y con la pesadumbre de los trabajos y
+penas de sus abuelos y tatarabuelos a cuestas; ¡descansen sobre sus
+nietos y tataranietos durmiendo en las honduras de éstos! Y esperen así
+que Dios los despierte al trabajo divino.
+
+Ten por seguro, Sancho, que si al fin y a la postre se nos da, como
+te tienen prometido, una visión beatífica de Dios, esa visión habrá
+de ser un trabajo, una continua y nunca acabadera conquista de la
+Verdad Suprema e Infinita, un hundirse y chapuzarse cada vez más en
+los abismos sin fondo de la Vida Eterna. Unos irán en ese glorioso
+hundimiento más de prisa que otros y ganando más hondura y más gozo que
+ellos, pero todos irán hundiéndose sin fin ni acabamiento. Si todos
+vamos al infinito, si todos vamos _infinitándonos_, nuestra diferencia
+estribará en marchar unos más de prisa y otros más despacio, en crecer
+éstos en mayor medida que aquéllos, pero todos avanzando y creciendo
+siempre y acercándonos todos al término inasequible, al que ninguno ha
+de llegar jamás. Y es el consuelo y la dicha de cada uno el saber que
+llegará alguna vez a donde llegó otro cualquiera, y ninguno a parada de
+última queda. Y es mejor no llegar a ella, a quietud, pues si el que ve
+a Dios, según las Escrituras, se muere, el que alcanza por entero a la
+Verdad Suprema queda absorbido en ella y deja de ser.
+
+Trabajo, Señor, da a Sancho, y danos a todos los pobres mortales
+trabajo siempre, procúranos azotes, y que siempre nos cueste esfuerzo
+conquistarte y que jamás descanse en Ti nuestro espíritu, no sea que
+nos anegues y derritas en Tu Seno. Danos Tu paraíso, Señor, pero para
+que lo guardemos y trabajemos, no para dormir en él; dánoslo para que
+empleemos la eternidad en conquistar palmo a palmo y eternamente los
+insondables abismos de Tu infinito seno.
+
+
+
+
+ CAPÍTULOS XL, XLI, XLII Y XLIII
+
+ De la venida de Clavileño y de otras cosas.
+
+
+Viene luego en nuestra historia el relato de la Dueña Dolorida, que
+al historiador le parece de perlas, según lo declara al principio del
+capítulo XL, y a mí me parece de lo más burdo y más torpemente tramado
+que puede darse. Todo el valor de esta grosera burla consiste en
+preparar la del caballo Clavileño, en el cual habrían de ir Don Quijote
+y su escudero por los aires al reino de Gandaya, vendados los ojos
+antes ambos.
+
+Resistióse Sancho a subirse en Clavileño, pues no era brujo _para
+gustar de andar por los aires_, ni era cosa que sus insulanos dijeran
+que su gobernador se andaba _paseando por los vientos_, mas el Duque
+le dijo: _Sancho amigo, la ínsula que yo os he prometido no es movible
+ni fugitiva... y pues vos sabéis que sé yo que no hay ningún género
+de oficio destos de mayor cuantía que no se grangee con alguna suerte
+de coecho, cual más, cual menos, el que yo quiero llevar por este
+gobierno es que vais con vuestro señor Don Quijote a dar cima y cabo
+a esta memorable aventura_, con otras razones que añadió. A lo cual
+_no más señor--dijo Sancho--, yo soy un pobre escudero, y no puedo
+llevar a cuestas tantas cortesías; suba mi amo, tápenme estos ojos y
+encomiéndenme a Dios, y avísenme si cuando vamos por esas altanerías
+podré encomendarme a nuestro Señor o invocar los ángeles que me
+favorezcan_. Entonces declaró Don Quijote que desde la memorable
+aventura de los batanes, nunca había visto a Sancho con tanto temor. A
+pesar de lo cual montó el escudero en Clavileño, detrás de su amo, y
+pidió, con lágrimas en los ojos, que rezasen por él. Y luego, cuando
+iban por los aires imaginarios, se ceñía y apretaba a su amo, lleno de
+miedo cerval.
+
+El resto de la aventura es cosa tristísima si la hemos de juzgar a lo
+mundano, pero ¡cuántos se remontan en Clavileño sin moverse del lugar
+en que montaron y atraviesan así la región del aire y la del fuego!
+Es tan triste la aventura, que quiero llegar a cuando al acabarla y
+después de haberse visto Don Quijote y Sancho sin más daño que un
+revolcón y chamuscamiento, libre ya el escudero de su miedo, dió en
+inventar mentiras, y al oirlas Don Quijote se acercó a Sancho y le dijo
+estas preñadas palabras: _Sancho, pues vos queréis que se os crea lo
+que habéis visto en el cielo, yo quiero que vos me creáis a mí lo que
+vi en la cueva de Montesinos, y no digo más_.
+
+Vele aquí la fórmula más comprensiva y a la vez más vasta de la
+tolerancia: si quieres que te crea, créeme tú. Sobre el crédito mutuo
+se cimenta la sociedad de los hombres. La visión del prójimo es para
+él tan verdadera como para ti lo es tu propia visión. Siempre, sin
+embargo, que sea verdadera visión y no embuste y patraña.
+
+Y en esto estriba la diferencia entre Don Quijote y Sancho, y es
+que Don Quijote vió de veras lo que dijo había visto en la cueva de
+Montesinos--a pesar de las maliciosas insinuaciones de Cervantes en
+contrario--y Sancho no vió lo que dijo haber visto en las esferas
+celestiales yendo en lomos de Clavileño, sino que lo inventó mintiendo,
+por imitar a su amo o desahogar su miedo. No nos es dado a todos gozar
+de visiones y menos aún el creer en ellas y creyéndolas hacerlas
+verdaderas.
+
+Poneos en guardia contra los Sanchos que apareciendo defensores y
+sustentadores de la ilusión y de las visiones, en realidad no defienden
+sino la mentira y la farándula. Cuando os digan de un embustero que
+acaba por creer los embustes que urde, contestad redondamente que no.
+El arte no puede ni debe ser alcahuete de la mentira; el arte es la
+suprema verdad, la que se crea en fuerza de fe. Ningún embustero puede
+ser poeta. La poesía es eterna y fecunda como la visión: la mentira es
+estéril como una mula y dura menos que la nieve marzera.
+
+Y admiremos la suprema generosidad de Don Quijote que estando seguro
+de que él vió lo que dijo haber visto en la cueva de Montesinos y más
+seguro aún, si cabe, de que Sancho no vió lo que decía haber visto
+en las celestes esferas se limitó a decirle: _si vos queréis que os
+crea... yo quiero que vos me creáis_. ¡Cristianísima manera de salir
+al paso y cerrárselo a los embusteros que juzgando a los demás por sus
+propias mañas, toman por embustes las visiones quijotescas! Y hay, no
+obstante, una vara infalible para deslindar de la mentira la visión.
+
+Don Quijote se hundió y empozó en la cueva de Montesinos lleno de
+coraje y denuedo, sin hacer caso de Sancho que quería disuadirle de
+ello, a cuyas amonestaciones contestó lo de _¡ata y calla!_, y haciendo
+oídos sordos al guía, bajó lleno de valor, y Sancho montó en Clavileño
+aterido de miedo y con lágrimas en los ojos y no muy de su voluntad. Y
+así como el valor es el padre de las visiones, así la cobardía es la
+madre de los embustes. El que acomete una empresa henchido de bravura
+y fiado en el triunfo o sin importársele de la derrota, llega a ver
+visiones, pero no trama mentiras, y el que teme un desenlace adverso,
+el que no sabe afrontar serenamente el fracaso, el que empeña en su
+intento esa mezquina pasión del amor propio que se arredra ante el no
+salirse con la suya, éste trama mentiras para precaverse de la derrota
+y no sabe ver visiones.
+
+Así en esta nuestra patria y patria de Don Quijote y Sancho como es la
+cobardía moral lo que tiene presas a las almas, y los hombres reculan
+ante un probable fracaso y tiemblan de haber de caer en ridículo,
+verbenean que es una lástima las mentiras, y escasean que da pena las
+visiones. Los embusteros ahogan a los visionarios. Y no sabremos ver
+visiones reconfortantes y encorazonadoras y gozar de ellas, mientras no
+aprendamos a afrontar el ridículo, y a arrostrar el que los tontos y
+los menguados de corazón nos tomen por locos o caprichudos o soberbios
+y a saber que el quedarse solo no es quedar derrotado como dicen los
+mentecatos, y a no andarnos siempre calculando de antemano el llamado
+triunfo. Don Quijote no pensó al meterse en la cueva en cómo saldría
+de ella ni en si saldría siquiera, y por eso vió allí dentro visiones.
+Y Sancho, como mientras iba a su pesar y con los ojos vendados, sobre
+Clavileño, no pensaba sino en cómo habría de salir de aquella aventura
+en que por quiebras de su oficio escuderil se veía metido, así que se
+vió sano y libre rompió a ensartar embustes.
+
+Y esta otra diferencia hay al respecto entre Don Quijote y Sancho,
+y es que Don Quijote se metió en la cueva por sí y ante sí, sin que
+nadie le forzase a ello ni le mandase hacerlo, pudiendo muy bien
+haberse ahorrado tal proeza para cuyo cumplimiento hubo de desviarse
+de su camino, y Sancho montó en Clavileño porque el Duque se lo impuso
+como condición para darle el gobierno de la ínsula. Don Quijote se
+despeñó, empozó y hundió en la cueva sólo por que conociera el mundo
+que si Dulcinea le favorecía no habría imposible que él no acometiera y
+acabase, y Sancho montó en Clavileño por amor al gobierno de la ínsula.
+Y de lo encumbrado y desinteresado del propósito del caballero nació
+su valor y de su valor las visiones de que gozó, y de lo interesado
+y pobre del propósito del escudero nació su miedo y de su miedo los
+embustes que urdió. Ni Don Quijote buscaba gobierno alguno sino sólo
+mostrar la fortaleza con que le animaba Dulcinea y hacer que los
+hombres declararan así la grandeza de ésta, ni Sancho buscaba gloria
+alguna sino sólo el gobierno de la ínsula. Y por esto Don Quijote vió
+visiones valerosamente, y Sancho fraguó embustes cobardemente.
+
+El interés, sea del género que fuese y aunque se disfrace de amor a la
+gloria, la rebusca de fortuna, de posición, de honores, de distinciones
+mundanas, de aplausos del momento, de cargos o preminencias de aparato,
+de lo que nos dan los otros a cambio de servicios reales o ilusorios
+o a trueque de promesas y halagos, todo esto engendra cobardía moral,
+y la cobardía moral pare mentiras conejilmente, y el desinterés de
+no buscar sino a Dulcinea y saber esperar a que los hombres nos
+reconocerán al cabo fieles servidores y favoritos de ella, infunde
+valor y el valor nos regala visiones. Armémonos, pues, de visiones
+quijotescas y desbaratemos con ellas los embustes sanchopancescos.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XLIV
+
+Cómo Sancho Panza fué llevado al gobierno y de la soledad y pobreza de
+ Don Quijote.
+
+
+Partióse luego de esto Sancho para el gobierno de su ínsula, después
+de recibidos los consejos de su amo, _y apenas se hubo partido Sancho,
+cuando Don Quijote sintió su soledad_; tristísimo rasgo que nos ha
+conservado la historia. Y ¿cómo no había de sentir su soledad, si
+Sancho era el linaje humano para él y en cabeza de Sancho amaba a los
+hombres todos? ¿cómo no si había Sancho sido su confidente y el único
+que le oyó aquello de los doce años en que había querido en silencio a
+Aldonza Lorenzo más que a la lumbre de sus ojos, que la tierra comería
+un día? ¿no estaba entre ellos dos solos el secreto misterioso de su
+vida?
+
+Sin Sancho Don Quijote no es Don Quijote, y necesita el amo más del
+escudero que el escudero del amo. ¡Cosa triste la soledad del héroe!
+Porque los vulgares, los rutineros, los Sanchos, pueden vivir sin
+caballeros andantes, pero el caballero andante ¿cómo vivirá sin pueblo?
+Y es lo triste que necesita de él, y ha de vivir sin embargo solo. ¡Oh
+soledad, oh triste soledad!
+
+Encerróse Don Quijote a solas, sin consentir le sirvieran doncellas,
+y _a la luz de dos velas de cera, se desnudó, y al descalzarse ¡oh
+desgracia indigna de tal persona! se le soltaron, no suspiros ni otra
+cosa que desacreditase la limpieza de su policía, sino hasta dos
+docenas de puntos de una media que quedó hecha zelosía. Afligióse
+en extremo el buen señor_--añade la historia--_y diera él por tener
+allí un adarme de seda verde una onza de plata_. Y a seguida diserta
+el historiador sobre la pobreza, y entre otras cosas dice: _¿por qué
+quieres estrellarte con los hidalgos y bien nacidos más que con la otra
+gente?_
+
+Agradezcamos al puntualísimo historiador de Don Quijote el que nos haya
+conservado este suceso íntimo del habérsele suelto al caballero las
+dos docenas de puntos de la media y de su aflicción por ello. Es algo
+de una profundísima melancolía. Quédase el héroe a solas y encerrado
+en su aposento, lejos de los hombres, y cuando éstos le creen acaso
+con la mente ocupada en sus futuras empresas o encendiéndose en nuevos
+anhelos de perdurable gloria, está el _buen señor_--¡y qué bien cae lo
+de llamarle _buen señor_ en este caso!--afligido por el soltamiento de
+los puntos de la media.
+
+¡Oh pobreza, pobreza!--digo yo también--y ¡cómo ocupas las soledades
+de los caballeros andantes y de los hombres todos! Por no confesarse
+pobre se deslustra el héroe, y sus desmayos y aflicciones y tristezas
+es porque se le deshicieron las medias y no tiene con qué sustituirlas.
+Le veis triste, le veis abatido, juzgáis que el desaliento le gana o
+que el caballeresco ánimo se le mengua, y no es sino que piensa en lo
+mucho que rompen botas sus hijitos. ¡Oh pobreza, pobreza, y cuándo
+te llevaremos de bracete con la vista alta y el corazón sereno! El
+más terrible enemigo del heroísmo es la vergüenza de aparecer pobre.
+Pobre era Don Quijote y al verse con las medias sueltas de puntos, se
+afligía. Arremetió a molinos, embistió a yangüeses, venció al vizcaíno
+y a Carrasco, esperó a pie firme y sin temblar al león, para venir a
+afligirse luego de tener que presentarse ante los Duques con la media
+deshecha, mostrando su pobreza. ¡Tener que hacer un papel en el mundo
+siendo pobre!
+
+¿Y si los pobres mundanos supiéramos el descanso que da el hacer voto
+de pobreza y no avergonzarse de ella? Íñigo de Loyola, a imitación
+de otros fundadores, instituyó voto de pobreza en la Compañía por él
+fundada, y de cuán bien les va a sus hijos con ella nos certifica el P.
+Alonso Rodríguez en el capítulo III del Tratado III de la Tercera parte
+de su EJERCICIO DE PERFECCIÓN. En que nos dice que si deja uno criados
+en el mundo, halla en la Compañía muchos que le sirvan, y que «si vais
+a Castilla, a Portugal, a Francia, a Italia, a Alemania, a las Indias
+y a cualquier parte del mundo, hallaréis que nos tienen ya puesta allá
+casa con otros tantos oficiales de asiento», por manera que dejando
+las riquezas del mundo «más señor sois vos de las cosas y riquezas
+del mundo que los mismos ricos; que no son ellos los señores de sus
+haciendas y riquezas sino vos», y así, en efecto, entienden muchos
+de los jesuitas. Y agrega con mucho tino el buen Padre que mientras
+el rico está dando vuelcos de noche porque su hacienda y riquezas le
+quitan el sueño, el religioso «¡cuán sin cuidado y sin tener cuenta si
+vale caro o barato, o si es buen año o malo, lo tiene todo!».
+
+También el pobre Don Quijote hizo algo así como voto de pobreza al
+principio de su carrera y salió de su casa sin blanca y se negaba
+a pagar, creyéndose libre de ello por fuero de caballería, mas el
+ventero que le armó caballero le persuadió a que llevase dineros y
+camisas limpias y le obedeció _vendiendo una cosa y empeñando otra y
+malbaratándolas todas_. Y por haber así quebrantado su voto de pobreza,
+la pobreza le persigue y le acuita, y se acongoja al soltársele los
+puntos de las medias.
+
+¡Oh pobreza, pobreza!, antes que confesarte preferimos pasar por
+bellacos, por duros de corazón, por falsos, por malos amigos y hasta
+por viles. Inventamos miserables embustes para rehusar lo que no
+podemos dar por carecer nosotros de ello. La pobreza no es la escasez
+de recursos pecuniarios para la vida, sino el estado de ánimo que tal
+escasez engendra; la pobreza es algo íntimo, y de aquí su fuerza.
+
+ ¡Oh necesidad infame, a cuántos honrados fuerzas
+ A que por salir de ti, hagan mil cosas mal hechas!
+
+como dice el tan sabido romance refiriéndose al engaño con que el Cid
+sacó dinero a los judíos, dándoles un arca llena de arena.
+
+Mira a ése; no sale de casa sino a favor de las espesas sombras de la
+noche, porque entonces no se ve cómo su traje relumbra de puro roce;
+tiene vergüenza de aparecer pobre más aún que de serlo. Mira ese otro;
+es un Catón, un hombre rígido e incorruptible; repite cada día que hay
+que predicar con el ejemplo y la pureza de la vida, mas en cuanto se
+mete a murmurar, no inquiere sino cuánto gana éste o cuánto tiene aquél
+y no hace sino pensar en lo cara que es la vida.
+
+¡Oh pobreza, pobreza!, tú has hecho el hediondo orgullo de nuestra
+España. ¿No conocéis acaso el orgullo de la pobreza y de la más baja y
+declarada, de la pobreza del mendigo? Es cosa maravillosa que sea la
+pobreza, lo que más nos afrenta y aflige, una de las cosas que nos dé
+más orgullo. Aunque no sea sino orgullo fingido y un modo de encubrir
+aquélla; es una vergüenza disfrazada de orgullo para defenderse,
+como el miedo de esos inofensivos animalitos que lo disfrazan de
+terribilidad y se ponen amedrentadores, hinchándoseles la gola cuando
+más muertos de miedo se sienten. Sucede con esto como con aquello de
+que muchos se ensoberbezcan de su humildad.
+
+Es menester que os fijéis en la gravedad y aun altanería con que
+pordiosean muchos pordioseros. Os contaré un caso al propósito y es
+el de un mendigo que acostumbraba a pedir a un señor los sábados, y
+una vez le pidió no siendo sábado y aquél le dió una perra chica,
+mas percatándose luego de habérsela dado en día no sábado, le
+llamó al mendigo la atención sobre ello, rogándole no se saliese
+de la costumbre. Y al oir esto el mendigo, le alargó la limosna,
+devolviéndosela, y le dijo: «¿Ah, pero ahora salimos con ésas? Tome,
+tome su perra chica y busque otro pobre». Que es como si dijera:
+¿Conque vengo a hacerle la merced de ponerle en ocasión de que ejercite
+la virtud de la caridad y gane así méritos para el cielo, y me viene
+con condiciones y reparos? Tome, tome su limosna, y busque quien le
+favorezca en tomársela.
+
+Y ¡oh pobreza la más triste y miserable de todas, la de tener que
+presentarse con las medias enterizas, la de tener que conservar el
+traje del papel que en la comedia del mundo representamos! Triste caso
+es el del pobre cómico que no puede mudarse de camisa y tiene que
+guardar y limpiar y conservar enteros los disfraces con que se gana su
+vida en el tablado; triste caso es no tener en las crudas noches del
+invierno una pobre capa con que guardarse del frío y tener que guardar
+el vistoso manto con que se hace el papel de rey en la comedia. Y más
+triste aún que no pueda uno en esas noches abrigarse con el manto
+teatral.
+
+Don Quijote se afligía y avergonzaba de tener que aparecer pobre. Era,
+al fin, hijo de Adán. Y Adán mismo, nos cuenta el GÉNESIS (cap. III,
+versículos 7 a 10) que después que hubo pecado conoció estar desnudo,
+es decir, que era pobre, y al llamarle Dios se escondió, y es que tenía
+miedo por verse desnudo. Y el miedo a la desnudez, a la pobreza, ha
+sido siempre y sigue siendo el primer resorte de acción de los pobres
+mortales. Terribles fueron aquellos tenebrosos tiempos medievales,
+hacia el milenio, cuando empujaba a los espíritus más que el ansia de
+la gloria celestial, el temor al infierno, pero ¿no veis que en nuestra
+sociedad es más el horror a la pobreza que no la sed de riquezas lo
+que lanza a los más de los hombres a sus más locas empresas? Es más
+avariciosidad que ambición lo que nos mueve, y si examinamos a los que
+pasan por más ambiciosos, encontraremos un avaro dentro de ellos. Toda
+garantía nos parece poca para preservarnos y preservar a los nuestros
+de la tan aborrecida y tan temida pobreza, y amontonamos riquezas para
+taparle todo agujero por donde se nos meta en casa. El delito hoy,
+el verdadero delito, es ser pobre; aquellas de nuestras sociedades
+que se dicen más adelantadas y cultas, distínguense por su odio a la
+pobreza y a los pobres; nada hay más triste que el ejercicio de la
+beneficencia. Diríase que se quiere suprimir los pobres, no la pobreza,
+exterminarlos, como si se tratase de exterminar una plaga de animales
+dañinos. Se trata de acabar con la pobreza no por amor al pobre, sino
+para que su presencia no nos recuerde el terrible término.
+
+Y ¿qué de extraño tiene que se buscase el cielo no más que por huir de
+la indigencia? El ansia de renombre y fama, la sed de gloria que movía
+a nuestro Don Quijote ¿no era acaso en el fondo el miedo a oscurecerse,
+a desaparecer, a dejar de ser? La vanagloria es, en el fondo, el terror
+a la nada, mil veces más terrible que el infierno mismo. Porque al fin
+en un infierno se es, se vive, y nunca, diga lo que dijere el Dante,
+puede mientras se es, perderse la esperanza, esencia misma del ser.
+Porque la esperanza es la flor del esfuerzo del pasado por hacerse
+porvenir y ese esfuerzo constituye el ser mismo.
+
+Y ven ahora acá, mi Don Quijote, y llama a tu Alonso el Bueno, y dime:
+esa tu vergüenza de ser pobre ¿no entró, en parte al menos, en la
+grandiosa vergüenza que te impidió declararte a Aldonza Lorenzo? Tú
+conocías lo de «contigo pan y cebolla» y algo más que pan y cebolla
+podías ofrecerla, como era _una olla de algo más vaca que ternera,
+salpicón las más noches, lantejas los viernes... y algún palomino
+de añadidura los domingos_, pero ¿era eso bastante para ella? Y aun
+siéndolo ¿lo sería para los frutos que de vuestro amor pudiesen
+nacer?... Pero dejo esto, pues sé bien cuán profundamente te conmueves
+y ruborizas si se te habla de ello.
+
+No nos extrañe, pues, que Don Quijote se recostase _pensativo y
+pesaroso, así de la falta que Sancho le hacía, como de la irreparable
+desgracia de sus medias, a quien tomara los puntos aunque fuera con
+seda de otro color, que es una de las mayores señales de miseria que
+un hidalgo puede dar en el discurso de su prolija estrecheza_. Y ¡qué
+maravillosa conjunción la que el historiador establece aquí entre
+la soledad y la pobreza de Don Quijote! ¡Pobre y solo! Aún se puede
+soportar la pobreza en compañía o la soledad en riqueza, pero ¡pobre y
+solo!
+
+¿De qué le servían, estando pobre y solo, los requiebros del
+Altisidora? Hizo bien en cerrar la ventana al oirlos.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO XLVI
+
+ Del temeroso espanto cencerril y gatuno que recibió Don Quijote en el
+ discurso de los amores de la enamorada Altisidora.
+
+
+Mas luego, apiadado de la dolencia de amor de la desenvuelta moza,
+mandó le pusiesen un laúd por la noche en el aposento, _que yo
+consolaré lo mejor que pudiere a esta lastimada doncella--dijo. Y
+llegadas las once horas de la noche halló Don Quijote una vihuela en
+su aposento; templóla, abrió la reja, y sintió que andaba gente en el
+jardín y habiendo recorrido los trastes de la vihuela, y afinádola
+lo mejor que supo, escupió y remondóse el pecho, y luego con voz
+ronquilla, aunque entonada, cantó_ un romance que trae el historiador y
+que el mismo Don Quijote _aquel día había compuesto_.
+
+El verdadero héroe es, sépalo o no, poeta, porque ¿qué sino poesía es
+el heroísmo? La misma es la raíz de la una y del otro, y si el héroe
+es poeta en acción, es el poeta héroe en imaginativa. El caballero
+andante, que hace profesión de las armas, necesita raíces de poeta,
+porque su arte es arte militar, del cual no dudaba el Dr. Huarte,
+como en el cap. XVI de su EXAMEN nos dice, sino que «pertenece a la
+imaginativa, porque todo lo que el buen capitán ha de hacer dice
+consonancia, figura y correspondencia... para todo lo cual es tan
+impertinente el entendimiento, como los oídos para ver». Y todo ello no
+es sino redundancia de vida, esfuerzo que en redondearse y cumplirse se
+perfecciona, y acaba, obra cuyo fin es la obra misma. Llega a un punto
+la savia en que ha de volverse por donde fué, y al llegar allá, al
+punto que no es camino para otro, sino término, se vuelve sobre sí y da
+sobre el brote que así forma, la flor, y la flor lo es de belleza.
+
+Don Quijote canta, Don Quijote es poeta, cosa que ya temía la gatita
+muerta de su sobrina cuando en el escrutinio que el cura y el barbero
+hicieron en la librería, al querer perdonar LA DIANA de Jorge de
+Montemayor, manifestó temores de que su tío diera en poeta, _que
+según dicen es enfermedad incurable y pegadiza_--añadió. ¡Ay Antonia,
+Antonia, y qué ojeriza tienes a la poesía y qué rencor le guardas! Pero
+tu tío es poeta, y si no hubiera nunca cantado, no habría sido el héroe
+que fué. No que el ser cantor le hiciera ser héroe, sino que de la
+plenitud del heroísmo le brotó el canto.
