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diff --git a/.gitattributes b/.gitattributes new file mode 100644 index 0000000..6833f05 --- /dev/null +++ b/.gitattributes @@ -0,0 +1,3 @@ +* text=auto +*.txt text +*.md text diff --git a/78775-0.txt b/78775-0.txt new file mode 100644 index 0000000..b67f3c4 --- /dev/null +++ b/78775-0.txt @@ -0,0 +1,7932 @@ +*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 78775 *** + +NOTA DE TRANSCRIPCIÓN + + * Las cursivas se muestran entre _subrayados_ y las versalitas se han + convertido a MAYÚSCULAS. + + * Los errores de imprenta han sido corregidos. + + * La ortografía del texto original ha sido modernizada de acuerdo con + las normas publicadas en 2010 por la Real Academia Española. + + * La puntuación también ha sufrido ligeros retoques para su + modernización, así como la toponimia. + + * Las rayas intrapárrafos han sido espaciadas según los modernos + usos ortotipográficos. + + + + + EPISODIOS NACIONALES + + LA CAMPAÑA + + DEL MAESTRAZGO + + + + + Es propiedad. Queda hecho el depósito que marca la ley. Serán + furtivos los ejemplares que no lleven el sello del autor. + + + + + B. PÉREZ GALDÓS + EPISODIOS NACIONALES + TERCERA SERIE + + LA CAMPAÑA + DEL + MAESTRAZGO + + 14.000 + + [Ilustración] + + MADRID + PERLADO, PÁEZ Y COMPAÑÍA + (Sucesores de Hernando) + ARENAL, 11 + 1906 + + + + +MADRID. — Imp. de los Sucesores de Hernando, Quintana, 33. + + + + +LA CAMPAÑA DEL MAESTRAZGO + +I + + +En la derecha margen del Ebro y a cinco leguas de la por tantos títulos +esclarecida Zaragoza, existe la villa de _Julióbriga_, fundación de +romanos, según dicen libros y rezan lápidas desenterradas, la cual, +en tiempos remotos, mudó aquel nombre sonoro por el de _Fuentes de +Ebro_, con que la designaron cien generaciones aragonesas. No por los +hechos históricos que ilustran esta villa (pues en lo antiguo dicen +que fue _lugar de moros_, y algún chinazo le tocó en la guerra de la +Independencia y en los dos inmortales _sitios_); no por la fertilidad +de su término, regado por el Canal Imperial; no por las estameñas que +fabrican sus tejedores, ni por las excelentes lechugas que crían sus +huertas, ni tampoco por su gótica iglesia parroquial, donde yacen, en +desmoronados sepulcros, multitud de Condes de Fuentes que rabiaron +o hicieron rabiar al pueblo, aparece este en la primera página de +la presente relación, sino por la fama del _parador de Viscarrués_, +situado en la plaza junto a la llamada _casa del rey_, el cual +gozaba de gran crédito y favor entre los arrieros y trajinantes que +comunicaban a Zaragoza con el reino de Valencia. Asimismo confluían +allí los trayectos peoniles y carromateros de la parte de Alcañiz, del +Maestrazgo y Vinaroz, de la tierra baja de Teruel, Híjar y la cuenca +del río Martín. Los barqueros del Canal Imperial, así como todo el +personal de fontanería, eran también fieles parroquianos de Viscarrués, +el cual daba excelente trato a las caballerías primero, a las personas +después, y poseía un amplio local con cuadras extensas, donde podían +acomodarse, entre animales y arrieros, como unos treinta pares. En +el piso alto no faltaban aposentos _para señores_, algunos hasta con +camas, otros bien acondicionados de mullidos jergones. Era la cocina +monumental, con el hogar guarnecido de poyos, y por uno y otro lado +mesas largas, donde podían tomar el pienso hasta veinte parroquianos. +Servía Viscarrués un Cariñena superior, sin competencia en cuatro +leguas a la redonda, y para todo pasto un tintillo de Contamina que en +lo de alegrar corazones y cabezas parecía hermano de la jota. Uno y +otra procedían de la misma cepa. + +Los más de los días Viscarrués y su familia no tenían manos para +servir a la mucha y diversa gente que en el parador se juntaba. Uno de +los criados, llamado _Guasa_ (verdadero apellido, no apodo), natural +de Jaca, y más vivo que el azogue, hacía milagros de ubicuidad y +diligencia. Pero llegó un día; mejor dicho, llegaron tres días, en +que ni el ventero con sus hijas y su mujer, ni Guasa con toda su +agilidad ratonil, pudieron atender al golpe de personas y acémilas +que se metieron por aquellas puertas con hambre y sed, pidiendo vino, +cebada, carne y un montón de paja para dormir. Furioso Viscarrués por +no disponer de cuádruple local, se tiraba de los pelos, y su mujer +del moño; Guasa andaba de coronilla; la _parroquia_ se impacientaba; +todos pedían a un tiempo su remedio. Con gran trabajo y a puñados les +iban acomodando aquí y allí, metiendo ocho en cada cuarto de arriba, +estibando a otros en las cuadras, por grupos, por series, por manadas: +y para dar de comer se ponían los platos en el suelo, por no haber +ya mesas, los jarros de vino pasaban de boca en boca, sin vasos; los +guisados iban a la rueda en grandes fuentes, chorreando salsa, y no se +oían más que voces airadas del que pedía su parte, del que, no contento +con la primera ración, pedía la segunda. Aquí esgrimían cucharas, +allá repicaban en los vasos con toque de cuchillos. El vino abundante +suplía las escaseces del comer, y si en una parte echaban maldiciones +a Viscarrués, en otra le vitoreaban como al primer posadero del mundo. +«Hay que dispensar en días como este», decía él, rascándose la cabeza, +luego los brazos, levantándose después la faja que se le caía. A Guasa +colmábanle de injurias, que le excitaban a un enojo risueño; y era tal +su sofocación, que regaba con honrado sudor los manjares que servía. + +Fue causa de tan desmedida aglomeración la coincidencia de dos +caravanas de pasajeros, la una que venía de oriente huyendo de la +guerra, la otra de occidente que hacia la guerra iba. Componían la +primera familias neutrales o que querían serlo, algunos lisiados y +enfermos; la segunda constaba, principalmente, de la oficialidad y +clases de una columna enviada del norte para incorporarse a la brigada +de Borso di Carminati. La guerra mata y resucita; destruye y crea. La +sangre que no se derrama en los combates, circula con más vigor, y +nutre partes desmedradas del organismo social, mientras otras perecen. +Viscarrués, que se estableció sin un cuarto en 1830, se retiró el 46 +con el riñón bien cubierto. Sus hijos siguieron carrera en Zaragoza. +Traspasado el parador a Guasa, este se hizo también rico, y en 1860 +poseía casas en la Almunia, un café en Cariñena, y suyos eran los +coches de la estación de Calatayud, y los que hacían el servicio a +Paracuellos de Jiloca. Volviendo a lo que se refiere, debe decirse +que aquel tumulto del parador de Fuentes de Ebro pertenece a las +cronologías del año 37, que hasta en los mesones había de ser año de +confusión y trapisondas: el mes era _febrerillo loco_. Un solo dato +pudo arrancar el historiógrafo a la empedernida memoria de Mateo Guasa: +era que aquel día fue el primero del año en que se agregaron al cocido +las habas verdes. + +Y que estaban muy buenas, como declararon todos, con excepción de una +señora, ribereña de Navarra, que sostuvo la superioridad de las habas +de tierra de Cintruénigo... A esto observó uno, después de empinar +el codo, que mejor que las habas le sabían a él las hembras de la +Ribera, y buena muestra del género era _lo presente_, cuya gentileza +y hermosura a todos cautivaban... Replicó ella con donaire que no era +ensalada más que para un solo y único dueño, el cual no admitía bromas. +Pronto se corrió entre los individuos de aquel jovial grupo que la +tal moza era casada, y que iba a la guerra con su marido, sargento +recientemente ascendido a alférez, el cual se alojaba también allí, +y había salido a ocupaciones del servicio. Entrando en conversación +la hermosa mujer, en quien habrá reconocido el lector a Salomé +Ulibarri, les dio cuenta, con abundosa y pintoresca verbosidad, de +los prodigios de Luchana y Banderas, y de las proezas que allí había +realizado Baldomero Galán, su esposo, secundando las disposiciones +del otro Baldomero. El empleo de alférez era recompensa mezquina para +servicios tan eminentes... Despertada en el auditorio la curiosidad, se +prolongó el relato de lo de Bilbao bastante tiempo, tan gustosos ellos +de oír a la historiadora, como esta de pregonar tan lucidas hazañas. +Emprendieron después los otros historia fresca de lo del Maestrazgo, +que habían visto; pero a lo mejor de ella, solicitada de otra parte +la atención de Saloma, se apartó de la mesa. Mirando casualmente +hacia la escalera del parador, vio que por ella descendía un caballero +anciano en compañía de dos mozos, al parecer de su servidumbre, el +cual, renegando con agrias voces de no encontrar alojamiento adecuado +a su categoría, avanzó hacia la calle cogido al brazo de un criado. +Tanto el flácido rostro del noble señor, como su desmayado cuerpo y +su deslucida y polvorienta ropa, declaraban el cansancio de un largo +camino. Fue tras él Saloma, y viéndole parado en medio del portal, se +le puso delante en actitud de quien intenta dar una sorpresa; mas no +hizo el buen señor ademán de conocerla. Impaciente y desconcertada la +moza, además movida de grande compasión hacia el caballero, le tocó +suavemente en el brazo, diciéndole: + +—¿Pero es posible que no me conozca o no quiera conocerme el señor don +Beltrán de Urdaneta? + +—¡Saloma..., hija..., chica! —exclamó el prócer abriendo los brazos—. +¿Tú por aquí?... _Maña_, te he conocido por la voz... ¿No sabes? ¡Ay, +me estoy quedando ciego!... Salgamos un poquito afuera, para que con la +luz de la calle pueda ver tu hermosura. + +—¿Pero a dónde va por aquí tan descarriadico, señor? + +—Hija..., es largo de contar —replicó don Beltrán, sacando un pesado +suspiro de las honduras de su pecho—. Me muero de fatiga, de hambre..., +y ese bruto de posadero no quiere alojarme... No puedo ya con mi +cuerpo..., ni con mi alma. + +—Todo lo de arriba está lleno... En cada aposento siete personas..., +como sardinas. Tampoco yo tengo cuarto. + +—Déjame, déjame que te mire... —dijo el prócer acercando su rostro al +de ella, embobado, sobreponiendo su afición estética a las tristezas +del desamparo en que se veía—. Sí, sí: te reconozco... ¡Qué linda eres! +Si no fuera sacrilegio suponer que Dios se equivoca, le preguntaría por +qué no te hizo nacer en posición elevada. Habrías sido una gran mujer, +una gran dama, una... + +Más atenta a proporcionar al noble señor el reparo que necesitaba que +a sus delicados galanteos, le dijo que urgía disponerle al instante la +mejor comida que se pudiese. Enganchándole del brazo, le condujo hacia +la cocina, dando voces al paso, en requerimiento de Guasa y de los +demás servidores de la posada. + +—¡Qué desconsiderados sois! —dijo al propio Viscarrués—. ¿Pero no +conocéis al señor, el primer noble de Aragón? No sabéis tratar más que +con animales. + +Disculpose el ventero, alegando que no había conocido al señor don +Beltrán, y se apresuraron amo y criados a ofrecerle cuanto tenían. A +ratos ayudando a servirle, a ratos sentada frente a él viéndole comer y +beber con gana, nuevamente le interrogó Saloma sobre su viaje, movida +no tan solo de la mujeril curiosidad, sino del interés afectuoso y +desinteresado que el ilustre viejo le inspiraba. + +—¿Va el señor a Zaragoza, o viene de allí? + +—Vengo, hija, vengo... He salido de Cintruénigo con ánimo de no volver +más allá. Un rapto de cólera, de orgullo, de dignidad más bien... +Yo soy así: no tolero que nadie me humille; y las impertinencias y +groserías de Rodrigo y de _doña Urraca_ han sido tales, que no he +tenido alma para tolerarlas más tiempo. Salí del caserón de Idiáquez +como un colegial que se escapa. A la falta de libertad, al despotismo +de _doña Urraca_ y de su hijo prefiero la vagancia, la miseria, la +muerte misma... No más, no más... + +—Supe que el señor había ido a Medina de Pomar. + +—Y no encontré, ¡ay de mí!, la acogida que esperaba... Ya no hay +hijos, quiero decir, hijos buenos. Esa raza concluyó. Con estas +malditas guerras entre hermanos, parece que ha venido al suelo toda +ley de humanidad, y hasta los sagrados fueros del parentesco y de la +sangre... Al hablar de estas cosas, se me atraviesa aquí en el pecho un +bulto, una cosa dura y lacerante que no me deja comer ni respirar... +Espérate a que pase... Ya pasa... Te contaré en dos palabras que al +volver de Mena, donde, lo repito, encontré más egoísmo que piedad, +desconsideraciones que me han llegado al alma, recibiéronme los +Idiáquez de un modo muy desapacible. Los morros de _doña Urraca_ +se extendían cuarta y media fuera de las líneas borriquiles de su +rostro, y mi esclarecido nieto no hacía más que contrariar mis +hábitos y rodearme de estrecheces indecorosas. ¿La causa de esto? Es +muy sencilla. Sabrás que entre mi nuera y doña María Tirgo habían +concertado la boda de Rodrigo con una rica heredera de La Guardia. +Celebráronse vistas. No sé lo que pasó, pues yo me hallaba en Mena; +solo supe, antes de salir de allí, que de improviso y con algo de +estruendo se vino a tierra todo aquel tinglado de la boda. + +—¿Y le echaron al señor la culpa? + +—Naturalmente: yo soy el gato, el niño enredador causante de todas las +roturas de platos y demás averías que ocurren en la casa. No hay quien +le quite de la cabeza a Juana Teresa que por intrigas mías se deshizo +el bodorrio. Y yo te aseguro que no he tenido arte ni parte en ello. +Declaro ingenuamente, eso sí, que me alegré y me alegro del percance, +festejándolo como justicia de Dios y castigo de la conducta inhumana de +los Idiáquez con este pobre viejo. Pero nada más, nada más... Cansado +al fin de la reglamentación de colegio a que pretendían sujetarme, +me vi en el duro caso de preferir la miseria a la esclavitud, y +la libertad al vivir triste, al régimen conventual de la casa de +Cintruénigo. La imagen de _doña Urraca_ se me ha hecho tan odiosa, que +por no verla me iría descalzo y pidiendo limosna a la más lejana región +del mundo. Créelo, chica. Soy noble: no tolero la humillación. En +cualquier estado sabré conservar mi dignidad. + +Con pena y lástima muy vivas oyó Saloma el relato de don Beltrán, +no atreviéndose a contradecirle ni a proponerle la vuelta al hogar +abandonado, porque el respeto a tan gran caballero y a su desgracia +la cohibía. Atenta al alivio de su necesidad, le dijo que, pues era +totalmente imposible recabar de Viscarrués un buen aposento, no +había más remedio que acomodar al señor en la cuadra. Ella respondía +de arreglarle en aquel humilde lugar un lecho abrigado y cómodo, +combinando los haces de paja y las buenas mantas que ella traía, de +tal modo que no echara de menos los infames camastros de la posada. +Accedió a esto don Beltrán con expresiones de gratitud, muy conmovido, +sonándose fuerte, y añadió que pues Jesucristo Nuestro Señor nos +había dado ejemplo de humildad naciendo en un pesebre, bien podía sin +desdoro un noble, que nada tenía de divino, dormir y hasta terminar +su existencia en montones de paja, al abrigo de gentes sencillas y de +rústicos animales. + + + + +II + + +—Ya sé —dijo después el prócer a la guapa moza, plegando los ojos para +verla mejor— que, al fin, te has casado con Baldomero. No ha sido poca +suerte para ese bruto. ¡Vaya una hembra que se lleva! + +—Sí, señor... ¿Pero usía no sabe que es alférez? + +—¡Qué me dices!... ¡Alférez! ¡Hola, hola!... ¡Todo un oficial del +ejército! Siempre fue arrojadísimo, con una cabeza más dura que el +mármol, y un corazón insensible al miedo... Vaya: ¿y está aquí, en la +columna que ha llegado del norte? + +—¡Y que no se alegrará poco de ver a vuecencia! No tardará en venir. + +A uno de los mozos de Urdaneta, que en otra mesa comían, ordenó Saloma +que saliese a buscar a Galán por las calles del pueblo, y a darle +conocimiento de la presencia de su antiguo amo. Nacido en Fuenmayor y +recriado en Cintruénigo, Baldomero había servido a don Beltrán antes +de entrar en el militar servicio. Seis años comió el pan de Idiáquez +y Urdaneta, ya en el empleo de ayuda de cámara, ya en el ejercicio de +montería, o en otros menesteres de la casa. Bien quisto de sus amos, +dejó en la familia memoria de leal y honrado, aunque muy duro de +mollera. Andando el tiempo, ya soldado distinguido, sargento después, +siempre que su batallón pasaba por Cintruénigo, visitaba a los señores. +Allí conoció a Saloma, que, rodando de aquí para allá con borrascosa +y turbada vida, después del fusilamiento de su padre en Miranda de +Arga, fue a parar a casa de una tía materna, que tenía en arrendamiento +tierras de Idiáquez y vivía en una torre próxima al palacio señorial. +Toda esta parte de la historia de Galán y Saloma es algo oscura, y +no ofrece bastante interés para que se emprendan, por esclarecerla, +investigaciones muy minuciosas. + +Volviendo al relato, se dirá que don Beltrán manifestó a su amiga que +no iba, no, a la ventura por aquellos derroteros, pues le guiaba un +fin concerniente a sus intereses y al remedio inmediato de su actual +posición lastimosa. + +—Ya te lo explicaré cuando esté más sosegado —agregó recobrando algo +de su animación—, pues supongo que iremos juntos largo trecho. Por +de pronto, solo te digo que salí de Cintruénigo con recursos muy +inferiores a lo que exige mi categoría, que tendré que resignarme a +ciertas privaciones... Mi principal inquietud es que me corten el paso +las tropas de Cabrera o las partidas que sueltas y desmandadas infestan +toda la tierra de Teruel. Otro temor me quita el sueño, y es que los +dos únicos chicos que he podido traerme, Tomé, el de _la Chata_, y +Francisquillo Maestre, no puedan seguir en mi compañía más allá de +Híjar, por el peligro de que les coja la facción. Tú les conoces: dos +chicarrones de diecinueve años, que no manejarían mal el chopo, y de +uno de ellos sospecho que lo cogería de buena gana, por dar gusto al +dedo. En fin, si les pierdo, ya sea por medrosos, ya por atrevidos, +tendré que ir solo, encomendándome a Dios y a la Virgen, pues no puedo +abandonar mi empresa, única solución decorosa para los pocos días que +me restan de vida. + +En esto entró Baldomero, que derechamente, morrión en mano, se fue a +besar la de don Beltrán, y poco le faltó para hincar una rodilla en +tierra. Sincero, nacido del corazón era su acatamiento, pues amaba al +anciano; y cuando este abrió sus brazos para expresarle con un buen +apretón su enhorabuena y el regocijo de verle oficial, Galán hizo +pucheros, y algunas lágrimas bajaron a humedecer su bigote de moco, +imitación del de Espartero. + +—Bien, hijo, bien, adelante... Capitán, será ya como tenerlo en la +mano. Date prisa a ganar empleos, porque antes de morirme quisiera ver +a Saloma hecha una señora coronela. + +Era Baldomero Galán un mocetón en quien la estampa no desmerecía del +apellido, alto, garboso, mejor formado de cuerpo que de facciones, +pues su nariz excedía un tanto de la medida proporcional, y sus ojos, +hermosos y grandes, bizcaban un poco, resultando una desmedida fiereza +de expresión. Indomable en la guerra, fiel a sus deberes cual ninguno, +pronto a dar la vida cien veces por el honor de su bandera, en la vida +doméstica era un angelón, y su esposa no tenía que hacer el menor +esfuerzo para dominarle. Hízole sentar don Beltrán a su izquierda: +le sirvió vino, después de obsequiarle con un puro. Fumando los dos, +el pobre viejo, gozoso de tener a quien contar sus infortunios, hizo +segunda edición de lo que ya había referido a Saloma, recargando +amargura en las acusaciones contra su nieto y nuera. Suspiraba Galán al +compás de los suspiros de su antiguo señor; y no acertando con la mejor +fórmula de consuelo, se ofreció a prestarle en su viaje toda la ayuda +que el servicio le permitiera. + +—Tanto Saloma como yo, señor don Beltrán, estamos a la disposición de +usía para lo que guste mandarnos, y le cuidaremos y asistiremos como a +un padre. + +Urdaneta le apeó el tratamiento, pues del chicarrón que tuvo a su +servicio al señor alférez que delante veía, había distancia social muy +grande: agradeciendo al matrimonio sus ofrecimientos, manifestó que +deseaba recogerse. + +—Véase —dijo a Galán, mientras corría Saloma en busca de las mantas— +cómo Dios no abandona a los buenos. Solo y triste venía yo por esos +caminos, agobiado del peso de mis desdichas, afligido al propio tiempo +por mi ceguera que crece de día en día, y cuando menos lo esperaba, +me salen al encuentro dos amigos cariñosos, dos almas caritativas que +me consuelan, que me alientan... ¡Que hermoso es encontrar en nuestro +camino la gratitud! Tú y tu mujer me debéis algunos beneficios; también +los prodigué yo al buen Adrián Ulibarri, padre de Saloma, y ahora me +veo recompensado por vosotros... ¡Ah!, si me pierdo, que me busquen +entre los humildes, que son siempre los agradecidos y generosos. + +Irguiéndose, como si al restaurar las fuerzas de su cuerpo recobrase +también vigor y esperanza su espíritu, emprendió, asido del brazo de +Galán, el camino de la cuadra. Parándose a cada instante, decía: + +—No, no: Urdaneta no puede ni debe terminar sus días en la humillación. +Oye, _Mero_: ¿será fácil penetrar en tierra de Teruel hasta Mora de +Rubielos, siquiera hasta los montes de Gúdar? + +—Señor, _las hordas de Cabrera_ son dueñas de casi todo el país +—replicó Galán, que hablando de guerra solía emplear las fórmulas +usuales de la prensa patriótica, de las proclamas y órdenes generales +en campaña—; y mientras no consigamos limpiar de _enemigos fratricidas_ +todo el territorio de esta Comandancia general, no le aconsejo a nadie +que penetre, señor... a menos que lleve un salvoconducto en regla, +expedido por el _obcecado Pretendiente_. + +—Ya, ya lo pensaremos, pues entre los cabecillas facciosos no me faltan +amigos. + +En esto, Saloma escogía el rincón más abrigado de la cuadra, el mejor +defendido contra las corrientes de aire y las patadas de los mulos, +para armar en él un mullido nidal donde descansase el noble viejo. +Fue robando puñaditos de paja en este y el otro montón; apartó toda +la basura; hizo mudar de sitio a un gallo con varias gallinas, y la +obra quedó terminada pronto a satisfacción del que debía disfrutarla. +Todas las mantas que tenía las aplicó a la comodidad de don Beltrán, +unas debajo, otras encima de su cuerpo. Mientras _Mero_ le quitaba las +botas, envolviéndole los pies en la manta de Tomé, Saloma le liaba a +la cabeza un ancho pañuelo de seda, despojándole antes de su levitón +y dejándole en mangas de camisa. Ofrecía el aristócrata una extraña +figura, de la que él mismo se reía, cuando se tendió de largo a largo +sobre la paja. Con refajos y ropa suya improvisó Saloma una almohada, +y no pareciéndole bastante, propuso que ella se acomodaría sentada +junto a la pared, formando como cabecera del improvisado lecho, y sobre +sus rodillas se apoyaría la almohada, sosteniéndola en alto de modo +que no se hundiese la cabeza de don Beltrán. Para completar la obra, +se convino en que Galán pasaría la noche a los pies del señor, para +contener el frío por aquella parte, mientras por la otra sostenía la +calor el gentil cuerpo de Saloma. Hallábase Urdaneta algo acatarrado, +y estornudaba constantemente; mas no sintiendo otra molestia real que +el frío, procuraba agazaparse bien, y en medio de las mantas recobró +su buen temple y jovialidad, dando por excelente tal situación y +creyéndola un especialísimo favor de Dios en aquellos tristes días. + +—Paréceme, hijos míos, que no debo quejarme —les dijo risueño—, ¿pues +qué más puedo ambicionar que este tranquilo reposo, este abrigo que +me habéis dado, y, sobre todo, el calor de vuestra compañía cariñosa? +Os veo como a dos ángeles que Dios me envía para asistirme. Y es como +si con vuestra presencia me dijera: «Ya ves, Beltrán mío, que no te +abandono». En verdad os aseguro, que no cambiaría este lecho por el del +Papa o el Emperador de Rusia. Aquí se está muy bien, con un guardián +y calentador por la cabeza y otro por los pies..., y esta sencillez, +y esta libertad... Vamos, que estoy contentísimo, y ahora me permito +despreciar todos los cuartos de fonda, con sus camas frías y sucias, y +su soledad triste... Bien, bien: _Mero_ y Saloma, mis buenos amigos, +sed caritativos hasta el fin; y pues el sueño se ha declarado mi +enemigo, contadme alguna cosita para engañar el tiempo. + +Reclinado a los pies del señor, Galán habló largamente de la campaña +del Centro, a la cual se daría gran impulso para exterminar de golpe +a _los satélites del oscurantismo_. No lejos de ellos había otros +grupos; y a medida que avanzaba la noche, fueron entrando en la +cuadra más huéspedes, y se formaron entre paja y dornajos montones de +humanidad que producían extraños ruidos: aquí conversaciones y disputas +vehementes, allá un roncar estruendoso. + +—_Mero_, hijo mío —dijo al alférez don Beltrán, de cuya persona no +asomaba entre las mantas más que la nariz—, por alguna palabra que +llega a mis oídos de lo que hablan esos tres hombres que están a tus +pies, entiendo que son de Rubielos. Acércate y pregúntales si conocen a +Juan Luco, rico propietario en término de Mora, alcalde que era de esta +villa hace dos años. + +Poco después se aproximó un hombre, de estatura más que alta, +gigantesca, vestido a estilo aragonés neto, con su pañizuelo en la +cabeza, faja morada y muy caída, mal envuelto en una manta, como herido +o enfermo, un brazo en cabestrillo, la faz atezada, ruda, huraña. De +su andar no debía decirse que era cojo, sino que cojeaba, y uno de +sus pies, envuelto en un lío de trapos, abultaba como la pata de un +elefante. Sus primeras palabras, al acercarse al grupo, fueron torpes, +balbucientes: + +—El señor alférez me manda... que le diga... Gran señor, yo no veo +dónde está Su Ilustrísima, ni sé quién dimonios es... ¡Otra!... Ya le +veo como enterrao en el panizo... + +—Siéntate... tú eres de Teruel: no puedes negarlo —dijo don Beltrán sin +moverse, no enseñando de su persona más que los ojos sin vista y la +nariz sin olfato—. Descansa, que por las trazas, bien lo necesitas. + +Con lentitud y ayes de dolor fue doblando su corpachón el aragonés +hasta hundir la paja con sus asentaderas, no lejos del puesto de Galán, +y cuando halló postura cómoda, dijo que de Teruel mismamente no era, +sino de Cuatro Dineros, barrio de Montalbán, y que conocía todo el país +entre Ademuz y Puerto de Beceite como la palma de su mano. + +—¡Ah —exclamó Saloma prontamente—, si ya te conocemos! Yo bien decía: +conozco a este bruto. Tú eres Joreas, el que hace dos años trajinaba +con mulas desde Vinaroz a Tudela... Y después te fuiste a la facción, y +de la facción vienes ahora, puerco. + +—Con perdón de la señá tinienta y de la compañía, digo que lo de puerco +no es razón, y sí lo es que me llamo Tanasio Joreas. Como hombre +honrado y cabal, no niego haber estuvido en la faición a las órdenes +del _Serrador_ primero, del _Royo de Nogueruelas_ dispués, porque +sentía de mi natural que debíamos ensalzar los divinos derechos del +rey don Carlos... Pero aquí me tienen harto de desengaños, con más +balazos en mi cuerpo que pelos en la cabeza, muerto de hambre, con +mi casa y familia perdidas, porque una de mis masadas la arrasó el +liberal, otra el legítimo... mis hijos muertos, todo hecho cenizas, y +yo poco menos que cadavérico. Lo que no me ha quitado el neto, me lo ha +quitado la usurpadora; y al fin, cansado de pelear, y de sufrir, y de +ver espantos, y de pisar tripas de cristianos, dije: «No más derechos +legítimos ni no legítimos, no más, no más», y me escapé, y huyendo de +la tremolina vengo por trochas y atajos en busca de un terreno donde +haiga paz, donde los hombres sean cristianos, no carniceros... Yo he +sido malo; yo he sido, como tantos, lo que dice la señora, faicioso +y peleador y verdugo de mi natural; pero ya le he tomado asco al +matadero. Me llamo _Joreas el escarmentado_, y voy a Zaragoza en busca +de un pedazo de pan que yo pueda meter en la boca sin que, al mascarlo, +me parezca que lo han amasado con sangre. + +Callaban todos los oyentes, entristecidos por las lúgubres palabras del +escarmentado, y al fin rompió el silencio don Beltrán, diciendo: + +—Pobre Joreas, tu arrepentimiento es de celebrar, y ojalá se +convencieran todos como tú y siguieran tu camino... Pero vamos a lo que +me importa. Conocerás a Juan Luco. + +—De los mejores hombres de Aragón..., sí, señor..., gran presona... +Y con muchas talegas. Suyas eran las dos masadas de Rubielos, y en +Mosqueruela y Forniche Bajo tenía más de mil cabezas..., hombre cabal, +buen amigo y padre del pobre... + +—Hablas como si Luco no existiera. Explícate: ¿ha muerto? + +—Señor, no se enfade conmigo, que yo no he sido más que destrumento. +A la vuelta de Manzanera nos salió con catorce hombres armados de +escopetas... Le cogió la partida de Peinado, donde yo iba, y no tuvimos +más remedio que afusilarle... Señor, puede creérmelo: como Dios es +mi padre le digo que le digo la verdad... Fue que cuando me mandaron +tirarle y le tiré, las lágrimas me corrían... Yo decía para mí: +perdóneme, don Juan, que no soy más que destrumento... + + + + +III + + +—¡Qué horror! —exclamó don Beltrán, haciendo sonar la paja con el +estremecimiento de todo su cuerpo—. Bandido, quítate de mi presencia... +No, no te vayas: da más explicaciones... + +—Bandido no, señor... Yo lloraba... Es la guerra, señor, la guerra. +Aluego que le enterramos fuimos a quemarle la masada de Cabra de Mora. + +—¿Y la incendiasteis? + +—No pudo ser, señor, porque... la habían quemado ya los cristinos el +día antes, llevándose dos yeguas. Fue la columna del coronel Buil, uno +muy perro, que fusiló en Concud a mi hijo Agustín. + +—Ojo por ojo y diente por diente. Los hijos de Luco vengarán a su padre. + +—No, señor. ¿Les conoce _vocencia_? + +—Sí, y sé que son valientes. + +—Eran. + +—¿También han muerto? + +—No me eche a mí la culpa, sino al Nogueras, el más bruto que hay en la +Usurpación. + +—¿Luego eran carlistas? + +—Bruno sí, señor: desde el tiempo de Carnicer se alistó en las sacras +banderas. Luego andaba con el _Fraile Esperanza_ y con el _Organista de +Teruel_. No tenía trato con su padre ni con su hermano Cinto, el cual +seguía la bandera puerca de Isabel... Por esto dicen que esta guerra se +ha vuelto tan farisea o faricida. + +—Fratricida, que quiere decir guerra entre hermanos. + +—Y entre padres e hijos, y maridos y mujeres. Cinto Luco, casado en +Aliaga con la hija mayor de Crescencio Marlofa, salió con los urbanos +de la villa y un destacamento de tropa. Don Ramón, el propio don Ramón, +les deshizo... Escapó Cinto con su mujer y el chico menor de Marlofa, +y se escondieron los tres en una cueva de Peñarroya de los Pinares, +donde, descubiertos por el cura Lorente... + +—¿También fusilados? ¡Qué villanía! + +—No, señor... les pusieron en cueros, sin distinguir... vamos, que a la +chica le quitaron hasta la camisa, y luego les alancearon... + +—Cállate, por Dios... Vete, vete a expiar tus delitos. + +—Es la guerra, señor. Yo no tuve culpa, ni estuve en eso... Me lo +contaron. + +Habíanse agregado otros dos al grupo, recostándose junto a Joreas. Por +las trazas eran sus compañeros, como él, escarmentados o arrepentidos. + +—Yo lo vi —dijo uno de ellos, joven y de palabra fácil y correcta, +revelando mejor educación y origen social que sus compañeros—, y desde +aquel día me escapé con otros seis de la partida de Lorente, y nos +agregamos a Forcadell. Nos teníamos por guerrilleros, no por bandidos. + +—No sigáis —dijo don Beltrán, que no sentía ya frío, sino un calor +sofocante, y sacó los brazos fuera de las mantas—; no sigáis, por Dios, +pues también vais a decirme que el hijo menor de mi queridísimo Juan +Luco, el pequeño, mi ahijado, Francisquín, ha perecido también en esa +guerra de cafres. + +—Francisquín fue pasado por las armas en la acción de Liria —afirmó +Joreas. + +—Tú no sabes de eso —dijo prontamente el segundo escarmentado—. Yo +estuve en Liria, y puedo contarlo. + +—Mi parecer —dijo _Mero_— es que todas esas historias fratricidas deben +quedarse para mañana. + +—Lo mismo pienso —manifestó Saloma—. El señor necesita descanso, y no +se le han de contar tragedias, sino chascarrillos y donaires. + +—Gracias, hijos míos; pero la ocasión es trágica: no podemos +sustraernos a estos horrores... Que sigan: usted, joven, infórmeme de +lo de Liria y de la suerte de mi ahijado Francisco Luco. ¿Es usted de +este país? + +—Eustaquio de la Pertusa, natural de Binéfar, en tierra baja de Huesca, +para servir a usted; estudiante de Teología y Cánones hasta febrero del +35; después ayudante de Cabañero, alférez en la columna de Pertegaz, +y, al fin, escarmentado y desengañado. Pues el 29 de marzo..., +recuerdo bien la fecha porque eran mis días: San Eustaquio, obispo..., +sorprendimos la plaza de Liria. Don Ramón recorría el llano de Valencia +recogiendo mozos, dinero y caballos. Pertegaz fue el encargado de la +sorpresa. Antes de romper el día nos llegamos callandito a las puertas +de la ciudad, defendida por nacionales. Abrieron ellos confiados, sin +tener noticia de que estábamos en acecho, y fácil nos fue entrar, +despachando en la primera embestida siete, después nueve, y cogiendo +veintisiete prisioneros, con algunos vecinos del pueblo. Saqueamos +no más que dos horas; y al salir, don Ramón, que acampado estaba en +Puebla de Balbona, nos mandó ir a Chiva con los prisioneros. + +—¿Y entre ellos estaba el pobre Francisquín?... ¡Ay! + +—Sí señor. Yo le conocía del Seminario de Huesca, donde juntos +estudiábamos Teología, y por el camino de Chiva hablamos, y le dije que +tuviera paciencia, que de fusilarles, lo haríamos previa confesión, +según costumbre y ley de nuestro ejército, con lo que, si se perdía el +cuerpo, se ganaba el alma, que es lo principal. + +—Grandísimo perro..., la hipocresía de tu ferocidad me causa horror +—exclamó don Beltrán sin poder contenerse—. ¡Pobre Francisquín! Sigue, +sigue. + +—Pues en Chiva se mandó confesar a los prisioneros, que para estos +casos lleva cada partida, por pequeña que sea, su capellán..., y... + +—Basta. ¿Tendrás valor para referir que hiciste fuego sobre tu pobre +amigo, tu compañero de estudios teológicos?... ¡Bonita Teología +aprendiste, mal hombre, mal subdiácono, si lo eres, mal español!... +Si vives tranquilo será porque no tienes conciencia, porque no sabes +lo que es Dios, aunque mil veces le hayas nombrado estudiando cosas +que no has entendido... No me levanto —agregó el señor, excitadísimo, +retirando su abrigo y removiéndose sobre la paja—, no me levanto y +te doy un par de pescozones, porque creería deshonradas mis manos de +caballero poniéndolas en la cara de un bandido. + +—¡Eh! Sepa el vejete —dijo el otro levantándose de un brinco— que mi +cara no han de tocarla manos nobles y plebeyas. Y si es usted una +senectud y no puede hacer la prueba, destaque alguno de estos, y +salgamos afuera. + +—El que sale afuera bailando, con una patada que voy yo a darte ahora +mismo, eres tú, so deslenguado —dijo con fosca serenidad Baldomero, +disponiéndose a ejecutar lo que decía, como la cosa más natural del +mundo. + +Don Eustaquio se engalló también; pero Joreas y el otro le contuvieron +diciéndole: + +—Guarda, hijo, que es tiniente. + +—Y sepan —añadió Galán— que si los señores escarmentados no guardan el +respeto debido a las personas, aquí no faltará quien les dé la última +mano del escarmiento. + +—También aquí fusilamos —dijo Saloma iracunda—. ¿Pues qué creen estos? +¿Que somos de manteca? + +El tercero, que aún no había dicho nada, y era inclinado a la paz y +enemigo de pendencias en tal sitio, tiró del brazo del teólogo don +Eustaquio para apartarle, ayudándole también Joreas, que venía de la +guerra con el cansancio y aborrecimiento de toda querella homicida. +Terminó el lance de buena manera; alejáronse los dos más levantiscos; +solo quedó en el corrillo de don Beltrán el tercero, que se declaró +escarmentado incondicionalmente, con propósito firme de no volver a las +andadas; y aproximándose, como deseoso de ganar confianza, hizo la +siguiente manifestación: + +—Yo soy de Ablitas, señor don Beltrán de Urdaneta, y con nombrarle ya +está dicho que le conocí desde que le vi meterse en la paja. Conozco +también a Saloma Ulibarri y a Baldomero Galán, y a todos me recomiendo +para que no me estimen en menos de lo que soy por esta locura de haber +ido a la facción. + +Maravilláronse todos de aquel encuentro, y el primero que rompió a +reconocerle fue Baldomero, que le dijo: + +—¡Ajo! ¿No eres tú Vicente Sancho, hijo de José Sancho? Desde que te vi +me chocó el cariz tuyo, y dije: «Yo conozco a este pícaro». + +—El mismo soy. A todos les conocí; pero no quería dar la cara, por +vergüenza. + +—¡Vaya con Sanchico! —dijo Urdaneta—. Hombre, me alegro de que seas +tú de allá... Oye: ¿no era tu abuelo Bartolomé Sancho, albéitar en +Monteagudo? + +—Sí, señor... Pues verán... Son estos dos amigos el uno muy bruto, y el +otro, el _Epístola_, que así le llamamos aunque no tiene las órdenes, +muy vivo de sangre... No quisieron ofender al señor don Beltrán; y como +les pidió que refirieran, empezaron a contar, poniendo las cosas como +fueron, que harto malas son ellas, sin que tenga la culpa el que cuenta +con natural. + +—Cierto: yo me acaloré —dijo el prócer—. Si a ellos se les ha pasado el +enfado, que vuelvan y acaben de contarme lo de Chiva. + +—Yo le enteraré mejor que ellos —dijo Sanchico—. Yo estuve también +en Liria y Chiva; formé en el cuadro de los fusilamientos, y puedo +asegurar que no matamos a Francisquín. En el camino de Chiva se nos +perdió, bien porque lograra escapar, bien porque algún amigo le +amparase. Matamos a los prisioneros en el patio de un convento, después +de desnudarles. Luego, los que tenían gusto para estas cosas y mala +entraña, se entretenían en quemarles los bigotes cadavéricos y en +pegarles cuchilladas... + +—¡Qué espanto! ¡No puedo oír esto! —murmuró don Beltrán—... ¿De modo +que el pobre Francisquín...? + +—Bien pudo ser que estuviera entre los que quedaron para otro día. +Nosotros seguimos con don Ramón, que dio una batalla al general +Palarea, en la cual no salimos bien. Nos retiramos ordenadamente hacia +Liria. Sé que en Villar del Arzobispo fusilaron _el sobrante_ de Chiva, +menos unos cuantos que fueron llevados prisioneros a Beceite y de allí +a Cantavieja. Tengo por muy probable que entre esos esté Francisquín +Luco. + +—Dime, Sanchico —preguntó Baldomero—. ¿Estuviste tú en lo de Alcotas? +Porque allí pasaron por las armas a un primo mío, cabo primero en el +regimiento de Ceuta. + +—Aquel día estaba yo en Torrijas, adonde se nos mandó para pegar fuego +al pueblo, después de fusilar al alcalde porque no suministró las +raciones que se le pidieron. Al volver al cuartel general supe lo de +Alcotas. Fue que a don Ramón le llevaron el soplo de que estaban allí +los de Ceuta... Corre allá: los de Ceuta habían salido del pueblo; les +sigue, les alcanza, les envuelve. + +—Capitularon cuando se les concluyeron los cartuchos... Así lo oí... Y +el tigre les dio palabra de respetar las vidas. + +—Pues el no cumplir fue porque el padre Escorihuela llevó el cuento +de que los de Ceuta habían hecho el entierro de Cabrera, en chanza, +cantándole responsos por las calles de Alcotas, y que en la iglesia +hicieron burla de los santos. Como don Ramón tenía el alma requemada +por lo de su madre, les mandó fusilar. Eran ciento cuarenta y cinco. + +—Les confesarían antes —dijo Urdaneta, que había recobrado su actitud +de momia egipcia, y adormecía su pensamiento en una resignación +filosófica no exenta de humorismo. + +—El mismo padre Escorihuela que le contó al general las picardías de +los capitulados, se puso a confesarles de prisa y corriendo. Pero como +don Ramón quería llegar de día a Manzanera y no sobraba el tiempo, no +confesaron más que los oficiales... los soldados, no. + +—Dime tú, Sanchico —preguntó don Beltrán inmóvil—. Cuando pasaban esas +cosas, ¿no caían del cielo rayos y centellas que hicieran polvo a ese +padre Estercolera, o como quiera que se llame? + +—De eso de caer rayos nada sé: yo no estaba presente, señor. Mi partida +se incorporó a Quílez, que nos llevó a tierra de Monreal, cerca de +Daroca, donde derrotamos a los Voluntarios de Soria, mandados por +Valdés. + +—¿Y a cuántos fusilasteis? + +—Cayeron treinta y tres oficiales y diez miñones. + +—Bien, hijo, bien. ¿Y hay todavía humanidad, género humano quiero +decir, en esa condenada tierra? + +—Fuera de los que combaten, señor, por ver quién reina, hombres, +ninguno hay; mujeres y caballerías, pocas. + +—Ahora que hablamos de mujeres: mi amigo y protegido Juan Luco, además +de sus tres hijos varones, tenía una hija. + +—Que es monja penitente; no sé... De esto le noticiará Joreas, que, +como de Rubielos, conoce a toda la familia... + +Diciendo esto, Sanchico miraba con recelo a un hombre que entró a +dar pienso a dos caballerías. A la mortecina luz del candilejo que +alumbraba la anchurosa cuadra de negro techo festoneado de telarañas, +apenas se distinguía el rostro del tal sujeto; pero el chico debía +de conocerle y temerle, porque al verle pasar cerca, en dirección de +una de las puertas, se tiró boca abajo sobre la paja, haciéndose el +dormido. Pasado el susto, el muchacho se incorporó diciendo: + +—Es mi padre, José Sancho, que anda al servicio de un señor italiano, +muy rico y principal. Llegó esta mañana, y cuando le vi no supe +dónde meterme, de la vergüenza que me daba... y del miedo, porque mi +padre, al saber que yo me había ido a la facción, dijo que si no me +mataban en la guerra, me mataría él cuando me encontrase, por haberle +deshonrado... que a deshonra le sabe el ver a un hijo suyo debajo de la +bandera de Carlos V. + + + + +IV + + +Ya tenía don Beltrán la palabra en la boca para pedir más referencias +de aquel señor extranjero, cuyo nombre y diplomático carácter no le +eran desconocidos, cuando se armó un gran tumulto al otro lado de la +cuadra. Empezaron peleándose dos, se enredaron luego cuatro, dándose +morradas y coces; la querella habría pasado quizás a mayores, si no +intervinieran Baldomero Galán y dos sargentos que a la sazón entraron, +los cuales, sacudiendo de plano, y deshaciendo a tirones el racimo +que formaban los contendientes, restablecieron el orden. A unos les +hicieron salir, a otros arrojáronles sobre la paja, y ya no se oyó más +que el resoplido de las cóleras sojuzgadas. + +—Es la de todos los días —dijo Baldomero volviendo al lado de don +Beltrán—, la cuestión entre _cabreristas_ y _nogueristas_. Unos dicen +y sostienen que la madre de Cabrera estuvo bien fusilada, como castigo +de ese tigre sanguinario, y otros que no, que el haberla matado sin +culpa de ella ha traído esta situación tan _fratricida_. Ya les hemos +aplacado los humos; y como repitan, se mandará dar un recorrido de +palos, para que callen y nos dejen en paz. + +—Y ahora, señor, que tenemos algún sosiego —dijo Saloma—, haga por +dormirse, que ya es tarde, y todos necesitamos cobrar fuerzas para el +ajetreo de mañana. + +—Procuraré seguir tu sabio consejo —replicó el anciano, tomando postura +cómoda y cubriéndose bien de nariz para abajo—. Pero dudo que pueda +coger un buen sueño, pues ahora me doy a cavilar si ese señor italiano +será o no será quien yo me figuro: uno que de Madrid y Nápoles fue +comisionado al cuartel de don Carlos para tratar de un arreglo que +pusiese fin a estos horrores. No me acuerdo del apellido de ese sujeto, +pues ya no hay nombre que quiera guardarse en la jaula deshecha de mi +memoria; pero me da el corazón que es el mismo de quien tuve noticia +por cierto caballerito que conocí y traté caminando hacia Villarcayo. +Lo primero que has de hacer mañana es llegarte a Sancho y sonsacarle +todo lo que de su señor quiera decirte: te informas de si va para +Zaragoza, o para Levante, pues en este caso me convendría su amistad, +que de seguro irá el hombre bien pertrechado de pasaportes. Y no sería +malo que tú, tan despabilada y francota, te fueras a él, metiéndote en +su cuarto, si es que lo tiene, con el pretexto de saber cuándo se va +para ocuparlo yo, y una vez metida le dijeses quién soy, y cómo me veo +en estas estrechuras impropias de mi nobleza... + +Prometiole la hermosa navarra conquistarle al italiano, y a toda la +Italia si fuese menester; y en aquel punto, Galán, que había salido a +recorrer los alojamientos de los soldados, volvió diciendo que corría +por el pueblo el notición de la muerte de Cabrera. Sobre esto hicieron +los tres comentarios prolijos, conviniendo en que si resultaba cierto, +sería gran merced de Dios, apiadado al fin de la pobre España. Y ya +no pensaron más que en dormir lo que pudiesen, cosa no fácil, por los +ruidos que a cada instante en el ancho local se levantaban, así de +inquietudes de animales como de personas, y por los feroces ronquidos +de algunos durmientes. Pudo vencer don Beltrán la molestia que estos le +causaban; y cuando ya iba cogiendo el sueño, le despabilaron las voces +de un condenado hombre que, sentado en el suelo, en postura turquesca, +junto a la pared, solo, parecía rezar en alta voz con plañidera +monotonía desesperante. + +—¿No podríamos conseguir —dijo don Beltrán entre suspiros—, que ese +demonio de hombre se fuese a rezar a la calle? Si se va por una peseta, +dásela, Saloma. + +—Es el pobre Muel —dijo condolido Galán—, que de ver morir a tres de +sus hijos, fusilados en Alventosa, se ha vuelto loco, y se pasa la vida +predicando por estos caminos en canto llano. + +—Alventosa..., ya sé..., es en tierra de Rubielos. Alguna de las +propiedades que vendí a Luco allí están... Creo que fue un espanto la +matanza que ordenó y ejecutó ese bribón del cura Lorente. + +—Fusiló setenta y siete hombres y un niño de diez años, hijo de un +capitán. Eran del regimiento de Extremadura, donde yo he servido. Les +cogieron el Royo y Peinado en Arcos; les llevaban prisioneros, y el +capellán Lorente propuso fusilarlos. Los dos cabecillas no querían; +el clérigo, a fuerza de ruegos y amenazas, consiguió que mataran +veintidós. Al siguiente día, en ese pueblo de Alventosa, volvieron +a cuestionar sobre si mataban o no a los demás: Lorente, que sí; +Peinado y Royo, que no. En un descanso, el capellán mandó destapar un +barrilito de aguardiente que llevaba. Bebieron, y con la borrachera, +el Royo se puso de parte de Lorente. Salieron los vecinos del pueblo +con su párroco a la cabeza, y de rodillas imploraron la vida de los +desgraciados prisioneros. Lorente le dijo al párroco: «Confiéselos +ahora mismo; y para acabar más pronto, yo empiezo a confesar por una +punta y usted por otra». Negose el cura de Alventosa, y se echó a +llorar... El capitán pidió entonces a los cabecillas que no matasen +al niño; pero para más crueldad, fusilaron primero a la criatura, por +que el padre lo viese, y luego a este y a todos los demás después +de desnudarlos... Al ponerse en marcha, Lorente dijo al cura de +Alventosa que, so pena de la vida, dejara los cuerpos insepultos para +escarmiento de las tropas cristinas que pasasen... + +—¿Y no ha habido un hombre honrado, valiente y justiciero —dijo don +Beltrán, dando un salto en su lecho—; no ha habido un hombre, un +aragonés, que haya cogido a ese vil clérigo, a ese sacrílego, y le haya +colgado vivo, por las patas, de la más alta rama de un alcornoque, o +del campanario de una iglesia, para que se lo comieran los buitres?... +Desconozco a mi raza... esto no es Aragón. Si yo fuera mozo, créanlo, +iría a esa guerra, no para defender ambiciones y derechos de reyes +más o menos legítimos, sino para perseguir y castigar tan salvajes +crímenes, para vengar a Dios de los ultrajes que unos y otros le +infieren; sería implacable con los cobardes asesinos de uno y otro +bando, llamáranse Nogueras, llamáranse Cabrera, y vengaría a la +madre de este, y a la esposa de Fontiveros, y a todos esos infelices +sacrificados con barbarie tan horrenda y estúpida. + +—Está muy bien, señor —le dijo Saloma, cogiéndole de los brazos para +hacerle acostar—; pero sosiéguese y no se desabrigue, que puede coger +una pulmonía. + +No había medio de aplacarle; de rodillas sobre la paja, apoyaba con +enérgico ademán su ardiente protesta: + +—No, no puedo sosegarme oyendo estas cosas. Esto no es Aragón, esto +no es mi raza, la raza justiciera por excelencia, fuerte y benigna, +guerrera y cristiana, iracunda y generosa... ¡Y ese pobre hombre es +víctima de este furor de matanzas! ¡Y ha perdido la razón viendo cómo +los hombres se vuelven maestros de las fieras en la crueldad!... Ven +acá tú, buen amigo, y hallarás aquí un corazón aragonés compasivo, no +más que compasivo, pues que la vejez no permite otra cosa... Ven acá, +y nos consolaremos todos los buenos, abominando de los que pisotean la +justicia humana y remitiéndolos a la divina. + +El otro infeliz, oyéndose llamado, acudió allá con paso lento. Era +un hombre de aventajada estatura, flaco, de tez tan morena, que a la +escasa luz de la cuadra parecía negra; el pañizuelo liado a la cabeza; +el cuerpo cubierto de un luengo camisón, sin faja; los pies desnudos, +negros también, como la cara, como las manos, semejantes a manojos de +sarmientos; todo él perfecto plagio de un santón árabe. Al aproximarse, +venía rezando en alta voz, y una vez junto al grupo soltó esta +terrorífica declamación con duro y ronco acento: + +—No te salvas, no te escapas, malvado Lorente, aunque te escondas entre +pajas, teniendo por guardianes, por los pies a tu rey y señor, y por la +cabeza a la reina de tu iglesia maldita... No te escapas ya, clérigo de +Satanás, serpiente, que mis ejércitos rodean ya toda esta fortaleza, +y no hallarás puerta ni hendidura ni resquicio por donde puedas +escabullirte... No morirás, no... Con el zumo de unas hierbas que hay +en la torre de Pepo, nada más que allí, se te untará todo el cuerpo, +y vivirás mil años, ¡mil años!, infame Lorente; y en todas las partes +de tu persona, pecho, espalda, muslos, barriga y lo demás, te nacerán, +por la virtud de aquella hierba, ojos, ¡ojos como los de la cara!, que +vean, y delante de cada uno de estos ojos se te pondrá un fusilado para +que lo estés viendo día y noche... Y horrorizado de lo que ves con +tantos ojos, querrás descansar y dormir; pero no podrás, no podrás, +porque esos ojos no duermen, ni pestañean, ni lloran, y los tendrás +siempre bien abiertos y despabilados, mirando con cada uno de ellos a +un fusilado por ti..., y así estarás mil años, trescientos sesenta y +cinco mil noches y días... Luego se te dejará otros mil años ciego y +sordo, para que veas dentro de tu conciencia, y se te quitará la razón +para que no puedas arrepentirte ni confesarte..., y se te pondrá una +lengua venenosa para que blasfemes a todas horas, y se te secará el +agua de lágrimas para que no puedas llorar ni afligirte... + +—Basta, basta ya... —dijo don Beltrán horrorizado—. No tanto, pobre +Muel... Es demasiado castigo, infinitamente mayor que la culpa... +Perdóname ya. + +—Todavía no, todavía no... Otros mil años disparándote a cada minuto +por el oído izquierdo un tiro de fusil con bala, la cual, después +de retumbar dentro de tu calavera, saldrá por el oído derecho sin +matarte... + +—No más, no más, Muel... Perdón, perdón. + +—Otros mil años... + +—No, no... Baldomero, quítame de aquí a ese hombre... Por Dios te lo +pido. + +Suavemente le cogió de un brazo Galán y se lo llevó sin que hiciera +resistencia, pues su locura era pacífica; inocente en las acciones, +desbordada en las palabras. Día y noche se le oía la perorata +cadenciosa y lúgubre: arengaba a sus imaginarias tropas, vencía y +aprisionaba a Lorente; llevábale arrastrando por valles y montes hasta +la torre de Pepo; encerrado allí el vencido monstruo, le imponía los +sutiles castigos por series de mil años, hasta que, cansado de inventar +horrores, volvía a los de la realidad y a la tragedia de Alventosa. +Había sido maestro de escuela y diestro pendolista; no pedía limosna, +comía lo que le daban; dormía en despoblado, o bajo techo si se lo +permitían, y vagaba en un radio de cinco leguas alrededor de Quinto, +su patria. Echado al corral por Galán, volvió este al lado del señor, +a punto que Saloma, vencida del cansancio, cerraba los ojos y hacía +reverencias. Durmiose al fin, apoyada la cabeza en la pared, y el +prócer y Baldomero siguieron charlando en voz baja de cosas de guerra +y política hasta que oyeron el diligente estridor de la diana, que +avisando a todos el fin del sueño, fue principio del de don Beltrán, el +cual, por añeja costumbre, dormía las mañanas. + + + + +V + + +Cuando el pobre anciano despertó, después de dar a sus huesos algunas +horas de plácido reposo, contáronle sus amigos las novedades ocurridas +en el parador durante su sueño. Había conseguido Galán reconciliar a +Sanchico con su padre Sancho, no sin que este se mostrara largo rato +rebelde a las paces, haciéndose el inflexible con desmedida afectación, +hasta que, desahogando su severidad en una descarga de bofetadas, lloró +el chico, se aplacó el padre, y todo quedó perdonado, a condición de +que el joven partiese aquel mismo día para Ablitas y no volviese a +separarse de sus tíos. En la ruidosa querella de hijo y padre, salió a +relucir que Sanchico se había largado a la facción por contrariedades +lastimosas de amor. Entre tirarse al Ebro y hacerse faccioso para que +una bala le matase, prefirió esto último. El cuento fue que las balas +no se metieron con él, y que el trajín de la guerra le curó de la +morriña que le enfermaba el alma. Volvía, pues, mejor de lo que fue, +saludable, fuerte, aleccionado del mundo, y habiendo visto sucesos +mil, lisonjeros o desgraciados, que servían de grande enseñanza. Por +lo demás, su afecto a la causa de don Carlos había sido puramente +circunstancial, y lo mismo le importaban a él los derechos del rey +legítimo que la carabina de Ambrosio. Cuando Urdaneta supo que Sancho +iba para la Ribera, ordenó que se fuese con él uno de sus criados: se +arreglaría solo con Tomé; que los tiempos eran apretados, y había que +mirar por la economía. + +Pero la gran novedad de aquella mañana fue que la gentil y desenvuelta +Saloma logró avistarse con el italiano, sorprendiéndole en su cuarto +cuando daba la última mano en su retoque personal. Desempeñado había +con extraordinaria agudeza el encargo que le confirió don Beltrán, +ganando, si no la confianza, las atenciones de aquel señor. Por las +referencias de Saloma y el nombre del criado, se afirmó Urdaneta en +que el tal no era otro que el siciliano de que Fernando Calpena le +habló, intermediario clandestino entre las dos ramas borbónicas que +se disputaban el trono. Toda la madrugada, hasta que se durmió, había +estado el prócer devanándose los sesos por recordar la gracia de aquel +sujeto. Su memoria era ya para los nombres un verdadero caos. Mas +cuando Saloma le contaba su entrevista, se le metió súbitamente en el +cerebro a don Beltrán el perdido nombre, y gritó: + +—¡Rapella, Rapella! Ya me acuerdo. En la punta de la lengua lo tenía. + +Díjole por fin la navarra que el señor extranjero se alegró mucho al +saber que en el propio parador se hallaba persona de tan alta alcurnia, +a quien conocía de fama por sus amigos de Madrid, y que deseando el +honor de tratarle, le invitaba a almorzar. + +—¿Ves? —dijo Urdaneta con alborozo, dando pataditas en el portal para +entrar en calor—. Tú me has traído la suerte, pues yo venía con mala +pata, y desde que te encontré, todas las cartas me salen buenas. + +Antes de la hora del almuerzo juntáronse el viejo aristócrata y el +pintado diplomático en la calle, y cambiando mil finuras, hablaron +después cuanto les dio la gana, sin parar hasta que terminó el +comistraje. Hizo gala Rapella de su cortesanía, y derrochó sin tasa +el énfasis de su especial oratoria familiar. Aseguró a don Beltrán +que le conocía por lo que de él le habían hablado sus grandes amigos +Bernardino Frías, Luis Córdova, Paco Malpica, Martínez de la Rosa, +Quintana y otros. Hablaron luego de Fernando Calpena, mostrándose +Rapella muy gozoso de saber que vivía, pues ya le consideraba muerto; +y por fin se eternizaron en el comentario de las cosas políticas y +militares, la revolución de la Granja, las nuevas Cortes, la situación +política en Madrid y en la corte carlista, las intrigas de una y otra +parte, Espartero, Cabrera, las expediciones de Gómez, don Basilio y +Batanero... el buen giro de la guerra en el norte, el mal cariz de la +misma en el Maestrazgo. + +Por más empeño que en ello puso, no pudo el viejo conseguir que Rapella +se clareara en lo de las misiones y recados que traía y llevaba de +corte en corte. Se escabullía gallardamente de todas las trampas que +el otro le armaba con capciosas preguntas. A veces la agudeza de don +Beltrán le cogía en contradicción. Dijo primero que iba hacia Vinaroz, +donde le aguardaba un barco que debía llevarle a Nápoles; después +indicó que el objeto de su viaje en tal dirección era solo avistarse +con su íntimo amigo Borso di Carminati, para darle un abrazo y pasar +unos días con él. Tenía en el ejército del Centro excelentes amigos, +entre ellos su paisano Cialdini, muchacho de gran porvenir, ayudante de +Borso. Inútil fue también el empeño que puso don Beltrán en sonsacarle +noticias y cuentos de las interioridades del cuartel de don Carlos... +Nada: el siciliano no daba lumbres. Y si no su locuacidad, perdía un +poco de su finura cuando el otro quería llevarle a cierto terreno, +apartándole de los temas que él elegía, siempre vagos, de generalidades +y lugares comunes. Por fin llevó la conversación a la persona y +hechos de Cabrera, de quien se mostró admirador, sosteniendo que era +ya vulgaridad insigne tenerle por uno de tantos cabecillas, notable +solo por su inquietud y ferocidad. Desde que apareció en la guerra, +conmoviendo y abrasando el país como fuego del cielo, mostrose gran +caudillo, tan buen conocedor del suelo como de los hombres, táctico y +estratégico de primera, audaz, incansable, heroico; y por entre estas +cualidades apuntaba ya un gran político. + +—¡Oh, no tanto! ¿Ya quiere usted hacer de él un Napoleón? + +—Un Napoleón de montaña, amigo mío. + +Respecto a las tan cacareadas crueldades del jefe carlista, dijo +Rapella que habían sido estrictamente de carácter disciplinario militar +hasta que los cristinos derramaron con bárbara torpeza la sangre de +María Griñó. El asesinato de una mujer, sin más delito que ser madre +de Cabrera, creó nueva ordenanza militar, dando una infernal lógica +las horrendas carnicerías consumadas por uno y otro ejército. Fuera +de esto, para abrirse camino el travieso bigardón de Tortosa, y pasar +en breve tiempo de seminarista pendenciero a caudillo y gobernador +de hombres en los campos de batalla, no podía menos de emplear, como +resorte de dominio, el terror, la fiereza y la brutalidad. No se había +formado dentro de un organismo, sino que tenía que sacar el organismo +del caos social, y esto no se hace sino desplegando desde los primeros +momentos un genio implacable, aterrador, extraordinaria viveza para +aplicar justicias rápidas, de moral severa y primitiva, haciendo sentir +el peso de su mano antes de que pudiera discutirse el derecho con que +la levantaba. En las guerras civiles los hombres culminantes nacen así, +o no nacen nunca. + +No le parecieron mal a Urdaneta estas razones, y como sacara a relucir +la especie, muy corriente en aquellos días, de la muerte del famoso +guerrero, negola el siciliano, sosteniendo que había, sí, corrido +grandísimo peligro en los últimos días de diciembre; pero que estaba +vivo, aunque al parecer no muy sano. En septiembre del año anterior +habíase unido Cabrera en Utiel a la expedición de Gómez. Juntos +recorrieron Cuenca, Albacete, la Mancha, Andalucía y Extremadura... +Si las tropas cristinas que les perseguían no pudieron deshacerles, +tampoco ellos lograron su intento de sublevar las comarcas que +invadían. Un correr continuo; exacciones y rapiñas en ciudades y +aldeas; aislados lances de guerra sin plan ni concierto, gloriosos unos +para los liberales, como el de Villarrobredo, ventajosos otros para los +carlistas, pero sin que de ninguno resultara el aniquilamiento de la +expedición, ni tampoco su triunfo; tal fue la obra combinada de Cabrera +y Gómez, caracteres antitéticos, de cuya unión no podía resultar nada +eficaz. La falta de engranaje entre uno y otro temperamento militar fue +marcándose en desavenencias, luego en discordias, y los dos cabecillas, +que juntos no podían formar una cabeza, riñeron al fin, a la vuelta de +Cáceres, campando cada uno por sus respetos. Cabrera se escabulló fugaz +y resbaladizo por el caminito que creyó más seguro para volver a sus +riscos y barranqueras del Maestrazgo, donde en su ausencia las cosas de +la guerra no iban muy prósperas, y amenazaba desbaratarse lo que él con +paciencia, rigor y firme mano organizado había. + +Lo primero que intentó al pisar su terreno fue pasar al cuartel +general de don Carlos en el norte, para dar cuenta a este de la +desavenencia con Gómez y proponerle un nuevo plan de campaña en el +Centro. Llegose al Ebro, eligiendo el vado de Rincón de Soto como el +único que en aquella estación cruda era practicable; pero le salió mal +la cuenta, porque fue sorprendido por la columna de Iribarren, que le +deshizo, matándole muchos hombres y dispersándole los que quedaron con +vida. La suya estuvo en gran peligro. Acribillado de balazos, quedó +al amparo de la oscuridad junto a una pared, donde le recogió uno de +los suyos, el cabecilla que llamaban _La Diosa_, y le llevó atravesado +en una caballería, como un saco, pues montar no podía. Perseguido por +las tropas de Iribarren, debió su salvación a un cura que le escondió +en el sótano de su casa; allí pasó largos días y noches entre la vida +y la muerte, hasta que, mejorado de sus heridas, le trasladaron a un +abrupto monte, espesura más propia de lobos que de seres humanos, donde +permaneció en escondite, recobrando poco a poco la sangre perdida, y +con ella el brío y a ferocidad. De este apartamiento provino la noticia +de su muerte, que corrió por toda España descorazonando a los suyos +y llenando de tristeza y confusión a todo el carlismo de aquende y +allende el Ebro; pero ya en los últimos de enero (como unos quince +antes de la fecha en que esto se relata) se supo a ciencia cierta que +vivía, y que, sin reponerse de sus heridas y enfermedades, preparaba +nuevas correrías por la Plana de Castellón y riberas del Turia: que en +tal hombre la ociosidad era imposible, mientras alguna vida le quedase. +Cuando esto narraba el señor Rapella, no podía decir fijamente dónde se +hallaba el famoso caudillo; presumía que, medio muerto o medio vivo, +recogía sus fuerzas, las reorganizaba, lanzándose al terreno que la +naturaleza parecía haber amoldado a la hechura intelectual y física del +que bien podía llamarse, si no el león, el gato montés de la guerra. + +—A fe mía —dijo don Beltrán—, que está usted bien informado. Ya cuidará +de decir a su amigo Borso que se ande con tiento, pues este mozo no es +de los que fácilmente se dejan destruir y aniquilar. + +Por lo que a renglón seguido hablaron, comprendió el buen Urdaneta +que en los cálculos de su flamante amigo no entraba el llevarle en su +compañía, aunque en ello tuviera gusto, como se dejaba traslucir de lo +que manifestó con exquisita urbanidad y palabras equívocas. Delicado en +extremo, y muy ducho en artes mundanas, dio a entender don Beltrán que +los fines de su viaje exigíanle también ir solo, sin más acompañamiento +que el de sus criados; manifestación que puso en gran cuidado al otro, +recelando que llevase también misión diplomática, quizás como apoderado +o mensajero del patriciado aragonés. Pero no atreviéndose a entrar +en explicaciones, cada cual, como de zorro a zorro, se encerró en su +discreción, preparándose para continuar su caminata. Don Beltrán +partiría con la columna que a la sazón estaba en Fuentes, y a que +pertenecía Baldomero; don Aníbal aguardaba otra fuerza que llegaría por +la tarde, mandada por un coronel, íntimo amigo suyo. Apercibiéndose +para la partida, preguntó Galán a su antiguo señor que de dónde había +sacado el hermoso caballo que traía, el cual, mientras Tomé lo limpiaba +en el corral, era objeto de la admiración y curiosidad de todos los +allí presentes. Replicó don Beltrán que había ganado aquella joya en +una donosa y feliz apuesta; sin dar pormenores del caso, mandó venir +a su presencia a los dos escarmentados Joreas y el _Epístola_ y en un +poyo del portalón les interrogó acerca de los hijos supervivientes del +desgraciado Juan Luco. De Francisquín nada sabían a ciencia cierta; de +su hermana, monja profesa en el Monasterio de Sijena, a cuatro leguas +de Sariñena, dio el _Epístola_ informes más concretos. Había despuntado +Marcela, desde su entrada en religión, por su ciencia grave y su lucido +ingenio; sabía latín, y dándose a la lectura, lo mismo platicaba +de teología que enjaretaba versos y prosas en loor de los sagrados +misterios. + +—Hace tiempo —dijo don Beltrán— que a mí llegó la fama, no solo de su +santidad, sino de su vivo entendimiento. + + + + +VI + + +—Me contaron —añadió Joreas— que otra más leída y escrebida no la +hubo nunca en aquel sacro monasterio, más antiguo que las Tablas de +la Ley, pues lo hicieron en cuantico que empezó la cristiandad, hace +unas docenas de miles de años. Oí que sor Marcela pasmaba a todos con +su latines hablados por gramática, y que a verla iban el arcipreste de +Mequinenza, el abad de Veruela y muchos calonges y prestes de Huesca, +Tarragona y hasta de Aviñón, que es la Roma de esta parte de Francia. + +—Me consta —dijo el _Epístola_—, porque lo he visto y leído en parte, +que escribió un lindo poema sobre el milagro de los Corporales de +Daroca, y también conozco unas quintillas a la Transfiguración del +Señor. Sé que de diversas partes iban personas eruditas a consultar +con ella puntos graves de moral, de filosofía o de religión, y que +el meollo de sus sentencias era el asombro de cuantos la oían. En el +monasterio, con ser ella de las monjas más jóvenes, considerábanla +como autoridad, y como a vieja la respetaban. En los principios de +la guerra, dicen que llamó a don Ramón para incitarle a no emplear +medios de crueldad, y lo mismo hizo con Nogueras. El general Mina la +visitó, y también fueron a platicar con ella en el locutorio Masgoret +y Tristany. Pero el año que acaba de pasar, allá por septiembre, si no +recuerdo mal, cuando Maroto vino a mandar en Cataluña, que más valía +que no viniera, la partida de Llarch de Copons y la de otro cabecilla +que llaman _Camas-Crúas_ bajaron huidas de la parte de Lérida, donde +Gurrea les pegó de firme; tomaron la vuelta de Benabarre y Albalate +para pasar el Cinca, y con el furor que traían cometieron mil desmanes, +saqueando las aldeas y arrasando cuanto encontraban. Incendiados por +estos bárbaros el claustro alto y aposentos capitulares de Sijena, +salieron dispersas las señoras monjas, como las abejas cuando les +ahúman la colmena. Cada religiosa tiró por su lado, buscando el amparo +de otros conventos o de casas honestas; y sor Marcela, a quien se +creyó muerta o extraviada, apareció en una ermita solitaria de la +sierra de los Monegros, vestida con un saco al modo de penitente, el +cabello suelto, como pintan a la Magdalena, solo que más corto, los +pies descalzos, una cuerda a la cintura; y diz que iba predicando a los +pastores y gente rústica para que se apercibiesen a la guerra en nombre +de Cristo, peleando contra los dos ejércitos, cristino y carlino, según +ella legiones de Satanás, que quieren dominar la tierra y establecer el +imperio de la injusticia. + +—¡Vaya con la sabia!... —dijo don Beltrán—. Pues no me parece +descaminada su locura, o más bien, creo que debajo de ese desvarío se +esconde la misma discreción... Y díganme ahora, señores escarmentados: +¿qué tal cariz tiene la monjita? ¿Es su rostro de buen ver? ¿Su facha y +apostura responden a la hermosa raza de los Lucos? + +—Señor —dijo el _Epístola_ con extremos de admiración—, es mujer de +tanta gallardía y belleza, que aun con aquel desavío de penitente, +da quince y raya a las señoras más bien aderezadas. Y no diré yo que +el empaque de santidad a lo anacoreta, como figura de retablo, la +desfavorezca, que más bien me inclino a creer que su traje, al modo +de mujer de la Biblia, hace lucir más todo aquel contorno de cuerpo +que no tiene semejante, pues no ha visto usted escultura que pueda +comparársele. + +En esto se alejó el _Epístola_, llamado por sus amigos, y Joreas hubo +de completar las informaciones con un dato, que apuntó en la forma más +descarnada y picante: + +—Este bribón de _Epístola_ se calla lo mejor del cuento, señor, y es +que habiendo encontrado sola a la Marcela en un camino junto al Pueyo, +la requebró de amores, uniendo a las palabras de solicitación las +acciones atrevidas. Pero no contaba con el geniecico de la que él llama +estatua de bulto. Arreole doña Marcela tan fuerte bofetada que le tiró +al suelo, y cuando pataleaba para levantarse, con un madero, que unos +dicen era cruz y otros una tranca, le dio tales golpes en la cabeza +que, si no acuden a la defensa del chico los compañeros que por allí +cerca andaban, la santa habría dado cuenta del _Epístola_ y del mismo +_Evangelio_, si así se llamara este pillo. + +—¿Qué me cuentas? ¡Sobre la sabiduría, ese tesón, ese poder!... Vamos, +que ya rabio por conocer a ese prodigio; y si no tuviera precisión +de verla para que me informe de ciertos asuntos de su padre que me +interesan como los míos, solo por apreciar sus méritos, y admirarlos en +lo que mi corta vista me lo permita, iría en su busca. + +Lo último que dijeron Joreas y el _Epístola_, al despedirse para +continuar hacia Zaragoza, fue que la Marcela penitente andaba por +aquellos meses en el desierto de Calanda o en tierra de Alcañiz. +Observó don Beltrán, al quedarse solo reflexionando en lo que veía y +oía, que desde que llegó a Fuentes de Ebro todo le anunciaba la entrada +en el reino de lo excepcional y maravilloso. Nada era ya común ni +vulgar. Personas y cosas traían la impresión de un mundo trágico, el +cuño de una poesía ruda y libre, emancipada de toda regla. No sentía +más el buen señor que ser tan viejo y andar tan mal de la vista: que si +él tuviera treinta años menos y sus ojos bien listos, había de serle +muy grato el ver y tocar de cerca un mundo que de modo tan peregrino +quebrantaba las rutinas sociales. También le contrariaba mucho su +escasez de dineros; mas como los fines de su viaje no eran otros que +proveerse del precioso metal, a quien amaba más que a las niñas de sus +perdidos ojos, la esperanza de alcanzarlo y poseerlo le alentaba. + +Salió en su hermoso caballo, marchando a retaguardia de la columna, y +gran parte del camino fue al estribo, si así puede decirse, del carro +en que con una señora capitana y otras dos mujeres iba Salomé Ulibarri; +y por no desmentir su índole caballeresca y hábitos de sociedad, +no cesó de entretener a las cuatro hembras con frases galantes, de +refinada gracia sin faltar a la decencia, y a todas festejaba por igual +llamándolas hermosas, sin distinguir entre la belleza de la mujer +de _Mero_ y la fealdad repulsiva de la capitana, entre la desabrida +juventud de la tercera y la vejez de la cuarta. Pero como él no veía +bien, todas le parecían iguales, y por no haber allí género más noble +y elegante, tratábalas como a damas de alta educación. Por dicha, la +columna no encontró facciosos en el camino, y el viaje fue de los más +felices, fuera de las molestias, del hambre, polvo y frío, que alguna +tarde y mañana se dejó sentir, llegando el buen señor bastante molido a +la ciudad del _Compromiso_, la noble Caspe. + +Constante la fortuna en favorecer al caballero, encontró este en la +histórica ciudad a su antiguo amigo don Blas de La Codoñera, que allí +era de los más pudientes, propietario de tierras y montes, padre de +numerosa familia. Llevole a su casa, y le aposentó como a tan insigne +caballero correspondía, tratándole a cuerpo de rey. Mucho agradecieron +los asendereados huesos del buen Urdaneta la blandura de aquella +cama, tan grande como la Colegiata, y las suculentas comidas y cenas +con que le regalaron. Aún estaba la familia de luto por la muerte +del hijo mayor, uno de los urbanos que fusiló Cabrera cuando entró a +saco la ciudad en mayo del 35. La señora y señoritas de Codoñera no +se hallaban exentas de la rudeza baturra: su habla carecía de finura; +su educación, perfecta en lo moral y religioso, era muy rudimentaria +en lo social. Con todo, don Beltrán se hallaba en tal compañía muy a +gusto, y se desvivía por corresponder con su exquisita urbanidad a los +obsequios de la hidalga familia. Había sido el don Blas constitucional +templado hasta el día funesto de la entrada de Cabrera; pero desde +tal fecha se trocó en furibundo _patriota_, enemigo acérrimo del +oscurantismo y de las antiguallas que quería traernos don Carlos. En +la exacerbación de su sentimiento liberal, que ya era insano, llegaba +hasta la impiedad y el volterianismo, abominando de la hipocresía, de +la piedad extremada y hasta de las prácticas religiosas, con excepción +del culto de la Virgen del Pilar. No pensaba abandonar a Caspe, pues ni +él ni su familia tenían miedo; y como volviera Cabrera con su patulea +de ladrones y asesinos, don Blas se batiría en la muralla rodeado de +sus hijos de ambos sexos, los chicos bien armados de fusiles, las niñas +y la señora bien preparadas con piedras y ollas de agua hirviendo. Eran +los hijos guapos, aunque abrutados, y tan _liberalicos_ como su padre. +A todos ellos pidió don Beltrán noticias de la monja de Sijena, y los +muchachos, que la habían visto y oído, se dividían en sus opiniones, +pues mientras Rafael sostenía que era una mujer estrafalaria y medio +loca, que ocultaba con las formas de penitencia sus ganas de corretear +por el mundo, Pepe la tenía por hembra superior y de pasmosa virtud, +que la distinguía de todas las gentes de nuestra edad, y a los mismos +santos la equiparaba. Como expresara Urdaneta el firme propósito de ir +en su busca, hízole presente don Blas el gran peligro a que se exponía +viajando por aquellas tierras; expuso el otro lo inexcusable de su +determinación, y hallándose en estas conferencias, trajo uno de los +chicos la noticia de que la monja Marcela se hallaba cerca de Alcañiz +asistiendo a su hermano Francisco en una grave enfermedad, con lo +cual se le avivaron al anciano las ganas de ir a donde su interés le +llamaba. De nuevo le pintó el señor de La Codoñera lo arriesgado de tal +expedición, maravillándose de que don Beltrán hallase gusto en el trato +de una monja _retrógrada_ y oscurantista. + +—A mí no me hable usted de gente _levítica_ —dijo, recalcando esta +palabra, que recientemente había adquirido en la tertulia de la botica +de Cornejo—. Tengo declarada la guerra a esas ideas rancias, tan +contrarias al _espíritu del siglo_. + +Tampoco le gustaba a don Beltrán la gente levítica; pero sus +necesidades le obligaban a emprender aquel viaje, que felizmente no +se alargaría más allá de Alcañiz. Todo se presentaba favorable al +ilustre aristócrata, pues Borso de Carminati, desde Maella, ordenó que +la columna recién venida se incorporase a las fuerzas acantonadas en +Alcañiz. Disponiéndose Saloma para seguir a su esposo, se lamentaba de +no poder acompañarle en las operaciones, pues había orden de que la +impedimenta _faldamentaria_ no saliese de los puntos de guarnición. +Despidiose a la mañana siguiente don Beltrán de su generoso amigo. +Tanto este como su esposa e hijos de ambos sexos vieron salir con +pena y lástima al noble anciano; y sospechando que tales calaveradas +revelaban falta de seso y desvaríos de la senectud, presagiaban una +desgracia. Las señoras le encomendaron a Dios, y lo mismo hizo don +Blas, pues su aborrecimiento de lo levítico no le quitaba el ser buen +cristiano. + +Muertas de miedo iban Saloma y las otras militaras, y a cada rato +creían oír tiros y ver un nublado de boinas aparecer por los cerros +lejanos, lo que no era absurdo, pues días antes había pasado por +allí el Royo de Nogueruela en dirección a Graus y Benabarre; tampoco +andaban lejos Cabañero, Tena y Maestre. Contrastando con las señoras, +don Beltrán era todo intrepidez y desprecio del peligro; y en su +imaginación de viejo, reverdecida en la puerilidad, no veía más que +bienandanzas. Habiéndole manifestado Saloma la inquietud con que le +veía entrar en el teatro de tan bárbara guerra, le dijo: + +—Cuando lleguemos a la gran Alcañiz que, entre paréntesis, es patria de +mi abuelo materno, don Diego de Paternoy, almirante de Aragón, señor +de las casas y encomiendas de Isún de Basa y Usé, _etcétera_..., te +contaré por qué voy a donde voy, y por qué busco a quien busco. Y si +ahora supones en mi conducta un desarreglo del sentido, verás luego +en ella la misma cordura... Es para mí cuestión de vida o muerte, de +dignidad o vilipendio... No creo que nos salgan partidas; y si salen, +ya les sacudiremos. También te digo que si es Cabañero el que nos +acomete, no temo nada. Le cuento entre mis mejores amigos, y no había +de consentir que me tocaran al pelo de la ropa. + +A la caída de la tarde entraron en la noble Alcañiz, que desde +Roma viene fatigando a la historia, ciudad vieja, como un libro de +antigüedades de Aragón y un muestrario de piedras elocuentes. A la luz +crepuscular, los esquinazos góticos y mudéjares parecían bastidores de +teatro, dispuestos ya, con las candilejas a media luz, para empezar el +drama. Resonaban las herraduras de los caballos en el pedernal de las +calles levantando chispas, y el ruido de tambores jugaba al escondite, +sonando aquí, apagándose allá, en los dobleces de la edificación, y +volviendo a retumbar a retaguardia de la tropa. Las plazuelas se unían +por pasadizos, y las calles se retorcían unas sobre otras, oscuras, +ondulantes. Soldados y algunos viejos se veían discurriendo por las +calles; mujeres en algunas puertas... Triste y belicosa parecía la +ciudad, como un guerrero herido que se ve forzado a combatir con la +mano que le queda. + + + + +VII + + +Metieron a don Beltrán en una casona llamada _Corte_ que hace esquina +con el Ayuntamiento, gótica, de ojivales porches al exterior, +interiormente muy capaz, con ventanas pequeñas, las puertas no muy +holgadas. Allí se alojaban oficiales de distintas graduaciones. Al +pasar por un gran aposento abovedado, donde había gran chimenea +encendida con troncos de encina, a cuyo calorcillo se arrimaban +ateridos todos los que entraban de la calle, vio don Beltrán, agrupados +en torno a una mesa, a varios oficiales y urbanos de tropa que se +engolfaban en el juego, atentos con alma y vida a las manos del +banquero y a las cartas que lentamente pasaba. Fuéronsele a Urdaneta +los ojos hacia la timba, y subió con ánimo de volver luego, pues vio +también que cubrían de manteles las mesas, como si aquella pieza fuese +comedor. El cuarto en que le pusieron, juntamente con las militaras, no +tenía camas; cada cual se arreglaría con las mantas, alforjas o sacos +que llevase. Seis personas debían repartirse el suelo, que venía como +a la medida, sin que sobrase ni una cuarta. + +El cenar fue más difícil operación; y si no se plantan Saloma y la +capitana en la cocina, no les tocara nada de las judías y gachas, que +era lo único que había, con pan moreno y algunas raciones de cecina. +Pero al fin aplacaron su hambre las afligidas damas; don Beltrán, +gozoso y dicharachero, tratando de alegrarlas con sus galanterías y +con enfáticos elogios de las miserables viandas que comieron. Observó +Saloma que al viejo aristócrata se le iban los ojos a la mesa de los +jugadores, y como ya tomaba confianza con él, se permitió decirle: + +—Señor don Beltrán, noto que mira vuecencia para el vicio, como si más +en él que en nosotros y nuestra conversación tuviera toda el alma. Pues +yo le digo que sería muy feo que con sus años y su respetabilidad diera +el mal ejemplo de ponerse a tallar o apuntar entre aquellos perdidos. +Si así lo hiciera y se dejara vencer de la tentación del juego, que ha +sido la causa de su ruina, sepa que me enfado, y no le quiero, ni le +cuido, ni le mimo, ni nada. + +Dicho esto a hurtadillas, sin que los demás se enterasen, contestó +Urdaneta en la misma forma, reconociendo el buen juicio que tal +advertencia revelaba, y ofreció no discrepar ni un punto de lo que +su decoro y años le imponían. Si miraba era por observar las caras y +ver quién perdía y ganaba. Antes de levantarse de las flacas mesas +hizo conocimiento, por mediación de Galán, con dos oficiales muy +simpáticos, uno de los cuales se había separado poco antes de la +mesa de juego con los bolsillos totalmente vacíos. Informados de +que el señor deseaba ver y tratar a la monja Marcela, brindáronse a +llevarle hasta su presencia, en el cerro de Santa Lucía, donde a la +sazón moraba; ambos la conocían y habían tenido más de una entrevista +con tan extraña mujer, platicando de cosas de guerra, filosofía y +religión, permitiéndose bromear con ella y echarle requiebros; que +Marcela, en la multiplicidad pasmosa de su disposición y en la riqueza +de su entendimiento, para todo tenía una palabra feliz y oportuna. +No se le cocía el pan a Urdaneta hasta que no llegase la hora de la +mañana que los oficiales fijaron para la visita, y pensando en ella se +pasó la noche de claro en claro. Un poquito durmió el viejo después +de amanecer, levantándose con los huesos doloridos de la dureza de +aquellas mal cubiertas tablas. Saloma le preparó un aceptable desayuno, +con huevos y chorizo que afanó como pudo en la cocina, y a las nueve ya +estaba mi hombre junto a la chimenea esperando a sus flamantes amigos. +Solo uno se presentó, por tener el otro servicio extraordinario en el +castillo, y sin más espera condujo al anciano hacia la puerta de la +ciudad que da al río Guadalope y al grandioso puente. Fría estaba la +mañana, los campos escarchados, el aire empañado por una niebla que +borraba toda visión a regular distancia. Iba don Beltrán asido al +brazo de su criado, necesaria precaución por la cortedad de su vista, +que con la niebla era casi ceguera total. Pasado el puente, avanzaron +buen trecho por una alameda interminable; y como levantara la bruma, +el teniente hizo notar la gallardía de los desnudos álamos del paseo, +y mirando hacia atrás, la hermosa vista de la ciudad, coronada por el +castillo y ceñida por el Guadalope. Sin enterarse bien, manifestó don +Beltrán su admiración, pues no gustaba de dar a entender que veía poco. + +—¿Conque es usted aragonés?... Repítame su apellido, pues ya no me +acuerdo. + +—Estercuel. + +—¡Hombre, Estercuel!... ¿Es usted de Ayerbe? + +—Sí, señor. Mi padre, don Celestino Estercuel, administraba los estados +de Ayerbe y de Boltaña; mi tío, don Bernardino Estercuel, canónigo de +Jaca... + +—Ya, ya... ¿Y usted por dónde me conoce a mí? + +—No hay en todo Aragón persona más nombrada y famosa que don Beltrán de +Urdaneta, a quien pobres y ricos señalan como el tipo de la grandeza, +de la caballerosidad... Era yo muy niño y oía contar casos muy +singulares de esplendidez... + +—A ver, a ver..., ¿qué casos? —dijo don Beltrán risueño y malicioso, +deteniéndose. + +—Pues que usted, poseedor de una riqueza incalculable, había mandado +traer de París seis perros de caza, los cuales vinieron cuidados y +asistidos por cuatro monteros y un mayordomo... Y un día, siendo yo +muchacho, vi pasar unos trenes magníficos que iban para Canfranc. ¡Qué +sillas de postas, qué caballos, qué galera con provisiones de cama y +boca!... Pues mi tío, que entonces era capellán en la casa de Ayerbe, +dijo: «Ahí va don Beltrán el Grande con los duques de tal y de cuál...». + +—¡Ay, hijo mío! —exclamó Urdaneta melancólico, acelerando el paso—. +Aquellos eran otros tiempos. ¡Lo que va de ayer a hoy!... + +—Y decía mi padre que solo en Mora de Rubielos y en la sierra de +Mosqueruela poseía usted más de diez mil cabezas. + +—Sí, sí: muchas cabezas tenía entonces, y ahora creo que ninguna, +ni aun la mía propia. Pues en Mora de Rubielos me resta algo, y aun +algos, que intento recobrar... Pero hablar de mí es mirar a lo pasado, +visión triste: alegremos nuestro espíritu hablando de lo presente, de +la juventud, de usted... ¿Qué tal, vamos adelantando en la carrera +militar? ¿Siente usted ambición de gloria?... + +—No mucha, señor... Un año llevo en esta vida, y le aseguro a usted que +deseo la paz, aunque me quede en el grado que tengo. Y esta campaña del +Centro no es para despertar verdaderas aficiones a la milicia regular. +Aquí todo es cuestión de picardía, astucia y agilidad; todo cuestión +de geografía... andada, ciencia de los pies. Además, el carácter de +cacería feroz que va tomando esta guerra no es para mi genio. He sido +poco afortunado, pues desde que salí a campaña no he visto más que +horrores, y desgracias de nuestras armas. Para tener mala pata en todo, +me estrené con un acto militar que ha dejado en mi espíritu una sombra +lúgubre, algo como una mancha que no puedo borrar: el fusilamiento de +la madre de Cabrera. + +—¡Qué dolor!... ¡Barbarie inútil, impolítica! + +—Empecé mi carrera destinado al regimiento de Bailén, 5.º de Ligeros, +que daba guarnición en Tortosa, y mandé el piquete que dio muerte a la +infeliz mujer. Cuando al amanecer del 16 de febrero del año pasado se +nos dijo que a las diez íbamos a fusilar a María Griñó, no lo creíamos. +Los nacionales negábanse a cumplir la sentencia. Nosotros no podíamos +menos de obedecer; pero aún esperábamos que tal atrocidad se aplazara +indefinidamente, y aplazarla era como un indulto disimulado. Entre +nosotros se decía que el alcalde de Tortosa, don Miguel de Córdova, +protestaba de tal iniquidad, y que quiso inducir al gobernador, general +don Gaspar Blanco, a no dar cumplimiento a la bárbara orden. Ello era +cosa de Nogueras, que ofició al general Mina, y de los allegados de +este... Reconocía el gobernador que disponer tal muerte no era propio +de caballeros, y que si en algún caso procedía la desobediencia, había +llegado la hora de poner en el oficio la fórmula: _se acata, pero no +se cumple_. Mas el hombre no se atrevió, y su desmayada voluntad y su +corazón vacilante nos dieron aquel terrible ultraje de la justicia. +Dicen que al resistirse a los ruegos del alcalde y de otras personas +calificadas de la población, se echó a llorar... Sus lágrimas fueron +de esas que no producen ningún bien ni evitan los males... Ello es que +metimos a doña María en el calabozo, y la cargamos de grillos, y le +llevamos al cura don José María Trench, hombre bueno y compasivo, que +también, llorando a moco y baba, fue a interceder con el gobernador, +sin conseguir ablandarle. Confesada, mas no comulgada, pues para esto +no le dimos tiempo, la llevamos a la barbacana. Por el camino, al +paso de la pobre víctima, se agolpaba poca gente, pues la mayoría de +los vecinos no se había enterado todavía; de los que vio, se despedía +con palabras sencillas y cariñosas, como si para un viaje saliera. No +puedo olvidar su figura modesta ni su traje, el mismo que tenía en la +prisión: saya de cotolina azul, ya muy usada, jubón de pana verde. +Llevaba al cuello un pañuelo oscuro con fleco, y a la cabeza otro, +blanco, sin atar las puntas. Era delgada, de mediana estatura, rostro +moreno y curtido con arrugas en la frente, el mirar dulce, expresión +candorosa. En sus manos atadas llevaba una cruz. Su resignación, la +paz de su alma, su tranquilidad sin artificio, nos maravillaban; el +no pronunciar palabra ofensiva para nadie, nos colmaba de pena, +oprimiéndonos el corazón. La fortaleza con que afrontaba el suplicio +hacía más vergonzosa la innoble cobardía con que nosotros, con tanto +aparato de fuerza, destruíamos aquella vida que no había hecho daño a +nadie. «¿Qué resulta contra ella?», nos preguntábamos, o lo pensábamos, +por no atrevernos a decirlo. No resultaba más sino que había dado el +ser a Cabrera... Llegados a la barbacana, la hicimos avanzar como +a veinte pasos del baluarte... El cura que la asistía, don Joaquín +Curto, no se separaba de su lado tan pronto como convenía. La mirada +que nos echó María Griñó al entrar en el cuadro no se me olvidará si +mil años vivo. ¿Fue de menosprecio, de compasión? De cólera no era, ni +tampoco suplicante..., no nos pedía que la perdonásemos. Tal vez quiso +decirnos que ansiaba terminar pronto, concordando en esto fatalmente +con las órdenes que habíamos recibido. Se le vendaron los ojos. Fue +preciso, para abreviar, tirarle suavemente del manteo al cura para que +se retirara. El pobre señor estaba turbadísimo: le dijo de cerca que +rezara el Credo, y luego en voz más alta, alejándose, le anunció que +iba a gozar de Dios... Yo tenía que dar la orden de fuego agitando un +pañuelo. Me pasó por la mente la idea de no darla, sublevándome en +nombre de Cristo. Pero la fuerza de la disciplina, de que no nos damos +cuenta, se impuso. Ello es que sonaron los tiros, y cayó la mujer al +suelo, de golpe, sin ruido ni contorsiones, como un vestido, como un +colgajo de trapos que cae de una percha... + +—¡Horrible... y estúpido! —exclamó don Beltrán—. Si tiene usted más +hazañas de estas en su hoja de servicios, no me las cuente. Mi pobre +corazón viejo no resiste esas emociones ni aun contadas. + +—Tres días estuve enfermo, sin poder apartar de mí la mirada de +María Griñó, ni aquel modo de caer al suelo, como un vestido que se +desprende de un clavo... El vecindario de Tortosa quiso alborotarse, +y tuvimos que contenerle. Los nacionales trinaban y creían que se +habían deshonrado por formar en el cuadro media compañía. Aseguraban +que si se les hubiera mandado formar el piquete del fuego, no habrían +obedecido... Desde aquel día es para mí esta guerra una nube de plomo +posada sobre mis ojos, como un telón a medio echar. Ni sube, ni +baja..., ni veo bien la guerra, ni veo la paz... No habrá ya paz en +la tierra de España. ¿Sabe usted lo que dijo Cabrera cuando supo la +muerte de su madre? Mirando a las cumbres que cercan a Valderrobres, +dijo que la sangre subiría hasta las cimas más altas. Y va subiendo, va +subiendo... Para no cansar a usted, señor don Beltrán, le diré que mis +campañas desde entonces no han sido más que una cacería infatigable. +En multitud de encuentros me he visto, todos encarnizados: estuve en +las acciones de La Jana y de Toga, al mando de Buil; allí tuvimos la +suerte de derrotar al _Serrador_. En Ulldecona, cuando Iriarte dio una +tremenda paliza al _Organista_ y a Llangostera, también tuve la honra +de encontrarme. Marchas penosas, hambres y trabajos mil he pasado; +peleando sin cesar, no veo que el aspecto de la guerra cambie. Siempre +es lo mismo: las ventajas de hoy son el descalabro de mañana. Si una +columna vence aquí, otra sucumbe dos leguas más allá. Se les echa de +un valle, y aparecen en otro. Creyérase que salen de debajo de las +piedras, y que la sangre de tantas víctimas, caliente y rabiosa, aun +después de derramada, engendra facciosos en los bosques, en los charcos +de los barrancos, en los escombros de las masadas destruidas. Esto +no es guerra, digo yo: es un duelo feroz, nunca suspendido. Nogueras +conoce el terreno, pero le falta cabeza. Borso tiene intención, pero +no domina el suelo. Sin darse de ello cuenta, conduce sus tropas por +el camino más largo. No encuentra nunca al cabecilla que busca, sino a +otro que le sale inesperadamente por retaguardia, cuando no le salen +dos. Así no acabamos nunca. Si no traen un ejército muy grande para +ocupar todas las posiciones y pueblos de importancia, a la defensiva, +tapándoles los boquetes y pasadizos para sus correrías, matándoles +de hambre y provocándoles a que se enzarcen unos con otros, tenemos +guerra para un siglo. Yo me doy a pensar en esto, y digo: «¿Por qué +combatimos?». Ahondando en el asunto, encuentro que no hay razón para +esta carnicería. ¡La libertad, la religión!... ¡Si de una y otra +tenemos dosis sobrada! ¿No le parece a usted?... ¡Los derechos de la +reina, los de don Carlos! Cuando me pongo a desentrañar la filosofía +de esta guerra, no puedo menos de echarme a reír..., y riéndome y +pensando, acabo por convencerme de que todos estamos locos. ¿Cree usted +que a Cabrera le importan algo los derechos de Su Majestad varón? ¿Y a +los de acá los derechos de Su Majestad hembra?... Creo que se lucha por +la dominación, y nada más, por el mando, por el mangoneo, por ver quién +reparte el pedazo de pan, el puñado de garbanzos y el medio vaso de +vino que corresponden a cada español... ¿No opina usted lo mismo? + +—Lo mismo, querido Estercuel, lo mismo. Es usted un sabio. ¡Tan joven, +y ya profundiza! + + + + +VIII + + +En esto llegaban al término de la extensísima olmeda, de donde a +los ojos se ofrecía un hermoso espectáculo: la cascada que forma el +río Alto al precipitarse en el Guadalope. Cerros enhiestos formaban +el marco de tan bello paisaje, que don Beltrán pudo gozar, porque +despejada la niebla, daba el sol relieve y colorido a todos los objetos. + +—Si es este el lugar que esa sierva de Dios ha elegido para sus +penitencias —dijo el anciano—, a fe mía que ha tenido buen gusto. + +—En aquella casucha que ve usted junto a dos peñas muy grandes, +sombreada por una encina que parece partida por un rayo, moraba estos +días la que llamaré ermitaña trashumante. + +Aunque no estaba seguro don Beltrán de ver lo que su amigo le indicaba, +allá se encaminó a buen paso; y antes de llegar al sitio designado, +vieron que hacia ellos venían dos vejetes con trazas de pastores, por +sus vestiduras de pieles más parecidos a osos que a personas, uno de +los cuales, al llegar a donde pudo ser oído, les dijo: + +—Si van en busca de la maestra, vuélvanse, que no la encontrarán. + +—¿Pues dónde ha ido mi señora y capellana? —preguntole Estercuel, +sospechando que no le decía la verdad. + +—¡Por vida de...! —exclamó Urdaneta, golpeando airado el suelo con su +bastón—. No creí que la buena estrella que me guía en este viaje se +eclipsara tan pronto. ¿Sabéis, buenos amigos, si ha ido muy lejos? +Porque si supiera que no estaba distante, iría en su busca, que con mis +setenta y tantos años, no me arredran un par de leguas. + +—Ayer de mañana —dijo el viejo— fue a la Ginebrosa con mi sobrino, y +nos mandó que por hoy al mediodía la esperáramos en Castelserás, para +ir juntos a donde ella disponga. + +—Entre paréntesis: ¿sabéis si vive y dónde está Francisquín Luco, +hermano de Marcela? + +—Vive, gracias a Dios..., pero del paradero no le diré, señor —replicó +el anciano receloso, después de pensar lo que decía—. No sé... + +—Sí sabes, tunante; pero no quieres decirlo. ¿No estaba gravemente +enfermo? ¿No le asistía su hermana? + +—Así parece, señor... + +—Está bien... Por ventura, ¿no tendríais en vuestra covacha algo de +comer? Porque con el fresco de la mañana y el paseo me siento un tanto +desfallecido. + +—Cuando les vimos venir estábamos cortando el pan para hacer unas +pobres migas. Si los señores quieren participar de esta humildad, el +gusto será nuestro, y la penitencia de los señores. + +—Discreto eres... Ea, preparad esas migas con prontitud, y allá va con +vosotros mi criado para que nos avise cuándo podemos ir a matar el +hambre. + +Al quedarse solos don Beltrán y Estercuel, sentaditos en una piedra, +dijo el militar al prócer: + +—Se me había olvidado informar a usted de lo que en el país se cuenta +de las idas y venidas de la monja suelta, y de la prontitud, al modo +teatral, con que aparece y se oculta, sin que nadie pueda saber de +dónde viene ni por dónde se escabulle. Es una conseja, y a título de +tal se lo cuento, advirtiéndole que esta guerra ha resucitado en el +país la Edad Media, tan bien acomodada a su naturaleza bravía, a la +rudeza de sus habitantes y a la muchedumbre de castillos, monasterios y +santuarios que por todas partes se ven. + +—Ya había pensado yo eso de que por ensalmo nos encontramos en siglo de +feudalismo. Cuente, cuente pronto esa leyendita, que quizás no lo sea. + +—Pues se dice, y hay quien lo jura, que el padre de esta señora +ermitaña o peregrina era hombre muy rico. + +—¿Y a eso llama usted conseja? Puedo dar fe de las propiedades que +poseía Juan Luco, las cuales fueron mías... + +—Y a más de la propiedad, dicen que poseía grandes cantidades de dinero +metálico... + +—Naturalmente: era hombre que apenas gastaba el tercio de sus rentas... +¿Y qué más? + +—Que antes de lanzarse a pelear por Isabel, Juan Luco puso en un lugar +seguro una olla de onzas... + +—Precaución muy acertada... + +—Y en otro lugar seguro, a bastantes leguas del primer sitio, otra olla +de onzas. + +—Tenía propiedades en Rubielos... + +—Y en Valderrobres, y en Calanda, y en Morella... sus hijos hicieron lo +propio. El primogénito sepultaba ollas en este monte, y el segundo en +aquel barranco... De modo, señor mío, que por todas estas tierras y por +parte de las del Maestrazgo, están esparcidas las riquezas de Luco. + +—Pues, amigo mío —dijo don Beltrán grandemente excitado, levantándose +y haciendo rápidos molinetes con su bastón—, no veo la conseja..., no +veo más que un caso muy natural, la pura lógica, señor mío, el puro +sentido común. + +—Ollas en los montes de Gúdar, ollas en el desfiladero de Vallivana, +ollas en Mosqueruela, ollas en Beceite, ollas en Calanda, en +Peñagolosa..., y quién sabe si aquí mismo, bajo nuestros pies, habrá un +puñadito de oro... + +—Hijo, podrán ser más, podrán ser menos —dijo don Beltrán con grande +animación, iluminado el rostro, brillantes los ojos, revelando una +credulidad infantil—. El número de ollas no lo sé..., pero que las +hay..., ¡ah!, lo creo y lo creo, como si las hubiera enterrado yo +mismo... Y no me contradiga usted, porque cuando afirmo verdades como +esta, no es prudente contradecirme... + +—No, si no me parece absurdo... Pero falta lo mejor de la conseja. +Dice el pueblo, y cuando el pueblo lo dice es porque lo cree como el +evangelio, que esta señora monja ha tomado ese empaque ermitañesco y +peregrino para recorrer y vigilar los lugares donde yacen escondidas +las preciosas tinajas... Sin duda conoce los sitios por inspiración del +cielo, o por topografías milagrosas que le ha comunicado el Espíritu +Santo... + +—No se burle usted, amigo mío, que estas cosas no son para tratadas con +genio maleante... Y le advierto que me desagrada oír chanzas aplicadas +a cosas y objetos de la mayor seriedad. + +—Serio, profundamente serio es cuanto digo, si aceptamos la ficción de +hallarnos en plena Edad Media. Prepárese usted, si persiste en penetrar +en el país, a ver milagros y hazañas, casos inauditos de santidad o +sortilegio, brujas, duendes, apariciones; subterráneos que empiezan +en un castillo y acaban en un monasterio a siete leguas de distancia; +verá usted hombres feroces, hombres heroicos, mujeres endemoniadas +o angelicadas; verá usted, en fin, a la hermosa y andante Marcela, +con aliento guerrero y olorcillo de santidad, corriendo por montes +y barrancos para tomar nota de las mil y quinientas ollas de Luco, +y trasladar a lugar seguro y profundísimo las que fueron escondidas +a flor de tierra en parajes muy transitados; prepárese usted a ver +todo esto, y si algo descubriese contante y sonante, avise, señor don +Beltrán, que no ha de faltarle un buen amigo que, armado de pala y +azadón, le preste ayuda. + +—¡Tunante! —dijo el anciano, que gozoso se lanzaba a la confianza +paternal—, si tuviera usted la suerte de encontrar uno de esos nidos, +ya sé que le faltaría tiempo para ponerlo a un maldito caballo, o a +un as indecente... No quiero dejar pasar esta ocasión sin echarle un +réspice..., mi ancianidad me da derecho a ello... Yo le vi a usted +anoche encenagado en el feo vicio. Paréceme que era usted el que +tallaba... + +—Sí, señor, por mi desgracia. No sé si advertiría usted que me +desplumaron. + +—Tanto como eso no reparé... Y ¿qué tal? ¿Eran atrevidos aquellos +puntos? ¿Se traían alguna martingala?... Sea lo que quiera, un joven +de sus méritos no debe dejarse dominar por la pasión del azar... Todo +el dinero que caiga en sus manos guárdelo usted, hijo, guárdelo para +sus necesidades de mañana. Piense en la vejez, que si en todo caso +es triste y desabrida, sin dinero es suplicio grande. Pero, si no me +engaño, oigo la voz de Tomé que nos llama, señal de que esas benditas +migas nos esperan. + +No tardaron en llegar a la choza; y tan grande apetito se le había +despertado al buen señor por causa de la frescura matinal, del paseíto, +o quizás por la risueña visión de las ollas auríferas, que empezó a +tragar migas, todavía calientes, a riesgo de abrasarse el gaznate; y +comiendo decía: + +—Pues de tal modo me interesa avistarme hoy mismo con la venerable +madre Marcela, para tratar con ella de un grave punto de religión, +que si estos señores van en su busca, les acompaño... No, no puedo +detenerme... No trate usted de disuadirme, amigo Estercuel. Ni a mí +ni a mi criado nos arredran ladrones ni carlistas. Si usted los teme, +vuélvase tranquilo a Alcañiz. + +—No por miedo, señor don Beltrán, sino porque mis deberes militares al +pueblo me llaman, me veo precisado a dejarle partir solo. + +—¡Ah! La obligación es antes que la devoción. El buen militar no se +pertenece... Pues iré con Tomé y estos ancianitos. ¿Qué distancia me +ha dicho? ¿Legua y media? A pie mejor que a caballo. Me conviene un +poco de ejercicio..., sí... Aún tengo bríos para andar largo trecho. Si +he de decir la verdad, me siento... así como rejuvenecido... Sin duda +es el aire de esta tierra, no sé qué gozo del ánimo... Hasta parece +que veo mejor... Sí, sí..., distingo perfectamente las pieles de estos +hombres, la sartén, todo... No hay duda, no hay duda: veo mejor, amigo +Estercuel... Y apostaría que después de un paseo de dos leguas, se me +aclarará la vista notablemente... ¿Y qué tal? ¿Se conserva bien la +hermana Marcela? No la he visto desde que era muy niña... + +Atacado de una locuacidad que no podía contener, enjaretaba cláusulas +sin el debido enlace entre unas y otras. Como los ancianos no decían +una palabra ni comían, pidioles cuenta don Beltrán así de su silencio +como de su falta de apetito, y el uno de ellos respondió que delante de +tan gran señor no era decente que ellos, infelices mendigos, hablasen +ni comiesen. Replicó a esto el afable aristócrata que ante Dios, padre +común del género humano, todos los hombres eran iguales, y que, pues +allí les reunía el acaso, no se acordasen de vanas categorías. Si ellos +eran pastores, ¿qué oficio y estado superaba en nobleza y antigüedad +al de conducir rebaños? Pastores fueron los patriarcas en aquel pueblo +que Dios llamó suyo; pastores fueron los primeros que adoraron y +reconocieron al Redentor del mundo en Belén, y este había representado +su misión debajo del simbolismo de un pastor del gran rebaño de la +humanidad. A esto replicaron los vejetes que no eran ellos pastores, y +que usaban aquellos pellejos, y los peales y zurrón por ser el traje +más adecuado a la frialdad del tiempo y a la fragosidad del país. + +—¿Pues qué sois? —dijo el prócer, suspenso, preparándose a probar de un +queso que le ofrecían. + +—Nuestro oficio es el de sepultureros; solo que ya hemos dejado aquel +empleo tan humilde por acompañar y seguir a la divina Marcela. + +—¡Hombre, hombre..., sepultureros, enterradores! —exclamó Urdaneta con +asombro—. Pues también es ocupación noble, antiquísima como el mundo, +pues desde que hubo vida, hubo muerte. Y oficio santo además, que en +él se cifra una de las obras de misericordia. Muy bien, muy bien, +pobrecitos. Me agrada vuestra compañía. Enterrar los muertos es noble +misión. Dios manda que después de recoger Él el alma, se dé a la tierra +lo que le pertenece. ¿Y quién sabe si revivirá algo de lo que habéis +soterrado? No todo lo que entra en la tumba es muerte. La fosa recoge +también la vida, para sustraerla a la codicia y al latrocinio... Y +difuntos aparentes habréis sepultado, que volverán a la vida y... Pero +de estas filosofías no entendéis vosotros... Y dime otra cosa: desde +que os encontré, tú solo hablas. ¿Por qué no hemos oído la palabra de +tu compañero? + +—Porque se le traba la lengua, y no quiere que le oigan... + +—Es tartamudo..., mudo quizás. Ya sabe Marcela lo que hace, rodeándose +de hombres callados, silenciosos, y cuando no, discretos como tú... +Pero no perdamos más tiempo y pongámonos en camino. + +Levantose ágil, sin esfuerzo, con sorpresa de todos, y emprendiendo la +bajada al camino, al llegar a este se despidió del amable militar que, +deseándole un regreso pronto y feliz, le dijo: + +—Ya ve el señor don Beltrán cómo va resultando lo que anunció. Edad +Media, pura Edad Media... Supongo que le veremos esta noche por +Alcañiz, y ya nos contará, ya nos contará... Quiera Dios que no tenga +un mal encuentro... Es posible que pueda ir y volver felizmente, porque +no hay noticias de que ahora anden por aquí partidas. Abur. A sor +Marcela le da usted expresiones de mi parte, y que se deje ver... De +buena gana me ajustaría yo en su cuadrilla de sepultureros, si supiera +que tocaban a desenterrar... lo que usted sabe. Adiós. + +Internándose a buen paso en la olmeda que conduce a la ciudad, decía +para su sayo el bueno de Estercuel: + +—El pobre señor, reverdecido en la niñez, está ya en su elemento: la +conseja. + + + + +IX + + +Anduvo larguísimo trecho don Beltrán por la margen izquierda del +Guadalope, sin encontrar alma viviente, pues los caseríos estaban +desamparados, los ganados dispersos, hombres y animales del campo +huidos; y tan presuroso iba por el estímulo de su deseo, que al +llegar a las primeras casas de una aldea desierta, que debía de ser +Castelserás, faltáronle súbitamente al anciano los alientos, y, +dejándose caer en un montón de tierra, cercano a un edificio en ruinas, +dijo a sus acompañantes: + +—Amigos míos, la costumbre de andar en coche y a caballo ha quitado +vigor a mis piernas para la marcha peonil. Vosotros andáis sin +fatigaros muchas leguas; yo no puedo. Me rindo, me entrego, y pues ya +no estamos lejos del punto en que os habíais citado con la maestra, os +ruego que os adelantéis y le digáis que la espero aquí. Recordad bien +mi nombre: don Beltrán de Urdaneta..., el grande amigo y en otro tiempo +protector de su padre... + +Obedecieron sin chistar los dos viejos, y don Beltrán se quedó solo con +su criado Tomé, el cual no hacía más que mirar a los cerros cercanos, +pues en todos veía fusiles y boinas su medrosa fantasía. Por indicación +suya, se pusieron al abrigo y sombra de aquellas derrumbadas paredes, +de donde vigilarían quién viniera, y podrían esconderse si alguien se +acercaba con malas intenciones. Allí se aguantaron como unas dos horas, +y ya se impacientaba Urdaneta, cuando Tomé, encaramado en lo más alto, +avisó la presencia de cuatro personas por el camino que habían seguido +los viejos al partir. + +—¿Ves a los enterradores? —preguntó don Beltrán ansioso—. ¿Viene con +ellos una señora vestida de monja o penitente? + +—A los dos abuelicos les veo —dijo Tomé cuando las cuatro figuras se +aproximaron—; pero no viene ninguna monja, sino dos chicarrones, uno de +ellos con sotana. + +—¿Estás bien seguro del sexo? + +—¿Qué dice, señor? Si llama sexo a lo de distinguir de machos y +hembras, apuesto lo que quiera a que los cuatro son hombres naturales, +aunque al uno no le veo piernas por bajo, y por arriba le veo melenicas +como las de una imagen. + +—¿Luego, viene uno con faldas? + +—Mas no son faldas ni andares de mujer, sino al modo de las túnicas de +los santos, que siempre usaban sayos o camisones. + +Y cuando ya cerca estaban, y amo y criado salían de las ruinas para +recibirles, gritaba Tomé: + +—Señor, señor, déjeme que me santigüe, pues esto no es cosa buena. +El de los pelos largos y caídos es un muchacho amujerado, o mujer +hombruna. No he visto otra... + +—Cállate, simple, y ponte a un lado, que ya veo los bultos, y me +adelanto a saludar a Marcela. + +Del grupo que venía se adelantó una figura híbrida, tal y como Tomé la +había descrito, para mozuelo, de regular talla, para mujer, de elevada +estatura, con gallarda medida y proporción. Era el rostro moreno, tan +tostado del sol que semejaba al de una efigie secular, cuyo barniz el +tiempo ha oscurecido dándole una dulce pátina con vislumbre sienoso. +Los ojos grandes, negros y de profundo mirar, parecían de hombre; de +la nariz para abajo representaba cara fina y graciosa de hembra, con +hoyuelos en la barbilla, y un poco de vello sobre el labio superior. +El cabello caía en guedejas que parecían plumas de un gallo negro, y +le llegaba hasta mitad del pescuezo, no menos tostado que el rostro, +partiéndose en la frente en dos ramales espesos, ásperos, que a veces +nublaban los ojos. Era el cuerpo de rara perfección, más de hombre que +de mujer, pues no se le notaba elevación de seno, el cual era poco más +alto que el de un mocetón de anatomía lozana; bien sentidas la cintura +y cadera, sin ofrecer curvas muy acentuadas; el pie desnudo, de color +de antigua caoba, de mediano tamaño tirando a grande, y admirable +forma. El sayal que vestía, de parda estameña, remedaba un hábito +franciscano de varón; pero sin cuello ni capucha, sencillísimo en su +traza y corte, ceñido a la cintura por una cuerda. Llevaba el rosario +en un bolsillo interior del hábito, que se manifestaba en una abertura +vertical al costado derecho, por donde asomaba la cruz de bronce. Mayor +bulto que el de un rosario se veía por aquella parte; señal de que +guardaba otros objetos, pañuelo quizás, o sabe Dios qué. La voz, que +hirió con sonoro timbre los oídos de don Beltrán en el primer saludo, +era como de muchachón tierno, engrosada por la constante vida al aire +libre en país tan frío. + +—Aunque estos pobrecitos —dijo Marcela— equivocaron el nombre... _don +Jordán de la Beltraneta_, ya comprendí, señor, ya comprendí que era +usted... el que me hacía el honor de venir en mi busca... + +—El honor es mío —replicó don Beltrán descubriéndose y besándole +la mano—, y me considero feliz de ver en opinión de santa a la que +conocí muy niña... Ya, ya se anunciaba en ti la mujer superior, +extraordinaria, eminente... + +—Mi padre le apreciaba a usted de veras —dijo Marcela, cortando +el elogio—. Diez días antes de morir, estuvo a verme, y hablamos +largamente del señor don Beltrán... + +—Siempre tuve a Luco —afirmó el prócer, gozoso de lo que la ermitaña +relataba— por uno de mis mejores amigos. De cuantas personas he tratado +en mi larga vida, Juan fue la única en quien vi siempre la flor de la +gratitud... Sabrás que a mi protección decidida debía tu padre los +adelantos de su fortuna. + +—Lo sé..., y a gala tenía el recordarlo... A mis hermanos y a mí, +cuando éramos niños, nos enseñó a pronunciar con el mayor respeto +el nombre para él sagrado de Urdaneta... Pero si el señor gusta de +que hablemos, no piense en volverse hoy a Alcañiz, y véngase conmigo +despacito hacia Calanda, que allí tengo un alojamiento regular, y podré +darle algo de comer, siempre dentro de la suma pobreza. + +Tan grata impresión habían hecho en el viejo las primeras palabras de +la santa mujer, que a todo se prestó gozoso, diciendo: + +—Vamos a donde tu quieras, hija mía, y no creas que me asusta +la pobreza, pues he llegado a una situación en que mi gloria es +confundirme con los humildes. + +—Vivimos en el reino de la desventura —dijo la ermitaña con +austeridad—. El azote de Dios nos ha reducido a todos, ricos y pobres, +hombres y mujeres, a las extremidades de