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+*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 78775 ***
+
+NOTA DE TRANSCRIPCIÓN
+
+ * Las cursivas se muestran entre _subrayados_ y las versalitas se han
+ convertido a MAYÚSCULAS.
+
+ * Los errores de imprenta han sido corregidos.
+
+ * La ortografía del texto original ha sido modernizada de acuerdo con
+ las normas publicadas en 2010 por la Real Academia Española.
+
+ * La puntuación también ha sufrido ligeros retoques para su
+ modernización, así como la toponimia.
+
+ * Las rayas intrapárrafos han sido espaciadas según los modernos
+ usos ortotipográficos.
+
+
+
+
+ EPISODIOS NACIONALES
+
+ LA CAMPAÑA
+
+ DEL MAESTRAZGO
+
+
+
+
+ Es propiedad. Queda hecho el depósito que marca la ley. Serán
+ furtivos los ejemplares que no lleven el sello del autor.
+
+
+
+
+ B. PÉREZ GALDÓS
+ EPISODIOS NACIONALES
+ TERCERA SERIE
+
+ LA CAMPAÑA
+ DEL
+ MAESTRAZGO
+
+ 14.000
+
+ [Ilustración]
+
+ MADRID
+ PERLADO, PÁEZ Y COMPAÑÍA
+ (Sucesores de Hernando)
+ ARENAL, 11
+ 1906
+
+
+
+
+MADRID. — Imp. de los Sucesores de Hernando, Quintana, 33.
+
+
+
+
+LA CAMPAÑA DEL MAESTRAZGO
+
+I
+
+
+En la derecha margen del Ebro y a cinco leguas de la por tantos títulos
+esclarecida Zaragoza, existe la villa de _Julióbriga_, fundación de
+romanos, según dicen libros y rezan lápidas desenterradas, la cual,
+en tiempos remotos, mudó aquel nombre sonoro por el de _Fuentes de
+Ebro_, con que la designaron cien generaciones aragonesas. No por los
+hechos históricos que ilustran esta villa (pues en lo antiguo dicen
+que fue _lugar de moros_, y algún chinazo le tocó en la guerra de la
+Independencia y en los dos inmortales _sitios_); no por la fertilidad
+de su término, regado por el Canal Imperial; no por las estameñas que
+fabrican sus tejedores, ni por las excelentes lechugas que crían sus
+huertas, ni tampoco por su gótica iglesia parroquial, donde yacen, en
+desmoronados sepulcros, multitud de Condes de Fuentes que rabiaron
+o hicieron rabiar al pueblo, aparece este en la primera página de
+la presente relación, sino por la fama del _parador de Viscarrués_,
+situado en la plaza junto a la llamada _casa del rey_, el cual
+gozaba de gran crédito y favor entre los arrieros y trajinantes que
+comunicaban a Zaragoza con el reino de Valencia. Asimismo confluían
+allí los trayectos peoniles y carromateros de la parte de Alcañiz, del
+Maestrazgo y Vinaroz, de la tierra baja de Teruel, Híjar y la cuenca
+del río Martín. Los barqueros del Canal Imperial, así como todo el
+personal de fontanería, eran también fieles parroquianos de Viscarrués,
+el cual daba excelente trato a las caballerías primero, a las personas
+después, y poseía un amplio local con cuadras extensas, donde podían
+acomodarse, entre animales y arrieros, como unos treinta pares. En
+el piso alto no faltaban aposentos _para señores_, algunos hasta con
+camas, otros bien acondicionados de mullidos jergones. Era la cocina
+monumental, con el hogar guarnecido de poyos, y por uno y otro lado
+mesas largas, donde podían tomar el pienso hasta veinte parroquianos.
+Servía Viscarrués un Cariñena superior, sin competencia en cuatro
+leguas a la redonda, y para todo pasto un tintillo de Contamina que en
+lo de alegrar corazones y cabezas parecía hermano de la jota. Uno y
+otra procedían de la misma cepa.
+
+Los más de los días Viscarrués y su familia no tenían manos para
+servir a la mucha y diversa gente que en el parador se juntaba. Uno de
+los criados, llamado _Guasa_ (verdadero apellido, no apodo), natural
+de Jaca, y más vivo que el azogue, hacía milagros de ubicuidad y
+diligencia. Pero llegó un día; mejor dicho, llegaron tres días, en
+que ni el ventero con sus hijas y su mujer, ni Guasa con toda su
+agilidad ratonil, pudieron atender al golpe de personas y acémilas
+que se metieron por aquellas puertas con hambre y sed, pidiendo vino,
+cebada, carne y un montón de paja para dormir. Furioso Viscarrués por
+no disponer de cuádruple local, se tiraba de los pelos, y su mujer
+del moño; Guasa andaba de coronilla; la _parroquia_ se impacientaba;
+todos pedían a un tiempo su remedio. Con gran trabajo y a puñados les
+iban acomodando aquí y allí, metiendo ocho en cada cuarto de arriba,
+estibando a otros en las cuadras, por grupos, por series, por manadas:
+y para dar de comer se ponían los platos en el suelo, por no haber
+ya mesas, los jarros de vino pasaban de boca en boca, sin vasos; los
+guisados iban a la rueda en grandes fuentes, chorreando salsa, y no se
+oían más que voces airadas del que pedía su parte, del que, no contento
+con la primera ración, pedía la segunda. Aquí esgrimían cucharas,
+allá repicaban en los vasos con toque de cuchillos. El vino abundante
+suplía las escaseces del comer, y si en una parte echaban maldiciones
+a Viscarrués, en otra le vitoreaban como al primer posadero del mundo.
+«Hay que dispensar en días como este», decía él, rascándose la cabeza,
+luego los brazos, levantándose después la faja que se le caía. A Guasa
+colmábanle de injurias, que le excitaban a un enojo risueño; y era tal
+su sofocación, que regaba con honrado sudor los manjares que servía.
+
+Fue causa de tan desmedida aglomeración la coincidencia de dos
+caravanas de pasajeros, la una que venía de oriente huyendo de la
+guerra, la otra de occidente que hacia la guerra iba. Componían la
+primera familias neutrales o que querían serlo, algunos lisiados y
+enfermos; la segunda constaba, principalmente, de la oficialidad y
+clases de una columna enviada del norte para incorporarse a la brigada
+de Borso di Carminati. La guerra mata y resucita; destruye y crea. La
+sangre que no se derrama en los combates, circula con más vigor, y
+nutre partes desmedradas del organismo social, mientras otras perecen.
+Viscarrués, que se estableció sin un cuarto en 1830, se retiró el 46
+con el riñón bien cubierto. Sus hijos siguieron carrera en Zaragoza.
+Traspasado el parador a Guasa, este se hizo también rico, y en 1860
+poseía casas en la Almunia, un café en Cariñena, y suyos eran los
+coches de la estación de Calatayud, y los que hacían el servicio a
+Paracuellos de Jiloca. Volviendo a lo que se refiere, debe decirse
+que aquel tumulto del parador de Fuentes de Ebro pertenece a las
+cronologías del año 37, que hasta en los mesones había de ser año de
+confusión y trapisondas: el mes era _febrerillo loco_. Un solo dato
+pudo arrancar el historiógrafo a la empedernida memoria de Mateo Guasa:
+era que aquel día fue el primero del año en que se agregaron al cocido
+las habas verdes.
+
+Y que estaban muy buenas, como declararon todos, con excepción de una
+señora, ribereña de Navarra, que sostuvo la superioridad de las habas
+de tierra de Cintruénigo... A esto observó uno, después de empinar
+el codo, que mejor que las habas le sabían a él las hembras de la
+Ribera, y buena muestra del género era _lo presente_, cuya gentileza
+y hermosura a todos cautivaban... Replicó ella con donaire que no era
+ensalada más que para un solo y único dueño, el cual no admitía bromas.
+Pronto se corrió entre los individuos de aquel jovial grupo que la
+tal moza era casada, y que iba a la guerra con su marido, sargento
+recientemente ascendido a alférez, el cual se alojaba también allí,
+y había salido a ocupaciones del servicio. Entrando en conversación
+la hermosa mujer, en quien habrá reconocido el lector a Salomé
+Ulibarri, les dio cuenta, con abundosa y pintoresca verbosidad, de
+los prodigios de Luchana y Banderas, y de las proezas que allí había
+realizado Baldomero Galán, su esposo, secundando las disposiciones
+del otro Baldomero. El empleo de alférez era recompensa mezquina para
+servicios tan eminentes... Despertada en el auditorio la curiosidad, se
+prolongó el relato de lo de Bilbao bastante tiempo, tan gustosos ellos
+de oír a la historiadora, como esta de pregonar tan lucidas hazañas.
+Emprendieron después los otros historia fresca de lo del Maestrazgo,
+que habían visto; pero a lo mejor de ella, solicitada de otra parte
+la atención de Saloma, se apartó de la mesa. Mirando casualmente
+hacia la escalera del parador, vio que por ella descendía un caballero
+anciano en compañía de dos mozos, al parecer de su servidumbre, el
+cual, renegando con agrias voces de no encontrar alojamiento adecuado
+a su categoría, avanzó hacia la calle cogido al brazo de un criado.
+Tanto el flácido rostro del noble señor, como su desmayado cuerpo y
+su deslucida y polvorienta ropa, declaraban el cansancio de un largo
+camino. Fue tras él Saloma, y viéndole parado en medio del portal, se
+le puso delante en actitud de quien intenta dar una sorpresa; mas no
+hizo el buen señor ademán de conocerla. Impaciente y desconcertada la
+moza, además movida de grande compasión hacia el caballero, le tocó
+suavemente en el brazo, diciéndole:
+
+—¿Pero es posible que no me conozca o no quiera conocerme el señor don
+Beltrán de Urdaneta?
+
+—¡Saloma..., hija..., chica! —exclamó el prócer abriendo los brazos—.
+¿Tú por aquí?... _Maña_, te he conocido por la voz... ¿No sabes? ¡Ay,
+me estoy quedando ciego!... Salgamos un poquito afuera, para que con la
+luz de la calle pueda ver tu hermosura.
+
+—¿Pero a dónde va por aquí tan descarriadico, señor?
+
+—Hija..., es largo de contar —replicó don Beltrán, sacando un pesado
+suspiro de las honduras de su pecho—. Me muero de fatiga, de hambre...,
+y ese bruto de posadero no quiere alojarme... No puedo ya con mi
+cuerpo..., ni con mi alma.
+
+—Todo lo de arriba está lleno... En cada aposento siete personas...,
+como sardinas. Tampoco yo tengo cuarto.
+
+—Déjame, déjame que te mire... —dijo el prócer acercando su rostro al
+de ella, embobado, sobreponiendo su afición estética a las tristezas
+del desamparo en que se veía—. Sí, sí: te reconozco... ¡Qué linda eres!
+Si no fuera sacrilegio suponer que Dios se equivoca, le preguntaría por
+qué no te hizo nacer en posición elevada. Habrías sido una gran mujer,
+una gran dama, una...
+
+Más atenta a proporcionar al noble señor el reparo que necesitaba que
+a sus delicados galanteos, le dijo que urgía disponerle al instante la
+mejor comida que se pudiese. Enganchándole del brazo, le condujo hacia
+la cocina, dando voces al paso, en requerimiento de Guasa y de los
+demás servidores de la posada.
+
+—¡Qué desconsiderados sois! —dijo al propio Viscarrués—. ¿Pero no
+conocéis al señor, el primer noble de Aragón? No sabéis tratar más que
+con animales.
+
+Disculpose el ventero, alegando que no había conocido al señor don
+Beltrán, y se apresuraron amo y criados a ofrecerle cuanto tenían. A
+ratos ayudando a servirle, a ratos sentada frente a él viéndole comer y
+beber con gana, nuevamente le interrogó Saloma sobre su viaje, movida
+no tan solo de la mujeril curiosidad, sino del interés afectuoso y
+desinteresado que el ilustre viejo le inspiraba.
+
+—¿Va el señor a Zaragoza, o viene de allí?
+
+—Vengo, hija, vengo... He salido de Cintruénigo con ánimo de no volver
+más allá. Un rapto de cólera, de orgullo, de dignidad más bien...
+Yo soy así: no tolero que nadie me humille; y las impertinencias y
+groserías de Rodrigo y de _doña Urraca_ han sido tales, que no he
+tenido alma para tolerarlas más tiempo. Salí del caserón de Idiáquez
+como un colegial que se escapa. A la falta de libertad, al despotismo
+de _doña Urraca_ y de su hijo prefiero la vagancia, la miseria, la
+muerte misma... No más, no más...
+
+—Supe que el señor había ido a Medina de Pomar.
+
+—Y no encontré, ¡ay de mí!, la acogida que esperaba... Ya no hay
+hijos, quiero decir, hijos buenos. Esa raza concluyó. Con estas
+malditas guerras entre hermanos, parece que ha venido al suelo toda
+ley de humanidad, y hasta los sagrados fueros del parentesco y de la
+sangre... Al hablar de estas cosas, se me atraviesa aquí en el pecho un
+bulto, una cosa dura y lacerante que no me deja comer ni respirar...
+Espérate a que pase... Ya pasa... Te contaré en dos palabras que al
+volver de Mena, donde, lo repito, encontré más egoísmo que piedad,
+desconsideraciones que me han llegado al alma, recibiéronme los
+Idiáquez de un modo muy desapacible. Los morros de _doña Urraca_
+se extendían cuarta y media fuera de las líneas borriquiles de su
+rostro, y mi esclarecido nieto no hacía más que contrariar mis
+hábitos y rodearme de estrecheces indecorosas. ¿La causa de esto? Es
+muy sencilla. Sabrás que entre mi nuera y doña María Tirgo habían
+concertado la boda de Rodrigo con una rica heredera de La Guardia.
+Celebráronse vistas. No sé lo que pasó, pues yo me hallaba en Mena;
+solo supe, antes de salir de allí, que de improviso y con algo de
+estruendo se vino a tierra todo aquel tinglado de la boda.
+
+—¿Y le echaron al señor la culpa?
+
+—Naturalmente: yo soy el gato, el niño enredador causante de todas las
+roturas de platos y demás averías que ocurren en la casa. No hay quien
+le quite de la cabeza a Juana Teresa que por intrigas mías se deshizo
+el bodorrio. Y yo te aseguro que no he tenido arte ni parte en ello.
+Declaro ingenuamente, eso sí, que me alegré y me alegro del percance,
+festejándolo como justicia de Dios y castigo de la conducta inhumana de
+los Idiáquez con este pobre viejo. Pero nada más, nada más... Cansado
+al fin de la reglamentación de colegio a que pretendían sujetarme,
+me vi en el duro caso de preferir la miseria a la esclavitud, y
+la libertad al vivir triste, al régimen conventual de la casa de
+Cintruénigo. La imagen de _doña Urraca_ se me ha hecho tan odiosa, que
+por no verla me iría descalzo y pidiendo limosna a la más lejana región
+del mundo. Créelo, chica. Soy noble: no tolero la humillación. En
+cualquier estado sabré conservar mi dignidad.
+
+Con pena y lástima muy vivas oyó Saloma el relato de don Beltrán,
+no atreviéndose a contradecirle ni a proponerle la vuelta al hogar
+abandonado, porque el respeto a tan gran caballero y a su desgracia
+la cohibía. Atenta al alivio de su necesidad, le dijo que, pues era
+totalmente imposible recabar de Viscarrués un buen aposento, no
+había más remedio que acomodar al señor en la cuadra. Ella respondía
+de arreglarle en aquel humilde lugar un lecho abrigado y cómodo,
+combinando los haces de paja y las buenas mantas que ella traía, de
+tal modo que no echara de menos los infames camastros de la posada.
+Accedió a esto don Beltrán con expresiones de gratitud, muy conmovido,
+sonándose fuerte, y añadió que pues Jesucristo Nuestro Señor nos
+había dado ejemplo de humildad naciendo en un pesebre, bien podía sin
+desdoro un noble, que nada tenía de divino, dormir y hasta terminar
+su existencia en montones de paja, al abrigo de gentes sencillas y de
+rústicos animales.
+
+
+
+
+II
+
+
+—Ya sé —dijo después el prócer a la guapa moza, plegando los ojos para
+verla mejor— que, al fin, te has casado con Baldomero. No ha sido poca
+suerte para ese bruto. ¡Vaya una hembra que se lleva!
+
+—Sí, señor... ¿Pero usía no sabe que es alférez?
+
+—¡Qué me dices!... ¡Alférez! ¡Hola, hola!... ¡Todo un oficial del
+ejército! Siempre fue arrojadísimo, con una cabeza más dura que el
+mármol, y un corazón insensible al miedo... Vaya: ¿y está aquí, en la
+columna que ha llegado del norte?
+
+—¡Y que no se alegrará poco de ver a vuecencia! No tardará en venir.
+
+A uno de los mozos de Urdaneta, que en otra mesa comían, ordenó Saloma
+que saliese a buscar a Galán por las calles del pueblo, y a darle
+conocimiento de la presencia de su antiguo amo. Nacido en Fuenmayor y
+recriado en Cintruénigo, Baldomero había servido a don Beltrán antes
+de entrar en el militar servicio. Seis años comió el pan de Idiáquez
+y Urdaneta, ya en el empleo de ayuda de cámara, ya en el ejercicio de
+montería, o en otros menesteres de la casa. Bien quisto de sus amos,
+dejó en la familia memoria de leal y honrado, aunque muy duro de
+mollera. Andando el tiempo, ya soldado distinguido, sargento después,
+siempre que su batallón pasaba por Cintruénigo, visitaba a los señores.
+Allí conoció a Saloma, que, rodando de aquí para allá con borrascosa
+y turbada vida, después del fusilamiento de su padre en Miranda de
+Arga, fue a parar a casa de una tía materna, que tenía en arrendamiento
+tierras de Idiáquez y vivía en una torre próxima al palacio señorial.
+Toda esta parte de la historia de Galán y Saloma es algo oscura, y
+no ofrece bastante interés para que se emprendan, por esclarecerla,
+investigaciones muy minuciosas.
+
+Volviendo al relato, se dirá que don Beltrán manifestó a su amiga que
+no iba, no, a la ventura por aquellos derroteros, pues le guiaba un
+fin concerniente a sus intereses y al remedio inmediato de su actual
+posición lastimosa.
+
+—Ya te lo explicaré cuando esté más sosegado —agregó recobrando algo
+de su animación—, pues supongo que iremos juntos largo trecho. Por
+de pronto, solo te digo que salí de Cintruénigo con recursos muy
+inferiores a lo que exige mi categoría, que tendré que resignarme a
+ciertas privaciones... Mi principal inquietud es que me corten el paso
+las tropas de Cabrera o las partidas que sueltas y desmandadas infestan
+toda la tierra de Teruel. Otro temor me quita el sueño, y es que los
+dos únicos chicos que he podido traerme, Tomé, el de _la Chata_, y
+Francisquillo Maestre, no puedan seguir en mi compañía más allá de
+Híjar, por el peligro de que les coja la facción. Tú les conoces: dos
+chicarrones de diecinueve años, que no manejarían mal el chopo, y de
+uno de ellos sospecho que lo cogería de buena gana, por dar gusto al
+dedo. En fin, si les pierdo, ya sea por medrosos, ya por atrevidos,
+tendré que ir solo, encomendándome a Dios y a la Virgen, pues no puedo
+abandonar mi empresa, única solución decorosa para los pocos días que
+me restan de vida.
+
+En esto entró Baldomero, que derechamente, morrión en mano, se fue a
+besar la de don Beltrán, y poco le faltó para hincar una rodilla en
+tierra. Sincero, nacido del corazón era su acatamiento, pues amaba al
+anciano; y cuando este abrió sus brazos para expresarle con un buen
+apretón su enhorabuena y el regocijo de verle oficial, Galán hizo
+pucheros, y algunas lágrimas bajaron a humedecer su bigote de moco,
+imitación del de Espartero.
+
+—Bien, hijo, bien, adelante... Capitán, será ya como tenerlo en la
+mano. Date prisa a ganar empleos, porque antes de morirme quisiera ver
+a Saloma hecha una señora coronela.
+
+Era Baldomero Galán un mocetón en quien la estampa no desmerecía del
+apellido, alto, garboso, mejor formado de cuerpo que de facciones,
+pues su nariz excedía un tanto de la medida proporcional, y sus ojos,
+hermosos y grandes, bizcaban un poco, resultando una desmedida fiereza
+de expresión. Indomable en la guerra, fiel a sus deberes cual ninguno,
+pronto a dar la vida cien veces por el honor de su bandera, en la vida
+doméstica era un angelón, y su esposa no tenía que hacer el menor
+esfuerzo para dominarle. Hízole sentar don Beltrán a su izquierda:
+le sirvió vino, después de obsequiarle con un puro. Fumando los dos,
+el pobre viejo, gozoso de tener a quien contar sus infortunios, hizo
+segunda edición de lo que ya había referido a Saloma, recargando
+amargura en las acusaciones contra su nieto y nuera. Suspiraba Galán al
+compás de los suspiros de su antiguo señor; y no acertando con la mejor
+fórmula de consuelo, se ofreció a prestarle en su viaje toda la ayuda
+que el servicio le permitiera.
+
+—Tanto Saloma como yo, señor don Beltrán, estamos a la disposición de
+usía para lo que guste mandarnos, y le cuidaremos y asistiremos como a
+un padre.
+
+Urdaneta le apeó el tratamiento, pues del chicarrón que tuvo a su
+servicio al señor alférez que delante veía, había distancia social muy
+grande: agradeciendo al matrimonio sus ofrecimientos, manifestó que
+deseaba recogerse.
+
+—Véase —dijo a Galán, mientras corría Saloma en busca de las mantas—
+cómo Dios no abandona a los buenos. Solo y triste venía yo por esos
+caminos, agobiado del peso de mis desdichas, afligido al propio tiempo
+por mi ceguera que crece de día en día, y cuando menos lo esperaba,
+me salen al encuentro dos amigos cariñosos, dos almas caritativas que
+me consuelan, que me alientan... ¡Que hermoso es encontrar en nuestro
+camino la gratitud! Tú y tu mujer me debéis algunos beneficios; también
+los prodigué yo al buen Adrián Ulibarri, padre de Saloma, y ahora me
+veo recompensado por vosotros... ¡Ah!, si me pierdo, que me busquen
+entre los humildes, que son siempre los agradecidos y generosos.
+
+Irguiéndose, como si al restaurar las fuerzas de su cuerpo recobrase
+también vigor y esperanza su espíritu, emprendió, asido del brazo de
+Galán, el camino de la cuadra. Parándose a cada instante, decía:
+
+—No, no: Urdaneta no puede ni debe terminar sus días en la humillación.
+Oye, _Mero_: ¿será fácil penetrar en tierra de Teruel hasta Mora de
+Rubielos, siquiera hasta los montes de Gúdar?
+
+—Señor, _las hordas de Cabrera_ son dueñas de casi todo el país
+—replicó Galán, que hablando de guerra solía emplear las fórmulas
+usuales de la prensa patriótica, de las proclamas y órdenes generales
+en campaña—; y mientras no consigamos limpiar de _enemigos fratricidas_
+todo el territorio de esta Comandancia general, no le aconsejo a nadie
+que penetre, señor... a menos que lleve un salvoconducto en regla,
+expedido por el _obcecado Pretendiente_.
+
+—Ya, ya lo pensaremos, pues entre los cabecillas facciosos no me faltan
+amigos.
+
+En esto, Saloma escogía el rincón más abrigado de la cuadra, el mejor
+defendido contra las corrientes de aire y las patadas de los mulos,
+para armar en él un mullido nidal donde descansase el noble viejo.
+Fue robando puñaditos de paja en este y el otro montón; apartó toda
+la basura; hizo mudar de sitio a un gallo con varias gallinas, y la
+obra quedó terminada pronto a satisfacción del que debía disfrutarla.
+Todas las mantas que tenía las aplicó a la comodidad de don Beltrán,
+unas debajo, otras encima de su cuerpo. Mientras _Mero_ le quitaba las
+botas, envolviéndole los pies en la manta de Tomé, Saloma le liaba a
+la cabeza un ancho pañuelo de seda, despojándole antes de su levitón
+y dejándole en mangas de camisa. Ofrecía el aristócrata una extraña
+figura, de la que él mismo se reía, cuando se tendió de largo a largo
+sobre la paja. Con refajos y ropa suya improvisó Saloma una almohada,
+y no pareciéndole bastante, propuso que ella se acomodaría sentada
+junto a la pared, formando como cabecera del improvisado lecho, y sobre
+sus rodillas se apoyaría la almohada, sosteniéndola en alto de modo
+que no se hundiese la cabeza de don Beltrán. Para completar la obra,
+se convino en que Galán pasaría la noche a los pies del señor, para
+contener el frío por aquella parte, mientras por la otra sostenía la
+calor el gentil cuerpo de Saloma. Hallábase Urdaneta algo acatarrado,
+y estornudaba constantemente; mas no sintiendo otra molestia real que
+el frío, procuraba agazaparse bien, y en medio de las mantas recobró
+su buen temple y jovialidad, dando por excelente tal situación y
+creyéndola un especialísimo favor de Dios en aquellos tristes días.
+
+—Paréceme, hijos míos, que no debo quejarme —les dijo risueño—, ¿pues
+qué más puedo ambicionar que este tranquilo reposo, este abrigo que
+me habéis dado, y, sobre todo, el calor de vuestra compañía cariñosa?
+Os veo como a dos ángeles que Dios me envía para asistirme. Y es como
+si con vuestra presencia me dijera: «Ya ves, Beltrán mío, que no te
+abandono». En verdad os aseguro, que no cambiaría este lecho por el del
+Papa o el Emperador de Rusia. Aquí se está muy bien, con un guardián
+y calentador por la cabeza y otro por los pies..., y esta sencillez,
+y esta libertad... Vamos, que estoy contentísimo, y ahora me permito
+despreciar todos los cuartos de fonda, con sus camas frías y sucias, y
+su soledad triste... Bien, bien: _Mero_ y Saloma, mis buenos amigos,
+sed caritativos hasta el fin; y pues el sueño se ha declarado mi
+enemigo, contadme alguna cosita para engañar el tiempo.
+
+Reclinado a los pies del señor, Galán habló largamente de la campaña
+del Centro, a la cual se daría gran impulso para exterminar de golpe
+a _los satélites del oscurantismo_. No lejos de ellos había otros
+grupos; y a medida que avanzaba la noche, fueron entrando en la
+cuadra más huéspedes, y se formaron entre paja y dornajos montones de
+humanidad que producían extraños ruidos: aquí conversaciones y disputas
+vehementes, allá un roncar estruendoso.
+
+—_Mero_, hijo mío —dijo al alférez don Beltrán, de cuya persona no
+asomaba entre las mantas más que la nariz—, por alguna palabra que
+llega a mis oídos de lo que hablan esos tres hombres que están a tus
+pies, entiendo que son de Rubielos. Acércate y pregúntales si conocen a
+Juan Luco, rico propietario en término de Mora, alcalde que era de esta
+villa hace dos años.
+
+Poco después se aproximó un hombre, de estatura más que alta,
+gigantesca, vestido a estilo aragonés neto, con su pañizuelo en la
+cabeza, faja morada y muy caída, mal envuelto en una manta, como herido
+o enfermo, un brazo en cabestrillo, la faz atezada, ruda, huraña. De
+su andar no debía decirse que era cojo, sino que cojeaba, y uno de
+sus pies, envuelto en un lío de trapos, abultaba como la pata de un
+elefante. Sus primeras palabras, al acercarse al grupo, fueron torpes,
+balbucientes:
+
+—El señor alférez me manda... que le diga... Gran señor, yo no veo
+dónde está Su Ilustrísima, ni sé quién dimonios es... ¡Otra!... Ya le
+veo como enterrao en el panizo...
+
+—Siéntate... tú eres de Teruel: no puedes negarlo —dijo don Beltrán sin
+moverse, no enseñando de su persona más que los ojos sin vista y la
+nariz sin olfato—. Descansa, que por las trazas, bien lo necesitas.
+
+Con lentitud y ayes de dolor fue doblando su corpachón el aragonés
+hasta hundir la paja con sus asentaderas, no lejos del puesto de Galán,
+y cuando halló postura cómoda, dijo que de Teruel mismamente no era,
+sino de Cuatro Dineros, barrio de Montalbán, y que conocía todo el país
+entre Ademuz y Puerto de Beceite como la palma de su mano.
+
+—¡Ah —exclamó Saloma prontamente—, si ya te conocemos! Yo bien decía:
+conozco a este bruto. Tú eres Joreas, el que hace dos años trajinaba
+con mulas desde Vinaroz a Tudela... Y después te fuiste a la facción, y
+de la facción vienes ahora, puerco.
+
+—Con perdón de la señá tinienta y de la compañía, digo que lo de puerco
+no es razón, y sí lo es que me llamo Tanasio Joreas. Como hombre
+honrado y cabal, no niego haber estuvido en la faición a las órdenes
+del _Serrador_ primero, del _Royo de Nogueruelas_ dispués, porque
+sentía de mi natural que debíamos ensalzar los divinos derechos del
+rey don Carlos... Pero aquí me tienen harto de desengaños, con más
+balazos en mi cuerpo que pelos en la cabeza, muerto de hambre, con
+mi casa y familia perdidas, porque una de mis masadas la arrasó el
+liberal, otra el legítimo... mis hijos muertos, todo hecho cenizas, y
+yo poco menos que cadavérico. Lo que no me ha quitado el neto, me lo ha
+quitado la usurpadora; y al fin, cansado de pelear, y de sufrir, y de
+ver espantos, y de pisar tripas de cristianos, dije: «No más derechos
+legítimos ni no legítimos, no más, no más», y me escapé, y huyendo de
+la tremolina vengo por trochas y atajos en busca de un terreno donde
+haiga paz, donde los hombres sean cristianos, no carniceros... Yo he
+sido malo; yo he sido, como tantos, lo que dice la señora, faicioso
+y peleador y verdugo de mi natural; pero ya le he tomado asco al
+matadero. Me llamo _Joreas el escarmentado_, y voy a Zaragoza en busca
+de un pedazo de pan que yo pueda meter en la boca sin que, al mascarlo,
+me parezca que lo han amasado con sangre.
+
+Callaban todos los oyentes, entristecidos por las lúgubres palabras del
+escarmentado, y al fin rompió el silencio don Beltrán, diciendo:
+
+—Pobre Joreas, tu arrepentimiento es de celebrar, y ojalá se
+convencieran todos como tú y siguieran tu camino... Pero vamos a lo que
+me importa. Conocerás a Juan Luco.
+
+—De los mejores hombres de Aragón..., sí, señor..., gran presona...
+Y con muchas talegas. Suyas eran las dos masadas de Rubielos, y en
+Mosqueruela y Forniche Bajo tenía más de mil cabezas..., hombre cabal,
+buen amigo y padre del pobre...
+
+—Hablas como si Luco no existiera. Explícate: ¿ha muerto?
+
+—Señor, no se enfade conmigo, que yo no he sido más que destrumento.
+A la vuelta de Manzanera nos salió con catorce hombres armados de
+escopetas... Le cogió la partida de Peinado, donde yo iba, y no tuvimos
+más remedio que afusilarle... Señor, puede creérmelo: como Dios es
+mi padre le digo que le digo la verdad... Fue que cuando me mandaron
+tirarle y le tiré, las lágrimas me corrían... Yo decía para mí:
+perdóneme, don Juan, que no soy más que destrumento...
+
+
+
+
+III
+
+
+—¡Qué horror! —exclamó don Beltrán, haciendo sonar la paja con el
+estremecimiento de todo su cuerpo—. Bandido, quítate de mi presencia...
+No, no te vayas: da más explicaciones...
+
+—Bandido no, señor... Yo lloraba... Es la guerra, señor, la guerra.
+Aluego que le enterramos fuimos a quemarle la masada de Cabra de Mora.
+
+—¿Y la incendiasteis?
+
+—No pudo ser, señor, porque... la habían quemado ya los cristinos el
+día antes, llevándose dos yeguas. Fue la columna del coronel Buil, uno
+muy perro, que fusiló en Concud a mi hijo Agustín.
+
+—Ojo por ojo y diente por diente. Los hijos de Luco vengarán a su padre.
+
+—No, señor. ¿Les conoce _vocencia_?
+
+—Sí, y sé que son valientes.
+
+—Eran.
+
+—¿También han muerto?
+
+—No me eche a mí la culpa, sino al Nogueras, el más bruto que hay en la
+Usurpación.
+
+—¿Luego eran carlistas?
+
+—Bruno sí, señor: desde el tiempo de Carnicer se alistó en las sacras
+banderas. Luego andaba con el _Fraile Esperanza_ y con el _Organista de
+Teruel_. No tenía trato con su padre ni con su hermano Cinto, el cual
+seguía la bandera puerca de Isabel... Por esto dicen que esta guerra se
+ha vuelto tan farisea o faricida.
+
+—Fratricida, que quiere decir guerra entre hermanos.
+
+—Y entre padres e hijos, y maridos y mujeres. Cinto Luco, casado en
+Aliaga con la hija mayor de Crescencio Marlofa, salió con los urbanos
+de la villa y un destacamento de tropa. Don Ramón, el propio don Ramón,
+les deshizo... Escapó Cinto con su mujer y el chico menor de Marlofa,
+y se escondieron los tres en una cueva de Peñarroya de los Pinares,
+donde, descubiertos por el cura Lorente...
+
+—¿También fusilados? ¡Qué villanía!
+
+—No, señor... les pusieron en cueros, sin distinguir... vamos, que a la
+chica le quitaron hasta la camisa, y luego les alancearon...
+
+—Cállate, por Dios... Vete, vete a expiar tus delitos.
+
+—Es la guerra, señor. Yo no tuve culpa, ni estuve en eso... Me lo
+contaron.
+
+Habíanse agregado otros dos al grupo, recostándose junto a Joreas. Por
+las trazas eran sus compañeros, como él, escarmentados o arrepentidos.
+
+—Yo lo vi —dijo uno de ellos, joven y de palabra fácil y correcta,
+revelando mejor educación y origen social que sus compañeros—, y desde
+aquel día me escapé con otros seis de la partida de Lorente, y nos
+agregamos a Forcadell. Nos teníamos por guerrilleros, no por bandidos.
+
+—No sigáis —dijo don Beltrán, que no sentía ya frío, sino un calor
+sofocante, y sacó los brazos fuera de las mantas—; no sigáis, por Dios,
+pues también vais a decirme que el hijo menor de mi queridísimo Juan
+Luco, el pequeño, mi ahijado, Francisquín, ha perecido también en esa
+guerra de cafres.
+
+—Francisquín fue pasado por las armas en la acción de Liria —afirmó
+Joreas.
+
+—Tú no sabes de eso —dijo prontamente el segundo escarmentado—. Yo
+estuve en Liria, y puedo contarlo.
+
+—Mi parecer —dijo _Mero_— es que todas esas historias fratricidas deben
+quedarse para mañana.
+
+—Lo mismo pienso —manifestó Saloma—. El señor necesita descanso, y no
+se le han de contar tragedias, sino chascarrillos y donaires.
+
+—Gracias, hijos míos; pero la ocasión es trágica: no podemos
+sustraernos a estos horrores... Que sigan: usted, joven, infórmeme de
+lo de Liria y de la suerte de mi ahijado Francisco Luco. ¿Es usted de
+este país?
+
+—Eustaquio de la Pertusa, natural de Binéfar, en tierra baja de Huesca,
+para servir a usted; estudiante de Teología y Cánones hasta febrero del
+35; después ayudante de Cabañero, alférez en la columna de Pertegaz,
+y, al fin, escarmentado y desengañado. Pues el 29 de marzo...,
+recuerdo bien la fecha porque eran mis días: San Eustaquio, obispo...,
+sorprendimos la plaza de Liria. Don Ramón recorría el llano de Valencia
+recogiendo mozos, dinero y caballos. Pertegaz fue el encargado de la
+sorpresa. Antes de romper el día nos llegamos callandito a las puertas
+de la ciudad, defendida por nacionales. Abrieron ellos confiados, sin
+tener noticia de que estábamos en acecho, y fácil nos fue entrar,
+despachando en la primera embestida siete, después nueve, y cogiendo
+veintisiete prisioneros, con algunos vecinos del pueblo. Saqueamos
+no más que dos horas; y al salir, don Ramón, que acampado estaba en
+Puebla de Balbona, nos mandó ir a Chiva con los prisioneros.
+
+—¿Y entre ellos estaba el pobre Francisquín?... ¡Ay!
+
+—Sí señor. Yo le conocía del Seminario de Huesca, donde juntos
+estudiábamos Teología, y por el camino de Chiva hablamos, y le dije que
+tuviera paciencia, que de fusilarles, lo haríamos previa confesión,
+según costumbre y ley de nuestro ejército, con lo que, si se perdía el
+cuerpo, se ganaba el alma, que es lo principal.
+
+—Grandísimo perro..., la hipocresía de tu ferocidad me causa horror
+—exclamó don Beltrán sin poder contenerse—. ¡Pobre Francisquín! Sigue,
+sigue.
+
+—Pues en Chiva se mandó confesar a los prisioneros, que para estos
+casos lleva cada partida, por pequeña que sea, su capellán..., y...
+
+—Basta. ¿Tendrás valor para referir que hiciste fuego sobre tu pobre
+amigo, tu compañero de estudios teológicos?... ¡Bonita Teología
+aprendiste, mal hombre, mal subdiácono, si lo eres, mal español!...
+Si vives tranquilo será porque no tienes conciencia, porque no sabes
+lo que es Dios, aunque mil veces le hayas nombrado estudiando cosas
+que no has entendido... No me levanto —agregó el señor, excitadísimo,
+retirando su abrigo y removiéndose sobre la paja—, no me levanto y
+te doy un par de pescozones, porque creería deshonradas mis manos de
+caballero poniéndolas en la cara de un bandido.
+
+—¡Eh! Sepa el vejete —dijo el otro levantándose de un brinco— que mi
+cara no han de tocarla manos nobles y plebeyas. Y si es usted una
+senectud y no puede hacer la prueba, destaque alguno de estos, y
+salgamos afuera.
+
+—El que sale afuera bailando, con una patada que voy yo a darte ahora
+mismo, eres tú, so deslenguado —dijo con fosca serenidad Baldomero,
+disponiéndose a ejecutar lo que decía, como la cosa más natural del
+mundo.
+
+Don Eustaquio se engalló también; pero Joreas y el otro le contuvieron
+diciéndole:
+
+—Guarda, hijo, que es tiniente.
+
+—Y sepan —añadió Galán— que si los señores escarmentados no guardan el
+respeto debido a las personas, aquí no faltará quien les dé la última
+mano del escarmiento.
+
+—También aquí fusilamos —dijo Saloma iracunda—. ¿Pues qué creen estos?
+¿Que somos de manteca?
+
+El tercero, que aún no había dicho nada, y era inclinado a la paz y
+enemigo de pendencias en tal sitio, tiró del brazo del teólogo don
+Eustaquio para apartarle, ayudándole también Joreas, que venía de la
+guerra con el cansancio y aborrecimiento de toda querella homicida.
+Terminó el lance de buena manera; alejáronse los dos más levantiscos;
+solo quedó en el corrillo de don Beltrán el tercero, que se declaró
+escarmentado incondicionalmente, con propósito firme de no volver a las
+andadas; y aproximándose, como deseoso de ganar confianza, hizo la
+siguiente manifestación:
+
+—Yo soy de Ablitas, señor don Beltrán de Urdaneta, y con nombrarle ya
+está dicho que le conocí desde que le vi meterse en la paja. Conozco
+también a Saloma Ulibarri y a Baldomero Galán, y a todos me recomiendo
+para que no me estimen en menos de lo que soy por esta locura de haber
+ido a la facción.
+
+Maravilláronse todos de aquel encuentro, y el primero que rompió a
+reconocerle fue Baldomero, que le dijo:
+
+—¡Ajo! ¿No eres tú Vicente Sancho, hijo de José Sancho? Desde que te vi
+me chocó el cariz tuyo, y dije: «Yo conozco a este pícaro».
+
+—El mismo soy. A todos les conocí; pero no quería dar la cara, por
+vergüenza.
+
+—¡Vaya con Sanchico! —dijo Urdaneta—. Hombre, me alegro de que seas
+tú de allá... Oye: ¿no era tu abuelo Bartolomé Sancho, albéitar en
+Monteagudo?
+
+—Sí, señor... Pues verán... Son estos dos amigos el uno muy bruto, y el
+otro, el _Epístola_, que así le llamamos aunque no tiene las órdenes,
+muy vivo de sangre... No quisieron ofender al señor don Beltrán; y como
+les pidió que refirieran, empezaron a contar, poniendo las cosas como
+fueron, que harto malas son ellas, sin que tenga la culpa el que cuenta
+con natural.
+
+—Cierto: yo me acaloré —dijo el prócer—. Si a ellos se les ha pasado el
+enfado, que vuelvan y acaben de contarme lo de Chiva.
+
+—Yo le enteraré mejor que ellos —dijo Sanchico—. Yo estuve también
+en Liria y Chiva; formé en el cuadro de los fusilamientos, y puedo
+asegurar que no matamos a Francisquín. En el camino de Chiva se nos
+perdió, bien porque lograra escapar, bien porque algún amigo le
+amparase. Matamos a los prisioneros en el patio de un convento, después
+de desnudarles. Luego, los que tenían gusto para estas cosas y mala
+entraña, se entretenían en quemarles los bigotes cadavéricos y en
+pegarles cuchilladas...
+
+—¡Qué espanto! ¡No puedo oír esto! —murmuró don Beltrán—... ¿De modo
+que el pobre Francisquín...?
+
+—Bien pudo ser que estuviera entre los que quedaron para otro día.
+Nosotros seguimos con don Ramón, que dio una batalla al general
+Palarea, en la cual no salimos bien. Nos retiramos ordenadamente hacia
+Liria. Sé que en Villar del Arzobispo fusilaron _el sobrante_ de Chiva,
+menos unos cuantos que fueron llevados prisioneros a Beceite y de allí
+a Cantavieja. Tengo por muy probable que entre esos esté Francisquín
+Luco.
+
+—Dime, Sanchico —preguntó Baldomero—. ¿Estuviste tú en lo de Alcotas?
+Porque allí pasaron por las armas a un primo mío, cabo primero en el
+regimiento de Ceuta.
+
+—Aquel día estaba yo en Torrijas, adonde se nos mandó para pegar fuego
+al pueblo, después de fusilar al alcalde porque no suministró las
+raciones que se le pidieron. Al volver al cuartel general supe lo de
+Alcotas. Fue que a don Ramón le llevaron el soplo de que estaban allí
+los de Ceuta... Corre allá: los de Ceuta habían salido del pueblo; les
+sigue, les alcanza, les envuelve.
+
+—Capitularon cuando se les concluyeron los cartuchos... Así lo oí... Y
+el tigre les dio palabra de respetar las vidas.
+
+—Pues el no cumplir fue porque el padre Escorihuela llevó el cuento
+de que los de Ceuta habían hecho el entierro de Cabrera, en chanza,
+cantándole responsos por las calles de Alcotas, y que en la iglesia
+hicieron burla de los santos. Como don Ramón tenía el alma requemada
+por lo de su madre, les mandó fusilar. Eran ciento cuarenta y cinco.
+
+—Les confesarían antes —dijo Urdaneta, que había recobrado su actitud
+de momia egipcia, y adormecía su pensamiento en una resignación
+filosófica no exenta de humorismo.
+
+—El mismo padre Escorihuela que le contó al general las picardías de
+los capitulados, se puso a confesarles de prisa y corriendo. Pero como
+don Ramón quería llegar de día a Manzanera y no sobraba el tiempo, no
+confesaron más que los oficiales... los soldados, no.
+
+—Dime tú, Sanchico —preguntó don Beltrán inmóvil—. Cuando pasaban esas
+cosas, ¿no caían del cielo rayos y centellas que hicieran polvo a ese
+padre Estercolera, o como quiera que se llame?
+
+—De eso de caer rayos nada sé: yo no estaba presente, señor. Mi partida
+se incorporó a Quílez, que nos llevó a tierra de Monreal, cerca de
+Daroca, donde derrotamos a los Voluntarios de Soria, mandados por
+Valdés.
+
+—¿Y a cuántos fusilasteis?
+
+—Cayeron treinta y tres oficiales y diez miñones.
+
+—Bien, hijo, bien. ¿Y hay todavía humanidad, género humano quiero
+decir, en esa condenada tierra?
+
+—Fuera de los que combaten, señor, por ver quién reina, hombres,
+ninguno hay; mujeres y caballerías, pocas.
+
+—Ahora que hablamos de mujeres: mi amigo y protegido Juan Luco, además
+de sus tres hijos varones, tenía una hija.
+
+—Que es monja penitente; no sé... De esto le noticiará Joreas, que,
+como de Rubielos, conoce a toda la familia...
+
+Diciendo esto, Sanchico miraba con recelo a un hombre que entró a
+dar pienso a dos caballerías. A la mortecina luz del candilejo que
+alumbraba la anchurosa cuadra de negro techo festoneado de telarañas,
+apenas se distinguía el rostro del tal sujeto; pero el chico debía
+de conocerle y temerle, porque al verle pasar cerca, en dirección de
+una de las puertas, se tiró boca abajo sobre la paja, haciéndose el
+dormido. Pasado el susto, el muchacho se incorporó diciendo:
+
+—Es mi padre, José Sancho, que anda al servicio de un señor italiano,
+muy rico y principal. Llegó esta mañana, y cuando le vi no supe
+dónde meterme, de la vergüenza que me daba... y del miedo, porque mi
+padre, al saber que yo me había ido a la facción, dijo que si no me
+mataban en la guerra, me mataría él cuando me encontrase, por haberle
+deshonrado... que a deshonra le sabe el ver a un hijo suyo debajo de la
+bandera de Carlos V.
+
+
+
+
+IV
+
+
+Ya tenía don Beltrán la palabra en la boca para pedir más referencias
+de aquel señor extranjero, cuyo nombre y diplomático carácter no le
+eran desconocidos, cuando se armó un gran tumulto al otro lado de la
+cuadra. Empezaron peleándose dos, se enredaron luego cuatro, dándose
+morradas y coces; la querella habría pasado quizás a mayores, si no
+intervinieran Baldomero Galán y dos sargentos que a la sazón entraron,
+los cuales, sacudiendo de plano, y deshaciendo a tirones el racimo
+que formaban los contendientes, restablecieron el orden. A unos les
+hicieron salir, a otros arrojáronles sobre la paja, y ya no se oyó más
+que el resoplido de las cóleras sojuzgadas.
+
+—Es la de todos los días —dijo Baldomero volviendo al lado de don
+Beltrán—, la cuestión entre _cabreristas_ y _nogueristas_. Unos dicen
+y sostienen que la madre de Cabrera estuvo bien fusilada, como castigo
+de ese tigre sanguinario, y otros que no, que el haberla matado sin
+culpa de ella ha traído esta situación tan _fratricida_. Ya les hemos
+aplacado los humos; y como repitan, se mandará dar un recorrido de
+palos, para que callen y nos dejen en paz.
+
+—Y ahora, señor, que tenemos algún sosiego —dijo Saloma—, haga por
+dormirse, que ya es tarde, y todos necesitamos cobrar fuerzas para el
+ajetreo de mañana.
+
+—Procuraré seguir tu sabio consejo —replicó el anciano, tomando postura
+cómoda y cubriéndose bien de nariz para abajo—. Pero dudo que pueda
+coger un buen sueño, pues ahora me doy a cavilar si ese señor italiano
+será o no será quien yo me figuro: uno que de Madrid y Nápoles fue
+comisionado al cuartel de don Carlos para tratar de un arreglo que
+pusiese fin a estos horrores. No me acuerdo del apellido de ese sujeto,
+pues ya no hay nombre que quiera guardarse en la jaula deshecha de mi
+memoria; pero me da el corazón que es el mismo de quien tuve noticia
+por cierto caballerito que conocí y traté caminando hacia Villarcayo.
+Lo primero que has de hacer mañana es llegarte a Sancho y sonsacarle
+todo lo que de su señor quiera decirte: te informas de si va para
+Zaragoza, o para Levante, pues en este caso me convendría su amistad,
+que de seguro irá el hombre bien pertrechado de pasaportes. Y no sería
+malo que tú, tan despabilada y francota, te fueras a él, metiéndote en
+su cuarto, si es que lo tiene, con el pretexto de saber cuándo se va
+para ocuparlo yo, y una vez metida le dijeses quién soy, y cómo me veo
+en estas estrechuras impropias de mi nobleza...
+
+Prometiole la hermosa navarra conquistarle al italiano, y a toda la
+Italia si fuese menester; y en aquel punto, Galán, que había salido a
+recorrer los alojamientos de los soldados, volvió diciendo que corría
+por el pueblo el notición de la muerte de Cabrera. Sobre esto hicieron
+los tres comentarios prolijos, conviniendo en que si resultaba cierto,
+sería gran merced de Dios, apiadado al fin de la pobre España. Y ya
+no pensaron más que en dormir lo que pudiesen, cosa no fácil, por los
+ruidos que a cada instante en el ancho local se levantaban, así de
+inquietudes de animales como de personas, y por los feroces ronquidos
+de algunos durmientes. Pudo vencer don Beltrán la molestia que estos le
+causaban; y cuando ya iba cogiendo el sueño, le despabilaron las voces
+de un condenado hombre que, sentado en el suelo, en postura turquesca,
+junto a la pared, solo, parecía rezar en alta voz con plañidera
+monotonía desesperante.
+
+—¿No podríamos conseguir —dijo don Beltrán entre suspiros—, que ese
+demonio de hombre se fuese a rezar a la calle? Si se va por una peseta,
+dásela, Saloma.
+
+—Es el pobre Muel —dijo condolido Galán—, que de ver morir a tres de
+sus hijos, fusilados en Alventosa, se ha vuelto loco, y se pasa la vida
+predicando por estos caminos en canto llano.
+
+—Alventosa..., ya sé..., es en tierra de Rubielos. Alguna de las
+propiedades que vendí a Luco allí están... Creo que fue un espanto la
+matanza que ordenó y ejecutó ese bribón del cura Lorente.
+
+—Fusiló setenta y siete hombres y un niño de diez años, hijo de un
+capitán. Eran del regimiento de Extremadura, donde yo he servido. Les
+cogieron el Royo y Peinado en Arcos; les llevaban prisioneros, y el
+capellán Lorente propuso fusilarlos. Los dos cabecillas no querían;
+el clérigo, a fuerza de ruegos y amenazas, consiguió que mataran
+veintidós. Al siguiente día, en ese pueblo de Alventosa, volvieron
+a cuestionar sobre si mataban o no a los demás: Lorente, que sí;
+Peinado y Royo, que no. En un descanso, el capellán mandó destapar un
+barrilito de aguardiente que llevaba. Bebieron, y con la borrachera,
+el Royo se puso de parte de Lorente. Salieron los vecinos del pueblo
+con su párroco a la cabeza, y de rodillas imploraron la vida de los
+desgraciados prisioneros. Lorente le dijo al párroco: «Confiéselos
+ahora mismo; y para acabar más pronto, yo empiezo a confesar por una
+punta y usted por otra». Negose el cura de Alventosa, y se echó a
+llorar... El capitán pidió entonces a los cabecillas que no matasen
+al niño; pero para más crueldad, fusilaron primero a la criatura, por
+que el padre lo viese, y luego a este y a todos los demás después
+de desnudarlos... Al ponerse en marcha, Lorente dijo al cura de
+Alventosa que, so pena de la vida, dejara los cuerpos insepultos para
+escarmiento de las tropas cristinas que pasasen...
+
+—¿Y no ha habido un hombre honrado, valiente y justiciero —dijo don
+Beltrán, dando un salto en su lecho—; no ha habido un hombre, un
+aragonés, que haya cogido a ese vil clérigo, a ese sacrílego, y le haya
+colgado vivo, por las patas, de la más alta rama de un alcornoque, o
+del campanario de una iglesia, para que se lo comieran los buitres?...
+Desconozco a mi raza... esto no es Aragón. Si yo fuera mozo, créanlo,
+iría a esa guerra, no para defender ambiciones y derechos de reyes
+más o menos legítimos, sino para perseguir y castigar tan salvajes
+crímenes, para vengar a Dios de los ultrajes que unos y otros le
+infieren; sería implacable con los cobardes asesinos de uno y otro
+bando, llamáranse Nogueras, llamáranse Cabrera, y vengaría a la
+madre de este, y a la esposa de Fontiveros, y a todos esos infelices
+sacrificados con barbarie tan horrenda y estúpida.
+
+—Está muy bien, señor —le dijo Saloma, cogiéndole de los brazos para
+hacerle acostar—; pero sosiéguese y no se desabrigue, que puede coger
+una pulmonía.
+
+No había medio de aplacarle; de rodillas sobre la paja, apoyaba con
+enérgico ademán su ardiente protesta:
+
+—No, no puedo sosegarme oyendo estas cosas. Esto no es Aragón, esto
+no es mi raza, la raza justiciera por excelencia, fuerte y benigna,
+guerrera y cristiana, iracunda y generosa... ¡Y ese pobre hombre es
+víctima de este furor de matanzas! ¡Y ha perdido la razón viendo cómo
+los hombres se vuelven maestros de las fieras en la crueldad!... Ven
+acá tú, buen amigo, y hallarás aquí un corazón aragonés compasivo, no
+más que compasivo, pues que la vejez no permite otra cosa... Ven acá,
+y nos consolaremos todos los buenos, abominando de los que pisotean la
+justicia humana y remitiéndolos a la divina.
+
+El otro infeliz, oyéndose llamado, acudió allá con paso lento. Era
+un hombre de aventajada estatura, flaco, de tez tan morena, que a la
+escasa luz de la cuadra parecía negra; el pañizuelo liado a la cabeza;
+el cuerpo cubierto de un luengo camisón, sin faja; los pies desnudos,
+negros también, como la cara, como las manos, semejantes a manojos de
+sarmientos; todo él perfecto plagio de un santón árabe. Al aproximarse,
+venía rezando en alta voz, y una vez junto al grupo soltó esta
+terrorífica declamación con duro y ronco acento:
+
+—No te salvas, no te escapas, malvado Lorente, aunque te escondas entre
+pajas, teniendo por guardianes, por los pies a tu rey y señor, y por la
+cabeza a la reina de tu iglesia maldita... No te escapas ya, clérigo de
+Satanás, serpiente, que mis ejércitos rodean ya toda esta fortaleza,
+y no hallarás puerta ni hendidura ni resquicio por donde puedas
+escabullirte... No morirás, no... Con el zumo de unas hierbas que hay
+en la torre de Pepo, nada más que allí, se te untará todo el cuerpo,
+y vivirás mil años, ¡mil años!, infame Lorente; y en todas las partes
+de tu persona, pecho, espalda, muslos, barriga y lo demás, te nacerán,
+por la virtud de aquella hierba, ojos, ¡ojos como los de la cara!, que
+vean, y delante de cada uno de estos ojos se te pondrá un fusilado para
+que lo estés viendo día y noche... Y horrorizado de lo que ves con
+tantos ojos, querrás descansar y dormir; pero no podrás, no podrás,
+porque esos ojos no duermen, ni pestañean, ni lloran, y los tendrás
+siempre bien abiertos y despabilados, mirando con cada uno de ellos a
+un fusilado por ti..., y así estarás mil años, trescientos sesenta y
+cinco mil noches y días... Luego se te dejará otros mil años ciego y
+sordo, para que veas dentro de tu conciencia, y se te quitará la razón
+para que no puedas arrepentirte ni confesarte..., y se te pondrá una
+lengua venenosa para que blasfemes a todas horas, y se te secará el
+agua de lágrimas para que no puedas llorar ni afligirte...
+
+—Basta, basta ya... —dijo don Beltrán horrorizado—. No tanto, pobre
+Muel... Es demasiado castigo, infinitamente mayor que la culpa...
+Perdóname ya.
+
+—Todavía no, todavía no... Otros mil años disparándote a cada minuto
+por el oído izquierdo un tiro de fusil con bala, la cual, después
+de retumbar dentro de tu calavera, saldrá por el oído derecho sin
+matarte...
+
+—No más, no más, Muel... Perdón, perdón.
+
+—Otros mil años...
+
+—No, no... Baldomero, quítame de aquí a ese hombre... Por Dios te lo
+pido.
+
+Suavemente le cogió de un brazo Galán y se lo llevó sin que hiciera
+resistencia, pues su locura era pacífica; inocente en las acciones,
+desbordada en las palabras. Día y noche se le oía la perorata
+cadenciosa y lúgubre: arengaba a sus imaginarias tropas, vencía y
+aprisionaba a Lorente; llevábale arrastrando por valles y montes hasta
+la torre de Pepo; encerrado allí el vencido monstruo, le imponía los
+sutiles castigos por series de mil años, hasta que, cansado de inventar
+horrores, volvía a los de la realidad y a la tragedia de Alventosa.
+Había sido maestro de escuela y diestro pendolista; no pedía limosna,
+comía lo que le daban; dormía en despoblado, o bajo techo si se lo
+permitían, y vagaba en un radio de cinco leguas alrededor de Quinto,
+su patria. Echado al corral por Galán, volvió este al lado del señor,
+a punto que Saloma, vencida del cansancio, cerraba los ojos y hacía
+reverencias. Durmiose al fin, apoyada la cabeza en la pared, y el
+prócer y Baldomero siguieron charlando en voz baja de cosas de guerra
+y política hasta que oyeron el diligente estridor de la diana, que
+avisando a todos el fin del sueño, fue principio del de don Beltrán, el
+cual, por añeja costumbre, dormía las mañanas.
+
+
+
+
+V
+
+
+Cuando el pobre anciano despertó, después de dar a sus huesos algunas
+horas de plácido reposo, contáronle sus amigos las novedades ocurridas
+en el parador durante su sueño. Había conseguido Galán reconciliar a
+Sanchico con su padre Sancho, no sin que este se mostrara largo rato
+rebelde a las paces, haciéndose el inflexible con desmedida afectación,
+hasta que, desahogando su severidad en una descarga de bofetadas, lloró
+el chico, se aplacó el padre, y todo quedó perdonado, a condición de
+que el joven partiese aquel mismo día para Ablitas y no volviese a
+separarse de sus tíos. En la ruidosa querella de hijo y padre, salió a
+relucir que Sanchico se había largado a la facción por contrariedades
+lastimosas de amor. Entre tirarse al Ebro y hacerse faccioso para que
+una bala le matase, prefirió esto último. El cuento fue que las balas
+no se metieron con él, y que el trajín de la guerra le curó de la
+morriña que le enfermaba el alma. Volvía, pues, mejor de lo que fue,
+saludable, fuerte, aleccionado del mundo, y habiendo visto sucesos
+mil, lisonjeros o desgraciados, que servían de grande enseñanza. Por
+lo demás, su afecto a la causa de don Carlos había sido puramente
+circunstancial, y lo mismo le importaban a él los derechos del rey
+legítimo que la carabina de Ambrosio. Cuando Urdaneta supo que Sancho
+iba para la Ribera, ordenó que se fuese con él uno de sus criados: se
+arreglaría solo con Tomé; que los tiempos eran apretados, y había que
+mirar por la economía.
+
+Pero la gran novedad de aquella mañana fue que la gentil y desenvuelta
+Saloma logró avistarse con el italiano, sorprendiéndole en su cuarto
+cuando daba la última mano en su retoque personal. Desempeñado había
+con extraordinaria agudeza el encargo que le confirió don Beltrán,
+ganando, si no la confianza, las atenciones de aquel señor. Por las
+referencias de Saloma y el nombre del criado, se afirmó Urdaneta en
+que el tal no era otro que el siciliano de que Fernando Calpena le
+habló, intermediario clandestino entre las dos ramas borbónicas que
+se disputaban el trono. Toda la madrugada, hasta que se durmió, había
+estado el prócer devanándose los sesos por recordar la gracia de aquel
+sujeto. Su memoria era ya para los nombres un verdadero caos. Mas
+cuando Saloma le contaba su entrevista, se le metió súbitamente en el
+cerebro a don Beltrán el perdido nombre, y gritó:
+
+—¡Rapella, Rapella! Ya me acuerdo. En la punta de la lengua lo tenía.
+
+Díjole por fin la navarra que el señor extranjero se alegró mucho al
+saber que en el propio parador se hallaba persona de tan alta alcurnia,
+a quien conocía de fama por sus amigos de Madrid, y que deseando el
+honor de tratarle, le invitaba a almorzar.
+
+—¿Ves? —dijo Urdaneta con alborozo, dando pataditas en el portal para
+entrar en calor—. Tú me has traído la suerte, pues yo venía con mala
+pata, y desde que te encontré, todas las cartas me salen buenas.
+
+Antes de la hora del almuerzo juntáronse el viejo aristócrata y el
+pintado diplomático en la calle, y cambiando mil finuras, hablaron
+después cuanto les dio la gana, sin parar hasta que terminó el
+comistraje. Hizo gala Rapella de su cortesanía, y derrochó sin tasa
+el énfasis de su especial oratoria familiar. Aseguró a don Beltrán
+que le conocía por lo que de él le habían hablado sus grandes amigos
+Bernardino Frías, Luis Córdova, Paco Malpica, Martínez de la Rosa,
+Quintana y otros. Hablaron luego de Fernando Calpena, mostrándose
+Rapella muy gozoso de saber que vivía, pues ya le consideraba muerto;
+y por fin se eternizaron en el comentario de las cosas políticas y
+militares, la revolución de la Granja, las nuevas Cortes, la situación
+política en Madrid y en la corte carlista, las intrigas de una y otra
+parte, Espartero, Cabrera, las expediciones de Gómez, don Basilio y
+Batanero... el buen giro de la guerra en el norte, el mal cariz de la
+misma en el Maestrazgo.
+
+Por más empeño que en ello puso, no pudo el viejo conseguir que Rapella
+se clareara en lo de las misiones y recados que traía y llevaba de
+corte en corte. Se escabullía gallardamente de todas las trampas que
+el otro le armaba con capciosas preguntas. A veces la agudeza de don
+Beltrán le cogía en contradicción. Dijo primero que iba hacia Vinaroz,
+donde le aguardaba un barco que debía llevarle a Nápoles; después
+indicó que el objeto de su viaje en tal dirección era solo avistarse
+con su íntimo amigo Borso di Carminati, para darle un abrazo y pasar
+unos días con él. Tenía en el ejército del Centro excelentes amigos,
+entre ellos su paisano Cialdini, muchacho de gran porvenir, ayudante de
+Borso. Inútil fue también el empeño que puso don Beltrán en sonsacarle
+noticias y cuentos de las interioridades del cuartel de don Carlos...
+Nada: el siciliano no daba lumbres. Y si no su locuacidad, perdía un
+poco de su finura cuando el otro quería llevarle a cierto terreno,
+apartándole de los temas que él elegía, siempre vagos, de generalidades
+y lugares comunes. Por fin llevó la conversación a la persona y
+hechos de Cabrera, de quien se mostró admirador, sosteniendo que era
+ya vulgaridad insigne tenerle por uno de tantos cabecillas, notable
+solo por su inquietud y ferocidad. Desde que apareció en la guerra,
+conmoviendo y abrasando el país como fuego del cielo, mostrose gran
+caudillo, tan buen conocedor del suelo como de los hombres, táctico y
+estratégico de primera, audaz, incansable, heroico; y por entre estas
+cualidades apuntaba ya un gran político.
+
+—¡Oh, no tanto! ¿Ya quiere usted hacer de él un Napoleón?
+
+—Un Napoleón de montaña, amigo mío.
+
+Respecto a las tan cacareadas crueldades del jefe carlista, dijo
+Rapella que habían sido estrictamente de carácter disciplinario militar
+hasta que los cristinos derramaron con bárbara torpeza la sangre de
+María Griñó. El asesinato de una mujer, sin más delito que ser madre
+de Cabrera, creó nueva ordenanza militar, dando una infernal lógica
+las horrendas carnicerías consumadas por uno y otro ejército. Fuera
+de esto, para abrirse camino el travieso bigardón de Tortosa, y pasar
+en breve tiempo de seminarista pendenciero a caudillo y gobernador
+de hombres en los campos de batalla, no podía menos de emplear, como
+resorte de dominio, el terror, la fiereza y la brutalidad. No se había
+formado dentro de un organismo, sino que tenía que sacar el organismo
+del caos social, y esto no se hace sino desplegando desde los primeros
+momentos un genio implacable, aterrador, extraordinaria viveza para
+aplicar justicias rápidas, de moral severa y primitiva, haciendo sentir
+el peso de su mano antes de que pudiera discutirse el derecho con que
+la levantaba. En las guerras civiles los hombres culminantes nacen así,
+o no nacen nunca.
+
+No le parecieron mal a Urdaneta estas razones, y como sacara a relucir
+la especie, muy corriente en aquellos días, de la muerte del famoso
+guerrero, negola el siciliano, sosteniendo que había, sí, corrido
+grandísimo peligro en los últimos días de diciembre; pero que estaba
+vivo, aunque al parecer no muy sano. En septiembre del año anterior
+habíase unido Cabrera en Utiel a la expedición de Gómez. Juntos
+recorrieron Cuenca, Albacete, la Mancha, Andalucía y Extremadura...
+Si las tropas cristinas que les perseguían no pudieron deshacerles,
+tampoco ellos lograron su intento de sublevar las comarcas que
+invadían. Un correr continuo; exacciones y rapiñas en ciudades y
+aldeas; aislados lances de guerra sin plan ni concierto, gloriosos unos
+para los liberales, como el de Villarrobredo, ventajosos otros para los
+carlistas, pero sin que de ninguno resultara el aniquilamiento de la
+expedición, ni tampoco su triunfo; tal fue la obra combinada de Cabrera
+y Gómez, caracteres antitéticos, de cuya unión no podía resultar nada
+eficaz. La falta de engranaje entre uno y otro temperamento militar fue
+marcándose en desavenencias, luego en discordias, y los dos cabecillas,
+que juntos no podían formar una cabeza, riñeron al fin, a la vuelta de
+Cáceres, campando cada uno por sus respetos. Cabrera se escabulló fugaz
+y resbaladizo por el caminito que creyó más seguro para volver a sus
+riscos y barranqueras del Maestrazgo, donde en su ausencia las cosas de
+la guerra no iban muy prósperas, y amenazaba desbaratarse lo que él con
+paciencia, rigor y firme mano organizado había.
+
+Lo primero que intentó al pisar su terreno fue pasar al cuartel
+general de don Carlos en el norte, para dar cuenta a este de la
+desavenencia con Gómez y proponerle un nuevo plan de campaña en el
+Centro. Llegose al Ebro, eligiendo el vado de Rincón de Soto como el
+único que en aquella estación cruda era practicable; pero le salió mal
+la cuenta, porque fue sorprendido por la columna de Iribarren, que le
+deshizo, matándole muchos hombres y dispersándole los que quedaron con
+vida. La suya estuvo en gran peligro. Acribillado de balazos, quedó
+al amparo de la oscuridad junto a una pared, donde le recogió uno de
+los suyos, el cabecilla que llamaban _La Diosa_, y le llevó atravesado
+en una caballería, como un saco, pues montar no podía. Perseguido por
+las tropas de Iribarren, debió su salvación a un cura que le escondió
+en el sótano de su casa; allí pasó largos días y noches entre la vida
+y la muerte, hasta que, mejorado de sus heridas, le trasladaron a un
+abrupto monte, espesura más propia de lobos que de seres humanos, donde
+permaneció en escondite, recobrando poco a poco la sangre perdida, y
+con ella el brío y a ferocidad. De este apartamiento provino la noticia
+de su muerte, que corrió por toda España descorazonando a los suyos
+y llenando de tristeza y confusión a todo el carlismo de aquende y
+allende el Ebro; pero ya en los últimos de enero (como unos quince
+antes de la fecha en que esto se relata) se supo a ciencia cierta que
+vivía, y que, sin reponerse de sus heridas y enfermedades, preparaba
+nuevas correrías por la Plana de Castellón y riberas del Turia: que en
+tal hombre la ociosidad era imposible, mientras alguna vida le quedase.
+Cuando esto narraba el señor Rapella, no podía decir fijamente dónde se
+hallaba el famoso caudillo; presumía que, medio muerto o medio vivo,
+recogía sus fuerzas, las reorganizaba, lanzándose al terreno que la
+naturaleza parecía haber amoldado a la hechura intelectual y física del
+que bien podía llamarse, si no el león, el gato montés de la guerra.
+
+—A fe mía —dijo don Beltrán—, que está usted bien informado. Ya cuidará
+de decir a su amigo Borso que se ande con tiento, pues este mozo no es
+de los que fácilmente se dejan destruir y aniquilar.
+
+Por lo que a renglón seguido hablaron, comprendió el buen Urdaneta
+que en los cálculos de su flamante amigo no entraba el llevarle en su
+compañía, aunque en ello tuviera gusto, como se dejaba traslucir de lo
+que manifestó con exquisita urbanidad y palabras equívocas. Delicado en
+extremo, y muy ducho en artes mundanas, dio a entender don Beltrán que
+los fines de su viaje exigíanle también ir solo, sin más acompañamiento
+que el de sus criados; manifestación que puso en gran cuidado al otro,
+recelando que llevase también misión diplomática, quizás como apoderado
+o mensajero del patriciado aragonés. Pero no atreviéndose a entrar
+en explicaciones, cada cual, como de zorro a zorro, se encerró en su
+discreción, preparándose para continuar su caminata. Don Beltrán
+partiría con la columna que a la sazón estaba en Fuentes, y a que
+pertenecía Baldomero; don Aníbal aguardaba otra fuerza que llegaría por
+la tarde, mandada por un coronel, íntimo amigo suyo. Apercibiéndose
+para la partida, preguntó Galán a su antiguo señor que de dónde había
+sacado el hermoso caballo que traía, el cual, mientras Tomé lo limpiaba
+en el corral, era objeto de la admiración y curiosidad de todos los
+allí presentes. Replicó don Beltrán que había ganado aquella joya en
+una donosa y feliz apuesta; sin dar pormenores del caso, mandó venir
+a su presencia a los dos escarmentados Joreas y el _Epístola_ y en un
+poyo del portalón les interrogó acerca de los hijos supervivientes del
+desgraciado Juan Luco. De Francisquín nada sabían a ciencia cierta; de
+su hermana, monja profesa en el Monasterio de Sijena, a cuatro leguas
+de Sariñena, dio el _Epístola_ informes más concretos. Había despuntado
+Marcela, desde su entrada en religión, por su ciencia grave y su lucido
+ingenio; sabía latín, y dándose a la lectura, lo mismo platicaba
+de teología que enjaretaba versos y prosas en loor de los sagrados
+misterios.
+
+—Hace tiempo —dijo don Beltrán— que a mí llegó la fama, no solo de su
+santidad, sino de su vivo entendimiento.
+
+
+
+
+VI
+
+
+—Me contaron —añadió Joreas— que otra más leída y escrebida no la
+hubo nunca en aquel sacro monasterio, más antiguo que las Tablas de
+la Ley, pues lo hicieron en cuantico que empezó la cristiandad, hace
+unas docenas de miles de años. Oí que sor Marcela pasmaba a todos con
+su latines hablados por gramática, y que a verla iban el arcipreste de
+Mequinenza, el abad de Veruela y muchos calonges y prestes de Huesca,
+Tarragona y hasta de Aviñón, que es la Roma de esta parte de Francia.
+
+—Me consta —dijo el _Epístola_—, porque lo he visto y leído en parte,
+que escribió un lindo poema sobre el milagro de los Corporales de
+Daroca, y también conozco unas quintillas a la Transfiguración del
+Señor. Sé que de diversas partes iban personas eruditas a consultar
+con ella puntos graves de moral, de filosofía o de religión, y que
+el meollo de sus sentencias era el asombro de cuantos la oían. En el
+monasterio, con ser ella de las monjas más jóvenes, considerábanla
+como autoridad, y como a vieja la respetaban. En los principios de
+la guerra, dicen que llamó a don Ramón para incitarle a no emplear
+medios de crueldad, y lo mismo hizo con Nogueras. El general Mina la
+visitó, y también fueron a platicar con ella en el locutorio Masgoret
+y Tristany. Pero el año que acaba de pasar, allá por septiembre, si no
+recuerdo mal, cuando Maroto vino a mandar en Cataluña, que más valía
+que no viniera, la partida de Llarch de Copons y la de otro cabecilla
+que llaman _Camas-Crúas_ bajaron huidas de la parte de Lérida, donde
+Gurrea les pegó de firme; tomaron la vuelta de Benabarre y Albalate
+para pasar el Cinca, y con el furor que traían cometieron mil desmanes,
+saqueando las aldeas y arrasando cuanto encontraban. Incendiados por
+estos bárbaros el claustro alto y aposentos capitulares de Sijena,
+salieron dispersas las señoras monjas, como las abejas cuando les
+ahúman la colmena. Cada religiosa tiró por su lado, buscando el amparo
+de otros conventos o de casas honestas; y sor Marcela, a quien se
+creyó muerta o extraviada, apareció en una ermita solitaria de la
+sierra de los Monegros, vestida con un saco al modo de penitente, el
+cabello suelto, como pintan a la Magdalena, solo que más corto, los
+pies descalzos, una cuerda a la cintura; y diz que iba predicando a los
+pastores y gente rústica para que se apercibiesen a la guerra en nombre
+de Cristo, peleando contra los dos ejércitos, cristino y carlino, según
+ella legiones de Satanás, que quieren dominar la tierra y establecer el
+imperio de la injusticia.
+
+—¡Vaya con la sabia!... —dijo don Beltrán—. Pues no me parece
+descaminada su locura, o más bien, creo que debajo de ese desvarío se
+esconde la misma discreción... Y díganme ahora, señores escarmentados:
+¿qué tal cariz tiene la monjita? ¿Es su rostro de buen ver? ¿Su facha y
+apostura responden a la hermosa raza de los Lucos?
+
+—Señor —dijo el _Epístola_ con extremos de admiración—, es mujer de
+tanta gallardía y belleza, que aun con aquel desavío de penitente,
+da quince y raya a las señoras más bien aderezadas. Y no diré yo que
+el empaque de santidad a lo anacoreta, como figura de retablo, la
+desfavorezca, que más bien me inclino a creer que su traje, al modo
+de mujer de la Biblia, hace lucir más todo aquel contorno de cuerpo
+que no tiene semejante, pues no ha visto usted escultura que pueda
+comparársele.
+
+En esto se alejó el _Epístola_, llamado por sus amigos, y Joreas hubo
+de completar las informaciones con un dato, que apuntó en la forma más
+descarnada y picante:
+
+—Este bribón de _Epístola_ se calla lo mejor del cuento, señor, y es
+que habiendo encontrado sola a la Marcela en un camino junto al Pueyo,
+la requebró de amores, uniendo a las palabras de solicitación las
+acciones atrevidas. Pero no contaba con el geniecico de la que él llama
+estatua de bulto. Arreole doña Marcela tan fuerte bofetada que le tiró
+al suelo, y cuando pataleaba para levantarse, con un madero, que unos
+dicen era cruz y otros una tranca, le dio tales golpes en la cabeza
+que, si no acuden a la defensa del chico los compañeros que por allí
+cerca andaban, la santa habría dado cuenta del _Epístola_ y del mismo
+_Evangelio_, si así se llamara este pillo.
+
+—¿Qué me cuentas? ¡Sobre la sabiduría, ese tesón, ese poder!... Vamos,
+que ya rabio por conocer a ese prodigio; y si no tuviera precisión
+de verla para que me informe de ciertos asuntos de su padre que me
+interesan como los míos, solo por apreciar sus méritos, y admirarlos en
+lo que mi corta vista me lo permita, iría en su busca.
+
+Lo último que dijeron Joreas y el _Epístola_, al despedirse para
+continuar hacia Zaragoza, fue que la Marcela penitente andaba por
+aquellos meses en el desierto de Calanda o en tierra de Alcañiz.
+Observó don Beltrán, al quedarse solo reflexionando en lo que veía y
+oía, que desde que llegó a Fuentes de Ebro todo le anunciaba la entrada
+en el reino de lo excepcional y maravilloso. Nada era ya común ni
+vulgar. Personas y cosas traían la impresión de un mundo trágico, el
+cuño de una poesía ruda y libre, emancipada de toda regla. No sentía
+más el buen señor que ser tan viejo y andar tan mal de la vista: que si
+él tuviera treinta años menos y sus ojos bien listos, había de serle
+muy grato el ver y tocar de cerca un mundo que de modo tan peregrino
+quebrantaba las rutinas sociales. También le contrariaba mucho su
+escasez de dineros; mas como los fines de su viaje no eran otros que
+proveerse del precioso metal, a quien amaba más que a las niñas de sus
+perdidos ojos, la esperanza de alcanzarlo y poseerlo le alentaba.
+
+Salió en su hermoso caballo, marchando a retaguardia de la columna, y
+gran parte del camino fue al estribo, si así puede decirse, del carro
+en que con una señora capitana y otras dos mujeres iba Salomé Ulibarri;
+y por no desmentir su índole caballeresca y hábitos de sociedad,
+no cesó de entretener a las cuatro hembras con frases galantes, de
+refinada gracia sin faltar a la decencia, y a todas festejaba por igual
+llamándolas hermosas, sin distinguir entre la belleza de la mujer
+de _Mero_ y la fealdad repulsiva de la capitana, entre la desabrida
+juventud de la tercera y la vejez de la cuarta. Pero como él no veía
+bien, todas le parecían iguales, y por no haber allí género más noble
+y elegante, tratábalas como a damas de alta educación. Por dicha, la
+columna no encontró facciosos en el camino, y el viaje fue de los más
+felices, fuera de las molestias, del hambre, polvo y frío, que alguna
+tarde y mañana se dejó sentir, llegando el buen señor bastante molido a
+la ciudad del _Compromiso_, la noble Caspe.
+
+Constante la fortuna en favorecer al caballero, encontró este en la
+histórica ciudad a su antiguo amigo don Blas de La Codoñera, que allí
+era de los más pudientes, propietario de tierras y montes, padre de
+numerosa familia. Llevole a su casa, y le aposentó como a tan insigne
+caballero correspondía, tratándole a cuerpo de rey. Mucho agradecieron
+los asendereados huesos del buen Urdaneta la blandura de aquella
+cama, tan grande como la Colegiata, y las suculentas comidas y cenas
+con que le regalaron. Aún estaba la familia de luto por la muerte
+del hijo mayor, uno de los urbanos que fusiló Cabrera cuando entró a
+saco la ciudad en mayo del 35. La señora y señoritas de Codoñera no
+se hallaban exentas de la rudeza baturra: su habla carecía de finura;
+su educación, perfecta en lo moral y religioso, era muy rudimentaria
+en lo social. Con todo, don Beltrán se hallaba en tal compañía muy a
+gusto, y se desvivía por corresponder con su exquisita urbanidad a los
+obsequios de la hidalga familia. Había sido el don Blas constitucional
+templado hasta el día funesto de la entrada de Cabrera; pero desde
+tal fecha se trocó en furibundo _patriota_, enemigo acérrimo del
+oscurantismo y de las antiguallas que quería traernos don Carlos. En
+la exacerbación de su sentimiento liberal, que ya era insano, llegaba
+hasta la impiedad y el volterianismo, abominando de la hipocresía, de
+la piedad extremada y hasta de las prácticas religiosas, con excepción
+del culto de la Virgen del Pilar. No pensaba abandonar a Caspe, pues ni
+él ni su familia tenían miedo; y como volviera Cabrera con su patulea
+de ladrones y asesinos, don Blas se batiría en la muralla rodeado de
+sus hijos de ambos sexos, los chicos bien armados de fusiles, las niñas
+y la señora bien preparadas con piedras y ollas de agua hirviendo. Eran
+los hijos guapos, aunque abrutados, y tan _liberalicos_ como su padre.
+A todos ellos pidió don Beltrán noticias de la monja de Sijena, y los
+muchachos, que la habían visto y oído, se dividían en sus opiniones,
+pues mientras Rafael sostenía que era una mujer estrafalaria y medio
+loca, que ocultaba con las formas de penitencia sus ganas de corretear
+por el mundo, Pepe la tenía por hembra superior y de pasmosa virtud,
+que la distinguía de todas las gentes de nuestra edad, y a los mismos
+santos la equiparaba. Como expresara Urdaneta el firme propósito de ir
+en su busca, hízole presente don Blas el gran peligro a que se exponía
+viajando por aquellas tierras; expuso el otro lo inexcusable de su
+determinación, y hallándose en estas conferencias, trajo uno de los
+chicos la noticia de que la monja Marcela se hallaba cerca de Alcañiz
+asistiendo a su hermano Francisco en una grave enfermedad, con lo
+cual se le avivaron al anciano las ganas de ir a donde su interés le
+llamaba. De nuevo le pintó el señor de La Codoñera lo arriesgado de tal
+expedición, maravillándose de que don Beltrán hallase gusto en el trato
+de una monja _retrógrada_ y oscurantista.
+
+—A mí no me hable usted de gente _levítica_ —dijo, recalcando esta
+palabra, que recientemente había adquirido en la tertulia de la botica
+de Cornejo—. Tengo declarada la guerra a esas ideas rancias, tan
+contrarias al _espíritu del siglo_.
+
+Tampoco le gustaba a don Beltrán la gente levítica; pero sus
+necesidades le obligaban a emprender aquel viaje, que felizmente no
+se alargaría más allá de Alcañiz. Todo se presentaba favorable al
+ilustre aristócrata, pues Borso de Carminati, desde Maella, ordenó que
+la columna recién venida se incorporase a las fuerzas acantonadas en
+Alcañiz. Disponiéndose Saloma para seguir a su esposo, se lamentaba de
+no poder acompañarle en las operaciones, pues había orden de que la
+impedimenta _faldamentaria_ no saliese de los puntos de guarnición.
+Despidiose a la mañana siguiente don Beltrán de su generoso amigo.
+Tanto este como su esposa e hijos de ambos sexos vieron salir con
+pena y lástima al noble anciano; y sospechando que tales calaveradas
+revelaban falta de seso y desvaríos de la senectud, presagiaban una
+desgracia. Las señoras le encomendaron a Dios, y lo mismo hizo don
+Blas, pues su aborrecimiento de lo levítico no le quitaba el ser buen
+cristiano.
+
+Muertas de miedo iban Saloma y las otras militaras, y a cada rato
+creían oír tiros y ver un nublado de boinas aparecer por los cerros
+lejanos, lo que no era absurdo, pues días antes había pasado por
+allí el Royo de Nogueruela en dirección a Graus y Benabarre; tampoco
+andaban lejos Cabañero, Tena y Maestre. Contrastando con las señoras,
+don Beltrán era todo intrepidez y desprecio del peligro; y en su
+imaginación de viejo, reverdecida en la puerilidad, no veía más que
+bienandanzas. Habiéndole manifestado Saloma la inquietud con que le
+veía entrar en el teatro de tan bárbara guerra, le dijo:
+
+—Cuando lleguemos a la gran Alcañiz que, entre paréntesis, es patria de
+mi abuelo materno, don Diego de Paternoy, almirante de Aragón, señor
+de las casas y encomiendas de Isún de Basa y Usé, _etcétera_..., te
+contaré por qué voy a donde voy, y por qué busco a quien busco. Y si
+ahora supones en mi conducta un desarreglo del sentido, verás luego
+en ella la misma cordura... Es para mí cuestión de vida o muerte, de
+dignidad o vilipendio... No creo que nos salgan partidas; y si salen,
+ya les sacudiremos. También te digo que si es Cabañero el que nos
+acomete, no temo nada. Le cuento entre mis mejores amigos, y no había
+de consentir que me tocaran al pelo de la ropa.
+
+A la caída de la tarde entraron en la noble Alcañiz, que desde
+Roma viene fatigando a la historia, ciudad vieja, como un libro de
+antigüedades de Aragón y un muestrario de piedras elocuentes. A la luz
+crepuscular, los esquinazos góticos y mudéjares parecían bastidores de
+teatro, dispuestos ya, con las candilejas a media luz, para empezar el
+drama. Resonaban las herraduras de los caballos en el pedernal de las
+calles levantando chispas, y el ruido de tambores jugaba al escondite,
+sonando aquí, apagándose allá, en los dobleces de la edificación, y
+volviendo a retumbar a retaguardia de la tropa. Las plazuelas se unían
+por pasadizos, y las calles se retorcían unas sobre otras, oscuras,
+ondulantes. Soldados y algunos viejos se veían discurriendo por las
+calles; mujeres en algunas puertas... Triste y belicosa parecía la
+ciudad, como un guerrero herido que se ve forzado a combatir con la
+mano que le queda.
+
+
+
+
+VII
+
+
+Metieron a don Beltrán en una casona llamada _Corte_ que hace esquina
+con el Ayuntamiento, gótica, de ojivales porches al exterior,
+interiormente muy capaz, con ventanas pequeñas, las puertas no muy
+holgadas. Allí se alojaban oficiales de distintas graduaciones. Al
+pasar por un gran aposento abovedado, donde había gran chimenea
+encendida con troncos de encina, a cuyo calorcillo se arrimaban
+ateridos todos los que entraban de la calle, vio don Beltrán, agrupados
+en torno a una mesa, a varios oficiales y urbanos de tropa que se
+engolfaban en el juego, atentos con alma y vida a las manos del
+banquero y a las cartas que lentamente pasaba. Fuéronsele a Urdaneta
+los ojos hacia la timba, y subió con ánimo de volver luego, pues vio
+también que cubrían de manteles las mesas, como si aquella pieza fuese
+comedor. El cuarto en que le pusieron, juntamente con las militaras, no
+tenía camas; cada cual se arreglaría con las mantas, alforjas o sacos
+que llevase. Seis personas debían repartirse el suelo, que venía como
+a la medida, sin que sobrase ni una cuarta.
+
+El cenar fue más difícil operación; y si no se plantan Saloma y la
+capitana en la cocina, no les tocara nada de las judías y gachas, que
+era lo único que había, con pan moreno y algunas raciones de cecina.
+Pero al fin aplacaron su hambre las afligidas damas; don Beltrán,
+gozoso y dicharachero, tratando de alegrarlas con sus galanterías y
+con enfáticos elogios de las miserables viandas que comieron. Observó
+Saloma que al viejo aristócrata se le iban los ojos a la mesa de los
+jugadores, y como ya tomaba confianza con él, se permitió decirle:
+
+—Señor don Beltrán, noto que mira vuecencia para el vicio, como si más
+en él que en nosotros y nuestra conversación tuviera toda el alma. Pues
+yo le digo que sería muy feo que con sus años y su respetabilidad diera
+el mal ejemplo de ponerse a tallar o apuntar entre aquellos perdidos.
+Si así lo hiciera y se dejara vencer de la tentación del juego, que ha
+sido la causa de su ruina, sepa que me enfado, y no le quiero, ni le
+cuido, ni le mimo, ni nada.
+
+Dicho esto a hurtadillas, sin que los demás se enterasen, contestó
+Urdaneta en la misma forma, reconociendo el buen juicio que tal
+advertencia revelaba, y ofreció no discrepar ni un punto de lo que
+su decoro y años le imponían. Si miraba era por observar las caras y
+ver quién perdía y ganaba. Antes de levantarse de las flacas mesas
+hizo conocimiento, por mediación de Galán, con dos oficiales muy
+simpáticos, uno de los cuales se había separado poco antes de la
+mesa de juego con los bolsillos totalmente vacíos. Informados de
+que el señor deseaba ver y tratar a la monja Marcela, brindáronse a
+llevarle hasta su presencia, en el cerro de Santa Lucía, donde a la
+sazón moraba; ambos la conocían y habían tenido más de una entrevista
+con tan extraña mujer, platicando de cosas de guerra, filosofía y
+religión, permitiéndose bromear con ella y echarle requiebros; que
+Marcela, en la multiplicidad pasmosa de su disposición y en la riqueza
+de su entendimiento, para todo tenía una palabra feliz y oportuna.
+No se le cocía el pan a Urdaneta hasta que no llegase la hora de la
+mañana que los oficiales fijaron para la visita, y pensando en ella se
+pasó la noche de claro en claro. Un poquito durmió el viejo después
+de amanecer, levantándose con los huesos doloridos de la dureza de
+aquellas mal cubiertas tablas. Saloma le preparó un aceptable desayuno,
+con huevos y chorizo que afanó como pudo en la cocina, y a las nueve ya
+estaba mi hombre junto a la chimenea esperando a sus flamantes amigos.
+Solo uno se presentó, por tener el otro servicio extraordinario en el
+castillo, y sin más espera condujo al anciano hacia la puerta de la
+ciudad que da al río Guadalope y al grandioso puente. Fría estaba la
+mañana, los campos escarchados, el aire empañado por una niebla que
+borraba toda visión a regular distancia. Iba don Beltrán asido al
+brazo de su criado, necesaria precaución por la cortedad de su vista,
+que con la niebla era casi ceguera total. Pasado el puente, avanzaron
+buen trecho por una alameda interminable; y como levantara la bruma,
+el teniente hizo notar la gallardía de los desnudos álamos del paseo,
+y mirando hacia atrás, la hermosa vista de la ciudad, coronada por el
+castillo y ceñida por el Guadalope. Sin enterarse bien, manifestó don
+Beltrán su admiración, pues no gustaba de dar a entender que veía poco.
+
+—¿Conque es usted aragonés?... Repítame su apellido, pues ya no me
+acuerdo.
+
+—Estercuel.
+
+—¡Hombre, Estercuel!... ¿Es usted de Ayerbe?
+
+—Sí, señor. Mi padre, don Celestino Estercuel, administraba los estados
+de Ayerbe y de Boltaña; mi tío, don Bernardino Estercuel, canónigo de
+Jaca...
+
+—Ya, ya... ¿Y usted por dónde me conoce a mí?
+
+—No hay en todo Aragón persona más nombrada y famosa que don Beltrán de
+Urdaneta, a quien pobres y ricos señalan como el tipo de la grandeza,
+de la caballerosidad... Era yo muy niño y oía contar casos muy
+singulares de esplendidez...
+
+—A ver, a ver..., ¿qué casos? —dijo don Beltrán risueño y malicioso,
+deteniéndose.
+
+—Pues que usted, poseedor de una riqueza incalculable, había mandado
+traer de París seis perros de caza, los cuales vinieron cuidados y
+asistidos por cuatro monteros y un mayordomo... Y un día, siendo yo
+muchacho, vi pasar unos trenes magníficos que iban para Canfranc. ¡Qué
+sillas de postas, qué caballos, qué galera con provisiones de cama y
+boca!... Pues mi tío, que entonces era capellán en la casa de Ayerbe,
+dijo: «Ahí va don Beltrán el Grande con los duques de tal y de cuál...».
+
+—¡Ay, hijo mío! —exclamó Urdaneta melancólico, acelerando el paso—.
+Aquellos eran otros tiempos. ¡Lo que va de ayer a hoy!...
+
+—Y decía mi padre que solo en Mora de Rubielos y en la sierra de
+Mosqueruela poseía usted más de diez mil cabezas.
+
+—Sí, sí: muchas cabezas tenía entonces, y ahora creo que ninguna,
+ni aun la mía propia. Pues en Mora de Rubielos me resta algo, y aun
+algos, que intento recobrar... Pero hablar de mí es mirar a lo pasado,
+visión triste: alegremos nuestro espíritu hablando de lo presente, de
+la juventud, de usted... ¿Qué tal, vamos adelantando en la carrera
+militar? ¿Siente usted ambición de gloria?...
+
+—No mucha, señor... Un año llevo en esta vida, y le aseguro a usted que
+deseo la paz, aunque me quede en el grado que tengo. Y esta campaña del
+Centro no es para despertar verdaderas aficiones a la milicia regular.
+Aquí todo es cuestión de picardía, astucia y agilidad; todo cuestión
+de geografía... andada, ciencia de los pies. Además, el carácter de
+cacería feroz que va tomando esta guerra no es para mi genio. He sido
+poco afortunado, pues desde que salí a campaña no he visto más que
+horrores, y desgracias de nuestras armas. Para tener mala pata en todo,
+me estrené con un acto militar que ha dejado en mi espíritu una sombra
+lúgubre, algo como una mancha que no puedo borrar: el fusilamiento de
+la madre de Cabrera.
+
+—¡Qué dolor!... ¡Barbarie inútil, impolítica!
+
+—Empecé mi carrera destinado al regimiento de Bailén, 5.º de Ligeros,
+que daba guarnición en Tortosa, y mandé el piquete que dio muerte a la
+infeliz mujer. Cuando al amanecer del 16 de febrero del año pasado se
+nos dijo que a las diez íbamos a fusilar a María Griñó, no lo creíamos.
+Los nacionales negábanse a cumplir la sentencia. Nosotros no podíamos
+menos de obedecer; pero aún esperábamos que tal atrocidad se aplazara
+indefinidamente, y aplazarla era como un indulto disimulado. Entre
+nosotros se decía que el alcalde de Tortosa, don Miguel de Córdova,
+protestaba de tal iniquidad, y que quiso inducir al gobernador, general
+don Gaspar Blanco, a no dar cumplimiento a la bárbara orden. Ello era
+cosa de Nogueras, que ofició al general Mina, y de los allegados de
+este... Reconocía el gobernador que disponer tal muerte no era propio
+de caballeros, y que si en algún caso procedía la desobediencia, había
+llegado la hora de poner en el oficio la fórmula: _se acata, pero no
+se cumple_. Mas el hombre no se atrevió, y su desmayada voluntad y su
+corazón vacilante nos dieron aquel terrible ultraje de la justicia.
+Dicen que al resistirse a los ruegos del alcalde y de otras personas
+calificadas de la población, se echó a llorar... Sus lágrimas fueron
+de esas que no producen ningún bien ni evitan los males... Ello es que
+metimos a doña María en el calabozo, y la cargamos de grillos, y le
+llevamos al cura don José María Trench, hombre bueno y compasivo, que
+también, llorando a moco y baba, fue a interceder con el gobernador,
+sin conseguir ablandarle. Confesada, mas no comulgada, pues para esto
+no le dimos tiempo, la llevamos a la barbacana. Por el camino, al
+paso de la pobre víctima, se agolpaba poca gente, pues la mayoría de
+los vecinos no se había enterado todavía; de los que vio, se despedía
+con palabras sencillas y cariñosas, como si para un viaje saliera. No
+puedo olvidar su figura modesta ni su traje, el mismo que tenía en la
+prisión: saya de cotolina azul, ya muy usada, jubón de pana verde.
+Llevaba al cuello un pañuelo oscuro con fleco, y a la cabeza otro,
+blanco, sin atar las puntas. Era delgada, de mediana estatura, rostro
+moreno y curtido con arrugas en la frente, el mirar dulce, expresión
+candorosa. En sus manos atadas llevaba una cruz. Su resignación, la
+paz de su alma, su tranquilidad sin artificio, nos maravillaban; el
+no pronunciar palabra ofensiva para nadie, nos colmaba de pena,
+oprimiéndonos el corazón. La fortaleza con que afrontaba el suplicio
+hacía más vergonzosa la innoble cobardía con que nosotros, con tanto
+aparato de fuerza, destruíamos aquella vida que no había hecho daño a
+nadie. «¿Qué resulta contra ella?», nos preguntábamos, o lo pensábamos,
+por no atrevernos a decirlo. No resultaba más sino que había dado el
+ser a Cabrera... Llegados a la barbacana, la hicimos avanzar como
+a veinte pasos del baluarte... El cura que la asistía, don Joaquín
+Curto, no se separaba de su lado tan pronto como convenía. La mirada
+que nos echó María Griñó al entrar en el cuadro no se me olvidará si
+mil años vivo. ¿Fue de menosprecio, de compasión? De cólera no era, ni
+tampoco suplicante..., no nos pedía que la perdonásemos. Tal vez quiso
+decirnos que ansiaba terminar pronto, concordando en esto fatalmente
+con las órdenes que habíamos recibido. Se le vendaron los ojos. Fue
+preciso, para abreviar, tirarle suavemente del manteo al cura para que
+se retirara. El pobre señor estaba turbadísimo: le dijo de cerca que
+rezara el Credo, y luego en voz más alta, alejándose, le anunció que
+iba a gozar de Dios... Yo tenía que dar la orden de fuego agitando un
+pañuelo. Me pasó por la mente la idea de no darla, sublevándome en
+nombre de Cristo. Pero la fuerza de la disciplina, de que no nos damos
+cuenta, se impuso. Ello es que sonaron los tiros, y cayó la mujer al
+suelo, de golpe, sin ruido ni contorsiones, como un vestido, como un
+colgajo de trapos que cae de una percha...
+
+—¡Horrible... y estúpido! —exclamó don Beltrán—. Si tiene usted más
+hazañas de estas en su hoja de servicios, no me las cuente. Mi pobre
+corazón viejo no resiste esas emociones ni aun contadas.
+
+—Tres días estuve enfermo, sin poder apartar de mí la mirada de
+María Griñó, ni aquel modo de caer al suelo, como un vestido que se
+desprende de un clavo... El vecindario de Tortosa quiso alborotarse,
+y tuvimos que contenerle. Los nacionales trinaban y creían que se
+habían deshonrado por formar en el cuadro media compañía. Aseguraban
+que si se les hubiera mandado formar el piquete del fuego, no habrían
+obedecido... Desde aquel día es para mí esta guerra una nube de plomo
+posada sobre mis ojos, como un telón a medio echar. Ni sube, ni
+baja..., ni veo bien la guerra, ni veo la paz... No habrá ya paz en
+la tierra de España. ¿Sabe usted lo que dijo Cabrera cuando supo la
+muerte de su madre? Mirando a las cumbres que cercan a Valderrobres,
+dijo que la sangre subiría hasta las cimas más altas. Y va subiendo, va
+subiendo... Para no cansar a usted, señor don Beltrán, le diré que mis
+campañas desde entonces no han sido más que una cacería infatigable.
+En multitud de encuentros me he visto, todos encarnizados: estuve en
+las acciones de La Jana y de Toga, al mando de Buil; allí tuvimos la
+suerte de derrotar al _Serrador_. En Ulldecona, cuando Iriarte dio una
+tremenda paliza al _Organista_ y a Llangostera, también tuve la honra
+de encontrarme. Marchas penosas, hambres y trabajos mil he pasado;
+peleando sin cesar, no veo que el aspecto de la guerra cambie. Siempre
+es lo mismo: las ventajas de hoy son el descalabro de mañana. Si una
+columna vence aquí, otra sucumbe dos leguas más allá. Se les echa de
+un valle, y aparecen en otro. Creyérase que salen de debajo de las
+piedras, y que la sangre de tantas víctimas, caliente y rabiosa, aun
+después de derramada, engendra facciosos en los bosques, en los charcos
+de los barrancos, en los escombros de las masadas destruidas. Esto
+no es guerra, digo yo: es un duelo feroz, nunca suspendido. Nogueras
+conoce el terreno, pero le falta cabeza. Borso tiene intención, pero
+no domina el suelo. Sin darse de ello cuenta, conduce sus tropas por
+el camino más largo. No encuentra nunca al cabecilla que busca, sino a
+otro que le sale inesperadamente por retaguardia, cuando no le salen
+dos. Así no acabamos nunca. Si no traen un ejército muy grande para
+ocupar todas las posiciones y pueblos de importancia, a la defensiva,
+tapándoles los boquetes y pasadizos para sus correrías, matándoles
+de hambre y provocándoles a que se enzarcen unos con otros, tenemos
+guerra para un siglo. Yo me doy a pensar en esto, y digo: «¿Por qué
+combatimos?». Ahondando en el asunto, encuentro que no hay razón para
+esta carnicería. ¡La libertad, la religión!... ¡Si de una y otra
+tenemos dosis sobrada! ¿No le parece a usted?... ¡Los derechos de la
+reina, los de don Carlos! Cuando me pongo a desentrañar la filosofía
+de esta guerra, no puedo menos de echarme a reír..., y riéndome y
+pensando, acabo por convencerme de que todos estamos locos. ¿Cree usted
+que a Cabrera le importan algo los derechos de Su Majestad varón? ¿Y a
+los de acá los derechos de Su Majestad hembra?... Creo que se lucha por
+la dominación, y nada más, por el mando, por el mangoneo, por ver quién
+reparte el pedazo de pan, el puñado de garbanzos y el medio vaso de
+vino que corresponden a cada español... ¿No opina usted lo mismo?
+
+—Lo mismo, querido Estercuel, lo mismo. Es usted un sabio. ¡Tan joven,
+y ya profundiza!
+
+
+
+
+VIII
+
+
+En esto llegaban al término de la extensísima olmeda, de donde a
+los ojos se ofrecía un hermoso espectáculo: la cascada que forma el
+río Alto al precipitarse en el Guadalope. Cerros enhiestos formaban
+el marco de tan bello paisaje, que don Beltrán pudo gozar, porque
+despejada la niebla, daba el sol relieve y colorido a todos los objetos.
+
+—Si es este el lugar que esa sierva de Dios ha elegido para sus
+penitencias —dijo el anciano—, a fe mía que ha tenido buen gusto.
+
+—En aquella casucha que ve usted junto a dos peñas muy grandes,
+sombreada por una encina que parece partida por un rayo, moraba estos
+días la que llamaré ermitaña trashumante.
+
+Aunque no estaba seguro don Beltrán de ver lo que su amigo le indicaba,
+allá se encaminó a buen paso; y antes de llegar al sitio designado,
+vieron que hacia ellos venían dos vejetes con trazas de pastores, por
+sus vestiduras de pieles más parecidos a osos que a personas, uno de
+los cuales, al llegar a donde pudo ser oído, les dijo:
+
+—Si van en busca de la maestra, vuélvanse, que no la encontrarán.
+
+—¿Pues dónde ha ido mi señora y capellana? —preguntole Estercuel,
+sospechando que no le decía la verdad.
+
+—¡Por vida de...! —exclamó Urdaneta, golpeando airado el suelo con su
+bastón—. No creí que la buena estrella que me guía en este viaje se
+eclipsara tan pronto. ¿Sabéis, buenos amigos, si ha ido muy lejos?
+Porque si supiera que no estaba distante, iría en su busca, que con mis
+setenta y tantos años, no me arredran un par de leguas.
+
+—Ayer de mañana —dijo el viejo— fue a la Ginebrosa con mi sobrino, y
+nos mandó que por hoy al mediodía la esperáramos en Castelserás, para
+ir juntos a donde ella disponga.
+
+—Entre paréntesis: ¿sabéis si vive y dónde está Francisquín Luco,
+hermano de Marcela?
+
+—Vive, gracias a Dios..., pero del paradero no le diré, señor —replicó
+el anciano receloso, después de pensar lo que decía—. No sé...
+
+—Sí sabes, tunante; pero no quieres decirlo. ¿No estaba gravemente
+enfermo? ¿No le asistía su hermana?
+
+—Así parece, señor...
+
+—Está bien... Por ventura, ¿no tendríais en vuestra covacha algo de
+comer? Porque con el fresco de la mañana y el paseo me siento un tanto
+desfallecido.
+
+—Cuando les vimos venir estábamos cortando el pan para hacer unas
+pobres migas. Si los señores quieren participar de esta humildad, el
+gusto será nuestro, y la penitencia de los señores.
+
+—Discreto eres... Ea, preparad esas migas con prontitud, y allá va con
+vosotros mi criado para que nos avise cuándo podemos ir a matar el
+hambre.
+
+Al quedarse solos don Beltrán y Estercuel, sentaditos en una piedra,
+dijo el militar al prócer:
+
+—Se me había olvidado informar a usted de lo que en el país se cuenta
+de las idas y venidas de la monja suelta, y de la prontitud, al modo
+teatral, con que aparece y se oculta, sin que nadie pueda saber de
+dónde viene ni por dónde se escabulle. Es una conseja, y a título de
+tal se lo cuento, advirtiéndole que esta guerra ha resucitado en el
+país la Edad Media, tan bien acomodada a su naturaleza bravía, a la
+rudeza de sus habitantes y a la muchedumbre de castillos, monasterios y
+santuarios que por todas partes se ven.
+
+—Ya había pensado yo eso de que por ensalmo nos encontramos en siglo de
+feudalismo. Cuente, cuente pronto esa leyendita, que quizás no lo sea.
+
+—Pues se dice, y hay quien lo jura, que el padre de esta señora
+ermitaña o peregrina era hombre muy rico.
+
+—¿Y a eso llama usted conseja? Puedo dar fe de las propiedades que
+poseía Juan Luco, las cuales fueron mías...
+
+—Y a más de la propiedad, dicen que poseía grandes cantidades de dinero
+metálico...
+
+—Naturalmente: era hombre que apenas gastaba el tercio de sus rentas...
+¿Y qué más?
+
+—Que antes de lanzarse a pelear por Isabel, Juan Luco puso en un lugar
+seguro una olla de onzas...
+
+—Precaución muy acertada...
+
+—Y en otro lugar seguro, a bastantes leguas del primer sitio, otra olla
+de onzas.
+
+—Tenía propiedades en Rubielos...
+
+—Y en Valderrobres, y en Calanda, y en Morella... sus hijos hicieron lo
+propio. El primogénito sepultaba ollas en este monte, y el segundo en
+aquel barranco... De modo, señor mío, que por todas estas tierras y por
+parte de las del Maestrazgo, están esparcidas las riquezas de Luco.
+
+—Pues, amigo mío —dijo don Beltrán grandemente excitado, levantándose
+y haciendo rápidos molinetes con su bastón—, no veo la conseja..., no
+veo más que un caso muy natural, la pura lógica, señor mío, el puro
+sentido común.
+
+—Ollas en los montes de Gúdar, ollas en el desfiladero de Vallivana,
+ollas en Mosqueruela, ollas en Beceite, ollas en Calanda, en
+Peñagolosa..., y quién sabe si aquí mismo, bajo nuestros pies, habrá un
+puñadito de oro...
+
+—Hijo, podrán ser más, podrán ser menos —dijo don Beltrán con grande
+animación, iluminado el rostro, brillantes los ojos, revelando una
+credulidad infantil—. El número de ollas no lo sé..., pero que las
+hay..., ¡ah!, lo creo y lo creo, como si las hubiera enterrado yo
+mismo... Y no me contradiga usted, porque cuando afirmo verdades como
+esta, no es prudente contradecirme...
+
+—No, si no me parece absurdo... Pero falta lo mejor de la conseja.
+Dice el pueblo, y cuando el pueblo lo dice es porque lo cree como el
+evangelio, que esta señora monja ha tomado ese empaque ermitañesco y
+peregrino para recorrer y vigilar los lugares donde yacen escondidas
+las preciosas tinajas... Sin duda conoce los sitios por inspiración del
+cielo, o por topografías milagrosas que le ha comunicado el Espíritu
+Santo...
+
+—No se burle usted, amigo mío, que estas cosas no son para tratadas con
+genio maleante... Y le advierto que me desagrada oír chanzas aplicadas
+a cosas y objetos de la mayor seriedad.
+
+—Serio, profundamente serio es cuanto digo, si aceptamos la ficción de
+hallarnos en plena Edad Media. Prepárese usted, si persiste en penetrar
+en el país, a ver milagros y hazañas, casos inauditos de santidad o
+sortilegio, brujas, duendes, apariciones; subterráneos que empiezan
+en un castillo y acaban en un monasterio a siete leguas de distancia;
+verá usted hombres feroces, hombres heroicos, mujeres endemoniadas
+o angelicadas; verá usted, en fin, a la hermosa y andante Marcela,
+con aliento guerrero y olorcillo de santidad, corriendo por montes
+y barrancos para tomar nota de las mil y quinientas ollas de Luco,
+y trasladar a lugar seguro y profundísimo las que fueron escondidas
+a flor de tierra en parajes muy transitados; prepárese usted a ver
+todo esto, y si algo descubriese contante y sonante, avise, señor don
+Beltrán, que no ha de faltarle un buen amigo que, armado de pala y
+azadón, le preste ayuda.
+
+—¡Tunante! —dijo el anciano, que gozoso se lanzaba a la confianza
+paternal—, si tuviera usted la suerte de encontrar uno de esos nidos,
+ya sé que le faltaría tiempo para ponerlo a un maldito caballo, o a
+un as indecente... No quiero dejar pasar esta ocasión sin echarle un
+réspice..., mi ancianidad me da derecho a ello... Yo le vi a usted
+anoche encenagado en el feo vicio. Paréceme que era usted el que
+tallaba...
+
+—Sí, señor, por mi desgracia. No sé si advertiría usted que me
+desplumaron.
+
+—Tanto como eso no reparé... Y ¿qué tal? ¿Eran atrevidos aquellos
+puntos? ¿Se traían alguna martingala?... Sea lo que quiera, un joven
+de sus méritos no debe dejarse dominar por la pasión del azar... Todo
+el dinero que caiga en sus manos guárdelo usted, hijo, guárdelo para
+sus necesidades de mañana. Piense en la vejez, que si en todo caso
+es triste y desabrida, sin dinero es suplicio grande. Pero, si no me
+engaño, oigo la voz de Tomé que nos llama, señal de que esas benditas
+migas nos esperan.
+
+No tardaron en llegar a la choza; y tan grande apetito se le había
+despertado al buen señor por causa de la frescura matinal, del paseíto,
+o quizás por la risueña visión de las ollas auríferas, que empezó a
+tragar migas, todavía calientes, a riesgo de abrasarse el gaznate; y
+comiendo decía:
+
+—Pues de tal modo me interesa avistarme hoy mismo con la venerable
+madre Marcela, para tratar con ella de un grave punto de religión,
+que si estos señores van en su busca, les acompaño... No, no puedo
+detenerme... No trate usted de disuadirme, amigo Estercuel. Ni a mí
+ni a mi criado nos arredran ladrones ni carlistas. Si usted los teme,
+vuélvase tranquilo a Alcañiz.
+
+—No por miedo, señor don Beltrán, sino porque mis deberes militares al
+pueblo me llaman, me veo precisado a dejarle partir solo.
+
+—¡Ah! La obligación es antes que la devoción. El buen militar no se
+pertenece... Pues iré con Tomé y estos ancianitos. ¿Qué distancia me
+ha dicho? ¿Legua y media? A pie mejor que a caballo. Me conviene un
+poco de ejercicio..., sí... Aún tengo bríos para andar largo trecho. Si
+he de decir la verdad, me siento... así como rejuvenecido... Sin duda
+es el aire de esta tierra, no sé qué gozo del ánimo... Hasta parece
+que veo mejor... Sí, sí..., distingo perfectamente las pieles de estos
+hombres, la sartén, todo... No hay duda, no hay duda: veo mejor, amigo
+Estercuel... Y apostaría que después de un paseo de dos leguas, se me
+aclarará la vista notablemente... ¿Y qué tal? ¿Se conserva bien la
+hermana Marcela? No la he visto desde que era muy niña...
+
+Atacado de una locuacidad que no podía contener, enjaretaba cláusulas
+sin el debido enlace entre unas y otras. Como los ancianos no decían
+una palabra ni comían, pidioles cuenta don Beltrán así de su silencio
+como de su falta de apetito, y el uno de ellos respondió que delante de
+tan gran señor no era decente que ellos, infelices mendigos, hablasen
+ni comiesen. Replicó a esto el afable aristócrata que ante Dios, padre
+común del género humano, todos los hombres eran iguales, y que, pues
+allí les reunía el acaso, no se acordasen de vanas categorías. Si ellos
+eran pastores, ¿qué oficio y estado superaba en nobleza y antigüedad
+al de conducir rebaños? Pastores fueron los patriarcas en aquel pueblo
+que Dios llamó suyo; pastores fueron los primeros que adoraron y
+reconocieron al Redentor del mundo en Belén, y este había representado
+su misión debajo del simbolismo de un pastor del gran rebaño de la
+humanidad. A esto replicaron los vejetes que no eran ellos pastores, y
+que usaban aquellos pellejos, y los peales y zurrón por ser el traje
+más adecuado a la frialdad del tiempo y a la fragosidad del país.
+
+—¿Pues qué sois? —dijo el prócer, suspenso, preparándose a probar de un
+queso que le ofrecían.
+
+—Nuestro oficio es el de sepultureros; solo que ya hemos dejado aquel
+empleo tan humilde por acompañar y seguir a la divina Marcela.
+
+—¡Hombre, hombre..., sepultureros, enterradores! —exclamó Urdaneta con
+asombro—. Pues también es ocupación noble, antiquísima como el mundo,
+pues desde que hubo vida, hubo muerte. Y oficio santo además, que en
+él se cifra una de las obras de misericordia. Muy bien, muy bien,
+pobrecitos. Me agrada vuestra compañía. Enterrar los muertos es noble
+misión. Dios manda que después de recoger Él el alma, se dé a la tierra
+lo que le pertenece. ¿Y quién sabe si revivirá algo de lo que habéis
+soterrado? No todo lo que entra en la tumba es muerte. La fosa recoge
+también la vida, para sustraerla a la codicia y al latrocinio... Y
+difuntos aparentes habréis sepultado, que volverán a la vida y... Pero
+de estas filosofías no entendéis vosotros... Y dime otra cosa: desde
+que os encontré, tú solo hablas. ¿Por qué no hemos oído la palabra de
+tu compañero?
+
+—Porque se le traba la lengua, y no quiere que le oigan...
+
+—Es tartamudo..., mudo quizás. Ya sabe Marcela lo que hace, rodeándose
+de hombres callados, silenciosos, y cuando no, discretos como tú...
+Pero no perdamos más tiempo y pongámonos en camino.
+
+Levantose ágil, sin esfuerzo, con sorpresa de todos, y emprendiendo la
+bajada al camino, al llegar a este se despidió del amable militar que,
+deseándole un regreso pronto y feliz, le dijo:
+
+—Ya ve el señor don Beltrán cómo va resultando lo que anunció. Edad
+Media, pura Edad Media... Supongo que le veremos esta noche por
+Alcañiz, y ya nos contará, ya nos contará... Quiera Dios que no tenga
+un mal encuentro... Es posible que pueda ir y volver felizmente, porque
+no hay noticias de que ahora anden por aquí partidas. Abur. A sor
+Marcela le da usted expresiones de mi parte, y que se deje ver... De
+buena gana me ajustaría yo en su cuadrilla de sepultureros, si supiera
+que tocaban a desenterrar... lo que usted sabe. Adiós.
+
+Internándose a buen paso en la olmeda que conduce a la ciudad, decía
+para su sayo el bueno de Estercuel:
+
+—El pobre señor, reverdecido en la niñez, está ya en su elemento: la
+conseja.
+
+
+
+
+IX
+
+
+Anduvo larguísimo trecho don Beltrán por la margen izquierda del
+Guadalope, sin encontrar alma viviente, pues los caseríos estaban
+desamparados, los ganados dispersos, hombres y animales del campo
+huidos; y tan presuroso iba por el estímulo de su deseo, que al
+llegar a las primeras casas de una aldea desierta, que debía de ser
+Castelserás, faltáronle súbitamente al anciano los alientos, y,
+dejándose caer en un montón de tierra, cercano a un edificio en ruinas,
+dijo a sus acompañantes:
+
+—Amigos míos, la costumbre de andar en coche y a caballo ha quitado
+vigor a mis piernas para la marcha peonil. Vosotros andáis sin
+fatigaros muchas leguas; yo no puedo. Me rindo, me entrego, y pues ya
+no estamos lejos del punto en que os habíais citado con la maestra, os
+ruego que os adelantéis y le digáis que la espero aquí. Recordad bien
+mi nombre: don Beltrán de Urdaneta..., el grande amigo y en otro tiempo
+protector de su padre...
+
+Obedecieron sin chistar los dos viejos, y don Beltrán se quedó solo con
+su criado Tomé, el cual no hacía más que mirar a los cerros cercanos,
+pues en todos veía fusiles y boinas su medrosa fantasía. Por indicación
+suya, se pusieron al abrigo y sombra de aquellas derrumbadas paredes,
+de donde vigilarían quién viniera, y podrían esconderse si alguien se
+acercaba con malas intenciones. Allí se aguantaron como unas dos horas,
+y ya se impacientaba Urdaneta, cuando Tomé, encaramado en lo más alto,
+avisó la presencia de cuatro personas por el camino que habían seguido
+los viejos al partir.
+
+—¿Ves a los enterradores? —preguntó don Beltrán ansioso—. ¿Viene con
+ellos una señora vestida de monja o penitente?
+
+—A los dos abuelicos les veo —dijo Tomé cuando las cuatro figuras se
+aproximaron—; pero no viene ninguna monja, sino dos chicarrones, uno de
+ellos con sotana.
+
+—¿Estás bien seguro del sexo?
+
+—¿Qué dice, señor? Si llama sexo a lo de distinguir de machos y
+hembras, apuesto lo que quiera a que los cuatro son hombres naturales,
+aunque al uno no le veo piernas por bajo, y por arriba le veo melenicas
+como las de una imagen.
+
+—¿Luego, viene uno con faldas?
+
+—Mas no son faldas ni andares de mujer, sino al modo de las túnicas de
+los santos, que siempre usaban sayos o camisones.
+
+Y cuando ya cerca estaban, y amo y criado salían de las ruinas para
+recibirles, gritaba Tomé:
+
+—Señor, señor, déjeme que me santigüe, pues esto no es cosa buena.
+El de los pelos largos y caídos es un muchacho amujerado, o mujer
+hombruna. No he visto otra...
+
+—Cállate, simple, y ponte a un lado, que ya veo los bultos, y me
+adelanto a saludar a Marcela.
+
+Del grupo que venía se adelantó una figura híbrida, tal y como Tomé la
+había descrito, para mozuelo, de regular talla, para mujer, de elevada
+estatura, con gallarda medida y proporción. Era el rostro moreno, tan
+tostado del sol que semejaba al de una efigie secular, cuyo barniz el
+tiempo ha oscurecido dándole una dulce pátina con vislumbre sienoso.
+Los ojos grandes, negros y de profundo mirar, parecían de hombre; de
+la nariz para abajo representaba cara fina y graciosa de hembra, con
+hoyuelos en la barbilla, y un poco de vello sobre el labio superior.
+El cabello caía en guedejas que parecían plumas de un gallo negro, y
+le llegaba hasta mitad del pescuezo, no menos tostado que el rostro,
+partiéndose en la frente en dos ramales espesos, ásperos, que a veces
+nublaban los ojos. Era el cuerpo de rara perfección, más de hombre que
+de mujer, pues no se le notaba elevación de seno, el cual era poco más
+alto que el de un mocetón de anatomía lozana; bien sentidas la cintura
+y cadera, sin ofrecer curvas muy acentuadas; el pie desnudo, de color
+de antigua caoba, de mediano tamaño tirando a grande, y admirable
+forma. El sayal que vestía, de parda estameña, remedaba un hábito
+franciscano de varón; pero sin cuello ni capucha, sencillísimo en su
+traza y corte, ceñido a la cintura por una cuerda. Llevaba el rosario
+en un bolsillo interior del hábito, que se manifestaba en una abertura
+vertical al costado derecho, por donde asomaba la cruz de bronce. Mayor
+bulto que el de un rosario se veía por aquella parte; señal de que
+guardaba otros objetos, pañuelo quizás, o sabe Dios qué. La voz, que
+hirió con sonoro timbre los oídos de don Beltrán en el primer saludo,
+era como de muchachón tierno, engrosada por la constante vida al aire
+libre en país tan frío.
+
+—Aunque estos pobrecitos —dijo Marcela— equivocaron el nombre... _don
+Jordán de la Beltraneta_, ya comprendí, señor, ya comprendí que era
+usted... el que me hacía el honor de venir en mi busca...
+
+—El honor es mío —replicó don Beltrán descubriéndose y besándole
+la mano—, y me considero feliz de ver en opinión de santa a la que
+conocí muy niña... Ya, ya se anunciaba en ti la mujer superior,
+extraordinaria, eminente...
+
+—Mi padre le apreciaba a usted de veras —dijo Marcela, cortando
+el elogio—. Diez días antes de morir, estuvo a verme, y hablamos
+largamente del señor don Beltrán...
+
+—Siempre tuve a Luco —afirmó el prócer, gozoso de lo que la ermitaña
+relataba— por uno de mis mejores amigos. De cuantas personas he tratado
+en mi larga vida, Juan fue la única en quien vi siempre la flor de la
+gratitud... Sabrás que a mi protección decidida debía tu padre los
+adelantos de su fortuna.
+
+—Lo sé..., y a gala tenía el recordarlo... A mis hermanos y a mí,
+cuando éramos niños, nos enseñó a pronunciar con el mayor respeto
+el nombre para él sagrado de Urdaneta... Pero si el señor gusta de
+que hablemos, no piense en volverse hoy a Alcañiz, y véngase conmigo
+despacito hacia Calanda, que allí tengo un alojamiento regular, y podré
+darle algo de comer, siempre dentro de la suma pobreza.
+
+Tan grata impresión habían hecho en el viejo las primeras palabras de
+la santa mujer, que a todo se prestó gozoso, diciendo:
+
+—Vamos a donde tu quieras, hija mía, y no creas que me asusta
+la pobreza, pues he llegado a una situación en que mi gloria es
+confundirme con los humildes.
+
+—Vivimos en el reino de la desventura —dijo la ermitaña con
+austeridad—. El azote de Dios nos ha reducido a todos, ricos y pobres,
+hombres y mujeres, a las extremidades de la miseria, y a no contemplar
+más que espectáculos de tristeza y dolor. El Señor nos ha castigado,
+nos somete a prueba durísima, desatando a la muerte para que a ninguno
+perdone. Convenzámonos de que solo breves instantes nos faltan para
+morir, que no hemos muerto ya por cansancio de la misma muerte, la cual
+apenas tiene aliento para cortar tantas vidas, y preparémonos...
+
+—¡Oh!, sí, bien preparado estoy para cuando el Señor lo disponga...
+
+—Y en tanto, fortifiquemos nuestras almas con la paciencia, con el
+gusto de las adversidades, y celebremos las miserias y trabajos que
+Dios nos envía.
+
+—Sí, hija mía, sí..., celebrémoslo..., ya lo creo que debemos
+celebrarlo...
+
+—«Que los trabajos bien recibidos y padecidos son, no solo útiles y
+provechosos, sino gustosos y sabrosos...». Esto lo dijo Nicéforo,
+famoso historiador de la Iglesia, y añade que «son las adversidades
+satisfactorias por los pecados, y que los trabajos nos son útiles por
+la fortaleza que con ellos se gana». Tengamos fortaleza, señor don
+Beltrán, esta soberana virtud con que se vencen y encadenan todos los
+males.
+
+—Sí, hija mía, sí —murmuraba don Beltrán—: seamos fuertes; yo busco la
+fortaleza.
