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diff --git a/.gitattributes b/.gitattributes new file mode 100644 index 0000000..6833f05 --- /dev/null +++ b/.gitattributes @@ -0,0 +1,3 @@ +* text=auto +*.txt text +*.md text diff --git a/28978-8.txt b/28978-8.txt new file mode 100644 index 0000000..ca9784d --- /dev/null +++ b/28978-8.txt @@ -0,0 +1,3003 @@ +Project Gutenberg's El infierno del amor, by Manuel Fernández González + +This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with +almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + + +Title: El infierno del amor + leyenda fantastica + +Author: Manuel Fernández González + +Release Date: May 27, 2009 [EBook #28978] + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EL INFIERNO DEL AMOR *** + + + + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at https://www.pgdp.net (This book was +produced from scanned images of public domain material +from the Google Print project.) + + + + + + + + + +MANUEL FERNÁNDEZ Y GONZÁLEZ. + + +EL INFIERNO + +DEL AMOR. + +LEYENDA FANTASTICA. + +MADRID: +GASPAR, EDITORES +4, PRÍNCIPE, 4. + +1884. + +MADRID, 1884.--Establecimiento tipográfico de los Sucesores de Rivadeneyra +Impresores de la Real Casa.--Paseo de San Vicente núm. 20. + + + + +AL JOVEN ATENEISTA +DON MANUEL LOPEZ ARZUBIALDE. + + +_Mi querido amigo: Leyendo lo que yo he +escrito para mi velada del Ateneo, en el presente +año, ha colaborado usted conmigo, dando +á mis versos la sonoridad, que yo, por mis +años y por mis achaques, no hubiera podido +darles; gracias, muchas gracias, y considere +usted que al dedicarle este trabajo precipitado, +hecho durante una dolorosa enfermedad, +lo hago, más que como otra cosa, como una +sincera manifestacion de afecto._ + +Manuel Fernández y González. + +31 de Mayo de 1884. + + + + INTRODUCCION. + + + I. + + El alma alentando la fe que la llena, + flotando en espacios de luz y armonía, + con habla sonora que blanda resuena, + mi musa, en sencilla veraz cantilena, + hermosas oyentes, su voz os envia; + Dios haga que ledas la péñola mia + honreis aceptando su fruto humildoso; + así la fortuna con signo dichoso + os dé largos años de amor y alegría. + + + II. + + Yo soy de una tierra de eternos verjeles, + do en grutas sombrosas de altivos laureles + se aspira la gloria del nombre español; + do corren las fuentes por cauces de flores, + do vagan rientes graciosos amores, + do brilla cual oro la lumbre del sol. + + Do alienta la vírgen de tez africana + de espíritu ardiente, cual lava que emana + del cráter profundo de hirviente volcan, + la luz en la frente del alba serena, + el fuego en los ojos que al alma enajena + en dulce mirada de lánguido afan; + el seno que alienta potente latido, + que inquieto, al impulso del fuego escondido, + el alma revela que sueña el amor; + + la leve sonrisa del labio hechicero + que fresco y purpúreo ya exhala agorero + un triste gemido de vago dolor; + + la planta que leve las flores no mata; + la crencha sedosa que el viento desata + y rico perfume difunde al flotar; + la dulce morena de acento suave, + gacela que trisca, fantástica ave + que el alma adormece con blando cantar; + + magnolia en que toma su esencia la brisa, + suspiro del cielo, divina sonrisa + del ángel que guarda la dicha sin fin; + hurí que en los sueños vagó de Mahoma; + arcángel humano que esconde en su loma + velado por flores el alto Albaicin. + + + III. + + ¡Granada, mi Granada! yo soy tu peregrino + que vago en lo pasado, buscando gloria y fe: + yo tengo entre sepulcros abierto mi camino, + é impúlsame potente la mano del destino, + á recibir aliento de lo que grande fué. + + Al rayo de la luna que cruza solitaria + del infinito espacio por la region azul, + yo elevo á los que fueron mi lánguida plegaria, + y rompe de sus tumbas la losa funeraria + el canto que suspira gimiendo mi laud. + + Y villas olvidadas que muestran sus almenas, + levántase á mis ojos la vieja catedral, + recobran sus escombros aljamas sarracenas, + y resonar escucho las ásperas cadenas + al desplomarse el puente de torre señorial. + + Un mundo, que ya es polvo, se eleva en torno mio, + un pueblo, que ya es sombra, me signe por do quier, + y del presente, pobre, descolorido y frio, + los soñolientos ojos aparté con hastío, + buscando las grandezas del olvidado ayer. + + Yo soy cantor de glorias; las hadas me han contado + leyendas prodigiosas que yo te cantaré: + yo soy tu bardo errante de sueños coronado: + yo arrancaré á las sombras de su sepulcro helado, + y voz, y aliento, y vida, potente les daré. + + ¡Granada, mi Granada! aportillada y rota, + hundidos tus alcázares, desierto tu Albaicin, + ni tu pendon bermejo en Bib-Arrambla flota + ni en tus marciales fiestas ondula la marlota + del lidiador zenete ó el fiero mogrebin. + + Pasaron, y con ellos tus zambras, tus cantares, + tus damas, escondidas en el celoso haren, + de encantos y proezas tus cuentos singulares, + tus amorosas pláticas en rejas y alfeizares, + y en la callada noche los sueños de tu eden. + + Pasaron; fiera, altiva, su incontrastable garra + ascética, terrible, en tí clavó la cruz, + y tu gemido triste, que el corazon desgarra, + sin recordar tu pena, al són de su guitarra, + en la doliente _caña_, repite el andaluz. + + ¡Granada, mi Granada! fantástica leyenda + de amor y desventura hoy tengo para tí; + concede al amor mio que de ella te haga ofrenda + y un beso de tu boca que, mágico, en mí encienda + la inspiracion ardiente que un tiempo te debí. + + + + + PRIMERA PARTE. + + I. + + En una calle + que tortuosa + con sus aleros + la luz estorba; + medrosa y lúgubre + cuando las sombras + de la alta noche + la envuelven lóbregas, + calle que llaman + de la Almanzora, + en la opulenta + rica paloma + de las ciudades, + que el nombre roba + á la Granada + que la blasona, + hay una casa, + que hoy se desploma, + cuyas paredes + el viento azota, + la lluvia inunda + y el sol empolva; + abandonada + se desmorona, + los jaramagos + en ella brotan + y entre ruinas + doliente asoma + el arco bello + que un tiempo alcoba + fué de la linda + Leila la Horra. + + + II. + + En otros tiempos remotos, + dolor de la gente mora, + que de Granada recuerda + la prepotencia y la gloria, + aquella casa, hoy hundida, + alcázar fué y noble joya + de bravos Benimerines, + noble linaje que goza + por sus preclaras hazañas + alto renombre en la historia. + + Ben-Jucef el Meriní, + de aquella casa que doran + la opulencia y la grandeza, + es el sostén y la honra, + y su luz y su delicia + es Leila la encantadora, + la de los negros luceros, + la de la faz majestosa, + la de los cabellos de oro, + la de la purpúrea boca, + la de la ebúrnea garganta, + la del talle de diosa, + la del seno palpitante, + la altiva, la que enamora + al que su belleza mira + si el céfiro la destoca, + ó al que su cantar escucha + en la noche silenciosa, + si al pié de sus miradores + pasa por su mal ó ronda. + Por pudorosa y honesta + la llaman Leila la Horra, + y tambien Leila la Hijara + porque su pecho es de roca: + y ella, el amor ignorando, + de su adolescencia goza, + como el naciente capullo + que áun no desplegó sus hojas. + + + III. + + Pero llegó muy presto + su edad florida, + pasó su adolescencia + dulce y tranquila, + y los insomnios + encendieron en fiebre + sus bellos ojos. + + Si ántes era una rosa + por linda y fresca, + es ya la triste niña + blanca azucena, + que sufre y llora, + y lágrimas y penas + la descoloran. + + Y aunque el viejo la guarda + como un tesoro, + de las miradas torpes + de avaros ojos, + y celosías + no dejan ver su encanto + que el sol codicía; + + y aunque esclavos feroces + y muros densos, + á audacias de galanes + ponen respeto, + ama la hermosa, + que no hay puertas ni muros + que amor no rompa. + + Nace en la ardiente vida + y allí se esconde, + que el alma tiene el gérmen + de los amores, + y comprimidos, + se exhalan misteriosos + en los suspiros. + + + IV. + + Y tales los de Leila se exhalaron, + tan apenados, tan profundos fueron, + tan claro al padre su dolor contaron, + que sus fieras entrañas abrasaron + y su altivez indómita rindieron. + + --«¡Ah de la vida y su tormenta brava!-- + siniestro el xeque murmuró, y sombrío:-- + ¡Surge á la luz la mariposa esclava, + el dormido volcan revienta en lava, + el arroyuelo se convierte en rio!» + + Y tembló: formidable en su memoria + se alzó horrible, cual lúgubre agonía, + cual tremenda vision expiatoria, + la infinita amargura de su historia, + dolor tras de dolor, dia por dia. + + ¿Dónde estaban los lauros triunfadores + que arrancó de las lides su pujanza? + ¿Dónde sus horas plácidas de amores? + ¿Dónde las tiernas, las fragantes flores, + sér de su sér y luz de su esperanza? + + El ciego incontrastable torbellino + rugiente se abatió sobre su casa, + cual fuego intenso, destructor, sanguino, + que al soplo misterioso del destino + deja luto y horror por donde pasa. + + Sus mujeres las frentes doblegaron, + sus hijos en sus cunas se extinguieron, + los años con su peso le agobiaron, + y ya débil en brazo, se agostaron + los altos lauros que su faz ciñeron. + + Todo perdido en sueños de agonía + y en el delirio del dolor flotaba; + todo en su corazon rugiente hervia, + y Leila sólo á su afanar reia + y con su dulce amor le consolaba. + + ¡Y ella tambien, el último tesoro, + la flor preciada de esplendor naciente, + ya en los ojos de luz acerbo el lloro, + y los reflejos de sus trenzas de oro + como nimbo fatal en su alba frente! + + --«¡Oh santo Allah!--las ansias exclamaron + del postrado Jucef:--¡Oh Dios sombrío!-- + y en sus ojos las lágrimas brotaron, + y por su blanca barba resbalaron + cual trasparentes gotas de rocío. + + + V. + + ¿Por qué su maldicion? Pasan los años, + pero no pasan nunca las memorias, + que en la conciencia ennegrecida encienden + siniestra luz entre la oscura sombra. + No, de la infamia el torcedor recuerdo + nunca el dolor y la vergüenza borran; + nunca de la crueldad la horrenda imágen + el sentimiento conturbado ahoga, + ni el crímen de brutales apetitos + en las alas del tiempo se evapora. + ¿Qué fué de aquella triste, profanada + entre el horror de noche tormentosa, + al resplandor del implacable incendio + que las cabañas míseras devora, + muertos los padres, los hermanos muertos, + al pié de la tajada escueta roca + que vecina á la playa de Almuñécar, + eternas baten las inquietas olas? + Ellas, subiendo, largas se llevaron, + léjos, muy léjos, las cenizas rojas; + ellas, envueltas en su hirviente espuma, + al fondo de la gruta tenebrosa + lanzaron los cadáveres, y el alba + cuando, indecisa, esclareció la costa, + no encontró los vestigios miserables + de la infame tragedia pavorosa. + Pero no borró el mar de igual manera + en Jucef el recuerdo, que no hay onda + que lave la conciencia y que se lleve + lo que al hinchado corazon sofoca, + lo que en el alma perdurable grita, + lo que eterno ante Dios sangriento llora. + Y por eso Jucef del mirab santo + la blanca piedra con la frente choca, + y ruega á Allah con llanto de agonía + perdone, al ménos á su Leila hermosa. + + + VI. + + Pero como Dios no oye + á los réprobos, y el llanto + de Jucef mojaba inútil + las losas del santuario, + y el semblante entristecido + de Leila más y más pálido + se mostraba, y más sus ojos + ardientes, febriles, lánguidos, + el cuidado paternal + por ciego dió en el engaño. + No vió que el amor es vida + cuando anhela un sér soñado, + y anhelándolo le goza, + y se sublima esperándolo. + Creyó que la helada muerte + ya alzaba el horrible brazo + sobre la rubia cabeza + que era su vida y su encanto, + y viendo que Dios no oia + sus ruegos, se volvió al diablo, + con la rabiosa esperanza + del que está desesperado. + La casa, hasta entónces triste, + de Jucef ardió en saraos, + en zambras y en regocijos, + y entre el giro acompasado + de indolentes bayaderas, + resonó sentido y largo, + como el suspiro del viento + de la palma en el penacho, + al compás de guzlas de oro, + el melancólico canto + del desierto, que suspira + el beduino cansado, + que sigue á la caravana + en sus amores soñando. + En Bib-Arrambla hubo justas, + cañas, sortijas y bravos + toros de Ronda, en que, audaces, + sus rejoncillos quebraron + caballeros de gran prez, + que ambicionaban el tálamo + de la incomparable Leila; + y aunque el mismo Rey, lanzado + á la arena y vencedor + en su triunfo confiando, + del airon de grana y oro, + con gran peligro arrancado + de la cerviz de una fiera, + á sus piés la hizo regalo, + al agradecerlo ella + lo dijo con tal desmayo, + que harto claro se entiende + lo inútil del agasajo. + Al fin ya de todo punto + loco Jucef é insensato + hizo venir de Marruecos, + en fuertes jaulas cerrados, + seis viejos leones rojos + para en la vega soltarlos, + y probar si en la árdua caza + algun galan abrasado + por los encantos de Leila + lograba al fin el milagro + de hacerse amar de la hermosa + por gentil y por bizarro, + que aquel que embiste á leones + por lograr un fin ansiado, + para no amarle es forzoso + tener corazon de mármol. + + + VII. + + El dia va falleciendo, + en fúlgidos resplandores + se va el ocaso encendiendo, + y ya _las sombras mayores_ + de los montes van cayendo. + + Sobre la cumbre nevada + del Veleta, sonrosada + por el rojo sol poniente, + alza la luna la frente + por nubecillas velada. + + Por el ameno pensil + del soto corre el Genil + entre floridas riberas, + y las gallardas palmeras, + y la alameda gentil, + + y en peñascos y en colinas + los nopales, las encinas, + responden en són amante + al beso fresco y errante + de las auras vespertinas. + + Bajo la enramada espesa, + clara y profunda la presa + como un espejo se tiende, + y en blancos chorros desciende, + y en su murmurio no cesa. + + Leve el humo en la alquería + revela el fuego que arde + en el hogar, y á porfía + dan las aves su armonía + á la oracion de la tarde. + + Todo es fresco y perfumado, + la vega, el soto y el monte; + y el valladar azulado + de las sierras, anegado + en el distante horizonte, + + Para tener siempre á raya + al cristiano en la frontera, + porque ya la luz desmaya, + va previniendo la hoguera + en sus torres de atalaya. + + Que en la tregua Alfonso afloja, + y ya blanden la cuchilla, + en las quebradas de Loja, + con gentes de la Cruz Roja, + los Infantes de Castilla. + + En tanto el sol apresura + su ocaso, y con largos brillos + en las cúpulas fulgura + de Granada, que en la altura + muestra sus fuertes castillos. + + + VIII. + + Por un sendero + que al soto baja + un bello jóven + gallardo avanza. + Al aire ondea + su toca blanca, + caftan le cubre + de burda lana, + su talle ciñe + revuelta faja + que el curvo alfanje + sostiene y guarda; + cubren sus piernas + rudas abarcas, + y el carcax lleno + de fuertes jaras, + y la ballesta + sobre la espalda, + y el cervatillo + que al hombro carga, + revelan, cierto, + que es pobre y caza, + y que cazando + su vida gana. + La res sangrienta + deja en la grama, + y en una piedra + que besa el agua, + se sienta y mira, + miéntras descansa, + absorto, inmóvil, + la faz nublada, + el sonoroso + raudal que canta, + y sobre el lecho + de piedras salta, + y allá se pierde, + y allá se escapa, + cual las mentidas + sombras livianas + de los ensueños + de la esperanza. + Tal vez Ataide, + que sufre y ama, + ve en la corriente, + pasando rápida, + su vida entera, + su vida ingrata, + en fugitivas + sombras fantásticas, + y en voz de llanto + doliente exclama: + «¡Ay vida triste! + ¡Corriente amarga!» + + Sus negros ojos + lucientes lanzan + fulgores lúgubres, + siniestras ráfagas, + cual si en su seno, + con furia insana, + se revolviese + tormenta brava. + Hay negros dias + de horas menguadas + en que anochece + por la mañana. + Consigo traen + nubes de lágrimas + y el duro cierzo + que hiela el alma. + ¡Desheredado + desde la infancia! + + Los años vienen, + corren, avanzan; + el niño es hombre, + la madre anciana, + y el raudal ciego + de la desgracia + siempre les dice + con voz aciaga: + «¡Ay vida triste! + ¡Corriente amarga!» + + Hondos suspiros + Ataide exhala, + que un imposible + su sér abrasa, + y al dueño hermoso + que así le encanta + decir no puede + sus tristes ánsias; + que ella es orgullo, + prodigio y gala + de la hermosura, + la vírgen lánguida, + la de las ricas + trenzas doradas, + ojos de fuego, + frente de nácar, + la dulce niña, + la altiva dama, + Leila la Horra, + Leila la Hijara. + ¡Él tan humilde, + y ella tan alta! + ¿Su amor en donde + potentes alas + hallar pudiera + para alcanzarla? + Y el pobre mozo + por sus entrañas + siente que corre + hiel que le mata, + algo que horrible + su sér desgarra; + y en el gemido + de su garganta + decir parece + con voz ahogada: + «¡Ay vida triste! + ¡Corriente amarga!» + + La vió en las fiestas + de Bib-Arrambla, + resplandeciente + como una hada; + hada sombría + doliente y pálida. + ¿Por qué tan rica, + tan codiciada, + de la hermosura + gentil sultana, + así insensible + y así postrada? + + ¿Por qué en el Coso, + quebrando cañas, + lidiando toros, + rompiendo lanzas, + cien caballeros + de gran prosapia, + que prez y orgullo + son de Granada, + deslumbradores + de ricas galas, + lucientes joyas, + bruñidas armas, + sobre fogosos + potros del Atlas, + que el Coso barren + con sus gualdrapas, + en las cuadrillas + giran, se travan, + como un torrente + de fuego pasan + junto al estrado + de la acuitada, + y sus preseas + ante sus plantas + ansiosos ponen, + sin que una vaga, + leve sonrisa + conmueva plácida + su hermosa boca, + ni en dulce llama + sus negros ojos + lucientes ardan? + ¿Por qué tal pena, + desdicha tanta? + Y cual si el sueño + que á Ataide embarga + fuese un conjuro + que la evocára, + en los fulgores + raudos de plata + que á la corriente + la luna arranca, + Leila aparece + trasfigurada, + los negros ojos + ardiendo en llamas, + voraz sonrisa + mostrando avara, + suelta la luenga + crencha dorada, + que en su aureola + radiante baña + las maravillas + de su garganta, + sus curvos hombros, + su seno que alza + aliento inmenso + que gime y canta + y en poderoso + volcan estalla. + Leila le absorbe, + Leila le abarca + en el encanto + de su mirada, + Leila le expresa + cuantas fragancias, + cuantas ternuras + enamoradas, + las almas sienten + que se embriagan + en el misterio + que amor se llama. + Dura un momento + la vision mágica, + la onda en que flota + léjos la arrastra, + y Ataide dice + con voz que espanta: + --¡Hay vida triste! + ¡Corriente amarga! + + + IX. + + Ya el crepúsculo en la noche + lentamente se va hundiendo; + con más esplendor la luna + brilla en el límpido cielo, + y en la inmensidad perdidos + resplandecen los luceros. + Es ya tarde: cuidadosa, + sin duda en ferviente rezo, + la infeliz Ayela aguarda + al hijo que es su consuelo, + su solo amor en el mundo, + su solo dolor acerbo. + De la piedra se alza Ataide + conmovido y macilento, + y sobre su res se inclina, + cuando un cavernoso estruendo, + atronador, formidable, + indescriptible, siniestro, + voz pavorosa de muerte, + que áun resonante á lo léjos + hiela la sangre de espanto, + pone de punta el cabello, + retemblar haciendo al soto + despierta aterrado al eco. + --¡Ah! ¡el leon!--Ataide exclama, + cuidadoso, mas sereno:-- + ¡el leon en montería, + el feroz divertimiento + que da á su doliente Leila + Aben Jucef el soberbio! + ¿Mas por qué de las bocinas + no se percibe el acento, + ni los ardientes lelíes + de los ágiles monteros, + ni acorralando á la fiera + el ladrido de los perros? + ¿Por qué esos rugidos suenan + solitarios y siniestros, + y la vega los repite + cual los repite el Desierto + cuando su rey vaga errante + de hambre y sed calenturiento.-- + Cual respuesta pavorosa + se oyen gritos lastimeros + de mujer, gritos heridos, + insoportables, horrendos, + voz de espanto miserable + que pide amparo á los cielos, + y el escape redoblado + de un bruto que viene huyendo. + Y se acercan los rugidos, + los gritos son más intensos, + y ya se ven las centellas + que arrancan los cascos férreos + de los duros pedernales + en su escape turbulento. + --¡Santo Allah! ¡si fuese ella!-- + exclama Ataide partiendo + como un rayo hácia el peligro, + de ansiedad henchido el pecho, + enardecido, magnífico, + ardientes los ojos fieros, + en el alma acariciando + de una esperanza el misterio, + y exclamando miéntras corre + más veloz y más intrépido: + --¡Ah, no! ¡que no sobrevengan + los altivos caballeros, + ni los monteros feroces, + ni los irritados perros! + ¡Yo solo, yo, con tu amparo + Santo Allah, salvarla quiero!-- + Al fin una blanca yegua, + impulsada por el vértigo, + cae sin vida en la rambla + agotado ya el aliento, + y soltando los estribos, + por buena dicha á buen tiempo, + queda una blanca figura + de pié, lanzando reflejos + de su rica pedrería, + que de la luna á los besos + irradia, cual los del sol, + deslumbradores destellos. + El leon avanza á saltos: + uno más para que hambriento + se cebe en su triste presa, + que inmóvil, resplandeciendo + más que por sus ricas joyas + de su beldad por lo inmenso, + parte el alma atribulada + entre el asombro y el miedo: + que la hace sentir Ataide + un inefable consuelo, + y el leon puede quitarle + lo que ya, sin comprenderlo, + siente en su sér conturbado + por un dulcísimo anhelo. + Suena un chasquido; una jara + hiere zumbando en el pecho + al leon, que se recoge, + y sus ijares batiendo + con la cola, rampa horrible + sobre su propio terreno, + la roja crencha erizada, + pavoroso, gigantesco: + sus fosforescentes ojos + muerte amenazan, y el suelo + con las garras formidables + cavando, ruge en el hueco. + De la vida ó de la muerte + es el solemne momento. + Por su amor engrandecido, + por él á todo resuelto, + olvidado de su madre, + viendo en su amor su universo, + Ataide al leon se arroja, + desnudo el tajante acero, + revuelto rápidamente, + el caftan al brazo izquierdo; + y resuena un grito herido, + un grito de horror supremo: + ella no ve más que un grupo + en que se agitan revueltos, + confundidos, hombre y fiera: + Ataide en círculo estrecho + se ciñe al leon, le evita, + al burlar su furor ciego + larga herida le produce, + y rápido revolviendo, + vuelve á burlarle y á herirle + y redobla su ardimiento, + siempre el caftan por escudo + y por ofensa el acero. + Á cada golpe que tira + le enrojece un chorro negro + de hirviente sangre que brota + de cien heridas á un tiempo; + y ella, extendidos los brazos, + de ansiedad y espanto trémulos, + agitado el corazon, + que quiere saltar del pecho, + más y más á Ataide siente + en el voraz pensamiento. + Al fin la tremenda lucha + cesa, profundo silencio + sucede á un postrer rugido + del monstruo espantable muerte; + y Leila, que ella es la dama, + mira á sus piés al mancebo, + y desmayada en sus brazos + se abandona sonriendo. + + + X. + + --¡Alma, vida y amor del alma mia!