la miseria, y a no contemplar +más que espectáculos de tristeza y dolor. El Señor nos ha castigado, +nos somete a prueba durísima, desatando a la muerte para que a ninguno +perdone. Convenzámonos de que solo breves instantes nos faltan para +morir, que no hemos muerto ya por cansancio de la misma muerte, la cual +apenas tiene aliento para cortar tantas vidas, y preparémonos... + +—¡Oh!, sí, bien preparado estoy para cuando el Señor lo disponga... + +—Y en tanto, fortifiquemos nuestras almas con la paciencia, con el +gusto de las adversidades, y celebremos las miserias y trabajos que +Dios nos envía. + +—Sí, hija mía, sí..., celebrémoslo..., ya lo creo que debemos +celebrarlo... + +—«Que los trabajos bien recibidos y padecidos son, no solo útiles y +provechosos, sino gustosos y sabrosos...». Esto lo dijo Nicéforo, +famoso historiador de la Iglesia, y añade que «son las adversidades +satisfactorias por los pecados, y que los trabajos nos son útiles por +la fortaleza que con ellos se gana». Tengamos fortaleza, señor don +Beltrán, esta soberana virtud con que se vencen y encadenan todos los +males. + +—Sí, hija mía, sí —murmuraba don Beltrán—: seamos fuertes; yo busco la +fortaleza. + +—Dice el bienaventurado san Juan Crisóstomo que «aunque los trabajos no +tuvieran otro bien sino el que el hombre recibe con su paz y quietud +cuando le faltan, fueran de muy grande codicia». + +—Paz y quietud anhelo yo, hija mía, y por Cristo, que a mis años, +después de tantas luchas y fatigas, bien merezco el reposo. Y bien +podría el Señor concedérmelo en premio de la valentía con que me lanzo +por estos caminos infestados de facciosos. Cierto que cuando Dios nos +manda trabajos y adversidades, ya se sabrá por qué lo hace; pero yo te +digo ahora, con perdón de san Nicéforo y san Crisóstomo, que maldita +gracia me hará que nos salga una partida carlista y nos deje en cueros, +o nos apalee o nos fusile... + +—El verdadero cristiano —dijo la beata peregrina con acento firme, +sin afectación— no solo no teme la muerte, sino que la desea. Cuenta +Eusebio en sus _Anales_ que, «hallándose los mártires presos, se +alegraban creyendo habían de ser los primeros que sacasen a martirizar, +y cuando no lo eran, quedaban desconsolados». + +—Pues perdóneme el señor Eusebio... + +—Y testifica san Jerónimo que el bienaventurado mártir San Ignacio +escribía a Siria desde Roma, poco antes de su martirio: «Plegue a Dios +dejarme gozar de las bestias que me esperan, las cuales ruego a Dios +no sean perezosas en acabarme...». Donde dice bestias ponga usted +facciosos, y digamos: «Que vengan cuando quieran y nos despedacen». + +—Todo eso es muy bonito para dicho; pero como no soy santo, quiero +guardar de esos los pocos días que me restan. + +Si en los comienzos del diálogo le encantaba a Urdaneta la firmeza de +convicciones de la peregrina y el severo estilo con que la manifestaba, +en cuanto empezó a largar citas se le hizo un poquito indigesta tanta +sabiduría. Preguntole que cómo podía repetir sin equivocarse tantos +textos de sagradas escrituras, y ella lo explicó por su prodigiosa +retentiva... Lo que una vez leía, no se le olvidaba nunca, y su mente +era una copiosa biblioteca, que usaba sin compulsar libros. Por todo el +camino fue soltando citas de Santos Padres y de Aristóteles y Cicerón; +que también éranle familiares los filósofos profanos; y ya un tanto +mareado don Beltrán con aquella erudición fastidiosa, diputó a Marcela +por un papagayo con más memoria que discernimiento. Aún era muy pronto, +dice el narrador, para formar juicio tan terminante. + +Al caer de la tarde, llegaron a un barrio de Calanda, y metiéronse en +una casa mísera, donde había tres mujeres. Ningún hombre se veía en +todo el lugarejo ni en sus contornos. Impaciente por hablar largo y +tendido con la santa, hizo propósito don Beltrán de plantear el magno +asunto en cuanto despacharan la frugal cena de alubias, habas secas, y +algunos huevos con que fue regalado el huésped. Como si le leyese en +el rostro los pensamientos, Marcela se apartó con él a un rincón de la +estancia donde comieron, que era un establo de cabras, sin cabras, y le +dijo: + +—Señor don Beltrán, antes que empiece yo mis rezos y ejercicios de la +noche, y antes que usted se acueste..., que para su nobleza se prepara +en esta humildad un mediano lecho..., quiero que me diga la razón de +venir a buscarme. + +—Precisamente, ya se me hacía tarde el hablarte de ello, hija mía. Bien +comprenderás que si a los riesgos de este viaje expongo mi ancianidad, +es porque me lo exige mi decoro, el honor de mi nombre. + +—Fuertes razones habrá sin duda. Recordando lo que del señor don +Beltrán me dijo mi padre días antes de morir, lo que después oí a mis +hermanos, y agregando lo que yo con mi pobre entendimiento adivino, +creo conocer los motivos que acá le traen. + +—Si lo has adivinado, me libras del enojo de decírtelo, que nunca es +grato en un hombre de mi condición declarar sus necesidades. Pero +algo debo referirte como antecedente necesario, y es el hecho de las +desavenencias graves con mi familia, y mi resolución de abandonar la +casa de Idiáquez para no volver más a ella. + +—También sé algo de esto —indicó la monja con un dejo de severidad—, +y creo que no es toda la culpa de su familia, que buena parte de esa +culpa debe recaer sobre usted. + +—Puede..., sí..., no digo que no... —murmuró desconcertado el +aristócrata. + +—Porque las opiniones están conformes en que ha sido usted un pródigo +incorregible... Ha derramado su caudal, y ahora se encuentra escaso y +pobre. _Effusus es sicut aqua; non cresces_. «Derramado has como agua, +y ahora no creces, no tienes», como Jacob dijo a su hijo Rubén. + +—Sí, es cierto..., sí... Pero yo, por mi condición generosa y mis +hábitos de gran señor, desprecié siempre las cosas menudas, pequeñas... + +—¡Ah!, señor mío. El _Eclesiástico_ lo ha dicho: _qui spernit modica, +paulatim decidet_. ¿Lo entiende usted? + +—Hija mía, se me ha olvidado el poco latín que aprendí en mi niñez. +Háblame castellano. En castellano neto te digo yo que si es cierto que +con mi conducta he creado mis daños, ya no estoy en edad de corregirme. + +—Bueno, señor. Pues mi padre... + +—Tu padre era, el primer año del siglo, un triste labrador que llevaba +en arrendamiento algunas de mis tierras de Rubielos. Gran trabajador, +gran economizador, el año 6 y 7 quiso comprarme las piezas de Alventosa +y el prado grande de Alcalá de la Selva. Aunque otros compradores me +ofrecían mayores ventajas, preferí a Luco, atento a su honradez y +puntualidad... Además, siempre me ha gustado dar la mano al pobre. +Quedose tu padre con aquellas tierras, luego con otras, y me pagaba +cuando quería, a su comodidad y desahogo. ¿Es esto cierto? + +—Usted lo ha dicho. + +—Siempre se mostró tu padre agradecido, y andando los años recibí +pruebas de la estimación en que me tenía. + +—Y jamás le apremió usted por los pagos; lo sé. + +—Ni le cobré intereses por las demoras. Al fin, todo fue suyo; todo no: +quedábanme el monte de Mosqueruela y la encomienda de Forniche Bajo. +El 22, hallándose ya Luco en gran prosperidad, por las buenas cosechas +y el gran incremento que tomó el comercio de lanas, propúsele yo que +me comprase la Mosqueruela para que redondeara sus estados, y accedió +a ello, abonándome, desde aquella fecha hasta el 30, los plazos en que +estipulamos la venta. El año 33, hallándome yo algo escaso de fondos, +y necesitando reunir una cantidad para atenciones ineludibles, pedí a +Luco dos mil duros, que me mandó al instante. Le cedí las rentas de la +encomienda por todo el tiempo que fuese preciso hasta la extinción +de la deuda, y al año siguiente le propuse que me comprase también +esta finca por la valoración que estimara justa. Todo se hizo conforme +a la voluntad de tu padre, pues ni yo regateaba con un hombre de +tanta rectitud y conciencia, ni me hallaba en aquellos días, por el +aturdimiento que me causaban mis afanes, en disposición de apreciar +mil duros más o menos en mis negocios. Siempre he sido lo mismo. Pasó +tiempo; y hace unos meses, hallándome yo en Villarcayo, recibo una +carta de tu padre en que me decía: «Sé, mi noble señor, que por ruindad +de los tiempos y caídas de grandezas humanas, se halla vuecencia +en escasez de posibles. Si con el caudal no ha perdido la memoria, +recuerde que está en el mundo Juan Luco, y no olvide que Juan Luco no +consentirá jamás que padezca necesidades el primer caballero de Aragón». + +—Así es —dijo la venerable, afirmando además con una fuerte cabezada. + +—Y hay más, hay más, mi bendita señora —dijo don Beltrán, animándose +con el buen giro que, a su parecer, llevaba el asunto—. En la misma +carta decía: «Recuerde también el señor, y medite y repare que lo de +la encomienda fue más ventajoso para un servidor que para usía; y pues +Juan Luco ha sido siempre nombre de conciencia, hoy, ante la verdad +clara de sus adelantos de fortuna, quiere serlo en mayor grado, y más +que condenarse por egoísta, le gustará salvarse por generoso. Dígame, +pues, el señor lo que necesita, y no será él tan presuroso en decírmelo +como yo en acudir a su alivio y remedio...». Esto decía; y si lo dudas, +angélica mujer, aquí tengo la carta... + +—No, no ha de mostrármela, señor, pues lo que me dijo pocos días antes +de morir mi honrado padre es en todo conforme con el tenor de su carta. + + + + +X + + +Echó don Beltrán de su pecho, al oír tan consoladoras palabras, un +suspiro muy grande, con el cual pareció que se descargaba de la +pesadumbre de sus desdichas. Miró a la santa mujer, que al suelo +inclinaba sus ojos sin expresar nada inteligible en su rostro de +imagen. Pasado un ratito, la penitente miró al anciano, diciéndole: + +—Hora es ya de que descanse, señor. Por lo que hemos hablado, bien se +ve que sus deseos son recoger ahora lo que le ofreció mi buen padre, +cosa en verdad fácil en mi voluntad, pero dificultosa en la de Dios, +que es quien dispone las cosas... No puedo darle tan pronto respuesta +terminante, pues ello ha de ser muy pensado... Recójase ya, duerma +tranquilo, y persuádase de que, puesto su negocio en mis manos, de la +hija de Juan Luco no ha de recibir usted ningún mal, sino todos los +bienes posibles... + +Aunque estas vaguedades no satisfacían por entero las aspiraciones +de Urdaneta, que quería solución clara y pronta, fuese el hombre al +camastro esperanzado de lograr sus deseos, y confiando en la rectitud +de la piadosa mujer. Pasó la noche intranquilo, febril, y en los breves +ratos de sueño creíase transportado a subterráneos de castillos o +criptas de iglesias, donde entre tumbas aparecían ánforas llenas de +plata y oro. Despabilado desde el alba, llamó a su criado para que le +vistiera, y Tomé se apresuró a comunicarle lo que pensaba de la monja y +de su compañía. + +—Señor, debe de ser santa, porque la vi de rodillas más de cuatro +horas, y a ratos echábase de cara contra el suelo, y parecía que +lloraba con ansias y congojas... Las otras dos mujeres también +rezaban, aunque con menos figuraciones; para mí son, como ella, monjas +desperdigadas y salidas... Yo no pude dormir del frío que hacía en +aquella cuadra, y viendo tanto rezar, me puse a hacer lo mesmo... Los +viejos y el muchacho, arrimaícos a la pared, roncaban como _tocinos_. + +Algo más hablaron, comunicándose uno a otro sus impresiones. Sirvieron +a don Beltrán las mujeres, muy de mañana, unas sopas que le supieron +a gloria; y mientras las comía, díjole Marcela que habían de ponerse +en camino inmediatamente, tomando ella con los viejos la vuelta de +Alcañiz, por el vado de Torrevelilla, pues tenían que hacer en La +Codoñera. Irían juntos, y por el camino sabría don Beltrán lo que +ella durante la noche había pensado del asunto que al señor tanto +interesaba. Para resolverlo del modo más equitativo había pedido luces +a la divina ciencia, recogiendo su espíritu en oración muy fervorosa, +a fin de que Dios la iluminase en el fallo que tenía que dar sobre +cosas temporales. Ya empezaba el caballero a inquietarse con estos +requilorios, y se dispuso a seguir a la santa, ansioso de escuchar +pronto su resolución o sentencia. + +Salieron por un caminejo de herradura en busca del Guadalope, que por +aquella parte corre encajonado entre cerros de mediana elevación. +Marcela echó por delante a Tomé y a los dos viejos sepultureros, y +abordó con don Beltrán el magno asunto: + +—Ante todo, hija mía —le preguntó el prócer—, ¿por qué tus viejos, a +quienes no sé si llamas discípulos o hermanos, llevan el uno una pala y +el otro un azadón? + +—Se han impuesto por penitencia dar sepultura a todos los muertos que +dejan tras de sí, en sus horribles batallas, liberales y absolutos. +Por mi cuenta han enterrado ya como tres centenares de cristianos +sacrificados a la ambición de los poderosos del mundo. + +—Dios les reciba en su santo seno... Pues satisfecha esta curiosidad, +dime ahora si debo esperar que des cumplimiento a la voluntad de tu +padre con respecto a mí; voluntad bien manifiesta... + +Con el estilo severo y elegante, aunque algo duro, que en la lectura +de autores místicos se había asimilado, interpolando a cada instante +citas de Santos Padres, o de Aristóteles, Longinos, Teofrasto +Paracelso y otros sabios, como si con la erudición quisiera dilatar +la sentencia, Marcela manifestó a don Beltrán que ella y su hermano +Francisco ignoraban dónde yacían soterrados los dineros que Juan Luco +poseía en sus últimos años, salvo una pequeña parte, cuyo paradero, +por declaración de su difunto hermano Cinto, conocían; que si lograban +descubrirlo y asegurarlo todo, cosa en extremo difícil en medio de +guerra tan desaforada, lo destinarían a una obra de gran piedad, +como desagravio al Señor por las iniquidades que las dos catervas de +combatientes cometían. Ambos hermanos estimaban, en su acendrada fe, +que dar tal destino a las riquezas de su buen padre sería muy grato +al alma de este, ya se hallara purgando sus pecados en el fuego del +purgatorio, ya estuviese gozando de Dios, purificada y limpia por su +martirio. Francisco Luco, el menor de los tres hermanos varones, había +hecho en Huesca sus estudios eclesiásticos y disponíase a recibir +las sagradas órdenes, cuando el maldito clarín de guerra, hiriendo +sus oídos y despertando en él ideas de bandería política y militar +soberbia, le indujo a tomar parte por Isabel en la querella. Breves +y no felices habían sido sus hazañas. En Liria fue verdadero milagro +que no le fusilaran. Dolorosos meses de cautiverio pasó en Cantavieja. +Libre al fin, al tomar la plaza el general San Miguel, volvió a sus +anhelos pacíficos y religiosos, horrorizado de la guerra y de sus +desmanes. Ante su hermana, y cuando esta le asistía en la penosísima +enfermedad contraída en el cautiverio, hizo voto solemne de consagrar a +Dios su vida, su alma y sus pensamientos todos, sin esperar a ponerlo +por obra más que el tiempo que se tardase en preparar las cosas +materiales para tal objeto... + +—Según eso —dijo don Beltrán, a quien con tales santidades se le había +puesto un nudo en el tragadero, sin poder pasarlo para arriba ni para +abajo—, tu hermano entra en religión..., cantará misa, profesará en +alguna orden. ¿Dónde está? Yo quiero verle. + +—Espérese usted... Francisco abrazará la vida religiosa; pero antes de +abandonar el siglo, tratará de descubrir y reconocer dónde se hallan +los bienes en especie que padre trató de sustraer a manos rapaces. +Y con decir yo esto, y usted con oírlo, queda manifestado, y por +usted comprendido, que hemos de destinar íntegro todo el caudal a una +fundación santa para religiosos de la orden que abrace mi hermano, y a +restaurar mi glorioso convento de Sijena. + +—Si, hija mía, sí..., comprendido. Pero dime: tu hermano, ¿dónde está? + +—Hállase actualmente no muy lejos de nosotros, atento a lo que a él +y a mí tanto nos importa; mas para poder efectuar sus pesquisas en +materia tan delicada, ha sido menester que se agregase a una columna +cristina, so color de prestar en ella servicio hospitalario, que otro +servicio más guerrero no podría, por causa del grave detrimento de su +naturaleza... + +—No dudo —dijo don Beltrán, cuya vista se nublaba, como si su pena +fuera una oscurísima visera que le caía sobre los ojos— que si yo +hablara con Francisco Luco en tu presencia, ambos me darían prueba +inequívoca de su piedad y rectitud declarándome poseedor de aquello que +vuestro padre determinó que había de ser mío. + +—Si he de hablar al señor de Urdaneta con la plenitud de verdad que +se desborda de mi corazón —dijo la monja endulzando la voz—, le +manifestaré que me parece impropio de sus años ese insano apetito de +las riquezas. En la declinación de la vida, y cuando Dios ha decretado +ya para usted el acabamiento de todas las vanidades, ¿para qué quiere +lo que no puede disfrutar, ni tiempo tiene para ello? + +—Hija mía, es que... + +—Padre y señor mío, la verdad sale de mis labios sin que mi respeto +pueda contenerla. Debiera usted despreciar las riquezas, y alegrarse +de haberlas perdido, renegar de que quieran dárselas..., y apartarlas +de sí como se aparta la podredumbre pestilente... Sí, don Beltrán. Le +recordaré, por si lo ha olvidado, lo que dijo san Pablo a los hebreos: +«Con alegría recibisteis el robo que os hicieron de vuestros bienes». +Sí, sí, noble señor: alégrese de que le hayan despojado de sus tesoros, +y no ansíe volver a poseerlos... + +—Pero... + +No siguió el desgraciado anciano porque tanto se le apretaba el nudo en +su gaznate, que no pudo articular palabra. + +—Llénese, señor —continuó la santa con inspirado acento—, llénese de +aquella virtud de la paciencia, que todas las demás virtudes compendia +y resume; ame la pobreza, bendiga el no tener... + +—¡Pero..., hija mía... —pudo decir al fin don Beltrán—, si a paciencia +nadie me gana!... Verás... Yo... + +—Tertuliano dijo: «Donde Dios se halla, allí está con Él su amiga la +paciencia». + +—Estamos conformes... Tertuliano y yo... + +—Y no olvide, señor don Beltrán, que la divina sabiduría dice en los +_Proverbios_: _O viri, ad vos clamito, et vox mea ad filios hominum... +Mecum sunt divitiæ_... fíjese don Beltrán... _mecum sunt divitiæ, et +gloria, opes superbæ, et justitia_. + +—_Oh, la mère latiniste!... Je n’aime pas les gens qu’à tout propos +crachent du grec et du latin_. + +—Señor don Beltrán, yo no sé francés. + +—Señora doña Marcela, yo no sé latín. Hablemos en la lengua común. + +—Pues en ella digo a usted que ya estamos en el Guadalope, y que +callemos ahora, pues juntamente con Tomé y con los ancianos que allí +nos esperan, emprenderemos el paso del río por aquel vado. + +Efectuado sin contratiempo alguno el tránsito de una orilla a otra, +siguió don Beltrán por aquellos vericuetos, taciturno y suspirante; +a su lado iba la peregrina, rosario en mano, rezando al compás de la +marcha lenta y fatigosa, al través de montes solitarios, en un día +destemplado y brumoso. En las agrias pendientes solía don Beltrán +pedir descanso, para dar paz a sus viejos pulmones; y en una de estas +paradas, sor Marcela, terminando presurosa entre dientes una oración, +dijo a su aburrido acompañante: + +—No se aparta de mi pensamiento, noble señor mío, su malestar, y me +duele mucho la desazón que yo, sin quererlo, haya podido causarle. +Pensando vengo en ello todo el camino y pidiendo a Dios que me ilumine +con nuevas ideas. De Dios debe de venir, pues, esta que ahora me asalta +y que voy a manifestarle. + +—Sí, sí, de Dios tiene que ser, si es idea benéfica y compasiva. Dímela +pronto. + +—Pues he venido pensando por el camino que usted, en su vejez, triste +occidente de una vida de prodigalidad y disipación, habrá contraído +deudas, compromisos que afectan al honor y buena fama, y que desea, +como caballero cristiano, darles cumplimiento antes de morir. + +—Hija de mi alma, hablas ahora como la misma sabiduría —dijo don +Beltrán casi llorando, con ganas de arrodillarse y besarle la orla del +sayal. + +—Bien, señor: se le dará lo que necesite para ese objeto, siempre que +adopte vida religiosa consagrando a la oración y penitencia el resto de +sus días. No tiene usted que inquietarse de cosa alguna, tocante a la +providencia de pagar sus deudas y demás negocios mundanos. Mi hermano, +o persona que él designe, se encargará de dejar bien puesto el nombre +de Urdaneta, pagando lo que usted debe a los hombres. Usted no vivirá +ya más que para pagar a Dios lo que a Dios debe... + +—Pero... entendámonos... La idea no es mala... Explícate mejor... +¿Antes de que me arregléis mis asuntillos, tengo yo que meterme +fraile?... + +—Parece como que le espanta la idea. + +—No, hija, no... Es que..., verás... + +—¿Se tiene acaso por persona más alta que el emperador y rey Carlos V? + +—No, no... ¡Si estamos conformes! Yo deseo el descanso, la abdicación +—dijo don Beltrán, pensando que le sería forzoso dar su asentimiento, +a fin de obtener después, por concesiones graduales, sentencia más +conforme con sus deseos—. No tengo inconveniente... La idea es muy +acertada... Pero hazte cargo de la urgencia de mis compromisos. + +—Sobre toda urgencia está la de dar a las riquezas de Juan Luco la +aplicación santísima que hemos determinado. + +—Aprobado, hija, aprobado... La idea es grandiosa, ea... + +—En obsequio al amigo y protector de mi padre, hacemos una sola +excepción, consagrando parte de aquel caudal a poner en salvo la buena +fama de un noble caballero aragonés. Pero esto no ha de hacerse sino +consagrando usted previamente los días que le restan de vida a la +oración y a la austeridad. Hágase cuenta de que Dios le da el miserable +puñado de metal que necesita para cumplir con el mundo; pero no se +lo da por su linda cara, sino a cambio de su alma, en lo cual se ve +patente la bondad infinita. + +No pudo dar por de pronto el pobre viejo más respuesta que un suspiro +hondísimo, y afilando luego su entendimiento, trató de acomodarse +al deseo y planes de la monja con eufemismos delicados y vaguedades +ingeniosas. En esto se les pasó una parte del camino, y cuando ya +avistaban la villa que lleva el nombre de La Codoñera, situada en +escarpado y agreste sitio, vieron venir por el sendero abajo a Tomé +despavorido y dando voces. Detrás de él venían los ancianos con menos +veloz carrera. Diole a don Beltrán un vuelco el corazón, viéndose +cercano a un gran peligro, y así era ciertamente, pues Tomó gritaba: + +—¡Los facciosos, los facciosos! + +No pasaron dos minutos sin que se viera justificado el pánico del +chico: a la revuelta del sendero aparecieron seis hombres, luego más de +veinte, y por fin un tropel de ellos, que a don Beltrán se le antojó +un grande ejército. Todos traían boina y fusil, vestidos con un +abigarrado desorden enteramente contrario a la uniformidad. + +Suspenso y aterrado, Urdaneta apretó los dientes, mascullando palabras +airadas y blasfemantes; los ancianos temblaban; Marcela, impávida, se +plantó en medio del sendero, mirándoles con sosegado rostro, en que no +pudo advertirse la menor alteración. + + + + +XI + + +Llegó de los primeros al grupo de los peregrinos un mocetón con +zamarra, chaleco rojo y polaina de cazador, blandiendo una espada, +único signo de su jerarquía de oficial en aquella desalmada tropa, y +encarándose con Marcela, descompuesto y groserote, le gritó con acento +valenciano: + +—En Mas Nuevo, la semana pasada, te dije que si te volvía a encontrar, +te fusilaba. ¿A dónde vas ahora? ¿Quién es este vejete? + +—Voy a donde quiero, y este señor es quien es. + +—No eches roncas... Mira, Marcela, que me tienes frita la sangre, y si +te desmandas, cumplo lo que te ofrecí. + +—¡Salvaje, mátanos cuando quieras! —exclamó Marcela con tanto desdén +como energía, lanzando un rayo de sus ojos—. Delante de las bocas +de tus fusiles, yo y estos santos varones te decimos: ministro de +Satanás, toma nuestras vidas, que Dios recogerá nuestras almas. ¿Ves +estos hombres humildes; ves este anciano, de la primera nobleza de +Aragón, que abandona su casa y honores por amor a la penitencia y +los trabajos? Pues ni él, ni yo, ni los demás, tememos la muerte. +Moriremos, ¿verdad don Beltrán? Moriremos alegres, pidiendo a Dios que +perdone a nuestros verdugos. + +Tales manifestaciones de santidad heroica, y la tosquedad siniestra +que vio impresa en el rostro del cabecilla, persuadieron a don Beltrán +de que había llegado su última hora. Miró en derredor suyo buscando +a Tomé. Lamentaba que la vida juvenil de su escudero fuese también +sacrificada en aquel lance. Pero el despabilado chico, al dar aviso +a su amo de la presencia de los facciosos, y antes de que estos se +acercaran, desapareció como un ave en la cercana espesura. + +El bárbaro capitán contestó a las provocaciones de Marcela con estas +palabras: + +—Pues te juro que habremos de daros gusto. Solo que como no tenemos +aquí capellán que os confiese, forzoso será llevaros al pueblo. Y +puesto que todos sois santos, preparaos unos con otros... Ea, en marcha. + +—¿A dónde nos lleváis? —preguntó don Beltrán, que con el ejemplo de la +monja procuraba reforzarse de serenidad y entereza. + +—A La Codoñera. + +—¡Pues a La Codoñera! Y ojalá estuviéramos, a cuatro pasos de ese +pueblo donde hay capellán, que ya nos pesa el cuerpo, ya nos pesa la +vida, como hay Dios. + +Era el capitán un hombracho hermoso, atezado de rostro, gallardo de +postura, vestido con cierta bárbara elegancia de buen ver. Mandó a los +prisioneros que se pusieran en camino, los dos enterradores delante, +entre la tropa de vanguardia; detrás, junto a él, Marcela y don +Beltrán. No debía de ser hombre tan fiero como Urdaneta creyó en los +primeros momentos, porque aproximándose a la peregrina por la izquierda +de esta, le dijo: + +—Todo esto te pasa porque quieres. Sabes que te estimo. Marcela, +quédate conmigo, que más has de valer señora sentada que de monja +andariega. + +—Monstruo, prefiero que me maten de un tiro a morirme de asco... +—replicó la religiosa sin mirarle—. No te acerques a mí. + +—Me da la gana de acercarme, y te digo que si haces lo que te +propuse la semana pasada en Mas Nuevo, serás feliz; vamos, que no te +arrepentirás de ser mía, y se te quitarán de la cabeza esas murrias del +misticismo. + +—En verdad te digo, Nelet, que los escarabajos, salamanquesas y +cucarachas que adornan el trono de inmundicia de Satanás, son menos +asquerosos que tú. + +—Y yo digo que los ángeles negros, que negros los hay también, son +menos bonitos y menos salados que tú... ¿Qué ojos hay como los tuyos? +¿Qué boca se iguala con ese panal de santa miel? ¿Pues y ese cuerpo que +debajo de las estameñas se cimbrea como un junco con carne? Marcela, +si has olvidado que eres mujer, yo haré que lo recuerdes y te alegres +de recordarlo. + +—¡A matar pronto! Abra el dragón sus fauces, y tráguenos. Extienda el +buitre su garra, y destrócenos. Somos de Dios, y a Él van nuestras +almas. + +—Si no me das la satisfacción de tenerte a mi lado, me consolaré con el +goce de fusilarte... Es un gusto, créelo, un gusto fusilar a quien se +ama; así sabe uno que no ha de ser para otro... y ver ese lindo cuerpo +retorciéndose... y luego cogerlo uno, y meterlo en el hoyo y agasajarlo +con tierra... + +—¡A matar, a matar pronto! —repitió Marcela, iluminado el rostro, la +boca seca—. Morir por Dios, morir en la pureza, viendo cómo el alma se +aparta de tanta inmundicia, es la mayor gloria... + +—Bueno es que el señor capitán entienda que no somos espías —dijo don +Beltrán, que al ver los afectos amorosos del cabecilla empezó a cobrar +esperanzas—. Nosotros íbamos por aquí a nuestros asuntos de penitencia +y a practicar las obras de misericordia. + +—¡Por Dios, no sea usted cobarde, don Beltrán! —dijo Marcela viva y +colérica, dándole tan fuerte pellizco que le hizo ver las estrellas. + +—¡Hija!..., ¡ay! Pues bien valiente que soy, ya lo ves... ¡Ay!, tus +dedos son tenazas. Me has arrancado un pedazo de carne. ¡Si yo también +quiero que me fusilen!... Pero, francamente, si hemos de morir, +suprimamos los pellizcos. + +Antes de llegar a La Codoñera, se les unió el grueso de la partida. El +jefe, que debía de ser de graduación equivalente a la de comandante o +más, examinó a los prisioneros. + +—¿Es usted Peinado? —le preguntó don Beltrán plegando los ojos y +aproximándose—. Si es Peinado, no extrañe que por causa de mi corta +vista no le reconozca. Fuimos amigos hace años. + +—No señor, no soy Peinado: soy Tena —dijo el cabecilla, hombre pequeño +y vivo que no carecía de formas corteses—. Peinado está con el general +en jefe. + +Y volviéndose luego a Nelet, le dio órdenes: + +—Llévales contigo, pero no entres en La Codoñera. Por el atajo te +corres esta tarde hacia Belmonte, y de allí, sin parar, a Valderrobres, +donde me juntaré contigo mañana temprano. Yo tomaré la vuelta de +Torrecilla, a ver si cojo la columna del marqués del Palacio... A estos +cuatro simples no se les fusila. Si ella no fuera hembra, y ellos unos +vejestorios, les daríamos cincuenta palos... Eso les vale. Llévales a +Valderrobres, y yo les recogeré allí. Ya sabes que me dijo don Ramón +que si otra vez cogíamos a esta saltamontes, se la lleváramos. Quiere +conocerla. + +No se habló más, y en marcha todo el mundo. Muy entrada la noche, +llegaron los prisioneros de Nelet a Valderrobres; y aunque en el +camino se les había dado algún reparo de alimento, don Beltrán no +podía tenerse de hambre y fatiga; los huesos le dolían como si se los +hubieran machacado; pero más que la molestia física le agobiaba la +desesperación, resultante del tristísimo fin de su loca aventura. + +«Tenía razón Estercuel —decía desplomando su humanidad sobre el suelo +de un establo vacío en que les encerraron—. En plena Edad Media. +¡Maldita sea la tal Edad Media y el perro que la inventó!... Esto es +horrible, Dios mío... A tal desastre me ha traído una vana ilusión, +más propia de niño inexperto que de anciano sesudo... ¿Y cómo salgo +yo ahora de esta cisterna en que me ha precipitado mi desatino? ¿Cómo +me libro de estos cafres?... ¡Para que me fíe otra vez de santos y de +peregrinas, de monjas milagreras que entierran ollas! Esta tarasca me +ha perdido, y ahora no será ella quien me salve... Merezco, sí, lo +que me pasa, por codicioso, por crédulo, por niño... chocho... ¡Ay de +mí! ¡Vaya una vejez, vaya un fin de la existencia! ¡Yo que vine por +proveerme del pan de la vida, y ahora me veo prisionero, amenazado de +muerte, envilecido entre esta canalla, y teniendo que aguantar sus +groserías...! Me pegaría si no estuviera en tal estado, que no caben ya +más dolores en mi cuerpo miserable...». + +Esto se dijo, procurando el descanso. Por suerte suya, aproximáronse +a él los otros viejos, y acumulado el calor de todos, hallaron alguna +defensa contra el frío. Por el opuesto lado se arrimó después Marcela, +que sentadita rezaba en alta voz, hasta que don Beltrán, incomodado +del sonsonete, le dijo: + +—Rece para sí, hermana, que los viejos necesitamos dormir. Sabe Dios +qué mañana nos espera. + +Y a la madrugada, sintiendo el prócer un gran peso que le oprimía, y +comprendiendo que era el cuerpo de la santa mujer, que en el abandono +del sueño se caía de aquel lado, le dijo: + +—Suspéndase un poco, hermana, que me agobia todo el lado izquierdo y no +puedo respirar. + +Retirose la monja lamentándose de haberse dormido, pues su ánimo era +velar la noche entera, y se aprovechó del empujón de don Beltrán para +despabilarse y continuar sus rezos. + +Lleváronles al otro día muy de mañana por el desfiladero de Beceite a +salir a la Cenia, camino endemoniado, propio de cabras y guerrilleros. +Intenciones tuvo don Beltrán de pedir que le arrojaran en el camino +para que se lo comieran los buitres, o que le fusilaran de una vez, +pues así se acababan sus martirios. Compadecido el capitán Nelet, que +no era mal hombre, aunque de genio harto arrebatado, le dio de comer, +socorriole además con un trago de aguardiente, y por fin, le atravesó +sobre la carga de una mula que llevaba sacos de forraje. Marcela +continuaba a pie, y a ratos se aproximaba al anciano para dirigirle +estos o parecidos consuelos: + +—En opinión del beato padre san Juan de la Cruz, tratándose de +trabajos, cuanto mayores y más graves son, tanto mejor es la suerte del +que los padece. + +—Déjame a mí de padres beatos de la Cruz —le contestó Urdaneta—, que la +que tengo sobre mí pesa bastante... ¿Cómo quieres que me alegre de esta +situación? Dime que me resigne y hablarás con seso... + +Al cansancio y tristeza de tal viaje, uníase el temor de que la columna +carlista encontrase otra de la reina, y rompieran el fuego cogiendo en +medio a los infelices que no habían hecho armas ni por Carlos ni por +Isabel. Dos días pasaron en esta ansiedad sin que nada de particular +ocurriese; y al ver que descendían con precaución por ásperas +pendientes, don Beltrán, sin poder apreciar por sí mismo el territorio, +entendió que iban hacia la Plana. En una aldehuela poco distante de +Albocácer, se agregaron a una numerosa tropa carlista, que más que +columna era ya división, y allí tuvo el pobre anciano la suerte de +encontrar un alma compasiva, un capellán que sin conocerle, o más bien +reconociéndole por su traza y modo de hablar caballero de nacimiento, +le prodigó atenciones y cuidados, acomodándole al fin en un carro de +provisiones, donde el pobre señor se creía transportado del infierno a +la gloria. + +«Dios no desampara a los buenos —se dijo—, y yo soy bueno, aunque +otra cosa crea esa bigardona volandera que ahora se empeña en meterme +monje del Císter. Yo no hice nunca mal a nadie, como no fuera a mí +mismo... ¡Fraile yo! ¡Y me da a escoger entre la cogulla y una miseria +deshonrosa!... ¡Vive Dios!, que puesto en tan horrible dilema, no sé a +qué carta quedarme». + +Completó el capellán sus atenciones con la constante compañía, de que +sobrevino una real amistad. Llamábase Mosén Putxet, y era tortosino, un +sí es no es ilustrado y muy corriente en todo. Contole que en aquellos +días habían trabado pelea, en los campos de Torreblanca, Cabrera y +Borso, llevando este la mejor parte. No cerradas aún las graves heridas +que en Torre de Arévalo le pusieron a la muerte, Cabrera recibió +un balazo en el muslo. A su serenidad y arrojo debió la salvación. +Retirada su gente a Cuevas de Vinromá, el caudillo se ocultó en la casa +del cura de La Jana, donde permaneció algunos días en lastimoso estado, +febril, exangüe. La suerte suya y de sus tropas fue que Borso no supo +aprovecharse de la victoria, y con su inacción dio tiempo a que Cabrera +se curase, como él lo hacía siempre, de prisa y corriendo; a que en el +lecho dictara disposiciones para rehacer su ejército; a que este, con +ligereza inaudita, le secundase, marchando de nuevo en busca de nuevos +triunfos, con su general a la cabeza, llevado en parihuelas. + +—Por lo que usted me dice, nos encontramos en el cráter de un volcán +—observó Urdaneta—, y estoy a punto de presenciar sangrientas batallas. +Sea lo que Dios quiera. Sin duda es su voluntad que acabe yo mis días +en medio de estos horrores. + +—A todo se acostumbra uno —le dijo Putxet—. Mire: los primeros días +no podía yo habituarme a la guerra; pero ya me voy haciendo a tales +crueldades, y pienso que Dios las consiente para que venga pronto el +triunfo de su religión santísima. + +No se atrevió el ladino viejo a manifestar al capellán lo que sobre +esto pensaba, temeroso de perder su amistad, que en aquella triste +aventura érale tan provechosa. Pasaba don Beltrán en vela las noches, +y gran parte del día durmiendo, sin que supiera por qué adquirió en +la molicie del carro esta costumbre. Una tarde, hallándose en letargo +dulcísimo, después de comido y bebido con cierto regalo, soñó con +terremotos, incendios, erupciones de volcanes. Despertando de súbito, +hirió sus oídos horrísono estruendo de tiros, y echando la cabeza fuera +del toldo, vio que en una loma cercana estaban batiéndose facciosos y +cristinos. Ellos debían de ser; mas no distinguía el pobre señor las +boinas y morriones. Vio, sí, los fogonazos, y oía el murmullo de la +pelea, como la reventazón contra peñascos de las olas embravecidas. + +Parado su carro junto a otros, poca gente vio Urdaneta en su derredor. +Tras el pánico primero, una esperanza risueña animó el afligido +corazón del anciano. ¡Si resultaba que la división o columna cristina +que allí peleaba era la brigada de Borso, y obtenía la victoria; si +resultaba que en dicha columna venía _Mero_, y _Mero_ quedaba ileso, +qué felicidad! Muy hermosas eran estas ideas para que la realidad las +confirmase. Al ponerse el carro en movimiento, creyó Urdaneta que los +carlistas se pronunciaban en retirada. Mas, ¡ay!, era lo contrario. Los +cristinos abandonaban sus posiciones, y los facciosos iban sobre ellos +ebrios de furor. Así lo comprendió por las voces que de lejos venían, +por la alegría que en derredor suyo estallaba... El carro avanzó a +retaguardia de los batallones victoriosos, y a poco vino la noche. +Pararon. Urdaneta preguntó: + +—¿Dónde estamos? ¿Cómo se llama el lugar donde se ha dado esta batalla? + +Respondiéronle con una retahíla valenciana, de la cual no sacó nada +en limpio. A poco de la parada, y cuando repartían el rancho, oyó +entre ásperas voces del dialecto alguna castellana que anunciaba el +fusilamiento de los prisioneros del ejército vencido. A don Beltrán +se le erizó el cabello, y recostándose sobre los sacos, se hizo un +ovillo... «Que me fusilen también a mí, Señor, y así acabarán mis +sufrimientos». Pasado un rato, un extraño ruido le hizo abrir los +ojos. Vio a lo lejos fulgor de antorchas; sonaron luego disparos, una +descarga... después otra y otras, a las que siguió un lúgubre silencio. +«¡Pobre _Mero_! —murmuró el anciano—: que Dios te acoja en su santo +seno». + +Al poco llegó Mosén Putxet, y subiendo al carro, donde tenía las +alforjas, dijo a su amigo: + +—Estoy rendido; no puedo más. Cada lance de estos es para mí una +enfermedad grave. + +Y sacando de las alforjas el buen repuesto que llevaba, invitó a su +compañero a participar de la cena. Excusose el prócer con su falta +de apetito, y el otro, declarándose también inapetente, afirmó que +sin gana tenía que alimentarse, so pena de hallarse al día siguiente +desfallecido. + +—¡A dieciséis he tenido que confesar! —dijo con dolorido acento—. Esto +es muy triste. Las leyes de la guerra, implacables, lo conceptúan +necesario... para asegurar el triunfo del trono legítimo y de la +religión veneranda... Hace usted mal, amigo mío, en no tomar algo. No +se puede abandonar la nutrición del cuerpo. Verdad que usted, si ahora +no tiene gana, a cualquier hora de la noche tomará lo que guste. Yo, +pasadas las doce, no puedo, porque tengo que decir misa. Mañana es +domingo: por eso se ha determinado que la _aplicación de los castigos_ +se efectuara esta noche... ¡Cruento sacrificio! ¡Maldita guerra! ¡Que +sea necesaria la destrucción de vidas para llegar a la paz, y la +injusticia para llegar a la justicia, y la crueldad para llegar a la +benignidad!... Como usted ve, tengo que alimentarme. Son muchas horas +desde las doce de la noche a las diez de la mañana, hora de la misa de +campaña... + +Terminada la cena, no tardó el capellán en dormirse. Don Beltrán +velaba; veló hasta el amanecer, engolfado en severas reflexiones. En +tan triste noche, precursora de días más tristes, el viejo aristócrata, +despreciando a su amigo, se sintió religioso, profundamente religioso. + + + + +XII + + +Al amanecer, cuando empezaba a conciliar el sueño, le llamaron... Creyó +al pronto que iban a fusilarle, y dijo: + +—Vamos, estoy pronto. Acabemos de una vez. + +No tardó en enterarse de que le mandaban a desempeñar una obligación +harto triste: enterrar los muertos de la hecatombe de la noche +anterior; y si el primer impulso de su orgullo y dignidad fue rechazar +colérico un cometido tan impropio de su categoría, luego dejó lugar el +orgullo a la conformidad cristiana que había criado en su alma con las +meditaciones del pasado insomnio, y dando un gran suspiro, dijo: + +—Vamos a donde ustedes quieran. Merezco esto y mucho más: seré +sepulturero. + +La idea de que entre los cadáveres podía encontrar el de Baldomero +Galán, hizo flaquear un momento su entereza; pero logró rehacerse con +estas consideraciones: «Si está, ¡qué puedo hacer más que llorarle! +Contra los hechos, dispuestos o consentidos por Dios, nada podemos. +Enterraré al pobrecito _Mero_, alférez y mártir». + +Terrible duelo y consternación produjo a don Beltrán la vista de los +dieciséis cadáveres ya desnudos, rígidos en sus violentas contorsiones; +y como no podía reconocer al que buscaba sino acercándose mucho, a +todos les fue observando uno por uno, y tocaba los fríos rostros. Eran +jóvenes, lozanas existencias destruidas bárbaramente en la plenitud del +vigor. + +«No está _Mero_ —pensó, sintiéndose aliviado de un gran peso—. ¡Pobres +muchachos! ¿Por qué se les ha quitado la vida? España se desangra, +España se aniquila. Asisto al suicidio de una nación. Sepultémosla en +su propia tierra...». + +Cogió el azadón que le destinaron, y se puso a cavar tan tranquilo. La +resignación, con este humilde trabajo, fue ganando más y más espacio +en su alma, y con ella la certidumbre de que sus desdichas venían +del cielo y eran el contrapeso lógico de una vida de disipación y +goces. Junto a él vio que cavaban los dos sepultureros de la compañía +de Marcela; pero ni ellos le hablaron, ni don Beltrán les dijo una +palabra. Abiertos tres hoyos de gran capacidad, fueron cogiendo muertos +y arrojándolos dentro, unos sobre otros, y después rellenaron y +apisonaron. + +«Yo creí —pensó Urdaneta cuando concluían— que esto me impresionaría +horriblemente. Pero a todo se acostumbra uno. Me desayunaría yo ahora +mismo, si me dieran con qué...». + +A su carro se dirigía con esperanza de encontrar las alforjas de Mosén +Putxet, cuando le mandaron al campo donde se diría pronto la misa. +«Pues a misa», murmuró, declarándose pasivo, dispuesto a cuanto le +mandasen. + +En el campo habían puesto el altar, al pie de un soberbio algarrobo, +vestido de espléndido follaje. El sol relumbraba esparciendo claridad +y alegría, y picaba más de la cuenta. Del Mediterráneo, que no se +veía, pero se adivinaba, venía una brisa suave y consoladora. Las +tropas formaban para oír misa; los jefes, a caballo, ocuparon su +puesto delante de los cuerpos. Allí vio don Beltrán al cabecilla +Forcadell, uno de los lugartenientes de Cabrera, y general de una +potente división. Su rostro inflado, risueño y de hombría de bien, +lo mismo podía ser de canónigo que de mayoral de diligencias. Pesaba +sobre un poderoso alazán; vestía zamarra peluda, chaleco blanco +abotonado hasta el cuello; la boina era de gran vuelo, blanca con fleco +dorado. De una tienda de campaña salió Mosén Putxet revestido: eran +acólitos dos granaderos del 1.º de Tortosa. Oyó la misa don Beltrán +con recogimiento, en el sitio que le designaron, y no lejos de sí, por +delante, vio a Marcela de rodillas y a los dos sepultureros. Cuando +alzaban, entre el estrépito de cornetas y tambores, el recuerdo de los +pobrecitos que había enterrado le distrajo un poco de su devoción. +Mas rehaciéndose, a punto que se santiguaba, decía para sus adentros: +«Diablos de la guerra, mucho tenéis que llorar por vuestros crímenes +para que _Ese_ os perdone». + +De vuelta a su carro, Urdaneta preguntaba: + +—¿Pero dónde estamos? ¿Es esta la Plana de Castellón? + +Y sin enterarse de la respuesta, tendiose de largo a largo, y comiendo +de lo que le dio el buen Putxet, pronto se quedó dormido. Por la +noche, el zarandeo del carro era fuerte y molesto, señal de que iba +de prisa por ásperos declives... A la madrugada vadearon un río de +escaso caudal. La división, dotada de extraordinaria presteza de pies +y pezuñas, avanzaba tragándose las leguas. Al día siguiente, vio +don Beltrán un pueblo que llamaban Olla; después otro que nombraban +Chestalgar o cosa así. A la siguiente media noche pararon. Creyó +notar Urdaneta que se juntaba más tropa; no cesaban de sonar tambores +y clarines. Salió a estirar las piernas y dar un paseo... Putxet, +cuando se retiró a dormir, díjole que estaban cerca de Buñol o cerca +de Siete Aguas, no lo sabía con certeza, y que don Ramón, acompañado +de Llangostera, había venido a conferenciar con Forcadell. Al amanecer +oyose tiroteo por la parte que el noble cautivo, mirando las estrellas, +estimó como Levante. Por allí avanzaba una división cristina. Serían +las ocho cuando, no don Beltrán, que apenas veía, sino Putxet y otro +clérigo que con él estaba, observaron que las tropas de la reina, +vigorosamente atacadas en terreno desfavorable, se desbandaban; +que luego se rehacían reforzadas por su caballería... El tiroteo +se generalizó, llegando a ser continuo por la zona del sur... Dos +batallones carlistas salieron corriendo como demonios a embestirles por +el flanco. + +—¿Qué pasa, qué pasa, amigo Putxet? —preguntaba don Beltrán. + +Y el clérigo le dijo gozoso: + +—La caballería no les vale esta vez... Allá va como deshecha y +desmoralizada... ¡Qué victoria, ¡_pacho_!, qué victoria!... + +Sobrevino luego un incidente que determinó cierta indecisión... Fuerzas +carlistas retrocedieron. Los carros tuvieron que alejarse. De la otra +parte empujaban con furia. + +De pronto vieron venir un gran tumulto, muchos jinetes que no corrían, +volaban, los ágiles corceles saltando zanjas y cercas, desmandados, +locos. Frente a ellos, en un caballo blanco, venía un hombre vestido +de colorines. Al pasar el jinete junto a la impedimenta, vieron +los que allí estaban su rostro, harto parecido al de un gato, los +ojos flamígeros, la color verdosa, henchida la nariz, como si las +ventanillas de ella quisieran rasgarse para dar paso al aliento. Su +capa blanca con vueltas rojas sujeta al cuello, ondeaba como una +bandera. En la mano blandía la espada; se le oía claramente gritar: + +—_Per asi, fills meus... Seguidme... Els destrosarem... ¡Viva Carlos V! +¡Mueran eixos pillos, cobards!..._ + +La tromba, que tal parecía, de innúmeros caballos seguidos de tropel de +infantería, describió un vasto círculo por la llanura. Cuando se alejó, +la nube de polvo que levantaba impidió ver dónde había caído. Oyose un +chasquido formidable, como un desgarrón de masas enormes... Los carros +hubieron de alejarse más, metiéndose en una hondura desde donde poco se +distinguía. + +—Este don Ramón es tremendo —gritaba Putxet alzando los brazos al +cielo, ebrio de gozo—: menuda paliza les está dando. No quedará uno +para contarlo. ¡Viva el trono legítimo, señores! Esta brillante +jornada nos abrirá las puertas de la hermosa Valencia, de la reina del +Turia... Vean... ya se disipa el polvo: por allí van desbandados los +de Isabel... distingo perfectamente los morriones... ¡Hola, hola! La +caballería parece que quiere volver grupas y hacernos cara... Ya es +tarde, ¡_pacho_!..., ya es tarde. Don Ramón, que es el dios Marte en +persona, les da una carga horrorosa, y se deja caer sobre el propio +Buñol... Adelante, valientes. ¡Viva la Virgen de los Desamparados, +nuestra Madre! + +Con estas exclamaciones, de un entusiasmo pueril, iba señalando el +clérigo las peripecias del combate que desde allí podían apreciarse. +Hacia el mediodía todo el ejército carlista iba sobre Buñol, +persiguiendo a los liberales fugitivos. + +—Me estoy temiendo —dijo Putxet a su amigo tomando un piscolabis en la +carreta en marcha— que tendremos función esta tarde... Sería yo muy +dichoso si, variadas las condiciones en que hoy se hace la guerra, +diéramos cuartel. Es ciertamente más humano perdonar al vencido, +¿verdad? + +Llegados a la Venta de Buñol, se procedió con método, parsimonia +y naturalidad a fusilar a veintisiete oficiales y sargentos. +Afortunadamente para Urdaneta, no le mandaron a enterrar. Oyó los +tiros, vio llegar a su amigo desconcertado y melancólico, y nada más. + +Dos días después, sabedor Cabrera de que una columna cristina andaba +por Alcanar, mandó contra ella a Llangostera, que la deshizo y fusiló +victorioso todo lo que quiso. Enterado también el fiero caudillo de +que el capitán general de Valencia había salido hacia Castellón con +fuerzas para relevar las guarniciones del Maestrazgo, mandó a la Plana +al _Serrador_, y desplegando una actividad increíble, prodigiosa, +organizó al propio tiempo la expedición de Forcadell a Orihuela. No +satisfecho aún con la victoria de Buñol, y habiendo recogido armas y +caballos, amén del fruto de las depredaciones en país tan rico, se fue +hacia Requena, simulando un amago a esta ciudad; mas no se detuvo hasta +Utiel: establecido allí su cuartel general, apresurose a fortificar la +posición. + +Estaba de Dios que en aquella parte de su cautiverio se agravaran las +desdichas del noble don Beltrán, obligándole Dios con esto a mayor +acopio de paciencia; su amigo, el buen Putxet, se separó de él antes de +llegar a Requena, agregado a la expedición que invadir debía la tierra +de Alicante, y ya no disfrutó el pobre viejo el beneficio del carro +sino en contadas ocasiones, viéndose obligado a llevar peonilmente la +carga de sus añosos huesos. Sacando fuerzas de flaqueza pudo llegar a +Utiel, el calzado roto, los pies llagados, molido y hambriento, harto +de trabajos, incomodidades y miserias. Pero le bastaba considerar que +más había padecido Cristo por nosotros, para sacar alientos de su +propio desmayo y prepararse a mayores infortunios. + +Metiéronle en un zaguán húmedo, y de allí le pasaron a una bodega, con +salida a un jardinillo petiseco, cercado de tapias; le acompañaban los +dos enterradores. De Marcela, ni estos ni don Beltrán sabían dónde +había ido a parar. En el piso alto de la misma casa se alojaba, con +otros oficiales, el capitán Nelet, que viendo desde el balcón a los +viejos sentados en el jardinillo, tomando el sol, dijo a sus amigotes: + +—No sé para qué nos traen acá tales estafermos. Son tres bocas y ningún +hombre. O fusilarles, en el caso de que se compruebe que son espías, o +echarles a un camino para que se mantengan de limosna. + +Como don Beltrán mirase para arriba, y con lastimero acento dijese que +lo mismo le daba a él la muerte que la mendicidad, mandole Nelet que +subiera; obediente el anciano subió la escalera con paso lento, tomando +resuello a cada cuatro peldaños, pues no podía de otro modo, y fue +recibido en una sala por el dicho Nelet y otros dos tagarotes. Entró +Urdaneta con digno continente, descubriéndose, y permaneció en pie +esperando las órdenes de aquellos bárbaros. Nelet, apoltronado en un +sillón, y rascándose las pantorrillas, le dijo: + +—¿Es cierto que es usted de la aristocracia? + +—Si, señor: me honro de pertenecer a la primera nobleza de Aragón. + +—¿Es usted marqués? + +—Mis títulos son los señoríos de la Torre de Albalate, de Olid, con +grandeza, de... + +—Acabe usted, hombre, con esa letanía... Pues mire: de algún modo ha +de ganar el pan que le damos. + +Diciendo esto, se quitó las botas llenas de cuajarones de barro, y +alargándolas al prócer, le dijo: + +—En aquel cajón hallará usted cepillo y betún. Me las pondrá como un +espejo. + +Permaneció un instante don Beltrán con su mano extendida hacia las +botas, inmóvil y rígido, empeñada su voluntad en terrible lucha +entre dos movimientos: o coger las botas y estamparlas en la cabeza +del grosero y estúpido capitán, o resignarse a tanta humillación +y aceptarla por los méritos de Jesucristo. Prevaleció este último +intento, y recibió con noble pausa las botas, recogiendo luego los +adminículos de embetunar. + +—¿Fuma usted? —le preguntó Nelet, haciéndole retroceder desde la puerta. + +—Sí, señor. + +Le ofreció un cigarrillo, y pareciéndole poco, le dijo: + +—Tome usted más, para sí y sus compañeros, que la vejez entretiene sus +tristezas con el tabaco. + +—Gracias. + +Y bajó el anciano tan gravemente como había subido, escalón por +escalón, sin decir nada, casi sin pensar nada... + + + + +XIII + + +Ya por despistar a los cristinos, ya por otras razones o ardides +estratégicos, determinó Cabrera fortificar a Utiel, y lo primero en +que puso mano fue el convento o colegio de Escolapios y la iglesia +parroquial, gótica, de buena y sólida fábrica. Para despejar las +inmediaciones del primero de aquellos edificios, mandó demoler varias +casas y cortar todos los árboles de una alameda que al camino salía. +Empleáronse en tales obras noche y día multitud de hombres, y no hay +que decir que el señor de Albalate y los dos ancianos fueron aplicados +a este trabajo. Vierais allí al primer noble de Aragón descargando +hachazos en los añejos troncos. Por primera vez en su vida era +leñador, oficio que le pareció menos innoble que el de sepulturero +y limpiabotas. El sargento que les mandaba y dirigía era por demás +insolente y grosero, de estos que se envalentonan con los humildes. +Grande era la resignación de Urdaneta, que se había propuesto tomar +por modelo al patriarca Job; mas hubo ocasiones en que se vio a dos +dedos de perder su pasiva actitud, por la fuerza explosiva de la +dignidad aristocrática, que romper quería sus cadenas, atropellando +paciencia, humildad y cristianismo. Viendo que aquel bruto abofeteaba +inhumanamente a dos infelices que no habían entendido sus órdenes, +o que por exceso de fatiga se mostraban perezosos, sintió el prócer +vibración en todo su ser, efecto de la honda crisis o lucha de +opuestos sentimientos, y se dijo: «Haré un esfuerzo sobrehumano por +contenerme si ese gandul pone sus manos en mi cara; pero dudo que pueda +conseguirlo, pues antes de que el corazón se humille, el estallido de +mi dignidad hará que le parta la cabeza de un hachazo». + +Felizmente, con él no se desmandó el bárbaro sargento; no hacía más que +rezongar, dar voces y decir a los viejos: + +—_El que no traballa no menja; que aquí no estem para mantindre vagos._ + +Terribles hambres pasaban los tres al volver rendidos a la bodega y +patinillo en que tenían su alojamiento. Nadie se cuidaba de darles de +comer. El enterrador que hablaba, y que tenía por nombre Pedro Zaida, +salía en demanda de alimentos; no hiciera lo propio don Beltrán, +prefiriendo perecer de necesidad a pedir su ración; el otro, nombrado +Alfajar, tampoco pedía, por carecer de palabra. Así pasaron algunos +días, manteniéndose de mendrugos de pan y de sobras de rancho, que +Zaida recogía en los vecinos alojamientos, hasta que Nelet y los +oficiales del piso alto se apiadaron de la miseria de los prisioneros, +y les mandaban los restos de su comida. En un caldero bajaban la +bazofia; de ella comían los infelices viejos, siendo tan atentos +Zaida y Alfajar que escogían para el señor los huesos vestidos aún de +hilachas de carne, los trozos de comida menos deshechos, y las que +podrían llamarse golosinas, reservándose para sí lo peor. «Hasta en +esta región de miseria bochornosa se encuentran seres delicados, se +encuentran caballeros», decía para sí Urdaneta, renunciando a tales +preferencias, e imponiendo el reparto equitativo de piltrafas. A +menudo, en estas u otras escenas semejantes, rodaban lagrimones por su +cara. Una tarde salieron los oficiales al balcón para verles comer. A +poco llegó el asistente con un pedazo de pastel en un plato y restos de +bizcocho borracho, y entregándolo a los cautivos, díjoles que aquello +mandaban para el señor marqués. Luego volvió el chico con tres puros +y el braserillo para encenderlos. Fumaron, y dieron las gracias a los +señores, que riendo les miraban. Uno de los de arriba decía: + +—Ese marqués del Cuerno paréceme un grandísimo pillastre... + +Don Beltrán calló, no haciendo al deslenguado ni el honor de mirarle. +Luego, a una insinuación de Nelet, que parecía dicha en defensa del +anciano, se retiraron del balcón los oficiales. Volvieron los viejos +al trabajo, que aquel día consistió en arrastrar los troncos hacia +las entradas y puertas de la villa, para armar con ellos estacadas o +parapetos. Cuando Urdaneta llegaba por las noches a su alojamiento y +se tendía en el frío suelo junto a sus amigos, sin más abrigo que las +pellizas de estos; cuando, después de cenar lo que Zaida trajese o de +arriba les mandasen, procuraba embriagar con el sueño sus infortunios, +se le iba el pensamiento a la gran casa de Cintruénigo, la casa de +Idiáquez, y hacía revivir en su mente el edificio y las personas, +la vida toda de aquella señoril residencia. ¡Ay!, lo que allá tuvo +por humillación, era ya como una broma inocente. Modificadas por las +enseñanzas de la realidad sus ideas y opiniones, lo que en Cintruénigo +conceptuaba contrario a su decoro, ¿qué era? Nada en comparación de +la presente ignominia y miseria. Las estrecheces que allá estimó +intolerables, eran abundancias y delicias en parangón de lo de Utiel. +Recordaba con desconsuelo el orden de aquella noble casa, donde todo +estaba a punto, donde nada faltaba para comodidad y regalo de sus +habitantes. + +Y pensando en esto, se le representaba su nieto: le veía niño, tan +cariñoso, tan dulce, tan formalito, tan amante de su abuelo... Era +su propia sangre, encarnación de su nombre y nobleza... ¿Qué haría +Rodrigo si le viese en tan extremada desdicha? La misma _doña Urraca_, +si viese a su suegro, el noble Urdaneta, sufriendo tanta vileza y +oprobio, comiendo sobras y migajas de la mesa de los oficiales, ¿qué +pensaría?... Frente a su conciencia, que severa se encaraba con él, +reconocía el grave error de no tolerar las asperezas o defectos de los +convivientes, para que estos toleraran los suyos. Bien claro veía que +todas sus querellas con la familia eran por motivos que ya se le hacían +vanos, pueriles. Veía también toda la fealdad de su soberbia, causante +principal del malhadado viaje a tierra de Teruel; veía su codicia, +su afán de atesorar dineros, que en su edad provecta casi no le eran +necesarios. Pero amaba el rumbo y quería ser siempre amo y señor, +dispensador de mercedes. ¡Bien le castigaba Dios, y cuán gallardamente +le aplicaba su justicia severa!... Y mirándolo bien, no era Rodriguito +tan digno de menosprecio y rencor. Poseía todas las cualidades que a +su abuelo le faltaban. Actos de verdadera maldad, nadie podía señalar +en él. Y en cuanto a la impertinente, mandona y atrabiliaria _doña +Urraca_, sus defectos no eran motivo para aborrecerla, Señor. + +Estas reflexiones, en que se confundía la turbación de la conciencia +con la dulzura de las memorias de familia, le habrían llevado al sueño +reparador, si no lo estorbaran las picazones de su cuerpo, el sentirse +acribillado por atroces punzadas que parecían mordidas. Daba vueltas a +un lado y otro, y rascándose contra las durezas del suelo, volvían sus +reflexiones a distraerle del acerbo picor. + +«¡Vaya, que si Juana Teresa conociera la cama en que duerme el padre +de su difunto esposo, lloraría de lástima; sí que lloraría!... ¡Ella +que cifra su orgullo en la limpieza ideal de las camas, ella, en quien +más que gusto es manía el tenerlas pulcras, inmaculadas, como las +vestiduras de los ángeles!... No hay en el mundo sábanas y almohadas +como las de mi casa de Cintruénigo: huelen a manzanas, a violetas, a +algo más oloroso que las flores, el aseo... Si Juana Teresa y mi nieto +me vieran en esta inmundicia, llorarían... ¡pobrecitos de mi alma!... y +no solo llorarían de compasión, sino de rabia por no poder remediarlo». + +Salía Cabrera con mil o dos mil hombres, los más de los días, como en +diversión militar, para hostilizar a Requena y figurar su propósito +de ponerle sitio. En una de estas excursiones, al regresar del campo +entrando por la puerta de Caudete, donde se trabajaba para hacerla +infranqueable, apeose del caballo y examinó las obras. Con seca frase +autoritaria hizo la crítica de lo que no le parecía bien; indicó los +defectos y el modo de subsanarlos con el menor trabajo posible. Viendo +avanzar a don Beltrán, que a duras penas sustentaba una espuerta de +tierra, dio algunos pasos hacia él y le preguntó si era el caballero +Urdaneta. + +—Para servir a usted, general —dijo el anciano, mirándole atento y sin +descargarse la espuerta. + +—Lleva usted mucho peso... _Eh, tú, Lleuiset, no carregues masa a eixe +pobre home, qu’es un señor poch acostumat a traballs. Sous molt brutos, +y no teniu ni pizca de criteri ni talent, ¡caramba! Es precis que +sapian distinguir entre un home y un señor. A atres que son burros de +veritat, els traten como si foren señorets, y no teniu llástima d’este +pobre vell, acostumat a anar sobre alfombres_. + +Comprendió el anciano que hablaba en su favor; y como al propio +tiempo le quitaran la pesada carga que llevaba, murmuró una frase de +gratitud. Cabrera no se hartaba de mirarle, fijándose últimamente en +sus pies y en las destrozadas botas. También don Beltrán contempló a +sus anchas al afamado guerrillero, a quien vio por primera vez en el +campo de Buñol, pasando como un rayo al frente de infernal cabalgata. +Reconoció en él la cara de soberbio gato, que ya había visto y quedó +grabada en su memoria: cara triangular, de pómulos salientes, ojos +grandísimos y negros con la ceja corrida, la nariz de mala forma con +las ventanillas siempre palpitantes. Vestía con elegancia y cierta +presunción de originalidad, no escaseando en su ropa los dorados y +relumbrones; la capa blanca con forro encarnado completaba su típica +figura. Con militar saludo se despidió para entrar en el pueblo. Por +la noche, hallándose los tres viejos en el patinillo, comiendo de las +sobras enviadas por Nelet, llegó un ordenanza que se puso a gritar en +la puerta: + +—¿Quién es aquí el marqués?... ¡Eh, marqués! + +—Yo soy, buen amigo —dijo Urdaneta, que respondía por aquel título—. +¿Qué se ofrece? + +—Pues aquí me manda el general con estas botas —dijo el chico mostrando +un par no muy nuevo, pero en buen estado. + +—¡Ah..., ya!..., para que se las limpie... Bien: déjalas ahí. + +—No es para que se las limpie, jinojo, sino para que se las ponga... Ya +veo que le hacen falta. El general le manda estas, que no se pone ya, +y para usted están que ni pintadas; todavía en buen uso. Ya le miró a +usted la pata, y sabe que le vendrán bien. + +—¡Oh!..., ¡Dios! —exclamó el aristócrata, decidiéndose a recoger el +regalo—. ¿Y el general se acuerda de este infeliz?... Dile que estoy +muy agradecido... ¡Oh, botas de la paciencia, de la humillación, venid +a mis pies! + +Y cuatro días después, hallándose en Cheste, emprendida la marcha +sigilosa de todo el ejército hacia el llano de Valencia, fue +sorprendido don Beltrán por un recado del general llamándole a su +presencia en la casa ayuntamiento, donde se alojaba. Allá se fue el +noble viejo, y encontró a don Ramón en una estancia del piso bajo +con trazas de escuela pública, por los cartelones de letras gordas +que colgaban de las paredes. Estaba el caudillo de sobremesa con dos +mujeres guapísimas, de nacarada tez y ojos hechiceros, ataviadas a +estilo popular. Los _caragols_ sobre las sienes, cruzados por ganchos +de oro; el moño de trenzas, atravesado por las agujas, ofrecían el +clásico modelo del peinado valenciano. En sus orejas llevaban los +arcaicos _polques_ de oro con esmeraldas y perlas barrocas, joyas +de apariencia bizantina, y en el cuello hilos de aljófar. Toda la +vestimenta, de tisú, era lujosa y elegante dentro de la más escrupulosa +propiedad. Sin verlas más que como imágenes borrosas, o como bocetos +de admirables pinturas, don Beltrán, olfateando belleza con su +especial nariz de perito en mujeres, las diputó por grandes señoras +disfrazadas de campesinas ricas. Sentábanse a izquierda y derecha +del general, muy arrimaditas; luego seguía un capellán, que parecía +granadero, y al otro lado un cabecilla, en quien, por la facha y rostro +de clérigo afligido, creyó reconocer don Beltrán a Llangostera. + +Sospechó el noble aragonés, no sin fundamento, que Cabrera le llamaba +para mostrarle a sus amigos como un objeto de curiosidad, como un ente +raro, consistente la rareza en el vivo contraste entre tanta nobleza y +miseria tanta. Mas no era este el único móvil del llamamiento: había +otro, que el general expresó después de contestar al cortés saludo del +caballero: + +—Pues le he mandado venir para advertirle que... esté preparado... + +—¿Preparado a qué, general? + +—Haría usted mal en creer que le tenemos aquí por gusto de su +co...mpañía —dijo Cabrera, que hablando familiarmente tartamudeaba un +poco: su lengua, disparándose en articulaciones rapidísimas, tropezaba +a cada instante. + +—¿Para qué debo prepararme, general? + +—El sistema de represalias, que, como usted sabe, es obra de esos +infames cristinos, me obliga a la crueldad, con... contra los +sentimientos de mi corazón. + +—Ya entiendo. Es para fusilarme. Bien preparado estoy. Esta vida que +arrastro, señor, vale tan poco para mí, que el quitármela, más que de +cruel, le acreditará a usted de piadoso. + +—Yo lo siento..., sabe Dios que lo siento. Co...mpadezco a los que me +veo precisado a sacrificar... Me duele, aunque mis enemigos crean otra +cosa y me llamen tigre... Pero yo digo: todas las inocencias del mundo +juntas no valen la inocencia de mi madre. + +—Aunque no temo la muerte, mi conciencia, mi respeto a la verdad, me +obligan a declarar que ni soy espía, ni he venido a esta tierra con +ningún fin político ni militar. + +—Sé que no es usted espía. Me lo ha dicho la monja Marcela, que me +merece crédito... Pero aquí cobramos vidas por vidas, y pagamos muertes +con muertes. ¿No se ha enterado usted de que la división de Iriarte ha +cogido prisionero al hermano del conde de Catí, vocal del Consejo de Su +Majestad en este reino?... Pues en cuanto sepa yo que le han fusilado, +ya está usted de más en el mundo. ¿No le parece que esto es natural, +justo y equitativo? Noble por noble, caballero por ca...ballero. + +Mientras esto decía el implacable soldado, no se oyó una voz, ni un +murmullo, que indicaran protesta contra tanta barbarie, siquiera +compasión. O la costumbre de tales horrores embotaba en hombres y +mujeres todo sentimiento humanitario, o no se atrevían a manifestarlos. + +—¿Puedo retirarme ya? —dijo el viejo sin hacer comentario a la +terrible conminación. + +—Espere un poquito..., y sáquenos de una duda. ¿Es usted marqués de +Sariñán? + +—No, señor: el marqués de Sariñán es mi nieto, por enlace de mi hijo +don Federico con una dama de la casa de Idiáquez. + +—¿Ven como yo acertaba? —dijo una de las mujeres o damas disfrazadas, +por lo que comprendió Urdaneta que habían tenido discusión sobre su +personalidad. + +—Y los títulos de usted ¿cuáles son? —preguntole el clérigo. + +—Soy señor de la Torre y Casa-Fuerte de Albalate, señor de Rubielos, +merino mayor de Monzón, poseedor de varios lugares, fortalezas, +vasallos y pechos en el antiguo reino de Sobrarbe; señor también de +la Puebla de Olid, con grandeza de España, caballero del hábito de +Montesa, maestrante de Zaragoza..., y no sigo por no ser enfadoso a los +que me escuchan... + +—¿No es usted pariente de los Cárceres? —preguntó la otra hembra bonita. + +—Si, señora —replicó don Beltrán, gozoso de oír la dulce voz, cuyo +timbre le sonó a nobleza y elegancia—. Ramón Cárcer, cuarto marqués +de Castelbell, es mi sobrino, y primos de mi esposa son los Borrás y +Mezquita, así como Marianito Zagarriga, marqués de Creixel. + +—Otra cosa —dijo Cabrera, a quien ya parecía enojoso hablar tanto de +nobleza—. ¿Qué tal le tratan a usted en mi cuartel general? ¿Le dan +bien de comer? + +—Señor, un ejército en campaña no puede cuidar del pobre cautivo +inútil, cuya vida no importa a nadie. + +—Yo quiero que sea usted tratado con la co...nsideración que merece por +su categoría... Y si alguno le faltase al respeto, lo que tarde yo en +saberlo tardaré en ordenar que le den cincuenta palos. + +—No vale hoy esta pobre vida que por ella se machaquen los huesos de un +cristiano. + +—_¡Pobre señor! Em dona molta llástima. ¡Y en quina dignitat porta la +seua miseria!_ + +Algo pudo entender el prisionero de lo que la compasiva dama decía, y +su piedad le llegó al alma. En tanto Cabrera le ofreció un cigarro, +que rehusó, porque no solía fumar a tales horas... Instó el general; +insistió la dama, que de manos de su amigo tomó el puro para +alargárselo a don Beltrán. Cuando este salió del aposento, iba como +fascinado por la voz claramente oída y el rostro turbiamente visto de +la beldad, y echaba de menos sus verdes años para corresponder a la +compasión de ella con un amor grande, solitario y sin esperanza, como +aquel inmenso infortunio de su vejez. + + + + +XIV + + +Mejor tratado desde aquel día, el prisionero vio urbanidad y +benevolencia en algunos rostros; pero nada lo maravilló como la +radical mudanza del capitán Santapau, a quien conocía por el familiar +nombre de Nelet. Empezando por mostrarse con él menos esquivo, se +humanizó en un día, en otro se trocaron sus asperezas en afabilidad +cariñosa, y acabó por declarar a don Beltrán su sentimiento de haberle +ofendido y su deseo de trabar con él amistad. Aceptó gustoso este +cambio de actitud el buen viejo, y sospechando que alguna recóndita +intención se traía su flamante amigo, esperó a conocerle mejor para +juzgarle. Respecto al paradero de Marcela, a quien había perdido de +vista desde antes de la acción de Buñol, díjole Nelet que Cabrera la +había mandado encerrar en un convento de monjas, hasta que decidiera +el Vicario general por don Carlos, que actualmente se hallaba en +Navarra. A juicio de Cabrera, no era decoroso ni ejemplar que una +señora religiosa anduviese al zancajo por los caminos, suelta de +toda disciplina; pero Santapau no participaba de esta opinión, +pues las benedictinas de Sijena estaban exentas de clausura, como +había declarado nada menos que el concilio de Trento. Conocedor del +monasterio y de su poética historia, el capitán había estudiado +el asunto, y podía demostrar a su jefe la razón y derecho con que +peregrinaba la santa señora y esposa de Cristo, Marcela Luco. + +—Bien, hijo, bien —dijo don Beltrán, barruntando a dónde iba a parar +el guapo Nelet—. También yo veo con simpatía la libertad monjil, y +en este caso la creo muy acepta a los ojos de Dios, pues, si no me +engaño, Marcela corretea en seguimiento de intereses que quiere aplicar +a grandiosas fundaciones pías, para mayor esplendor de la fe y de la +Iglesia. + +Decían esto camino de Valencia, como a tres leguas de Chiva, donde +habían pernoctado. Las intenciones de Caín llevaba Cabrera en +aquella marcha, pues informado por sus espías de que los restos de +la división de Crehuet, derrotada tres días antes en Buñol, andaban +por aquel término, iba en su seguimiento, bien afiladas las uñas para +destrozarlos. ¡Espléndido país aquel, hermoso cielo, alegres campiñas, +que aun en invierno dan testimonio de su fecundidad! Aspiraba don +Beltrán el templado aire que por el aliento metía en los cuerpos la +vida, la esperanza, el contento del vivir; que duplicaba el vigor de +los jóvenes, y a los viejos les aliviaba el peso de los años. Pensaba +que aun para despedirse de la existencia es bueno un suelo feraz, un +ambiente templado, una tierra pródiga en flores y frutos. + +Los mil doscientos cristinos de infantería y el escuadrón de Lanceros, +que, con los milicianos de Valencia y Liria, habían recibido órdenes +de concentrarse en la capital, marchaban confiados, mal dirigidos, +desconociendo con angelical inocencia el país que pisaban y el enemigo +que tan cerca tenían. Como unos borregos de Dios se entregaron al +descanso en un pueblo llamado Pla del Pou... Cuando más descuidados +estaban, vieron encima la caballería carlista. No les dio tiempo ni +para tomar posiciones, ni siquiera para escapar con algún orden. No fue +batalla, fue una carnicería sañuda: desordenada la caballería cristina, +se enredó en ella la infantería, como una deshecha madeja en las patas +de un animal que da vueltas sobre sí mismo. Los carlistas no combatían; +mataban a su gusto y satisfacción. Los liberales no eran soldados, +sino reses. Algunos de a caballo pudieron escapar; los pistolos que +no perecieron en la matanza, entregáronse a discreción, para que los +matarifes hicieran de ellos lo que quisiesen. Por de pronto, allá iban +todos, prisioneros y vencedores, hacia Valencia, y ya que para embestir +a esta grande y fuerte ciudad no tenía Cabrera poder bastante, se +plantó en Burjasot, lugar cercano, para verla al menos y que ella le +viese. Aunque de escaso relieve, la eminencia en que está fundado aquel +pueblo es como atalaya que domina la huerta feracísima, y a lo lejos +el apretado caserío de la ciudad, guarnecida del verdor perenne de los +naranjos, y destacando sus torres y chapiteles sobre una espléndida +faja de mar azul. + +Tan contentos llegaron a Burjasot los soldados del absolutismo, que +no pensaron más que en celebrar su triunfo con la vena de abundancia +que aquella lozana tierra les ofrecía. Guerreros infatigables que +devoraban leguas y corrían de una comarca a otra con presteza gatuna, +traían hambre atrasada. El país donde comúnmente operaban, Maestrazgo, +desierto de las Palmas, riberas del Palancia y Mijares, riberas del +Guadalope y Río Martín, puertos de Beceite y de Ademuz, estaban ya +esquilmados. Valencia era el oasis, la frescura, el descanso, la vida +plácida con regalos mil. No fue de iniciativa de Cabrera, como se ha +creído, el festín de Burjasot; fue idea de algunos jefes, y de la +oficialidad y subalternos, que ya anhelaban comer y beber sin tasa +para reponer el cuerpo de tantas fatigas. Bien se lo habían ganado: +lo menos que podían hacer era consagrar un día, unas horas a dar a +sus cuerpos algún goce de gula, pues todo no había de ser marchas, +hambres y sofoquinas. Pedido permiso al general, este lo dio de buena +gana, porque si sabía utilizar hasta la última tira de pellejo de sus +soldados, también gustaba de que se divirtiesen y solazaran cuando la +ocasión lo permitía. + +Parte del vecindario invadió el campamento, metiéndose entre la tropa. +Iban unos por afecto a la causa carlista; otros por curiosidad; muchos +por ofrecer y colocar hortalizas, carne, peces, patos, frutas y hasta +flores, que ya abundaban en aquel despuntar de la primavera. Habían +dispuesto celebrar la comilona en aquella parte culminante del pueblo, +formada de terreno calizo, bajo el cual se extienden los famosos silos +o graneros subterráneos para depósito de cosechas. La iglesia de San +Roque, objeto de gran devoción, situada también en la eminencia y no +lejos del pueblo, encara su frontis hacia Valencia y el mar, como +recreándose en tan bello panorama. + +Pronto se vio la vasta planicie llena de cuanto Dios crió, viandas +regaladas, viandas adquiridas. Se nombró una comisión que cuidase de +allegar cucharas y tenedores, algo de mantelería y vasos para los +jefes, y el obsequioso vecindario facilitó al instante todo cuanto se +deseaba. Por aquí se encendían hogueras; por allá preparaban peroles y +sartenes; en un grupo de soldados desplumaban patos; en otro desollaban +corderos. Subían el pueblo en hombros zafras de aceite y pellejos de +vino, cestos de naranjas, rimeros de lechugas. Soldado había que en +estos acarreos se atracaba de forraje, como aperitivo. El vino empezó +a correr desde el primer momento, vaciando los pellejos en jarros, +estos en los pocos vasos que había para tantas bocas. Los carlistas más +señalados en la localidad por su fanatismo subieron sobre sus duros +cráneos grandísimas mesas, y montones de sillas, enganchadas traviesa +con pata. Manteles también vinieron, aunque no tantos como habrían sido +menester. Toda escasez se podía perdonar menos la del vino, que se +remedió duplicando la provisión de hinchadas corambres. + +A las tres y media el aspecto de la bacanal era imponente: comían, +devoraban sin orden ni medida, la tropa en el suelo, diseminada en +grupos a los bordes de la meseta; los sargentos sentados también en +tierra, formando cuadros con relativa corrección; más allá oficiales, +unos de rodillas, otros _ensillados_, algunos tendidos a la romana. +Frente a la ermita había mesas, donde se veía la figura clerical de +Llangostera y la cara de corcho de Tallada, en la cual se confundían la +picaresca malicia y la ferocidad. Otras personas calificadas se veían +por allí: el subdelegado castrense, del cual podían ser retrato los +odres de vino que acababan de traer; intendentes, cirujanos, mariscales +mayores. Los capellanes se señalaban por su ausencia, pues una grave +ocupación les retenía en el pueblo. Cabrera, mal humorado, sintiendo +algún recrudecimiento de sus achaques, y molestia en sus mal cerradas +heridas, se sentó un rato en la primera mesa; después iba de una parte +a otra, hablando con todos, recibiendo felicitaciones. Las miradas se +le iban hacia Valencia; apretaba las mandíbulas cuando sus íntimos le +decían: + +—Don Ramón, estamos a las puertas del cielo... Haga una de las suyas, y +llévenos allá. + +En las clases inferiores reinaba una jovialidad frenética. Grupo +hubo en que empezaron por los postres, las dulces algarrobas; luego +descuartizaban un pato, tirando en cruz de las patas y alones. Aquí +comían las lechugas sin aliñar, en rama; allí naranjas a bocados +mordiendo la cáscara, y encima pescado frito, o a medio freír; vino +sin tasa; después bollos de aceite, y lonjas de tocino con azúcar. En +las mesas o tenderetes de preferencia hubo arroces quemados, arroces +crudos, anguilas, pajeles, pájaros y hasta morcillas; en otros comían +el cordero a medio asar, chorreando sangre, partiéndolo con las +espadas, por no abundar los cuchillos. El regimiento 1.º de Tortosa +tenía una murga militar de una docena de instrumentos, trombones +abollados, bombo, platillos y chinesco. Agregados a ella algunos +músicos cogidos a las tropas de la reina, compusieron una mediana +banda, la cual, desde los comienzos del banquete tocaba _escogidos +trágalas_, la jota y otras piezas de baile. Su discorde ruido hacía +juego con los manjares a medio condimentar y con la desafinada alegría +del festín. Aquí y allí gritaban: «¡Que se callen esos perros!» y +tenían razón, pues los de la banda eran verdaderos sicarios del arte +musical. + +Casi a la fuerza fue llevado don Beltrán por Nelet a uno de los grupos +que comían en el suelo; y apenas se había sentado, viendo que el +capitán se retiraba, le dijo: + +—¿Pero usted, Santapau, no come? + +A lo que contestó Nelet, condolido de sí mismo: + +—Ahora no puedo: tengo que fusilar. + +—¿Pero qué?... ¡Ahora!... —exclamó aterrado el viejo, levantándose de +un brinco, inverosímil para su edad. + +—¿Pues qué creías tú, abuelo? —dijo un teniente, que desde el principio +de la comida estaba entre dos luces—. ¿Creías que les íbamos a +perdonar..., y a convidarles encima? + +Antes de que pudiera contestarles, resonó el estruendo de una +descarga... Corrió don Beltrán hacia donde la humareda se veía, y +distinguiendo los desnudos bultos de cadáveres junto al tapial del +cementerio contiguo a la iglesia, lanzó una exclamación de horror y +se llevó las manos a la cara. Veinte infelices habían caído ya. A +poco trajeron otra cuerda: eran veinticinco, entre ellos los cadetes +valencianos que acababan de ingresar en el ejército, y se estrenaban +en aquella tragedia. Venían en cueros, resignados, los menos con pocos +ánimos, tropezando en el camino; los más, altaneros, provocativos. +Algunos de ellos, alargando sus brazos hacia la embriagada turbamulta +del festín, gritaron frenéticos... «¡Viva Isabel II!»... La descarga +les cortó la palabra y el fervor de sus exclamaciones; luego, los +tiros sueltos para rematarles sonaban a cacería. Excitados con los +vivas insolentes de las víctimas, la soldadesca entregada a la gula +prorrumpió en gran vocerío aclamando a los suyos, escarneciendo a +los vencidos, que no tenían bastante con la muerte. Mientras traían +otra cuerda del cercano corral donde les desnudaban, en la explanada +vaciaron más pellejos. Los vacíos yacían en el suelo como cuerpos +despanzurrados, sanguinolentos. En algunos grupos, donde con la +borrachera se había perdido hasta el último destello de razón, +gritaban: «Más, más». ¿Qué pedían? ¿Más bebida o más muertes? Las dos +cosas: vino bautizado con sangre. + +Soldados del _Serrador_ y de Tallada cogían entre dos los muertos, +por pies y cabeza, y los iban arrojando a un lado, formando montón. +Las gentes del pueblo, que al principio de la matanza se aproximaron +con instintiva curiosidad y querencia insana del terror, huían ya +despavoridas. La musiquilla seguía lanzando su chillar bufonesco en +medio de la melopea espantosa de tal tragedia, declamada por los +fusiles de una parte, de otra por los ayes lastimeros o los arrogantes +apóstrofes de las víctimas. Si pavoroso era el estruendo de las +descargas, no lo era menos el graznido lúgubre de la banda o murga, y +el coro desenfrenado y soez de los que comían, bebían y pateaban sobre +el propio Calvario... Movido de inmensa compasión, de un sentimiento de +protesta contra tanta barbarie, se fue don Beltrán con paso torpe hacia +donde fusilaban... Le entró el delirio de unir un grito suyo al de los +que gritando morían. No sabía por dónde andaba... Una mano vigorosa le +apartó diciéndole: + +—¿A dónde va, buen hombre? Atrás, o le coge una bala... + +Retirose, metiendo los pies en un charco de sangre... Vio los cuerpos +desnudos retorciéndose en el suelo, y la presteza con que los +remataban, como quien extermina una plaga de animales dañinos. Huyó el +pobre señor horrorizado, sin saber a dónde iba a parar; y más abatido +por efecto del pavor que del cansancio, se dejó caer en tierra. Una +nueva descarga, alaridos, vivas y mueras, y el coro de los bebedores, +que ya era ronco, con voces arrastradas, grotescas, llevaron al colmo +su espanto. Se tapaba los oídos: sus miradas buscaban en el movimiento +de los grupos algo que indicase la terminación de la matanza; pero +nada veía. El humo cubría la hecatombe. Volviendo sus ojos al cielo, +ansiando ver algo que borrase de su espíritu la impresión de tales +horrores, contempló un instante la inmensidad azul, calmosa y pura. + + + + +XV + + +No había concluido la función. Despachados los sargentos y oficiales, +empezaron a exterminar soldados... De arriba gritaban: + +—¡Más, más..., todos! + +Y los que se acercaron a Cabrera intentando convencerle de que el +escarmiento no debía pasar de allí, oyeron de él la fría respuesta: + +—Hoy no les niego nada. + +El general, molestado por horrible acedía, y con su boca llena de +un amargor insano, el rostro lívido, la mirada menos brillante que +de ordinario, no había tomado más que un poco de vino con agua. Su +inapetencia habría necesitado quizás, para remediarse, espectáculos +menos terribles; o era que ni aun con los triunfos recientes se hallaba +satisfecho, y su insaciable ambición pedía más al adusto genio que le +protegía. En medio de las alegrías del festín y de los horrores de +la matazón, más que matanza, su espíritu se distraía de la realidad +presente, para volar hacia la ciudad cercana, bella y rica. Los ojos +se le iban hacia allá, como si contar quisiera las torres y cimborrios +de la que solemos llamar _ciudad del Cid_. ¡Qué no daría aquel nuevo +dominador de pueblos por poderla llamar suya! Mirándola con ojos de +codicia más que de amor, parecía decirle: «Ya ves cómo trato a mis +enemigos. Permito a mis soldados que hagan esta pira de cadáveres, para +que en ella veas a Cabrera. Aquí estoy; mírame; quiero que tiembles +mirándome, quiero que toda España tiemble ante mí». + +Terminados los fusilamientos, un amigo de Nelet recogió a don Beltrán, +atontado de la fuerza del susto, y le llevó a su alojamiento. A prima +noche, Nelet le hizo acostar, dándole vino caliente, y el pobre señor, +con los cuidados que su amigo, antes enemigo, le prodigaba, descansó +del molimiento y de la pavorosa impresión, despertándose al toque de +diana con regular apetito y el espíritu fortificado de resignación, así +cristiana como filosófica. Vivía en los dominios del terror trágico +y en las fronteras de la muerte: cuando llegara para él la hora del +martirio, sabría, pues, afrontarlo con valor y dignidad. + +Desayunándose con los restos del banquete, las tropas se pusieron en +marcha muy temprano, dejando intacta la pila de muertos para que los +enterraran los vecinos de Burjasot, si querían; algunos batallones +se aproximaron a Valencia simulando un ataque. El amago, sin más +objeto que amedrentar al vecindario, significaba un ¡_si voy..._! +Pero no iba: para tal empresa no bastaban la audacia y la agilidad. +Contentábase Cabrera con aumentar su hueste, con organizarla y darle +hábitos y educación de ejército poderoso; sus crueldades no eran el +nefando goce del mal, como en el depravado cura Lorente: eran los +resortes de una infernal política, pues en su conocimiento del país +y de los hombres, el _leopardo_ no veía más camino que la fascinación +terrorífica para domar a los pueblos. Destruyendo media España, +aseguraba el imperio sobre la otra media. + +Hecha la demostración ante los muros de Valencia, emprendió Cabrera +con su ejército la marcha hacia la Plana de Castellón, sin decir a +nadie a dónde iba ni qué planes llevaba. Santapau, recién ascendido a +comandante, mandaba el 3.º de Tortosa, y en su estreno de plaza montada +brindó a don Beltrán con la participación de su cabalgadura, llevándole +a la grupa en todo aquel caminar, que no fue de los más acelerados. +Dispuso el jefe una marcha por la margen derecha del Palancia, como +si quisiera embestir a Segorbe; descendió inopinadamente hasta Sot de +Ferrer; pasó el río, y a los dos días de lo de Burjasot, pernoctaba +en Alfandeguilla. Afirmose en tan larga correría la amistad entre don +Beltrán y Nelet, ganando este con delicadas confianzas el corazón +del anciano. A poco de emprender la primer jornada, y observándole +taciturno y receloso, díjole que el general había manifestado, respecto +a su noble cautivo, sentimientos de benevolencia y estimación. La +verdad de esto demostráronla los hechos, pues en la parada que hicieron +en Rafelbuñol, presentándose la noche lluviosa y fría, Cabrera mandó a +don Beltrán un capote suyo en buen uso para que se abrigase. Cuidaba en +tanto Nelet de apartar para él la mejor comida, y en los alojamientos +le agenciaba toda la comodidad posible. Tanta era en Urdaneta la +gratitud como la confusión, y llegó a sospechar que tales obsequios +significaban un refinamiento de crueldad, y que le regalaban como a los +condenados a muerte antes de quitarles la vida. Descansando y comiendo +al pie de unos robustos algarrobos, después de pasar el Palancia, Nelet +intentó quitarle de la cabeza los temores de fusilamiento, diciéndole +que tal vez Cabrera le retenía con fines muy distintos de los que +supone la prisión por rehenes. No comprendía el viejo qué fines podían +ser aquellos, dada su inutilidad, y ambos estimaron que el noble señor +debía esperar los acontecimientos, tomando lo que le dieran, comiendo +de lo mejor que hubiese, y abriendo su espíritu a la confianza. + +—Dispuesto estoy —dijo Urdaneta— a comer todo lo que me traigan, y a +ponerme la ropa del general, si continúa mandándome algunas piezas +útiles. Pero mi espíritu no puede estar sereno, pues no se aparta de mi +mente la matanza de Burjasot. Soy cristiano; protesto en silencio de +estos horrores, y pido a Dios que los castigue. + +—Lo de Burjasot —replicó Nelet con fría naturalidad— no es otra cosa +que una hilada más de la pirámide de justicia que juró construir don +Ramón, hallándose en Valderrobres, en febrero del año pasado. Esa +pirámide no es aún bastante alta para que pueda lucir en su cima la +imagen de aquella santa mujer, María Griñó... Pero ya tocan marcha. +Andando, señor mío. Vamos a Nules, que es plaza nuestra. Yo le aseguro +a usted que allí tendremos ocasión... y además motivos de hablar +largamente. + +A las diez de la mañana del siguiente día fue recibido Cabrera en Nules +con arcos de triunfo, cortinas, músicas y danzas populares. Salieron +a felicitarle y a ofrecerle ramitos de flores las chicas guapas del +pueblo; huelgas y merendonas tenían dispuestas los calificados, y por +la tarde corrida de toros en la plaza. En buena casa fue alojado don +Beltrán, y tanto él como Santapau tratados a cuerpo de rey. Salió el +comandante a obligaciones del servicio y a diligencias privadas, de que +su amigo no tuvo conocimiento hasta la tarde, en la ocasión y sitio que +pronto se sabrá. Comieron opíparamente, y cuando toda la oficialidad y +el Estado Mayor a la plaza se encaminaban para ver la función de toros, +Nelet propuso al anciano que, pues ellos no eran aficionados al barullo +y tenían algo que platicar, se fueran a dar un paseo por donde menos +ruido hubiese de festejo y de muchedumbre. Conforme en ello Urdaneta, +se metieron por calles y travesías buscando la soledad, que fácilmente +encontraron, por estar todo el golpe del vecindario en la corrida. + +La villa, de construcción arábiga, blanca, de suelo plano y fácil, +les engañó con la tortuosa red de sus calles; y cuando creían haber +andado poco, halláronse lejos, en un arrabal separado del pueblo por +anchas acequias. Metiéndose por entre dos tapias, fueron a dar frente +a una iglesia de frontispicio blanqueado con excepción de la puerta +de piedra, barroca, de columnas salomónicas, de retorcidos follajes y +garambainas. + +—Como está usted cansado —dijo Nelet— y esta iglesita nos brinda con +su soledad y silencio, tan a punto para el descanso como para la buena +conversación, entremos, señor don Beltrán, y aquí hablaremos todo lo +que nos dé la gana. + +—Dígame, compañero —indicó el viejo cuando Nelet, llevándole de la +mano, le metió en la iglesia, y se sentaron los dos en un banco—. ¿Es +que yo me he quedado completamente ciego, o que está esto más oscuro +que boca de lobo? + +—No tema por su vista. Yo tampoco veo nada. Venimos deslumbrados de la +calle. Aquí nadie nos molesta ni nos oye. Voy a mi cuento, empezando +por decir a usted que el hombre más desgraciado del mundo, el más digno +de lástima, es el que con usted habla en este momento. Pensará usted +quizás que mis penas son obra de la imaginación, a lo que contesto +que, aun admitiendo esa idea, no dejan de ser efectivos, terribles, +insoportables los sufrimientos de su servidor. ¡Con decirle que en +Burjasot, cuando mandaba los fusilamientos, envidiaba a los pobres que +allí matábamos como moscas...! + +—Pasión de ánimo se llama esa enfermedad; y ella debe de ser motivada +por una mala impresión, por un vivo querer no satisfecho. + +—Ya pone su dedo en mi llaga... ¡y cómo me duele! No me equivoqué al +pensar que usted, hombre muy corrido, que ha vivido en esas sociedades +de tono, buen conocedor de hombres y mujeres y de todo el tinglado +social, es el único para confidente, quizás para médico de mis males. + +—¡Yo!... Tate..., tate... Amigo Nelet, o soy un niño inocente, o es +causa de sus desdichas ese trastorno del alma, a veces del cuerpo, +que llaman amor. Entre paréntesis... Ya principio a distinguir los +altares... ¿No hay allí dos viejas? + +—No, señor: son dos sillas. + +—Me da en la nariz, Nelet amigo, que esto es convento de monjas. He +sentido a mi espalda como un murmullo, como un roce de faldas..., y un +cierto olor de incienso de monja..., que es un olor eclesiástico muy +particular... ¿Me equivoco? + +—No, señor. + +—¿Está aquí detrás el coro? + +—Y al través de la verja parece que veo un par de bultos blancos... + +—Bueno, siga usted... ¿Conque amor? Y admito, sí señor, que pueda yo +ser médico de tal achaque por mi consumada experiencia, por lo que han +visto estos ojos, por los innumerables afectos de diferentes clases que +han turbado este viejo corazón. Adelante, y abreviemos: ¿quién es ella? + +—Antes de saber quién es ella, sabrá usted quién es él. Manuel +Santapau, nacido en un _mas_ próximo a Gandesa, de padres labradores +ricos, no debió a estos una crianza perfecta. Hijo único, sus padres +no supieron enderezarle desde niño por los buenos caminos, y en vez +de contener su natural voluntarioso, le dejaron tomar vuelo; sus +travesuras hacían gracia, y sus sinrazones eran alabadas antes que +reprendidas, resultando que cuando unas y otras, con la edad, empezaron +a ser maliciosas, ya no había autoridad que las contuviera. En fin, +señor: yo, desde los dieciséis años, escandalicé la villa en que +vivíamos, que era entonces Gandesa, y más tarde hice campo de mis +abominaciones a Reus, a Vendrell y a Cambrils. Ausente de la casa de mi +padre, salvo en las épocas en que iba a reponer mi bolsa, me lanzaba +yo con otros amigos no menos inclinados a la vagancia, de pueblo en +pueblo, cometiendo tropelías sin fin. Mis estudios, que no pasaron de +leer y escribir y algo de cuentas, se completaron después en el libro +del mundo, donde aprendíamos toda la ciencia del mal. Era vasto nuestro +terreno, y en él ejercíamos diferentes artes malignas; pero la peor +de estas, y en que yo principalmente despuntaba, era la de seducir +doncellas con mil engaños para abandonarlas luego miserablemente. +Si robábamos alguna vez en ciudades o despoblados, era por modo de +travesura; nuestro botín consistía siempre en jamones y morcillas, +aves y otros comestibles, y jamás tomamos dinero de nadie. Esta es la +verdad; y así como digo lo malo, digo lo bueno o lo menos malo. Alguna +muerte tuvimos sobre nuestras conciencias, todas en riña, a veces +por defendernos de padres burlados, a veces por pendencias de esas +que, sin saber cómo, salen del vino... porque, eso sí, a borrachos y +camorristas, nadie nos ganaba. Aunque me esté mal el decirlo, mi buena +figura era la mejor ayuda de mi perversidad en la campaña de conquistar +mujeres, embobarlas y perderlas sin ninguna compasión. El demonio, que +no Dios, me había dado el rostro para enamorar y las palabras dulces y +mentirosas; y con tales medios, cada día era yo más terrible acosador +del sexo femenino, llegando a no respetar ya soltera ni casada, +seduciendo también por depravación a las que no eran bonitas, y a las +religiosas, a las altas, y a las bajas y a las medianas... + +—Perdone usted, Nelet —dijo don Beltrán, que no podía contener las +ganas de interrumpirle—. El tipo de don Juan, que existe desde el +principio del mundo y es de todas épocas, tiene en la nuestra, por lo +muy reglamentada que está la sociedad, poco terreno para sus audacias. +Se lo dice quien ha visto mucho mundo; quien, si se pusiera a contar +lances y aventuras donjuanescas, no acabaría en siete meses. Y yo +pregunto: ¿cómo pudo usted ejercer tan largo tiempo de caballero +seductor, sin tropezar con la justicia que le metiera en la cárcel, con +un padre que le descalabrara, o un marido que le partiera por la mitad? + +—Lo encontré, sí señor: tuve mi castigo. Un marido, de Tortosa, me +cogió desprevenido una noche, y con una barra me abrió la cabeza. +Después agarrome por una pata y me tiró a una acequia, donde me habría +ahogado si esta llevara más de medio palmo de agua. + +—Acabáramos... Reconozca usted que ya era tiempo, querido Santapau. + + + + +XVI + + +—Sí, era tiempo... Yo me lo tenía muy bien merecido. Por poco no lo +cuento, señor don Beltrán. Me recogió el santero de una ermita que hay +en Roquetas, y a su caridad y a la de su mujer debo la vida. No sé +cuántos días me tuvieron en aquella cueva, debajo de la iglesia, donde +había unos santos viejos tirados en el suelo, con las caras comidas de +polilla, y toda la pintura y la estofa de sus trajes descascaradas por +la humedad. Uno de ellos, que era por las trazas san Antonio de Padua, +pero sin niño, pues este y las manos se le habían quemado en un fuego +de los altares, se puso en pie una noche, y llegándose a mí, me habló... + +—¡Nelet!... + +—Le veía y le oía, señor don Beltrán, como a usted le oigo y le veo. +Díjome que Dios estaba muy enojado conmigo por mis grandes pecados, +y que en castigo de haber yo perjudicado a tantas pobres mujeres +fingiéndoles un cariño mentiroso, me pondría en el alma un amor +violentísimo y verdadero hacia persona que nunca me había de querer, y +con esta pasión no satisfecha, y con este fuego no apagado, padecería +todo lo que hice padecer a las mujeres que engañé. + +—Soñó usted, en verdad, un ejemplo precioso de justicia y expiación. + +—Verdadero o soñado, fue un aviso del cielo, según me dijo el fraile +mínimo con quien me confesé al siguiente día, porque yo estaba +arrepentido, sentía como un pestilente sabor de boca, la suciedad de +mi conciencia, y quería limpiarla. Meses después, el mismo fraile de +Roquetas (ya exclaustrado), que miraba por mi salvación espiritual y +corporal, me aconsejó que me alistase en la facción y peleara por los +derechos santísimos del altar y del trono. Así lo hice a fines del 35; +presentome a Cabrera, que me recibió muy bien, y para que me fogueara +me mandó a la partida de Quílez, después a la de Tena. Gracias a mi +arrojo en los combates, a mi puntualidad en el servicio, adelanté +bastante en mi carrera. Era ya alférez y me hallaba en Valderrobres, en +febrero del año pasado, cuando los monstruos liberales dieron muerte +a la madre de Cabrera; teníamos en rehenes en el dicho Valderrobres +a cuatro señoras: la esposa del coronel Fontiveros; Mariana Guardia, +hermana de un urbano de Beceite; Paca Urquiza y Cinta Foz, hermana +y madre de otro urbano. Don Ramón las trataba con mucho miramiento, +convidándolas a su mesa algunos días, y cortejaba a la Paquita: se +corría la voz de que era su novio por lo fino y que se casaría con +ella. Pero cuando supo la muerte de María Griñó, el furor de aquel +hombre fue tal, que juró al cielo derramar sangre inocente hasta anegar +los valles y volver rojos los pequeños y los grandes ríos. A mí me tocó +el paso amargo de fusilar a las cuatro mujeres. La Mariana Guardia me +gustaba, y bromeando le había dicho yo cuatro cuchufletas de tentación, +picado de mi antiguo vicio... Al ponerlas de rodillas en el cuadro, +después de confesadas por el padre Vallés, el mismo frailecico que a +mí me auxilió en Roquetas, las pobres, llorando como Magdalenas, me +pidieron por Dios que no las matase. Pero yo, ¿qué había de hacer? La +disciplina, que es más fuerte que la conciencia, me hizo de hierro el +corazón... Murieron... A Mariana tuvimos que rematarla, porque con los +tiros primeros no quería morirse, y sus ojos se cuajaron, echándome una +mirada que me traspasó... Ello fue que sentí luego un frío mortal, +y al poco rato caí con tremenda pataleta y convulsiones, blasfemando +y clavándome las uñas en el rostro... Por la noche, hallándome en un +catre, donde me pusieron con los brazos atados para que no me golpeara, +vino el demonio, y cogiéndome por los cabellos, me llevó a un alto +monte que llaman Cretas, y allí... + +—Alto, amigo —dijo don Beltrán—, esa no cuela... + +—Porque no cree en ello. Pero yo sí, y sostengo todo lo que he dicho. +Tan cierto como que estamos aquí, lo es que me vi en el picacho de +Cretas, entre una caterva de demonios que allí estaban congregados; y +después de zarandearme jugando conmigo a la pelota, me mandaron que les +adorase, a lo que yo no accedí, y pusiéronme delante toda mi historia, +representada en las figuras de las mujeres que perdí y ultrajé, las +cuales iban pasando como las estampas de un libro... Ni por esas me +conquistaron; y cuando el demonio mayor, o capitán de ellos, me volvió +a mi catre, arrojándome en él medio muerto, llamé al padre Vallés, que +me consoló, haciéndome aprender de memoria oraciones que bien rezadas +ahuyentarían los espíritus malignos. + +—¿Pero cree usted eso, pobre Nelet? + +—¡Que si lo creo! —exclamó el guerrero con una convicción tan profunda +y tenaz que don Beltrán juzgó inútil emplear contra ella las armas de +la razón—. ¡Pues si fuera tan cierto que he de salvarme! + +—Siga, y lleguemos pronto al punto principal: ¿quién es ella? + +—Ahora sale... Restablecido de aquel mal demoníaco, de cuando en +cuando venía por mí el diablo que quería ser mi amigo, y me llevaba +por los aires, o al fondo de las cuevas que hay en la Portillada, o a +los breñales espesos del río Nonaspe, en lugares a donde ni los búhos +penetran. Era el mes de agosto, y me hallaba con el _Fraile Esperanza_ +en Calaceite, de vuelta del Mas del Hortal, donde nos habíamos batido +con Nogueras, cuando me encontré, sin saber cómo, frente a una caverna, +en noche cerrada, y oí una música preciosísima, que no puedo comparar a +ninguna música de este mundo. + +—Sobre todo a la de la banda de Tortosa. + +—De la gruta salió una luz azul, muy suave..., y por fin, de en medio +de esta luz una mujer... No puedo dar idea ni de la luz ni de la +hermosura de la señora, ni sé cuál de las dos cegaba y confundía más. + +—Sería rubia... + +—No, señor; morena, de ojos negros, el pelo suelto y corto, caído +sobre los hombros con infinita gracia, la mirada como de los santos +en oración, los pies desnudos, el cuerpo vestido de un sayal de +penitente... + +—Verde y con asa... Marcela... Ya me figuraba yo que en esto habían de +venir a parar todas esas jugarretas diabólicas... Bueno, ¿y le dijo +usted algo?... ¿Ella le habló? + +—No, señor; palabras no hubo; nada más que el quedarme yo extático, +como sin sangre en las venas, la voluntad sobrecogida, y sentir que +toda la vida la tenía en el corazón, y que en él se me metió un amor +muy vivo y abrasador que de aquí no ha querido salir más. + +—Pero se me ocurre una grave objeción. Fíjese usted en las fechas antes +de lanzarse a referir sus leyendas, Nelet. Ha dicho que en agosto fue +la maravillosa visión. Pues en agosto, según mi cuenta, Marcela no +había salido aún de Sijena, ni podía presentársele en esa traza de +penitente... + +—Pues ahí está lo maravilloso, lo sobrenatural, que confunde a los que +solo creen y testifican las cosas ordenadas conforme al tiempo y a la +verdad que se toca. Yo vi a Marcela antes de que ella adoptase la vida +y hábitos de peregrina. Y en esta anticipación de las cosas advierto +que es ella la destinada por Dios a la obra del terrible castigo que +quiere imponerme, condenándome a una sed no saciada, y a un afecto no +correspondido. + +—Bueno; concretemos. ¿Dónde vio usted a Marcela en realidad... de ella +misma? + +—En la Ginebrosa, y no me sorprendió el verla, pues ya la conocía por +su aparición, que he referido. + +—¿Le habló usted? + +—Le pedí amores, y me contestó muy esquiva, huyendo de mí. El segundo +encuentro fue en Nuestra Señora del Pueyo. Le habló con galantería fina +y discreta que salía del corazón, y me dijo que no sentía por mí más +que asco y desprecio. Yo iba mandando una partida; en mi desesperación +se me ocurrió fusilarla, para matar con ella mi tormento... Pero no me +atreví. Despidiéndola, le dije: «Vete, hechura de Lucifer, adonde yo +no te vea más, que si otra vez te cruzas en mi camino, te fusilo sin +compasión...». Parecíame que sacrificándola me libraba de mi suplicio, +y que después podía seguir queriéndola hasta que me muriese o me +matasen... Darle muerte no me parecía crueldad, sino una forma de amar, +a mi manera, estilo de gran pecador y visionario de cosas grandes... + +—¿El tercer encuentro...? + +—De él fue usted testigo. + +—¡Ah!... En la maldita Codoñera. Tiemblo de recordarlo... De lo que +sigue tengo noticia, y la última es que Cabrera la mandó a un convento, +porque no gusta de monjitas correntonas. + +—Sí, señor..., y el convento donde está encerrada es este. + +—¡Este! ¡Valiente pillo! —dijo don Beltrán levantándose y dando algunos +pasos hacia el coro. + +—Cuidado, señor..., que no nos conviene llamar la atención. + +—Como si lo viera. Los tratos de usted con los demonios ya sé yo en +qué vendrán a parar, caballero Nelet —indicó el prócer, volviendo +al banco—. Estamos preparando una hazaña donjuanesca: violación de +clausura, rapto de virgen del Señor... Pero entendámonos: ¿trata usted +de sacarla por su gusto, por el orgullo de robar una monja, o porque +ella le ha dicho: «Nelet, ¿cuándo tocan a robar?». + +—Ella no me ha dicho eso; pero constándome que le agrada la libertad, +hace días, por un propio muy listo que mandé a Nules, le propuse +abrirle las puertas de su encierro, y me contestó que en ello no había +pecado, sino observancia de las disposiciones del Concilio de Trento. +El capellán del 3.