+
+—Dice el bienaventurado san Juan Crisóstomo que «aunque los trabajos no
+tuvieran otro bien sino el que el hombre recibe con su paz y quietud
+cuando le faltan, fueran de muy grande codicia».
+
+—Paz y quietud anhelo yo, hija mía, y por Cristo, que a mis años,
+después de tantas luchas y fatigas, bien merezco el reposo. Y bien
+podría el Señor concedérmelo en premio de la valentía con que me lanzo
+por estos caminos infestados de facciosos. Cierto que cuando Dios nos
+manda trabajos y adversidades, ya se sabrá por qué lo hace; pero yo te
+digo ahora, con perdón de san Nicéforo y san Crisóstomo, que maldita
+gracia me hará que nos salga una partida carlista y nos deje en cueros,
+o nos apalee o nos fusile...
+
+—El verdadero cristiano —dijo la beata peregrina con acento firme,
+sin afectación— no solo no teme la muerte, sino que la desea. Cuenta
+Eusebio en sus _Anales_ que, «hallándose los mártires presos, se
+alegraban creyendo habían de ser los primeros que sacasen a martirizar,
+y cuando no lo eran, quedaban desconsolados».
+
+—Pues perdóneme el señor Eusebio...
+
+—Y testifica san Jerónimo que el bienaventurado mártir San Ignacio
+escribía a Siria desde Roma, poco antes de su martirio: «Plegue a Dios
+dejarme gozar de las bestias que me esperan, las cuales ruego a Dios
+no sean perezosas en acabarme...». Donde dice bestias ponga usted
+facciosos, y digamos: «Que vengan cuando quieran y nos despedacen».
+
+—Todo eso es muy bonito para dicho; pero como no soy santo, quiero
+guardar de esos los pocos días que me restan.
+
+Si en los comienzos del diálogo le encantaba a Urdaneta la firmeza de
+convicciones de la peregrina y el severo estilo con que la manifestaba,
+en cuanto empezó a largar citas se le hizo un poquito indigesta tanta
+sabiduría. Preguntole que cómo podía repetir sin equivocarse tantos
+textos de sagradas escrituras, y ella lo explicó por su prodigiosa
+retentiva... Lo que una vez leía, no se le olvidaba nunca, y su mente
+era una copiosa biblioteca, que usaba sin compulsar libros. Por todo el
+camino fue soltando citas de Santos Padres y de Aristóteles y Cicerón;
+que también éranle familiares los filósofos profanos; y ya un tanto
+mareado don Beltrán con aquella erudición fastidiosa, diputó a Marcela
+por un papagayo con más memoria que discernimiento. Aún era muy pronto,
+dice el narrador, para formar juicio tan terminante.
+
+Al caer de la tarde, llegaron a un barrio de Calanda, y metiéronse en
+una casa mísera, donde había tres mujeres. Ningún hombre se veía en
+todo el lugarejo ni en sus contornos. Impaciente por hablar largo y
+tendido con la santa, hizo propósito don Beltrán de plantear el magno
+asunto en cuanto despacharan la frugal cena de alubias, habas secas, y
+algunos huevos con que fue regalado el huésped. Como si le leyese en
+el rostro los pensamientos, Marcela se apartó con él a un rincón de la
+estancia donde comieron, que era un establo de cabras, sin cabras, y le
+dijo:
+
+—Señor don Beltrán, antes que empiece yo mis rezos y ejercicios de la
+noche, y antes que usted se acueste..., que para su nobleza se prepara
+en esta humildad un mediano lecho..., quiero que me diga la razón de
+venir a buscarme.
+
+—Precisamente, ya se me hacía tarde el hablarte de ello, hija mía. Bien
+comprenderás que si a los riesgos de este viaje expongo mi ancianidad,
+es porque me lo exige mi decoro, el honor de mi nombre.
+
+—Fuertes razones habrá sin duda. Recordando lo que del señor don
+Beltrán me dijo mi padre días antes de morir, lo que después oí a mis
+hermanos, y agregando lo que yo con mi pobre entendimiento adivino,
+creo conocer los motivos que acá le traen.
+
+—Si lo has adivinado, me libras del enojo de decírtelo, que nunca es
+grato en un hombre de mi condición declarar sus necesidades. Pero
+algo debo referirte como antecedente necesario, y es el hecho de las
+desavenencias graves con mi familia, y mi resolución de abandonar la
+casa de Idiáquez para no volver más a ella.
+
+—También sé algo de esto —indicó la monja con un dejo de severidad—,
+y creo que no es toda la culpa de su familia, que buena parte de esa
+culpa debe recaer sobre usted.
+
+—Puede..., sí..., no digo que no... —murmuró desconcertado el
+aristócrata.
+
+—Porque las opiniones están conformes en que ha sido usted un pródigo
+incorregible... Ha derramado su caudal, y ahora se encuentra escaso y
+pobre. _Effusus es sicut aqua; non cresces_. «Derramado has como agua,
+y ahora no creces, no tienes», como Jacob dijo a su hijo Rubén.
+
+—Sí, es cierto..., sí... Pero yo, por mi condición generosa y mis
+hábitos de gran señor, desprecié siempre las cosas menudas, pequeñas...
+
+—¡Ah!, señor mío. El _Eclesiástico_ lo ha dicho: _qui spernit modica,
+paulatim decidet_. ¿Lo entiende usted?
+
+—Hija mía, se me ha olvidado el poco latín que aprendí en mi niñez.
+Háblame castellano. En castellano neto te digo yo que si es cierto que
+con mi conducta he creado mis daños, ya no estoy en edad de corregirme.
+
+—Bueno, señor. Pues mi padre...
+
+—Tu padre era, el primer año del siglo, un triste labrador que llevaba
+en arrendamiento algunas de mis tierras de Rubielos. Gran trabajador,
+gran economizador, el año 6 y 7 quiso comprarme las piezas de Alventosa
+y el prado grande de Alcalá de la Selva. Aunque otros compradores me
+ofrecían mayores ventajas, preferí a Luco, atento a su honradez y
+puntualidad... Además, siempre me ha gustado dar la mano al pobre.
+Quedose tu padre con aquellas tierras, luego con otras, y me pagaba
+cuando quería, a su comodidad y desahogo. ¿Es esto cierto?
+
+—Usted lo ha dicho.
+
+—Siempre se mostró tu padre agradecido, y andando los años recibí
+pruebas de la estimación en que me tenía.
+
+—Y jamás le apremió usted por los pagos; lo sé.
+
+—Ni le cobré intereses por las demoras. Al fin, todo fue suyo; todo no:
+quedábanme el monte de Mosqueruela y la encomienda de Forniche Bajo.
+El 22, hallándose ya Luco en gran prosperidad, por las buenas cosechas
+y el gran incremento que tomó el comercio de lanas, propúsele yo que
+me comprase la Mosqueruela para que redondeara sus estados, y accedió
+a ello, abonándome, desde aquella fecha hasta el 30, los plazos en que
+estipulamos la venta. El año 33, hallándome yo algo escaso de fondos,
+y necesitando reunir una cantidad para atenciones ineludibles, pedí a
+Luco dos mil duros, que me mandó al instante. Le cedí las rentas de la
+encomienda por todo el tiempo que fuese preciso hasta la extinción
+de la deuda, y al año siguiente le propuse que me comprase también
+esta finca por la valoración que estimara justa. Todo se hizo conforme
+a la voluntad de tu padre, pues ni yo regateaba con un hombre de
+tanta rectitud y conciencia, ni me hallaba en aquellos días, por el
+aturdimiento que me causaban mis afanes, en disposición de apreciar
+mil duros más o menos en mis negocios. Siempre he sido lo mismo. Pasó
+tiempo; y hace unos meses, hallándome yo en Villarcayo, recibo una
+carta de tu padre en que me decía: «Sé, mi noble señor, que por ruindad
+de los tiempos y caídas de grandezas humanas, se halla vuecencia
+en escasez de posibles. Si con el caudal no ha perdido la memoria,
+recuerde que está en el mundo Juan Luco, y no olvide que Juan Luco no
+consentirá jamás que padezca necesidades el primer caballero de Aragón».
+
+—Así es —dijo la venerable, afirmando además con una fuerte cabezada.
+
+—Y hay más, hay más, mi bendita señora —dijo don Beltrán, animándose
+con el buen giro que, a su parecer, llevaba el asunto—. En la misma
+carta decía: «Recuerde también el señor, y medite y repare que lo de
+la encomienda fue más ventajoso para un servidor que para usía; y pues
+Juan Luco ha sido siempre nombre de conciencia, hoy, ante la verdad
+clara de sus adelantos de fortuna, quiere serlo en mayor grado, y más
+que condenarse por egoísta, le gustará salvarse por generoso. Dígame,
+pues, el señor lo que necesita, y no será él tan presuroso en decírmelo
+como yo en acudir a su alivio y remedio...». Esto decía; y si lo dudas,
+angélica mujer, aquí tengo la carta...
+
+—No, no ha de mostrármela, señor, pues lo que me dijo pocos días antes
+de morir mi honrado padre es en todo conforme con el tenor de su carta.
+
+
+
+
+X
+
+
+Echó don Beltrán de su pecho, al oír tan consoladoras palabras, un
+suspiro muy grande, con el cual pareció que se descargaba de la
+pesadumbre de sus desdichas. Miró a la santa mujer, que al suelo
+inclinaba sus ojos sin expresar nada inteligible en su rostro de
+imagen. Pasado un ratito, la penitente miró al anciano, diciéndole:
+
+—Hora es ya de que descanse, señor. Por lo que hemos hablado, bien se
+ve que sus deseos son recoger ahora lo que le ofreció mi buen padre,
+cosa en verdad fácil en mi voluntad, pero dificultosa en la de Dios,
+que es quien dispone las cosas... No puedo darle tan pronto respuesta
+terminante, pues ello ha de ser muy pensado... Recójase ya, duerma
+tranquilo, y persuádase de que, puesto su negocio en mis manos, de la
+hija de Juan Luco no ha de recibir usted ningún mal, sino todos los
+bienes posibles...
+
+Aunque estas vaguedades no satisfacían por entero las aspiraciones
+de Urdaneta, que quería solución clara y pronta, fuese el hombre al
+camastro esperanzado de lograr sus deseos, y confiando en la rectitud
+de la piadosa mujer. Pasó la noche intranquilo, febril, y en los breves
+ratos de sueño creíase transportado a subterráneos de castillos o
+criptas de iglesias, donde entre tumbas aparecían ánforas llenas de
+plata y oro. Despabilado desde el alba, llamó a su criado para que le
+vistiera, y Tomé se apresuró a comunicarle lo que pensaba de la monja y
+de su compañía.
+
+—Señor, debe de ser santa, porque la vi de rodillas más de cuatro
+horas, y a ratos echábase de cara contra el suelo, y parecía que
+lloraba con ansias y congojas... Las otras dos mujeres también
+rezaban, aunque con menos figuraciones; para mí son, como ella, monjas
+desperdigadas y salidas... Yo no pude dormir del frío que hacía en
+aquella cuadra, y viendo tanto rezar, me puse a hacer lo mesmo... Los
+viejos y el muchacho, arrimaícos a la pared, roncaban como _tocinos_.
+
+Algo más hablaron, comunicándose uno a otro sus impresiones. Sirvieron
+a don Beltrán las mujeres, muy de mañana, unas sopas que le supieron
+a gloria; y mientras las comía, díjole Marcela que habían de ponerse
+en camino inmediatamente, tomando ella con los viejos la vuelta de
+Alcañiz, por el vado de Torrevelilla, pues tenían que hacer en La
+Codoñera. Irían juntos, y por el camino sabría don Beltrán lo que
+ella durante la noche había pensado del asunto que al señor tanto
+interesaba. Para resolverlo del modo más equitativo había pedido luces
+a la divina ciencia, recogiendo su espíritu en oración muy fervorosa,
+a fin de que Dios la iluminase en el fallo que tenía que dar sobre
+cosas temporales. Ya empezaba el caballero a inquietarse con estos
+requilorios, y se dispuso a seguir a la santa, ansioso de escuchar
+pronto su resolución o sentencia.
+
+Salieron por un caminejo de herradura en busca del Guadalope, que por
+aquella parte corre encajonado entre cerros de mediana elevación.
+Marcela echó por delante a Tomé y a los dos viejos sepultureros, y
+abordó con don Beltrán el magno asunto:
+
+—Ante todo, hija mía —le preguntó el prócer—, ¿por qué tus viejos, a
+quienes no sé si llamas discípulos o hermanos, llevan el uno una pala y
+el otro un azadón?
+
+—Se han impuesto por penitencia dar sepultura a todos los muertos que
+dejan tras de sí, en sus horribles batallas, liberales y absolutos.
+Por mi cuenta han enterrado ya como tres centenares de cristianos
+sacrificados a la ambición de los poderosos del mundo.
+
+—Dios les reciba en su santo seno... Pues satisfecha esta curiosidad,
+dime ahora si debo esperar que des cumplimiento a la voluntad de tu
+padre con respecto a mí; voluntad bien manifiesta...
+
+Con el estilo severo y elegante, aunque algo duro, que en la lectura
+de autores místicos se había asimilado, interpolando a cada instante
+citas de Santos Padres, o de Aristóteles, Longinos, Teofrasto
+Paracelso y otros sabios, como si con la erudición quisiera dilatar
+la sentencia, Marcela manifestó a don Beltrán que ella y su hermano
+Francisco ignoraban dónde yacían soterrados los dineros que Juan Luco
+poseía en sus últimos años, salvo una pequeña parte, cuyo paradero,
+por declaración de su difunto hermano Cinto, conocían; que si lograban
+descubrirlo y asegurarlo todo, cosa en extremo difícil en medio de
+guerra tan desaforada, lo destinarían a una obra de gran piedad,
+como desagravio al Señor por las iniquidades que las dos catervas de
+combatientes cometían. Ambos hermanos estimaban, en su acendrada fe,
+que dar tal destino a las riquezas de su buen padre sería muy grato
+al alma de este, ya se hallara purgando sus pecados en el fuego del
+purgatorio, ya estuviese gozando de Dios, purificada y limpia por su
+martirio. Francisco Luco, el menor de los tres hermanos varones, había
+hecho en Huesca sus estudios eclesiásticos y disponíase a recibir
+las sagradas órdenes, cuando el maldito clarín de guerra, hiriendo
+sus oídos y despertando en él ideas de bandería política y militar
+soberbia, le indujo a tomar parte por Isabel en la querella. Breves
+y no felices habían sido sus hazañas. En Liria fue verdadero milagro
+que no le fusilaran. Dolorosos meses de cautiverio pasó en Cantavieja.
+Libre al fin, al tomar la plaza el general San Miguel, volvió a sus
+anhelos pacíficos y religiosos, horrorizado de la guerra y de sus
+desmanes. Ante su hermana, y cuando esta le asistía en la penosísima
+enfermedad contraída en el cautiverio, hizo voto solemne de consagrar a
+Dios su vida, su alma y sus pensamientos todos, sin esperar a ponerlo
+por obra más que el tiempo que se tardase en preparar las cosas
+materiales para tal objeto...
+
+—Según eso —dijo don Beltrán, a quien con tales santidades se le había
+puesto un nudo en el tragadero, sin poder pasarlo para arriba ni para
+abajo—, tu hermano entra en religión..., cantará misa, profesará en
+alguna orden. ¿Dónde está? Yo quiero verle.
+
+—Espérese usted... Francisco abrazará la vida religiosa; pero antes de
+abandonar el siglo, tratará de descubrir y reconocer dónde se hallan
+los bienes en especie que padre trató de sustraer a manos rapaces.
+Y con decir yo esto, y usted con oírlo, queda manifestado, y por
+usted comprendido, que hemos de destinar íntegro todo el caudal a una
+fundación santa para religiosos de la orden que abrace mi hermano, y a
+restaurar mi glorioso convento de Sijena.
+
+—Si, hija mía, sí..., comprendido. Pero dime: tu hermano, ¿dónde está?
+
+—Hállase actualmente no muy lejos de nosotros, atento a lo que a él
+y a mí tanto nos importa; mas para poder efectuar sus pesquisas en
+materia tan delicada, ha sido menester que se agregase a una columna
+cristina, so color de prestar en ella servicio hospitalario, que otro
+servicio más guerrero no podría, por causa del grave detrimento de su
+naturaleza...
+
+—No dudo —dijo don Beltrán, cuya vista se nublaba, como si su pena
+fuera una oscurísima visera que le caía sobre los ojos— que si yo
+hablara con Francisco Luco en tu presencia, ambos me darían prueba
+inequívoca de su piedad y rectitud declarándome poseedor de aquello que
+vuestro padre determinó que había de ser mío.
+
+—Si he de hablar al señor de Urdaneta con la plenitud de verdad que
+se desborda de mi corazón —dijo la monja endulzando la voz—, le
+manifestaré que me parece impropio de sus años ese insano apetito de
+las riquezas. En la declinación de la vida, y cuando Dios ha decretado
+ya para usted el acabamiento de todas las vanidades, ¿para qué quiere
+lo que no puede disfrutar, ni tiempo tiene para ello?
+
+—Hija mía, es que...
+
+—Padre y señor mío, la verdad sale de mis labios sin que mi respeto
+pueda contenerla. Debiera usted despreciar las riquezas, y alegrarse
+de haberlas perdido, renegar de que quieran dárselas..., y apartarlas
+de sí como se aparta la podredumbre pestilente... Sí, don Beltrán. Le
+recordaré, por si lo ha olvidado, lo que dijo san Pablo a los hebreos:
+«Con alegría recibisteis el robo que os hicieron de vuestros bienes».
+Sí, sí, noble señor: alégrese de que le hayan despojado de sus tesoros,
+y no ansíe volver a poseerlos...
+
+—Pero...
+
+No siguió el desgraciado anciano porque tanto se le apretaba el nudo en
+su gaznate, que no pudo articular palabra.
+
+—Llénese, señor —continuó la santa con inspirado acento—, llénese de
+aquella virtud de la paciencia, que todas las demás virtudes compendia
+y resume; ame la pobreza, bendiga el no tener...
+
+—¡Pero..., hija mía... —pudo decir al fin don Beltrán—, si a paciencia
+nadie me gana!... Verás... Yo...
+
+—Tertuliano dijo: «Donde Dios se halla, allí está con Él su amiga la
+paciencia».
+
+—Estamos conformes... Tertuliano y yo...
+
+—Y no olvide, señor don Beltrán, que la divina sabiduría dice en los
+_Proverbios_: _O viri, ad vos clamito, et vox mea ad filios hominum...
+Mecum sunt divitiæ_... fíjese don Beltrán... _mecum sunt divitiæ, et
+gloria, opes superbæ, et justitia_.
+
+—_Oh, la mère latiniste!... Je n’aime pas les gens qu’à tout propos
+crachent du grec et du latin_.
+
+—Señor don Beltrán, yo no sé francés.
+
+—Señora doña Marcela, yo no sé latín. Hablemos en la lengua común.
+
+—Pues en ella digo a usted que ya estamos en el Guadalope, y que
+callemos ahora, pues juntamente con Tomé y con los ancianos que allí
+nos esperan, emprenderemos el paso del río por aquel vado.
+
+Efectuado sin contratiempo alguno el tránsito de una orilla a otra,
+siguió don Beltrán por aquellos vericuetos, taciturno y suspirante;
+a su lado iba la peregrina, rosario en mano, rezando al compás de la
+marcha lenta y fatigosa, al través de montes solitarios, en un día
+destemplado y brumoso. En las agrias pendientes solía don Beltrán
+pedir descanso, para dar paz a sus viejos pulmones; y en una de estas
+paradas, sor Marcela, terminando presurosa entre dientes una oración,
+dijo a su aburrido acompañante:
+
+—No se aparta de mi pensamiento, noble señor mío, su malestar, y me
+duele mucho la desazón que yo, sin quererlo, haya podido causarle.
+Pensando vengo en ello todo el camino y pidiendo a Dios que me ilumine
+con nuevas ideas. De Dios debe de venir, pues, esta que ahora me asalta
+y que voy a manifestarle.
+
+—Sí, sí, de Dios tiene que ser, si es idea benéfica y compasiva. Dímela
+pronto.
+
+—Pues he venido pensando por el camino que usted, en su vejez, triste
+occidente de una vida de prodigalidad y disipación, habrá contraído
+deudas, compromisos que afectan al honor y buena fama, y que desea,
+como caballero cristiano, darles cumplimiento antes de morir.
+
+—Hija de mi alma, hablas ahora como la misma sabiduría —dijo don
+Beltrán casi llorando, con ganas de arrodillarse y besarle la orla del
+sayal.
+
+—Bien, señor: se le dará lo que necesite para ese objeto, siempre que
+adopte vida religiosa consagrando a la oración y penitencia el resto de
+sus días. No tiene usted que inquietarse de cosa alguna, tocante a la
+providencia de pagar sus deudas y demás negocios mundanos. Mi hermano,
+o persona que él designe, se encargará de dejar bien puesto el nombre
+de Urdaneta, pagando lo que usted debe a los hombres. Usted no vivirá
+ya más que para pagar a Dios lo que a Dios debe...
+
+—Pero... entendámonos... La idea no es mala... Explícate mejor...
+¿Antes de que me arregléis mis asuntillos, tengo yo que meterme
+fraile?...
+
+—Parece como que le espanta la idea.
+
+—No, hija, no... Es que..., verás...
+
+—¿Se tiene acaso por persona más alta que el emperador y rey Carlos V?
+
+—No, no... ¡Si estamos conformes! Yo deseo el descanso, la abdicación
+—dijo don Beltrán, pensando que le sería forzoso dar su asentimiento,
+a fin de obtener después, por concesiones graduales, sentencia más
+conforme con sus deseos—. No tengo inconveniente... La idea es muy
+acertada... Pero hazte cargo de la urgencia de mis compromisos.
+
+—Sobre toda urgencia está la de dar a las riquezas de Juan Luco la
+aplicación santísima que hemos determinado.
+
+—Aprobado, hija, aprobado... La idea es grandiosa, ea...
+
+—En obsequio al amigo y protector de mi padre, hacemos una sola
+excepción, consagrando parte de aquel caudal a poner en salvo la buena
+fama de un noble caballero aragonés. Pero esto no ha de hacerse sino
+consagrando usted previamente los días que le restan de vida a la
+oración y a la austeridad. Hágase cuenta de que Dios le da el miserable
+puñado de metal que necesita para cumplir con el mundo; pero no se
+lo da por su linda cara, sino a cambio de su alma, en lo cual se ve
+patente la bondad infinita.
+
+No pudo dar por de pronto el pobre viejo más respuesta que un suspiro
+hondísimo, y afilando luego su entendimiento, trató de acomodarse
+al deseo y planes de la monja con eufemismos delicados y vaguedades
+ingeniosas. En esto se les pasó una parte del camino, y cuando ya
+avistaban la villa que lleva el nombre de La Codoñera, situada en
+escarpado y agreste sitio, vieron venir por el sendero abajo a Tomé
+despavorido y dando voces. Detrás de él venían los ancianos con menos
+veloz carrera. Diole a don Beltrán un vuelco el corazón, viéndose
+cercano a un gran peligro, y así era ciertamente, pues Tomó gritaba:
+
+—¡Los facciosos, los facciosos!
+
+No pasaron dos minutos sin que se viera justificado el pánico del
+chico: a la revuelta del sendero aparecieron seis hombres, luego más de
+veinte, y por fin un tropel de ellos, que a don Beltrán se le antojó
+un grande ejército. Todos traían boina y fusil, vestidos con un
+abigarrado desorden enteramente contrario a la uniformidad.
+
+Suspenso y aterrado, Urdaneta apretó los dientes, mascullando palabras
+airadas y blasfemantes; los ancianos temblaban; Marcela, impávida, se
+plantó en medio del sendero, mirándoles con sosegado rostro, en que no
+pudo advertirse la menor alteración.
+
+
+
+
+XI
+
+
+Llegó de los primeros al grupo de los peregrinos un mocetón con
+zamarra, chaleco rojo y polaina de cazador, blandiendo una espada,
+único signo de su jerarquía de oficial en aquella desalmada tropa, y
+encarándose con Marcela, descompuesto y groserote, le gritó con acento
+valenciano:
+
+—En Mas Nuevo, la semana pasada, te dije que si te volvía a encontrar,
+te fusilaba. ¿A dónde vas ahora? ¿Quién es este vejete?
+
+—Voy a donde quiero, y este señor es quien es.
+
+—No eches roncas... Mira, Marcela, que me tienes frita la sangre, y si
+te desmandas, cumplo lo que te ofrecí.
+
+—¡Salvaje, mátanos cuando quieras! —exclamó Marcela con tanto desdén
+como energía, lanzando un rayo de sus ojos—. Delante de las bocas
+de tus fusiles, yo y estos santos varones te decimos: ministro de
+Satanás, toma nuestras vidas, que Dios recogerá nuestras almas. ¿Ves
+estos hombres humildes; ves este anciano, de la primera nobleza de
+Aragón, que abandona su casa y honores por amor a la penitencia y
+los trabajos? Pues ni él, ni yo, ni los demás, tememos la muerte.
+Moriremos, ¿verdad don Beltrán? Moriremos alegres, pidiendo a Dios que
+perdone a nuestros verdugos.
+
+Tales manifestaciones de santidad heroica, y la tosquedad siniestra
+que vio impresa en el rostro del cabecilla, persuadieron a don Beltrán
+de que había llegado su última hora. Miró en derredor suyo buscando
+a Tomé. Lamentaba que la vida juvenil de su escudero fuese también
+sacrificada en aquel lance. Pero el despabilado chico, al dar aviso
+a su amo de la presencia de los facciosos, y antes de que estos se
+acercaran, desapareció como un ave en la cercana espesura.
+
+El bárbaro capitán contestó a las provocaciones de Marcela con estas
+palabras:
+
+—Pues te juro que habremos de daros gusto. Solo que como no tenemos
+aquí capellán que os confiese, forzoso será llevaros al pueblo. Y
+puesto que todos sois santos, preparaos unos con otros... Ea, en marcha.
+
+—¿A dónde nos lleváis? —preguntó don Beltrán, que con el ejemplo de la
+monja procuraba reforzarse de serenidad y entereza.
+
+—A La Codoñera.
+
+—¡Pues a La Codoñera! Y ojalá estuviéramos, a cuatro pasos de ese
+pueblo donde hay capellán, que ya nos pesa el cuerpo, ya nos pesa la
+vida, como hay Dios.
+
+Era el capitán un hombracho hermoso, atezado de rostro, gallardo de
+postura, vestido con cierta bárbara elegancia de buen ver. Mandó a los
+prisioneros que se pusieran en camino, los dos enterradores delante,
+entre la tropa de vanguardia; detrás, junto a él, Marcela y don
+Beltrán. No debía de ser hombre tan fiero como Urdaneta creyó en los
+primeros momentos, porque aproximándose a la peregrina por la izquierda
+de esta, le dijo:
+
+—Todo esto te pasa porque quieres. Sabes que te estimo. Marcela,
+quédate conmigo, que más has de valer señora sentada que de monja
+andariega.
+
+—Monstruo, prefiero que me maten de un tiro a morirme de asco...
+—replicó la religiosa sin mirarle—. No te acerques a mí.
+
+—Me da la gana de acercarme, y te digo que si haces lo que te
+propuse la semana pasada en Mas Nuevo, serás feliz; vamos, que no te
+arrepentirás de ser mía, y se te quitarán de la cabeza esas murrias del
+misticismo.
+
+—En verdad te digo, Nelet, que los escarabajos, salamanquesas y
+cucarachas que adornan el trono de inmundicia de Satanás, son menos
+asquerosos que tú.
+
+—Y yo digo que los ángeles negros, que negros los hay también, son
+menos bonitos y menos salados que tú... ¿Qué ojos hay como los tuyos?
+¿Qué boca se iguala con ese panal de santa miel? ¿Pues y ese cuerpo que
+debajo de las estameñas se cimbrea como un junco con carne? Marcela,
+si has olvidado que eres mujer, yo haré que lo recuerdes y te alegres
+de recordarlo.
+
+—¡A matar pronto! Abra el dragón sus fauces, y tráguenos. Extienda el
+buitre su garra, y destrócenos. Somos de Dios, y a Él van nuestras
+almas.
+
+—Si no me das la satisfacción de tenerte a mi lado, me consolaré con el
+goce de fusilarte... Es un gusto, créelo, un gusto fusilar a quien se
+ama; así sabe uno que no ha de ser para otro... y ver ese lindo cuerpo
+retorciéndose... y luego cogerlo uno, y meterlo en el hoyo y agasajarlo
+con tierra...
+
+—¡A matar, a matar pronto! —repitió Marcela, iluminado el rostro, la
+boca seca—. Morir por Dios, morir en la pureza, viendo cómo el alma se
+aparta de tanta inmundicia, es la mayor gloria...
+
+—Bueno es que el señor capitán entienda que no somos espías —dijo don
+Beltrán, que al ver los afectos amorosos del cabecilla empezó a cobrar
+esperanzas—. Nosotros íbamos por aquí a nuestros asuntos de penitencia
+y a practicar las obras de misericordia.
+
+—¡Por Dios, no sea usted cobarde, don Beltrán! —dijo Marcela viva y
+colérica, dándole tan fuerte pellizco que le hizo ver las estrellas.
+
+—¡Hija!..., ¡ay! Pues bien valiente que soy, ya lo ves... ¡Ay!, tus
+dedos son tenazas. Me has arrancado un pedazo de carne. ¡Si yo también
+quiero que me fusilen!... Pero, francamente, si hemos de morir,
+suprimamos los pellizcos.
+
+Antes de llegar a La Codoñera, se les unió el grueso de la partida. El
+jefe, que debía de ser de graduación equivalente a la de comandante o
+más, examinó a los prisioneros.
+
+—¿Es usted Peinado? —le preguntó don Beltrán plegando los ojos y
+aproximándose—. Si es Peinado, no extrañe que por causa de mi corta
+vista no le reconozca. Fuimos amigos hace años.
+
+—No señor, no soy Peinado: soy Tena —dijo el cabecilla, hombre pequeño
+y vivo que no carecía de formas corteses—. Peinado está con el general
+en jefe.
+
+Y volviéndose luego a Nelet, le dio órdenes:
+
+—Llévales contigo, pero no entres en La Codoñera. Por el atajo te
+corres esta tarde hacia Belmonte, y de allí, sin parar, a Valderrobres,
+donde me juntaré contigo mañana temprano. Yo tomaré la vuelta de
+Torrecilla, a ver si cojo la columna del marqués del Palacio... A estos
+cuatro simples no se les fusila. Si ella no fuera hembra, y ellos unos
+vejestorios, les daríamos cincuenta palos... Eso les vale. Llévales a
+Valderrobres, y yo les recogeré allí. Ya sabes que me dijo don Ramón
+que si otra vez cogíamos a esta saltamontes, se la lleváramos. Quiere
+conocerla.
+
+No se habló más, y en marcha todo el mundo. Muy entrada la noche,
+llegaron los prisioneros de Nelet a Valderrobres; y aunque en el
+camino se les había dado algún reparo de alimento, don Beltrán no
+podía tenerse de hambre y fatiga; los huesos le dolían como si se los
+hubieran machacado; pero más que la molestia física le agobiaba la
+desesperación, resultante del tristísimo fin de su loca aventura.
+
+«Tenía razón Estercuel —decía desplomando su humanidad sobre el suelo
+de un establo vacío en que les encerraron—. En plena Edad Media.
+¡Maldita sea la tal Edad Media y el perro que la inventó!... Esto es
+horrible, Dios mío... A tal desastre me ha traído una vana ilusión,
+más propia de niño inexperto que de anciano sesudo... ¿Y cómo salgo
+yo ahora de esta cisterna en que me ha precipitado mi desatino? ¿Cómo
+me libro de estos cafres?... ¡Para que me fíe otra vez de santos y de
+peregrinas, de monjas milagreras que entierran ollas! Esta tarasca me
+ha perdido, y ahora no será ella quien me salve... Merezco, sí, lo
+que me pasa, por codicioso, por crédulo, por niño... chocho... ¡Ay de
+mí! ¡Vaya una vejez, vaya un fin de la existencia! ¡Yo que vine por
+proveerme del pan de la vida, y ahora me veo prisionero, amenazado de
+muerte, envilecido entre esta canalla, y teniendo que aguantar sus
+groserías...! Me pegaría si no estuviera en tal estado, que no caben ya
+más dolores en mi cuerpo miserable...».
+
+Esto se dijo, procurando el descanso. Por suerte suya, aproximáronse
+a él los otros viejos, y acumulado el calor de todos, hallaron alguna
+defensa contra el frío. Por el opuesto lado se arrimó después Marcela,
+que sentadita rezaba en alta voz, hasta que don Beltrán, incomodado
+del sonsonete, le dijo:
+
+—Rece para sí, hermana, que los viejos necesitamos dormir. Sabe Dios
+qué mañana nos espera.
+
+Y a la madrugada, sintiendo el prócer un gran peso que le oprimía, y
+comprendiendo que era el cuerpo de la santa mujer, que en el abandono
+del sueño se caía de aquel lado, le dijo:
+
+—Suspéndase un poco, hermana, que me agobia todo el lado izquierdo y no
+puedo respirar.
+
+Retirose la monja lamentándose de haberse dormido, pues su ánimo era
+velar la noche entera, y se aprovechó del empujón de don Beltrán para
+despabilarse y continuar sus rezos.
+
+Lleváronles al otro día muy de mañana por el desfiladero de Beceite a
+salir a la Cenia, camino endemoniado, propio de cabras y guerrilleros.
+Intenciones tuvo don Beltrán de pedir que le arrojaran en el camino
+para que se lo comieran los buitres, o que le fusilaran de una vez,
+pues así se acababan sus martirios. Compadecido el capitán Nelet, que
+no era mal hombre, aunque de genio harto arrebatado, le dio de comer,
+socorriole además con un trago de aguardiente, y por fin, le atravesó
+sobre la carga de una mula que llevaba sacos de forraje. Marcela
+continuaba a pie, y a ratos se aproximaba al anciano para dirigirle
+estos o parecidos consuelos:
+
+—En opinión del beato padre san Juan de la Cruz, tratándose de
+trabajos, cuanto mayores y más graves son, tanto mejor es la suerte del
+que los padece.
+
+—Déjame a mí de padres beatos de la Cruz —le contestó Urdaneta—, que la
+que tengo sobre mí pesa bastante... ¿Cómo quieres que me alegre de esta
+situación? Dime que me resigne y hablarás con seso...
+
+Al cansancio y tristeza de tal viaje, uníase el temor de que la columna
+carlista encontrase otra de la reina, y rompieran el fuego cogiendo en
+medio a los infelices que no habían hecho armas ni por Carlos ni por
+Isabel. Dos días pasaron en esta ansiedad sin que nada de particular
+ocurriese; y al ver que descendían con precaución por ásperas
+pendientes, don Beltrán, sin poder apreciar por sí mismo el territorio,
+entendió que iban hacia la Plana. En una aldehuela poco distante de
+Albocácer, se agregaron a una numerosa tropa carlista, que más que
+columna era ya división, y allí tuvo el pobre anciano la suerte de
+encontrar un alma compasiva, un capellán que sin conocerle, o más bien
+reconociéndole por su traza y modo de hablar caballero de nacimiento,
+le prodigó atenciones y cuidados, acomodándole al fin en un carro de
+provisiones, donde el pobre señor se creía transportado del infierno a
+la gloria.
+
+«Dios no desampara a los buenos —se dijo—, y yo soy bueno, aunque
+otra cosa crea esa bigardona volandera que ahora se empeña en meterme
+monje del Císter. Yo no hice nunca mal a nadie, como no fuera a mí
+mismo... ¡Fraile yo! ¡Y me da a escoger entre la cogulla y una miseria
+deshonrosa!... ¡Vive Dios!, que puesto en tan horrible dilema, no sé a
+qué carta quedarme».
+
+Completó el capellán sus atenciones con la constante compañía, de que
+sobrevino una real amistad. Llamábase Mosén Putxet, y era tortosino, un
+sí es no es ilustrado y muy corriente en todo. Contole que en aquellos
+días habían trabado pelea, en los campos de Torreblanca, Cabrera y
+Borso, llevando este la mejor parte. No cerradas aún las graves heridas
+que en Torre de Arévalo le pusieron a la muerte, Cabrera recibió
+un balazo en el muslo. A su serenidad y arrojo debió la salvación.
+Retirada su gente a Cuevas de Vinromá, el caudillo se ocultó en la casa
+del cura de La Jana, donde permaneció algunos días en lastimoso estado,
+febril, exangüe. La suerte suya y de sus tropas fue que Borso no supo
+aprovecharse de la victoria, y con su inacción dio tiempo a que Cabrera
+se curase, como él lo hacía siempre, de prisa y corriendo; a que en el
+lecho dictara disposiciones para rehacer su ejército; a que este, con
+ligereza inaudita, le secundase, marchando de nuevo en busca de nuevos
+triunfos, con su general a la cabeza, llevado en parihuelas.
+
+—Por lo que usted me dice, nos encontramos en el cráter de un volcán
+—observó Urdaneta—, y estoy a punto de presenciar sangrientas batallas.
+Sea lo que Dios quiera. Sin duda es su voluntad que acabe yo mis días
+en medio de estos horrores.
+
+—A todo se acostumbra uno —le dijo Putxet—. Mire: los primeros días
+no podía yo habituarme a la guerra; pero ya me voy haciendo a tales
+crueldades, y pienso que Dios las consiente para que venga pronto el
+triunfo de su religión santísima.
+
+No se atrevió el ladino viejo a manifestar al capellán lo que sobre
+esto pensaba, temeroso de perder su amistad, que en aquella triste
+aventura érale tan provechosa. Pasaba don Beltrán en vela las noches,
+y gran parte del día durmiendo, sin que supiera por qué adquirió en
+la molicie del carro esta costumbre. Una tarde, hallándose en letargo
+dulcísimo, después de comido y bebido con cierto regalo, soñó con
+terremotos, incendios, erupciones de volcanes. Despertando de súbito,
+hirió sus oídos horrísono estruendo de tiros, y echando la cabeza fuera
+del toldo, vio que en una loma cercana estaban batiéndose facciosos y
+cristinos. Ellos debían de ser; mas no distinguía el pobre señor las
+boinas y morriones. Vio, sí, los fogonazos, y oía el murmullo de la
+pelea, como la reventazón contra peñascos de las olas embravecidas.
+
+Parado su carro junto a otros, poca gente vio Urdaneta en su derredor.
+Tras el pánico primero, una esperanza risueña animó el afligido
+corazón del anciano. ¡Si resultaba que la división o columna cristina
+que allí peleaba era la brigada de Borso, y obtenía la victoria; si
+resultaba que en dicha columna venía _Mero_, y _Mero_ quedaba ileso,
+qué felicidad! Muy hermosas eran estas ideas para que la realidad las
+confirmase. Al ponerse el carro en movimiento, creyó Urdaneta que los
+carlistas se pronunciaban en retirada. Mas, ¡ay!, era lo contrario. Los
+cristinos abandonaban sus posiciones, y los facciosos iban sobre ellos
+ebrios de furor. Así lo comprendió por las voces que de lejos venían,
+por la alegría que en derredor suyo estallaba... El carro avanzó a
+retaguardia de los batallones victoriosos, y a poco vino la noche.
+Pararon. Urdaneta preguntó:
+
+—¿Dónde estamos? ¿Cómo se llama el lugar donde se ha dado esta batalla?
+
+Respondiéronle con una retahíla valenciana, de la cual no sacó nada
+en limpio. A poco de la parada, y cuando repartían el rancho, oyó
+entre ásperas voces del dialecto alguna castellana que anunciaba el
+fusilamiento de los prisioneros del ejército vencido. A don Beltrán
+se le erizó el cabello, y recostándose sobre los sacos, se hizo un
+ovillo... «Que me fusilen también a mí, Señor, y así acabarán mis
+sufrimientos». Pasado un rato, un extraño ruido le hizo abrir los
+ojos. Vio a lo lejos fulgor de antorchas; sonaron luego disparos, una
+descarga... después otra y otras, a las que siguió un lúgubre silencio.
+«¡Pobre _Mero_! —murmuró el anciano—: que Dios te acoja en su santo
+seno».
+
+Al poco llegó Mosén Putxet, y subiendo al carro, donde tenía las
+alforjas, dijo a su amigo:
+
+—Estoy rendido; no puedo más. Cada lance de estos es para mí una
+enfermedad grave.
+
+Y sacando de las alforjas el buen repuesto que llevaba, invitó a su
+compañero a participar de la cena. Excusose el prócer con su falta
+de apetito, y el otro, declarándose también inapetente, afirmó que
+sin gana tenía que alimentarse, so pena de hallarse al día siguiente
+desfallecido.
+
+—¡A dieciséis he tenido que confesar! —dijo con dolorido acento—. Esto
+es muy triste. Las leyes de la guerra, implacables, lo conceptúan
+necesario... para asegurar el triunfo del trono legítimo y de la
+religión veneranda... Hace usted mal, amigo mío, en no tomar algo. No
+se puede abandonar la nutrición del cuerpo. Verdad que usted, si ahora
+no tiene gana, a cualquier hora de la noche tomará lo que guste. Yo,
+pasadas las doce, no puedo, porque tengo que decir misa. Mañana es
+domingo: por eso se ha determinado que la _aplicación de los castigos_
+se efectuara esta noche... ¡Cruento sacrificio! ¡Maldita guerra! ¡Que
+sea necesaria la destrucción de vidas para llegar a la paz, y la
+injusticia para llegar a la justicia, y la crueldad para llegar a la
+benignidad!... Como usted ve, tengo que alimentarme. Son muchas horas
+desde las doce de la noche a las diez de la mañana, hora de la misa de
+campaña...
+
+Terminada la cena, no tardó el capellán en dormirse. Don Beltrán
+velaba; veló hasta el amanecer, engolfado en severas reflexiones. En
+tan triste noche, precursora de días más tristes, el viejo aristócrata,
+despreciando a su amigo, se sintió religioso, profundamente religioso.
+
+
+
+
+XII
+
+
+Al amanecer, cuando empezaba a conciliar el sueño, le llamaron... Creyó
+al pronto que iban a fusilarle, y dijo:
+
+—Vamos, estoy pronto. Acabemos de una vez.
+
+No tardó en enterarse de que le mandaban a desempeñar una obligación
+harto triste: enterrar los muertos de la hecatombe de la noche
+anterior; y si el primer impulso de su orgullo y dignidad fue rechazar
+colérico un cometido tan impropio de su categoría, luego dejó lugar el
+orgullo a la conformidad cristiana que había criado en su alma con las
+meditaciones del pasado insomnio, y dando un gran suspiro, dijo:
+
+—Vamos a donde ustedes quieran. Merezco esto y mucho más: seré
+sepulturero.
+
+La idea de que entre los cadáveres podía encontrar el de Baldomero
+Galán, hizo flaquear un momento su entereza; pero logró rehacerse con
+estas consideraciones: «Si está, ¡qué puedo hacer más que llorarle!
+Contra los hechos, dispuestos o consentidos por Dios, nada podemos.
+Enterraré al pobrecito _Mero_, alférez y mártir».
+
+Terrible duelo y consternación produjo a don Beltrán la vista de los
+dieciséis cadáveres ya desnudos, rígidos en sus violentas contorsiones;
+y como no podía reconocer al que buscaba sino acercándose mucho, a
+todos les fue observando uno por uno, y tocaba los fríos rostros. Eran
+jóvenes, lozanas existencias destruidas bárbaramente en la plenitud del
+vigor.
+
+«No está _Mero_ —pensó, sintiéndose aliviado de un gran peso—. ¡Pobres
+muchachos! ¿Por qué se les ha quitado la vida? España se desangra,
+España se aniquila. Asisto al suicidio de una nación. Sepultémosla en
+su propia tierra...».
+
+Cogió el azadón que le destinaron, y se puso a cavar tan tranquilo. La
+resignación, con este humilde trabajo, fue ganando más y más espacio
+en su alma, y con ella la certidumbre de que sus desdichas venían
+del cielo y eran el contrapeso lógico de una vida de disipación y
+goces. Junto a él vio que cavaban los dos sepultureros de la compañía
+de Marcela; pero ni ellos le hablaron, ni don Beltrán les dijo una
+palabra. Abiertos tres hoyos de gran capacidad, fueron cogiendo muertos
+y arrojándolos dentro, unos sobre otros, y después rellenaron y
+apisonaron.
+
+«Yo creí —pensó Urdaneta cuando concluían— que esto me impresionaría
+horriblemente. Pero a todo se acostumbra uno. Me desayunaría yo ahora
+mismo, si me dieran con qué...».
+
+A su carro se dirigía con esperanza de encontrar las alforjas de Mosén
+Putxet, cuando le mandaron al campo donde se diría pronto la misa.
+«Pues a misa», murmuró, declarándose pasivo, dispuesto a cuanto le
+mandasen.
+
+En el campo habían puesto el altar, al pie de un soberbio algarrobo,
+vestido de espléndido follaje. El sol relumbraba esparciendo claridad
+y alegría, y picaba más de la cuenta. Del Mediterráneo, que no se
+veía, pero se adivinaba, venía una brisa suave y consoladora. Las
+tropas formaban para oír misa; los jefes, a caballo, ocuparon su
+puesto delante de los cuerpos. Allí vio don Beltrán al cabecilla
+Forcadell, uno de los lugartenientes de Cabrera, y general de una
+potente división. Su rostro inflado, risueño y de hombría de bien,
+lo mismo podía ser de canónigo que de mayoral de diligencias. Pesaba
+sobre un poderoso alazán; vestía zamarra peluda, chaleco blanco
+abotonado hasta el cuello; la boina era de gran vuelo, blanca con fleco
+dorado. De una tienda de campaña salió Mosén Putxet revestido: eran
+acólitos dos granaderos del 1.º de Tortosa. Oyó la misa don Beltrán
+con recogimiento, en el sitio que le designaron, y no lejos de sí, por
+delante, vio a Marcela de rodillas y a los dos sepultureros. Cuando
+alzaban, entre el estrépito de cornetas y tambores, el recuerdo de los
+pobrecitos que había enterrado le distrajo un poco de su devoción.
+Mas rehaciéndose, a punto que se santiguaba, decía para sus adentros:
+«Diablos de la guerra, mucho tenéis que llorar por vuestros crímenes
+para que _Ese_ os perdone».
+
+De vuelta a su carro, Urdaneta preguntaba:
+
+—¿Pero dónde estamos? ¿Es esta la Plana de Castellón?
+
+Y sin enterarse de la respuesta, tendiose de largo a largo, y comiendo
+de lo que le dio el buen Putxet, pronto se quedó dormido. Por la
+noche, el zarandeo del carro era fuerte y molesto, señal de que iba
+de prisa por ásperos declives... A la madrugada vadearon un río de
+escaso caudal. La división, dotada de extraordinaria presteza de pies
+y pezuñas, avanzaba tragándose las leguas. Al día siguiente, vio
+don Beltrán un pueblo que llamaban Olla; después otro que nombraban
+Chestalgar o cosa así. A la siguiente media noche pararon. Creyó
+notar Urdaneta que se juntaba más tropa; no cesaban de sonar tambores
+y clarines. Salió a estirar las piernas y dar un paseo... Putxet,
+cuando se retiró a dormir, díjole que estaban cerca de Buñol o cerca
+de Siete Aguas, no lo sabía con certeza, y que don Ramón, acompañado
+de Llangostera, había venido a conferenciar con Forcadell. Al amanecer
+oyose tiroteo por la parte que el noble cautivo, mirando las estrellas,
+estimó como Levante. Por allí avanzaba una división cristina. Serían
+las ocho cuando, no don Beltrán, que apenas veía, sino Putxet y otro
+clérigo que con él estaba, observaron que las tropas de la reina,
+vigorosamente atacadas en terreno desfavorable, se desbandaban;
+que luego se rehacían reforzadas por su caballería... El tiroteo
+se generalizó, llegando a ser continuo por la zona del sur... Dos
+batallones carlistas salieron corriendo como demonios a embestirles por
+el flanco.
+
+—¿Qué pasa, qué pasa, amigo Putxet? —preguntaba don Beltrán.
+
+Y el clérigo le dijo gozoso:
+
+—La caballería no les vale esta vez... Allá va como deshecha y
+desmoralizada... ¡Qué victoria, ¡_pacho_!, qué victoria!...
+
+Sobrevino luego un incidente que determinó cierta indecisión... Fuerzas
+carlistas retrocedieron. Los carros tuvieron que alejarse. De la otra
+parte empujaban con furia.
+
+De pronto vieron venir un gran tumulto, muchos jinetes que no corrían,
+volaban, los ágiles corceles saltando zanjas y cercas, desmandados,
+locos. Frente a ellos, en un caballo blanco, venía un hombre vestido
+de colorines. Al pasar el jinete junto a la impedimenta, vieron
+los que allí estaban su rostro, harto parecido al de un gato, los
+ojos flamígeros, la color verdosa, henchida la nariz, como si las
+ventanillas de ella quisieran rasgarse para dar paso al aliento. Su
+capa blanca con vueltas rojas sujeta al cuello, ondeaba como una
+bandera. En la mano blandía la espada; se le oía claramente gritar:
+
+—_Per asi, fills meus... Seguidme... Els destrosarem... ¡Viva Carlos V!
+¡Mueran eixos pillos, cobards!..._
+
+La tromba, que tal parecía, de innúmeros caballos seguidos de tropel de
+infantería, describió un vasto círculo por la llanura. Cuando se alejó,
+la nube de polvo que levantaba impidió ver dónde había caído. Oyose un
+chasquido formidable, como un desgarrón de masas enormes... Los carros
+hubieron de alejarse más, metiéndose en una hondura desde donde poco se
+distinguía.
+
+—Este don Ramón es tremendo —gritaba Putxet alzando los brazos al
+cielo, ebrio de gozo—: menuda paliza les está dando. No quedará uno
+para contarlo. ¡Viva el trono legítimo, señores! Esta brillante
+jornada nos abrirá las puertas de la hermosa Valencia, de la reina del
+Turia... Vean... ya se disipa el polvo: por allí van desbandados los
+de Isabel... distingo perfectamente los morriones... ¡Hola, hola! La
+caballería parece que quiere volver grupas y hacernos cara... Ya es
+tarde, ¡_pacho_!..., ya es tarde. Don Ramón, que es el dios Marte en
+persona, les da una carga horrorosa, y se deja caer sobre el propio
+Buñol... Adelante, valientes. ¡Viva la Virgen de los Desamparados,
+nuestra Madre!
+
+Con estas exclamaciones, de un entusiasmo pueril, iba señalando el
+clérigo las peripecias del combate que desde allí podían apreciarse.
+Hacia el mediodía todo el ejército carlista iba sobre Buñol,
+persiguiendo a los liberales fugitivos.
+
+—Me estoy temiendo —dijo Putxet a su amigo tomando un piscolabis en la
+carreta en marcha— que tendremos función esta tarde... Sería yo muy
+dichoso si, variadas las condiciones en que hoy se hace la guerra,
+diéramos cuartel. Es ciertamente más humano perdonar al vencido,
+¿verdad?
+
+Llegados a la Venta de Buñol, se procedió con método, parsimonia
+y naturalidad a fusilar a veintisiete oficiales y sargentos.
+Afortunadamente para Urdaneta, no le mandaron a enterrar. Oyó los
+tiros, vio llegar a su amigo desconcertado y melancólico, y nada más.
+
+Dos días después, sabedor Cabrera de que una columna cristina andaba
+por Alcanar, mandó contra ella a Llangostera, que la deshizo y fusiló
+victorioso todo lo que quiso. Enterado también el fiero caudillo de
+que el capitán general de Valencia había salido hacia Castellón con
+fuerzas para relevar las guarniciones del Maestrazgo, mandó a la Plana
+al _Serrador_, y desplegando una actividad increíble, prodigiosa,
+organizó al propio tiempo la expedición de Forcadell a Orihuela. No
+satisfecho aún con la victoria de Buñol, y habiendo recogido armas y
+caballos, amén del fruto de las depredaciones en país tan rico, se fue
+hacia Requena, simulando un amago a esta ciudad; mas no se detuvo hasta
+Utiel: establecido allí su cuartel general, apresurose a fortificar la
+posición.
+
+Estaba de Dios que en aquella parte de su cautiverio se agravaran las
+desdichas del noble don Beltrán, obligándole Dios con esto a mayor
+acopio de paciencia; su amigo, el buen Putxet, se separó de él antes de
+llegar a Requena, agregado a la expedición que invadir debía la tierra
+de Alicante, y ya no disfrutó el pobre viejo el beneficio del carro
+sino en contadas ocasiones, viéndose obligado a llevar peonilmente la
+carga de sus añosos huesos. Sacando fuerzas de flaqueza pudo llegar a
+Utiel, el calzado roto, los pies llagados, molido y hambriento, harto
+de trabajos, incomodidades y miserias. Pero le bastaba considerar que
+más había padecido Cristo por nosotros, para sacar alientos de su
+propio desmayo y prepararse a mayores infortunios.
+
+Metiéronle en un zaguán húmedo, y de allí le pasaron a una bodega, con
+salida a un jardinillo petiseco, cercado de tapias; le acompañaban los
+dos enterradores. De Marcela, ni estos ni don Beltrán sabían dónde
+había ido a parar. En el piso alto de la misma casa se alojaba, con
+otros oficiales, el capitán Nelet, que viendo desde el balcón a los
+viejos sentados en el jardinillo, tomando el sol, dijo a sus amigotes:
+
+—No sé para qué nos traen acá tales estafermos. Son tres bocas y ningún
+hombre. O fusilarles, en el caso de que se compruebe que son espías, o
+echarles a un camino para que se mantengan de limosna.
+
+Como don Beltrán mirase para arriba, y con lastimero acento dijese que
+lo mismo le daba a él la muerte que la mendicidad, mandole Nelet que
+subiera; obediente el anciano subió la escalera con paso lento, tomando
+resuello a cada cuatro peldaños, pues no podía de otro modo, y fue
+recibido en una sala por el dicho Nelet y otros dos tagarotes. Entró
+Urdaneta con digno continente, descubriéndose, y permaneció en pie
+esperando las órdenes de aquellos bárbaros. Nelet, apoltronado en un
+sillón, y rascándose las pantorrillas, le dijo:
+
+—¿Es cierto que es usted de la aristocracia?
+
+—Si, señor: me honro de pertenecer a la primera nobleza de Aragón.
+
+—¿Es usted marqués?
+
+—Mis títulos son los señoríos de la Torre de Albalate, de Olid, con
+grandeza, de...
+
+—Acabe usted, hombre, con esa letanía... Pues mire: de algún modo ha
+de ganar el pan que le damos.
+
+Diciendo esto, se quitó las botas llenas de cuajarones de barro, y
+alargándolas al prócer, le dijo:
+
+—En aquel cajón hallará usted cepillo y betún. Me las pondrá como un
+espejo.
+
+Permaneció un instante don Beltrán con su mano extendida hacia las
+botas, inmóvil y rígido, empeñada su voluntad en terrible lucha
+entre dos movimientos: o coger las botas y estamparlas en la cabeza
+del grosero y estúpido capitán, o resignarse a tanta humillación
+y aceptarla por los méritos de Jesucristo. Prevaleció este último
+intento, y recibió con noble pausa las botas, recogiendo luego los
+adminículos de embetunar.
+
+—¿Fuma usted? —le preguntó Nelet, haciéndole retroceder desde la puerta.
+
+—Sí, señor.
+
+Le ofreció un cigarrillo, y pareciéndole poco, le dijo:
+
+—Tome usted más, para sí y sus compañeros, que la vejez entretiene sus
+tristezas con el tabaco.
+
+—Gracias.
+
+Y bajó el anciano tan gravemente como había subido, escalón por
+escalón, sin decir nada, casi sin pensar nada...
+
+
+
+
+XIII
+
+
+Ya por despistar a los cristinos, ya por otras razones o ardides
+estratégicos, determinó Cabrera fortificar a Utiel, y lo primero en
+que puso mano fue el convento o colegio de Escolapios y la iglesia
+parroquial, gótica, de buena y sólida fábrica. Para despejar las
+inmediaciones del primero de aquellos edificios, mandó demoler varias
+casas y cortar todos los árboles de una alameda que al camino salía.
+Empleáronse en tales obras noche y día multitud de hombres, y no hay
+que decir que el señor de Albalate y los dos ancianos fueron aplicados
+a este trabajo. Vierais allí al primer noble de Aragón descargando
+hachazos en los añejos troncos. Por primera vez en su vida era
+leñador, oficio que le pareció menos innoble que el de sepulturero
+y limpiabotas. El sargento que les mandaba y dirigía era por demás
+insolente y grosero, de estos que se envalentonan con los humildes.
+Grande era la resignación de Urdaneta, que se había propuesto tomar
+por modelo al patriarca Job; mas hubo ocasiones en que se vio a dos
+dedos de perder su pasiva actitud, por la fuerza explosiva de la
+dignidad aristocrática, que romper quería sus cadenas, atropellando
+paciencia, humildad y cristianismo. Viendo que aquel bruto abofeteaba
+inhumanamente a dos infelices que no habían entendido sus órdenes,
+o que por exceso de fatiga se mostraban perezosos, sintió el prócer
+vibración en todo su ser, efecto de la honda crisis o lucha de
+opuestos sentimientos, y se dijo: «Haré un esfuerzo sobrehumano por
+contenerme si ese gandul pone sus manos en mi cara; pero dudo que pueda
+conseguirlo, pues antes de que el corazón se humille, el estallido de
+mi dignidad hará que le parta la cabeza de un hachazo».
+
+Felizmente, con él no se desmandó el bárbaro sargento; no hacía más que
+rezongar, dar voces y decir a los viejos:
+
+—_El que no traballa no menja; que aquí no estem para mantindre vagos._
+
+Terribles hambres pasaban los tres al volver rendidos a la bodega y
+patinillo en que tenían su alojamiento. Nadie se cuidaba de darles de
+comer. El enterrador que hablaba, y que tenía por nombre Pedro Zaida,
+salía en demanda de alimentos; no hiciera lo propio don Beltrán,
+prefiriendo perecer de necesidad a pedir su ración; el otro, nombrado
+Alfajar, tampoco pedía, por carecer de palabra. Así pasaron algunos
+días, manteniéndose de mendrugos de pan y de sobras de rancho, que
+Zaida recogía en los vecinos alojamientos, hasta que Nelet y los
+oficiales del piso alto se apiadaron de la miseria de los prisioneros,
+y les mandaban los restos de su comida. En un caldero bajaban la
+bazofia; de ella comían los infelices viejos, siendo tan atentos
+Zaida y Alfajar que escogían para el señor los huesos vestidos aún de
+hilachas de carne, los trozos de comida menos deshechos, y las que
+podrían llamarse golosinas, reservándose para sí lo peor. «Hasta en
+esta región de miseria bochornosa se encuentran seres delicados, se
+encuentran caballeros», decía para sí Urdaneta, renunciando a tales
+preferencias, e imponiendo el reparto equitativo de piltrafas. A
+menudo, en estas u otras escenas semejantes, rodaban lagrimones por su
+cara. Una tarde salieron los oficiales al balcón para verles comer. A
+poco llegó el asistente con un pedazo de pastel en un plato y restos de
+bizcocho borracho, y entregándolo a los cautivos, díjoles que aquello
+mandaban para el señor marqués. Luego volvió el chico con tres puros
+y el braserillo para encenderlos. Fumaron, y dieron las gracias a los
+señores, que riendo les miraban. Uno de los de arriba decía:
+
+—Ese marqués del Cuerno paréceme un grandísimo pillastre...
+
+Don Beltrán calló, no haciendo al deslenguado ni el honor de mirarle.
+Luego, a una insinuación de Nelet, que parecía dicha en defensa del
+anciano, se retiraron del balcón los oficiales. Volvieron los viejos
+al trabajo, que aquel día consistió en arrastrar los troncos hacia
+las entradas y puertas de la villa, para armar con ellos estacadas o
+parapetos. Cuando Urdaneta llegaba por las noches a su alojamiento y
+se tendía en el frío suelo junto a sus amigos, sin más abrigo que las
+pellizas de estos; cuando, después de cenar lo que Zaida trajese o de
+arriba les mandasen, procuraba embriagar con el sueño sus infortunios,
+se le iba el pensamiento a la gran casa de Cintruénigo, la casa de
+Idiáquez, y hacía revivir en su mente el edificio y las personas,
+la vida toda de aquella señoril residencia. ¡Ay!, lo que allá tuvo
+por humillación, era ya como una broma inocente. Modificadas por las
+enseñanzas de la realidad sus ideas y opiniones, lo que en Cintruénigo
+conceptuaba contrario a su decoro, ¿qué era? Nada en comparación de
+la presente ignominia y miseria. Las estrecheces que allá estimó
+intolerables, eran abundancias y delicias en parangón de lo de Utiel.
+Recordaba con desconsuelo el orden de aquella noble casa, donde todo
+estaba a punto, donde nada faltaba para comodidad y regalo de sus
+habitantes.
+
+Y pensando en esto, se le representaba su nieto: le veía niño, tan
+cariñoso, tan dulce, tan formalito, tan amante de su abuelo... Era
+su propia sangre, encarnación de su nombre y nobleza... ¿Qué haría
+Rodrigo si le viese en tan extremada desdicha? La misma _doña Urraca_,
+si viese a su suegro, el noble Urdaneta, sufriendo tanta vileza y
+oprobio, comiendo sobras y migajas de la mesa de los oficiales, ¿qué
+pensaría?... Frente a su conciencia, que severa se encaraba con él,
+reconocía el grave error de no tolerar las asperezas o defectos de los
+convivientes, para que estos toleraran los suyos. Bien claro veía que
+todas sus querellas con la familia eran por motivos que ya se le hacían
+vanos, pueriles. Veía también toda la fealdad de su soberbia, causante
+principal del malhadado viaje a tierra de Teruel; veía su codicia,
+su afán de atesorar dineros, que en su edad provecta casi no le eran
+necesarios. Pero amaba el rumbo y quería ser siempre amo y señor,
+dispensador de mercedes. ¡Bien le castigaba Dios, y cuán gallardamente
+le aplicaba su justicia severa!... Y mirándolo bien, no era Rodriguito
+tan digno de menosprecio y rencor. Poseía todas las cualidades que a
+su abuelo le faltaban. Actos de verdadera maldad, nadie podía señalar
+en él. Y en cuanto a la impertinente, mandona y atrabiliaria _doña
+Urraca_, sus defectos no eran motivo para aborrecerla, Señor.
+
+Estas reflexiones, en que se confundía la turbación de la conciencia
+con la dulzura de las memorias de familia, le habrían llevado al sueño
+reparador, si no lo estorbaran las picazones de su cuerpo, el sentirse
+acribillado por atroces punzadas que parecían mordidas. Daba vueltas a
+un lado y otro, y rascándose contra las durezas del suelo, volvían sus
+reflexiones a distraerle del acerbo picor.
+
+«¡Vaya, que si Juana Teresa conociera la cama en que duerme el padre
+de su difunto esposo, lloraría de lástima; sí que lloraría!... ¡Ella
+que cifra su orgullo en la limpieza ideal de las camas, ella, en quien
+más que gusto es manía el tenerlas pulcras, inmaculadas, como las
+vestiduras de los ángeles!... No hay en el mundo sábanas y almohadas
+como las de mi casa de Cintruénigo: huelen a manzanas, a violetas, a
+algo más oloroso que las flores, el aseo... Si Juana Teresa y mi nieto
+me vieran en esta inmundicia, llorarían... ¡pobrecitos de mi alma!... y
+no solo llorarían de compasión, sino de rabia por no poder remediarlo».
+
+Salía Cabrera con mil o dos mil hombres, los más de los días, como en
+diversión militar, para hostilizar a Requena y figurar su propósito
+de ponerle sitio. En una de estas excursiones, al regresar del campo
+entrando por la puerta de Caudete, donde se trabajaba para hacerla
+infranqueable, apeose del caballo y examinó las obras. Con seca frase
+autoritaria hizo la crítica de lo que no le parecía bien; indicó los
+defectos y el modo de subsanarlos con el menor trabajo posible. Viendo
+avanzar a don Beltrán, que a duras penas sustentaba una espuerta de
+tierra, dio algunos pasos hacia él y le preguntó si era el caballero
+Urdaneta.
+
+—Para servir a usted, general —dijo el anciano, mirándole atento y sin
+descargarse la espuerta.
+
+—Lleva usted mucho peso... _Eh, tú, Lleuiset, no carregues masa a eixe
+pobre home, qu’es un señor poch acostumat a traballs. Sous molt brutos,
+y no teniu ni pizca de criteri ni talent, ¡caramba! Es precis que
+sapian distinguir entre un home y un señor. A atres que son burros de
+veritat, els traten como si foren señorets, y no teniu llástima d’este
+pobre vell, acostumat a anar sobre alfombres_.
+
+Comprendió el anciano que hablaba en su favor; y como al propio
+tiempo le quitaran la pesada carga que llevaba, murmuró una frase de
+gratitud. Cabrera no se hartaba de mirarle, fijándose últimamente en
+sus pies y en las destrozadas botas. También don Beltrán contempló a
+sus anchas al afamado guerrillero, a quien vio por primera vez en el
+campo de Buñol, pasando como un rayo al frente de infernal cabalgata.
+Reconoció en él la cara de soberbio gato, que ya había visto y quedó
+grabada en su memoria: cara triangular, de pómulos salientes, ojos
+grandísimos y negros con la ceja corrida, la nariz de mala forma con
+las ventanillas siempre palpitantes. Vestía con elegancia y cierta
+presunción de originalidad, no escaseando en su ropa los dorados y
+relumbrones; la capa blanca con forro encarnado completaba su típica
+figura. Con militar saludo se despidió para entrar en el pueblo. Por
+la noche, hallándose los tres viejos en el patinillo, comiendo de las
+sobras enviadas por Nelet, llegó un ordenanza que se puso a gritar en
+la puerta:
+
+—¿Quién es aquí el marqués?... ¡Eh, marqués!
+
+—Yo soy, buen amigo —dijo Urdaneta, que respondía por aquel título—.
+¿Qué se ofrece?
+
+—Pues aquí me manda el general con estas botas —dijo el chico mostrando
+un par no muy nuevo, pero en buen estado.
+
+—¡Ah..., ya!..., para que se las limpie... Bien: déjalas ahí.
+
+—No es para que se las limpie, jinojo, sino para que se las ponga... Ya
+veo que le hacen falta. El general le manda estas, que no se pone ya,
+y para usted están que ni pintadas; todavía en buen uso. Ya le miró a
+usted la pata, y sabe que le vendrán bien.
+
+—¡Oh!..., ¡Dios! —exclamó el aristócrata, decidiéndose a recoger el
+regalo—. ¿Y el general se acuerda de este infeliz?... Dile que estoy
+muy agradecido... ¡Oh, botas de la paciencia, de la humillación, venid
+a mis pies!
+
+Y cuatro días después, hallándose en Cheste, emprendida la marcha
+sigilosa de todo el ejército hacia el llano de Valencia, fue
+sorprendido don Beltrán por un recado del general llamándole a su
+presencia en la casa ayuntamiento, donde se alojaba. Allá se fue el
+noble viejo, y encontró a don Ramón en una estancia del piso bajo
+con trazas de escuela pública, por los cartelones de letras gordas
+que colgaban de las paredes. Estaba el caudillo de sobremesa con dos
+mujeres guapísimas, de nacarada tez y ojos hechiceros, ataviadas a
+estilo popular. Los _caragols_ sobre las sienes, cruzados por ganchos
+de oro; el moño de trenzas, atravesado por las agujas, ofrecían el
+clásico modelo del peinado valenciano. En sus orejas llevaban los
+arcaicos _polques_ de oro con esmeraldas y perlas barrocas, joyas
+de apariencia bizantina, y en el cuello hilos de aljófar. Toda la
+vestimenta, de tisú, era lujosa y elegante dentro de la más escrupulosa
+propiedad. Sin verlas más que como imágenes borrosas, o como bocetos
+de admirables pinturas, don Beltrán, olfateando belleza con su
+especial nariz de perito en mujeres, las diputó por grandes señoras
+disfrazadas de campesinas ricas. Sentábanse a izquierda y derecha
+del general, muy arrimaditas; luego seguía un capellán, que parecía
+granadero, y al otro lado un cabecilla, en quien, por la facha y rostro
+de clérigo afligido, creyó reconocer don Beltrán a Llangostera.
+
+Sospechó el noble aragonés, no sin fundamento, que Cabrera le llamaba
+para mostrarle a sus amigos como un objeto de curiosidad, como un ente
+raro, consistente la rareza en el vivo contraste entre tanta nobleza y
+miseria tanta. Mas no era este el único móvil del llamamiento: había
+otro, que el general expresó después de contestar al cortés saludo del
+caballero:
+
+—Pues le he mandado venir para advertirle que... esté preparado...
+
+—¿Preparado a qué, general?
+
+—Haría usted mal en creer que le tenemos aquí por gusto de su
+co...mpañía —dijo Cabrera, que hablando familiarmente tartamudeaba un
+poco: su lengua, disparándose en articulaciones rapidísimas, tropezaba
+a cada instante.
+
+—¿Para qué debo prepararme, general?
+
+—El sistema de represalias, que, como usted sabe, es obra de esos
+infames cristinos, me obliga a la crueldad, con... contra los
+sentimientos de mi corazón.
+
+—Ya entiendo. Es para fusilarme. Bien preparado estoy. Esta vida que
+arrastro, señor, vale tan poco para mí, que el quitármela, más que de
+cruel, le acreditará a usted de piadoso.
+
+—Yo lo siento..., sabe Dios que lo siento. Co...mpadezco a los que me
+veo precisado a sacrificar... Me duele, aunque mis enemigos crean otra
+cosa y me llamen tigre... Pero yo digo: todas las inocencias del mundo
+juntas no valen la inocencia de mi madre.
+
+—Aunque no temo la muerte, mi conciencia, mi respeto a la verdad, me
+obligan a declarar que ni soy espía, ni he venido a esta tierra con
+ningún fin político ni militar.
+
+—Sé que no es usted espía. Me lo ha dicho la monja Marcela, que me
+merece crédito... Pero aquí cobramos vidas por vidas, y pagamos muertes
+con muertes. ¿No se ha enterado usted de que la división de Iriarte ha
+cogido prisionero al hermano del conde de Catí, vocal del Consejo de Su
+Majestad en este reino?... Pues en cuanto sepa yo que le han fusilado,
+ya está usted de más en el mundo. ¿No le parece que esto es natural,
+justo y equitativo? Noble por noble, caballero por ca...ballero.
+
+Mientras esto decía el implacable soldado, no se oyó una voz, ni un
+murmullo, que indicaran protesta contra tanta barbarie, siquiera
+compasión. O la costumbre de tales horrores embotaba en hombres y
+mujeres todo sentimiento humanitario, o no se atrevían a manifestarlos.
+
+—¿Puedo retirarme ya? —dijo el viejo sin hacer comentario a la
+terrible conminación.
+
+—Espere un poquito..., y sáquenos de una duda. ¿Es usted marqués de
+Sariñán?
+
+—No, señor: el marqués de Sariñán es mi nieto, por enlace de mi hijo
+don Federico con una dama de la casa de Idiáquez.
+
+—¿Ven como yo acertaba? —dijo una de las mujeres o damas disfrazadas,
+por lo que comprendió Urdaneta que habían tenido discusión sobre su
+personalidad.
+
+—Y los títulos de usted ¿cuáles son? —preguntole el clérigo.
+
+—Soy señor de la Torre y Casa-Fuerte de Albalate, señor de Rubielos,
+merino mayor de Monzón, poseedor de varios lugares, fortalezas,
+vasallos y pechos en el antiguo reino de Sobrarbe; señor también de
+la Puebla de Olid, con grandeza de España, caballero del hábito de
+Montesa, maestrante de Zaragoza..., y no sigo por no ser enfadoso a los
+que me escuchan...
+
+—¿No es usted pariente de los Cárceres? —preguntó la otra hembra bonita.
+
+—Si, señora —replicó don Beltrán, gozoso de oír la dulce voz, cuyo
+timbre le sonó a nobleza y elegancia—. Ramón Cárcer, cuarto marqués
+de Castelbell, es mi sobrino, y primos de mi esposa son los Borrás y
+Mezquita, así como Marianito Zagarriga, marqués de Creixel.
+
+—Otra cosa —dijo Cabrera, a quien ya parecía enojoso hablar tanto de
+nobleza—. ¿Qué tal le tratan a usted en mi cuartel general? ¿Le dan
+bien de comer?
+
+—Señor, un ejército en campaña no puede cuidar del pobre cautivo
+inútil, cuya vida no importa a nadie.
+
+—Yo quiero que sea usted tratado con la co...nsideración que merece por
+su categoría... Y si alguno le faltase al respeto, lo que tarde yo en
+saberlo tardaré en ordenar que le den cincuenta palos.
+
+—No vale hoy esta pobre vida que por ella se machaquen los huesos de un
+cristiano.
+
+—_¡Pobre señor! Em dona molta llástima. ¡Y en quina dignitat porta la
+seua miseria!_
+
+Algo pudo entender el prisionero de lo que la compasiva dama decía, y
+su piedad le llegó al alma. En tanto Cabrera le ofreció un cigarro,
+que rehusó, porque no solía fumar a tales horas... Instó el general;
+insistió la dama, que de manos de su amigo tomó el puro para
+alargárselo a don Beltrán. Cuando este salió del aposento, iba como
+fascinado por la voz claramente oída y el rostro turbiamente visto de
+la beldad, y echaba de menos sus verdes años para corresponder a la
+compasión de ella con un amor grande, solitario y sin esperanza, como
+aquel inmenso infortunio de su vejez.
+
+
+
+
+XIV
+
+
+Mejor tratado desde aquel día, el prisionero vio urbanidad y
+benevolencia en algunos rostros; pero nada lo maravilló como la
+radical mudanza del capitán Santapau, a quien conocía por el familiar
+nombre de Nelet. Empezando por mostrarse con él menos esquivo, se
+humanizó en un día, en otro se trocaron sus asperezas en afabilidad
+cariñosa, y acabó por declarar a don Beltrán su sentimiento de haberle
+ofendido y su deseo de trabar con él amistad. Aceptó gustoso este
+cambio de actitud el buen viejo, y sospechando que alguna recóndita
+intención se traía su flamante amigo, esperó a conocerle mejor para
+juzgarle. Respecto al paradero de Marcela, a quien había perdido de
+vista desde antes de la acción de Buñol, díjole Nelet que Cabrera la
+había mandado encerrar en un convento de monjas, hasta que decidiera
+el Vicario general por don Carlos, que actualmente se hallaba en
+Navarra. A juicio de Cabrera, no era decoroso ni ejemplar que una
+señora religiosa anduviese al zancajo por los caminos, suelta de
+toda disciplina; pero Santapau no participaba de esta opinión,
+pues las benedictinas de Sijena estaban exentas de clausura, como
+había declarado nada menos que el concilio de Trento. Conocedor del
+monasterio y de su poética historia, el capitán había estudiado
+el asunto, y podía demostrar a su jefe la razón y derecho con que
+peregrinaba la santa señora y esposa de Cristo, Marcela Luco.
+
+—Bien, hijo, bien —dijo don Beltrán, barruntando a dónde iba a parar
+el guapo Nelet—. También yo veo con simpatía la libertad monjil, y
+en este caso la creo muy acepta a los ojos de Dios, pues, si no me
+engaño, Marcela corretea en seguimiento de intereses que quiere aplicar
+a grandiosas fundaciones pías, para mayor esplendor de la fe y de la
+Iglesia.
+
+Decían esto camino de Valencia, como a tres leguas de Chiva, donde
+habían pernoctado. Las intenciones de Caín llevaba Cabrera en
+aquella marcha, pues informado por sus espías de que los restos de
+la división de Crehuet, derrotada tres días antes en Buñol, andaban
+por aquel término, iba en su seguimiento, bien afiladas las uñas para
+destrozarlos. ¡Espléndido país aquel, hermoso cielo, alegres campiñas,
+que aun en invierno dan testimonio de su fecundidad! Aspiraba don
+Beltrán el templado aire que por el aliento metía en los cuerpos la
+vida, la esperanza, el contento del vivir; que duplicaba el vigor de
+los jóvenes, y a los viejos les aliviaba el peso de los años. Pensaba
+que aun para despedirse de la existencia es bueno un suelo feraz, un
+ambiente templado, una tierra pródiga en flores y frutos.
+
+Los mil doscientos cristinos de infantería y el escuadrón de Lanceros,
+que, con los milicianos de Valencia y Liria, habían recibido órdenes
+de concentrarse en la capital, marchaban confiados, mal dirigidos,
+desconociendo con angelical inocencia el país que pisaban y el enemigo
+que tan cerca tenían. Como unos borregos de Dios se entregaron al
+descanso en un pueblo llamado Pla del Pou... Cuando más descuidados
+estaban, vieron encima la caballería carlista. No les dio tiempo ni
+para tomar posiciones, ni siquiera para escapar con algún orden. No fue
+batalla, fue una carnicería sañuda: desordenada la caballería cristina,
+se enredó en ella la infantería, como una deshecha madeja en las patas
+de un animal que da vueltas sobre sí mismo. Los carlistas no combatían;
+mataban a su gusto y satisfacción. Los liberales no eran soldados,
+sino reses. Algunos de a caballo pudieron escapar; los pistolos que
+no perecieron en la matanza, entregáronse a discreción, para que los
+matarifes hicieran de ellos lo que quisiesen. Por de pronto, allá iban
+todos, prisioneros y vencedores, hacia Valencia, y ya que para embestir
+a esta grande y fuerte ciudad no tenía Cabrera poder bastante, se
+plantó en Burjasot, lugar cercano, para verla al menos y que ella le
+viese. Aunque de escaso relieve, la eminencia en que está fundado aquel
+pueblo es como atalaya que domina la huerta feracísima, y a lo lejos
+el apretado caserío de la ciudad, guarnecida del verdor perenne de los
+naranjos, y destacando sus torres y chapiteles sobre una espléndida
+faja de mar azul.
+
+Tan contentos llegaron a Burjasot los soldados del absolutismo, que
+no pensaron más que en celebrar su triunfo con la vena de abundancia
+que aquella lozana tierra les ofrecía. Guerreros infatigables que
+devoraban leguas y corrían de una comarca a otra con presteza gatuna,
+traían hambre atrasada. El país donde comúnmente operaban, Maestrazgo,
+desierto de las Palmas, riberas del Palancia y Mijares, riberas del
+Guadalope y Río Martín, puertos de Beceite y de Ademuz, estaban ya
+esquilmados. Valencia era el oasis, la frescura, el descanso, la vida
+plácida con regalos mil. No fue de iniciativa de Cabrera, como se ha
+creído, el festín de Burjasot; fue idea de algunos jefes, y de la
+oficialidad y subalternos, que ya anhelaban comer y beber sin tasa
+para reponer el cuerpo de tantas fatigas. Bien se lo habían ganado:
+lo menos que podían hacer era consagrar un día, unas horas a dar a
+sus cuerpos algún goce de gula, pues todo no había de ser marchas,
+hambres y sofoquinas. Pedido permiso al general, este lo dio de buena
+gana, porque si sabía utilizar hasta la última tira de pellejo de sus
+soldados, también gustaba de que se divirtiesen y solazaran cuando la
+ocasión lo permitía.
+
+Parte del vecindario invadió el campamento, metiéndose entre la tropa.
+Iban unos por afecto a la causa carlista; otros por curiosidad; muchos
+por ofrecer y colocar hortalizas, carne, peces, patos, frutas y hasta
+flores, que ya abundaban en aquel despuntar de la primavera. Habían
+dispuesto celebrar la comilona en aquella parte culminante del pueblo,
+formada de terreno calizo, bajo el cual se extienden los famosos silos
+o graneros subterráneos para depósito de cosechas. La iglesia de San
+Roque, objeto de gran devoción, situada también en la eminencia y no
+lejos del pueblo, encara su frontis hacia Valencia y el mar, como
+recreándose en tan bello panorama.
+
+Pronto se vio la vasta planicie llena de cuanto Dios crió, viandas
+regaladas, viandas adquiridas. Se nombró una comisión que cuidase de
+allegar cucharas y tenedores, algo de mantelería y vasos para los
+jefes, y el obsequioso vecindario facilitó al instante todo cuanto se
+deseaba. Por aquí se encendían hogueras; por allá preparaban peroles y
+sartenes; en un grupo de soldados desplumaban patos; en otro desollaban
+corderos. Subían el pueblo en hombros zafras de aceite y pellejos de
+vino, cestos de naranjas, rimeros de lechugas. Soldado había que en
+estos acarreos se atracaba de forraje, como aperitivo. El vino empezó
+a correr desde el primer momento, vaciando los pellejos en jarros,
+estos en los pocos vasos que había para tantas bocas. Los carlistas más
+señalados en la localidad por su fanatismo subieron sobre sus duros
+cráneos grandísimas mesas, y montones de sillas, enganchadas traviesa
+con pata. Manteles también vinieron, aunque no tantos como habrían sido
+menester. Toda escasez se podía perdonar menos la del vino, que se
+remedió duplicando la provisión de hinchadas corambres.
+
+A las tres y media el aspecto de la bacanal era imponente: comían,
+devoraban sin orden ni medida, la tropa en el suelo, diseminada en
+grupos a los bordes de la meseta; los sargentos sentados también en
+tierra, formando cuadros con relativa corrección; más allá oficiales,
+unos de rodillas, otros _ensillados_, algunos tendidos a la romana.
+Frente a la ermita había mesas, donde se veía la figura clerical de
+Llangostera y la cara de corcho de Tallada, en la cual se confundían la
+picaresca malicia y la ferocidad. Otras personas calificadas se veían
+por allí: el subdelegado castrense, del cual podían ser retrato los
+odres de vino que acababan de traer; intendentes, cirujanos, mariscales
+mayores. Los capellanes se señalaban por su ausencia, pues una grave
+ocupación les retenía en el pueblo. Cabrera, mal humorado, sintiendo
+algún recrudecimiento de sus achaques, y molestia en sus mal cerradas
+heridas, se sentó un rato en la primera mesa; después iba de una parte
+a otra, hablando con todos, recibiendo felicitaciones. Las miradas se
+le iban hacia Valencia; apretaba las mandíbulas cuando sus íntimos le
+decían:
+
+—Don Ramón, estamos a las puertas del cielo... Haga una de las suyas, y
+llévenos allá.
+
+En las clases inferiores reinaba una jovialidad frenética. Grupo
+hubo en que empezaron por los postres, las dulces algarrobas; luego
+descuartizaban un pato, tirando en cruz de las patas y alones. Aquí
+comían las lechugas sin aliñar, en rama; allí naranjas a bocados
+mordiendo la cáscara, y encima pescado frito, o a medio freír; vino
+sin tasa; después bollos de aceite, y lonjas de tocino con azúcar. En
+las mesas o tenderetes de preferencia hubo arroces quemados, arroces
+crudos, anguilas, pajeles, pájaros y hasta morcillas; en otros comían
+el cordero a medio asar, chorreando sangre, partiéndolo con las
+espadas, por no abundar los cuchillos. El regimiento 1.º de Tortosa
+tenía una murga militar de una docena de instrumentos, trombones
+abollados, bombo, platillos y chinesco. Agregados a ella algunos
+músicos cogidos a las tropas de la reina, compusieron una mediana
+banda, la cual, desde los comienzos del banquete tocaba _escogidos
+trágalas_, la jota y otras piezas de baile. Su discorde ruido hacía
+juego con los manjares a medio condimentar y con la desafinada alegría
+del festín. Aquí y allí gritaban: «¡Que se callen esos perros!» y
+tenían razón, pues los de la banda eran verdaderos sicarios del arte
+musical.
+
+Casi a la fuerza fue llevado don Beltrán por Nelet a uno de los grupos
+que comían en el suelo; y apenas se había sentado, viendo que el
+capitán se retiraba, le dijo:
+
+—¿Pero usted, Santapau, no come?
+
+A lo que contestó Nelet, condolido de sí mismo:
+
+—Ahora no puedo: tengo que fusilar.
+
+—¿Pero qué?... ¡Ahora!... —exclamó aterrado el viejo, levantándose de
+un brinco, inverosímil para su edad.
+
+—¿Pues qué creías tú, abuelo? —dijo un teniente, que desde el principio
+de la comida estaba entre dos luces—. ¿Creías que les íbamos a
+perdonar..., y a convidarles encima?
+
+Antes de que pudiera contestarles, resonó el estruendo de una
+descarga... Corrió don Beltrán hacia donde la humareda se veía, y
+distinguiendo los desnudos bultos de cadáveres junto al tapial del
+cementerio contiguo a la iglesia, lanzó una exclamación de horror y
+se llevó las manos a la cara. Veinte infelices habían caído ya. A
+poco trajeron otra cuerda: eran veinticinco, entre ellos los cadetes
+valencianos que acababan de ingresar en el ejército, y se estrenaban
+en aquella tragedia. Venían en cueros, resignados, los menos con pocos
+ánimos, tropezando en el camino; los más, altaneros, provocativos.
+Algunos de ellos, alargando sus brazos hacia la embriagada turbamulta
+del festín, gritaron frenéticos... «¡Viva Isabel II!»... La descarga
+les cortó la palabra y el fervor de sus exclamaciones; luego, los
+tiros sueltos para rematarles sonaban a cacería. Excitados con los
+vivas insolentes de las víctimas, la soldadesca entregada a la gula
+prorrumpió en gran vocerío aclamando a los suyos, escarneciendo a
+los vencidos, que no tenían bastante con la muerte. Mientras traían
+otra cuerda del cercano corral donde les desnudaban, en la explanada
+vaciaron más pellejos. Los vacíos yacían en el suelo como cuerpos
+despanzurrados, sanguinolentos. En algunos grupos, donde con la
+borrachera se había perdido hasta el último destello de razón,
+gritaban: «Más, más». ¿Qué pedían? ¿Más bebida o más muertes? Las dos
+cosas: vino bautizado con sangre.
+
+Soldados del _Serrador_ y de Tallada cogían entre dos los muertos,
+por pies y cabeza, y los iban arrojando a un lado, formando montón.
+Las gentes del pueblo, que al principio de la matanza se aproximaron
+con instintiva curiosidad y querencia insana del terror, huían ya
+despavoridas. La musiquilla seguía lanzando su chillar bufonesco en
+medio de la melopea espantosa de tal tragedia, declamada por los
+fusiles de una parte, de otra por los ayes lastimeros o los arrogantes
+apóstrofes de las víctimas. Si pavoroso era el estruendo de las
+descargas, no lo era menos el graznido lúgubre de la banda o murga, y
+el coro desenfrenado y soez de los que comían, bebían y pateaban sobre
+el propio Calvario... Movido de inmensa compasión, de un sentimiento de
+protesta contra tanta barbarie, se fue don Beltrán con paso torpe hacia
+donde fusilaban... Le entró el delirio de unir un grito suyo al de los
+que gritando morían. No sabía por dónde andaba... Una mano vigorosa le
+apartó diciéndole:
+
+—¿A dónde va, buen hombre? Atrás, o le coge una bala...
+
+Retirose, metiendo los pies en un charco de sangre... Vio los cuerpos
+desnudos retorciéndose en el suelo, y la presteza con que los
+remataban, como quien extermina una plaga de animales dañinos. Huyó el
+pobre señor horrorizado, sin saber a dónde iba a parar; y más abatido
+por efecto del pavor que del cansancio, se dejó caer en tierra. Una
+nueva descarga, alaridos, vivas y mueras, y el coro de los bebedores,
+que ya era ronco, con voces arrastradas, grotescas, llevaron al colmo
+su espanto. Se tapaba los oídos: sus miradas buscaban en el movimiento
+de los grupos algo que indicase la terminación de la matanza; pero
+nada veía. El humo cubría la hecatombe. Volviendo sus ojos al cielo,
+ansiando ver algo que borrase de su espíritu la impresión de tales
+horrores, contempló un instante la inmensidad azul, calmosa y pura.
+
+
+
+
+XV
+
+
+No había concluido la función. Despachados los sargentos y oficiales,
+empezaron a exterminar soldados... De arriba gritaban:
+
+—¡Más, más..., todos!
+
+Y los que se acercaron a Cabrera intentando convencerle de que el
+escarmiento no debía pasar de allí, oyeron de él la fría respuesta:
+
+—Hoy no les niego nada.
+
+El general, molestado por horrible acedía, y con su boca llena de
+un amargor insano, el rostro lívido, la mirada menos brillante que
+de ordinario, no había tomado más que un poco de vino con agua. Su
+inapetencia habría necesitado quizás, para remediarse, espectáculos
+menos terribles; o era que ni aun con los triunfos recientes se hallaba
+satisfecho, y su insaciable ambición pedía más al adusto genio que le
+protegía. En medio de las alegrías del festín y de los horrores de
+la matazón, más que matanza, su espíritu se distraía de la realidad
+presente, para volar hacia la ciudad cercana, bella y rica. Los ojos
+se le iban hacia allá, como si contar quisiera las torres y cimborrios
+de la que solemos llamar _ciudad del Cid_. ¡Qué no daría aquel nuevo
+dominador de pueblos por poderla llamar suya! Mirándola con ojos de
+codicia más que de amor, parecía decirle: «Ya ves cómo trato a mis
+enemigos. Permito a mis soldados que hagan esta pira de cadáveres, para
+que en ella veas a Cabrera. Aquí estoy; mírame; quiero que tiembles
+mirándome, quiero que toda España tiemble ante mí».
+
+Terminados los fusilamientos, un amigo de Nelet recogió a don Beltrán,
+atontado de la fuerza del susto, y le llevó a su alojamiento. A prima
+noche, Nelet le hizo acostar, dándole vino caliente, y el pobre señor,
+con los cuidados que su amigo, antes enemigo, le prodigaba, descansó
+del molimiento y de la pavorosa impresión, despertándose al toque de
+diana con regular apetito y el espíritu fortificado de resignación, así
+cristiana como filosófica. Vivía en los dominios del terror trágico
+y en las fronteras de la muerte: cuando llegara para él la hora del
+martirio, sabría, pues, afrontarlo con valor y dignidad.
+
+Desayunándose con los restos del banquete, las tropas se pusieron en
+marcha muy temprano, dejando intacta la pila de muertos para que los
+enterraran los vecinos de Burjasot, si querían; algunos batallones
+se aproximaron a Valencia simulando un ataque. El amago, sin más
+objeto que amedrentar al vecindario, significaba un ¡_si voy..._!
+Pero no iba: para tal empresa no bastaban la audacia y la agilidad.
+Contentábase Cabrera con aumentar su hueste, con organizarla y darle
+hábitos y educación de ejército poderoso; sus crueldades no eran el
+nefando goce del mal, como en el depravado cura Lorente: eran los
+resortes de una infernal política, pues en su conocimiento del país
+y de los hombres, el _leopardo_ no veía más camino que la fascinación
+terrorífica para domar a los pueblos. Destruyendo media España,
+aseguraba el imperio sobre la otra media.
+
+Hecha la demostración ante los muros de Valencia, emprendió Cabrera
+con su ejército la marcha hacia la Plana de Castellón, sin decir a
+nadie a dónde iba ni qué planes llevaba. Santapau, recién ascendido a
+comandante, mandaba el 3.º de Tortosa, y en su estreno de plaza montada
+brindó a don Beltrán con la participación de su cabalgadura, llevándole
+a la grupa en todo aquel caminar, que no fue de los más acelerados.
+Dispuso el jefe una marcha por la margen derecha del Palancia, como
+si quisiera embestir a Segorbe; descendió inopinadamente hasta Sot de
+Ferrer; pasó el río, y a los dos días de lo de Burjasot, pernoctaba
+en Alfandeguilla. Afirmose en tan larga correría la amistad entre don
+Beltrán y Nelet, ganando este con delicadas confianzas el corazón
+del anciano. A poco de emprender la primer jornada, y observándole
+taciturno y receloso, díjole que el general había manifestado, respecto
+a su noble cautivo, sentimientos de benevolencia y estimación. La
+verdad de esto demostráronla los hechos, pues en la parada que hicieron
+en Rafelbuñol, presentándose la noche lluviosa y fría, Cabrera mandó a
+don Beltrán un capote suyo en buen uso para que se abrigase. Cuidaba en
+tanto Nelet de apartar para él la mejor comida, y en los alojamientos
+le agenciaba toda la comodidad posible. Tanta era en Urdaneta la
+gratitud como la confusión, y llegó a sospechar que tales obsequios
+significaban un refinamiento de crueldad, y que le regalaban como a los
+condenados a muerte antes de quitarles la vida. Descansando y comiendo
+al pie de unos robustos algarrobos, después de pasar el Palancia, Nelet
+intentó quitarle de la cabeza los temores de fusilamiento, diciéndole
+que tal vez Cabrera le retenía con fines muy distintos de los que
+supone la prisión por rehenes. No comprendía el viejo qué fines podían
+ser aquellos, dada su inutilidad, y ambos estimaron que el noble señor
+debía esperar los acontecimientos, tomando lo que le dieran, comiendo
+de lo mejor que hubiese, y abriendo su espíritu a la confianza.
+
+—Dispuesto estoy —dijo Urdaneta— a comer todo lo que me traigan, y a
+ponerme la ropa del general, si continúa mandándome algunas piezas
+útiles. Pero mi espíritu no puede estar sereno, pues no se aparta de mi
+mente la matanza de Burjasot. Soy cristiano; protesto en silencio de
+estos horrores, y pido a Dios que los castigue.
+
+—Lo de Burjasot —replicó Nelet con fría naturalidad— no es otra cosa
+que una hilada más de la pirámide de justicia que juró construir don
+Ramón, hallándose en Valderrobres, en febrero del año pasado. Esa
+pirámide no es aún bastante alta para que pueda lucir en su cima la
+imagen de aquella santa mujer, María Griñó... Pero ya tocan marcha.
+Andando, señor mío. Vamos a Nules, que es plaza nuestra. Yo le aseguro
+a usted que allí tendremos ocasión... y además motivos de hablar
+largamente.
+
+A las diez de la mañana del siguiente día fue recibido Cabrera en Nules
+con arcos de triunfo, cortinas, músicas y danzas populares. Salieron
+a felicitarle y a ofrecerle ramitos de flores las chicas guapas del
+pueblo; huelgas y merendonas tenían dispuestas los calificados, y por
+la tarde corrida de toros en la plaza. En buena casa fue alojado don
+Beltrán, y tanto él como Santapau tratados a cuerpo de rey. Salió el
+comandante a obligaciones del servicio y a diligencias privadas, de que
+su amigo no tuvo conocimiento hasta la tarde, en la ocasión y sitio que
+pronto se sabrá. Comieron opíparamente, y cuando toda la oficialidad y
+el Estado Mayor a la plaza se encaminaban para ver la función de toros,
+Nelet propuso al anciano que, pues ellos no eran aficionados al barullo
+y tenían algo que platicar, se fueran a dar un paseo por donde menos
+ruido hubiese de festejo y de muchedumbre. Conforme en ello Urdaneta,
+se metieron por calles y travesías buscando la soledad, que fácilmente
+encontraron, por estar todo el golpe del vecindario en la corrida.
+
+La villa, de construcción arábiga, blanca, de suelo plano y fácil,
+les engañó con la tortuosa red de sus calles; y cuando creían haber
+andado poco, halláronse lejos, en un arrabal separado del pueblo por
+anchas acequias. Metiéndose por entre dos tapias, fueron a dar frente
+a una iglesia de frontispicio blanqueado con excepción de la puerta
+de piedra, barroca, de columnas salomónicas, de retorcidos follajes y
+garambainas.
+
+—Como está usted cansado —dijo Nelet— y esta iglesita nos brinda con
+su soledad y silencio, tan a punto para el descanso como para la buena
+conversación, entremos, señor don Beltrán, y aquí hablaremos todo lo
+que nos dé la gana.
+
+—Dígame, compañero —indicó el viejo cuando Nelet, llevándole de la
+mano, le metió en la iglesia, y se sentaron los dos en un banco—. ¿Es
+que yo me he quedado completamente ciego, o que está esto más oscuro
+que boca de lobo?
+
+—No tema por su vista. Yo tampoco veo nada. Venimos deslumbrados de la
+calle. Aquí nadie nos molesta ni nos oye. Voy a mi cuento, empezando
+por decir a usted que el hombre más desgraciado del mundo, el más digno
+de lástima, es el que con usted habla en este momento. Pensará usted
+quizás que mis penas son obra de la imaginación, a lo que contesto
+que, aun admitiendo esa idea, no dejan de ser efectivos, terribles,
+insoportables los sufrimientos de su servidor. ¡Con decirle que en
+Burjasot, cuando mandaba los fusilamientos, envidiaba a los pobres que
+allí matábamos como moscas...!
+
+—Pasión de ánimo se llama esa enfermedad; y ella debe de ser motivada
+por una mala impresión, por un vivo querer no satisfecho.
+
+—Ya pone su dedo en mi llaga... ¡y cómo me duele! No me equivoqué al
+pensar que usted, hombre muy corrido, que ha vivido en esas sociedades
+de tono, buen conocedor de hombres y mujeres y de todo el tinglado
+social, es el único para confidente, quizás para médico de mis males.
+
+—¡Yo!... Tate..., tate... Amigo Nelet, o soy un niño inocente, o es
+causa de sus desdichas ese trastorno del alma, a veces del cuerpo,
+que llaman amor. Entre paréntesis... Ya principio a distinguir los
+altares... ¿No hay allí dos viejas?
+
+—No, señor: son dos sillas.
+
+—Me da en la nariz, Nelet amigo, que esto es convento de monjas. He
+sentido a mi espalda como un murmullo, como un roce de faldas..., y un
+cierto olor de incienso de monja..., que es un olor eclesiástico muy
+particular... ¿Me equivoco?
+
+—No, señor.
+
+—¿Está aquí detrás el coro?
+
+—Y al través de la verja parece que veo un par de bultos blancos...
+
+—Bueno, siga usted... ¿Conque amor? Y admito, sí señor, que pueda yo
+ser médico de tal achaque por mi consumada experiencia, por lo que han
+visto estos ojos, por los innumerables afectos de diferentes clases que
+han turbado este viejo corazón. Adelante, y abreviemos: ¿quién es ella?
+
+—Antes de saber quién es ella, sabrá usted quién es él. Manuel
+Santapau, nacido en un _mas_ próximo a Gandesa, de padres labradores
+ricos, no debió a estos una crianza perfecta. Hijo único, sus padres
+no supieron enderezarle desde niño por los buenos caminos, y en vez
+de contener su natural voluntarioso, le dejaron tomar vuelo; sus
+travesuras hacían gracia, y sus sinrazones eran alabadas antes que
+reprendidas, resultando que cuando unas y otras, con la edad, empezaron
+a ser maliciosas, ya no había autoridad que las contuviera. En fin,
+señor: yo, desde los dieciséis años, escandalicé la villa en que
+vivíamos, que era entonces Gandesa, y más tarde hice campo de mis
+abominaciones a Reus, a Vendrell y a Cambrils. Ausente de la casa de mi
+padre, salvo en las épocas en que iba a reponer mi bolsa, me lanzaba
+yo con otros amigos no menos inclinados a la vagancia, de pueblo en
+pueblo, cometiendo tropelías sin fin. Mis estudios, que no pasaron de
+leer y escribir y algo de cuentas, se completaron después en el libro
+del mundo, donde aprendíamos toda la ciencia del mal. Era vasto nuestro
+terreno, y en él ejercíamos diferentes artes malignas; pero la peor
+de estas, y en que yo principalmente despuntaba, era la de seducir
+doncellas con mil engaños para abandonarlas luego miserablemente.
+Si robábamos alguna vez en ciudades o despoblados, era por modo de
+travesura; nuestro botín consistía siempre en jamones y morcillas,
+aves y otros comestibles, y jamás tomamos dinero de nadie. Esta es la
+verdad; y así como digo lo malo, digo lo bueno o lo menos malo. Alguna
+muerte tuvimos sobre nuestras conciencias, todas en riña, a veces
+por defendernos de padres burlados, a veces por pendencias de esas
+que, sin saber cómo, salen del vino... porque, eso sí, a borrachos y
+camorristas, nadie nos ganaba. Aunque me esté mal el decirlo, mi buena
+figura era la mejor ayuda de mi perversidad en la campaña de conquistar
+mujeres, embobarlas y perderlas sin ninguna compasión. El demonio, que
+no Dios, me había dado el rostro para enamorar y las palabras dulces y
+mentirosas; y con tales medios, cada día era yo más terrible acosador
+del sexo femenino, llegando a no respetar ya soltera ni casada,
+seduciendo también por depravación a las que no eran bonitas, y a las
+religiosas, a las altas, y a las bajas y a las medianas...
+
+—Perdone usted, Nelet —dijo don Beltrán, que no podía contener las
+ganas de interrumpirle—. El tipo de don Juan, que existe desde el
+principio del mundo y es de todas épocas, tiene en la nuestra, por lo
+muy reglamentada que está la sociedad, poco terreno para sus audacias.
+Se lo dice quien ha visto mucho mundo; quien, si se pusiera a contar
+lances y aventuras donjuanescas, no acabaría en siete meses. Y yo
+pregunto: ¿cómo pudo usted ejercer tan largo tiempo de caballero
+seductor, sin tropezar con la justicia que le metiera en la cárcel, con
+un padre que le descalabrara, o un marido que le partiera por la mitad?
+
+—Lo encontré, sí señor: tuve mi castigo. Un marido, de Tortosa, me
+cogió desprevenido una noche, y con una barra me abrió la cabeza.
+Después agarrome por una pata y me tiró a una acequia, donde me habría
+ahogado si esta llevara más de medio palmo de agua.
+
+—Acabáramos... Reconozca usted que ya era tiempo, querido Santapau.
+
+
+
+
+XVI
+
+
+—Sí, era tiempo... Yo me lo tenía muy bien merecido. Por poco no lo
+cuento, señor don Beltrán. Me recogió el santero de una ermita que hay
+en Roquetas, y a su caridad y a la de su mujer debo la vida. No sé
+cuántos días me tuvieron en aquella cueva, debajo de la iglesia, donde
+había unos santos viejos tirados en el suelo, con las caras comidas de
+polilla, y toda la pintura y la estofa de sus trajes descascaradas por
+la humedad. Uno de ellos, que era por las trazas san Antonio de Padua,
+pero sin niño, pues este y las manos se le habían quemado en un fuego
+de los altares, se puso en pie una noche, y llegándose a mí, me habló...
+
+—¡Nelet!...
+
+—Le veía y le oía, señor don Beltrán, como a usted le oigo y le veo.
+Díjome que Dios estaba muy enojado conmigo por mis grandes pecados,
+y que en castigo de haber yo perjudicado a tantas pobres mujeres
+fingiéndoles un cariño mentiroso, me pondría en el alma un amor
+violentísimo y verdadero hacia persona que nunca me había de querer, y
+con esta pasión no satisfecha, y con este fuego no apagado, padecería
+todo lo que hice padecer a las mujeres que engañé.
+
+—Soñó usted, en verdad, un ejemplo precioso de justicia y expiación.
+
+—Verdadero o soñado, fue un aviso del cielo, según me dijo el fraile
+mínimo con quien me confesé al siguiente día, porque yo estaba
+arrepentido, sentía como un pestilente sabor de boca, la suciedad de
+mi conciencia, y quería limpiarla. Meses después, el mismo fraile de
+Roquetas (ya exclaustrado), que miraba por mi salvación espiritual y
+corporal, me aconsejó que me alistase en la facción y peleara por los
+derechos santísimos del altar y del trono. Así lo hice a fines del 35;
+presentome a Cabrera, que me recibió muy bien, y para que me fogueara
+me mandó a la partida de Quílez, después a la de Tena. Gracias a mi
+arrojo en los combates, a mi puntualidad en el servicio, adelanté
+bastante en mi carrera. Era ya alférez y me hallaba en Valderrobres, en
+febrero del año pasado, cuando los monstruos liberales dieron muerte
+a la madre de Cabrera; teníamos en rehenes en el dicho Valderrobres
+a cuatro señoras: la esposa del coronel Fontiveros; Mariana Guardia,
+hermana de un urbano de Beceite; Paca Urquiza y Cinta Foz, hermana
+y madre de otro urbano. Don Ramón las trataba con mucho miramiento,
+convidándolas a su mesa algunos días, y cortejaba a la Paquita: se
+corría la voz de que era su novio por lo fino y que se casaría con
+ella. Pero cuando supo la muerte de María Griñó, el furor de aquel
+hombre fue tal, que juró al cielo derramar sangre inocente hasta anegar
+los valles y volver rojos los pequeños y los grandes ríos. A mí me tocó
+el paso amargo de fusilar a las cuatro mujeres. La Mariana Guardia me
+gustaba, y bromeando le había dicho yo cuatro cuchufletas de tentación,
+picado de mi antiguo vicio... Al ponerlas de rodillas en el cuadro,
+después de confesadas por el padre Vallés, el mismo frailecico que a
+mí me auxilió en Roquetas, las pobres, llorando como Magdalenas, me
+pidieron por Dios que no las matase. Pero yo, ¿qué había de hacer? La
+disciplina, que es más fuerte que la conciencia, me hizo de hierro el
+corazón... Murieron... A Mariana tuvimos que rematarla, porque con los
+tiros primeros no quería morirse, y sus ojos se cuajaron, echándome una
+mirada que me traspasó... Ello fue que sentí luego un frío mortal,
+y al poco rato caí con tremenda pataleta y convulsiones, blasfemando
+y clavándome las uñas en el rostro... Por la noche, hallándome en un
+catre, donde me pusieron con los brazos atados para que no me golpeara,
+vino el demonio, y cogiéndome por los cabellos, me llevó a un alto
+monte que llaman Cretas, y allí...
+
+—Alto, amigo —dijo don Beltrán—, esa no cuela...
+
+—Porque no cree en ello. Pero yo sí, y sostengo todo lo que he dicho.
+Tan cierto como que estamos aquí, lo es que me vi en el picacho de
+Cretas, entre una caterva de demonios que allí estaban congregados; y
+después de zarandearme jugando conmigo a la pelota, me mandaron que les
+adorase, a lo que yo no accedí, y pusiéronme delante toda mi historia,
+representada en las figuras de las mujeres que perdí y ultrajé, las
+cuales iban pasando como las estampas de un libro... Ni por esas me
+conquistaron; y cuando el demonio mayor, o capitán de ellos, me volvió
+a mi catre, arrojándome en él medio muerto, llamé al padre Vallés, que
+me consoló, haciéndome aprender de memoria oraciones que bien rezadas
+ahuyentarían los espíritus malignos.
+
+—¿Pero cree usted eso, pobre Nelet?
+
+—¡Que si lo creo! —exclamó el guerrero con una convicción tan profunda
+y tenaz que don Beltrán juzgó inútil emplear contra ella las armas de
+la razón—. ¡Pues si fuera tan cierto que he de salvarme!
+
+—Siga, y lleguemos pronto al punto principal: ¿quién es ella?
+
+—Ahora sale... Restablecido de aquel mal demoníaco, de cuando en
+cuando venía por mí el diablo que quería ser mi amigo, y me llevaba
+por los aires, o al fondo de las cuevas que hay en la Portillada, o a
+los breñales espesos del río Nonaspe, en lugares a donde ni los búhos
+penetran. Era el mes de agosto, y me hallaba con el _Fraile Esperanza_
+en Calaceite, de vuelta del Mas del Hortal, donde nos habíamos batido
+con Nogueras, cuando me encontré, sin saber cómo, frente a una caverna,
+en noche cerrada, y oí una música preciosísima, que no puedo comparar a
+ninguna música de este mundo.
+
+—Sobre todo a la de la banda de Tortosa.
+
+—De la gruta salió una luz azul, muy suave..., y por fin, de en medio
+de esta luz una mujer... No puedo dar idea ni de la luz ni de la
+hermosura de la señora, ni sé cuál de las dos cegaba y confundía más.
+
+—Sería rubia...
+
+—No, señor; morena, de ojos negros, el pelo suelto y corto, caído
+sobre los hombros con infinita gracia, la mirada como de los santos
+en oración, los pies desnudos, el cuerpo vestido de un sayal de
+penitente...
+
+—Verde y con asa... Marcela... Ya me figuraba yo que en esto habían de
+venir a parar todas esas jugarretas diabólicas... Bueno, ¿y le dijo
+usted algo?... ¿Ella le habló?
+
+—No, señor; palabras no hubo; nada más que el quedarme yo extático,
+como sin sangre en las venas, la voluntad sobrecogida, y sentir que
+toda la vida la tenía en el corazón, y que en él se me metió un amor
+muy vivo y abrasador que de aquí no ha querido salir más.
+
+—Pero se me ocurre una grave objeción. Fíjese usted en las fechas antes
+de lanzarse a referir sus leyendas, Nelet. Ha dicho que en agosto fue
+la maravillosa visión. Pues en agosto, según mi cuenta, Marcela no
+había salido aún de Sijena, ni podía presentársele en esa traza de
+penitente...
+
+—Pues ahí está lo maravilloso, lo sobrenatural, que confunde a los que
+solo creen y testifican las cosas ordenadas conforme al tiempo y a la
+verdad que se toca. Yo vi a Marcela antes de que ella adoptase la vida
+y hábitos de peregrina. Y en esta anticipación de las cosas advierto
+que es ella la destinada por Dios a la obra del terrible castigo que
+quiere imponerme, condenándome a una sed no saciada, y a un afecto no
+correspondido.
+
+—Bueno; concretemos. ¿Dónde vio usted a Marcela en realidad... de ella
+misma?
+
+—En la Ginebrosa, y no me sorprendió el verla, pues ya la conocía por
+su aparición, que he referido.
+
+—¿Le habló usted?
+
+—Le pedí amores, y me contestó muy esquiva, huyendo de mí. El segundo
+encuentro fue en Nuestra Señora del Pueyo. Le habló con galantería fina
+y discreta que salía del corazón, y me dijo que no sentía por mí más
+que asco y desprecio. Yo iba mandando una partida; en mi desesperación
+se me ocurrió fusilarla, para matar con ella mi tormento... Pero no me
+atreví. Despidiéndola, le dije: «Vete, hechura de Lucifer, adonde yo
+no te vea más, que si otra vez te cruzas en mi camino, te fusilo sin
+compasión...». Parecíame que sacrificándola me libraba de mi suplicio,
+y que después podía seguir queriéndola hasta que me muriese o me
+matasen... Darle muerte no me parecía crueldad, sino una forma de amar,
+a mi manera, estilo de gran pecador y visionario de cosas grandes...
+
+—¿El tercer encuentro...?
+
+—De él fue usted testigo.
+
+—¡Ah!... En la maldita Codoñera. Tiemblo de recordarlo... De lo que
+sigue tengo noticia, y la última es que Cabrera la mandó a un convento,
+porque no gusta de monjitas correntonas.
+
+—Sí, señor..., y el convento donde está encerrada es este.
+
+—¡Este! ¡Valiente pillo! —dijo don Beltrán levantándose y dando algunos
+pasos hacia el coro.
+
+—Cuidado, señor..., que no nos conviene llamar la atención.
+
+—Como si lo viera. Los tratos de usted con los demonios ya sé yo en
+qué vendrán a parar, caballero Nelet —indicó el prócer, volviendo
+al banco—. Estamos preparando una hazaña donjuanesca: violación de
+clausura, rapto de virgen del Señor... Pero entendámonos: ¿trata usted
+de sacarla por su gusto, por el orgullo de robar una monja, o porque
+ella le ha dicho: «Nelet, ¿cuándo tocan a robar?».
+
+—Ella no me ha dicho eso; pero constándome que le agrada la libertad,
+hace días, por un propio muy listo que mandé a Nules, le propuse
+abrirle las puertas de su encierro, y me contestó que en ello no había
+pecado, sino observancia de las disposiciones del Concilio de Trento.
+El capellán del 3.º, hombre muy leído, me ha prestado unos librotes
+en que están la fundación e historia de Sijena, y con esa lectura mi
+conciencia no se escandaliza del hecho de libertar a Marcela. Estoy
+tranquilo; he tomado mis medidas...
+
+—Todo esto, mi querido Nelet —dijo don Beltrán reverdecido—, es
+hermoso, es poético y dramático. De la esencia de estas aventuras de
+amor vive el alma.... Por tales emociones y otras semejantes, no es el
+mundo un presidio. Dígame usted...
+
+—Ahora, mi ilustre amigo, no puedo decir más, porque tenemos que
+separarnos. Es la hora precisa de ver a la demandadera, la cual ha de
+darme de palabra o por escrito una razón, por donde sabré si la empresa
+se acomete esta noche o se deja para la de mañana. Aguárdeme aquí, que
+no estará solo más que el tiempo que yo tarde en esta diligencia.
+
+Mientras estuvo solo, Urdaneta se dio a reflexionar en el extraño
+caso, que a su parecer justificaba el dicho del teniente Estercuel. La
+guerra, el país, la raza, renovaban en todo los tiempos medievales.
+La vida tomaba esplendores poéticos y risueñas tintas que se mezclaban
+con el rojizo siniestro de la sangre, tan sin medida derramada. Exceso
+de vida era quizás, plétora de sentimientos y pasiones. El fondo, por
+añadidura, ofrecía característica decoración natural y el teatro más
+adecuado a tal desbordamiento de vida. La mezquina civilización _a la
+moderna_ se desvanecía, se borraba como un afeite mal aplicado, dejando
+solo las querellas feudales, el ardor místico, la superstición, las
+crueldades horrendas y eminentes virtudes, el heroísmo, la poesía, la
+intervención de ángeles y demonios, que andaban sueltos y desmandados
+por el mundo.
+
+Volvió Nelet gozoso al cuarto de hora, y cogiendo del brazo a su amigo,
+le llevó fuera, a punto que un monaguillo a cerrar se disponía.
+
+—Y qué, ¿será esta noche? —preguntó el anciano, taconeando fuerte por
+el puentecillo de la acequia.
+
+—Aún no he leído su carta —replicó Nelet, que de la fuerza del contento
+temblaba.
+
+—¡Ha escrito!...
+
+—Y además me manda unos versos. Vámonos a prisa, que por el ruido que
+se oye y la gente que se ve venir hacia estos barrios, paréceme que
+ha terminado la corrida. Esta noche, después que yo lea la carta,
+seguiremos hablando... Aún me queda lo mejor. Porque yo no le he
+contado a usted a humo de pajas mis desgracias y aspiraciones. Yo he
+visto en el señor don Beltrán de Urdaneta, noble de antiguo cuño,
+caballero muy corrido y de grandísima ciencia en cosas mujeriles,
+la única persona del mundo que puede guiarme al fin que deseo tanto
+como mi salvación: que Marcela me ame, que pueda yo, triunfando de su
+esquivez, dar al traste con la leyenda de mi castigo, que me espetó san
+Antonio en la ermita de Roquetas.
+
+—Yo tendré un placer inmenso —dijo el aragonés, parándose para hacerse
+oír mejor— en ilustrar a usted con mis conocimientos en materia tan
+grave. El corazón de la mujer no tiene secretos para mí: ciencia
+dolorosa, amigo mío, porque los maestros no llegamos a este doctorado
+sino a fuerza de amarguras y sufrimientos. En mí tendrá usted un asesor
+desinteresado; pero deje aparte toda consulta referente a espíritus
+más o menos diabólicos, pues yo no los he visto en mi vida, ni sé
+nada de esos caballeros. Eliminadas las potencias infernales, yo le
+aconsejaré lo más eficaz para conquistar el corazón y la voluntad de
+esa doncella... ¡Y que no es floja bestiecilla la que hay que domar!...
+Santa y arisca, filósofa y hombruna... Pero ya veremos, ya veremos...
+
+Llegaban al centro de la calle Mayor, donde se aposentaban, y ya no
+pudieron hablar más de su asunto, porque Nelet se vio rodeado de
+compañeros y amigos. Todos ellos, y don Beltrán no de los últimos,
+pensaron en matar el hambre, lo que no era difícil entre un vecindario
+casi totalmente afecto a la Causa, y que se desvivía por obsequiar a
+sus defensores. En los bajos del ayuntamiento, las estancias habían
+sido convertidas en comedores, donde se agolpaban oficialidad,
+capellanes y calificados vecinos del pueblo, mientras en el piso alto
+se hacían regios honores al general y a su Estado Mayor. Los compañeros
+de Nelet se acomodaron en una salita próxima a la escalera, donde
+se les dispuso espléndido comistraje, con mariscos y pescado, arroz
+exquisito y otros manjares de grande estimación. Con no poca estrechez
+se fueron acomodando, no sin designar un puesto al noble cautivo. Mas
+no había tomado la primera cucharada de sopa, cuando entró un ayudante
+del general con este mensaje:
+
+—El señor de Urdaneta, que suba. El general le convida a comer.
+
+—¡A mí!... ¿Está usted seguro de que...?
+
+—Vamos, dese prisa. Están aguardando por usted.
+
+
+
+
+XVII
+
+
+La entrada de don Beltrán en la sala del festín, donde ya ocupaban sus
+asientos los comensales; el despejo y cortesía con que, adelantándose
+hacia el general, compendió en una sola frase el saludo y las gracias
+por el honor que se le dispensaba, cautivaron a todos los allí
+presentes: bien se veía al aristócrata de raza, maestro en arte
+social. Con raras excepciones, los jefes carlistas que se sentaban
+a la mesa del general eran unos pobres gaznápiros, elevados por sus
+prendas militares a posiciones de las cuales desdecía su educación. Tal
+coronel había sido arriero, el otro pescador; sacristán, uno de los
+intendentes; contrabandista de mar y bandido de tierra el jefe de la
+caballería, sin que ninguno de ellos poseyese el genial instinto con
+que Cabrera supo borrar de sus modales la humildad de su origen. Mal
+vestido y roto, don Beltrán descollaba entre aquella gente, que aun en
+el modo de mirarle revelaba la conciencia de su inferioridad. Hubo uno,
+vecino de Nules, que, menos avisado que los demás, se permitió decir al
+prócer:
+
+—Vamos, abuelo, que no estará usted poco _inflao_. En toda su vida ha
+tenido honor como este... ¡comer con nuestro general ilustrísimo!
+
+—Honor grande, que agradezco mucho —replicó don Beltrán—; pero que no
+es nuevo para mí. Yo he comido con Napoleón.
+
+Esto de comer con tan grande celebridad produjo estupor, que se fue
+trocando en admiración. A lo largo de la mesa sonó un murmullo.
+Cabrera, hombre muy desahogado en toda circunstancia, mandó a Cala y
+Valcárcel, sentado a su izquierda, que desocupase el puesto, y haciendo
+una seña al caballero aragonés, le dijo:
+
+—¡Con Napoleón!... ¿Luego era usted su amigo? Véngase a mi lado para
+que me cuente...
+
+Trocados los asientos, ocupó Urdaneta la izquierda del general, y
+accediendo a sus deseos, prosiguió así:
+
+—No debí decir Napoleón, sino Bonaparte, porque ello fue antes de la
+primera campaña de Italia. Él tenía entonces menos edad que tiene usted
+ahora; era delgado, melenudo...
+
+—Sí, sí —dijo Cabrera con admiración infantil—, poseo su retrato en la
+_Vida de Napoleón_ con láminas, que he leído cien veces, pues no ha
+existido hom...bre en el mundo que yo admire más.
+
+Refirió don Beltrán escenas y pasajes interesantísimos de 1795 y 96,
+años IV y V de la República (¡ya había llovido!), por él presenciados,
+y añadió anécdotas graciosas, más atractivas que la historia misma; y
+con tal agrado Cabrera lo oía, que hasta se le olvidaba el comer por no
+perder concepto ni palabra.
+
+Y entre cuento y cuento, viéndose el aristócrata tan obsequiado, se
+decía, comiendo tranquilamente: «Tanta finura me da muy mala espina,
+pues de este tío no hay que esperar compasión: cuando se le hinchan las
+narices, ni hay para él amigos, ni tienen valor alguno sus atenciones
+y arrumacos. No puedo olvidar lo que me ha contado Nelet. A las cuatro
+desdichadas mujeres que en rehenes tenía en Valderrobres, las sentaba
+a su mesa, prodigándoles obsequios mil. A la de Fontiveros le permitía
+dar paseítos en una jaca, que aparejaron para ella, y a la chica de
+Urquiza le hacía el amor por lo fino con tanta insistencia, que hasta
+corrió la voz de que se casaban. Todo lo cual, ¡Dios mío!, no impidió
+que las mandara fusilar al saber la muerte de la Griñó. ¡Vaya un nene!
+Y no hay que hablar de arrebato, pues Cabrera supo lo de su madre el
+20, si no estoy equivocado, y la matanza de las rehenes fue el 27.
+Sentenciadas días antes, no las mandó ejecutar hasta que no supo que
+sus dos hermanas, presas en Tortosa, se habían escapado... No me fío,
+_leopardo_, no me fío de tus halagos, y aunque me pases por el lomo la
+pata blanda, con las uñas escondidas, sé que las tienes muy afiladas,
+y que el mejor día, cuando más tranquilo esté el pobre don Beltrán...,
+¡pum!, al otro mundo...».
+
+—¿Por qué suspira usted? —le preguntó Cabrera—. ¿Está descontento del
+trato que le damos?
+
+—¡Oh!, no, señor. Estoy muy satisfecho y muy agradecido. Encuentro
+simpatías en su ejército, y en él he podido hacer algunas amistades
+gratísimas. Pero bien sabe usted que la privación de la libertad
+difícilmente halla consuelo.
+
+—Es muy sensible —le dijo el _leopardo_ hacia el fin de la comida o cena—
+que la ley de guerra, que no puedo eludir, no puedo..., me obligue a
+tenerle a usted bien trinca...ado en mi ejército, para que su vida me
+garantice la de otro aristócrata que tiene en su poder Iriarte... Pero
+usted podría ahorrarme a mí el disgusto..., ya me entiende, y al propio
+tiempo salir de esta situación molesta... Sí, señor, comprendo que es
+car...gante eso de estar un hombre con la idea de que le van a pegar
+cuatro tiros... Sí, señor, usted podría...
+
+«Te veo venir», pensó el anciano, antes de preguntarle cuál era el
+remedio de su angustiosa incertidumbre.