-- + exclamó Ataide los lucientes ojos + destellando una célica alegría;-- + y Leila, trasportada, enloquecia, + trémulos de pasion los labios rojos. + + No era ya la dulcísima apenada + que el alma ansiosa, el corazon ardiento + del dolor, en las sombras anegada, + de una pena indecible é ignorada + sucumbia al durísimo tormento. + + El asombro, el delirio, la hermosura + de su alma vírgen, para amar nacida, + se exhalaban en ansia de ternura, + en explosion inmensa de ventura, + de amor supremo, de esplendente vida. + + ¡Él! ¡era él! ¡su encanto, su consuelo, + su abrasada ambicion, su sér divino, + la sombra misteriosa de su anhelo + que de improviso desgarraba el velo + que envolvia su amor y su destino! + + Era su propio sér.--Ardiente, loca, + traspuesta é incitante la mirada, + mostraba en la entreabierta y dulce boca + cuanto el beso castísimo provoca, + desposorio del alma enamorada. + + Sobresaltado, de delicias lleno, + á la presion de los amantes brazos, + á la desdicha y al temor ajeno, + su corazon del palpitante seno + pugnaba por saltar roto en pedazos. + + La rica, la opulenta pedrería + que su garganta deliciosa ornaba + y que la luna con envidia heria, + con ménos esplendor resplandecia + que el que en sus negros ojos fulguraba. + + Y luégo, ansiosa, loca, delirante, + con acento infinito de dulzura, + seductora, vivífica, anhelante, + así exclamó exhalando la fragante + deliciosa pasion de su alma pura: + + --¡Oh ensueño encantador del ansia mia! + ¡fe de mi vida, hasta tenerte amarga! + ¿por qué triste en tus ojos la agonía + áun causa espanto á la ventura mia, + por qué áun la pena del temor te embarga? + + ¿Temes que pobre, y yo de altiva cuna, + imposible y mortal nuestro amor sea? + cuando Dios de dos almas hace una, + ni el humano poder ni la fortuna + pueden romper lo que el Eterno crea. + + Mayor ventura á nuestro amor no pidas; + ¿no ves que Allah, en sus juicios misterioso, + para siempre ha enlazado nuestras vidas, + lanzando entre venturas bendecidas, + á la esposa en los brazos del esposo?-- + + Y Leila su palabra entrecortaba, + y estremecida de placer gemia, + y hambrienta la belleza contemplaba + de Ataide, que en sus brazos la estrechaba + y de ansiedad y amor desfallecia. + + --¡Sígueme!--Ataide al fin con voz medrosa + y trémula exclamó;--de la montaña + en el seno selvático, gozosa, + correrá nuestra vida venturosa + bajo el techo de paz de la cabaña. + + Por tí en los manantiales mi ballesta + la caza matará, rica en sabores; + espléndida en matices la floresta + por Dios bordada y al placer dispuesta, + cuando la pises tú, brotará flores. + + Fresca sombra, sonora y perfumada, + el ardor mitigando del estío, + te ofrecerá del huerto la enramada + blando lecho la grama regalada, + límpido baño el murmurante rio. + + Sus auras la galana primavera + perfumará en la magia de tu encanto + difundiendo en el monte y la ladera + en lánguida cadencia y hechicera, + el suspiro ardoroso de tu canto. + + Y en las veladas del invierno frio, + en el hogar, alcázar del contento, + zumbando fuera el huracan bravío, + yo gozaré tu amor, tú el amor mio, + junto á la alegre llama del sarmiento. + + ¡Oh, vén conmigo, vén, luz de mi vida, + alma de fuego para amar creada + y áun en el mismo infierno bendecida! + ¡ah, no mates por Dios, mi alma querida, + el alma triste á amarte consagrada! + + Deja ese mundo vano y mentiroso + correr tras la ambicion que engendra el crímen, + ese mundo de lágrimas ansioso, + que no sabe ser grande y venturoso + sin gozar el dolor de los que gimen. + + Sígueme, vén, pues que el Señor, clemente, + en el fuego de amor unirnos quiso, + y el arduo monte, el mugidor torrente, + el dulce valle y la sonora fuente + serán nuestro encantado paraíso.-- + + Y anhelante calló.--La contemplaba + muriendo de ansiedad, y cual tesoro + que de su amante corazon brotaba + sangre del alma, largo resbalaba + por sus mejillas pálidas el lloro. + + --¡Oh adorado señor!--enloquecida + Leila exclamó, resplandeciente en fuego:-- + humilde, á tu mandato sometida, + sin otro bien que tú para mi vida, + ¿cómo negarme á tu anhelante ruego? + + ¡Mira, atiende, señor! tan tuya soy, + tal te idolatra el pensamiento loco, + á tu merced tan entregada estoy, + que del amor que á tu delirio doy + para decir lo inmenso todo es poco. + + Pero ¿por qué me pides que envilezca + del noble viejo las altivas canas, + que su terrible maldicion merezca, + si para que tu raza se ennoblezca + tienes allí las huestes castellanas?-- + + Y Leila, altiva, grande, destellando + el ínclito esplendor de su linaje, + el brazo eburneo á Loja amenazando, + así inspirada prosiguió exclamando, + resplandeciente de valor salvaje: + + --¡De mi amor, de tu fe, todo lo espera! + ¿no ves el monte oscuro allá perdido + que guarda de Granada la frontera? + ¡bravo por mí levanta una bandera, + vuelve á buscar mi amor ennoblecido!-- + + Se irguió Ataide magnífico, esplendente, + de amor y de bravura trasportado, + y tendiendo su brazo al Occidente, + así exclamó en acento prepotente + por Leila y por la gloria arrebatado: + + --¡Infantes de Castilla jactanciosos, + rey Adfun el rumy, que el fuerte muro + acechais de Granada cautelosos, + al logro de mis sueños venturosos + iré por vuestra sangre, yo os lo juro! + + --¡Toma de mis alhajas el tesoro-- + Leila le interrumpió;--gente esforzada + á sueldo toma, derramando el oro; + haz que brille en la lid el nombre moro, + corre la tierra infiel en algarada! + + --¡Tus joyas no, porque en el logro fies-- + exclamó Ataide--de mi noble empresa, + me bastan de la sierra los monfíes, + feroces cual los fuertes jabalíes + que se abren paso entre la jara espesa! + + --¡Los monfíes! ¡fatídicos agüeros-- + dijo Leila;--¿qué empresa enaltecida + se puede acometer con bandoleros? + --Ellos--exclamó Ataide--saben fieros + causar la muerte y despreciar la vida. + + Ganarán el perdon de su delito + por Dios y el rey triunfando en la pelea. + --¡Dios sólo es vencedor! ¡estaba escrito!-- + Leila exclamó.--¡Señor de lo infinito, + tu santa voluntad cumplida sea! + + Y alzó los ojos, desolada, al cielo, + como buscando amparo en el altura; + cual si un horrible apenador recelo + de su amor y su encanto tras el velo + la hiciese presentir la desventura. + + De improviso sus ojos irradiaron + un rápido fulgor vago y sombrío, + atentos al Oriente se tornaron, + y trémulos sus labios exclamaron, + con acento á la par triste y bravío: + + --¡Ah! ¡en mi busca se acercan! ¡huye! ¡véte! + ¿no escuchas el rumor vago y perdido + que crece, que se acerca, que arremete, + de la rauda carrera de un jinete + y de feroces perros el ladrido? + + Es mi padre sin duda: ¡si te hallára! + ¡oh, tú no sabes su altivez cuán fiera! + ¡de la espesura próxima te ampara! + ¡ten compasion de mí, que me matára + si una sombra de duda concibiera! + + --¿Y no he de verte? + --Sí. + --¿Cuándo? + --En la hora + del silencio y del sueño: ¡huye, bien mio! + --¿Y dónde te he de hallar? + --En la Almanzora: + yo en la reja estaré: ¡sálvate ahora! + ¡líbrame del terror que siento impío!-- + + Y de nuevo en abrazo tembloroso + sus agitados senos se juntaron, + y en un beso infinito, silencioso, + la amante esposa, el delirante esposo, + de nuevo el pacto de su amor sellaron. + + Y ella le rechazó, que ya el estruendo + más cerca y más distinto se sentia; + y él, apenado, de dolor gimiendo, + rápido se alejó, despareciendo + por el lóbrego seno de la umbría. + + Y olvidó su cervato, su ballesta + y su roto caftan de sangre rojo, + y Leila, ansiosa, de terror traspuesta, + --¡Que él se salve!--exclamó--¡yo estoy dispuesta! + ¡Sálvame tú, Señor, que á tí me acojo! + + + XI. + + Á poco, fiero se mete + sobre un caballo lanzado + á rienda suelta, en el prado, + un fatídico jinete. + + Deshecho su capellar, + al aire en desórden flota; + y de su roja marlota + el recrujiente ondear; + + y la furia con que bate + los ijares del corcel, + desgarrándolos cruel + con el agudo acicate; + + y el siniestro, el ronco grito + con que excita al corredor, + el aspecto aterrador + le dan de un genio maldito. + + Fieros, el rastro siguiendo, + ante el rápido corcel, + vienen perros en tropel + ladrando, aullando, latiendo. + + La brava y leal jauría, + al ver á su dueña hermosa, + á ella corre presurosa + trasportada de alegría, + + y el jinete, que refrena + al bruto con fuerte mano, + ansioso, anhelante, insano, + del arzon salta á la arena. + + --¡Hija!--al ver á Leila en pié, + llena de vida, radiante, + gritó el xeque delirante-- + ¿quién te salvó? + --No lo sé-- + + respondió Leila turbada + y presintiendo la ira + de su padre, á la mentira + por primera vez llevada; + + que aunque sencillas alienten + la pureza y el candor, + para defender su amor + las mujeres, todas mienten. + + --¡No lo sabes! ¡Mas Dios santo!-- + Jucef con fiera sorpresa + añadió--¿qué sangre es esa + en tu seno y en tu manto? + + Era la sangre traidora + que á Ataide bañado habia + del leon, que aparecia, + señalando, vengadora, + + aquel abrazo de amor, + aquel delirio infinito; + y cual testimonio escrito, + indudable, acusador, + + y cual señal de una afrenta, + en la blanca vestidura, + marcada su huella impura, + dejó una mano sangrienta. + + --¿Por qué, si no estás herida, + si al leon no te acercaste-- + gritó Jucef--te manchaste? + --¡No lo sé! Desvanecida + por el terror..... + + --¡El terror! + ¡y el infame á quien debiste + la vida, y al que ni áun viste, + cobró su precio en mi honor! + + --¡Oh padre! ¡no te comprendo!-- + relevando la cabeza + dijo Leila con fiereza. + --¡Que no me entiendes! ¡Mintiendo + + tu torpe maldad aumentas!-- + el xeque exclamó con furia.-- + ¡Estoy leyendo la injuria + en estas manos sangrientas! + + --¡Injuria, no!--pudorosa + dijo Leila, en su bravura + aumentando su hermosura + hasta hacerla portentosa.-- + + ¡Injuria! ¡Dios me maldiga + si yo te ofendí, señor; + que con espanto y horror + su maldicion me persiga!-- + + Y demudado el semblante, + deslumbradores los ojos, + ardientes los labios rojos, + alto el seno palpitante, + + trasportada, poderosa, + más y más resplandeciente, + alzaba su pura frente + de candor esplendorosa. + + En sus órbitas rodaron + los ojos del xeque fiero; + su diestra el brazo hechicero + que las Gracias modelaron + + asió con fuerza brutal, + y doblegando á la triste + exclamó; + --Si no mentiste; + si la humillante señal + + de los brazos de un insano, + que atreviéndose á mi honor + aprovechó tu pavor, + mienten tambien; si es en vano + + de mi furor el recelo, + ¿por qué en tus ojos fulgura + una inefable ventura, + una alegría del cielo? + + ¿por qué te miro trocada + de triste en resplandeciente? + ¿es que tambien falaz miente + el amor en tu mirada? + + --¡Oh padre!--en una explosion + Leila exclamó;--no tirano + pretendas romper insano + las leyes del corazon. + + Si cual le vi le miráras, + por mí venciendo á una fiera, + tu gratitud le quisiera, + cual le amo yo, tú le amáras. + + --¿Por qué se oculta, y por qué + tú no me dices su nombre? + --No lo sé, ni hay que te asombre, + que del amor en la fe, + + de la ventura en la calma, + el espíritu anhelante + no pregunta, goza amante: + ¿tiene acaso nombre el alma? + + Y más no te he de decir, + aunque tu furor lo intente, + y aunque perezca inocente, + por mi amor sabré morir. + + --¡Ah, la osada rebeldía!-- + exclamó el xeque, la mano + llevando, en su furia insano, + al puño de su gumía.-- + + Su desventura midió + la triste, cerró los ojos, + y desplomada, de hinojos + ante su padre cayó. + + --¡No!--murmuró en un rugido + el xeque;--¡la muerte fuera + tu perdon! ¡más te valiera, + infame, no haber nacido!-- + + Y despiadado, brutal, + del suelo la levantó, + con ella al corcel saltó, + partió como el vendaval; + + sin ladridos la jauría + fué tras su fiero señor, + y á poco el postrer rumor + en la noche se perdia. + + FIN DE LA PRIMERA PARTE. + + + + + SEGUNDA PARTE. + + + I. + + En la cumbre del Zenete, + que está mirando á la Alhambra + y á las dos torres Bermejas, + y á la Vega, que se ensancha + al Poniente, con sus rios, + que, como cintas de plata, + relucen entre la bruma + de la noche solitaria + por la luna esclarecida, + se eleva la torre blanca, + con sus bellos azulejos + y sus ricas ajaracas, + de la famosa mezquita + donde el sepulcro se guarda + en que el cuerpo se venera + del santon Sydi Ben-Dara. + Á la base de la torre + se adhiere una pobre tapia, + que coronan descollantes + los pámpanos de una parra, + y en ella, por una puerta + estrecha, mezquina y baja, + á un pequeño huertecillo, + bello y frondoso, se pasa. + Dentro, en la alberca, se escucha + del débil chorro del agua + la monótona caida, + y el gemido de las auras + en las rojas amapolas, + en las dulces pasionarias, + en la espesa madreselva + y en las higueras enanas, + que, con torcidas raíces, + como bulbosas arañas, + á las grietas del muro + de la mezquita se agarran. + La fragancia se respira + de las flores y las plantas, + y todo anunciar parece + paz y contento en la casa + que, al fondo, con ornamentos + de verde yedra se alza. + ¡Cuánto, mintiendo, extravian + las apariencias villanas! + Aquel huertecillo verde, + aquella tranquila estancia + que hace pensar en un nido + que á su culto amor consagra, + de Ataide, el desventurado, + es la doliente morada, + que en ella la triste Ayela + se extingue como una lámpara, + que al fin de una horrenda noche + sin pábulo muere exhausta. + Sentada sobre una estera, + sobre una estera de palma, + pálida como la muerte, + como el dolor apenada, + tendidas las blancas trenzas + sobre la encorbada espalda, + trenzas que dicen bien claro + que nunca ha sido casada. + Ayela en silencio reza, + y las leves cuentas pasa + de un rosario de marfil + con sus manos descarnadas, + y á pesar de todo, hermosas, + que cual al frio del alma, + en convulsion persistente + se agitan, y apénas bastan + á sostener del rosario + la ligerísima carga. + Una candela en un nicho + con su luz rojiza baña + del reducido aposento + las paredes blanqueadas, + que, si aparecen desnudas, + por su limpieza resaltan. + Un capacete sencillo, + una luciente coraza, + una pica de dos hierros + y una pesada hacha de armas, + agrupados en panoplia, + penden allá de una escarpia, + y en el fondo del hogar, + de la cena retrasada, + se oye el hervor insistente, + al que el quejido acompaña + de la vejez, ya caduca, + de un grande perro de caza, + todo á lo largo tendido + ante los piés de su ama. + Ya ha pasado un gran espacio + desde que la voz enfática + del muecin de la mezquita, + llamó á la postrer plegaria + de la noche á los creyentes. + ¿Cómo tanto Ataide tarda? + Su cuidado maternal, + recelando una desgracia, + Ayela con más ferviente + dolor reza, ansiosa aguarda + á que entre el silencio suenen + las presurosas pisadas + de Ataide, cruzando el huerto, + y miéntras reza y se espanta, + de sus ojos su desdicha + rebosa en ardientes lágrimas. + + + II. + + Aun es hermosa, y en vano + la enfermedad, la tristeza + de su marchita belleza, + anublan el esplendor; + y áun á pesar de las canas + que emblanquecen sus cabellos, + hay en sus ojos destellos + de juventud y de amor. + + Amor doliente, infinito, + mal herido, acongojado, + en ardoroso cuidado, + en apenador afan; + corriente de desventura, + que la materia mezquina + gasta, corroe, calcina, + como el fuego en un volcan. + + Desesperantes, crueles + los dolores de su vida, + por su mente enloquecida + pasan en negro tropel, + y eterno, indeleble, horrible + un pavoroso momento, + en su corazon sangriento + mantiene viva la hiel. + + No ha pasado un solo dia: + espantosa, aterradora, + es siempre la horrenda hora + del crímen y la maldad; + es lo que ensueño parece + por el infierno abortado, + lo infame al horror llevado; + lo infinito en la crueldad. + + La mar, que á la brisa ondula + y al sol poniente riela, + deja ver la blanca vela, + recortándose en la luz, + que el ocaso enciende en fuego, + de esbelta nave galana + que de la costa africana + viene al verjel andaluz. + + ¡Ay de la vírgen morena + que al pié de la ingente roca + contra la que brava choca, + rompiendo espumas la mar, + sin miedo acercarse mira + la nave que blandamente, + mueve la brisa indolente + la azul llanura al rizar! + + ¡Ay de la tribu que errante + vino de Arabia en mal hora + á aquella roca traidora + y sus tiendas alzó allí! + que viene en la nave aquella + el feroz lobo marino, + almirante granadino + Ben Jucef-el-Meriní. + + Se oculta el sol: ya es la noche: + la brisa se torna en viento, + que en largo sonoro acento + anuncia la tempestad, + y sobre la mar inquieta, + cubierta de blanca espuma, + negra y espesa la bruma + aumenta la oscuridad. + + En tanto, la galeota + que el fiero Jucef comanda, + de la ensenada en demanda, + que está de la roca al pié, + llega, las anclas arroja + y al agua lanza el esquife, + que embiste en el arrecife, + donde el aduar se ve. + + Los árabes, sin recelo + de un barco en que está arbolada + la bandera de Granada, + del rey en prenda y señal, + á Aben Jucef se adelantan + y en paz le tienden la mano, + como á un cariñoso hermano + de igual raza y ley igual. + + Con antorchas le esclarecen + el camino, y á su llama, + que en chispas se desparrama + del viento bajo el furor, + de Ayela ve el almirante + la sobrehumana hermosura, + y súbita llama impura + prende en él de un torpe amor. + + --¡Ah la hurí!--temblando dice; + y volviéndose á su gente-- + ¡llevadla!--añade vehemente + con fiero acento brutal; + y aquella voz pavorosa + que á los árabes sorprende, + su honrada cólera enciende + y es del combate señal. + + Á poco las tiendas arden, + gritos de muerte se escuchan, + presto los tristes no luchan + degollados en monton, + y Ayela, de horror transida, + entre unos brazos se siente, + y ve una mirada ardiente + que la hiela el corazon. + + ¡El vértigo! luégo nada; + insensible, muda, inerte, + un letargo que á la muerte + se pudiera comparar, + la domina, y cuando vuelve + en sí, con asombro toca + un dentellon de la roca, + á donde la echó la mar. + + El sol brilla en el Oriente, + y la azul onda serena + se rompe en la blanca arena + con dulce cadente són; + y graznan las gaviotas, + sus blancas alas mojando, + la abrupta base rozando + del solitario peñon. + + Los miembros atormentados, + de dolor temblando y frio, + con espantoso extravío + en su anhelante mirar, + vagamente recordando + rojas visiones tremendas, + Ayela busca las tiendas + de su querido aduar. + + Ni un vestigio, ni un despojo + en la arena abandonada; + la mar, entónces rizada, + cuando el huracan la hinchó, + el arrecife asaltando, + bravía por él subiendo, + cuanto al paso halló barriendo, + sólo á Ayela respetó. + + ¡Oh! ¡cuán cruel fué la ola + que, cogiéndola en su espalda, + en la dentellada falda + de la roca, sin piedad, + la arrojó, que mejor fuera + que implacable la matára, + porque infeliz no llorára + su desolada orfandad! + + Lentamente su memoria, + con el marasmo luchando, + la fué el crímen revelando + infame, horrible, cruel; + y fiera gritó, en la altura + los airados ojos fijos: + --¡Malditos sean sus hijos + y cuantos vinieren de él! + + ¡Que perezca cuanto ame! + ¡Que su corazon de fiera + lento y lento el dolor hiera + y no le mate el dolor! + ¡Que sus noches el infierno + llene con sueños de espanto! + ¡Que nunca aplaque su llanto + la cólera del Señor! + + + III. + + Y esta maldicion horrible + que del dolor en la hora + Ayela desesperada, + de justa venganza ansiosa, + pronunció contra el malvado, + ignorando su deshonra, + ignorando que era madre, + cuando lo fué en su memoria, + se sublevó turbulenta, + sombría, amenazadora; + que al maldecir á los hijos + de la fiera sanguinosa + que asesinó á su familia, + maldijo á su sangre propia; + y por eso cuando Ataide + en su infancia fatigosa, + que siempre sobran fatigas + donde el dinero no sobra, + el bello semblante pálido + mostraba, y su linda boca + de arcángel no sonreia, + la maldicion pavorosa + helaba de espanto á Ayela, + surgiendo de entre la sombra + del imborrable recuerdo + de su desdichada historia; + y pasaron veinte años + de angustias y de congojas + para la pobre inocente + madre honrada, aunque no esposa, + y para el hijo sin padre, + del cual fué la herencia sola, + con la belleza de Ayela + y su sangre generosa, + el valor de Aben Jucef + y su condicion indómita. + Sin pan y sin esperanza, + y sola en el mundo, sola; + en los principios viviendo, + con llanto, de las limosnas; + rechazando altiva y pura, + si la buscó, á la deshonra; + brava su sino arrostrando, + errante como una hoja + que del árbol desprendida + va allí donde el viento sopla; + con su tesoro cargada, + y libre como una alondra, + danzando cual bayadera, + cantando cual trovadora, + diciendo las buenas hadas + en natalicios y bodas; + vendiendo filtros de amores + y oraciones milagrosas; + ornando con oropeles, + collares y falsas joyas + su portentosa hermosura; + sin más amor que su ansiosa + pasion por su pobre hijo; + por valles, cerros y lomas, + parando en las alquerías, + en las villas populosas, + y en las altivas ciudades + que de torres se coronan; + marchitando su hermosura + las fatigas, las zozobras, + y de su llanto apenado + la corriente silenciosa, + y de su dormir inquieto + las sombras aterradoras, + á la juventud viril + llegó de Ataide, ya rotas + sus fuerzas, su juventud, + y con canas presurosas + la pálida frente ornada, + anciana ya áun siendo moza. + Siempre con el miedo horrible + de que en fatídica hora + su maldicion alcanzase + al hijo de sus congojas, + su único bien en el mundo, + aquella noche en que llora + por la tardanza de Ataide, + una fatídica sombra + su delirante cabeza + asalta y la vuelve loca: + nunca más vivo el recuerdo + de la noche tormentosa + de su desdicha la aqueja; + la faz repugnante y torva, + por el deseo irritada, + de su asesino, medrosa + cual si pasado no hubieran + los años, abrumadora, + impregnada de amenazas, + en frio pavor la ahoga; + y ya no reza ni siente + crujir la puerta premiosa + del huerto, ni unas pisadas + sobre la arena sonoras; + pero _Radjí_ se levanta + penosamente, la cola + menea, con sus gruñidos + la atencion de Ayela evoca, + que de su estera se alza + y á la puerta llega ansiosa, + palpitante, en el momento + en que Ataide al umbral toca, + y muriendo de alegría + entre sus brazos se arroja. + + + IV. + + --¡Oh! ¡cuánto he sufrido, cuánto!