º, hombre muy leído, me ha prestado unos librotes +en que están la fundación e historia de Sijena, y con esa lectura mi +conciencia no se escandaliza del hecho de libertar a Marcela. Estoy +tranquilo; he tomado mis medidas... + +—Todo esto, mi querido Nelet —dijo don Beltrán reverdecido—, es +hermoso, es poético y dramático. De la esencia de estas aventuras de +amor vive el alma.... Por tales emociones y otras semejantes, no es el +mundo un presidio. Dígame usted... + +—Ahora, mi ilustre amigo, no puedo decir más, porque tenemos que +separarnos. Es la hora precisa de ver a la demandadera, la cual ha de +darme de palabra o por escrito una razón, por donde sabré si la empresa +se acomete esta noche o se deja para la de mañana. Aguárdeme aquí, que +no estará solo más que el tiempo que yo tarde en esta diligencia. + +Mientras estuvo solo, Urdaneta se dio a reflexionar en el extraño +caso, que a su parecer justificaba el dicho del teniente Estercuel. La +guerra, el país, la raza, renovaban en todo los tiempos medievales. +La vida tomaba esplendores poéticos y risueñas tintas que se mezclaban +con el rojizo siniestro de la sangre, tan sin medida derramada. Exceso +de vida era quizás, plétora de sentimientos y pasiones. El fondo, por +añadidura, ofrecía característica decoración natural y el teatro más +adecuado a tal desbordamiento de vida. La mezquina civilización _a la +moderna_ se desvanecía, se borraba como un afeite mal aplicado, dejando +solo las querellas feudales, el ardor místico, la superstición, las +crueldades horrendas y eminentes virtudes, el heroísmo, la poesía, la +intervención de ángeles y demonios, que andaban sueltos y desmandados +por el mundo. + +Volvió Nelet gozoso al cuarto de hora, y cogiendo del brazo a su amigo, +le llevó fuera, a punto que un monaguillo a cerrar se disponía. + +—Y qué, ¿será esta noche? —preguntó el anciano, taconeando fuerte por +el puentecillo de la acequia. + +—Aún no he leído su carta —replicó Nelet, que de la fuerza del contento +temblaba. + +—¡Ha escrito!... + +—Y además me manda unos versos. Vámonos a prisa, que por el ruido que +se oye y la gente que se ve venir hacia estos barrios, paréceme que +ha terminado la corrida. Esta noche, después que yo lea la carta, +seguiremos hablando... Aún me queda lo mejor. Porque yo no le he +contado a usted a humo de pajas mis desgracias y aspiraciones. Yo he +visto en el señor don Beltrán de Urdaneta, noble de antiguo cuño, +caballero muy corrido y de grandísima ciencia en cosas mujeriles, +la única persona del mundo que puede guiarme al fin que deseo tanto +como mi salvación: que Marcela me ame, que pueda yo, triunfando de su +esquivez, dar al traste con la leyenda de mi castigo, que me espetó san +Antonio en la ermita de Roquetas. + +—Yo tendré un placer inmenso —dijo el aragonés, parándose para hacerse +oír mejor— en ilustrar a usted con mis conocimientos en materia tan +grave. El corazón de la mujer no tiene secretos para mí: ciencia +dolorosa, amigo mío, porque los maestros no llegamos a este doctorado +sino a fuerza de amarguras y sufrimientos. En mí tendrá usted un asesor +desinteresado; pero deje aparte toda consulta referente a espíritus +más o menos diabólicos, pues yo no los he visto en mi vida, ni sé +nada de esos caballeros. Eliminadas las potencias infernales, yo le +aconsejaré lo más eficaz para conquistar el corazón y la voluntad de +esa doncella... ¡Y que no es floja bestiecilla la que hay que domar!... +Santa y arisca, filósofa y hombruna... Pero ya veremos, ya veremos... + +Llegaban al centro de la calle Mayor, donde se aposentaban, y ya no +pudieron hablar más de su asunto, porque Nelet se vio rodeado de +compañeros y amigos. Todos ellos, y don Beltrán no de los últimos, +pensaron en matar el hambre, lo que no era difícil entre un vecindario +casi totalmente afecto a la Causa, y que se desvivía por obsequiar a +sus defensores. En los bajos del ayuntamiento, las estancias habían +sido convertidas en comedores, donde se agolpaban oficialidad, +capellanes y calificados vecinos del pueblo, mientras en el piso alto +se hacían regios honores al general y a su Estado Mayor. Los compañeros +de Nelet se acomodaron en una salita próxima a la escalera, donde +se les dispuso espléndido comistraje, con mariscos y pescado, arroz +exquisito y otros manjares de grande estimación. Con no poca estrechez +se fueron acomodando, no sin designar un puesto al noble cautivo. Mas +no había tomado la primera cucharada de sopa, cuando entró un ayudante +del general con este mensaje: + +—El señor de Urdaneta, que suba. El general le convida a comer. + +—¡A mí!... ¿Está usted seguro de que...? + +—Vamos, dese prisa. Están aguardando por usted. + + + + +XVII + + +La entrada de don Beltrán en la sala del festín, donde ya ocupaban sus +asientos los comensales; el despejo y cortesía con que, adelantándose +hacia el general, compendió en una sola frase el saludo y las gracias +por el honor que se le dispensaba, cautivaron a todos los allí +presentes: bien se veía al aristócrata de raza, maestro en arte +social. Con raras excepciones, los jefes carlistas que se sentaban +a la mesa del general eran unos pobres gaznápiros, elevados por sus +prendas militares a posiciones de las cuales desdecía su educación. Tal +coronel había sido arriero, el otro pescador; sacristán, uno de los +intendentes; contrabandista de mar y bandido de tierra el jefe de la +caballería, sin que ninguno de ellos poseyese el genial instinto con +que Cabrera supo borrar de sus modales la humildad de su origen. Mal +vestido y roto, don Beltrán descollaba entre aquella gente, que aun en +el modo de mirarle revelaba la conciencia de su inferioridad. Hubo uno, +vecino de Nules, que, menos avisado que los demás, se permitió decir al +prócer: + +—Vamos, abuelo, que no estará usted poco _inflao_. En toda su vida ha +tenido honor como este... ¡comer con nuestro general ilustrísimo! + +—Honor grande, que agradezco mucho —replicó don Beltrán—; pero que no +es nuevo para mí. Yo he comido con Napoleón. + +Esto de comer con tan grande celebridad produjo estupor, que se fue +trocando en admiración. A lo largo de la mesa sonó un murmullo. +Cabrera, hombre muy desahogado en toda circunstancia, mandó a Cala y +Valcárcel, sentado a su izquierda, que desocupase el puesto, y haciendo +una seña al caballero aragonés, le dijo: + +—¡Con Napoleón!... ¿Luego era usted su amigo? Véngase a mi lado para +que me cuente... + +Trocados los asientos, ocupó Urdaneta la izquierda del general, y +accediendo a sus deseos, prosiguió así: + +—No debí decir Napoleón, sino Bonaparte, porque ello fue antes de la +primera campaña de Italia. Él tenía entonces menos edad que tiene usted +ahora; era delgado, melenudo... + +—Sí, sí —dijo Cabrera con admiración infantil—, poseo su retrato en la +_Vida de Napoleón_ con láminas, que he leído cien veces, pues no ha +existido hom...bre en el mundo que yo admire más. + +Refirió don Beltrán escenas y pasajes interesantísimos de 1795 y 96, +años IV y V de la República (¡ya había llovido!), por él presenciados, +y añadió anécdotas graciosas, más atractivas que la historia misma; y +con tal agrado Cabrera lo oía, que hasta se le olvidaba el comer por no +perder concepto ni palabra. + +Y entre cuento y cuento, viéndose el aristócrata tan obsequiado, se +decía, comiendo tranquilamente: «Tanta finura me da muy mala espina, +pues de este tío no hay que esperar compasión: cuando se le hinchan las +narices, ni hay para él amigos, ni tienen valor alguno sus atenciones +y arrumacos. No puedo olvidar lo que me ha contado Nelet. A las cuatro +desdichadas mujeres que en rehenes tenía en Valderrobres, las sentaba +a su mesa, prodigándoles obsequios mil. A la de Fontiveros le permitía +dar paseítos en una jaca, que aparejaron para ella, y a la chica de +Urquiza le hacía el amor por lo fino con tanta insistencia, que hasta +corrió la voz de que se casaban. Todo lo cual, ¡Dios mío!, no impidió +que las mandara fusilar al saber la muerte de la Griñó. ¡Vaya un nene! +Y no hay que hablar de arrebato, pues Cabrera supo lo de su madre el +20, si no estoy equivocado, y la matanza de las rehenes fue el 27. +Sentenciadas días antes, no las mandó ejecutar hasta que no supo que +sus dos hermanas, presas en Tortosa, se habían escapado... No me fío, +_leopardo_, no me fío de tus halagos, y aunque me pases por el lomo la +pata blanda, con las uñas escondidas, sé que las tienes muy afiladas, +y que el mejor día, cuando más tranquilo esté el pobre don Beltrán..., +¡pum!, al otro mundo...». + +—¿Por qué suspira usted? —le preguntó Cabrera—. ¿Está descontento del +trato que le damos? + +—¡Oh!, no, señor. Estoy muy satisfecho y muy agradecido. Encuentro +simpatías en su ejército, y en él he podido hacer algunas amistades +gratísimas. Pero bien sabe usted que la privación de la libertad +difícilmente halla consuelo. + +—Es muy sensible —le dijo el _leopardo_ hacia el fin de la comida o cena— +que la ley de guerra, que no puedo eludir, no puedo..., me obligue a +tenerle a usted bien trinca...ado en mi ejército, para que su vida me +garantice la de otro aristócrata que tiene en su poder Iriarte... Pero +usted podría ahorrarme a mí el disgusto..., ya me entiende, y al propio +tiempo salir de esta situación molesta... Sí, señor, comprendo que es +car...gante eso de estar un hombre con la idea de que le van a pegar +cuatro tiros... Sí, señor, usted podría... + +«Te veo venir», pensó el anciano, antes de preguntarle cuál era el +remedio de su angustiosa incertidumbre. + +—¿Por qué el señor don Beltrán de Urdaneta, de la primera nobleza de +Aragón, no se presta a reconocer al único rey legítimo de España? Para +Su Majestad sería muy grato; y a mi entender, si usted se decidiese, +le seguirían otros nobles de Aragón y de Castilla. Fírmeme usted una +declaración en el sentido que le propongo, y yo la co...municaré al +instante a mi rey... + +—Señor general —dijo el noble caballero después de toser y limpiar +el gaznate para expresarse con toda claridad—, estimo en lo que vale +la excelente intención con que usted me propone ese reconocimiento +de los derechos del infante, y espero que usted estimará del mismo +modo la lealtad con que me veo precisado a evadir todo compromiso con +la causa carlista. En conciencia, y estudiado el asunto, creo que la +sucesión a la corona pertenece a la hija de Fernando VII, y habiéndolo +declarado así solemnemente como prócer del reino, no es decoroso para +mí deponer ahora en favor del augusto príncipe, a quien reverencio como +a tío carnal de nuestra reina. Fácilmente comprenderá usted, ilustre +soldado, que en mi clase y en mi raza, la religión del honor y de la +consecuencia no nos obliga menos que la otra religión con sus dogmas +santísimos. Ni por cuantos bienes hay en el mundo, ni por la vida, que +es el primero de los bienes, mancillaría yo con una traición el nombre +que llevo... Y dicho esto con toda la entereza de que soy capaz, y todo +el respeto que a usted debo, he de manifestarle también que aunque +partidario de Isabel, y convencido de la legalidad de sus derechos, +no he tomado parte a su favor en esta contienda ni con armas, ni con +escritos, ni en ninguna otra forma. Soy hombre de paz, y acato las +leyes de la nación, vengan como vinieren. Ni guerrero he sido nunca, ni +tampoco político. La pelea y la conspiración me son desconocidas. Soy +un hombre honrado, isabelino en la intención, neutral en la conducta. +No desconozco la convicción y lealtad con que tremola usted la bandera +del infante. Pero yo no la seguiré nunca; ni puede usted catequizarme +ofreciéndome la vida mía, que hoy tiene en su mano. Y si en vez de +tener usted en rehenes este cabo de vida, ya caduca, triste y de ningún +valor, tuviera usted una vida robusta; si yo fuera joven y mirase ante +mí un porvenir de treinta, cuarenta o cincuenta años, lo mismo que +ahora le digo le diría..., siempre con la consideración que debo a un +hombre de su valer y de su inteligencia. + +Oyó con atención y agrado el soldado del absolutismo esta declaración, +dicha con cierto énfasis oratorio, y estimó delicadas las razones del +caballero. + +—Basta, señor mío, y no hablemos más del asunto —le dijo—. Yo lo +siento por usted..., y también por la Causa, que, digan lo que quieran, +no se ve muy apoyada por la grandeza de sangre... Pero ya vendrán, ya +vendrán todos... Solo que llegarán tarde, y les pondremos en última +fila. Para entonces ya habremos creado nosotros, digo, el rey, una +aristocracia nueva, sacada de las filas de la lealtad... ¿Qué hizo +Napoleón cuando se vio sin nobleza de abolengo? Pues fabricarla. De +sus generales hizo duques y príncipes, y hasta reyes... Traemos entre +manos la fundación de una sociedad nueva, pueblo nuevo, ejército +flamante, aristocracia acabadita de salir... Y ustedes, los de la +corte isabelina, se irán a cuidar cabras, o a destripar terrones... +Sí, señor; si yo lo dispusiera, así sería. A todos los marqueses y +archipámpanos que no han reconocido a Carlos V, les pondría yo una +azada en la mano, y... ¡hala!, a labrarme las tierras del común... + +Terminó la cuestión de un modo festivo, y con ella la comida. Retirose +don Beltrán, expresando nuevamente al _leopardo_ su estimación, _quand +même_, y se fue a dar con Nelet, que ansioso le esperaba. En una sala +del mismo edificio, y en las propias mesas donde habían comido, los +oficiales jugaban al ajedrez o las damas. Cabrera, una vez alzados los +manteles, se puso a trabajar con dos secretarios, dictando oficios +y comunicaciones para el gobierno de lo que con visos de Estado +tenía bajo su mano. No solo había creado un ejército, sino una +administración civil, tal como esta podría existir en aquella vida de +constante inquietud, de movilidad epiléptica. + +Y en verdad que el Estado en esbozo y su terreno inseguro le venían +corto a don Ramón Cabrera, hombre que por su inteligencia comprensiva, +su voluntad potente y sus dotes de organización, había nacido para más +altas empresas. Su inquietud continua, la palidez de su rostro, el +estado nervioso y febril en que de ordinario se encontraba, no eran más +que la impaciencia loca para llegar a donde quería ir, el sentimiento +de la desproporción entre sus facultades y la poca materia gobernable +que cogía entre las manos. Lo que había creado con esfuerzo monstruoso, +con los golpes fulminantes de su coraje guerrero, con su nativo +conocimiento de los hombres y del país era mezquino para quien se +sentía capaz de manejar un imperio... Algo de esto pensó don Beltrán, +recordando lo que hablaron durante la comida, y el rostro siempre +melancólico de Cabrera: «Es un hombre que, con tener mucho entre las +manos, aún tiene más en la cabeza, y de este desequilibrio proviene +su aspecto de gato triste..., dormilón, cuando sus ojos no despiden +rayos. Su crueldad es la irritación contra el género humano porque no +se le somete de golpe. Si este hombre triunfara y pudiera manifestar +tranquilo y seguro lo que lleva en su corazón y en su cabeza, sería un +dictador severo y paternal, rigorista y clemente, próvido para todo, y +hasta liberal dentro de su poder soberano indiscutible». + +No le dejó Nelet hablar de nada que no fuera su asunto, y en cuanto +tuvieron ocasión de arrinconarse, lejos del barullo de los jugadores, +reanudaron el sabroso tema. + +—No puede ser hasta mañana por la noche —dijo el militar—... Ahora +sobreviene una dificultad que trato de vencer esta noche misma. +Dícese que el general vuelve mañana hacia Liria: no sé qué planes +tiene. Llangostera se queda aquí para ir sobre San Mateo, y después +no sé a dónde. Yo he pedido que me destinen a su división, pues deseo +aproximarme a mi pueblo, donde necesito proveerme de ropa y dar un +vistazo a mis intereses. + +—Y en tal caso, ¡ay de mí!, habremos de separarnos... + +—Creo que no. He hablado a Llangostera, que es grande amigo mío y +paisano, y espero conseguir que se quede usted con nosotros. Daremos +al general esta noche una razón que no tiene réplica. A Llangostera +corresponde fusilarle a usted, en caso de que maten al hermano del +conde de Catí, porque el tal estaba en su división cuando le cogieron. +La cosa es de clavo pasado... + +—¡Y tan pasado! No sabía que entre carlistas hubiera tales etiquetas. + +—¡Anda..., y que se cumplen con todo rigor! En fin, que vendrá usted +con nosotros. + +—Mucho me place; y en cuanto a mi fusilamiento, lo mismo me da que sea +Pedro que sea Juan el que me mande a mejor vida... Me alegraré, sí, +de que sea usted el encargado de darme los tiros, pues no dudo que +usted mandará que me apunten bien al corazón, para que mi muerte sea +instantánea, y no esté yo pataleando como un buey a medio degollar... +Con que vamos a nuestro negocio. + +—Dígame sinceramente, echando mano de todo su saber mundano, si una vez +libre Marcela, debo ir tras ella y emprender su conquista por asalto... +¿Cree que es mejor poner paralelas? + +—Hijo, sí: el asalto no es prudente hasta que la plaza no esté bien +castigada y con ganas de rendirse. No haga usted la tontería de +embestirla con violencia... Al contrario, es muy hábil aparentar +desgana de entrar en el recinto, afectar que se desean los +procedimientos del asedio galante, colmarla de atenciones, sin mostrar +al principio una ansiedad viva de amor... Mujer que vive en el +idealismo, fíjese usted bien, con el idealismo debe ser atacada. + +—¡Oh, qué talento tiene usted —dijo Nelet, abrazándole gozoso—, y cómo +conoce el corazón humano! Ha sido gran suerte para mí encontrar tal +amigo. + +—Y para mí también. Entre paréntesis, si quieres que yo hable con +el desahogo que facilita la comunicación entre maestro y discípulo, +permíteme que te tutee... Pues, sí: como ella tira a lo espiritual, +conviene que aprendas tú algo de fraseología mística y hojarasca de +librillos devotos. Nada de violencias. Paralelas, hijo, paralelas y +fuegos parabólicos... por elevación. Según dices, no eres en este caso +un seductor vulgar; solicitas el alma, el amor... + +—El amor, sí, grande, abrasador como el mío —dijo Nelet con acento +teatral. + +Movido de compasión y de un paternal interés, quiso el buen Urdaneta +que sus consejos le llevaran por el camino menos aventurado y +escabroso. Díjole que de los infinitos casos y ejemplos que atesoraba +el archivo de su experiencia, escogía los de color más honrado y puro. +Antes que atacar a la hermosa Marcela con asechanzas o artificios de +mala ley, debía esperar a que ella se rindiera, poniendo en ejecución +para esto los ardides de un hombre lealmente enamorado. Bueno sería +empezar con la estratagema de los desdenes, la fingida frialdad o +indiferencia, que en multitud de casos subyugan más pronto que los +extremos de cariño; bueno sería también mostrarse rival de ella +en lo de suspirar por este o el otro santo, o por misterios de la +religión; y si esto no resultaba eficaz, se emplearía el galanteo +fino y respetuoso, el anhelo de sacrificarse por la persona amada, el +propósito de emprender trabajos no menos grandes que los de Hércules, +para obtener por recompensa una mirada dulce, una leve ternura, un +favor sencillo. Tampoco vendría mal manifestarse caballero amador +sin esperanza, por el gusto y la satisfacción espiritual, sin ningún +melindre de los sentidos, haciendo gala de constancia a prueba de +desprecios, de una adoración pura, en que el alma del galán fuera como +esas sustancias puestas al fuego que nunca se derriten ni consumen. +Alcanzado el primer éxito, se intentaría curar a la beata mujer de su +místico arrebato, sacándola de aquel soñar continuo en una perfección +imposible; y atraída al terreno de la vida corriente, se le propondría +el matrimonio cristiano, bendecido por Dios: la unión honrada de dos +almas y dos cuerpos por toda la vida. + +—Este y no otro es el camino, querido Nelet —concluyó don Beltrán con +serena entonación—, que puede aconsejarte un hombre cargado de años y +de experiencia. Creo que si vas resueltamente por él, Dios te ayudará, +indultándote del castigo que mereciste por tus pecados de libertinaje. +Sí, sí, hijo mío: pues amas a Marcela, hazla tuya honradamente, y +constituye con ella una familia, y ten hijos que criarás en la virtud y +en el santo temor de Dios. + +Tan grande entusiasmo despertó en el apasionado joven esta elocuente +exhortación de su amigo, que se le saltaron las lágrimas, y hubo de +dominar con vivo esfuerzo su emoción, para no manifestarla ruidosamente +ante la muchedumbre de jugadores que llenaba la sala. + + + + +XVIII + + +—¡Jesús, qué delicia! —exclamó Nelet, después de una corta pausa—. +¡Casarme con ella!... ¡Marcela mi mujer! ¡Y retirarnos a una vida +pacífica, laboriosa y agradable!... ¡Y tener hijos, muchos hijos!... +Sepa usted, don Beltrán, que hacienda no me falta. Conservo parte de +las heredades de la familia..., entre ellas un _mas_ que es la gloria, +cerca de Cambrils. + +—Rico tú, más rica ella, el matrimonio se impone —dijo el anciano con +tal gravedad que a Nelet pareciole que hablaba por su boca el Concilio +de Trento—. Has de saber que Juan Luco, padre de esa extraordinaria +hembra, poseía grandes caudales, que yacen sepultados bajo tierra en +diferentes puntos: me consta. + +—Algo de esto oí; mas no le daba crédito. + +—¡Si serás tú simple! Crees en los demonios, y pones en duda los hechos +más naturales y corrientes... De acuerdo con su hermano Francisco, +que también ha dado en la flor de que le canonicen, Marcela se +propone consagrar todo ese metálico que hoy yace bajo tierra a una +grande obra de fundación religiosa... Figúrate qué desatino... ¡Como +si no tuviéramos en España bastantes conventos! ¡Y en qué ocasión +se le ocurre emplear dinero en albergues para frailes y monjas... +cuando Mendizábal, de una plumada, ha echado por tierra las órdenes +monásticas...! Pero poniéndonos en lo razonable, y a fin de no +contrariar abiertamente la voluntad de la monjita, la dejaremos que +consagre parte del tesoro a satisfacer aquel deseo santo, reservando un +buen pico para las obligaciones sacratísimas que dejó pendientes Juan +Luco. ¿No te parece? + +—Si he de hablar claro, señor don Beltrán, amo a Marcela con amor +del alma y fuego de todo mi ser, sin que esta pasión sea turbada ni +envilecida por ninguna ambición tocante a intereses... Por mi vida, que +más la quiero pobre; que a mis brazos venga sin otra propiedad que la +estameña que cubre la hermosura de su cuerpo; estameña que yo trocaré +gustoso por las sedas más ricas. + +—Pero, hijo, lo que abunda no daña. Tú no tienes culpa de que la +santa sea una ricachona. La mejor demostración que puedes dar de tu +delicadeza es permitir que Marcela funde o restaure algún conventito +no muy grande, y que dedique luego una parte no floja de sus especies +metálicas a dar cumplimiento a la voluntad de su padre..., a +restituciones que son sagradas, hijo, sagradas... + +—Con todo estoy conforme, pues cuanto usted me dice parece dictado de +la misma razón y del perfecto conocimiento de la vida humana. No ha +sido poca suerte para mí encontrar tal amigo y asesor. + +—A buen árbol te has arrimado, hijo... Lo que yo no hiciere en este +negocio, cuenta que nadie lo haría... Y si te parece, yo iré a +recogerme, que me siento cansado y soñoliento... Alguien habrá que me +diga dónde voy a tender esta noche mis pobres huesos. + +Llevole Nelet muy solícito a la cama que a él le habían destinado, y se +determinó, con insomnio y desasosiego de amante, a pasar toda la noche +en pie. Las solitarias calles de Nules le vieron rondar, al pálido +fulgor de las estrellas, y disparar suspiros contra los blancos muros +de las _mónicas_, santuario y prisión de la bella teóloga. + +Habiendo partido Cabrera al día siguiente en dirección al Júcar, por +la noche se efectuó con facilidad y sin ningún tropiezo la evasión +de Marcela, facilidad en parte debida a las ingeniosas disposiciones +de Nelet, en parte a las ganas que tenían las señoras Mónicas de que +la prófuga de Sijena se fuera a otra parte con sus filosofías y sus +latines. Mucho sintió Urdaneta no haber sido testigo de un caso que +tenía por interesante y teatral. Contole el galán que Marcela había +salido con su empaque de penitente, tal como en libertad la habían +conocido, y que él, atento a seguir los sabios dictámenes de su amigo, +se había mostrado atentísimo y caballerescamente cortesano, pero con +cierta frialdad parecida al desdén, según el programa trazado. Habiendo +dicho a la monja que no le había movido a libertarla más que su amor +a la religión y su respeto a las decisiones del concilio de Trento, +replicó ella que agradecía su libertad; mas para que el favor fuese +completo, había de buscar Nelet a los dos viejos enterradores que la +acompañaban comúnmente, y llevárseles para que la guiaran en su camino. +No le fue difícil al enamorado dar con Zaida y Alfajar, y aquel día +muy temprano la monja y sus servidores o discípulos habían partido +juntos hacia Villavieja. Tuvo buen cuidado Santapau de advertir a su +ídolo que no se alejase de la tropa que él mandaba, pues de otro modo +podría topar con quien de nuevo la cogiese y encerrara, obedeciendo las +órdenes de Cabrera. + +—En todo, hijo mío querido —dijo don Beltrán satisfecho—, has +procedido con tanto tacto como previsión. Atento, y al propio tiempo +desdeñoso..., solícito en buscar a los viejos, que sin peligro de su +virtud la acompañan..., y por último, precavido para tenerla siempre a +la mano y que no se nos escabulla. + +—Trato de inspirarme en usted, que todo lo sabe, pues aunque yo he sido +hombre muy corrido de mujeres, hacía mis conquistas al modo de pueblo, +y con la rudeza y malos modos de mi educación aldeana. ¿Cómo dice usted +que llaman a los que se dedican a engañar mujeres y hacen de esto un +oficio? + +—Donjuanes. + +—Pues si yo he sido un donjuanillo de pueblo bajo, sin finura, sin +retóricas, basto y llanote, usted ha sido un señor donjuán cortesano. + +Echose a reír Urdaneta, y no tuvieron tiempo de más explicaciones, +porque tocaron marcha, y el regimiento de Nelet, componiendo con otros +dos una brigada, al mando de Pertegaz, fue al socorro del _Serrador_, +que apretado se veía en el sitio de Burriana. Cuando llegaron ya era +tarde, porque el _Serrador_ venía en retirada por causa de la gran +resistencia que opusieron los valientes urbanos, socorridos por una +columna de Castellón. Pocos días después, los urbanos, por orden de +Borso, abandonaron la plaza, y entró en ella el cabecilla faccioso +con el sentimiento de no encontrar a ningún jefe de la Milicia ni de +tropa a quien fusilar. Pertegaz tomó la vuelta de Cantavieja para +unirse a Cabañero, y Nelet volvió a incorporarse a la división de +Llangostera, que marchó hacia Lucena y de aquí a Albocácer, recogiendo +cuanto encontraba, hombres y caballerías, víveres y forrajes, +animales y personas. En todas estas marchas y contramarchas, don +Beltrán se aburría de lo lindo, y Nelet no tuvo el gusto de encontrar +a Marcela más que dos veces: la una, en la rambla de la Viuda; la +otra, en Nuestra Señora de Hortiseda. Apenas pudo hablarle en el +primer encuentro; pero en el segundo si platicaron, y por consejo de +su noble maestro se lanzó a demostraciones más expresivas, después +de haber empleado los desdenes sin resultado práctico. No debió de +quedar satisfecho el comandante, porque cuando partió con sus tropas +en auxilio de Cabañero, que sitiaba a Cantavieja, iba muy temeroso de +que le cogieran por su cuenta los demonios que atormentarle solían. +Rendida Cantavieja por traición, quedáronse las fuerzas de Nelet a +mitad del camino, en Iglesuela del Cid, donde recibieron orden de +Cabrera para marchar a la Cenia, punto fortificado por los carlistas a +la subida de los puertos de Beceite. Allí se enteraron de que Oráa era +general en jefe del ejército del Centro, y que, decidido a dar impulso +a las operaciones, había dividido su hueste en tres cuerpos, que +mandaban los brigadieres Nogueras, Corral y Sequera; supieron asimismo +que el infatigable y diabólico don Ramón se aprestaba a defenderse +contra enemigo tan poderoso como _Lobo Cano_, que así llamaban a don +Marcelino, y seguramente, si con él no podía, había de _marearle_ con +sus audaces movimientos y prodigiosos brincos de un extremo al otro +del país. Por de pronto, apresuraba la expugnación de la histórica +villa de San Mateo, para no dar tiempo a que en su auxilio fuesen los +de la reina. Grandes acontecimientos se preparaban: don Beltrán, que +era amigo de Oráa, confiaba mucho en su pericia; mas conociendo ya el +fragoso terreno de aquella guerra, y la fiereza y dura condición de los +que en él peleaban por el absolutismo, no veía cerca ni lejos el menor +vislumbre de paz. La naturaleza era allí tan guerrera como el hombre. + +Estaba de Dios que antes de salir de la Cenia presenciaran Nelet y don +Beltrán espectáculo tan lastimoso como el de Burjasot, pues conducidos +allí los prisioneros de San Mateo (que se rindió como Cantavieja, por +flaqueza o deslealtad de algunos de sus defensores), se procedió con +toda tranquilidad a exterminarlos por un procedimiento fácil y barato. +Apenas llegaron, metiéronles en diferentes mazmorras; algunos fueron +recluidos dentro de un horno de pan. Y si por economía de víveres se +les mataba de hambre, por ahorrar cartuchos se determinó concluirles +a bayonetazos. Edificado el pueblo en eminencia rocosa, presenta +por uno de sus costados un tajo formidable, vertiginosa caída a la +profundidad aterradora de un barranco, donde brama un torrente entre +peñas y zarzales. Al borde de este precipicio fueron conducidos de dos +en dos los prisioneros, después de confesados por el padre Chambó, cura +párroco de la Cenia. Unos cuantos _números_ hacían de matachines; otros +tantos arrojaban los cuerpos a la hondura tenebrosa y fría. Treinta +y ocho oficiales y sargentos perecieron de este modo, sin contar un +cadete de doce años, que fue al matadero emparejado con su padre, +comandante del fuerte rendido de San Mateo. La última res sacrificada +fue una cantinera portuguesa. + +No tuvo papel Santapau en esta tragedia, pues habiéndose trocado, por +la virtud de su amorosa llama, de feroz en benigno y humanitario, +siempre que le daba en la nariz olor de degollina, se ponía malo; +y realmente lo estuvo de la cabeza y del corazón. Sin quejarse +tanto como su amigo, don Beltrán no gozaba de buena salud. Ambos se +alegraron cuando se dio la orden de que Nelet marchase con la mitad +de su regimiento a relevar la guarnición de Benifazá, lugar que +también tenían toscamente fortificado en el centro de aquel núcleo +de montes elevadísimos que llaman la Tinenza. Por los desfiladeros +del río de la Cenia, faldeando la Peña del Águila, pasaron de la zona +de Rosell a Benifazá, y a la célebre abadía cisterciense fundada por +don Jaime, edificio devastado sucesivamente por tres guerras, la de +las Germanías, la de Sucesión y la que ahora se relata. Daba pena +ver su noble arquitectura mutilada por bárbaras manos: aquí señales +de incendios, allá desplomados muros, la iglesia con medio techo de +menos, la torre melancólica y sin campanas, con sus espadañas ciegas +y mudas, las junturas pobladas de jaramagos y ortigas, y el claustro, +en fin, con solo tres costados, más triste que todo lo demás, y más +poético y ensoñador. Aposentaron a don Beltrán en un pasadizo entre el +claustro y la iglesia, donde gozaba de la hermosa vista del despedazado +monumento, que apreciar podía en su esbeltez de conjunto, no en sus +riquísimos detalles. No era lego en arqueología el buen aragonés, y +sentía verdadera pasión por el estilo llamado románico y su elegante +austeridad: en tiempos más felices había visitado con entusiasmo de +artista los monasterios de Veruela y San Juan de Peña; conocía el de +Rueda como su propia casa, y todo lo románico y gótico del siglo XIII +que encierran las ilustres villas y ciudades de Aragón. Se extasiaba +recorriendo los venerables restos de la construcción medieval, los tres +ábsides semicirculares, el claustro, la sala del capítulo, el palacio +abacial; y tan dulce encanto encontró en aquella paz y en el poético +lenguaje de las nobles y tristes piedras, que habría deseado permanecer +allí todo el tiempo que su prisión durase. + +También Nelet se sentía muy a gusto en el monasterio, que perfectamente +cuadraba a su espíritu en aquella ocasión, como estuche ajustado a +la joya que guarda. La dolencia que trajo de la Cenia se le calmó +el primer día; mas repuntó al segundo con sus murrias negras y sus +vibraciones nerviosas, anunciándole la visita de los entes infernales +que con él se divertían. Los ratos libres de servicio pasábalos con +don Beltrán, sentaditos en un rincón del claustro, hablando cada +cual de sus tristezas. Como el présbita que se hace leer un libro de +letra menuda, Urdaneta rogaba a su amigo que _le leyese_ el claustro, +esto es, que examinara uno por uno los capiteles y el simbolismo que +representaban, para poder él juzgar de obra tan bella, como si con sus +propios ojos la deletreara. Después de describir varias esculturas en +que no halló ningún interés, dijo Nelet con estupor: + +—¡Ay, aquí veo mi propia historia!... No, no se ría: es mi historia, +que aquí representaron aquellos artífices algunos siglos antes de que +yo viniera al mundo. + +—¿Qué ves, hijo? + +—En este capitel del ángulo, por la parte de dentro, veo un guerrero +que adora a una penitente. Él está de rodillas; ella, en la tosquedad +de estos relieves, ofrece gran semejanza con Marcela, los pies +desnudos, suelto el cabello... En el capitel de fuera se ve la misma +peregrina, con una cruz... Yo no estoy aquí..., parece como si me +hubiera ido... Debo de estar más allá... Déjeme ver... Aquí no estoy; +forman el adorno unos como perritos o leoncitos, y luego sigue otro +con cabezuelas de ángeles, entre las púas retorcidas de cardos +borriqueros... ¡Ah!, ya parecí..., aquí estoy, en este otro capitel, y +me tiene cogido por el pescuezo el demonio que se permite conmigo sus +bromas cargantes... Sigue otro en que hay muchas mujeres chiquitas, +desnudas, entre llamas, que son las hembras que deshonré y perdí, y por +mi culpa están en el purgatorio o en el infierno... + +—Hombre, no saques las cosas de quicio. Será otra leyenda que nada +tiene que ver contigo... ¿Qué hay más allá? + +—Pues un caballero con cruz en el pecho, como de templario, con un +cuerno de caza en el cinto, en la una mano una pica y en la otra un +halcón. + +—Caballero noble... Ese soy yo... No me niegues que puedo ser yo. + +—¿Cómo he de negarlo, si hasta se le parece en lo airoso de la +figura?..., pues en el rostro tiene un cierto aire... + +—Dime otra cosa..., fíjate bien. ¿No estoy hablando con alguna dama de +alta alcurnia, reina o princesa? + +—No señor... Está usted solo. + +—No puede ser. Puede que el tiempo haya desgastado la otra figura. Dama +ilustre debe de haber, que me acompaña en el noble ejercicio de la +caza; y si no es así, no soy yo el que miras, Nelet. + +—Créalo usted o no lo crea, yo sostengo, amigo mío, que vivimos en +estos pedruscos. Esto que aquí nos rodea no es cosa muerta; esto +tiene alma, como la tienen los montes, el viento, las cavernas, y los +torrentes que cantan y rezan en las profundidades... + + + + +XIX + + +—Más poeta eres de lo que yo creía —dijo don Beltrán, cogiéndole del +brazo para pasear por el claustro—. Por cierto que una queja tengo de +ti, y es que, habiéndote escrito Marcela, según me has dicho, más de +una carta, acompañada de versos, aún no me los has enseñado. + +—No solo he de mostrárselos, sino que quiero que ponga su mano de +maestro en los que yo, en respuesta de los suyos, estoy inventando... + +Rompió don Beltrán en una risa placentera; mas no pudieron seguir +ocupándose en aquel ameno asunto, porque se acercó el ayudante +del batallón, llamando a Santapau para urgentes resoluciones del +servicio. Toda la tarde y parte de la noche estuvo atareadísimo, dando +cumplimiento a órdenes de Cabrera para proveer a una corta de árboles, +con objeto de proteger el camino cubierto entre la casa del abad y un +_mas_ situado a tiro de fusil, dominando el río y el sendero. Al día +siguiente contó el comandante a su maestro que, no pudiendo dormir +después de su trabajo, había visto a Marcela, o más bien una parte no +más de su persona... + +—Pero tan claramente, amigo Urdaneta, como le estoy viendo a usted +ahora. + +—¡Demonio! ¿Y qué parte de su persona veías? ¿Se puede saber? + +—Los dientes... Mire usted que es raro. No hay, créalo, en todo el +mundo dientes como los suyos, blancos como la leche, y tan iguales y +bonitos que se emboba uno mirándolos... Por arriba y por abajo de las +dos hiladas, veía yo un poco de los labios... y nada más. + +—Eso es que sonreía. Buena señal. ¿Y una sola vez lo viste? + +—Más de veinte, y hoy también como unas ocho veces. + +—Aunque aquí estamos muy bien, es lástima que las obligaciones +militares nos separen de la divina Marcela. + +Díjole Nelet que desde antes de ir a la Cenia, era tal su anhelo de +verla y hablarle, que había discurrido establecer comunicación con +ella. Tanto tiempo ausente del ser que adoraba, era peor desgracia +que la muerte. Habiendo tenido la suerte de encontrar a un pastor +viejo, muy conocedor de aquellos montes y cañadas, devoto de Marcela, +a quien como santa miraba, le dio el encargo de rastrearla y descubrir +sus guaridas. Al segundo día de estar en Benifazá, le había traído el +pastor razones satisfactorias. Marcela habitaba con preferencia en +las alturas, como las águilas, y en los santuarios de más devoción +del país. Había morado algún tiempo en la Muela de Ares, después pasó +a la cueva de la Balma, de allí a la Virgen de los Ángeles, cerca +de San Mateo, y en aquellos días se hallaba en el santuario de la +Traiguera, entre Chert y Vinaroz. Como preguntara don Beltrán sí había +recibido carta en prosa o verso, replicó que las razones de que había +sido mensajero el pastor eran verbales. Marcela enviaba un cordial +saludo a sus dos amigos, asegurando que en todas sus oraciones pedía +al Señor y a la Virgen que les diera salud y buenas ideas. A Nelet, +particularmente, le enviaba nuevas expresiones de su agradecimiento, +y la promesa de acudir al punto que él designara, si algo tenía que +decirle. + +—¡Oh! Magnífico... No repugna acudir a la cita. Vamos bien, querido +Nelet, pero muy bien... ¡Ay!, es triste cosa que ni yo por prisionero, +ni tú por militar, esclavo de la ordenanza, podamos trasladarnos a +donde nos llama nuestro deseo. + +—En eso pienso, señor mío —dijo Santapau caviloso—. Y harto ya de +la esclavitud del servicio, estoy decidido a pedir mi licencia por +enfermo, instalándome donde ella esté, aunque para esto tenga que hacer +vida de penitente. + +Aseguró Urdaneta, suspirando y casi lloroso, que él haría lo mismo +si pudiese, agregándose a los enterradores que escoltaban a la +divina mujer, y dedicándose con ellos al manejo de la pala y azadón +donde fuese menester remover la tierra. Añadió Nelet que para la +comunicación con la monja había encontrado mensajero más rápido que +el pastor, y era una mujercita del barranco de Vallivana, a quien +llamaban _Malaena_, también con cariz de penitente o mendiga errante, +envejecida por los trabajos, la miseria y los sufrimientos. Madre +fue de dos hijos que andaban en la partida de Pertegaz, y cogido por +Nogueras uno de ellos con un parte del _Serrador_, le fusilaron; al +otro le aplicó Boil la misma pena en Concud, cerca de Teruel. Sin +parientes ni habientes, viviendo de arrancar leña y vender teas, +era _Malaena_ un puro espíritu, pues entre sus huesos y su piel no +encontrara el escalpelo más diligente una hebra de carne. Frecuentaba +los bosques; sabía escoger hierbas oficinales; comía raíces y mendrugos +de pan, reblandecidos en el agua. En ligereza para pasar de un valle +a otro, salvando las más altas muelas, y los puertos pedregosos, +no la igualaban más que los pájaros. Aunque en algunos caseríos de +Salvasoria la tenían por bruja y la recibían a pedradas, era una pobre +y santa mujer, sencilla, inocente y fiel. Al escogerla Santapau para +embajadora, vio en ella un ave discreta y solícita; y para tenerla +en su gracia, empezó por regalarle una saya nueva, pañuelos, y todas +las alpargatas que para sus montaraces correrías necesitase. Estas +fueron inauguradas por un mensaje amoroso, en que puso Nelet sus cinco +sentidos, consultándolo con don Beltrán, el cual hizo varias enmiendas, +más para templar que para encender el ardor pasional del desgraciado +joven. + +Si la guerra vino de improviso a perturbar estos planes, tan distintos +de la contienda entre Isabel y Carlos, luego los favoreció, como se +verá más adelante. El 4 de mayo avanzó el general Oráa desde Vinaroz +contra Cabrera y el _Serrador_, que ocupaban la Cenia y Rosell. En +una y otra parte les atacó con brío, desalojándoles después de reñido +combate. La fuerza de Benifazá acudió en apoyo del _Serrador_, y tanto +este como Cabrera hubieron de buscar refugio en la sierra de Bel. Dos +días estuvieron tiroteándose en aquellas alturas las guerrillas de uno +y otro bando, hasta que Oráa, falto de provisiones, hubo de retirarse +a Vinaroz, y Cabrera y el _Serrador_ volvieron a ocupar la Cenia y +Rosell. Tal era la guerra del Maestrazgo, un tomar y dejar posiciones +y un perseguirse y sorprenderse, sin ventaja de los liberales, que no +podían abandonar largo tiempo su base de operaciones; el juego solo +aprovechaba a los carlistas, que estaban en su casa, y desalojados de +la sala, se metían en la cocina; perseguidos en esta, se escabullían +por el cañón de la chimenea, y desde el tejado seguían combatiendo. + +El ejército cristino, como se ha dicho, tuvo que bajar a Vinaroz: comió +y volvió a subir, custodiando un convoy de víveres para socorrer a +Morella, algo apurada de bucólica en aquellos días. Queriendo cortarle +el paso, apostó Cabrera su gente en Chert; pero el _lobo cano_ anduvo +más listo; conocida la jugada, dispuso sus tropas con arte y burló la +astucia del _leopardo_. Trabose batalla, en que el _lobo_ llevó la +mejor parte, ganando sin dificultad el paso de Vallivana y entrando +en Morella sin grave tropiezo. Repitiose a la vuelta la jugada, +con mayor gasto de cartuchos y algunas bajas; pero el _lobo_ pasó, +rodeando las alturas de Catí, mientras su rival, desconcertado por este +hábil movimiento, bajó a esperarle en el valle de San Mateo, donde +la caballería cristina le hizo frente, obligándole a volverse a las +alturas. Poco afortunado Cabrera en aquellos lances, dividió de nuevo +su ejército, y dejando a Llangostera en el Maestrazgo, se corrió con +el _Serrador_ y el _Fraile Esperanza_ hacia Murviedro, donde esperó +inútilmente sorprender a Nogueras, y de allí le veremos volver pronto +hacia el norte con la celeridad del rayo, para sitiar a Gandesa. + +En el tiempo invertido en estas operaciones, que solo por el cansancio +que producían al enemigo eran al carlismo provechosas, pasó el buen +Urdaneta días de ansiedad amarguísima, confinado primero en Chert, +luego en La Jana, deplorando la ausencia de su amigo, de quien nada +sabía; oyendo sin cesar el vivo tiroteo que por esta y la otra +encañada, de este y el otro monte venía; ignorante de quién perdiera +o ganara en aquellos combates, a su parecer fantásticos y aéreos, +sostenidos en las alturas o en los desfiladeros por bandadas de aves, +más que por hombres. Eran las guerras de fábula, entre animales de +pluma o pelo, veloces, y que prontamente corrían de un punto a otro, +sin dejar rastro. Recluido en la impedimenta de Llangostera, que +escoltaban pocos infantes y caballos, sufrió el hombre tristezas, +hambres y tratos groseros, hasta que puestas en marcha las acémilas, +cuando ya toda la rambla de Cervera y pasos de Vallivana estaban libres +de cristinos, tuvo la satisfacción de ver a Nelet, que al frente de un +corto destacamento de soldados venía de San Mateo, y lo primero que +hizo el joven guerrero fue correr a abrazarle cariñoso. Poco le faltó +a don Beltrán para echarse a llorar del gusto que aquel encuentro le +daba, y antes que pudieran comunicarse sus afectos, hubo de notar +Urdaneta que el rostro de su amigo, demacrado y macilento, revelaba +enfermedad honda o turbaciones del ánimo. No quiso el comandante +entretenerse en explicaciones, dejándolas para cuando llegasen al +poblacho donde habían de dormir. Solo dijo que sintiéndose mal de +salud, había pedido permiso a Cabrera para reponerse con algunos +días de descanso, y para cumplir un voto a la Santísima Virgen de +Vallivana. Como se condoliera el maestro de no poder acompañarle ni +en el descanso ni en la piadosa peregrinación, díjole Nelet que pues +en Catí encontrarían a Cabañero, bien se podía esperar que el bravo +aragonés, deudor de don Beltrán por beneficios recibidos, le mostraría +su gratitud en aquella ocasión sin faltar a sus deberes militares. +Consolado con esta idea, recobró el noble señor su tranquilidad, ya que +no su alegría, y charlando de los sucesos recientes, se encaminaron uno +y otro a Catí, venciendo trabajosamente la subida asperísima que a tan +enriscada posición conduce. + +Lo primero de que se ocupó en el pueblo Santapau fue de ver a Cabañero, +que con su legión zaragozana y oscense allí estaba desde el día +anterior, y hablarle del desgraciado prócer a cuya generosidad debía +el jefe aragonés los primeros zapatos que se puso en su vida. Así lo +reconoció el tal, manifestándose muy sorprendido de que en pasos tan +desdichados se viera el noble señor de Albalate y Olid. Corrió a verle, +y besándole afectuoso las manos, oyó de don Beltrán las explicaciones +que este quiso darle de los motivos por que había venido a ser cautivo +de Cabrera, y de hallarse en rehenes, la más aflictiva situación de +un hombre, ¡ay!, en tiempos tan calamitosos. Compadecido Cabañero, y +expresando su voluntad sincera de influir con el jefe para libertarle, +le convidó a su mesa, harto pobre en verdad; pero aceptable en tales +circunstancias. Tocado por Nelet el punto delicado de la escapadita a +Vallivana para cumplir el voto que _los dos habían hecho_ de visitar a +la Santísima Virgen, accedió Cabañero a que el prisionero se ausentase +del ejército por dos días no más, dejándole una garantía más valiosa +que todos los rehenes o _prendas vivas_. + +—Mi palabra de honor, ¿no es eso? —dijo don Beltrán alargando su mano +flaca—. Pues la tienes. + +Respondió el aragonés con gallarda confianza que la palabra de +tan insigne caballero le bastaba para tener bien cubierta su +responsabilidad, y no se habló más del asunto. + +Vierais, pues, a la mañanita siguiente, a Manuel Santapau y al señor de +Urdaneta salir de Catí, solos, a pie, cada cual amparado de un nudoso +garrote: el uno inerme, el otro armado de pistolas y un cuchillo de +monte. Llevaba de añadidura Nelet provisión de pan y otras cosillas +de sustancia liadas en un pañuelo. En el descenso de la montaña, por +senderos de ovejas que sorteaban la pendiente con ángulos y curvas +dilatadas, pudieron apreciar el grandioso panorama que a su vista se +ofrecía; belleza incomparable de que también gozó don Beltrán, pues +si no apreciaba las menudencias y tonos medios del paisaje, percibía +claramente las grandes masas rocosas, que por su coronamiento romo +y achatado, en aquella formación geológica, son llamadas _muelas_. +Las vertientes cubiertas de verde espesura son en algunos puntos +suaves; en otros caen rápidamente, querenciosas de la vertical: todas +de imponente majestad y hermosura. En una de las revueltas vieron el +alto de la Virgen de la Salud, cerca de San Mateo, coronado por el +santuario eminente; en otra revuelta, hacia el oeste, la Muela de Ares, +cima chata en la sierra de la Higuera. Hacia el norte distinguían el +oscuro monte de Vallivana cubierto de verdor, y más allá asomaban el +Castell de Cabres, la Moleta del Cid y los montes de la Cenia. Ningún +ser humano encontraron en el camino. Llegado que hubieron a un ameno +grupo de alisos entre peñas, se sentaron a descansar y a reponerse con +un frugal almuerzo, y tumbados allí, en medio de la paz y quietud más +deliciosas, Nelet empezó a desembuchar las noticias y peregrinos hechos +que ansiaba someter al consejo de su amigo. + + + + +XX + + +Sin ociosos preámbulos refirió que había pasado noches horribles de +insomnio y terror, pues al llegar a Calig, después de haberse batido +en guerrillas un día entero con las guerrillas de Oráa, le cogieron +por su cuenta como media docena de espíritus, a quienes primero tuvo +por ángeles, y luego hubo de reconocerlos por demonios efectivos, de +la familia o casta de bellacos y maleantes, pues se le presentaron +en un puesto de cantina, y convidándole a beber copas, invitáronle a +dar un paseo. Vestían de paño colorado, como oficiales de un ejército +extranjero; y cuando ya se hallaron solos con él en lugar apartado, +trocáronse por ensalmo en clérigos, y le dijeron que le casarían al +instante con la hermosa Marcela. Quiso huir Nelet; mas le cogieron, y +de un vuelo rapidísimo fue llevado al castillo de San Mateo, entrando +por la plataforma de la torre más alta. + +—Nelet, si es sueño —dijo don Beltrán bondadoso—, cuéntamelo como +sueño, y con la importancia que a tales figuraciones de nuestro cerebro +debemos dar. + +—Lo cuento como me pasó y como lo sentí. Preste usted atención, y +verá si es sueño o qué es. Pues, señor... El que parecía jefe de la +infernal comparsa me cogió por el brazo y me dio un rápido paseo por +el interior del castillo, arrastrados él y yo de un furioso ventarrón +que por todos los huecos entraba y salía, llevando consigo alimañas mil +volanderas y un polvo que cegaba. Y con las propias voces del aire y +los chillidos de las alimañas, mi demonio me hablaba. De todo lo que me +dijo, solo saqué en limpio que el amor que Marcela tenía a las cosas +divinas se le había trocado, por arte maléfica, en afición a hombre, a +mí, en una palabra; que en aquel momento hallábase en el santuario de +Traiguera engañando a la Virgen para que la relevara de la obligación +de sus votos. Debí manifestar al maldito diablo mi afán de trasladarme +a Traiguera..., no estoy seguro de ello..., solo sé que llevándome a +un gran sótano que hay bajo la sala de armas del castillo, me mostró +un agujero al modo de escotillón, de donde arrancan escalones hacia lo +profundo... Como polvo, como humo se desvaneció mi acompañante, dejando +tras sí un olor muy malo, y yo, precipitándome por aquella abertura, +me vi dentro de un angosto callejón labrado en la roca, y por él me +lancé, en la seguridad de salir a Traiguera. Una luz tristísima, que +yo no sabía de dónde demonios podía venir, me alumbraba en tan feo +camino. Seguí, seguí toda la noche andando; toda la noche, señor, y al +ser de día, o cuando a mí me parecía que alumbraba el sol en la región +externa de la tierra, oí ruido de aguas que manaban de aquellas peñas +y corrían por grietas y sumideros, haciendo unas como gárgaras muy +imponentes... Halleme por fin en una caverna, cuyo techo parecía la +bóveda de una catedral; en el fondo de ella varios hombres cavaban la +tierra... Acerqueme, y les vi sacar del suelo un objeto largo y pesado +de color de tierra. «¿Es eso una momia, amigos?», les pregunté. Y ellos +respondieron: «Mojama es de un muerto de metales, que agora sacamos y +resucitamos por orden de la sacra señora, para mayor grandeza de Dios +e de su religión». Sin parar mientes en lo que hacían, les pregunté por +dónde saldría más pronto a Traiguera, y su respuesta fue señalarme uno +de los conductos que desde allí partían, abiertos en la roca. Por él me +metí, y a las seis horas de camino, por mi cuenta, salí a la luz, y me +encontré, no en Traiguera, sino en el castillo de Cervera del Maestre. + +—Para, querido Nelet, para —le dijo Don Beltrán—, y reconoce que todo +eso es un desatinado sueño. + +—Lo reconoceré si usted se empeña en ello. Pero hay algo aquí que no +comprenderé si usted con su universal conocimiento de las cosas no +me lo explica, y es que al salir a Cervera del Maestre, encontreme +tan molido como si me hubieran dado carreras de baqueta; mis pies +sangraban; en mi cuerpo no cabían ya más cardenales... Y otra duda; si +ello fue sueño y me dormí en Calig, ¿cómo desperté en Cervera? + +—¿Estás bien seguro de no haber ido a Cervera... por tu pie? + +—Segurísimo. ¿Y cómo, sin creer en los poderes ocultos, se explica que +al bajar yo del castillo al pueblo de Cervera me encontré a _Malaena_, +que muy sentadita en una piedra me esperaba? ¿Cómo sabía ella que allí +estaba yo, habiéndole advertido que fuera a buscarme a Calig? + +—Pues será bruja, como dicen... Y en suma, ¿qué recado te traía la +mensajera? + +—Que había visto a Marcela en el castillo de San Jorge, más abajo +de Traiguera, ocupada con dos viejos en apisonar la tierra de una +sepultura recién abierta y cerrada. Apisonaban dando pataditas encima +los tres, marcando el compás, como de baile, con una oración entre +rezada y cantada. Luego que acabaron, Marcela dijo a mi embajadora que +si yo quería verla pasase el jueves (por hoy) a Vallivana. + +—Y por eso estamos aquí, y por eso vamos allá. Muy bien. + +—La despaché en seguida con nuevo mensaje escrito, y hoy ha de traerme +la contestación. Me espera en Salvasoria, que es aquella aldeíta que +blanquea allá lejos, en el fondo de este valle, y que desde aquí parece +un hato de ovejas sesteando entre los matorros verdes. + +Siguieron; y como don Beltrán intentara quitarle de la cabeza la +pueril creencia de los caminos subterráneos, obra de la edad feudal, +dijo Nelet que a la tradición debía tal creencia y otras análogas, +como la parte fundamental que toman en nuestra vida las potencias +invisibles, ora sean ángeles, ora demonios. Replicó el anciano que la +tradición era una vieja loca, que había sido poetisa; pero que ya con +la edad chocheaba; y Santapau contó que su madre, natural de Ares del +Maestre, el riñón del Maestrazgo, hablaba de las galerías secretas +entre los castillos de la orden de Montesa y los monasterios de frailes +y monjas, como si las hubiera visto y reconocido de punta a punta. +Tomó la palabra Urdaneta para denegar tales absurdos, asegurando que +si había pasadizos bajo tierra, eran cortos, y solo servían para unir +los castillos con algún reducto cercano, caminos naturales del arte +antiguo de la fortificación. Respecto a la orden de Montesa, de quien +fue propiedad aquel territorio que veían, y otros mayores en grandísima +extensión por todo el reino alto de Valencia, dijo que él era caballero +de dicho hábito; pero que ya tales caballerías eran una ficción de +vanidad, porque todo lo sustancial de ellas se lo había tragado el +tiempo insaciable, que va devorando, devorando, y no siempre crea +cosas nuevas con que sustituir a las pasadas. En la antigua ciudad de +Olite, patria de su madre, y en la casa solar de Urdaneta, en las Cinco +Villas, subsistían no pocos retratos de esclarecidos caballeros de San +Jorge de Alfama, orden que se refundió en la de Montesa. Esta trocó su +cruz negra flordelisada por la roja y sencilla de San Jorge, que es la +que aún dura. Uno de sus remotos abuelos, según constaba en pergaminos +de la casa, don Gilaberto de Monsoria, fue Gran Maestre de Montesa, y +con esta dignidad murió en la villa de San Mateo, donde seguramente se +conservaría su sepulcro. + +—Otro ascendiente mío por la línea materna, frey don Pedro Luis de +Garcerán de Borja, fue Comendador mayor, y poseía por tal dignidad las +villas y pueblos de Cuevas de Vinromá, Albocácer, Tirig, Torre den +Dumenje, y otras más que no recuerdo ahora. Clavero fue el hermano +del fundador de mi señorío de Albalate, frey don Guillén de Corbera, +almirante... Pues si las mudanzas de los tiempos y las revoluciones +no hubieran hecho escombros de todo aquel orden social, tu amigo don +Beltrán de Urdaneta sería hoy quizás Gran Maestre, y dueño, por tanto, +de las villas y lugares de San Mateo, Traiguera, Chert, La Jana y +algunos más. Figúrate... Nadie nos tosía en estos valles y montes; +con mi gente armada y esta red de castillos y fortalezas, haríamos +aquí lo que nos diera la gana: a ti te nombraría bailío para que me +gobernaras todo mi territorio; elegiríamos prior a un clérigo sumiso +que a nuestro gusto nos gobernara todo lo espiritual; a las monjas +de nuestra jurisdicción las obligaríamos a proporcionarnos todos los +milagros que fueran menester; haríamos excavaciones para sacar tesoros +escondidos y... Pero despertemos a la realidad, y caigamos innoblemente +en este lodazal de miseria, de esclavitud y vulgaridad. Veamos nuestros +castillos en ruinas, poblados de lagartos y murciélagos; nuestro poder +desvanecido como el humo; veámonos tan impotentes que sobre nadie +tenemos autoridad, y a nosotros nos mandan cuatro canallas groseros y +estúpidos. ¿Qué somos? Unos pobres peregrinos que van tras de una monja +suelta, de quien esperamos, tú una limosna de amor, yo una limosna +de pan... Ya ves... ¡Qué triste despertar!... ¡Oh tiempos, oh fin de +fines!... + +Callaron largo trecho: antes de llegar a Salvasoria, se les apareció +_Malaena_ saliendo de un matojo, y Nelet se detuvo un instante con +ella para recibir razones de su embajada. Don Beltrán distinguía de la +mensajera una figurilla delgada y ágil, brazos y manos ennegrecidos, +con rostro muy semejante en color y arrugas a una pasa, con ojos +ratoniles. No hablaba más que valenciano, dulce y lacónico, apoyando +con sus flacas manos los dichos, cual si quisiera estamparlos en el +aire. + +—_Pos hara_ —le dijo Nelet—, _adelantat y espéranos en la font, al peu +del mont. Allí pasaren la nit. Arreplega lleña y fes una bona fogata. +Pren estas provisions, y si pots conseguir unes criailles, fetnos un +bon guisado_. + +En breve desapareció delante de los peregrinos la diligente pájara, y +ellos siguieron taciturnos: Nelet mirando al suelo, recitando entre +dientes algo que no se sabía si era oración o algún conjuro contra +diablos entrometidos y enredadores; don Beltrán mirando al monte, +recreándose en aquella plácida soledad de sagrado bosque propicio a los +misterios. Sentíase el noble viejo a mil leguas de la sociedad y de +sus afanes; diríase que ni la guerra, ni la política, ni ninguna lucha +de humanos, habían de extender hasta allí su tumulto y vocerío. Por no +ver seres vivos, ni aun cabras veían. Era la soledad de los lugares +no estrenados aún por la historia y la leyenda... La imaginación del +primer habitante los poblaba de seres invisibles, escondidos en el +silencio. + +Oyendo suspirar a Nelet, su maestro le dijo: + +—Muy caviloso te veo. ¿Eso que entre dientes hablas, es rezo o un +ensayo de lo que quieres decir a tu amada en la entrevista de esta +tarde? + +—No la veré esta tarde, sino mañana al amanecer, que así acaba de +anunciármelo _Malaena_; y en cuanto a lo que mascullo, sepa usted que +es la contestación que debo dar a unos versos que hace días me envió +Marcela... Mi plan es glosarlos estrofa por estrofa, devolviéndole el +discurso y dándole un giro peregrino, que al propio tiempo que exprese +mis afectos, sea muestra gallarda de un buen razonar... Compongo de +memoria algunas de mis estrofas para que usted me las corrija, y en eso +vengo trabajando con los sesos bien afinados y calientes. + +—Ante todo, léeme o recita los versos de esa prodigiosa mujer, pues sin +conocer la proposición poética, mal podré yo juzgar si la conclusión +rivaliza tu ingenio con el suyo. + + + + +XXI + + +—Recitaré a usted las primeras estrofas de ella, que estampadas con +letras de fuego, como todas las demás, llevo en mi memoria. Dicen así: + + _Es Dios la original circunferencia_ + _De todas las esféricas figuras,_ + _Pues cercos, orbes, círculos y alturas_ + _En el centro se incluyen de su esencia._ + + _De este infinito centro de la ciencia_ + _Salen inmensas líneas de criaturas,_ + _Centellas vivas de las luces puras_ + _De aquella inaccesible omnipotencia._ + +—Enrevesadillo es..., pero no está mal. Yo que tú, me limitaría a +contestarle en prosa llana que la quieres, que ahorque el sayo de +peregrina, y se deje de ensueños y se case contigo, para que deis a +Dios y a la sociedad, ella robusta, tú también, una _inmensa línea +de criaturas_... Pero sin perjuicio de este consejo, veamos cómo se +compone tu cacumen para devolver esas estrofas. + +—Pues verá usted... Yo le digo: + + _¡Oh, Marcela! Si es Dios circunferencia_ + _De la divina esencia,_ + _Explana de los orbes el abismo_ + _En líneas, cercos, círculos y..._ + +Al llegar aquí, la ley del maldito consonante me obliga a buscar +el modo de meter la palabra _profundas_, para poder rematar con el +concepto: + + _Tú que de amor y gloria te circundas,_ + _Eres centro del centro de Dios mismo._ + +Apretándose los ijares, rompió don Beltrán en una tan fuerte risa, que +el bueno de Nelet, desconcertado, cortó la vena poética. + +—¿Qué, señor? —le dijo—, ¿es que no están bien hilvanados, o que no hay +bastante sutileza y delgadez de razonamiento? + +—Por San Jorge de Alfama y por el nombre que llevo —replicó don Beltrán +llorando de risa—, te juro que desde que hay poesía no se han compuesto +versos peores... Pues los de ella también son malos adrede... Hijo +mío, vuelve en ti; acógete a la opinión leal y a la experiencia del +viejo Urdaneta, y abandona un camino por donde vas, no a la conquista, +sino a la total perdición de la plaza que quieres sitiar. Ven acá, y +en un abrazo de amigo te comunicaré las ideas que deben curarte de esa +enfermedad que padeces. Los demonios y los versitos son dos síntomas de +un mismo mal: el mal de tontería, Nelet... + +—Por Dios, que voy creyendo que tiene razón —dijo el discípulo +dejándose abrazar. + +—¡Que si tengo razón!... Como que a no cambiar de sistema, Marcela +se reirá de ti y acabarás por volverte loco. De un mal semejante al +tuyo padece ella, y no has de curárselo sino con la aplicación de +la medicina que produzca humor contrario a esas simplezas. Vuelve +en ti; levántate de ese terreno, verdadero corral de pavos, en que +te has caído. Ten presente que Marcela no ha de quererte por pavo, +sino por hombre. No seas con ella poeta huero; sé gallardo, fuerte, +enamorado, siempre varonil; antes que ñoño y quejumbroso, sé atrevido +y jovial. No hagas caso de duendes, que son muy mala compañía, ni te +calientes los cascos componiendo endechas, que aun siendo superiores, +no agradarían a tu señora tanto como un buen poema de amor, sentido y +expresado en los hechos, no en las palabras. + +—¡Es verdad, sí, sí! ¡Viva don Beltrán! —exclamó Nelet entusiasmado, +abrazándole más fuerte—. Lo veo claro... Hay que ser hombre, galán, +fuerte, apasionado, dispuesto para todo... + +—Sí, que vea y entienda la grandeza y el ardor de tu pasión; que en +ti admire el tipo del caballero amante, de corazón fogoso y voluntad +firme; que te tema un poco, pues es bueno una chispita de miedo para +encender amor; vea también que a todos infundes respeto; que eres +bravo, verdadero gallo en guerras y amores. Esta es mi opinión. Si no +haces esto, no cuentes conmigo... Que te aconsejen los demonios y te +amparen los versitos. + +—No; no hay consejero como usted, ni quien sepa más de cosas de mundo y +mujeres. A mi don Beltrán me atengo... Fuera demonios, fuera ensueños, +fuera poesía, que no es tal poesía, sino lo que usted dice..., cosa de +pavos... Fuera los quejiditos y el no comer, y el miedo ridículo... +El cuento es que cuando yo enamoraba a tantas sin quererlas, sabía +cumplir de palabra y obra; y a lo bruto..., porque yo era un bruto..., +me desenvolvía muy bien... Pero con esta no soy lo que fui, ni +acierto a enamorarla... Y es que me tiene prendada toda el alma, y el +seso completamente sorbido... y todo mi ser como derretido en ella y +transformado... + +—Acógete a mi doctrina, hijo, y adelante. Ganarás, ganaremos la +partida, porque algo me ha de tocar a mí como maestro: la satisfacción +de ver coronados tus deseos, de verte feliz, contento, padre de +familia... ¡Y que no se alegrará poco este viejo de ver en ti y en +Marcela florecer nueva rama de la honradísima familia de Luco! Así se +redondeará todo, y evitaremos que el caudal de mi amigo vaya a parar +a manos muertas... Con él constituiremos una gran familia tronco +de numerosa prole; y en esa familia prosperará la agricultura, la +industria, y resplandecerá la moral, la... Ya ves, ya ves cómo discurro +y voy atando cabos. Hay que estar en todo, hijo mío. + +—Venga otro abrazo —dijo Nelet con efusión, sintiendo que al mágico +influjo de aquella palabra persuasiva, el alma se lo vigorizaba, y se +le inundaba el entendimiento de vivísima luz—; ya lo veo, ya lo veo. +¡Vaya un talento macho!... Adelante: soy hombre; no creo en duendes; +quédense les versitos para barberos y estudiantes... Apresurémonos ya, +que aún estamos distantes del sitio en que hemos de pasar la noche. + +Grandemente excitado, don Beltrán fue charlando todo el camino, y el +otro escuchaba gozoso las explanaciones que hizo de su pensamiento, y +los ejemplos admirables que refirió en corroboración de sus teorías. +Con esto se les pasó la tarde, y ya anochecía cuando llegaron al borde +de la barranquera que les separaba del monte de Vallivana. Para dar +descanso al viejo pararon allí, recreándose los dos en el paisaje que +a sus ojos se ofrecía: soledad en lo hondo, quietud en las alturas, +la majestad de la naturaleza campando en su silencio augusto. Con +precaución descendieron hacia el río profundo, que fácilmente se +vadeaba, y paso a paso emprendieron la subida de la vertiente opuesta, +guiados por _Malaena_; que sin este auxilio no habrían podido encontrar +el escalonado sendero entre la peña cubierta de vegetación. Llegaron +por fin a la meseta, donde había una fuente de agua cristalina dentro +de un nicho de variadas florecillas. En una gruta cercana descansaron. +La noche se les pasó en coloquios muy entretenidos y en ratos de +tranquilo sueño, después de una cena frugal. Al amanecer, previo +lavatorio de cara y manos en la fuente, emprendieron la marcha hacia el +santuario. Según los informes de la vieja, allí encontrarían a Marcela, +que había llegado la noche anterior traspasando la sierra de Bel. + +En efecto, serían las siete cuando, vencida ya gran parte del fragoso +camino, vieron descender por entre matojos la figura mística de la +monja Luco, seguida de los viejos. Estos se quedaron atrás, y avanzó +sola entre el verdor de los jarales con lento paso de procesión: traía +en la mano una rama de espino florecido. Cuando estuvo casi al habla +saludó a sus amigos con grave sonrisa y un movimiento de la mano en +que tenía el ramo, y se sentó en una peña. No lejos de ella, otra peña +baja y extensa parecía puesta allí para que se sentaran los caballeros. +Esmerádose había la naturaleza en la hechura de aquel estrado, para +pláticas de novios o para honestas reuniones. Se miraron los tres un +instante. Rompió el silencio Marcela con palabras de relleno: + +—¿Verdad, señor don Beltrán, que es agria la subidita? Siéntese aquí, a +este lado mío. Tú, Nelet, enfrente. + +—La más penosa cuesta —dijo el anciano con refinada galantería— se +vuelve ligera y fácil cuando al término de ella estás tú. + +—Es lisonja, señor... No le quiero tan lisonjero. + +—Es la verdad —afirmó Nelet, que ya se enojaba de permanecer mudo—. Por +ti, Marcela, subo yo a este monte y a otros más altos; y cuanto más te +subas tú, más gozo yo elevándome hasta donde estés: que es obligación +de lo humano remontarse a lo divino. + +—¡Jesús mío! —exclamó la monja risueña, santiguándose—. ¡Cuán +desatinados vienen hoy los dos! + +—Alto ahí —dijo don Beltrán, tomando pie de las últimas palabras de +Nelet—: si divina es Marcela, y como a tal la adoramos, no ocultemos +que ahora la quisiéramos humana, sin menoscabo de su divinidad, pues a +mi entender, lo divino y lo humano deben compenetrarse, constituyendo +el mejor estado dentro de la naturaleza... + +—Alto ahí, digo yo ahora, y a fe de Marcela sostengo que no soy +divina, aunque a la divinidad aspira mi pobre humanidad baja, y la +compenetración de lo humano y lo divino ha de ser por el modo que la +propia divinidad señala cuando quiere hacer suyo lo humano. + +Si Marcela gozaba en este torneo conceptuoso, Nelet sufría de verse en +tales laberintos, donde se perdía su _intellectus_. Así, con gallardo +arranque llevó la cuestión al terreno de la sinceridad y llaneza: + +—No sé si es humano o es divino el sentimiento que aquí me trae, +Marcela, sentimiento por el cual iría yo tras de ti hasta el fin del +mundo. Lo que te he dicho en mis cartas, ahora lo repito con el apoyo +de mi buen amigo; y es que te quiero. Dios encendió en mí una llama que +me devora y consume. Si me niegas el amor que te pido, creeré que este +fuego es un pedazo del infierno metido en mí. + +—¡Oh!, eso no —dijo Marcela prontamente—, que el amor viene siempre de +Dios. Fuego del cielo es lo que te quema el alma, Nelet; mas no has de +pretender que yo rompa mis votos para darte la tranquilidad. El amor, +nacido en el alma, puede en ella tener su remedio, pues como divino, +con divinos medios se modera y aplaca. + +—Eso no —dijo el anciano—, con perdón de la ciencia, el amor como +sentimiento de pura humanidad, solo en la esfera humana encuentra su +remedio. + +—Perdóneme el señor don Beltrán; déjeme concluir. Ha dicho Séneca que +el afecto de amor no se rige por la razón. Es sabido que el demasiado +amor es muy peligroso y acarrea desastres y muertes. Y así, yo repito +ahora el dicho de Quilón Lacedemonio: «No amarás ni desearás nada +demasiadamente». Y de que el amor no se rige por la razón, tenemos en +la antigüedad ejemplos mil. Pigmalión y Álcidas Rodio amaron estatuas; +Pasifae Reina amó a un toro; Semíramis a un caballo; Jerjes Rey a un +árbol plátano; Hortensio Orador amó a una murena pescado; Cipariso a +una cierva, y muerta la cierva, murió él también de pesar... + +—Pero yo no amo a una estatua, ni a un pez, ni a un árbol —dijo Nelet +con viveza—, sino a una mujer, a un ser vivo y hermoso, en quien Dios +puso todas las perfecciones... + +—Déjame acabar mi argumento. + +—Dejarla... sí, dejarla —indicó don Beltrán, que notaba en Marcela un +gran gusto de hablar de amor, y el empeño de disimularlo con frialdades +eruditas. + +—Hemos sentado que el amor no se rige por la razón —prosiguió la +santa—. Y ahora, tratando de penetrar en la esencia de ese sentimiento, +digo que lo que mueve el amor del hombre es toda perfección de +naturaleza... + +—Muy bien. + +—Admirable. + +—No lo digo yo: lo dice Aristóteles. Las cosas que incitan y mueven +el amor en el hombre son: sapiencia, hermosura, eutrapelia, que es +como decir buena conversación... Pues apartando el alma de estas +perfecciones de naturaleza, a que llamo perfecciones imperfectas, y +embebiéndola en la única perfección perfecta, que es Dios, el amor +humano se extingue, y el alma se ve purificada, gozosa y satisfecha en +el verdadero amor. + +—Todo eso es muy sabio —dijo Nelet en pie, impaciente, decidido a +llevar las cosas por lo humano, pues tanta divinidad y sutileza de +palabra le enfadaban—, pero a mí no me traigas ese cuento de que el +amor de Dios quita el amor de mujer... No: a Dios se le quiere como +Dios y a la mujer como mujer. Hombre soy, mujer tú. ¿Por qué no hemos +de amarnos y ser felices? ¿Para qué nos ha criado Dios? ¿Para que nos +aborrezcamos uno a otro y le queramos a Él? No, Marcela... Eso es un +disparate, aunque lo digan Séneca, Aristóteles o san Simplicio. En +cuestión de amor sé yo tanto como esos y más, más... Si quieres darme +una razón para no amarme, deja a Dios y a los santos en el cielo, y +háblame como se habla entre criatura y criatura. Dime que no te agrado, +que no soy de tu gusto, y ante este argumento, que no es sabio ni está +en latín, no tendré más remedio que callarme y devorar mi amargura y +morirme de pena... Sí, Marcela, porque tu desprecio es mi sentencia de +muerte... + +—Bien, muy bien, Nelet —gritó don Beltrán radiante de satisfacción—. +Así habla un hombre, y así te quiero, hijo mío. + +—Hemos venido a pedirte una contestación a lo que de palabra y por +escrito te he dicho. Yo estoy loco por ti. Desde antes de conocerte te +amaba, y antes de verte te veía, y tan llena de ti tengo mi alma, que +no hay en ella intención ni pensamiento que no sean tuyos..., de lo +que se sigue que has de escoger entre quererme y que yo acabe mi vida. +Esto es quererte a ti y querer también a Dios. Pero no me pidas, ¡ay!, +que quiera a Dios solo sin dejar nada para lo humano, porque eso es +imposible. + +Marcela mordía un palito de la rama del espino, sin fijar los ojos en +ninguno de los caballeros, perdida su mirada en vagos espacios. Don +Beltrán se aproximó a ella para observar su rostro, en el cual creía +notar cierta turbación o pugna de sentimientos, y aprovechando estado +tan ventajoso, hizo seña a Nelet de que callase, dejándola un rato en +aquel solemne careo consigo misma. + + + + +XXII + + +—No me negarás —dijo don Beltrán, poniendo suavemente su mano en la +rodilla de la santa— que el hombre en cuyo corazón has encendido +fuego de amor tan grande es merecedor de tu cariño. Caballero leal en +todas sus acciones, será para ti el mejor compañero que Dios podría +depararte. ¿Lo niegas?... + +—No señor —replicó Marcela mirando al suelo—; no puedo negar lo que es +verdad: reconozco sus buenas partes, y por su rendimiento y constancia +me veo precisada a tenerle estimación; la estimación que permiten mis +estrechos votos... + +—Por algo se empieza, hija mía. Y ahora te digo que a Dios no podría +ofenderle que trocaras la vida religiosa por la que llamamos mundana. +Dios hizo el mundo, hizo la humanidad para que en él viviese y de él +gozara, y creó el amor para que la humanidad se prolongase hasta lo +infinito, de padres a hijos... + +—Y no sé yo —dijo Nelet con bárbara lógica— que hiciera Dios conventos, +ni mandase a hombres y mujeres que se apartaran de la existencia +material..., porque la existencia material es el fundamento de toda +vida y hasta del amor de Dios; porque para amar a Dios tenemos que +vivir, y para vivir tenemos que nacer, y para nacer... + +—Aunque me ven ustedes silenciosa —indicó la penitente dando un +suspiro—, no crean que me faltan razones para contestar a lo que uno y +otro me dicen. + +—¡Oh! Ya sabemos que silogismos y citas sagradas y profanas, no han de +faltarte... Pero ahora nos harás el favor de guardar a todos los sabios +en el archivo de tu memoria, y no consultar más texto que el de tu +corazón. ¿Qué te dice este? ¿Que desprecies a Nelet? + +—No me dice que le desprecie —replicó la monja sin mirar al +interesado—, pero me persuade a no cambiar la vida de penitencia por +otra vida. + +—Pues yo he leído en no sé qué autor —dijo Nelet altanero— que la +primera penitencia es el matrimonio, y la mayor gloria humana criar una +familia. Y si te decides a permanecer en el siglo, donde me encontrarás +amante, esclavo fiel, no te pesará, Marcela, y verás como Dios te +quiere más y te bendice..., pues la vida que llevas no es vida de +persona racional, ni Dios nuestro Criador puede querer eso. + +—No creáis —repitió Marcela, inquieta y como azorada, sin mirarles, +mascando el palito— que porque callo me faltan razones... Mas no +quisiera que las razones que se me ocurren las tomara Nelet a +desprecio... No, no; desprecio no es... Y... no sé cómo decirlo... Es +que aunque yo me propusiera arrancar de mi el amor de la vida religiosa +y el gusto grandísimo de cumplir mis votos, no podría, no podría... +Es más fuerte que yo mi devoción... Pero el afianzarme en ella no +significa desprecio..., no... Considero lo que Nelet merece..., y +yo pediría al Señor que le concediese, en criatura mejor que yo, la +satisfación de su fina voluntad... Que las hay mejores, sí, mejores que +yo, de superior mérito físico y moral, así por la presencia como por +las virtudes... + +—No, no hay quien te supere —exclamó Nelet levantándose con furor +de abrazarla—, ni siquiera quien te iguale. Marcela, en dos letras +pronunciadas por tu boca está la ventura y la salvación de un hombre. +Pronúncialas. Fácil, como el respirar, es decir _sí_... El _no_ es +sentencia de muerte, y tus labios divinos no me condenarán. + +Levantose Marcela, y poniendo en su rostro y en su acento una severidad +que el menos lince habría tenido por afectada, dijo a los caballeros: + +—Con su venia subiremos a la iglesia, que yo tengo que rezar, y ustedes +también, pues han venido a cumplir una promesa. + +Sin esperar respuesta echó a andar hacia arriba con grave paso, +echándose al hombro la rama de espino que decoraba graciosamente +su gallardo busto. Quiso Nelet avanzar tras ella para proseguir el +coloquio interrumpido; pero don Beltrán le detuvo vigorosamente por un +brazo, y aguardando a que la santa se alejara, le dijo: + +—Tonto, ¿no has comprendido? Es nuestra, es tuya. + +—Me ha parecido que su espíritu no es insensible al amor de hombre. + +—Calla, hijo... Desde que comenzó a soltar filosofías y citas de +autores, observé que viene transformada. ¿Qué eran aquellas sutilezas +más que un coqueteo de arte mayor? Es mujer, es mujer; hemos triunfado. + +—¡Mujer! —repitió Nelet como en éxtasis. + +—¿Pero no ves esos andares?... ¿No ves cómo se recoge la saya para +andar cuesta arriba? ¿Y esa manera de llevar la rama florecida?... No +es mala sofoquina la que le hemos dado con nuestro razonar irrebatible. +Mírala, hombre, y dime si eso no es una mujer disfrazada de santa... El +cuento es que está guapa de veras... La he visto muy de cerca; me he +fijado bien. Los dientes son ideales; no extraño que hayas soñado con +ellos. ¡Y qué perfil el de su cara! ¿Pues y los ojos?... Nelet, dame un +abrazo... Estás de enhorabuena... Yo no la distingo ya más que como un +bulto. ¿Va muy lejos? ¿No mira para atrás? + +—Todavía no ha mirado. + +—Ya, ya la veo. Allá va. Pues bien, Nelet, yo te apuesto lo que quieras +a que antes de llegar a aquel peñasco negro... ¿No hay allí un peñasco? + +—Es una encina. + +—Pues te apuesto a que antes de llegar a la encina, se para y nos +mira... a ver si la seguimos. No, no te muevas. + +Resultó, en efecto, lo que el ladino viejo decía. Parose la penitente, +y agitó la rama como diciendo con ella: «¿Pero qué hacen que no suben?». + +Como el tardo paso de don Beltrán no permitía la ascensión rápida, +Marcela se adelantó largo trecho. De rato en rato miraba, y Nelet +le hacía señas de que se detuviese; mas no hacía caso, y cuando los +caballeros llegaron al santuario, ya la monja y sus viejos rezaban ante +el altar con gran recogimiento. Arrodilláronse no lejos de la puerta, a +distancia de Marcela, para poder hablar a su gusto. + +—Trastornadita y blanda la tienes ya —decía Urdaneta—. Y no debes +atribuir esta mudanza a la constancia de tus manifestaciones amorosas. +Obra es del contacto continuo con la naturaleza, de la vida al aire +libre, de la libertad, el campo, las montañas, los bosques sombríos y +las fuentes cristalinas. Ya conocían el paño los que establecieron para +penitencia de hombres y mujeres los recintos cerrados. La sociedad es +gran conductora de amor; lo es también la naturaleza... Por más que aún +se defiende con sus sabidurías acartonadas, se ve que está vencida, +tocada del mal de amor. En los andares lo conozco, en el metal de voz. +A mí no me engaña queriendo hacer papeles de teóloga. Para rendir por +completo su voluntad, y que nos largue un _sí_ tan grande como esta +iglesia, hemos de proceder con tino. Mucho cuidado, Nelet, con lo que +ahora le digas... + +Nelet rezaba; el prócer hizo lo mismo, pidiendo a la Virgen que le +mejorara la vista y que le sacara del cautiverio que tan injustamente +sufría. Examinaron luego la iglesia, conducidos por la santera, pues +allí no había sacristán ni hombre alguno; vieron también el camarín y +la imagen, y se salieron al atrio a pasearse y fumar un cigarrito... +Marcela, terminados los rezos, apareció al fin, tras larga espera, y +tomando de la mano a don Beltrán, guio a los dos caballeros a un lugar +abrigado junto a la hospedería, al pie de copudos robles. Sentados los +tres sobre la hierba, continuaron su coloquio, siendo ella la que +rompió con estas palabras: + +—He pedido a Dios y a la Virgen con todo fervor que me iluminen. No +siento aún desgana de mis votos benditos, ni sombra de afición a otra +vida. También he pedido al Señor que derrame alguna frialdad sobre ese +fogoso afecto de Nelet, y espero que... + +—Esto no lo enfría Dios —dijo el enamorado—. Lo que hace es avivar la +lumbre, y cuanto más te miro, más me enciendo, Marcela. Yo he pedido +a Dios que de este fuego que a mí me sobra te dé a ti algunas ascuas, +infundiéndote el gusto de familia, de vida doméstica... + +—Sí, hija mía: si te incitara Nelet a cosas impuras y pecaminosas, tus +escrúpulos serían muy justificados; pero te propone, y yo con él, la +unión bendita y santa ante el altar. ¿Qué sacas de esta vida errante? +¿A quién haces feliz con tus penitencias? ¿No es más cristiano y +caritativo que libres de la muerte a un hombre honrado, y trueques sus +martirios en dulzura, su infierno en cielo? + +—¡Vive Dios —exclamó Nelet con insana vehemencia— que lo ha expresado +don Beltrán como el mismo evangelio! Quisiera yo ver a Dios, como os +estoy viendo a vosotros, para preguntarle delante de ti: «Dios, ¿no es +verdad que tengo razón y ella no la tiene?». + +—Cálmate, Manuel —dijo don Beltrán, alarmado de tanto ardor—. Yo veo +en el mirar dulce de este ángel que nuestras razones han ganado su +entendimiento, que Dios pone el dedo en su voluntad y le dice: «Hija +bendita, levántate y sigue a tu esposo». + +Pausa. Nelet, pálido como un difunto, miraba al suelo, y con su +temblorosa mano se agarraba los mechones menos cortos de su cabello. +Marcela tenía el rostro encendido, la respiración anhelante. Dejando +caer a un lado su cabeza en actitud de Dolorosa, arqueando las cejas y +bajando los párpados, pronunció estas palabras, sin autorizarlas con +sentencias de santos ni de filósofos: + +—Uno y otro, despiadados, me ponen en grande suplicio. Yo quiero ver +a mi lado el bien y veo el mal; por causa mía inocente, enferma Nelet +de la peor dolencia, de aquella para que no hay consuelo ni medicina, +como no sea ella misma y las punzadas de su propio dolor; esto veo y no +puedo remediarlo, que si en mi mano estuviera, pronto lo haría. Así, +les ruego que no me atormenten más y me dejen partir. + +—¡Partir! —exclamó Nelet suspenso, echando de sus ojos un siniestro +rayo—. ¡Partir y dejarme en esta ansiedad! ¿Partir tú y no conmigo? ¿Es +que no quieres verme más? Marcela, por Dios, no me lo digas; no quieras +verme trocado de hombre en fiera..., no ofendas a Dios, convirtiendo +en monstruo a una de sus criaturas... Si por otra causa o razón no te +decides a quererme, hazlo por la santa obra de salvar un alma... ¿No te +convenzo al fin? + +—Si con que yo te vea y te hable, tu alma se sostiene en Dios —dijo la +santa, bondadosa—, te veré siempre que gustes y haya buena ocasión de +ello. Al decir que me dejarais partir, no quería, no, alejarme de ti +para siempre..., decía que es hora de que por hoy nos separemos. Y en +esta ausencia, ofrezco yo a Nelet con toda lealtad que seguiré pensando +en el grave caso, y pidiendo a Dios fervorosamente que me ilumine para +resolverlo. + +—Yo te aseguro —declaró Santapau con acento en que se revelaba el +propósito de una resuelta acción— que si al decir que partías lo +hubieras hecho en son de despedida para siempre, antes de que te fueras +me habrías visto arrojarme por aquel despeñadero que da al barranco de +Vallivana. + +—Hijo mío, Marcela te promete volver, y volverá —indicó Urdaneta +conciliando voluntades con frase cariñosa—. Yo quedo de fiador. +Tendremos otra entrevista dentro de pocos días, en el sitio que +designaremos... + +—Y no solo he de consultar con Dios —agregó la beata—, sino con mi +hermano Francisco; que es bien le dé cuenta de esta terrible novedad... +De aquí me iré en busca de un confesor, a quien manifestaré las +turbaciones hondísimas que han levantado en mí las palabras tentadoras +de uno y otro; luego iré en busca de mi hermano, y hecho todo esto, les +avisaré por _Malaena_ para que nos reunamos. + +—Y me des respuesta de vida o muerte —dijo el galán—. Está bien. Si me +matas, mátame de un solo golpe. Si he de vivir, sépalo también pronto, +para no vivir muriendo... + +Levantose Marcela, diciendo con gracia mujeril, que don Beltrán apreció +como síntoma felicísimo: + +—¿Me dan permiso para retirarme? + +—¿Tan pronto? —murmuró Nelet. + +—Me equivoqué, señores míos —añadió ella con nueva emisión de gracia, +acompañada de sonrisa un tanto picaresca—. No debí pedirles permiso +para retirarme, sino para suplicarles que se retiren... Perdónenme. Y +para que nadie se ofenda, ustedes y yo nos retiraremos al mismo tiempo, +por distintos lados... Yo me voy monte arriba, a salir a Bel. + +—Y nosotros barranco abajo a salir a donde Dios quiera —replicó don +Beltrán—. ¿Ves?... Nelet no se conforma con que nos prives tan pronto +de tu divina presencia... Pero yo le persuadiré a la resignación; +descuida. Tiene en mí un aliviador de sus males de ánimo, y un +atemperante de sus nervios. + +—Me conformo, sí —dijo Nelet con noble ademán—. Propuesta por ti la +separación con ese modo gracioso y... de mujer, la acepto... Más te +quiero mujer que santa, y entre santa de todos y mujer mía, prefiero +esto..., porque la santidad no llega tan adentro del alma como el +querer entre criaturas... + +—Yo celebro verte en esa conformidad —afirmó ella, dando los primeros +pasos hacia el sendero que había de seguir—. De las diferencias entre +santicio y mujericio, mucho podría decirte; mas ahora no puede ser. + +—¿Tardarás mucho en decírmelas? + +—Dios es quien ha de fijar el cuándo. Él solo es el marcador de las +ocasiones. + +—Bueno: también me conformo. Esta mansedumbre que en mí ves no tiene +otra causa que el haberte visto benigna... Has sonreído, Marcela, y +solo con eso me desconozco, me siento mejor de lo que fui. + +—Ahora..., como si lo viera... —dijo la penitente, sonriendo con +más gracia y viveza que antes—, irán ustedes caminando despacito, y +parándose a cada instante para mirar hacia atrás. + +—¿Y tú no harás lo mismo? —observó Nelet más vivo que la pólvora. + +—Si alguna vez vuelvo la cara —replicó ella conteniendo la risa—, +será por observar la tontería de los hombres, y porque no crean que +es desprecio el no mirar alguna vez... Vaya, en marcha. Nelet, don +Beltrán, el Señor les acompañe. + +Se separaron lentamente, y como a diez pasos gritó don Beltrán: + +—Conste que no soy yo el que mira, sino este truhan, vicioso del mirar. + +—Adiós —repitió la divina mujer. + +A bastante distancia, hablaban así los dos caballeros: + +—¿Qué?... ¿Se detiene a mirarnos? + +—Ahora... ¡Y que no haya tenido yo valor para darle un abrazo! + +—Calma, hijo. Tiempo tienes. Y ahora, ¿vuelve la cara? + +—Va despacito..., alza los ojos al cielo. Ya no la veo. Pasa detrás de +un grupo de árboles... ¡Qué figura, qué aparición celestial!... Yo +estoy loco. + +—Calma... Repito que tiempo tienes. A punto de completa madurez la +verás pronto. + +—Ahora reaparece otra vez. + +—¿Y mira? + +—Sí señor... Se ha puesto en la boca una ramita de hinojo. ¡Ay, qué +delicia de hinojo!... + +—Tiempo tienes... Anda, anda... + +—No, no es de este mundo esa mujer. + +—De este mundo o del otro... tuya es. + + + + +XXIII + + +Muy consolado el uno en sus fatigas amorosas, satisfecho el otro del +buen giro que a su parecer tomaba el asunto en que como consejero +intervenía, llegaron los dos caballeros a Catí. De lo que hablaron +por el camino no se hace mención. Baste decir que a los recelos que +manifestaba Nelet, como amante que con menos que la definitiva victoria +no se satisface, oponía Urdaneta las seguridades optimistas, fundado +en su conocimiento y larga práctica de negocios mujeriles. Para el +anciano prócer era como tenerlo en la mano. De allí a las bendiciones +matrimoniales poco trecho había que recorrer. + +Hallaron en Catí la novedad de que Cabañero había salido con dos +batallones, por orden del general, y en su lugar quedaba Llangostera, +pronto también a partir con fuerza considerable hacia la frontera de +Cataluña. A la mañana del siguiente día, pasó por allí Cabrera con su +ejército en veloz marcha. Venía de cerca de Murviedro, donde se había +batido con las tropas de Oráa, y a Gandesa se dirigía llevando algunos +cañones para poner formal sitio a esta plaza. Grande fue la desazón del +pobre Urdaneta cuando le despertó Santapau para decirle: + +—Mi querido viejo, la fatalidad, y en su nombre don Ramón Cabrera, +ha decretado que nos separemos. Desde Salvasoria mandó aviso de +que se incorporen sin dilación a su ejército el 3.º de Tortosa y +tres compañías del 1.º de Valencia. Parece que vamos a sitiar a mi +pueblo... No puedo, ni con pretexto de enfermedad ni con otra artimaña, +librarme de la maldita obediencia al superior... Pero ya me canso, +ya me canso de la esclavitud, y a la primera oportunidad pediré la +absoluta. Imposible repicar y andar en la procesión que usted sabe. +Amor y ordenanza no casan bien... Y no más, amigo mío. Le dejo bien +recomendado a Llangostera, que se ha de situar en Rosell, para cortar +el paso del Pla a las tropas que vayan en auxilio de Gandesa... Conque +adiós... No siento más sino que venga _Malaena_ y no me encuentre. Pero +ya le advertí que en este caso se vea con usted... Con decirle dónde +estoy, basta. Es buen sabueso; dará conmigo... No puedo detenerme ni +un segundo más. Adiós. + +Muy triste se quedó el pobre caballero, señor de tantas torres; y su +único consuelo fue que a poco de despedirse de Santapau le deparó Dios +una antigua amistad, el capellán mosén Putxet, que dos días antes había +llegado con destino al 1.º de Tortosa, de la división de Llangostera. +Aunque no podía sustituir el clérigo la franca y ya entrañable amistad +de Nelet, al menos le entretenía con su charla, y le prodigó no pocas +atenciones, entre ellas el agenciarle una buena mula para el paso desde +Catí a Rosell, que Llangostera, con seis batallones, efectuó en la +noche del 15 de mayo y parte de la mañana del 16. Llegó don Beltrán +molido y displicente por el duro trotar de la condenada bestia, y lo +primero que solicitó de la bondad de su amigo fue que le metieran en +cualquier mechinal, para poder estirar su esqueleto y darse algún +descanso. En un aposento de la sacristía de la iglesia mayor le colocó +Putxet, con gran satisfacción del noble, que no esperaba tan buen +hospedaje. Lo que deseaba era que le dejasen allí, previo juramento +solemne de no quebrantar su esclavitud y estar siempre a disposición +de la autoridad carlista que le reclamase. Pero, ¡ay!, que si el cielo +le concedió la quietud material que por el momento deseaba, no fue +benigno con él en aquellos tristes días. El 18 muy temprano, cuando las +claridades del alba despuntaban por oriente, despertó el caballero con +sobresalto, sin que nadie le llamase, por efecto de un súbito golpetazo +de su corazón. + +—¿Quién está ahí? —dijo sin moverse, viendo avanzar hacia su lecho un +bulto negro. + +—Soy yo, querido don Beltrán —respondió al poco rato Putxet, pues no +era otro, acercándose más—. No venía a despertarle, sino a ver si +dormía... Pero es temprano... Duerma una hora más..., aunque sean dos +horas..., todo lo que quiera. + +—¿Qué sucede? ¿Tenemos que partir? + +—No, no... Por ahora no... Es que... Sentiría mucho que usted se +alterase... Calma, ilustre señor. Me voy, para que duerma otro poquito. + +—Ya no podré dormir, caramba, pues esta entrada de usted a hora tan +intempestiva, la turbación que noto en su acento, son para despabilar +al sueño mismo. Me dice el corazón que tiene usted algo que... +comunicarme. + +—No es tiempo aún... ¿Quiere usted que se le haga café?... + +—¡Demonio! Tan pronto me dice que duerma como me ofrece café. Ea, señor +Putxet, ¿qué le trae acá? No valen melindres conmigo. + +—Pues sí —dijo el capellán, que en su tristeza y azoramiento, cuanto +más hábil quería ser, más torpemente procedía—. Mejor será que se +despabile y se levante... No se altere, señor, no pierda su aplomo y +serenidad... A un hombre como usted, tan entero y... y que se hace +cargo de las cosas..., se le puede decir... Nada, no es nada, señor; es +que... ha ocurrido una gran desgracia. + +—Acabe usted, acabe, hombre pusilánime, hombre enclenque, hombre +femenino... + +—Pues sepa el hombre fuerte, sepa el hombre valeroso y grande, que +ayer, en un pueblecito llamado Belén, más allá de Tortosa, los infames +cristinos fusilaron a don Alonso de Almela, hermano del conde de Catí. + +—Y en represalias de esta barbarie, los infames carlistas harán +lo mismo con el noble don Beltrán de Urdaneta —gritó el anciano, +poniéndose en pie, medio desnudo, sobre el camastro—. Bien, bien: aquí +me tenéis, asesinos; aquí estoy dispuesto a morir. Noble por noble, +como me dijo en Cheste el jefe de los matachines, Ramón Cabrera... ¡Y +para anunciarme esto, señor Putxet, ha estado ahí tartamudeando y poco +menos que haciendo pucheros!... Aguarde a que me vista; dispense que +tarde en ello algún tiempo, pues acostumbrado a valerme de ayuda de +cámara, soy algo torpe en estas operaciones matutinas... Pero si tienen +mucha prisa por despacharme, ¡demonio!, llévenme a medio vestir, que +la muerte no ha de poner reparo. Por falta de ropa, ni he de ser menos +animoso, ni vosotros menos viles y cobardes. + +—Si no hay prisa, señor —dijo el capellán abrazándole—. De aquí a +las nueve nos sobra tiempo... Y pues tiene la costumbre del ayuda de +cámara, yo soy bastante humilde para prestarle ese servicio. + +—Gracias, no pretendía yo tanto —replicó don Beltrán sentándose en el +lecho, mientras el otro le traía las botas, el pantalón, disponiéndose +a vestirle—. Y pues con tanta generosidad mis verdugos me conceden +estas horas, sepa que no renuncio al café que me ha ofrecido... + +—Al momento mandaré que se lo preparen. ¡Pues no faltaba más! Sería una +desconsideración imperdonable privarle de alimento. + +—Bien, hijo, bien: se agradece... ¡Con qué destreza me ayuda a +vestirme! Parece que en toda su vida no ha hecho usted otra cosa. + +—Fui paje del ilustrísimo señor don Víctor Sáez, obispo de Tortosa. + +—¡Sáez, el ministro del absolutismo! ¡El que ayudó a Fernando VII en +su tarea de ahorcar a medio mundo! Bien, hombre, bien. Pues ya que +usted tiene la bondad de ser por un instante mi criado, no vacilará, +si es tan humilde, en prestarme todos los servicios que necesita un +hombre como yo... Adelante... Tenga usted cuidado con esta pierna. +Trátela con miramiento, que está reumática... Ahora el chaleco... Este +me lo dio don Ramón, y me ha hecho un gran servicio. Bueno, bueno... +No corra usted tanto... Le recordaré el dicho de nuestro gran tirano, +el ahorcador de gentes, Fernando el Deseado..., contra una esquina... +Ya sabe usted que él fue quien dijo: «Vísteme despacio, que estoy de +prisa». Ahora, hágame el favor de pedir el café... + +—Lo tendrá usted a punto. Sabe Dios cuánta pena me causa tener que +notificarle... Anoche me llamó Llangostera, que, entre paréntesis, está +muy afligido por verse en el duro trance de... + +—¡Pobrecito! Si está tan afligido, le compadezco... + +—Pero el deber... + +—Claro, el deber... En estas guerras salvajes, trastornadas las +conciencias, aplicáis a los crímenes palabras santas que se inventaron +para expresar la virtud, y asesináis en nombre de la justicia, que es +como poner al diablo en los altares... Bien..., que sea pronto. + +—Suplicome el señor Llangostera que me encargase..., y con gran +sentimiento acepté comisión tan triste... Era yo el más significado +para este paso, por la amistad... de que me honro. + +—La honra es mía. No sea usted tan modesto... + +—Y encargome al propio tiempo que le preparase..., si usted se dignaba +elegirme entre los cuatro señores capellanes que estamos hoy en Rosell. + +—Hijo, sí, por elegido... Lo mismo me da. + +—Mi amistad atribulada —dijo el capellán buscando una bonita expresión +retórica—, me consuela con esta preferencia que el noble caballero se +digna concederme. + +—Mi confesión no será larga —indicó don Beltrán paseándose por la +habitación—, y si usted quiere, ahora mismo... + +—Antes haré que se le sirva el café... No hay en ello inconveniente, +pues no tendremos comunión..., y no por culpa mía. El párroco del +pueblo nos ha hecho la jugada de abandonar su iglesia para unirse a la +partida del _Organista_. Está el hombre furioso desde que los liberales +le mataron al sobrino... + +No necesitó el capellán separarse de su amigo para la diligencia del +café, pues el oficial de guardia en la estancia próxima, interesado +también por don Beltrán, y de su desgracia compadecido, había dado +las órdenes para que se le llevase pronto aquella tónica bebida. Dio +el anciano las gracias a los que se la sirvieron, mostrándose con +todos muy afable. Tomado el café, que por singular merced no estaba +mal hecho, volvió al capítulo de su confesión, diciendo con animado +lenguaje: + +—Pues sí: mi conciencia ve su luz y su sombra perfectamente +deslindadas, y no vacila al señalarlas... No hay en mí casos dudosos, +enigmáticos, oscuros. Soy claro y bien definido... En esta crítica +hora, mi memoria se aviva, y no habrá nada que se me quede en el +tintero, llamando tintero al antro del olvido. Lo que Dios sabe, yo +lo digo sin rebozo y con facilidad al sacerdote que me auxilia, a +cuantos quieran oírlo, pues la vida de Beltrán de Urdaneta es pública, +su carácter bien diáfano, y sería en mí ridículo melindre el hacer un +misterio de lo que sabe todo el mundo, todo Aragón... Soy público en +Aragón, soy popular, mejor dicho... + +Y observando que oficiales y soldados, de guardia en la estancia +próxima, se asomaban a la puerta movidos de curiosidad, les dijo: + +—Entren si gustan, y oigan; que los pecados que declara mi boca no son +tales que produzcan espanto, y refiriendo mis maldades, puedo decir +que el que se encuentre limpio de ellas, tire la primera piedra. No es +que yo deje de creerlas vituperables: al contrario, en esta hora clara +de la conciencia, veo y reconozco cuánto he ofendido al Señor, y qué +mal uso hice de las cualidades que se dignó poner en mi alma. Siempre +fui religioso, creyente ciego de cuanto su Iglesia nos enseña, aunque +muy perezoso y descuidado en cumplir los preceptos que se nos dieron +para conservar y enaltecer el nombre de cristianos. He faltado en esto +gravemente, más que por desamor de Dios, por la continua distracción en +que me tenía el bullicio vano del mundo, y las frivolidades con que la +sociedad noble embelesa nuestros sentidos. Siempre fui más devoto de +los placeres que de las abstinencias, y más gustoso de la buena vida +que de las mortificaciones, sin llegar nunca a la embriaguez ni a la +glotonería, y no porque ambos excesos son pecados, sino por que siempre +los creí de mal gusto... He sido vanidoso, amante de la ostentación y +de la lisonja, mirando siempre a que lo mío fuese superior a lo ajeno, +a que ninguno me igualara en grandeza y lujo; y cuando veía por alguna +parte algo que me oscureciese, sufría mal de tristeza, y me lo curaba +con nuevos esfuerzos para extremar la presunción y humillar a los +demás... Pero también digo que jamás cometí vileza contra nadie, y que +conservé la dignidad que mi raza y mi nombre me imponían, mostrándome +siempre caballero noble, con los iguales cortés, afable y cariñoso con +los inferiores... Mi pecado mayor, manantial inagotable, en vida tan +larga, de innumerables errores, ha sido mi locura, que así la llamo, +de galantear y ser grato al bello sexo. Mi goce más vivo fue en todo +tiempo el trato de damas altas, bajas o medianas, y llamo damas a +cuanto se comprende dentro de la muchedumbre femenina. Mi desatino ha +sido tal, que todo lo he pospuesto a la satisfacción de mis gustos. +Verdad que dentro del fuero del amor no he cometido vilezas; pero sepan +que ese fuero es puro artificio inventado para nuestro uso por los +galanteadores, y que no vale ante la ordenanza del decálogo. Yo, pues, +he pecado gravísimamente, y al declararlo, reconozco sin atenuaciones +ni disculpas todo el mal que hice, añadiendo que mis infamias no +tuvieron término por severidad de mi conciencia, sino porque el desmayo +de la naturaleza les puso freno, contraviniendo mi liviandad y hábitos +viciosos. De esto me acuso, y reconociendo mi error, me encomiendo a la +misericordia divina. + +»También es pecado grave el poco o ningún cuidado que puse en el manejo +de mi hacienda; que la riqueza, Dios nos la da para que la usemos con +templanza y la transmitamos a nuestros hijos. Yo he sido una mano +verdaderamente horadada. Ciertamente que algo atenúa este pecado mi +generosidad sin límites, pues todo se ha de decir: yo hacía partícipes +de mi bien a cuantos me rodeaban o se me acercaban en demanda de +auxilio. Yo he remediado muchas miserias, enjugado no pocas lágrimas. +Ningún colono ni sirviente mío puede decir que le oprimí; y si esto se +lleva como litigio a tribunal divino para fallar sobre mi alma, tengo +por cierto que innumerables seres depondrán en favor mío. Váyase lo +uno por lo otro, que si largamente derroché, con no menor largueza di +mi mano a los miserables para que se agarraran... Defecto capital mío +ha sido el amor a ese resorte de vida material que llamamos dinero, +despreciado por los filósofos, vilipendiado por la religión, pero del +cual no podemos prescindir dentro de la sociedad a que pertenecemos, +porque su empleo y distribución se ha hecho ley que a todos nos sujeta, +so pena de volvernos salvajes o ermitaños, lo que no digo que sea +peor ni mejor que el estado social. Solo afirmo que mis apetitos, mi +presunción, me han espoleado siempre para proveerme de ese metal, +que no llamaré precioso ni vil, dejándole en esta ocasión sin ningún +título ni apodo. Pero bien sabe Dios que en las situaciones aflictivas +a que me condujo el afán de prolongar mis goces y conservar mi fama +de rumboso y señoril, jamás tomé nada que no viniese a mí por caminos +legítimos, aunque ruinosos. Sobre mi conciencia pesan muchos pecados, +muchos; pero no pesa ni un solo maravedí que pueda llamarse ajeno. Si +alguna vez me rebajé al empleo de resortes que humillaban un tanto mi +dignidad, nunca me movió el intento de traer a mí lo perteneciente a +otro... eso nunca. Limpio estoy de esa clase de manchas... No puedo +decir, ¡ay de mí!, que de todas esté limpio, pues pecador fui, por +pecador me tengo, y como pecador empedernido me confieso en la hora +de mi muerte. Ya lo habéis oído; ya veis, señores, la conciencia de +don Beltrán de Urdaneta, a quien todo Aragón llamó en otro tiempo _don +Beltrán el Grande_. Ni cosa mala he callado, ni cosa buena hay fuera de +lo manifiesto. Si algo se me olvida, quiera Dios ordenar mi memoria de +modo que los olvidos sean de cosas y hechos favorables, y que nada de +lo malo se me quede escondido en la mente. Creo que no... Tal como fui +y como soy, a vosotros, a mi confesor y amigo me presento; y sumiso, +pesaroso de haber menospreciado la divina ley, entrego mi alma a Dios, +infinitamente justiciero, infinitamente misericordioso. + + + + +XXIV + + +Cuantos vieron y oyeron al infortunado caballero aragonés, quedaron +maravillados de su sinceridad y presencia de ánimo. Del grupo de +oficiales y soldados que en la puerta se arremolinaban, se destacó uno, +al parecer teniente, que adelantándose hacia el prócer y besándole la +mano, le dijo: + +—Señor, cuando esté usted en el cielo, acuérdese de un servidor, +Nicasio Pulpis, que tiene sobre su conciencia los mismos pecados de +usted y no sus virtudes. + +—Bien, hijo —replicó don Beltrán abrazándole—. Que mis desgracias y +fin desastroso te sirvan de espejo para que en él te mires y procures +enmendarte. + +Putxet, en tanto, inconsolable, expresaba su consternación en estos o +parecidos términos: + +—Una y otra vez he dicho al señor Llangostera que hoy no es día hábil +para ejecuciones. Figúrese usted: domingo, y por añadidura Pascua +de Pentecostés... ¡Cuando la Iglesia conmemora nada menos que el +grandiosísimo misterio de la venida del Espíritu Santo en forma de +lenguas de fuego sobre las cabezas de los Apóstoles, para infundirles +la divina ciencia!... ¡cuando tal festividad augusta y solemne +celebramos, tener que consumar un cruento sacrificio, por más que las +leyes de guerra, ¡malditas leyes!, lo autoricen y sancionen!... No, no +puede ser: protesto..., y he de insistir, pidiendo que se deje para +mañana. Me parece que corriendo a mi cargo la dirección espiritual +del regimiento, tengo derecho a que se me oiga... No estamos aquí +los capellanes solo para confesar de prisa y corriendo... Vea usted, +por no hacerme caso, hoy no puedo celebrar: no tenemos formas... Es +inconcebible este descuido... ¡Pues cartuchos no faltarán! Todo lo de +guerra está corriente, eso sí..., y lo espiritual, nada... Así anda +ello. + +—No se sulfure, amigo Putxet —le dijo don Beltrán, que se había +sentado y quería meditar—. Y no se apure por el aplazamiento de mi... +sacrificio. ¿Qué más da un día que otro? Si el día es solemne, no +importa. Bien sabe Dios que andan ustedes algo atropellados, y no +pueden acomodar sus acciones al almanaque. En la guerra, ya se sabe, +todo es permitido. Como si se presentara hoy buena coyuntura para una +batalla..., ¿iban ustedes a dejar de aprovecharla, por ser Pentecostés? +No, y en Pentecostés matarían unos y otros gran número de cristianos. +Si admitimos como lógico y razonable el dar a nuestro Padre Celestial +el nombre de _Dios de las Batallas_, que usan los capellanes en sus +sermones y los generales en sus proclamas a la tropa; si Dios es, +como dicen ustedes, capitán general o generalísimo, ya pueden contar +con su indulgencia por aplicar leyes de guerra en días de solemnidad +litúrgica... Por mí, no deseo el aplazamiento, pues aunque me encuentro +tranquilo y resignado, no respondo de que en esas veinticuatro horas se +me conserve la resignación y tranquilidad. Somos hombres, y el morir +violentamente, en acto preparado y ceremonioso, agobia..., sí, señor... +Mátenme de una vez, y no pongan a prueba mi fortaleza. + +No se dio por convencido el terco capellán, y perseverando en su idea, +dijo al infeliz prócer: + +—Quiero dar un nuevo ataque al jefe. En seguida vuelvo; de paso mandaré +que le sirvan a usted un par de huevos fritos... He visto que hay +tomate... y si usted quiere... + +—Bien, hijo, bien; lo mismo da... Gracias por todo... Haga usted lo que +quiera. Yo no tengo voluntad... Quiero convencerme de que ya no vivo. + +En el rato que estuvo solo, el pobre condenado cayó en reflexiones +tristísimas, buscando el porqué de su tragedia; que en tales trances +y en otros menos lastimosos propendemos a escudriñar los orígenes +o el móvil inicial de todo suceso que nos afecta. «Ello es de toda +evidencia —pensaba— que Dios me envía mi muerte en forma tan terrible +para castigarme de mi enormísimo pecado de estos días. He prestado a +Nelet ayuda insidiosa para la seducción de la monja Marcela; y aunque +desde el primer momento le señaló forma y fines de matrimonio, cosa es +muy grave, y si se quiere sacrílega, el inducir a una esposa de Cristo +al rompimiento de sus votos. Y lo peor es que con malicia instruí al +enamorado y le aconsejé, dándole por norma las inicuas reglas que yo +he ido sacando de la experiencia de mi vida libertina... ¡Ah, bien +merecido me está lo que ahora me pasa! ¡En ello veo tu mano, Dios de +justicia!... Hice muy mal en tomar a mi cuidado las desazones del pobre +Nelet. ¿Quién me mete a mí a zurcidor de voluntades guerrilleras y +monjiles? ¿Qué voy yo ganando con que una tarasca y un endemoniado se +casen o dejen de casarse? ¡Ah, en el fondo oscuro de mis intenciones +veo la maldita codicia y el afán de allegar recursos! No fue otra la +causa de mi metimiento en tan feo negocio. Y que la monja andariega, +por las reglas infames que di a Nelet, se ha trastornado y siente el +veneno de amor en su sangre no puede ponerse en duda. Por culpa mía +y de mi sabiduría pérfida, romperá sus votos y ofenderá a Dios... Me +ha movido el villano interés, la idea de que, casándose, me habían +de entregar lo que para mí designó Juan Luco... Mal pensé, mal hice, +y Dios, en pago de mi perversidad, permite que estos bribones me den +cuatro tiros... ¡Ay de mí!». + +Interrumpiole Putxet con la noticia de que, oídas las razones +canónicas expuestas por el capellán, que amenazó con poner el caso en +conocimiento del Vicario General, había decretado Llangostera aplazar +el acto hasta el día próximo de madrugada. No supo Urdaneta si la +resolución del jefe le causaba tristeza o alegría. Si fue esto último, +era una alegría triste. Almorzó con mediano apetito, departiendo con +el capellán y el teniente Pulpis, que le custodiaba en la capilla. +Por la tarde, su tristeza se exacerbó en grado sumo, y la compañía de +aquellos señores le causaba enojos. Y pues no le dejaban solo, echose +en un camastro como intentando dormir; mas lo que hacía era sumergirse +en la contemplación de lo pasado, y en traer al pensamiento su familia, +su casa de Cintruénigo... «¡Ah!, si Rodrigo y Juana Teresa me vieran +en esta horrenda situación, qué amargo llanto derramarían... Sí, sí: +porque me quieren, aunque riñamos y nos enemistemos por tonterías +que, vistas desde aquí, son de una insignificancia que mueve a risa y +desprecio. ¡Dios mío, qué lección me das al fin de mi vida! Paréceme +que estoy ya en la eternidad, donde presumo que hemos de ver todas las +cosas del mundo en su natural pequeñez. Me quieren, sí, me quieren, +y yo también quiero a mi nieto y a la madre de mi nieto, que es la +esposa de mi hijo... Las contrariedades, que en mi necedad estimé +graves ofensas, ahora las perdono de todo corazón. Y cuando ellos +sepan, ¡ay de mí!, cómo ha concluido don Beltrán _el Grande_, también +me perdonarán los agravios que les hice, mis malas palabras, mis actos +rencorosos. ¡Pues poco que se condolerán de mi suerte! Rezarán por +mí, pedirán a Dios que me acoja en su seno, y harán sufragios por +mi alma. Ya estoy viendo a todo el clero de Cintruénigo atareado +por largo espacio de días en misas, funerales y responsos... Confío +sobre todo en la eficacia de mi arrepentimiento. Pésame, Señor, de +todo corazón el haberte ultrajado sistemáticamente, empleando tan +mal la vida larguísima que me has dado. Pésame también el rencor que +sentí hacia los míos, y el regocijo que tuve al ver descompuesta la +proyectada boda de mi nieto con la mayorazga de Castro-Amézaga. Pésanme +mis bravatas, mi orgullo, mi disipación, mi ansia de coger dinero para +presumir y disimular mi ruina... Pésame todo el daño que hice, y esta +última travesura de querer arrancar a Marcela de la vida religiosa +para satisfacer el liviano amor de Nelet...». Consagró también tristes +pensamientos a su hija y yerno de Villarcayo, perdonándoles sus últimos +desaires; besó mentalmente a sus nietos, y de todos se despidió con +efusión de lágrimas y suspiros. Sus amigos fueron pasando después por +su mente, uno tras otro, en melancólica y pausada procesión, siendo +de los últimos Fernando Calpena, por quien sentía paternal cariño. +Condolíase de que en Bilbao le hubieran birlado la novia. Si hablarle +pudiera en aquel instante, ya no se atrevería, no, a inducirle a +solicitar bodas con Demetria... No, no: guarda, Pablo. Demetria debía +ser para el marqués de Sariñán. Que doña María Tirgo y Juana Teresa +rehicieran los descompuestos planes. Buscara Calpena otra mayorazga, +que buenos partidos no habían de faltarle... Hasta del pobre _Mero_ +se acordó y de Saloma, deseándoles vida, salud, felicidades y rápidos +ascensos... ¿Y qué sería de Tomé?... ¿Y del caballo ganado a Calpena, +qué se habría hecho? En Alcañiz habían quedado también su breve +equipaje y el reloj, magnífica repetición que no llevó consigo al +salir en busca de Marcela, porque roto el espiral a poco de partir +de Cintruénigo, para nada le servía. Guardado con unos pocos duros y +pesetas quedó en una bolsa de vejiga que antes usara para el tabaco... + +La primera parte de la noche la pasó inquietísimo, hablando sin +fatigarse horas enteras, y ya refería sucesos de su vida, ya dictaba +disposiciones para que Putxet recogiera en Alcañiz su equipaje y +caballo, remitiéndolo todo, con la noticia y relato de su muerte, a +la villa de Cintruénigo. Hizo intención de escribir a su nieto y a su +hija; mas sintiendo muy desvanecida la cabeza y el pulso tembloroso, +no trazó más que unas seis líneas con la declaración de su inocencia y +de su trágico fin. Moría como caballero cristiano dolorido del mal que +había hecho, y a todos perdonaba, sin excluir a los que inicuamente le +quitaban la vida. Esmerose en la firma, trazándola con todo el vigor y +claridad que le fue posible. Después dijo: + +—Quisiera que ahora mismo acabáramos. Las horas que faltan pesan sobre +mí como siglos futuros que se convirtieran en presentes. + +Repetida y ampliada la confesión con piadoso recogimiento, incitole +Putxet a dormir. Negose a ello don Beltrán, y estuvieron departiendo +hasta la madrugada. Viendo cercana la hora, llamó el reo a los +oficiales del piquete para despedirse de ellos. Formando rueda en torno +a la mesa, oyeron esta manifestación tan sencilla como sustanciosa: + +—Amigos, les agradezco la simpatía y delicadeza que en esta ocasión +me han manifestado. Son ustedes caballeros; yo también lo soy. Como +tal quiero morir; como tales se conducirán ustedes en el trance +final, acabando mi vida con rapidez y sin martirizarme inútilmente. +Yo les perdono de todo corazón. Y si me es permitido, por el fuero de +ancianidad, dirigirles algunos consejos, allá voy; y esto que ahora +les diga, sea para ustedes de autoridad, como expresión postrera del +pensamiento de un moribundo. Condenado sin culpa, no diré palabra +injuriosa ni vengativa contra el bando político que me arranca la +vida, ni contra vuestro ejército... Todas estas cosas quedan para +mí en un término lejano. Sin vituperar esta causa ni la otra, sin +enaltecer a ninguna de las dos, os digo que no derraméis más sangre +de españoles. Guardad esta sangre para mejores y más altas empresas. +No defendáis con tesón tan extraordinario derechos de príncipes o +princesas, pues voy entendiendo yo que tanto valen unos como otros, +y que cuando la cuestión se dilucide y haya un vencedor definitivo, +habréis desgarrado a vuestra patria, que es la legítima poseedora de +todos los derechos. Mientras ponéis en claro, a tiros, cuál es el +verídico dueño de la corona, negáis a la nación su derecho a la vida, +porque le estáis matando todos sus hijos, y le destruís sus ciudades +y le arrasáis sus campos. Será muy triste que cuando de vuestras +querellas salgan triunfantes un trono y un altar, no tengáis suelo +firme en que ponerlos. ¿Para qué queréis altar y trono, si luego han +de cojear como esos muebles a que falta una pata? Allanad y afirmad +el suelo ante todo, y esto lo haréis con las artes de la paz, no con +guerras y trapisondas. Haced un país donde haya todo lo contrario de +lo que unos y otros, a quienes no sé si llamar guerreros o bandidos, +representáis; haced un país donde sea verdad la justicia, donde sea +efectiva la propiedad, eficaz el mérito, fecundo el trabajo, y dejaos +de quitar y poner tronos... Lo que va a resultar es que, cualquiera +que sea el resultado, estáis fabricando una nación de bandolerismo, +que en mucho tiempo, gane quien ganare, ha de seguir siendo bandolera, +es decir, que tendrá por leyes la violencia, la injusticia, el favor, +la holgazanería, el pillaje y la desvergüenza. En un pueblo a que dais +tal educación, cualquier trono que pongáis será un trono figurado, de +cuatro tablas frágiles y cuatro mal pintados lienzos. + +»Quizás vosotros, llenos de vida y de ilusiones, no veáis esto como +lo veo yo, viejo y moribundo. Creéis que toda la vida vais a estar +guerreando, con miras de gloria y ascensos; creéis que España ha de +ser patrimonio y casa de guerreros, los cuales en la paz tendrían que +ser empleados. ¿Empleados de qué? ¿Guerreros para qué? Sois muchos +a comer rancho; sois muchos a vivir de distinciones, de cintajos +y signos categóricos. Y yo os pregunto: ¿quién trabaja? ¿De dónde +sale el rancho, el sueldo, la ropita con galones? Esto es absurdo: +estáis matando el país y haciendo de él un magnífico cementerio +poblado por maniquís, que ostentarán su presunción paseándose entre +las sepulturas... Y ahora, puesto que me oís con tanta atención, me +permitiré daros consejos de otro orden. No es tan gran autoridad el +virtuoso que nunca ha pecado como el pecador que reconoce, aunque +tarde, sus yerros. Y puesto que conocéis mi vida, os incito a no +imitarme en la parte corrompida de ella. No seáis pródigos; adoptad +con discreta medida las prácticas de los miserables, llevando cuenta y +razón de lo que tenéis y consumís, para que nunca os salga la necesidad +más larga que su remedio, ni la sábana más corta que la pierna. Entre +la sordidez y la excesiva largueza, preferid lo primero, que os hará +antipáticos, pero no infelices. La generosidad practicada sin medida +puede ser viciosa, porque muchas veces la dicta la presunción antes que +el verdadero espíritu de caridad... Y tocando, por fin, el punto más +sensible, no me atrevo a deciros que no seáis enamorados, porque esto +sería contravenir una gran ley de naturaleza; pero sí os recomiendo +que lo seáis sin apartaros de las leyes eternas, y que evitéis +toda empresa de amor en que veáis probable daño de tercero. Esto es +muy malo, hijos míos, y os lo asegura quien, por seguir la regla +contraria, ha tocado en la experiencia sus perniciosos efectos. En todo +caso, sed respetuosos y veraces con las mujeres. Es más conforme a +naturaleza dejarles a ellas el uso del engaño, arma con que compensan +su debilidad, y tomar el hombre para sí el uso continuo de la lealtad, +que es la fuerza; y los riesgos que de esto se ocasionen, cada cual +los sortee como pueda, buscando siempre el bien. Que las alabéis y +las obsequiéis con flores del ingenio, no es cosa mala, pues muchas +con esto solo quedan satisfechas, y vosotros nada perdéis en ello. +Los que sean casados, harán bien en guardar la fidelidad matrimonial, +aunque les haya tocado un culebrón... Por eso, conviene mirarlo +despacio, y enterarse antes de contraer esos vínculos que duran toda +la vida. Sostened siempre la paz dentro de la familia que os resulte +del nacimiento y de las uniones, y si hay en ella caracteres ásperos, +procurad haceros a sus asperezas para que los demás contemporicen con +las vuestras, que de seguro las tendréis. Espinas sufrimos, espinas +tenemos, y el que crea que no las tiene y se duela de que le pinchen, +es tonto de remate. Y ya no me queda que deciros sino que seáis +trabajadores, que os procuréis un modo de vivir independiente del +Estado, ya en la labranza de tanta tierra inculta, ya en cualquiera +ocupación de artes liberales, oficios o comercio, pues si así no lo +hacéis y os dedicáis todos a _figurar_, no formaréis una nación, sino +una plaga, y acabaréis por tener que devoraros los unos a los otros +en guerras y revoluciones sin fin... Sed cultos, bien educados, y +emplead las buenas formas así en el lenguaje como en las acciones, que +la grosería es causante de terribles males privados y públicos. La +rudeza y los procederes ordinarios han sido aquí, bien lo veis, semilla +de discordias entre los pueblos, y por esa falta de formas se hacen +interminables las guerras, pues la grosería engendra el odio, y el odio +nos lleva al salvajismo y a la barbarie... Y basta ya: no lloréis por +mí, ni tengáis demasiada lástima de mi muerte, pues soy muy viejo y no +sirvo ya para nada. A nadie soy útil, a nadie hago falta; mis días son +de absoluta esterilidad; ya he vivido bastante, y al quitarme de en +medio, casi casi no cometéis crueldad, pues no hacéis más que arrancar +un tronco añoso y seco, que estorba el nacimiento de nuevos árboles... +A todos ruego que me perdonen, y yo en los presentes perdono a cuantas +personas de este y el otro bando hayan podido causarme algún agravio... +Entereza no me falta, ya lo veis: confío en la misericordia divina, a +quien entrego mi alma, abominando de mis culpas, sin pedir un galardón +que no merezco, y deseando solo la indulgencia que Dios no niega al +último pecador. Les ruego, además, que entierren mi cuerpo en lugar +decoroso, designando mi sepultura con una cruz y alguna inscripción, +pues mi familia pretenderá seguramente transportar estos tristes +despojos al panteón de Cintruénigo... Por mí, los dejaría en cualquier +parte; pero los Idiáquez no lo consentirán... Ea: ya he concluido, +y perdonen que haya sido hablador prolijo en este trance. Acabemos +pronto, y cumplan ustedes su deber, que es matarme, como yo cumplo el +mío muriendo en paz con Dios y con los hombres. + + + + +XXV + + +Uno tras otro le fueron abrazando, admirados no solo de su entereza, +sino de su talento y gracia. Algunos minutos habían pasado ya de la +hora designada para el suplicio, y don Beltrán, impaciente, dijo con +buena sombra: + +—¿Pero qué hacemos, señores? Estamos perdiendo un tiempo precioso... + +El sol entraba por la ventana anunciando un esplendente día primaveral. +Suspiró Urdaneta próximo a la ventana, y dirigiendo miradas de tristeza +hacia el campo verde y risueño, vio en primer término unas cabras; +junto a ellas un burro viejo, amarrado por las patas. + +—¡Pobre animal!... Le harían ustedes un gran favor sacrificándole +conmigo... Pero él no querrá, naturalmente. Aunque viejo y con los +dientes gastados, aún le gusta la hierba... ¡Goloso!... ¿Conque +vamos... o qué? + +Entró Pulpis a decir que el jefe había mandado un recado urgente... +¡Que aguardaran...! Sin duda querría despedirse del señor don Beltrán... + +—Pues, hombre —dijo este, suspenso y ansioso—, que venga de una vez... +¿Viene ya? + +Dos minutos de cruel expectación transcurrieron hasta la entrada de +Llangostera en la estancia. Su rostro de clérigo afligido si algo +expresaba, era la premura y el diligente afán del puntual servicio. + +—Siéntese, señor —dijo al reo, sin más saludo—. No tenemos prisa. ¿Qué +tal le han dado de comer? + +—¡Comer yo! ¿Para qué?... No como nunca tan temprano. + +—Que le traigan algo... Hay cordero asado, que quedó de anoche. + +—Gracias; no tomo nada entre horas. + +—Pues ocurre... Nada, que tenemos otro aplazamiento. Perdone usted: +bien sé que es molestísimo... + +—Sí, señor: eso digo... De modo que... un día más —murmuró don Beltrán +mirando al campo y al sol. + +—¿Un día?... ¡Qué sé yo cuántos días serán!... Este Ramón ni descansa, +ni deja descansar a nadie. Hace una hora que ha llegado de Gandesa la +partida del _Arcipreste_. Recibo por ella este parte (_mostrándolo_) en +que se me dice, entre varias cosas que no son del caso, que... + +—Que me atormenten un poco más. + +—No, señor: que antes de fusilarle..., naturalmente... Vamos, que no le +fusilemos, y que hoy mismo se le mande a Gandesa. Quiere interrogarle +sobre cosas que solo usted puede saber. + +—¡Yo!... ¡Cosas!... ¿Estoy soñando? + +—Presumo lo que será... No es que él me lo haya dicho. Pero el que más +y el que menos, todos aquí sabemos por dónde va el agua... No se devane +el caletre. A Gandesa hoy mismo, dentro de dos horas, con dos compañías +del 3.