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HERNÁNDEZ + +IMPRESOR DE LA REAL CASA + +Libertad, 16 duplicado. + +1893 + + + + +ÍNDICE + + + I.--La casa del maestrante + + II.--El hallazgo + + III.--La cita + + IV.--Historia de aquellos amores + + V.--Las bromas de Paco Gómez + + VI.--Las señoritas de Meré + + VII.--El aumento del contingente + +VIII.--El vino de Fernanda + + IX.--La mascarada + + X.--Cinco años después + + XI.--La cólera de Amalia + + XII.--La justicia del barón + +XIII.--El martirio + + XIV.--La capitulación + + XV.--Josefina duerme + + + + + +I + +La casa del maestrante. + + +A las diez de la noche eran, en toda ocasión, contadísimas las personas +que transitaban por las calles de la noble ciudad de Lancia. En las +entrañas mismas del invierno, como ahora, y soplando un viento del +noroeste recio y empapado de lluvia, con dificultad se tropezaba alma +viviente. No quiere esto decir que todos se hubiesen entregado al sueño. +Lancia, como capital de provincia, aunque no de las más importantes, es +población donde ya en 185... se había aprendido a trasnochar. Pero la +gente se metía desde primera hora en algunas tertulias y sólo salía de +ellas a las once para cenar y acostarse. A esta hora, pues, solían +tropezarse algunos grupos resonantes que caminaban a toda prisa +resguardados por los paraguas; las señoras rebujadas en sendos +capuchones de lana, alzando las enaguas con la mano que les quedaba +libre; los caballeros envueltos en sus pañosas o _montecristos_, los +pantalones enérgicamente arremangados, rompiendo el silencio de la noche +con el áspero traqueteo de las almadreñas. Porque en aquella época eran +muy pocos todavía los que desdeñaban este calzado patriótico y +confortable. Tal cual pollastre que por haber estado en Valladolid +estudiando medicina se creía por encima de estas ruindades y alguna que +otra damisela melindrosa que afectaba el no saber andar con ellas. + +De coches no había que hablar, pues sólo existían tres en la población, +el de Quiñones, el de la condesa de Onís y el de Estrada-Rosa. Este +último era el único que no alcanzaba el medio siglo de antigüedad. +Cuando cualquiera de las tres carrozas salía a la calle, rodeábala un +enjambre de chiquillos y seguíanla buen trecho en testimonio de +incondicional entusiasmo. Los vecinos en lo interior de sus moradas +distinguían, por el estrépito de las ruedas y el chasquido de las +herraduras, a cuál de los magnates mencionados pertenecía. Eran, en +suma, tres instituciones venerandas que los hijos de la ciudad sabían +amar y respetar. Contra la lluvia que cae sobre ella más de las tres +cuartas partes del año no se conocían entonces otros preservativos +naturales que el paraguas y las almadreñas. Poco después vinieron los +chanclos de goma y recientemente también se introdujeron los +impermeables con capuchón, que trasforman en ciertos momentos a Lancia +en vasta comunidad de frailes cartujos. + +El viento soplaba más recio en la travesía de Santa Bárbara que en +ningún otro paraje de la población. Esta vía, abierta entre el palacio +del obispo y las tapias de un patinejo de la catedral, donde viene a +caer la cadena del pararrayos, pasa a su terminación por debajo de un +arco y forma lóbrego recodo en que el huracán se encalleja y clama y se +lamenta en noches tan infernales como la presente. + +Un hombre embozado hasta los ojos atravesó velozmente la plazoleta que +hay delante de la morada de los obispos y entró en este recodo. La +fuerza del huracán le detuvo, y la lluvia, penetrando entre el embozo de +la capa y el sombrero, le privó de la vista. Resistió unos instantes a +pie firme la violencia de la ráfaga, y en vez de soltar alguna +interjección enérgica, que nunca fuera más al caso, dejó escapar un +suspiro de angustia. + +--¡Ay, Jesús mío, qué noche! + +Se arrimó a la pared, y cuando el viento sosegó sus ímpetus siguió su +camino. Pasó por debajo del arco que comunica el palacio con la catedral +y entró en la parte más desahogada y esclarecida de la travesía. Un +reverbero de aceite engastado en la esquina servía para iluminarla toda. +El cuitado hacía inútiles esfuerzos, secundado por la gran mariposa de +hoja de lata, para enviar alguna claridad a los confines de su +jurisdicción. Pero, más allá de diez varas en radio, nada hacía +sospechar su presencia. Sin embargo, a nuestro embozado debió parecerle +una lámpara Edison de diez mil bujías, a juzgar por el cuidado con que +se subió aún más el embozo y la prisa con que abandonó la acera para +caminar ceñido a la tapia del patio en que las sombras se espesaban. +Salió en esta guisa a la calle de Santa Lucía, echó una rápida mirada a +un lado y a otro, y corrió de nuevo al sitio más oscuro. La calle de +Santa Lucía, con ser de las más céntricas, es también de las más +solitarias. Está cerrada a su terminación por la base de la torre de la +basílica, esbelta y elegante como pocas en España, y sólo sirve de +camino ordinariamente a los canónigos que van al coro y a las devotas +que salen a misa de madrugada. + +En esta calle, corta, recta, mal empedrada y de viejo caserío, se alzaba +el palacio de Quiñones de León. Era una gran fábrica oscura de fachada +churrigueresca, con balcones salientes de hierro. Tenía dos pisos, y +sobre el balcón central del primero un enorme escudo labrado toscamente +y defendido por dos jayanes en alto relieve tan toscos como sus +cuarteles. + +Una de las fachadas laterales caía sobre pequeño jardín húmedo, +descuidado y triste y cerrado por una tapia de regular elevación; la +otra sobre una callejuela aún más húmeda y sucia abierta entre la casa y +la pared negra y descascarillada de la iglesia de San Rafael. Para pasar +del palacio a la iglesia, donde los Quiñones poseían tribuna reservada, +existía un puente o corredor cerrado, más pequeño, pero semejante al que +los obispos tienen sobre la travesía de Santa Bárbara. Por la viva +claridad que dejaba pasar la rendija de un balcón entreabierto +advertíase que los dueños de la casa no estaban aún entregados al +descanso. Y si la claridad no lo acusara, acusábanlo más claramente los +sones amortiguados de un piano que dentro se dejaban oír cuando los +latidos furiosos del huracán lo consentían. + +Nuestro embozado siguió, con paso rápido y ocultándose en la sombra +cuanto podía, hasta la puerta del palacio. Allí se detuvo; volvió a +echar una mirada recelosa a entrambos lados de la calle, y entró +resueltamente en el portal. Era amplio, con pavimento de guijarro como +la calle, las paredes lisas y enjalbegadas de mucho tiempo, tristemente +iluminado por una lámpara de aceite colgada en el centro. El embozado lo +atravesó velozmente, y sin tirar del cordón de la campana pegó el oído a +la puerta, y así estuvo inmóvil algunos instantes en escucha. Cerciorado +de que nadie bajaba, tornó a la puerta de la calle y enfiló otra mirada +por ella. Al fin resolviose a abrir el embozo y sacó de debajo de la +capa un bulto que depositó en el suelo con mano temblorosa, cerca de la +puerta. Era un canastillo. Estaba cubierto con una manta de mujer, lo +cual impedía observar lo que en él se guardaba, aunque bien se presumía. +Desde Moisés, los canastillos misteriosos parecen destinados a guardar +infantes. El rebozado, ya desarrebozado, tiró tres veces del cordón de +la campana, y al instante, desde arriba, abrieron por medio de otra +cuerda. Las tres campanadas indicaba que quien entraba en la +aristocrática mansión de los Quiñones era un noble, un par de los +señores. Tiempo hacía que se estableciera esta costumbre, sin saber +cómo. Un menestral, un criado, un inferior, por cualquier concepto, no +llamaba sino con una campanada; las visitas llamaban con dos; y la media +docena o poco más de personas que el linajudo señor de Quiñones +consideraba sus iguales en Lancia, lo hacían con tres, por acuerdo +tácito o expreso, que eso nunca se averiguó. Murmurábase en la ciudad de +tal diferencia: los que nunca habían pisado los salones de la casa, +embromaban a los que a diario los visitaban: respondían éstos negando la +especie; pero aunque secretamente humillados, respetaban la feudal +costumbre: nadie era osado a dar las tres campanadas del segundo +estamento. Sólo Paco Gómez se aventuró una vez a hacerlo por broma o +fanfarronada; pero al llegar al salón se le recibió con sorpresa y +frialdad tan despreciativas, que no le quedaron ganas de repetirlo. + +El hombre del canastillo se apresuró a entrar y cerrar la puerta; +atravesó el pórtico y subió por la gran escalera de piedra, en cuyos +peldaños gastados por el uso se rezumaba constantemente alguna humedad. +Al llegar al piso principal un criado se acercó a recogerle la capa y el +sombrero. Y sin aguardar más, como si alguien le persiguiera, lanzose +con presurosa planta a la puerta del salón y la abrió. La viva luz de +las arañas y candelabros le ofuscó un instante. Era un hombre alto, +corpulento, de treinta a treinta y dos años de edad, la fisonomía dulce +y las facciones correctas: gastaba el pelo cortado a punta de tijera y +la barba luenga, rubia y sedosa. En aquel momento su rostro estaba +pálido y revelaba profunda inquietud. + +En cuanto alzó los ojos, que la excesiva claridad le obligara a cerrar, +enderezó la mirada a la señora de la casa, sentada en una butaca. Clavó +ella a su vez en él otra intensa y ansiosa. Fue un choque que dio +instantáneo reposo a sus fisonomías, como dos fuerzas iguales que se +neutralizan. El caballero se detuvo a la puerta esperando que cruzasen +cinco o seis parejas que venían girando al compás de un vals, y sus +labios descoloridos se plegaron con sonrisa tan dulce como triste. + +--¡Qué tarde! No pensábamos que usted viniera ya--exclamó la señora +alargándole su mano fina, nerviosa, que se contrajo tres o cuatro veces +con intensa emoción al chocar con la de él. + +Era una mujer de veintiocho a treinta años, menuda de cuerpo, el rostro +pálido y expresivo, los ojos y el cabello muy negros, boca pequeña y +nariz ligeramente aguileña. + +--¿Cómo se encuentra usted, Amalia?--dijo el caballero, sin responder a +la exclamación, ocultando bajo una sonrisa la ansiedad que a su pesar se +le traslucía en lo tembloroso de la voz. + +--Estoy mejor... Muchas gracias. + +--¿No le hará a usted daño este ruido? + +--No... Me aburría mucho en la cama... Además, no quería privar a las +chicas del único recreo que hoy por hoy tienen en Lancia. + +--Muchas gracias, Amalia--exclamó una jovencita que venía bailando y oyó +las últimas palabras de la dama. + +Ésta le dirigió una sonrisa bondadosa. + +Otra pareja que venía detrás chocó con el caballero, que continuaba en +pie. + +--¡Usted siempre estorbando, Luis! + +--A nadie más que a usted, María Josefa--respondió el joven, riendo con +afectación para disimular el embarazo que aún sentía. + +--¿Está usted seguro de que a mí sola?--preguntó ella alzando al mismo +tiempo su mirada maliciosa hacia el caballero que la estrechaba en sus +brazos. + +María Josefa Hevia tenía ya por lo menos cuarenta años, y sus quince +habían sido casi tan feos, pese al refrán, como sus cuarenta. Como no +poseía tampoco bastante hacienda para restablecer el equilibrio, ningún +valiente había llegado a redimirla del purgatorio de la soltería. Hasta +hacía poco tiempo todavía halagaba la esperanza de que, ya que no un +pollo, por lo menos se arrojase a pedir su mano alguno de los indianos +solteros que iban llegando a establecerse en Lancia. Fundábala en la +tendencia que éstos mostraban a contraer matrimonio con las hijas de las +familias distinguidas de la población, aunque no llevasen dote. +Pertenecía ella por la línea paterna a una de las más ilustres; como que +era pariente del señor de Quiñones, en cuya casa nos hallamos. Pero su +padre había muerto, y vivía con su madre, mujer de baja estofa, +cocinera antes de subir al tálamo nupcial de su amo. Sea por esto o, lo +que es más probable, por la bien declarada y proverbial fealdad de su +figura, tampoco los indianos picaron la carnada del anzuelo. Y eso que, +con motivo o sin él, solía descotarse más de la cuenta para hacer +ostensible lo que, según voz pública, tenía de menos malo en su cuerpo. +El rostro era repulsivo, de facciones incorrectas, hinchado por la +erisipela y desfigurado amenudo por algunas llamaradas rojizas que le +subían a las narices. De sus ilusiones femeninas no le quedaba ya más +que una, la de bailar: era una verdadera pasión: padecía horriblemente +cada vez que los descuidados pollos de Lancia la dejaban comiendo pavo. +Pero se vengaba tan lindamente de ellos y ellas, poseía una lengua tan +acerada, que la mayor parte de los jóvenes le sacrificaban por lo menos +un baile en todos los saraos: cuando se descuidaban, las mismas +muchachas se lo recordaban, temiendo las iras de la feroz solterona. +Bailaba, pues, tanto como la más linda damisela de Lancia, por razón +opuesta, esto es, por el saludable terror que había logrado inspirar. +Ella lo sabía, y aunque humillada en el fondo del alma, no dejaba de +aprovecharse, optando por el que consideraba menor de los males. Poseía +espíritu sagaz y malicioso; veía muy bien el ridículo de las acciones, +narraba con gracia y estaba dotada además de un don particular para +herir a cada persona, cuando se le antojaba, en lo más vivo. + +--¿Ha llegado ya el conde?--dijo una voz áspera que salía del gabinete +contiguo y se sobrepuso al tecleo del piano y a las pisadas de los +bailarines. + +--Sí: aquí estoy, D. Pedro... Voy allá. + +El conde dio un paso hacia el gabinete, sin apartar la vista de la +pálida señora. Ésta le clavó otra mirada intensa donde se leía una +interrogación. Él cerró los ojos afirmando, y pasó a la inmediata +estancia. Lo mismo ésta que el salón estaban amueblados sin lujo. Los +próceres de Lancia desdeñaban esos refinamientos del decorado, hoy tan +usuales. No por avaricia, sino por entender con razón que su prestigio +estribaba, más que en la riqueza o suntuosidad de las moradas, en el +sello de respetable antigüedad que poseían, rechazaban en ellas +cualquiera innovación, lo mismo interna que externa. Los muebles +envejecían, se deslustraban; las alfombras y cortinas se iban rayendo. +Los dueños aparentaban no fijarse en ello. Sobre todo, D. Pedro Quiñones +mostraba una negligencia en este punto que rayaba en jactancia. Ni los +ruegos de su señora, ni las indirectas que algún osado, como Paco Gómez, +solía autorizarse bromeando, le decidían jamás a llamar a los pintores y +tapiceros. Se adivinaba bien que en esta resolución influía el desdén +con que miraba el lujo desplegado por algunos indianos en el mobiliario +de sus casas. + +El salón, en lo que toca a las dimensiones, era soberbio, amplio, +elevadísimo de techo; ocupaba todos los balcones de la calle de Santa +Lucía, exceptuando el del gabinete. La sillería antigua, pero no +imitando formas de siglos remotos, como ahora se usa: estaba construida +en el pasado al gusto de la época, y forrada de terciopelo verde ya +gastado. La alfombra descubría el tejido por varios sitios. De las +paredes colgaban algunos tapices magníficos. Éste era el lujo de la +casa. D. Pedro Quiñones poseía una colección de gran valor. Solía +exhibirlos una vez al año, colgándolos de los balcones el día del Corpus +para el paso de la procesión. Decíase que un inglés le había ofrecido +por ellos un millón de pesetas. Poseía asimismo algunos cuadros antiguos +de mérito, tan oscurecidos por el tiempo que, si una mano hábil no venía +pronto a restaurarlos, concluirían por desaparecer. Lo único nuevo que +en el salón había era el piano, comprado hacía tres años, poco después +de casarse en segundas nupcias D. Pedro. + +El gabinete, también de gran tamaño, con un balcón a la calle de Santa +Lucía y dos al jardín, estaba peor decorado aún. Grandes cortinones de +damasco, dos armarios de roble sin espejo, un sofá forrado de seda, +algunos sillones de vaqueta, una mesa redonda en el centro y algunas +sillas correspondientes al sofá; todo bien manoseado y marchito. En +torno de la mesa central, y alumbrados por enorme quinqué de aceite con +pantalla verde, estaban tres caballeros jugando al tresillo. El dueño de +la casa era uno de ellos. Tendría de cuarenta y seis a cuarenta y ocho +años de edad; hacía tres que estaba enteramente imposibilitado para +moverse, de resultas de un ataque apoplético que le paralizó las dos +piernas. Era corpulento, rostro moreno y facciones bien acentuadas, +enérgicas; el cabello y la barba, blanqueando ya por muchos puntos, +fuertes, abundantes, encrespados; los ojos negros y hundidos de mirar +imponente. En su fisonomía había una expresión de orgullo y fiereza que +ni aun la sonrisa amistosa con que acogió al conde de Onís pudo +extinguir por completo. Estaba reclinado más que sentado en una butaca +construida adrede para facilitarle el movimiento del tronco y los +brazos, y arrimada a la mesa de lado a fin de que le fuese posible jugar +y tener las piernas extendidas. Aunque en la chimenea ardían algunos +troncos de leña, se abrigaba con una talma de color gris cerrada al +cuello con broche de oro. Bordada sobre ella, del lado del corazón, +había una gran cruz roja de la orden de Calatrava. El señor de Quiñones +prescindía pocas veces de esta talma, que le daba aspecto un poco +fantástico y teatral. + +Siempre había sido extravagante en el vestir. Su orgullo le impulsaba a +buscar el modo de distinguirse del vulgo. En varias ocasiones se le vio +de levita cerrada, sombrero de copa y almadreñas: gastaba larga melena, +como un caballero del siglo diez y siete; vestía amenudo traje de +terciopelo o pana con botas de montar; usaba botines cuando ya nadie se +acordaba de ellos, y grandes cuellos de camisa vueltos sobre el chaleco, +imitando la antigua valona. Nunca se vio hombre más preciado de su +nobleza ni con más afán de resucitar el prestigio y los privilegios de +que aquélla gozaba en siglos pasados. El público murmuraba de sus +extravagancias y muchos se reían de ellas, porque Lancia es una +población donde abundan los espíritus humorísticos; pero, como siempre +acontece, este orgullo desmedido y feroz había concluido por imponerse. +Los que con más gracia se burlaban de las rarezas de don Pedro eran los +que con mayor sumisión y rendimiento le quitaban el sombrero así que le +veían de media legua. + +Había vivido en la corte algún tiempo durante sus años juveniles, pero +no echó raíces en ella. Fue gentilhombre con ejercicio y disfrutó de las +ventajas y preeminencias que su caudal y nacimiento le concedían; pero +no bastaban a saciar aquel corazón henchido de arrogancia. La extraña +amalgama de la aristocracia de la sangre con la del dinero le hería y le +irritaba. El respeto que se concedía a los hombres políticos y que él +mismo se veía obligado a tributar por razón de su cargo le encendía de +ira. ¡Un hijo de la nada, un pelagatos pasar por delante de él con la +cabeza erguida, dirigiéndole una mirada indiferente o desdeñosa! ¡A él, +descendiente directo de los condes soberanos de Castilla! Por no +sufrirlo y por el amor que profesaba a Lancia renunció al empleo y vino +a habitar de nuevo el churrigueresco palacio en que nos hallamos. La +soberbia, o por ventura su carácter excéntrico, le hicieron cometer, en +este período de su vida de mayorazgo solterón, mil extravagancias y +ridiculeces que asombraron y fueron el regocijo de la ciudad mientras no +llegó a acostumbrarse. D. Pedro no salía jamás a la calle sin ir +acompañado de un su criado o mayordomo, hombre zafio, que vestía el +traje del labriego del país, esto es, calzón corto con medias de lana, +chaqueta de bayeta verde y ancho sombrero calañés. Y no sólo salía con +Manín (por este nombre era universalmente conocido), sino que le llevaba +al teatro. Era de ver los dos en un palco principal; él, rígido, +correcto, paseando su mirada distraída por la sala; el criado, con las +palmas de las manos apoyadas en la barandilla y la barba sobre las +manos con la atónita mirada clavada en el escenario, soltando bárbaras, +ruidosas carcajadas, rascándose el cogote o bostezando a gritos enmedio +del silencio. Entraba con él en los cafés y hasta le llevaba a los +bailes. Manín llegó a ser en poco tiempo una institución. D. Pedro, que +apenas se dignaba hablar con las personas más acaudaladas de Lancia, +sostenía plática tirada con él y admitía que le contradijese en la forma +ruda y grosera de que era capaz únicamente. + +--Manín, hombre, repara que estás molestando a esas señoras--le decía a +lo mejor hallándose ambos en cualquier tienda. + +--Bueno, bueno; pues si quieren estar a gusto, que traigan de casa un +jergón y se acuesten--respondía el bárbaro en voz alta. + +D. Pedro se mordía los labios para no soltar el trapo, porque le hacían +extremada gracia tales groserías y brutalidades. + +Si entraba en un café, Manín se atracaba de cuarterones de vino tinto +mientras él solía beber con parquedad una copita de moscatel. Pero +siempre pedía una botella y la pagaba, aunque la dejase casi llena. +Mostrando por esta prodigalidad cierta extrañeza un boticario de la +población con quien alguna vez se dignaba hablar, le respondió con fría +arrogancia: + +--Pago una botella, porque me parece indecoroso que D. Pedro Quiñones +de León pida una copa como cualquier c...tintas de las oficinas del +gobierno político. + +Causaba asombro también en la ciudad el que al saludar a los clérigos en +la calle les besase la mano, imitando la costumbre de los nobles en +otros siglos. Este respeto no era más que un medio de distinguirse y +acreditar su alta jerarquía, como todo lo demás. Porque al capellán que +tenía a su servicio, aunque le besaba la mano en público, le trataba +como a un doméstico en privado. Le guardaba muchas menos consideraciones +que a Manín. Pero lo que verdaderamente dejó estupefacta a la población +y se prestó a sin número de comentarios y chufletas fue lo que D. Pedro +hizo, poco después de llegar de Madrid, en cierta solemnidad religiosa. +Se presentó en la iglesia con uniforme blanco cuajado de cordones y +entorchados, que debía de ser el de maestrante de Ronda. Al llegar el +momento de la consagración en la misa, avanzó con paso solemne hasta el +medio del templo, que se hallaba libre de gente, desenvainó la espada y +comenzó a esgrimirla sucesivamente contra los cuatro puntos cardinales, +dando furiosas estocadas y mandobles al aire. Las mujeres se asustaron, +los chiquillos corrieron, la mayor parte de los hombres pensó que era un +acceso de locura. Sólo los más avisados o eruditos entendieron que se +trataba de una ceremonia simbólica y que aquellos mandobles al aire +significaban que don Pedro estaba resuelto, como caballero profeso que +era de una orden militar, a batirse con todos los enemigos de la fe, en +cualquier paraje del mundo. El único periodiquito que se publicaba +entonces en Lancia todos los domingos (hoy existen once, seis diarios y +cinco semanales) le dedicó una gacetilla en que, con no poca gracia, se +burlaba de él. Sin embargo, tales burlas públicas o privadas, como ya se +ha indicado, no conseguían amenguar el prestigio de que el ilustre +prócer gozaba en la ciudad. Quien se considera de buena fe superior a +los seres que le rodean, tiene mucho adelantado para que éstos se le +humillen. Además, D. Pedro, apesar de sus ridiculeces, era hombre culto, +aficionado a la literatura y con pujos de poeta. De vez en cuando, y con +ocasión de cualquier fausta nueva para la patria o familia real, +escribía algunas décimas o tercetos en estilo clásico, un poco +gongorino. Aunque algunas personas trataron de persuadirle a que los +publicase, nunca esto se pudo acabar con él. Profesaba tan sincero +desprecio a todo lo que reflejase el movimiento democrático de nuestra +era y muy especialmente a los periódicos, que prefería tenerlos +manuscritos, conocidos solamente de un número reducido de amigos. Pasaba +igualmente por hombre valeroso. En Madrid había tenido algunos duelos y +en Lancia dejó de efectuarse uno entre él y cierto jefe político que los +progresistas mandaron a esta provincia, por la intercesión del obispo y +cabildo catedral. + +Al llegar a los cuarenta años, poco más o menos, casó con una señora +aristócrata también, que habitaba en Sarrió. Murió su esposa al año, a +consecuencia del parto. Tres años después contrajo de nuevo matrimonio +con Amalia, dama valenciana algo emparentada con él. Apenas se conocían. +D. Pedro la había visto en Valencia cuando ella contaba catorce años. El +matrimonio que se realizó diez años después pactose por medio de cartas, +previo el cambio de retratos. Se daba por seguro que la voluntad de la +novia había sido forzada, y aun se decía que durante algunos meses se +había negado a compartir el tálamo con su marido. Todavía más. Se +contaba en Lancia con gran lujo de pormenores el viaje que por consejo +de un canónigo hizo don Pedro con su esposa para inspirarla confianza y +acortar, entre las peripecias del camino y la descomodidad de las +posadas, la distancia moral y material que los separaba. Cumplidas las +profecías del astuto capitular y realizados todos los fines del +matrimonio, el cielo no quiso sin embargo bendecirlo. Poco tiempo +después D. Pedro experimentó el terrible ataque apoplético que le +paralizó de medio cuerpo abajo, y desde entonces no hubo términos +hábiles para la bendición, aunque la Providencia estuviese animada de +los mejores deseos. + +--Nos hace falta un cuarto--dijo apretando con efusión la mano del +conde. + +--Sí, sí, a ver si cambia la suerte... Moro nos está llevando el dinero +bravamente--dijo un viejecito de cara redonda, fresca, rasurada, el pelo +blanco y los ojos claros y tiernos. Tenía marcado acento gallego. Se +llamaba Saleta y era magistrado de la audiencia y tertulio asiduo de la +casa de Quiñones. + +--¡No tanto, Sr. Saleta, no tanto! Sólo gano doscientos tantos. Faltan +trescientos para desquitarme de lo que he perdido ayer--manifestó el +aludido, que era un joven de fisonomía abierta y simpática. + +--¿Y por qué no han llamado ustedes a Manín?--preguntó el conde +dirigiendo una mirada risueña al célebre mayordomo, que, con su calzón +corto, zapatos claveteados y chaqueta de bayeta verde, dormitaba en una +butaca. + +Las miradas de los tres se volvieron hacia él. + +--Porque Manín es un bruto que no sabe jugar más que a la _brisca_--dijo +D. Pedro riendo. + +--Y al _tute_--manifestó el gañán, desperezándose groseramente, abriendo +una boca de a cuarta. + +--Bueno, y al tute. + +--Y al _monte_. + +--Bien, hombre, y al monte también. + +Y se pusieron a jugar sin hacer más caso de él. + +Pero al cabo de un momento volvió a decir: + +--Y al _parar_. + +--¿Al parar también?--preguntó en tono de burla el conde de Onís. + +--Sí, señor, y a las _siete y media_. + +--¡Vaya! ¡vaya!--exclamó aquél distraídamente, abriendo el abanico de +cartas y examinándolo atentamente. + +Y siguieron jugando con empeño, absortos y silenciosos. El mayordomo les +interrumpió de nuevo, diciendo: + +--Y al _julepe_. + +--¡Bueno, Manín, cállate!... No seas majadero--exclamó ásperamente D. +Pedro. + +--¡Manjadero! ¡manjadero!--masculló el aldeano con mal humor.--Otros hay +tan manjaderos; pero como tienen dinero no hay quien se lo llame. + +Y dejó caer de nuevo sus formidables espaldas en el sillón, estiró las +patas y cerró los ojos para roncar. + +Los jugadores levantaron la vista hacia don Pedro con sorpresa e +inquietud. Este la clavó colérica en su mayordomo; pero, al verle en +aquella tan sosegada postura, cambió repentinamente, y alzando los +hombros y convirtiendo de nuevo los ojos a las cartas, exclamó con +sonrisa, alegre: + +--¡Qué bárbaro! ¡Es un verdadero suevo! + +--¡Alto, Sr. Quiñones, alto!--dijo Saleta.--Los suevos han acampado +solamente en Galicia. Ustedes no son más que cántabros... Precisamente +yo debo saber bien eso... + +--¡Claro! ¡Uzté ze lo zabe too!--manifestó un caballero no tan viejo, si +bien pasaría de los cincuenta, que entraba a la sazón. D. Enrique +Valero, magistrado de la Audiencia también, hombre de agradable porte, +de rostro fino y expresivo, aunque extremadamente marchito por la vida +alegre que había llevado. Como lo denunciaba su acento, de lo más +cerrado y ceceoso que puede oírse, era andaluz y de la provincia de +Málaga. + +--No lo sé todo, amigo Valero--repuso con calma Saleta;--pero conozco +perfectamente la historia de mi país y las particularidades referentes a +mi familia. + +--¿Y qué tiene que ver zu familia con ezo de lo zuevo, compañero? + +--Porque mi familia desciende de uno de los caudillos más principales +que penetraron en la provincia de Pontevedra cuando la irrupción, según +consta de varios documentos que se conservan en el archivo de mi casa. + +Los jugadores cambiaron una risueña mirada de inteligencia con Valero. + +--¡Ajá!--exclamó éste entre alegre e irritado.--Ahora rezulta que el +amigo Zaleta ez un zuevo como una catedral.--¡Quién lo había de penzá, +tan rebajuelo y tan chiquitín! + +--Sí, señor--prosiguió el otro, como si no hubiera oído, hablando con +lentitud y firmeza.--El caudillo que dio origen a nuestra familia se +llamaba Rechila. Era hombre al parecer feroz y sanguinario. Gran +conquistador; extendió sus dominios muchísimo, y hasta me parece que +llegó en sus correrías hasta Extremadura. Un día, siendo yo niño, se +encontró su corona enterrada entre los cimientos de la antigua capilla +de nuestra casa... + +--¡Pero, hombre! ¡pero, hombre!--exclamó Valero mirándole fijamente con +una cómica indignación que hizo soltar la carcajada a los demás. + +Saleta prosiguió imperturbable describiendo el hallazgo, la forma, el +peso, cada uno de los adornos; no se le olvidó un pormenor. + +Y Valero mientras tanto no apartaba de él la mirada, sacudiendo la +cabeza con creciente irritación. + +Todas las noches pasaba lo mismo. El descarado mentir de su colega +provocaba en el magistrado andaluz una indignación a veces fingida, +otras real, que siempre alegraba a la compañía. Era tan insólito que un +gallego se atreviese a bravear de exagerado y embustero delante de un +andaluz, que éste, herido en su amor propio y en los fueros de su país, +llegaba en ocasiones a enfadarse, dudando si Saleta era un tonto o por +tales tenía a los que le escuchaban. En realidad el magistrado de +Pontevedra mentía con tan poca gracia y al mismo tiempo con tal firmeza, +que era cosa de pensar si sería un pícaro redomado que se gozaba en +impacientar a sus amigos. + +--¿Ha dicho uzté que eze antepazao zuyo ha llegao a +Eztremadura?--preguntó al fin Valero en tono decidido. + +--Sí, señor. + +--Pue me parece, compare, que eztá uzté equivocao, porque eze zeñó +Renchila... + +--Rechila. + +--Bueno, eze Rechila ha ido máz allá, ha corrío hazta la provincia de +Málaga; pero allí le zalío al encuentro una partía de vándalos de la +cual era jefe uno de miz azcendiente, que ze llamaba zi mal no +recuerdo... ezpere un poco... ze llamaba Matalaoza. Pue bien, ezte +Matalaoza, que era un tío mu bragao y mu soso, le derrotó completamente, +le hizo prizionero y le tuvo tirando de una noria hazta que ze murió. +Todavía ze conzervan en lo zótano de caza alguno peazo de la maquinita. + +D. Pedro, Jaime Moro y el conde de Onís habían suspendido el juego y +reían sin rebozo alguno. + +--No puede ser. Rechila no ha pasado de Mérida, que ha conquistado +después de un corto asedio--manifestó Saleta sin turbarse poco ni mucho. + +--Dispenze uzté, amigo; en el archivo de mi caza hay documentoz que +acreditan que el zeñó Renchila ha entrao una mijita por la provincia e +Málaga, y que el zeñó Matalaoza, mi abuelo, por la línea de madre, ni pa +Dioz quizo deharle seguí ma adelante. + +--Permítame usted, amigo Valero; me parece que está usted en un error. +Ese Rechila debe de ser otro. Entre los suevos ha habido varios +Rechilas... + +--No zeñó, no... El Rechila que ha derrotao mi abuelo era el antepazao +de uzté... Eztoy zeguro... De la provincia de Pontevedra... Ze le +conocía enzeguidita por el acento. + +Y afectaba gran seriedad al proferir estas frases. La alegría de los +jugadores era cada vez mayor. Saleta, acostumbrado a las burlas de su +colega, no se amoscaba ni perdía un punto de su irritante flema. La +desvergüenza de este hombre para mentir y sostener luego sus mentiras +era inaudita. + +Cuando vio la inutilidad de seguir disputando, atendió nuevamente al +juego. Los demás hicieron lo mismo, aunque de vez en cuando se les +escapaba por la nariz el flujo de la risa. + +Jaime Moro seguía ganando. Y se mostraba alegre y charlatán, comentando +cada una de las jugadas con prolijidad. Era un guapo joven de barba +negra recortada, facciones correctas, ojos rasgados sin expresión y tez +suave y sonrosada. Su padre, administrador diocesano que había sido en +aquella provincia, se murió el año anterior, dejándole una regular +hacienda, setenta u ochenta mil duros, según los bien enterados. Este +capital en Lancia le hacía un verdadero potentado. No hay para qué decir +que fue el blanco de todos los tiros de las niñas casaderas, su ideal, +su sueño dorado. Moro parecía poco inclinado al sexo femenino. Amaba +infinitamente más a Mercurio que a Venus. Su afición al juego, a toda +clase de juegos, era tan desmedida que bien podía decirse que su vida +entera estaba consagrada a ella, que había nacido para jugar. Vivía +solo, con ama de llaves, criado y cocinera. Levantábase de diez a once +de la mañana, y después de acicalarse se iba a la confitería de D.ª +Romana, donde hallaba sabrosa compañía que le enteraba de todos los +cuentos que corrían por la población. Así que echaba a un lado esta +tarea metíase en la trastienda oscura, grasienta, pringosa, con un olor +a hojaldre que derribaba, y sentándose a una mesa que correspondía en +un todo al decorado del recinto, se ponía a jugar la copa de Jerez y los +pasteles al dominó con su íntimo amigo D. Baltasar Reinoso, uno de los +muchos propietarios de cuatro o cinco mil pesetas de renta que residían +en Lancia. A las dos a comer. A las tres al Círculo Mercantil a comenzar +con tres de los indianos, que formaban el núcleo de aquella sociedad de +recreo, el clásico chapó, que se prolongaba ordinariamente hasta las +cinco. Y vamos corriendo a casa del muy ilustre señor deán de la +catedral basílica, donde nos espera este señor en compañía del +maestrescuela y del cura de San Rafael para ventilar el tresillo +cotidiano. Cuando el chapó se prolongaba algo más de lo acostumbrado, +solía venir un monaguillo al Círculo para avisarle de que sus compañeros +estaban reunidos. Y entonces Moro se apresuraba a dar los tres o cuatro +tacazos definitivos, y entre uno y otro se hacía poner el abrigo por el +mozo para no perder tiempo, y pagando o cobrando con mano nerviosa el +saldo de su cuenta, corría desalado con la lengua fuera hasta casa del +deán. El tresillo de éste duraba hasta las ocho. A casa a cenar. A las +nueve, escapado a la de D. Pedro Quiñones, a empalmarlo. Otras noches a +la de D. Juan Estrada-Rosa a lo mismo. A las doce al Casino, donde se +reunían unos cuantos trasnochadores y jugaban al monte o la lotería un +rato. Por último, a las dos o las tres de la madrugada Jaime Moro caía +en su lecho rendido de tan laboriosísima jornada, para comenzar al día +siguiente otra enteramente igual. + +Ni se piense que era un joven codicioso. Nada de eso. Su liberalidad era +conocida y loada por toda la ciudad. No le arrastraba a jugar el ansia +del dinero, sino una decidida y desinteresada vocación que se había +sobrepuesto en él a todas las demás aficiones. Era el suyo un +temperamento excesivamente activo, sin inteligencia ni voluntad para +darle un fin serio y útil. En sus cortos momentos de ocio aparecía como +hombre sosegado, indiferente, linfático; pero así que tenía las cartas +en la mano, o el taco, o las fichas del dominó, adquiría su figura brío +inusitado, el rostro se le mudaba, las manos se estremecían como potros +refrenados, los ojos expresaban la energía recóndita de su alma. +Inspiraba generales simpatías en la población y las cercanías. No había +hombre más dulce, más inofensivo en su trato. Jamás se le oyó hablar mal +de nadie. Los que ven siempre la parte negra de las cosas de este mundo +y el lado flaco de los caracteres, que van siendo cada vez más, por +desgracia, sostenían que si no murmuraba era porque no sabía, que era +tan bueno porque no podía ser otra cosa. ¡Como si no hubiera necios +perversos! Un defecto tenía Moro, hijo de su misma afición. Se +consideraba insuperable en todos los juegos a que se dedicaba. No se le +podía negar gran maestría en ellos; pero de aquí a no tener rival hay +mucha distancia, y Moro la salvaba. De esto procedían los prolijos, +eternos comentarios con que sazonaba cada jugada, y que ya habían +llegado a ser proverbiales en Lancia. Daba un tacazo en el billar. Las +bolas no rodaban como se había propuesto. Se llevaba la mano a la cabeza +con desesperación. + +--¡Un poquito menos de bola, y la mía hubiera entrado por los palos!... +Pero me veía obligado a tomar mucha bola, para que el mingo bajase; +porque si no baja el mingo, ¿sabe usted? él me hace villa y se mete en +casa... ¡Y a mí no me conviene eso! + +Si los circunstantes asentían, aunque perdiese todas las mesas no le +importaba nada. Salvada su honra profesional, el dinero era lo de menos. +Vuelta a dar otro tacazo, y vuelta a comentarlo. No cesaba de hablar. +Pues otro tanto pasaba en el tresillo; pero, al revés de lo que suele +acaecer en este juego, se abstenía de reprender a sus compañeros y de +mostrarse enojado. Hablaba, sí, y mucho; pero siempre para aclarar o +glosar cualquier jugada, repitiendo infinitamente los conceptos en tono +elocuente y persuasivo, que hacía sonreír a los mirones. «Si no me +hubiera fallado el rey... Si hubiera tenido un triunfito más... No me +atreví a dar la bola porque me figuré que D. Pedro... ¿Por qué este tres +de copas no había de ser de oros?... Con dos estuches siempre ha tirado +una vuelta este cura.» Era un compañero ruidoso, pero muy fino y muy +desinteresado. + +--Oiga uzté, ¿no va uzté a jugar?--le dijo Valero, metiendo la cabeza +por entre los jugadores y examinándole las cartas. + +--¿Cree usted que se puede?--preguntó Moro vacilante. + +--A mí me parece que zí. + +--Hay poco de esto y demasiado de esto otro--repuso, señalando +discretamente con el dedo los naipes. + +--Zin embargo, zin embargo... yo creo... + +--Bueno, bueno, jugaremos--replicó Moro con su finura acostumbrada. + +Aquel juego se perdió. Moro dirigió una mirada a sus compañeros y alzó +los hombros con resignación. En cuanto Valero se apartó un poco, +apresurose a decir por lo bajo: + +--No quise contrariar a D. Enrique; pero aquel juego no se podía ganar. + +Vindicada con estas palabras su fama, quedó tan alegre como si les +hubiera dado una bola. + +El conde de Onís, que en un principio se había mostrado jaranero, fue +quedando poco a poco pensativo y amurriado. Jugaba sin atención alguna; +de tal modo que sus compañeros le llamaron al orden más de una vez. + +--Pero, conde, ¿qué es lo que tiene usted hoy? Le veo muy +preocupado--dijo al fin D. Pedro. + +--En efecto, ze noz ha puezto uzté mu triztón--corroboró Valero. + +Viéndose interpelado de este modo brusco, se turbó como si temiera que +el casco de su cerebro fuese trasparente y leyesen dentro. + +--No tiene nada de particular... Me siento bastante molesto de las +muelas--respondió, apelando a un inocentísimo recurso. + +--Mala enfermedá e, compañero--dijo Valero. + +Y todos le compadecieron y se informaron con interés de las +particularidades de la dolencia. + +El conde se veía apurado y contestaba vagamente a las preguntas. + +--Pues contra ese mal, señor conde--apuntó Saleta,--no hay mejor +medicina que el hierro. Verá usted... Yo he padecido muchísimo de las +muelas siendo estudiante. No me atrevía a sacar ninguna; pero la patrona +que tenía en Santiago me convenció de que, atando un bramante a la muela +y sujetándolo por el otro cabo al techo, poco a poco iba saliendo sin +dolor. Me senté en una silla, ¿sabe usted? y cuando ya la muela estaba +bien amarrada, la huéspeda tira de la silla y me deja colgando. ¡Claro, +no tenía más remedio que saltar!... + +Valero comenzó a sacudir la cabeza de un modo desesperado. Los demás le +miran y sonríen. Saleta no lo advierte, o finge no advertirlo, y +continúa con la palabra firme y sosegada y el acento gallego que le +caracterizaban: + +--Después perdí enteramente el miedo. En la Coruña me sacó un dentista +cinco seguidas. Siendo juez en Allariz, tuve un fuerte dolor, y como no +había dentista, el promotor me sacó tres con unas tenacillas de rizar el +pelo su señora. De resultas de eso me atacó una inflamación terrible en +la boca, ¿sabe usted? Fui a Madrid, y Ludovisi, el dentista de la reina, +me quemó las encías con un hierro candente y me sacó siete buenas... + +--Van quince--murmuró Valero. + +--Y me quedé perfectamente, hasta que hace cuatro años, en un +pueblecillo de la provincia de Burgos, estando de temporada en casa de +un amigo, me volvió el dolor, ¡qué dolor! No había ni médico, ni +cirujano, ni nada. Pero llegó casualmente por allí un charlatán que +sacaba las muelas montado a caballo. Me vi tan apurado, que no tuve más +remedio que apelar a él; me sacó dos con el rabo de una cuchara. + +--¡Compañero, qué rozario!--exclamó Valero en el colmo de la +indignación.--¿Le quea a uzté todavía algún novenario en la boca? + +Con la algazara que se armó despertose Manín, desperezose bárbaramente, +abrió una bocaza de media vara, dejando escapar un aullido formidable, +que impresionó al auditorio. Luego volvió el ciclópeo torso de medio +lado y se dispuso a empalmar el sueño. + +--¿A tí no te habrán dolido nunca las muelas, eh, Manín?--preguntó el +maestrante, que no podía estar un cuarto de hora sin comunicarse con su +mayordomo. + +--¡Quiá!--exclamó el gañán sin abrir los ojos siquiera. + +--¡Es una roca!--manifestó el caballero con verdadero entusiasmo. + +Pero Manín se incorporó un poco en la butaca y dijo restregándose los +ojos con los puños: + +--Nunca tuve más que un dolor en la paletilla. Me dio cargando un carro +de hierba y me duró más de un mes. No probaba bocado. Parecía que tenía +allá dentro una gafura que me iba royendo el cuajo. Se me quebraban las +costillas, se me hundían los costados, me tiraba a las paredes, daba +corcovos y regañaba los dientes como un basilisco. Estaba tan amarillo +como la paja segada. Un día me dijo el señor cura:--Manín, tú careces +del pecho.--¡Yo carecer del pecho, señor cura! ¡No me conoce usted bien! +Apalpe aquí por su vida; más recia tengo la entraña de lo que usted +piensa.--Pues no hay más remedió, Manín, tienes que llamar al +mélico.--Que no, señor cura, que no quiero yerbatos ni cataplasmas.--Que +sí, Manín, si no lo llamas tú lo llamo yo.--En fin, después de mucho +gravitar, aunque yo tiraba siempre pa atrás, allá vino don Rafael, el +mélico de las minas. Me mandó quitar hasta la camisa y me tumbó de +espaldas sobre la masera. Enseguida comienza a darme unos golpecicos en +el pecho con los nudillos, como quien llama a la puerta. Pega aquí, pega +allá, y ascucha que ascucharás con la oreja arrimada a la carne. ¡Na! Yo +decía:--¡Gravita, gravita, probiquín! ¡Busca el puzcalabre! Más de media +hora llamando con los nudillos y ascuchando. Hasta que al fin se cansó +de no oír na que le emportase...--¡Ay, amigo del alma!--me dijo +santiguándose,--tienes un pecho ¡líquido! ¡líquido! que en mi vida he +visto otro igual...--Eso ya lo sabía yo, D. Rafael... + +Al llegar aquí se detuvo repentinamente, y paseando una torva mirada por +el auditorio, masculló sin que le oyesen: + +--¿De qué se reirán estos burros? + +Y dejando caer de nuevo la cabeza poblada de greñas sobre la butaca, +cerró los ojos con soberano desprecio. + +Los tertulios del maestrante volvieron su atención al juego, sin dejar +de reír. Pero el conde quedó muy pronto pensativo y distraído otra vez. +Al cabo, no pudiendo reprimir el desasosiego de sus nervios, levantose +de la silla. + +--Vamos, D. Enrique, ocupe usted mi puesto. Este dolor me molesta mucho +y necesito moverme. + + + + +II + +El hallazgo. + + +Cuando el conde puso de nuevo el pie en la sala, justamente se disponían +los pollos a bailar un rigodón. Una de las chicas del _Jubilado_ estaba +ya delante del piano. D. Cristóbal Mateo, a quien apodaban de este modo +en el pueblo, era un antiguo empleado que había servido muchos años en +Filipinas, y que estaba jubilado hacía ya algunos, con treinta mil +reales. Tenía porte militar, una figura realmente marcial con sus +bigotazos blancos, ojos saltones, cejas espesas y velludas manos. Sin +embargo, en todos los dominios españoles no existía hombre más civil. +Había hecho su carrera en las oficinas de Hacienda, y toda la vida había +profesado ideas contrarias al predominio de la milicia. Sostuvo siempre +que las sanguijuelas del Estado no eran ellos, los empleados, sino el +ejército y la marina. Para demostrarlo aducía datos, exhibía notas +sacadas del presupuesto, se perdía en divagaciones burocráticas. Decía +que el presupuesto de guerra «era la sangría suelta por donde se +escapaban las fuerzas vivas de la nación,» frasecilla que había leído en +el _Boletín de Contribuciones Indirectas_, y que había hecho suya con +extremada fruición. Llamaba vagos a los soldados y profesaba rencor +inextinguible a los galones y charreteras. Cuando el ayuntamiento de +Lancia trató de pedir al Gobierno que enviase un regimiento para +guarnecer la ciudad, se opuso, como concejal, tenaz y enérgicamente a +ello. ¿A qué traer una caterva de zánganos? En cambio de los beneficios +que la estancia del regimiento podría reportar, ¡eran tantos los daños! +El mercado se encarecería: los jefes y oficiales gustaban de tratarse +bien y llevarse a casa los alimentos más caros (¡para el trabajo que les +costaba ganarlo!). Luego eran todos jugadores y su mal ejemplo +contagiaría a los jóvenes de la población, que fuera de la época de +ferias, se abstenían de los juegos prohibidos. Como estaban siempre +ociosos (D. Cristóbal creía firmemente que un militar no tiene +absolutamente nada que hacer), por fuerza habían de pensar en picardías +y ruindades. En resumen, que el regimiento sería causa de perturbación +en el pueblo y un elemento corruptor. Prevaleció su deseo, aunque no por +serlo de él, sino porque al ministro de la Guerra no le plugó mandar +soldados a Lancia, considerando quizá la condición mansa de sus +habitantes. + +Con los treinta mil reales de pensión viviría desahogadamente en un +pueblo barato como aquél, si no fuese porque sus hijas estaban dotadas +de cierta fantasía poética que las impulsaba a preferir los sombreros de +Madrid a los que hacía Rita, la sombrerera de la calle de San Joaquín, y +los guantes de ocho botones a los de cuatro. Tal privilegiado +temperamento era causa de frecuentes crisis en el hogar del Jubilado, +con su cortejo de lágrimas, violentos portazos, repentina desgana de +comer, etc. En estos terribles conflictos, hay que confesar que D. +Cristóbal no siempre se mantenía a la altura de energía y coraje que +denotaban sus bigotes y sus cejas enmarañadas. Verdad que siempre +quedaba solo en la pelea. Ni por casualidad se dio el caso de que alguna +de sus hijas le apoyase. Tratándose de asuntos ajenos a la dirección +rentística de la casa, muchas veces se partían las opiniones; algunas +hijas se ponían de parte de papá contra sus hermanas. Mas en cuanto +asomaba el problema económico, constantemente se veía al Jubilado de un +lado y a las cuatro hijas de otro. D. Cristóbal, como caudillo +experimentado, apelaba en estas refriegas a mil ardides para derrotar a +sus contrarios, o para capitular en buenas condiciones. Un día amanecían +las chicas inspiradas, y pedían botinas de tafilete semejantes a las que +habían visto a tal o cual muchacha de la ciudad, generalmente a Fernanda +Estrada-Rosa. D. Cristóbal se replegaba inmediatamente en sí mismo. Se +replegaba y meditaba. Por la noche, a la hora de cenar, deslizaba en la +conversación la noticia de que había estado en _La Innovadora_ +(zapatería de lujo). Le habían dicho que las botas de tafilete daban muy +mal resultado en Lancia, a causa de la humedad. Por otra parte, D. +Nicanor (médico de la ciudad), que por casualidad estaba allí, había +manifestado que el tafilete era funesto en climas tan fríos y lluviosos, +y que por los pies se pillaban muchísimas veces los catarros que más +tarde degeneraban en tisis galopantes, etc. Antes, mucho antes de que +Mateo terminase su diatriba contra el tafilete, se la destripaban sus +cuatro pimpollos con risas irónicas y pesadísimas palabras que dejaban +confundido y triste al pobre viejo. En otras ocasiones, la imaginación +acalorada de las niñas exigía que vinieran de Madrid unos abrigos muy +lindos, de los cuales les había dado noticia Amalia: D. Cristóbal +resistía algún tiempo los asaltos, pero viéndose muy apretado, +capitulaba al fin. Su mente, fecunda en trazas, como la de Ulises, le +sugería una magnífica para ahorrarse la mitad del dinero por lo menos. +Se fue a Amalia y le rogó que le diese su abrigo por dos o tres días, a +fin de que una de las modistas del pueblo le hiciese otros cuatro +iguales. Exigiole, por supuesto, absoluto secreto, y la señora de +Quiñones supo guardarlo. Pero ¡ay! no lo guardaron los fementidos +abrigos, que al llegar muy empaquetaditos de la silla de posta, y al +ofrecerse a las miradas ansiosas y zahoríes de sus cuatro dueños, lo +pregonaron muy alto, por lo pobre de la ornamentación y lo chapucero del +cosido. + +--Estos abrigos no están hechos en Madrid--dijo resueltamente Micaela, +que era la más nerviosa de las cuatro. + +--¡Hija, no desbarres, por Dios! Pues ¿dónde habían de estar?--exclama +D. Cristóbal con afectada sorpresa, sintiendo cierto calorcillo en las +mejillas. + +--No sé; pero desde luego se puede asegurar que no los han hecho en +Madrid. + +Y las cuatro ninfas comienzan a dar vueltas entre sus ebúrneos dedos a +los abrigos, los estudian, los analizan con atento cuidado que pone en +suspensión y espanto a su progenitor. Se dirigen miradas significativas, +sonríen con desprecio, se hablan al oído. Mientras tanto, los feroces +bigotes del jubilado de Ultramar se erizan, se estremecen con leve +temblor que se comunica a sus labios y de ahí al resto del organismo. + +Por fin, aquellas elegantes criaturas sueltan las prendas con descuido +escarnecedor sobre las sillas de la sala y corren a encerrarse en el +gabinete de Jovita. Cerca de media hora estuvieron deliberando +secretamente. D. Cristóbal aguardaba inquieto y ojeroso, paseando con +agitación por el corredor como un procesado que espera el veredicto del +jurado. + +Ábrese finalmente la puerta, y el criminal escruta con ansia el +semblante de los jueces. Éstos guardan actitud reservada, y por sus +labios descoloridos vaga una sonrisa enigmática. Dos de ellas se ponen +inmediatamente la mantilla y los guantes y se lanzan a la calle. Al cabo +de un rato tornan al hogar trémulas, con la faz descompuesta y los ojos +centellantes. La pluma se resiste a narrar la cruel escena que se +produjo en la dulce morada del Jubilado. ¡Cuánto grito rabioso! ¡cuánto +sarcasmo! ¡cuánta carcajada histérica! ¡qué manoteo! ¡qué crujir de +sillas! ¡qué exclamaciones tan lamentables! Y enmedio de aquel +espantoso desorden, de aquel fragor, capaz de infundir pavura en el +corazón más sereno, los cuatro abrigos, causa de tal carnicería, +desgarrados, convertidos en miserables jirones, arrastrándose con +ignominia por el suelo en pago de su delito. + +Fuera de estos sacudimientos periódicos con que la sabia naturaleza +vigorizaba los nervios un poco enervados ya del Jubilado, la existencia +de éste se deslizaba pacífica y suave. Ni le faltaban tampoco muchos y +esmerados cuidados. Sus hijas se ocupaban a porfía en ponerle todo lo +necesario a punto y en su sitio: la ropa acepillada; las camisas y los +calzoncillos oliendo a frescura; las corbatas, hechas de vestidos +viejos, tan flamantes como si saliesen de la guantería; las zapatillas +en cuanto entraba en casa; el agua para lavarse los pies, los sábados; +el cigarro al acostarse; el vaso de agua con limón a la madrugada, etc., +etc. Todo marchaba con la regularidad dulce y mecánica que tanto placer +causa a los viejos. Verdad que entre cuatro bien podían hacerlo sin +molestarse mucho, sobre todo teniendo presente que las niñas no siempre +estaban inspiradas. Sólo a la vista de un sombrero caprichoso, o al +recibir la noticia de la llegada de una compañía dramática, o al +anunciarse que el Casino daría una reunión de confianza, ardía súbito en +sus corazones el fuego sagrado de la inspiración, despertábanse sus +poderosas facultades poéticas, y en arrebatado vuelo salían de casa y se +lanzaban a la de la modista, a la guantería, a la perfumería, dejando en +todos los parajes señales de su agitación y alguna parte del peculio +profecticio. No aliándose bien los arrebatos de la fantasía con la prosa +de los pormenores de la existencia, éstos sufrían alguna alteración. D. +Cristóbal en aquellos periodos de crisis echaba menos, con pesadumbre, +algunos retoques. Mas al poco tiempo sosegaban los espasmos de las +pitonisas y las cosas volvían a su ser y la vida seguía el mismo curso +ordenado y tranquilo. El nombre de aquéllas, por orden de edades, era el +siguiente: Jovita, Micaela, Socorro y Emilita. Eran las cuatro, en +apariencia, seres insignificantes, ni hermosas ni feas, ni graciosas ni +desgraciadas, ni muy jóvenes ni viejas, ni tristes ni risueñas. Nada +había en ellas que fijase la atención. No obstante, en el seno del hogar +el carácter de cada cual se pronunciaba y adquiría relieve. Jovita era +sentimental y reservada; Micaela tenía el genio violento; Socorro era la +más pava, y Emilita la más pizpireta. + +Las dos intensas preocupaciones que llenaban la vida espiritual de D. +Cristóbal Mateo eran la reducción del contingente del ejército y el +casar a sus cuatro hijas, o por lo menos a dos. Lo primero llevaba buen +camino: de algún tiempo atrás venían los políticos más conspicuos +inclinándose a esa opinión. En cuanto a lo segundo, nos duele confesar +que no tenía verosimilitud de ninguna clase. Ni por sacrificar otras +comodidades a los trapos, ni por exhibirse sin medida al balcón y en los +paseos, ni por asistir a los saraos de Quiñones con una constancia digna +de ser premiada, pudieron lograr hasta la hora presente los dones +preciados de Himeneo. Cuando algún imprudente tocaba este asunto en +visita, todas ellas decían que mientras viviese su padre les costaría +mucha pena el casarse; que les parecía cruel abandonar a un pobre +anciano que tanto las quería y tanto se sacrificaba por ellas, etc... +Aquí venía un elogio caluroso de las dotes espirituales de D. Cristóbal. +Pero éste se encargaba inocentemente de desmentirlas, mostrando tales +ganas de verse abandonado, un deseo tan vivo de experimentar aquella +crueldad, que ya era proverbial en Lancia. Como si no bastasen ellas +solas a ponerse en ridículo, el pobre Mateo las ayudaba eficazmente, +metiéndoselas por los ojos a todos los jóvenes casaderos de la ciudad. + +Las ponderaciones que el buen padre hacía del carácter, de la habilidad, +de la economía y buen gobierno de sus hijas no tenían fin. Así que +llegaba un forastero a Lancia, D. Cristóbal no sosegaba hasta trabar +conocimiento con él, y acto continuo le invitaba a tomar café en su casa +y le llevaba al teatro a su palco y a merendar al campo y le acompañaba +a ver las reliquias de la catedral y la torre y el gabinete de historia +natural; todas las curiosidades, en fin, que encerraba la población. El +público asistía sonriente, con mirada socarrona a aquel ojeo, que ya se +había repetido porción de veces sin resultado. La única que logró tener +novio durante tres o cuatro años fue Jovita. Por eso fue también la que +se despeñó de más alto. El galán era un estudiante forastero que la +festejó mientras seguía los últimos cursos de la carrera. Terminada +ésta, partió a su pueblo y, olvidándose de sus promesas de matrimonio, +lo contrajo con una paleta rica. Las demás no habían alcanzado este +grado excelso de la jerarquía amorosa. Inclinaciones vagas, devaneos de +quince días, algún oseo por la calle; nada entre dos platos. Poco a poco +se iba apoderando de ellas el frío desengaño. Aunque no hubiesen perdido +la esperanza, estaban fatigadas. Aquel pensamiento fijo, único, que las +embargaba hacía ya tanto tiempo, iba convirtiéndose en un clavo doloroso +en la frente. Pero D. Cristóbal ni se rendía ni se le pasaba por la +imaginación el capitular. Creía siempre a pie juntillas en el marido de +sus hijas, y lo anunciaba con la misma seguridad que los profetas del +Antiguo Testamento la venida del Mesías. + +--En cuanto se casen mis hijas, en vez de pasar el verano en Sarrió, +donde se guardan las mismas etiquetas que en Lancia, me iré a Rodillero +a respirar aire fresco y a pescar robalizas.--Atiende, Micaela, no seas +tan viva, mujer... Comprende que a tu marido no le han de gustar esas +genialidades; querrá que le contestes con razones... + +--Mi marido se contentará con lo que le den--respondía la nerviosa niña +haciendo un gracioso mohín de desdén. + +--¿Y si se enfada?--preguntaba en tono malicioso Emilita. + +--Tendrá dos trabajos: uno el de enfadarse y otro el de desenfadarse. + +--¿Y si te anda con el bulto? + +--¡Se guardará muy bien! ¡Sería capaz de envenenarlo! + +--¡Jesús, qué horror!--exclamaban riendo las tres nereidas. + +Aquel marido hipotético, aquel ser abstracto salía a cada momento en la +conversación con la misma realidad que si fuera de carne y hueso y +estuviera en la habitación contigua. + +La que comenzaba ahora a teclear en el piano era Emilita, las más +musical de las cuatro hermanas. Las otras tres estaban ya en pie, +cogidas a la manga de la levita de otros tantos jóvenes; como si +dijéramos, en la brecha. + +El conde tropezó a los pocos pasos con Fernanda Estrada-Rosa que venía +de bracero con una amiga. Por lo visto no había querido bailar. Era la +joven que hacía más viso en la ciudad por su belleza y elegancia y por +su dote. Hija única de D. Juan Estrada-Rosa, el más rico banquero y +negociante de la provincia. Alta, metida en carnes, morena oscura, +facciones correctas y enérgicas, ojos grandes, negrísimos, de mirar +desdeñoso, imponente; gallarda figura realzada por un atavío lujoso y +elegante que era el asombro y la envidia de las niñas de la población. +No parecía indígena, sino dama trasportada de los salones aristocráticos +de la corte. + +--¡Qué elegantísima Fernanda!--exclamó el conde en voz baja, +inclinándose con afectación. + +La bella apenas se dignó sonreír, extendiendo un poco el labio inferior +con leve mueca de desdén. + +--¿Cómo te va, Luis?--dijo alargándole la mano con marcada displicencia. + +--No tan bien como a tí... pero, en fin, voy pasando. + +--¿Nada más que pasando?... Lo siento. A mí me va perfectísimamente; no +te has equivocado--repuso en el mismo tono displicente, sin mirarle a la +cara. + +--¿Cómo no, siendo en todas partes donde te presentas la estrella Sirio? + +--Dispensa, chico, no entiendo de astronomía. + +--Sirio es la estrella más brillante del cielo. Eso lo sabe todo el +mundo. + +--Pues yo no lo sabía... ¡Ya ves, como soy una paleta! + +--No es cierto; pero está muy bien la modestia, unida a la hermosura y +al talento. + +--No; si ya sé de sobra que no tengo talento. No te mortifiques en +decírmelo. + +--Hija, te acabo de manifestar lo contrario... + +En el tono displicente de Fernanda iba entrando un poco de acritud. En +el del conde, pausado, ceremonioso, se advertía leve matiz de ironía. + +--Vamos, entonces te he entendido al revés. + +--Algo de eso ha habido siempre. + +--¡Caramba, qué galante!--exclamó la joven empalideciendo. + +--Siempre que has pensado que pudiera decirte algo desagradable--se +apresuró a rectificar el conde, advertido por el cambio de fisonomía de +la idea que cruzaba por su mente. + +--Muchas gracias. Estimo tus palabras como se merecen. + +--Harías mal en no estimarlas sinceras... Además, no necesito yo decirte +lo mucho que vales. Eso lo sabe todo el mundo. + +--Gracias, gracias. ¿Te has cansado de jugar? + +--Me duelen un poco las muelas. + +--Sácatelas. + +--¿Todas? + +--Las que te duelan, hijo. ¡Ave María! + +--¡Con qué indiferencia lo dices! ¿A ti no te importaría nada, por +supuesto? + +--Yo siento siempre los males del prójimo. + +--¡El prójimo! ¡Qué horror! No tenía noticia de haber llegado ya a la +categoría de prójimo. + +--Qué quieres, chico; los honores vienen cuando menos se piensa. + +Apesar de lo impertinente y hasta agresivo del tono, Fernanda no se +movía del sitio, teniendo siempre cogida del brazo a la amiguita, que no +desplegaba los labios. Fijándose un poco, se podría observar que la rica +heredera estaba muy nerviosa. Con el pie daba golpecitos en el suelo, +apretaba en su mano con vivas contracciones el pañuelo y sus labios +temblaban de modo casi imperceptible. Alrededor de los hermosos ojos +árabes se marcaba un círculo más pálido que de costumbre. Aquel pugilato +la interesaba. + +El conde de Onís había sido de sus novios el que más tiempo había +durado. Al aparecer Fernanda en sociedad, y aun antes, cuando era una +zagalita que iba con la criada al colegio, produjo su figura, su +elegancia y sobre todo la amenaza de los seis millones que iban a caer, +andando el tiempo, en su regazo, una verdadera explosión de entusiasmo. +No hubo joven más o menos gallardo o acaudalado que por iniciativa +propia o por las insinuaciones de su familia no se resolviese a pasearle +la calle, a esperarla a la salida del colegio, a mandarle cartitas y a +decirle requiebros en el paseo. De Sarrio, de Nieva y de otras +poblaciones de la provincia acudieron también, con pretexto de las +ferias, algunos golosos. La niña, ufana con tanto acatamiento, +embriagada por el incienso, no se daba punto de reposo tomando y +soltando novios. Era raro el galán que duraba más de un par de meses en +su gracia. En realidad ninguno estaba en posición de merecerla. En +Lancia y en el resto de la provincia no había quien tuviera hacienda +proporcionada a su dote. Si alguno existía, no estaba por su edad +habilitado para casarse con tan tierno pimpollo. Sería algún indiano +averiado por los ardores tropicales, o mayorazgo rústico y solitario de +los que vivían en sus casas solariegas. Sin necesidad de que su padre se +lo advirtiese, la niña comprendía admirablemente que ninguno le +convenía; pero gozaba coqueteando con todos, haciéndose adorar de la +juventud laciense. Entre ésta existía, sin embargo, un mancebo hacia el +cual ninguna doncella de la ciudad había osado levantar los ojos hasta +entonces con anhelos matrimoniales. Era el conde de Onís. Por su alta +jerarquía, más respetada en provincia donde se tributa a la nobleza un +culto que delata al villano y al siervo bajo la levita del burgués, por +su cuantiosa renta, por el apartamiento de su vida y hasta por el +misterio y silencio de su palacio antiquísimo, parecía habitar en +atmósfera más elevada, al abrigo de las flechas de todas las beldades +indígenas. + +Pues por ello precisamente nació en el pecho de Fernanda un deseo, +primero vago, después vivo y anhelante, de rendirle. Esto es muy humano +y sobre todo muy femenino: no necesita explicación. En el fondo de su +alma, la hija de Estrada-Rosa sentíase inferior al conde de Onís. Sin +embargo, tanta era la lisonja que había escuchado en poco tiempo, tan +refulgente el brillo que esparcía sobre su vida el dinero del papá, que +bien podía aspirar a hacerle su marido. Si no lo pensaba así, al menos +figuraba pensarlo hablando del conde, por detrás, con cierta +displicencia y con afectada familiaridad por delante. En Lancia, como en +todas las capitales pequeñas, los muchachos y muchachas solían tutearse. +El conocerse desde niños y haber acaso jugado en el paseo juntos lo +autorizaba. El conde de Onís jamás había cruzado la palabra con +Fernanda, aunque la tropezase a cada momento en la calle. Sin embargo, +cuando se encontraron por primera vez en la tertulia de las de Meré, la +hermosa le soltó un _tu_ redondo y suprimió el título. Luis aquí, Luis +allá: parecía que iba a comerle el nombre. A éste le sorprendió un poco +la confianza, sin desagradarle. A nadie le duele oírse tutear por una +linda damisela. Apesar de la naturaleza concentrada y tímida del conde y +de su escasa afición a las mujeres, Fernanda se dio maña para hacerle +pronto su novio o al menos para hacerle pasar por tal a los ojos del +público. El cual halló tal noviazgo perfectamente justificado. En Lancia +no había otro marido para Fernanda ni otra mujer para el conde. La +distancia que los separaba era retrospectiva; estaba en los antepasados. +La población creía que, en gracia de la belleza, el dinero y la +brillante educación de la joven, el conde de Onís se hallaba en el caso +de olvidar los doscientos gañanes que la habían precedido. + +Cerca de un año duraron las relaciones. Los novios se veían en la +tertulia de las señoritas de Meré. D. Juan Estrada-Rosa, al decir de sus +íntimos, se hallaba muy complacido. Varias veces se había insinuado con +el conde para que entrase en la casa; pero éste no le había comprendido +o había fingido no comprenderle. Fernanda se lo propuso con claridad un +día. Él se evadió como pudo del compromiso. ¿Era timidez? ¿Era orgullo? +La misma Fernanda no se daba cuenta de ello. Pero esta reserva +contribuía a encender su afección y anhelo. De pronto, cuando menos se +pensaba, cuando ya el público comenzaba a preguntarse por qué se +retrasaba la boda, cortáronse aquellas relaciones. Se cortaron sin +escándalo, de un modo diplomático y sigiloso, tanto, que hacía ya más de +un mes que no existían cuando todavía la población no estaba enterada y +los amigos les seguían embromando. El hecho produjo fuerte sensación; se +comentó en todas las tertulias hasta lo infinito. Nunca se pudo +averiguar qué había habido, ni aun a cuál de los dos correspondió la +iniciativa de esta ruptura. Si se preguntaba al conde, afirmaba +rotundamente que Fernanda le había dejado; mas ponía demasiado empeño en +esta afirmación para que no empezara a dudarse de su sinceridad. La +heredera de Estrada-Rosa, sin manifestar nada en concreto, corroboró las +palabras de su novio con el tono desabrido que usó hablando de él, lo +mismo que al dirigirle la palabra. Porque siguieron tratándose, si no +con tanta frecuencia, con bastante: ambos acudían a la tertulia donde se +conocieron. Además, Fernanda, poco tiempo después, comenzó a asistir a +los saraos de los domingos en casa de Quiñones. Pero nunca más +reanudaron sus rotas relaciones. Los asistentes suspendían la +respiración y ponían toda su alma en los ojos siempre que, como ahora, +los antiguos novios se tropezaban y departían un rato. ¿Volverán a las +andadas? ¿Habrá, por fin, boda? El desengaño venía inmediatamente al +observar la indiferencia con que se apartaban. + +Cuando iba a contestar a las últimas palabras de la orgullosa heredera, +los ojos del conde, derramando una mirada distraída por el salón, +tropezaron con otros que se le clavaron lucientes y celosos. Alargó la +mano a su amiga y con sonrisa forzada dijo: + +--¡Qué mal me estás tratando, Fernanda! Como siempre, por supuesto... +Yo, sin embargo, ya sabes... el mismo devoto idólatra. Hasta ahora. + +--Siento que esa devoción no me cause frío ni calor--replicó ella sin +dar un paso para apartarse. + +El conde lo dio alzando los hombros con resignación y diciendo: + +--¡Más lo siento yo! + +Sorteando las parejas de baile, que ya habían comenzado el rigodón, +llegó de nuevo adonde estaba el ama de la casa. Al lado de ésta se +hallaba en aquel instante el famoso Manuel Antonio, uno de los +personajes más dignos de mención en la época que estamos historiando. Se +le conocía tanto por el apodo _el marica de Sierra_ como por su nombre. + +Esto basta para que sepamos en cierto modo a qué atenernos respecto a +sus propiedades morales y físicas. Manuel Antonio no era joven. Frisaría +en los cincuenta años, disimulados con esfuerzo heroico por toda la +batería de afeites conocidos entonces en Lancia, que no eran muchos ni +muy refinados. Una peluca bastante rudimentaria, algunos dientes +postizos mal montados, un poco de negro en las cejas y de carmín en los +labios, mucho _patchoulí_ y un traje de fantasía apropiado para realzar +los residuos de su belleza. Ésta había sido espléndida; una rara +perfección de rostro y de talle. Alto, delgado, esbelto, facciones +correctas, diminutas, cabellos rubios, finos, cayendo en graciosos +bucles, mejillas sonrosadas y voz atiplada. De este conjunto primoroso +quedaba tan sólo una sombra por donde pudiera adivinarse. La enhiesta +espalda se había abovedado; los hermosos bucles se habían desvanecido +como un sueño feliz; algunas arrugas indecorosas surcaban aquella tersa +frente, y la fila de perlas, que ostentaba su boca, se había +transformado en carrera de huesos amarillos, desvencijados, que el +tiempo había quintado y el dentista torpemente sustituido. Por último, +aquel pequeño bigote sedoso había engrosado notablemente, se hizo +blanco, cerdoso, indómito; no bastaban el tinte y el cosmético a +mantenerlo presentable. ¡Qué dolor para el hermoso hermafrodita de +Lancia y también para los amigos que le habían conocido en el esplendor +de su gracia! + +El espíritu permanecía tan juvenil como a los diez y ocho años. Era el +mismo ser apasionado y tierno, dulce unas veces, iracundo y terrible +otras, marchando al soplo de sus caprichos, viviendo en lánguida +ociosidad. Gozaba tanto las delicias del baño, que lo repetía tres y más +veces, hasta que el agua quedase cristalina como al salir de la fuente; +amaba las flores, los pájaros; no tenía más placer que consultar con el +cristal del espejo los adornos que le sentarían mejor. Los trajes, por +atracción irresistible, siendo masculinos, se acercaban cuanto era +posible a la forma femenina. En el invierno gastaba talmita corta con +broche de oro, y un sombrero tirolés de alas reviradas, que le sentaba +extremadamente bien. En el verano gustaba de vestirse trajes de franela +blanca bien ceñidos, que denunciasen las graciosas curvas de sus formas. +Las corbatas eran casi siempre de gasa, los zapatos descotados, el +cuello de camisa a la marinera. Por debajo del puño se le veía un +brazalete. Aunque no fuese más que un sencillo aro de oro, este pormenor +era lo que más llamaba la atención de sus conciudadanos. En cuanto se +hablaba de Manuel Antonio salía el dichoso brazalete a relucir; como si +no hubiese nada en su interesante figura más digno de excitar la +curiosidad. + +Pero si los años no habían logrado modificar en el fondo aquel ser +amable y creado para el amor, habíanle hecho, sin embargo, más cauto, +más reservado. Ya no mostraba sus preferencias con la ingenuidad de +otros tiempos, ni daba suelta a los súbitos arranques de su corazón +inflamable sino después de poner a prueba la lealtad del objeto de su +ternura. ¡Había padecido tantos desengaños en la vida! Sobre todo, al +hacerse viejo, no sólo experimentó la frialdad de sus antiguos amigos, +de aquellos que le habían dado pruebas inequívocas de cariño, sino, lo +que es aún más triste, encontrose, sin pensarlo, sirviendo de blanco a +las chufletas e invectivas de los mozalbetes de la nueva generación. Fue +el hazmerreír de estos procaces jóvenes. Como no habían sido testigos de +sus triunfos ni conocieron su radiante belleza, estaban lejos de +profesarle el respeto que, apesar de todo, guardaba hacia él la antigua +generación. No perdonaban medio de embromarlo, de vejarlo bárbaramente. +En cuanto se paraba en la calle de Altavilla o entraba en el café de +Marañón, ya estaba rodeado de una partida de _guasones_. ¡Cristo, las +frases que allí se oían! Y como villanos que eran, a menudo del juego de +palabras pasaban al de manos. Esto era lo que en modo alguno podía +sufrir Manuel Antonio. Que hablasen lo que quisieran. Tenía bastante +correa, y además un ingenio vivo y sutil que recogía admirablemente el +ridículo y sabía dar en rostro con él a sus contrarios. La mayor parte +de las veces los que iban a «tomarle el pelo» salían muy bien +trasquilados. Los años, la práctica, le habían adiestrado de tal modo en +el pugilato de frases incisivas que realmente era temible. Tenía la +intención de un _miura_. Pero así que aquellos desvergonzados pasaban de +las palabras a las obras tocándole la cara o pellizcándole, ya estaba +descompuesto, perdía enteramente los estribos y no decía cosa +intencionada ni siquiera razonable. Superfluo es añadir que, +conociéndole el flaco, todas las bromas terminaban en esta forma. + +Por lo demás, fuera de aquella maligna intención para herir en lo vivo a +las personas, en lo cual podía competir y aun creemos que aventajaba a +María Josefa, era un ser útil y servicial. Su malignidad, al cabo de +todo, era resultado de la que a él se le mostraba. Sus habilidades +muchas y varias. Trabajaba el punto de crochet que daba gloria. Las +colchas que él hacía no tenían rival en Lancia. Arreglaba un altar y +vestía las imágenes mejor que ningún sacristán. Tapizaba muebles, hacía +flores primorosas de cera, empapelaba habitaciones, bordaba con pelo, +pintaba platos. Y cuando alguna de sus muchas amigas necesitaba peinarse +artísticamente para asistir a cualquier baile, Manuel Antonio se +prestaba galantemente a arreglarle los cabellos, y lo hacía con la misma +destreza y gusto que el mejor peluquero de Madrid. ¿Pues y cuando +cualquiera de sus amigos se ponía enfermo? Entonces era de ver el +interés, la constancia y la suma diligencia de nuestro viejo Narciso. Se +constituía inmediatamente a la cabecera del lecho, tomaba cuenta de las +medicinas, arreglábale la cama, poníale los vejigatorios o las ayudas lo +mismo que el más diestro practicante. Luego, si la enfermedad por +desgracia presentaba mal carácter, sabía insinuar como nadie la idea de +confesión; de tal modo que el enfermo, en vez de asustarse, la aceptaba +como la cosa más natural y corriente. Y en cuanto le veía convencido, +empezaba a tomar disposiciones para recibir a Su Divina Majestad: la +dama más avezada a recibir gente principal en sus salones no le sacaría +ventaja. El altarcito con el paño almidonado atestado de chirimbolos +relucientes, la escalera adornada con macetas, el suelo alfombrado de +hojas de rosas, los criados y deudos esperando a la puerta con hachas +encendidas y enguantados. No se le olvidaba un pormenor. En estos +momentos críticos el marica de Sierra se crecía, adoptaba el continente +de un general al frente de sus tropas. Todos le obedecían y secundaban +acatándole por jefe. Pues si el enfermo se moría, no hay para qué decir +que su dictadura se hacía aún más omnipotente. Principiando por +amortajar el cadáver y concluyendo por sacar del juzgado la partida de +defunción, nada quedaba en las fúnebres ceremonias que él no mangonease. + +Y como quiera que las más veces había enfermos que cuidar, o imágenes +que vestir, o amigas que peinar o flores que contrahacer, Manuel Antonio +pasaba la vida bastante atareado. En esto y en ir de casa en casa +tomando y soltando noticias se le deslizaban los días y los años. +Habitaba con dos hermanas más viejas que él, las cuales le cuidaban y +mimaban como a un niño. Para estas buenas señoras no existía el tiempo. +Ni veían las arrugas, ni la peluca, ni los dientes postizos de su +hermano. Manuel Antonio era siempre un pollito, un petimetre. Sus +trajes, sus baños, las horas que empleaba en el tocado les hacían +sonreír con benevolencia. Mientras ellas se quejaban amargamente de los +estragos que los años iban causando en su figura y su salud, pensaban +que su hermano había detenido el curso de las horas, había hallado un +elixir para mantenerse eternamente joven. + +Manuel Antonio era metódico en sus visitas. Había unas cuantas casas a +las cuales asistía diariamente y siempre a la misma hora. A casa de D. +Juan Estrada-Rosa iba a las tres, a la hora del café; con la condesa de +Onís tomaba chocolate todas las tardes; por la noche era tertulio asiduo +de la señora de Quiñones. Había otras familias que visitaba también con +mucha frecuencia. A casa de María Josefa Hevia y de las de Mateo solía +ir por la mañana, sin detenerse mucho, dando una vuelta para enterarles +de lo que se decía o inspeccionar sus labores. Alguna noche iba también +a casa de las señoritas de Meré. + +--¡Aquí tenemos al conde!--exclamó con su peculiar entonación +afeminada.--¡Ay, qué condecito tan guasón! + +--¿Pues?--preguntó éste acercándose. + +--Pregúntaselo a Amalia. + +La sonrisa que plegaba los labios del noble se desvaneció +repentinamente. + +--¿Cómo?... ¿Qué tiene que ver?...