-- + Ayela anegada en llanto + dice con voz amorosa.-- + ¡Jamas he llorado tanto! + + ¡Jamas con igual espanto + tu vuelta esperé afanosa! + + Y de su cuello colgada, + besándole enloquecida, + por las lágrimas velada + la mirada enamorada, + por la pasion encendida + y en Ataide encarnizada; + + la pálida frente pura + reflejando la hermosura + del amor de los amores, + de la maternal ternura + olvidaba en la locura + de su espanto los horrores. + + --¡Oh tu amor cuál te amedrenta!-- + dijo Ataide conmovido. + --¡Sí, de la brava tormenta-- + Ayela exclamó--el rugido + en mi corazon herido + siento horrible y me amedrenta! + + Vén: la cena preparada + está ya; la blanda almohada + al reposo te convida; + pero ¡ay de mí desdichada, + en penas siempre anegada! + ¿por qué has tardado, mi vida?-- + + Y de nuevo le besó + de amor trasportada, hambrienta; + y cuando de él se apartó, + cuando de improviso vió + su vestidura sangrienta, + desatentada exclamó: + + --¡Ay de mí! ¡vienes herido! + ¿Quién tu valor ha rendido? + ¿qué terrible sangre es ésta? + --Vencedor, mas no vencido-- + dijo Ataide. + --¡Y di, ¿qué ha sido + entónces de tu ballesta? + + --El colmo de la ventura + me hizo olvidarla. + --¡Qué dices! + --¡Ah, la propicia aventura + dijo Ataide con locura:-- + ¡ah! ¡los augurios felices + del amor y la hermosura! + + --Yo no te entiendo, ¡ay de mí! + ¿Mas no estás herido? + --Sí; + pero con dardo de amor: + la suerte cruda hasta aquí + nos brinda con su favor. + Asienta y escucha. + --Di. + + En el hogar la asentó + Ataide, y con voz ardiente + su aventura la contó, + y ella, abatida la frente, + estremecida, doliente, + en silencio le escuchó. + + Ataide acabado habia, + Ayela permanecia + doblegada, muda, inerte, + y su alentar parecia + el hervor de la agonía + tras el cual viene la muerte. + + Al fin, la faz levantando, + en su mirada infinita, + avara, á Ataide abarcando, + dijo, con voz inaudita, + cual consigo misma hablando: + --¡Maldita de Dios! ¡Maldita! + + Luégo, su voz lastimera + resonó, vibrante, fiera, + aterradora, sombría, + cual rugido de pantera, + que al temor se desespera + de que la roben su cría. + + --¡Maldita, sí!--ronca, dijo:-- + ¡Maldita, la que maldijo! + ¡Un amor que muerte augura + colmando mi desventura, + mi vida, mi amor, mi hijo, + arrebate á mi ternura! + + --¡Qué dices, madre! + --De aquí + partamos sin más tardar. + --¡No temas, espera en mí! + ¡Tanta gloria he de alcanzar, + que mi Leila me ha de dar + Ben Jucef-el-Meriní! + + ¿Por qué, dí, te desesperas? + Yo arrancaré en las fronteras + ricas presas al cristiano; + y á sus plantas hechiceras + ella verá cien banderas + conquistadas por mi mano. + + El encanto de mi amor + me hará incontrastable, fuerte; + calma tu ansioso temor, + ¿por qué pensar en la muerte, + cuando propicia la suerte + consuela nuestro dolor? + + El Rey me ennoblecerá, + Granada me aclamará, + ella y tú seréis mi encanto. + --¡Oh! ¡cuán léjos, cuánto y cuánto + la locura humana va!-- + dijo Ayela con espanto. + + --Enalteciendo á mi grey, + con mi sangre en las campañas, + por Dios, la patria y el Rey, + premio hallarán mis hazañas. + --Yo no conozco más ley + que el hijo de mis entrañas. + + ¿Qué rey nos tendió la mano? + ¿Qué patria nos amparó? + Dios mismo, al dolor tirano, + doblegados nos dejó, + que la maldicion oyó + y no se maldice en vano. + + --De temor estoy ajeno, + dijo Ataide ya impaciente-- + aquel que maldice al bueno + el daño siente en su seno. + --¡Oh, sí! ¡la fiera serpiente + da á sus hijos su veneno! + + --¡Hijo soy yo de un maldito! + --Tú de tu madre el dolor + desoyes, y el hondo grito + de las ansias de su amor. + ¡Dios es grande y vengador, + y cumple lo que está escrito! + + --¿Y qué ha de cumplirse, di? + --Temo que te mate el fiero + Ben Jucef-el-Meriní. + Si sabe (de angustia muero) + tus amores..... ¡ah! ¡yo espero + que tengas piedad de mí! + + ¡Huyamos! De tu pasion + me estremece la locura, + se me hiela el corazon, + y pienso que, horrenda, oscura, + una horrible maldicion + nos lleva á la desventura. + + --Mañana, al rayar el dia, + partirémos, madre mia. + --¡Oh! ¿Qué dices? + --En su empeño, + mi amor á la lid me envia. + --¿No me engañas? ¿No es un sueño? + --Me tarda el tenerla mia; + + pero esta noche..... + --¡Oh, señor! + --Ella en la reja me espera, + piensa madre en su dolor, + si escarneciendo su amor + á hablar con ella no fuera + por la sombra de un temor. + + --¡Oh! ¿Quién sabe?--Ayela dijo + para sí, con triste anhelo-- + tal vez sin razon me aflijo: + ¿Mas, qué madre por su hijo + no vive en tenaz recelo, + temiendo un afan prolijo?-- + + Y añadió, la voz temblando: + --En buen hora ve, mas cuida + que ansiosa quedo esperando. + --No he de tardar, por mi vida-- + dijo Ataide--y la salida + ganó, impaciente escapando. + + + V. + + Áun sonaban en el huerto + sus pisadas presurosas, + cuando recayendo Ayela + de su miedo en las congojas, + de insoportable pavor + dominada, de afan loca, + --_Radjí_--exclamó:--vén conmigo, + precédeme: el rastro toma + de tu señor.--Y _Radjí_, + con marcha lenta, afanosa, + el huertecillo cruzando, + seguido de su señora, + el rastro tomó en demanda + de la pintoresca loma + del Albaicin, por callejas + estrechas, ágrias, medrosas, + ó entre vallados floridos + de cármenes, cuyo aroma + el aire con su fragancia + perfumaba deliciosa. + Á cada paso, al subir + una cuesta áspera y corva, + Ayela se detenia + jadeante, temblorosa; + su mano buscaba apoyo + en un muro, y de su boca + hervoroso se exhalaba + el ronco alentar que ahoga + y en el comprimido pecho + la sangre agitada agolpa. + Fatigada, dolorida, + llegó al fin á la Almanzora. + Desierta la calle estaba, + sumida en tinieblas, lóbrega, + y al amor no daba amparo + en sus rejas silenciosas. + Súbito choque de aceros + resonó: dos voces roncas, + una de viejo, irritada, + serena y jóven la otra, + de entre el silencio salieron, + terribles, tempestuosas. + Ayela, de horror transida, + que en la voz jóven, sonora, + á Ataide escuchado habia, + sus fuerzas cobrando todas, + por un milagro de amor, + cual revive luminosa + y brilla por un momento + una luz que á su fin toca, + ansiosa, rápida, ardiente, + corrió, llegó, y animosa + entre las fieras cuchillas + se arrojó, sublime, heroica, + para defender la vida + del que era su sangre propia. + En un recodo del muro + de la puerta que áun se nombra + de Albolut, ó el Estandarte, + y en el muro gris se apoya + del castillo del Romano, + esplendente, brilladora, + alta la luna en el cielo + bañaba una plaza angosta + entre el adarve robusto + y una torre altiva y roja, + que de sus almenas reales + ostentaba la corona. + Asida á su Ataide Ayela, + miraba, cual la leona + que á su cachorro defiende, + á Aben Jucef, que su cólera + trocado habia en espanto, + y ella, al verle, tembló toda. + Era él, el miserable, + que la triste una vez sola + vió en su vida, al resplandor + de la llama pavorosa + de su aduar incendiado, + rugiendo bravas las olas, + zumbando irritado el viento, + miéntras la voz angustiosa + de sus parientes pedia, + en vano, misericordia. + En su recuerdo indeleble + aquella faz espantosa + Ayela guardado habia; + y aquella mirada odiosa, + sensual y repugnante + que la contemplaba absorta, + era la mirada misma + de aquella terrible hora; + y él, que de Ayela tenía + en su conciencia la copia, + la devoraba mirándola + con expresion misteriosa, + mezcla de amor y de espanto + y dulce á la par que torva. + Y ella, apagando su ira, + que horrenda y aterradora + brillaba en sus negros ojos, + y con dulce y cadenciosa + voz, que doliente imploraba, + apenada y melancólica, + --¡Ved, señor, que éste es mi hijo + y que es mi esperanza sola!-- + exclamó; y el fiero xeque, + con voz terrible, espantosa, + en que vibraban heridas + las fibras de su alma rotas, + --¡Maldito!--exclamó--¡maldito!-- + y huyendo, la calle lóbrega + ganó, se perdió por ella, + y con voz triste, medrosa, + --¡Maldito!--repitió un eco + que surgió de entre la sombra. + + + VI. + + Ataide, mudo, asombrado, + en negras ánsias perdido, + en la duda estremecido, + en un misterio anegado, + dudando si era soñado + aquel torrente de hiel, + ó una realidad cruel + que su esperanza rompia, + á su madre sostenia, + ansiosa abrazada á él. + + Luégo miró con espanto + que agitada, convulsiva, + por la boca sangre viva, + por los ojos triste llanto, + lanzaba Ayela, y que en tanto + la muerte apagaba impura + de sus ojos la hermosura, + y con mate palidez + manchaba la limpidez + de su nítida blancura. + + Soportando su agonía, + Ayela, terrible, fuerte, + con la incontrastable muerte + pugnaba en lucha bravía; + su palabra se perdia + oscura, ronca é incierta, + y muy pronto helada, yerta, + dejando á Ataide perdido + en un misterio, un gemido + de dolor la dejó muerta. + + Representar la amargura + es de Ataide empeño vano; + no tiene el lenguaje humano + voz para tal desventura. + Preguntad á la locura + y os responderá inclemente: + --Yo, del dolor en la fuente, + mato al alma infortunada: + soy la sombra, soy la nada + en un cadáver viviente.-- + + Y así Ataide. Al golpe rudo, + inesperado, violento, + anulado el sentimiento, + insensible, inerte, mudo + quedóse, y luégo, sañudo, + vuelto en sí, con la voz fiera, + --¡Venganza--gritó--aunque muera + en mi venganza mi amor! + ¡Ay madre de mi dolor! + ¡jamas á mi Leila viera!-- + + Y sus lágrimas brotaron, + y sus labios contraidos, + entre dolientes gemidos, + la faz de Ayela besaron; + luégo sus brazos la alzaron, + sobre el hombro la cargó, + desatentado partió + con el vértigo en la mente, + y gruñendo en són doliente + el fiel _Radjí_ le siguió. + + + VII. + + De improviso, voz vibrante, + grave, extensa, poderosa, + que se repite incesante, + y que de instante en instante + resuena más presurosa, + rompiendo el silencio hiende + el aire, léjos se extiende, + y á la ciudad despertando, + brava, al combate llamando, + hasta la vega desciende. + + Es la sonora campana + de la alcazaba, que, fiera, + dice que gente cristiana, + de presa y conquista en gana, + ha roto por la frontera. + + Con su carga dolorosa + por una altura desciende + Ataide; el rebato entiende, + y una mirada ardorosa + á la vega ansioso tiende. + + En los picos de la sierra + las atalayas ardiendo + hacen la señal de guerra, + su roja hoguera, que aterra, + incesantes repitiendo. + + --¡Ah, nos embiste el rumy!-- + siniestro Ataide exclamó-- + ¡mi venganza es cierta! ¡sí! + ¡no ha de escapárseme allí! + ¡él primero! ¡luégo yo! + + Y á su Leila recordando, + sintiendo que la perdia + á Jucef exterminando, + con el alma en agonía + siguió la cuesta bajando. + + + VIII. + + Y truena y retumba + la voz de combate, + despierta Granada; + sus puertas se abren, + y el rey con sus nobles + y sus estandartes, + y moros sin cuento, + jinetes é infantes, + allá por Elvira + rebosan y parten, + y cruzan la Vega, + y allá adonde arde + incendio terrible + de mieses y hogares, + rugiendo adelantan + por sotos y valles. + + + IX. + + Ya el ejército domina + una encumbrada colina, + y al fin al contrario ve + sobre la encantada tierra, + que de Elvira la alta sierra + se tiende fértil al pié. + + Y ya venciendo á la aurora + puro el sol las cumbres dora, + y á su roja ardiente luz + reflejan centellas puras, + las brillantes armaduras + del Profeta y de la cruz. + + Ambas huestes se hostilizan, + llegan, chocan, se encarnizan, + tras el potente embestir, + y el eco va retumbando + de monte en monte lanzando + el fragoroso reñir. + + Arde la fuerte bombarda, + y allí, donde no se aguarda, + va su disparo á caer, + y al trueno espantable y fuerte + un alarido de muerte + viene horrible á responder. + + + X. + + Y saltan lanzas + hechas astillas, + relumbran rojas + cien mil cuchillas, + todos revueltos, + todos trabados, + los capitanes + y los soldados, + y los jinetes, + y los pendones, + y las banderas, + y los pendones + entran y salen, + rugen, batallan, + cristiano y moro + do quier se hallan, + y de la sierra + por las vertientes, + la sangre corre + corre á torrentes. + + + XI. + + Ya muchos de los que fueron + á la lid no están en pié: + muchos que salir miraron + el sol á su trasponer, + no le verán, que la muerte + horrenda con ellos fué. + El humo, el fuego, los gritos, + el estrago y el tropel, + el polvo que en remolinos + levantan los fuertes piés, + hacen una zambra horrible + en que danza Lucifer, + y ni ceden los cristianos + ni el moro piensa en ceder, + que todos de la victoria + buscan el noble laurel. + + + XII. + + Sucedió esta durísima batalla + que ensangrentó la granadina tierra + el año mil trescientos diez y nueve, + mañana de San Juan, triste y sangrienta + para el cristiano bando, y venturosa + para la gente indómita agarena: + en Castilla reinaba Alfonso Onceno, + y rey y emir de los alarbes era + el terrible Ismail. Los dos infantes, + causa imprudente de la atroz pelea, + eran don Pedro el uno, del Rey primo, + y su tio don Juan el otro era; + entráronse talando á sangre y fuego + la peligrosa granadina tierra, + y allí los dos infantes se quedaron + la muerte hallando en su insensata empresa. + Dia de luto fué para Granada + y para Ataide de fortuna excelsa, + que ganó, ya muy tarde, gran renombre, + favor del Rey, mercedes y nobleza. + Fué, que el bravo Ismail, harto empeñado + en la revuelta bárbara pelea, + el caballo perdió: cercado vióse + de cristianos sin fin, que á grande priesa + su desclavado arnés crujir hacian + de rudos golpes bajo lluvia densa. + --¡Es el Rey de Granada!--voceaban.-- + --¡Á prision recibidle!--¡No! ¡que muera!-- + y el tumulto arreciaba á cada instante + bramando en torno de la régia presa. + + Contra el muerto caballo replegado + batallaba Ismail, cual la pantera + de innumerables canes acosada, + en los que alcanza brava se ensangrienta. + Rota la adarga, sobre el rojo polvo + tendida la riquísima cimera, + la corona de golpes destrozada, + desgarrada la toca al aire suelta, + de polvo y sangre y de sudor bañado, + le faltan, no el valor, sino las fuerzas, + y por sus fieros ojos centellantes + cruza horrible y fatal nube siniestra. + De repente, en el círculo terrible, + hacha en mano un mancebo se presenta, + que ante su paso arrolla á los cristianos + y á sus plantas exánimes los deja, + cual en las mieses la segur metiendo + el campesino infatigable siega. + Parece que el Altísimo á su brazo + poder terrible y misterioso presta, + por el hacha enrojecida corre + raudal de sangre, que á su paso deja + con rastro pavoroso señalado, + cual su rastro de horror marca la fiera. + Es Ataide que en vano al asesino + de su madre ha buscado en la pelea; + Ataide, á quien dolor de las entrañas + y el recuerdo tristísimo de Leila + y de su suerte el torcedor cuidado + en horrendo afanar le desesperan; + es que la muerte, como bien supremo, + por todas partes busca y no la encuentra. + Llega un momento, al fin, en que aterrados + los nazarenos en desórden cejan, + y al revolverse Ataide, con asombro + ve que el Rey admirado le contempla. + Libre se ve Ismail por su bravura + cuando creyó su perdicion ya cierta, + y los brazos le tiende, y en un punto + contra su bravo corazon le estrecha. + --¡Pide--dícele al fin--cuanto quisieres, + que por mucho que pidas, recompensa + pareceráme poco cuanta darte + mi potestad y mi cariño puedan!-- + Y volviéndose á punto á los bizarros, + que en su socorro desalados llegan, + --Sin su valor--les dice--en este dia + de Rey quedára mi Granada huérfana.-- + La vida le debí: llegárais tarde + si ántes él no acudiera á mi defensa. + Mi púrpura vestidle y que en Granada + entre á la par conmigo, y á mi diestra: + con mi estandarte Real en las batallas, + á mi lado de hoy más lidiar le vean, + y en su poder y en su favor conmigo + honrado premio y merecido tenga: + y ¡sús! á recoger, que ya el cristiano + ha pasado en desórden la frontera, + y á Granada llevemos la victoria + y del vencido la perdida presa.-- + Y cabalga Ismail en un caballo + que sus humildes siervos le presentan, + y á Ataide con la púrpura vistiendo, + otro caballo igual gratos le muestran. + Marcha de triunfo tocan atabales, + y añafiles, dulzainas y trompetas, + y en la impaciencia de ostentar su triunfo + rápidos cruzan la tendida vega, + y por Elvira en la ciudad alegre + en cerrado escuadron altivos entran, + y del rey Ismail al par marchando, + las hermosuras que Granada encierra; + ven al hermoso Ataide y le codician + al verle junto al Rey de tal manera, + y Ataide, el desdichado, va llorando, + la mente en Leila y en su madre puesta, + y que es de gozo por su altivo triunfo, + los que le miran, con envidia piensan. + + + XIII. + + A la Alhambra le llevó + el Rey, y con él entrando + en la sala de Comares, + viendo que su acervo llanto + no cesaba, interrogóle: + Ataide en acento opaco + le contó su desventura, + y el Rey atento escuchando, + cuando brevemente Ataide + finó su triste relato + le dijo con grave acento, + pero cariñoso y blando: + --Es misterioso y terrible + el decreto de los hados: + se cumple lo que está escrito: + si por tu madre en espanto, + Ben Jucef el Meriní + huyó en su fuga lanzando + una maldicion, ¿qué piensas + que esto fué? + --Yo no lo alcanzo + --exclamó Ataide abatido. + --Ben Jucef sabrá explicárnoslo + --dijo el Rey:--y de su guardia + al punto un kaid llamando + le mandó fuese á la casa + de Aben Jucef con mandato + de que, sin perder momento, + se presentase en palacio. + El kaid salió, y á poco + volvió trayendo recado + de que en aquel mismo dia + Ben Jucef, abandonando + á Granada con su hija, + con una guardia de esclavos + y á su torre de Almuñécar + el camino enderezando, + á pasar al Mogreb iba + resuelto y determinado. + --¿Cuándo partió?--dijo el Rey. + --Al amanecer. + --¡No ha estado + entónces en la batalla! + Que enjaecen dos caballos; + tú kaid con cien zenetes + nos iréis acompañando. + Véte.--Y tú no desesperes, + que, pues salvaste bizarro + mi vida, yo salvaré + tu corazon en los brazos + de Leila, ó con su cabeza + Ben Jucef me dará el pago.-- + Poco despues, sin reposo + de su abrumador cansancio, + el Rey y Ataide partian, + sirviéndoles de resguardo + cien alentados zenetes + en poderosos caballos, + y por la puerta de Lachar + lanzándose sobre el campo, + atravesando el Genil, + hácia la costa bajando, + por la falda de la sierra + tomaron al trote largo. + + + XIV. + + Ya el sol sobre su ocaso descendia + abrillantando las hinchadas aguas, + y en el brumoso y cárdeno horizonte + rojas, cual sangre, amenazantes ráfagas, + próxima tempestad y formidable + fatídicas, siniestras, auguraban, + cuando el Rey por las puertas de Almuñécar + se metió con Ataide y con su guardia. + Transidos, sudorosos los caballos + de la violenta presurosa marcha, + por montañas que al cielo se atrevian, + por valles que al abismo se humillaban, + inútiles al fin hubieran sido + á seguir la durísima jornada. + Supo el Rey que Jucef partido habia + con rumbo hácia la roca solitaria, + que avanzada á la mar con su arrecife + desde los muros, al levante, vaga, + coronada de niebla se veia + como un siniestro aterrador fantasma. + Aun léjos de ella, sobre el mar inquieto, + á toda vela un barco se alejaba, + y de sus remos la pujante fuerza + ayudaba del viento á la pujanza. + --¡A la playa!--con voz temblando en ira + el Rey prorumpe, y á la playa bajan; + se quedan los caballos en la arena, + el Rey y Ataide y los zenetes saltan + á una larga y fortísima almadía, + que las agudas velas desplegadas, + el arraez atento al gobernalle, + la chusma al remo en las salientes bandas, + su bandera de rey enarbolando, + del barco de Jucef se pone en caza; + crecen las sombras y la bruma crece; + las olas, cual montañas, se levantan + rodando en turbillon, rugiendo horribles + al formidable empuje de la racha; + crujen atormentadas las maderas, + saltan silbando las forzadas jarcias, + y el Rey, que se mantiene en la crujía, + Ataide al lado, que agoniza y calla, + el Rey, que sin pavor mira la furia + del viento y de las olas encrespadas, + grita con ronca voz:--¡Cargad las velas! + ¡á la chusma azotad! ¡la fuerza brava + venced del mar y el viento! ¡avante, avante, + que ese infame traidor se nos escapa!