+
+—¿Por qué el señor don Beltrán de Urdaneta, de la primera nobleza de
+Aragón, no se presta a reconocer al único rey legítimo de España? Para
+Su Majestad sería muy grato; y a mi entender, si usted se decidiese,
+le seguirían otros nobles de Aragón y de Castilla. Fírmeme usted una
+declaración en el sentido que le propongo, y yo la co...municaré al
+instante a mi rey...
+
+—Señor general —dijo el noble caballero después de toser y limpiar
+el gaznate para expresarse con toda claridad—, estimo en lo que vale
+la excelente intención con que usted me propone ese reconocimiento
+de los derechos del infante, y espero que usted estimará del mismo
+modo la lealtad con que me veo precisado a evadir todo compromiso con
+la causa carlista. En conciencia, y estudiado el asunto, creo que la
+sucesión a la corona pertenece a la hija de Fernando VII, y habiéndolo
+declarado así solemnemente como prócer del reino, no es decoroso para
+mí deponer ahora en favor del augusto príncipe, a quien reverencio como
+a tío carnal de nuestra reina. Fácilmente comprenderá usted, ilustre
+soldado, que en mi clase y en mi raza, la religión del honor y de la
+consecuencia no nos obliga menos que la otra religión con sus dogmas
+santísimos. Ni por cuantos bienes hay en el mundo, ni por la vida, que
+es el primero de los bienes, mancillaría yo con una traición el nombre
+que llevo... Y dicho esto con toda la entereza de que soy capaz, y todo
+el respeto que a usted debo, he de manifestarle también que aunque
+partidario de Isabel, y convencido de la legalidad de sus derechos,
+no he tomado parte a su favor en esta contienda ni con armas, ni con
+escritos, ni en ninguna otra forma. Soy hombre de paz, y acato las
+leyes de la nación, vengan como vinieren. Ni guerrero he sido nunca, ni
+tampoco político. La pelea y la conspiración me son desconocidas. Soy
+un hombre honrado, isabelino en la intención, neutral en la conducta.
+No desconozco la convicción y lealtad con que tremola usted la bandera
+del infante. Pero yo no la seguiré nunca; ni puede usted catequizarme
+ofreciéndome la vida mía, que hoy tiene en su mano. Y si en vez de
+tener usted en rehenes este cabo de vida, ya caduca, triste y de ningún
+valor, tuviera usted una vida robusta; si yo fuera joven y mirase ante
+mí un porvenir de treinta, cuarenta o cincuenta años, lo mismo que
+ahora le digo le diría..., siempre con la consideración que debo a un
+hombre de su valer y de su inteligencia.
+
+Oyó con atención y agrado el soldado del absolutismo esta declaración,
+dicha con cierto énfasis oratorio, y estimó delicadas las razones del
+caballero.
+
+—Basta, señor mío, y no hablemos más del asunto —le dijo—. Yo lo
+siento por usted..., y también por la Causa, que, digan lo que quieran,
+no se ve muy apoyada por la grandeza de sangre... Pero ya vendrán, ya
+vendrán todos... Solo que llegarán tarde, y les pondremos en última
+fila. Para entonces ya habremos creado nosotros, digo, el rey, una
+aristocracia nueva, sacada de las filas de la lealtad... ¿Qué hizo
+Napoleón cuando se vio sin nobleza de abolengo? Pues fabricarla. De
+sus generales hizo duques y príncipes, y hasta reyes... Traemos entre
+manos la fundación de una sociedad nueva, pueblo nuevo, ejército
+flamante, aristocracia acabadita de salir... Y ustedes, los de la
+corte isabelina, se irán a cuidar cabras, o a destripar terrones...
+Sí, señor; si yo lo dispusiera, así sería. A todos los marqueses y
+archipámpanos que no han reconocido a Carlos V, les pondría yo una
+azada en la mano, y... ¡hala!, a labrarme las tierras del común...
+
+Terminó la cuestión de un modo festivo, y con ella la comida. Retirose
+don Beltrán, expresando nuevamente al _leopardo_ su estimación, _quand
+même_, y se fue a dar con Nelet, que ansioso le esperaba. En una sala
+del mismo edificio, y en las propias mesas donde habían comido, los
+oficiales jugaban al ajedrez o las damas. Cabrera, una vez alzados los
+manteles, se puso a trabajar con dos secretarios, dictando oficios
+y comunicaciones para el gobierno de lo que con visos de Estado
+tenía bajo su mano. No solo había creado un ejército, sino una
+administración civil, tal como esta podría existir en aquella vida de
+constante inquietud, de movilidad epiléptica.
+
+Y en verdad que el Estado en esbozo y su terreno inseguro le venían
+corto a don Ramón Cabrera, hombre que por su inteligencia comprensiva,
+su voluntad potente y sus dotes de organización, había nacido para más
+altas empresas. Su inquietud continua, la palidez de su rostro, el
+estado nervioso y febril en que de ordinario se encontraba, no eran más
+que la impaciencia loca para llegar a donde quería ir, el sentimiento
+de la desproporción entre sus facultades y la poca materia gobernable
+que cogía entre las manos. Lo que había creado con esfuerzo monstruoso,
+con los golpes fulminantes de su coraje guerrero, con su nativo
+conocimiento de los hombres y del país era mezquino para quien se
+sentía capaz de manejar un imperio... Algo de esto pensó don Beltrán,
+recordando lo que hablaron durante la comida, y el rostro siempre
+melancólico de Cabrera: «Es un hombre que, con tener mucho entre las
+manos, aún tiene más en la cabeza, y de este desequilibrio proviene
+su aspecto de gato triste..., dormilón, cuando sus ojos no despiden
+rayos. Su crueldad es la irritación contra el género humano porque no
+se le somete de golpe. Si este hombre triunfara y pudiera manifestar
+tranquilo y seguro lo que lleva en su corazón y en su cabeza, sería un
+dictador severo y paternal, rigorista y clemente, próvido para todo, y
+hasta liberal dentro de su poder soberano indiscutible».
+
+No le dejó Nelet hablar de nada que no fuera su asunto, y en cuanto
+tuvieron ocasión de arrinconarse, lejos del barullo de los jugadores,
+reanudaron el sabroso tema.
+
+—No puede ser hasta mañana por la noche —dijo el militar—... Ahora
+sobreviene una dificultad que trato de vencer esta noche misma.
+Dícese que el general vuelve mañana hacia Liria: no sé qué planes
+tiene. Llangostera se queda aquí para ir sobre San Mateo, y después
+no sé a dónde. Yo he pedido que me destinen a su división, pues deseo
+aproximarme a mi pueblo, donde necesito proveerme de ropa y dar un
+vistazo a mis intereses.
+
+—Y en tal caso, ¡ay de mí!, habremos de separarnos...
+
+—Creo que no. He hablado a Llangostera, que es grande amigo mío y
+paisano, y espero conseguir que se quede usted con nosotros. Daremos
+al general esta noche una razón que no tiene réplica. A Llangostera
+corresponde fusilarle a usted, en caso de que maten al hermano del
+conde de Catí, porque el tal estaba en su división cuando le cogieron.
+La cosa es de clavo pasado...
+
+—¡Y tan pasado! No sabía que entre carlistas hubiera tales etiquetas.
+
+—¡Anda..., y que se cumplen con todo rigor! En fin, que vendrá usted
+con nosotros.
+
+—Mucho me place; y en cuanto a mi fusilamiento, lo mismo me da que sea
+Pedro que sea Juan el que me mande a mejor vida... Me alegraré, sí,
+de que sea usted el encargado de darme los tiros, pues no dudo que
+usted mandará que me apunten bien al corazón, para que mi muerte sea
+instantánea, y no esté yo pataleando como un buey a medio degollar...
+Con que vamos a nuestro negocio.
+
+—Dígame sinceramente, echando mano de todo su saber mundano, si una vez
+libre Marcela, debo ir tras ella y emprender su conquista por asalto...
+¿Cree que es mejor poner paralelas?
+
+—Hijo, sí: el asalto no es prudente hasta que la plaza no esté bien
+castigada y con ganas de rendirse. No haga usted la tontería de
+embestirla con violencia... Al contrario, es muy hábil aparentar
+desgana de entrar en el recinto, afectar que se desean los
+procedimientos del asedio galante, colmarla de atenciones, sin mostrar
+al principio una ansiedad viva de amor... Mujer que vive en el
+idealismo, fíjese usted bien, con el idealismo debe ser atacada.
+
+—¡Oh, qué talento tiene usted —dijo Nelet, abrazándole gozoso—, y cómo
+conoce el corazón humano! Ha sido gran suerte para mí encontrar tal
+amigo.
+
+—Y para mí también. Entre paréntesis, si quieres que yo hable con
+el desahogo que facilita la comunicación entre maestro y discípulo,
+permíteme que te tutee... Pues, sí: como ella tira a lo espiritual,
+conviene que aprendas tú algo de fraseología mística y hojarasca de
+librillos devotos. Nada de violencias. Paralelas, hijo, paralelas y
+fuegos parabólicos... por elevación. Según dices, no eres en este caso
+un seductor vulgar; solicitas el alma, el amor...
+
+—El amor, sí, grande, abrasador como el mío —dijo Nelet con acento
+teatral.
+
+Movido de compasión y de un paternal interés, quiso el buen Urdaneta
+que sus consejos le llevaran por el camino menos aventurado y
+escabroso. Díjole que de los infinitos casos y ejemplos que atesoraba
+el archivo de su experiencia, escogía los de color más honrado y puro.
+Antes que atacar a la hermosa Marcela con asechanzas o artificios de
+mala ley, debía esperar a que ella se rindiera, poniendo en ejecución
+para esto los ardides de un hombre lealmente enamorado. Bueno sería
+empezar con la estratagema de los desdenes, la fingida frialdad o
+indiferencia, que en multitud de casos subyugan más pronto que los
+extremos de cariño; bueno sería también mostrarse rival de ella
+en lo de suspirar por este o el otro santo, o por misterios de la
+religión; y si esto no resultaba eficaz, se emplearía el galanteo
+fino y respetuoso, el anhelo de sacrificarse por la persona amada, el
+propósito de emprender trabajos no menos grandes que los de Hércules,
+para obtener por recompensa una mirada dulce, una leve ternura, un
+favor sencillo. Tampoco vendría mal manifestarse caballero amador
+sin esperanza, por el gusto y la satisfacción espiritual, sin ningún
+melindre de los sentidos, haciendo gala de constancia a prueba de
+desprecios, de una adoración pura, en que el alma del galán fuera como
+esas sustancias puestas al fuego que nunca se derriten ni consumen.
+Alcanzado el primer éxito, se intentaría curar a la beata mujer de su
+místico arrebato, sacándola de aquel soñar continuo en una perfección
+imposible; y atraída al terreno de la vida corriente, se le propondría
+el matrimonio cristiano, bendecido por Dios: la unión honrada de dos
+almas y dos cuerpos por toda la vida.
+
+—Este y no otro es el camino, querido Nelet —concluyó don Beltrán con
+serena entonación—, que puede aconsejarte un hombre cargado de años y
+de experiencia. Creo que si vas resueltamente por él, Dios te ayudará,
+indultándote del castigo que mereciste por tus pecados de libertinaje.
+Sí, sí, hijo mío: pues amas a Marcela, hazla tuya honradamente, y
+constituye con ella una familia, y ten hijos que criarás en la virtud y
+en el santo temor de Dios.
+
+Tan grande entusiasmo despertó en el apasionado joven esta elocuente
+exhortación de su amigo, que se le saltaron las lágrimas, y hubo de
+dominar con vivo esfuerzo su emoción, para no manifestarla ruidosamente
+ante la muchedumbre de jugadores que llenaba la sala.
+
+
+
+
+XVIII
+
+
+—¡Jesús, qué delicia! —exclamó Nelet, después de una corta pausa—.
+¡Casarme con ella!... ¡Marcela mi mujer! ¡Y retirarnos a una vida
+pacífica, laboriosa y agradable!... ¡Y tener hijos, muchos hijos!...
+Sepa usted, don Beltrán, que hacienda no me falta. Conservo parte de
+las heredades de la familia..., entre ellas un _mas_ que es la gloria,
+cerca de Cambrils.
+
+—Rico tú, más rica ella, el matrimonio se impone —dijo el anciano con
+tal gravedad que a Nelet pareciole que hablaba por su boca el Concilio
+de Trento—. Has de saber que Juan Luco, padre de esa extraordinaria
+hembra, poseía grandes caudales, que yacen sepultados bajo tierra en
+diferentes puntos: me consta.
+
+—Algo de esto oí; mas no le daba crédito.
+
+—¡Si serás tú simple! Crees en los demonios, y pones en duda los hechos
+más naturales y corrientes... De acuerdo con su hermano Francisco,
+que también ha dado en la flor de que le canonicen, Marcela se
+propone consagrar todo ese metálico que hoy yace bajo tierra a una
+grande obra de fundación religiosa... Figúrate qué desatino... ¡Como
+si no tuviéramos en España bastantes conventos! ¡Y en qué ocasión
+se le ocurre emplear dinero en albergues para frailes y monjas...
+cuando Mendizábal, de una plumada, ha echado por tierra las órdenes
+monásticas...! Pero poniéndonos en lo razonable, y a fin de no
+contrariar abiertamente la voluntad de la monjita, la dejaremos que
+consagre parte del tesoro a satisfacer aquel deseo santo, reservando un
+buen pico para las obligaciones sacratísimas que dejó pendientes Juan
+Luco. ¿No te parece?
+
+—Si he de hablar claro, señor don Beltrán, amo a Marcela con amor
+del alma y fuego de todo mi ser, sin que esta pasión sea turbada ni
+envilecida por ninguna ambición tocante a intereses... Por mi vida, que
+más la quiero pobre; que a mis brazos venga sin otra propiedad que la
+estameña que cubre la hermosura de su cuerpo; estameña que yo trocaré
+gustoso por las sedas más ricas.
+
+—Pero, hijo, lo que abunda no daña. Tú no tienes culpa de que la
+santa sea una ricachona. La mejor demostración que puedes dar de tu
+delicadeza es permitir que Marcela funde o restaure algún conventito
+no muy grande, y que dedique luego una parte no floja de sus especies
+metálicas a dar cumplimiento a la voluntad de su padre..., a
+restituciones que son sagradas, hijo, sagradas...
+
+—Con todo estoy conforme, pues cuanto usted me dice parece dictado de
+la misma razón y del perfecto conocimiento de la vida humana. No ha
+sido poca suerte para mí encontrar tal amigo y asesor.
+
+—A buen árbol te has arrimado, hijo... Lo que yo no hiciere en este
+negocio, cuenta que nadie lo haría... Y si te parece, yo iré a
+recogerme, que me siento cansado y soñoliento... Alguien habrá que me
+diga dónde voy a tender esta noche mis pobres huesos.
+
+Llevole Nelet muy solícito a la cama que a él le habían destinado, y se
+determinó, con insomnio y desasosiego de amante, a pasar toda la noche
+en pie. Las solitarias calles de Nules le vieron rondar, al pálido
+fulgor de las estrellas, y disparar suspiros contra los blancos muros
+de las _mónicas_, santuario y prisión de la bella teóloga.
+
+Habiendo partido Cabrera al día siguiente en dirección al Júcar, por
+la noche se efectuó con facilidad y sin ningún tropiezo la evasión
+de Marcela, facilidad en parte debida a las ingeniosas disposiciones
+de Nelet, en parte a las ganas que tenían las señoras Mónicas de que
+la prófuga de Sijena se fuera a otra parte con sus filosofías y sus
+latines. Mucho sintió Urdaneta no haber sido testigo de un caso que
+tenía por interesante y teatral. Contole el galán que Marcela había
+salido con su empaque de penitente, tal como en libertad la habían
+conocido, y que él, atento a seguir los sabios dictámenes de su amigo,
+se había mostrado atentísimo y caballerescamente cortesano, pero con
+cierta frialdad parecida al desdén, según el programa trazado. Habiendo
+dicho a la monja que no le había movido a libertarla más que su amor
+a la religión y su respeto a las decisiones del concilio de Trento,
+replicó ella que agradecía su libertad; mas para que el favor fuese
+completo, había de buscar Nelet a los dos viejos enterradores que la
+acompañaban comúnmente, y llevárseles para que la guiaran en su camino.
+No le fue difícil al enamorado dar con Zaida y Alfajar, y aquel día
+muy temprano la monja y sus servidores o discípulos habían partido
+juntos hacia Villavieja. Tuvo buen cuidado Santapau de advertir a su
+ídolo que no se alejase de la tropa que él mandaba, pues de otro modo
+podría topar con quien de nuevo la cogiese y encerrara, obedeciendo las
+órdenes de Cabrera.
+
+—En todo, hijo mío querido —dijo don Beltrán satisfecho—, has
+procedido con tanto tacto como previsión. Atento, y al propio tiempo
+desdeñoso..., solícito en buscar a los viejos, que sin peligro de su
+virtud la acompañan..., y por último, precavido para tenerla siempre a
+la mano y que no se nos escabulla.
+
+—Trato de inspirarme en usted, que todo lo sabe, pues aunque yo he sido
+hombre muy corrido de mujeres, hacía mis conquistas al modo de pueblo,
+y con la rudeza y malos modos de mi educación aldeana. ¿Cómo dice usted
+que llaman a los que se dedican a engañar mujeres y hacen de esto un
+oficio?
+
+—Donjuanes.
+
+—Pues si yo he sido un donjuanillo de pueblo bajo, sin finura, sin
+retóricas, basto y llanote, usted ha sido un señor donjuán cortesano.
+
+Echose a reír Urdaneta, y no tuvieron tiempo de más explicaciones,
+porque tocaron marcha, y el regimiento de Nelet, componiendo con otros
+dos una brigada, al mando de Pertegaz, fue al socorro del _Serrador_,
+que apretado se veía en el sitio de Burriana. Cuando llegaron ya era
+tarde, porque el _Serrador_ venía en retirada por causa de la gran
+resistencia que opusieron los valientes urbanos, socorridos por una
+columna de Castellón. Pocos días después, los urbanos, por orden de
+Borso, abandonaron la plaza, y entró en ella el cabecilla faccioso
+con el sentimiento de no encontrar a ningún jefe de la Milicia ni de
+tropa a quien fusilar. Pertegaz tomó la vuelta de Cantavieja para
+unirse a Cabañero, y Nelet volvió a incorporarse a la división de
+Llangostera, que marchó hacia Lucena y de aquí a Albocácer, recogiendo
+cuanto encontraba, hombres y caballerías, víveres y forrajes,
+animales y personas. En todas estas marchas y contramarchas, don
+Beltrán se aburría de lo lindo, y Nelet no tuvo el gusto de encontrar
+a Marcela más que dos veces: la una, en la rambla de la Viuda; la
+otra, en Nuestra Señora de Hortiseda. Apenas pudo hablarle en el
+primer encuentro; pero en el segundo si platicaron, y por consejo de
+su noble maestro se lanzó a demostraciones más expresivas, después
+de haber empleado los desdenes sin resultado práctico. No debió de
+quedar satisfecho el comandante, porque cuando partió con sus tropas
+en auxilio de Cabañero, que sitiaba a Cantavieja, iba muy temeroso de
+que le cogieran por su cuenta los demonios que atormentarle solían.
+Rendida Cantavieja por traición, quedáronse las fuerzas de Nelet a
+mitad del camino, en Iglesuela del Cid, donde recibieron orden de
+Cabrera para marchar a la Cenia, punto fortificado por los carlistas a
+la subida de los puertos de Beceite. Allí se enteraron de que Oráa era
+general en jefe del ejército del Centro, y que, decidido a dar impulso
+a las operaciones, había dividido su hueste en tres cuerpos, que
+mandaban los brigadieres Nogueras, Corral y Sequera; supieron asimismo
+que el infatigable y diabólico don Ramón se aprestaba a defenderse
+contra enemigo tan poderoso como _Lobo Cano_, que así llamaban a don
+Marcelino, y seguramente, si con él no podía, había de _marearle_ con
+sus audaces movimientos y prodigiosos brincos de un extremo al otro
+del país. Por de pronto, apresuraba la expugnación de la histórica
+villa de San Mateo, para no dar tiempo a que en su auxilio fuesen los
+de la reina. Grandes acontecimientos se preparaban: don Beltrán, que
+era amigo de Oráa, confiaba mucho en su pericia; mas conociendo ya el
+fragoso terreno de aquella guerra, y la fiereza y dura condición de los
+que en él peleaban por el absolutismo, no veía cerca ni lejos el menor
+vislumbre de paz. La naturaleza era allí tan guerrera como el hombre.
+
+Estaba de Dios que antes de salir de la Cenia presenciaran Nelet y don
+Beltrán espectáculo tan lastimoso como el de Burjasot, pues conducidos
+allí los prisioneros de San Mateo (que se rindió como Cantavieja, por
+flaqueza o deslealtad de algunos de sus defensores), se procedió con
+toda tranquilidad a exterminarlos por un procedimiento fácil y barato.
+Apenas llegaron, metiéronles en diferentes mazmorras; algunos fueron
+recluidos dentro de un horno de pan. Y si por economía de víveres se
+les mataba de hambre, por ahorrar cartuchos se determinó concluirles
+a bayonetazos. Edificado el pueblo en eminencia rocosa, presenta
+por uno de sus costados un tajo formidable, vertiginosa caída a la
+profundidad aterradora de un barranco, donde brama un torrente entre
+peñas y zarzales. Al borde de este precipicio fueron conducidos de dos
+en dos los prisioneros, después de confesados por el padre Chambó, cura
+párroco de la Cenia. Unos cuantos _números_ hacían de matachines; otros
+tantos arrojaban los cuerpos a la hondura tenebrosa y fría. Treinta
+y ocho oficiales y sargentos perecieron de este modo, sin contar un
+cadete de doce años, que fue al matadero emparejado con su padre,
+comandante del fuerte rendido de San Mateo. La última res sacrificada
+fue una cantinera portuguesa.
+
+No tuvo papel Santapau en esta tragedia, pues habiéndose trocado, por
+la virtud de su amorosa llama, de feroz en benigno y humanitario,
+siempre que le daba en la nariz olor de degollina, se ponía malo;
+y realmente lo estuvo de la cabeza y del corazón. Sin quejarse
+tanto como su amigo, don Beltrán no gozaba de buena salud. Ambos se
+alegraron cuando se dio la orden de que Nelet marchase con la mitad
+de su regimiento a relevar la guarnición de Benifazá, lugar que
+también tenían toscamente fortificado en el centro de aquel núcleo
+de montes elevadísimos que llaman la Tinenza. Por los desfiladeros
+del río de la Cenia, faldeando la Peña del Águila, pasaron de la zona
+de Rosell a Benifazá, y a la célebre abadía cisterciense fundada por
+don Jaime, edificio devastado sucesivamente por tres guerras, la de
+las Germanías, la de Sucesión y la que ahora se relata. Daba pena
+ver su noble arquitectura mutilada por bárbaras manos: aquí señales
+de incendios, allá desplomados muros, la iglesia con medio techo de
+menos, la torre melancólica y sin campanas, con sus espadañas ciegas
+y mudas, las junturas pobladas de jaramagos y ortigas, y el claustro,
+en fin, con solo tres costados, más triste que todo lo demás, y más
+poético y ensoñador. Aposentaron a don Beltrán en un pasadizo entre el
+claustro y la iglesia, donde gozaba de la hermosa vista del despedazado
+monumento, que apreciar podía en su esbeltez de conjunto, no en sus
+riquísimos detalles. No era lego en arqueología el buen aragonés, y
+sentía verdadera pasión por el estilo llamado románico y su elegante
+austeridad: en tiempos más felices había visitado con entusiasmo de
+artista los monasterios de Veruela y San Juan de Peña; conocía el de
+Rueda como su propia casa, y todo lo románico y gótico del siglo XIII
+que encierran las ilustres villas y ciudades de Aragón. Se extasiaba
+recorriendo los venerables restos de la construcción medieval, los tres
+ábsides semicirculares, el claustro, la sala del capítulo, el palacio
+abacial; y tan dulce encanto encontró en aquella paz y en el poético
+lenguaje de las nobles y tristes piedras, que habría deseado permanecer
+allí todo el tiempo que su prisión durase.
+
+También Nelet se sentía muy a gusto en el monasterio, que perfectamente
+cuadraba a su espíritu en aquella ocasión, como estuche ajustado a
+la joya que guarda. La dolencia que trajo de la Cenia se le calmó
+el primer día; mas repuntó al segundo con sus murrias negras y sus
+vibraciones nerviosas, anunciándole la visita de los entes infernales
+que con él se divertían. Los ratos libres de servicio pasábalos con
+don Beltrán, sentaditos en un rincón del claustro, hablando cada
+cual de sus tristezas. Como el présbita que se hace leer un libro de
+letra menuda, Urdaneta rogaba a su amigo que _le leyese_ el claustro,
+esto es, que examinara uno por uno los capiteles y el simbolismo que
+representaban, para poder él juzgar de obra tan bella, como si con sus
+propios ojos la deletreara. Después de describir varias esculturas en
+que no halló ningún interés, dijo Nelet con estupor:
+
+—¡Ay, aquí veo mi propia historia!... No, no se ría: es mi historia,
+que aquí representaron aquellos artífices algunos siglos antes de que
+yo viniera al mundo.
+
+—¿Qué ves, hijo?
+
+—En este capitel del ángulo, por la parte de dentro, veo un guerrero
+que adora a una penitente. Él está de rodillas; ella, en la tosquedad
+de estos relieves, ofrece gran semejanza con Marcela, los pies
+desnudos, suelto el cabello... En el capitel de fuera se ve la misma
+peregrina, con una cruz... Yo no estoy aquí..., parece como si me
+hubiera ido... Debo de estar más allá... Déjeme ver... Aquí no estoy;
+forman el adorno unos como perritos o leoncitos, y luego sigue otro
+con cabezuelas de ángeles, entre las púas retorcidas de cardos
+borriqueros... ¡Ah!, ya parecí..., aquí estoy, en este otro capitel, y
+me tiene cogido por el pescuezo el demonio que se permite conmigo sus
+bromas cargantes... Sigue otro en que hay muchas mujeres chiquitas,
+desnudas, entre llamas, que son las hembras que deshonré y perdí, y por
+mi culpa están en el purgatorio o en el infierno...
+
+—Hombre, no saques las cosas de quicio. Será otra leyenda que nada
+tiene que ver contigo... ¿Qué hay más allá?
+
+—Pues un caballero con cruz en el pecho, como de templario, con un
+cuerno de caza en el cinto, en la una mano una pica y en la otra un
+halcón.
+
+—Caballero noble... Ese soy yo... No me niegues que puedo ser yo.
+
+—¿Cómo he de negarlo, si hasta se le parece en lo airoso de la
+figura?..., pues en el rostro tiene un cierto aire...
+
+—Dime otra cosa..., fíjate bien. ¿No estoy hablando con alguna dama de
+alta alcurnia, reina o princesa?
+
+—No señor... Está usted solo.
+
+—No puede ser. Puede que el tiempo haya desgastado la otra figura. Dama
+ilustre debe de haber, que me acompaña en el noble ejercicio de la
+caza; y si no es así, no soy yo el que miras, Nelet.
+
+—Créalo usted o no lo crea, yo sostengo, amigo mío, que vivimos en
+estos pedruscos. Esto que aquí nos rodea no es cosa muerta; esto
+tiene alma, como la tienen los montes, el viento, las cavernas, y los
+torrentes que cantan y rezan en las profundidades...
+
+
+
+
+XIX
+
+
+—Más poeta eres de lo que yo creía —dijo don Beltrán, cogiéndole del
+brazo para pasear por el claustro—. Por cierto que una queja tengo de
+ti, y es que, habiéndote escrito Marcela, según me has dicho, más de
+una carta, acompañada de versos, aún no me los has enseñado.
+
+—No solo he de mostrárselos, sino que quiero que ponga su mano de
+maestro en los que yo, en respuesta de los suyos, estoy inventando...
+
+Rompió don Beltrán en una risa placentera; mas no pudieron seguir
+ocupándose en aquel ameno asunto, porque se acercó el ayudante
+del batallón, llamando a Santapau para urgentes resoluciones del
+servicio. Toda la tarde y parte de la noche estuvo atareadísimo, dando
+cumplimiento a órdenes de Cabrera para proveer a una corta de árboles,
+con objeto de proteger el camino cubierto entre la casa del abad y un
+_mas_ situado a tiro de fusil, dominando el río y el sendero. Al día
+siguiente contó el comandante a su maestro que, no pudiendo dormir
+después de su trabajo, había visto a Marcela, o más bien una parte no
+más de su persona...
+
+—Pero tan claramente, amigo Urdaneta, como le estoy viendo a usted
+ahora.
+
+—¡Demonio! ¿Y qué parte de su persona veías? ¿Se puede saber?
+
+—Los dientes... Mire usted que es raro. No hay, créalo, en todo el
+mundo dientes como los suyos, blancos como la leche, y tan iguales y
+bonitos que se emboba uno mirándolos... Por arriba y por abajo de las
+dos hiladas, veía yo un poco de los labios... y nada más.
+
+—Eso es que sonreía. Buena señal. ¿Y una sola vez lo viste?
+
+—Más de veinte, y hoy también como unas ocho veces.
+
+—Aunque aquí estamos muy bien, es lástima que las obligaciones
+militares nos separen de la divina Marcela.
+
+Díjole Nelet que desde antes de ir a la Cenia, era tal su anhelo de
+verla y hablarle, que había discurrido establecer comunicación con
+ella. Tanto tiempo ausente del ser que adoraba, era peor desgracia
+que la muerte. Habiendo tenido la suerte de encontrar a un pastor
+viejo, muy conocedor de aquellos montes y cañadas, devoto de Marcela,
+a quien como santa miraba, le dio el encargo de rastrearla y descubrir
+sus guaridas. Al segundo día de estar en Benifazá, le había traído el
+pastor razones satisfactorias. Marcela habitaba con preferencia en
+las alturas, como las águilas, y en los santuarios de más devoción
+del país. Había morado algún tiempo en la Muela de Ares, después pasó
+a la cueva de la Balma, de allí a la Virgen de los Ángeles, cerca
+de San Mateo, y en aquellos días se hallaba en el santuario de la
+Traiguera, entre Chert y Vinaroz. Como preguntara don Beltrán sí había
+recibido carta en prosa o verso, replicó que las razones de que había
+sido mensajero el pastor eran verbales. Marcela enviaba un cordial
+saludo a sus dos amigos, asegurando que en todas sus oraciones pedía
+al Señor y a la Virgen que les diera salud y buenas ideas. A Nelet,
+particularmente, le enviaba nuevas expresiones de su agradecimiento,
+y la promesa de acudir al punto que él designara, si algo tenía que
+decirle.
+
+—¡Oh! Magnífico... No repugna acudir a la cita. Vamos bien, querido
+Nelet, pero muy bien... ¡Ay!, es triste cosa que ni yo por prisionero,
+ni tú por militar, esclavo de la ordenanza, podamos trasladarnos a
+donde nos llama nuestro deseo.
+
+—En eso pienso, señor mío —dijo Santapau caviloso—. Y harto ya de
+la esclavitud del servicio, estoy decidido a pedir mi licencia por
+enfermo, instalándome donde ella esté, aunque para esto tenga que hacer
+vida de penitente.
+
+Aseguró Urdaneta, suspirando y casi lloroso, que él haría lo mismo
+si pudiese, agregándose a los enterradores que escoltaban a la
+divina mujer, y dedicándose con ellos al manejo de la pala y azadón
+donde fuese menester remover la tierra. Añadió Nelet que para la
+comunicación con la monja había encontrado mensajero más rápido que
+el pastor, y era una mujercita del barranco de Vallivana, a quien
+llamaban _Malaena_, también con cariz de penitente o mendiga errante,
+envejecida por los trabajos, la miseria y los sufrimientos. Madre
+fue de dos hijos que andaban en la partida de Pertegaz, y cogido por
+Nogueras uno de ellos con un parte del _Serrador_, le fusilaron; al
+otro le aplicó Boil la misma pena en Concud, cerca de Teruel. Sin
+parientes ni habientes, viviendo de arrancar leña y vender teas,
+era _Malaena_ un puro espíritu, pues entre sus huesos y su piel no
+encontrara el escalpelo más diligente una hebra de carne. Frecuentaba
+los bosques; sabía escoger hierbas oficinales; comía raíces y mendrugos
+de pan, reblandecidos en el agua. En ligereza para pasar de un valle
+a otro, salvando las más altas muelas, y los puertos pedregosos,
+no la igualaban más que los pájaros. Aunque en algunos caseríos de
+Salvasoria la tenían por bruja y la recibían a pedradas, era una pobre
+y santa mujer, sencilla, inocente y fiel. Al escogerla Santapau para
+embajadora, vio en ella un ave discreta y solícita; y para tenerla
+en su gracia, empezó por regalarle una saya nueva, pañuelos, y todas
+las alpargatas que para sus montaraces correrías necesitase. Estas
+fueron inauguradas por un mensaje amoroso, en que puso Nelet sus cinco
+sentidos, consultándolo con don Beltrán, el cual hizo varias enmiendas,
+más para templar que para encender el ardor pasional del desgraciado
+joven.
+
+Si la guerra vino de improviso a perturbar estos planes, tan distintos
+de la contienda entre Isabel y Carlos, luego los favoreció, como se
+verá más adelante. El 4 de mayo avanzó el general Oráa desde Vinaroz
+contra Cabrera y el _Serrador_, que ocupaban la Cenia y Rosell. En
+una y otra parte les atacó con brío, desalojándoles después de reñido
+combate. La fuerza de Benifazá acudió en apoyo del _Serrador_, y tanto
+este como Cabrera hubieron de buscar refugio en la sierra de Bel. Dos
+días estuvieron tiroteándose en aquellas alturas las guerrillas de uno
+y otro bando, hasta que Oráa, falto de provisiones, hubo de retirarse
+a Vinaroz, y Cabrera y el _Serrador_ volvieron a ocupar la Cenia y
+Rosell. Tal era la guerra del Maestrazgo, un tomar y dejar posiciones
+y un perseguirse y sorprenderse, sin ventaja de los liberales, que no
+podían abandonar largo tiempo su base de operaciones; el juego solo
+aprovechaba a los carlistas, que estaban en su casa, y desalojados de
+la sala, se metían en la cocina; perseguidos en esta, se escabullían
+por el cañón de la chimenea, y desde el tejado seguían combatiendo.
+
+El ejército cristino, como se ha dicho, tuvo que bajar a Vinaroz: comió
+y volvió a subir, custodiando un convoy de víveres para socorrer a
+Morella, algo apurada de bucólica en aquellos días. Queriendo cortarle
+el paso, apostó Cabrera su gente en Chert; pero el _lobo cano_ anduvo
+más listo; conocida la jugada, dispuso sus tropas con arte y burló la
+astucia del _leopardo_. Trabose batalla, en que el _lobo_ llevó la
+mejor parte, ganando sin dificultad el paso de Vallivana y entrando
+en Morella sin grave tropiezo. Repitiose a la vuelta la jugada,
+con mayor gasto de cartuchos y algunas bajas; pero el _lobo_ pasó,
+rodeando las alturas de Catí, mientras su rival, desconcertado por este
+hábil movimiento, bajó a esperarle en el valle de San Mateo, donde
+la caballería cristina le hizo frente, obligándole a volverse a las
+alturas. Poco afortunado Cabrera en aquellos lances, dividió de nuevo
+su ejército, y dejando a Llangostera en el Maestrazgo, se corrió con
+el _Serrador_ y el _Fraile Esperanza_ hacia Murviedro, donde esperó
+inútilmente sorprender a Nogueras, y de allí le veremos volver pronto
+hacia el norte con la celeridad del rayo, para sitiar a Gandesa.
+
+En el tiempo invertido en estas operaciones, que solo por el cansancio
+que producían al enemigo eran al carlismo provechosas, pasó el buen
+Urdaneta días de ansiedad amarguísima, confinado primero en Chert,
+luego en La Jana, deplorando la ausencia de su amigo, de quien nada
+sabía; oyendo sin cesar el vivo tiroteo que por esta y la otra
+encañada, de este y el otro monte venía; ignorante de quién perdiera
+o ganara en aquellos combates, a su parecer fantásticos y aéreos,
+sostenidos en las alturas o en los desfiladeros por bandadas de aves,
+más que por hombres. Eran las guerras de fábula, entre animales de
+pluma o pelo, veloces, y que prontamente corrían de un punto a otro,
+sin dejar rastro. Recluido en la impedimenta de Llangostera, que
+escoltaban pocos infantes y caballos, sufrió el hombre tristezas,
+hambres y tratos groseros, hasta que puestas en marcha las acémilas,
+cuando ya toda la rambla de Cervera y pasos de Vallivana estaban libres
+de cristinos, tuvo la satisfacción de ver a Nelet, que al frente de un
+corto destacamento de soldados venía de San Mateo, y lo primero que
+hizo el joven guerrero fue correr a abrazarle cariñoso. Poco le faltó
+a don Beltrán para echarse a llorar del gusto que aquel encuentro le
+daba, y antes que pudieran comunicarse sus afectos, hubo de notar
+Urdaneta que el rostro de su amigo, demacrado y macilento, revelaba
+enfermedad honda o turbaciones del ánimo. No quiso el comandante
+entretenerse en explicaciones, dejándolas para cuando llegasen al
+poblacho donde habían de dormir. Solo dijo que sintiéndose mal de
+salud, había pedido permiso a Cabrera para reponerse con algunos
+días de descanso, y para cumplir un voto a la Santísima Virgen de
+Vallivana. Como se condoliera el maestro de no poder acompañarle ni
+en el descanso ni en la piadosa peregrinación, díjole Nelet que pues
+en Catí encontrarían a Cabañero, bien se podía esperar que el bravo
+aragonés, deudor de don Beltrán por beneficios recibidos, le mostraría
+su gratitud en aquella ocasión sin faltar a sus deberes militares.
+Consolado con esta idea, recobró el noble señor su tranquilidad, ya que
+no su alegría, y charlando de los sucesos recientes, se encaminaron uno
+y otro a Catí, venciendo trabajosamente la subida asperísima que a tan
+enriscada posición conduce.
+
+Lo primero de que se ocupó en el pueblo Santapau fue de ver a Cabañero,
+que con su legión zaragozana y oscense allí estaba desde el día
+anterior, y hablarle del desgraciado prócer a cuya generosidad debía
+el jefe aragonés los primeros zapatos que se puso en su vida. Así lo
+reconoció el tal, manifestándose muy sorprendido de que en pasos tan
+desdichados se viera el noble señor de Albalate y Olid. Corrió a verle,
+y besándole afectuoso las manos, oyó de don Beltrán las explicaciones
+que este quiso darle de los motivos por que había venido a ser cautivo
+de Cabrera, y de hallarse en rehenes, la más aflictiva situación de
+un hombre, ¡ay!, en tiempos tan calamitosos. Compadecido Cabañero, y
+expresando su voluntad sincera de influir con el jefe para libertarle,
+le convidó a su mesa, harto pobre en verdad; pero aceptable en tales
+circunstancias. Tocado por Nelet el punto delicado de la escapadita a
+Vallivana para cumplir el voto que _los dos habían hecho_ de visitar a
+la Santísima Virgen, accedió Cabañero a que el prisionero se ausentase
+del ejército por dos días no más, dejándole una garantía más valiosa
+que todos los rehenes o _prendas vivas_.
+
+—Mi palabra de honor, ¿no es eso? —dijo don Beltrán alargando su mano
+flaca—. Pues la tienes.
+
+Respondió el aragonés con gallarda confianza que la palabra de
+tan insigne caballero le bastaba para tener bien cubierta su
+responsabilidad, y no se habló más del asunto.
+
+Vierais, pues, a la mañanita siguiente, a Manuel Santapau y al señor de
+Urdaneta salir de Catí, solos, a pie, cada cual amparado de un nudoso
+garrote: el uno inerme, el otro armado de pistolas y un cuchillo de
+monte. Llevaba de añadidura Nelet provisión de pan y otras cosillas
+de sustancia liadas en un pañuelo. En el descenso de la montaña, por
+senderos de ovejas que sorteaban la pendiente con ángulos y curvas
+dilatadas, pudieron apreciar el grandioso panorama que a su vista se
+ofrecía; belleza incomparable de que también gozó don Beltrán, pues
+si no apreciaba las menudencias y tonos medios del paisaje, percibía
+claramente las grandes masas rocosas, que por su coronamiento romo
+y achatado, en aquella formación geológica, son llamadas _muelas_.
+Las vertientes cubiertas de verde espesura son en algunos puntos
+suaves; en otros caen rápidamente, querenciosas de la vertical: todas
+de imponente majestad y hermosura. En una de las revueltas vieron el
+alto de la Virgen de la Salud, cerca de San Mateo, coronado por el
+santuario eminente; en otra revuelta, hacia el oeste, la Muela de Ares,
+cima chata en la sierra de la Higuera. Hacia el norte distinguían el
+oscuro monte de Vallivana cubierto de verdor, y más allá asomaban el
+Castell de Cabres, la Moleta del Cid y los montes de la Cenia. Ningún
+ser humano encontraron en el camino. Llegado que hubieron a un ameno
+grupo de alisos entre peñas, se sentaron a descansar y a reponerse con
+un frugal almuerzo, y tumbados allí, en medio de la paz y quietud más
+deliciosas, Nelet empezó a desembuchar las noticias y peregrinos hechos
+que ansiaba someter al consejo de su amigo.
+
+
+
+
+XX
+
+
+Sin ociosos preámbulos refirió que había pasado noches horribles de
+insomnio y terror, pues al llegar a Calig, después de haberse batido
+en guerrillas un día entero con las guerrillas de Oráa, le cogieron
+por su cuenta como media docena de espíritus, a quienes primero tuvo
+por ángeles, y luego hubo de reconocerlos por demonios efectivos, de
+la familia o casta de bellacos y maleantes, pues se le presentaron
+en un puesto de cantina, y convidándole a beber copas, invitáronle a
+dar un paseo. Vestían de paño colorado, como oficiales de un ejército
+extranjero; y cuando ya se hallaron solos con él en lugar apartado,
+trocáronse por ensalmo en clérigos, y le dijeron que le casarían al
+instante con la hermosa Marcela. Quiso huir Nelet; mas le cogieron, y
+de un vuelo rapidísimo fue llevado al castillo de San Mateo, entrando
+por la plataforma de la torre más alta.
+
+—Nelet, si es sueño —dijo don Beltrán bondadoso—, cuéntamelo como
+sueño, y con la importancia que a tales figuraciones de nuestro cerebro
+debemos dar.
+
+—Lo cuento como me pasó y como lo sentí. Preste usted atención, y
+verá si es sueño o qué es. Pues, señor... El que parecía jefe de la
+infernal comparsa me cogió por el brazo y me dio un rápido paseo por
+el interior del castillo, arrastrados él y yo de un furioso ventarrón
+que por todos los huecos entraba y salía, llevando consigo alimañas mil
+volanderas y un polvo que cegaba. Y con las propias voces del aire y
+los chillidos de las alimañas, mi demonio me hablaba. De todo lo que me
+dijo, solo saqué en limpio que el amor que Marcela tenía a las cosas
+divinas se le había trocado, por arte maléfica, en afición a hombre, a
+mí, en una palabra; que en aquel momento hallábase en el santuario de
+Traiguera engañando a la Virgen para que la relevara de la obligación
+de sus votos. Debí manifestar al maldito diablo mi afán de trasladarme
+a Traiguera..., no estoy seguro de ello..., solo sé que llevándome a
+un gran sótano que hay bajo la sala de armas del castillo, me mostró
+un agujero al modo de escotillón, de donde arrancan escalones hacia lo
+profundo... Como polvo, como humo se desvaneció mi acompañante, dejando
+tras sí un olor muy malo, y yo, precipitándome por aquella abertura,
+me vi dentro de un angosto callejón labrado en la roca, y por él me
+lancé, en la seguridad de salir a Traiguera. Una luz tristísima, que
+yo no sabía de dónde demonios podía venir, me alumbraba en tan feo
+camino. Seguí, seguí toda la noche andando; toda la noche, señor, y al
+ser de día, o cuando a mí me parecía que alumbraba el sol en la región
+externa de la tierra, oí ruido de aguas que manaban de aquellas peñas
+y corrían por grietas y sumideros, haciendo unas como gárgaras muy
+imponentes... Halleme por fin en una caverna, cuyo techo parecía la
+bóveda de una catedral; en el fondo de ella varios hombres cavaban la
+tierra... Acerqueme, y les vi sacar del suelo un objeto largo y pesado
+de color de tierra. «¿Es eso una momia, amigos?», les pregunté. Y ellos
+respondieron: «Mojama es de un muerto de metales, que agora sacamos y
+resucitamos por orden de la sacra señora, para mayor grandeza de Dios
+e de su religión». Sin parar mientes en lo que hacían, les pregunté por
+dónde saldría más pronto a Traiguera, y su respuesta fue señalarme uno
+de los conductos que desde allí partían, abiertos en la roca. Por él me
+metí, y a las seis horas de camino, por mi cuenta, salí a la luz, y me
+encontré, no en Traiguera, sino en el castillo de Cervera del Maestre.
+
+—Para, querido Nelet, para —le dijo Don Beltrán—, y reconoce que todo
+eso es un desatinado sueño.
+
+—Lo reconoceré si usted se empeña en ello. Pero hay algo aquí que no
+comprenderé si usted con su universal conocimiento de las cosas no
+me lo explica, y es que al salir a Cervera del Maestre, encontreme
+tan molido como si me hubieran dado carreras de baqueta; mis pies
+sangraban; en mi cuerpo no cabían ya más cardenales... Y otra duda; si
+ello fue sueño y me dormí en Calig, ¿cómo desperté en Cervera?
+
+—¿Estás bien seguro de no haber ido a Cervera... por tu pie?
+
+—Segurísimo. ¿Y cómo, sin creer en los poderes ocultos, se explica que
+al bajar yo del castillo al pueblo de Cervera me encontré a _Malaena_,
+que muy sentadita en una piedra me esperaba? ¿Cómo sabía ella que allí
+estaba yo, habiéndole advertido que fuera a buscarme a Calig?
+
+—Pues será bruja, como dicen... Y en suma, ¿qué recado te traía la
+mensajera?
+
+—Que había visto a Marcela en el castillo de San Jorge, más abajo
+de Traiguera, ocupada con dos viejos en apisonar la tierra de una
+sepultura recién abierta y cerrada. Apisonaban dando pataditas encima
+los tres, marcando el compás, como de baile, con una oración entre
+rezada y cantada. Luego que acabaron, Marcela dijo a mi embajadora que
+si yo quería verla pasase el jueves (por hoy) a Vallivana.
+
+—Y por eso estamos aquí, y por eso vamos allá. Muy bien.
+
+—La despaché en seguida con nuevo mensaje escrito, y hoy ha de traerme
+la contestación. Me espera en Salvasoria, que es aquella aldeíta que
+blanquea allá lejos, en el fondo de este valle, y que desde aquí parece
+un hato de ovejas sesteando entre los matorros verdes.
+
+Siguieron; y como don Beltrán intentara quitarle de la cabeza la
+pueril creencia de los caminos subterráneos, obra de la edad feudal,
+dijo Nelet que a la tradición debía tal creencia y otras análogas,
+como la parte fundamental que toman en nuestra vida las potencias
+invisibles, ora sean ángeles, ora demonios. Replicó el anciano que la
+tradición era una vieja loca, que había sido poetisa; pero que ya con
+la edad chocheaba; y Santapau contó que su madre, natural de Ares del
+Maestre, el riñón del Maestrazgo, hablaba de las galerías secretas
+entre los castillos de la orden de Montesa y los monasterios de frailes
+y monjas, como si las hubiera visto y reconocido de punta a punta.
+Tomó la palabra Urdaneta para denegar tales absurdos, asegurando que
+si había pasadizos bajo tierra, eran cortos, y solo servían para unir
+los castillos con algún reducto cercano, caminos naturales del arte
+antiguo de la fortificación. Respecto a la orden de Montesa, de quien
+fue propiedad aquel territorio que veían, y otros mayores en grandísima
+extensión por todo el reino alto de Valencia, dijo que él era caballero
+de dicho hábito; pero que ya tales caballerías eran una ficción de
+vanidad, porque todo lo sustancial de ellas se lo había tragado el
+tiempo insaciable, que va devorando, devorando, y no siempre crea
+cosas nuevas con que sustituir a las pasadas. En la antigua ciudad de
+Olite, patria de su madre, y en la casa solar de Urdaneta, en las Cinco
+Villas, subsistían no pocos retratos de esclarecidos caballeros de San
+Jorge de Alfama, orden que se refundió en la de Montesa. Esta trocó su
+cruz negra flordelisada por la roja y sencilla de San Jorge, que es la
+que aún dura. Uno de sus remotos abuelos, según constaba en pergaminos
+de la casa, don Gilaberto de Monsoria, fue Gran Maestre de Montesa, y
+con esta dignidad murió en la villa de San Mateo, donde seguramente se
+conservaría su sepulcro.
+
+—Otro ascendiente mío por la línea materna, frey don Pedro Luis de
+Garcerán de Borja, fue Comendador mayor, y poseía por tal dignidad las
+villas y pueblos de Cuevas de Vinromá, Albocácer, Tirig, Torre den
+Dumenje, y otras más que no recuerdo ahora. Clavero fue el hermano
+del fundador de mi señorío de Albalate, frey don Guillén de Corbera,
+almirante... Pues si las mudanzas de los tiempos y las revoluciones
+no hubieran hecho escombros de todo aquel orden social, tu amigo don
+Beltrán de Urdaneta sería hoy quizás Gran Maestre, y dueño, por tanto,
+de las villas y lugares de San Mateo, Traiguera, Chert, La Jana y
+algunos más. Figúrate... Nadie nos tosía en estos valles y montes;
+con mi gente armada y esta red de castillos y fortalezas, haríamos
+aquí lo que nos diera la gana: a ti te nombraría bailío para que me
+gobernaras todo mi territorio; elegiríamos prior a un clérigo sumiso
+que a nuestro gusto nos gobernara todo lo espiritual; a las monjas
+de nuestra jurisdicción las obligaríamos a proporcionarnos todos los
+milagros que fueran menester; haríamos excavaciones para sacar tesoros
+escondidos y... Pero despertemos a la realidad, y caigamos innoblemente
+en este lodazal de miseria, de esclavitud y vulgaridad. Veamos nuestros
+castillos en ruinas, poblados de lagartos y murciélagos; nuestro poder
+desvanecido como el humo; veámonos tan impotentes que sobre nadie
+tenemos autoridad, y a nosotros nos mandan cuatro canallas groseros y
+estúpidos. ¿Qué somos? Unos pobres peregrinos que van tras de una monja
+suelta, de quien esperamos, tú una limosna de amor, yo una limosna
+de pan... Ya ves... ¡Qué triste despertar!... ¡Oh tiempos, oh fin de
+fines!...
+
+Callaron largo trecho: antes de llegar a Salvasoria, se les apareció
+_Malaena_ saliendo de un matojo, y Nelet se detuvo un instante con
+ella para recibir razones de su embajada. Don Beltrán distinguía de la
+mensajera una figurilla delgada y ágil, brazos y manos ennegrecidos,
+con rostro muy semejante en color y arrugas a una pasa, con ojos
+ratoniles. No hablaba más que valenciano, dulce y lacónico, apoyando
+con sus flacas manos los dichos, cual si quisiera estamparlos en el
+aire.
+
+—_Pos hara_ —le dijo Nelet—, _adelantat y espéranos en la font, al peu
+del mont. Allí pasaren la nit. Arreplega lleña y fes una bona fogata.
+Pren estas provisions, y si pots conseguir unes criailles, fetnos un
+bon guisado_.
+
+En breve desapareció delante de los peregrinos la diligente pájara, y
+ellos siguieron taciturnos: Nelet mirando al suelo, recitando entre
+dientes algo que no se sabía si era oración o algún conjuro contra
+diablos entrometidos y enredadores; don Beltrán mirando al monte,
+recreándose en aquella plácida soledad de sagrado bosque propicio a los
+misterios. Sentíase el noble viejo a mil leguas de la sociedad y de
+sus afanes; diríase que ni la guerra, ni la política, ni ninguna lucha
+de humanos, habían de extender hasta allí su tumulto y vocerío. Por no
+ver seres vivos, ni aun cabras veían. Era la soledad de los lugares
+no estrenados aún por la historia y la leyenda... La imaginación del
+primer habitante los poblaba de seres invisibles, escondidos en el
+silencio.
+
+Oyendo suspirar a Nelet, su maestro le dijo:
+
+—Muy caviloso te veo. ¿Eso que entre dientes hablas, es rezo o un
+ensayo de lo que quieres decir a tu amada en la entrevista de esta
+tarde?
+
+—No la veré esta tarde, sino mañana al amanecer, que así acaba de
+anunciármelo _Malaena_; y en cuanto a lo que mascullo, sepa usted que
+es la contestación que debo dar a unos versos que hace días me envió
+Marcela... Mi plan es glosarlos estrofa por estrofa, devolviéndole el
+discurso y dándole un giro peregrino, que al propio tiempo que exprese
+mis afectos, sea muestra gallarda de un buen razonar... Compongo de
+memoria algunas de mis estrofas para que usted me las corrija, y en eso
+vengo trabajando con los sesos bien afinados y calientes.
+
+—Ante todo, léeme o recita los versos de esa prodigiosa mujer, pues sin
+conocer la proposición poética, mal podré yo juzgar si la conclusión
+rivaliza tu ingenio con el suyo.
+
+
+
+
+XXI
+
+
+—Recitaré a usted las primeras estrofas de ella, que estampadas con
+letras de fuego, como todas las demás, llevo en mi memoria. Dicen así:
+
+ _Es Dios la original circunferencia_
+ _De todas las esféricas figuras,_
+ _Pues cercos, orbes, círculos y alturas_
+ _En el centro se incluyen de su esencia._
+
+ _De este infinito centro de la ciencia_
+ _Salen inmensas líneas de criaturas,_
+ _Centellas vivas de las luces puras_
+ _De aquella inaccesible omnipotencia._
+
+—Enrevesadillo es..., pero no está mal. Yo que tú, me limitaría a
+contestarle en prosa llana que la quieres, que ahorque el sayo de
+peregrina, y se deje de ensueños y se case contigo, para que deis a
+Dios y a la sociedad, ella robusta, tú también, una _inmensa línea
+de criaturas_... Pero sin perjuicio de este consejo, veamos cómo se
+compone tu cacumen para devolver esas estrofas.
+
+—Pues verá usted... Yo le digo:
+
+ _¡Oh, Marcela! Si es Dios circunferencia_
+ _De la divina esencia,_
+ _Explana de los orbes el abismo_
+ _En líneas, cercos, círculos y..._
+
+Al llegar aquí, la ley del maldito consonante me obliga a buscar
+el modo de meter la palabra _profundas_, para poder rematar con el
+concepto:
+
+ _Tú que de amor y gloria te circundas,_
+ _Eres centro del centro de Dios mismo._
+
+Apretándose los ijares, rompió don Beltrán en una tan fuerte risa, que
+el bueno de Nelet, desconcertado, cortó la vena poética.
+
+—¿Qué, señor? —le dijo—, ¿es que no están bien hilvanados, o que no hay
+bastante sutileza y delgadez de razonamiento?
+
+—Por San Jorge de Alfama y por el nombre que llevo —replicó don Beltrán
+llorando de risa—, te juro que desde que hay poesía no se han compuesto
+versos peores... Pues los de ella también son malos adrede... Hijo
+mío, vuelve en ti; acógete a la opinión leal y a la experiencia del
+viejo Urdaneta, y abandona un camino por donde vas, no a la conquista,
+sino a la total perdición de la plaza que quieres sitiar. Ven acá, y
+en un abrazo de amigo te comunicaré las ideas que deben curarte de esa
+enfermedad que padeces. Los demonios y los versitos son dos síntomas de
+un mismo mal: el mal de tontería, Nelet...
+
+—Por Dios, que voy creyendo que tiene razón —dijo el discípulo
+dejándose abrazar.
+
+—¡Que si tengo razón!... Como que a no cambiar de sistema, Marcela
+se reirá de ti y acabarás por volverte loco. De un mal semejante al
+tuyo padece ella, y no has de curárselo sino con la aplicación de
+la medicina que produzca humor contrario a esas simplezas. Vuelve
+en ti; levántate de ese terreno, verdadero corral de pavos, en que
+te has caído. Ten presente que Marcela no ha de quererte por pavo,
+sino por hombre. No seas con ella poeta huero; sé gallardo, fuerte,
+enamorado, siempre varonil; antes que ñoño y quejumbroso, sé atrevido
+y jovial. No hagas caso de duendes, que son muy mala compañía, ni te
+calientes los cascos componiendo endechas, que aun siendo superiores,
+no agradarían a tu señora tanto como un buen poema de amor, sentido y
+expresado en los hechos, no en las palabras.
+
+—¡Es verdad, sí, sí! ¡Viva don Beltrán! —exclamó Nelet entusiasmado,
+abrazándole más fuerte—. Lo veo claro... Hay que ser hombre, galán,
+fuerte, apasionado, dispuesto para todo...
+
+—Sí, que vea y entienda la grandeza y el ardor de tu pasión; que en
+ti admire el tipo del caballero amante, de corazón fogoso y voluntad
+firme; que te tema un poco, pues es bueno una chispita de miedo para
+encender amor; vea también que a todos infundes respeto; que eres
+bravo, verdadero gallo en guerras y amores. Esta es mi opinión. Si no
+haces esto, no cuentes conmigo... Que te aconsejen los demonios y te
+amparen los versitos.
+
+—No; no hay consejero como usted, ni quien sepa más de cosas de mundo y
+mujeres. A mi don Beltrán me atengo... Fuera demonios, fuera ensueños,
+fuera poesía, que no es tal poesía, sino lo que usted dice..., cosa de
+pavos... Fuera los quejiditos y el no comer, y el miedo ridículo...
+El cuento es que cuando yo enamoraba a tantas sin quererlas, sabía
+cumplir de palabra y obra; y a lo bruto..., porque yo era un bruto...,
+me desenvolvía muy bien... Pero con esta no soy lo que fui, ni
+acierto a enamorarla... Y es que me tiene prendada toda el alma, y el
+seso completamente sorbido... y todo mi ser como derretido en ella y
+transformado...
+
+—Acógete a mi doctrina, hijo, y adelante. Ganarás, ganaremos la
+partida, porque algo me ha de tocar a mí como maestro: la satisfacción
+de ver coronados tus deseos, de verte feliz, contento, padre de
+familia... ¡Y que no se alegrará poco este viejo de ver en ti y en
+Marcela florecer nueva rama de la honradísima familia de Luco! Así se
+redondeará todo, y evitaremos que el caudal de mi amigo vaya a parar
+a manos muertas... Con él constituiremos una gran familia tronco
+de numerosa prole; y en esa familia prosperará la agricultura, la
+industria, y resplandecerá la moral, la... Ya ves, ya ves cómo discurro
+y voy atando cabos. Hay que estar en todo, hijo mío.
+
+—Venga otro abrazo —dijo Nelet con efusión, sintiendo que al mágico
+influjo de aquella palabra persuasiva, el alma se lo vigorizaba, y se
+le inundaba el entendimiento de vivísima luz—; ya lo veo, ya lo veo.
+¡Vaya un talento macho!... Adelante: soy hombre; no creo en duendes;
+quédense les versitos para barberos y estudiantes... Apresurémonos ya,
+que aún estamos distantes del sitio en que hemos de pasar la noche.
+
+Grandemente excitado, don Beltrán fue charlando todo el camino, y el
+otro escuchaba gozoso las explanaciones que hizo de su pensamiento, y
+los ejemplos admirables que refirió en corroboración de sus teorías.
+Con esto se les pasó la tarde, y ya anochecía cuando llegaron al borde
+de la barranquera que les separaba del monte de Vallivana. Para dar
+descanso al viejo pararon allí, recreándose los dos en el paisaje que
+a sus ojos se ofrecía: soledad en lo hondo, quietud en las alturas,
+la majestad de la naturaleza campando en su silencio augusto. Con
+precaución descendieron hacia el río profundo, que fácilmente se
+vadeaba, y paso a paso emprendieron la subida de la vertiente opuesta,
+guiados por _Malaena_; que sin este auxilio no habrían podido encontrar
+el escalonado sendero entre la peña cubierta de vegetación. Llegaron
+por fin a la meseta, donde había una fuente de agua cristalina dentro
+de un nicho de variadas florecillas. En una gruta cercana descansaron.
+La noche se les pasó en coloquios muy entretenidos y en ratos de
+tranquilo sueño, después de una cena frugal. Al amanecer, previo
+lavatorio de cara y manos en la fuente, emprendieron la marcha hacia el
+santuario. Según los informes de la vieja, allí encontrarían a Marcela,
+que había llegado la noche anterior traspasando la sierra de Bel.
+
+En efecto, serían las siete cuando, vencida ya gran parte del fragoso
+camino, vieron descender por entre matojos la figura mística de la
+monja Luco, seguida de los viejos. Estos se quedaron atrás, y avanzó
+sola entre el verdor de los jarales con lento paso de procesión: traía
+en la mano una rama de espino florecido. Cuando estuvo casi al habla
+saludó a sus amigos con grave sonrisa y un movimiento de la mano en
+que tenía el ramo, y se sentó en una peña. No lejos de ella, otra peña
+baja y extensa parecía puesta allí para que se sentaran los caballeros.
+Esmerádose había la naturaleza en la hechura de aquel estrado, para
+pláticas de novios o para honestas reuniones. Se miraron los tres un
+instante. Rompió el silencio Marcela con palabras de relleno:
+
+—¿Verdad, señor don Beltrán, que es agria la subidita? Siéntese aquí, a
+este lado mío. Tú, Nelet, enfrente.
+
+—La más penosa cuesta —dijo el anciano con refinada galantería— se
+vuelve ligera y fácil cuando al término de ella estás tú.
+
+—Es lisonja, señor... No le quiero tan lisonjero.
+
+—Es la verdad —afirmó Nelet, que ya se enojaba de permanecer mudo—. Por
+ti, Marcela, subo yo a este monte y a otros más altos; y cuanto más te
+subas tú, más gozo yo elevándome hasta donde estés: que es obligación
+de lo humano remontarse a lo divino.
+
+—¡Jesús mío! —exclamó la monja risueña, santiguándose—. ¡Cuán
+desatinados vienen hoy los dos!
+
+—Alto ahí —dijo don Beltrán, tomando pie de las últimas palabras de
+Nelet—: si divina es Marcela, y como a tal la adoramos, no ocultemos
+que ahora la quisiéramos humana, sin menoscabo de su divinidad, pues a
+mi entender, lo divino y lo humano deben compenetrarse, constituyendo
+el mejor estado dentro de la naturaleza...
+
+—Alto ahí, digo yo ahora, y a fe de Marcela sostengo que no soy
+divina, aunque a la divinidad aspira mi pobre humanidad baja, y la
+compenetración de lo humano y lo divino ha de ser por el modo que la
+propia divinidad señala cuando quiere hacer suyo lo humano.
+
+Si Marcela gozaba en este torneo conceptuoso, Nelet sufría de verse en
+tales laberintos, donde se perdía su _intellectus_. Así, con gallardo
+arranque llevó la cuestión al terreno de la sinceridad y llaneza:
+
+—No sé si es humano o es divino el sentimiento que aquí me trae,
+Marcela, sentimiento por el cual iría yo tras de ti hasta el fin del
+mundo. Lo que te he dicho en mis cartas, ahora lo repito con el apoyo
+de mi buen amigo; y es que te quiero. Dios encendió en mí una llama que
+me devora y consume. Si me niegas el amor que te pido, creeré que este
+fuego es un pedazo del infierno metido en mí.
+
+—¡Oh!, eso no —dijo Marcela prontamente—, que el amor viene siempre de
+Dios. Fuego del cielo es lo que te quema el alma, Nelet; mas no has de
+pretender que yo rompa mis votos para darte la tranquilidad. El amor,
+nacido en el alma, puede en ella tener su remedio, pues como divino,
+con divinos medios se modera y aplaca.
+
+—Eso no —dijo el anciano—, con perdón de la ciencia, el amor como
+sentimiento de pura humanidad, solo en la esfera humana encuentra su
+remedio.
+
+—Perdóneme el señor don Beltrán; déjeme concluir. Ha dicho Séneca que
+el afecto de amor no se rige por la razón. Es sabido que el demasiado
+amor es muy peligroso y acarrea desastres y muertes. Y así, yo repito
+ahora el dicho de Quilón Lacedemonio: «No amarás ni desearás nada
+demasiadamente». Y de que el amor no se rige por la razón, tenemos en
+la antigüedad ejemplos mil. Pigmalión y Álcidas Rodio amaron estatuas;
+Pasifae Reina amó a un toro; Semíramis a un caballo; Jerjes Rey a un
+árbol plátano; Hortensio Orador amó a una murena pescado; Cipariso a
+una cierva, y muerta la cierva, murió él también de pesar...
+
+—Pero yo no amo a una estatua, ni a un pez, ni a un árbol —dijo Nelet
+con viveza—, sino a una mujer, a un ser vivo y hermoso, en quien Dios
+puso todas las perfecciones...
+
+—Déjame acabar mi argumento.
+
+—Dejarla... sí, dejarla —indicó don Beltrán, que notaba en Marcela un
+gran gusto de hablar de amor, y el empeño de disimularlo con frialdades
+eruditas.
+
+—Hemos sentado que el amor no se rige por la razón —prosiguió la
+santa—. Y ahora, tratando de penetrar en la esencia de ese sentimiento,
+digo que lo que mueve el amor del hombre es toda perfección de
+naturaleza...
+
+—Muy bien.
+
+—Admirable.
+
+—No lo digo yo: lo dice Aristóteles. Las cosas que incitan y mueven
+el amor en el hombre son: sapiencia, hermosura, eutrapelia, que es
+como decir buena conversación... Pues apartando el alma de estas
+perfecciones de naturaleza, a que llamo perfecciones imperfectas, y
+embebiéndola en la única perfección perfecta, que es Dios, el amor
+humano se extingue, y el alma se ve purificada, gozosa y satisfecha en
+el verdadero amor.
+
+—Todo eso es muy sabio —dijo Nelet en pie, impaciente, decidido a
+llevar las cosas por lo humano, pues tanta divinidad y sutileza de
+palabra le enfadaban—, pero a mí no me traigas ese cuento de que el
+amor de Dios quita el amor de mujer... No: a Dios se le quiere como
+Dios y a la mujer como mujer. Hombre soy, mujer tú. ¿Por qué no hemos
+de amarnos y ser felices? ¿Para qué nos ha criado Dios? ¿Para que nos
+aborrezcamos uno a otro y le queramos a Él? No, Marcela... Eso es un
+disparate, aunque lo digan Séneca, Aristóteles o san Simplicio. En
+cuestión de amor sé yo tanto como esos y más, más... Si quieres darme
+una razón para no amarme, deja a Dios y a los santos en el cielo, y
+háblame como se habla entre criatura y criatura. Dime que no te agrado,
+que no soy de tu gusto, y ante este argumento, que no es sabio ni está
+en latín, no tendré más remedio que callarme y devorar mi amargura y
+morirme de pena... Sí, Marcela, porque tu desprecio es mi sentencia de
+muerte...
+
+—Bien, muy bien, Nelet —gritó don Beltrán radiante de satisfacción—.
+Así habla un hombre, y así te quiero, hijo mío.
+
+—Hemos venido a pedirte una contestación a lo que de palabra y por
+escrito te he dicho. Yo estoy loco por ti. Desde antes de conocerte te
+amaba, y antes de verte te veía, y tan llena de ti tengo mi alma, que
+no hay en ella intención ni pensamiento que no sean tuyos..., de lo
+que se sigue que has de escoger entre quererme y que yo acabe mi vida.
+Esto es quererte a ti y querer también a Dios. Pero no me pidas, ¡ay!,
+que quiera a Dios solo sin dejar nada para lo humano, porque eso es
+imposible.
+
+Marcela mordía un palito de la rama del espino, sin fijar los ojos en
+ninguno de los caballeros, perdida su mirada en vagos espacios. Don
+Beltrán se aproximó a ella para observar su rostro, en el cual creía
+notar cierta turbación o pugna de sentimientos, y aprovechando estado
+tan ventajoso, hizo seña a Nelet de que callase, dejándola un rato en
+aquel solemne careo consigo misma.
+
+
+
+
+XXII
+
+
+—No me negarás —dijo don Beltrán, poniendo suavemente su mano en la
+rodilla de la santa— que el hombre en cuyo corazón has encendido
+fuego de amor tan grande es merecedor de tu cariño. Caballero leal en
+todas sus acciones, será para ti el mejor compañero que Dios podría
+depararte. ¿Lo niegas?...
+
+—No señor —replicó Marcela mirando al suelo—; no puedo negar lo que es
+verdad: reconozco sus buenas partes, y por su rendimiento y constancia
+me veo precisada a tenerle estimación; la estimación que permiten mis
+estrechos votos...
+
+—Por algo se empieza, hija mía. Y ahora te digo que a Dios no podría
+ofenderle que trocaras la vida religiosa por la que llamamos mundana.
+Dios hizo el mundo, hizo la humanidad para que en él viviese y de él
+gozara, y creó el amor para que la humanidad se prolongase hasta lo
+infinito, de padres a hijos...
+
+—Y no sé yo —dijo Nelet con bárbara lógica— que hiciera Dios conventos,
+ni mandase a hombres y mujeres que se apartaran de la existencia
+material..., porque la existencia material es el fundamento de toda
+vida y hasta del amor de Dios; porque para amar a Dios tenemos que
+vivir, y para vivir tenemos que nacer, y para nacer...
+
+—Aunque me ven ustedes silenciosa —indicó la penitente dando un
+suspiro—, no crean que me faltan razones para contestar a lo que uno y
+otro me dicen.
+
+—¡Oh! Ya sabemos que silogismos y citas sagradas y profanas, no han de
+faltarte... Pero ahora nos harás el favor de guardar a todos los sabios
+en el archivo de tu memoria, y no consultar más texto que el de tu
+corazón. ¿Qué te dice este? ¿Que desprecies a Nelet?
+
+—No me dice que le desprecie —replicó la monja sin mirar al
+interesado—, pero me persuade a no cambiar la vida de penitencia por
+otra vida.
+
+—Pues yo he leído en no sé qué autor —dijo Nelet altanero— que la
+primera penitencia es el matrimonio, y la mayor gloria humana criar una
+familia. Y si te decides a permanecer en el siglo, donde me encontrarás
+amante, esclavo fiel, no te pesará, Marcela, y verás como Dios te
+quiere más y te bendice..., pues la vida que llevas no es vida de
+persona racional, ni Dios nuestro Criador puede querer eso.
+
+—No creáis —repitió Marcela, inquieta y como azorada, sin mirarles,
+mascando el palito— que porque callo me faltan razones... Mas no
+quisiera que las razones que se me ocurren las tomara Nelet a
+desprecio... No, no; desprecio no es... Y... no sé cómo decirlo... Es
+que aunque yo me propusiera arrancar de mi el amor de la vida religiosa
+y el gusto grandísimo de cumplir mis votos, no podría, no podría...
+Es más fuerte que yo mi devoción... Pero el afianzarme en ella no
+significa desprecio..., no... Considero lo que Nelet merece..., y
+yo pediría al Señor que le concediese, en criatura mejor que yo, la
+satisfación de su fina voluntad... Que las hay mejores, sí, mejores que
+yo, de superior mérito físico y moral, así por la presencia como por
+las virtudes...
+
+—No, no hay quien te supere —exclamó Nelet levantándose con furor
+de abrazarla—, ni siquiera quien te iguale. Marcela, en dos letras
+pronunciadas por tu boca está la ventura y la salvación de un hombre.
+Pronúncialas. Fácil, como el respirar, es decir _sí_... El _no_ es
+sentencia de muerte, y tus labios divinos no me condenarán.
+
+Levantose Marcela, y poniendo en su rostro y en su acento una severidad
+que el menos lince habría tenido por afectada, dijo a los caballeros:
+
+—Con su venia subiremos a la iglesia, que yo tengo que rezar, y ustedes
+también, pues han venido a cumplir una promesa.
+
+Sin esperar respuesta echó a andar hacia arriba con grave paso,
+echándose al hombro la rama de espino que decoraba graciosamente
+su gallardo busto. Quiso Nelet avanzar tras ella para proseguir el
+coloquio interrumpido; pero don Beltrán le detuvo vigorosamente por un
+brazo, y aguardando a que la santa se alejara, le dijo:
+
+—Tonto, ¿no has comprendido? Es nuestra, es tuya.
+
+—Me ha parecido que su espíritu no es insensible al amor de hombre.
+
+—Calla, hijo... Desde que comenzó a soltar filosofías y citas de
+autores, observé que viene transformada. ¿Qué eran aquellas sutilezas
+más que un coqueteo de arte mayor? Es mujer, es mujer; hemos triunfado.
+
+—¡Mujer! —repitió Nelet como en éxtasis.
+
+—¿Pero no ves esos andares?... ¿No ves cómo se recoge la saya para
+andar cuesta arriba? ¿Y esa manera de llevar la rama florecida?... No
+es mala sofoquina la que le hemos dado con nuestro razonar irrebatible.
+Mírala, hombre, y dime si eso no es una mujer disfrazada de santa... El
+cuento es que está guapa de veras... La he visto muy de cerca; me he
+fijado bien. Los dientes son ideales; no extraño que hayas soñado con
+ellos. ¡Y qué perfil el de su cara! ¿Pues y los ojos?... Nelet, dame un
+abrazo... Estás de enhorabuena... Yo no la distingo ya más que como un
+bulto. ¿Va muy lejos? ¿No mira para atrás?
+
+—Todavía no ha mirado.
+
+—Ya, ya la veo. Allá va. Pues bien, Nelet, yo te apuesto lo que quieras
+a que antes de llegar a aquel peñasco negro... ¿No hay allí un peñasco?
+
+—Es una encina.
+
+—Pues te apuesto a que antes de llegar a la encina, se para y nos
+mira... a ver si la seguimos. No, no te muevas.
+
+Resultó, en efecto, lo que el ladino viejo decía. Parose la penitente,
+y agitó la rama como diciendo con ella: «¿Pero qué hacen que no suben?».
+
+Como el tardo paso de don Beltrán no permitía la ascensión rápida,
+Marcela se adelantó largo trecho. De rato en rato miraba, y Nelet
+le hacía señas de que se detuviese; mas no hacía caso, y cuando los
+caballeros llegaron al santuario, ya la monja y sus viejos rezaban ante
+el altar con gran recogimiento. Arrodilláronse no lejos de la puerta, a
+distancia de Marcela, para poder hablar a su gusto.
+
+—Trastornadita y blanda la tienes ya —decía Urdaneta—. Y no debes
+atribuir esta mudanza a la constancia de tus manifestaciones amorosas.
+Obra es del contacto continuo con la naturaleza, de la vida al aire
+libre, de la libertad, el campo, las montañas, los bosques sombríos y
+las fuentes cristalinas. Ya conocían el paño los que establecieron para
+penitencia de hombres y mujeres los recintos cerrados. La sociedad es
+gran conductora de amor; lo es también la naturaleza... Por más que aún
+se defiende con sus sabidurías acartonadas, se ve que está vencida,
+tocada del mal de amor. En los andares lo conozco, en el metal de voz.
+A mí no me engaña queriendo hacer papeles de teóloga. Para rendir por
+completo su voluntad, y que nos largue un _sí_ tan grande como esta
+iglesia, hemos de proceder con tino. Mucho cuidado, Nelet, con lo que
+ahora le digas...
+
+Nelet rezaba; el prócer hizo lo mismo, pidiendo a la Virgen que le
+mejorara la vista y que le sacara del cautiverio que tan injustamente
+sufría. Examinaron luego la iglesia, conducidos por la santera, pues
+allí no había sacristán ni hombre alguno; vieron también el camarín y
+la imagen, y se salieron al atrio a pasearse y fumar un cigarrito...
+Marcela, terminados los rezos, apareció al fin, tras larga espera, y
+tomando de la mano a don Beltrán, guio a los dos caballeros a un lugar
+abrigado junto a la hospedería, al pie de copudos robles. Sentados los
+tres sobre la hierba, continuaron su coloquio, siendo ella la que
+rompió con estas palabras:
+
+—He pedido a Dios y a la Virgen con todo fervor que me iluminen. No
+siento aún desgana de mis votos benditos, ni sombra de afición a otra
+vida. También he pedido al Señor que derrame alguna frialdad sobre ese
+fogoso afecto de Nelet, y espero que...
+
+—Esto no lo enfría Dios —dijo el enamorado—. Lo que hace es avivar la
+lumbre, y cuanto más te miro, más me enciendo, Marcela. Yo he pedido
+a Dios que de este fuego que a mí me sobra te dé a ti algunas ascuas,
+infundiéndote el gusto de familia, de vida doméstica...
+
+—Sí, hija mía: si te incitara Nelet a cosas impuras y pecaminosas, tus
+escrúpulos serían muy justificados; pero te propone, y yo con él, la
+unión bendita y santa ante el altar. ¿Qué sacas de esta vida errante?
+¿A quién haces feliz con tus penitencias? ¿No es más cristiano y
+caritativo que libres de la muerte a un hombre honrado, y trueques sus
+martirios en dulzura, su infierno en cielo?
+
+—¡Vive Dios —exclamó Nelet con insana vehemencia— que lo ha expresado
+don Beltrán como el mismo evangelio! Quisiera yo ver a Dios, como os
+estoy viendo a vosotros, para preguntarle delante de ti: «Dios, ¿no es
+verdad que tengo razón y ella no la tiene?».
+
+—Cálmate, Manuel —dijo don Beltrán, alarmado de tanto ardor—. Yo veo
+en el mirar dulce de este ángel que nuestras razones han ganado su
+entendimiento, que Dios pone el dedo en su voluntad y le dice: «Hija
+bendita, levántate y sigue a tu esposo».
+
+Pausa. Nelet, pálido como un difunto, miraba al suelo, y con su
+temblorosa mano se agarraba los mechones menos cortos de su cabello.
+Marcela tenía el rostro encendido, la respiración anhelante. Dejando
+caer a un lado su cabeza en actitud de Dolorosa, arqueando las cejas y
+bajando los párpados, pronunció estas palabras, sin autorizarlas con
+sentencias de santos ni de filósofos:
+
+—Uno y otro, despiadados, me ponen en grande suplicio. Yo quiero ver
+a mi lado el bien y veo el mal; por causa mía inocente, enferma Nelet
+de la peor dolencia, de aquella para que no hay consuelo ni medicina,
+como no sea ella misma y las punzadas de su propio dolor; esto veo y no
+puedo remediarlo, que si en mi mano estuviera, pronto lo haría. Así,
+les ruego que no me atormenten más y me dejen partir.
+
+—¡Partir! —exclamó Nelet suspenso, echando de sus ojos un siniestro
+rayo—. ¡Partir y dejarme en esta ansiedad! ¿Partir tú y no conmigo? ¿Es
+que no quieres verme más? Marcela, por Dios, no me lo digas; no quieras
+verme trocado de hombre en fiera..., no ofendas a Dios, convirtiendo
+en monstruo a una de sus criaturas... Si por otra causa o razón no te
+decides a quererme, hazlo por la santa obra de salvar un alma... ¿No te
+convenzo al fin?
+
+—Si con que yo te vea y te hable, tu alma se sostiene en Dios —dijo la
+santa, bondadosa—, te veré siempre que gustes y haya buena ocasión de
+ello. Al decir que me dejarais partir, no quería, no, alejarme de ti
+para siempre..., decía que es hora de que por hoy nos separemos. Y en
+esta ausencia, ofrezco yo a Nelet con toda lealtad que seguiré pensando
+en el grave caso, y pidiendo a Dios fervorosamente que me ilumine para
+resolverlo.
+
+—Yo te aseguro —declaró Santapau con acento en que se revelaba el
+propósito de una resuelta acción— que si al decir que partías lo
+hubieras hecho en son de despedida para siempre, antes de que te fueras
+me habrías visto arrojarme por aquel despeñadero que da al barranco de
+Vallivana.
+
+—Hijo mío, Marcela te promete volver, y volverá —indicó Urdaneta
+conciliando voluntades con frase cariñosa—. Yo quedo de fiador.
+Tendremos otra entrevista dentro de pocos días, en el sitio que
+designaremos...
+
+—Y no solo he de consultar con Dios —agregó la beata—, sino con mi
+hermano Francisco; que es bien le dé cuenta de esta terrible novedad...
+De aquí me iré en busca de un confesor, a quien manifestaré las
+turbaciones hondísimas que han levantado en mí las palabras tentadoras
+de uno y otro; luego iré en busca de mi hermano, y hecho todo esto, les
+avisaré por _Malaena_ para que nos reunamos.
+
+—Y me des respuesta de vida o muerte —dijo el galán—. Está bien. Si me
+matas, mátame de un solo golpe. Si he de vivir, sépalo también pronto,
+para no vivir muriendo...
+
+Levantose Marcela, diciendo con gracia mujeril, que don Beltrán apreció
+como síntoma felicísimo:
+
+—¿Me dan permiso para retirarme?
+
+—¿Tan pronto? —murmuró Nelet.
+
+—Me equivoqué, señores míos —añadió ella con nueva emisión de gracia,
+acompañada de sonrisa un tanto picaresca—. No debí pedirles permiso
+para retirarme, sino para suplicarles que se retiren... Perdónenme. Y
+para que nadie se ofenda, ustedes y yo nos retiraremos al mismo tiempo,
+por distintos lados... Yo me voy monte arriba, a salir a Bel.
+
+—Y nosotros barranco abajo a salir a donde Dios quiera —replicó don
+Beltrán—. ¿Ves?... Nelet no se conforma con que nos prives tan pronto
+de tu divina presencia... Pero yo le persuadiré a la resignación;
+descuida. Tiene en mí un aliviador de sus males de ánimo, y un
+atemperante de sus nervios.
+
+—Me conformo, sí —dijo Nelet con noble ademán—. Propuesta por ti la
+separación con ese modo gracioso y... de mujer, la acepto... Más te
+quiero mujer que santa, y entre santa de todos y mujer mía, prefiero
+esto..., porque la santidad no llega tan adentro del alma como el
+querer entre criaturas...
+
+—Yo celebro verte en esa conformidad —afirmó ella, dando los primeros
+pasos hacia el sendero que había de seguir—. De las diferencias entre
+santicio y mujericio, mucho podría decirte; mas ahora no puede ser.
+
+—¿Tardarás mucho en decírmelas?
+
+—Dios es quien ha de fijar el cuándo. Él solo es el marcador de las
+ocasiones.
+
+—Bueno: también me conformo. Esta mansedumbre que en mí ves no tiene
+otra causa que el haberte visto benigna... Has sonreído, Marcela, y
+solo con eso me desconozco, me siento mejor de lo que fui.
+
+—Ahora..., como si lo viera... —dijo la penitente, sonriendo con
+más gracia y viveza que antes—, irán ustedes caminando despacito, y
+parándose a cada instante para mirar hacia atrás.
+
+—¿Y tú no harás lo mismo? —observó Nelet más vivo que la pólvora.
+
+—Si alguna vez vuelvo la cara —replicó ella conteniendo la risa—,
+será por observar la tontería de los hombres, y porque no crean que
+es desprecio el no mirar alguna vez... Vaya, en marcha. Nelet, don
+Beltrán, el Señor les acompañe.
+
+Se separaron lentamente, y como a diez pasos gritó don Beltrán:
+
+—Conste que no soy yo el que mira, sino este truhan, vicioso del mirar.
+
+—Adiós —repitió la divina mujer.
+
+A bastante distancia, hablaban así los dos caballeros:
+
+—¿Qué?... ¿Se detiene a mirarnos?
+
+—Ahora... ¡Y que no haya tenido yo valor para darle un abrazo!
+
+—Calma, hijo. Tiempo tienes. Y ahora, ¿vuelve la cara?
+
+—Va despacito..., alza los ojos al cielo. Ya no la veo. Pasa detrás de
+un grupo de árboles... ¡Qué figura, qué aparición celestial!... Yo
+estoy loco.
+
+—Calma... Repito que tiempo tienes. A punto de completa madurez la
+verás pronto.
+
+—Ahora reaparece otra vez.
+
+—¿Y mira?
+
+—Sí señor... Se ha puesto en la boca una ramita de hinojo. ¡Ay, qué
+delicia de hinojo!...
+
+—Tiempo tienes... Anda, anda...
+
+—No, no es de este mundo esa mujer.
+
+—De este mundo o del otro... tuya es.
+
+
+
+
+XXIII
+
+
+Muy consolado el uno en sus fatigas amorosas, satisfecho el otro del
+buen giro que a su parecer tomaba el asunto en que como consejero
+intervenía, llegaron los dos caballeros a Catí. De lo que hablaron
+por el camino no se hace mención. Baste decir que a los recelos que
+manifestaba Nelet, como amante que con menos que la definitiva victoria
+no se satisface, oponía Urdaneta las seguridades optimistas, fundado
+en su conocimiento y larga práctica de negocios mujeriles. Para el
+anciano prócer era como tenerlo en la mano. De allí a las bendiciones
+matrimoniales poco trecho había que recorrer.
+
+Hallaron en Catí la novedad de que Cabañero había salido con dos
+batallones, por orden del general, y en su lugar quedaba Llangostera,
+pronto también a partir con fuerza considerable hacia la frontera de
+Cataluña. A la mañana del siguiente día, pasó por allí Cabrera con su
+ejército en veloz marcha. Venía de cerca de Murviedro, donde se había
+batido con las tropas de Oráa, y a Gandesa se dirigía llevando algunos
+cañones para poner formal sitio a esta plaza. Grande fue la desazón del
+pobre Urdaneta cuando le despertó Santapau para decirle:
+
+—Mi querido viejo, la fatalidad, y en su nombre don Ramón Cabrera,
+ha decretado que nos separemos. Desde Salvasoria mandó aviso de
+que se incorporen sin dilación a su ejército el 3.º de Tortosa y
+tres compañías del 1.º de Valencia. Parece que vamos a sitiar a mi
+pueblo... No puedo, ni con pretexto de enfermedad ni con otra artimaña,
+librarme de la maldita obediencia al superior... Pero ya me canso,
+ya me canso de la esclavitud, y a la primera oportunidad pediré la
+absoluta. Imposible repicar y andar en la procesión que usted sabe.
+Amor y ordenanza no casan bien... Y no más, amigo mío. Le dejo bien
+recomendado a Llangostera, que se ha de situar en Rosell, para cortar
+el paso del Pla a las tropas que vayan en auxilio de Gandesa... Conque
+adiós... No siento más sino que venga _Malaena_ y no me encuentre. Pero
+ya le advertí que en este caso se vea con usted... Con decirle dónde
+estoy, basta. Es buen sabueso; dará conmigo... No puedo detenerme ni
+un segundo más. Adiós.
+
+Muy triste se quedó el pobre caballero, señor de tantas torres; y su
+único consuelo fue que a poco de despedirse de Santapau le deparó Dios
+una antigua amistad, el capellán mosén Putxet, que dos días antes había
+llegado con destino al 1.º de Tortosa, de la división de Llangostera.
+Aunque no podía sustituir el clérigo la franca y ya entrañable amistad
+de Nelet, al menos le entretenía con su charla, y le prodigó no pocas
+atenciones, entre ellas el agenciarle una buena mula para el paso desde
+Catí a Rosell, que Llangostera, con seis batallones, efectuó en la
+noche del 15 de mayo y parte de la mañana del 16. Llegó don Beltrán
+molido y displicente por el duro trotar de la condenada bestia, y lo
+primero que solicitó de la bondad de su amigo fue que le metieran en
+cualquier mechinal, para poder estirar su esqueleto y darse algún
+descanso. En un aposento de la sacristía de la iglesia mayor le colocó
+Putxet, con gran satisfacción del noble, que no esperaba tan buen
+hospedaje. Lo que deseaba era que le dejasen allí, previo juramento
+solemne de no quebrantar su esclavitud y estar siempre a disposición
+de la autoridad carlista que le reclamase. Pero, ¡ay!, que si el cielo
+le concedió la quietud material que por el momento deseaba, no fue
+benigno con él en aquellos tristes días. El 18 muy temprano, cuando las
+claridades del alba despuntaban por oriente, despertó el caballero con
+sobresalto, sin que nadie le llamase, por efecto de un súbito golpetazo
+de su corazón.
+
+—¿Quién está ahí? —dijo sin moverse, viendo avanzar hacia su lecho un
+bulto negro.
+
+—Soy yo, querido don Beltrán —respondió al poco rato Putxet, pues no
+era otro, acercándose más—. No venía a despertarle, sino a ver si
+dormía... Pero es temprano... Duerma una hora más..., aunque sean dos
+horas..., todo lo que quiera.
+
+—¿Qué sucede? ¿Tenemos que partir?
+
+—No, no... Por ahora no... Es que... Sentiría mucho que usted se
+alterase... Calma, ilustre señor. Me voy, para que duerma otro poquito.
+
+—Ya no podré dormir, caramba, pues esta entrada de usted a hora tan
+intempestiva, la turbación que noto en su acento, son para despabilar
+al sueño mismo. Me dice el corazón que tiene usted algo que...
+comunicarme.
+
+—No es tiempo aún... ¿Quiere usted que se le haga café?...
+
+—¡Demonio! Tan pronto me dice que duerma como me ofrece café. Ea, señor
+Putxet, ¿qué le trae acá? No valen melindres conmigo.
+
+—Pues sí —dijo el capellán, que en su tristeza y azoramiento, cuanto
+más hábil quería ser, más torpemente procedía—. Mejor será que se
+despabile y se levante... No se altere, señor, no pierda su aplomo y
+serenidad... A un hombre como usted, tan entero y... y que se hace
+cargo de las cosas..., se le puede decir... Nada, no es nada, señor; es
+que... ha ocurrido una gran desgracia.
+
+—Acabe usted, acabe, hombre pusilánime, hombre enclenque, hombre
+femenino...
+
+—Pues sepa el hombre fuerte, sepa el hombre valeroso y grande, que
+ayer, en un pueblecito llamado Belén, más allá de Tortosa, los infames
+cristinos fusilaron a don Alonso de Almela, hermano del conde de Catí.
+
+—Y en represalias de esta barbarie, los infames carlistas harán
+lo mismo con el noble don Beltrán de Urdaneta —gritó el anciano,
+poniéndose en pie, medio desnudo, sobre el camastro—. Bien, bien: aquí
+me tenéis, asesinos; aquí estoy dispuesto a morir. Noble por noble,
+como me dijo en Cheste el jefe de los matachines, Ramón Cabrera... ¡Y
+para anunciarme esto, señor Putxet, ha estado ahí tartamudeando y poco
+menos que haciendo pucheros!... Aguarde a que me vista; dispense que
+tarde en ello algún tiempo, pues acostumbrado a valerme de ayuda de
+cámara, soy algo torpe en estas operaciones matutinas... Pero si tienen
+mucha prisa por despacharme, ¡demonio!, llévenme a medio vestir, que
+la muerte no ha de poner reparo. Por falta de ropa, ni he de ser menos
+animoso, ni vosotros menos viles y cobardes.
+
+—Si no hay prisa, señor —dijo el capellán abrazándole—. De aquí a
+las nueve nos sobra tiempo... Y pues tiene la costumbre del ayuda de
+cámara, yo soy bastante humilde para prestarle ese servicio.
+
+—Gracias, no pretendía yo tanto —replicó don Beltrán sentándose en el
+lecho, mientras el otro le traía las botas, el pantalón, disponiéndose
+a vestirle—. Y pues con tanta generosidad mis verdugos me conceden
+estas horas, sepa que no renuncio al café que me ha ofrecido...
+
+—Al momento mandaré que se lo preparen. ¡Pues no faltaba más! Sería una
+desconsideración imperdonable privarle de alimento.
+
+—Bien, hijo, bien: se agradece... ¡Con qué destreza me ayuda a
+vestirme! Parece que en toda su vida no ha hecho usted otra cosa.
+
+—Fui paje del ilustrísimo señor don Víctor Sáez, obispo de Tortosa.
+
+—¡Sáez, el ministro del absolutismo! ¡El que ayudó a Fernando VII en
+su tarea de ahorcar a medio mundo! Bien, hombre, bien. Pues ya que
+usted tiene la bondad de ser por un instante mi criado, no vacilará,
+si es tan humilde, en prestarme todos los servicios que necesita un
+hombre como yo... Adelante... Tenga usted cuidado con esta pierna.
+Trátela con miramiento, que está reumática... Ahora el chaleco... Este
+me lo dio don Ramón, y me ha hecho un gran servicio. Bueno, bueno...
+No corra usted tanto... Le recordaré el dicho de nuestro gran tirano,
+el ahorcador de gentes, Fernando el Deseado..., contra una esquina...
+Ya sabe usted que él fue quien dijo: «Vísteme despacio, que estoy de
+prisa». Ahora, hágame el favor de pedir el café...
+
+—Lo tendrá usted a punto. Sabe Dios cuánta pena me causa tener que
+notificarle... Anoche me llamó Llangostera, que, entre paréntesis, está
+muy afligido por verse en el duro trance de...
+
+—¡Pobrecito! Si está tan afligido, le compadezco...
+
+—Pero el deber...
+
+—Claro, el deber... En estas guerras salvajes, trastornadas las
+conciencias, aplicáis a los crímenes palabras santas que se inventaron
+para expresar la virtud, y asesináis en nombre de la justicia, que es
+como poner al diablo en los altares... Bien..., que sea pronto.
+
+—Suplicome el señor Llangostera que me encargase..., y con gran
+sentimiento acepté comisión tan triste... Era yo el más significado
+para este paso, por la amistad... de que me honro.
+
+—La honra es mía. No sea usted tan modesto...
+
+—Y encargome al propio tiempo que le preparase..., si usted se dignaba
+elegirme entre los cuatro señores capellanes que estamos hoy en Rosell.
+
+—Hijo, sí, por elegido... Lo mismo me da.
+
+—Mi amistad atribulada —dijo el capellán buscando una bonita expresión
+retórica—, me consuela con esta preferencia que el noble caballero se
+digna concederme.
+
+—Mi confesión no será larga —indicó don Beltrán paseándose por la
+habitación—, y si usted quiere, ahora mismo...
+
+—Antes haré que se le sirva el café... No hay en ello inconveniente,
+pues no tendremos comunión..., y no por culpa mía. El párroco del
+pueblo nos ha hecho la jugada de abandonar su iglesia para unirse a la
+partida del _Organista_. Está el hombre furioso desde que los liberales
+le mataron al sobrino...
+
+No necesitó el capellán separarse de su amigo para la diligencia del
+café, pues el oficial de guardia en la estancia próxima, interesado
+también por don Beltrán, y de su desgracia compadecido, había dado
+las órdenes para que se le llevase pronto aquella tónica bebida. Dio
+el anciano las gracias a los que se la sirvieron, mostrándose con
+todos muy afable. Tomado el café, que por singular merced no estaba
+mal hecho, volvió al capítulo de su confesión, diciendo con animado
+lenguaje:
+
+—Pues sí: mi conciencia ve su luz y su sombra perfectamente
+deslindadas, y no vacila al señalarlas... No hay en mí casos dudosos,
+enigmáticos, oscuros. Soy claro y bien definido... En esta crítica
+hora, mi memoria se aviva, y no habrá nada que se me quede en el
+tintero, llamando tintero al antro del olvido. Lo que Dios sabe, yo
+lo digo sin rebozo y con facilidad al sacerdote que me auxilia, a
+cuantos quieran oírlo, pues la vida de Beltrán de Urdaneta es pública,
+su carácter bien diáfano, y sería en mí ridículo melindre el hacer un
+misterio de lo que sabe todo el mundo, todo Aragón... Soy público en
+Aragón, soy popular, mejor dicho...
+
+Y observando que oficiales y soldados, de guardia en la estancia
+próxima, se asomaban a la puerta movidos de curiosidad, les dijo:
+
+—Entren si gustan, y oigan; que los pecados que declara mi boca no son
+tales que produzcan espanto, y refiriendo mis maldades, puedo decir
+que el que se encuentre limpio de ellas, tire la primera piedra. No es
+que yo deje de creerlas vituperables: al contrario, en esta hora clara
+de la conciencia, veo y reconozco cuánto he ofendido al Señor, y qué
+mal uso hice de las cualidades que se dignó poner en mi alma. Siempre
+fui religioso, creyente ciego de cuanto su Iglesia nos enseña, aunque
+muy perezoso y descuidado en cumplir los preceptos que se nos dieron
+para conservar y enaltecer el nombre de cristianos. He faltado en esto
+gravemente, más que por desamor de Dios, por la continua distracción en
+que me tenía el bullicio vano del mundo, y las frivolidades con que la
+sociedad noble embelesa nuestros sentidos. Siempre fui más devoto de
+los placeres que de las abstinencias, y más gustoso de la buena vida
+que de las mortificaciones, sin llegar nunca a la embriaguez ni a la
+glotonería, y no porque ambos excesos son pecados, sino por que siempre
+los creí de mal gusto... He sido vanidoso, amante de la ostentación y
+de la lisonja, mirando siempre a que lo mío fuese superior a lo ajeno,
+a que ninguno me igualara en grandeza y lujo; y cuando veía por alguna
+parte algo que me oscureciese, sufría mal de tristeza, y me lo curaba
+con nuevos esfuerzos para extremar la presunción y humillar a los
+demás... Pero también digo que jamás cometí vileza contra nadie, y que
+conservé la dignidad que mi raza y mi nombre me imponían, mostrándome
+siempre caballero noble, con los iguales cortés, afable y cariñoso con
+los inferiores... Mi pecado mayor, manantial inagotable, en vida tan
+larga, de innumerables errores, ha sido mi locura, que así la llamo,
+de galantear y ser grato al bello sexo. Mi goce más vivo fue en todo
+tiempo el trato de damas altas, bajas o medianas, y llamo damas a
+cuanto se comprende dentro de la muchedumbre femenina. Mi desatino ha
+sido tal, que todo lo he pospuesto a la satisfacción de mis gustos.
+Verdad que dentro del fuero del amor no he cometido vilezas; pero sepan
+que ese fuero es puro artificio inventado para nuestro uso por los
+galanteadores, y que no vale ante la ordenanza del decálogo. Yo, pues,
+he pecado gravísimamente, y al declararlo, reconozco sin atenuaciones
+ni disculpas todo el mal que hice, añadiendo que mis infamias no
+tuvieron término por severidad de mi conciencia, sino porque el desmayo
+de la naturaleza les puso freno, contraviniendo mi liviandad y hábitos
+viciosos. De esto me acuso, y reconociendo mi error, me encomiendo a la
+misericordia divina.
+
+»También es pecado grave el poco o ningún cuidado que puse en el manejo
+de mi hacienda; que la riqueza, Dios nos la da para que la usemos con
+templanza y la transmitamos a nuestros hijos. Yo he sido una mano
+verdaderamente horadada. Ciertamente que algo atenúa este pecado mi
+generosidad sin límites, pues todo se ha de decir: yo hacía partícipes
+de mi bien a cuantos me rodeaban o se me acercaban en demanda de
+auxilio. Yo he remediado muchas miserias, enjugado no pocas lágrimas.
+Ningún colono ni sirviente mío puede decir que le oprimí; y si esto se
+lleva como litigio a tribunal divino para fallar sobre mi alma, tengo
+por cierto que innumerables seres depondrán en favor mío. Váyase lo
+uno por lo otro, que si largamente derroché, con no menor largueza di
+mi mano a los miserables para que se agarraran... Defecto capital mío
+ha sido el amor a ese resorte de vida material que llamamos dinero,
+despreciado por los filósofos, vilipendiado por la religión, pero del
+cual no podemos prescindir dentro de la sociedad a que pertenecemos,
+porque su empleo y distribución se ha hecho ley que a todos nos sujeta,
+so pena de volvernos salvajes o ermitaños, lo que no digo que sea
+peor ni mejor que el estado social. Solo afirmo que mis apetitos, mi
+presunción, me han espoleado siempre para proveerme de ese metal,
+que no llamaré precioso ni vil, dejándole en esta ocasión sin ningún
+título ni apodo. Pero bien sabe Dios que en las situaciones aflictivas
+a que me condujo el afán de prolongar mis goces y conservar mi fama
+de rumboso y señoril, jamás tomé nada que no viniese a mí por caminos
+legítimos, aunque ruinosos. Sobre mi conciencia pesan muchos pecados,
+muchos; pero no pesa ni un solo maravedí que pueda llamarse ajeno. Si
+alguna vez me rebajé al empleo de resortes que humillaban un tanto mi
+dignidad, nunca me movió el intento de traer a mí lo perteneciente a
+otro... eso nunca. Limpio estoy de esa clase de manchas... No puedo
+decir, ¡ay de mí!, que de todas esté limpio, pues pecador fui, por
+pecador me tengo, y como pecador empedernido me confieso en la hora
+de mi muerte. Ya lo habéis oído; ya veis, señores, la conciencia de
+don Beltrán de Urdaneta, a quien todo Aragón llamó en otro tiempo _don
+Beltrán el Grande_. Ni cosa mala he callado, ni cosa buena hay fuera de
+lo manifiesto. Si algo se me olvida, quiera Dios ordenar mi memoria de
+modo que los olvidos sean de cosas y hechos favorables, y que nada de
+lo malo se me quede escondido en la mente. Creo que no... Tal como fui
+y como soy, a vosotros, a mi confesor y amigo me presento; y sumiso,
+pesaroso de haber menospreciado la divina ley, entrego mi alma a Dios,
+infinitamente justiciero, infinitamente misericordioso.
+
+
+
+
+XXIV
+
+
+Cuantos vieron y oyeron al infortunado caballero aragonés, quedaron
+maravillados de su sinceridad y presencia de ánimo. Del grupo de
+oficiales y soldados que en la puerta se arremolinaban, se destacó uno,
+al parecer teniente, que adelantándose hacia el prócer y besándole la
+mano, le dijo:
+
+—Señor, cuando esté usted en el cielo, acuérdese de un servidor,
+Nicasio Pulpis, que tiene sobre su conciencia los mismos pecados de
+usted y no sus virtudes.
+
+—Bien, hijo —replicó don Beltrán abrazándole—. Que mis desgracias y
+fin desastroso te sirvan de espejo para que en él te mires y procures
+enmendarte.
+
+Putxet, en tanto, inconsolable, expresaba su consternación en estos o
+parecidos términos:
+
+—Una y otra vez he dicho al señor Llangostera que hoy no es día hábil
+para ejecuciones. Figúrese usted: domingo, y por añadidura Pascua
+de Pentecostés... ¡Cuando la Iglesia conmemora nada menos que el
+grandiosísimo misterio de la venida del Espíritu Santo en forma de
+lenguas de fuego sobre las cabezas de los Apóstoles, para infundirles
+la divina ciencia!... ¡cuando tal festividad augusta y solemne
+celebramos, tener que consumar un cruento sacrificio, por más que las
+leyes de guerra, ¡malditas leyes!, lo autoricen y sancionen!... No, no
+puede ser: protesto..., y he de insistir, pidiendo que se deje para
+mañana. Me parece que corriendo a mi cargo la dirección espiritual
+del regimiento, tengo derecho a que se me oiga... No estamos aquí
+los capellanes solo para confesar de prisa y corriendo... Vea usted,
+por no hacerme caso, hoy no puedo celebrar: no tenemos formas... Es
+inconcebible este descuido... ¡Pues cartuchos no faltarán! Todo lo de
+guerra está corriente, eso sí..., y lo espiritual, nada... Así anda
+ello.
+
+—No se sulfure, amigo Putxet —le dijo don Beltrán, que se había
+sentado y quería meditar—. Y no se apure por el aplazamiento de mi...
+sacrificio. ¿Qué más da un día que otro? Si el día es solemne, no
+importa. Bien sabe Dios que andan ustedes algo atropellados, y no
+pueden acomodar sus acciones al almanaque. En la guerra, ya se sabe,
+todo es permitido. Como si se presentara hoy buena coyuntura para una
+batalla..., ¿iban ustedes a dejar de aprovecharla, por ser Pentecostés?
+No, y en Pentecostés matarían unos y otros gran número de cristianos.
+Si admitimos como lógico y razonable el dar a nuestro Padre Celestial
+el nombre de _Dios de las Batallas_, que usan los capellanes en sus
+sermones y los generales en sus proclamas a la tropa; si Dios es,
+como dicen ustedes, capitán general o generalísimo, ya pueden contar
+con su indulgencia por aplicar leyes de guerra en días de solemnidad
+litúrgica... Por mí, no deseo el aplazamiento, pues aunque me encuentro
+tranquilo y resignado, no respondo de que en esas veinticuatro horas se
+me conserve la resignación y tranquilidad. Somos hombres, y el morir
+violentamente, en acto preparado y ceremonioso, agobia..., sí, señor...
+Mátenme de una vez, y no pongan a prueba mi fortaleza.
+
+No se dio por convencido el terco capellán, y perseverando en su idea,
+dijo al infeliz prócer:
+
+—Quiero dar un nuevo ataque al jefe. En seguida vuelvo; de paso mandaré
+que le sirvan a usted un par de huevos fritos... He visto que hay
+tomate... y si usted quiere...
+
+—Bien, hijo, bien; lo mismo da... Gracias por todo... Haga usted lo que
+quiera. Yo no tengo voluntad... Quiero convencerme de que ya no vivo.
+
+En el rato que estuvo solo, el pobre condenado cayó en reflexiones
+tristísimas, buscando el porqué de su tragedia; que en tales trances
+y en otros menos lastimosos propendemos a escudriñar los orígenes
+o el móvil inicial de todo suceso que nos afecta. «Ello es de toda
+evidencia —pensaba— que Dios me envía mi muerte en forma tan terrible
+para castigarme de mi enormísimo pecado de estos días. He prestado a
+Nelet ayuda insidiosa para la seducción de la monja Marcela; y aunque
+desde el primer momento le señaló forma y fines de matrimonio, cosa es
+muy grave, y si se quiere sacrílega, el inducir a una esposa de Cristo
+al rompimiento de sus votos. Y lo peor es que con malicia instruí al
+enamorado y le aconsejé, dándole por norma las inicuas reglas que yo
+he ido sacando de la experiencia de mi vida libertina... ¡Ah, bien
+merecido me está lo que ahora me pasa! ¡En ello veo tu mano, Dios de
+justicia!... Hice muy mal en tomar a mi cuidado las desazones del pobre
+Nelet. ¿Quién me mete a mí a zurcidor de voluntades guerrilleras y
+monjiles? ¿Qué voy yo ganando con que una tarasca y un endemoniado se
+casen o dejen de casarse? ¡Ah, en el fondo oscuro de mis intenciones
+veo la maldita codicia y el afán de allegar recursos! No fue otra la
+causa de mi metimiento en tan feo negocio. Y que la monja andariega,
+por las reglas infames que di a Nelet, se ha trastornado y siente el
+veneno de amor en su sangre no puede ponerse en duda. Por culpa mía
+y de mi sabiduría pérfida, romperá sus votos y ofenderá a Dios... Me
+ha movido el villano interés, la idea de que, casándose, me habían
+de entregar lo que para mí designó Juan Luco... Mal pensé, mal hice,
+y Dios, en pago de mi perversidad, permite que estos bribones me den
+cuatro tiros... ¡Ay de mí!».
+
+Interrumpiole Putxet con la noticia de que, oídas las razones
+canónicas expuestas por el capellán, que amenazó con poner el caso en
+conocimiento del Vicario General, había decretado Llangostera aplazar
+el acto hasta el día próximo de madrugada. No supo Urdaneta si la
+resolución del jefe le causaba tristeza o alegría. Si fue esto último,
+era una alegría triste. Almorzó con mediano apetito, departiendo con
+el capellán y el teniente Pulpis, que le custodiaba en la capilla.
+Por la tarde, su tristeza se exacerbó en grado sumo, y la compañía de
+aquellos señores le causaba enojos. Y pues no le dejaban solo, echose
+en un camastro como intentando dormir; mas lo que hacía era sumergirse
+en la contemplación de lo pasado, y en traer al pensamiento su familia,
+su casa de Cintruénigo... «¡Ah!, si Rodrigo y Juana Teresa me vieran
+en esta horrenda situación, qué amargo llanto derramarían... Sí, sí:
+porque me quieren, aunque riñamos y nos enemistemos por tonterías
+que, vistas desde aquí, son de una insignificancia que mueve a risa y
+desprecio. ¡Dios mío, qué lección me das al fin de mi vida! Paréceme
+que estoy ya en la eternidad, donde presumo que hemos de ver todas las
+cosas del mundo en su natural pequeñez. Me quieren, sí, me quieren,
+y yo también quiero a mi nieto y a la madre de mi nieto, que es la
+esposa de mi hijo... Las contrariedades, que en mi necedad estimé
+graves ofensas, ahora las perdono de todo corazón. Y cuando ellos
+sepan, ¡ay de mí!, cómo ha concluido don Beltrán _el Grande_, también
+me perdonarán los agravios que les hice, mis malas palabras, mis actos
+rencorosos. ¡Pues poco que se condolerán de mi suerte! Rezarán por
+mí, pedirán a Dios que me acoja en su seno, y harán sufragios por
+mi alma. Ya estoy viendo a todo el clero de Cintruénigo atareado
+por largo espacio de días en misas, funerales y responsos... Confío
+sobre todo en la eficacia de mi arrepentimiento. Pésame, Señor, de
+todo corazón el haberte ultrajado sistemáticamente, empleando tan
+mal la vida larguísima que me has dado. Pésame también el rencor que
+sentí hacia los míos, y el regocijo que tuve al ver descompuesta la
+proyectada boda de mi nieto con la mayorazga de Castro-Amézaga. Pésanme
+mis bravatas, mi orgullo, mi disipación, mi ansia de coger dinero para
+presumir y disimular mi ruina... Pésame todo el daño que hice, y esta
+última travesura de querer arrancar a Marcela de la vida religiosa
+para satisfacer el liviano amor de Nelet...». Consagró también tristes
+pensamientos a su hija y yerno de Villarcayo, perdonándoles sus últimos
+desaires; besó mentalmente a sus nietos, y de todos se despidió con
+efusión de lágrimas y suspiros. Sus amigos fueron pasando después por
+su mente, uno tras otro, en melancólica y pausada procesión, siendo
+de los últimos Fernando Calpena, por quien sentía paternal cariño.
+Condolíase de que en Bilbao le hubieran birlado la novia. Si hablarle
+pudiera en aquel instante, ya no se atrevería, no, a inducirle a
+solicitar bodas con Demetria... No, no: guarda, Pablo. Demetria debía
+ser para el marqués de Sariñán. Que doña María Tirgo y Juana Teresa
+rehicieran los descompuestos planes. Buscara Calpena otra mayorazga,
+que buenos partidos no habían de faltarle... Hasta del pobre _Mero_
+se acordó y de Saloma, deseándoles vida, salud, felicidades y rápidos
+ascensos... ¿Y qué sería de Tomé?... ¿Y del caballo ganado a Calpena,
+qué se habría hecho? En Alcañiz habían quedado también su breve
+equipaje y el reloj, magnífica repetición que no llevó consigo al
+salir en busca de Marcela, porque roto el espiral a poco de partir
+de Cintruénigo, para nada le servía. Guardado con unos pocos duros y
+pesetas quedó en una bolsa de vejiga que antes usara para el tabaco...
+
+La primera parte de la noche la pasó inquietísimo, hablando sin
+fatigarse horas enteras, y ya refería sucesos de su vida, ya dictaba
+disposiciones para que Putxet recogiera en Alcañiz su equipaje y
+caballo, remitiéndolo todo, con la noticia y relato de su muerte, a
+la villa de Cintruénigo. Hizo intención de escribir a su nieto y a su
+hija; mas sintiendo muy desvanecida la cabeza y el pulso tembloroso,
+no trazó más que unas seis líneas con la declaración de su inocencia y
+de su trágico fin. Moría como caballero cristiano dolorido del mal que
+había hecho, y a todos perdonaba, sin excluir a los que inicuamente le
+quitaban la vida. Esmerose en la firma, trazándola con todo el vigor y
+claridad que le fue posible. Después dijo:
+
+—Quisiera que ahora mismo acabáramos. Las horas que faltan pesan sobre
+mí como siglos futuros que se convirtieran en presentes.
+
+Repetida y ampliada la confesión con piadoso recogimiento, incitole
+Putxet a dormir. Negose a ello don Beltrán, y estuvieron departiendo
+hasta la madrugada. Viendo cercana la hora, llamó el reo a los
+oficiales del piquete para despedirse de ellos. Formando rueda en torno
+a la mesa, oyeron esta manifestación tan sencilla como sustanciosa:
+
+—Amigos, les agradezco la simpatía y delicadeza que en esta ocasión
+me han manifestado. Son ustedes caballeros; yo también lo soy. Como
+tal quiero morir; como tales se conducirán ustedes en el trance
+final, acabando mi vida con rapidez y sin martirizarme inútilmente.
+Yo les perdono de todo corazón. Y si me es permitido, por el fuero de
+ancianidad, dirigirles algunos consejos, allá voy; y esto que ahora
+les diga, sea para ustedes de autoridad, como expresión postrera del
+pensamiento de un moribundo. Condenado sin culpa, no diré palabra
+injuriosa ni vengativa contra el bando político que me arranca la
+vida, ni contra vuestro ejército... Todas estas cosas quedan para
+mí en un término lejano. Sin vituperar esta causa ni la otra, sin
+enaltecer a ninguna de las dos, os digo que no derraméis más sangre
+de españoles. Guardad esta sangre para mejores y más altas empresas.
+No defendáis con tesón tan extraordinario derechos de príncipes o
+princesas, pues voy entendiendo yo que tanto valen unos como otros,
+y que cuando la cuestión se dilucide y haya un vencedor definitivo,
+habréis desgarrado a vuestra patria, que es la legítima poseedora de
+todos los derechos. Mientras ponéis en claro, a tiros, cuál es el
+verídico dueño de la corona, negáis a la nación su derecho a la vida,
+porque le estáis matando todos sus hijos, y le destruís sus ciudades
+y le arrasáis sus campos. Será muy triste que cuando de vuestras
+querellas salgan triunfantes un trono y un altar, no tengáis suelo
+firme en que ponerlos. ¿Para qué queréis altar y trono, si luego han
+de cojear como esos muebles a que falta una pata? Allanad y afirmad
+el suelo ante todo, y esto lo haréis con las artes de la paz, no con
+guerras y trapisondas. Haced un país donde haya todo lo contrario de
+lo que unos y otros, a quienes no sé si llamar guerreros o bandidos,
+representáis; haced un país donde sea verdad la justicia, donde sea
+efectiva la propiedad, eficaz el mérito, fecundo el trabajo, y dejaos
+de quitar y poner tronos... Lo que va a resultar es que, cualquiera
+que sea el resultado, estáis fabricando una nación de bandolerismo,
+que en mucho tiempo, gane quien ganare, ha de seguir siendo bandolera,
+es decir, que tendrá por leyes la violencia, la injusticia, el favor,
+la holgazanería, el pillaje y la desvergüenza. En un pueblo a que dais
+tal educación, cualquier trono que pongáis será un trono figurado, de
+cuatro tablas frágiles y cuatro mal pintados lienzos.
+
+»Quizás vosotros, llenos de vida y de ilusiones, no veáis esto como
+lo veo yo, viejo y moribundo. Creéis que toda la vida vais a estar
+guerreando, con miras de gloria y ascensos; creéis que España ha de
+ser patrimonio y casa de guerreros, los cuales en la paz tendrían que
+ser empleados. ¿Empleados de qué? ¿Guerreros para qué? Sois muchos
+a comer rancho; sois muchos a vivir de distinciones, de cintajos
+y signos categóricos. Y yo os pregunto: ¿quién trabaja? ¿De dónde
+sale el rancho, el sueldo, la ropita con galones? Esto es absurdo:
+estáis matando el país y haciendo de él un magnífico cementerio
+poblado por maniquís, que ostentarán su presunción paseándose entre
+las sepulturas... Y ahora, puesto que me oís con tanta atención, me
+permitiré daros consejos de otro orden. No es tan gran autoridad el
+virtuoso que nunca ha pecado como el pecador que reconoce, aunque
+tarde, sus yerros. Y puesto que conocéis mi vida, os incito a no
+imitarme en la parte corrompida de ella. No seáis pródigos; adoptad
+con discreta medida las prácticas de los miserables, llevando cuenta y
+razón de lo que tenéis y consumís, para que nunca os salga la necesidad
+más larga que su remedio, ni la sábana más corta que la pierna. Entre
+la sordidez y la excesiva largueza, preferid lo primero, que os hará
+antipáticos, pero no infelices. La generosidad practicada sin medida
+puede ser viciosa, porque muchas veces la dicta la presunción antes que
+el verdadero espíritu de caridad... Y tocando, por fin, el punto más
+sensible, no me atrevo a deciros que no seáis enamorados, porque esto
+sería contravenir una gran ley de naturaleza; pero sí os recomiendo
+que lo seáis sin apartaros de las leyes eternas, y que evitéis
+toda empresa de amor en que veáis probable daño de tercero. Esto es
+muy malo, hijos míos, y os lo asegura quien, por seguir la regla
+contraria, ha tocado en la experiencia sus perniciosos efectos. En todo
+caso, sed respetuosos y veraces con las mujeres. Es más conforme a
+naturaleza dejarles a ellas el uso del engaño, arma con que compensan
+su debilidad, y tomar el hombre para sí el uso continuo de la lealtad,
+que es la fuerza; y los riesgos que de esto se ocasionen, cada cual
+los sortee como pueda, buscando siempre el bien. Que las alabéis y
+las obsequiéis con flores del ingenio, no es cosa mala, pues muchas
+con esto solo quedan satisfechas, y vosotros nada perdéis en ello.
+Los que sean casados, harán bien en guardar la fidelidad matrimonial,
+aunque les haya tocado un culebrón... Por eso, conviene mirarlo
+despacio, y enterarse antes de contraer esos vínculos que duran toda
+la vida. Sostened siempre la paz dentro de la familia que os resulte
+del nacimiento y de las uniones, y si hay en ella caracteres ásperos,
+procurad haceros a sus asperezas para que los demás contemporicen con
+las vuestras, que de seguro las tendréis. Espinas sufrimos, espinas
+tenemos, y el que crea que no las tiene y se duela de que le pinchen,
+es tonto de remate. Y ya no me queda que deciros sino que seáis
+trabajadores, que os procuréis un modo de vivir independiente del
+Estado, ya en la labranza de tanta tierra inculta, ya en cualquiera
+ocupación de artes liberales, oficios o comercio, pues si así no lo
+hacéis y os dedicáis todos a _figurar_, no formaréis una nación, sino
+una plaga, y acabaréis por tener que devoraros los unos a los otros
+en guerras y revoluciones sin fin... Sed cultos, bien educados, y
+emplead las buenas formas así en el lenguaje como en las acciones, que
+la grosería es causante de terribles males privados y públicos. La
+rudeza y los procederes ordinarios han sido aquí, bien lo veis, semilla
+de discordias entre los pueblos, y por esa falta de formas se hacen
+interminables las guerras, pues la grosería engendra el odio, y el odio
+nos lleva al salvajismo y a la barbarie... Y basta ya: no lloréis por
+mí, ni tengáis demasiada lástima de mi muerte, pues soy muy viejo y no
+sirvo ya para nada. A nadie soy útil, a nadie hago falta; mis días son
+de absoluta esterilidad; ya he vivido bastante, y al quitarme de en
+medio, casi casi no cometéis crueldad, pues no hacéis más que arrancar
+un tronco añoso y seco, que estorba el nacimiento de nuevos árboles...
+A todos ruego que me perdonen, y yo en los presentes perdono a cuantas
+personas de este y el otro bando hayan podido causarme algún agravio...
+Entereza no me falta, ya lo veis: confío en la misericordia divina, a
+quien entrego mi alma, abominando de mis culpas, sin pedir un galardón
+que no merezco, y deseando solo la indulgencia que Dios no niega al
+último pecador. Les ruego, además, que entierren mi cuerpo en lugar
+decoroso, designando mi sepultura con una cruz y alguna inscripción,
+pues mi familia pretenderá seguramente transportar estos tristes
+despojos al panteón de Cintruénigo... Por mí, los dejaría en cualquier
+parte; pero los Idiáquez no lo consentirán... Ea: ya he concluido,
+y perdonen que haya sido hablador prolijo en este trance. Acabemos
+pronto, y cumplan ustedes su deber, que es matarme, como yo cumplo el
+mío muriendo en paz con Dios y con los hombres.
+
+
+
+
+XXV
+
+
+Uno tras otro le fueron abrazando, admirados no solo de su entereza,
+sino de su talento y gracia. Algunos minutos habían pasado ya de la
+hora designada para el suplicio, y don Beltrán, impaciente, dijo con
+buena sombra:
+
+—¿Pero qué hacemos, señores? Estamos perdiendo un tiempo precioso...
+
+El sol entraba por la ventana anunciando un esplendente día primaveral.
+Suspiró Urdaneta próximo a la ventana, y dirigiendo miradas de tristeza
+hacia el campo verde y risueño, vio en primer término unas cabras;
+junto a ellas un burro viejo, amarrado por las patas.
+
+—¡Pobre animal!... Le harían ustedes un gran favor sacrificándole
+conmigo... Pero él no querrá, naturalmente. Aunque viejo y con los
+dientes gastados, aún le gusta la hierba... ¡Goloso!... ¿Conque
+vamos... o qué?
+
+Entró Pulpis a decir que el jefe había mandado un recado urgente...
+¡Que aguardaran...! Sin duda querría despedirse del señor don Beltrán...
+
+—Pues, hombre —dijo este, suspenso y ansioso—, que venga de una vez...
+¿Viene ya?
+
+Dos minutos de cruel expectación transcurrieron hasta la entrada de
+Llangostera en la estancia. Su rostro de clérigo afligido si algo
+expresaba, era la premura y el diligente afán del puntual servicio.
+
+—Siéntese, señor —dijo al reo, sin más saludo—. No tenemos prisa. ¿Qué
+tal le han dado de comer?
+
+—¡Comer yo! ¿Para qué?... No como nunca tan temprano.
+
+—Que le traigan algo... Hay cordero asado, que quedó de anoche.
+
+—Gracias; no tomo nada entre horas.
+
+—Pues ocurre... Nada, que tenemos otro aplazamiento. Perdone usted:
+bien sé que es molestísimo...
+
+—Sí, señor: eso digo... De modo que... un día más —murmuró don Beltrán
+mirando al campo y al sol.