+
+No apruebo, pues, las razones que el P. Rivadeneira en el cap. XXII del
+libro III de su VIDA DE SAN IGNACIO nos da para justificar el que la
+Compañía de Jesús no tenga coro. Dícenos que «no es de esencia de la
+Religión el tener coro», y, en efecto, puede haber ruiseñor mudo, pero
+será ruiseñor enfermo, y añade, con Santo Tomás, que los que tienen por
+oficio enseñar al pueblo y apacentarle con el pan de la doctrina «no
+deben ocuparse en cantar, porque ocupados con el canto, no dejen lo que
+tanto importa». Pero ¿es que hay doctrina más íntima ni más profunda
+que la que se da cantando? En los consejos mismos que se dan a hombre
+no es la letra sino la música de ellos lo que aprovecha y edifica.
+Música es el espíritu y la carne es letra, y toda doctrina del corazón
+es canto.
+
+Curioso es, en efecto, que siendo tales y tan grandes las
+semejanzas entre Don Quijote e Íñigo de Loyola y recreándose éste y
+enterneciéndosele el ánima y hallando a Dios con el canto, al que era
+muy inclinado, según en el capítulo V del libro V de su VIDA nos cuenta
+su biógrafo, no pusiera coro en la Compañía, y de ésta no tenerlo hemos
+de deducir las imperfecciones que la acompañan y la esterilidad poética
+que sobre ella pesa. Jamás pudo albergarse a sus anchas cigarra en ese
+hormiguero de clérigos regulares. Y no se diga que no nacimos todos
+para cantar, que no se trata aquí de «para» alguno, sino que todo el
+que de veras ha nacido en espíritu y no sólo en carne, sólo por ello
+canta, canta, porque ha nacido, y si no canta es que no nació sino
+en carne. Y si fundamos la Compañía de Dulcinea del Toboso, no nos
+olvidemos del coro, y sea el canto en ella florecimiento de afectos
+heroicos y de encumbrados anhelos.
+
+Cantando estaba Don Quijote cuando echaron sobre él, en torpísima
+burla, un saco de gatos, y al defenderse de ellos le saltó uno al
+rostro y _le asió de las narices con las uñas y los dientes, por cuyo
+dolor Don Quijote comenzó a dar los mayores gritos que pudo_, y costó
+quitársele.
+
+¡Pobre mi señor! Se avergüenzan ante ti leones y se te agarran a las
+narices gatos. De gatos que huyen y no de leones que se ven libres, es
+de lo que debe apartarse el héroe. «Con pulgas y con mosquitos puede
+Dios hacer guerra a todos los emperadores y monarcas del mundo» dice el
+P. Alonso Rodríguez (EJERCICIO DE PERFECCIÓN, Parte tercera, Tratado
+primero, capítulo XV). ¡líbrenos Dios de pulgas, de mosquitos y de
+gatos en huida, y mándenos en cambio leones a los que se abre la jaula!
+
+Mas aun así y con todo y con ser temibles enemigos las pulgas y los
+mosquitos, no debe dejarse de hacerles la guerra, y para que se la
+hagamos nos los manda Dios. Podía alguno haberle dicho a Don Quijote,
+para disuadirle de perseguir a pulgas y mosquitos humanos, lo de que el
+águila no caza moscas--_aquila non capit muscas_--pero le diría mal.
+Las moscas, y sobre todo las ponzoñozas, son un excelente digestivo
+para el águila, un activísimo fermento para la cocción de sus alimentos.
+
+Y es que, en efecto, el veneno mismo que inyectado con aguijón en los
+canalillos del torrente circulatorio de la sangre nos escuece, molesta
+y daña o nos levanta un bubón y acaso puede llegar a matarnos, ese
+mismo veneno tomado por la boca no sólo es inofensivo, sino que puede
+ayudarnos a hacer una pronta y acabada digestión. Y es gracias a lo
+digestivo de la ponzoña de esas moscas venenosas que con aguijón y todo
+traga, luego de cazadas, el águila, como puede ésta, una vez descansado
+su estómago, mirar cara a cara al sol.
+
+¿Creéis acaso que puede ponerse alma y vida en un trabajo que se
+emprende por amor a Dulcinea y para que nos haga famosos no sólo en los
+presentes sino en los venideros siglos, si no nos espolean a él las
+miseriucas del lugarejo o lugarón en que comemos, dormimos y vivimos?
+El mejor libro de Historia Universal, el más duradero y extendido y el
+de historia más verdaderamente universal sería el de quien acertase a
+contar con toda su vida y su hondura las rencillas, los chismes, las
+intrigas y los cabildeos que se traen en Carbajosa de la Sierra, lugar
+de trescientos vecinos, el alcalde y la alcaldesa, el maestro y la
+maestra, el secretario y su novia, de una parte, y de la otra el cura y
+su ama, el tío Roque y la tía Mezuca, asistidos unos y otros por coro
+de ambos sexos. ¿Qué fué la guerra de Troya a que debemos la ILÍADA?
+
+Y las moscas, pulgas y mosquitos deben quedar muy satisfechos, porque
+vamos a ver: a algún sujeto que intrigue, cabildee y se revuelva en
+esta ciudad en que escribo ¿qué otra probabilidad puede quedarle de
+pasar, de un modo o de otro y bajo uno u otro nombre a la posteridad,
+sino el que acierte yo, o acierte otro que como yo ame a Dulcinea, a
+pintarle con sus rasgos universales y eternos?
+
+Miles de veces se ha dicho y repetido que lo más grande y más duradero
+en arte y literatura se construyó con reducidos materiales, y todo el
+mundo sabe que cuanto se pierde en extensión se gana en intensidad.
+Pero es que al ganarse en intensidad se gana en extensión también, por
+paradójico que os parezca; y se gana en duración. El átomo es eterno,
+si existe el átomo. Lo que es de cada uno de los hombres, lo es de
+todos; lo más individual es lo más general. Y por mi parte prefiero ser
+átomo eterno a ser momento fugitivo de todo el Universo.
+
+Lo absolutamente individual es lo absolutamente universal, pues hasta
+en lógica se identifica a las proposiciones individuales con las
+universales. Por vía de remoción se llega, en el hombre, al contratante
+social de Juan Jacobo, al bípedo implume de Platón, al _homo sapiens_
+de Linneo, o al mamífero vertical de la ciencia moderna, al hombre por
+definición, que como no es de aquí ni de allí, ni de ahora ni de antes,
+no es de ninguna parte ni de tiempo alguno, resultando ser, por lo
+tanto, un _homo insipidus_. Y así cuanto más se estrecha y constriñe la
+acción a lugar y tiempo limitados, tanto más universal y más secular
+se hace, siempre que se ponga alma de eternidad y de infinitud, soplo
+divino en ella. La mentira más grande en historia es la llamada
+historia universal.
+
+Ved a Don Quijote; Don Quijote no fué a Flandes, ni se embarcó para
+América, ni intentó tomar parte en ninguna de las grandes empresas
+históricas de su tiempo, sino que anduvo por los polvorientos caminos
+de su Mancha a socorrer a los menesterosos que en ellos topase y a
+enderezar los tuertos de allí y de entonces. Su corazón le decía que
+vencidos los molinos de viento de la Mancha quedaban vencidos en ellos
+todos los demás molinos y castigado Juan Haldudo el rico quedaban
+castigados todos los amos ricos despiadados y avariciosos. Porque
+no os quepa duda de que el día en que sea vencido del todo y por
+entero un malicioso, la malicia empezará a desaparecer de la tierra y
+desaparecerá pronto de ella.
+
+Don Quijote fué, queda ya dicho, fiel discípulo del Cristo, y Jesús de
+Nazaret hizo de su vida enseñanza eterna en los campos y caminos de la
+pequeña Galilea. Ni subió a más ciudad que a Jerusalén, ni Don Quijote
+a otra que a Barcelona, la Jerusalén de nuestro Caballero.
+
+Nada hay menos universal que lo llamado cosmopolita, o mundial como
+ahora han dado en decir; nada menos eterno que lo que pretendemos poner
+fuera de tiempo. En las entrañas de las cosas, y no fuera de ellas,
+están lo eterno y lo infinito. La eternidad es la sustancia del momento
+que pasa, y no la envolvente del pasado, el presente y el futuro de las
+duraciones todas, la infinitud es la sustancia del punto que miro, y no
+la envolvente de la anchura, largura y altura de las extensiones todas.
+La eternidad y la infinitud son las sustancias del tiempo y del espacio
+respectivamente, y éstos sus formas, estando aquéllas virtualmente
+todas enteras, en cada momento de una duración la una, en cada punto de
+una extensión la otra.
+
+Cacemos, pues, y traguémonos a las moscas ponzoñosas que zumbando y
+esgrimiendo su aguijón, revolotean en torno nuestro, y Dulcinea nos
+dé el poder convertir esta caza en combate épico que se cante en la
+duración de los siglos por el ámbito de la tierra toda.
+
+
+
+
+ CAPÍTULOS XLVII, XLIX, LI, LIII Y LV
+
+ Del fatigado fin y remate que tuvo el gobierno de Sancho Panza.
+
+
+Deja aquí el historiador a Don Quijote, y salteando los capítulos entre
+las cosas de éste y las de su escudero, pasa a contarnos cómo gobernó
+Sancho la ínsula, gobernamiento a que sólo cabe poner de comentario
+aquellas palabras de Pablo de Tarso en el versillo 18 del capítulo III
+de su segunda epístola a los Corintios, donde dice: «Nadie se engañe
+a sí mismo; si alguno entre vosotros parece ser sabio en este siglo,
+hágase simple para ser de veras sabio».
+
+Con razón dijo el mayordomo oyendo a Sancho: _cada día se ven cosas
+nuevas en el mundo; las burlas se vuelven en veras, y los burladores se
+hallan burlados_. ¿Y cómo no?
+
+Sancho, el gobernador por burlas, _ordenó cosas tan buenas, que hasta
+hoy se guardan en aquel lugar y se nombran: las Constituciones del
+Gran Gobernador Sancho Panza_. Y no nos extrañe esto, pues los más de
+los grandes legisladores no pasan de Sancho Panzas, que a no serlo mal
+podrían legislar.
+
+Y llegó, por fin, el fin del gobierno de Sancho y con este fin se
+sumergió Panza en las honduras de su heroísmo. Dejando el gobierno de
+la ínsula, por el que tanto había suspirado, acabó de conocerse Sancho,
+y pudiera haber dicho a sus burladores lo que Don Quijote dijo a Pedro
+Alonso cuando éste le recogió en su primera salida, y es aquello de:
+_yo sé quién soy_. Dije que sólo el héroe puede decir _yo sé quién soy_
+y ahora añado que todo el que puede decir _yo sé quién soy_, es héroe,
+por humilde y oscura que su vida se nos aparezca. Y Sancho, al dejar la
+ínsula, supo quién era.
+
+Luego que le molieron y quebrantaron en el burlesco asalto a la ínsula,
+vuelto en sí del desmayo que el temor y el sobresalto le produjeron,
+preguntó qué hora era, calló, vistióse, se fué a la caballeriza,
+_siguiéndole todos los que allí se hallaban, y llegándose al rucio le
+abrazó y le dió un beso de paz en la frente y no sin lágrimas en los
+ojos, le dijo: venid vos acá, compañero mío y amigo mío, y conllevador
+de mis trabajos y miserias; cuando yo me avenía con vos, y no tenía
+otros pensamientos que los que me daban los cuidados de remendar
+vuestros aparejos y de sustentar vuestro corpezuelo, dichosas eran mis
+horas, mis días y mis años; pero después que os dejé y me subí sobre
+las torres de la ambición y de la soberbia, se me han entrado por el
+alma adentro mil miserias, mil trabajos y cuatro mil desasosiegos_. Y
+luego de enalbardar el rucio, añadió otras no menos bien concertadas
+razones pidiendo le dejaran volver a su _antigua libertad_.
+
+_Yo no nací_--dijo--_para ser gobernador ni para defender ínsulas
+ni ciudades de los enemigos que quisieren acometerlas. Mejor se me
+entiende a mí de arar y cavar, podar y ensarmentar las viñas que dar
+leyes ni de defender provincias ni reinos. Bien se está San Pedro en
+Roma: quiero decir, que bien se está cada uno usando el oficio para
+que fué nacido._ Y tú, Sancho, no naciste para mandar sino para ser
+mandado, y el que para ser mandado nació halla su libertad en que le
+manden y su esclavitud en mandar; naciste no para guiar a otros, sino
+para seguir a tu amo Don Quijote, y en seguirle está tu ínsula. ¡Ser
+señor! ¡Y qué de congojas y miserias trae consigo! Bien decía Teresa de
+Jesús, cuando en el cap. XXXIV de su VIDA nos habla de aquella señora
+que había de ayudarle en fundar el monasterio de San José, que viéndola
+vivir aborreció del todo el desear ser señora, porque «ello es una
+sujeción, que una de las mentiras que dice el mundo, es llamar señores
+a las personas semejantes, que no me parece son sino esclavos de mil
+cosas».
+
+Creíste, Sancho, salir de casa de tu mujer y tus hijos y los dejaste
+por buscar para ti y para ellos el gobierno de la ínsula, pero en
+realidad saliste llevado del heroico espíritu de tu amo y fuiste
+conocido, aunque sin darte de ello clara cuenta, que el seguirle y
+servirle y vivir con él era tu ínsula. ¿Qué vas a hacer sin tu amo y
+señor? ¿De qué te ha servido el gobierno de tu ínsula si no tenías allí
+a tu Don Quijote y no podías mirarte en él y servirle y admirarle y
+quererle? Porque ojos que no ven, corazón que no siente.
+
+_Quédense en esta caballeriza_--añadió Sancho--_las alas de la hormiga,
+que me levantaron en el aire para que me comiesen vencejos y otros
+pájaros, y volvamos a andar por el mundo con pie llano_... Habrás oído
+muchas veces, buen Sancho, que hay que ser ambicioso y esforzarse por
+volar para que nos broten alas, y yo te lo he dicho muchas veces y te
+lo repito, pero tu ambición debe cifrarse en buscar a Don Quijote; la
+ambición del que nació para ser mandado debe ser buscar quien bien le
+mande y que pueda de él decirse lo que del Cid decían los burgaleses
+según el viejo ROMANCE DE MYO CID
+
+ Dios, qué buen vassalo si ouiesse buen señor!
+
+Al dejar ese gobierno por el que tanto tiempo suspiraste y que te
+parecía ser la razón y el fin de todos tus andantes trabajos, al
+dejarlo y volverte a tu amo, llegas al meollo de ti mismo y puedes
+hombrearte con tu Don Quijote y decir como él y con él: _¡yo sé quién
+soy! Eres héroe_ como él, tan héroe como él. Y es, Sancho, que el
+heroísmo se pega cuando nos acercamos al héroe con el corazón puro.
+Admirar y querer al héroe con desinterés y sin malicia es ya participar
+de su heroísmo; es como el que sabe gozar de la obra del poeta, que es
+a su vez poeta por saber gozarla.
+
+Teníante por interesado y codicioso, Sancho, y al salir de tu ínsula
+pudiste exclamar: _saliendo yo desnudo como salgo, no es menester otra
+señal para dar a entender que he gobernado como un ángel_. Y así era la
+verdad, y así lo reconoció el Dr. Recio. Ofreciéronle compañía para el
+camino y _todo aquello que quisiese para el regalo de su persona y para
+la comodidad de su viaje_. Pero _Sancho dijo que no quería más que un
+poco de cebada para el rucio y medio queso y medio pan para él_. No se
+olvidaba de su amigo y compañero el rucio, del sufrido y noble animal
+que le ligaba a la tierra. _Abrazáronle todos y él, llorando, abrazó a
+todos y los dejó admirados así de sus razones como de su determinación
+tan resoluta y discreta._ Y quedóse solo en los caminos del mundo,
+lejos de su casa, sin la ínsula y sin Don Quijote, abandonado a sí
+mismo, dueño de sí. ¿Dueño? _Le tomó la noche algo escura y cerrada_ y
+solo, sin su amo, fuera de su lugar, ¿qué iba a sucederle? _Cayeron él
+y el rucio en una honda y escurísima sima._
+
+Mira, Sancho, es lo que tiene que sucederte en cuanto te encuentres
+lejos de tu lugar, del lugar de los tuyos, sin ínsula y sin amo: caerte
+en sima. Pero no te vino mal esa caída, porque allí, en lo hondo de la
+sima, pudiste ver mejor lo hondo de la sima de tu vida y cómo el que
+se vió ayer gobernador de una ínsula, _mandando a sus sirvientes y sus
+vasallos, hoy se había de ver sepultado en una sima sin haber persona
+alguna que le remediase, ni criado ni vasallo que acuda a su socorro_.
+Y allí, en el fondo de la sima, comprendiste que no habrías de tener en
+ella la ventura que tu amo Don Quijote tuvo en la cueva de Montesinos,
+pues _allí vió él visiones hermosas y apacibles_--te decías--_y yo veré
+aquí, a lo que creo, sapos y culebras_. Sí, hermano Sancho; no son las
+visiones para todos ni es el mundo de las simas más que una proyección
+del mundo de la sima de nuestro espíritu; tú hubieras visto en la
+cueva de Montesinos sapos y culebras como en esa cueva en que caíste
+los viste, y tu amo hubiera visto en esa tu sima visiones hermosas y
+apacibles como las vió en la cueva de Montesinos. Para ti no ha de
+haber más visiones que las de tu amo; él ve el mundo de las visiones y
+tú lo ves en él; él lo ve por su fe en Dios y en sí mismo y tú lo ves
+por tu fe en Dios y en tu amo. Y no es menos grande tu fe que la fe de
+Don Quijote, ni son menos propias de ti las visiones que ves por tu amo
+que son propias de él las que él ve por sí mismo. El mismo Dios se las
+suscita y te las suscita, a él en él mismo, y a ti en él. No es menos
+héroe el que cree en el héroe que el héroe mismo creído por él.
+
+Mas el pobre Sancho dió en lamentarse en el fondo de la sima y en
+llorar su desgracia, viendo ya que sacaría de allí sus huesos _mondos,
+blancos y raídos_ y los de su buen rucio con ellos; viéndose morir
+lejos de su patria y de los suyos, sin que nadie le cierre los ojos
+ni se duela de su muerte al tiempo de morir, que es morir dos veces y
+quedarse solo con la muerte. Y así le llegó el día; y ¿qué iba a hacer
+el pobre Sancho, solo con su rucio, sino dar voces y pedir socorro?
+Y explorar su sima, pues para algo había servido a Don Quijote. Y
+entonces es cuando exclamó aquellas tan preñadas sentencias: _¡Válame
+Dios todopoderoso! ésta que para mí es desventura, mejor fuera para
+aventura de mi amo Don Quijote. Él sí que tuviera estas profundidades y
+mazmorras por jardines floridos y por palacios de Galiana, y esperara
+salir desta escuridad y estrecheza a algún florido prado; pero yo sin
+ventura, falto de consejo y menoscabado de ánimo, a cada paso pienso
+que debajo de los pies de improviso se ha de abrir otra sima más
+profunda que la otra, que acabe de tragarme._
+
+Sí, hermano Sancho, sí; el menoscabo de tu ánimo te impide y te
+impedirá encontrar jardines floridos y palacios de Galiana en las
+profundas simas a que caigas. Pero mira, ahora en que en el fondo de la
+sima de tu desgracia reconoces lo mucho que de tu amo te separa, ahora
+es cuando estás más cerca de él, pues cuanto más sientas tu distancia
+de él, más a él te acercas. Te pasa con tu amo, aunque en finito y
+relativo, lo que en infinito y absoluto nos pasa a tu amo, a ti, a
+mí y a todos los mortales, con Dios, y es que cuanto más sentimos el
+infinito que de Él nos separa, más cerca de Él estamos, y cuanto menos
+acertamos a definirle y representárnoslo, mejor le conocemos y queremos
+más.
+
+Y yendo así con el rucio y con sus pensamientos por aquellas
+profundidades Sancho, dando voces, las oyó... ¿quién había de oirlas?
+¿quién otro sino el mismísimo Don Quijote? El cual habiendo salido una
+mañana a imponerse y ensayarse en lo que había de hacer en el trance de
+la honra de la hija de Doña Rodríguez, fué llevado por Dios a la boca
+de la sima, donde oyó las voces que Sancho daba. Y Don Quijote le creía
+alma en pena, y le ofrecía sufragios para sacarle del purgatorio, que
+pues su profesión era de favorecer y acorrer a los necesitados de este
+mundo, también lo sería para acorrer y ayudar a los menesterosos del
+otro.
+
+Mira, Sancho, cómo tu amo al oirte en la sima y en la sima no verte,
+tiénete por muerto y te ofrece sus sufragios. Y entonces, al oir tú
+la voz de tu amo, exclamaste lleno de júbilo: _¡nunca me he muerto en
+todos los días de mi vida!_ Ya no piensas en que recojan tus huesos
+mondos, blancos y roídos, ni en que has de morir solo con la muerte;
+oíste a tu amo y olvidando que has de morir, recuerdas tan sólo que no
+te has muerto nunca todavía. Y rebuznó el rucio, y al oirlo comprendió
+Don Quijote que no se trataba de alma en pena, sino de su escudero, que
+le acompañaba. Y es la señal muy cierta, pues cuando de las cosas que
+nos parecen del otro mundo salen rebuznos, es que no se trata sino de
+cosas del mundo éste. Y Don Quijote hizo que le sacaran de la sima.
+
+Y así fué sacado Sancho de la sima en que cayera al salir del gobierno
+de su ínsula y encontrarse solo, de aquella sima por la que caminó
+llevando tras de sí y guiando a su rucio. Que esta diferencia entre
+otras había entre amo y escudero, y es que aquél se dejaba guiar de su
+caballo y el escudero guiaba a su rucio. Y así sucede que en la marcha
+por el bajo mundo se deja el Quijote llevar por su animal, y el Sancho
+lo lleva.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO LVI
+
+ De lo que sucedió a Don Quijote con Doña Rodríguez, la dueña de la
+ Duquesa, con otros acontecimientos dignos de escritura y de memoria
+ eterna.
+
+
+En la melancólica aventura de la dueña Doña Rodríguez sólo hay que
+advertir la encantadora simplicidad de esta buena mujer, que entre
+tantos burladores, acudió en veras a Don Quijote. Y entonces se
+preparó el singular duelo del caballero con Tosilos para obligar al
+seductor de la hija de Doña Rodríguez a que tomase a ésta por suegra,
+y el inesperado desenlace de él merced al súbito enamorarse Tosilos
+de la ex doncella y declarar cómo la quería por mujer. Y he aquí cómo
+entre tantos burladores la simple, la boba, la sincera Doña Rodríguez
+logró poner a su desdoncellada hija a punto de casarse, gracias a Don
+Quijote. Pues siempre ocurre que quien con pureza de intención y de
+veras y no en burlas, acude a Don Quijote, sin burlarse de él, consigue
+su propósito. Difícil es esta fe en un mundo de burladores, pero ¿no
+creéis que quien tomase a Don Quijote tan en serio como Doña Rodríguez
+y su hija le tomaron lograría sus propósitos, a no atravesársele
+aviesos burladores, como se les atravesaron a ellas?
+
+Cierto es que al descubrirse que el caballero que se dió por vencido
+no era el seductor sino Tosilos, se llamaron a engaño la seducida
+y su señora madre, pero bien dijo Don Quijote a la ex doncella al
+encontrarse con aquel nuevo caso de encantamiento: _tomad mi consejo
+y apesar de la malicia de mis enemigos casaos con él, que sin duda es
+el mismo que vos deseáis alcanzar por esposo_. ¡Y tan el mismo! Como
+que lo aceptó, pues más quería ser mujer legítima de un lacayo, que no
+amiga y burlada de un caballero. De mano de Don Quijote tomó inesperado
+esposo, y ésta es la aventura a que por el pronto dió más feliz remate
+nuestro caballero. Y le dió tal por haberse encontrado con gentes
+sencillas y humildes, de las que toman el mundo en serio y acuden
+en serio a Don Quijote; por haberse encontrado con burlada moza que
+anhelaba esposo, contentándose con el que Don Quijote le diera.
+
+¡Hermosa conformidad! Y tal es la condición para que pueda el héroe
+hacer en nosotros su beneficio y es que nos hallemos dispuestos a
+recibir de su mano lo que nos diere, siempre que remedie nuestra
+necesidad. ¿Eres, lectora, una burlada doncella y quieres remediar tu
+desgracia? ¿necesitas marido que cubra tu vergüenza? pues no pretendas
+que haya él de ser éste o aquél, y menos tu burlador; conténtate con el
+que te depare Don Quijote, que es buen casamentero.
+
+Y al concluir de contar esta tan afortunada aventura, añade el
+historiador estas terribles palabras: _Aclamaron todos la victoria
+por Don Quijote, y los más quedaron tristes y melancólicos de ver que
+no se habían hecho pedazos los tan esperados combatientes_. ¡Oh, y
+qué terrible es en sus burlas el hombre! Más de temer es la burla del
+hombre que no la seria acometividad de una fiera salvaje, que os ataca
+por hambre. Puestos los hombres en el despeñadero de las burlas no
+paran hasta bajar a crímenes y villanías; por burlas comenzaron muchos
+de los más horrendos delitos; por buscar deleite y regocijo se ha
+llevado a muchos a trabarse de manos homicidas.
+
+¡Cosa terrible la burla! Dicen que por burla, señor mío Don Quijote, se
+escribió tu historia, para curarnos de la locura del heroísmo, y añaden
+que el burlador logró su objeto. Tu nombre ha llegado a ser para muchos
+cifra y resumen de burlas y sirve de conjuro para exorcizar heroísmos
+y achicar grandezas. Y no recobraremos más nuestro aliento de antaño
+mientras no volvamos la burla en veras y hagamos el Quijote muy en
+serio y no por compromiso y sin creer en ti.
+
+Ríense los más de los que leen tu historia, loco sublime, y no pueden
+aprovecharse de su meollo espiritual mientras no la lloren. ¡Pobre de
+aquel a quien tu historia, Ingenioso Hidalgo, no arranque lágrimas,
+lágrimas del corazón, no ya de los ojos!
+
+En una obra de burlas se condensó el fruto de nuestro heroísmo; en una
+obra de burlas se eternizó la pasajera grandeza de nuestra España; en
+una obra de burlas se cifra y compendia nuestra filosofía española, la
+única verdadera y hondamente tal; con una obra de burlas llegó el alma
+de nuestro pueblo, encarnada en hombre, a los abismos del misterio de
+la vida. Y esa obra de burlas es la más triste historia que jamás se
+ha escrito; la más triste, sí, pero también la más consoladora para
+cuantos saben gustar en las lágrimas de la risa la redención de la
+miserable cordura a que la esclavitud de la vida presente nos condena.