º y los pocos caballos que aquí tengo. Lo que Ramón le preguntará +es cosa de política..., de lo que pasa por allá... en la corte... + +—¿En la corte celestial? + +—O en otras de más abajo... En fin, allá ustedes. + +—Pues, señor —dijo don Beltrán levantándose como un niño entumecido que +quiere correr—, vamos a Gandesa, y hablemos de cortes y cortijos o de +lo que quiera don Ramón. Yo no sé una palabra..., o tal vez lo sepa sin +saberlo, sin enterarme de que lo sé... Sí, sí..., algo podré decirle +de grandísimo interés... Señor de Llangostera, si esto es una forma de +indulto, Dios se lo pague, que alguna parte habrá usted tenido en ello. + +—Yo no; si no viene esta orden, ya estaría usted gozando de Dios... +Conque... sea enhorabuena. + +—Gracias... Viva usted mil años, señor Casadevall, _alias_ +Llangostera... Y acordándome ahora de su gallardo ofrecimiento, que me +traigan el cordero asado. Se me despierta un apetito horroroso. + +—Pues que aproveche... No descuidarse: a las ocho, en marcha. + +Apenas traspasó la puerta el cabecilla, arrancose Putxet a dar a su +amigo un abrazo tan fuerte, que a poco más le ahoga. + +—A mí, a mí me debe usted su salvación, nobilísimo señor, pues sin la +tremenda batalla que ayer di, por ser Pentecostés, la orden de don +Ramón le habría alcanzado a usted en la sepultura... Y lo hice, puede +creérmelo, más que por ser Pentecostés, ¡_pacho_!, porque me dio la +corazonada de que ganando un día, salvábamos al hombre. Acerté... Ya +sabía yo que anda Cabrera muy caviloso estos días con chismes que le +han traído del Cuartel Real... + +—¡Pero si yo estoy tan enterado de las cosas del Cuartel Real como de +lo que pasa en la luna! + +—Quiá..., eso no puede ser... Por algo se fija don Ramón en usted, y +espera que le aclare lo que ignora... + +—Juro que... + +—Y en todo caso, si usted no lo sabe, invéntelo, ¡_pacho_!... Para mi, +ya está usted indultado, y puede que muy pronto libre... + +—Sea lo que Dios quiera, amigo Putxet. He visto la muerte tan de cerca, +que no podré desechar la idea de que vivo de milagro. Cúmplase la +voluntad de Dios. Pronto estoy a todo, a vivir y a morir. + +A la hora designada salió de Rosell el gran aristócrata con las tropas +que marchaban a Gandesa, y todo le fue lisonjero aquel día: se le +facilitó un buen caballo, y para colmo de felicidad, iban con él +Putxet, capellán del 3.º, y el teniente Pulpis, que en el corto tiempo +de conocimiento mostraba hacia el aragonés gran simpatía y cordialidad. +Por montes y laderas departían los tres de diversas cosas humanas +y divinas, hallándose don Beltrán tan inspirado aquel día y con su +inteligencia tan despierta, que los otros no se hartaban de oírle. +Refirió sucesos interesantísimos de su vida y de la vida general, o +sea historia, con sin igual donaire y expresión justa, ingeniosa, +contestando sin fatiga a cuanto le preguntaban. Y entre párrafo y +párrafo introducía, a guisa de estribillo, ponderaciones de los +espectáculos de la naturaleza que contemplaba. Todo le parecía bello, +aun lo que no lo era. + +—¿Y no saben ustedes una cosa, amigos míos? Pues estoy asombrado de +ver... que veo mejor que antes... No sé a qué atribuirlo. Pero no +hay duda: se me aclara considerablemente la vista. No sé si será +porque..., ¡_pacho_!, como estuve casi dentro del reino de la muerte, +mis ojos se preparaban para ver lo que aquí tenemos por invisible, y se +afinaron..., aprendieron algo nuevo en el arte de la visión..., no sé... + +Todo el día y parte de la noche emplearon en el paso de los puertos de +Beceite, pernoctando en la bajada de Monte Caro. Al amanecer se les +agregaron varias partidas, y avanzando cautelosos con buenos guías +y precavidos de espionaje, evitaron el encuentro con las fuerzas +cristinas que operaban en aquella zona. Al caer de la tarde supieron +que don Ramón, atacado por Nogueras ante los muros de Gandesa, había +tenido que levantar el sitio de esta plaza retirándose a Bot. A este +punto se dirigieron a marchas forzadas, y a media noche encontraron a +sus compañeros, acampados al raso, en árida y polvorosa colina junto +al río Seco. La temperatura era ardiente; la tierra, caldeada por el +sol, apenas se refrescaba en la segunda mitad de la noche. Escaseaba +el agua, y los soldados abrían pozos buscando con qué aplacar su sed. +En una mala tienda hallábase Cabrera, desvelado, inquieto, en un grado +de biliosa displicencia que hacía temblar a cuantos para asuntos del +servicio se le acercaban. No bien se enteró de que habían llegado las +fuerzas pedidas a Rosell, mandó llamar al viejo Urdaneta, sin darle +punto de reposo: tal era su avidez de interrogarle. Muerto de cansancio +y de sueño, llegó a la tienda el buen aragonés, y con el saludo pidió +al _leopardo_ que le permitiese echarse en el suelo, pues ya no podía +tenerse en pie: antes de obtener la venia, se desplomó. Dos sillas de +tijera había en la tienda: en una se sentaba el general, envuelto en su +capa blanca, pues tenía frío a pesar del tiempo bochornoso; en la otra, +convertida en mesa, había papeles, un tintero de cuerno y un farol. El +secretario se sentaba en el suelo en postura turquesca. + +—Póngase usted a su comodidad —dijo Cabrera al prócer—. Aquí no +guardamos etiquetas... Yo voy a hacer lo mismo, pues el dolor de +riñones no me deja estar sentado. + +Hizo una seña al secretario para que se largara, y se tendió frente +a don Beltrán, apoyando la cabeza en un rollo de mantas. No era +hombre que se resignaba a perder el tiempo: los minutos eran para él +preciosos, y aborrecía las vanas palabras. Sin preguntar al prisionero +cosa alguna referente a su viaje ni a su interrumpido suplicio en +Rosell, abordó el asunto, que sin duda le inquietaba hondamente. + +—Conque... va usted a responderme con claridad, con precisión, y sobre +todo con verdad a lo que le pregunte, señor de Urdaneta. No piense +usted en engañarme, porque a Ramón Ca...brera nadie le ha engañado +todavía, ni guarde reserva sobre punto alguno de mi interrogación..., +porque se arrepentirá de ello. Lo que me oculte, yo he de saberlo +después..., y le pediré cuenta de su silencio; lo que me diga con +falsedad, lo descubriré al oírlo, porque Dios me ha dado el don de +distinguir lo falso de lo verdadero en lo que me dicen... Y si algo de +lo que me manifieste es de carácter delicado, quedará entre los dos; yo +sé callar como nadie..., pero como nadie sé oír y aprender. + +—Sepa yo pronto de qué se trata, general —replicó don Beltrán—, que, +por Dios, ni aun sospecho cuál puede ser el asunto de mi conocimiento +que a usted interese. + +—Ahora lo veremos. Prepárese a responder con cla...ridad, y sobre todo +con exactitud. En febrero de este año pasó usted por Fuentes de Ebro, +camino hacia Caspe y Alcañiz. En el parador de Viscarrués comió usted y +habló largamente con un sujeto italiano, su amigo, llamado Rapella, que +iba en seguimiento de Borso, y venía del Cuartel Real del norte. + +Después de asentir con la cabeza a los primeros conceptos del +_leopardo_, manifestole don Beltrán con acento sincero que, en efecto, +había hablado con Rapella; pero que no era amigo suyo, y en Fuentes +de Ebro le vio y trató por primera vez. Por cierto que, movido de la +curiosidad y sin ningún interés positivo en ello, había intentado +tirarle de la lengua, para sorprender la clave de sus continuas +viajatas diplomáticas entre cortes borbónicas; mas nada pudo obtener, +como no fuera la certidumbre de la cerrada discreción del siciliano. + +Mostrose Cabrera incrédulo de esta declaración, y en tono agrio le dijo: + +—Veo que es usted de la misma escuela. No me sirven los diplomáticos, y +usted tampoco quiere servirme... + +—He dicho a usted, mi general, que ni una palabra pude sacarle... Pero +no he dicho que ignore los líos que se trae ese señor... + +—Pues si lo sabe... + +—Es que usted, general, debió empezar por decirme: «Urdaneta, ¿qué sabe +usted de esto?», y no interrogarme al modo capcioso, como se hace con +los espías enemigos. + +—Tiene usted razón —dijo Cabrera, rindiéndose a la noble actitud del +aragonés—. Perdóneme; no supe distinguir. ¡La costumbre de tratar +con canallas...! Es usted un caballero, y lo que sepa acerca de este +asunto, me lo dirá... como de amigo a amigo. + +—A ello voy. No sirvo a ninguna causa; no vendo ningún secreto; +referiré lo que sepa, para mí falto de interés, para usted quizás no... + +Minucioso y elegante narrador, maestro en el arte de dar interés al +relato más sencillo, don Beltrán expuso gallardamente lo que sabía +y opinaba; que no todo fue relación de hechos, pues hubo también un +disertar gracioso sobre cosas políticas hondas, de las que rara vez +salen a la superficie. Habiendo trabado amistad, en su viaje desde +Laguardia a Villarcayo, con un joven madrileño muy simpático que +el verano anterior había visitado la corte de Oñate en compañía de +Rapella, pudo conocer el carácter de este, sin más datos que las +referencias de aquel joven. Era el siciliano muy astuto, corrido en +intrigas de mujeres y en diplomacia menuda de gabinetes secretos, de +combinaciones políticas a hurtadillas de los ministros o cancilleres. +Pintó Urdaneta la corte de don Carlos, repitiendo lo que le había +contado su amigo, y por cierto que no escatimó las tintas burlescas +en la pintura, sin que por ello se escandalizara el que le oía. Diole +noticias de la amistad del siciliano con el infante don Sebastián, con +quien al parecer no se había entendido en las negociaciones o enredos +que llevaba. Lo que resultó de las conferencias del tal embajador +con don Carlos en Durango, su amigo no lo sabía, pues un accidente +inesperado le separó de él el día mismo de la evacuación de Oñate a +consecuencia de la toma de Arlabán. Presumía que la base del proyectado +convenio para poner fin a la guerra era la reconciliación de las dos +ramas borbónicas por medio de un casamiento; mas como este no había de +efectuarse hasta que la reina Isabel y el hijo de don Carlos llegasen a +edad de matrimonio, tal proyecto era un sueño; y para celebrar la paz +y que se abrazaran los dos ejércitos, se buscaban otras fórmulas de +transacción y avenencia. + +Levantose Cabrera de un salto, nervioso y colérico, exclamando: + +—Yo no me abrazo con nadie... ¡Abrazos a mí!... ¡Transacción!... +Juro que no... No saben quién es Cabrera... Ni por un puñado de oro, +ni por grados y ventajas en la carrera, me cubro yo de vilipendio +entregándome a los cristinos. Si don Carlos cede, allá se las haya... +Él en su casa y yo en la mía... ¡No quiero, no quiero!... ¡Matrimonios +de príncipes!... ¿Se casa la luz con las tinieblas?... ¿Se casa la +justicia con la injusticia, la razón con la sinrazón? Pues si se casan, +con su pan se lo coman. Yo no me caso con nadie. Ramón Cabrera no se +casa. + + + + +XXVI + + +Volviendo a ocupar su silla, acarició con movimiento maquinal los +papeles que en la otra tenía, alumbrados por el mustio farol. Don +Beltrán, sin cambiar de postura, flemático y perezoso, siguió +manifestando al caudillo apreciaciones que creía interesantes. Por lo +que había oído en Medina y Villarcayo, por algo que pudo descubrir +conversando con su grande amigo don Baldomero Espartero, los tratos +para buscar fórmula de paz no habían cesado desde el principio de a +guerra. Proposiciones se hicieron a Zumalacárregui, proposiciones a +Maroto, y el mismo Cabrera no habría estado libre de que en su oído se +murmuraran palabras tentadoras... + +—A mí no, a mí no —dijo prontamente el _leopardo_—. Ya saben que +mandaría fusilar al que me trajera recaditos de doña Cristina o del rey +napolitano. + +—Del rey de Nápoles, a quien entiendo yo que no debemos la invención de +la pólvora, es agente oficioso el tal Rapella. Anda también en estos +tratos y trotes un legitimista francés, marqués de no sé cuántos. + +—No es marqués, sino barón..., y ha entrado en España con el supuesto +apellido de Neuillet. Me da en la nariz que el nombre de Rapella es +también falso, y que bajo él se esconde un correveidile de Cristina, +maestro en intrigas, que en Madrid era conocido por marqués de Lagrua. + +Insistió Urdaneta en que no podía dar ninguna luz sobre esto, pues +no se había echado a la cara al tal don Aníbal hasta su paso por +Fuentes de Ebro, y de él no tenía más noticias que las anteriormente +comunicadas. Asimismo ignoraba si el siciliano se había visto con +Borso; pero Cabrera le sacó de dudas, afirmando que tres días +permaneció aquel en Castellón en compañía del general y de un italiano +llamado Cialdini, embarcándose después para Marsella. + +—Le tengo a usted por un caballero —añadió don Ramón con cierta +solemnidad, después de larga meditación—, y estoy con...vencido de que +me ha dicho todo lo que sabe. Sus opiniones parécenme muy bien fundadas. + +Algo más dijo el _leopardo_; pero don Beltrán, que ya venía dando +fuertes cabezadas, hundió al fin la barba en el pecho, y cogió un sueño +profundo, que por causa de la mala postura había de ser breve. + +—Sí, sí: duérmase usted, amigo mío —murmuró el general con lástima—, +que bien necesitado está de descanso. Le envidio su facilidad para el +sueño. + +Y cogió de la mesa-silla, ávido de nueva lectura, la carta que desde +Sangüesa le había escrito Arias Teijeiro. De aquellas apretadas +líneas de menuda letra española, provenían sus inquietudes y +desvelos. Informábale con prolijas referencias su amigo, principal +figura en la camarilla del pretendiente, de que la magna expedición +al mando del propio rey había partido de Navarra el 17 con dieciséis +batallones, nueve escuadrones, el estandarte de la Generalísima y su +lucida escolta, y un inmenso bagaje, como correspondía al sinnúmero de +funcionarios de corte y administración que acompañar debían a la Real +persona. + +—Le tengo por un gran farsante —dijo don Beltrán despertando +súbitamente—. ¡Ah... mi general! ¿No me preguntaba usted su opinión +sobre ese Rapella? Opino que el ir a Marsella es para ganar más +fácilmente la frontera de Navarra y agregarse al llamado Cuartel Real. + +—Así es, en efecto. Viene en la expedición magna. + +—Pero ¿qué es eso? ¿Se lanza don Carlos a una correría como las de +Gómez, Batanero y don Basilio? + +—No sé... Eso se dice... Allá veremos. + +Siguió pensando el _leopardo_ en lo que la carta decía, y comentando +con interno juicio las noticias de ella. Traducida con la posible +fidelidad la expresión muda de su pensamiento en valenciano, resulta +_mutatis mutandis_: + +—¡_Pacho_, con la impedimenta que nos traen! La caterva de +empleaduchos, la taifa de gente allegadiza que quiere comer a costa +nuestra! ¡Vaya una plaga, ¡_pacho_! Aquí nos vemos y nos deseamos +para poder vivir... En país esquilmado..., apenas hay raciones para +mal comer... y ahora nos viene encima esa nube. Tenemos un rey que +sabe tanto de guerra como yo de afeitar ranas. ¿Por qué no se estará +quietecito en su corte esperando a que le hagamos rey de todas las +Españas?... ¡Y que se trae unos consejeros y unos ministros que no +tienen precio para ayudar a misa, para pegar botones o cepillar la +ropa! Vendrán de generales el tontaina de don Sebastián, el buey +cansino de González Moreno y el bribón de Gómez, a quien yo pondría de +capataz de un presidio, que es lo único para que sirve... Duérmase de +una vez, don Beltrán, que aquí no gastamos etiquetas. Me da pena verle +luchar con el sueño. + +—Es que..., verá usted..., decía yo que indudablemente hay tratos +y contubernios entre _Palacio_ y ese..., ¿cómo le llaman? Ya no +me acuerdo... El rey, hombre..., Felipe V..., digo, Carlos... La +reina, que no perdona lo de La Granja, parece que no quiere nada con +liberales... Luis Felipe desea que se acabe la guerra de cualquier +modo, por creerla un peligro..., y la cuádruple alianza..., sí, señor, +la cuádruple... + +—A dormir... Tenga usted este lío de mantas para que descanse la cabeza. + +—Muchas gracias, querido Nelet.... digo, no, señor don Ramón V... El +sueño me rinde, me trastorna... Gracias. + +Sin poder apartar de su mente las ideas que le atormentaban, Cabrera +se paseó en el estrecho espacio de la tienda, embozado en su capa +blanca. No se conformaba con que el Ejército Real, mal organizado y +pésimamente dirigido, viniese a compartir con él el dominio en la +región valenciana. Recordaba sus desavenencias con Gómez, por cuál +mandaba más. Cierto que al rey no podía disputársele la supremacía. +Aunque incapaz para la guerra y para el gobierno, era el rey, por +divino mandato, la sacra bandera, el símbolo de la Causa; y de la +regia persona, absolutamente inepta para todo, provenía la fuerza +moral de las cohortes del absolutismo. No había, pues, más remedio que +cargar con el ídolo, aunque este fuera una de las obras más burdas +del fetichismo dominante. ¡Y por semejante figurón, hecho al modo +de las imágenes vestidas, que por dentro no son más que una armazón +de madera tosca, se peleaban tantos hombres valientes, y se vertían +ríos de noble sangre!... Claro que todo se hacía por _la idea_. El +grosero ídolo era una idea. Por ella combatían fieramente los de acá, +mientras los defensores de la idea contraria cifraban su valor en +la adoración de una linda muñeca... En suma: lo que ponía en grande +irritación al caudillo del Maestrazgo era que se había de convertir +en auxiliar y mequetrefe del Ejército Real en cuanto este pasase el +Ebro. Las operaciones ya no serían suyas: tendría que subordinarlas a +lo que dispusiese cualquiera de los reverendos sacristanes que venían +agregados al santón del absolutismo... + +Verdad que la carta de Arias Teijeiro no escatimaba las lisonjas +al héroe del Maestrazgo. En el Cuartel Real se le tenía por un +estratégico de primer orden, firme columna de la Causa, y el soberano +deseaba ocasión de mostrarle personalmente su real aprecio. Pero tras +estos inciensos venían anuncios de resoluciones que desagradaban +al _leopardo_. La expedición real, a la que se uniría Cabrera para +engrosarla y fortalecerla, llegaría con la ayuda de Dios hasta el +propio Madrid, y entraría en la capital de la monarquía _sin disparar +un tiro_. + +Esto de rematar la campaña sin combatir sacaba de quicio al ardiente +Cabrera. Todo lo que no fuese ganar a sangre y fuego el triunfo de la +Causa, pugnaba con su temperamento batallador, con su corazón fiero y, +¿por qué no decirlo?, noble. Los arreglos por concesiones recíprocas de +mercedes, o por casorios y pactos de familia, le olían a podredumbre. +Tan viles eran los unos como los otros si a ello se prestaban. Uno de +los dos rivales debía perecer: eso de que vivieran y triunfaran los +dos, partiéndose la torta disputada, no se acomodaba a su lógica ruda, +ni a su primitivo y elemental criterio de cosas políticas. ¡Entrar en +Madrid unos y otros con _sus manos lavadas_! ¡Ah, _pacho_, y reconocer +a doña Cristina y a don Carlos como _reyes padres_, los dos en igual +categoría dinástica... y ver a los nenes asistidos de un consejo mixto, +y apoyados por un ejército mixto o mestizo!... Y en tanto, ¿qué se +haría de las ideas? Pues juntarlas todas en una redoma para sacar otra +mezcla indecente, que no serviría para nada. ¡Libertad y absolutismo +desleídos en agua, _según arte_! ¡Rey y pueblo abrazaditos!... +¡Religión y ateísmo en una pieza, _pacho_! + +Colmaba la indignación del general esta frasecilla de la carta: «Aún +no puedo ser muy explícito, mi querido don Ramón. Solo me permitiré +anticiparle que las bases de un arreglo decoroso están sentadas por +manos muy peritas, y que no veo lejano el día glorioso en que podamos +descansar de nuestra ruda campaña, viendo triunfante lo más esencial +de nuestra doctrina». ¡Descansar! ¡Si él no quería más descanso que +reventar combatiendo!... La gentuza civil, la patulea de holgazanes y +vividores que acudían a la Causa como las moscas al panal, era la que +anhelaba el descanso de la paz, para chupar a sus anchas, repartiéndose +el momio de los destinos. Ese descanso de lo civil era el militar +vilipendio, y él no..., él no quería descanso sin honra, sino honra con +cansancio. + +A esto llegaba, cuando despertó el noble caballero sobresaltado, con +ahogos de pesadilla. Soñó que le sacaban al cuadro para fusilarle, que +le ponían de rodillas y le vendaban los ojos... «¡Al corazón, hijos +míos, al corazón! No me hagáis padecer», murmuraba sin abrir los ojos; +y cuando los abrió, reconociéndose despierto, pidió perdón al general: + +—No me haga usted caso. Estoy fatigadísimo, y si aquí molesto, me +saldré a dormir en campo raso. + +—No, no; quédese aquí. Le diré, para su tranquilidad, que ya está libre +de la sentencia de rehenes. Aunque allá fusilen media aristocracia, la +vida de usted en mi poder no corre peligro. Rehenes por gente civil, no +me convienen. + +—No sé con qué palabras expresar a usted mi agradecimiento por su +magnanimidad —dijo Urdaneta conmovido—. ¿De modo que estoy libre...? + +—Libre no. Aún será usted mi prisionero por una temporada. Puede que le +necesite, por su gran conocimiento de cortesanías y politiquerías de +Madrid... y de toda la morralla civil. Tenga un poco de paciencia, y +por de pronto duerma en mi tienda todo lo que el cuerpo le pida. + +—Me pide mucho, general... Traigo un atraso horroroso en el dormir. Lo +menos me debe a mí el sueño cuatro noches. Figúrese..., a mi edad. + +Ayudado de aquel sosiego que las últimas palabras de Cabrera dieron a +su espíritu, cogió don Beltrán el sueño, quedándose en él con profunda +quietud hasta muy avanzado el día; pero cuando ya su cuerpo hubo +recibido la reparación de que estaba tan necesitado, el cerebro se +soliviantó, dándose a los sueños extravagantes. Después de mil visiones +vagas, indefinibles, viose atormentado por seres malignos y traviesos +que le traían y llevaban sin ningún respeto a su nobleza y ancianidad. +Eran, sin duda, los familiares demonios de Nelet, que, por contagio +de la amistad, pasado se habían del joven al viejo, del creyente +al incrédulo. En medio de la turbación del soñar, su razón siempre +vigilante le decía: «De esto tiene la culpa Santapau, por contarte +sus diabólicas aventuras con tantos pelos y señales». Ello es que la +infernal cuadrilla cogió por su cuenta al señor de Albalate, y de un +vuelo me le transportó a Cintruénigo, donde vio a doña Juana Teresa +ahechando trigo, y a Rodriguito con la pluma tras de la oreja contando +los garbanzos que se habían de echar al puchero. Visto esto, volvieron +los diablillos a cogerle por los sobacos o por el cogote (no estaba +bien seguro) y le llevaron a la cima del Moncayo; de allí a Veruela, y +metiéndole por un subterráneo, le arrastraron hasta salir al castillo +de Loarre en tierra de Huesca. Entretuviéronse en jugar con él a la +pelota, lanzándole de un torreón a otro, y después le llevaron, cogido +por las orejas, a la sierra de Guara, desde cuyas cumbres le mostraron +todo el territorio del antiguo reino de Sobrarbe, diciéndole... Pero de +lo que decían no pudo enterarse bien. Despertó con el cuello dolorido, +y viendo la necedad de su ilusión, requirió nuevamente el sueño, +tomando mejor postura. + +No debía despertar el noble señor sin que su turbado cerebro se lanzara +a mayores travesuras, sucediendo a las imágenes de un orden bufonesco +otras de carácter lúgubre y penoso. Tan claramente como se ven cosas +y personas en la realidad, vio a Nelet, que, asistido de unos cuantos +facciosos con rabo (por donde se colegía su calidad demoniaca), +crucificaba a un hombre, clavándole en un largo madero. El hombre, que +debía de ser un bendito, se dejaba crucificar risueño, diciendo a su +verdugo: «¡_Pacho_!, no sabes lo que haces». Largo tiempo, si es que la +lentitud o rapidez de este son apreciables en una pesadilla, atormentó +al soñador la visión espantosa, que terminaba y se reproducía como el +ensayo de una escena teatral. El propio don Beltrán, angustiado, quiso +más de una vez gritar a su discípulo: «¡_Pacho_!, no sabes lo que +haces». Pero no podía... ¡Vive Dios, que no podía!... Las palabras se +le pegaban al cielo de la boca cual si fueran obleas. + + + + +XXVII + + +Horrorizado y tembloroso despertó el anciano, y lo primero que vio +fue a Cabrera durmiendo, tendido en el suelo boca arriba sobre una +manta, envuelto en su capa blanca y roja, la boina sobre los ojos para +resguardarlos de la luz. El secretario, con violenta postura, escribía +en la silla de tijera, y un ayudante que hacía cigarrillos sentado +en tierra, indicó a don Beltrán con un signo que evitase el ruido, +para no turbar el descanso del general, que se había dormido después +de salir el sol. A poco entró un ordenanza, y en voz muy baja dijo al +prócer que fuera le esperaba desde el amanecer un señor comandante +amigo suyo. Echose de la tienda don Beltrán, andando poco menos que a +gatas por la gran debilidad que sentía, y encontrose a Nelet sentadito +en una piedra, la cabeza entre las manos, el espinazo en violenta +curva, imagen de la melancolía negra o de la desesperación. Después +de tocarle en el hombro, el desmayado viejo encaminose a una cercana +tienda, de donde un penetrante olor de fritangas le llamaba con reclamo +irresistible. Tuvo la suerte de tropezarse allí con el teniente Pulpis, +que inspeccionaba las sartenes; pidió que le dieran de comer, aunque +solo fuera pan y cebolla, y obtenido algo más confortativo y suculento, +se puso a devorarlo mientras hablaba con Santapau, que se le arrimó al +instante con apetito de conversación. + +—Hijo mío, te encuentro muy desmedrado. ¿Estás herido? ¿Has perdido tu +preciosa sangre en las acciones de estos días frente a los muros de +Gandesa?... ¿O es que te sobrevino algún disgusto, quizás otra jarana +con los _chicos de Lucifer_? + +—No... a esos no les temo ya. Curado estoy del mal de demonios —replicó +Nelet suspirando, agobiado de tristeza—. Un saludador de mi pueblo me +ha dejado las cámaras interiores bien limpias de esas alimañas, con un +bebedizo que, por lo amargo, debe de estar hecho con la hiel de Judas. +Al decir de ese médico, los diablos huyen ahora de mí y se albergan en +los cuerpos de mis amigos. + +—Cierto debe de ser eso —dijo Urdaneta haciendo por la vida con ansia +fisiológica—, porque anoche se han dignado visitarme esos mequetrefes, +y en ellos reconocí a los que contigo se divertían. Pues que ya +desalojaron tu interior, haz que abandonen también el de tu maestro, +que no gusto de tales inquilinos... Entiendo, por la murria que noto en +ti, que el desahucio no ha sido completo, y que algún intruso se quedó +trasconejado dentro de tu pobre humanidad. + +—No es murria de diablura la que tengo, sino de conciencia, y tan grave +y honda, que anoche faltó poco para que pusiera fin a mi vida. Suspendí +el dispararme por esperar a consulta con usted acerca del caso que me +anonada, caso tremendo de los que no tienen solución. + +—¿Qué sabes tú si yo la encontraré? Déjame que coma un poco más de +este guisado de cabra que me da la vida, y me fortalece el magín +para evacuar consultas... Come algo, hijo, que del alimento corpóreo +se nutre también y conforta lo más espiritual de nuestro ser: la +conciencia. + +—Las hambres de la conciencia no se aplacan sino echándole la propia +carne para que se la coma... + +—Cuéntame, cuéntame pronto, y veré la causa de tu aflicción. + +—Acabe usted y salgamos de aquí. Vámonos a donde no haya personas que +vean y oigan. El oído y el ver humanos me dan tanto enojo, que a todo +el mundo dejaría ciego y mudo. Solo Dios debe ver, y solo deben sonar +las tempestades, que son su voz. + +—Hijo, poético estás y lúgubremente metafórico... solo que tus imágenes +son de un cuño que está ya mandado recoger por anticuado y candoroso. +Ea, terminó mi almuerzo, que por el hambre que tenía me ha resultado +opíparo. Vamos a donde quieras. + +Llevole Nelet a un ejido donde estaban herrando caballos, y allí, +entre relinchos, aún mejor sonantes que las palabrotas de mariscales y +soldados, refirió el caso que tan hondamente le perturbaba. + +—La malhadada acción de Gandesa —dijo— la perdimos porque, en lo mejor +del combate, muchos de nuestros hombres fueron atacados repentinamente +de un mal de estómago, por haber bebido en charcos corruptos, y con +fieros retortijones caían muertos. Mi regimiento fue de los que más +sufrieron de este maleficio. Creían mis soldados que el enemigo había +envenenado las aguas..., les entró el pánico... Entre el físico y +yo quisimos convencerles de que la ponzoña era natural en aquellas +estancadas lagunas... Para abreviar: enfermos y desalentados nos +batimos en guerrillas en todo el flanco derecho. Nogueras embistió +el centro. Vi que flaqueaban; apretamos más y más, perdiendo gente y +ganando terreno; hice lo que pude, más de lo que podíamos y debíamos, +hasta que Cabrera nos mandó retirar. Hícelo yo con un orden perfecto, +pues conozco como los dedos de mis manos todos los caminos, atajos y +veredas que rodean al pueblo donde nací. Ninguna fuerza cristina me +atacó en mi retirada, que hice vadeando el río y tomando la vuelta +de Algás. No habíamos andado legua y media, cuando sorprendimos y +copamos unos veinte hombres cristinos que al parecer habían salido +de descubierta. Tan torpes andaban y tan ignorantes del terreno, que +se nos vinieron a la mano en sitio donde no podían escapar. Algunos, +arrojando las armas, emprendieron la fuga con pies ligeros; pero mis +tiradores no tardaron en cazarles: solo dos piezas perdimos. Los otros +se nos entregaron como borregos atontados, pidiéndonos misericordia. +«¿Qué hacemos, mi comandante? ¿Les fusilamos, o qué? Nos da el corazón +que estos andaban por aquí envenenando todo el río...». Respondí que +bueno... Yo me sentía un poco emponzoñado... Estaba furioso..., echaba +fuego de todo mi cuerpo... Por ahorrar cartuchos, mi gente les iba +despachando a bayonetazos... Yo no sé, amigo don Beltrán, por qué +me entró aquel día tal furor de matanza. Demonios no llevaba dentro +de mí; pero sí un amargor que me irritaba, que me volvía feroz. Por +la mañana había tomado el brebaje de que antes hablé... me escocía +horriblemente el cuerpo. Las moscas que se cebaban en mi pobre caballo, +me tenían loco con sus furiosas picaduras. Y además, yo sudaba..., +¿cómo diré?, a mares, un sudor amargo y venenoso, según creo, y mosca +que me picaba, moría. Mas eran tantas, que hube de apearme por huir de +ellas... Mientras mis soldados exterminaban hombres, yo daba vueltas +a pie por entre vivos, muertos y a medio morir; y en esto vi a un +cristino tumbado contra un árbol, herido ya... No sé por qué me dio el +arrechucho de atravesarle con mi espada... le tomé por una mosca, o por +el padre de todas las moscas... Apenas retiraba de su costado izquierdo +mi espada, me asaltó una idea... si, era una idea. ¿Qué vi yo en la +cara y en los ojos de aquel hombre? ¿Qué vi para lanzar un alarido, +pues alarido de rabia y dolor fue la pregunta que le hice? «¿Eres tú +Francisco Luco?». Lo pregunté dos veces, y él respondió que sí con la +cabeza, moviéndola de golpe..., así... Con la cabeza dijo que sí, y +también con los ojos al mirarme; mas con la boca no dijo nada, porque +entre el intento y la palabra se metió la muerte. + +—¡Dios nos tenga de su mano! —exclamó Urdaneta, desahogando su pena con +un gran suspiro. + +—Dígame usted ahora si habiendo dado muerte con tan estúpida crueldad +al hermano de la que adoro, puede haber consuelo para mí. ¿No debo +desear que se abra la tierra y me trague? ¿Para qué está ya Manuel +Santapau en el mundo? + +—Poco a poco..., no hay que perder la serenidad. Primero, pudo haber +error. Al dar el hombre esa fuerte cabezada, como dices, quizás no fue +su ánimo responder a tu pregunta... Aquel movimiento debió de ser la +tensión de músculos, propia del morir... + +—¿Y la semejanza con su hermana? ¡Si era su propio rostro! Los ojos, en +la mirada que me echó, pareciéronme los ojos de Marcela. + +—Tampoco eso prueba nada. O pudo ser un parecido casual, o no había +tal semejanza más que en tu imaginación excitada por el combate, por +las preocupaciones, por el brebaje, y... por las moscas. ¡Y quién +sabe, quién sabe, querido Nelet, si en esa tragedia habrán tenido +alguna parte _los chicos de Luzbel_, valiéndose de un cubileteo, de una +simulación de rostros para trastornarte! Aquí donde me ves, influido +sin duda por el ambiente que respiro, por el aspecto romántico del +país, voy creyendo en la realidad de las travesuras diabólicas, de que +antes me reía... Y, ¡qué diantre!, atenúa mucho tu responsabilidad +el haber sido cosa repentina, imprevista, como accidente de una +batalla... La ocasión, la ley de represalias, que no puedes eludir como +subordinado de Cabrera, te disculpa en cierto modo... + +—No, no: mi conciencia no lo cree así... Mi conciencia se ha vuelto +muy rígida, muy exigente y escrupulosa... Natural es que el amigo y +maestro quiera consolarme... Pero no hay consuelo para mí. He cometido +un verdadero parricidio. El querer matarme ahora, ¿qué es, señor mío, +más que el afán de huir de mí, por el horror que me causo? + +—Calma, juicio, reflexión... —dijo el maestro desalentado, mas +queriendo disimular su pesadumbre—. Repentino y fulminante parece tu +mal de conciencia; pero no faltará remedio para él: yo te lo fío, yo te +lo aseguro... Has de prometerme no tomar ninguna resolución airada, y +oírme y consultarme en todo, que si experto soy en amores, no me faltan +luces ni conocimientos para los casos más graves de conciencia turbada. +Déjalo a mi cargo. Descansa en mi autoridad, triste ciencia de los +años... + +Como a continuación expresara el ladino viejo la idea de que bien podía +Marcela ignorar siempre quién había sido el matador de su hermano, se +remontó Nelet de la tristeza lúgubre a la ira, diciendo: + +—¿Cree usted que con esta cara puedo yo presentarme a ella y guardar +el secreto de mi crimen? En el estado de mi conciencia, es imposible +el disimulo, porque mi cara, mis ojos llevan retratado el crimen que +cometí. En mis pupilas verá Marcela la imagen de su hermano moribundo, +respondiéndome _sí_ con la cabeza. Si usted me aconseja que le oculte +la verdad, no es usted tan completo caballero como creí: no, no lo es. + +—Te perdono tus dudas acerca de mi caballerosidad. Tú no estás +bueno, querido Nelet... En cuanto a que declares, a que confieses tu +crimen, admito y apruebo que lo hagas; pero solo en el tribunal de la +penitencia. No veo por qué motivo ha de ser Marcela tu confesor... + +—Sí lo es..., debe serlo, y yo quiero que lo sea —gritó Nelet. + +—No grites, por Dios... + +—O me mato para callar, o vivo para confesarme con ella. + +—Pues colocada la cuestión entre los términos de ese terrible dilema, +decido, ea, que vivas y confieses. + +—¡A ella! Este fuego que ahora prende en mi conciencia y que me está +quemando cuerpo y alma, no se aplaca más que con la verdad... Luego, +que sea de mí lo que Dios quiera. + +Con la idea de calmarle, fingió don Beltrán asentir a lo que Santapau +decía: confiaba que el descanso, el sueño, las obligaciones militares, +el roce con sus compañeros, le traerían pronto a la vida normal y al +equilibrio de su mente. Procuró distraerle, hablándole de diversos +asuntos, y después de contarle con pintoresco estilo, no exento de +gracejo, la escena de su interrumpido suplicio en Rosell, le notificó +que Cabrera, con benignidad increíble, le había levantado la sentencia +de rehenes, y que confiaba obtener pronto su libertad. + +Tuvo esta palabra la virtud de animar un poco al atribulado Nelet. + +—¡Libertad! —exclamó—. Yo también quiero ser libre... ¡Muerte y +libertad! ¿No es cierto que la conciencia oprime? Pues hay que matar al +déspota, como dicen los patriotas y jacobinos..., matar al tirano para +ser libre. Por eso digo yo: «Muramos, libertémonos». + + + + +XXVIII + + +Con sutil ingenio trató de hacerle ver don Beltrán lo disparatado de +aquel conceptismo, dando su verdadero valor a las ideas de libertad y +muerte, harto graves ambas para ser tratadas en estilo de madrigal, +y en estas y otras charlas llegó la hora de partida, dispuesta +repentinamente por Cabrera cuando con más descuido saboreaban todos el +descanso después de tantas fatigas. ¡En marcha! ¡A correr, a combatir! +¿A dónde iban? Cabrera no acostumbraba decirlo, y marchando al frente +de sus tropas les señalaba el camino. Agregose don Beltrán en un +caballejo que le proporcionó su amigo Putxet, y entre este, que hablaba +por los codos, y Santapau, que parecía privado del don de la palabra, +emprendió la caminata por un sendero ingrato y polvoroso. Y por Dios, +que ya se cansaba el buen señor de tanto ajetreo; sus huesos le pedían +descanso; quizás en el nuevo estilo de Nelet, le decían: «Libertad, +muerte». Gracias a su vigorosa fibra, a su carácter jovial y un tanto +aventurero, podía resistir los molimientos y privaciones inherentes a +la vida militar; y cuando el cansancio físico parecía irresistible, +su imaginación, reverdecida en lo juvenil, le deparaba algún nuevo +estímulo para proseguir en la carrera. Por dicha suya, o por desgracia, +que esto es dudoso, ante su vejez declinante no se cerraban nunca los +horizontes. + +Grande fue el disgusto del prócer en aquel camino, viendo que Nelet, +sin mejorar de su desazón espiritual, decaía visiblemente, como +atacado de un mal físico grave. A media tarde observó su amigo en +él fiebre intensísima; al anochecer, entrando en Arenys de Lledó, +cayose el comandante del caballo. Recogiéronle como cuerpo muerto y le +arrimaron a una pared, en tanto que Urdaneta, consternado de ver a su +discípulo en tan mala disposición, se determinó a manifestar al general +la imposibilidad en que aquel se hallaba de continuar su marcha. +En la casa del cura, donde tenía su alojamiento, recibiole Cabrera +malhumorado, revelando en su ceñudo rostro que no se había podido +escoger peor ocasión para pedirle favores. Mas el intrépido aragonés, a +quien no acobardaban entrecejos, no solo pidió que Santapau fuera dado +de baja por enfermo grave, y quedase hasta su restablecimiento en aquel +pueblo, donde tenía familia, sino que se arrancó a solicitar que a él +se le permitiese también permanecer allí para asistirle. Observando en +Cabrera el centelleo de los ojos, el bilioso color tirando a verde, y +la inquietud _leopardina_ con que se paseaba de un ángulo a otro de +la jaula, creyó que a cajas destempladas le despediría, sin acceder a +sus peticiones. Mas no fue así: como un hombre afanado que aparta su +atención de las cosas menudas para aplicarla por entero a las grandes, +Cabrera le manifestó que tanto él (don Beltrán) como Santapau se +fueran... a cualquier parte, o _mucho con Dios_, pues ninguno de los +dos le hacía falta para nada. + +—Usted, señor de Urdaneta —le dijo, plantándose ante él—, está libre, +y puede volverse a sus estados de Aragón. Para rehenes no me dan juego +los aristócratas, y para prisioneros me convienen los que trabajan +y toman las armas. No es desprecio, señor... En cuanto a Santapau, +que se me presente así que esté curado, y si no cura y se muere, +Dios le perdone... Puede usted retirarse. Quizás no nos veamos más, +porque usted es muy viejo, y yo, aunque joven, moriré pronto... de un +berrinche... Adiós. + +Retirose agradecido el señor de Albalate, y Cabrera celebró consejo +para someter a la deliberación de unos cuantos individuos, clérigos la +mayor parte, el asunto que revestir quería de autoridad consultiva, +conforme a las fórmulas de gobierno impuestas por don Carlos. No +estorbaba tal trámite al caudillo del Maestrazgo, que sabía cubrir +el expediente de _oír_ a los señores, y, afectando respeto a sus +dictámenes, hacía después lo que le daba la gana. Los consejeros +quedaban muy satisfechos, creyéndose ruedas indispensables de la +máquina administrativa, y si algunos pudieron entrever que en el +gobierno de aquella región no eran más que figuras de adorno, +churrigueresco por añadidura, se consolaban con la risueña esperanza +de obtener plaza en _la audiencia de ministros_ de Valencia, o en el +Consejo y Cámara de Castilla, el día del triunfo. Al salir de la visita +al general, se cruzó don Beltrán con los consejeros que entraban, y sin +dársele un ardite de aquella farsa, no pensó más que en la obligación +de alojar a su amigo enfermo, para lo cual lo primero que hizo fue +buscar a los parientes que tenía Nelet en Lledó; pero como estos no +parecían ni nadie daba razón de dónde habían ido a parar, no hubo más +remedio que acomodarse en alguna de las casas donde, mediante pago, +se les brindaba regular albergue. Eligió don Beltrán, por despejado y +saludable, un _mas_ a la entrada del pueblo, con casa vieja y grandona +entre arboledas. El _masovero_ era un viejo catalán, asistido de dos +nietas guapas, la una más que la otra, y ambas obsequiosas, atentas, +un poquito redichas y algo coquetas, razón por la cual la tal familia +se le entró a don Beltrán por el ojo derecho. Dieron al enfermo un +cuarto alto de la casa, con mediano lecho, y al caballero anciano otro +contiguo, donde había simientes y colgaderos de hierbas en manojos +puestas a secar. No le pareció mal su residencia, a pesar de la dureza +de la cama que a las piedras igualaba, y habría vivido allí muy gozoso +si el mal cariz de la dolencia de su amigo no le tuviera en tan grande +sobresalto. + +Pasó Nelet la primera noche en un estado que a su maestro le pareció +gravísimo, con fiebre muy alta, delirio y agotamiento de fuerzas. +Al día siguiente amaneció con una fuerte erupción en toda la cara y +parte del cuerpo, como si le hubieran picado abejas. Don Beltrán no +se apartaba de su lecho ni de día ni de noche, atento a cuidarle con +ayuda del _masovero_, hombre tan bondadoso como amañado, y de sus +nietas, más amañadas aún para todo lo doméstico. Como en el pueblo no +había médico, ni siquiera albéitar, entre don Beltrán y _Chimeta_ (que +así se llamaba la mayor de las muchachas, y al propio tiempo la más +bonita y dispuesta), celebrando frecuentes consultas, diagnosticaron +y prescribieron lo que les dio la gana, determinándose por el sistema +expectante, el más fácil y barato, y tal vez el más científico. +Quietud, limpieza y frecuentes tomas de agua bien endulzada, fueron la +única terapéutica en los ocho días que duró la gravedad de Nelet, y +en que los brotes de la cara tomaron un aspecto por demás alarmante. +Según el _masovero_, no era caso de viruelas, que él conocía muy +bien por haberlas visto más de una vez en su familia; era tan solo +un hervor de sangre motivado de _berrinche suspenso_, es decir, de +una sofoquina que por prudencia no había salido del cuerpo. Decía que +no hay cosa más mala que enfadarse en día de calor y no desfogar la +rabia con palos o bofetones. El que tal hace, lo paga con la salud y +a veces con la vida. Sucedieron a los ocho días de gravedad otros +ocho en que cedió la erupción, resolviéndose en muda de la epidermis; +desapareció la fiebre, y el enfermo pudo tomar alimento, aunque +siempre con repugnancia. Su inteligencia, completamente oscurecida +en aquel período, revelaba una honda crisis: su palabra era torpe, +cansada, regañona. Tanto don Beltrán como _Chimeta_, persistiendo en +la puntual asistencia, se confirmaron en la superioridad incontestable +del tratamiento acuático, sin mezcla de ninguna droga, y proclamáronse +curanderos de primer orden, capaces de ejercer el arte con no poca +fama y provecho. Era _Chimeta_ muy graciosa, y a don Beltrán se le +caía la baba oyéndola bromear y reír por cualquier fútil motivo. En +su aturdimiento senil, olvidado ya del trance terrible de Rosell y de +los actos de arrepentimiento con que allí limpió su conciencia, se le +reverdecieron las aficiones de toda la vida, y su habitual culto del +bello sexo encontraba ante aquella sencilla y tosca ninfa ocasiones de +gran lucimiento. Para ella era un deleite novísimo oír los galanteos +refinados, y hasta cierto punto paternales, del señor de Urdaneta, y +a él se le refrescaba el alma, se le avispaba el entendimiento, se +le aliviaba el peso de los años. Todo era inocente, madrigalesco, +puro juego de frases agudas untaditas de miel: sobresalían en él las +buenas maneras y el propósito, casi siempre logrado, de no caer en lo +ridículo; en ella se veía la mujercita exuberante de vida que quiere +adquirir soltura en la esgrima y en el lenguaje de la lucha pasional. + +Mas, ¡ay!, cuando _Chimeta_, llamada de sus obligaciones, dejaba de +acudir al enfermo, y con este se encontraba solo don Beltrán, ya no +podía el hombre librarse de la tristeza. Cierto que había recobrado la +libertad, inapreciable don; pero el asunto que le trajo a tierra de +Teruel continuaba sin resolver. No creía ofender a Dios deseando que +viniera a sus manos lo que estimaba de su legítima pertenencia; y sin +apartarse del orden de sentimientos que el angustioso paso de Rosell +despertara en su alma, se condolía de tener que volver a Cintruénigo +en situación desairada y con las manos vacías. Las esperanzas de +remedio que había concebido se disipaban ya, pues Nelet tenía trazas +de quedarse idiota: no razonaba; sus conceptos eran incoherentes o de +una simplicidad rayana en la estupidez. Para mayor desdicha, nada se +sabía de la monja vagabunda y enterradora de caudales. No aportaba por +allí _Malaena_ ni para traer ni para llevar sus velocísimas embajadas, +sin que esta ausencia pudiera achacarse a ignorancia del lugar donde +los caballeros residían, pues por los oficiales del 3.º de Tortosa, a +quienes se dejaron instrucciones muy precisas, debía tener conocimiento +de la enfermedad de Nelet y de su forzosa estancia en Lledó. «Aunque +no sea más que para decirnos que nada sabe de la hija de Luco —pensaba +don Beltrán en sus soledades tristes—, la mensajera tiene que venir». +Y tanto deseó a la mujercilla ratonil, y con tanta fuerza la reclamaba +su voluntad, repitiendo el _vendrá, tiene que venir_, que una mañana, +como por virtud de conjuro, apareció la vieja. ¡_Hosannah_! Veinte +días llevaba ya de enfermedad el pobre Santapau, y su entendimiento +despertaba perezoso, tratando de cobrar con lenta cacería las ideas +dispersas, fugitivas, descarriadas. + +En la huerta del _mas_ recibió don Beltrán a la embajadora loco de +contento, y este subió de punto al saber que Marcela no andaba lejos de +allí, pues sabedora de la muerte de su hermano, se encaminaba con los +viejos a Gandesa por el Monte Caro, con el fin de recoger el cadáver y +darle sepultura. No quiso el buen caballero que _Malaena_ se presentase +a Nelet, pues aún no estaba este en disposición de recibir emociones +vivas que podrían retrasarle en su penosa convalecencia; y dando de +comer a la mensajera, y aposentándola en la cuadra con comodidades para +ella desconocidas, la interrogó prolijamente, tratando de indagar, no +solo los propósitos, sino el estado de ánimo de la santa mujer. Poco +pudo informarle _Malaena_ de estos particulares. La última vez que vio +a Marcela fue cerca de un castillo que hay a la bajada de Monte Caro +para ir hacia Pauls. Iban ella y los viejos cuesta arriba, llevando una +olla muy pesada, tan pesada, que se relevaban para cargarla. + +—¿Les viste saliendo del castillo o entrando en él? —preguntó don +Beltrán con afectada indiferencia. + +—Hacia él iban, señor —replicó la vieja en valenciano, que el caballero +tradujo fácilmente—; mas no sé si llegaron o siguieron de largo, pues +la sacra señora, dándome pan y queso, me mandó que me retirara, y yo me +retiré comiendo, sin mirar para atrás. + +Eran estas referencias como una mano blanda y tentadora que en el alma +del noble anciano revolvía, y con sus halagos despertaba la codicia, +sierpe aletargada desde las efusiones cristianas del terrible día de +Pentecostés. Se argumentaba para calmar su conciencia, diciéndose que +desear lo suyo y perseguirlo no era desatino grave, sino intención +equitativa; pero entre el desear y el temer, ello es que perdía el +sueño, y su espíritu se distrajo de las alegrías que el trato de +_Chimeta_ le daba, alegrías tras de las cuales se ocultaba con senil +rubor una honesta adoración, un sentimiento que casi no era más que +estético goce. + + + + +XXIX + + +Viendo muy mejorado a Nelet, diole cuenta de la reaparición de +_Malaena_ y de lo que habían hablado; excitose el enfermo, recobrando +de golpe su locuacidad, y a las primeras palabras hubo de comprender +don Beltrán que se renovaba en toda su intensidad el enfadoso mal de +conciencia; no vaciló el maestro en atacarlo con brío diciendo: + +—Entrégate a mí, pues no estás en disposición de resolver por ti mismo +cosa tan grave. Yo lo arreglaré con tan buena maña como pura honradez. +Tus escrúpulos se disiparán, y Marcela será tu esposa. Tu delicadeza +es ya locura. Conviene que moderemos hasta nuestras virtudes... Y si +te encuentras en disposición de caminar, no será malo que salgamos en +seguimiento de la divina mujer. + +Accedió Santapau, y se convino en esperar dos días para mayor acopio de +fuerzas, pues no teniendo caballos ni posibilidad de adquirirlos, era +forzoso emprender a pie la dura caminata. + +Llegado el día de la marcha, salieron, y fue un paso triste para don +Beltrán el separarse de la linda _Chimeta_, que con sus donaires y +risotadas se le había metido en el hueco preferente del viejo corazón. +No digamos que le turbaban pretensiones absurdas respecto a la +muchacha: no era sino que le dolía separarse de ella, como duele el +arrancarnos cualquiera raicilla que penetra en el alma, y la de don +Beltrán tenía un terruño muy propicio al arraigo de toda hierba. ¡Nunca +más, ¡ay!, volvería a ver a la ninfa tosca de Lledó! Era un adiós +en la puerta de la eternidad, adiós dado al bello sexo, a la humana +belleza, a las únicas flores que alegran este valle de lágrimas. Casi +con ellas en los ojos, realmente conmovido, se despidió el señor de +tantas Torres, besando la mano áspera y gordezuela de _Chimeta_. Le +deseó un buen novio para hacer de él un buen marido, y le recordó los +consejos que le había dado para dominar a los hombres y hacerse querer +locamente de ellos. Agradecida la ninfa, así como su hermana y abuelo, +a las bondades de los dos señores, les vieron partir con pena, pidiendo +a Dios para ellos salud y prosperidades. + +Acompañado de _Malaena_ se metieron por los atajos y recodos que +conducen a Horta, donde pensaban terminar su primera jornada. Parecían +dos pobres titiriteros, seguidos de un perrillo con faldas, o mejor, de +un cuadrúmano con cuyas monadas y brincos pedirían limosna de pueblo +en pueblo. Iba Nelet vestido como en la facción, sin insignias, armado +de cuchillo y pistolas; mas en la traza total de la cuadrilla, las +armas, a primera vista, parecían trebejos para el arte de volatines +o prestidigitación. Muy mal de ropa estaba el primer noble aragonés; +pero aun así no se despintaba su empaque de persona principal. +Andaban despacio, guardando silencio en largos trayectos, charlando a +veces con lánguida conversación. Temerosos del encuentro con alguna +columna cristina, mandaban a _Malaena_ por delante, a la descubierta, +para que ojeara toda emergencia de gente sospechosa en aquellos +horizontes. En el descanso de Horta, albergados en una paridera a la +entrada del pueblo, explayose Nelet a contar a su maestro _las cosas +que le andaban por dentro del espíritu_, en verdad muy extrañas, y +las visiones que desde los comienzos de su enfermedad le acosaban, +alguna de las cuales tuvo poder bastante para oscurecer a las demás y +resplandecer sola y continua en el campo luminoso de la óptica interna. + +—Esto que voy a contarle —dijo Santapau, recostándose en el suelo junto +a su amigo después de mal cenados—, lo vi muy claro la primera noche +de mi enfermedad en Lledó; después se me fue apagando..., lo veía +turbio, desvanecido, mezclado con otras imágenes; pero al entrar en +convalecencia, volví a verlo claro, cada noche más, y más..., llegando +a tanto su claridad, que ya lo veo también de día y con los ojos +abiertos. + +—Cuéntamelo pronto, que ya estoy ardiendo en curiosidad. No dudo que +ello tendrá relación con el fin y empresa que mueven tu vida, y que la +imagen de Marcela será centro de todas esas esferas y círculos de tu +soñar loco... + +—Pues oiga usted. Desde que _me entra_, ya me tiene usted corriendo a +caballo tras de la monja de Sijena. + +—¡Y ella..., a patita! Poca ventaja te llevará. + +—No puedo decir cómo va, pues no la ven mis ojos... Sé que va delante, +la siento, la olfateo. Yo grito; ella no me oye. + +—Y sigues, sigues... arrimando espuela. + +—No espoleo porque voy desnudo de arreos, de ropa y hasta de carne. +Soy un esqueleto. Mi caballo es también esqueleto... de caballo, se +entiende..., y ni yo tengo más espuela que el hueso del calcañal, ni +él tiene barriga en que yo pueda espolearlo... Mas no es preciso, +porque corre, corre sin que yo le diga nada, haciendo con sus cuatro +cascos un compás de música que no se aparta ya de mi oído. _Pataplás, +parrataplás_..., siempre así. + +—Sufrirás mucho corriendo tras un fantasma sin alcanzarlo nunca. + +—Más que la persecución del fantasma, me hace padecer el _pataplás_ de +mi cabalgadura y los estragos que causa al sentar alternadamente los +cuatro cascos como mazas de hierro... ¿Por dónde voy en esta carrera? +Por un campo que parece árido y no lo es. Lo parece, porque en él no +nace ningún árbol, ni mata, ni hierba; no lo es, porque está todo lleno +de seres vivos, chiquitos, que nacen en él y por entero lo cubren... No +se ve el suelo: no hay dónde poner una pieza de dos cuartos. ¿Qué son?, +dirá usted, ¿qué vidas son aquellas? Pues son niños, señor don Beltrán, +no ángeles, que alas no tienen, sino criaturas como las de acá, como +las del mundo, como nosotros cuando teníamos un año, dos años... + +—Hombre, sí que es rara, estupenda visión... ¿Pero esos niños...? + +—Nada, señor, niños. ¿No sabe usted lo que son niños, criaturas, o +como dicen los gitanos, _churumbeles_? El campo absolutamente lleno de +ellos. ¡Y qué lindos, qué graciosos! Gorjean, ríen con esa carcajada +del chiquillo que se embelesa mirando una luz. ¿De dónde salen? De la +tierra, pienso yo, apretados unos contra otros, como los tallos de la +hierba..., desnuditos, rollizos, ligeros... Bueno: pues por este campo +de niños paso yo a la carrera. Mi caballo les va destruyendo con sus +patadas, y ellos vuelven a salir, vuelven a nacer, y a gorjear y a +reír... siempre chiquitos y monos; ya digo, de año y medio o dos años, +y en número incalculable. En todo lo que alcanza mi vista, no se ve más +que el campo lleno de nenes. Se agita el sin fin de cabecitas haciendo +ondas, como un campo de trigo, y las ondas traen y llevan el gorjeo. +Mi caballo recorre como el viento leguas y leguas, y siempre lo mismo, +machacando criaturas, que vuelven a salir vivitas, alegres... Si le +digo a usted que son cuatro mil cuatrillones, no digo nada, pues son +más, más... + +—¿Y su única voz es el gorjeo? ¿No has reparado si dicen _papá y mamá_? + +—No lo dicen; pero es como si quisieran decirlo. + +—Está bien. ¿Y qué hace mi señora beata en el campo de niños? + +—No sé..., allá lejos va..., yo no la veo. Se me antoja que al golpe de +sus pisadas brotan las criaturas. + +—Hijo, visión más peregrina no atormentó jamás a ningún cristiano. Lo +que no alcanzo es qué relación pueda tener ese campo infantil con tus +cuitas, Nelet. + +—Yo tampoco lo alcanzo... Pero ello es que la visión no me deja. Hasta +de día y muy despierto la tengo ya. Los gorjeos también se agarran +a mi oído. Y no miento si le digo a usted que a toda esa inmensa +chiquillería la quiero ya..., ni más ni menos que si fueran mis +hijos... ¿Lo serán?, pienso yo. ¿Serán los que tuve o debí tener en +cuatro mil cuatrillones de siglos que viví antes de esta vida? + +—¡Demonio, echa siglos y generaciones!... ¿Sabes que tu fantástico +sueño es para marear y confundir la cabeza más firme? + +—La mía no puede ya con más confusión. + +—Y eso es contagioso... Temo que me pegues tu mal. Cállate ya, por +Dios, que yo voy a soñar también lo mismo..., pisoteando nenes..., +quita allá... ¡Qué atrocidad!... Cállate, que no quiero yo soñar eso, +no quiero. + +Guardaron silencio, y a poco dormían ambos; mas se ignora lo que +soñaron, y si fue un hecho el contagio que don Beltrán temía. A la +mañana siguiente, que se presentó lluviosa, continuaron andando con no +poca molestia, amparándose bajo los árboles cuando el llover arreciaba. +El suelo arcilloso, lleno de charcos, les causaba grande enojo, y tan +pronto se detenían ateridos al abrigo de un paredón, como aceleraban +su andadura, afanosos de llegar pronto a poblado. Renegando de tales +contratiempos y de las perversas condiciones en que viajaban, dijo +Santapau a su amigo, guarecidos en una aldea mísera: + +—Ni usted ni yo nos resignamos a andar de camino como unos miserables +titiriteros, careciendo de todo, mal vestidos, perdiendo la paciencia, +el tiempo y la salud. Necesitamos caballos, vestidos, dinero. Puesto +que estamos tan cerca de Cherta, donde tengo familia, amigos, y un +_mas_, cuya renta de doscientos ducados no he cobrado este año, nos +llegaremos allá, o me llegaré yo solo, si usted no se halla muy +dispuesto. Solo estaré el tiempo preciso para recoger todo el dinero +que pueda y proporcionarme un par de caballos o mulas, o aunque sean +borricos... + +Pareciole de perlas a Don Beltrán este propósito; mas se declaró +perezoso de acompañarle, pues se hallaba rendido, aspeado, lleno el +cuerpo de dolores y con ganas de guardar sus huesos en abrigo media +semana para repararlos de los efectos del último remojo. Convinieron en +que iría solo Santapau al romper el día: conocía perfectamente todos +los senderos y atajos, y no contaba emplear, andando sin sofocarse, +arriba de tres horas. Don Beltrán se quedaría en la aldea, que era +el barrio más lejano de Prat de Compte, al cuidado de _Malaena_, +reponiéndose del quebranto producido por la caminata y la mojadura. +Partió Nelet tempranito, agregado a una cuadrilla de mujeres que iban +a Cherta con haces de leña, y el ilustre señor se quedó en un blando +lecho de paja, arreglado por la que había venido a ser su camarera. +En la memoria del buen viejo se reprodujo la noche pasada en Fuentes +de Ebro, bien apañadito en montones de paja. ¡Pero qué diferencia +entre la bella Saloma, tan graciosa y diligente, y aquella desmañada +viejecilla de Vallivana, que no servía más que para correr de monte en +monte. La compañía de la navarra, su excelente disposición y cháchara +festiva, trocaban en palacios las cuadras de los mesones, mientras que +_Malaena_ todo lo afeaba y envilecía. Encargole don Beltrán unas sopas +de ajo, y tan mal las hizo que solo a fuerza de hambre pudo pasarlas +el pobrecito viejo. Por su ineptitud para todo lo doméstico, por su +salvajismo y suciedad, se le había hecho antipática, y le azoraba +con su prurito de confianza y de palique cuando más deseaba él estar +solo, callado y libre; el brillo y la continua vigilancia de sus +ratoniles ojos le ponía nervioso; sus familiaridades llegaron a ser de +una pesadez impertinente, como si desconociera el respeto que a tan +alta persona debía guardarse. Creyérase que le tomaba por titiritero +arruinado en el oficio. Sentadita frente a él sobre la paja, le dijo en +dulce valenciano, que es forzoso traducir: + +—¿Qué hace ahí tan metido en su magín, cavilando maldades? _Vosté_ no +está ya más que para ponerse en paz con Dios. + +—Pienso lo que me da la gana —replicó don Beltrán, esquivando la mirada +de las cuentas de azabache que _Malaena_ tenía por ojos—. ¿Quién te +manda a ti meterte...? ¡Vaya! + +—Me meto por llamarle a Dios, que ya es tiempo. Más vejestorio es +_vosté_ que yo. Me da lástima de que la muerte le coja descuidado. + +—¡La muerte! ¿Acaso estoy yo para morir? + +—Yo no sé leer escrituras, pero leo la muerte en la cara de la persona. + +—Vete al demonio... Te encargó Nelet que me acompañaras, no que me +faltaras al respeto. + +—No falto al respeto diciéndole a _vosté_ que se muere. No me equivoco. + +—¡Embustera, quítate de ahí! Aunque algo cansadito, me siento fuerte, y +paréceme que aún tengo años por delante. + +—Días tiene, y los dedos de una mano le sobran para contarlos. + +—¡Lárgate pronto, condenada! —gritó don Beltrán estirando violentamente +una pierna contra la paja. + +La vieja se fue. Y en su imperfecta vista creyó el pobre caballero que +desaparecía como un ratón por entre los informes y oscuros objetos +que llenaban la cuadra, revestidos de telarañas y polvo... Solo ya, +meditaba. ¡Si tendría razón la maldita vieja! No, no: él no hacía caso. +¿Qué podría saber de vidas y muertes una pobre rústica, salvaje, casi +idiota? ¡Vaya que estaba divertido! ¡Después de una mala noche, soñando +con el campo de niños y oyendo sus gorjeos, un día de prisión junto a +semejante sabandija, que no era, no, que no podía ser cosa buena...! +Sintió un ruidillo de dientes sobre cosa dura, y a poco se le apareció +_Malaena_ royendo algo que llevaba de la mano a la boca con movimiento +jimioso. Acercose a él y le observó, aproximando su rostro de pasa. Al +verse mirado por los ojos ratoniles, don Beltrán sintió frío, miedo. + +—Vete —le dijo—. Me molestas. + +Y ella: + +—Ya me voy. ¿Quiere estar solito para calentarse los cascos con sus +malas ideas?... Diviértese _vosté_ jugando con el pecado de la codicia, +y piensa que le van a dar ollas de dinero... + +—¡Calla, vete pronto! —gritó Urdaneta ronco, fuera de sí. + +Y tan sobresaltado quedó el hombre para todo el día, que cuando +_Malaena_ se acercaba al lecho de paja, sentía el hombre verdadero +pánico. Tomó el partido de cerrar los ojos y rodearse la cabeza con los +brazos como para llamar el sueño; pero este no le favoreció, ni tampoco +Nelet, regresando aquella tarde como había prometido. ¡Qué soledad, qué +triste abandono! Pasó la noche agitadísimo, sintiendo que _Malaena_ +le tiraba de los pies para llevársele... ¿Era bruja, era un diablo +humanizado en la forma más odiosa? No hacía el pobre más que dar golpes +en la paja, al modo de coces, murmurando: «Vete, demonio, vete; déjame». + +Pero ¡ay!, mientras Santapau no volviese, ¿qué remedio tenía más que +vivir resignado bajo el poder de la infernal bestezuela de Vallivana? +Dejábase cuidar de ella, y probaba con repugnancia los bodrios que +le servía... Pasó todo el día entregado a las absurdas creencias. +Él, que nunca fue supersticioso, ya creía en demonios aviesos, en +asquerosas brujas y en trasgos maleantes. Y como a la segunda noche +tampoco pareciese el bueno de Nelet, viose el señor de Albalate tan +desamparado, que hubo de volver los ojos a Dios. Solo con esto se +le fue del alma la superstición, y abominando de tales torpezas, se +sintió profundamente religioso, como lo había sido en algunas ocasiones +aflictivas de su cautiverio, y singularmente en el tremendo paso del +día de la Pentecostés. Sobrevino, pues, el estado de arrepentimiento y +contrición, dolor de haber ofendido a Dios con una vida de libertinaje; +sobrevino el desprecio de las riquezas, el espanto de las malas +acciones, así pasadas como presentes. Al amanecer del tercer día +llamó a su ratonil guardiana, y con buen modo le dijo que hablase a +los dueños de la casa antes que salieran al campo, concertando con +ellos que le llevaran un sacerdote, pues sentía vivísimo anhelo de +confesarse. Cumplió la vieja el encargo con toda diligencia; mas como +no había en el lugar ni en sus contornos clérigo alguno, hubo de +quedarse el noble señor sin el consuelo y descanso que deseaba. + +Enojosas fueron para él las horas de aquel día, pues sin que se +calmara el infantil terror que la seca viejecita le inspiraba, le +atormentó el tumulto de su alborotada conciencia. Veía muy clara su +abominación, pues cuando Dios le conservó la vida en Rosell, en vez +de mostrar gratitud conservando su alma en la pureza y descargo de +su arrepentimiento, lo que hizo fue reincidir en sus antiguos vicios. +No fue cosa grave el encandilarse un poquito con la gentil _Chimeta_; +pero sí lo era el incurrir de nuevo en la fea codicia, afanándose por +el legado de Juan Luco, y más aún la persistencia en agenciar con +móvil egoísta el casorio de Nelet y Marcela. La situación moral había +empeorado, pues al pecado antiguo de querer secularizar a una esposa de +Cristo, se unía el propósito de engañarla, ocultándole que su galán o +pretendiente era el matador de Francisco Luco. ¡Oh qué grande malicia, +Señor! ¡Y de este modo y con intenciones tan protervas, pagaba la +inmensa benignidad de Dios, que le había concedido la vida cuando ya +casi apuntaban a su pecho los fusiles facciosos! + +Encendida su alma en fuego de contrición, gritó llamando a su guardiana. + +—_Malaena_, ven. Ya no me inspiras miedo. ¿Verdad que no eres demonio +ni bruja? Yo veía en ti el daño y corrupción que en mí propio llevaba. +Perdóname. Eras para mí lo que para los niños el coco. Pero ¡ay!, ya he +visto que el coco dentro de mí lo tenía yo: era mi conciencia... Pues +te digo que Dios me ha iluminado, y vuelvo al bien y a la virtud. Si me +muero, que me muera. No más, no más pecar, no más pensamientos infames. +Corra quien quiera tras un puñado de oro; yo no. No más supercherías +con Marcela... Gobierne la santísima verdad los días que me restan, +pocos o muchos. Quiero salvar mi alma. Mi alma merece salvarse... + +En esto sintieron ruido de gente y caballerías. Era Nelet que llegaba +de Cherta. + + + + +XXX + + +No fue el gozo de don Beltrán, al abrazar a su amigo, proporcionado +a una ausencia de tres días: fue como por ausencia de tres años, y +de la fuerza del contento se le trastornó el sentido, viendo a Nelet +más fuerte, más gallardo, restablecido de su reciente mal, la cara +limpia del rojizo color de quemadura. Era ilusión del pobre viejo que +veía lo que deseaba. Por su parte, Santapau encontró a su maestro +más caduco, encorvado, jadeante, algo ido del cerebro, progreso de +senectud excesivo para tres días. Mostrole muy satisfecho lo que +traía: dos soberbios burros, pues caballos no los encontrara ni a +peso de oro. Eran excelentes piezas, de cómoda andadura, y muy bien +enjaezados. Traía también ropa para los dos, y un repuesto copioso de +vituallas en una cesta barriguda. Despedido el criado del _masovero_ +que había venido en el segundo pollino con la cesta y equipaje, los dos +caballeros pusiéronse a cenar. Tiempo hacía que Urdaneta no probaba +cosas tan ricas: butifarras, diversas clases de suculentos embutidos, +pollos asados, frutas escarchadas, chocolate, bollos de sartén... Más +que en saborear aquellas viandas, gozaba don Beltrán viendo a _Malaena_ +devorar, con atrasadas hambres, comidas tan finas en increíbles dosis. + +—Pues he tardado tres días —dijo Nelet— porque las grandes novedades +que encontré en Cherta, y el barullo de gente y amigos, me +imposibilitaron el despacho de mis diligencias en el tiempo que yo creí. + +—Oí que estos días ha pasado hacia allá mucha tropa de uno y otro +ejército. ¿Qué ocurre? + +—Sí..., tropas de Isabel, tropas de don Carlos. Se ha batido bien el +cobre... Vámonos pronto de aquí, antes que nos coja el paso de los +míos, que ahora son en número mayor que antes. En una palabra: ya +tenemos la expedición real del lado acá del Ebro, en Cherta, gracias +al talento militar de Ramón Cabrera y a su arrojo y prontitud. Está +el hombre que no cabe en su pellejo de puro orgulloso... Sí, sí: no +se asombre usted. Don Carlos ha pasado el Ebro. Yo le he visto..., +he visto al rey, a nuestro ídolo, y le aseguro que me quedé como si +hubiese visto a cualquiera que no fuese ídolo de nadie. Yo me figuraba +otra cosa, otro empaque, otra representación de gran monarca, hijo +de reyes y ungido de Dios. De esta hecha, nuestro _leopardo_, como +usted dice, ha puesto una pica en Flandes, porque gracias a su buen +tino para ordenar las cosas, ha podido don Carlos librarse de Borso y +Nogueras, que le perseguían. Junto a Cherta dio Cabrera una batalla +al señor de Borso, obligándole a retirarse. Nogueras cometió la mayor +pifia que se puede cometer en la guerra, que es no llegar a tiempo. +La guerra no es más que el arte de la oportunidad, y este lo posee +don Ramón como nadie, y lo completa con su diligencia y conocimiento +del terreno. Pasó Carlos V tranquilamente el gran río de España, +en lanchas al caso preparadas, y los gritos de entusiasmo de las +tropas competían en estruendo con el instrumental de las músicas. +Enronquecieron gargantas y trombones. Ayer, la Sacra Majestad y todo su +séquito mataron el hambre en Cherta, que la traían atrasadilla, porque +la batalla que ganaron en Huesca les dio más prisioneros que bucólica. +El comistrajo que se les preparó era de lo más opíparo, y para que +hubiera de todo, hasta helados hubo... Cabrera, el día del paso, que +fue anteayer, estaba como loco, demacrado, los ojos del tamaño de +toda la cara, echando rayos y centellas. Daba sus disposiciones ronco +de tanto gritar, vestido con su peor ropa, pues ni para engalanarse +como acostumbra tuvo tiempo. Cuando se presentó al rey en la orilla +izquierda para pasarle acá, no le conocían, y los cortesanos se +preguntaban asombrados: «¿Pero ese es Cabrera?... ¿ese?» El soberano le +manifestó su real agrado. No serán flojas envidias las que van a salir +ahora, pues corre la voz de que S. M. quiere nombrarle generalísimo, y +poner bajo su mando todos los reales ejércitos. + +—Así tiene que ser, pues según tengo entendido, de los figurones que +rodean al infante, poco debe esperar este... Y dime otra cosa: ¿oíste +o viste si con el rey viene un italiano llamado Rapella, que es el +correveidile entre cortes verdaderas y falsas para tratar de un arreglo +por bodorrio? + +—Creo haber oído algo de un italiano de campanillas, y de otros +extranjeros que en la comitiva del rey vienen, entre la turbamulta +de empleados y gentileshombres. Pero como yo, por el estado de mi +espíritu, no podía prestar a lo que allí veía una gran atención, no +puedo asegurar nada de italianos ni correveidiles. + +—¿Y qué se dice? ¿La expedición, con su rey a cuestas, dirígese a +Castilla o a Valencia? Puede que reforzada con Cabrera, y quizás +mandada por este, no se detenga hasta Madrid. ¿Oíste algo? + +—Oí, oí..., no sé lo que oí —dijo Nelet aturdido—. ¿A usted le interesa +saberlo? + +—Absolutamente nada. + +—Lo mismo que a mí. Que vayan, que vengan, que suban, que bajen. No me +interesa ya más que un reino, el mío. Cada cual se arregle en su reino +como pueda. + +—Muy bien dicho. Peleáis por poner en el trono a un buen hombre, cuya +incapacidad es bien manifiesta. Si tus amigos triunfan, estableceréis +un imperio caedizo, pues en los tronos disputados, el vencedor no lo +será definitivamente si no posee estas cualidades: bravura, don de +mando, ciencia militar. Gane quien ganare en este pleito, querido +Nelet, la monarquía carecerá de fuerza y vivirá con vilipendio, +entregada a las facciones. Ten presente que no se hace nada de provecho +sin fuerza, entendiendo por esto, no el poder de las armas, sino una +virtud eficaz y activa, que a veces reside en una persona, a veces +en las leyes. Ni las leyes tienen aquí fuerza, o llámese energía +gobernante, ni hay rey o príncipe que tal posea. Puede que nazca algún +día; mas yo te aseguro que a la fecha no ha nacido. De modo que paz, lo +que se llama paz, no la veréis en mucho tiempo los que sois jóvenes, ni +quizás lo vean vuestros hijos y nietos... Con que lo que tú dices: cada +cual a su reino... y en el reino chico de cada uno, que no falte una +ventanita para ver pasar la historia. + +No prestaba Nelet a estos profundos juicios la debida atención, ni se +extendió tampoco en pormenores de lo que presenciara en Cherta, porque +sus impresiones eran confusas, como de quien ve muchas y abigarradas +cosas en corto tiempo, sin interés ni recreo alguno de su ánimo. +Mirando no más que a su reino, propuso que partieran a la mañana +siguiente en busca de Marcela, pues por fidedignos informes que en +Cherta adquirió, venía ya de vuelta de Gandesa, después de recoger el +cuerpo de su desgraciado hermano y darle sepultura. Al capellán del +1.º de Tortosa, que la encontró una mañana junto al río Seco, dijo la +monja que pensaba detenerse un día en el santuario de San Salvador +y encaminarse luego a Arenys de Lledó a visitar a un enfermo. Iba, +pues, en busca de sus amigos, los cuales se apresurarían a salirle +al encuentro. Para mayor seguridad, dispuso Nelet que partiera la +embajadora aquella misma noche, con instrucción precisa de las etapas +que los caballeros seguirían y puntos de descanso, y la consigna de que +esperasen en Lledó los que primero llegaran. + +Conforme con tan acertado plan, y admirando el tino con que Nelet lo +concertaba, creyó don Beltrán llegada la oportunidad de manifestar al +discípulo el estado de su ánimo, y sin más exordio le dijo: + +—Durante tu ausencia, hijo mío, no he cesado de reflexionar en el +caso de Marcela, complicado ahora con la desastrosa muerte del pobre +Francisco, y discurriendo la solución que debemos darle, me sentí +acometido del mal tuyo reciente, el mal de conciencia. Dios ha entrado +en mí. Como avisos o presagios de la naturaleza flaca, precedieron a +mi mal miedos supersticiosos, la idea de una muerte próxima. Era Dios +que llamaba a la puerta de mi alma: no entendía yo su llamamiento, +hasta que le vi entrar y me iluminó con su divina gracia. ¡Ay!, querido +Nelet, no quiero en mis postrimerías comprometer mi alma. ¿Amo a Dios, +le temo? Amor y temor por igual me consuelan y sobrecogen; amor y +temor me infunden el anhelo de ser bueno en lo que resta de vida, de +sostener con una conducta ejemplar la paz, mejor será decir la salud +de mi conciencia... Reniego ya de aquel propósito y consejo mío de +ocultar a Marcela la verdad de tu culpa, pues si con ese artificio +ganaríamos bienes terrenales, perderíamos seguramente los eternos. No, +no, Nelet: tú estabas en lo cierto y yo en lo errado; tú en la verdad, +yo en la mentira; tú procedías como cristiano caballero, yo como un +hombre vil... Pero ya no... Ahora te digo que la ocultación, o siquiera +disfraz de la verdad, es gran pecado; me paso a tu partido, y en él te +fortalezco. + +—Pienso, amigo mío —dijo Nelet con gravedad—, que esta concordancia +de la voluntad de usted con la mía es cosa muy feliz. No hay duda: +Dios o los ángeles han andado en ello. Hoy como ayer considero felonía +el negar a Marcela mi culpa; mas no teniendo yo valor ni cara para +confesarla ante ella, convendría que usted le hablase antes, y de la +sentencia que se sirva dar depende mi destino. + +—Muy juicioso me parece lo que has discurrido. Yo le hablaré antes, yo +le diré... ¡Oh, si te perdonara reconociendo que fuiste víctima de un +arrebato!..., ¡qué triunfo, hijo! Me da el corazón que así será, pues +los caminos de la verdad siempre llevan al bien. + +—¡Perdonarme! —exclamó Nelet clavando sus miradas en el suelo—. ¡Pues +si así fuera...! Pero lo dudo... Ya veo la cabeza de Francisco Luco +diciendo que sí con aquel movimiento fuertísimo..., la veo diciendo que +no..., así..., así..., que es decirme: no hay perdón. + +—Basta ya de visiones, hijo. Tus desvaríos me contagian, y estas noches +he soñado que también yo cabalgaba por el campo de niños..., solo que +mis nenes, los nenes que yo destruía, no volvían a nacer. + +—Pues los míos..., en las noches últimas..., ya no reían, sino +lloraban... Vi a Marcela cogiéndoles a puñados y metiéndoseles en el +seno... Pero, lo que usted dice: basta ya... No duermo, no quiero +dormir: pasaré la noche pensando en que ella viene en nuestra busca y +en que le salimos al encuentro. Descanse usted, y yo le llamaré cuando +sea hora de partir. Voy a despachar a _Malaena_ y a dar un pienso a +nuestros burros. + +Cumpliose con toda puntualidad lo que Santapau disponía, y antes del +alba salieron ambos caballeros oprimiendo los lomos asnales, don +Beltrán algo remediado de ropa, Nelet bien provisto de armas, pues +ignoraban qué clase de gente encontrarían. Anduvieron toda la mañana +sin ver alma viviente, entreteniendo las lentas horas con el inagotable +y pavoroso tema: «¿Me perdonará?». Llegados al caer de la tarde a una +ermita en la derecha margen del río Seco, que era el punto de cita +con la embajadora, recibieron de boca de esta las deseadas noticias. +Había dejado a Marcela con sus viejos en el convento abandonado de +San Salvador, y allí pasaría la noche en rezos y meditaciones; al +amanecer recalaría en el castillo de Horta, donde los señores podían +reunirse con ella para seguir juntos a Lledó, o al punto que de acuerdo +fijaran. Aumentose hasta lo increíble la ansiedad de Nelet. ¡Ya estaba +cerca! Solo una noche y un breve espacio de terreno le separaban de la +solución del temido enigma: «¿Me perdonará?». Incapaz de todo sosiego, +acordó seguir hasta Horta, y en ello emplearon las primeras horas +de la noche. Con no poco trabajo pudieron hallar albergue y pienso +para los burros y _Malaena_ en una reducida cuadra; descansó en el +mismo recinto don Beltrán algunas horas, mientras Nelet se paseaba +suspirando, a la luz de la luna, en un próximo corral, como caballero +que vela sus armas; y antes que fuera de día salieron los dos a pie +hacia el castillo, distante solo del pueblo veinte minutos de marcha +cómoda, y situado en un mogote de mediana elevación entre el río y el +camino de Bot. Esqueleto de muros despedazados, recompuestos y vueltos +a despedazar por sucesivas guerras, era el tal castillo, festoneado +de hiedras y jaramagos, y conservando en algunas de sus gastadas +piedras cruces y escudos de San Jorge de Alfama. Ponían el pie los dos +caballeros en el primer cerco de ruinas, cuando Nelet, asaltado de +súbito terror, se paró y dijo a su amigo: + +—Pienso, señor don Beltrán, que Marcela se nos habrá anticipado, +llegando aquí por alguna galería subterránea que comunica esta +fortaleza con el monasterio de San Salvador. La encontraremos más +adentro, y es tal mi miedo de verla, o de que ella vea mi cara y mis +ojos, que me clavo en tierra sin poder dar un paso hacia adelante. + +Trató Urdaneta de devolverle la tranquilidad, negando que hubiese tales +conductos por donde pudiera la monja presentarse, al modo teatral y +fantástico, y le indujo a no ser temeroso y afrontar con varonil aplomo +la entrevista. Mas advirtiendo en él señales de mayor pánico, antes que +de entereza, le dijo: + +—Y en suma, si no puedes vencer tu aprensión, y persistes en que le +hable yo primero y explore su ánimo, manifestándole la verdad que tanto +temes, retírate a Horta y déjame aquí en espera de la señora penitente +y de los viejos Zaida y Alfajar. Pero ten la bondad de conducirme a un +sitio donde pueda yo sentarme, que apenas veo, y no acierto a llevar +mis pobres huesos por entre tanto pedrusco. + +Condújole Nelet, evitando tropezones, a un lugar despejado con buen +asiento, y más medroso cuanto más avanzaba, le faltó tiempo para +escabullirse diciendo a su amigo: + +—Parece que la siento ya..., como si subiera por un pozo... Me voy al +pueblo. Allí espero mi sentencia... Adiós. + + + + +XXXI + + +Quedose don Beltrán solito en las ruinas, lo que no era muy divertido +para el pobre señor, pues el frío de la mañana le obligaba a requerir +su abrigo, envolviéndose bien en el capote que le había traído Nelet. +No menos de una hora estuvo rezando, atacado también de vagos temores, +semejantes a los de Santapau, y a cada instante creía sentir blandos +ruidos que le parecían el roce del sayal de la monja contra las +piedras. «No —se decía—, no sentiré roce de vestidos ni de pisadas. +Veré aparecer primero la cabeza, después los hombros, y sin hacer ruido +alguno se me pondrá delante...». No veía nada el buen caballero; pero +vio amanecer, y distinguió los telones de piedra desgarrados, en el +centro de los cuales se encontraba; y cuando reconocía con su menguada +vista la decoración, oyó voces efectivas, sílabas vibrantes de mujer +y catarrosas de hombres, y... era ella, sí, Marcela, seguida de los +enterradores, que aparecían por un hueco de los muros... + +—Aquí estoy, hija mía —gritó el anciano gozoso, sin miedo ya. + +Ligera como una corza saltó la beata por entre las piedras, y fue a +besarle la mano al prócer, que besó también la de ella. Entre beso y +beso dijo la penitente: + +—¿Y Nelet? + +—Hija mía, no te asustes —replicó don Beltrán, pesaroso de la mentira +venial a que le obligaban las circunstancias—. Está bueno; pero tan +delicado en su convalecencia, que no le he permitido abandonar el lecho +antes del día. En Horta le dejé, y allá nos vamos en cuanto tú y yo +descansemos. Como se fijó este lugar para nuestro encuentro, he venido +yo solito para que no creyeras que faltábamos a la cita. + +—Pudo usted mandar a _Malaena_ y evitarse este madrugón, que no le +sentará bien. A su edad, señor mío, no hay que jugar con la salud. + +—Verdad, sí..., pero... no mandamos a la vieja..., porque..., verás +—dijo Urdaneta tartamudeando, pues se le atragantaba la nueva mentira +venial que le exigía la situación—... _Malaena_ se nos puso anoche +mala de un cólico..., de tanta butifarra como comió la pobre... Pues +descansemos y hablemos un poquito antes de bajar al pueblo... Siéntate +a mi lado... Más cerca..., así. Desde Vallivana no te hemos visto. Hora +es ya de que resuelvas. El pobre Nelet espera tu determinación. ¿Has +pesado bien el pro y el contra? + +—Se asombrará usted —dijo Marcela, vacilando en las primeras +declaraciones—, y quizás me tache de ligera..., pero no es ligereza, +no, señor..., cuando me oiga..., no sé como expresarlo... Pues bien: +sabrá que han ahondado en mi ánimo las razones de mis dos amigos y el +rendimiento y constancia del pobre Nelet. + +—¡Ah, qué felicidad!... Yo esperaba..., en efecto... + +—Y a esta mudanza de mi voluntad, creo firmemente que no es extraña +la voluntad de Dios... Divina es a mi parecer la voz que me incita a +querer a Nelet, y a cambiar de vida y vocación... Por santo tengo el +matrimonio..., sus votos severos y sus obligaciones nos llevan a una +vida eficaz... + +—Es cierto. ¿Y has consultado el caso con tu confesor? + +—Sí, señor, y me ha dicho que dedicando a una fundación religiosa +parte del caudal de mi padre, si sentía honrada inclinación a la vida +secular, la adoptase, previas las dispensas de Roma, teniendo en cuenta +el trastorno que nos traen estas guerras y revoluciones. + +—¿Y consultaste con tu hermano Francisco? Ante todo, sabrás +que la noticia de su muerte me ha llegado al alma. Eres ya la +única descendiente de Juan Luco, y este hecho debe pesar en tus +resoluciones... ¿Tuviste tiempo de consultar con tu hermano el caso +extrañísimo de tu cambio de vida? + +—¡Ay!, sí, señor..., y mi pobre hermano, que sabía desentrañar lo +presente y lo futuro, me aconsejó que abrazase el nuevo estado, pues +si grave es el quebrantamiento del voto, debíamos mirar también a +la conservación de los bienes de nuestro padre, así raíces como en +especie, recogiendo los que aún están esparcidos, y librándolos de +la perdición. Díjome que él en las propias circunstancias que yo se +encontraba, pues habiendo topado en término de Falset con una honesta, +discretísima y bella joven, nacida de noble familia, y prendádose +de ella, creía que este suceso era como aviso de Dios, con que le +mandaba trocar una vocación por otra; y así, era su propósito no pensar +más en vida de claustro, y adoptar las penitencias y dura regla de +matrimonio con aquella bendita niña de Falset. Largamente hablamos de +nuestro negocio, y él expuso ideas tan juiciosas, que parecen dictadas +de la misma sabiduría. Pensaba que debíamos apartar un tercio del +caudal específico de nuestro querido padre para consagrarlo a una +fundación pía, y que con los otros dos tercios y los bienes raíces, +equitativamente partidos, podríamos constituir dos familias cristianas, +dedicadas a servir a Dios y a perpetuar el nombre y patrimonio de +Luco. Declaró también que de estos dos tercios metálicos debíamos, +en conciencia, retirar una suma para dar cumplimiento a la moral +obligación contraída por mi padre con su grande amigo y protector don +Beltrán de Urdaneta, fijando, de acuerdo con este, la cifra prudencial +para tan sagrado objeto... + +—¿Eso dijo?... ¡Oh Providencia, oh divina equidad! —exclamó el viejo, +sintiendo que un rayo penetraba en su alma, trastornándola—. Bien, +hija, bien... Pero dime otra cosa: ¿tenía Francisco conocimiento de la +pasión que has inspirado a Nelet? + +—Ya lo sabía, pues en los comienzos de nuestra conversación se lo +dije. Su parecer fue que si yo gustaba de Nelet, le aceptase, pues +tiene fama de valiente y leal, aunque algo arrebatado, y posee bastante +hacienda en Cherta y Cambrils. + +—¡Eso te dijo!... ¿Estás segura de que tal era su pensamiento? + +A las manifestaciones afirmativas de la monja, contestó el anciano con +nuevas alabanzas del poder de Dios. El pobre señor veía más claro; +recobraba la vista, y en su turbación no sabía por qué caminos llevar +la interesante conferencia. Por fin, salió del paso con esta pregunta: + +—¿Cuántos días antes de morir te dijo tu hermano lo que acabas de +manifestarme? + +—Dos días. Después, el pobrecito siguió a su ejército, y la tarde misma +de la batalla de Gandesa, volviendo con otros veinte de cumplir una +orden del general, fue sorprendido por una partida de facciosos en +retirada, y le asesinaron con saña, vileza y cobardía. + +—¡Oh, qué desgracia!... Y sabiendo su triste fin, sin duda por los +compañeros suyos que lograron escapar, ¿cómo no supiste quién dispuso y +consumó hazaña tan inicua? + +—Dijéronme que un capitán o no sé qué, cabeza de aquellos sayones, +traspasó a mi hermano con su espada. + +—¿De modo que no sabes...? + +—No, señor: no lo sé. + +—Y si conocieras al matador, ¿le perdonarías? + +—¡Oh!, como cristiana tendría que perdonarle; como cristiana, señor... +¿Acaso lo que yo ignoro lo sabe mi don Beltrán...? + +Como anillo al dedo venía en aquel punto de la entrevista la temida, +pavorosa revelación; mas el noble caballero, señor de tantas torres, no +se atrevió a sacarla del pensamiento a los labios. Era hombre: careció +del valor necesario para un acto que requería verdadera santidad. +Habíase propuesto ser bueno, purificar sus últimos días con virtuosas +acciones; mas no era santo, no: no lo era. + +—¿Lo sabe usted? —repitió Marcela espantada de su silencio. + +Y don Beltrán, sintiéndose a cien mil leguas de la cristiana +perfección, dijo en un grave suspiro: + +—Hija mía, no sé nada. + +Apareció en aquel instante Santapau por entre el hueco de unas altas +piedras, y bajando de un brinco, como sillar desplomado con estruendo, +gritó: + +—Sí lo sabe; mas no tiene valor para decirlo. + +Marcela se levantó bruscamente como un ave que quiere emprender el +vuelo, y saltando sobre piedras, se alejó despavorida. + +—Ven, Marcela, ven..., no huyas —dijo Nelet. + +—¿Cómo vienes aquí?... —balbució la penitente con sílabas +entrecortadas—. ¿Por qué vienes así, en esa forma, que más que de +hombre es de demonio? + +—Porque lo soy. Demonio del infierno es quien dio villana muerte a +Francisco Luco. Nuestro amigo no tiene valor para decirlo: lo tengo yo. + +Horrorizada, Marcela se llevó las manos a las sienes, volviendo la +cabeza. Luego cayó de rodillas. + +—Levántate —dijo Nelet acudiendo a ella—. Yo soy el que debe +humillarse. Humillado te diré que aunque no merezco tu perdón, lo +solicito, lo quiero... Fue una ceguera, embriaguez de sangre..., el +maldito hábito de esta guerra, el matar por matar..., por destruir +vidas contrarias... + +—¡Perdón, perdón! —exclamó don Beltrán, también de rodillas, llorando +como un niño. + +—¡Monstruo —dijo Marcela encorvada, las manos en la cabeza, mirando de +soslayo torvamente al infortunado guerrero—, monstruo de maldad!... +Como cristiana te perdono... Pero huye, vete al fin de la tierra, o +adonde yo no te vea más... Condenado, no quiero condenarme contigo..., +tus miradas corrompen... Yo no quiero verte ni respirar el aire que +respiras. + +—¡Paz, paz!... —repetía el buen Urdaneta alargando sus flacos brazos—. +Hijos míos..., sed cristianos... No habléis de condenaros. Salvaos, +salvémonos todos. + +Huyó Marcela, y tras ella, saltando de piedra en piedra, corrió Nelet, +como anhelante cazador. + +—No te acerques a mí —gritaba la monja—. Condénate tú solo; yo no. + +Poseído de insano furor, Nelet dijo: + +—Solo no. No más soledad. Tú conmigo... + +Y viendo a la desdichada mujer buscar refugio tras unas altas piedras, +como res acosada que se esconde, allí la persiguió, y allí, antes que +los atontados viejos pudieran acudir en defensa de su maestra y señora, +le dio bárbara y pronta muerte. Retumbó el pistoletazo en la tristísima +cavidad del castillo como si todas sus piedras de golpe se derrumbaran. +Sobrecogido, exánime, el rostro contra el suelo, don Beltrán dijo: + +—Nelet, ¿qué haces?... + +Pasados algunos segundos de pavoroso silencio, oyó el anciano la +respuesta, que fue otro tiro no menos estruendoso y lúgubre que el +primero. + +Los pobres sepultureros, a quienes el estupor y su propia debilidad +senil paralizaron en la fugaz duración de la tragedia, no supieron +ni aun requerir sus azadones para impedirla. Al primer tiro, cayó +Alfajar de espaldas con temblor epiléptico. Zaida, más animoso, blandió +su herramienta de sepultar, abalanzándose hacia Nelet con móvil de +venganza o justicia; mas no pudo anticiparse al criminal, que la hizo +rápida y eficaz con su propia mano. + +Transcurrido un lapso de tiempo, que ninguno de los tres ancianos +apreciar podía, Zaida se llegó a don Beltrán, y tocándole en el hombro, +con angustiada voz le dijo: + +—Señor, señor, ¿vivimos o morimos? + +—No sé, amigo —replicó el caballero, despegando del suelo su rostro—. +¿Vives tú? ¿Qué es esto?... Dame la mano: probaré a levantarme... +¡Ay!, la juventud perece... a sí misma se destruye. Nosotros, tristes +despojos de la vida, aún respiramos... ¿Y para qué? El siglo no quiere +soltarnos, ¡ay de mí! + +—Señor, nuestro deber ahora no es otro que abrir dos hermosas +sepulturas... + +—Amigo, no: abramos una sola, hermosísima, y enterrémosles juntos. + +Todo el día permanecieron los tres ancianos en el lugar de la tragedia; +y cuando se retiraban, al caer de la tarde, consternados y llorosos, +oyeron lejano bullicio de clarines y tambores. A medida que iban +venciendo con lento andar el camino de Lledó, arreciaba el marcial +rumor. A la puesta del sol, Zaida, que era de los tres el que gozaba +de mejor vista, distinguió por oriente, en las áridas colinas de la +margen del río Seco, líneas de gente armada, las cuales avanzaban +ondulando como serpientes en las curvas del terreno, mitad en sombra, +mitad en luz. Eran las mesnadas de vanguardia de la expedición real que +marchaban hacia la frontera de Aragón. + + +FIN DE «LA CAMPAÑA DEL MAESTRAZGO» + + +Santander (San Quintín), abril-mayo de 1899. + +*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 78775 *** diff --git a/78775-h/78775-h.htm b/78775-h/78775-h.htm new file mode 100644 index 0000000..feb1140 --- /dev/null +++ b/78775-h/78775-h.htm @@ -0,0 +1,8618 @@ +<!DOCTYPE html> +<html lang="es"> +<head> + <meta charset="UTF-8"> + <meta name="viewport" content="width=device-width, initial-scale=1"> + <meta name="format-detection" content="telephone=no,date=no,address=no,email=no,url=no"> + <title> + La campaña del Maestrazgo | Project Gutenberg + </title> + <link rel="icon" href="images/cover.jpg" type="image/x-cover"> + <style> + +.formato { margin: 0 auto; width: 26em; max-width: 26em; font-size: 125%; } +.x-ebookmaker .formato { width: 100%; max-width: 100%; font-size: medium; } + +p { margin: 0; text-align: justify; text-indent: 1.25em; line-height: normal; 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height: auto;" + src="images/cover.jpg" + alt="Cubierta del libro"> + </div> +</div> + + +<div class="tit pt6"> + <hr class="chap"> + <p><span class="pagenum" id="Page_1">p. 1</span></p> + <p class="lh150 g0 ws1">EPISODIOS NACIONALES</p> + <hr class="tir"> + <p class="lh150 g0 ws1">LA CAMPAÑA</p> + <p class="fs175 lh150 g1 ws1 mt03">DEL MAESTRAZGO</p> + <hr class="chap"> +</div> + + +<div class="chapter pt6"> + <div class="legal"> + <p><span class="pagenum" id="Page_2">p. 2</span>Es propiedad. Queda + hecho el depósito que marca la ley. Serán furtivos los ejemplares que + no lleven el sello del autor.</p> + </div> +</div> + +<hr class="chap x-ebookmaker-drop"> + + +<div class="tit"> + <p><span class="pagenum" id="Page_3">p. 3</span></p> + <p class="fs120 lh150 ws1">B. PÉREZ GALDÓS</p> + <p class="fs140 lh150 ws1">EPISODIOS NACIONALES</p> + <p class="smaller lh150 negr g0 ws1 mt05">TERCERA SERIE</p> + <hr class="fil"> + + <p class="fs175 lh150 g0 ws1 mt1">LA CAMPAÑA</p> + <p class="smaller lh150 g0 mt05">DEL</p> + <p class="fs300 lh150 g1">MAESTRAZGO</p> + <hr class="tir"> + <p class="fs110 g0 mt15">14.000</p> + + <div class="figcenter mt3"> + <img src="images/logo.jpg" + style="width: 6em; height: auto;" + alt="Logotipo del editor"> + </div> + + <p class="smaller lh150 g1 mt3">MADRID</p> + <p class="smaller lh150 g1 ws1">PERLADO, PÁEZ Y COMPAÑÍA</p> + <p class="smaller lh150 negr g0 ws1">(Sucesores de Hernando)</p> + <p class="smaller lh150 g0 ws1">ARENAL, 11</p> + <p class="lh150 g0">1906</p> +</div> + +<hr class="chap x-ebookmaker-drop"> + + +<div class="chapter pt6"> + <p><span class="pagenum" id="Page_4">p. 4</span></p> + <p class="pie_imp g0"><span class="sc">Madrid</span>. — Imp. de los + Sucesores de Hernando, Quintana, 33.</p> +</div> + +<hr class="chap x-ebookmaker-drop"> + + +<div class="chapter pt3" id="Ch1"> + <p><span class="pagenum" id="Page_5">p. 5</span></p> + <p class="centra fs130 ws1">LA CAMPAÑA DEL MAESTRAZGO</p> + <h2 class="nobreak">I</h2> +</div> + +<p>En la derecha margen del Ebro y a cinco leguas de la por tantos +títulos esclarecida Zaragoza, existe la villa de <i>Julióbriga</i>, +fundación de romanos, según dicen libros y rezan lápidas desenterradas, +la cual, en tiempos remotos, mudó aquel nombre sonoro por el de +<i>Fuentes de Ebro</i>, con que la designaron cien generaciones +aragonesas. No por los hechos históricos que ilustran esta villa (pues +en lo antiguo dicen que fue <i>lugar de moros</i>, y algún chinazo +le tocó en la guerra de la Independencia y en los dos inmortales +<i>sitios</i>); no por la fertilidad de su término, regado por el Canal +Imperial; no por las estameñas que fabrican sus tejedores, ni por las +excelentes lechugas que crían sus huertas, ni tampoco por su gótica +iglesia parroquial, donde yacen, en desmoronados sepulcros, multitud +de Condes de Fuentes que rabiaron o hicieron rabiar al pueblo, aparece +este en la primera página de la presente relación, sino por la fama del +<i>parador de Viscarrués</i>, situado en la plaza junto a la llamada +<span class="pagenum" id="Page_6">p. 6</span><i>casa del rey</i>, el +cual gozaba de gran crédito y favor entre los arrieros y trajinantes +que comunicaban a Zaragoza con el reino de Valencia. Asimismo confluían +allí los trayectos peoniles y carromateros de la parte de Alcañiz, del +Maestrazgo y Vinaroz, de la tierra baja de Teruel, Híjar y la cuenca +del río Martín. Los barqueros del Canal Imperial, así como todo el +personal de fontanería, eran también fieles parroquianos de Viscarrués, +el cual daba excelente trato a las caballerías primero, a las personas +después, y poseía un amplio local con cuadras extensas, donde podían +acomodarse, entre animales y arrieros, como unos treinta pares. En el +piso alto no faltaban aposentos <i>para señores</i>, algunos hasta con +camas, otros bien acondicionados de mullidos jergones. Era la cocina +monumental, con el hogar guarnecido de poyos, y por uno y otro lado +mesas largas, donde podían tomar el pienso hasta veinte parroquianos. +Servía Viscarrués un Cariñena superior, sin competencia en cuatro +leguas a la redonda, y para todo pasto un tintillo de Contamina que en +lo de alegrar corazones y cabezas parecía hermano de la jota. Uno y +otra procedían de la misma cepa.</p> + +<p>Los más de los días Viscarrués y su familia no tenían manos para +servir a la mucha y diversa gente que en el parador se juntaba. Uno +de los criados, llamado <i>Guasa</i> (verdadero apellido, no apodo), +natural de Jaca, y más vivo que el azogue, hacía milagros <span +class="pagenum" id="Page_7">p. 7</span>de ubicuidad y diligencia. Pero +llegó un día; mejor dicho, llegaron tres días, en que ni el ventero con +sus hijas y su mujer, ni Guasa con toda su agilidad ratonil, pudieron +atender al golpe de personas y acémilas que se metieron por aquellas +puertas con hambre y sed, pidiendo vino, cebada, carne y un montón +de paja para dormir. Furioso Viscarrués por no disponer de cuádruple +local, se tiraba de los pelos, y su mujer del moño; Guasa andaba de +coronilla; la <i>parroquia</i> se impacientaba; todos pedían a un +tiempo su remedio. Con gran trabajo y a puñados les iban acomodando +aquí y allí, metiendo ocho en cada cuarto de arriba, estibando a otros +en las cuadras, por grupos, por series, por manadas: y para dar de +comer se ponían los platos en el suelo, por no haber ya mesas, los +jarros de vino pasaban de boca en boca, sin vasos; los guisados iban +a la rueda en grandes fuentes, chorreando salsa, y no se oían más +que voces airadas del que pedía su parte, del que, no contento con +la primera ración, pedía la segunda. Aquí esgrimían cucharas, allá +repicaban en los vasos con toque de cuchillos. El vino abundante +suplía las escaseces del comer, y si en una parte echaban maldiciones +a Viscarrués, en otra le vitoreaban como al primer posadero del mundo. +«Hay que dispensar en días como este», decía él, rascándose la cabeza, +luego los brazos, levantándose después la faja que se le caía. A Guasa +colmábanle de injurias, que le excitaban a un enojo risueño; <span +class="pagenum" id="Page_8">p. 8</span>y era tal su sofocación, que +regaba con honrado sudor los manjares que servía.</p> + +<p>Fue causa de tan desmedida aglomeración la coincidencia de dos +caravanas de pasajeros, la una que venía de oriente huyendo de la +guerra, la otra de occidente que hacia la guerra iba. Componían la +primera familias neutrales o que querían serlo, algunos lisiados y +enfermos; la segunda constaba, principalmente, de la oficialidad y +clases de una columna enviada del norte para incorporarse a la brigada +de Borso di Carminati. La guerra mata y resucita; destruye y crea. La +sangre que no se derrama en los combates, circula con más vigor, y +nutre partes desmedradas del organismo social, mientras otras perecen. +Viscarrués, que se estableció sin un cuarto en 1830, se retiró el 46 +con el riñón bien cubierto. Sus hijos siguieron carrera en Zaragoza. +Traspasado el parador a Guasa, este se hizo también rico, y en 1860 +poseía casas en la Almunia, un café en Cariñena, y suyos eran los +coches de la estación de Calatayud, y los que hacían el servicio a +Paracuellos de Jiloca. Volviendo a lo que se refiere, debe decirse +que aquel tumulto del parador de Fuentes de Ebro pertenece a las +cronologías del año 37, que hasta en los mesones había de ser año de +confusión y trapisondas: el mes era <i>febrerillo loco</i>. Un solo +dato pudo arrancar el historiógrafo a la empedernida memoria de Mateo +Guasa: era que aquel día fue el primero del año en que se agregaron al +cocido las habas verdes.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_9">p. 9</span></p> + +<p>Y que estaban muy buenas, como declararon todos, con excepción +de una señora, ribereña de Navarra, que sostuvo la superioridad de +las habas de tierra de Cintruénigo... A esto observó uno, después de +empinar el codo, que mejor que las habas le sabían a él las hembras +de la Ribera, y buena muestra del género era <i>lo presente</i>, +cuya gentileza y hermosura a todos cautivaban... Replicó ella con +donaire que no era ensalada más que para un solo y único dueño, el +cual no admitía bromas. Pronto se corrió entre los individuos de aquel +jovial grupo que la tal moza era casada, y que iba a la guerra con su +marido, sargento recientemente ascendido a alférez, el cual se alojaba +también allí, y había salido a ocupaciones del servicio. Entrando en +conversación la hermosa mujer, en quien habrá reconocido el lector a +Salomé Ulibarri, les dio cuenta, con abundosa y pintoresca verbosidad, +de los prodigios de Luchana y Banderas, y de las proezas que allí había +realizado Baldomero Galán, su esposo, secundando las disposiciones +del otro Baldomero. El empleo de alférez era recompensa mezquina para +servicios tan eminentes... Despertada en el auditorio la curiosidad, se +prolongó el relato de lo de Bilbao bastante tiempo, tan gustosos ellos +de oír a la historiadora, como esta de pregonar tan lucidas hazañas. +Emprendieron después los otros historia fresca de lo del Maestrazgo, +que habían visto; pero a lo mejor de ella, solicitada de otra parte la +atención de Saloma, se apartó <span class="pagenum" id="Page_10">p. +10</span>de la mesa. Mirando casualmente hacia la escalera del parador, +vio que por ella descendía un caballero anciano en compañía de dos +mozos, al parecer de su servidumbre, el cual, renegando con agrias +voces de no encontrar alojamiento adecuado a su categoría, avanzó +hacia la calle cogido al brazo de un criado. Tanto el flácido rostro +del noble señor, como su desmayado cuerpo y su deslucida y polvorienta +ropa, declaraban el cansancio de un largo camino. Fue tras él Saloma, +y viéndole parado en medio del portal, se le puso delante en actitud +de quien intenta dar una sorpresa; mas no hizo el buen señor ademán +de conocerla. Impaciente y desconcertada la moza, además movida de +grande compasión hacia el caballero, le tocó suavemente en el brazo, +diciéndole:</p> + +<p>—¿Pero es posible que no me conozca o no quiera conocerme el señor +don Beltrán de Urdaneta?</p> + +<p>—¡Saloma..., hija..., chica! —exclamó el prócer abriendo los +brazos—. ¿Tú por aquí?... <i>Maña</i>, te he conocido por la voz... ¿No +sabes? ¡Ay, me estoy quedando ciego!... Salgamos un poquito afuera, +para que con la luz de la calle pueda ver tu hermosura.</p> + +<p>—¿Pero a dónde va por aquí tan descarriadico, señor?</p> + +<p>—Hija..., es largo de contar —replicó don Beltrán, sacando un pesado +suspiro de las honduras de su pecho—. Me muero de fatiga, de hambre..., +y ese bruto de posadero no quiere alojarme... No puedo ya con mi +cuerpo..., ni con mi alma.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_11">p. 11</span></p> + +<p>—Todo lo de arriba está lleno... En cada aposento siete personas..., +como sardinas. Tampoco yo tengo cuarto.</p> + +<p>—Déjame, déjame que te mire... —dijo el prócer acercando su rostro +al de ella, embobado, sobreponiendo su afición estética a las tristezas +del desamparo en que se veía—. Sí, sí: te reconozco... ¡Qué linda eres! +Si no fuera sacrilegio suponer que Dios se equivoca, le preguntaría por +qué no te hizo nacer en posición elevada. Habrías sido una gran mujer, +una gran dama, una...</p> + +<p>Más atenta a proporcionar al noble señor el reparo que necesitaba +que a sus delicados galanteos, le dijo que urgía disponerle al instante +la mejor comida que se pudiese. Enganchándole del brazo, le condujo +hacia la cocina, dando voces al paso, en requerimiento de Guasa y de +los demás servidores de la posada.</p> + +<p>—¡Qué desconsiderados sois! —dijo al propio Viscarrués—. ¿Pero no +conocéis al señor, el primer noble de Aragón? No sabéis tratar más que +con animales.</p> + +<p>Disculpose el ventero, alegando que no había conocido al señor don +Beltrán, y se apresuraron amo y criados a ofrecerle cuanto tenían. A +ratos ayudando a servirle, a ratos sentada frente a él viéndole comer y +beber con gana, nuevamente le interrogó Saloma sobre su viaje, movida +no tan solo de la mujeril curiosidad, sino del interés afectuoso y +desinteresado que el ilustre viejo le inspiraba.</p> + +<p>—¿Va el señor a Zaragoza, o viene de allí?</p> + +<p>—Vengo, hija, vengo... He salido de Cintruénigo <span +class="pagenum" id="Page_12">p. 12</span>con ánimo de no volver más +allá. Un rapto de cólera, de orgullo, de dignidad más bien... Yo soy +así: no tolero que nadie me humille; y las impertinencias y groserías +de Rodrigo y de <i>doña Urraca</i> han sido tales, que no he tenido +alma para tolerarlas más tiempo. Salí del caserón de Idiáquez como +un colegial que se escapa. A la falta de libertad, al despotismo de +<i>doña Urraca</i> y de su hijo prefiero la vagancia, la miseria, la +muerte misma... No más, no más...</p> + +<p>—Supe que el señor había ido a Medina de Pomar.</p> + +<p>—Y no encontré, ¡ay de mí!, la acogida que esperaba... Ya no hay +hijos, quiero decir, hijos buenos. Esa raza concluyó. Con estas +malditas guerras entre hermanos, parece que ha venido al suelo toda +ley de humanidad, y hasta los sagrados fueros del parentesco y de la +sangre... Al hablar de estas cosas, se me atraviesa aquí en el pecho un +bulto, una cosa dura y lacerante que no me deja comer ni respirar... +Espérate a que pase... Ya pasa... Te contaré en dos palabras que al +volver de Mena, donde, lo repito, encontré más egoísmo que piedad, +desconsideraciones que me han llegado al alma, recibiéronme los +Idiáquez de un modo muy desapacible. Los morros de <i>doña Urraca</i> +se extendían cuarta y media fuera de las líneas borriquiles de su +rostro, y mi esclarecido nieto no hacía más que contrariar mis hábitos +y rodearme de estrecheces indecorosas. ¿La causa de esto? Es muy +sencilla. Sabrás que entre <span class="pagenum" id="Page_13">p. +13</span>mi nuera y doña María Tirgo habían concertado la boda de +Rodrigo con una rica heredera de La Guardia. Celebráronse vistas. No sé +lo que pasó, pues yo me hallaba en Mena; solo supe, antes de salir de +allí, que de improviso y con algo de estruendo se vino a tierra todo +aquel tinglado de la boda.</p> + +<p>—¿Y le echaron al señor la culpa?</p> + +<p>—Naturalmente: yo soy el gato, el niño enredador causante de +todas las roturas de platos y demás averías que ocurren en la casa. +No hay quien le quite de la cabeza a Juana Teresa que por intrigas +mías se deshizo el bodorrio. Y yo te aseguro que no he tenido arte +ni parte en ello. Declaro ingenuamente, eso sí, que me alegré y me +alegro del percance, festejándolo como justicia de Dios y castigo de +la conducta inhumana de los Idiáquez con este pobre viejo. Pero nada +más, nada más... Cansado al fin de la reglamentación de colegio a que +pretendían sujetarme, me vi en el duro caso de preferir la miseria a +la esclavitud, y la libertad al vivir triste, al régimen conventual de +la casa de Cintruénigo. La imagen de <i>doña Urraca</i> se me ha hecho +tan odiosa, que por no verla me iría descalzo y pidiendo limosna a la +más lejana región del mundo. Créelo, chica. Soy noble: no tolero la +humillación. En cualquier estado sabré conservar mi dignidad.