--dijo con mal disimulada turbación. + +También Amalia se turbó. Sus pálidas mejillas se colorearon. + +--Hemos estado murmurando de tí. ¡Qué traje te hemos cortado, chico! + +--Aquí Manuel Antonio--profirió Amalia--decía que era usted el perro del +hortelano. + +--No; tú eras quien lo decías. + +Otra de las particularidades de aquél era el tutear a todo el mundo, +grandes y chicos, señoras y caballeros. + +--¡Yo!--exclamó la dama. + +--¿Y por qué soy el perro del hortelano?... Sepamos. + +--Pues decía Amalia que ni querías comerte la carne ni permitir que la +coma D. Santos. + +--¡Vamos! ¿Quieres callarte, embustero?--dijo la señora, medio irritada, +medio risueña, dándole un pellizco. + +--¿Qué se habla de D. Santos?--preguntó un caballero muy corto y muy +ancho, de faz mofletuda y violácea, acercándose al grupo. + +El conde y Amalia no supieron qué responder. + +--Se decía que D. Santos tenía pensado llevarnos un día a su posesión de +la Castañeda y darnos un banquete--manifestó Manuel Antonio con +desparpajo. + +--No; no era eso--repuso el hombre rechoncho con forzada sonrisa. + +--Sí tal. Amalia sostenía que no eras capaz de llevarnos a pasar un día +a la Castañeda. + +--¡Pero, hombre, tú te has empeñado en ponerme hoy colorada!--dijo +aquélla. + +--Porque soy un buen amigo. Como te veo pálida estos días... Bien puedes +creerlo, Santos, yo tengo mucha mejor idea de tu esplendidez que la +mayoría del pueblo... No conocéis bien a D. Santos, les digo muchas +veces a los que sostienen que a tí te duele gastar el dinero. Si D. +Santos no gasta, no obsequia a sus amigos, no es por avaricia, sino por +indolencia, porque no se le presenta ocasión. El hombre es tímido de +suyo y no es capaz de proponer banquetes ni giras; pero que otro le +apunte la idea, y veréis con qué gusto la acepta... + +--Gracias, gracias, Manuel Antonio--murmuro D. Santos con la risa del +conejo. + +Se le conocía el gran temor y molestia que le embargaban. Como muchos de +los indianos, apesar de ser inmensamente rico, tenía fama de avariento, +y no injustificada. Había llegado pocos años hacía de Cuba, donde +cargando primero cajas de azúcar y luego vendiéndolas se enriqueció. +Vino hecho un beduino, sin noticia alguna de lo que pasaba en el mundo, +sin saber saludar, ni proferir correctamente una docena de palabras, ni +andar siquiera como los demás hombres. Los treinta años que permaneció +detrás de un mostrador le habían entumecido las piernas. Marchaba +tambaleándose como un beodo. El color subido de sus mejillas era tan +característico, que en Lancia, donde pocas personas se escapaban sin +apodo, lo designaron al poco tiempo de llegar con el de _Granate_. +Enmedio de su miseria le gustaba dar en rostro con las riquezas que +poseía. Edificó una casa suntuosísima; trajo mármol de Carrara, +decoradores de Barcelona, muebles de París, etc. Y, sin embargo, apesar +de las sumas cuantiosas que en ella gastó, al saldar la cuenta del +clavero ¡se empeñaba en que descontase del peso el papel y las cuerdas +en que venían envueltas las puntas de París! Cuidadosamente había ido +guardando en un rincón tales despojos con ese objeto. Así que terminó la +casa, ocupó el piso principal y alquiló los otros dos. Y empezó su +martirio, un martirio lento y terrible. Las criadas y los niños del +segundo y tercero fueron sus sayones. Si sentía fregar los suelos del +segundo, poníase de mal humor: la arena desgastaba el entarimado. Si +veía rayado el estuco de la escalera por la mano bárbara de algún +chiquillo, se le encendía la cólera y murmuraba palabras siniestras y +amenazas de muerte. Si escuchaba cerrarse una puerta con violencia, +aquel golpe repercutía dolorosamente en su corazón: las bisagras se +desencajaban, todos los pestillos se echaban a perder. En fin, con tal +sobresalto vivía, que le acometió una pasión de ánimo y comenzó a decaer +visiblemente. Un su amigo tan miserable como él, pero más vividor, le +aconsejó que dejase la casa y se trasladase a otra. Así lo hizo, +tornando a la posada que le había albergado mientras construyó el +palacio. + +Pero faltaba a D. Santos el complemento obligado de todos los que se +enriquecen cargando cajas de azúcar en América: le faltaba contraer +matrimonio con una mujer de categoría, joven o vieja, fea o bonita. +Ninguno de sus colegas aceptó jamás por esposa a una menestrala. Granate +no podía ser menos que ellos. Al contrario, teniendo más dinero que +ninguno, lo natural es que les aventajase en anhelos poderosos. Y fue a +poner sus ojos redondos y encarnizados en la joven más linda, más rica y +más encopetada de la ciudad: en Fernanda Estrada-Rosa nada menos. El +suceso causó admiración y risa en el vecindario. Por muy alta idea que +en Lancia tuviesen del poder del dinero, nadie imaginaba que fuese +poderoso a realizar semejante empresa. ¡Casar a la joya de la provincia +con este oso colorado! A la niña le produjo pasmo e indignación. Luego +lo tomó a broma. Luego volvió a indignarse. Después tornó a reírse. Por +fin se fue acostumbrando a que Granate la festejase y hasta encontró +cierta satisfacción de amor propio en recibir sus agasajos y en darle +toda clase de desprecios. Pero él no cejaba. Con la tenacidad del +abejorro que se empeña en salir por un cristal y se estrella cien veces +contra el obstáculo, las calabazas, los desdenes y hasta las burlas no +le hacían retroceder más que momentáneamente. Al día siguiente volvía +como si tal cosa a romperse la cabeza contra el desprecio de la +orgullosa heredera. Pensaba sinceramente que el verdadero obstáculo para +el logro de sus afanes estaba en el conde de Onís. Confesábase que +Fernanda sentía algún interés por él, o mejor dicho por su título, y se +propuso ir a Madrid y comprar a peso de oro otro para ponerse a la +altura de su rival. Luego le dijeron que el Papa los daba más baratos y +cambió de proyecto. Mientras tanto se vengaba odiando de muerte al +gallardo conde, y burlándose, cuando la ocasión se presentaba, de su +vetusto y deteriorado caserón. El conde poseía una gran riqueza en +tierras, pero sus rentas no podían compararse a las del opulento +Granate. + +--Y si no, ya veréis el día que se case, ¡qué cambio en la +población!--prosiguió Manuel Antonio.--Tendremos banquetes a diario y +bailes y giras campestres... + +--¡Pero si a Fernanda no le gustan los bailes!--exclamó Emilita Mateo, +que bailaba con Paco Gómez y daba la espalda al grupo. + +--Yo no he hablado para nada de Fernanda, niña--repuso el marica en tono +severo. + +--Pensé que, tratándose de matrimonio y de D. Santos, eso se +sobrentendía. + +--Pues no sobrentiendas más y aplícate a bailar con Paco, porque, según +mis cálculos, durará cinco minutos. + +Paco Gómez era un joven flaco, flaquísimo, alto hasta tropezar en el +dintel de las puertas, con una cabecita menuda como una patata, el +rostro tan macilento que parecía, en efecto, caminar por el mundo con +permiso del enterrador. Y con estas propiedades corporales el espíritu +más humorístico de la población. + +--¡Ole mi niña!--exclamó poniéndose en jarras frente al marica.--Lo +único por lo que siento morirme es por no ver más estos seres preciosos, +encantadores. + +Al mismo tiempo le cogió con dos dedos la barba. + +Ya sabemos que Manuel Antonio no podía sufrir tales juegos de manos +delante de gente. + +--Vamos, pajalarga, quieto--exclamó poniéndose serio y rechazándole. + +--¿Que no eres precioso? Pero, hombre, ¡si eso salta a la vista!... +¡Miren ustedes qué boca! ¡miren, por Dios, qué caída de ojos!... ¡miren +qué nacimiento de pelo! + +Y quiso de nuevo tocarle la cara; pero Manuel Antonio lo rechazó con +ímpetu dándole un fuerte empujón. + +--¡Caramba, qué severo está hoy Manuel Antonio!--dijo el conde de Onís. + +--No importa--repuso Paco Gómez dejando escapar un suspiro.--Manos +blancas no ofenden. + +En aquel momento le tocaba hacer una figura del rigodón y se alejó con +Emilita. + +María Josefa, que bailaba más lejos, se acercó un instante con su +pareja, que era un teniente del batallón de Pontevedra. + +--¡Vamos, D. Santos, no sea usted cruel! ¿Por qué no va usted a hacer +compañía a Fernanda, que está allí sola? + +En efecto, la amiguita de la rica heredera había hallado pareja para el +baile. Fernanda se sentó y permanecía seria y pensativa. + +--Sí, sí; debes ir, Santos--manifestó Manuel Antonio.--Repara que la +chica ha dejado una silla vacía a su lado... No puede insinuarse de modo +más claro. + +Al decir esto hizo un guiño al conde. Éste confirmó tales palabras. + +--Yo creo que es hasta un deber de cortesía... + +Granate le echó una mirada torva y preguntó sordamente: + +--Pues entonces, ¿por qué no va usted a sentarse a su lado? + +--Por la sencilla razón de que ya no tenemos nada que hablar... Pero +usted es otra cosa. + +--Entendido, señor conde... No soy un niño--murmuró con mal humor. + +--Aunque no lo sea usted por la edad--dijo Amalia interviniendo +oportunamente para evitar rozamientos,--lo es por la franqueza y +espontaneidad de sus sentimientos, por la frescura de corazón que otros +con menos años no tienen. Los niños aman con más sencillez y vehemencia +que los hombres. + +--Pero los hombres hacen otra cosa más heroica... ¡Se casan!--dijo Paco +Gómez, que ya estaba de nuevo en su sitio con la pareja. + +--Hay ocasiones en que tampoco se casan--manifestó Manuel Antonio +haciendo una imperceptible mueca por donde Paco pudiese colegir que +estaba pensando en María Josefa. + +--Bueno--replicó aquél dándose por enterado.--Pero hay que convenir en +que algunas veces se necesita para ello un heroísmo superior a la +naturaleza humana. + +La solterona, que las cogía por el aire, le clavó una mirada rencorosa y +maligna. + +--¡La naturaleza humana!--exclamó con displicencia.--La naturaleza +humana presenta algunas veces formas tan estrambóticas que hasta el +heroísmo sería ridículo en ellas. + +Paco Gómez, sin desconcertarse, comenzó a palpar su rostro con ademanes +cómicos, fingiendo una muda resignación que hizo sonreír a los +presentes. Amalia, para cambiar esta peligrosa conversación, exclamó: + +--¡Miren, miren cómo D. Santos se aprovecha de nuestra distracción! + +En efecto, el indiano se había levantado en silencio de la silla y, +sorteando las parejas de baile, fue solapadamente a sentarse al lado de +Fernanda. Ésta le dirigió una mirada fría y apenas se dignó responder a +su saludo ceremonioso y ridículo. La faz rubicunda de Granate +resplandecía, no obstante, como la de un dios seguro de su omnipotencia. +Con las manazas anchas y cortas apoyadas sobre las rodillas, el cuerpo +doblado hacia adelante y la cabeza levantada hasta donde le permitía la +grosura del cerviguillo, sonreía beatamente enseñando una fila de +dientes grandes y amarillos. Propúsose, como siempre, ser espiritual, y +dijo: + +--¿Ha visto usted qué _ventrisca_ corre? + +La joven guardó silencio. + +--Ahora no importa nada--prosiguió--porque ya están todos los frutos +recogidos; pero si hubiera caído antes, no nos deja ni una castaña ni un +grano de maíz; ¡je, je! + +Granate sintiose feliz al emitir esta idea, a juzgar por la expresión de +placer que brillaba en sus ojos. + +--Pero aquí no hace frío, ¿eh?... Yo no lo tengo, ¡je, je!... Al +contrario, siento un calor... Será porque los ojos de usted son dos +calofer... caroli... + +Otra vez todavía acometió la palabra caloríferos sin lograr dar cima a +la empresa. Para disimular su impotencia fingió un golpe de tos. Su +rostro violáceo adquirió cierta semejanza interesante con el de un +ahorcado. + +La hermosa, que tenía los ojos clavados en el vacío, volvió la cabeza +hacia su adorador, le miró unos instantes con expresión vaga, distraída, +como si no le viese. Levantose de pronto y se alejó sin decir palabra +para sentarse enfrente. El indiano quedó con la misma sonrisa +estereotipada en el rostro; la mueca petrificada de un sátiro. Pero al +volver la vista al grupo que acababa de dejar, viendo una porción de +ojos risueños fijos en él, se puso repentinamente serio y mohíno. + +--¡Qué partido tiene este Granate entre las chicas bonitas!--exclamó +Paco Gómez.--Ya se lo decía yo el otro día. «Usted no necesitaba para +nada ir a América habiendo mujeres ricas en el mundo. Usted tiene la +fortuna en la fisonomía.» + +--Mira, condecito, ahora debes ir tú a sentarte a su lado. Ya verás cómo +no se levanta entonces--dijo Manuel Antonio. + +--Sí, sí, debe usted ir, Luis--apoyó María Josefa.--Vamos a ver una cosa +curiosa, a decidir si está o no enamorada de usted. ¿Verdad, Amalia, que +debe ir? + +--Sí, me parece que debe usted sentarse a su lado--dijo la dama. Su voz +salió apagada y temblorosa. + +--¿Cree usted?--preguntó el conde, mirándola con fijeza. + +--Sí; vaya usted--replicó la dama con perfecta serenidad ya, huyendo su +mirada. + +--Pues usted me permitirá que la desobedezca. No quiero exponerme a un +desaire. + +--¡Qué importan los desaires a un enamorado!... Porque usted, por más +que diga, está enamorado de Fernanda... Se le conoce a la legua. + +--A la legua será, porque, lo que es de cerca ni pizca--manifestó Manuel +Antonio. + +Y María Josefa y Emilita Mateo y Paco Gómez confirmaron con su risa la +especie. + +Amalia insistió. Efectivamente, Luis lo disimulaba bien; pero como, por +más esfuerzos que se hagan, siempre queda un cabo suelto, un resquicio +por donde sale la luz, ella había adivinado hacía ya mucho tiempo que el +conde, en lo profundo de su corazón, guardaba recuerdo muy grato de +Fernanda. + +--Atiendan ustedes: hace algunos días se le ocurrió a Moro decir que +tenía dos dientes postizos. No pueden ustedes figurarse cómo se puso +este hombre... Por poco le pega... + +--No tanto, no tanto--manifestó el conde sonriendo avergonzado.--Me +expresé con cierta viveza porque me enfadan siempre las injusticias. + +--¡Oh! Las exaltaciones en estos casos son sospechosas. Cuando no se +siente interés por una persona se la defiende con menos calor... +¡Caramba! ¡Nunca le vi tan irritado! Ya puede decir esa niña que tiene +un campeón valiente dispuesto a romper lanzas por ella. + +La dama apuró la broma. No se hartaba de apretar al conde, como si +quisiera dejarle convicto de su amor por Fernanda. Apesar de la sonrisa +benévola que animaba su rostro, había ciertas extrañas inflexiones en la +voz que nadie más que una sola persona podía apreciar en aquel momento. + +Pero el rigodón había terminado, y el grupo se aumentó considerablemente +con varias parejas que fueron allegándose. Fuéronse algunos, vinieron +otros; al cabo, la señora de la casa se halló rodeada de gente nueva. +Bailose otro vals y otro rigodón. Las doce sonaron al fin en el gran +reloj de la catedral. Y como los jóvenes se empeñaban en no desbandarse, +apesar de la costumbre tradicional de la casa, Manín, por orden de D. +Pedro, apareció en la puerta del salón, abrazado al lío de los abrigos +de las señoras. Ésta era la señal de despedida que el señor de Quiñones +daba a sus tertulios. No era muy cortés, pero nadie se enfadaba. Al +contrario, se recibía siempre con algazara, como una broma graciosa. + +Después que todos fueron a estrechar la mano, del maestrante, formose un +grupo enmedio del salón. Amalia, en el centro de él, despedía a sus +amigas besándolas cariñosamente. Estaba pálida y sus ojos inciertos +despedían miradas febriles. Al estrechar la mano del conde volvió la +cabeza hacia otro lado, fingiendo distracción; se la estrechó con fuerza +tres o cuatro veces para infundirle ánimo. Bien lo necesitaba el pobre +caballero. Estaba tan demudado y tembloroso que Amalia pensó que iba a +caer desmayado. + +En apretado haz salieron los tertulios a los pasillos y bajaron la gran +escalera de piedra sucia y húmeda. Un criado les abrió la puerta de la +calle. + +--¡Ay! ¿Quién habrá dejado aquí este canasto?--dijo Emilita Mateo, que +tropezó la primera con el estorbo. + +--¿Un canasto?--preguntaron varias damas acercándose a él. + +--Algún pobre que andará por ahí dormido--manifestó el criado, que aún +no había cerrado la puerta. + +--No se ve a nadie--dijo Manuel Antonio, que rápidamente había +registrado el portal. + +La curiosidad excitó muy pronto a una de las damas a levantar el paño +que tapaba el canastillo. Inmediatamente dejó escapar el grito +consabido, el que soltó ya hace tantos siglos la hija de Faraón al ver +flotando por el río el célebre canastillo de Moisés. + +--¡Un niño! + +Momento de estupefacción y de curiosidad en los tertulios. Todos se +abalanzan, todos quieren contemplar al mismo tiempo al expósito. Porque +nadie duda un momento que aquel niño se hallaba allí expuesto +intencionalmente. Paco Gómez levantó el canasto, lo destapó por completo +y fue exhibiendo a sus amigos el infante dormido. + +Estalló una tempestad de exclamaciones. + +--¡Angelito!--¿Quién habrá sido la infame?...--¡Pobrecito de mi +alma!--¡Qué corazones de hiena, Dios mío!--¡Miren qué hermoso +es!--¿Habrá mucho tiempo que lo han expuesto?--Estará aterida la +criatura.--Paco, déjeme usted tocarlo. + +El canasto fue rodando de mano en mano. Las damas, interesadísimas, +palpitantes de emoción, depositaban tiernos besos en las mejillas del +recién nacido, de tal modo que al instante consiguieron despertarlo. + +De aquel montoncito de carne rosada salió un débil gemido que hizo +vibrar de lástima a todos los corazones. Algunas señoras vertieron +lágrimas. + +--Subámoslo, por lo pronto, para que se caliente un poco. + +--¡Sí, sí, subámoslo! + +Y otra vez el resonante grupo se lanzó al patio y a la escalera de la +mansión de los Quiñones llevando en triunfo el canastillo misterioso. + +Amalia estaba enmedio del salón inmóvil y pálida cuando se abrieron de +nuevo las puertas. D. Pedro había sido trasladado ya a su alcoba por +Manín y otro criado. Aquella nueva y repentina irrupción pareció +sorprender mucho a la señora de la casa. + +--¿Qué ocurre? ¿qué es esto?--exclamó con voz alterada. + +--¡Un niño! ¡un niño!--gritaron varios a un tiempo. + +--Acabamos de encontrarlo en el portal--manifestó Manuel Antonio, que ya +se había apoderado del canasto, presentándolo. + +--¿Quién lo ha dejado ahí? + +--No sabemos... Es un expósito. ¡Mire usted, por Dios, qué hermoso, es +Amalia! + +La señora le contempló un instante con marcada frialdad y dijo: + +--Acaso alguna pobre lo habrá dejado para recogerlo enseguida. + +--No, no; hemos registrado el portal. La calle está desierta... + +La criatura a todo esto empezaba a chillar, agitando con incierto +movimiento sus puños crispados, que parecían dos botones de rosa. La +compasión de las señoras volvió a romper en exclamaciones apasionadas. +Todas querían besarlo y calentarlo contra su seno. Por fin, María +Josefa logró apoderarse de él, lo sacó del canasto y envolviéndolo con +el paño con que venía cubierto, lo acarició tiernamente. Un papel se +había desprendido de las ropas de la criatura al sacarla y había caído +al suelo. Manuel Antonio lo recogió. + +--¿Lo ves, Amalia? Aquí está la madre del cordero. + +El papel decía en gruesos caracteres, trazados al parecer por tosca +mano: «La madre desdichada de esta niña la encomienda a la caridad de +los señores de Quiñones. No está bautizada.» + +--¡Es una niña!--exclamaron algunas señoras a un tiempo. + +Y en el acento con que dejaron escapar estas palabras no era difícil de +advertir cierto desencanto. Se habían acostumbrado a la idea de que +fuese varón. + +--¿Qué misterio será éste?--preguntó Manuel Antonio, mientras una +sonrisa maliciosa de curiosidad vagaba por su rostro. + +--¿Misterio? Ninguno--manifestó con cierta displicencia Amalia.--Lo que +se ve claramente es una pobre que quiere que le mantengan a su hija. + +--Sin embargo, hay aquí un no sé qué de extraño. Yo apostaría a que son +personas pudientes los padres de esta niña--replicó el marica. + +--¡Adiós! ¡ya se nos va Manuel Antonio al folletín!--exclamó la dama +con una risita nerviosa.--Las personas pudientes no dejan a sus hijos +envueltos en estos andrajos. + +En efecto, la niña venía cubierta por unos trapos miserables y una manta +raída y sucia. + +--Despacio, Amalia, despacio--apuntó Saleta con su voz clara, +tranquila.--Yo he recogido en el portal de mi casa, hace ya muchos años, +hallándome en Madrid, un niño que venía envuelto en muy toscos pañales. +Al cabo de algún tiempo averiguamos que era hijo de una elevadísima +persona que no puedo nombrar. + +Todos los ojos se volvieron con sorpresa hacia el magistrado gallego. + +--Una elevadísima persona; eso es--prosiguió después de una pausa, con +el mismo sosiego impertinente.--Bien fácil era, por cierto, adivinarlo +fijando un poco la atención en los rasgos de su fisonomía, enteramente +borbónicos. + +El estupor de los circunstantes fue profundo. Se miraron unos a otros +con una leve sonrisa burlona que, como de costumbre, Saleta pareció no +advertir. + +--¡Atiza!--exclamó Valero.--¡Abra uzté el paragua, D. Zanto! + +--El niño se murió a los dos meses--prosiguió imperturbable Saleta.--Por +cierto que cuando lo llevamos al cementerio se unió a la comitiva un +coche que nadie supo a quién pertenecía. Yo lo conocí porque lo había +visto en las Caballerizas reales, pero me callé. + +--¡Ya ezcampa!--murmuró Valero. + +--Bien, Saleta, ya nos contará usted de día eso. Por la noche tales +cosas espeluznan--manifestó el marica de Sierra guiñando el ojo a los +otros.--Lo que hay que pensar ahora, Amalia, es lo que se va a hacer con +esta niña. + +La dama se encogió de hombros con indiferencia. + +--Phs... no sé... La dejaremos esta noche aquí. Mañana le buscaremos una +nodriza que quiera tenerla en su casa... porque en ésta, a la verdad, es +un trastorno. + +--Si usted no quiere tenerla en casa, yo me encargo con mucho gusto de +ella, Amalia--dijo María Josefa, que estaba un poco apartada paseando a +la niña y arrullándola para hacerla callar. + +--No he dicho que no quería--manifestó con viveza la dama.--Recogeré esa +niña, porque tengo más obligación que nadie, ya que me la confían... +Pero, como usted comprende, para hacerlo necesito contar con mi marido. + +Los tertulios aprobaron estas palabras con un murmullo. + +Justamente se presentaba Manín preguntando de parte de D. Pedro qué +significaba aquel ruido. Se le explicó. El señor de Quiñones se hizo +trasladar de nuevo en su sillón con ruedas a la sala; vio a la niña y se +interesó extremadamente por ella. Inmediatamente declaró que no saldría +de su casa, ordenando a un criado que al amanecer fuese en busca de +nodriza. + +Por lo pronto se trajo a la criatura leche y té en un frasco con pezón +de goma; se la abrigó con más y mejor ropa. Los tertulios presenciaron +con cariñoso interés estas operaciones. Las señoras lanzaban gritos de +entusiasmo; se les arrasaban los ojos de lágrimas al ver el ansia con +que la mamosa niña chupaba el pezón del frasco. Así que se hartó, +despidiéronse todos de nuevo, no sin depositar antes cada uno un beso en +las mejillas de la pobrecita expósita. + +El conde de Onís no había desplegado los labios en todo este tiempo. Se +hallaba retraído en tercera o cuarta fila, siguiendo con ojos de susto +los cuidados que a la criatura se prodigaban. Y trató de irse con +disimulo sin nueva despedida; pero Amalia le detuvo con alarde de +audacia que le dejó petrificado. + +--¿Qué es eso, conde, no quiere usted dar un beso a mi pupila? + +--¡Yo!... Sí, señora... no faltaba más. + +Y pálido y trémulo, se aproximó y puso sus labios en la frente de la +criatura, mientras la dama le contemplaba con sonrisa provocativa y +triunfal. + + + + +III + +La cita. + + +Esta fue la tercera noche en que el conde de Onís apenas pudo cerrar los +ojos. Nada más natural que en las dos anteriores estuviese agitado, +calenturiento; pero ahora, ¿por qué? Todo se había resuelto como +apetecía. La empresa se había llevado a cabo con felicidad. No le +restaba más que dormir tranquilo sobre su triunfo. Sin embargo, no era +así. Apesar de su figura robusta y gallarda, poseía el conde un sistema +nervioso excesivamente impresionable. La más ligera emoción turbaba su +espíritu, le inquietaba hasta un grado indecible. Tal exquisita +sensibilidad le venía por herencia y también por educación. Su padre, +el coronel Campo, había sido un hombre concentrado, sensible, de una +susceptibilidad tan delicada que le hizo mártir en los últimos años de +su vida. Todo el mundo recordaba en Lancia el interesante y conmovedor +episodio que cerró aquella vida caballeresca. + +El coronel mandaba las fuerzas de defensa de una plaza en el Perú cuando +la insurrección de las colonias americanas. La plaza fue tomada por los +insurrectos de un modo insidioso y por sorpresa. Un malvado denunció al +coronel ante el gobierno de Madrid como culpable de traición, aseverando +que se hallaba en connivencia y sobornado por el enemigo. Con harta +precipitación, sin examen imparcial de los hechos y sin tener presente +la brillante hoja de servicios del conde de Onís, el rey le privó de su +empleo en el ejército y de todas las cruces y condecoraciones que +poseía. Bajo el peso de aquella horrible injusticia, el pundonoroso +militar quedó anonadado. Sus compañeros le arrancaron la pistola en el +momento de atentar a su vida. Acompañado de su fiel asistente y de un +primo se trasladó desde Madrid, adonde había venido a defenderse, a +Lancia, donde le esperaba su esposa y su hijo de corta edad. La vida de +familia fue un sedante para la terrible llaga abierta en el corazón del +soldado. Pero aquel bravo, que tantas veces había desafiado la muerte, +no tuvo valor para soportar las miradas y la curiosidad de sus +convecinos. En vez de rebelarse contra la injusticia que se le había +hecho, en vez de tratar de convencer a sus paisanos de su inocencia, lo +que no le hubiera costado gran trabajo, porque todos estimaban su +carácter y conocían su valor, lleno de vergüenza, como si realmente +fuese criminal, huyó las miradas de la gente, se retrajo a su casa, y +solo paseaba por la huerta que detrás de ella se extendía, cercada de +alta y deteriorada tapia. + +El palacio de los condes de Onís merece especial mención en esta +historia. Era un edificio antiquísimo, el más antiguo de la ciudad en +unión de algunos restos de la primitiva basílica que aún quedaban en +pie. No se había salvado otra cosa del horroroso incendio que en el +siglo XIV había destruido la población. Su aspecto más era de fortaleza +que de mansión. Pocas y estrechas ventanas cortadas por columnas de +piedra, distribuidas caprichosamente por la fachada; una pared lisa de +piedra, ennegrecida por los años; algunos agujeros cuadrados cerca del +techo, a guisa de aspilleras; una gran puerta de medio punto reforzada +con grandes clavos de acero. Por dentro era inmensa y tenía más alegría. +El patio ancho, más ancho que la calle. Por la parte trasera la luz del +mediodía bañaba sus ventanas. Los árboles de la huerta metían las ramas +por ellas, sirviendo de fresca cortina para templar sus rayos. El +conjunto de aquel vetusto caserón ofrecía misterio y encanto singulares +para los lacienses dotados de imaginación, en especial para los niños, +únicos seres que conservan, en nuestra edad prosaica, la fantasía +despierta. Su fachada, si es que tal nombre puede darse a aquella lisa +pared con pequeños huecos tirados a granel, daba a la calle de la +Misericordia, una de las más céntricas de la ciudad. Una de las +ventanas, quizá la más ancha, enfilaba la calle de Cerrajerías, y por +ella se veía la catedral a lo lejos. + +Aquí se encerró o se sepultó el ex-coronel Campo, sin que bastasen los +ruegos de su esposa y de los pocos parientes que frecuentaban su trato +para hacerle desistir de tal resolución. Su ociosidad fue de provecho +para la casa. Hizo arreglar la huerta, puso algunos miradores en la +parte trasera, amuebló varias habitaciones, enlosó el patio, etc. El +oscuro caserón, sin perder su aspecto vetusto y misterioso, se trasformó +por dentro en agradable morada. Pero el deshonorado militar se consumía, +se secaba dentro de ella como un árbol sin luz y sin agua. Una +melancolía profunda minaba su organismo, le arrugaba la piel, blanqueaba +sus cabellos, debilitaba sus piernas y ponía trémulas sus manos. A los +cincuenta y ocho años de edad representaba tener setenta. Dentro de la +casa no se le sentía. Paseaba por los corredores como un fantasma. +Trascurrían los días sin que nadie le oyese el metal de la voz. Pero no +se mostraba adusto con nadie. Una sonrisa dulce y triste vagaba +constantemente por sus labios. No buscaba las caricias de su hijo, pero +cuando le tropezaba casualmente por los pasillos le cogía la cabeza, se +la besaba amorosamente, murmuraba algunas palabras tiernas en su oído y +repentina y precipitadamente se alejaba, algunas veces con lágrimas en +los ojos. Pensaba que era una gran desgracia para aquel pequeñuelo, +rubio y hermoso como un querubín, el haber nacido hijo de un padre +deshonrado. El infeliz le pedía perdón, con la mirada, de haberle +engendrado. + +Hacia el año 1829, cuatro después de haber llegado de América, el +coronel era un verdadero espectro. Dormía bien, comía bien, no le dolía +nada; pero aquella vida se escapaba en efluvios invisibles y constantes, +en lenta y pavorosa consunción. Su esposa hizo venir un médico, luego +otro y otro. Todos dijeron lo mismo. Era necesario salir, distraerse, +cultivar el trato de la gente. Precisamente las únicas medicinas que el +conde estaba resuelto a no tomar. Poco a poco fue permaneciendo más +horas en la cama; se levantaba tarde; se acostaba temprano. Perdió el +gusto para trabajar en la huerta. No salía de las cuatro paredes de la +casa. Dentro de ella dejó de ocuparse en las cosas que antes le +entretenían; hacer estuches, cuidar la pajarera y otras obras manuales. +Las pocas horas que permanecía fuera de la cama pasábalas, bien sentado +en una butaca, ya paseando por los corredores en silencio. Al cabo dejó +de levantarse. Todo esto lo recordaba Luis perfectamente. Entraba en su +cuarto, le veía tendido mirando al techo con extraña y terrible tristeza +pintada en el rostro. Al entrar su hijo volvía la cabeza, sonreía, le +llamaba por señas y, después de darle un beso, le empujaba para que se +fuese. + +Un día el niño percibió mucho ir y venir por casa; los criados corrían +azorados, cambiaban entre sí palabras rápidas; los pocos parientes y +amigos que visitaban la casa estaban todos allí y tenían unas caras +largas, largas, que le aterrorizaban. Acercándose al gabinete de su +padre, vio que levantaban un altar. Preguntó sencillamente lo que +aquello significaba, y una criada, llevándole a un rincón, le dijo que +no se asustase, que su papá había deseado confesarse y recibir la +Comunión, y que su Divina Majestad vendría pronto a visitarle. Esta +recomendación de no asustarse, hecha repetidas veces, produjo el efecto +contrario. Comprendió que algo grave pasaba. En efecto, el conde de Onís +se moría, se iba por la posta, según decían sus deudos. El médico ordenó +que le dispusiesen. + +A las seis de la tarde, cuando ya había oscurecido, las puertas del +palacio de Onís se abrieron para recibir al sacerdote portador de la +Sagrada Hostia, que venía en el carruaje de la casa. Los criados y +parientes esperaban en el portal con hachas encendidas. Una larga fila +de personas de todas clases venía detrás, también alumbrando. Muchas de +ellas acudían por verdadera devoción y por la estima que les inspiraba +el enfermo. Las más, sólo por satisfacer la curiosidad de verle después +de tanto tiempo, aprovechando aquellas críticas y solemnes +circunstancias. Penetró hasta la habitación del moribundo todo el que +quiso. A nadie se puso obstáculo. Pero no pudieron todos cumplir su +gusto, porque no cabían. Llenose enseguida el gabinete del conde de una +muchedumbre abigarrada, personas decentes, menestrales, niños, todos +empinándose para contemplar al prócer caído en la desgracia, y que ahora +iba a caer en el oscuro seno de la muerte, en el eterno olvido. El deán +de la catedral, su amigo y confesor, avanzó con la Hostia levantada. Los +presentes se hincaron de rodillas. Reinó un silencio lúgubre. En aquel +momento el enfermo, a quien habían incorporado dijo en voz alta, +dirigiéndose a los circunstantes arrodillados: + +--Juro por el Dios Sacramentado, que va a entrar en mi cuerpo, que no he +sido traidor a mi patria, y que en la guerra de América me he portado +siempre como un militar honrado y leal. + +Su voz, que parecía salir de un cadáver, resonó clara y estridente en la +cámara. Hubo un murmullo reprimido entre la gente. El deán, con lágrimas +en los ojos, respondió: + +--¡Bienaventurados los que padecen hambre y sed de la justicia! + +Y le puso la sagrada partícula en la boca. + +La noticia voló por la ciudad. Aquel extraño y terrible juramento, que +se repetían unos a otros, causó impresión profunda en el público. Los +parientes y amigos del conde peroraban con exaltación en todos los +grupos. A uno de aquéllos se le ocurrió dirigir una exposición al rey, +firmada por todos los vecinos, pidiendo que se revisase de nuevo el +proceso del coronel. Pero ya se le había adelantado el deán, hombre +fogoso y elocuente, que logró que el obispo y el cabildo le diesen su +representación para ir a Madrid a gestionar la rehabilitación de su +amigo de la infancia. Éste había mejorado un poco: por lo menos, la +enfermedad se había estacionado. La consunción seguiría, pero al +exterior no se notaba. No se le dijo nada de lo que se tramaba. El deán +tuvo tiempo a ir a Madrid, lograr una audiencia del rey, hablarle al +alma pintándole con elocuencia el solemne juramento que había escuchado, +recabar de S. M. un real despacho reintegrando al conde en todos sus +honores, cruces y condecoraciones, y volverse a Lancia loco de ansiedad. +¡Qué alegría cuando supo que su amigo no había expirado! Desde la galera +acelerada en que hizo el viaje corrió al palacio de Onís y con las +debidas precauciones para no impresionarle demasiado le comunicó la +fausta nueva. + +El coronel quedó algunos momentos ensimismado con la cara metida entre +las manos. + +--¿Qué hora es?--preguntó al cabo. + +--Las doce acaban de dar. + +--¡A ver, pronto, mi uniforme!--exclamó con extraña energía +incorporándose sin ayuda de nadie. + +--¡Rayo de Dios! ¡Enseguida, mi uniforme!--volvió a proferir con más +violencia, viendo que nadie se movía. + +La condesa fue al armario y lo trajo al fin. Se hizo vestir rápidamente, +se puso sobre el pecho la banda de Carlos III y todas las cruces que +había ganado. Eran tantas que, no cabiendo en el costado izquierdo, +tenían que ir algunas al derecho. En esta forma se hizo conducir a la +ventana que enfilaba la calle de Cerrajerías, y allí se colocó en pie. +No tardaron en salir los fieles de misa de doce, la más concurrida de +las que se celebraban los domingos. Todos pudieron contemplar ya desde +lejos aquella figura extraña, aquel cadáver vestido de gran uniforme. Y +con un sentimiento de asombro, de respeto y de compasión, todos +desfilaron en silencio por debajo de la ventana, sin poder separar los +ojos de ella. Durante tres domingos consecutivos el coronel tuvo fuerzas +para levantarse y colocarse en el mismo sitio. Allí permanecía media +hora inmóvil ostentando sus insignias con los ojos extáticos en el +vacío, sin ver ni oír a la muchedumbre que se agrupaba delante del +palacio y se lo mostraban unos a otros poseídos de grave y dolorosa +emoción. Al cuarto quiso hacer lo mismo, se incorporó con violencia para +que le vistieran, pero volvió a caer al instante sobre las almohadas +para no levantarse más. Por la noche entregó el alma a Dios aquel bravo +y pundonoroso soldado. + +¡Pobre padre! El conde no podía recordar aquella escena, que había +quedado profundamente grabada en su cerebro, sin que las lágrimas se le +agolparan a los ojos. De él había heredado la exquisita delicadeza en el +sentir, una susceptibilidad que llegaba a ser enfermiza, no la +serenidad, la iniciativa, la firmeza inquebrantable que realzaban el +alma del coronel Campo. El actual conde tenía un temperamento +excesivamente sensible y tierno, un fondo de honradez y de vergüenza que +era el patrimonio moral de los Campo. Mas estas cualidades se +contrarrestaban por un carácter débil, fantástico, sombrío, el cual le +venía, sin duda, de la familia de su madre. + +D.ª María Gayoso, condesa viuda de Onís, hija del barón de los Oscos, +era un ser original, tan excepcionalmente original que rayaba en lo +inverosímil. En toda su familia, desde tres o cuatro generaciones hasta +ella por lo menos, había apuntado algo estrambótico que en algunos de +sus miembros tocaba en las lindes de la locura y en otros entraba de +lleno dentro. Su abuelo había sido un empedernido ateo partidario de +Voltaire y la Enciclopedia que a última hora se había entregado a la +embriaguez, y según la conseja del pueblo fue arrastrado un día por los +demonios al infierno. En realidad murió de combustión espontánea, lo que +pudo dar pábulo a semejante fábula. Su padre fue un mentecato a quien su +madre, mujer de rara energía, tuvo siempre esclavizado hasta la +degradación. De sus tíos, uno paró en el manicomio, otro fue +notabilísimo matemático, pero tan excéntrico que sus rarezas se +guardaban en Lancia como manantial de anécdotas chistosas; otro se metió +en la aldea, se casó con una labradora y se mató a fuerza de +aguardiente. No tenía más que un hermano, el actual barón de los Oscos. +También era un ser original y excéntrico. Al comenzar la guerra civil se +pasó al bando del Pretendiente e ingresó en su ejército, pero a +condición de servir como soldado raso. Toda la campaña hizo de esta +suerte. No fue posible, por más empeño que en ello pusieron los magnates +que rodeaban a D. Carlos y el mismo rey, obligarle a aceptar el despacho +de oficial. Fue herido varias veces y una de ellas de tan mala manera, +en la cara, que le quedó una profunda cicatriz. Como su rostro era ya de +lo más desgraciado que pudiera verse, aquel surco sinuoso y colorado +acabó de prestarle una apariencia monstruosa y hasta temible. + +Era más joven que su hermana María. No llegaba aún a los cincuenta años. +Vivía célibe y solo en la casa solariega que los Oscos tenían en la +calle del Pozo, nada magnífica por cierto. Iba rara vez por casa de su +hermana, no por antipatía, sino por lo retraído y áspero de su genio. +Salía poco de casa, sobre todo de día. Tenía contadísimos amigos. El más +íntimo de todos, el único puede decirse que gozaba de su intimidad, un +fraile exclaustrado, que antes de ordenarse había servido en las filas +del ejército como oficial. Fray Diego era su perpetuo camarada. El +barón, por su carácter sombrío, por sus excentricidades, y sobre todo +por lo espantable de su rostro, inspiraba general temor en la población. +Los niños sentían en su presencia un terror pánico. Los padres y las +niñeras, para reducirlos a la obediencia, les amenazaban con él:--¡Se lo +voy a decir al barón!--¡Que viene el barón!--Hoy he visto al barón y me +preguntó si eras obediente, etc. Y el barón, por su gesto, +constantemente desabrido, por lo bronco y recio de la voz y por la +brusquedad con que acostumbraba a hablarles, era para las inocentes +criaturas un verdadero ogro. Iba constantemente armado de un par de +pistolas; el estoque de su bastón era un verdadero sable. Se decía que +había disparado sobre un criado sólo porque le había abierto una carta, +y que en varias ocasiones había cogido a los niños que se atrevían a +hacerle muecas en la calle, los metía en la cuadra, los desnudaba y los +azotaba cruelmente con las correas del freno de su caballo. Verdaderos o +inventados estos cuentos, contribuían a acreditarle entre el elemento +infantil de Lancia como un monstruo de ferocidad del cual había que +huir, si el temblor de las piernas lo consentía. + +Una de las cosas que más coadyuvaban a infundir el terror en los +pequeños y cierto respeto, no exento de miedo, en los grandes, era el +caballo que el barón poseía; un caballo de ojo ardiente y feroz y de +genio tan furioso que nadie osaba montarle más que él y su amigo Fray +Diego, que había servido en caballería. Para sacarlo a beber lo llevaban +siempre del diestro, y aun así el indómito bruto iba tirando saltos y +coces, poniendo en conmoción a los transeúntes. Cuando el barón lo +montaba, y dando corcovos y alzándose de brazos salía de casa, la calle +se estremecía, los vecinos se asomaban a las ventanas, los niños se +refugiaban en las faldas de sus madres, todos contemplaban atónitos +aquel centauro temeroso. Realmente el barón de los Oscos en tal momento, +con su rostro desfigurado, los ojos encarnizados, los grandes bigotes +empalmados con las patillas, cerdosos y erizados, y el formidable torso +pegado al caballo, era una figura que infundía espanto. Había que +remontarse con la fantasía a la irrupción de los bárbaros para hallar +algo semejante. Ni Alarico, ni Atila, ni Odoacro debían de tener aspecto +más feo y siniestro ni producir más grima. Júzguese del efecto que +causaría entre los vecinos tímidos cuando una temporada le dio por salir +a caballo pasada la medianoche y recorrer las calles de la ciudad +acompañado de un criado, caballero asimismo en otro corcel. + +La condesa de Onís era dentro de su sexo un tipo tan estrafalario, por +lo menos, como su hermano. Bajita, rechoncha, cara redonda y pálida con +ojos negros y muertos, el cabello pegado a las sienes con goma de +membrillo, vestida constantemente con el hábito morado del Nazareno. +Vivía recluida en su palacio como una monja en el convento. Vivía +entregada en absoluto a la devoción, pero a una devoción caprichosa, +fantástica, en nada parecida a la que practican las almas verdaderamente +místicas. Toda su vida había dado señales de un humor excéntrico, mas +desde la muerte del conde se había pronunciado tanto que bien podían +tomarse sus excentricidades como manías, y no de las más leves. Cuando +joven había mostrado una naturaleza tan púdica que rayaba por su +exageración en lo ridículo. Sus amigas la embromaban no pocas veces +afectando cierta libertad en el hablar. Tan castísimos eran los oídos de +la doncella de los Oscos, que los de una miss inglesa parecerían los de +un sargento a su lado. No podía sufrir que la ropa interior de su +hermano fuese en unión con la suya cuando la lavandera la llevaba o la +traía. Si aquél le entregaba unos pantalones para que le cosiera un +botón, cumplido el encargo corría a su cuarto y se lavaba bien las +manos, y aun dicen que se echaba en ellas algunas gotas de agua bendita. +Apretábase el seno hasta hacerse daño; subía el cuello de los vestidos +contra las prescripciones de la moda; no se mudaba la camisa sino a +oscuras, y cuando no tenía los guantes puestos jamás daba la mano a un +hombre. La historia de su casamiento fue verdaderamente curiosa, llena +de incidentes cómicos que se repitieron durante mucho tiempo por la +ciudad. Sobre todo lo que acaeció en la primera noche de novios, +verdadero o inventado, era muy gracioso y digno de figurar en una novela +de Paul de Kok. + +Durante el matrimonio esta virtud de la castidad templose un poco. Casi +parece excusado decirlo. Mas luego que quedó viuda volvió a exacerbarse +de modo notable. Sobre todo, en los últimos años adquirió aspecto de +locura. Cuando se rezaba el rosario, que era dos veces al día, mandaba +previamente una criada al gallinero para apartar, mientras durase, al +gallo de las gallinas; luego la ordenaba separar las cucharas de los +tenedores y los corchetes machos de las hembras. Por último, la hacía +situarse en una ventana de la fachada lateral de la casa para impedir +que ninguno orinara en el rincón donde los transeúntes solían hacerlo. +Un día vino el cochero a decirle que una de las yeguas estaba en el +celo. Tanto se indignó que, después de haber reñido ásperamente por la +osadía de notificarle tal asquerosidad, mandó inmediatamente venderla. +Una vez que sorprendió al mozo de cuadra dando un beso a la cocinera se +puso enferma del disgusto. Ambos salieron inmediatamente de la casa. + +Le gustaba, no obstante, tener tertulia a primera hora de la noche, pero +de clérigos solamente. Acostumbraba a sentarse en una butaca, delante de +la cual, con intención o sin ella, probablemente con intención, colocaba +dos sillas de suerte que parecía estar detrás de una valla. Poco después +de entrar los presbíteros y animarse la conversación, la condesa se +dormía profundamente, y así estaba hasta las nueve en que las sotanas se +despedían, por supuesto sin darle la mano. Como la casa tenía capilla, +salía poquísimas veces, y esas en coche. Guardaba todo el oro, que +llegaba a sus manos, en los parajes más ocultos del desván o de la +huerta. Algunas veces por esta avaricia, o más propiamente por esta +manía de urraca, la casa se vio en verdaderos aprietos: consintió en que +su hijo pidiera a préstamo algunas cantidades antes que desenterrar las +peluconas. Era además golosa, muy golosa, capaz de comerse una fuente de +confites sin asomos de indigestión. Pero no habían de ser fabricados por +las monjas: por extraña contradicción con sus piadosas inclinaciones, +odiaba todo lo que olía a convento. + +Pues por esta mujer estrambótica, bien podemos decir loca, fue educado +el actual conde de Onís. Su carácter se resintió muchísimo. Para +contrarrestar aquella excesiva sensibilidad, aquel temperamento débil y +vacilante y el humor fantástico y sombrío de que daba en ocasiones +tristes muestras, se hubiera necesitado una educación viril al aire +libre, un maestro inteligente y enérgico que supiera despertar en su +organismo el brío y la resolución de los Campo. Sucedió lo contrario +desgraciadamente. La condesa se empeñó en que no siguiese carrera que le +apartase de Lancia. Estudió, pues, en la universidad del pueblo la +carrera de jurisprudencia, que es la capa con que los jóvenes ricos +tapan su propósito de holgar toda la vida. Mientras duró, y mucho tiempo +después de terminada, la condesa le tuvo sujeto a su autoridad de un +modo que resultaba ridículo. Jamás salía de casa sin pedirle permiso, no +fumaba en su presencia, se recogía al oscurecer, rezaba el rosario, +confesábase cuando ella lo ordenaba. Mientras su cuerpo se desarrollaba +prodigiosamente, se trasformaba en un mancebo bizarro y atlético, su +espíritu continuaba tan infantil y sumiso como si nunca pasara de diez +años. En esta vida retraída y afeminada agravose la nativa timidez de su +carácter, su sensibilidad delicada se hizo enfermiza, su genio sombrío y +receloso. Y lo más lamentable era que, sin ser una lumbrera, estaba +dotado de clara inteligencia y poseía una penetración frecuente en los +hombres reservados y tímidos. Carecía de ilustración y de experiencia; +pero sabía mantener discretamente una conversación y no se le escapaban +los defectos del prójimo. Como casi todos los seres débiles, gozaba a +veces malignamente a costa de ellos. Es la venganza que la gente sin +carácter toma de quienes lo poseen demasiado vigoroso y espontáneo. No +obstante, estas ráfagas de ironía y malignidad no eran en él frecuentes. +Aparecía más bien como un joven prudente, reservado, melancólico, de +trato cortés y caballeroso, de corazón sensible, lleno de cariño y de +respeto hacia su madre. + +Después que concluyó la carrera tuvo sus anhelos y aun proyectos de +salir de Lancia, de ir a la corte, de viajar durante algún tiempo. +Bastó, sin embargo, la negativa de la condesa para contenerle y hacerle +desistir. Prosiguió, pues, su vida de holganza, mayor aún desde que no +tenía siquiera la obligación de mirar de vez en cuando los libros de +jurisprudencia. + +Sólo la entretenía dedicándose a temporadas al cultivo de ciertos +oficios manuales, y con la lectura de las obras románticas entonces muy +en boga. Se hizo hábil ebanista, no tanto como su padre; luego le dio +por la relojería. Últimamente tomó afición a una finca de labor y recreo +que poseía en las inmediaciones de la población y comenzó a mejorarla +notablemente. Denominábase la Granja: distaba poco más de dos kilómetros +de Lancia: tenía una casa grande y vieja y destartalada: a espaldas de +ella un hermoso bosque de robles y delante grandes y feraces praderas. +Comenzó a ir todas las tardes después de comer; crió ganado vacuno y +también algunos caballos, plantó árboles, abrió canales y levantó +cercas. En la casa apenas tocó. En esta nueva afición ganó su cuerpo, +que se hizo más duro y más ágil, y también su carácter. La melancolía, +que tanto le atormentaba, se fue templando, serenose su espíritu, fue +adquiriendo más firmeza en el trato de la gente y más seguridad de sí +mismo, y ciertos accesos de humor negro, de rabia y desesperación que +sin causa alguna le acometían de raro en raro y le hacían aparecer ante +los criados como un epiléptico, desaparecieron por completo. De esta +suerte llegó hasta los veintiocho años, en que comenzó a frecuentar la +casa de Quiñones, y su vida experimentó profunda trasformación. + +Eran las nueve de la mañana cuando el criado le despertó de un sueño +agitado, incompleto, para entregarle una carta. La dejó caer con +afectada indiferencia sobre la mesa de noche; mas luego que el criado se +fue apresurose a cogerla y la abrió con visible agitación. Aunque hacía +ya cerca de dos años que duraban sus relaciones con Amalia, nunca abría +carta de ésta sin que le temblasen las manos. Verdad que se escribían +poquísimas veces. Pero más que la rareza de las cartas contribuía sin +duda a turbarle el profundo amor que en su naturaleza sensible y tímida +había arraigado. + +«Esta tarde a las tres. Por la tribuna,» decía la carta únicamente. Su +turbación no se disipó por completo. Las citas como aquélla eran +extremadamente peligrosas; le causaban, enmedio de su felicidad, una +impresión de miedo que no podía vencer. Había rogado a Amalia que las +suprimiese; pero no le hizo caso alguno. Y él se consideraba +absolutamente incapaz de oponerse a su voluntad. Pasó la mañana +nervioso, alterado. Para calmarse dio un paseo a caballo; llegó hasta la +Granja; pero volvió al cabo con la misma intranquilidad que había +salido. + +Cuando llegó la hora señalada salió de casa y tomó la calle de +Cerrajerías. Era la hora en que apenas se ve un transeúnte. Los vecinos +de Lancia comen generalmente a las dos. A las tres están, pues, de +sobremesa o reposando. Al final de Cerrajerías, en la esquina de la +calle de Santa Lucía, está la iglesia de San Rafael, que tiene su +entrada principal por aquélla. El conde penetró en el templo, después de +tomar agua bendita, como el que va a hacer sus oraciones. Estaba +enteramente solitario, o al menos así le pareció a la primera ojeada. A +los pocos minutos, acostumbrados ya sus ojos a la oscuridad, percibió +dos o tres bultos diseminados por él y postrados en oración. +Arrodillose él también en el fondo oscuro, cerca de la puertecita de la +escalera que conducía a la tribuna de los Quiñones, y fingió orar unos +momentos. Aquello le repugnaba profundamente. Era un creyente sincero, y +la piadosa y severa educación que había tenido le hacía horrorizarse de +tal sacrilegio. Se le había pegado el fanatismo de su madre: tenía un +miedo espantoso al infierno. También Amalia era creyente y aun pasaba en +la población por piadosa; pertenecía a varias cofradías; era protectora +de algunos asilos; hacía frecuentes regalos a las imágenes y se la veía +acompañada de clérigos. Pero miraba aquella profanación con la mayor +indiferencia. La religión era para ella cosa muy respetable, pero más +respetables aún su voluntad y sus placeres. + +Al cabo de unos minutos el conde se levantó cautelosamente y tiró de la +puertecita, que una mano previsora había ya abierto de antemano. Tornó a +llegarla y subió por la estrechísima escalera de caracol. La pequeña +tribuna de la casa Quiñones estaba aún más oscura que la iglesia. Buscó +a tientas la puerta del pasadizo y la empujó; mas como tenía cierre de +cristales y podían verle desde la calle, se echó a gatas para +atravesarlo. En la puerta que comunicaba con la casa estaba Jacoba +esperándole. Era ésta una mujer de más de cincuenta años, obesa, con un +vientre colosal, que se movía con trabajo, la respiración anhelante, +embotada por la grasa y hablando siempre en voz de falsete. La suma +discreción, la encarnación verdadera del sigilo. Nunca habían tenido +otro confidente; nadie en el mundo más que ella estaba enterada de sus +amores, y en el curso de ellos les había servido prodigiosamente; fue su +centinela, su salvador en muchas ocasiones, su ángel tutelar siempre. No +era sirviente de la casa, sino protegida de la señora. Dedicábase a +correr los géneros de las tiendas, a traerlos a las casas, ganando por +ello pequeñísima comisión. Esto no le bastaba para vivir aunque era ella +sola y una sobrina. Pero en varias casas le hacían encargos de distinta +índole y la ayudaban de mil maneras. Sobre todo en la señora de Quiñones +había encontrado una protectora decidida. Cuando llegó a ser su +confidente puede decirse que halló una verdadera mina. Amalia pagaba con +largueza sus servicios que, en realidad, bien merecían recompensa +extraordinaria. + +La medianera se llevó el dedo a los labios recomendando silencio al +conde, así que éste franqueó la puerta. Recomendación bien excusada por +cierto, porque hasta la respiración iba conteniendo por no hacer ruido. +Luego, adelantándose un poco para explorar el terreno, le hizo seña para +qué la siguiese. Atravesaron un corredor, pasaron por delante de la +escalera principal sin ascender por ella de miedo a encontrarse con +algún criado, y fueron a buscar a la biblioteca una escalerita excusada +que allí había para subir al segundo. El conde avanzaba de puntillas con +el corazón palpipante. Aunque ya había penetrado otras veces en casa de +Quiñones de aquella manera, le parecía siempre el colmo de la temeridad +y maldecía en su interior del atrevimiento y despreocupación de su +amante. Llegaron al fin al gabinete de la señora. La puerta se abrió sin +que se viese a nadie. Jacoba empujó suavemente al conde, quedando ella +fuera. La mano de Amalia, que se presentó de improviso, volvió a cerrar, +y súbito, con arrebatado ademán, echó los brazos al cuello de su querido +y le besó con apasionada ternura. Él, cohibido, agitado aún por la +ascensión y trémulo, permaneció quieto, sin corresponder a tales +manifestaciones de cariño. La dama le dio un golpecito maternal con la +palma de la mano en la mejilla. + +--Serénate, poltrón, que nadie te come aquí. + +Luis hizo un esfuerzo por sonreír y se dejó caer en una marquesita +forrada de raso azul. + +El gabinete de Amalia contrastaba por su lujo coquetón con el abandono +que reinaba en el resto de la casa. Las paredes cubiertas de tapices +soberbios, los mejores de la colección que la familia poseía; los +muebles flamantes, estilo Luis XV, traídos de Madrid con la magnífica +cama de ébano incrustada de marfil que se veía en la alcoba, en los +primeros meses del matrimonio, cuando D. Pedro se esforzaba inútilmente +en ganar el corazón de su joven esposa. Respirábase allí una atmósfera +perfumada, sensual, que denunciaba los gustos refinados que la dama +forastera había traído allá de otras tierras a la severa mansión de los +Quiñones. + +Sentose sobre las rodillas del conde, y tirándole de la barba, exclamó +conteniendo a duras penas los gritos, con una alegría reprimida que le +brillaba en los ojos, que estallaba por todos los poros: + +--¿Lo ves? ¿Lo ves como hemos vencido? ¿Lo ves como se han salvado todos +esos obstáculos que se te amontonaban en la cabeza y no te dejaban ver +claro? No ha sido necesario más que un poco de audacia y que Dios nos +ayudase. + +--¡Dios!--murmuró estremeciéndose el conde. + +Ella sintió que había hecho mal en apelar a la divinidad, y se apresuró +a decir con desenfado: + +--Quise decir la suerte... Vamos, no empieces a ponerte cargante y +tristón... Éste es un momento de felicidad para nosotros... Lo estoy +tocando y me parece mentira... Mi hija, la hija de mis amores, viviendo +conmigo, pudiendo verla y besarla a todas horas... ¡Qué hermosa es!... +No pude contemplarla a mi gusto hasta esta mañana; pero hoy me he +saciado bien... Se parece a tí... sobre todo esta parte de aquí arriba, +del entrecejo. Jacoba dice que la boca es mía... No me pesa--añadió +sonriendo con coquetería.--Otra cosa peor pudiera sacar de mí, ¿verdad? + +--Para mí todo es igualmente hermoso. + +--¡Vamos!--exclamó la dama echándose hacia atrás y clavándole una mirada +de burla cariñosa.--Al fin has recobrado el uso de la palabra... Pues +bien--añadió en tono serio,--tú no sabes las vueltas que hemos tenido +que dar esta mañana para buscarle nodriza. Me han traído tres. Ninguna +me ha gustado. Al fin la cuarta se quedó. ¡Y qué lindamente comenzó a +chupar el ángel mío! Me costaba trabajo no saltar de alegría... ¡como me +cuesta ahora!... Pero seamos graves... seamos graves y cargantes como el +señor conde... Dime, fastidioso, ¿cómo te has arreglado para traerla? +Cuéntame. ¡Qué cara tenías ayer noche al abrir la puerta del salón! + +--La cosa no era para menos. A las nueve fui a buscarla a casa de +Jacoba. Ya te lo habrá dicho ella. Me pasé allí cerca de dos horas. Y +como si el diablo quisiera mortificarnos, la criatura chillaba sin +cesar... + +--Sí, sí, ya sé todo eso... ¿Y luego? + +--¡Qué noche! Los chubascos se repetían sin cesar. Las calles estaban +perdidas, sobre todo por aquellos barrios extraviados. Me remangué los +pantalones casi hasta la rodilla, porque ¿cómo iba a entrar manchado de +barro en tu salón? Quise sostener el canastillo en un brazo y llevar el +paraguas abierto en la otra mano. Fue imposible. A los pocos pasos me +volví y le dejé el paraguas a Jacoba. ¡Qué peregrinación, cielo santo! +¡Qué angustia! El viento me bajaba a cada instante el embozo de la capa, +la lluvia me azotaba la cara y me entraba por el cuello. Tenía miedo que +me mojase la niña. Además iba temiendo resbalar. ¡Figúrate si caigo en +aquel momento! El viento soplaba a veces tan recio que me impedía dar un +paso. Bien puedes creerme que estuve tentado a dar la vuelta y dejarlo +para otro día. + +--Lo creo sin que me lo jures. Demasiado sé que te ahogas en un plato de +agua. + +Él le dirigió una larga y triste mirada de reconvención. Amalia soltó a +reír y, abrazándole y besándole con efusión, exclamó: + +--No hagas caso, pobrecito. ¿Piensas que no te compadezco? El trance ha +sido bien duro. Te has portado como un héroe. + +El conde, bajo el peso de aquellos elogios, se ruborizó. La conciencia +le gritaba que no los merecía. Se acordó de la terrible prueba por que +acababa de pasar Amalia, y dijo: + +--¡Tú sí, tú sí que has debido de padecer! ¿Cómo te encuentras? Ha sido +una imprudencia bajar tan pronto la escalera. + +--¡Oh! Yo, aunque parezco débil, soy una roca. + +--Bien lo has demostrado. ¡Padecer esos tremendos dolores sin exhalar ni +una queja! + +--¿Qué sabes tú de esos dolores, tonto?--dijo poniéndole una mano en la +boca.--¿Has parido alguna vez? + +--Luego cuatro días solamente en la cama--prosiguió el joven separando +dulcemente aquella mano y besándola al mismo tiempo,--y al quinto bajar +al salón. + +--Pues ya estás viendo que no me ha pasado nada. ¡Oh, si no llego a +bajar ayer, de fijo Quiñones me manda al médico! Ya desde el segundo día +estaba empeñado en que subiese... Pero ¿no sabes? Está enamorado, loco +por la chiquilla. Toda la mañana ha tenido a la nodriza en su cuarto. ¡Y +se le ocurren unas cosas tan peregrinas! Dice que esta niña nos la envía +Dios para consolarnos de no tener familia... + +El conde volvió a ponerse serio, taciturno, mientras en los labios de la +dama se dibujaba una sonrisa de cruel ironía. + +--A todo esto no has preguntado por ella, padre desnaturalizado--dijo +metiendo sus dedos finos y blancos por la gran barba rizosa y bermeja de +su amante.--Porque eres su padre, sí, su padre. ¿A que no lo +niegas?--añadió acercando con mimo su rostro al de él y poniéndole los +labios en el oído.--Voy a traértela. + +--Pero ¿va a venir el ama?--preguntó él con terror. + +--No, hombre, no--replicó riendo.--Vendrá ella solita. Verás qué bien +camina ya. + +El conde abrió los ojos con una expresión estúpida que la hizo reír aún +más. Se puso en pie y abriendo la puerta cuchicheó un instante con +Jacoba, que estaba fuera de centinela. Al cabo de pocos minutos la obesa +medianera abrió otra vez la puerta cautelosamente y les entregó la niña +dormida. Amalia se sentó, haciéndola descansar en su regazo. Ambos la +contemplaron largo rato en silencio con éxtasis, pendientes del levísimo +soplo que hinchaba y deshinchaba aquel tierno cuerpecito. Fue un +instante feliz. El conde, olvidado de sus temores, se calmó: una sonrisa +de vivo placer se esparció por su fisonomía dulce y melancólica. +Trascurrían los minutos, y ni uno ni otro rompían aquel silencio dichoso +ni se distraían un punto de la atención intensa en que sus espíritus se +confundían. Aquel ser diminuto, inconsciente, aquel pedacito de carne +rosada se reflejaba igualmente en sus ojos y ataba con hilos invisibles +sus almas y sus vidas. + +--¡Qué hermosa es! Se parece a tí--murmuró el conde con tan blando +acento que apenas si llegó a los oídos de su amante. + +--Aún más a tí--respondió ésta en la misma voz apagada. + +Luego, por un movimiento simultáneo, ambos volvieron la cabeza y se +miraron larga, intensamente, con amor. + +--Te adoro, Amalia--dijo él. + +--Te quiero, Luis--respondió ella. Sus manos se buscaron y se apretaron +tiernamente: sus cabezas se inclinaron para cambiar un beso casto. + + + + +IV + +Historia de aquellos amores. + + +Casto, sí. Quizá el primero en sus ya largos amores. Todo lo que de +tierno y poético se desprendía de ellos, como un perfume, vino de pronto +a embriagarlos, a hacerlos dichosos. Se desvaneció el remordimiento, que +pesaba sin cesar en el alma delicada del conde, la agitación insana que +a ambos atormentaba, el ardor, la violencia, la amargura qué iba oculta +en el fondo de sus deliquios amorosos como el gusano en el cáliz de la +rosa. No quedó más que el amor puro, el amor satisfecho, el amor +consagrado por la santa y misteriosa fuerza de renovación que habita en +el seno de la naturaleza. + +¡Si se hubieran conocido antes! ¡Cuántas veces se habían repetido esta +frase de los adúlteros! Si se hubieran conocido antes, probablemente se +hubieran separado sin sentir el más insignificante movimiento de +atracción. El amor se alimenta principalmente de dificultades, le placen +los terrenos movedizos batidos por la borrasca. El de ellos no pudo +hallar tierra más adecuada ni circunstancias más favorables para su +germinación. + +Como se sospechaba en Lancia, el matrimonio de Amalia con D. Pedro fue +impuesto a aquélla por su familia, que agonizaba de hambre. D. Antonio +Sanchiz, padre de la dama, era un mayorazgo valenciano que había +consumido con el juego y las mujeres las tres cuartas partes de su +hacienda. La cuarta que restaba se encargó de consumirla por los mismos +medios su hijo primogénito, que había heredado idénticos gustos. Amalia +era la última de los cinco hermanos, cuatro hembras y un varón. Su +hermana primera, a quien habían tocado aún algunos rayos débiles del +esplendor de la casa, logró casar ventajosamente con el hijo de un +banquero rico. Nada aprovechó a su familia. Ni D. Antonio ni su hijo +Antoñito pudieron ver el color de las monedas de su yerno y cuñado +respectivamente. Las otras dos también casaron con jóvenes distinguidos, +pero sin dinero. Amalia floreció enmedio de la total ruina de su casa. +Ni su figura graciosa y delicada, ni su clara estirpe le valieron para +llamar la atención de los hombres. El conocido desastre de la casa y la +deplorable reputación de su padre y hermano pusieron en torno de ella +una valla que ninguno se atrevía a saltar. Bien lo echó de ver enseguida +y rehuyó enamorarse de los que, por pasatiempo o galantería, la +festejaban. No era tipo acabado de belleza; faltábale gallardía en la +figura, amplitud de formas, color en las mejillas. Mas apesar de su +cuerpecito menudo y no del todo bien conformado, y de la palidez +constante de su rostro, poseía especial atractivo, que cuantos la veían, +y aún más los que la trataban, se complacían en afirmar. Provenía éste +principalmente de sus grandes ojos negros expresivos: el alma se asomaba +a ellos reflejando las más leves y fugaces emociones; ora ardían con +fuego malicioso revelando la pasión recóndita, insaciable, ora se +aquietaban extáticos, límpidos, en arrobo místico; ahora brillaban +alegres y bulliciosos, enseguida melancólicos, tan pronto secos como +húmedos, tan pronto tiernos como iracundos. Provenía también de su +movilidad, de la agudeza de su ingenio y del metal de su voz simpático e +insinuante. Era, en suma, una mujer graciosa e interesante. + +No se sabe si por orgullo o porque realmente su temperamento ardiente y +borrascoso le solicitase a ello, mostrose desdeñosa con los jóvenes +ricos que galantemente la requebraban sin decidirse a pedir su mano, y +entregó el corazón a un muchacho humilde, a un escribientillo del +gobierno político con cuatro mil reales de sueldo, hijo de un maestro de +escuela. La sangre azul de los Sanchiz brincó de cólera en las venas de +D. Antonio, de Antoñito, de sus hermanas y hasta en las del banquero, su +cuñado, que no la tenía. Hubo de sufrir activa y feroz persecución. Pero +como no le faltaban ánimos y estaba dotada además de un espíritu +ingenioso y travieso, fértil en toda clase de diabluras, es lo cierto +que se burló de ellos largo tiempo, que de nada valieron los ruegos, las +amenazas, ni la temporada que la tuvieron recluida en un convento. Si el +escribiente no llega a morirse de una tisis que le concluyó en pocos +meses, es casi seguro que la muy noble y necesitada casa de los Sanchiz +sufriera el baldón de emparentar con el hijo de un maestro de escuela. + +Después de esta aventura, Amalia quedó bastante desprestigiada en la +población. Pero ella bien sabía que, aunque hubiera mantenido incólume +su prestigio, sería lo mismo. Los hombres no se casan por el prestigio, +sino por el dinero. No se le ocurrió, pues, sentir remordimientos por lo +pasado. Vivió triste y resignada dos años más, mostrándose indiferente a +los placeres propios de su edad, sin hacer nada para granjearse la +voluntad de los jóvenes y ganar un marido. Cuando ya iba cerca de los +veinticuatro abriles, y podía darse por perdida la esperanza de +matrimonio, fue cuando a D. Pedro Quiñones, su tío tercero o cuarto, se +le ocurrió acordarse de ella. Resistió el casarse con aquel señor, que +sólo había visto de niña dos o tres veces, viudo hacía poco tiempo, y +cuyas extravagancias conocía por oírselas narrar entre carcajadas a su +padre y hermano, ¡los mismos que ahora la apretaban para que le aceptase +por marido! No fue muy tenaz, sin embargo, en su resistencia. Estaba tan +desengañada, vivía enmedio de un aburrimiento tan plomizo, de una +indiferencia tan soñolienta, que así que vio a su padre colérico, +después de haberla suplicado con vivas instancias, se dejó arrancar el +sí. Decían todos que aquel matrimonio era la salvación de la familia. No +se metió a averiguar si era verdad o pura ilusión. Después de casada +supo que todo lo que su padre pudo sacar de D. Pedro fue una exigua +pensión, con la cual a duras penas podía comer. + +El noble vástago de los Quiñones de León se enamoró perdidamente de +aquella estatua de hielo. En el viaje que hicieron desde Valencia a +Lancia, la esposa se mostró tan fría, tan circunspecta y tan cortés al +mismo tiempo, que D. Pedro no osó reclamar ninguno de sus derechos. En +Lancia, ya sabemos por la voz pública, digna de creerse en este caso, lo +que pasó. + +La negativa persistente, los desprecios infinitos con que le regaló por +mucho tiempo, lejos de enfriarle, encendieron más su pasión. Era +Quiñones, como ya sabemos, hombre fogoso, terco, de voluntad indomable. +Los obstáculos le irritaban, llegaban a enloquecerle. Quiso vencer el +corazón de su esposa y no perdonó medio para ello: la colmó de +atenciones, mimó sus gustos más insignificantes, viviendo por varios +meses en perpetua congoja, en una verdadera fiebre de esperanzas, tan +pronto vivas como muertas. Nada hubiera logrado, sin embargo, sin la +astucia de su amigo el canónigo. Aquel aconsejado viaje por las +montañas, lleno de sustos y peripecias, le conquistó, si no el amor de +su esposa, por lo menos sus favores. + +En los dos primeros años de matrimonio Amalia hizo una vida retraída, +sin salir apenas del churrigueresco palacio de la calle de Santa Lucía. +Vivía a solas con su aburrimiento, complaciéndose en hacerlo más +insoportable, agitada por una cólera sorda que amenazaba estallar a cada +instante: en la apariencia tranquila, aceptando gustosa su papel, +tratando con superioridad cortés a los que se la acercaban. El +desgraciado accidente sobrevenido a su esposo distrajo un poco su hastío +e infundió en su corazón momentáneo sentimiento de piedad. Durante +algún tiempo se creyó llamada a desempeñar cerca de él los oficios de +hermana de la caridad, a cuidarle con afectado cariño para hacerle menos +insoportable aquel terrible castigo. No tardó mucho en fatigarse. Poco a +poco se fue aficionando a la tertulia que por las noches se formaba en +torno de su esposo, comenzó a interesarse en las conversaciones de +política local y a intervenir en ella más o menos directamente. D. Pedro +era el arbitro de la provincia mientras se hallaba en el poder el +partido moderado. Ahora, que estaba debajo, conservaba no obstante muy +alto prestigio y no poca influencia, en el temor de que no tardaría en +ponerse encima. Para aumentar este prestigio y esta influencia y dar +mayor realce a la riqueza y poderío de la casa, Amalia, que halló aquí +medio de distraerse, abrió sus salones a la sociedad laciense, que hasta +entonces había tenido siempre alejada; algunas visitas de cumplido y +nada más. Dio conciertos, menudeó las reuniones de confianza, y de vez +en cuando, en ciertas solemnidades, organizó grandes bailes de etiqueta. +Con esto recobró su perdida energía, aquella graciosa y simpática +movilidad que la caracterizaba; volvió la sonrisa a sus ojos, la frase +aguda a sus labios. Nadie supo jamás honrar con más amabilidad y más +gracia a sus tertulianos. Fue modelo de gentileza y cortesanía. Se hizo +adorar de la juventud, a quien proporcionó gratísimo recurso para matar +las interminables noches del invierno. + +Fernanda Estrada-Rosa fue uno de los más bellos ornamentos de sus +conciertos y saraos. En pos de ella vino el conde de Onís, su novio. El +conde era visita de la casa de Quiñones, pero sólo iba de tarde en +tarde, con motivo de algún cumpleaños, entrada de año, etc. Sin embargo, +Quiñones alimentaba por él profunda simpatía. Bastaba que perteneciese a +la nobleza para que el linajudo hidalgo le juzgara superior en todos +conceptos a los demás seres de la población. Amalia, que apenas le +conocía, comenzó a observarle con viva curiosidad. Tanto se le había +hablado de él, del cariño y respeto que profesaba a su madre, de su +humor melancólico, de sus habilidades, de su piedad exagerada, que +deseaba tratarle con intimidad; quería penetrar en el alma de aquel +mancebo tan apuesto y tan inocente. No tardó en convencerse de que el +amor aún no había prendido en ella. Observando con atención sus +relaciones con Fernanda, percibió en ellas un dejo de frialdad que no +venía ciertamente de la rica heredera. Conoció que el conde se engañaba +a sí mismo haciendo esfuerzos por quedar enamorado, y aún más por +aparecerlo. Tomaba sus amores como una obligación honrosa que le +exigían sus años y posición. El joven más principal de Lancia debía amar +a la niña más rica y más bella. Por otra parte, parecía como si quisiera +demostrar a la población que no era un extravagante o un maniaco, como +alguna vez había oído insinuar. Por eso se le veía cumpliendo +estrictamente los deberes del perfecto galán, paseando un par de horas +por la mañana en la calle de Altavilla, donde vivía su novia, +acompañándola los domingos en el paseo, sentándose a su lado en la +tertulia de las señoritas de Meré o en la de Quiñones, y bailando con +ella todos los rigodones en los saraos del Casino. Pero al mismo tiempo +Amalia echaba de ver que sus pláticas eran frías, que el conde estaba +taciturno y distraído muchas veces, mientras ella, con visible interés, +hacía el gasto de la conversación y procuraba mantenerla viva. + +Aquellos amores le fueron interesando cada vez más: buscó las +confidencias de ella y también las de él. Al poco tiempo su alma +ardiente, sagaz, voluntariosa, simpatizó con la de Luis, tímida, +infantil, llena de piedad y ternura. Más maestra en el arte de hacerse +amar que la niña de Estrada-Rosa, logró pronto inspirar al conde +confianza y afecto; le envolvió en una malla espesa de confidencias, no +sólo referentes a sus amores, sino de toda la vida. Le confesó tan bien +como el más hábil jesuita. Luis, seducido por tanto interés, le fue +abriendo su pecho dándole cuenta primero de sus costumbres, luego de los +actos de su vida pasada, por último de sus sentimientos más recónditos, +de aquellos que sólo se confiesan a un hermano. A Amalia no le +sorprendían en la apariencia tales originales y morbosas psicologías; +las aceptaba como cosas naturales, daba su opinión acerca de ellas y se +autorizaba cariñosamente el aconsejarle, reprenderle a veces, guiarle en +ciertos asuntos de la vida, cuyo complicado mecanismo ignoraba el conde +por Completo. Alentado por este juego habilísimo, se iba confiando cada +vez más, se entregaba por completo, feliz con desembarazarse de tanto +pensamiento ridículo, con confesar aquella extraña y dolorosa timidez +que le atormentaba. + +Amalia supo ahuyentar la suspicacia de Fernanda haciéndose confidente y +protectora decidida de sus amores. Si mantenía ratos larguísimos de +conversación particular y animada con el conde, no menos largos y +animados los gastaba con la chica. Ésta le agradecía profundamente +aquella protección, que se traducía en ocasiones buscadas por la dama +para que los novios pudieran verse y hablarse, para reconciliarlos +cuando estaban reñidos, etc., etc. Mas sin que la inocente niña lo +sospechase, sin que el mismo conde se diese cuenta de ello, la dama +valenciana iba ganando a paso de carga el corazón de éste. Si en +juventud, en hermosura y gallardía era, sin disputa, inferior a la rica +heredera, la aventajaba mucho en la gracia expresiva del rostro, en el +atractivo de su conversación y en la finura de su inteligencia. De +confidencia en confidencia, Luis llegó a mostrarle cuál era el verdadero +estado de su corazón respecto a Fernanda. La astuta señora supo sacar +partido de tales confesiones para hacerle ver que lo que sentía era sólo +admiración de aficionado a las obras bellas de la naturaleza, un deseo +vanidoso de hacerse amar por la joven más linda y más rica de la ciudad, +necesidad de distraer el aburrimiento, cualquier cosa, en suma, menos el +verdadero amor. Éste se alimenta de tristezas negras, de alegrías +inefables, de insomnios, de zozobras, de una agitación dulce y amarga a +la vez que constantemente llevamos dentro del pecho. Luis se convenció +pronto. Pero ella encontraba su frialdad injustificada, no comprendía +cómo un hombre de tan buen gusto no había logrado enamorarse +perdidamente, le reñía, le embromaba, subiendo hasta las nubes las +cualidades de la gentil heredera. + +Mientras esto decía con los labios, sus ojos pregonaban otra cosa. +Aquellas pupilas negras llenas de fuego e inteligencia se clavaban en él +con expresión unas veces lánguida, otras maliciosa, concluyendo por +fascinarle. Al mismo tiempo sus manos breves, delicadas, de aristócrata +aprovechaban cualquier coyuntura para rozar las suyas; al despedirse le +apretaban con tenacidad nerviosa. Si alguna vez se inclinaban ambos para +contemplar cualquier objeto y sus cabezas se tocaban, Amalia no separaba +la suya, dejaba que el conde aspirase la fragancia de ella largo rato +cual si tratase de envenenarle. Se preocupaba de sus trajes y le imponía +sus gustos. No debía ponerse levita; el frac azul le sentaba +admirablemente. ¿Por qué gastaba guantes oscuros? Le prohibió, riendo, +que se los pusiera más. Para las corbatas confesaba que tenía mucho +gusto, pero le sentaban mejor las de lazo que las chalinas. ¿Por qué no +se encargaba a Madrid los sombreros? Los que llegaban a Lancia eran +todos rancios y ridículos. Y el conde obedecía gustoso sus +insinuaciones, se iba dejando dominar por el ascendiente de aquella +mujer tan débil de cuerpo como fuerte de voluntad. + +Una noche en que llegó a casa de Quiñones cuando aún no había nadie, le +dijo la dama bruscamente: + +--¿Quién le ha puesto a usted ese clavel en el ojal, Fernanda? + +El conde, sonriendo ruborizado, hizo signo afirmativo. + +--Pues que me dispense, pero tiene un color muy feo... Verá usted, voy a +ponerle otro más bonito. + +Y diciendo y haciendo, fue derecha a uno de los floreros del salón y, +después de escoger algún tiempo, sacó un magnífico clavel rojo. Volvió +adonde estaba el conde y con gran desenvoltura, con cierta afectación +aún, propia del que pretende mostrar su dominio, le arrancó el clavel +que traía y le puso el nuevo. Sufrió él esta sustitución en silencio, +inquieto y sorprendido. Ella, fingiendo no advertir esta sorpresa, se +echó un poco hacia atrás y exclamó con intención: + +--¡Ya lo creo que está mejor! + +Hubo después algunos instantes de silencio embarazoso. Ella se puso a +jugar con el clavel de Fernanda, azotándose las rodillas, mientras +lanzaba frecuentes miradas al conde, que permanecía confuso sin saber +qué decir ni dónde poner los ojos. Por último, los de uno y otro se +encontraron y sonrieron. En los de ella ardió una chispa maliciosa, y +con ademán súbito y desdeñoso arrojó el clavel que tenía en la mano +debajo de las sillas. El conde se puso repentinamente serio; sus +mejillas se colorearon. En aquel momento entró Manuel Antonio. La +conversación se entabló alegre, indiferente. El conde guardaba, sin +embargo, un resto de turbación. Cuando llegó Fernanda y con visible +disgusto, le preguntó por su clavel, se vio en grave aprieto, perdiose +en un laberinto de explicaciones. El chico de su jardinero, a quien fue +a dar un beso, se lo había arrancado, luego en una maceta que había +hallado en el gabinete de su madre había tomado otro. Pero Amalia, +implacable, le puso poco después en un conflicto preguntándole en voz +alta con sonrisa maliciosa: + +--¿Quién le ha dado a usted ese clavel tan lindo, Fernanda? + +--No, yo no--se apresuró a responder ésta. + +Y el conde, otra vez turbado y rojo, volvió en voz alta a la explicación +que acababa de dar en secreto. Aquella pequeña traición los ató con nudo +más fuerte, estableció entre ellos una relación singular que el conde no +se atrevía a definir en su pensamiento, medroso de resbalar en un +abismo. Siguió festejando con la misma asiduidad, quizá con alguna más, +a la heredera de Estrada-Rosa, pero no podía hablar a la señora de +Quiñones sin sentirse turbado; las miradas que se dirigían eran largas, +intencionadas; sus apretones de manos vivos, impregnados de cariño. +Ambos disimulaban delante de Fernanda como si fuese ya la esposa +ultrajada. ¡Y aún no se habían dicho una palabra de amor! Pero Luis +estaba convencido de que faltaba a su novia, de que era un criminal +hacia D. Pedro, su amigo; no sabía por qué ni cómo, pero lo sentía allá +dentro en el fondo de la conciencia. Sin embargo, reflexionaba algunas +veces que por su parte no había dado un solo paso hacia el crimen, que +se veía enredado en aquellas extrañas relaciones, en las cuales existía +amor; inteligencia, traición, todo tácito, sin saber cómo había sido. + +Trascurrió más de un mes de esta suerte. Amalia no sólo le hablaba de +amor con los ojos, pero le imponía su voluntad, le hacía ejecutar todos +sus caprichos, a veces le reprendía ásperamente. Anunciaba, por ejemplo, +que se iba a marchar: al volver los ojos se encontraba con los de Amalia +que le decían que se quedase, y se quedaba. Trataba de bailar con +Fernanda, y una mirada severa bastaba para retenerle. Un día anunció que +iba a pasar seis u ocho en sus posesiones de Onís: Amalia le hizo signo +negativo con la cabeza, y desistió de su viaje. ¿Por qué? ¿Con qué +derecho contrariaba sus determinaciones, se introducía en su vida y la +gobernaba? No lo sabía, pero experimentaba sensación gratísima al +obedecerla. Vivía en una inquietud dulce, anhelante, esperando algo +hermoso, algo inefable que no quería formularse en su cerebro. Mientras, +ella con su eterna sonrisa misteriosa le observaba tranquilamente, +segura de conocer ese algo y de llegar a él cuando le viniera en +apetencia. + +Una tarde del mes de Junio se hallaba el conde en la Granja +inspeccionando el trabajo de algunos obreros, que tenía ocupados en +abrir una acequia más ancha para el molino. El mozo encargado del ganado +vino a decirle que una señora preguntaba por él. + +--¿Una señora?