-- + Y tanto reman, tanto maniobran, + que al fin la nave de Jucef alcanzan, + y los enormes ganchos de abordaje + en ella aferran y su mura asaltan; + como una tromba los zenetes entran, + cuanto á su paso encuentran desbaratan, + y al castillo de proa el Rey acude, + donde Jucef, inmóvil, se levanta. + Una mujer, que doblegada llora, + cuya flotante vestidura blanca + se señala en la sombra, ante él se mira + de feroces esclavos rodeada. + --¡Leila!--con voz de angustia Ataide grita. + --¡Tuya en la eternidad!--llorando exclama + la mísera doncella.--El Rey, airado, + llega á Jucef, y con la voz que manda + segura del respeto y la obediencia: + --¡Dame á Leila en el punto--dice--ó guarda! + Se estremece Jucef y en voz horrenda + prorumpe en su furor:--¡La infame al agua!-- + Y se oye un grito de terror que hiela, + sobre la mura, despedida salta + una blanca figura que la ola + en su espumosa cresta coge avara. + Se demuda Ismail, silba su acero + arrancado con furia de la vaina, + y en el instante mismo la cabeza + de Jucef, de su tronco cercenada + por el terrible golpe, de la proa + rebota horrible y á la mar se lanza: + y Ataide, de dolor desesperado, + del castillo se arroja, la mar gana, + y allí á donde una blanca vestidura + sobre las ondas flota, ansioso nada; + sus esfuerzos redobla, avanza, llega, + y la cabeza de Jucef le aparta, + chocando en su cabeza, y siempre y siempre + que domina su vértigo y mar gana, + para llegar á Leila, formidable + la cabeza cruel lo estorba airada. + Leila, al fin, desparece entre las olas; + Ataide, loco de dolor, desmaya, + enervados sus miembros se entorpecen + y las olas horrísonas le tragan. + Desaferrada en tanto la almadía + por salvar á los náufragos avanza; + monta las olas y á la fin se encuentra + en frente de la roca en que, irritada, + rompe la mar con fragoroso estruendo, + y hasta la gruta sus espumas lanza. + Con asombro del Rey y de los suyos + la gruta gigantesca iluminada + por lívido fulgor fosforescente + se muestra, y de hermosura sobrehumana + esplendorosa, Leila, ansiosa gira, + buscando á Ataide que incesante vaga + en el pálido ambiente, y que angustioso + de amor, de espanto y de dolor en ansia + á ella tiende los brazos, que le mira + la rubia cabellera destrenzada, + y los brazos le tiende, y siempre y siempre + que se aproximan, en su giro, rauda, + revolviendo sus ojos infernales + la sangrienta cabeza los separa. + Al ver esta vision la frente humilla + el creyente Ismail, y en voz ahogada: + --¡Dios solo--dice--sabe los misterios + que en el humano corazon se guardan! + ¡Él solo sabe lo que estaba escrito! + ¡Él sus criaturas, ó condena, ó salva! + ¡Infierno del amor, de tí me aparto! + ¡que Dios tenga piedad de esas tres almas! + + + XV. + + Y el Rey contó la tradicion sombría + de la espantosa roca, que áun se guarda, + y que en los bellos cuentos de la costa + áun el INFIERNO DEL AMOR se llama. + + + FIN. + +PRECIO: +Una peseta en toda España. + + + + + +End of Project Gutenberg's El infierno del amor, by Manuel Fernández González + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EL INFIERNO DEL AMOR *** + +***** This file should be named 28978-8.txt or 28978-8.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + https://www.gutenberg.org/2/8/9/7/28978/ + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at https://www.pgdp.net (This book was +produced from scanned images of public domain material +from the Google Print project.) + + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. 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It exists +because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from +people in all walks of life. + +Volunteers and financial support to provide volunteers with the +assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg-tm's +goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will +remain freely available for generations to come. In 2001, the Project +Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure +and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations. +To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation +and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4 +and the Foundation web page at https://www.pglaf.org. + + +Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive +Foundation + +The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit +501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the +state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal +Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification +number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at +https://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg +Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent +permitted by U.S. federal laws and your state's laws. + +The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S. +Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered +throughout numerous locations. Its business office is located at +809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email +business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact +information can be found at the Foundation's web site and official +page at https://pglaf.org + +For additional contact information: + Dr. Gregory B. Newby + Chief Executive and Director + gbnewby@pglaf.org + + +Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg +Literary Archive Foundation + +Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide +spread public support and donations to carry out its mission of +increasing the number of public domain and licensed works that can be +freely distributed in machine readable form accessible by the widest +array of equipment including outdated equipment. Many small donations +($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt +status with the IRS. + +The Foundation is committed to complying with the laws regulating +charities and charitable donations in all 50 states of the United +States. 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Thus, we do not necessarily +keep eBooks in compliance with any particular paper edition. + + +Most people start at our Web site which has the main PG search facility: + + https://www.gutenberg.org + +This Web site includes information about Project Gutenberg-tm, +including how to make donations to the Project Gutenberg Literary +Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to +subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks. diff --git a/28978-8.zip b/28978-8.zip Binary files differnew file mode 100644 index 0000000..59bb5b6 --- /dev/null +++ b/28978-8.zip diff --git a/28978-h.zip b/28978-h.zip Binary files differnew file mode 100644 index 0000000..2139f25 --- /dev/null +++ b/28978-h.zip diff --git a/28978-h/28978-h.htm b/28978-h/28978-h.htm new file mode 100644 index 0000000..62ecdff --- /dev/null +++ b/28978-h/28978-h.htm @@ -0,0 +1,3125 @@ +<!DOCTYPE html PUBLIC "-//W3C//DTD XHTML 1.0 Strict//EN" + "http://www.w3.org/TR/xhtml1/DTD/xhtml1-strict.dtd"> + +<html xmlns="http://www.w3.org/1999/xhtml" lang="es" xml:lang="es"> + <head> + <meta http-equiv="Content-Type" content="text/html;charset=iso-8859-1" /> + <title> + The Project Gutenberg eBook of +El infierno del amor, por Manuel Fernández y González. + </title> + <style type="text/css"> + p {margin-top: .75em; + text-align: justify; + margin-bottom: .75em; + } + p.ind {margin-left:35%;} + p.ind2 {margin-left:30%;} + p.ind3 {margin-left:25%;} + p.linea {font-size:35%;font-weight:900;text-align:center;text-indent:0%;} + div.quote {margin-left:25%;margin-right:25%;} + .c {text-align: center; + text-indent: 0%; + } + .r {text-align: right;} + h1 {font-size:275%; + text-align: center; + clear: both; + } + h3 {margin-top:15%; + text-align: center; + clear: both; + } + .top5 {margin-top: 5%;} + .top15 {margin-top: 15%;} + hr { width: 90%; + margin: 2em auto 2em auto; + clear: both; + color:black; + } + hr.full { width: 100%; + margin-top: 5%; + margin-bottom: 5%; + border: solid black; + height: 5px; } + body{margin-left: 10%; + margin-right: 10%; + background:#fdfdfd; + color:black; + font-family: "Times New Roman", serif; + font-size: large; + } + p.madrid {font-size:60%;text-align: center; + text-indent: 0%;margin-top: 15%;} + a:link {background-color: #ffffff; color: blue; text-decoration: none; } + link {background-color: #ffffff; color: blue; text-decoration: none; } + a:visited {background-color: #ffffff; color: blue; text-decoration: none; } + a:hover {background-color: #ffffff; color: red; text-decoration:underline; } + .smcap {font-variant: small-caps; + font-family: "Times New Roman", serif; + font-size: large; + } + </style> + </head> +<body> + + +<pre> + +Project Gutenberg's El infierno del amor, by Manuel Fernández González + +This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with +almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + + +Title: El infierno del amor + leyenda fantastica + +Author: Manuel Fernández González + +Release Date: May 27, 2009 [EBook #28978] + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EL INFIERNO DEL AMOR *** + + + + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at https://www.pgdp.net (This book was +produced from scanned images of public domain material +from the Google Print project.) + + + + + + +</pre> + +<hr class="full" /> + +<p class="c top15"><b>MANUEL FERNÁNDEZ Y GONZÁLEZ.</b></p> + +<p class="linea">/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\</p> + +<h3>EL INFIERNO</h3> + +<h1>DEL AMOR.</h1> + +<p class="c"><b>LEYENDA FANTASTICA.</b></p> + + + +<p class="c top15">MADRID:<br /> +<b>GASPAR, EDITORES</b><br /> +4, PRÍNCIPE, 4.<br /> +———<br /> +1884.<br /> +</p> + +<p class="madrid"><span style="text-decoration:overline;">MADRID, 1884.—Establecimiento tipográfico de los Sucesores de Rivadeneyra</span><br /> +Impresores de la Real Casa.—Paseo de San Vicente núm. 20.</p> + +<p class="linea top15">\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\//\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\</p> + + +<h3>AL JOVEN ATENEISTA<br /> +DON MANUEL LOPEZ ARZUBIALDE.</h3> +<p class="linea top5">\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\//\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\</p> + +<div class="quote"> +<p class="top5"><i><span style="margin-left: 2em;">Mi</span> querido amigo: Leyendo lo que yo he +escrito para mi velada del Ateneo, en el presente +año, ha colaborado usted conmigo, dando +á mis versos la sonoridad, que yo, por mis +años y por mis achaques, no hubiera podido +darles; gracias, muchas gracias, y considere +usted que al dedicarle este trabajo precipitado, +hecho durante una dolorosa enfermedad, +lo hago, más que como otra cosa, como una +sincera manifestacion de afecto.</i></p> + +<p class="r">Manuel Fernández y González.</p> + +<p style="font-size:50%;">31 de Mayo de 1884.</p> + +</div> + + + + +<h3 class="top15">INTRODUCCION.</h3> + + +<p class="ind2 top5"> +<span style="margin-left: 6em;">I.</span> +<br /><br /> +<span style="margin-left: 1em;">El alma alentando la fe que la llena,</span><br /> +flotando en espacios de luz y armonía,<br /> +con habla sonora que blanda resuena,<br /> +mi musa, en sencilla veraz cantilena,<br /> +hermosas oyentes, su voz os envia;<br /> +Dios haga que ledas la péñola mia<br /> +honreis aceptando su fruto humildoso;<br /> +así la fortuna con signo dichoso<br /> +os dé largos años de amor y alegría.<br /> +<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;">II.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Yo soy de una tierra de eternos verjeles,</span><br /> +do en grutas sombrosas de altivos laureles<br /> +se aspira la gloria del nombre español;<br /> +do corren las fuentes por cauces de flores,<br /> +do vagan rientes graciosos amores,<br /> +do brilla cual oro la lumbre del sol.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Do alienta la vírgen de tez africana</span><br /> +de espíritu ardiente, cual lava que emana<br /> +del cráter profundo de hirviente volcan,<br /> +la luz en la frente del alba serena,<br /> +el fuego en los ojos que al alma enajena<br /> +en dulce mirada de lánguido afan;<br /> +el seno que alienta potente latido,<br /> +que inquieto, al impulso del fuego escondido,<br /> +el alma revela que sueña el amor;<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">la leve sonrisa del labio hechicero</span><br /> +que fresco y purpúreo ya exhala agorero<br /> +un triste gemido de vago dolor;<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">la planta que leve las flores no mata;</span><br /> +la crencha sedosa que el viento desata<br /> +y rico perfume difunde al flotar;<br /> +la dulce morena de acento suave,<br /> +gacela que trisca, fantástica ave<br /> +que el alma adormece con blando cantar;<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">magnolia en que toma su esencia la brisa,</span><br /> +suspiro del cielo, divina sonrisa<br /> +del ángel que guarda la dicha sin fin;<br /> +hurí que en los sueños vagó de Mahoma;<br /> +arcángel humano que esconde en su loma<br /> +velado por flores el alto Albaicin.<br /> +<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;">III.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">¡Granada, mi Granada! yo soy tu peregrino</span><br /> +que vago en lo pasado, buscando gloria y fe:<br /> +yo tengo entre sepulcros abierto mi camino,<br /> +é impúlsame potente la mano del destino,<br /> +á recibir aliento de lo que grande fué.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Al rayo de la luna que cruza solitaria</span><br /> +del infinito espacio por la region azul,<br /> +yo elevo á los que fueron mi lánguida plegaria,<br /> +y rompe de sus tumbas la losa funeraria<br /> +el canto que suspira gimiendo mi laud.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Y villas olvidadas que muestran sus almenas,</span><br /> +levántase á mis ojos la vieja catedral,<br /> +recobran sus escombros aljamas sarracenas,<br /> +y resonar escucho las ásperas cadenas<br /> +al desplomarse el puente de torre señorial.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Un mundo, que ya es polvo, se eleva en torno mio,</span><br /> +un pueblo, que ya es sombra, me signe por do quier,<br /> +y del presente, pobre, descolorido y frio,<br /> +los soñolientos ojos aparté con hastío,<br /> +buscando las grandezas del olvidado ayer.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Yo soy cantor de glorias; las hadas me han contado</span><br /> +leyendas prodigiosas que yo te cantaré:<br /> +yo soy tu bardo errante de sueños coronado:<br /> +yo arrancaré á las sombras de su sepulcro helado,<br /> +y voz, y aliento, y vida, potente les daré.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">¡Granada, mi Granada! aportillada y rota,</span><br /> +hundidos tus alcázares, desierto tu Albaicin,<br /> +ni tu pendon bermejo en Bib-Arrambla flota<br /> +ni en tus marciales fiestas ondula la marlota<br /> +del lidiador zenete ó el fiero mogrebin.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Pasaron, y con ellos tus zambras, tus cantares,</span><br /> +tus damas, escondidas en el celoso haren,<br /> +de encantos y proezas tus cuentos singulares,<br /> +tus amorosas pláticas en rejas y alfeizares,<br /> +y en la callada noche los sueños de tu eden.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Pasaron; fiera, altiva, su incontrastable garra</span><br /> +ascética, terrible, en tí clavó la cruz,<br /> +y tu gemido triste, que el corazon desgarra,<br /> +sin recordar tu pena, al són de su guitarra,<br /> +en la doliente <i>caña</i>, repite el andaluz.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">¡Granada, mi Granada! fantástica leyenda</span><br /> +de amor y desventura hoy tengo para tí;<br /> +concede al amor mio que de ella te haga ofrenda<br /> +y un beso de tu boca que, mágico, en mí encienda<br /> +la inspiracion ardiente que un tiempo te debí.<br /> +</p> + +<p class="linea top15">\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\//\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\</p> + + +<h3>PRIMERA PARTE.</h3> + + +<p class="linea top15">\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\//\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\</p> + + +<p class="ind top15"><span style="margin-left: 4em;">I.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">En una calle</span><br /> +que tortuosa<br /> +con sus aleros<br /> +la luz estorba;<br /> +medrosa y lúgubre<br /> +cuando las sombras<br /> +de la alta noche<br /> +la envuelven lóbregas,<br /> +calle que llaman<br /> +de la Almanzora,<br /> +en la opulenta<br /> +rica paloma<br /> +de las ciudades,<br /> +que el nombre roba<br /> +á la Granada<br /> +que la blasona,<br /> +hay una casa,<br /> +que hoy se desploma,<br /> +cuyas paredes<br /> +el viento azota,<br /> +la lluvia inunda<br /> +y el sol empolva;<br /> +abandonada<br /> +se desmorona,<br /> +los jaramagos<br /> +en ella brotan<br /> +y entre ruinas<br /> +doliente asoma<br /> +el arco bello<br /> +que un tiempo alcoba<br /> +fué de la linda<br /> +Leila la Horra.<br /> +</p> + +<p class="ind2 top5"><span style="margin-left: 4em;">II.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">En otros tiempos remotos,</span><br /> +dolor de la gente mora,<br /> +que de Granada recuerda<br /> +la prepotencia y la gloria,<br /> +aquella casa, hoy hundida,<br /> +alcázar fué y noble joya<br /> +de bravos Benimerines,<br /> +noble linaje que goza<br /> +por sus preclaras hazañas<br /> +alto renombre en la historia.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Ben-Jucef el Meriní,</span><br /> +de aquella casa que doran<br /> +la opulencia y la grandeza,<br /> +es el sostén y la honra,<br /> +y su luz y su delicia<br /> +es Leila la encantadora,<br /> +la de los negros luceros,<br /> +la de la faz majestosa,<br /> +la de los cabellos de oro,<br /> +la de la purpúrea boca,<br /> +la de la ebúrnea garganta,<br /> +la del talle de diosa,<br /> +la del seno palpitante,<br /> +la altiva, la que enamora<br /> +al que su belleza mira<br /> +si el céfiro la destoca,<br /> +ó al que su cantar escucha<br /> +en la noche silenciosa,<br /> +si al pié de sus miradores<br /> +pasa por su mal ó ronda.<br /> +Por pudorosa y honesta<br /> +la llaman Leila la Horra,<br /> +y tambien Leila la Hijara<br /> +porque su pecho es de roca:<br /> +y ella, el amor ignorando,<br /> +de su adolescencia goza,<br /> +como el naciente capullo<br /> +que áun no desplegó sus hojas.<br /> +</p> + +<p class="ind top5"> +<span style="margin-left: 4em;">III.</span><br /> +<br /> +Pero llegó muy presto<br /> +<span style="margin-left: 1em;">su edad florida,</span><br /> +pasó su adolescencia<br /> +<span style="margin-left: 1em;">dulce y tranquila,</span><br /> +<span style="margin-left: 1em;">y los insomnios</span><br /> +encendieron en fiebre<br /> +<span style="margin-left: 1em;">sus bellos ojos.</span><br /> +<br /> +Si ántes era una rosa<br /> +<span style="margin-left: 1em;">por linda y fresca,</span><br /> +es ya la triste niña<br /> +<span style="margin-left: 1em;">blanca azucena,</span><br /> +<span style="margin-left: 1em;">que sufre y llora,</span><br /> +y lágrimas y penas<br /> +<span style="margin-left: 1em;">la descoloran.</span><br /> +<br /> +Y aunque el viejo la guarda<br /> +<span style="margin-left: 2em;">como un tesoro,</span><br /> +de las miradas torpes<br /> +<span style="margin-left: 2em;">de avaros ojos,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">y celosías</span><br /> +no dejan ver su encanto<br /> +<span style="margin-left: 2em;">que el sol codicía;</span><br /> +<br /> +y aunque esclavos feroces<br /> +<span style="margin-left: 2em;">y muros densos,</span><br /> +á audacias de galanes<br /> +<span style="margin-left: 2em;">ponen respeto,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">ama la hermosa,</span><br /> +que no hay puertas ni muros<br /> +<span style="margin-left: 2em;">que amor no rompa.</span><br /> +<br /> +Nace en la ardiente vida<br /> +<span style="margin-left: 2em;">y allí se esconde,</span><br /> +que el alma tiene el gérmen<br /> +<span style="margin-left: 2em;">de los amores,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">y comprimidos,</span><br /> +se exhalan misteriosos<br /> +<span style="margin-left: 2em;">en los suspiros.</span><br /> +<br /> +</p> + +<p class="ind2 top5"> +<span style="margin-left: 5em;">IV.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Y tales los de Leila se exhalaron,</span><br /> +tan apenados, tan profundos fueron,<br /> +tan claro al padre su dolor contaron,<br /> +que sus fieras entrañas abrasaron<br /> +y su altivez indómita rindieron.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">—«¡Ah de la vida y su tormenta brava!—</span><br /> +siniestro el xeque murmuró, y sombrío:—<br /> +¡Surge á la luz la mariposa esclava,<br /> +el dormido volcan revienta en lava,<br /> +el arroyuelo se convierte en rio!»<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Y tembló: formidable en su memoria</span><br /> +se alzó horrible, cual lúgubre agonía,<br /> +cual tremenda vision expiatoria,<br /> +la infinita amargura de su historia,<br /> +dolor tras de dolor, dia por dia.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">¿Dónde estaban los lauros triunfadores</span><br /> +que arrancó de las lides su pujanza?<br /> +¿Dónde sus horas plácidas de amores?<br /> +¿Dónde las tiernas, las fragantes flores,<br /> +sér de su sér y luz de su esperanza?<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">El ciego incontrastable torbellino</span><br /> +rugiente se abatió sobre su casa,<br /> +cual fuego intenso, destructor, sanguino,<br /> +que al soplo misterioso del destino<br /> +deja luto y horror por donde pasa.