+
+—¿Un día?... ¡Qué sé yo cuántos días serán!... Este Ramón ni descansa,
+ni deja descansar a nadie. Hace una hora que ha llegado de Gandesa la
+partida del _Arcipreste_. Recibo por ella este parte (_mostrándolo_) en
+que se me dice, entre varias cosas que no son del caso, que...
+
+—Que me atormenten un poco más.
+
+—No, señor: que antes de fusilarle..., naturalmente... Vamos, que no le
+fusilemos, y que hoy mismo se le mande a Gandesa. Quiere interrogarle
+sobre cosas que solo usted puede saber.
+
+—¡Yo!... ¡Cosas!... ¿Estoy soñando?
+
+—Presumo lo que será... No es que él me lo haya dicho. Pero el que más
+y el que menos, todos aquí sabemos por dónde va el agua... No se devane
+el caletre. A Gandesa hoy mismo, dentro de dos horas, con dos compañías
+del 3.º y los pocos caballos que aquí tengo. Lo que Ramón le preguntará
+es cosa de política..., de lo que pasa por allá... en la corte...
+
+—¿En la corte celestial?
+
+—O en otras de más abajo... En fin, allá ustedes.
+
+—Pues, señor —dijo don Beltrán levantándose como un niño entumecido que
+quiere correr—, vamos a Gandesa, y hablemos de cortes y cortijos o de
+lo que quiera don Ramón. Yo no sé una palabra..., o tal vez lo sepa sin
+saberlo, sin enterarme de que lo sé... Sí, sí..., algo podré decirle
+de grandísimo interés... Señor de Llangostera, si esto es una forma de
+indulto, Dios se lo pague, que alguna parte habrá usted tenido en ello.
+
+—Yo no; si no viene esta orden, ya estaría usted gozando de Dios...
+Conque... sea enhorabuena.
+
+—Gracias... Viva usted mil años, señor Casadevall, _alias_
+Llangostera... Y acordándome ahora de su gallardo ofrecimiento, que me
+traigan el cordero asado. Se me despierta un apetito horroroso.
+
+—Pues que aproveche... No descuidarse: a las ocho, en marcha.
+
+Apenas traspasó la puerta el cabecilla, arrancose Putxet a dar a su
+amigo un abrazo tan fuerte, que a poco más le ahoga.
+
+—A mí, a mí me debe usted su salvación, nobilísimo señor, pues sin la
+tremenda batalla que ayer di, por ser Pentecostés, la orden de don
+Ramón le habría alcanzado a usted en la sepultura... Y lo hice, puede
+creérmelo, más que por ser Pentecostés, ¡_pacho_!, porque me dio la
+corazonada de que ganando un día, salvábamos al hombre. Acerté... Ya
+sabía yo que anda Cabrera muy caviloso estos días con chismes que le
+han traído del Cuartel Real...
+
+—¡Pero si yo estoy tan enterado de las cosas del Cuartel Real como de
+lo que pasa en la luna!
+
+—Quiá..., eso no puede ser... Por algo se fija don Ramón en usted, y
+espera que le aclare lo que ignora...
+
+—Juro que...
+
+—Y en todo caso, si usted no lo sabe, invéntelo, ¡_pacho_!... Para mi,
+ya está usted indultado, y puede que muy pronto libre...
+
+—Sea lo que Dios quiera, amigo Putxet. He visto la muerte tan de cerca,
+que no podré desechar la idea de que vivo de milagro. Cúmplase la
+voluntad de Dios. Pronto estoy a todo, a vivir y a morir.
+
+A la hora designada salió de Rosell el gran aristócrata con las tropas
+que marchaban a Gandesa, y todo le fue lisonjero aquel día: se le
+facilitó un buen caballo, y para colmo de felicidad, iban con él
+Putxet, capellán del 3.º, y el teniente Pulpis, que en el corto tiempo
+de conocimiento mostraba hacia el aragonés gran simpatía y cordialidad.
+Por montes y laderas departían los tres de diversas cosas humanas
+y divinas, hallándose don Beltrán tan inspirado aquel día y con su
+inteligencia tan despierta, que los otros no se hartaban de oírle.
+Refirió sucesos interesantísimos de su vida y de la vida general, o
+sea historia, con sin igual donaire y expresión justa, ingeniosa,
+contestando sin fatiga a cuanto le preguntaban. Y entre párrafo y
+párrafo introducía, a guisa de estribillo, ponderaciones de los
+espectáculos de la naturaleza que contemplaba. Todo le parecía bello,
+aun lo que no lo era.
+
+—¿Y no saben ustedes una cosa, amigos míos? Pues estoy asombrado de
+ver... que veo mejor que antes... No sé a qué atribuirlo. Pero no
+hay duda: se me aclara considerablemente la vista. No sé si será
+porque..., ¡_pacho_!, como estuve casi dentro del reino de la muerte,
+mis ojos se preparaban para ver lo que aquí tenemos por invisible, y se
+afinaron..., aprendieron algo nuevo en el arte de la visión..., no sé...
+
+Todo el día y parte de la noche emplearon en el paso de los puertos de
+Beceite, pernoctando en la bajada de Monte Caro. Al amanecer se les
+agregaron varias partidas, y avanzando cautelosos con buenos guías
+y precavidos de espionaje, evitaron el encuentro con las fuerzas
+cristinas que operaban en aquella zona. Al caer de la tarde supieron
+que don Ramón, atacado por Nogueras ante los muros de Gandesa, había
+tenido que levantar el sitio de esta plaza retirándose a Bot. A este
+punto se dirigieron a marchas forzadas, y a media noche encontraron a
+sus compañeros, acampados al raso, en árida y polvorosa colina junto
+al río Seco. La temperatura era ardiente; la tierra, caldeada por el
+sol, apenas se refrescaba en la segunda mitad de la noche. Escaseaba
+el agua, y los soldados abrían pozos buscando con qué aplacar su sed.
+En una mala tienda hallábase Cabrera, desvelado, inquieto, en un grado
+de biliosa displicencia que hacía temblar a cuantos para asuntos del
+servicio se le acercaban. No bien se enteró de que habían llegado las
+fuerzas pedidas a Rosell, mandó llamar al viejo Urdaneta, sin darle
+punto de reposo: tal era su avidez de interrogarle. Muerto de cansancio
+y de sueño, llegó a la tienda el buen aragonés, y con el saludo pidió
+al _leopardo_ que le permitiese echarse en el suelo, pues ya no podía
+tenerse en pie: antes de obtener la venia, se desplomó. Dos sillas de
+tijera había en la tienda: en una se sentaba el general, envuelto en su
+capa blanca, pues tenía frío a pesar del tiempo bochornoso; en la otra,
+convertida en mesa, había papeles, un tintero de cuerno y un farol. El
+secretario se sentaba en el suelo en postura turquesca.
+
+—Póngase usted a su comodidad —dijo Cabrera al prócer—. Aquí no
+guardamos etiquetas... Yo voy a hacer lo mismo, pues el dolor de
+riñones no me deja estar sentado.
+
+Hizo una seña al secretario para que se largara, y se tendió frente
+a don Beltrán, apoyando la cabeza en un rollo de mantas. No era
+hombre que se resignaba a perder el tiempo: los minutos eran para él
+preciosos, y aborrecía las vanas palabras. Sin preguntar al prisionero
+cosa alguna referente a su viaje ni a su interrumpido suplicio en
+Rosell, abordó el asunto, que sin duda le inquietaba hondamente.
+
+—Conque... va usted a responderme con claridad, con precisión, y sobre
+todo con verdad a lo que le pregunte, señor de Urdaneta. No piense
+usted en engañarme, porque a Ramón Ca...brera nadie le ha engañado
+todavía, ni guarde reserva sobre punto alguno de mi interrogación...,
+porque se arrepentirá de ello. Lo que me oculte, yo he de saberlo
+después..., y le pediré cuenta de su silencio; lo que me diga con
+falsedad, lo descubriré al oírlo, porque Dios me ha dado el don de
+distinguir lo falso de lo verdadero en lo que me dicen... Y si algo de
+lo que me manifieste es de carácter delicado, quedará entre los dos; yo
+sé callar como nadie..., pero como nadie sé oír y aprender.
+
+—Sepa yo pronto de qué se trata, general —replicó don Beltrán—, que,
+por Dios, ni aun sospecho cuál puede ser el asunto de mi conocimiento
+que a usted interese.
+
+—Ahora lo veremos. Prepárese a responder con cla...ridad, y sobre todo
+con exactitud. En febrero de este año pasó usted por Fuentes de Ebro,
+camino hacia Caspe y Alcañiz. En el parador de Viscarrués comió usted y
+habló largamente con un sujeto italiano, su amigo, llamado Rapella, que
+iba en seguimiento de Borso, y venía del Cuartel Real del norte.
+
+Después de asentir con la cabeza a los primeros conceptos del
+_leopardo_, manifestole don Beltrán con acento sincero que, en efecto,
+había hablado con Rapella; pero que no era amigo suyo, y en Fuentes
+de Ebro le vio y trató por primera vez. Por cierto que, movido de la
+curiosidad y sin ningún interés positivo en ello, había intentado
+tirarle de la lengua, para sorprender la clave de sus continuas
+viajatas diplomáticas entre cortes borbónicas; mas nada pudo obtener,
+como no fuera la certidumbre de la cerrada discreción del siciliano.
+
+Mostrose Cabrera incrédulo de esta declaración, y en tono agrio le dijo:
+
+—Veo que es usted de la misma escuela. No me sirven los diplomáticos, y
+usted tampoco quiere servirme...
+
+—He dicho a usted, mi general, que ni una palabra pude sacarle... Pero
+no he dicho que ignore los líos que se trae ese señor...
+
+—Pues si lo sabe...
+
+—Es que usted, general, debió empezar por decirme: «Urdaneta, ¿qué sabe
+usted de esto?», y no interrogarme al modo capcioso, como se hace con
+los espías enemigos.
+
+—Tiene usted razón —dijo Cabrera, rindiéndose a la noble actitud del
+aragonés—. Perdóneme; no supe distinguir. ¡La costumbre de tratar
+con canallas...! Es usted un caballero, y lo que sepa acerca de este
+asunto, me lo dirá... como de amigo a amigo.
+
+—A ello voy. No sirvo a ninguna causa; no vendo ningún secreto;
+referiré lo que sepa, para mí falto de interés, para usted quizás no...
+
+Minucioso y elegante narrador, maestro en el arte de dar interés al
+relato más sencillo, don Beltrán expuso gallardamente lo que sabía
+y opinaba; que no todo fue relación de hechos, pues hubo también un
+disertar gracioso sobre cosas políticas hondas, de las que rara vez
+salen a la superficie. Habiendo trabado amistad, en su viaje desde
+Laguardia a Villarcayo, con un joven madrileño muy simpático que
+el verano anterior había visitado la corte de Oñate en compañía de
+Rapella, pudo conocer el carácter de este, sin más datos que las
+referencias de aquel joven. Era el siciliano muy astuto, corrido en
+intrigas de mujeres y en diplomacia menuda de gabinetes secretos, de
+combinaciones políticas a hurtadillas de los ministros o cancilleres.
+Pintó Urdaneta la corte de don Carlos, repitiendo lo que le había
+contado su amigo, y por cierto que no escatimó las tintas burlescas
+en la pintura, sin que por ello se escandalizara el que le oía. Diole
+noticias de la amistad del siciliano con el infante don Sebastián, con
+quien al parecer no se había entendido en las negociaciones o enredos
+que llevaba. Lo que resultó de las conferencias del tal embajador
+con don Carlos en Durango, su amigo no lo sabía, pues un accidente
+inesperado le separó de él el día mismo de la evacuación de Oñate a
+consecuencia de la toma de Arlabán. Presumía que la base del proyectado
+convenio para poner fin a la guerra era la reconciliación de las dos
+ramas borbónicas por medio de un casamiento; mas como este no había de
+efectuarse hasta que la reina Isabel y el hijo de don Carlos llegasen a
+edad de matrimonio, tal proyecto era un sueño; y para celebrar la paz
+y que se abrazaran los dos ejércitos, se buscaban otras fórmulas de
+transacción y avenencia.
+
+Levantose Cabrera de un salto, nervioso y colérico, exclamando:
+
+—Yo no me abrazo con nadie... ¡Abrazos a mí!... ¡Transacción!...
+Juro que no... No saben quién es Cabrera... Ni por un puñado de oro,
+ni por grados y ventajas en la carrera, me cubro yo de vilipendio
+entregándome a los cristinos. Si don Carlos cede, allá se las haya...
+Él en su casa y yo en la mía... ¡No quiero, no quiero!... ¡Matrimonios
+de príncipes!... ¿Se casa la luz con las tinieblas?... ¿Se casa la
+justicia con la injusticia, la razón con la sinrazón? Pues si se casan,
+con su pan se lo coman. Yo no me caso con nadie. Ramón Cabrera no se
+casa.
+
+
+
+
+XXVI
+
+
+Volviendo a ocupar su silla, acarició con movimiento maquinal los
+papeles que en la otra tenía, alumbrados por el mustio farol. Don
+Beltrán, sin cambiar de postura, flemático y perezoso, siguió
+manifestando al caudillo apreciaciones que creía interesantes. Por lo
+que había oído en Medina y Villarcayo, por algo que pudo descubrir
+conversando con su grande amigo don Baldomero Espartero, los tratos
+para buscar fórmula de paz no habían cesado desde el principio de a
+guerra. Proposiciones se hicieron a Zumalacárregui, proposiciones a
+Maroto, y el mismo Cabrera no habría estado libre de que en su oído se
+murmuraran palabras tentadoras...
+
+—A mí no, a mí no —dijo prontamente el _leopardo_—. Ya saben que
+mandaría fusilar al que me trajera recaditos de doña Cristina o del rey
+napolitano.
+
+—Del rey de Nápoles, a quien entiendo yo que no debemos la invención de
+la pólvora, es agente oficioso el tal Rapella. Anda también en estos
+tratos y trotes un legitimista francés, marqués de no sé cuántos.
+
+—No es marqués, sino barón..., y ha entrado en España con el supuesto
+apellido de Neuillet. Me da en la nariz que el nombre de Rapella es
+también falso, y que bajo él se esconde un correveidile de Cristina,
+maestro en intrigas, que en Madrid era conocido por marqués de Lagrua.
+
+Insistió Urdaneta en que no podía dar ninguna luz sobre esto, pues
+no se había echado a la cara al tal don Aníbal hasta su paso por
+Fuentes de Ebro, y de él no tenía más noticias que las anteriormente
+comunicadas. Asimismo ignoraba si el siciliano se había visto con
+Borso; pero Cabrera le sacó de dudas, afirmando que tres días
+permaneció aquel en Castellón en compañía del general y de un italiano
+llamado Cialdini, embarcándose después para Marsella.
+
+—Le tengo a usted por un caballero —añadió don Ramón con cierta
+solemnidad, después de larga meditación—, y estoy con...vencido de que
+me ha dicho todo lo que sabe. Sus opiniones parécenme muy bien fundadas.
+
+Algo más dijo el _leopardo_; pero don Beltrán, que ya venía dando
+fuertes cabezadas, hundió al fin la barba en el pecho, y cogió un sueño
+profundo, que por causa de la mala postura había de ser breve.
+
+—Sí, sí: duérmase usted, amigo mío —murmuró el general con lástima—,
+que bien necesitado está de descanso. Le envidio su facilidad para el
+sueño.
+
+Y cogió de la mesa-silla, ávido de nueva lectura, la carta que desde
+Sangüesa le había escrito Arias Teijeiro. De aquellas apretadas
+líneas de menuda letra española, provenían sus inquietudes y
+desvelos. Informábale con prolijas referencias su amigo, principal
+figura en la camarilla del pretendiente, de que la magna expedición
+al mando del propio rey había partido de Navarra el 17 con dieciséis
+batallones, nueve escuadrones, el estandarte de la Generalísima y su
+lucida escolta, y un inmenso bagaje, como correspondía al sinnúmero de
+funcionarios de corte y administración que acompañar debían a la Real
+persona.
+
+—Le tengo por un gran farsante —dijo don Beltrán despertando
+súbitamente—. ¡Ah... mi general! ¿No me preguntaba usted su opinión
+sobre ese Rapella? Opino que el ir a Marsella es para ganar más
+fácilmente la frontera de Navarra y agregarse al llamado Cuartel Real.
+
+—Así es, en efecto. Viene en la expedición magna.
+
+—Pero ¿qué es eso? ¿Se lanza don Carlos a una correría como las de
+Gómez, Batanero y don Basilio?
+
+—No sé... Eso se dice... Allá veremos.
+
+Siguió pensando el _leopardo_ en lo que la carta decía, y comentando
+con interno juicio las noticias de ella. Traducida con la posible
+fidelidad la expresión muda de su pensamiento en valenciano, resulta
+_mutatis mutandis_:
+
+—¡_Pacho_, con la impedimenta que nos traen! La caterva de
+empleaduchos, la taifa de gente allegadiza que quiere comer a costa
+nuestra! ¡Vaya una plaga, ¡_pacho_! Aquí nos vemos y nos deseamos
+para poder vivir... En país esquilmado..., apenas hay raciones para
+mal comer... y ahora nos viene encima esa nube. Tenemos un rey que
+sabe tanto de guerra como yo de afeitar ranas. ¿Por qué no se estará
+quietecito en su corte esperando a que le hagamos rey de todas las
+Españas?... ¡Y que se trae unos consejeros y unos ministros que no
+tienen precio para ayudar a misa, para pegar botones o cepillar la
+ropa! Vendrán de generales el tontaina de don Sebastián, el buey
+cansino de González Moreno y el bribón de Gómez, a quien yo pondría de
+capataz de un presidio, que es lo único para que sirve... Duérmase de
+una vez, don Beltrán, que aquí no gastamos etiquetas. Me da pena verle
+luchar con el sueño.
+
+—Es que..., verá usted..., decía yo que indudablemente hay tratos
+y contubernios entre _Palacio_ y ese..., ¿cómo le llaman? Ya no
+me acuerdo... El rey, hombre..., Felipe V..., digo, Carlos... La
+reina, que no perdona lo de La Granja, parece que no quiere nada con
+liberales... Luis Felipe desea que se acabe la guerra de cualquier
+modo, por creerla un peligro..., y la cuádruple alianza..., sí, señor,
+la cuádruple...
+
+—A dormir... Tenga usted este lío de mantas para que descanse la cabeza.
+
+—Muchas gracias, querido Nelet.... digo, no, señor don Ramón V... El
+sueño me rinde, me trastorna... Gracias.
+
+Sin poder apartar de su mente las ideas que le atormentaban, Cabrera
+se paseó en el estrecho espacio de la tienda, embozado en su capa
+blanca. No se conformaba con que el Ejército Real, mal organizado y
+pésimamente dirigido, viniese a compartir con él el dominio en la
+región valenciana. Recordaba sus desavenencias con Gómez, por cuál
+mandaba más. Cierto que al rey no podía disputársele la supremacía.
+Aunque incapaz para la guerra y para el gobierno, era el rey, por
+divino mandato, la sacra bandera, el símbolo de la Causa; y de la
+regia persona, absolutamente inepta para todo, provenía la fuerza
+moral de las cohortes del absolutismo. No había, pues, más remedio que
+cargar con el ídolo, aunque este fuera una de las obras más burdas
+del fetichismo dominante. ¡Y por semejante figurón, hecho al modo
+de las imágenes vestidas, que por dentro no son más que una armazón
+de madera tosca, se peleaban tantos hombres valientes, y se vertían
+ríos de noble sangre!... Claro que todo se hacía por _la idea_. El
+grosero ídolo era una idea. Por ella combatían fieramente los de acá,
+mientras los defensores de la idea contraria cifraban su valor en
+la adoración de una linda muñeca... En suma: lo que ponía en grande
+irritación al caudillo del Maestrazgo era que se había de convertir
+en auxiliar y mequetrefe del Ejército Real en cuanto este pasase el
+Ebro. Las operaciones ya no serían suyas: tendría que subordinarlas a
+lo que dispusiese cualquiera de los reverendos sacristanes que venían
+agregados al santón del absolutismo...
+
+Verdad que la carta de Arias Teijeiro no escatimaba las lisonjas
+al héroe del Maestrazgo. En el Cuartel Real se le tenía por un
+estratégico de primer orden, firme columna de la Causa, y el soberano
+deseaba ocasión de mostrarle personalmente su real aprecio. Pero tras
+estos inciensos venían anuncios de resoluciones que desagradaban
+al _leopardo_. La expedición real, a la que se uniría Cabrera para
+engrosarla y fortalecerla, llegaría con la ayuda de Dios hasta el
+propio Madrid, y entraría en la capital de la monarquía _sin disparar
+un tiro_.
+
+Esto de rematar la campaña sin combatir sacaba de quicio al ardiente
+Cabrera. Todo lo que no fuese ganar a sangre y fuego el triunfo de la
+Causa, pugnaba con su temperamento batallador, con su corazón fiero y,
+¿por qué no decirlo?, noble. Los arreglos por concesiones recíprocas de
+mercedes, o por casorios y pactos de familia, le olían a podredumbre.
+Tan viles eran los unos como los otros si a ello se prestaban. Uno de
+los dos rivales debía perecer: eso de que vivieran y triunfaran los
+dos, partiéndose la torta disputada, no se acomodaba a su lógica ruda,
+ni a su primitivo y elemental criterio de cosas políticas. ¡Entrar en
+Madrid unos y otros con _sus manos lavadas_! ¡Ah, _pacho_, y reconocer
+a doña Cristina y a don Carlos como _reyes padres_, los dos en igual
+categoría dinástica... y ver a los nenes asistidos de un consejo mixto,
+y apoyados por un ejército mixto o mestizo!... Y en tanto, ¿qué se
+haría de las ideas? Pues juntarlas todas en una redoma para sacar otra
+mezcla indecente, que no serviría para nada. ¡Libertad y absolutismo
+desleídos en agua, _según arte_! ¡Rey y pueblo abrazaditos!...
+¡Religión y ateísmo en una pieza, _pacho_!
+
+Colmaba la indignación del general esta frasecilla de la carta: «Aún
+no puedo ser muy explícito, mi querido don Ramón. Solo me permitiré
+anticiparle que las bases de un arreglo decoroso están sentadas por
+manos muy peritas, y que no veo lejano el día glorioso en que podamos
+descansar de nuestra ruda campaña, viendo triunfante lo más esencial
+de nuestra doctrina». ¡Descansar! ¡Si él no quería más descanso que
+reventar combatiendo!... La gentuza civil, la patulea de holgazanes y
+vividores que acudían a la Causa como las moscas al panal, era la que
+anhelaba el descanso de la paz, para chupar a sus anchas, repartiéndose
+el momio de los destinos. Ese descanso de lo civil era el militar
+vilipendio, y él no..., él no quería descanso sin honra, sino honra con
+cansancio.
+
+A esto llegaba, cuando despertó el noble caballero sobresaltado, con
+ahogos de pesadilla. Soñó que le sacaban al cuadro para fusilarle, que
+le ponían de rodillas y le vendaban los ojos... «¡Al corazón, hijos
+míos, al corazón! No me hagáis padecer», murmuraba sin abrir los ojos;
+y cuando los abrió, reconociéndose despierto, pidió perdón al general:
+
+—No me haga usted caso. Estoy fatigadísimo, y si aquí molesto, me
+saldré a dormir en campo raso.
+
+—No, no; quédese aquí. Le diré, para su tranquilidad, que ya está libre
+de la sentencia de rehenes. Aunque allá fusilen media aristocracia, la
+vida de usted en mi poder no corre peligro. Rehenes por gente civil, no
+me convienen.
+
+—No sé con qué palabras expresar a usted mi agradecimiento por su
+magnanimidad —dijo Urdaneta conmovido—. ¿De modo que estoy libre...?
+
+—Libre no. Aún será usted mi prisionero por una temporada. Puede que le
+necesite, por su gran conocimiento de cortesanías y politiquerías de
+Madrid... y de toda la morralla civil. Tenga un poco de paciencia, y
+por de pronto duerma en mi tienda todo lo que el cuerpo le pida.
+
+—Me pide mucho, general... Traigo un atraso horroroso en el dormir. Lo
+menos me debe a mí el sueño cuatro noches. Figúrese..., a mi edad.
+
+Ayudado de aquel sosiego que las últimas palabras de Cabrera dieron a
+su espíritu, cogió don Beltrán el sueño, quedándose en él con profunda
+quietud hasta muy avanzado el día; pero cuando ya su cuerpo hubo
+recibido la reparación de que estaba tan necesitado, el cerebro se
+soliviantó, dándose a los sueños extravagantes. Después de mil visiones
+vagas, indefinibles, viose atormentado por seres malignos y traviesos
+que le traían y llevaban sin ningún respeto a su nobleza y ancianidad.
+Eran, sin duda, los familiares demonios de Nelet, que, por contagio
+de la amistad, pasado se habían del joven al viejo, del creyente
+al incrédulo. En medio de la turbación del soñar, su razón siempre
+vigilante le decía: «De esto tiene la culpa Santapau, por contarte
+sus diabólicas aventuras con tantos pelos y señales». Ello es que la
+infernal cuadrilla cogió por su cuenta al señor de Albalate, y de un
+vuelo me le transportó a Cintruénigo, donde vio a doña Juana Teresa
+ahechando trigo, y a Rodriguito con la pluma tras de la oreja contando
+los garbanzos que se habían de echar al puchero. Visto esto, volvieron
+los diablillos a cogerle por los sobacos o por el cogote (no estaba
+bien seguro) y le llevaron a la cima del Moncayo; de allí a Veruela, y
+metiéndole por un subterráneo, le arrastraron hasta salir al castillo
+de Loarre en tierra de Huesca. Entretuviéronse en jugar con él a la
+pelota, lanzándole de un torreón a otro, y después le llevaron, cogido
+por las orejas, a la sierra de Guara, desde cuyas cumbres le mostraron
+todo el territorio del antiguo reino de Sobrarbe, diciéndole... Pero de
+lo que decían no pudo enterarse bien. Despertó con el cuello dolorido,
+y viendo la necedad de su ilusión, requirió nuevamente el sueño,
+tomando mejor postura.
+
+No debía despertar el noble señor sin que su turbado cerebro se lanzara
+a mayores travesuras, sucediendo a las imágenes de un orden bufonesco
+otras de carácter lúgubre y penoso. Tan claramente como se ven cosas
+y personas en la realidad, vio a Nelet, que, asistido de unos cuantos
+facciosos con rabo (por donde se colegía su calidad demoniaca),
+crucificaba a un hombre, clavándole en un largo madero. El hombre, que
+debía de ser un bendito, se dejaba crucificar risueño, diciendo a su
+verdugo: «¡_Pacho_!, no sabes lo que haces». Largo tiempo, si es que la
+lentitud o rapidez de este son apreciables en una pesadilla, atormentó
+al soñador la visión espantosa, que terminaba y se reproducía como el
+ensayo de una escena teatral. El propio don Beltrán, angustiado, quiso
+más de una vez gritar a su discípulo: «¡_Pacho_!, no sabes lo que
+haces». Pero no podía... ¡Vive Dios, que no podía!... Las palabras se
+le pegaban al cielo de la boca cual si fueran obleas.
+
+
+
+
+XXVII
+
+
+Horrorizado y tembloroso despertó el anciano, y lo primero que vio
+fue a Cabrera durmiendo, tendido en el suelo boca arriba sobre una
+manta, envuelto en su capa blanca y roja, la boina sobre los ojos para
+resguardarlos de la luz. El secretario, con violenta postura, escribía
+en la silla de tijera, y un ayudante que hacía cigarrillos sentado
+en tierra, indicó a don Beltrán con un signo que evitase el ruido,
+para no turbar el descanso del general, que se había dormido después
+de salir el sol. A poco entró un ordenanza, y en voz muy baja dijo al
+prócer que fuera le esperaba desde el amanecer un señor comandante
+amigo suyo. Echose de la tienda don Beltrán, andando poco menos que a
+gatas por la gran debilidad que sentía, y encontrose a Nelet sentadito
+en una piedra, la cabeza entre las manos, el espinazo en violenta
+curva, imagen de la melancolía negra o de la desesperación. Después
+de tocarle en el hombro, el desmayado viejo encaminose a una cercana
+tienda, de donde un penetrante olor de fritangas le llamaba con reclamo
+irresistible. Tuvo la suerte de tropezarse allí con el teniente Pulpis,
+que inspeccionaba las sartenes; pidió que le dieran de comer, aunque
+solo fuera pan y cebolla, y obtenido algo más confortativo y suculento,
+se puso a devorarlo mientras hablaba con Santapau, que se le arrimó al
+instante con apetito de conversación.
+
+—Hijo mío, te encuentro muy desmedrado. ¿Estás herido? ¿Has perdido tu
+preciosa sangre en las acciones de estos días frente a los muros de
+Gandesa?... ¿O es que te sobrevino algún disgusto, quizás otra jarana
+con los _chicos de Lucifer_?
+
+—No... a esos no les temo ya. Curado estoy del mal de demonios —replicó
+Nelet suspirando, agobiado de tristeza—. Un saludador de mi pueblo me
+ha dejado las cámaras interiores bien limpias de esas alimañas, con un
+bebedizo que, por lo amargo, debe de estar hecho con la hiel de Judas.
+Al decir de ese médico, los diablos huyen ahora de mí y se albergan en
+los cuerpos de mis amigos.
+
+—Cierto debe de ser eso —dijo Urdaneta haciendo por la vida con ansia
+fisiológica—, porque anoche se han dignado visitarme esos mequetrefes,
+y en ellos reconocí a los que contigo se divertían. Pues que ya
+desalojaron tu interior, haz que abandonen también el de tu maestro,
+que no gusto de tales inquilinos... Entiendo, por la murria que noto en
+ti, que el desahucio no ha sido completo, y que algún intruso se quedó
+trasconejado dentro de tu pobre humanidad.
+
+—No es murria de diablura la que tengo, sino de conciencia, y tan grave
+y honda, que anoche faltó poco para que pusiera fin a mi vida. Suspendí
+el dispararme por esperar a consulta con usted acerca del caso que me
+anonada, caso tremendo de los que no tienen solución.
+
+—¿Qué sabes tú si yo la encontraré? Déjame que coma un poco más de
+este guisado de cabra que me da la vida, y me fortalece el magín
+para evacuar consultas... Come algo, hijo, que del alimento corpóreo
+se nutre también y conforta lo más espiritual de nuestro ser: la
+conciencia.
+
+—Las hambres de la conciencia no se aplacan sino echándole la propia
+carne para que se la coma...
+
+—Cuéntame, cuéntame pronto, y veré la causa de tu aflicción.
+
+—Acabe usted y salgamos de aquí. Vámonos a donde no haya personas que
+vean y oigan. El oído y el ver humanos me dan tanto enojo, que a todo
+el mundo dejaría ciego y mudo. Solo Dios debe ver, y solo deben sonar
+las tempestades, que son su voz.
+
+—Hijo, poético estás y lúgubremente metafórico... solo que tus imágenes
+son de un cuño que está ya mandado recoger por anticuado y candoroso.
+Ea, terminó mi almuerzo, que por el hambre que tenía me ha resultado
+opíparo. Vamos a donde quieras.
+
+Llevole Nelet a un ejido donde estaban herrando caballos, y allí,
+entre relinchos, aún mejor sonantes que las palabrotas de mariscales y
+soldados, refirió el caso que tan hondamente le perturbaba.
+
+—La malhadada acción de Gandesa —dijo— la perdimos porque, en lo mejor
+del combate, muchos de nuestros hombres fueron atacados repentinamente
+de un mal de estómago, por haber bebido en charcos corruptos, y con
+fieros retortijones caían muertos. Mi regimiento fue de los que más
+sufrieron de este maleficio. Creían mis soldados que el enemigo había
+envenenado las aguas..., les entró el pánico... Entre el físico y
+yo quisimos convencerles de que la ponzoña era natural en aquellas
+estancadas lagunas... Para abreviar: enfermos y desalentados nos
+batimos en guerrillas en todo el flanco derecho. Nogueras embistió
+el centro. Vi que flaqueaban; apretamos más y más, perdiendo gente y
+ganando terreno; hice lo que pude, más de lo que podíamos y debíamos,
+hasta que Cabrera nos mandó retirar. Hícelo yo con un orden perfecto,
+pues conozco como los dedos de mis manos todos los caminos, atajos y
+veredas que rodean al pueblo donde nací. Ninguna fuerza cristina me
+atacó en mi retirada, que hice vadeando el río y tomando la vuelta
+de Algás. No habíamos andado legua y media, cuando sorprendimos y
+copamos unos veinte hombres cristinos que al parecer habían salido
+de descubierta. Tan torpes andaban y tan ignorantes del terreno, que
+se nos vinieron a la mano en sitio donde no podían escapar. Algunos,
+arrojando las armas, emprendieron la fuga con pies ligeros; pero mis
+tiradores no tardaron en cazarles: solo dos piezas perdimos. Los otros
+se nos entregaron como borregos atontados, pidiéndonos misericordia.
+«¿Qué hacemos, mi comandante? ¿Les fusilamos, o qué? Nos da el corazón
+que estos andaban por aquí envenenando todo el río...». Respondí que
+bueno... Yo me sentía un poco emponzoñado... Estaba furioso..., echaba
+fuego de todo mi cuerpo... Por ahorrar cartuchos, mi gente les iba
+despachando a bayonetazos... Yo no sé, amigo don Beltrán, por qué
+me entró aquel día tal furor de matanza. Demonios no llevaba dentro
+de mí; pero sí un amargor que me irritaba, que me volvía feroz. Por
+la mañana había tomado el brebaje de que antes hablé... me escocía
+horriblemente el cuerpo. Las moscas que se cebaban en mi pobre caballo,
+me tenían loco con sus furiosas picaduras. Y además, yo sudaba...,
+¿cómo diré?, a mares, un sudor amargo y venenoso, según creo, y mosca
+que me picaba, moría. Mas eran tantas, que hube de apearme por huir de
+ellas... Mientras mis soldados exterminaban hombres, yo daba vueltas
+a pie por entre vivos, muertos y a medio morir; y en esto vi a un
+cristino tumbado contra un árbol, herido ya... No sé por qué me dio el
+arrechucho de atravesarle con mi espada... le tomé por una mosca, o por
+el padre de todas las moscas... Apenas retiraba de su costado izquierdo
+mi espada, me asaltó una idea... si, era una idea. ¿Qué vi yo en la
+cara y en los ojos de aquel hombre? ¿Qué vi para lanzar un alarido,
+pues alarido de rabia y dolor fue la pregunta que le hice? «¿Eres tú
+Francisco Luco?». Lo pregunté dos veces, y él respondió que sí con la
+cabeza, moviéndola de golpe..., así... Con la cabeza dijo que sí, y
+también con los ojos al mirarme; mas con la boca no dijo nada, porque
+entre el intento y la palabra se metió la muerte.
+
+—¡Dios nos tenga de su mano! —exclamó Urdaneta, desahogando su pena con
+un gran suspiro.
+
+—Dígame usted ahora si habiendo dado muerte con tan estúpida crueldad
+al hermano de la que adoro, puede haber consuelo para mí. ¿No debo
+desear que se abra la tierra y me trague? ¿Para qué está ya Manuel
+Santapau en el mundo?
+
+—Poco a poco..., no hay que perder la serenidad. Primero, pudo haber
+error. Al dar el hombre esa fuerte cabezada, como dices, quizás no fue
+su ánimo responder a tu pregunta... Aquel movimiento debió de ser la
+tensión de músculos, propia del morir...
+
+—¿Y la semejanza con su hermana? ¡Si era su propio rostro! Los ojos, en
+la mirada que me echó, pareciéronme los ojos de Marcela.
+
+—Tampoco eso prueba nada. O pudo ser un parecido casual, o no había
+tal semejanza más que en tu imaginación excitada por el combate, por
+las preocupaciones, por el brebaje, y... por las moscas. ¡Y quién
+sabe, quién sabe, querido Nelet, si en esa tragedia habrán tenido
+alguna parte _los chicos de Luzbel_, valiéndose de un cubileteo, de una
+simulación de rostros para trastornarte! Aquí donde me ves, influido
+sin duda por el ambiente que respiro, por el aspecto romántico del
+país, voy creyendo en la realidad de las travesuras diabólicas, de que
+antes me reía... Y, ¡qué diantre!, atenúa mucho tu responsabilidad
+el haber sido cosa repentina, imprevista, como accidente de una
+batalla... La ocasión, la ley de represalias, que no puedes eludir como
+subordinado de Cabrera, te disculpa en cierto modo...
+
+—No, no: mi conciencia no lo cree así... Mi conciencia se ha vuelto
+muy rígida, muy exigente y escrupulosa... Natural es que el amigo y
+maestro quiera consolarme... Pero no hay consuelo para mí. He cometido
+un verdadero parricidio. El querer matarme ahora, ¿qué es, señor mío,
+más que el afán de huir de mí, por el horror que me causo?
+
+—Calma, juicio, reflexión... —dijo el maestro desalentado, mas
+queriendo disimular su pesadumbre—. Repentino y fulminante parece tu
+mal de conciencia; pero no faltará remedio para él: yo te lo fío, yo te
+lo aseguro... Has de prometerme no tomar ninguna resolución airada, y
+oírme y consultarme en todo, que si experto soy en amores, no me faltan
+luces ni conocimientos para los casos más graves de conciencia turbada.
+Déjalo a mi cargo. Descansa en mi autoridad, triste ciencia de los
+años...
+
+Como a continuación expresara el ladino viejo la idea de que bien podía
+Marcela ignorar siempre quién había sido el matador de su hermano, se
+remontó Nelet de la tristeza lúgubre a la ira, diciendo:
+
+—¿Cree usted que con esta cara puedo yo presentarme a ella y guardar
+el secreto de mi crimen? En el estado de mi conciencia, es imposible
+el disimulo, porque mi cara, mis ojos llevan retratado el crimen que
+cometí. En mis pupilas verá Marcela la imagen de su hermano moribundo,
+respondiéndome _sí_ con la cabeza. Si usted me aconseja que le oculte
+la verdad, no es usted tan completo caballero como creí: no, no lo es.
+
+—Te perdono tus dudas acerca de mi caballerosidad. Tú no estás
+bueno, querido Nelet... En cuanto a que declares, a que confieses tu
+crimen, admito y apruebo que lo hagas; pero solo en el tribunal de la
+penitencia. No veo por qué motivo ha de ser Marcela tu confesor...
+
+—Sí lo es..., debe serlo, y yo quiero que lo sea —gritó Nelet.
+
+—No grites, por Dios...
+
+—O me mato para callar, o vivo para confesarme con ella.
+
+—Pues colocada la cuestión entre los términos de ese terrible dilema,
+decido, ea, que vivas y confieses.
+
+—¡A ella! Este fuego que ahora prende en mi conciencia y que me está
+quemando cuerpo y alma, no se aplaca más que con la verdad... Luego,
+que sea de mí lo que Dios quiera.
+
+Con la idea de calmarle, fingió don Beltrán asentir a lo que Santapau
+decía: confiaba que el descanso, el sueño, las obligaciones militares,
+el roce con sus compañeros, le traerían pronto a la vida normal y al
+equilibrio de su mente. Procuró distraerle, hablándole de diversos
+asuntos, y después de contarle con pintoresco estilo, no exento de
+gracejo, la escena de su interrumpido suplicio en Rosell, le notificó
+que Cabrera, con benignidad increíble, le había levantado la sentencia
+de rehenes, y que confiaba obtener pronto su libertad.
+
+Tuvo esta palabra la virtud de animar un poco al atribulado Nelet.
+
+—¡Libertad! —exclamó—. Yo también quiero ser libre... ¡Muerte y
+libertad! ¿No es cierto que la conciencia oprime? Pues hay que matar al
+déspota, como dicen los patriotas y jacobinos..., matar al tirano para
+ser libre. Por eso digo yo: «Muramos, libertémonos».
+
+
+
+
+XXVIII
+
+
+Con sutil ingenio trató de hacerle ver don Beltrán lo disparatado de
+aquel conceptismo, dando su verdadero valor a las ideas de libertad y
+muerte, harto graves ambas para ser tratadas en estilo de madrigal,
+y en estas y otras charlas llegó la hora de partida, dispuesta
+repentinamente por Cabrera cuando con más descuido saboreaban todos el
+descanso después de tantas fatigas. ¡En marcha! ¡A correr, a combatir!
+¿A dónde iban? Cabrera no acostumbraba decirlo, y marchando al frente
+de sus tropas les señalaba el camino. Agregose don Beltrán en un
+caballejo que le proporcionó su amigo Putxet, y entre este, que hablaba
+por los codos, y Santapau, que parecía privado del don de la palabra,
+emprendió la caminata por un sendero ingrato y polvoroso. Y por Dios,
+que ya se cansaba el buen señor de tanto ajetreo; sus huesos le pedían
+descanso; quizás en el nuevo estilo de Nelet, le decían: «Libertad,
+muerte». Gracias a su vigorosa fibra, a su carácter jovial y un tanto
+aventurero, podía resistir los molimientos y privaciones inherentes a
+la vida militar; y cuando el cansancio físico parecía irresistible,
+su imaginación, reverdecida en lo juvenil, le deparaba algún nuevo
+estímulo para proseguir en la carrera. Por dicha suya, o por desgracia,
+que esto es dudoso, ante su vejez declinante no se cerraban nunca los
+horizontes.
+
+Grande fue el disgusto del prócer en aquel camino, viendo que Nelet,
+sin mejorar de su desazón espiritual, decaía visiblemente, como
+atacado de un mal físico grave. A media tarde observó su amigo en
+él fiebre intensísima; al anochecer, entrando en Arenys de Lledó,
+cayose el comandante del caballo. Recogiéronle como cuerpo muerto y le
+arrimaron a una pared, en tanto que Urdaneta, consternado de ver a su
+discípulo en tan mala disposición, se determinó a manifestar al general
+la imposibilidad en que aquel se hallaba de continuar su marcha.
+En la casa del cura, donde tenía su alojamiento, recibiole Cabrera
+malhumorado, revelando en su ceñudo rostro que no se había podido
+escoger peor ocasión para pedirle favores. Mas el intrépido aragonés, a
+quien no acobardaban entrecejos, no solo pidió que Santapau fuera dado
+de baja por enfermo grave, y quedase hasta su restablecimiento en aquel
+pueblo, donde tenía familia, sino que se arrancó a solicitar que a él
+se le permitiese también permanecer allí para asistirle. Observando en
+Cabrera el centelleo de los ojos, el bilioso color tirando a verde, y
+la inquietud _leopardina_ con que se paseaba de un ángulo a otro de
+la jaula, creyó que a cajas destempladas le despediría, sin acceder a
+sus peticiones. Mas no fue así: como un hombre afanado que aparta su
+atención de las cosas menudas para aplicarla por entero a las grandes,
+Cabrera le manifestó que tanto él (don Beltrán) como Santapau se
+fueran... a cualquier parte, o _mucho con Dios_, pues ninguno de los
+dos le hacía falta para nada.
+
+—Usted, señor de Urdaneta —le dijo, plantándose ante él—, está libre,
+y puede volverse a sus estados de Aragón. Para rehenes no me dan juego
+los aristócratas, y para prisioneros me convienen los que trabajan
+y toman las armas. No es desprecio, señor... En cuanto a Santapau,
+que se me presente así que esté curado, y si no cura y se muere,
+Dios le perdone... Puede usted retirarse. Quizás no nos veamos más,
+porque usted es muy viejo, y yo, aunque joven, moriré pronto... de un
+berrinche... Adiós.
+
+Retirose agradecido el señor de Albalate, y Cabrera celebró consejo
+para someter a la deliberación de unos cuantos individuos, clérigos la
+mayor parte, el asunto que revestir quería de autoridad consultiva,
+conforme a las fórmulas de gobierno impuestas por don Carlos. No
+estorbaba tal trámite al caudillo del Maestrazgo, que sabía cubrir
+el expediente de _oír_ a los señores, y, afectando respeto a sus
+dictámenes, hacía después lo que le daba la gana. Los consejeros
+quedaban muy satisfechos, creyéndose ruedas indispensables de la
+máquina administrativa, y si algunos pudieron entrever que en el
+gobierno de aquella región no eran más que figuras de adorno,
+churrigueresco por añadidura, se consolaban con la risueña esperanza
+de obtener plaza en _la audiencia de ministros_ de Valencia, o en el
+Consejo y Cámara de Castilla, el día del triunfo. Al salir de la visita
+al general, se cruzó don Beltrán con los consejeros que entraban, y sin
+dársele un ardite de aquella farsa, no pensó más que en la obligación
+de alojar a su amigo enfermo, para lo cual lo primero que hizo fue
+buscar a los parientes que tenía Nelet en Lledó; pero como estos no
+parecían ni nadie daba razón de dónde habían ido a parar, no hubo más
+remedio que acomodarse en alguna de las casas donde, mediante pago,
+se les brindaba regular albergue. Eligió don Beltrán, por despejado y
+saludable, un _mas_ a la entrada del pueblo, con casa vieja y grandona
+entre arboledas. El _masovero_ era un viejo catalán, asistido de dos
+nietas guapas, la una más que la otra, y ambas obsequiosas, atentas,
+un poquito redichas y algo coquetas, razón por la cual la tal familia
+se le entró a don Beltrán por el ojo derecho. Dieron al enfermo un
+cuarto alto de la casa, con mediano lecho, y al caballero anciano otro
+contiguo, donde había simientes y colgaderos de hierbas en manojos
+puestas a secar. No le pareció mal su residencia, a pesar de la dureza
+de la cama que a las piedras igualaba, y habría vivido allí muy gozoso
+si el mal cariz de la dolencia de su amigo no le tuviera en tan grande
+sobresalto.
+
+Pasó Nelet la primera noche en un estado que a su maestro le pareció
+gravísimo, con fiebre muy alta, delirio y agotamiento de fuerzas.
+Al día siguiente amaneció con una fuerte erupción en toda la cara y
+parte del cuerpo, como si le hubieran picado abejas. Don Beltrán no
+se apartaba de su lecho ni de día ni de noche, atento a cuidarle con
+ayuda del _masovero_, hombre tan bondadoso como amañado, y de sus
+nietas, más amañadas aún para todo lo doméstico. Como en el pueblo no
+había médico, ni siquiera albéitar, entre don Beltrán y _Chimeta_ (que
+así se llamaba la mayor de las muchachas, y al propio tiempo la más
+bonita y dispuesta), celebrando frecuentes consultas, diagnosticaron
+y prescribieron lo que les dio la gana, determinándose por el sistema
+expectante, el más fácil y barato, y tal vez el más científico.
+Quietud, limpieza y frecuentes tomas de agua bien endulzada, fueron la
+única terapéutica en los ocho días que duró la gravedad de Nelet, y
+en que los brotes de la cara tomaron un aspecto por demás alarmante.
+Según el _masovero_, no era caso de viruelas, que él conocía muy
+bien por haberlas visto más de una vez en su familia; era tan solo
+un hervor de sangre motivado de _berrinche suspenso_, es decir, de
+una sofoquina que por prudencia no había salido del cuerpo. Decía que
+no hay cosa más mala que enfadarse en día de calor y no desfogar la
+rabia con palos o bofetones. El que tal hace, lo paga con la salud y
+a veces con la vida. Sucedieron a los ocho días de gravedad otros
+ocho en que cedió la erupción, resolviéndose en muda de la epidermis;
+desapareció la fiebre, y el enfermo pudo tomar alimento, aunque
+siempre con repugnancia. Su inteligencia, completamente oscurecida
+en aquel período, revelaba una honda crisis: su palabra era torpe,
+cansada, regañona. Tanto don Beltrán como _Chimeta_, persistiendo en
+la puntual asistencia, se confirmaron en la superioridad incontestable
+del tratamiento acuático, sin mezcla de ninguna droga, y proclamáronse
+curanderos de primer orden, capaces de ejercer el arte con no poca
+fama y provecho. Era _Chimeta_ muy graciosa, y a don Beltrán se le
+caía la baba oyéndola bromear y reír por cualquier fútil motivo. En
+su aturdimiento senil, olvidado ya del trance terrible de Rosell y de
+los actos de arrepentimiento con que allí limpió su conciencia, se le
+reverdecieron las aficiones de toda la vida, y su habitual culto del
+bello sexo encontraba ante aquella sencilla y tosca ninfa ocasiones de
+gran lucimiento. Para ella era un deleite novísimo oír los galanteos
+refinados, y hasta cierto punto paternales, del señor de Urdaneta, y
+a él se le refrescaba el alma, se le avispaba el entendimiento, se
+le aliviaba el peso de los años. Todo era inocente, madrigalesco,
+puro juego de frases agudas untaditas de miel: sobresalían en él las
+buenas maneras y el propósito, casi siempre logrado, de no caer en lo
+ridículo; en ella se veía la mujercita exuberante de vida que quiere
+adquirir soltura en la esgrima y en el lenguaje de la lucha pasional.
+
+Mas, ¡ay!, cuando _Chimeta_, llamada de sus obligaciones, dejaba de
+acudir al enfermo, y con este se encontraba solo don Beltrán, ya no
+podía el hombre librarse de la tristeza. Cierto que había recobrado la
+libertad, inapreciable don; pero el asunto que le trajo a tierra de
+Teruel continuaba sin resolver. No creía ofender a Dios deseando que
+viniera a sus manos lo que estimaba de su legítima pertenencia; y sin
+apartarse del orden de sentimientos que el angustioso paso de Rosell
+despertara en su alma, se condolía de tener que volver a Cintruénigo
+en situación desairada y con las manos vacías. Las esperanzas de
+remedio que había concebido se disipaban ya, pues Nelet tenía trazas
+de quedarse idiota: no razonaba; sus conceptos eran incoherentes o de
+una simplicidad rayana en la estupidez. Para mayor desdicha, nada se
+sabía de la monja vagabunda y enterradora de caudales. No aportaba por
+allí _Malaena_ ni para traer ni para llevar sus velocísimas embajadas,
+sin que esta ausencia pudiera achacarse a ignorancia del lugar donde
+los caballeros residían, pues por los oficiales del 3.º de Tortosa, a
+quienes se dejaron instrucciones muy precisas, debía tener conocimiento
+de la enfermedad de Nelet y de su forzosa estancia en Lledó. «Aunque
+no sea más que para decirnos que nada sabe de la hija de Luco —pensaba
+don Beltrán en sus soledades tristes—, la mensajera tiene que venir».
+Y tanto deseó a la mujercilla ratonil, y con tanta fuerza la reclamaba
+su voluntad, repitiendo el _vendrá, tiene que venir_, que una mañana,
+como por virtud de conjuro, apareció la vieja. ¡_Hosannah_! Veinte
+días llevaba ya de enfermedad el pobre Santapau, y su entendimiento
+despertaba perezoso, tratando de cobrar con lenta cacería las ideas
+dispersas, fugitivas, descarriadas.
+
+En la huerta del _mas_ recibió don Beltrán a la embajadora loco de
+contento, y este subió de punto al saber que Marcela no andaba lejos de
+allí, pues sabedora de la muerte de su hermano, se encaminaba con los
+viejos a Gandesa por el Monte Caro, con el fin de recoger el cadáver y
+darle sepultura. No quiso el buen caballero que _Malaena_ se presentase
+a Nelet, pues aún no estaba este en disposición de recibir emociones
+vivas que podrían retrasarle en su penosa convalecencia; y dando de
+comer a la mensajera, y aposentándola en la cuadra con comodidades para
+ella desconocidas, la interrogó prolijamente, tratando de indagar, no
+solo los propósitos, sino el estado de ánimo de la santa mujer. Poco
+pudo informarle _Malaena_ de estos particulares. La última vez que vio
+a Marcela fue cerca de un castillo que hay a la bajada de Monte Caro
+para ir hacia Pauls. Iban ella y los viejos cuesta arriba, llevando una
+olla muy pesada, tan pesada, que se relevaban para cargarla.
+
+—¿Les viste saliendo del castillo o entrando en él? —preguntó don
+Beltrán con afectada indiferencia.
+
+—Hacia él iban, señor —replicó la vieja en valenciano, que el caballero
+tradujo fácilmente—; mas no sé si llegaron o siguieron de largo, pues
+la sacra señora, dándome pan y queso, me mandó que me retirara, y yo me
+retiré comiendo, sin mirar para atrás.
+
+Eran estas referencias como una mano blanda y tentadora que en el alma
+del noble anciano revolvía, y con sus halagos despertaba la codicia,
+sierpe aletargada desde las efusiones cristianas del terrible día de
+Pentecostés. Se argumentaba para calmar su conciencia, diciéndose que
+desear lo suyo y perseguirlo no era desatino grave, sino intención
+equitativa; pero entre el desear y el temer, ello es que perdía el
+sueño, y su espíritu se distrajo de las alegrías que el trato de
+_Chimeta_ le daba, alegrías tras de las cuales se ocultaba con senil
+rubor una honesta adoración, un sentimiento que casi no era más que
+estético goce.
+
+
+
+
+XXIX
+
+
+Viendo muy mejorado a Nelet, diole cuenta de la reaparición de
+_Malaena_ y de lo que habían hablado; excitose el enfermo, recobrando
+de golpe su locuacidad, y a las primeras palabras hubo de comprender
+don Beltrán que se renovaba en toda su intensidad el enfadoso mal de
+conciencia; no vaciló el maestro en atacarlo con brío diciendo:
+
+—Entrégate a mí, pues no estás en disposición de resolver por ti mismo
+cosa tan grave. Yo lo arreglaré con tan buena maña como pura honradez.
+Tus escrúpulos se disiparán, y Marcela será tu esposa. Tu delicadeza
+es ya locura. Conviene que moderemos hasta nuestras virtudes... Y si
+te encuentras en disposición de caminar, no será malo que salgamos en
+seguimiento de la divina mujer.
+
+Accedió Santapau, y se convino en esperar dos días para mayor acopio de
+fuerzas, pues no teniendo caballos ni posibilidad de adquirirlos, era
+forzoso emprender a pie la dura caminata.
+
+Llegado el día de la marcha, salieron, y fue un paso triste para don
+Beltrán el separarse de la linda _Chimeta_, que con sus donaires y
+risotadas se le había metido en el hueco preferente del viejo corazón.
+No digamos que le turbaban pretensiones absurdas respecto a la
+muchacha: no era sino que le dolía separarse de ella, como duele el
+arrancarnos cualquiera raicilla que penetra en el alma, y la de don
+Beltrán tenía un terruño muy propicio al arraigo de toda hierba. ¡Nunca
+más, ¡ay!, volvería a ver a la ninfa tosca de Lledó! Era un adiós
+en la puerta de la eternidad, adiós dado al bello sexo, a la humana
+belleza, a las únicas flores que alegran este valle de lágrimas. Casi
+con ellas en los ojos, realmente conmovido, se despidió el señor de
+tantas Torres, besando la mano áspera y gordezuela de _Chimeta_. Le
+deseó un buen novio para hacer de él un buen marido, y le recordó los
+consejos que le había dado para dominar a los hombres y hacerse querer
+locamente de ellos. Agradecida la ninfa, así como su hermana y abuelo,
+a las bondades de los dos señores, les vieron partir con pena, pidiendo
+a Dios para ellos salud y prosperidades.
+
+Acompañado de _Malaena_ se metieron por los atajos y recodos que
+conducen a Horta, donde pensaban terminar su primera jornada. Parecían
+dos pobres titiriteros, seguidos de un perrillo con faldas, o mejor, de
+un cuadrúmano con cuyas monadas y brincos pedirían limosna de pueblo
+en pueblo. Iba Nelet vestido como en la facción, sin insignias, armado
+de cuchillo y pistolas; mas en la traza total de la cuadrilla, las
+armas, a primera vista, parecían trebejos para el arte de volatines
+o prestidigitación. Muy mal de ropa estaba el primer noble aragonés;
+pero aun así no se despintaba su empaque de persona principal.
+Andaban despacio, guardando silencio en largos trayectos, charlando a
+veces con lánguida conversación. Temerosos del encuentro con alguna
+columna cristina, mandaban a _Malaena_ por delante, a la descubierta,
+para que ojeara toda emergencia de gente sospechosa en aquellos
+horizontes. En el descanso de Horta, albergados en una paridera a la
+entrada del pueblo, explayose Nelet a contar a su maestro _las cosas
+que le andaban por dentro del espíritu_, en verdad muy extrañas, y
+las visiones que desde los comienzos de su enfermedad le acosaban,
+alguna de las cuales tuvo poder bastante para oscurecer a las demás y
+resplandecer sola y continua en el campo luminoso de la óptica interna.
+
+—Esto que voy a contarle —dijo Santapau, recostándose en el suelo junto
+a su amigo después de mal cenados—, lo vi muy claro la primera noche
+de mi enfermedad en Lledó; después se me fue apagando..., lo veía
+turbio, desvanecido, mezclado con otras imágenes; pero al entrar en
+convalecencia, volví a verlo claro, cada noche más, y más..., llegando
+a tanto su claridad, que ya lo veo también de día y con los ojos
+abiertos.
+
+—Cuéntamelo pronto, que ya estoy ardiendo en curiosidad. No dudo que
+ello tendrá relación con el fin y empresa que mueven tu vida, y que la
+imagen de Marcela será centro de todas esas esferas y círculos de tu
+soñar loco...
+
+—Pues oiga usted. Desde que _me entra_, ya me tiene usted corriendo a
+caballo tras de la monja de Sijena.
+
+—¡Y ella..., a patita! Poca ventaja te llevará.
+
+—No puedo decir cómo va, pues no la ven mis ojos... Sé que va delante,
+la siento, la olfateo. Yo grito; ella no me oye.
+
+—Y sigues, sigues... arrimando espuela.
+
+—No espoleo porque voy desnudo de arreos, de ropa y hasta de carne.
+Soy un esqueleto. Mi caballo es también esqueleto... de caballo, se
+entiende..., y ni yo tengo más espuela que el hueso del calcañal, ni
+él tiene barriga en que yo pueda espolearlo... Mas no es preciso,
+porque corre, corre sin que yo le diga nada, haciendo con sus cuatro
+cascos un compás de música que no se aparta ya de mi oído. _Pataplás,
+parrataplás_..., siempre así.
+
+—Sufrirás mucho corriendo tras un fantasma sin alcanzarlo nunca.
+
+—Más que la persecución del fantasma, me hace padecer el _pataplás_ de
+mi cabalgadura y los estragos que causa al sentar alternadamente los
+cuatro cascos como mazas de hierro... ¿Por dónde voy en esta carrera?
+Por un campo que parece árido y no lo es. Lo parece, porque en él no
+nace ningún árbol, ni mata, ni hierba; no lo es, porque está todo lleno
+de seres vivos, chiquitos, que nacen en él y por entero lo cubren... No
+se ve el suelo: no hay dónde poner una pieza de dos cuartos. ¿Qué son?,
+dirá usted, ¿qué vidas son aquellas? Pues son niños, señor don Beltrán,
+no ángeles, que alas no tienen, sino criaturas como las de acá, como
+las del mundo, como nosotros cuando teníamos un año, dos años...
+
+—Hombre, sí que es rara, estupenda visión... ¿Pero esos niños...?
+
+—Nada, señor, niños. ¿No sabe usted lo que son niños, criaturas, o
+como dicen los gitanos, _churumbeles_? El campo absolutamente lleno de
+ellos. ¡Y qué lindos, qué graciosos! Gorjean, ríen con esa carcajada
+del chiquillo que se embelesa mirando una luz. ¿De dónde salen? De la
+tierra, pienso yo, apretados unos contra otros, como los tallos de la
+hierba..., desnuditos, rollizos, ligeros... Bueno: pues por este campo
+de niños paso yo a la carrera. Mi caballo les va destruyendo con sus
+patadas, y ellos vuelven a salir, vuelven a nacer, y a gorjear y a
+reír... siempre chiquitos y monos; ya digo, de año y medio o dos años,
+y en número incalculable. En todo lo que alcanza mi vista, no se ve más
+que el campo lleno de nenes. Se agita el sin fin de cabecitas haciendo
+ondas, como un campo de trigo, y las ondas traen y llevan el gorjeo.
+Mi caballo recorre como el viento leguas y leguas, y siempre lo mismo,
+machacando criaturas, que vuelven a salir vivitas, alegres... Si le
+digo a usted que son cuatro mil cuatrillones, no digo nada, pues son
+más, más...
+
+—¿Y su única voz es el gorjeo? ¿No has reparado si dicen _papá y mamá_?
+
+—No lo dicen; pero es como si quisieran decirlo.
+
+—Está bien. ¿Y qué hace mi señora beata en el campo de niños?
+
+—No sé..., allá lejos va..., yo no la veo. Se me antoja que al golpe de
+sus pisadas brotan las criaturas.
+
+—Hijo, visión más peregrina no atormentó jamás a ningún cristiano. Lo
+que no alcanzo es qué relación pueda tener ese campo infantil con tus
+cuitas, Nelet.
+
+—Yo tampoco lo alcanzo... Pero ello es que la visión no me deja. Hasta
+de día y muy despierto la tengo ya. Los gorjeos también se agarran
+a mi oído. Y no miento si le digo a usted que a toda esa inmensa
+chiquillería la quiero ya..., ni más ni menos que si fueran mis
+hijos... ¿Lo serán?, pienso yo. ¿Serán los que tuve o debí tener en
+cuatro mil cuatrillones de siglos que viví antes de esta vida?
+
+—¡Demonio, echa siglos y generaciones!... ¿Sabes que tu fantástico
+sueño es para marear y confundir la cabeza más firme?
+
+—La mía no puede ya con más confusión.
+
+—Y eso es contagioso... Temo que me pegues tu mal. Cállate ya, por
+Dios, que yo voy a soñar también lo mismo..., pisoteando nenes...,
+quita allá... ¡Qué atrocidad!... Cállate, que no quiero yo soñar eso,
+no quiero.
+
+Guardaron silencio, y a poco dormían ambos; mas se ignora lo que
+soñaron, y si fue un hecho el contagio que don Beltrán temía. A la
+mañana siguiente, que se presentó lluviosa, continuaron andando con no
+poca molestia, amparándose bajo los árboles cuando el llover arreciaba.
+El suelo arcilloso, lleno de charcos, les causaba grande enojo, y tan
+pronto se detenían ateridos al abrigo de un paredón, como aceleraban
+su andadura, afanosos de llegar pronto a poblado. Renegando de tales
+contratiempos y de las perversas condiciones en que viajaban, dijo
+Santapau a su amigo, guarecidos en una aldea mísera:
+
+—Ni usted ni yo nos resignamos a andar de camino como unos miserables
+titiriteros, careciendo de todo, mal vestidos, perdiendo la paciencia,
+el tiempo y la salud. Necesitamos caballos, vestidos, dinero. Puesto
+que estamos tan cerca de Cherta, donde tengo familia, amigos, y un
+_mas_, cuya renta de doscientos ducados no he cobrado este año, nos
+llegaremos allá, o me llegaré yo solo, si usted no se halla muy
+dispuesto. Solo estaré el tiempo preciso para recoger todo el dinero
+que pueda y proporcionarme un par de caballos o mulas, o aunque sean
+borricos...
+
+Pareciole de perlas a Don Beltrán este propósito; mas se declaró
+perezoso de acompañarle, pues se hallaba rendido, aspeado, lleno el
+cuerpo de dolores y con ganas de guardar sus huesos en abrigo media
+semana para repararlos de los efectos del último remojo. Convinieron en
+que iría solo Santapau al romper el día: conocía perfectamente todos
+los senderos y atajos, y no contaba emplear, andando sin sofocarse,
+arriba de tres horas. Don Beltrán se quedaría en la aldea, que era
+el barrio más lejano de Prat de Compte, al cuidado de _Malaena_,
+reponiéndose del quebranto producido por la caminata y la mojadura.
+Partió Nelet tempranito, agregado a una cuadrilla de mujeres que iban
+a Cherta con haces de leña, y el ilustre señor se quedó en un blando
+lecho de paja, arreglado por la que había venido a ser su camarera.
+En la memoria del buen viejo se reprodujo la noche pasada en Fuentes
+de Ebro, bien apañadito en montones de paja. ¡Pero qué diferencia
+entre la bella Saloma, tan graciosa y diligente, y aquella desmañada
+viejecilla de Vallivana, que no servía más que para correr de monte en
+monte. La compañía de la navarra, su excelente disposición y cháchara
+festiva, trocaban en palacios las cuadras de los mesones, mientras que
+_Malaena_ todo lo afeaba y envilecía. Encargole don Beltrán unas sopas
+de ajo, y tan mal las hizo que solo a fuerza de hambre pudo pasarlas
+el pobrecito viejo. Por su ineptitud para todo lo doméstico, por su
+salvajismo y suciedad, se le había hecho antipática, y le azoraba
+con su prurito de confianza y de palique cuando más deseaba él estar
+solo, callado y libre; el brillo y la continua vigilancia de sus
+ratoniles ojos le ponía nervioso; sus familiaridades llegaron a ser de
+una pesadez impertinente, como si desconociera el respeto que a tan
+alta persona debía guardarse. Creyérase que le tomaba por titiritero
+arruinado en el oficio. Sentadita frente a él sobre la paja, le dijo en
+dulce valenciano, que es forzoso traducir:
+
+—¿Qué hace ahí tan metido en su magín, cavilando maldades? _Vosté_ no
+está ya más que para ponerse en paz con Dios.
+
+—Pienso lo que me da la gana —replicó don Beltrán, esquivando la mirada
+de las cuentas de azabache que _Malaena_ tenía por ojos—. ¿Quién te
+manda a ti meterte...? ¡Vaya!
+
+—Me meto por llamarle a Dios, que ya es tiempo. Más vejestorio es
+_vosté_ que yo. Me da lástima de que la muerte le coja descuidado.
+
+—¡La muerte! ¿Acaso estoy yo para morir?
+
+—Yo no sé leer escrituras, pero leo la muerte en la cara de la persona.
+
+—Vete al demonio... Te encargó Nelet que me acompañaras, no que me
+faltaras al respeto.
+
+—No falto al respeto diciéndole a _vosté_ que se muere. No me equivoco.
+
+—¡Embustera, quítate de ahí! Aunque algo cansadito, me siento fuerte, y
+paréceme que aún tengo años por delante.
+
+—Días tiene, y los dedos de una mano le sobran para contarlos.
+
+—¡Lárgate pronto, condenada! —gritó don Beltrán estirando violentamente
+una pierna contra la paja.
+
+La vieja se fue. Y en su imperfecta vista creyó el pobre caballero que
+desaparecía como un ratón por entre los informes y oscuros objetos
+que llenaban la cuadra, revestidos de telarañas y polvo... Solo ya,
+meditaba. ¡Si tendría razón la maldita vieja! No, no: él no hacía caso.
+¿Qué podría saber de vidas y muertes una pobre rústica, salvaje, casi
+idiota? ¡Vaya que estaba divertido! ¡Después de una mala noche, soñando
+con el campo de niños y oyendo sus gorjeos, un día de prisión junto a
+semejante sabandija, que no era, no, que no podía ser cosa buena...!
+Sintió un ruidillo de dientes sobre cosa dura, y a poco se le apareció
+_Malaena_ royendo algo que llevaba de la mano a la boca con movimiento
+jimioso. Acercose a él y le observó, aproximando su rostro de pasa. Al
+verse mirado por los ojos ratoniles, don Beltrán sintió frío, miedo.
+
+—Vete —le dijo—. Me molestas.
+
+Y ella:
+
+—Ya me voy. ¿Quiere estar solito para calentarse los cascos con sus
+malas ideas?... Diviértese _vosté_ jugando con el pecado de la codicia,
+y piensa que le van a dar ollas de dinero...
+
+—¡Calla, vete pronto! —gritó Urdaneta ronco, fuera de sí.
+
+Y tan sobresaltado quedó el hombre para todo el día, que cuando
+_Malaena_ se acercaba al lecho de paja, sentía el hombre verdadero
+pánico. Tomó el partido de cerrar los ojos y rodearse la cabeza con los
+brazos como para llamar el sueño; pero este no le favoreció, ni tampoco
+Nelet, regresando aquella tarde como había prometido. ¡Qué soledad, qué
+triste abandono! Pasó la noche agitadísimo, sintiendo que _Malaena_
+le tiraba de los pies para llevársele... ¿Era bruja, era un diablo
+humanizado en la forma más odiosa? No hacía el pobre más que dar golpes
+en la paja, al modo de coces, murmurando: «Vete, demonio, vete; déjame».
+
+Pero ¡ay!, mientras Santapau no volviese, ¿qué remedio tenía más que
+vivir resignado bajo el poder de la infernal bestezuela de Vallivana?
+Dejábase cuidar de ella, y probaba con repugnancia los bodrios que
+le servía... Pasó todo el día entregado a las absurdas creencias.
+Él, que nunca fue supersticioso, ya creía en demonios aviesos, en
+asquerosas brujas y en trasgos maleantes. Y como a la segunda noche
+tampoco pareciese el bueno de Nelet, viose el señor de Albalate tan
+desamparado, que hubo de volver los ojos a Dios. Solo con esto se
+le fue del alma la superstición, y abominando de tales torpezas, se
+sintió profundamente religioso, como lo había sido en algunas ocasiones
+aflictivas de su cautiverio, y singularmente en el tremendo paso del
+día de la Pentecostés. Sobrevino, pues, el estado de arrepentimiento y
+contrición, dolor de haber ofendido a Dios con una vida de libertinaje;
+sobrevino el desprecio de las riquezas, el espanto de las malas
+acciones, así pasadas como presentes. Al amanecer del tercer día
+llamó a su ratonil guardiana, y con buen modo le dijo que hablase a
+los dueños de la casa antes que salieran al campo, concertando con
+ellos que le llevaran un sacerdote, pues sentía vivísimo anhelo de
+confesarse. Cumplió la vieja el encargo con toda diligencia; mas como
+no había en el lugar ni en sus contornos clérigo alguno, hubo de
+quedarse el noble señor sin el consuelo y descanso que deseaba.
+
+Enojosas fueron para él las horas de aquel día, pues sin que se
+calmara el infantil terror que la seca viejecita le inspiraba, le
+atormentó el tumulto de su alborotada conciencia. Veía muy clara su
+abominación, pues cuando Dios le conservó la vida en Rosell, en vez
+de mostrar gratitud conservando su alma en la pureza y descargo de
+su arrepentimiento, lo que hizo fue reincidir en sus antiguos vicios.
+No fue cosa grave el encandilarse un poquito con la gentil _Chimeta_;
+pero sí lo era el incurrir de nuevo en la fea codicia, afanándose por
+el legado de Juan Luco, y más aún la persistencia en agenciar con
+móvil egoísta el casorio de Nelet y Marcela. La situación moral había
+empeorado, pues al pecado antiguo de querer secularizar a una esposa de
+Cristo, se unía el propósito de engañarla, ocultándole que su galán o
+pretendiente era el matador de Francisco Luco. ¡Oh qué grande malicia,
+Señor! ¡Y de este modo y con intenciones tan protervas, pagaba la
+inmensa benignidad de Dios, que le había concedido la vida cuando ya
+casi apuntaban a su pecho los fusiles facciosos!
+
+Encendida su alma en fuego de contrición, gritó llamando a su guardiana.
+
+—_Malaena_, ven. Ya no me inspiras miedo. ¿Verdad que no eres demonio
+ni bruja? Yo veía en ti el daño y corrupción que en mí propio llevaba.
+Perdóname. Eras para mí lo que para los niños el coco. Pero ¡ay!, ya he
+visto que el coco dentro de mí lo tenía yo: era mi conciencia... Pues
+te digo que Dios me ha iluminado, y vuelvo al bien y a la virtud. Si me
+muero, que me muera. No más, no más pecar, no más pensamientos infames.
+Corra quien quiera tras un puñado de oro; yo no. No más supercherías
+con Marcela... Gobierne la santísima verdad los días que me restan,
+pocos o muchos. Quiero salvar mi alma. Mi alma merece salvarse...
+
+En esto sintieron ruido de gente y caballerías. Era Nelet que llegaba
+de Cherta.
+
+
+
+
+XXX
+
+
+No fue el gozo de don Beltrán, al abrazar a su amigo, proporcionado
+a una ausencia de tres días: fue como por ausencia de tres años, y
+de la fuerza del contento se le trastornó el sentido, viendo a Nelet
+más fuerte, más gallardo, restablecido de su reciente mal, la cara
+limpia del rojizo color de quemadura. Era ilusión del pobre viejo que
+veía lo que deseaba. Por su parte, Santapau encontró a su maestro
+más caduco, encorvado, jadeante, algo ido del cerebro, progreso de
+senectud excesivo para tres días. Mostrole muy satisfecho lo que
+traía: dos soberbios burros, pues caballos no los encontrara ni a
+peso de oro. Eran excelentes piezas, de cómoda andadura, y muy bien
+enjaezados. Traía también ropa para los dos, y un repuesto copioso de
+vituallas en una cesta barriguda. Despedido el criado del _masovero_
+que había venido en el segundo pollino con la cesta y equipaje, los dos
+caballeros pusiéronse a cenar. Tiempo hacía que Urdaneta no probaba
+cosas tan ricas: butifarras, diversas clases de suculentos embutidos,
+pollos asados, frutas escarchadas, chocolate, bollos de sartén... Más
+que en saborear aquellas viandas, gozaba don Beltrán viendo a _Malaena_
+devorar, con atrasadas hambres, comidas tan finas en increíbles dosis.
+
+—Pues he tardado tres días —dijo Nelet— porque las grandes novedades
+que encontré en Cherta, y el barullo de gente y amigos, me
+imposibilitaron el despacho de mis diligencias en el tiempo que yo creí.
+
+—Oí que estos días ha pasado hacia allá mucha tropa de uno y otro
+ejército. ¿Qué ocurre?
+
+—Sí..., tropas de Isabel, tropas de don Carlos. Se ha batido bien el
+cobre... Vámonos pronto de aquí, antes que nos coja el paso de los
+míos, que ahora son en número mayor que antes. En una palabra: ya
+tenemos la expedición real del lado acá del Ebro, en Cherta, gracias
+al talento militar de Ramón Cabrera y a su arrojo y prontitud. Está
+el hombre que no cabe en su pellejo de puro orgulloso... Sí, sí: no
+se asombre usted. Don Carlos ha pasado el Ebro. Yo le he visto...,
+he visto al rey, a nuestro ídolo, y le aseguro que me quedé como si
+hubiese visto a cualquiera que no fuese ídolo de nadie. Yo me figuraba
+otra cosa, otro empaque, otra representación de gran monarca, hijo
+de reyes y ungido de Dios. De esta hecha, nuestro _leopardo_, como
+usted dice, ha puesto una pica en Flandes, porque gracias a su buen
+tino para ordenar las cosas, ha podido don Carlos librarse de Borso y
+Nogueras, que le perseguían. Junto a Cherta dio Cabrera una batalla
+al señor de Borso, obligándole a retirarse. Nogueras cometió la mayor
+pifia que se puede cometer en la guerra, que es no llegar a tiempo.
+La guerra no es más que el arte de la oportunidad, y este lo posee
+don Ramón como nadie, y lo completa con su diligencia y conocimiento
+del terreno. Pasó Carlos V tranquilamente el gran río de España,
+en lanchas al caso preparadas, y los gritos de entusiasmo de las
+tropas competían en estruendo con el instrumental de las músicas.
+Enronquecieron gargantas y trombones. Ayer, la Sacra Majestad y todo su
+séquito mataron el hambre en Cherta, que la traían atrasadilla, porque
+la batalla que ganaron en Huesca les dio más prisioneros que bucólica.
+El comistrajo que se les preparó era de lo más opíparo, y para que
+hubiera de todo, hasta helados hubo... Cabrera, el día del paso, que
+fue anteayer, estaba como loco, demacrado, los ojos del tamaño de
+toda la cara, echando rayos y centellas. Daba sus disposiciones ronco
+de tanto gritar, vestido con su peor ropa, pues ni para engalanarse
+como acostumbra tuvo tiempo. Cuando se presentó al rey en la orilla
+izquierda para pasarle acá, no le conocían, y los cortesanos se
+preguntaban asombrados: «¿Pero ese es Cabrera?... ¿ese?» El soberano le
+manifestó su real agrado. No serán flojas envidias las que van a salir
+ahora, pues corre la voz de que S. M. quiere nombrarle generalísimo, y
+poner bajo su mando todos los reales ejércitos.
+
+—Así tiene que ser, pues según tengo entendido, de los figurones que
+rodean al infante, poco debe esperar este... Y dime otra cosa: ¿oíste
+o viste si con el rey viene un italiano llamado Rapella, que es el
+correveidile entre cortes verdaderas y falsas para tratar de un arreglo
+por bodorrio?
+
+—Creo haber oído algo de un italiano de campanillas, y de otros
+extranjeros que en la comitiva del rey vienen, entre la turbamulta
+de empleados y gentileshombres. Pero como yo, por el estado de mi
+espíritu, no podía prestar a lo que allí veía una gran atención, no
+puedo asegurar nada de italianos ni correveidiles.
+
+—¿Y qué se dice? ¿La expedición, con su rey a cuestas, dirígese a
+Castilla o a Valencia? Puede que reforzada con Cabrera, y quizás
+mandada por este, no se detenga hasta Madrid. ¿Oíste algo?
+
+—Oí, oí..., no sé lo que oí —dijo Nelet aturdido—. ¿A usted le interesa
+saberlo?
+
+—Absolutamente nada.
+
+—Lo mismo que a mí. Que vayan, que vengan, que suban, que bajen. No me
+interesa ya más que un reino, el mío. Cada cual se arregle en su reino
+como pueda.
+
+—Muy bien dicho. Peleáis por poner en el trono a un buen hombre, cuya
+incapacidad es bien manifiesta. Si tus amigos triunfan, estableceréis
+un imperio caedizo, pues en los tronos disputados, el vencedor no lo
+será definitivamente si no posee estas cualidades: bravura, don de
+mando, ciencia militar. Gane quien ganare en este pleito, querido
+Nelet, la monarquía carecerá de fuerza y vivirá con vilipendio,
+entregada a las facciones. Ten presente que no se hace nada de provecho
+sin fuerza, entendiendo por esto, no el poder de las armas, sino una
+virtud eficaz y activa, que a veces reside en una persona, a veces
+en las leyes. Ni las leyes tienen aquí fuerza, o llámese energía
+gobernante, ni hay rey o príncipe que tal posea. Puede que nazca algún
+día; mas yo te aseguro que a la fecha no ha nacido. De modo que paz, lo
+que se llama paz, no la veréis en mucho tiempo los que sois jóvenes, ni
+quizás lo vean vuestros hijos y nietos... Con que lo que tú dices: cada
+cual a su reino... y en el reino chico de cada uno, que no falte una
+ventanita para ver pasar la historia.
+
+No prestaba Nelet a estos profundos juicios la debida atención, ni se
+extendió tampoco en pormenores de lo que presenciara en Cherta, porque
+sus impresiones eran confusas, como de quien ve muchas y abigarradas
+cosas en corto tiempo, sin interés ni recreo alguno de su ánimo.
+Mirando no más que a su reino, propuso que partieran a la mañana
+siguiente en busca de Marcela, pues por fidedignos informes que en
+Cherta adquirió, venía ya de vuelta de Gandesa, después de recoger el
+cuerpo de su desgraciado hermano y darle sepultura. Al capellán del
+1.º de Tortosa, que la encontró una mañana junto al río Seco, dijo la
+monja que pensaba detenerse un día en el santuario de San Salvador
+y encaminarse luego a Arenys de Lledó a visitar a un enfermo. Iba,
+pues, en busca de sus amigos, los cuales se apresurarían a salirle
+al encuentro. Para mayor seguridad, dispuso Nelet que partiera la
+embajadora aquella misma noche, con instrucción precisa de las etapas
+que los caballeros seguirían y puntos de descanso, y la consigna de que
+esperasen en Lledó los que primero llegaran.
+
+Conforme con tan acertado plan, y admirando el tino con que Nelet lo
+concertaba, creyó don Beltrán llegada la oportunidad de manifestar al
+discípulo el estado de su ánimo, y sin más exordio le dijo:
+
+—Durante tu ausencia, hijo mío, no he cesado de reflexionar en el
+caso de Marcela, complicado ahora con la desastrosa muerte del pobre
+Francisco, y discurriendo la solución que debemos darle, me sentí
+acometido del mal tuyo reciente, el mal de conciencia. Dios ha entrado
+en mí. Como avisos o presagios de la naturaleza flaca, precedieron a
+mi mal miedos supersticiosos, la idea de una muerte próxima. Era Dios
+que llamaba a la puerta de mi alma: no entendía yo su llamamiento,
+hasta que le vi entrar y me iluminó con su divina gracia. ¡Ay!, querido
+Nelet, no quiero en mis postrimerías comprometer mi alma. ¿Amo a Dios,
+le temo? Amor y temor por igual me consuelan y sobrecogen; amor y
+temor me infunden el anhelo de ser bueno en lo que resta de vida, de
+sostener con una conducta ejemplar la paz, mejor será decir la salud
+de mi conciencia... Reniego ya de aquel propósito y consejo mío de
+ocultar a Marcela la verdad de tu culpa, pues si con ese artificio
+ganaríamos bienes terrenales, perderíamos seguramente los eternos. No,
+no, Nelet: tú estabas en lo cierto y yo en lo errado; tú en la verdad,
+yo en la mentira; tú procedías como cristiano caballero, yo como un
+hombre vil... Pero ya no... Ahora te digo que la ocultación, o siquiera
+disfraz de la verdad, es gran pecado; me paso a tu partido, y en él te
+fortalezco.
+
+—Pienso, amigo mío —dijo Nelet con gravedad—, que esta concordancia
+de la voluntad de usted con la mía es cosa muy feliz. No hay duda:
+Dios o los ángeles han andado en ello. Hoy como ayer considero felonía
+el negar a Marcela mi culpa; mas no teniendo yo valor ni cara para
+confesarla ante ella, convendría que usted le hablase antes, y de la
+sentencia que se sirva dar depende mi destino.
+
+—Muy juicioso me parece lo que has discurrido. Yo le hablaré antes, yo
+le diré... ¡Oh, si te perdonara reconociendo que fuiste víctima de un
+arrebato!..., ¡qué triunfo, hijo! Me da el corazón que así será, pues
+los caminos de la verdad siempre llevan al bien.
+
+—¡Perdonarme! —exclamó Nelet clavando sus miradas en el suelo—. ¡Pues
+si así fuera...! Pero lo dudo... Ya veo la cabeza de Francisco Luco
+diciendo que sí con aquel movimiento fuertísimo..., la veo diciendo que
+no..., así..., así..., que es decirme: no hay perdón.
+
+—Basta ya de visiones, hijo. Tus desvaríos me contagian, y estas noches
+he soñado que también yo cabalgaba por el campo de niños..., solo que
+mis nenes, los nenes que yo destruía, no volvían a nacer.
+
+—Pues los míos..., en las noches últimas..., ya no reían, sino
+lloraban... Vi a Marcela cogiéndoles a puñados y metiéndoseles en el
+seno... Pero, lo que usted dice: basta ya... No duermo, no quiero
+dormir: pasaré la noche pensando en que ella viene en nuestra busca y
+en que le salimos al encuentro. Descanse usted, y yo le llamaré cuando
+sea hora de partir. Voy a despachar a _Malaena_ y a dar un pienso a
+nuestros burros.
+
+Cumpliose con toda puntualidad lo que Santapau disponía, y antes del
+alba salieron ambos caballeros oprimiendo los lomos asnales, don
+Beltrán algo remediado de ropa, Nelet bien provisto de armas, pues
+ignoraban qué clase de gente encontrarían. Anduvieron toda la mañana
+sin ver alma viviente, entreteniendo las lentas horas con el inagotable
+y pavoroso tema: «¿Me perdonará?». Llegados al caer de la tarde a una
+ermita en la derecha margen del río Seco, que era el punto de cita
+con la embajadora, recibieron de boca de esta las deseadas noticias.
+Había dejado a Marcela con sus viejos en el convento abandonado de
+San Salvador, y allí pasaría la noche en rezos y meditaciones; al
+amanecer recalaría en el castillo de Horta, donde los señores podían
+reunirse con ella para seguir juntos a Lledó, o al punto que de acuerdo
+fijaran. Aumentose hasta lo increíble la ansiedad de Nelet. ¡Ya estaba
+cerca! Solo una noche y un breve espacio de terreno le separaban de la
+solución del temido enigma: «¿Me perdonará?». Incapaz de todo sosiego,
+acordó seguir hasta Horta, y en ello emplearon las primeras horas
+de la noche. Con no poco trabajo pudieron hallar albergue y pienso
+para los burros y _Malaena_ en una reducida cuadra; descansó en el
+mismo recinto don Beltrán algunas horas, mientras Nelet se paseaba
+suspirando, a la luz de la luna, en un próximo corral, como caballero
+que vela sus armas; y antes que fuera de día salieron los dos a pie
+hacia el castillo, distante solo del pueblo veinte minutos de marcha
+cómoda, y situado en un mogote de mediana elevación entre el río y el
+camino de Bot. Esqueleto de muros despedazados, recompuestos y vueltos
+a despedazar por sucesivas guerras, era el tal castillo, festoneado
+de hiedras y jaramagos, y conservando en algunas de sus gastadas
+piedras cruces y escudos de San Jorge de Alfama. Ponían el pie los dos
+caballeros en el primer cerco de ruinas, cuando Nelet, asaltado de
+súbito terror, se paró y dijo a su amigo:
+
+—Pienso, señor don Beltrán, que Marcela se nos habrá anticipado,
+llegando aquí por alguna galería subterránea que comunica esta
+fortaleza con el monasterio de San Salvador. La encontraremos más
+adentro, y es tal mi miedo de verla, o de que ella vea mi cara y mis
+ojos, que me clavo en tierra sin poder dar un paso hacia adelante.
+
+Trató Urdaneta de devolverle la tranquilidad, negando que hubiese tales
+conductos por donde pudiera la monja presentarse, al modo teatral y
+fantástico, y le indujo a no ser temeroso y afrontar con varonil aplomo
+la entrevista. Mas advirtiendo en él señales de mayor pánico, antes que
+de entereza, le dijo:
+
+—Y en suma, si no puedes vencer tu aprensión, y persistes en que le
+hable yo primero y explore su ánimo, manifestándole la verdad que tanto
+temes, retírate a Horta y déjame aquí en espera de la señora penitente
+y de los viejos Zaida y Alfajar. Pero ten la bondad de conducirme a un
+sitio donde pueda yo sentarme, que apenas veo, y no acierto a llevar
+mis pobres huesos por entre tanto pedrusco.
+
+Condújole Nelet, evitando tropezones, a un lugar despejado con buen
+asiento, y más medroso cuanto más avanzaba, le faltó tiempo para
+escabullirse diciendo a su amigo:
+
+—Parece que la siento ya..., como si subiera por un pozo... Me voy al
+pueblo. Allí espero mi sentencia... Adiós.
+
+
+
+
+XXXI
+
+
+Quedose don Beltrán solito en las ruinas, lo que no era muy divertido
+para el pobre señor, pues el frío de la mañana le obligaba a requerir
+su abrigo, envolviéndose bien en el capote que le había traído Nelet.
+No menos de una hora estuvo rezando, atacado también de vagos temores,
+semejantes a los de Santapau, y a cada instante creía sentir blandos
+ruidos que le parecían el roce del sayal de la monja contra las
+piedras. «No —se decía—, no sentiré roce de vestidos ni de pisadas.
+Veré aparecer primero la cabeza, después los hombros, y sin hacer ruido
+alguno se me pondrá delante...». No veía nada el buen caballero; pero
+vio amanecer, y distinguió los telones de piedra desgarrados, en el
+centro de los cuales se encontraba; y cuando reconocía con su menguada
+vista la decoración, oyó voces efectivas, sílabas vibrantes de mujer
+y catarrosas de hombres, y... era ella, sí, Marcela, seguida de los
+enterradores, que aparecían por un hueco de los muros...
+
+—Aquí estoy, hija mía —gritó el anciano gozoso, sin miedo ya.
+
+Ligera como una corza saltó la beata por entre las piedras, y fue a
+besarle la mano al prócer, que besó también la de ella. Entre beso y
+beso dijo la penitente:
+
+—¿Y Nelet?
+
+—Hija mía, no te asustes —replicó don Beltrán, pesaroso de la mentira
+venial a que le obligaban las circunstancias—. Está bueno; pero tan
+delicado en su convalecencia, que no le he permitido abandonar el lecho
+antes del día. En Horta le dejé, y allá nos vamos en cuanto tú y yo
+descansemos. Como se fijó este lugar para nuestro encuentro, he venido
+yo solito para que no creyeras que faltábamos a la cita.
+
+—Pudo usted mandar a _Malaena_ y evitarse este madrugón, que no le
+sentará bien. A su edad, señor mío, no hay que jugar con la salud.
+
+—Verdad, sí..., pero... no mandamos a la vieja..., porque..., verás
+—dijo Urdaneta tartamudeando, pues se le atragantaba la nueva mentira
+venial que le exigía la situación—... _Malaena_ se nos puso anoche
+mala de un cólico..., de tanta butifarra como comió la pobre... Pues
+descansemos y hablemos un poquito antes de bajar al pueblo... Siéntate
+a mi lado... Más cerca..., así. Desde Vallivana no te hemos visto. Hora
+es ya de que resuelvas. El pobre Nelet espera tu determinación. ¿Has
+pesado bien el pro y el contra?
+
+—Se asombrará usted —dijo Marcela, vacilando en las primeras
+declaraciones—, y quizás me tache de ligera..., pero no es ligereza,
+no, señor..., cuando me oiga..., no sé como expresarlo... Pues bien:
+sabrá que han ahondado en mi ánimo las razones de mis dos amigos y el
+rendimiento y constancia del pobre Nelet.
+
+—¡Ah, qué felicidad!... Yo esperaba..., en efecto...
+
+—Y a esta mudanza de mi voluntad, creo firmemente que no es extraña
+la voluntad de Dios... Divina es a mi parecer la voz que me incita a
+querer a Nelet, y a cambiar de vida y vocación... Por santo tengo el
+matrimonio..., sus votos severos y sus obligaciones nos llevan a una
+vida eficaz...
+
+—Es cierto. ¿Y has consultado el caso con tu confesor?
+
+—Sí, señor, y me ha dicho que dedicando a una fundación religiosa
+parte del caudal de mi padre, si sentía honrada inclinación a la vida
+secular, la adoptase, previas las dispensas de Roma, teniendo en cuenta
+el trastorno que nos traen estas guerras y revoluciones.
+
+—¿Y consultaste con tu hermano Francisco? Ante todo, sabrás
+que la noticia de su muerte me ha llegado al alma. Eres ya la
+única descendiente de Juan Luco, y este hecho debe pesar en tus
+resoluciones... ¿Tuviste tiempo de consultar con tu hermano el caso
+extrañísimo de tu cambio de vida?
+
+—¡Ay!, sí, señor..., y mi pobre hermano, que sabía desentrañar lo
+presente y lo futuro, me aconsejó que abrazase el nuevo estado, pues
+si grave es el quebrantamiento del voto, debíamos mirar también a
+la conservación de los bienes de nuestro padre, así raíces como en
+especie, recogiendo los que aún están esparcidos, y librándolos de
+la perdición. Díjome que él en las propias circunstancias que yo se
+encontraba, pues habiendo topado en término de Falset con una honesta,
+discretísima y bella joven, nacida de noble familia, y prendádose
+de ella, creía que este suceso era como aviso de Dios, con que le
+mandaba trocar una vocación por otra; y así, era su propósito no pensar
+más en vida de claustro, y adoptar las penitencias y dura regla de
+matrimonio con aquella bendita niña de Falset. Largamente hablamos de
+nuestro negocio, y él expuso ideas tan juiciosas, que parecen dictadas
+de la misma sabiduría. Pensaba que debíamos apartar un tercio del
+caudal específico de nuestro querido padre para consagrarlo a una
+fundación pía, y que con los otros dos tercios y los bienes raíces,
+equitativamente partidos, podríamos constituir dos familias cristianas,
+dedicadas a servir a Dios y a perpetuar el nombre y patrimonio de
+Luco. Declaró también que de estos dos tercios metálicos debíamos,
+en conciencia, retirar una suma para dar cumplimiento a la moral
+obligación contraída por mi padre con su grande amigo y protector don
+Beltrán de Urdaneta, fijando, de acuerdo con este, la cifra prudencial
+para tan sagrado objeto...
+
+—¿Eso dijo?... ¡Oh Providencia, oh divina equidad! —exclamó el viejo,
+sintiendo que un rayo penetraba en su alma, trastornándola—. Bien,
+hija, bien... Pero dime otra cosa: ¿tenía Francisco conocimiento de la
+pasión que has inspirado a Nelet?
+
+—Ya lo sabía, pues en los comienzos de nuestra conversación se lo
+dije. Su parecer fue que si yo gustaba de Nelet, le aceptase, pues
+tiene fama de valiente y leal, aunque algo arrebatado, y posee bastante
+hacienda en Cherta y Cambrils.
+
+—¡Eso te dijo!... ¿Estás segura de que tal era su pensamiento?
+
+A las manifestaciones afirmativas de la monja, contestó el anciano con
+nuevas alabanzas del poder de Dios. El pobre señor veía más claro;
+recobraba la vista, y en su turbación no sabía por qué caminos llevar
+la interesante conferencia. Por fin, salió del paso con esta pregunta:
+
+—¿Cuántos días antes de morir te dijo tu hermano lo que acabas de
+manifestarme?
+
+—Dos días. Después, el pobrecito siguió a su ejército, y la tarde misma
+de la batalla de Gandesa, volviendo con otros veinte de cumplir una
+orden del general, fue sorprendido por una partida de facciosos en
+retirada, y le asesinaron con saña, vileza y cobardía.
+
+—¡Oh, qué desgracia!... Y sabiendo su triste fin, sin duda por los
+compañeros suyos que lograron escapar, ¿cómo no supiste quién dispuso y
+consumó hazaña tan inicua?
+
+—Dijéronme que un capitán o no sé qué, cabeza de aquellos sayones,
+traspasó a mi hermano con su espada.
+
+—¿De modo que no sabes...?
+
+—No, señor: no lo sé.
+
+—Y si conocieras al matador, ¿le perdonarías?
+
+—¡Oh!, como cristiana tendría que perdonarle; como cristiana, señor...
+¿Acaso lo que yo ignoro lo sabe mi don Beltrán...?
+
+Como anillo al dedo venía en aquel punto de la entrevista la temida,
+pavorosa revelación; mas el noble caballero, señor de tantas torres, no
+se atrevió a sacarla del pensamiento a los labios. Era hombre: careció
+del valor necesario para un acto que requería verdadera santidad.
+Habíase propuesto ser bueno, purificar sus últimos días con virtuosas
+acciones; mas no era santo, no: no lo era.
+
+—¿Lo sabe usted? —repitió Marcela espantada de su silencio.
+
+Y don Beltrán, sintiéndose a cien mil leguas de la cristiana
+perfección, dijo en un grave suspiro:
+
+—Hija mía, no sé nada.
+
+Apareció en aquel instante Santapau por entre el hueco de unas altas
+piedras, y bajando de un brinco, como sillar desplomado con estruendo,
+gritó:
+
+—Sí lo sabe; mas no tiene valor para decirlo.
+
+Marcela se levantó bruscamente como un ave que quiere emprender el
+vuelo, y saltando sobre piedras, se alejó despavorida.
+
+—Ven, Marcela, ven..., no huyas —dijo Nelet.
+
+—¿Cómo vienes aquí?... —balbució la penitente con sílabas
+entrecortadas—. ¿Por qué vienes así, en esa forma, que más que de
+hombre es de demonio?
+
+—Porque lo soy. Demonio del infierno es quien dio villana muerte a
+Francisco Luco. Nuestro amigo no tiene valor para decirlo: lo tengo yo.
+
+Horrorizada, Marcela se llevó las manos a las sienes, volviendo la
+cabeza. Luego cayó de rodillas.
+
+—Levántate —dijo Nelet acudiendo a ella—. Yo soy el que debe
+humillarse. Humillado te diré que aunque no merezco tu perdón, lo
+solicito, lo quiero... Fue una ceguera, embriaguez de sangre..., el
+maldito hábito de esta guerra, el matar por matar..., por destruir
+vidas contrarias...
+
+—¡Perdón, perdón! —exclamó don Beltrán, también de rodillas, llorando
+como un niño.
+
+—¡Monstruo —dijo Marcela encorvada, las manos en la cabeza, mirando de
+soslayo torvamente al infortunado guerrero—, monstruo de maldad!...
+Como cristiana te perdono... Pero huye, vete al fin de la tierra, o
+adonde yo no te vea más... Condenado, no quiero condenarme contigo...,
+tus miradas corrompen... Yo no quiero verte ni respirar el aire que
+respiras.
+
+—¡Paz, paz!... —repetía el buen Urdaneta alargando sus flacos brazos—.
+Hijos míos..., sed cristianos... No habléis de condenaros. Salvaos,
+salvémonos todos.
+
+Huyó Marcela, y tras ella, saltando de piedra en piedra, corrió Nelet,
+como anhelante cazador.
+
+—No te acerques a mí —gritaba la monja—. Condénate tú solo; yo no.
+
+Poseído de insano furor, Nelet dijo:
+
+—Solo no. No más soledad. Tú conmigo...
+
+Y viendo a la desdichada mujer buscar refugio tras unas altas piedras,
+como res acosada que se esconde, allí la persiguió, y allí, antes que
+los atontados viejos pudieran acudir en defensa de su maestra y señora,
+le dio bárbara y pronta muerte. Retumbó el pistoletazo en la tristísima
+cavidad del castillo como si todas sus piedras de golpe se derrumbaran.
+Sobrecogido, exánime, el rostro contra el suelo, don Beltrán dijo:
+
+—Nelet, ¿qué haces?...
+
+Pasados algunos segundos de pavoroso silencio, oyó el anciano la
+respuesta, que fue otro tiro no menos estruendoso y lúgubre que el
+primero.
+
+Los pobres sepultureros, a quienes el estupor y su propia debilidad
+senil paralizaron en la fugaz duración de la tragedia, no supieron
+ni aun requerir sus azadones para impedirla. Al primer tiro, cayó
+Alfajar de espaldas con temblor epiléptico. Zaida, más animoso, blandió
+su herramienta de sepultar, abalanzándose hacia Nelet con móvil de
+venganza o justicia; mas no pudo anticiparse al criminal, que la hizo
+rápida y eficaz con su propia mano.
+
+Transcurrido un lapso de tiempo, que ninguno de los tres ancianos
+apreciar podía, Zaida se llegó a don Beltrán, y tocándole en el hombro,
+con angustiada voz le dijo:
+
+—Señor, señor, ¿vivimos o morimos?
+
+—No sé, amigo —replicó el caballero, despegando del suelo su rostro—.
+¿Vives tú? ¿Qué es esto?... Dame la mano: probaré a levantarme...
+¡Ay!, la juventud perece... a sí misma se destruye. Nosotros, tristes
+despojos de la vida, aún respiramos... ¿Y para qué? El siglo no quiere
+soltarnos, ¡ay de mí!
+
+—Señor, nuestro deber ahora no es otro que abrir dos hermosas
+sepulturas...
+
+—Amigo, no: abramos una sola, hermosísima, y enterrémosles juntos.
+
+Todo el día permanecieron los tres ancianos en el lugar de la tragedia;
+y cuando se retiraban, al caer de la tarde, consternados y llorosos,
+oyeron lejano bullicio de clarines y tambores. A medida que iban
+venciendo con lento andar el camino de Lledó, arreciaba el marcial
+rumor. A la puesta del sol, Zaida, que era de los tres el que gozaba
+de mejor vista, distinguió por oriente, en las áridas colinas de la
+margen del río Seco, líneas de gente armada, las cuales avanzaban
+ondulando como serpientes en las curvas del terreno, mitad en sombra,
+mitad en luz. Eran las mesnadas de vanguardia de la expedición real que
+marchaban hacia la frontera de Aragón.
+
+
+FIN DE «LA CAMPAÑA DEL MAESTRAZGO»
+
+
+Santander (San Quintín), abril-mayo de 1899.
+
+*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 78775 ***
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+ La campaña del Maestrazgo | Project Gutenberg
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+<div style='text-align:center'>*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 78775 ***</div>
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+ <hr class="full">
+ <p class="rol">Índice:</p>
+ <p class="txt">
+ <a href="#Ch1">I</a>, &nbsp;
+ <a href="#Ch2">II</a>, &nbsp;
+ <a href="#Ch3">III</a>, &nbsp;
+ <a href="#Ch4">IV</a>, &nbsp;
+ <a href="#Ch5">V</a>, &nbsp;
+ <a href="#Ch6">VI</a>, &nbsp;
+ <a href="#Ch7">VII</a>, &nbsp;
+ <a href="#Ch8">VIII</a>, &nbsp;
+ <a href="#Ch9">IX</a>, &nbsp;
+ <a href="#Ch10">X</a>, &nbsp;
+ <a href="#Ch11">XI</a>, &nbsp;
+ <a href="#Ch12">XII</a>, &nbsp;
+ <a href="#Ch13">XIII</a>, &nbsp;
+ <a href="#Ch14">XIV</a>, &nbsp;
+ <a href="#Ch15">XV</a>, &nbsp;
+ <a href="#Ch16">XVI</a>, &nbsp;
+ <a href="#Ch17">XVII</a>, &nbsp;
+ <a href="#Ch18">XVIII</a>, &nbsp;
+ <a href="#Ch19">XIX</a>, &nbsp;
+ <a href="#Ch20">XX</a>, &nbsp;
+ <a href="#Ch21">XXI</a>, &nbsp;
+ <a href="#Ch22">XXII</a>, &nbsp;
+ <a href="#Ch23">XXIII</a>, &nbsp;
+ <a href="#Ch24">XXIV</a>, &nbsp;
+ <a href="#Ch25">XXV</a>, &nbsp;
+ <a href="#Ch26">XXVI</a>, &nbsp;
+ <a href="#Ch27">XXVII</a>, &nbsp;
+ <a href="#Ch28">XXVIII</a>, &nbsp;
+ <a href="#Ch29">XXIX</a>, &nbsp;
+ <a href="#Ch30">XXX</a>, &nbsp;
+ <a href="#Ch31">XXXI</a>.
+ </p>
+ <h1 class="faux">La campaña del Maestrazgo</h1>
+</div>
+
+<div class="transnote" id="tnote">
+ <p class="tnotetit">Nota de transcripción</p>
+ <ul>
+ <li>Los errores de imprenta han sido corregidos.</li>
+
+ <li>La ortografía del texto original ha sido modernizada de acuerdo con
+ las normas publicadas en 2010 por la Real Academia Española.</li>
+
+ <li>La puntuación también ha sufrido ligeros retoques para su
+ modernización, así como la toponimia.</li>
+
+ <li>Las rayas intrapárrafos han sido espaciadas según los modernos
+ usos ortotipográficos.</li>
+ </ul>
+</div>
+
+
+<div class="screenonly x-ebookmaker-drop">
+ <hr class="chap">
+ <div class="figcenter">
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+ style="width: 22em; height: auto;"
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+ alt="Cubierta del libro">
+ </div>
+</div>
+
+
+<div class="tit pt6">
+ <hr class="chap">
+ <p><span class="pagenum" id="Page_1">p. 1</span></p>
+ <p class="lh150 g0 ws1">EPISODIOS NACIONALES</p>
+ <hr class="tir">
+ <p class="lh150 g0 ws1">LA CAMPAÑA</p>
+ <p class="fs175 lh150 g1 ws1 mt03">DEL MAESTRAZGO</p>
+ <hr class="chap">
+</div>
+
+
+<div class="chapter pt6">
+ <div class="legal">
+ <p><span class="pagenum" id="Page_2">p. 2</span>Es propiedad. Queda
+ hecho el depósito que marca la ley. Serán furtivos los ejemplares que
+ no lleven el sello del autor.</p>
+ </div>
+</div>
+
+<hr class="chap x-ebookmaker-drop">
+
+
+<div class="tit">
+ <p><span class="pagenum" id="Page_3">p. 3</span></p>
+ <p class="fs120 lh150 ws1">B. PÉREZ GALDÓS</p>
+ <p class="fs140 lh150 ws1">EPISODIOS NACIONALES</p>
+ <p class="smaller lh150 negr g0 ws1 mt05">TERCERA SERIE</p>
+ <hr class="fil">
+
+ <p class="fs175 lh150 g0 ws1 mt1">LA CAMPAÑA</p>
+ <p class="smaller lh150 g0 mt05">DEL</p>
+ <p class="fs300 lh150 g1">MAESTRAZGO</p>
+ <hr class="tir">
+ <p class="fs110 g0 mt15">14.000</p>
+
+ <div class="figcenter mt3">
+ <img src="images/logo.jpg"
+ style="width: 6em; height: auto;"
+ alt="Logotipo del editor">
+ </div>
+
+ <p class="smaller lh150 g1 mt3">MADRID</p>
+ <p class="smaller lh150 g1 ws1">PERLADO, PÁEZ Y COMPAÑÍA</p>
+ <p class="smaller lh150 negr g0 ws1">(Sucesores de Hernando)</p>
+ <p class="smaller lh150 g0 ws1">ARENAL, 11</p>
+ <p class="lh150 g0">1906</p>
+</div>
+
+<hr class="chap x-ebookmaker-drop">
+
+
+<div class="chapter pt6">
+ <p><span class="pagenum" id="Page_4">p. 4</span></p>
+ <p class="pie_imp g0"><span class="sc">Madrid</span>. — Imp. de los
+ Sucesores de Hernando, Quintana, 33.</p>
+</div>
+
+<hr class="chap x-ebookmaker-drop">
+
+
+<div class="chapter pt3" id="Ch1">
+ <p><span class="pagenum" id="Page_5">p. 5</span></p>
+ <p class="centra fs130 ws1">LA CAMPAÑA DEL MAESTRAZGO</p>
+ <h2 class="nobreak">I</h2>
+</div>
+
+<p>En la derecha margen del Ebro y a cinco leguas de la por tantos
+títulos esclarecida Zaragoza, existe la villa de <i>Julióbriga</i>,
+fundación de romanos, según dicen libros y rezan lápidas desenterradas,
+la cual, en tiempos remotos, mudó aquel nombre sonoro por el de
+<i>Fuentes de Ebro</i>, con que la designaron cien generaciones
+aragonesas. No por los hechos históricos que ilustran esta villa (pues
+en lo antiguo dicen que fue <i>lugar de moros</i>, y algún chinazo
+le tocó en la guerra de la Independencia y en los dos inmortales
+<i>sitios</i>); no por la fertilidad de su término, regado por el Canal
+Imperial; no por las estameñas que fabrican sus tejedores, ni por las
+excelentes lechugas que crían sus huertas, ni tampoco por su gótica
+iglesia parroquial, donde yacen, en desmoronados sepulcros, multitud
+de Condes de Fuentes que rabiaron o hicieron rabiar al pueblo, aparece
+este en la primera página de la presente relación, sino por la fama del
+<i>parador de Viscarrués</i>, situado en la plaza junto a la llamada
+<span class="pagenum" id="Page_6">p. 6</span><i>casa del rey</i>, el
+cual gozaba de gran crédito y favor entre los arrieros y trajinantes
+que comunicaban a Zaragoza con el reino de Valencia. Asimismo confluían
+allí los trayectos peoniles y carromateros de la parte de Alcañiz, del
+Maestrazgo y Vinaroz, de la tierra baja de Teruel, Híjar y la cuenca
+del río Martín. Los barqueros del Canal Imperial, así como todo el
+personal de fontanería, eran también fieles parroquianos de Viscarrués,
+el cual daba excelente trato a las caballerías primero, a las personas
+después, y poseía un amplio local con cuadras extensas, donde podían
+acomodarse, entre animales y arrieros, como unos treinta pares. En el
+piso alto no faltaban aposentos <i>para señores</i>, algunos hasta con
+camas, otros bien acondicionados de mullidos jergones. Era la cocina
+monumental, con el hogar guarnecido de poyos, y por uno y otro lado
+mesas largas, donde podían tomar el pienso hasta veinte parroquianos.
+Servía Viscarrués un Cariñena superior, sin competencia en cuatro
+leguas a la redonda, y para todo pasto un tintillo de Contamina que en
+lo de alegrar corazones y cabezas parecía hermano de la jota. Uno y
+otra procedían de la misma cepa.</p>
+
+<p>Los más de los días Viscarrués y su familia no tenían manos para
+servir a la mucha y diversa gente que en el parador se juntaba. Uno
+de los criados, llamado <i>Guasa</i> (verdadero apellido, no apodo),
+natural de Jaca, y más vivo que el azogue, hacía milagros <span
+class="pagenum" id="Page_7">p. 7</span>de ubicuidad y diligencia. Pero
+llegó un día; mejor dicho, llegaron tres días, en que ni el ventero con
+sus hijas y su mujer, ni Guasa con toda su agilidad ratonil, pudieron
+atender al golpe de personas y acémilas que se metieron por aquellas
+puertas con hambre y sed, pidiendo vino, cebada, carne y un montón
+de paja para dormir. Furioso Viscarrués por no disponer de cuádruple
+local, se tiraba de los pelos, y su mujer del moño; Guasa andaba de
+coronilla; la <i>parroquia</i> se impacientaba; todos pedían a un
+tiempo su remedio. Con gran trabajo y a puñados les iban acomodando
+aquí y allí, metiendo ocho en cada cuarto de arriba, estibando a otros
+en las cuadras, por grupos, por series, por manadas: y para dar de
+comer se ponían los platos en el suelo, por no haber ya mesas, los
+jarros de vino pasaban de boca en boca, sin vasos; los guisados iban
+a la rueda en grandes fuentes, chorreando salsa, y no se oían más
+que voces airadas del que pedía su parte, del que, no contento con
+la primera ración, pedía la segunda. Aquí esgrimían cucharas, allá
+repicaban en los vasos con toque de cuchillos. El vino abundante
+suplía las escaseces del comer, y si en una parte echaban maldiciones
+a Viscarrués, en otra le vitoreaban como al primer posadero del mundo.
+«Hay que dispensar en días como este», decía él, rascándose la cabeza,
+luego los brazos, levantándose después la faja que se le caía. A Guasa
+colmábanle de injurias, que le excitaban a un enojo risueño; <span
+class="pagenum" id="Page_8">p. 8</span>y era tal su sofocación, que
+regaba con honrado sudor los manjares que servía.</p>
+
+<p>Fue causa de tan desmedida aglomeración la coincidencia de dos
+caravanas de pasajeros, la una que venía de oriente huyendo de la
+guerra, la otra de occidente que hacia la guerra iba. Componían la
+primera familias neutrales o que querían serlo, algunos lisiados y
+enfermos; la segunda constaba, principalmente, de la oficialidad y
+clases de una columna enviada del norte para incorporarse a la brigada
+de Borso di Carminati. La guerra mata y resucita; destruye y crea. La
+sangre que no se derrama en los combates, circula con más vigor, y
+nutre partes desmedradas del organismo social, mientras otras perecen.
+Viscarrués, que se estableció sin un cuarto en 1830, se retiró el 46
+con el riñón bien cubierto. Sus hijos siguieron carrera en Zaragoza.
+Traspasado el parador a Guasa, este se hizo también rico, y en 1860
+poseía casas en la Almunia, un café en Cariñena, y suyos eran los
+coches de la estación de Calatayud, y los que hacían el servicio a
+Paracuellos de Jiloca. Volviendo a lo que se refiere, debe decirse
+que aquel tumulto del parador de Fuentes de Ebro pertenece a las
+cronologías del año 37, que hasta en los mesones había de ser año de
+confusión y trapisondas: el mes era <i>febrerillo loco</i>. Un solo
+dato pudo arrancar el historiógrafo a la empedernida memoria de Mateo
+Guasa: era que aquel día fue el primero del año en que se agregaron al
+cocido las habas verdes.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_9">p. 9</span></p>
+
+<p>Y que estaban muy buenas, como declararon todos, con excepción
+de una señora, ribereña de Navarra, que sostuvo la superioridad de
+las habas de tierra de Cintruénigo... A esto observó uno, después de
+empinar el codo, que mejor que las habas le sabían a él las hembras
+de la Ribera, y buena muestra del género era <i>lo presente</i>,
+cuya gentileza y hermosura a todos cautivaban... Replicó ella con
+donaire que no era ensalada más que para un solo y único dueño, el
+cual no admitía bromas. Pronto se corrió entre los individuos de aquel
+jovial grupo que la tal moza era casada, y que iba a la guerra con su
+marido, sargento recientemente ascendido a alférez, el cual se alojaba
+también allí, y había salido a ocupaciones del servicio. Entrando en
+conversación la hermosa mujer, en quien habrá reconocido el lector a
+Salomé Ulibarri, les dio cuenta, con abundosa y pintoresca verbosidad,
+de los prodigios de Luchana y Banderas, y de las proezas que allí había
+realizado Baldomero Galán, su esposo, secundando las disposiciones
+del otro Baldomero. El empleo de alférez era recompensa mezquina para
+servicios tan eminentes... Despertada en el auditorio la curiosidad, se
+prolongó el relato de lo de Bilbao bastante tiempo, tan gustosos ellos
+de oír a la historiadora, como esta de pregonar tan lucidas hazañas.
+Emprendieron después los otros historia fresca de lo del Maestrazgo,
+que habían visto; pero a lo mejor de ella, solicitada de otra parte la
+atención de Saloma, se apartó <span class="pagenum" id="Page_10">p.
+10</span>de la mesa. Mirando casualmente hacia la escalera del parador,
+vio que por ella descendía un caballero anciano en compañía de dos
+mozos, al parecer de su servidumbre, el cual, renegando con agrias
+voces de no encontrar alojamiento adecuado a su categoría, avanzó
+hacia la calle cogido al brazo de un criado. Tanto el flácido rostro
+del noble señor, como su desmayado cuerpo y su deslucida y polvorienta
+ropa, declaraban el cansancio de un largo camino. Fue tras él Saloma,
+y viéndole parado en medio del portal, se le puso delante en actitud
+de quien intenta dar una sorpresa; mas no hizo el buen señor ademán
+de conocerla. Impaciente y desconcertada la moza, además movida de
+grande compasión hacia el caballero, le tocó suavemente en el brazo,
+diciéndole:</p>
+
+<p>—¿Pero es posible que no me conozca o no quiera conocerme el señor
+don Beltrán de Urdaneta?</p>
+
+<p>—¡Saloma..., hija..., chica! —exclamó el prócer abriendo los
+brazos—. ¿Tú por aquí?... <i>Maña</i>, te he conocido por la voz... ¿No
+sabes? ¡Ay, me estoy quedando ciego!... Salgamos un poquito afuera,
+para que con la luz de la calle pueda ver tu hermosura.</p>
+
+<p>—¿Pero a dónde va por aquí tan descarriadico, señor?</p>
+
+<p>—Hija..., es largo de contar —replicó don Beltrán, sacando un pesado
+suspiro de las honduras de su pecho—. Me muero de fatiga, de hambre...,
+y ese bruto de posadero no quiere alojarme... No puedo ya con mi
+cuerpo..., ni con mi alma.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_11">p. 11</span></p>
+
+<p>—Todo lo de arriba está lleno... En cada aposento siete personas...,
+como sardinas. Tampoco yo tengo cuarto.</p>
+
+<p>—Déjame, déjame que te mire... —dijo el prócer acercando su rostro
+al de ella, embobado, sobreponiendo su afición estética a las tristezas
+del desamparo en que se veía—. Sí, sí: te reconozco... ¡Qué linda eres!
+Si no fuera sacrilegio suponer que Dios se equivoca, le preguntaría por
+qué no te hizo nacer en posición elevada. Habrías sido una gran mujer,
+una gran dama, una...</p>
+
+<p>Más atenta a proporcionar al noble señor el reparo que necesitaba
+que a sus delicados galanteos, le dijo que urgía disponerle al instante
+la mejor comida que se pudiese. Enganchándole del brazo, le condujo
+hacia la cocina, dando voces al paso, en requerimiento de Guasa y de
+los demás servidores de la posada.</p>
+
+<p>—¡Qué desconsiderados sois! —dijo al propio Viscarrués—. ¿Pero no
+conocéis al señor, el primer noble de Aragón? No sabéis tratar más que
+con animales.</p>
+
+<p>Disculpose el ventero, alegando que no había conocido al señor don
+Beltrán, y se apresuraron amo y criados a ofrecerle cuanto tenían. A
+ratos ayudando a servirle, a ratos sentada frente a él viéndole comer y
+beber con gana, nuevamente le interrogó Saloma sobre su viaje, movida
+no tan solo de la mujeril curiosidad, sino del interés afectuoso y
+desinteresado que el ilustre viejo le inspiraba.</p>
+
+<p>—¿Va el señor a Zaragoza, o viene de allí?</p>
+
+<p>—Vengo, hija, vengo... He salido de Cintruénigo <span
+class="pagenum" id="Page_12">p. 12</span>con ánimo de no volver más
+allá. Un rapto de cólera, de orgullo, de dignidad más bien... Yo soy
+así: no tolero que nadie me humille; y las impertinencias y groserías
+de Rodrigo y de <i>doña Urraca</i> han sido tales, que no he tenido
+alma para tolerarlas más tiempo. Salí del caserón de Idiáquez como
+un colegial que se escapa. A la falta de libertad, al despotismo de
+<i>doña Urraca</i> y de su hijo prefiero la vagancia, la miseria, la
+muerte misma... No más, no más...</p>
+
+<p>—Supe que el señor había ido a Medina de Pomar.</p>
+
+<p>—Y no encontré, ¡ay de mí!, la acogida que esperaba... Ya no hay
+hijos, quiero decir, hijos buenos. Esa raza concluyó. Con estas
+malditas guerras entre hermanos, parece que ha venido al suelo toda
+ley de humanidad, y hasta los sagrados fueros del parentesco y de la
+sangre... Al hablar de estas cosas, se me atraviesa aquí en el pecho un
+bulto, una cosa dura y lacerante que no me deja comer ni respirar...
+Espérate a que pase... Ya pasa... Te contaré en dos palabras que al
+volver de Mena, donde, lo repito, encontré más egoísmo que piedad,
+desconsideraciones que me han llegado al alma, recibiéronme los
+Idiáquez de un modo muy desapacible. Los morros de <i>doña Urraca</i>
+se extendían cuarta y media fuera de las líneas borriquiles de su
+rostro, y mi esclarecido nieto no hacía más que contrariar mis hábitos
+y rodearme de estrecheces indecorosas. ¿La causa de esto? Es muy
+sencilla. Sabrás que entre <span class="pagenum" id="Page_13">p.
+13</span>mi nuera y doña María Tirgo habían concertado la boda de
+Rodrigo con una rica heredera de La Guardia. Celebráronse vistas. No sé
+lo que pasó, pues yo me hallaba en Mena; solo supe, antes de salir de
+allí, que de improviso y con algo de estruendo se vino a tierra todo
+aquel tinglado de la boda.</p>
+
+<p>—¿Y le echaron al señor la culpa?</p>
+
+<p>—Naturalmente: yo soy el gato, el niño enredador causante de
+todas las roturas de platos y demás averías que ocurren en la casa.
+No hay quien le quite de la cabeza a Juana Teresa que por intrigas
+mías se deshizo el bodorrio. Y yo te aseguro que no he tenido arte
+ni parte en ello. Declaro ingenuamente, eso sí, que me alegré y me
+alegro del percance, festejándolo como justicia de Dios y castigo de
+la conducta inhumana de los Idiáquez con este pobre viejo. Pero nada
+más, nada más... Cansado al fin de la reglamentación de colegio a que
+pretendían sujetarme, me vi en el duro caso de preferir la miseria a
+la esclavitud, y la libertad al vivir triste, al régimen conventual de
+la casa de Cintruénigo. La imagen de <i>doña Urraca</i> se me ha hecho
+tan odiosa, que por no verla me iría descalzo y pidiendo limosna a la
+más lejana región del mundo. Créelo, chica. Soy noble: no tolero la
+humillación. En cualquier estado sabré conservar mi dignidad.</p>
+
+<p>Con pena y lástima muy vivas oyó Saloma el relato de don Beltrán, no
+atreviéndose a contradecirle ni a proponerle la vuelta al hogar <span
+class="pagenum" id="Page_14">p. 14</span>abandonado, porque el respeto
+a tan gran caballero y a su desgracia la cohibía. Atenta al alivio de
+su necesidad, le dijo que, pues era totalmente imposible recabar de
+Viscarrués un buen aposento, no había más remedio que acomodar al señor
+en la cuadra. Ella respondía de arreglarle en aquel humilde lugar un
+lecho abrigado y cómodo, combinando los haces de paja y las buenas
+mantas que ella traía, de tal modo que no echara de menos los infames
+camastros de la posada. Accedió a esto don Beltrán con expresiones de
+gratitud, muy conmovido, sonándose fuerte, y añadió que pues Jesucristo
+Nuestro Señor nos había dado ejemplo de humildad naciendo en un
+pesebre, bien podía sin desdoro un noble, que nada tenía de divino,
+dormir y hasta terminar su existencia en montones de paja, al abrigo de
+gentes sencillas y de rústicos animales.</p>
+
+<hr class="chap x-ebookmaker-drop">
+
+
+<div class="chapter pt3" id="Ch2">
+ <h2 class="nobreak g1">II</h2>
+</div>
+
+<p>—Ya sé —dijo después el prócer a la guapa moza, plegando los ojos
+para verla mejor— que, al fin, te has casado con Baldomero. No ha sido
+poca suerte para ese bruto. ¡Vaya una hembra que se lleva!</p>
+
+<p>—Sí, señor... ¿Pero usía no sabe que es alférez?</p>
+
+<p>—¡Qué me dices!... ¡Alférez! ¡Hola, hola!... <span class="pagenum"
+id="Page_15">p. 15</span>¡Todo un oficial del ejército! Siempre fue
+arrojadísimo, con una cabeza más dura que el mármol, y un corazón
+insensible al miedo... Vaya: ¿y está aquí, en la columna que ha llegado
+del norte?</p>
+
+<p>—¡Y que no se alegrará poco de ver a vuecencia! No tardará en
+venir.</p>
+
+<p>A uno de los mozos de Urdaneta, que en otra mesa comían, ordenó
+Saloma que saliese a buscar a Galán por las calles del pueblo, y
+a darle conocimiento de la presencia de su antiguo amo. Nacido en
+Fuenmayor y recriado en Cintruénigo, Baldomero había servido a don
+Beltrán antes de entrar en el militar servicio. Seis años comió el pan
+de Idiáquez y Urdaneta, ya en el empleo de ayuda de cámara, ya en el
+ejercicio de montería, o en otros menesteres de la casa. Bien quisto
+de sus amos, dejó en la familia memoria de leal y honrado, aunque muy
+duro de mollera. Andando el tiempo, ya soldado distinguido, sargento
+después, siempre que su batallón pasaba por Cintruénigo, visitaba a
+los señores. Allí conoció a Saloma, que, rodando de aquí para allá
+con borrascosa y turbada vida, después del fusilamiento de su padre
+en Miranda de Arga, fue a parar a casa de una tía materna, que tenía
+en arrendamiento tierras de Idiáquez y vivía en una torre próxima al
+palacio señorial. Toda esta parte de la historia de Galán y Saloma es
+algo oscura, y no ofrece bastante interés para que se emprendan, por
+esclarecerla, investigaciones muy minuciosas.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_16">p. 16</span></p>
+
+<p>Volviendo al relato, se dirá que don Beltrán manifestó a su amiga
+que no iba, no, a la ventura por aquellos derroteros, pues le guiaba un
+fin concerniente a sus intereses y al remedio inmediato de su actual
+posición lastimosa.</p>
+
+<p>—Ya te lo explicaré cuando esté más sosegado —agregó recobrando
+algo de su animación—, pues supongo que iremos juntos largo trecho.
