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+Project Gutenberg's El infierno del amor, by Manuel Fernández González
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
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+
+Title: El infierno del amor
+ leyenda fantastica
+
+Author: Manuel Fernández González
+
+Release Date: May 27, 2009 [EBook #28978]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EL INFIERNO DEL AMOR ***
+
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+
+Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
+Proofreading Team at https://www.pgdp.net (This book was
+produced from scanned images of public domain material
+from the Google Print project.)
+
+
+
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+
+
+
+
+
+MANUEL FERNÁNDEZ Y GONZÁLEZ.
+
+
+EL INFIERNO
+
+DEL AMOR.
+
+LEYENDA FANTASTICA.
+
+MADRID:
+GASPAR, EDITORES
+4, PRÍNCIPE, 4.
+
+1884.
+
+MADRID, 1884.--Establecimiento tipográfico de los Sucesores de Rivadeneyra
+Impresores de la Real Casa.--Paseo de San Vicente núm. 20.
+
+
+
+
+AL JOVEN ATENEISTA
+DON MANUEL LOPEZ ARZUBIALDE.
+
+
+_Mi querido amigo: Leyendo lo que yo he
+escrito para mi velada del Ateneo, en el presente
+año, ha colaborado usted conmigo, dando
+á mis versos la sonoridad, que yo, por mis
+años y por mis achaques, no hubiera podido
+darles; gracias, muchas gracias, y considere
+usted que al dedicarle este trabajo precipitado,
+hecho durante una dolorosa enfermedad,
+lo hago, más que como otra cosa, como una
+sincera manifestacion de afecto._
+
+Manuel Fernández y González.
+
+31 de Mayo de 1884.
+
+
+
+ INTRODUCCION.
+
+
+ I.
+
+ El alma alentando la fe que la llena,
+ flotando en espacios de luz y armonía,
+ con habla sonora que blanda resuena,
+ mi musa, en sencilla veraz cantilena,
+ hermosas oyentes, su voz os envia;
+ Dios haga que ledas la péñola mia
+ honreis aceptando su fruto humildoso;
+ así la fortuna con signo dichoso
+ os dé largos años de amor y alegría.
+
+
+ II.
+
+ Yo soy de una tierra de eternos verjeles,
+ do en grutas sombrosas de altivos laureles
+ se aspira la gloria del nombre español;
+ do corren las fuentes por cauces de flores,
+ do vagan rientes graciosos amores,
+ do brilla cual oro la lumbre del sol.
+
+ Do alienta la vírgen de tez africana
+ de espíritu ardiente, cual lava que emana
+ del cráter profundo de hirviente volcan,
+ la luz en la frente del alba serena,
+ el fuego en los ojos que al alma enajena
+ en dulce mirada de lánguido afan;
+ el seno que alienta potente latido,
+ que inquieto, al impulso del fuego escondido,
+ el alma revela que sueña el amor;
+
+ la leve sonrisa del labio hechicero
+ que fresco y purpúreo ya exhala agorero
+ un triste gemido de vago dolor;
+
+ la planta que leve las flores no mata;
+ la crencha sedosa que el viento desata
+ y rico perfume difunde al flotar;
+ la dulce morena de acento suave,
+ gacela que trisca, fantástica ave
+ que el alma adormece con blando cantar;
+
+ magnolia en que toma su esencia la brisa,
+ suspiro del cielo, divina sonrisa
+ del ángel que guarda la dicha sin fin;
+ hurí que en los sueños vagó de Mahoma;
+ arcángel humano que esconde en su loma
+ velado por flores el alto Albaicin.
+
+
+ III.
+
+ ¡Granada, mi Granada! yo soy tu peregrino
+ que vago en lo pasado, buscando gloria y fe:
+ yo tengo entre sepulcros abierto mi camino,
+ é impúlsame potente la mano del destino,
+ á recibir aliento de lo que grande fué.
+
+ Al rayo de la luna que cruza solitaria
+ del infinito espacio por la region azul,
+ yo elevo á los que fueron mi lánguida plegaria,
+ y rompe de sus tumbas la losa funeraria
+ el canto que suspira gimiendo mi laud.
+
+ Y villas olvidadas que muestran sus almenas,
+ levántase á mis ojos la vieja catedral,
+ recobran sus escombros aljamas sarracenas,
+ y resonar escucho las ásperas cadenas
+ al desplomarse el puente de torre señorial.
+
+ Un mundo, que ya es polvo, se eleva en torno mio,
+ un pueblo, que ya es sombra, me signe por do quier,
+ y del presente, pobre, descolorido y frio,
+ los soñolientos ojos aparté con hastío,
+ buscando las grandezas del olvidado ayer.
+
+ Yo soy cantor de glorias; las hadas me han contado
+ leyendas prodigiosas que yo te cantaré:
+ yo soy tu bardo errante de sueños coronado:
+ yo arrancaré á las sombras de su sepulcro helado,
+ y voz, y aliento, y vida, potente les daré.
+
+ ¡Granada, mi Granada! aportillada y rota,
+ hundidos tus alcázares, desierto tu Albaicin,
+ ni tu pendon bermejo en Bib-Arrambla flota
+ ni en tus marciales fiestas ondula la marlota
+ del lidiador zenete ó el fiero mogrebin.
+
+ Pasaron, y con ellos tus zambras, tus cantares,
+ tus damas, escondidas en el celoso haren,
+ de encantos y proezas tus cuentos singulares,
+ tus amorosas pláticas en rejas y alfeizares,
+ y en la callada noche los sueños de tu eden.
+
+ Pasaron; fiera, altiva, su incontrastable garra
+ ascética, terrible, en tí clavó la cruz,
+ y tu gemido triste, que el corazon desgarra,
+ sin recordar tu pena, al són de su guitarra,
+ en la doliente _caña_, repite el andaluz.
+
+ ¡Granada, mi Granada! fantástica leyenda
+ de amor y desventura hoy tengo para tí;
+ concede al amor mio que de ella te haga ofrenda
+ y un beso de tu boca que, mágico, en mí encienda
+ la inspiracion ardiente que un tiempo te debí.
+
+
+
+
+ PRIMERA PARTE.
+
+ I.
+
+ En una calle
+ que tortuosa
+ con sus aleros
+ la luz estorba;
+ medrosa y lúgubre
+ cuando las sombras
+ de la alta noche
+ la envuelven lóbregas,
+ calle que llaman
+ de la Almanzora,
+ en la opulenta
+ rica paloma
+ de las ciudades,
+ que el nombre roba
+ á la Granada
+ que la blasona,
+ hay una casa,
+ que hoy se desploma,
+ cuyas paredes
+ el viento azota,
+ la lluvia inunda
+ y el sol empolva;
+ abandonada
+ se desmorona,
+ los jaramagos
+ en ella brotan
+ y entre ruinas
+ doliente asoma
+ el arco bello
+ que un tiempo alcoba
+ fué de la linda
+ Leila la Horra.
+
+
+ II.
+
+ En otros tiempos remotos,
+ dolor de la gente mora,
+ que de Granada recuerda
+ la prepotencia y la gloria,
+ aquella casa, hoy hundida,
+ alcázar fué y noble joya
+ de bravos Benimerines,
+ noble linaje que goza
+ por sus preclaras hazañas
+ alto renombre en la historia.
+
+ Ben-Jucef el Meriní,
+ de aquella casa que doran
+ la opulencia y la grandeza,
+ es el sostén y la honra,
+ y su luz y su delicia
+ es Leila la encantadora,
+ la de los negros luceros,
+ la de la faz majestosa,
+ la de los cabellos de oro,
+ la de la purpúrea boca,
+ la de la ebúrnea garganta,
+ la del talle de diosa,
+ la del seno palpitante,
+ la altiva, la que enamora
+ al que su belleza mira
+ si el céfiro la destoca,
+ ó al que su cantar escucha
+ en la noche silenciosa,
+ si al pié de sus miradores
+ pasa por su mal ó ronda.
+ Por pudorosa y honesta
+ la llaman Leila la Horra,
+ y tambien Leila la Hijara
+ porque su pecho es de roca:
+ y ella, el amor ignorando,
+ de su adolescencia goza,
+ como el naciente capullo
+ que áun no desplegó sus hojas.
+
+
+ III.
+
+ Pero llegó muy presto
+ su edad florida,
+ pasó su adolescencia
+ dulce y tranquila,
+ y los insomnios
+ encendieron en fiebre
+ sus bellos ojos.
+
+ Si ántes era una rosa
+ por linda y fresca,
+ es ya la triste niña
+ blanca azucena,
+ que sufre y llora,
+ y lágrimas y penas
+ la descoloran.
+
+ Y aunque el viejo la guarda
+ como un tesoro,
+ de las miradas torpes
+ de avaros ojos,
+ y celosías
+ no dejan ver su encanto
+ que el sol codicía;
+
+ y aunque esclavos feroces
+ y muros densos,
+ á audacias de galanes
+ ponen respeto,
+ ama la hermosa,
+ que no hay puertas ni muros
+ que amor no rompa.
+
+ Nace en la ardiente vida
+ y allí se esconde,
+ que el alma tiene el gérmen
+ de los amores,
+ y comprimidos,
+ se exhalan misteriosos
+ en los suspiros.
+
+
+ IV.
+
+ Y tales los de Leila se exhalaron,
+ tan apenados, tan profundos fueron,
+ tan claro al padre su dolor contaron,
+ que sus fieras entrañas abrasaron
+ y su altivez indómita rindieron.
+
+ --«¡Ah de la vida y su tormenta brava!--
+ siniestro el xeque murmuró, y sombrío:--
+ ¡Surge á la luz la mariposa esclava,
+ el dormido volcan revienta en lava,
+ el arroyuelo se convierte en rio!»
+
+ Y tembló: formidable en su memoria
+ se alzó horrible, cual lúgubre agonía,
+ cual tremenda vision expiatoria,
+ la infinita amargura de su historia,
+ dolor tras de dolor, dia por dia.
+
+ ¿Dónde estaban los lauros triunfadores
+ que arrancó de las lides su pujanza?
+ ¿Dónde sus horas plácidas de amores?
+ ¿Dónde las tiernas, las fragantes flores,
+ sér de su sér y luz de su esperanza?
+
+ El ciego incontrastable torbellino
+ rugiente se abatió sobre su casa,
+ cual fuego intenso, destructor, sanguino,
+ que al soplo misterioso del destino
+ deja luto y horror por donde pasa.
+
+ Sus mujeres las frentes doblegaron,
+ sus hijos en sus cunas se extinguieron,
+ los años con su peso le agobiaron,
+ y ya débil en brazo, se agostaron
+ los altos lauros que su faz ciñeron.
+
+ Todo perdido en sueños de agonía
+ y en el delirio del dolor flotaba;
+ todo en su corazon rugiente hervia,
+ y Leila sólo á su afanar reia
+ y con su dulce amor le consolaba.