+
+Yo no sé si esa obra, mal entendida y peor sentida, puede tener en
+ello parte, mas es el caso que se cierne sobre nuestra pobre patria
+una atmósfera abochornada de gravedad abrumadora. Por dondequiera
+hombres graves; enormemente graves, graves hasta la estupidez. Enseñan
+con gravedad, predican con gravedad, mienten con gravedad, engañan
+con gravedad, disputan con gravedad, juegan y ríen con gravedad,
+faltan con gravedad a su palabra, y hasta eso que llaman informalidad
+y ligereza son la ligereza e informalidad más graves que se conoce.
+Ni aun a solas dan unos tumbos y zapatetas en el aire, en seco y sin
+motivo alguno, y de tal modo pareció agotarse en la historia de Don
+Quijote el repuesto todo de heroísmo que en España hubiera, que no es
+fácil se encuentre hoy en el mundo pueblo más incapaz que el español
+de comprender y sentir el humor. Aquí se toma por donaires y se ríe
+las más chocarreras torpezas de cualquier ingenio afrailado; hay asnos
+en figura humana que celebran como agudo chiste el que se le diga a
+alguien que se le ven las orejas de burro. Después que tú, Don Quijote,
+te fuiste de este mundo se ha llegado a reir como gracias las insípidas
+sandeces de un tal Fray Gerundio de Campazas y luego que Sancho dejó
+de luchar en la conquista de su fe, se nos vino un Bertoldo italiano y
+está bertoldizando a nuestro pueblo. Mentira parece que en el pueblo en
+que Don Quijote elevó a heroicas hazañas las más miserables burlas, se
+rieran los retorcidos chistes de aquel fúnebre Quevedo, hombre grave
+y tieso si los ha habido, y fuesen reídas las pretendidas gracias,
+puramente de corteza, cuando no de pellejo de corteza, es decir, de
+vocablo, de su Gran Tacaño.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO LVII
+
+ Que trata de cómo Don Quijote se despidió del Duque, y de lo que le
+ sucedió con la discreta y desenvuelta Altisidora, doncella de la
+ Duquesa.
+
+
+Harto Don Quijote de su ociosidad en casa de los Duques y dolido allá,
+por muy dentro de sí, aunque su historiador no nos lo apunte, de
+las burlas que se le hacían, decidió marcharse. Y no nos quepa duda
+de que las tales burlas ni se le pasaban inadvertidas ni dejaban de
+dolerle, pues aunque su locura las tomara por buenas y las aprovechase
+en heroísmo, no dejaba de trabajar por debajo de ella su cordura, a
+oscuras, y tal vez sin que él mismo se percatara de ello.
+
+Y así _pidió un día licencia a los Duques para partirse_ y se la dieron
+_con muestras de que en gran manera les pesaba de que los dejase_. A
+Sancho le dieron, a escondidas de su amo, _un bolsico con doscientos
+escudos de oro_, el triste precio de las burlas, el salario de los
+juglares. Y después de sufrir una vez más los burlescos requiebros de
+Altisidora, se salió Don Quijote del castillo, _enderezando su camino a
+Zaragoza_.
+
+Toma ya libre huelgo el Caballero de la Fe; respiremos con él.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO LVIII
+
+Que trata de cómo menudearon sobre Don Quijote aventuras tantas, que no
+ se daban vagar unas a otras.
+
+
+_Cuando Don Quijote se vió en la campaña rasa, libre y desembarazado de
+los requiebros de Altisidora, le pareció que estaba en su centro y que
+los espíritus se le renovaban para proseguir de nuevo el asunto de sus
+caballerías, y volviéndose a Sancho, le dijo: la libertad, Sancho, es
+uno de los más preciados dones que a los hombres dieron los siglos_...
+con todo lo que se sigue.
+
+Sí, ya estás libre de burlas y chacotas, ya estás libre de Duques y
+doncellas y lacayos, ya estás libre de la vergüenza de aparecer pobre.
+Se comprende bien que _en metad de aquellos banquetes sazonados y
+de aquellas bebidas de nieve_ te pareciera _estar metido entre las
+estrechezas de la hambre_. Bien decías: _Venturoso aquel a quien el
+cielo dió un pedazo de pan, sin que le quede obligación de agradecerlo
+a otro que al mismo cielo_. ¿Y quién es ése?
+
+_En estos y otros razonamientos iban los andantes caballero y escudero_
+y ocupado el corazón de Don Quijote por los dejos de su esclavitud en
+casa de los Duques y el recuerdo de su soledad y su pobreza, cuando
+se encontró con una docena de labradores que llevaban, cubiertas con
+unos lienzos, unas imágenes de relieve y entalladura para el retablo
+de su aldea. Pidió Don Quijote cortésmente que se las mostrasen y
+le enseñaron las de San Jorge, San Martín, San Diego Matamoros y
+San Pablo, caballeros andantes del cristianismo los cuatro y que
+pelearon a lo divino. Y Don Quijote al verlos dijo: _Por buen agüero
+he tenido, hermanos, haber visto lo que he visto, porque estos santos
+y caballeros profesaron lo que yo profeso, que es el ejercicio de las
+armas; sino que la diferencia que hay entre mí y ellos es que ellos
+fueron santos y pelearon a lo divino y yo soy pecador y peleo a lo
+humano. Ellos conquistaron el cielo a fuerza de brazos, porque el
+cielo padece fuerza, y yo hasta ahora no sé lo que conquisto a fuerza
+de mis trabajos; pero si mi Dulcinea del Toboso saliese de los que
+padece, mejorándose mi ventura y adobándoseme el juicio, podría ser que
+encaminase mis pasos por mejor camino del que llevo._
+
+¡Hondísimo pasaje! Aquí la temporal locura del caballero Don Quijote
+se derrite en la eterna bondad de la cordura del hidalgo Alonso el
+Bueno, y no hay acaso en toda la tristísima epopeya de su vida pasaje
+que nos labre más honda pesadumbre en el corazón. Aquí Don Quijote se
+adentra y entraña en la cordura de Alonso Quijano el Bueno, zahonda
+en sí mismo, torna a ser niño y a mamar, según aquello de Teresa de
+Jesús (VIDA, XIII, II) de que lo «del conocimiento propio jamás se ha
+de dejar ni hay alma en este camino tan gigante que no haya menester
+muchas veces tornar a ser niño y a mamar». Sí, Don Quijote se vuelve
+aquí a su niñez espiritual, a la niñez cuyo recuerdo es el alivio de
+nuestra alma, pues es el niño que llevamos todos dentro quien ha de
+justificarnos algún día. Hay que hacerse como niños para entrar en el
+reino de los cielos. Aquí se le agolpaban en la cabeza y en el corazón
+a Don Quijote aquellos años de sus remotas mocedades de que nada nos
+dice su historia, todos aquellos misteriosos años en que libre todavía
+del encanto de los libros de caballerías había contemplado con paz, en
+serenas tardes, la mansedumbre de la reposada Mancha.
+
+¿Y no había, pobre Caballero, en el poso de este tu desencanto un
+recuerdo de aquella garrida Aldonza por la que suspirabas doce años
+ya sin más que haberla visto cuatro veces? _Si mi Dulcinea del Toboso
+saliese de los_ (trabajos) _que padece_... decías, mi pobre Don
+Quijote, y en tanto pensaba dentro de ti Alonso Quijano: ¡oh, si el
+imposible por ser imposible se cumpliese merced a mi locura, si Aldonza
+movida a compasión y encantada por la locura de mis proezas, viniese a
+romper mi vergüenza, esta vergüenza de pobre hidalgo entrado en años y
+henchido de amor, ¡oh, entonces, _mejorándose mi ventura y adobándoseme
+el juicio_, encaminaría mis pasos a una vida de amor dichoso! ¡Oh mi
+Aldonza, mi Aldonza, tu pudiste llevarme por mejor camino del que
+llevo! ¡pero... es ya tarde! ¡Te encontré muy tarde en mi vida! ¡Oh
+misterios del tiempo! ¡Contigo habría yo sido héroe, pero un héroe sin
+locura; contigo este mi esfuerzo heroico habríase enderezado a hazañas
+de otra laya y otro alcance; contigo en vez de estas burlas, habría
+derramado fecundas veras por los campos de mi patria!
+
+Y ahora, dejando a Alonso el Bueno, volvamos a Don Quijote para oir al
+caballero empeñado en la hazañosa empresa de enderezar los tuertos del
+mundo a fin de alcanzar merced a ello eternidad de nombre y fama, oirle
+cómo confiesa no saber lo que conquista a fuerza de sus trabajos, y
+verle volver su mirada a la salvación de su alma y a la conquista del
+cielo, que padece fuerza.
+
+«¿De qué aprovecha al hombre si ganare todo el mundo y perdiere su
+alma? O ¿qué recompensa dará el hombre por su alma?»--dice el Evangelio
+(Mat., XVI, 26).
+
+Esas palabras de descorazonamiento en su obra, de Don Quijote, esa su
+bajada a la cordura de Alonso el Bueno, es lo que más a las claras
+pone su hermandad espiritual con los místicos de su propia tierra
+castellana, con aquellas almas llenas de la sed de los secos parameros
+sobre que moraban y de la serena limpieza del terso cielo bajo el cual
+penaban. Son a la vez la queja del alma al encontrarse sola.
+
+¿Por qué afanarse? ¿Para qué todo? Bástele a cada día su malicia. ¿Para
+qué ir a enderezar los tuertos del mundo? El mundo lo llevamos dentro
+de nosotros, es nuestro sueño, como lo es la vida; purifiquémonos y
+lo purificaremos. La mirada limpia, limpia cuanto mira; los oídos
+castos castigan cuanto oyen. La mala intención de un acto ¿está en
+quien lo comete o en quien lo juzga? La horrible maldad de un Caín o
+de un Judas ¿no será acaso condensación y símbolo de la maldad de los
+que han fomentado sus leyendas? ¿No es la maldad nuestra lo que nos
+hace descubrir cuanto hay de malo en nuestro hermano? ¿No es la paja
+que te anubla el ojo lo que te permite ver la viga del mío? Tal vez
+el Demonio carga con las culpas de los que le temen... Santifiquemos
+nuestra intención y quedará santificado el mundo; purifiquemos nuestra
+conciencia y puro saldrá el ambiente. «La caridad cubre multitud de
+pecados»--dice la primera de las dos epístolas atribuidas al apóstol
+Pedro (IV, 8). Los limpios de corazón ven a Dios en todo, y todo lo
+perdonan en su nombre. Las ajenas intenciones caen fuera de nuestro
+influjo, y sólo en la intención está el mal.
+
+Y sobre todo, en esos tus actos heroicos ¿qué buscas? ¿Enderezar
+entuertos por amor a la justicia, o cobrar eterno nombre y fama por
+enderezarlos? La verdad es, pobres mortales, que no sabemos lo que
+conquistamos a fuerza de trabajos. Mejóresenos la ventura, adóbesenos
+el juicio y enderezaremos nuestros pasos por mejor camino del que
+llevamos, por otro camino que no el de la vanagloria.
+
+¡Buscar renombre y fama! Ya lo dijo Segismundo, hermano de Don Quijote:
+
+ ¿Quién por vanagloria humana
+ pierde una divina gloria?
+ ¿qué pasado bien no es sueño?
+ ¿quién tuvo dichas heroicas
+ que entre sí no diga, cuando
+ las revuelve en su memoria:
+ sin duda que fué soñando
+ cuanto vi? Pues si esto toca
+ mi desengaño, si sé
+ que es el gusto llama hermosa
+ que la convierte en cenizas
+ cualquiera viento que sopla,
+ acudamos a lo eterno,
+ que es la fama vividora
+ donde ni duermen las dichas
+ ni las grandezas reposan.
+
+ (LA VIDA ES SUEÑO, III, 10.)
+
+Acudamos a lo eterno, sí, y así mejorada nuestra ventura y adobado
+nuestro juicio, encaminemos nuestros pasos por mejor camino del que
+llevamos, encaminémonos a conquistar el cielo, que padece fuerza,
+
+ la fama vividora
+ donde ni duermen las dichas,
+ ni las grandezas reposan.
+
+Ya antes, mucho antes que el Segismundo calderoniano, el grave Jorge
+Manrique, al cantar la muerte de su padre, Don Rodrigo, Maestre de
+Santiago, nos dijo de las tres vidas: la vida de la carne, la vida del
+nombre y la vida del alma. Cuando después de tanta hazaña descansaba
+Don Rodrigo
+
+ en la su villa de Ocaña,
+ vino la muerte a llamar
+ a su puerta,
+ diciendo: buen Caballero,
+ dexad el mundo engañoso,
+ y su halago,
+ muestre su esfuerzo famoso
+ vuestro corazón de acero
+ en este trago.
+ Y pues de vida y salud
+ hicisteis tan poco cuenta
+ por la fama,
+ esfuércese la virtud
+ para sufrir esta afrenta
+ que os llama.
+ No se os haga tan amarga
+ la batalla temerosa
+ que esperáis,
+ pues otra vida más larga
+ de fama tan gloriosa
+ acá dexáis.
+ Aunque esta vida de honor
+ tampoco no es eternal,
+ ni verdadera;
+ mas con todo muy mejor
+ que la otra temporal
+ perecedera.
+
+ * * * * *
+
+ Y con esta confianza
+ y con la fe tan entera
+ que tenéis
+ partid con buena esperanza,
+ que esta otra vida tercera
+ ganaréis.
+
+¿No es acaso la mayor locura dejar perder la gloria inacabable por la
+gloria pasajera, la eternidad del espíritu por que dure nuestro nombre
+tanto como durare el mundo, un instante de eternidad? Mayormente,
+cuanto que buscando la gloria celestial se conquista, por añadidura,
+la terrena. Bien lo decía Fernando de Pulgar, consejero, secretario
+y cronista de los Reyes Católicos, quien en su libro de los CLAROS
+VARONES DE CASTILLA, al hablar del Conde de Haro, D. Pedro Fernández
+de Velasco, nos dice que «este noble Conde, no señoreado de ambición
+por aver fama en esta vida, mas señoreando la tentación por aver gloria
+en la otra, gobernó la república tan rectamente que ovo el premio que
+suele dar la verdadera virtud: la qual conoscida en el alcançó tener
+tanto crédito e autoridad, que si alguna grande y señalada confianza
+se avía de fazer en el Reyno, quier de personas, quier de fortalezas o
+de otra cosa de qualquier qualidad siempre se confiaban en él». Quiere
+decirse que buscando el reino de Dios y su justicia, haber gloria en
+la otra vida, consiguió de añadidura fama en ésta, por donde se ve una
+vez más cómo el mejor negocio es la virtud y la carrera más lucrativa y
+provechosa la de santo.
+
+La carrera más provechosa y lucrativa es la de santo, en efecto.
+También Íñigo de Loyola fué en sus mocedades, según dije que el P.
+Rivadeneira nos lo cuenta, amigo de leer libros de caballerías y buscó
+«alcanzar nombre de hombre valeroso, y honra y gloria militar» (VIDA,
+libro 2, cap. II). Pero leyó otros y «trató muy de veras consigo mismo
+de mudar la vida y enderezar la proa de sus pensamientos a otro puerto
+más cierto y más seguro que hasta allí, y destejer la tela que había
+tejido, y desmarañar los embustes y enredos de su vanidad» (libro
+2, capítulo II). Y este Íñigo ¿no tuvo alguna Aldonza por la que
+suspiró años y más años y que le llevó a su vida de santidad, luego de
+rompérsele la pierna?
+
+¡Abismático pasaje, henchido de suprema melancolía el del encuentro
+de Don Quijote con las cuatro imágenes de los caballeros andantes a
+lo divino! Por buen agüero lo tuvo el Caballero, y era, en efecto, el
+agüero de sus próximas conversión y muerte. Pronto mejorada su ventura
+y adobado su juicio enderezará sus pasos por mejor camino, por camino
+de la muerte.
+
+¡Abismático pasaje! ¿Y a quién de nosotros, los que seguimos o queremos
+seguir en algo a Don Quijote, no nos ha ocurrido cosa parecida? El
+triste dejo del triunfo es el desencanto. No, no era aquello. Lo que
+hiciste o dijiste no merecía los aplausos con que te lo premiaron.
+Y llegas a casa y te encuentras en ella solo, y entonces, vestido
+como estás, te echas sobre la cama y dejas volar tu imaginación por
+el vacío. En nada te fijas, en nada concentras tu imaginación; te
+invade un gran desaliento. No, no era aquello. No quisiste hacer lo
+hecho, no quisiste decir lo dicho; te aplaudieron lo que no era tuyo.
+Y llega tu mujer, rebosante de cariño, y al verte así, tendido, te
+pregunta qué tienes, qué te pasa, por qué te preocupas, y la despides,
+acaso desabridamente, con un áspero y seco: ¡déjame en paz! Y quedas
+en guerra. Y en tanto creen los que te censuran que estás embriagado
+con el triunfo, cuando en verdad estás triste, muy triste, abatido,
+enteramente abatido. Te has cobrado asco a ti mismo; no puedes volver
+atrás, no puedes retrotraer el tiempo y decir a los que iban a
+escucharte: «todo esto es mentira; yo ni aun sé lo que voy a decir;
+aquí venimos a engañarnos; voy a ponerme en espectáculo; vámonos,
+pues, cada uno a su casa, a ver si se nos mejora la ventura y adobamos
+nuestro juicio».
+
+El lector echará de ver, de seguro, que escribo estas líneas bajo un
+apretón de desaliento. Y así es. Es ya de noche, he hablado esta tarde
+en público y aún se me revuelven en el oído tristemente los aplausos.
+Y oigo también los reproches, y me digo: ¡tienen razón! Tienen razón:
+fué un número de feria; tienen razón: me estoy convirtiendo en un
+cómico, en un histrión, en un profesional de la palabra. Y ya hasta
+mi sinceridad, esta sinceridad de que he alardeado tanto, se me va
+convirtiendo en tópico de retórica. ¿No sería mejor que me recogiese en
+casa una temporada y callase y esperara? Pero ¿es esto hacedero? ¿podré
+resistir mañana? ¿no es acaso una cobardía desertar? ¿no hago algún
+bien a alguien con mi palabra aunque ella me desaliente y apesadumbre?
+Esta voz que me dice: ¡calla, histrión! ¿es voz de un ángel de Dios o
+es la voz del demonio tentador? ¡Oh Dios mío, Tú sabes que te ofrezco
+los aplausos lo mismo que las censuras. Tú sabes que no sé por dónde
+ni adónde me llevas; Tú sabes que si hay quienes me juzguen mal, me
+juzgo yo peor que ellos; Tú, Señor, sabes la verdad, Tú solo; mejórame
+la ventura y adóbame el juicio, a ver si enderezo mis pasos por mejor
+camino del que llevo!
+
+_No sé lo que conquisto a fuerza de mis trabajos_, digo con Don
+Quijote. Y Don Quijote tuvo que decirlo en uno de esos momentos en
+que sacude al alma el soplo del aletazo del ángel del misterio; en
+un momento de angustia. Porque hay veces que sin saber cómo ni de
+dónde, nos sobrecoge de pronto y al menos esperarlo, atrapándonos
+desprevenidos y en descuido, el sentimiento de nuestra mortalidad.
+Cuando más entoñado me encuentro en el tráfago de los cuidados y
+menesteres de la vida, estando distraído, en fiesta o en agradable
+charla, de repente parece como si la muerte aleteara sobre mí. No la
+muerte, sino algo peor, una sensación de anonadamiento, una suprema
+angustia. Y esta angustia, arrancándonos del conocimiento aparencial,
+nos lleva de golpe y porrazo al conocimiento sustancial de las cosas.
+
+La creación toda es algo que hemos de perder un día o que un día
+ha de perdernos, pues ¿qué otra cosa es desvanecernos del mundo
+sino desvanecerse el mundo de nosotros? ¿Te puedes concebir como no
+existiendo? Inténtalo; concentra tu imaginación en ello y figúrate a ti
+mismo sin ver, ni oir, ni tocar, ni recordar nada; inténtalo y acaso
+llames y atraigas a ti esa angustia que nos visita cuando menos la
+esperamos, y sientas el nudo que te aprieta el gaznate del alma, por
+donde resuella tu espíritu. Como el arrendajo al roble, así la cuita
+imperecedera nos labra a picotazos el corazón para ahoyar en él su nido.
+
+Y en esa angustia, en esa suprema congoja del ahogo espiritual, cuando
+se te escurran las ideas, te alzarás de un vuelo congojoso, para
+recobrarlas al conocimiento sustancial. Y verás que el mundo es tu
+creación, no tu representación, como decía el tudesco. A fuerza de
+ese supremo trabajo de congoja conquistarás la verdad, que no es, no,
+el reflejo del Universo en la mente, sino su asiento en el corazón.
+La congoja del espíritu es la puerta de la verdad sustancial. Sufre,
+para que creas y creyendo vivas. Frente a todas las negaciones de la
+_lógica_ que rige las relaciones aparenciales de las cosas, se alza la
+afirmación de la _cardíaca_, que rige los toques sustanciales de ellas.
+Aunque tu cabeza diga que se te ha de derretir la conciencia un día, tu
+corazón, despertado y alumbrado por la congoja infinita, te enseñará
+que hay un mundo en que la razón no es guía. La verdad es lo que hace
+vivir, no lo que hace pensar.
+
+A la vista de las imágenes padeció un relámpago de desmayo Don Quijote.
+De no haberlo nunca padecido, sería en puro sobrehumano, inhumano, y
+como tal modelo imposible para los hombres de cada día. Y ¿qué mucho lo
+padeciera si el mismo Cristo, abrumado por la tristeza, en el olivar
+pidió a su Padre si podía ahorrarle las heces del cáliz de la amargura?
+Don Quijote dudó por un momento de la Gloria, pero ésta, su amada, le
+amaba a su vez ya y era, por tanto, su madre, como lo es del amado
+toda su amante verdadera. Hay quien no descubre la hondura toda del
+cariño que su mujer le guarda sino al oirla, en momento de congoja, un
+desgarrador ¡hijo mío! yendo a estrecharle maternalmente en sus brazos.
+Todo amor de mujer es, si verdadero y entrañable, amor de madre; la
+mujer prohija a quien ama. Y así Dulcinea es ya madre espiritual, no
+tan sólo señora de los pensamientos, de Don Quijote, y aunque se le
+hubiese a éste pasado por las mientes desahijarse de ella, veréis que
+ella le recobra con amoroso reclamo, como al ternerillo recental que
+corre a triscar suelto le requerencia la vaca, al sentirse con las
+ubres perinchidas, rompiendo con dulce abrullo el aire que los separa.
+Veréis cómo le detiene y le retiene con verdes lazos.
+
+Y fué que iban, después de lo narrado, entretenidos amo y escudero en
+razones y pláticas, entrando por una selva que fuera del camino estaba,
+cuando _a deshora y sin pensar en ello, se halló Don Quijote enredado
+entre unas redes de hilo verde, que desde unos árboles a otros estaban
+tendidas_ y que resultaron estarlo por unas hermosísimas doncellas y
+unos mozos principales que disfrazados de pastores y zagalas querían,
+formando una nueva y pastoril Arcadia, pasarlo en recitar églogas
+de Garcilaso y de Camoens. Conocieron a Don Quijote y le rogaron se
+detuviese con ellos, como así lo hizo, y en su compañía de ellos comió.
+Y a fuer de agradecido y para pagar el agasajo ofreció lo que podía
+y tenía de su cosecha, cual fué sustentar durante dos días naturales
+en mitad de aquel camino real que va a Zaragoza, que aquellas señoras
+contrahechas en pastoras que allí estaban, eran las más hermosas
+doncellas y más corteses que había en el mundo, exceptuando tan sólo a
+la sin par Dulcinea del Toboso, única señora de sus pensamientos.
+
+¡Vele aquí cómo vuelve ya a su locura nuestro admirable caballero!
+Cuando más ensimismado iba en meditar la vanidad y locura del esfuerzo
+de sus trabajos, le prenden y vuelven verdes redes al fresco sueño de
+la locura y de la vida. Volvió el Caballero al sueño de la vida, a su
+generosa locura, resurgiendo reconfortado, de la egoísta cordura de
+Alonso el Bueno. Y entonces, al retomar a su sublime locura, entonces
+es cuando vuelve a su magnánima intención y ofrece lo que ofreció
+sostener en honra y prez de sus agasajadoras. De aquella sumersión en
+los abismos de la oquedad del esfuerzo humano, tomó huelgos y recobró
+nuevo cuajo la energía creadora del Caballero de la Fe, al modo
+como Anteo, al toque de la Tierra, su madre; y se lanzó a la santa
+resignación de la acción, que nunca vuelve, como la mujer de Lot, la
+cara al pasado, sino que siempre se orienta al porvenir, único reino
+del ideal.
+
+Se echó Don Quijote al camino, plantóse en él y lanzó su reto. Y aquí
+dirá el lector lo que ya varias veces se habrá dicho en el curso de
+esta peregrina historia y es: ¿qué tiene que ver la verdad de una
+proposición con el valor de quien la sustenta y la fortaleza de su
+brazo? Porque venza en lid de armas el sustentador de esto o de aquello
+¿ha de tenerse lo que él sustentaba por más verdadero que lo sustentado
+por el vencido?
+
+Ya te he dicho, lector, que son los mártires los que hacen la fe más
+bien que ser la fe la que hace mártires. Y la fe hace la verdad.
+
+ Verdad entre burla y juego, como es hija de la fe,
+ es peña que al agua y viento para siempre está en un ser.
+
+Como según el conocido romance dijo Rodrigo Díaz de Vivar,
+
+ ahinojado ante el Rey,
+ delante los que juzgaba, antes de los años diez.
+
+Es verdadero, te lo repito, cuanto moviéndonos a obrar hace que cubra
+el resultado a nuestro propósito y es por lo tanto la acción la que
+hace la verdad. Déjate, pues, de lógicas. Y ¿cómo se hace que los
+hombres crean las cosas y les lleven a llenar sus propósitos si no es
+manteniéndolas con valor? Las gentes creen verdadera la empresa que
+venció por el esfuerzo del ánimo y del brazo de quien la sustentaba, y
+al creerla verdadera, la hacen tal si les lleva a obrar con buen éxito.
+Las manos, pues, abonan a la lengua, y con hondo sentido dijo Pero
+Vermuez a Ferrando, el infante de Carrión, en aquellas famosas cortes,
+lo de
+
+ Delant myo Çid e delante todos oviste te de alabar
+ Que mataras al moro e que fizieres barnax;
+ Croviorontelo todos, ma non saben la verdad.
+ E eres fermoso, mas mal barragán.
+ Lengua sin manos, cuemo osas fablar.
+
+ (POEMA DEL ÇID, 3324-3325).
+
+
+Y continúa echándole en cara que huyó del león al que avergonzó el Cid,
+por lo cual valía menos entonces--poró menos vales oy (3334)--y luego
+abandonó a su mujer, la hija del Cid y
+
+
+ por cuanto las dexastes menos valedes vos
+
+ (3344)
+
+
+y acaba exclamando:
+
+ De cuanto he dicho verdadero seré yo.