--exclamó sorprendido.--¿No la conoces? + +El criado le miró estúpidamente, sin contestar. ¿Cómo la había de +conocer, él, que había pasado la vida detrás del ganado, y sólo iba a +Lancia algún día de mercado a comprar o vender una vaca? El conde se +hizo cargo de esto y preguntó enseguida: + +--¿Es bajita? + +--No es muy alta, no, señor. + +--¿Ojos muy negros y vivos? ¿color bajo? ¿el andar muy suelto y +elegante? + +Y antes de que el criado pudiera contestar a estas preguntas, que no +había entendido, echó a correr en dirección a la casa con el corazón +palpitante, henchido de emoción por el presentimiento de que era _ella_. + +--¿Dónde está?--gritó sin dejar de correr. + +--En la corrada, a la puerta del jardín--le contestó también a gritos. + +Llegó a la corrada sin respiración. Antes de abrirla se detuvo un +instante, avergonzándose de su presunción. ¿Cómo había llegado a +suponer... ¿Pero por qué diablo se le había metido en la cabeza?... Y, +sin embargo, no podía desecharla. Era _ella_, era _ella_; no le cabía +duda alguna. Levantó el pestillo de la gran puerta de madera pintada de +verde, y entró. La corrada era grande. Veíanse arrimados a la pared +varios enseres de labranza. Debajo de un tendejón yacían algunos carros. +En una caseta de madera, toscamente labrada, estaba amarrado un enorme +mastín que quiso romper la cadena dando furiosos saltos por venir a +acariciarle. Allá en el otro extremo, cerca de la puerta enrejada que +comunicaba con el jardín, _la_ vio, en efecto, con la frente pegada a +las rejas, contemplando las flores. Estaba de espalda. Traía vestido +claro de rayas blancas y rojas y llevaba en la cabeza sombrerito de paja +con flores rojas también. Con la mano izquierda se apoyaba en una +sombrilla que hacía juego con el traje y en la derecha apretaba unos +guantes de seda, ¡Qué bien impresos le quedaron estos pormenores! Jamás +en la vida se le borraron de la memoria. + +--¿Usted por aquí?--le preguntó afectando una serenidad que estaba muy +lejos de sentir.--¿Quién había de presumir que fuese usted la señora que +el criado me acaba de anunciar? + +--¿De veras no lo ha presumido usted?--preguntó ella mirándole +fijamente. + +--No, no, señora. + +Y se puso colorado al decirlo. La dama sonrió con benevolencia. + +--Bien, enséñeme usted esas rosas de _malmaison_ de que me ha hablado. + +El conde abrió la puerta del jardín y ambos pasaron adentro. Era muy +grande, y estaba bastante descuidado. Desde que la condesa había dejado +de venir a la Granja casi en absoluto, los criados apenas tocaban en él. +Luis era más dado a hacer ensayos de nuevos cultivos, a criar ganado, a +desecar terrenos, que a las flores. Así y todo, del tiempo en que su +madre venía todas las tardes y le atendía, existían allí muchas plantas +de flores, grandes arbustos que con el tiempo y con aquel suelo feraz se +iban trasformando en árboles frondosos. + +Mientras recorrían caminos arenosos, de los cuales el césped se iba +apoderando por falta de limpieza, la condesa explicaba en voz alta cómo +había llegado hasta allí. Se le había antojado dar un paseo hasta +Bellavista; pero al pasar por delante de la carreterita que conducía a +la Granja se acordó de las dichosas rosas, y dio orden al cochero de que +siguiese por ella. No había visto nunca la posesión. Aquella +frondosidad, aquel verde tan intenso la entusiasmaban. En su país la +vegetación era más pálida. + +--Pero más fragante... como las mujeres--dijo el conde con galantería. + +La dama se volvió para dirigirle una sonrisa de gracias, y siguió loando +la belleza de los rododendros, de las azaleas, de las camelias +gigantescas que encontraban al paso. + +Luego que vieron los rosales y que el conde le hizo elegir algunos para +mandárselos al día siguiente, tornaron por senderos distintos hacia la +puerta de entrada. + +--¿Usted está seguro de que yo he venido únicamente a ver estos +rosales?--dijo Amalia parándose súbito y mirándole con fijeza. + +Al conde le dio un vuelco el corazón y comenzó a balbucir +lamentablemente: + +--Yo no sé... La verdad que esta visita... Me alegraría que los +rosales... + +Pero la dama, compadecida, no le dejó terminar. + +--Pues, además de los rosales, vengo a ver toda la finca, y +particularmente el bosque. Conque ya puede usted ir enseñándomelo--dijo +agarrándose resueltamente a su brazo. + +El conde volvió a experimentar nueva y violenta emoción, primero de +pena, después, al sentir la mano de la dama en su brazo, de vivísimo +gozo. Y, turbado hasta lo profundo de su ser, fue mostrándole lo digno +de verse que tenía la finca, las grandes y hermosas praderas, las +cuadras, la nueva maquinaria del molino, el bosque por último. Ella le +observaba con el rabillo del ojo. A veces se dibujaba en su rostro una +levísima sonrisa burlona. Se enteraba de todo con interés, loaba los +trabajos que se habían llevado a cabo, proponía otros nuevos. Y al ir y +venir soltaba el brazo unas veces, otras lo tomaba, despertando en el +alma del conde sensaciones diversas, pero todas vivas y anhelantes. +Cuando observaba que iba adquiriendo aplomo le disparaba repentinamente +alguna maliciosa insinuación que de nuevo lo atortolaba, lo dejaba +confundido y ruborizado. + +--Vamos, conde, a que cuando usted me vio dijo para dentro: «Amalia está +enamorada de mí: no pudo resistir al deseo de venir a visitarme.» + +--¡Amalia, por Dios!... ¿Qué disparate está usted diciendo?... ¿Cómo me +había de atrever... + +Pero la dama, como si no advirtiera su turbación ni concediera +importancia a sus propias palabras, saltaba inmediatamente a otro +asunto. Parecía que tenía gusto en sofocarle, en mantenerle agitado y +trémulo. Y en las miradas fugaces que de vez en cuando le lanzaba +reflejábase un sentimiento de superioridad, la benévola ironía del que +está jugando a otro una burla que ha de terminar en bien. El conde +presentía algo grave debajo de aquella sonrisa enigmática, comprendía +que estaba haciendo un papel desairado, que se estaban riendo de él y +hacía esfuerzos heroicos para recobrar su sangre fría, sin conseguirlo. + +El bosque admiró y entusiasmó a la dama por encima de todo. Era una masa +de robles añosos donde no penetraba jamás un rayo de sol. El suelo +estaba limpio de abrojos, tapizado de césped que convidaba a reposar. +Ninguna otra finca de recreo de la provincia poseía aquel regalo, +procedente quizá de la primitiva selva donde se había fundado el +monasterio que dio origen a Lancia. Quiso descansar un instante debajo +de aquella bóveda verde por donde la luz se cernía trabajosamente. +Reinaba una paz, un amable sosiego que impresionaba como el silencio y +la luz dormida de una, catedral gótica, pero con emoción más dulce. +Apoyó la espalda en un árbol y paseó largo rato su mirada asombrada por +la espesura. El conde estaba en pie algo más lejos. Ambos permanecieron +mudos largo rato. Por fin el caballero sintió, sin verlo, que los ojos +de la dama estaban posados sobre él. Resistió algunos momentos la +atracción magnética de aquella mirada. Cuando al cabo volvió la suya vio +que en efecto le contemplaba de hito en hito con expresión risueña y +audaz que le hizo bajar la vista. Amalia soltó una alegre carcajada. Él, +sorprendido, confuso, algo irritado sintiéndose en ridículo, viendo que +las carcajadas no cesaban, le preguntó con sonrisa forzada: + +--¿De qué se ríe usted, amiga mía? + +--De nada, de nada--respondió llevándose el pañuelo a la boca.--Lléveme +usted a ver la casa. + +Y se colgó nuevamente de su brazo. + +La casa era un grande y vetusto edificio de piedra amarillenta carcomida +por los años, con dos torrecillas cuadradas a los lados. Todo en ella +estaba podrido o deteriorado. En la escalera faltaban rejas, lo mismo +que en los balcones, la bóveda de las habitaciones descascarillada, los +tabiques resquebrajados, el tillado con agujeros, los cristales, +emplomados a la antigua usanza, tan llenos de polvo que apenas +consentían el ver al través de ellos; las paredes sucias también y de +ellas colgados algunos cuadros oscuros, tan oscuros que no se conocía lo +que el pintor había querido representar; las habitaciones, con pocos y +antiquísimos muebles maltratados por el uso de las generaciones +anteriores. Fueron recorriéndolas todas. A Amalia le placía aquel +aspecto de remota antigüedad. ¡Cuántos seres habrían habitado aquella +casa! ¡Cuánto se habría reído y llorado en aquellas vastísimas +estancias! Cada una tenía su nombre. La una se llamaba _el cuarto del +cardenal_, porque en siglos pasados un cardenal de la familia se alojaba +allí cuando venía a pasar una temporada a la Granja; otra, _el salón de +los retratos_, porque había unos cuantos colgados; otra, _la sala +nueva_, aunque parecía tanto y aún más vieja que las demás. Todo aquello +representaba la vida íntima de una familia al través de los siglos. + +--Éste es _el cuarto de la condesa_--dijo Luis al entrar con su amiga en +una pieza no muy grande, donde por debajo del polvo y los estragos del +tiempo se advertía mayor lujo en el decorado. + +Era una estancia coquetona donde las generaciones habían ido dejando +testimonios más o menos plausibles de su amor a la ornamentación. Un +escritorio _pompadour_, algunas sillas _regencia_, varios retratos al +pastel; en el techo, pintados al óleo, algunos amorcillos nadando en una +atmósfera, azul en otro tiempo. + +--¿Es el cuarto de su mamá?--preguntó Amalia. + +--No--replicó el conde riendo,--mamá dormía en otro lado. Se llama así +desde tiempo inmemorial. Quizá alguna de mis abuelas lo había elegido +para sí. Aquí es donde yo duermo la siesta cuando me canso de andar por +el campo. + +En uno de los ángulos había una soberbia cama de roble tallado y +enteramente negro por los años. Era una de esas camas del siglo XV que +vuelven locos a los anticuarios. Las colgaduras antiquísimas también. +Sobre los colchones estaba extendido un tapiz moderno de damasco. + +--Aquí es donde usted se recoge para pensar más libremente en mí, ¿no es +cierto? + +El conde quedó aturdido como si le hubiesen dado un golpe en la cabeza. + +--¡Yo!... ¡Amalia!... ¿Cómo? + +Pero súbito, haciendo un gesto de resolución, exclamó: + +--¡Sí, sí, Amalia, dice usted bien! Aquí pienso en usted como pienso en +todos los sitios adonde voy desde hace algún tiempo... Yo no sé lo que +me pasa; vivo en un estado de constante zozobra, y esto, como usted me +decía hace pocos días, es una señal de amor verdadero. Estoy enamorado +de usted como un loco. Comprendo que es una atrocidad, que es un crimen, +pero no puedo remediarlo... Perdóneme usted. + +Y el caballero se dejó caer de rodillas, como uno de sus nobles +antepasados de la Edad Media, a los pies de la dama. + +Ésta se indignó, al oírle, terriblemente. ¿Cómo? ¿No se avergonzaba de +semejante confesión? ¿No comprendía que dirigirle aquellas palabras +dentro de su casa era un insulto? ¿Cómo podía suponer que ella las había +de escuchar con paciencia? ¡Mentira parecía que el conde de Onís, un +caballero tan cumplido, faltase de aquel modo a lo que debía a una dama +y a lo que se debía a sí mismo! + +El conde permaneció aterrado y de rodillas bajo tal granizada de +denuestos. Consideraba graves sus palabras; pero el enojo que producían +en la dama era mayor de lo que había sospechado. + +Amalia guardó al fin silencio. Le contempló con ojos irritadísimos unos +instantes. Mas una sonrisa feliz y burlona comenzó a dilatar su rostro +expresivo. Se acercó lenta y majestuosamente a él, le puso la mano en el +hombro e inclinándose para acercar la boca a su oído le dijo en voz +baja: + +--Hace usted bien en no avergonzarse de nada de eso, porque yo, señor +conde, le quiero a usted tanto por lo menos como usted a mí. + +Quiso volverse loco. Pasado el susto, se abrazó a sus rodillas +besándolas con frenesí, se desbordó en un mar de palabras apasionadas, +incoherentes, llenas de fuego y de verdad, mientras ella, tan breve, tan +diminuta, contemplaba aquel coloso rendido, con sus ojos misteriosos de +valenciana lucientes de amor y pasión. + +Con este inmenso trabajo conquistó el conde de Onís a la gentil señora +de D. Pedro Quiñones de León. + +Los primeros tiempos de sus relaciones fueron agitadísimos para él, +llenos de punzantes remordimientos y de goces embriagadores. Amalia iba +de vez en cuando a la Granja. Por la noche en la tertulia daba cuenta de +su visita en voz alta. Él se estremecía, se turbaba, sudaba de congoja +mientras con perfecta sangre fría narraba ella todo lo que se podía +narrar, hablaba del jardín, censuraba el abandono en que estaba y lo que +se divertía trayendo a cada visita algunas plantas con la intención de +dejarlo arrasado, ya que a su dueño no le interesaba. Llevaba su audacia +hasta burlarse. + +--Por supuesto que a este señor no hay quien le sufra desde que las +damas le visitan. ¿No advierten ustedes qué impertinente se ha puesto? +Temiendo estoy que el primer día que vaya a la Granja me obligue a hacer +antesala. + +Los tertulios reían. Sí, sí, se le notaba más serio. Fernanda sonreía +clavándole una mirada, cariñosa; el mismo D. Pedro dulcificaba sus ojos, +altivos, feroces y dejaba escapar de su garganta un amago de carcajada. +¡Qué esfuerzo prodigioso le costaba al conde aparecer sereno en estos, +momentos! Le parecía que tenía un abismo abierto a sus pies. Y cuando se +encontraba a solas con Amalia quejábase de su audacia, le rogaba con +palabras fervorosas que fuese más precavida, mientras ella, impasible, +gozándose en sus temeridades, sonreía desdeñosamente con su fina sonrisa +enigmática. + +No pudiendo verse sino rara vez en la Granja, Amalia halló medio de +hacer más frecuentes las entrevistas confiándose a Jacoba. En casa de +ésta se encontraban una o dos veces a la semana. El conde entraba por +una puertecita trasera que daba a cierta calleja, a primera hora de la +tarde, cuando los vecinos estaban comiendo. Esperaba lo menos dos o tres +horas. Amalia llegaba por fin con pretexto de dar alguna orden a su +favorecida. Pero no bastándole esto, todavía ideó la entrada por la +tribuna de la iglesia de San Rafael. Al conde le horrorizaba tal medio; +todos sus escrúpulos religiosos se sublevaban a la vez; además tenía +miedo de que un accidente casual descubriese aquellos amores y aquella +profanación. ¡Qué escándalo! Amalia se reía de sus temores como si las +consecuencias terribles no hubiera de pagarlas ella. Era una mujer que +tenía confianza absoluta en su estrella. Como los buenos toreros se +juzgan más seguros ciñéndose a los cuernos del toro si no pierden la +sangre fría, así ella desafiaba el peligro, iba al encuentro de él +confiando en que sabría salir de cualquier atolladero. Y, en efecto, su +perfecta serenidad, su increíble audacia la salvaron más de una vez. + +El conde de Onís, el coloso de luengas barbas fue un verdadero juguete +en las manos de aquella mujercita temeraria y maligna. Una pasión loca +se apoderó de ambos, sobre todo de ella. Poco a poco se fue +acostumbrando a no vivir sin él, a no pasarse un día sin verle a solas. +Hacía esfuerzos increíbles de ingenio y habilidad para conseguirlo. Y +si las circunstancias rodaban de tal suerte que fuese imposible en tres +o cuatro días gozar una hora de soledad, su espíritu voluntarioso se +exaltaba, botaba dentro del cuerpo como un corcel impaciente, y estaba +dispuesta a arrojarse a la mayor imprudencia. Le apretaba las manos, le +daba pellizcos en plena tertulia, le abrazaba detrás de las puertas +cuando con cualquier pretexto le hacía pasar a otra habitación, y más de +una vez y más de dos en las barbas del mismo maestrante, al volver éste +la cabeza, le estampó un beso en los labios. Luis temblaba, empalidecía, +siempre en espera de una catástrofe. + +Al cabo de pocos meses, sus relaciones con Fernanda, que habían ido +enfriándose paulatinamente, se rompieron por completo. Fue exigencia +ineludible de Amalia. Desde el principio lo venía preparando con +soberano arte, marcándole el tiempo que había de estar al lado de su +novia, las veces que la había de sacar al baile y hasta lo que le había +de decir. Y como lo tenía previsto, la heredera de Estrada-Rosa, que era +orgullosa, no pudiendo soportar la frialdad de su novio, le dejó en +libertad y le devolvió su palabra. La pobre chica desahogaba su pena con +Amalia, la única que sabía a qué atenerse respecto a aquel rompimiento +tan comentado. Mostró ésta gran enojo por la conducta del conde y se +expresó en términos bastante vivos contra él; tomó parte por la joven, +deshaciéndose en elogios de ella; no se hartaba de ponderar sus ojos, su +talle, su discreción y bondad. Hasta dio ostensiblemente algunos pasos +para reconciliarlos. Y en el seno de la confianza, particularmente entre +los amigos de D. Juan Estrada-Rosa, no se contentaba con decir que +Fernanda valía en todos sentidos más que su ex-novio, sino que +apellidaba a éste con mil epítetos pesados; jayanote, pavo, santurrón, +hipócrita, etc. Y cuando al día siguiente le veía en casa de Jacoba, +decíale abrazándole muerta de risa: + +--¡Cómo te he puesto ayer, querido mío, delante de varios amigos de D. +Juan! ¡Tú no sabes!... Saliste de mis labios que ni con pinzas se te +podía recoger. + +Vivía el conde, por todo esto, y por los remordimientos que sin cesar le +mordían, en un estado de perpetua agitación. ¡Cuán lejos se hallaba de +ser feliz! Pero todo era flores comparado con lo que le esperaba. Cinco +meses después de comenzadas sus relaciones, un día le anunció Amalia que +creía hallarse en cinta. Se lo dijo con la sonrisa en los labios, como +si le noticiase que le había tocado la lotería. Luis sintió un vértigo +de terror, quedó pálido, la vista se le turbó como si fuese a caer. + +--¡Dios mío, qué desgracia!--exclamó llevándose las manos al rostro. + +--¿Desgracia?--preguntó ella con asombro.--¿Por qué? Yo estoy muy +contenta. + +Y viendo sus ojazos dilatados, estupefactos, le explicó riendo que era +feliz con esperar una prenda de sus amores; que no tuviese miedo alguno +porque ella sabría arreglarse para que nada se descubriera. Y, en +efecto, tal maña se dio para apretarse que nadie pudo presumir que +aquella mujer tuviese una criatura en sus entrañas. ¡Qué sustos, qué +congojas las del conde mientras duró el embarazo! Si alguien la miraba +con insistencia, ya estaba temblando; si en el curso de la conversación +un tertulio hacía alusión a algún parto disimulado, se ponía pálido, +pensando que podía ser una indirecta. En todos los rostros creía ver +sonrisas y miradas significativas; en las palabras más inocentes, +profundas y aviesas insinuaciones. + +Mientras tanto ella comía y dormía tranquilamente con una alegría +constante que aterraba y admiraba al mismo tiempo al conde. El tiempo +corría: llegaron los siete meses; los ocho. Por mucho que lo disimulase, +el conde observaba que la cintura de su querida se ensanchaba. Cuando, +lleno de congoja, comunicó con ella esta observación, se echó a reír: + +--Calla, tonto, lo notas tú porque ya lo sabes. ¿Quién va a sospechar +porque esté un poquito más abultada? Muchas veces le gusta a una llevar +flojo el corsé. + +Cuando llegó el momento crítico mostró una bravura que rayaba en +heroísmo. Luis quería confiarse a un médico: ella se opuso. ¿Para qué? +Con la asistencia de Jacoba le bastaba. El confiar tal secreto a otra +persona era peligroso. Le acometieron los primeros síntomas al amanecer, +hallándose en la cama; pero hasta las ocho no mandó llamar a Jacoba, que +con el pretexto de hacer unos colchones dormía desde hacía algunos días +en casa. Se encerraron en el gabinete, donde ya tenían preparadas las +ropas necesarias, y sin un grito, sin un movimiento descompasado, sin la +más leve queja, salió aquella valiente mujer de su cuidado. Jacoba sacó +la criatura con el lío de la ropa, después de haber mandado fuera con +adecuados pretextos a los criados. + +El conde lloró de gozo y admiración al saber este feliz desenlace. +Luego, cuando recibió por Jacoba la orden de llevar la niña al portal de +Quiñones, volvió a sentirse acongojado. El plan de su amante le llenaba +de estupor; pero como estaba acostumbrado a obedecer, hizo lo que le +mandaba. El resultado coronó la audacia de la dama; fue tal como ella +había previsto. + +Y ahora, al contemplar a la criatura segura para siempre, no sólo se +fortalecía su amor y se depuraba, sino que sentían el gozo de la +victoria, del que después de haber corrido fuertes temporales llega por +fin a puerto de salvación. + +En voz muy baja, con las manos enlazadas, inclinando de vez en cuando la +cabeza para rozar con los labios la frente de la niña, hablaron largo +rato, mejor dicho, soñaron despiertos, queriendo penetrar en los abismos +insondables del tiempo. ¿Cuál sería la suerte de aquella hermosa +criatura? ¿Cómo se la educaría? Amalia decía que conseguiría educarla +como hija suya, hacerla una verdadera señorita; estaba segura de que D. +Pedro no se opondría a ello. Y como quiera que no tenía hijos, nada más +natural que habiéndola tomado cariño la dejase a su muerte algún legado +importante. El conde hizo un gesto de desdén. La niña no necesitaba de +la hacienda de D. Pedro. Él le dejaría toda la suya. + +--Pero tú puedes casarte y tener hijos--dijo la dama mirándole +maliciosamente. + +Él la tapó la boca. + +--¡Calla, calla! Ya sabes que no quiero oír eso siquiera. Estoy +definitivamente unido a tí. + +Ella le besó con efusión. + +--Sellados, ¿verdad? + +--Sellados--repuso él con firmeza. + +--¿Pero no te haces cargo de que si le dejas tus bienes en testamento, +enseguida nacería la sospecha de que era hija tuya? + +Esta dificultad le abatió por unos instantes. Ambos se ocuparon en +arbitrar algún medio para eludirla. El conde quería dejarlos en +fideicomiso a alguna persona de confianza. Pero esto ofrecía también sus +inconvenientes. Mejor sería ir colocando dinero a su nombre en algún +banco, y al llegar a la mayor edad, fingir una herencia, inventar algún +padre llovido del cielo... + +--En fin, ya hablaremos de eso... Déjalo a mi cuidado--concluyó diciendo +ella. + +Y él se lo dejaba de muy buena gana, fiando de su imaginación +inagotable, de su voluntad y su audacia. + +Cuando se cansaron de hablar de lo porvenir volvieron los ojos al +presente. Era necesario bautizar la niña. Habían resuelto que fuese al +día siguiente. + +--Ya hemos convenido en que la madrina fuese yo y el padrino tú. + +--¿Cómo? ¿yo?--exclamó asustado.--Pero, mujer, ¿no comprendes que eso +puede engendrar sospechas? + +La dama se obstinó. Que sí, que había de ser padrino. Si sospechaban, +buen provecho. A ella le tenía sin cuidado. Pero viéndole realmente +afligido cambió de idea. + +--No te apures, hombre, no te apures--dijo dándole un tironcito a la +barba.--Ha sido una broma. ¡Buena cara ibas a poner cuando la tuvieses +en la pila! No te faltaría más que gritar: ¡Señores, aquí! ¡Vengan aquí +todos a ver al padre de esta criatura! + +El padrino sería Quiñones, y en su representación D. Enrique Valero. La +madrina ella, representada por María Josefa. El conde se mostró muy +satisfecho. Todo aquello era hábil y prudente y adecuado para asegurar +la suerte de su hija. Pero cuando se manifestaba más contento, un rumor +que vino del pasillo le hizo saltar en la butaca, ponerse lívido. + +--¿Qué tienes, hombre? + +--¡Ese ruido!... + +--Es Jacoba... + +Pero viéndole dudoso, con los ojos espantados aún, se levantó, teniendo +la niña en los brazos, abrió la puerta y cambió algunas palabras con +Jacoba que, en efecto, estaba allí. Después de entregarle la criatura y +cerrar, volvió de nuevo a sentarse. + +--¿Cómo eres tan cobarde, di? + +--No es cobardía--repuso él ruborizado.--Es que estoy siempre +sobresaltado... No sé lo que me pasa... La conciencia quizá... + +--¡Bah! Es que eres un cobarde. Como tienes el cuerpo tan grande se te +pasea el alma dentro de él. + +Y acto continuo, observando la expresión de enojo y tristeza que se +reflejaba en su semblante, tornó a abrazarle con trasportes de +entusiasmo. + +--No, no eres cobarde; pero inocente sí... Por eso te quiero, te quiero +más que a mi vida. ¿No es verdad que te quiere tu filleta? Soy tuya... +Tú eres mi único amor. Yo no soy casada... + +Y con caricias de gata mimosa le paseaba sus manos finas y pálidas por +el rostro, estampaba en él menudos, infinitos besos, le anudaba los +brazos al cuello, se lo mordía con leves y fugaces mordiscos de ratón. Y +al mismo tiempo, ella, tan grave y silenciosa en visita, hacía fluir de +sus labios un chorro constante de palabritas melosas que le adormecían y +embriagaban. El fuego, que se adivinaba al través de sus grandes ojos +misteriosos y traidores, brotaba ahora con vivas llamaradas. Era el goce +de la sensualidad el que se desprendía de su ser; pero era también el +deleite maligno del capricho cumplido, de la venganza y la traición. + +El conde de Onís se sentía cada día más subyugado. Las caricias de su +amada eran abrasadoras; pero los ojos guardaban siempre, en lo más +hondo, un reflejo cruel de fiera domesticada. Sentía amor y miedo al +mismo tiempo. Alguna vez su espíritu supersticioso llegaba a imaginar si +un demonio tentador habría venido a alojar en el cuerpecito endeble de +aquella valenciana. + +Después de anunciar tres o cuatro veces que se marchaba, sin llevarlo a +cabo por impedírselo ella, viéndose al cabo libre de sus brazos, se +levantó de la butaca. La despedida fue larga como siempre. Amalia no le +soltaba hasta que le veía ebrio, intoxicado por la violencia de sus +caricias. Jacoba le esperaba en el corredor. Después de conducirle por +éste y otros varios hasta la estancia donde se hallaba la escalerita +excusada que iba a la biblioteca, le hizo seña de que aguardase y bajó +sola para cerciorarse de que no había nadie en los pasillos. Tornó a +subir para avisarle; el conde descendió, apagando cuanto podía el ruido +de sus botas. A la puerta del pasadizo la medianera le dejó, después de +abrirle la puerta. Bajose otra vez hasta tocar con las manos en el suelo +para no ser advertido de la gente que pasase por la calle, y en esta +forma atravesó el pasadizo de la tribuna. Abrió la puerta y entró. La +oscuridad le cegó. En cuanto dio algunos pasos sintió un golpe en la +espalda y oyó una voz ronca que decía al mismo tiempo: + +--¡Muere, infame! + +Se heló en sus venas la sangre y dio un salto hacia atrás. Entre las +sombras espesas pudo distinguir un bulto más negro aún. Veloz como un +rayo se precipitó sobre él, y lo hubiera aniquilado bajo su enorme +cuerpo si no sintiera una carcajada reprimida y al mismo tiempo la voz +de Amalia. + +--¡Cuidado, Luis, que me vas a hacer daño! + +La sorpresa le dejó mudo unos instantes. + +--¿Pero por dónde has venido?--dijo al cabo. + +--Pues por la escalera principal. Me he echado este capuchón negro +encima y he bajado corriendo. + +Y viéndole frío y disgustado por aquella broma de mal gusto, se empinó +sobre la punta de los pies, colgose rápidamente a su cuello y, después +de apretar los labios larga y apasionadamente contra los suyos, le dijo +con acento zalamero: + +--Ya sabía que no eras cobarde... pero quería comprobarlo. + + + + +V + +Las bromas de Paco Gómez. + + +Ahora bien, Granate no acababa de persuadirse a que Paco Gómez +procediese de buena fe. Su carácter jocoso, los terribles bromazos que +se le atribuían perjudicábanle en el ánimo del indiano. No bastaba que +adoptase continente grave y mantuviese con él pláticas largas acerca de +la alza o baja de las acciones del Banco, ni que le loase la casa por +encima de todas las fábricas modernas y le diese útiles consejos en el +juego del chapó. De todos modos el gracioso de Lancia observaba allá, en +el fondo de sus ojazos encarnizados de jabalí, una nube de recelo que no +podía disipar. En este aprieto pidió auxilio a Manuel Antonio. Se le +había metido en la cabeza una broma chistosa, y antes de renunciar a +ella consentiría en cualquier alianza. + +--Desengáñate, Santos--decía el marica, de acuerdo con Paco, paseando +cierta tarde por el Bombé con Granate,--tú, como te has pasado más de la +mitad de la vida detrás de un mostrador, no entiendes nada de estos +lances. No te diré que Fernanda esté chalada por tí, pero que anda en +camino de ello lo digo y lo sostengo aquí y en todas partes. Hace ya +tiempo que lo vengo notando. Las mujeres son caprichosas, +incomprensibles; hoy rechazan una cosa y mañana la apetecen y están +dispuestas a hacer cualquier disparate por lograrla. Fernanda comenzó +rechazándote... + +--¡Entodavía! ¡entodavía!--manifestó sordamente el indiano. + +--Pura apariencia. Es una chica muy orgullosa y que no dará jamás su +brazo a torcer. Pero por lo mismo que tiene mucho orgullo no se casará +más que con el conde de Onís o contigo, los dos únicos partidos que hay +en Lancia para ella; el conde por la nobleza y tú por el dinero. Luis es +un hombre muy raro; yo lo creo incapaz de casarse. Ella está convencida +ya de esto mismo. No le queda más que tú, y tú serás al cabo el que se +coma la breva... Además, por más que otra cosa digan, a las mujeres les +gustan los hombres como tú, robustos... porque tú eres un roble, +chico--añadió volviendo hacia él la cabeza con admiración. + +Granate dejó escapar un mugido corroborante. El marica le pasó las manos +por el torso, como profundo conocedor de las formas masculinas. + +--¡Qué musculatura, chico! ¡Qué hombros! + +--Con estos hombros que aquí ves--dijo el indiano con orgullo--se han +ganado muchos miles de pesos. + +--¿Cómo? ¿Cargando sacos? + +--¡Sacos!--exclamó Granate sonriendo con desprecio.--Eso es pa la +canalla. ¡Cajas de azúcar como vagones! + +El Bombé estaba desierto en aquella hora. Era un paseo amplio en forma +de salón, recién construido en lo alto del famoso bosque de San +Francisco, desde donde se señoreaba todo. Este bosque de robles +corpulentos, añosos, retorcidos, algunos de los cuales pertenecían a la +selva primitiva donde se fundó el monasterio que dio origen a Lancia, +servía de sitio de recreo y esparcimiento a la población, hasta cuyas +primeras casas llegaba. Permaneció siempre en lamentable abandono; pero +la última corporación municipal había llevado a cabo en él magnas +reformas que le habían valido los aplausos de los espíritus innovadores: +un paseo, algunos jardinillos alrededor y una calle enarenada entre los +árboles, que le ponía en fácil comunicación con la ciudad. Los días de +labor no paseaban por él más que algunos clérigos con sus largos manteos +negros y enorme sombrero de teja, llevando algún seglar enmedio, dos o +tres pandillas de indianos disputando en voz alta sobre el precio de los +cambios o el valor de los solares de la calle de Mauregato, recién +abierta, y tal cual valetudinario, que venía a primera hora a tomar el +sol, y se retiraba tosiendo en cuanto sentía la humedad de la tarde. ¿Y +las damas?... ¡Ah! Las damas lacienses sabían perfectamente lo que se +debían a sí mismas y estaban dotadas de un sentimiento harto delicado de +las leyes del buen tono para exhibirse en días que no fuesen feriados. Y +aun en éstos no lo hacían sino tomando las debidas precauciones. Ninguna +dama de Lancia cometía la bajeza de presentarse en el Bombé los domingos +mientras no estuviesen paseando en él algunas otras de su categoría. +Pero esto era de una dificultad insuperable, dada la unanimidad de +pareceres. De aquí que, aderezadas ya desde las tres de la tarde, con el +sombrero y los guantes puestos, aguardasen al pie de los balcones, +espiándose las unas a las otras por detrás de los visillos. «Ya pasan +las de Zamora.» «Ahora vienen las de Mateo.» Sólo entonces se +aventuraban a lanzarse a la calle y subir poco a poco y con la debida +majestad hasta el paseo, donde hacía ya dos horas la banda municipal +ejecutaba diversas fantasías sobre motivos de _Ernani_ o _Nabuco_ para +recreo de las niñeras y algunos apreciables albañiles. Ni se crea, sin +embargo, que la sociedad distinguida de Lancia entraba así de golpe y +porrazo en el arenoso salón. Nada de eso. Antes de poner el pie en él +subían a otro paseíto suplementario que había poco más arriba. Desde +allí exploraban el terreno, observaban «si alguna se había atrevido.» +Por fin, cuando las sombras comenzaban a espesarse ya en las copas de +los añosos robles, a la hora en que la niebla descendía de las montañas +apercibida a fijarse en las narices, en la garganta y en los bronquios +del honrado vecindario, todas las bellezas indígenas acudían casi en +tropel al espacioso paseo. ¡Qué importaba un catarro, un reuma, ni +siquiera una pulmonía, ante la deshonra de presentarse las primeras en +el Bombé! ¡Ejemplo notable de fortaleza! ¡Caso portentoso del poder que +en los pechos elevados ejerce el respeto de sí mismo! + +Esta exquisita conciencia de los deberes, que la naturaleza ha escrito +con caracteres indelebles en los corazones dignos, se revelaba aún de +modo más claro y conmovedor con ocasión de los bailes de confianza que +el Casino de Lancia daba cada quince días durante el invierno. Fácil es +de comprender que las dignísimas señoritas que con tal admirable +constancia luchaban un día y otro para no entrar en el paseo mientras +estuviese solitario, no irían a cometer la vileza de presentarse +«primero que las otras» en el salón del Casino. Mas como aquí no había +paseo suplementario desde donde espiarse, ni era fácil por la noche +estar de espera en los balcones, aquellas ingeniosísimas damas, tan +dignas como ingeniosas, hallaron un medio de dejar siempre a salvo su +honra. Poco después de sonar las diez, hora en que daba comienzo el +baile, enviaban hacia allá de descubierta, como caballería ligera, a sus +papas o hermanos. Entraban haciéndose los distraídos, se sentaban un +momento en las butacas, gastaban cuatro bromas con los pollos que allí +aguardaban correctos, impacientes, con la luenga levita cerrada, +abrochándose los guantes los unos a los otros, y al poco rato se +retiraban disimuladamente para ir a noticiar a sus familias que aún no +había llegado nadie. ¡Ah! ¡Cuántas veces los pollos impacientes de la +levita cerrada aguardaron vanamente toda la noche la llegada de sus +hermosas parejas! Las bujías se iban gastando; la orquesta, que había +tocado sin éxito alguno dos o tres bailables, se desmoralizaba; los +músicos charlaban en voz alta o paseaban por el salón y hasta fumaban; +los hujieres y mozos bostezaban, tirándose unos a otros indirectas +referentes a las dulzuras del lecho. Por fin el presidente daba la orden +de apagar, y los pollos se retiraban a sus domicilios respectivos tan +mustios como correctos. ¡Espectáculo consolador el de aquellas heroicas +jóvenes que, apesar de sus vivos deseos de ir al baile, preferían +permanecer en casa a quebrantar los principios fundamentales en que +descansa la dicha y el sosiego de la sociedad! + +--Allí viene Paco con el Jubilado. Lo mismo te dirán que yo--profirió +Manuel Antonio poniéndose la ebúrnea mano sobre las cejas a guisa de +pantalla. + +En efecto, allá a lo lejos se columbraba la figura de Paco como una +percha coronada por un pepino. Todos los sombreros le entraban hasta las +orejas a causa de la inverosímil pequeñez de la cabeza y su disposición +excepcional. A su lado caminaba el Sr. Mateo con sus enormes bigotes +blancos y arrogante figura militar, aunque ya sabemos que era el hombre +más civil que hubiese producido Lancia desde hacía algunos siglos. + +Granate dejó escapar algunos gruñidos destinados a probar el profundo +desprecio que aquellos dos personajes le inspiraban, el uno por su poca +formalidad, y el otro por no tener ni un mal cupón del tres por ciento. + +--Vamos, queridos, hacedme el favor de convencer a este babieca de que +es un buen partido para cualquier muchacha, porque no quiere creerlo. + +--¡Aprieta, pues si D. Santos no es partido con cinco o seis millones de +reales, no sé yo quién lo será!--exclamó Mateo relamiéndose como padre +de cuatro niñas casaderas que no acababan de casarse. + +--¡Suba el cañón, D. Cristóbal, suba el cañón!--dijo el indiano +echándole una mirada torva. + +--¿Cómo? ¿Tiene usted más?... Me alegro... Yo hablo por lo que dice la +gente... + +--Tengo quinientos mil pesos sin quitar un _lápiz_. + +Los tres amigos cambiaron una mirada significativa. Manuel Antonio, no +pudiendo contener la risa, le abrazó exclamando: + +--¡Bien, Santos, bien! Eso del _lápiz_ me enternece. + +Granate era el hombre de los disparates lingüísticos. No tenía +conocimiento de la forma verdadera de una gran parte de las palabras; +las modificaba de modo que resultaba muy cómico. Sin duda dependía de +falta de oído, dado que hacía ya algunos años que había regresado de +América y trataba con personas cultas. Sus bárbaros atentados contra el +idioma eran proverbiales en Lancia. + +--Pues nada, este infeliz se figura--prosiguió el marica, sin hacer caso +de la mirada recelosa que le dirigió--que porque Fernanda Estrada-Rosa +gasta algunos remilgos no le gustan las peluconas como a todo hijo de +vecino... ¡Tonto, tonto, más que tonto! (y al decir esto le pegaba +palmaditas en el ancho y rojo cerviguillo). ¡Si es hija de D. Juan +Estrada-Rosa, el mayor judío que hay en la provincia! + +--Hombre, Fernanda ya es otra cosa--manifestó el Jubilado, que no estaba +en el ajo--Es una chica muy rica y no necesita casarse por el dinero. + +Pero los otros dos cayeron como fieras sobre él. Cuando se tiene dinero +se quiere más. La ambición es insaciable. Fernanda era muy orgullosa y +no pasaría por que ninguna otra chica en Lancia pudiese ostentar tanto +lujo como ella. Si D. Santos elegía esposa en la población, le podría +hacer competencia desastrosa: era una mosca que no se quitaría jamás de +la nariz. El único rival temible para D. Santos era el conde de Onís; +pero éste ya estaba descartado. Su carácter excéntrico, su misticismo y +las extrañas manías en que daba con frecuencia, habían concluido por +aburrir a la muchacha... + +Con estos argumentos y un formidable pisotón de inteligencia que Paco le +dio, el Jubilado entró en razón y se puso de parte de ellos. Los tres +se esforzaron en convencer al indiano de que ni aquélla ni ninguna otra +joven podría resistir mucho tiempo si él se decidía a estrechar el +bloqueo. Paco aludía además de un modo vago y misterioso a cierto dato +que él poseía, el cual demostraba hasta la evidencia que los desdenes de +la chica eran pura comedia, alardes de vanidad para hacerse valer. Pero +era un secreto; no podía revelarlo sin faltar a la amistad y +consideración que debía a la persona que se lo había comunicado. + +Sin embargo, Granate no acababa de rendirse. Como un mastín a quien +rodean los chicos y tratan de congraciársele haciéndole caricias, +echábales miradas recelosas y dejaba escapar de vez en cuando gruñidos +dubitativos. Manuel Antonio agotó el repertorio de sus argumentos +sutiles y femeninos, apoyados por sendos abrazos, palmaditas o +pellizcos. Estuvo elocuente y sobón hasta lo infinito. Paco le dejaba +decir y hacer echándole de través miradas socarronas, convencido de que +Granate acogía siempre con desconfianza sus palabras. Pero a última hora +intervino para dar el golpe definitivo. Después de hacerse rogar mucho +por sus dos auxiliares, y de suplicar encarecidamente y por los clavos +de Cristo que aquello permaneciese en secreto, sacó al fin del bolsillo +una carta. Era de Fernanda a una amiga de Nieva. Explicó primero de qué +modo casual había venido a su poder, y después leyó en voz baja y con +aparato de misterio el siguiente párrafo: «Lo que me dices de Luis no +tiene fundamento. No he vuelto ni volveré a reanudar mis relaciones con +él por razones muy largas de explicar, algunas de las cuales ya conoces. +Lo de D. Santos, aunque por ahora no hay nada, lleva mejor camino. Es +viejo para mí, pero me parece muy formal y cariñoso. Nada tendría de +particular que al fin cayera con él.» + +Granate atendió con extremada fijeza, abriendo de modo descomunal sus +ojazos. Cuando Paco terminó la lectura dijo con voz profunda, como si +hablara consigo mismo: + +--Esa carta es _ipócrifa_. + +Volvieron los tres a mirarse haciendo lo posible por contener la risa. +Manuel Antonio aprovechó la ocasión para darle un abrazo más. + +--¡Anda tú, grosero, desconfiadote! Enséñale la carta, Paco... ¿Tú +conoces la letra de Fernanda?... ¿No?... Pues yo sí y aquí D. Cristóbal +también, porque Emilita recibe a cada momento cartas de ella... Tú eres +demasiado modesto, Santos. Yo no te diré que seas un real mozo, pero +tienes cierta gracia y cierto aquel... vamos... + +--¡Ya lo creo que lo tiene!--exclamó Paco.--Bien puede usted fiarse de +Manuel Antonio, que es voto en la materia. + +--Cualquiera puede distinguir, querido--profirió éste, picándose +repentinamente.--Teniendo ojos en la cara se sabe lo que es hermoso, lo +que es feo y lo que es mediano. + +Y no quiso emplear más saliva en secundar los planes de Paco. Dejaron, +pues, a Granate en paz, y el marica cambió de conversación. + +--Ahí vienen sus amigos, D. Cristóbal. + +Éste levantó la cabeza y vio venir hacia ellos paseando ocho o diez +militares. Eran oficiales del batallón de Pontevedra, que, a su +despecho, había llegado recientemente de guarnición a la ciudad. Mateo +rechinó un poco los dientes y bufó repetidas veces para indicar todo lo +odioso que le era la fuerza armada. Después exclamó con irónico +retintín: + +--¡Cómo me encantan los guerreros en tiempo de paz! + +--Les tiene usted mucha manía, D. Cristóbal. Los militares no dejan de +ser útiles. + +--¡Útiles!--exclamó el Jubilado encrespándose.--¿Qué utilidad traen, +vamos a ver? ¿En qué son útiles? + +--Hombre, mantienen la paz. + +--La guerra es lo que mantienen. Para librarnos de los ladrones basta la +guardia civil. Ellos son los que fomentan el malestar y la ruina de la +nación. En cuanto ven las escalas paradas se sublevan en uno u otro +sentido, que eso es para ellos lo de menos, y ¡vengan empleos y cruces +pensionadas!... Yo sostengo que mientras existan soldados no habrá +tranquilidad en España. + +--Pero, D. Cristóbal, ¿y si una nación extranjera nos atacase? + +El Jubilado dejó escapar una risita irónica y sacudió algunas veces la +cabeza antes de contestar. + +--Pero ven acá, infeliz, la única nación que puede atacarnos por tierra +es Francia, y si Francia se decidiese a hacerlo, ¿de qué nos servirían +todos esos oficialitos tan guapos y bien uniformados? + +--Además, los soldados son un bien para la población por lo que +consumen. Los comercios ganan, las casas de huéspedes lo mismo... + +Manuel Antonio defendía a la milicia sólo por oír a Mateo y ponerle +fuera de sí. Ahora se observaba un dejo de ironía en sus palabras y +mayor deseo de exacerbarle. + +--¡Eso es!... ¡Ahora sí que me has apabullado! ¿Y de dónde viene ese +dinero que consumen, majadero?... ¡De tí y de mí y del señor, de todos +los que pagamos algo al Estado en una u otra forma!... El resultado +final es que ellos consumen sin producir, que son un mal ejemplo en las +poblaciones, porque la ociosidad en que viven corrompe a los que ya son +un poco propensos a la vagancia... ¿Sabes tú cuál es el gasto del +ejército? Pues entre los ministerios de Guerra y Marina consumen más de +la mitad del presupuesto. ¡Es decir que la administración, la justicia, +la religión, los gastos que ocasionan nuestras relaciones con los demás +países, las obras públicas y el fomento de todos los intereses +materiales no cuestan tanto al contribuyente como esos caballeritos del +pantalón encarnado!... Que las demás naciones de Europa tienen un +ejército poderoso, bueno, ¿y qué? Allá ellas. Las demás se pueden +permitir ese lujo porque tienen dinero. Pero nosotros somos unos +pobretes; no tenemos más que fachada... Además, en otros países hay +complicaciones internacionales, de las cuales por fortuna estamos +libres. La Francia no nos atacará por miedo a la intervención de las +potencias; pero si nos atacase, lo mismo nos conquistaría con ejército +que sin él... + +El Jubilado se repetía, manoteaba para dar nueva fuerza a sus +argumentos, echaba fuego por los ojos. Manuel Antonio le dejaba +irritarse con visible satisfacción. En aquel momento pasó cerca el grupo +de los oficiales, que dieron las buenas tardes cortésmente. Todos +contestaron menos D. Cristóbal, que se hizo el distraído. + +--Yo creo que está usted muy exagerado, don Cristóbal. ¿Qué tiene usted +que decir del capitán Núñez, que acaba de pasar ahora? ¿No es todo un +buen mozo y una persona atenta y fina? + +--Con un azadón en la mano estaría mucho mejor y sería más útil a su +país--murmuró sordamente el Jubilado. + +--Pues no tiene usted más que ponérselo en cuanto sea su yerno, porque, +según cuentan, es novio de su hija Emilia--dijo el marica recalcando las +palabras con extremado gozo. + +Paco y D. Santos rieron. D. Cristóbal quedó anonadado. Apenas pudo +mascullar trabajosamente: + +--¡Quién hace caso de esas boberías! + +Y no volvió a chistar. Aquella noticia le había llegado a lo profundo +del corazón, le ponía en la situación más difícil en que estuvo jamás +hombre alguno. Los demás no dejaron de notar este silencio, y se hacían +guiños y se dirigían sonrisas por detrás de su espalda. + +Pero Paco también estaba preocupado. Cuando se le metía en la cabeza, en +aquella cabeza como un puño, mal amasada, un bromazo como el que tenía +proyectado, andaba inquieto, afanoso, lo mismo que el poeta o el pintor +que tienen una obra entre manos. Después de varios días de machacar por +él logró al fin, casi, casi, decidir al indiano. Se trataba nada menos +de que éste fuese a pedir con toda ceremonia a D. Juan Estrada-Rosa la +mano de su hija Fernanda. Según Paco y los que le secundaban, era el +medio más directo y más adecuado de conseguirla. Todo lo demás, andarse +por las ramas. El día en que D. Juan viese que le entraban diez millones +por la casa andaría de cabeza por convencer a su hija. Y ella misma no +les haría asco. ¿Pues qué, no siendo con el conde de Onís, con quién +mejor podía casar que con un hombre tan rico, tan formal, tan sano y tan +_ilustrado_? Este último epíteto, proferido por Paco con grave +continente, estuvo a punto de echar a perder el asunto, porque no faltó +quien sofocase a duras penas la carcajada. Granate quiso advertirlo, +miró a Paco con recelo y volvió a mostrarse desconfiado y reacio algunos +días. + +Llegó un momento, sin embargo, en que el indiano creyó en sus palabras. +Fue después de haberle oído en el Casino desde una habitación contigua +atacar duramente al conde de Onís. Aquel día se decidió a darle crédito +y convino con él la manera de llevar a cabo la petición que le +aconsejaba. Paco opinó que lo mejor sería no decir nada previamente a la +chica. Así como los buenos generales, para asegurar la victoria, suelen +caer de improviso y con sigilo sobre el ejército enemigo, lo más hábil +en este caso era entrar inopinadamente en la casa, llamar a don Juan a +una conferencia reservada y abordar de frente el negocio. Por el +banquero no había cuidado: se pondría como unas pascuas. La chica +recibiría gran sorpresa, pero esto mismo la aturdiría y la pondría más +blanda. Las cosas graves de la vida se deciden generalmente por una +corazonada. El que no se arriesga no pasa la mar. En resumen, que +Granate se entregó a discreción y comenzaron los preparativos para la +gran solemnidad. Lo primero que se trató fue la hora. Quedó resuelto que +fuese a las doce del día. El traje fue objeto de animadas pláticas. Paco +opinaba que, para presentarse bajo un aspecto más imponente, convendría +vestirse algún uniforme, por ejemplo, el de jefe honorario de +administración civil. No era difícil conseguir el nombramiento +sacrificando un puñado de oro; pero esto dilataría más de un mes la +realización de la empresa. Se desechó el uniforme y se convino en que +vistiese frac negro y llevase colgada la medalla de concejal. Fijose por +último el día: resultó un lunes. + +Desde mucho antes el traidor había deslizado en la conversación, +hablando con D. Juan Estrada-Rosa, la especie de que Granate se jactaba +de ser deseado y requerido por él para yerno. D. Juan, que era también +rico y tenía su cacho de orgullo, y sobre todo adoraba a su hija y creía +que el día menos pensado vendría un duque de Madrid a pedírsela, se +irritó grandemente, le llamó rústico, podenco, y juró que, antes de ver +a su hija casada con semejante cafre, preferiría que se quedase soltera. + +--Pues tenga cuidado, D. Juan--dijo Paco sonriendo +maliciosamente,--porque el día menos pensado se presenta en casa a +pedirle la mano de Fernanda. + +--No lo hará tal--respondió el banquero.--Demasiado sabe que le echaría +por la escalera abajo. + +Con estos antecedentes el terrible humorista de Lancia marchaba sobre +terreno seguro. Fuera de los tres o cuatro amigos que le ayudaron a +persuadir a D. Santos, a nadie dio parte de la intriga; pero el domingo +por la tarde, víspera del acontecimiento, lo mismo Manuel Antonio que +él, lo fueron pregonando por todos los grupos y citándose para el día +siguiente en el café de Marañón. En provincia, donde son escasos los +medios de divertirse, se toma muy por lo serio esta clase de bromas, se +preparan con fruición, se paladean de antemano. La de Paco fue acogida +con vivo entusiasmo por la juventud laciense. La víctima no era un pobre +diablo, cómo solía acontecer, sino un ricachón. Esto le prestaba doble +atractivo. En el fondo de todos los corazones hay siempre unos granitos +de odio para el que tiene mucho dinero. Corrió por el paseo la voz, y al +día siguiente se presentaron en el café de Marañón más de cincuenta +mancebos. + +Pero no se dieron a luz en tanto que no pasó Granate. El café estaba +situado en un piso principal (por aquel tiempo no se usaban los bajos +para este destino) de la calle de Altavilla, casi enfrente de la casa de +D. Juan Estrada-Rosa. Ésta era grande y suntuosa, aunque no tanto como +la que recientemente había construido don Santos. La del café, vieja y +de ruin apariencia. El local que ocupaban los parroquianos, una sala +donde estaba la mesa del billar y dos gabinetes a los lados con algunas +mesillas de madera para el consumo, todo sucio, lóbrego, sobado. ¡Cuán +lejos aún los tiempos de que se estableciese en uno de los bajos de +aquella misma calle el magnífico café Británico, con mesas de mármol, +espejos colosales y columnas doradas como los más elegantes de Madrid! + +Espiando por detrás de los visillos aquella florida juventud, ávida de +los goces estéticos, vio pasar a Granate correctamente vestido, +balanceando su torso colosal sobre unas piernas que no lo merecían. Le +vieron entrar en casa de Estrada-Rosa y hasta oyeron el ruido del +picaporte. Nada más. Inmediatamente se abrieron de par en par los +balcones del café y se llenaron. Los que no tenían sitio se encaramaron +en sillas detrás de sus compañeros. Todos los ojos se clavaron en el +portal de enfrente. Esperaron cerca de un cuarto de hora. + +Al cabo la fisonomía violácea de Granate apareció de nuevo. Daba miedo. +Aquella cara parecía ya un terciopelo como si estuviese ahorcado. Las +orejas tenían el color de la sangre. A su aparición estalló una salva de +toses y estornudos y gritos y aullidos. El indiano alzó la cabeza y +paseó su mirada atónita por aquella muchedumbre descompuesta que le +sonreía, sin comprender la razón. Tardó poco, sin embargo, en darse +cuenta de que era víctima de un bromazo. Sus ojos se clavaron entonces +feroces en el concurso, y exclamó con un desprecio que nada tenía de +fingido: + +--_¡Méndigos!_ + +Y se alejó como un jabalí perseguido por la jauría entre silbidos y +carcajadas, volviendo de vez en cuando la cabeza para escupirles el +mismo esdrújulo injurioso. + + + + +VI + +Las señoritas de Meré. + + +En efecto, Emilita Mateo había logrado hacerse amar de un capitán del +batallón de Pontevedra. Le había costado muchos días de incesante +jugueteo, un número incalculable de miradas provocativas, de carcajadas +sin motivo, de caprichos infantiles, de gestos mimosos y enfados +pasajeros. Había desplegado, en suma, todas sus baterías, mostrándose a +la vez cándida y maliciosa, dulce y arisca, reservada y charlatana, +grave y retozona como una loquilla, como niña ligera e insustancial, +pero adorable. Al fin Núñez, el capitán Núñez, no pudo resistir a tal +graciosa mezcla de inocencia y malicia, y se replegó primeramente, y no +tardó luego en rendirse. Era un hombre de cara larga, bigote y perilla, +flaco, serio, bilioso, con los ojos mortecinos y fatigados, muy exacto +en el cumplimiento de sus deberes y aficionado a dar largos paseos. Esta +clase de hombres silenciosos y disciplinados son los más sensibles a los +encantos de la alegría y la vivacidad. Emilita le hizo suyo llamándole +cazurro y dándole pellizcos por «pícaro y burlón»; ¡a él, a quien había +que sacar las palabras con tirabuzón y en su vida había gastado la más +sencilla chanza! + +Con este memorable suceso, la familia Mateo andaba bastante dislocada. +Jovita, Micaela y Socorro, hermanas legítimas de la afortunada doncella, +sentíanse celosas y lisonjeadas a la vez. Entendían que la preferencia +de un oficial de infantería tan bizarro constituía un honor que +irradiaba sobre toda la familia y las colocaba en situación ventajosa +frente a sus amigas o conocidas. Pero al mismo tiempo consideraban que, +siendo Emilita la última en edad, no le correspondía tener novio y mucho +menos casarse sino después de sus hermanas. Eran prematuros en ella los +noviazgos, no contando más que veinticuatro años de edad. En cuanto a la +idea de que pudiera contraer matrimonio una criatura tan tierna y tan +informal, la misma sonrisa de sorpresa y desdén contraía los labios de +las tres hermanas mayores. Así que, por más que se desbarataban en +elogios del capitán delante de las amigas, haciendo resaltar sus prendas +físicas, prestándole un corazón grande y heroico, certificando de su +riqueza como si se la administrasen y hablando vagamente de ciertas +influencias que le pondrían más tarde o más temprano en la bocamanga los +entorchados de general, lo cierto es que no le perdonaban ni le +perdonaron jamás su delito cronológico. + +Por otra parte, don Cristóbal, padre de aquel ángel travieso y juguetón, +quedó repentinamente en posición tan falsa que quiso volverse loco. +Luchaba su amor de padre ruda batalla con el odio a la milicia. +Avergonzábale el consentir que una hija suya diese oídos a un militar +después de haberlos llamado él tantas veces haraganes, sanguijuelas, y +haber clamado tanto por la reducción del contingente. ¿Con qué cara se +presentaría a sus amigos de allí en adelante? Pasó días bien terribles. +El aborrecimiento al ejército y a la marina se hallaba tan profundamente +arraigado en su corazón, que no podía extinguirse de pronto. Sin +embargo, le era forzoso confesar que la conducta nobilísima del capitán +Núñez lo había mermado poderosamente. El anhelo de casar a sus hijas +gozaba tanta vida en el fondo de su ser como el desprecio de la fuerza +armada. ¡Cuánto le pesaba de haber vociferado tanto contra ésta! En su +tribulación llegaba a deplorar que Núñez perteneciese al arma de +infantería. Si fuese siquiera marino, disminuiría la gravedad del +conflicto. Recordaba que en sus diatribas contra el ejercito hacia la +salvedad de que era necesario conservar algunos barcos para proteger las +colonias. Lo mismo podía decirse si perteneciese a la Guardia civil. En +cuanto a las demás fuerzas de tierra, no cabía disculpa ni había medio +de salir del aprieto. + +En tan terribles circunstancias optó por encerrarse en casa. Cuando +alguna vez salía, andaba receloso y huido. Los amores de su hija se +fueron haciendo más formales y cada vez más públicos. Temía las bromas. +El miedo le hizo claudicar, adoptando un proceder doble y falso, indigno +por completo de su carácter y antecedentes. Es decir que, mientras +públicamente seguía afectando desprecio hacia las fuerzas de tierra, +cuando hablaba con el novio de su hija o entre militares, lo hacía con +agasajo, les preguntaba con interés por su carrera, lo mismo que si +prestasen servicios en cualquier oficina civil del Estado. Nadie +sospecharía al oírle enterarse tan minuciosamente del escalafón, de las +reservas y reemplazos, etc., que aquel hombre les tenía jurado odio +eterno. Pero el Jubilado llegó con el tiempo a una distinción que nunca +se había atrevido a proponer. Como militares no transigía con ellos, +los consideraba una verdadera plaga social... Ahora, «como hombres,» +bien podían ser dignos de estimación, según sus cualidades. + +Los amores de Emilita habían nacido y crecido como otros muchos en casa +de las de Meré. Eran éstas dos señoritas que pasaban de los ochenta y no +llegaban a los cien años. De todos modos, a la entrada del siglo XIX +eran ya maduras. No tenían en Lancia familia alguna. Ninguno de los +vivos recordaba a su padre, que había muerto cuando todavía eran +mocitas. Estuvo empleado en el ramo de Hacienda. Es de suponer, dada su +remota antigüedad, que sería percibidor de alcabalas o de otros pechos +ya extinguidos. Del siglo XVIII, al cual pertenecían, tenían aquellas +interesantes señoritas en primer lugar el traje. Jamás pudieron entrar +por las modas del presente. Una saya de cúbica negra muy escurrida con +plomos por debajo para que se escurriera todavía más, talle muy alto, +manga apretada con bullones, zapatito de tabinete descotado y un tocado +inverosímil de puro extravagante: así se presentaban en todas partes. La +mantilla que usaban no era de velo, sino de sarga con franja de +terciopelo, como las usan ahora solamente las artesanas. Llevaban bastón +para apoyarse. Conservaban además la cortesía exquisita, la ligereza de +carácter, la pasión por la sociedad y una alegría inagotable, +maravillosa a sus años. Lo que no habían traído consigo al siglo +presente era la libertad de costumbres y la malicia que, al decir de los +historiadores, caracterizaba la sociedad del pasado. Imposible imaginar +unas criaturas más sencillas. Como si no hubiesen atravesado por la +vida, todo les sorprendía, en todo creían menos en el mal. Así que, con +frecuencia, eran víctimas de las bromas de sus amigos y tertulianos, sin +que por eso dejase ninguno de profesarles entrañable afecto. Desde +tiempo inmemorial tenían costumbre de recibir en su casa por la noche a +la juventud de Lancia, particularmente a los muchachos que se placían en +asistir por la grandísima libertad que allí disfrutaban. Por acuerdo +tácito todos ellos las tuteaban. Y era en verdad peregrino el oír a los +chicuelos de diez y ocho años hablar con tal familiaridad a unas +viejecitas que pudieran ser sus bisabuelas. Carmelita para aquí, Nuncita +para allá, porque la más anciana se llamaba D.ª Carmen y la más joven +D.ª Anunciación. + +Tres o cuatro generaciones habían pasado por aquella salita de la calle +del Carpio, modesta y aseada, con el pavimento de madera encerada, +sillas de paja, sofá de damasco encarnado, cómoda de caoba atestada de +chirimbolos, espejo con marco de carey y diversos cuadritos al pastel +representando la historia de Romeo y Julieta. La tertulia de las de Meré +era la más antigua de Lancia. Contra lo que acaece generalmente, estas +mujeres que no pudieron hallar marido tenían la manía de casar a todo el +mundo. El número de matrimonios que salieron acordados de aquella salita +es incalculable. En cuanto advertían que un muchacho se acercaba a +cualquier muchacha más que a las otras, ya estaban nuestras señoritas +preparando los hilos para unirlos con lazo indisoluble; ya no consentían +que nadie se sentase en la silla que estaba al lado de Fulanita para que +cuando Menganito viniese la hallase aparejada y no tuviese más que +sentarse. Y vengan a Fulanita elogios desmesurados de Menganito, y vayan +a Menganito relaciones minuciosas de los primores que Fulanita ejecuta +con la aguja y lo económica y hacendosa que es y lo piadosa y lo limpia. +Y escápense más adelante a casa de la mamá de Fulanita para celebrar +conferencias largas, íntimas, trascendentales, y procuren enseguida +tropezarse con el papá de Menganito y desplieguen todas sus dotes +diplomáticas para explorarle el corazón. Y por premio de estos sudores +recibían, al cabo, un cartuchito de dulces el día de la boda. + +Pero todas las madres de niñas casaderas las adoraban, no se hartaban de +bendecirlas y adularlas. Saludábanlas de media legua, y al salir de la +iglesia se apresuraban a ofrecerles el brazo para que se apoyaran. En +cambio, las que tenían algún hijo varón en edad de casarse solían +mirarlas con recelo y antipatía, las llamaban por lo bajo chochas y +entremetidas. No hay necesidad de indicar, por lo tanto, que su pasión +casamentera les costó no pocos disgustos. Cuando algún lechuguino sentía +brotar en su pecho la llama del amor, lo primero que hacía era +mostrársela a las de Meré. + +--Carmelita, estoy enamorado. + +--¿De quién, corazón, de quién?--preguntaba la anciana con vivo interés. + +--De Rosario Calvo. + +--¡Ajá! Buen gusto ha tenido el picarón. No hay chica más guapa ni mejor +educada. Habéis nacido el uno para el otro. + +Y por un rato el zagalillo tenía el placer de escuchar el panegírico de +su adorada. + +--Espero que me protegerás. + +--Todo lo que tú quieras, mi alma. + +Al cabo de pocos días, Rosario Calvo, que no había puesto los pies en su +vida en casa de las de Meré, aparecía por allí y era tertuliana asidua. +¿Cómo se habían arreglado aquéllas para atraérsela? No es fácil +averiguarlo, pero tantas veces habían llevado a término ya empresas +análogas, que de seguro poseían una receta simple y segura. + +Encariñábanse con sus amigos como si fuesen próximos deudos todos. +Contábanse de ellas rasgos de abnegación que las honraba extremadamente. +Durante la furiosa reacción del año 1823, uno de sus tertulios, teniente +de caballería, se refugió, después de cierta intentona abortada, en su +casa. Las señoritas le recibieron y le ocultaron algunos días, y al cabo +lograron que se evadiese disfrazado con el traje de un criado. Pero +teniendo noticia de que iba la policía a registrarles la casa, pensaron +con terror en el uniforme del teniente. ¿Dónde guardarlo que no diesen +con él? Carmelita, en aquellos instantes críticos, tuvo un rasgo de +ingenio y bravura. Se vistió el uniforme debajo de sus ropas de mujer. +Por cierto que este teniente se portó con ellas con bastante ingratitud. +No tuvo en su vida diez minutos para escribirles una carta dándoles las +gracias. + +No fue la única que hubieron de sufrir por parte de sus tertulios. +Acostumbraban éstos aprovecharse de su amabilidad cuanto podían; +recreábanse en su casa, gozaban de la compañía y conversación de las +jóvenes más bellas de Lancia, concertaban algunos su matrimonio, y luego +que lo realizaban, o porque sus negocios o su edad les impedían asistir +a la tertulia, si te vi, no me acuerdo; apenas las saludaban en la +calle. Lo mismo puede decirse de las mamas, tan rendidas y aduladoras +antes de casar a sus hijas, y tan despegadas así que lo conseguían. Pero +tales flaquezas no alteraban el buen humor de aquellas benditas ni +destruían su optimismo. Como se estaban renovando sin cesar los +asistentes a su casa, olvidaban la ingratitud de los antiguos para +pensar tan sólo en el aprecio que les tributaban los nuevos. Además, en +sus corazones no cabía rencor, ni siquiera hostilidad; las bromas no las +ofendían. ¡Y cuidado que algunas eran bien pesadas! La que les dio Paco +Gómez en cierta ocasión hizo raya: aún se cuenta con regocijo en Lancia. + +No todas las noches de invierno iban damas a la tertulia. Generalmente +asistían los sábados y los miércoles. Pero había un grupo de muchachos +que casi nunca dejaban de hacerles un rato de compañía a primera hora, +aunque después se marchasen a otras casas. Uno de ellos era Paco Gómez. +En estas noches de soledad se formaba generalmente un partido de +_brisca_. Paco iba de compañero con Nuncita y el capitán Núñez, o Jaime +Moro, o cualquier otro muchacho con Carmelita. Paco una noche se dolió +de que las señas que se hacían durante el juego fuesen tan vulgares y +conocidas: era imposible hacerlas pasar inadvertidas para los +contrarios. Entonces, de acuerdo con el otro, propuso cambiarlas. Él +enseñaría unas a Nuncita, y el contrario otras a Carmelita. Las nuevas +señas fueron todas ademanes obscenos, de esos que no se ven más que en +las tabernas y lupanares. Aquellas inocentes mujeres las aceptaron sin +saber lo que hacían y se sirvieron de ellas con la mayor desenvoltura. +Así que pasaron algunos días, y estaban perfectamente avezadas a +usarlas, Paco invitó una noche a muchos de los tertulios a presenciar el +juego. Resultó una escena de cómico subido. Cada vez que cualquiera de +las dos señoritas hacía una seña, había una explosión de alegría. Pues +bien, apesar de lo brutal y desvergonzado de la broma, las bondadosas +señoritas, en vez de ponerle de patas en la calle y cerrarle la puerta +para siempre, se contentaron al saberlo con hacerse cruces de sorpresa y +reírse como los demás. + +--¡Santo Cristo bendito de Rodillero, quién lo diría! ¡Tantos pecados +como hemos cometido sin saberlo! + +--Pues yo no los confieso--exclamó Nuncita con resolución. + +--Los confesarás, Niña--expresó gravemente la primera. + +--Que no. + +--¡Niña! + +--Que no quiero. + +--¡Silencio, Niña! Los confesarás y tres más. Mañana mismo te llevaré a +Fray Diego. + +Nuncita protestó todavía sordamente, como una chica mimosa, hasta que +las miradas severas de su Hermana mayor la hicieron callar. Pero todavía +estuvo buen rato enfurruñada. A veces, sin saber por qué, se mostraba +díscola y rebelde en sumo grado. Necesitaba Carmelita hacer gala de toda +su autoridad para someterla. Mas, ordinariamente no sucedía así. Aunque +no le llevase más de tres o cuatro años, Nuncita, por la costumbre +adquirida, por debilidad de carácter, o por ventura porque no le +disgustaba aparecer más joven en presencia de la gente, reconocía la +jefatura de su hermana y la obedecía con una sumisión que envidiarían +las madres para sus hijas. Pocas veces tenía necesidad de reprenderla, +pero cuando lo hacía, Nuncita bajaba la cabeza y al poco rato se la veía +llevarse el pañuelo a los ojos y salir de la sala, mientras Carmelita +seguía sus movimientos con mirada fija, sacudiendo al mismo tiempo la +cabeza severamente. Poco faltaba para que la castigase dejándola sin +postre o mandándola a la cama. Por tales razones y porque Carmelita así +la llamase con frecuencia, D.ª Nuncia, que pasaba algo de los ochenta, +era conocida en Lancia por el sobrenombre de «la Niña.» + +En los amores de Emilita Mateo se portaron ambas hermanas heroicamente. +El capitán Núñez fue bloqueado en toda regla. Por espacio de un mes lo +menos, y hasta que le vieron bien encarrilado, ni una silla le dejaron +libre más que la que estaba próxima a la más joven de las chicas de D. +Cristóbal. En el juego de la lotería, al cual se entregaba con pasión +desordenada aquella sociedad, Nuncita se encargaba, sin que nadie se lo +pidiese, de buscarles cartones que fuesen combinados. Cuando se referían +al oficial de Pontevedra y a Emilita hablaban como de una sola persona. +Tan unidos y compactos los apreciaban ya. + +Servicios a tal extremo importantes los pagaba el Jubilado con una +gratitud que le rebosaba del alma y le salía por los ojos. De buena gana +se prosternaría ante ellas y les besaría la orla del vestido de cúbica. +Pero su dignidad y aquella larga serie de diatribas contra el ejército +que llevaba colgadas a los pies como grilletes, le impedían estas y +otras manifestaciones. Ni siquiera tenía el consuelo de poder mostrarse +alegre cuando aquel pundonoroso militar acompañaba a su niña en el +paseo. Pero ya se sabe que las señoritas se preocupaban muy poco de la +gratitud de sus tertulios. Los casaban por vocación irresistible de su +espíritu, por una necesidad de su organismo, como teje la araña la tela +y cantan los pájaros en el bosque. Una vez enlazados por el vínculo +matrimonial, los tertulios, lo mismo hombres que mujeres, perdían todo +su atractivo para las señoritas de Meré. Su atención se concentraba +inmediatamente en los nuevos pollastres que venían piando a cobijarse +bajo sus alas protectoras. + +Quien les causó una serie de decepciones y amarguras, que a poco dan con +ellas en el sepulcro, fue el conde de Onís. En su vida habían tropezado +con un hombre más incomprensible. ¡Lo que las pobres sudaron para +meterle en vereda, en la florida vereda de Himeneo! Pero aquel diablo se +les resbalaba por entre los dedos como una anguila. Mostrábase durante +algunas noches tierno y amartelado con Fernanda; no se apartaba de ella +el canto de un duro. Las miradas de las dos hermanas se posaban sobre +ellos con visible enternecimiento; procuraban con ahínco que nadie fuese +a interrumpirles; poco les faltaba para mandar a los demás que bajasen +la voz a fin de que no les molestase el ruido. Pues bien, +repentinamente, cuando menos podía pensarse, el conde cometía el absurdo +de alzarse distraídamente de la silla, bostezar y marcharse a hacer +solitarios a un rincón de la mesa. Por su parte Fernanda caía en +idénticas flaquezas, poniéndose a charlar animadamente con el chico del +regente de la audiencia sin dirigir una mirada a su novio. Carmelita y +Nuncita quedaban aterradas cuando esto sucedía, se iban a la cama, presa +de la mayor consternación. + +Después del rompimiento definitivo, y cuando al cabo se convencieron de +que la ventura de realizar tan sublime matrimonio no estaba reservada +para ellas, humillaron un poco su ambición y prestaron auxilio a +Granate, que hacía mucho tiempo lo demandaba con instancia. También por +este lado la suerte impía les hirió cruelmente. Fernanda rechazaba con +irritación cualquier palabra suasoria que le dirigiesen en favor del +indiano. Si observaba que las señoritas tenían dispuestas las sillas de +modo que resultase aquél sentándose a su lado, en un instante destruía +su combinación yéndose con ademán displicente al extremo opuesto. Al +formarse las partidas de _brisca_ o de _tute_ no consentía que se lo +diesen por compañero so pena de renunciar al juego. En fin, que estaba +tan alerta y sobre sí que era imposible atacarla por ningún lado. No +obstante, las de Meré persistían en su proyecto y trabajaban por +llevarlo a cabo con paciencia; que es la garantía más segura para dar +cima a las grandes empresas. + +Algunos días después de la guasa de Paco Gómez se hallaban en la famosa +tertulia, a más de tres o cuatro pollastres, el mismo Paco, Manuel +Antonio, D. Santos, el capitán Núñez, D. Cristóbal, Fernanda, María +Josefa Hevia y dos de las chicas de Mateo. No se pensaba todavía en +jugar. Todos estaban sentados menos Paco, que daba vueltas por la sala +contándoles la broma que había dado la otra noche en el teatro a Manín, +el mayordomo de Quiñones. Desde que éste había quedado paralítico, su +famoso acompañante andaba sin sombra por la ciudad. Mas, por la gran +confianza que su amo le otorgaba, los tertulios de D. Pedro le guardaban +consideraciones, y apesar de la rusticidad de su trato y del traje +campestre que llevaba, cuando le tropezaban en la calle le abrazaban +familiarmente, le convidaban a entrar en el café y a veces le llevaban +al teatro. Manín para aquí, para allá: el grosero aldeano se había hecho +famoso no sólo en Lancia, sino en toda la provincia. Aquel calzón corto, +aquella media blanca de lana con ligas de color, chaqueta de bayeta +verde y sombrero calañés, le daban un aspecto original en la ciudad, +donde por milagro se veía ya un hombre con este arreo. Era una de las +cosas que más sorprendían a los forasteros, sobre todo viéndole alternar +en cierto pie de igualdad con los señores de la población. No sólo por +respeto al maestrante, sino porque les hacía mucha gracia las salidas +brutales de Manín, éstos se perecían por llevarle en su compañía. +Además, Manín era un célebre cazador de osos, con los cuales se decía +que había luchado algunas veces cuerpo a cuerpo. Los aficionados a tal +clase de ejercicio le profesaban por esto respeto y simpatía. Sin +embargo, los enemigos que el mayordomo tenía allá en su aldea +aseguraban, riendo sarcásticamente, que lo de los osos era una farsa, +que en su vida los había visto, cuanto más luchar con ellos. Añadían que +Manín había sido siempre un zampatortas hasta que D. Pedro había tenido +el capricho de sacarle de la oscuridad. La imparcialidad nos obliga a +estampar esta opinión, que desde luego suponemos infundada. Hay que +confesar, no obstante, que la conducta de Manín, ofreciendo repetidas +veces a sus amigos llevarles a cazar el oso, sin que jamás cumpliera la +promesa, la prestaba cierta verosimilitud. Pero el profesar respeto a la +salud e integridad de los osos de su país ¿es acaso motivo suficiente +para arrojar a un hombre a la cara el calificativo de zampatortas? Nadie +osará afirmarlo. Más lógico es suponer que el célebre Manín era, como +todos los hombres que logran sobreponerse a la multitud, víctima de las +asechanzas de la envidia. + +Refería Paco, con el desenfado procaz que le caracterizaba y del que no +prescindía ni aun hallándose entre damas, cómo había llevado a Manín al +palco proscenio que con otros amigos tenía abonado en el teatro. El +mayordomo no había visto jamás bailarinas. Al presentarse éstas en +escena le hizo creer que traían las piernas desnudas. Manín quedó +escandalizado, fijando en ellas sus ojos, donde se pintaba el asombro y +la indignación. «Pues aún no has visto lo mejor; ¡aguarda, aguarda un +poco!» Al comenzar la orquesta a tocar, las bailarinas hacen chasquear +los palillos, y dando una vuelta levantan todas la pierna a la altura de +la cabeza. «¡Sollo!» exclama el pobre tapándose la cara con las manos. +¡Dios sabe lo que pensó que iba a ver! + +Paco narraba el lance con naturalidad, paseando de un cabo de la sala, +la cabeza baja y las manos metidas en los bolsillos del pantalón. Las +jóvenes tertulianas se creyeron en el caso de ruborizarse. Todos reían +menos Granate, que aún tenía en el corazón la broma del día pasado. +Desde su rincón, donde estaba como un oso aletargado, dirigíale miradas +torvas, agresivas. ¿Qué había pasado en casa de Estrada-Rosa cuando el +indiano fue a ella en demanda de la mano de la señorita? Ni a D. Juan ni +a su hija se les pudo sacar una palabra; pero cierta doncellita enteró a +todo el mundo de que D. Juan había rehusado en términos desdeñosos, que +Granate hizo ostentación de sus millones y aun se autorizó el manifestar +que Fernanda no encontraría un matrimonio más ventajoso. Entonces D. +Juan se incomodó, le llamo zángano y lo despidió con cajas destempladas. +Paco, cada vez que sorprendía una de aquellas miradas furibundas, +sonreía y hacía guiños a Manuel Antonio. + +--Oye, Carmela--dijo parándose frente a un cuadrito pintado al +óleo,--¿dónde habéis comprado este San Juan? + +--¡Jesús! señor--exclamó Carmelita,--no es un San Juan, que es un +Salvador, ¡míralo cómo se ríe el pobrecito! + +--¡Ah! es un Salvador. ¿En qué se distinguen? + +Las señoritas de Meré, al escuchar tal pregunta, quisieron volverse +locas de alegría. Se les caían las lágrimas de risa. + +--¡Ay, qué Paquito! ¡Ay, qué corazón!... ¡No distingue un San Juan de un +Salvador! + +Y ríe y que te ríe. Hacía muchos años que no habían oído nada tan +gracioso. Cuando hubieron sosegado un poco y se limpiaron las lágrimas y +se sonaron estrepitosamente con un pañuelo de hierbas, Paco, que gozaba +viéndolas tan alegres, les preguntó: + +--Pero vamos, ¿cuándo lo habéis comprado, el Salvador, que yo no lo he +visto hasta ahora? + +--Estaba en el cuarto de Nuncia, mi alma; pero allí no estaba bien, +porque tropezaba la cama en él, y lo hemos traído. + +--Se lo regaló a Carmela, cuando vivía papá, un pintor de Madrid que +pasó aquí unos días--dijo Nuncita. + +--¿Eras tú joven?