+
+ ¡Y ella tambien, el último tesoro,
+ la flor preciada de esplendor naciente,
+ ya en los ojos de luz acerbo el lloro,
+ y los reflejos de sus trenzas de oro
+ como nimbo fatal en su alba frente!
+
+ --«¡Oh santo Allah!--las ansias exclamaron
+ del postrado Jucef:--¡Oh Dios sombrío!--
+ y en sus ojos las lágrimas brotaron,
+ y por su blanca barba resbalaron
+ cual trasparentes gotas de rocío.
+
+
+ V.
+
+ ¿Por qué su maldicion? Pasan los años,
+ pero no pasan nunca las memorias,
+ que en la conciencia ennegrecida encienden
+ siniestra luz entre la oscura sombra.
+ No, de la infamia el torcedor recuerdo
+ nunca el dolor y la vergüenza borran;
+ nunca de la crueldad la horrenda imágen
+ el sentimiento conturbado ahoga,
+ ni el crímen de brutales apetitos
+ en las alas del tiempo se evapora.
+ ¿Qué fué de aquella triste, profanada
+ entre el horror de noche tormentosa,
+ al resplandor del implacable incendio
+ que las cabañas míseras devora,
+ muertos los padres, los hermanos muertos,
+ al pié de la tajada escueta roca
+ que vecina á la playa de Almuñécar,
+ eternas baten las inquietas olas?
+ Ellas, subiendo, largas se llevaron,
+ léjos, muy léjos, las cenizas rojas;
+ ellas, envueltas en su hirviente espuma,
+ al fondo de la gruta tenebrosa
+ lanzaron los cadáveres, y el alba
+ cuando, indecisa, esclareció la costa,
+ no encontró los vestigios miserables
+ de la infame tragedia pavorosa.
+ Pero no borró el mar de igual manera
+ en Jucef el recuerdo, que no hay onda
+ que lave la conciencia y que se lleve
+ lo que al hinchado corazon sofoca,
+ lo que en el alma perdurable grita,
+ lo que eterno ante Dios sangriento llora.
+ Y por eso Jucef del mirab santo
+ la blanca piedra con la frente choca,
+ y ruega á Allah con llanto de agonía
+ perdone, al ménos á su Leila hermosa.
+
+
+ VI.
+
+ Pero como Dios no oye
+ á los réprobos, y el llanto
+ de Jucef mojaba inútil
+ las losas del santuario,
+ y el semblante entristecido
+ de Leila más y más pálido
+ se mostraba, y más sus ojos
+ ardientes, febriles, lánguidos,
+ el cuidado paternal
+ por ciego dió en el engaño.
+ No vió que el amor es vida
+ cuando anhela un sér soñado,
+ y anhelándolo le goza,
+ y se sublima esperándolo.
+ Creyó que la helada muerte
+ ya alzaba el horrible brazo
+ sobre la rubia cabeza
+ que era su vida y su encanto,
+ y viendo que Dios no oia
+ sus ruegos, se volvió al diablo,
+ con la rabiosa esperanza
+ del que está desesperado.
+ La casa, hasta entónces triste,
+ de Jucef ardió en saraos,
+ en zambras y en regocijos,
+ y entre el giro acompasado
+ de indolentes bayaderas,
+ resonó sentido y largo,
+ como el suspiro del viento
+ de la palma en el penacho,
+ al compás de guzlas de oro,
+ el melancólico canto
+ del desierto, que suspira
+ el beduino cansado,
+ que sigue á la caravana
+ en sus amores soñando.
+ En Bib-Arrambla hubo justas,
+ cañas, sortijas y bravos
+ toros de Ronda, en que, audaces,
+ sus rejoncillos quebraron
+ caballeros de gran prez,
+ que ambicionaban el tálamo
+ de la incomparable Leila;
+ y aunque el mismo Rey, lanzado
+ á la arena y vencedor
+ en su triunfo confiando,
+ del airon de grana y oro,
+ con gran peligro arrancado
+ de la cerviz de una fiera,
+ á sus piés la hizo regalo,
+ al agradecerlo ella
+ lo dijo con tal desmayo,
+ que harto claro se entiende
+ lo inútil del agasajo.
+ Al fin ya de todo punto
+ loco Jucef é insensato
+ hizo venir de Marruecos,
+ en fuertes jaulas cerrados,
+ seis viejos leones rojos
+ para en la vega soltarlos,
+ y probar si en la árdua caza
+ algun galan abrasado
+ por los encantos de Leila
+ lograba al fin el milagro
+ de hacerse amar de la hermosa
+ por gentil y por bizarro,
+ que aquel que embiste á leones
+ por lograr un fin ansiado,
+ para no amarle es forzoso
+ tener corazon de mármol.
+
+
+ VII.
+
+ El dia va falleciendo,
+ en fúlgidos resplandores
+ se va el ocaso encendiendo,
+ y ya _las sombras mayores_
+ de los montes van cayendo.
+
+ Sobre la cumbre nevada
+ del Veleta, sonrosada
+ por el rojo sol poniente,
+ alza la luna la frente
+ por nubecillas velada.
+
+ Por el ameno pensil
+ del soto corre el Genil
+ entre floridas riberas,
+ y las gallardas palmeras,
+ y la alameda gentil,
+
+ y en peñascos y en colinas
+ los nopales, las encinas,
+ responden en són amante
+ al beso fresco y errante
+ de las auras vespertinas.
+
+ Bajo la enramada espesa,
+ clara y profunda la presa
+ como un espejo se tiende,
+ y en blancos chorros desciende,
+ y en su murmurio no cesa.
+
+ Leve el humo en la alquería
+ revela el fuego que arde
+ en el hogar, y á porfía
+ dan las aves su armonía
+ á la oracion de la tarde.
+
+ Todo es fresco y perfumado,
+ la vega, el soto y el monte;
+ y el valladar azulado
+ de las sierras, anegado
+ en el distante horizonte,
+
+ Para tener siempre á raya
+ al cristiano en la frontera,
+ porque ya la luz desmaya,
+ va previniendo la hoguera
+ en sus torres de atalaya.
+
+ Que en la tregua Alfonso afloja,
+ y ya blanden la cuchilla,
+ en las quebradas de Loja,
+ con gentes de la Cruz Roja,
+ los Infantes de Castilla.
+
+ En tanto el sol apresura
+ su ocaso, y con largos brillos
+ en las cúpulas fulgura
+ de Granada, que en la altura
+ muestra sus fuertes castillos.
+
+
+ VIII.
+
+ Por un sendero
+ que al soto baja
+ un bello jóven
+ gallardo avanza.
+ Al aire ondea
+ su toca blanca,
+ caftan le cubre
+ de burda lana,
+ su talle ciñe
+ revuelta faja
+ que el curvo alfanje
+ sostiene y guarda;
+ cubren sus piernas
+ rudas abarcas,
+ y el carcax lleno
+ de fuertes jaras,
+ y la ballesta
+ sobre la espalda,
+ y el cervatillo
+ que al hombro carga,
+ revelan, cierto,
+ que es pobre y caza,
+ y que cazando
+ su vida gana.
+ La res sangrienta
+ deja en la grama,
+ y en una piedra
+ que besa el agua,
+ se sienta y mira,
+ miéntras descansa,
+ absorto, inmóvil,
+ la faz nublada,
+ el sonoroso
+ raudal que canta,
+ y sobre el lecho
+ de piedras salta,
+ y allá se pierde,
+ y allá se escapa,
+ cual las mentidas
+ sombras livianas
+ de los ensueños
+ de la esperanza.
+ Tal vez Ataide,
+ que sufre y ama,
+ ve en la corriente,
+ pasando rápida,
+ su vida entera,
+ su vida ingrata,
+ en fugitivas
+ sombras fantásticas,
+ y en voz de llanto
+ doliente exclama:
+ «¡Ay vida triste!
+ ¡Corriente amarga!»
+
+ Sus negros ojos
+ lucientes lanzan
+ fulgores lúgubres,
+ siniestras ráfagas,
+ cual si en su seno,
+ con furia insana,
+ se revolviese
+ tormenta brava.
+ Hay negros dias
+ de horas menguadas
+ en que anochece
+ por la mañana.
+ Consigo traen
+ nubes de lágrimas
+ y el duro cierzo
+ que hiela el alma.
+ ¡Desheredado
+ desde la infancia!
+
+ Los años vienen,
+ corren, avanzan;
+ el niño es hombre,
+ la madre anciana,
+ y el raudal ciego
+ de la desgracia
+ siempre les dice
+ con voz aciaga:
+ «¡Ay vida triste!
+ ¡Corriente amarga!»
+
+ Hondos suspiros
+ Ataide exhala,
+ que un imposible
+ su sér abrasa,
+ y al dueño hermoso
+ que así le encanta
+ decir no puede
+ sus tristes ánsias;
+ que ella es orgullo,
+ prodigio y gala
+ de la hermosura,
+ la vírgen lánguida,
+ la de las ricas
+ trenzas doradas,
+ ojos de fuego,
+ frente de nácar,
+ la dulce niña,
+ la altiva dama,
+ Leila la Horra,
+ Leila la Hijara.
+ ¡Él tan humilde,
+ y ella tan alta!
+ ¿Su amor en donde
+ potentes alas
+ hallar pudiera
+ para alcanzarla?
+ Y el pobre mozo
+ por sus entrañas
+ siente que corre
+ hiel que le mata,
+ algo que horrible
+ su sér desgarra;
+ y en el gemido
+ de su garganta
+ decir parece
+ con voz ahogada:
+ «¡Ay vida triste!
+ ¡Corriente amarga!»
+
+ La vió en las fiestas
+ de Bib-Arrambla,
+ resplandeciente
+ como una hada;
+ hada sombría
+ doliente y pálida.
+ ¿Por qué tan rica,
+ tan codiciada,
+ de la hermosura
+ gentil sultana,
+ así insensible
+ y así postrada?
+
+ ¿Por qué en el Coso,
+ quebrando cañas,
+ lidiando toros,
+ rompiendo lanzas,
+ cien caballeros
+ de gran prosapia,
+ que prez y orgullo
+ son de Granada,
+ deslumbradores
+ de ricas galas,
+ lucientes joyas,
+ bruñidas armas,
+ sobre fogosos
+ potros del Atlas,
+ que el Coso barren
+ con sus gualdrapas,
+ en las cuadrillas
+ giran, se travan,
+ como un torrente
+ de fuego pasan
+ junto al estrado
+ de la acuitada,
+ y sus preseas
+ ante sus plantas
+ ansiosos ponen,
+ sin que una vaga,
+ leve sonrisa
+ conmueva plácida
+ su hermosa boca,
+ ni en dulce llama
+ sus negros ojos
+ lucientes ardan?
+ ¿Por qué tal pena,
+ desdicha tanta?