+
+ (3357)
+
+
+Todos creyeron a Fernando, mas era por ignorar la verdad; que era
+hermoso, pero «mal barragán». Lengua sin manos, ¿cómo osas hablar?
+
+No faltará todavía chinche escolástico como para venirme con que
+confundo la verdad lógica con la verdad moral y el error con la
+mentira, y que puede haber quien se mueva a obrar por manifiesta
+ilusión y logre, sin embargo, su propósito. A lo que digo que entonces
+la tal ilusión es la verdad más verdadera, y que no hay más lógica que
+la moral. Y de cuanto digo verdadero seré yo. Y basta.
+
+Salió Don Quijote al camino, plantóse en él, lanzó su reto y entonces
+fué cuando una manada de toros y cabestros le derribaron y pisotearon.
+Así sucede, que cuando retáis a caballeros a defender una verdad,
+vienen toros y cabestros y hasta bueyes y os pisotean.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO LIX
+
+Donde se cuenta el extraordinario suceso, que se puede tener por
+ aventura, que le sucedió a Don Quijote.
+
+
+Levantóse Don Quijote, montó y sin despedirse de la Arcadia fingida,
+reanudó más entristecido aún su camino. Porque venía ya triste desde
+casa de los Duques. Y viendo comer a Sancho: _Come, Sancho amigo--dijo
+Don Quijote--, sustenta la vida, que más que a mí te importa, y déjame
+morir a manos de mis pensamientos y a fuerza de mis desgracias_.
+¡Déjame morir! ¡Déjame morir a manos de mis pensamientos! ¿Pensabas
+acaso, pobre Caballero, en el encantamiento de Dulcinea y pensaba tu
+Alonso en el encanto de Aldonza?
+
+_Yo, Sancho_--prosiguió Don Quijote--, _nací para vivir muriendo, y tú
+para morir comiendo_. ¡Preñadísima sentencia! Sí, para vivir muriendo
+nació todo género de heroísmo. Al verse el Caballero _pisado y acoceado
+y molido de los pies de animales inmundos y soeces pensó_ dejarse morir
+de hambre. La cercanía de la muerte, que se le venía encima a muy
+raudos pasos, iba alumbrando su mente y disipando de ella la cerrazón
+de la locura. Comprendía ya que eran animales inmundos y soeces los que
+le acocearon y molieron y no los tuvo por cosa de encantamiento y magia.
+
+¡Pobre mi señor! La fortuna se te ha vuelto de espaldas y te desdeña.
+Mas no por eso la esperas menos, y tu esperanza es tu verdadera
+fortuna, tu dicha el esperarla. ¿No esperaste durante doce arrastrados
+años y no esperabas todavía lo imposible, con tanto más grande
+esperanza cuanto más imposible es lo esperado? Bien se ve que no habías
+olvidado aquello que leíste en el canto segundo de la áspera ARAUCANA
+de mi paisano Ercilla y es que
+
+ el más seguro bien de la fortuna
+ es no haberla tenido vez alguna.
+
+Descansaron un rato amo y escudero, reanudaron camino y llegaron a una
+venta, que por tal venta la tomó Don Quijote, pues salió, como vemos,
+de casa de los Duques en vía de curación de su locura y desempañada la
+vista. Las burlas se le iban aclarando. Las burlas le abrieron los ojos
+para conocer a los animales inmundos y soeces.
+
+Y aun tuvo que apurar en la venta otro tormento y fué el de conocer las
+patrañas que acerca de él había propalado la falsa segunda parte de su
+historia.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO LX
+
+ De lo que le sucedió a Don Quijote yendo a Barcelona.
+
+
+Continuaron camino de Barcelona y en él, sesteando entre unas espesas
+encinas o alcornoques, sucedió el más triste suceso de tantos tan
+tristísimos como la historia de nuestro Don Quijote encierra. Y fué
+que desesperado Don Quijote de la flojedad y caridad poca de Sancho
+su escudero, _pues a lo que creía solos cinco azotes se había dado,
+número desigual y pequeño para los infinitos que le faltaban_ por
+darse si había de desencantar a Dulcinea, determinó azotarle a pesar
+suyo. Intentó hacerlo, resistióse el escudero, forcejeó Don Quijote
+y viéndolo Sancho Panza, _se puso en pie y arremetiendo a su amo, se
+abrazó con él a brazo partido, y echándole una zancadilla dió con él
+en el suelo boca arriba; púsole la rodilla derecha sobre el pecho y
+con las manos le tenía las manos de modo que ni le dejaba rodear ni
+alentar_.
+
+Basta ya, que oprime al ánimo más recio la lectura de este tristísimo
+paso. Tras las burlas de los Duques, la aflicción por la pobreza, el
+desmayo del heroísmo ante las imágenes de los cuatro caballeros y el
+molimiento por pies de animales inmundos y soeces, sólo faltaba, como
+suprema tortura, la rebeldía de su escudero. Sancho se había visto
+gobernador y a su amo a las patas de los cabestros. El paso es de
+hondísima tristeza.
+
+_Don Quijote le decía: ¿cómo, traidor, contra tu amo y señor natural
+te desmandas? ¿Con quien te da su pan te atreves?_ ¿El pan? No sólo
+el pan, sino la gloria y la vida misma perduraderas. _Ni quito rey ni
+pongo rey--respondió Sancho--, sino ayúdome a mí que soy mi señor._
+
+¡Oh, pobre Sancho, y a qué desfalladero de torpeza te arroja la carne
+pecadora! Te desmandas contra tu amo y señor natural, contra el que te
+da el eterno pan de tu vida eterna, creyéndote señor de ti mismo. No,
+pobre Sancho, no; los Sanchos no son señores de sí mismos. Esa proterva
+razón que para rebelarte aduces de _¡soy mi señor!_ no es mas que un
+eco del «¡no serviré!» de Lucifer, el príncipe de las tinieblas. No,
+Sancho, no; tú no eres ni puedes ser señor de ti mismo, y si mataras a
+tu amo, en aquel mismo instante te matarías para siempre a ti mismo.
+
+Pero bien mirado tampoco está del todo mal que Sancho se rebele
+así, pues de no haberse nunca rebelado no sería hombre, hombre de
+verdad, entero y verdadero. Y esa rebelión, si bien se mira, fué un
+acto de cariño, de hondo cariño a su amo que se desmandaba y salía,
+en la tristeza de su locura agonizante, de las buenas prácticas
+caballerescas. Después de aquello, después de haberle tenido sujeto
+bajo su rodilla, después de haberle vencido, es seguro que Sancho quiso
+y respetó y admiró más a su amo. Así es el hombre.
+
+Y Don Quijote prometió no tocarle en el pelo de la ropa, dejándose
+vencer de su escudero. Es la primera vez en su vida toda en que el
+Caballero de los Leones se deja vencer humildemente y sin defenderse
+siquiera; se deja vencer de su escudero.
+
+Y este mismo Sancho que arremete a su amo y le pone la rodilla sobre el
+pecho, al sentir sobre su cabeza y pendientes de un árbol dos pies de
+persona con zapatos y calzas, tiembla de miedo y da voces llamando a
+Don Quijote que le acorra y favorezca.
+
+No bien acaba de desmandarse contra su amo y señor natural al grito
+revolucionario de _¡yo soy mi señor!_ cuando no es ya señor de sí
+mismo, sino que tiembla de miedo al sentir sobre su cabeza unos pies
+calzados, y llama a su amo y señor natural, al que le amparaba del
+miedo. Y Don Quijote ¡claro está! acudió a la llamada, porque era
+bueno. Y supuso fueran pies de foragidos y bandoleros que en aquellos
+árboles estaban ahorcados.
+
+Así lo vieron al amanecer en que _cuarenta bandoleros vivos que
+de improviso les rodearon, diciéndoles en lengua catalana que se
+estuvieran quedos, y se detuvieran hasta que llegase su capitán_. Y
+el pobre Don Quijote hallóse _a pie, su caballo sin freno, su lanza
+arrimada a un árbol, y finalmente sin defensa alguna, y así tuvo por
+bien cruzar las manos e inclinar la cabeza guardándose para mejor sazón
+y coyuntura_. ¡Ejemplarísimo Caballero! Y ¡cómo le han enseñado las
+burlas de los Duques, las coces de los cabestros y la arremetida de
+Sancho! Es que barrunta, aun sin conocerla, la cercanía de su muerte.
+
+Llegó el capitán, Roque Guinart, vió la triste y melancólica figura de
+Don Quijote y le animó. Había oído hablar de él. Y allí conoció Don
+Quijote la concertada república de los bandoleros y pretendió persuadir
+con buenas palabras, y no obligarle por fuerza a Roque Guinart a que se
+hiciese caballero andante. Sirvió el encuentro para que el caballero
+admirase la vida del caballeresco bandolero, la equidad con que se
+repartían los despojos del robo y su generosidad con los viandantes. Y
+él, Don Quijote, que con grande escándalo de las personas graves había
+dado libertad a los galeotes, no intentó siquiera deshacer la república
+de los bandidos.
+
+Esto de la justicia distributiva y el buen orden que en repartir
+los despojos del botín se observaba en la banda de Roque Guinart,
+es condición de toda sociedad de bandoleros. Fernando de Pulgar, al
+hablarnos en sus CLAROS VARONES DE CASTILLA del bandolero D. Rodrigo
+de Villadrando, Conde de Ribadeo, que con sus bandas y su gran poder
+«robó, quemó, destruyó, derribó, despobló Villas e Lugares e pueblos de
+Borgoña e de Francia» nos dice que «tenía dos singulares condiciones:
+la una, que facía guardar la justicia entre la gente que tenía, e no
+consentía fuerza ni robo ni otro crimen; e si alguno lo cometía, él
+por sus manos lo punía». Por donde se ve cómo es en el seno de las
+sociedades organizadas para el robo donde más severamente se persigue
+el robo mismo, así como en los ejércitos, organizados para ofender y
+destruir, es donde más duramente se castigan las ofensas y lo que a la
+destrucción del ejército mismo tienda. Y así cabe decir de todo género
+de justicia humana que brotó de la injusticia, de la necesidad que ésta
+tenía de sostenerse y perpetuarse. La justicia y el orden nacieron en
+el mundo para mantener la violencia y el desorden. Con razón ha dicho
+un pensador que de los primeros bandoleros a sueldo surgió la guardia
+civil. Y los romanos, formuladores del derecho que aún subsiste, los
+del _ita ius esto_ ¿qué eran sino unos bandoleros que empezaron su vida
+por un robo según la leyenda por ellos mismos forjada?
+
+Conviene, lector, te pares a considerar esto de que nuestros preceptos
+morales y jurídicos hayan nacido de la violencia y de que para poder
+matar una sociedad de hombres se haya dicho a cada uno de éstos que no
+deben matarse entre sí, y se les haya predicado que no deben robarse
+unos a otros para que así mejor se dediquen al robo en cuadrilla.
+Tal es el verdadero abolengo y linaje de nuestras leyes y nuestros
+preceptos; tal la fuente de la moral al uso. Y este su abolengo y
+linaje se descubre en ella y por esto nos sentimos inclinados a
+perdonar y aun querer a los Roque Guinart, porque en ellos no hay
+doblez ni falsía, sino que aparecen sus bandas tal y como son, mientras
+los pueblos naciones que se dicen llamados a cumplir el derecho y
+servir a la cultura y a la paz son sociedades fariseas. ¿Conocéis algún
+rasgo quijotesco de una nación de hombres como tal nación?
+
+Consideremos, por otra parte, cómo del mal sale el bien--porque al fin
+es un bien, si bien transitorio, el de la justicia distributiva--y
+tiene éste sus raíces en aquél, o son más bien caras de una misma
+figura. De la guerra brota la paz, y del robo en cuadrilla el castigo
+al robo. La sociedad tiene que tomar sobre sí los crímenes para
+libertar de ellos, y de su remordimiento, a los que la forman. Y ¿no
+hay acaso un remordimiento social, desparramado entre sus miembros
+todos? Sin duda y el hecho éste del remordimiento social, tan poco
+advertido de ordinario, es el móvil principal de todo progreso de
+la especie. Acaso lo que nos mueve a ser buenos y justos con los de
+nuestra sociedad es cierto oscuro sentimiento de que la sociedad
+misma es mala e injusta; el remordimiento colectivo de una tropa de
+guerra es tal vez lo que les mueve a prestarse servicios entre sí y
+aun a prestárselos, a las veces, al enemigo vencido. Por conocer la
+insolencia de su oficio se guardaban fe entre sí los compañeros de
+Roque.
+
+ * * * * *
+
+Este precioso episodio de Roque Guinart es el que más íntima relación
+guarda con la esencia de la historia de Don Quijote. Es un reflejo,
+a la vez, del culto popular al bandolerismo, culto jamás borrado de
+nuestra España. Roque Guinart es un predecesor de los muchos bandidos
+generosos cuyas hazañas, trasmitidas y esparcidas merced a los pliegos
+de cordel y coplas de ciegos, han admirado y deleitado a nuestro
+pueblo; de Diego Corrientes, llamado por antonomasia el bandido
+generoso; del guapo Francisco Esteban; de José María, el Rey de Sierra
+Morena; del gaucho Juan Moreira allá en la Argentina, y de tantos otros
+más, cuyo patrón en el cielo de nuestro pueblo es San Dimas.
+
+Cuando crucificaron a Nuestro Señor Jesús Cristo, uno de los
+malhechores que estaban colgados junto a Él, le injuriaba diciendo:
+«Si Tú eres el Cristo, sálvate a Ti mismo y a nosotros. Y respondiendo
+el otro, reprendióle diciendo: ¿Ni aun tú temes a Dios estando en la
+misma condenación? Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque
+recibimos lo que merecieron nuestros hechos, mas Éste ningún mal hizo.
+Y dijo a Jesús: Señor, acuérdate de mí cuando fueres en tu reino. Y
+entonces Jesús le dijo: De veras te digo que hoy estarás conmigo en el
+paraíso. (Luc., XXIII, 39-43).
+
+No se encuentra otra vez alguna en el Evangelio una afirmación tan
+redonda de «serás conmigo en el paraíso», una tan firmemente dada
+seguridad de salvación. Una vez canoniza el Cristo y es a un bandolero
+en el momento de la muerte. Y al canonizarle canoniza la humildad de
+nuestro bandolerismo. Y ¿por qué cuando fustigó duramente a tantos
+escribas y fariseos, hombres honrados según la ley? Porque éstos se
+tenían por justos a sí mismos, como el fariseo de la parábola, mientras
+el bandolero, como el publicano de la misma, reconoció su culpa. Fué su
+humildad lo que premió Jesús. El bandolero se confesó culpable y creyó
+en el Cristo.
+
+Nada aborrece más el pueblo que al Catón que se tiene por justo y
+parece ir diciendo: miradme y aprended de mí a ser honrados. Roque
+Guinart, por el contrario, no ensalzaba su estado, sino que confesó a
+Don Quijote que no había modo de vivir más inquieto ni sobresaltado que
+el suyo, y que perseveraba en él, por deseo de venganza, a despecho y a
+pesar de lo que entendía, y añadió: _y como un abismo llama a otro y un
+pecado a otro pecado, hanse eslabonado las venganzas, de manera que no
+sólo las mías, pero las ajenas, tomo a mi cargo; pero Dios es servido
+de que aunque me veo en la mitad del laberinto de mis confusiones, no
+pierdo la esperanza de salir dél a puerto seguro_. Es un eco de la
+oración de San Dimas. Y nos parece oir aquello de Pablo de Tarso: «no
+hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero hago; miserable
+hombre de mí ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?».
+
+«No hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero hago». Palabras
+que nos sugiere la conducta de Roque Guinart y que nos piden a gritos
+nos paremos a meditarlas. Y a meditar en que no es lo mismo cumplir la
+ley que ser bueno. Hay, en efecto, quien se muere sin haber abrigado un
+solo buen deseo y sin haber, a pesar de ello, cometido un solo delito,
+y quien, por el contrario, llega a la muerte con una vida cargada de
+delitos y de generosos deseos a la vez. Son las intenciones y no los
+actos lo que nos empuerca y estraga el alma, y no pocas veces un acto
+delictuoso nos purga y limpia de la intención que lo engendrara. Más de
+un rencoroso homicida habrá empezado a sentir amor a su víctima luego
+que sació su odio en ella, mientras hay gentes que siguen odiando al
+enemigo que se murió, después de muerto. Ya sé que son muchos los que
+anhelan una humanidad en que se impidan los crímenes aunque los malos
+sentimientos envenenen las almas, pero Dios nos dé una humanidad de
+fuertes pasiones, de odios y de amores, de envidias y de admiraciones,
+de ascetas y de libertinos, aunque traigan consigo estas pasiones sus
+naturales frutos. El criterio jurídico sólo ve lo de fuera y mide la
+punibilidad del acto por sus consecuencias; el criterio estrictamente
+moral debe juzgarlo por su causa y no por su efecto. Lo que ocurre
+es que nuestra moral corriente está manchada de abogacía y nuestro
+criterio ético estropeado por el jurídico. El matar no es malo por
+el daño que reciben el muerto o sus deudos o parientes, sino por la
+perversión que al espíritu del matador lleva el sentimiento que le
+impulsa a dar a otro la muerte; la fornicación no es pecado por daño
+alguno que reciba la fornicada--pues de ordinario no lo recibe tal y
+sí sólo deleite--sino porque el sucio deseo distrae al hombre de la
+contemplación de su fin propio y le tiñe de falsedad cuanto percibe.
+Con hondo sentimiento se llama entre los gauchos _desgracia_, no al ser
+muerto, sino al haber tenido que matar a otro. Y por ello, aunque en el
+mundo de la servidumbre, en el mundo aparencial de las trasgresiones
+del derecho, caigamos en delito, nos salvaremos si conservamos sana
+intención en el mundo de la libertad, en el mundo esencial de los
+anhelos íntimos.
+
+Y además ¿no endurecerá en sus fechorías al facineroso la desconfianza
+del perdón? Recordad aquí a los galeotes. Creo que si todos los hombres
+se persuadieran de que hay un perdón final para todos y una vida
+perdurable, en una u otra forma, se harían todos mejores. El temor al
+castigo no evita más fechorías que las que provoca la desesperanza de
+perdón. Recordad a Pablo el ermitaño y a Enrico el bandolero del drama
+de Tirso de Molina que lleva por título EL CONDENADO POR DESCONFIADO,
+profunda quintaesencia de la fe española, recordad que si Pablo,
+macerado en penitencias, se pierde por desconfiar de su salvación,
+por confiar en ella se salva Enrico el frígido. Volved a leer este
+drama. Recordad a aquel Enrico, hijo de Anareto, que conservó entre sus
+maldades entrañable cariño a su tullido padre y fe en la misericordia
+de Dios, reconociendo la justicia del castigo. Recordadle diciendo:
+
+ Mas siempre tengo esperanza
+ en que tengo de salvarme, puesto que no va fundada
+ mi esperanza en obras mías, sino en saber que se hermana
+ Dios con el más pecador, y con su piedad le salva
+
+ (II, 17)
+
+y recordadle arrepentido, gracias a su padre.
+
+¿Que esto repugna al sentido moral? Al sanchopancesco, sí; al
+quijotesco, no. Un filósofo alemán de hace poco, Nietzsche, metió ruido
+en el mundo escribiendo de lo que está allende el bien y el mal. Hay
+algo que está no allende, sino dentro del bien y del mal, en su raíz
+común. ¿Qué sabemos nosotros, pobres mortales, lo que son el bien y el
+mal vistos desde el cielo? ¿Os escandaliza acaso que una muerte de fe
+abone toda una vida de maldades? ¿Sabéis acaso si ese último acto de
+fe y de contrición no es el brotar a la vida exterior, que se acaba
+entonces, sentimientos de bondad y de amor que circularon en la vida
+interior, presos bajo la recia costra de las maldades? Y ¿es que no hay
+en todos, absolutamente en todos, esos sentimientos, pues sin ellos no
+se es hombre? Sí, pobres hombres, confiemos, que todos somos buenos.
+
+¡Pero es que así no viviremos nunca seguros!--exclamáis--¡con tales
+doctrinas no cabe orden social! Y ¿quién os ha dicho, apocados
+espíritus, que el destino final del hombre se sujete a asegurar el
+orden social en la tierra y a evitar esos daños aparentes que llamamos
+delitos y ofensas? ¡Ah, pobres hombres, siempre veréis en Dios un
+espantajo o un gendarme, no un Padre, no un Padre que perdona siempre
+a sus hijos, no más sino por ser hijos suyos, hijos de sus entrañas, y
+como tales hijos de Dios, buenos siempre por dentro de dentro aunque
+ellos mismos ni lo sepan ni lo crean. Tengo, pues, para mí que Roque
+Guinart y sus compañeros eran mejores de lo que ellos mismos se creían.
+Reconocía el buen Roque la insolencia de su oficio, pero se sentía
+atado a él como a un sino fatal. Era su estrella. Y podía haber dicho
+con el gaucho Martín Fierro lo de
+
+ Vamos, suerte, vamos juntos,
+ Puesto que juntos nacimos,
+ Y ya que juntos vivimos.
+ Sin podernos dividir,
+ Yo abriré con mi cuchillo
+ El camino _pa_ seguir.
+
+Y volviendo a nuestra historia, conviene recordar aquí lo que D.
+Francisco Manuel de Melo en su HISTORIA DE LOS MOVIMIENTOS, SEPARACIÓN
+Y GUERRA DE CATALUÑA EN TIEMPO DE FELIPE IV, obra publicada unos
+cuarenta años después de la historia de nuestro Caballero, dice al
+describir a los catalanes «por la mayor parte hombres de durísimo
+natural» que «en las injurias muestran gran sentimiento y por eso son
+inclinados a venganza», y añade: «La tierra, abundante en asperezas,
+ayuda y dispone su ánimo vengativo a terribles efectos con pequeña
+ocasión; el quejoso o agraviado deja los pueblos y se entra a vivir en
+los bosques, donde en continuos asaltos, fatigan los caminos; otros
+sin más ocasión que su propia insolencia, siguen a estotros; éstos
+y aquéllos se mantienen por la industria de sus insultos. Llaman
+comúnmente andar en trabajo aquel espacio de tiempo que gastan en este
+modo de vivir, como en señal de que le conocen por desconcierto; no es
+acción entre ellos reputada por afrentosa, antes al ofendido ayudan
+siempre sus deudos y amigos». Y habla luego de los famosos bandos de
+Narros y Cadells «no menos celebrados y dañosos a su patria que los
+Güelfos y Gibelinos de Milán, los Pafos y Médicis de Florencia, los
+Beamonteses y Agramonteses de Navarra y los Gamboinos y Oñacinos de la
+antigua Vizcaya».
+
+Al bando de los Narros pertenecía Roque Guinart y como de tal bando
+despachó un mensajero a Barcelona dando cuenta a sus amigos de cómo
+iba Don Quijote _para que con él se solazasen, que él quisiera que
+careciesen de este gusto los Cadells sus contrarios; pero que esto
+era imposible a causa que las locuras y discreciones de Don Quijote
+y los donaires de su escudero Sancho Panza no podían dejar de dar
+gusto general a todo el mundo_. ¡Pobre Don Quijote, ya querían hacerte
+monopolio de un bando y solaz a él sólo reservado! ¡Lo que se le ocurre
+a un catalán, aunque sea bandolero!
+
+
+
+
+ CAPÍTULOS LXI, LXII Y LXIII
+
+ De lo que le sucedió a Don Quijote en la entrada de Barcelona, con
+ otras cosas que tienen más de lo verdadero que de lo discreto.
+
+
+A los tres días _por caminos desusados, por atajos y sendas encubiertas
+partieron Roque, Don Quijote y Sancho con otros seis escuderos a
+Barcelona_, a cuya playa llegaron la víspera de San Juan en la noche, y
+allí se les despidió Roque dejando diez escudos a Sancho.
+
+Ya tenemos en ciudad a Don Quijote y nada menos que en la grande y
+florida ciudad condal de Barcelona, _archivo de la cortesía, albergue
+de los extranjeros, hospital de los pobres, patria de los valientes,
+venganza de los ofendidos y correspondencia grata de firmes amistades y
+en sitio y belleza única_ como más adelante, en el cap. LXXII la llama
+el historiador. Allí, al rayar del día, apacentó en el mar su vista,
+pareciéndole espaciosísimo y largo, vió las galeras y se halló de
+fiesta. Y vino la burla ciudadana de los amigos de Roque, que rodeando
+a Don Quijote, al son de chirimías y atabales, le llevaron a la ciudad,
+donde los muchachos le hicieron ser derribado de Rocinante, poniendo a
+éste aliagas bajo el rabo.
+
+Ya estás, mi señor Don Quijote, de hazme reir de una ciudad y de
+juguete de sus muchachos. ¿Por qué te saliste del campo y de sus
+caminos libres, único terreno propio de tu heroísmo? Allí, en
+Barcelona, le sacaron al balcón de una de las calles más principales de
+la ciudad _a vista de las gentes y de los muchachos que como a mona le
+miraban_, allí le pasearon por las calles, sobre un gran macho de paso
+llano, con un balandrán y a las espaldas un pergamino en que se leía:
+_éste es Don Quijote de la Mancha_, lo que traía consigo, con grande
+admiración del Caballero, que todos los muchachos, sin haberle jamás
+visto, le conocieran.
+
+¡Pobre Don Quijote, paseado por la ciudad, con tu _ecce homo_ a
+espaldas! Ya estás convertido en curiosidad ciudadana. Y no faltó,
+un castellano por cierto, quien te llamase loco y te reprendiese tu
+locura. Y luego, en casa de D. Antonio Moreno, que le hospedaba, hubo
+sarao y le hicieron bailar hasta que tuvo que sentarse _en mitad de la
+sala, en el suelo, molido y quebrantado de tan bailador ejercicio_.
+
+Esto supera ya en tristeza a cuanto desde el día malaventurado en que
+topó con los Duques le está ocurriendo. Le pasean por las calles,
+convertido en mona de los muchachos, y luego le hacen bailar. Tómanle
+de juguete, de trompo, de perinola y zarandillo. Ahora, ahora es, mi
+señor, cuando cuesta seguirte, ahora es cuando tus fieles han de poner
+su fe a prueba. «¡Que baile! ¡Que baile!»--es uno de los gritos de
+irrisión y burla con que escarnecen a los hombres las muchedumbres
+españolas. Y a ti, mi señor Don Quijote, te hicieron bailar en
+Barcelona, hasta molerte y quebrantarte.