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Sus mujeres las frentes doblegaron,</span><br /> +sus hijos en sus cunas se extinguieron,<br /> +los años con su peso le agobiaron,<br /> +y ya débil en brazo, se agostaron<br /> +los altos lauros que su faz ciñeron.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Todo perdido en sueños de agonía</span><br /> +y en el delirio del dolor flotaba;<br /> +todo en su corazon rugiente hervia,<br /> +y Leila sólo á su afanar reia<br /> +y con su dulce amor le consolaba.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">¡Y ella tambien, el último tesoro,</span><br /> +la flor preciada de esplendor naciente,<br /> +ya en los ojos de luz acerbo el lloro,<br /> +y los reflejos de sus trenzas de oro<br /> +como nimbo fatal en su alba frente!<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">—«¡Oh santo Allah!—las ansias exclamaron</span><br /> +del postrado Jucef:—¡Oh Dios sombrío!—<br /> +y en sus ojos las lágrimas brotaron,<br /> +y por su blanca barba resbalaron<br /> +cual trasparentes gotas de rocío.<br /> +<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;">V.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">¿Por qué su maldicion? Pasan los años,</span><br /> +pero no pasan nunca las memorias,<br /> +que en la conciencia ennegrecida encienden<br /> +siniestra luz entre la oscura sombra.<br /> +No, de la infamia el torcedor recuerdo<br /> +nunca el dolor y la vergüenza borran;<br /> +nunca de la crueldad la horrenda imágen<br /> +el sentimiento conturbado ahoga,<br /> +ni el crímen de brutales apetitos<br /> +en las alas del tiempo se evapora.<br /> +¿Qué fué de aquella triste, profanada<br /> +entre el horror de noche tormentosa,<br /> +al resplandor del implacable incendio<br /> +que las cabañas míseras devora,<br /> +muertos los padres, los hermanos muertos,<br /> +al pié de la tajada escueta roca<br /> +que vecina á la playa de Almuñécar,<br /> +eternas baten las inquietas olas?<br /> +Ellas, subiendo, largas se llevaron,<br /> +léjos, muy léjos, las cenizas rojas;<br /> +ellas, envueltas en su hirviente espuma,<br /> +al fondo de la gruta tenebrosa<br /> +lanzaron los cadáveres, y el alba<br /> +cuando, indecisa, esclareció la costa,<br /> +no encontró los vestigios miserables<br /> +de la infame tragedia pavorosa.<br /> +Pero no borró el mar de igual manera<br /> +en Jucef el recuerdo, que no hay onda<br /> +que lave la conciencia y que se lleve<br /> +lo que al hinchado corazon sofoca,<br /> +lo que en el alma perdurable grita,<br /> +lo que eterno ante Dios sangriento llora.<br /> +Y por eso Jucef del mirab santo<br /> +la blanca piedra con la frente choca,<br /> +y ruega á Allah con llanto de agonía<br /> +perdone, al ménos á su Leila hermosa.<br /> +<br /> +</p> + +<p class="ind top5"> +<span style="margin-left: 4em;">VI.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Pero como Dios no oye</span><br /> +á los réprobos, y el llanto<br /> +de Jucef mojaba inútil<br /> +las losas del santuario,<br /> +y el semblante entristecido<br /> +de Leila más y más pálido<br /> +se mostraba, y más sus ojos<br /> +ardientes, febriles, lánguidos,<br /> +el cuidado paternal<br /> +por ciego dió en el engaño.<br /> +No vió que el amor es vida<br /> +cuando anhela un sér soñado,<br /> +y anhelándolo le goza,<br /> +y se sublima esperándolo.<br /> +Creyó que la helada muerte<br /> +ya alzaba el horrible brazo<br /> +sobre la rubia cabeza<br /> +que era su vida y su encanto,<br /> +y viendo que Dios no oia<br /> +sus ruegos, se volvió al diablo,<br /> +con la rabiosa esperanza<br /> +del que está desesperado.<br /> +La casa, hasta entónces triste,<br /> +de Jucef ardió en saraos,<br /> +en zambras y en regocijos,<br /> +y entre el giro acompasado<br /> +de indolentes bayaderas,<br /> +resonó sentido y largo,<br /> +como el suspiro del viento<br /> +de la palma en el penacho,<br /> +al compás de guzlas de oro,<br /> +el melancólico canto<br /> +del desierto, que suspira<br /> +el beduino cansado,<br /> +que sigue á la caravana<br /> +en sus amores soñando.<br /> +En Bib-Arrambla hubo justas,<br /> +cañas, sortijas y bravos<br /> +toros de Ronda, en que, audaces,<br /> +sus rejoncillos quebraron<br /> +caballeros de gran prez,<br /> +que ambicionaban el tálamo<br /> +de la incomparable Leila;<br /> +y aunque el mismo Rey, lanzado<br /> +á la arena y vencedor<br /> +en su triunfo confiando,<br /> +del airon de grana y oro,<br /> +con gran peligro arrancado<br /> +de la cerviz de una fiera,<br /> +á sus piés la hizo regalo,<br /> +al agradecerlo ella<br /> +lo dijo con tal desmayo,<br /> +que harto claro se entiende<br /> +lo inútil del agasajo.<br /> +Al fin ya de todo punto<br /> +loco Jucef é insensato<br /> +hizo venir de Marruecos,<br /> +en fuertes jaulas cerrados,<br /> +seis viejos leones rojos<br /> +para en la vega soltarlos,<br /> +y probar si en la árdua caza<br /> +algun galan abrasado<br /> +por los encantos de Leila<br /> +lograba al fin el milagro<br /> +de hacerse amar de la hermosa<br /> +por gentil y por bizarro,<br /> +que aquel que embiste á leones<br /> +por lograr un fin ansiado,<br /> +para no amarle es forzoso<br /> +tener corazon de mármol.<br /> +<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 4em;">VII.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">El dia va falleciendo,</span><br /> +en fúlgidos resplandores<br /> +se va el ocaso encendiendo,<br /> +y ya <i>las sombras mayores</i><br /> +de los montes van cayendo.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Sobre la cumbre nevada</span><br /> +del Veleta, sonrosada<br /> +por el rojo sol poniente,<br /> +alza la luna la frente<br /> +por nubecillas velada.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Por el ameno pensil</span><br /> +del soto corre el Genil<br /> +entre floridas riberas,<br /> +y las gallardas palmeras,<br /> +y la alameda gentil,<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">y en peñascos y en colinas</span><br /> +los nopales, las encinas,<br /> +responden en són amante<br /> +al beso fresco y errante<br /> +de las auras vespertinas.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Bajo la enramada espesa,</span><br /> +clara y profunda la presa<br /> +como un espejo se tiende,<br /> +y en blancos chorros desciende,<br /> +y en su murmurio no cesa.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Leve el humo en la alquería</span><br /> +revela el fuego que arde<br /> +en el hogar, y á porfía<br /> +dan las aves su armonía<br /> +á la oracion de la tarde.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Todo es fresco y perfumado,</span><br /> +la vega, el soto y el monte;<br /> +y el valladar azulado<br /> +de las sierras, anegado<br /> +en el distante horizonte,<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Para tener siempre á raya</span><br /> +al cristiano en la frontera,<br /> +porque ya la luz desmaya,<br /> +va previniendo la hoguera<br /> +en sus torres de atalaya.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Que en la tregua Alfonso afloja,</span><br /> +y ya blanden la cuchilla,<br /> +en las quebradas de Loja,<br /> +con gentes de la Cruz Roja,<br /> +los Infantes de Castilla.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">En tanto el sol apresura</span><br /> +su ocaso, y con largos brillos<br /> +en las cúpulas fulgura<br /> +de Granada, que en la altura<br /> +muestra sus fuertes castillos.<br /> +<br /> +</p> + +<p class="ind top5"> +<span style="margin-left: 3em;">VIII.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Por un sendero</span><br /> +que al soto baja<br /> +un bello jóven<br /> +gallardo avanza.<br /> +Al aire ondea<br /> +su toca blanca,<br /> +caftan le cubre<br /> +de burda lana,<br /> +su talle ciñe<br /> +revuelta faja<br /> +que el curvo alfanje<br /> +sostiene y guarda;<br /> +cubren sus piernas<br /> +rudas abarcas,<br /> +y el carcax lleno<br /> +de fuertes jaras,<br /> +y la ballesta<br /> +sobre la espalda,<br /> +y el cervatillo<br /> +que al hombro carga,<br /> +revelan, cierto,<br /> +que es pobre y caza,<br /> +y que cazando<br /> +su vida gana.<br /> +La res sangrienta<br /> +deja en la grama,<br /> +y en una piedra<br /> +que besa el agua,<br /> +se sienta y mira,<br /> +miéntras descansa,<br /> +absorto, inmóvil,<br /> +la faz nublada,<br /> +el sonoroso<br /> +raudal que canta,<br /> +y sobre el lecho<br /> +de piedras salta,<br /> +y allá se pierde,<br /> +y allá se escapa,<br /> +cual las mentidas<br /> +sombras livianas<br /> +de los ensueños<br /> +de la esperanza.<br /> +Tal vez Ataide,<br /> +que sufre y ama,<br /> +ve en la corriente,<br /> +pasando rápida,<br /> +su vida entera,<br /> +su vida ingrata,<br /> +en fugitivas<br /> +sombras fantásticas,<br /> +y en voz de llanto<br /> +doliente exclama:<br /> +«¡Ay vida triste!<br /> +¡Corriente amarga!»<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Sus negros ojos</span><br /> +lucientes lanzan<br /> +fulgores lúgubres,<br /> +siniestras ráfagas,<br /> +cual si en su seno,<br /> +con furia insana,<br /> +se revolviese<br /> +tormenta brava.<br /> +Hay negros dias<br /> +de horas menguadas<br /> +en que anochece<br /> +por la mañana.<br /> +Consigo traen<br /> +nubes de lágrimas<br /> +y el duro cierzo<br /> +que hiela el alma.<br /> +¡Desheredado<br /> +desde la infancia!<br /> +<br /> +Los años vienen,<br /> +corren, avanzan;<br /> +el niño es hombre,<br /> +la madre anciana,<br /> +y el raudal ciego<br /> +de la desgracia<br /> +siempre les dice<br /> +con voz aciaga:<br /> +«¡Ay vida triste!<br /> +¡Corriente amarga!»<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Hondos suspiros</span><br /> +Ataide exhala,<br /> +que un imposible<br /> +su sér abrasa,<br /> +y al dueño hermoso<br /> +que así le encanta<br /> +decir no puede<br /> +sus tristes ánsias;<br /> +que ella es orgullo,<br /> +prodigio y gala<br /> +de la hermosura,<br /> +la vírgen lánguida,<br /> +la de las ricas<br /> +trenzas doradas,<br /> +ojos de fuego,<br /> +frente de nácar,<br /> +la dulce niña,<br /> +la altiva dama,<br /> +Leila la Horra,<br /> +Leila la Hijara.<br /> +<span style="margin-left: 1em;">¡Él tan humilde,</span><br /> +y ella tan alta!<br /> +¿Su amor en donde<br /> +potentes alas<br /> +hallar pudiera<br /> +para alcanzarla?<br /> +Y el pobre mozo<br /> +por sus entrañas<br /> +siente que corre<br /> +hiel que le mata,<br /> +algo que horrible<br /> +su sér desgarra;<br /> +y en el gemido<br /> +de su garganta<br /> +decir parece<br /> +con voz ahogada:<br /> +«¡Ay vida triste!<br /> +¡Corriente amarga!»<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">La vió en las fiestas</span><br /> +de Bib-Arrambla,<br /> +resplandeciente<br /> +como una hada;<br /> +hada sombría<br /> +doliente y pálida.<br /> +¿Por qué tan rica,<br /> +tan codiciada,<br /> +de la hermosura<br /> +gentil sultana,<br /> +así insensible<br /> +y así postrada?<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">¿Por qué en el Coso,</span><br /> +quebrando cañas,<br /> +lidiando toros,<br /> +rompiendo lanzas,<br /> +cien caballeros<br /> +de gran prosapia,<br /> +que prez y orgullo<br /> +son de Granada,<br /> +deslumbradores<br /> +de ricas galas,<br /> +lucientes joyas,<br /> +bruñidas armas,<br /> +sobre fogosos<br /> +potros del Atlas,<br /> +que el Coso barren<br /> +con sus gualdrapas,<br /> +en las cuadrillas<br /> +giran, se travan,<br /> +como un torrente<br /> +de fuego pasan<br /> +junto al estrado<br /> +de la acuitada,<br /> +y sus preseas<br /> +ante sus plantas<br /> +ansiosos ponen,<br /> +sin que una vaga,<br /> +leve sonrisa<br /> +conmueva plácida<br /> +su hermosa boca,<br /> +ni en dulce llama<br /> +sus negros ojos<br /> +lucientes ardan?<br /> +¿Por qué tal pena,<br /> +desdicha tanta?<br /> +Y cual si el sueño<br /> +que á Ataide embarga<br /> +fuese un conjuro<br /> +que la evocára,<br /> +en los fulgores<br /> +raudos de plata<br /> +que á la corriente<br /> +la luna arranca,<br /> +Leila aparece<br /> +trasfigurada,<br /> +los negros ojos<br /> +ardiendo en llamas,<br /> +voraz sonrisa<br /> +mostrando avara,<br /> +suelta la luenga<br /> +crencha dorada,<br /> +que en su aureola<br /> +radiante baña<br /> +las maravillas<br /> +de su garganta,<br /> +sus curvos hombros,<br /> +su seno que alza<br /> +aliento inmenso<br /> +que gime y canta<br /> +y en poderoso<br /> +volcan estalla.<br /> +Leila le absorbe,<br /> +Leila le abarca<br /> +en el encanto<br /> +de su mirada,<br /> +Leila le expresa<br /> +cuantas fragancias,<br /> +cuantas ternuras<br /> +enamoradas,<br /> +las almas sienten<br /> +que se embriagan<br /> +en el misterio<br /> +que amor se llama.<br /> +Dura un momento<br /> +la vision mágica,<br /> +la onda en que flota<br /> +léjos la arrastra,<br /> +y Ataide dice<br /> +con voz que espanta:<br /> +—¡Hay vida triste!<br /> +¡Corriente amarga!<br /> +<br /> +</p> + +<p class="ind2 top5"> +<span style="margin-left: 4em;">IX.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Ya el crepúsculo en la noche</span><br /> +lentamente se va hundiendo;<br /> +con más esplendor la luna<br /> +brilla en el límpido cielo,<br /> +y en la inmensidad perdidos<br /> +resplandecen los luceros.<br /> +Es ya tarde: cuidadosa,<br /> +sin duda en ferviente rezo,<br /> +la infeliz Ayela aguarda<br /> +al hijo que es su consuelo,<br /> +su solo amor en el mundo,<br /> +su solo dolor acerbo.<br /> +De la piedra se alza Ataide<br /> +conmovido y macilento,<br /> +y sobre su res se inclina,<br /> +cuando un cavernoso estruendo,<br /> +atronador, formidable,<br /> +indescriptible, siniestro,<br /> +voz pavorosa de muerte,<br /> +que áun resonante á lo léjos<br /> +hiela la sangre de espanto,<br /> +pone de punta el cabello,<br /> +retemblar haciendo al soto<br /> +despierta aterrado al eco.<br /> +—¡Ah! ¡el leon!—Ataide exclama,<br /> +cuidadoso, mas sereno:—<br /> +¡el leon en montería,<br /> +el feroz divertimiento<br /> +que da á su doliente Leila<br /> +Aben Jucef el soberbio!<br /> +¿Mas por qué de las bocinas<br /> +no se percibe el acento,<br /> +ni los ardientes lelíes<br /> +de los ágiles monteros,<br /> +ni acorralando á la fiera<br /> +el ladrido de los perros?<br /> +¿Por qué esos rugidos suenan<br /> +solitarios y siniestros,<br /> +y la vega los repite<br /> +cual los repite el Desierto<br /> +cuando su rey vaga errante<br /> +de hambre y sed calenturiento.—<br /> +Cual respuesta pavorosa<br /> +se oyen gritos lastimeros<br /> +de mujer, gritos heridos,<br /> +insoportables, horrendos,<br /> +voz de espanto miserable<br /> +que pide amparo á los cielos,<br /> +y el escape redoblado<br /> +de un bruto que viene huyendo.<br /> +Y se acercan los rugidos,<br /> +los gritos son más intensos,<br /> +y ya se ven las centellas<br /> +que arrancan los cascos férreos<br /> +de los duros pedernales<br /> +en su escape turbulento.<br /> +—¡Santo Allah! ¡si fuese ella!—<br /> +exclama Ataide partiendo<br /> +como un rayo hácia el peligro,<br /> +de ansiedad henchido el pecho,<br /> +enardecido, magnífico,<br /> +ardientes los ojos fieros,<br /> +en el alma acariciando<br /> +de una esperanza el misterio,<br /> +y exclamando miéntras corre<br /> +más veloz y más intrépido:<br /> +—¡Ah, no! ¡que no sobrevengan<br /> +los altivos caballeros,<br /> +ni los monteros feroces,<br /> +ni los irritados perros!<br /> +¡Yo solo, yo, con tu amparo<br /> +Santo Allah, salvarla quiero!—<br /> +Al fin una blanca yegua,<br /> +impulsada por el vértigo,<br /> +cae sin vida en la rambla<br /> +agotado ya el aliento,<br /> +y soltando los estribos,<br /> +por buena dicha á buen tiempo,<br /> +queda una blanca figura<br /> +de pié, lanzando reflejos<br /> +de su rica pedrería,<br /> +que de la luna á los besos<br /> +irradia, cual los del sol,<br /> +deslumbradores destellos.<br /> +El leon avanza á saltos:<br /> +uno más para que hambriento<br /> +se cebe en su triste presa,<br /> +que inmóvil, resplandeciendo<br /> +más que por sus ricas joyas<br /> +de su beldad por lo inmenso,<br /> +parte el alma atribulada<br /> +entre el asombro y el miedo:<br /> +que la hace sentir Ataide<br /> +un inefable consuelo,<br /> +y el leon puede quitarle<br /> +lo que ya, sin comprenderlo,<br /> +siente en su sér conturbado<br /> +por un dulcísimo anhelo.<br /> +Suena un chasquido; una jara<br /> +hiere zumbando en el pecho<br /> +al leon, que se recoge,<br /> +y sus ijares batiendo<br /> +con la cola, rampa horrible<br /> +sobre su propio terreno,<br /> +la roja crencha erizada,<br /> +pavoroso, gigantesco:<br /> +sus fosforescentes ojos<br /> +muerte amenazan, y el suelo<br /> +con las garras formidables<br /> +cavando, ruge en el hueco.<br /> +De la vida ó de la muerte<br /> +es el solemne momento.<br /> +Por su amor engrandecido,<br /> +por él á todo resuelto,<br /> +olvidado de su madre,<br /> +viendo en su amor su universo,<br /> +Ataide al leon se arroja,<br /> +desnudo el tajante acero,<br /> +revuelto rápidamente,<br /> +el caftan al brazo izquierdo;<br /> +y resuena un grito herido,<br /> +un grito de horror supremo:<br /> +ella no ve más que un grupo<br /> +en que se agitan revueltos,<br /> +confundidos, hombre y fiera:<br /> +Ataide en círculo estrecho<br /> +se ciñe al leon, le evita,<br /> +al burlar su furor ciego<br /> +larga herida le produce,<br /> +y rápido revolviendo,<br /> +vuelve á burlarle y á herirle<br /> +y redobla su ardimiento,<br /> +siempre el caftan por escudo<br /> +y por ofensa el acero.<br /> +Á cada golpe que tira<br /> +le enrojece un chorro negro<br /> +de hirviente sangre que brota<br /> +de cien heridas á un tiempo;<br /> +y ella, extendidos los brazos,<br /> +de ansiedad y espanto trémulos,<br /> +agitado el corazon,<br /> +que quiere saltar del pecho,<br /> +más y más á Ataide siente<br /> +en el voraz pensamiento.<br /> +Al fin la tremenda lucha<br /> +cesa, profundo silencio<br /> +sucede á un postrer rugido<br /> +del monstruo espantable muerte;<br /> +y Leila, que ella es la dama,<br /> +mira á sus piés al mancebo,<br /> +y desmayada en sus brazos<br /> +se abandona sonriendo.<br /> +<br /> +</p> + +<p class="ind3 top5"> +<span style="margin-left: 5em;">X.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">—¡Alma, vida y amor del alma mia!—</span><br /> +exclamó Ataide los lucientes ojos<br /> +destellando una célica alegría;—<br /> +y Leila, trasportada, enloquecia,<br /> +trémulos de pasion los labios rojos.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">No era ya la dulcísima apenada</span><br /> +que el alma ansiosa, el corazon ardiento<br /> +del dolor, en las sombras anegada,<br /> +de una pena indecible é ignorada<br /> +sucumbia al durísimo tormento.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">El asombro, el delirio, la hermosura</span><br /> +de su alma vírgen, para amar nacida,<br /> +se exhalaban en ansia de ternura,<br /> +en explosion inmensa de ventura,<br /> +de amor supremo, de esplendente vida.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">¡Él! ¡era él! ¡su encanto, su consuelo,</span><br /> +su abrasada ambicion, su sér divino,<br /> +la sombra misteriosa de su anhelo<br /> +que de improviso desgarraba el velo<br /> +que envolvia su amor y su destino!<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Era su propio sér.—Ardiente, loca,</span><br /> +traspuesta é incitante la mirada,<br /> +mostraba en la entreabierta y dulce boca<br /> +cuanto el beso castísimo provoca,<br /> +desposorio del alma enamorada.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Sobresaltado, de delicias lleno,</span><br /> +á la presion de los amantes brazos,<br /> +á la desdicha y al temor ajeno,<br /> +su corazon del palpitante seno<br /> +pugnaba por saltar roto en pedazos.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">La rica, la opulenta pedrería</span><br /> +que su garganta deliciosa ornaba<br /> +y que la luna con envidia heria,<br /> +con ménos esplendor resplandecia<br /> +que el que en sus negros ojos fulguraba.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Y luégo, ansiosa, loca, delirante,</span><br /> +con acento infinito de dulzura,<br /> +seductora, vivífica, anhelante,<br /> +así exclamó exhalando la fragante<br /> +deliciosa pasion de su alma pura:<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">—¡Oh ensueño encantador del ansia mia!</span><br /> +¡fe de mi vida, hasta tenerte amarga!<br /> +¿por qué triste en tus ojos la agonía<br /> +áun causa espanto á la ventura mia,<br /> +por qué áun la pena del temor te embarga?<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">¿Temes que pobre, y yo de altiva cuna,</span><br /> +imposible y mortal nuestro amor sea?<br /> +cuando Dios de dos almas hace una,<br /> +ni el humano poder ni la fortuna<br /> +pueden romper lo que el Eterno crea.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Mayor ventura á nuestro amor no pidas;</span><br /> +¿no ves que Allah, en sus juicios misterioso,<br /> +para siempre ha enlazado nuestras vidas,<br /> +lanzando entre venturas bendecidas,<br /> +á la esposa en los brazos del esposo?—<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Y Leila su palabra entrecortaba,</span><br /> +y estremecida de placer gemia,<br /> +y hambrienta la belleza contemplaba<br /> +de Ataide, que en sus brazos la estrechaba<br /> +y de ansiedad y amor desfallecia.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">—¡Sígueme!—Ataide al fin con voz medrosa</span><br /> +y trémula exclamó;—de la montaña<br /> +en el seno selvático, gozosa,<br /> +correrá nuestra vida venturosa<br /> +bajo el techo de paz de la cabaña.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Por tí en los manantiales mi ballesta</span><br /> +la caza matará, rica en sabores;<br /> +espléndida en matices la floresta<br /> +por Dios bordada y al placer dispuesta,<br /> +cuando la pises tú, brotará flores.