+ Y cual si el sueño
+ que á Ataide embarga
+ fuese un conjuro
+ que la evocára,
+ en los fulgores
+ raudos de plata
+ que á la corriente
+ la luna arranca,
+ Leila aparece
+ trasfigurada,
+ los negros ojos
+ ardiendo en llamas,
+ voraz sonrisa
+ mostrando avara,
+ suelta la luenga
+ crencha dorada,
+ que en su aureola
+ radiante baña
+ las maravillas
+ de su garganta,
+ sus curvos hombros,
+ su seno que alza
+ aliento inmenso
+ que gime y canta
+ y en poderoso
+ volcan estalla.
+ Leila le absorbe,
+ Leila le abarca
+ en el encanto
+ de su mirada,
+ Leila le expresa
+ cuantas fragancias,
+ cuantas ternuras
+ enamoradas,
+ las almas sienten
+ que se embriagan
+ en el misterio
+ que amor se llama.
+ Dura un momento
+ la vision mágica,
+ la onda en que flota
+ léjos la arrastra,
+ y Ataide dice
+ con voz que espanta:
+ --¡Hay vida triste!
+ ¡Corriente amarga!
+
+
+ IX.
+
+ Ya el crepúsculo en la noche
+ lentamente se va hundiendo;
+ con más esplendor la luna
+ brilla en el límpido cielo,
+ y en la inmensidad perdidos
+ resplandecen los luceros.
+ Es ya tarde: cuidadosa,
+ sin duda en ferviente rezo,
+ la infeliz Ayela aguarda
+ al hijo que es su consuelo,
+ su solo amor en el mundo,
+ su solo dolor acerbo.
+ De la piedra se alza Ataide
+ conmovido y macilento,
+ y sobre su res se inclina,
+ cuando un cavernoso estruendo,
+ atronador, formidable,
+ indescriptible, siniestro,
+ voz pavorosa de muerte,
+ que áun resonante á lo léjos
+ hiela la sangre de espanto,
+ pone de punta el cabello,
+ retemblar haciendo al soto
+ despierta aterrado al eco.
+ --¡Ah! ¡el leon!--Ataide exclama,
+ cuidadoso, mas sereno:--
+ ¡el leon en montería,
+ el feroz divertimiento
+ que da á su doliente Leila
+ Aben Jucef el soberbio!
+ ¿Mas por qué de las bocinas
+ no se percibe el acento,
+ ni los ardientes lelíes
+ de los ágiles monteros,
+ ni acorralando á la fiera
+ el ladrido de los perros?
+ ¿Por qué esos rugidos suenan
+ solitarios y siniestros,
+ y la vega los repite
+ cual los repite el Desierto
+ cuando su rey vaga errante
+ de hambre y sed calenturiento.--
+ Cual respuesta pavorosa
+ se oyen gritos lastimeros
+ de mujer, gritos heridos,
+ insoportables, horrendos,
+ voz de espanto miserable
+ que pide amparo á los cielos,
+ y el escape redoblado
+ de un bruto que viene huyendo.
+ Y se acercan los rugidos,
+ los gritos son más intensos,
+ y ya se ven las centellas
+ que arrancan los cascos férreos
+ de los duros pedernales
+ en su escape turbulento.
+ --¡Santo Allah! ¡si fuese ella!--
+ exclama Ataide partiendo
+ como un rayo hácia el peligro,
+ de ansiedad henchido el pecho,
+ enardecido, magnífico,
+ ardientes los ojos fieros,
+ en el alma acariciando
+ de una esperanza el misterio,
+ y exclamando miéntras corre
+ más veloz y más intrépido:
+ --¡Ah, no! ¡que no sobrevengan
+ los altivos caballeros,
+ ni los monteros feroces,
+ ni los irritados perros!
+ ¡Yo solo, yo, con tu amparo
+ Santo Allah, salvarla quiero!--
+ Al fin una blanca yegua,
+ impulsada por el vértigo,
+ cae sin vida en la rambla
+ agotado ya el aliento,
+ y soltando los estribos,
+ por buena dicha á buen tiempo,
+ queda una blanca figura
+ de pié, lanzando reflejos
+ de su rica pedrería,
+ que de la luna á los besos
+ irradia, cual los del sol,
+ deslumbradores destellos.
+ El leon avanza á saltos:
+ uno más para que hambriento
+ se cebe en su triste presa,
+ que inmóvil, resplandeciendo
+ más que por sus ricas joyas
+ de su beldad por lo inmenso,
+ parte el alma atribulada
+ entre el asombro y el miedo:
+ que la hace sentir Ataide
+ un inefable consuelo,
+ y el leon puede quitarle
+ lo que ya, sin comprenderlo,
+ siente en su sér conturbado
+ por un dulcísimo anhelo.
+ Suena un chasquido; una jara
+ hiere zumbando en el pecho
+ al leon, que se recoge,
+ y sus ijares batiendo
+ con la cola, rampa horrible
+ sobre su propio terreno,
+ la roja crencha erizada,
+ pavoroso, gigantesco:
+ sus fosforescentes ojos
+ muerte amenazan, y el suelo
+ con las garras formidables
+ cavando, ruge en el hueco.
+ De la vida ó de la muerte
+ es el solemne momento.
+ Por su amor engrandecido,
+ por él á todo resuelto,
+ olvidado de su madre,
+ viendo en su amor su universo,
+ Ataide al leon se arroja,
+ desnudo el tajante acero,
+ revuelto rápidamente,
+ el caftan al brazo izquierdo;
+ y resuena un grito herido,
+ un grito de horror supremo:
+ ella no ve más que un grupo
+ en que se agitan revueltos,
+ confundidos, hombre y fiera:
+ Ataide en círculo estrecho
+ se ciñe al leon, le evita,
+ al burlar su furor ciego
+ larga herida le produce,
+ y rápido revolviendo,
+ vuelve á burlarle y á herirle
+ y redobla su ardimiento,
+ siempre el caftan por escudo
+ y por ofensa el acero.
+ Á cada golpe que tira
+ le enrojece un chorro negro
+ de hirviente sangre que brota
+ de cien heridas á un tiempo;
+ y ella, extendidos los brazos,
+ de ansiedad y espanto trémulos,
+ agitado el corazon,
+ que quiere saltar del pecho,
+ más y más á Ataide siente
+ en el voraz pensamiento.
+ Al fin la tremenda lucha
+ cesa, profundo silencio
+ sucede á un postrer rugido
+ del monstruo espantable muerte;
+ y Leila, que ella es la dama,
+ mira á sus piés al mancebo,
+ y desmayada en sus brazos
+ se abandona sonriendo.
+
+
+ X.
+
+ --¡Alma, vida y amor del alma mia!--
+ exclamó Ataide los lucientes ojos
+ destellando una célica alegría;--
+ y Leila, trasportada, enloquecia,
+ trémulos de pasion los labios rojos.
+
+ No era ya la dulcísima apenada
+ que el alma ansiosa, el corazon ardiento
+ del dolor, en las sombras anegada,
+ de una pena indecible é ignorada
+ sucumbia al durísimo tormento.
+
+ El asombro, el delirio, la hermosura
+ de su alma vírgen, para amar nacida,
+ se exhalaban en ansia de ternura,
+ en explosion inmensa de ventura,
+ de amor supremo, de esplendente vida.
+
+ ¡Él! ¡era él! ¡su encanto, su consuelo,
+ su abrasada ambicion, su sér divino,
+ la sombra misteriosa de su anhelo
+ que de improviso desgarraba el velo
+ que envolvia su amor y su destino!
+
+ Era su propio sér.--Ardiente, loca,
+ traspuesta é incitante la mirada,
+ mostraba en la entreabierta y dulce boca
+ cuanto el beso castísimo provoca,
+ desposorio del alma enamorada.
+
+ Sobresaltado, de delicias lleno,
+ á la presion de los amantes brazos,
+ á la desdicha y al temor ajeno,
+ su corazon del palpitante seno
+ pugnaba por saltar roto en pedazos.
+
+ La rica, la opulenta pedrería
+ que su garganta deliciosa ornaba
+ y que la luna con envidia heria,
+ con ménos esplendor resplandecia
+ que el que en sus negros ojos fulguraba.
+
+ Y luégo, ansiosa, loca, delirante,
+ con acento infinito de dulzura,
+ seductora, vivífica, anhelante,
+ así exclamó exhalando la fragante
+ deliciosa pasion de su alma pura:
+
+ --¡Oh ensueño encantador del ansia mia!
+ ¡fe de mi vida, hasta tenerte amarga!
+ ¿por qué triste en tus ojos la agonía
+ áun causa espanto á la ventura mia,
+ por qué áun la pena del temor te embarga?
+
+ ¿Temes que pobre, y yo de altiva cuna,
+ imposible y mortal nuestro amor sea?
+ cuando Dios de dos almas hace una,
+ ni el humano poder ni la fortuna
+ pueden romper lo que el Eterno crea.
+
+ Mayor ventura á nuestro amor no pidas;
+ ¿no ves que Allah, en sus juicios misterioso,
+ para siempre ha enlazado nuestras vidas,
+ lanzando entre venturas bendecidas,
+ á la esposa en los brazos del esposo?--
+
+ Y Leila su palabra entrecortaba,
+ y estremecida de placer gemia,
+ y hambrienta la belleza contemplaba
+ de Ataide, que en sus brazos la estrechaba
+ y de ansiedad y amor desfallecia.
+
+ --¡Sígueme!--Ataide al fin con voz medrosa
+ y trémula exclamó;--de la montaña
+ en el seno selvático, gozosa,
+ correrá nuestra vida venturosa
+ bajo el techo de paz de la cabaña.
+
+ Por tí en los manantiales mi ballesta
+ la caza matará, rica en sabores;
+ espléndida en matices la floresta
+ por Dios bordada y al placer dispuesta,
+ cuando la pises tú, brotará flores.
+
+ Fresca sombra, sonora y perfumada,
+ el ardor mitigando del estío,
+ te ofrecerá del huerto la enramada
+ blando lecho la grama regalada,
+ límpido baño el murmurante rio.
+
+ Sus auras la galana primavera
+ perfumará en la magia de tu encanto
+ difundiendo en el monte y la ladera
+ en lánguida cadencia y hechicera,
+ el suspiro ardoroso de tu canto.
+
+ Y en las veladas del invierno frio,
+ en el hogar, alcázar del contento,
+ zumbando fuera el huracan bravío,
+ yo gozaré tu amor, tú el amor mio,
+ junto á la alegre llama del sarmiento.
+
+ ¡Oh, vén conmigo, vén, luz de mi vida,
+ alma de fuego para amar creada
+ y áun en el mismo infierno bendecida!
+ ¡ah, no mates por Dios, mi alma querida,
+ el alma triste á amarte consagrada!
+
+ Deja ese mundo vano y mentiroso
+ correr tras la ambicion que engendra el crímen,
+ ese mundo de lágrimas ansioso,
+ que no sabe ser grande y venturoso
+ sin gozar el dolor de los que gimen.