+
+Ser blanco de la ociosa curiosidad de las muchedumbres; oir que al
+pasar dicen junto a uno a media voz «¡ése! ¡ése!»; aguantas las miradas
+de los necios que le miran a uno porque se le trae y se le lleva en
+los papeles públicos y luego persuadirte de que no conoce tu obra
+esa gente como no conocían las hazañas de Don Quijote y menos aún su
+espíritu heroico los chicuelos que por las calles de Barcelona le
+aclamaban, y de que no eres sino un nombre para ellos; ¿sabéis lo que
+es esto? ¿Sabéis lo que es eso de que se conozca sólo vuestro nombre y
+de que os conozcan en dondequiera mientras en dondequiera no saben lo
+que habéis hecho? Pudiera muy bien suceder que estos mis comentarios
+a la vida de mi señor Don Quijote provocaran en esta nuestra España,
+como han provocado algunos otros trabajos míos, discusiones y vocerío;
+pues bien; os aseguro desde ahora que los más furiosos en vocear por
+ellos no los habrán leído. Y sin embargo, es tan miserable el hombre,
+que prefiere el nombre sin la obra a la obra sin el nombre, quiere más
+dejar su efigie acuñada en cobre a dejar oro puro de su espíritu, pero
+de donde se borren la efigie y la leyenda.
+
+Allí, en la industriosa ciudad de Barcelona, le enseñaron, ¿qué sino
+curiosidades de industria? Allí vió y oyó a la cabeza encantada; allí
+visitó el taller de imprimir. _Sucedió, pues, que yendo por una calle
+alzó los ojos Don Quijote y vió escrito sobre una puerta con letras
+muy grandes_: AQUÍ SE IMPRIMEN LIBROS; _de lo que se contentó mucho,
+porque hasta entonces no había visto emprenta alguna y deseaba saber
+cómo fuese_. Curiosidad naturalísima en quien buscó en libros bálsamo
+al demasiado amor y fué por libros llevado a meterse en las azarosas
+andanzas de su carrera de gloria. Figuraos al hidalgo cincuentón
+que allá, en su lugarejo manchego, había alimentado con lecturas su
+soledad, para quien más que para otro cualquiera fueron los libros
+fieles amigos, y comprenderéis con qué ánimo entraría en la imprenta.
+En la cual se portó como discreto, y manifestó que sabía algún tanto
+del toscano y se preciaba de cantar algunas estancias del Ariosto. Y
+hasta allí dejó asomar ciertas puntas y ribetes de ironía a cuenta de
+los traductores y las traducciones.
+
+Este y otros pasajes especialmente literarios de nuestra historia,
+son de los que más suelen citar esos que se llaman a sí mismos
+cervantistas, pero la verdad es que ello apenas lo merece. Son
+tiquismiquis y minucias de los del oficio, que a los demás les debe
+tener sin cuidado. Bien está que los escritores nos cuidemos de la
+hechura de nuestros trabajos y le demos vueltas y más vueltas al
+lenguaje y al estilo, pero de esto nada se le da al que nos lee.
+Bien está el que un escritor teja sus párrafos, y luego los desmote,
+perche, lustre, tunda y prense para cortarlos y coserlos luego y hacer
+así traje a su pensamiento, mas sea para provecho del que le haya de
+leer. Yo mismo, en estas páginas, confieso que a las veces he zuñido
+y bruñido mi discurso, mas en lo que todo sobre todo he puesto ahinco
+es en sacar a ras de lengua escrita voces de la lengua corrientemente
+hablada, en desentoñar y desentrañar palabras que chorrean vida según
+corren frescas y rozagantes de boca en oído y de oído en boca de los
+buenos lugareños de tierras de Castilla y de León. Hay que flexibilizar
+y enriquecer el rígido y escueto castellano, dicen allende los mares.
+Sin duda hay que darle más soltura y más riqueza, pero es a la lengua
+enteca y enclavijada de los periódicos y de los cafés. Mas para ello
+no es menester acudir fuera y tomar de prestado voces y giros de otros
+idiomas; basta remejerle los entresijos al mismo romance castellano.
+Cada uno ha de engordar de sí mismo.
+
+Otros vienen y nos dicen que no, sino que lo necesario y apremiante es
+podar nuestra lengua y recortarla y darla precisión y fijeza. Dicen los
+tales que padece de maraña y de braveza montesina nuestra lengua, que
+por dondequiera le asoman y apuntan ramas viciosas, y nos la quieren
+dejar como arbolito de jardín, como boje enjaulado. Así, añaden,
+ganará en claridad y en lógica. ¿Pero es que vamos a escribir algún
+_Discurso del método_ con ella? ¡Al demonio la lógica y la claridad
+ésas! Quédense los tales recortes y podas y redondeos para lenguas en
+que haya de encarnar la lógica del raciocinio raciocinante, pero la
+nuestra ¿no debe ser acaso ante todo y sobre todo instrumento de pasión
+y envoltura de quijotescos anhelos conquistadores?
+
+Y en eso mismo de claridad habría que entenderse, pues hay quien aspira
+a que le den las ideas mascadas, ensalivadas y hechas bolo engullible
+para no tener que pasar otro trabajo sino el de tragarlas, o mejor aún
+que se las empapicen.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO LXIV
+
+ Que trata de la aventura que más pesadumbre dió a Don Quijote de
+ cuantas hasta entonces le habían sucedido.
+
+
+Y allí, en Barcelona, dieron fin las malandanzas caballerescas de
+nuestro Don Quijote; allí fué vencido por el Caballero de la Blanca
+Luna. Hízose éste el encontradizo, le buscó quimera por precedencia de
+hermosura de sus respectivas damas, le derribó y le pidió confesase
+las condiciones del desafío. Y el gran Don Quijote, el inquebrantable
+Caballero de la Fe, el heroico loco, molido y aturdido y _como si
+hablara dentro de una tumba, con voz debilitada y enferma dijo:
+Dulcinea del Toboso es la más hermosa mujer del mundo, y yo el más
+desdichado Caballero de la tierra, y no es bien que mi flaqueza
+defraude esta verdad; aprieta, caballero, la lanza y quítame la vida,
+pues me has quitado la honra_.
+
+Ved aquí cómo cuando es vencido el invicto Caballero de la Fe, es el
+amor lo que en él vence. Esas sublimes palabras del vencimiento de
+Don Quijote son el grito sublime de la victoria del Amor. Él se había
+entregado a Dulcinea, mas sin pretender que por eso se le entregase
+Dulcinea, y así su derrota en nada empañaba la hermosura de la dama. Él
+la había hecho, cierto es, él la había hecho en puro fe, él la había
+creado con el fuego de su pasión; pero una vez creada, ella era ella
+y de ella recibía su vida él. Yo forjo con mi fe, y contra todos, mi
+verdad, pero luego de así forjada ella, mi verdad se valdrá y sostendrá
+sola y me sobrevivirá y viviré yo de ella.
+
+¡Oh, mi Don Quijote, y cuán a dos dedos de tu salvación eterna estás,
+pues curado ya de la presunción, no hablas de la fortaleza de tu
+brazo, sino que confiesas tu flaqueza! Y ¡cómo se te viene encima la
+luz purificadora de la muerte próxima! ¡Como de dentro de una tumba
+hablas; como de dentro de la tumba del mundo que se burla de los héroes
+y los pasea por las calles con su pergamino a la espalda! Y vencido y
+maltrecho y triste y afligido y conociendo tu flaqueza, aún proclamas
+a Dulcinea del Toboso la más hermosa mujer del mundo. ¡Oh generoso
+Caballero! Tú no eres como esos que buscando la Gloria cuando se ven
+por ella desdeñados, la niegan y la denigran y la motejan de vana y
+aun dañosa; tú no eres de los que culpan a la Gloria de sus propias
+flaquezas y de no haber podido conquistarla; tú vencido y maltrecho
+prefieres la muerte a renegar de la que te metió en tu carrera de
+heroísmo.
+
+Y es porque tienes fe en ella, en tu Dulcinea, sientes que cuando
+pareciendo abandonarte, deja que te venzan, es para luego ceñirte
+entre sus temblorosos brazos con hambriento cariño, y apretarte a su
+pecho encendido hasta que sean un parejo golpear el de su corazón y
+el del tuyo, y pegar a tu boca su boca, respirando de tu aliento y de
+su aliento tú y quedar así las dos bocas prendidas para siempre en un
+beso inacabable de gloria y de amor eternos. Te deja ser vencido para
+que comprendas que no a la fortaleza de tu brazo, sino al amor que la
+tuviste debes tu vida eterna. Tú la amaste, invicto Caballero de la
+Fe, con el amor más esmerado y grande, con amor que se alimentaba de
+sus desdenes y rechazos. No por haberle visto trasformada en zafia
+labradora se te amenguó el denodado ánimo ni pregonaste el vanidad de
+vanidades y todo vanidad, del sabio rey podrido por los hartazgos. Al
+ser vencido tu grito de triunfo, invicto Caballero, fué proclamar la
+hermosura sin par de Dulcinea.
+
+Así a nosotros, tus fieles, cuando más vencidos estemos, cuando el
+mundo nos aplaste y nos estruje el corazón la vida y se nos derritan
+las esperanzas todas, danos alma, Caballero, danos alma y coraje para
+gritar desde el fondo de nuestra nadería: ¡plenitud de plenitudes y
+todo plenitud! ¿Que yo muero en mi demanda? Pues así se hará ésta más
+grande con mi muerte. ¿Que peleando en pro de mi verdad, me vencen? ¡No
+importa! No importa, pues ella vivirá y viviendo ella os mostrará que
+no depende de mí, sino yo de ella.
+
+No es éste mi yo deleznable y caduco; no es éste mi yo que come de la
+tierra y al que la tierra comerá un día, el que tiene que vencer; no
+es éste sino que es mi verdad, mi yo eterno, mi padrón y modelo desde
+antes de antes y hasta después de después; es la idea que de mí tiene
+Dios, Conciencia del Universo. Y esta mi divina idea, esta mi Dulcinea,
+se engrandece y se sobrehermosea con mi vencimiento y muerte. Todo tu
+problema es éste: si has de empañar esa tu idea y borrarla y hacer
+que Dios te olvide, o si has de sacrificarte a ella y hacer que ella
+sobrenade y viva para siempre en la eterna e infinita Conciencia del
+Universo. O Dios o el olvido.
+
+Si por guardar tu mecha apagas tu luz; si por ahorrar tu vida malgastas
+tu idea. Dios no se acordará de ti, anegándote en su olvido como en
+perdón supremo. Y no hay otro infierno que éste; el que nos olvide
+Dios, y volvamos a la in conciencia de que surgimos. «¡Señor, acuérdate
+de mí!» digamos con el bandolero que moría junto a Jesús (Luc., XXIII,
+42). Señor, acuérdate de mí y que mi vida toda sea una vivificación de
+mi idea divina, y si la empañare, si la sepultara en mi carne, si la
+deshiciera en este mi yo caduco y terreno, entonces ¡ay de mí, Señor,
+porque me perdonarías olvidándome! Si aspiro a Ti, viviré en Ti; si de
+Ti me aparto, iré a dar en lo que no es tuyo, en lo único que fuera de
+Ti cabe: en la nada.
+
+Y el vencedor de Don Quijote, el de la Blanca Luna, a quien también
+sacó del sosiego aldeano el amor a Dulcinea, no mata al Caballero, sino
+que exclama: _¡viva, viva en su entereza la fama de la hermosura de
+la señora Dulcinea del Toboso!_ y se contenta con pedirle al vencido
+que se retire a su lugar mientras él le mande... ¡que se retire a bien
+morir! Sansón Carrasco, el bachiller por Salamanca, que no era otro el
+de la Blanca Luna, fué también en busca de gloria y para que la fama
+lleve su nombre con el de Don Quijote. ¿Y no fué acaso también para
+merecer a los ojos de aquella andaluza Casilda, de que se enamoró en
+las callejas de la dorada ciudad del Tormes.
+
+Y Sancho, el fiel Sancho, _todo triste, todo apesarado, no sabía qué
+hacerse ni decirse; parecíale que todo aquel suceso pasaba en sueños
+y que toda aquella máquina era cosa de encantamento. Veía a su señor
+rendido y obligado a no tomar armas en un año; imaginaba la luz de la
+gloria de sus hazañas oscurecida, las esperanzas de sus nuevas promesas
+deshechas como se deshace el humo con el viento._
+
+Parémonos a considerar este fin de la gloriosa carrera de Don Quijote y
+cómo fué en Barcelona vencido, y vencido por su convecino el bachiller
+Sansón Carrasco. Y aquí, mi señor Don Quijote, he de confesarte una mi
+pasada bellaquería.
+
+Hace algunos años que en un semanario que en esta nuestra España
+alcanzó autoridad y renombre, lancé contra ti, generoso hidalgo, este
+grito de guerra: ¡Muera Don Quijote! Resonó el grito, sobre todo en esa
+Barcelona donde fuiste vencido, y donde me lo tradujeron al catalán,
+resonó el grito y tuvo eco y me lo corearon y aplaudieron muchos. Pedí
+que murieras para que resucitara en ti Alonso el Bueno, el enamorado
+de Aldonza, como si su bondad se hubiera nunca mostrado más espléndida
+que en tus locas hazañas. Y hoy te confieso, señor mío, que aquel mi
+grito que tanto gusto dió en esa Barcelona donde fuiste vencido y
+donde me lo tradujeron al catalán, fué un grito que me lo inspiró tu
+vencedor Sansón Carrasco, bachiller por Salamanca. Porque si es en esa
+Barcelona, faro y como centro de la nueva vida industrial de España,
+si es en esa ciudad donde más se grita contra el quijotismo, es el
+espíritu bachilleresco, espíritu de socarronería y de envidia el que lo
+anima. Fuiste, sí, vencido en Barcelona, pero lo fuiste por un manchego
+bachiller por Salamanca. Es, sí, en Barcelona donde más se denigra
+tu espíritu, pero es lo bajo del espíritu bachilleresco manchego y
+salmantino lo que a esas denigraciones les lleva. Porque allí, en
+Barcelona, es donde vence el bachiller Sansón Carrasco.
+
+Y cuando éste declaró a D. Antonio Moreno quién era: _Oh, señor--dijo
+D. Antonio--, Dios os perdone el agravio que habéis hecho a todo el
+mundo en querer volver cuerdo al más gracioso loco que hay en él. ¿No
+veis, señor, que no podrá llegar el provecho que cause la cordura de
+Don Quijote a lo que llega el gusto que da con sus desvaríos?_ Y por
+este hilo siguió ensartando sus pareceres. ¡Triste modo de pensar, pues
+no quiere que sane, por parecerle loco _gracioso_ y por tomar gusto de
+sus desvaríos! No se sabe qué deplorar más, si la pequeñez de alma de
+Sansón Carrasco o la de D. Antonio Moreno.
+
+Quieren a Don Quijote para reirle las gracias y tomar gusto de sus
+desvaríos, y por haberlas reído antaño tienen ogaño que llorar, y por
+haber tomado de sus desvaríos gusto les tiene que disgustar la vida hoy.
+
+Yo lancé contra ti, mi señor Don Quijote, aquel muera. Perdónamelo;
+perdónamelo porque lo lancé lleno de sana y buena, aunque equivocada
+intención, y por amor a ti, pero los espíritus menguados, a los que
+su mengua les pervierte las entendederas, me lo tomaron al revés de
+como yo lo tomaba, y queriendo servirte te ofendí acaso. Triste caso
+éste de que no nos hayan de entender cosa alguna a derechas, y no más
+por defecto de cabeza que por vicio de corazón. Perdóname, pues, Don
+Quijote mío, el daño que pude hacerte queriendo hacerte bien; tú me has
+convencido de cuán peligroso es predicar cordura entre estos espíritus
+alcornoqueños; tú me has enseñado el mal que se sigue de amonestar a
+que sean prácticos a hombres que propenden al más grosero materialismo,
+aunque se disfrace de espiritualismo cristiano.
+
+Pégame tu locura, Don Quijote mío, pégamela por entero. Y luego que
+me llamen soberbio o lo que quieran. No quiero buscar el provecho que
+ellos buscan. Que digan: ¿qué querrá? ¿qué busca? y conjeturando por
+los suyos, no encuentren mis caminos. Ellos buscan el provecho de esta
+vida perecedera y se aduermen en la rutinera creencia de la otra; a mí,
+mi Don Quijote, déjame luchar conmigo mismo, ¡déjame sufrir! Guárdense
+para sí aspiraciones de diputado provincial; a mí dame tu Clavileño
+y aunque no me mueva del suelo, sueñe en él subir a los cielos del
+aire y del fuego imperecederos. ¡Alma de mi alma, corazón de mi vida,
+insaciable sed de eternidad e infinitud! sé mi pan de cada día. ¡Hábil?
+No, hábil, no; no, no quiero ser hábil. No quiero ser razonable según
+esa miserable razón que da de comer a los vividores; ¡enloquéceme, mi
+Don Quijote!
+
+¡Viva Don Quijote! ¡viva Don Quijote vencido y maltrecho! ¡viva Don
+Quijote muerto! ¡viva Don Quijote! ¡Regálanos tu locura, eterno
+Don Quijote nuestro! Regálame tu locura y deja que en tu regazo me
+desahogue. Si supieras lo que sufro, Don Quijote mío, entre estos
+tus paisanos cuyo repuesto todo de locura heroica te llevaste tú,
+dejándoles tan sólo la petulante presunción que te perdía. ¡Si supieras
+cómo desdeñan desde su estúpida e insultante sanidad todo hervor de
+espíritu y todo anhelo de vida íntima! ¡Si supieras con qué asnal
+gravedad ríen las gracias de la que creen locura y toman gusto de lo
+que estiman desvaríos! ¡Oh Don Quijote mío, qué soberbia, qué estúpida
+soberbia la soberbia silenciosa de estos brutos que llaman paradoja a
+lo que no estaba etiquetado en su mollera y afán de originalidad a todo
+revuelo del espíritu! Para ellos no hay quemantes lágrimas vertidas
+en silencio, en el silencio del misterio, porque estos bárbaros se
+lo creen tener todo resuelto; para ellos no hay inquietud del alma,
+pues se creen nacidos en posesión de la verdad absoluta; para ellos
+no hay sino dogmas y fórmulas y recetas. Todos ellos tienen alma de
+bachilleres. Y aunque odian a Barcelona, van a Barcelona y allí te
+vencen.
+
+_Seis días estuvo Don Quijote en el lecho, marrido, triste, pensativo y
+mal acondicionado, yendo y viniendo con la imaginación en el desdichado
+suceso de su vencimiento_, sin que le sirviesen los consuelos de su
+fiel Sancho. El cual veía bien que era él allí el más perdidoso, aunque
+su amo el más malparado. Y pocos días después emprendieron su regreso a
+la aldea, _Don Quijote desarmado y de camino, Sancho a pie, por ir el
+rucio cargado con las armas_. Así es desde que vencieron a Don Quijote;
+son rucios los que llevan sus armas.
+
+En el camino encontró a Tosilos, el lacayo, que le contó cómo los
+Duques le hicieron apalear, y Doña Rodríguez se volvió a Castilla y
+su hija entró monja. Así había acabado una de las aventuras a que dió
+mejor remate Don Quijote.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO LXVII
+
+ De la resolución que tomó Don Quijote de hacerse pastor y de seguir
+ la vida del campo en tanto que pasaba el año de su promesa, con otros
+ sucesos en verdad gustosos y buenos.
+
+
+Caminando, caminando, llegaron al lugar en que habían topado a _las
+bizarras pastoras y gallardos pastores que en él querían renovar e
+imitar a la pastoral Arcadia_. Y al reconocerlo, dijo Don Quijote: _si
+es que te parece bien, querría, oh Sancho, que nos convirtiésemos en
+pastores siquiera el tiempo que tengo de estar recogido. Yo compraré
+algunas ovejas y todas las demás cosas que al pastoral ejercicio son
+necesarias y llamándome yo el pastor Quijotiz y tú el pastor Pancino,
+nos andaremos por los montes, por las selvas y por los prados, cantando
+aquí, endechando allí, bebiendo de los líquidos cristales de las
+fuentes, o ya de los limpios arroyuelos, o de los caudalosos ríos.
+Daránnos con abundantísima mano de su dulcísimo fruto las encinas,
+asiento los troncos de los durísimos alcornoques, sombra los sauces,
+olor las rosas, alfombras de mil colores matizadas los extendidos
+prados, aliento el aire claro y puro, luz la luna y las estrellas, a
+pesar de la escuridad de la noche, gusto el canto, alegría el lloro,
+Apolo versos, el amor conceptos, con que podremos hacernos eternos y
+famosos no sólo en los presentes, sino en los venideros siglos._
+
+¡Válgame Dios y con qué tino se dijo aquello de «cada loco con su
+tema» y cuán bien conocía a su tío la sobrina de Don Quijote cuando al
+encontrarse el cura y el barbero, en el escrutinio que de su librería
+hicieron, con LA DIANA de Jorge de Montemayor y querer perdonarla
+exclamó: _¡Ay, señor! bien puede vuestra merced mandar quemar como a
+los demás; porque no sería mucho que habiendo sanado mi señor tío de la
+enfermedad caballeresca, leyendo éstos se le antojase de hacerse pastor
+y andarse por los bosques y prados cantando y tañendo_.
+
+Parece, al volver Don Quijote de Barcelona, ir en camino de curarse de
+su heroica locura y de prepararse a bien morir, mas en viendo el prado
+de otrora, sueña de nuevo con hacerse eterno y famoso, no sólo en los
+presentes, sino en los venideros siglos. Porque ésta era su radical
+locura, éste su resorte de acción, ésta, como vimos al principio de su
+historia, la causa que le movió a hacerse caballero andante. El ansia
+de gloria y renombre es el espíritu íntimo del quijotismo, su esencia
+y su razón de ser, y si no se puede cobrarlos venciendo gigantes y
+vestiglos y enderezando entuertos, cobraráselos endechando a la luna y
+haciendo de pastor. El toque está en dejar nombre por los siglos, en
+vivir en la memoria de las gentes; ¡El toque está en no morir! ¡En no
+morir! ¡No morir! Ésta es la raíz última, la raíz de las raíces de la
+locura quijotesca. ¡No morir! ¡no morir! Ansia de vida; ansia de vida
+eterna es la que te dió vida inmortal, mi señor Don Quijote; el sueño
+de tu vida fué y es sueño de no morir.
+
+Con tal de no morir cambiabas tu profesión de caballero andante por
+la de pastor endechante. Así tu España, mi Don Quijote, al tener que
+recogerse a su aldea, vencida y maltrecha, piensa en dedicarse al
+pastoreo y habla de colonización interior, de pantanos, de riegos y de
+granjas.
+
+Y por debajo de esa ansia de no morir ¿no andaba, mi pobre
+Alonso, tu soberano amor? _Las pastoras de quien hemos de ser
+amantes_--dijiste--_como entre peras podemos escocer sus nombres, y
+pues el de mi señora cuadra así al de pastora como al de princesa, no
+hay para qué cansarse en buscar otro que mejor le venga_. Sí, siempre
+era Dulcinea, la Gloria, y por debajo de ella siempre era Aldonza
+Lorenzo, la suspirada doce años. ¡Y cómo suspirarías ahora por ella!
+¡cómo la llamarías! ¡cómo grabarías un día y otro su nombre en las
+cortezas de los árboles y hasta alguna vez en tu corazón! ¿Y si así
+llegaba ello a su noticia y se daba cata y venía a ti, desencantada?
+
+¡Hacerse pastor! Es también, mi Don Quijote, lo que se le ha ocurrido a
+tu pueblo luego que ha vuelto de América derrotado en su encontronazo
+con el de Robinsón. Ahora habla de dedicarse a cuidar y cultivar su
+hacienda, a alumbrar pozos y trazar canales para regar sus resecas
+tierras; ahora habla de política hidráulica. ¿No será que siente el
+remordimiento de sus atrocidades pasadas por tierras de Italia, Flandes
+y América?
+
+Leed PATRIA, el hermoso poema de Guerra Junqueiro, el poeta de nuestro
+pueblo hermano, el pueblo portugués. Leed esa amarga sátira y llegad al
+fin de ella, cuando aparece vestido de monje carmelita el espectro del
+condestable Nunalvares, el vencedor de Aljubarrota, que luego entró en
+religión. Oídle hablar, oídle hablar del dolor que purifica y redime,
+del dolor que
+
+ Como no ar o vento sobre o vento
+ Como no mar o vaga sobre o vaga
+ Só na dôr tem a dôr socegamento
+
+y llegad a cuando en un éxtasis descuelga la vieja espada de
+Aljubarrota, tinta en sangre fraternal, y exclama:
+
+ Porém, se a patria, ja na derradeira
+ Angustia e mingoa onde a lençou mac dano,
+ Terra d'escravos é, terra estrangeira.
+
+ Rutila espada, que brandí ufano!
+ Antes un velho lavrador mendigo
+ Te erga a custo do chão, piadoso e humano!
+
+ Volte a bigorna o duro ago antigo!
+ E acabes, afinal, relha de arado.
+ Pelos campos de Deos, a lavrar trigo
+
+y arroja su espada al abismo de la noche, exclamando:
+
+ Deos te acompanhe! Seja Deos louvado!
+
+Y luego entra en escena «el loco»--o _doido_--el pobre pueblo
+portugués, nuestro hermano, y echa de menos los tiempos en que fué
+campesino.
+
+ Fosse eu ainda o camponez adusto,
+ Lavrador matinal, risonho e grave,
+ D'alma de pomba e coração de justo!
+
+ Sentime eu ainda a musica suave
+ Da candura feliz no peito agreste,
+ Qual em rorida brenha um trino d'ave!
+
+ Em vez do mundo (fome, guerra e peste!)
+ Conquistasse, por unica vitoria,
+ Os thesoiros sen fim do amor celeste.
+
+ Nunca de feitos meus cantasse a Historia;
+ Ignorasse o meu nome a voz da Fama
+ E a minha sombra humilde a luz da Gloria.
+
+ Vivesse obscuro e triste, herva da lama;
+ Nas alturas, porém, fosse contado
+ Entre os que Deos aceita, os que Deos ama.
+
+Es todo lo contrario de Don Quijote y Sancho. Busca nuestro Caballero
+en la vida pastoril hacerse eterno y famoso; busca en ella este pobre
+loco portugués ser olvidado, expiar sus culpas y redimirse en el dolor,
+
+ Dôr temerosa, Dôr idolatrada
+ O Dôr, filha de Deos, mãe do Universo!
+
+¿No buscan, en el fondo, una misma cosa? ¿No buscaba lo mismo Don
+Quijote echándose al mundo a deshacer entuertos y proponiéndose
+dedicarse al ejercicio pastoril? ¿No busca nuestro pueblo ahora, con
+los pantanos y canales y la política hidráulica, lo mismo que buscó con
+sus atrocidades en América?