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Fresca sombra, sonora y perfumada,</span><br /> +el ardor mitigando del estío,<br /> +te ofrecerá del huerto la enramada<br /> +blando lecho la grama regalada,<br /> +límpido baño el murmurante rio.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Sus auras la galana primavera</span><br /> +perfumará en la magia de tu encanto<br /> +difundiendo en el monte y la ladera<br /> +en lánguida cadencia y hechicera,<br /> +el suspiro ardoroso de tu canto.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Y en las veladas del invierno frio,</span><br /> +en el hogar, alcázar del contento,<br /> +zumbando fuera el huracan bravío,<br /> +yo gozaré tu amor, tú el amor mio,<br /> +junto á la alegre llama del sarmiento.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">¡Oh, vén conmigo, vén, luz de mi vida,</span><br /> +alma de fuego para amar creada<br /> +y áun en el mismo infierno bendecida!<br /> +¡ah, no mates por Dios, mi alma querida,<br /> +el alma triste á amarte consagrada!<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Deja ese mundo vano y mentiroso</span><br /> +correr tras la ambicion que engendra el crímen,<br /> +ese mundo de lágrimas ansioso,<br /> +que no sabe ser grande y venturoso<br /> +sin gozar el dolor de los que gimen.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Sígueme, vén, pues que el Señor, clemente,</span><br /> +en el fuego de amor unirnos quiso,<br /> +y el arduo monte, el mugidor torrente,<br /> +el dulce valle y la sonora fuente<br /> +serán nuestro encantado paraíso.—<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Y anhelante calló.—La contemplaba</span><br /> +muriendo de ansiedad, y cual tesoro<br /> +que de su amante corazon brotaba<br /> +sangre del alma, largo resbalaba<br /> +por sus mejillas pálidas el lloro.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">—¡Oh adorado señor!—enloquecida</span><br /> +Leila exclamó, resplandeciente en fuego:—<br /> +humilde, á tu mandato sometida,<br /> +sin otro bien que tú para mi vida,<br /> +¿cómo negarme á tu anhelante ruego?<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">¡Mira, atiende, señor! tan tuya soy,</span><br /> +tal te idolatra el pensamiento loco,<br /> +á tu merced tan entregada estoy,<br /> +que del amor que á tu delirio doy<br /> +para decir lo inmenso todo es poco.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Pero ¿por qué me pides que envilezca</span><br /> +del noble viejo las altivas canas,<br /> +que su terrible maldicion merezca,<br /> +si para que tu raza se ennoblezca<br /> +tienes allí las huestes castellanas?—<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Y Leila, altiva, grande, destellando</span><br /> +el ínclito esplendor de su linaje,<br /> +el brazo eburneo á Loja amenazando,<br /> +así inspirada prosiguió exclamando,<br /> +resplandeciente de valor salvaje:<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">—¡De mi amor, de tu fe, todo lo espera!</span><br /> +¿no ves el monte oscuro allá perdido<br /> +que guarda de Granada la frontera?<br /> +¡bravo por mí levanta una bandera,<br /> +vuelve á buscar mi amor ennoblecido!—<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Se irguió Ataide magnífico, esplendente,</span><br /> +de amor y de bravura trasportado,<br /> +y tendiendo su brazo al Occidente,<br /> +así exclamó en acento prepotente<br /> +por Leila y por la gloria arrebatado:<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">—¡Infantes de Castilla jactanciosos,</span><br /> +rey Adfun el rumy, que el fuerte muro<br /> +acechais de Granada cautelosos,<br /> +al logro de mis sueños venturosos<br /> +iré por vuestra sangre, yo os lo juro!<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">—¡Toma de mis alhajas el tesoro—</span><br /> +Leila le interrumpió;—gente esforzada<br /> +á sueldo toma, derramando el oro;<br /> +haz que brille en la lid el nombre moro,<br /> +corre la tierra infiel en algarada!<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">—¡Tus joyas no, porque en el logro fies—</span><br /> +exclamó Ataide—de mi noble empresa,<br /> +me bastan de la sierra los monfíes,<br /> +feroces cual los fuertes jabalíes<br /> +que se abren paso entre la jara espesa!<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">—¡Los monfíes! ¡fatídicos agüeros—</span><br /> +dijo Leila;—¿qué empresa enaltecida<br /> +se puede acometer con bandoleros?<br /> +—Ellos—exclamó Ataide—saben fieros<br /> +causar la muerte y despreciar la vida.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Ganarán el perdon de su delito</span><br /> +por Dios y el rey triunfando en la pelea.<br /> +—¡Dios sólo es vencedor! ¡estaba escrito!—<br /> +Leila exclamó.—¡Señor de lo infinito,<br /> +tu santa voluntad cumplida sea!<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Y alzó los ojos, desolada, al cielo,</span><br /> +como buscando amparo en el altura;<br /> +cual si un horrible apenador recelo<br /> +de su amor y su encanto tras el velo<br /> +la hiciese presentir la desventura.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">De improviso sus ojos irradiaron</span><br /> +un rápido fulgor vago y sombrío,<br /> +atentos al Oriente se tornaron,<br /> +y trémulos sus labios exclamaron,<br /> +con acento á la par triste y bravío:<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">—¡Ah! ¡en mi busca se acercan! ¡huye! ¡véte!</span><br /> +¿no escuchas el rumor vago y perdido<br /> +que crece, que se acerca, que arremete,<br /> +de la rauda carrera de un jinete<br /> +y de feroces perros el ladrido?<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Es mi padre sin duda: ¡si te hallára!</span><br /> +¡oh, tú no sabes su altivez cuán fiera!<br /> +¡de la espesura próxima te ampara!<br /> +¡ten compasion de mí, que me matára<br /> +si una sombra de duda concibiera!<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">—¿Y no he de verte?</span><br /> +<span style="margin-left: 10.5em;">—Sí.</span><br /> +<span style="margin-left: 12em;">—¿Cuándo?</span><br /> +<span style="margin-left: 16em;">—En la hora</span><br /> +del silencio y del sueño: ¡huye, bien mio!<br /> +—¿Y dónde te he de hallar?<br /> +<span style="margin-left: 13.5em;">—En la Almanzora:</span><br /> +yo en la reja estaré: ¡sálvate ahora!<br /> +¡líbrame del terror que siento impío!—<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Y de nuevo en abrazo tembloroso</span><br /> +sus agitados senos se juntaron,<br /> +y en un beso infinito, silencioso,<br /> +la amante esposa, el delirante esposo,<br /> +de nuevo el pacto de su amor sellaron.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Y ella le rechazó, que ya el estruendo</span><br /> +más cerca y más distinto se sentia;<br /> +y él, apenado, de dolor gimiendo,<br /> +rápido se alejó, despareciendo<br /> +por el lóbrego seno de la umbría.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Y olvidó su cervato, su ballesta</span><br /> +y su roto caftan de sangre rojo,<br /> +y Leila, ansiosa, de terror traspuesta,<br /> +—¡Que él se salve!—exclamó—¡yo estoy dispuesta!<br /> +¡Sálvame tú, Señor, que á tí me acojo!<br /> +<br /> +</p> + +<p class="ind top5"> +<span style="margin-left: 4em;">XI.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Á poco, fiero se mete</span><br /> +sobre un caballo lanzado<br /> +á rienda suelta, en el prado,<br /> +un fatídico jinete.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Deshecho su capellar,</span><br /> +al aire en desórden flota;<br /> +y de su roja marlota<br /> +el recrujiente ondear;<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">y la furia con que bate</span><br /> +los ijares del corcel,<br /> +desgarrándolos cruel<br /> +con el agudo acicate;<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">y el siniestro, el ronco grito</span><br /> +con que excita al corredor,<br /> +el aspecto aterrador<br /> +le dan de un genio maldito.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Fieros, el rastro siguiendo,</span><br /> +ante el rápido corcel,<br /> +vienen perros en tropel<br /> +ladrando, aullando, latiendo.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">La brava y leal jauría,</span><br /> +al ver á su dueña hermosa,<br /> +á ella corre presurosa<br /> +trasportada de alegría,<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">y el jinete, que refrena</span><br /> +al bruto con fuerte mano,<br /> +ansioso, anhelante, insano,<br /> +del arzon salta á la arena.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">—¡Hija!—al ver á Leila en pié,</span><br /> +llena de vida, radiante,<br /> +gritó el xeque delirante—<br /> +¿quién te salvó?<br /> +<span style="margin-left: 6em;">—No lo sé—</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">respondió Leila turbada</span><br /> +y presintiendo la ira<br /> +de su padre, á la mentira<br /> +por primera vez llevada;<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">que aunque sencillas alienten</span><br /> +la pureza y el candor,<br /> +para defender su amor<br /> +las mujeres, todas mienten.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">—¡No lo sabes! ¡Mas Dios santo!—</span><br /> +Jucef con fiera sorpresa<br /> +añadió—¿qué sangre es esa<br /> +en tu seno y en tu manto?<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Era la sangre traidora</span><br /> +que á Ataide bañado habia<br /> +del leon, que aparecia,<br /> +señalando, vengadora,<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">aquel abrazo de amor,</span><br /> +aquel delirio infinito;<br /> +y cual testimonio escrito,<br /> +indudable, acusador,<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">y cual señal de una afrenta,</span><br /> +en la blanca vestidura,<br /> +marcada su huella impura,<br /> +dejó una mano sangrienta.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">—¿Por qué, si no estás herida,</span><br /> +si al leon no te acercaste—<br /> +gritó Jucef—te manchaste?<br /> +—¡No lo sé! Desvanecida<br /> +<span style="margin-left: 1em;">por el terror.....</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;">—¡El terror!</span><br /> +¡y el infame á quien debiste<br /> +la vida, y al que ni áun viste,<br /> +cobró su precio en mi honor!<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">—¡Oh padre! ¡no te comprendo!—</span><br /> +relevando la cabeza<br /> +dijo Leila con fiereza.<br /> +—¡Que no me entiendes! ¡Mintiendo<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">tu torpe maldad aumentas!—</span><br /> +el xeque exclamó con furia.—<br /> +¡Estoy leyendo la injuria<br /> +en estas manos sangrientas!<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">—¡Injuria, no!—pudorosa</span><br /> +dijo Leila, en su bravura<br /> +aumentando su hermosura<br /> +hasta hacerla portentosa.—<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">¡Injuria! ¡Dios me maldiga</span><br /> +si yo te ofendí, señor;<br /> +que con espanto y horror<br /> +su maldicion me persiga!—<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Y demudado el semblante,</span><br /> +deslumbradores los ojos,<br /> +ardientes los labios rojos,<br /> +alto el seno palpitante,<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">trasportada, poderosa,</span><br /> +más y más resplandeciente,<br /> +alzaba su pura frente<br /> +de candor esplendorosa.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">En sus órbitas rodaron</span><br /> +los ojos del xeque fiero;<br /> +su diestra el brazo hechicero<br /> +que las Gracias modelaron<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">asió con fuerza brutal,</span><br /> +y doblegando á la triste<br /> +exclamó;<br /> +<span style="margin-left: 4em;">—Si no mentiste;</span><br /> +si la humillante señal<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">de los brazos de un insano,</span><br /> +que atreviéndose á mi honor<br /> +aprovechó tu pavor,<br /> +mienten tambien; si es en vano<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">de mi furor el recelo,</span><br /> +¿por qué en tus ojos fulgura<br /> +una inefable ventura,<br /> +una alegría del cielo?<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">¿por qué te miro trocada</span><br /> +de triste en resplandeciente?<br /> +¿es que tambien falaz miente<br /> +el amor en tu mirada?<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">—¡Oh padre!—en una explosion</span><br /> +Leila exclamó;—no tirano<br /> +pretendas romper insano<br /> +las leyes del corazon.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Si cual le vi le miráras,</span><br /> +por mí venciendo á una fiera,<br /> +tu gratitud le quisiera,<br /> +cual le amo yo, tú le amáras.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">—¿Por qué se oculta, y por qué</span><br /> +tú no me dices su nombre?<br /> +—No lo sé, ni hay que te asombre,<br /> +que del amor en la fe,<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">de la ventura en la calma,</span><br /> +el espíritu anhelante<br /> +no pregunta, goza amante:<br /> +¿tiene acaso nombre el alma?<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Y más no te he de decir,</span><br /> +aunque tu furor lo intente,<br /> +y aunque perezca inocente,<br /> +por mi amor sabré morir.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">—¡Ah, la osada rebeldía!—</span><br /> +exclamó el xeque, la mano<br /> +llevando, en su furia insano,<br /> +al puño de su gumía.—<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Su desventura midió</span><br /> +la triste, cerró los ojos,<br /> +y desplomada, de hinojos<br /> +ante su padre cayó.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">—¡No!—murmuró en un rugido</span><br /> +el xeque;—¡la muerte fuera<br /> +tu perdon! ¡más te valiera,<br /> +infame, no haber nacido!—<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Y despiadado, brutal,</span><br /> +del suelo la levantó,<br /> +con ella al corcel saltó,<br /> +partió como el vendaval;<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">sin ladridos la jauría</span><br /> +fué tras su fiero señor,<br /> +y á poco el postrer rumor<br /> +en la noche se perdia.<br /> +<br /> +<span style="font-size:70%;"><b>FIN DE LA +PRIMERA PARTE.</b></span></p> + + +<p class="linea top15">\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\//\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\</p> + +<h3>SEGUNDA PARTE.</h3> + +<p class="linea top15">\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\//\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\</p> + +<p class="ind3 top15"> +<span style="margin-left: 4em;">I.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">En la cumbre del Zenete,</span><br /> +que está mirando á la Alhambra<br /> +y á las dos torres Bermejas,<br /> +y á la Vega, que se ensancha<br /> +al Poniente, con sus rios,<br /> +que, como cintas de plata,<br /> +relucen entre la bruma<br /> +de la noche solitaria<br /> +por la luna esclarecida,<br /> +se eleva la torre blanca,<br /> +con sus bellos azulejos<br /> +y sus ricas ajaracas,<br /> +de la famosa mezquita<br /> +donde el sepulcro se guarda<br /> +en que el cuerpo se venera<br /> +del santon Sydi Ben-Dara.<br /> +Á la base de la torre<br /> +se adhiere una pobre tapia,<br /> +que coronan descollantes<br /> +los pámpanos de una parra,<br /> +y en ella, por una puerta<br /> +estrecha, mezquina y baja,<br /> +á un pequeño huertecillo,<br /> +bello y frondoso, se pasa.<br /> +Dentro, en la alberca, se escucha<br /> +del débil chorro del agua<br /> +la monótona caida,<br /> +y el gemido de las auras<br /> +en las rojas amapolas,<br /> +en las dulces pasionarias,<br /> +en la espesa madreselva<br /> +y en las higueras enanas,<br /> +que, con torcidas raíces,<br /> +como bulbosas arañas,<br /> +á las grietas del muro<br /> +de la mezquita se agarran.<br /> +La fragancia se respira<br /> +de las flores y las plantas,<br /> +y todo anunciar parece<br /> +paz y contento en la casa<br /> +que, al fondo, con ornamentos<br /> +de verde yedra se alza.<br /> +¡Cuánto, mintiendo, extravian<br /> +las apariencias villanas!<br /> +Aquel huertecillo verde,<br /> +aquella tranquila estancia<br /> +que hace pensar en un nido<br /> +que á su culto amor consagra,<br /> +de Ataide, el desventurado,<br /> +es la doliente morada,<br /> +que en ella la triste Ayela<br /> +se extingue como una lámpara,<br /> +que al fin de una horrenda noche<br /> +sin pábulo muere exhausta.<br /> +Sentada sobre una estera,<br /> +sobre una estera de palma,<br /> +pálida como la muerte,<br /> +como el dolor apenada,<br /> +tendidas las blancas trenzas<br /> +sobre la encorbada espalda,<br /> +trenzas que dicen bien claro<br /> +que nunca ha sido casada.<br /> +Ayela en silencio reza,<br /> +y las leves cuentas pasa<br /> +de un rosario de marfil<br /> +con sus manos descarnadas,<br /> +y á pesar de todo, hermosas,<br /> +que cual al frio del alma,<br /> +en convulsion persistente<br /> +se agitan, y apénas bastan<br /> +á sostener del rosario<br /> +la ligerísima carga.<br /> +Una candela en un nicho<br /> +con su luz rojiza baña<br /> +del reducido aposento<br /> +las paredes blanqueadas,<br /> +que, si aparecen desnudas,<br /> +por su limpieza resaltan.<br /> +Un capacete sencillo,<br /> +una luciente coraza,<br /> +una pica de dos hierros<br /> +y una pesada hacha de armas,<br /> +agrupados en panoplia,<br /> +penden allá de una escarpia,<br /> +y en el fondo del hogar,<br /> +de la cena retrasada,<br /> +se oye el hervor insistente,<br /> +al que el quejido acompaña<br /> +de la vejez, ya caduca,<br /> +de un grande perro de caza,<br /> +todo á lo largo tendido<br /> +ante los piés de su ama.<br /> +Ya ha pasado un gran espacio<br /> +desde que la voz enfática<br /> +del muecin de la mezquita,<br /> +llamó á la postrer plegaria<br /> +de la noche á los creyentes.<br /> +¿Cómo tanto Ataide tarda?<br /> +Su cuidado maternal,<br /> +recelando una desgracia,<br /> +Ayela con más ferviente<br /> +dolor reza, ansiosa aguarda<br /> +á que entre el silencio suenen<br /> +las presurosas pisadas<br /> +de Ataide, cruzando el huerto,<br /> +y miéntras reza y se espanta,<br /> +de sus ojos su desdicha<br /> +rebosa en ardientes lágrimas.<br /> +<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 4em;">II.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Aun es hermosa, y en vano</span><br /> +la enfermedad, la tristeza<br /> +de su marchita belleza,<br /> +anublan el esplendor;<br /> +y áun á pesar de las canas<br /> +que emblanquecen sus cabellos,<br /> +hay en sus ojos destellos<br /> +de juventud y de amor.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Amor doliente, infinito,</span><br /> +mal herido, acongojado,<br /> +en ardoroso cuidado,<br /> +en apenador afan;<br /> +corriente de desventura,<br /> +que la materia mezquina<br /> +gasta, corroe, calcina,<br /> +como el fuego en un volcan.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Desesperantes, crueles</span><br /> +los dolores de su vida,<br /> +por su mente enloquecida<br /> +pasan en negro tropel,<br /> +y eterno, indeleble, horrible<br /> +un pavoroso momento,<br /> +en su corazon sangriento<br /> +mantiene viva la hiel.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">No ha pasado un solo dia:</span><br /> +espantosa, aterradora,<br /> +es siempre la horrenda hora<br /> +del crímen y la maldad;<br /> +es lo que ensueño parece<br /> +por el infierno abortado,<br /> +lo infame al horror llevado;<br /> +lo infinito en la crueldad.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">La mar, que á la brisa ondula</span><br /> +y al sol poniente riela,<br /> +deja ver la blanca vela,<br /> +recortándose en la luz,<br /> +que el ocaso enciende en fuego,<br /> +de esbelta nave galana<br /> +que de la costa africana<br /> +viene al verjel andaluz.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">¡Ay de la vírgen morena</span><br /> +que al pié de la ingente roca<br /> +contra la que brava choca,<br /> +rompiendo espumas la mar,<br /> +sin miedo acercarse mira<br /> +la nave que blandamente,<br /> +mueve la brisa indolente<br /> +la azul llanura al rizar!<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">¡Ay de la tribu que errante</span><br /> +vino de Arabia en mal hora<br /> +á aquella roca traidora<br /> +y sus tiendas alzó allí!<br /> +que viene en la nave aquella<br /> +el feroz lobo marino,<br /> +almirante granadino<br /> +Ben Jucef-el-Meriní.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Se oculta el sol: ya es la noche:</span><br /> +la brisa se torna en viento,<br /> +que en largo sonoro acento<br /> +anuncia la tempestad,<br /> +y sobre la mar inquieta,<br /> +cubierta de blanca espuma,<br /> +negra y espesa la bruma<br /> +aumenta la oscuridad.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">En tanto, la galeota</span><br /> +que el fiero Jucef comanda,<br /> +de la ensenada en demanda,<br /> +que está de la roca al pié,<br /> +llega, las anclas arroja<br /> +y al agua lanza el esquife,<br /> +que embiste en el arrecife,<br /> +donde el aduar se ve.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Los árabes, sin recelo</span><br /> +de un barco en que está arbolada<br /> +la bandera de Granada,<br /> +del rey en prenda y señal,<br /> +á Aben Jucef se adelantan<br /> +y en paz le tienden la mano,<br /> +como á un cariñoso hermano<br /> +de igual raza y ley igual.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Con antorchas le esclarecen</span><br /> +el camino, y á su llama,<br /> +que en chispas se desparrama<br /> +del viento bajo el furor,<br /> +de Ayela ve el almirante<br /> +la sobrehumana hermosura,<br /> +y súbita llama impura<br /> +prende en él de un torpe amor.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">—¡Ah la hurí!