--preguntó gravemente Paco dirigiéndose a Carmelita. + +--Sí, muy jovencita. + +--¿El pintor tenía fama? + +--Mucha. + +--Entonces ya sé quién era, Murillo. + +--No; me parece que no se llamaba así. + +--Entonces sería Velázquez. + +--Ese nombre ya me suena más. Era hombre mozo, muy cortés y muy galán, +¿verdad, Nuncia?... A tí me parece que te hizo algunas carantoñas... + +Nuncita bajó los ojos ruborizada. + +--¿Quién se acuerda de eso ya? + +--Era muy enamoradizo--prosiguió Carmelita;--pero al mismo tiempo bien +criado y bien entendido... + +--¿Enamoradizo dijiste? Justo, no puede ser otro que Velázquez. + +--No se llamaba Velázquez; se llamaba González--apuntó tímidamente +Nuncita. + +Y después de decirlo volvió a ruborizarse. + +--¡Eso es, González!--exclamó su hermana haciendo memoria. + +--Bueno, es igual, sería un contemporáneo suyo, de la buena raza de +pintores del siglo XVII--manifestó Paco sin turbarse por las carcajadas +de los tertulios, que se espantaban de la inocencia de aquellas pobres +mujeres. + +--¿Conque te ha hecho la corte a ti, Niña?--prosiguió cogiendo con dos +dedos cariñosamente la barba de Nuncita.--Me parece que tú debiste de +haber sido muy torerita, ¿verdad, Carmela? + +--Fue un poco tentada de la risa. + +--¡Carmela, por Dios, que estos señores van a creer que he sido una +coqueta!--exclamó con angustia la Niña. + +--No creerían más que la verdad, chica--dijo Paco.--¿Ya no te acuerdas +que has dado oídos a un procurador eclesiástico llamado don Máximo, y +después que éste se iba de tu casa hablabas con el teniente Paniagua por +el balcón? + +Nuncita sonrió con enternecimiento al recuerdo de aquellos tiempos, y +repuso bajando los ojos con graciosa timidez: + +--D. Máximo venía a casa todos los días, pero nunca me requirió de +amores. + +--¡Qué amores ni qué calabazas!--exclamó Paco.--Di tú que quien te +gustaba de verdad era el teniente, y concluirás más pronto. + +--¿Conque ha estado usted enamorada de un militar?--preguntó con +graciosa volubilidad Emilita, dirigiendo al mismo tiempo una mirada +provocativa a Núñez.--Pues ha tenido usted bien mal gusto. + +El Jubilado se puso repentinamente serio y se le erizaron los bigotes de +terror ante aquella salida de su hija; pero se tranquilizó +inmediatamente al observar que el capitán, en vez de darse por ofendido, +la pagaba con una sonrisa amorosa y lo echaba a broma como todos los +demás. + +--No es ella sola la que ha tenido ese mal gusto--expresó con marcada +intención Carmelita, muy alegre de haber encontrado aquel rasgo de +ingenio. + +--Y ¿quién era ese teniente?... Algún trasto... ¡cómo si lo +viera!...--tornó a preguntar Emilita con la misma adorable ligereza. + +--¡Alto, alto, Emilia!--manifestó Paco.--Paniagua era teniente de los +tercios de Flandes y muy bizarro. + +--No, corazón, no--se apresuró a rectificar Nuncita,--que era de la +guardia real. + +--¿No era arcabucero? + +--No, mi alma; de la guardia real te digo. + +D. Cristóbal disimulaba la risa con un flujo de tos. Manuel Antonio y +los pollastres reían descaradamente. + +--Paniagua era hombre muy notable--prosiguió Paco.--Poseía esa decisión +que tan bien sienta a los militares. El mismo día que llegó vio a Nuncia +por la mañana al balcón. Por la tarde le entregó en el pórtico de San +Rafael, al salir de la novena, un billete de declaración, que empezaba: +«Señorita: Entre confuso y medroso, y dudando si en gracia de lo rendido +me perdonará usted lo osado, confieso que mi único delito consiste en +amar a usted...» + +--¡Qué picarón! ¡cómo lo recuerda!--exclamó Nuncita, enternecida de +verdad. + +Lo cierto era que Paco, a quien la Niña, después de muy rogada, había +mostrado las cartas que conservaba de Paniagua, se había aprendido de +memoria aquel originalísimo documento y lo recitaba en todas partes para +regocijo de sus amigos. + +--Eso se llama un hombre resuelto. Así se manifiesta el carácter de la +persona. ¡Qué diferencia de los militares de hoy, que antes de +declararse a una muchacha la pasean un año la calle y luego tardan otro +en decir: «Niña, ¿cuándo nos vamos a la vicaría?» + +Pronunció estas palabras mirando al rincón donde estaban Emilita y el +capitán. Éste recogió la alusión y se puso serio. La chica se hizo la +distraída, pero agradeciendo mucho a Paco en el fondo de su corazón el +capote, mientras el Jubilado se atusaba el bigote con mano temblorosa, +temiendo que Núñez se enfadara, pero alegre al mismo tiempo por la +esperanza de que estos capotazos oportunos le sacaran de su atonía. + +Cansados de platicar, los pollastres propusieron jugar un ratito a las +prendas. Es un juego donde los hombres de criterio siempre pescan algo. +Fernanda consintió en que Granate se sentase a su lado. Los guiños de +Paco, que había sorprendido, le habían hecho mal efecto. Era una +criatura muy orgullosa, pero en la cual se hallaba arraigado el +sentimiento de justicia. No podía sufrir que se burlasen en su +presencia de nadie, aunque fuese del ser más ínfimo y despreciable. +Podía decirse que el sentimiento de la dignidad, que era en ella tan +delicado y vidrioso, la hacía sentir las heridas causadas en la de los +otros con más viveza. Aunque aborrecía a Granate, la molestaba que se le +mortificase en su presencia, sobre todo si era por su causa; sin +perjuicio, por supuesto, de que ella le diese a cada momento +descomunales desaires; pero entendía, y no le faltaba razón, que los +desdenes de la mujer que se ama, si causan dolor, no resqueman como las +burlas. El indiano, que se vio tan honrado, no cabía en sí de gozo, y +comenzó con voluntad excesiva y la ordinariez que le caracterizaba a +prodigarle mil atenciones. Fernanda las recibió con semblante grave, +pero sin repugnancia. + +Y vino, como es natural, aquello de las «tres veces sí y tres veces no,» +el «contentar a todos los presentes,» «un favor y un disfavor,» etc., +etc. La sociedad se recreaba con lo que se habían recreado sus padres y +sus abuelos, y con lo que pensaban que se recrearían sus hijos. +¡Inocentes! Había allí un espíritu, sin embargo, que no merecía este +calificativo. Paco Gómez jugaba con una condescendencia displicente, +como hombre que se adelantaba mucho a su época, cometiendo mil torpezas +y desaciertos que demostraban la distracción que caracteriza a los +seres superiores. En cambio, Núñez tenía puestos los cinco sentidos. No +se vio jamás hombre más erudito en aquellas materias ni que las tratase +con más profundidad. Su inteligencia lúcida había penetrado en todos los +secretos del juego de prendas y sabía sacar de cada uno el partido +posible, extraer todo su jugo, según pedían las circunstancias. Por +ejemplo, cuando una señorita debía contentarle, quedaba sordo +instantáneamente. La joven se veía obligada a inclinarse más y más, +hasta que sus labios de carmín rozaban la oreja del capitán. Si quedaba +condenada a hacer el papel de esquina de la Puerta del Sol y, por +consiguiente, a sufrir que le pegasen carteles en la cara, que se +recostasen contra ella, etc., etc., el profundo Núñez no soltaba la +presa en tanto que no pasease las manos por todas las regiones de su +cuerpo. Pero cuando dio más claras muestras de su talento portentoso y +de los vastos conocimientos que había logrado adquirir en aquel ramo del +saber, fue al proponer que la señorita a quien acertase lo que tenía en +el bolsillo quedase obligada a darle un beso. Tal seguridad tenían todas +de que nada conseguiría, que no vacilaron en aceptar la proposición. +Erró, efectivamente, al vaciar con el pensamiento el bolsillo de +Carmelita, erró con Fernanda, con María Josefa, con Micaela, y ¡miren +qué diablo! fue a acertar precisamente con Emilita. Unas tijeras, un +pañuelo, un dedal y tres caramelos. La niña se puso a gritar batiendo +las palmas, toda nerviosa: ¡Trampa, trampa! El capitán, sereno, +apacible, grandioso como un héroe de la antigüedad, rechazó aquella +imputación y demostró hasta la saciedad que allí no cabía trampa alguna. + +--...A no ser--añadió sonriendo mefistofélicamente--que estuviera usted +convenida conmigo para dejarme ver de antemano lo que tenía en el +bolsillo. + +La niña protestó aún más ruidosamente contra esta hipótesis indecorosa, +se puso agitada hasta un grado incomprensible y, levantándose con +viveza, corrió al extremo opuesto de la sala, lo más lejos posible del +capitán, como si éste fuese a tomar por la fuerza lo que de derecho le +correspondía. Hubo quien se puso de parte de ella (las mujeres) y quien +tomó partido por él (casi todos los hombres). Armose en la sala un +zipizape de mil demonios. Todos hablaban, reían, chillaban sin acabar de +entenderse. Pero la que más gritaba y gesticulaba era, como es fácil de +comprender, la interesada. Sin embargo, don Cristóbal, viendo que +aquello llevaba trazas de no concluir, y queriendo dejar a salvo la +formalidad de su progenie, intervino en la disputa como un dios +majestuoso que extiende la diestra para calmar las olas del mar +embravecido. + +--Emilita--pronunció con firmeza,--juego es juego. Dale un beso a ese +caballero. + +Adviértase que no dijo «al capitán,» ni siquiera «a ese señor oficial.» +Todavía sus labios civiles repugnaban dejar paso a una palabra de orden +exclusivamente militar. + +--¡Pero papá!--exclamó la hija menor, roja ya como una amapola. + +--¡Vamos!...--profirió con la diestra extendida y en la actitud más +imperativa que pudo adoptar jamás un dios jubilado. + +No hubo más remedio. Emilita, confusa y avergonzada, con las mejillas +convertidas en dos brasas, se acercó vacilante al heroico capitán de +Pontevedra, fértil en toda clase de astucias, y le rozó con el carmín de +los labios la tierra amarillenta de sus mejillas. + +Mas hete aquí que, apenas lo hubo efectuado, saltó hecha un basilisco +Micaela, la más irascible de las cuatro nereidas que nadaban en las +profundidades de la morada del Jubilado: + +--¡Qué desvergüenza!... Esos no son juegos decentes, sino suciedades... +No me extraña de Núñez, porque los hombres ¿a qué están? Me extraña de +tí, Emilita... Me parece que un poco más de pudor y vergüenza no te +vendrían mal... Pero ¡cómo la has de tener si los que tienen obligación +de ponértela son los primeros en empujarte a lo malo!... + +Aquella sangrienta diatriba contra el autor de sus días dejó a éste +pálido y clavado al suelo. Hubo un instante de silencio embarazoso. Una +nota tan destemplada les sorprendió. Sin embargo, todos se apresuraron a +defender a Emilita y a protestar de la pureza y la perfecta inocencia de +tales juegos. El argumento que más se repetía, y el que a todos les +parecía incontrastable, era que, no habiendo malicia, aquello no valía +nada, porque lo importante en estos asuntos es la intención. El beso ¿ha +sido dado con intención?--decía uno de los pollastres más +dialécticos.--¿No? Pues entonces como si no se hubiera dado. Núñez +asentía gravemente, un poco amoscado y mirando de reojo a su futura +cuñada. Pero ésta no se rendía a demostraciones tan evidentes y se +obstinaba en pedir, cada vez con mayor violencia y más altas voces, un +poco de vergüenza para su hermana menor y unas migajitas de sentido para +su señor padre. Mas como al cabo nadie se presentaba con estas cosas en +la mano a satisfacer sus votos, no tuvo otro remedio que ir bajando el +diapasón, hasta que al fin sus coléricas protestas se fueron +trasformando poco a poco en murmullo sordo y amenazador como el de los +truenos lejanos. Y la tertulia recobró su dulce sosiego habitual. + +Pero quedó suspendido por aquella noche el juego de prendas. Nuncita, de +quien casi siempre partían las grandes ideas, propuso que se jugase a +_la boba_. No se sabe por qué, pero es lo cierto que este juego poseía +particulares atractivos para la menor de las señoritas de Meré. Es +indecible lo que se placía la ex-novia del teniente Paniagua cuando +lograba encajar _la boba_ a alguna de sus tertulianas, la ansiedad y +desasosiego que se apoderaba de ella cuando la tenía en su poder y no +lograba soltarla. Paco Gómez tomó la baraja y sacó las tres sotas; pero +sabiendo la debilidad de Nuncita y queriendo, según su temperamento, +mortificarla un poco, hizo una señal a la que quedaba, y luego la fue +manifestando al oído a algunos de los tertulios. Resultado de esto fue +que _la boba_ iba casi siempre a parar a manos de la Niña, y allí se +atascaba, sin que apesar de todos sus esfuerzos consiguiese desprenderse +de ella. Con esto, apesar de su apacible natural, se fue impacientando +poco a poco. La tertulia reía y ella también, pero más con los labios +que con el corazón. Al fin, en un momento de cólera echó a rodar las +cartas y declaró que no jugaba más. Carmelita, al ver aquel acto de +descortesía, intervino severamente, como siempre que se desmandaba. + +--¿Qué arrebato es ése? ¿A qué conduce esa tontería? ¿Qué dirán estos +señores?... Dirán, con motivo, que no tienes educación, y que en +nuestra familia no ha habido quien hubiera sabido enseñarte... ¡A ver si +coges las cartas ahora mismo! + +--No quiero. + +--¿Qué, qué dices, necia? ¡Tú, tú, tú eres tonta!... ¿Se habrá visto una +criatura más díscola?... Co... co... coge las cartas enseguida... + +La cólera la hacía tartamudear, saliendo de su boca desprovista de +dientes unos ruidos extraños. + +--¡Hum!--gruñó Nuncita, torciendo el hocico con mueca de mimo. + +--¡Niña, no me enfades!--gritó su hermana mayor. + +--¡No quiero, no quiero!--repitió aquella criatura indómita con +decisión. + +Y al mismo tiempo se levantó de la silla y arrastrando los pies se fue a +refugiar en el gabinete. + +Mas su hermana la siguió inmediatamente en la actitud más severa y +autoritaria que puede nadie imaginarse, dispuesta a corregir aquel +principio de rebelión, que con el tiempo podría traer funestas +consecuencias. Oyose rumor de disputa, sobresaliendo la voz áspera, +irritada, de Carmelita; luego aquella voz se fue dulcificando, +haciéndose persuasiva, razonadora, reprendiendo con suavidad. Llegó +asimismo a los oídos de los tertulios el eco de un sollozo. Por último, +al cabo de buen rato se presentó de nuevo Carmelita, arrastrando los +pies todavía más que su hermana, con los ojos resplandecientes de +autoridad y el ademán majestuoso que conviene a los que necesitan dictar +leyes a los seres que la Providencia les ha confiado. Detrás venía la +Niña avergonzada, sumisa, con las mejillas inflamadas y los ojos +llorosos. Sentose otra vez a la mesa y, sin osar levantar los ojos a su +hermana mayor, que la miraba aún con cierta dureza, tomó humildemente +las cartas y se puso a jugar. Pues bien, este ejemplo conmovedor de +respeto y de sumisión, en vez de impresionar gravemente a los +circunstantes, provocó en casi todos una sonrisa de burla, y en algunos +de ellos algunas inoportunas carcajadas que a duras penas lograron +sofocar. + +Sin embargo, el juego no duró mucho tiempo. Acercábase la hora de +diseminarse aquella escogida sociedad. + +--María Josefa, hoy he visto a tu ahijada en el paseo--dijo Paco Gómez, +mientras barajaba distraídamente las cartas.--La he dado un beso. Está +cada día más guapa... ¿Cuánto tiempo tiene ya? + +--Pues saca la cuenta. La hemos bautizado en Febrero... Dos meses y +medio. + +--¿Iba con su madre?--preguntó Manuel Antonio sonriendo de un modo +particular. + +--No. A su madre la he encontrado después en Altavilla y he echado un +párrafo con ella--respondió gravemente y con afectada naturalidad. + +La mayor parte de los tertulios le miraban sonrientes con expresión de +malicia reservada que sorprendió a Fernanda. Sólo las dos señoritas de +Meré y Granate permanecieron impasibles, sin darse cuenta de lo que se +hablaba. + +--Pero ¿a qué ahijada de usted se refiere, a la niña recogida por los de +Quiñones?--preguntó en voz baja la heredera de Estrada-Rosa a María +Josefa. + +--Sí. + +--¿Entonces?... ¿Cómo hablan de su madre? + +--Porque esos dos tienen una lengua muy mala. ¡Dios nos libre de +ella!--repuso la solterona sonriendo también con alegría maliciosa, +mirando al mismo tiempo a la joven con la benevolencia condescendiente +con que se mira a las criaturas inocentes. + +--Pero ¿quién suponen que es su madre? + +--¿Quién ha de ser? Amalia... ¡Silencio!--dijo apresuradamente, bajando +más la voz. + +Quedó estupefacta. Para ella era la noticia tan nueva, tan sorprendente, +que por unos instantes estuvo mirando con ojos pasmados a su amiga como +si no hubiese oído. En el estupor que le causaba, no oyó las primeras +palabras de Paco. Sólo se hizo cargo al concluir de que estaba loando +con calor la belleza de la niña. + +--Tiene a quien parecerse--murmuró el marica de Sierra con la misma +intención maligna.--Ya ves... su madre... ¡Y su padre!... Su padre se +cae de buen mozo. + +Fernanda, picada repentinamente por vivísima curiosidad, una curiosidad +insana que la puso agitada y anhelante sin saber por qué, se inclinó +otra vez hacia María Josefa, y metiéndole la boca por el oído, le +preguntó con voz alterada: + +--Pero ¿quién es su padre? + +La solterona se volvió hacia ella y le clavó una mirada donde se +traslucía junto con la sorpresa la misma indulgencia compasiva. + +--Pero ¿de veras no sabes?... + +La joven hizo signo negativo. Y al mismo tiempo se sintió embargada por +terrible emoción. Una corriente de aire frío atravesó su ser interior +repentinamente. Quedó pálida, pendiente de los labios de María Josefa, +como si de ellos esperase la salud o la muerte. Aquélla advirtió bien su +turbación, y dijo después de mirarla un instante fijamente: + +--No te lo digo... ¿Para qué?... Acaso sea todo una calumnia. + +Fernanda se repuso instantáneamente. + +--Está bien--respondió haciendo un gesto de displicencia.--Cálleselo. +Después de todo, ¿a mí qué me importa todo eso? + +Este gesto hirió a la solterona, que se apresuró a decir con aguda +sonrisa: + +--Pues precisamente porque a tí te importa es por lo que temo decírtelo. + +--No entiendo... + +María Josefa se inclinó hacia ella y le dijo: + +--Porque dicen que el padre de la criatura es Luis. + +Como ya antes había sentido la puñalada, Fernanda quedó impasible y +preguntó con indiferencia: + +--¿Qué Luis? + +--El conde, muchacha. + +--¿Y por qué me ha de importar a mí que sea Luis el padre? + +María Josefa quedó un poco desconcertada. + +--Como ha sido tu novio... + +--¡Pero como ya no lo es!--replicó encogiéndose de hombros +desdeñosamente. + +Y se puso a hablar con Granate, que tenía del otro lado. Aquella +indiferencia era pura comedia que su orgullo lograba representar. Una +tristeza inexplicable y penetrante cayó sobre su alma y la invadió por +completo, sin dejarle fuerzas para pensar ni para hacer nada. Si Granate +no fuese un animal, hubiera comprendido enseguida que la sonrisa con que +acogía sus barbarismos y barbaridades era una verdadera mueca sin +expresión alguna, y que los monosílabos y respuestas incoherentes que +dejaba escapar de sus labios denunciaban bien claramente que no le +escuchaba a él, sino a Paco Gómez, Manuel Antonio y los demás que +seguían charlando de la niña expósita. + +¡Con qué interés ardiente recogía todas las palabras que se cambiaban +entre aquellos maldicientes! Y a medida que iban poniéndole en claro el +suceso y que iban acumulando pormenores, entreverando frases burlonas y +reticencias de efecto cómico, su corazón se apretaba, se apretaba poco a +poco, como si todos ellos lo fuesen oprimiendo entre sus manos, uno +después de otro, para hacerle daño. Pero su rostro permanecía impasible. +Ni la más leve contracción acusaba el dolor que la mordía. + +La tertulia se deshizo a las doce, como siempre. Fernanda sintió gran +consuelo al respirar el aire frío y húmedo de la noche. Tenía ansia de +quedarse a solas con su pensamiento y darse cuenta cabal de lo que +acababa de aprender. + +Había llovido mucho. Las calles, empedradas de grueso guijarro, +resplandecían a la luz de los reverberos. Al salir de la casa unos +tomaron por la calle abajo; otros, entre ellos Fernanda, hacia arriba en +dirección a la plaza. Pocos pasos habían dado cuando sintieron el +estrepitoso trotar de unos caballos que doblaban en aquel instante la +esquina y bajaban hacia ellos. + +--Ahí está el barón y su criado--dijo Manuel Antonio. + +Era la hora, en efecto, en que el excéntrico barón de los Oscos salía a +dar su paseo habitual por las calles de Lancia. Su famoso caballo las +desempedraba haciendo cabriolas, levantando tal estrépito que, aun +siendo el corcel de su criado mucho más paciente, parecía que atravesaba +la ciudad un escuadrón. Al cruzarse con los tertulios, Manuel Antonio, +con el desparpajo que le caracterizaba, gritó: «Buenas noches barón.» +Pero éste volvió hacia ellos el rostro espantable, los miró fijamente +con sus ojos encarnizados y siguió adelante sin contestar. El marica, +corrido, dijo: + +--¡Va borracho, como siempre! + +Todos asintieron burlando. Pero en el fondo sintieron todos, unos más y +otros menos, el mismo estremecimiento al ver aquella figura siniestra. +Fernanda, por mujer y por el estado especial de su alma, se inmutó +visiblemente: después de pasar siguió todavía con ojos de temor a los +dos jinetes hasta que se perdieron entre las sombras. + +Al meterse en la cama, con el corazón apretado, quiso analizar la +emoción que la dominaba; quiso remontarse a la causa. Sintió vergüenza +de ella. Su orgullo le hizo exclamar con rabia y en voz alta: + +--¿A mí que me importan esas picardías? ¿Qué tengo que ver con él ni con +ella? + +Pero acabado de proferir tales palabras sintió las mejillas caldeadas +por el llanto. La heredera de Estrada-Rosa se volvió rápidamente y +hundió el rostro, cubierto de rubor, en las almohadas. + + + + +VII + +El aumento del contingente. + + +Las terribles dificultades que debían de surgir para el matrimonio de +Emilita, a causa de las opiniones antibélicas de su padre, se orillaron +con más facilidad de lo que podía esperarse. La historia no hablará +(aunque mejor razón tendrá que para otros muchos sucesos) de aquel día +solemne en que Núñez fue de uniforme a pedir a D. Cristóbal la mano de +su hija, de aquel abrazo memorable con que éste le recibió, +estrechándole calurosamente contra su pecho civil, de aquella fusión +increíble de dos elementos heterogéneos creados para repelerse, y que +gracias al amor de un ángel dulce y revoltoso se compenetraban y +entendían. Si por casualidad esta página privada fuese objeto de +atención para algún historiador, no tendría más remedio que afirmar la +grandísima importancia de semejante concordia, que hasta entonces se +había juzgado inverosímil, y al mismo tiempo presentar con imparcialidad +el reverso, descubriendo a las futuras generaciones en qué modo el +benemérito patricio D. Cristóbal Mateo fue víctima de una injusticia +social y de la persecución de sus conciudadanos. + +Es de saber, que todo el mundo en Lancia se creía autorizado para dar +cantaleta a este respetable y antiguo funcionario acerca del matrimonio +de su hija. Unas veces directa, otras indirectamente, siempre que +tocaban tal punto aludían a las opiniones contrarias al desenvolvimiento +de las fuerzas de tierra sustentadas por él hasta entonces. Al +matrimonio dio en llamársele «el aumento del contingente,» y algunos +llevaron su procacidad hasta darle tal nombre delante de su futuro +yerno. Fácil es de concebir cuánta saliva habría tenido que tragar antes +de perder, como lo hizo, una molesta y mal entendida vergüenza. + +Pero a despecho de todas las diatribas y murmuraciones de los vecinos, +que reflejaban, en el sentir de Mateo, más que su naturaleza jocosa, la +envidia que ardía en la mayor parte de los corazones, «el aumento del +contingente» se abría paso. El plazo fijado para realizarlo fue el mes +de Agosto. Cuando llegó el momento había adquirido tal importancia que, +como sucede generalmente en los pueblos pequeños, apenas se hablaba de +otra cosa. Las relaciones del Jubilado y sus cuatro hijas eran +numerosísimas, y todas ellas aspiraban a ser invitadas el día de la +boda. Por otra parte, la misma aspiración alimentaban en su pecho +algunos dignos y pundonorosos oficiales del batallón de Pontevedra +amigos del futuro. No siendo posible reunir tanta gente en el hogar +poético del Jubilado, se pensó en celebrar la boda en el campo. La casa +más a propósito era la de la Granja por su proximidad a la población. D. +Cristóbal se la pidió al conde, con quien tenía extremada confianza, lo +mismo que sus hijas, y éste se apresuró a ponerla a su disposición. + +En la iglesia de San Rafael se consumó de madrugada aquella venturosa +alianza, prenda segura de paz entre el elemento civil y el militar. +Bendíjola fray Diego que, por ser el sacerdote más bizarro y el más +firme bebedor de anisado de la capital, gozaba de gran prestigio entre +la oficialidad. Asistieron al acto más de veinte damas y casi otros +tantos caballeros. En cuanto terminó se trasladaron todos a la Granja +para pasar allí el día. Por hallarse tan cerca de la población no se +necesitaban carruajes. Sin embargo, fueron los del conde de Onís y de +Quiñones para trasportar a los novios y a algunas personas de edad +avanzada, como las dos señoritas de Meré. Entre los invitados estaba +casi toda la tertulia del maestrante, bastantes de la de las de Meré y +un número crecido de oficiales. + +El conde había hecho asear, hasta donde era posible, el vetusto caserón. +Casi todos lo conocían como su propia casa. Era el sitio obligado de las +giras campestres por hallarse tan cerca y por el hermoso bosque que +tenía. Los condes jamás habían negado el permiso. En cuanto llegaron y +gustaron el chocolate, que les esperaba en el vasto salón con pavimento +de ladrillo de la planta baja que servía de comedor, se diseminaron sin +ceremonia por la casa y por la finca dispuestos a matar las horas del +mejor modo posible hasta que sonase la de comer. La novia, con Amalia, +que había sido su madrina, y otras dos señoras se fue a sentar +gravemente en una de las habitaciones. Tenía los ojos brillantes, las +mejillas coloradas y procuraba inútilmente disfrazar con un continente +digno y serio la profunda emoción que la embargaba. Las que la +acompañaban, casadas todas, la acariciaban sin cesar, pasando la mano +por sus cabellos, dándole palmaditas en las mejillas, cogiéndole las +manos y de vez en cuando inclinándose para estampar un beso en su +frente con esa condescendencia, mitad cariñosa, mitad irónica, con que +las veteranas del matrimonio contemplan a las bisoñas. No hay una de +aquéllas que al acercarse a una novia no sienta vibrar en su pecho el +eco de cierta música lejana y divina; viene a sus labios el gusto de la +miel de la remota luna; pero llega ¡ay! con el dejo amarguillo de +algunos años de prosa matrimonial. En toda mujer casada hay un poeta +desengañado de su musa. De aquí la sonrisa baironiana que aparece en su +rostro al observar la dicha que arde en los ojos de una desposada. + +Emilita había cambiado de carácter en un cuarto de hora. Todo lo +juguetona y pizpireta que se había mostrado hasta entonces, aparecía +ahora grave y espetada. Disertaba sabiamente con las matronas, sus +compañeras, acerca de la instalación de la despensa, del servicio +doméstico que todas consideraban en espantosa decadencia, del precio de +la carne. Tan vieja se había hecho en este cuarto de hora, que +sorprendía no ver ya alguna hebra de plata entre sus cabellos de oro. + +En cambio a sus hermanas, por extraño contraste, les habían quitado +algunos años de encima desde que la menor tomara la investidura. Habían +retrocedido hasta la infancia. Como criaturas ávidas de aire y de luz +para desarrollarse, lanzáronse al bosque las tres, animando con sus +gritos e inocentes carcajadas el silencio y la paz que allí reinaba. +¡Virgen del Amparo lo que saltaron, lo que rieron, las diabluras que +llevaron a cabo en poco tiempo aquellas loquillas! Para entregarse a los +juegos inocentes, que exigía el retroceso sensible que habían +experimentado de pronto, se quitan las mantillas y dejan suelto el +cabello, tiran los guantes, el abanico, la sombrilla, todo lo que +pudiera simbolizar la juventud, y se quedan gozosas con los atributos de +la adolescencia. No sólo dejan flotando sobre la espalda su cabellera +angelical, sino que se despojan del reloj, de las pulseras y sortijas +que entregan a su papá, colgándose antes de su cuello para hacerle mil +caricias como niñas sencillas y apasionadas que eran; hecho lo cual y al +observar que algunos dignos oficiales del batallón de Pontevedra las +contemplan, huyen ruborizadas y confusas, se recogen las enaguas con +alfileres hasta dejar descubierto el pie y parte de la pierna, y en la +inocencia de su corazón huyen, huyen siempre por el bosque adelante, +esquivando como las ninfas de Diana las miradas ardientes de la +oficialidad. + +Y cuando llegan a un rincón apartado y solitario donde las sombras se +espesan, donde no llegan los ruidos mundanales ni penetran los ojos +maliciosos de los hombres, llaman con gritos de alegría, como pajaritos +de Dios, a sus compañeras, las invitan a venir a disfrutar de aquella +amable seguridad donde libremente pueden mostrar sus gracias y recrearse +sin peligro de ser sorprendidas. Entonces una propone jugar a la cuerda +y las demás acceden batiendo las palmas. Jovita es la primera. Salta, +salta hasta que queda rendida y se deja caer sobre el césped, llevándose +la mano al corazón, que palpita con la fatiga, no con la agitación +insana de las pasiones juveniles. Luego salta otra, luego otra y otra +hasta que todas se tienden exánimes pero risueñas, reflejando en sus +mejillas sudorosas y en sus ojos entornados la dulce alegría que se +escapa de un pecho inocente. Y en cuanto descansan se propone jugar «al +milano que le dan--cebollita con el pan.» ¡Qué risa! ¡qué algazara! +¡cómo resuena el dormido bosque con las voces argentinas de aquellas +bellas y tiernas criaturas! Cansadas de este juego se diseminan por un +momento. Algunas forman grupo sentadas al pie del tronco de un roble y +se cuentan en voz baja como suave gorjeo mil puerilidades encantadoras; +otras se entregan apasionadamente a la busca de florecillas azules y +hacen con ellas ramilletes que colocan en el pecho; otras se persiguen, +como las golondrinas en el aire, con chillidos penetrantes. Otras, las +más resueltas, dedican sus esfuerzos a la caza de cigarras y otros +bichos temerosos. Pero luego tornan a juntarse porque hay una chica muy +aturdida que apuesta a encaramarse en un árbol si la ayudan, y hay otra +maligna que dice que sí, que ella la ayudará. Manos a la obra. Empezó la +animosa joven, que se llama Consuelo, a poner sus piececitos en las +rugosidades del roble más asequible. La compañera maligna, que no es +otra que Socorro, la tercera sirena del Jubilado, la sostiene. +Encarámase al fin la primera en la cruz de dos ramas; asciende después a +otra; aplauden las ninfas y la alientan con gritos de entusiasmo... + +Mas he aquí que Rubio, el teniente de la tercera, hombre acreditado de +audaz entre sus compañeros de arma y de un genio devastador para el sexo +femenino, se presenta de improviso asomando su cabeza temeraria por +encima de unas matas. Las ninfas, al verle, lanzan un grito y quedan +petrificadas en la actitud en que las sorprende. Consuelo, desde lo alto +del árbol, le apostrofa con violencia. Si en su mano estuviera +trasformaría inmediatamente en ciervo a aquel nuevo Acteón. Acá, para +_inter nos_, es posible que prefiriese trasformarle primeramente en +marido, sin perjuicio de acudir más adelante a la metamorfosis +clásica... Pero Rubio, el teniente de la tercera, conoce perfectamente +el valor de estos gritos y estos apóstrofes. No se inmuta; sonríe +maliciosamente y llama con voz ronca a sus hermanos de armas. ¡Qué +confusión, qué espanto entre aquellas risueñas hijas de los bosques al +aproximarse en columna cerrada los hijos de Marte! Sin recoger las +mantillas, ni los guantes, ni las sombrillas, nada en suma de lo que las +pertenecía, huyen y se desbandan por la floresta lanzando gritos de +terror. Pero los sátiros de pantalón encarnado las persiguen con saña, +las atrapan aquí y allá y las traen cautivas enmedio de risotadas +odiosas. Mientras tanto la pobre Consuelo, encima del árbol y bloqueada +por tres de estos silvanos voluptuosos, se niega terminantemente a bajar +mientras no se alejen por lo menos cincuenta varas. Ellos ¡los crueles! +se niegan. Ruega la ninfa, se irrita, está a punto de llorar; pero ni su +enojo ni sus lágrimas consiguen ablandar el corazón empedernido de los +infames sátiros. Por fin se resigna a descender y, aunque toma muchas y +castas precauciones, éstos logran ver un pie deliciosamente calzado y un +nacimiento de pierna que les hace rugir de gozo. Pero ¿dónde está Rubio? +¿Dónde está el más terrible y feroz de todos ellos? No se sabe, mas al +cabo de mucho tiempo sale de la espesura arrastrando consigo a Socorro, +la más sentimental de las ondinas de D. Cristóbal. En los rasgos crueles +de su fisonomía viene pintada la expresión del triunfo, y en los de ella +la vergüenza y la sumisión de una cautiva. Muchas horas después, en las +últimas de la noche, sentado a una mesa del café de Marañón y rodeado +de ocho o diez de sus colegas, el teniente de la tercera narraba con +sonrisa malévola el vencimiento de la ninfa, calculando lo menos en +veinticinco o treinta los besos que logró robarle en distintos sitios de +su rostro hechicero; y todos los hijos de Marte aplaudían y celebraban +con homéricas carcajadas aquel nuevo triunfo de su heroico compañero. + +Finalmente, los vencedores no se mostraron demasiado tiranos, y el orden +se restableció gracias a la llegada oportuna de las señoritas de Meré, +que venían acompañadas de María Josefa y de Paco Gómez. Las autoras y +únicas responsables de todo aquello habían sacado el fondo del cofre. +Carmelita traía un vestido de alepín de seda negra que sólo salía a +relucir en las grandes ocasiones, al paso que Nuncita, por contar menos +años y respetabilidad, podía lucir un traje claro con flores bordadas, +como sólo se ven en los retratos del siglo pasado. Estaban alegres, +rebosando satisfacción por los ojos; pero las piernas no respondían a +aquella eterna juventud de sus corazones: caminaban apoyándose en sendas +muletas y agarrándose con la mano libre al brazo de sus acompañantes. +Fueron recibidas con vivas y hurras. Se oyeron asimismo algunas frases +harto familiares, de esas que nadie más que las benditas de Meré +consentían y reían. Por eso tenía poco mérito el embromarlas. Jamás se +dio el caso de verlas enfadadas con sus amigos, y eso que algunos se +deslizaban en sus guasas hasta llegar no pocas veces a la grosería. En +cambio eran muy propensas a la guerra intestina, esto es, a irritarse +una con otra; pero ya sabemos en qué paraban siempre estas misas. + +El espíritu temerario del teniente Rubio, apretado por las +circunstancias, engendró una idea felicísima, es a saber: que para mejor +pasar el rato hasta la hora de comer se construyese un columpio, donde +las damas pudieran gozar la dicha de sacudirse el diafragma algunos +instantes, y los caballeros la de proporcionársela moviendo galantemente +el aparato. Dicho y hecho: se buscan cuerdas, se sierra una tabla; en +menos de un cuarto de hora queda todo terminado. Rubio, mientras se +lleva a cabo, no deja de hacer guiños expresivos a sus compañeros, que +comprenden, sonríen, callan, profundamente admirados, como siempre, de +la audacia y penetración del teniente de la tercera. Ya está amarrado el +columpio. ¿Quién es la primera? Todas manifiestan la misma vergüenza, +idéntico rubor colorea sus mejillas. A una se le ocurre malignamente +proponer que lo estrene Nuncita. Las demás aplauden la idea. Nuncita +resiste aterrada. Carmelita ni concede el permiso ni lo niega. Las +instancias se repiten sin cesar. Los mancebos encuentran la idea cada +vez más original. Al fin, casi a viva fuerza, entre los aplausos +frenéticos del corro, Cuervo, el hercúleo alférez de la primera, levanta +en brazos a la Niña y la sienta en la tabla. + +--¡Agárrate bien, Nuncia!--le grita Paco Gómez, mientras el citado +alférez y algunos otros amigos empiezan a mecerla. + +--¡Suave, suave!--exclama Carmelita. + +No hay cuidado; así lo hacen, porque temen dar con ella en tierra. Pero +aun moviendo el columpio con parsimonia, el aire consigue levantar, al +poco tiempo, las enaguas de la antigua doncella. Los oficiales ríen y +empujan el columpio para que se vea más. + +--¡Fuerte, fuerte, que algo se pesca!--les grita Paco Gómez. + +Las muchachas, entre risueñas y avergonzadas, se tapan la cara y se +abrazan unas a otras diciéndose palabritas al oído. + +--¡Alto, alto!--exclama Carmelita.--¡Paren ustedes! + +Nadie hace caso. Las ropas de la Niña van subiendo, subiendo: no se sabe +dónde se van a detener. + +--¡Alto, alto! ¡Por Dios, señor alférez! + +--¡Anda con ella!--rugen los militares. + +Y el columpio sigue cada vez más vivo. Nuncita está tan asustada que no +tiene tiempo a pensar en el pudor. + +--¡Señor alférez! ¡Señor capitán!--grita Carmelita toda temblorosa, +agitando los brazos, la mandíbula inferior, desdentada, batiendo contra +la superior, desdentada también, con un estremecimiento +particular.--¡Señor capitán, téngase por Dios! ¡Por la Virgen del Amor +Hermoso!... ¡Pare! ¡pare!... ¡pare! + +--¡Sooó!--exclama Paco. + +Pero el capitán es sueco y sigue apretando. Las enaguas de Nuncita se +encuentran ya en la más alta cúspide adonde pueden llegar. Las jóvenes +se vuelven de espaldas; algunas corren riendo a ocultarse entre los +árboles. Sólo cuando hubieron consumado su obra de desvergüenza se +consiguió que los oficiales aplacasen y permitiesen a Nuncita tomar +tierra. Su hermana, en vez de enojarse con los culpables, la emprende +con ella llena de furor, vibrando rayos por los ojos. + +--¡Bájate, picarona! ¡Escandalosa! ¿Es ésa la educación que has +aprendido de tus padres? ¿Es eso lo que te aconseja el confesor? + +Nuncita, aterrada, empieza a hacer pucheros y suelta la llave de las +lágrimas. La juventud masculina, lo mismo que la femenina, tratan de +calmar a la enfurecida Carmelita. El capitán y el alférez echan sobre sí +toda la culpa. Es en vano. La cólera no se apaga hasta que no se +descarga de palabras bien ofensivas y pesadas. La pobre Niña, sentada en +el suelo, sollozando, con la cara oculta entre las manos, excita la +compasión de todos los presentes, que no cesan de interceder por ella. + +Se trata de saber cuál es la que ha de subirse al columpio después. +Ninguna quiere: es natural. ¿Cómo han de dejarse columpiar por hombres +tan atrevidos y desvergonzados? Es en vano que militares y paisanos +expliquen su conducta en el suceso anterior y hagan juramento de no +reincidir y estar comedidos y prudentes y siempre a las órdenes de las +damas. Éstas no se fían. Sobre todo el teniente Rubio les inspira un +terror pánico considerándolo, y no sin razón, como el alma de todas +aquellas intrigas libidinosas. + +Pero cuando más desesperanzados estaban, he aquí que Consuelo, aquella +niña aturdida y resuelta que hacía poco se había encaramado en un árbol, +habla al oído a una compañera y luego se adelanta y dice, con espanto de +sus compañeras: + +--Yo me subo. Ayúdenme ustedes. + +Un grito de entusiasmo acogió estas sencillas palabras. Por algunos +instantes no se oyó más que ¡viva Consuelo! ¡viva Consuelo! entre la +muchedumbre frenética. No hay quien no quiera ayudarla y quien no la +colme de flores y agasajos. El alférez atlético, con ademán +caballeresco, pone una rodilla en tierra y la invita a que afiance el +pie sobre su muslo. La intrépida joven no se hace de rogar y lo +ejecuta, sentándose de un salto en la tabla. Lo mismo militares que +paisanos se las prometen muy felices y cambian entre sí miradas de +inteligencia, decididos a faltar a su palabra y a pagar la confianza de +la niña con la más negra traición. Mas cuando ya se disponían a dar +comienzo a su obra maléfica empujando el aparato, Consuelo hace seña a +su compañera. Se adelanta ésta con un puñado de alfileres y en un +instante le prende las enaguas por debajo, de tal manera que no hay +forma de que se le vea ni la punta del pie aunque echen a vuelo el +columpio. El sexo femenino aplaude con entusiasmo loco. + +--¡Bien, Consuelo! ¡bien! + +El masculino, enfadado y mohíno, no se atreve, sin embargo, a protestar +ruidosamente, pero murmura de aquella falta de confianza, mientras la +interesada, orgullosa de su ocurrencia, los contempla con sonrisa +burlona. La desgracia fue completa. Los alfileritos obtuvieron un éxito +tan lisonjero que no hubo niña que se subiese al aparato que no se +hiciese coser la ropa previamente con ellos. + +Mientras tales memorables escenas se efectuaban en el bosque, Jaime +Moro, desdeñando los placeres campestres, había logrado catequizar a +Fray Diego y a D. Juan Estrada-Rosa para echar un tresillito. Se aburría +en la iglesia, se aburría en el bosque, en la ciudad y en la campiña. +Tan sólo recobraba la serenidad de espíritu y renacía en él la calma y +la alegría cuando tomaba las cartas en la mano. La suerte quiso serle +aciaga. No había naipes en la casa. Pero no se arredra por eso. Baja a +la cocina, llama aparte a un criado, al que le pareció más ligero y +musculoso, y dándole una propina le encarga que a todo correr vaya a la +ciudad y traiga un par de barajitas. Mientras tanto, para que no se le +escapen, hace esfuerzos portentosos por entretener a sus compañeros, +hablándoles de lo que más puede interesarles, sobre todo a don Juan, que +manifestaba tendencias muy señaladas a desertar, seducido por la idea +absurda de dar un paseo por la quinta y hacer una visita al molino como +otros de los invitados. Moro sudaba de congoja temiendo no poder +resistir hasta la vuelta del criado. Felizmente éste llegó a tiempo. En +cuanto tuvo en su poder las anheladas barajas ya fue otro hombre. Seguro +de la victoria los arrastra a una de las salas retiradas del caserón, se +hace traer una mesa adecuada, bujías, cerveza, cigarros y ¡vamos +allá!... Después de haber estado a dos dedos de perderla, Jaime Moro +gozaba de aquella felicidad con una ruidosa alegría que causaba envidia. + +Un buen golpe de gente ridícula, sin imaginación bastante para +comprender ni gustar las dulzuras del tresillo, se había ido, con el +Jubilado a la cabeza, a recorrer la posesión y visitar después el molino +de nuevo sistema que el conde había montado hacía poco tiempo. Formaban +la comitiva, entre otros, el novio, el propio capitán Núñez, con +aquellos de sus compañeros menos propicios al sexo femenino, Granate, D. +Enrique Valero, Saleta, Manín y otros pocos. Al conde no se le pudo +arrastrar porque no se le halló. Se dijo que estaba dando órdenes a los +criados y vigilando algunas obras allá lejos, pero no se le halló +tampoco en ellas. Uno que hacía allí de capataz o medio mayordomo se +brindó a servirles de guía. + +La finca estaba situada en la pendiente de la misma suave colina donde +está asentada Lancia. A espaldas de la casa se encuentra el bosque, que +le priva de la vista de la ciudad. Así que con hallarse tan próxima +parece que se está a cien leguas de ella, en la amable soledad del +campo. Al mismo tiempo la protege contra los vientos del Norte y del +Oeste, dejándola solamente abierta a las templadas y benéficas +corrientes que vienen del Mediodía y del Este. No llegan hasta allí los +ruidos de la población. Tan sólo las campanas de la catedral suenan a +ciertas horas del día dulcemente amortiguadas por la distancia. La +carretera general va por detrás del bosque. Otra pequeñita, que arranca +de ella, la pone en comunicación con la quinta. No hay en ésta, como ya +sabemos, ningún parque a la inglesa o a la francesa, ni jardincitos, ni +cascadas, ni grutas artificiales. Es una finca mitad de recreo, mitad de +labor. Primero el bosque, luego la casa con su corrada; después un +jardín vasto y abandonado; enseguida praderas inmensas que se extienden +por la falda de la colina y llegan hasta el río y aun lo salvan y se +dilatan por la opuesta orilla. Por estas praderas se ve pastando el +ganado, se oyen sus esquilas y los ladridos de los perros. Es fácil +forjarse la ilusión de que se está en el seno de la naturaleza +solitaria. La paz es profunda y sólo la interrumpe el canto de un pájaro +o el mugido de una vaca. + +Los excursionistas recorrieron las cuadras, que estaban bien cuidadas, +pues el conde tenía afición a la ganadería. Sin embargo, Saleta afirmó +que las había visto en Holanda mucho mejores. + +--Figúrense ustedes, señores--manifestó con su característico acento +gallego,--que allí a las vacas les atan el rabo con una cuerda, ¿saben? +y lo tienen suspendido para que cuando les da la gana de proveerse lo +puedan hacer sin ensuciárselo. + +Esta noticia, rigorosamente exacta, hace soltar la carcajada a los +presentes. + +--¡Pero este D. Ramón cuándo se cansará de inventar patrañas!--se +decían los unos a los otros por lo bajo, todo por causa de aquella +maldita reputación de embustero que había adquirido. + +--Pue eztán bien atrazaiyo en Holanda, amigo Zaleta--manifestó Valero, +que no le dejaba pasar una.--En Málaga, cuando a alguna vaca le da la +gana de ezo, ze le zienta en un inodoro y ze la limpia depué con papel +higiénico. + +Saleta no se dio por ofendido. Estaba tan avezado a la incredulidad de +sus oyentes, que aunque ahora reventase con la verdad no le impacientaba +que no se le creyese. + +Cuando hubieron recorrido las cuadras tomaron el camino de los prados a +campo traviesa, y descendieron hasta el río guarnecido, por entrambas +orillas, de alisos, álamos y mimbreras, los cuales formaban a trechos +una mata espesa por debajo de la cual corría oscuro y tétrico. El río +Lora es uno de los menos caudalosos y al mismo tiempo de los más +originales de España. Antes de llegar al mar, «que es el morir,» como +dijo el poeta, se arregla para dar infinidad de vueltas como un viejo +marrullero que pretende burlarse de la ley común a los seres creados. +Imposible imaginarse un cauce más extravagante. Sale de cualquier +población muy resuelto y boyante; parece que va a tragarse las leguas y +marchar impávido hasta el océano. Pero al cuarto de legua se arrepiente, +da la vuelta y retorna lento y cabizbajo cerca del punto de partida, lo +cual hace pensar a algunos, no sin fundamento, que camina cuesta arriba. +Sale de nuevo, no por voluntad, sino apretado por las circunstancias; +esta vez se pierde de vista; todo el mundo cree que se va de veras para +no volver. No es así, sin embargo. El gran zorro, cuando entiende que ya +no le ven desde el pueblo, revuelve muy solapadamente y trata de meterse +otra vez por él, pero le da vergüenza, y antes de llegar se aparta un +poco y va a parar a alguna aldea próxima del mismo concejo. Jamás siguió +una carrera franca y abierta. Como todos los caracteres rebajados, +repugna la luz, aprovecha cualquier coyuntura para deslizarse debajo de +alguna peña o una mata y ocultarse a las miradas de los hombres y +permanecer allí estancado, corrompiéndose en degradante ociosidad. Nadie +se fíe de él. Con sus apariencias de viejo inválido y reumático, incapaz +de dar un paso, ha engañado a muchos zagales. Los invita a bañarse +haciéndoles pensar que no tiene media vara de fondo, y luego los +estrangula miserablemente entre sus aguas verdes. No se hallarán dentro +náyades de celestial hermosura quebrando al nadar con sus brazos de +alabastro los frágiles cristales, ni saldrán de noche a jugar sobre su +linfa las graciosas ondinas, de cabellera blonda. El río Lora es +taciturno, enemigo de toda idealidad poética. Nada de seres +fantásticos. Lo único que alimenta con verdadero cariño es un enjambre +de ranas, tan grande que causa vértigo el pensar qué número de ellas +vivirá bajo su amparo. Ellas son las que se encargan de alegrar con su +voz armoniosa los parajes que recorre. + +Ellas fueron también las que impidieron con ruido atronador que Saleta +pudiese afirmar, como afirmó después que se vieron lejos, que estando a +orillas del Yumurí cierta tarde, había tenido la suerte de matar de una +pedrada un cocodrilo. Verdad que bajo la mirada insistente de su colega +Valero se apresuró a rectificar haciendo constar que el cocodrilo era +todavía cachorro y no tenía más que una carrera de dientes. + +Siguieron buen trecho la margen sombría del Lora y lo atravesaron por un +puente rústico en el sitio donde el conde lo había desangrado, por medio +de una acequia, para dar movimiento a su molino. Mas en aquel punto, a +los amigos del novio, representantes genuinos del elemento más vigoroso +y masculino del batallón, se les despierta repentinamente el sentimiento +de su fuerza y del poder muscular de sus piernas. Un teniente salta la +acequia. Un capitán, por no ser menos que el subalterno, también lo +hace, pero se moja los pies. Excitado el amor propio, se despoja de la +levita y vuelve a saltar con felicidad. Los demás le imitan. Al +instante toma aquello el aspecto de los juegos olímpicos y todavía más +de la gran batuda americana. Pero Núñez es un eminente saltarín. Así +estaba de antiguo reconocido en todo el ejército y más particularmente +en el arma de infantería. Saltó tres o cuatro veces con gran facilidad; +mas, queriendo, como es lógico, sobreponerse a sus compañeros y dar +prueba gallarda de su destreza, afirma en tono desdeñoso que «aquello no +vale nada» y que él es capaz de saltar la acequia volviéndose de +espalda. Estas palabras fueron acogidas con respeto por sus colegas, +pero también con un silencio que al capitán se le antojó dubitativo. Y +sin aguardar más resuelve confundirlos. No se despoja de una sola prenda +del uniforme, que esto queda para los neófitos; toma vuelo, y al llegar +al borde del agua se vuelve y da el salto, pero con tan mala fortuna que +los pies se le enredan en unos juncos y cae de espaldas tan largo como +era enmedio del arroyo. Se oculta a las miradas de sus amigos por un +momento, y sale al fin bufando y chapoteando como un verdadero tritón, +diciendo que no es nada y que va a saltar otra vez para que se vea. Pero +su padre político no lo consiente. Le pasea las manos por el cuerpo para +cerciorarse de que está calado (¡cómo había de estar!) y, presa de +insana agitación, él, que hacía poco tiempo hubiera exterminado en +pleno a toda la milicia, comienza a gritar: + +--¡Es necesario mudarse!... ¡Ahora mismo!... ¡Una pulmonía!... +¡Mudarse!... ¡Fricciones!... ¡Una fiebre reumática! + +Y otras exclamaciones más o menos coherentes, que daban testimonio del +profundo interés que la salud del oficial le inspiraba. + +Núñez, aunque guerrero, cede a sus instancias y vuelve hacia la casa con +semblante fiero y ceñudo, enteramente resuelto a quitarse hasta los +calcetines y a meterse en la cama mientras se manda propio a Lancia por +una muda. Todos sus amigos le rodean, y así llegan hasta la casa. +Emilita, que está al balcón, al verlos de aquella guisa, pregunta con +sorpresa: + +--¿Qué es eso? + +--Nada--le grita su papá,--que Núñez se ha caído a la acequia. + +Naturalmente al oír esto Emilita lanza un grito desgarrador y cae +desmayada en brazos de varias damas. Núñez, hecho un héroe, despreciando +su propia salud, corre a socorrerla. En pocos momentos se llena la +habitación de vasos de agua y salen a relucir también dos o tres frascos +de antiespasmódico. Cuando empieza a recobrar el conocimiento y llega el +momento crítico de las lágrimas, su hermana Micaela no puede contenerse; +increpa violentamente a su papá. + +--¡Esto ha sido una verdadera barbarie! ¿Se ha figurado usted que su +hija tiene el corazón de bronce?... ¡Bien poca delicadeza se necesita +para herir de este modo a una pobre criatura!... + +La pobre criatura le paga aquella defensa con una mirada cariñosa de sus +ojos húmedos, apretándole al mismo tiempo la mano. El Jubilado se +encuentra en el último grado del abatimiento y apenas se atreve a +murmurar «que viendo a Núñez vivo a su lado no había razón para tanto +susto.» Las señoras juzgan que Micaela ha estado irrespetuosa con su +padre, pero al mismo tiempo no pueden menos de convenir en que aquello +ha sido un escopetazo, y manifiestan a la desgraciada esposa una +ardiente simpatía. + + + + +VIII + +El vino de Fernanda. + + +Fernanda no había presenciado nada de esto. Estuvo a primera hora en el +bosque, haciendo de ninfa pudorosa como sus compañeras; pero cansada +pronto del papel, se apartó de ellas y comenzó a discurrir por los +lugares más solitarios. Su cabeza, tan erguida siempre, se doblaba bajo +el peso del tedio o la preocupación; su talle flexible, ondulante, se +movía sin compás girando a un lado y a otro como el cuerpo de un beodo; +arrastraba los ojos por el suelo, aquellos hermosos ojos africanos que +eran el más preciado ornamento de la noble ciudad de Lancia, y por su +frente pálida cruzaba una arruga bien profunda, signo de pensamiento +fijo y doloroso. ¡Cuánto le había atormentado desde hacía dos meses! La +impresión que los amores del conde habían dejado en su alma, sofocada al +principio por el orgullo, por la esperanza de volver a ellos, se había +dilatado de pronto al conocer el secreto de su desvío, había hecho +irrupción en ella, la había llenado toda y la abrasaba de amor y de +celos. Eran tanto más ásperos éstos cuanto que vio claramente que Luis +la había estado engañando mucho tiempo, le había fingido cariño cuando +amaba ya a otra. La miserable traición de Amalia la sublevaba, le +inspiraba horror y repugnancia; pero la del conde, tenía que +confesárselo, la traspasaba de dolor y acrecía su pasión +desmesuradamente. + +Supo, no obstante, mantener su dignidad a flote. Siguió frecuentando el +trato de Amalia y mantuvo con ella en apariencia las mismas relaciones +amistosas, mas a despecho suyo, sin darse ella misma cuenta, había unas +veces en su actitud, otras en sus ojos, otras en su acento, un leve dejo +amargo y desdeñoso que no pasó inadvertido para la penetrante +valenciana. Con su ex-novio se mostró circunspecta, dejó aquel tono +agresivo que con él acostumbraba a emplear y se hizo más suave y formal; +pero también, con gran disgusto suyo, la emoción que sentía al hablarle +se le traslucía no pocas veces en una leve alteración de la voz y en +palideces o rubores enfadosos. Su vida interna, durante aquellos seis +meses, había sido devorada por una actividad febril, ansiosa, mareante, +disimulada con esfuerzo bajo actitud tranquila y altiva. A veces la +sorda irritación que la minaba no podía resistir tanta presión, y +estallaba en un flujo de palabras candentes, injuriosas, que pronunciaba +en voz baja, al advertir algún signo de inteligencia entre los +traidores. Su naturaleza ardiente, orgullosa, lisonjeada por un padre +que llegaría hasta el crimen por darle gusto, y por un enjambre de +adoradores postrados a sus pies, botaba ante aquel obstáculo, el primero +con que había tropezado en su vida, como un potro salvaje. + +En estos frenesíes de cólera ideaba vengarse. Escribió varios anónimos a +D. Pedro, pero ninguno llegó a su destino. Antes de echarlos al correo +los rompía. El gran fondo de dignidad que había en su carácter se +sublevaba ante un proceder tan bajo; los rompía vertiendo lágrimas de +despecho. Después de hacer trizas el último que escribió, tuvo ocasión +de alegrarse, pues supo casualmente aquella noche que ninguna carta +llegaba a poder de Quiñones sin pasar por las manos de su esposa. Otras +veces no podía más; se rendía a la pesadumbre de su pena y se dejaba +caer en una butaca, y pasaba largo rato con los ojos extáticos en +meditación intensa y dolorosa. Acometíanle, en estos momentos, súbitos +arranques de ternura; se confesaba sin rubor, con gozo voluptuoso, el +amor que sentía; perdonaba a Luis de todo corazón y se prometía amarle +toda la vida en silencio, no ser jamás de ningún otro hombre. Según +trascurrían los días este sentimiento se irritaba, se trasformaba en +deseo enfermizo, irracional. La excitación de los sentidos, que al fin +despertaban en ella de un modo violento, juntábase al cosquilleo del +amor propio herido, para mantener vivo este deseo. Poco le faltaba, +cuando veía a Luis a su lado, para abrirle su pecho y confesarle la +abrasadora pasión que sentía. + +Sin conciencia clara de lo que hacía, Fernanda buscaba a su ex-novio por +la finca. Todo lo que allí había le interesaba profundamente, el bosque, +la casa, los criados, hasta los animales que pastaban en la pradera; +sobre todo esparcía una mirada simpática, brillante de emoción. ¡Cuan +amable le parecía aquel caserón estropeado, roído por la humedad y los +ratones! Después de vagar por las regiones más solitarias del bosque +largo rato, entró distraídamente por los prados; descendió lentamente +hasta cierto sitio donde había algunos obreros abriendo una zanja +profunda para desecar el terreno. Allí supo, sin preguntarlo, que el +conde, después de estar un rato mirando la obra, se había marchado. +Esperó algún tiempo para disimular, y al cabo se apartó con lento paso, +arrastrando la sombrilla, como quien no sabe adónde enderezarse. + +En efecto, no lo sabía. Pero no por falta de objetivo, sino porque +ignoraba dónde estuviera éste. Una idea cruel flotaba en su cerebro sin +determinarse con claridad; la de que Luis pudiera hallarse a solas en +aquel momento con Amalia. Poco a poco, a medida que marchaba por el +campo, esta idea fue adquiriendo relieve. Y según se precisaba, le roía +el corazón, se lo llenaba de despecho y de cólera. ¿Por qué? ¿No conocía +perfectamente sus relaciones adúlteras? Pues, con todo, le causaba viva +irritación, le parecía que no debía sufrirlo, que tenía derecho a +impedir que se juntasen. Sin darse cuenta de lo que hacía apretó el +paso. Sus nervios se iban alterando. Cuando llegó a la corrada estaba +enteramente persuadida que los adúlteros se hallaban juntos y solos. +Entró en la casa y, como quien la visita por curiosidad, la recorrió +toda, escudriñó hasta las más apartadas estancias. No logró verlos; pero +la circunstancia de no hallar a Amalia por ningún sitio la confirmó aún +más en su sospecha. Fatigada de tanto buscar, inflamada de anhelo, +nerviosa, salió de nuevo al aire libre. Evitó el encuentro de las +personas que pudieran detenerla y se dirigió al jardín. En cuanto puso +el pie en él despertó vigorosamente en su espíritu la esperanza de +encontrarlos. Aquel rincón de verdura donde los arbustos, creciendo a su +antojo, se entrelazaban hasta formar una masa impenetrable, era a +propósito para las confidencias amorosas. Avanzó con precaución, sin +hacer ruido, por sus senderos casi desaparecidos, tapizados de hierba, +invadidos en muchos parajes por las ramas de los arbustos y la maleza. A +veces, un montoncito de lirios le cortaba el paso, y se veía precisada a +saltar sobre ellos; otras, un rododendro extendía sus ramas para abrazar +a la camelia de enfrente y formaba bóveda tan baja que necesitaba +doblarse mucho para pasar. Antes de llegar creyó sentir leve rumor de +voces. Quedó inmóvil y esperó algunos instantes. Volvió a percibirlo y +se dirigió hacia el sitio de donde partía. + +¡Eran ellos! Sí, eran ellos. Mucho antes de oír su voz claramente los +había adivinado. Se paseaban por una calle más ancha y despejada que las +otras, resguardada de un lado por el muro, del otro por alto seto de +boj. Amalia se colgaba del brazo del conde con imperio y negligencia y +hablaba mirando al suelo, mientras él se inclinaba hacia ella risueño, +sumiso, metiéndole las palabras por el oído. Los contempló desde lejos +al través del follaje. La emoción la dejó clavada al suelo algunos +instantes. Por encima del sentimiento de dolor y de ira que la +embargaba asomó su cabeza el orgullo de mujer. Después de examinar con +ojos ansiosos la figura de Amalia no pudo menos de murmurar con +amargura: + +--¿De qué se habrá enamorado ese hombre? ¡Si es una gata disecada! + +Después pensó: + +--¿Qué se dirán? + +Acometiole un deseo vivo de escuchar su plática, y sin reflexionar sobre +el peligro que corría, fuese acercando poco a poco al seto, doblando el +cuerpo para no ser vista. Buscó el paraje más sombrío y seguro, y +escuchó. Sólo se les oía cuando cruzaban cerca. En cuanto se alejaban +unos cuantos pasos no se percibía palabra alguna. No pudo recoger más +que retazos de conversación, que resultaban incoherentes. + +--Se le rozan mucho los muslos. ¡Si vieras cómo va engordando! Ni con +polvos de almidón ni con los de rosa se consigue suavizar la irritación +de la piel--decía la dama. + +--Hablan de la niña--pensó Fernanda. + +--No la he visto nunca en el baño. ¡Cuánto daría por asistir a él un +día! + +--Es porque no quieres. + +--No, no quiero, exponiéndote a tí a un peligro y a que concluya de ese +modo... + +No oyó más. Tuvo que aguardar a que llegasen al final de la calle y +diesen la vuelta. + +--Di que has estado en casa de esas viejas chochas y no mientas--oyó +decir a Amalia, al acercarse de nuevo. + +--Te aseguro que estuve en el Casino. Nos hemos reunido los individuos +de la junta para ver si se ha de decorar nuevamente el salón. Creí que +podría salir a las diez, pero hasta las doce no nos separamos. ¿No +conoces el carácter disputón y minucioso de D. Juan? A casa de las de +Meré hace un siglo que no voy. Tanto, que algunos empiezan a... + +Otra vez se perdieron las palabras. ¿Aquel D. Juan sería su padre? +Procuraría enterarse. Cuando volvieron, el conde acariciaba tiernamente +la mano de su querida y sonreía, al hablar, con arrobada expresión de +felicidad. + +--Muchas veces me he propuesto dejar de verte. Por la noche, estando a +solas en la cama, me entran terribles remordimientos. Entonces me digo: +«Es necesario que esto concluya. Los dos nos condenamos +irremisiblemente.» Y resuelvo marcharme de Lancia y hasta compongo todo +un plan de vida; viajo con la imaginación por toda Europa; me olvido de +tí; vuelvo al cabo de algunos años, y en vez del amor antiguo se renueva +en mi corazón una amistad tierna y honesta, en la cual podemos descansar +tranquilos sin temor al castigo del Cielo... Pero así que amanece, estas +resoluciones se disipan, sucumbo a la tentación, voy a tu casa, y en +cuanto te veo, en cuanto oigo tu voz adorada... + +Fernanda se agarró con mano crispada al tronco de una magnolia. + +A la vuelta era Amalia quien hablaba. + +--No es verdad eso. Ya te he dicho que para mí siempre hay un punto +negro. Por más que pretendo forjarme la ilusión de ser la primera... + +--¡La primera y la última! Yo no amaré a otra mujer más que a ti. + +--No sabes los celos que tengo del pasado. Cada día más. Di la verdad: +¿la has querido o no? + +--No. + +--Entonces, ¿cómo eras capaz de... + +No oyó más. Fue bastante para hacer brotar de sus ojos una lágrima. +Trató de huir. Cuando iba a hacerlo observó que los traidores se habían +detenido al extremo de la calle. + +Amalia echa los brazos al cuello a su amante, le pone los labios en la +boca y le da un beso que se prolonga, se prolonga una eternidad. +Fernanda cierra los ojos. Cuando los abre de nuevo ve que se alejan +cogidos de la mano. + +Los deja salir del jardín. Los sigue inmediatamente. ¿Adónde irán? Una +vez en la corrada, observa que se sueltan y se dirigen a la casa. Entra +en su seguimiento, pero ya habían desaparecido y no sabe en qué +habitación hallarlos. Las recorre todas imprudentemente, cegada por +emoción extraña que no acierta a reprimir, acometida de un deseo vivo, +anhelante, de espiarlos. + +--¿Adónde va usted, Fernanda?--le pregunta un joven. + +--Ando en busca de la novia. + +--Pues va usted mal. Está en el otro extremo de la casa, en una de las +salas que miran al Norte. + +Se vuelve para disimular; pero inmediatamente emprende de nuevo la +batida. Llega, por fin, a cierto gabinete cerrado, que no es otro que el +célebre _cuarto de la condesa_. Va a levantar el pestillo, como ha hecho +en otros, pero se queda inmóvil al escuchar un rumor levísimo. Aplica el +oído. ¡Son ellos! + +Se aparta de allí, corre como si la persiguieran, se mete por el bosque +y, cuando se encuentra en paraje solitario, se sienta al pie de un árbol +y apoya en su tronco la cabeza. El rostro triste y demudado, los ojos +extáticos, las manos cruzadas sosteniendo una rodilla, expresa su +actitud una agonía desesperada y muda. + +Llegó la hora de comer. Se habían colocado en el gran salón de la planta +baja de la casa dos mesas paralelas. Aquella sociedad diseminada se +reunió instantáneamente a la palabra santa de «a comer» lanzada a los +cuatro vientos de la finca por la ruda voz de Manín y por la argentina +de Manuel Antonio. Los sentimientos poéticos, cuando se desenvuelven al +aire libre y enmedio de los bosques, son excelentes para facilitar la +secreción del jugo gástrico. Por eso tanto ninfas como faunos asaltan +con bríos, antes de sentarse a la mesa, las aceitunas, los pepinos, las +rajas de salchichón. Por voto unánime de la milicia y del clero, +representado dignamente por Fray Diego, se cometió a la novia el encargo +de designar sitio a cada cual. La festiva y revoltosa Emilita, +trasformada súbito en severísima matrona, llenó su cometido con tacto y +amabilidad que le valieron el aplauso del concurso. A cada niña iba +dando por compañero y servidor aquel mancebito que era más de su agrado, +y a cada persona mayor aquella otra con quien más congeniaba por su +humor y aficiones. Pero cuando llegó al delirio el palmoteo fue cuando +colocó al teniente Rubio entre las dos señoritas de Meré. Había dejado +para lo último este donaire, que no le hizo maldita la gracia al +interesado. Viéndose oprimido por tales vejestorios, el injusto forzador +quedó amoscado y estuvo a punto de protestar contra la designación de +Emilita y faltar a todas las reglas de la galantería, pero se contuvo. +Al tiempo de sentarse se le ocurrió exclamar mirando a entrambos lados y +parodiando a Napoleón: + +--Desde lo alto de estas dos sillas, cuarenta siglos me contemplan. + +La ocurrencia se celebró mucho y esto volvió el humor a aquel dañino +animal. Supo contestar tan bien a la vaya que le daban sus amiguitas, +que aquella tarde ganó fama imperecedera de cazurro y de pícaro. + +Moro se sentó al lado del conde, y mientras comían no cesó de inculcar +en su alma la ventaja de traer al palacio de Granja una mesa de billar. +Conocía todas las fábricas, pero la mejor sin disputa era la de Tutau, +de Barcelona. Elogió el artículo como si fuese, un viajante de la casa. +A Luis se le conocía en la cara el hastío y el pesar de no hallarse +sentado al lado de Amalia. Pero Emilita no se atrevió a colocarlo en +esta forma, ni tampoco junto a Fernanda. Lo primero sería un escándalo. +Lo segundo, una molestia para ambos. + +Se comió como en un banquete de la Iliada. Pero el Aquiles de esta +formidable pelea fue Manín, el bárbaro Manín, que, al decir de los que +estaban a su lado, se comió once calabacines rellenos. Verdaderamente +Manín era digno de ser llamado, si no suevo, ya que esto ofendía al +señor Saleta, por lo menos longobardo. Se habló y se gritó como en una +plazuela. Las tres hadas del Jubilado, que tanto habían ganado desde que +Fray Diego echó la bendición a su hermana en inocencia y gracia +infantil, tiraban bolitas de pan a los oficiales. Éstos echaban miradas +a la novia, haciendo después guiños a su compañero Núñez, y murmuraban +palabras espantosas que les hacían prorrumpir en carcajadas más +espantosas aún. Paco Gómez se peleaba con María Josefa. No se sabe cuál +de los dos era peor intencionado, de quién partían las flechas más +agudas y envenenadas. Saleta, que tenía a su compañero y censor D. +Enrique Valero lejos, se despachaba a su gusto, contando a D. Juan +Estrada-Rosa y a otros dos caballeros cómo se había arreglado para +seducir a cierta inglesa, esposa de un cónsul que había conocido en +Oncón, yendo desterrado a Filipinas. El barco no se detenía allí más que +veinticuatro horas. En este breve espacio la enamoró y logró que se +escapase con él. Pero tuvo que separarse de ella al instante, porque +aquel lance fue objeto de una reclamación diplomática por parte de la +Gran Bretaña. Manuel Antonio, atacado súbitamente de viva simpatía por +un alférez rubio que tenía a su lado, le abrumaba a cuidados y delicadas +atenciones. + +--Federico... una aceitunita... No tome tanta mostaza, criatura, que le +puede hacer daño. Resérvese para las perdices. Me consta que están +riquísimas. ¿Quiere Burdeos?... Aguarde, yo me encargo de traerlo... + +Y se levantaba solícito, daba la vuelta a la mesa y traía un par de +botellas que colocaba delante del mancebo. + +--Se ha puesto usted muy bueno en Lancia. Cuando vino usted hace seis +meses era usted delgadito y pálido. Yo decía: ¡qué lástima de joven, tan +guapo y tan simpático! Porque creía que se iba usted a dañar del pecho. +Se conoce que llevaba usted mala vida allá en Barcelona... ¿No? Pues +mire usted, cualquiera lo pensaría. Me acuerdo que cuando usted llegó +traía una gabardina de color de ala de mosca muy bien hecha y chalina +azul celeste muy linda... Reconozco que le sienta a usted bien el traje +de paisano, pero a mí me gusta usted más de uniforme. Será un capricho, +pero no lo puedo remediar. ¡Vamos, que de uniforme y con esos bigotes a +la borgoñona está usted del todo simpático! + +Algunas toses significativas de los oficiales, que se sentaban enfrente, +le paralizaron de pronto. Pero no se corrió ni mucho menos. Era incapaz +de avergonzarse por nada. El que quedó amoscado y se puso muy serio y +ceñudo fue el alférez. + +Cuando el banquete daba a su fin, algunos caballeros, favorecidos de las +musas, se levantaron a brindar en verso o cosa parecida. Y los que no lo +hicieron en verso felicitaron en prosa a los desposados, resultando que +lo mismo unos que otros coincidieron en desearles «una eterna luna de +miel.» Y lo mismo el periódico local que al día siguiente dio la +noticia. De todos aquellos brindis el más original e interesante fue el +del padre de la novia, D. Cristóbal Mateo. ¿No había de ser original oír +a este sañudo enemigo de la fuerza armada cantar sus glorias y +declararse partidario frenético del aumento del contingente y del sueldo +a los oficiales? A las pocas palabras que pronunció se mostró tan +enternecido, que algunas lágrimas rodaron precipitadamente por sus +mejillas. No faltó quien dijo que lloraba el vino que había bebido; pero +estamos lejos de dar crédito a esta insinuación malévola, primeramente +porque es un absurdo que se llore vino, y después porque su acento era +tan sincero, su ademán tan patético, que nadie podía dudar de que sus +palabras salían del fondo del corazón. + +--...Es un consuelo, sí, es un consuelo que Dios me haya dejado ver a mi +hija casada con un pundonoroso militar... Bien que decir militar en +España es decir pundonoroso... Porque el ejército es la escuela del +honor, como dijo cierto filósofo... Levantar el ejército, honrar el +ejército, es levantar, es honrar el honor de la nación... Levantar el +ejército es levantar el poderío y la prosperidad del país... Levantar el +ejército es colocarnos al nivel de las naciones más grandes de +Europa... Levantar el ejército es vivir respetados por todo el mundo... +Levantar el ejército es levantarnos nosotros mismos... Levantar el +ejército... + +--Que se levante el ejército, pero que se siente don Cristóbal--gritó +uno. + +El Jubilado quedó parado en firme, echó una mirada de triste +reconvención hacia el sitio de donde había partido la voz, se llevó el +pañuelo a los ojos para enjugarse las lágrimas, bebió con calma lo que +restaba de vino en la copa y se sentó gravemente entre el aplauso y la +risa de los comensales. + +Fernanda no había despegado los labios durante la comida. Todos los +esfuerzos de Granate, a quien la amabilidad de Emilita había colocado +cerca de su apetecido dueño, resultaron infructuosos. Ni por hablarle de +la zafra y describirle cómo se recoge el tabaco y hacer cálculos exactos +de lo que se gana en cada caja de azúcar y lo que se ganaría si se +rebajasen los derechos, ni por contar los cien pormenores interesantes +sobre la importación de las carnes saladas de la República Argentina y +del bacalao de Terranova, logró Romeo que su Julieta emitiese más que +secos monosílabos. Lo único que hacía era alargarle de vez en cuando la +copa, diciendo con imperio: + +--Eche usted vino. + +El indiano se apresuraba a cumplimentar la orden. La joven la apuraba de +un trago, la ponía sobre la mesa y paseaba sus ojos altivos por los +comensales, deteniéndose con insistencia en Amalia. Poco a poco aquellos +ojos iban adquiriendo expresión más sombría, los párpados se le caían, +se ponían encendidos y se movían a un lado y a otro con más dificultad. +D. Santos, a quien sorprendía aquella manera de beber, se atrevió a +decir: + +--Fernandita, bebe usted como un sumidero. ¡Porra! Tengo miedo que le dé +a usted un torozón. + +--Eche usted vino--respondió Fernanda lanzándole al mismo tiempo una +mirada torva que le desconcertó. + +Ya que se hubo brindado, voceado y disparatado bien, el alegre concurso +volvió a diseminarse. Sólo permanecieron en sus puestos el Jubilado y +los oficiales refractarios al amor. Quedaron discutiendo la forma más +adecuada de aumentar, sin gravar mucho al Tesoro, ocho duros mensuales a +los capitanes, cinco a los tenientes y tres a los alféreces. Sin esta +reforma declaraban explícitamente los interesados que se operaría muy +pronto una completa disolución en el ejército, y por lo tanto, dejando +de ser la escuela del honor, ni lo habría en el país, ni nos +levantaríamos jamás a la altura de otras naciones, ni habría +prosperidad ni poderío ni pundonor en toda la vida. Jaime Moro volvió a +trincar a Fray Diego y a D. Juan Estrada-Rosa y los arrastró hasta la +mesa del tresillo. D. Juan había perdido y se mostraba reacio, pero el +simpático mancebo logró convencerle con astucia de que, si no le había +dado el naipe por la mañana, era porque él, Moro, nunca había perdido a +esa hora. Cuando le venía la mala era por la tarde. Capaz sería de +dejarse ganar con tal de retenerlos. + +Manín, sentado a un extremo de la mesa, sin intervenir en la +conversación de los oficiales, cortaba con su navaja rebanadas de pan y +las comía cachazudamente formando bulto en el carrillo, remojándolas con +largos tragos del Burdeos que había quedado en las botellas. No estaba +conforme con la comida que les sirvió Marañón, el dueño del café de +Altavilla. Después de haberse hartado como un salvaje, decía que todos +aquellos platos eran _perfumerías_, y que donde estaba una fuente de +judías con morcilla, longaniza y huesos de marrano deben callarse los +macarrones. Hay que advertir que para Manín se llamaban macarrones todos +los manjares que no conocía, lo cual caía muy en gracia al maestrante. + +Mientras terminaba tan dignamente aquella comida indecorosa no cesaba de +murmurar pestes contra ella, haciendo responsable en parte a D. +Cristóbal, a quien dirigía de vez en cuando desde un rincón largas +miradas de rencor. + +De pronto se abren con estrépito las puertas del salón y penetran en él +cuatro muchachas en un estado de agitación que impresionó vivamente a +los circunstantes. Sin hacer caso de los otros se dirigen todas al +mayordomo de Quiñones: + +--¡Manín, un oso! ¡Manín, un oso! + +--¿Dónde?