+
+El pobre loco portugués, _o doido_, luego de confesar sus culpas, sus
+glorias
+
+ Minhas glorias!... infamias e vergonhas
+ De ladrão, de pirata e de assasino!
+
+pide la cruz, pide el dolor, y muere en la cruz, en cuya cabecera
+«desenhada a sangue, esta ironía:--_Portugal, rei do Oriente!_» muere
+bendiciendo el llanto que brota de sus ojos
+
+ porque és o mar de pranto
+ que os meus crimes verteram pelo mundo...
+
+bendiciendo la sangre que corre de sus heridas porque es
+
+ o mar de sangue
+ do meu orgulho e minha iniquidade...
+
+¿Es esto lo que pide y busca nuestro loco, nuestro pueblo español? No,
+no es esto precisamente. No es que no cante sus hechos la Historia, que
+ignore su nombre la voz de la Fama, y su nombre humilde la luz de la
+gloria; no, no es esto.
+
+Se retira a la vida pastoril, derrotado en la de caballero andante,
+para poder hacerse eterno y famoso no sólo en los presentes, sino en
+los venideros siglos. Cambia de camino pero no de estrella que le guíe.
+
+¿Ha de renunciar el pueblo a toda acción quijotesca y encerrarse en
+su natal dehesa a purgar sus antiguas culpas, cuidando de su ganado
+o labrando su tierra y sin poner su mira mas que en el cielo? ¿Ha
+de pensar tan sólo en ser allá en las alturas contado entre los que
+Dios ama? ¿Ha de volver a su apacible vida de antes de lanzarse a sus
+aventureras empresas? ¿Tuvimos esta vida nunca? ¿Tuvimos paz?
+
+No basta como ideal de vida de un pueblo el de mantener la vida misma
+en el mayor bienestar y holgura, ni aun basta la felicidad. Menos aún
+abrazarse al dolor. No puede ser ideal de un pueblo el ideal ascético,
+destructor de la vida.
+
+¿Aspirar al cielo? No; ¡al reino de Dios! Y a todas horas, día tras
+día, alza por miles de bocas nuestro pueblo esta plegaria a nuestro
+Padre que está en los cielos: ¡venga a nos el tu reino! «¡Venga a nos
+el tu reino!» y no «llévanos a tu reino»; es el reino de Dios el que
+ha de bajar a la tierra, y no ir la tierra al reino de Dios, pues
+este reino ha de ser reino de vivos y no de muertos. Y ese reino cuyo
+advenimiento pedimos a diario, tenemos que crearlo, y no con oraciones
+sólo; con lucha.
+
+ Pudesse eu, d'alma libre e resoluta,
+ Olhos no fogo da manha nascente,
+ Erguer ainda os braços para a luta!
+ Não, como outr'ora, para a luta ardente
+ Da riqueza e grandeza, é vaidade...
+ Da fortuna, que é sombra que nos mente...
+ Seja a hora do prelio a eternidade!
+ E o globo estreito a arena, onde ñao cança
+ A batalha do Amor e da Verdade!
+
+¡Esta, la batalla del Amor y de la verdad! Y en tal pelea ha de ser el
+pueblo todo un Don Quijote, un pastor Quijotiz más bien.
+
+ Cavalleiro de Deos, ergue-te e avança!
+ Põe na bigorna os cravos de Jesus;
+ Bate-os cantando... E o ferro da tua lança!
+ Faz a hastea de lança d'una cruz;
+ Vae, cavalleiro de viseira erguida;
+ Dá lançadas magnánimas de luz!...
+
+¡Hay que pelear, sí, a lanzadas de luz!
+
+Encerrémonos, bien está, en la natal dehesa, pero a cobrar fama
+pastoreando y cantando. Es un derivativo de la acción heroica; es otra
+nueva empresa. Vayamos a manejar el cayado con mano movida por el
+corazón mismo que nos hizo manejar la espada. Es el ejercicio pastoril
+ahora gobierno, que «no consiste--dice el Maestro Fray Luis de León
+en los NOMBRES DE CRISTO, libro I, cap. VI--en dar leyes, ni en poner
+mandamientos, sino en apacentar y alimentar a los que gobierna».
+¿Apacentarlos y alimentarlos con qué? Con amor y verdad.
+
+Pueblo moribundo se ha llamado a tu pueblo, Don Quijote mío, por los
+que embriagados con el triunfo pasajero olvidan que la fortuna da más
+vueltas que la tierra y que aquello mismo que nos hace menos aptos para
+el tipo de civilización que hoy priva en el mundo, acaso eso mismo
+nos haga más aptos para la civilización de mañana. El mundo da muchas
+vueltas y la fortuna más.
+
+Hay que aspirar, de todos modos, a hacerse eternos y famosos, no sólo
+en los presentes, sino en los venideros siglos; no puede subsistir como
+pueblo aquel pueblo cuyos pastores, su conciencia, no se lo representen
+con una misión histórica, con un ideal propio que realizar en la
+tierra. Estos pastores han de aspirar a cobrar fama pastoreándolo y
+cantando, y así, cobrando fama, llevarle a su destino. ¿Es que no hay
+en la Conciencia eterna e infinita una eterna idea de tu pueblo, Don
+Quijote mío? ¿Es que no hay una España celestial, de que esta España
+terrena no es sino trasunto y reflejo en los pobres siglos de los
+hombres? ¿Es que no hay un alma de España tan inmortal como el alma de
+cada uno de sus hijos?
+
+Cruzando el mar en quebradizas cara velas fueron nuestros abuelos a
+descubrir el Nuevo Mundo que dormía bajo estrellas antes desconocidas;
+¿no hay algún nuevo mundo del espíritu cuyo descubrimiento nos reserve
+Dios cuando osemos como los héroes de Camões lanzarnos a «mares d'antes
+nunca navegados» en espirituales carabelas labradas con madera de los
+bosques de nuestro pueblo?
+
+Dicen en mi tierra vasca que los abuelos de mis abuelos, los denodados
+pescadores del golfo de mi Vizcaya, se iban tras de la ballena hasta
+los bancos de Terranova siglos antes de que Colón llamara a las puertas
+de la Rábida. Soberbiamente lo dice el escudo de Lequeitio: _Reges
+debelavit, horrenda cete subiecit, terra marique potens, Lequeitio_. Y
+para someter a horrendas ballenas fueron, dicen, los balleneros de mi
+casta, hasta las entonces desconocidas costas de la remota América. Y
+aun dicen más, y es que corre la leyenda de que fué un marino vasco,
+por nombre Andialotza, es decir Gran Vergüenza, quien primero dió a
+Colón noticias del Nuevo Mundo, por no atreverse, sin duda, el gran
+vergonzoso a descubrirlo. Temía a la gloria. ¿Será esto profético? Y si
+el buen Andialotza, mi paisano, pierde su ingénita vergüenza, ¿habrá
+que esperar al Colón del Nuevo Espíritu de España?
+
+¿Hay una filosofía española? Sí; la de Don Quijote. Y conviene que
+éste, nuestro Caballero de la Fe, el Caballero de nuestra Fe, deje en
+el astillero su lanza y en la cuadra a Rocinante y cuelgue la espada,
+y convertido en el pastor Quijotiz empuñe el cayado con mano firme,
+y lleve consigo el caramillo, y a la sombra de las sombrosas encinas
+de dulcísimo fruto, mientras pacen cabizbajas sus ovejas, cante
+inspirado por Dulcinea, su visión del mundo y de la vida, para cobrar,
+cantándola, eterno nombre y fama. Y no ya su visión, sino más bien
+su encorazonamiento de ellos. Y para cobrar fama, pues se nos dió la
+gloria como norte de la vida.
+
+El Nunalvares del poeta os dirá de la fama que
+
+ Fama grande do mundo tão mezquino
+ Dando as trombetas com ardor, não vôa
+ Onde vôa cantando, un passarinho.
+
+Mas no os fiéis demasiado de tales voces de desaliento, pues sí, la
+fama vuela, vuela más allá del mundo, y vuela aún más la canción del
+amor y la verdad.
+
+Tal vez a los ecos de esa canción de amores del pastor Quijotiz caigan
+vencidos los gigantes que fingen ser molinos, y se amansen los galeotes
+y licencie Roque Guinart a sus huestes, y enmudezcan los canónigos y
+los graves eclesiásticos, y reconozcan los cuadrilleros que las bacías
+en manos del hidalgo milagrero son yelmos, y renuncien los Maese Pedros
+a sus titereras, y se nos abran las entrañas de la cueva de Montesinos,
+y se enderece todo entuerto y se deshaga todo agravio, y se adoncellen
+las mozas del partido y venga a nosotros el reino de Dios realizándose
+en la tierra aquel siglo de oro con cuya visión embobó y suspendió Don
+Quijote el ánimo a los cabreros.
+
+Hay que dar «lanzadas magnánimas de luz», o mejor, hay que lanzar la
+verdad al mundo, mientras se pastorea el ganado, al son de pastoril
+caramillo, la santa palabra que ha de hacer el milagro. Hay que pedir a
+Apolo versos, al amor conceptos. Sobre todo conceptos al amor.
+
+¿Hay una filosofía española, mi Don Quijote? Sí, la tuya, la filosofía
+de Dulcinea, la de no morir, la de creer, la de crear la verdad. Y esta
+filosofía ni se aprende en cátedras ni se expone por lógica inductiva
+ni deductiva, ni surge de silogismos, ni de laboratorios, sino surge
+del corazón.
+
+Pensabas, mi Don Quijote, en hacerte pastor Quijotiz y que te diera
+el amor conceptos. Todos los conceptos de vida, todos los conceptos
+eternos, manan del amor. Es Aldonza, mi pastor Quijotiz, es siempre
+Aldonza la fuente de sabiduría. A través de ella, a través de tu
+Aldonza, a través de la mujer, o es el Universo todo.
+
+¿No ves a este pueblo endiosando cada día más el ideal de la mujer, a
+la mujer por excelencia, a la Virgen Madre? ¿No le ves rendido a ese
+culto y hasta casi olvidando por él el culto al Hijo? ¿No ves que no
+hace sino ensalzarla más y más alto, pujando por ponerla al lado del
+Padre mismo, a su igual, en el seno de la Trinidad, que pasaría a ser
+Cuaternidad si no es ya que la identificaran con el Espíritu como con
+el Verbo se identificó al Hijo? ¿No la han declarado Corredentora? Y
+esto ¿por qué es?
+
+La concepción de Dios que se nos ha venido trasmitiendo ha sido
+una concepción no ya antropomórfica, sino andromórfica; nos lo
+representamos no ya como a persona humana--_homo_--, sino como a
+varón--_vir_--; Dios era y es en nuestras mentes masculino. Su modo
+de juzgar y condenar a los hombres, modo de varón, no de persona
+humana por encima de sexo; modo de Padre. Y para compensarlo hacía
+falta la Madre, la Madre que perdona siempre, la Madre que abre
+siempre los brazos al hijo cuando huye éste de la mano levantada o
+del ceño fruncido del irritado Padre, la Madre en cuyo regazo se
+busca como consuelo una oscura remembranza de aquella tibia paz de
+la inconsciencia que dentro de él fué el alba que precedió a nuestro
+nacimiento, y un dejo de aquella dulce leche que embalsamó nuestros
+sueños de inocencia, la Madre que no conoce más justicia que el perdón
+ni más ley que el amor. Las lágrimas maternales borran las tablas del
+Decálogo. Nuestra pobre e imperfecta concepción de un Dios varón, de un
+Dios con largas barbas y voz de trueno, de un Dios que impone preceptos
+y pronuncia sentencias, de un Dios Amo de Casa, _Pater familias_ a la
+romana, necesitaba compensarse y completarse, y como en el fondo no
+podemos concebir al Dios personal y vivo no ya por encima de rasgos
+humanos, mas ni aun por encima de rasgos varoniles y menos un Dios
+neutro o hermafrodita, acudimos a darle un Dios femenino y junto al
+Dios Padre hemos puesto a la Diosa Madre, a la que perdona siempre
+porque como mira con amor ciego ve siempre el fondo de la culpa y en
+ese fondo la justicia única del perdón, a la que siempre consuela, a la
+Madre Dulcísima, a la Madre de Dios, a la Virgen Madre. Es la Virgen
+Madre, es la Madre Purísima, la que no es sino madre, y siendo todo lo
+que hace ser mujer a la mujer, queda limpia de todo el barro humano
+para que en ella aliente é irradie tan sólo el soplo divino.
+
+Es la Virgen Madre; es la Madre de Dios. Es la Madre de Dios; es la
+pobre Humanidad dolorida. Porque aunque compuesta de hombres y mujeres,
+la Humanidad es mujer, es madre. Lo es cada sociedad; lo es cada
+pueblo. Las muchedumbres son femeninas. Juntad a los hombres y tened
+por cierto que es lo femenino de ellos, lo que tienen de sus madres, lo
+que los junta. La pobre Humanidad dolorida es la Madre de Dios, pues
+en ella, en su seno, es donde se manifiesta, donde encarna la eterna
+e infinita Conciencia del Universo. Y la Humanidad es pura, purísima,
+limpia de toda mancha, aunque nazcamos manchados cada uno de los
+hombres y mujeres. ¡Dios te salve, Humanidad; llena eres de gracia!
+
+Mira, mi pastor Quijotiz, cómo se va a la Humanidad desde Aldonza,
+la recatada doncella del Toboso; mira cómo da el amor conceptos.
+Y mira si al son de tu pastoril caramillo puede hacerse amorosa
+filosofía española, aunque graznen para ahogar sus melódicos sones
+los grandísimos cuervos y grajos que anidan en la boca de la cueva de
+Montesinos.
+
+Si Don Quijote volviera al mundo sería pastor Quijotiz, no ya caballero
+andante de espada; sería pastor de almas, empuñando en vez del cayado
+la pluma, o dirigiendo su encendida palabra a los cabreros todos. Y
+¡quién sabe si no ha resucitado...!
+
+Si Don Quijote volviera al mundo sería pastor, o lo será cuando vuelva;
+pastor de pueblos. Y buscará que le dé el amor conceptos, y en hacer
+vivir y triunfar éstos pondrá todo el denuedo y la bravura toda que
+puso antes en acometer molinos y libertar galeotes. Y buena falta
+nos está haciendo, porque es cobardía de pensar lo que nos tiene tan
+abatidos. Es cobardía de afrontar los eternos problemas; es cobardía de
+escarbar en el corazón; es cobardía de hurgar las inquietudes íntimas
+de las entrañas eternas. Esa cobardía lleva a muchos a la erudición,
+adormidera de desasosiegos del espíritu u ocupación de la pereza
+espiritual; algo así como el juego del ajedrez.
+
+«No quiero meterme a estudiar patología--me decía un cobarde--ni aun
+quiero saber hacia dónde me cae el hígado ni para qué sirve, pues
+si me pongo a ello, llego a creer que padezco de la enfermedad cuya
+descripción acabo de leer. Ahí está el médico, cuyo oficio es curarme y
+para lo cual le pago; descargo en él mi responsabilidad, y si me mata,
+allá por su cuenta; moriré, al menos, sin aprensiones ni cuidados. Y lo
+mismo tengo al cura. No quiero meterme a pensar en mi origen ni en mi
+destino, de dónde vengo y adónde voy, y si hay o no Dios y cómo sea, y
+si hay o no otra vida y en qué consista; eso no sirve mas que para dar
+quebraderos de cabeza y robarme el tiempo y la energía que necesito
+para ganar el pan de mis hijos. Ahí está el cura, y pues tal es su
+oficio, averigüe él lo que haya, dígame misa y absuélvame cuando al ir
+a morirme confiese mis pecados. Y si se engaña y me engaña, allá él por
+su cuenta. Él responderá de sí; para mí en el creer no hay engaño».
+
+¡Qué falta nos estás haciendo, pastor Quijotiz, para arremeter con tus
+conceptos dictados por el amor a lanzadas magnánimas de luz, contra
+esta mentira apestosa y libertar a los pobres galeotes del espíritu!
+Aunque luego te apedreen, que te apedrearán, de seguro, si les rompes
+las cadenas de la cobardía que les tienen presos; te apedrearán.
+
+Te apedrearán. Los galeotes espirituales apedrean al que les rompe las
+cadenas que les agarrotan. Y precisamente por esto, porque ha de ser
+uno apedreado por ellos, es por lo que hay que libertarlos. El primer
+uso que de su libertad hacen es apedrear al libertador.
+
+El más acendrado beneficio es el que se hace al que no nos lo reconoce
+por tal; la mayor caridad que puedes rendir a tu prójimo no es
+aplacarle deseos ni remediarle necesidades, sino encenderle aquéllos y
+crearle éstas. Libértale, y luego que te apedree por haberle libertado
+y ejercite así sus brazos libres, empezará a desear la libertad.
+
+Te apedrearán porque se verán perdidos. Y dirán: ¿libertad?, bien,
+¿y qué hago yo con esto? Un galeote, amigo mío, a quien me dedicaba
+yo a limarle las cadenas espirituales y sembrar inquietudes y dudas
+en su alma, me dijo un día: «mira, déjame en paz y no me molestes;
+así vivo bien ¿para qué tribulaciones y congojas? Si yo no creyera
+en el infierno sería un criminal». Y le contesté: «no, seguirías
+siendo como eres y haciendo lo que haces y no haciendo lo que hoy no
+haces, y si así no fuera y dieses en criminal entonces, es que lo eres
+también ahora». Y me replicó: «necesito una razón para ser bueno; un
+fundamento objetivo sobre que basar mi conducta; necesito saber por
+qué es malo lo que a mi conciencia repugna». Y le contrarrepliqué:
+«lo es porque repugna a tu conciencia, en la que vive Dios». Y volvió
+a replicarme: «no quiero encontrarme en medio del Océano, como un
+náufrago, ahogándome, perdido y sin tener una tabla a que agarrarme».
+Y volví a contrarreplicarle: «¿tabla? La tabla soy yo mismo; no la
+necesito, porque floto en ese Océano de que hablas, y que no es sino
+Dios. El hombre flota en Dios sin necesidad de tabla alguna, y lo único
+que yo deseo es quitarte la tabla, dejarte solo, infundirte aliento y
+que sientas que flotas. ¿Fundamento objetivo, dices? ¿Y qué es eso?
+¿Quieres más objeto de ti que tú mismo? Hay que echar a los hombres en
+medio del Océano y quitarles toda tabla, y que aprendan a ser hombres,
+a flotar. Tienes tan poca confianza en Dios, que estando en Él, en
+quien vivimos, nos movemos y somos (Hechos, XVII, 28), ¿necesitas tabla
+a que agarrarte? Él te sostendrá, sin tabla. Y si te hundes en Él ¿qué
+importa? Esas congojas y tribulaciones y dudas que tanto temes son el
+principio del ahogo, son las aguas vivas y eternas que te echan el aire
+de la tranquilidad aparencial en que estás muriendo hora tras hora;
+déjate ahogar, déjate ir al fondo y perder sentido y quedar como una
+esponja, que luego volverás a la sobrehaz de las aguas donde te veas
+y te toques y te sientas dentro del Océano». «Sí, muerto»--me dijo.
+«No, resucitado y más vivo que nunca»--le dije. Y el pobrecito de mi
+amigo el galeote se me escapó lleno de miedo de sí mismo. Y luego me ha
+apedreado, y al sentir sus pedradas sobre el yelmo de Mambrino con que
+me cubro la cabeza, he dicho en mi corazón: ¡Gracias, Dios mío, porque
+has hecho que no cayeran mis palabras en el espíritu de mi amigo como
+en pelada roca, sino que prendieran en él!
+
+¡Si les oyeses, mi pastor Quijotiz, hablar de su fe y de sus creencias
+a los galeotes del espíritu!... ¡Si oyeras, mi buen pastor, hablar de
+ello a sus pastores!... Uno de estos pastores he conocido para quien
+la virtud de los silbos con que llamaba a sus ovejas, la verdad de la
+doctrina en que les adoctrinaba y sin acatar la cual les negaba salud
+eterna, estribaba ¡figúrate, en que era castiza, en que era la más
+española! Para él la herejía no era sino una traición a la patria. Y
+conozco un perro de pastor, un ladrador de nuestras glorias patrias
+y guardián de nuestras tradiciones, para quien la religión no es mas
+que un género literario, tal vez una rama de las humanidades y a lo
+sumo una de las bellas artes. Contra estos miserables haces falta, mi
+pastor Quijotiz, para limpiar con tus cantos toda esa asquerosa cotena
+del espíritu e infundirnos a todos valor para que nos hundamos en la
+cueva de Montesinos y miremos allí cara a cara las visiones que se nos
+presenten.
+
+Se comprende bien que los jesuitas, remachadores de cadenas de
+galeotes, te guarden ojeriza, mi Don Quijote, y quemen con algazara el
+libro de tu historia, según nos asegura que alguna vez lo han hecho,
+uno que rompió las cadenas de la Orden, el ex jesuita autor de UN
+BARRIDO HACIA FUERA EN LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
+
+¡Ven, pastor Quijotiz, a pastorearnos y cantar los conceptos que el
+amor te inspire!
+
+
+
+
+ CAPÍTULO LXVIII
+
+ De la cerdosa aventura que le aconteció a Don Quijote.
+
+
+Y a poco de haber hecho Don Quijote esos propósitos de pastoreo, llegó
+una piara de más de seiscientos puercos, y pasaron sobre él. Por pena
+de su pecado tuvo aquella afrenta el Caballero, mas no le acongojó
+tanto que no le dejase componer aquel madrigalete en que decía, entre
+otras cosas, lo de:
+
+ _Así el vivir me mata
+ Que la muerte me torna a dar la vida.
+ ¡Oh condición no oída
+ La que conmigo muerte y vida trata!_
+
+¡Maravillosa sentencia en que se declara lo más íntimo del espíritu
+quijotesco! Y ved cómo cuando Don Quijote llegó a expresar lo más
+recóndito, lo más profundo, lo más entrañable de su locura de gloria,
+lo hizo en verso, y después de vencido y después de pisoteado por piara
+de cerdos. El verso es, sin duda, el lenguaje natural de lo profundo
+del espíritu; en verso compendiaron San Juan de la Cruz y Santa Teresa
+lo más íntimo de sus sentires. Y así Don Quijote fué en verso como
+llegó a descubrir los abismos de su locura, que el vivir le mataba
+y la muerte tornaría a darle vida, que su anhelo era anhelo de vida
+inacabable y eterna, de vida en la muerte, de perdurable vida.
+
+ _Así el vivir me mata
+ Que la muerte me torna a dar la vida._
+
+Sí, Don Quijote mío, la muerte tornó a darte vida y vida imperecedera.
+El vivir nos mata. Ya lo dijo tu hermana Teresa de Jesús, cuando cantó:
+
+ Sácame de aquesta muerte
+ Mi Dios y dame la vida;
+ No me tengas impedida
+ En este lazo tan fuerte;
+ Miro que muero por verte
+ Y vivir sin Ti no puedo,
+ Que muero porque no muero.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO LXIX
+
+ Del más raro y más nuevo suceso que en todo el discurso desta grande
+ historia avino a Don Quijote.
+
+
+Cantando el madrigalete Don Quijote y durmiendo la vida Sancho, les
+llegó el nuevo día, y al declinar de la tarde de éste la última burla
+de los Duques. Y fué que les rodearon hasta diez hombres de a caballo
+y cuatro o cinco de a pie y entre denuestos e improperios los llevaron
+al castillo de los Duques. Y allí se encontraron sobre un túmulo,
+con el cuerpo muerto de Altisidora, para resucitar a la cual mandó
+Radamante que sellaran el rostro de Sancho con veinticuatro mamonas y
+doce pellizcos, y seis alfilerazos en brazos y lomos. Y a pesar de su
+resistencia hiciéronle así seis dueñas y resucitó Altisidora. Y viendo
+Don Quijote la virtud que el cielo puso en el cuerpo de Sancho, pidióle
+de rodillas el que entonces, teniendo sazonada semejante virtud, se
+diera algunos azotes para desencantar a Dulcinea.
+
+Y lo cierto es, a pesar de las torpes burlas de los Duques, que el
+cuerpo de Sancho tiene virtud para desencantar y resucitar doncellas.
+Del cuerpo de Sancho se alimentan los Duques y sus lacayos y sus
+doncellas; del cuerpo de Sancho, en última instancia, procede el que
+Dulcinea pueda llevar a sus favoritos al templo de la eternidad de la
+fama. Sancho se azota con el trabajo para que puedan otros, libres de
+él, enamorar a Dulcinea; los azotes de Sancho hacen al héroe héroe y a
+su cantor cantor celebrado, y al santo santo y al poderoso poderoso.
+
+Aquí dice el historiador una verdad como un templo, cual es _que tiene
+para sí ser tan locos los burladores como los burlados, y que no
+estaban los Duques a dos dedos de parecer tontos, pues tanto ahinco
+ponían en burlarse de dos tontos_... Alto aquí, que ni a Don Quijote
+ni a Sancho puede llamárseles tontos y sí a los Duques, que lo eran y
+de remate y capirote, y tontos, como todos los tontos suelen serlo,
+maliciosos y bellacos. No hay, en efecto, tonto bueno; el tonto, y más
+si es amigo de burlas, rumia el pasto amargo de la envidia. En el fondo
+no perdonaban los Duques a Don Quijote el renombre por éste adquirido y
+aspiraban a unir su nombre al nombre inmortal del Caballero. Pero bien
+los castigó el sabio historiador pasando en silencio sus nombres, con
+lo cual no lograron su propósito. En _los Duques_ a secas se quedarán,
+y como cifra y compendio de Duques sandios y mal intencionados.
+
+Poco después de la resurrección de Altisidora, entró esta
+desenvueltísima doncella en el aposento de Don Quijote, y en la plática
+que allí tuvieron dijo el Caballero aquellas memorables palabras de _no
+hay otro yo en el mundo_, sentencia hermana melliza de aquella otra de:
+_¡yo sé quién soy!_
+
+¡No hay otro yo en el mundo! He aquí una sentencia que deberíamos
+no olvidar nunca, y sobre todo cuando al acongojarnos por tener que
+desaparecer un día, nos vengan con la ridícula monserga de que somos
+un átomo en el Universo y que sin nosotros siguen los astros su curso
+y que el Bien ha de realizarse hasta sin nuestro concurso y que es
+soberbia imaginar que toda esta inmensa fábrica se hizo para nuestra
+salud. ¡No hay otro yo en el mundo! Cada uno de nosotros es único e
+insustituíble.