+
+ Sígueme, vén, pues que el Señor, clemente,
+ en el fuego de amor unirnos quiso,
+ y el arduo monte, el mugidor torrente,
+ el dulce valle y la sonora fuente
+ serán nuestro encantado paraíso.--
+
+ Y anhelante calló.--La contemplaba
+ muriendo de ansiedad, y cual tesoro
+ que de su amante corazon brotaba
+ sangre del alma, largo resbalaba
+ por sus mejillas pálidas el lloro.
+
+ --¡Oh adorado señor!--enloquecida
+ Leila exclamó, resplandeciente en fuego:--
+ humilde, á tu mandato sometida,
+ sin otro bien que tú para mi vida,
+ ¿cómo negarme á tu anhelante ruego?
+
+ ¡Mira, atiende, señor! tan tuya soy,
+ tal te idolatra el pensamiento loco,
+ á tu merced tan entregada estoy,
+ que del amor que á tu delirio doy
+ para decir lo inmenso todo es poco.
+
+ Pero ¿por qué me pides que envilezca
+ del noble viejo las altivas canas,
+ que su terrible maldicion merezca,
+ si para que tu raza se ennoblezca
+ tienes allí las huestes castellanas?--
+
+ Y Leila, altiva, grande, destellando
+ el ínclito esplendor de su linaje,
+ el brazo eburneo á Loja amenazando,
+ así inspirada prosiguió exclamando,
+ resplandeciente de valor salvaje:
+
+ --¡De mi amor, de tu fe, todo lo espera!
+ ¿no ves el monte oscuro allá perdido
+ que guarda de Granada la frontera?
+ ¡bravo por mí levanta una bandera,
+ vuelve á buscar mi amor ennoblecido!--
+
+ Se irguió Ataide magnífico, esplendente,
+ de amor y de bravura trasportado,
+ y tendiendo su brazo al Occidente,
+ así exclamó en acento prepotente
+ por Leila y por la gloria arrebatado:
+
+ --¡Infantes de Castilla jactanciosos,
+ rey Adfun el rumy, que el fuerte muro
+ acechais de Granada cautelosos,
+ al logro de mis sueños venturosos
+ iré por vuestra sangre, yo os lo juro!
+
+ --¡Toma de mis alhajas el tesoro--
+ Leila le interrumpió;--gente esforzada
+ á sueldo toma, derramando el oro;
+ haz que brille en la lid el nombre moro,
+ corre la tierra infiel en algarada!
+
+ --¡Tus joyas no, porque en el logro fies--
+ exclamó Ataide--de mi noble empresa,
+ me bastan de la sierra los monfíes,
+ feroces cual los fuertes jabalíes
+ que se abren paso entre la jara espesa!
+
+ --¡Los monfíes! ¡fatídicos agüeros--
+ dijo Leila;--¿qué empresa enaltecida
+ se puede acometer con bandoleros?
+ --Ellos--exclamó Ataide--saben fieros
+ causar la muerte y despreciar la vida.
+
+ Ganarán el perdon de su delito
+ por Dios y el rey triunfando en la pelea.
+ --¡Dios sólo es vencedor! ¡estaba escrito!--
+ Leila exclamó.--¡Señor de lo infinito,
+ tu santa voluntad cumplida sea!
+
+ Y alzó los ojos, desolada, al cielo,
+ como buscando amparo en el altura;
+ cual si un horrible apenador recelo
+ de su amor y su encanto tras el velo
+ la hiciese presentir la desventura.
+
+ De improviso sus ojos irradiaron
+ un rápido fulgor vago y sombrío,
+ atentos al Oriente se tornaron,
+ y trémulos sus labios exclamaron,
+ con acento á la par triste y bravío:
+
+ --¡Ah! ¡en mi busca se acercan! ¡huye! ¡véte!
+ ¿no escuchas el rumor vago y perdido
+ que crece, que se acerca, que arremete,
+ de la rauda carrera de un jinete
+ y de feroces perros el ladrido?
+
+ Es mi padre sin duda: ¡si te hallára!
+ ¡oh, tú no sabes su altivez cuán fiera!
+ ¡de la espesura próxima te ampara!
+ ¡ten compasion de mí, que me matára
+ si una sombra de duda concibiera!
+
+ --¿Y no he de verte?
+ --Sí.
+ --¿Cuándo?
+ --En la hora
+ del silencio y del sueño: ¡huye, bien mio!
+ --¿Y dónde te he de hallar?
+ --En la Almanzora:
+ yo en la reja estaré: ¡sálvate ahora!
+ ¡líbrame del terror que siento impío!--
+
+ Y de nuevo en abrazo tembloroso
+ sus agitados senos se juntaron,
+ y en un beso infinito, silencioso,
+ la amante esposa, el delirante esposo,
+ de nuevo el pacto de su amor sellaron.
+
+ Y ella le rechazó, que ya el estruendo
+ más cerca y más distinto se sentia;
+ y él, apenado, de dolor gimiendo,
+ rápido se alejó, despareciendo
+ por el lóbrego seno de la umbría.
+
+ Y olvidó su cervato, su ballesta
+ y su roto caftan de sangre rojo,
+ y Leila, ansiosa, de terror traspuesta,
+ --¡Que él se salve!--exclamó--¡yo estoy dispuesta!
+ ¡Sálvame tú, Señor, que á tí me acojo!
+
+
+ XI.
+
+ Á poco, fiero se mete
+ sobre un caballo lanzado
+ á rienda suelta, en el prado,
+ un fatídico jinete.
+
+ Deshecho su capellar,
+ al aire en desórden flota;
+ y de su roja marlota
+ el recrujiente ondear;
+
+ y la furia con que bate
+ los ijares del corcel,
+ desgarrándolos cruel
+ con el agudo acicate;
+
+ y el siniestro, el ronco grito
+ con que excita al corredor,
+ el aspecto aterrador
+ le dan de un genio maldito.
+
+ Fieros, el rastro siguiendo,
+ ante el rápido corcel,
+ vienen perros en tropel
+ ladrando, aullando, latiendo.
+
+ La brava y leal jauría,
+ al ver á su dueña hermosa,
+ á ella corre presurosa
+ trasportada de alegría,
+
+ y el jinete, que refrena
+ al bruto con fuerte mano,
+ ansioso, anhelante, insano,
+ del arzon salta á la arena.
+
+ --¡Hija!--al ver á Leila en pié,
+ llena de vida, radiante,
+ gritó el xeque delirante--
+ ¿quién te salvó?
+ --No lo sé--
+
+ respondió Leila turbada
+ y presintiendo la ira
+ de su padre, á la mentira
+ por primera vez llevada;
+
+ que aunque sencillas alienten
+ la pureza y el candor,
+ para defender su amor
+ las mujeres, todas mienten.
+
+ --¡No lo sabes! ¡Mas Dios santo!--
+ Jucef con fiera sorpresa
+ añadió--¿qué sangre es esa
+ en tu seno y en tu manto?
+
+ Era la sangre traidora
+ que á Ataide bañado habia
+ del leon, que aparecia,
+ señalando, vengadora,
+
+ aquel abrazo de amor,
+ aquel delirio infinito;
+ y cual testimonio escrito,
+ indudable, acusador,
+
+ y cual señal de una afrenta,
+ en la blanca vestidura,
+ marcada su huella impura,
+ dejó una mano sangrienta.
+
+ --¿Por qué, si no estás herida,
+ si al leon no te acercaste--
+ gritó Jucef--te manchaste?
+ --¡No lo sé! Desvanecida
+ por el terror.....
+
+ --¡El terror!
+ ¡y el infame á quien debiste
+ la vida, y al que ni áun viste,
+ cobró su precio en mi honor!
+
+ --¡Oh padre! ¡no te comprendo!--
+ relevando la cabeza
+ dijo Leila con fiereza.
+ --¡Que no me entiendes! ¡Mintiendo
+
+ tu torpe maldad aumentas!--
+ el xeque exclamó con furia.--
+ ¡Estoy leyendo la injuria
+ en estas manos sangrientas!
+
+ --¡Injuria, no!--pudorosa
+ dijo Leila, en su bravura
+ aumentando su hermosura
+ hasta hacerla portentosa.--
+
+ ¡Injuria! ¡Dios me maldiga
+ si yo te ofendí, señor;
+ que con espanto y horror
+ su maldicion me persiga!--
+
+ Y demudado el semblante,
+ deslumbradores los ojos,
+ ardientes los labios rojos,
+ alto el seno palpitante,
+
+ trasportada, poderosa,
+ más y más resplandeciente,
+ alzaba su pura frente
+ de candor esplendorosa.
+
+ En sus órbitas rodaron
+ los ojos del xeque fiero;
+ su diestra el brazo hechicero
+ que las Gracias modelaron
+
+ asió con fuerza brutal,
+ y doblegando á la triste
+ exclamó;
+ --Si no mentiste;
+ si la humillante señal
+
+ de los brazos de un insano,
+ que atreviéndose á mi honor
+ aprovechó tu pavor,
+ mienten tambien; si es en vano
+
+ de mi furor el recelo,
+ ¿por qué en tus ojos fulgura
+ una inefable ventura,
+ una alegría del cielo?
+
+ ¿por qué te miro trocada
+ de triste en resplandeciente?
+ ¿es que tambien falaz miente
+ el amor en tu mirada?
+
+ --¡Oh padre!--en una explosion
+ Leila exclamó;--no tirano
+ pretendas romper insano
+ las leyes del corazon.
+
+ Si cual le vi le miráras,
+ por mí venciendo á una fiera,
+ tu gratitud le quisiera,
+ cual le amo yo, tú le amáras.
+
+ --¿Por qué se oculta, y por qué
+ tú no me dices su nombre?
+ --No lo sé, ni hay que te asombre,
+ que del amor en la fe,
+
+ de la ventura en la calma,
+ el espíritu anhelante
+ no pregunta, goza amante:
+ ¿tiene acaso nombre el alma?
+
+ Y más no te he de decir,
+ aunque tu furor lo intente,
+ y aunque perezca inocente,
+ por mi amor sabré morir.
+
+ --¡Ah, la osada rebeldía!--
+ exclamó el xeque, la mano
+ llevando, en su furia insano,
+ al puño de su gumía.--
+
+ Su desventura midió
+ la triste, cerró los ojos,
+ y desplomada, de hinojos
+ ante su padre cayó.
+
+ --¡No!--murmuró en un rugido
+ el xeque;--¡la muerte fuera
+ tu perdon! ¡más te valiera,
+ infame, no haber nacido!--
+
+ Y despiadado, brutal,
+ del suelo la levantó,
+ con ella al corcel saltó,
+ partió como el vendaval;
+
+ sin ladridos la jauría
+ fué tras su fiero señor,
+ y á poco el postrer rumor
+ en la noche se perdia.
+
+ FIN DE LA PRIMERA PARTE.