—temblando dice;</span><br /> +y volviéndose á su gente—<br /> +¡llevadla!—añade vehemente<br /> +con fiero acento brutal;<br /> +y aquella voz pavorosa<br /> +que á los árabes sorprende,<br /> +su honrada cólera enciende<br /> +y es del combate señal.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Á poco las tiendas arden,</span><br /> +gritos de muerte se escuchan,<br /> +presto los tristes no luchan<br /> +degollados en monton,<br /> +y Ayela, de horror transida,<br /> +entre unos brazos se siente,<br /> +y ve una mirada ardiente<br /> +que la hiela el corazon.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">¡El vértigo! luégo nada;</span><br /> +insensible, muda, inerte,<br /> +un letargo que á la muerte<br /> +se pudiera comparar,<br /> +la domina, y cuando vuelve<br /> +en sí, con asombro toca<br /> +un dentellon de la roca,<br /> +á donde la echó la mar.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">El sol brilla en el Oriente,</span><br /> +y la azul onda serena<br /> +se rompe en la blanca arena<br /> +con dulce cadente són;<br /> +y graznan las gaviotas,<br /> +sus blancas alas mojando,<br /> +la abrupta base rozando<br /> +del solitario peñon.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Los miembros atormentados,</span><br /> +de dolor temblando y frio,<br /> +con espantoso extravío<br /> +en su anhelante mirar,<br /> +vagamente recordando<br /> +rojas visiones tremendas,<br /> +Ayela busca las tiendas<br /> +de su querido aduar.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Ni un vestigio, ni un despojo</span><br /> +en la arena abandonada;<br /> +la mar, entónces rizada,<br /> +cuando el huracan la hinchó,<br /> +el arrecife asaltando,<br /> +bravía por él subiendo,<br /> +cuanto al paso halló barriendo,<br /> +sólo á Ayela respetó.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">¡Oh! ¡cuán cruel fué la ola</span><br /> +que, cogiéndola en su espalda,<br /> +en la dentellada falda<br /> +de la roca, sin piedad,<br /> +la arrojó, que mejor fuera<br /> +que implacable la matára,<br /> +porque infeliz no llorára<br /> +su desolada orfandad!<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Lentamente su memoria,</span><br /> +con el marasmo luchando,<br /> +la fué el crímen revelando<br /> +infame, horrible, cruel;<br /> +y fiera gritó, en la altura<br /> +los airados ojos fijos:<br /> +—¡Malditos sean sus hijos<br /> +y cuantos vinieren de él!<br /> +<br /> +¡Que perezca cuanto ame!<br /> +¡Que su corazon de fiera<br /> +lento y lento el dolor hiera<br /> +y no le mate el dolor!<br /> +¡Que sus noches el infierno<br /> +llene con sueños de espanto!<br /> +¡Que nunca aplaque su llanto<br /> +la cólera del Señor!<br /> +<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 4em;">III.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Y esta maldicion horrible</span><br /> +que del dolor en la hora<br /> +Ayela desesperada,<br /> +de justa venganza ansiosa,<br /> +pronunció contra el malvado,<br /> +ignorando su deshonra,<br /> +ignorando que era madre,<br /> +cuando lo fué en su memoria,<br /> +se sublevó turbulenta,<br /> +sombría, amenazadora;<br /> +que al maldecir á los hijos<br /> +de la fiera sanguinosa<br /> +que asesinó á su familia,<br /> +maldijo á su sangre propia;<br /> +y por eso cuando Ataide<br /> +en su infancia fatigosa,<br /> +que siempre sobran fatigas<br /> +donde el dinero no sobra,<br /> +el bello semblante pálido<br /> +mostraba, y su linda boca<br /> +de arcángel no sonreia,<br /> +la maldicion pavorosa<br /> +helaba de espanto á Ayela,<br /> +surgiendo de entre la sombra<br /> +del imborrable recuerdo<br /> +de su desdichada historia;<br /> +y pasaron veinte años<br /> +de angustias y de congojas<br /> +para la pobre inocente<br /> +madre honrada, aunque no esposa,<br /> +y para el hijo sin padre,<br /> +del cual fué la herencia sola,<br /> +con la belleza de Ayela<br /> +y su sangre generosa,<br /> +el valor de Aben Jucef<br /> +y su condicion indómita.<br /> +Sin pan y sin esperanza,<br /> +y sola en el mundo, sola;<br /> +en los principios viviendo,<br /> +con llanto, de las limosnas;<br /> +rechazando altiva y pura,<br /> +si la buscó, á la deshonra;<br /> +brava su sino arrostrando,<br /> +errante como una hoja<br /> +que del árbol desprendida<br /> +va allí donde el viento sopla;<br /> +con su tesoro cargada,<br /> +y libre como una alondra,<br /> +danzando cual bayadera,<br /> +cantando cual trovadora,<br /> +diciendo las buenas hadas<br /> +en natalicios y bodas;<br /> +vendiendo filtros de amores<br /> +y oraciones milagrosas;<br /> +ornando con oropeles,<br /> +collares y falsas joyas<br /> +su portentosa hermosura;<br /> +sin más amor que su ansiosa<br /> +pasion por su pobre hijo;<br /> +por valles, cerros y lomas,<br /> +parando en las alquerías,<br /> +en las villas populosas,<br /> +y en las altivas ciudades<br /> +que de torres se coronan;<br /> +marchitando su hermosura<br /> +las fatigas, las zozobras,<br /> +y de su llanto apenado<br /> +la corriente silenciosa,<br /> +y de su dormir inquieto<br /> +las sombras aterradoras,<br /> +á la juventud viril<br /> +llegó de Ataide, ya rotas<br /> +sus fuerzas, su juventud,<br /> +y con canas presurosas<br /> +la pálida frente ornada,<br /> +anciana ya áun siendo moza.<br /> +Siempre con el miedo horrible<br /> +de que en fatídica hora<br /> +su maldicion alcanzase<br /> +al hijo de sus congojas,<br /> +su único bien en el mundo,<br /> +aquella noche en que llora<br /> +por la tardanza de Ataide,<br /> +una fatídica sombra<br /> +su delirante cabeza<br /> +asalta y la vuelve loca:<br /> +nunca más vivo el recuerdo<br /> +de la noche tormentosa<br /> +de su desdicha la aqueja;<br /> +la faz repugnante y torva,<br /> +por el deseo irritada,<br /> +de su asesino, medrosa<br /> +cual si pasado no hubieran<br /> +los años, abrumadora,<br /> +impregnada de amenazas,<br /> +en frio pavor la ahoga;<br /> +y ya no reza ni siente<br /> +crujir la puerta premiosa<br /> +del huerto, ni unas pisadas<br /> +sobre la arena sonoras;<br /> +pero <i>Radjí</i> se levanta<br /> +penosamente, la cola<br /> +menea, con sus gruñidos<br /> +la atencion de Ayela evoca,<br /> +que de su estera se alza<br /> +y á la puerta llega ansiosa,<br /> +palpitante, en el momento<br /> +en que Ataide al umbral toca,<br /> +y muriendo de alegría<br /> +entre sus brazos se arroja.<br /> +<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 4em;">IV.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 0.5em;">—¡Oh! ¡cuánto he sufrido, cuánto!—</span><br /> +Ayela anegada en llanto<br /> +dice con voz amorosa.—<br /> +¡Jamas he llorado tanto!<br /> +<br /> +¡Jamas con igual espanto<br /> +tu vuelta esperé afanosa!<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Y de su cuello colgada,</span><br /> +besándole enloquecida,<br /> +por las lágrimas velada<br /> +la mirada enamorada,<br /> +por la pasion encendida<br /> +y en Ataide encarnizada;<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">la pálida frente pura</span><br /> +reflejando la hermosura<br /> +del amor de los amores,<br /> +de la maternal ternura<br /> +olvidaba en la locura<br /> +de su espanto los horrores.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">—¡Oh tu amor cuál te amedrenta!—</span><br /> +dijo Ataide conmovido.<br /> +—¡Sí, de la brava tormenta—<br /> +Ayela exclamó—el rugido<br /> +en mi corazon herido<br /> +siento horrible y me amedrenta!<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Vén: la cena preparada</span><br /> +está ya; la blanda almohada<br /> +al reposo te convida;<br /> +pero ¡ay de mí desdichada,<br /> +en penas siempre anegada!<br /> +¿por qué has tardado, mi vida?—<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Y de nuevo le besó</span><br /> +de amor trasportada, hambrienta;<br /> +y cuando de él se apartó,<br /> +cuando de improviso vió<br /> +su vestidura sangrienta,<br /> +desatentada exclamó:<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">—¡Ay de mí! ¡vienes herido!</span><br /> +¿Quién tu valor ha rendido?<br /> +¿qué terrible sangre es ésta?<br /> +—Vencedor, mas no vencido—<br /> +dijo Ataide.<br /> +<span style="margin-left: 6em;">—¡Y di, ¿qué ha sido</span><br /> +entónces de tu ballesta?<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">—El colmo de la ventura</span><br /> +me hizo olvidarla.<br /> +<span style="margin-left: 9em;">—¡Qué dices!</span><br /> +—¡Ah, la propicia aventura<br /> +dijo Ataide con locura:—<br /> +¡ah! ¡los augurios felices<br /> +del amor y la hermosura!<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">—Yo no te entiendo, ¡ay de mí!</span><br /> +¿Mas no estás herido?<br /> +<span style="margin-left: 11em;">—Sí;</span><br /> +pero con dardo de amor:<br /> +la suerte cruda hasta aquí<br /> +nos brinda con su favor.<br /> +Asienta y escucha.<br /> +<span style="margin-left: 9em;">—Di.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">En el hogar la asentó</span><br /> +Ataide, y con voz ardiente<br /> +su aventura la contó,<br /> +y ella, abatida la frente,<br /> +estremecida, doliente,<br /> +en silencio le escuchó.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Ataide acabado habia,</span><br /> +Ayela permanecia<br /> +doblegada, muda, inerte,<br /> +y su alentar parecia<br /> +el hervor de la agonía<br /> +tras el cual viene la muerte.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Al fin, la faz levantando,</span><br /> +en su mirada infinita,<br /> +avara, á Ataide abarcando,<br /> +dijo, con voz inaudita,<br /> +cual consigo misma hablando:<br /> +—¡Maldita de Dios! ¡Maldita!<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Luégo, su voz lastimera</span><br /> +resonó, vibrante, fiera,<br /> +aterradora, sombría,<br /> +cual rugido de pantera,<br /> +que al temor se desespera<br /> +de que la roben su cría.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">—¡Maldita, sí!—ronca, dijo:—</span><br /> +¡Maldita, la que maldijo!<br /> +¡Un amor que muerte augura<br /> +colmando mi desventura,<br /> +mi vida, mi amor, mi hijo,<br /> +arrebate á mi ternura!<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">—¡Qué dices, madre!</span><br /> +<span style="margin-left: 11em;">—De aquí</span><br /> +partamos sin más tardar.<br /> +—¡No temas, espera en mí!<br /> +¡Tanta gloria he de alcanzar,<br /> +que mi Leila me ha de dar<br /> +Ben Jucef-el-Meriní!<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">¿Por qué, dí, te desesperas?</span><br /> +Yo arrancaré en las fronteras<br /> +ricas presas al cristiano;<br /> +y á sus plantas hechiceras<br /> +ella verá cien banderas<br /> +conquistadas por mi mano.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">El encanto de mi amor</span><br /> +me hará incontrastable, fuerte;<br /> +calma tu ansioso temor,<br /> +¿por qué pensar en la muerte,<br /> +cuando propicia la suerte<br /> +consuela nuestro dolor?<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">El Rey me ennoblecerá,</span><br /> +Granada me aclamará,<br /> +ella y tú seréis mi encanto.<br /> +—¡Oh! ¡cuán léjos, cuánto y cuánto<br /> +la locura humana va!—<br /> +dijo Ayela con espanto.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">—Enalteciendo á mi grey,</span><br /> +con mi sangre en las campañas,<br /> +por Dios, la patria y el Rey,<br /> +premio hallarán mis hazañas.<br /> +—Yo no conozco más ley<br /> +que el hijo de mis entrañas.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">¿Qué rey nos tendió la mano?</span><br /> +¿Qué patria nos amparó?<br /> +Dios mismo, al dolor tirano,<br /> +doblegados nos dejó,<br /> +que la maldicion oyó<br /> +y no se maldice en vano.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">—De temor estoy ajeno,</span><br /> +dijo Ataide ya impaciente—<br /> +aquel que maldice al bueno<br /> +el daño siente en su seno.<br /> +—¡Oh, sí! ¡la fiera serpiente<br /> +da á sus hijos su veneno!<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">—¡Hijo soy yo de un maldito!</span><br /> +—Tú de tu madre el dolor<br /> +desoyes, y el hondo grito<br /> +de las ansias de su amor.<br /> +¡Dios es grande y vengador,<br /> +y cumple lo que está escrito!<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">—¿Y qué ha de cumplirse, di?</span><br /> +—Temo que te mate el fiero<br /> +Ben Jucef-el-Meriní.<br /> +Si sabe (de angustia muero)<br /> +tus amores..... ¡ah! ¡yo espero<br /> +que tengas piedad de mí!<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">¡Huyamos! De tu pasion</span><br /> +me estremece la locura,<br /> +se me hiela el corazon,<br /> +y pienso que, horrenda, oscura,<br /> +una horrible maldicion<br /> +nos lleva á la desventura.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">—Mañana, al rayar el dia,</span><br /> +partirémos, madre mia.<br /> +—¡Oh! ¿Qué dices?<br /> +<span style="margin-left: 9em;">—En su empeño,</span><br /> +mi amor á la lid me envia.<br /> +—¿No me engañas? ¿No es un sueño?<br /> +—Me tarda el tenerla mia;<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">pero esta noche.....</span><br /> +<span style="margin-left: 9em;">—¡Oh, señor!</span><br /> +—Ella en la reja me espera,<br /> +piensa madre en su dolor,<br /> +si escarneciendo su amor<br /> +á hablar con ella no fuera<br /> +por la sombra de un temor.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">—¡Oh! ¿Quién sabe?—Ayela dijo</span><br /> +para sí, con triste anhelo—<br /> +tal vez sin razon me aflijo:<br /> +¿Mas, qué madre por su hijo<br /> +no vive en tenaz recelo,<br /> +temiendo un afan prolijo?—<br /> +<br /> +Y añadió, la voz temblando:<br /> +—En buen hora ve, mas cuida<br /> +que ansiosa quedo esperando.<br /> +—No he de tardar, por mi vida—<br /> +dijo Ataide—y la salida<br /> +ganó, impaciente escapando.<br /> +<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 4em;">V.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Áun sonaban en el huerto</span><br /> +sus pisadas presurosas,<br /> +cuando recayendo Ayela<br /> +de su miedo en las congojas,<br /> +de insoportable pavor<br /> +dominada, de afan loca,<br /> +—<i>Radjí</i>—exclamó:—vén conmigo,<br /> +precédeme: el rastro toma<br /> +de tu señor.—Y <i>Radjí</i>,<br /> +con marcha lenta, afanosa,<br /> +el huertecillo cruzando,<br /> +seguido de su señora,<br /> +el rastro tomó en demanda<br /> +de la pintoresca loma<br /> +del Albaicin, por callejas<br /> +estrechas, ágrias, medrosas,<br /> +ó entre vallados floridos<br /> +de cármenes, cuyo aroma<br /> +el aire con su fragancia<br /> +perfumaba deliciosa.<br /> +Á cada paso, al subir<br /> +una cuesta áspera y corva,<br /> +Ayela se detenia<br /> +jadeante, temblorosa;<br /> +su mano buscaba apoyo<br /> +en un muro, y de su boca<br /> +hervoroso se exhalaba<br /> +el ronco alentar que ahoga<br /> +y en el comprimido pecho<br /> +la sangre agitada agolpa.<br /> +Fatigada, dolorida,<br /> +llegó al fin á la Almanzora.<br /> +Desierta la calle estaba,<br /> +sumida en tinieblas, lóbrega,<br /> +y al amor no daba amparo<br /> +en sus rejas silenciosas.<br /> +Súbito choque de aceros<br /> +resonó: dos voces roncas,<br /> +una de viejo, irritada,<br /> +serena y jóven la otra,<br /> +de entre el silencio salieron,<br /> +terribles, tempestuosas.<br /> +Ayela, de horror transida,<br /> +que en la voz jóven, sonora,<br /> +á Ataide escuchado habia,<br /> +sus fuerzas cobrando todas,<br /> +por un milagro de amor,<br /> +cual revive luminosa<br /> +y brilla por un momento<br /> +una luz que á su fin toca,<br /> +ansiosa, rápida, ardiente,<br /> +corrió, llegó, y animosa<br /> +entre las fieras cuchillas<br /> +se arrojó, sublime, heroica,<br /> +para defender la vida<br /> +del que era su sangre propia.<br /> +En un recodo del muro<br /> +de la puerta que áun se nombra<br /> +de Albolut, ó el Estandarte,<br /> +y en el muro gris se apoya<br /> +del castillo del Romano,<br /> +esplendente, brilladora,<br /> +alta la luna en el cielo<br /> +bañaba una plaza angosta<br /> +entre el adarve robusto<br /> +y una torre altiva y roja,<br /> +que de sus almenas reales<br /> +ostentaba la corona.<br /> +Asida á su Ataide Ayela,<br /> +miraba, cual la leona<br /> +que á su cachorro defiende,<br /> +á Aben Jucef, que su cólera<br /> +trocado habia en espanto,<br /> +y ella, al verle, tembló toda.<br /> +Era él, el miserable,<br /> +que la triste una vez sola<br /> +vió en su vida, al resplandor<br /> +de la llama pavorosa<br /> +de su aduar incendiado,<br /> +rugiendo bravas las olas,<br /> +zumbando irritado el viento,<br /> +miéntras la voz angustiosa<br /> +de sus parientes pedia,<br /> +en vano, misericordia.<br /> +En su recuerdo indeleble<br /> +aquella faz espantosa<br /> +Ayela guardado habia;<br /> +y aquella mirada odiosa,<br /> +sensual y repugnante<br /> +que la contemplaba absorta,<br /> +era la mirada misma<br /> +de aquella terrible hora;<br /> +y él, que de Ayela tenía<br /> +en su conciencia la copia,<br /> +la devoraba mirándola<br /> +con expresion misteriosa,<br /> +mezcla de amor y de espanto<br /> +y dulce á la par que torva.<br /> +Y ella, apagando su ira,<br /> +que horrenda y aterradora<br /> +brillaba en sus negros ojos,<br /> +y con dulce y cadenciosa<br /> +voz, que doliente imploraba,<br /> +apenada y melancólica,<br /> +—¡Ved, señor, que éste es mi hijo<br /> +y que es mi esperanza sola!—<br /> +exclamó; y el fiero xeque,<br /> +con voz terrible, espantosa,<br /> +en que vibraban heridas<br /> +las fibras de su alma rotas,<br /> +—¡Maldito!—exclamó—¡maldito!—<br /> +y huyendo, la calle lóbrega<br /> +ganó, se perdió por ella,<br /> +y con voz triste, medrosa,<br /> +—¡Maldito!—repitió un eco<br /> +que surgió de entre la sombra.<br /> +<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 4em;">VI.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Ataide, mudo, asombrado,</span><br /> +en negras ánsias perdido,<br /> +en la duda estremecido,<br /> +en un misterio anegado,<br /> +dudando si era soñado<br /> +aquel torrente de hiel,<br /> +ó una realidad cruel<br /> +que su esperanza rompia,<br /> +á su madre sostenia,<br /> +ansiosa abrazada á él.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Luégo miró con espanto</span><br /> +que agitada, convulsiva,<br /> +por la boca sangre viva,<br /> +por los ojos triste llanto,<br /> +lanzaba Ayela, y que en tanto<br /> +la muerte apagaba impura<br /> +de sus ojos la hermosura,<br /> +y con mate palidez<br /> +manchaba la limpidez<br /> +de su nítida blancura.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Soportando su agonía,</span><br /> +Ayela, terrible, fuerte,<br /> +con la incontrastable muerte<br /> +pugnaba en lucha bravía;<br /> +su palabra se perdia<br /> +oscura, ronca é incierta,<br /> +y muy pronto helada, yerta,<br /> +dejando á Ataide perdido<br /> +en un misterio, un gemido<br /> +de dolor la dejó muerta.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Representar la amargura</span><br /> +es de Ataide empeño vano;<br /> +no tiene el lenguaje humano<br /> +voz para tal desventura.<br /> +Preguntad á la locura<br /> +y os responderá inclemente:<br /> +—Yo, del dolor en la fuente,<br /> +mato al alma infortunada:<br /> +soy la sombra, soy la nada<br /> +en un cadáver viviente.—<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Y así Ataide. Al golpe rudo,</span><br /> +inesperado, violento,<br /> +anulado el sentimiento,<br /> +insensible, inerte, mudo<br /> +quedóse, y luégo, sañudo,<br /> +vuelto en sí, con la voz fiera,<br /> +—¡Venganza—gritó—aunque muera<br /> +en mi venganza mi amor!<br /> +¡Ay madre de mi dolor!<br /> +¡jamas á mi Leila viera!—<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Y sus lágrimas brotaron,</span><br /> +y sus labios contraidos,<br /> +entre dolientes gemidos,<br /> +la faz de Ayela besaron;<br /> +luégo sus brazos la alzaron,<br /> +sobre el hombro la cargó,<br /> +desatentado partió<br /> +con el vértigo en la mente,<br /> +y gruñendo en són doliente<br /> +el fiel <i>Radjí</i> le siguió.<br /> +<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 4em;">VII.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">De improviso, voz vibrante,</span><br /> +grave, extensa, poderosa,<br /> +que se repite incesante,<br /> +y que de instante en instante<br /> +resuena más presurosa,<br /> +<span style="margin-left: 1em;">rompiendo el silencio hiende</span><br /> +el aire, léjos se extiende,<br /> +y á la ciudad despertando,<br /> +brava, al combate llamando,<br /> +hasta la vega desciende.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Es la sonora campana</span><br /> +de la alcazaba, que, fiera,<br /> +dice que gente cristiana,<br /> +de presa y conquista en gana,<br /> +ha roto por la frontera.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Con su carga dolorosa</span><br /> +por una altura desciende<br /> +Ataide; el rebato entiende,<br /> +y una mirada ardorosa<br /> +á la vega ansioso tiende.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">En los picos de la sierra</span><br /> +las atalayas ardiendo<br /> +hacen la señal de guerra,<br /> +su roja hoguera, que aterra,<br /> +incesantes repitiendo.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">—¡Ah, nos embiste el rumy!—</span><br /> +siniestro Ataide exclamó—<br /> +¡mi venganza es cierta! ¡sí!<br /> +¡no ha de escapárseme allí!<br /> +¡él primero! ¡luégo yo!<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Y á su Leila recordando,</span><br /> +sintiendo que la perdia<br /> +á Jucef exterminando,<br /> +con el alma en agonía<br /> +siguió la cuesta bajando.<br /> +<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 4em;">VIII.