+
+¡No hay otro yo en el mundo! Cada cual de nosotros es absoluto. Si hay
+un Dios que ha hecho y conserva el mundo, lo ha hecho y lo conserva
+para mí! ¡No hay otro yo! Los habrá mayores y menores, mejores y
+peores, pero no otro yo. Yo soy algo enteramente nuevo; en mí se resume
+una eternidad de pasado y de mí arranca una eternidad de porvenir. ¡No
+hay otro yo! Esta es la única base sólida del amor entre los hombres,
+porque tampoco hay otro tú que tú, ni otro él que él.
+
+Prosiguió la plática y en ella mostró la liviana Altisidora que aun
+en burlas y todo, le dolía el desvío de Don Quijote. Imposible es que
+una doncella finja en chanzas enamorarse y no lleve a mal el que no se
+la corresponda en veras. Y fué tal su irritación por no haber logrado
+esto, que llamando a Don Quijote _don vencido y don molido a palos_, le
+declaró que lo de la resurrección había sido una burla.
+
+Este rasgo debía bastar para convencernos de cuán real y verdadera es
+la historia que estoy explicando y comentando, porque esto de acabar
+por tomar en veras las burlas la desdeñada doncella, es de las cosas
+que no se inventan ni pueden inventarse. Y tengo para mí que si Don
+Quijote flaquea y cede y la requiere, se le entrega ella en cuerpo y
+alma, aunque sólo fuera para poder decir luego que fué poseída por un
+loco cuya fama llenaba el mundo entero. Todo el mal de aquella doncella
+nacía de ociosidad, según declaró a los Duques el mismo Don Quijote.
+Sin duda, pero falta saber de qué género de ociosidad nacía su mal.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO LXXI
+
+ De lo que a Don Quijote le sucedió con su escudero Sancho yendo a su
+ aldea.
+
+
+Salieron amo y escudero de casa de los Duques y reanudaron camino de
+su aldea. Y yendo de camino ofreció Don Quijote a Sancho pagarle los
+azotes, _a cuyos ofrecimientos abrió Sancho los ojos y las orejas de un
+palmo, y dió consentimiento en su corazón a azotarse de buena gana_,
+pues el amor de sus hijos y de su mujer le hacía mostrarse interesado,
+según declaró él mismo. Estimólos Sancho en ochocientos veinticinco
+reales, y Don Quijote exclamó: _¡Oh Sancho bendito! ¡oh Sancho amable!
+y cuán obligados hemos de quedar Dulcinea y yo a servirte todos los
+días que el cielo nos diere de vida!_ Y llegada la noche se retiró
+Sancho entre unos árboles y _haciendo del cabestro y de la jáquima del
+rucio un poderoso y flexible azote_, desnudóse de medio cuerpo arriba,
+_comenzó a darse y comenzó Don Quijote a contar los azotes_. A los
+seis u ocho pidió Sancho aumento de precio y se lo dobló su amo, _pero
+el socarrón dejó de dárselos en las espaldas, y daba en los árboles,
+on unos suspiros de cuando en cuando, que parecía que con cada uno de
+ellos se le arrancaba el alma_.
+
+Mira, Sancho, esto que a cuenta de tus azotes pasó entre tu amo y tú,
+es un perfecto símbolo de lo que en tu vida pasa. Ya te dije que de
+tus azotes vivimos todos, incluso los que filosofamos sobre ellos o
+los ponemos en coplas. Tiempo hay en que se te quiere obligar por la
+fuerza a que te azotes, y se te esclaviza, pero llega día en que haces
+lo que hiciste con tu amo y señor natural Don Quijote, y es desmandarte
+contra quien te quiere forzar a que te azotes y poner tu rodilla sobre
+su pecho y exclamar: _¡mi amo soy yo!_ Y entonces se cambia de táctica
+y se te ofrece pagarte los azotes, lo cual es un nuevo engaño, pues
+que de ellos sale también la paga que por ellos te dan. Y tú, pobre
+Sancho, movido del amor a tus hijos y a tu mujer, accedes y te dispones
+a azotarte. Pero ¿cómo has de hacerlo con voluntad y de veras, si no
+estás persuadido del valer de tus azotes? Das seis u ocho en tu cuerpo
+y los tres mil doscientos noventa y dos restantes en los árboles y lo
+más de tu trabajo se pierde. Lo más del trabajo humano se pierde, y
+es natural que así sea, porque ¿con qué devoción va a pulir joyas un
+infeliz que las pule para ganarse el pan mas sin estar persuadido del
+valor social de las tales joyas? ¿con qué ahinco hará juguetes para los
+hijos de los ricos el que haciéndolos saca el pan para los suyos, que
+no tienen con qué jugar?
+
+Trabajo de Sísifo es lo más del trabajo humano y el pueblo no tiene
+conciencia de que es sólo un pretexto para que le den jornal, y no como
+cosa suya, sino como algo ajeno que le hacen la merced de dejárselo
+ganar. El toque está en que reciba Sancho su salario como cosa que no
+le pertenece sino en virtud de los azotes que se hubiera dado y porque
+le han hecho la merced de proporcionarle azotina, y para sostener y
+perpetuar la mentira del derecho de propiedad y del acaparamiento de la
+tierra por los poderosos, se inventan azotes, por absurdos que ellos
+sean. Y así se azota Sancho con el mismo empeño con que desenchinarran
+calles esos desgraciados a los que en los meses de invierno, cuando
+escasean azotes, les mandan los Municipios a desenchinarrar calles para
+volverlas a enchinarrar y con ello justificar la limosna vergonzante
+que se les reparte.
+
+Tela de Penélope y tonel de las Danaides es lo más de tu azotina,
+Sancho; el caso es que te cueste ganarte el pan y que tengas que
+agradecérselo a los que te proporcionan azotes, y que reconozcas que
+te pagan de lo suyo y no pongas tu pie en sus hanegas de sembradura
+como en su pecho pusiste la rodilla. Haces, pues, muy bien en desollar
+los árboles a jaquimazos, pues lo mismo te han de pagar, ya que te
+pagan no porque te azotes, sino por que no te rebeles. Haces muy bien,
+pero harías mejor si volvieras la jáquima alguna vez contra tus amos y
+los azotaras a ellos y no a los árboles y los echaras a azotes de sus
+hanegas de sembradura, o que las aren y siembren ellos contigo y como
+cosa de los dos.
+
+
+
+
+ CAPÍTULOS LXXII Y LXXIII
+
+ De cómo Don Quijote y Sancho llegaron a su aldea.
+
+
+Prosiguiendo su camino, se encontraron en el mesón con D. Álvaro Tarfe;
+a los dos días acabó con sus azotes Sancho y a poco divisaron la aldea.
+Entraron en ella y en sus casas. Y al declarar Don Quijote al cura y al
+bachiller su propósito de que se hicieran pastores, descubrió Carrasco
+su mal, la locura pegada por Don Quijote y que le llevó a vencer a
+éste, al decir lo de _como ya todo el mundo sabe, yo soy celebérrimo
+poeta_. ¿No os dije que el bachiller estaba tocado de la misma locura
+del hidalgo? ¿No había acaso soñado entre las doradas piedras de
+Salamanca, sueño de no morir?
+
+Acudió el ama al oir lo de los pastores a aconsejar a su amo y le dijo:
+_estése en su casa, atienda a su hacienda, confiese a menudo, favorezca
+a los pobres y sobre mi ánima si mal le fuere_.
+
+Esta buena ama habla poco, pero cuando rompe a hablar se vacía en pocas
+palabras. ¡Y qué bien discurre! ¡con cuánto seso! Lo que aconsejó a su
+amo es lo que nos aconsejan los que dicen querernos bien.
+
+¡Querernos bien!... ¡querernos bien!... ¡Ay cariño, cariño, y qué miedo
+te tengo! Así que oigo a un amigo lo de «yo te quiero bien» o «haga
+caso de los que bien le queremos» me echo a temblar. Los que me quieren
+bien... ¿y quiénes me quieren bien? Los que quieren que sea como ellos
+quieren para quererme. ¡Ay Cariño, cariño, terrible cariño que nos
+lleva a buscar en el querido el que de él hicimos! ¿Quién me quiere
+como soy? Tú, Tú sólo, Dios mío, que queriéndome me creas de continuo,
+pues es mi existencia misma obra de tu eterno amor.
+
+_Estése en su casa_... ¿Y por qué he de estarme en casa? Estése cada
+uno en la suya y no habrá Dios que esté en la de todos.
+
+_Atienda a su hacienda_... ¿Y cuál es mi hacienda? Mi hacienda es mi
+gloria.
+
+_Confiese a menudo_... Mi vida y mi obra son una confesión perpetua.
+Desgraciado del hombre que tiene que recogerse a tiempos y lugares para
+confesarse. Eso de la confesión de que habla el ama de Don Quijote ¿no
+nos educa acaso a ser reservados y chismosos a la vez?
+
+_Favorezca a los pobres_... Sí, pero a los verdaderos pobres, a los
+pobres de espíritu y no con el favor que ellos piden, sino con el que
+necesitan.
+
+Mira, lector, aunque no te conozco te quiero tanto que si pudiese
+tenerte en mis manos te abriría el pecho y en el cogollo del corazón te
+rasgaría una llaga y te pondría allí vinagre y sal para que no pudieses
+descansar nunca y vivieras en perpetua zozobra y en anhelo inacabable.
+Si no he logrado desasosegarte con mi Quijote es, créemelo bien, por mi
+torpeza y porque este muerto papel en que escribo ni grita, ni chilla,
+ni suspira, ni llora, porque no se hizo el lenguaje para qué tú y yo
+nos entendiéramos.
+
+Y ahora vamos a asistir a bien morir a Don Quijote.
+
+
+
+
+ CAPÍTULO LXXIV
+
+De cómo Don Quijote cayó malo, y del testamento que hizo, y su muerte.
+
+
+ Dió el alma a quien se la dió,
+ El Cual la ponga en el cielo
+ y en su gloria,
+ y aunque la vida murió,
+ nos dejó harto consuelo
+ su memoria.
+
+ (Final de las coplas que Jorge Manrique
+ compuso a la muerte de su padre D. Rodrigo
+ Manrique, gran maestre de Santiago.)
+
+
+Llegamos al cabo, oh lector, al remate de esta lastimosa historia; a
+la coronación de la vida de Don Quijote, o sea a su muerte. Pues toda
+vida se corona y completa en muerte y a la luz de la muerte es como hay
+que mirar la vida. Y tan es así, que aquella antigua máxima que dice
+«cual fué la vida tal será la muerte»--_sicut vita finis ita_--habrá
+que cambiarla diciendo «cual es la muerte, tal fué la vida». Una muerte
+buena y gloriosa abona y glorifica la vida toda, por mala e infame
+que ésta hubiese sido, y una muerte mala malea la vida al parecer más
+buena. En la muerte se revela el misterio de la vida, su secreto fondo.
+En la muerte de Don Quijote se reveló el misterio de su vida quijotesca.
+
+Seis días estuvo encamado con calentura, desahucióle el médico,
+quedóse solo y durmió más de seis horas de un tirón. _Despertó al
+cabo del tiempo dicho, y dando una gran voz dijo: Bendito sea el
+poderoso Dios que tanto bien me ha hecho. En fin, sus misericordias
+no tienen límite, ni las abrevian ni impiden los pecados de los
+hombres._ ¡Piadosísimas palabras! Preguntóle la sobrina qué le pasaba
+y respondió: _Las misericordias, sobrina, son las que en este instante
+ha usado Dios conmigo, a quien, como dije, no las impiden mis pecados.
+Yo tengo juicio ya libre y claro, sin las sombras caliginosas de la
+ignorancia, que sobre él me pusieron mi amarga y continua leyenda de
+los detestables libros de caballerías. Yo conozco sus disparates y sus
+embelecos, y no me pesa sino que este desengaño ha llegado tan tarde,
+que no me deja tiempo para hacer alguna recompensa, leyendo otros que
+sean luz del alma. Yo me siento, sobrina, a punto de muerte; quería
+hacerla de tal modo que diese a entender que no había sido mi vida tan
+mala que dejase renombre de loco: que puesto que lo he sido, no querría
+confirmar esta verdad en mi muerte._
+
+¡Pobre Don Quijote! A lindero de morir y a la luz de la muerte confiesa
+y declara que no fué su vida sino sueño de locura. ¡La vida es sueño!
+Tal es, en resolución última, la verdad a que con su muerte llega Don
+Quijote y en ella se encuentra con su hermano Segismundo.
+
+Mas todavía lamenta no poder leer otros libros, que sean luz del alma.
+¿Libros? ¿Pero es, noble hidalgo, que no estás desengañado ya de
+ellos? Libros te metieron a caballero andante, libros te llevaban a
+ser pastor; ¿y si esos libros que sean luz del alma te meten en otras,
+aunque nuevas caballerías? ¿Será cosa de recordar aquí, una vez más,
+a Íñigo de Loyola en cama, herido, en Pamplona, pidiendo le llevasen
+libros de caballerías para matar con ellos el tiempo y dándole la vida
+de Cristo Nuestro Señor y el FLOS SANCTORUM, los que le empujaron a
+meterse a ser caballero andante a lo divino?
+
+Llamó Don Quijote a sus buenos amigos el cura, el bachiller Sansón
+Carrasco y a Maese Nicolás el barbero, y pidió confesarse y hacer
+testamento. Y apenas vió entrar a los tres les dijo: _dadme albricias,
+buenos señores, de que ya yo no soy Don Quijote de la Mancha, sino
+Alonso Quijano, a quien mis costumbres me dieron renombre de bueno_.
+Pocos días hace que hablando con D. Álvaro de Tarfe y al llamarle éste
+bueno, le dijo: _yo no sé si soy bueno, pero sé decir que no soy el
+malo_, tal vez recordando aquello del Evangelio: «¿por qué me llamas
+bueno? Ninguno es bueno sino uno: Dios» (Mat., XIX, 17) y ahora a pique
+de morir y por la luz de la muerte alumbrado, dice que sus costumbres
+le dieron _renombre de bueno_. ¡Renombre! ¡renombre! y ¡cuán dura
+de arrancar es, Don Quijote mío, la raíz de la locura de tu vida!
+¡Renombre de bueno! ¡renombre!
+
+Siguió disertando piadosamente, abominó de Amadís de Gaula y _de toda
+la infinita caterva de su linaje_, y al oirle creyeron los tres _que
+alguna nueva locura le había tomado_. Y así era en verdad, que le tomó
+la última locura, la no curadera, la de la muerte. La vida es sueño, de
+cierto, pero dinos, desventurado Don Quijote, tú que despertaste del
+sueño de tu locura para morir abominando de ella, dinos, ¿no es sueño
+también la muerte? ¡Ah, y si fuera sueño eterno y sueño sin ensueños ni
+despertar, entonces, querido Caballero, en qué más valía la cordura de
+tu muerte que la locura de tu vida? Si es la muerte sueño, Don Quijote
+mío, ¿por qué han de ser molinos los gigantes, carneros los ejércitos,
+zafia labradora Dulcinea y burladores los hombres? Si es la muerte
+sueño, locura y sólo honda locura fué tu anhelo de inmortalidad.
+
+Y si fué sueño y vanidad tu locura ¿qué sino sueño y vanidad es todo
+heroísmo humano, todo esfuerzo en pro del bien del prójimo, toda
+ayuda a los menesterosos y toda guerra a los opresores? Si fué sueño
+y vanidad tu locura de no morir, entonces sólo tienen razón en el
+mundo los bachilleres Carrascos, los Duques, los Don Antonio Moreno,
+cuantos burladores, en fin, hacen del valor y de la bondad pasatiempo y
+regocijo de sus ocios. Si fué sueño y vanidad tu ansia de vida eterna,
+toda la verdad se encierra en aquellos versos de la Odisea:
+
+ τὸν δὲ ζεοὶ μὲν τεῦξαν, ἐπεxλώσαντο δ'δλεζρον
+ ἀνζρώποις ΐνα ᾖσι xαὶ ἐσσομένοισιν ἀοιδή
+
+ (VIII, 579-580)
+
+«Los dioses traman y cumplen la perdición de los mortales para que los
+venideros tengan algo que cantar». Y entonces sí que podemos decir
+con Segismundo, tu hermano, que «el delito mayor del hombre es haber
+nacido». Más nos valiera, si eso así fuese, no haber visto la luz del
+sol ni haber recogido en nuestro pecho el aire de la vida.
+
+¿Qué te arrastró, Don Quijote mío, a tu locura de renombre y fama y
+a tu ansia de sobrevivir con gloria en los recuerdos de los hombres,
+sino tu ansia de no morir, tu anhelo de inmortalidad, esa herencia que
+heredamos de nuestros padres, «que tenemos un apetito de divinidad y
+una locura y frenesí de querer ser más de lo que somos», para servirme
+de palabras del Padre Alonso Rodríguez, tu contemporáneo (EJERCICIO
+DE PERFECCIÓN Y VIRTUDES CRISTIANAS, tratado octavo, cap. XV)? ¿Qué
+es sino el espanto de tener que llegar a ser nada lo que nos empuja a
+querer serlo todo, como único remedio para no caer en ese tan pavoroso
+de anonadarnos?
+
+Pero allí estaba Sancho, en la cumbre de su fe, a que llegó después de
+tantos tumbos, arredros y tropiezos, y Sancho al oirle tan desengañado,
+le dijo: _¿ahora, señor Don Quijote, que tenemos nueva que está
+desencantada la señora Dulcinea, sale vuesa merced con eso; y ahora
+que estamos tan a pique de ser pastores para pasar la vida cantando
+como unos príncipes, quiere vuesa merced hacerse ermitaño? Calle por su
+vida, vuelva en sí, y déjese de cuentos_. ¡Notables palabras! _¡Vuelva
+en si! ¡Vuelva en sí y déjese de cuentos!_ Mas ¡ay! amigo Sancho, que
+tu amo no puede ya volver en sí, sino que ha de volver al seno de la
+tierra todoparidora, que a todos nos da a luz y a todos nos recoge en
+sombras. ¡Pobre Sancho, que te quedas solo con tu fe, con la fe que dió
+tu amo!
+
+¡Déjese de cuentos! _Los de hasta aquí--replicó Don Quijote--que han
+sido verdaderos en mi daño, los ha de volver mi muerte, con ayuda
+del cielo, en mi provecho._ Sí, Don Quijote mío, esos cuentos son tu
+provecho. Tu muerte fué aún más heroica que tu vida, porque al llegar
+a ella cumpliste la más grande renuncia, la renuncia de tu gloria, la
+renuncia de tu obra. Fué tu muerte encumbrado sacrificio. En la cumbre
+de tu pasión, cargado de burlas, renuncias no a ti mismo, sino a algo
+más grande que tú: a tu obra. Y la gloria te acoja para siempre.
+
+_Hizo salir la gente el cura, y quedóse solo con él y confesóle. Y
+acabóse la confesión y salió el cura diciendo: verdaderamente se muere
+y verdaderamente está cuerdo Alonso Quijano el Bueno; bien podemos
+entrar para que haga su testamento._ Rompieron a llorar Sancho, el ama
+y la sobrina, porque en verdad _en tanto que Don Quijote fué Alonso
+Quijano el Bueno a secas, y en tanto que fué Don Quijote de la Mancha,
+fué siempre de apacible condición y de agradable trato, y por esto
+no sólo era bien querido de los de su casa, sino de todos cuantos le
+conocían_. Fué siempre bueno, bueno sobre todo y ante todo, bueno con
+bondad nativa, y esta bondad que sirvió de cimiento a la cordura de
+Alonso Quijano y a su muerte ejemplar, esta misma bondad sirvió de
+cimiento a la locura de Don Quijote y a su ejemplarísima vida. La raíz
+de tu locura de inmortalidad, la raíz de tu anhelo de vivir en los
+inacabables siglos, la raíz de tu ansia de no morir, fué tu bondad,
+Don Quijote mío. El bueno no se resigna a disiparse, porque siente que
+su bondad hace parte de Dios, del Dios que es Dios no de los muertos,
+sino de los vivos, pues para él viven todos. La bondad no teme ni al
+infinito ni a lo eterno; la bondad reconoce que sólo en alma humana se
+perfecciona y acaba; la bondad sabe que es una mentira la realización
+del Bien en el proceso de la especie. El toque está en ser bueno, sea
+cual fuere el sueño de la vida. Ya lo dijo Segismundo (jornada II,
+escena IV),
+
+ que estoy soñando y que quiero
+ obrar bien, pues no se pierde
+ el hacer bien aun en sueños.
+
+Y si la bondad nos eterniza ¿qué mayor cordura que morirse?
+_Verdaderamente se muere y verdaderamente está cuerdo Alonso Quijano el
+Bueno_; muere a la locura de la vida, despierta de su sueño.
+
+Hizo Don Quijote su testamento y en él la mención de Sancho que éste
+se merecía, pues si loco fué su amo parte a darle el gobierno de la
+ínsula, _pudiera estando cuerdo darle el de un reino, se le diera,
+porque la sencillez de su condición y fidelidad de su trato lo merece_.
+Y volviéndose a Sancho, quiso quebrantarle la fe y persuadirle de que
+no había habido caballeros andantes en el mundo, a lo cual Sancho,
+henchido de fe y loco de remate cuando su amo se moría cuerdo,
+respondió llorando: _Ay, no se muera vuesa merced, señor mío, sino tome
+mi consejo y viva muchos años, porque la mayor locura que puede hacer
+un hombre en esta vida es dejarse morir sin más ni más_. ¿La mayor
+locura, Sancho?
+
+ “Y consiento en mi morir
+ con voluntad placentera
+ clara y pura;
+ que querer hombre vivir
+ cuando Dios quiere que muera,
+ es locura”
+
+pudo contestarte tu amo, con palabras del Maestre D. Rodrigo Manrique,
+tales cuales en su boca las pone su hijo D. Jorge, el de las coplas
+inmortales.
+
+Y dicho lo de la locura de dejarse morir, volvió Sancho a las andadas,
+hablando a Don Quijote del desencanto de Dulcinea y de los libros de
+caballerías. ¡Oh heroico Sancho, y cuán pocos advierten el que ganaste
+la cumbre de la locura cuando tu amo se despeñaba en el abismo de
+la sensatez, y que sobre su lecho de muerte irradiaba tu fe, tu fe,
+Sancho, la fe de ti que ni has muerto ni morirás! Don Quijote perdió
+su fe y murióse, tú la cobraste y vives; era preciso que él muriera en
+desengaño, para que en engaño vivificante vivas tú.
+
+¡Oh Sancho, y cuán melancólico es tu recuerdo de Dulcinea ahora en
+que tu amo se prepara al trance de la muerte! Ya no es Don Quijote,
+sino Alonso Quijano el Bueno, el tímido hidalgo que se pasó doce años
+queriendo como a la lumbre de sus ojos, de esos ojos que en breve ha de
+comerse la tierra, a Aldonza Lorenzo, la hija de Lorenzo Corchuelo y de
+Aldonza Nogales, la del Toboso. Al recordarle, Sancho, en su lecho de
+muerte a su dama, le recuerdas a la garrida moza a la que sólo gozó, a
+hurtadillas, con los ojos cuatro veces en doce largos años de soledad y
+de recato. La vería el hidalgo ahora casada ya, rodeada de sus hijos,
+gloriándose en su marido, haciendo fructificar la vida en el Toboso.
+Y entonces, en su lecho de muerte de soltero, pensó acaso que pudo
+haberla llevado a él y haber bebido de ella en él la vida. Y habría
+muerto sin gloria, sin que Dulcinea le llamase desde el cielo de la
+locura, pero sintiendo sobre sus labios fríos los ardientes labios de
+Aldonza, y rodeado de sus hijos en quienes perviviría. ¡Tenerla allí,
+en el lecho en que morías, buen hidalgo, y en que se habrían confundido
+antes veces en una sola vuestras sendas vidas; tenerla allí, cogida de
+su mano tu mano y dándote así con la suya un calor que de la tuya se
+escapaba, y ver llegar la luz encegadora del último misterio, luz de
+tinieblas, en sus ojos llorosos y despavoridos, fijos en los cuales
+pasarían a la eterna visión los tuyos! Te morías sin haber gozado del
+amor, del único amor que a la muerte vence. Y entonces, al oir a Sancho
+hablar de Dulcinea, debiste de repasar en tu corazón aquellos doce
+largos años de la tortura de vergonzosidad invencible. Fué tu último
+combate, mi Don Quijote, del que ninguno de los que te rodeaban en tu
+lecho de muerte se dió cata.
+
+Acudió el bachiller en ayuda de Sancho, y al oirlo dijo Don Quijote
+con mortal sosiego: _Señores, vámonos poco a poco, pues ya en los
+nidos de antaño no hay pájaros ogaño: yo fuí loco y ya soy cuerdo; fuí
+Don Quijote de la Mancha, y soy ahora, como he dicho, Alonso Quijano
+el Bueno: pueda con vuesas mercedes mi arrepentimiento y mi verdad
+volverme a la estimación que de mí se tenía._ Sanaste, Caballero,
+para morir; volviste a ser Alonso Quijano el Bueno para morir. Mira,
+pobre Alonso Quijano, mira a tu pueblo y ve si no sanará de su locura
+para morirse luego. Molido y maltrecho y después de que allá, en las
+Américas, acabaron de vencerle, retorna a su aldea, ¿A curar de su
+locura? ¡Quién sabe!... Tal vez a morir. Tal vez a morir si no quedara
+Sancho, que te reemplazará lleno de fe. Porque tu fe, Caballero, se
+atesora en Sancho hoy.
+
+Sancho, que no ha muerto, es el heredero de tu espíritu, buen hidalgo,
+y esperamos tus fieles en que Sancho sienta un día que se le hincha
+de quijotismo el alma, que le florecen los viejos recuerdos de su
+vida escuderil, y vaya a tu casa y se revista de tus armaduras, que
+hará se las arregle a su talla y cuerpo el herrero del lugar, y saque
+a Rocinante de su cuadra y monte en él, y embrace tu lanza, la lanza
+con que diste libertad a los galeotes y derribaste al Caballero de los
+Espejos, y sin hacer caso de las voces de tu sobrina, salga al campo
+y vuelva a la vida de aventuras, convertido de escudero en caballero
+andante. Y entonces, Don Quijote mío, entonces es cuando tu espíritu
+se asentará en la tierra. Es Sancho, es tu fiel Sancho, es Sancho el
+bueno, el que enloqueció cuando tú curabas de tu locura en tu lecho de
+muerte, es Sancho el que ha de asentar para siempre el quijotismo sobre
+la tierra de los hombres. Cuando tu fiel Sancho, noble Caballero, monte
+en tu Rocinante, revestido de tus armas y embrazando tu lanza, entonces
+resucitarás en él, y entonces se realizará tu ensueño. Dulcinea os
+cogerá a los dos y estrechándoos con sus brazos contra su pecho, os
+hará uno solo.