--pregunta aquél sin inmutarse. + +--En el bosque. + +--¿Quién lo ha traído? + +Ante esta pregunta extravagante quedan las cuatro estupefactas y +suspensas. Una de ellas se atrevió al fin a apuntar tímidamente: + +--Ha venido él solo. + +--¡Bah, bah, bah!--exclamó rudamente el mayordomo. + +Y vuelve a las tajadas de pan con más ardor que antes, dando quizá con +esto la razón a los envidiosos de la aldea, que no querían oír hablar de +los osos que había matado y se emperraban en llamarle zampatortas. + +--Vamos, niña, di cómo lo has visto--manifiesta la simpática Consuelo, +que venía en la diputación. + +Una, que estaba más pálida que las otras, avanzó y exclamó con trabajo: + +--¡Qué miedo! ¡Madre mía, qué miedo! Creí que me moría... porque mire +usted, el oso... ¡el oso era horrible! + +En tal estado de sobresalto se hallaba, que no pudo articular más que +palabras incoherentes. Entonces la resuelta Consuelo avanzó a su vez y +dijo con voz firme: + +--Verá usted, Manín. Esta niña se encontraba con nosotras en la parte +más espesa del bosque, allá muy lejos. Oyó cantar un pájaro, un malvís, +según creo. ¿No era un malvís?... Bueno, pues oyó cantar un tordo y se +dirigió al sitio donde sonaba. Se alejó bastante y no pudo dar con él. +Cuando se volvía, sale de unas matas el oso, la acomete, la tira al +suelo y sin hacerla daño, no sabemos por qué, huye y desaparece. + +El famoso cazador de osos se levanta pausadamente y dice con el acento +firme y sosegado de los héroes: + +--Vamos a ver qué es eso. + +Pidió una escopeta arriba, y seguido de lejos por las pálidas doncellas, +dio una batida al bosque. Lo único que halló fue un cerdo alemán de la +pareja que el conde había traído para encastar. La hembra había muerto y +el macho vagaba triste y solitario por la espesura mientras se efectuaba +su metamorfosis en morcillas y chuletas. Hubo sospechas vehementes de +que el autor de la agresión fuese este cerdo viudo, pero la joven de la +aventura juraba y perjuraba que había sido un oso quien la había +acometido, y que no le dijeran cómo era este animal, porque lo había +visto muchas veces disecado en el gabinete de zoología de la +universidad. + +Fernanda se había marchado mucho antes seguida de Granate. Estuvieron en +el jardín. Allí la joven se le colgó del brazo y dieron algunas vueltas +por la misma calle en que había visto pasear al conde con Amalia. + +--Usted está muy enamorado de mí, ¿verdad?--le preguntó bruscamente. + +El indiano, sorprendido, murmuró: + +--¡Oh, sí! Dicen que estoy como un burro, y es verdad. + +--¿Y qué siente usted, vamos a ver; qué siente usted? Explíquese. + +--¿Yo?... ¿Cómo?--exclamó sorprendido. + +--Sí. ¿Qué siente usted cuando me ve? ¿Qué siente cuando otro hombre se +acerca a mí, el conde, pongo por caso? ¿Qué siente usted en este momento +en que va oprimiendo mi brazo? Descríbame usted sus sensaciones, lo que +le pasa por dentro... + +--Yo, señorita... no sé qué decirla... La tengo tanta ley como si fuese +de la familia... Y a don Juan, su padre, aunque sea un poco +cascarrabias, lo mismo... Que sea cascarrabias o no, ¿a mí qué me +importa?... Si me casara con usted, tengo casa, gracias a Dios... Y no +es porque yo lo diga, pero mi casa vale más que la suya, eso bien lo +sabe usted... Pero antes nos iríamos a viajear por Francia, por Italia, +por Ingalaterra, por donde usted quisiera... Y si echábamos abajo cinco +mil duros, ¡que los echáramos! + +Granate siguió desbarrando un buen rato en esta forma. Fernanda no le +oía. Al fin le enfadó aquel ruido molesto y dijo con acento colérico: + +--¿Se quiere usted callar, hombre? ¿Qué sarta de estupideces está usted +ahí soltando? + +El pobre D. Santos quedó anonadado. Pasearon en silencio algún tiempo. + +--¡Qué feo es todo esto!--exclamó al cabo la joven. + +--_¿Cuálo?_ + +--¡Todo! La casa, el bosque, los prados, el jardín... Mire usted qué +horrible es esta magnolia. + +--La casa muy fea y muy antigua, siempre lo he dicho... Si la dieran tan +siquiera un revoque y me pintaran los balcones, todavía... El bosque no +vale para nada, no trae utilidad, está ocupando un sitio precioso para +hortaliza o espalera de fruta o lo que le manden. + +Fernanda soltó una carcajada. + +--Usted padeció alguna vez de melancolía, D. Santos. + +--¿De tristeza? Nunca. Yo siempre de buen humor. Tan sólo hace un año, +que me comió un bribón ocho mil y pico de duros, tomé un berrenchín que +me duró dos días. + +--¡Qué feo está el sol ahora, visto por entre las ramas de los árboles! + +--¿Quiere usted que nos volvamos a casa? + +--No, lléveme usted hacia el río. Tengo la cara ardiendo y quiero +refrescarla un poco con agua. + +Bajaron por los prados, llegaron al río, y allí la heredera de +Estrada-Rosa, contra las prescripciones de D. Santos, se echó agua al +rostro por largo rato. Después que se hubo secado ascendieron de nuevo +lentamente hacia la casa. + +--¿Cómo estoy ahora? Bien, ¿eh?... ¡Si viera usted cómo me aburro aquí! +No puedo más; todo esto me fatiga. Yo no nací para andar por los prados +como las vacas. A mí me gustan las ciudades, los salones, el lujo. +Quisiera viajear, como usted dice, por París, por Londres, por Viena. +Qué aburrido es Lancia, ¿verdad? ¡Aquellos eternos paseos del Bombé! +¡Aquel campo de San Francisco! ¡Aquella torre de la catedral tan negra y +tan triste! Luego siempre las mismas caras. La única persona divertida +de Lancia es usted... En cuanto le veo se me suelta la risa sin poderlo +remediar. ¿Por qué le llaman a usted Granate? Yo creo que el color de +usted más se parece al lapislázuli... ¿Usted habrá tenido esclavos allá +en América?... ¡Oh, cómo me gustaría a mí tener esclavos! ¡Es tan +fastidioso eso de pedir las cosas por favor! Pero no, en América, no; +hay fiebre amarilla... Preferiría ir a China. + +A medida que hablaba se iba exaltando, se emborrachaba con sus propias +palabras. Los pensamientos salían cada vez más incoherentes. D. Santos +trató de decir algo, pero se lo impidió ella tapándole la boca con la +mano. + +--Déjame hablar, hombre. ¿Te lo quieres decir todo tú? + +El indiano empezó a inquietarse. La exaltación de la joven iba en +aumento. Hablaba por los codos y le tuteaba rudamente. + +--Dame un cigarro. + +--¡Fernandita!... ¡Un cigarro!... Se va a usted a marear. + +--¡Silencio! ¿Qué dices ahí, tonto? ¡Marearme! Tú no sabes ya qué +inventar para fastidiarme. Dame un cigarro o te dejo ahí plantado. + +El indiano sacó la petaca: la gentil heredera tomó de ella una breva, le +arrancó con sus dientes etiópicos la punta y pidió por señas un fósforo. +Granate se lo ofreció encendido, sacudiendo al mismo tiempo la cabeza en +señal de disgusto. + +Cuando hubo dado dos o tres chupadas, puso un gesto avinagrado y +exclamó: + +--¡Qué cigarros tan infames! Mira, fúmatelo tú. + +Y se lo puso en la boca. + +No fue, no, avinagrado el gesto de Granate al chuparlo. + +--¡Ya lo creo que me lo fumaré!--exclamó sonriendo beatamente.--Me salen +a doscientos pesos el millar... Pero ahora, después de chuparlo usted, +vale un millón... + +--Vamos, no empieces a decir brutalidades. Llévame a casa... Esta luz me +marea. + +Llegaron hasta la corrada cogidos del brazo. Allí un pollastre les dijo +desde lejos: + +--¿Dónde van ustedes? La gente está en el bosque. + +--Dígale usted a la gente que me río de ella--respondió Fernanda con +gesto furioso que hizo sonreír al muchacho. + +--¿Tú no conoces la casa?--añadió bajando la voz y dirigiéndose a D. +Santos.--Pues voy a enseñártela toda. Verás. + +Subieron la mohosa y estropeada escalera. Fernanda, sin cerrar boca, fue +recorriendo todas las habitaciones del caserón y mostrándolas al +indiano. + +--¡Aquí está el célebre _cuarto de la condesa_!--exclamó con singular +entonación al llegar a él.--Vamos a entrar. Estoy cansada. + +Entraron y la joven cerró la puerta. + +--¿Qué hermoso, eh?... Éste es el cuarto más hermoso y más pícaro de la +casa. Si estos muebles se pusieran a contar secretos divertidos, no +concluirían nunca... Mira, dime pronto algo que me haga reír, porque si +no vas a ver cómo empiezo a llorar lo mismo que una colegiala... ¿Lo +ves? Ya estoy llorando... Siéntate ahí, gaznápiro... ¡Qué bonito chaleco +traes! ¡Qué bien dibuja la redondez de la panza!... Contempla esa cama. +Es grande, ¿eh? es ancha, es hermosa, es artística. Pues mira, yo la +quemaría... Por no sentarme en ella, voy a sentarme sobre tus +rodillas... + +Y así lo hizo. Granate al sentir aquella carga tan dulce quedó +enajenado, y con increíble audacia le pasó un brazo por la cintura. La +joven se alzó como si la hubiera pinchado. + +--¿Qué haces, bruto? ¿Crees que estamos en la manigua y soy alguna negra +cimarrona? + +Después de contemplarle un rato con ojos coléricos, su fisonomía se fue +serenando, sus labios se dilataron con sonrisa dulce. + +--¿Me quieres mucho? + +--¡Casi na!--dijo el indiano con acento picarón. + +--Pues vas a ser feliz un momento. Mira, te voy a permitir que me des un +beso... uno solo, ¿lo entiendes? Pero me has de jurar que no lo ha de +saber nadie... + +El indiano hizo un juramento espantoso. + +--Bueno, basta. Ahora, dame el beso aquí en la sien. El primero y el +último que me has de dar en tu vida... Espera un poco--añadió alzándose +otra vez.--Por este beso yo te he de dar cincuenta bofetadas en esos +carrillos azules... ¿Admites el trato? + +Granate consintió inmediatamente. La niña volvió a sentarse sobre sus +rodillas e inclinó la cabeza para recibir el beso. + +--¡Bueno, ahora llega mi turno!--exclamó con infantil +alegría.--Prepárate a recibir los bofetones... ¡Qué carrillos, Dios mío, +tan magníficos! ¿Ves que son azules?... Pues te los voy a poner +verdes... ¡Atención!... ¡Una!... La primera... ¡Dos!... La segunda... +¡Tres!... La tercera... ¡Cuatro!... ¡Cinco! + +La mano breve y torneada de la hermosa chasqueaba ruidosamente en las +carnosas mejillas del indiano. Los ojos de éste comenzaron a ponerse +encendidos y encarnizados, como los de un lobo, su sangre llameó +repentinamente y con brusco ademán la sujetó brutalmente por la cintura. + +Fernanda dejó escapar un grito ahogado. + +--¿Qué tienes?... ¿Por qué te enfadas?... ¡Déjame!... ¡Déjame, bruto! + +Luchó, forcejeó con desesperación, pero no logró desasirse... + +Al apartarse, la embriaguez había desaparecido por completo. Dirigió una +mirada vaga, extraviada, al indiano. Pero esta mirada adquirió súbito +expresión de espanto, se fijó en él como en un animal extraño que la +viniese a acometer. + +--¿Qué hace usted aquí?... ¡Ah, sí!--exclamó llevándose la mano a la +frente.--¡Dios mío! ¿Qué me pasa? ¿Estoy soñando?... + +Y volviendo a clavarle sus ojos irritados, amenazadores, le gritó con +rabia: + +--¿Qué hace usted ahí plantado? ¡Salga usted inmediatamente! ¡Salga +usted! ¡salga usted!--repitió con grito cada vez más alto. + +Pero cuando el indiano retrocedía ya hacia la puerta ella se lanza de +pronto fuera, sale disparada por los pasillos y, al llegar cerca de la +escalera, cae atacada de un síncope. + +La levantaron, la prodigaron mil cuidados. Al recobrar el sentido brotó +de sus ojos un raudal de lágrimas; no cesó de llorar en toda la tarde. +Cuando la comitiva se puso de nuevo en marcha hacia la población aún +seguía llorando. + +--¿Han visto ustedes qué vino más llorón tiene esta niña de +Estrada-Rosa?--decía riendo el capitán Núñez. + + + + +IX + +La mascarada. + + +Momentos antes de que la rosada aurora abriese de par en par las +ventanas del Oriente, Satanás, que amaneció de humor campechano, envió a +Lancia al más travieso y juguetón de los demonios con encargo de +despertarla. Batió sus negras alas el ministro de Averno sobre la ciudad +y lanzó una carcajada horrísona, estridente, que logró arrancar de las +profundidades del sueño a todos sus habitantes. Despertaron con unas +ganas atroces de reír, de alborotar, de burlarse de la autoridad +gubernativa, improvisar coplas y decir barbaridades. + +Uno de ellos, imaginamos que haya sido Jaime Moro, lo primero que hizo +al saltar de la cama fue llamar al criado y preguntarle con semblante +risueño si D. Nicanor, el bajo de la catedral, le había prestado al fin +su figle. El criado, sin responder, saliose un momento del cuarto y no +tardó en aparecer con un descomunal serpentón entre las manos. Y sin +respeto alguno a su amo aplicó los labios a la boquilla y produjo un +ruido temeroso semejante al rugido de un león. Moro, en calzoncillos +como estaba, hizo una pirueta y tres o cuatro zapatetas en señal de +íntimo regocijo, como si aquel ruido bárbaro hubiese tocado las fibras +más delicadas de su corazón. Después de probar por sí mismo a producir +idéntico rugido y cerciorarse de que era bien capaz, se vistió, se aliñó +y, tomando apresuradamente el desayuno, se salió a la calle liado en su +capa y debajo de ella el artefacto musical que tan gozoso le había +puesto. A cuantos encontraba detenía con guiño misterioso, y metiéndose +en el portal más próximo les mostraba, lleno de emoción, el contrabando +que traía oculto. Ninguno preguntaba lo que iba a hacer con él. +Sonreían, le apretaban la mano significativamente y solían preguntarle +al oído: + +--¿Para cuándo? + +--Esto para la noche, pero a las doce sale la carroza. + +--¿Se escaparán? + +--¡Ca! Están bien tomadas las medidas. + +Y seguía su camino, embozado hasta los ojos, porque hacía un frío de dos +mil diablos. + +Otros no se limitaban a sonreír y apretarle la mano, sino que en justa +correspondencia a su confianza sacaban con mano temblorosa de los +bolsillos del gabán o de lo interior de la gabardina algún instrumento +resonante también de menor categoría, una trompeta, un cuerno de caza, +una matraca. Moro aplaudía, alababa el instrumento sin hacer alarde de +su superioridad. Y proseguía con marcha oblicua y trabajosa, no hacia la +confitería de D.ª Romana, que era el término glorioso de sus +expediciones matinales, sino hacia casa de Paco Gómez. + +Resonaba ésta ya con los pasos agitados y el vocerío de una muchedumbre +de jóvenes diligentes. Todos ellos trabajaban con verdadero afán, con +ahínco que rara vez se ve en los talleres. Unos cortaban estandartes, +otros moldeaban caretas de cartón; quiénes pegaban letras negras a los +trasparentes de un farol; quiénes vestían primorosamente dos grandes +muñecos; quiénes, en fin, se ocupaban en desatascar las boquillas de +varios bombardinos y serpentones semejantes al que Moro llevaba. La +estancia era una inmensa sala destartalada. Paco Gómez habitaba el +palacio de un marqués que jamás había puesto los pies en Lancia, del +cual su padre era mayordomo. El implacable bromista presidía vigilante y +solícito los trabajos de sus compañeros, acudiendo a todas partes, +saliendo a cada momento para dar órdenes a los criados o para recibir +los mensajes que le enviaban. Nunca se le había visto tan afanoso. +Generalmente era displicente, y hasta en las bromas más premeditadas +mostraba cierta actitud desdeñosa, sincera o fingida, que le hacía más +temible. Ahora echaba todo el cuerpo fuera. Es que se trataba de la +farsa más estupenda y regocijada que había presenciado jamás la ciudad +de Lancia desde que los monjes de San Vicente habían venido a fundarla. +El motivo era que se casaba... (apenas si la pluma se atreve a +estamparlo) Fernanda Estrada-Rosa... se casaba... (vamos, que cuesta +trabajo decirlo) ¡se casaba con Granate! + +Desde la memorable escena de la Granja, Fernanda vivió en estupor +doloroso, en un abatimiento de alma y de cuerpo que alarmó a su padre. +Hizo llamar al médico. Éste no halló más que un desequilibrio nervioso; +se curaría con algún viajecito a la corte, con paseos y distracciones. +La niña se negó en absoluto a curarse por estos medios. Ni paseos, ni +teatro, ni tertulias, ni mucho menos pensar en hacer viaje alguno. Desde +su gabinete al comedor, desde aquí al cuarto de su padre, donde solía +permanecer breves instantes. No tenía fuerzas para subir al piso segundo +ni humor para enterarse de los trabajos de los criados y dirigirlos. +Cerrada en su habitación tampoco lo tenía para seguir labor alguna. Se +dejaba caer en una silla y permanecía larguísimo rato inmóvil con las +manos sobre las rodillas y los ojos extáticos. Algunas veces se ponía a +leer y, observando que no se hacía cargo de lo que el libro decía, +concluía por arrojarlo. Otras se asomaba al balcón y permanecía de +bruces sobre la baranda horas enteras con la vista fija en el espacio o +en un punto de la calle, sin ver a los transeúntes ni contestar al +saludo que muchos le dirigían, ni advertir siquiera la curiosidad de que +era blanco por parte de las vecinas. + +Mas he aquí que repentinamente se le antoja marcharse a Madrid. Fue +necesario preparar el viaje instantáneamente. Manifestó su deseo por la +mañana. Por la noche montaban padre e hija en la diligencia: con tal +ímpetu y palabras extremosas exigió la niña el viaje. Una vez en la +corte, cambió radicalmente su humor. Entregose con rabia, con pasión +desenfrenada a los placeres que brinda Madrid a una joven forastera, +rica y hermosa. Vivió dos meses en la embriaguez de los teatros, de los +paseos en coche, de los grandes saraos y conciertos. Acometida súbito +de una alegría nerviosa, parecía feliz enmedio del ruido y el tumulto de +la sociedad, donde empezó a conocérsela por el sobrenombre de _la +Africana_. + +Para que su vida fuese aún más alegre y aturdida le placía comer por los +_cafés_ y _restaurants_, como un mancebo disipado. D. Juan fluctuaba +entre el gozo de verla contenta y la incomodidad aguda que le producía +aquella vida desordenada, tan contraria a sus hábitos y edad. + +Una tarde, regresando del paseo del Prado, Fernanda estalló +repentinamente en sollozos. D. Juan quedó estupefacto, aterrado; en toda +la tarde no había cesado de reír aquella locuela burlándose de cierto +mancebito que seguía pertinazmente su coche. + +--¿Qué te pasa?... ¡Fernanda! ¡Hija mía! + +La niña no respondió. Con el pañuelo en los ojos, el cuerpo sacudido por +fuertes estremecimientos, lloraba cada vez más perdidamente. + +--¡Fernanda, por Dios, que la gente se está fijando! + +El llanto se iba convirtiendo en ataque de nervios. D. Juan ordenó al +cochero partir a escape a casa. Mas antes de llegar a ella, la joven +cesó de llorar y, levantando la cabeza con resolución, exclamó: + +--¡Papá, quiero marcharme a Lancia! + +--Bien, hija; nos iremos mañana. + +--No, no; quiero que nos vayamos ahora mismo. + +--Considera que no falta más que una hora para salir el tren. + +--Sobra tiempo. + +No hubo más remedio que meter apresuradamente la ropa en los baúles y +salir disparados a la estación. Sólo cuando el silbido de la locomotora +anunció la salida y comenzaron a correr por las llanuras áridas que +rodean a Madrid se calmaron un poco los nervios de la excitada niña. + +Al día siguiente de llegar a Lancia no fue a dar los buenos días a su +padre ni a tomar chocolate con él, como tenía por costumbre. Cuando ya +se disponía el viejo a llamarla, entra de repente en su habitación una +doméstica pálida y agitada. + +--¡La señorita se ha puesto muy mala! + +Corrió D. Juan al gabinete y la halló desencajada; lívida, por los +esfuerzos que unas violentísimas náuseas la obligaban a hacer. + +--¡Pronto! ¡A buscar el médico!--gritó el pobre padre. + +Fernanda hizo un gesto negativo y articuló débilmente: + +--No, que llamen al penitenciario. + +No hizo caso. Vino el médico y, después de examinarla detenidamente, +llamó a D. Juan aparte y le dijo: + +--Su hija de usted ha tomado una cantidad extraordinaria de láudano. + +--¿Para qué?--preguntó sin comprender. + +--Pues... para lo que se toman siempre esas cantidades... para +envenenarse. + +--¡Hija de mi alma! ¿qué has hecho?--gritó el desgraciado; y quiso +lanzarse de nuevo a la habitación de la joven. El médico le detuvo. + +--No corre peligro alguno. Ha devuelto todo el veneno, y con el +medicamento que voy a recetar quedará completamente tranquila. Lo que +importa ahora es que no repita. + +--¡Oh, no! Yo me encargo. + +Y corrió al cuarto de su hija. Pero no pudo arrancarle una palabra. La +niña se obstinaba en que viniese su confesor. Al fin fue por sí mismo a +llamarlo, y no tardó en aparecer con él. + +Mientras duró la confesión, D. Juan paseaba agitadamente por el amplio +corredor de la casa en espera, devorado por curiosidad ardiente, presa +de vagos y tristísimos presentimientos. Salió al fin el penitenciario, +quien sin responder a la muda interrogación que le dirigía con la vista, +tomole gravemente de la mano y le llevó en silencio hasta su propia +habitación, donde se encerraron. Cuando al cabo de una hora salieron, el +anciano banquero tenía las mejillas inflamadas, los blancos cabellos en +desorden y en los ojos señales de haber llorado. Despidió al canónigo +en la escalera y tornó a encerrarse en su despacho. Allí permaneció todo +el día y toda la noche, sin hacer caso de los recados que su hija le +mandó para que se llegase a verla. + +Fue el propio penitenciario quien se ofreció a hablar con Granate y +seguir las negociaciones. El indiano relinchó de gozo al saber de lo que +se trataba. Pero su naturaleza de aldeano astuto y la pasión de la +avaricia, que era la que hasta entonces le había dominado, alzaron la +cabeza. Cuando al otro día fue el canónigo a hablarle hallolo cambiado: +cerdeaba, gruñía, sacudía la cabeza, hablaba con palabras entrecortadas +del lujo con que habían criado a Fernanda, de los grandes gastos que el +matrimonio trae consigo. En resumidas cuentas, pedía una dote. El +penitenciario, que era hombre justificado y de genio vivo, no pudo +contenerse ante tal vileza y le llenó de denuestos. Pero esto era lo que +menos importaba a aquel rústico. Seguro de tener a D. Juan bajo sus +tacones, reía como un bestia, se rascaba la cabeza y dejaba escapar +algún dicharacho grosero que ponía aún más fuera de sí al canónigo. + +Cuando, haciendo grandes rodeos, éste enteró a D. Juan de lo que +ocurría, el desgraciado padre quiso volverse loco de desesperación e +ira. Se arrancaba los cabellos, vomitaba injurias atroces y hablaba de +dar un tiro a su hija y darse él otro enseguida. A duras penas logró +calmarle un poco. Entró, al fin, en razón, siguieron las negociaciones y +después de disputar como mercaderes el tanto y el cuanto de la dote, se +fijó al fin lo que había de ser, y Granate consintió en dar su mano de +sapo a la niña más preciosa que Lancia guardaba por aquella época. + +Pero faltaba la más negra. Faltaba decírselo a ella. Cuando le +anunciaron que se preparase a unir su suerte en plazo breve a la de D. +Santos, cayó presa de fuerte desmayo. Al salir de él declaró +rotundamente que no lo haría aunque la desollaran viva. Ni las +reflexiones de su confesor, ni la perspectiva de la deshonra, ni las +lágrimas de su padre consiguieron ablandarla. Sólo cuando vio a éste +frenético llevarse el cañón de un revólver a la sien para arrancarse la +vida se arrojó a detenerlo prometiendo hacer cuanto le mandase. Y he +aquí cómo quedó concertado en principio aquel matrimonio horrendo. + +Al tener noticia los nobles hijos de Lancia de tal concierto, el mismo +sentimiento de vergüenza se apoderó de todos ellos. Una ola inmensa de +rubor invadió las mejillas de aquel generoso vecindario. Esta ola solía +venir a Lancia y hacer los mismos estragos siempre que la suerte +favorecía a algún laciense más de lo justo. Si a uno le tocaba la +lotería, si a otro le daban un buen empleo, si el de más allá se casaba +con una mujer rica o adquiría gran caudal con su industria, o se hacía +famoso por su talento, la delicadeza exquisita de los habitantes de +Lancia se sobresaltaba y procuraba, rebajando el dinero, el talento, la +instrucción o la industria de su vecino, poner las cosas en su verdadero +sitio. Tal sentimiento puede equivocarse fácilmente con el de la +envidia. El verdadero observador comprendería, no obstante, al oírlos +disertar en las tertulias de las tiendas y en los corrillos de la calle, +que sólo el amor, acaso demasiado ardiente, a la justicia les obligaba a +minorar los méritos de su convecino y renunciar de este modo +generosamente a la parte de gloria que en ellos pudiera refluir por este +concepto. + +El matrimonio de Granate causó profundo estupor. Siguió al estupor un +grito de indignación. Nunca se colorearon tan vivamente las mejillas de +los lacienses como en aquel momento; ni siquiera cuando la prensa de +Madrid vino elogiando cierta comedia escrita por un hijo de la +población. ¡Qué de improperios, primero contra Granate, luego contra D. +Juan, después contra Fernanda! Singularmente los pollos se agitaban +convulsos, frenéticos; encontraban deficiente la legislación, que no +contenía medios de prohibir semejantes monstruosidades. Resultado de +todo fue que, para dar expansión a las fogosas emociones que la noticia +había despertado en su alma y para dar claro testimonio al mundo entero +del profundo disgusto que un matrimonio tan extravagante les causaba, la +juventud laciense dispuso una soberana farsa a cuyos comienzos +asistimos. + +Los interesados tuvieron noticia de ella y quisieron evadir el golpe, +primero ocultando el día en que se había de celebrar el matrimonio, +después celebrándolo fuera de la población. Pero no les valieron de nada +sus precauciones. Los pollos olfatearon que la ceremonia se celebraría +en los primeros días de Febrero, en la posesión que Estrada-Rosa poseía +a media legua de Lancia. Se colocaron espías en la calle de Altavilla y +en las inmediaciones de casa de Granate a fin de que no se escaparan; +sobornose a los criados; se trazaron por las cabezas más fecundas de la +ciudad mil planes ingeniosos para vejar a los novios. Como coincidió con +estos preparativos el Carnaval, resolvieron aprovecharlo para dar el +primer golpe con una gran mascarada burlesca, que salió el domingo a las +doce de casa de Paco Gómez recorriendo las calles. En una carroza tirada +por cuatro bueyes vestidos con percalina roja, sus cuernos adornados con +ramaje, venían tres máscaras, queriendo figurar una a Fernanda +Estrada-Rosa, otra a su padre y otra a Granate. Este último traía un +sombrero de cuernos. De vez en cuando se paraba la carroza y ejecutaban +una farsa ridícula y grosera que hacía bramar de regocijo a los curiosos +que en torno se reunían. Fernanda besaba con trasportes de entusiasmo a +Granate; éste, como más pequeño, la abrazaba por más abajo de la +cintura, y mientras tanto D. Juan hacía sonar riendo una bolsa de +dinero. De vez en cuando, del fondo de la carroza salía rápidamente otro +máscara que quería representar al conde de Onís, daba un beso a +Fernanda, se lo devolvía ésta a espaldas de Granate, y tornaba a +ocultarse con la misma celeridad. + +Como quiera que esta payasada se ejecutó en la calle de Altavilla, +delante de la misma casa de Estrada-Rosa, el escándalo fue enorme, el +gentío que la presenciaba inmenso. D. Juan, en el paroxismo de la ira, +dio parte al gobernador, grande amigo suyo, y resolvió partir al día +siguiente con Fernanda. Los jóvenes maleantes, que prevían esta +determinación, ya tenían urdido el medio de hacerla ineficaz, +preparando, como hemos visto, una grandiosa cencerrada para la noche. +Era anticipada porque aún no se habían casado, pero de ningún modo +querían que se escapasen sin ella. Armados, pues, de cuantos +instrumentos ruidosos pudieron haber, con grandes trasparentes, donde +aparecían pintadas las mismas grotescas figuras de la carroza con +bestiales leyendas debajo, y teas en las manos, se congregaron más de +trescientos muchachos en Altavilla, y alrededor de ellos media +población que los alentaba con sus carcajadas. El estruendo era +horrísono. De vez en cuando cesaba y una voz lanzaba al aire alguna +copla indecente, que era celebrada con rugidos de alegría, creciendo +tanto y tanto la algazara, que el mundo se venía abajo. El teniente +Rubio, siempre original, trepó por las cornisas de la capilla de San +Fructuoso, situada casi enfrente de la casa de Estrada-Rosa, y comenzó a +repicar la campana. Paco Gómez iba solapadamente de uno en otro grupo +apuntando las coplitas más dañinas para que las repitiese en alta voz el +que la tuviese más recia. Moro hacía sonar su famoso serpentón hasta +echar los pulmones, mientras el marica de Sierra, que había sido uno de +los más activos promovedores de la cencerrada, se metía traidoramente en +casa de D. Juan, vendiéndose como amigo fiel, para espiar en realidad lo +que allí pasaba. + +Pero el jefe político de la provincia pensó que era ya hora de oficiar +de Neptuno y componer las olas irritadas. Cuando la cencerrada se +hallaba en su período álgido, envió a Altavilla a Ñola, cabo de los +guardias municipales, acompañado de dos números, que resultaron ser +Lucas el Florón y Pepe la Mota, con encargo de apaciguar el escándalo y +despejar la calle. Los lacienses estaban avezados de antiguo a no +reconocer el origen divino de la autoridad cuando Ñola, el Florón o +Pepe la Mota se empeñaban en representarla. Y no sólo ponían en duda su +legitimidad, sino que en cuanto de lejos los columbraban, soplaba en su +espíritu el viento de la rebelión y lo encrespaba. ¿Consistía esto en +que los lacienses estuviesen predestinados por los ciegos impulsos de su +naturaleza a conspirar contra el orden establecido? No es verosímil. +Ninguno de los historiadores de Lancia han señalado como carácter +distintivo de aquella raza la oposición a las instituciones. Es más +natural suponer que lo que les indignaba tan profundamente y les +inclinaba a la conjuración era la nariz de Ñola, del tamaño de un botón +de timbre eléctrico, la voz aguardentosa de Lucas el Florón y las +piernas monstruosamente arqueadas de Pepe la Mota. + +De sobra conocían estos respetables agentes del poder gubernativo las +tendencias anárquicas que algunas veces manifestaba el vecindario de +Lancia. Pero lo que no sospechaban siquiera al introducirse incautamente +entre la muchedumbre, de Altavilla fue que habían de salir de allí sin +bastón, sin sable, sin kepis y con las mejillas abofeteadas. Así estaba +escrito, sin embargo. + +El jefe político no quiso conformarse con los inescrutables fallos de +Dios, y montando en cólera hizo llamar inmediatamente al teniente de la +guardia civil y le envió a vengar con ocho números a los infortunados +Ñola, Lucas el Florón y Pepe la Mota. + +Envalentonados con la victoria pasada los graciosos de Altavilla, +trataron de resistir. Entonces el teniente, a quien devoraba el fuego de +la guerra, mandó desenvainar los sables, y sonriendo ferozmente, cargó +sobre la muchedumbre como un jabalí indomable. + +Al verlo, un vivo estremecimiento corrió por los miembros de cada uno de +los lacienses. Hubo tendencias a retirarse del campo de batalla; pero no +faltó en aquel momento quien animase su corazón intrépido ofreciéndoles +la perspectiva engañosa de la victoria. + +--¡Fuera los civiles! ¡Abajo los tricornios! ¡Muera el patatero! + +Tales fueron los gritos sediciosos que se escaparon de los pechos de +aquella juventud temeraria. + +Y en el mismo punto volaron algunas piedras. Los trompones, los +bombardinos, los cornetines de pistón cuya voz armoniosa tantas mazurkas +habían cantado en el seno de la paz, trasformados repentinamente en +instrumentos de guerra, brillaron siniestros a la luz de las antorchas. +El tricornio del teniente cayó vergonzosamente al suelo a impulso de uno +de ellos. Lo recoge. Su corazón de guerrero se estremece, un círculo de +espuma se forma en torno de sus labios y se lanza al combate con los +ojos inflamados, respirando exterminio. + +Entonces, bajo el imperio de su fuerza incontrastable, los jóvenes +héroes de Lancia se replegaron dando fuertes gritos amenazadores. Los +sables de los civiles comenzaron a sonar de plano en las espaldas de +algunos. La retirada se convirtió en huida muy pronto. Tal como un +rebaño de ciervos huye y se desbanda perseguido por los chacales, así +los hijos generosos de Lancia huyeron aquella noche memorable, +perseguidos por los civiles sedientos de sangre. El suelo quedó sembrado +de instrumentos de bronce, testigos de la afrenta. El indomable teniente +paseó largo rato su furor por las calles, animando con vivas +interjecciones a sus huestes, lanzándolas en persecución de los rebeldes +como un cazador lanza su jauría en persecución de un venado. Así fue +como Paco Gómez, seguido tenazmente por los tricornios, se vio en la +precisión, para escapar a un cintarazo, de meterse por el escaparate de +la confitería de D.ª Romana, cayendo de bruces sobre una fuente de +huevos moles y destruyendo por completo una magnífica tarta de borraja +destinada al chantre de la catedral. Así fue también como Jaime Moro, +después de perder en la refriega el serpentón de don Nicanor, estuvo a +punto de ser inmolado por el sable resplandeciente de un civil. Sólo por +haber tomado la precaución de bajar la cabeza cuando éste le tiró el +golpe evitó la efusión de sangre. El sable fue a chocar con la pared de +una casa, haciendo no poco estrago en ella. Meses después, Moro enseñaba +el trozo descascarillado como un trofeo a los amigos forasteros que +venían a Lancia; y al recordar sus proezas y peligros en aquella noche +gloriosa, una suave alegría descendía a su corazón heroico. + +Otros muchos miembros de aquella juventud magnánima experimentaron +desperfectos de consideración en su economía, unos por el influjo de los +sables, los más por las caídas y los choques que resultaron de la +desbandada. La victoria no fue, sin embargo, gratuita para los agentes +del gobierno. Aparte del fracaso del tricornio del teniente y de algunas +contusiones de sus subordinados, el poder constituido sufrió un +importante revés en la persona de uno de sus más antiguos +representantes, en la persona de Ñola, cabo de municipales. Ya sabemos +que este personaje, enteramente impopular en Lancia, a causa de la +cortedad, y aún más de la redondez excesiva de su nariz, había perdido +en la primera escaramuza el kepis, el sable y el honor de sus mejillas. +La cólera y la venganza se enseñorearon de su corazón. Nada podía hacer, +sin embargo, para apagarlas, porque se hallaba privado de todo medio +coercitivo. Pero en vez de retirarse prudentemente al soportal de las +Consistoriales, como hicieron sus compañeros Lucas el Florón y Pepe la +Mota, quedose enmedio de la calle contemplando con ansiedad la batalla. +Al ver que se decidía en favor de las instituciones que él representaba, +la alegría se desbordó ruidosamente de su pecho municipal. + +--¡Bien por los guardias! ¡Duro en ellos! ¡Rajarme esa canalla! ¡A ver +si escarmienta de una vez esa pillería! + +Tales eran los gritos belicosos que salían de su garganta. Sin embargo, +cuando menos podía esperarse, dado que los enemigos huían en completo +desorden, vino a estrellarse contra el botón de su nariz un cuerpo duro +de superficie lisa y compacta que resultó ser un trozo de cal +hidráulica. Todos los timbres de su cerebro sonaron a un tiempo. No +pudiendo sufrir tanto estrépito, vino al suelo privado de conocimiento. +Su pecho magnánimo sólo tuvo fuerzas para exhalar una queja melancólica. + +--¡Recongrio, me han escuaernao esos sinvergüenzas! + +Así cayó aquel baluarte poderoso del orden, aquel varón esforzado que en +sus luchas incesantes con la pillería de los arrabales tantas veces +había caminado por la senda de la victoria. Levantáronlo y lo metieron +en la botica de don Matías, que estaba próxima. Desde allí lo condujeron +poco después al hospital. La ciudad perdió por algunos días su escudo +protector. Porque ni Lucas el Florón ni Pepe la Mota podían competir en +energía con Ñola. + +Mientras tales sucesos se efectuaban en Altavilla y en las calles +adyacentes, D. Juan Estrada-Rosa, presa de irritación indescriptible, se +paseaba agitadamente por su gabinete mesándose los cabellos. Los +consuelos hipócritas del marica de Sierra no lograban calmarle. Hablaba +de salir a la calle y arrojarse sobre la insolente muchedumbre. + +--¡Qué les habrá hecho mi pobre hija!--exclamaba con voz temblorosa, +próximo a sollozar. + +Fernanda se había retirado a su habitación temprano y se había metido en +la cama. Si la sorprendió la algazara que sonaba en la calle o contaba +ya con ella, no es fácil saberlo. Cuando D. Juan, después de adoptar una +violenta resolución, subió a despertarla, al encender la luz hallola con +los ojos secos y brillantes, sin apariencias de haber dormido ni de +haber llorado. Hizo que se vistiese a toda prisa, y dando orden a los +criados para que tuviesen encendidas todas las luces de la casa a fin de +engañar a los de afuera, salió con ella por la puerta de la cochera, +que daba a un callejón solitario. Los acompañaba únicamente Manuel +Antonio. Dirigiéronse por las calles más extraviadas a casa del +Jubilado. Una vez allí, se pasó un recado a don Santos para que se +presentase inmediatamente; otro al penitenciario. Cuando ambos +acudieron, el padre, la hija y estos dos señores, Manuel Antonio y +Jovita Mateo salieron ocultamente de Lancia por la carretera de +Castilla. Después de caminar un rato esperaron el coche que don Juan +había mandado venir. Acomodáronse los seis como pudieron en la +carretela, echando a Manuel Antonio al pescante. Media hora después +estaban en la posesión del banquero. Alzose apresuradamente un altarcito +en el salón principal de la casa, y antes de que amaneciese, el +penitenciario bendijo la unión de los prometidos. + +Fernanda no había despegado los labios durante el camino. El mismo +silencio cuando se hacían los preparativos para la solemnidad. Parecía +tranquila, en un estado de indiferencia absoluta o, por mejor decir, de +soñolencia, como la persona a quien se arranca violentamente del sueño y +tarda en darse cuenta de lo que pasa en torno suyo. Pero tal estado +letárgico continuó después de pronunciar el sí ante el altar. Ni la +plática afectuosa y elocuente del penitenciario, ni las bromas +incesantes de Manuel Antonio mientras tomaban el desayuno, ni las +caricias de Jovita, ni la alegría afectada, ruidosa, de su padre +lograban sacarla de su extraña distracción. Clareaba el día, un día +triste, nublado, que se filtraba melancólicamente por los cristales. +Todos hacían esfuerzos por parecer alegres; se hablaba en voz alta, se +reía comentando la torpeza del criado, el miedo de Manuel Antonio a +volcar. + +Traslucíase, no obstante, una gran tristeza. Cuando la conversación se +interrumpía, las frentes se arrugaban, los semblantes se oscurecían. Al +entablarla de nuevo, las palabras resonaban lúgubremente en el lujoso +comedor. + +La novia se retiró para cambiar de traje. Poco después apareció de +nuevo, con el mismo semblante impasible. Según los planes de D. Juan, +debían irse inmediatamente para tomar en un pueblo próximo la silla de +posta. Los indecentes de Lancia quedarían de este modo chasqueados. +Cuando bajaron al jardín, donde esperaba el coche, caía una lluvia +menuda y fría. Fernanda besó a su padre y entró en el coche. El pobre +anciano, al recibir aquel beso en la mejilla, pensó que una corriente de +aire frío entraba por ella paralizando sus miembros y helándole el +corazón. + +El látigo chasquea. «Adiós, Fernanda; abrígate, Fernanda. Adiós, Santos. +Que vengan ustedes pronto.» Ya están en camino. Antes de una hora +llegan a Meres, esperan la diligencia y suben en ella. El mismo silencio +obstinado por parte de Fernanda. Las atenciones de Granate no le +arrancan ni una sonrisa ni una palabra de gracias; sus ademanes +grotescos y los desatinos que de vez en cuando deja escapar tampoco +hacen surgir en el semblante marmóreo de la joven un gesto de fatiga o +disgusto. A ratos dormita, a ratos contempla con ojos atónitos el +paisaje. Cuando llegaron a las inmediaciones de León era ya noche. + +Pero ¿qué ocurre en León? Al llegar a la plazoleta donde cambia el tiro +la diligencia descubren gran golpe de gente, escuchan voces desaforadas, +ruido desacordado de instrumentos de música, tañido de cencerros. Y ven +alzarse sobre la muchedumbre algunos trasparentes pintados. + +Paco Gómez, fecundo en trazas más que Ulises, había escrito a algunos +amigos de León tiempo atrás invitándoles a disponer una cencerrada para +cuando Granate y su esposa pasasen por allí. La colonia de Lancia, que +es numerosa en León, secundó admirablemente los planes de su paisano. +Todo lo tenían preparado. Sin embargo, estos preparativos no hubieran +servido de nada sin la traición de Manuel Antonio, que al llegar a +Lancia notició secretamente a Paco lo que pasaba. Éste aprovechó el +telégrafo, recién instalado, y se puso en comunicación con sus +secuaces. + +Fernanda tardó en darse cuenta de que aquella algazara iba contra ella. +Cuando, por algunos gritos que llegaron a sus oídos, vino en +conocimiento de ello, empalideció, sus ojos se dilataron y, dando un +grito, precipitose a la ventanilla para arrojarse fuera. Granate la +detuvo sujetándola por la cintura. La joven luchó algunos momentos con +furor; pero no pudiendo desprenderse de aquellos brazos cortos y +membrudos de oso, se dejó caer al fin en el asiento, llevose las manos a +la cara y rompió a sollozar. + +--¡Dios mío, ha sido grande el pecado, pero qué castigo tan terrible! + + + + +X + +Cinco años después. + + +Trascurrieron cinco años. La noble ciudad de Lancia ha cambiado poco en +su exterior y menos aún en sus costumbres. Unas cuantas casas-grilleras +con adornos de mazapán alzadas por el oro indiano en las inmediaciones +del parque de San Francisco; varios trozos de acera en calles que jamás +la poseyeran; tres faroles más en la plaza de la Constitución; un +guardia municipal suplementario, que debe su existencia no tanto a las +necesidades del servicio como a las pasiones del alcalde, varón de +excelsos pensamientos, consagrados casi enteramente a Venus, que premia +las condescendencias de Vulcano con el presupuesto municipal; en el +paseo del Bombé algunas estatuas de bronce con el ropaje caído, que +produjeron grave escándalo a su erección, haciendo pregonar al +magistrado Saleta en la tertulia del maestrante que «la media desnudez +era cien veces más incitante que la completa;» en las cabezas de +nuestros maduros conocidos algunas hebras de plata, y en el semblante +radioso como el arco iris de Manuel Antonio, el más seductor de los +hijos de la ínclita ciudad, signos ya evidentes de que su belleza pronto +se desvanecerá como un sueño feliz al soplo glacial de la mañana, como +los copos de nieve que caen suavemente en el silencio de un día triste +de invierno. + +La misma vida vegetativa, brumosa, soñolienta; las mismas tertulias en +las trastiendas libando con deleite la miel de la murmuración. Los +apodos soeces pesando siempre como losa de plomo sobre la felicidad de +algunas respetables familias. En el Bombé, las tardes de sol, los mismos +grupos de clérigos y militares paseando desplegados en ala. Las enormes +campanas de la basílica tañendo invariablemente a horas fijas. Las +viejas devotas caminando con planta presurosa al rosario o a la novena. +El canto monótono de los canónigos resonando profundamente en la soledad +de las altas bóvedas. En Altavilla, a la hora del crepúsculo, los +eternos corros de jóvenes alegres, riendo mucho, hablando alto y +abriéndose amenudo para dejar paso a alguna costurera espiritual o +criada de carnes opulentas a quienes rinden homenaje con los ojos, con +la palabra y no pocas veces con las manos. Y allá, en lo alto del +firmamento, iguales corros de nubes pardas y tristes amontonándose en +silencio sobre la vetusta catedral, para escuchar en las noches +melancólicas de otoño los lamentos del viento al cruzar la alta flecha +calada de la torre. + +Estamos en Noviembre. El conde de Onís acostumbra a pasear a caballo lo +mismo en los días claros que en los oscuros. Cada vez menos le place la +compañía de los hombres. Su carácter se ha hecho más receloso y +melancólico. El pecado aniquiló los débiles gérmenes de alegría que la +naturaleza había depositado en su corazón. El temperamento sombrío, +extravagante, fanático de los Gayoso se ha ido exaltando en él poco a +poco con el roer incesante del remordimiento; ha trastornado su +imaginación, ha enervado su escasa actividad y ennegrecido su +existencia. + +Le molestan los hombres. En todas las miradas piensa ver hostilidad; en +las frases más inocentes, alguna aviesa intención que hace hervir su +sangre de coraje. No osa entrar en los templos, ni siquiera se deja +caer de rodillas, como antes, frente al sangriento crucifijo del cuarto +de su madre. Si oye hablar del infierno se estremece y huye. Envía +cuantiosas limosnas a las iglesias; encarga misas que no oye; pone +cirios a las imágenes, y en el secreto de su habitación se entretiene a +veces puerilmente en preguntar a la suerte, echando una moneda al aire, +si se condenará eternamente o irá tan sólo al purgatorio. Cuando llega a +sus oídos el canto de los sacerdotes que acompañan a un entierro, +empalidece, tiembla y se tapa los oídos. Por la noche se despierta +amenudo sobresaltado, con un sudor frío, gritando miserablemente: «¡Hay +que morir! ¡hay que morir!» + +Por largo tiempo vivió casi en absoluto retirado, sin salir más que +cuando se lo ordenaba aquella voluntad que había logrado señorear la +suya. Después, como sufriese demasiado, temiendo que sus negros +pensamientos acabasen con su razón, le dio por recorrer los contornos a +pie o a caballo, hasta fatigarse. El cansancio corporal prestaba +descanso a su espíritu; el espectáculo de la naturaleza serenaba su +atormentada imaginación. + +Era un tarde fría y oscura. Las nubes pesan amontonadas sobre las +colinas que cierran el horizonte por el Norte, y ocultan las altas +montañas de Lorrín que se extienden como una cortina lejana por el +Oeste. Han caído fuertes chubascos que convirtieron en laguna la parte +baja de la ciudad y en lodazales las carreteras que de ella parten. +Apesar de esto el conde manda ensillar su caballo, sale de Lancia por la +carretera de Castilla, y galopa entre torbellinos de lodo al través de +las praderas y los bosques de castaños. Las hojas amarillentas de los +árboles, lavadas por la lluvia, brillan como monedas de oro; mil +arroyuelos serpean vacilantes por la falda de la colina y van a +depositar sus aguas en la llanura, que se dilata verde y mojada con +suaves ondulaciones. Una franja más oscura señala el cauce del Lora, que +se oculta misterioso bajo sus mimbreras y espesas filas de alisos. + +El conde, con la cabeza, echada hacia atrás, los ojos medio cerrados, +aspiraba con delicia el fresco húmedo de la tarde. La carretera +flanqueaba la colina en suave declive. Antes de trasponerla y perder de +vista la ciudad, detuvo el caballo y echó una mirada atrás. Lancia era +un montón, no grande, de techos rojos, sobre los que resaltaba la flecha +oscura de la catedral. Debajo percibió una mancha amarilla, el bosque de +robles de la Granja. Más abajo las torrecillas anaranjadas de su casa +solariega. + +La lluvia ha cesado. Un viento frío barre las nubes y las precipita +detrás de los montes. El firmamento se despliega trasparente con el +pálido azul de los días de otoño. Algunas estrellas apuntan ya como +diamantes en el horizonte. Los árboles, las montañas, los arroyos, el +valle cubierto de su verde tapiz brillan indecisos bajo la tenue +claridad del crepúsculo. + +El conde pone de nuevo su caballo al galope y desciende velozmente por +el flanco de la colina que oculta a Lancia. El viento oprime sus sienes, +zumba en sus oídos produciéndole una dulce embriaguez que disipa las +negras nubes de su imaginación. Por la enlodada carretera no encuentra +sino algún hato de ganado, algún trajinante con su recua, o carro tirado +pausadamente por bueyes, en el fondo del cual duerme descuidadamente el +carretero. Mas antes de trasponer un recodo, cree escuchar rumor lejano +de ruedas y campanillas. Es la silla de posta que llega al anochecer a +Lancia. Al cruzar a su lado dirige una mirada distraída al fondo, y +chocan sus ojos con otros grandes y lucientes. Siente un estremecimiento +eléctrico, vuelve la cabeza con presteza, pero sólo percibe ya la +trasera de la silla que se aleja. Tira de las riendas al caballo y la +sigue: a los pocos momentos se detiene avergonzado y prosigue su marcha. + +¿Sería Fernanda? Una sensación fugaz, pero muy clara, se lo decía. Sin +embargo, pudo haberse equivocado. Ninguna noticia tenía de su llegada. +Sabía que se quedara viuda hacía unos meses. Granate había rodado al +fin como un buey bajo el golpe de la apoplejía. Pero al mismo tiempo era +válida la voz de que la viuda del indiano aborrecía de muerte a Lancia +desde la humillante farsa con que sus compatriotas la habían regalado al +casarse. El hecho de no haber venido cuando la muerte de su padre, +acaecida el año anterior, lo dejaba bien probado. + +El conde pensó algunos momentos en esto; al cabo se le borró de la +mente; le distrajo una nube violada y espesa que avanzaba hacia el zenit +presagiando nuevo chubasco. Pero en el fondo de su espíritu quedó algo +indeterminado y dulce que le puso de buen humor. Revolvió el caballo y +llegó a Lancia ya bien de noche, chorreando y cubierto de lodo, pero el +corazón ligero y alegre sin saber por qué. + +Fernanda no vaciló un instante. Lo vio y lo conoció tan claramente que +pudo hasta advertir las señales que el tiempo y los cuidados habían +impreso en su semblante. Le pareció más viejo; creyó ver en su luenga +barba rubia algunos mechones plateados. Al mismo tiempo en sus ojos, +posados un instante sobre ella, adivinó el sufrimiento, el hastío, algo +triste, que le impresionó alegremente. El recuerdo de su antiguo novio +había vivido siempre en el fondo de su pecho. Ni la traición, ni el +desdén, ni las mil distracciones a que se arrojó en la vida frívola y +bulliciosa de París, habían logrado arrancarlo de allí. Si le hubiera +hallado satisfecho, en la plenitud de su fuerza y salud, no habría +sentido aquel soplo dulce que la acarició un instante. En tal alegría +maligna había el rencor inextinguible de la mujer desdeñada, pero +también algo alado, sonoro, vaporoso, como la esperanza, que cantó y rió +en su alma y disipó los negros pensamientos que se acumulaban sobre su +frente. + +La necesidad, no su querer, la obligaban a volver a Lancia, donde había +jurado no poner los pies nunca más. Su marido tenía hecho testamento a +su favor. Los hermanos de aquél lo impugnaban. Se había entablado un +pleito, que ganó en primera instancia. Venía acompañada de una antigua +sirviente de su padre, trasformada en dama de compañía, y de un +mayordomo. Desde Madrid había telegrafiado a una prima, y ésta, en unión +con Manuel Antonio, dos de las niñas de Mateo y algunas amigas más, la +esperaban en la mal empedrada plazoleta del Correo, donde paraba la +diligencia. Y vengan de abrazos y achuchones y besos, y vayan de +preguntas y exclamaciones y lágrimas. La ofendida heredera de +Estrada-Rosa no había imaginado sentir tal alegría al poner la planta en +su pueblo natal. + +Sus amigas la llevaron abrazada, casi en volandas, hasta casa. Allí se +despidieron todas, menos Emilita Mateo, a quien Fernanda hizo una seña +para que se quedase. Las dos amigas ascendieron lentamente, cogidas por +la cintura, aquella escalera, amplia, encerada, que tantas veces sus +pies menudos de niña habían pisado. No tardaron en encerrarse en el +antiguo gabinete de la hija de Estrada-Rosa para saborear la hora de las +dulces confidencias. Entre besos y sonrisas y protestas de fiel amistad +se contaron su vida durante aquellos cinco años. Fernanda hablaba de su +difunto marido con una compasión que quería ser triste y resultaba +altamente despreciativa. Vivió con él en una suerte de antagonismo de +ideas, de gustos y deseos, que los mantuvo constantemente alejados. Ni +fue feliz ni desgraciada. Fueron cinco años de aturdimiento en que +desfilaron ante su vista calles populosas, teatros resplandecientes, +hoteles magníficos, salones de baile, trajes deslumbradores, muchos +conocidos y ningún amigo. Su marido se plegaba a sus caprichos a la +fuerza, como un oso indómito que obedeciese gruñendo al palo del +domador. Habían tenido una niña, que se murió a los cuatro meses. + +La juguetona Emilia fue muy desgraciada en su matrimonio. Núñez había +salido un _perdis_. Ya lo sabía Fernanda, pero vagamente. En cartas no +es fácil descender a ciertos significativos pormenores. Al principio muy +bien, pero luego las malas compañías le habían echado a perder. Le dio +por el juego primero, después por la bebida, últimamente por las +mujeres. Esto último era lo que más sentía Emilia. Todo se lo perdonaba +de buen grado: que viniese borracho a las tantas de la madrugada, que le +empeñase los pendientes, los cubiertos, hasta el capuchón de abrigo; lo +que no podía sufrir era que se le viese entrar en casa de una perdida +que vivía en la calle de Cerrajerías. Al decir esto la hija del Jubilado +soltaba un torrente de lágrimas. Apenaba más verla llorar, por la +alegría revoltosa que siempre fue el distintivo de su carácter. Fernanda +la acariciaba tiernamente y compartía sus lágrimas. Al cabo de un rato +de silencio le preguntó: + +--Pero ¿tú le sigues queriendo? + +--¡Sí, hija, sí!--exclamó con rabia.--No lo puedo remediar. Cada vez +estoy más ciega por él. + +--¡Vaya por Dios! Tu pobre padre estará también disgustadísimo. + +--¡Figúrate!... Y lo peor es--añadió llorando amargamente--que ahora +volvió a su manía antigua contra el ejército... Dice cosas horribles de +los militares... ¡Sí, sí, horribles!... En cuanto yo entro por casa +empieza a disparatar, nada más que por mortificarme... Mis hermanas le +apoyan... Nos llaman holgazanes y dicen... dicen que se debe reducir el +contingente... + +Al llegar aquí, los sollozos rompían el tierno pecho de la esposa de +Núñez. Fernanda, que también lloraba viéndola tan afligida, no pudo +menos de sonreír. + +--¡Tus hermanas también! + +--¡Ya lo creo!... ¡Todos, todos desean que se reduzca!... + +Cuando la hija de Estrada-Rosa le hubo demostrado que no era tan fácil +como parecía la reducción de las fuerzas de tierra, su espíritu se +serenó al fin poco a poco. Luego concertaron ambas dar una sorpresa a la +sociedad laciense. Fernanda se presentaría aquella noche sin previo +anuncio en la tertulia de Quiñones. Una alegría infantil se apoderó de +ambas con este proyecto. Así que le dieron forma, despidiose Emilita, +prometiendo volver enseguida a buscar a su amiga. + +Eran las diez de la noche cuando subían ambas los peldaños de piedra, +que rezumaban siempre por la humedad, de la vasta escalera señorial de +los Quiñones. + +Al llegar arriba Emilita prohibió al criado que las anunciase. Ella +misma abrió la puerta del salón y empujó a Fernanda hacia adentro. + +Fue una aparición que dejó extáticos por un instante a los tertulios. La +hija de Estrada-Rosa, lucía un traje elegantísimo recién salido del +taller de una de las más afamadas modistas de París. Su belleza, de la +cual sus compatriotas no conocían más que el delicado botón, se había +convertido en rosa espléndida en los cinco años de vida refinada y +elegante. Maravillosa por la arrogancia de su talle, por el brillo de +sus grandes ojos africanos, por la delicadeza de su cutis, la hermosura +de Fernanda había adquirido en París su complemento necesario, la +gracia, el noble y sencillo ademán, el gusto para vestirse, la suprema +distinción que en Lancia no hubiera logrado jamás. Su traje negro de +seda dejaba descubiertos pecho y espalda. Algunas carreras de perlas +tejidas entre los cabellos componían todo el adorno de su cabeza. + +Amalia fue la primera que la vio, y su sangre fluyó de repente al +corazón. Repuesta inmediatamente, corrió a saludarla. + +--¡Oh! Ya sabía que usted había llegado; pero no imaginé que fuese tan +amable... + +Ambas se miraron a los ojos y se declararon, con un chispazo, el odio +que ardía en el fondo de sus almas. Pero habían cambiado las +circunstancias. Amalia era cinco años atrás la dama más elegante y +distinguida de la población, la única cuyo porte y refinamiento de +costumbres trascendía a otra esfera más culta y espiritual. Fernanda la +aventajaba ahora infinitamente. Aquélla había envejecido de modo +ostensible. Entre sus cabellos se veían ya bastantes hebras plateadas; +su tez, siempre pálida, había perdido toda su frescura; además, había +perdido el deseo y el gusto para vestirse, se había ido plegando poco a +poco bajo la presión de la sociedad ordinaria y cursi que la rodeaba, +adaptándose a ella y descuidándose más y más de su persona. El contraste +era, por lo tanto, más vivo. Bien lo advirtió la noble esposa del +maestrante y se sintió humillada hasta el fondo de su ser. Una sonrisa +de despecho contrajo sus labios mientras cambiaba con Fernanda los +obligados saludos. Ésta gozaba de su triunfo con grave y serena alegría. + +Las damas rodeáronla inmediatamente. Fue un diluvio de besos y abrazos +acompañados de vivas exclamaciones de gozo. Los hombres, que formaban +círculo detrás, avanzaron también sus manos y estrecharon con efusión la +de la hermosa viajera. Y entre tanto pláceme y tanta frase +congratulatoria, o por olvido o por vergüenza, nadie osaba hacer alusión +a la desgracia que la joven había experimentado algunos meses atrás; ni +el más mínimo recuerdo para el oso colorado que dormía su sueño eterno +en un cementerio de París. Tan sólo cuando la efervescencia de los +saludos hubo calmado, Amalia la cogió sonriente las manos y exclamó +mirándola de arriba abajo: + +--¡Sabe usted que son muy elegantes los trajes de duelo en París! + +Fernanda hizo una mueca de desdén. + +--Poco importa el vestido si se lleva el duelo en el corazón--apuntó +María Josefa, que en los cinco años trascurridos había aguzado +prodigiosamente el filo, el contrafilo y la punta de su lengua. + +Las mejillas de Fernanda se tiñeron de carmín. Se avergonzó como si +fuese un delito no sentir la pérdida de _Granate_. Luego, irritada por +aquella hostilidad, estuvo a punto de mostrar violentamente su enojo. +Volvió la espalda y se puso a hablar con otras damas. + +En aquel momento el conde de Onís salió del gabinete y vino a saludarla. +Le tendió la mano con afectuosa sonrisa. Ella le entregó la suya de un +modo glacial, separando rápidamente la mirada. Sin embargo, pudo +advertirse alrededor de sus ojos un círculo pálido que denunciaba la +emoción. Para disimularla se encaminó al gabinete, diciendo con afectada +ligereza que la dejasen libre, que a quien tenía más gana de ver era a +D. Pedro. + +El noble maestrante yacía en su sillón con los naipes en la mano. Sus +cabellos y su barba estaban más blancos, pero tan erizados e indómitos. +Sus facciones enérgicas parecían más acentuadas; sus ojos hundidos +brillaban con fulgor más delirante. Al mover con trabajo aquel gran +torso atlético desprovisto de base los rasgos de su fisonomía se +contraían con expresión de feroz impotencia que inspiraba tristeza y +miedo. Pero si su cuerpo se abatía a ojos vistas, alzábase su orgullo +cada vez con más brío. Todos los días crecía un poco el respeto que se +consagraba a sí mismo por llamarse Quiñones de León y el desprecio a los +demás por haber nacido bajo el estigma de otro nombre cualquiera. +Agradeciendo profundamente al cielo la dicha con que había querido +favorecerle, tendría a pecado quejarse de su suerte y envidiar a los +otros hombres la facultad de usar de sus piernas. ¿Qué importa que Juan +Fernández pueda andar, correr y saltar, si al fin y al cabo se llama +Juan Fernández? Lo único que le preocupaba algunas veces era si +convendría a la dignidad de un Quiñones poseer unas extremidades +enteramente inertes, y si no sería preferible que viviesen para +participar de la gloria del resto del organismo. Pronto desechaba, sin +embargo, tales inquietudes pensando justamente que vivas o muertas +aquellas extremidades ocupaban un rango superior en la sociedad. Cuando +Fernanda entró en el gabinete alzó los ojos y clavó en ella una mirada +penetrante que la abrazó de la cabeza a los pies. Ni la hermosura ni el +porte, singularmente elegante, de la joven debieron dejarle satisfecho, +porque la convirtió inmediatamente a los naipes y exclamó con insolente +protección: + +--¡Hola, pequeña! ¿Eres tú? ¿Cuándo has llegado? + +Apesar de sentirse mortificada por aquel tono, Fernanda le saludó +afectuosamente. + +--Me alegro de verte tan buena, querida, y aprovecho la ocasión para +darte el pésame. Ya sabes que yo no escribo cartas hace años. He sentido +mucho a Santos... Oiga usted, Moro: ¿se propone usted no darme en su +vida una carta decente?... Era un buen sujeto, un vecino excelente, +incapaz de hacer daño a nadie. No hallarás otro marido como él. Tenía +una cualidad que se encuentra muy difícilmente: la modestia. Apesar del +dinero que había logrado juntar, no pretendía salirse de su esfera; +siempre se manifestó respetuoso con los superiores. ¿Verdad, Saleta, que +no era como esos piojos resucitados, que así que les suenan algunas +monedas en el bolsillo olvidan las judías y el centeno, como si en su +vida los hubiesen probado?... Valero, siéntese usted, y diga pronto si +es vuelta eso que tiene... ¿Vienes a establecerte aquí, chiquita, o te +vuelves a ver a los _franchutes_? + +Fernanda, que sintió perfectamente toda la hiel de aquel discurso, +respondió fríamente, y después de pocas palabras más se volvió al salón. + +A D. Pedro le había molestado el tufillo de elegancia y distinción que +despedía la hija de Estrada-Rosa. Le irritaba que alguien se alzase en +torno suyo, siquiera fuese solamente algunas pulgadas. Aborrecía todo lo +extranjero, y muy particularmente aquel París, donde imaginaba que los +Quiñones de León no tenían influencia muy decisiva. Hasta sospechaba +vagamente, con horror, que eran desconocidos. Por supuesto que procuraba +apartar la mente de tan disparatada idea. Si llegase a penetrar por +completo en su espíritu, ¿qué le restaba al noble caballero? Morir, y +nada más. + +Haciéndole la partida de tresillo están los mismos personajes que ya +conocemos. Saleta, el gran Saleta, cuyas mentiras siguen fluyendo de su +boca suaves y almibaradas, lo cual le obligaba a relamerse amenudo. +Faltó poco para que Lancia se viese privada para siempre de este +magnánimo y divertido varón. Jubilado hacía tres años, fue a +establecerse a su país, donde permaneció uno solamente. La nostalgia de +Lancia, de la tertulia de Quiñones, y sobre todo de las burlas de su +colega Valero, le impulsaron a dejar la patria gallega para venir de +nuevo a habitar entre los lacienses. Valero, ascendido a presidente de +sala, más ajado cada día, más jaranero y ceceoso, se sienta a la +izquierda del prócer. Enfrente está Moro, ideal inaccesible de todas las +niñas casaderas, cuya cabeza infatigable soporta fácilmente doce horas +de tresillo sin mareo ni turbación alguna. De todas las instituciones +creadas por los hombres, la más firme, la más respetable es ésta; el +tresillo. Por su inquebrantable solidez puede compararse muy bien a las +leyes inmutables de la naturaleza. Para Moro es tan verdad que la +_espada_ vale más que el _basto_, como que los cuerpos al caer siguen un +movimiento uniformemente acelerado. Y allá en el fondo oscuro de la +cámara dormita en la misma butaca el glorioso Manín con su calzón corto, +chaqueta de bayeta verde y fuertes zapatos claveteados. Tiene el pelo +gris, casi blanco. Pero no es esto lo peor para él. Lo verdaderamente +triste es que el pueblo no le considera ya como un cazador feroz +envejecido en la lucha con los osos de las montañas. Aquella leyenda se +ha ido disipando poco a poco. Sus compatriotas tenían razón. Manín no +era más que un zampatortas. En Lancia se ríen también de sus proezas y +le miran como un viejo bufón del loco y heráldico señor de Quiñones. + +Fernanda consiguió al fin sustraerse a los plácemes de sus amigos y fue +a sentarse en un rincón apartado. Estaba triste. La hostilidad de los +dueños de la casa le había impresionado. Pero no era esto lo principal, +aunque ella hiciese por creerlo. El motivo recóndito, que se avergonzaba +de confesar a sí misma, era Luis. El saludo afectuoso de su antiguo +novio había despertado súbito todos sus recuerdos, todas sus ilusiones, +las penas y las dichas de otro tiempo que dormían en el fondo de su alma +como pajarillos entre las hojas del árbol. La agitación interior era +intensísima, pero nada o muy poco se traslucía en su continente grave y +frío. Sin embargo, sintió un fuerte estremecimiento al escuchar muy +cerca de su oído estas palabras: + +--¡Qué hermosa te has puesto, Fernanda! + +Se hallaba tan distraída que no advirtió que el conde se había sentado a +su lado. Involuntariamente se llevó la mano al sitio del corazón. +Repuesta inmediatamente, sonrió diciendo: + +--¿Te parece? + +--Sí... Y yo qué viejo, ¿verdad? + +Hizo un esfuerzo y le miró a la cara con fijeza. + +--No; algunas canas en la barba... y el aspecto un poco fatigado. + +El temblor de su voz contrastaba con la aparente indiferencia que quiso +dar a sus palabras. + +El conde se puso repentinamente serio, llevose la mano a la frente y +replicó al cabo de unos momentos con acento sombrío y como si se hablase +a sí mismo: + +--Fatigado, sí; ésa es la verdadera palabra... ¡Muy fatigado!... La +fatiga me sale por los poros. + +Guardaron ambos silencio. El conde quedó entregado a una intensa +meditación que trazó en su frente arruga profunda. Al cabo dijo, +entablando nuevamente conversación: + +--Ya te había visto antes de venir aquí. + +--¿Dónde?--preguntó ella afectando sorpresa. + +--En la carretera. Salí esta tarde a dar un paseo a caballo y me crucé +con la silla de posta. Te conocí perfectamente. + +--Pues yo no te he visto... Recuerdo que encontramos dos o tres jinetes +antes de llegar a Lancia, pero no he conocido a ninguno. + +Al decir esto no pudo impedir que una ola de carmín tiñese de nuevo sus +mejillas. Volvió, para disimular, la cabeza. Sus ojos tropezaron con los +de Amalia, que se posaban sobre ellos lucientes, acerados. +Contempláronse un instante. La boca felina de la valenciana se contrajo +con una sonrisa. Fernanda quiso corresponder con otra tan falsa, pero no +pudo. Volviose de nuevo hacia el conde y hablaron de cosas indiferentes, +de teatros, de música, de proyectos de viaje. + +Sin embargo, aquél se mostraba más y más preocupado. Iba perdiendo el +aplomo y hablaba equivocándose, como si su pensamiento anduviese lejos. +Guardaba silencio algunos momentos, pugnaba por decir algo, movíanse sus +labios, pero en vez de articular lo que quería, expresaban otra cosa +distinta, algo trivial y ridículo que le avergonzaba en cuanto salía de +ellos. Fernanda le observaba con atención, ganando la serenidad y la +calma que él perdía rápidamente. Parecía embebida por completo en la +conversación, describiendo con naturalidad sus impresiones de viaje, +expresando sus opiniones con la misma indiferencia que si no mediase +entre ellos más que una antigua y tranquila amistad. Luis concluyó por +ponerse taciturno. Al fin tuvo resolución para decir, aprovechando un +instante de silencio: + +--Cuando me acerqué a tí estabas muy distraída. ¿En qué pensabas? + +--No me acuerdo... ¿En qué querrías tú que pensase? + +El conde vaciló un momento; pero animado por la graciosa sonrisa de su +ex-novia se atrevió a articular: + +--En mí. + +Fernanda le miró en silencio, con curiosidad burlona bajo la cual +chispeaba una alegría imposible de ocultar. El conde se puso colorado +hasta las orejas, y las hubiera entregado seguramente a las tijeras por +no haber pronunciado aquellos dos fatales monosílabos. + +--Bien...--dijo la joven alzándose de la silla.--Hasta luego. Me alegro +de verte bueno. + +--¡Escucha! + +--¿Qué hay?--dijo retrocediendo el paso que había dado para alejarse y +posando en él unos ojos sonrientes y maliciosos que concluyeron de +fascinarle. + +--Perdona si mis palabras te han ofendido. + +Fernanda hizo una mueca de desdén y se alejó exclamando: + +--¡Arrepiéntete, pecador, que el infierno tienes delante! + +¡El infierno! Esta palabra, soltada a la ligera, como broma, hizo dar un +vuelco a su corazón; despertó la preocupación constante de su existencia +desde hacía algún tiempo. Todos los Gayoso habían vivido bajo la +influencia de esta idea funesta. Pero el terror de sus abuelos parecía +dilatarse en su espíritu, atormentándolo, enloqueciéndolo. Amalia +necesitaba luchar heroicamente para distraerle por poco tiempo de sus +escrúpulos. Por eso ahora, cuando le hizo seña para que se acercase, le +vio alzarse tétrico de la silla y aproximarse lentamente como si le +arrastrasen. Tenía ella demasiado talento y orgullo para mostrarse +herida de la corta plática que acababa de tener con su antigua novia. Le +acogió con la misma sonrisa, dirigiole la palabra con su habitual y +afectada ligereza, y no se acordó ni del nombre de Fernanda. Pero sus +labios pálidos se contraían de coraje cada vez que le veía volver los +ojos hacia aquélla. Y el incauto lo hacía amenudo. + +Una hermosa niña de ojos azules y flotante cabellera dorada apareció en +la puerta, conducida por una doméstica. + +--¡Oh, qué tarde!--exclamó la señora de Quiñones.--¿Por qué ha tardado +usted tanto en traerla, Paula?--añadió severamente. + +Ésta contestó que la niña se había entretenido jugando _al milano que le +dan_, y que lloraba cada vez que la querían acostar. + +--¿No tienes sueño aún, rica mía?--dijo la dama trayéndola hacia sí y +pasándole la mano tiernamente por los bucles de su cabellera. + +Los tertulios se interesaron vivamente por la criatura. Fue de uno a +otro recibiendo caricias y pagándolas con afectuosos besos de despedida. + +--Buenas noches, Josefina.--Hasta mañana, rica.--¿Has sido buena +hoy?--¿Te ha comprado tu madrina la muñeca que cierra los ojos? + +El conde la miraba con los ojos húmedos, haciendo esfuerzos increíbles +para dominar su emoción. La sentía siempre que se ofrecía a su vista +aquella niña. Cuando le tocó la vez no hizo más que rozar con los labios +su rostro cándido. Pero Josefina, con el admirable instinto que los +niños tienen para saber quién los ama, se colgó a su cuello dándole +pruebas de particular cariño. + +Fernanda también la contemplaba con vivo interés, con una intensa +curiosidad que le hacía abrir extremadamente los ojos. Josefina tenía +seis años, la tez nacarada, los ojos de una dulzura infinita, azules y +melancólicos; algo de triste y enfermizo en toda su diminuta persona. El +parecido con el conde saltaba a la vista. + +Cuando la niña le dejó, los ojos de aquél chocaron con los de Fernanda. +Sintiose turbado: fue a sentarse más lejos. + +Josefina vestía con elegancia. Los señores de Quiñones la criaban con +mimo, como hija adoptiva. Por mucho tiempo éste fue el asunto preferido +de las murmuraciones de Lancia. Se averiguaba con vivo interés el coste +de sus sombreritos; se comentaba el número de juguetes que le compraban; +hacíanse cálculos sobre la cantidad en que la dotarían al casarse. Pero +ya se habían fatigado de tanto comentario. Tan sólo cuando venía rodada +se dejaba escapar alguna alusión mordaz, o se noticiaba al oído algún +nuevo descubrimiento. + +La niña fue a parar a un grupo donde estaban María Josefa, la doncella +de la lengua devastadora, y Manuel Antonio, bello siempre como el primer +rayo de la mañana. + +--Oyes, Josefina: ¿a quién quieres más, a tu madrina o a tu +padrino?--preguntole aquél. + +--A madrina--respondió la niña sin vacilar. + +--Y a quién quieres más, ¿a tu padrino o al conde? + +La niña le miró sorprendida con sus grandes ojos azules. Pasó por ellos +una ráfaga de desconfianza y respondió frunciendo su hermoso entrecejo: + +--A mi padrino. + +--¿Pero el conde no te trae muchos juguetes? ¿no te lleva en coche a la +Granja? ¿no te ha comprado el trajecito de charra? + +--Sí... pero no es mi padrino. + +Los del grupo acogieron con risa esta respuesta. Comprendían que la niña +mentía. Don Pedro no era hombre para inspirar afecto muy vivo a nadie. + +--Pues yo creo que el conde también es tu pa...drino. + +--No tal; yo no tengo más que un padrino--manifestó la chica, cada vez +más recelosa. + +Y se alejó del grupo. + +Fue donde estaba Amalia; se le puso delante cruzando sus bracitos sobre +el pecho y dijo haciendo una reverencia: + +--Madrina, la bendición. + +La dama le entregó su mano, que la niña besó con respetuoso cariño. +Luego, cogiéndola en sus brazos, la besó en la frente. + +--Que descanses, hija mía. Ve a pedir la bendición a tu padrino. + +La niña se dirigió al gabinete. Estas prácticas del tiempo pasado +placían mucho al señor de Quiñones. + +Josefina se acercó a él con timidez. Aquel gran señor paralítico le +infundía siempre miedo, aunque procuraba disimularlo porque así se lo +había ordenado su madrina. + +--Señor, la bendición--dijo con voz apagada. + +El alto y poderoso maestrante no hizo caso. Fijo en las cartas que tenía +en la mano, envuelto en su talma gris con la cruz roja en el pecho, iba +creciendo por momentos ante los ojos turbados de la pobre Josefina. No +comprendía que hubiese en el mundo nada más grande, más imponente y +digno de respeto que aquel noble señor. De esta misma opinión +participaba D. Pedro. Por eso hacía tiempo que había resuelto confundir +a todos los seres que le rodeaban en una masa caótica, en la cual sólo +dos o tres aparecían con algún carácter individual. + +La niña aguardó con sus bracitos cruzados cerca de un cuarto de hora. Al +fin el señor de Quiñones, después de jugar una entrada con fortuna, se +dignó clavar en ella una mirada severa que la hizo empalidecer. Alargó +su aristocrática mano con ademán digno de su tocayo Pedro el Grande de +Rusia, y Josefina posó sobre ella sus labios temblorosos y se fue. + +No estaba muy conforme aquel varón excelso con que su esposa criase con +tal mimo a una expósita, pero lo consentía porque lisonjeaba su +vanidad. Amalia le había dicho, sabiendo dónde le dolía: + +--Criarla para doméstica lo haría cualquiera en Lancia. Nosotros debemos +hacer las cosas de otro modo. + +D. Pedro no pudo menos de sentir el peso de aquella verdad innegable. + +Josefina cruzó el salón para ir a acostarse. Al pasar rozando con +Fernanda, que estaba sentada y sola, ésta la pilló al vuelo por un +bracito y la atrajo. Toda la alegría, toda la ternura que en aquel +momento rebosaba de su corazón, desbordose con violencia sobre la +criatura, a quien cubrió de besos. No se acordó para nada de su rival, a +quien adivinaba vencida. Sólo pensó en que era hija de _él_, su sangre, +su misma imagen. Y besó con éxtasis aquellos ojos azules profundos, +melancólicos, aquella tez nacarada, aquellos bucles dorados que circuían +su rostro como un nimbo de luz. + +--¡Oh, qué hermoso pelo! ¡Qué cosa tan hermosa, Dios mío! + +Y apretaba sus labios contra él y hasta sumergía el rostro entre sus +hebras con tanta voluptuosidad y ternura que estaba a punto de llorar. + +En aquel momento una voz estridente, imperiosa, sonó en sus oídos. + +--¡Todavía no te has ido a acostar, arrapiezo! + +Y al levantar los ojos vio a Amalia, con el rostro pálido, los labios +apretados, que cogió a la niña con violencia por el brazo dándole una +fuerte sacudida y la arrastró hacia la puerta. + + + + +XI + +La cólera de Amalia. + + +A la mañana siguiente, Paula, por orden de su señora, llevó a la niña al +cuarto de la plancha, la sentó en una silla alta y pidió las tijeras a +la doncella, que cosía al pie del balcón. + +--¿Qué vas a hacer?--preguntó Josefina. + +--Cortarte el pelo. + +--¿Por qué?... Yo no quiero que me cortes el pelo. + +Y se bajó resueltamente de la silla. Paula tornó a alzarla. + +--¡Quieta!--le dijo severamente. + +--¡Yo no quiero!... ¡no quiero!