+Por de pronto, solo te digo que salí de Cintruénigo con recursos muy
+inferiores a lo que exige mi categoría, que tendré que resignarme a
+ciertas privaciones... Mi principal inquietud es que me corten el paso
+las tropas de Cabrera o las partidas que sueltas y desmandadas infestan
+toda la tierra de Teruel. Otro temor me quita el sueño, y es que los
+dos únicos chicos que he podido traerme, Tomé, el de <i>la Chata</i>,
+y Francisquillo Maestre, no puedan seguir en mi compañía más allá de
+Híjar, por el peligro de que les coja la facción. Tú les conoces: dos
+chicarrones de diecinueve años, que no manejarían mal el chopo, y de
+uno de ellos sospecho que lo cogería de buena gana, por dar gusto al
+dedo. En fin, si les pierdo, ya sea por medrosos, ya por atrevidos,
+tendré que ir solo, encomendándome a Dios y a la Virgen, pues no puedo
+abandonar mi empresa, única solución decorosa para los pocos días que
+me restan de vida.</p>
+
+<p>En esto entró Baldomero, que derechamente, morrión en mano, se fue
+a besar la de don Beltrán, y poco le faltó para hincar una rodilla en
+tierra. Sincero, nacido del <span class="pagenum" id="Page_17">p.
+17</span>corazón era su acatamiento, pues amaba al anciano; y
+cuando este abrió sus brazos para expresarle con un buen apretón su
+enhorabuena y el regocijo de verle oficial, Galán hizo pucheros, y
+algunas lágrimas bajaron a humedecer su bigote de moco, imitación del
+de Espartero.</p>
+
+<p>—Bien, hijo, bien, adelante... Capitán, será ya como tenerlo en la
+mano. Date prisa a ganar empleos, porque antes de morirme quisiera ver
+a Saloma hecha una señora coronela.</p>
+
+<p>Era Baldomero Galán un mocetón en quien la estampa no desmerecía
+del apellido, alto, garboso, mejor formado de cuerpo que de facciones,
+pues su nariz excedía un tanto de la medida proporcional, y sus ojos,
+hermosos y grandes, bizcaban un poco, resultando una desmedida fiereza
+de expresión. Indomable en la guerra, fiel a sus deberes cual ninguno,
+pronto a dar la vida cien veces por el honor de su bandera, en la vida
+doméstica era un angelón, y su esposa no tenía que hacer el menor
+esfuerzo para dominarle. Hízole sentar don Beltrán a su izquierda:
+le sirvió vino, después de obsequiarle con un puro. Fumando los dos,
+el pobre viejo, gozoso de tener a quien contar sus infortunios, hizo
+segunda edición de lo que ya había referido a Saloma, recargando
+amargura en las acusaciones contra su nieto y nuera. Suspiraba Galán al
+compás de los suspiros de su antiguo señor; y no acertando con la mejor
+fórmula de consuelo, se ofreció a prestarle en <span class="pagenum"
+id="Page_18">p. 18</span>su viaje toda la ayuda que el servicio le
+permitiera.</p>
+
+<p>—Tanto Saloma como yo, señor don Beltrán, estamos a la disposición
+de usía para lo que guste mandarnos, y le cuidaremos y asistiremos como
+a un padre.</p>
+
+<p>Urdaneta le apeó el tratamiento, pues del chicarrón que tuvo a su
+servicio al señor alférez que delante veía, había distancia social muy
+grande: agradeciendo al matrimonio sus ofrecimientos, manifestó que
+deseaba recogerse.</p>
+
+<p>—Véase —dijo a Galán, mientras corría Saloma en busca de las mantas—
+cómo Dios no abandona a los buenos. Solo y triste venía yo por esos
+caminos, agobiado del peso de mis desdichas, afligido al propio tiempo
+por mi ceguera que crece de día en día, y cuando menos lo esperaba,
+me salen al encuentro dos amigos cariñosos, dos almas caritativas que
+me consuelan, que me alientan... ¡Que hermoso es encontrar en nuestro
+camino la gratitud! Tú y tu mujer me debéis algunos beneficios; también
+los prodigué yo al buen Adrián Ulibarri, padre de Saloma, y ahora me
+veo recompensado por vosotros... ¡Ah!, si me pierdo, que me busquen
+entre los humildes, que son siempre los agradecidos y generosos.</p>
+
+<p>Irguiéndose, como si al restaurar las fuerzas de su cuerpo recobrase
+también vigor y esperanza su espíritu, emprendió, asido del brazo de
+Galán, el camino de la cuadra. Parándose a cada instante, decía:</p>
+
+<p>—No, no: Urdaneta no puede ni debe terminar sus días en la
+humillación. Oye, <i>Mero</i>: ¿será fácil <span class="pagenum"
+id="Page_19">p. 19</span>penetrar en tierra de Teruel hasta Mora de
+Rubielos, siquiera hasta los montes de Gúdar?</p>
+
+<p>—Señor, <i>las hordas de Cabrera</i> son dueñas de casi todo
+el país —replicó Galán, que hablando de guerra solía emplear las
+fórmulas usuales de la prensa patriótica, de las proclamas y
+órdenes generales en campaña—; y mientras no consigamos limpiar de
+<i>enemigos fratricidas</i> todo el territorio de esta Comandancia
+general, no le aconsejo a nadie que penetre, señor... a menos
+que lleve un salvoconducto en regla, expedido por el <i>obcecado
+Pretendiente</i>.</p>
+
+<p>—Ya, ya lo pensaremos, pues entre los cabecillas facciosos no me
+faltan amigos.</p>
+
+<p>En esto, Saloma escogía el rincón más abrigado de la cuadra,
+el mejor defendido contra las corrientes de aire y las patadas
+de los mulos, para armar en él un mullido nidal donde descansase
+el noble viejo. Fue robando puñaditos de paja en este y el otro
+montón; apartó toda la basura; hizo mudar de sitio a un gallo con
+varias gallinas, y la obra quedó terminada pronto a satisfacción del
+que debía disfrutarla. Todas las mantas que tenía las aplicó a la
+comodidad de don Beltrán, unas debajo, otras encima de su cuerpo.
+Mientras <i>Mero</i> le quitaba las botas, envolviéndole los pies
+en la manta de Tomé, Saloma le liaba a la cabeza un ancho pañuelo
+de seda, despojándole antes de su levitón y dejándole en mangas de
+camisa. Ofrecía el aristócrata una extraña figura, de la que él
+<span class="pagenum" id="Page_20">p. 20</span>mismo se reía, cuando
+se tendió de largo a largo sobre la paja. Con refajos y ropa suya
+improvisó Saloma una almohada, y no pareciéndole bastante, propuso que
+ella se acomodaría sentada junto a la pared, formando como cabecera
+del improvisado lecho, y sobre sus rodillas se apoyaría la almohada,
+sosteniéndola en alto de modo que no se hundiese la cabeza de don
+Beltrán. Para completar la obra, se convino en que Galán pasaría la
+noche a los pies del señor, para contener el frío por aquella parte,
+mientras por la otra sostenía la calor el gentil cuerpo de Saloma.
+Hallábase Urdaneta algo acatarrado, y estornudaba constantemente; mas
+no sintiendo otra molestia real que el frío, procuraba agazaparse bien,
+y en medio de las mantas recobró su buen temple y jovialidad, dando por
+excelente tal situación y creyéndola un especialísimo favor de Dios en
+aquellos tristes días.</p>
+
+<p>—Paréceme, hijos míos, que no debo quejarme —les dijo risueño—,
+¿pues qué más puedo ambicionar que este tranquilo reposo, este abrigo
+que me habéis dado, y, sobre todo, el calor de vuestra compañía
+cariñosa? Os veo como a dos ángeles que Dios me envía para asistirme.
+Y es como si con vuestra presencia me dijera: «Ya ves, Beltrán mío,
+que no te abandono». En verdad os aseguro, que no cambiaría este lecho
+por el del Papa o el Emperador de Rusia. Aquí se está muy bien, con
+un guardián y calentador por la cabeza y otro por los pies..., y esta
+sencillez, y esta libertad... <span class="pagenum" id="Page_21">p.
+21</span>Vamos, que estoy contentísimo, y ahora me permito despreciar
+todos los cuartos de fonda, con sus camas frías y sucias, y su soledad
+triste... Bien, bien: <i>Mero</i> y Saloma, mis buenos amigos, sed
+caritativos hasta el fin; y pues el sueño se ha declarado mi enemigo,
+contadme alguna cosita para engañar el tiempo.</p>
+
+<p>Reclinado a los pies del señor, Galán habló largamente de la campaña
+del Centro, a la cual se daría gran impulso para exterminar de golpe
+a <i>los satélites del oscurantismo</i>. No lejos de ellos había
+otros grupos; y a medida que avanzaba la noche, fueron entrando en la
+cuadra más huéspedes, y se formaron entre paja y dornajos montones de
+humanidad que producían extraños ruidos: aquí conversaciones y disputas
+vehementes, allá un roncar estruendoso.</p>
+
+<p>—<i>Mero</i>, hijo mío —dijo al alférez don Beltrán, de cuya persona
+no asomaba entre las mantas más que la nariz—, por alguna palabra que
+llega a mis oídos de lo que hablan esos tres hombres que están a tus
+pies, entiendo que son de Rubielos. Acércate y pregúntales si conocen a
+Juan Luco, rico propietario en término de Mora, alcalde que era de esta
+villa hace dos años.</p>
+
+<p>Poco después se aproximó un hombre, de estatura más que alta,
+gigantesca, vestido a estilo aragonés neto, con su pañizuelo en la
+cabeza, faja morada y muy caída, mal envuelto en una manta, como herido
+o enfermo, un brazo en cabestrillo, la faz atezada, ruda, huraña. De su
+<span class="pagenum" id="Page_22">p. 22</span>andar no debía decirse
+que era cojo, sino que cojeaba, y uno de sus pies, envuelto en un lío
+de trapos, abultaba como la pata de un elefante. Sus primeras palabras,
+al acercarse al grupo, fueron torpes, balbucientes:</p>
+
+<p>—El señor alférez me manda... que le diga... Gran señor, yo no veo
+dónde está Su Ilustrísima, ni sé quién dimonios es... ¡Otra!... Ya le
+veo como enterrao en el panizo...</p>
+
+<p>—Siéntate... tú eres de Teruel: no puedes negarlo —dijo don Beltrán
+sin moverse, no enseñando de su persona más que los ojos sin vista y la
+nariz sin olfato—. Descansa, que por las trazas, bien lo necesitas.</p>
+
+<p>Con lentitud y ayes de dolor fue doblando su corpachón el aragonés
+hasta hundir la paja con sus asentaderas, no lejos del puesto de Galán,
+y cuando halló postura cómoda, dijo que de Teruel mismamente no era,
+sino de Cuatro Dineros, barrio de Montalbán, y que conocía todo el país
+entre Ademuz y Puerto de Beceite como la palma de su mano.</p>
+
+<p>—¡Ah —exclamó Saloma prontamente—, si ya te conocemos! Yo bien
+decía: conozco a este bruto. Tú eres Joreas, el que hace dos años
+trajinaba con mulas desde Vinaroz a Tudela... Y después te fuiste a la
+facción, y de la facción vienes ahora, puerco.</p>
+
+<p>—Con perdón de la señá tinienta y de la compañía, digo que lo de
+puerco no es razón, y sí lo es que me llamo Tanasio Joreas. Como
+hombre honrado y cabal, no niego haber estuvido en la faición a las
+órdenes del <i>Serrador</i> primero, del <i>Royo de Nogueruelas</i>
+<span class="pagenum" id="Page_23">p. 23</span>dispués, porque sentía
+de mi natural que debíamos ensalzar los divinos derechos del rey don
+Carlos... Pero aquí me tienen harto de desengaños, con más balazos
+en mi cuerpo que pelos en la cabeza, muerto de hambre, con mi casa y
+familia perdidas, porque una de mis masadas la arrasó el liberal, otra
+el legítimo... mis hijos muertos, todo hecho cenizas, y yo poco menos
+que cadavérico. Lo que no me ha quitado el neto, me lo ha quitado
+la usurpadora; y al fin, cansado de pelear, y de sufrir, y de ver
+espantos, y de pisar tripas de cristianos, dije: «No más derechos
+legítimos ni no legítimos, no más, no más», y me escapé, y huyendo de
+la tremolina vengo por trochas y atajos en busca de un terreno donde
+haiga paz, donde los hombres sean cristianos, no carniceros... Yo he
+sido malo; yo he sido, como tantos, lo que dice la señora, faicioso
+y peleador y verdugo de mi natural; pero ya le he tomado asco al
+matadero. Me llamo <i>Joreas el escarmentado</i>, y voy a Zaragoza en
+busca de un pedazo de pan que yo pueda meter en la boca sin que, al
+mascarlo, me parezca que lo han amasado con sangre.</p>
+
+<p>Callaban todos los oyentes, entristecidos por las lúgubres palabras
+del escarmentado, y al fin rompió el silencio don Beltrán, diciendo:</p>
+
+<p>—Pobre Joreas, tu arrepentimiento es de celebrar, y ojalá se
+convencieran todos como tú y siguieran tu camino... Pero vamos a lo que
+me importa. Conocerás a Juan Luco.</p>
+
+<p>—De los mejores hombres de Aragón..., sí, <span class="pagenum"
+id="Page_24">p. 24</span>señor..., gran presona... Y con muchas
+talegas. Suyas eran las dos masadas de Rubielos, y en Mosqueruela y
+Forniche Bajo tenía más de mil cabezas..., hombre cabal, buen amigo y
+padre del pobre...</p>
+
+<p>—Hablas como si Luco no existiera. Explícate: ¿ha muerto?</p>
+
+<p>—Señor, no se enfade conmigo, que yo no he sido más que destrumento.
+A la vuelta de Manzanera nos salió con catorce hombres armados de
+escopetas... Le cogió la partida de Peinado, donde yo iba, y no tuvimos
+más remedio que afusilarle... Señor, puede creérmelo: como Dios es
+mi padre le digo que le digo la verdad... Fue que cuando me mandaron
+tirarle y le tiré, las lágrimas me corrían... Yo decía para mí:
+perdóneme, don Juan, que no soy más que destrumento...</p>
+
+<hr class="chap x-ebookmaker-drop">
+
+
+<div class="chapter pt3" id="Ch3">
+ <h2 class="nobreak g1">III</h2>
+</div>
+
+<p>—¡Qué horror! —exclamó don Beltrán, haciendo sonar la paja con el
+estremecimiento de todo su cuerpo—. Bandido, quítate de mi presencia...
+No, no te vayas: da más explicaciones...</p>
+
+<p>—Bandido no, señor... Yo lloraba... Es la guerra, señor, la guerra.
+Aluego que le enterramos fuimos a quemarle la masada de Cabra de
+Mora.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_25">p. 25</span></p>
+
+<p>—¿Y la incendiasteis?</p>
+
+<p>—No pudo ser, señor, porque... la habían quemado ya los cristinos el
+día antes, llevándose dos yeguas. Fue la columna del coronel Buil, uno
+muy perro, que fusiló en Concud a mi hijo Agustín.</p>
+
+<p>—Ojo por ojo y diente por diente. Los hijos de Luco vengarán a su
+padre.</p>
+
+<p>—No, señor. ¿Les conoce <i>vocencia</i>?</p>
+
+<p>—Sí, y sé que son valientes.</p>
+
+<p>—Eran.</p>
+
+<p>—¿También han muerto?</p>
+
+<p>—No me eche a mí la culpa, sino al Nogueras, el más bruto que hay en
+la Usurpación.</p>
+
+<p>—¿Luego eran carlistas?</p>
+
+<p>—Bruno sí, señor: desde el tiempo de Carnicer se alistó en las
+sacras banderas. Luego andaba con el <i>Fraile Esperanza</i> y con
+el <i>Organista de Teruel</i>. No tenía trato con su padre ni con su
+hermano Cinto, el cual seguía la bandera puerca de Isabel... Por esto
+dicen que esta guerra se ha vuelto tan farisea o faricida.</p>
+
+<p>—Fratricida, que quiere decir guerra entre hermanos.</p>
+
+<p>—Y entre padres e hijos, y maridos y mujeres. Cinto Luco, casado en
+Aliaga con la hija mayor de Crescencio Marlofa, salió con los urbanos
+de la villa y un destacamento de tropa. Don Ramón, el propio don Ramón,
+les deshizo... Escapó Cinto con su mujer y el chico menor de Marlofa,
+y se escondieron los tres en una cueva de Peñarroya de los <span
+class="pagenum" id="Page_26">p. 26</span>Pinares, donde, descubiertos
+por el cura Lorente...</p>
+
+<p>—¿También fusilados? ¡Qué villanía!</p>
+
+<p>—No, señor... les pusieron en cueros, sin distinguir... vamos, que a
+la chica le quitaron hasta la camisa, y luego les alancearon...</p>
+
+<p>—Cállate, por Dios... Vete, vete a expiar tus delitos.</p>
+
+<p>—Es la guerra, señor. Yo no tuve culpa, ni estuve en eso... Me lo
+contaron.</p>
+
+<p>Habíanse agregado otros dos al grupo, recostándose junto a
+Joreas. Por las trazas eran sus compañeros, como él, escarmentados o
+arrepentidos.</p>
+
+<p>—Yo lo vi —dijo uno de ellos, joven y de palabra fácil y correcta,
+revelando mejor educación y origen social que sus compañeros—, y
+desde aquel día me escapé con otros seis de la partida de Lorente,
+y nos agregamos a Forcadell. Nos teníamos por guerrilleros, no por
+bandidos.</p>
+
+<p>—No sigáis —dijo don Beltrán, que no sentía ya frío, sino un calor
+sofocante, y sacó los brazos fuera de las mantas—; no sigáis, por Dios,
+pues también vais a decirme que el hijo menor de mi queridísimo Juan
+Luco, el pequeño, mi ahijado, Francisquín, ha perecido también en esa
+guerra de cafres.</p>
+
+<p>—Francisquín fue pasado por las armas en la acción de Liria —afirmó
+Joreas.</p>
+
+<p>—Tú no sabes de eso —dijo prontamente el segundo escarmentado—. Yo
+estuve en Liria, y puedo contarlo.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_27">p. 27</span></p>
+
+<p>—Mi parecer —dijo <i>Mero</i>— es que todas esas historias
+fratricidas deben quedarse para mañana.</p>
+
+<p>—Lo mismo pienso —manifestó Saloma—. El señor necesita descanso, y
+no se le han de contar tragedias, sino chascarrillos y donaires.</p>
+
+<p>—Gracias, hijos míos; pero la ocasión es trágica: no podemos
+sustraernos a estos horrores... Que sigan: usted, joven, infórmeme de
+lo de Liria y de la suerte de mi ahijado Francisco Luco. ¿Es usted de
+este país?</p>
+
+<p>—Eustaquio de la Pertusa, natural de Binéfar, en tierra baja de
+Huesca, para servir a usted; estudiante de Teología y Cánones hasta
+febrero del 35; después ayudante de Cabañero, alférez en la columna
+de Pertegaz, y, al fin, escarmentado y desengañado. Pues el 29 de
+marzo..., recuerdo bien la fecha porque eran mis días: San Eustaquio,
+obispo..., sorprendimos la plaza de Liria. Don Ramón recorría el
+llano de Valencia recogiendo mozos, dinero y caballos. Pertegaz fue
+el encargado de la sorpresa. Antes de romper el día nos llegamos
+callandito a las puertas de la ciudad, defendida por nacionales.
+Abrieron ellos confiados, sin tener noticia de que estábamos en acecho,
+y fácil nos fue entrar, despachando en la primera embestida siete,
+después nueve, y cogiendo veintisiete prisioneros, con algunos vecinos
+del pueblo. Saqueamos no más que dos horas; y al salir, don Ramón, que
+acampado estaba <span class="pagenum" id="Page_28">p. 28</span>en
+Puebla de Balbona, nos mandó ir a Chiva con los prisioneros.</p>
+
+<p>—¿Y entre ellos estaba el pobre Francisquín?... ¡Ay!</p>
+
+<p>—Sí señor. Yo le conocía del Seminario de Huesca, donde juntos
+estudiábamos Teología, y por el camino de Chiva hablamos, y le dije que
+tuviera paciencia, que de fusilarles, lo haríamos previa confesión,
+según costumbre y ley de nuestro ejército, con lo que, si se perdía el
+cuerpo, se ganaba el alma, que es lo principal.</p>
+
+<p>—Grandísimo perro..., la hipocresía de tu ferocidad me causa horror
+—exclamó don Beltrán sin poder contenerse—. ¡Pobre Francisquín! Sigue,
+sigue.</p>
+
+<p>—Pues en Chiva se mandó confesar a los prisioneros, que para estos
+casos lleva cada partida, por pequeña que sea, su capellán..., y...</p>
+
+<p>—Basta. ¿Tendrás valor para referir que hiciste fuego sobre tu
+pobre amigo, tu compañero de estudios teológicos?... ¡Bonita Teología
+aprendiste, mal hombre, mal subdiácono, si lo eres, mal español!...
+Si vives tranquilo será porque no tienes conciencia, porque no sabes
+lo que es Dios, aunque mil veces le hayas nombrado estudiando cosas
+que no has entendido... No me levanto —agregó el señor, excitadísimo,
+retirando su abrigo y removiéndose sobre la paja—, no me levanto y
+te doy un par de pescozones, porque creería deshonradas mis manos de
+caballero poniéndolas en la cara de un bandido.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_29">p. 29</span></p>
+
+<p>—¡Eh! Sepa el vejete —dijo el otro levantándose de un brinco— que
+mi cara no han de tocarla manos nobles y plebeyas. Y si es usted una
+senectud y no puede hacer la prueba, destaque alguno de estos, y
+salgamos afuera.</p>
+
+<p>—El que sale afuera bailando, con una patada que voy yo a darte
+ahora mismo, eres tú, so deslenguado —dijo con fosca serenidad
+Baldomero, disponiéndose a ejecutar lo que decía, como la cosa más
+natural del mundo.</p>
+
+<p>Don Eustaquio se engalló también; pero Joreas y el otro le
+contuvieron diciéndole:</p>
+
+<p>—Guarda, hijo, que es tiniente.</p>
+
+<p>—Y sepan —añadió Galán— que si los señores escarmentados no guardan
+el respeto debido a las personas, aquí no faltará quien les dé la
+última mano del escarmiento.</p>
+
+<p>—También aquí fusilamos —dijo Saloma iracunda—. ¿Pues qué creen
+estos? ¿Que somos de manteca?</p>
+
+<p>El tercero, que aún no había dicho nada, y era inclinado a la paz
+y enemigo de pendencias en tal sitio, tiró del brazo del teólogo
+don Eustaquio para apartarle, ayudándole también Joreas, que venía
+de la guerra con el cansancio y aborrecimiento de toda querella
+homicida. Terminó el lance de buena manera; alejáronse los dos más
+levantiscos; solo quedó en el corrillo de don Beltrán el tercero, que
+se declaró escarmentado incondicionalmente, con propósito firme de no
+volver a las andadas; y aproximándose, como <span class="pagenum"
+id="Page_30">p. 30</span>deseoso de ganar confianza, hizo la siguiente
+manifestación:</p>
+
+<p>—Yo soy de Ablitas, señor don Beltrán de Urdaneta, y con nombrarle
+ya está dicho que le conocí desde que le vi meterse en la paja. Conozco
+también a Saloma Ulibarri y a Baldomero Galán, y a todos me recomiendo
+para que no me estimen en menos de lo que soy por esta locura de haber
+ido a la facción.</p>
+
+<p>Maravilláronse todos de aquel encuentro, y el primero que rompió a
+reconocerle fue Baldomero, que le dijo:</p>
+
+<p>—¡Ajo! ¿No eres tú Vicente Sancho, hijo de José Sancho? Desde que te
+vi me chocó el cariz tuyo, y dije: «Yo conozco a este pícaro».</p>
+
+<p>—El mismo soy. A todos les conocí; pero no quería dar la cara, por
+vergüenza.</p>
+
+<p>—¡Vaya con Sanchico! —dijo Urdaneta—. Hombre, me alegro de que seas
+tú de allá... Oye: ¿no era tu abuelo Bartolomé Sancho, albéitar en
+Monteagudo?</p>
+
+<p>—Sí, señor... Pues verán... Son estos dos amigos el uno muy bruto,
+y el otro, el <i>Epístola</i>, que así le llamamos aunque no tiene
+las órdenes, muy vivo de sangre... No quisieron ofender al señor don
+Beltrán; y como les pidió que refirieran, empezaron a contar, poniendo
+las cosas como fueron, que harto malas son ellas, sin que tenga la
+culpa el que cuenta con natural.</p>
+
+<p>—Cierto: yo me acaloré —dijo el prócer—. Si a ellos se les ha pasado
+el enfado, que vuelvan y acaben de contarme lo de Chiva.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_31">p. 31</span></p>
+
+<p>—Yo le enteraré mejor que ellos —dijo Sanchico—. Yo estuve también
+en Liria y Chiva; formé en el cuadro de los fusilamientos, y puedo
+asegurar que no matamos a Francisquín. En el camino de Chiva se nos
+perdió, bien porque lograra escapar, bien porque algún amigo le
+amparase. Matamos a los prisioneros en el patio de un convento, después
+de desnudarles. Luego, los que tenían gusto para estas cosas y mala
+entraña, se entretenían en quemarles los bigotes cadavéricos y en
+pegarles cuchilladas...</p>
+
+<p>—¡Qué espanto! ¡No puedo oír esto! —murmuró don Beltrán—... ¿De modo
+que el pobre Francisquín...?</p>
+
+<p>—Bien pudo ser que estuviera entre los que quedaron para otro
+día. Nosotros seguimos con don Ramón, que dio una batalla al general
+Palarea, en la cual no salimos bien. Nos retiramos ordenadamente hacia
+Liria. Sé que en Villar del Arzobispo fusilaron <i>el sobrante</i> de
+Chiva, menos unos cuantos que fueron llevados prisioneros a Beceite
+y de allí a Cantavieja. Tengo por muy probable que entre esos esté
+Francisquín Luco.</p>
+
+<p>—Dime, Sanchico —preguntó Baldomero—. ¿Estuviste tú en lo de
+Alcotas? Porque allí pasaron por las armas a un primo mío, cabo primero
+en el regimiento de Ceuta.</p>
+
+<p>—Aquel día estaba yo en Torrijas, adonde se nos mandó para pegar
+fuego al pueblo, después de fusilar al alcalde porque no suministró las
+raciones que se le pidieron. Al volver al cuartel general supe lo de
+Alcotas. <span class="pagenum" id="Page_32">p. 32</span>Fue que a don
+Ramón le llevaron el soplo de que estaban allí los de Ceuta... Corre
+allá: los de Ceuta habían salido del pueblo; les sigue, les alcanza,
+les envuelve.</p>
+
+<p>—Capitularon cuando se les concluyeron los cartuchos... Así lo oí...
+Y el tigre les dio palabra de respetar las vidas.</p>
+
+<p>—Pues el no cumplir fue porque el padre Escorihuela llevó el cuento
+de que los de Ceuta habían hecho el entierro de Cabrera, en chanza,
+cantándole responsos por las calles de Alcotas, y que en la iglesia
+hicieron burla de los santos. Como don Ramón tenía el alma requemada
+por lo de su madre, les mandó fusilar. Eran ciento cuarenta y cinco.</p>
+
+<p>—Les confesarían antes —dijo Urdaneta, que había recobrado su
+actitud de momia egipcia, y adormecía su pensamiento en una resignación
+filosófica no exenta de humorismo.</p>
+
+<p>—El mismo padre Escorihuela que le contó al general las picardías de
+los capitulados, se puso a confesarles de prisa y corriendo. Pero como
+don Ramón quería llegar de día a Manzanera y no sobraba el tiempo, no
+confesaron más que los oficiales... los soldados, no.</p>
+
+<p>—Dime tú, Sanchico —preguntó don Beltrán inmóvil—. Cuando pasaban
+esas cosas, ¿no caían del cielo rayos y centellas que hicieran polvo a
+ese padre Estercolera, o como quiera que se llame?</p>
+
+<p>—De eso de caer rayos nada sé: yo no estaba presente, señor. Mi
+partida se incorporó <span class="pagenum" id="Page_33">p. 33</span>a
+Quílez, que nos llevó a tierra de Monreal, cerca de Daroca, donde
+derrotamos a los Voluntarios de Soria, mandados por Valdés.</p>
+
+<p>—¿Y a cuántos fusilasteis?</p>
+
+<p>—Cayeron treinta y tres oficiales y diez miñones.</p>
+
+<p>—Bien, hijo, bien. ¿Y hay todavía humanidad, género humano quiero
+decir, en esa condenada tierra?</p>
+
+<p>—Fuera de los que combaten, señor, por ver quién reina, hombres,
+ninguno hay; mujeres y caballerías, pocas.</p>
+
+<p>—Ahora que hablamos de mujeres: mi amigo y protegido Juan Luco,
+además de sus tres hijos varones, tenía una hija.</p>
+
+<p>—Que es monja penitente; no sé... De esto le noticiará Joreas, que,
+como de Rubielos, conoce a toda la familia...</p>
+
+<p>Diciendo esto, Sanchico miraba con recelo a un hombre que entró a
+dar pienso a dos caballerías. A la mortecina luz del candilejo que
+alumbraba la anchurosa cuadra de negro techo festoneado de telarañas,
+apenas se distinguía el rostro del tal sujeto; pero el chico debía
+de conocerle y temerle, porque al verle pasar cerca, en dirección de
+una de las puertas, se tiró boca abajo sobre la paja, haciéndose el
+dormido. Pasado el susto, el muchacho se incorporó diciendo:</p>
+
+<p>—Es mi padre, José Sancho, que anda al servicio de un señor
+italiano, muy rico y principal. Llegó esta mañana, y cuando le vi no
+supe dónde meterme, de la vergüenza que me daba... y del miedo, porque
+mi padre, al <span class="pagenum" id="Page_34">p. 34</span>saber
+que yo me había ido a la facción, dijo que si no me mataban en la
+guerra, me mataría él cuando me encontrase, por haberle deshonrado...
+que a deshonra le sabe el ver a un hijo suyo debajo de la bandera de
+Carlos&nbsp;V.</p>
+
+<hr class="chap x-ebookmaker-drop">
+
+
+<div class="chapter pt3" id="Ch4">
+ <h2 class="nobreak g1">IV</h2>
+</div>
+
+<p>Ya tenía don Beltrán la palabra en la boca para pedir más
+referencias de aquel señor extranjero, cuyo nombre y diplomático
+carácter no le eran desconocidos, cuando se armó un gran tumulto al
+otro lado de la cuadra. Empezaron peleándose dos, se enredaron luego
+cuatro, dándose morradas y coces; la querella habría pasado quizás a
+mayores, si no intervinieran Baldomero Galán y dos sargentos que a
+la sazón entraron, los cuales, sacudiendo de plano, y deshaciendo a
+tirones el racimo que formaban los contendientes, restablecieron el
+orden. A unos les hicieron salir, a otros arrojáronles sobre la paja, y
+ya no se oyó más que el resoplido de las cóleras sojuzgadas.</p>
+
+<p>—Es la de todos los días —dijo Baldomero volviendo al lado de don
+Beltrán—, la cuestión entre <i>cabreristas</i> y <i>nogueristas</i>.
+Unos dicen y sostienen que la madre de Cabrera estuvo bien fusilada,
+como castigo de ese tigre sanguinario, y otros que no, que el haberla
+matado <span class="pagenum" id="Page_35">p. 35</span>sin culpa de
+ella ha traído esta situación tan <i>fratricida</i>. Ya les hemos
+aplacado los humos; y como repitan, se mandará dar un recorrido de
+palos, para que callen y nos dejen en paz.</p>
+
+<p>—Y ahora, señor, que tenemos algún sosiego —dijo Saloma—, haga por
+dormirse, que ya es tarde, y todos necesitamos cobrar fuerzas para el
+ajetreo de mañana.</p>
+
+<p>—Procuraré seguir tu sabio consejo —replicó el anciano, tomando
+postura cómoda y cubriéndose bien de nariz para abajo—. Pero dudo que
+pueda coger un buen sueño, pues ahora me doy a cavilar si ese señor
+italiano será o no será quien yo me figuro: uno que de Madrid y Nápoles
+fue comisionado al cuartel de don Carlos para tratar de un arreglo que
+pusiese fin a estos horrores. No me acuerdo del apellido de ese sujeto,
+pues ya no hay nombre que quiera guardarse en la jaula deshecha de mi
+memoria; pero me da el corazón que es el mismo de quien tuve noticia
+por cierto caballerito que conocí y traté caminando hacia Villarcayo.
+Lo primero que has de hacer mañana es llegarte a Sancho y sonsacarle
+todo lo que de su señor quiera decirte: te informas de si va para
+Zaragoza, o para Levante, pues en este caso me convendría su amistad,
+que de seguro irá el hombre bien pertrechado de pasaportes. Y no sería
+malo que tú, tan despabilada y francota, te fueras a él, metiéndote
+en su cuarto, si es que lo tiene, con el pretexto de saber cuándo se
+va para ocuparlo yo, y una <span class="pagenum" id="Page_36">p.
+36</span>vez metida le dijeses quién soy, y cómo me veo en estas
+estrechuras impropias de mi nobleza...</p>
+
+<p>Prometiole la hermosa navarra conquistarle al italiano, y a toda la
+Italia si fuese menester; y en aquel punto, Galán, que había salido a
+recorrer los alojamientos de los soldados, volvió diciendo que corría
+por el pueblo el notición de la muerte de Cabrera. Sobre esto hicieron
+los tres comentarios prolijos, conviniendo en que si resultaba cierto,
+sería gran merced de Dios, apiadado al fin de la pobre España. Y ya
+no pensaron más que en dormir lo que pudiesen, cosa no fácil, por los
+ruidos que a cada instante en el ancho local se levantaban, así de
+inquietudes de animales como de personas, y por los feroces ronquidos
+de algunos durmientes. Pudo vencer don Beltrán la molestia que estos le
+causaban; y cuando ya iba cogiendo el sueño, le despabilaron las voces
+de un condenado hombre que, sentado en el suelo, en postura turquesca,
+junto a la pared, solo, parecía rezar en alta voz con plañidera
+monotonía desesperante.</p>
+
+<p>—¿No podríamos conseguir —dijo don Beltrán entre suspiros—, que ese
+demonio de hombre se fuese a rezar a la calle? Si se va por una peseta,
+dásela, Saloma.</p>
+
+<p>—Es el pobre Muel —dijo condolido Galán—, que de ver morir a tres de
+sus hijos, fusilados en Alventosa, se ha vuelto loco, y se pasa la vida
+predicando por estos caminos en canto llano.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_37">p. 37</span></p>
+
+<p>—Alventosa..., ya sé..., es en tierra de Rubielos. Alguna de las
+propiedades que vendí a Luco allí están... Creo que fue un espanto la
+matanza que ordenó y ejecutó ese bribón del cura Lorente.</p>
+
+<p>—Fusiló setenta y siete hombres y un niño de diez años, hijo de un
+capitán. Eran del regimiento de Extremadura, donde yo he servido. Les
+cogieron el Royo y Peinado en Arcos; les llevaban prisioneros, y el
+capellán Lorente propuso fusilarlos. Los dos cabecillas no querían;
+el clérigo, a fuerza de ruegos y amenazas, consiguió que mataran
+veintidós. Al siguiente día, en ese pueblo de Alventosa, volvieron
+a cuestionar sobre si mataban o no a los demás: Lorente, que sí;
+Peinado y Royo, que no. En un descanso, el capellán mandó destapar un
+barrilito de aguardiente que llevaba. Bebieron, y con la borrachera,
+el Royo se puso de parte de Lorente. Salieron los vecinos del pueblo
+con su párroco a la cabeza, y de rodillas imploraron la vida de los
+desgraciados prisioneros. Lorente le dijo al párroco: «Confiéselos
+ahora mismo; y para acabar más pronto, yo empiezo a confesar por una
+punta y usted por otra». Negose el cura de Alventosa, y se echó a
+llorar... El capitán pidió entonces a los cabecillas que no matasen
+al niño; pero para más crueldad, fusilaron primero a la criatura, por
+que el padre lo viese, y luego a este y a todos los demás después de
+desnudarlos... Al ponerse en marcha, Lorente dijo al cura de Alventosa
+que, so pena de <span class="pagenum" id="Page_38">p. 38</span>la
+vida, dejara los cuerpos insepultos para escarmiento de las tropas
+cristinas que pasasen...</p>
+
+<p>—¿Y no ha habido un hombre honrado, valiente y justiciero —dijo
+don Beltrán, dando un salto en su lecho—; no ha habido un hombre, un
+aragonés, que haya cogido a ese vil clérigo, a ese sacrílego, y le haya
+colgado vivo, por las patas, de la más alta rama de un alcornoque, o
+del campanario de una iglesia, para que se lo comieran los buitres?...
+Desconozco a mi raza... esto no es Aragón. Si yo fuera mozo, créanlo,
+iría a esa guerra, no para defender ambiciones y derechos de reyes
+más o menos legítimos, sino para perseguir y castigar tan salvajes
+crímenes, para vengar a Dios de los ultrajes que unos y otros le
+infieren; sería implacable con los cobardes asesinos de uno y otro
+bando, llamáranse Nogueras, llamáranse Cabrera, y vengaría a la
+madre de este, y a la esposa de Fontiveros, y a todos esos infelices
+sacrificados con barbarie tan horrenda y estúpida.</p>
+
+<p>—Está muy bien, señor —le dijo Saloma, cogiéndole de los brazos para
+hacerle acostar—; pero sosiéguese y no se desabrigue, que puede coger
+una pulmonía.</p>
+
+<p>No había medio de aplacarle; de rodillas sobre la paja, apoyaba con
+enérgico ademán su ardiente protesta:</p>
+
+<p>—No, no puedo sosegarme oyendo estas cosas. Esto no es Aragón, esto
+no es mi raza, la raza justiciera por excelencia, fuerte y benigna,
+guerrera y <span class="pagenum" id="Page_39">p. 39</span>cristiana,
+iracunda y generosa... ¡Y ese pobre hombre es víctima de este furor de
+matanzas! ¡Y ha perdido la razón viendo cómo los hombres se vuelven
+maestros de las fieras en la crueldad!... Ven acá tú, buen amigo, y
+hallarás aquí un corazón aragonés compasivo, no más que compasivo,
+pues que la vejez no permite otra cosa... Ven acá, y nos consolaremos
+todos los buenos, abominando de los que pisotean la justicia humana y
+remitiéndolos a la divina.</p>
+
+<p>El otro infeliz, oyéndose llamado, acudió allá con paso lento.
+Era un hombre de aventajada estatura, flaco, de tez tan morena, que
+a la escasa luz de la cuadra parecía negra; el pañizuelo liado a la
+cabeza; el cuerpo cubierto de un luengo camisón, sin faja; los pies
+desnudos, negros también, como la cara, como las manos, semejantes a
+manojos de sarmientos; todo él perfecto plagio de un santón árabe. Al
+aproximarse, venía rezando en alta voz, y una vez junto al grupo soltó
+esta terrorífica declamación con duro y ronco acento:</p>
+
+<p>—No te salvas, no te escapas, malvado Lorente, aunque te escondas
+entre pajas, teniendo por guardianes, por los pies a tu rey y señor,
+y por la cabeza a la reina de tu iglesia maldita... No te escapas ya,
+clérigo de Satanás, serpiente, que mis ejércitos rodean ya toda esta
+fortaleza, y no hallarás puerta ni hendidura ni resquicio por donde
+puedas escabullirte... No morirás, no... Con el zumo de unas hierbas
+que hay en la torre de Pepo, nada más que allí, <span class="pagenum"
+id="Page_40">p. 40</span>se te untará todo el cuerpo, y vivirás mil
+años, ¡mil años!, infame Lorente; y en todas las partes de tu persona,
+pecho, espalda, muslos, barriga y lo demás, te nacerán, por la virtud
+de aquella hierba, ojos, ¡ojos como los de la cara!, que vean, y
+delante de cada uno de estos ojos se te pondrá un fusilado para que
+lo estés viendo día y noche... Y horrorizado de lo que ves con tantos
+ojos, querrás descansar y dormir; pero no podrás, no podrás, porque
+esos ojos no duermen, ni pestañean, ni lloran, y los tendrás siempre
+bien abiertos y despabilados, mirando con cada uno de ellos a un
+fusilado por ti..., y así estarás mil años, trescientos sesenta y cinco
+mil noches y días... Luego se te dejará otros mil años ciego y sordo,
+para que veas dentro de tu conciencia, y se te quitará la razón para
+que no puedas arrepentirte ni confesarte..., y se te pondrá una lengua
+venenosa para que blasfemes a todas horas, y se te secará el agua de
+lágrimas para que no puedas llorar ni afligirte...</p>
+
+<p>—Basta, basta ya... —dijo don Beltrán horrorizado—. No tanto, pobre
+Muel... Es demasiado castigo, infinitamente mayor que la culpa...
+Perdóname ya.</p>
+
+<p>—Todavía no, todavía no... Otros mil años disparándote a cada minuto
+por el oído izquierdo un tiro de fusil con bala, la cual, después
+de retumbar dentro de tu calavera, saldrá por el oído derecho sin
+matarte...</p>
+
+<p>—No más, no más, Muel... Perdón, perdón.</p>
+
+<p>—Otros mil años...</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_41">p. 41</span></p>
+
+<p>—No, no... Baldomero, quítame de aquí a ese hombre... Por Dios te lo
+pido.</p>
+
+<p>Suavemente le cogió de un brazo Galán y se lo llevó sin que hiciera
+resistencia, pues su locura era pacífica; inocente en las acciones,
+desbordada en las palabras. Día y noche se le oía la perorata
+cadenciosa y lúgubre: arengaba a sus imaginarias tropas, vencía y
+aprisionaba a Lorente; llevábale arrastrando por valles y montes hasta
+la torre de Pepo; encerrado allí el vencido monstruo, le imponía los
+sutiles castigos por series de mil años, hasta que, cansado de inventar
+horrores, volvía a los de la realidad y a la tragedia de Alventosa.
+Había sido maestro de escuela y diestro pendolista; no pedía limosna,
+comía lo que le daban; dormía en despoblado, o bajo techo si se lo
+permitían, y vagaba en un radio de cinco leguas alrededor de Quinto,
+su patria. Echado al corral por Galán, volvió este al lado del señor,
+a punto que Saloma, vencida del cansancio, cerraba los ojos y hacía
+reverencias. Durmiose al fin, apoyada la cabeza en la pared, y el
+prócer y Baldomero siguieron charlando en voz baja de cosas de guerra
+y política hasta que oyeron el diligente estridor de la diana, que
+avisando a todos el fin del sueño, fue principio del de don Beltrán, el
+cual, por añeja costumbre, dormía las mañanas.</p>
+
+<hr class="chap x-ebookmaker-drop">
+
+
+<div class="chapter pt3" id="Ch5">
+ <p><span class="pagenum" id="Page_42">p. 42</span></p>
+ <h2 class="nobreak">V</h2>
+</div>
+
+<p>Cuando el pobre anciano despertó, después de dar a sus huesos
+algunas horas de plácido reposo, contáronle sus amigos las novedades
+ocurridas en el parador durante su sueño. Había conseguido Galán
+reconciliar a Sanchico con su padre Sancho, no sin que este se
+mostrara largo rato rebelde a las paces, haciéndose el inflexible
+con desmedida afectación, hasta que, desahogando su severidad en una
+descarga de bofetadas, lloró el chico, se aplacó el padre, y todo quedó
+perdonado, a condición de que el joven partiese aquel mismo día para
+Ablitas y no volviese a separarse de sus tíos. En la ruidosa querella
+de hijo y padre, salió a relucir que Sanchico se había largado a la
+facción por contrariedades lastimosas de amor. Entre tirarse al Ebro
+y hacerse faccioso para que una bala le matase, prefirió esto último.
+El cuento fue que las balas no se metieron con él, y que el trajín
+de la guerra le curó de la morriña que le enfermaba el alma. Volvía,
+pues, mejor de lo que fue, saludable, fuerte, aleccionado del mundo,
+y habiendo visto sucesos mil, lisonjeros o desgraciados, que servían
+de grande enseñanza. Por lo demás, su afecto a la causa de don Carlos
+había sido <span class="pagenum" id="Page_43">p. 43</span>puramente
+circunstancial, y lo mismo le importaban a él los derechos del rey
+legítimo que la carabina de Ambrosio. Cuando Urdaneta supo que Sancho
+iba para la Ribera, ordenó que se fuese con él uno de sus criados: se
+arreglaría solo con Tomé; que los tiempos eran apretados, y había que
+mirar por la economía.</p>
+
+<p>Pero la gran novedad de aquella mañana fue que la gentil y
+desenvuelta Saloma logró avistarse con el italiano, sorprendiéndole
+en su cuarto cuando daba la última mano en su retoque personal.
+Desempeñado había con extraordinaria agudeza el encargo que le confirió
+don Beltrán, ganando, si no la confianza, las atenciones de aquel
+señor. Por las referencias de Saloma y el nombre del criado, se afirmó
+Urdaneta en que el tal no era otro que el siciliano de que Fernando
+Calpena le habló, intermediario clandestino entre las dos ramas
+borbónicas que se disputaban el trono. Toda la madrugada, hasta que
+se durmió, había estado el prócer devanándose los sesos por recordar
+la gracia de aquel sujeto. Su memoria era ya para los nombres un
+verdadero caos. Mas cuando Saloma le contaba su entrevista, se le metió
+súbitamente en el cerebro a don Beltrán el perdido nombre, y gritó:</p>
+
+<p>—¡Rapella, Rapella! Ya me acuerdo. En la punta de la lengua lo
+tenía.</p>
+
+<p>Díjole por fin la navarra que el señor extranjero se alegró mucho al
+saber que en el propio parador se hallaba persona de tan alta alcurnia,
+a quien conocía de fama <span class="pagenum" id="Page_44">p.
+44</span>por sus amigos de Madrid, y que deseando el honor de tratarle,
+le invitaba a almorzar.</p>
+
+<p>—¿Ves? —dijo Urdaneta con alborozo, dando pataditas en el portal
+para entrar en calor—. Tú me has traído la suerte, pues yo venía
+con mala pata, y desde que te encontré, todas las cartas me salen
+buenas.</p>
+
+<p>Antes de la hora del almuerzo juntáronse el viejo aristócrata y el
+pintado diplomático en la calle, y cambiando mil finuras, hablaron
+después cuanto les dio la gana, sin parar hasta que terminó el
+comistraje. Hizo gala Rapella de su cortesanía, y derrochó sin tasa
+el énfasis de su especial oratoria familiar. Aseguró a don Beltrán
+que le conocía por lo que de él le habían hablado sus grandes amigos
+Bernardino Frías, Luis Córdova, Paco Malpica, Martínez de la Rosa,
+Quintana y otros. Hablaron luego de Fernando Calpena, mostrándose
+Rapella muy gozoso de saber que vivía, pues ya le consideraba muerto;
+y por fin se eternizaron en el comentario de las cosas políticas y
+militares, la revolución de la Granja, las nuevas Cortes, la situación
+política en Madrid y en la corte carlista, las intrigas de una y otra
+parte, Espartero, Cabrera, las expediciones de Gómez, don Basilio y
+Batanero... el buen giro de la guerra en el norte, el mal cariz de la
+misma en el Maestrazgo.</p>
+
+<p>Por más empeño que en ello puso, no pudo el viejo conseguir que
+Rapella se clareara en lo de las misiones y recados que <span
+class="pagenum" id="Page_45">p. 45</span>traía y llevaba de corte en
+corte. Se escabullía gallardamente de todas las trampas que el otro
+le armaba con capciosas preguntas. A veces la agudeza de don Beltrán
+le cogía en contradicción. Dijo primero que iba hacia Vinaroz, donde
+le aguardaba un barco que debía llevarle a Nápoles; después indicó
+que el objeto de su viaje en tal dirección era solo avistarse con su
+íntimo amigo Borso di Carminati, para darle un abrazo y pasar unos
+días con él. Tenía en el ejército del Centro excelentes amigos, entre
+ellos su paisano Cialdini, muchacho de gran porvenir, ayudante de
+Borso. Inútil fue también el empeño que puso don Beltrán en sonsacarle
+noticias y cuentos de las interioridades del cuartel de don Carlos...
+Nada: el siciliano no daba lumbres. Y si no su locuacidad, perdía un
+poco de su finura cuando el otro quería llevarle a cierto terreno,
+apartándole de los temas que él elegía, siempre vagos, de generalidades
+y lugares comunes. Por fin llevó la conversación a la persona y
+hechos de Cabrera, de quien se mostró admirador, sosteniendo que era
+ya vulgaridad insigne tenerle por uno de tantos cabecillas, notable
+solo por su inquietud y ferocidad. Desde que apareció en la guerra,
+conmoviendo y abrasando el país como fuego del cielo, mostrose gran
+caudillo, tan buen conocedor del suelo como de los hombres, táctico y
+estratégico de primera, audaz, incansable, heroico; y por entre estas
+cualidades apuntaba ya un gran político.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_46">p. 46</span></p>
+
+<p>—¡Oh, no tanto! ¿Ya quiere usted hacer de él un Napoleón?</p>
+
+<p>—Un Napoleón de montaña, amigo mío.</p>
+
+<p>Respecto a las tan cacareadas crueldades del jefe carlista, dijo
+Rapella que habían sido estrictamente de carácter disciplinario militar
+hasta que los cristinos derramaron con bárbara torpeza la sangre de
+María Griñó. El asesinato de una mujer, sin más delito que ser madre
+de Cabrera, creó nueva ordenanza militar, dando una infernal lógica
+las horrendas carnicerías consumadas por uno y otro ejército. Fuera
+de esto, para abrirse camino el travieso bigardón de Tortosa, y pasar
+en breve tiempo de seminarista pendenciero a caudillo y gobernador
+de hombres en los campos de batalla, no podía menos de emplear, como
+resorte de dominio, el terror, la fiereza y la brutalidad. No se había
+formado dentro de un organismo, sino que tenía que sacar el organismo
+del caos social, y esto no se hace sino desplegando desde los primeros
+momentos un genio implacable, aterrador, extraordinaria viveza para
+aplicar justicias rápidas, de moral severa y primitiva, haciendo sentir
+el peso de su mano antes de que pudiera discutirse el derecho con que
+la levantaba. En las guerras civiles los hombres culminantes nacen así,
+o no nacen nunca.</p>
+
+<p>No le parecieron mal a Urdaneta estas razones, y como sacara a
+relucir la especie, muy corriente en aquellos días, de la muerte
+del famoso guerrero, negola el siciliano, <span class="pagenum"
+id="Page_47">p. 47</span>sosteniendo que había, sí, corrido grandísimo
+peligro en los últimos días de diciembre; pero que estaba vivo, aunque
+al parecer no muy sano. En septiembre del año anterior habíase unido
+Cabrera en Utiel a la expedición de Gómez. Juntos recorrieron Cuenca,
+Albacete, la Mancha, Andalucía y Extremadura... Si las tropas cristinas
+que les perseguían no pudieron deshacerles, tampoco ellos lograron su
+intento de sublevar las comarcas que invadían. Un correr continuo;
+exacciones y rapiñas en ciudades y aldeas; aislados lances de guerra
+sin plan ni concierto, gloriosos unos para los liberales, como el de
+Villarrobredo, ventajosos otros para los carlistas, pero sin que de
+ninguno resultara el aniquilamiento de la expedición, ni tampoco su
+triunfo; tal fue la obra combinada de Cabrera y Gómez, caracteres
+antitéticos, de cuya unión no podía resultar nada eficaz. La falta
+de engranaje entre uno y otro temperamento militar fue marcándose en
+desavenencias, luego en discordias, y los dos cabecillas, que juntos
+no podían formar una cabeza, riñeron al fin, a la vuelta de Cáceres,
+campando cada uno por sus respetos. Cabrera se escabulló fugaz y
+resbaladizo por el caminito que creyó más seguro para volver a sus
+riscos y barranqueras del Maestrazgo, donde en su ausencia las cosas de
+la guerra no iban muy prósperas, y amenazaba desbaratarse lo que él con
+paciencia, rigor y firme mano organizado había.</p>
+
+<p>Lo primero que intentó al pisar su terreno <span class="pagenum"
+id="Page_48">p. 48</span>fue pasar al cuartel general de don Carlos
+en el norte, para dar cuenta a este de la desavenencia con Gómez y
+proponerle un nuevo plan de campaña en el Centro. Llegose al Ebro,
+eligiendo el vado de Rincón de Soto como el único que en aquella
+estación cruda era practicable; pero le salió mal la cuenta, porque
+fue sorprendido por la columna de Iribarren, que le deshizo, matándole
+muchos hombres y dispersándole los que quedaron con vida. La suya
+estuvo en gran peligro. Acribillado de balazos, quedó al amparo de la
+oscuridad junto a una pared, donde le recogió uno de los suyos, el
+cabecilla que llamaban <i>La Diosa</i>, y le llevó atravesado en una
+caballería, como un saco, pues montar no podía. Perseguido por las
+tropas de Iribarren, debió su salvación a un cura que le escondió en
+el sótano de su casa; allí pasó largos días y noches entre la vida y
+la muerte, hasta que, mejorado de sus heridas, le trasladaron a un
+abrupto monte, espesura más propia de lobos que de seres humanos, donde
+permaneció en escondite, recobrando poco a poco la sangre perdida, y
+con ella el brío y a ferocidad. De este apartamiento provino la noticia
+de su muerte, que corrió por toda España descorazonando a los suyos
+y llenando de tristeza y confusión a todo el carlismo de aquende y
+allende el Ebro; pero ya en los últimos de enero (como unos quince
+antes de la fecha en que esto se relata) se supo a ciencia cierta que
+vivía, y que, sin reponerse de sus heridas y enfermedades, <span
+class="pagenum" id="Page_49">p. 49</span>preparaba nuevas correrías
+por la Plana de Castellón y riberas del Turia: que en tal hombre la
+ociosidad era imposible, mientras alguna vida le quedase. Cuando esto
+narraba el señor Rapella, no podía decir fijamente dónde se hallaba
+el famoso caudillo; presumía que, medio muerto o medio vivo, recogía
+sus fuerzas, las reorganizaba, lanzándose al terreno que la naturaleza
+parecía haber amoldado a la hechura intelectual y física del que bien
+podía llamarse, si no el león, el gato montés de la guerra.</p>
+
+<p>—A fe mía —dijo don Beltrán—, que está usted bien informado. Ya
+cuidará de decir a su amigo Borso que se ande con tiento, pues este
+mozo no es de los que fácilmente se dejan destruir y aniquilar.</p>
+
+<p>Por lo que a renglón seguido hablaron, comprendió el buen Urdaneta
+que en los cálculos de su flamante amigo no entraba el llevarle en su
+compañía, aunque en ello tuviera gusto, como se dejaba traslucir de lo
+que manifestó con exquisita urbanidad y palabras equívocas. Delicado en
+extremo, y muy ducho en artes mundanas, dio a entender don Beltrán que
+los fines de su viaje exigíanle también ir solo, sin más acompañamiento
+que el de sus criados; manifestación que puso en gran cuidado al
+otro, recelando que llevase también misión diplomática, quizás como
+apoderado o mensajero del patriciado aragonés. Pero no atreviéndose
+a entrar en explicaciones, cada cual, como de zorro a zorro, se
+encerró en su discreción, <span class="pagenum" id="Page_50">p.
+50</span>preparándose para continuar su caminata. Don Beltrán partiría
+con la columna que a la sazón estaba en Fuentes, y a que pertenecía
+Baldomero; don Aníbal aguardaba otra fuerza que llegaría por la tarde,
+mandada por un coronel, íntimo amigo suyo. Apercibiéndose para la
+partida, preguntó Galán a su antiguo señor que de dónde había sacado
+el hermoso caballo que traía, el cual, mientras Tomé lo limpiaba en
+el corral, era objeto de la admiración y curiosidad de todos los allí
+presentes. Replicó don Beltrán que había ganado aquella joya en una
+donosa y feliz apuesta; sin dar pormenores del caso, mandó venir a su
+presencia a los dos escarmentados Joreas y el <i>Epístola</i> y en un
+poyo del portalón les interrogó acerca de los hijos supervivientes del
+desgraciado Juan Luco. De Francisquín nada sabían a ciencia cierta; de
+su hermana, monja profesa en el Monasterio de Sijena, a cuatro leguas
+de Sariñena, dio el <i>Epístola</i> informes más concretos. Había
+despuntado Marcela, desde su entrada en religión, por su ciencia grave
+y su lucido ingenio; sabía latín, y dándose a la lectura, lo mismo
+platicaba de teología que enjaretaba versos y prosas en loor de los
+sagrados misterios.</p>
+
+<p>—Hace tiempo —dijo don Beltrán— que a mí llegó la fama, no solo de
+su santidad, sino de su vivo entendimiento.</p>
+
+<hr class="chap x-ebookmaker-drop">
+
+
+<div class="chapter pt3" id="Ch6">
+ <p><span class="pagenum" id="Page_51">p. 51</span></p>
+ <h2 class="nobreak g1">VI</h2>
+</div>
+
+<p>—Me contaron —añadió Joreas— que otra más leída y escrebida no la
+hubo nunca en aquel sacro monasterio, más antiguo que las Tablas de
+la Ley, pues lo hicieron en cuantico que empezó la cristiandad, hace
+unas docenas de miles de años. Oí que sor Marcela pasmaba a todos con
+su latines hablados por gramática, y que a verla iban el arcipreste
+de Mequinenza, el abad de Veruela y muchos calonges y prestes de
+Huesca, Tarragona y hasta de Aviñón, que es la Roma de esta parte de
+Francia.</p>
+
+<p>—Me consta —dijo el <i>Epístola</i>—, porque lo he visto y leído en
+parte, que escribió un lindo poema sobre el milagro de los Corporales
+de Daroca, y también conozco unas quintillas a la Transfiguración del
+Señor. Sé que de diversas partes iban personas eruditas a consultar
+con ella puntos graves de moral, de filosofía o de religión, y que
+el meollo de sus sentencias era el asombro de cuantos la oían. En el
+monasterio, con ser ella de las monjas más jóvenes, considerábanla
+como autoridad, y como a vieja la respetaban. En los principios de la
+guerra, dicen que llamó a don Ramón para incitarle a no emplear medios
+de crueldad, y lo mismo hizo con Nogueras. El general Mina la visitó,
+<span class="pagenum" id="Page_52">p. 52</span>y también fueron a
+platicar con ella en el locutorio Masgoret y Tristany. Pero el año que
+acaba de pasar, allá por septiembre, si no recuerdo mal, cuando Maroto
+vino a mandar en Cataluña, que más valía que no viniera, la partida de
+Llarch de Copons y la de otro cabecilla que llaman <i>Camas-Crúas</i>
+bajaron huidas de la parte de Lérida, donde Gurrea les pegó de firme;
+tomaron la vuelta de Benabarre y Albalate para pasar el Cinca, y con
+el furor que traían cometieron mil desmanes, saqueando las aldeas
+y arrasando cuanto encontraban. Incendiados por estos bárbaros el
+claustro alto y aposentos capitulares de Sijena, salieron dispersas
+las señoras monjas, como las abejas cuando les ahúman la colmena. Cada
+religiosa tiró por su lado, buscando el amparo de otros conventos o de
+casas honestas; y sor Marcela, a quien se creyó muerta o extraviada,
+apareció en una ermita solitaria de la sierra de los Monegros, vestida
+con un saco al modo de penitente, el cabello suelto, como pintan a
+la Magdalena, solo que más corto, los pies descalzos, una cuerda a
+la cintura; y diz que iba predicando a los pastores y gente rústica
+para que se apercibiesen a la guerra en nombre de Cristo, peleando
+contra los dos ejércitos, cristino y carlino, según ella legiones de
+Satanás, que quieren dominar la tierra y establecer el imperio de la
+injusticia.</p>
+
+<p>—¡Vaya con la sabia!... —dijo don Beltrán—. Pues no me parece
+descaminada su locura, o más bien, creo que debajo de ese desvarío
+<span class="pagenum" id="Page_53">p. 53</span>se esconde la misma
+discreción... Y díganme ahora, señores escarmentados: ¿qué tal cariz
+tiene la monjita? ¿Es su rostro de buen ver? ¿Su facha y apostura
+responden a la hermosa raza de los Lucos?</p>
+
+<p>—Señor —dijo el <i>Epístola</i> con extremos de admiración—, es
+mujer de tanta gallardía y belleza, que aun con aquel desavío de
+penitente, da quince y raya a las señoras más bien aderezadas. Y no
+diré yo que el empaque de santidad a lo anacoreta, como figura de
+retablo, la desfavorezca, que más bien me inclino a creer que su traje,
+al modo de mujer de la Biblia, hace lucir más todo aquel contorno de
+cuerpo que no tiene semejante, pues no ha visto usted escultura que
+pueda comparársele.</p>
+
+<p>En esto se alejó el <i>Epístola</i>, llamado por sus amigos, y
+Joreas hubo de completar las informaciones con un dato, que apuntó en
+la forma más descarnada y picante:</p>
+
+<p>—Este bribón de <i>Epístola</i> se calla lo mejor del cuento, señor,
+y es que habiendo encontrado sola a la Marcela en un camino junto al
+Pueyo, la requebró de amores, uniendo a las palabras de solicitación
+las acciones atrevidas. Pero no contaba con el geniecico de la que él
+llama estatua de bulto. Arreole doña Marcela tan fuerte bofetada que
+le tiró al suelo, y cuando pataleaba para levantarse, con un madero,
+que unos dicen era cruz y otros una tranca, le dio tales golpes en
+la cabeza que, si no acuden a la defensa del chico los compañeros
+que por allí cerca andaban, <span class="pagenum" id="Page_54">p.
+54</span>la santa habría dado cuenta del <i>Epístola</i> y del mismo
+<i>Evangelio</i>, si así se llamara este pillo.</p>
+
+<p>—¿Qué me cuentas? ¡Sobre la sabiduría, ese tesón, ese poder!...
+Vamos, que ya rabio por conocer a ese prodigio; y si no tuviera
+precisión de verla para que me informe de ciertos asuntos de su padre
+que me interesan como los míos, solo por apreciar sus méritos, y
+admirarlos en lo que mi corta vista me lo permita, iría en su busca.</p>
+
+<p>Lo último que dijeron Joreas y el <i>Epístola</i>, al despedirse
+para continuar hacia Zaragoza, fue que la Marcela penitente andaba
+por aquellos meses en el desierto de Calanda o en tierra de Alcañiz.
+Observó don Beltrán, al quedarse solo reflexionando en lo que veía y
+oía, que desde que llegó a Fuentes de Ebro todo le anunciaba la entrada
+en el reino de lo excepcional y maravilloso. Nada era ya común ni
+vulgar. Personas y cosas traían la impresión de un mundo trágico, el
+cuño de una poesía ruda y libre, emancipada de toda regla. No sentía
+más el buen señor que ser tan viejo y andar tan mal de la vista: que si
+él tuviera treinta años menos y sus ojos bien listos, había de serle
+muy grato el ver y tocar de cerca un mundo que de modo tan peregrino
+quebrantaba las rutinas sociales. También le contrariaba mucho su
+escasez de dineros; mas como los fines de su viaje no eran otros que
+proveerse del precioso metal, a quien amaba más que a las niñas de sus
+perdidos ojos, la esperanza <span class="pagenum" id="Page_55">p.
+55</span>de alcanzarlo y poseerlo le alentaba.</p>
+
+<p>Salió en su hermoso caballo, marchando a retaguardia de la columna,
+y gran parte del camino fue al estribo, si así puede decirse, del carro
+en que con una señora capitana y otras dos mujeres iba Salomé Ulibarri;
+y por no desmentir su índole caballeresca y hábitos de sociedad,
+no cesó de entretener a las cuatro hembras con frases galantes, de
+refinada gracia sin faltar a la decencia, y a todas festejaba por igual
+llamándolas hermosas, sin distinguir entre la belleza de la mujer de
+<i>Mero</i> y la fealdad repulsiva de la capitana, entre la desabrida
+juventud de la tercera y la vejez de la cuarta. Pero como él no veía
+bien, todas le parecían iguales, y por no haber allí género más noble
+y elegante, tratábalas como a damas de alta educación. Por dicha, la
+columna no encontró facciosos en el camino, y el viaje fue de los más
+felices, fuera de las molestias, del hambre, polvo y frío, que alguna
+tarde y mañana se dejó sentir, llegando el buen señor bastante molido a
+la ciudad del <i>Compromiso</i>, la noble Caspe.</p>
+
+<p>Constante la fortuna en favorecer al caballero, encontró este en la
+histórica ciudad a su antiguo amigo don Blas de La Codoñera, que allí
+era de los más pudientes, propietario de tierras y montes, padre de
+numerosa familia. Llevole a su casa, y le aposentó como a tan insigne
+caballero correspondía, tratándole a cuerpo de rey. Mucho agradecieron
+los asendereados huesos del buen Urdaneta <span class="pagenum"
+id="Page_56">p. 56</span>la blandura de aquella cama, tan grande como
+la Colegiata, y las suculentas comidas y cenas con que le regalaron.
+Aún estaba la familia de luto por la muerte del hijo mayor, uno de
+los urbanos que fusiló Cabrera cuando entró a saco la ciudad en mayo
+del 35. La señora y señoritas de Codoñera no se hallaban exentas de
+la rudeza baturra: su habla carecía de finura; su educación, perfecta
+en lo moral y religioso, era muy rudimentaria en lo social. Con todo,
+don Beltrán se hallaba en tal compañía muy a gusto, y se desvivía por
+corresponder con su exquisita urbanidad a los obsequios de la hidalga
+familia. Había sido el don Blas constitucional templado hasta el día
+funesto de la entrada de Cabrera; pero desde tal fecha se trocó en
+furibundo <i>patriota</i>, enemigo acérrimo del oscurantismo y de las
+antiguallas que quería traernos don Carlos. En la exacerbación de su
+sentimiento liberal, que ya era insano, llegaba hasta la impiedad y el
+volterianismo, abominando de la hipocresía, de la piedad extremada y
+hasta de las prácticas religiosas, con excepción del culto de la Virgen
+del Pilar. No pensaba abandonar a Caspe, pues ni él ni su familia
+tenían miedo; y como volviera Cabrera con su patulea de ladrones y
+asesinos, don Blas se batiría en la muralla rodeado de sus hijos de
+ambos sexos, los chicos bien armados de fusiles, las niñas y la señora
+bien preparadas con piedras y ollas de agua hirviendo. Eran los hijos
+guapos, aunque abrutados, y <span class="pagenum" id="Page_57">p.
+57</span>tan <i>liberalicos</i> como su padre. A todos ellos pidió
+don Beltrán noticias de la monja de Sijena, y los muchachos, que la
+habían visto y oído, se dividían en sus opiniones, pues mientras Rafael
+sostenía que era una mujer estrafalaria y medio loca, que ocultaba con
+las formas de penitencia sus ganas de corretear por el mundo, Pepe la
+tenía por hembra superior y de pasmosa virtud, que la distinguía de
+todas las gentes de nuestra edad, y a los mismos santos la equiparaba.
+Como expresara Urdaneta el firme propósito de ir en su busca, hízole
+presente don Blas el gran peligro a que se exponía viajando por
+aquellas tierras; expuso el otro lo inexcusable de su determinación, y
+hallándose en estas conferencias, trajo uno de los chicos la noticia
+de que la monja Marcela se hallaba cerca de Alcañiz asistiendo a su
+hermano Francisco en una grave enfermedad, con lo cual se le avivaron
+al anciano las ganas de ir a donde su interés le llamaba. De nuevo
+le pintó el señor de La Codoñera lo arriesgado de tal expedición,
+maravillándose de que don Beltrán hallase gusto en el trato de una
+monja <i>retrógrada</i> y oscurantista.</p>
+
+<p>—A mí no me hable usted de gente <i>levítica</i> —dijo, recalcando
+esta palabra, que recientemente había adquirido en la tertulia de la
+botica de Cornejo—. Tengo declarada la guerra a esas ideas rancias, tan
+contrarias al <i>espíritu del siglo</i>.</p>
+
+<p>Tampoco le gustaba a don Beltrán la gente <span class="pagenum"
+id="Page_58">p. 58</span>levítica; pero sus necesidades le obligaban
+a emprender aquel viaje, que felizmente no se alargaría más allá
+de Alcañiz. Todo se presentaba favorable al ilustre aristócrata,
+pues Borso de Carminati, desde Maella, ordenó que la columna
+recién venida se incorporase a las fuerzas acantonadas en Alcañiz.
+Disponiéndose Saloma para seguir a su esposo, se lamentaba de no poder
+acompañarle en las operaciones, pues había orden de que la impedimenta
+<i>faldamentaria</i> no saliese de los puntos de guarnición. Despidiose
+a la mañana siguiente don Beltrán de su generoso amigo. Tanto este
+como su esposa e hijos de ambos sexos vieron salir con pena y lástima
+al noble anciano; y sospechando que tales calaveradas revelaban falta
+de seso y desvaríos de la senectud, presagiaban una desgracia. Las
+señoras le encomendaron a Dios, y lo mismo hizo don Blas, pues su
+aborrecimiento de lo levítico no le quitaba el ser buen cristiano.</p>
+
+<p>Muertas de miedo iban Saloma y las otras militaras, y a cada rato
+creían oír tiros y ver un nublado de boinas aparecer por los cerros
+lejanos, lo que no era absurdo, pues días antes había pasado por
+allí el Royo de Nogueruela en dirección a Graus y Benabarre; tampoco
+andaban lejos Cabañero, Tena y Maestre. Contrastando con las señoras,
+don Beltrán era todo intrepidez y desprecio del peligro; y en su
+imaginación de viejo, reverdecida en la puerilidad, no veía más que
+bienandanzas. Habiéndole manifestado Saloma <span class="pagenum"
+id="Page_59">p. 59</span>la inquietud con que le veía entrar en el
+teatro de tan bárbara guerra, le dijo:</p>
+
+<p>—Cuando lleguemos a la gran Alcañiz que, entre paréntesis, es patria
+de mi abuelo materno, don Diego de Paternoy, almirante de Aragón, señor
+de las casas y encomiendas de Isún de Basa y Usé, <i>etcétera</i>...,
+te contaré por qué voy a donde voy, y por qué busco a quien busco. Y
+si ahora supones en mi conducta un desarreglo del sentido, verás luego
+en ella la misma cordura... Es para mí cuestión de vida o muerte, de
+dignidad o vilipendio... No creo que nos salgan partidas; y si salen,
+ya les sacudiremos. También te digo que si es Cabañero el que nos
+acomete, no temo nada. Le cuento entre mis mejores amigos, y no había
+de consentir que me tocaran al pelo de la ropa.</p>
+
+<p>A la caída de la tarde entraron en la noble Alcañiz, que desde
+Roma viene fatigando a la historia, ciudad vieja, como un libro de
+antigüedades de Aragón y un muestrario de piedras elocuentes. A la luz
+crepuscular, los esquinazos góticos y mudéjares parecían bastidores de
+teatro, dispuestos ya, con las candilejas a media luz, para empezar el
+drama. Resonaban las herraduras de los caballos en el pedernal de las
+calles levantando chispas, y el ruido de tambores jugaba al escondite,
+sonando aquí, apagándose allá, en los dobleces de la edificación, y
+volviendo a retumbar a retaguardia de la tropa. Las plazuelas se unían
+por pasadizos, y las calles se retorcían unas sobre otras, oscuras,
+ondulantes. <span class="pagenum" id="Page_60">p. 60</span>Soldados y
+algunos viejos se veían discurriendo por las calles; mujeres en algunas
+puertas... Triste y belicosa parecía la ciudad, como un guerrero herido
+que se ve forzado a combatir con la mano que le queda.</p>
+
+<hr class="chap x-ebookmaker-drop">
+
+
+<div class="chapter pt3" id="Ch7">
+ <h2 class="nobreak g1">VII</h2>
+</div>
+
+<p>Metieron a don Beltrán en una casona llamada <i>Corte</i> que hace
+esquina con el Ayuntamiento, gótica, de ojivales porches al exterior,
+interiormente muy capaz, con ventanas pequeñas, las puertas no muy
+holgadas. Allí se alojaban oficiales de distintas graduaciones. Al
+pasar por un gran aposento abovedado, donde había gran chimenea
+encendida con troncos de encina, a cuyo calorcillo se arrimaban
+ateridos todos los que entraban de la calle, vio don Beltrán, agrupados
+en torno a una mesa, a varios oficiales y urbanos de tropa que se
+engolfaban en el juego, atentos con alma y vida a las manos del
+banquero y a las cartas que lentamente pasaba. Fuéronsele a Urdaneta
+los ojos hacia la timba, y subió con ánimo de volver luego, pues vio
+también que cubrían de manteles las mesas, como si aquella pieza fuese
+comedor. El cuarto en que le pusieron, juntamente con las militaras, no
+tenía camas; cada cual se arreglaría con las mantas, alforjas o sacos
+que llevase. Seis personas debían repartirse <span class="pagenum"
+id="Page_61">p. 61</span>el suelo, que venía como a la medida, sin que
+sobrase ni una cuarta.</p>
+
+<p>El cenar fue más difícil operación; y si no se plantan Saloma y la
+capitana en la cocina, no les tocara nada de las judías y gachas, que
+era lo único que había, con pan moreno y algunas raciones de cecina.
+Pero al fin aplacaron su hambre las afligidas damas; don Beltrán,
+gozoso y dicharachero, tratando de alegrarlas con sus galanterías y
+con enfáticos elogios de las miserables viandas que comieron. Observó
+Saloma que al viejo aristócrata se le iban los ojos a la mesa de los
+jugadores, y como ya tomaba confianza con él, se permitió decirle:</p>
+
+<p>—Señor don Beltrán, noto que mira vuecencia para el vicio, como si
+más en él que en nosotros y nuestra conversación tuviera toda el alma.
+Pues yo le digo que sería muy feo que con sus años y su respetabilidad
+diera el mal ejemplo de ponerse a tallar o apuntar entre aquellos
+perdidos. Si así lo hiciera y se dejara vencer de la tentación del
+juego, que ha sido la causa de su ruina, sepa que me enfado, y no le
+quiero, ni le cuido, ni le mimo, ni nada.</p>
+
+<p>Dicho esto a hurtadillas, sin que los demás se enterasen, contestó
+Urdaneta en la misma forma, reconociendo el buen juicio que tal
+advertencia revelaba, y ofreció no discrepar ni un punto de lo que su
+decoro y años le imponían. Si miraba era por observar las caras y ver
+quién perdía y ganaba. Antes de levantarse de las flacas mesas hizo
+<span class="pagenum" id="Page_62">p. 62</span>conocimiento, por
+mediación de Galán, con dos oficiales muy simpáticos, uno de los cuales
+se había separado poco antes de la mesa de juego con los bolsillos
+totalmente vacíos. Informados de que el señor deseaba ver y tratar a
+la monja Marcela, brindáronse a llevarle hasta su presencia, en el
+cerro de Santa Lucía, donde a la sazón moraba; ambos la conocían y
+habían tenido más de una entrevista con tan extraña mujer, platicando
+de cosas de guerra, filosofía y religión, permitiéndose bromear con
+ella y echarle requiebros; que Marcela, en la multiplicidad pasmosa de
+su disposición y en la riqueza de su entendimiento, para todo tenía
+una palabra feliz y oportuna. No se le cocía el pan a Urdaneta hasta
+que no llegase la hora de la mañana que los oficiales fijaron para
+la visita, y pensando en ella se pasó la noche de claro en claro.
+Un poquito durmió el viejo después de amanecer, levantándose con
+los huesos doloridos de la dureza de aquellas mal cubiertas tablas.
+Saloma le preparó un aceptable desayuno, con huevos y chorizo que
+afanó como pudo en la cocina, y a las nueve ya estaba mi hombre junto
+a la chimenea esperando a sus flamantes amigos. Solo uno se presentó,
+por tener el otro servicio extraordinario en el castillo, y sin más
+espera condujo al anciano hacia la puerta de la ciudad que da al río
+Guadalope y al grandioso puente. Fría estaba la mañana, los campos
+escarchados, el aire empañado por una niebla que borraba toda visión a
+<span class="pagenum" id="Page_63">p. 63</span>regular distancia. Iba
+don Beltrán asido al brazo de su criado, necesaria precaución por la
+cortedad de su vista, que con la niebla era casi ceguera total. Pasado
+el puente, avanzaron buen trecho por una alameda interminable; y como
+levantara la bruma, el teniente hizo notar la gallardía de los desnudos
+álamos del paseo, y mirando hacia atrás, la hermosa vista de la ciudad,
+coronada por el castillo y ceñida por el Guadalope. Sin enterarse bien,
+manifestó don Beltrán su admiración, pues no gustaba de dar a entender
+que veía poco.</p>
+
+<p>—¿Conque es usted aragonés?... Repítame su apellido, pues ya no me
+acuerdo.</p>
+
+<p>—Estercuel.</p>
+
+<p>—¡Hombre, Estercuel!... ¿Es usted de Ayerbe?</p>
+
+<p>—Sí, señor. Mi padre, don Celestino Estercuel, administraba los
+estados de Ayerbe y de Boltaña; mi tío, don Bernardino Estercuel,
+canónigo de Jaca...</p>
+
+<p>—Ya, ya... ¿Y usted por dónde me conoce a mí?</p>
+
+<p>—No hay en todo Aragón persona más nombrada y famosa que don
+Beltrán de Urdaneta, a quien pobres y ricos señalan como el tipo de la
+grandeza, de la caballerosidad... Era yo muy niño y oía contar casos
+muy singulares de esplendidez...</p>
+
+<p>—A ver, a ver..., ¿qué casos? —dijo don Beltrán risueño y malicioso,
+deteniéndose.</p>
+
+<p>—Pues que usted, poseedor de una riqueza incalculable, había mandado
+traer de París <span class="pagenum" id="Page_64">p. 64</span>seis
+perros de caza, los cuales vinieron cuidados y asistidos por cuatro
+monteros y un mayordomo... Y un día, siendo yo muchacho, vi pasar unos
+trenes magníficos que iban para Canfranc. ¡Qué sillas de postas, qué
+caballos, qué galera con provisiones de cama y boca!... Pues mi tío,
+que entonces era capellán en la casa de Ayerbe, dijo: «Ahí va don
+Beltrán el Grande con los duques de tal y de cuál...».</p>
+
+<p>—¡Ay, hijo mío! —exclamó Urdaneta melancólico, acelerando el paso—.
+Aquellos eran otros tiempos. ¡Lo que va de ayer a hoy!...</p>
+
+<p>—Y decía mi padre que solo en Mora de Rubielos y en la sierra de
+Mosqueruela poseía usted más de diez mil cabezas.</p>
+
+<p>—Sí, sí: muchas cabezas tenía entonces, y ahora creo que ninguna,
+ni aun la mía propia. Pues en Mora de Rubielos me resta algo, y aun
+algos, que intento recobrar... Pero hablar de mí es mirar a lo pasado,
+visión triste: alegremos nuestro espíritu hablando de lo presente, de
+la juventud, de usted... ¿Qué tal, vamos adelantando en la carrera
+militar? ¿Siente usted ambición de gloria?...</p>
+
+<p>—No mucha, señor... Un año llevo en esta vida, y le aseguro a
+usted que deseo la paz, aunque me quede en el grado que tengo. Y esta
+campaña del Centro no es para despertar verdaderas aficiones a la
+milicia regular. Aquí todo es cuestión de picardía, astucia y agilidad;
+todo cuestión de geografía... andada, ciencia de los pies. Además, el
+carácter <span class="pagenum" id="Page_65">p. 65</span>de cacería
+feroz que va tomando esta guerra no es para mi genio. He sido poco
+afortunado, pues desde que salí a campaña no he visto más que horrores,
+y desgracias de nuestras armas. Para tener mala pata en todo, me
+estrené con un acto militar que ha dejado en mi espíritu una sombra
+lúgubre, algo como una mancha que no puedo borrar: el fusilamiento de
+la madre de Cabrera.</p>
+
+<p>—¡Qué dolor!... ¡Barbarie inútil, impolítica!</p>
+
+<p>—Empecé mi carrera destinado al regimiento de Bailén, 5.º de
+Ligeros, que daba guarnición en Tortosa, y mandé el piquete que dio
+muerte a la infeliz mujer. Cuando al amanecer del 16 de febrero del
+año pasado se nos dijo que a las diez íbamos a fusilar a María Griñó,
+no lo creíamos. Los nacionales negábanse a cumplir la sentencia.
+Nosotros no podíamos menos de obedecer; pero aún esperábamos que tal
+atrocidad se aplazara indefinidamente, y aplazarla era como un indulto
+disimulado. Entre nosotros se decía que el alcalde de Tortosa, don
+Miguel de Córdova, protestaba de tal iniquidad, y que quiso inducir
+al gobernador, general don Gaspar Blanco, a no dar cumplimiento a la
+bárbara orden. Ello era cosa de Nogueras, que ofició al general Mina,
+y de los allegados de este... Reconocía el gobernador que disponer tal
+muerte no era propio de caballeros, y que si en algún caso procedía la
+desobediencia, había llegado <span class="pagenum" id="Page_66">p.
+66</span>la hora de poner en el oficio la fórmula: <i>se acata, pero no
+se cumple</i>. Mas el hombre no se atrevió, y su desmayada voluntad y
+su corazón vacilante nos dieron aquel terrible ultraje de la justicia.
+Dicen que al resistirse a los ruegos del alcalde y de otras personas
+calificadas de la población, se echó a llorar... Sus lágrimas fueron
+de esas que no producen ningún bien ni evitan los males... Ello es que
+metimos a doña María en el calabozo, y la cargamos de grillos, y le
+llevamos al cura don José María Trench, hombre bueno y compasivo, que
+también, llorando a moco y baba, fue a interceder con el gobernador,
+sin conseguir ablandarle. Confesada, mas no comulgada, pues para esto
+no le dimos tiempo, la llevamos a la barbacana. Por el camino, al
+paso de la pobre víctima, se agolpaba poca gente, pues la mayoría de
+los vecinos no se había enterado todavía; de los que vio, se despedía
+con palabras sencillas y cariñosas, como si para un viaje saliera. No
+puedo olvidar su figura modesta ni su traje, el mismo que tenía en la
+prisión: saya de cotolina azul, ya muy usada, jubón de pana verde.
+Llevaba al cuello un pañuelo oscuro con fleco, y a la cabeza otro,
+blanco, sin atar las puntas. Era delgada, de mediana estatura, rostro
+moreno y curtido con arrugas en la frente, el mirar dulce, expresión
+candorosa. En sus manos atadas llevaba una cruz. Su resignación, la
+paz de su alma, su tranquilidad sin artificio, nos maravillaban; el
+no <span class="pagenum" id="Page_67">p. 67</span>pronunciar palabra
+ofensiva para nadie, nos colmaba de pena, oprimiéndonos el corazón.
+La fortaleza con que afrontaba el suplicio hacía más vergonzosa la
+innoble cobardía con que nosotros, con tanto aparato de fuerza,
+destruíamos aquella vida que no había hecho daño a nadie. «¿Qué resulta
+contra ella?», nos preguntábamos, o lo pensábamos, por no atrevernos
+a decirlo. No resultaba más sino que había dado el ser a Cabrera...
+Llegados a la barbacana, la hicimos avanzar como a veinte pasos del
+baluarte... El cura que la asistía, don Joaquín Curto, no se separaba
+de su lado tan pronto como convenía. La mirada que nos echó María Griñó
+al entrar en el cuadro no se me olvidará si mil años vivo. ¿Fue de
+menosprecio, de compasión? De cólera no era, ni tampoco suplicante...,
+no nos pedía que la perdonásemos. Tal vez quiso decirnos que ansiaba
+terminar pronto, concordando en esto fatalmente con las órdenes que
+habíamos recibido. Se le vendaron los ojos. Fue preciso, para abreviar,
+tirarle suavemente del manteo al cura para que se retirara. El pobre
+señor estaba turbadísimo: le dijo de cerca que rezara el Credo, y luego
+en voz más alta, alejándose, le anunció que iba a gozar de Dios... Yo
+tenía que dar la orden de fuego agitando un pañuelo. Me pasó por la
+mente la idea de no darla, sublevándome en nombre de Cristo. Pero la
+fuerza de la disciplina, de que no nos damos cuenta, se impuso. Ello es
+que sonaron los tiros, y cayó la mujer al suelo, de golpe, sin <span
+class="pagenum" id="Page_68">p. 68</span>ruido ni contorsiones, como un
+vestido, como un colgajo de trapos que cae de una percha...</p>
+
+<p>—¡Horrible... y estúpido! —exclamó don Beltrán—. Si tiene usted más
+hazañas de estas en su hoja de servicios, no me las cuente. Mi pobre
+corazón viejo no resiste esas emociones ni aun contadas.</p>
+
+<p>—Tres días estuve enfermo, sin poder apartar de mí la mirada de
+María Griñó, ni aquel modo de caer al suelo, como un vestido que se
+desprende de un clavo... El vecindario de Tortosa quiso alborotarse,
+y tuvimos que contenerle. Los nacionales trinaban y creían que se
+habían deshonrado por formar en el cuadro media compañía. Aseguraban
+que si se les hubiera mandado formar el piquete del fuego, no habrían
+obedecido... Desde aquel día es para mí esta guerra una nube de plomo
+posada sobre mis ojos, como un telón a medio echar. Ni sube, ni
+baja..., ni veo bien la guerra, ni veo la paz... No habrá ya paz en
+la tierra de España. ¿Sabe usted lo que dijo Cabrera cuando supo la
+muerte de su madre? Mirando a las cumbres que cercan a Valderrobres,
+dijo que la sangre subiría hasta las cimas más altas. Y va subiendo, va
+subiendo... Para no cansar a usted, señor don Beltrán, le diré que mis
+campañas desde entonces no han sido más que una cacería infatigable.
+En multitud de encuentros me he visto, todos encarnizados: estuve en
+las acciones de La Jana y de Toga, al mando de Buil; allí tuvimos la
+suerte de derrotar al <i>Serrador</i>. En Ulldecona, cuando Iriarte dio
+<span class="pagenum" id="Page_69">p. 69</span>una tremenda paliza al
+<i>Organista</i> y a Llangostera, también tuve la honra de encontrarme.
+Marchas penosas, hambres y trabajos mil he pasado; peleando sin cesar,
+no veo que el aspecto de la guerra cambie. Siempre es lo mismo: las
+ventajas de hoy son el descalabro de mañana. Si una columna vence
+aquí, otra sucumbe dos leguas más allá. Se les echa de un valle, y
+aparecen en otro. Creyérase que salen de debajo de las piedras, y
+que la sangre de tantas víctimas, caliente y rabiosa, aun después de
+derramada, engendra facciosos en los bosques, en los charcos de los
+barrancos, en los escombros de las masadas destruidas. Esto no es
+guerra, digo yo: es un duelo feroz, nunca suspendido. Nogueras conoce
+el terreno, pero le falta cabeza. Borso tiene intención, pero no domina
+el suelo. Sin darse de ello cuenta, conduce sus tropas por el camino
+más largo. No encuentra nunca al cabecilla que busca, sino a otro que
+le sale inesperadamente por retaguardia, cuando no le salen dos. Así no
+acabamos nunca. Si no traen un ejército muy grande para ocupar todas
+las posiciones y pueblos de importancia, a la defensiva, tapándoles
+los boquetes y pasadizos para sus correrías, matándoles de hambre y
+provocándoles a que se enzarcen unos con otros, tenemos guerra para
+un siglo. Yo me doy a pensar en esto, y digo: «¿Por qué combatimos?».
+Ahondando en el asunto, encuentro que no hay razón para esta
+carnicería. ¡La libertad, la religión!... ¡Si de una y otra tenemos
+dosis sobrada! <span class="pagenum" id="Page_70">p. 70</span>¿No le
+parece a usted?... ¡Los derechos de la reina, los de don Carlos! Cuando
+me pongo a desentrañar la filosofía de esta guerra, no puedo menos de
+echarme a reír..., y riéndome y pensando, acabo por convencerme de
+que todos estamos locos. ¿Cree usted que a Cabrera le importan algo
+los derechos de Su Majestad varón? ¿Y a los de acá los derechos de Su
+Majestad hembra?... Creo que se lucha por la dominación, y nada más,
+por el mando, por el mangoneo, por ver quién reparte el pedazo de pan,
+el puñado de garbanzos y el medio vaso de vino que corresponden a cada
+español... ¿No opina usted lo mismo?</p>
+
+<p>—Lo mismo, querido Estercuel, lo mismo. Es usted un sabio. ¡Tan
+joven, y ya profundiza!</p>
+
+<hr class="chap x-ebookmaker-drop">
+
+
+<div class="chapter pt3" id="Ch8">
+ <h2 class="nobreak g1">VIII</h2>
+</div>
+
+<p>En esto llegaban al término de la extensísima olmeda, de donde a
+los ojos se ofrecía un hermoso espectáculo: la cascada que forma el
+río Alto al precipitarse en el Guadalope. Cerros enhiestos formaban
+el marco de tan bello paisaje, que don Beltrán pudo gozar, porque
+despejada la niebla, daba el sol relieve y colorido a todos los
+objetos.</p>
+
+<p>—Si es este el lugar que esa sierva de Dios <span class="pagenum"
+id="Page_71">p. 71</span>ha elegido para sus penitencias —dijo el
+anciano—, a fe mía que ha tenido buen gusto.</p>
+
+<p>—En aquella casucha que ve usted junto a dos peñas muy grandes,
+sombreada por una encina que parece partida por un rayo, moraba estos
+días la que llamaré ermitaña trashumante.</p>
+
+<p>Aunque no estaba seguro don Beltrán de ver lo que su amigo le
+indicaba, allá se encaminó a buen paso; y antes de llegar al sitio
+designado, vieron que hacia ellos venían dos vejetes con trazas de
+pastores, por sus vestiduras de pieles más parecidos a osos que a
+personas, uno de los cuales, al llegar a donde pudo ser oído, les
+dijo:</p>
+
+<p>—Si van en busca de la maestra, vuélvanse, que no la encontrarán.</p>
+
+<p>—¿Pues dónde ha ido mi señora y capellana? —preguntole Estercuel,
+sospechando que no le decía la verdad.</p>
+
+<p>—¡Por vida de...! —exclamó Urdaneta, golpeando airado el suelo con
+su bastón—. No creí que la buena estrella que me guía en este viaje
+se eclipsara tan pronto. ¿Sabéis, buenos amigos, si ha ido muy lejos?
+Porque si supiera que no estaba distante, iría en su busca, que con mis
+setenta y tantos años, no me arredran un par de leguas.</p>
+
+<p>—Ayer de mañana —dijo el viejo— fue a la Ginebrosa con mi sobrino, y
+nos mandó que por hoy al mediodía la esperáramos en Castelserás, para
+ir juntos a donde ella disponga.</p>
+
+<p>—Entre paréntesis: ¿sabéis si vive y dónde <span class="pagenum"
+id="Page_72">p. 72</span>está Francisquín Luco, hermano de Marcela?</p>
+
+<p>—Vive, gracias a Dios..., pero del paradero no le diré, señor
+—replicó el anciano receloso, después de pensar lo que decía—. No
+sé...</p>
+
+<p>—Sí sabes, tunante; pero no quieres decirlo. ¿No estaba gravemente
+enfermo? ¿No le asistía su hermana?</p>
+
+<p>—Así parece, señor...</p>
+
+<p>—Está bien... Por ventura, ¿no tendríais en vuestra covacha algo de
+comer? Porque con el fresco de la mañana y el paseo me siento un tanto
+desfallecido.</p>
+
+<p>—Cuando les vimos venir estábamos cortando el pan para hacer unas
+pobres migas. Si los señores quieren participar de esta humildad, el
+gusto será nuestro, y la penitencia de los señores.</p>
+
+<p>—Discreto eres... Ea, preparad esas migas con prontitud, y allá va
+con vosotros mi criado para que nos avise cuándo podemos ir a matar el
+hambre.</p>
+
+<p>Al quedarse solos don Beltrán y Estercuel, sentaditos en una piedra,
+dijo el militar al prócer:</p>
+
+<p>—Se me había olvidado informar a usted de lo que en el país se
+cuenta de las idas y venidas de la monja suelta, y de la prontitud, al
+modo teatral, con que aparece y se oculta, sin que nadie pueda saber
+de dónde viene ni por dónde se escabulle. Es una conseja, y a título
+de tal se lo cuento, advirtiéndole que esta guerra ha resucitado en
+el país la Edad Media, tan bien acomodada a <span class="pagenum"
+id="Page_73">p. 73</span>su naturaleza bravía, a la rudeza de sus
+habitantes y a la muchedumbre de castillos, monasterios y santuarios
+que por todas partes se ven.</p>
+
+<p>—Ya había pensado yo eso de que por ensalmo nos encontramos en siglo
+de feudalismo. Cuente, cuente pronto esa leyendita, que quizás no lo
+sea.</p>
+
+<p>—Pues se dice, y hay quien lo jura, que el padre de esta señora
+ermitaña o peregrina era hombre muy rico.</p>
+
+<p>—¿Y a eso llama usted conseja? Puedo dar fe de las propiedades que
+poseía Juan Luco, las cuales fueron mías...</p>
+
+<p>—Y a más de la propiedad, dicen que poseía grandes cantidades de
+dinero metálico...</p>
+
+<p>—Naturalmente: era hombre que apenas gastaba el tercio de sus
+rentas... ¿Y qué más?</p>
+
+<p>—Que antes de lanzarse a pelear por Isabel, Juan Luco puso en un
+lugar seguro una olla de onzas...</p>
+
+<p>—Precaución muy acertada...</p>
+
+<p>—Y en otro lugar seguro, a bastantes leguas del primer sitio, otra
+olla de onzas.</p>
+
+<p>—Tenía propiedades en Rubielos...</p>
+
+<p>—Y en Valderrobres, y en Calanda, y en Morella... sus hijos hicieron
+lo propio. El primogénito sepultaba ollas en este monte, y el segundo
+en aquel barranco... De modo, señor mío, que por todas estas tierras
+y por parte de las del Maestrazgo, están esparcidas las riquezas de
+Luco.</p>
+
+<p>—Pues, amigo mío —dijo don Beltrán grandemente <span
+class="pagenum" id="Page_74">p. 74</span>excitado, levantándose y
+haciendo rápidos molinetes con su bastón—, no veo la conseja..., no veo
+más que un caso muy natural, la pura lógica, señor mío, el puro sentido
+común.</p>
+
+<p>—Ollas en los montes de Gúdar, ollas en el desfiladero de Vallivana,
+ollas en Mosqueruela, ollas en Beceite, ollas en Calanda, en
+Peñagolosa..., y quién sabe si aquí mismo, bajo nuestros pies, habrá un
+puñadito de oro...</p>
+
+<p>—Hijo, podrán ser más, podrán ser menos —dijo don Beltrán con
+grande animación, iluminado el rostro, brillantes los ojos, revelando
+una credulidad infantil—. El número de ollas no lo sé..., pero que
+las hay..., ¡ah!, lo creo y lo creo, como si las hubiera enterrado yo
+mismo... Y no me contradiga usted, porque cuando afirmo verdades como
+esta, no es prudente contradecirme...</p>
+
+<p>—No, si no me parece absurdo... Pero falta lo mejor de la conseja.
+Dice el pueblo, y cuando el pueblo lo dice es porque lo cree como el
+evangelio, que esta señora monja ha tomado ese empaque ermitañesco y
+peregrino para recorrer y vigilar los lugares donde yacen escondidas
+las preciosas tinajas... Sin duda conoce los sitios por inspiración del
+cielo, o por topografías milagrosas que le ha comunicado el Espíritu
+Santo...</p>
+
+<p>—No se burle usted, amigo mío, que estas cosas no son para tratadas
+con genio maleante... Y le advierto que me desagrada oír chanzas
+aplicadas a cosas y objetos de la mayor seriedad.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_75">p. 75</span></p>
+
+<p>—Serio, profundamente serio es cuanto digo, si aceptamos la ficción
+de hallarnos en plena Edad Media. Prepárese usted, si persiste en
+penetrar en el país, a ver milagros y hazañas, casos inauditos de
+santidad o sortilegio, brujas, duendes, apariciones; subterráneos
+que empiezan en un castillo y acaban en un monasterio a siete leguas
+de distancia; verá usted hombres feroces, hombres heroicos, mujeres
+endemoniadas o angelicadas; verá usted, en fin, a la hermosa y andante
+Marcela, con aliento guerrero y olorcillo de santidad, corriendo por
+montes y barrancos para tomar nota de las mil y quinientas ollas
+de Luco, y trasladar a lugar seguro y profundísimo las que fueron
+escondidas a flor de tierra en parajes muy transitados; prepárese usted
+a ver todo esto, y si algo descubriese contante y sonante, avise, señor
+don Beltrán, que no ha de faltarle un buen amigo que, armado de pala y
+azadón, le preste ayuda.</p>
+
+<p>—¡Tunante! —dijo el anciano, que gozoso se lanzaba a la confianza
+paternal—, si tuviera usted la suerte de encontrar uno de esos nidos,
+ya sé que le faltaría tiempo para ponerlo a un maldito caballo, o a
+un as indecente... No quiero dejar pasar esta ocasión sin echarle un
+réspice..., mi ancianidad me da derecho a ello... Yo le vi a usted
+anoche encenagado en el feo vicio. Paréceme que era usted el que
+tallaba...</p>
+
+<p>—Sí, señor, por mi desgracia. No sé si advertiría usted que me
+desplumaron.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_76">p. 76</span></p>
+
+<p>—Tanto como eso no reparé... Y ¿qué tal? ¿Eran atrevidos aquellos
+puntos? ¿Se traían alguna martingala?... Sea lo que quiera, un joven
+de sus méritos no debe dejarse dominar por la pasión del azar... Todo
+el dinero que caiga en sus manos guárdelo usted, hijo, guárdelo para
+sus necesidades de mañana. Piense en la vejez, que si en todo caso
+es triste y desabrida, sin dinero es suplicio grande. Pero, si no me
+engaño, oigo la voz de Tomé que nos llama, señal de que esas benditas
+migas nos esperan.</p>
+
+<p>No tardaron en llegar a la choza; y tan grande apetito se le había
+despertado al buen señor por causa de la frescura matinal, del paseíto,
+o quizás por la risueña visión de las ollas auríferas, que empezó a
+tragar migas, todavía calientes, a riesgo de abrasarse el gaznate; y
+comiendo decía:</p>
+
+<p>—Pues de tal modo me interesa avistarme hoy mismo con la venerable
+madre Marcela, para tratar con ella de un grave punto de religión,
+que si estos señores van en su busca, les acompaño... No, no puedo
+detenerme... No trate usted de disuadirme, amigo Estercuel. Ni a mí
+ni a mi criado nos arredran ladrones ni carlistas. Si usted los teme,
+vuélvase tranquilo a Alcañiz.</p>
+
+<p>—No por miedo, señor don Beltrán, sino porque mis deberes militares
+al pueblo me llaman, me veo precisado a dejarle partir solo.</p>
+
+<p>—¡Ah! La obligación es antes que la devoción. El buen militar no
+se pertenece... Pues iré con Tomé y estos ancianitos. ¿Qué distancia
+<span class="pagenum" id="Page_77">p. 77</span>me ha dicho? ¿Legua y
+media? A pie mejor que a caballo. Me conviene un poco de ejercicio...,
+sí... Aún tengo bríos para andar largo trecho. Si he de decir la
+verdad, me siento... así como rejuvenecido... Sin duda es el aire de
+esta tierra, no sé qué gozo del ánimo... Hasta parece que veo mejor...
+Sí, sí..., distingo perfectamente las pieles de estos hombres, la
+sartén, todo... No hay duda, no hay duda: veo mejor, amigo Estercuel...
+Y apostaría que después de un paseo de dos leguas, se me aclarará la
+vista notablemente... ¿Y qué tal? ¿Se conserva bien la hermana Marcela?
+No la he visto desde que era muy niña...</p>
+
+<p>Atacado de una locuacidad que no podía contener, enjaretaba
+cláusulas sin el debido enlace entre unas y otras. Como los ancianos
+no decían una palabra ni comían, pidioles cuenta don Beltrán así de
+su silencio como de su falta de apetito, y el uno de ellos respondió
+que delante de tan gran señor no era decente que ellos, infelices
+mendigos, hablasen ni comiesen. Replicó a esto el afable aristócrata
+que ante Dios, padre común del género humano, todos los hombres eran
+iguales, y que, pues allí les reunía el acaso, no se acordasen de vanas
+categorías. Si ellos eran pastores, ¿qué oficio y estado superaba
+en nobleza y antigüedad al de conducir rebaños? Pastores fueron los
+patriarcas en aquel pueblo que Dios llamó suyo; pastores fueron los
+primeros que adoraron y reconocieron al Redentor del mundo en Belén, y
+<span class="pagenum" id="Page_78">p. 78</span>este había representado
+su misión debajo del simbolismo de un pastor del gran rebaño de la
+humanidad. A esto replicaron los vejetes que no eran ellos pastores, y
+que usaban aquellos pellejos, y los peales y zurrón por ser el traje
+más adecuado a la frialdad del tiempo y a la fragosidad del país.</p>
+
+<p>—¿Pues qué sois? —dijo el prócer, suspenso, preparándose a probar de
+un queso que le ofrecían.</p>
+
+<p>—Nuestro oficio es el de sepultureros; solo que ya hemos dejado
+aquel empleo tan humilde por acompañar y seguir a la divina Marcela.</p>
+
+<p>—¡Hombre, hombre..., sepultureros, enterradores! —exclamó Urdaneta
+con asombro—. Pues también es ocupación noble, antiquísima como el
+mundo, pues desde que hubo vida, hubo muerte. Y oficio santo además,
+que en él se cifra una de las obras de misericordia. Muy bien, muy
+bien, pobrecitos. Me agrada vuestra compañía. Enterrar los muertos es
+noble misión. Dios manda que después de recoger Él el alma, se dé a la
+tierra lo que le pertenece. ¿Y quién sabe si revivirá algo de lo que
+habéis soterrado? No todo lo que entra en la tumba es muerte. La fosa
+recoge también la vida, para sustraerla a la codicia y al latrocinio...
+Y difuntos aparentes habréis sepultado, que volverán a la vida y...
+Pero de estas filosofías no entendéis vosotros... Y dime otra cosa:
+desde que os encontré, tú solo hablas. ¿Por qué no hemos oído la
+palabra de tu compañero?</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_79">p. 79</span></p>
+
+<p>—Porque se le traba la lengua, y no quiere que le oigan...</p>
+
+<p>—Es tartamudo..., mudo quizás. Ya sabe Marcela lo que hace,
+rodeándose de hombres callados, silenciosos, y cuando no, discretos
+como tú... Pero no perdamos más tiempo y pongámonos en camino.</p>
+
+<p>Levantose ágil, sin esfuerzo, con sorpresa de todos, y emprendiendo
+la bajada al camino, al llegar a este se despidió del amable militar
+que, deseándole un regreso pronto y feliz, le dijo:</p>
+
+<p>—Ya ve el señor don Beltrán cómo va resultando lo que anunció.
+Edad Media, pura Edad Media... Supongo que le veremos esta noche por
+Alcañiz, y ya nos contará, ya nos contará... Quiera Dios que no tenga
+un mal encuentro... Es posible que pueda ir y volver felizmente, porque
+no hay noticias de que ahora anden por aquí partidas. Abur. A sor
+Marcela le da usted expresiones de mi parte, y que se deje ver... De
+buena gana me ajustaría yo en su cuadrilla de sepultureros, si supiera
+que tocaban a desenterrar... lo que usted sabe. Adiós.</p>
+
+<p>Internándose a buen paso en la olmeda que conduce a la ciudad, decía
+para su sayo el bueno de Estercuel:</p>
+
+<p>—El pobre señor, reverdecido en la niñez, está ya en su elemento: la
+conseja.</p>
+
+<hr class="chap x-ebookmaker-drop">
+
+
+<div class="chapter pt3" id="Ch9">
+ <p><span class="pagenum" id="Page_80">p. 80</span></p>
+ <h2 class="nobreak g1">IX</h2>
+</div>
+
+<p>Anduvo larguísimo trecho don Beltrán por la margen izquierda del
+Guadalope, sin encontrar alma viviente, pues los caseríos estaban
+desamparados, los ganados dispersos, hombres y animales del campo
+huidos; y tan presuroso iba por el estímulo de su deseo, que al
+llegar a las primeras casas de una aldea desierta, que debía de ser
+Castelserás, faltáronle súbitamente al anciano los alientos, y,
+dejándose caer en un montón de tierra, cercano a un edificio en ruinas,
+dijo a sus acompañantes:</p>
+
+<p>—Amigos míos, la costumbre de andar en coche y a caballo ha quitado
+vigor a mis piernas para la marcha peonil. Vosotros andáis sin
+fatigaros muchas leguas; yo no puedo. Me rindo, me entrego, y pues ya
+no estamos lejos del punto en que os habíais citado con la maestra, os
+ruego que os adelantéis y le digáis que la espero aquí. Recordad bien
+mi nombre: don Beltrán de Urdaneta..., el grande amigo y en otro tiempo
+protector de su padre...</p>
+
+<p>Obedecieron sin chistar los dos viejos, y don Beltrán se quedó
+solo con su criado Tomé, el cual no hacía más que mirar a los cerros
+cercanos, pues en todos veía fusiles y boinas su medrosa fantasía. Por
+indicación <span class="pagenum" id="Page_81">p. 81</span>suya, se
+pusieron al abrigo y sombra de aquellas derrumbadas paredes, de donde
+vigilarían quién viniera, y podrían esconderse si alguien se acercaba
+con malas intenciones. Allí se aguantaron como unas dos horas, y ya se
+impacientaba Urdaneta, cuando Tomé, encaramado en lo más alto, avisó
+la presencia de cuatro personas por el camino que habían seguido los
+viejos al partir.</p>
+
+<p>—¿Ves a los enterradores? —preguntó don Beltrán ansioso—. ¿Viene con
+ellos una señora vestida de monja o penitente?</p>
+
+<p>—A los dos abuelicos les veo —dijo Tomé cuando las cuatro figuras se
+aproximaron—; pero no viene ninguna monja, sino dos chicarrones, uno de
+ellos con sotana.</p>
+
+<p>—¿Estás bien seguro del sexo?</p>
+
+<p>—¿Qué dice, señor? Si llama sexo a lo de distinguir de machos y
+hembras, apuesto lo que quiera a que los cuatro son hombres naturales,
+aunque al uno no le veo piernas por bajo, y por arriba le veo melenicas
+como las de una imagen.</p>
+
+<p>—¿Luego, viene uno con faldas?</p>
+
+<p>—Mas no son faldas ni andares de mujer, sino al modo de las túnicas
+de los santos, que siempre usaban sayos o camisones.</p>
+
+<p>Y cuando ya cerca estaban, y amo y criado salían de las ruinas para
+recibirles, gritaba Tomé:</p>
+
+<p>—Señor, señor, déjeme que me santigüe, pues esto no es cosa buena.
+El de los pelos largos y caídos es un muchacho amujerado, o mujer
+hombruna. No he visto otra...</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_82">p. 82</span></p>
+
+<p>—Cállate, simple, y ponte a un lado, que ya veo los bultos, y me
+adelanto a saludar a Marcela.</p>
+
+<p>Del grupo que venía se adelantó una figura híbrida, tal y como
+Tomé la había descrito, para mozuelo, de regular talla, para mujer,
+de elevada estatura, con gallarda medida y proporción. Era el rostro
+moreno, tan tostado del sol que semejaba al de una efigie secular, cuyo
+barniz el tiempo ha oscurecido dándole una dulce pátina con vislumbre
+sienoso. Los ojos grandes, negros y de profundo mirar, parecían de
+hombre; de la nariz para abajo representaba cara fina y graciosa de
+hembra, con hoyuelos en la barbilla, y un poco de vello sobre el labio
+superior. El cabello caía en guedejas que parecían plumas de un gallo
+negro, y le llegaba hasta mitad del pescuezo, no menos tostado que
+el rostro, partiéndose en la frente en dos ramales espesos, ásperos,
+que a veces nublaban los ojos. Era el cuerpo de rara perfección, más
+de hombre que de mujer, pues no se le notaba elevación de seno, el
+cual era poco más alto que el de un mocetón de anatomía lozana; bien
+sentidas la cintura y cadera, sin ofrecer curvas muy acentuadas; el pie
+desnudo, de color de antigua caoba, de mediano tamaño tirando a grande,
+y admirable forma. El sayal que vestía, de parda estameña, remedaba un
+hábito franciscano de varón; pero sin cuello ni capucha, sencillísimo
+en su traza y corte, ceñido a la cintura por una cuerda. Llevaba el
+rosario en un bolsillo interior <span class="pagenum" id="Page_83">p.
+83</span>del hábito, que se manifestaba en una abertura vertical al
+costado derecho, por donde asomaba la cruz de bronce. Mayor bulto que
+el de un rosario se veía por aquella parte; señal de que guardaba
+otros objetos, pañuelo quizás, o sabe Dios qué. La voz, que hirió con
+sonoro timbre los oídos de don Beltrán en el primer saludo, era como de
+muchachón tierno, engrosada por la constante vida al aire libre en país
+tan frío.</p>
+
+<p>—Aunque estos pobrecitos —dijo Marcela— equivocaron el nombre...
+<i>don Jordán de la Beltraneta</i>, ya comprendí, señor, ya comprendí
+que era usted... el que me hacía el honor de venir en mi busca...</p>
+
+<p>—El honor es mío —replicó don Beltrán descubriéndose y besándole
+la mano—, y me considero feliz de ver en opinión de santa a la que
+conocí muy niña... Ya, ya se anunciaba en ti la mujer superior,
+extraordinaria, eminente...</p>
+
+<p>—Mi padre le apreciaba a usted de veras —dijo Marcela, cortando
+el elogio—. Diez días antes de morir, estuvo a verme, y hablamos
+largamente del señor don Beltrán...</p>
+
+<p>—Siempre tuve a Luco —afirmó el prócer, gozoso de lo que la ermitaña
+relataba— por uno de mis mejores amigos. De cuantas personas he tratado
+en mi larga vida, Juan fue la única en quien vi siempre la flor de la
+gratitud... Sabrás que a mi protección decidida debía tu padre los
+adelantos de su fortuna.</p>
+
+<p>—Lo sé..., y a gala tenía el recordarlo... A mis hermanos y a
+mí, cuando éramos niños, <span class="pagenum" id="Page_84">p.
+84</span>nos enseñó a pronunciar con el mayor respeto el nombre para
+él sagrado de Urdaneta... Pero si el señor gusta de que hablemos, no
+piense en volverse hoy a Alcañiz, y véngase conmigo despacito hacia
+Calanda, que allí tengo un alojamiento regular, y podré darle algo de
+comer, siempre dentro de la suma pobreza.</p>
+
+<p>Tan grata impresión habían hecho en el viejo las primeras palabras
+de la santa mujer, que a todo se prestó gozoso, diciendo:</p>
+
+<p>—Vamos a donde tu quieras, hija mía, y no creas que me asusta
+la pobreza, pues he llegado a una situación en que mi gloria es
+confundirme con los humildes.</p>
+
+<p>—Vivimos en el reino de la desventura —dijo la ermitaña con
+austeridad—. El azote de Dios nos ha reducido a todos, ricos y pobres,
+hombres y mujeres, a las extremidades de la miseria, y a no contemplar
+más que espectáculos de tristeza y dolor. El Señor nos ha castigado,
+nos somete a prueba durísima, desatando a la muerte para que a ninguno
+perdone. Convenzámonos de que solo breves instantes nos faltan para
+morir, que no hemos muerto ya por cansancio de la misma muerte, la cual
+apenas tiene aliento para cortar tantas vidas, y preparémonos...</p>
+
+<p>—¡Oh!, sí, bien preparado estoy para cuando el Señor lo
+disponga...</p>
+
+<p>—Y en tanto, fortifiquemos nuestras almas con la paciencia, con el
+gusto de las adversidades, y celebremos las miserias y trabajos que
+Dios nos envía.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_85">p. 85</span></p>
+
+<p>—Sí, hija mía, sí..., celebrémoslo..., ya lo creo que debemos
+celebrarlo...</p>
+
+<p>—«Que los trabajos bien recibidos y padecidos son, no solo útiles
+y provechosos, sino gustosos y sabrosos...». Esto lo dijo Nicéforo,
+famoso historiador de la Iglesia, y añade que «son las adversidades
+satisfactorias por los pecados, y que los trabajos nos son útiles por
+la fortaleza que con ellos se gana». Tengamos fortaleza, señor don
+Beltrán, esta soberana virtud con que se vencen y encadenan todos los
+males.</p>
+
+<p>—Sí, hija mía, sí —murmuraba don Beltrán—: seamos fuertes; yo busco
+la fortaleza.</p>
+
+<p>—Dice el bienaventurado san Juan Crisóstomo que «aunque los trabajos
+no tuvieran otro bien sino el que el hombre recibe con su paz y quietud
+cuando le faltan, fueran de muy grande codicia».</p>
+
+<p>—Paz y quietud anhelo yo, hija mía, y por Cristo, que a mis años,
+después de tantas luchas y fatigas, bien merezco el reposo. Y bien
+podría el Señor concedérmelo en premio de la valentía con que me lanzo
+por estos caminos infestados de facciosos. Cierto que cuando Dios nos
+manda trabajos y adversidades, ya se sabrá por qué lo hace; pero yo te
+digo ahora, con perdón de san Nicéforo y san Crisóstomo, que maldita
+gracia me hará que nos salga una partida carlista y nos deje en cueros,
+o nos apalee o nos fusile...</p>
+
+<p>—El verdadero cristiano —dijo la beata peregrina con acento
+firme, sin afectación— no solo no teme la muerte, sino que la desea.
+<span class="pagenum" id="Page_86">p. 86</span>Cuenta Eusebio en
+sus <i>Anales</i> que, «hallándose los mártires presos, se alegraban
+creyendo habían de ser los primeros que sacasen a martirizar, y cuando
+no lo eran, quedaban desconsolados».</p>
+
+<p>—Pues perdóneme el señor Eusebio...</p>
+
+<p>—Y testifica san Jerónimo que el bienaventurado mártir San Ignacio
+escribía a Siria desde Roma, poco antes de su martirio: «Plegue a Dios
+dejarme gozar de las bestias que me esperan, las cuales ruego a Dios
+no sean perezosas en acabarme...». Donde dice bestias ponga usted
+facciosos, y digamos: «Que vengan cuando quieran y nos despedacen».</p>
+
+<p>—Todo eso es muy bonito para dicho; pero como no soy santo, quiero
+guardar de esos los pocos días que me restan.</p>
+
+<p>Si en los comienzos del diálogo le encantaba a Urdaneta la
+firmeza de convicciones de la peregrina y el severo estilo con
+que la manifestaba, en cuanto empezó a largar citas se le hizo un
+poquito indigesta tanta sabiduría. Preguntole que cómo podía repetir
+sin equivocarse tantos textos de sagradas escrituras, y ella lo
+explicó por su prodigiosa retentiva... Lo que una vez leía, no se le
+olvidaba nunca, y su mente era una copiosa biblioteca, que usaba sin
+compulsar libros. Por todo el camino fue soltando citas de Santos
+Padres y de Aristóteles y Cicerón; que también éranle familiares los
+filósofos profanos; y ya un tanto mareado don Beltrán con aquella
+erudición fastidiosa, diputó a <span class="pagenum" id="Page_87">p.
+87</span>Marcela por un papagayo con más memoria que discernimiento.
+Aún era muy pronto, dice el narrador, para formar juicio tan
+terminante.</p>
+
+<p>Al caer de la tarde, llegaron a un barrio de Calanda, y metiéronse
+en una casa mísera, donde había tres mujeres. Ningún hombre se veía en
+todo el lugarejo ni en sus contornos. Impaciente por hablar largo y
+tendido con la santa, hizo propósito don Beltrán de plantear el magno
+asunto en cuanto despacharan la frugal cena de alubias, habas secas, y
+algunos huevos con que fue regalado el huésped. Como si le leyese en
+el rostro los pensamientos, Marcela se apartó con él a un rincón de la
+estancia donde comieron, que era un establo de cabras, sin cabras, y le
+dijo:</p>
+
+<p>—Señor don Beltrán, antes que empiece yo mis rezos y ejercicios
+de la noche, y antes que usted se acueste..., que para su nobleza se
+prepara en esta humildad un mediano lecho..., quiero que me diga la
+razón de venir a buscarme.</p>
+
+<p>—Precisamente, ya se me hacía tarde el hablarte de ello, hija
+mía. Bien comprenderás que si a los riesgos de este viaje expongo mi
+ancianidad, es porque me lo exige mi decoro, el honor de mi nombre.</p>
+
+<p>—Fuertes razones habrá sin duda. Recordando lo que del señor don
+Beltrán me dijo mi padre días antes de morir, lo que después oí a mis
+hermanos, y agregando lo que yo con mi pobre entendimiento adivino,
+creo conocer los motivos que acá le traen.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_88">p. 88</span></p>
+
+<p>—Si lo has adivinado, me libras del enojo de decírtelo, que nunca
+es grato en un hombre de mi condición declarar sus necesidades. Pero
+algo debo referirte como antecedente necesario, y es el hecho de las
+desavenencias graves con mi familia, y mi resolución de abandonar la
+casa de Idiáquez para no volver más a ella.</p>
+
+<p>—También sé algo de esto —indicó la monja con un dejo de severidad—,
+y creo que no es toda la culpa de su familia, que buena parte de esa
+culpa debe recaer sobre usted.</p>
+
+<p>—Puede..., sí..., no digo que no... —murmuró desconcertado el
+aristócrata.</p>
+
+<p>—Porque las opiniones están conformes en que ha sido usted un
+pródigo incorregible... Ha derramado su caudal, y ahora se encuentra
+escaso y pobre. <i>Effusus es sicut aqua; non cresces</i>. «Derramado
+has como agua, y ahora no creces, no tienes», como Jacob dijo a su hijo
+Rubén.</p>
+
+<p>—Sí, es cierto..., sí... Pero yo, por mi condición generosa y
+mis hábitos de gran señor, desprecié siempre las cosas menudas,
+pequeñas...</p>
+
+<p>—¡Ah!, señor mío. El <i>Eclesiástico</i> lo ha dicho: <i>qui spernit
+modica, paulatim decidet</i>. ¿Lo entiende usted?</p>
+
+<p>—Hija mía, se me ha olvidado el poco latín que aprendí en mi niñez.