</p> + +<p>Con pena y lástima muy vivas oyó Saloma el relato de don Beltrán, no +atreviéndose a contradecirle ni a proponerle la vuelta al hogar <span +class="pagenum" id="Page_14">p. 14</span>abandonado, porque el respeto +a tan gran caballero y a su desgracia la cohibía. Atenta al alivio de +su necesidad, le dijo que, pues era totalmente imposible recabar de +Viscarrués un buen aposento, no había más remedio que acomodar al señor +en la cuadra. Ella respondía de arreglarle en aquel humilde lugar un +lecho abrigado y cómodo, combinando los haces de paja y las buenas +mantas que ella traía, de tal modo que no echara de menos los infames +camastros de la posada. Accedió a esto don Beltrán con expresiones de +gratitud, muy conmovido, sonándose fuerte, y añadió que pues Jesucristo +Nuestro Señor nos había dado ejemplo de humildad naciendo en un +pesebre, bien podía sin desdoro un noble, que nada tenía de divino, +dormir y hasta terminar su existencia en montones de paja, al abrigo de +gentes sencillas y de rústicos animales.</p> + +<hr class="chap x-ebookmaker-drop"> + + +<div class="chapter pt3" id="Ch2"> + <h2 class="nobreak g1">II</h2> +</div> + +<p>—Ya sé —dijo después el prócer a la guapa moza, plegando los ojos +para verla mejor— que, al fin, te has casado con Baldomero. No ha sido +poca suerte para ese bruto. ¡Vaya una hembra que se lleva!</p> + +<p>—Sí, señor... ¿Pero usía no sabe que es alférez?</p> + +<p>—¡Qué me dices!... ¡Alférez! ¡Hola, hola!... <span class="pagenum" +id="Page_15">p. 15</span>¡Todo un oficial del ejército! Siempre fue +arrojadísimo, con una cabeza más dura que el mármol, y un corazón +insensible al miedo... Vaya: ¿y está aquí, en la columna que ha llegado +del norte?</p> + +<p>—¡Y que no se alegrará poco de ver a vuecencia! No tardará en +venir.</p> + +<p>A uno de los mozos de Urdaneta, que en otra mesa comían, ordenó +Saloma que saliese a buscar a Galán por las calles del pueblo, y +a darle conocimiento de la presencia de su antiguo amo. Nacido en +Fuenmayor y recriado en Cintruénigo, Baldomero había servido a don +Beltrán antes de entrar en el militar servicio. Seis años comió el pan +de Idiáquez y Urdaneta, ya en el empleo de ayuda de cámara, ya en el +ejercicio de montería, o en otros menesteres de la casa. Bien quisto +de sus amos, dejó en la familia memoria de leal y honrado, aunque muy +duro de mollera. Andando el tiempo, ya soldado distinguido, sargento +después, siempre que su batallón pasaba por Cintruénigo, visitaba a +los señores. Allí conoció a Saloma, que, rodando de aquí para allá +con borrascosa y turbada vida, después del fusilamiento de su padre +en Miranda de Arga, fue a parar a casa de una tía materna, que tenía +en arrendamiento tierras de Idiáquez y vivía en una torre próxima al +palacio señorial. Toda esta parte de la historia de Galán y Saloma es +algo oscura, y no ofrece bastante interés para que se emprendan, por +esclarecerla, investigaciones muy minuciosas.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_16">p. 16</span></p> + +<p>Volviendo al relato, se dirá que don Beltrán manifestó a su amiga +que no iba, no, a la ventura por aquellos derroteros, pues le guiaba un +fin concerniente a sus intereses y al remedio inmediato de su actual +posición lastimosa.</p> + +<p>—Ya te lo explicaré cuando esté más sosegado —agregó recobrando +algo de su animación—, pues supongo que iremos juntos largo trecho. +Por de pronto, solo te digo que salí de Cintruénigo con recursos muy +inferiores a lo que exige mi categoría, que tendré que resignarme a +ciertas privaciones... Mi principal inquietud es que me corten el paso +las tropas de Cabrera o las partidas que sueltas y desmandadas infestan +toda la tierra de Teruel. Otro temor me quita el sueño, y es que los +dos únicos chicos que he podido traerme, Tomé, el de <i>la Chata</i>, +y Francisquillo Maestre, no puedan seguir en mi compañía más allá de +Híjar, por el peligro de que les coja la facción. Tú les conoces: dos +chicarrones de diecinueve años, que no manejarían mal el chopo, y de +uno de ellos sospecho que lo cogería de buena gana, por dar gusto al +dedo. En fin, si les pierdo, ya sea por medrosos, ya por atrevidos, +tendré que ir solo, encomendándome a Dios y a la Virgen, pues no puedo +abandonar mi empresa, única solución decorosa para los pocos días que +me restan de vida.</p> + +<p>En esto entró Baldomero, que derechamente, morrión en mano, se fue +a besar la de don Beltrán, y poco le faltó para hincar una rodilla en +tierra. Sincero, nacido del <span class="pagenum" id="Page_17">p. +17</span>corazón era su acatamiento, pues amaba al anciano; y +cuando este abrió sus brazos para expresarle con un buen apretón su +enhorabuena y el regocijo de verle oficial, Galán hizo pucheros, y +algunas lágrimas bajaron a humedecer su bigote de moco, imitación del +de Espartero.</p> + +<p>—Bien, hijo, bien, adelante... Capitán, será ya como tenerlo en la +mano. Date prisa a ganar empleos, porque antes de morirme quisiera ver +a Saloma hecha una señora coronela.</p> + +<p>Era Baldomero Galán un mocetón en quien la estampa no desmerecía +del apellido, alto, garboso, mejor formado de cuerpo que de facciones, +pues su nariz excedía un tanto de la medida proporcional, y sus ojos, +hermosos y grandes, bizcaban un poco, resultando una desmedida fiereza +de expresión. Indomable en la guerra, fiel a sus deberes cual ninguno, +pronto a dar la vida cien veces por el honor de su bandera, en la vida +doméstica era un angelón, y su esposa no tenía que hacer el menor +esfuerzo para dominarle. Hízole sentar don Beltrán a su izquierda: +le sirvió vino, después de obsequiarle con un puro. Fumando los dos, +el pobre viejo, gozoso de tener a quien contar sus infortunios, hizo +segunda edición de lo que ya había referido a Saloma, recargando +amargura en las acusaciones contra su nieto y nuera. Suspiraba Galán al +compás de los suspiros de su antiguo señor; y no acertando con la mejor +fórmula de consuelo, se ofreció a prestarle en <span class="pagenum" +id="Page_18">p. 18</span>su viaje toda la ayuda que el servicio le +permitiera.</p> + +<p>—Tanto Saloma como yo, señor don Beltrán, estamos a la disposición +de usía para lo que guste mandarnos, y le cuidaremos y asistiremos como +a un padre.</p> + +<p>Urdaneta le apeó el tratamiento, pues del chicarrón que tuvo a su +servicio al señor alférez que delante veía, había distancia social muy +grande: agradeciendo al matrimonio sus ofrecimientos, manifestó que +deseaba recogerse.</p> + +<p>—Véase —dijo a Galán, mientras corría Saloma en busca de las mantas— +cómo Dios no abandona a los buenos. Solo y triste venía yo por esos +caminos, agobiado del peso de mis desdichas, afligido al propio tiempo +por mi ceguera que crece de día en día, y cuando menos lo esperaba, +me salen al encuentro dos amigos cariñosos, dos almas caritativas que +me consuelan, que me alientan... ¡Que hermoso es encontrar en nuestro +camino la gratitud! Tú y tu mujer me debéis algunos beneficios; también +los prodigué yo al buen Adrián Ulibarri, padre de Saloma, y ahora me +veo recompensado por vosotros... ¡Ah!, si me pierdo, que me busquen +entre los humildes, que son siempre los agradecidos y generosos.</p> + +<p>Irguiéndose, como si al restaurar las fuerzas de su cuerpo recobrase +también vigor y esperanza su espíritu, emprendió, asido del brazo de +Galán, el camino de la cuadra. Parándose a cada instante, decía:</p> + +<p>—No, no: Urdaneta no puede ni debe terminar sus días en la +humillación. Oye, <i>Mero</i>: ¿será fácil <span class="pagenum" +id="Page_19">p. 19</span>penetrar en tierra de Teruel hasta Mora de +Rubielos, siquiera hasta los montes de Gúdar?</p> + +<p>—Señor, <i>las hordas de Cabrera</i> son dueñas de casi todo +el país —replicó Galán, que hablando de guerra solía emplear las +fórmulas usuales de la prensa patriótica, de las proclamas y +órdenes generales en campaña—; y mientras no consigamos limpiar de +<i>enemigos fratricidas</i> todo el territorio de esta Comandancia +general, no le aconsejo a nadie que penetre, señor... a menos +que lleve un salvoconducto en regla, expedido por el <i>obcecado +Pretendiente</i>.</p> + +<p>—Ya, ya lo pensaremos, pues entre los cabecillas facciosos no me +faltan amigos.</p> + +<p>En esto, Saloma escogía el rincón más abrigado de la cuadra, +el mejor defendido contra las corrientes de aire y las patadas +de los mulos, para armar en él un mullido nidal donde descansase +el noble viejo. Fue robando puñaditos de paja en este y el otro +montón; apartó toda la basura; hizo mudar de sitio a un gallo con +varias gallinas, y la obra quedó terminada pronto a satisfacción del +que debía disfrutarla. Todas las mantas que tenía las aplicó a la +comodidad de don Beltrán, unas debajo, otras encima de su cuerpo. +Mientras <i>Mero</i> le quitaba las botas, envolviéndole los pies +en la manta de Tomé, Saloma le liaba a la cabeza un ancho pañuelo +de seda, despojándole antes de su levitón y dejándole en mangas de +camisa. Ofrecía el aristócrata una extraña figura, de la que él +<span class="pagenum" id="Page_20">p. 20</span>mismo se reía, cuando +se tendió de largo a largo sobre la paja. Con refajos y ropa suya +improvisó Saloma una almohada, y no pareciéndole bastante, propuso que +ella se acomodaría sentada junto a la pared, formando como cabecera +del improvisado lecho, y sobre sus rodillas se apoyaría la almohada, +sosteniéndola en alto de modo que no se hundiese la cabeza de don +Beltrán. Para completar la obra, se convino en que Galán pasaría la +noche a los pies del señor, para contener el frío por aquella parte, +mientras por la otra sostenía la calor el gentil cuerpo de Saloma. +Hallábase Urdaneta algo acatarrado, y estornudaba constantemente; mas +no sintiendo otra molestia real que el frío, procuraba agazaparse bien, +y en medio de las mantas recobró su buen temple y jovialidad, dando por +excelente tal situación y creyéndola un especialísimo favor de Dios en +aquellos tristes días.</p> + +<p>—Paréceme, hijos míos, que no debo quejarme —les dijo risueño—, +¿pues qué más puedo ambicionar que este tranquilo reposo, este abrigo +que me habéis dado, y, sobre todo, el calor de vuestra compañía +cariñosa? Os veo como a dos ángeles que Dios me envía para asistirme. +Y es como si con vuestra presencia me dijera: «Ya ves, Beltrán mío, +que no te abandono». En verdad os aseguro, que no cambiaría este lecho +por el del Papa o el Emperador de Rusia. Aquí se está muy bien, con +un guardián y calentador por la cabeza y otro por los pies..., y esta +sencillez, y esta libertad... <span class="pagenum" id="Page_21">p. +21</span>Vamos, que estoy contentísimo, y ahora me permito despreciar +todos los cuartos de fonda, con sus camas frías y sucias, y su soledad +triste... Bien, bien: <i>Mero</i> y Saloma, mis buenos amigos, sed +caritativos hasta el fin; y pues el sueño se ha declarado mi enemigo, +contadme alguna cosita para engañar el tiempo.</p> + +<p>Reclinado a los pies del señor, Galán habló largamente de la campaña +del Centro, a la cual se daría gran impulso para exterminar de golpe +a <i>los satélites del oscurantismo</i>. No lejos de ellos había +otros grupos; y a medida que avanzaba la noche, fueron entrando en la +cuadra más huéspedes, y se formaron entre paja y dornajos montones de +humanidad que producían extraños ruidos: aquí conversaciones y disputas +vehementes, allá un roncar estruendoso.</p> + +<p>—<i>Mero</i>, hijo mío —dijo al alférez don Beltrán, de cuya persona +no asomaba entre las mantas más que la nariz—, por alguna palabra que +llega a mis oídos de lo que hablan esos tres hombres que están a tus +pies, entiendo que son de Rubielos. Acércate y pregúntales si conocen a +Juan Luco, rico propietario en término de Mora, alcalde que era de esta +villa hace dos años.</p> + +<p>Poco después se aproximó un hombre, de estatura más que alta, +gigantesca, vestido a estilo aragonés neto, con su pañizuelo en la +cabeza, faja morada y muy caída, mal envuelto en una manta, como herido +o enfermo, un brazo en cabestrillo, la faz atezada, ruda, huraña. De su +<span class="pagenum" id="Page_22">p. 22</span>andar no debía decirse +que era cojo, sino que cojeaba, y uno de sus pies, envuelto en un lío +de trapos, abultaba como la pata de un elefante. Sus primeras palabras, +al acercarse al grupo, fueron torpes, balbucientes:</p> + +<p>—El señor alférez me manda... que le diga... Gran señor, yo no veo +dónde está Su Ilustrísima, ni sé quién dimonios es... ¡Otra!... Ya le +veo como enterrao en el panizo...</p> + +<p>—Siéntate... tú eres de Teruel: no puedes negarlo —dijo don Beltrán +sin moverse, no enseñando de su persona más que los ojos sin vista y la +nariz sin olfato—. Descansa, que por las trazas, bien lo necesitas.</p> + +<p>Con lentitud y ayes de dolor fue doblando su corpachón el aragonés +hasta hundir la paja con sus asentaderas, no lejos del puesto de Galán, +y cuando halló postura cómoda, dijo que de Teruel mismamente no era, +sino de Cuatro Dineros, barrio de Montalbán, y que conocía todo el país +entre Ademuz y Puerto de Beceite como la palma de su mano.</p> + +<p>—¡Ah —exclamó Saloma prontamente—, si ya te conocemos! Yo bien +decía: conozco a este bruto. Tú eres Joreas, el que hace dos años +trajinaba con mulas desde Vinaroz a Tudela... Y después te fuiste a la +facción, y de la facción vienes ahora, puerco.</p> + +<p>—Con perdón de la señá tinienta y de la compañía, digo que lo de +puerco no es razón, y sí lo es que me llamo Tanasio Joreas. Como +hombre honrado y cabal, no niego haber estuvido en la faición a las +órdenes del <i>Serrador</i> primero, del <i>Royo de Nogueruelas</i> +<span class="pagenum" id="Page_23">p. 23</span>dispués, porque sentía +de mi natural que debíamos ensalzar los divinos derechos del rey don +Carlos... Pero aquí me tienen harto de desengaños, con más balazos +en mi cuerpo que pelos en la cabeza, muerto de hambre, con mi casa y +familia perdidas, porque una de mis masadas la arrasó el liberal, otra +el legítimo... mis hijos muertos, todo hecho cenizas, y yo poco menos +que cadavérico. Lo que no me ha quitado el neto, me lo ha quitado +la usurpadora; y al fin, cansado de pelear, y de sufrir, y de ver +espantos, y de pisar tripas de cristianos, dije: «No más derechos +legítimos ni no legítimos, no más, no más», y me escapé, y huyendo de +la tremolina vengo por trochas y atajos en busca de un terreno donde +haiga paz, donde los hombres sean cristianos, no carniceros... Yo he +sido malo; yo he sido, como tantos, lo que dice la señora, faicioso +y peleador y verdugo de mi natural; pero ya le he tomado asco al +matadero. Me llamo <i>Joreas el escarmentado</i>, y voy a Zaragoza en +busca de un pedazo de pan que yo pueda meter en la boca sin que, al +mascarlo, me parezca que lo han amasado con sangre.</p> + +<p>Callaban todos los oyentes, entristecidos por las lúgubres palabras +del escarmentado, y al fin rompió el silencio don Beltrán, diciendo:</p> + +<p>—Pobre Joreas, tu arrepentimiento es de celebrar, y ojalá se +convencieran todos como tú y siguieran tu camino... Pero vamos a lo que +me importa. Conocerás a Juan Luco.</p> + +<p>—De los mejores hombres de Aragón..., sí, <span class="pagenum" +id="Page_24">p. 24</span>señor..., gran presona... Y con muchas +talegas. Suyas eran las dos masadas de Rubielos, y en Mosqueruela y +Forniche Bajo tenía más de mil cabezas..., hombre cabal, buen amigo y +padre del pobre...</p> + +<p>—Hablas como si Luco no existiera. Explícate: ¿ha muerto?</p> + +<p>—Señor, no se enfade conmigo, que yo no he sido más que destrumento. +A la vuelta de Manzanera nos salió con catorce hombres armados de +escopetas... Le cogió la partida de Peinado, donde yo iba, y no tuvimos +más remedio que afusilarle... Señor, puede creérmelo: como Dios es +mi padre le digo que le digo la verdad... Fue que cuando me mandaron +tirarle y le tiré, las lágrimas me corrían... Yo decía para mí: +perdóneme, don Juan, que no soy más que destrumento...</p> + +<hr class="chap x-ebookmaker-drop"> + + +<div class="chapter pt3" id="Ch3"> + <h2 class="nobreak g1">III</h2> +</div> + +<p>—¡Qué horror! —exclamó don Beltrán, haciendo sonar la paja con el +estremecimiento de todo su cuerpo—. Bandido, quítate de mi presencia... +No, no te vayas: da más explicaciones...</p> + +<p>—Bandido no, señor... Yo lloraba... Es la guerra, señor, la guerra. +Aluego que le enterramos fuimos a quemarle la masada de Cabra de +Mora.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_25">p. 25</span></p> + +<p>—¿Y la incendiasteis?</p> + +<p>—No pudo ser, señor, porque... la habían quemado ya los cristinos el +día antes, llevándose dos yeguas. Fue la columna del coronel Buil, uno +muy perro, que fusiló en Concud a mi hijo Agustín.</p> + +<p>—Ojo por ojo y diente por diente. Los hijos de Luco vengarán a su +padre.</p> + +<p>—No, señor. ¿Les conoce <i>vocencia</i>?</p> + +<p>—Sí, y sé que son valientes.</p> + +<p>—Eran.</p> + +<p>—¿También han muerto?</p> + +<p>—No me eche a mí la culpa, sino al Nogueras, el más bruto que hay en +la Usurpación.</p> + +<p>—¿Luego eran carlistas?</p> + +<p>—Bruno sí, señor: desde el tiempo de Carnicer se alistó en las +sacras banderas. Luego andaba con el <i>Fraile Esperanza</i> y con +el <i>Organista de Teruel</i>. No tenía trato con su padre ni con su +hermano Cinto, el cual seguía la bandera puerca de Isabel... Por esto +dicen que esta guerra se ha vuelto tan farisea o faricida.</p> + +<p>—Fratricida, que quiere decir guerra entre hermanos.</p> + +<p>—Y entre padres e hijos, y maridos y mujeres. Cinto Luco, casado en +Aliaga con la hija mayor de Crescencio Marlofa, salió con los urbanos +de la villa y un destacamento de tropa. Don Ramón, el propio don Ramón, +les deshizo... Escapó Cinto con su mujer y el chico menor de Marlofa, +y se escondieron los tres en una cueva de Peñarroya de los <span +class="pagenum" id="Page_26">p. 26</span>Pinares, donde, descubiertos +por el cura Lorente...</p> + +<p>—¿También fusilados? ¡Qué villanía!</p> + +<p>—No, señor... les pusieron en cueros, sin distinguir... vamos, que a +la chica le quitaron hasta la camisa, y luego les alancearon...</p> + +<p>—Cállate, por Dios... Vete, vete a expiar tus delitos.</p> + +<p>—Es la guerra, señor. Yo no tuve culpa, ni estuve en eso... Me lo +contaron.</p> + +<p>Habíanse agregado otros dos al grupo, recostándose junto a +Joreas. Por las trazas eran sus compañeros, como él, escarmentados o +arrepentidos.</p> + +<p>—Yo lo vi —dijo uno de ellos, joven y de palabra fácil y correcta, +revelando mejor educación y origen social que sus compañeros—, y +desde aquel día me escapé con otros seis de la partida de Lorente, +y nos agregamos a Forcadell. Nos teníamos por guerrilleros, no por +bandidos.</p> + +<p>—No sigáis —dijo don Beltrán, que no sentía ya frío, sino un calor +sofocante, y sacó los brazos fuera de las mantas—; no sigáis, por Dios, +pues también vais a decirme que el hijo menor de mi queridísimo Juan +Luco, el pequeño, mi ahijado, Francisquín, ha perecido también en esa +guerra de cafres.</p> + +<p>—Francisquín fue pasado por las armas en la acción de Liria —afirmó +Joreas.</p> + +<p>—Tú no sabes de eso —dijo prontamente el segundo escarmentado—. Yo +estuve en Liria, y puedo contarlo.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_27">p. 27</span></p> + +<p>—Mi parecer —dijo <i>Mero</i>— es que todas esas historias +fratricidas deben quedarse para mañana.</p> + +<p>—Lo mismo pienso —manifestó Saloma—. El señor necesita descanso, y +no se le han de contar tragedias, sino chascarrillos y donaires.</p> + +<p>—Gracias, hijos míos; pero la ocasión es trágica: no podemos +sustraernos a estos horrores... Que sigan: usted, joven, infórmeme de +lo de Liria y de la suerte de mi ahijado Francisco Luco. ¿Es usted de +este país?</p> + +<p>—Eustaquio de la Pertusa, natural de Binéfar, en tierra baja de +Huesca, para servir a usted; estudiante de Teología y Cánones hasta +febrero del 35; después ayudante de Cabañero, alférez en la columna +de Pertegaz, y, al fin, escarmentado y desengañado. Pues el 29 de +marzo..., recuerdo bien la fecha porque eran mis días: San Eustaquio, +obispo..., sorprendimos la plaza de Liria. Don Ramón recorría el +llano de Valencia recogiendo mozos, dinero y caballos. Pertegaz fue +el encargado de la sorpresa. Antes de romper el día nos llegamos +callandito a las puertas de la ciudad, defendida por nacionales. +Abrieron ellos confiados, sin tener noticia de que estábamos en acecho, +y fácil nos fue entrar, despachando en la primera embestida siete, +después nueve, y cogiendo veintisiete prisioneros, con algunos vecinos +del pueblo. Saqueamos no más que dos horas; y al salir, don Ramón, que +acampado estaba <span class="pagenum" id="Page_28">p. 28</span>en +Puebla de Balbona, nos mandó ir a Chiva con los prisioneros.</p> + +<p>—¿Y entre ellos estaba el pobre Francisquín?... ¡Ay!</p> + +<p>—Sí señor. Yo le conocía del Seminario de Huesca, donde juntos +estudiábamos Teología, y por el camino de Chiva hablamos, y le dije que +tuviera paciencia, que de fusilarles, lo haríamos previa confesión, +según costumbre y ley de nuestro ejército, con lo que, si se perdía el +cuerpo, se ganaba el alma, que es lo principal.</p> + +<p>—Grandísimo perro..., la hipocresía de tu ferocidad me causa horror +—exclamó don Beltrán sin poder contenerse—. ¡Pobre Francisquín! Sigue, +sigue.</p> + +<p>—Pues en Chiva se mandó confesar a los prisioneros, que para estos +casos lleva cada partida, por pequeña que sea, su capellán..., y...</p> + +<p>—Basta. ¿Tendrás valor para referir que hiciste fuego sobre tu +pobre amigo, tu compañero de estudios teológicos?... ¡Bonita Teología +aprendiste, mal hombre, mal subdiácono, si lo eres, mal español!... +Si vives tranquilo será porque no tienes conciencia, porque no sabes +lo que es Dios, aunque mil veces le hayas nombrado estudiando cosas +que no has entendido... No me levanto —agregó el señor, excitadísimo, +retirando su abrigo y removiéndose sobre la paja—, no me levanto y +te doy un par de pescozones, porque creería deshonradas mis manos de +caballero poniéndolas en la cara de un bandido.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_29">p. 29</span></p> + +<p>—¡Eh! Sepa el vejete —dijo el otro levantándose de un brinco— que +mi cara no han de tocarla manos nobles y plebeyas. Y si es usted una +senectud y no puede hacer la prueba, destaque alguno de estos, y +salgamos afuera.</p> + +<p>—El que sale afuera bailando, con una patada que voy yo a darte +ahora mismo, eres tú, so deslenguado —dijo con fosca serenidad +Baldomero, disponiéndose a ejecutar lo que decía, como la cosa más +natural del mundo.</p> + +<p>Don Eustaquio se engalló también; pero Joreas y el otro le +contuvieron diciéndole:</p> + +<p>—Guarda, hijo, que es tiniente.</p> + +<p>—Y sepan —añadió Galán— que si los señores escarmentados no guardan +el respeto debido a las personas, aquí no faltará quien les dé la +última mano del escarmiento.</p> + +<p>—También aquí fusilamos —dijo Saloma iracunda—. ¿Pues qué creen +estos? ¿Que somos de manteca?</p> + +<p>El tercero, que aún no había dicho nada, y era inclinado a la paz +y enemigo de pendencias en tal sitio, tiró del brazo del teólogo +don Eustaquio para apartarle, ayudándole también Joreas, que venía +de la guerra con el cansancio y aborrecimiento de toda querella +homicida. Terminó el lance de buena manera; alejáronse los dos más +levantiscos; solo quedó en el corrillo de don Beltrán el tercero, que +se declaró escarmentado incondicionalmente, con propósito firme de no +volver a las andadas; y aproximándose, como <span class="pagenum" +id="Page_30">p. 30</span>deseoso de ganar confianza, hizo la siguiente +manifestación:</p> + +<p>—Yo soy de Ablitas, señor don Beltrán de Urdaneta, y con nombrarle +ya está dicho que le conocí desde que le vi meterse en la paja. Conozco +también a Saloma Ulibarri y a Baldomero Galán, y a todos me recomiendo +para que no me estimen en menos de lo que soy por esta locura de haber +ido a la facción.</p> + +<p>Maravilláronse todos de aquel encuentro, y el primero que rompió a +reconocerle fue Baldomero, que le dijo:</p> + +<p>—¡Ajo! ¿No eres tú Vicente Sancho, hijo de José Sancho? Desde que te +vi me chocó el cariz tuyo, y dije: «Yo conozco a este pícaro».</p> + +<p>—El mismo soy. A todos les conocí; pero no quería dar la cara, por +vergüenza.</p> + +<p>—¡Vaya con Sanchico! —dijo Urdaneta—. Hombre, me alegro de que seas +tú de allá... Oye: ¿no era tu abuelo Bartolomé Sancho, albéitar en +Monteagudo?</p> + +<p>—Sí, señor... Pues verán... Son estos dos amigos el uno muy bruto, +y el otro, el <i>Epístola</i>, que así le llamamos aunque no tiene +las órdenes, muy vivo de sangre... No quisieron ofender al señor don +Beltrán; y como les pidió que refirieran, empezaron a contar, poniendo +las cosas como fueron, que harto malas son ellas, sin que tenga la +culpa el que cuenta con natural.</p> + +<p>—Cierto: yo me acaloré —dijo el prócer—. Si a ellos se les ha pasado +el enfado, que vuelvan y acaben de contarme lo de Chiva.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_31">p. 31</span></p> + +<p>—Yo le enteraré mejor que ellos —dijo Sanchico—. Yo estuve también +en Liria y Chiva; formé en el cuadro de los fusilamientos, y puedo +asegurar que no matamos a Francisquín. En el camino de Chiva se nos +perdió, bien porque lograra escapar, bien porque algún amigo le +amparase. Matamos a los prisioneros en el patio de un convento, después +de desnudarles. Luego, los que tenían gusto para estas cosas y mala +entraña, se entretenían en quemarles los bigotes cadavéricos y en +pegarles cuchilladas...</p> + +<p>—¡Qué espanto! ¡No puedo oír esto! —murmuró don Beltrán—... ¿De modo +que el pobre Francisquín...?</p> + +<p>—Bien pudo ser que estuviera entre los que quedaron para otro +día. Nosotros seguimos con don Ramón, que dio una batalla al general +Palarea, en la cual no salimos bien. Nos retiramos ordenadamente hacia +Liria. Sé que en Villar del Arzobispo fusilaron <i>el sobrante</i> de +Chiva, menos unos cuantos que fueron llevados prisioneros a Beceite +y de allí a Cantavieja. Tengo por muy probable que entre esos esté +Francisquín Luco.</p> + +<p>—Dime, Sanchico —preguntó Baldomero—. ¿Estuviste tú en lo de +Alcotas? Porque allí pasaron por las armas a un primo mío, cabo primero +en el regimiento de Ceuta.</p> + +<p>—Aquel día estaba yo en Torrijas, adonde se nos mandó para pegar +fuego al pueblo, después de fusilar al alcalde porque no suministró las +raciones que se le pidieron. Al volver al cuartel general supe lo de +Alcotas. <span class="pagenum" id="Page_32">p. 32</span>Fue que a don +Ramón le llevaron el soplo de que estaban allí los de Ceuta... Corre +allá: los de Ceuta habían salido del pueblo; les sigue, les alcanza, +les envuelve.</p> + +<p>—Capitularon cuando se les concluyeron los cartuchos... Así lo oí... +Y el tigre les dio palabra de respetar las vidas.</p> + +<p>—Pues el no cumplir fue porque el padre Escorihuela llevó el cuento +de que los de Ceuta habían hecho el entierro de Cabrera, en chanza, +cantándole responsos por las calles de Alcotas, y que en la iglesia +hicieron burla de los santos. Como don Ramón tenía el alma requemada +por lo de su madre, les mandó fusilar. Eran ciento cuarenta y cinco.</p> + +<p>—Les confesarían antes —dijo Urdaneta, que había recobrado su +actitud de momia egipcia, y adormecía su pensamiento en una resignación +filosófica no exenta de humorismo.</p> + +<p>—El mismo padre Escorihuela que le contó al general las picardías de +los capitulados, se puso a confesarles de prisa y corriendo. Pero como +don Ramón quería llegar de día a Manzanera y no sobraba el tiempo, no +confesaron más que los oficiales... los soldados, no.</p> + +<p>—Dime tú, Sanchico —preguntó don Beltrán inmóvil—. Cuando pasaban +esas cosas, ¿no caían del cielo rayos y centellas que hicieran polvo a +ese padre Estercolera, o como quiera que se llame?</p> + +<p>—De eso de caer rayos nada sé: yo no estaba presente, señor. Mi +partida se incorporó <span class="pagenum" id="Page_33">p. 33</span>a +Quílez, que nos llevó a tierra de Monreal, cerca de Daroca, donde +derrotamos a los Voluntarios de Soria, mandados por Valdés.</p> + +<p>—¿Y a cuántos fusilasteis?</p> + +<p>—Cayeron treinta y tres oficiales y diez miñones.</p> + +<p>—Bien, hijo, bien. ¿Y hay todavía humanidad, género humano quiero +decir, en esa condenada tierra?</p> + +<p>—Fuera de los que combaten, señor, por ver quién reina, hombres, +ninguno hay; mujeres y caballerías, pocas.</p> + +<p>—Ahora que hablamos de mujeres: mi amigo y protegido Juan Luco, +además de sus tres hijos varones, tenía una hija.</p> + +<p>—Que es monja penitente; no sé... De esto le noticiará Joreas, que, +como de Rubielos, conoce a toda la familia...</p> + +<p>Diciendo esto, Sanchico miraba con recelo a un hombre que entró a +dar pienso a dos caballerías. A la mortecina luz del candilejo que +alumbraba la anchurosa cuadra de negro techo festoneado de telarañas, +apenas se distinguía el rostro del tal sujeto; pero el chico debía +de conocerle y temerle, porque al verle pasar cerca, en dirección de +una de las puertas, se tiró boca abajo sobre la paja, haciéndose el +dormido. Pasado el susto, el muchacho se incorporó diciendo:</p> + +<p>—Es mi padre, José Sancho, que anda al servicio de un señor +italiano, muy rico y principal. Llegó esta mañana, y cuando le vi no +supe dónde meterme, de la vergüenza que me daba... y del miedo, porque +mi padre, al <span class="pagenum" id="Page_34">p. 34</span>saber +que yo me había ido a la facción, dijo que si no me mataban en la +guerra, me mataría él cuando me encontrase, por haberle deshonrado... +que a deshonra le sabe el ver a un hijo suyo debajo de la bandera de +Carlos V.</p> + +<hr class="chap x-ebookmaker-drop"> + + +<div class="chapter pt3" id="Ch4"> + <h2 class="nobreak g1">IV</h2> +</div> + +<p>Ya tenía don Beltrán la palabra en la boca para pedir más +referencias de aquel señor extranjero, cuyo nombre y diplomático +carácter no le eran desconocidos, cuando se armó un gran tumulto al +otro lado de la cuadra. Empezaron peleándose dos, se enredaron luego +cuatro, dándose morradas y coces; la querella habría pasado quizás a +mayores, si no intervinieran Baldomero Galán y dos sargentos que a +la sazón entraron, los cuales, sacudiendo de plano, y deshaciendo a +tirones el racimo que formaban los contendientes, restablecieron el +orden. A unos les hicieron salir, a otros arrojáronles sobre la paja, y +ya no se oyó más que el resoplido de las cóleras sojuzgadas.</p> + +<p>—Es la de todos los días —dijo Baldomero volviendo al lado de don +Beltrán—, la cuestión entre <i>cabreristas</i> y <i>nogueristas</i>. +Unos dicen y sostienen que la madre de Cabrera estuvo bien fusilada, +como castigo de ese tigre sanguinario, y otros que no, que el haberla +matado <span class="pagenum" id="Page_35">p. 35</span>sin culpa de +ella ha traído esta situación tan <i>fratricida</i>. Ya les hemos +aplacado los humos; y como repitan, se mandará dar un recorrido de +palos, para que callen y nos dejen en paz.</p> + +<p>—Y ahora, señor, que tenemos algún sosiego —dijo Saloma—, haga por +dormirse, que ya es tarde, y todos necesitamos cobrar fuerzas para el +ajetreo de mañana.</p> + +<p>—Procuraré seguir tu sabio consejo —replicó el anciano, tomando +postura cómoda y cubriéndose bien de nariz para abajo—. Pero dudo que +pueda coger un buen sueño, pues ahora me doy a cavilar si ese señor +italiano será o no será quien yo me figuro: uno que de Madrid y Nápoles +fue comisionado al cuartel de don Carlos para tratar de un arreglo que +pusiese fin a estos horrores. No me acuerdo del apellido de ese sujeto, +pues ya no hay nombre que quiera guardarse en la jaula deshecha de mi +memoria; pero me da el corazón que es el mismo de quien tuve noticia +por cierto caballerito que conocí y traté caminando hacia Villarcayo. +Lo primero que has de hacer mañana es llegarte a Sancho y sonsacarle +todo lo que de su señor quiera decirte: te informas de si va para +Zaragoza, o para Levante, pues en este caso me convendría su amistad, +que de seguro irá el hombre bien pertrechado de pasaportes. Y no sería +malo que tú, tan despabilada y francota, te fueras a él, metiéndote +en su cuarto, si es que lo tiene, con el pretexto de saber cuándo se +va para ocuparlo yo, y una <span class="pagenum" id="Page_36">p. +36</span>vez metida le dijeses quién soy, y cómo me veo en estas +estrechuras impropias de mi nobleza...</p> + +<p>Prometiole la hermosa navarra conquistarle al italiano, y a toda la +Italia si fuese menester; y en aquel punto, Galán, que había salido a +recorrer los alojamientos de los soldados, volvió diciendo que corría +por el pueblo el notición de la muerte de Cabrera. Sobre esto hicieron +los tres comentarios prolijos, conviniendo en que si resultaba cierto, +sería gran merced de Dios, apiadado al fin de la pobre España. Y ya +no pensaron más que en dormir lo que pudiesen, cosa no fácil, por los +ruidos que a cada instante en el ancho local se levantaban, así de +inquietudes de animales como de personas, y por los feroces ronquidos +de algunos durmientes. Pudo vencer don Beltrán la molestia que estos le +causaban; y cuando ya iba cogiendo el sueño, le despabilaron las voces +de un condenado hombre que, sentado en el suelo, en postura turquesca, +junto a la pared, solo, parecía rezar en alta voz con plañidera +monotonía desesperante.</p> + +<p>—¿No podríamos conseguir —dijo don Beltrán entre suspiros—, que ese +demonio de hombre se fuese a rezar a la calle? Si se va por una peseta, +dásela, Saloma.</p> + +<p>—Es el pobre Muel —dijo condolido Galán—, que de ver morir a tres de +sus hijos, fusilados en Alventosa, se ha vuelto loco, y se pasa la vida +predicando por estos caminos en canto llano.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_37">p. 37</span></p> + +<p>—Alventosa..., ya sé..., es en tierra de Rubielos. Alguna de las +propiedades que vendí a Luco allí están... Creo que fue un espanto la +matanza que ordenó y ejecutó ese bribón del cura Lorente.</p> + +<p>—Fusiló setenta y siete hombres y un niño de diez años, hijo de un +capitán. Eran del regimiento de Extremadura, donde yo he servido. Les +cogieron el Royo y Peinado en Arcos; les llevaban prisioneros, y el +capellán Lorente propuso fusilarlos. Los dos cabecillas no querían; +el clérigo, a fuerza de ruegos y amenazas, consiguió que mataran +veintidós. Al siguiente día, en ese pueblo de Alventosa, volvieron +a cuestionar sobre si mataban o no a los demás: Lorente, que sí; +Peinado y Royo, que no. En un descanso, el capellán mandó destapar un +barrilito de aguardiente que llevaba. Bebieron, y con la borrachera, +el Royo se puso de parte de Lorente. Salieron los vecinos del pueblo +con su párroco a la cabeza, y de rodillas imploraron la vida de los +desgraciados prisioneros. Lorente le dijo al párroco: «Confiéselos +ahora mismo; y para acabar más pronto, yo empiezo a confesar por una +punta y usted por otra». Negose el cura de Alventosa, y se echó a +llorar... El capitán pidió entonces a los cabecillas que no matasen +al niño; pero para más crueldad, fusilaron primero a la criatura, por +que el padre lo viese, y luego a este y a todos los demás después de +desnudarlos... Al ponerse en marcha, Lorente dijo al cura de Alventosa +que, so pena de <span class="pagenum" id="Page_38">p. 38</span>la +vida, dejara los cuerpos insepultos para escarmiento de las tropas +cristinas que pasasen...</p> + +<p>—¿Y no ha habido un hombre honrado, valiente y justiciero —dijo +don Beltrán, dando un salto en su lecho—; no ha habido un hombre, un +aragonés, que haya cogido a ese vil clérigo, a ese sacrílego, y le haya +colgado vivo, por las patas, de la más alta rama de un alcornoque, o +del campanario de una iglesia, para que se lo comieran los buitres?... +Desconozco a mi raza... esto no es Aragón. Si yo fuera mozo, créanlo, +iría a esa guerra, no para defender ambiciones y derechos de reyes +más o menos legítimos, sino para perseguir y castigar tan salvajes +crímenes, para vengar a Dios de los ultrajes que unos y otros le +infieren; sería implacable con los cobardes asesinos de uno y otro +bando, llamáranse Nogueras, llamáranse Cabrera, y vengaría a la +madre de este, y a la esposa de Fontiveros, y a todos esos infelices +sacrificados con barbarie tan horrenda y estúpida.</p> + +<p>—Está muy bien, señor —le dijo Saloma, cogiéndole de los brazos para +hacerle acostar—; pero sosiéguese y no se desabrigue, que puede coger +una pulmonía.</p> + +<p>No había medio de aplacarle; de rodillas sobre la paja, apoyaba con +enérgico ademán su ardiente protesta:</p> + +<p>—No, no puedo sosegarme oyendo estas cosas. Esto no es Aragón, esto +no es mi raza, la raza justiciera por excelencia, fuerte y benigna, +guerrera y <span class="pagenum" id="Page_39">p. 39</span>cristiana, +iracunda y generosa... ¡Y ese pobre hombre es víctima de este furor de +matanzas! ¡Y ha perdido la razón viendo cómo los hombres se vuelven +maestros de las fieras en la crueldad!... Ven acá tú, buen amigo, y +hallarás aquí un corazón aragonés compasivo, no más que compasivo, +pues que la vejez no permite otra cosa... Ven acá, y nos consolaremos +todos los buenos, abominando de los que pisotean la justicia humana y +remitiéndolos a la divina.</p> + +<p>El otro infeliz, oyéndose llamado, acudió allá con paso lento. +Era un hombre de aventajada estatura, flaco, de tez tan morena, que +a la escasa luz de la cuadra parecía negra; el pañizuelo liado a la +cabeza; el cuerpo cubierto de un luengo camisón, sin faja; los pies +desnudos, negros también, como la cara, como las manos, semejantes a +manojos de sarmientos; todo él perfecto plagio de un santón árabe. Al +aproximarse, venía rezando en alta voz, y una vez junto al grupo soltó +esta terrorífica declamación con duro y ronco acento:</p> + +<p>—No te salvas, no te escapas, malvado Lorente, aunque te escondas +entre pajas, teniendo por guardianes, por los pies a tu rey y señor, +y por la cabeza a la reina de tu iglesia maldita... No te escapas ya, +clérigo de Satanás, serpiente, que mis ejércitos rodean ya toda esta +fortaleza, y no hallarás puerta ni hendidura ni resquicio por donde +puedas escabullirte... No morirás, no... Con el zumo de unas hierbas +que hay en la torre de Pepo, nada más que allí, <span class="pagenum" +id="Page_40">p. 40</span>se te untará todo el cuerpo, y vivirás mil +años, ¡mil años!, infame Lorente; y en todas las partes de tu persona, +pecho, espalda, muslos, barriga y lo demás, te nacerán, por la virtud +de aquella hierba, ojos, ¡ojos como los de la cara!, que vean, y +delante de cada uno de estos ojos se te pondrá un fusilado para que +lo estés viendo día y noche... Y horrorizado de lo que ves con tantos +ojos, querrás descansar y dormir; pero no podrás, no podrás, porque +esos ojos no duermen, ni pestañean, ni lloran, y los tendrás siempre +bien abiertos y despabilados, mirando con cada uno de ellos a un +fusilado por ti..., y así estarás mil años, trescientos sesenta y cinco +mil noches y días... Luego se te dejará otros mil años ciego y sordo, +para que veas dentro de tu conciencia, y se te quitará la razón para +que no puedas arrepentirte ni confesarte..., y se te pondrá una lengua +venenosa para que blasfemes a todas horas, y se te secará el agua de +lágrimas para que no puedas llorar ni afligirte...</p> + +<p>—Basta, basta ya... —dijo don Beltrán horrorizado—. No tanto, pobre +Muel... Es demasiado castigo, infinitamente mayor que la culpa... +Perdóname ya.</p> + +<p>—Todavía no, todavía no... Otros mil años disparándote a cada minuto +por el oído izquierdo un tiro de fusil con bala, la cual, después +de retumbar dentro de tu calavera, saldrá por el oído derecho sin +matarte...</p> + +<p>—No más, no más, Muel... Perdón, perdón.</p> + +<p>—Otros mil años...</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_41">p. 41</span></p> + +<p>—No, no... Baldomero, quítame de aquí a ese hombre... Por Dios te lo +pido.</p> + +<p>Suavemente le cogió de un brazo Galán y se lo llevó sin que hiciera +resistencia, pues su locura era pacífica; inocente en las acciones, +desbordada en las palabras. Día y noche se le oía la perorata +cadenciosa y lúgubre: arengaba a sus imaginarias tropas, vencía y +aprisionaba a Lorente; llevábale arrastrando por valles y montes hasta +la torre de Pepo; encerrado allí el vencido monstruo, le imponía los +sutiles castigos por series de mil años, hasta que, cansado de inventar +horrores, volvía a los de la realidad y a la tragedia de Alventosa. +Había sido maestro de escuela y diestro pendolista; no pedía limosna, +comía lo que le daban; dormía en despoblado, o bajo techo si se lo +permitían, y vagaba en un radio de cinco leguas alrededor de Quinto, +su patria. Echado al corral por Galán, volvió este al lado del señor, +a punto que Saloma, vencida del cansancio, cerraba los ojos y hacía +reverencias. Durmiose al fin, apoyada la cabeza en la pared, y el +prócer y Baldomero siguieron charlando en voz baja de cosas de guerra +y política hasta que oyeron el diligente estridor de la diana, que +avisando a todos el fin del sueño, fue principio del de don Beltrán, el +cual, por añeja costumbre, dormía las mañanas.</p> + +<hr class="chap x-ebookmaker-drop"> + + +<div class="chapter pt3" id="Ch5"> + <p><span class="pagenum" id="Page_42">p. 42</span></p> + <h2 class="nobreak">V</h2> +</div> + +<p>Cuando el pobre anciano despertó, después de dar a sus huesos +algunas horas de plácido reposo, contáronle sus amigos las novedades +ocurridas en el parador durante su sueño. Había conseguido Galán +reconciliar a Sanchico con su padre Sancho, no sin que este se +mostrara largo rato rebelde a las paces, haciéndose el inflexible +con desmedida afectación, hasta que, desahogando su severidad en una +descarga de bofetadas, lloró el chico, se aplacó el padre, y todo quedó +perdonado, a condición de que el joven partiese aquel mismo día para +Ablitas y no volviese a separarse de sus tíos. En la ruidosa querella +de hijo y padre, salió a relucir que Sanchico se había largado a la +facción por contrariedades lastimosas de amor. Entre tirarse al Ebro +y hacerse faccioso para que una bala le matase, prefirió esto último. +El cuento fue que las balas no se metieron con él, y que el trajín +de la guerra le curó de la morriña que le enfermaba el alma. Volvía, +pues, mejor de lo que fue, saludable, fuerte, aleccionado del mundo, +y habiendo visto sucesos mil, lisonjeros o desgraciados, que servían +de grande enseñanza. Por lo demás, su afecto a la causa de don Carlos +había sido <span class="pagenum" id="Page_43">p. 43</span>puramente +circunstancial, y lo mismo le importaban a él los derechos del rey +legítimo que la carabina de Ambrosio. Cuando Urdaneta supo que Sancho +iba para la Ribera, ordenó que se fuese con él uno de sus criados: se +arreglaría solo con Tomé; que los tiempos eran apretados, y había que +mirar por la economía.</p> + +<p>Pero la gran novedad de aquella mañana fue que la gentil y +desenvuelta Saloma logró avistarse con el italiano, sorprendiéndole +en su cuarto cuando daba la última mano en su retoque personal. +Desempeñado había con extraordinaria agudeza el encargo que le confirió +don Beltrán, ganando, si no la confianza, las atenciones de aquel +señor. Por las referencias de Saloma y el nombre del criado, se afirmó +Urdaneta en que el tal no era otro que el siciliano de que Fernando +Calpena le habló, intermediario clandestino entre las dos ramas +borbónicas que se disputaban el trono. Toda la madrugada, hasta que +se durmió, había estado el prócer devanándose los sesos por recordar +la gracia de aquel sujeto. Su memoria era ya para los nombres un +verdadero caos. Mas cuando Saloma le contaba su entrevista, se le metió +súbitamente en el cerebro a don Beltrán el perdido nombre, y gritó:</p> + +<p>—¡Rapella, Rapella! Ya me acuerdo. En la punta de la lengua lo +tenía.</p> + +<p>Díjole por fin la navarra que el señor extranjero se alegró mucho al +saber que en el propio parador se hallaba persona de tan alta alcurnia, +a quien conocía de fama <span class="pagenum" id="Page_44">p. +44</span>por sus amigos de Madrid, y que deseando el honor de tratarle, +le invitaba a almorzar.</p> + +<p>—¿Ves? —dijo Urdaneta con alborozo, dando pataditas en el portal +para entrar en calor—. Tú me has traído la suerte, pues yo venía +con mala pata, y desde que te encontré, todas las cartas me salen +buenas.</p> + +<p>Antes de la hora del almuerzo juntáronse el viejo aristócrata y el +pintado diplomático en la calle, y cambiando mil finuras, hablaron +después cuanto les dio la gana, sin parar hasta que terminó el +comistraje. Hizo gala Rapella de su cortesanía, y derrochó sin tasa +el énfasis de su especial oratoria familiar. Aseguró a don Beltrán +que le conocía por lo que de él le habían hablado sus grandes amigos +Bernardino Frías, Luis Córdova, Paco Malpica, Martínez de la Rosa, +Quintana y otros. Hablaron luego de Fernando Calpena, mostrándose +Rapella muy gozoso de saber que vivía, pues ya le consideraba muerto; +y por fin se eternizaron en el comentario de las cosas políticas y +militares, la revolución de la Granja, las nuevas Cortes, la situación +política en Madrid y en la corte carlista, las intrigas de una y otra +parte, Espartero, Cabrera, las expediciones de Gómez, don Basilio y +Batanero... el buen giro de la guerra en el norte, el mal cariz de la +misma en el Maestrazgo.</p> + +<p>Por más empeño que en ello puso, no pudo el viejo conseguir que +Rapella se clareara en lo de las misiones y recados que <span +class="pagenum" id="Page_45">p. 45</span>traía y llevaba de corte en +corte. Se escabullía gallardamente de todas las trampas que el otro +le armaba con capciosas preguntas. A veces la agudeza de don Beltrán +le cogía en contradicción. Dijo primero que iba hacia Vinaroz, donde +le aguardaba un barco que debía llevarle a Nápoles; después indicó +que el objeto de su viaje en tal dirección era solo avistarse con su +íntimo amigo Borso di Carminati, para darle un abrazo y pasar unos +días con él. Tenía en el ejército del Centro excelentes amigos, entre +ellos su paisano Cialdini, muchacho de gran porvenir, ayudante de +Borso. Inútil fue también el empeño que puso don Beltrán en sonsacarle +noticias y cuentos de las interioridades del cuartel de don Carlos... +Nada: el siciliano no daba lumbres. Y si no su locuacidad, perdía un +poco de su finura cuando el otro quería llevarle a cierto terreno, +apartándole de los temas que él elegía, siempre vagos, de generalidades +y lugares comunes. Por fin llevó la conversación a la persona y +hechos de Cabrera, de quien se mostró admirador, sosteniendo que era +ya vulgaridad insigne tenerle por uno de tantos cabecillas, notable +solo por su inquietud y ferocidad. Desde que apareció en la guerra, +conmoviendo y abrasando el país como fuego del cielo, mostrose gran +caudillo, tan buen conocedor del suelo como de los hombres, táctico y +estratégico de primera, audaz, incansable, heroico; y por entre estas +cualidades apuntaba ya un gran político.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_46">p. 46</span></p> + +<p>—¡Oh, no tanto! ¿Ya quiere usted hacer de él un Napoleón?</p> + +<p>—Un Napoleón de montaña, amigo mío.</p> + +<p>Respecto a las tan cacareadas crueldades del jefe carlista, dijo +Rapella que habían sido estrictamente de carácter disciplinario militar +hasta que los cristinos derramaron con bárbara torpeza la sangre de +María Griñó. El asesinato de una mujer, sin más delito que ser madre +de Cabrera, creó nueva ordenanza militar, dando una infernal lógica +las horrendas carnicerías consumadas por uno y otro ejército. Fuera +de esto, para abrirse camino el travieso bigardón de Tortosa, y pasar +en breve tiempo de seminarista pendenciero a caudillo y gobernador +de hombres en los campos de batalla, no podía menos de emplear, como +resorte de dominio, el terror, la fiereza y la brutalidad. No se había +formado dentro de un organismo, sino que tenía que sacar el organismo +del caos social, y esto no se hace sino desplegando desde los primeros +momentos un genio implacable, aterrador, extraordinaria viveza para +aplicar justicias rápidas, de moral severa y primitiva, haciendo sentir +el peso de su mano antes de que pudiera discutirse el derecho con que +la levantaba. En las guerras civiles los hombres culminantes nacen así, +o no nacen nunca.</p> + +<p>No le parecieron mal a Urdaneta estas razones, y como sacara a +relucir la especie, muy corriente en aquellos días, de la muerte +del famoso guerrero, negola el siciliano, <span class="pagenum" +id="Page_47">p. 47</span>sosteniendo que había, sí, corrido grandísimo +peligro en los últimos días de diciembre; pero que estaba vivo, aunque +al parecer no muy sano. En septiembre del año anterior habíase unido +Cabrera en Utiel a la expedición de Gómez. Juntos recorrieron Cuenca, +Albacete, la Mancha, Andalucía y Extremadura... Si las tropas cristinas +que les perseguían no pudieron deshacerles, tampoco ellos lograron su +intento de sublevar las comarcas que invadían. Un correr continuo; +exacciones y rapiñas en ciudades y aldeas; aislados lances de guerra +sin plan ni concierto, gloriosos unos para los liberales, como el de +Villarrobredo, ventajosos otros para los carlistas, pero sin que de +ninguno resultara el aniquilamiento de la expedición, ni tampoco su +triunfo; tal fue la obra combinada de Cabrera y Gómez, caracteres +antitéticos, de cuya unión no podía resultar nada eficaz. La falta +de engranaje entre uno y otro temperamento militar fue marcándose en +desavenencias, luego en discordias, y los dos cabecillas, que juntos +no podían formar una cabeza, riñeron al fin, a la vuelta de Cáceres, +campando cada uno por sus respetos. Cabrera se escabulló fugaz y +resbaladizo por el caminito que creyó más seguro para volver a sus +riscos y barranqueras del Maestrazgo, donde en su ausencia las cosas de +la guerra no iban muy prósperas, y amenazaba desbaratarse lo que él con +paciencia, rigor y firme mano organizado había.</p> + +<p>Lo primero que intentó al pisar su terreno <span class="pagenum" +id="Page_48">p. 48</span>fue pasar al cuartel general de don Carlos +en el norte, para dar cuenta a este de la desavenencia con Gómez y +proponerle un nuevo plan de campaña en el Centro. Llegose al Ebro, +eligiendo el vado de Rincón de Soto como el único que en aquella +estación cruda era practicable; pero le salió mal la cuenta, porque +fue sorprendido por la columna de Iribarren, que le deshizo, matándole +muchos hombres y dispersándole los que quedaron con vida. La suya +estuvo en gran peligro. Acribillado de balazos, quedó al amparo de la +oscuridad junto a una pared, donde le recogió uno de los suyos, el +cabecilla que llamaban <i>La Diosa</i>, y le llevó atravesado en una +caballería, como un saco, pues montar no podía. Perseguido por las +tropas de Iribarren, debió su salvación a un cura que le escondió en +el sótano de su casa; allí pasó largos días y noches entre la vida y +la muerte, hasta que, mejorado de sus heridas, le trasladaron a un +abrupto monte, espesura más propia de lobos que de seres humanos, donde +permaneció en escondite, recobrando poco a poco la sangre perdida, y +con ella el brío y a ferocidad. De este apartamiento provino la noticia +de su muerte, que corrió por toda España descorazonando a los suyos +y llenando de tristeza y confusión a todo el carlismo de aquende y +allende el Ebro; pero ya en los últimos de enero (como unos quince +antes de la fecha en que esto se relata) se supo a ciencia cierta que +vivía, y que, sin reponerse de sus heridas y enfermedades, <span +class="pagenum" id="Page_49">p. 49</span>preparaba nuevas correrías +por la Plana de Castellón y riberas del Turia: que en tal hombre la +ociosidad era imposible, mientras alguna vida le quedase. Cuando esto +narraba el señor Rapella, no podía decir fijamente dónde se hallaba +el famoso caudillo; presumía que, medio muerto o medio vivo, recogía +sus fuerzas, las reorganizaba, lanzándose al terreno que la naturaleza +parecía haber amoldado a la hechura intelectual y física del que bien +podía llamarse, si no el león, el gato montés de la guerra.</p> + +<p>—A fe mía —dijo don Beltrán—, que está usted bien informado. Ya +cuidará de decir a su amigo Borso que se ande con tiento, pues este +mozo no es de los que fácilmente se dejan destruir y aniquilar.</p> + +<p>Por lo que a renglón seguido hablaron, comprendió el buen Urdaneta +que en los cálculos de su flamante amigo no entraba el llevarle en su +compañía, aunque en ello tuviera gusto, como se dejaba traslucir de lo +que manifestó con exquisita urbanidad y palabras equívocas. Delicado en +extremo, y muy ducho en artes mundanas, dio a entender don Beltrán que +los fines de su viaje exigíanle también ir solo, sin más acompañamiento +que el de sus criados; manifestación que puso en gran cuidado al +otro, recelando que llevase también misión diplomática, quizás como +apoderado o mensajero del patriciado aragonés. Pero no atreviéndose +a entrar en explicaciones, cada cual, como de zorro a zorro, se +encerró en su discreción, <span class="pagenum" id="Page_50">p. +50</span>preparándose para continuar su caminata. Don Beltrán partiría +con la columna que a la sazón estaba en Fuentes, y a que pertenecía +Baldomero; don Aníbal aguardaba otra fuerza que llegaría por la tarde, +mandada por un coronel, íntimo amigo suyo. Apercibiéndose para la +partida, preguntó Galán a su antiguo señor que de dónde había sacado +el hermoso caballo que traía, el cual, mientras Tomé lo limpiaba en +el corral, era objeto de la admiración y curiosidad de todos los allí +presentes. Replicó don Beltrán que había ganado aquella joya en una +donosa y feliz apuesta; sin dar pormenores del caso, mandó venir a su +presencia a los dos escarmentados Joreas y el <i>Epístola</i> y en un +poyo del portalón les interrogó acerca de los hijos supervivientes del +desgraciado Juan Luco. De Francisquín nada sabían a ciencia cierta; de +su hermana, monja profesa en el Monasterio de Sijena, a cuatro leguas +de Sariñena, dio el <i>Epístola</i> informes más concretos. Había +despuntado Marcela, desde su entrada en religión, por su ciencia grave +y su lucido ingenio; sabía latín, y dándose a la lectura, lo mismo +platicaba de teología que enjaretaba versos y prosas en loor de los +sagrados misterios.</p> + +<p>—Hace tiempo —dijo don Beltrán— que a mí llegó la fama, no solo de +su santidad, sino de su vivo entendimiento.</p> + +<hr class="chap x-ebookmaker-drop"> + + +<div class="chapter pt3" id="Ch6"> + <p><span class="pagenum" id="Page_51">p. 51</span></p> + <h2 class="nobreak g1">VI</h2> +</div> + +<p>—Me contaron —añadió Joreas— que otra más leída y escrebida no la +hubo nunca en aquel sacro monasterio, más antiguo que las Tablas de +la Ley, pues lo hicieron en cuantico que empezó la cristiandad, hace +unas docenas de miles de años. Oí que sor Marcela pasmaba a todos con +su latines hablados por gramática, y que a verla iban el arcipreste +de Mequinenza, el abad de Veruela y muchos calonges y prestes de +Huesca, Tarragona y hasta de Aviñón, que es la Roma de esta parte de +Francia.</p> + +<p>—Me consta —dijo el <i>Epístola</i>—, porque lo he visto y leído en +parte, que escribió un lindo poema sobre el milagro de los Corporales +de Daroca, y también conozco unas quintillas a la Transfiguración del +Señor. Sé que de diversas partes iban personas eruditas a consultar +con ella puntos graves de moral, de filosofía o de religión, y que +el meollo de sus sentencias era el asombro de cuantos la oían. En el +monasterio, con ser ella de las monjas más jóvenes, considerábanla +como autoridad, y como a vieja la respetaban. En los principios de la +guerra, dicen que llamó a don Ramón para incitarle a no emplear medios +de crueldad, y lo mismo hizo con Nogueras. El general Mina la visitó, +<span class="pagenum" id="Page_52">p. 52</span>y también fueron a +platicar con ella en el locutorio Masgoret y Tristany. Pero el año que +acaba de pasar, allá por septiembre, si no recuerdo mal, cuando Maroto +vino a mandar en Cataluña, que más valía que no viniera, la partida de +Llarch de Copons y la de otro cabecilla que llaman <i>Camas-Crúas</i> +bajaron huidas de la parte de Lérida, donde Gurrea les pegó de firme; +tomaron la vuelta de Benabarre y Albalate para pasar el Cinca, y con +el furor que traían cometieron mil desmanes, saqueando las aldeas +y arrasando cuanto encontraban. Incendiados por estos bárbaros el +claustro alto y aposentos capitulares de Sijena, salieron dispersas +las señoras monjas, como las abejas cuando les ahúman la colmena. Cada +religiosa tiró por su lado, buscando el amparo de otros conventos o de +casas honestas; y sor Marcela, a quien se creyó muerta o extraviada, +apareció en una ermita solitaria de la sierra de los Monegros, vestida +con un saco al modo de penitente, el cabello suelto, como pintan a +la Magdalena, solo que más corto, los pies descalzos, una cuerda a +la cintura; y diz que iba predicando a los pastores y gente rústica +para que se apercibiesen a la guerra en nombre de Cristo, peleando +contra los dos ejércitos, cristino y carlino, según ella legiones de +Satanás, que quieren dominar la tierra y establecer el imperio de la +injusticia.</p> + +<p>—¡Vaya con la sabia!... —dijo don Beltrán—. Pues no me parece +descaminada su locura, o más bien, creo que debajo de ese desvarío +<span class="pagenum" id="Page_53">p. 53</span>se esconde la misma +discreción... Y díganme ahora, señores escarmentados: ¿qué tal cariz +tiene la monjita? ¿Es su rostro de buen ver? ¿Su facha y apostura +responden a la hermosa raza de los Lucos?</p> + +<p>—Señor —dijo el <i>Epístola</i> con extremos de admiración—, es +mujer de tanta gallardía y belleza, que aun con aquel desavío de +penitente, da quince y raya a las señoras más bien aderezadas. Y no +diré yo que el empaque de santidad a lo anacoreta, como figura de +retablo, la desfavorezca, que más bien me inclino a creer que su traje, +al modo de mujer de la Biblia, hace lucir más todo aquel contorno de +cuerpo que no tiene semejante, pues no ha visto usted escultura que +pueda comparársele.</p> + +<p>En esto se alejó el <i>Epístola</i>, llamado por sus amigos, y +Joreas hubo de completar las informaciones con un dato, que apuntó en +la forma más descarnada y picante:</p> + +<p>—Este bribón de <i>Epístola</i> se calla lo mejor del cuento, señor, +y es que habiendo encontrado sola a la Marcela en un camino junto al +Pueyo, la requebró de amores, uniendo a las palabras de solicitación +las acciones atrevidas. Pero no contaba con el geniecico de la que él +llama estatua de bulto. Arreole doña Marcela tan fuerte bofetada que +le tiró al suelo, y cuando pataleaba para levantarse, con un madero, +que unos dicen era cruz y otros una tranca, le dio tales golpes en +la cabeza que, si no acuden a la defensa del chico los compañeros +que por allí cerca andaban, <span class="pagenum" id="Page_54">p. +54</span>la santa habría dado cuenta del <i>Epístola</i> y del mismo +<i>Evangelio</i>, si así se llamara este pillo.</p> + +<p>—¿Qué me cuentas? ¡Sobre la sabiduría, ese tesón, ese poder!... +Vamos, que ya rabio por conocer a ese prodigio; y si no tuviera +precisión de verla para que me informe de ciertos asuntos de su padre +que me interesan como los míos, solo por apreciar sus méritos, y +admirarlos en lo que mi corta vista me lo permita, iría en su busca.</p> + +<p>Lo último que dijeron Joreas y el <i>Epístola</i>, al despedirse +para continuar hacia Zaragoza, fue que la Marcela penitente andaba +por aquellos meses en el desierto de Calanda o en tierra de Alcañiz. +Observó don Beltrán, al quedarse solo reflexionando en lo que veía y +oía, que desde que llegó a Fuentes de Ebro todo le anunciaba la entrada +en el reino de lo excepcional y maravilloso. Nada era ya común ni +vulgar. Personas y cosas traían la impresión de un mundo trágico, el +cuño de una poesía ruda y libre, emancipada de toda regla. No sentía +más el buen señor que ser tan viejo y andar tan mal de la vista: que si +él tuviera treinta años menos y sus ojos bien listos, había de serle +muy grato el ver y tocar de cerca un mundo que de modo tan peregrino +quebrantaba las rutinas sociales. También le contrariaba mucho su +escasez de dineros; mas como los fines de su viaje no eran otros que +proveerse del precioso metal, a quien amaba más que a las niñas de sus +perdidos ojos, la esperanza <span class="pagenum" id="Page_55">p. +55</span>de alcanzarlo y poseerlo le alentaba.</p> + +<p>Salió en su hermoso caballo, marchando a retaguardia de la columna, +y gran parte del camino fue al estribo, si así puede decirse, del carro +en que con una señora capitana y otras dos mujeres iba Salomé Ulibarri; +y por no desmentir su índole caballeresca y hábitos de sociedad, +no cesó de entretener a las cuatro hembras con frases galantes, de +refinada gracia sin faltar a la decencia, y a todas festejaba por igual +llamándolas hermosas, sin distinguir entre la belleza de la mujer de +<i>Mero</i> y la fealdad repulsiva de la capitana, entre la desabrida +juventud de la tercera y la vejez de la cuarta. Pero como él no veía +bien, todas le parecían iguales, y por no haber allí género más noble +y elegante, tratábalas como a damas de alta educación. Por dicha, la +columna no encontró facciosos en el camino, y el viaje fue de los más +felices, fuera de las molestias, del hambre, polvo y frío, que alguna +tarde y mañana se dejó sentir, llegando el buen señor bastante molido a +la ciudad del <i>Compromiso</i>, la noble Caspe.</p> + +<p>Constante la fortuna en favorecer al caballero, encontró este en la +histórica ciudad a su antiguo amigo don Blas de La Codoñera, que allí +era de los más pudientes, propietario de tierras y montes, padre de +numerosa familia. Llevole a su casa, y le aposentó como a tan insigne +caballero correspondía, tratándole a cuerpo de rey. Mucho agradecieron +los asendereados huesos del buen Urdaneta <span class="pagenum" +id="Page_56">p. 56</span>la blandura de aquella cama, tan grande como +la Colegiata, y las suculentas comidas y cenas con que le regalaron. +Aún estaba la familia de luto por la muerte del hijo mayor, uno de +los urbanos que fusiló Cabrera cuando entró a saco la ciudad en mayo +del 35. La señora y señoritas de Codoñera no se hallaban exentas de +la rudeza baturra: su habla carecía de finura; su educación, perfecta +en lo moral y religioso, era muy rudimentaria en lo social. Con todo, +don Beltrán se hallaba en tal compañía muy a gusto, y se desvivía por +corresponder con su exquisita urbanidad a los obsequios de la hidalga +familia. Había sido el don Blas constitucional templado hasta el día +funesto de la entrada de Cabrera; pero desde tal fecha se trocó en +furibundo <i>patriota</i>, enemigo acérrimo del oscurantismo y de las +antiguallas que quería traernos don Carlos. En la exacerbación de su +sentimiento liberal, que ya era insano, llegaba hasta la impiedad y el +volterianismo, abominando de la hipocresía, de la piedad extremada y +hasta de las prácticas religiosas, con excepción del culto de la Virgen +del Pilar. No pensaba abandonar a Caspe, pues ni él ni su familia +tenían miedo; y como volviera Cabrera con su patulea de ladrones y +asesinos, don Blas se batiría en la muralla rodeado de sus hijos de +ambos sexos, los chicos bien armados de fusiles, las niñas y la señora +bien preparadas con piedras y ollas de agua hirviendo. Eran los hijos +guapos, aunque abrutados, y <span class="pagenum" id="Page_57">p. +57</span>tan <i>liberalicos</i> como su padre. A todos ellos pidió +don Beltrán noticias de la monja de Sijena, y los muchachos, que la +habían visto y oído, se dividían en sus opiniones, pues mientras Rafael +sostenía que era una mujer estrafalaria y medio loca, que ocultaba con +las formas de penitencia sus ganas de corretear por el mundo, Pepe la +tenía por hembra superior y de pasmosa virtud, que la distinguía de +todas las gentes de nuestra edad, y a los mismos santos la equiparaba. +Como expresara Urdaneta el firme propósito de ir en su busca, hízole +presente don Blas el gran peligro a que se exponía viajando por +aquellas tierras; expuso el otro lo inexcusable de su determinación, y +hallándose en estas conferencias, trajo uno de los chicos la noticia +de que la monja Marcela se hallaba cerca de Alcañiz asistiendo a su +hermano Francisco en una grave enfermedad, con lo cual se le avivaron +al anciano las ganas de ir a donde su interés le llamaba. De nuevo +le pintó el señor de La Codoñera lo arriesgado de tal expedición, +maravillándose de que don Beltrán hallase gusto en el trato de una +monja <i>retrógrada</i> y oscurantista.</p> + +<p>—A mí no me hable usted de gente <i>levítica</i> —dijo, recalcando +esta palabra, que recientemente había adquirido en la tertulia de la +botica de Cornejo—. Tengo declarada la guerra a esas ideas rancias, tan +contrarias al <i>espíritu del siglo</i>.</p> + +<p>Tampoco le gustaba a don Beltrán la gente <span class="pagenum" +id="Page_58">p. 58</span>levítica; pero sus necesidades le obligaban +a emprender aquel viaje, que felizmente no se alargaría más allá +de Alcañiz. Todo se presentaba favorable al ilustre aristócrata, +pues Borso de Carminati, desde Maella, ordenó que la columna +recién venida se incorporase a las fuerzas acantonadas en Alcañiz. +Disponiéndose Saloma para seguir a su esposo, se lamentaba de no poder +acompañarle en las operaciones, pues había orden de que la impedimenta +<i>faldamentaria</i> no saliese de los puntos de guarnición. Despidiose +a la mañana siguiente don Beltrán de su generoso amigo. Tanto este +como su esposa e hijos de ambos sexos vieron salir con pena y lástima +al noble anciano; y sospechando que tales calaveradas revelaban falta +de seso y desvaríos de la senectud, presagiaban una desgracia. Las +señoras le encomendaron a Dios, y lo mismo hizo don Blas, pues su +aborrecimiento de lo levítico no le quitaba el ser buen cristiano.</p> + +<p>Muertas de miedo iban Saloma y las otras militaras, y a cada rato +creían oír tiros y ver un nublado de boinas aparecer por los cerros +lejanos, lo que no era absurdo, pues días antes había pasado por +allí el Royo de Nogueruela en dirección a Graus y Benabarre; tampoco +andaban lejos Cabañero, Tena y Maestre. Contrastando con las señoras, +don Beltrán era todo intrepidez y desprecio del peligro; y en su +imaginación de viejo, reverdecida en la puerilidad, no veía más que +bienandanzas. Habiéndole manifestado Saloma <span class="pagenum" +id="Page_59">p. 59</span>la inquietud con que le veía entrar en el +teatro de tan bárbara guerra, le dijo:</p> + +<p>—Cuando lleguemos a la gran Alcañiz que, entre paréntesis, es patria +de mi abuelo materno, don Diego de Paternoy, almirante de Aragón, señor +de las casas y encomiendas de Isún de Basa y Usé, <i>etcétera</i>..., +te contaré por qué voy a donde voy, y por qué busco a quien busco. Y +si ahora supones en mi conducta un desarreglo del sentido, verás luego +en ella la misma cordura... Es para mí cuestión de vida o muerte, de +dignidad o vilipendio... No creo que nos salgan partidas; y si salen, +ya les sacudiremos. También te digo que si es Cabañero el que nos +acomete, no temo nada. Le cuento entre mis mejores amigos, y no había +de consentir que me tocaran al pelo de la ropa.</p> + +<p>A la caída de la tarde entraron en la noble Alcañiz, que desde +Roma viene fatigando a la historia, ciudad vieja, como un libro de +antigüedades de Aragón y un muestrario de piedras elocuentes. A la luz +crepuscular, los esquinazos góticos y mudéjares parecían bastidores de +teatro, dispuestos ya, con las candilejas a media luz, para empezar el +drama. Resonaban las herraduras de los caballos en el pedernal de las +calles levantando chispas, y el ruido de tambores jugaba al escondite, +sonando aquí, apagándose allá, en los dobleces de la edificación, y +volviendo a retumbar a retaguardia de la tropa. Las plazuelas se unían +por pasadizos, y las calles se retorcían unas sobre otras, oscuras, +ondulantes. <span class="pagenum" id="Page_60">p. 60</span>Soldados y +algunos viejos se veían discurriendo por las calles; mujeres en algunas +puertas... Triste y belicosa parecía la ciudad, como un guerrero herido +que se ve forzado a combatir con la mano que le queda.</p> + +<hr class="chap x-ebookmaker-drop"> + + +<div class="chapter pt3" id="Ch7"> + <h2 class="nobreak g1">VII</h2> +</div> + +<p>Metieron a don Beltrán en una casona llamada <i>Corte</i> que hace +esquina con el Ayuntamiento, gótica, de ojivales porches al exterior, +interiormente muy capaz, con ventanas pequeñas, las puertas no muy +holgadas. Allí se alojaban oficiales de distintas graduaciones. Al +pasar por un gran aposento abovedado, donde había gran chimenea +encendida con troncos de encina, a cuyo calorcillo se arrimaban +ateridos todos los que entraban de la calle, vio don Beltrán, agrupados +en torno a una mesa, a varios oficiales y urbanos de tropa que se +engolfaban en el juego, atentos con alma y vida a las manos del +banquero y a las cartas que lentamente pasaba. Fuéronsele a Urdaneta +los ojos hacia la timba, y subió con ánimo de volver luego, pues vio +también que cubrían de manteles las mesas, como si aquella pieza fuese +comedor. El cuarto en que le pusieron, juntamente con las militaras, no +tenía camas; cada cual se arreglaría con las mantas, alforjas o sacos +que llevase. Seis personas debían repartirse <span class="pagenum" +id="Page_61">p. 61</span>el suelo, que venía como a la medida, sin que +sobrase ni una cuarta.</p> + +<p>El cenar fue más difícil operación; y si no se plantan Saloma y la +capitana en la cocina, no les tocara nada de las judías y gachas, que +era lo único que había, con pan moreno y algunas raciones de cecina. +Pero al fin aplacaron su hambre las afligidas damas; don Beltrán, +gozoso y dicharachero, tratando de alegrarlas con sus galanterías y +con enfáticos elogios de las miserables viandas que comieron. Observó +Saloma que al viejo aristócrata se le iban los ojos a la mesa de los +jugadores, y como ya tomaba confianza con él, se permitió decirle:</p> + +<p>—Señor don Beltrán, noto que mira vuecencia para el vicio, como si +más en él que en nosotros y nuestra conversación tuviera toda el alma. +Pues yo le digo que sería muy feo que con sus años y su respetabilidad +diera el mal ejemplo de ponerse a tallar o apuntar entre aquellos +perdidos. Si así lo hiciera y se dejara vencer de la tentación del +juego, que ha sido la causa de su ruina, sepa que me enfado, y no le +quiero, ni le cuido, ni le mimo, ni nada.</p> + +<p>Dicho esto a hurtadillas, sin que los demás se enterasen, contestó +Urdaneta en la misma forma, reconociendo el buen juicio que tal +advertencia revelaba, y ofreció no discrepar ni un punto de lo que su +decoro y años le imponían. Si miraba era por observar las caras y ver +quién perdía y ganaba. Antes de levantarse de las flacas mesas hizo +<span class="pagenum" id="Page_62">p. 62</span>conocimiento, por +mediación de Galán, con dos oficiales muy simpáticos, uno de los cuales +se había separado poco antes de la mesa de juego con los bolsillos +totalmente vacíos. Informados de que el señor deseaba ver y tratar a +la monja Marcela, brindáronse a llevarle hasta su presencia, en el +cerro de Santa Lucía, donde a la sazón moraba; ambos la conocían y +habían tenido más de una entrevista con tan extraña mujer, platicando +de cosas de guerra, filosofía y religión, permitiéndose bromear con +ella y echarle requiebros; que Marcela, en la multiplicidad pasmosa de +su disposición y en la riqueza de su entendimiento, para todo tenía +una palabra feliz y oportuna. No se le cocía el pan a Urdaneta hasta +que no llegase la hora de la mañana que los oficiales fijaron para +la visita, y pensando en ella se pasó la noche de claro en claro. +Un poquito durmió el viejo después de amanecer, levantándose con +los huesos doloridos de la dureza de aquellas mal cubiertas tablas. +Saloma le preparó un aceptable desayuno, con huevos y chorizo que +afanó como pudo en la cocina, y a las nueve ya estaba mi hombre junto +a la chimenea esperando a sus flamantes amigos. Solo uno se presentó, +por tener el otro servicio extraordinario en el castillo, y sin más +espera condujo al anciano hacia la puerta de la ciudad que da al río +Guadalope y al grandioso puente. Fría estaba la mañana, los campos +escarchados, el aire empañado por una niebla que borraba toda visión a +<span class="pagenum" id="Page_63">p. 63</span>regular distancia. Iba +don Beltrán asido al brazo de su criado, necesaria precaución por la +cortedad de su vista, que con la niebla era casi ceguera total. Pasado +el puente, avanzaron buen trecho por una alameda interminable; y como +levantara la bruma, el teniente hizo notar la gallardía de los desnudos +álamos del paseo, y mirando hacia atrás, la hermosa vista de la ciudad, +coronada por el castillo y ceñida por el Guadalope. Sin enterarse bien, +manifestó don Beltrán su admiración, pues no gustaba de dar a entender +que veía poco.</p> + +<p>—¿Conque es usted aragonés?... Repítame su apellido, pues ya no me +acuerdo.</p> + +<p>—Estercuel.</p> + +<p>—¡Hombre, Estercuel!... ¿Es usted de Ayerbe?</p> + +<p>—Sí, señor. Mi padre, don Celestino Estercuel, administraba los +estados de Ayerbe y de Boltaña; mi tío, don Bernardino Estercuel, +canónigo de Jaca...</p> + +<p>—Ya, ya... ¿Y usted por dónde me conoce a mí?</p> + +<p>—No hay en todo Aragón persona más nombrada y famosa que don +Beltrán de Urdaneta, a quien pobres y ricos señalan como el tipo de la +grandeza, de la caballerosidad... Era yo muy niño y oía contar casos +muy singulares de esplendidez...</p> + +<p>—A ver, a ver..., ¿qué casos? —dijo don Beltrán risueño y malicioso, +deteniéndose.</p> + +<p>—Pues que usted, poseedor de una riqueza incalculable, había mandado +traer de París <span class="pagenum" id="Page_64">p. 64</span>seis +perros de caza, los cuales vinieron cuidados y asistidos por cuatro +monteros y un mayordomo... Y un día, siendo yo muchacho, vi pasar unos +trenes magníficos que iban para Canfranc. ¡Qué sillas de postas, qué +caballos, qué galera con provisiones de cama y boca!... Pues mi tío, +que entonces era capellán en la casa de Ayerbe, dijo: «Ahí va don +Beltrán el Grande con los duques de tal y de cuál...».</p> + +<p>—¡Ay, hijo mío! —exclamó Urdaneta melancólico, acelerando el paso—. +Aquellos eran otros tiempos. ¡Lo que va de ayer a hoy!...</p> + +<p>—Y decía mi padre que solo en Mora de Rubielos y en la sierra de +Mosqueruela poseía usted más de diez mil cabezas.</p> + +<p>—Sí, sí: muchas cabezas tenía entonces, y ahora creo que ninguna, +ni aun la mía propia. Pues en Mora de Rubielos me resta algo, y aun +algos, que intento recobrar... Pero hablar de mí es mirar a lo pasado, +visión triste: alegremos nuestro espíritu hablando de lo presente, de +la juventud, de usted... ¿Qué tal, vamos adelantando en la carrera +militar? ¿Siente usted ambición de gloria?...</p> + +<p>—No mucha, señor... Un año llevo en esta vida, y le aseguro a +usted que deseo la paz, aunque me quede en el grado que tengo. Y esta +campaña del Centro no es para despertar verdaderas aficiones a la +milicia regular. Aquí todo es cuestión de picardía, astucia y agilidad; +todo cuestión de geografía... andada, ciencia de los pies. Además, el +carácter <span class="pagenum" id="Page_65">p. 65</span>de cacería +feroz que va tomando esta guerra no es para mi genio. He sido poco +afortunado, pues desde que salí a campaña no he visto más que horrores, +y desgracias de nuestras armas. Para tener mala pata en todo, me +estrené con un acto militar que ha dejado en mi espíritu una sombra +lúgubre, algo como una mancha que no puedo borrar: el fusilamiento de +la madre de Cabrera.</p> + +<p>—¡Qué dolor!... ¡Barbarie inútil, impolítica!</p> + +<p>—Empecé mi carrera destinado al regimiento de Bailén, 5.º de +Ligeros, que daba guarnición en Tortosa, y mandé el piquete que dio +muerte a la infeliz mujer. Cuando al amanecer del 16 de febrero del +año pasado se nos dijo que a las diez íbamos a fusilar a María Griñó, +no lo creíamos. Los nacionales negábanse a cumplir la sentencia. +Nosotros no podíamos menos de obedecer; pero aún esperábamos que tal +atrocidad se aplazara indefinidamente, y aplazarla era como un indulto +disimulado. Entre nosotros se decía que el alcalde de Tortosa, don +Miguel de Córdova, protestaba de tal iniquidad, y que quiso inducir +al gobernador, general don Gaspar Blanco, a no dar cumplimiento a la +bárbara orden. Ello era cosa de Nogueras, que ofició al general Mina, +y de los allegados de este... Reconocía el gobernador que disponer tal +muerte no era propio de caballeros, y que si en algún caso procedía la +desobediencia, había llegado <span class="pagenum" id="Page_66">p. +66</span>la hora de poner en el oficio la fórmula: <i>se acata, pero no +se cumple</i>. Mas el hombre no se atrevió, y su desmayada voluntad y +su corazón vacilante nos dieron aquel terrible ultraje de la justicia. +Dicen que al resistirse a los ruegos del alcalde y de otras personas +calificadas de la población, se echó a llorar... Sus lágrimas fueron +de esas que no producen ningún bien ni evitan los males... Ello es que +metimos a doña María en el calabozo, y la cargamos de grillos, y le +llevamos al cura don José María Trench, hombre bueno y compasivo, que +también, llorando a moco y baba, fue a interceder con el gobernador, +sin conseguir ablandarle. Confesada, mas no comulgada, pues para esto +no le dimos tiempo, la llevamos a la barbacana. Por el camino, al +paso de la pobre víctima, se agolpaba poca gente, pues la mayoría de +los vecinos no se había enterado todavía; de los que vio, se despedía +con palabras sencillas y cariñosas, como si para un viaje saliera. No +puedo olvidar su figura modesta ni su traje, el mismo que tenía en la +prisión: saya de cotolina azul, ya muy usada, jubón de pana verde. +Llevaba al cuello un pañuelo oscuro con fleco, y a la cabeza otro, +blanco, sin atar las puntas. Era delgada, de mediana estatura, rostro +moreno y curtido con arrugas en la frente, el mirar dulce, expresión +candorosa. En sus manos atadas llevaba una cruz. Su resignación, la +paz de su alma, su tranquilidad sin artificio, nos maravillaban; el +no <span class="pagenum" id="Page_67">p. 67</span>pronunciar palabra +ofensiva para nadie, nos colmaba de pena, oprimiéndonos el corazón. +La fortaleza con que afrontaba el suplicio hacía más vergonzosa la +innoble cobardía con que nosotros, con tanto aparato de fuerza, +destruíamos aquella vida que no había hecho daño a nadie. «¿Qué resulta +contra ella?», nos preguntábamos, o lo pensábamos, por no atrevernos +a decirlo. No resultaba más sino que había dado el ser a Cabrera... +Llegados a la barbacana, la hicimos avanzar como a veinte pasos del +baluarte... El cura que la asistía, don Joaquín Curto, no se separaba +de su lado tan pronto como convenía. La mirada que nos echó María Griñó +al entrar en el cuadro no se me olvidará si mil años vivo. ¿Fue de +menosprecio, de compasión? De cólera no era, ni tampoco suplicante..., +no nos pedía que la perdonásemos. Tal vez quiso decirnos que ansiaba +terminar pronto, concordando en esto fatalmente con las órdenes que +habíamos recibido. Se le vendaron los ojos. Fue preciso, para abreviar, +tirarle suavemente del manteo al cura para que se retirara. El pobre +señor estaba turbadísimo: le dijo de cerca que rezara el Credo, y luego +en voz más alta, alejándose, le anunció que iba a gozar de Dios... Yo +tenía que dar la orden de fuego agitando un pañuelo. Me pasó por la +mente la idea de no darla, sublevándome en nombre de Cristo. Pero la +fuerza de la disciplina, de que no nos damos cuenta, se impuso. Ello es +que sonaron los tiros, y cayó la mujer al suelo, de golpe, sin <span +class="pagenum" id="Page_68">p. 68</span>ruido ni contorsiones, como un +vestido, como un colgajo de trapos que cae de una percha...</p> + +<p>—¡Horrible... y estúpido! —exclamó don Beltrán—. Si tiene usted más +hazañas de estas en su hoja de servicios, no me las cuente. Mi pobre +corazón viejo no resiste esas emociones ni aun contadas.</p> + +<p>—Tres días estuve enfermo, sin poder apartar de mí la mirada de +María Griñó, ni aquel modo de caer al suelo, como un vestido que se +desprende de un clavo... El vecindario de Tortosa quiso alborotarse, +y tuvimos que contenerle. Los nacionales trinaban y creían que se +habían deshonrado por formar en el cuadro media compañía. Aseguraban +que si se les hubiera mandado formar el piquete del fuego, no habrían +obedecido... Desde aquel día es para mí esta guerra una nube de plomo +posada sobre mis ojos, como un telón a medio echar. Ni sube, ni +baja..., ni veo bien la guerra, ni veo la paz... No habrá ya paz en +la tierra de España. ¿Sabe usted lo que dijo Cabrera cuando supo la +muerte de su madre? Mirando a las cumbres que cercan a Valderrobres, +dijo que la sangre subiría hasta las cimas más altas. Y va subiendo, va +subiendo... Para no cansar a usted, señor don Beltrán, le diré que mis +campañas desde entonces no han sido más que una cacería infatigable. +En multitud de encuentros me he visto, todos encarnizados: estuve en +las acciones de La Jana y de Toga, al mando de Buil; allí tuvimos la +suerte de derrotar al <i>Serrador</i>. En Ulldecona, cuando Iriarte dio +<span class="pagenum" id="Page_69">p. 69</span>una tremenda paliza al +<i>Organista</i> y a Llangostera, también tuve la honra de encontrarme. +Marchas penosas, hambres y trabajos mil he pasado; peleando sin cesar, +no veo que el aspecto de la guerra cambie. Siempre es lo mismo: las +ventajas de hoy son el descalabro de mañana. Si una columna vence +aquí, otra sucumbe dos leguas más allá. Se les echa de un valle, y +aparecen en otro. Creyérase que salen de debajo de las piedras, y +que la sangre de tantas víctimas, caliente y rabiosa, aun después de +derramada, engendra facciosos en los bosques, en los charcos de los +barrancos, en los escombros de las masadas destruidas. Esto no es +guerra, digo yo: es un duelo feroz, nunca suspendido. Nogueras conoce +el terreno, pero le falta cabeza. Borso tiene intención, pero no domina +el suelo. Sin darse de ello cuenta, conduce sus tropas por el camino +más largo. No encuentra nunca al cabecilla que busca, sino a otro que +le sale inesperadamente por retaguardia, cuando no le salen dos. Así no +acabamos nunca. Si no traen un ejército muy grande para ocupar todas +las posiciones y pueblos de importancia, a la defensiva, tapándoles +los boquetes y pasadizos para sus correrías, matándoles de hambre y +provocándoles a que se enzarcen unos con otros, tenemos guerra para +un siglo. Yo me doy a pensar en esto, y digo: «¿Por qué combatimos?». +Ahondando en el asunto, encuentro que no hay razón para esta +carnicería. ¡La libertad, la religión!... ¡Si de una y otra tenemos +dosis sobrada! <span class="pagenum" id="Page_70">p. 70</span>¿No le +parece a usted?... ¡Los derechos de la reina, los de don Carlos! Cuando +me pongo a desentrañar la filosofía de esta guerra, no puedo menos de +echarme a reír..., y riéndome y pensando, acabo por convencerme de +que todos estamos locos. ¿Cree usted que a Cabrera le importan algo +los derechos de Su Majestad varón? ¿Y a los de acá los derechos de Su +Majestad hembra?... Creo que se lucha por la dominación, y nada más, +por el mando, por el mangoneo, por ver quién reparte el pedazo de pan, +el puñado de garbanzos y el medio vaso de vino que corresponden a cada +español... ¿No opina usted lo mismo?</p> + +<p>—Lo mismo, querido Estercuel, lo mismo. Es usted un sabio. ¡Tan +joven, y ya profundiza!</p> + +<hr class="chap x-ebookmaker-drop"> + + +<div class="chapter pt3" id="Ch8"> + <h2 class="nobreak g1">VIII</h2> +</div> + +<p>En esto llegaban al término de la extensísima olmeda, de donde a +los ojos se ofrecía un hermoso espectáculo: la cascada que forma el +río Alto al precipitarse en el Guadalope. Cerros enhiestos formaban +el marco de tan bello paisaje, que don Beltrán pudo gozar, porque +despejada la niebla, daba el sol relieve y colorido a todos los +objetos.</p> + +<p>—Si es este el lugar que esa sierva de Dios <span class="pagenum" +id="Page_71">p. 71</span>ha elegido para sus penitencias —dijo el +anciano—, a fe mía que ha tenido buen gusto.</p> + +<p>—En aquella casucha que ve usted junto a dos peñas muy grandes, +sombreada por una encina que parece partida por un rayo, moraba estos +días la que llamaré ermitaña trashumante.</p> + +<p>Aunque no estaba seguro don Beltrán de ver lo que su amigo le +indicaba, allá se encaminó a buen paso; y antes de llegar al sitio +designado, vieron que hacia ellos venían dos vejetes con trazas de +pastores, por sus vestiduras de pieles más parecidos a osos que a +personas, uno de los cuales, al llegar a donde pudo ser oído, les +dijo:</p> + +<p>—Si van en busca de la maestra, vuélvanse, que no la encontrarán.</p> + +<p>—¿Pues dónde ha ido mi señora y capellana? —preguntole Estercuel, +sospechando que no le decía la verdad.</p> + +<p>—¡Por vida de...! —exclamó Urdaneta, golpeando airado el suelo con +su bastón—. No creí que la buena estrella que me guía en este viaje +se eclipsara tan pronto. ¿Sabéis, buenos amigos, si ha ido muy lejos? +Porque si supiera que no estaba distante, iría en su busca, que con mis +setenta y tantos años, no me arredran un par de leguas.</p> + +<p>—Ayer de mañana —dijo el viejo— fue a la Ginebrosa con mi sobrino, y +nos mandó que por hoy al mediodía la esperáramos en Castelserás, para +ir juntos a donde ella disponga.</p> + +<p>—Entre paréntesis: ¿sabéis si vive y dónde <span class="pagenum" +id="Page_72">p. 72</span>está Francisquín Luco, hermano de Marcela?</p> + +<p>—Vive, gracias a Dios..., pero del paradero no le diré, señor +—replicó el anciano receloso, después de pensar lo que decía—. No +sé...</p> + +<p>—Sí sabes, tunante; pero no quieres decirlo. ¿No estaba gravemente +enfermo? ¿No le asistía su hermana?</p> + +<p>—Así parece, señor...</p> + +<p>—Está bien... Por ventura, ¿no tendríais en vuestra covacha algo de +comer? Porque con el fresco de la mañana y el paseo me siento un tanto +desfallecido.</p> + +<p>—Cuando les vimos venir estábamos cortando el pan para hacer unas +pobres migas. Si los señores quieren participar de esta humildad, el +gusto será nuestro, y la penitencia de los señores.</p> + +<p>—Discreto eres... Ea, preparad esas migas con prontitud, y allá va +con vosotros mi criado para que nos avise cuándo podemos ir a matar el +hambre.</p> + +<p>Al quedarse solos don Beltrán y Estercuel, sentaditos en una piedra, +dijo el militar al prócer:</p> + +<p>—Se me había olvidado informar a usted de lo que en el país se +cuenta de las idas y venidas de la monja suelta, y de la prontitud, al +modo teatral, con que aparece y se oculta, sin que nadie pueda saber +de dónde viene ni por dónde se escabulle. Es una conseja, y a título +de tal se lo cuento, advirtiéndole que esta guerra ha resucitado en +el país la Edad Media, tan bien acomodada a <span class="pagenum" +id="Page_73">p. 73</span>su naturaleza bravía, a la rudeza de sus +habitantes y a la muchedumbre de castillos, monasterios y santuarios +que por todas partes se ven.</p> + +<p>—Ya había pensado yo eso de que por ensalmo nos encontramos en siglo +de feudalismo. Cuente, cuente pronto esa leyendita, que quizás no lo +sea.</p> + +<p>—Pues se dice, y hay quien lo jura, que el padre de esta señora +ermitaña o peregrina era hombre muy rico.</p> + +<p>—¿Y a eso llama usted conseja? Puedo dar fe de las propiedades que +poseía Juan Luco, las cuales fueron mías...</p> + +<p>—Y a más de la propiedad, dicen que poseía grandes cantidades de +dinero metálico...</p> + +<p>—Naturalmente: era hombre que apenas gastaba el tercio de sus +rentas... ¿Y qué más?</p> + +<p>—Que antes de lanzarse a pelear por Isabel, Juan Luco puso en un +lugar seguro una olla de onzas...</p> + +<p>—Precaución muy acertada...</p> + +<p>—Y en otro lugar seguro, a bastantes leguas del primer sitio, otra +olla de onzas.</p> + +<p>—Tenía propiedades en Rubielos...</p> + +<p>—Y en Valderrobres, y en Calanda, y en Morella... sus hijos hicieron +lo propio. El primogénito sepultaba ollas en este monte, y el segundo +en aquel barranco... De modo, señor mío, que por todas estas tierras +y por parte de las del Maestrazgo, están esparcidas las riquezas de +Luco.</p> + +<p>—Pues, amigo mío —dijo don Beltrán grandemente <span +class="pagenum" id="Page_74">p. 74</span>excitado, levantándose y +haciendo rápidos molinetes con su bastón—, no veo la conseja..., no veo +más que un caso muy natural, la pura lógica, señor mío, el puro sentido +común.</p> + +<p>—Ollas en los montes de Gúdar, ollas en el desfiladero de Vallivana, +ollas en Mosqueruela, ollas en Beceite, ollas en Calanda, en +Peñagolosa..., y quién sabe si aquí mismo, bajo nuestros pies, habrá un +puñadito de oro...</p> + +<p>—Hijo, podrán ser más, podrán ser menos —dijo don Beltrán con +grande animación, iluminado el rostro, brillantes los ojos, revelando +una credulidad infantil—. El número de ollas no lo sé..., pero que +las hay..., ¡ah!, lo creo y lo creo, como si las hubiera enterrado yo +mismo... Y no me contradiga usted, porque cuando afirmo verdades como +esta, no es prudente contradecirme...</p> + +<p>—No, si no me parece absurdo... Pero falta lo mejor de la conseja. +Dice el pueblo, y cuando el pueblo lo dice es porque lo cree como el +evangelio, que esta señora monja ha tomado ese empaque ermitañesco y +peregrino para recorrer y vigilar los lugares donde yacen escondidas +las preciosas tinajas... Sin duda conoce los sitios por inspiración del +cielo, o por topografías milagrosas que le ha comunicado el Espíritu +Santo...</p> + +<p>—No se burle usted, amigo mío, que estas cosas no son para tratadas +con genio maleante... Y le advierto que me desagrada oír chanzas +aplicadas a cosas y objetos de la mayor seriedad.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_75">p. 75</span></p> + +<p>—Serio, profundamente serio es cuanto digo, si aceptamos la ficción +de hallarnos en plena Edad Media. Prepárese usted, si persiste en +penetrar en el país, a ver milagros y hazañas, casos inauditos de +santidad o sortilegio, brujas, duendes, apariciones; subterráneos +que empiezan en un castillo y acaban en un monasterio a siete leguas +de distancia; verá usted hombres feroces, hombres heroicos, mujeres +endemoniadas o angelicadas; verá usted, en fin, a la hermosa y andante +Marcela, con aliento guerrero y olorcillo de santidad, corriendo por +montes y barrancos para tomar nota de las mil y quinientas ollas +de Luco, y trasladar a lugar seguro y profundísimo las que fueron +escondidas a flor de tierra en parajes muy transitados; prepárese usted +a ver todo esto, y si algo descubriese contante y sonante, avise, señor +don Beltrán, que no ha de faltarle un buen amigo que, armado de pala y +azadón, le preste ayuda.</p> + +<p>—¡Tunante! —dijo el anciano, que gozoso se lanzaba a la confianza +paternal—, si tuviera usted la suerte de encontrar uno de esos nidos, +ya sé que le faltaría tiempo para ponerlo a un maldito caballo, o a +un as indecente... No quiero dejar pasar esta ocasión sin echarle un +réspice..., mi ancianidad me da derecho a ello... Yo le vi a usted +anoche encenagado en el feo vicio. Paréceme que era usted el que +tallaba...</p> + +<p>—Sí, señor, por mi desgracia. No sé si advertiría usted que me +desplumaron.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_76">p. 76</span></p> + +<p>—Tanto como eso no reparé... Y ¿qué tal? ¿Eran atrevidos aquellos +puntos? ¿Se traían alguna martingala?... Sea lo que quiera, un joven +de sus méritos no debe dejarse dominar por la pasión del azar... Todo +el dinero que caiga en sus manos guárdelo usted, hijo, guárdelo para +sus necesidades de mañana. Piense en la vejez, que si en todo caso +es triste y desabrida, sin dinero es suplicio grande. Pero, si no me +engaño, oigo la voz de Tomé que nos llama, señal de que esas benditas +migas nos esperan.</p> + +<p>No tardaron en llegar a la choza; y tan grande apetito se le había +despertado al buen señor por causa de la frescura matinal, del paseíto, +o quizás por la risueña visión de las ollas auríferas, que empezó a +tragar migas, todavía calientes, a riesgo de abrasarse el gaznate; y +comiendo decía:</p> + +<p>—Pues de tal modo me interesa avistarme hoy mismo con la venerable +madre Marcela, para tratar con ella de un grave punto de religión, +que si estos señores van en su busca, les acompaño... No, no puedo +detenerme... No trate usted de disuadirme, amigo Estercuel. Ni a mí +ni a mi criado nos arredran ladrones ni carlistas. Si usted los teme, +vuélvase tranquilo a Alcañiz.</p> + +<p>—No por miedo, señor don Beltrán, sino porque mis deberes militares +al pueblo me llaman, me veo precisado a dejarle partir solo.</p> + +<p>—¡Ah! La obligación es antes que la devoción. El buen militar no +se pertenece... Pues iré con Tomé y estos ancianitos. ¿Qué distancia +<span class="pagenum" id="Page_77">p. 77</span>me ha dicho? ¿Legua y +media? A pie mejor que a caballo. Me conviene un poco de ejercicio..., +sí... Aún tengo bríos para andar largo trecho. Si he de decir la +verdad, me siento... así como rejuvenecido... Sin duda es el aire de +esta tierra, no sé qué gozo del ánimo... Hasta parece que veo mejor... +Sí, sí..., distingo perfectamente las pieles de estos hombres, la +sartén, todo... No hay duda, no hay duda: veo mejor, amigo Estercuel... +Y apostaría que después de un paseo de dos leguas, se me aclarará la +vista notablemente... ¿Y qué tal? ¿Se conserva bien la hermana Marcela? +No la he visto desde que era muy niña...</p> + +<p>Atacado de una locuacidad que no podía contener, enjaretaba +cláusulas sin el debido enlace entre unas y otras. Como los ancianos +no decían una palabra ni comían, pidioles cuenta don Beltrán así de +su silencio como de su falta de apetito, y el uno de ellos respondió +que delante de tan gran señor no era decente que ellos, infelices +mendigos, hablasen ni comiesen. Replicó a esto el afable aristócrata +que ante Dios, padre común del género humano, todos los hombres eran +iguales, y que, pues allí les reunía el acaso, no se acordasen de vanas +categorías. Si ellos eran pastores, ¿qué oficio y estado superaba +en nobleza y antigüedad al de conducir rebaños? Pastores fueron los +patriarcas en aquel pueblo que Dios llamó suyo; pastores fueron los +primeros que adoraron y reconocieron al Redentor del mundo en Belén, y +<span class="pagenum" id="Page_78">p. 78</span>este había representado +su misión debajo del simbolismo de un pastor del gran rebaño de la +humanidad. A esto replicaron los vejetes que no eran ellos pastores, y +que usaban aquellos pellejos, y los peales y zurrón por ser el traje +más adecuado a la frialdad del tiempo y a la fragosidad del país.</p> + +<p>—¿Pues qué sois? —dijo el prócer, suspenso, preparándose a probar de +un queso que le ofrecían.</p> + +<p>—Nuestro oficio es el de sepultureros; solo que ya hemos dejado +aquel empleo tan humilde por acompañar y seguir a la divina Marcela.</p> + +<p>—¡Hombre, hombre..., sepultureros, enterradores! —exclamó Urdaneta +con asombro—. Pues también es ocupación noble, antiquísima como el +mundo, pues desde que hubo vida, hubo muerte. Y oficio santo además, +que en él se cifra una de las obras de misericordia. Muy bien, muy +bien, pobrecitos. Me agrada vuestra compañía. Enterrar los muertos es +noble misión. Dios manda que después de recoger Él el alma, se dé a la +tierra lo que le pertenece. ¿Y quién sabe si revivirá algo de lo que +habéis soterrado? No todo lo que entra en la tumba es muerte. La fosa +recoge también la vida, para sustraerla a la codicia y al latrocinio... +Y difuntos aparentes habréis sepultado, que volverán a la vida y... +Pero de estas filosofías no entendéis vosotros... Y dime otra cosa: +desde que os encontré, tú solo hablas. ¿Por qué no hemos oído la +palabra de tu compañero?</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_79">p. 79</span></p> + +<p>—Porque se le traba la lengua, y no quiere que le oigan...</p> + +<p>—Es tartamudo..., mudo quizás. Ya sabe Marcela lo que hace, +rodeándose de hombres callados, silenciosos, y cuando no, discretos +como tú... Pero no perdamos más tiempo y pongámonos en camino.</p> + +<p>Levantose ágil, sin esfuerzo, con sorpresa de todos, y emprendiendo +la bajada al camino, al llegar a este se despidió del amable militar +que, deseándole un regreso pronto y feliz, le dijo:</p> + +<p>—Ya ve el señor don Beltrán cómo va resultando lo que anunció. +Edad Media, pura Edad Media... Supongo que le veremos esta noche por +Alcañiz, y ya nos contará, ya nos contará... Quiera Dios que no tenga +un mal encuentro... Es posible que pueda ir y volver felizmente, porque +no hay noticias de que ahora anden por aquí partidas. Abur. A sor +Marcela le da usted expresiones de mi parte, y que se deje ver... De +buena gana me ajustaría yo en su cuadrilla de sepultureros, si supiera +que tocaban a desenterrar... lo que usted sabe. Adiós.</p> + +<p>Internándose a buen paso en la olmeda que conduce a la ciudad, decía +para su sayo el bueno de Estercuel:</p> + +<p>—El pobre señor, reverdecido en la niñez, está ya en su elemento: la +conseja.</p> + +<hr class="chap x-ebookmaker-drop"> + + +<div class="chapter pt3" id="Ch9"> + <p><span class="pagenum" id="Page_80">p. 80</span></p> + <h2 class="nobreak g1">IX</h2> +</div> + +<p>Anduvo larguísimo trecho don Beltrán por la margen izquierda del +Guadalope, sin encontrar alma viviente, pues los caseríos estaban +desamparados, los ganados dispersos, hombres y animales del campo +huidos; y tan presuroso iba por el estímulo de su deseo, que al +llegar a las primeras casas de una aldea desierta, que debía de ser +Castelserás, faltáronle súbitamente al anciano los alientos, y, +dejándose caer en un montón de tierra, cercano a un edificio en ruinas, +dijo a sus acompañantes:</p> + +<p>—Amigos míos, la costumbre de andar en coche y a caballo ha quitado +vigor a mis piernas para la marcha peonil. Vosotros andáis sin +fatigaros muchas leguas; yo no puedo. Me rindo, me entrego, y pues ya +no estamos lejos del punto en que os habíais citado con la maestra, os +ruego que os adelantéis y le digáis que la espero aquí. Recordad bien +mi nombre: don Beltrán de Urdaneta..., el grande amigo y en otro tiempo +protector de su padre...</p> + +<p>Obedecieron sin chistar los dos viejos, y don Beltrán se quedó +solo con su criado Tomé, el cual no hacía más que mirar a los cerros +cercanos, pues en todos veía fusiles y boinas su medrosa fantasía. Por +indicación <span class="pagenum" id="Page_81">p. 81</span>suya, se +pusieron al abrigo y sombra de aquellas derrumbadas paredes, de donde +vigilarían quién viniera, y podrían esconderse si alguien se acercaba +con malas intenciones. Allí se aguantaron como unas dos horas, y ya se +impacientaba Urdaneta, cuando Tomé, encaramado en lo más alto, avisó +la presencia de cuatro personas por el camino que habían seguido los +viejos al partir.</p> + +<p>—¿Ves a los enterradores? —preguntó don Beltrán ansioso—. ¿Viene con +ellos una señora vestida de monja o penitente?</p> + +<p>—A los dos abuelicos les veo —dijo Tomé cuando las cuatro figuras se +aproximaron—; pero no viene ninguna monja, sino dos chicarrones, uno de +ellos con sotana.</p> + +<p>—¿Estás bien seguro del sexo?</p> + +<p>—¿Qué dice, señor? Si llama sexo a lo de distinguir de machos y +hembras, apuesto lo que quiera a que los cuatro son hombres naturales, +aunque al uno no le veo piernas por bajo, y por arriba le veo melenicas +como las de una imagen.</p> + +<p>—¿Luego, viene uno con faldas?</p> + +<p>—Mas no son faldas ni andares de mujer, sino al modo de las túnicas +de los santos, que siempre usaban sayos o camisones.</p> + +<p>Y cuando ya cerca estaban, y amo y criado salían de las ruinas para +recibirles, gritaba Tomé:</p> + +<p>—Señor, señor, déjeme que me santigüe, pues esto no es cosa buena. +El de los pelos largos y caídos es un muchacho amujerado, o mujer +hombruna. No he visto otra...</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_82">p. 82</span></p> + +<p>—Cállate, simple, y ponte a un lado, que ya veo los bultos, y me +adelanto a saludar a Marcela.</p> + +<p>Del grupo que venía se adelantó una figura híbrida, tal y como +Tomé la había descrito, para mozuelo, de regular talla, para mujer, +de elevada estatura, con gallarda medida y proporción. Era el rostro +moreno, tan tostado del sol que semejaba al de una efigie secular, cuyo +barniz el tiempo ha oscurecido dándole una dulce pátina con vislumbre +sienoso. Los ojos grandes, negros y de profundo mirar, parecían de +hombre; de la nariz para abajo representaba cara fina y graciosa de +hembra, con hoyuelos en la barbilla, y un poco de vello sobre el labio +superior. El cabello caía en guedejas que parecían plumas de un gallo +negro, y le llegaba hasta mitad del pescuezo, no menos tostado que +el rostro, partiéndose en la frente en dos ramales espesos, ásperos, +que a veces nublaban los ojos. Era el cuerpo de rara perfección, más +de hombre que de mujer, pues no se le notaba elevación de seno, el +cual era poco más alto que el de un mocetón de anatomía lozana; bien +sentidas la cintura y cadera, sin ofrecer curvas muy acentuadas; el pie +desnudo, de color de antigua caoba, de mediano tamaño tirando a grande, +y admirable forma. El sayal que vestía, de parda estameña, remedaba un +hábito franciscano de varón; pero sin cuello ni capucha, sencillísimo +en su traza y corte, ceñido a la cintura por una cuerda. Llevaba el +rosario en un bolsillo interior <span class="pagenum" id="Page_83">p. +83</span>del hábito, que se manifestaba en una abertura vertical al +costado derecho, por donde asomaba la cruz de bronce. Mayor bulto que +el de un rosario se veía por aquella parte; señal de que guardaba +otros objetos, pañuelo quizás, o sabe Dios qué. La voz, que hirió con +sonoro timbre los oídos de don Beltrán en el primer saludo, era como de +muchachón tierno, engrosada por la constante vida al aire libre en país +tan frío.</p> + +<p>—Aunque estos pobrecitos —dijo Marcela— equivocaron el nombre... +<i>don Jordán de la Beltraneta</i>, ya comprendí, señor, ya comprendí +que era usted... el que me hacía el honor de venir en mi busca...</p> + +<p>—El honor es mío —replicó don Beltrán descubriéndose y besándole +la mano—, y me considero feliz de ver en opinión de santa a la que +conocí muy niña... Ya, ya se anunciaba en ti la mujer superior, +extraordinaria, eminente...</p> + +<p>—Mi padre le apreciaba a usted de veras —dijo Marcela, cortando +el elogio—. Diez días antes de morir, estuvo a verme, y hablamos +largamente del señor don Beltrán...</p> + +<p>—Siempre tuve a Luco —afirmó el prócer, gozoso de lo que la ermitaña +relataba— por uno de mis mejores amigos. De cuantas personas he tratado +en mi larga vida, Juan fue la única en quien vi siempre la flor de la +gratitud... Sabrás que a mi protección decidida debía tu padre los +adelantos de su fortuna.</p> + +<p>—Lo sé..., y a gala tenía el recordarlo... A mis hermanos y a +mí, cuando éramos niños, <span class="pagenum" id="Page_84">p. +84</span>nos enseñó a pronunciar con el mayor respeto el nombre para +él sagrado de Urdaneta... Pero si el señor gusta de que hablemos, no +piense en volverse hoy a Alcañiz, y véngase conmigo despacito hacia +Calanda, que allí tengo un alojamiento regular, y podré darle algo de +comer, siempre dentro de la suma pobreza.</p> + +<p>Tan grata impresión habían hecho en el viejo las primeras palabras +de la santa mujer, que a todo se prestó gozoso, diciendo:</p> + +<p>—Vamos a donde tu quieras, hija mía, y no creas que me asusta +la pobreza, pues he llegado a una situación en que mi gloria es +confundirme con los humildes.</p> + +<p>—Vivimos en el reino de la desventura —dijo la ermitaña con +austeridad—. El azote de Dios nos ha reducido a todos, ricos y pobres, +hombres y mujeres, a las extremidades de la miseria, y a no contemplar +más que espectáculos de tristeza y dolor. El Señor nos ha castigado, +nos somete a prueba durísima, desatando a la muerte para que a ninguno +perdone. Convenzámonos de que solo breves instantes nos faltan para +morir, que no hemos muerto ya por cansancio de la misma muerte, la cual +apenas tiene aliento para cortar tantas vidas, y preparémonos...</p> + +<p>—¡Oh!, sí, bien preparado estoy para cuando el Señor lo +disponga...</p> + +<p>—Y en tanto, fortifiquemos nuestras almas con la paciencia, con el +gusto de las adversidades, y celebremos las miserias y trabajos que +Dios nos envía.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_85">p. 85</span></p> + +<p>—Sí, hija mía, sí..., celebrémoslo..., ya lo creo que debemos +celebrarlo...</p> + +<p>—«Que los trabajos bien recibidos y padecidos son, no solo útiles +y provechosos, sino gustosos y sabrosos...». Esto lo dijo Nicéforo, +famoso historiador de la Iglesia, y añade que «son las adversidades +satisfactorias por los pecados, y que los trabajos nos son útiles por +la fortaleza que con ellos se gana». Tengamos fortaleza, señor don +Beltrán, esta soberana virtud con que se vencen y encadenan todos los +males.</p> + +<p>—Sí, hija mía, sí —murmuraba don Beltrán—: seamos fuertes; yo busco +la fortaleza.</p> + +<p>—Dice el bienaventurado san Juan Crisóstomo que «aunque los trabajos +no tuvieran otro bien sino el que el hombre recibe con su paz y quietud +cuando le faltan, fueran de muy grande codicia».</p> + +<p>—Paz y quietud anhelo yo, hija mía, y por Cristo, que a mis años, +después de tantas luchas y fatigas, bien merezco el reposo. Y bien +podría el Señor concedérmelo en premio de la valentía con que me lanzo +por estos caminos infestados de facciosos. Cierto que cuando Dios nos +manda trabajos y adversidades, ya se sabrá por qué lo hace; pero yo te +digo ahora, con perdón de san Nicéforo y san Crisóstomo, que maldita +gracia me hará que nos salga una partida carlista y nos deje en cueros, +o nos apalee o nos fusile...</p> + +<p>—El verdadero cristiano —dijo la beata peregrina con acento +firme, sin afectación— no solo no teme la muerte, sino que la desea. +<span class="pagenum" id="Page_86">p. 86</span>Cuenta Eusebio en +sus <i>Anales</i> que, «hallándose los mártires presos, se alegraban +creyendo habían de ser los primeros que sacasen a martirizar, y cuando +no lo eran, quedaban desconsolados».</p> + +<p>—Pues perdóneme el señor Eusebio...</p> + +<p>—Y testifica san Jerónimo que el bienaventurado mártir San Ignacio +escribía a Siria desde Roma, poco antes de su martirio: «Plegue a Dios +dejarme gozar de las bestias que me esperan, las cuales ruego a Dios +no sean perezosas en acabarme...». Donde dice bestias ponga usted +facciosos, y digamos: «Que vengan cuando quieran y nos despedacen».</p> + +<p>—Todo eso es muy bonito para dicho; pero como no soy santo, quiero +guardar de esos los pocos días que me restan.</p> + +<p>Si en los comienzos del diálogo le encantaba a Urdaneta la +firmeza de convicciones de la peregrina y el severo estilo con +que la manifestaba, en cuanto empezó a largar citas se le hizo un +poquito indigesta tanta sabiduría. Preguntole que cómo podía repetir +sin equivocarse tantos textos de sagradas escrituras, y ella lo +explicó por su prodigiosa retentiva... Lo que una vez leía, no se le +olvidaba nunca, y su mente era una copiosa biblioteca, que usaba sin +compulsar libros. Por todo el camino fue soltando citas de Santos +Padres y de Aristóteles y Cicerón; que también éranle familiares los +filósofos profanos; y ya un tanto mareado don Beltrán con aquella +erudición fastidiosa, diputó a <span class="pagenum" id="Page_87">p. +87</span>Marcela por un papagayo con más memoria que discernimiento. +Aún era muy pronto, dice el narrador, para formar juicio tan +terminante.</p> + +<p>Al caer de la tarde, llegaron a un barrio de Calanda, y metiéronse +en una casa mísera, donde había tres mujeres. Ningún hombre se veía en +todo el lugarejo ni en sus contornos. Impaciente por hablar largo y +tendido con la santa, hizo propósito don Beltrán de plantear el magno +asunto en cuanto despacharan la frugal cena de alubias, habas secas, y +algunos huevos con que fue regalado el huésped. Como si le leyese en +el rostro los pensamientos, Marcela se apartó con él a un rincón de la +estancia donde comieron, que era un establo de cabras, sin cabras, y le +dijo:</p> + +<p>—Señor don Beltrán, antes que empiece yo mis rezos y ejercicios +de la noche, y antes que usted se acueste..., que para su nobleza se +prepara en esta humildad un mediano lecho..., quiero que me diga la +razón de venir a buscarme.</p> + +<p>—Precisamente, ya se me hacía tarde el hablarte de ello, hija +mía. Bien comprenderás que si a los riesgos de este viaje expongo mi +ancianidad, es porque me lo exige mi decoro, el honor de mi nombre.</p> + +<p>—Fuertes razones habrá sin duda. Recordando lo que del señor don +Beltrán me dijo mi padre días antes de morir, lo que después oí a mis +hermanos, y agregando lo que yo con mi pobre entendimiento adivino, +creo conocer los motivos que acá le traen.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_88">p. 88</span></p> + +<p>—Si lo has adivinado, me libras del enojo de decírtelo, que nunca +es grato en un hombre de mi condición declarar sus necesidades. Pero +algo debo referirte como antecedente necesario, y es el hecho de las +desavenencias graves con mi familia, y mi resolución de abandonar la +casa de Idiáquez para no volver más a ella.</p> + +<p>—También sé algo de esto —indicó la monja con un dejo de severidad—, +y creo que no es toda la culpa de su familia, que buena parte de esa +culpa debe recaer sobre usted.</p> + +<p>—Puede..., sí..., no digo que no... —murmuró desconcertado el +aristócrata.</p> + +<p>—Porque las opiniones están conformes en que ha sido usted un +pródigo incorregible... Ha derramado su caudal, y ahora se encuentra +escaso y pobre. <i>Effusus es sicut aqua; non cresces</i>. «Derramado +has como agua, y ahora no creces, no tienes», como Jacob dijo a su hijo +Rubén.</p> + +<p>—Sí, es cierto..., sí... Pero yo, por mi condición generosa y +mis hábitos de gran señor, desprecié siempre las cosas menudas, +pequeñas...</p> + +<p>—¡Ah!, señor mío. El <i>Eclesiástico</i> lo ha dicho: <i>qui spernit +modica, paulatim decidet</i>. ¿Lo entiende usted?</p> + +<p>—Hija mía, se me ha olvidado el poco latín que aprendí en mi niñez. +Háblame castellano. En castellano neto te digo yo que si es cierto +que con mi conducta he creado mis daños, ya no estoy en edad de +corregirme.</p> + +<p>—Bueno, señor. Pues mi padre...</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_89">p. 89</span></p> + +<p>—Tu padre era, el primer año del siglo, un triste labrador que +llevaba en arrendamiento algunas de mis tierras de Rubielos. Gran +trabajador, gran economizador, el año 6 y 7 quiso comprarme las piezas +de Alventosa y el prado grande de Alcalá de la Selva. Aunque otros +compradores me ofrecían mayores ventajas, preferí a Luco, atento a su +honradez y puntualidad... Además, siempre me ha gustado dar la mano al +pobre. Quedose tu padre con aquellas tierras, luego con otras, y me +pagaba cuando quería, a su comodidad y desahogo. ¿Es esto cierto?</p> + +<p>—Usted lo ha dicho.</p> + +<p>—Siempre se mostró tu padre agradecido, y andando los años recibí +pruebas de la estimación en que me tenía.