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Y truena y retumba</span><br /> +la voz de combate,<br /> +despierta Granada;<br /> +sus puertas se abren,<br /> +y el rey con sus nobles<br /> +y sus estandartes,<br /> +y moros sin cuento,<br /> +jinetes é infantes,<br /> +allá por Elvira<br /> +rebosan y parten,<br /> +y cruzan la Vega,<br /> +y allá adonde arde<br /> +incendio terrible<br /> +de mieses y hogares,<br /> +rugiendo adelantan<br /> +por sotos y valles.<br /> +<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 4em;">IX.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Ya el ejército domina</span><br /> +una encumbrada colina,<br /> +y al fin al contrario ve<br /> +sobre la encantada tierra,<br /> +que de Elvira la alta sierra<br /> +se tiende fértil al pié.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Y ya venciendo á la aurora</span><br /> +puro el sol las cumbres dora,<br /> +y á su roja ardiente luz<br /> +reflejan centellas puras,<br /> +las brillantes armaduras<br /> +del Profeta y de la cruz.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Ambas huestes se hostilizan,</span><br /> +llegan, chocan, se encarnizan,<br /> +tras el potente embestir,<br /> +y el eco va retumbando<br /> +de monte en monte lanzando<br /> +el fragoroso reñir.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Arde la fuerte bombarda,</span><br /> +y allí, donde no se aguarda,<br /> +va su disparo á caer,<br /> +y al trueno espantable y fuerte<br /> +un alarido de muerte<br /> +viene horrible á responder.<br /> +<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 4em;">X.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 3em;">Y saltan lanzas</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">hechas astillas,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">relumbran rojas</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">cien mil cuchillas,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">todos revueltos,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">todos trabados,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">los capitanes</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">y los soldados,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">y los jinetes,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">y los pendones,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">y las banderas,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">y los pendones</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">entran y salen,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">rugen, batallan,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">cristiano y moro</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">do quier se hallan,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">y de la sierra</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">por las vertientes,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">la sangre corre</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">corre á torrentes.</span><br /> +<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 4em;">XI.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 3em;">Ya muchos de los que fueron</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">á la lid no están en pié:</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">muchos que salir miraron</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">el sol á su trasponer,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">no le verán, que la muerte</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">horrenda con ellos fué.</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">El humo, el fuego, los gritos,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">el estrago y el tropel,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">el polvo que en remolinos</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">levantan los fuertes piés,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">hacen una zambra horrible</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">en que danza Lucifer,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">y ni ceden los cristianos</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">ni el moro piensa en ceder,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">que todos de la victoria</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">buscan el noble laurel.</span><br /> +<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 4em;">XII.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Sucedió esta durísima batalla</span><br /> +que ensangrentó la granadina tierra<br /> +el año mil trescientos diez y nueve,<br /> +mañana de San Juan, triste y sangrienta<br /> +para el cristiano bando, y venturosa<br /> +para la gente indómita agarena:<br /> +en Castilla reinaba Alfonso Onceno,<br /> +y rey y emir de los alarbes era<br /> +el terrible Ismail. Los dos infantes,<br /> +causa imprudente de la atroz pelea,<br /> +eran don Pedro el uno, del Rey primo,<br /> +y su tio don Juan el otro era;<br /> +entráronse talando á sangre y fuego<br /> +la peligrosa granadina tierra,<br /> +y allí los dos infantes se quedaron<br /> +la muerte hallando en su insensata empresa.<br /> +Dia de luto fué para Granada<br /> +y para Ataide de fortuna excelsa,<br /> +que ganó, ya muy tarde, gran renombre,<br /> +favor del Rey, mercedes y nobleza.<br /> +Fué, que el bravo Ismail, harto empeñado<br /> +en la revuelta bárbara pelea,<br /> +el caballo perdió: cercado vióse<br /> +de cristianos sin fin, que á grande priesa<br /> +su desclavado arnés crujir hacian<br /> +de rudos golpes bajo lluvia densa.<br /> +—¡Es el Rey de Granada!—voceaban.—<br /> +—¡Á prision recibidle!—¡No! ¡que muera!—<br /> +y el tumulto arreciaba á cada instante<br /> +bramando en torno de la régia presa.<br /> +<br /> +Contra el muerto caballo replegado<br /> +batallaba Ismail, cual la pantera<br /> +de innumerables canes acosada,<br /> +en los que alcanza brava se ensangrienta.<br /> +Rota la adarga, sobre el rojo polvo<br /> +tendida la riquísima cimera,<br /> +la corona de golpes destrozada,<br /> +desgarrada la toca al aire suelta,<br /> +de polvo y sangre y de sudor bañado,<br /> +le faltan, no el valor, sino las fuerzas,<br /> +y por sus fieros ojos centellantes<br /> +cruza horrible y fatal nube siniestra.<br /> +De repente, en el círculo terrible,<br /> +hacha en mano un mancebo se presenta,<br /> +que ante su paso arrolla á los cristianos<br /> +y á sus plantas exánimes los deja,<br /> +cual en las mieses la segur metiendo<br /> +el campesino infatigable siega.<br /> +Parece que el Altísimo á su brazo<br /> +poder terrible y misterioso presta,<br /> +<span style="margin-left: 1em;">por el hacha enrojecida corre</span><br /> +raudal de sangre, que á su paso deja<br /> +con rastro pavoroso señalado,<br /> +cual su rastro de horror marca la fiera.<br /> +Es Ataide que en vano al asesino<br /> +de su madre ha buscado en la pelea;<br /> +Ataide, á quien dolor de las entrañas<br /> +y el recuerdo tristísimo de Leila<br /> +y de su suerte el torcedor cuidado<br /> +en horrendo afanar le desesperan;<br /> +es que la muerte, como bien supremo,<br /> +por todas partes busca y no la encuentra.<br /> +Llega un momento, al fin, en que aterrados<br /> +los nazarenos en desórden cejan,<br /> +y al revolverse Ataide, con asombro<br /> +ve que el Rey admirado le contempla.<br /> +Libre se ve Ismail por su bravura<br /> +cuando creyó su perdicion ya cierta,<br /> +y los brazos le tiende, y en un punto<br /> +contra su bravo corazon le estrecha.<br /> +—¡Pide—dícele al fin—cuanto quisieres,<br /> +que por mucho que pidas, recompensa<br /> +pareceráme poco cuanta darte<br /> +mi potestad y mi cariño puedan!—<br /> +Y volviéndose á punto á los bizarros,<br /> +que en su socorro desalados llegan,<br /> +—Sin su valor—les dice—en este dia<br /> +de Rey quedára mi Granada huérfana.—<br /> +La vida le debí: llegárais tarde<br /> +si ántes él no acudiera á mi defensa.<br /> +Mi púrpura vestidle y que en Granada<br /> +entre á la par conmigo, y á mi diestra:<br /> +con mi estandarte Real en las batallas,<br /> +á mi lado de hoy más lidiar le vean,<br /> +y en su poder y en su favor conmigo<br /> +honrado premio y merecido tenga:<br /> +y ¡sús! á recoger, que ya el cristiano<br /> +ha pasado en desórden la frontera,<br /> +y á Granada llevemos la victoria<br /> +y del vencido la perdida presa.—<br /> +Y cabalga Ismail en un caballo<br /> +que sus humildes siervos le presentan,<br /> +y á Ataide con la púrpura vistiendo,<br /> +otro caballo igual gratos le muestran.<br /> +Marcha de triunfo tocan atabales,<br /> +y añafiles, dulzainas y trompetas,<br /> +y en la impaciencia de ostentar su triunfo<br /> +rápidos cruzan la tendida vega,<br /> +y por Elvira en la ciudad alegre<br /> +en cerrado escuadron altivos entran,<br /> +y del rey Ismail al par marchando,<br /> +las hermosuras que Granada encierra;<br /> +ven al hermoso Ataide y le codician<br /> +al verle junto al Rey de tal manera,<br /> +y Ataide, el desdichado, va llorando,<br /> +la mente en Leila y en su madre puesta,<br /> +y que es de gozo por su altivo triunfo,<br /> +los que le miran, con envidia piensan.<br /> +<br /> +</p> + +<p class="ind top5"> +<span style="margin-left: 4em;">XIII.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">A la Alhambra le llevó</span><br /> +el Rey, y con él entrando<br /> +en la sala de Comares,<br /> +viendo que su acervo llanto<br /> +no cesaba, interrogóle:<br /> +Ataide en acento opaco<br /> +le contó su desventura,<br /> +y el Rey atento escuchando,<br /> +cuando brevemente Ataide<br /> +finó su triste relato<br /> +le dijo con grave acento,<br /> +pero cariñoso y blando:<br /> +<span style="margin-left: 1em;">—Es misterioso y terrible</span><br /> +el decreto de los hados:<br /> +se cumple lo que está escrito:<br /> +si por tu madre en espanto,<br /> +Ben Jucef el Meriní<br /> +huyó en su fuga lanzando<br /> +una maldicion, ¿qué piensas<br /> +que esto fué?<br /> +<span style="margin-left: 6em;">—Yo no lo alcanzo</span><br /> +—exclamó Ataide abatido.<br /> +<span style="margin-left: 1em;">—Ben Jucef sabrá explicárnoslo</span><br /> +—dijo el Rey:—y de su guardia<br /> +al punto un kaid llamando<br /> +le mandó fuese á la casa<br /> +de Aben Jucef con mandato<br /> +de que, sin perder momento,<br /> +se presentase en palacio.<br /> +El kaid salió, y á poco<br /> +volvió trayendo recado<br /> +de que en aquel mismo dia<br /> +Ben Jucef, abandonando<br /> +á Granada con su hija,<br /> +con una guardia de esclavos<br /> +y á su torre de Almuñécar<br /> +el camino enderezando,<br /> +á pasar al Mogreb iba<br /> +resuelto y determinado.<br /> +<span style="margin-left: 1em;">—¿Cuándo partió?—dijo el Rey.</span><br /> +—Al amanecer.<br /> +<span style="margin-left: 8em;">—¡No ha estado</span><br /> +entónces en la batalla!<br /> +Que enjaecen dos caballos;<br /> +tú kaid con cien zenetes<br /> +nos iréis acompañando.<br /> +Véte.—Y tú no desesperes,<br /> +que, pues salvaste bizarro<br /> +mi vida, yo salvaré<br /> +tu corazon en los brazos<br /> +de Leila, ó con su cabeza<br /> +Ben Jucef me dará el pago.—<br /> +Poco despues, sin reposo<br /> +de su abrumador cansancio,<br /> +el Rey y Ataide partian,<br /> +sirviéndoles de resguardo<br /> +cien alentados zenetes<br /> +en poderosos caballos,<br /> +y por la puerta de Lachar<br /> +lanzándose sobre el campo,<br /> +atravesando el Genil,<br /> +hácia la costa bajando,<br /> +por la falda de la sierra<br /> +tomaron al trote largo.<br /> +<br /> +</p> + +<p class="ind3 top5"> +<span style="margin-left: 6em;">XIV.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Ya el sol sobre su ocaso descendia</span><br /> +abrillantando las hinchadas aguas,<br /> +y en el brumoso y cárdeno horizonte<br /> +rojas, cual sangre, amenazantes ráfagas,<br /> +próxima tempestad y formidable<br /> +fatídicas, siniestras, auguraban,<br /> +cuando el Rey por las puertas de Almuñécar<br /> +se metió con Ataide y con su guardia.<br /> +Transidos, sudorosos los caballos<br /> +de la violenta presurosa marcha,<br /> +por montañas que al cielo se atrevian,<br /> +por valles que al abismo se humillaban,<br /> +inútiles al fin hubieran sido<br /> +á seguir la durísima jornada.<br /> +Supo el Rey que Jucef partido habia<br /> +con rumbo hácia la roca solitaria,<br /> +que avanzada á la mar con su arrecife<br /> +desde los muros, al levante, vaga,<br /> +coronada de niebla se veia<br /> +como un siniestro aterrador fantasma.<br /> +Aun léjos de ella, sobre el mar inquieto,<br /> +á toda vela un barco se alejaba,<br /> +y de sus remos la pujante fuerza<br /> +ayudaba del viento á la pujanza.<br /> +—¡A la playa!—con voz temblando en ira<br /> +el Rey prorumpe, y á la playa bajan;<br /> +se quedan los caballos en la arena,<br /> +el Rey y Ataide y los zenetes saltan<br /> +á una larga y fortísima almadía,<br /> +que las agudas velas desplegadas,<br /> +el arraez atento al gobernalle,<br /> +la chusma al remo en las salientes bandas,<br /> +su bandera de rey enarbolando,<br /> +del barco de Jucef se pone en caza;<br /> +crecen las sombras y la bruma crece;<br /> +las olas, cual montañas, se levantan<br /> +rodando en turbillon, rugiendo horribles<br /> +al formidable empuje de la racha;<br /> +crujen atormentadas las maderas,<br /> +saltan silbando las forzadas jarcias,<br /> +y el Rey, que se mantiene en la crujía,<br /> +Ataide al lado, que agoniza y calla,<br /> +el Rey, que sin pavor mira la furia<br /> +del viento y de las olas encrespadas,<br /> +grita con ronca voz:—¡Cargad las velas!<br /> +¡á la chusma azotad! ¡la fuerza brava<br /> +venced del mar y el viento! ¡avante, avante,<br /> +que ese infame traidor se nos escapa!—<br /> +Y tanto reman, tanto maniobran,<br /> +que al fin la nave de Jucef alcanzan,<br /> +y los enormes ganchos de abordaje<br /> +en ella aferran y su mura asaltan;<br /> +como una tromba los zenetes entran,<br /> +cuanto á su paso encuentran desbaratan,<br /> +y al castillo de proa el Rey acude,<br /> +donde Jucef, inmóvil, se levanta.<br /> +Una mujer, que doblegada llora,<br /> +cuya flotante vestidura blanca<br /> +se señala en la sombra, ante él se mira<br /> +de feroces esclavos rodeada.<br /> +—¡Leila!—con voz de angustia Ataide grita.<br /> +—¡Tuya en la eternidad!—llorando exclama<br /> +la mísera doncella.—El Rey, airado,<br /> +llega á Jucef, y con la voz que manda<br /> +segura del respeto y la obediencia:<br /> +—¡Dame á Leila en el punto—dice—ó guarda!<br /> +Se estremece Jucef y en voz horrenda<br /> +prorumpe en su furor:—¡La infame al agua!—<br /> +Y se oye un grito de terror que hiela,<br /> +sobre la mura, despedida salta<br /> +una blanca figura que la ola<br /> +en su espumosa cresta coge avara.<br /> +Se demuda Ismail, silba su acero<br /> +arrancado con furia de la vaina,<br /> +y en el instante mismo la cabeza<br /> +de Jucef, de su tronco cercenada<br /> +por el terrible golpe, de la proa<br /> +rebota horrible y á la mar se lanza:<br /> +y Ataide, de dolor desesperado,<br /> +del castillo se arroja, la mar gana,<br /> +y allí á donde una blanca vestidura<br /> +sobre las ondas flota, ansioso nada;<br /> +sus esfuerzos redobla, avanza, llega,<br /> +y la cabeza de Jucef le aparta,<br /> +chocando en su cabeza, y siempre y siempre<br /> +que domina su vértigo y mar gana,<br /> +para llegar á Leila, formidable<br /> +la cabeza cruel lo estorba airada.<br /> +Leila, al fin, desparece entre las olas;<br /> +Ataide, loco de dolor, desmaya,<br /> +enervados sus miembros se entorpecen<br /> +y las olas horrísonas le tragan.<br /> +Desaferrada en tanto la almadía<br /> +por salvar á los náufragos avanza;<br /> +monta las olas y á la fin se encuentra<br /> +en frente de la roca en que, irritada,<br /> +rompe la mar con fragoroso estruendo,<br /> +y hasta la gruta sus espumas lanza.<br /> +Con asombro del Rey y de los suyos<br /> +la gruta gigantesca iluminada<br /> +por lívido fulgor fosforescente<br /> +se muestra, y de hermosura sobrehumana<br /> +esplendorosa, Leila, ansiosa gira,<br /> +buscando á Ataide que incesante vaga<br /> +en el pálido ambiente, y que angustioso<br /> +de amor, de espanto y de dolor en ansia<br /> +á ella tiende los brazos, que le mira<br /> +la rubia cabellera destrenzada,<br /> +y los brazos le tiende, y siempre y siempre<br /> +que se aproximan, en su giro, rauda,<br /> +revolviendo sus ojos infernales<br /> +la sangrienta cabeza los separa.<br /> +Al ver esta vision la frente humilla<br /> +el creyente Ismail, y en voz ahogada:<br /> +—¡Dios solo—dice—sabe los misterios<br /> +que en el humano corazon se guardan!<br /> +¡Él solo sabe lo que estaba escrito!<br /> +¡Él sus criaturas, ó condena, ó salva!<br /> +¡Infierno del amor, de tí me aparto!<br /> +¡que Dios tenga piedad de esas tres almas!<br /> +<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;">XV.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 1em;">Y el Rey contó la tradicion sombría</span><br /> +de la espantosa roca, que áun se guarda,<br /> +y que en los bellos cuentos de la costa<br /> +áun el <span class="smcap">Infierno del amor</span> se llama.<br /> +</p> + + +<p class="c">FIN.</p> + +<p class="c top15"><b> +PRECIO:<br /> +Una peseta en toda España.<br /></b> +</p> + +<hr class="full" /> + + + + + + + +<pre> + + + + + +End of Project Gutenberg's El infierno del amor, by Manuel Fernández González + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EL INFIERNO DEL AMOR *** + +***** This file should be named 28978-h.htm or 28978-h.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + https://www.gutenberg.org/2/8/9/7/28978/ + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at https://www.pgdp.net (This book was +produced from scanned images 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It exists +because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from +people in all walks of life. + +Volunteers and financial support to provide volunteers with the +assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg-tm's +goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will +remain freely available for generations to come. In 2001, the Project +Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure +and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations. +To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation +and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4 +and the Foundation web page at https://www.pglaf.org. + + +Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive +Foundation + +The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit +501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the +state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal +Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification +number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at +https://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg +Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent +permitted by U.S. federal laws and your state's laws. + +The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S. +Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered +throughout numerous locations. Its business office is located at +809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email +business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact +information can be found at the Foundation's web site and official +page at https://pglaf.org + +For additional contact information: + Dr. Gregory B. Newby + Chief Executive and Director + gbnewby@pglaf.org + + +Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg +Literary Archive Foundation + +Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide +spread public support and donations to carry out its mission of +increasing the number of public domain and licensed works that can be +freely distributed in machine readable form accessible by the widest +array of equipment including outdated equipment. Many small donations +($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt +status with the IRS. + +The Foundation is committed to complying with the laws regulating +charities and charitable donations in all 50 states of the United +States. 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Donations are accepted in a number of other +ways including including checks, online payments and credit card +donations. To donate, please visit: https://pglaf.org/donate + + +Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic +works. + +Professor Michael S. Hart was the originator of the Project Gutenberg-tm +concept of a library of electronic works that could be freely shared +with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project +Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support. + + +Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed +editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S. +unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily +keep eBooks in compliance with any particular paper edition. + + +Most people start at our Web site which has the main PG search facility: + + https://www.gutenberg.org + +This Web site includes information about Project Gutenberg-tm, +including how to make donations to the Project Gutenberg Literary +Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to +subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks. + + +</pre> + +</body> +</html> diff --git a/LICENSE.txt b/LICENSE.txt new file mode 100644 index 0000000..6312041 --- /dev/null +++ b/LICENSE.txt @@ -0,0 +1,11 @@ +This eBook, including all associated images, markup, improvements, +metadata, and any other content or labor, has been confirmed to be +in the PUBLIC DOMAIN IN THE UNITED STATES. + +Procedures for determining public domain status are described in +the "Copyright How-To" at https://www.gutenberg.org. + +No investigation has been made concerning possible copyrights in +jurisdictions other than the United States. 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