+
+
+
+
+ SEGUNDA PARTE.
+
+
+ I.
+
+ En la cumbre del Zenete,
+ que está mirando á la Alhambra
+ y á las dos torres Bermejas,
+ y á la Vega, que se ensancha
+ al Poniente, con sus rios,
+ que, como cintas de plata,
+ relucen entre la bruma
+ de la noche solitaria
+ por la luna esclarecida,
+ se eleva la torre blanca,
+ con sus bellos azulejos
+ y sus ricas ajaracas,
+ de la famosa mezquita
+ donde el sepulcro se guarda
+ en que el cuerpo se venera
+ del santon Sydi Ben-Dara.
+ Á la base de la torre
+ se adhiere una pobre tapia,
+ que coronan descollantes
+ los pámpanos de una parra,
+ y en ella, por una puerta
+ estrecha, mezquina y baja,
+ á un pequeño huertecillo,
+ bello y frondoso, se pasa.
+ Dentro, en la alberca, se escucha
+ del débil chorro del agua
+ la monótona caida,
+ y el gemido de las auras
+ en las rojas amapolas,
+ en las dulces pasionarias,
+ en la espesa madreselva
+ y en las higueras enanas,
+ que, con torcidas raíces,
+ como bulbosas arañas,
+ á las grietas del muro
+ de la mezquita se agarran.
+ La fragancia se respira
+ de las flores y las plantas,
+ y todo anunciar parece
+ paz y contento en la casa
+ que, al fondo, con ornamentos
+ de verde yedra se alza.
+ ¡Cuánto, mintiendo, extravian
+ las apariencias villanas!
+ Aquel huertecillo verde,
+ aquella tranquila estancia
+ que hace pensar en un nido
+ que á su culto amor consagra,
+ de Ataide, el desventurado,
+ es la doliente morada,
+ que en ella la triste Ayela
+ se extingue como una lámpara,
+ que al fin de una horrenda noche
+ sin pábulo muere exhausta.
+ Sentada sobre una estera,
+ sobre una estera de palma,
+ pálida como la muerte,
+ como el dolor apenada,
+ tendidas las blancas trenzas
+ sobre la encorbada espalda,
+ trenzas que dicen bien claro
+ que nunca ha sido casada.
+ Ayela en silencio reza,
+ y las leves cuentas pasa
+ de un rosario de marfil
+ con sus manos descarnadas,
+ y á pesar de todo, hermosas,
+ que cual al frio del alma,
+ en convulsion persistente
+ se agitan, y apénas bastan
+ á sostener del rosario
+ la ligerísima carga.
+ Una candela en un nicho
+ con su luz rojiza baña
+ del reducido aposento
+ las paredes blanqueadas,
+ que, si aparecen desnudas,
+ por su limpieza resaltan.
+ Un capacete sencillo,
+ una luciente coraza,
+ una pica de dos hierros
+ y una pesada hacha de armas,
+ agrupados en panoplia,
+ penden allá de una escarpia,
+ y en el fondo del hogar,
+ de la cena retrasada,
+ se oye el hervor insistente,
+ al que el quejido acompaña
+ de la vejez, ya caduca,
+ de un grande perro de caza,
+ todo á lo largo tendido
+ ante los piés de su ama.
+ Ya ha pasado un gran espacio
+ desde que la voz enfática
+ del muecin de la mezquita,
+ llamó á la postrer plegaria
+ de la noche á los creyentes.
+ ¿Cómo tanto Ataide tarda?
+ Su cuidado maternal,
+ recelando una desgracia,
+ Ayela con más ferviente
+ dolor reza, ansiosa aguarda
+ á que entre el silencio suenen
+ las presurosas pisadas
+ de Ataide, cruzando el huerto,
+ y miéntras reza y se espanta,
+ de sus ojos su desdicha
+ rebosa en ardientes lágrimas.
+
+
+ II.
+
+ Aun es hermosa, y en vano
+ la enfermedad, la tristeza
+ de su marchita belleza,
+ anublan el esplendor;
+ y áun á pesar de las canas
+ que emblanquecen sus cabellos,
+ hay en sus ojos destellos
+ de juventud y de amor.
+
+ Amor doliente, infinito,
+ mal herido, acongojado,
+ en ardoroso cuidado,
+ en apenador afan;
+ corriente de desventura,
+ que la materia mezquina
+ gasta, corroe, calcina,
+ como el fuego en un volcan.
+
+ Desesperantes, crueles
+ los dolores de su vida,
+ por su mente enloquecida
+ pasan en negro tropel,
+ y eterno, indeleble, horrible
+ un pavoroso momento,
+ en su corazon sangriento
+ mantiene viva la hiel.
+
+ No ha pasado un solo dia:
+ espantosa, aterradora,
+ es siempre la horrenda hora
+ del crímen y la maldad;
+ es lo que ensueño parece
+ por el infierno abortado,
+ lo infame al horror llevado;
+ lo infinito en la crueldad.
+
+ La mar, que á la brisa ondula
+ y al sol poniente riela,
+ deja ver la blanca vela,
+ recortándose en la luz,
+ que el ocaso enciende en fuego,
+ de esbelta nave galana
+ que de la costa africana
+ viene al verjel andaluz.
+
+ ¡Ay de la vírgen morena
+ que al pié de la ingente roca
+ contra la que brava choca,
+ rompiendo espumas la mar,
+ sin miedo acercarse mira
+ la nave que blandamente,
+ mueve la brisa indolente
+ la azul llanura al rizar!
+
+ ¡Ay de la tribu que errante
+ vino de Arabia en mal hora
+ á aquella roca traidora
+ y sus tiendas alzó allí!
+ que viene en la nave aquella
+ el feroz lobo marino,
+ almirante granadino
+ Ben Jucef-el-Meriní.
+
+ Se oculta el sol: ya es la noche:
+ la brisa se torna en viento,
+ que en largo sonoro acento
+ anuncia la tempestad,
+ y sobre la mar inquieta,
+ cubierta de blanca espuma,
+ negra y espesa la bruma
+ aumenta la oscuridad.
+
+ En tanto, la galeota
+ que el fiero Jucef comanda,
+ de la ensenada en demanda,
+ que está de la roca al pié,
+ llega, las anclas arroja
+ y al agua lanza el esquife,
+ que embiste en el arrecife,
+ donde el aduar se ve.
+
+ Los árabes, sin recelo
+ de un barco en que está arbolada
+ la bandera de Granada,
+ del rey en prenda y señal,
+ á Aben Jucef se adelantan
+ y en paz le tienden la mano,
+ como á un cariñoso hermano
+ de igual raza y ley igual.
+
+ Con antorchas le esclarecen
+ el camino, y á su llama,
+ que en chispas se desparrama
+ del viento bajo el furor,
+ de Ayela ve el almirante
+ la sobrehumana hermosura,
+ y súbita llama impura
+ prende en él de un torpe amor.
+
+ --¡Ah la hurí!--temblando dice;
+ y volviéndose á su gente--
+ ¡llevadla!--añade vehemente
+ con fiero acento brutal;
+ y aquella voz pavorosa
+ que á los árabes sorprende,
+ su honrada cólera enciende
+ y es del combate señal.
+
+ Á poco las tiendas arden,
+ gritos de muerte se escuchan,
+ presto los tristes no luchan
+ degollados en monton,
+ y Ayela, de horror transida,
+ entre unos brazos se siente,
+ y ve una mirada ardiente
+ que la hiela el corazon.
+
+ ¡El vértigo! luégo nada;
+ insensible, muda, inerte,
+ un letargo que á la muerte
+ se pudiera comparar,
+ la domina, y cuando vuelve
+ en sí, con asombro toca
+ un dentellon de la roca,
+ á donde la echó la mar.
+
+ El sol brilla en el Oriente,
+ y la azul onda serena
+ se rompe en la blanca arena
+ con dulce cadente són;
+ y graznan las gaviotas,
+ sus blancas alas mojando,
+ la abrupta base rozando
+ del solitario peñon.
+
+ Los miembros atormentados,
+ de dolor temblando y frio,
+ con espantoso extravío
+ en su anhelante mirar,
+ vagamente recordando
+ rojas visiones tremendas,
+ Ayela busca las tiendas
+ de su querido aduar.
+
+ Ni un vestigio, ni un despojo
+ en la arena abandonada;
+ la mar, entónces rizada,
+ cuando el huracan la hinchó,
+ el arrecife asaltando,
+ bravía por él subiendo,
+ cuanto al paso halló barriendo,
+ sólo á Ayela respetó.
+
+ ¡Oh! ¡cuán cruel fué la ola
+ que, cogiéndola en su espalda,
+ en la dentellada falda
+ de la roca, sin piedad,
+ la arrojó, que mejor fuera
+ que implacable la matára,
+ porque infeliz no llorára
+ su desolada orfandad!
+
+ Lentamente su memoria,
+ con el marasmo luchando,
+ la fué el crímen revelando
+ infame, horrible, cruel;
+ y fiera gritó, en la altura
+ los airados ojos fijos:
+ --¡Malditos sean sus hijos
+ y cuantos vinieren de él!
+
+ ¡Que perezca cuanto ame!
+ ¡Que su corazon de fiera
+ lento y lento el dolor hiera
+ y no le mate el dolor!
+ ¡Que sus noches el infierno
+ llene con sueños de espanto!
+ ¡Que nunca aplaque su llanto
+ la cólera del Señor!
+
+
+ III.
+
+ Y esta maldicion horrible
+ que del dolor en la hora
+ Ayela desesperada,
+ de justa venganza ansiosa,
+ pronunció contra el malvado,
+ ignorando su deshonra,
+ ignorando que era madre,
+ cuando lo fué en su memoria,
+ se sublevó turbulenta,
+ sombría, amenazadora;
+ que al maldecir á los hijos
+ de la fiera sanguinosa
+ que asesinó á su familia,
+ maldijo á su sangre propia;
+ y por eso cuando Ataide
+ en su infancia fatigosa,
+ que siempre sobran fatigas
+ donde el dinero no sobra,
+ el bello semblante pálido
+ mostraba, y su linda boca
+ de arcángel no sonreia,
+ la maldicion pavorosa
+ helaba de espanto á Ayela,
+ surgiendo de entre la sombra
+ del imborrable recuerdo
+ de su desdichada historia;
+ y pasaron veinte años
+ de angustias y de congojas
+ para la pobre inocente
+ madre honrada, aunque no esposa,
+ y para el hijo sin padre,
+ del cual fué la herencia sola,
+ con la belleza de Ayela
+ y su sangre generosa,
+ el valor de Aben Jucef
+ y su condicion indómita.