</p> + +<p>—Y jamás le apremió usted por los pagos; lo sé.</p> + +<p>—Ni le cobré intereses por las demoras. Al fin, todo fue suyo; todo +no: quedábanme el monte de Mosqueruela y la encomienda de Forniche +Bajo. El 22, hallándose ya Luco en gran prosperidad, por las buenas +cosechas y el gran incremento que tomó el comercio de lanas, propúsele +yo que me comprase la Mosqueruela para que redondeara sus estados, y +accedió a ello, abonándome, desde aquella fecha hasta el 30, los plazos +en que estipulamos la venta. El año 33, hallándome yo algo escaso de +fondos, y necesitando reunir una cantidad para atenciones ineludibles, +pedí a Luco dos mil duros, que me mandó al instante. Le cedí las rentas +de la encomienda <span class="pagenum" id="Page_90">p. 90</span>por +todo el tiempo que fuese preciso hasta la extinción de la deuda, y al +año siguiente le propuse que me comprase también esta finca por la +valoración que estimara justa. Todo se hizo conforme a la voluntad +de tu padre, pues ni yo regateaba con un hombre de tanta rectitud y +conciencia, ni me hallaba en aquellos días, por el aturdimiento que me +causaban mis afanes, en disposición de apreciar mil duros más o menos +en mis negocios. Siempre he sido lo mismo. Pasó tiempo; y hace unos +meses, hallándome yo en Villarcayo, recibo una carta de tu padre en que +me decía: «Sé, mi noble señor, que por ruindad de los tiempos y caídas +de grandezas humanas, se halla vuecencia en escasez de posibles. Si +con el caudal no ha perdido la memoria, recuerde que está en el mundo +Juan Luco, y no olvide que Juan Luco no consentirá jamás que padezca +necesidades el primer caballero de Aragón».</p> + +<p>—Así es —dijo la venerable, afirmando además con una fuerte +cabezada.</p> + +<p>—Y hay más, hay más, mi bendita señora —dijo don Beltrán, animándose +con el buen giro que, a su parecer, llevaba el asunto—. En la misma +carta decía: «Recuerde también el señor, y medite y repare que lo +de la encomienda fue más ventajoso para un servidor que para usía; +y pues Juan Luco ha sido siempre nombre de conciencia, hoy, ante la +verdad clara de sus adelantos de fortuna, quiere serlo en mayor grado, +y más que condenarse por egoísta, le gustará salvarse por <span +class="pagenum" id="Page_91">p. 91</span>generoso. Dígame, pues, el +señor lo que necesita, y no será él tan presuroso en decírmelo como +yo en acudir a su alivio y remedio...». Esto decía; y si lo dudas, +angélica mujer, aquí tengo la carta...</p> + +<p>—No, no ha de mostrármela, señor, pues lo que me dijo pocos días +antes de morir mi honrado padre es en todo conforme con el tenor de su +carta.</p> + +<hr class="chap x-ebookmaker-drop"> + + +<div class="chapter pt3" id="Ch10"> + <h2 class="nobreak">X</h2> +</div> + +<p>Echó don Beltrán de su pecho, al oír tan consoladoras palabras, +un suspiro muy grande, con el cual pareció que se descargaba de la +pesadumbre de sus desdichas. Miró a la santa mujer, que al suelo +inclinaba sus ojos sin expresar nada inteligible en su rostro de +imagen. Pasado un ratito, la penitente miró al anciano, diciéndole:</p> + +<p>—Hora es ya de que descanse, señor. Por lo que hemos hablado, bien +se ve que sus deseos son recoger ahora lo que le ofreció mi buen padre, +cosa en verdad fácil en mi voluntad, pero dificultosa en la de Dios, +que es quien dispone las cosas... No puedo darle tan pronto respuesta +terminante, pues ello ha de ser muy pensado... Recójase ya, duerma +tranquilo, y persuádase de que, puesto su negocio en mis manos, de la +hija de Juan Luco <span class="pagenum" id="Page_92">p. 92</span>no ha +de recibir usted ningún mal, sino todos los bienes posibles...</p> + +<p>Aunque estas vaguedades no satisfacían por entero las aspiraciones +de Urdaneta, que quería solución clara y pronta, fuese el hombre al +camastro esperanzado de lograr sus deseos, y confiando en la rectitud +de la piadosa mujer. Pasó la noche intranquilo, febril, y en los breves +ratos de sueño creíase transportado a subterráneos de castillos o +criptas de iglesias, donde entre tumbas aparecían ánforas llenas de +plata y oro. Despabilado desde el alba, llamó a su criado para que le +vistiera, y Tomé se apresuró a comunicarle lo que pensaba de la monja y +de su compañía.</p> + +<p>—Señor, debe de ser santa, porque la vi de rodillas más de cuatro +horas, y a ratos echábase de cara contra el suelo, y parecía que +lloraba con ansias y congojas... Las otras dos mujeres también +rezaban, aunque con menos figuraciones; para mí son, como ella, monjas +desperdigadas y salidas... Yo no pude dormir del frío que hacía en +aquella cuadra, y viendo tanto rezar, me puse a hacer lo mesmo... +Los viejos y el muchacho, arrimaícos a la pared, roncaban como +<i>tocinos</i>.</p> + +<p>Algo más hablaron, comunicándose uno a otro sus impresiones. +Sirvieron a don Beltrán las mujeres, muy de mañana, unas sopas que le +supieron a gloria; y mientras las comía, díjole Marcela que habían de +ponerse en camino inmediatamente, tomando ella con los viejos la vuelta +de Alcañiz, por el <span class="pagenum" id="Page_93">p. 93</span>vado +de Torrevelilla, pues tenían que hacer en La Codoñera. Irían juntos, +y por el camino sabría don Beltrán lo que ella durante la noche había +pensado del asunto que al señor tanto interesaba. Para resolverlo del +modo más equitativo había pedido luces a la divina ciencia, recogiendo +su espíritu en oración muy fervorosa, a fin de que Dios la iluminase +en el fallo que tenía que dar sobre cosas temporales. Ya empezaba el +caballero a inquietarse con estos requilorios, y se dispuso a seguir a +la santa, ansioso de escuchar pronto su resolución o sentencia.</p> + +<p>Salieron por un caminejo de herradura en busca del Guadalope, que +por aquella parte corre encajonado entre cerros de mediana elevación. +Marcela echó por delante a Tomé y a los dos viejos sepultureros, y +abordó con don Beltrán el magno asunto:</p> + +<p>—Ante todo, hija mía —le preguntó el prócer—, ¿por qué tus viejos, a +quienes no sé si llamas discípulos o hermanos, llevan el uno una pala y +el otro un azadón?</p> + +<p>—Se han impuesto por penitencia dar sepultura a todos los muertos +que dejan tras de sí, en sus horribles batallas, liberales y absolutos. +Por mi cuenta han enterrado ya como tres centenares de cristianos +sacrificados a la ambición de los poderosos del mundo.</p> + +<p>—Dios les reciba en su santo seno... Pues satisfecha esta +curiosidad, dime ahora si debo esperar que des cumplimiento a la +voluntad <span class="pagenum" id="Page_94">p. 94</span>de tu padre +con respecto a mí; voluntad bien manifiesta...</p> + +<p>Con el estilo severo y elegante, aunque algo duro, que en la +lectura de autores místicos se había asimilado, interpolando a cada +instante citas de Santos Padres, o de Aristóteles, Longinos, Teofrasto +Paracelso y otros sabios, como si con la erudición quisiera dilatar +la sentencia, Marcela manifestó a don Beltrán que ella y su hermano +Francisco ignoraban dónde yacían soterrados los dineros que Juan Luco +poseía en sus últimos años, salvo una pequeña parte, cuyo paradero, +por declaración de su difunto hermano Cinto, conocían; que si lograban +descubrirlo y asegurarlo todo, cosa en extremo difícil en medio de +guerra tan desaforada, lo destinarían a una obra de gran piedad, +como desagravio al Señor por las iniquidades que las dos catervas de +combatientes cometían. Ambos hermanos estimaban, en su acendrada fe, +que dar tal destino a las riquezas de su buen padre sería muy grato +al alma de este, ya se hallara purgando sus pecados en el fuego del +purgatorio, ya estuviese gozando de Dios, purificada y limpia por su +martirio. Francisco Luco, el menor de los tres hermanos varones, había +hecho en Huesca sus estudios eclesiásticos y disponíase a recibir +las sagradas órdenes, cuando el maldito clarín de guerra, hiriendo +sus oídos y despertando en él ideas de bandería política y militar +soberbia, le indujo a tomar parte por Isabel en la querella. <span +class="pagenum" id="Page_95">p. 95</span>Breves y no felices habían +sido sus hazañas. En Liria fue verdadero milagro que no le fusilaran. +Dolorosos meses de cautiverio pasó en Cantavieja. Libre al fin, al +tomar la plaza el general San Miguel, volvió a sus anhelos pacíficos +y religiosos, horrorizado de la guerra y de sus desmanes. Ante su +hermana, y cuando esta le asistía en la penosísima enfermedad contraída +en el cautiverio, hizo voto solemne de consagrar a Dios su vida, su +alma y sus pensamientos todos, sin esperar a ponerlo por obra más que +el tiempo que se tardase en preparar las cosas materiales para tal +objeto...</p> + +<p>—Según eso —dijo don Beltrán, a quien con tales santidades se le +había puesto un nudo en el tragadero, sin poder pasarlo para arriba ni +para abajo—, tu hermano entra en religión..., cantará misa, profesará +en alguna orden. ¿Dónde está? Yo quiero verle.</p> + +<p>—Espérese usted... Francisco abrazará la vida religiosa; pero antes +de abandonar el siglo, tratará de descubrir y reconocer dónde se hallan +los bienes en especie que padre trató de sustraer a manos rapaces. +Y con decir yo esto, y usted con oírlo, queda manifestado, y por +usted comprendido, que hemos de destinar íntegro todo el caudal a una +fundación santa para religiosos de la orden que abrace mi hermano, y a +restaurar mi glorioso convento de Sijena.</p> + +<p>—Si, hija mía, sí..., comprendido. Pero dime: tu hermano, ¿dónde +está?</p> + +<p>—Hállase actualmente no muy lejos de <span class="pagenum" +id="Page_96">p. 96</span>nosotros, atento a lo que a él y a mí tanto +nos importa; mas para poder efectuar sus pesquisas en materia tan +delicada, ha sido menester que se agregase a una columna cristina, +so color de prestar en ella servicio hospitalario, que otro servicio +más guerrero no podría, por causa del grave detrimento de su +naturaleza...</p> + +<p>—No dudo —dijo don Beltrán, cuya vista se nublaba, como si su pena +fuera una oscurísima visera que le caía sobre los ojos— que si yo +hablara con Francisco Luco en tu presencia, ambos me darían prueba +inequívoca de su piedad y rectitud declarándome poseedor de aquello que +vuestro padre determinó que había de ser mío.</p> + +<p>—Si he de hablar al señor de Urdaneta con la plenitud de verdad +que se desborda de mi corazón —dijo la monja endulzando la voz—, le +manifestaré que me parece impropio de sus años ese insano apetito de +las riquezas. En la declinación de la vida, y cuando Dios ha decretado +ya para usted el acabamiento de todas las vanidades, ¿para qué quiere +lo que no puede disfrutar, ni tiempo tiene para ello?</p> + +<p>—Hija mía, es que...</p> + +<p>—Padre y señor mío, la verdad sale de mis labios sin que mi respeto +pueda contenerla. Debiera usted despreciar las riquezas, y alegrarse +de haberlas perdido, renegar de que quieran dárselas..., y apartarlas +de sí como se aparta la podredumbre pestilente... Sí, don Beltrán. Le +recordaré, por si lo <span class="pagenum" id="Page_97">p. 97</span>ha +olvidado, lo que dijo san Pablo a los hebreos: «Con alegría recibisteis +el robo que os hicieron de vuestros bienes». Sí, sí, noble señor: +alégrese de que le hayan despojado de sus tesoros, y no ansíe volver a +poseerlos...</p> + +<p>—Pero...</p> + +<p>No siguió el desgraciado anciano porque tanto se le apretaba el nudo +en su gaznate, que no pudo articular palabra.</p> + +<p>—Llénese, señor —continuó la santa con inspirado acento—, llénese de +aquella virtud de la paciencia, que todas las demás virtudes compendia +y resume; ame la pobreza, bendiga el no tener...</p> + +<p>—¡Pero..., hija mía... —pudo decir al fin don Beltrán—, si a +paciencia nadie me gana!... Verás... Yo...</p> + +<p>—Tertuliano dijo: «Donde Dios se halla, allí está con Él su amiga la +paciencia».</p> + +<p>—Estamos conformes... Tertuliano y yo...</p> + +<p>—Y no olvide, señor don Beltrán, que la divina sabiduría dice en +los <i>Proverbios</i>: <i>O viri, ad vos clamito, et vox mea ad filios +hominum... Mecum sunt divitiæ</i>... fíjese don Beltrán... <i>mecum +sunt divitiæ, et gloria, opes superbæ, et justitia</i>.</p> + +<p>—<i>Oh, la mère latiniste!... Je n’aime pas les gens qu’à tout +propos crachent du grec et du latin</i>.</p> + +<p>—Señor don Beltrán, yo no sé francés.</p> + +<p>—Señora doña Marcela, yo no sé latín. Hablemos en la lengua +común.</p> + +<p>—Pues en ella digo a usted que ya estamos <span class="pagenum" +id="Page_98">p. 98</span>en el Guadalope, y que callemos ahora, +pues juntamente con Tomé y con los ancianos que allí nos esperan, +emprenderemos el paso del río por aquel vado.</p> + +<p>Efectuado sin contratiempo alguno el tránsito de una orilla a otra, +siguió don Beltrán por aquellos vericuetos, taciturno y suspirante; +a su lado iba la peregrina, rosario en mano, rezando al compás de la +marcha lenta y fatigosa, al través de montes solitarios, en un día +destemplado y brumoso. En las agrias pendientes solía don Beltrán +pedir descanso, para dar paz a sus viejos pulmones; y en una de estas +paradas, sor Marcela, terminando presurosa entre dientes una oración, +dijo a su aburrido acompañante:</p> + +<p>—No se aparta de mi pensamiento, noble señor mío, su malestar, y +me duele mucho la desazón que yo, sin quererlo, haya podido causarle. +Pensando vengo en ello todo el camino y pidiendo a Dios que me ilumine +con nuevas ideas. De Dios debe de venir, pues, esta que ahora me asalta +y que voy a manifestarle.</p> + +<p>—Sí, sí, de Dios tiene que ser, si es idea benéfica y compasiva. +Dímela pronto.</p> + +<p>—Pues he venido pensando por el camino que usted, en su vejez, +triste occidente de una vida de prodigalidad y disipación, habrá +contraído deudas, compromisos que afectan al honor y buena fama, y que +desea, como caballero cristiano, darles cumplimiento antes de morir.</p> + +<p>—Hija de mi alma, hablas ahora como la misma sabiduría —dijo +don Beltrán casi llorando, <span class="pagenum" id="Page_99">p. +99</span>con ganas de arrodillarse y besarle la orla del sayal.</p> + +<p>—Bien, señor: se le dará lo que necesite para ese objeto, siempre +que adopte vida religiosa consagrando a la oración y penitencia el +resto de sus días. No tiene usted que inquietarse de cosa alguna, +tocante a la providencia de pagar sus deudas y demás negocios mundanos. +Mi hermano, o persona que él designe, se encargará de dejar bien puesto +el nombre de Urdaneta, pagando lo que usted debe a los hombres. Usted +no vivirá ya más que para pagar a Dios lo que a Dios debe...</p> + +<p>—Pero... entendámonos... La idea no es mala... Explícate mejor... +¿Antes de que me arregléis mis asuntillos, tengo yo que meterme +fraile?...</p> + +<p>—Parece como que le espanta la idea.</p> + +<p>—No, hija, no... Es que..., verás...</p> + +<p>—¿Se tiene acaso por persona más alta que el emperador y rey Carlos +V?</p> + +<p>—No, no... ¡Si estamos conformes! Yo deseo el descanso, la +abdicación —dijo don Beltrán, pensando que le sería forzoso dar su +asentimiento, a fin de obtener después, por concesiones graduales, +sentencia más conforme con sus deseos—. No tengo inconveniente... +La idea es muy acertada... Pero hazte cargo de la urgencia de mis +compromisos.</p> + +<p>—Sobre toda urgencia está la de dar a las riquezas de Juan Luco la +aplicación santísima que hemos determinado.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_100">p. 100</span></p> + +<p>—Aprobado, hija, aprobado... La idea es grandiosa, ea...</p> + +<p>—En obsequio al amigo y protector de mi padre, hacemos una sola +excepción, consagrando parte de aquel caudal a poner en salvo la buena +fama de un noble caballero aragonés. Pero esto no ha de hacerse sino +consagrando usted previamente los días que le restan de vida a la +oración y a la austeridad. Hágase cuenta de que Dios le da el miserable +puñado de metal que necesita para cumplir con el mundo; pero no se +lo da por su linda cara, sino a cambio de su alma, en lo cual se ve +patente la bondad infinita.</p> + +<p>No pudo dar por de pronto el pobre viejo más respuesta que un +suspiro hondísimo, y afilando luego su entendimiento, trató de +acomodarse al deseo y planes de la monja con eufemismos delicados +y vaguedades ingeniosas. En esto se les pasó una parte del camino, +y cuando ya avistaban la villa que lleva el nombre de La Codoñera, +situada en escarpado y agreste sitio, vieron venir por el sendero abajo +a Tomé despavorido y dando voces. Detrás de él venían los ancianos con +menos veloz carrera. Diole a don Beltrán un vuelco el corazón, viéndose +cercano a un gran peligro, y así era ciertamente, pues Tomó gritaba:</p> + +<p>—¡Los facciosos, los facciosos!</p> + +<p>No pasaron dos minutos sin que se viera justificado el pánico del +chico: a la revuelta del sendero aparecieron seis hombres, luego más +de veinte, y por fin un tropel de ellos, que a don Beltrán se le +antojó un grande ejército. <span class="pagenum" id="Page_101">p. +101</span>Todos traían boina y fusil, vestidos con un abigarrado +desorden enteramente contrario a la uniformidad.</p> + +<p>Suspenso y aterrado, Urdaneta apretó los dientes, mascullando +palabras airadas y blasfemantes; los ancianos temblaban; Marcela, +impávida, se plantó en medio del sendero, mirándoles con sosegado +rostro, en que no pudo advertirse la menor alteración.</p> + +<hr class="chap x-ebookmaker-drop"> + + +<div class="chapter pt3" id="Ch11"> + <h2 class="nobreak g1">XI</h2> +</div> + +<p>Llegó de los primeros al grupo de los peregrinos un mocetón con +zamarra, chaleco rojo y polaina de cazador, blandiendo una espada, +único signo de su jerarquía de oficial en aquella desalmada tropa, y +encarándose con Marcela, descompuesto y groserote, le gritó con acento +valenciano:</p> + +<p>—En Mas Nuevo, la semana pasada, te dije que si te volvía a +encontrar, te fusilaba. ¿A dónde vas ahora? ¿Quién es este vejete?</p> + +<p>—Voy a donde quiero, y este señor es quien es.</p> + +<p>—No eches roncas... Mira, Marcela, que me tienes frita la sangre, y +si te desmandas, cumplo lo que te ofrecí.</p> + +<p>—¡Salvaje, mátanos cuando quieras! —exclamó Marcela con tanto desdén +como energía, lanzando un rayo de sus ojos—. Delante de las bocas +de tus fusiles, yo y estos <span class="pagenum" id="Page_102">p. +102</span>santos varones te decimos: ministro de Satanás, toma nuestras +vidas, que Dios recogerá nuestras almas. ¿Ves estos hombres humildes; +ves este anciano, de la primera nobleza de Aragón, que abandona su +casa y honores por amor a la penitencia y los trabajos? Pues ni él, ni +yo, ni los demás, tememos la muerte. Moriremos, ¿verdad don Beltrán? +Moriremos alegres, pidiendo a Dios que perdone a nuestros verdugos.</p> + +<p>Tales manifestaciones de santidad heroica, y la tosquedad siniestra +que vio impresa en el rostro del cabecilla, persuadieron a don Beltrán +de que había llegado su última hora. Miró en derredor suyo buscando +a Tomé. Lamentaba que la vida juvenil de su escudero fuese también +sacrificada en aquel lance. Pero el despabilado chico, al dar aviso +a su amo de la presencia de los facciosos, y antes de que estos se +acercaran, desapareció como un ave en la cercana espesura.</p> + +<p>El bárbaro capitán contestó a las provocaciones de Marcela con estas +palabras:</p> + +<p>—Pues te juro que habremos de daros gusto. Solo que como no tenemos +aquí capellán que os confiese, forzoso será llevaros al pueblo. Y +puesto que todos sois santos, preparaos unos con otros... Ea, en +marcha.</p> + +<p>—¿A dónde nos lleváis? —preguntó don Beltrán, que con el ejemplo de +la monja procuraba reforzarse de serenidad y entereza.</p> + +<p>—A La Codoñera.</p> + +<p>—¡Pues a La Codoñera! Y ojalá estuviéramos, a cuatro pasos +de ese pueblo donde hay <span class="pagenum" id="Page_103">p. +103</span>capellán, que ya nos pesa el cuerpo, ya nos pesa la vida, +como hay Dios.</p> + +<p>Era el capitán un hombracho hermoso, atezado de rostro, gallardo de +postura, vestido con cierta bárbara elegancia de buen ver. Mandó a los +prisioneros que se pusieran en camino, los dos enterradores delante, +entre la tropa de vanguardia; detrás, junto a él, Marcela y don +Beltrán. No debía de ser hombre tan fiero como Urdaneta creyó en los +primeros momentos, porque aproximándose a la peregrina por la izquierda +de esta, le dijo:</p> + +<p>—Todo esto te pasa porque quieres. Sabes que te estimo. Marcela, +quédate conmigo, que más has de valer señora sentada que de monja +andariega.</p> + +<p>—Monstruo, prefiero que me maten de un tiro a morirme de asco... +—replicó la religiosa sin mirarle—. No te acerques a mí.</p> + +<p>—Me da la gana de acercarme, y te digo que si haces lo que te +propuse la semana pasada en Mas Nuevo, serás feliz; vamos, que no te +arrepentirás de ser mía, y se te quitarán de la cabeza esas murrias del +misticismo.</p> + +<p>—En verdad te digo, Nelet, que los escarabajos, salamanquesas y +cucarachas que adornan el trono de inmundicia de Satanás, son menos +asquerosos que tú.</p> + +<p>—Y yo digo que los ángeles negros, que negros los hay también, son +menos bonitos y menos salados que tú... ¿Qué ojos hay como los tuyos? +¿Qué boca se iguala con ese panal de santa miel? ¿Pues y ese cuerpo +que <span class="pagenum" id="Page_104">p. 104</span>debajo de las +estameñas se cimbrea como un junco con carne? Marcela, si has olvidado +que eres mujer, yo haré que lo recuerdes y te alegres de recordarlo.</p> + +<p>—¡A matar pronto! Abra el dragón sus fauces, y tráguenos. Extienda +el buitre su garra, y destrócenos. Somos de Dios, y a Él van nuestras +almas.</p> + +<p>—Si no me das la satisfacción de tenerte a mi lado, me consolaré con +el goce de fusilarte... Es un gusto, créelo, un gusto fusilar a quien +se ama; así sabe uno que no ha de ser para otro... y ver ese lindo +cuerpo retorciéndose... y luego cogerlo uno, y meterlo en el hoyo y +agasajarlo con tierra...</p> + +<p>—¡A matar, a matar pronto! —repitió Marcela, iluminado el rostro, la +boca seca—. Morir por Dios, morir en la pureza, viendo cómo el alma se +aparta de tanta inmundicia, es la mayor gloria...</p> + +<p>—Bueno es que el señor capitán entienda que no somos espías —dijo +don Beltrán, que al ver los afectos amorosos del cabecilla empezó a +cobrar esperanzas—. Nosotros íbamos por aquí a nuestros asuntos de +penitencia y a practicar las obras de misericordia.</p> + +<p>—¡Por Dios, no sea usted cobarde, don Beltrán! —dijo Marcela viva y +colérica, dándole tan fuerte pellizco que le hizo ver las estrellas.</p> + +<p>—¡Hija!..., ¡ay! Pues bien valiente que soy, ya lo ves... ¡Ay!, tus +dedos son tenazas. Me has arrancado un pedazo de carne. ¡Si yo también +quiero que me fusilen!... Pero, francamente, <span class="pagenum" +id="Page_105">p. 105</span>si hemos de morir, suprimamos los +pellizcos.</p> + +<p>Antes de llegar a La Codoñera, se les unió el grueso de la partida. +El jefe, que debía de ser de graduación equivalente a la de comandante +o más, examinó a los prisioneros.</p> + +<p>—¿Es usted Peinado? —le preguntó don Beltrán plegando los ojos y +aproximándose—. Si es Peinado, no extrañe que por causa de mi corta +vista no le reconozca. Fuimos amigos hace años.</p> + +<p>—No señor, no soy Peinado: soy Tena —dijo el cabecilla, hombre +pequeño y vivo que no carecía de formas corteses—. Peinado está con el +general en jefe.</p> + +<p>Y volviéndose luego a Nelet, le dio órdenes:</p> + +<p>—Llévales contigo, pero no entres en La Codoñera. Por el atajo te +corres esta tarde hacia Belmonte, y de allí, sin parar, a Valderrobres, +donde me juntaré contigo mañana temprano. Yo tomaré la vuelta de +Torrecilla, a ver si cojo la columna del marqués del Palacio... A estos +cuatro simples no se les fusila. Si ella no fuera hembra, y ellos unos +vejestorios, les daríamos cincuenta palos... Eso les vale. Llévales a +Valderrobres, y yo les recogeré allí. Ya sabes que me dijo don Ramón +que si otra vez cogíamos a esta saltamontes, se la lleváramos. Quiere +conocerla.</p> + +<p>No se habló más, y en marcha todo el mundo. Muy entrada la noche, +llegaron los prisioneros de Nelet a Valderrobres; y aunque en el +camino se les había dado algún <span class="pagenum" id="Page_106">p. +106</span>reparo de alimento, don Beltrán no podía tenerse de hambre y +fatiga; los huesos le dolían como si se los hubieran machacado; pero +más que la molestia física le agobiaba la desesperación, resultante del +tristísimo fin de su loca aventura.</p> + +<p>«Tenía razón Estercuel —decía desplomando su humanidad sobre el +suelo de un establo vacío en que les encerraron—. En plena Edad Media. +¡Maldita sea la tal Edad Media y el perro que la inventó!... Esto es +horrible, Dios mío... A tal desastre me ha traído una vana ilusión, +más propia de niño inexperto que de anciano sesudo... ¿Y cómo salgo +yo ahora de esta cisterna en que me ha precipitado mi desatino? ¿Cómo +me libro de estos cafres?... ¡Para que me fíe otra vez de santos y de +peregrinas, de monjas milagreras que entierran ollas! Esta tarasca me +ha perdido, y ahora no será ella quien me salve... Merezco, sí, lo +que me pasa, por codicioso, por crédulo, por niño... chocho... ¡Ay de +mí! ¡Vaya una vejez, vaya un fin de la existencia! ¡Yo que vine por +proveerme del pan de la vida, y ahora me veo prisionero, amenazado de +muerte, envilecido entre esta canalla, y teniendo que aguantar sus +groserías...! Me pegaría si no estuviera en tal estado, que no caben ya +más dolores en mi cuerpo miserable...».</p> + +<p>Esto se dijo, procurando el descanso. Por suerte suya, aproximáronse +a él los otros viejos, y acumulado el calor de todos, hallaron alguna +defensa contra el frío. Por el opuesto lado se arrimó después Marcela, +que sentadita <span class="pagenum" id="Page_107">p. 107</span>rezaba +en alta voz, hasta que don Beltrán, incomodado del sonsonete, le +dijo:</p> + +<p>—Rece para sí, hermana, que los viejos necesitamos dormir. Sabe Dios +qué mañana nos espera.</p> + +<p>Y a la madrugada, sintiendo el prócer un gran peso que le oprimía, y +comprendiendo que era el cuerpo de la santa mujer, que en el abandono +del sueño se caía de aquel lado, le dijo:</p> + +<p>—Suspéndase un poco, hermana, que me agobia todo el lado izquierdo y +no puedo respirar.</p> + +<p>Retirose la monja lamentándose de haberse dormido, pues su ánimo era +velar la noche entera, y se aprovechó del empujón de don Beltrán para +despabilarse y continuar sus rezos.</p> + +<p>Lleváronles al otro día muy de mañana por el desfiladero de +Beceite a salir a la Cenia, camino endemoniado, propio de cabras y +guerrilleros. Intenciones tuvo don Beltrán de pedir que le arrojaran +en el camino para que se lo comieran los buitres, o que le fusilaran +de una vez, pues así se acababan sus martirios. Compadecido el capitán +Nelet, que no era mal hombre, aunque de genio harto arrebatado, le dio +de comer, socorriole además con un trago de aguardiente, y por fin, +le atravesó sobre la carga de una mula que llevaba sacos de forraje. +Marcela continuaba a pie, y a ratos se aproximaba al anciano para +dirigirle estos o parecidos consuelos:</p> + +<p>—En opinión del beato padre san Juan de la Cruz, tratándose de +trabajos, cuanto mayores y más graves son, tanto mejor es la suerte del +que los padece.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_108">p. 108</span></p> + +<p>—Déjame a mí de padres beatos de la Cruz —le contestó Urdaneta—, que +la que tengo sobre mí pesa bastante... ¿Cómo quieres que me alegre de +esta situación? Dime que me resigne y hablarás con seso...</p> + +<p>Al cansancio y tristeza de tal viaje, uníase el temor de que la +columna carlista encontrase otra de la reina, y rompieran el fuego +cogiendo en medio a los infelices que no habían hecho armas ni por +Carlos ni por Isabel. Dos días pasaron en esta ansiedad sin que nada +de particular ocurriese; y al ver que descendían con precaución por +ásperas pendientes, don Beltrán, sin poder apreciar por sí mismo el +territorio, entendió que iban hacia la Plana. En una aldehuela poco +distante de Albocácer, se agregaron a una numerosa tropa carlista, +que más que columna era ya división, y allí tuvo el pobre anciano la +suerte de encontrar un alma compasiva, un capellán que sin conocerle, +o más bien reconociéndole por su traza y modo de hablar caballero de +nacimiento, le prodigó atenciones y cuidados, acomodándole al fin en un +carro de provisiones, donde el pobre señor se creía transportado del +infierno a la gloria.</p> + +<p>«Dios no desampara a los buenos —se dijo—, y yo soy bueno, aunque +otra cosa crea esa bigardona volandera que ahora se empeña en meterme +monje del Císter. Yo no hice nunca mal a nadie, como no fuera a +mí mismo... ¡Fraile yo! ¡Y me da a escoger entre la cogulla y una +miseria deshonrosa!... ¡Vive Dios!, que puesto en tan horrible <span +class="pagenum" id="Page_109">p. 109</span>dilema, no sé a qué carta +quedarme».</p> + +<p>Completó el capellán sus atenciones con la constante compañía, +de que sobrevino una real amistad. Llamábase Mosén Putxet, y era +tortosino, un sí es no es ilustrado y muy corriente en todo. +Contole que en aquellos días habían trabado pelea, en los campos de +Torreblanca, Cabrera y Borso, llevando este la mejor parte. No cerradas +aún las graves heridas que en Torre de Arévalo le pusieron a la muerte, +Cabrera recibió un balazo en el muslo. A su serenidad y arrojo debió +la salvación. Retirada su gente a Cuevas de Vinromá, el caudillo se +ocultó en la casa del cura de La Jana, donde permaneció algunos días +en lastimoso estado, febril, exangüe. La suerte suya y de sus tropas +fue que Borso no supo aprovecharse de la victoria, y con su inacción +dio tiempo a que Cabrera se curase, como él lo hacía siempre, de prisa +y corriendo; a que en el lecho dictara disposiciones para rehacer su +ejército; a que este, con ligereza inaudita, le secundase, marchando de +nuevo en busca de nuevos triunfos, con su general a la cabeza, llevado +en parihuelas.</p> + +<p>—Por lo que usted me dice, nos encontramos en el cráter de un volcán +—observó Urdaneta—, y estoy a punto de presenciar sangrientas batallas. +Sea lo que Dios quiera. Sin duda es su voluntad que acabe yo mis días +en medio de estos horrores.</p> + +<p>—A todo se acostumbra uno —le dijo Putxet—. Mire: los primeros +días no podía yo <span class="pagenum" id="Page_110">p. +110</span>habituarme a la guerra; pero ya me voy haciendo a tales +crueldades, y pienso que Dios las consiente para que venga pronto el +triunfo de su religión santísima.</p> + +<p>No se atrevió el ladino viejo a manifestar al capellán lo que sobre +esto pensaba, temeroso de perder su amistad, que en aquella triste +aventura érale tan provechosa. Pasaba don Beltrán en vela las noches, +y gran parte del día durmiendo, sin que supiera por qué adquirió en +la molicie del carro esta costumbre. Una tarde, hallándose en letargo +dulcísimo, después de comido y bebido con cierto regalo, soñó con +terremotos, incendios, erupciones de volcanes. Despertando de súbito, +hirió sus oídos horrísono estruendo de tiros, y echando la cabeza fuera +del toldo, vio que en una loma cercana estaban batiéndose facciosos y +cristinos. Ellos debían de ser; mas no distinguía el pobre señor las +boinas y morriones. Vio, sí, los fogonazos, y oía el murmullo de la +pelea, como la reventazón contra peñascos de las olas embravecidas.</p> + +<p>Parado su carro junto a otros, poca gente vio Urdaneta en su +derredor. Tras el pánico primero, una esperanza risueña animó el +afligido corazón del anciano. ¡Si resultaba que la división o columna +cristina que allí peleaba era la brigada de Borso, y obtenía la +victoria; si resultaba que en dicha columna venía <i>Mero</i>, y +<i>Mero</i> quedaba ileso, qué felicidad! Muy hermosas eran estas ideas +para que la realidad las confirmase. Al ponerse el carro en movimiento, +creyó Urdaneta <span class="pagenum" id="Page_111">p. 111</span>que +los carlistas se pronunciaban en retirada. Mas, ¡ay!, era lo contrario. +Los cristinos abandonaban sus posiciones, y los facciosos iban sobre +ellos ebrios de furor. Así lo comprendió por las voces que de lejos +venían, por la alegría que en derredor suyo estallaba... El carro +avanzó a retaguardia de los batallones victoriosos, y a poco vino la +noche. Pararon. Urdaneta preguntó:</p> + +<p>—¿Dónde estamos? ¿Cómo se llama el lugar donde se ha dado esta +batalla?</p> + +<p>Respondiéronle con una retahíla valenciana, de la cual no sacó nada +en limpio. A poco de la parada, y cuando repartían el rancho, oyó +entre ásperas voces del dialecto alguna castellana que anunciaba el +fusilamiento de los prisioneros del ejército vencido. A don Beltrán +se le erizó el cabello, y recostándose sobre los sacos, se hizo un +ovillo... «Que me fusilen también a mí, Señor, y así acabarán mis +sufrimientos». Pasado un rato, un extraño ruido le hizo abrir los +ojos. Vio a lo lejos fulgor de antorchas; sonaron luego disparos, una +descarga... después otra y otras, a las que siguió un lúgubre silencio. +«¡Pobre <i>Mero</i>! —murmuró el anciano—: que Dios te acoja en su +santo seno».</p> + +<p>Al poco llegó Mosén Putxet, y subiendo al carro, donde tenía las +alforjas, dijo a su amigo:</p> + +<p>—Estoy rendido; no puedo más. Cada lance de estos es para mí una +enfermedad grave.</p> + +<p>Y sacando de las alforjas el buen repuesto que llevaba, invitó +a su compañero a participar de la cena. Excusose el prócer <span +class="pagenum" id="Page_112">p. 112</span>con su falta de apetito, y +el otro, declarándose también inapetente, afirmó que sin gana tenía que +alimentarse, so pena de hallarse al día siguiente desfallecido.</p> + +<p>—¡A dieciséis he tenido que confesar! —dijo con dolorido acento—. +Esto es muy triste. Las leyes de la guerra, implacables, lo conceptúan +necesario... para asegurar el triunfo del trono legítimo y de la +religión veneranda... Hace usted mal, amigo mío, en no tomar algo. +No se puede abandonar la nutrición del cuerpo. Verdad que usted, si +ahora no tiene gana, a cualquier hora de la noche tomará lo que guste. +Yo, pasadas las doce, no puedo, porque tengo que decir misa. Mañana +es domingo: por eso se ha determinado que la <i>aplicación de los +castigos</i> se efectuara esta noche... ¡Cruento sacrificio! ¡Maldita +guerra! ¡Que sea necesaria la destrucción de vidas para llegar a la +paz, y la injusticia para llegar a la justicia, y la crueldad para +llegar a la benignidad!... Como usted ve, tengo que alimentarme. Son +muchas horas desde las doce de la noche a las diez de la mañana, hora +de la misa de campaña...</p> + +<p>Terminada la cena, no tardó el capellán en dormirse. Don Beltrán +velaba; veló hasta el amanecer, engolfado en severas reflexiones. En +tan triste noche, precursora de días más tristes, el viejo aristócrata, +despreciando a su amigo, se sintió religioso, profundamente +religioso.</p> + +<hr class="chap x-ebookmaker-drop"> + + +<div class="chapter pt3" id="Ch12"> + <p><span class="pagenum" id="Page_113">p. 113</span></p> + <h2 class="nobreak g1">XII</h2> +</div> + +<p>Al amanecer, cuando empezaba a conciliar el sueño, le llamaron... +Creyó al pronto que iban a fusilarle, y dijo:</p> + +<p>—Vamos, estoy pronto. Acabemos de una vez.</p> + +<p>No tardó en enterarse de que le mandaban a desempeñar una obligación +harto triste: enterrar los muertos de la hecatombe de la noche +anterior; y si el primer impulso de su orgullo y dignidad fue rechazar +colérico un cometido tan impropio de su categoría, luego dejó lugar el +orgullo a la conformidad cristiana que había criado en su alma con las +meditaciones del pasado insomnio, y dando un gran suspiro, dijo:</p> + +<p>—Vamos a donde ustedes quieran. Merezco esto y mucho más: seré +sepulturero.</p> + +<p>La idea de que entre los cadáveres podía encontrar el de Baldomero +Galán, hizo flaquear un momento su entereza; pero logró rehacerse con +estas consideraciones: «Si está, ¡qué puedo hacer más que llorarle! +Contra los hechos, dispuestos o consentidos por Dios, nada podemos. +Enterraré al pobrecito <i>Mero</i>, alférez y mártir».</p> + +<p>Terrible duelo y consternación produjo a don Beltrán la vista +de los dieciséis cadáveres ya desnudos, rígidos en sus violentas +contorsiones; y como no podía reconocer al que <span class="pagenum" +id="Page_114">p. 114</span>buscaba sino acercándose mucho, a todos +les fue observando uno por uno, y tocaba los fríos rostros. Eran +jóvenes, lozanas existencias destruidas bárbaramente en la plenitud del +vigor.</p> + +<p>«No está <i>Mero</i> —pensó, sintiéndose aliviado de un gran +peso—. ¡Pobres muchachos! ¿Por qué se les ha quitado la vida? España +se desangra, España se aniquila. Asisto al suicidio de una nación. +Sepultémosla en su propia tierra...».</p> + +<p>Cogió el azadón que le destinaron, y se puso a cavar tan tranquilo. +La resignación, con este humilde trabajo, fue ganando más y más espacio +en su alma, y con ella la certidumbre de que sus desdichas venían +del cielo y eran el contrapeso lógico de una vida de disipación y +goces. Junto a él vio que cavaban los dos sepultureros de la compañía +de Marcela; pero ni ellos le hablaron, ni don Beltrán les dijo una +palabra. Abiertos tres hoyos de gran capacidad, fueron cogiendo muertos +y arrojándolos dentro, unos sobre otros, y después rellenaron y +apisonaron.</p> + +<p>«Yo creí —pensó Urdaneta cuando concluían— que esto me impresionaría +horriblemente. Pero a todo se acostumbra uno. Me desayunaría yo ahora +mismo, si me dieran con qué...».</p> + +<p>A su carro se dirigía con esperanza de encontrar las alforjas de +Mosén Putxet, cuando le mandaron al campo donde se diría pronto la +misa. «Pues a misa», murmuró, declarándose pasivo, dispuesto a cuanto +le mandasen.</p> + +<p>En el campo habían puesto el altar, al pie de un soberbio algarrobo, +vestido de espléndido <span class="pagenum" id="Page_115">p. +115</span>follaje. El sol relumbraba esparciendo claridad y alegría, +y picaba más de la cuenta. Del Mediterráneo, que no se veía, pero se +adivinaba, venía una brisa suave y consoladora. Las tropas formaban +para oír misa; los jefes, a caballo, ocuparon su puesto delante de +los cuerpos. Allí vio don Beltrán al cabecilla Forcadell, uno de los +lugartenientes de Cabrera, y general de una potente división. Su rostro +inflado, risueño y de hombría de bien, lo mismo podía ser de canónigo +que de mayoral de diligencias. Pesaba sobre un poderoso alazán; vestía +zamarra peluda, chaleco blanco abotonado hasta el cuello; la boina +era de gran vuelo, blanca con fleco dorado. De una tienda de campaña +salió Mosén Putxet revestido: eran acólitos dos granaderos del 1.º +de Tortosa. Oyó la misa don Beltrán con recogimiento, en el sitio +que le designaron, y no lejos de sí, por delante, vio a Marcela de +rodillas y a los dos sepultureros. Cuando alzaban, entre el estrépito +de cornetas y tambores, el recuerdo de los pobrecitos que había +enterrado le distrajo un poco de su devoción. Mas rehaciéndose, a punto +que se santiguaba, decía para sus adentros: «Diablos de la guerra, +mucho tenéis que llorar por vuestros crímenes para que <i>Ese</i> os +perdone».</p> + +<p>De vuelta a su carro, Urdaneta preguntaba:</p> + +<p>—¿Pero dónde estamos? ¿Es esta la Plana de Castellón?</p> + +<p>Y sin enterarse de la respuesta, tendiose de largo a largo, +y comiendo de lo que le dio el buen Putxet, pronto se <span +class="pagenum" id="Page_116">p. 116</span>quedó dormido. Por la +noche, el zarandeo del carro era fuerte y molesto, señal de que iba +de prisa por ásperos declives... A la madrugada vadearon un río de +escaso caudal. La división, dotada de extraordinaria presteza de pies +y pezuñas, avanzaba tragándose las leguas. Al día siguiente, vio +don Beltrán un pueblo que llamaban Olla; después otro que nombraban +Chestalgar o cosa así. A la siguiente media noche pararon. Creyó +notar Urdaneta que se juntaba más tropa; no cesaban de sonar tambores +y clarines. Salió a estirar las piernas y dar un paseo... Putxet, +cuando se retiró a dormir, díjole que estaban cerca de Buñol o cerca +de Siete Aguas, no lo sabía con certeza, y que don Ramón, acompañado +de Llangostera, había venido a conferenciar con Forcadell. Al amanecer +oyose tiroteo por la parte que el noble cautivo, mirando las estrellas, +estimó como Levante. Por allí avanzaba una división cristina. Serían +las ocho cuando, no don Beltrán, que apenas veía, sino Putxet y otro +clérigo que con él estaba, observaron que las tropas de la reina, +vigorosamente atacadas en terreno desfavorable, se desbandaban; +que luego se rehacían reforzadas por su caballería... El tiroteo +se generalizó, llegando a ser continuo por la zona del sur... Dos +batallones carlistas salieron corriendo como demonios a embestirles por +el flanco.</p> + +<p>—¿Qué pasa, qué pasa, amigo Putxet? —preguntaba don Beltrán.</p> + +<p>Y el clérigo le dijo gozoso:</p> + +<p>—La caballería no les vale esta vez... Allá va como <span +class="pagenum" id="Page_117">p. 117</span>deshecha y desmoralizada... +¡Qué victoria, ¡<i>pacho</i>!, qué victoria!...</p> + +<p>Sobrevino luego un incidente que determinó cierta indecisión... +Fuerzas carlistas retrocedieron. Los carros tuvieron que alejarse. De +la otra parte empujaban con furia.</p> + +<p>De pronto vieron venir un gran tumulto, muchos jinetes que no +corrían, volaban, los ágiles corceles saltando zanjas y cercas, +desmandados, locos. Frente a ellos, en un caballo blanco, venía un +hombre vestido de colorines. Al pasar el jinete junto a la impedimenta, +vieron los que allí estaban su rostro, harto parecido al de un gato, +los ojos flamígeros, la color verdosa, henchida la nariz, como si +las ventanillas de ella quisieran rasgarse para dar paso al aliento. +Su capa blanca con vueltas rojas sujeta al cuello, ondeaba como una +bandera. En la mano blandía la espada; se le oía claramente gritar:</p> + +<p>—<i>Per asi, fills meus... Seguidme... Els destrosarem... ¡Viva +Carlos V! ¡Mueran eixos pillos, cobards!...</i></p> + +<p>La tromba, que tal parecía, de innúmeros caballos seguidos de tropel +de infantería, describió un vasto círculo por la llanura. Cuando se +alejó, la nube de polvo que levantaba impidió ver dónde había caído. +Oyose un chasquido formidable, como un desgarrón de masas enormes... +Los carros hubieron de alejarse más, metiéndose en una hondura desde +donde poco se distinguía.</p> + +<p>—Este don Ramón es tremendo —gritaba Putxet alzando los brazos al +cielo, ebrio de gozo—: menuda paliza les está dando. No quedará <span +class="pagenum" id="Page_118">p. 118</span>uno para contarlo. ¡Viva +el trono legítimo, señores! Esta brillante jornada nos abrirá las +puertas de la hermosa Valencia, de la reina del Turia... Vean... ya se +disipa el polvo: por allí van desbandados los de Isabel... distingo +perfectamente los morriones... ¡Hola, hola! La caballería parece que +quiere volver grupas y hacernos cara... Ya es tarde, ¡<i>pacho</i>!..., +ya es tarde. Don Ramón, que es el dios Marte en persona, les da una +carga horrorosa, y se deja caer sobre el propio Buñol... Adelante, +valientes. ¡Viva la Virgen de los Desamparados, nuestra Madre!</p> + +<p>Con estas exclamaciones, de un entusiasmo pueril, iba señalando el +clérigo las peripecias del combate que desde allí podían apreciarse. +Hacia el mediodía todo el ejército carlista iba sobre Buñol, +persiguiendo a los liberales fugitivos.</p> + +<p>—Me estoy temiendo —dijo Putxet a su amigo tomando un piscolabis +en la carreta en marcha— que tendremos función esta tarde... Sería yo +muy dichoso si, variadas las condiciones en que hoy se hace la guerra, +diéramos cuartel. Es ciertamente más humano perdonar al vencido, +¿verdad?</p> + +<p>Llegados a la Venta de Buñol, se procedió con método, parsimonia +y naturalidad a fusilar a veintisiete oficiales y sargentos. +Afortunadamente para Urdaneta, no le mandaron a enterrar. Oyó los +tiros, vio llegar a su amigo desconcertado y melancólico, y nada +más.</p> + +<p>Dos días después, sabedor Cabrera de que una columna cristina andaba +por Alcanar, <span class="pagenum" id="Page_119">p. 119</span>mandó +contra ella a Llangostera, que la deshizo y fusiló victorioso todo lo +que quiso. Enterado también el fiero caudillo de que el capitán general +de Valencia había salido hacia Castellón con fuerzas para relevar las +guarniciones del Maestrazgo, mandó a la Plana al <i>Serrador</i>, y +desplegando una actividad increíble, prodigiosa, organizó al propio +tiempo la expedición de Forcadell a Orihuela. No satisfecho aún con la +victoria de Buñol, y habiendo recogido armas y caballos, amén del fruto +de las depredaciones en país tan rico, se fue hacia Requena, simulando +un amago a esta ciudad; mas no se detuvo hasta Utiel: establecido allí +su cuartel general, apresurose a fortificar la posición.</p> + +<p>Estaba de Dios que en aquella parte de su cautiverio se agravaran +las desdichas del noble don Beltrán, obligándole Dios con esto a mayor +acopio de paciencia; su amigo, el buen Putxet, se separó de él antes de +llegar a Requena, agregado a la expedición que invadir debía la tierra +de Alicante, y ya no disfrutó el pobre viejo el beneficio del carro +sino en contadas ocasiones, viéndose obligado a llevar peonilmente la +carga de sus añosos huesos. Sacando fuerzas de flaqueza pudo llegar a +Utiel, el calzado roto, los pies llagados, molido y hambriento, harto +de trabajos, incomodidades y miserias. Pero le bastaba considerar que +más había padecido Cristo por nosotros, para sacar alientos de su +propio desmayo y prepararse a mayores infortunios.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_120">p. 120</span></p> + +<p>Metiéronle en un zaguán húmedo, y de allí le pasaron a una bodega, +con salida a un jardinillo petiseco, cercado de tapias; le acompañaban +los dos enterradores. De Marcela, ni estos ni don Beltrán sabían +dónde había ido a parar. En el piso alto de la misma casa se alojaba, +con otros oficiales, el capitán Nelet, que viendo desde el balcón +a los viejos sentados en el jardinillo, tomando el sol, dijo a sus +amigotes:</p> + +<p>—No sé para qué nos traen acá tales estafermos. Son tres bocas y +ningún hombre. O fusilarles, en el caso de que se compruebe que son +espías, o echarles a un camino para que se mantengan de limosna.</p> + +<p>Como don Beltrán mirase para arriba, y con lastimero acento dijese +que lo mismo le daba a él la muerte que la mendicidad, mandole Nelet +que subiera; obediente el anciano subió la escalera con paso lento, +tomando resuello a cada cuatro peldaños, pues no podía de otro modo, +y fue recibido en una sala por el dicho Nelet y otros dos tagarotes. +Entró Urdaneta con digno continente, descubriéndose, y permaneció en +pie esperando las órdenes de aquellos bárbaros. Nelet, apoltronado en +un sillón, y rascándose las pantorrillas, le dijo:</p> + +<p>—¿Es cierto que es usted de la aristocracia?</p> + +<p>—Si, señor: me honro de pertenecer a la primera nobleza de +Aragón.</p> + +<p>—¿Es usted marqués?</p> + +<p>—Mis títulos son los señoríos de la Torre de Albalate, de Olid, con +grandeza, de...</p> + +<p>—Acabe usted, hombre, con esa letanía... <span class="pagenum" +id="Page_121">p. 121</span>Pues mire: de algún modo ha de ganar el pan +que le damos.</p> + +<p>Diciendo esto, se quitó las botas llenas de cuajarones de barro, y +alargándolas al prócer, le dijo:</p> + +<p>—En aquel cajón hallará usted cepillo y betún. Me las pondrá como un +espejo.</p> + +<p>Permaneció un instante don Beltrán con su mano extendida hacia +las botas, inmóvil y rígido, empeñada su voluntad en terrible lucha +entre dos movimientos: o coger las botas y estamparlas en la cabeza +del grosero y estúpido capitán, o resignarse a tanta humillación +y aceptarla por los méritos de Jesucristo. Prevaleció este último +intento, y recibió con noble pausa las botas, recogiendo luego los +adminículos de embetunar.</p> + +<p>—¿Fuma usted? —le preguntó Nelet, haciéndole retroceder desde la +puerta.</p> + +<p>—Sí, señor.</p> + +<p>Le ofreció un cigarrillo, y pareciéndole poco, le dijo:</p> + +<p>—Tome usted más, para sí y sus compañeros, que la vejez entretiene +sus tristezas con el tabaco.</p> + +<p>—Gracias.</p> + +<p>Y bajó el anciano tan gravemente como había subido, escalón por +escalón, sin decir nada, casi sin pensar nada...</p> + +<hr class="chap x-ebookmaker-drop"> + + +<div class="chapter pt3" id="Ch13"> + <p><span class="pagenum" id="Page_122">p. 122</span></p> + <h2 class="nobreak g1">XIII</h2> +</div> + +<p>Ya por despistar a los cristinos, ya por otras razones o ardides +estratégicos, determinó Cabrera fortificar a Utiel, y lo primero en +que puso mano fue el convento o colegio de Escolapios y la iglesia +parroquial, gótica, de buena y sólida fábrica. Para despejar las +inmediaciones del primero de aquellos edificios, mandó demoler varias +casas y cortar todos los árboles de una alameda que al camino salía. +Empleáronse en tales obras noche y día multitud de hombres, y no hay +que decir que el señor de Albalate y los dos ancianos fueron aplicados +a este trabajo. Vierais allí al primer noble de Aragón descargando +hachazos en los añejos troncos. Por primera vez en su vida era +leñador, oficio que le pareció menos innoble que el de sepulturero +y limpiabotas. El sargento que les mandaba y dirigía era por demás +insolente y grosero, de estos que se envalentonan con los humildes. +Grande era la resignación de Urdaneta, que se había propuesto tomar +por modelo al patriarca Job; mas hubo ocasiones en que se vio a dos +dedos de perder su pasiva actitud, por la fuerza explosiva de la +dignidad aristocrática, que romper quería sus cadenas, atropellando +<span class="pagenum" id="Page_123">p. 123</span>paciencia, humildad +y cristianismo. Viendo que aquel bruto abofeteaba inhumanamente a dos +infelices que no habían entendido sus órdenes, o que por exceso de +fatiga se mostraban perezosos, sintió el prócer vibración en todo su +ser, efecto de la honda crisis o lucha de opuestos sentimientos, y se +dijo: «Haré un esfuerzo sobrehumano por contenerme si ese gandul pone +sus manos en mi cara; pero dudo que pueda conseguirlo, pues antes de +que el corazón se humille, el estallido de mi dignidad hará que le +parta la cabeza de un hachazo».</p> + +<p>Felizmente, con él no se desmandó el bárbaro sargento; no hacía más +que rezongar, dar voces y decir a los viejos:</p> + +<p>—<i>El que no traballa no menja; que aquí no estem para mantindre +vagos.</i></p> + +<p>Terribles hambres pasaban los tres al volver rendidos a la bodega +y patinillo en que tenían su alojamiento. Nadie se cuidaba de darles +de comer. El enterrador que hablaba, y que tenía por nombre Pedro +Zaida, salía en demanda de alimentos; no hiciera lo propio don +Beltrán, prefiriendo perecer de necesidad a pedir su ración; el +otro, nombrado Alfajar, tampoco pedía, por carecer de palabra. Así +pasaron algunos días, manteniéndose de mendrugos de pan y de sobras +de rancho, que Zaida recogía en los vecinos alojamientos, hasta +que Nelet y los oficiales del piso alto se apiadaron de la miseria +de los prisioneros, y les mandaban los restos de su comida. En un +caldero bajaban la bazofia; de ella comían los infelices <span +class="pagenum" id="Page_124">p. 124</span>viejos, siendo tan atentos +Zaida y Alfajar que escogían para el señor los huesos vestidos aún de +hilachas de carne, los trozos de comida menos deshechos, y las que +podrían llamarse golosinas, reservándose para sí lo peor. «Hasta en +esta región de miseria bochornosa se encuentran seres delicados, se +encuentran caballeros», decía para sí Urdaneta, renunciando a tales +preferencias, e imponiendo el reparto equitativo de piltrafas. A +menudo, en estas u otras escenas semejantes, rodaban lagrimones por su +cara. Una tarde salieron los oficiales al balcón para verles comer. A +poco llegó el asistente con un pedazo de pastel en un plato y restos de +bizcocho borracho, y entregándolo a los cautivos, díjoles que aquello +mandaban para el señor marqués. Luego volvió el chico con tres puros +y el braserillo para encenderlos. Fumaron, y dieron las gracias a los +señores, que riendo les miraban. Uno de los de arriba decía:</p> + +<p>—Ese marqués del Cuerno paréceme un grandísimo pillastre...</p> + +<p>Don Beltrán calló, no haciendo al deslenguado ni el honor de +mirarle. Luego, a una insinuación de Nelet, que parecía dicha en +defensa del anciano, se retiraron del balcón los oficiales. Volvieron +los viejos al trabajo, que aquel día consistió en arrastrar los +troncos hacia las entradas y puertas de la villa, para armar con +ellos estacadas o parapetos. Cuando Urdaneta llegaba por las noches +a su alojamiento y se tendía en el frío suelo junto a sus amigos, +sin más abrigo que las <span class="pagenum" id="Page_125">p. +125</span>pellizas de estos; cuando, después de cenar lo que Zaida +trajese o de arriba les mandasen, procuraba embriagar con el sueño sus +infortunios, se le iba el pensamiento a la gran casa de Cintruénigo, +la casa de Idiáquez, y hacía revivir en su mente el edificio y las +personas, la vida toda de aquella señoril residencia. ¡Ay!, lo que +allá tuvo por humillación, era ya como una broma inocente. Modificadas +por las enseñanzas de la realidad sus ideas y opiniones, lo que en +Cintruénigo conceptuaba contrario a su decoro, ¿qué era? Nada en +comparación de la presente ignominia y miseria. Las estrecheces que +allá estimó intolerables, eran abundancias y delicias en parangón de +lo de Utiel. Recordaba con desconsuelo el orden de aquella noble casa, +donde todo estaba a punto, donde nada faltaba para comodidad y regalo +de sus habitantes.</p> + +<p>Y pensando en esto, se le representaba su nieto: le veía niño, tan +cariñoso, tan dulce, tan formalito, tan amante de su abuelo... Era su +propia sangre, encarnación de su nombre y nobleza... ¿Qué haría Rodrigo +si le viese en tan extremada desdicha? La misma <i>doña Urraca</i>, +si viese a su suegro, el noble Urdaneta, sufriendo tanta vileza y +oprobio, comiendo sobras y migajas de la mesa de los oficiales, ¿qué +pensaría?... Frente a su conciencia, que severa se encaraba con él, +reconocía el grave error de no tolerar las asperezas o defectos de los +convivientes, para que estos toleraran los suyos. Bien claro <span +class="pagenum" id="Page_126">p. 126</span>veía que todas sus querellas +con la familia eran por motivos que ya se le hacían vanos, pueriles. +Veía también toda la fealdad de su soberbia, causante principal del +malhadado viaje a tierra de Teruel; veía su codicia, su afán de +atesorar dineros, que en su edad provecta casi no le eran necesarios. +Pero amaba el rumbo y quería ser siempre amo y señor, dispensador de +mercedes. ¡Bien le castigaba Dios, y cuán gallardamente le aplicaba su +justicia severa!... Y mirándolo bien, no era Rodriguito tan digno de +menosprecio y rencor. Poseía todas las cualidades que a su abuelo le +faltaban. Actos de verdadera maldad, nadie podía señalar en él. Y en +cuanto a la impertinente, mandona y atrabiliaria <i>doña Urraca</i>, +sus defectos no eran motivo para aborrecerla, Señor.</p> + +<p>Estas reflexiones, en que se confundía la turbación de la conciencia +con la dulzura de las memorias de familia, le habrían llevado al sueño +reparador, si no lo estorbaran las picazones de su cuerpo, el sentirse +acribillado por atroces punzadas que parecían mordidas. Daba vueltas a +un lado y otro, y rascándose contra las durezas del suelo, volvían sus +reflexiones a distraerle del acerbo picor.</p> + +<p>«¡Vaya, que si Juana Teresa conociera la cama en que duerme el +padre de su difunto esposo, lloraría de lástima; sí que lloraría!... +¡Ella que cifra su orgullo en la limpieza ideal de las camas, ella, +en quien más que gusto es manía el tenerlas pulcras, inmaculadas, +como las vestiduras de los <span class="pagenum" id="Page_127">p. +127</span>ángeles!... No hay en el mundo sábanas y almohadas como las +de mi casa de Cintruénigo: huelen a manzanas, a violetas, a algo más +oloroso que las flores, el aseo... Si Juana Teresa y mi nieto me vieran +en esta inmundicia, llorarían... ¡pobrecitos de mi alma!... y no solo +llorarían de compasión, sino de rabia por no poder remediarlo».</p> + +<p>Salía Cabrera con mil o dos mil hombres, los más de los días, como +en diversión militar, para hostilizar a Requena y figurar su propósito +de ponerle sitio. En una de estas excursiones, al regresar del campo +entrando por la puerta de Caudete, donde se trabajaba para hacerla +infranqueable, apeose del caballo y examinó las obras. Con seca frase +autoritaria hizo la crítica de lo que no le parecía bien; indicó los +defectos y el modo de subsanarlos con el menor trabajo posible. Viendo +avanzar a don Beltrán, que a duras penas sustentaba una espuerta de +tierra, dio algunos pasos hacia él y le preguntó si era el caballero +Urdaneta.</p> + +<p>—Para servir a usted, general —dijo el anciano, mirándole atento y +sin descargarse la espuerta.</p> + +<p>—Lleva usted mucho peso... <i>Eh, tú, Lleuiset, no carregues masa a +eixe pobre home, qu’es un señor poch acostumat a traballs. Sous molt +brutos, y no teniu ni pizca de criteri ni talent, ¡caramba! Es precis +que sapian distinguir entre un home y un señor. A atres que son burros +de veritat, els traten como si foren señorets, y no teniu llástima +d’este pobre <span class="pagenum" id="Page_128">p. 128</span>vell, +acostumat a anar sobre alfombres</i>.</p> + +<p>Comprendió el anciano que hablaba en su favor; y como al propio +tiempo le quitaran la pesada carga que llevaba, murmuró una frase de +gratitud. Cabrera no se hartaba de mirarle, fijándose últimamente en +sus pies y en las destrozadas botas. También don Beltrán contempló a +sus anchas al afamado guerrillero, a quien vio por primera vez en el +campo de Buñol, pasando como un rayo al frente de infernal cabalgata. +Reconoció en él la cara de soberbio gato, que ya había visto y quedó +grabada en su memoria: cara triangular, de pómulos salientes, ojos +grandísimos y negros con la ceja corrida, la nariz de mala forma con +las ventanillas siempre palpitantes. Vestía con elegancia y cierta +presunción de originalidad, no escaseando en su ropa los dorados y +relumbrones; la capa blanca con forro encarnado completaba su típica +figura. Con militar saludo se despidió para entrar en el pueblo. Por +la noche, hallándose los tres viejos en el patinillo, comiendo de las +sobras enviadas por Nelet, llegó un ordenanza que se puso a gritar en +la puerta:</p> + +<p>—¿Quién es aquí el marqués?... ¡Eh, marqués!</p> + +<p>—Yo soy, buen amigo —dijo Urdaneta, que respondía por aquel título—. +¿Qué se ofrece?</p> + +<p>—Pues aquí me manda el general con estas botas —dijo el chico +mostrando un par no muy nuevo, pero en buen estado.</p> + +<p>—¡Ah..., ya!..., para que se las limpie... Bien: déjalas ahí.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_129">p. 129</span></p> + +<p>—No es para que se las limpie, jinojo, sino para que se las ponga... +Ya veo que le hacen falta. El general le manda estas, que no se pone +ya, y para usted están que ni pintadas; todavía en buen uso. Ya le miró +a usted la pata, y sabe que le vendrán bien.</p> + +<p>—¡Oh!..., ¡Dios! —exclamó el aristócrata, decidiéndose a recoger el +regalo—. ¿Y el general se acuerda de este infeliz?... Dile que estoy +muy agradecido... ¡Oh, botas de la paciencia, de la humillación, venid +a mis pies!</p> + +<p>Y cuatro días después, hallándose en Cheste, emprendida la +marcha sigilosa de todo el ejército hacia el llano de Valencia, fue +sorprendido don Beltrán por un recado del general llamándole a su +presencia en la casa ayuntamiento, donde se alojaba. Allá se fue el +noble viejo, y encontró a don Ramón en una estancia del piso bajo +con trazas de escuela pública, por los cartelones de letras gordas +que colgaban de las paredes. Estaba el caudillo de sobremesa con dos +mujeres guapísimas, de nacarada tez y ojos hechiceros, ataviadas a +estilo popular. Los <i>caragols</i> sobre las sienes, cruzados por +ganchos de oro; el moño de trenzas, atravesado por las agujas, ofrecían +el clásico modelo del peinado valenciano. En sus orejas llevaban los +arcaicos <i>polques</i> de oro con esmeraldas y perlas barrocas, +joyas de apariencia bizantina, y en el cuello hilos de aljófar. +Toda la vestimenta, de tisú, era lujosa y elegante dentro de la más +escrupulosa propiedad. Sin verlas más que como imágenes borrosas, o +como bocetos <span class="pagenum" id="Page_130">p. 130</span>de +admirables pinturas, don Beltrán, olfateando belleza con su especial +nariz de perito en mujeres, las diputó por grandes señoras disfrazadas +de campesinas ricas. Sentábanse a izquierda y derecha del general, muy +arrimaditas; luego seguía un capellán, que parecía granadero, y al otro +lado un cabecilla, en quien, por la facha y rostro de clérigo afligido, +creyó reconocer don Beltrán a Llangostera.</p> + +<p>Sospechó el noble aragonés, no sin fundamento, que Cabrera le +llamaba para mostrarle a sus amigos como un objeto de curiosidad, +como un ente raro, consistente la rareza en el vivo contraste entre +tanta nobleza y miseria tanta. Mas no era este el único móvil del +llamamiento: había otro, que el general expresó después de contestar al +cortés saludo del caballero:</p> + +<p>—Pues le he mandado venir para advertirle que... esté +preparado...</p> + +<p>—¿Preparado a qué, general?</p> + +<p>—Haría usted mal en creer que le tenemos aquí por gusto de su +co...mpañía —dijo Cabrera, que hablando familiarmente tartamudeaba un +poco: su lengua, disparándose en articulaciones rapidísimas, tropezaba +a cada instante.</p> + +<p>—¿Para qué debo prepararme, general?</p> + +<p>—El sistema de represalias, que, como usted sabe, es obra de +esos infames cristinos, me obliga a la crueldad, con... contra los +sentimientos de mi corazón.</p> + +<p>—Ya entiendo. Es para fusilarme. Bien <span class="pagenum" +id="Page_131">p. 131</span>preparado estoy. Esta vida que arrastro, +señor, vale tan poco para mí, que el quitármela, más que de cruel, le +acreditará a usted de piadoso.</p> + +<p>—Yo lo siento..., sabe Dios que lo siento. Co...mpadezco a los que +me veo precisado a sacrificar... Me duele, aunque mis enemigos crean +otra cosa y me llamen tigre... Pero yo digo: todas las inocencias del +mundo juntas no valen la inocencia de mi madre.</p> + +<p>—Aunque no temo la muerte, mi conciencia, mi respeto a la verdad, +me obligan a declarar que ni soy espía, ni he venido a esta tierra con +ningún fin político ni militar.</p> + +<p>—Sé que no es usted espía. Me lo ha dicho la monja Marcela, que me +merece crédito... Pero aquí cobramos vidas por vidas, y pagamos muertes +con muertes. ¿No se ha enterado usted de que la división de Iriarte ha +cogido prisionero al hermano del conde de Catí, vocal del Consejo de Su +Majestad en este reino?... Pues en cuanto sepa yo que le han fusilado, +ya está usted de más en el mundo. ¿No le parece que esto es natural, +justo y equitativo? Noble por noble, caballero por ca...ballero.</p> + +<p>Mientras esto decía el implacable soldado, no se oyó una voz, +ni un murmullo, que indicaran protesta contra tanta barbarie, +siquiera compasión. O la costumbre de tales horrores embotaba en +hombres y mujeres todo sentimiento humanitario, o no se atrevían a +manifestarlos.</p> + +<p>—¿Puedo retirarme ya? —dijo el viejo sin <span class="pagenum" +id="Page_132">p. 132</span>hacer comentario a la terrible +conminación.</p> + +<p>—Espere un poquito..., y sáquenos de una duda. ¿Es usted marqués de +Sariñán?</p> + +<p>—No, señor: el marqués de Sariñán es mi nieto, por enlace de mi hijo +don Federico con una dama de la casa de Idiáquez.</p> + +<p>—¿Ven como yo acertaba? —dijo una de las mujeres o damas +disfrazadas, por lo que comprendió Urdaneta que habían tenido discusión +sobre su personalidad.</p> + +<p>—Y los títulos de usted ¿cuáles son? —preguntole el clérigo.</p> + +<p>—Soy señor de la Torre y Casa-Fuerte de Albalate, señor de Rubielos, +merino mayor de Monzón, poseedor de varios lugares, fortalezas, +vasallos y pechos en el antiguo reino de Sobrarbe; señor también de +la Puebla de Olid, con grandeza de España, caballero del hábito de +Montesa, maestrante de Zaragoza..., y no sigo por no ser enfadoso a los +que me escuchan...</p> + +<p>—¿No es usted pariente de los Cárceres? —preguntó la otra hembra +bonita.</p> + +<p>—Si, señora —replicó don Beltrán, gozoso de oír la dulce voz, cuyo +timbre le sonó a nobleza y elegancia—. Ramón Cárcer, cuarto marqués +de Castelbell, es mi sobrino, y primos de mi esposa son los Borrás y +Mezquita, así como Marianito Zagarriga, marqués de Creixel.</p> + +<p>—Otra cosa —dijo Cabrera, a quien ya parecía enojoso hablar tanto +de nobleza—. ¿Qué tal le tratan a usted en mi cuartel general? ¿Le dan +bien de comer?</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_133">p. 133</span></p> + +<p>—Señor, un ejército en campaña no puede cuidar del pobre cautivo +inútil, cuya vida no importa a nadie.</p> + +<p>—Yo quiero que sea usted tratado con la co...nsideración que merece +por su categoría... Y si alguno le faltase al respeto, lo que tarde yo +en saberlo tardaré en ordenar que le den cincuenta palos.</p> + +<p>—No vale hoy esta pobre vida que por ella se machaquen los huesos de +un cristiano.</p> + +<p>—<i>¡Pobre señor! Em dona molta llástima. ¡Y en quina dignitat porta +la seua miseria!</i></p> + +<p>Algo pudo entender el prisionero de lo que la compasiva dama +decía, y su piedad le llegó al alma. En tanto Cabrera le ofreció un +cigarro, que rehusó, porque no solía fumar a tales horas... Instó el +general; insistió la dama, que de manos de su amigo tomó el puro para +alargárselo a don Beltrán. Cuando este salió del aposento, iba como +fascinado por la voz claramente oída y el rostro turbiamente visto de +la beldad, y echaba de menos sus verdes años para corresponder a la +compasión de ella con un amor grande, solitario y sin esperanza, como +aquel inmenso infortunio de su vejez.</p> + +<hr class="chap x-ebookmaker-drop"> + + +<div class="chapter pt3" id="Ch14"> + <h2 class="nobreak g1">XIV</h2> +</div> + +<p>Mejor tratado desde aquel día, el prisionero vio urbanidad y +benevolencia en algunos rostros; pero nada lo maravilló como la <span +class="pagenum" id="Page_134">p. 134</span>radical mudanza del capitán +Santapau, a quien conocía por el familiar nombre de Nelet. Empezando +por mostrarse con él menos esquivo, se humanizó en un día, en otro se +trocaron sus asperezas en afabilidad cariñosa, y acabó por declarar a +don Beltrán su sentimiento de haberle ofendido y su deseo de trabar +con él amistad. Aceptó gustoso este cambio de actitud el buen viejo, +y sospechando que alguna recóndita intención se traía su flamante +amigo, esperó a conocerle mejor para juzgarle. Respecto al paradero +de Marcela, a quien había perdido de vista desde antes de la acción +de Buñol, díjole Nelet que Cabrera la había mandado encerrar en un +convento de monjas, hasta que decidiera el Vicario general por don +Carlos, que actualmente se hallaba en Navarra. A juicio de Cabrera, +no era decoroso ni ejemplar que una señora religiosa anduviese al +zancajo por los caminos, suelta de toda disciplina; pero Santapau no +participaba de esta opinión, pues las benedictinas de Sijena estaban +exentas de clausura, como había declarado nada menos que el concilio de +Trento. Conocedor del monasterio y de su poética historia, el capitán +había estudiado el asunto, y podía demostrar a su jefe la razón y +derecho con que peregrinaba la santa señora y esposa de Cristo, Marcela +Luco.</p> + +<p>—Bien, hijo, bien —dijo don Beltrán, barruntando a dónde iba a parar +el guapo Nelet—. También yo veo con simpatía la libertad monjil, y en +este caso la creo muy acepta <span class="pagenum" id="Page_135">p. +135</span>a los ojos de Dios, pues, si no me engaño, Marcela corretea +en seguimiento de intereses que quiere aplicar a grandiosas fundaciones +pías, para mayor esplendor de la fe y de la Iglesia.</p> + +<p>Decían esto camino de Valencia, como a tres leguas de Chiva, +donde habían pernoctado. Las intenciones de Caín llevaba Cabrera en +aquella marcha, pues informado por sus espías de que los restos de +la división de Crehuet, derrotada tres días antes en Buñol, andaban +por aquel término, iba en su seguimiento, bien afiladas las uñas para +destrozarlos. ¡Espléndido país aquel, hermoso cielo, alegres campiñas, +que aun en invierno dan testimonio de su fecundidad! Aspiraba don +Beltrán el templado aire que por el aliento metía en los cuerpos la +vida, la esperanza, el contento del vivir; que duplicaba el vigor de +los jóvenes, y a los viejos les aliviaba el peso de los años. Pensaba +que aun para despedirse de la existencia es bueno un suelo feraz, un +ambiente templado, una tierra pródiga en flores y frutos.</p> + +<p>Los mil doscientos cristinos de infantería y el escuadrón de +Lanceros, que, con los milicianos de Valencia y Liria, habían recibido +órdenes de concentrarse en la capital, marchaban confiados, mal +dirigidos, desconociendo con angelical inocencia el país que pisaban +y el enemigo que tan cerca tenían. Como unos borregos de Dios se +entregaron al descanso en un pueblo llamado Pla del Pou... Cuando más +descuidados estaban, vieron <span class="pagenum" id="Page_136">p. +136</span>encima la caballería carlista. No les dio tiempo ni para +tomar posiciones, ni siquiera para escapar con algún orden. No fue +batalla, fue una carnicería sañuda: desordenada la caballería cristina, +se enredó en ella la infantería, como una deshecha madeja en las patas +de un animal que da vueltas sobre sí mismo. Los carlistas no combatían; +mataban a su gusto y satisfacción. Los liberales no eran soldados, +sino reses. Algunos de a caballo pudieron escapar; los pistolos que +no perecieron en la matanza, entregáronse a discreción, para que los +matarifes hicieran de ellos lo que quisiesen. Por de pronto, allá iban +todos, prisioneros y vencedores, hacia Valencia, y ya que para embestir +a esta grande y fuerte ciudad no tenía Cabrera poder bastante, se +plantó en Burjasot, lugar cercano, para verla al menos y que ella le +viese. Aunque de escaso relieve, la eminencia en que está fundado aquel +pueblo es como atalaya que domina la huerta feracísima, y a lo lejos +el apretado caserío de la ciudad, guarnecida del verdor perenne de los +naranjos, y destacando sus torres y chapiteles sobre una espléndida +faja de mar azul.</p> + +<p>Tan contentos llegaron a Burjasot los soldados del absolutismo, que +no pensaron más que en celebrar su triunfo con la vena de abundancia +que aquella lozana tierra les ofrecía. Guerreros infatigables que +devoraban leguas y corrían de una comarca a otra con presteza gatuna, +traían hambre atrasada. El país donde comúnmente operaban, Maestrazgo, +<span class="pagenum" id="Page_137">p. 137</span>desierto de las +Palmas, riberas del Palancia y Mijares, riberas del Guadalope y Río +Martín, puertos de Beceite y de Ademuz, estaban ya esquilmados. +Valencia era el oasis, la frescura, el descanso, la vida plácida con +regalos mil. No fue de iniciativa de Cabrera, como se ha creído, el +festín de Burjasot; fue idea de algunos jefes, y de la oficialidad y +subalternos, que ya anhelaban comer y beber sin tasa para reponer el +cuerpo de tantas fatigas. Bien se lo habían ganado: lo menos que podían +hacer era consagrar un día, unas horas a dar a sus cuerpos algún goce +de gula, pues todo no había de ser marchas, hambres y sofoquinas. +Pedido permiso al general, este lo dio de buena gana, porque si sabía +utilizar hasta la última tira de pellejo de sus soldados, también +gustaba de que se divirtiesen y solazaran cuando la ocasión lo +permitía.</p> + +<p>Parte del vecindario invadió el campamento, metiéndose entre la +tropa. Iban unos por afecto a la causa carlista; otros por curiosidad; +muchos por ofrecer y colocar hortalizas, carne, peces, patos, frutas +y hasta flores, que ya abundaban en aquel despuntar de la primavera. +Habían dispuesto celebrar la comilona en aquella parte culminante +del pueblo, formada de terreno calizo, bajo el cual se extienden los +famosos silos o graneros subterráneos para depósito de cosechas. La +iglesia de San Roque, objeto de gran devoción, situada también en +la eminencia y no lejos del pueblo, encara su frontis hacia <span +class="pagenum" id="Page_138">p. 138</span>Valencia y el mar, como +recreándose en tan bello panorama.</p> + +<p>Pronto se vio la vasta planicie llena de cuanto Dios crió, viandas +regaladas, viandas adquiridas. Se nombró una comisión que cuidase de +allegar cucharas y tenedores, algo de mantelería y vasos para los +jefes, y el obsequioso vecindario facilitó al instante todo cuanto se +deseaba. Por aquí se encendían hogueras; por allá preparaban peroles y +sartenes; en un grupo de soldados desplumaban patos; en otro desollaban +corderos. Subían el pueblo en hombros zafras de aceite y pellejos de +vino, cestos de naranjas, rimeros de lechugas. Soldado había que en +estos acarreos se atracaba de forraje, como aperitivo. El vino empezó +a correr desde el primer momento, vaciando los pellejos en jarros, +estos en los pocos vasos que había para tantas bocas. Los carlistas más +señalados en la localidad por su fanatismo subieron sobre sus duros +cráneos grandísimas mesas, y montones de sillas, enganchadas traviesa +con pata. Manteles también vinieron, aunque no tantos como habrían sido +menester. Toda escasez se podía perdonar menos la del vino, que se +remedió duplicando la provisión de hinchadas corambres.</p> + +<p>A las tres y media el aspecto de la bacanal era imponente: comían, +devoraban sin orden ni medida, la tropa en el suelo, diseminada en +grupos a los bordes de la meseta; los sargentos sentados también +en tierra, formando cuadros con relativa corrección; más <span +class="pagenum" id="Page_139">p. 139</span>allá oficiales, unos de +rodillas, otros <i>ensillados</i>, algunos tendidos a la romana. +Frente a la ermita había mesas, donde se veía la figura clerical de +Llangostera y la cara de corcho de Tallada, en la cual se confundían la +picaresca malicia y la ferocidad. Otras personas calificadas se veían +por allí: el subdelegado castrense, del cual podían ser retrato los +odres de vino que acababan de traer; intendentes, cirujanos, mariscales +mayores. Los capellanes se señalaban por su ausencia, pues una grave +ocupación les retenía en el pueblo. Cabrera, mal humorado, sintiendo +algún recrudecimiento de sus achaques, y molestia en sus mal cerradas +heridas, se sentó un rato en la primera mesa; después iba de una parte +a otra, hablando con todos, recibiendo felicitaciones. Las miradas se +le iban hacia Valencia; apretaba las mandíbulas cuando sus íntimos le +decían:</p> + +<p>—Don Ramón, estamos a las puertas del cielo... Haga una de las +suyas, y llévenos allá.</p> + +<p>En las clases inferiores reinaba una jovialidad frenética. Grupo +hubo en que empezaron por los postres, las dulces algarrobas; luego +descuartizaban un pato, tirando en cruz de las patas y alones. Aquí +comían las lechugas sin aliñar, en rama; allí naranjas a bocados +mordiendo la cáscara, y encima pescado frito, o a medio freír; vino +sin tasa; después bollos de aceite, y lonjas de tocino con azúcar. En +las mesas o tenderetes de preferencia hubo arroces quemados, arroces +crudos, anguilas, pajeles, pájaros y hasta <span class="pagenum" +id="Page_140">p. 140</span>morcillas; en otros comían el cordero a +medio asar, chorreando sangre, partiéndolo con las espadas, por no +abundar los cuchillos. El regimiento 1.º de Tortosa tenía una murga +militar de una docena de instrumentos, trombones abollados, bombo, +platillos y chinesco. Agregados a ella algunos músicos cogidos a las +tropas de la reina, compusieron una mediana banda, la cual, desde los +comienzos del banquete tocaba <i>escogidos trágalas</i>, la jota y +otras piezas de baile. Su discorde ruido hacía juego con los manjares a +medio condimentar y con la desafinada alegría del festín. Aquí y allí +gritaban: «¡Que se callen esos perros!» y tenían razón, pues los de la +banda eran verdaderos sicarios del arte musical.</p> + +<p>Casi a la fuerza fue llevado don Beltrán por Nelet a uno de los +grupos que comían en el suelo; y apenas se había sentado, viendo que el +capitán se retiraba, le dijo:</p> + +<p>—¿Pero usted, Santapau, no come?</p> + +<p>A lo que contestó Nelet, condolido de sí mismo:</p> + +<p>—Ahora no puedo: tengo que fusilar.</p> + +<p>—¿Pero qué?... ¡Ahora!... —exclamó aterrado el viejo, levantándose +de un brinco, inverosímil para su edad.</p> + +<p>—¿Pues qué creías tú, abuelo? —dijo un teniente, que desde el +principio de la comida estaba entre dos luces—. ¿Creías que les íbamos +a perdonar..., y a convidarles encima?</p> + +<p>Antes de que pudiera contestarles, resonó el estruendo de una +descarga... Corrió don <span class="pagenum" id="Page_141">p. +141</span>Beltrán hacia donde la humareda se veía, y distinguiendo +los desnudos bultos de cadáveres junto al tapial del cementerio +contiguo a la iglesia, lanzó una exclamación de horror y se llevó las +manos a la cara. Veinte infelices habían caído ya. A poco trajeron +otra cuerda: eran veinticinco, entre ellos los cadetes valencianos +que acababan de ingresar en el ejército, y se estrenaban en aquella +tragedia. Venían en cueros, resignados, los menos con pocos ánimos, +tropezando en el camino; los más, altaneros, provocativos. Algunos de +ellos, alargando sus brazos hacia la embriagada turbamulta del festín, +gritaron frenéticos... «¡Viva Isabel II!»... La descarga les cortó la +palabra y el fervor de sus exclamaciones; luego, los tiros sueltos +para rematarles sonaban a cacería. Excitados con los vivas insolentes +de las víctimas, la soldadesca entregada a la gula prorrumpió en gran +vocerío aclamando a los suyos, escarneciendo a los vencidos, que no +tenían bastante con la muerte. Mientras traían otra cuerda del cercano +corral donde les desnudaban, en la explanada vaciaron más pellejos. Los +vacíos yacían en el suelo como cuerpos despanzurrados, sanguinolentos. +En algunos grupos, donde con la borrachera se había perdido hasta el +último destello de razón, gritaban: «Más, más». ¿Qué pedían? ¿Más +bebida o más muertes? Las dos cosas: vino bautizado con sangre.</p> + +<p>Soldados del <i>Serrador</i> y de Tallada cogían entre dos los +muertos, por pies y cabeza, y <span class="pagenum" id="Page_142">p. +142</span>los iban arrojando a un lado, formando montón. Las gentes del +pueblo, que al principio de la matanza se aproximaron con instintiva +curiosidad y querencia insana del terror, huían ya despavoridas. La +musiquilla seguía lanzando su chillar bufonesco en medio de la melopea +espantosa de tal tragedia, declamada por los fusiles de una parte, +de otra por los ayes lastimeros o los arrogantes apóstrofes de las +víctimas. Si pavoroso era el estruendo de las descargas, no lo era +menos el graznido lúgubre de la banda o murga, y el coro desenfrenado y +soez de los que comían, bebían y pateaban sobre el propio Calvario... +Movido de inmensa compasión, de un sentimiento de protesta contra tanta +barbarie, se fue don Beltrán con paso torpe hacia donde fusilaban... Le +entró el delirio de unir un grito suyo al de los que gritando morían. +No sabía por dónde andaba... Una mano vigorosa le apartó diciéndole:</p> + +<p>—¿A dónde va, buen hombre? Atrás, o le coge una bala...</p> + +<p>Retirose, metiendo los pies en un charco de sangre... Vio los +cuerpos desnudos retorciéndose en el suelo, y la presteza con que +los remataban, como quien extermina una plaga de animales dañinos. +Huyó el pobre señor horrorizado, sin saber a dónde iba a parar; y +más abatido por efecto del pavor que del cansancio, se dejó caer en +tierra. Una nueva descarga, alaridos, vivas y mueras, y el coro de los +bebedores, que ya era ronco, con voces arrastradas, grotescas, llevaron +al colmo su espanto. Se tapaba los oídos: <span class="pagenum" +id="Page_143">p. 143</span>sus miradas buscaban en el movimiento de los +grupos algo que indicase la terminación de la matanza; pero nada veía. +El humo cubría la hecatombe. Volviendo sus ojos al cielo, ansiando +ver algo que borrase de su espíritu la impresión de tales horrores, +contempló un instante la inmensidad azul, calmosa y pura.</p> + +<hr class="chap x-ebookmaker-drop"> + + +<div class="chapter pt3" id="Ch15"> + <h2 class="nobreak g1">XV</h2> +</div> + +<p>No había concluido la función. Despachados los sargentos y +oficiales, empezaron a exterminar soldados... De arriba gritaban:</p> + +<p>—¡Más, más..., todos!</p> + +<p>Y los que se acercaron a Cabrera intentando convencerle de que el +escarmiento no debía pasar de allí, oyeron de él la fría respuesta:</p> + +<p>—Hoy no les niego nada.</p> + +<p>El general, molestado por horrible acedía, y con su boca llena de +un amargor insano, el rostro lívido, la mirada menos brillante que +de ordinario, no había tomado más que un poco de vino con agua. Su +inapetencia habría necesitado quizás, para remediarse, espectáculos +menos terribles; o era que ni aun con los triunfos recientes se +hallaba satisfecho, y su insaciable ambición pedía más al adusto +genio que le protegía. En medio de las alegrías del festín y de los +horrores de la matazón, más que matanza, su espíritu se distraía de la +realidad presente, para volar hacia la ciudad cercana, bella <span +class="pagenum" id="Page_144">p. 144</span>y rica. Los ojos se le iban +hacia allá, como si contar quisiera las torres y cimborrios de la +que solemos llamar <i>ciudad del Cid</i>. ¡Qué no daría aquel nuevo +dominador de pueblos por poderla llamar suya! Mirándola con ojos de +codicia más que de amor, parecía decirle: «Ya ves cómo trato a mis +enemigos. Permito a mis soldados que hagan esta pira de cadáveres, para +que en ella veas a Cabrera. Aquí estoy; mírame; quiero que tiembles +mirándome, quiero que toda España tiemble ante mí».</p> + +<p>Terminados los fusilamientos, un amigo de Nelet recogió a don +Beltrán, atontado de la fuerza del susto, y le llevó a su alojamiento. +A prima noche, Nelet le hizo acostar, dándole vino caliente, y el pobre +señor, con los cuidados que su amigo, antes enemigo, le prodigaba, +descansó del molimiento y de la pavorosa impresión, despertándose +al toque de diana con regular apetito y el espíritu fortificado de +resignación, así cristiana como filosófica. Vivía en los dominios del +terror trágico y en las fronteras de la muerte: cuando llegara para él +la hora del martirio, sabría, pues, afrontarlo con valor y dignidad.</p> + +<p>Desayunándose con los restos del banquete, las tropas se pusieron +en marcha muy temprano, dejando intacta la pila de muertos para que +los enterraran los vecinos de Burjasot, si querían; algunos batallones +se aproximaron a Valencia simulando un ataque. El amago, sin más +objeto que amedrentar al vecindario, significaba un ¡<i>si <span +class="pagenum" id="Page_145">p. 145</span>voy...</i>! Pero no iba: +para tal empresa no bastaban la audacia y la agilidad. Contentábase +Cabrera con aumentar su hueste, con organizarla y darle hábitos y +educación de ejército poderoso; sus crueldades no eran el nefando goce +del mal, como en el depravado cura Lorente: eran los resortes de una +infernal política, pues en su conocimiento del país y de los hombres, +el <i>leopardo</i> no veía más camino que la fascinación terrorífica +para domar a los pueblos. Destruyendo media España, aseguraba el +imperio sobre la otra media.</p> + +<p>Hecha la demostración ante los muros de Valencia, emprendió Cabrera +con su ejército la marcha hacia la Plana de Castellón, sin decir a +nadie a dónde iba ni qué planes llevaba. Santapau, recién ascendido a +comandante, mandaba el 3.º de Tortosa, y en su estreno de plaza montada +brindó a don Beltrán con la participación de su cabalgadura, llevándole +a la grupa en todo aquel caminar, que no fue de los más acelerados. +Dispuso el jefe una marcha por la margen derecha del Palancia, como +si quisiera embestir a Segorbe; descendió inopinadamente hasta Sot de +Ferrer; pasó el río, y a los dos días de lo de Burjasot, pernoctaba +en Alfandeguilla. Afirmose en tan larga correría la amistad entre don +Beltrán y Nelet, ganando este con delicadas confianzas el corazón +del anciano. A poco de emprender la primer jornada, y observándole +taciturno y receloso, díjole que el general había manifestado, +respecto <span class="pagenum" id="Page_146">p. 146</span>a su noble +cautivo, sentimientos de benevolencia y estimación. La verdad de esto +demostráronla los hechos, pues en la parada que hicieron en Rafelbuñol, +presentándose la noche lluviosa y fría, Cabrera mandó a don Beltrán un +capote suyo en buen uso para que se abrigase. Cuidaba en tanto Nelet +de apartar para él la mejor comida, y en los alojamientos le agenciaba +toda la comodidad posible. Tanta era en Urdaneta la gratitud como la +confusión, y llegó a sospechar que tales obsequios significaban un +refinamiento de crueldad, y que le regalaban como a los condenados a +muerte antes de quitarles la vida. Descansando y comiendo al pie de +unos robustos algarrobos, después de pasar el Palancia, Nelet intentó +quitarle de la cabeza los temores de fusilamiento, diciéndole que +tal vez Cabrera le retenía con fines muy distintos de los que supone +la prisión por rehenes. No comprendía el viejo qué fines podían ser +aquellos, dada su inutilidad, y ambos estimaron que el noble señor +debía esperar los acontecimientos, tomando lo que le dieran, comiendo +de lo mejor que hubiese, y abriendo su espíritu a la confianza.</p> + +<p>—Dispuesto estoy —dijo Urdaneta— a comer todo lo que me traigan, y +a ponerme la ropa del general, si continúa mandándome algunas piezas +útiles. Pero mi espíritu no puede estar sereno, pues no se aparta de mi +mente la matanza de Burjasot. Soy cristiano; protesto en silencio de +estos horrores, y pido a Dios que los castigue.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_147">p. 147</span></p> + +<p>—Lo de Burjasot —replicó Nelet con fría naturalidad— no es otra +cosa que una hilada más de la pirámide de justicia que juró construir +don Ramón, hallándose en Valderrobres, en febrero del año pasado. Esa +pirámide no es aún bastante alta para que pueda lucir en su cima la +imagen de aquella santa mujer, María Griñó... Pero ya tocan marcha. +Andando, señor mío. Vamos a Nules, que es plaza nuestra. Yo le aseguro +a usted que allí tendremos ocasión... y además motivos de hablar +largamente.</p> + +<p>A las diez de la mañana del siguiente día fue recibido Cabrera en +Nules con arcos de triunfo, cortinas, músicas y danzas populares. +Salieron a felicitarle y a ofrecerle ramitos de flores las chicas +guapas del pueblo; huelgas y merendonas tenían dispuestas los +calificados, y por la tarde corrida de toros en la plaza. En buena casa +fue alojado don Beltrán, y tanto él como Santapau tratados a cuerpo de +rey. Salió el comandante a obligaciones del servicio y a diligencias +privadas, de que su amigo no tuvo conocimiento hasta la tarde, en la +ocasión y sitio que pronto se sabrá. Comieron opíparamente, y cuando +toda la oficialidad y el Estado Mayor a la plaza se encaminaban para +ver la función de toros, Nelet propuso al anciano que, pues ellos no +eran aficionados al barullo y tenían algo que platicar, se fueran a dar +un paseo por donde menos ruido hubiese de festejo y de muchedumbre. +Conforme en ello Urdaneta, se metieron por calles y travesías <span +class="pagenum" id="Page_148">p. 148</span>buscando la soledad, que +fácilmente encontraron, por estar todo el golpe del vecindario en la +corrida.</p> + +<p>La villa, de construcción arábiga, blanca, de suelo plano y fácil, +les engañó con la tortuosa red de sus calles; y cuando creían haber +andado poco, halláronse lejos, en un arrabal separado del pueblo por +anchas acequias. Metiéndose por entre dos tapias, fueron a dar frente +a una iglesia de frontispicio blanqueado con excepción de la puerta +de piedra, barroca, de columnas salomónicas, de retorcidos follajes y +garambainas.</p> + +<p>—Como está usted cansado —dijo Nelet— y esta iglesita nos brinda con +su soledad y silencio, tan a punto para el descanso como para la buena +conversación, entremos, señor don Beltrán, y aquí hablaremos todo lo +que nos dé la gana.</p> + +<p>—Dígame, compañero —indicó el viejo cuando Nelet, llevándole de la +mano, le metió en la iglesia, y se sentaron los dos en un banco—. ¿Es +que yo me he quedado completamente ciego, o que está esto más oscuro +que boca de lobo?</p> + +<p>—No tema por su vista. Yo tampoco veo nada. Venimos deslumbrados de +la calle. Aquí nadie nos molesta ni nos oye. Voy a mi cuento, empezando +por decir a usted que el hombre más desgraciado del mundo, el más digno +de lástima, es el que con usted habla en este momento. Pensará usted +quizás que mis penas son obra de la imaginación, a lo que contesto +que, aun admitiendo esa <span class="pagenum" id="Page_149">p. +149</span>idea, no dejan de ser efectivos, terribles, insoportables +los sufrimientos de su servidor. ¡Con decirle que en Burjasot, cuando +mandaba los fusilamientos, envidiaba a los pobres que allí matábamos +como moscas...!</p> + +<p>—Pasión de ánimo se llama esa enfermedad; y ella debe de ser +motivada por una mala impresión, por un vivo querer no satisfecho.</p> + +<p>—Ya pone su dedo en mi llaga... ¡y cómo me duele! No me equivoqué +al pensar que usted, hombre muy corrido, que ha vivido en esas +sociedades de tono, buen conocedor de hombres y mujeres y de todo el +tinglado social, es el único para confidente, quizás para médico de mis +males.</p> + +<p>—¡Yo!... Tate..., tate... Amigo Nelet, o soy un niño inocente, o +es causa de sus desdichas ese trastorno del alma, a veces del cuerpo, +que llaman amor. Entre paréntesis... Ya principio a distinguir los +altares... ¿No hay allí dos viejas?</p> + +<p>—No, señor: son dos sillas.</p> + +<p>—Me da en la nariz, Nelet amigo, que esto es convento de monjas. He +sentido a mi espalda como un murmullo, como un roce de faldas..., y un +cierto olor de incienso de monja..., que es un olor eclesiástico muy +particular... ¿Me equivoco?</p> + +<p>—No, señor.</p> + +<p>—¿Está aquí detrás el coro?</p> + +<p>—Y al través de la verja parece que veo un par de bultos +blancos...</p> + +<p>—Bueno, siga usted... ¿Conque amor? Y <span class="pagenum" +id="Page_150">p. 150</span>admito, sí señor, que pueda yo ser médico de +tal achaque por mi consumada experiencia, por lo que han visto estos +ojos, por los innumerables afectos de diferentes clases que han turbado +este viejo corazón. Adelante, y abreviemos: ¿quién es ella?</p> + +<p>—Antes de saber quién es ella, sabrá usted quién es él. Manuel +Santapau, nacido en un <i>mas</i> próximo a Gandesa, de padres +labradores ricos, no debió a estos una crianza perfecta. Hijo único, +sus padres no supieron enderezarle desde niño por los buenos caminos, +y en vez de contener su natural voluntarioso, le dejaron tomar vuelo; +sus travesuras hacían gracia, y sus sinrazones eran alabadas antes +que reprendidas, resultando que cuando unas y otras, con la edad, +empezaron a ser maliciosas, ya no había autoridad que las contuviera. +En fin, señor: yo, desde los dieciséis años, escandalicé la villa en +que vivíamos, que era entonces Gandesa, y más tarde hice campo de mis +abominaciones a Reus, a Vendrell y a Cambrils. Ausente de la casa de mi +padre, salvo en las épocas en que iba a reponer mi bolsa, me lanzaba +yo con otros amigos no menos inclinados a la vagancia, de pueblo en +pueblo, cometiendo tropelías sin fin. Mis estudios, que no pasaron de +leer y escribir y algo de cuentas, se completaron después en el libro +del mundo, donde aprendíamos toda la ciencia del mal. Era vasto nuestro +terreno, y en él ejercíamos diferentes artes malignas; pero la peor de +estas, y en que yo principalmente despuntaba, <span class="pagenum" +id="Page_151">p. 151</span>era la de seducir doncellas con mil engaños +para abandonarlas luego miserablemente. Si robábamos alguna vez en +ciudades o despoblados, era por modo de travesura; nuestro botín +consistía siempre en jamones y morcillas, aves y otros comestibles, +y jamás tomamos dinero de nadie. Esta es la verdad; y así como digo +lo malo, digo lo bueno o lo menos malo. Alguna muerte tuvimos sobre +nuestras conciencias, todas en riña, a veces por defendernos de padres +burlados, a veces por pendencias de esas que, sin saber cómo, salen del +vino... porque, eso sí, a borrachos y camorristas, nadie nos ganaba. +Aunque me esté mal el decirlo, mi buena figura era la mejor ayuda de mi +perversidad en la campaña de conquistar mujeres, embobarlas y perderlas +sin ninguna compasión. El demonio, que no Dios, me había dado el rostro +para enamorar y las palabras dulces y mentirosas; y con tales medios, +cada día era yo más terrible acosador del sexo femenino, llegando a no +respetar ya soltera ni casada, seduciendo también por depravación a las +que no eran bonitas, y a las religiosas, a las altas, y a las bajas y a +las medianas...</p> + +<p>—Perdone usted, Nelet —dijo don Beltrán, que no podía contener +las ganas de interrumpirle—. El tipo de don Juan, que existe desde +el principio del mundo y es de todas épocas, tiene en la nuestra, +por lo muy reglamentada que está la sociedad, poco terreno para sus +audacias. Se lo dice quien ha <span class="pagenum" id="Page_152">p. +152</span>visto mucho mundo; quien, si se pusiera a contar lances y +aventuras donjuanescas, no acabaría en siete meses. Y yo pregunto: +¿cómo pudo usted ejercer tan largo tiempo de caballero seductor, sin +tropezar con la justicia que le metiera en la cárcel, con un padre que +le descalabrara, o un marido que le partiera por la mitad?</p> + +<p>—Lo encontré, sí señor: tuve mi castigo. Un marido, de Tortosa, +me cogió desprevenido una noche, y con una barra me abrió la cabeza. +Después agarrome por una pata y me tiró a una acequia, donde me habría +ahogado si esta llevara más de medio palmo de agua.</p> + +<p>—Acabáramos... Reconozca usted que ya era tiempo, querido +Santapau.</p> + +<hr class="chap x-ebookmaker-drop"> + + +<div class="chapter pt3" id="Ch16"> + <h2 class="nobreak g1">XVI</h2> +</div> + +<p>—Sí, era tiempo... Yo me lo tenía muy bien merecido. Por poco no +lo cuento, señor don Beltrán. Me recogió el santero de una ermita que +hay en Roquetas, y a su caridad y a la de su mujer debo la vida. No sé +cuántos días me tuvieron en aquella cueva, debajo de la iglesia, donde +había unos santos viejos tirados en el suelo, con las caras comidas de +polilla, y toda la pintura y la estofa de sus trajes descascaradas por +la humedad. Uno <span class="pagenum" id="Page_153">p. 153</span>de +ellos, que era por las trazas san Antonio de Padua, pero sin niño, pues +este y las manos se le habían quemado en un fuego de los altares, se +puso en pie una noche, y llegándose a mí, me habló...</p> + +<p>—¡Nelet!...</p> + +<p>—Le veía y le oía, señor don Beltrán, como a usted le oigo y le +veo. Díjome que Dios estaba muy enojado conmigo por mis grandes +pecados, y que en castigo de haber yo perjudicado a tantas pobres +mujeres fingiéndoles un cariño mentiroso, me pondría en el alma un amor +violentísimo y verdadero hacia persona que nunca me había de querer, y +con esta pasión no satisfecha, y con este fuego no apagado, padecería +todo lo que hice padecer a las mujeres que engañé.</p> + +<p>—Soñó usted, en verdad, un ejemplo precioso de justicia y +expiación.</p> + +<p>—Verdadero o soñado, fue un aviso del cielo, según me dijo el +fraile mínimo con quien me confesé al siguiente día, porque yo estaba +arrepentido, sentía como un pestilente sabor de boca, la suciedad de +mi conciencia, y quería limpiarla. Meses después, el mismo fraile de +Roquetas (ya exclaustrado), que miraba por mi salvación espiritual +y corporal, me aconsejó que me alistase en la facción y peleara por +los derechos santísimos del altar y del trono. Así lo hice a fines +del 35; presentome a Cabrera, que me recibió muy bien, y para que me +fogueara me mandó a la partida de Quílez, después a la de Tena. Gracias +a mi arrojo en los combates, <span class="pagenum" id="Page_154">p. +154</span>a mi puntualidad en el servicio, adelanté bastante en mi +carrera. Era ya alférez y me hallaba en Valderrobres, en febrero del +año pasado, cuando los monstruos liberales dieron muerte a la madre +de Cabrera; teníamos en rehenes en el dicho Valderrobres a cuatro +señoras: la esposa del coronel Fontiveros; Mariana Guardia, hermana +de un urbano de Beceite; Paca Urquiza y Cinta Foz, hermana y madre de +otro urbano. Don Ramón las trataba con mucho miramiento, convidándolas +a su mesa algunos días, y cortejaba a la Paquita: se corría la voz de +que era su novio por lo fino y que se casaría con ella. Pero cuando +supo la muerte de María Griñó, el furor de aquel hombre fue tal, +que juró al cielo derramar sangre inocente hasta anegar los valles +y volver rojos los pequeños y los grandes ríos. A mí me tocó el +paso amargo de fusilar a las cuatro mujeres. La Mariana Guardia me +gustaba, y bromeando le había dicho yo cuatro cuchufletas de tentación, +picado de mi antiguo vicio... Al ponerlas de rodillas en el cuadro, +después de confesadas por el padre Vallés, el mismo frailecico que a +mí me auxilió en Roquetas, las pobres, llorando como Magdalenas, me +pidieron por Dios que no las matase. Pero yo, ¿qué había de hacer? La +disciplina, que es más fuerte que la conciencia, me hizo de hierro +el corazón... Murieron... A Mariana tuvimos que rematarla, porque +con los tiros primeros no quería morirse, y sus ojos se cuajaron, +echándome una mirada que me traspasó... Ello fue <span class="pagenum" +id="Page_155">p. 155</span>que sentí luego un frío mortal, y al poco +rato caí con tremenda pataleta y convulsiones, blasfemando y clavándome +las uñas en el rostro... Por la noche, hallándome en un catre, donde +me pusieron con los brazos atados para que no me golpeara, vino el +demonio, y cogiéndome por los cabellos, me llevó a un alto monte que +llaman Cretas, y allí...</p> + +<p>—Alto, amigo —dijo don Beltrán—, esa no cuela...</p> + +<p>—Porque no cree en ello. Pero yo sí, y sostengo todo lo que he +dicho. Tan cierto como que estamos aquí, lo es que me vi en el picacho +de Cretas, entre una caterva de demonios que allí estaban congregados; +y después de zarandearme jugando conmigo a la pelota, me mandaron +que les adorase, a lo que yo no accedí, y pusiéronme delante toda +mi historia, representada en las figuras de las mujeres que perdí y +ultrajé, las cuales iban pasando como las estampas de un libro... Ni +por esas me conquistaron; y cuando el demonio mayor, o capitán de +ellos, me volvió a mi catre, arrojándome en él medio muerto, llamé al +padre Vallés, que me consoló, haciéndome aprender de memoria oraciones +que bien rezadas ahuyentarían los espíritus malignos.</p> + +<p>—¿Pero cree usted eso, pobre Nelet?</p> + +<p>—¡Que si lo creo! —exclamó el guerrero con una convicción tan +profunda y tenaz que don Beltrán juzgó inútil emplear contra ella las +armas de la razón—. ¡Pues si fuera tan cierto que he de salvarme!</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_156">p. 156</span></p> + +<p>—Siga, y lleguemos pronto al punto principal: ¿quién es ella?</p> + +<p>—Ahora sale... Restablecido de aquel mal demoníaco, de cuando en +cuando venía por mí el diablo que quería ser mi amigo, y me llevaba +por los aires, o al fondo de las cuevas que hay en la Portillada, o +a los breñales espesos del río Nonaspe, en lugares a donde ni los +búhos penetran. Era el mes de agosto, y me hallaba con el <i>Fraile +Esperanza</i> en Calaceite, de vuelta del Mas del Hortal, donde nos +habíamos batido con Nogueras, cuando me encontré, sin saber cómo, +frente a una caverna, en noche cerrada, y oí una música preciosísima, +que no puedo comparar a ninguna música de este mundo.</p> + +<p>—Sobre todo a la de la banda de Tortosa.</p> + +<p>—De la gruta salió una luz azul, muy suave..., y por fin, de en +medio de esta luz una mujer... No puedo dar idea ni de la luz ni de +la hermosura de la señora, ni sé cuál de las dos cegaba y confundía +más.</p> + +<p>—Sería rubia...</p> + +<p>—No, señor; morena, de ojos negros, el pelo suelto y corto, caído +sobre los hombros con infinita gracia, la mirada como de los santos +en oración, los pies desnudos, el cuerpo vestido de un sayal de +penitente...</p> + +<p>—Verde y con asa... Marcela... Ya me figuraba yo que en esto habían +de venir a parar todas esas jugarretas diabólicas... Bueno, ¿y le dijo +usted algo?... ¿Ella le habló?</p> + +<p>—No, señor; palabras no hubo; nada más que el quedarme yo extático, +como sin sangre <span class="pagenum" id="Page_157">p. 157</span>en +las venas, la voluntad sobrecogida, y sentir que toda la vida la tenía +en el corazón, y que en él se me metió un amor muy vivo y abrasador que +de aquí no ha querido salir más.</p> + +<p>—Pero se me ocurre una grave objeción. Fíjese usted en las fechas +antes de lanzarse a referir sus leyendas, Nelet. Ha dicho que en agosto +fue la maravillosa visión. Pues en agosto, según mi cuenta, Marcela +no había salido aún de Sijena, ni podía presentársele en esa traza de +penitente...</p> + +<p>—Pues ahí está lo maravilloso, lo sobrenatural, que confunde a los +que solo creen y testifican las cosas ordenadas conforme al tiempo y +a la verdad que se toca. Yo vi a Marcela antes de que ella adoptase +la vida y hábitos de peregrina. Y en esta anticipación de las cosas +advierto que es ella la destinada por Dios a la obra del terrible +castigo que quiere imponerme, condenándome a una sed no saciada, y a un +afecto no correspondido.</p> + +<p>—Bueno; concretemos. ¿Dónde vio usted a Marcela en realidad... de +ella misma?</p> + +<p>—En la Ginebrosa, y no me sorprendió el verla, pues ya la conocía +por su aparición, que he referido.</p> + +<p>—¿Le habló usted?</p> + +<p>—Le pedí amores, y me contestó muy esquiva, huyendo de mí. +El segundo encuentro fue en Nuestra Señora del Pueyo. Le habló +con galantería fina y discreta que salía del corazón, y me dijo +que no sentía por mí más que asco y desprecio. Yo iba mandando +<span class="pagenum" id="Page_158">p. 158</span>una partida; en +mi desesperación se me ocurrió fusilarla, para matar con ella mi +tormento... Pero no me atreví. Despidiéndola, le dije: «Vete, hechura +de Lucifer, adonde yo no te vea más, que si otra vez te cruzas en mi +camino, te fusilo sin compasión...». Parecíame que sacrificándola me +libraba de mi suplicio, y que después podía seguir queriéndola hasta +que me muriese o me matasen... Darle muerte no me parecía crueldad, +sino una forma de amar, a mi manera, estilo de gran pecador y +visionario de cosas grandes...</p> + +<p>—¿El tercer encuentro...?</p> + +<p>—De él fue usted testigo.</p> + +<p>—¡Ah!... En la maldita Codoñera. Tiemblo de recordarlo... De lo que +sigue tengo noticia, y la última es que Cabrera la mandó a un convento, +porque no gusta de monjitas correntonas.</p> + +<p>—Sí, señor..., y el convento donde está encerrada es este.</p> + +<p>—¡Este! ¡Valiente pillo! —dijo don Beltrán levantándose y dando +algunos pasos hacia el coro.</p> + +<p>—Cuidado, señor..., que no nos conviene llamar la atención.</p> + +<p>—Como si lo viera. Los tratos de usted con los demonios ya sé yo +en qué vendrán a parar, caballero Nelet —indicó el prócer, volviendo +al banco—. Estamos preparando una hazaña donjuanesca: violación de +clausura, rapto de virgen del Señor... Pero entendámonos: ¿trata usted +de sacarla por su gusto, <span class="pagenum" id="Page_159">p. +159</span>por el orgullo de robar una monja, o porque ella le ha dicho: +«Nelet, ¿cuándo tocan a robar?».</p> + +<p>—Ella no me ha dicho eso; pero constándome que le agrada la +libertad, hace días, por un propio muy listo que mandé a Nules, le +propuse abrirle las puertas de su encierro, y me contestó que en ello +no había pecado, sino observancia de las disposiciones del Concilio +de Trento. El capellán del 3.º, hombre muy leído, me ha prestado +unos librotes en que están la fundación e historia de Sijena, y con +esa lectura mi conciencia no se escandaliza del hecho de libertar a +Marcela. Estoy tranquilo; he tomado mis medidas...</p> + +<p>—Todo esto, mi querido Nelet —dijo don Beltrán reverdecido—, es +hermoso, es poético y dramático. De la esencia de estas aventuras de +amor vive el alma.... Por tales emociones y otras semejantes, no es el +mundo un presidio. Dígame usted...</p> + +<p>—Ahora, mi ilustre amigo, no puedo decir más, porque tenemos que +separarnos. Es la hora precisa de ver a la demandadera, la cual ha de +darme de palabra o por escrito una razón, por donde sabré si la empresa +se acomete esta noche o se deja para la de mañana. Aguárdeme aquí, que +no estará solo más que el tiempo que yo tarde en esta diligencia.</p> + +<p>Mientras estuvo solo, Urdaneta se dio a reflexionar en el extraño +caso, que a su parecer justificaba el dicho del teniente Estercuel. +La guerra, el país, la raza, renovaban <span class="pagenum" +id="Page_160">p. 160</span>en todo los tiempos medievales. La vida +tomaba esplendores poéticos y risueñas tintas que se mezclaban con el +rojizo siniestro de la sangre, tan sin medida derramada. Exceso de +vida era quizás, plétora de sentimientos y pasiones. El fondo, por +añadidura, ofrecía característica decoración natural y el teatro más +adecuado a tal desbordamiento de vida. La mezquina civilización <i>a +la moderna</i> se desvanecía, se borraba como un afeite mal aplicado, +dejando solo las querellas feudales, el ardor místico, la superstición, +las crueldades horrendas y eminentes virtudes, el heroísmo, la +poesía, la intervención de ángeles y demonios, que andaban sueltos y +desmandados por el mundo.</p> + +<p>Volvió Nelet gozoso al cuarto de hora, y cogiendo del brazo a +su amigo, le llevó fuera, a punto que un monaguillo a cerrar se +disponía.</p> + +<p>—Y qué, ¿será esta noche? —preguntó el anciano, taconeando fuerte +por el puentecillo de la acequia.</p> + +<p>—Aún no he leído su carta —replicó Nelet, que de la fuerza del +contento temblaba.</p> + +<p>—¡Ha escrito!...</p> + +<p>—Y además me manda unos versos. Vámonos a prisa, que por el ruido +que se oye y la gente que se ve venir hacia estos barrios, paréceme +que ha terminado la corrida. Esta noche, después que yo lea la carta, +seguiremos hablando... Aún me queda lo mejor. Porque yo no le he +contado a usted a humo de pajas mis desgracias y aspiraciones. Yo he +visto en el señor don Beltrán de Urdaneta, <span class="pagenum" +id="Page_161">p. 161</span>noble de antiguo cuño, caballero muy corrido +y de grandísima ciencia en cosas mujeriles, la única persona del mundo +que puede guiarme al fin que deseo tanto como mi salvación: que Marcela +me ame, que pueda yo, triunfando de su esquivez, dar al traste con +la leyenda de mi castigo, que me espetó san Antonio en la ermita de +Roquetas.</p> + +<p>—Yo tendré un placer inmenso —dijo el aragonés, parándose para +hacerse oír mejor— en ilustrar a usted con mis conocimientos en materia +tan grave. El corazón de la mujer no tiene secretos para mí: ciencia +dolorosa, amigo mío, porque los maestros no llegamos a este doctorado +sino a fuerza de amarguras y sufrimientos. En mí tendrá usted un asesor +desinteresado; pero deje aparte toda consulta referente a espíritus +más o menos diabólicos, pues yo no los he visto en mi vida, ni sé +nada de esos caballeros. Eliminadas las potencias infernales, yo le +aconsejaré lo más eficaz para conquistar el corazón y la voluntad +de esa doncella... ¡Y que no es floja bestiecilla la que hay que +domar!... Santa y arisca, filósofa y hombruna... Pero ya veremos, ya +veremos...</p> + +<p>Llegaban al centro de la calle Mayor, donde se aposentaban, y ya +no pudieron hablar más de su asunto, porque Nelet se vio rodeado de +compañeros y amigos. Todos ellos, y don Beltrán no de los últimos, +pensaron en matar el hambre, lo que no era difícil entre un vecindario +casi totalmente afecto a la <span class="pagenum" id="Page_162">p. +162</span>Causa, y que se desvivía por obsequiar a sus defensores. En +los bajos del ayuntamiento, las estancias habían sido convertidas en +comedores, donde se agolpaban oficialidad, capellanes y calificados +vecinos del pueblo, mientras en el piso alto se hacían regios honores +al general y a su Estado Mayor. Los compañeros de Nelet se acomodaron +en una salita próxima a la escalera, donde se les dispuso espléndido +comistraje, con mariscos y pescado, arroz exquisito y otros manjares +de grande estimación. Con no poca estrechez se fueron acomodando, no +sin designar un puesto al noble cautivo. Mas no había tomado la primera +cucharada de sopa, cuando entró un ayudante del general con este +mensaje:</p> + +<p>—El señor de Urdaneta, que suba. El general le convida a comer.</p> + +<p>—¡A mí!... ¿Está usted seguro de que...?</p> + +<p>—Vamos, dese prisa. Están aguardando por usted.</p> + +<hr class="chap x-ebookmaker-drop"> + + +<div class="chapter pt3" id="Ch17"> + <h2 class="nobreak g1">XVII</h2> +</div> + +<p>La entrada de don Beltrán en la sala del festín, donde ya +ocupaban sus asientos los comensales; el despejo y cortesía con que, +adelantándose hacia el general, compendió en una sola frase el saludo +y las gracias por el honor que se le dispensaba, cautivaron a <span +class="pagenum" id="Page_163">p. 163</span>todos los allí presentes: +bien se veía al aristócrata de raza, maestro en arte social. Con raras +excepciones, los jefes carlistas que se sentaban a la mesa del general +eran unos pobres gaznápiros, elevados por sus prendas militares a +posiciones de las cuales desdecía su educación. Tal coronel había +sido arriero, el otro pescador; sacristán, uno de los intendentes; +contrabandista de mar y bandido de tierra el jefe de la caballería, sin +que ninguno de ellos poseyese el genial instinto con que Cabrera supo +borrar de sus modales la humildad de su origen. Mal vestido y roto, don +Beltrán descollaba entre aquella gente, que aun en el modo de mirarle +revelaba la conciencia de su inferioridad. Hubo uno, vecino de Nules, +que, menos avisado que los demás, se permitió decir al prócer:</p> + +<p>—Vamos, abuelo, que no estará usted poco <i>inflao</i>. En toda +su vida ha tenido honor como este... ¡comer con nuestro general +ilustrísimo!</p> + +<p>—Honor grande, que agradezco mucho —replicó don Beltrán—; pero que +no es nuevo para mí. Yo he comido con Napoleón.</p> + +<p>Esto de comer con tan grande celebridad produjo estupor, que se +fue trocando en admiración. A lo largo de la mesa sonó un murmullo. +Cabrera, hombre muy desahogado en toda circunstancia, mandó a Cala y +Valcárcel, sentado a su izquierda, que desocupase el puesto, y haciendo +una seña al caballero aragonés, le dijo:</p> + +<p>—¡Con Napoleón!... ¿Luego era usted su amigo? Véngase a mi lado para +que me cuente...</p> + +<p>Trocados <span class="pagenum" id="Page_164">p. 164</span>los +asientos, ocupó Urdaneta la izquierda del general, y accediendo a sus +deseos, prosiguió así:</p> + +<p>—No debí decir Napoleón, sino Bonaparte, porque ello fue antes de la +primera campaña de Italia. Él tenía entonces menos edad que tiene usted +ahora; era delgado, melenudo...</p> + +<p>—Sí, sí —dijo Cabrera con admiración infantil—, poseo su retrato en +la <i>Vida de Napoleón</i> con láminas, que he leído cien veces, pues +no ha existido hom...bre en el mundo que yo admire más.</p> + +<p>Refirió don Beltrán escenas y pasajes interesantísimos de 1795 y 96, +años IV y V de la República (¡ya había llovido!), por él presenciados, +y añadió anécdotas graciosas, más atractivas que la historia misma; y +con tal agrado Cabrera lo oía, que hasta se le olvidaba el comer por no +perder concepto ni palabra.