--exclamó con graciosa resolución. + +--La verdad es que da lástima cortar un pelo tan hermoso--dijo otra de +las doncellas, que estaba planchando. + +--¿Qué quieres, hija? Quien manda, manda. + +Y tomando uno de los preciosos bucles de la cabellera, lo separó de un +tijeretazo. + +--¡Déjame, Paula!--gritó la niña.--¡Lo voy a decir a madrina! + +--¿Sí, preciosa? ¿Vas a decírselo a madrina de veras?... Bueno, ya se lo +dirás cuando terminemos. + +Y sin hacer más caso de sus protestas, dejando caer las palabras con +zumba, prosiguió imperturbable su tarea. Pero la niña se bajó de nuevo, +irritada, furiosa. Entonces Paula pidió auxilio a Concha, la costurera, +y mientras ésta la tenía sujeta a la silla, aquélla la fue despojando +uno a uno de todos sus bucles. Después arregló como mejor pudo los +cabellos que quedaban. + +--¡Qué lástima!--volvió a exclamar la planchadora. + +--Hija, no está mal así tampoco--repuso Paula peinándola con esmero. + +En aquel momento apareció la señora en el cuadro de la puerta. + +--¡Madrina! ¡ven, madrina!... Mira, Paula y Concha me han cortado el +pelo. + +Amalia avanzó algunos pasos por la estancia y, evitando la mirada de la +niña, fijó los ojos severos en su cabeza, y dijo con imperio y frialdad: + +--No está bien así. Córtelo usted al rape. + +Y se alejó con la frente fruncida. Josefina, atónita, la siguió con los +ojos. Jamás había visto en el semblante de su madrina tanta frialdad y +dureza. Quedó asombrada, pensativa y dejó ya, sin hacer el más leve +movimiento, que Paula cumpliese el mandato. + +Pronto quedó la cabecita rubia mondada como un melocotón. Las domésticas +prorrumpieron en carcajadas. + +--¡Hija de mi alma, que retefeísima te han puesto!--exclamó María la +planchadora con acento de duelo, pero sin poder reprimir la risa. + +--No digas eso, mujer--repuso Concha con dejillo amargo.--¡Si está +preciosa! + +Era una mujer de veinticinco años o más, extremadamente pequeña, casi +tan pequeña como Josefina, de ojos hundidos y ariscos, a quien todos los +criados de la casa temían. + +Paula reía también pasando y repasando sus manos por la cabeza de la +criatura. + +--Cuando haga falta un perulero para el aceite, ya sabéis dónde lo +habéis de hallar--prosiguió Concha. + +Disipada la lástima, adivinando que la chiquita había caído en +desgracia, las criadas se entregaban a la alegría cambiando bromas sin +gracia, pero que las hacían reír perdidamente. Josefina había +permanecido quieta, silenciosa, con la cabeza baja. Las burlas lograron +al fin hacer su efecto. Dos lágrimas asomaron rezumando por sus largas +pestañas. Concha se incomodó: + +--¿Lloras por el pelito?.. ¡Qué lástima de azotes!... No tienes tú la +culpa, sino los que te crían como una princesita siendo tanto como +nosotras... digo, menos que nosotras--añadió por lo bajo,--que al fin +tenemos padres. + +--¡Vamos, Concha, déjala!... No hagas caso, monina, que pronto tendrás +pelo otra vez--dijo María con acento maternal. + +La niña, impresionada por la caricia, comenzó a sollozar y salió de la +estancia. + +Cuando por la noche se presentó en el salón, de aquella forma, el conde +no pudo reprimir un gesto de cólera y clavó una mirada interrogante en +Amalia. Ésta contestó a aquel gesto y a aquella mirada con sonrisa +provocativa. Y en alta voz dijo que le había mandado cortar el pelo +porque había notado que la niña empezaba a presumir. + +--¡Claro! ¡Tanto la adulan ustedes que se ha puesto inaguantable! + +El conde, irritado, buscó al instante ocasión de acercarse a Fernanda y +anudaron la plática de la noche anterior. Estuvieron locuaces, +afectuosos. Fernanda contó con pormenores su vida de París. Luis se +mostró singularmente expansivo, no ocultando la alegría de su corazón, +hablando animadamente bajo la mirada iracunda de Amalia posada sobre él. +En una pausa Fernanda alzó los ojos sonrientes hacia su ex-novio y le +preguntó, no sin ruborizarse un poco: + +--¿A que no sabes por qué le han cortado el pelo a la niña? + +El conde la miró sin contestar. + +--Ayer lo elogié yo mucho y me permití besarlo. + +Era la primera vez que Fernanda se daba por enterada de su secreto. +Experimentó una fuerte sacudida. Sus mejillas se enrojecieron. Las de +ella también. En largo rato no hallaron palabras que decirse. + +En los días siguientes, el conde comenzó a dar repetidos paseos por la +calle de Altavilla y a pasar largos ratos en el café de Marañón. La +sociedad laciense se sintió conmovida hasta sus cimientos ante tamaño +acontecimiento. Desde entonces más de trescientos pares de ojos le +espiaron sin cesar. Dejó de ir todos los días a casa de Quiñones y +asistió una que otra vez a la tertulia exigua de las de Meré, como se +seguía diciendo en Lancia, aunque en realidad ya no hubiese en el mundo +más que una. Carmelita había muerto hacía lo menos tres años. No quedaba +más que Nuncia, la menor, y ésa casi totalmente paralítica. Del sillón +a la cama y de la cama al sillón: era todo lo que andaba con trabajo. +Moralmente también se hallaba privada de movimiento, falta del impulso +protector que le prestaba su hermana. Desde que ésta bajara al sepulcro, +no tenía ya quien la sujetase. Esto, lejos de alegrarla, la sumía en una +melancolía profunda. Al pasar repentinamente a la categoría de persona +_sui juris_, la pobre Niña había experimentado desazón increíble: todo +le asustaba, todo era conflictos de los cuales le parecía imposible +salir; echaba menos aquellas ásperas reprensiones que, si la hacían +derramar abundantes lágrimas, habían reprimido saludablemente sus +juveniles arranques y cortado los funestos resultados que pudiera +acarrear su inexperiencia. + +Eran sus tertulios asiduos algunos pollastres nuevos, varios gallos +conocidos y un número bastante mayor de lindas y feas damiselas que +acudían a la casa sedientas de marido. Porque la Niña, en esto como en +todo, mantenía religiosamente las tradiciones legadas por su hermana. +Era la protectora decidida de todos los noviazgos que se iniciaban en +Lancia, por desatinados que fuesen. La pequeña casa de la calle del +Carpio continuaba siendo la fragua donde se forjaba la dicha conyugal de +los honrados vecinos de Lancia. + +El que acudía con más constancia era Paco Gómez. La razón, que le habían +arrojado de casa de Quiñones a consecuencia de una frase de las suyas. +Preguntaba cierto forastero en un corro de Altavilla cómo había quedado +paralítico el maestrante. «En realidad no está paralítico--repuso +Paco,--porque no tiene lesión alguna; sólo que las piernas no pueden con +la heráldica que se le ha subido a la cabeza, y se le doblan en cuanto +da un paso.» Lo supo Quiñones por un traidor y dio orden de que no se le +recibiese. + +Era el alma y el regocijo de la tertulia de la Niña. La vaya incesante +con que mortificaba a ésta los tenía a todos en continuo espasmo de +risa. + +--Vamos, Nuncia, ¡mucho ojo! No hables demasiado, porque ya sabes que te +he visto las pantorrillas y... y... y... + +La pobre octogenaria se ruborizaba como una niña de quince. Nada la +sofocaba tanto como este recuerdo importuno de la tarde del columpio. + +Luis y Fernanda comenzaron a verse aquí una o dos veces por semana. +Lejos de la mirada fulgurante de Amalia, aquél se encontraba a gusto, +recobraba su serenidad. Hablaban larguísimos ratos en voz baja, sin que +nadie les molestase; al contrario, la Niña tenía buen cuidado de +proporcionarles ocasión y espacio suficientes. Asistía, no obstante, a +casa de Quiñones; veía a Amalia en secreto cuando se lo exigía, pero iba +apareciendo más frío, más esquivo. Ella, advirtiéndolo perfectamente, no +daba su brazo a torcer, no le hablaba palabra de su ex-novia. Sin +embargo, un día no pudo contenerse: + +--Sé que te entretienes largos ratos en casa de las de Meré hablando con +Fernanda. + +Lo negó cobardemente. + +--Ten cuidado con lo que haces--prosiguió, clavando en él sus ojos +siniestros,--porque una traición pudiera salirte cara. + +Estaba tan acostumbrado al dominio de aquella terrible mujer, que sintió +un estremecimiento de frío, como si algo aciago se cerniese ya sobre su +cabeza. Pero en cuanto salió a la calle, fuera de la influencia +magnética de aquellos ojos que le turbaban, sintiose invadido por una +sorda irritación: «Después de todo, ¿por qué me amenaza? ¿Es mi esposa? +¿Qué derechos tiene sobre mí? Lo que estamos haciendo es un pecado +grave, es un crimen. ¿Quién puede privarme del arrepentimiento, de +reconciliarme con Dios y ser bueno?» El arrepentimiento había sido en +los últimos tiempos un vago deseo, gracias a la fatiga de su amor y aún +más al miedo desapoderado que el infierno le inspiraba. Ahora se +convirtió en verdadero anhelo. Verdad que ofrecía mayores atractivos. +Rechazar el pecado valerosamente, purificarse, librarse del fuego +eterno... y además poseer a Fernanda. + +Hacía tiempo que sus relaciones criminales no tenían más que un punto +luminoso, Josefina. Si no fuese por ella, se hubiera marchado de Lancia. +Esta criatura, blanca y silenciosa como un copo de nieve, que poseía la +fragancia de los lirios, la inocencia de las palomas, la dulzura +melancólica de una noche de luna, esparcía sobre su alma, atormentada +por el remordimiento, un bálsamo que la refrescaba deliciosamente. +¡Cuántas veces, teniéndola entre sus brazos, se preguntaba sorprendido +cómo un ser tan inocente, tan puro, tan divino, pudiera ser hijo del +pecado! Pero aun aquella misma niña era ocasión de nuevos y crueles +tormentos. No verla a solas sino de tarde en tarde; hallarse obligado a +disimular sus sentimientos, a besarla fríamente como los demás, más +fríamente que los demás; no poder llamarla hija del corazón, no sentirla +gorjear el tierno nombre de padre, le entristecía y en ciertos momentos +le desesperaba. Desquitábase cuando una que otra vez, muy rara, le +consentían llevarla a la Granja. Allí se pasaba las horas en éxtasis, +teniéndola sobre sus rodillas, acariciándola frenéticamente. + +La niña se había acostumbrado a estas violentas expresiones de cariño y +las agradecía. A veces sentía su cabecita blonda mojada por las lágrimas +de su amigo. Alzaba los ojos sorprendida, pero viéndole sonreír, sonreía +también y alargaba sus labios de coral para darle un beso. + +--¿Por qué lloras, Luis? ¿Tienes pupa? + +Josefina no entendía que hubiese motivo más grave en el mundo para +llorar. Amaba a Luis tiernamente, y eso que le chocaba y entristecía la +frialdad que con ella usaba ordinariamente. Poco a poco había ido +adivinando, con precoz instinto, que el conde la quería más que los +otros y que disimulaba. Ella también adoptaba, siguiendo el ejemplo, una +actitud indiferente cuando se acercaba a él en público. Pero cuando +estaban solos, entregábase con el mismo entusiasmo a las expansiones del +cariño, y esto sin saber por qué, sin darse cuenta de lo que hacía. + +Desde el día en que su madrina ordenó que le cortasen el pelo, Josefina +pudo notar que había caído en desgracia. Ya no la besaban con trasporte, +ya no satisfacían sus mínimos antojos, ya no era la preocupación +constante de la casa. Amalia comenzó a contrariarla, a usar con ella un +tono frío y displicente; y las criadas siguieron el ejemplo de su +señora. La pobre niña, sin comprender qué significaba aquel cambio, +sintió su pequeño corazón apretarse; exploraba con sus bellos ojos +profundos los semblantes y trataba de descifrar el enigma que guardaban. +Se hizo más grave, más recelosa, más tímida. Y como viera que le negaban +los juguetes o las golosinas que antes le otorgaban a manos llenas, se +abstuvo de pedirlos. + +Amalia, en vez de gozar como antes con sus gracias infantiles, parecía +huirlas. Dio orden de que no se la llevasen por la mañana a la cama, +según costumbre. Cuando la tropezaba casualmente en los pasillos, pasaba +de largo evitando mirarla. A todo más se acercaba preguntándole con +acento displicente: + +--¿No te has lavado todavía? Anda, ve a que te arreglen. O bien: «Me han +dicho que no has sabido la lección de catecismo. Te vas haciendo muy +holgazana. Cuidado que seas buena, porque si no, te encierro en la cueva +de los ratones.» + +Antes se ocupaba ella en tomarle las lecciones, en ponerle la aguja en +la mano y guiar sus diminutos dedos. Ahora abandonaba casi siempre esta +tarea a las doncellas. Vivía en un estado de preocupación sombría que no +pasaba desadvertida a los criados. Josefina también la adivinaba; veía +que su madrina estaba cambiada, no sólo con respecto a ella, sino en +todo su modo de ser. Y allá, vagamente, en los limbos oscuros de su +pensamiento se engendraba la idea de que estaba triste, que padecía y +que ésta era la causa de su mal humor. + +Un día estaba la dama sola en su gabinete. Se había dejado caer en una +butaca. Inmóvil, con la cabeza echada hacia atrás y las manos +pendientes, parecía dormida. Sin embargo, Josefina, que rondaba el +gabinete, se atrevió a mirar por la rendija de la puerta y observó que +tenía los ojos abiertos, muy abiertos, y que su frente estaba +temerosamente fruncida. Sin saber lo que se hacía, con esa ciega +confianza que los niños tienen en sí mismos, empujó la puerta y penetró +en la estancia. Acercose silenciosamente a la señora, y echándose +repentinamente sobre su regazo, le dijo, clavando en ella una mirada de +tímido afecto: + +--Dame un beso, madrina. + +La dama se estremeció. + +--¿Cómo estás aquí? ¿Quién te ha dado permiso para entrar? ¿No te han +dicho que no subas sin que te llamen?--preguntó frunciendo aún más el +ceño. + +--Quería darte un beso--dijo con voz apagada Josefina. + +--Déjame de besos. Anda, y cuidado con subir otra vez sin mi permiso. + +Pero la niña, embargada por la emoción, no sabiendo a qué atribuir +aquel despego y queriendo vencerlo a toda costa, próxima a llorar, se +echó aún más sobre el regazo y trató de subirse para alcanzar su rostro. + +--Dame un beso, madrina. + +--¡Quita! ¡Déjame!--replicó la dama impidiéndola alzarse. + +La niña se obstinó. + +--¿No me quieres? Dame un beso. + +--¡Que te quites, chicuela!--gritó enfurecida.--¡Lárgate ahora mismo! + +Al mismo tiempo le dio un fuerte empujón. Josefina, después de +tambalearse, rodó por el suelo, dando con la cabeza en el pie de una +silla. + +Alzose llevando la mano al sitio dolorido, pero no lloró. Un sentimiento +de dignidad, que muchas veces se aloja con fuerza en los corazones +infantiles, le prestó fortaleza para resistir el llanto que brotaba a +los ojos. Dirigió a su madrina una mirada de indefinible tristeza y +salió corriendo de la estancia. Cuando llegó a la escalera se dejó caer +sobre un peldaño y rompió a sollozar. + +Las espinas de la vida comenzaron a clavarse cruelmente en las carnes +delicadas de aquella niña, que hasta entonces sólo flores había hallado +en su camino. El despego de Amalia fue creciendo de día en día. A la par +crecía también la reserva y la timidez de su hija. Pero como al fin era +niña, esta tristeza disipábase a veces al impulso de un capricho. +Entonces era cuando realmente se mostraba la frialdad y ojeriza de la +dama. + +--Señora, Josefina no quiere ponerse el vestido verde. + +--¿Pues? + +--Dice que está sucio. + +Amalia se levantó, fue al cuarto de la niña y, cogiéndola por un brazo y +sacudiéndola rudamente, le dijo: + +--¿Qué orgullo es ése? ¿No sabes, muñeca, que en esta casa no eres +nadie? ¿Que estás aquí por misericordia? Ten cuidado no enfadarme, +porque el día menos pensado te planto en la calle, de donde te he +recogido. + +Las criadas escucharon estas palabras y las tuvieron bien presentes. +Josefina hasta entonces había sido tratada como hija de los señores: en +adelante se la consideró como una hija postiza: más tarde, como +advenediza. La servidumbre se vengaba con placer de los minuciosos +cuidados que antes se veía obligada a prodigarle, de aquellas ásperas +reprensiones que recibían por su causa. En particular Concha, la +microscópica doncella, experimentaba una alegría indecible, propia de su +carácter maligno y rencoroso, cada vez que la señora mostraba de algún +modo su desdén por la niña recogida. + +Ésta ocupaba una habitación que daba al jardín, alegre y espaciosa. +Concha, aunque primera doncella y costurera de la casa, alojábase en un +cuartucho lóbrego, con ventana al patio, que compartía con María. El +gabinete de Josefina había sido siempre para ella objeto de envidia. Más +de una vez la había expresado con palabras bien pesadas para aquélla. +Aprovechándose de la disposición de su ama, obtuvo permiso para dormir +también en este gabinete, a pretexto de que Paula, que ocupaba una +alcoba contigua, tenía el sueño pesado. Instalose cómodamente, hizo uso +del tocador y de los enseres de la niña. Pocos días después la mandó a +dormir con María en su antiguo cuarto, sin decir una palabra a su ama. +Cuando ésta lo supo, ya había pasado algún tiempo: la reprendió sin +aspereza por no haberle dado parte, pero no modificó los hechos +consumados. + +Más adelante se le ocurrió degradarla de otra manera. Josefina comía a +la mesa con los señores. El alto y poderoso maestrante no había +consentido en ello al principio: importunado por su esposa, cedió al +fin, no sin repugnancia. Concha, penetrada de la ojeriza de su señora, +comenzó a intrigar para privar de este honor a la recogida. Exagerando +lo que daba que hacer, lo mucho que se manchaba y lo que perturbaba el +servicio de la mesa, logró a la postre que no se sentase a ella y sí en +una pequeñita que se le puso en el cuarto de la plancha, próximo a la +cocina. A los pocos días la misma Amalia, en un acceso de mal humor, +dijo que aquel doble servicio no podía ser tolerado y que se la llevasen +a la cocina a comer con los criados. + +Concha la sentó en un taburete, le puso un plato de barro y una cuchara +de madera en la mano y le dijo: + +--Come. + +La niña levantó la cabeza estupefacta; pero al ver la sonrisa maligna +que brillaba en los ojos de la doncella, bajola de nuevo y se puso a +comer sin protesta alguna. Concha no quedó satisfecha; deseaba que se +rebelase; verla llorar. + +--¿Qué es eso? ¿No te gusta la cuchara?... Pues, hija, come con ella, +que también cómo yo y soy tan buena como tú... ¡Qué te creías, +bobalicona! ¿Pensabas que porque te ponían el sombrerito y la camisa de +batista eras una señorita... Las señoritas no vienen metidas en un cesto +entre trapos sucios... + +Y por ahí continuó soltando a chorros sarcasmos e insultos, hasta que al +fin la pobre Josefina rompió a llorar. Las demás criadas, menos +malévolas, se veían, no obstante, lisonjeadas por aquella humillación. +Al fin se pusieron de su parte, trataron de consolarla, mientras +Concha, despiadada, más dura y más fría que el mármol, siguió +persiguiéndola largo rato con rechifla sangrienta. + +Pocos días después, al cruzar Josefina por el cuarto de la plancha para +ir al comedor, oyó a Concha decir dirigiéndose a María: + +--Di, chica, ¿has planchado ya la ropa de la hospiciana? + +Se detuvo, sin saber a quién se refería, y paseó su mirada recelosa de +una a otra doméstica, hasta que una carcajada, que ambas soltaron a la +vez, le hizo comprender que se trataba de ella. + +--¿Por qué me llamáis hospiciana?--exclamó la inocente pugnando para no +llorar.--Lo voy a decir a mi madrina. + +--¡Alza; corre a decírselo!--replicó Concha empujándola a la puerta. + +Desde entonces no se le dio otro nombre entre la servidumbre. + +Amalia prohibió que la llevasen por la noche al salón. El conde, que ya +no veía a su hija mas que este momento, pidió explicaciones. La dama +manifestó que, debiendo levantarse temprano para estudiar sus lecciones, +necesitaba más sueño. No se dio aquél por convencido. Comprendía que se +trataba de una ruin venganza; pero tuvo la prudencia de callar, temiendo +mayor daño. + +A Amalia se le ocurrió entonces herirle de modo más directo. La niña, a +quien había privado no sólo de sus caricias, sino de todas sus +preeminencias en la casa, iba camino de ser una criadita más. En un +instante quedó trasformada por completo. La señora dio orden de que se +le guardasen todos los sombreros y vestidos y se le pusiese el más pobre +y más viejo del guardarropa; que se le hiciesen delantales como a las +demás criadas y se la emplease en los menesteres de la cocina que +pudiese ejecutar. + +Los amores del conde y Fernanda eran cada día más notorios. Aunque en +casa de Quiñones se guardaban de hablarse con intimidad, a la celosa +valenciana no se le ocultaba lo que entre ellos existía. Sus ojos +traspasaban como dos rayos de luz el cerebro de su amante y leían con +claridad dentro de él. Luis estaba enamorado de su antigua novia. Las +relaciones adúlteras le pesaban en el alma como una losa de piedra. +Ella, la amada, la preferida de otros días, le parecía ahora vieja y +marchita frente aquella espléndida rosa que acababa de abrirse por +completo. Si no la había abandonado ya, era por debilidad de carácter, +por el ascendiente poderoso que en siete años de relaciones había +logrado adquirir sobre él. Pero no apetecía otra cosa. Lo leía +perfectamente en sus miradas huidas; en la preocupación sombría que +pesaba sobre él, rota algunas veces por súbita y extravagante alegría; +en el temor y en el servilismo, cada vez mayores, con que se acercaba a +ella. + +Una noche el conde pidió un vaso de agua. Los ojos de Amalia brillaron +repentinamente. Había llegado el momento ansiado. Tiró de la campanilla +y dijo con singular inflexión a la doncella que acudió: + +--Paula, que traigan un vaso de agua. + +Pocos instantes después se presentó Josefina, pobremente vestida, con un +mandilito de tela burda, calzados los pies con toscos zapatos, +soportando trabajosamente entre sus pequeñas manos una bandeja con vaso +de agua y azucarillo. Los tertulios quedaron estupefactos. Luis +empalideció. Avanzó la niña hasta el medio del salón, mirando +tímidamente a su madrina. Esta le hizo seña de que se acercase al conde. + +Vaciló el caballero como si estuviese distraído; pero viendo a la +criatura plantada delante de él, se apresuró a tomar el vaso y se lo +llevó con mano temblorosa a los labios. Los ojos de Amalia se mostraban +en tanto fríos, indiferentes; pero en sus labios había imperceptibles +estremecimientos que revelaban el gozo cruel que sentía. En la tertulia +reinó, mientras se efectuaba esta escena, un significativo silencio. + +Luego que Josefina hubo salido, la señora de Quiñones explicó a sus +tertulios con naturalidad aquella mudanza. Se trataba de un castigo +necesario al orgullo que la niña empezaba a mostrar con los criados. No +duraría mucho. Sin embargo, necesitaba vencer a todas horas la voluntad +de Quiñones, que se oponía a que fuese educada con tanto mimo. + +--La verdad es--concluyó diciendo con acento tan natural, que ninguna +actriz lo hallaría más adecuado a la ocasión,--la verdad es que algunas +veces no puedo menos de darle la razón en mi interior. ¿Qué bien le +hacemos a esta pobre niña colocándola en una situación donde no ha de +poder sostenerse? Mañana, que nosotros nos muramos, la pobre necesitará +buscarse el sustento trabajando, si antes no encuentra un marido... ¿Y +qué marido le vamos a dar a una muchacha con necesidades y sin dinero? + +Los tertulios no cayeron en la trampa. En realidad tampoco ella lo +pretendía. Todo aquello venía a reducirse a puro convencionalismo, pues +a nadie se le ocultaba lo que había debajo. Poco después, no pudiendo +dominar la molestia que sentía, el conde se despidió. + +--Este negocio de Luis no se presenta nada bien--decía a última hora +Manuel Antonio en un grupo que se retiraba por la calle de Altavilla, +donde iban María Josefa, el Jubilado y su hija Jovita.--El matrimonio +con Fernanda, si es que lo llega a realizar, le ha de costar muchos +disgustos. + +--¿Crees tú?...--preguntó María Josefa para tirarle de la lengua. + +--¡Madre!... ¿Eres tonta, mujer? ¿No conoces a Amalia como yo? + +--¿Y qué tiene que partir Amalia en el matrimonio de Luis?--preguntó +Jovita, que en su calidad de soltera, aunque hubiese cumplido los +treinta y dos, le convenía hacer patente su candor. + +--¡Ay! Es verdad que teníamos aquí esta _fanciullina_--exclamó, haciendo +cómicos ademanes de susto, el marica.--¡No me hacía cargo!... Nada, +monina, nada; sigue adelante, que son cosas de los grandes... + +La hija del Jubilado se volvió iracunda al sentir el alfilerazo y +replicó con una frase insolente. Pagole Manuel Antonio con otra, y se +entabló animada disputa rebosando de palabras amargas e intencionadas +que se prolongó hasta casa del Jubilado, no sin que éste hubiese hecho +algunos vanos esfuerzos para poner paz entre ellos. La mejor parte la +llevó, como siempre, el marica, que poseía para lanzar sus frases el +vigor de los hombres y la sutil intención de las hembras. + +Al día siguiente el conde logró una entrevista con Amalia y le dio sus +quejas por la escena de la noche anterior. La dama se manifestó amable, +condescendiente, justificó su conducta por el bien de la niña. Luis +observó, sin embargo, que hablaba de un modo particular: creyó percibir +en la miel de sus palabras un dejo de amargura e ironía que le +sobresaltó. Salió preocupado, inquieto: en algunos días no pudo quitar +de sí el malestar de aquella entrevista. + +Pero el amor prendía fuego rápidamente en todos los aposentos de su alma +y consumió al fin aquel último resto de preocupación. Estaba +profundamente enamorado. Y como siempre acaece, a la par que crecía su +amor aumentaba también su timidez. Al principio, en sus largas +conversaciones con Fernanda, aparecía sereno, galante, no perdonaba +medio de demostrar a su ex-novia su admiración y rendimiento. De repente +comenzó a perder el aplomo, a huir todo asunto relacionado con sus +propios sentimientos, a evitar las frases galantes. Fernanda no se +equivocó. Ahora es cuando había llegado aquel amor, tras del cual tanto +tiempo había corrido, que tantas lágrimas le había costado. + +Sus pláticas, aunque fuesen de asuntos indiferentes, tenían un sabor +delicado, exquisito. Hablaban horas y horas, sin cansarse, de las cosas +más insignificantes, por el placer de verse tan cerca, de escucharse. + +Fernanda charlaba con toda la alegría de su corazón, sin curarse de la +timidez de su adorador, al contrario, gozando al ver el empeño pueril +con que evitaba el confesar su amor, sabiendo que en cuanto ella diese +la señal se entregaría atado de pies y manos. + +El momento llegó al fin. Un día la hermosa viuda se resolvió _a +declararse ella_. Hablaban del matrimonio; de las segundas nupcias. Luis +comenzó a sobresaltarse, a emitir sus opiniones con voz temblorosa, a +tratar de huir la conversación. Fernanda dijo de repente con perfecta +calma y en tono resuelto: + +--Yo no volveré a casarme segunda vez. + +Se puso pálido. La cara se le entristeció de tal manera que la joven, +reprimiendo a duras penas una sonrisa, repitió con más resolución aún: + +--No volveré a casarme segunda vez... a no ser contigo. + +El conde la contempló desencajado. + +--¿Es de veras eso?--preguntó al fin con voz temblorosa. + +--¡Y tan de veras!--repuso ella mirándole sonriente. + +--Dame esa mano, Fernanda. + +--Tómala, Luis. + +Se las estrecharon fuertemente por unos momentos. El conde se levantó +sin decir otra palabra. Cuando llegó a casa, le escribió una larga carta +de seis pliegos pintándole con los más vivos colores su pasión, dándole +fervorosas gracias, llamándose indigno gusano tres o cuatro veces. + +El matrimonio quedó concertado para cuando terminase el año de luto. +Faltaban dos meses. Decidieron guardar el secreto y que la ceremonia no +se celebrase tampoco en Lancia. Unos días antes del prefijado saldría +ella para Madrid; poco después se le juntaría él, y en la corte +quedarían unidos para siempre. + +En los pueblos es muy difícil ocultar cualquier cosa: un proyecto de +boda, imposible. Por la intensidad de la mirada cada par de ojos se +convierte en cien pares; por su virtud acústica, cada oído en cien +oídos. En sus pasos, en sus miradas, en el modo de saludarse y +despedirse los ingeniosos lacienses adivinaban como verdaderos magos lo +que pensaban, medían exactamente el progreso de aquellas relaciones que +les tocaba en lo más vivo del corazón. + +Una tarde, al pasar Manuel Antonio por delante de la tétrica morada del +conde, vio salir a la doncella con una caja de cartón en las manos. El +marica sintió en la nariz olor de caza, tomó vientos un instante, y la +siguió. + +--Adiós, Laura--dijo pasando delante de ella. + +Y volviéndose de repente le preguntó en tono indiferente: + +--¿Cómo sigue tu amo? + +--El señor conde no está malo. + +--¡Ah! Pues me dijeron... Como no le veo hace dos días... ¿Vas de +compras para la señora? + +--Son camisetas para el señor conde. + +--¿De casa de Ramiro?... Déjame verlas, yo también tengo que comprar. + +La doncella abrió la caja y el marica se puso a examinar el contenido. + +--Son muy finas. Esto es demasiado caro para mí, hija. + +--Sí, señor, son caras. Pues el señor conde todavía no las encuentra +buenas. Quiere a toda costa que sean de seda, y por más que anduve todos +los comercios, no las hay. No tiene más remedio que encargarlas. + +--¿De seda? ¡Madre! Entonces se nos va a casar. + +--Yo no sé nada de eso, señorito--se apresuró a replicar la criada con +señales de turbación. + +--¡Quita allá, hipocritona!--exclamó riendo.--Tú lo sabes como yo y como +todo el mundo... ¿Y para cuando? + +--Le digo que no sé nada. + +Pero el marica insistió tanto, se mostró tan expresivo y familiar que al +cabo de un rato la criada desembuchó lo que tenía dentro. + +--Pues mire, yo no puedo decirle a punto fijo lo que hay, pero creo que +se casa y pronto. El otro día oí unas palabras a la señora condesa... + +--¿Qué palabras? + +--Decía al ama de llaves que, en cuanto su hijo se fuese, iría a pasar +una temporada a la Granja. Después, mirando por el agujero de la llave, +la vi llorar. Además, Fray Diego estuvo anteayer en casa... pero no sé +si debo decirle... + +--Vamos, mujer, ¿qué importa? ¿Te figuras que yo soy una gaceta? + +--Pues le oí decir al tiempo de despedirse: «Nada, nada; tienen mucha +razón; es mucho mejor que lo hagan en Madrid. Éste es un pueblo muy +envidioso...» + +El gozo que sintió Colón al descubrir la tierra del Nuevo Mundo no fue +nada en comparación con el de nuestro marica. No sólo sabía sin género +de duda que se casaban, sino dónde había de efectuarse la ceremonia. +Embarazado por noticia tan capital y queriendo aliviarse enseguida de +aquel peso, se puso a imaginar sobre quién haría más efecto. Su +pensamiento fue derecho a Amalia. Hacia el palacio de Quiñones enderezó, +pues, sus menudos y graciosos pasos. + +Era la hora del oscurecer. Halló a la señora sentada en su gabinete, sin +luz, entregada sin duda a una de esas intensas y dolorosas meditaciones +que desde hacía algún tiempo la embargaban. Manuel Antonio se mostró +jovial y decidor, trató de alegrarla cuanto pudo, atrayendo de nuevo la +sangre a aquel corazón ulcerado para que la puñalada fuese más dolorosa. +Pidió chocolate, lo tomaron jaraneando lindamente: Amalia llegó a +olvidarse de sus preocupaciones. Y cuándo más olvidada estaba ¡zas! la +bomba. Pero dejada caer suavemente, con arte infinito, el arte que sólo +posee una mujer, reforzado por el ingenio masculino. + +Lo único que sintió fue no poder verle la cara. El gabinete estaba ya +casi en tinieblas. Pero advirtió bien claramente el destrozo de la +explosión en el sonido de la voz, en la frialdad de la mano al +despedirse. + +Amalia quedó en pie, rígida, inmóvil, largo rato. Apoyose en la cortina +de crespón para mirar a la calle y la destrozó. Trató de abrir su +escritorio para tomar el pomo de esencia, pero dio demasiada vuelta a la +llave y estropeó la cerradura. + +Salió de la estancia y vagó, por los pasillos oscuros y escaleras, con +incierta planta, como un fantasma. Allá a lo lejos vio un punto luminoso +y se dirigió hacia él involuntariamente como una mariposa. Era el +comedor, que ya estaba alumbrado. Sentada a la mesa, armando unos +pastorcitos de barro, restos de su pasada riqueza, estaba Josefina. La +pantalla de la lámpara proyectaba viva luz sobre su cabecita monda y +dorada como una naranja. Amalia se detuvo un instante y la contempló con +ardiente mirada, devorando con los ojos aquel semblante grave y +melancólico que tan fielmente reflejaba el de Luis. Dio un paso y la +niña volvió la cabeza. La mirada de sus ojos azules era igualmente +dulce y triste; el movimiento de las pestañas, idéntico. La esposa del +maestrante salvó de dos pasos la distancia que la separaba y cayó sobre +ella como un tigre hambriento. Golpeó, mordió, desgarró. Sus uñas +dejaron al instante surcos morados en aquel rostro cándido. La sangre +comenzó a brotar. La niña, loca de terror, lanzaba chillidos +penetrantes. Apenas tuvo tiempo a ver a su madrina. No sabía qué era +aquello. Amalia, insaciable, golpeaba, hería sin cesar. Los gritos de la +víctima hacían crecer su furor. Se detuvo rendida al fin. + +--Madrina, ¿qué hice?--exclamó la pobre niña huyendo hacia un rincón. + +Esta pregunta, la mirada de angustia con que la acompañó, enfurecieron +de nuevo a la dama. Volvió a golpearla despiadadamente. La criatura se +tapaba el rostro con las manos. Entonces le cogía las orejas, las +estrujaba hasta arrancarlas. No satisfecha todavía, irritada de no poder +herirla en la cara, tomó un plumero que había sobre la mesa, y con el +mango comenzó a sacudirle sobre las manos, dejándolas cubiertas de +cardenales. + +Al fin consiguió salvarse. Las criadas, que habían acudido y +presenciaban atónitas la escena, dejáronla paso y huyó por los pasillos +y tomó por la escalera. La puerta de la calle estaba abierta. El +cochero, al llevar los caballos al agua, la había dejado así. Josefina +salió de la casa y corrió desalada por la calle de Santa Lucía, penetró +en la travesía de Santa Bárbara, atravesó la plazuela del Obispo y, +bajando por la calle de la Sastrería, salió por la puerta de San Joaquín +a la carretera de Sarrió. + +Había cerrado ya la noche. Caía suavemente una lluvia menuda, pero +espesísima, que en poco tiempo la caló hasta los huesos. La desgraciada +criatura corrió todavía algún tiempo y al fin se detuvo jadeante. El +pretil de la carretera estaba bajo en aquel sitio y se sentó. Entonces +fue cuando sintió el dolor de los golpes. Llevose las manos a la cabeza, +después a la cara, por donde sentía correrle un líquido caliente, que al +principió pensó sería la lluvia. + +Pronto se convenció de que era sangre. ¡Sangre! ¡La cosa en el mundo a +que ella tenía más terror! Dominada aún por el susto, no se quejó. +Levantó la falda de su vestidito y se secó, o por mejor decir, se lavó +la cara, porque el vestido estaba mojado. + +Pero lo que más sentía, lo que le dolía de un modo horrible eran las +manos. No sabiendo qué hacer para aliviarse, comenzó a soplarlas. Luego +las chupó. Pero el dolor era tan recio que exclamó al fin sollozando: + +--¡Ay mis manos! + +En aquel momento se alzaron ante ella entre las sombras de la noche dos +enormes figuras que la dejaron helada de espanto. Una de ellas se +abalanzó y la cogió por un brazo. + +--¿Qué haces ahí?--dijo con voz bronca. + + + + +XII + +La justicia del barón. + + +En una gran sala de la casa solariega de los Oscos, amueblada con cuatro +trastos viejos, tapizada con dos dedos de polvo, se encuentran sentados +a una antigua mesa de roble dos conocidos personajes de esta historia. +Uno es el propio barón, dueño de la casa. El otro, su amigo Fray Diego. +Tienen delante un tarro de ginebra vacío, otro a medio vaciar y sendas +copas. Ni mantel, ni tapete, ni bandeja; el único adorno de la mesa son +las manchas caprichosas que el vino y la ginebra en feliz consorcio con +el polvo han ido dejando con el trascurso de los meses y los años. La +estancia es lóbrega, porque la calle del Pozo lo es y porque los +cristales emplomados, hace años ya que no se han limpiado, y porque la +tarde está declinando. + +A la poca luz que allí consigue penetrar puede verse la faz de ambos +excesivamente roja, tan roja que parece imposible no brote la sangre de +sus ojos encarnizados. La del barón ha llegado al límite de su fiera y +espantable fealdad. Aquella cicatriz sangrienta que le surca el rostro +se destaca ahora con todas sus rugosidades, tan áspera y negra que da +grima verla. Sus bigotes cerdosos, unidos a las patillas, son ya más +blancos que negros. Viste zamarra negra y cubre su cabeza una gran boina +roja cuya borla cae arremolinada, unas veces sobre las orejas, otras +sobre las narices, según los movimientos que imprime a su torso de ogro. + +Hace largo rato que guardan silencio. Fray Diego de vez en cuando lleva +la mano al tarro de la ginebra, llena la copa de su amigo, luego la +suya, y gravemente la apura de un trago. El barón no es tan expedito: +toma su copa, la sube a la altura de los ojos y hace frente ella una +serie de muecas a cual más horrorosa; después la toca con el borde de +los labios, vuelve a las muecas, vuelve a tocarla; por fin, después de +largos ensayos y vacilaciones, se decide a apurarla. + +De esta manera grave y prudente se solazan los dos antiguos soldados de +D. Carlos casi todas las tardes del año. El pueblo lo sabe, y hay entre +sus jocosos habitantes entabladas varias apuestas sobre cuál de los dos +moriría primero de apoplejía. + +Fray Diego había servido también en las filas del Pretendiente. Luego se +había ordenado, se hizo fraile, estuvo en Filipinas; finalmente, se +secularizó y vivía en Lancia como capellán suelto. Mientras la guerra no +se habían conocido. Cuando se encontraron en Lancia quedaron unidos con +indisoluble amistad por la identidad de ideas, por el recuerdo de las +gloriosas batallas a que asistieron... y por la ginebra. + +--¡Viva el papa soberano de todos los reyes de la tierra!--exclamó +después de largo silencio, en que ambos parecían dormitar, Fray Diego. +Al mismo tiempo dio un tremendo puñetazo sobre la mesa que hizo bailar +los tarros y las copas. + +El barón no se conmovió poco ni mucho. Siguió haciendo guiños a la copa +que tenía delante y, después de apurarla muy reposadamente y chasquear +tres o cuatro veces la lengua, dijo: + +--Despacio, despacio, Fray Diego; usted no sabe todavía lo que son los +papas. + +--¡Viva el papa soberano de todos los reyes de la tierra!--volvió a +exclamar el cura, dando otro puñetazo más fuerte. + +--Cuidado, Fray Diego, que los papas han sido siempre muy ambiciosos. + +--¡Señor barón!--exclamó el clérigo con voz enfática de cómico de la +legua.--¡Tiene usted el alma tan fea como el rostro! + +El barón quedó tan sosegado ante aquel insulto. Después de un rato dijo +con perfecta tranquilidad: + +--No sea usted botarate. ¿Qué tiene que ver mi cara en estos asuntos? Yo +soy católico, apostólico, romano; pero si mañana el rey, nuestro señor +(llevose la mano a la boina al decir esto), me manda con un destacamento +a Roma, voy a allá como el condestable de Borbón, la saqueo y prendo al +pontífice. + +--Y yo digo que si Su Santidad me mandase meter una cuarta de bayoneta +por el ombligo a ese condestable, tenga usted por seguro que le metía +dos. + +--No. + +--¿Cómo no?--rugió el capellán poniéndose carmesí. + +--Porque el condestable ha muerto hace tres siglos. + +--Me alegro. Tres siglos hace que arde en los infiernos. + +--Todo eso está muy bien, _pater_, pero el rey siempre arriba, ¿estamos? +y los demás a callar y obedecer. + +--¡El papa no calla nunca, señor barón! + +--Pues se le pone una mordaza. + +--¡Quisiera yo ver ¡porra! ¡reporra! ¡cien veces porra! quién se la +ponía estando cerca Fray Diego de Areces!--gritó el clérigo alzándose +convulso y echando fuego por los ojos. + +--Siéntese, _pater_, y cálmese y escancie otra copita, que Fray Diego de +Areces no es más que un cazuela. + +El capellán se serenó repentinamente, vertió delicadamente el licor en +las dos copas y apuró la suya con deleite, después de lo cual dejó caer +la cabeza sobre el pecho, los párpados se le bajaron y se puso a +dormitar. El barón, radiante de alegría, le contemplaba fijamente con +ojos socarrones, aprovechándose de su ausencia temporal para escanciarse +otra copita, «de nones,» como él decía. + +Era constante particularidad de aquellas dulces sesiones el que la +ginebra trocase el carácter de ambos. El genio irascible, impetuoso del +barón se dulcificaba de modo inverosímil. Hacíase, mientras duraba la +benéfica influencia del alcohol, alegre, comunicativo, conciliador; +ninguna palabra le molestaba, nada le parecía suficiente motivo para +encolerizarse. En cambio, Fray Diego, que en estado normal era un +bendito, siempre jovial y chancero, tornábase un diablo disputador y +quisquilloso, adquiría de pronto humor guerrero que nadie sospecharía +bajo su rostro redondo y plácido de beata ajamonada. + +Despabilose al cabo de pocos minutos, miró al barón algunos momentos +fijamente con extraña ferocidad y profirió estropajosamente: + +--Quisiera, señor barón, que me explicase usted qué entiende por +cazuela. + +--¡Anda, salero! ¿Ahora salimos con eso? ¿A usted qué le importa que +signifique uno u otro? + +--Es que yo quisiera... ¡entendámonos! + +--Ya nos hemos entendido. Usted tiene dos cuartillos de ginebra entre +pecho y espalda y yo otros dos... o algo más--añadió haciendo un número +prodigioso de guiños. + +--¡No es eso, señor barón, no es eso! ¡Entendámonos de una vez, porra! + +--Aquí ya no hay barones ni frailes--exclamó el noble en un arrebato de +buen humor alzándose de la silla.--Aquí sólo quedan el tío Francisco, +que soy yo, y el tío Diego; que eres tú, ¿estamos?... Vengan esos +cinco... + +Al avanzar con la mano extendida dio algunos traspiés, pero se mantuvo +firme. + +--¡Vengan esos cinco, valiente! + +El cura se dulcificó. Se estrecharon las manos. + +--Ahora un abrazo por el rey legítimo de las Españas. + +--¡No me hable usted de abrazos!...--gritó el clérigo enfoscándose de +nuevo.--Me acuerdo del abrazo de Vergara, y ¡porra!... + +--No te apures, compadre, que ya nos la pagarán. + + _¡Ay, ay, ay! mutilá_ + _Chapelen gorriá._ + +Y se puso a cantar roncamente el himno carlista; pero interrumpiéndose +de pronto: + +--¡Eh, tío Diego, a cantar! Dejémonos ahora de lágrimas... + +En efecto, su amigo lloraba en aquel momento lágrimas como avellanas, +recordando la traición de Vergara. + +--¡Arriba, coracero! ¿A que no te pesaría de que bebiésemos una copita +por el exterminio de todos los _negros_? + +Fray Diego se declaró, con un movimiento de cabeza, partidario en +principio de este brindis consolador, pero no se movió de la silla. + +Bebieron otra copa, y su efecto fue tan prodigioso en el alma +tradicional del barón, que se puso inmediatamente a bailar el zapateado +inglés sobre la mesa, sin que Fray Diego dejase por ello de verter +abundantes lágrimas. + +--¡Hum! No me gusta este baile de _extranjis_--manifestó al fin +bajándose de un salto;--prefiero la _danza prima_. Ven acá, tío Diego... + +Y a la fuerza, cogiéndole por las manos, lo alzó de la silla y se puso +a dar vueltas con él, entonando uno de los cantos largos y monótonos del +país. Fray Diego se sintió rejuvenecido. Recordaba sus tiempos de +mastuerzo allá en la aldea, cuando su tío el cura de Areces le molía a +palos porque saltaba de noche por la ventana para ir a cortejar las +mozas de los pueblos vecinos. + +--Oye, Diego--dijo el barón parándose repentinamente.--¿No te parece que +antes de seguir bebamos una copita por el alma de nuestros mayores? + +Asintió el fraile de buen grado; pero las copas yacían rotas por el +suelo y los tarros vacíos. El barón abrió un armario y sacó de él nuevos +elementos de _vida espiritual_. Esta copa funeraria le inspiró una idea +felicísima; la de cubrir la cabeza del capellán con su boina y adornarse +él con el canalón de éste, que descansaba sobre una silla. Así vestidos +volvieron a la danza, haciendo dos figuras realmente interesantes. + +El barón dio un traspié y cayó. + +--Alza, tío Diego. + +El fraile le cogió de nuevo las manos que había soltado y tiró con +fuerza hacia arriba. Pero el peso del noble le doblegó y rodaron los dos +por el suelo. + +--¡Alza, tío Diego! + +--¡Alza, tío Francisco! + +Ambos se revolcaban soltando bárbaras carcajadas. El barón logró al fin +ponerse en pie. El capellán le imitó al cabo de un rato. Pero su alma, +iluminada un momento por los recuerdos de la juventud, cayó otra vez +repentinamente en la sangre y el exterminio. Se dirigió ferozmente a su +amigo. + +--Sepámoslo de una vez, ¡porra! ¿Por qué me ha llamado usted cazuela +hace poco? ¿eh? ¿eh? ¿por qué? + +--Te lo explicaré enseguida, hombre--repuso el barón con calma;--pero +antes beberemos una copa por la congregación de todos los fieles +cristianos, cuya cabeza visible es el papa... digo, si te parece. + +El capellán no puso obstáculo. + +--Pues te he llamado cazuela--prosiguió chasqueando la lengua--porque +una cazuela, ¿sabes tú? una cazuela sirve para que la llenen de patatas +guisadas. + +Dicho esto, el barón cayó en un espasmo de alegría tan violento que por +poco se ahoga. Mientras tanto, los ojos saltones de su camarada le +miraban con tal expresión amenazadora que parecía que iban a brincar de +las órbitas y lanzarse sobre él; crecían por momentos como los de una +langosta. + +--¿Y por qué de patatas guisadas? Yo tengo tantos hígados como usted, +¡porra! y lo he probado en la acción de Orduña y en la de Unzá, y por +algo tengo en mi casa seis cruces. + +--¿Tú? ¿tú?--dijo el caballero sin poder sosegar la risa.--Tú nunca has +servido más que para hacer el rancho al escuadrón. + +El furor del fraile no tuvo límites al escuchar esto. Gritó, pateó, dio +espantosos puñetazos sobre la mesa. Por último, lanzose hacia la puerta +y desde su marco comenzó con descompuestos ademanes a apostrofarle. + +--¡Eso lo dice usted porque está usted en su casa! ¡Salga usted fuera a +decirlo! ¡Salga usted conmigo! + +El barón le miraba con risueña curiosidad. + +--Calma, calma, tío Diego. + +--¡Salga usted a matarse conmigo!... Con sable, con pistola, con lo que +usted quiera... + +--Bien, hombre, bien; saldremos a matarnos... pero sólo por darle a +usted gusto... + +Fue con paso vacilante hacia la alcoba y a tientas, porque ya la +oscuridad era completa, metió las manos en el armero y sacó dos grandes +sables de caballería. + +--Toma--dijo alargando uno al capellán. + +Éste lo sacó de la vaina y se puso a esgrimirlo. Mientras llevaba a cabo +la prueba, D. Francisco le contemplaba rebosando de satisfacción. + +--Bueno, vamos ya--dijo el fraile envainando.--En marcha. + +Y tomando el canalón, que andaba por el suelo, y ocultando el sable +debajo de los manteos, salió por la puerta. El barón cogió la boina, se +puso un grueso montecristo de abrigo y le siguió. + +--¡Alto!--exclamó antes de que hubiera dado cuatro pasos.--¿No te parece +que echemos la espuela? + +Fray Diego dejó escapar un gruñido afirmativo. + +Entraron otra vez en la sala y, tentando el suelo, tropezaron con el +tarro de la ginebra, que no estaba agotado por completo. Dieron con las +copas y se escanciaron todo lo que había. Acto continuo salieron a la +calle. + +El pavimento de gruesos guijarros estaba mojado. Caía una lluvia +menudísima, tan espesa que en poco tiempo calaba la ropa como el más +fuerte aguacero. La noche había cerrado casi por completo. Y como, según +las prácticas municipales, faltaba todavía un buen cuarto de hora para +encender los famosos reverberos de aceite, las tinieblas envolvían a la +empapada ciudad. + +Los dos héroes, animados por el espíritu de la guerra, caminaron con +decisión por la calle del Pozo, el clérigo delante, el noble detrás, +ambos embozados hasta los ojos y apretando bajo el brazo el instrumento +de muerte que cada cual llevaba. Entraron en la calle de las Hogueras, +pasaron por bajo los muros de la Fortaleza y salieron a la vía que ciñe +la antigua muralla de la población. A medida que el agua, filtrándose al +través de los abrigos, refrescaba sus carnes, se iban paulatinamente +equilibrando sus humores. El de Fray Diego tendía visiblemente a +serenarse, arrojaba uno a uno los negros velos que le oprimían. Pero +estos velos los recogía todos el barón y envolvía con ellos su espíritu +altivo y cruel. Ambos avanzaban impávidos al través de la noche y la +lluvia, presagiando la muerte. + +Siguieron un buen trecho a lo largo de la muralla y al llegar a la +carretera de Sarrió tomaron por ella. No habían andado cinco minutos +cuando oyeron cerca un gemido. Pararon en firme, y acercándose al pretil +distinguieron un bulto; se aproximaron un poco más y vieron sentada una +niña. + +--¿Qué haces ahí?--dijo el barón, agarrándola por un brazo. + +--¡Perdón!--exclamó Josefina en el colmo del terror.--¡Por Dios, no me +pegue usted, señor! Ya me pegaron mucho. + +La mano del caballero se aflojó repentinamente y, cambiando de voz y de +tono, dijo: + +--No, hija mía, no; nadie te pegará. ¿Cómo estás aquí a estas horas? + +--Me ha pegado mucho mi madrina y me escapé de casa. + +--¿No tienes padres? + +--No, señor. + +--¿Vives en Lancia? + +--Sí, señor. + +--¿Quién es tu madrina? + +--Una señora. + +--¿Cómo se llama? + +--Amalia. + +--¡Porra!--exclamó Fray Diego, dándose una palmada en la frente.--Es la +niña recogida por D. Pedro Quiñones. + +--¿Es verdad que se llama D. Pedro el marido de tu madrina? + +--Sí, señor. + +--Vamos, levántate, hija mía. Ahí no estás bien. Vente con nosotros. + +--¡Oh, no, por Dios! ¡No me lleven a mi madrina! + +--No, no iremos allí. ¡Estás mojada, criatura!--añadió palpando su +ropa.--Anda, anda. + +Los dos héroes habían depositado los sables sobre el pretil. Cuando +echaron a andar hacia Lancia, llevando a la niña en el medio, allí los +dejaron olvidados sin reparar en que la humedad desluce y enmohece el +acero. + +--¿Y por qué te ha pegado tu madrina?--preguntaba Fray Diego mientras +caminaban despacito para acomodarse al paso de la niña. + +--Porque estaba jugando con los pastores. + +--¡Los pastores!... ¿Pero los pastores de don Pedro vienen a dormir a +casa? + +--Sí, señor; duermen en la caja de cartón. + +--A ver, a ver, chica, ¿qué estas diciendo ahí?--profirió el capellán +deteniéndose. + +De la investigación entablada inmediatamente resultó que los pastores +eran de barro. Fray Diego emprendió nuevamente la marcha, resguardando +con sus manteos el frágil cuerpo de la criatura. + +Pero al ponerle una de las veces la mano en la cara observó, con +sorpresa, que la humedad que le mojó los dedos era caliente. Comunicada +esta observación con su antagonista, y como quiera que ya habían llegado +a las primeras casas de la ciudad, metieron a la niña en un portal, +encendió el barón un fósforo y la reconocieron. Tenía todo el rostro +bañado de sangre, que manaba de algunos profundos arañazos, las manos +cubiertas de cardenales. Los dos héroes se miraron aterrados, y la misma +ola de indignación encendió sus mejillas. El barón dejó escapar una +serie de imprecaciones fulminantes. Éstas y su feo rostro espantable +hicieron tal impresión en Josefina, que huyó gritando a un rincón. +Consiguieron, no sin trabajo, tranquilizarla, y después de secarle el +rostro con un pañuelo, Fray Diego la cogió en brazos (el barón lo había +intentado en vano), tapola bien con sus manteos y emprendieron la +marcha hacia la casa solariega de los Oscos. + +Allí le hicieron la primera cura. El barón, que en la campaña había +adquirido algunos conocimientos de cirugía, le lavó cuidadosamente las +heridas, las cerró con aglutinante y curó las contusiones con cierto +ungüento eficaz que poseía. Las manos rudas de aquellos veteranos +parecían de seda al tocar la piel de la niña. Una mujer no la hubiera +curado con más delicadeza, con tal atención y esmero. + +Josefina iba perdiendo el miedo. Aquel señor tan feo no era malo. Se +atrevió a pedir agua. El barón respondió que no se estilaba en aquella +casa, y que lo mejor que le vendría ahora para quitar el susto era una +copita de Jerez. Hízola traer, y luego que la niña la hubo bebido, los +dos campeones del rey legítimo se retiraron a un rincón de la sala a +deliberar. + +Resolvieron que lo práctico en aquel momento era llevar la niña a casa +de Quiñones. El barón se encargaba de entregarla. Antes calentaría muy +bien las orejas a su madrina; le diría que era una indigna mujerzuela, +una criatura vil y perversa, y que si otra vez osaba maltratar a aquella +pobre niña desvalida, iría a su casa a cortarle las orejas y atarla +después por el moño a la cola de su caballo y arrastrarla así por toda +la ciudad. Fray Diego no estaba conforme con tanta crueldad, pero el +barón ni por Dios vivo quiso alterar poco ni mucho aquel plan siniestro +de terrible ejemplaridad. + +Costó trabajo persuadir a Josefina a que viniese con ellos. +Consiguiéronlo después de prometerle que su madrina no volvería a +pegarla y que sería para ella muy buena de allí en adelante. ¡No faltaba +más! Como se atreviera a tocarla siquiera en un pelo, ¡rayo de Dios! le +retorcía el pescuezo como a una gallina, la desollaba viva a correazos +con el freno de su caballo. El rostro de aquel señor era tan espantoso +al proferir tales amenazas, que la niña no dudó un instante de su +cumplimiento. + +Mientras caminaban hacia la mansión de los Quiñones, el barón no cesó de +vomitar injurias y amenazas de muerte contra la esposa del maestrante. +Fray Diego procuraba inútilmente calmarle. Sus instintos sanguinarios se +iban exacerbando de tal modo, que el ex-fraile, temiendo una catástrofe, +se despidió al llegar a la puerta del palacio. + +El barón tiró de la campana. Como no sabía la costumbre feudal de la +casa, no tiró más que una vez. Tardaron en abrirle juzgándole plebeyo. +La sorpresa del criado fue grande al ver a aquel terrible señor, que +tanto respeto infundía en la ciudad, y se apresuró a pedir perdón de no +haber acudido más a tiempo a abrirle. El barón preguntó por don Pedro +Quiñones. Le hicieron pasar y el criado subió delante por la gran +escalera de piedra. Al llegar al piso principal le rogó que aguardase +mientras le anunciaba. + +Pocos momentos después se presentó Amalia. Dirigió una penetrante mirada +de rencor a la niña, que el barón tenía de la mano, y dijo dirigiéndose +a éste con frialdad y altivez: + +--¿Qué deseaba usted? + +--Venía a entregar esta niña que he recogido en la calle... y al mismo +tiempo a hablar con don Pedro o con usted cuatro palabras. + +Al proferir esta última, la voz del barón se alteró de un modo +perceptible. + +--¿No me conoce usted?--añadió, viendo que la dama le miraba fijamente +sin contestar. + +En los pueblos casi todos se conocen, sobre todo las personas de viso, +aunque no se traten. Sin embargo, Amalia replicó descaradamente: + +--No tengo ese honor. + +--Soy el barón de los Oscos. + +La dama hizo una inclinación de cabeza. + +--Paula--dijo dirigiéndose a una criada que había acudido,--llévate esa +chica. Tú, Pepe, enciende las lámparas del gabinete azul. + +Cuando estuvieron solos, la señora se sentó, invitó con majestuoso +ademán al barón para que hiciese lo mismo, y esperó mirándole con +extremada curiosidad, pero sin asomo de temor. + +--Señora--comenzó el barón,--he hallado a esa niña en la carretera de +Sarrió cubierta de sangre y llena de cardenales. Le he preguntado quién +la había puesto así, y me respondió que su madrina. Yo no puedo creer... + +--Puede usted creerlo, porque es exacto--dijo Amalia interrumpiéndole. + +El barón quedó parado y confuso. Al cabo prosiguió: + +--Es posible que usted tuviera razón para castigarla, pero me duele en +el alma... + +Amalia volvió a interrumpirle: + +--Y a mí me duele mucho ese dolor que usted siente. + +--Mi objeto al venir aquí--manifestó el barón, que por momentos iba +perdiendo su aplomo,--era prevenir a usted... + +--¿Cómo? + +--Era rogarle que, ya que ha tenido la caridad, según me han +manifestado, de recoger esa desgraciada criatura expósita, continuase su +buena obra protegiéndola, amparándola, educándola... y cuando tuviese +necesidad de castigarla lo hiciese con clemencia, pues la pobre es una +criaturita tierna y débil, y los golpes pudieran concluir con su vida... + +--¿Es eso todo lo que usted tenía que decirme?--preguntó fríamente la +dama. + +La faz temerosa del barón se congestionó súbito al escuchar esta +pregunta, inyectáronse sus ojos, la sinuosa cicatriz se alzó con gran +relieve sobre la superficie del rostro en virtud sin duda de algunos +movimientos volcánicos de lo interior. Escucháronse allá en la garganta +ruidos formidables, sordos estampidos, presagio de violenta erupción. +Pero al cabo aquellos ruidos se apagaron, cesaron los movimientos de +trepidación, y el cráter, en vez de despedir una corriente de lava +fundida, como era de temer, rocas, cenizas y otras materias volcánicas +en ebullición, dejó escapar débilmente estas dos palabras: + +--Sí, señora. + +--Bien, pues agradezco a usted mucho el interés que se toma en este +asunto, y aprovecho la ocasión para decirle en nombre de Quiñones y en +el mío que tiene usted aquí su casa. + +Al mismo tiempo tiró del cordón de la campanilla y se levantó. Alzose +también el barón mascullando las gracias y ofreciéndose. + +--Pepe, acompañe usted al señor barón. + +Hizo éste una profunda reverencia. Contestó Amalia con otra más leve. El +caballero giró sobre los talones y salió. + +Al bajar por la escalera con las orejas gachas, el semblante encendido y +los ojos extraviados, otra vez se presentaron ante su imaginación con +vigoroso relieve el descuartizamiento, la pérdida de los ojos, la cola +del caballo y otros fieros suplicios de la época visigótica, a la cual +pertenecía por su bárbara traza y corazón indomable y crudelísimo. + + + + +XIII + +El martirio. + + +Apenas se había cerrado la puerta tras el barón, Amalia hizo traer la +niña a su presencia. + +--¡Venga usted acá, señorita, venga usted acá! ¡Cuánto tiempo ya que no +nos hemos visto! ¿Cómo lo ha pasado usted? ¿Le ha ido a usted bien? El +barón es muy galante con las damas, ¿verdad? + +La niña lanzó un grito penetrante. + +--¡Ay mi oreja! + +--¡De rodillas, sabandija! ¡Ah! ¿Conque no vale nada lo que he hecho por +ti! ¿Ya me enseñas los dientes antes de concluir de mamar? De rodillas, +picaruela, ¡malvada! + +Josefina fue a caer acurrucada en un rincón del gabinete. Amalia mantuvo +sobre ella largo rato su mirada fulgurante. Separándola al fin, preguntó +a Concha y a Paula, que habían traído a la delincuente, en qué forma se +había escapado. La culpa era del cochero. Improperios contra el cochero, +que era un borracho, y amenazas de despedirle si volvía a caer en +descuido semejante. Luego comentarios infinitos sobre el encuentro del +barón. ¿Qué hacía aquel bruto a tales horas por la carretera de Sarrió? +¿Quién era el cura que le acompañaba? Después consideraciones +tristísimas sobre la ingratitud y maldad de aquella niña que huía de la +casa donde se la había dado albergue y ponía en ridículo a su +protectora. Las domésticas convinieron en que merecía un castigo +ejemplar. + +Despidiolas al cabo la dama, deteniéndolas con ademán imperioso cuando +trataban de llevarse a la expósita. Una vez solas, Amalia tomó un libro +y se puso a leer tranquilamente a la luz de un quinqué, mientras su +hija, de rodillas en el ángulo más oscuro, sollozaba apagadamente. Tres +o cuatro veces levantó aquélla la cabeza, dirigiendo su mirada colérica +a las tinieblas del rincón, esperando que la chica gimiese más fuerte +para lanzarse sobre ella. Trascurrió una hora, hora y media. Cerró al +fin el libro: salió y volvió a los pocos momentos. Comenzó a desnudarse +lentamente: cuando estaba medio desnuda tomó el quinqué, y acercándolo a +la niña la obligó a levantarse, la llevó hasta la alcoba y le dijo +mostrándole el suelo: + +--Esta es tu cama. Ahí dormirás vestida. + +Cuando terminó de desnudarse, la niña le dijo con voz débil: + +--Perdóname, madrina; no volveré a hacerlo. + +Pero ella no quiso oír estas palabras. Se metió en la cama y apagó la +luz. Sus ojos quedaron abiertos en la oscuridad. Las horas, sonando con +sus cuartos y medias melancólicamente en el reloj de la catedral vecina, +no consiguieron cerrarlos. Eran dos lámparas misteriosas que sólo daban +luz hacia dentro, alumbrando mil cosas siniestras y punzantes. Bajo +aquella pequeña frente se atropellaban, se estrujaban las ideas +sombrías, los deseos feroces. El matrimonio de Luis era una abominable +traición. Sin recordar la suya hacia el pobre viejo paralítico que Dios +le había dado por esposo, ni pensar en que su falta había truncado la +vida del conde, amenazado de morir en la soledad, sin familia que +endulzara sus últimos días, hacía pesar sobre él toda la responsabilidad +del delito y toda la amargura que ahora sentía al desprenderse del único +placer que la acariciaba en aquella lúgubre y monótona existencia. ¡El +único placer! No merecía otro nombre su amor. En aquel espíritu +ardiente, despótico, atormentado, no había entrado jamás la ternura; +ignoraba por completo las cosas deliciosas y poéticas que ennoblecen la +pasión y la hacen perdonable. Su vida se había deslizado en una +agitación insana, atormentada por el deseo de ser feliz a toda costa. En +los últimos siete años vivió bajo el imperio de su torpe apetito +insaciable. Jamás un pensamiento melancólico de remordimiento vino a +acusar en aquella ruin naturaleza la presencia del sentido moral. Cada +vez más exacerbada su ansia de goces la arrastraba últimamente a mil +pasos extravagantes y peligrosos. Ya no se contentaba con reunir en su +casa a la juventud laciense y bailar de vez en cuando por +condescendencia. Era menester, para alegrarla, que todos los días +hubiese jarana, giras de campo, mascaradas, etc., y que ella bailase sin +cesar hasta caer rendida como una zagala de quince años: necesitaba +menudear las entrevistas secretas con su amante a las horas más +extraordinarias y en las ocasiones más impensadas. Sus anhelos +enfermizos la impulsaban a desafiar la opinión pública, despreciando por +gusto toda precaución. Si el conde le hacía alguna advertencia +irritábase, se revolvía como una fiera. Más perdía ella que él; las +murmuraciones no se cebarían en el hombre seguramente, sino en la mujer. +La deshonra era para ésta. Pero ella se reía a más no poder de estas +murmuraciones y de la deshonra. Si la apuraban un poco era capaz de +pregonar su falta en Altavilla cuando hubiese más gente. El conde se +sentía cada vez más desligado de esta mujer, que turbaba todas sus ideas +morales, teológicas y sociales. Llegaba a inspirarle miedo. + +Éste se convirtió en terror, en malestar insufrible, que le hizo +apetecer con ansia la libertad, desde cierta revelación que, sonriendo, +le hizo Amalia. + +--¿No sabes, querido? Esta mañana estuve a punto de hacer una locura, +una locura muy grande. Quiñones me mandó ponerle las gotas de arsénico +que toma hace tiempo. Cogí el frasco y de repente, como si una mano +invisible me levantase el codo, vertí en el vaso la mitad del +contenido... ¡No tiembles, cobarde, que no hay motivo!... Jamás me había +pasado nada semejante. Te juro que mi voluntad no tenía arte ni parte en +ello. Obraba por una fuerza superior que me arrastraba a pesar mío. Dejé +el vaso sobre la mesa, lo contemplé un instante con sorpresa, lo levanté +para mirarlo al trasluz... Nada, ni el más mínimo signo que denotase que +allí estaba la muerte. Lo puse sobre la bandeja y me encaminé con él +hacia el gabinete sin darme cuenta de lo que hacía. Pero enmedio del +pasillo me estremecí como si saliese de una pesadilla, vi repentinamente +el disparate que iba a hacer, y dejé caer el vaso al suelo. + +--No era un disparate, era un crimen horrible el que ibas a +cometer--dijo sordamente el conde, que sudaba de congoja. + +--Bueno, crimen o disparate... o lo que sea, era una estupidez de todos +modos, ¿sabes? porque enseguida se comprendería, por los síntomas, que +se trataba de un envenenamiento. + +Aquellas palabras, pronunciadas con afectada ligereza, impresionaron aún +más al conde que las anteriores. Desde entonces no podía acercarse a +ella sin experimentar una extraña sensación de repugnancia. + +Su juventud pasó. Hasta la llegada de Fernanda, Amalia no había pensado +en ello. No teniendo rivales en Lancia, había puesto menos diligencia +cada día en el cuidado de su persona, dejó del todo aquella plausible +coquetería que sirve a la mujer para perpetuar el encanto de su persona. +Sólo al ver la espléndida hermosura de la hija de Estrada-Rosa se dignó +echar una mirada a sí misma. Comenzó a preocuparse del aliño de su +cuerpo, se procuró toda clase de afeites, envió por vestidos a Madrid, +aprovechó todos los recursos de la elegancia. Era tarde. Aquel mísero +cuerpo abandonado, marchito por los años y la anemia, no recobró +frescura ni gracia. + +Esta idea fija le roía el cerebro en su larga y dolorosa vigilia. ¡No +volver a inspirar amor, ser vieja, causar repugnancia! Mil garfios le +arrancaban las entrañas. Luis se casaba. ¿Por qué? ¿No le había +sacrificado su juventud, su honor, su salvación, si después de esta vida +había más que tinieblas? ¡Qué valía esto! La primera señal de ruina que +había aparecido en su rostro desvaneció como un sueño todos los +juramentos; los siete años de amor se habían hundido en el abismo del +tiempo sin dejar la más insignificante huella... Pero ella no tenía +arrugas todavía; no era tan vieja; treinta y cinco años nada más. +Bruscamente llevó la mano a la mesa de noche, encendió la bujía y saltó +de la cama: acercose al espejo y se contempló largamente, repasando con +el dedo todos los rincones del rostro para cerciorarse de que no +existían las temidas arrugas. + +Un gemido que sonó detrás le hizo volver la cabeza. Levantó la bujía y +clavó una mirada recelosa en su hija, tendida en el suelo y tiritando. +La niña no dormía. Sus ojos febriles se posaron con angustia en ella, +sus labios murmuraron otra vez «¡Perdón!» Sin hacer caso alguno, la +esposa de D. Pedro se metió de nuevo en la cama y apagó la luz. + +Los rayos del sol matinal, penetrando por las rendijas del balcón, +alumbraron aquellos dos insomnios. Con la luz de Dios comenzó el bárbaro +suplicio de una criatura inocente. La fecunda, diabólica fantasía de +Amalia se puso a inventar tormentos con que saciar el odio que la +devoraba. Necesitaba ver sufrir. Josefina fue enviada descalza abajo con +una misiva escrita en lápiz para Concha. El papel decía: «Concha, ahí te +envío a esa picaruela. Castígala como mejor te parezca.» + +Amalia había adivinado, en su doncella, al verdugo. Y en efecto, al +recibir ésta el papelito experimentó satisfacción, lisonjeada en su +vanidad y en sus instintos. + +--¿Sabes lo que dice este papel?--le preguntó relamiéndose. + +Josefina hizo un signo negativo. Leía todavía mal el manuscrito, sobre +todo escribiendo tan descuidadamente como lo había hecho la señora. La +costurera le obligó a deletrear aquellas palabras hasta que se enteró +bien de ellas. + +--Ya ves que me manda castigarte por lo que has hecho ayer. + +Al decir esto sonreía dulcemente, como si le noticiase que le iba a +regalar alguna golosina. Josefina la miró sorprendida. + +--¿Castigarme? Madrina ya me ha hecho dormir en el suelo. + +--No importa, eso es poco para maldad tan grande como escaparse de casa. +Habrá que darte algunos azotes. Lo siento, hija mía, porque nunca has +recibido este castigo y te va a doler mucho. Las señoritas tenéis la +carne delicada, no sois como nosotras, que estamos acostumbradas desde +muy chiquitinas a la intemperie y a los golpes. ¡Ven acá!... + +Al mismo tiempo sacó del corsé una de las formidables ballenas, que +entonces solían usarse. La niña retrocedió asustada, pero la costurera +la atrapó por el brazo. + +--No intentes escapar, porque entonces será doble la ración. + +Josefina se cogió a su mano llorando angustiosamente. + +--¡No me pegues, por Dios, Concha! Ya sabes que me ha pegado mucho +madrina ayer... Mira, mira cómo tengo las manos... Me duele también la +cabeza... ¡El suelo estaba tan duro!... Yo te quiero mucho... no te he +acusado nunca a madrina...: + +--¡Suelta, suelta!--repuso la costurera tratando de desasirse suavemente +de sus pequeñas manos.--No tengo más remedio que obedecer. La señora lo +manda. + +--¡No, por Dios! ¡Concha, no, por Dios!--respondía entre sollozos la +criatura.--Te quiero mucho... y a madrina también... Si no me pegas te +he de dar mi caja de muñecas... + +--¿De veras?--dijo dulcificándose. + +--Sí, ahora mismo si la quieres. + +--¿Y el estuche de costura? + +--También. + +--¿Y el armarito de espejo? + +--Sí, el armarito también. + +Concha hizo ademán de vacilar. La niña la miraba con ojos ansiosos. + +--¿Y me prometes ser buena siempre? + +Sí, le prometía ser buena siempre. + +--¿Nunca más escaparte? + +--Nunca. + +--Bueno--dijo con tono cariñoso y condescendiente;--pues si prometes ser +buena y formal, y no se lo dices a la señorita, y me das además todo eso +que dices, entonces... entonces... ¡arrea, chico! + +En un instante le alzó la ropa y comenzó a azotarla despiadadamente, +riendo como una loca del engaño. + +Los alaridos de la niña subieron hasta el piso segundo. La esposa del +maestrante estaba frente al espejo, arreglándose provisionalmente el +pelo. Se detuvo. Un estremecimiento singular corrió por su carne, cierta +emoción indefinible y vaga, semejante a un cosquilleo, que no podría +decir con seguridad si era de placer o de dolor. De todos modos, algo +que refrescaba aquel ardor insufrible que los vapores de la ira habían +levantado en su pecho. Permaneció inmóvil hasta que los gritos cesaron. +Los ojos brillaban, el pulso latía con más celeridad. Así se dice que el +corazón de la fiera palpita a la vista de su víctima. + +Fue el comienzo de los martirios de la niña. Con los pretextos más +fútiles comenzó a infligirle castigos crudelísimos, demostrando tan rica +fantasía que para sí la hubieran querido los sayones del Santo Oficio. +No sólo la golpeaba bárbaramente por los motivos más inocentes, y la +pellizcaba y la mordía, sino que se gozaba en tenerla en continuo +sobresalto bajo el temor de espantosos suplicios, en hacerle padecer de +día y de noche. Obligábala a salir descalza por el jardín en las mañanas +más crudas para buscarle una flor, o bien la tenía con la cabeza al sol +horas enteras, haciendo la guardia, para que los pájaros no picasen una +planta de grosella. Hacíala dormir en el suelo al lado de su cama, y +varias veces durante la noche le mandaba levantarse y bajar a la cocina +por agua. Reducíala a comer los manjares que sabía no le gustaban y la +privaba de los que apetecía. + +A medida que corrían los días su saña y crueldad iban en aumento. Al +principio tomaba pretexto de cualquier descuido de la niña para +atormentarla. Luego no se fijó en esto: lo hacía cuando tropezaba con +ella o cuando el cuerpo se lo pedía. Uno de los martirios de su +exclusiva invención fue pincharla las manos con un alfiler, y tanto le +gustó que en pocos días las tuvo llenas de picaduras: apenas había sitio +donde poner otra. Esta tarea ferocísima solía encargarla a su verdugo +de órdenes, Concha, quien la desempeñaba a conciencia. Obligábala a +estudiar de memoria largos trozos del catecismo a sabiendas de que era +superior a sus fuerzas. En cuanto tropezaba tres veces le decía: + +--Ve a pedir un beso a Concha. + +Ésta era la frase que por irrisión había inventado para que la criatura +fuese a recibir el castigo del alfiler. + +No la consentía mudarse la ropa interior. Al poco tiempo la miseria +comenzó a roer la piel delicada de la niña. Viéndola rascarse, Concha se +enfurecía, la apellidaba sucia, piojosa y la arrojaba a empellones de la +estancia. Todavía más. La microscópica doncella, con anuencia de su ama, +le obligaba a ponerse zapatos antiguos que le estaban chicos y que le +producían llagas y vivos dolores. + +Uno de los más terribles martirios que la niña padecía era cuando Amalia +se encaprichaba en que no llorase. Unas veces la dejaba gritar y gemir +bajo los golpes: parecía que se gozaba en las lágrimas de la criatura, +en oír sus ardientes súplicas repetidas entre sollozos; pero en +ocasiones se empeñaba en que sufriese en silencio. Como esto no podía +ser, se exasperaba, se ponía loca como una fiera hambrienta. + +--¡Calla! + +La niña no podía; dejaba escapar un gemido. + +--¡Calla!--repetía, acompañando la orden de algunos golpes. + +Josefina trataba de callar, hacía esfuerzos desesperados por +conseguirlo; pero la respiración ansiosa se escapaba a su pesar, +produciendo un gemido. Más golpes. + +--¡Calla o te mato! + +La criatura apretaba con toda su fuerza la boca, suspendía el aliento, +se ponía lívida, y algunas veces caía privada de sentido. Aquel tierno +corazón se rompía falto de desahogo. + +En estos momentos Amalia experimentaba una sensación diabólica, mezcla +de placer y de dolor, algo semejante a lo que sentimos cuando nos sajan +una postema. Su postema era aquella desalmada pasión, mezcla de amor, de +lubricidad, de soberbia y de rabiosos celos. No pudiendo devolver a su +ex-querido tanta cruel mordedura como desgarraba su pecho, saciaba el +apetito de venganza en el fruto de sus amores. Cuando tenía la niña a +sus pies ensangrentada y temblorosa, en sus miradas de angustia, en sus +gestos, en el timbre de su voz creía ver al amante humillado y +suplicante, y sentía un áspero goce que hacía brillar sus ojos y +dilataba las ventanas de su nariz. Josefina era un retrato en miniatura +de Luis. Mientras fue dichosa, su fisonomía movible y risueña, el alegre +brillo de sus ojos hacía que no se pareciese tanto; pero ahora la +desgracia y el dolor habían impreso en su mirada una melancolía profunda +y en los rasgos de su rostro cierta expresión de fatiga, que eran las +dos cosas que caracterizaban principalmente el semblante del conde de +Onís. Cuando aquellos hermosos ojos azules se volvían hacia ella dulces +y resignados, cuando aquellos labios rojos se plegaban demandando +perdón, la valenciana sentía correr por su cuerpo marchito un +estremecimiento de voluptuosidad, algo que le recordaba los goces que su +amor adúltero le había hecho experimentar. + +Después de todo, en ella no había envejecido nada, nada más que aquel +rostro que se empeñaba en ajarse y aquella cabeza que producía con +horrible feracidad cabellos blancos. La carne de su cuerpo, su pecho, +sus brazos, sus espaldas, conservaban la misma tersura de alabastro, el +mismo brillo adorable, sello de una raza fina y hermosa. Palpábase, +buscando consuelo, con sus manos secas y hallaba la misma suavidad y +frescura. Aquella carne no se había marchitado. Bajo ella palpitaba la +juventud, circulaba una sangre ardiente, ávida de goces, devorada por la +creciente necesidad de las embriagueces del amor. + +Y sin embargo, todas aquellas cosas deliciosas se habían huido para +siempre; la novela de su vida, la que había embellecido su existencia +sombría en los últimos años, había llegado al último capítulo. ¡Era una +vieja! Asunto concluido. A este pensamiento, que se le introducía en el +cerebro como un hierro candente, sentíase acometida por una necesidad +animal de gritar, de rugir, de destrozar. Era en tales momentos cuando +la niña padecía los más crueles castigos, cuando su frágil existencia +corría verdadero peligro. + +El miedo fue otro de los padecimientos que le infligía a menudo. En las +altas horas de la noche hacíala levantarse y la enviaba a las +habitaciones extremas de la casa en busca de cualquier objeto. La niña +tornaba pálida, temblorosa, sudando de angustia. A veces era tanto su +temor, que dejaba caer la palmatoria y volvía corriendo arrojando +gritos. Amalia se enfurecía entonces, la pellizcaba, la golpeaba, +pretendiendo que fuese otra vez al sitio designado. La criatura se +dejaba martirizar y se hubiera dejado matar antes de hacerlo. En una de +estas ocasiones le dijo sonriendo ferozmente: + +--¡Ah! ¿Conque la señorita es tan medrosa? Está bien, yo me encargo de +curarte la enfermedad. + +Se acordaba de la impresionabilidad extraordinaria, de los terrores +nocturnos que avergonzado le había confesado Luis en momentos de +expansión. Principió a darle sustos terribles. Tan pronto se escondía +detrás de una puerta y le gritaba fuertemente al pasar, como la cogía +descuidadamente y la apretaba el cuello. Otras veces tomaba un cuchillo +y le decía que iba a morir, le ordenaba que se bajase la camisa para +degollarla mejor. Esto último no producía tanto efecto como pensaba. +Josefina inconscientemente apetecía la muerte, que la libertaría de +tanto martirio. Para mejor «quitarla el miedo,» entre Concha y ella +inventaron una siniestra farsa capaz de aterrar a un hombre valeroso, +cuanto más a una niña de seis años. Vistiéronse ambas con sábanas, +dejaron la habitación a media luz mientras la niña dormía, pusiéronse +unas caretas de calavera, y a media noche entraron dando gritos +lastimeros como almas del otro mundo. Al despertarse la criatura y ver +aquellos fantasmas, quedó paralizada por el terror, tapose luego los +ojos con las manos y un sudor copioso y frío bañó su cuerpo. Su corazón +comenzó a dar tan fuertes golpes que se oían a distancia, dejó escapar +algunos gritos ahogados y roncos; por último, llevándose las manos al +pecho, se revolcó por el suelo sin sentido, presa de espantosas +convulsiones. + +No se le curó el miedo; en cambio le quedó desde entonces una propensión +fatal a los síncopes y a los terrores nocturnos. Despertábase de +improviso con señales de gran espanto, mirando fijamente a un punto del +espacio, como si tuviera delante algún fantasma. El corazón le palpitaba +vivamente, la frente se le cubría de sudor. En tales momentos perdía por +completo la conciencia. Amalia la llamaba en vano. Sólo cuando ponía las +manos sobre ella la niña lanzaba un grito de terror y metía la cabeza +por el pecho. + +Entre Concha y María la planchadora habían estallado, a propósito de +estos castigos, serias reyertas. María era de natural compasivo y le +dolían los martirios de la niña, aunque no los conocía todos, porque +Amalia procuraba guardarse de los criados, exceptuando Concha. Si no era +suelta de lengua, no se la mordía tampoco para censurar en la cocina la +conducta de su señora. + +--Querida, esto es peor que la Inquisición. No parece que estamos entre +cristianos, sino entre perros judíos. Antes, tanto mimo que corrompía, y +ahora, de súpito, tratan a este angelito peor que a una bestia. ¡Dígote +que la cosa pasa de la raya! ¡No hay corazón para ver tanta maldad! + +--Cállate, tontona, entrometida--saltó Concha.