+ Sin pan y sin esperanza,
+ y sola en el mundo, sola;
+ en los principios viviendo,
+ con llanto, de las limosnas;
+ rechazando altiva y pura,
+ si la buscó, á la deshonra;
+ brava su sino arrostrando,
+ errante como una hoja
+ que del árbol desprendida
+ va allí donde el viento sopla;
+ con su tesoro cargada,
+ y libre como una alondra,
+ danzando cual bayadera,
+ cantando cual trovadora,
+ diciendo las buenas hadas
+ en natalicios y bodas;
+ vendiendo filtros de amores
+ y oraciones milagrosas;
+ ornando con oropeles,
+ collares y falsas joyas
+ su portentosa hermosura;
+ sin más amor que su ansiosa
+ pasion por su pobre hijo;
+ por valles, cerros y lomas,
+ parando en las alquerías,
+ en las villas populosas,
+ y en las altivas ciudades
+ que de torres se coronan;
+ marchitando su hermosura
+ las fatigas, las zozobras,
+ y de su llanto apenado
+ la corriente silenciosa,
+ y de su dormir inquieto
+ las sombras aterradoras,
+ á la juventud viril
+ llegó de Ataide, ya rotas
+ sus fuerzas, su juventud,
+ y con canas presurosas
+ la pálida frente ornada,
+ anciana ya áun siendo moza.
+ Siempre con el miedo horrible
+ de que en fatídica hora
+ su maldicion alcanzase
+ al hijo de sus congojas,
+ su único bien en el mundo,
+ aquella noche en que llora
+ por la tardanza de Ataide,
+ una fatídica sombra
+ su delirante cabeza
+ asalta y la vuelve loca:
+ nunca más vivo el recuerdo
+ de la noche tormentosa
+ de su desdicha la aqueja;
+ la faz repugnante y torva,
+ por el deseo irritada,
+ de su asesino, medrosa
+ cual si pasado no hubieran
+ los años, abrumadora,
+ impregnada de amenazas,
+ en frio pavor la ahoga;
+ y ya no reza ni siente
+ crujir la puerta premiosa
+ del huerto, ni unas pisadas
+ sobre la arena sonoras;
+ pero _Radjí_ se levanta
+ penosamente, la cola
+ menea, con sus gruñidos
+ la atencion de Ayela evoca,
+ que de su estera se alza
+ y á la puerta llega ansiosa,
+ palpitante, en el momento
+ en que Ataide al umbral toca,
+ y muriendo de alegría
+ entre sus brazos se arroja.
+
+
+ IV.
+
+ --¡Oh! ¡cuánto he sufrido, cuánto!--
+ Ayela anegada en llanto
+ dice con voz amorosa.--
+ ¡Jamas he llorado tanto!
+
+ ¡Jamas con igual espanto
+ tu vuelta esperé afanosa!
+
+ Y de su cuello colgada,
+ besándole enloquecida,
+ por las lágrimas velada
+ la mirada enamorada,
+ por la pasion encendida
+ y en Ataide encarnizada;
+
+ la pálida frente pura
+ reflejando la hermosura
+ del amor de los amores,
+ de la maternal ternura
+ olvidaba en la locura
+ de su espanto los horrores.
+
+ --¡Oh tu amor cuál te amedrenta!--
+ dijo Ataide conmovido.
+ --¡Sí, de la brava tormenta--
+ Ayela exclamó--el rugido
+ en mi corazon herido
+ siento horrible y me amedrenta!
+
+ Vén: la cena preparada
+ está ya; la blanda almohada
+ al reposo te convida;
+ pero ¡ay de mí desdichada,
+ en penas siempre anegada!
+ ¿por qué has tardado, mi vida?--
+
+ Y de nuevo le besó
+ de amor trasportada, hambrienta;
+ y cuando de él se apartó,
+ cuando de improviso vió
+ su vestidura sangrienta,
+ desatentada exclamó:
+
+ --¡Ay de mí! ¡vienes herido!
+ ¿Quién tu valor ha rendido?
+ ¿qué terrible sangre es ésta?
+ --Vencedor, mas no vencido--
+ dijo Ataide.
+ --¡Y di, ¿qué ha sido
+ entónces de tu ballesta?
+
+ --El colmo de la ventura
+ me hizo olvidarla.
+ --¡Qué dices!
+ --¡Ah, la propicia aventura
+ dijo Ataide con locura:--
+ ¡ah! ¡los augurios felices
+ del amor y la hermosura!
+
+ --Yo no te entiendo, ¡ay de mí!
+ ¿Mas no estás herido?
+ --Sí;
+ pero con dardo de amor:
+ la suerte cruda hasta aquí
+ nos brinda con su favor.
+ Asienta y escucha.
+ --Di.
+
+ En el hogar la asentó
+ Ataide, y con voz ardiente
+ su aventura la contó,
+ y ella, abatida la frente,
+ estremecida, doliente,
+ en silencio le escuchó.
+
+ Ataide acabado habia,
+ Ayela permanecia
+ doblegada, muda, inerte,
+ y su alentar parecia
+ el hervor de la agonía
+ tras el cual viene la muerte.
+
+ Al fin, la faz levantando,
+ en su mirada infinita,
+ avara, á Ataide abarcando,
+ dijo, con voz inaudita,
+ cual consigo misma hablando:
+ --¡Maldita de Dios! ¡Maldita!
+
+ Luégo, su voz lastimera
+ resonó, vibrante, fiera,
+ aterradora, sombría,
+ cual rugido de pantera,
+ que al temor se desespera
+ de que la roben su cría.
+
+ --¡Maldita, sí!--ronca, dijo:--
+ ¡Maldita, la que maldijo!
+ ¡Un amor que muerte augura
+ colmando mi desventura,
+ mi vida, mi amor, mi hijo,
+ arrebate á mi ternura!
+
+ --¡Qué dices, madre!
+ --De aquí
+ partamos sin más tardar.
+ --¡No temas, espera en mí!
+ ¡Tanta gloria he de alcanzar,
+ que mi Leila me ha de dar
+ Ben Jucef-el-Meriní!
+
+ ¿Por qué, dí, te desesperas?
+ Yo arrancaré en las fronteras
+ ricas presas al cristiano;
+ y á sus plantas hechiceras
+ ella verá cien banderas
+ conquistadas por mi mano.
+
+ El encanto de mi amor
+ me hará incontrastable, fuerte;
+ calma tu ansioso temor,
+ ¿por qué pensar en la muerte,
+ cuando propicia la suerte
+ consuela nuestro dolor?
+
+ El Rey me ennoblecerá,
+ Granada me aclamará,
+ ella y tú seréis mi encanto.
+ --¡Oh! ¡cuán léjos, cuánto y cuánto
+ la locura humana va!--
+ dijo Ayela con espanto.
+
+ --Enalteciendo á mi grey,
+ con mi sangre en las campañas,
+ por Dios, la patria y el Rey,
+ premio hallarán mis hazañas.
+ --Yo no conozco más ley
+ que el hijo de mis entrañas.
+
+ ¿Qué rey nos tendió la mano?
+ ¿Qué patria nos amparó?
+ Dios mismo, al dolor tirano,
+ doblegados nos dejó,
+ que la maldicion oyó
+ y no se maldice en vano.
+
+ --De temor estoy ajeno,
+ dijo Ataide ya impaciente--
+ aquel que maldice al bueno
+ el daño siente en su seno.
+ --¡Oh, sí! ¡la fiera serpiente
+ da á sus hijos su veneno!
+
+ --¡Hijo soy yo de un maldito!
+ --Tú de tu madre el dolor
+ desoyes, y el hondo grito
+ de las ansias de su amor.
+ ¡Dios es grande y vengador,
+ y cumple lo que está escrito!
+
+ --¿Y qué ha de cumplirse, di?
+ --Temo que te mate el fiero
+ Ben Jucef-el-Meriní.
+ Si sabe (de angustia muero)
+ tus amores..... ¡ah! ¡yo espero
+ que tengas piedad de mí!
+
+ ¡Huyamos! De tu pasion
+ me estremece la locura,
+ se me hiela el corazon,
+ y pienso que, horrenda, oscura,
+ una horrible maldicion
+ nos lleva á la desventura.
+
+ --Mañana, al rayar el dia,
+ partirémos, madre mia.
+ --¡Oh! ¿Qué dices?
+ --En su empeño,
+ mi amor á la lid me envia.
+ --¿No me engañas? ¿No es un sueño?
+ --Me tarda el tenerla mia;
+
+ pero esta noche.....
+ --¡Oh, señor!
+ --Ella en la reja me espera,
+ piensa madre en su dolor,
+ si escarneciendo su amor
+ á hablar con ella no fuera
+ por la sombra de un temor.
+
+ --¡Oh! ¿Quién sabe?--Ayela dijo
+ para sí, con triste anhelo--
+ tal vez sin razon me aflijo:
+ ¿Mas, qué madre por su hijo
+ no vive en tenaz recelo,
+ temiendo un afan prolijo?--
+
+ Y añadió, la voz temblando:
+ --En buen hora ve, mas cuida
+ que ansiosa quedo esperando.
+ --No he de tardar, por mi vida--
+ dijo Ataide--y la salida
+ ganó, impaciente escapando.
+
+
+ V.
+
+ Áun sonaban en el huerto
+ sus pisadas presurosas,
+ cuando recayendo Ayela
+ de su miedo en las congojas,
+ de insoportable pavor
+ dominada, de afan loca,
+ --_Radjí_--exclamó:--vén conmigo,
+ precédeme: el rastro toma
+ de tu señor.--Y _Radjí_,
+ con marcha lenta, afanosa,
+ el huertecillo cruzando,
+ seguido de su señora,
+ el rastro tomó en demanda
+ de la pintoresca loma
+ del Albaicin, por callejas
+ estrechas, ágrias, medrosas,
+ ó entre vallados floridos
+ de cármenes, cuyo aroma
+ el aire con su fragancia
+ perfumaba deliciosa.
+ Á cada paso, al subir
+ una cuesta áspera y corva,
+ Ayela se detenia
+ jadeante, temblorosa;
+ su mano buscaba apoyo
+ en un muro, y de su boca
+ hervoroso se exhalaba
+ el ronco alentar que ahoga
+ y en el comprimido pecho
+ la sangre agitada agolpa.
+ Fatigada, dolorida,
+ llegó al fin á la Almanzora.
+ Desierta la calle estaba,
+ sumida en tinieblas, lóbrega,
+ y al amor no daba amparo
+ en sus rejas silenciosas.
+ Súbito choque de aceros
+ resonó: dos voces roncas,
+ una de viejo, irritada,
+ serena y jóven la otra,
+ de entre el silencio salieron,
+ terribles, tempestuosas.
+ Ayela, de horror transida,
+ que en la voz jóven, sonora,
+ á Ataide escuchado habia,
+ sus fuerzas cobrando todas,
+ por un milagro de amor,
+ cual revive luminosa
+ y brilla por un momento
+ una luz que á su fin toca,
+ ansiosa, rápida, ardiente,
+ corrió, llegó, y animosa
+ entre las fieras cuchillas
+ se arrojó, sublime, heroica,
+ para defender la vida
+ del que era su sangre propia.