+
+_Vámonos poco a poco, pues ya en los nidos de antaño no hay pájaros
+ogaño; disipóse el sueño._
+
+ “Y la experiencia me enseña
+ que el hombre que vive sueña
+ lo que es, hasta dispertar.
+ Sueña el rey que es rey y vive
+ con este engaño mandando,
+ disponiendo y gobernando.”
+
+ (LA VIDA ES SUEÑO, II, 19)
+
+Soñó Don Quijote que era caballero andante hasta que todas sus aventuras
+
+ “en cenizas le convierte
+ la muerte--¡desdicha fuerte!”
+
+ (II, 19)
+
+¿Qué fué la vida de Don Quijote?
+
+ “¿Qué es la vida? Una ilusión,
+ una sombra, una ficción,
+ y el mayor bien es pequeño;
+ que toda la vida es sueño
+ y los sueños sueños son.”
+
+ (II, 19)
+
+_¡Ay, no se muera vuesa merced, señor mío, sino tome mi consejo y viva
+muchos años!_
+
+ “¿Otra vez?--¡qué es esto, cielos!--
+ ¿queréis que sueñe grandezas
+ que ha de deshacer el tiempo?
+ ¿Otra vez queréis que vea
+ entre sombras y bosquejos
+ la majestad y la pompa
+ desvanecida del viento?”
+
+ (III, 3)
+
+_Señores, vámonos poco a poco, pues ya en los nidos de antaño no hay
+pájaros ogaño._
+
+ "Idos, sombras que fingís
+ hoy a mis sentidos muertos
+ cuerpo y voz, siendo verdad
+ que ni tenéis voz ni cuerpo;
+ que no quiero majestades
+ fingidas, pompas no quiero
+ fantásticas, ilusiones
+ que al soplo menos lijero
+ del aura han de deshacerse,
+ bien como el florido almendro
+ que por madrugar sus flores
+ sin aviso y sin consejo,
+ al primer soplo se apagan,
+ marchitando y desluciendo
+ de los rosados capullos
+ belleza, luz y ornamento.”
+
+ (III, 70)
+
+Dejadme, que digo con mi hermana Teresa de Jesús:
+
+ Aquella vida de arriba
+ es la vida verdadera:
+ hasta que esta vida muera
+ no se goza estando viva:
+ muerte, no me seas esquiva:
+ vivo muriendo primero,
+ que muero porque no muero.
+
+_¡Señores, vámonos poco a poco, pues ya en los nidos de antaño no hay
+pájaros ogaño!_ O como dijo Íñigo de Loyola cuando al tiempo de ir a
+despertar del sueño de la vida, ya espirante, querían darle un poco
+de sustancia: «ya no es tiempo deso» (Rivadeneira, lib. IV, capítulo
+XVI) y murió Íñigo como había de morir unos cincuenta años más tarde
+Don Quijote, sencillamente, sin comedia alguna, sin reunir gente en
+torno de su lecho ni hacer espectáculo de la muerte, como se mueren los
+verdaderos santos y los verdaderos héroes, casi como los animales se
+mueren: acostándose a morir.
+
+Siguió dictando el buen Alonso Quijano su testamento y mandó toda
+su hacienda a puerta cerrada a Antonia Quijana, su sobrina, mas
+imponiéndola como obligación para el disfrute de ella que _si quiere
+casarse, se case con hombre de quien primero se haya hecho información
+que no sabe qué cosa sean libros de caballerías; y en caso que se
+averiguare que lo sabe y con todo eso mi sobrina quiere casarse con
+él y se casare, pierda todo lo que le he mandado, lo cual puedan mis
+albaceas distribuir en obras pías a su voluntad_.
+
+Y ¡qué bien calaba Don Quijote que entre el oficio de marido y de
+caballero andante hay mutua y fortísima irreductibilidad! Y al dictar
+esto ¿no pensaría acaso el buen hidalgo en su Aldonza y que de haber él
+roto el sello de su demasiado amor se habría ahorrado las malandanzas
+caballerescas, preso junto al fogón del hogar por los brazos de ella?
+
+Tu testamento se cumple, Don Quijote, y los mozos de esta tu patria
+renuncian a todas las caballerías para poder gozar de las haciendas de
+tus sobrinas, que son casi todas las españolas, y gozar de las sobrinas
+mismas. En sus brazos se ahoga todo heroísmo. Tiemblan de que a sus
+novios y maridos les dé la ventolera por donde le dió a su tío. Es tu
+sobrina, Don Quijote, es tu sobrina la que hoy reina y gobierna en tu
+España; es tu sobrina, no Sancho. Es la medrosica, casera y encojada
+Antonia Quijana, la que temía te diese por dar en poeta, _enfermedad
+incurable y pegadiza_; la que ayudó con tanto celo al cura y al
+barbero a quemar tus libros; la que te aconsejaba no te metieses en
+pendencias ni fueses por el mundo en busca de pan de trastrigo; la que
+se te atrevió a asegurar en tus barbas que todo eso de los caballeros
+andantes es fábula y mentira, doncellesco atrevimiento que te obligó
+a exclamar: _Por el Dios que me sustenta, que si no fueras mi sobrina
+derechamente como hija de mi misma hermana, que había de hacer un tal
+castigo en ti, por la blasfemia que has dicho, que sonara por todo el
+mundo_; es ésta, la _rapaza que apenas sabe menear doce palillos de
+randas_ y se atrevía a poner lengua en las historias de los caballeros
+andantes y a censurarlas, es ésta la que maneja y zarandea y asenderea
+como a unos dominguillos a los hijos de tu España. No es Dulcinea del
+Toboso, no; no es tampoco Aldonza Lorenzo, por la que se suspira doce
+años sin haberla visto sino sólo cuatro veces y sin haberla confesado
+amor; es Antonia Quijana, la que apenas sabe menear doce palillos de
+randas y menea a los hombres de hoy en tu patria.
+
+Es Antonia Quijana la que por mezquindad de espíritu, por creer a su
+marido pobre, le retiene y le impide lanzarse a heroicas aventuras
+en que cobre eterno nombre y fama. ¡Si fuese siquiera Dulcinea!...
+Dulcinea, sí; por extraño que nos parezca, Dulcinea puede moverle a uno
+a renunciar a toda gloria, a que se dé la gloria de renunciar a ella.
+Dulcinea, o mejor dicho, Aldonza. Aldonza, la ideal, puede decirle:
+«Ven, ven acá a mis brazos y deshaz en lágrimas tus ansias sobre mi
+pecho, ven acá; ya veo, veo para ti un empinado tormo en los siglos de
+los hombres, un picacho en que te contemplen tus hermanos todos; te veo
+aclamado por sus generaciones, pero ven a mí y por mí renuncia a todo
+eso, serás así más grande, mi Alonso, serás más grande. Toma mi boca
+entera y hártala de calientes besos en su silencio, y renuncia a que
+ande en frío tu nombre en bocas de los que no has de conocer nunca.
+¿Oirás luego de muerto lo que de ti digan? ¡Sepulta en mi pecho todo
+tu amor, que si él es grande, mejor es que lo sepultes en mí a no que
+lo desparrames entre los hombres pasajeros y casquivanos! No merecen
+admirarte, mi Alonso, no merecen admirarte. Serás para mí sola y así
+serás mejor para el Universo todo y para Dios. Parecerán así perdidos
+tu poderío y tu heroísmo, mas no hagas caso, ¿sabes, por ventura, el
+efluvio inmenso de vida que, sin nadie notarlo, se desprende de un amor
+heroico y callado y se desparrama luego por más allá de los hombres
+todos hasta el confín de las últimas estrellas? ¿Sabes la misteriosa
+energía que irradia a todo un pueblo y a sus generaciones venideras
+hasta la consumación de los siglos de una feliz pareja donde se asienta
+el amor triunfante y silencioso? ¿Sabes lo que es conservar el fuego
+sagrado de la vida y aun encenderlo más y más en un culto callado y
+recogido? El amor con sólo amar y sin hacer otra cosa cumple una labor
+heroica. Ven y renuncia a toda acción entre mis brazos, que este tu
+reposo y tu oscurecimiento en ellos serán fuente de acciones y de
+claridades para los que nunca sabrán tu nombre. Cuando hasta el eco de
+tu nombre se disipe en el aire, al disiparse éste, aún el rescoldo de
+tu amor calentará las ruinas de los orbes. Ven y date a mí, Alonso,
+que aunque no salgas a los caminos a enderezar entuertos, tu grandeza
+no habrá de perderse, pues en mi seno nada se pierde. Ven, que yo te
+llevaré desde el reposo de mi regazo al reposo final e inacabable».
+
+Así podría hablar Aldonza, y sería grande Alonso renunciando en sus
+brazos a toda gloria; pero tú, Antonia, tú no sabes hablar así. Tú no
+crees que el amor vale más que la gloria; tú lo que crees es que ni el
+amor ni la gloria valen el amodorrador sosiego del hogar, que ni el
+amor ni la gloria valen la seguridad de los garbanzos; tú crees que el
+Coco se lleva a los que duermen poco, y no sabes que el amor, lo mismo
+que la gloria, no duerme, sino vela.
+
+Acabó de hacer su testamento Alonso Quijano, recibió los sacramentos,
+abominó de nuevo de los libros de caballerías, y _entre compasiones y
+lágrimas de los que allí se hallaban, dió su espíritu; quiero decir que
+se murió_, agrega el historiador.
+
+_¡Dió su espíritu!_ ¿Y a quién se lo dió? Dónde está hoy? ¿dónde sueña?
+¿dónde vive? ¡cuál es el abismo de la cordura en que van a descansar
+las armas curadas del sueño de la vida, de la locura de no morir? ¡Oh
+Dios mío; Tú que diste vida y espíritu a Don Quijote en la vida y en
+el espíritu de su pueblo; Tú que inspiraste a Cervantes esa epopeya
+profundamente cristiana; Tú, Dios de mi sueño, ¿dónde acoges los
+espíritus de los que atravesamos este sueño de la vida tocados de la
+locura de vivir por los siglos de los siglos venideros? Nos diste el
+ansia de renombre y fama, como sombra de tu gloria; pasará el mundo
+¿pasaremos con él también nosotros. Dios mío?
+
+¡La vida es sueño! ¿Será acaso también sueño, Dios mío, este tu
+Universo de que eres la Conciencia eterna e infinita? ¿será un sueño
+tuyo? ¿será que nos estás soñando? ¿Seremos sueño, sueño tuyo, nosotros
+los soñadores de la vida? Y si así fuese ¿qué será del Universo todo,
+qué será de nosotros, qué será de mí cuando Tú, Dios de mi vida,
+despiertes? ¡Suéñanos, Señor! Y ¿no será tal vez que despiertas para
+los buenos cuando a la muerte despiertan ellos del sueño de la vida?
+¿Podemos acaso nosotros, pobres sueños soñadores, soñar lo que sea la
+vela del hombre en tu eterna vela, Dios nuestro? ¿No será la bondad
+resplandor de la vigilia en las oscuridades del sueño? Mejor que
+indagar tu sueño y nuestro sueño, escudriñando el Universo y la vida,
+mejor mil veces obrar el bien,
+
+ pues no se pierde
+ el hacer bien, ni aun en sueños.
+
+Mejor que investigar si son molinos o gigantes los que se nos muestran
+dañosos, seguir la voz del corazón y arremeterlos, que toda arremetida
+generosa trasciende del sueño de la vida. De nuestros actos y no de
+nuestras contemplaciones sacaremos sabiduría. ¡Suéñanos, Dios de
+nuestro sueño!
+
+¡Consérvale a Sancho su sueño, su fe, Dios mío, y que crea en su vida
+perdurable y que sueñe ser pastor allá en los infinitos campos de
+Tu Seno, endechando sin fin a la Vida inacabable que eres Tú mismo;
+consérvasela, Dios de mi España! Mira, Señor, que el día en que tu
+siervo Sancho cure de su locura, se morirá, y al morir él se morirá su
+España, tu España, Señor. Fundaste este tu pueblo, el pueblo de tus
+siervos Don Quijote y Sancho, sobre la fe en la inmortalidad personal;
+mira, Señor, que esa es nuestra razón de vida y es nuestro destino
+entre los pueblos el de hacer que esa nuestra verdad del corazón
+alumbre las mentes contra todas las tinieblas de la lógica y del
+raciocinio y consuele los corazones de los condenados al sueño de la
+vida.
+
+ _Así el vivir nos mata
+ que la muerte nos torna a dar la vida._
+
+Agrega el historiador que pidió el cura al escribano le diese por
+testimonio _cómo Alonso Quijano el Bueno, llamado comúnmente Don
+Quijote de la Mancha, había pasado de esta presente vida y muerto
+naturalmente, y que el tal testimonio pedía para quitar la ocasión de
+que algún autor le resucitase falsamente_, y más adelante añade que
+yace en la huesa _tendido de largo, imposibilitado de hacer tercera
+jornada y salida nueva_.
+
+¿Pero es que creéis que Don Quijote no ha de resucitar? Hay quien cree
+que no ha muerto; que el muerto, y bien muerto, es Cervantes que quiso
+matarle, y no Don Quijote. Hay quien cree que resucitó al tercer día,
+y que volverá a la tierra en carne mortal y a hacer de las suyas. Y
+volverá cuando Sancho, agobiado hoy por los recuerdos, sienta hervir la
+sangre que acopió en sus andanzas escuderiles, y monte, como dije, en
+Rocinante, y revestido de las armas de su amo, embrace el lanzón y se
+lance a hacer de Don Quijote. Y su amo vendrá entonces y encarnará en
+él. ¡Ánimo, Sancho heroico, y aviva esa fe que encendió en ti tu amo y
+que tanto te costó atizar y afirmar! ¡ánimo!
+
+Y no se cuenta milagro que hiciese después de muerto, como se cuenta
+del Cid que ganó batalla siendo cadáver, y se cuenta de él además que
+estando muerto también y queriendo un judío tocarle la barba, que en su
+vida nadie se la tocó,
+
+ Antes que a la barba llegue, el buen Cid había empuñado
+ a la su espada tizona, y un buen palmo la había sacado;
+ el judío que esto vido, muy gran pavor ha cobrado;
+ tendido cayó de espaldas, amortecido de espanto.
+
+Don Quijote no sé que haya ganado batalla después de muerto y sé que
+muchos judíos osan tocarle la barba. De Don Quijote no se sabe que haya
+hecho milagro alguno después de muerto, pero ¿no basta con los que
+hizo en vida, y no fué perpetuo milagro su carrera toda de aventuras?
+Cuanto más que, como recordaba el P. Rivadeneira, en el capítulo final
+de su tantas veces aquí citada obra al hablarnos de los milagros que
+Dios hizo por San Ignacio, entre los nacidos de mujer no se había
+levantado, al decir del Evangelio, otro mayor que San Juan Bautista, y
+con todo eso dice de él el Evangelio mismo que no hizo milagro alguno.
+Y si el piadoso biógrafo de Loyola tiene por el mayor milagro de éste
+la fundación de la Compañía de Jesús ¿no hemos de tener nosotros por
+el milagro mayor de Don Quijote el que hubiese hecho escribir la
+historia de su vida a un hombre que, como Cervantes mostró en sus
+demás trabajos, la endeblez de su ingenio y cuán por debajo estaba, en
+el orden natural de las cosas, de lo que para contar las hazañas del
+Ingenioso Hidalgo y tal cual él las contó, se requería?
+
+No cabe duda sino que en EL INGENIOSO HIDALGO DON QUIJOTE DE LA
+MANCHA que compuso Miguel de Cervantes Saavedra se mostró éste muy
+por encima de lo que podríamos esperar de él juzgándole por sus otras
+obras; se sobrepujó con mucho a sí mismo. Por lo cual es de creer que
+el historiador arábigo Cide Hamete Benengeli no es un puro recurso
+literario, sino que encubre una profunda verdad, cual es la de que esa
+historia se la dictó a Cervantes otro que llevaba dentro de sí y al que
+ni antes ni después de haberla escrito, trató una vez más; un espíritu
+que en las profundidades de su alma habitaba. Y esta inmensa lejanía
+que hay de la historia de nuestro Caballero a todas las demás obras
+que Cervantes escribió, este patentísimo y espléndido milagro es la
+razón principal--si para ellos hiciesen, que no hacen falta razones,
+miserables siempre--para creer nosotros y confesar que la historia fué
+real y verdadera, y que el mismo Don Quijote envolviéndose en Cide
+Hamete Benengeli, se la dictó a Cervantes. Y aun llego a sospechar que
+mientras he estado explicando y comentando esta vida me han visitado
+secretamente Don Quijote y Sancho, y aun sin yo saberlo, me han
+desplegado y descubierto las entretelas de sus corazones.
+
+Y he de añadir aquí que muchas veces tenemos a un escritor por persona
+real y verdadera e histórica por verle de carne y hueso y a los sujetos
+que finge en sus ficciones no más sino por de pura fantasía, y sucede
+al revés, y es que estos sujetos lo son muy de veras y de toda realidad
+y se sirven de aquel otro que nos parece de carne y hueso para tomar
+ellos ser y figura ante los hombres. Y cuando despertemos todos del
+sueño de la vida, se han de ver a este respecto cosas muy peregrinas y
+se espantarán los sabios al ver qué es la verdad y qué es la mentira y
+cuán errados andábamos al pensar que esa quisicosa que llamamos lógica
+tenga valor alguno fuera de este miserable mundo en que nos tienen
+presos el tiempo y el espacio, tiranos del espíritu.
+
+Cosas muy peregrinas conoceremos allí respecto a la vida y a la muerte,
+y allí se verá cuán profundo sentido tiene la primera parte del
+epitafio que en la sepultura de Don Quijote puso Sansón Carrasco y que
+dice:
+
+ _Yace aquí el hidalgo fuerte
+ que a tanto extremo llegó
+ de valiente, que te advierte,
+ que la muerte no triunfó
+ de tu vida con la muerte._
+
+Y así es, pues Don Quijote es, merced a su muerte, inmortal; la muerte
+es nuestra inmortalizadora.
+
+Nada pasa, nada se disipa, nada se anonada; eternízase la más pequeña
+partecilla de materia y el más débil golpecito de fuerza y no hay
+visión, por huidera que sea, que no quede reflejada para siempre en
+alguna parte. Así como si al pasar por un punto, en el infinito de las
+tinieblas, se encendiera y brillara por un momento todo lo que por
+allí pasase, así brilla un momento en nuestra conciencia del presente
+cuanto desfila de lo insondable del porvenir a lo insondable del
+pasado. No hay visión ni cosa ni momento de ella que no descienda a las
+honduras eternas de donde salió y allí se quede. Sueño es este súbito y
+momentáneo encendimiento de la sustancia tenebrosa, sueño es la vida,
+y apagado el pasajero fulgor desciende su reflejo a las honduras de
+las tinieblas y allí queda y persiste hasta que una suprema sacudida
+lo reenciende para siempre un día. Porque la muerte no triunfa de la
+vida con la muerte de ésta. Muerte y vida son mezquinos términos de que
+nos valemos en esta prisión del tiempo y del espacio; tienen ambas una
+raíz común y la raigambre de esta raíz arraiga en la eternidad de lo
+infinito, en Dios, Conciencia del Universo.
+
+Al acabar la historia colgó el historiador su pluma y le dijo: _aquí
+quedarás colgada desta espetera y deste hilo de alambre, ni sé si
+bien cortada o mal tajada péñola mía, adonde vivirás luengos siglos,
+si presuntuosos y malandrines historiadores no te descuelgan para
+profanarte_.
+
+Líbreme Dios de meterme a contar sucesos que al puntualísimo
+historiador de Don Quijote se le hubiesen escapado; nunca me tuve por
+erudito ni me he metido jamás a escudriñar los archivos caballerescos
+de la Mancha. Yo sólo he querido explicar y comentar su vida.
+
+_Para mí solo nació Don Quijote, y yo para él; él supo obrar y yo
+escribir_, hace decir el historiador a su pluma. Y yo digo que para
+que Cervantes contara su vida y yo la explicara y comentara nacieron
+Don Quijote y Sancho, Cervantes nació para contarla y explicarla, y
+para comentarla nací yo... No puede contar tu vida, ni puede explicarla
+ni comentarla, señor mío Don Quijote, sino quien esté tocado de tu
+misma locura de no morir. Intercede, pues, en favor mío, oh mi señor y
+patrón, para que tu Dulcinea del Toboso, ya desencantada merced a los
+azotes de tu Sancho, me lleve de su mano a la inmortalidad del nombre y
+de la fama. ¡Y si es la vida sueño, déjame soñarla inacabable!
+
+ A reinar, fortuna, vamos.
+ No me despiertes, si sueño.
+
+ (LA VIDA ES SUEÑO, II, 4)
+
+ καὶ μαχόμην κατ' ἔμ'αὐτὸν ἐγώ
+ ΙΛΙΑΛΟΣ Α' σοα'
+
+
+
+
+ VOCABULARIO
+
+
+Hay en este libro unas pocas voces, no llegan a treinta, que no se
+encuentran en la última edición, la décimatercia, del DICCIONARIO DE LA
+LENGUA CASTELLANA POR LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA, que pasa por oficial,
+y voces que tampoco son de uso corriente entre escritores. Las más de
+ellas--su casi totalidad--las he tomado de boca del pueblo de esta
+región salmantina, que las emplea corrientemente, tres de ellas las
+he formado yo mismo según la analogía del lenguaje castellano, y una
+(_oíslo_) se halla en el QUIJOTE.
+
+Creo que para enriquecer el idioma mejor que ir a pescar en viejos
+librotes de antiguos escritores vocablos hoy muertos, es sacar de las
+entrañas del idioma mismo, del habla popular, voces y giros que en
+ellas viven, tanto más cuanto que de ordinario los más de los arcaísmos
+perduran como provincialismos hoy.
+
+He aquí esas voces:
+
+_adulciguar._--Ésta la he formado yo siguiendo la analogía que de las
+latinas _sanctificare_, _mortificare_, _verificare_, _testificare_,
+etc., nos da santiguar, amortiguar, averiguar, atestiguar, etc., por un
+proceso fonético que no es de este lugar explicarlo, y de _fructificar_
+dió el «afruchiguar» que usan aún hoy los judíos españoles de Oriente.
+Así de _dulcificare_ he formado adulciguar, esto es: dulcificar, y es
+más que posible que esta voz haya sido usada.
+
+_brezar._--El Diccionario de la Academia trae _brizar_, y agrega
+_ant._, esto es, «anticuado». Será anticuado entre los académicos, pero
+en esta provincia de Salamanca, por lo menos, es voz viva y bien viva y
+enteramente moderna. Dicen _brizar o brezar_--más esto que aquello--y
+significa «cunar, mover la cuna para adormecer a los niños».
+
+_cogolmar._--Colmar, llenar más la medida.
+
+_cogüelmo._--Colmo, lo que pasa de la medida.
+
+_cotena._--Costra de porquería. Se dice, por ejemplo, «el muy marrano
+tiene dos jemes de cotena a cuestas».
+
+_desfalladero._--Derrumbadero. Se usa en la ribera del Duero, raya de
+Portugal.
+
+_desenchinarrar._--Lo contrario de enchinarrar; desencachar o
+desadoquinar.
+
+_desentoñar._--Desatollar algo, sacarlo del barro, de la tierra o de
+otro sitio en que estuviera entoñado.
+
+_enchinarrar._--Poner chinarros en una calzada o calle; adoquinarla.
+
+_enfusar._--Este bonito verbo, del participial latino _infusare_, el
+cual a su vez se formó del participio _infusus_, de _infundere_, se
+usa mucho en esta provincia de Salamanca en el sentido de embutir,
+tratándose en especial de embutir carnes de cerdo. Yo le extiendo
+el significado, haciéndolo equivalente del vocablo culto infundir.
+Del mismo modo tenemos: ayudar, cantar, olvidar, hartar, hurtar,
+untar, echar, usar, etc., de los participales _adiutare-adiutus_,
+_cantare-cantus_, _oblitare-oblitus_, _farctare-farctus_,
+_furtane-furtus_, _unctare-unctus_, _iactare-iactus_, _arsare-arsus_,
+_usare-usus_, etc., cuyos verbos simples _adiuvare_, _canere_,
+_oblivisci_, _farcire_, _furere_, _ungere_, _iacere_, _ardere_, _uti_ o
+no pasaron al castellano o pasaron en voces cultas o semi-cultas, como
+ungir, verbigracia.
+
+_engurruñido._--Recogido, arrugado, como cuando una fruta se seca, se
+achica y se arruga. La Academia trae _engurriado, da_, adjetivo ant.
+rugoso, y _engurruñarse_, estar triste, melancólico. Recuerdo ahora
+esta copla que he oído:
+
+ En el cielo de tu boca
+ quisiera yo estar metido;
+ si no cupiera de pie,
+ cabería engurruñido.
+
+_enroderar._--Meter en roderas o carriles.
+
+_entoñar._--Atollar, meter algo en alguna parte, enterrarlo.
+
+_escurrajas._--Escurriduras.
+
+_marzera_ (nieve).--Nieve de Marzo.
+
+_pedernoso._--Esta es la otra voz que he inventado, por analogía con
+pedernal y empedernido. Equivale a pétreo, que no me gusta, y es muy
+fácil que haya sido usada.
+
+_perinchir._--Preciosa voz que se usa en algunos pueblos del llamado
+Abadengo, de esta provincia, y que equivale a colmar, hacer que rebase
+la medida. Se compone de _per_ y _henchir_.
+
+_remejer._--Revolver, remezclar. Se usa mucho, lo mismo que el simple:
+_mejer_, en casi todo el Oeste y Noroeste de España (Salamanca, Zamora,
+León, Galicia). Es el latín _miscere_. La Academia a la voz _mejido_,
+que es el participio de mejer, que se usa en «huevo mejido», «yema
+mejida», le llama adjetivo.
+
+_retuso._--Rehacio. Esta voz, enteramente latina, sin quitarle ni
+ponerle nada, se usa aquí mucho. De ser de origen popular debió decir
+re_duso_.
+
+_serano._--Esta preciosa voz, usadísima en todos estos lugares
+salmantinos, es igual al portugués «serão» y significa como el francés
+_soirée_, una velada nocturna.
+
+_sotorreirse._--Es voz que he formado yo para decir reirse so capa,
+reirse entre dientes.
+
+_verbenzar._--Este vocablo, también precioso, significa pulular,
+abundar y además moverse una masa como una gusanera, Equivale a
+gusanear y deriva de una antigua voz castellana _vierben_, gusano, de
+_vermine_.
+
+_zuñir._--Operación que hacen los plateros para igualar las
+desigualdades y asperezas de la filigrana, frotándola contra una
+pizarra.
+
+
+
+*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 75472 ***