+Háblame castellano. En castellano neto te digo yo que si es cierto
+que con mi conducta he creado mis daños, ya no estoy en edad de
+corregirme.</p>
+
+<p>—Bueno, señor. Pues mi padre...</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_89">p. 89</span></p>
+
+<p>—Tu padre era, el primer año del siglo, un triste labrador que
+llevaba en arrendamiento algunas de mis tierras de Rubielos. Gran
+trabajador, gran economizador, el año 6 y 7 quiso comprarme las piezas
+de Alventosa y el prado grande de Alcalá de la Selva. Aunque otros
+compradores me ofrecían mayores ventajas, preferí a Luco, atento a su
+honradez y puntualidad... Además, siempre me ha gustado dar la mano al
+pobre. Quedose tu padre con aquellas tierras, luego con otras, y me
+pagaba cuando quería, a su comodidad y desahogo. ¿Es esto cierto?</p>
+
+<p>—Usted lo ha dicho.</p>
+
+<p>—Siempre se mostró tu padre agradecido, y andando los años recibí
+pruebas de la estimación en que me tenía.</p>
+
+<p>—Y jamás le apremió usted por los pagos; lo sé.</p>
+
+<p>—Ni le cobré intereses por las demoras. Al fin, todo fue suyo; todo
+no: quedábanme el monte de Mosqueruela y la encomienda de Forniche
+Bajo. El 22, hallándose ya Luco en gran prosperidad, por las buenas
+cosechas y el gran incremento que tomó el comercio de lanas, propúsele
+yo que me comprase la Mosqueruela para que redondeara sus estados, y
+accedió a ello, abonándome, desde aquella fecha hasta el 30, los plazos
+en que estipulamos la venta. El año 33, hallándome yo algo escaso de
+fondos, y necesitando reunir una cantidad para atenciones ineludibles,
+pedí a Luco dos mil duros, que me mandó al instante. Le cedí las rentas
+de la encomienda <span class="pagenum" id="Page_90">p. 90</span>por
+todo el tiempo que fuese preciso hasta la extinción de la deuda, y al
+año siguiente le propuse que me comprase también esta finca por la
+valoración que estimara justa. Todo se hizo conforme a la voluntad
+de tu padre, pues ni yo regateaba con un hombre de tanta rectitud y
+conciencia, ni me hallaba en aquellos días, por el aturdimiento que me
+causaban mis afanes, en disposición de apreciar mil duros más o menos
+en mis negocios. Siempre he sido lo mismo. Pasó tiempo; y hace unos
+meses, hallándome yo en Villarcayo, recibo una carta de tu padre en que
+me decía: «Sé, mi noble señor, que por ruindad de los tiempos y caídas
+de grandezas humanas, se halla vuecencia en escasez de posibles. Si
+con el caudal no ha perdido la memoria, recuerde que está en el mundo
+Juan Luco, y no olvide que Juan Luco no consentirá jamás que padezca
+necesidades el primer caballero de Aragón».</p>
+
+<p>—Así es —dijo la venerable, afirmando además con una fuerte
+cabezada.</p>
+
+<p>—Y hay más, hay más, mi bendita señora —dijo don Beltrán, animándose
+con el buen giro que, a su parecer, llevaba el asunto—. En la misma
+carta decía: «Recuerde también el señor, y medite y repare que lo
+de la encomienda fue más ventajoso para un servidor que para usía;
+y pues Juan Luco ha sido siempre nombre de conciencia, hoy, ante la
+verdad clara de sus adelantos de fortuna, quiere serlo en mayor grado,
+y más que condenarse por egoísta, le gustará salvarse por <span
+class="pagenum" id="Page_91">p. 91</span>generoso. Dígame, pues, el
+señor lo que necesita, y no será él tan presuroso en decírmelo como
+yo en acudir a su alivio y remedio...». Esto decía; y si lo dudas,
+angélica mujer, aquí tengo la carta...</p>
+
+<p>—No, no ha de mostrármela, señor, pues lo que me dijo pocos días
+antes de morir mi honrado padre es en todo conforme con el tenor de su
+carta.</p>
+
+<hr class="chap x-ebookmaker-drop">
+
+
+<div class="chapter pt3" id="Ch10">
+ <h2 class="nobreak">X</h2>
+</div>
+
+<p>Echó don Beltrán de su pecho, al oír tan consoladoras palabras,
+un suspiro muy grande, con el cual pareció que se descargaba de la
+pesadumbre de sus desdichas. Miró a la santa mujer, que al suelo
+inclinaba sus ojos sin expresar nada inteligible en su rostro de
+imagen. Pasado un ratito, la penitente miró al anciano, diciéndole:</p>
+
+<p>—Hora es ya de que descanse, señor. Por lo que hemos hablado, bien
+se ve que sus deseos son recoger ahora lo que le ofreció mi buen padre,
+cosa en verdad fácil en mi voluntad, pero dificultosa en la de Dios,
+que es quien dispone las cosas... No puedo darle tan pronto respuesta
+terminante, pues ello ha de ser muy pensado... Recójase ya, duerma
+tranquilo, y persuádase de que, puesto su negocio en mis manos, de la
+hija de Juan Luco <span class="pagenum" id="Page_92">p. 92</span>no ha
+de recibir usted ningún mal, sino todos los bienes posibles...</p>
+
+<p>Aunque estas vaguedades no satisfacían por entero las aspiraciones
+de Urdaneta, que quería solución clara y pronta, fuese el hombre al
+camastro esperanzado de lograr sus deseos, y confiando en la rectitud
+de la piadosa mujer. Pasó la noche intranquilo, febril, y en los breves
+ratos de sueño creíase transportado a subterráneos de castillos o
+criptas de iglesias, donde entre tumbas aparecían ánforas llenas de
+plata y oro. Despabilado desde el alba, llamó a su criado para que le
+vistiera, y Tomé se apresuró a comunicarle lo que pensaba de la monja y
+de su compañía.</p>
+
+<p>—Señor, debe de ser santa, porque la vi de rodillas más de cuatro
+horas, y a ratos echábase de cara contra el suelo, y parecía que
+lloraba con ansias y congojas... Las otras dos mujeres también
+rezaban, aunque con menos figuraciones; para mí son, como ella, monjas
+desperdigadas y salidas... Yo no pude dormir del frío que hacía en
+aquella cuadra, y viendo tanto rezar, me puse a hacer lo mesmo...
+Los viejos y el muchacho, arrimaícos a la pared, roncaban como
+<i>tocinos</i>.</p>
+
+<p>Algo más hablaron, comunicándose uno a otro sus impresiones.
+Sirvieron a don Beltrán las mujeres, muy de mañana, unas sopas que le
+supieron a gloria; y mientras las comía, díjole Marcela que habían de
+ponerse en camino inmediatamente, tomando ella con los viejos la vuelta
+de Alcañiz, por el <span class="pagenum" id="Page_93">p. 93</span>vado
+de Torrevelilla, pues tenían que hacer en La Codoñera. Irían juntos,
+y por el camino sabría don Beltrán lo que ella durante la noche había
+pensado del asunto que al señor tanto interesaba. Para resolverlo del
+modo más equitativo había pedido luces a la divina ciencia, recogiendo
+su espíritu en oración muy fervorosa, a fin de que Dios la iluminase
+en el fallo que tenía que dar sobre cosas temporales. Ya empezaba el
+caballero a inquietarse con estos requilorios, y se dispuso a seguir a
+la santa, ansioso de escuchar pronto su resolución o sentencia.</p>
+
+<p>Salieron por un caminejo de herradura en busca del Guadalope, que
+por aquella parte corre encajonado entre cerros de mediana elevación.
+Marcela echó por delante a Tomé y a los dos viejos sepultureros, y
+abordó con don Beltrán el magno asunto:</p>
+
+<p>—Ante todo, hija mía —le preguntó el prócer—, ¿por qué tus viejos, a
+quienes no sé si llamas discípulos o hermanos, llevan el uno una pala y
+el otro un azadón?</p>
+
+<p>—Se han impuesto por penitencia dar sepultura a todos los muertos
+que dejan tras de sí, en sus horribles batallas, liberales y absolutos.
+Por mi cuenta han enterrado ya como tres centenares de cristianos
+sacrificados a la ambición de los poderosos del mundo.</p>
+
+<p>—Dios les reciba en su santo seno... Pues satisfecha esta
+curiosidad, dime ahora si debo esperar que des cumplimiento a la
+voluntad <span class="pagenum" id="Page_94">p. 94</span>de tu padre
+con respecto a mí; voluntad bien manifiesta...</p>
+
+<p>Con el estilo severo y elegante, aunque algo duro, que en la
+lectura de autores místicos se había asimilado, interpolando a cada
+instante citas de Santos Padres, o de Aristóteles, Longinos, Teofrasto
+Paracelso y otros sabios, como si con la erudición quisiera dilatar
+la sentencia, Marcela manifestó a don Beltrán que ella y su hermano
+Francisco ignoraban dónde yacían soterrados los dineros que Juan Luco
+poseía en sus últimos años, salvo una pequeña parte, cuyo paradero,
+por declaración de su difunto hermano Cinto, conocían; que si lograban
+descubrirlo y asegurarlo todo, cosa en extremo difícil en medio de
+guerra tan desaforada, lo destinarían a una obra de gran piedad,
+como desagravio al Señor por las iniquidades que las dos catervas de
+combatientes cometían. Ambos hermanos estimaban, en su acendrada fe,
+que dar tal destino a las riquezas de su buen padre sería muy grato
+al alma de este, ya se hallara purgando sus pecados en el fuego del
+purgatorio, ya estuviese gozando de Dios, purificada y limpia por su
+martirio. Francisco Luco, el menor de los tres hermanos varones, había
+hecho en Huesca sus estudios eclesiásticos y disponíase a recibir
+las sagradas órdenes, cuando el maldito clarín de guerra, hiriendo
+sus oídos y despertando en él ideas de bandería política y militar
+soberbia, le indujo a tomar parte por Isabel en la querella. <span
+class="pagenum" id="Page_95">p. 95</span>Breves y no felices habían
+sido sus hazañas. En Liria fue verdadero milagro que no le fusilaran.
+Dolorosos meses de cautiverio pasó en Cantavieja. Libre al fin, al
+tomar la plaza el general San Miguel, volvió a sus anhelos pacíficos
+y religiosos, horrorizado de la guerra y de sus desmanes. Ante su
+hermana, y cuando esta le asistía en la penosísima enfermedad contraída
+en el cautiverio, hizo voto solemne de consagrar a Dios su vida, su
+alma y sus pensamientos todos, sin esperar a ponerlo por obra más que
+el tiempo que se tardase en preparar las cosas materiales para tal
+objeto...</p>
+
+<p>—Según eso —dijo don Beltrán, a quien con tales santidades se le
+había puesto un nudo en el tragadero, sin poder pasarlo para arriba ni
+para abajo—, tu hermano entra en religión..., cantará misa, profesará
+en alguna orden. ¿Dónde está? Yo quiero verle.</p>
+
+<p>—Espérese usted... Francisco abrazará la vida religiosa; pero antes
+de abandonar el siglo, tratará de descubrir y reconocer dónde se hallan
+los bienes en especie que padre trató de sustraer a manos rapaces.
+Y con decir yo esto, y usted con oírlo, queda manifestado, y por
+usted comprendido, que hemos de destinar íntegro todo el caudal a una
+fundación santa para religiosos de la orden que abrace mi hermano, y a
+restaurar mi glorioso convento de Sijena.</p>
+
+<p>—Si, hija mía, sí..., comprendido. Pero dime: tu hermano, ¿dónde
+está?</p>
+
+<p>—Hállase actualmente no muy lejos de <span class="pagenum"
+id="Page_96">p. 96</span>nosotros, atento a lo que a él y a mí tanto
+nos importa; mas para poder efectuar sus pesquisas en materia tan
+delicada, ha sido menester que se agregase a una columna cristina,
+so color de prestar en ella servicio hospitalario, que otro servicio
+más guerrero no podría, por causa del grave detrimento de su
+naturaleza...</p>
+
+<p>—No dudo —dijo don Beltrán, cuya vista se nublaba, como si su pena
+fuera una oscurísima visera que le caía sobre los ojos— que si yo
+hablara con Francisco Luco en tu presencia, ambos me darían prueba
+inequívoca de su piedad y rectitud declarándome poseedor de aquello que
+vuestro padre determinó que había de ser mío.</p>
+
+<p>—Si he de hablar al señor de Urdaneta con la plenitud de verdad
+que se desborda de mi corazón —dijo la monja endulzando la voz—, le
+manifestaré que me parece impropio de sus años ese insano apetito de
+las riquezas. En la declinación de la vida, y cuando Dios ha decretado
+ya para usted el acabamiento de todas las vanidades, ¿para qué quiere
+lo que no puede disfrutar, ni tiempo tiene para ello?</p>
+
+<p>—Hija mía, es que...</p>
+
+<p>—Padre y señor mío, la verdad sale de mis labios sin que mi respeto
+pueda contenerla. Debiera usted despreciar las riquezas, y alegrarse
+de haberlas perdido, renegar de que quieran dárselas..., y apartarlas
+de sí como se aparta la podredumbre pestilente... Sí, don Beltrán. Le
+recordaré, por si lo <span class="pagenum" id="Page_97">p. 97</span>ha
+olvidado, lo que dijo san Pablo a los hebreos: «Con alegría recibisteis
+el robo que os hicieron de vuestros bienes». Sí, sí, noble señor:
+alégrese de que le hayan despojado de sus tesoros, y no ansíe volver a
+poseerlos...</p>
+
+<p>—Pero...</p>
+
+<p>No siguió el desgraciado anciano porque tanto se le apretaba el nudo
+en su gaznate, que no pudo articular palabra.</p>
+
+<p>—Llénese, señor —continuó la santa con inspirado acento—, llénese de
+aquella virtud de la paciencia, que todas las demás virtudes compendia
+y resume; ame la pobreza, bendiga el no tener...</p>
+
+<p>—¡Pero..., hija mía... —pudo decir al fin don Beltrán—, si a
+paciencia nadie me gana!... Verás... Yo...</p>
+
+<p>—Tertuliano dijo: «Donde Dios se halla, allí está con Él su amiga la
+paciencia».</p>
+
+<p>—Estamos conformes... Tertuliano y yo...</p>
+
+<p>—Y no olvide, señor don Beltrán, que la divina sabiduría dice en
+los <i>Proverbios</i>: <i>O viri, ad vos clamito, et vox mea ad filios
+hominum... Mecum sunt divitiæ</i>... fíjese don Beltrán... <i>mecum
+sunt divitiæ, et gloria, opes superbæ, et justitia</i>.</p>
+
+<p>—<i>Oh, la mère latiniste!... Je n’aime pas les gens qu’à tout
+propos crachent du grec et du latin</i>.</p>
+
+<p>—Señor don Beltrán, yo no sé francés.</p>
+
+<p>—Señora doña Marcela, yo no sé latín. Hablemos en la lengua
+común.</p>
+
+<p>—Pues en ella digo a usted que ya estamos <span class="pagenum"
+id="Page_98">p. 98</span>en el Guadalope, y que callemos ahora,
+pues juntamente con Tomé y con los ancianos que allí nos esperan,
+emprenderemos el paso del río por aquel vado.</p>
+
+<p>Efectuado sin contratiempo alguno el tránsito de una orilla a otra,
+siguió don Beltrán por aquellos vericuetos, taciturno y suspirante;
+a su lado iba la peregrina, rosario en mano, rezando al compás de la
+marcha lenta y fatigosa, al través de montes solitarios, en un día
+destemplado y brumoso. En las agrias pendientes solía don Beltrán
+pedir descanso, para dar paz a sus viejos pulmones; y en una de estas
+paradas, sor Marcela, terminando presurosa entre dientes una oración,
+dijo a su aburrido acompañante:</p>
+
+<p>—No se aparta de mi pensamiento, noble señor mío, su malestar, y
+me duele mucho la desazón que yo, sin quererlo, haya podido causarle.
+Pensando vengo en ello todo el camino y pidiendo a Dios que me ilumine
+con nuevas ideas. De Dios debe de venir, pues, esta que ahora me asalta
+y que voy a manifestarle.</p>
+
+<p>—Sí, sí, de Dios tiene que ser, si es idea benéfica y compasiva.
+Dímela pronto.</p>
+
+<p>—Pues he venido pensando por el camino que usted, en su vejez,
+triste occidente de una vida de prodigalidad y disipación, habrá
+contraído deudas, compromisos que afectan al honor y buena fama, y que
+desea, como caballero cristiano, darles cumplimiento antes de morir.</p>
+
+<p>—Hija de mi alma, hablas ahora como la misma sabiduría —dijo
+don Beltrán casi llorando, <span class="pagenum" id="Page_99">p.
+99</span>con ganas de arrodillarse y besarle la orla del sayal.</p>
+
+<p>—Bien, señor: se le dará lo que necesite para ese objeto, siempre
+que adopte vida religiosa consagrando a la oración y penitencia el
+resto de sus días. No tiene usted que inquietarse de cosa alguna,
+tocante a la providencia de pagar sus deudas y demás negocios mundanos.
+Mi hermano, o persona que él designe, se encargará de dejar bien puesto
+el nombre de Urdaneta, pagando lo que usted debe a los hombres. Usted
+no vivirá ya más que para pagar a Dios lo que a Dios debe...</p>
+
+<p>—Pero... entendámonos... La idea no es mala... Explícate mejor...
+¿Antes de que me arregléis mis asuntillos, tengo yo que meterme
+fraile?...</p>
+
+<p>—Parece como que le espanta la idea.</p>
+
+<p>—No, hija, no... Es que..., verás...</p>
+
+<p>—¿Se tiene acaso por persona más alta que el emperador y rey Carlos
+V?</p>
+
+<p>—No, no... ¡Si estamos conformes! Yo deseo el descanso, la
+abdicación —dijo don Beltrán, pensando que le sería forzoso dar su
+asentimiento, a fin de obtener después, por concesiones graduales,
+sentencia más conforme con sus deseos—. No tengo inconveniente...
+La idea es muy acertada... Pero hazte cargo de la urgencia de mis
+compromisos.</p>
+
+<p>—Sobre toda urgencia está la de dar a las riquezas de Juan Luco la
+aplicación santísima que hemos determinado.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_100">p. 100</span></p>
+
+<p>—Aprobado, hija, aprobado... La idea es grandiosa, ea...</p>
+
+<p>—En obsequio al amigo y protector de mi padre, hacemos una sola
+excepción, consagrando parte de aquel caudal a poner en salvo la buena
+fama de un noble caballero aragonés. Pero esto no ha de hacerse sino
+consagrando usted previamente los días que le restan de vida a la
+oración y a la austeridad. Hágase cuenta de que Dios le da el miserable
+puñado de metal que necesita para cumplir con el mundo; pero no se
+lo da por su linda cara, sino a cambio de su alma, en lo cual se ve
+patente la bondad infinita.</p>
+
+<p>No pudo dar por de pronto el pobre viejo más respuesta que un
+suspiro hondísimo, y afilando luego su entendimiento, trató de
+acomodarse al deseo y planes de la monja con eufemismos delicados
+y vaguedades ingeniosas. En esto se les pasó una parte del camino,
+y cuando ya avistaban la villa que lleva el nombre de La Codoñera,
+situada en escarpado y agreste sitio, vieron venir por el sendero abajo
+a Tomé despavorido y dando voces. Detrás de él venían los ancianos con
+menos veloz carrera. Diole a don Beltrán un vuelco el corazón, viéndose
+cercano a un gran peligro, y así era ciertamente, pues Tomó gritaba:</p>
+
+<p>—¡Los facciosos, los facciosos!</p>
+
+<p>No pasaron dos minutos sin que se viera justificado el pánico del
+chico: a la revuelta del sendero aparecieron seis hombres, luego más
+de veinte, y por fin un tropel de ellos, que a don Beltrán se le
+antojó un grande ejército. <span class="pagenum" id="Page_101">p.
+101</span>Todos traían boina y fusil, vestidos con un abigarrado
+desorden enteramente contrario a la uniformidad.</p>
+
+<p>Suspenso y aterrado, Urdaneta apretó los dientes, mascullando
+palabras airadas y blasfemantes; los ancianos temblaban; Marcela,
+impávida, se plantó en medio del sendero, mirándoles con sosegado
+rostro, en que no pudo advertirse la menor alteración.</p>
+
+<hr class="chap x-ebookmaker-drop">
+
+
+<div class="chapter pt3" id="Ch11">
+ <h2 class="nobreak g1">XI</h2>
+</div>
+
+<p>Llegó de los primeros al grupo de los peregrinos un mocetón con
+zamarra, chaleco rojo y polaina de cazador, blandiendo una espada,
+único signo de su jerarquía de oficial en aquella desalmada tropa, y
+encarándose con Marcela, descompuesto y groserote, le gritó con acento
+valenciano:</p>
+
+<p>—En Mas Nuevo, la semana pasada, te dije que si te volvía a
+encontrar, te fusilaba. ¿A dónde vas ahora? ¿Quién es este vejete?</p>
+
+<p>—Voy a donde quiero, y este señor es quien es.</p>
+
+<p>—No eches roncas... Mira, Marcela, que me tienes frita la sangre, y
+si te desmandas, cumplo lo que te ofrecí.</p>
+
+<p>—¡Salvaje, mátanos cuando quieras! —exclamó Marcela con tanto desdén
+como energía, lanzando un rayo de sus ojos—. Delante de las bocas
+de tus fusiles, yo y estos <span class="pagenum" id="Page_102">p.
+102</span>santos varones te decimos: ministro de Satanás, toma nuestras
+vidas, que Dios recogerá nuestras almas. ¿Ves estos hombres humildes;
+ves este anciano, de la primera nobleza de Aragón, que abandona su
+casa y honores por amor a la penitencia y los trabajos? Pues ni él, ni
+yo, ni los demás, tememos la muerte. Moriremos, ¿verdad don Beltrán?
+Moriremos alegres, pidiendo a Dios que perdone a nuestros verdugos.</p>
+
+<p>Tales manifestaciones de santidad heroica, y la tosquedad siniestra
+que vio impresa en el rostro del cabecilla, persuadieron a don Beltrán
+de que había llegado su última hora. Miró en derredor suyo buscando
+a Tomé. Lamentaba que la vida juvenil de su escudero fuese también
+sacrificada en aquel lance. Pero el despabilado chico, al dar aviso
+a su amo de la presencia de los facciosos, y antes de que estos se
+acercaran, desapareció como un ave en la cercana espesura.</p>
+
+<p>El bárbaro capitán contestó a las provocaciones de Marcela con estas
+palabras:</p>
+
+<p>—Pues te juro que habremos de daros gusto. Solo que como no tenemos
+aquí capellán que os confiese, forzoso será llevaros al pueblo. Y
+puesto que todos sois santos, preparaos unos con otros... Ea, en
+marcha.</p>
+
+<p>—¿A dónde nos lleváis? —preguntó don Beltrán, que con el ejemplo de
+la monja procuraba reforzarse de serenidad y entereza.</p>
+
+<p>—A La Codoñera.</p>
+
+<p>—¡Pues a La Codoñera! Y ojalá estuviéramos, a cuatro pasos
+de ese pueblo donde hay <span class="pagenum" id="Page_103">p.
+103</span>capellán, que ya nos pesa el cuerpo, ya nos pesa la vida,
+como hay Dios.</p>
+
+<p>Era el capitán un hombracho hermoso, atezado de rostro, gallardo de
+postura, vestido con cierta bárbara elegancia de buen ver. Mandó a los
+prisioneros que se pusieran en camino, los dos enterradores delante,
+entre la tropa de vanguardia; detrás, junto a él, Marcela y don
+Beltrán. No debía de ser hombre tan fiero como Urdaneta creyó en los
+primeros momentos, porque aproximándose a la peregrina por la izquierda
+de esta, le dijo:</p>
+
+<p>—Todo esto te pasa porque quieres. Sabes que te estimo. Marcela,
+quédate conmigo, que más has de valer señora sentada que de monja
+andariega.</p>
+
+<p>—Monstruo, prefiero que me maten de un tiro a morirme de asco...
+—replicó la religiosa sin mirarle—. No te acerques a mí.</p>
+
+<p>—Me da la gana de acercarme, y te digo que si haces lo que te
+propuse la semana pasada en Mas Nuevo, serás feliz; vamos, que no te
+arrepentirás de ser mía, y se te quitarán de la cabeza esas murrias del
+misticismo.</p>
+
+<p>—En verdad te digo, Nelet, que los escarabajos, salamanquesas y
+cucarachas que adornan el trono de inmundicia de Satanás, son menos
+asquerosos que tú.</p>
+
+<p>—Y yo digo que los ángeles negros, que negros los hay también, son
+menos bonitos y menos salados que tú... ¿Qué ojos hay como los tuyos?
+¿Qué boca se iguala con ese panal de santa miel? ¿Pues y ese cuerpo
+que <span class="pagenum" id="Page_104">p. 104</span>debajo de las
+estameñas se cimbrea como un junco con carne? Marcela, si has olvidado
+que eres mujer, yo haré que lo recuerdes y te alegres de recordarlo.</p>
+
+<p>—¡A matar pronto! Abra el dragón sus fauces, y tráguenos. Extienda
+el buitre su garra, y destrócenos. Somos de Dios, y a Él van nuestras
+almas.</p>
+
+<p>—Si no me das la satisfacción de tenerte a mi lado, me consolaré con
+el goce de fusilarte... Es un gusto, créelo, un gusto fusilar a quien
+se ama; así sabe uno que no ha de ser para otro... y ver ese lindo
+cuerpo retorciéndose... y luego cogerlo uno, y meterlo en el hoyo y
+agasajarlo con tierra...</p>
+
+<p>—¡A matar, a matar pronto! —repitió Marcela, iluminado el rostro, la
+boca seca—. Morir por Dios, morir en la pureza, viendo cómo el alma se
+aparta de tanta inmundicia, es la mayor gloria...</p>
+
+<p>—Bueno es que el señor capitán entienda que no somos espías —dijo
+don Beltrán, que al ver los afectos amorosos del cabecilla empezó a
+cobrar esperanzas—. Nosotros íbamos por aquí a nuestros asuntos de
+penitencia y a practicar las obras de misericordia.</p>
+
+<p>—¡Por Dios, no sea usted cobarde, don Beltrán! —dijo Marcela viva y
+colérica, dándole tan fuerte pellizco que le hizo ver las estrellas.</p>
+
+<p>—¡Hija!..., ¡ay! Pues bien valiente que soy, ya lo ves... ¡Ay!, tus
+dedos son tenazas. Me has arrancado un pedazo de carne. ¡Si yo también
+quiero que me fusilen!... Pero, francamente, <span class="pagenum"
+id="Page_105">p. 105</span>si hemos de morir, suprimamos los
+pellizcos.</p>
+
+<p>Antes de llegar a La Codoñera, se les unió el grueso de la partida.
+El jefe, que debía de ser de graduación equivalente a la de comandante
+o más, examinó a los prisioneros.</p>
+
+<p>—¿Es usted Peinado? —le preguntó don Beltrán plegando los ojos y
+aproximándose—. Si es Peinado, no extrañe que por causa de mi corta
+vista no le reconozca. Fuimos amigos hace años.</p>
+
+<p>—No señor, no soy Peinado: soy Tena —dijo el cabecilla, hombre
+pequeño y vivo que no carecía de formas corteses—. Peinado está con el
+general en jefe.</p>
+
+<p>Y volviéndose luego a Nelet, le dio órdenes:</p>
+
+<p>—Llévales contigo, pero no entres en La Codoñera. Por el atajo te
+corres esta tarde hacia Belmonte, y de allí, sin parar, a Valderrobres,
+donde me juntaré contigo mañana temprano. Yo tomaré la vuelta de
+Torrecilla, a ver si cojo la columna del marqués del Palacio... A estos
+cuatro simples no se les fusila. Si ella no fuera hembra, y ellos unos
+vejestorios, les daríamos cincuenta palos... Eso les vale. Llévales a
+Valderrobres, y yo les recogeré allí. Ya sabes que me dijo don Ramón
+que si otra vez cogíamos a esta saltamontes, se la lleváramos. Quiere
+conocerla.</p>
+
+<p>No se habló más, y en marcha todo el mundo. Muy entrada la noche,
+llegaron los prisioneros de Nelet a Valderrobres; y aunque en el
+camino se les había dado algún <span class="pagenum" id="Page_106">p.
+106</span>reparo de alimento, don Beltrán no podía tenerse de hambre y
+fatiga; los huesos le dolían como si se los hubieran machacado; pero
+más que la molestia física le agobiaba la desesperación, resultante del
+tristísimo fin de su loca aventura.</p>
+
+<p>«Tenía razón Estercuel —decía desplomando su humanidad sobre el
+suelo de un establo vacío en que les encerraron—. En plena Edad Media.
+¡Maldita sea la tal Edad Media y el perro que la inventó!... Esto es
+horrible, Dios mío... A tal desastre me ha traído una vana ilusión,
+más propia de niño inexperto que de anciano sesudo... ¿Y cómo salgo
+yo ahora de esta cisterna en que me ha precipitado mi desatino? ¿Cómo
+me libro de estos cafres?... ¡Para que me fíe otra vez de santos y de
+peregrinas, de monjas milagreras que entierran ollas! Esta tarasca me
+ha perdido, y ahora no será ella quien me salve... Merezco, sí, lo
+que me pasa, por codicioso, por crédulo, por niño... chocho... ¡Ay de
+mí! ¡Vaya una vejez, vaya un fin de la existencia! ¡Yo que vine por
+proveerme del pan de la vida, y ahora me veo prisionero, amenazado de
+muerte, envilecido entre esta canalla, y teniendo que aguantar sus
+groserías...! Me pegaría si no estuviera en tal estado, que no caben ya
+más dolores en mi cuerpo miserable...».</p>
+
+<p>Esto se dijo, procurando el descanso. Por suerte suya, aproximáronse
+a él los otros viejos, y acumulado el calor de todos, hallaron alguna
+defensa contra el frío. Por el opuesto lado se arrimó después Marcela,
+que sentadita <span class="pagenum" id="Page_107">p. 107</span>rezaba
+en alta voz, hasta que don Beltrán, incomodado del sonsonete, le
+dijo:</p>
+
+<p>—Rece para sí, hermana, que los viejos necesitamos dormir. Sabe Dios
+qué mañana nos espera.</p>
+
+<p>Y a la madrugada, sintiendo el prócer un gran peso que le oprimía, y
+comprendiendo que era el cuerpo de la santa mujer, que en el abandono
+del sueño se caía de aquel lado, le dijo:</p>
+
+<p>—Suspéndase un poco, hermana, que me agobia todo el lado izquierdo y
+no puedo respirar.</p>
+
+<p>Retirose la monja lamentándose de haberse dormido, pues su ánimo era
+velar la noche entera, y se aprovechó del empujón de don Beltrán para
+despabilarse y continuar sus rezos.</p>
+
+<p>Lleváronles al otro día muy de mañana por el desfiladero de
+Beceite a salir a la Cenia, camino endemoniado, propio de cabras y
+guerrilleros. Intenciones tuvo don Beltrán de pedir que le arrojaran
+en el camino para que se lo comieran los buitres, o que le fusilaran
+de una vez, pues así se acababan sus martirios. Compadecido el capitán
+Nelet, que no era mal hombre, aunque de genio harto arrebatado, le dio
+de comer, socorriole además con un trago de aguardiente, y por fin,
+le atravesó sobre la carga de una mula que llevaba sacos de forraje.
+Marcela continuaba a pie, y a ratos se aproximaba al anciano para
+dirigirle estos o parecidos consuelos:</p>
+
+<p>—En opinión del beato padre san Juan de la Cruz, tratándose de
+trabajos, cuanto mayores y más graves son, tanto mejor es la suerte del
+que los padece.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_108">p. 108</span></p>
+
+<p>—Déjame a mí de padres beatos de la Cruz —le contestó Urdaneta—, que
+la que tengo sobre mí pesa bastante... ¿Cómo quieres que me alegre de
+esta situación? Dime que me resigne y hablarás con seso...</p>
+
+<p>Al cansancio y tristeza de tal viaje, uníase el temor de que la
+columna carlista encontrase otra de la reina, y rompieran el fuego
+cogiendo en medio a los infelices que no habían hecho armas ni por
+Carlos ni por Isabel. Dos días pasaron en esta ansiedad sin que nada
+de particular ocurriese; y al ver que descendían con precaución por
+ásperas pendientes, don Beltrán, sin poder apreciar por sí mismo el
+territorio, entendió que iban hacia la Plana. En una aldehuela poco
+distante de Albocácer, se agregaron a una numerosa tropa carlista,
+que más que columna era ya división, y allí tuvo el pobre anciano la
+suerte de encontrar un alma compasiva, un capellán que sin conocerle,
+o más bien reconociéndole por su traza y modo de hablar caballero de
+nacimiento, le prodigó atenciones y cuidados, acomodándole al fin en un
+carro de provisiones, donde el pobre señor se creía transportado del
+infierno a la gloria.</p>
+
+<p>«Dios no desampara a los buenos —se dijo—, y yo soy bueno, aunque
+otra cosa crea esa bigardona volandera que ahora se empeña en meterme
+monje del Císter. Yo no hice nunca mal a nadie, como no fuera a
+mí mismo... ¡Fraile yo! ¡Y me da a escoger entre la cogulla y una
+miseria deshonrosa!... ¡Vive Dios!, que puesto en tan horrible <span
+class="pagenum" id="Page_109">p. 109</span>dilema, no sé a qué carta
+quedarme».</p>
+
+<p>Completó el capellán sus atenciones con la constante compañía,
+de que sobrevino una real amistad. Llamábase Mosén Putxet, y era
+tortosino, un sí es no es ilustrado y muy corriente en todo.
+Contole que en aquellos días habían trabado pelea, en los campos de
+Torreblanca, Cabrera y Borso, llevando este la mejor parte. No cerradas
+aún las graves heridas que en Torre de Arévalo le pusieron a la muerte,
+Cabrera recibió un balazo en el muslo. A su serenidad y arrojo debió
+la salvación. Retirada su gente a Cuevas de Vinromá, el caudillo se
+ocultó en la casa del cura de La Jana, donde permaneció algunos días
+en lastimoso estado, febril, exangüe. La suerte suya y de sus tropas
+fue que Borso no supo aprovecharse de la victoria, y con su inacción
+dio tiempo a que Cabrera se curase, como él lo hacía siempre, de prisa
+y corriendo; a que en el lecho dictara disposiciones para rehacer su
+ejército; a que este, con ligereza inaudita, le secundase, marchando de
+nuevo en busca de nuevos triunfos, con su general a la cabeza, llevado
+en parihuelas.</p>
+
+<p>—Por lo que usted me dice, nos encontramos en el cráter de un volcán
+—observó Urdaneta—, y estoy a punto de presenciar sangrientas batallas.
+Sea lo que Dios quiera. Sin duda es su voluntad que acabe yo mis días
+en medio de estos horrores.</p>
+
+<p>—A todo se acostumbra uno —le dijo Putxet—. Mire: los primeros
+días no podía yo <span class="pagenum" id="Page_110">p.
+110</span>habituarme a la guerra; pero ya me voy haciendo a tales
+crueldades, y pienso que Dios las consiente para que venga pronto el
+triunfo de su religión santísima.</p>
+
+<p>No se atrevió el ladino viejo a manifestar al capellán lo que sobre
+esto pensaba, temeroso de perder su amistad, que en aquella triste
+aventura érale tan provechosa. Pasaba don Beltrán en vela las noches,
+y gran parte del día durmiendo, sin que supiera por qué adquirió en
+la molicie del carro esta costumbre. Una tarde, hallándose en letargo
+dulcísimo, después de comido y bebido con cierto regalo, soñó con
+terremotos, incendios, erupciones de volcanes. Despertando de súbito,
+hirió sus oídos horrísono estruendo de tiros, y echando la cabeza fuera
+del toldo, vio que en una loma cercana estaban batiéndose facciosos y
+cristinos. Ellos debían de ser; mas no distinguía el pobre señor las
+boinas y morriones. Vio, sí, los fogonazos, y oía el murmullo de la
+pelea, como la reventazón contra peñascos de las olas embravecidas.</p>
+
+<p>Parado su carro junto a otros, poca gente vio Urdaneta en su
+derredor. Tras el pánico primero, una esperanza risueña animó el
+afligido corazón del anciano. ¡Si resultaba que la división o columna
+cristina que allí peleaba era la brigada de Borso, y obtenía la
+victoria; si resultaba que en dicha columna venía <i>Mero</i>, y
+<i>Mero</i> quedaba ileso, qué felicidad! Muy hermosas eran estas ideas
+para que la realidad las confirmase. Al ponerse el carro en movimiento,
+creyó Urdaneta <span class="pagenum" id="Page_111">p. 111</span>que
+los carlistas se pronunciaban en retirada. Mas, ¡ay!, era lo contrario.
+Los cristinos abandonaban sus posiciones, y los facciosos iban sobre
+ellos ebrios de furor. Así lo comprendió por las voces que de lejos
+venían, por la alegría que en derredor suyo estallaba... El carro
+avanzó a retaguardia de los batallones victoriosos, y a poco vino la
+noche. Pararon. Urdaneta preguntó:</p>
+
+<p>—¿Dónde estamos? ¿Cómo se llama el lugar donde se ha dado esta
+batalla?</p>
+
+<p>Respondiéronle con una retahíla valenciana, de la cual no sacó nada
+en limpio. A poco de la parada, y cuando repartían el rancho, oyó
+entre ásperas voces del dialecto alguna castellana que anunciaba el
+fusilamiento de los prisioneros del ejército vencido. A don Beltrán
+se le erizó el cabello, y recostándose sobre los sacos, se hizo un
+ovillo... «Que me fusilen también a mí, Señor, y así acabarán mis
+sufrimientos». Pasado un rato, un extraño ruido le hizo abrir los
+ojos. Vio a lo lejos fulgor de antorchas; sonaron luego disparos, una
+descarga... después otra y otras, a las que siguió un lúgubre silencio.
+«¡Pobre <i>Mero</i>! —murmuró el anciano—: que Dios te acoja en su
+santo seno».</p>
+
+<p>Al poco llegó Mosén Putxet, y subiendo al carro, donde tenía las
+alforjas, dijo a su amigo:</p>
+
+<p>—Estoy rendido; no puedo más. Cada lance de estos es para mí una
+enfermedad grave.</p>
+
+<p>Y sacando de las alforjas el buen repuesto que llevaba, invitó
+a su compañero a participar de la cena. Excusose el prócer <span
+class="pagenum" id="Page_112">p. 112</span>con su falta de apetito, y
+el otro, declarándose también inapetente, afirmó que sin gana tenía que
+alimentarse, so pena de hallarse al día siguiente desfallecido.</p>
+
+<p>—¡A dieciséis he tenido que confesar! —dijo con dolorido acento—.
+Esto es muy triste. Las leyes de la guerra, implacables, lo conceptúan
+necesario... para asegurar el triunfo del trono legítimo y de la
+religión veneranda... Hace usted mal, amigo mío, en no tomar algo.
+No se puede abandonar la nutrición del cuerpo. Verdad que usted, si
+ahora no tiene gana, a cualquier hora de la noche tomará lo que guste.
+Yo, pasadas las doce, no puedo, porque tengo que decir misa. Mañana
+es domingo: por eso se ha determinado que la <i>aplicación de los
+castigos</i> se efectuara esta noche... ¡Cruento sacrificio! ¡Maldita
+guerra! ¡Que sea necesaria la destrucción de vidas para llegar a la
+paz, y la injusticia para llegar a la justicia, y la crueldad para
+llegar a la benignidad!... Como usted ve, tengo que alimentarme. Son
+muchas horas desde las doce de la noche a las diez de la mañana, hora
+de la misa de campaña...</p>
+
+<p>Terminada la cena, no tardó el capellán en dormirse. Don Beltrán
+velaba; veló hasta el amanecer, engolfado en severas reflexiones. En
+tan triste noche, precursora de días más tristes, el viejo aristócrata,
+despreciando a su amigo, se sintió religioso, profundamente
+religioso.</p>
+
+<hr class="chap x-ebookmaker-drop">
+
+
+<div class="chapter pt3" id="Ch12">
+ <p><span class="pagenum" id="Page_113">p. 113</span></p>
+ <h2 class="nobreak g1">XII</h2>
+</div>
+
+<p>Al amanecer, cuando empezaba a conciliar el sueño, le llamaron...
+Creyó al pronto que iban a fusilarle, y dijo:</p>
+
+<p>—Vamos, estoy pronto. Acabemos de una vez.</p>
+
+<p>No tardó en enterarse de que le mandaban a desempeñar una obligación
+harto triste: enterrar los muertos de la hecatombe de la noche
+anterior; y si el primer impulso de su orgullo y dignidad fue rechazar
+colérico un cometido tan impropio de su categoría, luego dejó lugar el
+orgullo a la conformidad cristiana que había criado en su alma con las
+meditaciones del pasado insomnio, y dando un gran suspiro, dijo:</p>
+
+<p>—Vamos a donde ustedes quieran. Merezco esto y mucho más: seré
+sepulturero.</p>
+
+<p>La idea de que entre los cadáveres podía encontrar el de Baldomero
+Galán, hizo flaquear un momento su entereza; pero logró rehacerse con
+estas consideraciones: «Si está, ¡qué puedo hacer más que llorarle!
+Contra los hechos, dispuestos o consentidos por Dios, nada podemos.
+Enterraré al pobrecito <i>Mero</i>, alférez y mártir».</p>
+
+<p>Terrible duelo y consternación produjo a don Beltrán la vista
+de los dieciséis cadáveres ya desnudos, rígidos en sus violentas
+contorsiones; y como no podía reconocer al que <span class="pagenum"
+id="Page_114">p. 114</span>buscaba sino acercándose mucho, a todos
+les fue observando uno por uno, y tocaba los fríos rostros. Eran
+jóvenes, lozanas existencias destruidas bárbaramente en la plenitud del
+vigor.</p>
+
+<p>«No está <i>Mero</i> —pensó, sintiéndose aliviado de un gran
+peso—. ¡Pobres muchachos! ¿Por qué se les ha quitado la vida? España
+se desangra, España se aniquila. Asisto al suicidio de una nación.
+Sepultémosla en su propia tierra...».</p>
+
+<p>Cogió el azadón que le destinaron, y se puso a cavar tan tranquilo.
+La resignación, con este humilde trabajo, fue ganando más y más espacio
+en su alma, y con ella la certidumbre de que sus desdichas venían
+del cielo y eran el contrapeso lógico de una vida de disipación y
+goces. Junto a él vio que cavaban los dos sepultureros de la compañía
+de Marcela; pero ni ellos le hablaron, ni don Beltrán les dijo una
+palabra. Abiertos tres hoyos de gran capacidad, fueron cogiendo muertos
+y arrojándolos dentro, unos sobre otros, y después rellenaron y
+apisonaron.</p>
+
+<p>«Yo creí —pensó Urdaneta cuando concluían— que esto me impresionaría
+horriblemente. Pero a todo se acostumbra uno. Me desayunaría yo ahora
+mismo, si me dieran con qué...».</p>
+
+<p>A su carro se dirigía con esperanza de encontrar las alforjas de
+Mosén Putxet, cuando le mandaron al campo donde se diría pronto la
+misa. «Pues a misa», murmuró, declarándose pasivo, dispuesto a cuanto
+le mandasen.</p>
+
+<p>En el campo habían puesto el altar, al pie de un soberbio algarrobo,
+vestido de espléndido <span class="pagenum" id="Page_115">p.
+115</span>follaje. El sol relumbraba esparciendo claridad y alegría,
+y picaba más de la cuenta. Del Mediterráneo, que no se veía, pero se
+adivinaba, venía una brisa suave y consoladora. Las tropas formaban
+para oír misa; los jefes, a caballo, ocuparon su puesto delante de
+los cuerpos. Allí vio don Beltrán al cabecilla Forcadell, uno de los
+lugartenientes de Cabrera, y general de una potente división. Su rostro
+inflado, risueño y de hombría de bien, lo mismo podía ser de canónigo
+que de mayoral de diligencias. Pesaba sobre un poderoso alazán; vestía
+zamarra peluda, chaleco blanco abotonado hasta el cuello; la boina
+era de gran vuelo, blanca con fleco dorado. De una tienda de campaña
+salió Mosén Putxet revestido: eran acólitos dos granaderos del 1.º
+de Tortosa. Oyó la misa don Beltrán con recogimiento, en el sitio
+que le designaron, y no lejos de sí, por delante, vio a Marcela de
+rodillas y a los dos sepultureros. Cuando alzaban, entre el estrépito
+de cornetas y tambores, el recuerdo de los pobrecitos que había
+enterrado le distrajo un poco de su devoción. Mas rehaciéndose, a punto
+que se santiguaba, decía para sus adentros: «Diablos de la guerra,
+mucho tenéis que llorar por vuestros crímenes para que <i>Ese</i> os
+perdone».</p>
+
+<p>De vuelta a su carro, Urdaneta preguntaba:</p>
+
+<p>—¿Pero dónde estamos? ¿Es esta la Plana de Castellón?</p>
+
+<p>Y sin enterarse de la respuesta, tendiose de largo a largo,
+y comiendo de lo que le dio el buen Putxet, pronto se <span
+class="pagenum" id="Page_116">p. 116</span>quedó dormido. Por la
+noche, el zarandeo del carro era fuerte y molesto, señal de que iba
+de prisa por ásperos declives... A la madrugada vadearon un río de
+escaso caudal. La división, dotada de extraordinaria presteza de pies
+y pezuñas, avanzaba tragándose las leguas. Al día siguiente, vio
+don Beltrán un pueblo que llamaban Olla; después otro que nombraban
+Chestalgar o cosa así. A la siguiente media noche pararon. Creyó
+notar Urdaneta que se juntaba más tropa; no cesaban de sonar tambores
+y clarines. Salió a estirar las piernas y dar un paseo... Putxet,
+cuando se retiró a dormir, díjole que estaban cerca de Buñol o cerca
+de Siete Aguas, no lo sabía con certeza, y que don Ramón, acompañado
+de Llangostera, había venido a conferenciar con Forcadell. Al amanecer
+oyose tiroteo por la parte que el noble cautivo, mirando las estrellas,
+estimó como Levante. Por allí avanzaba una división cristina. Serían
+las ocho cuando, no don Beltrán, que apenas veía, sino Putxet y otro
+clérigo que con él estaba, observaron que las tropas de la reina,
+vigorosamente atacadas en terreno desfavorable, se desbandaban;
+que luego se rehacían reforzadas por su caballería... El tiroteo
+se generalizó, llegando a ser continuo por la zona del sur... Dos
+batallones carlistas salieron corriendo como demonios a embestirles por
+el flanco.</p>
+
+<p>—¿Qué pasa, qué pasa, amigo Putxet? —preguntaba don Beltrán.</p>
+
+<p>Y el clérigo le dijo gozoso:</p>
+
+<p>—La caballería no les vale esta vez... Allá va como <span
+class="pagenum" id="Page_117">p. 117</span>deshecha y desmoralizada...
+¡Qué victoria, ¡<i>pacho</i>!, qué victoria!...</p>
+
+<p>Sobrevino luego un incidente que determinó cierta indecisión...
+Fuerzas carlistas retrocedieron. Los carros tuvieron que alejarse. De
+la otra parte empujaban con furia.</p>
+
+<p>De pronto vieron venir un gran tumulto, muchos jinetes que no
+corrían, volaban, los ágiles corceles saltando zanjas y cercas,
+desmandados, locos. Frente a ellos, en un caballo blanco, venía un
+hombre vestido de colorines. Al pasar el jinete junto a la impedimenta,
+vieron los que allí estaban su rostro, harto parecido al de un gato,
+los ojos flamígeros, la color verdosa, henchida la nariz, como si
+las ventanillas de ella quisieran rasgarse para dar paso al aliento.
+Su capa blanca con vueltas rojas sujeta al cuello, ondeaba como una
+bandera. En la mano blandía la espada; se le oía claramente gritar:</p>
+
+<p>—<i>Per asi, fills meus... Seguidme... Els destrosarem... ¡Viva
+Carlos V! ¡Mueran eixos pillos, cobards!...</i></p>
+
+<p>La tromba, que tal parecía, de innúmeros caballos seguidos de tropel
+de infantería, describió un vasto círculo por la llanura. Cuando se
+alejó, la nube de polvo que levantaba impidió ver dónde había caído.
+Oyose un chasquido formidable, como un desgarrón de masas enormes...
+Los carros hubieron de alejarse más, metiéndose en una hondura desde
+donde poco se distinguía.</p>
+
+<p>—Este don Ramón es tremendo —gritaba Putxet alzando los brazos al
+cielo, ebrio de gozo—: menuda paliza les está dando. No quedará <span
+class="pagenum" id="Page_118">p. 118</span>uno para contarlo. ¡Viva
+el trono legítimo, señores! Esta brillante jornada nos abrirá las
+puertas de la hermosa Valencia, de la reina del Turia... Vean... ya se
+disipa el polvo: por allí van desbandados los de Isabel... distingo
+perfectamente los morriones... ¡Hola, hola! La caballería parece que
+quiere volver grupas y hacernos cara... Ya es tarde, ¡<i>pacho</i>!...,
+ya es tarde. Don Ramón, que es el dios Marte en persona, les da una
+carga horrorosa, y se deja caer sobre el propio Buñol... Adelante,
+valientes. ¡Viva la Virgen de los Desamparados, nuestra Madre!</p>
+
+<p>Con estas exclamaciones, de un entusiasmo pueril, iba señalando el
+clérigo las peripecias del combate que desde allí podían apreciarse.
+Hacia el mediodía todo el ejército carlista iba sobre Buñol,
+persiguiendo a los liberales fugitivos.</p>
+
+<p>—Me estoy temiendo —dijo Putxet a su amigo tomando un piscolabis
+en la carreta en marcha— que tendremos función esta tarde... Sería yo
+muy dichoso si, variadas las condiciones en que hoy se hace la guerra,
+diéramos cuartel. Es ciertamente más humano perdonar al vencido,
+¿verdad?</p>
+
+<p>Llegados a la Venta de Buñol, se procedió con método, parsimonia
+y naturalidad a fusilar a veintisiete oficiales y sargentos.
+Afortunadamente para Urdaneta, no le mandaron a enterrar. Oyó los
+tiros, vio llegar a su amigo desconcertado y melancólico, y nada
+más.</p>
+
+<p>Dos días después, sabedor Cabrera de que una columna cristina andaba
+por Alcanar, <span class="pagenum" id="Page_119">p. 119</span>mandó
+contra ella a Llangostera, que la deshizo y fusiló victorioso todo lo
+que quiso. Enterado también el fiero caudillo de que el capitán general
+de Valencia había salido hacia Castellón con fuerzas para relevar las
+guarniciones del Maestrazgo, mandó a la Plana al <i>Serrador</i>, y
+desplegando una actividad increíble, prodigiosa, organizó al propio
+tiempo la expedición de Forcadell a Orihuela. No satisfecho aún con la
+victoria de Buñol, y habiendo recogido armas y caballos, amén del fruto
+de las depredaciones en país tan rico, se fue hacia Requena, simulando
+un amago a esta ciudad; mas no se detuvo hasta Utiel: establecido allí
+su cuartel general, apresurose a fortificar la posición.</p>
+
+<p>Estaba de Dios que en aquella parte de su cautiverio se agravaran
+las desdichas del noble don Beltrán, obligándole Dios con esto a mayor
+acopio de paciencia; su amigo, el buen Putxet, se separó de él antes de
+llegar a Requena, agregado a la expedición que invadir debía la tierra
+de Alicante, y ya no disfrutó el pobre viejo el beneficio del carro
+sino en contadas ocasiones, viéndose obligado a llevar peonilmente la
+carga de sus añosos huesos. Sacando fuerzas de flaqueza pudo llegar a
+Utiel, el calzado roto, los pies llagados, molido y hambriento, harto
+de trabajos, incomodidades y miserias. Pero le bastaba considerar que
+más había padecido Cristo por nosotros, para sacar alientos de su
+propio desmayo y prepararse a mayores infortunios.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_120">p. 120</span></p>
+
+<p>Metiéronle en un zaguán húmedo, y de allí le pasaron a una bodega,
+con salida a un jardinillo petiseco, cercado de tapias; le acompañaban
+los dos enterradores. De Marcela, ni estos ni don Beltrán sabían
+dónde había ido a parar. En el piso alto de la misma casa se alojaba,
+con otros oficiales, el capitán Nelet, que viendo desde el balcón
+a los viejos sentados en el jardinillo, tomando el sol, dijo a sus
+amigotes:</p>
+
+<p>—No sé para qué nos traen acá tales estafermos. Son tres bocas y
+ningún hombre. O fusilarles, en el caso de que se compruebe que son
+espías, o echarles a un camino para que se mantengan de limosna.</p>
+
+<p>Como don Beltrán mirase para arriba, y con lastimero acento dijese
+que lo mismo le daba a él la muerte que la mendicidad, mandole Nelet
+que subiera; obediente el anciano subió la escalera con paso lento,
+tomando resuello a cada cuatro peldaños, pues no podía de otro modo,
+y fue recibido en una sala por el dicho Nelet y otros dos tagarotes.
+Entró Urdaneta con digno continente, descubriéndose, y permaneció en
+pie esperando las órdenes de aquellos bárbaros. Nelet, apoltronado en
+un sillón, y rascándose las pantorrillas, le dijo:</p>
+
+<p>—¿Es cierto que es usted de la aristocracia?</p>
+
+<p>—Si, señor: me honro de pertenecer a la primera nobleza de
+Aragón.</p>
+
+<p>—¿Es usted marqués?</p>
+
+<p>—Mis títulos son los señoríos de la Torre de Albalate, de Olid, con
+grandeza, de...</p>
+
+<p>—Acabe usted, hombre, con esa letanía... <span class="pagenum"
+id="Page_121">p. 121</span>Pues mire: de algún modo ha de ganar el pan
+que le damos.</p>
+
+<p>Diciendo esto, se quitó las botas llenas de cuajarones de barro, y
+alargándolas al prócer, le dijo:</p>
+
+<p>—En aquel cajón hallará usted cepillo y betún. Me las pondrá como un
+espejo.</p>
+
+<p>Permaneció un instante don Beltrán con su mano extendida hacia
+las botas, inmóvil y rígido, empeñada su voluntad en terrible lucha
+entre dos movimientos: o coger las botas y estamparlas en la cabeza
+del grosero y estúpido capitán, o resignarse a tanta humillación
+y aceptarla por los méritos de Jesucristo. Prevaleció este último
+intento, y recibió con noble pausa las botas, recogiendo luego los
+adminículos de embetunar.</p>
+
+<p>—¿Fuma usted? —le preguntó Nelet, haciéndole retroceder desde la
+puerta.</p>
+
+<p>—Sí, señor.</p>
+
+<p>Le ofreció un cigarrillo, y pareciéndole poco, le dijo:</p>
+
+<p>—Tome usted más, para sí y sus compañeros, que la vejez entretiene
+sus tristezas con el tabaco.</p>
+
+<p>—Gracias.</p>
+
+<p>Y bajó el anciano tan gravemente como había subido, escalón por
+escalón, sin decir nada, casi sin pensar nada...</p>
+
+<hr class="chap x-ebookmaker-drop">
+
+
+<div class="chapter pt3" id="Ch13">
+ <p><span class="pagenum" id="Page_122">p. 122</span></p>
+ <h2 class="nobreak g1">XIII</h2>
+</div>
+
+<p>Ya por despistar a los cristinos, ya por otras razones o ardides
+estratégicos, determinó Cabrera fortificar a Utiel, y lo primero en
+que puso mano fue el convento o colegio de Escolapios y la iglesia
+parroquial, gótica, de buena y sólida fábrica. Para despejar las
+inmediaciones del primero de aquellos edificios, mandó demoler varias
+casas y cortar todos los árboles de una alameda que al camino salía.
+Empleáronse en tales obras noche y día multitud de hombres, y no hay
+que decir que el señor de Albalate y los dos ancianos fueron aplicados
+a este trabajo. Vierais allí al primer noble de Aragón descargando
+hachazos en los añejos troncos. Por primera vez en su vida era
+leñador, oficio que le pareció menos innoble que el de sepulturero
+y limpiabotas. El sargento que les mandaba y dirigía era por demás
+insolente y grosero, de estos que se envalentonan con los humildes.
+Grande era la resignación de Urdaneta, que se había propuesto tomar
+por modelo al patriarca Job; mas hubo ocasiones en que se vio a dos
+dedos de perder su pasiva actitud, por la fuerza explosiva de la
+dignidad aristocrática, que romper quería sus cadenas, atropellando
+<span class="pagenum" id="Page_123">p. 123</span>paciencia, humildad
+y cristianismo. Viendo que aquel bruto abofeteaba inhumanamente a dos
+infelices que no habían entendido sus órdenes, o que por exceso de
+fatiga se mostraban perezosos, sintió el prócer vibración en todo su
+ser, efecto de la honda crisis o lucha de opuestos sentimientos, y se
+dijo: «Haré un esfuerzo sobrehumano por contenerme si ese gandul pone
+sus manos en mi cara; pero dudo que pueda conseguirlo, pues antes de
+que el corazón se humille, el estallido de mi dignidad hará que le
+parta la cabeza de un hachazo».</p>
+
+<p>Felizmente, con él no se desmandó el bárbaro sargento; no hacía más
+que rezongar, dar voces y decir a los viejos:</p>
+
+<p>—<i>El que no traballa no menja; que aquí no estem para mantindre
+vagos.</i></p>
+
+<p>Terribles hambres pasaban los tres al volver rendidos a la bodega
+y patinillo en que tenían su alojamiento. Nadie se cuidaba de darles
+de comer. El enterrador que hablaba, y que tenía por nombre Pedro
+Zaida, salía en demanda de alimentos; no hiciera lo propio don
+Beltrán, prefiriendo perecer de necesidad a pedir su ración; el
+otro, nombrado Alfajar, tampoco pedía, por carecer de palabra. Así
+pasaron algunos días, manteniéndose de mendrugos de pan y de sobras
+de rancho, que Zaida recogía en los vecinos alojamientos, hasta
+que Nelet y los oficiales del piso alto se apiadaron de la miseria
+de los prisioneros, y les mandaban los restos de su comida. En un
+caldero bajaban la bazofia; de ella comían los infelices <span
+class="pagenum" id="Page_124">p. 124</span>viejos, siendo tan atentos
+Zaida y Alfajar que escogían para el señor los huesos vestidos aún de
+hilachas de carne, los trozos de comida menos deshechos, y las que
+podrían llamarse golosinas, reservándose para sí lo peor. «Hasta en
+esta región de miseria bochornosa se encuentran seres delicados, se
+encuentran caballeros», decía para sí Urdaneta, renunciando a tales
+preferencias, e imponiendo el reparto equitativo de piltrafas. A
+menudo, en estas u otras escenas semejantes, rodaban lagrimones por su
+cara. Una tarde salieron los oficiales al balcón para verles comer. A
+poco llegó el asistente con un pedazo de pastel en un plato y restos de
+bizcocho borracho, y entregándolo a los cautivos, díjoles que aquello
+mandaban para el señor marqués. Luego volvió el chico con tres puros
+y el braserillo para encenderlos. Fumaron, y dieron las gracias a los
+señores, que riendo les miraban. Uno de los de arriba decía:</p>
+
+<p>—Ese marqués del Cuerno paréceme un grandísimo pillastre...</p>
+
+<p>Don Beltrán calló, no haciendo al deslenguado ni el honor de
+mirarle. Luego, a una insinuación de Nelet, que parecía dicha en
+defensa del anciano, se retiraron del balcón los oficiales. Volvieron
+los viejos al trabajo, que aquel día consistió en arrastrar los
+troncos hacia las entradas y puertas de la villa, para armar con
+ellos estacadas o parapetos. Cuando Urdaneta llegaba por las noches
+a su alojamiento y se tendía en el frío suelo junto a sus amigos,
+sin más abrigo que las <span class="pagenum" id="Page_125">p.
+125</span>pellizas de estos; cuando, después de cenar lo que Zaida
+trajese o de arriba les mandasen, procuraba embriagar con el sueño sus
+infortunios, se le iba el pensamiento a la gran casa de Cintruénigo,
+la casa de Idiáquez, y hacía revivir en su mente el edificio y las
+personas, la vida toda de aquella señoril residencia. ¡Ay!, lo que
+allá tuvo por humillación, era ya como una broma inocente. Modificadas
+por las enseñanzas de la realidad sus ideas y opiniones, lo que en
+Cintruénigo conceptuaba contrario a su decoro, ¿qué era? Nada en
+comparación de la presente ignominia y miseria. Las estrecheces que
+allá estimó intolerables, eran abundancias y delicias en parangón de
+lo de Utiel. Recordaba con desconsuelo el orden de aquella noble casa,
+donde todo estaba a punto, donde nada faltaba para comodidad y regalo
+de sus habitantes.</p>
+
+<p>Y pensando en esto, se le representaba su nieto: le veía niño, tan
+cariñoso, tan dulce, tan formalito, tan amante de su abuelo... Era su
+propia sangre, encarnación de su nombre y nobleza... ¿Qué haría Rodrigo
+si le viese en tan extremada desdicha? La misma <i>doña Urraca</i>,
+si viese a su suegro, el noble Urdaneta, sufriendo tanta vileza y
+oprobio, comiendo sobras y migajas de la mesa de los oficiales, ¿qué
+pensaría?... Frente a su conciencia, que severa se encaraba con él,
+reconocía el grave error de no tolerar las asperezas o defectos de los
+convivientes, para que estos toleraran los suyos. Bien claro <span
+class="pagenum" id="Page_126">p. 126</span>veía que todas sus querellas
+con la familia eran por motivos que ya se le hacían vanos, pueriles.
+Veía también toda la fealdad de su soberbia, causante principal del
+malhadado viaje a tierra de Teruel; veía su codicia, su afán de
+atesorar dineros, que en su edad provecta casi no le eran necesarios.
+Pero amaba el rumbo y quería ser siempre amo y señor, dispensador de
+mercedes. ¡Bien le castigaba Dios, y cuán gallardamente le aplicaba su
+justicia severa!... Y mirándolo bien, no era Rodriguito tan digno de
+menosprecio y rencor. Poseía todas las cualidades que a su abuelo le
+faltaban. Actos de verdadera maldad, nadie podía señalar en él. Y en
+cuanto a la impertinente, mandona y atrabiliaria <i>doña Urraca</i>,
+sus defectos no eran motivo para aborrecerla, Señor.</p>
+
+<p>Estas reflexiones, en que se confundía la turbación de la conciencia
+con la dulzura de las memorias de familia, le habrían llevado al sueño
+reparador, si no lo estorbaran las picazones de su cuerpo, el sentirse
+acribillado por atroces punzadas que parecían mordidas. Daba vueltas a
+un lado y otro, y rascándose contra las durezas del suelo, volvían sus
+reflexiones a distraerle del acerbo picor.</p>
+
+<p>«¡Vaya, que si Juana Teresa conociera la cama en que duerme el
+padre de su difunto esposo, lloraría de lástima; sí que lloraría!...
+¡Ella que cifra su orgullo en la limpieza ideal de las camas, ella,
+en quien más que gusto es manía el tenerlas pulcras, inmaculadas,
+como las vestiduras de los <span class="pagenum" id="Page_127">p.
+127</span>ángeles!... No hay en el mundo sábanas y almohadas como las
+de mi casa de Cintruénigo: huelen a manzanas, a violetas, a algo más
+oloroso que las flores, el aseo... Si Juana Teresa y mi nieto me vieran
+en esta inmundicia, llorarían... ¡pobrecitos de mi alma!... y no solo
+llorarían de compasión, sino de rabia por no poder remediarlo».</p>
+
+<p>Salía Cabrera con mil o dos mil hombres, los más de los días, como
+en diversión militar, para hostilizar a Requena y figurar su propósito
+de ponerle sitio. En una de estas excursiones, al regresar del campo
+entrando por la puerta de Caudete, donde se trabajaba para hacerla
+infranqueable, apeose del caballo y examinó las obras. Con seca frase
+autoritaria hizo la crítica de lo que no le parecía bien; indicó los
+defectos y el modo de subsanarlos con el menor trabajo posible. Viendo
+avanzar a don Beltrán, que a duras penas sustentaba una espuerta de
+tierra, dio algunos pasos hacia él y le preguntó si era el caballero
+Urdaneta.</p>
+
+<p>—Para servir a usted, general —dijo el anciano, mirándole atento y
+sin descargarse la espuerta.</p>
+
+<p>—Lleva usted mucho peso... <i>Eh, tú, Lleuiset, no carregues masa a
+eixe pobre home, qu’es un señor poch acostumat a traballs. Sous molt
+brutos, y no teniu ni pizca de criteri ni talent, ¡caramba! Es precis
+que sapian distinguir entre un home y un señor. A atres que son burros
+de veritat, els traten como si foren señorets, y no teniu llástima
+d’este pobre <span class="pagenum" id="Page_128">p. 128</span>vell,
+acostumat a anar sobre alfombres</i>.</p>
+
+<p>Comprendió el anciano que hablaba en su favor; y como al propio
+tiempo le quitaran la pesada carga que llevaba, murmuró una frase de
+gratitud. Cabrera no se hartaba de mirarle, fijándose últimamente en
+sus pies y en las destrozadas botas. También don Beltrán contempló a
+sus anchas al afamado guerrillero, a quien vio por primera vez en el
+campo de Buñol, pasando como un rayo al frente de infernal cabalgata.
+Reconoció en él la cara de soberbio gato, que ya había visto y quedó
+grabada en su memoria: cara triangular, de pómulos salientes, ojos
+grandísimos y negros con la ceja corrida, la nariz de mala forma con
+las ventanillas siempre palpitantes. Vestía con elegancia y cierta
+presunción de originalidad, no escaseando en su ropa los dorados y
+relumbrones; la capa blanca con forro encarnado completaba su típica
+figura. Con militar saludo se despidió para entrar en el pueblo. Por
+la noche, hallándose los tres viejos en el patinillo, comiendo de las
+sobras enviadas por Nelet, llegó un ordenanza que se puso a gritar en
+la puerta:</p>
+
+<p>—¿Quién es aquí el marqués?... ¡Eh, marqués!</p>
+
+<p>—Yo soy, buen amigo —dijo Urdaneta, que respondía por aquel título—.
+¿Qué se ofrece?</p>
+
+<p>—Pues aquí me manda el general con estas botas —dijo el chico
+mostrando un par no muy nuevo, pero en buen estado.</p>
+
+<p>—¡Ah..., ya!..., para que se las limpie... Bien: déjalas ahí.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_129">p. 129</span></p>
+
+<p>—No es para que se las limpie, jinojo, sino para que se las ponga...
+Ya veo que le hacen falta. El general le manda estas, que no se pone
+ya, y para usted están que ni pintadas; todavía en buen uso. Ya le miró
+a usted la pata, y sabe que le vendrán bien.</p>
+
+<p>—¡Oh!..., ¡Dios! —exclamó el aristócrata, decidiéndose a recoger el
+regalo—. ¿Y el general se acuerda de este infeliz?... Dile que estoy
+muy agradecido... ¡Oh, botas de la paciencia, de la humillación, venid
+a mis pies!</p>
+
+<p>Y cuatro días después, hallándose en Cheste, emprendida la
+marcha sigilosa de todo el ejército hacia el llano de Valencia, fue
+sorprendido don Beltrán por un recado del general llamándole a su
+presencia en la casa ayuntamiento, donde se alojaba. Allá se fue el
+noble viejo, y encontró a don Ramón en una estancia del piso bajo
+con trazas de escuela pública, por los cartelones de letras gordas
+que colgaban de las paredes. Estaba el caudillo de sobremesa con dos
+mujeres guapísimas, de nacarada tez y ojos hechiceros, ataviadas a
+estilo popular. Los <i>caragols</i> sobre las sienes, cruzados por
+ganchos de oro; el moño de trenzas, atravesado por las agujas, ofrecían
+el clásico modelo del peinado valenciano. En sus orejas llevaban los
+arcaicos <i>polques</i> de oro con esmeraldas y perlas barrocas,
+joyas de apariencia bizantina, y en el cuello hilos de aljófar.
+Toda la vestimenta, de tisú, era lujosa y elegante dentro de la más
+escrupulosa propiedad. Sin verlas más que como imágenes borrosas, o
+como bocetos <span class="pagenum" id="Page_130">p. 130</span>de
+admirables pinturas, don Beltrán, olfateando belleza con su especial
+nariz de perito en mujeres, las diputó por grandes señoras disfrazadas
+de campesinas ricas. Sentábanse a izquierda y derecha del general, muy
+arrimaditas; luego seguía un capellán, que parecía granadero, y al otro
+lado un cabecilla, en quien, por la facha y rostro de clérigo afligido,
+creyó reconocer don Beltrán a Llangostera.</p>
+
+<p>Sospechó el noble aragonés, no sin fundamento, que Cabrera le
+llamaba para mostrarle a sus amigos como un objeto de curiosidad,
+como un ente raro, consistente la rareza en el vivo contraste entre
+tanta nobleza y miseria tanta. Mas no era este el único móvil del
+llamamiento: había otro, que el general expresó después de contestar al
+cortés saludo del caballero:</p>
+
+<p>—Pues le he mandado venir para advertirle que... esté
+preparado...</p>
+
+<p>—¿Preparado a qué, general?</p>
+
+<p>—Haría usted mal en creer que le tenemos aquí por gusto de su
+co...mpañía —dijo Cabrera, que hablando familiarmente tartamudeaba un
+poco: su lengua, disparándose en articulaciones rapidísimas, tropezaba
+a cada instante.</p>
+
+<p>—¿Para qué debo prepararme, general?</p>
+
+<p>—El sistema de represalias, que, como usted sabe, es obra de
+esos infames cristinos, me obliga a la crueldad, con... contra los
+sentimientos de mi corazón.</p>
+
+<p>—Ya entiendo. Es para fusilarme. Bien <span class="pagenum"
+id="Page_131">p. 131</span>preparado estoy. Esta vida que arrastro,
+señor, vale tan poco para mí, que el quitármela, más que de cruel, le
+acreditará a usted de piadoso.</p>
+
+<p>—Yo lo siento..., sabe Dios que lo siento. Co...mpadezco a los que
+me veo precisado a sacrificar... Me duele, aunque mis enemigos crean
+otra cosa y me llamen tigre... Pero yo digo: todas las inocencias del
+mundo juntas no valen la inocencia de mi madre.</p>
+
+<p>—Aunque no temo la muerte, mi conciencia, mi respeto a la verdad,
+me obligan a declarar que ni soy espía, ni he venido a esta tierra con
+ningún fin político ni militar.</p>
+
+<p>—Sé que no es usted espía. Me lo ha dicho la monja Marcela, que me
+merece crédito... Pero aquí cobramos vidas por vidas, y pagamos muertes
+con muertes. ¿No se ha enterado usted de que la división de Iriarte ha
+cogido prisionero al hermano del conde de Catí, vocal del Consejo de Su
+Majestad en este reino?... Pues en cuanto sepa yo que le han fusilado,
+ya está usted de más en el mundo. ¿No le parece que esto es natural,
+justo y equitativo? Noble por noble, caballero por ca...ballero.</p>
+
+<p>Mientras esto decía el implacable soldado, no se oyó una voz,
+ni un murmullo, que indicaran protesta contra tanta barbarie,
+siquiera compasión. O la costumbre de tales horrores embotaba en
+hombres y mujeres todo sentimiento humanitario, o no se atrevían a
+manifestarlos.</p>
+
+<p>—¿Puedo retirarme ya? —dijo el viejo sin <span class="pagenum"
+id="Page_132">p. 132</span>hacer comentario a la terrible
+conminación.</p>
+
+<p>—Espere un poquito..., y sáquenos de una duda. ¿Es usted marqués de
+Sariñán?</p>
+
+<p>—No, señor: el marqués de Sariñán es mi nieto, por enlace de mi hijo
+don Federico con una dama de la casa de Idiáquez.</p>
+
+<p>—¿Ven como yo acertaba? —dijo una de las mujeres o damas
+disfrazadas, por lo que comprendió Urdaneta que habían tenido discusión
+sobre su personalidad.</p>
+
+<p>—Y los títulos de usted ¿cuáles son? —preguntole el clérigo.</p>
+
+<p>—Soy señor de la Torre y Casa-Fuerte de Albalate, señor de Rubielos,
+merino mayor de Monzón, poseedor de varios lugares, fortalezas,
+vasallos y pechos en el antiguo reino de Sobrarbe; señor también de
+la Puebla de Olid, con grandeza de España, caballero del hábito de
+Montesa, maestrante de Zaragoza..., y no sigo por no ser enfadoso a los
+que me escuchan...</p>
+
+<p>—¿No es usted pariente de los Cárceres? —preguntó la otra hembra
+bonita.</p>
+
+<p>—Si, señora —replicó don Beltrán, gozoso de oír la dulce voz, cuyo
+timbre le sonó a nobleza y elegancia—. Ramón Cárcer, cuarto marqués
+de Castelbell, es mi sobrino, y primos de mi esposa son los Borrás y
+Mezquita, así como Marianito Zagarriga, marqués de Creixel.</p>
+
+<p>—Otra cosa —dijo Cabrera, a quien ya parecía enojoso hablar tanto
+de nobleza—. ¿Qué tal le tratan a usted en mi cuartel general? ¿Le dan
+bien de comer?</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_133">p. 133</span></p>
+
+<p>—Señor, un ejército en campaña no puede cuidar del pobre cautivo
+inútil, cuya vida no importa a nadie.</p>
+
+<p>—Yo quiero que sea usted tratado con la co...nsideración que merece
+por su categoría... Y si alguno le faltase al respeto, lo que tarde yo
+en saberlo tardaré en ordenar que le den cincuenta palos.</p>
+
+<p>—No vale hoy esta pobre vida que por ella se machaquen los huesos de
+un cristiano.</p>
+
+<p>—<i>¡Pobre señor! Em dona molta llástima. ¡Y en quina dignitat porta
+la seua miseria!</i></p>
+
+<p>Algo pudo entender el prisionero de lo que la compasiva dama
+decía, y su piedad le llegó al alma. En tanto Cabrera le ofreció un
+cigarro, que rehusó, porque no solía fumar a tales horas... Instó el
+general; insistió la dama, que de manos de su amigo tomó el puro para
+alargárselo a don Beltrán. Cuando este salió del aposento, iba como
+fascinado por la voz claramente oída y el rostro turbiamente visto de
+la beldad, y echaba de menos sus verdes años para corresponder a la
+compasión de ella con un amor grande, solitario y sin esperanza, como
+aquel inmenso infortunio de su vejez.</p>
+
+<hr class="chap x-ebookmaker-drop">
+
+
+<div class="chapter pt3" id="Ch14">
+ <h2 class="nobreak g1">XIV</h2>
+</div>
+
+<p>Mejor tratado desde aquel día, el prisionero vio urbanidad y
+benevolencia en algunos rostros; pero nada lo maravilló como la <span
+class="pagenum" id="Page_134">p. 134</span>radical mudanza del capitán
+Santapau, a quien conocía por el familiar nombre de Nelet. Empezando
+por mostrarse con él menos esquivo, se humanizó en un día, en otro se
+trocaron sus asperezas en afabilidad cariñosa, y acabó por declarar a
+don Beltrán su sentimiento de haberle ofendido y su deseo de trabar
+con él amistad. Aceptó gustoso este cambio de actitud el buen viejo,
+y sospechando que alguna recóndita intención se traía su flamante
+amigo, esperó a conocerle mejor para juzgarle. Respecto al paradero
+de Marcela, a quien había perdido de vista desde antes de la acción
+de Buñol, díjole Nelet que Cabrera la había mandado encerrar en un
+convento de monjas, hasta que decidiera el Vicario general por don
+Carlos, que actualmente se hallaba en Navarra. A juicio de Cabrera,
+no era decoroso ni ejemplar que una señora religiosa anduviese al
+zancajo por los caminos, suelta de toda disciplina; pero Santapau no
+participaba de esta opinión, pues las benedictinas de Sijena estaban
+exentas de clausura, como había declarado nada menos que el concilio de
+Trento. Conocedor del monasterio y de su poética historia, el capitán
+había estudiado el asunto, y podía demostrar a su jefe la razón y
+derecho con que peregrinaba la santa señora y esposa de Cristo, Marcela
+Luco.</p>
+
+<p>—Bien, hijo, bien —dijo don Beltrán, barruntando a dónde iba a parar
+el guapo Nelet—. También yo veo con simpatía la libertad monjil, y en
+este caso la creo muy acepta <span class="pagenum" id="Page_135">p.
+135</span>a los ojos de Dios, pues, si no me engaño, Marcela corretea
+en seguimiento de intereses que quiere aplicar a grandiosas fundaciones
+pías, para mayor esplendor de la fe y de la Iglesia.</p>
+
+<p>Decían esto camino de Valencia, como a tres leguas de Chiva,
+donde habían pernoctado. Las intenciones de Caín llevaba Cabrera en
+aquella marcha, pues informado por sus espías de que los restos de
+la división de Crehuet, derrotada tres días antes en Buñol, andaban
+por aquel término, iba en su seguimiento, bien afiladas las uñas para
+destrozarlos. ¡Espléndido país aquel, hermoso cielo, alegres campiñas,
+que aun en invierno dan testimonio de su fecundidad! Aspiraba don
+Beltrán el templado aire que por el aliento metía en los cuerpos la
+vida, la esperanza, el contento del vivir; que duplicaba el vigor de
+los jóvenes, y a los viejos les aliviaba el peso de los años. Pensaba
+que aun para despedirse de la existencia es bueno un suelo feraz, un
+ambiente templado, una tierra pródiga en flores y frutos.</p>
+
+<p>Los mil doscientos cristinos de infantería y el escuadrón de
+Lanceros, que, con los milicianos de Valencia y Liria, habían recibido
+órdenes de concentrarse en la capital, marchaban confiados, mal
+dirigidos, desconociendo con angelical inocencia el país que pisaban
+y el enemigo que tan cerca tenían. Como unos borregos de Dios se
+entregaron al descanso en un pueblo llamado Pla del Pou... Cuando más
+descuidados estaban, vieron <span class="pagenum" id="Page_136">p.
+136</span>encima la caballería carlista. No les dio tiempo ni para
+tomar posiciones, ni siquiera para escapar con algún orden. No fue
+batalla, fue una carnicería sañuda: desordenada la caballería cristina,
+se enredó en ella la infantería, como una deshecha madeja en las patas
+de un animal que da vueltas sobre sí mismo. Los carlistas no combatían;
+mataban a su gusto y satisfacción. Los liberales no eran soldados,
+sino reses. Algunos de a caballo pudieron escapar; los pistolos que
+no perecieron en la matanza, entregáronse a discreción, para que los
+matarifes hicieran de ellos lo que quisiesen. Por de pronto, allá iban
+todos, prisioneros y vencedores, hacia Valencia, y ya que para embestir
+a esta grande y fuerte ciudad no tenía Cabrera poder bastante, se
+plantó en Burjasot, lugar cercano, para verla al menos y que ella le
+viese. Aunque de escaso relieve, la eminencia en que está fundado aquel
+pueblo es como atalaya que domina la huerta feracísima, y a lo lejos
+el apretado caserío de la ciudad, guarnecida del verdor perenne de los
+naranjos, y destacando sus torres y chapiteles sobre una espléndida
+faja de mar azul.</p>
+
+<p>Tan contentos llegaron a Burjasot los soldados del absolutismo, que
+no pensaron más que en celebrar su triunfo con la vena de abundancia
+que aquella lozana tierra les ofrecía. Guerreros infatigables que
+devoraban leguas y corrían de una comarca a otra con presteza gatuna,
+traían hambre atrasada. El país donde comúnmente operaban, Maestrazgo,
+<span class="pagenum" id="Page_137">p. 137</span>desierto de las
+Palmas, riberas del Palancia y Mijares, riberas del Guadalope y Río
+Martín, puertos de Beceite y de Ademuz, estaban ya esquilmados.
+Valencia era el oasis, la frescura, el descanso, la vida plácida con
+regalos mil. No fue de iniciativa de Cabrera, como se ha creído, el
+festín de Burjasot; fue idea de algunos jefes, y de la oficialidad y
+subalternos, que ya anhelaban comer y beber sin tasa para reponer el
+cuerpo de tantas fatigas. Bien se lo habían ganado: lo menos que podían
+hacer era consagrar un día, unas horas a dar a sus cuerpos algún goce
+de gula, pues todo no había de ser marchas, hambres y sofoquinas.
+Pedido permiso al general, este lo dio de buena gana, porque si sabía
+utilizar hasta la última tira de pellejo de sus soldados, también
+gustaba de que se divirtiesen y solazaran cuando la ocasión lo
+permitía.</p>
+
+<p>Parte del vecindario invadió el campamento, metiéndose entre la
+tropa. Iban unos por afecto a la causa carlista; otros por curiosidad;
+muchos por ofrecer y colocar hortalizas, carne, peces, patos, frutas
+y hasta flores, que ya abundaban en aquel despuntar de la primavera.
+Habían dispuesto celebrar la comilona en aquella parte culminante
+del pueblo, formada de terreno calizo, bajo el cual se extienden los
+famosos silos o graneros subterráneos para depósito de cosechas. La
+iglesia de San Roque, objeto de gran devoción, situada también en
+la eminencia y no lejos del pueblo, encara su frontis hacia <span
+class="pagenum" id="Page_138">p. 138</span>Valencia y el mar, como
+recreándose en tan bello panorama.</p>
+
+<p>Pronto se vio la vasta planicie llena de cuanto Dios crió, viandas
+regaladas, viandas adquiridas. Se nombró una comisión que cuidase de
+allegar cucharas y tenedores, algo de mantelería y vasos para los
+jefes, y el obsequioso vecindario facilitó al instante todo cuanto se
+deseaba. Por aquí se encendían hogueras; por allá preparaban peroles y
+sartenes; en un grupo de soldados desplumaban patos; en otro desollaban
+corderos. Subían el pueblo en hombros zafras de aceite y pellejos de
+vino, cestos de naranjas, rimeros de lechugas. Soldado había que en
+estos acarreos se atracaba de forraje, como aperitivo. El vino empezó
+a correr desde el primer momento, vaciando los pellejos en jarros,
+estos en los pocos vasos que había para tantas bocas. Los carlistas más
+señalados en la localidad por su fanatismo subieron sobre sus duros
+cráneos grandísimas mesas, y montones de sillas, enganchadas traviesa
+con pata. Manteles también vinieron, aunque no tantos como habrían sido
+menester. Toda escasez se podía perdonar menos la del vino, que se
+remedió duplicando la provisión de hinchadas corambres.</p>
+
+<p>A las tres y media el aspecto de la bacanal era imponente: comían,
+devoraban sin orden ni medida, la tropa en el suelo, diseminada en
+grupos a los bordes de la meseta; los sargentos sentados también
+en tierra, formando cuadros con relativa corrección; más <span
+class="pagenum" id="Page_139">p. 139</span>allá oficiales, unos de
+rodillas, otros <i>ensillados</i>, algunos tendidos a la romana.
+Frente a la ermita había mesas, donde se veía la figura clerical de
+Llangostera y la cara de corcho de Tallada, en la cual se confundían la
+picaresca malicia y la ferocidad. Otras personas calificadas se veían
+por allí: el subdelegado castrense, del cual podían ser retrato los
+odres de vino que acababan de traer; intendentes, cirujanos, mariscales
+mayores. Los capellanes se señalaban por su ausencia, pues una grave
+ocupación les retenía en el pueblo. Cabrera, mal humorado, sintiendo
+algún recrudecimiento de sus achaques, y molestia en sus mal cerradas
+heridas, se sentó un rato en la primera mesa; después iba de una parte
+a otra, hablando con todos, recibiendo felicitaciones. Las miradas se
+le iban hacia Valencia; apretaba las mandíbulas cuando sus íntimos le
+decían:</p>
+
+<p>—Don Ramón, estamos a las puertas del cielo... Haga una de las
+suyas, y llévenos allá.</p>
+
+<p>En las clases inferiores reinaba una jovialidad frenética. Grupo
+hubo en que empezaron por los postres, las dulces algarrobas; luego
+descuartizaban un pato, tirando en cruz de las patas y alones. Aquí
+comían las lechugas sin aliñar, en rama; allí naranjas a bocados
+mordiendo la cáscara, y encima pescado frito, o a medio freír; vino
+sin tasa; después bollos de aceite, y lonjas de tocino con azúcar. En
+las mesas o tenderetes de preferencia hubo arroces quemados, arroces
+crudos, anguilas, pajeles, pájaros y hasta <span class="pagenum"
+id="Page_140">p. 140</span>morcillas; en otros comían el cordero a
+medio asar, chorreando sangre, partiéndolo con las espadas, por no
+abundar los cuchillos. El regimiento 1.º de Tortosa tenía una murga
+militar de una docena de instrumentos, trombones abollados, bombo,
+platillos y chinesco. Agregados a ella algunos músicos cogidos a las
+tropas de la reina, compusieron una mediana banda, la cual, desde los
+comienzos del banquete tocaba <i>escogidos trágalas</i>, la jota y
+otras piezas de baile. Su discorde ruido hacía juego con los manjares a
+medio condimentar y con la desafinada alegría del festín. Aquí y allí
+gritaban: «¡Que se callen esos perros!» y tenían razón, pues los de la
+banda eran verdaderos sicarios del arte musical.</p>
+
+<p>Casi a la fuerza fue llevado don Beltrán por Nelet a uno de los
+grupos que comían en el suelo; y apenas se había sentado, viendo que el
+capitán se retiraba, le dijo:</p>
+
+<p>—¿Pero usted, Santapau, no come?</p>
+
+<p>A lo que contestó Nelet, condolido de sí mismo:</p>
+
+<p>—Ahora no puedo: tengo que fusilar.</p>
+
+<p>—¿Pero qué?... ¡Ahora!... —exclamó aterrado el viejo, levantándose
+de un brinco, inverosímil para su edad.</p>
+
+<p>—¿Pues qué creías tú, abuelo? —dijo un teniente, que desde el
+principio de la comida estaba entre dos luces—. ¿Creías que les íbamos
+a perdonar..., y a convidarles encima?</p>
+
+<p>Antes de que pudiera contestarles, resonó el estruendo de una
+descarga... Corrió don <span class="pagenum" id="Page_141">p.
+141</span>Beltrán hacia donde la humareda se veía, y distinguiendo
+los desnudos bultos de cadáveres junto al tapial del cementerio
+contiguo a la iglesia, lanzó una exclamación de horror y se llevó las
+manos a la cara. Veinte infelices habían caído ya. A poco trajeron
+otra cuerda: eran veinticinco, entre ellos los cadetes valencianos
+que acababan de ingresar en el ejército, y se estrenaban en aquella
+tragedia. Venían en cueros, resignados, los menos con pocos ánimos,
+tropezando en el camino; los más, altaneros, provocativos. Algunos de
+ellos, alargando sus brazos hacia la embriagada turbamulta del festín,
+gritaron frenéticos... «¡Viva Isabel II!»... La descarga les cortó la
+palabra y el fervor de sus exclamaciones; luego, los tiros sueltos
+para rematarles sonaban a cacería. Excitados con los vivas insolentes
+de las víctimas, la soldadesca entregada a la gula prorrumpió en gran
+vocerío aclamando a los suyos, escarneciendo a los vencidos, que no
+tenían bastante con la muerte. Mientras traían otra cuerda del cercano
+corral donde les desnudaban, en la explanada vaciaron más pellejos. Los
+vacíos yacían en el suelo como cuerpos despanzurrados, sanguinolentos.
+En algunos grupos, donde con la borrachera se había perdido hasta el
+último destello de razón, gritaban: «Más, más». ¿Qué pedían? ¿Más
+bebida o más muertes? Las dos cosas: vino bautizado con sangre.</p>
+
+<p>Soldados del <i>Serrador</i> y de Tallada cogían entre dos los
+muertos, por pies y cabeza, y <span class="pagenum" id="Page_142">p.
+142</span>los iban arrojando a un lado, formando montón. Las gentes del
+pueblo, que al principio de la matanza se aproximaron con instintiva
+curiosidad y querencia insana del terror, huían ya despavoridas. La
+musiquilla seguía lanzando su chillar bufonesco en medio de la melopea
+espantosa de tal tragedia, declamada por los fusiles de una parte,
+de otra por los ayes lastimeros o los arrogantes apóstrofes de las
+víctimas. Si pavoroso era el estruendo de las descargas, no lo era
+menos el graznido lúgubre de la banda o murga, y el coro desenfrenado y
+soez de los que comían, bebían y pateaban sobre el propio Calvario...
+Movido de inmensa compasión, de un sentimiento de protesta contra tanta
+barbarie, se fue don Beltrán con paso torpe hacia donde fusilaban... Le
+entró el delirio de unir un grito suyo al de los que gritando morían.
+No sabía por dónde andaba... Una mano vigorosa le apartó diciéndole:</p>
+
+<p>—¿A dónde va, buen hombre? Atrás, o le coge una bala...</p>
+
+<p>Retirose, metiendo los pies en un charco de sangre... Vio los
+cuerpos desnudos retorciéndose en el suelo, y la presteza con que
+los remataban, como quien extermina una plaga de animales dañinos.
+Huyó el pobre señor horrorizado, sin saber a dónde iba a parar; y
+más abatido por efecto del pavor que del cansancio, se dejó caer en
+tierra. Una nueva descarga, alaridos, vivas y mueras, y el coro de los
+bebedores, que ya era ronco, con voces arrastradas, grotescas, llevaron
+al colmo su espanto. Se tapaba los oídos: <span class="pagenum"
+id="Page_143">p. 143</span>sus miradas buscaban en el movimiento de los
+grupos algo que indicase la terminación de la matanza; pero nada veía.
+El humo cubría la hecatombe. Volviendo sus ojos al cielo, ansiando
+ver algo que borrase de su espíritu la impresión de tales horrores,
+contempló un instante la inmensidad azul, calmosa y pura.</p>
+
+<hr class="chap x-ebookmaker-drop">
+
+
+<div class="chapter pt3" id="Ch15">
+ <h2 class="nobreak g1">XV</h2>
+</div>
+
+<p>No había concluido la función. Despachados los sargentos y
+oficiales, empezaron a exterminar soldados... De arriba gritaban:</p>
+
+<p>—¡Más, más..., todos!</p>
+
+<p>Y los que se acercaron a Cabrera intentando convencerle de que el
+escarmiento no debía pasar de allí, oyeron de él la fría respuesta:</p>
+
+<p>—Hoy no les niego nada.</p>
+
+<p>El general, molestado por horrible acedía, y con su boca llena de
+un amargor insano, el rostro lívido, la mirada menos brillante que
+de ordinario, no había tomado más que un poco de vino con agua. Su
+inapetencia habría necesitado quizás, para remediarse, espectáculos
+menos terribles; o era que ni aun con los triunfos recientes se
+hallaba satisfecho, y su insaciable ambición pedía más al adusto
+genio que le protegía. En medio de las alegrías del festín y de los
+horrores de la matazón, más que matanza, su espíritu se distraía de la
+realidad presente, para volar hacia la ciudad cercana, bella <span
+class="pagenum" id="Page_144">p. 144</span>y rica. Los ojos se le iban
+hacia allá, como si contar quisiera las torres y cimborrios de la
+que solemos llamar <i>ciudad del Cid</i>. ¡Qué no daría aquel nuevo
+dominador de pueblos por poderla llamar suya! Mirándola con ojos de
+codicia más que de amor, parecía decirle: «Ya ves cómo trato a mis
+enemigos. Permito a mis soldados que hagan esta pira de cadáveres, para
+que en ella veas a Cabrera. Aquí estoy; mírame; quiero que tiembles
+mirándome, quiero que toda España tiemble ante mí».</p>
+
+<p>Terminados los fusilamientos, un amigo de Nelet recogió a don
+Beltrán, atontado de la fuerza del susto, y le llevó a su alojamiento.
+A prima noche, Nelet le hizo acostar, dándole vino caliente, y el pobre
+señor, con los cuidados que su amigo, antes enemigo, le prodigaba,
+descansó del molimiento y de la pavorosa impresión, despertándose
+al toque de diana con regular apetito y el espíritu fortificado de
+resignación, así cristiana como filosófica. Vivía en los dominios del
+terror trágico y en las fronteras de la muerte: cuando llegara para él
+la hora del martirio, sabría, pues, afrontarlo con valor y dignidad.</p>
+
+<p>Desayunándose con los restos del banquete, las tropas se pusieron
+en marcha muy temprano, dejando intacta la pila de muertos para que
+los enterraran los vecinos de Burjasot, si querían; algunos batallones
+se aproximaron a Valencia simulando un ataque. El amago, sin más
+objeto que amedrentar al vecindario, significaba un ¡<i>si <span
+class="pagenum" id="Page_145">p. 145</span>voy...</i>! Pero no iba:
+para tal empresa no bastaban la audacia y la agilidad. Contentábase
+Cabrera con aumentar su hueste, con organizarla y darle hábitos y
+educación de ejército poderoso; sus crueldades no eran el nefando goce
+del mal, como en el depravado cura Lorente: eran los resortes de una
+infernal política, pues en su conocimiento del país y de los hombres,
+el <i>leopardo</i> no veía más camino que la fascinación terrorífica
+para domar a los pueblos. Destruyendo media España, aseguraba el
+imperio sobre la otra media.</p>
+
+<p>Hecha la demostración ante los muros de Valencia, emprendió Cabrera
+con su ejército la marcha hacia la Plana de Castellón, sin decir a
+nadie a dónde iba ni qué planes llevaba. Santapau, recién ascendido a
+comandante, mandaba el 3.º de Tortosa, y en su estreno de plaza montada
+brindó a don Beltrán con la participación de su cabalgadura, llevándole
+a la grupa en todo aquel caminar, que no fue de los más acelerados.
+Dispuso el jefe una marcha por la margen derecha del Palancia, como
+si quisiera embestir a Segorbe; descendió inopinadamente hasta Sot de
+Ferrer; pasó el río, y a los dos días de lo de Burjasot, pernoctaba
+en Alfandeguilla. Afirmose en tan larga correría la amistad entre don
+Beltrán y Nelet, ganando este con delicadas confianzas el corazón
+del anciano. A poco de emprender la primer jornada, y observándole
+taciturno y receloso, díjole que el general había manifestado,
+respecto <span class="pagenum" id="Page_146">p. 146</span>a su noble
+cautivo, sentimientos de benevolencia y estimación. La verdad de esto
+demostráronla los hechos, pues en la parada que hicieron en Rafelbuñol,
+presentándose la noche lluviosa y fría, Cabrera mandó a don Beltrán un
+capote suyo en buen uso para que se abrigase. Cuidaba en tanto Nelet
+de apartar para él la mejor comida, y en los alojamientos le agenciaba
+toda la comodidad posible. Tanta era en Urdaneta la gratitud como la
+confusión, y llegó a sospechar que tales obsequios significaban un
+refinamiento de crueldad, y que le regalaban como a los condenados a
+muerte antes de quitarles la vida. Descansando y comiendo al pie de
+unos robustos algarrobos, después de pasar el Palancia, Nelet intentó
+quitarle de la cabeza los temores de fusilamiento, diciéndole que
+tal vez Cabrera le retenía con fines muy distintos de los que supone
+la prisión por rehenes. No comprendía el viejo qué fines podían ser
+aquellos, dada su inutilidad, y ambos estimaron que el noble señor
+debía esperar los acontecimientos, tomando lo que le dieran, comiendo
+de lo mejor que hubiese, y abriendo su espíritu a la confianza.</p>
+
+<p>—Dispuesto estoy —dijo Urdaneta— a comer todo lo que me traigan, y
+a ponerme la ropa del general, si continúa mandándome algunas piezas
+útiles. Pero mi espíritu no puede estar sereno, pues no se aparta de mi
+mente la matanza de Burjasot. Soy cristiano; protesto en silencio de
+estos horrores, y pido a Dios que los castigue.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_147">p. 147</span></p>
+
+<p>—Lo de Burjasot —replicó Nelet con fría naturalidad— no es otra
+cosa que una hilada más de la pirámide de justicia que juró construir
+don Ramón, hallándose en Valderrobres, en febrero del año pasado. Esa
+pirámide no es aún bastante alta para que pueda lucir en su cima la
+imagen de aquella santa mujer, María Griñó... Pero ya tocan marcha.
+Andando, señor mío. Vamos a Nules, que es plaza nuestra. Yo le aseguro
+a usted que allí tendremos ocasión... y además motivos de hablar
+largamente.</p>
+
+<p>A las diez de la mañana del siguiente día fue recibido Cabrera en
+Nules con arcos de triunfo, cortinas, músicas y danzas populares.
+Salieron a felicitarle y a ofrecerle ramitos de flores las chicas
+guapas del pueblo; huelgas y merendonas tenían dispuestas los
+calificados, y por la tarde corrida de toros en la plaza. En buena casa
+fue alojado don Beltrán, y tanto él como Santapau tratados a cuerpo de
+rey. Salió el comandante a obligaciones del servicio y a diligencias
+privadas, de que su amigo no tuvo conocimiento hasta la tarde, en la
+ocasión y sitio que pronto se sabrá. Comieron opíparamente, y cuando
+toda la oficialidad y el Estado Mayor a la plaza se encaminaban para
+ver la función de toros, Nelet propuso al anciano que, pues ellos no
+eran aficionados al barullo y tenían algo que platicar, se fueran a dar
+un paseo por donde menos ruido hubiese de festejo y de muchedumbre.
+Conforme en ello Urdaneta, se metieron por calles y travesías <span
+class="pagenum" id="Page_148">p. 148</span>buscando la soledad, que
+fácilmente encontraron, por estar todo el golpe del vecindario en la
+corrida.</p>
+
+<p>La villa, de construcción arábiga, blanca, de suelo plano y fácil,
+les engañó con la tortuosa red de sus calles; y cuando creían haber
+andado poco, halláronse lejos, en un arrabal separado del pueblo por
+anchas acequias. Metiéndose por entre dos tapias, fueron a dar frente
+a una iglesia de frontispicio blanqueado con excepción de la puerta
+de piedra, barroca, de columnas salomónicas, de retorcidos follajes y
+garambainas.</p>
+
+<p>—Como está usted cansado —dijo Nelet— y esta iglesita nos brinda con
+su soledad y silencio, tan a punto para el descanso como para la buena
+conversación, entremos, señor don Beltrán, y aquí hablaremos todo lo
+que nos dé la gana.</p>
+
+<p>—Dígame, compañero —indicó el viejo cuando Nelet, llevándole de la
+mano, le metió en la iglesia, y se sentaron los dos en un banco—. ¿Es
+que yo me he quedado completamente ciego, o que está esto más oscuro
+que boca de lobo?</p>
+
+<p>—No tema por su vista. Yo tampoco veo nada. Venimos deslumbrados de
+la calle. Aquí nadie nos molesta ni nos oye. Voy a mi cuento, empezando
+por decir a usted que el hombre más desgraciado del mundo, el más digno
+de lástima, es el que con usted habla en este momento. Pensará usted
+quizás que mis penas son obra de la imaginación, a lo que contesto
+que, aun admitiendo esa <span class="pagenum" id="Page_149">p.
+149</span>idea, no dejan de ser efectivos, terribles, insoportables
+los sufrimientos de su servidor. ¡Con decirle que en Burjasot, cuando
+mandaba los fusilamientos, envidiaba a los pobres que allí matábamos
+como moscas...!</p>
+
+<p>—Pasión de ánimo se llama esa enfermedad; y ella debe de ser
+motivada por una mala impresión, por un vivo querer no satisfecho.</p>
+
+<p>—Ya pone su dedo en mi llaga... ¡y cómo me duele! No me equivoqué
+al pensar que usted, hombre muy corrido, que ha vivido en esas
+sociedades de tono, buen conocedor de hombres y mujeres y de todo el
+tinglado social, es el único para confidente, quizás para médico de mis
+males.</p>
+
+<p>—¡Yo!... Tate..., tate... Amigo Nelet, o soy un niño inocente, o
+es causa de sus desdichas ese trastorno del alma, a veces del cuerpo,
+que llaman amor. Entre paréntesis... Ya principio a distinguir los
+altares... ¿No hay allí dos viejas?</p>
+
+<p>—No, señor: son dos sillas.</p>
+
+<p>—Me da en la nariz, Nelet amigo, que esto es convento de monjas. He
+sentido a mi espalda como un murmullo, como un roce de faldas..., y un
+cierto olor de incienso de monja..., que es un olor eclesiástico muy
+particular... ¿Me equivoco?</p>
+
+<p>—No, señor.</p>
+
+<p>—¿Está aquí detrás el coro?</p>
+
+<p>—Y al través de la verja parece que veo un par de bultos
+blancos...</p>
+
+<p>—Bueno, siga usted... ¿Conque amor? Y <span class="pagenum"
+id="Page_150">p. 150</span>admito, sí señor, que pueda yo ser médico de
+tal achaque por mi consumada experiencia, por lo que han visto estos
+ojos, por los innumerables afectos de diferentes clases que han turbado
+este viejo corazón. Adelante, y abreviemos: ¿quién es ella?</p>
+
+<p>—Antes de saber quién es ella, sabrá usted quién es él. Manuel
+Santapau, nacido en un <i>mas</i> próximo a Gandesa, de padres
+labradores ricos, no debió a estos una crianza perfecta. Hijo único,
+sus padres no supieron enderezarle desde niño por los buenos caminos,
+y en vez de contener su natural voluntarioso, le dejaron tomar vuelo;
+sus travesuras hacían gracia, y sus sinrazones eran alabadas antes
+que reprendidas, resultando que cuando unas y otras, con la edad,
+empezaron a ser maliciosas, ya no había autoridad que las contuviera.
+En fin, señor: yo, desde los dieciséis años, escandalicé la villa en
+que vivíamos, que era entonces Gandesa, y más tarde hice campo de mis
+abominaciones a Reus, a Vendrell y a Cambrils. Ausente de la casa de mi
+padre, salvo en las épocas en que iba a reponer mi bolsa, me lanzaba
+yo con otros amigos no menos inclinados a la vagancia, de pueblo en
+pueblo, cometiendo tropelías sin fin. Mis estudios, que no pasaron de
+leer y escribir y algo de cuentas, se completaron después en el libro
+del mundo, donde aprendíamos toda la ciencia del mal. Era vasto nuestro
+terreno, y en él ejercíamos diferentes artes malignas; pero la peor de
+estas, y en que yo principalmente despuntaba, <span class="pagenum"
+id="Page_151">p. 151</span>era la de seducir doncellas con mil engaños
+para abandonarlas luego miserablemente. Si robábamos alguna vez en
+ciudades o despoblados, era por modo de travesura; nuestro botín
+consistía siempre en jamones y morcillas, aves y otros comestibles,
+y jamás tomamos dinero de nadie. Esta es la verdad; y así como digo
+lo malo, digo lo bueno o lo menos malo. Alguna muerte tuvimos sobre
+nuestras conciencias, todas en riña, a veces por defendernos de padres
+burlados, a veces por pendencias de esas que, sin saber cómo, salen del
+vino... porque, eso sí, a borrachos y camorristas, nadie nos ganaba.
+Aunque me esté mal el decirlo, mi buena figura era la mejor ayuda de mi
+perversidad en la campaña de conquistar mujeres, embobarlas y perderlas
+sin ninguna compasión. El demonio, que no Dios, me había dado el rostro
+para enamorar y las palabras dulces y mentirosas; y con tales medios,
+cada día era yo más terrible acosador del sexo femenino, llegando a no
+respetar ya soltera ni casada, seduciendo también por depravación a las
+que no eran bonitas, y a las religiosas, a las altas, y a las bajas y a
+las medianas...</p>
+
+<p>—Perdone usted, Nelet —dijo don Beltrán, que no podía contener
+las ganas de interrumpirle—. El tipo de don Juan, que existe desde
+el principio del mundo y es de todas épocas, tiene en la nuestra,
+por lo muy reglamentada que está la sociedad, poco terreno para sus
+audacias. Se lo dice quien ha <span class="pagenum" id="Page_152">p.
+152</span>visto mucho mundo; quien, si se pusiera a contar lances y
+aventuras donjuanescas, no acabaría en siete meses. Y yo pregunto:
+¿cómo pudo usted ejercer tan largo tiempo de caballero seductor, sin
+tropezar con la justicia que le metiera en la cárcel, con un padre que
+le descalabrara, o un marido que le partiera por la mitad?</p>
+
+<p>—Lo encontré, sí señor: tuve mi castigo. Un marido, de Tortosa,
+me cogió desprevenido una noche, y con una barra me abrió la cabeza.
+Después agarrome por una pata y me tiró a una acequia, donde me habría
+ahogado si esta llevara más de medio palmo de agua.</p>
+
+<p>—Acabáramos... Reconozca usted que ya era tiempo, querido
+Santapau.</p>
+
+<hr class="chap x-ebookmaker-drop">
+
+
+<div class="chapter pt3" id="Ch16">
+ <h2 class="nobreak g1">XVI</h2>
+</div>
+
+<p>—Sí, era tiempo... Yo me lo tenía muy bien merecido. Por poco no
+lo cuento, señor don Beltrán. Me recogió el santero de una ermita que
+hay en Roquetas, y a su caridad y a la de su mujer debo la vida. No sé
+cuántos días me tuvieron en aquella cueva, debajo de la iglesia, donde
+había unos santos viejos tirados en el suelo, con las caras comidas de
+polilla, y toda la pintura y la estofa de sus trajes descascaradas por
+la humedad. Uno <span class="pagenum" id="Page_153">p. 153</span>de
+ellos, que era por las trazas san Antonio de Padua, pero sin niño, pues
+este y las manos se le habían quemado en un fuego de los altares, se
+puso en pie una noche, y llegándose a mí, me habló...</p>
+
+<p>—¡Nelet!...</p>
+
+<p>—Le veía y le oía, señor don Beltrán, como a usted le oigo y le
+veo. Díjome que Dios estaba muy enojado conmigo por mis grandes
+pecados, y que en castigo de haber yo perjudicado a tantas pobres
+mujeres fingiéndoles un cariño mentiroso, me pondría en el alma un amor
+violentísimo y verdadero hacia persona que nunca me había de querer, y
+con esta pasión no satisfecha, y con este fuego no apagado, padecería
+todo lo que hice padecer a las mujeres que engañé.</p>
+
+<p>—Soñó usted, en verdad, un ejemplo precioso de justicia y
+expiación.</p>
+
+<p>—Verdadero o soñado, fue un aviso del cielo, según me dijo el
+fraile mínimo con quien me confesé al siguiente día, porque yo estaba
+arrepentido, sentía como un pestilente sabor de boca, la suciedad de
+mi conciencia, y quería limpiarla. Meses después, el mismo fraile de
+Roquetas (ya exclaustrado), que miraba por mi salvación espiritual
+y corporal, me aconsejó que me alistase en la facción y peleara por
+los derechos santísimos del altar y del trono. Así lo hice a fines
+del 35; presentome a Cabrera, que me recibió muy bien, y para que me
+fogueara me mandó a la partida de Quílez, después a la de Tena. Gracias
+a mi arrojo en los combates, <span class="pagenum" id="Page_154">p.
+154</span>a mi puntualidad en el servicio, adelanté bastante en mi
+carrera. Era ya alférez y me hallaba en Valderrobres, en febrero del
+año pasado, cuando los monstruos liberales dieron muerte a la madre
+de Cabrera; teníamos en rehenes en el dicho Valderrobres a cuatro
+señoras: la esposa del coronel Fontiveros; Mariana Guardia, hermana
+de un urbano de Beceite; Paca Urquiza y Cinta Foz, hermana y madre de
+otro urbano. Don Ramón las trataba con mucho miramiento, convidándolas
+a su mesa algunos días, y cortejaba a la Paquita: se corría la voz de
+que era su novio por lo fino y que se casaría con ella. Pero cuando
+supo la muerte de María Griñó, el furor de aquel hombre fue tal,
+que juró al cielo derramar sangre inocente hasta anegar los valles
+y volver rojos los pequeños y los grandes ríos. A mí me tocó el
+paso amargo de fusilar a las cuatro mujeres. La Mariana Guardia me
+gustaba, y bromeando le había dicho yo cuatro cuchufletas de tentación,
+picado de mi antiguo vicio... Al ponerlas de rodillas en el cuadro,
+después de confesadas por el padre Vallés, el mismo frailecico que a
+mí me auxilió en Roquetas, las pobres, llorando como Magdalenas, me
+pidieron por Dios que no las matase. Pero yo, ¿qué había de hacer? La
+disciplina, que es más fuerte que la conciencia, me hizo de hierro
+el corazón... Murieron... A Mariana tuvimos que rematarla, porque
+con los tiros primeros no quería morirse, y sus ojos se cuajaron,
+echándome una mirada que me traspasó... Ello fue <span class="pagenum"
+id="Page_155">p. 155</span>que sentí luego un frío mortal, y al poco
+rato caí con tremenda pataleta y convulsiones, blasfemando y clavándome
+las uñas en el rostro... Por la noche, hallándome en un catre, donde
+me pusieron con los brazos atados para que no me golpeara, vino el
+demonio, y cogiéndome por los cabellos, me llevó a un alto monte que
+llaman Cretas, y allí...</p>
+
+<p>—Alto, amigo —dijo don Beltrán—, esa no cuela...</p>
+
+<p>—Porque no cree en ello. Pero yo sí, y sostengo todo lo que he
+dicho. Tan cierto como que estamos aquí, lo es que me vi en el picacho
+de Cretas, entre una caterva de demonios que allí estaban congregados;
+y después de zarandearme jugando conmigo a la pelota, me mandaron
+que les adorase, a lo que yo no accedí, y pusiéronme delante toda
+mi historia, representada en las figuras de las mujeres que perdí y
+ultrajé, las cuales iban pasando como las estampas de un libro... Ni
+por esas me conquistaron; y cuando el demonio mayor, o capitán de
+ellos, me volvió a mi catre, arrojándome en él medio muerto, llamé al
+padre Vallés, que me consoló, haciéndome aprender de memoria oraciones
+que bien rezadas ahuyentarían los espíritus malignos.</p>
+
+<p>—¿Pero cree usted eso, pobre Nelet?</p>
+
+<p>—¡Que si lo creo! —exclamó el guerrero con una convicción tan
+profunda y tenaz que don Beltrán juzgó inútil emplear contra ella las
+armas de la razón—. ¡Pues si fuera tan cierto que he de salvarme!</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_156">p. 156</span></p>
+
+<p>—Siga, y lleguemos pronto al punto principal: ¿quién es ella?</p>
+
+<p>—Ahora sale... Restablecido de aquel mal demoníaco, de cuando en
+cuando venía por mí el diablo que quería ser mi amigo, y me llevaba
+por los aires, o al fondo de las cuevas que hay en la Portillada, o
+a los breñales espesos del río Nonaspe, en lugares a donde ni los
+búhos penetran. Era el mes de agosto, y me hallaba con el <i>Fraile
+Esperanza</i> en Calaceite, de vuelta del Mas del Hortal, donde nos
+habíamos batido con Nogueras, cuando me encontré, sin saber cómo,
+frente a una caverna, en noche cerrada, y oí una música preciosísima,
+que no puedo comparar a ninguna música de este mundo.</p>
+
+<p>—Sobre todo a la de la banda de Tortosa.</p>
+
+<p>—De la gruta salió una luz azul, muy suave..., y por fin, de en
+medio de esta luz una mujer... No puedo dar idea ni de la luz ni de
+la hermosura de la señora, ni sé cuál de las dos cegaba y confundía
+más.</p>
+
+<p>—Sería rubia...</p>
+
+<p>—No, señor; morena, de ojos negros, el pelo suelto y corto, caído
+sobre los hombros con infinita gracia, la mirada como de los santos
+en oración, los pies desnudos, el cuerpo vestido de un sayal de
+penitente...</p>
+
+<p>—Verde y con asa... Marcela... Ya me figuraba yo que en esto habían
+de venir a parar todas esas jugarretas diabólicas... Bueno, ¿y le dijo
+usted algo?... ¿Ella le habló?</p>
+
+<p>—No, señor; palabras no hubo; nada más que el quedarme yo extático,
+como sin sangre <span class="pagenum" id="Page_157">p. 157</span>en
+las venas, la voluntad sobrecogida, y sentir que toda la vida la tenía
+en el corazón, y que en él se me metió un amor muy vivo y abrasador que
+de aquí no ha querido salir más.</p>
+
+<p>—Pero se me ocurre una grave objeción. Fíjese usted en las fechas
+antes de lanzarse a referir sus leyendas, Nelet. Ha dicho que en agosto
+fue la maravillosa visión. Pues en agosto, según mi cuenta, Marcela
+no había salido aún de Sijena, ni podía presentársele en esa traza de
+penitente...</p>
+
+<p>—Pues ahí está lo maravilloso, lo sobrenatural, que confunde a los
+que solo creen y testifican las cosas ordenadas conforme al tiempo y
+a la verdad que se toca. Yo vi a Marcela antes de que ella adoptase
+la vida y hábitos de peregrina. Y en esta anticipación de las cosas
+advierto que es ella la destinada por Dios a la obra del terrible
+castigo que quiere imponerme, condenándome a una sed no saciada, y a un
+afecto no correspondido.</p>
+
+<p>—Bueno; concretemos. ¿Dónde vio usted a Marcela en realidad... de
+ella misma?</p>
+
+<p>—En la Ginebrosa, y no me sorprendió el verla, pues ya la conocía
+por su aparición, que he referido.</p>
+
+<p>—¿Le habló usted?</p>
+
+<p>—Le pedí amores, y me contestó muy esquiva, huyendo de mí.
+El segundo encuentro fue en Nuestra Señora del Pueyo. Le habló
+con galantería fina y discreta que salía del corazón, y me dijo
+que no sentía por mí más que asco y desprecio. Yo iba mandando
+<span class="pagenum" id="Page_158">p. 158</span>una partida; en
+mi desesperación se me ocurrió fusilarla, para matar con ella mi
+tormento... Pero no me atreví. Despidiéndola, le dije: «Vete, hechura
+de Lucifer, adonde yo no te vea más, que si otra vez te cruzas en mi
+camino, te fusilo sin compasión...». Parecíame que sacrificándola me
+libraba de mi suplicio, y que después podía seguir queriéndola hasta
+que me muriese o me matasen... Darle muerte no me parecía crueldad,
+sino una forma de amar, a mi manera, estilo de gran pecador y
+visionario de cosas grandes...</p>
+
+<p>—¿El tercer encuentro...?</p>
+
+<p>—De él fue usted testigo.</p>
+
+<p>—¡Ah!... En la maldita Codoñera. Tiemblo de recordarlo... De lo que
+sigue tengo noticia, y la última es que Cabrera la mandó a un convento,
+porque no gusta de monjitas correntonas.</p>
+
+<p>—Sí, señor..., y el convento donde está encerrada es este.</p>
+
+<p>—¡Este! ¡Valiente pillo! —dijo don Beltrán levantándose y dando
+algunos pasos hacia el coro.</p>
+
+<p>—Cuidado, señor..., que no nos conviene llamar la atención.</p>
+
+<p>—Como si lo viera. Los tratos de usted con los demonios ya sé yo
+en qué vendrán a parar, caballero Nelet —indicó el prócer, volviendo
+al banco—. Estamos preparando una hazaña donjuanesca: violación de
+clausura, rapto de virgen del Señor... Pero entendámonos: ¿trata usted
+de sacarla por su gusto, <span class="pagenum" id="Page_159">p.
+159</span>por el orgullo de robar una monja, o porque ella le ha dicho:
+«Nelet, ¿cuándo tocan a robar?».</p>
+
+<p>—Ella no me ha dicho eso; pero constándome que le agrada la
+libertad, hace días, por un propio muy listo que mandé a Nules, le
+propuse abrirle las puertas de su encierro, y me contestó que en ello
+no había pecado, sino observancia de las disposiciones del Concilio
+de Trento. El capellán del 3.º, hombre muy leído, me ha prestado
+unos librotes en que están la fundación e historia de Sijena, y con
+esa lectura mi conciencia no se escandaliza del hecho de libertar a
+Marcela. Estoy tranquilo; he tomado mis medidas...</p>
+
+<p>—Todo esto, mi querido Nelet —dijo don Beltrán reverdecido—, es
+hermoso, es poético y dramático. De la esencia de estas aventuras de
+amor vive el alma.... Por tales emociones y otras semejantes, no es el
+mundo un presidio. Dígame usted...</p>
+
+<p>—Ahora, mi ilustre amigo, no puedo decir más, porque tenemos que
+separarnos. Es la hora precisa de ver a la demandadera, la cual ha de
+darme de palabra o por escrito una razón, por donde sabré si la empresa
+se acomete esta noche o se deja para la de mañana. Aguárdeme aquí, que
+no estará solo más que el tiempo que yo tarde en esta diligencia.</p>
+
+<p>Mientras estuvo solo, Urdaneta se dio a reflexionar en el extraño
+caso, que a su parecer justificaba el dicho del teniente Estercuel.
+La guerra, el país, la raza, renovaban <span class="pagenum"
+id="Page_160">p. 160</span>en todo los tiempos medievales. La vida
+tomaba esplendores poéticos y risueñas tintas que se mezclaban con el
+rojizo siniestro de la sangre, tan sin medida derramada. Exceso de
+vida era quizás, plétora de sentimientos y pasiones. El fondo, por
+añadidura, ofrecía característica decoración natural y el teatro más
+adecuado a tal desbordamiento de vida. La mezquina civilización <i>a
+la moderna</i> se desvanecía, se borraba como un afeite mal aplicado,
+dejando solo las querellas feudales, el ardor místico, la superstición,
+las crueldades horrendas y eminentes virtudes, el heroísmo, la
+poesía, la intervención de ángeles y demonios, que andaban sueltos y
+desmandados por el mundo.</p>
+
+<p>Volvió Nelet gozoso al cuarto de hora, y cogiendo del brazo a
+su amigo, le llevó fuera, a punto que un monaguillo a cerrar se
+disponía.</p>
+
+<p>—Y qué, ¿será esta noche? —preguntó el anciano, taconeando fuerte
+por el puentecillo de la acequia.</p>
+
+<p>—Aún no he leído su carta —replicó Nelet, que de la fuerza del
+contento temblaba.</p>
+
+<p>—¡Ha escrito!...</p>
+
+<p>—Y además me manda unos versos. Vámonos a prisa, que por el ruido
+que se oye y la gente que se ve venir hacia estos barrios, paréceme
+que ha terminado la corrida. Esta noche, después que yo lea la carta,
+seguiremos hablando... Aún me queda lo mejor. Porque yo no le he
+contado a usted a humo de pajas mis desgracias y aspiraciones. Yo he
+visto en el señor don Beltrán de Urdaneta, <span class="pagenum"
+id="Page_161">p. 161</span>noble de antiguo cuño, caballero muy corrido
+y de grandísima ciencia en cosas mujeriles, la única persona del mundo
+que puede guiarme al fin que deseo tanto como mi salvación: que Marcela
+me ame, que pueda yo, triunfando de su esquivez, dar al traste con
+la leyenda de mi castigo, que me espetó san Antonio en la ermita de
+Roquetas.</p>
+
+<p>—Yo tendré un placer inmenso —dijo el aragonés, parándose para
+hacerse oír mejor— en ilustrar a usted con mis conocimientos en materia
+tan grave. El corazón de la mujer no tiene secretos para mí: ciencia
+dolorosa, amigo mío, porque los maestros no llegamos a este doctorado
+sino a fuerza de amarguras y sufrimientos. En mí tendrá usted un asesor
+desinteresado; pero deje aparte toda consulta referente a espíritus
+más o menos diabólicos, pues yo no los he visto en mi vida, ni sé
+nada de esos caballeros. Eliminadas las potencias infernales, yo le
+aconsejaré lo más eficaz para conquistar el corazón y la voluntad
+de esa doncella... ¡Y que no es floja bestiecilla la que hay que
+domar!... Santa y arisca, filósofa y hombruna... Pero ya veremos, ya
+veremos...</p>
+
+<p>Llegaban al centro de la calle Mayor, donde se aposentaban, y ya
+no pudieron hablar más de su asunto, porque Nelet se vio rodeado de
+compañeros y amigos. Todos ellos, y don Beltrán no de los últimos,
+pensaron en matar el hambre, lo que no era difícil entre un vecindario
+casi totalmente afecto a la <span class="pagenum" id="Page_162">p.
+162</span>Causa, y que se desvivía por obsequiar a sus defensores. En
+los bajos del ayuntamiento, las estancias habían sido convertidas en
+comedores, donde se agolpaban oficialidad, capellanes y calificados
+vecinos del pueblo, mientras en el piso alto se hacían regios honores
+al general y a su Estado Mayor. Los compañeros de Nelet se acomodaron
+en una salita próxima a la escalera, donde se les dispuso espléndido
+comistraje, con mariscos y pescado, arroz exquisito y otros manjares
+de grande estimación. Con no poca estrechez se fueron acomodando, no
+sin designar un puesto al noble cautivo. Mas no había tomado la primera
+cucharada de sopa, cuando entró un ayudante del general con este
+mensaje:</p>
+
+<p>—El señor de Urdaneta, que suba. El general le convida a comer.</p>
+
+<p>—¡A mí!... ¿Está usted seguro de que...?</p>
+
+<p>—Vamos, dese prisa. Están aguardando por usted.</p>
+
+<hr class="chap x-ebookmaker-drop">
+
+
+<div class="chapter pt3" id="Ch17">
+ <h2 class="nobreak g1">XVII</h2>
+</div>
+
+<p>La entrada de don Beltrán en la sala del festín, donde ya
+ocupaban sus asientos los comensales; el despejo y cortesía con que,
+adelantándose hacia el general, compendió en una sola frase el saludo
+y las gracias por el honor que se le dispensaba, cautivaron a <span
+class="pagenum" id="Page_163">p. 163</span>todos los allí presentes:
+bien se veía al aristócrata de raza, maestro en arte social. Con raras
+excepciones, los jefes carlistas que se sentaban a la mesa del general
+eran unos pobres gaznápiros, elevados por sus prendas militares a
+posiciones de las cuales desdecía su educación. Tal coronel había
+sido arriero, el otro pescador; sacristán, uno de los intendentes;
+contrabandista de mar y bandido de tierra el jefe de la caballería, sin
+que ninguno de ellos poseyese el genial instinto con que Cabrera supo
+borrar de sus modales la humildad de su origen. Mal vestido y roto, don
+Beltrán descollaba entre aquella gente, que aun en el modo de mirarle
+revelaba la conciencia de su inferioridad. Hubo uno, vecino de Nules,
+que, menos avisado que los demás, se permitió decir al prócer:</p>
+
+<p>—Vamos, abuelo, que no estará usted poco <i>inflao</i>. En toda
+su vida ha tenido honor como este... ¡comer con nuestro general
+ilustrísimo!</p>
+
+<p>—Honor grande, que agradezco mucho —replicó don Beltrán—; pero que
+no es nuevo para mí. Yo he comido con Napoleón.</p>
+
+<p>Esto de comer con tan grande celebridad produjo estupor, que se
+fue trocando en admiración. A lo largo de la mesa sonó un murmullo.