+ En un recodo del muro
+ de la puerta que áun se nombra
+ de Albolut, ó el Estandarte,
+ y en el muro gris se apoya
+ del castillo del Romano,
+ esplendente, brilladora,
+ alta la luna en el cielo
+ bañaba una plaza angosta
+ entre el adarve robusto
+ y una torre altiva y roja,
+ que de sus almenas reales
+ ostentaba la corona.
+ Asida á su Ataide Ayela,
+ miraba, cual la leona
+ que á su cachorro defiende,
+ á Aben Jucef, que su cólera
+ trocado habia en espanto,
+ y ella, al verle, tembló toda.
+ Era él, el miserable,
+ que la triste una vez sola
+ vió en su vida, al resplandor
+ de la llama pavorosa
+ de su aduar incendiado,
+ rugiendo bravas las olas,
+ zumbando irritado el viento,
+ miéntras la voz angustiosa
+ de sus parientes pedia,
+ en vano, misericordia.
+ En su recuerdo indeleble
+ aquella faz espantosa
+ Ayela guardado habia;
+ y aquella mirada odiosa,
+ sensual y repugnante
+ que la contemplaba absorta,
+ era la mirada misma
+ de aquella terrible hora;
+ y él, que de Ayela tenía
+ en su conciencia la copia,
+ la devoraba mirándola
+ con expresion misteriosa,
+ mezcla de amor y de espanto
+ y dulce á la par que torva.
+ Y ella, apagando su ira,
+ que horrenda y aterradora
+ brillaba en sus negros ojos,
+ y con dulce y cadenciosa
+ voz, que doliente imploraba,
+ apenada y melancólica,
+ --¡Ved, señor, que éste es mi hijo
+ y que es mi esperanza sola!--
+ exclamó; y el fiero xeque,
+ con voz terrible, espantosa,
+ en que vibraban heridas
+ las fibras de su alma rotas,
+ --¡Maldito!--exclamó--¡maldito!--
+ y huyendo, la calle lóbrega
+ ganó, se perdió por ella,
+ y con voz triste, medrosa,
+ --¡Maldito!--repitió un eco
+ que surgió de entre la sombra.
+
+
+ VI.
+
+ Ataide, mudo, asombrado,
+ en negras ánsias perdido,
+ en la duda estremecido,
+ en un misterio anegado,
+ dudando si era soñado
+ aquel torrente de hiel,
+ ó una realidad cruel
+ que su esperanza rompia,
+ á su madre sostenia,
+ ansiosa abrazada á él.
+
+ Luégo miró con espanto
+ que agitada, convulsiva,
+ por la boca sangre viva,
+ por los ojos triste llanto,
+ lanzaba Ayela, y que en tanto
+ la muerte apagaba impura
+ de sus ojos la hermosura,
+ y con mate palidez
+ manchaba la limpidez
+ de su nítida blancura.
+
+ Soportando su agonía,
+ Ayela, terrible, fuerte,
+ con la incontrastable muerte
+ pugnaba en lucha bravía;
+ su palabra se perdia
+ oscura, ronca é incierta,
+ y muy pronto helada, yerta,
+ dejando á Ataide perdido
+ en un misterio, un gemido
+ de dolor la dejó muerta.
+
+ Representar la amargura
+ es de Ataide empeño vano;
+ no tiene el lenguaje humano
+ voz para tal desventura.
+ Preguntad á la locura
+ y os responderá inclemente:
+ --Yo, del dolor en la fuente,
+ mato al alma infortunada:
+ soy la sombra, soy la nada
+ en un cadáver viviente.--
+
+ Y así Ataide. Al golpe rudo,
+ inesperado, violento,
+ anulado el sentimiento,
+ insensible, inerte, mudo
+ quedóse, y luégo, sañudo,
+ vuelto en sí, con la voz fiera,
+ --¡Venganza--gritó--aunque muera
+ en mi venganza mi amor!
+ ¡Ay madre de mi dolor!
+ ¡jamas á mi Leila viera!--
+
+ Y sus lágrimas brotaron,
+ y sus labios contraidos,
+ entre dolientes gemidos,
+ la faz de Ayela besaron;
+ luégo sus brazos la alzaron,
+ sobre el hombro la cargó,
+ desatentado partió
+ con el vértigo en la mente,
+ y gruñendo en són doliente
+ el fiel _Radjí_ le siguió.
+
+
+ VII.
+
+ De improviso, voz vibrante,
+ grave, extensa, poderosa,
+ que se repite incesante,
+ y que de instante en instante
+ resuena más presurosa,
+ rompiendo el silencio hiende
+ el aire, léjos se extiende,
+ y á la ciudad despertando,
+ brava, al combate llamando,
+ hasta la vega desciende.
+
+ Es la sonora campana
+ de la alcazaba, que, fiera,
+ dice que gente cristiana,
+ de presa y conquista en gana,
+ ha roto por la frontera.
+
+ Con su carga dolorosa
+ por una altura desciende
+ Ataide; el rebato entiende,
+ y una mirada ardorosa
+ á la vega ansioso tiende.
+
+ En los picos de la sierra
+ las atalayas ardiendo
+ hacen la señal de guerra,
+ su roja hoguera, que aterra,
+ incesantes repitiendo.
+
+ --¡Ah, nos embiste el rumy!--
+ siniestro Ataide exclamó--
+ ¡mi venganza es cierta! ¡sí!
+ ¡no ha de escapárseme allí!
+ ¡él primero! ¡luégo yo!
+
+ Y á su Leila recordando,
+ sintiendo que la perdia
+ á Jucef exterminando,
+ con el alma en agonía
+ siguió la cuesta bajando.
+
+
+ VIII.
+
+ Y truena y retumba
+ la voz de combate,
+ despierta Granada;
+ sus puertas se abren,
+ y el rey con sus nobles
+ y sus estandartes,
+ y moros sin cuento,
+ jinetes é infantes,
+ allá por Elvira
+ rebosan y parten,
+ y cruzan la Vega,
+ y allá adonde arde
+ incendio terrible
+ de mieses y hogares,
+ rugiendo adelantan
+ por sotos y valles.
+
+
+ IX.
+
+ Ya el ejército domina
+ una encumbrada colina,
+ y al fin al contrario ve
+ sobre la encantada tierra,
+ que de Elvira la alta sierra
+ se tiende fértil al pié.
+
+ Y ya venciendo á la aurora
+ puro el sol las cumbres dora,
+ y á su roja ardiente luz
+ reflejan centellas puras,
+ las brillantes armaduras
+ del Profeta y de la cruz.
+
+ Ambas huestes se hostilizan,
+ llegan, chocan, se encarnizan,
+ tras el potente embestir,
+ y el eco va retumbando
+ de monte en monte lanzando
+ el fragoroso reñir.
+
+ Arde la fuerte bombarda,
+ y allí, donde no se aguarda,
+ va su disparo á caer,
+ y al trueno espantable y fuerte
+ un alarido de muerte
+ viene horrible á responder.
+
+
+ X.
+
+ Y saltan lanzas
+ hechas astillas,
+ relumbran rojas
+ cien mil cuchillas,
+ todos revueltos,
+ todos trabados,
+ los capitanes
+ y los soldados,
+ y los jinetes,
+ y los pendones,
+ y las banderas,
+ y los pendones
+ entran y salen,
+ rugen, batallan,
+ cristiano y moro
+ do quier se hallan,
+ y de la sierra
+ por las vertientes,
+ la sangre corre
+ corre á torrentes.
+
+
+ XI.
+
+ Ya muchos de los que fueron
+ á la lid no están en pié:
+ muchos que salir miraron
+ el sol á su trasponer,
+ no le verán, que la muerte
+ horrenda con ellos fué.
+ El humo, el fuego, los gritos,
+ el estrago y el tropel,
+ el polvo que en remolinos
+ levantan los fuertes piés,
+ hacen una zambra horrible
+ en que danza Lucifer,
+ y ni ceden los cristianos
+ ni el moro piensa en ceder,
+ que todos de la victoria
+ buscan el noble laurel.
+
+
+ XII.
+
+ Sucedió esta durísima batalla
+ que ensangrentó la granadina tierra
+ el año mil trescientos diez y nueve,
+ mañana de San Juan, triste y sangrienta
+ para el cristiano bando, y venturosa
+ para la gente indómita agarena:
+ en Castilla reinaba Alfonso Onceno,
+ y rey y emir de los alarbes era
+ el terrible Ismail. Los dos infantes,
+ causa imprudente de la atroz pelea,
+ eran don Pedro el uno, del Rey primo,
+ y su tio don Juan el otro era;
+ entráronse talando á sangre y fuego
+ la peligrosa granadina tierra,
+ y allí los dos infantes se quedaron
+ la muerte hallando en su insensata empresa.
+ Dia de luto fué para Granada
+ y para Ataide de fortuna excelsa,
+ que ganó, ya muy tarde, gran renombre,
+ favor del Rey, mercedes y nobleza.
+ Fué, que el bravo Ismail, harto empeñado
+ en la revuelta bárbara pelea,
+ el caballo perdió: cercado vióse
+ de cristianos sin fin, que á grande priesa
+ su desclavado arnés crujir hacian
+ de rudos golpes bajo lluvia densa.
+ --¡Es el Rey de Granada!--voceaban.--
+ --¡Á prision recibidle!--¡No! ¡que muera!--
+ y el tumulto arreciaba á cada instante
+ bramando en torno de la régia presa.
+
+ Contra el muerto caballo replegado
+ batallaba Ismail, cual la pantera
+ de innumerables canes acosada,
+ en los que alcanza brava se ensangrienta.
+ Rota la adarga, sobre el rojo polvo
+ tendida la riquísima cimera,
+ la corona de golpes destrozada,
+ desgarrada la toca al aire suelta,
+ de polvo y sangre y de sudor bañado,
+ le faltan, no el valor, sino las fuerzas,
+ y por sus fieros ojos centellantes
+ cruza horrible y fatal nube siniestra.
+ De repente, en el círculo terrible,
+ hacha en mano un mancebo se presenta,
+ que ante su paso arrolla á los cristianos
+ y á sus plantas exánimes los deja,
+ cual en las mieses la segur metiendo
+ el campesino infatigable siega.
+ Parece que el Altísimo á su brazo
+ poder terrible y misterioso presta,
+ por el hacha enrojecida corre
+ raudal de sangre, que á su paso deja
+ con rastro pavoroso señalado,
+ cual su rastro de horror marca la fiera.
+ Es Ataide que en vano al asesino
+ de su madre ha buscado en la pelea;
+ Ataide, á quien dolor de las entrañas
+ y el recuerdo tristísimo de Leila
+ y de su suerte el torcedor cuidado
+ en horrendo afanar le desesperan;
+ es que la muerte, como bien supremo,
+ por todas partes busca y no la encuentra.