</p> + +<p>Y entre cuento y cuento, viéndose el aristócrata tan obsequiado, se +decía, comiendo tranquilamente: «Tanta finura me da muy mala espina, +pues de este tío no hay que esperar compasión: cuando se le hinchan las +narices, ni hay para él amigos, ni tienen valor alguno sus atenciones +y arrumacos. No puedo olvidar lo que me ha contado Nelet. A las cuatro +desdichadas mujeres que en rehenes tenía en Valderrobres, las sentaba +a su mesa, prodigándoles obsequios mil. A la de Fontiveros le permitía +dar paseítos en una jaca, que aparejaron para ella, y a la chica +de Urquiza le hacía el amor por lo fino con <span class="pagenum" +id="Page_165">p. 165</span>tanta insistencia, que hasta corrió la voz +de que se casaban. Todo lo cual, ¡Dios mío!, no impidió que las mandara +fusilar al saber la muerte de la Griñó. ¡Vaya un nene! Y no hay que +hablar de arrebato, pues Cabrera supo lo de su madre el 20, si no estoy +equivocado, y la matanza de las rehenes fue el 27. Sentenciadas días +antes, no las mandó ejecutar hasta que no supo que sus dos hermanas, +presas en Tortosa, se habían escapado... No me fío, <i>leopardo</i>, no +me fío de tus halagos, y aunque me pases por el lomo la pata blanda, +con las uñas escondidas, sé que las tienes muy afiladas, y que el mejor +día, cuando más tranquilo esté el pobre don Beltrán..., ¡pum!, al otro +mundo...».</p> + +<p>—¿Por qué suspira usted? —le preguntó Cabrera—. ¿Está descontento +del trato que le damos?</p> + +<p>—¡Oh!, no, señor. Estoy muy satisfecho y muy agradecido. Encuentro +simpatías en su ejército, y en él he podido hacer algunas amistades +gratísimas. Pero bien sabe usted que la privación de la libertad +difícilmente halla consuelo.</p> + +<p>—Es muy sensible —le dijo el <i>leopardo</i> hacia el fin de la +comida o cena— que la ley de guerra, que no puedo eludir, no puedo..., +me obligue a tenerle a usted bien trinca...ado en mi ejército, para +que su vida me garantice la de otro aristócrata que tiene en su +poder Iriarte... Pero usted podría ahorrarme a mí el disgusto..., +ya me entiende, y al propio tiempo salir de esta situación <span +class="pagenum" id="Page_166">p. 166</span>molesta... Sí, señor, +comprendo que es car...gante eso de estar un hombre con la idea de que +le van a pegar cuatro tiros... Sí, señor, usted podría...</p> + +<p>«Te veo venir», pensó el anciano, antes de preguntarle cuál era el +remedio de su angustiosa incertidumbre.</p> + +<p>—¿Por qué el señor don Beltrán de Urdaneta, de la primera nobleza de +Aragón, no se presta a reconocer al único rey legítimo de España? Para +Su Majestad sería muy grato; y a mi entender, si usted se decidiese, +le seguirían otros nobles de Aragón y de Castilla. Fírmeme usted una +declaración en el sentido que le propongo, y yo la co...municaré al +instante a mi rey...</p> + +<p>—Señor general —dijo el noble caballero después de toser y limpiar +el gaznate para expresarse con toda claridad—, estimo en lo que vale +la excelente intención con que usted me propone ese reconocimiento +de los derechos del infante, y espero que usted estimará del mismo +modo la lealtad con que me veo precisado a evadir todo compromiso con +la causa carlista. En conciencia, y estudiado el asunto, creo que la +sucesión a la corona pertenece a la hija de Fernando VII, y habiéndolo +declarado así solemnemente como prócer del reino, no es decoroso para +mí deponer ahora en favor del augusto príncipe, a quien reverencio como +a tío carnal de nuestra reina. Fácilmente comprenderá usted, ilustre +soldado, que en mi clase y en mi raza, la religión del honor y de la +consecuencia <span class="pagenum" id="Page_167">p. 167</span>no nos +obliga menos que la otra religión con sus dogmas santísimos. Ni por +cuantos bienes hay en el mundo, ni por la vida, que es el primero de +los bienes, mancillaría yo con una traición el nombre que llevo... Y +dicho esto con toda la entereza de que soy capaz, y todo el respeto +que a usted debo, he de manifestarle también que aunque partidario de +Isabel, y convencido de la legalidad de sus derechos, no he tomado +parte a su favor en esta contienda ni con armas, ni con escritos, ni en +ninguna otra forma. Soy hombre de paz, y acato las leyes de la nación, +vengan como vinieren. Ni guerrero he sido nunca, ni tampoco político. +La pelea y la conspiración me son desconocidas. Soy un hombre honrado, +isabelino en la intención, neutral en la conducta. No desconozco la +convicción y lealtad con que tremola usted la bandera del infante. +Pero yo no la seguiré nunca; ni puede usted catequizarme ofreciéndome +la vida mía, que hoy tiene en su mano. Y si en vez de tener usted en +rehenes este cabo de vida, ya caduca, triste y de ningún valor, tuviera +usted una vida robusta; si yo fuera joven y mirase ante mí un porvenir +de treinta, cuarenta o cincuenta años, lo mismo que ahora le digo le +diría..., siempre con la consideración que debo a un hombre de su valer +y de su inteligencia.</p> + +<p>Oyó con atención y agrado el soldado del absolutismo esta +declaración, dicha con cierto énfasis oratorio, y estimó delicadas las +razones del caballero.</p> + +<p>—Basta, señor mío, y <span class="pagenum" id="Page_168">p. +168</span>no hablemos más del asunto —le dijo—. Yo lo siento por +usted..., y también por la Causa, que, digan lo que quieran, no se ve +muy apoyada por la grandeza de sangre... Pero ya vendrán, ya vendrán +todos... Solo que llegarán tarde, y les pondremos en última fila. Para +entonces ya habremos creado nosotros, digo, el rey, una aristocracia +nueva, sacada de las filas de la lealtad... ¿Qué hizo Napoleón cuando +se vio sin nobleza de abolengo? Pues fabricarla. De sus generales hizo +duques y príncipes, y hasta reyes... Traemos entre manos la fundación +de una sociedad nueva, pueblo nuevo, ejército flamante, aristocracia +acabadita de salir... Y ustedes, los de la corte isabelina, se irán +a cuidar cabras, o a destripar terrones... Sí, señor; si yo lo +dispusiera, así sería. A todos los marqueses y archipámpanos que no +han reconocido a Carlos V, les pondría yo una azada en la mano, y... +¡hala!, a labrarme las tierras del común...</p> + +<p>Terminó la cuestión de un modo festivo, y con ella la comida. +Retirose don Beltrán, expresando nuevamente al <i>leopardo</i> su +estimación, <i>quand même</i>, y se fue a dar con Nelet, que ansioso le +esperaba. En una sala del mismo edificio, y en las propias mesas donde +habían comido, los oficiales jugaban al ajedrez o las damas. Cabrera, +una vez alzados los manteles, se puso a trabajar con dos secretarios, +dictando oficios y comunicaciones para el gobierno de lo que con visos +de Estado tenía bajo su mano. No solo había creado un ejército, <span +class="pagenum" id="Page_169">p. 169</span>sino una administración +civil, tal como esta podría existir en aquella vida de constante +inquietud, de movilidad epiléptica.</p> + +<p>Y en verdad que el Estado en esbozo y su terreno inseguro le venían +corto a don Ramón Cabrera, hombre que por su inteligencia comprensiva, +su voluntad potente y sus dotes de organización, había nacido para más +altas empresas. Su inquietud continua, la palidez de su rostro, el +estado nervioso y febril en que de ordinario se encontraba, no eran más +que la impaciencia loca para llegar a donde quería ir, el sentimiento +de la desproporción entre sus facultades y la poca materia gobernable +que cogía entre las manos. Lo que había creado con esfuerzo monstruoso, +con los golpes fulminantes de su coraje guerrero, con su nativo +conocimiento de los hombres y del país era mezquino para quien se +sentía capaz de manejar un imperio... Algo de esto pensó don Beltrán, +recordando lo que hablaron durante la comida, y el rostro siempre +melancólico de Cabrera: «Es un hombre que, con tener mucho entre las +manos, aún tiene más en la cabeza, y de este desequilibrio proviene +su aspecto de gato triste..., dormilón, cuando sus ojos no despiden +rayos. Su crueldad es la irritación contra el género humano porque no +se le somete de golpe. Si este hombre triunfara y pudiera manifestar +tranquilo y seguro lo que lleva en su corazón y en su cabeza, sería un +dictador severo y paternal, rigorista y clemente, próvido para todo, y +hasta liberal <span class="pagenum" id="Page_170">p. 170</span>dentro +de su poder soberano indiscutible».</p> + +<p>No le dejó Nelet hablar de nada que no fuera su asunto, y en cuanto +tuvieron ocasión de arrinconarse, lejos del barullo de los jugadores, +reanudaron el sabroso tema.</p> + +<p>—No puede ser hasta mañana por la noche —dijo el militar—... Ahora +sobreviene una dificultad que trato de vencer esta noche misma. +Dícese que el general vuelve mañana hacia Liria: no sé qué planes +tiene. Llangostera se queda aquí para ir sobre San Mateo, y después +no sé a dónde. Yo he pedido que me destinen a su división, pues deseo +aproximarme a mi pueblo, donde necesito proveerme de ropa y dar un +vistazo a mis intereses.</p> + +<p>—Y en tal caso, ¡ay de mí!, habremos de separarnos...</p> + +<p>—Creo que no. He hablado a Llangostera, que es grande amigo mío y +paisano, y espero conseguir que se quede usted con nosotros. Daremos +al general esta noche una razón que no tiene réplica. A Llangostera +corresponde fusilarle a usted, en caso de que maten al hermano del +conde de Catí, porque el tal estaba en su división cuando le cogieron. +La cosa es de clavo pasado...</p> + +<p>—¡Y tan pasado! No sabía que entre carlistas hubiera tales +etiquetas.</p> + +<p>—¡Anda..., y que se cumplen con todo rigor! En fin, que vendrá usted +con nosotros.</p> + +<p>—Mucho me place; y en cuanto a mi fusilamiento, lo mismo me da que +sea Pedro que sea Juan el que me mande a mejor vida... Me alegraré, +sí, de que sea usted el <span class="pagenum" id="Page_171">p. +171</span>encargado de darme los tiros, pues no dudo que usted mandará +que me apunten bien al corazón, para que mi muerte sea instantánea, y +no esté yo pataleando como un buey a medio degollar... Con que vamos a +nuestro negocio.</p> + +<p>—Dígame sinceramente, echando mano de todo su saber mundano, si +una vez libre Marcela, debo ir tras ella y emprender su conquista por +asalto... ¿Cree que es mejor poner paralelas?</p> + +<p>—Hijo, sí: el asalto no es prudente hasta que la plaza no +esté bien castigada y con ganas de rendirse. No haga usted la +tontería de embestirla con violencia... Al contrario, es muy hábil +aparentar desgana de entrar en el recinto, afectar que se desean +los procedimientos del asedio galante, colmarla de atenciones, sin +mostrar al principio una ansiedad viva de amor... Mujer que vive en el +idealismo, fíjese usted bien, con el idealismo debe ser atacada.</p> + +<p>—¡Oh, qué talento tiene usted —dijo Nelet, abrazándole gozoso—, y +cómo conoce el corazón humano! Ha sido gran suerte para mí encontrar +tal amigo.</p> + +<p>—Y para mí también. Entre paréntesis, si quieres que yo hable con +el desahogo que facilita la comunicación entre maestro y discípulo, +permíteme que te tutee... Pues, sí: como ella tira a lo espiritual, +conviene que aprendas tú algo de fraseología mística y hojarasca de +librillos devotos. Nada de violencias. Paralelas, hijo, paralelas y +fuegos <span class="pagenum" id="Page_172">p. 172</span>parabólicos... +por elevación. Según dices, no eres en este caso un seductor vulgar; +solicitas el alma, el amor...</p> + +<p>—El amor, sí, grande, abrasador como el mío —dijo Nelet con acento +teatral.</p> + +<p>Movido de compasión y de un paternal interés, quiso el buen +Urdaneta que sus consejos le llevaran por el camino menos aventurado y +escabroso. Díjole que de los infinitos casos y ejemplos que atesoraba +el archivo de su experiencia, escogía los de color más honrado y puro. +Antes que atacar a la hermosa Marcela con asechanzas o artificios de +mala ley, debía esperar a que ella se rindiera, poniendo en ejecución +para esto los ardides de un hombre lealmente enamorado. Bueno sería +empezar con la estratagema de los desdenes, la fingida frialdad o +indiferencia, que en multitud de casos subyugan más pronto que los +extremos de cariño; bueno sería también mostrarse rival de ella +en lo de suspirar por este o el otro santo, o por misterios de la +religión; y si esto no resultaba eficaz, se emplearía el galanteo +fino y respetuoso, el anhelo de sacrificarse por la persona amada, el +propósito de emprender trabajos no menos grandes que los de Hércules, +para obtener por recompensa una mirada dulce, una leve ternura, un +favor sencillo. Tampoco vendría mal manifestarse caballero amador +sin esperanza, por el gusto y la satisfacción espiritual, sin ningún +melindre de los sentidos, haciendo gala de constancia a prueba de +desprecios, de una adoración <span class="pagenum" id="Page_173">p. +173</span>pura, en que el alma del galán fuera como esas sustancias +puestas al fuego que nunca se derriten ni consumen. Alcanzado el primer +éxito, se intentaría curar a la beata mujer de su místico arrebato, +sacándola de aquel soñar continuo en una perfección imposible; y +atraída al terreno de la vida corriente, se le propondría el matrimonio +cristiano, bendecido por Dios: la unión honrada de dos almas y dos +cuerpos por toda la vida.</p> + +<p>—Este y no otro es el camino, querido Nelet —concluyó don Beltrán +con serena entonación—, que puede aconsejarte un hombre cargado de +años y de experiencia. Creo que si vas resueltamente por él, Dios +te ayudará, indultándote del castigo que mereciste por tus pecados +de libertinaje. Sí, sí, hijo mío: pues amas a Marcela, hazla tuya +honradamente, y constituye con ella una familia, y ten hijos que +criarás en la virtud y en el santo temor de Dios.</p> + +<p>Tan grande entusiasmo despertó en el apasionado joven esta elocuente +exhortación de su amigo, que se le saltaron las lágrimas, y hubo de +dominar con vivo esfuerzo su emoción, para no manifestarla ruidosamente +ante la muchedumbre de jugadores que llenaba la sala.</p> + +<hr class="chap x-ebookmaker-drop"> + + +<div class="chapter pt3" id="Ch18"> + <p><span class="pagenum" id="Page_174">p. 174</span></p> + <h2 class="nobreak g1">XVIII</h2> +</div> + +<p>—¡Jesús, qué delicia! —exclamó Nelet, después de una corta pausa—. +¡Casarme con ella!... ¡Marcela mi mujer! ¡Y retirarnos a una vida +pacífica, laboriosa y agradable!... ¡Y tener hijos, muchos hijos!... +Sepa usted, don Beltrán, que hacienda no me falta. Conservo parte de +las heredades de la familia..., entre ellas un <i>mas</i> que es la +gloria, cerca de Cambrils.</p> + +<p>—Rico tú, más rica ella, el matrimonio se impone —dijo el anciano +con tal gravedad que a Nelet pareciole que hablaba por su boca +el Concilio de Trento—. Has de saber que Juan Luco, padre de esa +extraordinaria hembra, poseía grandes caudales, que yacen sepultados +bajo tierra en diferentes puntos: me consta.</p> + +<p>—Algo de esto oí; mas no le daba crédito.</p> + +<p>—¡Si serás tú simple! Crees en los demonios, y pones en duda +los hechos más naturales y corrientes... De acuerdo con su hermano +Francisco, que también ha dado en la flor de que le canonicen, Marcela +se propone consagrar todo ese metálico que hoy yace bajo tierra a una +grande obra de fundación religiosa... Figúrate qué desatino... ¡Como +si no tuviéramos en España bastantes conventos! <span class="pagenum" +id="Page_175">p. 175</span>¡Y en qué ocasión se le ocurre emplear +dinero en albergues para frailes y monjas... cuando Mendizábal, de +una plumada, ha echado por tierra las órdenes monásticas...! Pero +poniéndonos en lo razonable, y a fin de no contrariar abiertamente +la voluntad de la monjita, la dejaremos que consagre parte del +tesoro a satisfacer aquel deseo santo, reservando un buen pico para +las obligaciones sacratísimas que dejó pendientes Juan Luco. ¿No te +parece?</p> + +<p>—Si he de hablar claro, señor don Beltrán, amo a Marcela con amor +del alma y fuego de todo mi ser, sin que esta pasión sea turbada ni +envilecida por ninguna ambición tocante a intereses... Por mi vida, que +más la quiero pobre; que a mis brazos venga sin otra propiedad que la +estameña que cubre la hermosura de su cuerpo; estameña que yo trocaré +gustoso por las sedas más ricas.</p> + +<p>—Pero, hijo, lo que abunda no daña. Tú no tienes culpa de que la +santa sea una ricachona. La mejor demostración que puedes dar de tu +delicadeza es permitir que Marcela funde o restaure algún conventito +no muy grande, y que dedique luego una parte no floja de sus especies +metálicas a dar cumplimiento a la voluntad de su padre..., a +restituciones que son sagradas, hijo, sagradas...</p> + +<p>—Con todo estoy conforme, pues cuanto usted me dice parece dictado +de la misma razón y del perfecto conocimiento de la vida humana. No ha +sido poca suerte para mí encontrar tal amigo y asesor.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_176">p. 176</span></p> + +<p>—A buen árbol te has arrimado, hijo... Lo que yo no hiciere en +este negocio, cuenta que nadie lo haría... Y si te parece, yo iré a +recogerme, que me siento cansado y soñoliento... Alguien habrá que me +diga dónde voy a tender esta noche mis pobres huesos.</p> + +<p>Llevole Nelet muy solícito a la cama que a él le habían destinado, +y se determinó, con insomnio y desasosiego de amante, a pasar toda +la noche en pie. Las solitarias calles de Nules le vieron rondar, +al pálido fulgor de las estrellas, y disparar suspiros contra los +blancos muros de las <i>mónicas</i>, santuario y prisión de la bella +teóloga.</p> + +<p>Habiendo partido Cabrera al día siguiente en dirección al Júcar, +por la noche se efectuó con facilidad y sin ningún tropiezo la evasión +de Marcela, facilidad en parte debida a las ingeniosas disposiciones +de Nelet, en parte a las ganas que tenían las señoras Mónicas de que +la prófuga de Sijena se fuera a otra parte con sus filosofías y sus +latines. Mucho sintió Urdaneta no haber sido testigo de un caso que +tenía por interesante y teatral. Contole el galán que Marcela había +salido con su empaque de penitente, tal como en libertad la habían +conocido, y que él, atento a seguir los sabios dictámenes de su amigo, +se había mostrado atentísimo y caballerescamente cortesano, pero con +cierta frialdad parecida al desdén, según el programa trazado. Habiendo +dicho a la monja que no le había movido a libertarla más que su amor +a la religión y su respeto a las decisiones <span class="pagenum" +id="Page_177">p. 177</span>del concilio de Trento, replicó ella que +agradecía su libertad; mas para que el favor fuese completo, había +de buscar Nelet a los dos viejos enterradores que la acompañaban +comúnmente, y llevárseles para que la guiaran en su camino. No le fue +difícil al enamorado dar con Zaida y Alfajar, y aquel día muy temprano +la monja y sus servidores o discípulos habían partido juntos hacia +Villavieja. Tuvo buen cuidado Santapau de advertir a su ídolo que no +se alejase de la tropa que él mandaba, pues de otro modo podría topar +con quien de nuevo la cogiese y encerrara, obedeciendo las órdenes de +Cabrera.</p> + +<p>—En todo, hijo mío querido —dijo don Beltrán satisfecho—, has +procedido con tanto tacto como previsión. Atento, y al propio tiempo +desdeñoso..., solícito en buscar a los viejos, que sin peligro de su +virtud la acompañan..., y por último, precavido para tenerla siempre a +la mano y que no se nos escabulla.</p> + +<p>—Trato de inspirarme en usted, que todo lo sabe, pues aunque yo he +sido hombre muy corrido de mujeres, hacía mis conquistas al modo de +pueblo, y con la rudeza y malos modos de mi educación aldeana. ¿Cómo +dice usted que llaman a los que se dedican a engañar mujeres y hacen de +esto un oficio?</p> + +<p>—Donjuanes.</p> + +<p>—Pues si yo he sido un donjuanillo de pueblo bajo, sin finura, +sin retóricas, basto y llanote, usted ha sido un señor donjuán +cortesano.</p> + +<p>Echose a reír Urdaneta, y no tuvieron <span class="pagenum" +id="Page_178">p. 178</span>tiempo de más explicaciones, porque tocaron +marcha, y el regimiento de Nelet, componiendo con otros dos una +brigada, al mando de Pertegaz, fue al socorro del <i>Serrador</i>, +que apretado se veía en el sitio de Burriana. Cuando llegaron ya era +tarde, porque el <i>Serrador</i> venía en retirada por causa de la +gran resistencia que opusieron los valientes urbanos, socorridos por +una columna de Castellón. Pocos días después, los urbanos, por orden +de Borso, abandonaron la plaza, y entró en ella el cabecilla faccioso +con el sentimiento de no encontrar a ningún jefe de la Milicia ni de +tropa a quien fusilar. Pertegaz tomó la vuelta de Cantavieja para +unirse a Cabañero, y Nelet volvió a incorporarse a la división de +Llangostera, que marchó hacia Lucena y de aquí a Albocácer, recogiendo +cuanto encontraba, hombres y caballerías, víveres y forrajes, +animales y personas. En todas estas marchas y contramarchas, don +Beltrán se aburría de lo lindo, y Nelet no tuvo el gusto de encontrar +a Marcela más que dos veces: la una, en la rambla de la Viuda; la +otra, en Nuestra Señora de Hortiseda. Apenas pudo hablarle en el +primer encuentro; pero en el segundo si platicaron, y por consejo de +su noble maestro se lanzó a demostraciones más expresivas, después +de haber empleado los desdenes sin resultado práctico. No debió de +quedar satisfecho el comandante, porque cuando partió con sus tropas +en auxilio de Cabañero, que sitiaba a Cantavieja, iba muy temeroso de +que <span class="pagenum" id="Page_179">p. 179</span>le cogieran por +su cuenta los demonios que atormentarle solían. Rendida Cantavieja +por traición, quedáronse las fuerzas de Nelet a mitad del camino, en +Iglesuela del Cid, donde recibieron orden de Cabrera para marchar a la +Cenia, punto fortificado por los carlistas a la subida de los puertos +de Beceite. Allí se enteraron de que Oráa era general en jefe del +ejército del Centro, y que, decidido a dar impulso a las operaciones, +había dividido su hueste en tres cuerpos, que mandaban los brigadieres +Nogueras, Corral y Sequera; supieron asimismo que el infatigable y +diabólico don Ramón se aprestaba a defenderse contra enemigo tan +poderoso como <i>Lobo Cano</i>, que así llamaban a don Marcelino, y +seguramente, si con él no podía, había de <i>marearle</i> con sus +audaces movimientos y prodigiosos brincos de un extremo al otro del +país. Por de pronto, apresuraba la expugnación de la histórica villa +de San Mateo, para no dar tiempo a que en su auxilio fuesen los de la +reina. Grandes acontecimientos se preparaban: don Beltrán, que era +amigo de Oráa, confiaba mucho en su pericia; mas conociendo ya el +fragoso terreno de aquella guerra, y la fiereza y dura condición de +los que en él peleaban por el absolutismo, no veía cerca ni lejos el +menor vislumbre de paz. La naturaleza era allí tan guerrera como el +hombre.</p> + +<p>Estaba de Dios que antes de salir de la Cenia presenciaran Nelet +y don Beltrán espectáculo tan lastimoso como el de Burjasot, <span +class="pagenum" id="Page_180">p. 180</span>pues conducidos allí los +prisioneros de San Mateo (que se rindió como Cantavieja, por flaqueza +o deslealtad de algunos de sus defensores), se procedió con toda +tranquilidad a exterminarlos por un procedimiento fácil y barato. +Apenas llegaron, metiéronles en diferentes mazmorras; algunos fueron +recluidos dentro de un horno de pan. Y si por economía de víveres se +les mataba de hambre, por ahorrar cartuchos se determinó concluirles +a bayonetazos. Edificado el pueblo en eminencia rocosa, presenta +por uno de sus costados un tajo formidable, vertiginosa caída a la +profundidad aterradora de un barranco, donde brama un torrente entre +peñas y zarzales. Al borde de este precipicio fueron conducidos de dos +en dos los prisioneros, después de confesados por el padre Chambó, +cura párroco de la Cenia. Unos cuantos <i>números</i> hacían de +matachines; otros tantos arrojaban los cuerpos a la hondura tenebrosa +y fría. Treinta y ocho oficiales y sargentos perecieron de este modo, +sin contar un cadete de doce años, que fue al matadero emparejado con +su padre, comandante del fuerte rendido de San Mateo. La última res +sacrificada fue una cantinera portuguesa.</p> + +<p>No tuvo papel Santapau en esta tragedia, pues habiéndose trocado, +por la virtud de su amorosa llama, de feroz en benigno y humanitario, +siempre que le daba en la nariz olor de degollina, se ponía malo; y +realmente lo estuvo de la cabeza y del corazón. Sin quejarse <span +class="pagenum" id="Page_181">p. 181</span>tanto como su amigo, +don Beltrán no gozaba de buena salud. Ambos se alegraron cuando se +dio la orden de que Nelet marchase con la mitad de su regimiento a +relevar la guarnición de Benifazá, lugar que también tenían toscamente +fortificado en el centro de aquel núcleo de montes elevadísimos que +llaman la Tinenza. Por los desfiladeros del río de la Cenia, faldeando +la Peña del Águila, pasaron de la zona de Rosell a Benifazá, y a la +célebre abadía cisterciense fundada por don Jaime, edificio devastado +sucesivamente por tres guerras, la de las Germanías, la de Sucesión y +la que ahora se relata. Daba pena ver su noble arquitectura mutilada +por bárbaras manos: aquí señales de incendios, allá desplomados muros, +la iglesia con medio techo de menos, la torre melancólica y sin +campanas, con sus espadañas ciegas y mudas, las junturas pobladas de +jaramagos y ortigas, y el claustro, en fin, con solo tres costados, más +triste que todo lo demás, y más poético y ensoñador. Aposentaron a don +Beltrán en un pasadizo entre el claustro y la iglesia, donde gozaba de +la hermosa vista del despedazado monumento, que apreciar podía en su +esbeltez de conjunto, no en sus riquísimos detalles. No era lego en +arqueología el buen aragonés, y sentía verdadera pasión por el estilo +llamado románico y su elegante austeridad: en tiempos más felices +había visitado con entusiasmo de artista los monasterios de Veruela +y San Juan de Peña; conocía el de Rueda como <span class="pagenum" +id="Page_182">p. 182</span>su propia casa, y todo lo románico y gótico +del siglo <span class="asc">XIII</span> que encierran las ilustres +villas y ciudades de Aragón. Se extasiaba recorriendo los venerables +restos de la construcción medieval, los tres ábsides semicirculares, +el claustro, la sala del capítulo, el palacio abacial; y tan dulce +encanto encontró en aquella paz y en el poético lenguaje de las nobles +y tristes piedras, que habría deseado permanecer allí todo el tiempo +que su prisión durase.</p> + +<p>También Nelet se sentía muy a gusto en el monasterio, que +perfectamente cuadraba a su espíritu en aquella ocasión, como estuche +ajustado a la joya que guarda. La dolencia que trajo de la Cenia se +le calmó el primer día; mas repuntó al segundo con sus murrias negras +y sus vibraciones nerviosas, anunciándole la visita de los entes +infernales que con él se divertían. Los ratos libres de servicio +pasábalos con don Beltrán, sentaditos en un rincón del claustro, +hablando cada cual de sus tristezas. Como el présbita que se hace +leer un libro de letra menuda, Urdaneta rogaba a su amigo que <i>le +leyese</i> el claustro, esto es, que examinara uno por uno los +capiteles y el simbolismo que representaban, para poder él juzgar de +obra tan bella, como si con sus propios ojos la deletreara. Después de +describir varias esculturas en que no halló ningún interés, dijo Nelet +con estupor:</p> + +<p>—¡Ay, aquí veo mi propia historia!... No, no se ría: es mi historia, +que aquí representaron <span class="pagenum" id="Page_183">p. +183</span>aquellos artífices algunos siglos antes de que yo viniera al +mundo.</p> + +<p>—¿Qué ves, hijo?</p> + +<p>—En este capitel del ángulo, por la parte de dentro, veo un +guerrero que adora a una penitente. Él está de rodillas; ella, en la +tosquedad de estos relieves, ofrece gran semejanza con Marcela, los +pies desnudos, suelto el cabello... En el capitel de fuera se ve la +misma peregrina, con una cruz... Yo no estoy aquí..., parece como si +me hubiera ido... Debo de estar más allá... Déjeme ver... Aquí no +estoy; forman el adorno unos como perritos o leoncitos, y luego sigue +otro con cabezuelas de ángeles, entre las púas retorcidas de cardos +borriqueros... ¡Ah!, ya parecí..., aquí estoy, en este otro capitel, y +me tiene cogido por el pescuezo el demonio que se permite conmigo sus +bromas cargantes... Sigue otro en que hay muchas mujeres chiquitas, +desnudas, entre llamas, que son las hembras que deshonré y perdí, y por +mi culpa están en el purgatorio o en el infierno...</p> + +<p>—Hombre, no saques las cosas de quicio. Será otra leyenda que nada +tiene que ver contigo... ¿Qué hay más allá?</p> + +<p>—Pues un caballero con cruz en el pecho, como de templario, con un +cuerno de caza en el cinto, en la una mano una pica y en la otra un +halcón.</p> + +<p>—Caballero noble... Ese soy yo... No me niegues que puedo ser yo.</p> + +<p>—¿Cómo he de negarlo, si hasta se le parece <span class="pagenum" +id="Page_184">p. 184</span>en lo airoso de la figura?..., pues en el +rostro tiene un cierto aire...</p> + +<p>—Dime otra cosa..., fíjate bien. ¿No estoy hablando con alguna dama +de alta alcurnia, reina o princesa?</p> + +<p>—No señor... Está usted solo.</p> + +<p>—No puede ser. Puede que el tiempo haya desgastado la otra figura. +Dama ilustre debe de haber, que me acompaña en el noble ejercicio de la +caza; y si no es así, no soy yo el que miras, Nelet.</p> + +<p>—Créalo usted o no lo crea, yo sostengo, amigo mío, que vivimos +en estos pedruscos. Esto que aquí nos rodea no es cosa muerta; esto +tiene alma, como la tienen los montes, el viento, las cavernas, y los +torrentes que cantan y rezan en las profundidades...</p> + +<hr class="chap x-ebookmaker-drop"> + + +<div class="chapter pt3" id="Ch19"> + <h2 class="nobreak g1">XIX</h2> +</div> + +<p>—Más poeta eres de lo que yo creía —dijo don Beltrán, cogiéndole del +brazo para pasear por el claustro—. Por cierto que una queja tengo de +ti, y es que, habiéndote escrito Marcela, según me has dicho, más de +una carta, acompañada de versos, aún no me los has enseñado.</p> + +<p>—No solo he de mostrárselos, sino que quiero que ponga su +mano de maestro en los que yo, en respuesta de los suyos, estoy +inventando...</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_185">p. 185</span></p> + +<p>Rompió don Beltrán en una risa placentera; mas no pudieron seguir +ocupándose en aquel ameno asunto, porque se acercó el ayudante +del batallón, llamando a Santapau para urgentes resoluciones del +servicio. Toda la tarde y parte de la noche estuvo atareadísimo, dando +cumplimiento a órdenes de Cabrera para proveer a una corta de árboles, +con objeto de proteger el camino cubierto entre la casa del abad y un +<i>mas</i> situado a tiro de fusil, dominando el río y el sendero. Al +día siguiente contó el comandante a su maestro que, no pudiendo dormir +después de su trabajo, había visto a Marcela, o más bien una parte no +más de su persona...</p> + +<p>—Pero tan claramente, amigo Urdaneta, como le estoy viendo a usted +ahora.</p> + +<p>—¡Demonio! ¿Y qué parte de su persona veías? ¿Se puede saber?</p> + +<p>—Los dientes... Mire usted que es raro. No hay, créalo, en todo el +mundo dientes como los suyos, blancos como la leche, y tan iguales y +bonitos que se emboba uno mirándolos... Por arriba y por abajo de las +dos hiladas, veía yo un poco de los labios... y nada más.</p> + +<p>—Eso es que sonreía. Buena señal. ¿Y una sola vez lo viste?</p> + +<p>—Más de veinte, y hoy también como unas ocho veces.</p> + +<p>—Aunque aquí estamos muy bien, es lástima que las obligaciones +militares nos separen de la divina Marcela.</p> + +<p>Díjole Nelet que desde antes de ir a la <span class="pagenum" +id="Page_186">p. 186</span>Cenia, era tal su anhelo de verla y +hablarle, que había discurrido establecer comunicación con ella. Tanto +tiempo ausente del ser que adoraba, era peor desgracia que la muerte. +Habiendo tenido la suerte de encontrar a un pastor viejo, muy conocedor +de aquellos montes y cañadas, devoto de Marcela, a quien como santa +miraba, le dio el encargo de rastrearla y descubrir sus guaridas. Al +segundo día de estar en Benifazá, le había traído el pastor razones +satisfactorias. Marcela habitaba con preferencia en las alturas, como +las águilas, y en los santuarios de más devoción del país. Había +morado algún tiempo en la Muela de Ares, después pasó a la cueva de la +Balma, de allí a la Virgen de los Ángeles, cerca de San Mateo, y en +aquellos días se hallaba en el santuario de la Traiguera, entre Chert y +Vinaroz. Como preguntara don Beltrán sí había recibido carta en prosa +o verso, replicó que las razones de que había sido mensajero el pastor +eran verbales. Marcela enviaba un cordial saludo a sus dos amigos, +asegurando que en todas sus oraciones pedía al Señor y a la Virgen que +les diera salud y buenas ideas. A Nelet, particularmente, le enviaba +nuevas expresiones de su agradecimiento, y la promesa de acudir al +punto que él designara, si algo tenía que decirle.</p> + +<p>—¡Oh! Magnífico... No repugna acudir a la cita. Vamos bien, +querido Nelet, pero muy bien... ¡Ay!, es triste cosa que ni yo por +prisionero, ni tú por militar, esclavo de la <span class="pagenum" +id="Page_187">p. 187</span>ordenanza, podamos trasladarnos a donde nos +llama nuestro deseo.</p> + +<p>—En eso pienso, señor mío —dijo Santapau caviloso—. Y harto ya de +la esclavitud del servicio, estoy decidido a pedir mi licencia por +enfermo, instalándome donde ella esté, aunque para esto tenga que hacer +vida de penitente.</p> + +<p>Aseguró Urdaneta, suspirando y casi lloroso, que él haría lo mismo +si pudiese, agregándose a los enterradores que escoltaban a la divina +mujer, y dedicándose con ellos al manejo de la pala y azadón donde +fuese menester remover la tierra. Añadió Nelet que para la comunicación +con la monja había encontrado mensajero más rápido que el pastor, +y era una mujercita del barranco de Vallivana, a quien llamaban +<i>Malaena</i>, también con cariz de penitente o mendiga errante, +envejecida por los trabajos, la miseria y los sufrimientos. Madre +fue de dos hijos que andaban en la partida de Pertegaz, y cogido por +Nogueras uno de ellos con un parte del <i>Serrador</i>, le fusilaron; +al otro le aplicó Boil la misma pena en Concud, cerca de Teruel. Sin +parientes ni habientes, viviendo de arrancar leña y vender teas, era +<i>Malaena</i> un puro espíritu, pues entre sus huesos y su piel no +encontrara el escalpelo más diligente una hebra de carne. Frecuentaba +los bosques; sabía escoger hierbas oficinales; comía raíces y mendrugos +de pan, reblandecidos en el agua. En ligereza para pasar de un valle +a otro, salvando las más altas muelas, y los <span class="pagenum" +id="Page_188">p. 188</span>puertos pedregosos, no la igualaban más que +los pájaros. Aunque en algunos caseríos de Salvasoria la tenían por +bruja y la recibían a pedradas, era una pobre y santa mujer, sencilla, +inocente y fiel. Al escogerla Santapau para embajadora, vio en ella +un ave discreta y solícita; y para tenerla en su gracia, empezó por +regalarle una saya nueva, pañuelos, y todas las alpargatas que para +sus montaraces correrías necesitase. Estas fueron inauguradas por un +mensaje amoroso, en que puso Nelet sus cinco sentidos, consultándolo +con don Beltrán, el cual hizo varias enmiendas, más para templar que +para encender el ardor pasional del desgraciado joven.</p> + +<p>Si la guerra vino de improviso a perturbar estos planes, tan +distintos de la contienda entre Isabel y Carlos, luego los favoreció, +como se verá más adelante. El 4 de mayo avanzó el general Oráa desde +Vinaroz contra Cabrera y el <i>Serrador</i>, que ocupaban la Cenia +y Rosell. En una y otra parte les atacó con brío, desalojándoles +después de reñido combate. La fuerza de Benifazá acudió en apoyo +del <i>Serrador</i>, y tanto este como Cabrera hubieron de buscar +refugio en la sierra de Bel. Dos días estuvieron tiroteándose en +aquellas alturas las guerrillas de uno y otro bando, hasta que Oráa, +falto de provisiones, hubo de retirarse a Vinaroz, y Cabrera y el +<i>Serrador</i> volvieron a ocupar la Cenia y Rosell. Tal era la +guerra del Maestrazgo, un tomar y dejar posiciones y un perseguirse y +sorprenderse, sin ventaja de <span class="pagenum" id="Page_189">p. +189</span>los liberales, que no podían abandonar largo tiempo su +base de operaciones; el juego solo aprovechaba a los carlistas, que +estaban en su casa, y desalojados de la sala, se metían en la cocina; +perseguidos en esta, se escabullían por el cañón de la chimenea, y +desde el tejado seguían combatiendo.</p> + +<p>El ejército cristino, como se ha dicho, tuvo que bajar a Vinaroz: +comió y volvió a subir, custodiando un convoy de víveres para socorrer +a Morella, algo apurada de bucólica en aquellos días. Queriendo +cortarle el paso, apostó Cabrera su gente en Chert; pero el <i>lobo +cano</i> anduvo más listo; conocida la jugada, dispuso sus tropas con +arte y burló la astucia del <i>leopardo</i>. Trabose batalla, en que +el <i>lobo</i> llevó la mejor parte, ganando sin dificultad el paso +de Vallivana y entrando en Morella sin grave tropiezo. Repitiose a la +vuelta la jugada, con mayor gasto de cartuchos y algunas bajas; pero +el <i>lobo</i> pasó, rodeando las alturas de Catí, mientras su rival, +desconcertado por este hábil movimiento, bajó a esperarle en el valle +de San Mateo, donde la caballería cristina le hizo frente, obligándole +a volverse a las alturas. Poco afortunado Cabrera en aquellos lances, +dividió de nuevo su ejército, y dejando a Llangostera en el Maestrazgo, +se corrió con el <i>Serrador</i> y el <i>Fraile Esperanza</i> hacia +Murviedro, donde esperó inútilmente sorprender a Nogueras, y de allí le +veremos volver pronto hacia el norte con la celeridad del rayo, para +sitiar a Gandesa.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_190">p. 190</span></p> + +<p>En el tiempo invertido en estas operaciones, que solo por el +cansancio que producían al enemigo eran al carlismo provechosas, pasó +el buen Urdaneta días de ansiedad amarguísima, confinado primero en +Chert, luego en La Jana, deplorando la ausencia de su amigo, de quien +nada sabía; oyendo sin cesar el vivo tiroteo que por esta y la otra +encañada, de este y el otro monte venía; ignorante de quién perdiera +o ganara en aquellos combates, a su parecer fantásticos y aéreos, +sostenidos en las alturas o en los desfiladeros por bandadas de aves, +más que por hombres. Eran las guerras de fábula, entre animales de +pluma o pelo, veloces, y que prontamente corrían de un punto a otro, +sin dejar rastro. Recluido en la impedimenta de Llangostera, que +escoltaban pocos infantes y caballos, sufrió el hombre tristezas, +hambres y tratos groseros, hasta que puestas en marcha las acémilas, +cuando ya toda la rambla de Cervera y pasos de Vallivana estaban libres +de cristinos, tuvo la satisfacción de ver a Nelet, que al frente de un +corto destacamento de soldados venía de San Mateo, y lo primero que +hizo el joven guerrero fue correr a abrazarle cariñoso. Poco le faltó +a don Beltrán para echarse a llorar del gusto que aquel encuentro le +daba, y antes que pudieran comunicarse sus afectos, hubo de notar +Urdaneta que el rostro de su amigo, demacrado y macilento, revelaba +enfermedad honda o turbaciones del ánimo. No quiso el comandante +entretenerse en explicaciones, <span class="pagenum" id="Page_191">p. +191</span>dejándolas para cuando llegasen al poblacho donde habían de +dormir. Solo dijo que sintiéndose mal de salud, había pedido permiso +a Cabrera para reponerse con algunos días de descanso, y para cumplir +un voto a la Santísima Virgen de Vallivana. Como se condoliera el +maestro de no poder acompañarle ni en el descanso ni en la piadosa +peregrinación, díjole Nelet que pues en Catí encontrarían a Cabañero, +bien se podía esperar que el bravo aragonés, deudor de don Beltrán +por beneficios recibidos, le mostraría su gratitud en aquella ocasión +sin faltar a sus deberes militares. Consolado con esta idea, recobró +el noble señor su tranquilidad, ya que no su alegría, y charlando de +los sucesos recientes, se encaminaron uno y otro a Catí, venciendo +trabajosamente la subida asperísima que a tan enriscada posición +conduce.</p> + +<p>Lo primero de que se ocupó en el pueblo Santapau fue de ver a +Cabañero, que con su legión zaragozana y oscense allí estaba desde el +día anterior, y hablarle del desgraciado prócer a cuya generosidad +debía el jefe aragonés los primeros zapatos que se puso en su vida. Así +lo reconoció el tal, manifestándose muy sorprendido de que en pasos tan +desdichados se viera el noble señor de Albalate y Olid. Corrió a verle, +y besándole afectuoso las manos, oyó de don Beltrán las explicaciones +que este quiso darle de los motivos por que había venido a ser cautivo +de Cabrera, y de hallarse en rehenes, la más <span class="pagenum" +id="Page_192">p. 192</span>aflictiva situación de un hombre, ¡ay!, en +tiempos tan calamitosos. Compadecido Cabañero, y expresando su voluntad +sincera de influir con el jefe para libertarle, le convidó a su mesa, +harto pobre en verdad; pero aceptable en tales circunstancias. Tocado +por Nelet el punto delicado de la escapadita a Vallivana para cumplir +el voto que <i>los dos habían hecho</i> de visitar a la Santísima +Virgen, accedió Cabañero a que el prisionero se ausentase del ejército +por dos días no más, dejándole una garantía más valiosa que todos los +rehenes o <i>prendas vivas</i>.</p> + +<p>—Mi palabra de honor, ¿no es eso? —dijo don Beltrán alargando su +mano flaca—. Pues la tienes.</p> + +<p>Respondió el aragonés con gallarda confianza que la palabra +de tan insigne caballero le bastaba para tener bien cubierta su +responsabilidad, y no se habló más del asunto.</p> + +<p>Vierais, pues, a la mañanita siguiente, a Manuel Santapau y al +señor de Urdaneta salir de Catí, solos, a pie, cada cual amparado +de un nudoso garrote: el uno inerme, el otro armado de pistolas y +un cuchillo de monte. Llevaba de añadidura Nelet provisión de pan y +otras cosillas de sustancia liadas en un pañuelo. En el descenso de la +montaña, por senderos de ovejas que sorteaban la pendiente con ángulos +y curvas dilatadas, pudieron apreciar el grandioso panorama que a su +vista se ofrecía; belleza incomparable de que también gozó don Beltrán, +pues si no apreciaba las menudencias y tonos medios del paisaje, +percibía claramente las grandes <span class="pagenum" id="Page_193">p. +193</span>masas rocosas, que por su coronamiento romo y achatado, en +aquella formación geológica, son llamadas <i>muelas</i>. Las vertientes +cubiertas de verde espesura son en algunos puntos suaves; en otros caen +rápidamente, querenciosas de la vertical: todas de imponente majestad +y hermosura. En una de las revueltas vieron el alto de la Virgen de la +Salud, cerca de San Mateo, coronado por el santuario eminente; en otra +revuelta, hacia el oeste, la Muela de Ares, cima chata en la sierra de +la Higuera. Hacia el norte distinguían el oscuro monte de Vallivana +cubierto de verdor, y más allá asomaban el Castell de Cabres, la Moleta +del Cid y los montes de la Cenia. Ningún ser humano encontraron en el +camino. Llegado que hubieron a un ameno grupo de alisos entre peñas, se +sentaron a descansar y a reponerse con un frugal almuerzo, y tumbados +allí, en medio de la paz y quietud más deliciosas, Nelet empezó a +desembuchar las noticias y peregrinos hechos que ansiaba someter al +consejo de su amigo.</p> + +<hr class="chap x-ebookmaker-drop"> + + +<div class="chapter pt3" id="Ch20"> + <h2 class="nobreak g1">XX</h2> +</div> + +<p>Sin ociosos preámbulos refirió que había pasado noches horribles de +insomnio y terror, pues al llegar a Calig, después de haberse batido en +guerrillas un día entero con <span class="pagenum" id="Page_194">p. +194</span>las guerrillas de Oráa, le cogieron por su cuenta como media +docena de espíritus, a quienes primero tuvo por ángeles, y luego hubo +de reconocerlos por demonios efectivos, de la familia o casta de +bellacos y maleantes, pues se le presentaron en un puesto de cantina, +y convidándole a beber copas, invitáronle a dar un paseo. Vestían de +paño colorado, como oficiales de un ejército extranjero; y cuando ya +se hallaron solos con él en lugar apartado, trocáronse por ensalmo +en clérigos, y le dijeron que le casarían al instante con la hermosa +Marcela. Quiso huir Nelet; mas le cogieron, y de un vuelo rapidísimo +fue llevado al castillo de San Mateo, entrando por la plataforma de la +torre más alta.</p> + +<p>—Nelet, si es sueño —dijo don Beltrán bondadoso—, cuéntamelo como +sueño, y con la importancia que a tales figuraciones de nuestro cerebro +debemos dar.</p> + +<p>—Lo cuento como me pasó y como lo sentí. Preste usted atención, y +verá si es sueño o qué es. Pues, señor... El que parecía jefe de la +infernal comparsa me cogió por el brazo y me dio un rápido paseo por +el interior del castillo, arrastrados él y yo de un furioso ventarrón +que por todos los huecos entraba y salía, llevando consigo alimañas mil +volanderas y un polvo que cegaba. Y con las propias voces del aire y +los chillidos de las alimañas, mi demonio me hablaba. De todo lo que me +dijo, solo saqué en limpio que el amor que Marcela tenía a las cosas +divinas <span class="pagenum" id="Page_195">p. 195</span>se le había +trocado, por arte maléfica, en afición a hombre, a mí, en una palabra; +que en aquel momento hallábase en el santuario de Traiguera engañando +a la Virgen para que la relevara de la obligación de sus votos. Debí +manifestar al maldito diablo mi afán de trasladarme a Traiguera..., +no estoy seguro de ello..., solo sé que llevándome a un gran sótano +que hay bajo la sala de armas del castillo, me mostró un agujero al +modo de escotillón, de donde arrancan escalones hacia lo profundo... +Como polvo, como humo se desvaneció mi acompañante, dejando tras sí +un olor muy malo, y yo, precipitándome por aquella abertura, me vi +dentro de un angosto callejón labrado en la roca, y por él me lancé, +en la seguridad de salir a Traiguera. Una luz tristísima, que yo no +sabía de dónde demonios podía venir, me alumbraba en tan feo camino. +Seguí, seguí toda la noche andando; toda la noche, señor, y al ser +de día, o cuando a mí me parecía que alumbraba el sol en la región +externa de la tierra, oí ruido de aguas que manaban de aquellas peñas +y corrían por grietas y sumideros, haciendo unas como gárgaras muy +imponentes... Halleme por fin en una caverna, cuyo techo parecía la +bóveda de una catedral; en el fondo de ella varios hombres cavaban la +tierra... Acerqueme, y les vi sacar del suelo un objeto largo y pesado +de color de tierra. «¿Es eso una momia, amigos?», les pregunté. Y ellos +respondieron: «Mojama es de un muerto de metales, que agora sacamos y +resucitamos <span class="pagenum" id="Page_196">p. 196</span>por orden +de la sacra señora, para mayor grandeza de Dios e de su religión». Sin +parar mientes en lo que hacían, les pregunté por dónde saldría más +pronto a Traiguera, y su respuesta fue señalarme uno de los conductos +que desde allí partían, abiertos en la roca. Por él me metí, y a las +seis horas de camino, por mi cuenta, salí a la luz, y me encontré, no +en Traiguera, sino en el castillo de Cervera del Maestre.</p> + +<p>—Para, querido Nelet, para —le dijo Don Beltrán—, y reconoce que +todo eso es un desatinado sueño.</p> + +<p>—Lo reconoceré si usted se empeña en ello. Pero hay algo aquí que +no comprenderé si usted con su universal conocimiento de las cosas no +me lo explica, y es que al salir a Cervera del Maestre, encontreme +tan molido como si me hubieran dado carreras de baqueta; mis pies +sangraban; en mi cuerpo no cabían ya más cardenales... Y otra duda; si +ello fue sueño y me dormí en Calig, ¿cómo desperté en Cervera?</p> + +<p>—¿Estás bien seguro de no haber ido a Cervera... por tu pie?</p> + +<p>—Segurísimo. ¿Y cómo, sin creer en los poderes ocultos, se explica +que al bajar yo del castillo al pueblo de Cervera me encontré a +<i>Malaena</i>, que muy sentadita en una piedra me esperaba? ¿Cómo +sabía ella que allí estaba yo, habiéndole advertido que fuera a +buscarme a Calig?</p> + +<p>—Pues será bruja, como dicen... Y en suma, ¿qué recado te traía la +mensajera?</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_197">p. 197</span></p> + +<p>—Que había visto a Marcela en el castillo de San Jorge, más abajo +de Traiguera, ocupada con dos viejos en apisonar la tierra de una +sepultura recién abierta y cerrada. Apisonaban dando pataditas encima +los tres, marcando el compás, como de baile, con una oración entre +rezada y cantada. Luego que acabaron, Marcela dijo a mi embajadora que +si yo quería verla pasase el jueves (por hoy) a Vallivana.</p> + +<p>—Y por eso estamos aquí, y por eso vamos allá. Muy bien.</p> + +<p>—La despaché en seguida con nuevo mensaje escrito, y hoy ha de +traerme la contestación. Me espera en Salvasoria, que es aquella +aldeíta que blanquea allá lejos, en el fondo de este valle, y que desde +aquí parece un hato de ovejas sesteando entre los matorros verdes.</p> + +<p>Siguieron; y como don Beltrán intentara quitarle de la cabeza la +pueril creencia de los caminos subterráneos, obra de la edad feudal, +dijo Nelet que a la tradición debía tal creencia y otras análogas, +como la parte fundamental que toman en nuestra vida las potencias +invisibles, ora sean ángeles, ora demonios. Replicó el anciano que +la tradición era una vieja loca, que había sido poetisa; pero que +ya con la edad chocheaba; y Santapau contó que su madre, natural de +Ares del Maestre, el riñón del Maestrazgo, hablaba de las galerías +secretas entre los castillos de la orden de Montesa y los monasterios +de frailes y monjas, como si las hubiera <span class="pagenum" +id="Page_198">p. 198</span>visto y reconocido de punta a punta. Tomó +la palabra Urdaneta para denegar tales absurdos, asegurando que si +había pasadizos bajo tierra, eran cortos, y solo servían para unir +los castillos con algún reducto cercano, caminos naturales del arte +antiguo de la fortificación. Respecto a la orden de Montesa, de quien +fue propiedad aquel territorio que veían, y otros mayores en grandísima +extensión por todo el reino alto de Valencia, dijo que él era caballero +de dicho hábito; pero que ya tales caballerías eran una ficción de +vanidad, porque todo lo sustancial de ellas se lo había tragado el +tiempo insaciable, que va devorando, devorando, y no siempre crea +cosas nuevas con que sustituir a las pasadas. En la antigua ciudad de +Olite, patria de su madre, y en la casa solar de Urdaneta, en las Cinco +Villas, subsistían no pocos retratos de esclarecidos caballeros de San +Jorge de Alfama, orden que se refundió en la de Montesa. Esta trocó su +cruz negra flordelisada por la roja y sencilla de San Jorge, que es la +que aún dura. Uno de sus remotos abuelos, según constaba en pergaminos +de la casa, don Gilaberto de Monsoria, fue Gran Maestre de Montesa, y +con esta dignidad murió en la villa de San Mateo, donde seguramente se +conservaría su sepulcro.</p> + +<p>—Otro ascendiente mío por la línea materna, frey don Pedro Luis de +Garcerán de Borja, fue Comendador mayor, y poseía por tal dignidad las +villas y pueblos de Cuevas de Vinromá, Albocácer, Tirig, Torre den +Dumenje, y otras <span class="pagenum" id="Page_199">p. 199</span>más +que no recuerdo ahora. Clavero fue el hermano del fundador de mi +señorío de Albalate, frey don Guillén de Corbera, almirante... Pues +si las mudanzas de los tiempos y las revoluciones no hubieran hecho +escombros de todo aquel orden social, tu amigo don Beltrán de Urdaneta +sería hoy quizás Gran Maestre, y dueño, por tanto, de las villas +y lugares de San Mateo, Traiguera, Chert, La Jana y algunos más. +Figúrate... Nadie nos tosía en estos valles y montes; con mi gente +armada y esta red de castillos y fortalezas, haríamos aquí lo que nos +diera la gana: a ti te nombraría bailío para que me gobernaras todo +mi territorio; elegiríamos prior a un clérigo sumiso que a nuestro +gusto nos gobernara todo lo espiritual; a las monjas de nuestra +jurisdicción las obligaríamos a proporcionarnos todos los milagros que +fueran menester; haríamos excavaciones para sacar tesoros escondidos +y... Pero despertemos a la realidad, y caigamos innoblemente en este +lodazal de miseria, de esclavitud y vulgaridad. Veamos nuestros +castillos en ruinas, poblados de lagartos y murciélagos; nuestro poder +desvanecido como el humo; veámonos tan impotentes que sobre nadie +tenemos autoridad, y a nosotros nos mandan cuatro canallas groseros y +estúpidos. ¿Qué somos? Unos pobres peregrinos que van tras de una monja +suelta, de quien esperamos, tú una limosna de amor, yo una limosna +de pan... Ya ves... ¡Qué triste despertar!... ¡Oh tiempos, oh fin de +fines!...</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_200">p. 200</span></p> + +<p>Callaron largo trecho: antes de llegar a Salvasoria, se les apareció +<i>Malaena</i> saliendo de un matojo, y Nelet se detuvo un instante con +ella para recibir razones de su embajada. Don Beltrán distinguía de la +mensajera una figurilla delgada y ágil, brazos y manos ennegrecidos, +con rostro muy semejante en color y arrugas a una pasa, con ojos +ratoniles. No hablaba más que valenciano, dulce y lacónico, apoyando +con sus flacas manos los dichos, cual si quisiera estamparlos en el +aire.</p> + +<p>—<i>Pos hara</i> —le dijo Nelet—, <i>adelantat y espéranos en la +font, al peu del mont. Allí pasaren la nit. Arreplega lleña y fes una +bona fogata. Pren estas provisions, y si pots conseguir unes criailles, +fetnos un bon guisado</i>.</p> + +<p>En breve desapareció delante de los peregrinos la diligente pájara, +y ellos siguieron taciturnos: Nelet mirando al suelo, recitando entre +dientes algo que no se sabía si era oración o algún conjuro contra +diablos entrometidos y enredadores; don Beltrán mirando al monte, +recreándose en aquella plácida soledad de sagrado bosque propicio a los +misterios. Sentíase el noble viejo a mil leguas de la sociedad y de +sus afanes; diríase que ni la guerra, ni la política, ni ninguna lucha +de humanos, habían de extender hasta allí su tumulto y vocerío. Por no +ver seres vivos, ni aun cabras veían. Era la soledad de los lugares +no estrenados aún por la historia y la leyenda... La imaginación del +primer habitante los poblaba de seres invisibles, escondidos en el +silencio.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_201">p. 201</span></p> + +<p>Oyendo suspirar a Nelet, su maestro le dijo:</p> + +<p>—Muy caviloso te veo. ¿Eso que entre dientes hablas, es rezo o un +ensayo de lo que quieres decir a tu amada en la entrevista de esta +tarde?</p> + +<p>—No la veré esta tarde, sino mañana al amanecer, que así acaba +de anunciármelo <i>Malaena</i>; y en cuanto a lo que mascullo, sepa +usted que es la contestación que debo dar a unos versos que hace +días me envió Marcela... Mi plan es glosarlos estrofa por estrofa, +devolviéndole el discurso y dándole un giro peregrino, que al propio +tiempo que exprese mis afectos, sea muestra gallarda de un buen +razonar... Compongo de memoria algunas de mis estrofas para que usted +me las corrija, y en eso vengo trabajando con los sesos bien afinados y +calientes.</p> + +<p>—Ante todo, léeme o recita los versos de esa prodigiosa mujer, +pues sin conocer la proposición poética, mal podré yo juzgar si la +conclusión rivaliza tu ingenio con el suyo.</p> + +<hr class="chap x-ebookmaker-drop"> + + +<div class="chapter pt3" id="Ch21"> + <h2 class="nobreak g1">XXI</h2> +</div> + +<p>—Recitaré a usted las primeras estrofas de ella, que estampadas +con letras de fuego, como todas las demás, llevo en mi memoria. Dicen +así:</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_202">p. 202</span></p> + +<div class="poetry-container"> + <div class="poetry"> + <div class="stanza"> + <div class="verse indent2"><i>Es Dios la original circunferencia</i></div> + <div class="verse indent0"><i>De todas las esféricas figuras,</i></div> + <div class="verse indent0"><i>Pues cercos, orbes, círculos y alturas</i></div> + <div class="verse indent0"><i>En el centro se incluyen de su esencia.</i></div> + </div> + <div class="stanza"> + <div class="verse indent2"><i>De este infinito centro de la ciencia</i></div> + <div class="verse indent0"><i>Salen inmensas líneas de criaturas,</i></div> + <div class="verse indent0"><i>Centellas vivas de las luces puras</i></div> + <div class="verse indent0"><i>De aquella inaccesible omnipotencia.</i></div> + </div> + </div> +</div> + +<p>—Enrevesadillo es..., pero no está mal. Yo que tú, me limitaría +a contestarle en prosa llana que la quieres, que ahorque el sayo de +peregrina, y se deje de ensueños y se case contigo, para que deis a +Dios y a la sociedad, ella robusta, tú también, una <i>inmensa línea +de criaturas</i>... Pero sin perjuicio de este consejo, veamos cómo se +compone tu cacumen para devolver esas estrofas.</p> + +<p>—Pues verá usted... Yo le digo:</p> + +<div class="poetry-container"> + <div class="poetry"> + <div class="stanza"> + <div class="verse indent2"><i>¡Oh, Marcela! Si es Dios circunferencia</i></div> + <div class="verse indent0"><i>De la divina esencia,</i></div> + <div class="verse indent0"><i>Explana de los orbes el abismo</i></div> + <div class="verse indent0"><i>En líneas, cercos, círculos y...</i></div> + </div> + </div> +</div> + +<p>Al llegar aquí, la ley del maldito consonante me obliga a buscar el +modo de meter la palabra <i>profundas</i>, para poder rematar con el +concepto:</p> + +<div class="poetry-container"> + <div class="poetry"> + <div class="stanza"> + <div class="verse indent2"><i>Tú que de amor y gloria te circundas,</i></div> + <div class="verse indent0"><i>Eres centro del centro de Dios mismo.</i></div> + </div> + </div> +</div> + +<p>Apretándose los ijares, rompió don Beltrán <span class="pagenum" +id="Page_203">p. 203</span>en una tan fuerte risa, que el bueno de +Nelet, desconcertado, cortó la vena poética.</p> + +<p>—¿Qué, señor? —le dijo—, ¿es que no están bien hilvanados, o que no +hay bastante sutileza y delgadez de razonamiento?</p> + +<p>—Por San Jorge de Alfama y por el nombre que llevo —replicó don +Beltrán llorando de risa—, te juro que desde que hay poesía no se han +compuesto versos peores... Pues los de ella también son malos adrede... +Hijo mío, vuelve en ti; acógete a la opinión leal y a la experiencia +del viejo Urdaneta, y abandona un camino por donde vas, no a la +conquista, sino a la total perdición de la plaza que quieres sitiar. +Ven acá, y en un abrazo de amigo te comunicaré las ideas que deben +curarte de esa enfermedad que padeces. Los demonios y los versitos son +dos síntomas de un mismo mal: el mal de tontería, Nelet...</p> + +<p>—Por Dios, que voy creyendo que tiene razón —dijo el discípulo +dejándose abrazar.</p> + +<p>—¡Que si tengo razón!... Como que a no cambiar de sistema, Marcela +se reirá de ti y acabarás por volverte loco. De un mal semejante al +tuyo padece ella, y no has de curárselo sino con la aplicación de la +medicina que produzca humor contrario a esas simplezas. Vuelve en ti; +levántate de ese terreno, verdadero corral de pavos, en que te has +caído. Ten presente que Marcela no ha de quererte por pavo, sino por +hombre. No seas con ella poeta huero; sé gallardo, fuerte, enamorado, +siempre varonil; antes <span class="pagenum" id="Page_204">p. +204</span>que ñoño y quejumbroso, sé atrevido y jovial. No hagas caso +de duendes, que son muy mala compañía, ni te calientes los cascos +componiendo endechas, que aun siendo superiores, no agradarían a tu +señora tanto como un buen poema de amor, sentido y expresado en los +hechos, no en las palabras.</p> + +<p>—¡Es verdad, sí, sí! ¡Viva don Beltrán! —exclamó Nelet entusiasmado, +abrazándole más fuerte—. Lo veo claro... Hay que ser hombre, galán, +fuerte, apasionado, dispuesto para todo...</p> + +<p>—Sí, que vea y entienda la grandeza y el ardor de tu pasión; que en +ti admire el tipo del caballero amante, de corazón fogoso y voluntad +firme; que te tema un poco, pues es bueno una chispita de miedo para +encender amor; vea también que a todos infundes respeto; que eres +bravo, verdadero gallo en guerras y amores. Esta es mi opinión. Si no +haces esto, no cuentes conmigo... Que te aconsejen los demonios y te +amparen los versitos.</p> + +<p>—No; no hay consejero como usted, ni quien sepa más de cosas de +mundo y mujeres. A mi don Beltrán me atengo... Fuera demonios, fuera +ensueños, fuera poesía, que no es tal poesía, sino lo que usted +dice..., cosa de pavos... Fuera los quejiditos y el no comer, y el +miedo ridículo... El cuento es que cuando yo enamoraba a tantas sin +quererlas, sabía cumplir de palabra y obra; y a lo bruto..., porque +yo era un bruto..., me desenvolvía muy bien... Pero con esta no soy +lo <span class="pagenum" id="Page_205">p. 205</span>que fui, ni +acierto a enamorarla... Y es que me tiene prendada toda el alma, y el +seso completamente sorbido... y todo mi ser como derretido en ella y +transformado...</p> + +<p>—Acógete a mi doctrina, hijo, y adelante. Ganarás, ganaremos la +partida, porque algo me ha de tocar a mí como maestro: la satisfacción +de ver coronados tus deseos, de verte feliz, contento, padre de +familia... ¡Y que no se alegrará poco este viejo de ver en ti y en +Marcela florecer nueva rama de la honradísima familia de Luco! Así se +redondeará todo, y evitaremos que el caudal de mi amigo vaya a parar +a manos muertas... Con él constituiremos una gran familia tronco +de numerosa prole; y en esa familia prosperará la agricultura, la +industria, y resplandecerá la moral, la... Ya ves, ya ves cómo discurro +y voy atando cabos. Hay que estar en todo, hijo mío.</p> + +<p>—Venga otro abrazo —dijo Nelet con efusión, sintiendo que al mágico +influjo de aquella palabra persuasiva, el alma se lo vigorizaba, y se +le inundaba el entendimiento de vivísima luz—; ya lo veo, ya lo veo. +¡Vaya un talento macho!... Adelante: soy hombre; no creo en duendes; +quédense les versitos para barberos y estudiantes... Apresurémonos ya, +que aún estamos distantes del sitio en que hemos de pasar la noche.</p> + +<p>Grandemente excitado, don Beltrán fue charlando todo el camino, y +el otro escuchaba gozoso las explanaciones que hizo de su pensamiento, +y los ejemplos admirables que <span class="pagenum" id="Page_206">p. +206</span>refirió en corroboración de sus teorías. Con esto se les pasó +la tarde, y ya anochecía cuando llegaron al borde de la barranquera +que les separaba del monte de Vallivana. Para dar descanso al viejo +pararon allí, recreándose los dos en el paisaje que a sus ojos se +ofrecía: soledad en lo hondo, quietud en las alturas, la majestad +de la naturaleza campando en su silencio augusto. Con precaución +descendieron hacia el río profundo, que fácilmente se vadeaba, y paso +a paso emprendieron la subida de la vertiente opuesta, guiados por +<i>Malaena</i>; que sin este auxilio no habrían podido encontrar el +escalonado sendero entre la peña cubierta de vegetación. Llegaron por +fin a la meseta, donde había una fuente de agua cristalina dentro de +un nicho de variadas florecillas. En una gruta cercana descansaron. La +noche se les pasó en coloquios muy entretenidos y en ratos de tranquilo +sueño, después de una cena frugal. Al amanecer, previo lavatorio de +cara y manos en la fuente, emprendieron la marcha hacia el santuario. +Según los informes de la vieja, allí encontrarían a Marcela, que había +llegado la noche anterior traspasando la sierra de Bel.</p> + +<p>En efecto, serían las siete cuando, vencida ya gran parte del +fragoso camino, vieron descender por entre matojos la figura mística +de la monja Luco, seguida de los viejos. Estos se quedaron atrás, y +avanzó sola entre el verdor de los jarales con lento paso de procesión: +traía en la mano una rama <span class="pagenum" id="Page_207">p. +207</span>de espino florecido. Cuando estuvo casi al habla saludó a +sus amigos con grave sonrisa y un movimiento de la mano en que tenía +el ramo, y se sentó en una peña. No lejos de ella, otra peña baja +y extensa parecía puesta allí para que se sentaran los caballeros. +Esmerádose había la naturaleza en la hechura de aquel estrado, para +pláticas de novios o para honestas reuniones. Se miraron los tres un +instante. Rompió el silencio Marcela con palabras de relleno:</p> + +<p>—¿Verdad, señor don Beltrán, que es agria la subidita? Siéntese +aquí, a este lado mío. Tú, Nelet, enfrente.</p> + +<p>—La más penosa cuesta —dijo el anciano con refinada galantería— se +vuelve ligera y fácil cuando al término de ella estás tú.</p> + +<p>—Es lisonja, señor... No le quiero tan lisonjero.</p> + +<p>—Es la verdad —afirmó Nelet, que ya se enojaba de permanecer mudo—. +Por ti, Marcela, subo yo a este monte y a otros más altos; y cuanto +más te subas tú, más gozo yo elevándome hasta donde estés: que es +obligación de lo humano remontarse a lo divino.</p> + +<p>—¡Jesús mío! —exclamó la monja risueña, santiguándose—. ¡Cuán +desatinados vienen hoy los dos!</p> + +<p>—Alto ahí —dijo don Beltrán, tomando pie de las últimas palabras de +Nelet—: si divina es Marcela, y como a tal la adoramos, no ocultemos +que ahora la quisiéramos humana, sin menoscabo de su divinidad, pues +a <span class="pagenum" id="Page_208">p. 208</span>mi entender, lo +divino y lo humano deben compenetrarse, constituyendo el mejor estado +dentro de la naturaleza...</p> + +<p>—Alto ahí, digo yo ahora, y a fe de Marcela sostengo que no soy +divina, aunque a la divinidad aspira mi pobre humanidad baja, y la +compenetración de lo humano y lo divino ha de ser por el modo que la +propia divinidad señala cuando quiere hacer suyo lo humano.</p> + +<p>Si Marcela gozaba en este torneo conceptuoso, Nelet sufría de verse +en tales laberintos, donde se perdía su <i>intellectus</i>. Así, con +gallardo arranque llevó la cuestión al terreno de la sinceridad y +llaneza:</p> + +<p>—No sé si es humano o es divino el sentimiento que aquí me trae, +Marcela, sentimiento por el cual iría yo tras de ti hasta el fin del +mundo. Lo que te he dicho en mis cartas, ahora lo repito con el apoyo +de mi buen amigo; y es que te quiero. Dios encendió en mí una llama que +me devora y consume. Si me niegas el amor que te pido, creeré que este +fuego es un pedazo del infierno metido en mí.</p> + +<p>—¡Oh!, eso no —dijo Marcela prontamente—, que el amor viene siempre +de Dios. Fuego del cielo es lo que te quema el alma, Nelet; mas no +has de pretender que yo rompa mis votos para darte la tranquilidad. +El amor, nacido en el alma, puede en ella tener su remedio, pues como +divino, con divinos medios se modera y aplaca.</p> + +<p>—Eso no —dijo el anciano—, con perdón de la ciencia, el amor como +sentimiento de <span class="pagenum" id="Page_209">p. 209</span>pura +humanidad, solo en la esfera humana encuentra su remedio.</p> + +<p>—Perdóneme el señor don Beltrán; déjeme concluir. Ha dicho Séneca +que el afecto de amor no se rige por la razón. Es sabido que el +demasiado amor es muy peligroso y acarrea desastres y muertes. Y +así, yo repito ahora el dicho de Quilón Lacedemonio: «No amarás ni +desearás nada demasiadamente». Y de que el amor no se rige por la +razón, tenemos en la antigüedad ejemplos mil. Pigmalión y Álcidas Rodio +amaron estatuas; Pasifae Reina amó a un toro; Semíramis a un caballo; +Jerjes Rey a un árbol plátano; Hortensio Orador amó a una murena +pescado; Cipariso a una cierva, y muerta la cierva, murió él también de +pesar...</p> + +<p>—Pero yo no amo a una estatua, ni a un pez, ni a un árbol —dijo +Nelet con viveza—, sino a una mujer, a un ser vivo y hermoso, en quien +Dios puso todas las perfecciones...</p> + +<p>—Déjame acabar mi argumento.</p> + +<p>—Dejarla... sí, dejarla —indicó don Beltrán, que notaba en Marcela +un gran gusto de hablar de amor, y el empeño de disimularlo con +frialdades eruditas.</p> + +<p>—Hemos sentado que el amor no se rige por la razón —prosiguió la +santa—. Y ahora, tratando de penetrar en la esencia de ese sentimiento, +digo que lo que mueve el amor del hombre es toda perfección de +naturaleza...</p> + +<p>—Muy bien.</p> + +<p>—Admirable.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_210">p. 210</span></p> + +<p>—No lo digo yo: lo dice Aristóteles. Las cosas que incitan y mueven +el amor en el hombre son: sapiencia, hermosura, eutrapelia, que es +como decir buena conversación... Pues apartando el alma de estas +perfecciones de naturaleza, a que llamo perfecciones imperfectas, y +embebiéndola en la única perfección perfecta, que es Dios, el amor +humano se extingue, y el alma se ve purificada, gozosa y satisfecha en +el verdadero amor.</p> + +<p>—Todo eso es muy sabio —dijo Nelet en pie, impaciente, decidido a +llevar las cosas por lo humano, pues tanta divinidad y sutileza de +palabra le enfadaban—, pero a mí no me traigas ese cuento de que el +amor de Dios quita el amor de mujer... No: a Dios se le quiere como +Dios y a la mujer como mujer. Hombre soy, mujer tú. ¿Por qué no hemos +de amarnos y ser felices? ¿Para qué nos ha criado Dios? ¿Para que nos +aborrezcamos uno a otro y le queramos a Él? No, Marcela... Eso es un +disparate, aunque lo digan Séneca, Aristóteles o san Simplicio. En +cuestión de amor sé yo tanto como esos y más, más... Si quieres darme +una razón para no amarme, deja a Dios y a los santos en el cielo, y +háblame como se habla entre criatura y criatura. Dime que no te agrado, +que no soy de tu gusto, y ante este argumento, que no es sabio ni está +en latín, no tendré más remedio que callarme y devorar mi amargura y +morirme de pena... Sí, Marcela, porque tu desprecio es mi sentencia de +muerte...</p> + +<p>—Bien, muy bien, Nelet —gritó don Beltrán <span class="pagenum" +id="Page_211">p. 211</span>radiante de satisfacción—. Así habla un +hombre, y así te quiero, hijo mío.</p> + +<p>—Hemos venido a pedirte una contestación a lo que de palabra y por +escrito te he dicho. Yo estoy loco por ti. Desde antes de conocerte te +amaba, y antes de verte te veía, y tan llena de ti tengo mi alma, que +no hay en ella intención ni pensamiento que no sean tuyos..., de lo +que se sigue que has de escoger entre quererme y que yo acabe mi vida. +Esto es quererte a ti y querer también a Dios. Pero no me pidas, ¡ay!, +que quiera a Dios solo sin dejar nada para lo humano, porque eso es +imposible.</p> + +<p>Marcela mordía un palito de la rama del espino, sin fijar los ojos +en ninguno de los caballeros, perdida su mirada en vagos espacios. Don +Beltrán se aproximó a ella para observar su rostro, en el cual creía +notar cierta turbación o pugna de sentimientos, y aprovechando estado +tan ventajoso, hizo seña a Nelet de que callase, dejándola un rato en +aquel solemne careo consigo misma.</p> + +<hr class="chap x-ebookmaker-drop"> + + +<div class="chapter pt3" id="Ch22"> + <h2 class="nobreak g1">XXII</h2> +</div> + +<p>—No me negarás —dijo don Beltrán, poniendo suavemente su mano en la +rodilla de la santa— que el hombre en cuyo corazón has encendido fuego +de amor tan grande es merecedor de tu cariño. Caballero leal en todas +sus acciones, será para ti el mejor compañero <span class="pagenum" +id="Page_212">p. 212</span>que Dios podría depararte. ¿Lo niegas?...</p> + +<p>—No señor —replicó Marcela mirando al suelo—; no puedo negar lo +que es verdad: reconozco sus buenas partes, y por su rendimiento y +constancia me veo precisada a tenerle estimación; la estimación que +permiten mis estrechos votos...</p> + +<p>—Por algo se empieza, hija mía. Y ahora te digo que a Dios no podría +ofenderle que trocaras la vida religiosa por la que llamamos mundana. +Dios hizo el mundo, hizo la humanidad para que en él viviese y de él +gozara, y creó el amor para que la humanidad se prolongase hasta lo +infinito, de padres a hijos...</p> + +<p>—Y no sé yo —dijo Nelet con bárbara lógica— que hiciera Dios +conventos, ni mandase a hombres y mujeres que se apartaran de la +existencia material..., porque la existencia material es el fundamento +de toda vida y hasta del amor de Dios; porque para amar a Dios tenemos +que vivir, y para vivir tenemos que nacer, y para nacer...</p> + +<p>—Aunque me ven ustedes silenciosa —indicó la penitente dando un +suspiro—, no crean que me faltan razones para contestar a lo que uno y +otro me dicen.</p> + +<p>—¡Oh! Ya sabemos que silogismos y citas sagradas y profanas, no han +de faltarte... Pero ahora nos harás el favor de guardar a todos los +sabios en el archivo de tu memoria, y no consultar más texto que el de +tu corazón. ¿Qué te dice este? ¿Que desprecies a Nelet?</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_213">p. 213</span></p> + +<p>—No me dice que le desprecie —replicó la monja sin mirar al +interesado—, pero me persuade a no cambiar la vida de penitencia por +otra vida.</p> + +<p>—Pues yo he leído en no sé qué autor —dijo Nelet altanero— que la +primera penitencia es el matrimonio, y la mayor gloria humana criar una +familia. Y si te decides a permanecer en el siglo, donde me encontrarás +amante, esclavo fiel, no te pesará, Marcela, y verás como Dios te +quiere más y te bendice..., pues la vida que llevas no es vida de +persona racional, ni Dios nuestro Criador puede querer eso.</p> + +<p>—No creáis —repitió Marcela, inquieta y como azorada, sin +mirarles, mascando el palito— que porque callo me faltan razones... +Mas no quisiera que las razones que se me ocurren las tomara Nelet a +desprecio... No, no; desprecio no es... Y... no sé cómo decirlo... Es +que aunque yo me propusiera arrancar de mi el amor de la vida religiosa +y el gusto grandísimo de cumplir mis votos, no podría, no podría... +Es más fuerte que yo mi devoción... Pero el afianzarme en ella no +significa desprecio..., no... Considero lo que Nelet merece..., y +yo pediría al Señor que le concediese, en criatura mejor que yo, la +satisfación de su fina voluntad... Que las hay mejores, sí, mejores que +yo, de superior mérito físico y moral, así por la presencia como por +las virtudes...</p> + +<p>—No, no hay quien te supere —exclamó Nelet levantándose con furor +de abrazarla—, <span class="pagenum" id="Page_214">p. 214</span>ni +siquiera quien te iguale. Marcela, en dos letras pronunciadas por tu +boca está la ventura y la salvación de un hombre. Pronúncialas. Fácil, +como el respirar, es decir <i>sí</i>... El <i>no</i> es sentencia de +muerte, y tus labios divinos no me condenarán.</p> + +<p>Levantose Marcela, y poniendo en su rostro y en su acento una +severidad que el menos lince habría tenido por afectada, dijo a los +caballeros:</p> + +<p>—Con su venia subiremos a la iglesia, que yo tengo que rezar, y +ustedes también, pues han venido a cumplir una promesa.</p> + +<p>Sin esperar respuesta echó a andar hacia arriba con grave paso, +echándose al hombro la rama de espino que decoraba graciosamente +su gallardo busto. Quiso Nelet avanzar tras ella para proseguir el +coloquio interrumpido; pero don Beltrán le detuvo vigorosamente por un +brazo, y aguardando a que la santa se alejara, le dijo:</p> + +<p>—Tonto, ¿no has comprendido? Es nuestra, es tuya.</p> + +<p>—Me ha parecido que su espíritu no es insensible al amor de +hombre.</p> + +<p>—Calla, hijo... Desde que comenzó a soltar filosofías y citas +de autores, observé que viene transformada. ¿Qué eran aquellas +sutilezas más que un coqueteo de arte mayor? Es mujer, es mujer; hemos +triunfado.</p> + +<p>—¡Mujer! —repitió Nelet como en éxtasis.</p> + +<p>—¿Pero no ves esos andares?... ¿No ves cómo se recoge la saya para +andar cuesta arriba? ¿Y esa manera de llevar la rama florecida?... +<span class="pagenum" id="Page_215">p. 215</span>No es mala sofoquina +la que le hemos dado con nuestro razonar irrebatible. Mírala, hombre, +y dime si eso no es una mujer disfrazada de santa... El cuento es que +está guapa de veras... La he visto muy de cerca; me he fijado bien. +Los dientes son ideales; no extraño que hayas soñado con ellos. ¡Y qué +perfil el de su cara! ¿Pues y los ojos?... Nelet, dame un abrazo... +Estás de enhorabuena... Yo no la distingo ya más que como un bulto. ¿Va +muy lejos? ¿No mira para atrás?</p> + +<p>—Todavía no ha mirado.</p> + +<p>—Ya, ya la veo. Allá va. Pues bien, Nelet, yo te apuesto lo que +quieras a que antes de llegar a aquel peñasco negro... ¿No hay allí un +peñasco?</p> + +<p>—Es una encina.</p> + +<p>—Pues te apuesto a que antes de llegar a la encina, se para y nos +mira... a ver si la seguimos. No, no te muevas.</p> + +<p>Resultó, en efecto, lo que el ladino viejo decía. Parose la +penitente, y agitó la rama como diciendo con ella: «¿Pero qué hacen que +no suben?».</p> + +<p>Como el tardo paso de don Beltrán no permitía la ascensión rápida, +Marcela se adelantó largo trecho. De rato en rato miraba, y Nelet +le hacía señas de que se detuviese; mas no hacía caso, y cuando los +caballeros llegaron al santuario, ya la monja y sus viejos rezaban +ante el altar con gran recogimiento. Arrodilláronse no lejos de la +puerta, a distancia de Marcela, para poder <span class="pagenum" +id="Page_216">p. 216</span>hablar a su gusto.</p> + +<p>—Trastornadita y blanda la tienes ya —decía Urdaneta—. Y no debes +atribuir esta mudanza a la constancia de tus manifestaciones amorosas. +Obra es del contacto continuo con la naturaleza, de la vida al aire +libre, de la libertad, el campo, las montañas, los bosques sombríos y +las fuentes cristalinas. Ya conocían el paño los que establecieron para +penitencia de hombres y mujeres los recintos cerrados. La sociedad es +gran conductora de amor; lo es también la naturaleza... Por más que aún +se defiende con sus sabidurías acartonadas, se ve que está vencida, +tocada del mal de amor. En los andares lo conozco, en el metal de voz. +A mí no me engaña queriendo hacer papeles de teóloga. Para rendir por +completo su voluntad, y que nos largue un <i>sí</i> tan grande como +esta iglesia, hemos de proceder con tino. Mucho cuidado, Nelet, con lo +que ahora le digas...</p> + +<p>Nelet rezaba; el prócer hizo lo mismo, pidiendo a la Virgen que le +mejorara la vista y que le sacara del cautiverio que tan injustamente +sufría. Examinaron luego la iglesia, conducidos por la santera, pues +allí no había sacristán ni hombre alguno; vieron también el camarín y +la imagen, y se salieron al atrio a pasearse y fumar un cigarrito... +Marcela, terminados los rezos, apareció al fin, tras larga espera, y +tomando de la mano a don Beltrán, guio a los dos caballeros a un lugar +abrigado junto a la hospedería, al pie de copudos robles. Sentados +los tres <span class="pagenum" id="Page_217">p. 217</span>sobre la +hierba, continuaron su coloquio, siendo ella la que rompió con estas +palabras:</p> + +<p>—He pedido a Dios y a la Virgen con todo fervor que me iluminen. No +siento aún desgana de mis votos benditos, ni sombra de afición a otra +vida. También he pedido al Señor que derrame alguna frialdad sobre ese +fogoso afecto de Nelet, y espero que...</p> + +<p>—Esto no lo enfría Dios —dijo el enamorado—. Lo que hace es avivar +la lumbre, y cuanto más te miro, más me enciendo, Marcela. Yo he pedido +a Dios que de este fuego que a mí me sobra te dé a ti algunas ascuas, +infundiéndote el gusto de familia, de vida doméstica...</p> + +<p>—Sí, hija mía: si te incitara Nelet a cosas impuras y pecaminosas, +tus escrúpulos serían muy justificados; pero te propone, y yo con +él, la unión bendita y santa ante el altar. ¿Qué sacas de esta vida +errante? ¿A quién haces feliz con tus penitencias? ¿No es más cristiano +y caritativo que libres de la muerte a un hombre honrado, y trueques +sus martirios en dulzura, su infierno en cielo?</p> + +<p>—¡Vive Dios —exclamó Nelet con insana vehemencia— que lo ha +expresado don Beltrán como el mismo evangelio! Quisiera yo ver a Dios, +como os estoy viendo a vosotros, para preguntarle delante de ti: «Dios, +¿no es verdad que tengo razón y ella no la tiene?».</p> + +<p>—Cálmate, Manuel —dijo don Beltrán, alarmado de tanto ardor—. Yo +veo en el mirar dulce de este ángel que nuestras razones han ganado su +entendimiento, que Dios pone <span class="pagenum" id="Page_218">p. +218</span>el dedo en su voluntad y le dice: «Hija bendita, levántate y +sigue a tu esposo».</p> + +<p>Pausa. Nelet, pálido como un difunto, miraba al suelo, y con su +temblorosa mano se agarraba los mechones menos cortos de su cabello. +Marcela tenía el rostro encendido, la respiración anhelante. Dejando +caer a un lado su cabeza en actitud de Dolorosa, arqueando las cejas y +bajando los párpados, pronunció estas palabras, sin autorizarlas con +sentencias de santos ni de filósofos:</p> + +<p>—Uno y otro, despiadados, me ponen en grande suplicio. Yo quiero ver +a mi lado el bien y veo el mal; por causa mía inocente, enferma Nelet +de la peor dolencia, de aquella para que no hay consuelo ni medicina, +como no sea ella misma y las punzadas de su propio dolor; esto veo y no +puedo remediarlo, que si en mi mano estuviera, pronto lo haría. Así, +les ruego que no me atormenten más y me dejen partir.</p> + +<p>—¡Partir! —exclamó Nelet suspenso, echando de sus ojos un siniestro +rayo—. ¡Partir y dejarme en esta ansiedad! ¿Partir tú y no conmigo? ¿Es +que no quieres verme más? Marcela, por Dios, no me lo digas; no quieras +verme trocado de hombre en fiera..., no ofendas a Dios, convirtiendo +en monstruo a una de sus criaturas... Si por otra causa o razón no te +decides a quererme, hazlo por la santa obra de salvar un alma... ¿No te +convenzo al fin?</p> + +<p>—Si con que yo te vea y te hable, tu alma se sostiene en Dios +—dijo la santa, bondadosa—, <span class="pagenum" id="Page_219">p. +219</span>te veré siempre que gustes y haya buena ocasión de ello. +Al decir que me dejarais partir, no quería, no, alejarme de ti para +siempre..., decía que es hora de que por hoy nos separemos. Y en esta +ausencia, ofrezco yo a Nelet con toda lealtad que seguiré pensando en +el grave caso, y pidiendo a Dios fervorosamente que me ilumine para +resolverlo.</p> + +<p>—Yo te aseguro —declaró Santapau con acento en que se revelaba +el propósito de una resuelta acción— que si al decir que partías lo +hubieras hecho en son de despedida para siempre, antes de que te fueras +me habrías visto arrojarme por aquel despeñadero que da al barranco de +Vallivana.</p> + +<p>—Hijo mío, Marcela te promete volver, y volverá —indicó Urdaneta +conciliando voluntades con frase cariñosa—. Yo quedo de fiador. +Tendremos otra entrevista dentro de pocos días, en el sitio que +designaremos...</p> + +<p>—Y no solo he de consultar con Dios —agregó la beata—, sino con mi +hermano Francisco; que es bien le dé cuenta de esta terrible novedad... +De aquí me iré en busca de un confesor, a quien manifestaré las +turbaciones hondísimas que han levantado en mí las palabras tentadoras +de uno y otro; luego iré en busca de mi hermano, y hecho todo esto, les +avisaré por <i>Malaena</i> para que nos reunamos.</p> + +<p>—Y me des respuesta de vida o muerte —dijo el galán—. Está bien. +Si me matas, mátame de un solo golpe. Si he de vivir, sépalo <span +class="pagenum" id="Page_220">p. 220</span>también pronto, para no +vivir muriendo...</p> + +<p>Levantose Marcela, diciendo con gracia mujeril, que don Beltrán +apreció como síntoma felicísimo:</p> + +<p>—¿Me dan permiso para retirarme?</p> + +<p>—¿Tan pronto? —murmuró Nelet.</p> + +<p>—Me equivoqué, señores míos —añadió ella con nueva emisión de +gracia, acompañada de sonrisa un tanto picaresca—. No debí pedirles +permiso para retirarme, sino para suplicarles que se retiren... +Perdónenme. Y para que nadie se ofenda, ustedes y yo nos retiraremos al +mismo tiempo, por distintos lados... Yo me voy monte arriba, a salir a +Bel.</p> + +<p>—Y nosotros barranco abajo a salir a donde Dios quiera —replicó don +Beltrán—. ¿Ves?... Nelet no se conforma con que nos prives tan pronto +de tu divina presencia... Pero yo le persuadiré a la resignación; +descuida. Tiene en mí un aliviador de sus males de ánimo, y un +atemperante de sus nervios.</p> + +<p>—Me conformo, sí —dijo Nelet con noble ademán—. Propuesta por ti la +separación con ese modo gracioso y... de mujer, la acepto... Más te +quiero mujer que santa, y entre santa de todos y mujer mía, prefiero +esto..., porque la santidad no llega tan adentro del alma como el +querer entre criaturas...</p> + +<p>—Yo celebro verte en esa conformidad —afirmó ella, dando los +primeros pasos hacia el sendero que había de seguir—. De las +diferencias entre santicio y mujericio, mucho podría decirte; mas ahora +no puede ser.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_221">p. 221</span></p> + +<p>—¿Tardarás mucho en decírmelas?</p> + +<p>—Dios es quien ha de fijar el cuándo. Él solo es el marcador de las +ocasiones.</p> + +<p>—Bueno: también me conformo. Esta mansedumbre que en mí ves no tiene +otra causa que el haberte visto benigna... Has sonreído, Marcela, y +solo con eso me desconozco, me siento mejor de lo que fui.</p> + +<p>—Ahora..., como si lo viera... —dijo la penitente, sonriendo con +más gracia y viveza que antes—, irán ustedes caminando despacito, y +parándose a cada instante para mirar hacia atrás.</p> + +<p>—¿Y tú no harás lo mismo? —observó Nelet más vivo que la pólvora.</p> + +<p>—Si alguna vez vuelvo la cara —replicó ella conteniendo la risa—, +será por observar la tontería de los hombres, y porque no crean que +es desprecio el no mirar alguna vez... Vaya, en marcha. Nelet, don +Beltrán, el Señor les acompañe.</p> + +<p>Se separaron lentamente, y como a diez pasos gritó don Beltrán:</p> + +<p>—Conste que no soy yo el que mira, sino este truhan, vicioso del +mirar.</p> + +<p>—Adiós —repitió la divina mujer.</p> + +<p>A bastante distancia, hablaban así los dos caballeros:</p> + +<p>—¿Qué?... ¿Se detiene a mirarnos?</p> + +<p>—Ahora... ¡Y que no haya tenido yo valor para darle un abrazo!</p> + +<p>—Calma, hijo. Tiempo tienes. Y ahora, ¿vuelve la cara?</p> + +<p>—Va despacito..., alza los ojos al cielo. Ya no la veo. Pasa detrás +de un grupo de árboles... <span class="pagenum" id="Page_222">p. +222</span>¡Qué figura, qué aparición celestial!... Yo estoy loco.</p> + +<p>—Calma... Repito que tiempo tienes. A punto de completa madurez la +verás pronto.</p> + +<p>—Ahora reaparece otra vez.</p> + +<p>—¿Y mira?</p> + +<p>—Sí señor... Se ha puesto en la boca una ramita de hinojo. ¡Ay, qué +delicia de hinojo!...</p> + +<p>—Tiempo tienes... Anda, anda...</p> + +<p>—No, no es de este mundo esa mujer.</p> + +<p>—De este mundo o del otro... tuya es.</p> + +<hr class="chap x-ebookmaker-drop"> + + +<div class="chapter pt3" id="Ch23"> + <h2 class="nobreak g1">XXIII</h2> +</div> + +<p>Muy consolado el uno en sus fatigas amorosas, satisfecho el otro +del buen giro que a su parecer tomaba el asunto en que como consejero +intervenía, llegaron los dos caballeros a Catí. De lo que hablaron +por el camino no se hace mención. Baste decir que a los recelos que +manifestaba Nelet, como amante que con menos que la definitiva victoria +no se satisface, oponía Urdaneta las seguridades optimistas, fundado +en su conocimiento y larga práctica de negocios mujeriles. Para el +anciano prócer era como tenerlo en la mano. De allí a las bendiciones +matrimoniales poco trecho había que recorrer.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_223">p. 223</span></p> + +<p>Hallaron en Catí la novedad de que Cabañero había salido con dos +batallones, por orden del general, y en su lugar quedaba Llangostera, +pronto también a partir con fuerza considerable hacia la frontera de +Cataluña. A la mañana del siguiente día, pasó por allí Cabrera con su +ejército en veloz marcha. Venía de cerca de Murviedro, donde se había +batido con las tropas de Oráa, y a Gandesa se dirigía llevando algunos +cañones para poner formal sitio a esta plaza. Grande fue la desazón del +pobre Urdaneta cuando le despertó Santapau para decirle:</p> + +<p>—Mi querido viejo, la fatalidad, y en su nombre don Ramón Cabrera, +ha decretado que nos separemos. Desde Salvasoria mandó aviso de +que se incorporen sin dilación a su ejército el 3.º de Tortosa y +tres compañías del 1.º de Valencia. Parece que vamos a sitiar a mi +pueblo... No puedo, ni con pretexto de enfermedad ni con otra artimaña, +librarme de la maldita obediencia al superior... Pero ya me canso, +ya me canso de la esclavitud, y a la primera oportunidad pediré la +absoluta. Imposible repicar y andar en la procesión que usted sabe. +Amor y ordenanza no casan bien... Y no más, amigo mío. Le dejo bien +recomendado a Llangostera, que se ha de situar en Rosell, para cortar +el paso del Pla a las tropas que vayan en auxilio de Gandesa... +Conque adiós... No siento más sino que venga <i>Malaena</i> y no me +encuentre. Pero ya le advertí que en este caso se vea con usted... Con +decirle dónde estoy, basta. Es <span class="pagenum" id="Page_224">p. +224</span>buen sabueso; dará conmigo... No puedo detenerme ni un +segundo más. Adiós.</p> + +<p>Muy triste se quedó el pobre caballero, señor de tantas torres; y su +único consuelo fue que a poco de despedirse de Santapau le deparó Dios +una antigua amistad, el capellán mosén Putxet, que dos días antes había +llegado con destino al 1.º de Tortosa, de la división de Llangostera. +Aunque no podía sustituir el clérigo la franca y ya entrañable amistad +de Nelet, al menos le entretenía con su charla, y le prodigó no pocas +atenciones, entre ellas el agenciarle una buena mula para el paso desde +Catí a Rosell, que Llangostera, con seis batallones, efectuó en la +noche del 15 de mayo y parte de la mañana del 16. Llegó don Beltrán +molido y displicente por el duro trotar de la condenada bestia, y lo +primero que solicitó de la bondad de su amigo fue que le metieran en +cualquier mechinal, para poder estirar su esqueleto y darse algún +descanso. En un aposento de la sacristía de la iglesia mayor le colocó +Putxet, con gran satisfacción del noble, que no esperaba tan buen +hospedaje. Lo que deseaba era que le dejasen allí, previo juramento +solemne de no quebrantar su esclavitud y estar siempre a disposición +de la autoridad carlista que le reclamase. Pero, ¡ay!, que si el cielo +le concedió la quietud material que por el momento deseaba, no fue +benigno con él en aquellos tristes días. El 18 muy temprano, cuando +las claridades del alba despuntaban por oriente, despertó <span +class="pagenum" id="Page_225">p. 225</span>el caballero con sobresalto, +sin que nadie le llamase, por efecto de un súbito golpetazo de su +corazón.</p> + +<p>—¿Quién está ahí? —dijo sin moverse, viendo avanzar hacia su lecho +un bulto negro.</p> + +<p>—Soy yo, querido don Beltrán —respondió al poco rato Putxet, pues +no era otro, acercándose más—. No venía a despertarle, sino a ver si +dormía... Pero es temprano... Duerma una hora más..., aunque sean dos +horas..., todo lo que quiera.</p> + +<p>—¿Qué sucede? ¿Tenemos que partir?</p> + +<p>—No, no... Por ahora no... Es que... Sentiría mucho que usted +se alterase... Calma, ilustre señor. Me voy, para que duerma otro +poquito.</p> + +<p>—Ya no podré dormir, caramba, pues esta entrada de usted a hora tan +intempestiva, la turbación que noto en su acento, son para despabilar +al sueño mismo. Me dice el corazón que tiene usted algo que... +comunicarme.</p> + +<p>—No es tiempo aún... ¿Quiere usted que se le haga café?...</p> + +<p>—¡Demonio! Tan pronto me dice que duerma como me ofrece café. Ea, +señor Putxet, ¿qué le trae acá? No valen melindres conmigo.</p> + +<p>—Pues sí —dijo el capellán, que en su tristeza y azoramiento, +cuanto más hábil quería ser, más torpemente procedía—. Mejor será +que se despabile y se levante... No se altere, señor, no pierda su +aplomo y serenidad... A un hombre como usted, tan entero y... y <span +class="pagenum" id="Page_226">p. 226</span>que se hace cargo de las +cosas..., se le puede decir... Nada, no es nada, señor; es que... ha +ocurrido una gran desgracia.</p> + +<p>—Acabe usted, acabe, hombre pusilánime, hombre enclenque, hombre +femenino...</p> + +<p>—Pues sepa el hombre fuerte, sepa el hombre valeroso y grande, que +ayer, en un pueblecito llamado Belén, más allá de Tortosa, los infames +cristinos fusilaron a don Alonso de Almela, hermano del conde de +Catí.</p> + +<p>—Y en represalias de esta barbarie, los infames carlistas harán +lo mismo con el noble don Beltrán de Urdaneta —gritó el anciano, +poniéndose en pie, medio desnudo, sobre el camastro—. Bien, bien: aquí +me tenéis, asesinos; aquí estoy dispuesto a morir. Noble por noble, +como me dijo en Cheste el jefe de los matachines, Ramón Cabrera... ¡Y +para anunciarme esto, señor Putxet, ha estado ahí tartamudeando y poco +menos que haciendo pucheros!... Aguarde a que me vista; dispense que +tarde en ello algún tiempo, pues acostumbrado a valerme de ayuda de +cámara, soy algo torpe en estas operaciones matutinas... Pero si tienen +mucha prisa por despacharme, ¡demonio!, llévenme a medio vestir, que +la muerte no ha de poner reparo. Por falta de ropa, ni he de ser menos +animoso, ni vosotros menos viles y cobardes.</p> + +<p>—Si no hay prisa, señor —dijo el capellán abrazándole—. De aquí a +las nueve nos sobra tiempo... Y pues tiene la costumbre del ayuda de +cámara, yo soy bastante humilde para prestarle ese servicio.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_227">p. 227</span></p> + +<p>—Gracias, no pretendía yo tanto —replicó don Beltrán sentándose +en el lecho, mientras el otro le traía las botas, el pantalón, +disponiéndose a vestirle—. Y pues con tanta generosidad mis verdugos +me conceden estas horas, sepa que no renuncio al café que me ha +ofrecido...</p> + +<p>—Al momento mandaré que se lo preparen. ¡Pues no faltaba más! Sería +una desconsideración imperdonable privarle de alimento.</p> + +<p>—Bien, hijo, bien: se agradece... ¡Con qué destreza me ayuda a +vestirme! Parece que en toda su vida no ha hecho usted otra cosa.</p> + +<p>—Fui paje del ilustrísimo señor don Víctor Sáez, obispo de +Tortosa.</p> + +<p>—¡Sáez, el ministro del absolutismo! ¡El que ayudó a Fernando VII +en su tarea de ahorcar a medio mundo! Bien, hombre, bien. Pues ya que +usted tiene la bondad de ser por un instante mi criado, no vacilará, +si es tan humilde, en prestarme todos los servicios que necesita un +hombre como yo... Adelante... Tenga usted cuidado con esta pierna. +Trátela con miramiento, que está reumática... Ahora el chaleco... Este +me lo dio don Ramón, y me ha hecho un gran servicio. Bueno, bueno... +No corra usted tanto... Le recordaré el dicho de nuestro gran tirano, +el ahorcador de gentes, Fernando el Deseado..., contra una esquina... +Ya sabe usted que él fue quien dijo: «Vísteme despacio, que estoy de +prisa». Ahora, hágame el favor de pedir el café...</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_228">p. 228</span></p> + +<p>—Lo tendrá usted a punto. Sabe Dios cuánta pena me causa tener que +notificarle... Anoche me llamó Llangostera, que, entre paréntesis, está +muy afligido por verse en el duro trance de...</p> + +<p>—¡Pobrecito! Si está tan afligido, le compadezco...</p> + +<p>—Pero el deber...</p> + +<p>—Claro, el deber... En estas guerras salvajes, trastornadas las +conciencias, aplicáis a los crímenes palabras santas que se inventaron +para expresar la virtud, y asesináis en nombre de la justicia, que es +como poner al diablo en los altares... Bien..., que sea pronto.</p> + +<p>—Suplicome el señor Llangostera que me encargase..., y con gran +sentimiento acepté comisión tan triste... Era yo el más significado +para este paso, por la amistad... de que me honro.</p> + +<p>—La honra es mía. No sea usted tan modesto...</p> + +<p>—Y encargome al propio tiempo que le preparase..., si usted se +dignaba elegirme entre los cuatro señores capellanes que estamos hoy en +Rosell.</p> + +<p>—Hijo, sí, por elegido... Lo mismo me da.</p> + +<p>—Mi amistad atribulada —dijo el capellán buscando una bonita +expresión retórica—, me consuela con esta preferencia que el noble +caballero se digna concederme.</p> + +<p>—Mi confesión no será larga —indicó don Beltrán paseándose por la +habitación—, y si usted quiere, ahora mismo...</p> + +<p>—Antes haré que se le sirva el café... No <span class="pagenum" +id="Page_229">p. 229</span>hay en ello inconveniente, pues no tendremos +comunión..., y no por culpa mía. El párroco del pueblo nos ha hecho +la jugada de abandonar su iglesia para unirse a la partida del +<i>Organista</i>. Está el hombre furioso desde que los liberales le +mataron al sobrino...</p> + +<p>No necesitó el capellán separarse de su amigo para la diligencia del +café, pues el oficial de guardia en la estancia próxima, interesado +también por don Beltrán, y de su desgracia compadecido, había dado +las órdenes para que se le llevase pronto aquella tónica bebida. Dio +el anciano las gracias a los que se la sirvieron, mostrándose con +todos muy afable. Tomado el café, que por singular merced no estaba +mal hecho, volvió al capítulo de su confesión, diciendo con animado +lenguaje:</p> + +<p>—Pues sí: mi conciencia ve su luz y su sombra perfectamente +deslindadas, y no vacila al señalarlas... No hay en mí casos dudosos, +enigmáticos, oscuros. Soy claro y bien definido... En esta crítica +hora, mi memoria se aviva, y no habrá nada que se me quede en el +tintero, llamando tintero al antro del olvido. Lo que Dios sabe, yo +lo digo sin rebozo y con facilidad al sacerdote que me auxilia, a +cuantos quieran oírlo, pues la vida de Beltrán de Urdaneta es pública, +su carácter bien diáfano, y sería en mí ridículo melindre el hacer un +misterio de lo que sabe todo el mundo, todo Aragón... Soy público en +Aragón, soy popular, mejor dicho...</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_230">p. 230</span></p> + +<p>Y observando que oficiales y soldados, de guardia en la estancia +próxima, se asomaban a la puerta movidos de curiosidad, les dijo:</p> + +<p>—Entren si gustan, y oigan; que los pecados que declara mi boca no +son tales que produzcan espanto, y refiriendo mis maldades, puedo decir +que el que se encuentre limpio de ellas, tire la primera piedra. No es +que yo deje de creerlas vituperables: al contrario, en esta hora clara +de la conciencia, veo y reconozco cuánto he ofendido al Señor, y qué +mal uso hice de las cualidades que se dignó poner en mi alma. Siempre +fui religioso, creyente ciego de cuanto su Iglesia nos enseña, aunque +muy perezoso y descuidado en cumplir los preceptos que se nos dieron +para conservar y enaltecer el nombre de cristianos. He faltado en esto +gravemente, más que por desamor de Dios, por la continua distracción +en que me tenía el bullicio vano del mundo, y las frivolidades con que +la sociedad noble embelesa nuestros sentidos. Siempre fui más devoto +de los placeres que de las abstinencias, y más gustoso de la buena +vida que de las mortificaciones, sin llegar nunca a la embriaguez +ni a la glotonería, y no porque ambos excesos son pecados, sino por +que siempre los creí de mal gusto... He sido vanidoso, amante de +la ostentación y de la lisonja, mirando siempre a que lo mío fuese +superior a lo ajeno, a que ninguno me igualara en grandeza y lujo; y +cuando veía por alguna parte algo que me oscureciese, sufría mal de +tristeza, y me lo curaba con <span class="pagenum" id="Page_231">p. +231</span>nuevos esfuerzos para extremar la presunción y humillar a los +demás... Pero también digo que jamás cometí vileza contra nadie, y que +conservé la dignidad que mi raza y mi nombre me imponían, mostrándome +siempre caballero noble, con los iguales cortés, afable y cariñoso con +los inferiores... Mi pecado mayor, manantial inagotable, en vida tan +larga, de innumerables errores, ha sido mi locura, que así la llamo, +de galantear y ser grato al bello sexo. Mi goce más vivo fue en todo +tiempo el trato de damas altas, bajas o medianas, y llamo damas a +cuanto se comprende dentro de la muchedumbre femenina. Mi desatino ha +sido tal, que todo lo he pospuesto a la satisfacción de mis gustos. +Verdad que dentro del fuero del amor no he cometido vilezas; pero sepan +que ese fuero es puro artificio inventado para nuestro uso por los +galanteadores, y que no vale ante la ordenanza del decálogo. Yo, pues, +he pecado gravísimamente, y al declararlo, reconozco sin atenuaciones +ni disculpas todo el mal que hice, añadiendo que mis infamias no +tuvieron término por severidad de mi conciencia, sino porque el desmayo +de la naturaleza les puso freno, contraviniendo mi liviandad y hábitos +viciosos. De esto me acuso, y reconociendo mi error, me encomiendo a la +misericordia divina.</p> + +<p>»También es pecado grave el poco o ningún cuidado que puse en +el manejo de mi hacienda; que la riqueza, Dios nos la da para que +la usemos con templanza y la transmitamos <span class="pagenum" +id="Page_232">p. 232</span>a nuestros hijos. Yo he sido una mano +verdaderamente horadada. Ciertamente que algo atenúa este pecado mi +generosidad sin límites, pues todo se ha de decir: yo hacía partícipes +de mi bien a cuantos me rodeaban o se me acercaban en demanda de +auxilio. Yo he remediado muchas miserias, enjugado no pocas lágrimas. +Ningún colono ni sirviente mío puede decir que le oprimí; y si esto se +lleva como litigio a tribunal divino para fallar sobre mi alma, tengo +por cierto que innumerables seres depondrán en favor mío. Váyase lo +uno por lo otro, que si largamente derroché, con no menor largueza di +mi mano a los miserables para que se agarraran... Defecto capital mío +ha sido el amor a ese resorte de vida material que llamamos dinero, +despreciado por los filósofos, vilipendiado por la religión, pero del +cual no podemos prescindir dentro de la sociedad a que pertenecemos, +porque su empleo y distribución se ha hecho ley que a todos nos sujeta, +so pena de volvernos salvajes o ermitaños, lo que no digo que sea +peor ni mejor que el estado social. Solo afirmo que mis apetitos, mi +presunción, me han espoleado siempre para proveerme de ese metal, +que no llamaré precioso ni vil, dejándole en esta ocasión sin ningún +título ni apodo. Pero bien sabe Dios que en las situaciones aflictivas +a que me condujo el afán de prolongar mis goces y conservar mi fama +de rumboso y señoril, jamás tomé nada que no viniese a mí por caminos +legítimos, aunque ruinosos. <span class="pagenum" id="Page_233">p. +233</span>Sobre mi conciencia pesan muchos pecados, muchos; pero no +pesa ni un solo maravedí que pueda llamarse ajeno. Si alguna vez me +rebajé al empleo de resortes que humillaban un tanto mi dignidad, +nunca me movió el intento de traer a mí lo perteneciente a otro... eso +nunca. Limpio estoy de esa clase de manchas... No puedo decir, ¡ay +de mí!, que de todas esté limpio, pues pecador fui, por pecador me +tengo, y como pecador empedernido me confieso en la hora de mi muerte. +Ya lo habéis oído; ya veis, señores, la conciencia de don Beltrán de +Urdaneta, a quien todo Aragón llamó en otro tiempo <i>don Beltrán el +Grande</i>. Ni cosa mala he callado, ni cosa buena hay fuera de lo +manifiesto. Si algo se me olvida, quiera Dios ordenar mi memoria de +modo que los olvidos sean de cosas y hechos favorables, y que nada de +lo malo se me quede escondido en la mente. Creo que no... Tal como fui +y como soy, a vosotros, a mi confesor y amigo me presento; y sumiso, +pesaroso de haber menospreciado la divina ley, entrego mi alma a Dios, +infinitamente justiciero, infinitamente misericordioso.</p> + +<hr class="chap x-ebookmaker-drop"> + + +<div class="chapter pt3" id="Ch24"> + <p><span class="pagenum" id="Page_234">p. 234</span></p> + <h2 class="nobreak g1">XXIV</h2> +</div> + +<p>Cuantos vieron y oyeron al infortunado caballero aragonés, quedaron +maravillados de su sinceridad y presencia de ánimo. Del grupo de +oficiales y soldados que en la puerta se arremolinaban, se destacó uno, +al parecer teniente, que adelantándose hacia el prócer y besándole la +mano, le dijo:</p> + +<p>—Señor, cuando esté usted en el cielo, acuérdese de un servidor, +Nicasio Pulpis, que tiene sobre su conciencia los mismos pecados de +usted y no sus virtudes.</p> + +<p>—Bien, hijo —replicó don Beltrán abrazándole—. Que mis desgracias y +fin desastroso te sirvan de espejo para que en él te mires y procures +enmendarte.</p> + +<p>Putxet, en tanto, inconsolable, expresaba su consternación en estos +o parecidos términos:</p> + +<p>—Una y otra vez he dicho al señor Llangostera que hoy no es día +hábil para ejecuciones. Figúrese usted: domingo, y por añadidura +Pascua de Pentecostés... ¡Cuando la Iglesia conmemora nada menos que +el grandiosísimo misterio de la venida del Espíritu Santo en forma de +lenguas de fuego sobre las cabezas de los Apóstoles, para infundirles +la divina ciencia!... ¡cuando tal festividad augusta y solemne +celebramos, tener <span class="pagenum" id="Page_235">p. 235</span>que +consumar un cruento sacrificio, por más que las leyes de guerra, +¡malditas leyes!, lo autoricen y sancionen!... No, no puede ser: +protesto..., y he de insistir, pidiendo que se deje para mañana. Me +parece que corriendo a mi cargo la dirección espiritual del regimiento, +tengo derecho a que se me oiga... No estamos aquí los capellanes +solo para confesar de prisa y corriendo... Vea usted, por no hacerme +caso, hoy no puedo celebrar: no tenemos formas... Es inconcebible +este descuido... ¡Pues cartuchos no faltarán! Todo lo de guerra está +corriente, eso sí..., y lo espiritual, nada... Así anda ello.</p> + +<p>—No se sulfure, amigo Putxet —le dijo don Beltrán, que se había +sentado y quería meditar—. Y no se apure por el aplazamiento de mi... +sacrificio. ¿Qué más da un día que otro? Si el día es solemne, no +importa. Bien sabe Dios que andan ustedes algo atropellados, y no +pueden acomodar sus acciones al almanaque. En la guerra, ya se sabe, +todo es permitido. Como si se presentara hoy buena coyuntura para una +batalla..., ¿iban ustedes a dejar de aprovecharla, por ser Pentecostés? +No, y en Pentecostés matarían unos y otros gran número de cristianos. +Si admitimos como lógico y razonable el dar a nuestro Padre Celestial +el nombre de <i>Dios de las Batallas</i>, que usan los capellanes en +sus sermones y los generales en sus proclamas a la tropa; si Dios +es, como dicen ustedes, capitán general o generalísimo, ya pueden +contar con su indulgencia <span class="pagenum" id="Page_236">p. +236</span>por aplicar leyes de guerra en días de solemnidad +litúrgica... Por mí, no deseo el aplazamiento, pues aunque me encuentro +tranquilo y resignado, no respondo de que en esas veinticuatro horas se +me conserve la resignación y tranquilidad. Somos hombres, y el morir +violentamente, en acto preparado y ceremonioso, agobia..., sí, señor... +Mátenme de una vez, y no pongan a prueba mi fortaleza.</p> + +<p>No se dio por convencido el terco capellán, y perseverando en su +idea, dijo al infeliz prócer:</p> + +<p>—Quiero dar un nuevo ataque al jefe. En seguida vuelvo; de paso +mandaré que le sirvan a usted un par de huevos fritos... He visto que +hay tomate... y si usted quiere...</p> + +<p>—Bien, hijo, bien; lo mismo da... Gracias por todo... Haga usted lo +que quiera. Yo no tengo voluntad... Quiero convencerme de que ya no +vivo.</p> + +<p>En el rato que estuvo solo, el pobre condenado cayó en reflexiones +tristísimas, buscando el porqué de su tragedia; que en tales trances +y en otros menos lastimosos propendemos a escudriñar los orígenes +o el móvil inicial de todo suceso que nos afecta. «Ello es de toda +evidencia —pensaba— que Dios me envía mi muerte en forma tan terrible +para castigarme de mi enormísimo pecado de estos días. He prestado a +Nelet ayuda insidiosa para la seducción de la monja Marcela; y aunque +desde el primer momento le señaló forma y fines de matrimonio, cosa es +muy grave, y si se quiere sacrílega, el inducir <span class="pagenum" +id="Page_237">p. 237</span>a una esposa de Cristo al rompimiento de +sus votos. Y lo peor es que con malicia instruí al enamorado y le +aconsejé, dándole por norma las inicuas reglas que yo he ido sacando +de la experiencia de mi vida libertina... ¡Ah, bien merecido me está +lo que ahora me pasa! ¡En ello veo tu mano, Dios de justicia!... Hice +muy mal en tomar a mi cuidado las desazones del pobre Nelet. ¿Quién +me mete a mí a zurcidor de voluntades guerrilleras y monjiles? ¿Qué +voy yo ganando con que una tarasca y un endemoniado se casen o dejen +de casarse? ¡Ah, en el fondo oscuro de mis intenciones veo la maldita +codicia y el afán de allegar recursos! No fue otra la causa de mi +metimiento en tan feo negocio. Y que la monja andariega, por las reglas +infames que di a Nelet, se ha trastornado y siente el veneno de amor +en su sangre no puede ponerse en duda. Por culpa mía y de mi sabiduría +pérfida, romperá sus votos y ofenderá a Dios... Me ha movido el villano +interés, la idea de que, casándose, me habían de entregar lo que para +mí designó Juan Luco... Mal pensé, mal hice, y Dios, en pago de mi +perversidad, permite que estos bribones me den cuatro tiros... ¡Ay de +mí!».</p> + +<p>Interrumpiole Putxet con la noticia de que, oídas las razones +canónicas expuestas por el capellán, que amenazó con poner el caso en +conocimiento del Vicario General, había decretado Llangostera aplazar +el acto hasta el día próximo de madrugada. No supo Urdaneta si la +resolución del jefe le causaba <span class="pagenum" id="Page_238">p. +238</span>tristeza o alegría. Si fue esto último, era una alegría +triste. Almorzó con mediano apetito, departiendo con el capellán y +el teniente Pulpis, que le custodiaba en la capilla. Por la tarde, +su tristeza se exacerbó en grado sumo, y la compañía de aquellos +señores le causaba enojos. Y pues no le dejaban solo, echose en un +camastro como intentando dormir; mas lo que hacía era sumergirse en +la contemplación de lo pasado, y en traer al pensamiento su familia, +su casa de Cintruénigo... «¡Ah!, si Rodrigo y Juana Teresa me vieran +en esta horrenda situación, qué amargo llanto derramarían... Sí, sí: +porque me quieren, aunque riñamos y nos enemistemos por tonterías +que, vistas desde aquí, son de una insignificancia que mueve a risa y +desprecio. ¡Dios mío, qué lección me das al fin de mi vida! Paréceme +que estoy ya en la eternidad, donde presumo que hemos de ver todas las +cosas del mundo en su natural pequeñez. Me quieren, sí, me quieren, +y yo también quiero a mi nieto y a la madre de mi nieto, que es la +esposa de mi hijo... Las contrariedades, que en mi necedad estimé +graves ofensas, ahora las perdono de todo corazón. Y cuando ellos +sepan, ¡ay de mí!, cómo ha concluido don Beltrán <i>el Grande</i>, +también me perdonarán los agravios que les hice, mis malas palabras, +mis actos rencorosos. ¡Pues poco que se condolerán de mi suerte! +Rezarán por mí, pedirán a Dios que me acoja en su seno, y harán +sufragios por mi alma. Ya estoy viendo a todo el clero de Cintruénigo +<span class="pagenum" id="Page_239">p. 239</span>atareado por largo +espacio de días en misas, funerales y responsos... Confío sobre todo +en la eficacia de mi arrepentimiento. Pésame, Señor, de todo corazón +el haberte ultrajado sistemáticamente, empleando tan mal la vida +larguísima que me has dado. Pésame también el rencor que sentí hacia +los míos, y el regocijo que tuve al ver descompuesta la proyectada +boda de mi nieto con la mayorazga de Castro-Amézaga. Pésanme mis +bravatas, mi orgullo, mi disipación, mi ansia de coger dinero para +presumir y disimular mi ruina... Pésame todo el daño que hice, y esta +última travesura de querer arrancar a Marcela de la vida religiosa +para satisfacer el liviano amor de Nelet...». Consagró también tristes +pensamientos a su hija y yerno de Villarcayo, perdonándoles sus últimos +desaires; besó mentalmente a sus nietos, y de todos se despidió con +efusión de lágrimas y suspiros. Sus amigos fueron pasando después por +su mente, uno tras otro, en melancólica y pausada procesión, siendo +de los últimos Fernando Calpena, por quien sentía paternal cariño. +Condolíase de que en Bilbao le hubieran birlado la novia. Si hablarle +pudiera en aquel instante, ya no se atrevería, no, a inducirle a +solicitar bodas con Demetria... No, no: guarda, Pablo. Demetria debía +ser para el marqués de Sariñán. Que doña María Tirgo y Juana Teresa +rehicieran los descompuestos planes. Buscara Calpena otra mayorazga, +que buenos partidos no habían de faltarle... <span class="pagenum" +id="Page_240">p. 240</span>Hasta del pobre <i>Mero</i> se acordó y de +Saloma, deseándoles vida, salud, felicidades y rápidos ascensos... ¿Y +qué sería de Tomé?... ¿Y del caballo ganado a Calpena, qué se habría +hecho? En Alcañiz habían quedado también su breve equipaje y el reloj, +magnífica repetición que no llevó consigo al salir en busca de Marcela, +porque roto el espiral a poco de partir de Cintruénigo, para nada le +servía. Guardado con unos pocos duros y pesetas quedó en una bolsa de +vejiga que antes usara para el tabaco...