+Cabrera, hombre muy desahogado en toda circunstancia, mandó a Cala y
+Valcárcel, sentado a su izquierda, que desocupase el puesto, y haciendo
+una seña al caballero aragonés, le dijo:</p>
+
+<p>—¡Con Napoleón!... ¿Luego era usted su amigo? Véngase a mi lado para
+que me cuente...</p>
+
+<p>Trocados <span class="pagenum" id="Page_164">p. 164</span>los
+asientos, ocupó Urdaneta la izquierda del general, y accediendo a sus
+deseos, prosiguió así:</p>
+
+<p>—No debí decir Napoleón, sino Bonaparte, porque ello fue antes de la
+primera campaña de Italia. Él tenía entonces menos edad que tiene usted
+ahora; era delgado, melenudo...</p>
+
+<p>—Sí, sí —dijo Cabrera con admiración infantil—, poseo su retrato en
+la <i>Vida de Napoleón</i> con láminas, que he leído cien veces, pues
+no ha existido hom...bre en el mundo que yo admire más.</p>
+
+<p>Refirió don Beltrán escenas y pasajes interesantísimos de 1795 y 96,
+años IV y V de la República (¡ya había llovido!), por él presenciados,
+y añadió anécdotas graciosas, más atractivas que la historia misma; y
+con tal agrado Cabrera lo oía, que hasta se le olvidaba el comer por no
+perder concepto ni palabra.</p>
+
+<p>Y entre cuento y cuento, viéndose el aristócrata tan obsequiado, se
+decía, comiendo tranquilamente: «Tanta finura me da muy mala espina,
+pues de este tío no hay que esperar compasión: cuando se le hinchan las
+narices, ni hay para él amigos, ni tienen valor alguno sus atenciones
+y arrumacos. No puedo olvidar lo que me ha contado Nelet. A las cuatro
+desdichadas mujeres que en rehenes tenía en Valderrobres, las sentaba
+a su mesa, prodigándoles obsequios mil. A la de Fontiveros le permitía
+dar paseítos en una jaca, que aparejaron para ella, y a la chica
+de Urquiza le hacía el amor por lo fino con <span class="pagenum"
+id="Page_165">p. 165</span>tanta insistencia, que hasta corrió la voz
+de que se casaban. Todo lo cual, ¡Dios mío!, no impidió que las mandara
+fusilar al saber la muerte de la Griñó. ¡Vaya un nene! Y no hay que
+hablar de arrebato, pues Cabrera supo lo de su madre el 20, si no estoy
+equivocado, y la matanza de las rehenes fue el 27. Sentenciadas días
+antes, no las mandó ejecutar hasta que no supo que sus dos hermanas,
+presas en Tortosa, se habían escapado... No me fío, <i>leopardo</i>, no
+me fío de tus halagos, y aunque me pases por el lomo la pata blanda,
+con las uñas escondidas, sé que las tienes muy afiladas, y que el mejor
+día, cuando más tranquilo esté el pobre don Beltrán..., ¡pum!, al otro
+mundo...».</p>
+
+<p>—¿Por qué suspira usted? —le preguntó Cabrera—. ¿Está descontento
+del trato que le damos?</p>
+
+<p>—¡Oh!, no, señor. Estoy muy satisfecho y muy agradecido. Encuentro
+simpatías en su ejército, y en él he podido hacer algunas amistades
+gratísimas. Pero bien sabe usted que la privación de la libertad
+difícilmente halla consuelo.</p>
+
+<p>—Es muy sensible —le dijo el <i>leopardo</i> hacia el fin de la
+comida o cena— que la ley de guerra, que no puedo eludir, no puedo...,
+me obligue a tenerle a usted bien trinca...ado en mi ejército, para
+que su vida me garantice la de otro aristócrata que tiene en su
+poder Iriarte... Pero usted podría ahorrarme a mí el disgusto...,
+ya me entiende, y al propio tiempo salir de esta situación <span
+class="pagenum" id="Page_166">p. 166</span>molesta... Sí, señor,
+comprendo que es car...gante eso de estar un hombre con la idea de que
+le van a pegar cuatro tiros... Sí, señor, usted podría...</p>
+
+<p>«Te veo venir», pensó el anciano, antes de preguntarle cuál era el
+remedio de su angustiosa incertidumbre.</p>
+
+<p>—¿Por qué el señor don Beltrán de Urdaneta, de la primera nobleza de
+Aragón, no se presta a reconocer al único rey legítimo de España? Para
+Su Majestad sería muy grato; y a mi entender, si usted se decidiese,
+le seguirían otros nobles de Aragón y de Castilla. Fírmeme usted una
+declaración en el sentido que le propongo, y yo la co...municaré al
+instante a mi rey...</p>
+
+<p>—Señor general —dijo el noble caballero después de toser y limpiar
+el gaznate para expresarse con toda claridad—, estimo en lo que vale
+la excelente intención con que usted me propone ese reconocimiento
+de los derechos del infante, y espero que usted estimará del mismo
+modo la lealtad con que me veo precisado a evadir todo compromiso con
+la causa carlista. En conciencia, y estudiado el asunto, creo que la
+sucesión a la corona pertenece a la hija de Fernando VII, y habiéndolo
+declarado así solemnemente como prócer del reino, no es decoroso para
+mí deponer ahora en favor del augusto príncipe, a quien reverencio como
+a tío carnal de nuestra reina. Fácilmente comprenderá usted, ilustre
+soldado, que en mi clase y en mi raza, la religión del honor y de la
+consecuencia <span class="pagenum" id="Page_167">p. 167</span>no nos
+obliga menos que la otra religión con sus dogmas santísimos. Ni por
+cuantos bienes hay en el mundo, ni por la vida, que es el primero de
+los bienes, mancillaría yo con una traición el nombre que llevo... Y
+dicho esto con toda la entereza de que soy capaz, y todo el respeto
+que a usted debo, he de manifestarle también que aunque partidario de
+Isabel, y convencido de la legalidad de sus derechos, no he tomado
+parte a su favor en esta contienda ni con armas, ni con escritos, ni en
+ninguna otra forma. Soy hombre de paz, y acato las leyes de la nación,
+vengan como vinieren. Ni guerrero he sido nunca, ni tampoco político.
+La pelea y la conspiración me son desconocidas. Soy un hombre honrado,
+isabelino en la intención, neutral en la conducta. No desconozco la
+convicción y lealtad con que tremola usted la bandera del infante.
+Pero yo no la seguiré nunca; ni puede usted catequizarme ofreciéndome
+la vida mía, que hoy tiene en su mano. Y si en vez de tener usted en
+rehenes este cabo de vida, ya caduca, triste y de ningún valor, tuviera
+usted una vida robusta; si yo fuera joven y mirase ante mí un porvenir
+de treinta, cuarenta o cincuenta años, lo mismo que ahora le digo le
+diría..., siempre con la consideración que debo a un hombre de su valer
+y de su inteligencia.</p>
+
+<p>Oyó con atención y agrado el soldado del absolutismo esta
+declaración, dicha con cierto énfasis oratorio, y estimó delicadas las
+razones del caballero.</p>
+
+<p>—Basta, señor mío, y <span class="pagenum" id="Page_168">p.
+168</span>no hablemos más del asunto —le dijo—. Yo lo siento por
+usted..., y también por la Causa, que, digan lo que quieran, no se ve
+muy apoyada por la grandeza de sangre... Pero ya vendrán, ya vendrán
+todos... Solo que llegarán tarde, y les pondremos en última fila. Para
+entonces ya habremos creado nosotros, digo, el rey, una aristocracia
+nueva, sacada de las filas de la lealtad... ¿Qué hizo Napoleón cuando
+se vio sin nobleza de abolengo? Pues fabricarla. De sus generales hizo
+duques y príncipes, y hasta reyes... Traemos entre manos la fundación
+de una sociedad nueva, pueblo nuevo, ejército flamante, aristocracia
+acabadita de salir... Y ustedes, los de la corte isabelina, se irán
+a cuidar cabras, o a destripar terrones... Sí, señor; si yo lo
+dispusiera, así sería. A todos los marqueses y archipámpanos que no
+han reconocido a Carlos V, les pondría yo una azada en la mano, y...
+¡hala!, a labrarme las tierras del común...</p>
+
+<p>Terminó la cuestión de un modo festivo, y con ella la comida.
+Retirose don Beltrán, expresando nuevamente al <i>leopardo</i> su
+estimación, <i>quand même</i>, y se fue a dar con Nelet, que ansioso le
+esperaba. En una sala del mismo edificio, y en las propias mesas donde
+habían comido, los oficiales jugaban al ajedrez o las damas. Cabrera,
+una vez alzados los manteles, se puso a trabajar con dos secretarios,
+dictando oficios y comunicaciones para el gobierno de lo que con visos
+de Estado tenía bajo su mano. No solo había creado un ejército, <span
+class="pagenum" id="Page_169">p. 169</span>sino una administración
+civil, tal como esta podría existir en aquella vida de constante
+inquietud, de movilidad epiléptica.</p>
+
+<p>Y en verdad que el Estado en esbozo y su terreno inseguro le venían
+corto a don Ramón Cabrera, hombre que por su inteligencia comprensiva,
+su voluntad potente y sus dotes de organización, había nacido para más
+altas empresas. Su inquietud continua, la palidez de su rostro, el
+estado nervioso y febril en que de ordinario se encontraba, no eran más
+que la impaciencia loca para llegar a donde quería ir, el sentimiento
+de la desproporción entre sus facultades y la poca materia gobernable
+que cogía entre las manos. Lo que había creado con esfuerzo monstruoso,
+con los golpes fulminantes de su coraje guerrero, con su nativo
+conocimiento de los hombres y del país era mezquino para quien se
+sentía capaz de manejar un imperio... Algo de esto pensó don Beltrán,
+recordando lo que hablaron durante la comida, y el rostro siempre
+melancólico de Cabrera: «Es un hombre que, con tener mucho entre las
+manos, aún tiene más en la cabeza, y de este desequilibrio proviene
+su aspecto de gato triste..., dormilón, cuando sus ojos no despiden
+rayos. Su crueldad es la irritación contra el género humano porque no
+se le somete de golpe. Si este hombre triunfara y pudiera manifestar
+tranquilo y seguro lo que lleva en su corazón y en su cabeza, sería un
+dictador severo y paternal, rigorista y clemente, próvido para todo, y
+hasta liberal <span class="pagenum" id="Page_170">p. 170</span>dentro
+de su poder soberano indiscutible».</p>
+
+<p>No le dejó Nelet hablar de nada que no fuera su asunto, y en cuanto
+tuvieron ocasión de arrinconarse, lejos del barullo de los jugadores,
+reanudaron el sabroso tema.</p>
+
+<p>—No puede ser hasta mañana por la noche —dijo el militar—... Ahora
+sobreviene una dificultad que trato de vencer esta noche misma.
+Dícese que el general vuelve mañana hacia Liria: no sé qué planes
+tiene. Llangostera se queda aquí para ir sobre San Mateo, y después
+no sé a dónde. Yo he pedido que me destinen a su división, pues deseo
+aproximarme a mi pueblo, donde necesito proveerme de ropa y dar un
+vistazo a mis intereses.</p>
+
+<p>—Y en tal caso, ¡ay de mí!, habremos de separarnos...</p>
+
+<p>—Creo que no. He hablado a Llangostera, que es grande amigo mío y
+paisano, y espero conseguir que se quede usted con nosotros. Daremos
+al general esta noche una razón que no tiene réplica. A Llangostera
+corresponde fusilarle a usted, en caso de que maten al hermano del
+conde de Catí, porque el tal estaba en su división cuando le cogieron.
+La cosa es de clavo pasado...</p>
+
+<p>—¡Y tan pasado! No sabía que entre carlistas hubiera tales
+etiquetas.</p>
+
+<p>—¡Anda..., y que se cumplen con todo rigor! En fin, que vendrá usted
+con nosotros.</p>
+
+<p>—Mucho me place; y en cuanto a mi fusilamiento, lo mismo me da que
+sea Pedro que sea Juan el que me mande a mejor vida... Me alegraré,
+sí, de que sea usted el <span class="pagenum" id="Page_171">p.
+171</span>encargado de darme los tiros, pues no dudo que usted mandará
+que me apunten bien al corazón, para que mi muerte sea instantánea, y
+no esté yo pataleando como un buey a medio degollar... Con que vamos a
+nuestro negocio.</p>
+
+<p>—Dígame sinceramente, echando mano de todo su saber mundano, si
+una vez libre Marcela, debo ir tras ella y emprender su conquista por
+asalto... ¿Cree que es mejor poner paralelas?</p>
+
+<p>—Hijo, sí: el asalto no es prudente hasta que la plaza no
+esté bien castigada y con ganas de rendirse. No haga usted la
+tontería de embestirla con violencia... Al contrario, es muy hábil
+aparentar desgana de entrar en el recinto, afectar que se desean
+los procedimientos del asedio galante, colmarla de atenciones, sin
+mostrar al principio una ansiedad viva de amor... Mujer que vive en el
+idealismo, fíjese usted bien, con el idealismo debe ser atacada.</p>
+
+<p>—¡Oh, qué talento tiene usted —dijo Nelet, abrazándole gozoso—, y
+cómo conoce el corazón humano! Ha sido gran suerte para mí encontrar
+tal amigo.</p>
+
+<p>—Y para mí también. Entre paréntesis, si quieres que yo hable con
+el desahogo que facilita la comunicación entre maestro y discípulo,
+permíteme que te tutee... Pues, sí: como ella tira a lo espiritual,
+conviene que aprendas tú algo de fraseología mística y hojarasca de
+librillos devotos. Nada de violencias. Paralelas, hijo, paralelas y
+fuegos <span class="pagenum" id="Page_172">p. 172</span>parabólicos...
+por elevación. Según dices, no eres en este caso un seductor vulgar;
+solicitas el alma, el amor...</p>
+
+<p>—El amor, sí, grande, abrasador como el mío —dijo Nelet con acento
+teatral.</p>
+
+<p>Movido de compasión y de un paternal interés, quiso el buen
+Urdaneta que sus consejos le llevaran por el camino menos aventurado y
+escabroso. Díjole que de los infinitos casos y ejemplos que atesoraba
+el archivo de su experiencia, escogía los de color más honrado y puro.
+Antes que atacar a la hermosa Marcela con asechanzas o artificios de
+mala ley, debía esperar a que ella se rindiera, poniendo en ejecución
+para esto los ardides de un hombre lealmente enamorado. Bueno sería
+empezar con la estratagema de los desdenes, la fingida frialdad o
+indiferencia, que en multitud de casos subyugan más pronto que los
+extremos de cariño; bueno sería también mostrarse rival de ella
+en lo de suspirar por este o el otro santo, o por misterios de la
+religión; y si esto no resultaba eficaz, se emplearía el galanteo
+fino y respetuoso, el anhelo de sacrificarse por la persona amada, el
+propósito de emprender trabajos no menos grandes que los de Hércules,
+para obtener por recompensa una mirada dulce, una leve ternura, un
+favor sencillo. Tampoco vendría mal manifestarse caballero amador
+sin esperanza, por el gusto y la satisfacción espiritual, sin ningún
+melindre de los sentidos, haciendo gala de constancia a prueba de
+desprecios, de una adoración <span class="pagenum" id="Page_173">p.
+173</span>pura, en que el alma del galán fuera como esas sustancias
+puestas al fuego que nunca se derriten ni consumen. Alcanzado el primer
+éxito, se intentaría curar a la beata mujer de su místico arrebato,
+sacándola de aquel soñar continuo en una perfección imposible; y
+atraída al terreno de la vida corriente, se le propondría el matrimonio
+cristiano, bendecido por Dios: la unión honrada de dos almas y dos
+cuerpos por toda la vida.</p>
+
+<p>—Este y no otro es el camino, querido Nelet —concluyó don Beltrán
+con serena entonación—, que puede aconsejarte un hombre cargado de
+años y de experiencia. Creo que si vas resueltamente por él, Dios
+te ayudará, indultándote del castigo que mereciste por tus pecados
+de libertinaje. Sí, sí, hijo mío: pues amas a Marcela, hazla tuya
+honradamente, y constituye con ella una familia, y ten hijos que
+criarás en la virtud y en el santo temor de Dios.</p>
+
+<p>Tan grande entusiasmo despertó en el apasionado joven esta elocuente
+exhortación de su amigo, que se le saltaron las lágrimas, y hubo de
+dominar con vivo esfuerzo su emoción, para no manifestarla ruidosamente
+ante la muchedumbre de jugadores que llenaba la sala.</p>
+
+<hr class="chap x-ebookmaker-drop">
+
+
+<div class="chapter pt3" id="Ch18">
+ <p><span class="pagenum" id="Page_174">p. 174</span></p>
+ <h2 class="nobreak g1">XVIII</h2>
+</div>
+
+<p>—¡Jesús, qué delicia! —exclamó Nelet, después de una corta pausa—.
+¡Casarme con ella!... ¡Marcela mi mujer! ¡Y retirarnos a una vida
+pacífica, laboriosa y agradable!... ¡Y tener hijos, muchos hijos!...
+Sepa usted, don Beltrán, que hacienda no me falta. Conservo parte de
+las heredades de la familia..., entre ellas un <i>mas</i> que es la
+gloria, cerca de Cambrils.</p>
+
+<p>—Rico tú, más rica ella, el matrimonio se impone —dijo el anciano
+con tal gravedad que a Nelet pareciole que hablaba por su boca
+el Concilio de Trento—. Has de saber que Juan Luco, padre de esa
+extraordinaria hembra, poseía grandes caudales, que yacen sepultados
+bajo tierra en diferentes puntos: me consta.</p>
+
+<p>—Algo de esto oí; mas no le daba crédito.</p>
+
+<p>—¡Si serás tú simple! Crees en los demonios, y pones en duda
+los hechos más naturales y corrientes... De acuerdo con su hermano
+Francisco, que también ha dado en la flor de que le canonicen, Marcela
+se propone consagrar todo ese metálico que hoy yace bajo tierra a una
+grande obra de fundación religiosa... Figúrate qué desatino... ¡Como
+si no tuviéramos en España bastantes conventos! <span class="pagenum"
+id="Page_175">p. 175</span>¡Y en qué ocasión se le ocurre emplear
+dinero en albergues para frailes y monjas... cuando Mendizábal, de
+una plumada, ha echado por tierra las órdenes monásticas...! Pero
+poniéndonos en lo razonable, y a fin de no contrariar abiertamente
+la voluntad de la monjita, la dejaremos que consagre parte del
+tesoro a satisfacer aquel deseo santo, reservando un buen pico para
+las obligaciones sacratísimas que dejó pendientes Juan Luco. ¿No te
+parece?</p>
+
+<p>—Si he de hablar claro, señor don Beltrán, amo a Marcela con amor
+del alma y fuego de todo mi ser, sin que esta pasión sea turbada ni
+envilecida por ninguna ambición tocante a intereses... Por mi vida, que
+más la quiero pobre; que a mis brazos venga sin otra propiedad que la
+estameña que cubre la hermosura de su cuerpo; estameña que yo trocaré
+gustoso por las sedas más ricas.</p>
+
+<p>—Pero, hijo, lo que abunda no daña. Tú no tienes culpa de que la
+santa sea una ricachona. La mejor demostración que puedes dar de tu
+delicadeza es permitir que Marcela funde o restaure algún conventito
+no muy grande, y que dedique luego una parte no floja de sus especies
+metálicas a dar cumplimiento a la voluntad de su padre..., a
+restituciones que son sagradas, hijo, sagradas...</p>
+
+<p>—Con todo estoy conforme, pues cuanto usted me dice parece dictado
+de la misma razón y del perfecto conocimiento de la vida humana. No ha
+sido poca suerte para mí encontrar tal amigo y asesor.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_176">p. 176</span></p>
+
+<p>—A buen árbol te has arrimado, hijo... Lo que yo no hiciere en
+este negocio, cuenta que nadie lo haría... Y si te parece, yo iré a
+recogerme, que me siento cansado y soñoliento... Alguien habrá que me
+diga dónde voy a tender esta noche mis pobres huesos.</p>
+
+<p>Llevole Nelet muy solícito a la cama que a él le habían destinado,
+y se determinó, con insomnio y desasosiego de amante, a pasar toda
+la noche en pie. Las solitarias calles de Nules le vieron rondar,
+al pálido fulgor de las estrellas, y disparar suspiros contra los
+blancos muros de las <i>mónicas</i>, santuario y prisión de la bella
+teóloga.</p>
+
+<p>Habiendo partido Cabrera al día siguiente en dirección al Júcar,
+por la noche se efectuó con facilidad y sin ningún tropiezo la evasión
+de Marcela, facilidad en parte debida a las ingeniosas disposiciones
+de Nelet, en parte a las ganas que tenían las señoras Mónicas de que
+la prófuga de Sijena se fuera a otra parte con sus filosofías y sus
+latines. Mucho sintió Urdaneta no haber sido testigo de un caso que
+tenía por interesante y teatral. Contole el galán que Marcela había
+salido con su empaque de penitente, tal como en libertad la habían
+conocido, y que él, atento a seguir los sabios dictámenes de su amigo,
+se había mostrado atentísimo y caballerescamente cortesano, pero con
+cierta frialdad parecida al desdén, según el programa trazado. Habiendo
+dicho a la monja que no le había movido a libertarla más que su amor
+a la religión y su respeto a las decisiones <span class="pagenum"
+id="Page_177">p. 177</span>del concilio de Trento, replicó ella que
+agradecía su libertad; mas para que el favor fuese completo, había
+de buscar Nelet a los dos viejos enterradores que la acompañaban
+comúnmente, y llevárseles para que la guiaran en su camino. No le fue
+difícil al enamorado dar con Zaida y Alfajar, y aquel día muy temprano
+la monja y sus servidores o discípulos habían partido juntos hacia
+Villavieja. Tuvo buen cuidado Santapau de advertir a su ídolo que no
+se alejase de la tropa que él mandaba, pues de otro modo podría topar
+con quien de nuevo la cogiese y encerrara, obedeciendo las órdenes de
+Cabrera.</p>
+
+<p>—En todo, hijo mío querido —dijo don Beltrán satisfecho—, has
+procedido con tanto tacto como previsión. Atento, y al propio tiempo
+desdeñoso..., solícito en buscar a los viejos, que sin peligro de su
+virtud la acompañan..., y por último, precavido para tenerla siempre a
+la mano y que no se nos escabulla.</p>
+
+<p>—Trato de inspirarme en usted, que todo lo sabe, pues aunque yo he
+sido hombre muy corrido de mujeres, hacía mis conquistas al modo de
+pueblo, y con la rudeza y malos modos de mi educación aldeana. ¿Cómo
+dice usted que llaman a los que se dedican a engañar mujeres y hacen de
+esto un oficio?</p>
+
+<p>—Donjuanes.</p>
+
+<p>—Pues si yo he sido un donjuanillo de pueblo bajo, sin finura,
+sin retóricas, basto y llanote, usted ha sido un señor donjuán
+cortesano.</p>
+
+<p>Echose a reír Urdaneta, y no tuvieron <span class="pagenum"
+id="Page_178">p. 178</span>tiempo de más explicaciones, porque tocaron
+marcha, y el regimiento de Nelet, componiendo con otros dos una
+brigada, al mando de Pertegaz, fue al socorro del <i>Serrador</i>,
+que apretado se veía en el sitio de Burriana. Cuando llegaron ya era
+tarde, porque el <i>Serrador</i> venía en retirada por causa de la
+gran resistencia que opusieron los valientes urbanos, socorridos por
+una columna de Castellón. Pocos días después, los urbanos, por orden
+de Borso, abandonaron la plaza, y entró en ella el cabecilla faccioso
+con el sentimiento de no encontrar a ningún jefe de la Milicia ni de
+tropa a quien fusilar. Pertegaz tomó la vuelta de Cantavieja para
+unirse a Cabañero, y Nelet volvió a incorporarse a la división de
+Llangostera, que marchó hacia Lucena y de aquí a Albocácer, recogiendo
+cuanto encontraba, hombres y caballerías, víveres y forrajes,
+animales y personas. En todas estas marchas y contramarchas, don
+Beltrán se aburría de lo lindo, y Nelet no tuvo el gusto de encontrar
+a Marcela más que dos veces: la una, en la rambla de la Viuda; la
+otra, en Nuestra Señora de Hortiseda. Apenas pudo hablarle en el
+primer encuentro; pero en el segundo si platicaron, y por consejo de
+su noble maestro se lanzó a demostraciones más expresivas, después
+de haber empleado los desdenes sin resultado práctico. No debió de
+quedar satisfecho el comandante, porque cuando partió con sus tropas
+en auxilio de Cabañero, que sitiaba a Cantavieja, iba muy temeroso de
+que <span class="pagenum" id="Page_179">p. 179</span>le cogieran por
+su cuenta los demonios que atormentarle solían. Rendida Cantavieja
+por traición, quedáronse las fuerzas de Nelet a mitad del camino, en
+Iglesuela del Cid, donde recibieron orden de Cabrera para marchar a la
+Cenia, punto fortificado por los carlistas a la subida de los puertos
+de Beceite. Allí se enteraron de que Oráa era general en jefe del
+ejército del Centro, y que, decidido a dar impulso a las operaciones,
+había dividido su hueste en tres cuerpos, que mandaban los brigadieres
+Nogueras, Corral y Sequera; supieron asimismo que el infatigable y
+diabólico don Ramón se aprestaba a defenderse contra enemigo tan
+poderoso como <i>Lobo Cano</i>, que así llamaban a don Marcelino, y
+seguramente, si con él no podía, había de <i>marearle</i> con sus
+audaces movimientos y prodigiosos brincos de un extremo al otro del
+país. Por de pronto, apresuraba la expugnación de la histórica villa
+de San Mateo, para no dar tiempo a que en su auxilio fuesen los de la
+reina. Grandes acontecimientos se preparaban: don Beltrán, que era
+amigo de Oráa, confiaba mucho en su pericia; mas conociendo ya el
+fragoso terreno de aquella guerra, y la fiereza y dura condición de
+los que en él peleaban por el absolutismo, no veía cerca ni lejos el
+menor vislumbre de paz. La naturaleza era allí tan guerrera como el
+hombre.</p>
+
+<p>Estaba de Dios que antes de salir de la Cenia presenciaran Nelet
+y don Beltrán espectáculo tan lastimoso como el de Burjasot, <span
+class="pagenum" id="Page_180">p. 180</span>pues conducidos allí los
+prisioneros de San Mateo (que se rindió como Cantavieja, por flaqueza
+o deslealtad de algunos de sus defensores), se procedió con toda
+tranquilidad a exterminarlos por un procedimiento fácil y barato.
+Apenas llegaron, metiéronles en diferentes mazmorras; algunos fueron
+recluidos dentro de un horno de pan. Y si por economía de víveres se
+les mataba de hambre, por ahorrar cartuchos se determinó concluirles
+a bayonetazos. Edificado el pueblo en eminencia rocosa, presenta
+por uno de sus costados un tajo formidable, vertiginosa caída a la
+profundidad aterradora de un barranco, donde brama un torrente entre
+peñas y zarzales. Al borde de este precipicio fueron conducidos de dos
+en dos los prisioneros, después de confesados por el padre Chambó,
+cura párroco de la Cenia. Unos cuantos <i>números</i> hacían de
+matachines; otros tantos arrojaban los cuerpos a la hondura tenebrosa
+y fría. Treinta y ocho oficiales y sargentos perecieron de este modo,
+sin contar un cadete de doce años, que fue al matadero emparejado con
+su padre, comandante del fuerte rendido de San Mateo. La última res
+sacrificada fue una cantinera portuguesa.</p>
+
+<p>No tuvo papel Santapau en esta tragedia, pues habiéndose trocado,
+por la virtud de su amorosa llama, de feroz en benigno y humanitario,
+siempre que le daba en la nariz olor de degollina, se ponía malo; y
+realmente lo estuvo de la cabeza y del corazón. Sin quejarse <span
+class="pagenum" id="Page_181">p. 181</span>tanto como su amigo,
+don Beltrán no gozaba de buena salud. Ambos se alegraron cuando se
+dio la orden de que Nelet marchase con la mitad de su regimiento a
+relevar la guarnición de Benifazá, lugar que también tenían toscamente
+fortificado en el centro de aquel núcleo de montes elevadísimos que
+llaman la Tinenza. Por los desfiladeros del río de la Cenia, faldeando
+la Peña del Águila, pasaron de la zona de Rosell a Benifazá, y a la
+célebre abadía cisterciense fundada por don Jaime, edificio devastado
+sucesivamente por tres guerras, la de las Germanías, la de Sucesión y
+la que ahora se relata. Daba pena ver su noble arquitectura mutilada
+por bárbaras manos: aquí señales de incendios, allá desplomados muros,
+la iglesia con medio techo de menos, la torre melancólica y sin
+campanas, con sus espadañas ciegas y mudas, las junturas pobladas de
+jaramagos y ortigas, y el claustro, en fin, con solo tres costados, más
+triste que todo lo demás, y más poético y ensoñador. Aposentaron a don
+Beltrán en un pasadizo entre el claustro y la iglesia, donde gozaba de
+la hermosa vista del despedazado monumento, que apreciar podía en su
+esbeltez de conjunto, no en sus riquísimos detalles. No era lego en
+arqueología el buen aragonés, y sentía verdadera pasión por el estilo
+llamado románico y su elegante austeridad: en tiempos más felices
+había visitado con entusiasmo de artista los monasterios de Veruela
+y San Juan de Peña; conocía el de Rueda como <span class="pagenum"
+id="Page_182">p. 182</span>su propia casa, y todo lo románico y gótico
+del siglo <span class="asc">XIII</span> que encierran las ilustres
+villas y ciudades de Aragón. Se extasiaba recorriendo los venerables
+restos de la construcción medieval, los tres ábsides semicirculares,
+el claustro, la sala del capítulo, el palacio abacial; y tan dulce
+encanto encontró en aquella paz y en el poético lenguaje de las nobles
+y tristes piedras, que habría deseado permanecer allí todo el tiempo
+que su prisión durase.</p>
+
+<p>También Nelet se sentía muy a gusto en el monasterio, que
+perfectamente cuadraba a su espíritu en aquella ocasión, como estuche
+ajustado a la joya que guarda. La dolencia que trajo de la Cenia se
+le calmó el primer día; mas repuntó al segundo con sus murrias negras
+y sus vibraciones nerviosas, anunciándole la visita de los entes
+infernales que con él se divertían. Los ratos libres de servicio
+pasábalos con don Beltrán, sentaditos en un rincón del claustro,
+hablando cada cual de sus tristezas. Como el présbita que se hace
+leer un libro de letra menuda, Urdaneta rogaba a su amigo que <i>le
+leyese</i> el claustro, esto es, que examinara uno por uno los
+capiteles y el simbolismo que representaban, para poder él juzgar de
+obra tan bella, como si con sus propios ojos la deletreara. Después de
+describir varias esculturas en que no halló ningún interés, dijo Nelet
+con estupor:</p>
+
+<p>—¡Ay, aquí veo mi propia historia!... No, no se ría: es mi historia,
+que aquí representaron <span class="pagenum" id="Page_183">p.
+183</span>aquellos artífices algunos siglos antes de que yo viniera al
+mundo.</p>
+
+<p>—¿Qué ves, hijo?</p>
+
+<p>—En este capitel del ángulo, por la parte de dentro, veo un
+guerrero que adora a una penitente. Él está de rodillas; ella, en la
+tosquedad de estos relieves, ofrece gran semejanza con Marcela, los
+pies desnudos, suelto el cabello... En el capitel de fuera se ve la
+misma peregrina, con una cruz... Yo no estoy aquí..., parece como si
+me hubiera ido... Debo de estar más allá... Déjeme ver... Aquí no
+estoy; forman el adorno unos como perritos o leoncitos, y luego sigue
+otro con cabezuelas de ángeles, entre las púas retorcidas de cardos
+borriqueros... ¡Ah!, ya parecí..., aquí estoy, en este otro capitel, y
+me tiene cogido por el pescuezo el demonio que se permite conmigo sus
+bromas cargantes... Sigue otro en que hay muchas mujeres chiquitas,
+desnudas, entre llamas, que son las hembras que deshonré y perdí, y por
+mi culpa están en el purgatorio o en el infierno...</p>
+
+<p>—Hombre, no saques las cosas de quicio. Será otra leyenda que nada
+tiene que ver contigo... ¿Qué hay más allá?</p>
+
+<p>—Pues un caballero con cruz en el pecho, como de templario, con un
+cuerno de caza en el cinto, en la una mano una pica y en la otra un
+halcón.</p>
+
+<p>—Caballero noble... Ese soy yo... No me niegues que puedo ser yo.</p>
+
+<p>—¿Cómo he de negarlo, si hasta se le parece <span class="pagenum"
+id="Page_184">p. 184</span>en lo airoso de la figura?..., pues en el
+rostro tiene un cierto aire...</p>
+
+<p>—Dime otra cosa..., fíjate bien. ¿No estoy hablando con alguna dama
+de alta alcurnia, reina o princesa?</p>
+
+<p>—No señor... Está usted solo.</p>
+
+<p>—No puede ser. Puede que el tiempo haya desgastado la otra figura.
+Dama ilustre debe de haber, que me acompaña en el noble ejercicio de la
+caza; y si no es así, no soy yo el que miras, Nelet.</p>
+
+<p>—Créalo usted o no lo crea, yo sostengo, amigo mío, que vivimos
+en estos pedruscos. Esto que aquí nos rodea no es cosa muerta; esto
+tiene alma, como la tienen los montes, el viento, las cavernas, y los
+torrentes que cantan y rezan en las profundidades...</p>
+
+<hr class="chap x-ebookmaker-drop">
+
+
+<div class="chapter pt3" id="Ch19">
+ <h2 class="nobreak g1">XIX</h2>
+</div>
+
+<p>—Más poeta eres de lo que yo creía —dijo don Beltrán, cogiéndole del
+brazo para pasear por el claustro—. Por cierto que una queja tengo de
+ti, y es que, habiéndote escrito Marcela, según me has dicho, más de
+una carta, acompañada de versos, aún no me los has enseñado.</p>
+
+<p>—No solo he de mostrárselos, sino que quiero que ponga su
+mano de maestro en los que yo, en respuesta de los suyos, estoy
+inventando...</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_185">p. 185</span></p>
+
+<p>Rompió don Beltrán en una risa placentera; mas no pudieron seguir
+ocupándose en aquel ameno asunto, porque se acercó el ayudante
+del batallón, llamando a Santapau para urgentes resoluciones del
+servicio. Toda la tarde y parte de la noche estuvo atareadísimo, dando
+cumplimiento a órdenes de Cabrera para proveer a una corta de árboles,
+con objeto de proteger el camino cubierto entre la casa del abad y un
+<i>mas</i> situado a tiro de fusil, dominando el río y el sendero. Al
+día siguiente contó el comandante a su maestro que, no pudiendo dormir
+después de su trabajo, había visto a Marcela, o más bien una parte no
+más de su persona...</p>
+
+<p>—Pero tan claramente, amigo Urdaneta, como le estoy viendo a usted
+ahora.</p>
+
+<p>—¡Demonio! ¿Y qué parte de su persona veías? ¿Se puede saber?</p>
+
+<p>—Los dientes... Mire usted que es raro. No hay, créalo, en todo el
+mundo dientes como los suyos, blancos como la leche, y tan iguales y
+bonitos que se emboba uno mirándolos... Por arriba y por abajo de las
+dos hiladas, veía yo un poco de los labios... y nada más.</p>
+
+<p>—Eso es que sonreía. Buena señal. ¿Y una sola vez lo viste?</p>
+
+<p>—Más de veinte, y hoy también como unas ocho veces.</p>
+
+<p>—Aunque aquí estamos muy bien, es lástima que las obligaciones
+militares nos separen de la divina Marcela.</p>
+
+<p>Díjole Nelet que desde antes de ir a la <span class="pagenum"
+id="Page_186">p. 186</span>Cenia, era tal su anhelo de verla y
+hablarle, que había discurrido establecer comunicación con ella. Tanto
+tiempo ausente del ser que adoraba, era peor desgracia que la muerte.
+Habiendo tenido la suerte de encontrar a un pastor viejo, muy conocedor
+de aquellos montes y cañadas, devoto de Marcela, a quien como santa
+miraba, le dio el encargo de rastrearla y descubrir sus guaridas. Al
+segundo día de estar en Benifazá, le había traído el pastor razones
+satisfactorias. Marcela habitaba con preferencia en las alturas, como
+las águilas, y en los santuarios de más devoción del país. Había
+morado algún tiempo en la Muela de Ares, después pasó a la cueva de la
+Balma, de allí a la Virgen de los Ángeles, cerca de San Mateo, y en
+aquellos días se hallaba en el santuario de la Traiguera, entre Chert y
+Vinaroz. Como preguntara don Beltrán sí había recibido carta en prosa
+o verso, replicó que las razones de que había sido mensajero el pastor
+eran verbales. Marcela enviaba un cordial saludo a sus dos amigos,
+asegurando que en todas sus oraciones pedía al Señor y a la Virgen que
+les diera salud y buenas ideas. A Nelet, particularmente, le enviaba
+nuevas expresiones de su agradecimiento, y la promesa de acudir al
+punto que él designara, si algo tenía que decirle.</p>
+
+<p>—¡Oh! Magnífico... No repugna acudir a la cita. Vamos bien,
+querido Nelet, pero muy bien... ¡Ay!, es triste cosa que ni yo por
+prisionero, ni tú por militar, esclavo de la <span class="pagenum"
+id="Page_187">p. 187</span>ordenanza, podamos trasladarnos a donde nos
+llama nuestro deseo.</p>
+
+<p>—En eso pienso, señor mío —dijo Santapau caviloso—. Y harto ya de
+la esclavitud del servicio, estoy decidido a pedir mi licencia por
+enfermo, instalándome donde ella esté, aunque para esto tenga que hacer
+vida de penitente.</p>
+
+<p>Aseguró Urdaneta, suspirando y casi lloroso, que él haría lo mismo
+si pudiese, agregándose a los enterradores que escoltaban a la divina
+mujer, y dedicándose con ellos al manejo de la pala y azadón donde
+fuese menester remover la tierra. Añadió Nelet que para la comunicación
+con la monja había encontrado mensajero más rápido que el pastor,
+y era una mujercita del barranco de Vallivana, a quien llamaban
+<i>Malaena</i>, también con cariz de penitente o mendiga errante,
+envejecida por los trabajos, la miseria y los sufrimientos. Madre
+fue de dos hijos que andaban en la partida de Pertegaz, y cogido por
+Nogueras uno de ellos con un parte del <i>Serrador</i>, le fusilaron;
+al otro le aplicó Boil la misma pena en Concud, cerca de Teruel. Sin
+parientes ni habientes, viviendo de arrancar leña y vender teas, era
+<i>Malaena</i> un puro espíritu, pues entre sus huesos y su piel no
+encontrara el escalpelo más diligente una hebra de carne. Frecuentaba
+los bosques; sabía escoger hierbas oficinales; comía raíces y mendrugos
+de pan, reblandecidos en el agua. En ligereza para pasar de un valle
+a otro, salvando las más altas muelas, y los <span class="pagenum"
+id="Page_188">p. 188</span>puertos pedregosos, no la igualaban más que
+los pájaros. Aunque en algunos caseríos de Salvasoria la tenían por
+bruja y la recibían a pedradas, era una pobre y santa mujer, sencilla,
+inocente y fiel. Al escogerla Santapau para embajadora, vio en ella
+un ave discreta y solícita; y para tenerla en su gracia, empezó por
+regalarle una saya nueva, pañuelos, y todas las alpargatas que para
+sus montaraces correrías necesitase. Estas fueron inauguradas por un
+mensaje amoroso, en que puso Nelet sus cinco sentidos, consultándolo
+con don Beltrán, el cual hizo varias enmiendas, más para templar que
+para encender el ardor pasional del desgraciado joven.</p>
+
+<p>Si la guerra vino de improviso a perturbar estos planes, tan
+distintos de la contienda entre Isabel y Carlos, luego los favoreció,
+como se verá más adelante. El 4 de mayo avanzó el general Oráa desde
+Vinaroz contra Cabrera y el <i>Serrador</i>, que ocupaban la Cenia
+y Rosell. En una y otra parte les atacó con brío, desalojándoles
+después de reñido combate. La fuerza de Benifazá acudió en apoyo
+del <i>Serrador</i>, y tanto este como Cabrera hubieron de buscar
+refugio en la sierra de Bel. Dos días estuvieron tiroteándose en
+aquellas alturas las guerrillas de uno y otro bando, hasta que Oráa,
+falto de provisiones, hubo de retirarse a Vinaroz, y Cabrera y el
+<i>Serrador</i> volvieron a ocupar la Cenia y Rosell. Tal era la
+guerra del Maestrazgo, un tomar y dejar posiciones y un perseguirse y
+sorprenderse, sin ventaja de <span class="pagenum" id="Page_189">p.
+189</span>los liberales, que no podían abandonar largo tiempo su
+base de operaciones; el juego solo aprovechaba a los carlistas, que
+estaban en su casa, y desalojados de la sala, se metían en la cocina;
+perseguidos en esta, se escabullían por el cañón de la chimenea, y
+desde el tejado seguían combatiendo.</p>
+
+<p>El ejército cristino, como se ha dicho, tuvo que bajar a Vinaroz:
+comió y volvió a subir, custodiando un convoy de víveres para socorrer
+a Morella, algo apurada de bucólica en aquellos días. Queriendo
+cortarle el paso, apostó Cabrera su gente en Chert; pero el <i>lobo
+cano</i> anduvo más listo; conocida la jugada, dispuso sus tropas con
+arte y burló la astucia del <i>leopardo</i>. Trabose batalla, en que
+el <i>lobo</i> llevó la mejor parte, ganando sin dificultad el paso
+de Vallivana y entrando en Morella sin grave tropiezo. Repitiose a la
+vuelta la jugada, con mayor gasto de cartuchos y algunas bajas; pero
+el <i>lobo</i> pasó, rodeando las alturas de Catí, mientras su rival,
+desconcertado por este hábil movimiento, bajó a esperarle en el valle
+de San Mateo, donde la caballería cristina le hizo frente, obligándole
+a volverse a las alturas. Poco afortunado Cabrera en aquellos lances,
+dividió de nuevo su ejército, y dejando a Llangostera en el Maestrazgo,
+se corrió con el <i>Serrador</i> y el <i>Fraile Esperanza</i> hacia
+Murviedro, donde esperó inútilmente sorprender a Nogueras, y de allí le
+veremos volver pronto hacia el norte con la celeridad del rayo, para
+sitiar a Gandesa.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_190">p. 190</span></p>
+
+<p>En el tiempo invertido en estas operaciones, que solo por el
+cansancio que producían al enemigo eran al carlismo provechosas, pasó
+el buen Urdaneta días de ansiedad amarguísima, confinado primero en
+Chert, luego en La Jana, deplorando la ausencia de su amigo, de quien
+nada sabía; oyendo sin cesar el vivo tiroteo que por esta y la otra
+encañada, de este y el otro monte venía; ignorante de quién perdiera
+o ganara en aquellos combates, a su parecer fantásticos y aéreos,
+sostenidos en las alturas o en los desfiladeros por bandadas de aves,
+más que por hombres. Eran las guerras de fábula, entre animales de
+pluma o pelo, veloces, y que prontamente corrían de un punto a otro,
+sin dejar rastro. Recluido en la impedimenta de Llangostera, que
+escoltaban pocos infantes y caballos, sufrió el hombre tristezas,
+hambres y tratos groseros, hasta que puestas en marcha las acémilas,
+cuando ya toda la rambla de Cervera y pasos de Vallivana estaban libres
+de cristinos, tuvo la satisfacción de ver a Nelet, que al frente de un
+corto destacamento de soldados venía de San Mateo, y lo primero que
+hizo el joven guerrero fue correr a abrazarle cariñoso. Poco le faltó
+a don Beltrán para echarse a llorar del gusto que aquel encuentro le
+daba, y antes que pudieran comunicarse sus afectos, hubo de notar
+Urdaneta que el rostro de su amigo, demacrado y macilento, revelaba
+enfermedad honda o turbaciones del ánimo. No quiso el comandante
+entretenerse en explicaciones, <span class="pagenum" id="Page_191">p.
+191</span>dejándolas para cuando llegasen al poblacho donde habían de
+dormir. Solo dijo que sintiéndose mal de salud, había pedido permiso
+a Cabrera para reponerse con algunos días de descanso, y para cumplir
+un voto a la Santísima Virgen de Vallivana. Como se condoliera el
+maestro de no poder acompañarle ni en el descanso ni en la piadosa
+peregrinación, díjole Nelet que pues en Catí encontrarían a Cabañero,
+bien se podía esperar que el bravo aragonés, deudor de don Beltrán
+por beneficios recibidos, le mostraría su gratitud en aquella ocasión
+sin faltar a sus deberes militares. Consolado con esta idea, recobró
+el noble señor su tranquilidad, ya que no su alegría, y charlando de
+los sucesos recientes, se encaminaron uno y otro a Catí, venciendo
+trabajosamente la subida asperísima que a tan enriscada posición
+conduce.</p>
+
+<p>Lo primero de que se ocupó en el pueblo Santapau fue de ver a
+Cabañero, que con su legión zaragozana y oscense allí estaba desde el
+día anterior, y hablarle del desgraciado prócer a cuya generosidad
+debía el jefe aragonés los primeros zapatos que se puso en su vida. Así
+lo reconoció el tal, manifestándose muy sorprendido de que en pasos tan
+desdichados se viera el noble señor de Albalate y Olid. Corrió a verle,
+y besándole afectuoso las manos, oyó de don Beltrán las explicaciones
+que este quiso darle de los motivos por que había venido a ser cautivo
+de Cabrera, y de hallarse en rehenes, la más <span class="pagenum"
+id="Page_192">p. 192</span>aflictiva situación de un hombre, ¡ay!, en
+tiempos tan calamitosos. Compadecido Cabañero, y expresando su voluntad
+sincera de influir con el jefe para libertarle, le convidó a su mesa,
+harto pobre en verdad; pero aceptable en tales circunstancias. Tocado
+por Nelet el punto delicado de la escapadita a Vallivana para cumplir
+el voto que <i>los dos habían hecho</i> de visitar a la Santísima
+Virgen, accedió Cabañero a que el prisionero se ausentase del ejército
+por dos días no más, dejándole una garantía más valiosa que todos los
+rehenes o <i>prendas vivas</i>.</p>
+
+<p>—Mi palabra de honor, ¿no es eso? —dijo don Beltrán alargando su
+mano flaca—. Pues la tienes.</p>
+
+<p>Respondió el aragonés con gallarda confianza que la palabra
+de tan insigne caballero le bastaba para tener bien cubierta su
+responsabilidad, y no se habló más del asunto.</p>
+
+<p>Vierais, pues, a la mañanita siguiente, a Manuel Santapau y al
+señor de Urdaneta salir de Catí, solos, a pie, cada cual amparado
+de un nudoso garrote: el uno inerme, el otro armado de pistolas y
+un cuchillo de monte. Llevaba de añadidura Nelet provisión de pan y
+otras cosillas de sustancia liadas en un pañuelo. En el descenso de la
+montaña, por senderos de ovejas que sorteaban la pendiente con ángulos
+y curvas dilatadas, pudieron apreciar el grandioso panorama que a su
+vista se ofrecía; belleza incomparable de que también gozó don Beltrán,
+pues si no apreciaba las menudencias y tonos medios del paisaje,
+percibía claramente las grandes <span class="pagenum" id="Page_193">p.
+193</span>masas rocosas, que por su coronamiento romo y achatado, en
+aquella formación geológica, son llamadas <i>muelas</i>. Las vertientes
+cubiertas de verde espesura son en algunos puntos suaves; en otros caen
+rápidamente, querenciosas de la vertical: todas de imponente majestad
+y hermosura. En una de las revueltas vieron el alto de la Virgen de la
+Salud, cerca de San Mateo, coronado por el santuario eminente; en otra
+revuelta, hacia el oeste, la Muela de Ares, cima chata en la sierra de
+la Higuera. Hacia el norte distinguían el oscuro monte de Vallivana
+cubierto de verdor, y más allá asomaban el Castell de Cabres, la Moleta
+del Cid y los montes de la Cenia. Ningún ser humano encontraron en el
+camino. Llegado que hubieron a un ameno grupo de alisos entre peñas, se
+sentaron a descansar y a reponerse con un frugal almuerzo, y tumbados
+allí, en medio de la paz y quietud más deliciosas, Nelet empezó a
+desembuchar las noticias y peregrinos hechos que ansiaba someter al
+consejo de su amigo.</p>
+
+<hr class="chap x-ebookmaker-drop">
+
+
+<div class="chapter pt3" id="Ch20">
+ <h2 class="nobreak g1">XX</h2>
+</div>
+
+<p>Sin ociosos preámbulos refirió que había pasado noches horribles de
+insomnio y terror, pues al llegar a Calig, después de haberse batido en
+guerrillas un día entero con <span class="pagenum" id="Page_194">p.
+194</span>las guerrillas de Oráa, le cogieron por su cuenta como media
+docena de espíritus, a quienes primero tuvo por ángeles, y luego hubo
+de reconocerlos por demonios efectivos, de la familia o casta de
+bellacos y maleantes, pues se le presentaron en un puesto de cantina,
+y convidándole a beber copas, invitáronle a dar un paseo. Vestían de
+paño colorado, como oficiales de un ejército extranjero; y cuando ya
+se hallaron solos con él en lugar apartado, trocáronse por ensalmo
+en clérigos, y le dijeron que le casarían al instante con la hermosa
+Marcela. Quiso huir Nelet; mas le cogieron, y de un vuelo rapidísimo
+fue llevado al castillo de San Mateo, entrando por la plataforma de la
+torre más alta.</p>
+
+<p>—Nelet, si es sueño —dijo don Beltrán bondadoso—, cuéntamelo como
+sueño, y con la importancia que a tales figuraciones de nuestro cerebro
+debemos dar.</p>
+
+<p>—Lo cuento como me pasó y como lo sentí. Preste usted atención, y
+verá si es sueño o qué es. Pues, señor... El que parecía jefe de la
+infernal comparsa me cogió por el brazo y me dio un rápido paseo por
+el interior del castillo, arrastrados él y yo de un furioso ventarrón
+que por todos los huecos entraba y salía, llevando consigo alimañas mil
+volanderas y un polvo que cegaba. Y con las propias voces del aire y
+los chillidos de las alimañas, mi demonio me hablaba. De todo lo que me
+dijo, solo saqué en limpio que el amor que Marcela tenía a las cosas
+divinas <span class="pagenum" id="Page_195">p. 195</span>se le había
+trocado, por arte maléfica, en afición a hombre, a mí, en una palabra;
+que en aquel momento hallábase en el santuario de Traiguera engañando
+a la Virgen para que la relevara de la obligación de sus votos. Debí
+manifestar al maldito diablo mi afán de trasladarme a Traiguera...,
+no estoy seguro de ello..., solo sé que llevándome a un gran sótano
+que hay bajo la sala de armas del castillo, me mostró un agujero al
+modo de escotillón, de donde arrancan escalones hacia lo profundo...
+Como polvo, como humo se desvaneció mi acompañante, dejando tras sí
+un olor muy malo, y yo, precipitándome por aquella abertura, me vi
+dentro de un angosto callejón labrado en la roca, y por él me lancé,
+en la seguridad de salir a Traiguera. Una luz tristísima, que yo no
+sabía de dónde demonios podía venir, me alumbraba en tan feo camino.
+Seguí, seguí toda la noche andando; toda la noche, señor, y al ser
+de día, o cuando a mí me parecía que alumbraba el sol en la región
+externa de la tierra, oí ruido de aguas que manaban de aquellas peñas
+y corrían por grietas y sumideros, haciendo unas como gárgaras muy
+imponentes... Halleme por fin en una caverna, cuyo techo parecía la
+bóveda de una catedral; en el fondo de ella varios hombres cavaban la
+tierra... Acerqueme, y les vi sacar del suelo un objeto largo y pesado
+de color de tierra. «¿Es eso una momia, amigos?», les pregunté. Y ellos
+respondieron: «Mojama es de un muerto de metales, que agora sacamos y
+resucitamos <span class="pagenum" id="Page_196">p. 196</span>por orden
+de la sacra señora, para mayor grandeza de Dios e de su religión». Sin
+parar mientes en lo que hacían, les pregunté por dónde saldría más
+pronto a Traiguera, y su respuesta fue señalarme uno de los conductos
+que desde allí partían, abiertos en la roca. Por él me metí, y a las
+seis horas de camino, por mi cuenta, salí a la luz, y me encontré, no
+en Traiguera, sino en el castillo de Cervera del Maestre.</p>
+
+<p>—Para, querido Nelet, para —le dijo Don Beltrán—, y reconoce que
+todo eso es un desatinado sueño.</p>
+
+<p>—Lo reconoceré si usted se empeña en ello. Pero hay algo aquí que
+no comprenderé si usted con su universal conocimiento de las cosas no
+me lo explica, y es que al salir a Cervera del Maestre, encontreme
+tan molido como si me hubieran dado carreras de baqueta; mis pies
+sangraban; en mi cuerpo no cabían ya más cardenales... Y otra duda; si
+ello fue sueño y me dormí en Calig, ¿cómo desperté en Cervera?</p>
+
+<p>—¿Estás bien seguro de no haber ido a Cervera... por tu pie?</p>
+
+<p>—Segurísimo. ¿Y cómo, sin creer en los poderes ocultos, se explica
+que al bajar yo del castillo al pueblo de Cervera me encontré a
+<i>Malaena</i>, que muy sentadita en una piedra me esperaba? ¿Cómo
+sabía ella que allí estaba yo, habiéndole advertido que fuera a
+buscarme a Calig?</p>
+
+<p>—Pues será bruja, como dicen... Y en suma, ¿qué recado te traía la
+mensajera?</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_197">p. 197</span></p>
+
+<p>—Que había visto a Marcela en el castillo de San Jorge, más abajo
+de Traiguera, ocupada con dos viejos en apisonar la tierra de una
+sepultura recién abierta y cerrada. Apisonaban dando pataditas encima
+los tres, marcando el compás, como de baile, con una oración entre
+rezada y cantada. Luego que acabaron, Marcela dijo a mi embajadora que
+si yo quería verla pasase el jueves (por hoy) a Vallivana.</p>
+
+<p>—Y por eso estamos aquí, y por eso vamos allá. Muy bien.</p>
+
+<p>—La despaché en seguida con nuevo mensaje escrito, y hoy ha de
+traerme la contestación. Me espera en Salvasoria, que es aquella
+aldeíta que blanquea allá lejos, en el fondo de este valle, y que desde
+aquí parece un hato de ovejas sesteando entre los matorros verdes.</p>
+
+<p>Siguieron; y como don Beltrán intentara quitarle de la cabeza la
+pueril creencia de los caminos subterráneos, obra de la edad feudal,
+dijo Nelet que a la tradición debía tal creencia y otras análogas,
+como la parte fundamental que toman en nuestra vida las potencias
+invisibles, ora sean ángeles, ora demonios. Replicó el anciano que
+la tradición era una vieja loca, que había sido poetisa; pero que
+ya con la edad chocheaba; y Santapau contó que su madre, natural de
+Ares del Maestre, el riñón del Maestrazgo, hablaba de las galerías
+secretas entre los castillos de la orden de Montesa y los monasterios
+de frailes y monjas, como si las hubiera <span class="pagenum"
+id="Page_198">p. 198</span>visto y reconocido de punta a punta. Tomó
+la palabra Urdaneta para denegar tales absurdos, asegurando que si
+había pasadizos bajo tierra, eran cortos, y solo servían para unir
+los castillos con algún reducto cercano, caminos naturales del arte
+antiguo de la fortificación. Respecto a la orden de Montesa, de quien
+fue propiedad aquel territorio que veían, y otros mayores en grandísima
+extensión por todo el reino alto de Valencia, dijo que él era caballero
+de dicho hábito; pero que ya tales caballerías eran una ficción de
+vanidad, porque todo lo sustancial de ellas se lo había tragado el
+tiempo insaciable, que va devorando, devorando, y no siempre crea
+cosas nuevas con que sustituir a las pasadas. En la antigua ciudad de
+Olite, patria de su madre, y en la casa solar de Urdaneta, en las Cinco
+Villas, subsistían no pocos retratos de esclarecidos caballeros de San
+Jorge de Alfama, orden que se refundió en la de Montesa. Esta trocó su
+cruz negra flordelisada por la roja y sencilla de San Jorge, que es la
+que aún dura. Uno de sus remotos abuelos, según constaba en pergaminos
+de la casa, don Gilaberto de Monsoria, fue Gran Maestre de Montesa, y
+con esta dignidad murió en la villa de San Mateo, donde seguramente se
+conservaría su sepulcro.</p>
+
+<p>—Otro ascendiente mío por la línea materna, frey don Pedro Luis de
+Garcerán de Borja, fue Comendador mayor, y poseía por tal dignidad las
+villas y pueblos de Cuevas de Vinromá, Albocácer, Tirig, Torre den
+Dumenje, y otras <span class="pagenum" id="Page_199">p. 199</span>más
+que no recuerdo ahora. Clavero fue el hermano del fundador de mi
+señorío de Albalate, frey don Guillén de Corbera, almirante... Pues
+si las mudanzas de los tiempos y las revoluciones no hubieran hecho
+escombros de todo aquel orden social, tu amigo don Beltrán de Urdaneta
+sería hoy quizás Gran Maestre, y dueño, por tanto, de las villas
+y lugares de San Mateo, Traiguera, Chert, La Jana y algunos más.
+Figúrate... Nadie nos tosía en estos valles y montes; con mi gente
+armada y esta red de castillos y fortalezas, haríamos aquí lo que nos
+diera la gana: a ti te nombraría bailío para que me gobernaras todo
+mi territorio; elegiríamos prior a un clérigo sumiso que a nuestro
+gusto nos gobernara todo lo espiritual; a las monjas de nuestra
+jurisdicción las obligaríamos a proporcionarnos todos los milagros que
+fueran menester; haríamos excavaciones para sacar tesoros escondidos
+y... Pero despertemos a la realidad, y caigamos innoblemente en este
+lodazal de miseria, de esclavitud y vulgaridad. Veamos nuestros
+castillos en ruinas, poblados de lagartos y murciélagos; nuestro poder
+desvanecido como el humo; veámonos tan impotentes que sobre nadie
+tenemos autoridad, y a nosotros nos mandan cuatro canallas groseros y
+estúpidos. ¿Qué somos? Unos pobres peregrinos que van tras de una monja
+suelta, de quien esperamos, tú una limosna de amor, yo una limosna
+de pan... Ya ves... ¡Qué triste despertar!... ¡Oh tiempos, oh fin de
+fines!...</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_200">p. 200</span></p>
+
+<p>Callaron largo trecho: antes de llegar a Salvasoria, se les apareció
+<i>Malaena</i> saliendo de un matojo, y Nelet se detuvo un instante con
+ella para recibir razones de su embajada. Don Beltrán distinguía de la
+mensajera una figurilla delgada y ágil, brazos y manos ennegrecidos,
+con rostro muy semejante en color y arrugas a una pasa, con ojos
+ratoniles. No hablaba más que valenciano, dulce y lacónico, apoyando
+con sus flacas manos los dichos, cual si quisiera estamparlos en el
+aire.</p>
+
+<p>—<i>Pos hara</i> —le dijo Nelet—, <i>adelantat y espéranos en la
+font, al peu del mont. Allí pasaren la nit. Arreplega lleña y fes una
+bona fogata. Pren estas provisions, y si pots conseguir unes criailles,
+fetnos un bon guisado</i>.</p>
+
+<p>En breve desapareció delante de los peregrinos la diligente pájara,
+y ellos siguieron taciturnos: Nelet mirando al suelo, recitando entre
+dientes algo que no se sabía si era oración o algún conjuro contra
+diablos entrometidos y enredadores; don Beltrán mirando al monte,
+recreándose en aquella plácida soledad de sagrado bosque propicio a los
+misterios. Sentíase el noble viejo a mil leguas de la sociedad y de
+sus afanes; diríase que ni la guerra, ni la política, ni ninguna lucha
+de humanos, habían de extender hasta allí su tumulto y vocerío. Por no
+ver seres vivos, ni aun cabras veían. Era la soledad de los lugares
+no estrenados aún por la historia y la leyenda... La imaginación del
+primer habitante los poblaba de seres invisibles, escondidos en el
+silencio.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_201">p. 201</span></p>
+
+<p>Oyendo suspirar a Nelet, su maestro le dijo:</p>
+
+<p>—Muy caviloso te veo. ¿Eso que entre dientes hablas, es rezo o un
+ensayo de lo que quieres decir a tu amada en la entrevista de esta
+tarde?</p>
+
+<p>—No la veré esta tarde, sino mañana al amanecer, que así acaba
+de anunciármelo <i>Malaena</i>; y en cuanto a lo que mascullo, sepa
+usted que es la contestación que debo dar a unos versos que hace
+días me envió Marcela... Mi plan es glosarlos estrofa por estrofa,
+devolviéndole el discurso y dándole un giro peregrino, que al propio
+tiempo que exprese mis afectos, sea muestra gallarda de un buen
+razonar... Compongo de memoria algunas de mis estrofas para que usted
+me las corrija, y en eso vengo trabajando con los sesos bien afinados y
+calientes.</p>
+
+<p>—Ante todo, léeme o recita los versos de esa prodigiosa mujer,
+pues sin conocer la proposición poética, mal podré yo juzgar si la
+conclusión rivaliza tu ingenio con el suyo.</p>
+
+<hr class="chap x-ebookmaker-drop">
+
+
+<div class="chapter pt3" id="Ch21">
+ <h2 class="nobreak g1">XXI</h2>
+</div>
+
+<p>—Recitaré a usted las primeras estrofas de ella, que estampadas
+con letras de fuego, como todas las demás, llevo en mi memoria. Dicen
+así:</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_202">p. 202</span></p>
+
+<div class="poetry-container">
+ <div class="poetry">
+ <div class="stanza">
+ <div class="verse indent2"><i>Es Dios la original circunferencia</i></div>
+ <div class="verse indent0"><i>De todas las esféricas figuras,</i></div>
+ <div class="verse indent0"><i>Pues cercos, orbes, círculos y alturas</i></div>
+ <div class="verse indent0"><i>En el centro se incluyen de su esencia.</i></div>
+ </div>
+ <div class="stanza">
+ <div class="verse indent2"><i>De este infinito centro de la ciencia</i></div>
+ <div class="verse indent0"><i>Salen inmensas líneas de criaturas,</i></div>
+ <div class="verse indent0"><i>Centellas vivas de las luces puras</i></div>
+ <div class="verse indent0"><i>De aquella inaccesible omnipotencia.</i></div>
+ </div>
+ </div>
+</div>
+
+<p>—Enrevesadillo es..., pero no está mal. Yo que tú, me limitaría
+a contestarle en prosa llana que la quieres, que ahorque el sayo de
+peregrina, y se deje de ensueños y se case contigo, para que deis a
+Dios y a la sociedad, ella robusta, tú también, una <i>inmensa línea
+de criaturas</i>... Pero sin perjuicio de este consejo, veamos cómo se
+compone tu cacumen para devolver esas estrofas.</p>
+
+<p>—Pues verá usted... Yo le digo:</p>
+
+<div class="poetry-container">
+ <div class="poetry">
+ <div class="stanza">
+ <div class="verse indent2"><i>¡Oh, Marcela! Si es Dios circunferencia</i></div>
+ <div class="verse indent0"><i>De la divina esencia,</i></div>
+ <div class="verse indent0"><i>Explana de los orbes el abismo</i></div>
+ <div class="verse indent0"><i>En líneas, cercos, círculos y...</i></div>
+ </div>
+ </div>
+</div>
+
+<p>Al llegar aquí, la ley del maldito consonante me obliga a buscar el
+modo de meter la palabra <i>profundas</i>, para poder rematar con el
+concepto:</p>
+
+<div class="poetry-container">
+ <div class="poetry">
+ <div class="stanza">
+ <div class="verse indent2"><i>Tú que de amor y gloria te circundas,</i></div>
+ <div class="verse indent0"><i>Eres centro del centro de Dios mismo.</i></div>
+ </div>
+ </div>
+</div>
+
+<p>Apretándose los ijares, rompió don Beltrán <span class="pagenum"
+id="Page_203">p. 203</span>en una tan fuerte risa, que el bueno de
+Nelet, desconcertado, cortó la vena poética.</p>
+
+<p>—¿Qué, señor? —le dijo—, ¿es que no están bien hilvanados, o que no
+hay bastante sutileza y delgadez de razonamiento?</p>
+
+<p>—Por San Jorge de Alfama y por el nombre que llevo —replicó don
+Beltrán llorando de risa—, te juro que desde que hay poesía no se han
+compuesto versos peores... Pues los de ella también son malos adrede...
+Hijo mío, vuelve en ti; acógete a la opinión leal y a la experiencia
+del viejo Urdaneta, y abandona un camino por donde vas, no a la
+conquista, sino a la total perdición de la plaza que quieres sitiar.
+Ven acá, y en un abrazo de amigo te comunicaré las ideas que deben
+curarte de esa enfermedad que padeces. Los demonios y los versitos son
+dos síntomas de un mismo mal: el mal de tontería, Nelet...</p>
+
+<p>—Por Dios, que voy creyendo que tiene razón —dijo el discípulo
+dejándose abrazar.</p>
+
+<p>—¡Que si tengo razón!... Como que a no cambiar de sistema, Marcela
+se reirá de ti y acabarás por volverte loco. De un mal semejante al
+tuyo padece ella, y no has de curárselo sino con la aplicación de la
+medicina que produzca humor contrario a esas simplezas. Vuelve en ti;
+levántate de ese terreno, verdadero corral de pavos, en que te has
+caído. Ten presente que Marcela no ha de quererte por pavo, sino por
+hombre. No seas con ella poeta huero; sé gallardo, fuerte, enamorado,
+siempre varonil; antes <span class="pagenum" id="Page_204">p.
+204</span>que ñoño y quejumbroso, sé atrevido y jovial. No hagas caso
+de duendes, que son muy mala compañía, ni te calientes los cascos
+componiendo endechas, que aun siendo superiores, no agradarían a tu
+señora tanto como un buen poema de amor, sentido y expresado en los
+hechos, no en las palabras.</p>
+
+<p>—¡Es verdad, sí, sí! ¡Viva don Beltrán! —exclamó Nelet entusiasmado,
+abrazándole más fuerte—. Lo veo claro... Hay que ser hombre, galán,
+fuerte, apasionado, dispuesto para todo...</p>
+
+<p>—Sí, que vea y entienda la grandeza y el ardor de tu pasión; que en
+ti admire el tipo del caballero amante, de corazón fogoso y voluntad
+firme; que te tema un poco, pues es bueno una chispita de miedo para
+encender amor; vea también que a todos infundes respeto; que eres
+bravo, verdadero gallo en guerras y amores. Esta es mi opinión. Si no
+haces esto, no cuentes conmigo... Que te aconsejen los demonios y te
+amparen los versitos.</p>
+
+<p>—No; no hay consejero como usted, ni quien sepa más de cosas de
+mundo y mujeres. A mi don Beltrán me atengo... Fuera demonios, fuera
+ensueños, fuera poesía, que no es tal poesía, sino lo que usted
+dice..., cosa de pavos... Fuera los quejiditos y el no comer, y el
+miedo ridículo... El cuento es que cuando yo enamoraba a tantas sin
+quererlas, sabía cumplir de palabra y obra; y a lo bruto..., porque
+yo era un bruto..., me desenvolvía muy bien... Pero con esta no soy
+lo <span class="pagenum" id="Page_205">p. 205</span>que fui, ni
+acierto a enamorarla... Y es que me tiene prendada toda el alma, y el
+seso completamente sorbido... y todo mi ser como derretido en ella y
+transformado...</p>
+
+<p>—Acógete a mi doctrina, hijo, y adelante. Ganarás, ganaremos la
+partida, porque algo me ha de tocar a mí como maestro: la satisfacción
+de ver coronados tus deseos, de verte feliz, contento, padre de
+familia... ¡Y que no se alegrará poco este viejo de ver en ti y en
+Marcela florecer nueva rama de la honradísima familia de Luco! Así se
+redondeará todo, y evitaremos que el caudal de mi amigo vaya a parar
+a manos muertas... Con él constituiremos una gran familia tronco
+de numerosa prole; y en esa familia prosperará la agricultura, la
+industria, y resplandecerá la moral, la... Ya ves, ya ves cómo discurro
+y voy atando cabos. Hay que estar en todo, hijo mío.</p>
+
+<p>—Venga otro abrazo —dijo Nelet con efusión, sintiendo que al mágico
+influjo de aquella palabra persuasiva, el alma se lo vigorizaba, y se
+le inundaba el entendimiento de vivísima luz—; ya lo veo, ya lo veo.
+¡Vaya un talento macho!... Adelante: soy hombre; no creo en duendes;
+quédense les versitos para barberos y estudiantes... Apresurémonos ya,
+que aún estamos distantes del sitio en que hemos de pasar la noche.</p>
+
+<p>Grandemente excitado, don Beltrán fue charlando todo el camino, y
+el otro escuchaba gozoso las explanaciones que hizo de su pensamiento,
+y los ejemplos admirables que <span class="pagenum" id="Page_206">p.
+206</span>refirió en corroboración de sus teorías. Con esto se les pasó
+la tarde, y ya anochecía cuando llegaron al borde de la barranquera
+que les separaba del monte de Vallivana. Para dar descanso al viejo
+pararon allí, recreándose los dos en el paisaje que a sus ojos se
+ofrecía: soledad en lo hondo, quietud en las alturas, la majestad
+de la naturaleza campando en su silencio augusto. Con precaución
+descendieron hacia el río profundo, que fácilmente se vadeaba, y paso
+a paso emprendieron la subida de la vertiente opuesta, guiados por
+<i>Malaena</i>; que sin este auxilio no habrían podido encontrar el
+escalonado sendero entre la peña cubierta de vegetación. Llegaron por
+fin a la meseta, donde había una fuente de agua cristalina dentro de
+un nicho de variadas florecillas. En una gruta cercana descansaron. La
+noche se les pasó en coloquios muy entretenidos y en ratos de tranquilo
+sueño, después de una cena frugal. Al amanecer, previo lavatorio de
+cara y manos en la fuente, emprendieron la marcha hacia el santuario.
+Según los informes de la vieja, allí encontrarían a Marcela, que había
+llegado la noche anterior traspasando la sierra de Bel.</p>
+
+<p>En efecto, serían las siete cuando, vencida ya gran parte del
+fragoso camino, vieron descender por entre matojos la figura mística
+de la monja Luco, seguida de los viejos. Estos se quedaron atrás, y
+avanzó sola entre el verdor de los jarales con lento paso de procesión:
+traía en la mano una rama <span class="pagenum" id="Page_207">p.
+207</span>de espino florecido. Cuando estuvo casi al habla saludó a
+sus amigos con grave sonrisa y un movimiento de la mano en que tenía
+el ramo, y se sentó en una peña. No lejos de ella, otra peña baja
+y extensa parecía puesta allí para que se sentaran los caballeros.
+Esmerádose había la naturaleza en la hechura de aquel estrado, para
+pláticas de novios o para honestas reuniones. Se miraron los tres un
+instante. Rompió el silencio Marcela con palabras de relleno:</p>
+
+<p>—¿Verdad, señor don Beltrán, que es agria la subidita? Siéntese
+aquí, a este lado mío. Tú, Nelet, enfrente.</p>
+
+<p>—La más penosa cuesta —dijo el anciano con refinada galantería— se
+vuelve ligera y fácil cuando al término de ella estás tú.</p>
+
+<p>—Es lisonja, señor... No le quiero tan lisonjero.</p>
+
+<p>—Es la verdad —afirmó Nelet, que ya se enojaba de permanecer mudo—.
+Por ti, Marcela, subo yo a este monte y a otros más altos; y cuanto
+más te subas tú, más gozo yo elevándome hasta donde estés: que es
+obligación de lo humano remontarse a lo divino.</p>
+
+<p>—¡Jesús mío! —exclamó la monja risueña, santiguándose—. ¡Cuán
+desatinados vienen hoy los dos!</p>
+
+<p>—Alto ahí —dijo don Beltrán, tomando pie de las últimas palabras de
+Nelet—: si divina es Marcela, y como a tal la adoramos, no ocultemos
+que ahora la quisiéramos humana, sin menoscabo de su divinidad, pues
+a <span class="pagenum" id="Page_208">p. 208</span>mi entender, lo
+divino y lo humano deben compenetrarse, constituyendo el mejor estado
+dentro de la naturaleza...</p>
+
+<p>—Alto ahí, digo yo ahora, y a fe de Marcela sostengo que no soy
+divina, aunque a la divinidad aspira mi pobre humanidad baja, y la
+compenetración de lo humano y lo divino ha de ser por el modo que la
+propia divinidad señala cuando quiere hacer suyo lo humano.</p>
+
+<p>Si Marcela gozaba en este torneo conceptuoso, Nelet sufría de verse
+en tales laberintos, donde se perdía su <i>intellectus</i>. Así, con
+gallardo arranque llevó la cuestión al terreno de la sinceridad y
+llaneza:</p>
+
+<p>—No sé si es humano o es divino el sentimiento que aquí me trae,
+Marcela, sentimiento por el cual iría yo tras de ti hasta el fin del
+mundo. Lo que te he dicho en mis cartas, ahora lo repito con el apoyo
+de mi buen amigo; y es que te quiero. Dios encendió en mí una llama que
+me devora y consume. Si me niegas el amor que te pido, creeré que este
+fuego es un pedazo del infierno metido en mí.</p>
+
+<p>—¡Oh!, eso no —dijo Marcela prontamente—, que el amor viene siempre
+de Dios. Fuego del cielo es lo que te quema el alma, Nelet; mas no
+has de pretender que yo rompa mis votos para darte la tranquilidad.
+El amor, nacido en el alma, puede en ella tener su remedio, pues como
+divino, con divinos medios se modera y aplaca.</p>
+
+<p>—Eso no —dijo el anciano—, con perdón de la ciencia, el amor como
+sentimiento de <span class="pagenum" id="Page_209">p. 209</span>pura
+humanidad, solo en la esfera humana encuentra su remedio.</p>
+
+<p>—Perdóneme el señor don Beltrán; déjeme concluir. Ha dicho Séneca
+que el afecto de amor no se rige por la razón. Es sabido que el
+demasiado amor es muy peligroso y acarrea desastres y muertes. Y
+así, yo repito ahora el dicho de Quilón Lacedemonio: «No amarás ni
+desearás nada demasiadamente». Y de que el amor no se rige por la
+razón, tenemos en la antigüedad ejemplos mil. Pigmalión y Álcidas Rodio
+amaron estatuas; Pasifae Reina amó a un toro; Semíramis a un caballo;
+Jerjes Rey a un árbol plátano; Hortensio Orador amó a una murena
+pescado; Cipariso a una cierva, y muerta la cierva, murió él también de
+pesar...</p>
+
+<p>—Pero yo no amo a una estatua, ni a un pez, ni a un árbol —dijo
+Nelet con viveza—, sino a una mujer, a un ser vivo y hermoso, en quien
+Dios puso todas las perfecciones...</p>
+
+<p>—Déjame acabar mi argumento.</p>
+
+<p>—Dejarla... sí, dejarla —indicó don Beltrán, que notaba en Marcela
+un gran gusto de hablar de amor, y el empeño de disimularlo con
+frialdades eruditas.</p>
+
+<p>—Hemos sentado que el amor no se rige por la razón —prosiguió la
+santa—. Y ahora, tratando de penetrar en la esencia de ese sentimiento,
+digo que lo que mueve el amor del hombre es toda perfección de
+naturaleza...</p>
+
+<p>—Muy bien.</p>
+
+<p>—Admirable.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_210">p. 210</span></p>
+
+<p>—No lo digo yo: lo dice Aristóteles. Las cosas que incitan y mueven
+el amor en el hombre son: sapiencia, hermosura, eutrapelia, que es
+como decir buena conversación... Pues apartando el alma de estas
+perfecciones de naturaleza, a que llamo perfecciones imperfectas, y
+embebiéndola en la única perfección perfecta, que es Dios, el amor
+humano se extingue, y el alma se ve purificada, gozosa y satisfecha en
+el verdadero amor.</p>
+
+<p>—Todo eso es muy sabio —dijo Nelet en pie, impaciente, decidido a
+llevar las cosas por lo humano, pues tanta divinidad y sutileza de
+palabra le enfadaban—, pero a mí no me traigas ese cuento de que el
+amor de Dios quita el amor de mujer... No: a Dios se le quiere como
+Dios y a la mujer como mujer. Hombre soy, mujer tú. ¿Por qué no hemos
+de amarnos y ser felices? ¿Para qué nos ha criado Dios? ¿Para que nos
+aborrezcamos uno a otro y le queramos a Él? No, Marcela... Eso es un
+disparate, aunque lo digan Séneca, Aristóteles o san Simplicio. En
+cuestión de amor sé yo tanto como esos y más, más... Si quieres darme
+una razón para no amarme, deja a Dios y a los santos en el cielo, y
+háblame como se habla entre criatura y criatura. Dime que no te agrado,
+que no soy de tu gusto, y ante este argumento, que no es sabio ni está
+en latín, no tendré más remedio que callarme y devorar mi amargura y
+morirme de pena... Sí, Marcela, porque tu desprecio es mi sentencia de
+muerte...</p>
+
+<p>—Bien, muy bien, Nelet —gritó don Beltrán <span class="pagenum"
+id="Page_211">p. 211</span>radiante de satisfacción—. Así habla un
+hombre, y así te quiero, hijo mío.</p>
+
+<p>—Hemos venido a pedirte una contestación a lo que de palabra y por
+escrito te he dicho. Yo estoy loco por ti. Desde antes de conocerte te
+amaba, y antes de verte te veía, y tan llena de ti tengo mi alma, que
+no hay en ella intención ni pensamiento que no sean tuyos..., de lo
+que se sigue que has de escoger entre quererme y que yo acabe mi vida.
+Esto es quererte a ti y querer también a Dios. Pero no me pidas, ¡ay!,
+que quiera a Dios solo sin dejar nada para lo humano, porque eso es
+imposible.</p>
+
+<p>Marcela mordía un palito de la rama del espino, sin fijar los ojos
+en ninguno de los caballeros, perdida su mirada en vagos espacios. Don
+Beltrán se aproximó a ella para observar su rostro, en el cual creía
+notar cierta turbación o pugna de sentimientos, y aprovechando estado
+tan ventajoso, hizo seña a Nelet de que callase, dejándola un rato en
+aquel solemne careo consigo misma.</p>
+
+<hr class="chap x-ebookmaker-drop">
+
+
+<div class="chapter pt3" id="Ch22">
+ <h2 class="nobreak g1">XXII</h2>
+</div>
+
+<p>—No me negarás —dijo don Beltrán, poniendo suavemente su mano en la
+rodilla de la santa— que el hombre en cuyo corazón has encendido fuego
+de amor tan grande es merecedor de tu cariño. Caballero leal en todas
+sus acciones, será para ti el mejor compañero <span class="pagenum"
+id="Page_212">p. 212</span>que Dios podría depararte. ¿Lo niegas?...</p>
+
+<p>—No señor —replicó Marcela mirando al suelo—; no puedo negar lo
+que es verdad: reconozco sus buenas partes, y por su rendimiento y
+constancia me veo precisada a tenerle estimación; la estimación que
+permiten mis estrechos votos...</p>
+
+<p>—Por algo se empieza, hija mía. Y ahora te digo que a Dios no podría
+ofenderle que trocaras la vida religiosa por la que llamamos mundana.
+Dios hizo el mundo, hizo la humanidad para que en él viviese y de él
+gozara, y creó el amor para que la humanidad se prolongase hasta lo
+infinito, de padres a hijos...</p>
+
+<p>—Y no sé yo —dijo Nelet con bárbara lógica— que hiciera Dios
+conventos, ni mandase a hombres y mujeres que se apartaran de la
+existencia material..., porque la existencia material es el fundamento
+de toda vida y hasta del amor de Dios; porque para amar a Dios tenemos
+que vivir, y para vivir tenemos que nacer, y para nacer...</p>
+
+<p>—Aunque me ven ustedes silenciosa —indicó la penitente dando un
+suspiro—, no crean que me faltan razones para contestar a lo que uno y
+otro me dicen.</p>
+
+<p>—¡Oh! Ya sabemos que silogismos y citas sagradas y profanas, no han
+de faltarte... Pero ahora nos harás el favor de guardar a todos los
+sabios en el archivo de tu memoria, y no consultar más texto que el de
+tu corazón. ¿Qué te dice este? ¿Que desprecies a Nelet?</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_213">p. 213</span></p>
+
+<p>—No me dice que le desprecie —replicó la monja sin mirar al
+interesado—, pero me persuade a no cambiar la vida de penitencia por
+otra vida.</p>
+
+<p>—Pues yo he leído en no sé qué autor —dijo Nelet altanero— que la
+primera penitencia es el matrimonio, y la mayor gloria humana criar una
+familia. Y si te decides a permanecer en el siglo, donde me encontrarás
+amante, esclavo fiel, no te pesará, Marcela, y verás como Dios te
+quiere más y te bendice..., pues la vida que llevas no es vida de
+persona racional, ni Dios nuestro Criador puede querer eso.</p>
+
+<p>—No creáis —repitió Marcela, inquieta y como azorada, sin
+mirarles, mascando el palito— que porque callo me faltan razones...
+Mas no quisiera que las razones que se me ocurren las tomara Nelet a
+desprecio... No, no; desprecio no es... Y... no sé cómo decirlo... Es
+que aunque yo me propusiera arrancar de mi el amor de la vida religiosa
+y el gusto grandísimo de cumplir mis votos, no podría, no podría...
+Es más fuerte que yo mi devoción... Pero el afianzarme en ella no
+significa desprecio..., no... Considero lo que Nelet merece..., y
+yo pediría al Señor que le concediese, en criatura mejor que yo, la
+satisfación de su fina voluntad... Que las hay mejores, sí, mejores que
+yo, de superior mérito físico y moral, así por la presencia como por
+las virtudes...</p>
+
+<p>—No, no hay quien te supere —exclamó Nelet levantándose con furor
+de abrazarla—, <span class="pagenum" id="Page_214">p. 214</span>ni
+siquiera quien te iguale. Marcela, en dos letras pronunciadas por tu
+boca está la ventura y la salvación de un hombre. Pronúncialas. Fácil,
+como el respirar, es decir <i>sí</i>... El <i>no</i> es sentencia de
+muerte, y tus labios divinos no me condenarán.</p>
+
+<p>Levantose Marcela, y poniendo en su rostro y en su acento una
+severidad que el menos lince habría tenido por afectada, dijo a los
+caballeros:</p>
+
+<p>—Con su venia subiremos a la iglesia, que yo tengo que rezar, y
+ustedes también, pues han venido a cumplir una promesa.</p>
+
+<p>Sin esperar respuesta echó a andar hacia arriba con grave paso,
+echándose al hombro la rama de espino que decoraba graciosamente
+su gallardo busto. Quiso Nelet avanzar tras ella para proseguir el
+coloquio interrumpido; pero don Beltrán le detuvo vigorosamente por un
+brazo, y aguardando a que la santa se alejara, le dijo:</p>
+
+<p>—Tonto, ¿no has comprendido? Es nuestra, es tuya.</p>
+
+<p>—Me ha parecido que su espíritu no es insensible al amor de
+hombre.</p>
+
+<p>—Calla, hijo... Desde que comenzó a soltar filosofías y citas
+de autores, observé que viene transformada. ¿Qué eran aquellas
+sutilezas más que un coqueteo de arte mayor? Es mujer, es mujer; hemos
+triunfado.</p>
+
+<p>—¡Mujer! —repitió Nelet como en éxtasis.</p>
+
+<p>—¿Pero no ves esos andares?... ¿No ves cómo se recoge la saya para
+andar cuesta arriba? ¿Y esa manera de llevar la rama florecida?...
+<span class="pagenum" id="Page_215">p. 215</span>No es mala sofoquina
+la que le hemos dado con nuestro razonar irrebatible. Mírala, hombre,
+y dime si eso no es una mujer disfrazada de santa... El cuento es que
+está guapa de veras... La he visto muy de cerca; me he fijado bien.
+Los dientes son ideales; no extraño que hayas soñado con ellos. ¡Y qué
+perfil el de su cara! ¿Pues y los ojos?... Nelet, dame un abrazo...
+Estás de enhorabuena... Yo no la distingo ya más que como un bulto. ¿Va
+muy lejos? ¿No mira para atrás?</p>
+
+<p>—Todavía no ha mirado.</p>
+
+<p>—Ya, ya la veo. Allá va. Pues bien, Nelet, yo te apuesto lo que
+quieras a que antes de llegar a aquel peñasco negro... ¿No hay allí un
+peñasco?</p>
+
+<p>—Es una encina.</p>
+
+<p>—Pues te apuesto a que antes de llegar a la encina, se para y nos
+mira... a ver si la seguimos. No, no te muevas.</p>
+
+<p>Resultó, en efecto, lo que el ladino viejo decía. Parose la
+penitente, y agitó la rama como diciendo con ella: «¿Pero qué hacen que
+no suben?».</p>
+
+<p>Como el tardo paso de don Beltrán no permitía la ascensión rápida,
+Marcela se adelantó largo trecho. De rato en rato miraba, y Nelet
+le hacía señas de que se detuviese; mas no hacía caso, y cuando los
+caballeros llegaron al santuario, ya la monja y sus viejos rezaban
+ante el altar con gran recogimiento. Arrodilláronse no lejos de la
+puerta, a distancia de Marcela, para poder <span class="pagenum"
+id="Page_216">p. 216</span>hablar a su gusto.</p>
+
+<p>—Trastornadita y blanda la tienes ya —decía Urdaneta—. Y no debes
+atribuir esta mudanza a la constancia de tus manifestaciones amorosas.
+Obra es del contacto continuo con la naturaleza, de la vida al aire
+libre, de la libertad, el campo, las montañas, los bosques sombríos y
+las fuentes cristalinas. Ya conocían el paño los que establecieron para
+penitencia de hombres y mujeres los recintos cerrados. La sociedad es
+gran conductora de amor; lo es también la naturaleza... Por más que aún
+se defiende con sus sabidurías acartonadas, se ve que está vencida,
+tocada del mal de amor. En los andares lo conozco, en el metal de voz.
+A mí no me engaña queriendo hacer papeles de teóloga. Para rendir por
+completo su voluntad, y que nos largue un <i>sí</i> tan grande como
+esta iglesia, hemos de proceder con tino. Mucho cuidado, Nelet, con lo
+que ahora le digas...</p>
+
+<p>Nelet rezaba; el prócer hizo lo mismo, pidiendo a la Virgen que le
+mejorara la vista y que le sacara del cautiverio que tan injustamente
+sufría. Examinaron luego la iglesia, conducidos por la santera, pues
+allí no había sacristán ni hombre alguno; vieron también el camarín y
+la imagen, y se salieron al atrio a pasearse y fumar un cigarrito...
+Marcela, terminados los rezos, apareció al fin, tras larga espera, y
+tomando de la mano a don Beltrán, guio a los dos caballeros a un lugar
+abrigado junto a la hospedería, al pie de copudos robles. Sentados
+los tres <span class="pagenum" id="Page_217">p. 217</span>sobre la
+hierba, continuaron su coloquio, siendo ella la que rompió con estas
+palabras:</p>
+
+<p>—He pedido a Dios y a la Virgen con todo fervor que me iluminen. No
+siento aún desgana de mis votos benditos, ni sombra de afición a otra
+vida. También he pedido al Señor que derrame alguna frialdad sobre ese
+fogoso afecto de Nelet, y espero que...</p>
+
+<p>—Esto no lo enfría Dios —dijo el enamorado—. Lo que hace es avivar
+la lumbre, y cuanto más te miro, más me enciendo, Marcela. Yo he pedido
+a Dios que de este fuego que a mí me sobra te dé a ti algunas ascuas,
+infundiéndote el gusto de familia, de vida doméstica...</p>
+
+<p>—Sí, hija mía: si te incitara Nelet a cosas impuras y pecaminosas,
+tus escrúpulos serían muy justificados; pero te propone, y yo con
+él, la unión bendita y santa ante el altar. ¿Qué sacas de esta vida
+errante? ¿A quién haces feliz con tus penitencias? ¿No es más cristiano
+y caritativo que libres de la muerte a un hombre honrado, y trueques
+sus martirios en dulzura, su infierno en cielo?</p>
+
+<p>—¡Vive Dios —exclamó Nelet con insana vehemencia— que lo ha
+expresado don Beltrán como el mismo evangelio! Quisiera yo ver a Dios,
+como os estoy viendo a vosotros, para preguntarle delante de ti: «Dios,
+¿no es verdad que tengo razón y ella no la tiene?».</p>
+
+<p>—Cálmate, Manuel —dijo don Beltrán, alarmado de tanto ardor—. Yo
+veo en el mirar dulce de este ángel que nuestras razones han ganado su
+entendimiento, que Dios pone <span class="pagenum" id="Page_218">p.
+218</span>el dedo en su voluntad y le dice: «Hija bendita, levántate y
+sigue a tu esposo».</p>
+
+<p>Pausa. Nelet, pálido como un difunto, miraba al suelo, y con su
+temblorosa mano se agarraba los mechones menos cortos de su cabello.
+Marcela tenía el rostro encendido, la respiración anhelante. Dejando
+caer a un lado su cabeza en actitud de Dolorosa, arqueando las cejas y
+bajando los párpados, pronunció estas palabras, sin autorizarlas con
+sentencias de santos ni de filósofos:</p>
+
+<p>—Uno y otro, despiadados, me ponen en grande suplicio. Yo quiero ver
+a mi lado el bien y veo el mal; por causa mía inocente, enferma Nelet
+de la peor dolencia, de aquella para que no hay consuelo ni medicina,
+como no sea ella misma y las punzadas de su propio dolor; esto veo y no
+puedo remediarlo, que si en mi mano estuviera, pronto lo haría. Así,
+les ruego que no me atormenten más y me dejen partir.</p>
+
+<p>—¡Partir! —exclamó Nelet suspenso, echando de sus ojos un siniestro
+rayo—. ¡Partir y dejarme en esta ansiedad! ¿Partir tú y no conmigo? ¿Es
+que no quieres verme más? Marcela, por Dios, no me lo digas; no quieras
+verme trocado de hombre en fiera..., no ofendas a Dios, convirtiendo
+en monstruo a una de sus criaturas... Si por otra causa o razón no te
+decides a quererme, hazlo por la santa obra de salvar un alma... ¿No te
+convenzo al fin?</p>
+
+<p>—Si con que yo te vea y te hable, tu alma se sostiene en Dios
+—dijo la santa, bondadosa—, <span class="pagenum" id="Page_219">p.
+219</span>te veré siempre que gustes y haya buena ocasión de ello.
+Al decir que me dejarais partir, no quería, no, alejarme de ti para
+siempre..., decía que es hora de que por hoy nos separemos. Y en esta
+ausencia, ofrezco yo a Nelet con toda lealtad que seguiré pensando en
+el grave caso, y pidiendo a Dios fervorosamente que me ilumine para
+resolverlo.</p>
+
+<p>—Yo te aseguro —declaró Santapau con acento en que se revelaba
+el propósito de una resuelta acción— que si al decir que partías lo
+hubieras hecho en son de despedida para siempre, antes de que te fueras
+me habrías visto arrojarme por aquel despeñadero que da al barranco de
+Vallivana.</p>
+
+<p>—Hijo mío, Marcela te promete volver, y volverá —indicó Urdaneta
+conciliando voluntades con frase cariñosa—. Yo quedo de fiador.
+Tendremos otra entrevista dentro de pocos días, en el sitio que
+designaremos...</p>
+
+<p>—Y no solo he de consultar con Dios —agregó la beata—, sino con mi
+hermano Francisco; que es bien le dé cuenta de esta terrible novedad...
+De aquí me iré en busca de un confesor, a quien manifestaré las
+turbaciones hondísimas que han levantado en mí las palabras tentadoras
+de uno y otro; luego iré en busca de mi hermano, y hecho todo esto, les
+avisaré por <i>Malaena</i> para que nos reunamos.</p>
+
+<p>—Y me des respuesta de vida o muerte —dijo el galán—. Está bien.
+Si me matas, mátame de un solo golpe. Si he de vivir, sépalo <span
+class="pagenum" id="Page_220">p. 220</span>también pronto, para no
+vivir muriendo...</p>
+
+<p>Levantose Marcela, diciendo con gracia mujeril, que don Beltrán
+apreció como síntoma felicísimo:</p>
+
+<p>—¿Me dan permiso para retirarme?</p>
+
+<p>—¿Tan pronto? —murmuró Nelet.</p>
+
+<p>—Me equivoqué, señores míos —añadió ella con nueva emisión de
+gracia, acompañada de sonrisa un tanto picaresca—. No debí pedirles
+permiso para retirarme, sino para suplicarles que se retiren...
+Perdónenme. Y para que nadie se ofenda, ustedes y yo nos retiraremos al
+mismo tiempo, por distintos lados... Yo me voy monte arriba, a salir a
+Bel.</p>
+
+<p>—Y nosotros barranco abajo a salir a donde Dios quiera —replicó don
+Beltrán—. ¿Ves?... Nelet no se conforma con que nos prives tan pronto
+de tu divina presencia... Pero yo le persuadiré a la resignación;
+descuida. Tiene en mí un aliviador de sus males de ánimo, y un
+atemperante de sus nervios.</p>
+
+<p>—Me conformo, sí —dijo Nelet con noble ademán—. Propuesta por ti la
+separación con ese modo gracioso y... de mujer, la acepto... Más te
+quiero mujer que santa, y entre santa de todos y mujer mía, prefiero
+esto..., porque la santidad no llega tan adentro del alma como el
+querer entre criaturas...</p>
+
+<p>—Yo celebro verte en esa conformidad —afirmó ella, dando los
+primeros pasos hacia el sendero que había de seguir—. De las
+diferencias entre santicio y mujericio, mucho podría decirte; mas ahora
+no puede ser.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_221">p. 221</span></p>
+
+<p>—¿Tardarás mucho en decírmelas?</p>
+
+<p>—Dios es quien ha de fijar el cuándo. Él solo es el marcador de las
+ocasiones.</p>
+
+<p>—Bueno: también me conformo. Esta mansedumbre que en mí ves no tiene
+otra causa que el haberte visto benigna... Has sonreído, Marcela, y
+solo con eso me desconozco, me siento mejor de lo que fui.</p>
+
+<p>—Ahora..., como si lo viera... —dijo la penitente, sonriendo con
+más gracia y viveza que antes—, irán ustedes caminando despacito, y
+parándose a cada instante para mirar hacia atrás.</p>
+
+<p>—¿Y tú no harás lo mismo? —observó Nelet más vivo que la pólvora.</p>
+
+<p>—Si alguna vez vuelvo la cara —replicó ella conteniendo la risa—,
+será por observar la tontería de los hombres, y porque no crean que
+es desprecio el no mirar alguna vez... Vaya, en marcha. Nelet, don
+Beltrán, el Señor les acompañe.</p>
+
+<p>Se separaron lentamente, y como a diez pasos gritó don Beltrán:</p>
+
+<p>—Conste que no soy yo el que mira, sino este truhan, vicioso del
+mirar.</p>
+
+<p>—Adiós —repitió la divina mujer.</p>
+
+<p>A bastante distancia, hablaban así los dos caballeros:</p>
+
+<p>—¿Qué?... ¿Se detiene a mirarnos?</p>
+
+<p>—Ahora... ¡Y que no haya tenido yo valor para darle un abrazo!</p>
+
+<p>—Calma, hijo. Tiempo tienes. Y ahora, ¿vuelve la cara?</p>
+
+<p>—Va despacito..., alza los ojos al cielo. Ya no la veo. Pasa detrás
+de un grupo de árboles... <span class="pagenum" id="Page_222">p.
+222</span>¡Qué figura, qué aparición celestial!... Yo estoy loco.</p>
+
+<p>—Calma... Repito que tiempo tienes. A punto de completa madurez la
+verás pronto.</p>
+
+<p>—Ahora reaparece otra vez.</p>
+
+<p>—¿Y mira?</p>
+
+<p>—Sí señor... Se ha puesto en la boca una ramita de hinojo. ¡Ay, qué
+delicia de hinojo!...</p>
+
+<p>—Tiempo tienes... Anda, anda...</p>
+
+<p>—No, no es de este mundo esa mujer.</p>
+
+<p>—De este mundo o del otro... tuya es.</p>
+
+<hr class="chap x-ebookmaker-drop">
+
+
+<div class="chapter pt3" id="Ch23">
+ <h2 class="nobreak g1">XXIII</h2>
+</div>
+
+<p>Muy consolado el uno en sus fatigas amorosas, satisfecho el otro
+del buen giro que a su parecer tomaba el asunto en que como consejero
+intervenía, llegaron los dos caballeros a Catí. De lo que hablaron
+por el camino no se hace mención. Baste decir que a los recelos que
+manifestaba Nelet, como amante que con menos que la definitiva victoria
+no se satisface, oponía Urdaneta las seguridades optimistas, fundado
+en su conocimiento y larga práctica de negocios mujeriles. Para el
+anciano prócer era como tenerlo en la mano. De allí a las bendiciones
+matrimoniales poco trecho había que recorrer.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_223">p. 223</span></p>
+
+<p>Hallaron en Catí la novedad de que Cabañero había salido con dos
+batallones, por orden del general, y en su lugar quedaba Llangostera,
+pronto también a partir con fuerza considerable hacia la frontera de
+Cataluña. A la mañana del siguiente día, pasó por allí Cabrera con su
+ejército en veloz marcha. Venía de cerca de Murviedro, donde se había
+batido con las tropas de Oráa, y a Gandesa se dirigía llevando algunos
+cañones para poner formal sitio a esta plaza. Grande fue la desazón del
+pobre Urdaneta cuando le despertó Santapau para decirle:</p>
+
+<p>—Mi querido viejo, la fatalidad, y en su nombre don Ramón Cabrera,
+ha decretado que nos separemos. Desde Salvasoria mandó aviso de
+que se incorporen sin dilación a su ejército el 3.º de Tortosa y
+tres compañías del 1.º de Valencia. Parece que vamos a sitiar a mi
+pueblo... No puedo, ni con pretexto de enfermedad ni con otra artimaña,
+librarme de la maldita obediencia al superior... Pero ya me canso,
+ya me canso de la esclavitud, y a la primera oportunidad pediré la
+absoluta. Imposible repicar y andar en la procesión que usted sabe.
+Amor y ordenanza no casan bien... Y no más, amigo mío. Le dejo bien
+recomendado a Llangostera, que se ha de situar en Rosell, para cortar
+el paso del Pla a las tropas que vayan en auxilio de Gandesa...
+Conque adiós... No siento más sino que venga <i>Malaena</i> y no me
+encuentre. Pero ya le advertí que en este caso se vea con usted... Con
+decirle dónde estoy, basta. Es <span class="pagenum" id="Page_224">p.
+224</span>buen sabueso; dará conmigo... No puedo detenerme ni un
+segundo más. Adiós.</p>
+
+<p>Muy triste se quedó el pobre caballero, señor de tantas torres; y su
+único consuelo fue que a poco de despedirse de Santapau le deparó Dios
+una antigua amistad, el capellán mosén Putxet, que dos días antes había
+llegado con destino al 1.º de Tortosa, de la división de Llangostera.
+Aunque no podía sustituir el clérigo la franca y ya entrañable amistad
+de Nelet, al menos le entretenía con su charla, y le prodigó no pocas
+atenciones, entre ellas el agenciarle una buena mula para el paso desde
+Catí a Rosell, que Llangostera, con seis batallones, efectuó en la
+noche del 15 de mayo y parte de la mañana del 16. Llegó don Beltrán
+molido y displicente por el duro trotar de la condenada bestia, y lo
+primero que solicitó de la bondad de su amigo fue que le metieran en
+cualquier mechinal, para poder estirar su esqueleto y darse algún
+descanso. En un aposento de la sacristía de la iglesia mayor le colocó
+Putxet, con gran satisfacción del noble, que no esperaba tan buen
+hospedaje. Lo que deseaba era que le dejasen allí, previo juramento
+solemne de no quebrantar su esclavitud y estar siempre a disposición
+de la autoridad carlista que le reclamase. Pero, ¡ay!, que si el cielo
+le concedió la quietud material que por el momento deseaba, no fue
+benigno con él en aquellos tristes días. El 18 muy temprano, cuando
+las claridades del alba despuntaban por oriente, despertó <span
+class="pagenum" id="Page_225">p. 225</span>el caballero con sobresalto,
+sin que nadie le llamase, por efecto de un súbito golpetazo de su
+corazón.</p>
+
+<p>—¿Quién está ahí? —dijo sin moverse, viendo avanzar hacia su lecho
+un bulto negro.</p>
+
+<p>—Soy yo, querido don Beltrán —respondió al poco rato Putxet, pues
+no era otro, acercándose más—. No venía a despertarle, sino a ver si
+dormía... Pero es temprano... Duerma una hora más..., aunque sean dos
+horas..., todo lo que quiera.</p>
+
+<p>—¿Qué sucede? ¿Tenemos que partir?</p>
+
+<p>—No, no... Por ahora no... Es que... Sentiría mucho que usted
+se alterase... Calma, ilustre señor. Me voy, para que duerma otro
+poquito.</p>
+
+<p>—Ya no podré dormir, caramba, pues esta entrada de usted a hora tan
+intempestiva, la turbación que noto en su acento, son para despabilar
+al sueño mismo. Me dice el corazón que tiene usted algo que...
+comunicarme.</p>
+
+<p>—No es tiempo aún... ¿Quiere usted que se le haga café?...</p>
+
+<p>—¡Demonio! Tan pronto me dice que duerma como me ofrece café. Ea,
+señor Putxet, ¿qué le trae acá? No valen melindres conmigo.</p>
+
+<p>—Pues sí —dijo el capellán, que en su tristeza y azoramiento,
+cuanto más hábil quería ser, más torpemente procedía—. Mejor será
+que se despabile y se levante... No se altere, señor, no pierda su
+aplomo y serenidad... A un hombre como usted, tan entero y... y <span
+class="pagenum" id="Page_226">p. 226</span>que se hace cargo de las
+cosas..., se le puede decir... Nada, no es nada, señor; es que... ha
+ocurrido una gran desgracia.</p>
+
+<p>—Acabe usted, acabe, hombre pusilánime, hombre enclenque, hombre
+femenino...</p>
+
+<p>—Pues sepa el hombre fuerte, sepa el hombre valeroso y grande, que
+ayer, en un pueblecito llamado Belén, más allá de Tortosa, los infames
+cristinos fusilaron a don Alonso de Almela, hermano del conde de
+Catí.</p>
+
+<p>—Y en represalias de esta barbarie, los infames carlistas harán
+lo mismo con el noble don Beltrán de Urdaneta —gritó el anciano,
+poniéndose en pie, medio desnudo, sobre el camastro—. Bien, bien: aquí
+me tenéis, asesinos; aquí estoy dispuesto a morir. Noble por noble,
+como me dijo en Cheste el jefe de los matachines, Ramón Cabrera... ¡Y
+para anunciarme esto, señor Putxet, ha estado ahí tartamudeando y poco
+menos que haciendo pucheros!... Aguarde a que me vista; dispense que
+tarde en ello algún tiempo, pues acostumbrado a valerme de ayuda de
+cámara, soy algo torpe en estas operaciones matutinas... Pero si tienen
+mucha prisa por despacharme, ¡demonio!, llévenme a medio vestir, que
+la muerte no ha de poner reparo. Por falta de ropa, ni he de ser menos
+animoso, ni vosotros menos viles y cobardes.</p>
+
+<p>—Si no hay prisa, señor —dijo el capellán abrazándole—. De aquí a
+las nueve nos sobra tiempo... Y pues tiene la costumbre del ayuda de
+cámara, yo soy bastante humilde para prestarle ese servicio.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_227">p. 227</span></p>
+
+<p>—Gracias, no pretendía yo tanto —replicó don Beltrán sentándose
+en el lecho, mientras el otro le traía las botas, el pantalón,
+disponiéndose a vestirle—. Y pues con tanta generosidad mis verdugos
+me conceden estas horas, sepa que no renuncio al café que me ha
+ofrecido...</p>
+
+<p>—Al momento mandaré que se lo preparen. ¡Pues no faltaba más! Sería
+una desconsideración imperdonable privarle de alimento.</p>
+
+<p>—Bien, hijo, bien: se agradece... ¡Con qué destreza me ayuda a
+vestirme! Parece que en toda su vida no ha hecho usted otra cosa.</p>
+
+<p>—Fui paje del ilustrísimo señor don Víctor Sáez, obispo de
+Tortosa.</p>
+
+<p>—¡Sáez, el ministro del absolutismo! ¡El que ayudó a Fernando VII
+en su tarea de ahorcar a medio mundo! Bien, hombre, bien. Pues ya que
+usted tiene la bondad de ser por un instante mi criado, no vacilará,
+si es tan humilde, en prestarme todos los servicios que necesita un
+hombre como yo... Adelante... Tenga usted cuidado con esta pierna.
+Trátela con miramiento, que está reumática... Ahora el chaleco... Este
+me lo dio don Ramón, y me ha hecho un gran servicio. Bueno, bueno...
+No corra usted tanto... Le recordaré el dicho de nuestro gran tirano,
+el ahorcador de gentes, Fernando el Deseado..., contra una esquina...
+Ya sabe usted que él fue quien dijo: «Vísteme despacio, que estoy de
+prisa». Ahora, hágame el favor de pedir el café...</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_228">p. 228</span></p>
+
+<p>—Lo tendrá usted a punto. Sabe Dios cuánta pena me causa tener que
+notificarle... Anoche me llamó Llangostera, que, entre paréntesis, está
+muy afligido por verse en el duro trance de...</p>
+
+<p>—¡Pobrecito! Si está tan afligido, le compadezco...</p>
+
+<p>—Pero el deber...</p>
+
+<p>—Claro, el deber... En estas guerras salvajes, trastornadas las
+conciencias, aplicáis a los crímenes palabras santas que se inventaron
+para expresar la virtud, y asesináis en nombre de la justicia, que es
+como poner al diablo en los altares... Bien..., que sea pronto.</p>
+
+<p>—Suplicome el señor Llangostera que me encargase..., y con gran
+sentimiento acepté comisión tan triste... Era yo el más significado
+para este paso, por la amistad... de que me honro.</p>
+
+<p>—La honra es mía. No sea usted tan modesto...</p>
+
+<p>—Y encargome al propio tiempo que le preparase..., si usted se
+dignaba elegirme entre los cuatro señores capellanes que estamos hoy en
+Rosell.</p>
+
+<p>—Hijo, sí, por elegido... Lo mismo me da.</p>
+
+<p>—Mi amistad atribulada —dijo el capellán buscando una bonita
+expresión retórica—, me consuela con esta preferencia que el noble
+caballero se digna concederme.</p>
+
+<p>—Mi confesión no será larga —indicó don Beltrán paseándose por la
+habitación—, y si usted quiere, ahora mismo...</p>
+
+<p>—Antes haré que se le sirva el café... No <span class="pagenum"
+id="Page_229">p. 229</span>hay en ello inconveniente, pues no tendremos
+comunión..., y no por culpa mía. El párroco del pueblo nos ha hecho
+la jugada de abandonar su iglesia para unirse a la partida del
+<i>Organista</i>. Está el hombre furioso desde que los liberales le
+mataron al sobrino...</p>
+
+<p>No necesitó el capellán separarse de su amigo para la diligencia del
+café, pues el oficial de guardia en la estancia próxima, interesado
+también por don Beltrán, y de su desgracia compadecido, había dado
+las órdenes para que se le llevase pronto aquella tónica bebida. Dio
+el anciano las gracias a los que se la sirvieron, mostrándose con
+todos muy afable. Tomado el café, que por singular merced no estaba
+mal hecho, volvió al capítulo de su confesión, diciendo con animado
+lenguaje:</p>
+
+<p>—Pues sí: mi conciencia ve su luz y su sombra perfectamente
+deslindadas, y no vacila al señalarlas... No hay en mí casos dudosos,
+enigmáticos, oscuros. Soy claro y bien definido... En esta crítica
+hora, mi memoria se aviva, y no habrá nada que se me quede en el
+tintero, llamando tintero al antro del olvido. Lo que Dios sabe, yo
+lo digo sin rebozo y con facilidad al sacerdote que me auxilia, a
+cuantos quieran oírlo, pues la vida de Beltrán de Urdaneta es pública,
+su carácter bien diáfano, y sería en mí ridículo melindre el hacer un
+misterio de lo que sabe todo el mundo, todo Aragón... Soy público en
+Aragón, soy popular, mejor dicho...</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_230">p. 230</span></p>
+
+<p>Y observando que oficiales y soldados, de guardia en la estancia
+próxima, se asomaban a la puerta movidos de curiosidad, les dijo:</p>
+
+<p>—Entren si gustan, y oigan; que los pecados que declara mi boca no
+son tales que produzcan espanto, y refiriendo mis maldades, puedo decir
+que el que se encuentre limpio de ellas, tire la primera piedra. No es
+que yo deje de creerlas vituperables: al contrario, en esta hora clara
+de la conciencia, veo y reconozco cuánto he ofendido al Señor, y qué
+mal uso hice de las cualidades que se dignó poner en mi alma. Siempre
+fui religioso, creyente ciego de cuanto su Iglesia nos enseña, aunque
+muy perezoso y descuidado en cumplir los preceptos que se nos dieron
+para conservar y enaltecer el nombre de cristianos. He faltado en esto
+gravemente, más que por desamor de Dios, por la continua distracción
+en que me tenía el bullicio vano del mundo, y las frivolidades con que
+la sociedad noble embelesa nuestros sentidos. Siempre fui más devoto
+de los placeres que de las abstinencias, y más gustoso de la buena
+vida que de las mortificaciones, sin llegar nunca a la embriaguez
+ni a la glotonería, y no porque ambos excesos son pecados, sino por
+que siempre los creí de mal gusto... He sido vanidoso, amante de
+la ostentación y de la lisonja, mirando siempre a que lo mío fuese
+superior a lo ajeno, a que ninguno me igualara en grandeza y lujo; y
+cuando veía por alguna parte algo que me oscureciese, sufría mal de
+tristeza, y me lo curaba con <span class="pagenum" id="Page_231">p.
+231</span>nuevos esfuerzos para extremar la presunción y humillar a los
+demás... Pero también digo que jamás cometí vileza contra nadie, y que
+conservé la dignidad que mi raza y mi nombre me imponían, mostrándome
+siempre caballero noble, con los iguales cortés, afable y cariñoso con
+los inferiores... Mi pecado mayor, manantial inagotable, en vida tan
+larga, de innumerables errores, ha sido mi locura, que así la llamo,
+de galantear y ser grato al bello sexo. Mi goce más vivo fue en todo
+tiempo el trato de damas altas, bajas o medianas, y llamo damas a
+cuanto se comprende dentro de la muchedumbre femenina. Mi desatino ha
+sido tal, que todo lo he pospuesto a la satisfacción de mis gustos.
+Verdad que dentro del fuero del amor no he cometido vilezas; pero sepan
+que ese fuero es puro artificio inventado para nuestro uso por los
+galanteadores, y que no vale ante la ordenanza del decálogo. Yo, pues,
+he pecado gravísimamente, y al declararlo, reconozco sin atenuaciones
+ni disculpas todo el mal que hice, añadiendo que mis infamias no
+tuvieron término por severidad de mi conciencia, sino porque el desmayo
+de la naturaleza les puso freno, contraviniendo mi liviandad y hábitos
+viciosos. De esto me acuso, y reconociendo mi error, me encomiendo a la
+misericordia divina.</p>
+
+<p>»También es pecado grave el poco o ningún cuidado que puse en
+el manejo de mi hacienda; que la riqueza, Dios nos la da para que
+la usemos con templanza y la transmitamos <span class="pagenum"
+id="Page_232">p. 232</span>a nuestros hijos. Yo he sido una mano
+verdaderamente horadada. Ciertamente que algo atenúa este pecado mi
+generosidad sin límites, pues todo se ha de decir: yo hacía partícipes
+de mi bien a cuantos me rodeaban o se me acercaban en demanda de
+auxilio. Yo he remediado muchas miserias, enjugado no pocas lágrimas.
+Ningún colono ni sirviente mío puede decir que le oprimí; y si esto se
+lleva como litigio a tribunal divino para fallar sobre mi alma, tengo
+por cierto que innumerables seres depondrán en favor mío. Váyase lo
+uno por lo otro, que si largamente derroché, con no menor largueza di
+mi mano a los miserables para que se agarraran... Defecto capital mío
+ha sido el amor a ese resorte de vida material que llamamos dinero,
+despreciado por los filósofos, vilipendiado por la religión, pero del
+cual no podemos prescindir dentro de la sociedad a que pertenecemos,
+porque su empleo y distribución se ha hecho ley que a todos nos sujeta,
+so pena de volvernos salvajes o ermitaños, lo que no digo que sea
+peor ni mejor que el estado social. Solo afirmo que mis apetitos, mi
+presunción, me han espoleado siempre para proveerme de ese metal,
+que no llamaré precioso ni vil, dejándole en esta ocasión sin ningún
+título ni apodo. Pero bien sabe Dios que en las situaciones aflictivas
+a que me condujo el afán de prolongar mis goces y conservar mi fama
+de rumboso y señoril, jamás tomé nada que no viniese a mí por caminos
+legítimos, aunque ruinosos. <span class="pagenum" id="Page_233">p.
+233</span>Sobre mi conciencia pesan muchos pecados, muchos; pero no
+pesa ni un solo maravedí que pueda llamarse ajeno. Si alguna vez me
+rebajé al empleo de resortes que humillaban un tanto mi dignidad,
+nunca me movió el intento de traer a mí lo perteneciente a otro... eso
+nunca. Limpio estoy de esa clase de manchas... No puedo decir, ¡ay
+de mí!, que de todas esté limpio, pues pecador fui, por pecador me
+tengo, y como pecador empedernido me confieso en la hora de mi muerte.
+Ya lo habéis oído; ya veis, señores, la conciencia de don Beltrán de
+Urdaneta, a quien todo Aragón llamó en otro tiempo <i>don Beltrán el
+Grande</i>. Ni cosa mala he callado, ni cosa buena hay fuera de lo
+manifiesto. Si algo se me olvida, quiera Dios ordenar mi memoria de
+modo que los olvidos sean de cosas y hechos favorables, y que nada de
+lo malo se me quede escondido en la mente. Creo que no... Tal como fui
+y como soy, a vosotros, a mi confesor y amigo me presento; y sumiso,
+pesaroso de haber menospreciado la divina ley, entrego mi alma a Dios,
+infinitamente justiciero, infinitamente misericordioso.</p>
+
+<hr class="chap x-ebookmaker-drop">
+
+
+<div class="chapter pt3" id="Ch24">
+ <p><span class="pagenum" id="Page_234">p. 234</span></p>
+ <h2 class="nobreak g1">XXIV</h2>
+</div>
+
+<p>Cuantos vieron y oyeron al infortunado caballero aragonés, quedaron
+maravillados de su sinceridad y presencia de ánimo. Del grupo de
+oficiales y soldados que en la puerta se arremolinaban, se destacó uno,
+al parecer teniente, que adelantándose hacia el prócer y besándole la
+mano, le dijo:</p>
+
+<p>—Señor, cuando esté usted en el cielo, acuérdese de un servidor,
+Nicasio Pulpis, que tiene sobre su conciencia los mismos pecados de
+usted y no sus virtudes.</p>
+
+<p>—Bien, hijo —replicó don Beltrán abrazándole—. Que mis desgracias y
+fin desastroso te sirvan de espejo para que en él te mires y procures
+enmendarte.</p>
+
+<p>Putxet, en tanto, inconsolable, expresaba su consternación en estos
+o parecidos términos:</p>
+
+<p>—Una y otra vez he dicho al señor Llangostera que hoy no es día
+hábil para ejecuciones. Figúrese usted: domingo, y por añadidura
+Pascua de Pentecostés... ¡Cuando la Iglesia conmemora nada menos que
+el grandiosísimo misterio de la venida del Espíritu Santo en forma de
+lenguas de fuego sobre las cabezas de los Apóstoles, para infundirles
+la divina ciencia!... ¡cuando tal festividad augusta y solemne
+celebramos, tener <span class="pagenum" id="Page_235">p. 235</span>que
+consumar un cruento sacrificio, por más que las leyes de guerra,
+¡malditas leyes!, lo autoricen y sancionen!... No, no puede ser:
+protesto..., y he de insistir, pidiendo que se deje para mañana. Me
+parece que corriendo a mi cargo la dirección espiritual del regimiento,
+tengo derecho a que se me oiga... No estamos aquí los capellanes
+solo para confesar de prisa y corriendo... Vea usted, por no hacerme
+caso, hoy no puedo celebrar: no tenemos formas... Es inconcebible
+este descuido... ¡Pues cartuchos no faltarán! Todo lo de guerra está
+corriente, eso sí..., y lo espiritual, nada... Así anda ello.</p>
+
+<p>—No se sulfure, amigo Putxet —le dijo don Beltrán, que se había
+sentado y quería meditar—. Y no se apure por el aplazamiento de mi...
+sacrificio. ¿Qué más da un día que otro? Si el día es solemne, no
+importa. Bien sabe Dios que andan ustedes algo atropellados, y no
+pueden acomodar sus acciones al almanaque. En la guerra, ya se sabe,
+todo es permitido. Como si se presentara hoy buena coyuntura para una
+batalla..., ¿iban ustedes a dejar de aprovecharla, por ser Pentecostés?
+No, y en Pentecostés matarían unos y otros gran número de cristianos.
+Si admitimos como lógico y razonable el dar a nuestro Padre Celestial
+el nombre de <i>Dios de las Batallas</i>, que usan los capellanes en
+sus sermones y los generales en sus proclamas a la tropa; si Dios
+es, como dicen ustedes, capitán general o generalísimo, ya pueden
+contar con su indulgencia <span class="pagenum" id="Page_236">p.
+236</span>por aplicar leyes de guerra en días de solemnidad
+litúrgica... Por mí, no deseo el aplazamiento, pues aunque me encuentro
+tranquilo y resignado, no respondo de que en esas veinticuatro horas se
+me conserve la resignación y tranquilidad. Somos hombres, y el morir
+violentamente, en acto preparado y ceremonioso, agobia..., sí, señor...
+Mátenme de una vez, y no pongan a prueba mi fortaleza.</p>
+
+<p>No se dio por convencido el terco capellán, y perseverando en su
+idea, dijo al infeliz prócer:</p>
+
+<p>—Quiero dar un nuevo ataque al jefe. En seguida vuelvo; de paso
+mandaré que le sirvan a usted un par de huevos fritos... He visto que
+hay tomate... y si usted quiere...</p>
+
+<p>—Bien, hijo, bien; lo mismo da... Gracias por todo... Haga usted lo
+que quiera. Yo no tengo voluntad... Quiero convencerme de que ya no
+vivo.</p>
+
+<p>En el rato que estuvo solo, el pobre condenado cayó en reflexiones
+tristísimas, buscando el porqué de su tragedia; que en tales trances
+y en otros menos lastimosos propendemos a escudriñar los orígenes
+o el móvil inicial de todo suceso que nos afecta. «Ello es de toda
+evidencia —pensaba— que Dios me envía mi muerte en forma tan terrible
+para castigarme de mi enormísimo pecado de estos días. He prestado a
+Nelet ayuda insidiosa para la seducción de la monja Marcela; y aunque
+desde el primer momento le señaló forma y fines de matrimonio, cosa es
+muy grave, y si se quiere sacrílega, el inducir <span class="pagenum"
+id="Page_237">p. 237</span>a una esposa de Cristo al rompimiento de
+sus votos. Y lo peor es que con malicia instruí al enamorado y le
+aconsejé, dándole por norma las inicuas reglas que yo he ido sacando
+de la experiencia de mi vida libertina... ¡Ah, bien merecido me está
+lo que ahora me pasa! ¡En ello veo tu mano, Dios de justicia!... Hice
+muy mal en tomar a mi cuidado las desazones del pobre Nelet. ¿Quién
+me mete a mí a zurcidor de voluntades guerrilleras y monjiles? ¿Qué
+voy yo ganando con que una tarasca y un endemoniado se casen o dejen
+de casarse? ¡Ah, en el fondo oscuro de mis intenciones veo la maldita
+codicia y el afán de allegar recursos! No fue otra la causa de mi
+metimiento en tan feo negocio. Y que la monja andariega, por las reglas
+infames que di a Nelet, se ha trastornado y siente el veneno de amor
+en su sangre no puede ponerse en duda. Por culpa mía y de mi sabiduría
+pérfida, romperá sus votos y ofenderá a Dios... Me ha movido el villano
+interés, la idea de que, casándose, me habían de entregar lo que para
+mí designó Juan Luco... Mal pensé, mal hice, y Dios, en pago de mi
+perversidad, permite que estos bribones me den cuatro tiros... ¡Ay de
+mí!».</p>
+
+<p>Interrumpiole Putxet con la noticia de que, oídas las razones
+canónicas expuestas por el capellán, que amenazó con poner el caso en
+conocimiento del Vicario General, había decretado Llangostera aplazar
+el acto hasta el día próximo de madrugada. No supo Urdaneta si la
+resolución del jefe le causaba <span class="pagenum" id="Page_238">p.
+238</span>tristeza o alegría. Si fue esto último, era una alegría
+triste. Almorzó con mediano apetito, departiendo con el capellán y
+el teniente Pulpis, que le custodiaba en la capilla. Por la tarde,
+su tristeza se exacerbó en grado sumo, y la compañía de aquellos
+señores le causaba enojos. Y pues no le dejaban solo, echose en un
+camastro como intentando dormir; mas lo que hacía era sumergirse en
+la contemplación de lo pasado, y en traer al pensamiento su familia,
+su casa de Cintruénigo... «¡Ah!, si Rodrigo y Juana Teresa me vieran
+en esta horrenda situación, qué amargo llanto derramarían... Sí, sí:
+porque me quieren, aunque riñamos y nos enemistemos por tonterías
+que, vistas desde aquí, son de una insignificancia que mueve a risa y
+desprecio. ¡Dios mío, qué lección me das al fin de mi vida! Paréceme
+que estoy ya en la eternidad, donde presumo que hemos de ver todas las
+cosas del mundo en su natural pequeñez. Me quieren, sí, me quieren,
+y yo también quiero a mi nieto y a la madre de mi nieto, que es la
+esposa de mi hijo... Las contrariedades, que en mi necedad estimé
+graves ofensas, ahora las perdono de todo corazón. Y cuando ellos
+sepan, ¡ay de mí!, cómo ha concluido don Beltrán <i>el Grande</i>,
+también me perdonarán los agravios que les hice, mis malas palabras,
+mis actos rencorosos. ¡Pues poco que se condolerán de mi suerte!
+Rezarán por mí, pedirán a Dios que me acoja en su seno, y harán
+sufragios por mi alma. Ya estoy viendo a todo el clero de Cintruénigo
+<span class="pagenum" id="Page_239">p. 239</span>atareado por largo
+espacio de días en misas, funerales y responsos... Confío sobre todo
+en la eficacia de mi arrepentimiento. Pésame, Señor, de todo corazón
+el haberte ultrajado sistemáticamente, empleando tan mal la vida
+larguísima que me has dado. Pésame también el rencor que sentí hacia
+los míos, y el regocijo que tuve al ver descompuesta la proyectada
+boda de mi nieto con la mayorazga de Castro-Amézaga. Pésanme mis
+bravatas, mi orgullo, mi disipación, mi ansia de coger dinero para
+presumir y disimular mi ruina... Pésame todo el daño que hice, y esta
+última travesura de querer arrancar a Marcela de la vida religiosa
+para satisfacer el liviano amor de Nelet...». Consagró también tristes
+pensamientos a su hija y yerno de Villarcayo, perdonándoles sus últimos
+desaires; besó mentalmente a sus nietos, y de todos se despidió con
+efusión de lágrimas y suspiros. Sus amigos fueron pasando después por
+su mente, uno tras otro, en melancólica y pausada procesión, siendo
+de los últimos Fernando Calpena, por quien sentía paternal cariño.