+ Llega un momento, al fin, en que aterrados
+ los nazarenos en desórden cejan,
+ y al revolverse Ataide, con asombro
+ ve que el Rey admirado le contempla.
+ Libre se ve Ismail por su bravura
+ cuando creyó su perdicion ya cierta,
+ y los brazos le tiende, y en un punto
+ contra su bravo corazon le estrecha.
+ --¡Pide--dícele al fin--cuanto quisieres,
+ que por mucho que pidas, recompensa
+ pareceráme poco cuanta darte
+ mi potestad y mi cariño puedan!--
+ Y volviéndose á punto á los bizarros,
+ que en su socorro desalados llegan,
+ --Sin su valor--les dice--en este dia
+ de Rey quedára mi Granada huérfana.--
+ La vida le debí: llegárais tarde
+ si ántes él no acudiera á mi defensa.
+ Mi púrpura vestidle y que en Granada
+ entre á la par conmigo, y á mi diestra:
+ con mi estandarte Real en las batallas,
+ á mi lado de hoy más lidiar le vean,
+ y en su poder y en su favor conmigo
+ honrado premio y merecido tenga:
+ y ¡sús! á recoger, que ya el cristiano
+ ha pasado en desórden la frontera,
+ y á Granada llevemos la victoria
+ y del vencido la perdida presa.--
+ Y cabalga Ismail en un caballo
+ que sus humildes siervos le presentan,
+ y á Ataide con la púrpura vistiendo,
+ otro caballo igual gratos le muestran.
+ Marcha de triunfo tocan atabales,
+ y añafiles, dulzainas y trompetas,
+ y en la impaciencia de ostentar su triunfo
+ rápidos cruzan la tendida vega,
+ y por Elvira en la ciudad alegre
+ en cerrado escuadron altivos entran,
+ y del rey Ismail al par marchando,
+ las hermosuras que Granada encierra;
+ ven al hermoso Ataide y le codician
+ al verle junto al Rey de tal manera,
+ y Ataide, el desdichado, va llorando,
+ la mente en Leila y en su madre puesta,
+ y que es de gozo por su altivo triunfo,
+ los que le miran, con envidia piensan.
+
+
+ XIII.
+
+ A la Alhambra le llevó
+ el Rey, y con él entrando
+ en la sala de Comares,
+ viendo que su acervo llanto
+ no cesaba, interrogóle:
+ Ataide en acento opaco
+ le contó su desventura,
+ y el Rey atento escuchando,
+ cuando brevemente Ataide
+ finó su triste relato
+ le dijo con grave acento,
+ pero cariñoso y blando:
+ --Es misterioso y terrible
+ el decreto de los hados:
+ se cumple lo que está escrito:
+ si por tu madre en espanto,
+ Ben Jucef el Meriní
+ huyó en su fuga lanzando
+ una maldicion, ¿qué piensas
+ que esto fué?
+ --Yo no lo alcanzo
+ --exclamó Ataide abatido.
+ --Ben Jucef sabrá explicárnoslo
+ --dijo el Rey:--y de su guardia
+ al punto un kaid llamando
+ le mandó fuese á la casa
+ de Aben Jucef con mandato
+ de que, sin perder momento,
+ se presentase en palacio.
+ El kaid salió, y á poco
+ volvió trayendo recado
+ de que en aquel mismo dia
+ Ben Jucef, abandonando
+ á Granada con su hija,
+ con una guardia de esclavos
+ y á su torre de Almuñécar
+ el camino enderezando,
+ á pasar al Mogreb iba
+ resuelto y determinado.
+ --¿Cuándo partió?--dijo el Rey.
+ --Al amanecer.
+ --¡No ha estado
+ entónces en la batalla!
+ Que enjaecen dos caballos;
+ tú kaid con cien zenetes
+ nos iréis acompañando.
+ Véte.--Y tú no desesperes,
+ que, pues salvaste bizarro
+ mi vida, yo salvaré
+ tu corazon en los brazos
+ de Leila, ó con su cabeza
+ Ben Jucef me dará el pago.--
+ Poco despues, sin reposo
+ de su abrumador cansancio,
+ el Rey y Ataide partian,
+ sirviéndoles de resguardo
+ cien alentados zenetes
+ en poderosos caballos,
+ y por la puerta de Lachar
+ lanzándose sobre el campo,
+ atravesando el Genil,
+ hácia la costa bajando,
+ por la falda de la sierra
+ tomaron al trote largo.
+
+
+ XIV.
+
+ Ya el sol sobre su ocaso descendia
+ abrillantando las hinchadas aguas,
+ y en el brumoso y cárdeno horizonte
+ rojas, cual sangre, amenazantes ráfagas,
+ próxima tempestad y formidable
+ fatídicas, siniestras, auguraban,
+ cuando el Rey por las puertas de Almuñécar
+ se metió con Ataide y con su guardia.
+ Transidos, sudorosos los caballos
+ de la violenta presurosa marcha,
+ por montañas que al cielo se atrevian,
+ por valles que al abismo se humillaban,
+ inútiles al fin hubieran sido
+ á seguir la durísima jornada.
+ Supo el Rey que Jucef partido habia
+ con rumbo hácia la roca solitaria,
+ que avanzada á la mar con su arrecife
+ desde los muros, al levante, vaga,
+ coronada de niebla se veia
+ como un siniestro aterrador fantasma.
+ Aun léjos de ella, sobre el mar inquieto,
+ á toda vela un barco se alejaba,
+ y de sus remos la pujante fuerza
+ ayudaba del viento á la pujanza.
+ --¡A la playa!--con voz temblando en ira
+ el Rey prorumpe, y á la playa bajan;
+ se quedan los caballos en la arena,
+ el Rey y Ataide y los zenetes saltan
+ á una larga y fortísima almadía,
+ que las agudas velas desplegadas,
+ el arraez atento al gobernalle,
+ la chusma al remo en las salientes bandas,
+ su bandera de rey enarbolando,
+ del barco de Jucef se pone en caza;
+ crecen las sombras y la bruma crece;
+ las olas, cual montañas, se levantan
+ rodando en turbillon, rugiendo horribles
+ al formidable empuje de la racha;
+ crujen atormentadas las maderas,
+ saltan silbando las forzadas jarcias,
+ y el Rey, que se mantiene en la crujía,
+ Ataide al lado, que agoniza y calla,
+ el Rey, que sin pavor mira la furia
+ del viento y de las olas encrespadas,
+ grita con ronca voz:--¡Cargad las velas!
+ ¡á la chusma azotad! ¡la fuerza brava
+ venced del mar y el viento! ¡avante, avante,
+ que ese infame traidor se nos escapa!--
+ Y tanto reman, tanto maniobran,
+ que al fin la nave de Jucef alcanzan,
+ y los enormes ganchos de abordaje
+ en ella aferran y su mura asaltan;
+ como una tromba los zenetes entran,
+ cuanto á su paso encuentran desbaratan,
+ y al castillo de proa el Rey acude,
+ donde Jucef, inmóvil, se levanta.
+ Una mujer, que doblegada llora,
+ cuya flotante vestidura blanca
+ se señala en la sombra, ante él se mira
+ de feroces esclavos rodeada.
+ --¡Leila!--con voz de angustia Ataide grita.
+ --¡Tuya en la eternidad!--llorando exclama
+ la mísera doncella.--El Rey, airado,
+ llega á Jucef, y con la voz que manda
+ segura del respeto y la obediencia:
+ --¡Dame á Leila en el punto--dice--ó guarda!
+ Se estremece Jucef y en voz horrenda
+ prorumpe en su furor:--¡La infame al agua!--
+ Y se oye un grito de terror que hiela,
+ sobre la mura, despedida salta
+ una blanca figura que la ola
+ en su espumosa cresta coge avara.
+ Se demuda Ismail, silba su acero
+ arrancado con furia de la vaina,
+ y en el instante mismo la cabeza
+ de Jucef, de su tronco cercenada
+ por el terrible golpe, de la proa
+ rebota horrible y á la mar se lanza:
+ y Ataide, de dolor desesperado,
+ del castillo se arroja, la mar gana,
+ y allí á donde una blanca vestidura
+ sobre las ondas flota, ansioso nada;
+ sus esfuerzos redobla, avanza, llega,
+ y la cabeza de Jucef le aparta,
+ chocando en su cabeza, y siempre y siempre
+ que domina su vértigo y mar gana,
+ para llegar á Leila, formidable
+ la cabeza cruel lo estorba airada.
+ Leila, al fin, desparece entre las olas;
+ Ataide, loco de dolor, desmaya,
+ enervados sus miembros se entorpecen
+ y las olas horrísonas le tragan.
+ Desaferrada en tanto la almadía
+ por salvar á los náufragos avanza;
+ monta las olas y á la fin se encuentra
+ en frente de la roca en que, irritada,
+ rompe la mar con fragoroso estruendo,
+ y hasta la gruta sus espumas lanza.
+ Con asombro del Rey y de los suyos
+ la gruta gigantesca iluminada
+ por lívido fulgor fosforescente
+ se muestra, y de hermosura sobrehumana
+ esplendorosa, Leila, ansiosa gira,
+ buscando á Ataide que incesante vaga
+ en el pálido ambiente, y que angustioso
+ de amor, de espanto y de dolor en ansia
+ á ella tiende los brazos, que le mira
+ la rubia cabellera destrenzada,
+ y los brazos le tiende, y siempre y siempre
+ que se aproximan, en su giro, rauda,
+ revolviendo sus ojos infernales
+ la sangrienta cabeza los separa.
+ Al ver esta vision la frente humilla
+ el creyente Ismail, y en voz ahogada:
+ --¡Dios solo--dice--sabe los misterios
+ que en el humano corazon se guardan!
+ ¡Él solo sabe lo que estaba escrito!
+ ¡Él sus criaturas, ó condena, ó salva!
+ ¡Infierno del amor, de tí me aparto!
+ ¡que Dios tenga piedad de esas tres almas!
+
+
+ XV.
+
+ Y el Rey contó la tradicion sombría
+ de la espantosa roca, que áun se guarda,
+ y que en los bellos cuentos de la costa
+ áun el INFIERNO DEL AMOR se llama.
+
+
+ FIN.
+
+PRECIO:
+Una peseta en toda España.
+
+
+
+
+
+End of Project Gutenberg's El infierno del amor, by Manuel Fernández González
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EL INFIERNO DEL AMOR ***
+
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+Proofreading Team at https://www.pgdp.net (This book was
+produced from scanned images of public domain material
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+Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual works in the
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+
+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
+electronic works in formats readable by the widest variety of computers
+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
+people in all walks of life.
+
+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at https://www.pglaf.org.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+https://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
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+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
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+
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+Literary Archive Foundation
+
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+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit https://pglaf.org
+
+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including including checks, online payments and credit card
+donations. To donate, please visit: https://pglaf.org/donate
+
+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart was the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
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+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
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