</p> + +<p>La primera parte de la noche la pasó inquietísimo, hablando sin +fatigarse horas enteras, y ya refería sucesos de su vida, ya dictaba +disposiciones para que Putxet recogiera en Alcañiz su equipaje y +caballo, remitiéndolo todo, con la noticia y relato de su muerte, a +la villa de Cintruénigo. Hizo intención de escribir a su nieto y a su +hija; mas sintiendo muy desvanecida la cabeza y el pulso tembloroso, +no trazó más que unas seis líneas con la declaración de su inocencia y +de su trágico fin. Moría como caballero cristiano dolorido del mal que +había hecho, y a todos perdonaba, sin excluir a los que inicuamente le +quitaban la vida. Esmerose en la firma, trazándola con todo el vigor y +claridad que le fue posible. Después dijo:</p> + +<p>—Quisiera que ahora mismo acabáramos. Las horas que faltan pesan +sobre mí como siglos futuros que se convirtieran en presentes.</p> + +<p>Repetida y ampliada la confesión con piadoso recogimiento, +incitole Putxet a dormir. <span class="pagenum" id="Page_241">p. +241</span>Negose a ello don Beltrán, y estuvieron departiendo hasta la +madrugada. Viendo cercana la hora, llamó el reo a los oficiales del +piquete para despedirse de ellos. Formando rueda en torno a la mesa, +oyeron esta manifestación tan sencilla como sustanciosa:</p> + +<p>—Amigos, les agradezco la simpatía y delicadeza que en esta ocasión +me han manifestado. Son ustedes caballeros; yo también lo soy. Como +tal quiero morir; como tales se conducirán ustedes en el trance +final, acabando mi vida con rapidez y sin martirizarme inútilmente. +Yo les perdono de todo corazón. Y si me es permitido, por el fuero de +ancianidad, dirigirles algunos consejos, allá voy; y esto que ahora +les diga, sea para ustedes de autoridad, como expresión postrera del +pensamiento de un moribundo. Condenado sin culpa, no diré palabra +injuriosa ni vengativa contra el bando político que me arranca la vida, +ni contra vuestro ejército... Todas estas cosas quedan para mí en un +término lejano. Sin vituperar esta causa ni la otra, sin enaltecer a +ninguna de las dos, os digo que no derraméis más sangre de españoles. +Guardad esta sangre para mejores y más altas empresas. No defendáis +con tesón tan extraordinario derechos de príncipes o princesas, pues +voy entendiendo yo que tanto valen unos como otros, y que cuando +la cuestión se dilucide y haya un vencedor definitivo, habréis +desgarrado a vuestra patria, que es la legítima poseedora de todos los +derechos. Mientras ponéis en claro, a tiros, <span class="pagenum" +id="Page_242">p. 242</span>cuál es el verídico dueño de la corona, +negáis a la nación su derecho a la vida, porque le estáis matando +todos sus hijos, y le destruís sus ciudades y le arrasáis sus campos. +Será muy triste que cuando de vuestras querellas salgan triunfantes un +trono y un altar, no tengáis suelo firme en que ponerlos. ¿Para qué +queréis altar y trono, si luego han de cojear como esos muebles a que +falta una pata? Allanad y afirmad el suelo ante todo, y esto lo haréis +con las artes de la paz, no con guerras y trapisondas. Haced un país +donde haya todo lo contrario de lo que unos y otros, a quienes no sé +si llamar guerreros o bandidos, representáis; haced un país donde sea +verdad la justicia, donde sea efectiva la propiedad, eficaz el mérito, +fecundo el trabajo, y dejaos de quitar y poner tronos... Lo que va a +resultar es que, cualquiera que sea el resultado, estáis fabricando una +nación de bandolerismo, que en mucho tiempo, gane quien ganare, ha de +seguir siendo bandolera, es decir, que tendrá por leyes la violencia, +la injusticia, el favor, la holgazanería, el pillaje y la desvergüenza. +En un pueblo a que dais tal educación, cualquier trono que pongáis será +un trono figurado, de cuatro tablas frágiles y cuatro mal pintados +lienzos.</p> + +<p>»Quizás vosotros, llenos de vida y de ilusiones, no veáis esto como +lo veo yo, viejo y moribundo. Creéis que toda la vida vais a estar +guerreando, con miras de gloria y ascensos; creéis que España ha de +ser patrimonio <span class="pagenum" id="Page_243">p. 243</span>y +casa de guerreros, los cuales en la paz tendrían que ser empleados. +¿Empleados de qué? ¿Guerreros para qué? Sois muchos a comer rancho; +sois muchos a vivir de distinciones, de cintajos y signos categóricos. +Y yo os pregunto: ¿quién trabaja? ¿De dónde sale el rancho, el sueldo, +la ropita con galones? Esto es absurdo: estáis matando el país y +haciendo de él un magnífico cementerio poblado por maniquís, que +ostentarán su presunción paseándose entre las sepulturas... Y ahora, +puesto que me oís con tanta atención, me permitiré daros consejos de +otro orden. No es tan gran autoridad el virtuoso que nunca ha pecado +como el pecador que reconoce, aunque tarde, sus yerros. Y puesto que +conocéis mi vida, os incito a no imitarme en la parte corrompida de +ella. No seáis pródigos; adoptad con discreta medida las prácticas de +los miserables, llevando cuenta y razón de lo que tenéis y consumís, +para que nunca os salga la necesidad más larga que su remedio, ni +la sábana más corta que la pierna. Entre la sordidez y la excesiva +largueza, preferid lo primero, que os hará antipáticos, pero no +infelices. La generosidad practicada sin medida puede ser viciosa, +porque muchas veces la dicta la presunción antes que el verdadero +espíritu de caridad... Y tocando, por fin, el punto más sensible, +no me atrevo a deciros que no seáis enamorados, porque esto sería +contravenir una gran ley de naturaleza; pero sí os recomiendo que lo +seáis sin apartaros de las leyes eternas, y que <span class="pagenum" +id="Page_244">p. 244</span>evitéis toda empresa de amor en que veáis +probable daño de tercero. Esto es muy malo, hijos míos, y os lo asegura +quien, por seguir la regla contraria, ha tocado en la experiencia sus +perniciosos efectos. En todo caso, sed respetuosos y veraces con las +mujeres. Es más conforme a naturaleza dejarles a ellas el uso del +engaño, arma con que compensan su debilidad, y tomar el hombre para sí +el uso continuo de la lealtad, que es la fuerza; y los riesgos que de +esto se ocasionen, cada cual los sortee como pueda, buscando siempre +el bien. Que las alabéis y las obsequiéis con flores del ingenio, no +es cosa mala, pues muchas con esto solo quedan satisfechas, y vosotros +nada perdéis en ello. Los que sean casados, harán bien en guardar la +fidelidad matrimonial, aunque les haya tocado un culebrón... Por eso, +conviene mirarlo despacio, y enterarse antes de contraer esos vínculos +que duran toda la vida. Sostened siempre la paz dentro de la familia +que os resulte del nacimiento y de las uniones, y si hay en ella +caracteres ásperos, procurad haceros a sus asperezas para que los demás +contemporicen con las vuestras, que de seguro las tendréis. Espinas +sufrimos, espinas tenemos, y el que crea que no las tiene y se duela de +que le pinchen, es tonto de remate. Y ya no me queda que deciros sino +que seáis trabajadores, que os procuréis un modo de vivir independiente +del Estado, ya en la labranza de tanta tierra inculta, ya en cualquiera +ocupación de artes liberales, oficios <span class="pagenum" +id="Page_245">p. 245</span>o comercio, pues si así no lo hacéis y os +dedicáis todos a <i>figurar</i>, no formaréis una nación, sino una +plaga, y acabaréis por tener que devoraros los unos a los otros en +guerras y revoluciones sin fin... Sed cultos, bien educados, y emplead +las buenas formas así en el lenguaje como en las acciones, que la +grosería es causante de terribles males privados y públicos. La rudeza +y los procederes ordinarios han sido aquí, bien lo veis, semilla de +discordias entre los pueblos, y por esa falta de formas se hacen +interminables las guerras, pues la grosería engendra el odio, y el +odio nos lleva al salvajismo y a la barbarie... Y basta ya: no lloréis +por mí, ni tengáis demasiada lástima de mi muerte, pues soy muy viejo +y no sirvo ya para nada. A nadie soy útil, a nadie hago falta; mis +días son de absoluta esterilidad; ya he vivido bastante, y al quitarme +de en medio, casi casi no cometéis crueldad, pues no hacéis más que +arrancar un tronco añoso y seco, que estorba el nacimiento de nuevos +árboles... A todos ruego que me perdonen, y yo en los presentes perdono +a cuantas personas de este y el otro bando hayan podido causarme algún +agravio... Entereza no me falta, ya lo veis: confío en la misericordia +divina, a quien entrego mi alma, abominando de mis culpas, sin pedir +un galardón que no merezco, y deseando solo la indulgencia que Dios no +niega al último pecador. Les ruego, además, que entierren mi cuerpo en +lugar decoroso, designando mi sepultura con una cruz y alguna <span +class="pagenum" id="Page_246">p. 246</span>inscripción, pues mi familia +pretenderá seguramente transportar estos tristes despojos al panteón +de Cintruénigo... Por mí, los dejaría en cualquier parte; pero los +Idiáquez no lo consentirán... Ea: ya he concluido, y perdonen que +haya sido hablador prolijo en este trance. Acabemos pronto, y cumplan +ustedes su deber, que es matarme, como yo cumplo el mío muriendo en paz +con Dios y con los hombres.</p> + +<hr class="chap x-ebookmaker-drop"> + + +<div class="chapter pt3" id="Ch25"> + <h2 class="nobreak g1">XXV</h2> +</div> + +<p>Uno tras otro le fueron abrazando, admirados no solo de su entereza, +sino de su talento y gracia. Algunos minutos habían pasado ya de la +hora designada para el suplicio, y don Beltrán, impaciente, dijo con +buena sombra:</p> + +<p>—¿Pero qué hacemos, señores? Estamos perdiendo un tiempo +precioso...</p> + +<p>El sol entraba por la ventana anunciando un esplendente día +primaveral. Suspiró Urdaneta próximo a la ventana, y dirigiendo miradas +de tristeza hacia el campo verde y risueño, vio en primer término unas +cabras; junto a ellas un burro viejo, amarrado por las patas.</p> + +<p>—¡Pobre animal!... Le harían ustedes un gran favor sacrificándole +conmigo... Pero él no querrá, naturalmente. Aunque viejo y con los +dientes gastados, aún le gusta la hierba... ¡Goloso!... ¿Conque +vamos... o qué?</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_247">p. 247</span></p> + +<p>Entró Pulpis a decir que el jefe había mandado un recado urgente... +¡Que aguardaran...! Sin duda querría despedirse del señor don +Beltrán...</p> + +<p>—Pues, hombre —dijo este, suspenso y ansioso—, que venga de una +vez... ¿Viene ya?</p> + +<p>Dos minutos de cruel expectación transcurrieron hasta la entrada +de Llangostera en la estancia. Su rostro de clérigo afligido si algo +expresaba, era la premura y el diligente afán del puntual servicio.</p> + +<p>—Siéntese, señor —dijo al reo, sin más saludo—. No tenemos prisa. +¿Qué tal le han dado de comer?</p> + +<p>—¡Comer yo! ¿Para qué?... No como nunca tan temprano.</p> + +<p>—Que le traigan algo... Hay cordero asado, que quedó de anoche.</p> + +<p>—Gracias; no tomo nada entre horas.</p> + +<p>—Pues ocurre... Nada, que tenemos otro aplazamiento. Perdone usted: +bien sé que es molestísimo...</p> + +<p>—Sí, señor: eso digo... De modo que... un día más —murmuró don +Beltrán mirando al campo y al sol.</p> + +<p>—¿Un día?... ¡Qué sé yo cuántos días serán!... Este Ramón ni +descansa, ni deja descansar a nadie. Hace una hora que ha llegado de +Gandesa la partida del <i>Arcipreste</i>. Recibo por ella este parte +(<i>mostrándolo</i>) en que se me dice, entre varias cosas que no son +del caso, que...</p> + +<p>—Que me atormenten un poco más.</p> + +<p>—No, señor: que antes de fusilarle..., naturalmente... Vamos, que no +le fusilemos, y <span class="pagenum" id="Page_248">p. 248</span>que +hoy mismo se le mande a Gandesa. Quiere interrogarle sobre cosas que +solo usted puede saber.</p> + +<p>—¡Yo!... ¡Cosas!... ¿Estoy soñando?</p> + +<p>—Presumo lo que será... No es que él me lo haya dicho. Pero el que +más y el que menos, todos aquí sabemos por dónde va el agua... No se +devane el caletre. A Gandesa hoy mismo, dentro de dos horas, con dos +compañías del 3.º y los pocos caballos que aquí tengo. Lo que Ramón le +preguntará es cosa de política..., de lo que pasa por allá... en la +corte...</p> + +<p>—¿En la corte celestial?</p> + +<p>—O en otras de más abajo... En fin, allá ustedes.</p> + +<p>—Pues, señor —dijo don Beltrán levantándose como un niño entumecido +que quiere correr—, vamos a Gandesa, y hablemos de cortes y cortijos +o de lo que quiera don Ramón. Yo no sé una palabra..., o tal vez lo +sepa sin saberlo, sin enterarme de que lo sé... Sí, sí..., algo podré +decirle de grandísimo interés... Señor de Llangostera, si esto es una +forma de indulto, Dios se lo pague, que alguna parte habrá usted tenido +en ello.</p> + +<p>—Yo no; si no viene esta orden, ya estaría usted gozando de Dios... +Conque... sea enhorabuena.</p> + +<p>—Gracias... Viva usted mil años, señor Casadevall, <i>alias</i> +Llangostera... Y acordándome ahora de su gallardo ofrecimiento, que me +traigan el cordero asado. Se me despierta un apetito horroroso.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_249">p. 249</span></p> + +<p>—Pues que aproveche... No descuidarse: a las ocho, en marcha.</p> + +<p>Apenas traspasó la puerta el cabecilla, arrancose Putxet a dar a su +amigo un abrazo tan fuerte, que a poco más le ahoga.</p> + +<p>—A mí, a mí me debe usted su salvación, nobilísimo señor, pues sin +la tremenda batalla que ayer di, por ser Pentecostés, la orden de don +Ramón le habría alcanzado a usted en la sepultura... Y lo hice, puede +creérmelo, más que por ser Pentecostés, ¡<i>pacho</i>!, porque me dio +la corazonada de que ganando un día, salvábamos al hombre. Acerté... Ya +sabía yo que anda Cabrera muy caviloso estos días con chismes que le +han traído del Cuartel Real...</p> + +<p>—¡Pero si yo estoy tan enterado de las cosas del Cuartel Real como +de lo que pasa en la luna!</p> + +<p>—Quiá..., eso no puede ser... Por algo se fija don Ramón en usted, y +espera que le aclare lo que ignora...</p> + +<p>—Juro que...</p> + +<p>—Y en todo caso, si usted no lo sabe, invéntelo, ¡<i>pacho</i>!... +Para mi, ya está usted indultado, y puede que muy pronto libre...</p> + +<p>—Sea lo que Dios quiera, amigo Putxet. He visto la muerte tan de +cerca, que no podré desechar la idea de que vivo de milagro. Cúmplase +la voluntad de Dios. Pronto estoy a todo, a vivir y a morir.</p> + +<p>A la hora designada salió de Rosell el gran aristócrata con las +tropas que marchaban a Gandesa, y todo le fue lisonjero aquel <span +class="pagenum" id="Page_250">p. 250</span>día: se le facilitó un +buen caballo, y para colmo de felicidad, iban con él Putxet, capellán +del 3.º, y el teniente Pulpis, que en el corto tiempo de conocimiento +mostraba hacia el aragonés gran simpatía y cordialidad. Por montes +y laderas departían los tres de diversas cosas humanas y divinas, +hallándose don Beltrán tan inspirado aquel día y con su inteligencia +tan despierta, que los otros no se hartaban de oírle. Refirió sucesos +interesantísimos de su vida y de la vida general, o sea historia, con +sin igual donaire y expresión justa, ingeniosa, contestando sin fatiga +a cuanto le preguntaban. Y entre párrafo y párrafo introducía, a guisa +de estribillo, ponderaciones de los espectáculos de la naturaleza que +contemplaba. Todo le parecía bello, aun lo que no lo era.</p> + +<p>—¿Y no saben ustedes una cosa, amigos míos? Pues estoy asombrado de +ver... que veo mejor que antes... No sé a qué atribuirlo. Pero no hay +duda: se me aclara considerablemente la vista. No sé si será porque..., +¡<i>pacho</i>!, como estuve casi dentro del reino de la muerte, mis +ojos se preparaban para ver lo que aquí tenemos por invisible, y se +afinaron..., aprendieron algo nuevo en el arte de la visión..., no +sé...</p> + +<p>Todo el día y parte de la noche emplearon en el paso de los puertos +de Beceite, pernoctando en la bajada de Monte Caro. Al amanecer se les +agregaron varias partidas, y avanzando cautelosos con buenos guías y +precavidos de espionaje, evitaron el encuentro <span class="pagenum" +id="Page_251">p. 251</span>con las fuerzas cristinas que operaban en +aquella zona. Al caer de la tarde supieron que don Ramón, atacado por +Nogueras ante los muros de Gandesa, había tenido que levantar el sitio +de esta plaza retirándose a Bot. A este punto se dirigieron a marchas +forzadas, y a media noche encontraron a sus compañeros, acampados al +raso, en árida y polvorosa colina junto al río Seco. La temperatura +era ardiente; la tierra, caldeada por el sol, apenas se refrescaba en +la segunda mitad de la noche. Escaseaba el agua, y los soldados abrían +pozos buscando con qué aplacar su sed. En una mala tienda hallábase +Cabrera, desvelado, inquieto, en un grado de biliosa displicencia que +hacía temblar a cuantos para asuntos del servicio se le acercaban. No +bien se enteró de que habían llegado las fuerzas pedidas a Rosell, +mandó llamar al viejo Urdaneta, sin darle punto de reposo: tal era su +avidez de interrogarle. Muerto de cansancio y de sueño, llegó a la +tienda el buen aragonés, y con el saludo pidió al <i>leopardo</i> que +le permitiese echarse en el suelo, pues ya no podía tenerse en pie: +antes de obtener la venia, se desplomó. Dos sillas de tijera había en +la tienda: en una se sentaba el general, envuelto en su capa blanca, +pues tenía frío a pesar del tiempo bochornoso; en la otra, convertida +en mesa, había papeles, un tintero de cuerno y un farol. El secretario +se sentaba en el suelo en postura turquesca.</p> + +<p>—Póngase usted a su comodidad —dijo Cabrera <span class="pagenum" +id="Page_252">p. 252</span>al prócer—. Aquí no guardamos etiquetas... +Yo voy a hacer lo mismo, pues el dolor de riñones no me deja estar +sentado.</p> + +<p>Hizo una seña al secretario para que se largara, y se tendió frente +a don Beltrán, apoyando la cabeza en un rollo de mantas. No era +hombre que se resignaba a perder el tiempo: los minutos eran para él +preciosos, y aborrecía las vanas palabras. Sin preguntar al prisionero +cosa alguna referente a su viaje ni a su interrumpido suplicio en +Rosell, abordó el asunto, que sin duda le inquietaba hondamente.</p> + +<p>—Conque... va usted a responderme con claridad, con precisión, +y sobre todo con verdad a lo que le pregunte, señor de Urdaneta. +No piense usted en engañarme, porque a Ramón Ca...brera nadie le +ha engañado todavía, ni guarde reserva sobre punto alguno de mi +interrogación..., porque se arrepentirá de ello. Lo que me oculte, yo +he de saberlo después..., y le pediré cuenta de su silencio; lo que me +diga con falsedad, lo descubriré al oírlo, porque Dios me ha dado el +don de distinguir lo falso de lo verdadero en lo que me dicen... Y si +algo de lo que me manifieste es de carácter delicado, quedará entre los +dos; yo sé callar como nadie..., pero como nadie sé oír y aprender.</p> + +<p>—Sepa yo pronto de qué se trata, general —replicó don Beltrán—, que, +por Dios, ni aun sospecho cuál puede ser el asunto de mi conocimiento +que a usted interese.</p> + +<p>—Ahora lo veremos. Prepárese a responder <span class="pagenum" +id="Page_253">p. 253</span>con cla...ridad, y sobre todo con exactitud. +En febrero de este año pasó usted por Fuentes de Ebro, camino hacia +Caspe y Alcañiz. En el parador de Viscarrués comió usted y habló +largamente con un sujeto italiano, su amigo, llamado Rapella, que iba +en seguimiento de Borso, y venía del Cuartel Real del norte.</p> + +<p>Después de asentir con la cabeza a los primeros conceptos del +<i>leopardo</i>, manifestole don Beltrán con acento sincero que, en +efecto, había hablado con Rapella; pero que no era amigo suyo, y en +Fuentes de Ebro le vio y trató por primera vez. Por cierto que, movido +de la curiosidad y sin ningún interés positivo en ello, había intentado +tirarle de la lengua, para sorprender la clave de sus continuas +viajatas diplomáticas entre cortes borbónicas; mas nada pudo obtener, +como no fuera la certidumbre de la cerrada discreción del siciliano.</p> + +<p>Mostrose Cabrera incrédulo de esta declaración, y en tono agrio le +dijo:</p> + +<p>—Veo que es usted de la misma escuela. No me sirven los +diplomáticos, y usted tampoco quiere servirme...</p> + +<p>—He dicho a usted, mi general, que ni una palabra pude sacarle... +Pero no he dicho que ignore los líos que se trae ese señor...</p> + +<p>—Pues si lo sabe...</p> + +<p>—Es que usted, general, debió empezar por decirme: «Urdaneta, ¿qué +sabe usted de esto?», y no interrogarme al modo capcioso, <span +class="pagenum" id="Page_254">p. 254</span>como se hace con los espías +enemigos.</p> + +<p>—Tiene usted razón —dijo Cabrera, rindiéndose a la noble actitud +del aragonés—. Perdóneme; no supe distinguir. ¡La costumbre de tratar +con canallas...! Es usted un caballero, y lo que sepa acerca de este +asunto, me lo dirá... como de amigo a amigo.</p> + +<p>—A ello voy. No sirvo a ninguna causa; no vendo ningún secreto; +referiré lo que sepa, para mí falto de interés, para usted quizás +no...</p> + +<p>Minucioso y elegante narrador, maestro en el arte de dar interés +al relato más sencillo, don Beltrán expuso gallardamente lo que sabía +y opinaba; que no todo fue relación de hechos, pues hubo también un +disertar gracioso sobre cosas políticas hondas, de las que rara vez +salen a la superficie. Habiendo trabado amistad, en su viaje desde +Laguardia a Villarcayo, con un joven madrileño muy simpático que +el verano anterior había visitado la corte de Oñate en compañía de +Rapella, pudo conocer el carácter de este, sin más datos que las +referencias de aquel joven. Era el siciliano muy astuto, corrido en +intrigas de mujeres y en diplomacia menuda de gabinetes secretos, de +combinaciones políticas a hurtadillas de los ministros o cancilleres. +Pintó Urdaneta la corte de don Carlos, repitiendo lo que le había +contado su amigo, y por cierto que no escatimó las tintas burlescas +en la pintura, sin que por ello se escandalizara el que le oía. Diole +noticias de la amistad del siciliano con el infante don Sebastián, +<span class="pagenum" id="Page_255">p. 255</span>con quien al parecer +no se había entendido en las negociaciones o enredos que llevaba. Lo +que resultó de las conferencias del tal embajador con don Carlos en +Durango, su amigo no lo sabía, pues un accidente inesperado le separó +de él el día mismo de la evacuación de Oñate a consecuencia de la toma +de Arlabán. Presumía que la base del proyectado convenio para poner +fin a la guerra era la reconciliación de las dos ramas borbónicas +por medio de un casamiento; mas como este no había de efectuarse +hasta que la reina Isabel y el hijo de don Carlos llegasen a edad de +matrimonio, tal proyecto era un sueño; y para celebrar la paz y que se +abrazaran los dos ejércitos, se buscaban otras fórmulas de transacción +y avenencia.</p> + +<p>Levantose Cabrera de un salto, nervioso y colérico, exclamando:</p> + +<p>—Yo no me abrazo con nadie... ¡Abrazos a mí!... ¡Transacción!... +Juro que no... No saben quién es Cabrera... Ni por un puñado de oro, +ni por grados y ventajas en la carrera, me cubro yo de vilipendio +entregándome a los cristinos. Si don Carlos cede, allá se las haya... +Él en su casa y yo en la mía... ¡No quiero, no quiero!... ¡Matrimonios +de príncipes!... ¿Se casa la luz con las tinieblas?... ¿Se casa la +justicia con la injusticia, la razón con la sinrazón? Pues si se casan, +con su pan se lo coman. Yo no me caso con nadie. Ramón Cabrera no se +casa.</p> + +<hr class="chap x-ebookmaker-drop"> + + +<div class="chapter pt3" id="Ch26"> + <p><span class="pagenum" id="Page_256">p. 256</span></p> + <h2 class="nobreak g1">XXVI</h2> +</div> + +<p>Volviendo a ocupar su silla, acarició con movimiento maquinal +los papeles que en la otra tenía, alumbrados por el mustio farol. +Don Beltrán, sin cambiar de postura, flemático y perezoso, siguió +manifestando al caudillo apreciaciones que creía interesantes. Por lo +que había oído en Medina y Villarcayo, por algo que pudo descubrir +conversando con su grande amigo don Baldomero Espartero, los tratos +para buscar fórmula de paz no habían cesado desde el principio de a +guerra. Proposiciones se hicieron a Zumalacárregui, proposiciones a +Maroto, y el mismo Cabrera no habría estado libre de que en su oído se +murmuraran palabras tentadoras...</p> + +<p>—A mí no, a mí no —dijo prontamente el <i>leopardo</i>—. Ya saben +que mandaría fusilar al que me trajera recaditos de doña Cristina o del +rey napolitano.</p> + +<p>—Del rey de Nápoles, a quien entiendo yo que no debemos la invención +de la pólvora, es agente oficioso el tal Rapella. Anda también en estos +tratos y trotes un legitimista francés, marqués de no sé cuántos.</p> + +<p>—No es marqués, sino barón..., y ha entrado en España con el +supuesto apellido de <span class="pagenum" id="Page_257">p. +257</span>Neuillet. Me da en la nariz que el nombre de Rapella es +también falso, y que bajo él se esconde un correveidile de Cristina, +maestro en intrigas, que en Madrid era conocido por marqués de +Lagrua.</p> + +<p>Insistió Urdaneta en que no podía dar ninguna luz sobre esto, pues +no se había echado a la cara al tal don Aníbal hasta su paso por +Fuentes de Ebro, y de él no tenía más noticias que las anteriormente +comunicadas. Asimismo ignoraba si el siciliano se había visto con +Borso; pero Cabrera le sacó de dudas, afirmando que tres días +permaneció aquel en Castellón en compañía del general y de un italiano +llamado Cialdini, embarcándose después para Marsella.</p> + +<p>—Le tengo a usted por un caballero —añadió don Ramón con cierta +solemnidad, después de larga meditación—, y estoy con...vencido de +que me ha dicho todo lo que sabe. Sus opiniones parécenme muy bien +fundadas.</p> + +<p>Algo más dijo el <i>leopardo</i>; pero don Beltrán, que ya venía +dando fuertes cabezadas, hundió al fin la barba en el pecho, y cogió un +sueño profundo, que por causa de la mala postura había de ser breve.</p> + +<p>—Sí, sí: duérmase usted, amigo mío —murmuró el general con lástima—, +que bien necesitado está de descanso. Le envidio su facilidad para el +sueño.</p> + +<p>Y cogió de la mesa-silla, ávido de nueva lectura, la carta que +desde Sangüesa le había escrito Arias Teijeiro. De aquellas apretadas +<span class="pagenum" id="Page_258">p. 258</span>líneas de menuda +letra española, provenían sus inquietudes y desvelos. Informábale con +prolijas referencias su amigo, principal figura en la camarilla del +pretendiente, de que la magna expedición al mando del propio rey había +partido de Navarra el 17 con dieciséis batallones, nueve escuadrones, +el estandarte de la Generalísima y su lucida escolta, y un inmenso +bagaje, como correspondía al sinnúmero de funcionarios de corte y +administración que acompañar debían a la Real persona.</p> + +<p>—Le tengo por un gran farsante —dijo don Beltrán despertando +súbitamente—. ¡Ah... mi general! ¿No me preguntaba usted su opinión +sobre ese Rapella? Opino que el ir a Marsella es para ganar más +fácilmente la frontera de Navarra y agregarse al llamado Cuartel +Real.</p> + +<p>—Así es, en efecto. Viene en la expedición magna.</p> + +<p>—Pero ¿qué es eso? ¿Se lanza don Carlos a una correría como las de +Gómez, Batanero y don Basilio?</p> + +<p>—No sé... Eso se dice... Allá veremos.</p> + +<p>Siguió pensando el <i>leopardo</i> en lo que la carta decía, y +comentando con interno juicio las noticias de ella. Traducida con la +posible fidelidad la expresión muda de su pensamiento en valenciano, +resulta <i>mutatis mutandis</i>:</p> + +<p>—¡<i>Pacho</i>, con la impedimenta que nos traen! La caterva +de empleaduchos, la taifa de gente allegadiza que quiere comer a +costa nuestra! ¡Vaya una plaga, ¡<i>pacho</i>! Aquí nos <span +class="pagenum" id="Page_259">p. 259</span>vemos y nos deseamos para +poder vivir... En país esquilmado..., apenas hay raciones para mal +comer... y ahora nos viene encima esa nube. Tenemos un rey que sabe +tanto de guerra como yo de afeitar ranas. ¿Por qué no se estará +quietecito en su corte esperando a que le hagamos rey de todas las +Españas?... ¡Y que se trae unos consejeros y unos ministros que no +tienen precio para ayudar a misa, para pegar botones o cepillar la +ropa! Vendrán de generales el tontaina de don Sebastián, el buey +cansino de González Moreno y el bribón de Gómez, a quien yo pondría de +capataz de un presidio, que es lo único para que sirve... Duérmase de +una vez, don Beltrán, que aquí no gastamos etiquetas. Me da pena verle +luchar con el sueño.</p> + +<p>—Es que..., verá usted..., decía yo que indudablemente hay tratos +y contubernios entre <i>Palacio</i> y ese..., ¿cómo le llaman? Ya +no me acuerdo... El rey, hombre..., Felipe V..., digo, Carlos... La +reina, que no perdona lo de La Granja, parece que no quiere nada con +liberales... Luis Felipe desea que se acabe la guerra de cualquier +modo, por creerla un peligro..., y la cuádruple alianza..., sí, señor, +la cuádruple...</p> + +<p>—A dormir... Tenga usted este lío de mantas para que descanse la +cabeza.</p> + +<p>—Muchas gracias, querido Nelet.... digo, no, señor don Ramón V... El +sueño me rinde, me trastorna... Gracias.</p> + +<p>Sin poder apartar de su mente las ideas que le atormentaban, +Cabrera se paseó en el <span class="pagenum" id="Page_260">p. +260</span>estrecho espacio de la tienda, embozado en su capa +blanca. No se conformaba con que el Ejército Real, mal organizado y +pésimamente dirigido, viniese a compartir con él el dominio en la +región valenciana. Recordaba sus desavenencias con Gómez, por cuál +mandaba más. Cierto que al rey no podía disputársele la supremacía. +Aunque incapaz para la guerra y para el gobierno, era el rey, por +divino mandato, la sacra bandera, el símbolo de la Causa; y de la +regia persona, absolutamente inepta para todo, provenía la fuerza +moral de las cohortes del absolutismo. No había, pues, más remedio que +cargar con el ídolo, aunque este fuera una de las obras más burdas +del fetichismo dominante. ¡Y por semejante figurón, hecho al modo de +las imágenes vestidas, que por dentro no son más que una armazón de +madera tosca, se peleaban tantos hombres valientes, y se vertían ríos +de noble sangre!... Claro que todo se hacía por <i>la idea</i>. El +grosero ídolo era una idea. Por ella combatían fieramente los de acá, +mientras los defensores de la idea contraria cifraban su valor en +la adoración de una linda muñeca... En suma: lo que ponía en grande +irritación al caudillo del Maestrazgo era que se había de convertir +en auxiliar y mequetrefe del Ejército Real en cuanto este pasase el +Ebro. Las operaciones ya no serían suyas: tendría que subordinarlas a +lo que dispusiese cualquiera de los reverendos sacristanes que venían +agregados al santón del absolutismo...</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_261">p. 261</span></p> + +<p>Verdad que la carta de Arias Teijeiro no escatimaba las lisonjas +al héroe del Maestrazgo. En el Cuartel Real se le tenía por un +estratégico de primer orden, firme columna de la Causa, y el soberano +deseaba ocasión de mostrarle personalmente su real aprecio. Pero tras +estos inciensos venían anuncios de resoluciones que desagradaban al +<i>leopardo</i>. La expedición real, a la que se uniría Cabrera para +engrosarla y fortalecerla, llegaría con la ayuda de Dios hasta el +propio Madrid, y entraría en la capital de la monarquía <i>sin disparar +un tiro</i>.</p> + +<p>Esto de rematar la campaña sin combatir sacaba de quicio al ardiente +Cabrera. Todo lo que no fuese ganar a sangre y fuego el triunfo de la +Causa, pugnaba con su temperamento batallador, con su corazón fiero y, +¿por qué no decirlo?, noble. Los arreglos por concesiones recíprocas de +mercedes, o por casorios y pactos de familia, le olían a podredumbre. +Tan viles eran los unos como los otros si a ello se prestaban. Uno de +los dos rivales debía perecer: eso de que vivieran y triunfaran los +dos, partiéndose la torta disputada, no se acomodaba a su lógica ruda, +ni a su primitivo y elemental criterio de cosas políticas. ¡Entrar en +Madrid unos y otros con <i>sus manos lavadas</i>! ¡Ah, <i>pacho</i>, +y reconocer a doña Cristina y a don Carlos como <i>reyes padres</i>, +los dos en igual categoría dinástica... y ver a los nenes asistidos +de un consejo mixto, y apoyados por un ejército mixto o mestizo!... +Y en tanto, ¿qué se haría de <span class="pagenum" id="Page_262">p. +262</span>las ideas? Pues juntarlas todas en una redoma para sacar otra +mezcla indecente, que no serviría para nada. ¡Libertad y absolutismo +desleídos en agua, <i>según arte</i>! ¡Rey y pueblo abrazaditos!... +¡Religión y ateísmo en una pieza, <i>pacho</i>!</p> + +<p>Colmaba la indignación del general esta frasecilla de la carta: «Aún +no puedo ser muy explícito, mi querido don Ramón. Solo me permitiré +anticiparle que las bases de un arreglo decoroso están sentadas por +manos muy peritas, y que no veo lejano el día glorioso en que podamos +descansar de nuestra ruda campaña, viendo triunfante lo más esencial +de nuestra doctrina». ¡Descansar! ¡Si él no quería más descanso que +reventar combatiendo!... La gentuza civil, la patulea de holgazanes y +vividores que acudían a la Causa como las moscas al panal, era la que +anhelaba el descanso de la paz, para chupar a sus anchas, repartiéndose +el momio de los destinos. Ese descanso de lo civil era el militar +vilipendio, y él no..., él no quería descanso sin honra, sino honra con +cansancio.</p> + +<p>A esto llegaba, cuando despertó el noble caballero sobresaltado, +con ahogos de pesadilla. Soñó que le sacaban al cuadro para fusilarle, +que le ponían de rodillas y le vendaban los ojos... «¡Al corazón, +hijos míos, al corazón! No me hagáis padecer», murmuraba sin abrir los +ojos; y cuando los abrió, reconociéndose despierto, pidió perdón al +general:</p> + +<p>—No me haga usted caso. Estoy fatigadísimo, <span class="pagenum" +id="Page_263">p. 263</span>y si aquí molesto, me saldré a dormir en +campo raso.</p> + +<p>—No, no; quédese aquí. Le diré, para su tranquilidad, que ya +está libre de la sentencia de rehenes. Aunque allá fusilen media +aristocracia, la vida de usted en mi poder no corre peligro. Rehenes +por gente civil, no me convienen.</p> + +<p>—No sé con qué palabras expresar a usted mi agradecimiento por su +magnanimidad —dijo Urdaneta conmovido—. ¿De modo que estoy libre...?</p> + +<p>—Libre no. Aún será usted mi prisionero por una temporada. Puede que +le necesite, por su gran conocimiento de cortesanías y politiquerías de +Madrid... y de toda la morralla civil. Tenga un poco de paciencia, y +por de pronto duerma en mi tienda todo lo que el cuerpo le pida.</p> + +<p>—Me pide mucho, general... Traigo un atraso horroroso en el dormir. +Lo menos me debe a mí el sueño cuatro noches. Figúrese..., a mi +edad.</p> + +<p>Ayudado de aquel sosiego que las últimas palabras de Cabrera dieron +a su espíritu, cogió don Beltrán el sueño, quedándose en él con +profunda quietud hasta muy avanzado el día; pero cuando ya su cuerpo +hubo recibido la reparación de que estaba tan necesitado, el cerebro +se soliviantó, dándose a los sueños extravagantes. Después de mil +visiones vagas, indefinibles, viose atormentado por seres malignos y +traviesos que le traían y llevaban sin ningún respeto a su nobleza +<span class="pagenum" id="Page_264">p. 264</span>y ancianidad. +Eran, sin duda, los familiares demonios de Nelet, que, por contagio +de la amistad, pasado se habían del joven al viejo, del creyente +al incrédulo. En medio de la turbación del soñar, su razón siempre +vigilante le decía: «De esto tiene la culpa Santapau, por contarte +sus diabólicas aventuras con tantos pelos y señales». Ello es que la +infernal cuadrilla cogió por su cuenta al señor de Albalate, y de un +vuelo me le transportó a Cintruénigo, donde vio a doña Juana Teresa +ahechando trigo, y a Rodriguito con la pluma tras de la oreja contando +los garbanzos que se habían de echar al puchero. Visto esto, volvieron +los diablillos a cogerle por los sobacos o por el cogote (no estaba +bien seguro) y le llevaron a la cima del Moncayo; de allí a Veruela, y +metiéndole por un subterráneo, le arrastraron hasta salir al castillo +de Loarre en tierra de Huesca. Entretuviéronse en jugar con él a la +pelota, lanzándole de un torreón a otro, y después le llevaron, cogido +por las orejas, a la sierra de Guara, desde cuyas cumbres le mostraron +todo el territorio del antiguo reino de Sobrarbe, diciéndole... Pero de +lo que decían no pudo enterarse bien. Despertó con el cuello dolorido, +y viendo la necedad de su ilusión, requirió nuevamente el sueño, +tomando mejor postura.</p> + +<p>No debía despertar el noble señor sin que su turbado cerebro +se lanzara a mayores travesuras, sucediendo a las imágenes de un +orden bufonesco otras de carácter lúgubre <span class="pagenum" +id="Page_265">p. 265</span>y penoso. Tan claramente como se ven cosas +y personas en la realidad, vio a Nelet, que, asistido de unos cuantos +facciosos con rabo (por donde se colegía su calidad demoniaca), +crucificaba a un hombre, clavándole en un largo madero. El hombre, +que debía de ser un bendito, se dejaba crucificar risueño, diciendo +a su verdugo: «¡<i>Pacho</i>!, no sabes lo que haces». Largo tiempo, +si es que la lentitud o rapidez de este son apreciables en una +pesadilla, atormentó al soñador la visión espantosa, que terminaba +y se reproducía como el ensayo de una escena teatral. El propio don +Beltrán, angustiado, quiso más de una vez gritar a su discípulo: +«¡<i>Pacho</i>!, no sabes lo que haces». Pero no podía... ¡Vive Dios, +que no podía!... Las palabras se le pegaban al cielo de la boca cual si +fueran obleas.</p> + +<hr class="chap x-ebookmaker-drop"> + + +<div class="chapter pt3" id="Ch27"> + <h2 class="nobreak g1">XXVII</h2> +</div> + +<p>Horrorizado y tembloroso despertó el anciano, y lo primero que vio +fue a Cabrera durmiendo, tendido en el suelo boca arriba sobre una +manta, envuelto en su capa blanca y roja, la boina sobre los ojos para +resguardarlos de la luz. El secretario, con violenta postura, escribía +en la silla de tijera, y un ayudante que hacía cigarrillos sentado +en tierra, indicó a don Beltrán con un signo <span class="pagenum" +id="Page_266">p. 266</span>que evitase el ruido, para no turbar el +descanso del general, que se había dormido después de salir el sol. A +poco entró un ordenanza, y en voz muy baja dijo al prócer que fuera +le esperaba desde el amanecer un señor comandante amigo suyo. Echose +de la tienda don Beltrán, andando poco menos que a gatas por la gran +debilidad que sentía, y encontrose a Nelet sentadito en una piedra, +la cabeza entre las manos, el espinazo en violenta curva, imagen de +la melancolía negra o de la desesperación. Después de tocarle en el +hombro, el desmayado viejo encaminose a una cercana tienda, de donde un +penetrante olor de fritangas le llamaba con reclamo irresistible. Tuvo +la suerte de tropezarse allí con el teniente Pulpis, que inspeccionaba +las sartenes; pidió que le dieran de comer, aunque solo fuera pan +y cebolla, y obtenido algo más confortativo y suculento, se puso a +devorarlo mientras hablaba con Santapau, que se le arrimó al instante +con apetito de conversación.</p> + +<p>—Hijo mío, te encuentro muy desmedrado. ¿Estás herido? ¿Has perdido +tu preciosa sangre en las acciones de estos días frente a los muros de +Gandesa?... ¿O es que te sobrevino algún disgusto, quizás otra jarana +con los <i>chicos de Lucifer</i>?</p> + +<p>—No... a esos no les temo ya. Curado estoy del mal de demonios +—replicó Nelet suspirando, agobiado de tristeza—. Un saludador de +mi pueblo me ha dejado las cámaras interiores bien limpias de esas +alimañas, con <span class="pagenum" id="Page_267">p. 267</span>un +bebedizo que, por lo amargo, debe de estar hecho con la hiel de Judas. +Al decir de ese médico, los diablos huyen ahora de mí y se albergan en +los cuerpos de mis amigos.</p> + +<p>—Cierto debe de ser eso —dijo Urdaneta haciendo por la vida con +ansia fisiológica—, porque anoche se han dignado visitarme esos +mequetrefes, y en ellos reconocí a los que contigo se divertían. Pues +que ya desalojaron tu interior, haz que abandonen también el de tu +maestro, que no gusto de tales inquilinos... Entiendo, por la murria +que noto en ti, que el desahucio no ha sido completo, y que algún +intruso se quedó trasconejado dentro de tu pobre humanidad.</p> + +<p>—No es murria de diablura la que tengo, sino de conciencia, y tan +grave y honda, que anoche faltó poco para que pusiera fin a mi vida. +Suspendí el dispararme por esperar a consulta con usted acerca del caso +que me anonada, caso tremendo de los que no tienen solución.</p> + +<p>—¿Qué sabes tú si yo la encontraré? Déjame que coma un poco más +de este guisado de cabra que me da la vida, y me fortalece el magín +para evacuar consultas... Come algo, hijo, que del alimento corpóreo +se nutre también y conforta lo más espiritual de nuestro ser: la +conciencia.</p> + +<p>—Las hambres de la conciencia no se aplacan sino echándole la propia +carne para que se la coma...</p> + +<p>—Cuéntame, cuéntame pronto, y veré la causa de tu aflicción.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_268">p. 268</span></p> + +<p>—Acabe usted y salgamos de aquí. Vámonos a donde no haya personas +que vean y oigan. El oído y el ver humanos me dan tanto enojo, que a +todo el mundo dejaría ciego y mudo. Solo Dios debe ver, y solo deben +sonar las tempestades, que son su voz.</p> + +<p>—Hijo, poético estás y lúgubremente metafórico... solo que tus +imágenes son de un cuño que está ya mandado recoger por anticuado y +candoroso. Ea, terminó mi almuerzo, que por el hambre que tenía me ha +resultado opíparo. Vamos a donde quieras.</p> + +<p>Llevole Nelet a un ejido donde estaban herrando caballos, y allí, +entre relinchos, aún mejor sonantes que las palabrotas de mariscales y +soldados, refirió el caso que tan hondamente le perturbaba.</p> + +<p>—La malhadada acción de Gandesa —dijo— la perdimos porque, en +lo mejor del combate, muchos de nuestros hombres fueron atacados +repentinamente de un mal de estómago, por haber bebido en charcos +corruptos, y con fieros retortijones caían muertos. Mi regimiento fue +de los que más sufrieron de este maleficio. Creían mis soldados que el +enemigo había envenenado las aguas..., les entró el pánico... Entre +el físico y yo quisimos convencerles de que la ponzoña era natural en +aquellas estancadas lagunas... Para abreviar: enfermos y desalentados +nos batimos en guerrillas en todo el flanco derecho. Nogueras embistió +el centro. Vi que flaqueaban; apretamos más y más, perdiendo gente +y ganando terreno; hice lo que pude, más de <span class="pagenum" +id="Page_269">p. 269</span>lo que podíamos y debíamos, hasta que +Cabrera nos mandó retirar. Hícelo yo con un orden perfecto, pues +conozco como los dedos de mis manos todos los caminos, atajos y veredas +que rodean al pueblo donde nací. Ninguna fuerza cristina me atacó en +mi retirada, que hice vadeando el río y tomando la vuelta de Algás. +No habíamos andado legua y media, cuando sorprendimos y copamos unos +veinte hombres cristinos que al parecer habían salido de descubierta. +Tan torpes andaban y tan ignorantes del terreno, que se nos vinieron a +la mano en sitio donde no podían escapar. Algunos, arrojando las armas, +emprendieron la fuga con pies ligeros; pero mis tiradores no tardaron +en cazarles: solo dos piezas perdimos. Los otros se nos entregaron +como borregos atontados, pidiéndonos misericordia. «¿Qué hacemos, mi +comandante? ¿Les fusilamos, o qué? Nos da el corazón que estos andaban +por aquí envenenando todo el río...». Respondí que bueno... Yo me +sentía un poco emponzoñado... Estaba furioso..., echaba fuego de todo +mi cuerpo... Por ahorrar cartuchos, mi gente les iba despachando a +bayonetazos... Yo no sé, amigo don Beltrán, por qué me entró aquel +día tal furor de matanza. Demonios no llevaba dentro de mí; pero sí +un amargor que me irritaba, que me volvía feroz. Por la mañana había +tomado el brebaje de que antes hablé... me escocía horriblemente el +cuerpo. Las moscas que se cebaban en mi pobre caballo, me tenían loco +con sus furiosas picaduras. <span class="pagenum" id="Page_270">p. +270</span>Y además, yo sudaba..., ¿cómo diré?, a mares, un sudor +amargo y venenoso, según creo, y mosca que me picaba, moría. Mas eran +tantas, que hube de apearme por huir de ellas... Mientras mis soldados +exterminaban hombres, yo daba vueltas a pie por entre vivos, muertos +y a medio morir; y en esto vi a un cristino tumbado contra un árbol, +herido ya... No sé por qué me dio el arrechucho de atravesarle con mi +espada... le tomé por una mosca, o por el padre de todas las moscas... +Apenas retiraba de su costado izquierdo mi espada, me asaltó una +idea... si, era una idea. ¿Qué vi yo en la cara y en los ojos de aquel +hombre? ¿Qué vi para lanzar un alarido, pues alarido de rabia y dolor +fue la pregunta que le hice? «¿Eres tú Francisco Luco?». Lo pregunté +dos veces, y él respondió que sí con la cabeza, moviéndola de golpe..., +así... Con la cabeza dijo que sí, y también con los ojos al mirarme; +mas con la boca no dijo nada, porque entre el intento y la palabra se +metió la muerte.</p> + +<p>—¡Dios nos tenga de su mano! —exclamó Urdaneta, desahogando su pena +con un gran suspiro.</p> + +<p>—Dígame usted ahora si habiendo dado muerte con tan estúpida +crueldad al hermano de la que adoro, puede haber consuelo para mí. ¿No +debo desear que se abra la tierra y me trague? ¿Para qué está ya Manuel +Santapau en el mundo?</p> + +<p>—Poco a poco..., no hay que perder la serenidad. Primero, pudo +haber error. Al dar el <span class="pagenum" id="Page_271">p. +271</span>hombre esa fuerte cabezada, como dices, quizás no fue su +ánimo responder a tu pregunta... Aquel movimiento debió de ser la +tensión de músculos, propia del morir...</p> + +<p>—¿Y la semejanza con su hermana? ¡Si era su propio rostro! Los ojos, +en la mirada que me echó, pareciéronme los ojos de Marcela.</p> + +<p>—Tampoco eso prueba nada. O pudo ser un parecido casual, o no había +tal semejanza más que en tu imaginación excitada por el combate, por +las preocupaciones, por el brebaje, y... por las moscas. ¡Y quién sabe, +quién sabe, querido Nelet, si en esa tragedia habrán tenido alguna +parte <i>los chicos de Luzbel</i>, valiéndose de un cubileteo, de una +simulación de rostros para trastornarte! Aquí donde me ves, influido +sin duda por el ambiente que respiro, por el aspecto romántico del +país, voy creyendo en la realidad de las travesuras diabólicas, de que +antes me reía... Y, ¡qué diantre!, atenúa mucho tu responsabilidad +el haber sido cosa repentina, imprevista, como accidente de una +batalla... La ocasión, la ley de represalias, que no puedes eludir como +subordinado de Cabrera, te disculpa en cierto modo...</p> + +<p>—No, no: mi conciencia no lo cree así... Mi conciencia se ha vuelto +muy rígida, muy exigente y escrupulosa... Natural es que el amigo y +maestro quiera consolarme... Pero no hay consuelo para mí. He cometido +un verdadero parricidio. El querer matarme ahora, ¿qué es, señor mío, +más que el afán de huir de mí, por el horror que me causo?</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_272">p. 272</span></p> + +<p>—Calma, juicio, reflexión... —dijo el maestro desalentado, mas +queriendo disimular su pesadumbre—. Repentino y fulminante parece tu +mal de conciencia; pero no faltará remedio para él: yo te lo fío, yo te +lo aseguro... Has de prometerme no tomar ninguna resolución airada, y +oírme y consultarme en todo, que si experto soy en amores, no me faltan +luces ni conocimientos para los casos más graves de conciencia turbada. +Déjalo a mi cargo. Descansa en mi autoridad, triste ciencia de los +años...</p> + +<p>Como a continuación expresara el ladino viejo la idea de que bien +podía Marcela ignorar siempre quién había sido el matador de su +hermano, se remontó Nelet de la tristeza lúgubre a la ira, diciendo:</p> + +<p>—¿Cree usted que con esta cara puedo yo presentarme a ella y guardar +el secreto de mi crimen? En el estado de mi conciencia, es imposible +el disimulo, porque mi cara, mis ojos llevan retratado el crimen que +cometí. En mis pupilas verá Marcela la imagen de su hermano moribundo, +respondiéndome <i>sí</i> con la cabeza. Si usted me aconseja que le +oculte la verdad, no es usted tan completo caballero como creí: no, no +lo es.</p> + +<p>—Te perdono tus dudas acerca de mi caballerosidad. Tú no estás +bueno, querido Nelet... En cuanto a que declares, a que confieses tu +crimen, admito y apruebo que lo hagas; pero solo en el tribunal de la +penitencia. No veo por qué motivo ha de ser Marcela tu confesor...</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_273">p. 273</span></p> + +<p>—Sí lo es..., debe serlo, y yo quiero que lo sea —gritó Nelet.</p> + +<p>—No grites, por Dios...</p> + +<p>—O me mato para callar, o vivo para confesarme con ella.</p> + +<p>—Pues colocada la cuestión entre los términos de ese terrible +dilema, decido, ea, que vivas y confieses.</p> + +<p>—¡A ella! Este fuego que ahora prende en mi conciencia y que me está +quemando cuerpo y alma, no se aplaca más que con la verdad... Luego, +que sea de mí lo que Dios quiera.</p> + +<p>Con la idea de calmarle, fingió don Beltrán asentir a lo que +Santapau decía: confiaba que el descanso, el sueño, las obligaciones +militares, el roce con sus compañeros, le traerían pronto a la vida +normal y al equilibrio de su mente. Procuró distraerle, hablándole +de diversos asuntos, y después de contarle con pintoresco estilo, no +exento de gracejo, la escena de su interrumpido suplicio en Rosell, le +notificó que Cabrera, con benignidad increíble, le había levantado la +sentencia de rehenes, y que confiaba obtener pronto su libertad.</p> + +<p>Tuvo esta palabra la virtud de animar un poco al atribulado +Nelet.</p> + +<p>—¡Libertad! —exclamó—. Yo también quiero ser libre... ¡Muerte y +libertad! ¿No es cierto que la conciencia oprime? Pues hay que matar al +déspota, como dicen los patriotas y jacobinos..., matar al tirano para +ser libre. Por eso digo yo: «Muramos, libertémonos».</p> + +<hr class="chap x-ebookmaker-drop"> + + +<div class="chapter pt3" id="Ch28"> + <p><span class="pagenum" id="Page_274">p. 274</span></p> + <h2 class="nobreak g1">XXVIII</h2> +</div> + +<p>Con sutil ingenio trató de hacerle ver don Beltrán lo disparatado +de aquel conceptismo, dando su verdadero valor a las ideas de libertad +y muerte, harto graves ambas para ser tratadas en estilo de madrigal, +y en estas y otras charlas llegó la hora de partida, dispuesta +repentinamente por Cabrera cuando con más descuido saboreaban todos +el descanso después de tantas fatigas. ¡En marcha! ¡A correr, a +combatir! ¿A dónde iban? Cabrera no acostumbraba decirlo, y marchando +al frente de sus tropas les señalaba el camino. Agregose don Beltrán +en un caballejo que le proporcionó su amigo Putxet, y entre este, que +hablaba por los codos, y Santapau, que parecía privado del don de la +palabra, emprendió la caminata por un sendero ingrato y polvoroso. Y +por Dios, que ya se cansaba el buen señor de tanto ajetreo; sus huesos +le pedían descanso; quizás en el nuevo estilo de Nelet, le decían: +«Libertad, muerte». Gracias a su vigorosa fibra, a su carácter jovial +y un tanto aventurero, podía resistir los molimientos y privaciones +inherentes a la vida militar; y cuando el cansancio físico parecía +irresistible, su imaginación, reverdecida en lo juvenil, <span +class="pagenum" id="Page_275">p. 275</span>le deparaba algún nuevo +estímulo para proseguir en la carrera. Por dicha suya, o por desgracia, +que esto es dudoso, ante su vejez declinante no se cerraban nunca los +horizontes.</p> + +<p>Grande fue el disgusto del prócer en aquel camino, viendo que +Nelet, sin mejorar de su desazón espiritual, decaía visiblemente, +como atacado de un mal físico grave. A media tarde observó su amigo +en él fiebre intensísima; al anochecer, entrando en Arenys de Lledó, +cayose el comandante del caballo. Recogiéronle como cuerpo muerto y le +arrimaron a una pared, en tanto que Urdaneta, consternado de ver a su +discípulo en tan mala disposición, se determinó a manifestar al general +la imposibilidad en que aquel se hallaba de continuar su marcha. +En la casa del cura, donde tenía su alojamiento, recibiole Cabrera +malhumorado, revelando en su ceñudo rostro que no se había podido +escoger peor ocasión para pedirle favores. Mas el intrépido aragonés, a +quien no acobardaban entrecejos, no solo pidió que Santapau fuera dado +de baja por enfermo grave, y quedase hasta su restablecimiento en aquel +pueblo, donde tenía familia, sino que se arrancó a solicitar que a él +se le permitiese también permanecer allí para asistirle. Observando en +Cabrera el centelleo de los ojos, el bilioso color tirando a verde, y +la inquietud <i>leopardina</i> con que se paseaba de un ángulo a otro +de la jaula, creyó que a cajas destempladas le despediría, sin acceder +a <span class="pagenum" id="Page_276">p. 276</span>sus peticiones. Mas +no fue así: como un hombre afanado que aparta su atención de las cosas +menudas para aplicarla por entero a las grandes, Cabrera le manifestó +que tanto él (don Beltrán) como Santapau se fueran... a cualquier +parte, o <i>mucho con Dios</i>, pues ninguno de los dos le hacía falta +para nada.</p> + +<p>—Usted, señor de Urdaneta —le dijo, plantándose ante él—, está +libre, y puede volverse a sus estados de Aragón. Para rehenes no me +dan juego los aristócratas, y para prisioneros me convienen los que +trabajan y toman las armas. No es desprecio, señor... En cuanto a +Santapau, que se me presente así que esté curado, y si no cura y se +muere, Dios le perdone... Puede usted retirarse. Quizás no nos veamos +más, porque usted es muy viejo, y yo, aunque joven, moriré pronto... de +un berrinche... Adiós.</p> + +<p>Retirose agradecido el señor de Albalate, y Cabrera celebró consejo +para someter a la deliberación de unos cuantos individuos, clérigos la +mayor parte, el asunto que revestir quería de autoridad consultiva, +conforme a las fórmulas de gobierno impuestas por don Carlos. No +estorbaba tal trámite al caudillo del Maestrazgo, que sabía cubrir +el expediente de <i>oír</i> a los señores, y, afectando respeto a +sus dictámenes, hacía después lo que le daba la gana. Los consejeros +quedaban muy satisfechos, creyéndose ruedas indispensables de la +máquina administrativa, y si algunos pudieron entrever que en el +gobierno de aquella región no <span class="pagenum" id="Page_277">p. +277</span>eran más que figuras de adorno, churrigueresco por añadidura, +se consolaban con la risueña esperanza de obtener plaza en <i>la +audiencia de ministros</i> de Valencia, o en el Consejo y Cámara de +Castilla, el día del triunfo. Al salir de la visita al general, se +cruzó don Beltrán con los consejeros que entraban, y sin dársele un +ardite de aquella farsa, no pensó más que en la obligación de alojar +a su amigo enfermo, para lo cual lo primero que hizo fue buscar a los +parientes que tenía Nelet en Lledó; pero como estos no parecían ni +nadie daba razón de dónde habían ido a parar, no hubo más remedio que +acomodarse en alguna de las casas donde, mediante pago, se les brindaba +regular albergue. Eligió don Beltrán, por despejado y saludable, un +<i>mas</i> a la entrada del pueblo, con casa vieja y grandona entre +arboledas. El <i>masovero</i> era un viejo catalán, asistido de dos +nietas guapas, la una más que la otra, y ambas obsequiosas, atentas, +un poquito redichas y algo coquetas, razón por la cual la tal familia +se le entró a don Beltrán por el ojo derecho. Dieron al enfermo un +cuarto alto de la casa, con mediano lecho, y al caballero anciano otro +contiguo, donde había simientes y colgaderos de hierbas en manojos +puestas a secar. No le pareció mal su residencia, a pesar de la dureza +de la cama que a las piedras igualaba, y habría vivido allí muy gozoso +si el mal cariz de la dolencia de su amigo no le tuviera en tan grande +sobresalto.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_278">p. 278</span></p> + +<p>Pasó Nelet la primera noche en un estado que a su maestro le pareció +gravísimo, con fiebre muy alta, delirio y agotamiento de fuerzas. +Al día siguiente amaneció con una fuerte erupción en toda la cara +y parte del cuerpo, como si le hubieran picado abejas. Don Beltrán +no se apartaba de su lecho ni de día ni de noche, atento a cuidarle +con ayuda del <i>masovero</i>, hombre tan bondadoso como amañado, +y de sus nietas, más amañadas aún para todo lo doméstico. Como en +el pueblo no había médico, ni siquiera albéitar, entre don Beltrán +y <i>Chimeta</i> (que así se llamaba la mayor de las muchachas, y +al propio tiempo la más bonita y dispuesta), celebrando frecuentes +consultas, diagnosticaron y prescribieron lo que les dio la gana, +determinándose por el sistema expectante, el más fácil y barato, y +tal vez el más científico. Quietud, limpieza y frecuentes tomas de +agua bien endulzada, fueron la única terapéutica en los ocho días que +duró la gravedad de Nelet, y en que los brotes de la cara tomaron un +aspecto por demás alarmante. Según el <i>masovero</i>, no era caso de +viruelas, que él conocía muy bien por haberlas visto más de una vez en +su familia; era tan solo un hervor de sangre motivado de <i>berrinche +suspenso</i>, es decir, de una sofoquina que por prudencia no había +salido del cuerpo. Decía que no hay cosa más mala que enfadarse en +día de calor y no desfogar la rabia con palos o bofetones. El que tal +hace, lo paga con la salud y a veces con la <span class="pagenum" +id="Page_279">p. 279</span>vida. Sucedieron a los ocho días de gravedad +otros ocho en que cedió la erupción, resolviéndose en muda de la +epidermis; desapareció la fiebre, y el enfermo pudo tomar alimento, +aunque siempre con repugnancia. Su inteligencia, completamente +oscurecida en aquel período, revelaba una honda crisis: su palabra +era torpe, cansada, regañona. Tanto don Beltrán como <i>Chimeta</i>, +persistiendo en la puntual asistencia, se confirmaron en la +superioridad incontestable del tratamiento acuático, sin mezcla de +ninguna droga, y proclamáronse curanderos de primer orden, capaces de +ejercer el arte con no poca fama y provecho. Era <i>Chimeta</i> muy +graciosa, y a don Beltrán se le caía la baba oyéndola bromear y reír +por cualquier fútil motivo. En su aturdimiento senil, olvidado ya del +trance terrible de Rosell y de los actos de arrepentimiento con que +allí limpió su conciencia, se le reverdecieron las aficiones de toda +la vida, y su habitual culto del bello sexo encontraba ante aquella +sencilla y tosca ninfa ocasiones de gran lucimiento. Para ella era un +deleite novísimo oír los galanteos refinados, y hasta cierto punto +paternales, del señor de Urdaneta, y a él se le refrescaba el alma, se +le avispaba el entendimiento, se le aliviaba el peso de los años. Todo +era inocente, madrigalesco, puro juego de frases agudas untaditas de +miel: sobresalían en él las buenas maneras y el propósito, casi siempre +logrado, de no caer en lo ridículo; en ella se veía la mujercita +<span class="pagenum" id="Page_280">p. 280</span>exuberante de vida +que quiere adquirir soltura en la esgrima y en el lenguaje de la lucha +pasional.</p> + +<p>Mas, ¡ay!, cuando <i>Chimeta</i>, llamada de sus obligaciones, +dejaba de acudir al enfermo, y con este se encontraba solo don +Beltrán, ya no podía el hombre librarse de la tristeza. Cierto +que había recobrado la libertad, inapreciable don; pero el asunto +que le trajo a tierra de Teruel continuaba sin resolver. No creía +ofender a Dios deseando que viniera a sus manos lo que estimaba de su +legítima pertenencia; y sin apartarse del orden de sentimientos que +el angustioso paso de Rosell despertara en su alma, se condolía de +tener que volver a Cintruénigo en situación desairada y con las manos +vacías. Las esperanzas de remedio que había concebido se disipaban ya, +pues Nelet tenía trazas de quedarse idiota: no razonaba; sus conceptos +eran incoherentes o de una simplicidad rayana en la estupidez. Para +mayor desdicha, nada se sabía de la monja vagabunda y enterradora +de caudales. No aportaba por allí <i>Malaena</i> ni para traer ni +para llevar sus velocísimas embajadas, sin que esta ausencia pudiera +achacarse a ignorancia del lugar donde los caballeros residían, +pues por los oficiales del 3.º de Tortosa, a quienes se dejaron +instrucciones muy precisas, debía tener conocimiento de la enfermedad +de Nelet y de su forzosa estancia en Lledó. «Aunque no sea más que +para decirnos que nada sabe de la hija de Luco —pensaba don <span +class="pagenum" id="Page_281">p. 281</span>Beltrán en sus soledades +tristes—, la mensajera tiene que venir». Y tanto deseó a la mujercilla +ratonil, y con tanta fuerza la reclamaba su voluntad, repitiendo el +<i>vendrá, tiene que venir</i>, que una mañana, como por virtud de +conjuro, apareció la vieja. ¡<i>Hosannah</i>! Veinte días llevaba ya de +enfermedad el pobre Santapau, y su entendimiento despertaba perezoso, +tratando de cobrar con lenta cacería las ideas dispersas, fugitivas, +descarriadas.</p> + +<p>En la huerta del <i>mas</i> recibió don Beltrán a la embajadora +loco de contento, y este subió de punto al saber que Marcela no +andaba lejos de allí, pues sabedora de la muerte de su hermano, se +encaminaba con los viejos a Gandesa por el Monte Caro, con el fin +de recoger el cadáver y darle sepultura. No quiso el buen caballero +que <i>Malaena</i> se presentase a Nelet, pues aún no estaba este en +disposición de recibir emociones vivas que podrían retrasarle en su +penosa convalecencia; y dando de comer a la mensajera, y aposentándola +en la cuadra con comodidades para ella desconocidas, la interrogó +prolijamente, tratando de indagar, no solo los propósitos, sino el +estado de ánimo de la santa mujer. Poco pudo informarle <i>Malaena</i> +de estos particulares. La última vez que vio a Marcela fue cerca de un +castillo que hay a la bajada de Monte Caro para ir hacia Pauls. Iban +ella y los viejos cuesta arriba, llevando una olla muy pesada, tan +pesada, que se relevaban para cargarla.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_282">p. 282</span></p> + +<p>—¿Les viste saliendo del castillo o entrando en él? —preguntó don +Beltrán con afectada indiferencia.</p> + +<p>—Hacia él iban, señor —replicó la vieja en valenciano, que el +caballero tradujo fácilmente—; mas no sé si llegaron o siguieron de +largo, pues la sacra señora, dándome pan y queso, me mandó que me +retirara, y yo me retiré comiendo, sin mirar para atrás.</p> + +<p>Eran estas referencias como una mano blanda y tentadora que en +el alma del noble anciano revolvía, y con sus halagos despertaba +la codicia, sierpe aletargada desde las efusiones cristianas del +terrible día de Pentecostés. Se argumentaba para calmar su conciencia, +diciéndose que desear lo suyo y perseguirlo no era desatino grave, sino +intención equitativa; pero entre el desear y el temer, ello es que +perdía el sueño, y su espíritu se distrajo de las alegrías que el trato +de <i>Chimeta</i> le daba, alegrías tras de las cuales se ocultaba con +senil rubor una honesta adoración, un sentimiento que casi no era más +que estético goce.</p> + +<hr class="chap x-ebookmaker-drop"> + + +<div class="chapter pt3" id="Ch29"> + <h2 class="nobreak g1">XXIX</h2> +</div> + +<p>Viendo muy mejorado a Nelet, diole cuenta de la reaparición de +<i>Malaena</i> y de lo que habían hablado; excitose el enfermo, +recobrando de golpe su locuacidad, y a las primeras <span +class="pagenum" id="Page_283">p. 283</span>palabras hubo de comprender +don Beltrán que se renovaba en toda su intensidad el enfadoso mal de +conciencia; no vaciló el maestro en atacarlo con brío diciendo:</p> + +<p>—Entrégate a mí, pues no estás en disposición de resolver por ti +mismo cosa tan grave. Yo lo arreglaré con tan buena maña como pura +honradez. Tus escrúpulos se disiparán, y Marcela será tu esposa. +Tu delicadeza es ya locura. Conviene que moderemos hasta nuestras +virtudes... Y si te encuentras en disposición de caminar, no será malo +que salgamos en seguimiento de la divina mujer.</p> + +<p>Accedió Santapau, y se convino en esperar dos días para mayor acopio +de fuerzas, pues no teniendo caballos ni posibilidad de adquirirlos, +era forzoso emprender a pie la dura caminata.</p> + +<p>Llegado el día de la marcha, salieron, y fue un paso triste para don +Beltrán el separarse de la linda <i>Chimeta</i>, que con sus donaires +y risotadas se le había metido en el hueco preferente del viejo +corazón. No digamos que le turbaban pretensiones absurdas respecto a +la muchacha: no era sino que le dolía separarse de ella, como duele el +arrancarnos cualquiera raicilla que penetra en el alma, y la de don +Beltrán tenía un terruño muy propicio al arraigo de toda hierba. ¡Nunca +más, ¡ay!, volvería a ver a la ninfa tosca de Lledó! Era un adiós en la +puerta de la eternidad, adiós dado al bello sexo, a la humana belleza, +a las únicas flores que alegran este valle de lágrimas. Casi con +<span class="pagenum" id="Page_284">p. 284</span>ellas en los ojos, +realmente conmovido, se despidió el señor de tantas Torres, besando +la mano áspera y gordezuela de <i>Chimeta</i>. Le deseó un buen novio +para hacer de él un buen marido, y le recordó los consejos que le había +dado para dominar a los hombres y hacerse querer locamente de ellos. +Agradecida la ninfa, así como su hermana y abuelo, a las bondades de +los dos señores, les vieron partir con pena, pidiendo a Dios para ellos +salud y prosperidades.</p> + +<p>Acompañado de <i>Malaena</i> se metieron por los atajos y recodos +que conducen a Horta, donde pensaban terminar su primera jornada. +Parecían dos pobres titiriteros, seguidos de un perrillo con faldas, o +mejor, de un cuadrúmano con cuyas monadas y brincos pedirían limosna de +pueblo en pueblo. Iba Nelet vestido como en la facción, sin insignias, +armado de cuchillo y pistolas; mas en la traza total de la cuadrilla, +las armas, a primera vista, parecían trebejos para el arte de volatines +o prestidigitación. Muy mal de ropa estaba el primer noble aragonés; +pero aun así no se despintaba su empaque de persona principal. Andaban +despacio, guardando silencio en largos trayectos, charlando a veces +con lánguida conversación. Temerosos del encuentro con alguna columna +cristina, mandaban a <i>Malaena</i> por delante, a la descubierta, para +que ojeara toda emergencia de gente sospechosa en aquellos horizontes. +En el descanso de Horta, albergados en una paridera a la entrada del +pueblo, <span class="pagenum" id="Page_285">p. 285</span>explayose +Nelet a contar a su maestro <i>las cosas que le andaban por dentro del +espíritu</i>, en verdad muy extrañas, y las visiones que desde los +comienzos de su enfermedad le acosaban, alguna de las cuales tuvo poder +bastante para oscurecer a las demás y resplandecer sola y continua en +el campo luminoso de la óptica interna.</p> + +<p>—Esto que voy a contarle —dijo Santapau, recostándose en el suelo +junto a su amigo después de mal cenados—, lo vi muy claro la primera +noche de mi enfermedad en Lledó; después se me fue apagando..., lo veía +turbio, desvanecido, mezclado con otras imágenes; pero al entrar en +convalecencia, volví a verlo claro, cada noche más, y más..., llegando +a tanto su claridad, que ya lo veo también de día y con los ojos +abiertos.</p> + +<p>—Cuéntamelo pronto, que ya estoy ardiendo en curiosidad. No dudo que +ello tendrá relación con el fin y empresa que mueven tu vida, y que la +imagen de Marcela será centro de todas esas esferas y círculos de tu +soñar loco...</p> + +<p>—Pues oiga usted. Desde que <i>me entra</i>, ya me tiene usted +corriendo a caballo tras de la monja de Sijena.</p> + +<p>—¡Y ella..., a patita! Poca ventaja te llevará.</p> + +<p>—No puedo decir cómo va, pues no la ven mis ojos... Sé que va +delante, la siento, la olfateo. Yo grito; ella no me oye.</p> + +<p>—Y sigues, sigues... arrimando espuela.</p> + +<p>—No espoleo porque voy desnudo de arreos, <span class="pagenum" +id="Page_286">p. 286</span>de ropa y hasta de carne. Soy un esqueleto. +Mi caballo es también esqueleto... de caballo, se entiende..., y ni yo +tengo más espuela que el hueso del calcañal, ni él tiene barriga en que +yo pueda espolearlo... Mas no es preciso, porque corre, corre sin que +yo le diga nada, haciendo con sus cuatro cascos un compás de música que +no se aparta ya de mi oído. <i>Pataplás, parrataplás</i>..., siempre +así.</p> + +<p>—Sufrirás mucho corriendo tras un fantasma sin alcanzarlo nunca.</p> + +<p>—Más que la persecución del fantasma, me hace padecer el +<i>pataplás</i> de mi cabalgadura y los estragos que causa al sentar +alternadamente los cuatro cascos como mazas de hierro... ¿Por dónde +voy en esta carrera? Por un campo que parece árido y no lo es. Lo +parece, porque en él no nace ningún árbol, ni mata, ni hierba; no lo +es, porque está todo lleno de seres vivos, chiquitos, que nacen en él +y por entero lo cubren... No se ve el suelo: no hay dónde poner una +pieza de dos cuartos. ¿Qué son?, dirá usted, ¿qué vidas son aquellas? +Pues son niños, señor don Beltrán, no ángeles, que alas no tienen, sino +criaturas como las de acá, como las del mundo, como nosotros cuando +teníamos un año, dos años...</p> + +<p>—Hombre, sí que es rara, estupenda visión... ¿Pero esos niños...?</p> + +<p>—Nada, señor, niños. ¿No sabe usted lo que son niños, criaturas, +o como dicen los gitanos, <i>churumbeles</i>? El campo absolutamente +lleno de ellos. ¡Y qué lindos, qué graciosos! <span class="pagenum" +id="Page_287">p. 287</span>Gorjean, ríen con esa carcajada del +chiquillo que se embelesa mirando una luz. ¿De dónde salen? De la +tierra, pienso yo, apretados unos contra otros, como los tallos de la +hierba..., desnuditos, rollizos, ligeros... Bueno: pues por este campo +de niños paso yo a la carrera. Mi caballo les va destruyendo con sus +patadas, y ellos vuelven a salir, vuelven a nacer, y a gorjear y a +reír... siempre chiquitos y monos; ya digo, de año y medio o dos años, +y en número incalculable. En todo lo que alcanza mi vista, no se ve más +que el campo lleno de nenes. Se agita el sin fin de cabecitas haciendo +ondas, como un campo de trigo, y las ondas traen y llevan el gorjeo. +Mi caballo recorre como el viento leguas y leguas, y siempre lo mismo, +machacando criaturas, que vuelven a salir vivitas, alegres... Si le +digo a usted que son cuatro mil cuatrillones, no digo nada, pues son +más, más...</p> + +<p>—¿Y su única voz es el gorjeo? ¿No has reparado si dicen <i>papá y +mamá</i>?</p> + +<p>—No lo dicen; pero es como si quisieran decirlo.</p> + +<p>—Está bien. ¿Y qué hace mi señora beata en el campo de niños?</p> + +<p>—No sé..., allá lejos va..., yo no la veo. Se me antoja que al golpe +de sus pisadas brotan las criaturas.</p> + +<p>—Hijo, visión más peregrina no atormentó jamás a ningún cristiano. +Lo que no alcanzo es qué relación pueda tener ese campo infantil con +tus cuitas, Nelet.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_288">p. 288</span></p> + +<p>—Yo tampoco lo alcanzo... Pero ello es que la visión no me deja. +Hasta de día y muy despierto la tengo ya. Los gorjeos también se +agarran a mi oído. Y no miento si le digo a usted que a toda esa +inmensa chiquillería la quiero ya..., ni más ni menos que si fueran mis +hijos... ¿Lo serán?, pienso yo. ¿Serán los que tuve o debí tener en +cuatro mil cuatrillones de siglos que viví antes de esta vida?</p> + +<p>—¡Demonio, echa siglos y generaciones!... ¿Sabes que tu fantástico +sueño es para marear y confundir la cabeza más firme?</p> + +<p>—La mía no puede ya con más confusión.</p> + +<p>—Y eso es contagioso... Temo que me pegues tu mal. Cállate ya, por +Dios, que yo voy a soñar también lo mismo..., pisoteando nenes..., +quita allá... ¡Qué atrocidad!... Cállate, que no quiero yo soñar eso, +no quiero.</p> + +<p>Guardaron silencio, y a poco dormían ambos; mas se ignora lo que +soñaron, y si fue un hecho el contagio que don Beltrán temía. A la +mañana siguiente, que se presentó lluviosa, continuaron andando con no +poca molestia, amparándose bajo los árboles cuando el llover arreciaba. +El suelo arcilloso, lleno de charcos, les causaba grande enojo, y tan +pronto se detenían ateridos al abrigo de un paredón, como aceleraban +su andadura, afanosos de llegar pronto a poblado. Renegando de tales +contratiempos y de las perversas condiciones en que viajaban, dijo +Santapau a su amigo, guarecidos en una aldea mísera:</p> + +<p>—Ni usted ni yo nos resignamos <span class="pagenum" +id="Page_289">p. 289</span>a andar de camino como unos miserables +titiriteros, careciendo de todo, mal vestidos, perdiendo la paciencia, +el tiempo y la salud. Necesitamos caballos, vestidos, dinero. Puesto +que estamos tan cerca de Cherta, donde tengo familia, amigos, y un +<i>mas</i>, cuya renta de doscientos ducados no he cobrado este año, +nos llegaremos allá, o me llegaré yo solo, si usted no se halla muy +dispuesto. Solo estaré el tiempo preciso para recoger todo el dinero +que pueda y proporcionarme un par de caballos o mulas, o aunque sean +borricos...</p> + +<p>Pareciole de perlas a Don Beltrán este propósito; mas se declaró +perezoso de acompañarle, pues se hallaba rendido, aspeado, lleno el +cuerpo de dolores y con ganas de guardar sus huesos en abrigo media +semana para repararlos de los efectos del último remojo. Convinieron en +que iría solo Santapau al romper el día: conocía perfectamente todos +los senderos y atajos, y no contaba emplear, andando sin sofocarse, +arriba de tres horas. Don Beltrán se quedaría en la aldea, que era el +barrio más lejano de Prat de Compte, al cuidado de <i>Malaena</i>, +reponiéndose del quebranto producido por la caminata y la mojadura. +Partió Nelet tempranito, agregado a una cuadrilla de mujeres que +iban a Cherta con haces de leña, y el ilustre señor se quedó en un +blando lecho de paja, arreglado por la que había venido a ser su +camarera. En la memoria del buen viejo se reprodujo la noche pasada +en Fuentes de Ebro, bien apañadito en montones <span class="pagenum" +id="Page_290">p. 290</span>de paja. ¡Pero qué diferencia entre la +bella Saloma, tan graciosa y diligente, y aquella desmañada viejecilla +de Vallivana, que no servía más que para correr de monte en monte. +La compañía de la navarra, su excelente disposición y cháchara +festiva, trocaban en palacios las cuadras de los mesones, mientras +que <i>Malaena</i> todo lo afeaba y envilecía. Encargole don Beltrán +unas sopas de ajo, y tan mal las hizo que solo a fuerza de hambre pudo +pasarlas el pobrecito viejo. Por su ineptitud para todo lo doméstico, +por su salvajismo y suciedad, se le había hecho antipática, y le +azoraba con su prurito de confianza y de palique cuando más deseaba él +estar solo, callado y libre; el brillo y la continua vigilancia de sus +ratoniles ojos le ponía nervioso; sus familiaridades llegaron a ser de +una pesadez impertinente, como si desconociera el respeto que a tan +alta persona debía guardarse. Creyérase que le tomaba por titiritero +arruinado en el oficio. Sentadita frente a él sobre la paja, le dijo en +dulce valenciano, que es forzoso traducir:</p> + +<p>—¿Qué hace ahí tan metido en su magín, cavilando maldades? +<i>Vosté</i> no está ya más que para ponerse en paz con Dios.</p> + +<p>—Pienso lo que me da la gana —replicó don Beltrán, esquivando la +mirada de las cuentas de azabache que <i>Malaena</i> tenía por ojos—. +¿Quién te manda a ti meterte...? ¡Vaya!</p> + +<p>—Me meto por llamarle a Dios, que ya es <span class="pagenum" +id="Page_291">p. 291</span>tiempo. Más vejestorio es <i>vosté</i> que +yo. Me da lástima de que la muerte le coja descuidado.</p> + +<p>—¡La muerte! ¿Acaso estoy yo para morir?</p> + +<p>—Yo no sé leer escrituras, pero leo la muerte en la cara de la +persona.</p> + +<p>—Vete al demonio... Te encargó Nelet que me acompañaras, no que me +faltaras al respeto.</p> + +<p>—No falto al respeto diciéndole a <i>vosté</i> que se muere. No me +equivoco.</p> + +<p>—¡Embustera, quítate de ahí! Aunque algo cansadito, me siento +fuerte, y paréceme que aún tengo años por delante.</p> + +<p>—Días tiene, y los dedos de una mano le sobran para contarlos.</p> + +<p>—¡Lárgate pronto, condenada! —gritó don Beltrán estirando +violentamente una pierna contra la paja.</p> + +<p>La vieja se fue. Y en su imperfecta vista creyó el pobre caballero +que desaparecía como un ratón por entre los informes y oscuros objetos +que llenaban la cuadra, revestidos de telarañas y polvo... Solo ya, +meditaba. ¡Si tendría razón la maldita vieja! No, no: él no hacía +caso. ¿Qué podría saber de vidas y muertes una pobre rústica, salvaje, +casi idiota? ¡Vaya que estaba divertido! ¡Después de una mala noche, +soñando con el campo de niños y oyendo sus gorjeos, un día de prisión +junto a semejante sabandija, que no era, no, que no podía ser cosa +buena...! Sintió un ruidillo de dientes sobre cosa dura, y a poco se le +apareció <i>Malaena</i> royendo <span class="pagenum" id="Page_292">p. +292</span>algo que llevaba de la mano a la boca con movimiento jimioso. +Acercose a él y le observó, aproximando su rostro de pasa. Al verse +mirado por los ojos ratoniles, don Beltrán sintió frío, miedo.</p> + +<p>—Vete —le dijo—. Me molestas.</p> + +<p>Y ella:</p> + +<p>—Ya me voy. ¿Quiere estar solito para calentarse los cascos con sus +malas ideas?... Diviértese <i>vosté</i> jugando con el pecado de la +codicia, y piensa que le van a dar ollas de dinero...</p> + +<p>—¡Calla, vete pronto! —gritó Urdaneta ronco, fuera de sí.</p> + +<p>Y tan sobresaltado quedó el hombre para todo el día, que cuando +<i>Malaena</i> se acercaba al lecho de paja, sentía el hombre verdadero +pánico. Tomó el partido de cerrar los ojos y rodearse la cabeza con +los brazos como para llamar el sueño; pero este no le favoreció, ni +tampoco Nelet, regresando aquella tarde como había prometido. ¡Qué +soledad, qué triste abandono! Pasó la noche agitadísimo, sintiendo que +<i>Malaena</i> le tiraba de los pies para llevársele... ¿Era bruja, era +un diablo humanizado en la forma más odiosa? No hacía el pobre más que +dar golpes en la paja, al modo de coces, murmurando: «Vete, demonio, +vete; déjame».</p> + +<p>Pero ¡ay!, mientras Santapau no volviese, ¿qué remedio tenía más que +vivir resignado bajo el poder de la infernal bestezuela de Vallivana? +Dejábase cuidar de ella, y probaba con repugnancia los bodrios que le +servía... Pasó todo el día entregado a las absurdas creencias. Él, +que nunca fue supersticioso, <span class="pagenum" id="Page_293">p. +293</span>ya creía en demonios aviesos, en asquerosas brujas y en +trasgos maleantes. Y como a la segunda noche tampoco pareciese el +bueno de Nelet, viose el señor de Albalate tan desamparado, que +hubo de volver los ojos a Dios. Solo con esto se le fue del alma la +superstición, y abominando de tales torpezas, se sintió profundamente +religioso, como lo había sido en algunas ocasiones aflictivas de +su cautiverio, y singularmente en el tremendo paso del día de +la Pentecostés. Sobrevino, pues, el estado de arrepentimiento y +contrición, dolor de haber ofendido a Dios con una vida de libertinaje; +sobrevino el desprecio de las riquezas, el espanto de las malas +acciones, así pasadas como presentes. Al amanecer del tercer día +llamó a su ratonil guardiana, y con buen modo le dijo que hablase a +los dueños de la casa antes que salieran al campo, concertando con +ellos que le llevaran un sacerdote, pues sentía vivísimo anhelo de +confesarse. Cumplió la vieja el encargo con toda diligencia; mas como +no había en el lugar ni en sus contornos clérigo alguno, hubo de +quedarse el noble señor sin el consuelo y descanso que deseaba.</p> + +<p>Enojosas fueron para él las horas de aquel día, pues sin que se +calmara el infantil terror que la seca viejecita le inspiraba, le +atormentó el tumulto de su alborotada conciencia. Veía muy clara su +abominación, pues cuando Dios le conservó la vida en Rosell, en vez de +mostrar gratitud conservando <span class="pagenum" id="Page_294">p. +294</span>su alma en la pureza y descargo de su arrepentimiento, lo +que hizo fue reincidir en sus antiguos vicios. No fue cosa grave el +encandilarse un poquito con la gentil <i>Chimeta</i>; pero sí lo era +el incurrir de nuevo en la fea codicia, afanándose por el legado de +Juan Luco, y más aún la persistencia en agenciar con móvil egoísta el +casorio de Nelet y Marcela. La situación moral había empeorado, pues al +pecado antiguo de querer secularizar a una esposa de Cristo, se unía el +propósito de engañarla, ocultándole que su galán o pretendiente era el +matador de Francisco Luco. ¡Oh qué grande malicia, Señor! ¡Y de este +modo y con intenciones tan protervas, pagaba la inmensa benignidad de +Dios, que le había concedido la vida cuando ya casi apuntaban a su +pecho los fusiles facciosos!</p> + +<p>Encendida su alma en fuego de contrición, gritó llamando a su +guardiana.</p> + +<p>—<i>Malaena</i>, ven. Ya no me inspiras miedo. ¿Verdad que no +eres demonio ni bruja? Yo veía en ti el daño y corrupción que en mí +propio llevaba. Perdóname. Eras para mí lo que para los niños el coco. +Pero ¡ay!, ya he visto que el coco dentro de mí lo tenía yo: era mi +conciencia... Pues te digo que Dios me ha iluminado, y vuelvo al +bien y a la virtud. Si me muero, que me muera. No más, no más pecar, +no más pensamientos infames. Corra quien quiera tras un puñado de +oro; yo no. No más supercherías con Marcela... Gobierne la santísima +verdad los días que me restan, <span class="pagenum" id="Page_295">p. +295</span>pocos o muchos. Quiero salvar mi alma. Mi alma merece +salvarse...</p> + +<p>En esto sintieron ruido de gente y caballerías. Era Nelet que +llegaba de Cherta.</p> + +<hr class="chap x-ebookmaker-drop"> + + +<div class="chapter pt3" id="Ch30"> + <h2 class="nobreak g1">XXX</h2> +</div> + +<p>No fue el gozo de don Beltrán, al abrazar a su amigo, proporcionado +a una ausencia de tres días: fue como por ausencia de tres años, y +de la fuerza del contento se le trastornó el sentido, viendo a Nelet +más fuerte, más gallardo, restablecido de su reciente mal, la cara +limpia del rojizo color de quemadura. Era ilusión del pobre viejo que +veía lo que deseaba. Por su parte, Santapau encontró a su maestro más +caduco, encorvado, jadeante, algo ido del cerebro, progreso de senectud +excesivo para tres días. Mostrole muy satisfecho lo que traía: dos +soberbios burros, pues caballos no los encontrara ni a peso de oro. +Eran excelentes piezas, de cómoda andadura, y muy bien enjaezados. +Traía también ropa para los dos, y un repuesto copioso de vituallas +en una cesta barriguda. Despedido el criado del <i>masovero</i> que +había venido en el segundo pollino con la cesta y equipaje, los dos +caballeros pusiéronse a cenar. Tiempo hacía que Urdaneta no probaba +cosas tan ricas: butifarras, diversas clases de suculentos embutidos, +pollos asados, frutas <span class="pagenum" id="Page_296">p. +296</span>escarchadas, chocolate, bollos de sartén... Más que en +saborear aquellas viandas, gozaba don Beltrán viendo a <i>Malaena</i> +devorar, con atrasadas hambres, comidas tan finas en increíbles +dosis.</p> + +<p>—Pues he tardado tres días —dijo Nelet— porque las grandes +novedades que encontré en Cherta, y el barullo de gente y amigos, me +imposibilitaron el despacho de mis diligencias en el tiempo que yo +creí.</p> + +<p>—Oí que estos días ha pasado hacia allá mucha tropa de uno y otro +ejército. ¿Qué ocurre?</p> + +<p>—Sí..., tropas de Isabel, tropas de don Carlos. Se ha batido bien +el cobre... Vámonos pronto de aquí, antes que nos coja el paso de los +míos, que ahora son en número mayor que antes. En una palabra: ya +tenemos la expedición real del lado acá del Ebro, en Cherta, gracias +al talento militar de Ramón Cabrera y a su arrojo y prontitud. Está +el hombre que no cabe en su pellejo de puro orgulloso... Sí, sí: no +se asombre usted. Don Carlos ha pasado el Ebro. Yo le he visto..., +he visto al rey, a nuestro ídolo, y le aseguro que me quedé como si +hubiese visto a cualquiera que no fuese ídolo de nadie. Yo me figuraba +otra cosa, otro empaque, otra representación de gran monarca, hijo +de reyes y ungido de Dios. De esta hecha, nuestro <i>leopardo</i>, +como usted dice, ha puesto una pica en Flandes, porque gracias a su +buen tino para ordenar las cosas, ha podido don Carlos librarse de +Borso y Nogueras, que le <span class="pagenum" id="Page_297">p. +297</span>perseguían. Junto a Cherta dio Cabrera una batalla al señor +de Borso, obligándole a retirarse. Nogueras cometió la mayor pifia que +se puede cometer en la guerra, que es no llegar a tiempo. La guerra no +es más que el arte de la oportunidad, y este lo posee don Ramón como +nadie, y lo completa con su diligencia y conocimiento del terreno. +Pasó Carlos V tranquilamente el gran río de España, en lanchas al +caso preparadas, y los gritos de entusiasmo de las tropas competían +en estruendo con el instrumental de las músicas. Enronquecieron +gargantas y trombones. Ayer, la Sacra Majestad y todo su séquito +mataron el hambre en Cherta, que la traían atrasadilla, porque la +batalla que ganaron en Huesca les dio más prisioneros que bucólica. +El comistrajo que se les preparó era de lo más opíparo, y para que +hubiera de todo, hasta helados hubo... Cabrera, el día del paso, que +fue anteayer, estaba como loco, demacrado, los ojos del tamaño de +toda la cara, echando rayos y centellas. Daba sus disposiciones ronco +de tanto gritar, vestido con su peor ropa, pues ni para engalanarse +como acostumbra tuvo tiempo. Cuando se presentó al rey en la orilla +izquierda para pasarle acá, no le conocían, y los cortesanos se +preguntaban asombrados: «¿Pero ese es Cabrera?... ¿ese?» El soberano le +manifestó su real agrado. No serán flojas envidias las que van a salir +ahora, pues corre la voz de que S. M. quiere nombrarle generalísimo, y +poner bajo su mando todos los reales ejércitos.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_298">p. 298</span></p> + +<p>—Así tiene que ser, pues según tengo entendido, de los figurones que +rodean al infante, poco debe esperar este... Y dime otra cosa: ¿oíste +o viste si con el rey viene un italiano llamado Rapella, que es el +correveidile entre cortes verdaderas y falsas para tratar de un arreglo +por bodorrio?</p> + +<p>—Creo haber oído algo de un italiano de campanillas, y de otros +extranjeros que en la comitiva del rey vienen, entre la turbamulta +de empleados y gentileshombres. Pero como yo, por el estado de mi +espíritu, no podía prestar a lo que allí veía una gran atención, no +puedo asegurar nada de italianos ni correveidiles.</p> + +<p>—¿Y qué se dice? ¿La expedición, con su rey a cuestas, dirígese +a Castilla o a Valencia? Puede que reforzada con Cabrera, y quizás +mandada por este, no se detenga hasta Madrid. ¿Oíste algo?</p> + +<p>—Oí, oí..., no sé lo que oí —dijo Nelet aturdido—. ¿A usted le +interesa saberlo?</p> + +<p>—Absolutamente nada.</p> + +<p>—Lo mismo que a mí. Que vayan, que vengan, que suban, que bajen. No +me interesa ya más que un reino, el mío. Cada cual se arregle en su +reino como pueda.</p> + +<p>—Muy bien dicho. Peleáis por poner en el trono a un buen hombre, +cuya incapacidad es bien manifiesta. Si tus amigos triunfan, +estableceréis un imperio caedizo, pues en los tronos disputados, el +vencedor no lo será definitivamente si no posee estas cualidades: +bravura, don de mando, ciencia militar. Gane <span class="pagenum" +id="Page_299">p. 299</span>quien ganare en este pleito, querido Nelet, +la monarquía carecerá de fuerza y vivirá con vilipendio, entregada a +las facciones. Ten presente que no se hace nada de provecho sin fuerza, +entendiendo por esto, no el poder de las armas, sino una virtud eficaz +y activa, que a veces reside en una persona, a veces en las leyes. Ni +las leyes tienen aquí fuerza, o llámese energía gobernante, ni hay rey +o príncipe que tal posea. Puede que nazca algún día; mas yo te aseguro +que a la fecha no ha nacido. De modo que paz, lo que se llama paz, +no la veréis en mucho tiempo los que sois jóvenes, ni quizás lo vean +vuestros hijos y nietos... Con que lo que tú dices: cada cual a su +reino... y en el reino chico de cada uno, que no falte una ventanita +para ver pasar la historia.</p> + +<p>No prestaba Nelet a estos profundos juicios la debida atención, ni +se extendió tampoco en pormenores de lo que presenciara en Cherta, +porque sus impresiones eran confusas, como de quien ve muchas y +abigarradas cosas en corto tiempo, sin interés ni recreo alguno de +su ánimo. Mirando no más que a su reino, propuso que partieran a la +mañana siguiente en busca de Marcela, pues por fidedignos informes que +en Cherta adquirió, venía ya de vuelta de Gandesa, después de recoger +el cuerpo de su desgraciado hermano y darle sepultura. Al capellán del +1.º de Tortosa, que la encontró una mañana junto al río Seco, dijo +la monja que pensaba detenerse un día en el santuario de San <span +class="pagenum" id="Page_300">p. 300</span>Salvador y encaminarse +luego a Arenys de Lledó a visitar a un enfermo. Iba, pues, en busca de +sus amigos, los cuales se apresurarían a salirle al encuentro. Para +mayor seguridad, dispuso Nelet que partiera la embajadora aquella +misma noche, con instrucción precisa de las etapas que los caballeros +seguirían y puntos de descanso, y la consigna de que esperasen en Lledó +los que primero llegaran.</p> + +<p>Conforme con tan acertado plan, y admirando el tino con que Nelet lo +concertaba, creyó don Beltrán llegada la oportunidad de manifestar al +discípulo el estado de su ánimo, y sin más exordio le dijo:</p> + +<p>—Durante tu ausencia, hijo mío, no he cesado de reflexionar en +el caso de Marcela, complicado ahora con la desastrosa muerte del +pobre Francisco, y discurriendo la solución que debemos darle, me +sentí acometido del mal tuyo reciente, el mal de conciencia. Dios +ha entrado en mí. Como avisos o presagios de la naturaleza flaca, +precedieron a mi mal miedos supersticiosos, la idea de una muerte +próxima. Era Dios que llamaba a la puerta de mi alma: no entendía yo +su llamamiento, hasta que le vi entrar y me iluminó con su divina +gracia. ¡Ay!, querido Nelet, no quiero en mis postrimerías comprometer +mi alma. ¿Amo a Dios, le temo? Amor y temor por igual me consuelan y +sobrecogen; amor y temor me infunden el anhelo de ser bueno en lo que +resta de vida, de sostener con una conducta ejemplar la paz, mejor +será decir <span class="pagenum" id="Page_301">p. 301</span>la salud +de mi conciencia... Reniego ya de aquel propósito y consejo mío de +ocultar a Marcela la verdad de tu culpa, pues si con ese artificio +ganaríamos bienes terrenales, perderíamos seguramente los eternos. No, +no, Nelet: tú estabas en lo cierto y yo en lo errado; tú en la verdad, +yo en la mentira; tú procedías como cristiano caballero, yo como un +hombre vil... Pero ya no... Ahora te digo que la ocultación, o siquiera +disfraz de la verdad, es gran pecado; me paso a tu partido, y en él te +fortalezco.</p> + +<p>—Pienso, amigo mío —dijo Nelet con gravedad—, que esta concordancia +de la voluntad de usted con la mía es cosa muy feliz. No hay duda: +Dios o los ángeles han andado en ello. Hoy como ayer considero felonía +el negar a Marcela mi culpa; mas no teniendo yo valor ni cara para +confesarla ante ella, convendría que usted le hablase antes, y de la +sentencia que se sirva dar depende mi destino.</p> + +<p>—Muy juicioso me parece lo que has discurrido. Yo le hablaré antes, +yo le diré... ¡Oh, si te perdonara reconociendo que fuiste víctima de +un arrebato!..., ¡qué triunfo, hijo! Me da el corazón que así será, +pues los caminos de la verdad siempre llevan al bien.</p> + +<p>—¡Perdonarme! —exclamó Nelet clavando sus miradas en el suelo—. +¡Pues si así fuera...! Pero lo dudo... Ya veo la cabeza de Francisco +Luco diciendo que sí con aquel movimiento fuertísimo..., la veo +diciendo que <span class="pagenum" id="Page_302">p. 302</span>no..., +así..., así..., que es decirme: no hay perdón.</p> + +<p>—Basta ya de visiones, hijo. Tus desvaríos me contagian, y estas +noches he soñado que también yo cabalgaba por el campo de niños..., +solo que mis nenes, los nenes que yo destruía, no volvían a nacer.</p> + +<p>—Pues los míos..., en las noches últimas..., ya no reían, sino +lloraban... Vi a Marcela cogiéndoles a puñados y metiéndoseles en el +seno... Pero, lo que usted dice: basta ya... No duermo, no quiero +dormir: pasaré la noche pensando en que ella viene en nuestra busca y +en que le salimos al encuentro. Descanse usted, y yo le llamaré cuando +sea hora de partir. Voy a despachar a <i>Malaena</i> y a dar un pienso +a nuestros burros.</p> + +<p>Cumpliose con toda puntualidad lo que Santapau disponía, y antes +del alba salieron ambos caballeros oprimiendo los lomos asnales, don +Beltrán algo remediado de ropa, Nelet bien provisto de armas, pues +ignoraban qué clase de gente encontrarían. Anduvieron toda la mañana +sin ver alma viviente, entreteniendo las lentas horas con el inagotable +y pavoroso tema: «¿Me perdonará?». Llegados al caer de la tarde a una +ermita en la derecha margen del río Seco, que era el punto de cita +con la embajadora, recibieron de boca de esta las deseadas noticias. +Había dejado a Marcela con sus viejos en el convento abandonado de +San Salvador, y allí pasaría la noche en rezos y meditaciones; al +amanecer recalaría en el castillo de Horta, <span class="pagenum" +id="Page_303">p. 303</span>donde los señores podían reunirse con +ella para seguir juntos a Lledó, o al punto que de acuerdo fijaran. +Aumentose hasta lo increíble la ansiedad de Nelet. ¡Ya estaba cerca! +Solo una noche y un breve espacio de terreno le separaban de la +solución del temido enigma: «¿Me perdonará?». Incapaz de todo sosiego, +acordó seguir hasta Horta, y en ello emplearon las primeras horas de +la noche. Con no poco trabajo pudieron hallar albergue y pienso para +los burros y <i>Malaena</i> en una reducida cuadra; descansó en el +mismo recinto don Beltrán algunas horas, mientras Nelet se paseaba +suspirando, a la luz de la luna, en un próximo corral, como caballero +que vela sus armas; y antes que fuera de día salieron los dos a pie +hacia el castillo, distante solo del pueblo veinte minutos de marcha +cómoda, y situado en un mogote de mediana elevación entre el río y el +camino de Bot. Esqueleto de muros despedazados, recompuestos y vueltos +a despedazar por sucesivas guerras, era el tal castillo, festoneado +de hiedras y jaramagos, y conservando en algunas de sus gastadas +piedras cruces y escudos de San Jorge de Alfama. Ponían el pie los dos +caballeros en el primer cerco de ruinas, cuando Nelet, asaltado de +súbito terror, se paró y dijo a su amigo:</p> + +<p>—Pienso, señor don Beltrán, que Marcela se nos habrá anticipado, +llegando aquí por alguna galería subterránea que comunica esta +fortaleza con el monasterio de San Salvador. La encontraremos más +adentro, y es tal mi miedo de <span class="pagenum" id="Page_304">p. +304</span>verla, o de que ella vea mi cara y mis ojos, que me clavo en +tierra sin poder dar un paso hacia adelante.</p> + +<p>Trató Urdaneta de devolverle la tranquilidad, negando que hubiese +tales conductos por donde pudiera la monja presentarse, al modo teatral +y fantástico, y le indujo a no ser temeroso y afrontar con varonil +aplomo la entrevista. Mas advirtiendo en él señales de mayor pánico, +antes que de entereza, le dijo:</p> + +<p>—Y en suma, si no puedes vencer tu aprensión, y persistes en que le +hable yo primero y explore su ánimo, manifestándole la verdad que tanto +temes, retírate a Horta y déjame aquí en espera de la señora penitente +y de los viejos Zaida y Alfajar. Pero ten la bondad de conducirme a un +sitio donde pueda yo sentarme, que apenas veo, y no acierto a llevar +mis pobres huesos por entre tanto pedrusco.</p> + +<p>Condújole Nelet, evitando tropezones, a un lugar despejado con +buen asiento, y más medroso cuanto más avanzaba, le faltó tiempo para +escabullirse diciendo a su amigo:</p> + +<p>—Parece que la siento ya..., como si subiera por un pozo... Me voy +al pueblo. Allí espero mi sentencia... Adiós.</p> + +<hr class="chap x-ebookmaker-drop"> + + +<div class="chapter pt3" id="Ch31"> + <p><span class="pagenum" id="Page_305">p. 305</span></p> + <h2 class="nobreak g1">XXXI</h2> +</div> + +<p>Quedose don Beltrán solito en las ruinas, lo que no era muy +divertido para el pobre señor, pues el frío de la mañana le obligaba a +requerir su abrigo, envolviéndose bien en el capote que le había traído +Nelet. No menos de una hora estuvo rezando, atacado también de vagos +temores, semejantes a los de Santapau, y a cada instante creía sentir +blandos ruidos que le parecían el roce del sayal de la monja contra las +piedras. «No —se decía—, no sentiré roce de vestidos ni de pisadas. +Veré aparecer primero la cabeza, después los hombros, y sin hacer ruido +alguno se me pondrá delante...». No veía nada el buen caballero; pero +vio amanecer, y distinguió los telones de piedra desgarrados, en el +centro de los cuales se encontraba; y cuando reconocía con su menguada +vista la decoración, oyó voces efectivas, sílabas vibrantes de mujer +y catarrosas de hombres, y... era ella, sí, Marcela, seguida de los +enterradores, que aparecían por un hueco de los muros...</p> + +<p>—Aquí estoy, hija mía —gritó el anciano gozoso, sin miedo ya.</p> + +<p>Ligera como una corza saltó la beata por entre las piedras, y fue a +besarle la mano al prócer, que besó también la de ella. Entre beso y +beso dijo la penitente:</p> + +<p>—¿Y Nelet?</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_306">p. 306</span></p> + +<p>—Hija mía, no te asustes —replicó don Beltrán, pesaroso de la +mentira venial a que le obligaban las circunstancias—. Está bueno; pero +tan delicado en su convalecencia, que no le he permitido abandonar el +lecho antes del día. En Horta le dejé, y allá nos vamos en cuanto tú +y yo descansemos. Como se fijó este lugar para nuestro encuentro, he +venido yo solito para que no creyeras que faltábamos a la cita.</p> + +<p>—Pudo usted mandar a <i>Malaena</i> y evitarse este madrugón, que +no le sentará bien. A su edad, señor mío, no hay que jugar con la +salud.</p> + +<p>—Verdad, sí..., pero... no mandamos a la vieja..., porque..., verás +—dijo Urdaneta tartamudeando, pues se le atragantaba la nueva mentira +venial que le exigía la situación—... <i>Malaena</i> se nos puso anoche +mala de un cólico..., de tanta butifarra como comió la pobre... Pues +descansemos y hablemos un poquito antes de bajar al pueblo... Siéntate +a mi lado... Más cerca..., así. Desde Vallivana no te hemos visto. Hora +es ya de que resuelvas. El pobre Nelet espera tu determinación. ¿Has +pesado bien el pro y el contra?</p> + +<p>—Se asombrará usted —dijo Marcela, vacilando en las primeras +declaraciones—, y quizás me tache de ligera..., pero no es ligereza, +no, señor..., cuando me oiga..., no sé como expresarlo... Pues bien: +sabrá que han ahondado en mi ánimo las razones de mis dos amigos y el +rendimiento y constancia del pobre Nelet.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_307">p. 307</span></p> + +<p>—¡Ah, qué felicidad!... Yo esperaba..., en efecto...</p> + +<p>—Y a esta mudanza de mi voluntad, creo firmemente que no es extraña +la voluntad de Dios... Divina es a mi parecer la voz que me incita a +querer a Nelet, y a cambiar de vida y vocación... Por santo tengo el +matrimonio..., sus votos severos y sus obligaciones nos llevan a una +vida eficaz...</p> + +<p>—Es cierto. ¿Y has consultado el caso con tu confesor?</p> + +<p>—Sí, señor, y me ha dicho que dedicando a una fundación religiosa +parte del caudal de mi padre, si sentía honrada inclinación a la vida +secular, la adoptase, previas las dispensas de Roma, teniendo en cuenta +el trastorno que nos traen estas guerras y revoluciones.</p> + +<p>—¿Y consultaste con tu hermano Francisco? Ante todo, sabrás +que la noticia de su muerte me ha llegado al alma. Eres ya la +única descendiente de Juan Luco, y este hecho debe pesar en tus +resoluciones... ¿Tuviste tiempo de consultar con tu hermano el caso +extrañísimo de tu cambio de vida?</p> + +<p>—¡Ay!, sí, señor..., y mi pobre hermano, que sabía desentrañar +lo presente y lo futuro, me aconsejó que abrazase el nuevo estado, +pues si grave es el quebrantamiento del voto, debíamos mirar también +a la conservación de los bienes de nuestro padre, así raíces como +en especie, recogiendo los que aún están esparcidos, y librándolos +de la perdición. Díjome que él en las propias circunstancias <span +class="pagenum" id="Page_308">p. 308</span>que yo se encontraba, pues +habiendo topado en término de Falset con una honesta, discretísima +y bella joven, nacida de noble familia, y prendádose de ella, creía +que este suceso era como aviso de Dios, con que le mandaba trocar una +vocación por otra; y así, era su propósito no pensar más en vida de +claustro, y adoptar las penitencias y dura regla de matrimonio con +aquella bendita niña de Falset. Largamente hablamos de nuestro negocio, +y él expuso ideas tan juiciosas, que parecen dictadas de la misma +sabiduría. Pensaba que debíamos apartar un tercio del caudal específico +de nuestro querido padre para consagrarlo a una fundación pía, y +que con los otros dos tercios y los bienes raíces, equitativamente +partidos, podríamos constituir dos familias cristianas, dedicadas a +servir a Dios y a perpetuar el nombre y patrimonio de Luco. Declaró +también que de estos dos tercios metálicos debíamos, en conciencia, +retirar una suma para dar cumplimiento a la moral obligación contraída +por mi padre con su grande amigo y protector don Beltrán de Urdaneta, +fijando, de acuerdo con este, la cifra prudencial para tan sagrado +objeto...</p> + +<p>—¿Eso dijo?... ¡Oh Providencia, oh divina equidad! —exclamó el +viejo, sintiendo que un rayo penetraba en su alma, trastornándola—. +Bien, hija, bien... Pero dime otra cosa: ¿tenía Francisco conocimiento +de la pasión que has inspirado a Nelet?</p> + +<p>—Ya lo sabía, pues en los comienzos de <span class="pagenum" +id="Page_309">p. 309</span>nuestra conversación se lo dije. Su parecer +fue que si yo gustaba de Nelet, le aceptase, pues tiene fama de +valiente y leal, aunque algo arrebatado, y posee bastante hacienda en +Cherta y Cambrils.</p> + +<p>—¡Eso te dijo!... ¿Estás segura de que tal era su pensamiento?</p> + +<p>A las manifestaciones afirmativas de la monja, contestó el anciano +con nuevas alabanzas del poder de Dios. El pobre señor veía más +claro; recobraba la vista, y en su turbación no sabía por qué caminos +llevar la interesante conferencia. Por fin, salió del paso con esta +pregunta:</p> + +<p>—¿Cuántos días antes de morir te dijo tu hermano lo que acabas de +manifestarme?</p> + +<p>—Dos días. Después, el pobrecito siguió a su ejército, y la tarde +misma de la batalla de Gandesa, volviendo con otros veinte de cumplir +una orden del general, fue sorprendido por una partida de facciosos en +retirada, y le asesinaron con saña, vileza y cobardía.</p> + +<p>—¡Oh, qué desgracia!... Y sabiendo su triste fin, sin duda por los +compañeros suyos que lograron escapar, ¿cómo no supiste quién dispuso y +consumó hazaña tan inicua?</p> + +<p>—Dijéronme que un capitán o no sé qué, cabeza de aquellos sayones, +traspasó a mi hermano con su espada.</p> + +<p>—¿De modo que no sabes...?</p> + +<p>—No, señor: no lo sé.</p> + +<p>—Y si conocieras al matador, ¿le perdonarías?</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_310">p. 310</span></p> + +<p>—¡Oh!, como cristiana tendría que perdonarle; como cristiana, +señor... ¿Acaso lo que yo ignoro lo sabe mi don Beltrán...?</p> + +<p>Como anillo al dedo venía en aquel punto de la entrevista la temida, +pavorosa revelación; mas el noble caballero, señor de tantas torres, no +se atrevió a sacarla del pensamiento a los labios. Era hombre: careció +del valor necesario para un acto que requería verdadera santidad. +Habíase propuesto ser bueno, purificar sus últimos días con virtuosas +acciones; mas no era santo, no: no lo era.</p> + +<p>—¿Lo sabe usted? —repitió Marcela espantada de su silencio.</p> + +<p>Y don Beltrán, sintiéndose a cien mil leguas de la cristiana +perfección, dijo en un grave suspiro:</p> + +<p>—Hija mía, no sé nada.</p> + +<p>Apareció en aquel instante Santapau por entre el hueco de unas altas +piedras, y bajando de un brinco, como sillar desplomado con estruendo, +gritó:</p> + +<p>—Sí lo sabe; mas no tiene valor para decirlo.</p> + +<p>Marcela se levantó bruscamente como un ave que quiere emprender el +vuelo, y saltando sobre piedras, se alejó despavorida.</p> + +<p>—Ven, Marcela, ven..., no huyas —dijo Nelet.</p> + +<p>—¿Cómo vienes aquí?... —balbució la penitente con sílabas +entrecortadas—. ¿Por qué vienes así, en esa forma, que más que de +hombre es de demonio?</p> + +<p>—Porque lo soy. Demonio del infierno es quien dio villana +muerte a Francisco Luco. <span class="pagenum" id="Page_311">p. +311</span>Nuestro amigo no tiene valor para decirlo: lo tengo yo.</p> + +<p>Horrorizada, Marcela se llevó las manos a las sienes, volviendo la +cabeza. Luego cayó de rodillas.</p> + +<p>—Levántate —dijo Nelet acudiendo a ella—. Yo soy el que debe +humillarse. Humillado te diré que aunque no merezco tu perdón, lo +solicito, lo quiero... Fue una ceguera, embriaguez de sangre..., el +maldito hábito de esta guerra, el matar por matar..., por destruir +vidas contrarias...</p> + +<p>—¡Perdón, perdón! —exclamó don Beltrán, también de rodillas, +llorando como un niño.</p> + +<p>—¡Monstruo —dijo Marcela encorvada, las manos en la cabeza, mirando +de soslayo torvamente al infortunado guerrero—, monstruo de maldad!... +Como cristiana te perdono... Pero huye, vete al fin de la tierra, o +adonde yo no te vea más... Condenado, no quiero condenarme contigo..., +tus miradas corrompen... Yo no quiero verte ni respirar el aire que +respiras.</p> + +<p>—¡Paz, paz!... —repetía el buen Urdaneta alargando sus flacos +brazos—. Hijos míos..., sed cristianos... No habléis de condenaros. +Salvaos, salvémonos todos.</p> + +<p>Huyó Marcela, y tras ella, saltando de piedra en piedra, corrió +Nelet, como anhelante cazador.</p> + +<p>—No te acerques a mí —gritaba la monja—. Condénate tú solo; yo +no.</p> + +<p>Poseído de insano furor, Nelet dijo:</p> + +<p>—Solo no. No más soledad. Tú conmigo...</p> + +<p>Y viendo <span class="pagenum" id="Page_312">p. 312</span>a la +desdichada mujer buscar refugio tras unas altas piedras, como res +acosada que se esconde, allí la persiguió, y allí, antes que los +atontados viejos pudieran acudir en defensa de su maestra y señora, le +dio bárbara y pronta muerte. Retumbó el pistoletazo en la tristísima +cavidad del castillo como si todas sus piedras de golpe se derrumbaran. +Sobrecogido, exánime, el rostro contra el suelo, don Beltrán dijo:</p> + +<p>—Nelet, ¿qué haces?...</p> + +<p>Pasados algunos segundos de pavoroso silencio, oyó el anciano la +respuesta, que fue otro tiro no menos estruendoso y lúgubre que el +primero.</p> + +<p>Los pobres sepultureros, a quienes el estupor y su propia debilidad +senil paralizaron en la fugaz duración de la tragedia, no supieron +ni aun requerir sus azadones para impedirla. Al primer tiro, cayó +Alfajar de espaldas con temblor epiléptico. Zaida, más animoso, blandió +su herramienta de sepultar, abalanzándose hacia Nelet con móvil de +venganza o justicia; mas no pudo anticiparse al criminal, que la hizo +rápida y eficaz con su propia mano.</p> + +<p>Transcurrido un lapso de tiempo, que ninguno de los tres ancianos +apreciar podía, Zaida se llegó a don Beltrán, y tocándole en el hombro, +con angustiada voz le dijo:</p> + +<p>—Señor, señor, ¿vivimos o morimos?</p> + +<p>—No sé, amigo —replicó el caballero, despegando del suelo su +rostro—. ¿Vives tú? ¿Qué es esto?... Dame la mano: probaré a +levantarme... ¡Ay!, la juventud perece... a <span class="pagenum" +id="Page_313">p. 313</span>sí misma se destruye. Nosotros, tristes +despojos de la vida, aún respiramos... ¿Y para qué? El siglo no quiere +soltarnos, ¡ay de mí!</p> + +<p>—Señor, nuestro deber ahora no es otro que abrir dos hermosas +sepulturas...</p> + +<p>—Amigo, no: abramos una sola, hermosísima, y enterrémosles +juntos.</p> + +<p>Todo el día permanecieron los tres ancianos en el lugar de la +tragedia; y cuando se retiraban, al caer de la tarde, consternados +y llorosos, oyeron lejano bullicio de clarines y tambores. A medida +que iban venciendo con lento andar el camino de Lledó, arreciaba el +marcial rumor. A la puesta del sol, Zaida, que era de los tres el que +gozaba de mejor vista, distinguió por oriente, en las áridas colinas de +la margen del río Seco, líneas de gente armada, las cuales avanzaban +ondulando como serpientes en las curvas del terreno, mitad en sombra, +mitad en luz. Eran las mesnadas de vanguardia de la expedición real que +marchaban hacia la frontera de Aragón.</p> + + +<p class="fin">FIN DE «LA CAMPAÑA DEL MAESTRAZGO»</p> + + +<p class="smaller mt3">Santander (San Quintín), abril-mayo de 1899.</p> + +<hr class="chap"> + + +<hr class="full"> + +</div> +<div style='text-align:center'>*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 78775 ***</div> +</body> +</html> diff --git a/78775-h/images/cover.jpg b/78775-h/images/cover.jpg Binary files differnew file mode 100644 index 0000000..b7c480a --- /dev/null +++ b/78775-h/images/cover.jpg diff --git a/78775-h/images/logo.jpg b/78775-h/images/logo.jpg Binary files differnew file mode 100644 index 0000000..3957043 --- /dev/null +++ b/78775-h/images/logo.jpg diff --git a/LICENSE.txt b/LICENSE.txt new file mode 100644 index 0000000..6c72794 --- /dev/null +++ b/LICENSE.txt @@ -0,0 +1,11 @@ +This book, including all associated images, markup, improvements, +metadata, and any other content or labor, has been confirmed to be +in the PUBLIC DOMAIN IN THE UNITED STATES. + +Procedures for determining public domain status are described in +the "Copyright How-To" at https://www.gutenberg.org. + +No investigation has been made concerning possible copyrights in +jurisdictions other than the United States. 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