--¿Quién te da vela a ti +en este entierro? Si la señora quiere enseñar a esa niña como es justo, +¿va a consultarte a ti el cómo lo ha de hacer? ¿Sabes tú tan siquiera lo +que es educar niños? ¡Si la castiga allá lo tendrá de premio, que así +la hará una mujer trabajadora y honrada! Algún día le dará las gracias. + +--¡Sí, las gracias! Desde el cementerio se las dará. De un mes a esta +parte la niña está desconocida. + +--Bueno; ¿y a tí qué te va ni qué te viene en esto? ¿Eres tú su madre? + +Tres o cuatro veces riñeron de esta suerte, llevando siempre la ventaja +por su desvergüenza y mala intención la microscópica costurera. Al cabo, +María, no pudiendo sufrir con paciencia aquel espectáculo, tomó la +resolución de marcharse. Se presentó un día a la señora, y con la +disculpa de que la plancha le hacía daño pidió la cuenta. No se le +ocultó a Amalia la verdadera razón, pues tenía conocimiento de sus +murmuraciones. Disimuló, sin embargo. + +--Sí, hija, comprendo que el planchado te aburra. Tú no gozas de mucha +salud. También yo ando malucha hace días. Tengo el sistema nervioso +alterado. ¡Pelear toda la vida con un enfermo, y ahora, para rematar la +fiesta, salirme esa chicuela, en quien tenía fundadas mis esperanzas, +tan ingrata y perversa! No sé cómo tengo paciencia. + +María vaciló un instante. + +--Ya ve usted, señora... los niños son niños. + +La esposa del maestrante comprendió que, si proseguía en el tema, la +planchadora iba a decir algo desagradable y se apresuró a cortar la +plática, pagándole su cuenta y despidiéndola con afabilidad. + +No impidió esto para que la doméstica dijese en confianza, en cierta +casa donde fue a servir, lo que pasaba en la de Quiñones. La noticia se +fue trasmitiendo en confianza, igualmente, de unos a otros. Al poco +tiempo fueron bastantes las personas que tenían conocimiento de las +crueldades que con la niña se cometían. + +El conde de Onís, para huir la curiosidad del público, que le molestaba +sobremanera, y aún más para librarse de Amalia, se había trasladado, sin +decir nada a ésta, hacía ya cerca de un mes a la Granja. Su madre le +había acompañado. No había escrito a su ex-querida, aunque todos los +días pensaba hacerlo, para darle cuenta de su resolución. Tanto era el +temor que la valenciana había llegado a inspirarle, que la pluma caía de +sus manos cada vez que la tomaba para noticiarle su matrimonio. Y dejaba +pasar los días en continua vacilación, pensando con inquietud en la ira +que de ella se apoderaría, esperando, como todos los débiles, en que +algún acontecimiento imprevisto le sacase del compromiso. Aquel modo de +romper las relaciones, sin riña, sin convenio, sin explicación alguna, +era realmente original, pero muy propio de su carácter. Nada sabía de +los martirios de su hija. No obstante, cuando pensaba en ella sentía +repentino desasosiego, alterábanse sus nervios, y se ponía a dar vueltas +por la estancia con visible agitación. Un vago y triste presentimiento +le oprimía el corazón. El amor frenético que consiguió inspirarle +Fernanda le había hecho olvidarse un poco de Josefina. En ciertos +momentos se reprendía a sí mismo con amargura; pensaba que aun casado +con Fernanda no alcanzaría la felicidad si no podía ver a su hija todos +los días. Bien entendía que era esto imposible continuando en poder de +Amalia. Por eso soñaba con arrebatársela: imaginaba con placer +desatinados proyectos de rapto: huir con ella y con Fernanda a cualquier +rincón del mundo tranquilo y ameno. + +Acaeció que en uno de estos días de vacilaciones para el conde, fue por +la mañana a casa de Quiñones Micaela, la más nerviosa y violenta de las +cuatro ondinas del Jubilado. Fue con objeto de pedir consejo a Amalia +acerca de un vestido que tenía en proyecto para el próximo baile del +casino. Apesar de sus treinta y pico, aún seguía tendiendo redes al sexo +masculino. Las visitas a estas horas eran raras; pero como la noble +familia del Jubilado mantenía tan íntima relación con la señora, no +vaciló la criada en pasarla al gabinete de arriba, donde aquélla se +hallaba. + +--Qué importuna, ¿verdad? Querida, es la hora en que se la puede a usted +pillar sola--entró diciendo con la graciosa volubilidad que +caracterizaba a los juveniles vástagos de Mateo. + +Amalia la recibió cordialmente, pero mostrando cierta sorpresa e +inquietud que Micaela no observó. Entraron en materia enseguida. La +cuestión de trapos embargó por completo sus espíritus. Amalia llevó a su +amiguita hacia el balcón. Pero no habían hablado muchas palabras, cuando +ésta creyó percibir un débil gemido en la misma estancia. Volvió la +cabeza y vio allá en un rincón a Josefina de rodillas y amarrada codo +con codo al tocador, de tal suerte que le sería imposible levantarse sin +alzar el pesado mueble, cosa muy superior a sus fuerzas. + +Amalia se apresuró a dar una explicación. + +--Esta chiquilla se está haciendo tan mala, que me veo precisada a +atarla para que se esté quieta. Ayer ha mordido un dedo a la costurera; +ahora acaba de romper un espejo. ¡No hay paciencia para sufrirla! + +Micaela, a quien aquel castigo repugnaba, calló. Siguió la esposa de +Quiñones hablándole con afectada indiferencia de su vestido; mas apesar +de lo mucho que el tema debía de interesarla, la joven se mostraba +bastante distraída y lanzaba frecuentes ojeadas a la niña. + +Dejó ésta escapar otro gemido. Su madrina se volvió con mal reprimida +cólera. + +--¿Quieres callar, eh? ¿quieres callarte? + +Y la miró un buen rato con extraordinaria fijeza. + +Volvió a anudar la plática, pero en su voz se notaba leve alteración. +Micaela estaba más y más distraída. La indignación le iba subiendo hacia +la garganta, y hubiera concluido por hacer alguna desagradable +advertencia a su amiga si la chica no se hubiera quejado de nuevo. + +--Vaya, está visto que no nos has de dejar en paz--dijo la dama haciendo +esfuerzos por sonreír.--Habrá que darte suelta. + +Fue allá y la desató, empleando en ello bastante tiempo; la cuerda daba +tantas vueltas alrededor de su pequeño cuerpo como si fuese un baúl +liado. Mas al tiempo de levantarse la niña, no pudo. Sin duda hacía +algunas horas que estaba en aquella dolorosa postura; los músculos, se +habían anquilosado. + +--¡Arriba zancas!--dijo bromeando, mientras la ayudaba a levantarse. + +Micaela observaba la escena con estupor; relámpagos de ira cruzaban por +sus ojos. + +--No te gustaba la posturita, ¿eh? Pues, hija mía, si quieres no volver +a ella hay que ser buena y obediente, ¿verdad, Micaela? + +Ésta no despegó los labios, cada vez más fosca, apesar de la sonrisa +melosa que contraía el semblante de la valenciana. + +--Bueno--prosiguió, acariciando la rubia cabeza de la niña,--ya estás +perdonada, pero ¡cuidado con hacer maldades! Vete abajo y pídele un beso +a Concha. + +La niña, al oír estas palabras, se puso densamente pálida, permaneció +inmóvil algunos momentos, y al fin se dirigió a la puerta con paso +vacilante. Antes de llegar a ella, Micaela, que la seguía atentamente +con la vista, observó que llevaba los ojos cubiertos de lágrimas. Amalia +reanudó la conversación de trapos. + +No se habían pasado tres minutos cuando llegaron al gabinete, lejanos y +apagados, los gritos de la niña. Micaela se estremeció; inclinó la +cabeza hacia la puerta para escuchar mejor. Amalia alzose vivamente de +la silla y fue a cerrar la puerta. Los gritos dejaron de oírse, pero la +nerviosa joven tampoco oyó ya las palabras de Amalia. Un gran +desasosiego se apoderó de ella; subíanle vapores a la cara y al +pensamiento atroces deseos de desvergonzarse con aquella malvada, de +llamarla judía, bribona, infame. Todo lo que pasaba en aquella casa se +le representó de golpe. Los celos primero, después la noticia del +matrimonio de Luis cayendo como una bomba, luego la venganza miserable, +en la hija, del abandono del padre. Conocía bien el carácter rencoroso +de la valenciana. Pero ¿qué adelantaría con injuriarla en aquel momento? +Producir un grave escándalo y que la arrojasen de la casa. Micaela, +apesar de su temperamento violento, tenía un corazón compasivo. Lo que +más la preocupó fue el hacer algo en favor de la infeliz criatura. Y +tuvo serenidad suficiente para disimular un poco y pensar que el mejor +partido era decírselo todo inmediatamente al conde, quien seguramente +ignoraría tan ruin venganza. Procuró terminar cuanto más pronto y se +despidió sin poder ocultar enteramente su turbación. + +Cuando se vio en la calle sintió la necesidad de desahogar su pecho. +Pensó en María Josefa, que vivía allí cerca y que profesaba a la niña +expósita tierno cariño. Entró en su casa agitada, trémula, y antes de +pronunciar palabra dejose caer en un sofá, dándose aire con la punta de +la mantilla. + +--¡Uf! Me ahogo... ¡No sabes lo que me acaba de pasar! ¡Es una infame, +una malvada que tiene que arder en los infiernos! Siempre lo he dicho y +las tontas de mis hermanas no quieren creerme. ¡Es muy perversa esa +tísica! Tiene el corazón de una hiena. + +--¿Pero qué hay?--preguntó con asombro, muerta de curiosidad, la sagaz +jamona. + +Entonces la nerviosísima hija del Jubilado le relató, tartamudeando por +la ira, la situación en que había hallado a Josefina, la palidez de la +niña después de la extraña invitación de su madrina, los gritos que +había escuchado como si la estuvieran dando tormento. María Josefa unió +inmediatamente sus imprecaciones a las de la joven. Sacaron a relucir +todos los testimonios de maldad que conocían de la esposa del maestrante +y resolvieron dar parte de lo que ocurría al conde, aunque averiguándolo +antes con más pormenores. Para ello, aquella misma tarde, se pusieron al +habla con María la planchadora, que hacía algunos días había salido de +casa de Quiñones. Al principio ésta, por temor a las consecuencias, se +manifestó reservada. Concluyó, no obstante, por dar suelta a la lengua y +referirles las mil iniquidades que la señora de Quiñones cometía con la +niña recogida. Quedaron horrorizadas. Pensaron en dar parte al juzgado, +pero sobre enemistarse por completo con la fiera valenciana (lo que, +dicho sea en honor suyo, no les preocupaba gran cosa en tales momentos), +comprendían que sería de escaso o ningún resultado. Los Quiñones eran la +gente más poderosa de la población; D. Pedro, jefe del partido +gobernante, en la provincia; las autoridades, hechura suya o sometidas a +su influencia. Todo se taparía enseguida y quedaría como antes. Lo mejor +era dirigirse al conde. Pero éste se hallaba a la sazón en la Granja. +Además, aunque todos, o casi todos, supiesen el secreto de la niña, no +era posible darse por enterados. Después de algunos debates decidieron +escribirle la siguiente carta, firmada solamente por María Josefa: «Sr. +Conde de Onís. Mi estimado amigo: Con la debida reserva le comunico que +la niña recogida por nuestros amigos los señores de Quiñones, y por +quien tanto nos interesamos todos, es objeto en aquella casa de crueles +tratamientos. Creo que tenemos el deber de intervenir para que cesen. +Usted me dirá lo que debe hacerse y que a mí como mujer no se me +alcanza. Si quiere conocer los pormenores del martirio de la criatura +diríjase a la criada María que hace algunos días dejó de servir en casa +de D. Pedro. Suya afectísima amiga, _María Josefa Hevia_.» + +Luis arrugó la carta entre sus manos crispadas. Toda la sangre se le +agolpó a la cara. Sin darse cuenta de lo que hacía salió de casa y casi +a la carrera tomó la carretera de Lancia, llegando a ésta en pocos +minutos. Aquel vago y terrible presentimiento que sentía realizábase al +fin. Amalia se vengaba ferozmente. El sentido oculto de la carta era +ése: se dirigían a él como padre de Josefina y causa de su desdicha. No +sabiendo qué partido tomar, fue a su casa para reflexionar. Sólo había +en ella una criada vieja cuidándola. De ésta se valió para averiguar +dónde estaba María y pasarle un recado a fin de que viniese a verle. No +se equivocó la planchadora sobre el objeto de tal llamamiento. En +cuanto le fue posible acudió a la cita, y después de hacerle prometer +que no haría uso de su nombre para nada, le dio cuenta circunstanciada +de los trabajos que estaba pasando la inocente niña. Escuchábala pálido, +desencajado, sin poder reprimir los violentos y frecuentes golpes de su +corazón. Cuando llegó a narrarle ciertos odiosos y terribles pormenores, +el conde principió a dar vueltas por la estancia como fiera enjaulada, a +mesarse los cabellos, a arañarse la cara, lanzando rugidos de coraje. + +Al quedarse solo, mil ideas, todas desatinadas, se le atropellaron en la +mente. Quería entrar a viva fuerza en casa de Quiñones y llevarse a su +hija; quería retorcer el cuello a aquella vil mujer; quería decírselo +todo a D. Pedro; quería dar parte al juez y meter en un calabozo a la +infame. Afortunadamente sus accesos eran tan violentos como cortos. Vino +el abatimiento, el llanto. Corrió a casa de su prometida y le contó +sollozando lo que ocurría; se confesó con ella por vez primera. La buena +Fernanda unió sus lágrimas a las de él, enternecida por la suerte de la +infeliz criatura y por el dolor de su amado. Larguísimo rato pasaron +comentando los terribles sucesos y buscando medios de conjurar aquella +ruin venganza. Fernanda logró, al fin, persuadirle a que apelara a +medios suaves. Pensar en conseguir algo por la fuerza era insensato. El +conde, ni aun confesando su falta, tenía derecho alguno sobre la niña. +Provocar un escándalo era inútil. Acudir a los tribunales, lo mismo. +Ningún criado se atrevería a declarar contra su ama, y las cosas +quedarían peor que antes. Al fin el conde se decidió a escribir una +carta a su antigua amante. + +«En este momento acaban de decirme que nuestra Josefina, nuestra adorada +Josefina, está padeciendo martirios increíbles de tu mano. Creo que es +una vil calumnia. Conozco tu genio, que es vivo y fogoso, pero noble. No +puedo atribuirte semejante cobardía. Te escribo solamente para +cerciorarme de que esta angelical criatura sigue siendo el encanto de tu +vida. Si no fuese así, dímelo y buscaremos un medio de que pase a mi +poder. Te supongo enterada del paso que voy a dar. No quiero decirte +nada. Era inevitable más tarde o más temprano. De todos modos puedes +estar segura de que mi remordimiento está endulzado por el recuerdo +dulcísimo de los años que te he amado. Adiós. Escríbeme alguna palabra +amable.» + + + + +XIV + +La capitulación. + + +Josefina se demacraba. Sus mejillas tenían la palidez de la cera. En sus +ojos, de mirar suave y apacible, se notaba constantemente el extravío +del terror; en torno de ellos el sufrimiento había trazado un círculo +violáceo. Hablaba muy poco, no reía jamás. Cuando la dejaban en paz, +sentábase en cualquier rincón y permanecía inmóvil mirando a un punto +fijo, o bien se acercaba al balcón y escribía en los cristales con el +dedo. + +A veces, a despecho de tanto dolor, la naturaleza infantil revindicaba +sus derechos. Veía al gato acercarse lentamente a ella con el rabo +derecho, el espinazo arqueado, solicitando sus caricias con débil +ronquido. Dejábase caer en el suelo, le llamaba, le traía hacia sí y +principiaba a pasearle las manos por el lomo, a rascarle la cabeza y +hacerle cosquillas debajo del cuello, murmurándole al mismo tiempo en el +oído palabras de cariño, un gorjeo mimoso que el animal acogía con +espasmos de voluptuosidad. «Te quiero, te quiero. Tú eres muy bueno. +¿Verdad que eres bueno? Ya no me arañas como antes. ¿A quién quieres más +en la casa? ¿Di, rico? ¿Quién te ha dado una sardina ayer? ¿Quién te +pone el platito con leche todos los días? Y si pudiese darte siempre +pescado también te lo daría, porque sé que es lo que más te gusta, +¿verdad, rico mío? Pero no has de robar nada; ya sabes que te pegan. No +orines más en la cama de Manín. Mira que te va a matar; lo ha dicho el +otro día en la cocina. Y coge muchos ratones para que madrina te quiera +y no te echen de casa.» + +El gato, extasiado, susurraba allá en el fondo de la garganta mil síes +complacientes, y se frotaba contra ella cada vez más acaramelado y +pegajoso. Tendíase la niña boca arriba llevándole abrazado, le apretaba +contra su pecho, le besaba, y a veces, olvidada de sus martirios, +derramaba lágrimas de ternura. Pero cualquier rumor en la habitación +contigua le hacía levantarse sobresaltada con el espanto en los ojos, +arrojaba el gato lejos de sí y esperaba inmóvil lo que viniera. Casi +siempre algún castigo cruel. + +--¡Pícara, así ensucias los vestidos arrastrándote por el suelo! +¡Aguarda aguarda! + +Por efecto de los continuos miedos que experimentaba contraíase con +fuertes movimientos irregulares su vejiga y hacía que involuntariamente +se le escapase en muchas ocasiones la orina. Esto era lo que ponía fuera +de sí a la irascible Concha. Si notaba en el suelo (porque la ropa sólo +muy rara vez se la veía) signos de aquella debilidad, encrespábase como +una hiena. + +--¡Gorrina, indecente! Parece mentira que la señora mantenga en su casa +este bicho asqueroso. Si fueses cosa mía, te desollaba viva. + +Pero aunque no era cosa suya, procedía como si lo fuese: la desollaba a +azotes. Una vez su furor fue tan grande que, cogiéndola por las orejas, +le higo lamer el suelo mojado. + +La hora más terrible para la criatura era la de las lecciones. Amalia se +las señalaba por la mañana temprano; grandes trozos de la historia +sagrada y de la gramática. Josefina se retiraba a un rincón y hacía +esfuerzos desesperados por retenerlos en la memoria. Un poco antes de +comer, Concha, que era la encargada de tomárselas, se sentaba en una +silla, sacaba la famosa ballena y, con ella en una mano y el libro en +la otra, daba comienzo a sus funciones pedagógicas. Cada tropiezo, cada +palabra que la niña olvidaba costábale un ballenazo en la cara, en el +cuello o en las manos. Y como su memoria no era bastante fuerte, y por +otra parte el miedo se la obstruía, aquello era un incesante machaqueo. + +Aún peor si se las tomaba su madrina. Concha era fríamente cruel; no +levantaba la mano sino cuando cometía la falta, como una máquina de +castigar. Pero Amalia a los pocos momentos se ponía nerviosa, el llanto +de la niña excitaba sus sentidos, entraba en furor como una pantera +hambrienta, y concluía por golpear frenéticamente hasta que la dejaba +trémula y ensangrentada a sus pies. + +Desde la carta del conde había aumentado, si era posible, su odio a la +criatura; la trataba aún más despiadadamente. Herida en lo más vivo de +su orgullo por aquella diplomacia fría, protectora, insultante que en su +sentir respiraban las palabras de su antiguo amante, vomitaba la rabia +de su corazón sobre la hija. Además, la idea de que Luis tenía noticia +de aquellos martirios, y le dolían vivamente era aliciente mayor para +prodigarlos. ¡Que sufriese ella, que sufriese él, el vil, el pérfido, +que había gozado de su juventud, y cuando la halló vieja la arrojó como +un trapo sucio a la barredura! + +En uno de estos días de profunda y rugiente cólera la vida de Josefina +corrió inminente peligro. A la hora de costumbre fue llamada al comedor +para dar sus lecciones. Concha se acomodó en su silla y con no +disimulado regodeo sacó del pecho la fatal ballena. Aquel día le pedía +el cuerpo un razonable desahogo de golpes. La niña se acercó a ella +temblando como siempre y le entregó los libros. Y ya comenzaba a recitar +con labio balbuciente un capítulo de la historia sagrada cuando vino a +interrumpirlas Manín. Entró con su eterna chaqueta verde, calzones +cortos, su gran calañés mugriento, haciendo temblar el piso con los +zapatones claveteados. A esta indumentaria, arcaica ya en la provincia, +debía gran parte de su notoriedad y la fama de terrible cazador de osos +que había tenido. Entró con la cabeza gacha como siempre y, +espatarrándose bajo el dintel de la puerta, preguntó: + +--Concha, ¿no habrá _de qué_, que comer, por ahí? + +--¿Tanto te aprieta la _gazuza_, Manín?--respondió la costurera riendo. + +El aldeano abrió desmesuradamente la boca para reír también. + +--Así Dios me salve, no puedo aguantar un menuto más. Toos parecéis +frailes descalzos en esta casa; no vos entra la gana más que cuando +suena la hora. + +--Voy, voy allá, grandísimo tragón, roedor--dijo Concha posando sobre la +silla el libro y la ballena y dirgiéndose con paso petulante hacia el +aparador. + +Se entendían admirablemente. La costurera era arisca, cruel, intratable; +pero el mayordomo sabía recabar de ella las pocas migajas de buen humor +que tenía en el cuerpo. La requebraba brutalmente, la pellizcaba al +pasar, le decía mil groseras desvergüenzas para que las comprendiera al +revés. Y la microscópica doncella, que no era gentil ni bonita y en +quien las asperezas del carácter habían sofocado todo germen de +coquetería, trasformándola en sacerdotisa del dolor, en una euménida +fatal y despiadada, se dejaba festejar complacientemente por aquel +bruto. Le hacía gracia su osadía, su rudeza, su glotonería y el modo +insolente y despreocupado que tenía de tratar a todo el mundo, incluso +al alto y poderoso señor de Quiñones. Manín era un solemnísimo bellaco. +Con aquella grosería soez, el porte de atrevido cazador de fieras y su +estrafalario arreo había sabido vivir muy regaladamente en este mundo, +sin encallecer las manos, ni quebrarse los lomos allá en su aldea con +las faenas de la labranza. + +Sacó la costurera un plato de carne fiambre y lo puso sobre el hule de +la mesa, sin servilleta ni cosa que lo valga; después cortó a la mitad +un pan y lo dejó, con la imprescindible botella de vino blanco y el +vaso, al lado de la carne. El cazador de osos comenzó a devorar. Concha +sentose de nuevo, y la niña, acercándose, repitió las palabras que ya +había pronunciado. A los pocos momentos ¡zas! un ballenazo y un grito de +dolor. Inmediatamente otro golpe y otro grito. Y así sucesivamente. La +costurera estaba encantada al notar que la chiquilla tropezaba más que +otras veces. Manín engullía en silencio, volviendo sólo de vez en cuando +los ojos con marcada indiferencia hacia aquella triste escena. Al poco +tiempo, como por máquina, principió a murmurar a cada golpe: «¡Dale! +¡Atiza! ¡Buena fue ésa! ¡Vaya una mano!...» y otras semejantes +exclamaciones. + +Terminó la lección de historia sagrada. Antes de tomar la de gramática +hubo un respiro. La costurera se puso a bromear alegremente con el +mayordomo. Estaba de un humor angelical. + +--¿Qué tal la carne? + +--Rica, ¡rica de verdad! + +--Lo peor es que te va a quitar el apetito para la hora de comer. + +Retembló la estancia con la risotada del gañán. + +--¡Eso sí! ¡A mí cualquier cosa me quita la gana! Vas a tener que +meterme un hierro caliente en el agua como a la señora. + +--Por la panza te lo había de meter, gran puerco. + +--Mira, Concha, no me busques las cosquillas, porque aunque eres una +mocita de sandunga y tienes los ojos muy picarones, y la boca como una +cereza, un día te encuentras, sin saber por dónde vino, con un revés que +te arrancará de cuajo esa carrerita de perlas que me estás enseñando. + +--¡Calla, calla, viejote, zapalastrón! ¡Bueno estás ya para reveses! ¡Si +no puedes con los calzones! ¡Si estás descuajaringado! + +--Eso no lo dices tú con el corazón; por eso se te estima. Bien sabes +que hay aquí dentro mucha entraña todavía (y se daba rudos puñetazos en +el pecho). ¡Si te cogiera en un maizal! + +--¡Como si me cogieras en la plaza del mercado! Na. Ya no tienes más que +quijadas y palique. + +--Y manos para apalpar la gracia de Dios--repuso el bárbaro tomando con +su manaza velluda la barba de la costurera. + +--¡Quita, quita! ¡Gorrinazo! + +Y le pegó con la ballena un golpecito en los dedos. Volvió el gandulote +a embestirla y ella a defenderse de la misma manera. Trató de agarrarla +por la cintura. La doncella se levantó y corrió por la estancia, +haciéndose la enojada. + +--¡No me toques, Manín! Mira que llamo a la señora. + +Pero él no hacía caso. La perseguía lanzando gruñidos y risotadas; +abrazábala aquí, soltábala allá, recibiendo en sus carrillos, ásperos y +duros como la piel de un elefante, las bofetadas de la doméstica, sin +manifestar sentirlas. Crujían los muebles, retemblaba el piso, +campanilleaba la vajilla de los aparadores. Y él sin cejar. Cada vez más +falso y zalamerón. Sabía el pícaro que aquella mujerzuela irascible y +endemoniada tenía despierta la vanidad, como todos los seres humanos, y +que era de capital interés para su panza tenerla contenta. Por último, +lanzando un verdadero mugido de buey, consiguió agarrarla por la cintura +y alzarla en vilo. Mantúvola en alto sin esfuerzo alguno, como si fuera +un chiquito de tres años. + +--¿Y ahora? ¿Qué dices ahora, Zapaquilda? ¿Dónde están esos hígados? +¿Dónde esas manos? Anda, bruja, pide perdón; si no, te dejo caer como +una rana--bramaba el cazurrón, zarandeándola en el aire. + +--¡Déjame, Manín! ¡Déjame, burro! ¡Habrá cochinazo! ¡Mira que grito! + +Al fin la puso delicadamente en el suelo. La doncella, jadeante, +desgreñada, frunciendo mucho las cejas para aparecer más enfadada, decía +con voz anhelante: + +--No tienes vergüenza, Manín. Si no fuera mirando a la casa donde +estamos, te tiraba este quinqué a las narices y te las rompía, por +bruto y por insolentón. A lo mejor están los criados oyendo todo esto, y +¿qué dirán? ¡Quita, quita allá! No me vuelvas a decir palabra, porque no +te contesto. + +--¡Eso! Grita ahora, fachendosa, después que te hice ver a Dios--roncaba +Manín con sorna, mirándola de reojo y sobándose la barba. + +--¡Si no te quitas de mi vista, baldragote!...--exclamaba la diminuta +criada, pasándole a su despecho relámpagos de risa por los ojos. + +Manín se sentó de nuevo para engullir el pan que quedaba y beber otro +vaso de lo blanco. Josefina mientras tanto sollozaba en un rincón, +llevándose las manos heridas a la boca, palpándose las mejillas +acardenaladas por los ballenatos. Manín se dignó echar hacia ella una +mirada. + +--No llores, tontina, que el dolor de los zurriagazos pasará y la +ciencia te quedará en la mollera para siempre--dijo cortando con su +navaja un pedazo del pan y metiéndolo en la boca.--Si quieres saber mi +dictamen, cuanto más te peguen más contenta debes de estar. ¿Qué serías +tú si Concha no tuviese la misericordia de castigarte duro? Una +chafandina que no valdría un celemín de bellotas, una bestia, salva sea +la comparanza. Y ahora ¿qué serás? Una mujer pa too lo que se la pida. +(Pausa mientras se corta otro pedazo de pan y lo muele, levantando un +bulto como el puño en el carrillo derecho)... Anda, que si yo hubiera +tenido como tú maestros que me alzasen el pellejo a correazos, no sería +un burro, no me llamarían Manín, sino don Manuel, y en vez de ser un +mísero súdito, andaría por ahí dándome importancia, paseando por +Altavilla con las manos atrás como los señores y leyendo las gacetas en +el casino. (Otra pausa y otra amputación del zoquete)... Ponte en lo +justo si tienes caletre para ello. ¿Cómo quieres aprender esas cosas tan +enrevesadas sin algunos lampreazos? ¿Quién aprendió _daqué_ nunca sin +azotes? Nadie. ¡Pues entonces! Si tuvieras conocimiento, criatura, +darías gracias a Dios por haberte puesto una maestra que es como una +gloria. Para too sirve la endina, para too tiene las manos finas y los +pies listos, ¿verdá, tú? + +Concha se había puesto grave otra vez, sentándose y haciendo un gesto +imperioso a la niña para que se acercase. Tocábale el turno a la +gramática. Aquí andaba peor todavía que en la historia, séase por la +falta de memoria o porque el miedo la turbase. Comenzó el vapuleo: un +ballenazo ahora y otro después y otro y otro. Manín, fiel a sus +convicciones pedagógicas, aplaudía con la boca llena, cortando grave, +esmeradamente, en figuras geométricas los pedazos del pan antes de +conducirlos con toda solemnidad a los labios. Las faltas fueron muchas; +los golpes fueron otros tantos. Pero al terminar la lección, Concha +consideró que a más del castigo correspondiente a cada falta, teniendo +en cuenta lo mal que la niña lo había hecho, convenía terminar con un +vapuleo general que las comprendiese todas. La alzó de la silla y, +blandiendo la formidable ballena, exclamó: + +--Ahora, para que estudies mejor y se te despierten los sentidos, ¡toma! + +Tantos y tan recios fueron los golpes, que la criatura, tratando de huir +aquel martirio, se agarró con las manos crispadas a las sayas de su +verdugo. Sin saber cómo, tal vez por haberse colgado inconscientemente a +ellas, la cinta que las sujetaba se rompió y vinieron al suelo, dejando +a la costurera solamente con la camisa. Dio un grito de vergüenza y se +apresuró a levantarlas. Pero sin pararse a atar otra vez la cinta, +echando una mirada de profundo rencor a la chica, salió de la estancia +sujetándolas con las manos. + +--¡Buena la has hecho, buena, buena, buena!--exclamó Manín, tallando con +primor el bocado que iba a llevar a la boca. + +La criatura, paralizada de terror, no lloraba. No le dolían siquiera las +heridas. Al cabo de pocos momentos se presentó de nuevo Concha +acompañada de la señora. Ésta venía sonriendo sarcásticamente. + +--Por lo visto, a la señorita le gusta ahora desnudar a las doncellas +delante de los hombres. Estará usted contenta, señorita, ¿no es cierto? +Manín habrá visto bien por todos lados a Concha. ¿Verdad, Manín, que la +has visto cómodamente? + +Avanzó unos pasos. La niña retrocedió asustada. + +--No tenga miedo, señorita. Tranquilícese usted, señorita. Yo no vengo +aquí a azotarla. Eso de los azotes es muy antiguo. ¡Quién se acuerda ya +de azotes! Sólo vengo a invitar a usted para que dé una vuelta por la +cueva... la cueva de los ratones... ya sabe usted. Allí se puede +entretener en desnudar alguna rata de las muchas que vendrán a +visitarla... Vamos, deme usted la mano para que la conduzca con toda +ceremonia. + +La niña fue a ponerse detrás de una silla; desde allí, perseguida por +Amalia y por Concha, corrió alrededor de la mesa; por último, se refugió +detrás del mayordomo. + +--¡Manín! ¡Manín, por Dios me escondas! + +Pero éste la sujetó por un brazo y la entregó a la señora. Tomáronla +cada una por una mano y la arrastraron, apesar de sus gritos +penetrantes. + +--¡A la cueva no! ¡A la cueva no! ¡Madrina, perdón! Mátame primero. +¡Mira que tengo mucho miedo! ¡A la cueva no, que me comen los ratones! + +Los criados salieron al pasillo y presenciaban mudos y graves aquella +escena. Los gritos de la niña se fueron perdiendo en la oscura y +tortuosa escalera que conducía al sótano. + +Amalia abrió la puerta de la terrible cueva y empujó a su hija hacia el +interior. Cerró con furia; pero la niña había corrido hacia la salida, y +la puerta le cogió la mano. Oyose un grito desgarrador. La valenciana +abrió otra vez la puerta, dio un fuerte empujón a la criatura que la +hizo caer al suelo, y echó la llave. + +La cueva era un calabozo húmedo y negro donde sólo penetraban algunos +tenues rayos de luz por un ojo de buey abierto en lo alto. Sirvió en +otro tiempo para bodega de vinos. Ahora no había allí más que botellas +vacías. + +La niña apenas quedó sola se incorporó, miró a todos lados loca de +terror, quiso gritar y la voz se le anudó en la garganta; por último, +extendiendo las manos, acometida de un fuerte temblor, cayó desvanecida. + +Al cabo de media hora el mozo de cuadra, que había presenciado el +encierro, movido de compasión, acercose a la puerta y miró por el ojo de +la cerradura. Nada pudo ver. Llamó muy quedo. + +--Josefina. + +La chica no respondió. Llamó más fuerte. El mismo silencio. Asustado, +gritó y golpeó en la puerta con todas sus fuerzas sin obtener +contestación. Entonces apresurose a subir para dar parte de lo que +pasaba, a riesgo de perder su empleo. Amalia mandó a Concha con la llave +para ver lo que ocurría. Entre ella y Paula subieron a la criatura +privada de sentido, fría y rígida, con los caracteres de la muerte +impresos en el rostro. Temerosa de las complicaciones que con esto +pudieran sobrevenir, la esposa del maestrante se apresuró a meterla en +la cama. Tardó poco la pequeña en volver en sí, pero inmediatamente se +declaró una fuerte calentura. Llamose al médico. Encontrola bastante +mal. Para explicar la herida de la mano y los cardenales que presentaba, +Amalia, fértil en mentiras, inventó una historia que el doctor creyó o +fingió creer. + +Estuvo entre la vida y la muerte algunos días. Amalia seguía con ojos +inquietos el curso de la enfermedad. No le dolía la pérdida de aquel ser +sobre el cual había vertido las hieles amargas de su corazón; pero le +agitaba la idea de perder de una vez su venganza. Justamente al tercer +día de hallarse en cama Josefina, tuvo noticia de que en la noche +anterior había salido Fernanda en la silla de posta para Madrid, y que +Luis sólo tardaría cuatro o cinco días en reunirse con ella. Experimentó +violenta sacudida. Una ola hirviente de bilis inundó su pecho. Aquella +noche tuvo fiebre también. ¡Se le escapaban! No había posible venganza +para aquel traidor. Iría a Madrid, se casaría; tal vez allí recibiría la +noticia de la muerte de su hija; lloraría un poco; al cabo las caricias +de su adorada esposa se la harían olvidar. De aquellos amores tan +largos, tan vivos, no quedaría más que un hombre paseando su dicha por +Europa, y en Lancia una pobre mujer vieja y triste sirviendo de befa a +los corrillos de Altavilla. Sus carnes fláccidas temblaron. Los +instintos vengativos de su raza gritaron furiosos, avasalladores. ¡No, +no podía ser! Antes arrojarle su hija muerta a los pies, antes clavarle +un puñal en el corazón. + +Ocurriosele una idea singular y terrible: contárselo todo a su marido. +Ignoraba lo que esto daría de sí, pero por lo pronto provocaría un +escándalo. D. Pedro era violento, gozaba de gran poder y prestigio. +¿Quién sabe el destrozo que la bomba podía causar? Cierto que estaba +paralítico y no podía tomar venganza por su mano; pero ¿no se le +ocurrirían a aquel hombre tan altivo y puntilloso medios de volver el +mal que le causaran? Ella caería entre las ruinas, pero caería con gusto +si el traidor pagaba de algún modo su perfidia. + +Después de mucho batallar con este pensamiento, no arriesgándose a hacer +la confesión de palabra ni a escribirla bajo su firma, remitió a D. +Pedro, disfrazando la letra, una carta anónima. «La niña que usted ha +recogido hace seis años es hija de su esposa y de un caballero que +frecuenta su casa y a quien usted llama su amigo. No le digo a usted el +nombre. Busque usted y no tardará en hallar al traidor.--_Un amigo +leal._» Echola al correo y esperó con ansia el efecto que producía. + +D. Pedro la recibió delante de ella y la leyó. Su rostro se contrajo +fuertemente y se cubrió de palidez cadavérica. + +--¿Quién te escribe?--preguntó ella con naturalidad. + +El maestrante se repuso inmediatamente y, doblando la carta y +guardándola, respondió haciendo esfuerzos por asegurar su voz, que +temblaba: + +--Nada, un recomendado mío que se queja de que le han dejado cesante... +¡Ese gobernador! No tiene memoria ni formalidad ninguna. + +Inquieta ya y esperando con ansia los acontecimientos se retiró a su +gabinete. Por la tarde llegó Jacoba con misterio y le entregó un billete +de parte del conde. + +--¿Qué quiere de mí ese hombre?--preguntó sorprendida y en tono +despreciativo. + +--No lo sé, señorita. Escribió la carta en mi casa y allí espera +contestación. + +El billete del conde decía: + +«Amalia, sé que nuestra hija se halla en peligro de muerte. Por lo que +más quieras en este mundo, por la salvación de tu alma, concédeme una +entrevista. Necesito hablarte. Si esta tarde ya no puede ser, ven mañana +por la mañana a casa de Jacoba.--Tuyo, _Luis_.» + +--¡Tuyo! ¡tuyo!--murmuró con amarga sonrisa.--Has sido mío, sí, pero has +cambiado de dueño. Te costará caro. + +--¿Llevo contestación, señorita? + +Quedó pensativa unos momentos; dio algunas vueltas por la estancia, +completamente abstraída; se acercó al balcón y miró por los cristales. +Al fin dijo, volviéndose a medias y con gran sequedad: + +--Bueno, iré mañana a la hora de misa. + +--Me ha preguntado con grandísimo interés por la niña. + +--Dile que sigue lo mismo. + +Marchose la entremetida, y ella permaneció largo rato mirando a la +calle, al través de los cristales, sin verla. + +Desde las siete de la mañana del día siguiente estaba Luis aguardándola +en la casucha de Jacoba. No había allí más que una cocina en la planta +baja y una salita arriba con alcoba, tan bajas de techo que el conde con +sombrero tocaba en el cielo raso. En esta salita daba paseos furiosos +con las manos en los bolsillos, mirando con precaución a cada momento +por los visillos de la única ventana que tenía. Hasta las nueve no +acudió la dama. La vio llegar con la mantilla echada por los ojos, el +devocionario en la mano y el rosario colgado de la muñeca, con el paso +firme y sosegado, como si viniese a dar algunos encargos a su antigua +protegida. Cuando oyó su voz en la cocina, le dio un vuelco el corazón, +se puso a temblar como un azogado y se le borraron por completo las +palabras que tenía preparadas. + +--¿Cómo está usted, conde?--dijo ella con gran naturalidad al entrar, +tendiéndole una mano. + +--Bien, ¿y tú? + +Levantó la cabeza como sorprendida de oírse tutear y respondió mirándole +fijamente: + +--Perfectamente. + +--¿Y la niña? + +--Algo mejor. + +Despejose al oír esto la fisonomía del caballero. Brilló un rayo de +alegría en sus ojos y dijo tomando de la mano a su ex-querida y +atrayéndola hacia el pobre sofá de paja que allí había. + +--Sentémonos, Amalia. Aunque sea un atrevimiento por mi parte, te ruego +que me permitas seguir tuteándote cuando estemos solos... Yo no olvido, +no podré olvidar jamás cuántas horas de dicha te debo, cuánta felicidad +has vertido en mi vida triste y monótona. Tú me has revelado lo más +dulce y más íntimo que existía en mi corazón sin que yo lo sospechase +siquiera. Para tí han sido los primeros impulsos de mi alma. Sólo tú has +penetrado hasta ahora en ella, la has sondeado y conoces sus +melancolías, sus flaquezas, y sus ternura. Si me separo de ti, si digo +adiós a nuestro amor, no creas que es porque he dejado de estimarlo: +obedezco solamente a una ley de la naturaleza que nos empuja a todos a +crear una familia. No tengo en el mundo más que a mi madre, una pobre +anciana que muy pronto me dejará solo... No debe parecerte mal que +quiera formar un hogar y poseer un heredero de mi nombre y mis +títulos... Además, el grito de la conciencia me perseguía... + +El conde, regocijado con la mejoría de la niña, se mostraba expansivo y +más locuaz que de costumbre, sin poder ocultar la felicidad que le +embargaba, pensando que todo estaba arreglado a medida de sus deseos. +Josefina dichosa al lado de su madre; él dichoso al lado de Fernanda; +Amalia resignada y tributándole siempre un cariño dulce y cada día más +acendrado. + +Ésta le miraba con cierta curiosidad burlona. Cuando terminó, dijo +sonriendo benévolamente: + +--Sobre todo desde la noche en que viste a Fernanda con aquel precioso +vestido descotado, ese grito debió de hacerse insoportable. + +El conde sonrió también, avergonzado. + +--No lo creas, Amalia; siempre he sentido remordimientos. Claro está que +al hacerse uno viejo ve las cosas con más claridad. Mi barba ya blanquea +por varios sitios, como estás observando. Lo que en un joven puede +disculparse como locura, como expansión irremediable del fuego que corre +por las venas, en un viejo se llama crimen. El amor, a la edad en que yo +estoy, no debe tapar con sus alas la luz de la razón, y si la tapa +merezco el calificativo de insensato. Mi resolución podrá sernos amarga +a los dos. A mí me lo es mucho; me cuesta trabajo desprenderme de una +pasión que a fuerza de tiempo casi se ha convertido en costumbre. +Existe, además, por desgracia, entre los dos un lazo imposible de romper +por completo. El Destino ha hecho nacer del fango de nuestro pecado una +flor hermosa, una cándida azucena. Apartemos el crimen de su frente: ya +que ha sido engendrada por un amor ilegítimo, no la manchemos con +nuestra conducta vituperable. Hagámonos dignos de ella viviendo como +cristianos. + +--Está muy bien todo eso. Sólo siento que ese curso de doctrina +cristiana haya venido tan tarde y haya coincidido con la llegada a esta +población de tu antigua novia. Porque parece así como si tuvieras +olvidado por completo el catecismo, y ella viniese a refrescarte la +memoria. Pero, en fin, en eso no debo meterme porque no me concierne. +El resultado es que te casas. Haces bien. El hombre está mal solo, y +cuando halla una compañera digna, como tú has hallado, no debe perder la +ocasión. Fernanda es una buena muchacha; segura estoy de que te hará +feliz. Tendréis muchos hijos y, después de una vida larga y dichosa, +iréis al cielo. + +Sorprendiole a Luis aquella resignación y no pudo menos de sentir alguna +inquietud. + +--¿Y tú serás también feliz?--le preguntó tímidamente. + +--¿Yo?... ¡Qué importa que yo sea feliz o desgraciada!--dijo alzando los +hombros con ademán desdeñoso. + +--¡No digas eso, Amalia! La felicidad no es la locura a que nos +entregamos durante siete años. Había un dejo amargo en ella que yo +percibía hace tiempo, y que tú no tardarías en percibir. Una vida pura y +digna, la tranquilidad de la conciencia, la estimación de las personas +honradas te darán más contento que la pasión culpable... Además, tienes +lo que yo no tengo... tienes a tu lado un ángel, un lirio tierno y +fragante que embalsamará tu existencia. + +--¡Ah, sí, Josefina!... Efectivamente, ella será la que me ha de +proporcionar los únicos buenos ratos que pasaré en adelante. + +Lo dijo con una inflexión de voz tan extraña, tan aguda y estridente, +que Luis sintió un escalofrío. + +--¿Qué quieres decir con eso? + +--Lo que he dicho; que por fortuna tengo a Josefina para resarcirme. + +--¡Es que lo dices de un modo tan raro! + +La valenciana dejó escapar una risita singular que salía allá del fondo +de la garganta y sonaba de modo siniestro. Luis la miraba fijamente, +cada vez más inquieto. + +--¡Pero qué tonto eres, Luis! ¡pero qué retontísimo! El egoísmo ha +puesto tales cataratas en tus ojos que no ves ni lo que tienes delante. +Si tuvieses veinte años, esa inocencia podría quizás inspirarme lástima; +a tu edad no me inspira más que risa y desprecio. Pensar en que cuatro +palabrillas insolentes sobre la moral y la conciencia bastarían a +obligarme a aceptar satisfecha la humillación que me impones; suponer +que yo, a quien si no conoces debieras conocer, voy a consentir que me +arrojes como un trapo sucio, que me arrastres como una cautiva enamorada +a los pies de Fernanda para que le sirva de almohadón cuando suba a tu +lecho, es el colmo de la estupidez y la fanfarronería. ¿Por qué no me +pides también que sea tu madrina de boda? + +El conde la contemplaba con los ojos dilatados, expresando la ansiedad y +el espanto. + +--De modo que lo que me han dicho de los martirios que haces pasar a +nuestra hija ¿es cierto? + +--¡Y tan exacto! Y aún no los sabes por completo... Mira, voy a +referírtelos todos para que no te llames a engaño... + +Y con palabra breve, incisiva, con una cruel satisfacción que se le +traslucía en la voz, puso delante de su vista el cuadro espantoso de las +miserias y dolores que la desgraciada criatura había padecido en los +últimos meses. Aquel cuadro era infinitamente más aterrador que el que +le había exhibido María la planchadora. El conde, pálido, desencajado, +sin hacer el más leve movimiento, parecía la estatua de la +desesperación. Al poco rato se tapó la cara con las manos y así escuchó +hasta el fin. + +--¡Oh, qué infame! ¡oh, qué infame!--murmuró sordamente. + +--Sí, muy infame, pero aún espero serlo más. ¿Has oído todas estas +infamias? Pues no son nada en comparación con las que haré. + +--¡No las harás tal, malvada!--profirió Luis levantándose y +abalanzándose a ella.--Antes te ahogaré con mis manos. + +La valenciana se escapó hacia la puerta. + +--¡Si das un paso más, grito! + +--¡Oh, infame, infame!--volvió a exclamar con voz profunda el conde.--¡Y +Dios consiente sobre la tierra estos monstruos! + +Dio unos pasos atrás y se dejó caer nuevamente sobre el sofá. Apoyó los +codos sobre las rodillas y metió la cabeza entre las manos. Al cabo de +largo silencio la levantó diciendo: + +--Bueno, ¿y qué exiges de mí? + +Amalia dio un paso para acercarse. + +--Lo que ya debes de suponer, si es que te queda un poco de sentido +común. No exijo que nuestras relaciones continúen, porque a los términos +a que hemos llegado no es posible: sería tanto como mendigar tu amor, y +tengo demasiado orgullo para ello. Pero no quiero que ni tú ni esa mujer +os quedéis riendo de mí; no quiero servir de befa a los que conocen +nuestras relaciones, que son todos los que frecuentan la casa. Exijo, +pues, como condición para que la niña vuelva a ser lo que era que rompas +inmediatamente con Fernanda y no te acuerdes más de ella. + +--¡Pero Amalia!--exclamó con acento dolorido.--Bien comprendes que es +imposible. Mi boda está concertada; lo sabe ya todo Lancia: Fernanda me +espera en Madrid; faltan muy pocos días... + +--Aunque faltase un minuto. Esa boda no se celebrará. Si te casas con +Fernanda, tu hija pagará el agravio en la forma que ya sabes. + +--¡Oh! Yo lo impediré. Daré parte a la autoridad. Pediré el depósito de +la niña. + +--Eso es hablar por hablar, Luis--replicó con calma y sonriendo +Amalia.--Las autoridades de Lancia son hechura de Quiñones. Nadie osará +declarar una palabra contra mí. + +--Se lo referiré todo a D. Pedro. + +--No te creerá; y si te creyese, ¿qué adelantarías? En vez de impedir mi +venganza, como es la suya también, me ayudará. + +Hubo un largo silencio. El conde meditaba con la frente apoyada en la +mano. De pronto se alzó violentamente y se puso a dar agitados paseos +murmurando: + +--¡No puede ser! ¡no puede ser! + +La valenciana le seguía con la vista. Al cabo, dijo dando un paso hacia +la puerta: + +--Adiós. + +El conde la detuvo con un gesto. + +--Espera. + +Amalia permaneció inmóvil, con la mano en el marco de la puerta, +clavándole una mirada penetrante. + +El conde siguió paseando todavía algunos momentos sin hacer caso de +ella. + +--Está bien--dijo con voz enronquecida, parándose;--no se efectuará el +matrimonio. Tú me dirás lo que debo hacer. + +Su rostro demudado revelaba la calma de la desesperación. + +--Es necesario que escribas una carta a Fernanda despidiéndote. + +--La escribiré. + +--Ahora mismo. + +--Ahora mismo. + +Amalia se asomó a la escalera y pidió a Jacoba recado de escribir. Como +no había allí mesa, lo puso sobre la cómoda. El conde se acercó y se +dispuso a escribir de pie. Amalia también se acercó. + +--Es esto lo que quiero que le escribas--dijo presentándole un papel. + +Era el borrador de la carta. El conde pasó la vista por él. + +«Mi buena amiga Fernanda:--decía--He querido que te fueses para decirte +por escrito lo que de palabra sería superior a mis fuerzas. No puedo ser +tuyo. No necesito explicarte las razones porque tú las adivinarás. +Quisiera amarte bastante para sobreponerme a todo y huir contigo. Por +desgracia o por fortuna, hay cosas que pesan en mi corazón más que tu +amor. Perdóname el haberte engañado y procura ser feliz, como lo desea +tu mejor amigo--_Luis_.» + +Trazó los renglones de esta carta con mano trémula. Antes de terminar, +algunas lágrimas asomaron a sus ojos. + + + + +XV + +Josefina duerme. + + +El noble maestrante fácilmente dio con el autor de su deshonra. Así que +leyó el anónimo y se recobró del susto, sus sospechas fueron a parar al +conde de Onís. No otra cosa le empujó a ello que el parecido, que ahora +advertía claramente, entre éste y la niña recogida. Por lo demás, o +porque su excesivo orgullo le vendase los ojos, o porque Amalia había +sabido tenerle engañado, jamás advirtió entre ellos más que una fría y +ceremoniosa amistad que nada tenía de ofensiva. El mismo orgullo detuvo +el curso de sus pensamientos amargos con esta consideración: ¿Por qué +dar asenso a lo que el anónimo decía? ¿Por qué no suponer que se +trataba de una vil calumnia con que algún enemigo quería envenenar su +existencia? Mas el dardo había entrado tan profundamente en su corazón +que no podía arrancárselo. Todas las consideraciones que su deseo le +sugería no bastaban a destruir la gran certidumbre que, sin saber cómo, +se le había colado de rondón en el cerebro. Algunos pormenores, que +habían pasado para él inadvertidos, adquirieron de pronto alto relieve, +se alzaron como antorchas encendidas para guiarle. El principal de todos +era, como es natural, la enfermedad de su esposa coincidiendo con la +aparición de la niña. Recordaba la extraña tenacidad con que se opuso a +que subiese médico alguno a verla; luego el mimo, los cuidados +exquisitos que se prodigaron a la criatura. Acudieron también a su +memoria aquellas visitas que en otro tiempo hizo su esposa a la Granja +con pretexto de escoger algunas plantas. Ninguna circunstancia quedó, +referente a la amistad del conde y al hallazgo de la niña, que no +revolviese y pesase en su pensamiento. + +Tornose silencioso y meditabundo. La mirada dura de sus ojos hundidos se +posaba con insistencia en Amalia siempre que ésta entraba en su +habitación. En diferentes ocasiones se hizo traer la niña con cualquier +pretexto y la contempló largamente, tratando de descifrar en los rasgos +de su fisonomía el enigma de su existencia. Amalia observaba todo esto, +y leía tan perfectamente en el cerebro de su esposo como en un libro +abierto. + +--¿Cuándo se casa Luis?--le preguntó un día en tono afectadamente +distraído el maestrante. + +--Dicen que aún tardará algún tiempo. Necesita arreglar no sé qué +asuntos antes de irse a Madrid--respondió con la mayor tranquilidad. + +--¿Continúa en la Granja? + +--Siempre. No viene más que alguna que otra vez por la tarde, según me +ha dicho un día que le hallé en la tienda de Barrosa. + +Justamente a la noche siguiente apareció en la tertulia el conde. + +--¿Cómo? ¿Usted por aquí? ¿Ha regresado ya de la Granja?--le preguntó D. +Pedro, clavándole una mirada penetrante. + +--Definitivamente, no. Tengo el coche abajo, y me vuelvo a dormir. + +--Se aburre usted allí, ¿verdad?--le preguntó D. Cristóbal Mateo. + +--Por el día no. Estoy muy entretenido con los trabajos del campo, el +molino, los bichos, etc. ¡Pero las noches se hacen tan largas!... + +Luis venía solamente por ver a su hija. Amalia no se lo permitió hasta +que la niña estuvo medianamente repuesta. Volvió a vestirla como antes +y le devolvió los fueros que tenía. Pero no el cariño. El encanto se +había roto. + +Porque Luis la aborrecía: estaba sometido a la fuerza. Con aquella +pasión ardorosa, con aquel amor lleno de misterio y placer se había +unido también la afición a la criatura. Pero los martirios que su cólera +insensata le había hecho padecer abrió entre ellas un abismo. Josefina +jamás amaría a su verdugo. La pobre niña, vestida con ricos trajes, +vagaba sola por el palacio de Quiñones, sin hallar en nadie ternura. +Amalia huía, de ella. Los criados, avergonzados de sus malos tratos y +pesarosos de aquel repentino cambio, que elevaba de nuevo a la expósita +sobre ellos, no le dirigían la palabra. El largo martirio sufrido y la +terrible enfermedad con que terminó habían dejado huellas profundas en +su semblante. Su rostro pálido se trasparentaba como el nácar. En torno +de los ojos persistía aquel círculo oscuro, negro, de agitación y dolor. +El conde sentía apretarse su corazón cada vez que la veía. Costábale +trabajo retener las lágrimas. + +Amalia no dio noticia a su amante del imprudente anónimo que había +dirigido a Quiñones. Temiendo, por la actitud de éste, algún grave +acontecimiento, resolviose a despistarle, ya que volverle la calma no +era posible. El partido que mejor le pareció fue apartar las sospechas +de Luis y encaminarlas hacia Jaime Moro. Era el único que por su edad, +figura y posición podía aparecer como un amante verosímil. Principió por +tratarle, en presencia de D. Pedro, con particular afecto, +distinguiéndole de los demás tertulios de modo harto visible. Dirigíale +miradas y sonrisas significativas; gustaba de ponerse detrás de su silla +cuando estaba jugando al tresillo, y embromarle; llamábale a cada +instante con cualquier pretexto y le retenía a su lado largos ratos +hablándole en secreto, acercando más de la cuenta el rostro al suyo. No +era tan fácil como puede parecer seducir a Moro, aunque sólo fuese en la +apariencia. Nada tenía de arisco; al contrario, gozaba justa fama de +caballeroso y galante con las damas. Pero cuando las damas se hacían +incompatibles con el billar o el tresillo no lo había más grosero y +cerril en seis leguas a la redonda. Amalia le mortificaba infinitamente +reteniéndole cuando los tresillistas le aguardaban. Entonces no +respondía acorde a sus preguntas, sonreía por máquina y dirigía +frecuentes y codiciosas miradas a la mesa donde sus compañeros gozaban +ya las dulzuras de alguna vuelta con palo de favor. + +--Moro, siéntese usted aquí; vamos a charlar un rato. + +Moro temblaba: se le venía el mundo encima. Tomaba asiento al lado de la +dama con una cara larga, larga, que no daba idea cabal de la pasión que +debía arder en su pecho. + +El maestrante había hecho poco caso de aquellos apartes, de las +preferencias y las sonrisas insinuantes de su esposa. Les miraba con +ojos distraídos, sin venírsele a la mente ninguna sospecha, preocupado +enteramente con la verdadera pista. Sin embargo, al cabo de algunos +días, tanto insistió Amalia y tan buena maña se dio, que el noble +caballero principió a fijarse en aquellos signos y a darles algún valor. +La valenciana sintió el placer del triunfo. Sus cálculos iban camino de +realizarse. Y para dar impulso poderoso y decisivo a su enredo, +ocurriosele en el momento una treta peregrina. Se hallaba sentada en un +rincón, teniendo a su lado a Jaime Moro, bien a la vista de D. Pedro. +Moro, distraído como siempre. La esposa de Quiñones necesitaba hacer +prodigios de habilidad para sostener la conversación, le sonreía, le +mimaba, le envolvía en una red de palabras melosas, que acentuaba +fuertemente con la sonrisa a fin de llamar la atención de D. Pedro. + +--¿Qué es eso? ¿Está usted mirando mi brazalete? + +Moro no había reparado en él. + +--Es muy lindo--se apresuró a decir por complacencia. + +--Ha pertenecido a mi madre. Tiene más mérito de lo que parece. Este +retrato, que es el de mi abuela, está hecho de mosaico... vea usted. + +Al mismo tiempo levantó la mano. Moro lo contempló con afectada +admiración. + +--Repárelo usted bien. + +Y la alzó aún más, poniéndosela cerca de los ojos. Observando con el +rabillo del ojo que don Pedro la miraba, todavía la alzó un poquito, +hasta rozar con ella los labios del joven. Pero en aquel instante la +retiró bruscamente con vivo ademán. Moro quedó estupefacto. +Involuntariamente dirigió la vista hacia D. Pedro, y notando que éste le +clavaba una mirada fría y penetrante, se puso colorado hasta las orejas. +Amalia se levantó y se fue al salón, como si quisiera disimular su +turbación. + +Fue grande la que se apoderó del orgulloso maestrante con el secreto que +pensó sorprender. Sus ideas experimentaron violenta sacudida. Agitado +por mil sospechas contrarias, dominado por una cólera furiosa, movía +entre sus trémulas manos las cartas, sin pensar en ellas, imaginando +horribles venganzas contra su esposa y contra el... + +¿Contra quién? ¿Cuál era el traidor? La duda encendía aún más su rabia. + +Lo que había visto era bien concluyente. Y, sin embargo, su pensamiento +no podía apartarse del conde de Onís. Contra el testimonio de sus +propios ojos alegaba el instinto, una voz interior que le señalaba sin +cesar a su enemigo. + +Apareció éste en la tertulia. Saludó fríamente a Amalia y se fue derecho +al gabinete; pero Manuel Antonio le retuvo tirándole por el faldón del +frac. + +--¿Dónde vas, Luis? Ven aquí, muchacho; no te nos enfrasques tan pronto +en el juego. Mira, aquí María Josefa y Jovita han estado disputando toda +la noche sobre la fecha de tu matrimonio. Yo les he dicho: «No disputéis +más. Si viene hoy Luis, es tan amable que de seguro os lo ha de decir.» + +--Pues las has engañado--respondió el conde aproximándose al grupo. + +--¿Tan grosero te has vuelto? + +--No es grosería, es ignorancia. Estas señoritas saben muy bien que las +cosas no se realizan nunca como y cuando queremos. Si yo les dijese +ahora una época y resultase otra, pensarían que había tratado de +burlarme de ellas. + +Apesar de los esfuerzos que hacía por sonreír, el semblante del conde +reflejaba tristeza infinita. Su voz salía apagada y enronquecida. + +--¡No, no! ¡Nada de eso!--exclamó riendo Jovita.--Díganos usted un día +cualquiera, que aunque luego resulte otro, pensaremos que no ha sido por +su voluntad. + +--Bueno, pues mañana. + +--¡Eso tampoco!--gritaron ambas solteronas alborozadas. + +--No son ustedes fáciles de contentar. ¿Qué día quieren que me case? +Señálenlo ustedes. + +El conde no había dicho una palabra a nadie de la ruptura de su +matrimonio. La innata debilidad de su carácter le obligaba a callar una +noticia que muy pronto había de difundirse. Tenía miedo a la curiosidad +pública, a las preguntas, a que en el rostro le adivinasen las causas de +tal resolución. Y temblaba y se entristecía profundamente cada vez que, +como ahora, le tocaban este punto. + +Hasta entonces no se había traslucido nada. Creíase en la ciudad que de +un día a otro se iría a Madrid a reunirse con su futura. Sin embargo, +Manuel Antonio, cuyo olfato era superior al de todos sus contemporáneos, +había olido algo. Y con la tenacidad y el disimulo de una Isabel de +Inglaterra, principió a recoger noticias y a atar cabos de tal modo que +a la hora presente andaba muy cerca de la verdad. + +--Muy triste te veo estos días, Luisito--le dijo bruscamente.--Más que +de matrimonio tienes cara de testamento. + +El conde se turbó y no supo más que contestar sonriendo forzadamente: + +--El matrimonio es un paso muy serio. + +Trató de marcharse, pero Manuel Antonio volvió a retenerlo. A todo +trance quería dar con la clave del enigma, saber de un modo positivo lo +que sospechaba. Y ayudándose de María Josefa, que sabía mejor que él a +qué atenerse, mantuvo alerta la conversación algún tiempo sobre el +escabroso tema. Luis estaba en brasas. Dirigía frecuentes miradas hacia +el sitio de Amalia, como reclamando lo que estaba obligada a concederle. +Levantose al fin la dama, se asomó a la puerta y tornó a sentarse. A los +pocos momentos apareció el rostro pálido y suave de Josefina. Paseó sus +ojos tristes por la sala, y a una seña de su madrina dirigió sus pasos +al gabinete. Al cruzar por detrás del conde, volviose éste a medias y le +echó una mirada rápida y ansiosa, que no pasó inadvertida a la sagacidad +de sus interlocutores. La niña levantó sus ojos hacia él, brillando con +sonrisa feliz. Fue un choque magnético que hizo arder súbito toda la +alegría de su corazón infantil. Los tertulios la llamaron, trataron de +retenerla; pero ella, obedeciendo la orden de su madrina, siguió hasta +el gabinete. Pocos momentos después se oyó la voz áspera de Quiñones. + +--¿No está el conde de Onís por ahí? ¿Cómo no entra? + +--Allá voy, D. Pedro--se apresuró a responder Luis, contento de +separarse de aquel enfadoso grupo. + +Al entrar en el gabinete se produjo, en menos tiempo del que puede +tardarse en referirla, una terrible escena que puso en conmoción y +espanto a toda la tertulia. D. Pedro estaba con las cartas en la mano y +lo mismo Jaime Moro y D. Enrique Valero. Saleta, que hacía el cuarto, +hablaba con el capellán sentado detrás de él. En torno de la mesa había +tres o cuatro personas de pie mirando el juego. Cerca del noble +maestrante se hallaba Josefina con los bracitos cruzados esperando su +bendición para irse a la cama. + +Al entrar el conde, Quiñones le lanzó una rápida mirada escrutadora, +clavó enseguida otra de profundo odio en la niña y dijo con sonrisa +sarcástica: + +--Ah, ¿quieres la bendición?... Toma la bendición. + +Y le dio de revés un tremendo bofetón que la hizo rodar por el suelo, +soltando sangre por boca y narices. Luis sintió aquella bofetada en sus +mejillas. Huyó repentinamente de ellas toda la sangre y quedó densamente +pálido. Y por un impulso ciego, superior a su voluntad, gritó fuera de +sí: + +--¡Eso es una vileza! ¡Una cobardía! + +Y aun trató de lanzarse sobre él. Pero le detuvieron. D. Pedro gritaba +mientras tanto a grandes voces, loco de furor: + +--¡Por fin caíste! ¡Por fin caíste, perro! + +Hizo un esfuerzo supremo para alzarse del asiento y lanzarse sobre el +ladrón de su honra, consiguiolo a medias, y cayó al fin de nuevo, +privado de sentido, torciendo la boca. + +Los tertulios se habían levantado todos y acudieron al gabinete. Las +señoras gritaban aterradas. Los hombres preguntaban a los de dentro lo +que ocurría. El conde de Onís paseó una mirada de extravío por ellos, se +dirigió al sitio donde yacía Josefina, alzola del suelo y, con ella en +brazos, trató de abrirse paso. Amalia se le puso delante. + +--¿Adónde va usted? + +Y quiso arrancarle la niña. Pero Luis extendió la mano, agarró a la +valenciana por los cabellos y, después de sacudirla tres o cuatro veces +con fuerza, la arrojó lejos de sí y se lanzó a la puerta del salón. + +Bajó la escalera a saltos, salió a la calle, donde esperaba el coche, y +brincando en él con su preciosa carga dijo al cochero: + +--¡A escape, a la Granja! + +El pesado vehículo rodó con estrépito por las calles mal empedradas. No +tardó en salir a la carretera. + +La luna brillaba en lo alto del firmamento. De vez en cuando, grandes +nubes espesas, flotantes tapaban su disco, pero al instante volvía a +lucir. En las regiones superiores de la atmósfera soplaba un viento +huracanado. Abajo parecían reinar el silencio y la paz. + +Josefina no salía de su desmayo. El conde le limpiaba con su pañuelo la +sangre. Después trataba de reanimarla imprimiendo largos, apasionados +besos en su rostro de alabastro. + +Al fin se entreabrieron sus ojos, contempló con extraña fijeza al conde +y relampagueó en ellos una dulce sonrisa. + +--¿Eres tú, Luis? + +--Sí, vida mía, yo soy. + +--¿Adónde me llevas? + +--Donde tú quieras. + +--Llévame lejos, ¡muy lejos!... Llévame a tu casa... Llévame aunque no +me des de comer. Estando contigo no me importa morir. + +El conde la apretó contra su seno y la cubrió de besos. + +--Sí, sí, a mi casa vas--exclamó mientras las lágrimas bañaban sus +mejillas.--De allí no saldrás ya nunca, porque para arrancarte +necesitarán antes arrancarme la vida... Escucha, Josefina, voy a decirte +una cosa. Procura entenderla. Haz un esfuerzo y lo conseguirás... Yo soy +tu padre... Los señores de Quiñones te han recogido en su casa... pero +yo soy tu padre... ¿lo entiendes? + +--Sí, Luis, te entiendo. + +--Te han recogido, porque yo soy tan malo que te he entregado a ellos +en vez de tenerte conmigo. + +--Ahora no te entiendo, Luis. Tú no eres malo. Tú eres bueno y me +quieres. + +--Sí, hija de mi alma, te quiero más que a mi vida... Perdóname. + +--Yo también te quiero a tí... ¡A ellos no! Antes quería a madrina, pero +ahora no... ¡Me ha pegado tanto! ¡Si supieras!... Me mordía, me arañaba, +me arrastraba por el suelo, mandaba a Concha que me azotase con la +ballena, me ataba con una cuerda como a los perros... + +--¡Calla, calla, que me matas!--profirió Luis sollozando. + +--¡No llores, Luis, no llores!... ¿Ves cómo eres bueno? Estás llorando +por mí. + +--¡No he de llorar por tí si eres mi hija! Llámame padre... ¡Yo soy tu +padre! ¿Lo sabes, lo sabes? + +--Sí, lo sé... Tú eres mi padre y yo soy tu hija... Tengo sueño... +Déjame dormir sobre tu pecho. + +Y dejó caer sobre él la cabecita blonda. Inclinó la suya el conde para +darle un beso en la frente y sintió sus labios abrasados por el calor de +la fiebre. + +Gozó la criatura algunos momentos de sueño letárgico. Corrían de vez en +cuando por su tierno cuerpo vivos estremecimientos. Despertó al fin +dando un grito. + +--¡Luis, que me llevan!... ¡Míralos, míralos... ahí están! + +Sus ojos expresaban un terror pánico. + +--No, hija, no; son los árboles del camino que extienden sus ramas hacia +nosotros. + +--¿No ves a D. Pedro que me amenaza? ¿No oyes lo que me está diciendo? + +--Sosiégate, mi alma; es el mugido del viento. + +--Tienes razón. Ya se fueron. ¡Mira cómo brilla la luna! ¡Mira qué +campos tan hermosos y cuántas flores!... Un palacio de cristal... +Delante hay una niña jugando con un gatito blanco... ¡Qué precioso!... +Es más bonito que el Rojo... Déjame jugar con ella, Luis... + +--Jugarás cuanto quieras, y te compraré un gatito y una palomita blanca +que venga a comer a tu mano. + +--No, no quiero que gastes dinero. Estoy contenta con que no me separes +de ti. + +--Nunca ya. Vivirás conmigo siempre, porque eres mi hija. Duerme, mi +vida. + +--¡Otra vez la oscuridad!... ¡Ya vuelve! ¡Échalos, Luis, échalos, por +Dios! ¡Que me agarran! + +--No temas; estás conmigo... Mira la luna otra vez... ¿Ves cuánta +luz?... Duérmete, corazón. + +--Es verdad... ya veo los campos llenos de flores... ya veo el gatito +blanco... La niña no está... ¿Dónde se fue, Luis? + +--Está en mi casa, esperándote para jugar. Estamos muy cerca ya. +Duérmete. + +--Sí, Luis, voy a dormir. Tú me lo mandas, ¿no es cierto? Yo debo +obedecerte porque soy tu hija... Tengo frío... Apriétame más. + +Apretola más y más contra su pecho. Josefina se durmió al fin. El +carruaje rodaba por la carretera desierta al través de los campos +esclarecidos por la luz de la luna. Las nubes volaban también dispersas +por los aires. El viento mugía sordamente a lo lejos. Los árboles +comenzaban a agitar sus penachos. + +Ya se divisaba el cercado de la Granja. Luis inclinó la cabeza para +despertar a la niña; pero al darla un beso sintió en sus labios el frío +de la muerte. Alzola vivamente, sacudiola con fuerza varias veces, +llamándola a gritos. + +--¡Josefina!... ¡Hija! ¡hija! ¡hija!... ¡Despierta! + +La blonda cabeza de la niña se doblaba a un lado y a otro como una +azucena que tuviese quebrado el tallo. + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of El maestrante, by Armando Palacio Valdés + +*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 30425 *** diff --git a/30425-h/30425-h.htm b/30425-h/30425-h.htm new file mode 100644 index 0000000..3d4dfd6 --- /dev/null +++ b/30425-h/30425-h.htm @@ -0,0 +1,13829 @@ +<!DOCTYPE html PUBLIC "-//W3C//DTD XHTML 1.0 Strict//EN" +"http://www.w3.org/TR/xhtml1/DTD/xhtml1-strict.dtd"> + +<html xmlns="http://www.w3.org/1999/xhtml" lang="es" xml:lang="es"> + <head> +<meta http-equiv="Content-Type" content="text/html;charset=UTF-8" /> +<title> + The Project Gutenberg eBook of El maestrante, por Armando Palacio Valdés. +</title> +<style type="text/css"> + p {margin-top:.75em;text-align:justify;margin-bottom:.75em;text-indent:2%;} + +.cb {text-align:center;text-indent:0%;font-weight:800;} + +.cab {text-align:center;text-indent:0%;font-weight:800;font-size:110%;margin:3% auto 5% auto;} + + h1,h2 {text-align:center;clear:both;} + + h3 {margin-top:15%;text-align:center;clear:both;} + +.top5 {margin-top:5%;} + +.top15 {margin-top:15%;} + + hr {width:50%;margin:10% auto 2% auto;clear:both;color:black;border:3px double black;} + + hr.full {width:100%;margin:5% auto 5% auto;border:4px double gray;} + + table {line-height:1.5em;margin-left:auto;margin-right:auto;border:none;font-weight:800;} + + body{margin-left:10%;margin-right:10%;background:#fdfdfd;color:black;font-family:"Times New Roman", serif;font-size:medium;} + +a:link {background-color:#ffffff;color:blue;text-decoration:none;} + + link {background-color:#ffffff;color:blue;text-decoration:none;} + +a:visited {background-color:#ffffff;color:purple;text-decoration:none;} + +a:hover {background-color:#ffffff;color:#FF0000;text-decoration:underline;} + +.poem {margin: 3% auto 3% 33%;white-space:nowrap;text-indent:0%;} +</style> + </head> +<body> +<div>*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 30425 ***</div> + +<hr class="full" /> + +<h2>EL</h2> + +<h1>MAESTRANTE</h1> + +<h3 class="top5">NOVELA</h3> + +<p class="cb">POR</p> + +<h2>D. ARMANDO PALACIO VALDÉS</h2> + +<p class="cb top15">MADRID<br /> +TIPOGRAFIA DE LOS HIJOS DE M. G. HERNÁNDEZ<br /> +IMPRESOR DE LA REAL CASA<br /> +Libertad, 16 duplicado.<br /> +1893</p> + +<hr /> + +<h3>ÍNDICE</h3> + +<table summary="indice" +cellspacing="0" +cellpadding="0"> +<tr><td align="right"><a href="#I">I</a></td><td>—La casa del maestrante</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#II">II</a></td><td>—El hallazgo</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#III">III</a></td><td>—La cita</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IV">IV</a></td><td>—Historia de aquellos amores</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#V">V</a></td><td>—Las bromas de Paco Gómez</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#VI">VI</a></td><td>—Las señoritas de Meré</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#VII">VII</a></td><td>—El aumento del contingente</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#VIII">VIII</a></td><td>—El vino de Fernanda</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IX">IX</a></td><td>—La mascarada</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#X">X</a></td><td>—Cinco años después</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#XI">XI</a></td><td>—La cólera de Amalia</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#XII">XII</a></td><td>—La justicia del barón</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#XIII">XIII</a></td><td>—El martirio</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#XIV">XIV</a></td><td>—La capitulación</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#XV">XV</a></td><td>—Josefina duerme</td></tr> +</table> + + +<hr /> +<h3><a name="I" id="I"></a>I</h3> + +<p class="cab">La casa del maestrante.</p> + + +<p>A las diez de la noche eran, en toda ocasión, +contadísimas las personas que +transitaban por las calles de la noble +ciudad de Lancia. En las entrañas mismas del +invierno, como ahora, y soplando un viento del +noroeste recio y empapado de lluvia, con dificultad +se tropezaba alma viviente. No quiere esto +decir que todos se hubiesen entregado al sueño. +Lancia, como capital de provincia, aunque no +de las más importantes, es población donde ya +en 185... se había aprendido a trasnochar. Pero +la gente se metía desde primera hora en algunas +tertulias y sólo salía de ellas a las once para cenar +y acostarse. A esta hora, pues, solían tropezarse +algunos grupos resonantes que caminaban +a toda prisa resguardados por los paraguas; +las señoras rebujadas en sendos capuchones +de lana, alzando las enaguas con la mano +que les quedaba libre; los caballeros envueltos +en sus pañosas o <i>montecristos</i>, los pantalones +enérgicamente arremangados, rompiendo el silencio +de la noche con el áspero traqueteo de las +almadreñas. Porque en aquella época eran muy +pocos todavía los que desdeñaban este calzado +patriótico y confortable. Tal cual pollastre que +por haber estado en Valladolid estudiando medicina +se creía por encima de estas ruindades y alguna +que otra damisela melindrosa que afectaba +el no saber andar con ellas.</p> + +<p>De coches no había que hablar, pues sólo existían +tres en la población, el de Quiñones, el de +la condesa de Onís y el de Estrada-Rosa. Este +último era el único que no alcanzaba el medio +siglo de antigüedad. Cuando cualquiera de las +tres carrozas salía a la calle, rodeábala un enjambre +de chiquillos y seguíanla buen trecho en testimonio +de incondicional entusiasmo. Los vecinos +en lo interior de sus moradas distinguían, por +el estrépito de las ruedas y el chasquido de las +herraduras, a cuál de los magnates mencionados +pertenecía. Eran, en suma, tres instituciones venerandas +que los hijos de la ciudad sabían amar y +respetar. Contra la lluvia que cae sobre ella más +de las tres cuartas partes del año no se conocían +entonces otros preservativos naturales que el paraguas +y las almadreñas. Poco después vinieron +los chanclos de goma y recientemente también +se introdujeron los impermeables con capuchón, +que trasforman en ciertos momentos a Lancia +en vasta comunidad de frailes cartujos.</p> + +<p>El viento soplaba más recio en la travesía de +Santa Bárbara que en ningún otro paraje de la +población. Esta vía, abierta entre el palacio del +obispo y las tapias de un patinejo de la catedral, +donde viene a caer la cadena del pararrayos, pasa +a su terminación por debajo de un arco y forma +lóbrego recodo en que el huracán se encalleja y +clama y se lamenta en noches tan infernales como +la presente.</p> + +<p>Un hombre embozado hasta los ojos atravesó +velozmente la plazoleta que hay delante de la +morada de los obispos y entró en este recodo. +La fuerza del huracán le detuvo, y la lluvia, penetrando +entre el embozo de la capa y el sombrero, +le privó de la vista. Resistió unos instantes +a pie firme la violencia de la ráfaga, y en vez +de soltar alguna interjección enérgica, que nunca +fuera más al caso, dejó escapar un suspiro de +angustia.</p> + +<p>—¡Ay, Jesús mío, qué noche!</p> + +<p>Se arrimó a la pared, y cuando el viento sosegó +sus ímpetus siguió su camino. Pasó por debajo +del arco que comunica el palacio con la catedral +y entró en la parte más desahogada y esclarecida +de la travesía. Un reverbero de aceite +engastado en la esquina servía para iluminarla +toda. El cuitado hacía inútiles esfuerzos, secundado +por la gran mariposa de hoja de lata, para +enviar alguna claridad a los confines de su jurisdicción. +Pero, más allá de diez varas en radio, +nada hacía sospechar su presencia. Sin embargo, +a nuestro embozado debió parecerle una lámpara +Edison de diez mil bujías, a juzgar por el cuidado +con que se subió aún más el embozo y la +prisa con que abandonó la acera para caminar +ceñido a la tapia del patio en que las sombras se +espesaban. Salió en esta guisa a la calle de Santa +Lucía, echó una rápida mirada a un lado y a +otro, y corrió de nuevo al sitio más oscuro. La +calle de Santa Lucía, con ser de las más céntricas, +es también de las más solitarias. Está cerrada +a su terminación por la base de la torre de +la basílica, esbelta y elegante como pocas en España, +y sólo sirve de camino ordinariamente a +los canónigos que van al coro y a las devotas que +salen a misa de madrugada.</p> + +<p>En esta calle, corta, recta, mal empedrada y +de viejo caserío, se alzaba el palacio de Quiñones +de León. Era una gran fábrica oscura de fachada +churrigueresca, con balcones salientes de +hierro. Tenía dos pisos, y sobre el balcón central +del primero un enorme escudo labrado toscamente +y defendido por dos jayanes en alto relieve +tan toscos como sus cuarteles.</p> + +<p>Una de las fachadas laterales caía sobre pequeño +jardín húmedo, descuidado y triste y +cerrado por una tapia de regular elevación; la +otra sobre una callejuela aún más húmeda y sucia +abierta entre la casa y la pared negra y descascarillada +de la iglesia de San Rafael. Para +pasar del palacio a la iglesia, donde los Quiñones +poseían tribuna reservada, existía un puente +o corredor cerrado, más pequeño, pero semejante +al que los obispos tienen sobre la travesía de +Santa Bárbara. Por la viva claridad que dejaba +pasar la rendija de un balcón entreabierto advertíase +que los dueños de la casa no estaban aún +entregados al descanso. Y si la claridad no lo +acusara, acusábanlo más claramente los sones +amortiguados de un piano que dentro se dejaban +oír cuando los latidos furiosos del huracán lo +consentían.