+Condolíase de que en Bilbao le hubieran birlado la novia. Si hablarle
+pudiera en aquel instante, ya no se atrevería, no, a inducirle a
+solicitar bodas con Demetria... No, no: guarda, Pablo. Demetria debía
+ser para el marqués de Sariñán. Que doña María Tirgo y Juana Teresa
+rehicieran los descompuestos planes. Buscara Calpena otra mayorazga,
+que buenos partidos no habían de faltarle... <span class="pagenum"
+id="Page_240">p. 240</span>Hasta del pobre <i>Mero</i> se acordó y de
+Saloma, deseándoles vida, salud, felicidades y rápidos ascensos... ¿Y
+qué sería de Tomé?... ¿Y del caballo ganado a Calpena, qué se habría
+hecho? En Alcañiz habían quedado también su breve equipaje y el reloj,
+magnífica repetición que no llevó consigo al salir en busca de Marcela,
+porque roto el espiral a poco de partir de Cintruénigo, para nada le
+servía. Guardado con unos pocos duros y pesetas quedó en una bolsa de
+vejiga que antes usara para el tabaco...</p>
+
+<p>La primera parte de la noche la pasó inquietísimo, hablando sin
+fatigarse horas enteras, y ya refería sucesos de su vida, ya dictaba
+disposiciones para que Putxet recogiera en Alcañiz su equipaje y
+caballo, remitiéndolo todo, con la noticia y relato de su muerte, a
+la villa de Cintruénigo. Hizo intención de escribir a su nieto y a su
+hija; mas sintiendo muy desvanecida la cabeza y el pulso tembloroso,
+no trazó más que unas seis líneas con la declaración de su inocencia y
+de su trágico fin. Moría como caballero cristiano dolorido del mal que
+había hecho, y a todos perdonaba, sin excluir a los que inicuamente le
+quitaban la vida. Esmerose en la firma, trazándola con todo el vigor y
+claridad que le fue posible. Después dijo:</p>
+
+<p>—Quisiera que ahora mismo acabáramos. Las horas que faltan pesan
+sobre mí como siglos futuros que se convirtieran en presentes.</p>
+
+<p>Repetida y ampliada la confesión con piadoso recogimiento,
+incitole Putxet a dormir. <span class="pagenum" id="Page_241">p.
+241</span>Negose a ello don Beltrán, y estuvieron departiendo hasta la
+madrugada. Viendo cercana la hora, llamó el reo a los oficiales del
+piquete para despedirse de ellos. Formando rueda en torno a la mesa,
+oyeron esta manifestación tan sencilla como sustanciosa:</p>
+
+<p>—Amigos, les agradezco la simpatía y delicadeza que en esta ocasión
+me han manifestado. Son ustedes caballeros; yo también lo soy. Como
+tal quiero morir; como tales se conducirán ustedes en el trance
+final, acabando mi vida con rapidez y sin martirizarme inútilmente.
+Yo les perdono de todo corazón. Y si me es permitido, por el fuero de
+ancianidad, dirigirles algunos consejos, allá voy; y esto que ahora
+les diga, sea para ustedes de autoridad, como expresión postrera del
+pensamiento de un moribundo. Condenado sin culpa, no diré palabra
+injuriosa ni vengativa contra el bando político que me arranca la vida,
+ni contra vuestro ejército... Todas estas cosas quedan para mí en un
+término lejano. Sin vituperar esta causa ni la otra, sin enaltecer a
+ninguna de las dos, os digo que no derraméis más sangre de españoles.
+Guardad esta sangre para mejores y más altas empresas. No defendáis
+con tesón tan extraordinario derechos de príncipes o princesas, pues
+voy entendiendo yo que tanto valen unos como otros, y que cuando
+la cuestión se dilucide y haya un vencedor definitivo, habréis
+desgarrado a vuestra patria, que es la legítima poseedora de todos los
+derechos. Mientras ponéis en claro, a tiros, <span class="pagenum"
+id="Page_242">p. 242</span>cuál es el verídico dueño de la corona,
+negáis a la nación su derecho a la vida, porque le estáis matando
+todos sus hijos, y le destruís sus ciudades y le arrasáis sus campos.
+Será muy triste que cuando de vuestras querellas salgan triunfantes un
+trono y un altar, no tengáis suelo firme en que ponerlos. ¿Para qué
+queréis altar y trono, si luego han de cojear como esos muebles a que
+falta una pata? Allanad y afirmad el suelo ante todo, y esto lo haréis
+con las artes de la paz, no con guerras y trapisondas. Haced un país
+donde haya todo lo contrario de lo que unos y otros, a quienes no sé
+si llamar guerreros o bandidos, representáis; haced un país donde sea
+verdad la justicia, donde sea efectiva la propiedad, eficaz el mérito,
+fecundo el trabajo, y dejaos de quitar y poner tronos... Lo que va a
+resultar es que, cualquiera que sea el resultado, estáis fabricando una
+nación de bandolerismo, que en mucho tiempo, gane quien ganare, ha de
+seguir siendo bandolera, es decir, que tendrá por leyes la violencia,
+la injusticia, el favor, la holgazanería, el pillaje y la desvergüenza.
+En un pueblo a que dais tal educación, cualquier trono que pongáis será
+un trono figurado, de cuatro tablas frágiles y cuatro mal pintados
+lienzos.</p>
+
+<p>»Quizás vosotros, llenos de vida y de ilusiones, no veáis esto como
+lo veo yo, viejo y moribundo. Creéis que toda la vida vais a estar
+guerreando, con miras de gloria y ascensos; creéis que España ha de
+ser patrimonio <span class="pagenum" id="Page_243">p. 243</span>y
+casa de guerreros, los cuales en la paz tendrían que ser empleados.
+¿Empleados de qué? ¿Guerreros para qué? Sois muchos a comer rancho;
+sois muchos a vivir de distinciones, de cintajos y signos categóricos.
+Y yo os pregunto: ¿quién trabaja? ¿De dónde sale el rancho, el sueldo,
+la ropita con galones? Esto es absurdo: estáis matando el país y
+haciendo de él un magnífico cementerio poblado por maniquís, que
+ostentarán su presunción paseándose entre las sepulturas... Y ahora,
+puesto que me oís con tanta atención, me permitiré daros consejos de
+otro orden. No es tan gran autoridad el virtuoso que nunca ha pecado
+como el pecador que reconoce, aunque tarde, sus yerros. Y puesto que
+conocéis mi vida, os incito a no imitarme en la parte corrompida de
+ella. No seáis pródigos; adoptad con discreta medida las prácticas de
+los miserables, llevando cuenta y razón de lo que tenéis y consumís,
+para que nunca os salga la necesidad más larga que su remedio, ni
+la sábana más corta que la pierna. Entre la sordidez y la excesiva
+largueza, preferid lo primero, que os hará antipáticos, pero no
+infelices. La generosidad practicada sin medida puede ser viciosa,
+porque muchas veces la dicta la presunción antes que el verdadero
+espíritu de caridad... Y tocando, por fin, el punto más sensible,
+no me atrevo a deciros que no seáis enamorados, porque esto sería
+contravenir una gran ley de naturaleza; pero sí os recomiendo que lo
+seáis sin apartaros de las leyes eternas, y que <span class="pagenum"
+id="Page_244">p. 244</span>evitéis toda empresa de amor en que veáis
+probable daño de tercero. Esto es muy malo, hijos míos, y os lo asegura
+quien, por seguir la regla contraria, ha tocado en la experiencia sus
+perniciosos efectos. En todo caso, sed respetuosos y veraces con las
+mujeres. Es más conforme a naturaleza dejarles a ellas el uso del
+engaño, arma con que compensan su debilidad, y tomar el hombre para sí
+el uso continuo de la lealtad, que es la fuerza; y los riesgos que de
+esto se ocasionen, cada cual los sortee como pueda, buscando siempre
+el bien. Que las alabéis y las obsequiéis con flores del ingenio, no
+es cosa mala, pues muchas con esto solo quedan satisfechas, y vosotros
+nada perdéis en ello. Los que sean casados, harán bien en guardar la
+fidelidad matrimonial, aunque les haya tocado un culebrón... Por eso,
+conviene mirarlo despacio, y enterarse antes de contraer esos vínculos
+que duran toda la vida. Sostened siempre la paz dentro de la familia
+que os resulte del nacimiento y de las uniones, y si hay en ella
+caracteres ásperos, procurad haceros a sus asperezas para que los demás
+contemporicen con las vuestras, que de seguro las tendréis. Espinas
+sufrimos, espinas tenemos, y el que crea que no las tiene y se duela de
+que le pinchen, es tonto de remate. Y ya no me queda que deciros sino
+que seáis trabajadores, que os procuréis un modo de vivir independiente
+del Estado, ya en la labranza de tanta tierra inculta, ya en cualquiera
+ocupación de artes liberales, oficios <span class="pagenum"
+id="Page_245">p. 245</span>o comercio, pues si así no lo hacéis y os
+dedicáis todos a <i>figurar</i>, no formaréis una nación, sino una
+plaga, y acabaréis por tener que devoraros los unos a los otros en
+guerras y revoluciones sin fin... Sed cultos, bien educados, y emplead
+las buenas formas así en el lenguaje como en las acciones, que la
+grosería es causante de terribles males privados y públicos. La rudeza
+y los procederes ordinarios han sido aquí, bien lo veis, semilla de
+discordias entre los pueblos, y por esa falta de formas se hacen
+interminables las guerras, pues la grosería engendra el odio, y el
+odio nos lleva al salvajismo y a la barbarie... Y basta ya: no lloréis
+por mí, ni tengáis demasiada lástima de mi muerte, pues soy muy viejo
+y no sirvo ya para nada. A nadie soy útil, a nadie hago falta; mis
+días son de absoluta esterilidad; ya he vivido bastante, y al quitarme
+de en medio, casi casi no cometéis crueldad, pues no hacéis más que
+arrancar un tronco añoso y seco, que estorba el nacimiento de nuevos
+árboles... A todos ruego que me perdonen, y yo en los presentes perdono
+a cuantas personas de este y el otro bando hayan podido causarme algún
+agravio... Entereza no me falta, ya lo veis: confío en la misericordia
+divina, a quien entrego mi alma, abominando de mis culpas, sin pedir
+un galardón que no merezco, y deseando solo la indulgencia que Dios no
+niega al último pecador. Les ruego, además, que entierren mi cuerpo en
+lugar decoroso, designando mi sepultura con una cruz y alguna <span
+class="pagenum" id="Page_246">p. 246</span>inscripción, pues mi familia
+pretenderá seguramente transportar estos tristes despojos al panteón
+de Cintruénigo... Por mí, los dejaría en cualquier parte; pero los
+Idiáquez no lo consentirán... Ea: ya he concluido, y perdonen que
+haya sido hablador prolijo en este trance. Acabemos pronto, y cumplan
+ustedes su deber, que es matarme, como yo cumplo el mío muriendo en paz
+con Dios y con los hombres.</p>
+
+<hr class="chap x-ebookmaker-drop">
+
+
+<div class="chapter pt3" id="Ch25">
+ <h2 class="nobreak g1">XXV</h2>
+</div>
+
+<p>Uno tras otro le fueron abrazando, admirados no solo de su entereza,
+sino de su talento y gracia. Algunos minutos habían pasado ya de la
+hora designada para el suplicio, y don Beltrán, impaciente, dijo con
+buena sombra:</p>
+
+<p>—¿Pero qué hacemos, señores? Estamos perdiendo un tiempo
+precioso...</p>
+
+<p>El sol entraba por la ventana anunciando un esplendente día
+primaveral. Suspiró Urdaneta próximo a la ventana, y dirigiendo miradas
+de tristeza hacia el campo verde y risueño, vio en primer término unas
+cabras; junto a ellas un burro viejo, amarrado por las patas.</p>
+
+<p>—¡Pobre animal!... Le harían ustedes un gran favor sacrificándole
+conmigo... Pero él no querrá, naturalmente. Aunque viejo y con los
+dientes gastados, aún le gusta la hierba... ¡Goloso!... ¿Conque
+vamos... o qué?</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_247">p. 247</span></p>
+
+<p>Entró Pulpis a decir que el jefe había mandado un recado urgente...
+¡Que aguardaran...! Sin duda querría despedirse del señor don
+Beltrán...</p>
+
+<p>—Pues, hombre —dijo este, suspenso y ansioso—, que venga de una
+vez... ¿Viene ya?</p>
+
+<p>Dos minutos de cruel expectación transcurrieron hasta la entrada
+de Llangostera en la estancia. Su rostro de clérigo afligido si algo
+expresaba, era la premura y el diligente afán del puntual servicio.</p>
+
+<p>—Siéntese, señor —dijo al reo, sin más saludo—. No tenemos prisa.
+¿Qué tal le han dado de comer?</p>
+
+<p>—¡Comer yo! ¿Para qué?... No como nunca tan temprano.</p>
+
+<p>—Que le traigan algo... Hay cordero asado, que quedó de anoche.</p>
+
+<p>—Gracias; no tomo nada entre horas.</p>
+
+<p>—Pues ocurre... Nada, que tenemos otro aplazamiento. Perdone usted:
+bien sé que es molestísimo...</p>
+
+<p>—Sí, señor: eso digo... De modo que... un día más —murmuró don
+Beltrán mirando al campo y al sol.</p>
+
+<p>—¿Un día?... ¡Qué sé yo cuántos días serán!... Este Ramón ni
+descansa, ni deja descansar a nadie. Hace una hora que ha llegado de
+Gandesa la partida del <i>Arcipreste</i>. Recibo por ella este parte
+(<i>mostrándolo</i>) en que se me dice, entre varias cosas que no son
+del caso, que...</p>
+
+<p>—Que me atormenten un poco más.</p>
+
+<p>—No, señor: que antes de fusilarle..., naturalmente... Vamos, que no
+le fusilemos, y <span class="pagenum" id="Page_248">p. 248</span>que
+hoy mismo se le mande a Gandesa. Quiere interrogarle sobre cosas que
+solo usted puede saber.</p>
+
+<p>—¡Yo!... ¡Cosas!... ¿Estoy soñando?</p>
+
+<p>—Presumo lo que será... No es que él me lo haya dicho. Pero el que
+más y el que menos, todos aquí sabemos por dónde va el agua... No se
+devane el caletre. A Gandesa hoy mismo, dentro de dos horas, con dos
+compañías del 3.º y los pocos caballos que aquí tengo. Lo que Ramón le
+preguntará es cosa de política..., de lo que pasa por allá... en la
+corte...</p>
+
+<p>—¿En la corte celestial?</p>
+
+<p>—O en otras de más abajo... En fin, allá ustedes.</p>
+
+<p>—Pues, señor —dijo don Beltrán levantándose como un niño entumecido
+que quiere correr—, vamos a Gandesa, y hablemos de cortes y cortijos
+o de lo que quiera don Ramón. Yo no sé una palabra..., o tal vez lo
+sepa sin saberlo, sin enterarme de que lo sé... Sí, sí..., algo podré
+decirle de grandísimo interés... Señor de Llangostera, si esto es una
+forma de indulto, Dios se lo pague, que alguna parte habrá usted tenido
+en ello.</p>
+
+<p>—Yo no; si no viene esta orden, ya estaría usted gozando de Dios...
+Conque... sea enhorabuena.</p>
+
+<p>—Gracias... Viva usted mil años, señor Casadevall, <i>alias</i>
+Llangostera... Y acordándome ahora de su gallardo ofrecimiento, que me
+traigan el cordero asado. Se me despierta un apetito horroroso.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_249">p. 249</span></p>
+
+<p>—Pues que aproveche... No descuidarse: a las ocho, en marcha.</p>
+
+<p>Apenas traspasó la puerta el cabecilla, arrancose Putxet a dar a su
+amigo un abrazo tan fuerte, que a poco más le ahoga.</p>
+
+<p>—A mí, a mí me debe usted su salvación, nobilísimo señor, pues sin
+la tremenda batalla que ayer di, por ser Pentecostés, la orden de don
+Ramón le habría alcanzado a usted en la sepultura... Y lo hice, puede
+creérmelo, más que por ser Pentecostés, ¡<i>pacho</i>!, porque me dio
+la corazonada de que ganando un día, salvábamos al hombre. Acerté... Ya
+sabía yo que anda Cabrera muy caviloso estos días con chismes que le
+han traído del Cuartel Real...</p>
+
+<p>—¡Pero si yo estoy tan enterado de las cosas del Cuartel Real como
+de lo que pasa en la luna!</p>
+
+<p>—Quiá..., eso no puede ser... Por algo se fija don Ramón en usted, y
+espera que le aclare lo que ignora...</p>
+
+<p>—Juro que...</p>
+
+<p>—Y en todo caso, si usted no lo sabe, invéntelo, ¡<i>pacho</i>!...
+Para mi, ya está usted indultado, y puede que muy pronto libre...</p>
+
+<p>—Sea lo que Dios quiera, amigo Putxet. He visto la muerte tan de
+cerca, que no podré desechar la idea de que vivo de milagro. Cúmplase
+la voluntad de Dios. Pronto estoy a todo, a vivir y a morir.</p>
+
+<p>A la hora designada salió de Rosell el gran aristócrata con las
+tropas que marchaban a Gandesa, y todo le fue lisonjero aquel <span
+class="pagenum" id="Page_250">p. 250</span>día: se le facilitó un
+buen caballo, y para colmo de felicidad, iban con él Putxet, capellán
+del 3.º, y el teniente Pulpis, que en el corto tiempo de conocimiento
+mostraba hacia el aragonés gran simpatía y cordialidad. Por montes
+y laderas departían los tres de diversas cosas humanas y divinas,
+hallándose don Beltrán tan inspirado aquel día y con su inteligencia
+tan despierta, que los otros no se hartaban de oírle. Refirió sucesos
+interesantísimos de su vida y de la vida general, o sea historia, con
+sin igual donaire y expresión justa, ingeniosa, contestando sin fatiga
+a cuanto le preguntaban. Y entre párrafo y párrafo introducía, a guisa
+de estribillo, ponderaciones de los espectáculos de la naturaleza que
+contemplaba. Todo le parecía bello, aun lo que no lo era.</p>
+
+<p>—¿Y no saben ustedes una cosa, amigos míos? Pues estoy asombrado de
+ver... que veo mejor que antes... No sé a qué atribuirlo. Pero no hay
+duda: se me aclara considerablemente la vista. No sé si será porque...,
+¡<i>pacho</i>!, como estuve casi dentro del reino de la muerte, mis
+ojos se preparaban para ver lo que aquí tenemos por invisible, y se
+afinaron..., aprendieron algo nuevo en el arte de la visión..., no
+sé...</p>
+
+<p>Todo el día y parte de la noche emplearon en el paso de los puertos
+de Beceite, pernoctando en la bajada de Monte Caro. Al amanecer se les
+agregaron varias partidas, y avanzando cautelosos con buenos guías y
+precavidos de espionaje, evitaron el encuentro <span class="pagenum"
+id="Page_251">p. 251</span>con las fuerzas cristinas que operaban en
+aquella zona. Al caer de la tarde supieron que don Ramón, atacado por
+Nogueras ante los muros de Gandesa, había tenido que levantar el sitio
+de esta plaza retirándose a Bot. A este punto se dirigieron a marchas
+forzadas, y a media noche encontraron a sus compañeros, acampados al
+raso, en árida y polvorosa colina junto al río Seco. La temperatura
+era ardiente; la tierra, caldeada por el sol, apenas se refrescaba en
+la segunda mitad de la noche. Escaseaba el agua, y los soldados abrían
+pozos buscando con qué aplacar su sed. En una mala tienda hallábase
+Cabrera, desvelado, inquieto, en un grado de biliosa displicencia que
+hacía temblar a cuantos para asuntos del servicio se le acercaban. No
+bien se enteró de que habían llegado las fuerzas pedidas a Rosell,
+mandó llamar al viejo Urdaneta, sin darle punto de reposo: tal era su
+avidez de interrogarle. Muerto de cansancio y de sueño, llegó a la
+tienda el buen aragonés, y con el saludo pidió al <i>leopardo</i> que
+le permitiese echarse en el suelo, pues ya no podía tenerse en pie:
+antes de obtener la venia, se desplomó. Dos sillas de tijera había en
+la tienda: en una se sentaba el general, envuelto en su capa blanca,
+pues tenía frío a pesar del tiempo bochornoso; en la otra, convertida
+en mesa, había papeles, un tintero de cuerno y un farol. El secretario
+se sentaba en el suelo en postura turquesca.</p>
+
+<p>—Póngase usted a su comodidad —dijo Cabrera <span class="pagenum"
+id="Page_252">p. 252</span>al prócer—. Aquí no guardamos etiquetas...
+Yo voy a hacer lo mismo, pues el dolor de riñones no me deja estar
+sentado.</p>
+
+<p>Hizo una seña al secretario para que se largara, y se tendió frente
+a don Beltrán, apoyando la cabeza en un rollo de mantas. No era
+hombre que se resignaba a perder el tiempo: los minutos eran para él
+preciosos, y aborrecía las vanas palabras. Sin preguntar al prisionero
+cosa alguna referente a su viaje ni a su interrumpido suplicio en
+Rosell, abordó el asunto, que sin duda le inquietaba hondamente.</p>
+
+<p>—Conque... va usted a responderme con claridad, con precisión,
+y sobre todo con verdad a lo que le pregunte, señor de Urdaneta.
+No piense usted en engañarme, porque a Ramón Ca...brera nadie le
+ha engañado todavía, ni guarde reserva sobre punto alguno de mi
+interrogación..., porque se arrepentirá de ello. Lo que me oculte, yo
+he de saberlo después..., y le pediré cuenta de su silencio; lo que me
+diga con falsedad, lo descubriré al oírlo, porque Dios me ha dado el
+don de distinguir lo falso de lo verdadero en lo que me dicen... Y si
+algo de lo que me manifieste es de carácter delicado, quedará entre los
+dos; yo sé callar como nadie..., pero como nadie sé oír y aprender.</p>
+
+<p>—Sepa yo pronto de qué se trata, general —replicó don Beltrán—, que,
+por Dios, ni aun sospecho cuál puede ser el asunto de mi conocimiento
+que a usted interese.</p>
+
+<p>—Ahora lo veremos. Prepárese a responder <span class="pagenum"
+id="Page_253">p. 253</span>con cla...ridad, y sobre todo con exactitud.
+En febrero de este año pasó usted por Fuentes de Ebro, camino hacia
+Caspe y Alcañiz. En el parador de Viscarrués comió usted y habló
+largamente con un sujeto italiano, su amigo, llamado Rapella, que iba
+en seguimiento de Borso, y venía del Cuartel Real del norte.</p>
+
+<p>Después de asentir con la cabeza a los primeros conceptos del
+<i>leopardo</i>, manifestole don Beltrán con acento sincero que, en
+efecto, había hablado con Rapella; pero que no era amigo suyo, y en
+Fuentes de Ebro le vio y trató por primera vez. Por cierto que, movido
+de la curiosidad y sin ningún interés positivo en ello, había intentado
+tirarle de la lengua, para sorprender la clave de sus continuas
+viajatas diplomáticas entre cortes borbónicas; mas nada pudo obtener,
+como no fuera la certidumbre de la cerrada discreción del siciliano.</p>
+
+<p>Mostrose Cabrera incrédulo de esta declaración, y en tono agrio le
+dijo:</p>
+
+<p>—Veo que es usted de la misma escuela. No me sirven los
+diplomáticos, y usted tampoco quiere servirme...</p>
+
+<p>—He dicho a usted, mi general, que ni una palabra pude sacarle...
+Pero no he dicho que ignore los líos que se trae ese señor...</p>
+
+<p>—Pues si lo sabe...</p>
+
+<p>—Es que usted, general, debió empezar por decirme: «Urdaneta, ¿qué
+sabe usted de esto?», y no interrogarme al modo capcioso, <span
+class="pagenum" id="Page_254">p. 254</span>como se hace con los espías
+enemigos.</p>
+
+<p>—Tiene usted razón —dijo Cabrera, rindiéndose a la noble actitud
+del aragonés—. Perdóneme; no supe distinguir. ¡La costumbre de tratar
+con canallas...! Es usted un caballero, y lo que sepa acerca de este
+asunto, me lo dirá... como de amigo a amigo.</p>
+
+<p>—A ello voy. No sirvo a ninguna causa; no vendo ningún secreto;
+referiré lo que sepa, para mí falto de interés, para usted quizás
+no...</p>
+
+<p>Minucioso y elegante narrador, maestro en el arte de dar interés
+al relato más sencillo, don Beltrán expuso gallardamente lo que sabía
+y opinaba; que no todo fue relación de hechos, pues hubo también un
+disertar gracioso sobre cosas políticas hondas, de las que rara vez
+salen a la superficie. Habiendo trabado amistad, en su viaje desde
+Laguardia a Villarcayo, con un joven madrileño muy simpático que
+el verano anterior había visitado la corte de Oñate en compañía de
+Rapella, pudo conocer el carácter de este, sin más datos que las
+referencias de aquel joven. Era el siciliano muy astuto, corrido en
+intrigas de mujeres y en diplomacia menuda de gabinetes secretos, de
+combinaciones políticas a hurtadillas de los ministros o cancilleres.
+Pintó Urdaneta la corte de don Carlos, repitiendo lo que le había
+contado su amigo, y por cierto que no escatimó las tintas burlescas
+en la pintura, sin que por ello se escandalizara el que le oía. Diole
+noticias de la amistad del siciliano con el infante don Sebastián,
+<span class="pagenum" id="Page_255">p. 255</span>con quien al parecer
+no se había entendido en las negociaciones o enredos que llevaba. Lo
+que resultó de las conferencias del tal embajador con don Carlos en
+Durango, su amigo no lo sabía, pues un accidente inesperado le separó
+de él el día mismo de la evacuación de Oñate a consecuencia de la toma
+de Arlabán. Presumía que la base del proyectado convenio para poner
+fin a la guerra era la reconciliación de las dos ramas borbónicas
+por medio de un casamiento; mas como este no había de efectuarse
+hasta que la reina Isabel y el hijo de don Carlos llegasen a edad de
+matrimonio, tal proyecto era un sueño; y para celebrar la paz y que se
+abrazaran los dos ejércitos, se buscaban otras fórmulas de transacción
+y avenencia.</p>
+
+<p>Levantose Cabrera de un salto, nervioso y colérico, exclamando:</p>
+
+<p>—Yo no me abrazo con nadie... ¡Abrazos a mí!... ¡Transacción!...
+Juro que no... No saben quién es Cabrera... Ni por un puñado de oro,
+ni por grados y ventajas en la carrera, me cubro yo de vilipendio
+entregándome a los cristinos. Si don Carlos cede, allá se las haya...
+Él en su casa y yo en la mía... ¡No quiero, no quiero!... ¡Matrimonios
+de príncipes!... ¿Se casa la luz con las tinieblas?... ¿Se casa la
+justicia con la injusticia, la razón con la sinrazón? Pues si se casan,
+con su pan se lo coman. Yo no me caso con nadie. Ramón Cabrera no se
+casa.</p>
+
+<hr class="chap x-ebookmaker-drop">
+
+
+<div class="chapter pt3" id="Ch26">
+ <p><span class="pagenum" id="Page_256">p. 256</span></p>
+ <h2 class="nobreak g1">XXVI</h2>
+</div>
+
+<p>Volviendo a ocupar su silla, acarició con movimiento maquinal
+los papeles que en la otra tenía, alumbrados por el mustio farol.
+Don Beltrán, sin cambiar de postura, flemático y perezoso, siguió
+manifestando al caudillo apreciaciones que creía interesantes. Por lo
+que había oído en Medina y Villarcayo, por algo que pudo descubrir
+conversando con su grande amigo don Baldomero Espartero, los tratos
+para buscar fórmula de paz no habían cesado desde el principio de a
+guerra. Proposiciones se hicieron a Zumalacárregui, proposiciones a
+Maroto, y el mismo Cabrera no habría estado libre de que en su oído se
+murmuraran palabras tentadoras...</p>
+
+<p>—A mí no, a mí no —dijo prontamente el <i>leopardo</i>—. Ya saben
+que mandaría fusilar al que me trajera recaditos de doña Cristina o del
+rey napolitano.</p>
+
+<p>—Del rey de Nápoles, a quien entiendo yo que no debemos la invención
+de la pólvora, es agente oficioso el tal Rapella. Anda también en estos
+tratos y trotes un legitimista francés, marqués de no sé cuántos.</p>
+
+<p>—No es marqués, sino barón..., y ha entrado en España con el
+supuesto apellido de <span class="pagenum" id="Page_257">p.
+257</span>Neuillet. Me da en la nariz que el nombre de Rapella es
+también falso, y que bajo él se esconde un correveidile de Cristina,
+maestro en intrigas, que en Madrid era conocido por marqués de
+Lagrua.</p>
+
+<p>Insistió Urdaneta en que no podía dar ninguna luz sobre esto, pues
+no se había echado a la cara al tal don Aníbal hasta su paso por
+Fuentes de Ebro, y de él no tenía más noticias que las anteriormente
+comunicadas. Asimismo ignoraba si el siciliano se había visto con
+Borso; pero Cabrera le sacó de dudas, afirmando que tres días
+permaneció aquel en Castellón en compañía del general y de un italiano
+llamado Cialdini, embarcándose después para Marsella.</p>
+
+<p>—Le tengo a usted por un caballero —añadió don Ramón con cierta
+solemnidad, después de larga meditación—, y estoy con...vencido de
+que me ha dicho todo lo que sabe. Sus opiniones parécenme muy bien
+fundadas.</p>
+
+<p>Algo más dijo el <i>leopardo</i>; pero don Beltrán, que ya venía
+dando fuertes cabezadas, hundió al fin la barba en el pecho, y cogió un
+sueño profundo, que por causa de la mala postura había de ser breve.</p>
+
+<p>—Sí, sí: duérmase usted, amigo mío —murmuró el general con lástima—,
+que bien necesitado está de descanso. Le envidio su facilidad para el
+sueño.</p>
+
+<p>Y cogió de la mesa-silla, ávido de nueva lectura, la carta que
+desde Sangüesa le había escrito Arias Teijeiro. De aquellas apretadas
+<span class="pagenum" id="Page_258">p. 258</span>líneas de menuda
+letra española, provenían sus inquietudes y desvelos. Informábale con
+prolijas referencias su amigo, principal figura en la camarilla del
+pretendiente, de que la magna expedición al mando del propio rey había
+partido de Navarra el 17 con dieciséis batallones, nueve escuadrones,
+el estandarte de la Generalísima y su lucida escolta, y un inmenso
+bagaje, como correspondía al sinnúmero de funcionarios de corte y
+administración que acompañar debían a la Real persona.</p>
+
+<p>—Le tengo por un gran farsante —dijo don Beltrán despertando
+súbitamente—. ¡Ah... mi general! ¿No me preguntaba usted su opinión
+sobre ese Rapella? Opino que el ir a Marsella es para ganar más
+fácilmente la frontera de Navarra y agregarse al llamado Cuartel
+Real.</p>
+
+<p>—Así es, en efecto. Viene en la expedición magna.</p>
+
+<p>—Pero ¿qué es eso? ¿Se lanza don Carlos a una correría como las de
+Gómez, Batanero y don Basilio?</p>
+
+<p>—No sé... Eso se dice... Allá veremos.</p>
+
+<p>Siguió pensando el <i>leopardo</i> en lo que la carta decía, y
+comentando con interno juicio las noticias de ella. Traducida con la
+posible fidelidad la expresión muda de su pensamiento en valenciano,
+resulta <i>mutatis mutandis</i>:</p>
+
+<p>—¡<i>Pacho</i>, con la impedimenta que nos traen! La caterva
+de empleaduchos, la taifa de gente allegadiza que quiere comer a
+costa nuestra! ¡Vaya una plaga, ¡<i>pacho</i>! Aquí nos <span
+class="pagenum" id="Page_259">p. 259</span>vemos y nos deseamos para
+poder vivir... En país esquilmado..., apenas hay raciones para mal
+comer... y ahora nos viene encima esa nube. Tenemos un rey que sabe
+tanto de guerra como yo de afeitar ranas. ¿Por qué no se estará
+quietecito en su corte esperando a que le hagamos rey de todas las
+Españas?... ¡Y que se trae unos consejeros y unos ministros que no
+tienen precio para ayudar a misa, para pegar botones o cepillar la
+ropa! Vendrán de generales el tontaina de don Sebastián, el buey
+cansino de González Moreno y el bribón de Gómez, a quien yo pondría de
+capataz de un presidio, que es lo único para que sirve... Duérmase de
+una vez, don Beltrán, que aquí no gastamos etiquetas. Me da pena verle
+luchar con el sueño.</p>
+
+<p>—Es que..., verá usted..., decía yo que indudablemente hay tratos
+y contubernios entre <i>Palacio</i> y ese..., ¿cómo le llaman? Ya
+no me acuerdo... El rey, hombre..., Felipe V..., digo, Carlos... La
+reina, que no perdona lo de La Granja, parece que no quiere nada con
+liberales... Luis Felipe desea que se acabe la guerra de cualquier
+modo, por creerla un peligro..., y la cuádruple alianza..., sí, señor,
+la cuádruple...</p>
+
+<p>—A dormir... Tenga usted este lío de mantas para que descanse la
+cabeza.</p>
+
+<p>—Muchas gracias, querido Nelet.... digo, no, señor don Ramón V... El
+sueño me rinde, me trastorna... Gracias.</p>
+
+<p>Sin poder apartar de su mente las ideas que le atormentaban,
+Cabrera se paseó en el <span class="pagenum" id="Page_260">p.
+260</span>estrecho espacio de la tienda, embozado en su capa
+blanca. No se conformaba con que el Ejército Real, mal organizado y
+pésimamente dirigido, viniese a compartir con él el dominio en la
+región valenciana. Recordaba sus desavenencias con Gómez, por cuál
+mandaba más. Cierto que al rey no podía disputársele la supremacía.
+Aunque incapaz para la guerra y para el gobierno, era el rey, por
+divino mandato, la sacra bandera, el símbolo de la Causa; y de la
+regia persona, absolutamente inepta para todo, provenía la fuerza
+moral de las cohortes del absolutismo. No había, pues, más remedio que
+cargar con el ídolo, aunque este fuera una de las obras más burdas
+del fetichismo dominante. ¡Y por semejante figurón, hecho al modo de
+las imágenes vestidas, que por dentro no son más que una armazón de
+madera tosca, se peleaban tantos hombres valientes, y se vertían ríos
+de noble sangre!... Claro que todo se hacía por <i>la idea</i>. El
+grosero ídolo era una idea. Por ella combatían fieramente los de acá,
+mientras los defensores de la idea contraria cifraban su valor en
+la adoración de una linda muñeca... En suma: lo que ponía en grande
+irritación al caudillo del Maestrazgo era que se había de convertir
+en auxiliar y mequetrefe del Ejército Real en cuanto este pasase el
+Ebro. Las operaciones ya no serían suyas: tendría que subordinarlas a
+lo que dispusiese cualquiera de los reverendos sacristanes que venían
+agregados al santón del absolutismo...</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_261">p. 261</span></p>
+
+<p>Verdad que la carta de Arias Teijeiro no escatimaba las lisonjas
+al héroe del Maestrazgo. En el Cuartel Real se le tenía por un
+estratégico de primer orden, firme columna de la Causa, y el soberano
+deseaba ocasión de mostrarle personalmente su real aprecio. Pero tras
+estos inciensos venían anuncios de resoluciones que desagradaban al
+<i>leopardo</i>. La expedición real, a la que se uniría Cabrera para
+engrosarla y fortalecerla, llegaría con la ayuda de Dios hasta el
+propio Madrid, y entraría en la capital de la monarquía <i>sin disparar
+un tiro</i>.</p>
+
+<p>Esto de rematar la campaña sin combatir sacaba de quicio al ardiente
+Cabrera. Todo lo que no fuese ganar a sangre y fuego el triunfo de la
+Causa, pugnaba con su temperamento batallador, con su corazón fiero y,
+¿por qué no decirlo?, noble. Los arreglos por concesiones recíprocas de
+mercedes, o por casorios y pactos de familia, le olían a podredumbre.
+Tan viles eran los unos como los otros si a ello se prestaban. Uno de
+los dos rivales debía perecer: eso de que vivieran y triunfaran los
+dos, partiéndose la torta disputada, no se acomodaba a su lógica ruda,
+ni a su primitivo y elemental criterio de cosas políticas. ¡Entrar en
+Madrid unos y otros con <i>sus manos lavadas</i>! ¡Ah, <i>pacho</i>,
+y reconocer a doña Cristina y a don Carlos como <i>reyes padres</i>,
+los dos en igual categoría dinástica... y ver a los nenes asistidos
+de un consejo mixto, y apoyados por un ejército mixto o mestizo!...
+Y en tanto, ¿qué se haría de <span class="pagenum" id="Page_262">p.
+262</span>las ideas? Pues juntarlas todas en una redoma para sacar otra
+mezcla indecente, que no serviría para nada. ¡Libertad y absolutismo
+desleídos en agua, <i>según arte</i>! ¡Rey y pueblo abrazaditos!...
+¡Religión y ateísmo en una pieza, <i>pacho</i>!</p>
+
+<p>Colmaba la indignación del general esta frasecilla de la carta: «Aún
+no puedo ser muy explícito, mi querido don Ramón. Solo me permitiré
+anticiparle que las bases de un arreglo decoroso están sentadas por
+manos muy peritas, y que no veo lejano el día glorioso en que podamos
+descansar de nuestra ruda campaña, viendo triunfante lo más esencial
+de nuestra doctrina». ¡Descansar! ¡Si él no quería más descanso que
+reventar combatiendo!... La gentuza civil, la patulea de holgazanes y
+vividores que acudían a la Causa como las moscas al panal, era la que
+anhelaba el descanso de la paz, para chupar a sus anchas, repartiéndose
+el momio de los destinos. Ese descanso de lo civil era el militar
+vilipendio, y él no..., él no quería descanso sin honra, sino honra con
+cansancio.</p>
+
+<p>A esto llegaba, cuando despertó el noble caballero sobresaltado,
+con ahogos de pesadilla. Soñó que le sacaban al cuadro para fusilarle,
+que le ponían de rodillas y le vendaban los ojos... «¡Al corazón,
+hijos míos, al corazón! No me hagáis padecer», murmuraba sin abrir los
+ojos; y cuando los abrió, reconociéndose despierto, pidió perdón al
+general:</p>
+
+<p>—No me haga usted caso. Estoy fatigadísimo, <span class="pagenum"
+id="Page_263">p. 263</span>y si aquí molesto, me saldré a dormir en
+campo raso.</p>
+
+<p>—No, no; quédese aquí. Le diré, para su tranquilidad, que ya
+está libre de la sentencia de rehenes. Aunque allá fusilen media
+aristocracia, la vida de usted en mi poder no corre peligro. Rehenes
+por gente civil, no me convienen.</p>
+
+<p>—No sé con qué palabras expresar a usted mi agradecimiento por su
+magnanimidad —dijo Urdaneta conmovido—. ¿De modo que estoy libre...?</p>
+
+<p>—Libre no. Aún será usted mi prisionero por una temporada. Puede que
+le necesite, por su gran conocimiento de cortesanías y politiquerías de
+Madrid... y de toda la morralla civil. Tenga un poco de paciencia, y
+por de pronto duerma en mi tienda todo lo que el cuerpo le pida.</p>
+
+<p>—Me pide mucho, general... Traigo un atraso horroroso en el dormir.
+Lo menos me debe a mí el sueño cuatro noches. Figúrese..., a mi
+edad.</p>
+
+<p>Ayudado de aquel sosiego que las últimas palabras de Cabrera dieron
+a su espíritu, cogió don Beltrán el sueño, quedándose en él con
+profunda quietud hasta muy avanzado el día; pero cuando ya su cuerpo
+hubo recibido la reparación de que estaba tan necesitado, el cerebro
+se soliviantó, dándose a los sueños extravagantes. Después de mil
+visiones vagas, indefinibles, viose atormentado por seres malignos y
+traviesos que le traían y llevaban sin ningún respeto a su nobleza
+<span class="pagenum" id="Page_264">p. 264</span>y ancianidad.
+Eran, sin duda, los familiares demonios de Nelet, que, por contagio
+de la amistad, pasado se habían del joven al viejo, del creyente
+al incrédulo. En medio de la turbación del soñar, su razón siempre
+vigilante le decía: «De esto tiene la culpa Santapau, por contarte
+sus diabólicas aventuras con tantos pelos y señales». Ello es que la
+infernal cuadrilla cogió por su cuenta al señor de Albalate, y de un
+vuelo me le transportó a Cintruénigo, donde vio a doña Juana Teresa
+ahechando trigo, y a Rodriguito con la pluma tras de la oreja contando
+los garbanzos que se habían de echar al puchero. Visto esto, volvieron
+los diablillos a cogerle por los sobacos o por el cogote (no estaba
+bien seguro) y le llevaron a la cima del Moncayo; de allí a Veruela, y
+metiéndole por un subterráneo, le arrastraron hasta salir al castillo
+de Loarre en tierra de Huesca. Entretuviéronse en jugar con él a la
+pelota, lanzándole de un torreón a otro, y después le llevaron, cogido
+por las orejas, a la sierra de Guara, desde cuyas cumbres le mostraron
+todo el territorio del antiguo reino de Sobrarbe, diciéndole... Pero de
+lo que decían no pudo enterarse bien. Despertó con el cuello dolorido,
+y viendo la necedad de su ilusión, requirió nuevamente el sueño,
+tomando mejor postura.</p>
+
+<p>No debía despertar el noble señor sin que su turbado cerebro
+se lanzara a mayores travesuras, sucediendo a las imágenes de un
+orden bufonesco otras de carácter lúgubre <span class="pagenum"
+id="Page_265">p. 265</span>y penoso. Tan claramente como se ven cosas
+y personas en la realidad, vio a Nelet, que, asistido de unos cuantos
+facciosos con rabo (por donde se colegía su calidad demoniaca),
+crucificaba a un hombre, clavándole en un largo madero. El hombre,
+que debía de ser un bendito, se dejaba crucificar risueño, diciendo
+a su verdugo: «¡<i>Pacho</i>!, no sabes lo que haces». Largo tiempo,
+si es que la lentitud o rapidez de este son apreciables en una
+pesadilla, atormentó al soñador la visión espantosa, que terminaba
+y se reproducía como el ensayo de una escena teatral. El propio don
+Beltrán, angustiado, quiso más de una vez gritar a su discípulo:
+«¡<i>Pacho</i>!, no sabes lo que haces». Pero no podía... ¡Vive Dios,
+que no podía!... Las palabras se le pegaban al cielo de la boca cual si
+fueran obleas.</p>
+
+<hr class="chap x-ebookmaker-drop">
+
+
+<div class="chapter pt3" id="Ch27">
+ <h2 class="nobreak g1">XXVII</h2>
+</div>
+
+<p>Horrorizado y tembloroso despertó el anciano, y lo primero que vio
+fue a Cabrera durmiendo, tendido en el suelo boca arriba sobre una
+manta, envuelto en su capa blanca y roja, la boina sobre los ojos para
+resguardarlos de la luz. El secretario, con violenta postura, escribía
+en la silla de tijera, y un ayudante que hacía cigarrillos sentado
+en tierra, indicó a don Beltrán con un signo <span class="pagenum"
+id="Page_266">p. 266</span>que evitase el ruido, para no turbar el
+descanso del general, que se había dormido después de salir el sol. A
+poco entró un ordenanza, y en voz muy baja dijo al prócer que fuera
+le esperaba desde el amanecer un señor comandante amigo suyo. Echose
+de la tienda don Beltrán, andando poco menos que a gatas por la gran
+debilidad que sentía, y encontrose a Nelet sentadito en una piedra,
+la cabeza entre las manos, el espinazo en violenta curva, imagen de
+la melancolía negra o de la desesperación. Después de tocarle en el
+hombro, el desmayado viejo encaminose a una cercana tienda, de donde un
+penetrante olor de fritangas le llamaba con reclamo irresistible. Tuvo
+la suerte de tropezarse allí con el teniente Pulpis, que inspeccionaba
+las sartenes; pidió que le dieran de comer, aunque solo fuera pan
+y cebolla, y obtenido algo más confortativo y suculento, se puso a
+devorarlo mientras hablaba con Santapau, que se le arrimó al instante
+con apetito de conversación.</p>
+
+<p>—Hijo mío, te encuentro muy desmedrado. ¿Estás herido? ¿Has perdido
+tu preciosa sangre en las acciones de estos días frente a los muros de
+Gandesa?... ¿O es que te sobrevino algún disgusto, quizás otra jarana
+con los <i>chicos de Lucifer</i>?</p>
+
+<p>—No... a esos no les temo ya. Curado estoy del mal de demonios
+—replicó Nelet suspirando, agobiado de tristeza—. Un saludador de
+mi pueblo me ha dejado las cámaras interiores bien limpias de esas
+alimañas, con <span class="pagenum" id="Page_267">p. 267</span>un
+bebedizo que, por lo amargo, debe de estar hecho con la hiel de Judas.
+Al decir de ese médico, los diablos huyen ahora de mí y se albergan en
+los cuerpos de mis amigos.</p>
+
+<p>—Cierto debe de ser eso —dijo Urdaneta haciendo por la vida con
+ansia fisiológica—, porque anoche se han dignado visitarme esos
+mequetrefes, y en ellos reconocí a los que contigo se divertían. Pues
+que ya desalojaron tu interior, haz que abandonen también el de tu
+maestro, que no gusto de tales inquilinos... Entiendo, por la murria
+que noto en ti, que el desahucio no ha sido completo, y que algún
+intruso se quedó trasconejado dentro de tu pobre humanidad.</p>
+
+<p>—No es murria de diablura la que tengo, sino de conciencia, y tan
+grave y honda, que anoche faltó poco para que pusiera fin a mi vida.
+Suspendí el dispararme por esperar a consulta con usted acerca del caso
+que me anonada, caso tremendo de los que no tienen solución.</p>
+
+<p>—¿Qué sabes tú si yo la encontraré? Déjame que coma un poco más
+de este guisado de cabra que me da la vida, y me fortalece el magín
+para evacuar consultas... Come algo, hijo, que del alimento corpóreo
+se nutre también y conforta lo más espiritual de nuestro ser: la
+conciencia.</p>
+
+<p>—Las hambres de la conciencia no se aplacan sino echándole la propia
+carne para que se la coma...</p>
+
+<p>—Cuéntame, cuéntame pronto, y veré la causa de tu aflicción.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_268">p. 268</span></p>
+
+<p>—Acabe usted y salgamos de aquí. Vámonos a donde no haya personas
+que vean y oigan. El oído y el ver humanos me dan tanto enojo, que a
+todo el mundo dejaría ciego y mudo. Solo Dios debe ver, y solo deben
+sonar las tempestades, que son su voz.</p>
+
+<p>—Hijo, poético estás y lúgubremente metafórico... solo que tus
+imágenes son de un cuño que está ya mandado recoger por anticuado y
+candoroso. Ea, terminó mi almuerzo, que por el hambre que tenía me ha
+resultado opíparo. Vamos a donde quieras.</p>
+
+<p>Llevole Nelet a un ejido donde estaban herrando caballos, y allí,
+entre relinchos, aún mejor sonantes que las palabrotas de mariscales y
+soldados, refirió el caso que tan hondamente le perturbaba.</p>
+
+<p>—La malhadada acción de Gandesa —dijo— la perdimos porque, en
+lo mejor del combate, muchos de nuestros hombres fueron atacados
+repentinamente de un mal de estómago, por haber bebido en charcos
+corruptos, y con fieros retortijones caían muertos. Mi regimiento fue
+de los que más sufrieron de este maleficio. Creían mis soldados que el
+enemigo había envenenado las aguas..., les entró el pánico... Entre
+el físico y yo quisimos convencerles de que la ponzoña era natural en
+aquellas estancadas lagunas... Para abreviar: enfermos y desalentados
+nos batimos en guerrillas en todo el flanco derecho. Nogueras embistió
+el centro. Vi que flaqueaban; apretamos más y más, perdiendo gente
+y ganando terreno; hice lo que pude, más de <span class="pagenum"
+id="Page_269">p. 269</span>lo que podíamos y debíamos, hasta que
+Cabrera nos mandó retirar. Hícelo yo con un orden perfecto, pues
+conozco como los dedos de mis manos todos los caminos, atajos y veredas
+que rodean al pueblo donde nací. Ninguna fuerza cristina me atacó en
+mi retirada, que hice vadeando el río y tomando la vuelta de Algás.
+No habíamos andado legua y media, cuando sorprendimos y copamos unos
+veinte hombres cristinos que al parecer habían salido de descubierta.
+Tan torpes andaban y tan ignorantes del terreno, que se nos vinieron a
+la mano en sitio donde no podían escapar. Algunos, arrojando las armas,
+emprendieron la fuga con pies ligeros; pero mis tiradores no tardaron
+en cazarles: solo dos piezas perdimos. Los otros se nos entregaron
+como borregos atontados, pidiéndonos misericordia. «¿Qué hacemos, mi
+comandante? ¿Les fusilamos, o qué? Nos da el corazón que estos andaban
+por aquí envenenando todo el río...». Respondí que bueno... Yo me
+sentía un poco emponzoñado... Estaba furioso..., echaba fuego de todo
+mi cuerpo... Por ahorrar cartuchos, mi gente les iba despachando a
+bayonetazos... Yo no sé, amigo don Beltrán, por qué me entró aquel
+día tal furor de matanza. Demonios no llevaba dentro de mí; pero sí
+un amargor que me irritaba, que me volvía feroz. Por la mañana había
+tomado el brebaje de que antes hablé... me escocía horriblemente el
+cuerpo. Las moscas que se cebaban en mi pobre caballo, me tenían loco
+con sus furiosas picaduras. <span class="pagenum" id="Page_270">p.
+270</span>Y además, yo sudaba..., ¿cómo diré?, a mares, un sudor
+amargo y venenoso, según creo, y mosca que me picaba, moría. Mas eran
+tantas, que hube de apearme por huir de ellas... Mientras mis soldados
+exterminaban hombres, yo daba vueltas a pie por entre vivos, muertos
+y a medio morir; y en esto vi a un cristino tumbado contra un árbol,
+herido ya... No sé por qué me dio el arrechucho de atravesarle con mi
+espada... le tomé por una mosca, o por el padre de todas las moscas...
+Apenas retiraba de su costado izquierdo mi espada, me asaltó una
+idea... si, era una idea. ¿Qué vi yo en la cara y en los ojos de aquel
+hombre? ¿Qué vi para lanzar un alarido, pues alarido de rabia y dolor
+fue la pregunta que le hice? «¿Eres tú Francisco Luco?». Lo pregunté
+dos veces, y él respondió que sí con la cabeza, moviéndola de golpe...,
+así... Con la cabeza dijo que sí, y también con los ojos al mirarme;
+mas con la boca no dijo nada, porque entre el intento y la palabra se
+metió la muerte.</p>
+
+<p>—¡Dios nos tenga de su mano! —exclamó Urdaneta, desahogando su pena
+con un gran suspiro.</p>
+
+<p>—Dígame usted ahora si habiendo dado muerte con tan estúpida
+crueldad al hermano de la que adoro, puede haber consuelo para mí. ¿No
+debo desear que se abra la tierra y me trague? ¿Para qué está ya Manuel
+Santapau en el mundo?</p>
+
+<p>—Poco a poco..., no hay que perder la serenidad. Primero, pudo
+haber error. Al dar el <span class="pagenum" id="Page_271">p.
+271</span>hombre esa fuerte cabezada, como dices, quizás no fue su
+ánimo responder a tu pregunta... Aquel movimiento debió de ser la
+tensión de músculos, propia del morir...</p>
+
+<p>—¿Y la semejanza con su hermana? ¡Si era su propio rostro! Los ojos,
+en la mirada que me echó, pareciéronme los ojos de Marcela.</p>
+
+<p>—Tampoco eso prueba nada. O pudo ser un parecido casual, o no había
+tal semejanza más que en tu imaginación excitada por el combate, por
+las preocupaciones, por el brebaje, y... por las moscas. ¡Y quién sabe,
+quién sabe, querido Nelet, si en esa tragedia habrán tenido alguna
+parte <i>los chicos de Luzbel</i>, valiéndose de un cubileteo, de una
+simulación de rostros para trastornarte! Aquí donde me ves, influido
+sin duda por el ambiente que respiro, por el aspecto romántico del
+país, voy creyendo en la realidad de las travesuras diabólicas, de que
+antes me reía... Y, ¡qué diantre!, atenúa mucho tu responsabilidad
+el haber sido cosa repentina, imprevista, como accidente de una
+batalla... La ocasión, la ley de represalias, que no puedes eludir como
+subordinado de Cabrera, te disculpa en cierto modo...</p>
+
+<p>—No, no: mi conciencia no lo cree así... Mi conciencia se ha vuelto
+muy rígida, muy exigente y escrupulosa... Natural es que el amigo y
+maestro quiera consolarme... Pero no hay consuelo para mí. He cometido
+un verdadero parricidio. El querer matarme ahora, ¿qué es, señor mío,
+más que el afán de huir de mí, por el horror que me causo?</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_272">p. 272</span></p>
+
+<p>—Calma, juicio, reflexión... —dijo el maestro desalentado, mas
+queriendo disimular su pesadumbre—. Repentino y fulminante parece tu
+mal de conciencia; pero no faltará remedio para él: yo te lo fío, yo te
+lo aseguro... Has de prometerme no tomar ninguna resolución airada, y
+oírme y consultarme en todo, que si experto soy en amores, no me faltan
+luces ni conocimientos para los casos más graves de conciencia turbada.
+Déjalo a mi cargo. Descansa en mi autoridad, triste ciencia de los
+años...</p>
+
+<p>Como a continuación expresara el ladino viejo la idea de que bien
+podía Marcela ignorar siempre quién había sido el matador de su
+hermano, se remontó Nelet de la tristeza lúgubre a la ira, diciendo:</p>
+
+<p>—¿Cree usted que con esta cara puedo yo presentarme a ella y guardar
+el secreto de mi crimen? En el estado de mi conciencia, es imposible
+el disimulo, porque mi cara, mis ojos llevan retratado el crimen que
+cometí. En mis pupilas verá Marcela la imagen de su hermano moribundo,
+respondiéndome <i>sí</i> con la cabeza. Si usted me aconseja que le
+oculte la verdad, no es usted tan completo caballero como creí: no, no
+lo es.</p>
+
+<p>—Te perdono tus dudas acerca de mi caballerosidad. Tú no estás
+bueno, querido Nelet... En cuanto a que declares, a que confieses tu
+crimen, admito y apruebo que lo hagas; pero solo en el tribunal de la
+penitencia. No veo por qué motivo ha de ser Marcela tu confesor...</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_273">p. 273</span></p>
+
+<p>—Sí lo es..., debe serlo, y yo quiero que lo sea —gritó Nelet.</p>
+
+<p>—No grites, por Dios...</p>
+
+<p>—O me mato para callar, o vivo para confesarme con ella.</p>
+
+<p>—Pues colocada la cuestión entre los términos de ese terrible
+dilema, decido, ea, que vivas y confieses.</p>
+
+<p>—¡A ella! Este fuego que ahora prende en mi conciencia y que me está
+quemando cuerpo y alma, no se aplaca más que con la verdad... Luego,
+que sea de mí lo que Dios quiera.</p>
+
+<p>Con la idea de calmarle, fingió don Beltrán asentir a lo que
+Santapau decía: confiaba que el descanso, el sueño, las obligaciones
+militares, el roce con sus compañeros, le traerían pronto a la vida
+normal y al equilibrio de su mente. Procuró distraerle, hablándole
+de diversos asuntos, y después de contarle con pintoresco estilo, no
+exento de gracejo, la escena de su interrumpido suplicio en Rosell, le
+notificó que Cabrera, con benignidad increíble, le había levantado la
+sentencia de rehenes, y que confiaba obtener pronto su libertad.</p>
+
+<p>Tuvo esta palabra la virtud de animar un poco al atribulado
+Nelet.</p>
+
+<p>—¡Libertad! —exclamó—. Yo también quiero ser libre... ¡Muerte y
+libertad! ¿No es cierto que la conciencia oprime? Pues hay que matar al
+déspota, como dicen los patriotas y jacobinos..., matar al tirano para
+ser libre. Por eso digo yo: «Muramos, libertémonos».</p>
+
+<hr class="chap x-ebookmaker-drop">
+
+
+<div class="chapter pt3" id="Ch28">
+ <p><span class="pagenum" id="Page_274">p. 274</span></p>
+ <h2 class="nobreak g1">XXVIII</h2>
+</div>
+
+<p>Con sutil ingenio trató de hacerle ver don Beltrán lo disparatado
+de aquel conceptismo, dando su verdadero valor a las ideas de libertad
+y muerte, harto graves ambas para ser tratadas en estilo de madrigal,
+y en estas y otras charlas llegó la hora de partida, dispuesta
+repentinamente por Cabrera cuando con más descuido saboreaban todos
+el descanso después de tantas fatigas. ¡En marcha! ¡A correr, a
+combatir! ¿A dónde iban? Cabrera no acostumbraba decirlo, y marchando
+al frente de sus tropas les señalaba el camino. Agregose don Beltrán
+en un caballejo que le proporcionó su amigo Putxet, y entre este, que
+hablaba por los codos, y Santapau, que parecía privado del don de la
+palabra, emprendió la caminata por un sendero ingrato y polvoroso. Y
+por Dios, que ya se cansaba el buen señor de tanto ajetreo; sus huesos
+le pedían descanso; quizás en el nuevo estilo de Nelet, le decían:
+«Libertad, muerte». Gracias a su vigorosa fibra, a su carácter jovial
+y un tanto aventurero, podía resistir los molimientos y privaciones
+inherentes a la vida militar; y cuando el cansancio físico parecía
+irresistible, su imaginación, reverdecida en lo juvenil, <span
+class="pagenum" id="Page_275">p. 275</span>le deparaba algún nuevo
+estímulo para proseguir en la carrera. Por dicha suya, o por desgracia,
+que esto es dudoso, ante su vejez declinante no se cerraban nunca los
+horizontes.</p>
+
+<p>Grande fue el disgusto del prócer en aquel camino, viendo que
+Nelet, sin mejorar de su desazón espiritual, decaía visiblemente,
+como atacado de un mal físico grave. A media tarde observó su amigo
+en él fiebre intensísima; al anochecer, entrando en Arenys de Lledó,
+cayose el comandante del caballo. Recogiéronle como cuerpo muerto y le
+arrimaron a una pared, en tanto que Urdaneta, consternado de ver a su
+discípulo en tan mala disposición, se determinó a manifestar al general
+la imposibilidad en que aquel se hallaba de continuar su marcha.
+En la casa del cura, donde tenía su alojamiento, recibiole Cabrera
+malhumorado, revelando en su ceñudo rostro que no se había podido
+escoger peor ocasión para pedirle favores. Mas el intrépido aragonés, a
+quien no acobardaban entrecejos, no solo pidió que Santapau fuera dado
+de baja por enfermo grave, y quedase hasta su restablecimiento en aquel
+pueblo, donde tenía familia, sino que se arrancó a solicitar que a él
+se le permitiese también permanecer allí para asistirle. Observando en
+Cabrera el centelleo de los ojos, el bilioso color tirando a verde, y
+la inquietud <i>leopardina</i> con que se paseaba de un ángulo a otro
+de la jaula, creyó que a cajas destempladas le despediría, sin acceder
+a <span class="pagenum" id="Page_276">p. 276</span>sus peticiones. Mas
+no fue así: como un hombre afanado que aparta su atención de las cosas
+menudas para aplicarla por entero a las grandes, Cabrera le manifestó
+que tanto él (don Beltrán) como Santapau se fueran... a cualquier
+parte, o <i>mucho con Dios</i>, pues ninguno de los dos le hacía falta
+para nada.</p>
+
+<p>—Usted, señor de Urdaneta —le dijo, plantándose ante él—, está
+libre, y puede volverse a sus estados de Aragón. Para rehenes no me
+dan juego los aristócratas, y para prisioneros me convienen los que
+trabajan y toman las armas. No es desprecio, señor... En cuanto a
+Santapau, que se me presente así que esté curado, y si no cura y se
+muere, Dios le perdone... Puede usted retirarse. Quizás no nos veamos
+más, porque usted es muy viejo, y yo, aunque joven, moriré pronto... de
+un berrinche... Adiós.</p>
+
+<p>Retirose agradecido el señor de Albalate, y Cabrera celebró consejo
+para someter a la deliberación de unos cuantos individuos, clérigos la
+mayor parte, el asunto que revestir quería de autoridad consultiva,
+conforme a las fórmulas de gobierno impuestas por don Carlos. No
+estorbaba tal trámite al caudillo del Maestrazgo, que sabía cubrir
+el expediente de <i>oír</i> a los señores, y, afectando respeto a
+sus dictámenes, hacía después lo que le daba la gana. Los consejeros
+quedaban muy satisfechos, creyéndose ruedas indispensables de la
+máquina administrativa, y si algunos pudieron entrever que en el
+gobierno de aquella región no <span class="pagenum" id="Page_277">p.
+277</span>eran más que figuras de adorno, churrigueresco por añadidura,
+se consolaban con la risueña esperanza de obtener plaza en <i>la
+audiencia de ministros</i> de Valencia, o en el Consejo y Cámara de
+Castilla, el día del triunfo. Al salir de la visita al general, se
+cruzó don Beltrán con los consejeros que entraban, y sin dársele un
+ardite de aquella farsa, no pensó más que en la obligación de alojar
+a su amigo enfermo, para lo cual lo primero que hizo fue buscar a los
+parientes que tenía Nelet en Lledó; pero como estos no parecían ni
+nadie daba razón de dónde habían ido a parar, no hubo más remedio que
+acomodarse en alguna de las casas donde, mediante pago, se les brindaba
+regular albergue. Eligió don Beltrán, por despejado y saludable, un
+<i>mas</i> a la entrada del pueblo, con casa vieja y grandona entre
+arboledas. El <i>masovero</i> era un viejo catalán, asistido de dos
+nietas guapas, la una más que la otra, y ambas obsequiosas, atentas,
+un poquito redichas y algo coquetas, razón por la cual la tal familia
+se le entró a don Beltrán por el ojo derecho. Dieron al enfermo un
+cuarto alto de la casa, con mediano lecho, y al caballero anciano otro
+contiguo, donde había simientes y colgaderos de hierbas en manojos
+puestas a secar. No le pareció mal su residencia, a pesar de la dureza
+de la cama que a las piedras igualaba, y habría vivido allí muy gozoso
+si el mal cariz de la dolencia de su amigo no le tuviera en tan grande
+sobresalto.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_278">p. 278</span></p>
+
+<p>Pasó Nelet la primera noche en un estado que a su maestro le pareció
+gravísimo, con fiebre muy alta, delirio y agotamiento de fuerzas.
+Al día siguiente amaneció con una fuerte erupción en toda la cara
+y parte del cuerpo, como si le hubieran picado abejas. Don Beltrán
+no se apartaba de su lecho ni de día ni de noche, atento a cuidarle
+con ayuda del <i>masovero</i>, hombre tan bondadoso como amañado,
+y de sus nietas, más amañadas aún para todo lo doméstico. Como en
+el pueblo no había médico, ni siquiera albéitar, entre don Beltrán
+y <i>Chimeta</i> (que así se llamaba la mayor de las muchachas, y
+al propio tiempo la más bonita y dispuesta), celebrando frecuentes
+consultas, diagnosticaron y prescribieron lo que les dio la gana,
+determinándose por el sistema expectante, el más fácil y barato, y
+tal vez el más científico. Quietud, limpieza y frecuentes tomas de
+agua bien endulzada, fueron la única terapéutica en los ocho días que
+duró la gravedad de Nelet, y en que los brotes de la cara tomaron un
+aspecto por demás alarmante. Según el <i>masovero</i>, no era caso de
+viruelas, que él conocía muy bien por haberlas visto más de una vez en
+su familia; era tan solo un hervor de sangre motivado de <i>berrinche
+suspenso</i>, es decir, de una sofoquina que por prudencia no había
+salido del cuerpo. Decía que no hay cosa más mala que enfadarse en
+día de calor y no desfogar la rabia con palos o bofetones. El que tal
+hace, lo paga con la salud y a veces con la <span class="pagenum"
+id="Page_279">p. 279</span>vida. Sucedieron a los ocho días de gravedad
+otros ocho en que cedió la erupción, resolviéndose en muda de la
+epidermis; desapareció la fiebre, y el enfermo pudo tomar alimento,
+aunque siempre con repugnancia. Su inteligencia, completamente
+oscurecida en aquel período, revelaba una honda crisis: su palabra
+era torpe, cansada, regañona. Tanto don Beltrán como <i>Chimeta</i>,
+persistiendo en la puntual asistencia, se confirmaron en la
+superioridad incontestable del tratamiento acuático, sin mezcla de
+ninguna droga, y proclamáronse curanderos de primer orden, capaces de
+ejercer el arte con no poca fama y provecho. Era <i>Chimeta</i> muy
+graciosa, y a don Beltrán se le caía la baba oyéndola bromear y reír
+por cualquier fútil motivo. En su aturdimiento senil, olvidado ya del
+trance terrible de Rosell y de los actos de arrepentimiento con que
+allí limpió su conciencia, se le reverdecieron las aficiones de toda
+la vida, y su habitual culto del bello sexo encontraba ante aquella
+sencilla y tosca ninfa ocasiones de gran lucimiento. Para ella era un
+deleite novísimo oír los galanteos refinados, y hasta cierto punto
+paternales, del señor de Urdaneta, y a él se le refrescaba el alma, se
+le avispaba el entendimiento, se le aliviaba el peso de los años. Todo
+era inocente, madrigalesco, puro juego de frases agudas untaditas de
+miel: sobresalían en él las buenas maneras y el propósito, casi siempre
+logrado, de no caer en lo ridículo; en ella se veía la mujercita
+<span class="pagenum" id="Page_280">p. 280</span>exuberante de vida
+que quiere adquirir soltura en la esgrima y en el lenguaje de la lucha
+pasional.</p>
+
+<p>Mas, ¡ay!, cuando <i>Chimeta</i>, llamada de sus obligaciones,
+dejaba de acudir al enfermo, y con este se encontraba solo don
+Beltrán, ya no podía el hombre librarse de la tristeza. Cierto
+que había recobrado la libertad, inapreciable don; pero el asunto
+que le trajo a tierra de Teruel continuaba sin resolver. No creía
+ofender a Dios deseando que viniera a sus manos lo que estimaba de su
+legítima pertenencia; y sin apartarse del orden de sentimientos que
+el angustioso paso de Rosell despertara en su alma, se condolía de
+tener que volver a Cintruénigo en situación desairada y con las manos
+vacías. Las esperanzas de remedio que había concebido se disipaban ya,
+pues Nelet tenía trazas de quedarse idiota: no razonaba; sus conceptos
+eran incoherentes o de una simplicidad rayana en la estupidez. Para
+mayor desdicha, nada se sabía de la monja vagabunda y enterradora
+de caudales. No aportaba por allí <i>Malaena</i> ni para traer ni
+para llevar sus velocísimas embajadas, sin que esta ausencia pudiera
+achacarse a ignorancia del lugar donde los caballeros residían,
+pues por los oficiales del 3.º de Tortosa, a quienes se dejaron
+instrucciones muy precisas, debía tener conocimiento de la enfermedad
+de Nelet y de su forzosa estancia en Lledó. «Aunque no sea más que
+para decirnos que nada sabe de la hija de Luco —pensaba don <span
+class="pagenum" id="Page_281">p. 281</span>Beltrán en sus soledades
+tristes—, la mensajera tiene que venir». Y tanto deseó a la mujercilla
+ratonil, y con tanta fuerza la reclamaba su voluntad, repitiendo el
+<i>vendrá, tiene que venir</i>, que una mañana, como por virtud de
+conjuro, apareció la vieja. ¡<i>Hosannah</i>! Veinte días llevaba ya de
+enfermedad el pobre Santapau, y su entendimiento despertaba perezoso,
+tratando de cobrar con lenta cacería las ideas dispersas, fugitivas,
+descarriadas.</p>
+
+<p>En la huerta del <i>mas</i> recibió don Beltrán a la embajadora
+loco de contento, y este subió de punto al saber que Marcela no
+andaba lejos de allí, pues sabedora de la muerte de su hermano, se
+encaminaba con los viejos a Gandesa por el Monte Caro, con el fin
+de recoger el cadáver y darle sepultura. No quiso el buen caballero
+que <i>Malaena</i> se presentase a Nelet, pues aún no estaba este en
+disposición de recibir emociones vivas que podrían retrasarle en su
+penosa convalecencia; y dando de comer a la mensajera, y aposentándola
+en la cuadra con comodidades para ella desconocidas, la interrogó
+prolijamente, tratando de indagar, no solo los propósitos, sino el
+estado de ánimo de la santa mujer. Poco pudo informarle <i>Malaena</i>
+de estos particulares. La última vez que vio a Marcela fue cerca de un
+castillo que hay a la bajada de Monte Caro para ir hacia Pauls. Iban
+ella y los viejos cuesta arriba, llevando una olla muy pesada, tan
+pesada, que se relevaban para cargarla.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_282">p. 282</span></p>
+
+<p>—¿Les viste saliendo del castillo o entrando en él? —preguntó don
+Beltrán con afectada indiferencia.</p>
+
+<p>—Hacia él iban, señor —replicó la vieja en valenciano, que el
+caballero tradujo fácilmente—; mas no sé si llegaron o siguieron de
+largo, pues la sacra señora, dándome pan y queso, me mandó que me
+retirara, y yo me retiré comiendo, sin mirar para atrás.</p>
+
+<p>Eran estas referencias como una mano blanda y tentadora que en
+el alma del noble anciano revolvía, y con sus halagos despertaba
+la codicia, sierpe aletargada desde las efusiones cristianas del
+terrible día de Pentecostés. Se argumentaba para calmar su conciencia,
+diciéndose que desear lo suyo y perseguirlo no era desatino grave, sino
+intención equitativa; pero entre el desear y el temer, ello es que
+perdía el sueño, y su espíritu se distrajo de las alegrías que el trato
+de <i>Chimeta</i> le daba, alegrías tras de las cuales se ocultaba con
+senil rubor una honesta adoración, un sentimiento que casi no era más
+que estético goce.</p>
+
+<hr class="chap x-ebookmaker-drop">
+
+
+<div class="chapter pt3" id="Ch29">
+ <h2 class="nobreak g1">XXIX</h2>
+</div>
+
+<p>Viendo muy mejorado a Nelet, diole cuenta de la reaparición de
+<i>Malaena</i> y de lo que habían hablado; excitose el enfermo,
+recobrando de golpe su locuacidad, y a las primeras <span
+class="pagenum" id="Page_283">p. 283</span>palabras hubo de comprender
+don Beltrán que se renovaba en toda su intensidad el enfadoso mal de
+conciencia; no vaciló el maestro en atacarlo con brío diciendo:</p>
+
+<p>—Entrégate a mí, pues no estás en disposición de resolver por ti
+mismo cosa tan grave. Yo lo arreglaré con tan buena maña como pura
+honradez. Tus escrúpulos se disiparán, y Marcela será tu esposa.
+Tu delicadeza es ya locura. Conviene que moderemos hasta nuestras
+virtudes... Y si te encuentras en disposición de caminar, no será malo
+que salgamos en seguimiento de la divina mujer.</p>
+
+<p>Accedió Santapau, y se convino en esperar dos días para mayor acopio
+de fuerzas, pues no teniendo caballos ni posibilidad de adquirirlos,
+era forzoso emprender a pie la dura caminata.</p>
+
+<p>Llegado el día de la marcha, salieron, y fue un paso triste para don
+Beltrán el separarse de la linda <i>Chimeta</i>, que con sus donaires
+y risotadas se le había metido en el hueco preferente del viejo
+corazón. No digamos que le turbaban pretensiones absurdas respecto a
+la muchacha: no era sino que le dolía separarse de ella, como duele el
+arrancarnos cualquiera raicilla que penetra en el alma, y la de don
+Beltrán tenía un terruño muy propicio al arraigo de toda hierba. ¡Nunca
+más, ¡ay!, volvería a ver a la ninfa tosca de Lledó! Era un adiós en la
+puerta de la eternidad, adiós dado al bello sexo, a la humana belleza,
+a las únicas flores que alegran este valle de lágrimas. Casi con
+<span class="pagenum" id="Page_284">p. 284</span>ellas en los ojos,
+realmente conmovido, se despidió el señor de tantas Torres, besando
+la mano áspera y gordezuela de <i>Chimeta</i>. Le deseó un buen novio
+para hacer de él un buen marido, y le recordó los consejos que le había
+dado para dominar a los hombres y hacerse querer locamente de ellos.
+Agradecida la ninfa, así como su hermana y abuelo, a las bondades de
+los dos señores, les vieron partir con pena, pidiendo a Dios para ellos
+salud y prosperidades.</p>
+
+<p>Acompañado de <i>Malaena</i> se metieron por los atajos y recodos
+que conducen a Horta, donde pensaban terminar su primera jornada.
+Parecían dos pobres titiriteros, seguidos de un perrillo con faldas, o
+mejor, de un cuadrúmano con cuyas monadas y brincos pedirían limosna de
+pueblo en pueblo. Iba Nelet vestido como en la facción, sin insignias,
+armado de cuchillo y pistolas; mas en la traza total de la cuadrilla,
+las armas, a primera vista, parecían trebejos para el arte de volatines
+o prestidigitación. Muy mal de ropa estaba el primer noble aragonés;
+pero aun así no se despintaba su empaque de persona principal. Andaban
+despacio, guardando silencio en largos trayectos, charlando a veces
+con lánguida conversación. Temerosos del encuentro con alguna columna
+cristina, mandaban a <i>Malaena</i> por delante, a la descubierta, para
+que ojeara toda emergencia de gente sospechosa en aquellos horizontes.
+En el descanso de Horta, albergados en una paridera a la entrada del
+pueblo, <span class="pagenum" id="Page_285">p. 285</span>explayose
+Nelet a contar a su maestro <i>las cosas que le andaban por dentro del
+espíritu</i>, en verdad muy extrañas, y las visiones que desde los
+comienzos de su enfermedad le acosaban, alguna de las cuales tuvo poder
+bastante para oscurecer a las demás y resplandecer sola y continua en
+el campo luminoso de la óptica interna.</p>
+
+<p>—Esto que voy a contarle —dijo Santapau, recostándose en el suelo
+junto a su amigo después de mal cenados—, lo vi muy claro la primera
+noche de mi enfermedad en Lledó; después se me fue apagando..., lo veía
+turbio, desvanecido, mezclado con otras imágenes; pero al entrar en
+convalecencia, volví a verlo claro, cada noche más, y más..., llegando
+a tanto su claridad, que ya lo veo también de día y con los ojos
+abiertos.</p>
+
+<p>—Cuéntamelo pronto, que ya estoy ardiendo en curiosidad. No dudo que
+ello tendrá relación con el fin y empresa que mueven tu vida, y que la
+imagen de Marcela será centro de todas esas esferas y círculos de tu
+soñar loco...</p>
+
+<p>—Pues oiga usted. Desde que <i>me entra</i>, ya me tiene usted
+corriendo a caballo tras de la monja de Sijena.</p>
+
+<p>—¡Y ella..., a patita! Poca ventaja te llevará.</p>
+
+<p>—No puedo decir cómo va, pues no la ven mis ojos... Sé que va
+delante, la siento, la olfateo. Yo grito; ella no me oye.</p>
+
+<p>—Y sigues, sigues... arrimando espuela.</p>
+
+<p>—No espoleo porque voy desnudo de arreos, <span class="pagenum"
+id="Page_286">p. 286</span>de ropa y hasta de carne. Soy un esqueleto.
+Mi caballo es también esqueleto... de caballo, se entiende..., y ni yo
+tengo más espuela que el hueso del calcañal, ni él tiene barriga en que
+yo pueda espolearlo... Mas no es preciso, porque corre, corre sin que
+yo le diga nada, haciendo con sus cuatro cascos un compás de música que
+no se aparta ya de mi oído. <i>Pataplás, parrataplás</i>..., siempre
+así.</p>
+
+<p>—Sufrirás mucho corriendo tras un fantasma sin alcanzarlo nunca.</p>
+
+<p>—Más que la persecución del fantasma, me hace padecer el
+<i>pataplás</i> de mi cabalgadura y los estragos que causa al sentar
+alternadamente los cuatro cascos como mazas de hierro... ¿Por dónde
+voy en esta carrera? Por un campo que parece árido y no lo es. Lo
+parece, porque en él no nace ningún árbol, ni mata, ni hierba; no lo
+es, porque está todo lleno de seres vivos, chiquitos, que nacen en él
+y por entero lo cubren... No se ve el suelo: no hay dónde poner una
+pieza de dos cuartos. ¿Qué son?, dirá usted, ¿qué vidas son aquellas?
+Pues son niños, señor don Beltrán, no ángeles, que alas no tienen, sino
+criaturas como las de acá, como las del mundo, como nosotros cuando
+teníamos un año, dos años...</p>
+
+<p>—Hombre, sí que es rara, estupenda visión... ¿Pero esos niños...?</p>
+
+<p>—Nada, señor, niños. ¿No sabe usted lo que son niños, criaturas,
+o como dicen los gitanos, <i>churumbeles</i>? El campo absolutamente
+lleno de ellos. ¡Y qué lindos, qué graciosos! <span class="pagenum"
+id="Page_287">p. 287</span>Gorjean, ríen con esa carcajada del
+chiquillo que se embelesa mirando una luz. ¿De dónde salen? De la
+tierra, pienso yo, apretados unos contra otros, como los tallos de la
+hierba..., desnuditos, rollizos, ligeros... Bueno: pues por este campo
+de niños paso yo a la carrera. Mi caballo les va destruyendo con sus
+patadas, y ellos vuelven a salir, vuelven a nacer, y a gorjear y a
+reír... siempre chiquitos y monos; ya digo, de año y medio o dos años,
+y en número incalculable. En todo lo que alcanza mi vista, no se ve más
+que el campo lleno de nenes. Se agita el sin fin de cabecitas haciendo
+ondas, como un campo de trigo, y las ondas traen y llevan el gorjeo.
+Mi caballo recorre como el viento leguas y leguas, y siempre lo mismo,
+machacando criaturas, que vuelven a salir vivitas, alegres... Si le
+digo a usted que son cuatro mil cuatrillones, no digo nada, pues son
+más, más...</p>
+
+<p>—¿Y su única voz es el gorjeo? ¿No has reparado si dicen <i>papá y
+mamá</i>?</p>
+
+<p>—No lo dicen; pero es como si quisieran decirlo.</p>
+
+<p>—Está bien. ¿Y qué hace mi señora beata en el campo de niños?</p>
+
+<p>—No sé..., allá lejos va..., yo no la veo. Se me antoja que al golpe
+de sus pisadas brotan las criaturas.</p>
+
+<p>—Hijo, visión más peregrina no atormentó jamás a ningún cristiano.
+Lo que no alcanzo es qué relación pueda tener ese campo infantil con
+tus cuitas, Nelet.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_288">p. 288</span></p>
+
+<p>—Yo tampoco lo alcanzo... Pero ello es que la visión no me deja.
+Hasta de día y muy despierto la tengo ya. Los gorjeos también se
+agarran a mi oído. Y no miento si le digo a usted que a toda esa
+inmensa chiquillería la quiero ya..., ni más ni menos que si fueran mis
+hijos... ¿Lo serán?, pienso yo. ¿Serán los que tuve o debí tener en
+cuatro mil cuatrillones de siglos que viví antes de esta vida?</p>
+
+<p>—¡Demonio, echa siglos y generaciones!... ¿Sabes que tu fantástico
+sueño es para marear y confundir la cabeza más firme?</p>
+
+<p>—La mía no puede ya con más confusión.</p>
+
+<p>—Y eso es contagioso... Temo que me pegues tu mal. Cállate ya, por
+Dios, que yo voy a soñar también lo mismo..., pisoteando nenes...,
+quita allá... ¡Qué atrocidad!... Cállate, que no quiero yo soñar eso,
+no quiero.</p>
+
+<p>Guardaron silencio, y a poco dormían ambos; mas se ignora lo que
+soñaron, y si fue un hecho el contagio que don Beltrán temía. A la
+mañana siguiente, que se presentó lluviosa, continuaron andando con no
+poca molestia, amparándose bajo los árboles cuando el llover arreciaba.
+El suelo arcilloso, lleno de charcos, les causaba grande enojo, y tan
+pronto se detenían ateridos al abrigo de un paredón, como aceleraban
+su andadura, afanosos de llegar pronto a poblado. Renegando de tales
+contratiempos y de las perversas condiciones en que viajaban, dijo
+Santapau a su amigo, guarecidos en una aldea mísera:</p>
+
+<p>—Ni usted ni yo nos resignamos <span class="pagenum"
+id="Page_289">p. 289</span>a andar de camino como unos miserables
+titiriteros, careciendo de todo, mal vestidos, perdiendo la paciencia,
+el tiempo y la salud. Necesitamos caballos, vestidos, dinero. Puesto
+que estamos tan cerca de Cherta, donde tengo familia, amigos, y un
+<i>mas</i>, cuya renta de doscientos ducados no he cobrado este año,
+nos llegaremos allá, o me llegaré yo solo, si usted no se halla muy
+dispuesto. Solo estaré el tiempo preciso para recoger todo el dinero
+que pueda y proporcionarme un par de caballos o mulas, o aunque sean
+borricos...</p>
+
+<p>Pareciole de perlas a Don Beltrán este propósito; mas se declaró
+perezoso de acompañarle, pues se hallaba rendido, aspeado, lleno el
+cuerpo de dolores y con ganas de guardar sus huesos en abrigo media
+semana para repararlos de los efectos del último remojo. Convinieron en
+que iría solo Santapau al romper el día: conocía perfectamente todos
+los senderos y atajos, y no contaba emplear, andando sin sofocarse,
+arriba de tres horas. Don Beltrán se quedaría en la aldea, que era el
+barrio más lejano de Prat de Compte, al cuidado de <i>Malaena</i>,
+reponiéndose del quebranto producido por la caminata y la mojadura.
+Partió Nelet tempranito, agregado a una cuadrilla de mujeres que
+iban a Cherta con haces de leña, y el ilustre señor se quedó en un
+blando lecho de paja, arreglado por la que había venido a ser su
+camarera. En la memoria del buen viejo se reprodujo la noche pasada
+en Fuentes de Ebro, bien apañadito en montones <span class="pagenum"
+id="Page_290">p. 290</span>de paja. ¡Pero qué diferencia entre la
+bella Saloma, tan graciosa y diligente, y aquella desmañada viejecilla
+de Vallivana, que no servía más que para correr de monte en monte.
+La compañía de la navarra, su excelente disposición y cháchara
+festiva, trocaban en palacios las cuadras de los mesones, mientras
+que <i>Malaena</i> todo lo afeaba y envilecía. Encargole don Beltrán
+unas sopas de ajo, y tan mal las hizo que solo a fuerza de hambre pudo
+pasarlas el pobrecito viejo. Por su ineptitud para todo lo doméstico,
+por su salvajismo y suciedad, se le había hecho antipática, y le
+azoraba con su prurito de confianza y de palique cuando más deseaba él
+estar solo, callado y libre; el brillo y la continua vigilancia de sus
+ratoniles ojos le ponía nervioso; sus familiaridades llegaron a ser de
+una pesadez impertinente, como si desconociera el respeto que a tan
+alta persona debía guardarse. Creyérase que le tomaba por titiritero
+arruinado en el oficio. Sentadita frente a él sobre la paja, le dijo en
+dulce valenciano, que es forzoso traducir:</p>
+
+<p>—¿Qué hace ahí tan metido en su magín, cavilando maldades?
+<i>Vosté</i> no está ya más que para ponerse en paz con Dios.</p>
+
+<p>—Pienso lo que me da la gana —replicó don Beltrán, esquivando la
+mirada de las cuentas de azabache que <i>Malaena</i> tenía por ojos—.
+¿Quién te manda a ti meterte...? ¡Vaya!</p>
+
+<p>—Me meto por llamarle a Dios, que ya es <span class="pagenum"
+id="Page_291">p. 291</span>tiempo. Más vejestorio es <i>vosté</i> que
+yo. Me da lástima de que la muerte le coja descuidado.</p>
+
+<p>—¡La muerte! ¿Acaso estoy yo para morir?</p>
+
+<p>—Yo no sé leer escrituras, pero leo la muerte en la cara de la
+persona.</p>
+
+<p>—Vete al demonio... Te encargó Nelet que me acompañaras, no que me
+faltaras al respeto.</p>
+
+<p>—No falto al respeto diciéndole a <i>vosté</i> que se muere. No me
+equivoco.</p>
+
+<p>—¡Embustera, quítate de ahí! Aunque algo cansadito, me siento
+fuerte, y paréceme que aún tengo años por delante.</p>
+
+<p>—Días tiene, y los dedos de una mano le sobran para contarlos.</p>
+
+<p>—¡Lárgate pronto, condenada! —gritó don Beltrán estirando
+violentamente una pierna contra la paja.</p>
+
+<p>La vieja se fue. Y en su imperfecta vista creyó el pobre caballero
+que desaparecía como un ratón por entre los informes y oscuros objetos
+que llenaban la cuadra, revestidos de telarañas y polvo... Solo ya,
+meditaba. ¡Si tendría razón la maldita vieja! No, no: él no hacía
+caso. ¿Qué podría saber de vidas y muertes una pobre rústica, salvaje,
+casi idiota? ¡Vaya que estaba divertido! ¡Después de una mala noche,
+soñando con el campo de niños y oyendo sus gorjeos, un día de prisión
+junto a semejante sabandija, que no era, no, que no podía ser cosa
+buena...! Sintió un ruidillo de dientes sobre cosa dura, y a poco se le
+apareció <i>Malaena</i> royendo <span class="pagenum" id="Page_292">p.
+292</span>algo que llevaba de la mano a la boca con movimiento jimioso.
+Acercose a él y le observó, aproximando su rostro de pasa. Al verse
+mirado por los ojos ratoniles, don Beltrán sintió frío, miedo.</p>
+
+<p>—Vete —le dijo—. Me molestas.</p>
+
+<p>Y ella:</p>
+
+<p>—Ya me voy. ¿Quiere estar solito para calentarse los cascos con sus
+malas ideas?... Diviértese <i>vosté</i> jugando con el pecado de la
+codicia, y piensa que le van a dar ollas de dinero...</p>
+
+<p>—¡Calla, vete pronto! —gritó Urdaneta ronco, fuera de sí.</p>
+
+<p>Y tan sobresaltado quedó el hombre para todo el día, que cuando
+<i>Malaena</i> se acercaba al lecho de paja, sentía el hombre verdadero
+pánico. Tomó el partido de cerrar los ojos y rodearse la cabeza con
+los brazos como para llamar el sueño; pero este no le favoreció, ni
+tampoco Nelet, regresando aquella tarde como había prometido. ¡Qué
+soledad, qué triste abandono! Pasó la noche agitadísimo, sintiendo que
+<i>Malaena</i> le tiraba de los pies para llevársele... ¿Era bruja, era
+un diablo humanizado en la forma más odiosa? No hacía el pobre más que
+dar golpes en la paja, al modo de coces, murmurando: «Vete, demonio,
+vete; déjame».</p>
+
+<p>Pero ¡ay!, mientras Santapau no volviese, ¿qué remedio tenía más que
+vivir resignado bajo el poder de la infernal bestezuela de Vallivana?
+Dejábase cuidar de ella, y probaba con repugnancia los bodrios que le
+servía... Pasó todo el día entregado a las absurdas creencias. Él,
+que nunca fue supersticioso, <span class="pagenum" id="Page_293">p.
+293</span>ya creía en demonios aviesos, en asquerosas brujas y en
+trasgos maleantes. Y como a la segunda noche tampoco pareciese el
+bueno de Nelet, viose el señor de Albalate tan desamparado, que
+hubo de volver los ojos a Dios. Solo con esto se le fue del alma la
+superstición, y abominando de tales torpezas, se sintió profundamente
+religioso, como lo había sido en algunas ocasiones aflictivas de
+su cautiverio, y singularmente en el tremendo paso del día de
+la Pentecostés. Sobrevino, pues, el estado de arrepentimiento y
+contrición, dolor de haber ofendido a Dios con una vida de libertinaje;
+sobrevino el desprecio de las riquezas, el espanto de las malas
+acciones, así pasadas como presentes. Al amanecer del tercer día
+llamó a su ratonil guardiana, y con buen modo le dijo que hablase a
+los dueños de la casa antes que salieran al campo, concertando con
+ellos que le llevaran un sacerdote, pues sentía vivísimo anhelo de
+confesarse. Cumplió la vieja el encargo con toda diligencia; mas como
+no había en el lugar ni en sus contornos clérigo alguno, hubo de
+quedarse el noble señor sin el consuelo y descanso que deseaba.</p>
+
+<p>Enojosas fueron para él las horas de aquel día, pues sin que se
+calmara el infantil terror que la seca viejecita le inspiraba, le
+atormentó el tumulto de su alborotada conciencia. Veía muy clara su
+abominación, pues cuando Dios le conservó la vida en Rosell, en vez de
+mostrar gratitud conservando <span class="pagenum" id="Page_294">p.
+294</span>su alma en la pureza y descargo de su arrepentimiento, lo
+que hizo fue reincidir en sus antiguos vicios. No fue cosa grave el
+encandilarse un poquito con la gentil <i>Chimeta</i>; pero sí lo era
+el incurrir de nuevo en la fea codicia, afanándose por el legado de
+Juan Luco, y más aún la persistencia en agenciar con móvil egoísta el
+casorio de Nelet y Marcela. La situación moral había empeorado, pues al
+pecado antiguo de querer secularizar a una esposa de Cristo, se unía el
+propósito de engañarla, ocultándole que su galán o pretendiente era el
+matador de Francisco Luco. ¡Oh qué grande malicia, Señor! ¡Y de este
+modo y con intenciones tan protervas, pagaba la inmensa benignidad de
+Dios, que le había concedido la vida cuando ya casi apuntaban a su
+pecho los fusiles facciosos!</p>
+
+<p>Encendida su alma en fuego de contrición, gritó llamando a su
+guardiana.</p>
+
+<p>—<i>Malaena</i>, ven. Ya no me inspiras miedo. ¿Verdad que no
+eres demonio ni bruja? Yo veía en ti el daño y corrupción que en mí
+propio llevaba. Perdóname. Eras para mí lo que para los niños el coco.
+Pero ¡ay!, ya he visto que el coco dentro de mí lo tenía yo: era mi
+conciencia... Pues te digo que Dios me ha iluminado, y vuelvo al
+bien y a la virtud. Si me muero, que me muera. No más, no más pecar,
+no más pensamientos infames. Corra quien quiera tras un puñado de
+oro; yo no. No más supercherías con Marcela... Gobierne la santísima
+verdad los días que me restan, <span class="pagenum" id="Page_295">p.
+295</span>pocos o muchos. Quiero salvar mi alma. Mi alma merece
+salvarse...</p>
+
+<p>En esto sintieron ruido de gente y caballerías. Era Nelet que
+llegaba de Cherta.</p>
+
+<hr class="chap x-ebookmaker-drop">
+
+
+<div class="chapter pt3" id="Ch30">
+ <h2 class="nobreak g1">XXX</h2>
+</div>
+
+<p>No fue el gozo de don Beltrán, al abrazar a su amigo, proporcionado
+a una ausencia de tres días: fue como por ausencia de tres años, y
+de la fuerza del contento se le trastornó el sentido, viendo a Nelet
+más fuerte, más gallardo, restablecido de su reciente mal, la cara
+limpia del rojizo color de quemadura. Era ilusión del pobre viejo que
+veía lo que deseaba. Por su parte, Santapau encontró a su maestro más
+caduco, encorvado, jadeante, algo ido del cerebro, progreso de senectud
+excesivo para tres días. Mostrole muy satisfecho lo que traía: dos
+soberbios burros, pues caballos no los encontrara ni a peso de oro.
+Eran excelentes piezas, de cómoda andadura, y muy bien enjaezados.
+Traía también ropa para los dos, y un repuesto copioso de vituallas
+en una cesta barriguda. Despedido el criado del <i>masovero</i> que
+había venido en el segundo pollino con la cesta y equipaje, los dos
+caballeros pusiéronse a cenar. Tiempo hacía que Urdaneta no probaba
+cosas tan ricas: butifarras, diversas clases de suculentos embutidos,
+pollos asados, frutas <span class="pagenum" id="Page_296">p.
+296</span>escarchadas, chocolate, bollos de sartén... Más que en
+saborear aquellas viandas, gozaba don Beltrán viendo a <i>Malaena</i>
+devorar, con atrasadas hambres, comidas tan finas en increíbles
+dosis.</p>
+
+<p>—Pues he tardado tres días —dijo Nelet— porque las grandes
+novedades que encontré en Cherta, y el barullo de gente y amigos, me
+imposibilitaron el despacho de mis diligencias en el tiempo que yo
+creí.</p>
+
+<p>—Oí que estos días ha pasado hacia allá mucha tropa de uno y otro
+ejército. ¿Qué ocurre?</p>
+
+<p>—Sí..., tropas de Isabel, tropas de don Carlos. Se ha batido bien
+el cobre... Vámonos pronto de aquí, antes que nos coja el paso de los
+míos, que ahora son en número mayor que antes. En una palabra: ya
+tenemos la expedición real del lado acá del Ebro, en Cherta, gracias
+al talento militar de Ramón Cabrera y a su arrojo y prontitud. Está
+el hombre que no cabe en su pellejo de puro orgulloso... Sí, sí: no
+se asombre usted. Don Carlos ha pasado el Ebro. Yo le he visto...,
+he visto al rey, a nuestro ídolo, y le aseguro que me quedé como si
+hubiese visto a cualquiera que no fuese ídolo de nadie. Yo me figuraba
+otra cosa, otro empaque, otra representación de gran monarca, hijo
+de reyes y ungido de Dios. De esta hecha, nuestro <i>leopardo</i>,
+como usted dice, ha puesto una pica en Flandes, porque gracias a su
+buen tino para ordenar las cosas, ha podido don Carlos librarse de
+Borso y Nogueras, que le <span class="pagenum" id="Page_297">p.
+297</span>perseguían. Junto a Cherta dio Cabrera una batalla al señor
+de Borso, obligándole a retirarse. Nogueras cometió la mayor pifia que
+se puede cometer en la guerra, que es no llegar a tiempo. La guerra no
+es más que el arte de la oportunidad, y este lo posee don Ramón como
+nadie, y lo completa con su diligencia y conocimiento del terreno.
+Pasó Carlos V tranquilamente el gran río de España, en lanchas al
+caso preparadas, y los gritos de entusiasmo de las tropas competían
+en estruendo con el instrumental de las músicas. Enronquecieron
+gargantas y trombones. Ayer, la Sacra Majestad y todo su séquito
+mataron el hambre en Cherta, que la traían atrasadilla, porque la
+batalla que ganaron en Huesca les dio más prisioneros que bucólica.
+El comistrajo que se les preparó era de lo más opíparo, y para que
+hubiera de todo, hasta helados hubo... Cabrera, el día del paso, que
+fue anteayer, estaba como loco, demacrado, los ojos del tamaño de
+toda la cara, echando rayos y centellas. Daba sus disposiciones ronco
+de tanto gritar, vestido con su peor ropa, pues ni para engalanarse
+como acostumbra tuvo tiempo. Cuando se presentó al rey en la orilla
+izquierda para pasarle acá, no le conocían, y los cortesanos se
+preguntaban asombrados: «¿Pero ese es Cabrera?... ¿ese?» El soberano le
+manifestó su real agrado. No serán flojas envidias las que van a salir
+ahora, pues corre la voz de que S. M. quiere nombrarle generalísimo, y
+poner bajo su mando todos los reales ejércitos.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_298">p. 298</span></p>
+
+<p>—Así tiene que ser, pues según tengo entendido, de los figurones que
+rodean al infante, poco debe esperar este... Y dime otra cosa: ¿oíste
+o viste si con el rey viene un italiano llamado Rapella, que es el
+correveidile entre cortes verdaderas y falsas para tratar de un arreglo
+por bodorrio?</p>
+
+<p>—Creo haber oído algo de un italiano de campanillas, y de otros
+extranjeros que en la comitiva del rey vienen, entre la turbamulta
+de empleados y gentileshombres. Pero como yo, por el estado de mi
+espíritu, no podía prestar a lo que allí veía una gran atención, no
+puedo asegurar nada de italianos ni correveidiles.</p>
+
+<p>—¿Y qué se dice? ¿La expedición, con su rey a cuestas, dirígese
+a Castilla o a Valencia? Puede que reforzada con Cabrera, y quizás
+mandada por este, no se detenga hasta Madrid. ¿Oíste algo?</p>
+
+<p>—Oí, oí..., no sé lo que oí —dijo Nelet aturdido—. ¿A usted le
+interesa saberlo?</p>
+
+<p>—Absolutamente nada.</p>
+
+<p>—Lo mismo que a mí. Que vayan, que vengan, que suban, que bajen. No
+me interesa ya más que un reino, el mío. Cada cual se arregle en su
+reino como pueda.</p>
+
+<p>—Muy bien dicho. Peleáis por poner en el trono a un buen hombre,
+cuya incapacidad es bien manifiesta. Si tus amigos triunfan,
+estableceréis un imperio caedizo, pues en los tronos disputados, el
+vencedor no lo será definitivamente si no posee estas cualidades:
+bravura, don de mando, ciencia militar. Gane <span class="pagenum"
+id="Page_299">p. 299</span>quien ganare en este pleito, querido Nelet,
+la monarquía carecerá de fuerza y vivirá con vilipendio, entregada a
+las facciones. Ten presente que no se hace nada de provecho sin fuerza,
+entendiendo por esto, no el poder de las armas, sino una virtud eficaz
+y activa, que a veces reside en una persona, a veces en las leyes. Ni
+las leyes tienen aquí fuerza, o llámese energía gobernante, ni hay rey
+o príncipe que tal posea. Puede que nazca algún día; mas yo te aseguro
+que a la fecha no ha nacido. De modo que paz, lo que se llama paz,
+no la veréis en mucho tiempo los que sois jóvenes, ni quizás lo vean
+vuestros hijos y nietos... Con que lo que tú dices: cada cual a su
+reino... y en el reino chico de cada uno, que no falte una ventanita
+para ver pasar la historia.</p>
+
+<p>No prestaba Nelet a estos profundos juicios la debida atención, ni
+se extendió tampoco en pormenores de lo que presenciara en Cherta,
+porque sus impresiones eran confusas, como de quien ve muchas y
+abigarradas cosas en corto tiempo, sin interés ni recreo alguno de
+su ánimo. Mirando no más que a su reino, propuso que partieran a la
+mañana siguiente en busca de Marcela, pues por fidedignos informes que
+en Cherta adquirió, venía ya de vuelta de Gandesa, después de recoger
+el cuerpo de su desgraciado hermano y darle sepultura. Al capellán del
+1.º de Tortosa, que la encontró una mañana junto al río Seco, dijo
+la monja que pensaba detenerse un día en el santuario de San <span
+class="pagenum" id="Page_300">p. 300</span>Salvador y encaminarse
+luego a Arenys de Lledó a visitar a un enfermo. Iba, pues, en busca de
+sus amigos, los cuales se apresurarían a salirle al encuentro. Para
+mayor seguridad, dispuso Nelet que partiera la embajadora aquella
+misma noche, con instrucción precisa de las etapas que los caballeros
+seguirían y puntos de descanso, y la consigna de que esperasen en Lledó
+los que primero llegaran.</p>
+
+<p>Conforme con tan acertado plan, y admirando el tino con que Nelet lo
+concertaba, creyó don Beltrán llegada la oportunidad de manifestar al
+discípulo el estado de su ánimo, y sin más exordio le dijo:</p>
+
+<p>—Durante tu ausencia, hijo mío, no he cesado de reflexionar en
+el caso de Marcela, complicado ahora con la desastrosa muerte del
+pobre Francisco, y discurriendo la solución que debemos darle, me
+sentí acometido del mal tuyo reciente, el mal de conciencia. Dios
+ha entrado en mí. Como avisos o presagios de la naturaleza flaca,
+precedieron a mi mal miedos supersticiosos, la idea de una muerte
+próxima. Era Dios que llamaba a la puerta de mi alma: no entendía yo
+su llamamiento, hasta que le vi entrar y me iluminó con su divina
+gracia. ¡Ay!, querido Nelet, no quiero en mis postrimerías comprometer
+mi alma. ¿Amo a Dios, le temo? Amor y temor por igual me consuelan y
+sobrecogen; amor y temor me infunden el anhelo de ser bueno en lo que
+resta de vida, de sostener con una conducta ejemplar la paz, mejor
+será decir <span class="pagenum" id="Page_301">p. 301</span>la salud
+de mi conciencia... Reniego ya de aquel propósito y consejo mío de
+ocultar a Marcela la verdad de tu culpa, pues si con ese artificio
+ganaríamos bienes terrenales, perderíamos seguramente los eternos. No,
+no, Nelet: tú estabas en lo cierto y yo en lo errado; tú en la verdad,
+yo en la mentira; tú procedías como cristiano caballero, yo como un
+hombre vil... Pero ya no... Ahora te digo que la ocultación, o siquiera
+disfraz de la verdad, es gran pecado; me paso a tu partido, y en él te
+fortalezco.</p>
+
+<p>—Pienso, amigo mío —dijo Nelet con gravedad—, que esta concordancia
+de la voluntad de usted con la mía es cosa muy feliz. No hay duda:
+Dios o los ángeles han andado en ello. Hoy como ayer considero felonía
+el negar a Marcela mi culpa; mas no teniendo yo valor ni cara para
+confesarla ante ella, convendría que usted le hablase antes, y de la
+sentencia que se sirva dar depende mi destino.</p>
+
+<p>—Muy juicioso me parece lo que has discurrido. Yo le hablaré antes,
+yo le diré... ¡Oh, si te perdonara reconociendo que fuiste víctima de
+un arrebato!..., ¡qué triunfo, hijo! Me da el corazón que así será,
+pues los caminos de la verdad siempre llevan al bien.</p>
+
+<p>—¡Perdonarme! —exclamó Nelet clavando sus miradas en el suelo—.
+¡Pues si así fuera...! Pero lo dudo... Ya veo la cabeza de Francisco
+Luco diciendo que sí con aquel movimiento fuertísimo..., la veo
+diciendo que <span class="pagenum" id="Page_302">p. 302</span>no...,
+así..., así..., que es decirme: no hay perdón.</p>
+
+<p>—Basta ya de visiones, hijo. Tus desvaríos me contagian, y estas
+noches he soñado que también yo cabalgaba por el campo de niños...,
+solo que mis nenes, los nenes que yo destruía, no volvían a nacer.</p>
+
+<p>—Pues los míos..., en las noches últimas..., ya no reían, sino
+lloraban... Vi a Marcela cogiéndoles a puñados y metiéndoseles en el
+seno... Pero, lo que usted dice: basta ya... No duermo, no quiero
+dormir: pasaré la noche pensando en que ella viene en nuestra busca y
+en que le salimos al encuentro. Descanse usted, y yo le llamaré cuando
+sea hora de partir. Voy a despachar a <i>Malaena</i> y a dar un pienso
+a nuestros burros.</p>
+
+<p>Cumpliose con toda puntualidad lo que Santapau disponía, y antes
+del alba salieron ambos caballeros oprimiendo los lomos asnales, don
+Beltrán algo remediado de ropa, Nelet bien provisto de armas, pues
+ignoraban qué clase de gente encontrarían. Anduvieron toda la mañana
+sin ver alma viviente, entreteniendo las lentas horas con el inagotable
+y pavoroso tema: «¿Me perdonará?». Llegados al caer de la tarde a una
+ermita en la derecha margen del río Seco, que era el punto de cita
+con la embajadora, recibieron de boca de esta las deseadas noticias.
+Había dejado a Marcela con sus viejos en el convento abandonado de
+San Salvador, y allí pasaría la noche en rezos y meditaciones; al
+amanecer recalaría en el castillo de Horta, <span class="pagenum"
+id="Page_303">p. 303</span>donde los señores podían reunirse con
+ella para seguir juntos a Lledó, o al punto que de acuerdo fijaran.
+Aumentose hasta lo increíble la ansiedad de Nelet. ¡Ya estaba cerca!
+Solo una noche y un breve espacio de terreno le separaban de la
+solución del temido enigma: «¿Me perdonará?». Incapaz de todo sosiego,
+acordó seguir hasta Horta, y en ello emplearon las primeras horas de
+la noche. Con no poco trabajo pudieron hallar albergue y pienso para
+los burros y <i>Malaena</i> en una reducida cuadra; descansó en el
+mismo recinto don Beltrán algunas horas, mientras Nelet se paseaba
+suspirando, a la luz de la luna, en un próximo corral, como caballero
+que vela sus armas; y antes que fuera de día salieron los dos a pie
+hacia el castillo, distante solo del pueblo veinte minutos de marcha
+cómoda, y situado en un mogote de mediana elevación entre el río y el
+camino de Bot. Esqueleto de muros despedazados, recompuestos y vueltos
+a despedazar por sucesivas guerras, era el tal castillo, festoneado
+de hiedras y jaramagos, y conservando en algunas de sus gastadas
+piedras cruces y escudos de San Jorge de Alfama. Ponían el pie los dos
+caballeros en el primer cerco de ruinas, cuando Nelet, asaltado de
+súbito terror, se paró y dijo a su amigo:</p>
+
+<p>—Pienso, señor don Beltrán, que Marcela se nos habrá anticipado,
+llegando aquí por alguna galería subterránea que comunica esta
+fortaleza con el monasterio de San Salvador. La encontraremos más
+adentro, y es tal mi miedo de <span class="pagenum" id="Page_304">p.
+304</span>verla, o de que ella vea mi cara y mis ojos, que me clavo en
+tierra sin poder dar un paso hacia adelante.</p>
+
+<p>Trató Urdaneta de devolverle la tranquilidad, negando que hubiese
+tales conductos por donde pudiera la monja presentarse, al modo teatral
+y fantástico, y le indujo a no ser temeroso y afrontar con varonil
+aplomo la entrevista. Mas advirtiendo en él señales de mayor pánico,
+antes que de entereza, le dijo:</p>
+
+<p>—Y en suma, si no puedes vencer tu aprensión, y persistes en que le
+hable yo primero y explore su ánimo, manifestándole la verdad que tanto
+temes, retírate a Horta y déjame aquí en espera de la señora penitente
+y de los viejos Zaida y Alfajar. Pero ten la bondad de conducirme a un
+sitio donde pueda yo sentarme, que apenas veo, y no acierto a llevar
+mis pobres huesos por entre tanto pedrusco.</p>
+
+<p>Condújole Nelet, evitando tropezones, a un lugar despejado con
+buen asiento, y más medroso cuanto más avanzaba, le faltó tiempo para
+escabullirse diciendo a su amigo:</p>
+
+<p>—Parece que la siento ya..., como si subiera por un pozo... Me voy
+al pueblo. Allí espero mi sentencia... Adiós.</p>
+
+<hr class="chap x-ebookmaker-drop">
+
+
+<div class="chapter pt3" id="Ch31">
+ <p><span class="pagenum" id="Page_305">p. 305</span></p>
+ <h2 class="nobreak g1">XXXI</h2>
+</div>
+
+<p>Quedose don Beltrán solito en las ruinas, lo que no era muy
+divertido para el pobre señor, pues el frío de la mañana le obligaba a
+requerir su abrigo, envolviéndose bien en el capote que le había traído
+Nelet. No menos de una hora estuvo rezando, atacado también de vagos
+temores, semejantes a los de Santapau, y a cada instante creía sentir
+blandos ruidos que le parecían el roce del sayal de la monja contra las
+piedras. «No —se decía—, no sentiré roce de vestidos ni de pisadas.
+Veré aparecer primero la cabeza, después los hombros, y sin hacer ruido
+alguno se me pondrá delante...». No veía nada el buen caballero; pero
+vio amanecer, y distinguió los telones de piedra desgarrados, en el
+centro de los cuales se encontraba; y cuando reconocía con su menguada
+vista la decoración, oyó voces efectivas, sílabas vibrantes de mujer
+y catarrosas de hombres, y... era ella, sí, Marcela, seguida de los
+enterradores, que aparecían por un hueco de los muros...</p>
+
+<p>—Aquí estoy, hija mía —gritó el anciano gozoso, sin miedo ya.</p>
+
+<p>Ligera como una corza saltó la beata por entre las piedras, y fue a
+besarle la mano al prócer, que besó también la de ella. Entre beso y
+beso dijo la penitente:</p>
+
+<p>—¿Y Nelet?</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_306">p. 306</span></p>
+
+<p>—Hija mía, no te asustes —replicó don Beltrán, pesaroso de la
+mentira venial a que le obligaban las circunstancias—. Está bueno; pero
+tan delicado en su convalecencia, que no le he permitido abandonar el
+lecho antes del día. En Horta le dejé, y allá nos vamos en cuanto tú
+y yo descansemos. Como se fijó este lugar para nuestro encuentro, he
+venido yo solito para que no creyeras que faltábamos a la cita.</p>
+
+<p>—Pudo usted mandar a <i>Malaena</i> y evitarse este madrugón, que
+no le sentará bien. A su edad, señor mío, no hay que jugar con la
+salud.</p>
+
+<p>—Verdad, sí..., pero... no mandamos a la vieja..., porque..., verás
+—dijo Urdaneta tartamudeando, pues se le atragantaba la nueva mentira
+venial que le exigía la situación—... <i>Malaena</i> se nos puso anoche
+mala de un cólico..., de tanta butifarra como comió la pobre... Pues
+descansemos y hablemos un poquito antes de bajar al pueblo... Siéntate
+a mi lado... Más cerca..., así. Desde Vallivana no te hemos visto. Hora
+es ya de que resuelvas. El pobre Nelet espera tu determinación. ¿Has
+pesado bien el pro y el contra?</p>
+
+<p>—Se asombrará usted —dijo Marcela, vacilando en las primeras
+declaraciones—, y quizás me tache de ligera..., pero no es ligereza,
+no, señor..., cuando me oiga..., no sé como expresarlo... Pues bien:
+sabrá que han ahondado en mi ánimo las razones de mis dos amigos y el
+rendimiento y constancia del pobre Nelet.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_307">p. 307</span></p>
+
+<p>—¡Ah, qué felicidad!... Yo esperaba..., en efecto...</p>
+
+<p>—Y a esta mudanza de mi voluntad, creo firmemente que no es extraña
+la voluntad de Dios... Divina es a mi parecer la voz que me incita a
+querer a Nelet, y a cambiar de vida y vocación... Por santo tengo el
+matrimonio..., sus votos severos y sus obligaciones nos llevan a una
+vida eficaz...</p>
+
+<p>—Es cierto. ¿Y has consultado el caso con tu confesor?</p>
+
+<p>—Sí, señor, y me ha dicho que dedicando a una fundación religiosa
+parte del caudal de mi padre, si sentía honrada inclinación a la vida
+secular, la adoptase, previas las dispensas de Roma, teniendo en cuenta
+el trastorno que nos traen estas guerras y revoluciones.</p>
+
+<p>—¿Y consultaste con tu hermano Francisco? Ante todo, sabrás
+que la noticia de su muerte me ha llegado al alma. Eres ya la
+única descendiente de Juan Luco, y este hecho debe pesar en tus
+resoluciones... ¿Tuviste tiempo de consultar con tu hermano el caso
+extrañísimo de tu cambio de vida?</p>
+
+<p>—¡Ay!, sí, señor..., y mi pobre hermano, que sabía desentrañar
+lo presente y lo futuro, me aconsejó que abrazase el nuevo estado,
+pues si grave es el quebrantamiento del voto, debíamos mirar también
+a la conservación de los bienes de nuestro padre, así raíces como
+en especie, recogiendo los que aún están esparcidos, y librándolos
+de la perdición. Díjome que él en las propias circunstancias <span
+class="pagenum" id="Page_308">p. 308</span>que yo se encontraba, pues
+habiendo topado en término de Falset con una honesta, discretísima
+y bella joven, nacida de noble familia, y prendádose de ella, creía
+que este suceso era como aviso de Dios, con que le mandaba trocar una
+vocación por otra; y así, era su propósito no pensar más en vida de
+claustro, y adoptar las penitencias y dura regla de matrimonio con
+aquella bendita niña de Falset. Largamente hablamos de nuestro negocio,
+y él expuso ideas tan juiciosas, que parecen dictadas de la misma
+sabiduría. Pensaba que debíamos apartar un tercio del caudal específico
+de nuestro querido padre para consagrarlo a una fundación pía, y
+que con los otros dos tercios y los bienes raíces, equitativamente
+partidos, podríamos constituir dos familias cristianas, dedicadas a
+servir a Dios y a perpetuar el nombre y patrimonio de Luco. Declaró
+también que de estos dos tercios metálicos debíamos, en conciencia,
+retirar una suma para dar cumplimiento a la moral obligación contraída
+por mi padre con su grande amigo y protector don Beltrán de Urdaneta,
+fijando, de acuerdo con este, la cifra prudencial para tan sagrado
+objeto...</p>
+
+<p>—¿Eso dijo?... ¡Oh Providencia, oh divina equidad! —exclamó el
+viejo, sintiendo que un rayo penetraba en su alma, trastornándola—.
+Bien, hija, bien... Pero dime otra cosa: ¿tenía Francisco conocimiento
+de la pasión que has inspirado a Nelet?</p>
+
+<p>—Ya lo sabía, pues en los comienzos de <span class="pagenum"
+id="Page_309">p. 309</span>nuestra conversación se lo dije. Su parecer
+fue que si yo gustaba de Nelet, le aceptase, pues tiene fama de
+valiente y leal, aunque algo arrebatado, y posee bastante hacienda en
+Cherta y Cambrils.</p>
+
+<p>—¡Eso te dijo!... ¿Estás segura de que tal era su pensamiento?</p>
+
+<p>A las manifestaciones afirmativas de la monja, contestó el anciano
+con nuevas alabanzas del poder de Dios. El pobre señor veía más
+claro; recobraba la vista, y en su turbación no sabía por qué caminos
+llevar la interesante conferencia. Por fin, salió del paso con esta
+pregunta:</p>
+
+<p>—¿Cuántos días antes de morir te dijo tu hermano lo que acabas de
+manifestarme?</p>
+
+<p>—Dos días. Después, el pobrecito siguió a su ejército, y la tarde
+misma de la batalla de Gandesa, volviendo con otros veinte de cumplir
+una orden del general, fue sorprendido por una partida de facciosos en
+retirada, y le asesinaron con saña, vileza y cobardía.</p>
+
+<p>—¡Oh, qué desgracia!... Y sabiendo su triste fin, sin duda por los
+compañeros suyos que lograron escapar, ¿cómo no supiste quién dispuso y
+consumó hazaña tan inicua?</p>
+
+<p>—Dijéronme que un capitán o no sé qué, cabeza de aquellos sayones,
+traspasó a mi hermano con su espada.</p>
+
+<p>—¿De modo que no sabes...?</p>
+
+<p>—No, señor: no lo sé.</p>
+
+<p>—Y si conocieras al matador, ¿le perdonarías?</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_310">p. 310</span></p>
+
+<p>—¡Oh!, como cristiana tendría que perdonarle; como cristiana,
+señor... ¿Acaso lo que yo ignoro lo sabe mi don Beltrán...?</p>
+
+<p>Como anillo al dedo venía en aquel punto de la entrevista la temida,
+pavorosa revelación; mas el noble caballero, señor de tantas torres, no
+se atrevió a sacarla del pensamiento a los labios. Era hombre: careció
+del valor necesario para un acto que requería verdadera santidad.
+Habíase propuesto ser bueno, purificar sus últimos días con virtuosas
+acciones; mas no era santo, no: no lo era.</p>
+
+<p>—¿Lo sabe usted? —repitió Marcela espantada de su silencio.</p>
+
+<p>Y don Beltrán, sintiéndose a cien mil leguas de la cristiana
+perfección, dijo en un grave suspiro:</p>
+
+<p>—Hija mía, no sé nada.</p>
+
+<p>Apareció en aquel instante Santapau por entre el hueco de unas altas
+piedras, y bajando de un brinco, como sillar desplomado con estruendo,
+gritó:</p>
+
+<p>—Sí lo sabe; mas no tiene valor para decirlo.</p>
+
+<p>Marcela se levantó bruscamente como un ave que quiere emprender el
+vuelo, y saltando sobre piedras, se alejó despavorida.</p>
+
+<p>—Ven, Marcela, ven..., no huyas —dijo Nelet.</p>
+
+<p>—¿Cómo vienes aquí?... —balbució la penitente con sílabas
+entrecortadas—. ¿Por qué vienes así, en esa forma, que más que de
+hombre es de demonio?</p>
+
+<p>—Porque lo soy. Demonio del infierno es quien dio villana
+muerte a Francisco Luco. <span class="pagenum" id="Page_311">p.
+311</span>Nuestro amigo no tiene valor para decirlo: lo tengo yo.</p>
+
+<p>Horrorizada, Marcela se llevó las manos a las sienes, volviendo la
+cabeza. Luego cayó de rodillas.</p>
+
+<p>—Levántate —dijo Nelet acudiendo a ella—. Yo soy el que debe
+humillarse. Humillado te diré que aunque no merezco tu perdón, lo
+solicito, lo quiero... Fue una ceguera, embriaguez de sangre..., el
+maldito hábito de esta guerra, el matar por matar..., por destruir
+vidas contrarias...</p>
+
+<p>—¡Perdón, perdón! —exclamó don Beltrán, también de rodillas,
+llorando como un niño.</p>
+
+<p>—¡Monstruo —dijo Marcela encorvada, las manos en la cabeza, mirando
+de soslayo torvamente al infortunado guerrero—, monstruo de maldad!...
+Como cristiana te perdono... Pero huye, vete al fin de la tierra, o
+adonde yo no te vea más... Condenado, no quiero condenarme contigo...,
+tus miradas corrompen... Yo no quiero verte ni respirar el aire que
+respiras.</p>
+
+<p>—¡Paz, paz!... —repetía el buen Urdaneta alargando sus flacos
+brazos—. Hijos míos..., sed cristianos... No habléis de condenaros.
+Salvaos, salvémonos todos.</p>
+
+<p>Huyó Marcela, y tras ella, saltando de piedra en piedra, corrió
+Nelet, como anhelante cazador.</p>
+
+<p>—No te acerques a mí —gritaba la monja—. Condénate tú solo; yo
+no.</p>
+
+<p>Poseído de insano furor, Nelet dijo:</p>
+
+<p>—Solo no. No más soledad. Tú conmigo...</p>
+
+<p>Y viendo <span class="pagenum" id="Page_312">p. 312</span>a la
+desdichada mujer buscar refugio tras unas altas piedras, como res
+acosada que se esconde, allí la persiguió, y allí, antes que los
+atontados viejos pudieran acudir en defensa de su maestra y señora, le
+dio bárbara y pronta muerte. Retumbó el pistoletazo en la tristísima
+cavidad del castillo como si todas sus piedras de golpe se derrumbaran.
+Sobrecogido, exánime, el rostro contra el suelo, don Beltrán dijo:</p>
+
+<p>—Nelet, ¿qué haces?...</p>
+
+<p>Pasados algunos segundos de pavoroso silencio, oyó el anciano la
+respuesta, que fue otro tiro no menos estruendoso y lúgubre que el
+primero.</p>
+
+<p>Los pobres sepultureros, a quienes el estupor y su propia debilidad
+senil paralizaron en la fugaz duración de la tragedia, no supieron
+ni aun requerir sus azadones para impedirla. Al primer tiro, cayó
+Alfajar de espaldas con temblor epiléptico. Zaida, más animoso, blandió
+su herramienta de sepultar, abalanzándose hacia Nelet con móvil de
+venganza o justicia; mas no pudo anticiparse al criminal, que la hizo
+rápida y eficaz con su propia mano.</p>
+
+<p>Transcurrido un lapso de tiempo, que ninguno de los tres ancianos
+apreciar podía, Zaida se llegó a don Beltrán, y tocándole en el hombro,
+con angustiada voz le dijo:</p>
+
+<p>—Señor, señor, ¿vivimos o morimos?</p>
+
+<p>—No sé, amigo —replicó el caballero, despegando del suelo su
+rostro—. ¿Vives tú? ¿Qué es esto?... Dame la mano: probaré a
+levantarme... ¡Ay!, la juventud perece... a <span class="pagenum"
+id="Page_313">p. 313</span>sí misma se destruye. Nosotros, tristes
+despojos de la vida, aún respiramos... ¿Y para qué? El siglo no quiere
+soltarnos, ¡ay de mí!</p>
+
+<p>—Señor, nuestro deber ahora no es otro que abrir dos hermosas
+sepulturas...</p>
+
+<p>—Amigo, no: abramos una sola, hermosísima, y enterrémosles
+juntos.</p>
+
+<p>Todo el día permanecieron los tres ancianos en el lugar de la
+tragedia; y cuando se retiraban, al caer de la tarde, consternados
+y llorosos, oyeron lejano bullicio de clarines y tambores. A medida
+que iban venciendo con lento andar el camino de Lledó, arreciaba el
+marcial rumor. A la puesta del sol, Zaida, que era de los tres el que
+gozaba de mejor vista, distinguió por oriente, en las áridas colinas de
+la margen del río Seco, líneas de gente armada, las cuales avanzaban
+ondulando como serpientes en las curvas del terreno, mitad en sombra,
+mitad en luz. Eran las mesnadas de vanguardia de la expedición real que
+marchaban hacia la frontera de Aragón.</p>
+
+
+<p class="fin">FIN DE «LA CAMPAÑA DEL MAESTRAZGO»</p>
+
+
+<p class="smaller mt3">Santander (San Quintín), abril-mayo de 1899.</p>
+
+<hr class="chap">
+
+
+<hr class="full">
+
+</div>
+<div style='text-align:center'>*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 78775 ***</div>
+</body>
+</html>
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