</p> + +<p>Nuestro embozado siguió, con paso rápido y +ocultándose en la sombra cuanto podía, hasta la +puerta del palacio. Allí se detuvo; volvió a echar +una mirada recelosa a entrambos lados de la calle, +y entró resueltamente en el portal. Era amplio, +con pavimento de guijarro como la calle, +las paredes lisas y enjalbegadas de mucho tiempo, +tristemente iluminado por una lámpara de +aceite colgada en el centro. El embozado lo +atravesó velozmente, y sin tirar del cordón de +la campana pegó el oído a la puerta, y así estuvo +inmóvil algunos instantes en escucha. Cerciorado +de que nadie bajaba, tornó a la puerta de la +calle y enfiló otra mirada por ella. Al fin resolviose +a abrir el embozo y sacó de debajo de la +capa un bulto que depositó en el suelo con mano +temblorosa, cerca de la puerta. Era un canastillo. +Estaba cubierto con una manta de mujer, lo +cual impedía observar lo que en él se guardaba, +aunque bien se presumía. Desde Moisés, los canastillos +misteriosos parecen destinados a guardar +infantes. El rebozado, ya desarrebozado, +tiró tres veces del cordón de la campana, y al +instante, desde arriba, abrieron por medio de +otra cuerda. Las tres campanadas indicaba que +quien entraba en la aristocrática mansión de los +Quiñones era un noble, un par de los señores. +Tiempo hacía que se estableciera esta costumbre, +sin saber cómo. Un menestral, un criado, un +inferior, por cualquier concepto, no llamaba sino +con una campanada; las visitas llamaban con +dos; y la media docena o poco más de personas +que el linajudo señor de Quiñones consideraba +sus iguales en Lancia, lo hacían con tres, por +acuerdo tácito o expreso, que eso nunca se averiguó. +Murmurábase en la ciudad de tal diferencia: +los que nunca habían pisado los salones de +la casa, embromaban a los que a diario los visitaban: +respondían éstos negando la especie; pero +aunque secretamente humillados, respetaban la +feudal costumbre: nadie era osado a dar las tres +campanadas del segundo estamento. Sólo Paco +Gómez se aventuró una vez a hacerlo por broma +o fanfarronada; pero al llegar al salón se le recibió +con sorpresa y frialdad tan despreciativas, +que no le quedaron ganas de repetirlo.</p> + +<p>El hombre del canastillo se apresuró a entrar +y cerrar la puerta; atravesó el pórtico y subió +por la gran escalera de piedra, en cuyos peldaños +gastados por el uso se rezumaba constantemente +alguna humedad. Al llegar al piso principal un +criado se acercó a recogerle la capa y el sombrero. +Y sin aguardar más, como si alguien le +persiguiera, lanzose con presurosa planta a la +puerta del salón y la abrió. La viva luz de las +arañas y candelabros le ofuscó un instante. Era +un hombre alto, corpulento, de treinta a treinta +y dos años de edad, la fisonomía dulce y las facciones +correctas: gastaba el pelo cortado a punta +de tijera y la barba luenga, rubia y sedosa. En +aquel momento su rostro estaba pálido y revelaba +profunda inquietud.</p> + +<p>En cuanto alzó los ojos, que la excesiva claridad +le obligara a cerrar, enderezó la mirada a +la señora de la casa, sentada en una butaca. Clavó +ella a su vez en él otra intensa y ansiosa. +Fue un choque que dio instantáneo reposo a sus +fisonomías, como dos fuerzas iguales que se neutralizan. +El caballero se detuvo a la puerta esperando +que cruzasen cinco o seis parejas que +venían girando al compás de un vals, y sus labios +descoloridos se plegaron con sonrisa tan +dulce como triste.</p> + +<p>—¡Qué tarde! No pensábamos que usted viniera +ya—exclamó la señora alargándole su +mano fina, nerviosa, que se contrajo tres o cuatro +veces con intensa emoción al chocar con la +de él.</p> + +<p>Era una mujer de veintiocho a treinta años, +menuda de cuerpo, el rostro pálido y expresivo, +los ojos y el cabello muy negros, boca pequeña +y nariz ligeramente aguileña.</p> + +<p>—¿Cómo se encuentra usted, Amalia?—dijo +el caballero, sin responder a la exclamación, +ocultando bajo una sonrisa la ansiedad que a su +pesar se le traslucía en lo tembloroso de la voz.</p> + +<p>—Estoy mejor... Muchas gracias.</p> + +<p>—¿No le hará a usted daño este ruido?</p> + +<p>—No... Me aburría mucho en la cama... Además, +no quería privar a las chicas del único recreo +que hoy por hoy tienen en Lancia.</p> + +<p>—Muchas gracias, Amalia—exclamó una jovencita +que venía bailando y oyó las últimas palabras +de la dama.</p> + +<p>Ésta le dirigió una sonrisa bondadosa.</p> + +<p>Otra pareja que venía detrás chocó con el caballero, +que continuaba en pie.</p> + +<p>—¡Usted siempre estorbando, Luis!</p> + +<p>—A nadie más que a usted, María Josefa—respondió +el joven, riendo con afectación para +disimular el embarazo que aún sentía.</p> + +<p>—¿Está usted seguro de que a mí sola?—preguntó +ella alzando al mismo tiempo su mirada +maliciosa hacia el caballero que la estrechaba +en sus brazos.</p> + +<p>María Josefa Hevia tenía ya por lo menos cuarenta +años, y sus quince habían sido casi tan feos, +pese al refrán, como sus cuarenta. Como no poseía +tampoco bastante hacienda para restablecer +el equilibrio, ningún valiente había llegado a redimirla +del purgatorio de la soltería. Hasta hacía +poco tiempo todavía halagaba la esperanza +de que, ya que no un pollo, por lo menos se arrojase +a pedir su mano alguno de los indianos solteros +que iban llegando a establecerse en Lancia. +Fundábala en la tendencia que éstos mostraban +a contraer matrimonio con las hijas de +las familias distinguidas de la población, aunque +no llevasen dote. Pertenecía ella por la línea +paterna a una de las más ilustres; como que +era pariente del señor de Quiñones, en cuya casa +nos hallamos. Pero su padre había muerto, y vivía +con su madre, mujer de baja estofa, cocinera +antes de subir al tálamo nupcial de su amo. +Sea por esto o, lo que es más probable, por la +bien declarada y proverbial fealdad de su figura, +tampoco los indianos picaron la carnada del anzuelo. +Y eso que, con motivo o sin él, solía descotarse +más de la cuenta para hacer ostensible +lo que, según voz pública, tenía de menos malo +en su cuerpo. El rostro era repulsivo, de facciones +incorrectas, hinchado por la erisipela y desfigurado +amenudo por algunas llamaradas rojizas +que le subían a las narices. De sus ilusiones +femeninas no le quedaba ya más que una, la de +bailar: era una verdadera pasión: padecía horriblemente +cada vez que los descuidados pollos +de Lancia la dejaban comiendo pavo. Pero se +vengaba tan lindamente de ellos y ellas, poseía +una lengua tan acerada, que la mayor parte de +los jóvenes le sacrificaban por lo menos un baile +en todos los saraos: cuando se descuidaban, +las mismas muchachas se lo recordaban, temiendo +las iras de la feroz solterona. Bailaba, pues, +tanto como la más linda damisela de Lancia, +por razón opuesta, esto es, por el saludable terror +que había logrado inspirar. Ella lo sabía, +y aunque humillada en el fondo del alma, no dejaba +de aprovecharse, optando por el que consideraba +menor de los males. Poseía espíritu sagaz +y malicioso; veía muy bien el ridículo de las +acciones, narraba con gracia y estaba dotada +además de un don particular para herir a cada +persona, cuando se le antojaba, en lo más +vivo.</p> + +<p>—¿Ha llegado ya el conde?—dijo una voz áspera +que salía del gabinete contiguo y se sobrepuso +al tecleo del piano y a las pisadas de los +bailarines.</p> + +<p>—Sí: aquí estoy, D. Pedro... Voy allá.</p> + +<p>El conde dio un paso hacia el gabinete, sin +apartar la vista de la pálida señora. Ésta le clavó +otra mirada intensa donde se leía una interrogación. +Él cerró los ojos afirmando, y pasó a la +inmediata estancia. Lo mismo ésta que el salón +estaban amueblados sin lujo. Los próceres de +Lancia desdeñaban esos refinamientos del decorado, +hoy tan usuales. No por avaricia, sino por +entender con razón que su prestigio estribaba, +más que en la riqueza o suntuosidad de las moradas, +en el sello de respetable antigüedad que +poseían, rechazaban en ellas cualquiera innovación, +lo mismo interna que externa. Los muebles +envejecían, se deslustraban; las alfombras y cortinas +se iban rayendo. Los dueños aparentaban +no fijarse en ello. Sobre todo, D. Pedro Quiñones +mostraba una negligencia en este punto que +rayaba en jactancia. Ni los ruegos de su señora, +ni las indirectas que algún osado, como Paco +Gómez, solía autorizarse bromeando, le decidían +jamás a llamar a los pintores y tapiceros. Se adivinaba +bien que en esta resolución influía el desdén +con que miraba el lujo desplegado por algunos +indianos en el mobiliario de sus casas.</p> + +<p>El salón, en lo que toca a las dimensiones, +era soberbio, amplio, elevadísimo de techo; ocupaba +todos los balcones de la calle de Santa Lucía, +exceptuando el del gabinete. La sillería antigua, +pero no imitando formas de siglos remotos, +como ahora se usa: estaba construida en el +pasado al gusto de la época, y forrada de terciopelo +verde ya gastado. La alfombra descubría el +tejido por varios sitios. De las paredes colgaban +algunos tapices magníficos. Éste era el lujo de +la casa. D. Pedro Quiñones poseía una colección +de gran valor. Solía exhibirlos una vez al año, +colgándolos de los balcones el día del Corpus +para el paso de la procesión. Decíase que un +inglés le había ofrecido por ellos un millón de +pesetas. Poseía asimismo algunos cuadros antiguos +de mérito, tan oscurecidos por el tiempo +que, si una mano hábil no venía pronto a restaurarlos, +concluirían por desaparecer. Lo único +nuevo que en el salón había era el piano, comprado +hacía tres años, poco después de casarse +en segundas nupcias D. Pedro.</p> + +<p>El gabinete, también de gran tamaño, con un +balcón a la calle de Santa Lucía y dos al jardín, +estaba peor decorado aún. Grandes cortinones +de damasco, dos armarios de roble sin espejo, un +sofá forrado de seda, algunos sillones de vaqueta, +una mesa redonda en el centro y algunas sillas +correspondientes al sofá; todo bien manoseado y +marchito. En torno de la mesa central, y alumbrados +por enorme quinqué de aceite con pantalla +verde, estaban tres caballeros jugando al +tresillo. El dueño de la casa era uno de ellos. +Tendría de cuarenta y seis a cuarenta y ocho +años de edad; hacía tres que estaba enteramente +imposibilitado para moverse, de resultas de un +ataque apoplético que le paralizó las dos piernas. +Era corpulento, rostro moreno y facciones bien +acentuadas, enérgicas; el cabello y la barba, blanqueando +ya por muchos puntos, fuertes, abundantes, +encrespados; los ojos negros y hundidos +de mirar imponente. En su fisonomía había una +expresión de orgullo y fiereza que ni aun la sonrisa +amistosa con que acogió al conde de Onís +pudo extinguir por completo. Estaba reclinado +más que sentado en una butaca construida adrede +para facilitarle el movimiento del tronco +y los brazos, y arrimada a la mesa de lado a fin +de que le fuese posible jugar y tener las piernas +extendidas. Aunque en la chimenea ardían algunos +troncos de leña, se abrigaba con una talma +de color gris cerrada al cuello con broche de oro. +Bordada sobre ella, del lado del corazón, había +una gran cruz roja de la orden de Calatrava. El +señor de Quiñones prescindía pocas veces de +esta talma, que le daba aspecto un poco fantástico +y teatral.</p> + +<p>Siempre había sido extravagante en el vestir. +Su orgullo le impulsaba a buscar el modo de distinguirse +del vulgo. En varias ocasiones se le vio +de levita cerrada, sombrero de copa y almadreñas: +gastaba larga melena, como un caballero del +siglo diez y siete; vestía amenudo traje de terciopelo +o pana con botas de montar; usaba botines +cuando ya nadie se acordaba de ellos, y grandes +cuellos de camisa vueltos sobre el chaleco, imitando +la antigua valona. Nunca se vio hombre +más preciado de su nobleza ni con más afán de +resucitar el prestigio y los privilegios de que +aquélla gozaba en siglos pasados. El público +murmuraba de sus extravagancias y muchos se +reían de ellas, porque Lancia es una población +donde abundan los espíritus humorísticos; pero, +como siempre acontece, este orgullo desmedido +y feroz había concluido por imponerse. Los que +con más gracia se burlaban de las rarezas de don +Pedro eran los que con mayor sumisión y rendimiento +le quitaban el sombrero así que le veían +de media legua.</p> + +<p>Había vivido en la corte algún tiempo durante +sus años juveniles, pero no echó raíces en +ella. Fue gentilhombre con ejercicio y disfrutó +de las ventajas y preeminencias que su caudal y +nacimiento le concedían; pero no bastaban a saciar +aquel corazón henchido de arrogancia. La +extraña amalgama de la aristocracia de la sangre +con la del dinero le hería y le irritaba. El respeto +que se concedía a los hombres políticos y +que él mismo se veía obligado a tributar por razón +de su cargo le encendía de ira. ¡Un hijo de +la nada, un pelagatos pasar por delante de él +con la cabeza erguida, dirigiéndole una mirada +indiferente o desdeñosa! ¡A él, descendiente directo +de los condes soberanos de Castilla! Por +no sufrirlo y por el amor que profesaba a Lancia +renunció al empleo y vino a habitar de nuevo +el churrigueresco palacio en que nos hallamos. +La soberbia, o por ventura su carácter excéntrico, +le hicieron cometer, en este período de +su vida de mayorazgo solterón, mil extravagancias +y ridiculeces que asombraron y fueron el regocijo +de la ciudad mientras no llegó a acostumbrarse. +D. Pedro no salía jamás a la calle +sin ir acompañado de un su criado o mayordomo, +hombre zafio, que vestía el traje del labriego del +país, esto es, calzón corto con medias de lana, +chaqueta de bayeta verde y ancho sombrero calañés. +Y no sólo salía con Manín (por este nombre +era universalmente conocido), sino que le +llevaba al teatro. Era de ver los dos en un palco +principal; él, rígido, correcto, paseando su mirada +distraída por la sala; el criado, con las palmas +de las manos apoyadas en la barandilla y la +barba sobre las manos con la atónita mirada clavada +en el escenario, soltando bárbaras, ruidosas +carcajadas, rascándose el cogote o bostezando +a gritos enmedio del silencio. Entraba con él +en los cafés y hasta le llevaba a los bailes. Manín +llegó a ser en poco tiempo una institución. +D. Pedro, que apenas se dignaba hablar con las +personas más acaudaladas de Lancia, sostenía +plática tirada con él y admitía que le contradijese +en la forma ruda y grosera de que era capaz +únicamente.</p> + +<p>—Manín, hombre, repara que estás molestando +a esas señoras—le decía a lo mejor hallándose +ambos en cualquier tienda.</p> + +<p>—Bueno, bueno; pues si quieren estar a gusto, +que traigan de casa un jergón y se acuesten—respondía +el bárbaro en voz alta.</p> + +<p>D. Pedro se mordía los labios para no soltar +el trapo, porque le hacían extremada gracia tales +groserías y brutalidades.</p> + +<p>Si entraba en un café, Manín se atracaba de +cuarterones de vino tinto mientras él solía beber +con parquedad una copita de moscatel. Pero +siempre pedía una botella y la pagaba, aunque +la dejase casi llena. Mostrando por esta prodigalidad +cierta extrañeza un boticario de la población +con quien alguna vez se dignaba hablar, le +respondió con fría arrogancia:</p> + +<p>—Pago una botella, porque me parece indecoroso +que D. Pedro Quiñones de León pida una +copa como cualquier c...tintas de las oficinas del +gobierno político.</p> + +<p>Causaba asombro también en la ciudad el que +al saludar a los clérigos en la calle les besase la +mano, imitando la costumbre de los nobles en +otros siglos. Este respeto no era más que un medio +de distinguirse y acreditar su alta jerarquía, +como todo lo demás. Porque al capellán que tenía +a su servicio, aunque le besaba la mano en +público, le trataba como a un doméstico en privado. +Le guardaba muchas menos consideraciones +que a Manín. Pero lo que verdaderamente +dejó estupefacta a la población y se prestó a sin +número de comentarios y chufletas fue lo que +D. Pedro hizo, poco después de llegar de Madrid, +en cierta solemnidad religiosa. Se presentó en la +iglesia con uniforme blanco cuajado de cordones +y entorchados, que debía de ser el de maestrante +de Ronda. Al llegar el momento de la consagración +en la misa, avanzó con paso solemne +hasta el medio del templo, que se hallaba libre +de gente, desenvainó la espada y comenzó a esgrimirla +sucesivamente contra los cuatro puntos +cardinales, dando furiosas estocadas y mandobles +al aire. Las mujeres se asustaron, los +chiquillos corrieron, la mayor parte de los +hombres pensó que era un acceso de locura. +Sólo los más avisados o eruditos entendieron que +se trataba de una ceremonia simbólica y que +aquellos mandobles al aire significaban que don +Pedro estaba resuelto, como caballero profeso +que era de una orden militar, a batirse con todos +los enemigos de la fe, en cualquier paraje del +mundo. El único periodiquito que se publicaba +entonces en Lancia todos los domingos (hoy +existen once, seis diarios y cinco semanales) le +dedicó una gacetilla en que, con no poca gracia, +se burlaba de él. Sin embargo, tales burlas públicas +o privadas, como ya se ha indicado, no +conseguían amenguar el prestigio de que el ilustre +prócer gozaba en la ciudad. Quien se considera +de buena fe superior a los seres que le rodean, +tiene mucho adelantado para que éstos se +le humillen. Además, D. Pedro, apesar de sus +ridiculeces, era hombre culto, aficionado a la +literatura y con pujos de poeta. De vez en cuando, +y con ocasión de cualquier fausta nueva para +la patria o familia real, escribía algunas décimas +o tercetos en estilo clásico, un poco gongorino. +Aunque algunas personas trataron de persuadirle +a que los publicase, nunca esto se pudo acabar +con él. Profesaba tan sincero desprecio a todo +lo que reflejase el movimiento democrático de +nuestra era y muy especialmente a los periódicos, +que prefería tenerlos manuscritos, conocidos +solamente de un número reducido de amigos. +Pasaba igualmente por hombre valeroso. +En Madrid había tenido algunos duelos y en Lancia +dejó de efectuarse uno entre él y cierto jefe +político que los progresistas mandaron a esta +provincia, por la intercesión del obispo y cabildo +catedral.</p> + +<p>Al llegar a los cuarenta años, poco más o menos, +casó con una señora aristócrata también, +que habitaba en Sarrió. Murió su esposa al año, +a consecuencia del parto. Tres años después +contrajo de nuevo matrimonio con Amalia, dama +valenciana algo emparentada con él. Apenas se +conocían. D. Pedro la había visto en Valencia +cuando ella contaba catorce años. El matrimonio +que se realizó diez años después pactose por +medio de cartas, previo el cambio de retratos. +Se daba por seguro que la voluntad de la novia +había sido forzada, y aun se decía que durante +algunos meses se había negado a compartir el +tálamo con su marido. Todavía más. Se contaba +en Lancia con gran lujo de pormenores el +viaje que por consejo de un canónigo hizo don +Pedro con su esposa para inspirarla confianza y +acortar, entre las peripecias del camino y la descomodidad +de las posadas, la distancia moral y +material que los separaba. Cumplidas las profecías +del astuto capitular y realizados todos los +fines del matrimonio, el cielo no quiso sin embargo +bendecirlo. Poco tiempo después D. Pedro +experimentó el terrible ataque apoplético +que le paralizó de medio cuerpo abajo, y desde +entonces no hubo términos hábiles para la bendición, +aunque la Providencia estuviese animada +de los mejores deseos.</p> + +<p>—Nos hace falta un cuarto—dijo apretando +con efusión la mano del conde.</p> + +<p>—Sí, sí, a ver si cambia la suerte... Moro nos +está llevando el dinero bravamente—dijo un viejecito +de cara redonda, fresca, rasurada, el pelo +blanco y los ojos claros y tiernos. Tenía marcado +acento gallego. Se llamaba Saleta y era magistrado +de la audiencia y tertulio asiduo de la +casa de Quiñones.</p> + +<p>—¡No tanto, Sr. Saleta, no tanto! Sólo gano +doscientos tantos. Faltan trescientos para desquitarme +de lo que he perdido ayer—manifestó +el aludido, que era un joven de fisonomía abierta +y simpática.</p> + +<p>—¿Y por qué no han llamado ustedes a Manín?—preguntó +el conde dirigiendo una mirada +risueña al célebre mayordomo, que, con su calzón +corto, zapatos claveteados y chaqueta de bayeta +verde, dormitaba en una butaca.</p> + +<p>Las miradas de los tres se volvieron hacia él.</p> + +<p>—Porque Manín es un bruto que no sabe jugar +más que a la <i>brisca</i>—dijo D. Pedro riendo.</p> + +<p>—Y al <i>tute</i>—manifestó el gañán, desperezándose +groseramente, abriendo una boca de a +cuarta.</p> + +<p>—Bueno, y al tute.</p> + +<p>—Y al <i>monte</i>.</p> + +<p>—Bien, hombre, y al monte también.</p> + +<p>Y se pusieron a jugar sin hacer más caso de él.</p> + +<p>Pero al cabo de un momento volvió a decir:</p> + +<p>—Y al <i>parar</i>.</p> + +<p>—¿Al parar también?—preguntó en tono de +burla el conde de Onís.</p> + +<p>—Sí, señor, y a las <i>siete y media</i>.</p> + +<p>—¡Vaya! ¡vaya!—exclamó aquél distraídamente, +abriendo el abanico de cartas y examinándolo +atentamente.</p> + +<p>Y siguieron jugando con empeño, absortos y +silenciosos. El mayordomo les interrumpió de +nuevo, diciendo:</p> + +<p>—Y al <i>julepe</i>.</p> + +<p>—¡Bueno, Manín, cállate!... No seas majadero—exclamó +ásperamente D. Pedro.</p> + +<p>—¡Manjadero! ¡manjadero!—masculló el aldeano +con mal humor.—Otros hay tan manjaderos; +pero como tienen dinero no hay quien se +lo llame.</p> + +<p>Y dejó caer de nuevo sus formidables espaldas +en el sillón, estiró las patas y cerró los ojos +para roncar.</p> + +<p>Los jugadores levantaron la vista hacia don +Pedro con sorpresa e inquietud. Este la clavó +colérica en su mayordomo; pero, al verle en +aquella tan sosegada postura, cambió repentinamente, +y alzando los hombros y convirtiendo de +nuevo los ojos a las cartas, exclamó con sonrisa, +alegre:</p> + +<p>—¡Qué bárbaro! ¡Es un verdadero suevo!</p> + +<p>—¡Alto, Sr. Quiñones, alto!—dijo Saleta.—Los +suevos han acampado solamente en Galicia. +Ustedes no son más que cántabros... Precisamente +yo debo saber bien eso...</p> + +<p>—¡Claro! ¡Uzté ze lo zabe too!—manifestó un +caballero no tan viejo, si bien pasaría de los cincuenta, +que entraba a la sazón. D. Enrique Valero, +magistrado de la Audiencia también, hombre +de agradable porte, de rostro fino y expresivo, +aunque extremadamente marchito por la +vida alegre que había llevado. Como lo denunciaba +su acento, de lo más cerrado y ceceoso +que puede oírse, era andaluz y de la provincia +de Málaga.</p> + +<p>—No lo sé todo, amigo Valero—repuso con +calma Saleta;—pero conozco perfectamente la +historia de mi país y las particularidades referentes +a mi familia.</p> + +<p>—¿Y qué tiene que ver zu familia con ezo de +lo zuevo, compañero?</p> + +<p>—Porque mi familia desciende de uno de los +caudillos más principales que penetraron en la +provincia de Pontevedra cuando la irrupción, +según consta de varios documentos que se conservan +en el archivo de mi casa.</p> + +<p>Los jugadores cambiaron una risueña mirada +de inteligencia con Valero.</p> + +<p>—¡Ajá!—exclamó éste entre alegre e irritado.—Ahora +rezulta que el amigo Zaleta ez un +zuevo como una catedral.—¡Quién lo había de +penzá, tan rebajuelo y tan chiquitín!</p> + +<p>—Sí, señor—prosiguió el otro, como si no +hubiera oído, hablando con lentitud y firmeza.—El +caudillo que dio origen a nuestra familia +se llamaba Rechila. Era hombre al parecer +feroz y sanguinario. Gran conquistador; extendió +sus dominios muchísimo, y hasta me parece +que llegó en sus correrías hasta Extremadura. +Un día, siendo yo niño, se encontró su corona +enterrada entre los cimientos de la antigua +capilla de nuestra casa...</p> + +<p>—¡Pero, hombre! ¡pero, hombre!—exclamó +Valero mirándole fijamente con una cómica indignación +que hizo soltar la carcajada a los +demás.</p> + +<p>Saleta prosiguió imperturbable describiendo +el hallazgo, la forma, el peso, cada uno de los +adornos; no se le olvidó un pormenor.</p> + +<p>Y Valero mientras tanto no apartaba de él la +mirada, sacudiendo la cabeza con creciente irritación.</p> + +<p>Todas las noches pasaba lo mismo. El descarado +mentir de su colega provocaba en el magistrado +andaluz una indignación a veces fingida, +otras real, que siempre alegraba a la compañía. +Era tan insólito que un gallego se atreviese a +bravear de exagerado y embustero delante de un +andaluz, que éste, herido en su amor propio y en +los fueros de su país, llegaba en ocasiones a enfadarse, +dudando si Saleta era un tonto o por tales +tenía a los que le escuchaban. En realidad el +magistrado de Pontevedra mentía con tan poca +gracia y al mismo tiempo con tal firmeza, que +era cosa de pensar si sería un pícaro redomado +que se gozaba en impacientar a sus amigos.</p> + +<p>—¿Ha dicho uzté que eze antepazao zuyo ha +llegao a Eztremadura?—preguntó al fin Valero +en tono decidido.</p> + +<p>—Sí, señor.</p> + +<p>—Pue me parece, compare, que eztá uzté +equivocao, porque eze zeñó Renchila...</p> + +<p>—Rechila.</p> + +<p>—Bueno, eze Rechila ha ido máz allá, ha corrío +hazta la provincia de Málaga; pero allí le +zalío al encuentro una partía de vándalos de la +cual era jefe uno de miz azcendiente, que ze llamaba +zi mal no recuerdo... ezpere un poco... +ze llamaba Matalaoza. Pue bien, ezte Matalaoza, +que era un tío mu bragao y mu soso, le derrotó +completamente, le hizo prizionero y le tuvo tirando +de una noria hazta que ze murió. Todavía +ze conzervan en lo zótano de caza alguno +peazo de la maquinita.</p> + +<p>D. Pedro, Jaime Moro y el conde de Onís habían +suspendido el juego y reían sin rebozo alguno.</p> + +<p>—No puede ser. Rechila no ha pasado de Mérida, +que ha conquistado después de un corto +asedio—manifestó Saleta sin turbarse poco ni +mucho.</p> + +<p>—Dispenze uzté, amigo; en el archivo de mi +caza hay documentoz que acreditan que el zeñó +Renchila ha entrao una mijita por la provincia +e Málaga, y que el zeñó Matalaoza, mi abuelo, +por la línea de madre, ni pa Dioz quizo deharle +seguí ma adelante.</p> + +<p>—Permítame usted, amigo Valero; me parece +que está usted en un error. Ese Rechila debe de +ser otro. Entre los suevos ha habido varios Rechilas...</p> + +<p>—No zeñó, no... El Rechila que ha derrotao +mi abuelo era el antepazao de uzté... Eztoy zeguro... +De la provincia de Pontevedra... Ze le +conocía enzeguidita por el acento.</p> + +<p>Y afectaba gran seriedad al proferir estas frases. +La alegría de los jugadores era cada vez mayor. +Saleta, acostumbrado a las burlas de su +colega, no se amoscaba ni perdía un punto de su +irritante flema. La desvergüenza de este hombre +para mentir y sostener luego sus mentiras era +inaudita.</p> + +<p>Cuando vio la inutilidad de seguir disputando, +atendió nuevamente al juego. Los demás hicieron +lo mismo, aunque de vez en cuando se les escapaba +por la nariz el flujo de la risa.</p> + +<p>Jaime Moro seguía ganando. Y se mostraba +alegre y charlatán, comentando cada una de las +jugadas con prolijidad. Era un guapo joven de +barba negra recortada, facciones correctas, ojos +rasgados sin expresión y tez suave y sonrosada. +Su padre, administrador diocesano que había sido +en aquella provincia, se murió el año anterior, dejándole +una regular hacienda, setenta u ochenta +mil duros, según los bien enterados. Este capital +en Lancia le hacía un verdadero potentado. No +hay para qué decir que fue el blanco de todos los +tiros de las niñas casaderas, su ideal, su sueño +dorado. Moro parecía poco inclinado al sexo femenino. +Amaba infinitamente más a Mercurio +que a Venus. Su afición al juego, a toda clase +de juegos, era tan desmedida que bien podía decirse +que su vida entera estaba consagrada a +ella, que había nacido para jugar. Vivía solo, con +ama de llaves, criado y cocinera. Levantábase +de diez a once de la mañana, y después de acicalarse +se iba a la confitería de D.ª Romana, +donde hallaba sabrosa compañía que le enteraba +de todos los cuentos que corrían por la población. +Así que echaba a un lado esta tarea metíase +en la trastienda oscura, grasienta, pringosa, +con un olor a hojaldre que derribaba, y +sentándose a una mesa que correspondía en un +todo al decorado del recinto, se ponía a jugar la +copa de Jerez y los pasteles al dominó con su +íntimo amigo D. Baltasar Reinoso, uno de los +muchos propietarios de cuatro o cinco mil pesetas +de renta que residían en Lancia. A las dos a comer. +A las tres al Círculo Mercantil a comenzar +con tres de los indianos, que formaban el núcleo +de aquella sociedad de recreo, el clásico chapó, +que se prolongaba ordinariamente hasta las cinco. +Y vamos corriendo a casa del muy ilustre señor +deán de la catedral basílica, donde nos espera +este señor en compañía del maestrescuela y del +cura de San Rafael para ventilar el tresillo cotidiano. +Cuando el chapó se prolongaba algo más de +lo acostumbrado, solía venir un monaguillo al +Círculo para avisarle de que sus compañeros estaban +reunidos. Y entonces Moro se apresuraba a +dar los tres o cuatro tacazos definitivos, y entre +uno y otro se hacía poner el abrigo por el mozo +para no perder tiempo, y pagando o cobrando con +mano nerviosa el saldo de su cuenta, corría desalado +con la lengua fuera hasta casa del deán. El +tresillo de éste duraba hasta las ocho. A casa a +cenar. A las nueve, escapado a la de D. Pedro +Quiñones, a empalmarlo. Otras noches a la de +D. Juan Estrada-Rosa a lo mismo. A las doce al +Casino, donde se reunían unos cuantos trasnochadores +y jugaban al monte o la lotería un rato. +Por último, a las dos o las tres de la madrugada +Jaime Moro caía en su lecho rendido de tan laboriosísima +jornada, para comenzar al día siguiente +otra enteramente igual.</p> + +<p>Ni se piense que era un joven codicioso. Nada +de eso. Su liberalidad era conocida y loada por +toda la ciudad. No le arrastraba a jugar el ansia +del dinero, sino una decidida y desinteresada +vocación que se había sobrepuesto en él a todas +las demás aficiones. Era el suyo un temperamento +excesivamente activo, sin inteligencia ni +voluntad para darle un fin serio y útil. En sus +cortos momentos de ocio aparecía como hombre +sosegado, indiferente, linfático; pero así que tenía +las cartas en la mano, o el taco, o las fichas +del dominó, adquiría su figura brío inusitado, +el rostro se le mudaba, las manos se estremecían +como potros refrenados, los ojos expresaban la +energía recóndita de su alma. Inspiraba generales +simpatías en la población y las cercanías. No +había hombre más dulce, más inofensivo en su +trato. Jamás se le oyó hablar mal de nadie. Los +que ven siempre la parte negra de las cosas de +este mundo y el lado flaco de los caracteres, que +van siendo cada vez más, por desgracia, sostenían +que si no murmuraba era porque no sabía, +que era tan bueno porque no podía ser otra cosa. +¡Como si no hubiera necios perversos! Un defecto +tenía Moro, hijo de su misma afición. Se +consideraba insuperable en todos los juegos a +que se dedicaba. No se le podía negar gran maestría +en ellos; pero de aquí a no tener rival hay +mucha distancia, y Moro la salvaba. De esto +procedían los prolijos, eternos comentarios con +que sazonaba cada jugada, y que ya habían llegado +a ser proverbiales en Lancia. Daba un tacazo +en el billar. Las bolas no rodaban como se +había propuesto. Se llevaba la mano a la cabeza +con desesperación.</p> + +<p>—¡Un poquito menos de bola, y la mía hubiera +entrado por los palos!... Pero me veía obligado +a tomar mucha bola, para que el mingo +bajase; porque si no baja el mingo, ¿sabe usted? +él me hace villa y se mete en casa... ¡Y a mí no +me conviene eso!</p> + +<p>Si los circunstantes asentían, aunque perdiese +todas las mesas no le importaba nada. Salvada +su honra profesional, el dinero era lo de menos. +Vuelta a dar otro tacazo, y vuelta a comentarlo. +No cesaba de hablar. Pues otro tanto pasaba en +el tresillo; pero, al revés de lo que suele acaecer +en este juego, se abstenía de reprender a sus +compañeros y de mostrarse enojado. Hablaba, +sí, y mucho; pero siempre para aclarar o glosar +cualquier jugada, repitiendo infinitamente los +conceptos en tono elocuente y persuasivo, que +hacía sonreír a los mirones. «Si no me hubiera +fallado el rey... Si hubiera tenido un triunfito +más... No me atreví a dar la bola porque me +figuré que D. Pedro... ¿Por qué este tres de copas +no había de ser de oros?... Con dos estuches +siempre ha tirado una vuelta este cura.» Era un +compañero ruidoso, pero muy fino y muy desinteresado.</p> + +<p>—Oiga uzté, ¿no va uzté a jugar?—le dijo Valero, +metiendo la cabeza por entre los jugadores +y examinándole las cartas.</p> + +<p>—¿Cree usted que se puede?—preguntó Moro +vacilante.</p> + +<p>—A mí me parece que zí.</p> + +<p>—Hay poco de esto y demasiado de esto otro—repuso, +señalando discretamente con el dedo +los naipes.</p> + +<p>—Zin embargo, zin embargo... yo creo...</p> + +<p>—Bueno, bueno, jugaremos—replicó Moro +con su finura acostumbrada.</p> + +<p>Aquel juego se perdió. Moro dirigió una mirada +a sus compañeros y alzó los hombros con +resignación. En cuanto Valero se apartó un poco, +apresurose a decir por lo bajo:</p> + +<p>—No quise contrariar a D. Enrique; pero +aquel juego no se podía ganar.</p> + +<p>Vindicada con estas palabras su fama, quedó +tan alegre como si les hubiera dado una bola.</p> + +<p>El conde de Onís, que en un principio se había +mostrado jaranero, fue quedando poco a poco +pensativo y amurriado. Jugaba sin atención alguna; +de tal modo que sus compañeros le llamaron +al orden más de una vez.</p> + +<p>—Pero, conde, ¿qué es lo que tiene usted hoy? +Le veo muy preocupado—dijo al fin D. Pedro.</p> + +<p>—En efecto, ze noz ha puezto uzté mu triztón—corroboró +Valero.</p> + +<p>Viéndose interpelado de este modo brusco, se +turbó como si temiera que el casco de su cerebro +fuese trasparente y leyesen dentro.</p> + +<p>—No tiene nada de particular... Me siento +bastante molesto de las muelas—respondió, apelando +a un inocentísimo recurso.</p> + +<p>—Mala enfermedá e, compañero—dijo Valero.</p> + +<p>Y todos le compadecieron y se informaron con +interés de las particularidades de la dolencia.</p> + +<p>El conde se veía apurado y contestaba vagamente +a las preguntas.</p> + +<p>—Pues contra ese mal, señor conde—apuntó +Saleta,—no hay mejor medicina que el hierro. +Verá usted... Yo he padecido muchísimo de las +muelas siendo estudiante. No me atrevía a sacar +ninguna; pero la patrona que tenía en Santiago +me convenció de que, atando un bramante +a la muela y sujetándolo por el otro cabo al techo, +poco a poco iba saliendo sin dolor. Me senté +en una silla, ¿sabe usted? y cuando ya la muela +estaba bien amarrada, la huéspeda tira de la +silla y me deja colgando. ¡Claro, no tenía más +remedio que saltar!...</p> + +<p>Valero comenzó a sacudir la cabeza de un +modo desesperado. Los demás le miran y sonríen. +Saleta no lo advierte, o finge no advertirlo, +y continúa con la palabra firme y sosegada y el +acento gallego que le caracterizaban:</p> + +<p>—Después perdí enteramente el miedo. En la +Coruña me sacó un dentista cinco seguidas. +Siendo juez en Allariz, tuve un fuerte dolor, +y como no había dentista, el promotor me sacó +tres con unas tenacillas de rizar el pelo su señora. +De resultas de eso me atacó una inflamación +terrible en la boca, ¿sabe usted? Fui a Madrid, +y Ludovisi, el dentista de la reina, me quemó +las encías con un hierro candente y me sacó +siete buenas...</p> + +<p>—Van quince—murmuró Valero.</p> + +<p>—Y me quedé perfectamente, hasta que hace +cuatro años, en un pueblecillo de la provincia de +Burgos, estando de temporada en casa de un +amigo, me volvió el dolor, ¡qué dolor! No había +ni médico, ni cirujano, ni nada. Pero llegó casualmente +por allí un charlatán que sacaba las +muelas montado a caballo. Me vi tan apurado, +que no tuve más remedio que apelar a él; me +sacó dos con el rabo de una cuchara.</p> + +<p>—¡Compañero, qué rozario!—exclamó Valero +en el colmo de la indignación.—¿Le quea a uzté +todavía algún novenario en la boca?</p> + +<p>Con la algazara que se armó despertose Manín, +desperezose bárbaramente, abrió una bocaza +de media vara, dejando escapar un aullido +formidable, que impresionó al auditorio. Luego +volvió el ciclópeo torso de medio lado y se dispuso +a empalmar el sueño.</p> + +<p>—¿A tí no te habrán dolido nunca las muelas, +eh, Manín?—preguntó el maestrante, que no +podía estar un cuarto de hora sin comunicarse +con su mayordomo.</p> + +<p>—¡Quiá!—exclamó el gañán sin abrir los ojos +siquiera.</p> + +<p>—¡Es una roca!—manifestó el caballero con +verdadero entusiasmo.</p> + +<p>Pero Manín se incorporó un poco en la +butaca y dijo restregándose los ojos con los +puños:</p> + +<p>—Nunca tuve más que un dolor en la paletilla. +Me dio cargando un carro de hierba y me +duró más de un mes. No probaba bocado. Parecía +que tenía allá dentro una gafura que me iba +royendo el cuajo. Se me quebraban las costillas, +se me hundían los costados, me tiraba a las paredes, +daba corcovos y regañaba los dientes como +un basilisco. Estaba tan amarillo como la paja +segada. Un día me dijo el señor cura:—Manín, +tú careces del pecho.—¡Yo carecer del pecho, +señor cura! ¡No me conoce usted bien! Apalpe +aquí por su vida; más recia tengo la entraña +de lo que usted piensa.—Pues no hay más remedió, +Manín, tienes que llamar al mélico.—Que +no, señor cura, que no quiero yerbatos ni cataplasmas.—Que +sí, Manín, si no lo llamas tú lo +llamo yo.—En fin, después de mucho gravitar, +aunque yo tiraba siempre pa atrás, allá vino don +Rafael, el mélico de las minas. Me mandó quitar +hasta la camisa y me tumbó de espaldas sobre +la masera. Enseguida comienza a darme +unos golpecicos en el pecho con los nudillos, +como quien llama a la puerta. Pega aquí, pega +allá, y ascucha que ascucharás con la oreja arrimada +a la carne. ¡Na! Yo decía:—¡Gravita, +gravita, probiquín! ¡Busca el puzcalabre! Más +de media hora llamando con los nudillos y ascuchando. +Hasta que al fin se cansó de no oír na +que le emportase...—¡Ay, amigo del alma!—me +dijo santiguándose,—tienes un pecho ¡líquido! +¡líquido! que en mi vida he visto otro igual...—Eso +ya lo sabía yo, D. Rafael...</p> + +<p>Al llegar aquí se detuvo repentinamente, y +paseando una torva mirada por el auditorio, +masculló sin que le oyesen:</p> + +<p>—¿De qué se reirán estos burros?</p> + +<p>Y dejando caer de nuevo la cabeza poblada +de greñas sobre la butaca, cerró los ojos con soberano +desprecio.</p> + +<p>Los tertulios del maestrante volvieron su atención +al juego, sin dejar de reír. Pero el conde +quedó muy pronto pensativo y distraído otra vez. +Al cabo, no pudiendo reprimir el desasosiego de +sus nervios, levantose de la silla.</p> + +<p>—Vamos, D. Enrique, ocupe usted mi puesto. +Este dolor me molesta mucho y necesito moverme.</p> + + + +<hr /> +<h3><a name="II" id="II"></a>II</h3> + +<p class="cab">El hallazgo.</p> + + +<p>Cuando el conde puso de nuevo el pie +en la sala, justamente se disponían +los pollos a bailar un rigodón. Una +de las chicas del <i>Jubilado</i> estaba ya delante +del piano. D. Cristóbal Mateo, a quien apodaban +de este modo en el pueblo, era un antiguo +empleado que había servido muchos años +en Filipinas, y que estaba jubilado hacía ya algunos, +con treinta mil reales. Tenía porte militar, +una figura realmente marcial con sus bigotazos +blancos, ojos saltones, cejas espesas y velludas +manos. Sin embargo, en todos los dominios +españoles no existía hombre más civil. +Había hecho su carrera en las oficinas de Hacienda, +y toda la vida había profesado ideas contrarias +al predominio de la milicia. Sostuvo siempre +que las sanguijuelas del Estado no eran ellos, +los empleados, sino el ejército y la marina. Para +demostrarlo aducía datos, exhibía notas sacadas +del presupuesto, se perdía en divagaciones burocráticas. +Decía que el presupuesto de guerra +«era la sangría suelta por donde se escapaban las +fuerzas vivas de la nación,» frasecilla que había +leído en el <i>Boletín de Contribuciones Indirectas</i>, y +que había hecho suya con extremada fruición. +Llamaba vagos a los soldados y profesaba rencor +inextinguible a los galones y charreteras. +Cuando el ayuntamiento de Lancia trató de pedir +al Gobierno que enviase un regimiento para +guarnecer la ciudad, se opuso, como concejal, +tenaz y enérgicamente a ello. ¿A qué traer una +caterva de zánganos? En cambio de los beneficios +que la estancia del regimiento podría reportar, +¡eran tantos los daños! El mercado se encarecería: +los jefes y oficiales gustaban de tratarse +bien y llevarse a casa los alimentos más +caros (¡para el trabajo que les costaba ganarlo!). +Luego eran todos jugadores y su mal ejemplo +contagiaría a los jóvenes de la población, que +fuera de la época de ferias, se abstenían de los +juegos prohibidos. Como estaban siempre ociosos +(D. Cristóbal creía firmemente que un militar +no tiene absolutamente nada que hacer), por +fuerza habían de pensar en picardías y ruindades. +En resumen, que el regimiento sería causa +de perturbación en el pueblo y un elemento corruptor. +Prevaleció su deseo, aunque no por +serlo de él, sino porque al ministro de la Guerra +no le plugó mandar soldados a Lancia, considerando +quizá la condición mansa de sus habitantes.</p> + +<p>Con los treinta mil reales de pensión viviría +desahogadamente en un pueblo barato como +aquél, si no fuese porque sus hijas estaban dotadas +de cierta fantasía poética que las impulsaba +a preferir los sombreros de Madrid a los +que hacía Rita, la sombrerera de la calle de San +Joaquín, y los guantes de ocho botones a los de +cuatro. Tal privilegiado temperamento era causa +de frecuentes crisis en el hogar del Jubilado, +con su cortejo de lágrimas, violentos portazos, +repentina desgana de comer, etc. En estos terribles +conflictos, hay que confesar que D. Cristóbal +no siempre se mantenía a la altura de +energía y coraje que denotaban sus bigotes y +sus cejas enmarañadas. Verdad que siempre +quedaba solo en la pelea. Ni por casualidad se +dio el caso de que alguna de sus hijas le apoyase. +Tratándose de asuntos ajenos a la dirección +rentística de la casa, muchas veces se partían +las opiniones; algunas hijas se ponían de +parte de papá contra sus hermanas. Mas en +cuanto asomaba el problema económico, constantemente +se veía al Jubilado de un lado y a las +cuatro hijas de otro. D. Cristóbal, como caudillo +experimentado, apelaba en estas refriegas a mil +ardides para derrotar a sus contrarios, o para +capitular en buenas condiciones. Un día amanecían +las chicas inspiradas, y pedían botinas +de tafilete semejantes a las que habían visto a +tal o cual muchacha de la ciudad, generalmente +a Fernanda Estrada-Rosa. D. Cristóbal se replegaba +inmediatamente en sí mismo. Se replegaba +y meditaba. Por la noche, a la hora de cenar, +deslizaba en la conversación la noticia de +que había estado en <i>La Innovadora</i> (zapatería de +lujo). Le habían dicho que las botas de tafilete +daban muy mal resultado en Lancia, a causa de +la humedad. Por otra parte, D. Nicanor (médico +de la ciudad), que por casualidad estaba allí, +había manifestado que el tafilete era funesto en +climas tan fríos y lluviosos, y que por los +pies se pillaban muchísimas veces los catarros +que más tarde degeneraban en tisis galopantes, +etc. Antes, mucho antes de que Mateo +terminase su diatriba contra el tafilete, se la +destripaban sus cuatro pimpollos con risas irónicas +y pesadísimas palabras que dejaban confundido +y triste al pobre viejo. En otras ocasiones, +la imaginación acalorada de las niñas exigía +que vinieran de Madrid unos abrigos muy +lindos, de los cuales les había dado noticia +Amalia: D. Cristóbal resistía algún tiempo los +asaltos, pero viéndose muy apretado, capitulaba +al fin. Su mente, fecunda en trazas, como la de +Ulises, le sugería una magnífica para ahorrarse +la mitad del dinero por lo menos. Se fue a Amalia +y le rogó que le diese su abrigo por dos o +tres días, a fin de que una de las modistas del +pueblo le hiciese otros cuatro iguales. Exigiole, +por supuesto, absoluto secreto, y la señora +de Quiñones supo guardarlo. Pero ¡ay! no lo +guardaron los fementidos abrigos, que al llegar +muy empaquetaditos de la silla de posta, y al +ofrecerse a las miradas ansiosas y zahoríes de +sus cuatro dueños, lo pregonaron muy alto, por +lo pobre de la ornamentación y lo chapucero del +cosido.</p> + +<p>—Estos abrigos no están hechos en Madrid—dijo +resueltamente Micaela, que era la más nerviosa +de las cuatro.</p> + +<p>—¡Hija, no desbarres, por Dios! Pues ¿dónde +habían de estar?—exclama D. Cristóbal con +afectada sorpresa, sintiendo cierto calorcillo en +las mejillas.</p> + +<p>—No sé; pero desde luego se puede asegurar +que no los han hecho en Madrid.</p> + +<p>Y las cuatro ninfas comienzan a dar vueltas +entre sus ebúrneos dedos a los abrigos, los estudian, +los analizan con atento cuidado que +pone en suspensión y espanto a su progenitor. +Se dirigen miradas significativas, sonríen con +desprecio, se hablan al oído. Mientras tanto, los +feroces bigotes del jubilado de Ultramar se erizan, +se estremecen con leve temblor que se comunica +a sus labios y de ahí al resto del organismo.</p> + +<p>Por fin, aquellas elegantes criaturas sueltan +las prendas con descuido escarnecedor sobre las +sillas de la sala y corren a encerrarse en el gabinete +de Jovita. Cerca de media hora estuvieron +deliberando secretamente. D. Cristóbal +aguardaba inquieto y ojeroso, paseando con agitación +por el corredor como un procesado que +espera el veredicto del jurado.</p> + +<p>Ábrese finalmente la puerta, y el criminal escruta +con ansia el semblante de los jueces. Éstos +guardan actitud reservada, y por sus labios +descoloridos vaga una sonrisa enigmática. Dos +de ellas se ponen inmediatamente la mantilla y +los guantes y se lanzan a la calle. Al cabo de un +rato tornan al hogar trémulas, con la faz descompuesta +y los ojos centellantes. La pluma se +resiste a narrar la cruel escena que se produjo +en la dulce morada del Jubilado. ¡Cuánto grito +rabioso! ¡cuánto sarcasmo! ¡cuánta carcajada +histérica! ¡qué manoteo! ¡qué crujir de sillas! +¡qué exclamaciones tan lamentables! Y enmedio +de aquel espantoso desorden, de aquel fragor, +capaz de infundir pavura en el corazón más +sereno, los cuatro abrigos, causa de tal carnicería, +desgarrados, convertidos en miserables jirones, +arrastrándose con ignominia por el suelo +en pago de su delito.</p> + +<p>Fuera de estos sacudimientos periódicos con +que la sabia naturaleza vigorizaba los nervios +un poco enervados ya del Jubilado, la existencia +de éste se deslizaba pacífica y suave. Ni le faltaban +tampoco muchos y esmerados cuidados. +Sus hijas se ocupaban a porfía en ponerle todo lo +necesario a punto y en su sitio: la ropa acepillada; +las camisas y los calzoncillos oliendo a frescura; +las corbatas, hechas de vestidos viejos, tan +flamantes como si saliesen de la guantería; las +zapatillas en cuanto entraba en casa; el agua +para lavarse los pies, los sábados; el cigarro al +acostarse; el vaso de agua con limón a la madrugada, +etc., etc. Todo marchaba con la regularidad +dulce y mecánica que tanto placer causa +a los viejos. Verdad que entre cuatro bien podían +hacerlo sin molestarse mucho, sobre todo +teniendo presente que las niñas no siempre estaban +inspiradas. Sólo a la vista de un sombrero +caprichoso, o al recibir la noticia de la llegada +de una compañía dramática, o al anunciarse que +el Casino daría una reunión de confianza, ardía +súbito en sus corazones el fuego sagrado de la +inspiración, despertábanse sus poderosas facultades +poéticas, y en arrebatado vuelo salían de +casa y se lanzaban a la de la modista, a la +guantería, a la perfumería, dejando en todos los +parajes señales de su agitación y alguna parte +del peculio profecticio. No aliándose bien los +arrebatos de la fantasía con la prosa de los pormenores +de la existencia, éstos sufrían alguna +alteración. D. Cristóbal en aquellos periodos de +crisis echaba menos, con pesadumbre, algunos +retoques. Mas al poco tiempo sosegaban los +espasmos de las pitonisas y las cosas volvían a +su ser y la vida seguía el mismo curso ordenado +y tranquilo. El nombre de aquéllas, por orden de +edades, era el siguiente: Jovita, Micaela, Socorro +y Emilita. Eran las cuatro, en apariencia, +seres insignificantes, ni hermosas ni feas, ni +graciosas ni desgraciadas, ni muy jóvenes ni +viejas, ni tristes ni risueñas. Nada había en +ellas que fijase la atención. No obstante, en el +seno del hogar el carácter de cada cual se pronunciaba +y adquiría relieve. Jovita era sentimental +y reservada; Micaela tenía el genio violento; +Socorro era la más pava, y Emilita la +más pizpireta.</p> + +<p>Las dos intensas preocupaciones que llenaban +la vida espiritual de D. Cristóbal Mateo eran la +reducción del contingente del ejército y el casar +a sus cuatro hijas, o por lo menos a dos. Lo +primero llevaba buen camino: de algún tiempo +atrás venían los políticos más conspicuos inclinándose +a esa opinión. En cuanto a lo segundo, +nos duele confesar que no tenía verosimilitud de +ninguna clase. Ni por sacrificar otras comodidades +a los trapos, ni por exhibirse sin medida +al balcón y en los paseos, ni por asistir a los +saraos de Quiñones con una constancia digna +de ser premiada, pudieron lograr hasta la hora +presente los dones preciados de Himeneo. Cuando +algún imprudente tocaba este asunto en visita, +todas ellas decían que mientras viviese su +padre les costaría mucha pena el casarse; que +les parecía cruel abandonar a un pobre anciano +que tanto las quería y tanto se sacrificaba por +ellas, etc... Aquí venía un elogio caluroso de +las dotes espirituales de D. Cristóbal. Pero éste +se encargaba inocentemente de desmentirlas, +mostrando tales ganas de verse abandonado, un +deseo tan vivo de experimentar aquella crueldad, +que ya era proverbial en Lancia. Como si +no bastasen ellas solas a ponerse en ridículo, +el pobre Mateo las ayudaba eficazmente, metiéndoselas +por los ojos a todos los jóvenes casaderos +de la ciudad.</p> + +<p>Las ponderaciones que el buen padre hacía del +carácter, de la habilidad, de la economía y buen +gobierno de sus hijas no tenían fin. Así que llegaba +un forastero a Lancia, D. Cristóbal no sosegaba +hasta trabar conocimiento con él, y acto +continuo le invitaba a tomar café en su casa y le +llevaba al teatro a su palco y a merendar al campo +y le acompañaba a ver las reliquias de la catedral +y la torre y el gabinete de historia natural; +todas las curiosidades, en fin, que encerraba +la población. El público asistía sonriente, +con mirada socarrona a aquel ojeo, que ya se +había repetido porción de veces sin resultado. +La única que logró tener novio durante tres o +cuatro años fue Jovita. Por eso fue también la +que se despeñó de más alto. El galán era un +estudiante forastero que la festejó mientras seguía +los últimos cursos de la carrera. Terminada +ésta, partió a su pueblo y, olvidándose +de sus promesas de matrimonio, lo contrajo con +una paleta rica. Las demás no habían alcanzado +este grado excelso de la jerarquía amorosa. +Inclinaciones vagas, devaneos de quince días, +algún oseo por la calle; nada entre dos platos. +Poco a poco se iba apoderando de ellas el frío +desengaño. Aunque no hubiesen perdido la esperanza, +estaban fatigadas. Aquel pensamiento +fijo, único, que las embargaba hacía ya tanto +tiempo, iba convirtiéndose en un clavo doloroso +en la frente. Pero D. Cristóbal ni se rendía ni se +le pasaba por la imaginación el capitular. Creía +siempre a pie juntillas en el marido de sus hijas, +y lo anunciaba con la misma seguridad que los +profetas del Antiguo Testamento la venida del +Mesías.</p> + +<p>—En cuanto se casen mis hijas, en vez de pasar +el verano en Sarrió, donde se guardan las +mismas etiquetas que en Lancia, me iré a Rodillero +a respirar aire fresco y a pescar robalizas.—Atiende, +Micaela, no seas tan viva, mujer... +Comprende que a tu marido no le han de gustar +esas genialidades; querrá que le contestes con +razones...</p> + +<p>—Mi marido se contentará con lo que le den—respondía +la nerviosa niña haciendo un gracioso +mohín de desdén.</p> + +<p>—¿Y si se enfada?—preguntaba en tono malicioso +Emilita.</p> + +<p>—Tendrá dos trabajos: uno el de enfadarse y +otro el de desenfadarse.</p> + +<p>—¿Y si te anda con el bulto?</p> + +<p>—¡Se guardará muy bien! ¡Sería capaz de envenenarlo!</p> + +<p>—¡Jesús, qué horror!—exclamaban riendo las +tres nereidas.</p> + +<p>Aquel marido hipotético, aquel ser abstracto +salía a cada momento en la conversación con la +misma realidad que si fuera de carne y hueso y +estuviera en la habitación contigua.</p> + +<p>La que comenzaba ahora a teclear en el piano +era Emilita, las más musical de las cuatro hermanas. +Las otras tres estaban ya en pie, cogidas +a la manga de la levita de otros tantos jóvenes; +como si dijéramos, en la brecha.</p> + +<p>El conde tropezó a los pocos pasos con Fernanda +Estrada-Rosa que venía de bracero con +una amiga. Por lo visto no había querido bailar. +Era la joven que hacía más viso en la ciudad por +su belleza y elegancia y por su dote. Hija única +de D. Juan Estrada-Rosa, el más rico banquero +y negociante de la provincia. Alta, metida en +carnes, morena oscura, facciones correctas y +enérgicas, ojos grandes, negrísimos, de mirar +desdeñoso, imponente; gallarda figura realzada +por un atavío lujoso y elegante que era el asombro +y la envidia de las niñas de la población. No +parecía indígena, sino dama trasportada de los +salones aristocráticos de la corte.</p> + +<p>—¡Qué elegantísima Fernanda!—exclamó el +conde en voz baja, inclinándose con afectación.</p> + +<p>La bella apenas se dignó sonreír, extendiendo +un poco el labio inferior con leve mueca de +desdén.</p> + +<p>—¿Cómo te va, Luis?—dijo alargándole la +mano con marcada displicencia.</p> + +<p>—No tan bien como a tí... pero, en fin, voy +pasando.</p> + +<p>—¿Nada más que pasando?... Lo siento. A mí +me va perfectísimamente; no te has equivocado—repuso +en el mismo tono displicente, sin mirarle +a la cara.</p> + +<p>—¿Cómo no, siendo en todas partes donde te +presentas la estrella Sirio?</p> + +<p>—Dispensa, chico, no entiendo de astronomía.</p> + +<p>—Sirio es la estrella más brillante del cielo. +Eso lo sabe todo el mundo.</p> + +<p>—Pues yo no lo sabía... ¡Ya ves, como soy una +paleta!</p> + +<p>—No es cierto; pero está muy bien la modestia, +unida a la hermosura y al talento.</p> + +<p>—No; si ya sé de sobra que no tengo talento. +No te mortifiques en decírmelo.</p> + +<p>—Hija, te acabo de manifestar lo contrario...</p> + +<p>En el tono displicente de Fernanda iba entrando +un poco de acritud. En el del conde, +pausado, ceremonioso, se advertía leve matiz de +ironía.</p> + +<p>—Vamos, entonces te he entendido al revés.</p> + +<p>—Algo de eso ha habido siempre.</p> + +<p>—¡Caramba, qué galante!—exclamó la joven +empalideciendo.</p> + +<p>—Siempre que has pensado que pudiera decirte +algo desagradable—se apresuró a rectificar +el conde, advertido por el cambio de fisonomía +de la idea que cruzaba por su mente.</p> + +<p>—Muchas gracias. Estimo tus palabras como +se merecen.</p> + +<p>—Harías mal en no estimarlas sinceras... +Además, no necesito yo decirte lo mucho que +vales. Eso lo sabe todo el mundo.</p> + +<p>—Gracias, gracias. ¿Te has cansado de +jugar?</p> + +<p>—Me duelen un poco las muelas.</p> + +<p>—Sácatelas.</p> + +<p>—¿Todas?</p> + +<p>—Las que te duelan, hijo. ¡Ave María!</p> + +<p>—¡Con qué indiferencia lo dices! ¿A ti no te +importaría nada, por supuesto?</p> + +<p>—Yo siento siempre los males del prójimo.</p> + +<p>—¡El prójimo! ¡Qué horror! No tenía noticia +de haber llegado ya a la categoría de prójimo.</p> + +<p>—Qué quieres, chico; los honores vienen +cuando menos se piensa.</p> + +<p>Apesar de lo impertinente y hasta agresivo +del tono, Fernanda no se movía del sitio, teniendo +siempre cogida del brazo a la amiguita, +que no desplegaba los labios. Fijándose un poco, +se podría observar que la rica heredera estaba +muy nerviosa. Con el pie daba golpecitos en el +suelo, apretaba en su mano con vivas contracciones +el pañuelo y sus labios temblaban de +modo casi imperceptible. Alrededor de los hermosos +ojos árabes se marcaba un círculo más +pálido que de costumbre. Aquel pugilato la interesaba.</p> + +<p>El conde de Onís había sido de sus novios el +que más tiempo había durado. Al aparecer Fernanda +en sociedad, y aun antes, cuando era +una zagalita que iba con la criada al colegio, +produjo su figura, su elegancia y sobre todo la +amenaza de los seis millones que iban a caer, +andando el tiempo, en su regazo, una verdadera +explosión de entusiasmo. No hubo joven más o +menos gallardo o acaudalado que por iniciativa +propia o por las insinuaciones de su familia no +se resolviese a pasearle la calle, a esperarla a la +salida del colegio, a mandarle cartitas y a decirle +requiebros en el paseo. De Sarrio, de Nieva y +de otras poblaciones de la provincia acudieron +también, con pretexto de las ferias, algunos golosos. +La niña, ufana con tanto acatamiento, +embriagada por el incienso, no se daba punto de +reposo tomando y soltando novios. Era raro el +galán que duraba más de un par de meses en su +gracia. En realidad ninguno estaba en posición +de merecerla. En Lancia y en el resto de la provincia +no había quien tuviera hacienda proporcionada +a su dote. Si alguno existía, no estaba +por su edad habilitado para casarse con tan +tierno pimpollo. Sería algún indiano averiado +por los ardores tropicales, o mayorazgo rústico +y solitario de los que vivían en sus casas solariegas. +Sin necesidad de que su padre se lo advirtiese, +la niña comprendía admirablemente que +ninguno le convenía; pero gozaba coqueteando +con todos, haciéndose adorar de la juventud laciense. +Entre ésta existía, sin embargo, un mancebo +hacia el cual ninguna doncella de la ciudad +había osado levantar los ojos hasta entonces con +anhelos matrimoniales. Era el conde de Onís. Por +su alta jerarquía, más respetada en provincia +donde se tributa a la nobleza un culto que delata +al villano y al siervo bajo la levita del burgués, +por su cuantiosa renta, por el apartamiento de +su vida y hasta por el misterio y silencio de su +palacio antiquísimo, parecía habitar en atmósfera +más elevada, al abrigo de las flechas de +todas las beldades indígenas.</p> + +<p>Pues por ello precisamente nació en el pecho +de Fernanda un deseo, primero vago, después +vivo y anhelante, de rendirle. Esto es muy humano +y sobre todo muy femenino: no necesita +explicación. En el fondo de su alma, la hija de +Estrada-Rosa sentíase inferior al conde de Onís. +Sin embargo, tanta era la lisonja que había escuchado +en poco tiempo, tan refulgente el brillo +que esparcía sobre su vida el dinero del papá, +que bien podía aspirar a hacerle su marido. Si +no lo pensaba así, al menos figuraba pensarlo +hablando del conde, por detrás, con cierta displicencia +y con afectada familiaridad por delante. +En Lancia, como en todas las capitales pequeñas, +los muchachos y muchachas solían tutearse. +El conocerse desde niños y haber acaso jugado +en el paseo juntos lo autorizaba. El conde +de Onís jamás había cruzado la palabra con Fernanda, +aunque la tropezase a cada momento en +la calle. Sin embargo, cuando se encontraron por +primera vez en la tertulia de las de Meré, la hermosa +le soltó un <i>tu</i> redondo y suprimió el título. +Luis aquí, Luis allá: parecía que iba a comerle +el nombre. A éste le sorprendió un poco la confianza, +sin desagradarle. A nadie le duele oírse +tutear por una linda damisela. Apesar de la naturaleza +concentrada y tímida del conde y de su +escasa afición a las mujeres, Fernanda se dio +maña para hacerle pronto su novio o al menos +para hacerle pasar por tal a los ojos del público. +El cual halló tal noviazgo perfectamente justificado. +En Lancia no había otro marido para Fernanda +ni otra mujer para el conde. La distancia +que los separaba era retrospectiva; estaba en los +antepasados. La población creía que, en gracia +de la belleza, el dinero y la brillante educación +de la joven, el conde de Onís se hallaba en el +caso de olvidar los doscientos gañanes que la habían +precedido.</p> + +<p>Cerca de un año duraron las relaciones. Los +novios se veían en la tertulia de las señoritas +de Meré. D. Juan Estrada-Rosa, al decir de sus +íntimos, se hallaba muy complacido. Varias veces +se había insinuado con el conde para que entrase +en la casa; pero éste no le había comprendido +o había fingido no comprenderle. Fernanda +se lo propuso con claridad un día. Él se evadió +como pudo del compromiso. ¿Era timidez? ¿Era +orgullo? La misma Fernanda no se daba cuenta +de ello. Pero esta reserva contribuía a encender +su afección y anhelo. De pronto, cuando menos +se pensaba, cuando ya el público comenzaba a +preguntarse por qué se retrasaba la boda, cortáronse +aquellas relaciones. Se cortaron sin escándalo, +de un modo diplomático y sigiloso, tanto, +que hacía ya más de un mes que no existían +cuando todavía la población no estaba enterada +y los amigos les seguían embromando. El hecho +produjo fuerte sensación; se comentó en todas +las tertulias hasta lo infinito. Nunca se pudo +averiguar qué había habido, ni aun a cuál de los +dos correspondió la iniciativa de esta ruptura. +Si se preguntaba al conde, afirmaba rotundamente +que Fernanda le había dejado; mas ponía +demasiado empeño en esta afirmación para que +no empezara a dudarse de su sinceridad. La heredera +de Estrada-Rosa, sin manifestar nada en +concreto, corroboró las palabras de su novio +con el tono desabrido que usó hablando de él, +lo mismo que al dirigirle la palabra. Porque siguieron +tratándose, si no con tanta frecuencia, +con bastante: ambos acudían a la tertulia donde +se conocieron. Además, Fernanda, poco tiempo +después, comenzó a asistir a los saraos de los +domingos en casa de Quiñones. Pero nunca más +reanudaron sus rotas relaciones. Los asistentes +suspendían la respiración y ponían toda su alma +en los ojos siempre que, como ahora, los antiguos +novios se tropezaban y departían un rato. +¿Volverán a las andadas? ¿Habrá, por fin, boda? +El desengaño venía inmediatamente al observar +la indiferencia con que se apartaban.</p> + +<p>Cuando iba a contestar a las últimas palabras +de la orgullosa heredera, los ojos del conde, derramando +una mirada distraída por el salón, tropezaron +con otros que se le clavaron lucientes y +celosos. Alargó la mano a su amiga y con sonrisa +forzada dijo:</p> + +<p>—¡Qué mal me estás tratando, Fernanda! +Como siempre, por supuesto... Yo, sin embargo, +ya sabes... el mismo devoto idólatra. Hasta +ahora.</p> + +<p>—Siento que esa devoción no me cause frío +ni calor—replicó ella sin dar un paso para apartarse.</p> + +<p>El conde lo dio alzando los hombros con resignación +y diciendo:</p> + +<p>—¡Más lo siento yo!</p> + +<p>Sorteando las parejas de baile, que ya habían +comenzado el rigodón, llegó de nuevo adonde +estaba el ama de la casa. Al lado de ésta se hallaba +en aquel instante el famoso Manuel Antonio, +uno de los personajes más dignos de mención +en la época que estamos historiando. Se le +conocía tanto por el apodo <i>el marica de Sierra</i> +como por su nombre.</p> + +<p>Esto basta para que sepamos en cierto modo +a qué atenernos respecto a sus propiedades morales +y físicas. Manuel Antonio no era joven. +Frisaría en los cincuenta años, disimulados con +esfuerzo heroico por toda la batería de afeites conocidos +entonces en Lancia, que no eran muchos +ni muy refinados. Una peluca bastante rudimentaria, +algunos dientes postizos mal montados, un +poco de negro en las cejas y de carmín en los +labios, mucho <i>patchoulí</i> y un traje de fantasía +apropiado para realzar los residuos de su belleza. +Ésta había sido espléndida; una rara perfección +de rostro y de talle. Alto, delgado, esbelto, +facciones correctas, diminutas, cabellos rubios, +finos, cayendo en graciosos bucles, mejillas sonrosadas +y voz atiplada. De este conjunto primoroso +quedaba tan sólo una sombra por donde pudiera +adivinarse. La enhiesta espalda se había +abovedado; los hermosos bucles se habían desvanecido +como un sueño feliz; algunas arrugas indecorosas +surcaban aquella tersa frente, y la fila +de perlas, que ostentaba su boca, se había transformado +en carrera de huesos amarillos, desvencijados, +que el tiempo había quintado y el dentista +torpemente sustituido. Por último, aquel +pequeño bigote sedoso había engrosado notablemente, +se hizo blanco, cerdoso, indómito; no +bastaban el tinte y el cosmético a mantenerlo +presentable. ¡Qué dolor para el hermoso hermafrodita +de Lancia y también para los amigos +que le habían conocido en el esplendor de su +gracia!</p> + +<p>El espíritu permanecía tan juvenil como a los +diez y ocho años. Era el mismo ser apasionado +y tierno, dulce unas veces, iracundo y terrible +otras, marchando al soplo de sus caprichos, viviendo +en lánguida ociosidad. Gozaba tanto las +delicias del baño, que lo repetía tres y más veces, +hasta que el agua quedase cristalina como +al salir de la fuente; amaba las flores, los pájaros; +no tenía más placer que consultar con el +cristal del espejo los adornos que le sentarían +mejor. Los trajes, por atracción irresistible, +siendo masculinos, se acercaban cuanto era posible +a la forma femenina. En el invierno gastaba +talmita corta con broche de oro, y un +sombrero tirolés de alas reviradas, que le sentaba +extremadamente bien. En el verano gustaba +de vestirse trajes de franela blanca bien +ceñidos, que denunciasen las graciosas curvas +de sus formas. Las corbatas eran casi siempre +de gasa, los zapatos descotados, el cuello de +camisa a la marinera. Por debajo del puño se le +veía un brazalete. Aunque no fuese más que un +sencillo aro de oro, este pormenor era lo que +más llamaba la atención de sus conciudadanos. +En cuanto se hablaba de Manuel Antonio salía +el dichoso brazalete a relucir; como si no hubiese +nada en su interesante figura más digno de +excitar la curiosidad.</p> + +<p>Pero si los años no habían logrado modificar +en el fondo aquel ser amable y creado para el +amor, habíanle hecho, sin embargo, más cauto, +más reservado. Ya no mostraba sus preferencias +con la ingenuidad de otros tiempos, ni daba +suelta a los súbitos arranques de su corazón inflamable +sino después de poner a prueba la lealtad +del objeto de su ternura. ¡Había padecido +tantos desengaños en la vida! Sobre todo, al hacerse +viejo, no sólo experimentó la frialdad de +sus antiguos amigos, de aquellos que le habían +dado pruebas inequívocas de cariño, sino, lo +que es aún más triste, encontrose, sin pensarlo, +sirviendo de blanco a las chufletas e invectivas +de los mozalbetes de la nueva generación. Fue +el hazmerreír de estos procaces jóvenes. Como +no habían sido testigos de sus triunfos ni conocieron +su radiante belleza, estaban lejos de profesarle +el respeto que, apesar de todo, guardaba +hacia él la antigua generación. No perdonaban +medio de embromarlo, de vejarlo bárbaramente. +En cuanto se paraba en la calle de Altavilla o +entraba en el café de Marañón, ya estaba rodeado +de una partida de <i>guasones</i>. ¡Cristo, las frases +que allí se oían! Y como villanos que eran, a +menudo del juego de palabras pasaban al de +manos. Esto era lo que en modo alguno podía +sufrir Manuel Antonio. Que hablasen lo que quisieran. +Tenía bastante correa, y además un ingenio +vivo y sutil que recogía admirablemente +el ridículo y sabía dar en rostro con él a sus +contrarios. La mayor parte de las veces los que +iban a «tomarle el pelo» salían muy bien trasquilados. +Los años, la práctica, le habían adiestrado +de tal modo en el pugilato de frases incisivas +que realmente era temible. Tenía la intención +de un <i>miura</i>. Pero así que aquellos desvergonzados +pasaban de las palabras a las +obras tocándole la cara o pellizcándole, ya estaba +descompuesto, perdía enteramente los estribos +y no decía cosa intencionada ni siquiera +razonable. Superfluo es añadir que, conociéndole +el flaco, todas las bromas terminaban en esta +forma.</p> + +<p>Por lo demás, fuera de aquella maligna intención +para herir en lo vivo a las personas, en +lo cual podía competir y aun creemos que aventajaba +a María Josefa, era un ser útil y servicial. +Su malignidad, al cabo de todo, era resultado +de la que a él se le mostraba. Sus habilidades +muchas y varias. Trabajaba el punto de +crochet que daba gloria. Las colchas que él hacía +no tenían rival en Lancia. Arreglaba un altar +y vestía las imágenes mejor que ningún sacristán. +Tapizaba muebles, hacía flores primorosas +de cera, empapelaba habitaciones, bordaba +con pelo, pintaba platos. Y cuando alguna de +sus muchas amigas necesitaba peinarse artísticamente +para asistir a cualquier baile, Manuel +Antonio se prestaba galantemente a arreglarle +los cabellos, y lo hacía con la misma destreza y +gusto que el mejor peluquero de Madrid. ¿Pues +y cuando cualquiera de sus amigos se ponía enfermo? +Entonces era de ver el interés, la constancia +y la suma diligencia de nuestro viejo +Narciso. Se constituía inmediatamente a la cabecera +del lecho, tomaba cuenta de las medicinas, +arreglábale la cama, poníale los vejigatorios +o las ayudas lo mismo que el más diestro +practicante. Luego, si la enfermedad por desgracia +presentaba mal carácter, sabía insinuar como +nadie la idea de confesión; de tal modo que el +enfermo, en vez de asustarse, la aceptaba como +la cosa más natural y corriente. Y en cuanto le +veía convencido, empezaba a tomar disposiciones +para recibir a Su Divina Majestad: la dama +más avezada a recibir gente principal en sus salones +no le sacaría ventaja. El altarcito con el +paño almidonado atestado de chirimbolos relucientes, +la escalera adornada con macetas, el +suelo alfombrado de hojas de rosas, los criados +y deudos esperando a la puerta con hachas encendidas +y enguantados. No se le olvidaba un +pormenor. En estos momentos críticos el marica +de Sierra se crecía, adoptaba el continente +de un general al frente de sus tropas. Todos le +obedecían y secundaban acatándole por jefe. +Pues si el enfermo se moría, no hay para qué +decir que su dictadura se hacía aún más omnipotente. +Principiando por amortajar el cadáver +y concluyendo por sacar del juzgado la partida +de defunción, nada quedaba en las fúnebres ceremonias +que él no mangonease.</p> + +<p>Y como quiera que las más veces había enfermos +que cuidar, o imágenes que vestir, o amigas +que peinar o flores que contrahacer, Manuel +Antonio pasaba la vida bastante atareado. En +esto y en ir de casa en casa tomando y soltando +noticias se le deslizaban los días y los años. Habitaba +con dos hermanas más viejas que él, +las cuales le cuidaban y mimaban como a un +niño. Para estas buenas señoras no existía el +tiempo. Ni veían las arrugas, ni la peluca, ni los +dientes postizos de su hermano. Manuel Antonio +era siempre un pollito, un petimetre. Sus trajes, +sus baños, las horas que empleaba en el tocado +les hacían sonreír con benevolencia. Mientras +ellas se quejaban amargamente de los estragos +que los años iban causando en su figura y su salud, +pensaban que su hermano había detenido el +curso de las horas, había hallado un elixir para +mantenerse eternamente joven.</p> + +<p>Manuel Antonio era metódico en sus visitas. +Había unas cuantas casas a las cuales asistía +diariamente y siempre a la misma hora. A casa +de D. Juan Estrada-Rosa iba a las tres, a la +hora del café; con la condesa de Onís tomaba +chocolate todas las tardes; por la noche era tertulio +asiduo de la señora de Quiñones. Había +otras familias que visitaba también con mucha +frecuencia. A casa de María Josefa Hevia y de +las de Mateo solía ir por la mañana, sin detenerse +mucho, dando una vuelta para enterarles +de lo que se decía o inspeccionar sus labores. +Alguna noche iba también a casa de las señoritas +de Meré.</p> + +<p>—¡Aquí tenemos al conde!—exclamó con su +peculiar entonación afeminada.—¡Ay, qué condecito +tan guasón!</p> + +<p>—¿Pues?—preguntó éste acercándose.</p> + +<p>—Pregúntaselo a Amalia.</p> + +<p>La sonrisa que plegaba los labios del noble se +desvaneció repentinamente.</p> + +<p>—¿Cómo?... ¿Qué tiene que ver?...—dijo con +mal disimulada turbación.</p> + +<p>También Amalia se turbó. Sus pálidas mejillas +se colorearon.</p> + +<p>—Hemos estado murmurando de tí. ¡Qué +traje te hemos cortado, chico!</p> + +<p>—Aquí Manuel Antonio—profirió Amalia—decía +que era usted el perro del hortelano.</p> + +<p>—No; tú eras quien lo decías.</p> + +<p>Otra de las particularidades de aquél era el +tutear a todo el mundo, grandes y chicos, señoras +y caballeros.</p> + +<p>—¡Yo!—exclamó la dama.</p> + +<p>—¿Y por qué soy el perro del hortelano?... +Sepamos.</p> + +<p>—Pues decía Amalia que ni querías comerte +la carne ni permitir que la coma D. Santos.</p> + +<p>—¡Vamos! ¿Quieres callarte, embustero?—dijo +la señora, medio irritada, medio risueña, +dándole un pellizco.</p> + +<p>—¿Qué se habla de D. Santos?—preguntó un +caballero muy corto y muy ancho, de faz mofletuda +y violácea, acercándose al grupo.</p> + +<p>El conde y Amalia no supieron qué responder.</p> + +<p>—Se decía que D. Santos tenía pensado llevarnos +un día a su posesión de la Castañeda y +darnos un banquete—manifestó Manuel Antonio +con desparpajo.</p> + +<p>—No; no era eso—repuso el hombre rechoncho +con forzada sonrisa.</p> + +<p>—Sí tal. Amalia sostenía que no eras capaz +de llevarnos a pasar un día a la Castañeda.</p> + +<p>—¡Pero, hombre, tú te has empeñado en ponerme +hoy colorada!—dijo aquélla.</p> + +<p>—Porque soy un buen amigo. Como te veo +pálida estos días... Bien puedes creerlo, Santos, +yo tengo mucha mejor idea de tu esplendidez +que la mayoría del pueblo... No conocéis bien a +D. Santos, les digo muchas veces a los que sostienen +que a tí te duele gastar el dinero. Si +D. Santos no gasta, no obsequia a sus amigos, +no es por avaricia, sino por indolencia, porque +no se le presenta ocasión. El hombre es tímido +de suyo y no es capaz de proponer banquetes ni +giras; pero que otro le apunte la idea, y veréis +con qué gusto la acepta...</p> + +<p>—Gracias, gracias, Manuel Antonio—murmuro +D. Santos con la risa del conejo.</p> + +<p>Se le conocía el gran temor y molestia que +le embargaban. Como muchos de los indianos, +apesar de ser inmensamente rico, tenía fama +de avariento, y no injustificada. Había llegado +pocos años hacía de Cuba, donde cargando +primero cajas de azúcar y luego vendiéndolas +se enriqueció. Vino hecho un beduino, sin +noticia alguna de lo que pasaba en el mundo, +sin saber saludar, ni proferir correctamente una +docena de palabras, ni andar siquiera como los +demás hombres. Los treinta años que permaneció +detrás de un mostrador le habían entumecido +las piernas. Marchaba tambaleándose como +un beodo. El color subido de sus mejillas era +tan característico, que en Lancia, donde pocas +personas se escapaban sin apodo, lo designaron +al poco tiempo de llegar con el de <i>Granate</i>. Enmedio +de su miseria le gustaba dar en rostro con +las riquezas que poseía. Edificó una casa suntuosísima; +trajo mármol de Carrara, decoradores +de Barcelona, muebles de París, etc. Y, +sin embargo, apesar de las sumas cuantiosas +que en ella gastó, al saldar la cuenta del clavero +¡se empeñaba en que descontase del peso el papel +y las cuerdas en que venían envueltas las +puntas de París! Cuidadosamente había ido +guardando en un rincón tales despojos con ese +objeto. Así que terminó la casa, ocupó el piso +principal y alquiló los otros dos. Y empezó su +martirio, un martirio lento y terrible. Las criadas +y los niños del segundo y tercero fueron sus +sayones. Si sentía fregar los suelos del segundo, +poníase de mal humor: la arena desgastaba el +entarimado. Si veía rayado el estuco de la escalera +por la mano bárbara de algún chiquillo, se +le encendía la cólera y murmuraba palabras siniestras +y amenazas de muerte. Si escuchaba +cerrarse una puerta con violencia, aquel golpe +repercutía dolorosamente en su corazón: las bisagras +se desencajaban, todos los pestillos se +echaban a perder. En fin, con tal sobresalto vivía, +que le acometió una pasión de ánimo y comenzó +a decaer visiblemente. Un su amigo tan +miserable como él, pero más vividor, le aconsejó +que dejase la casa y se trasladase a otra. Así +lo hizo, tornando a la posada que le había albergado +mientras construyó el palacio.</p> + +<p>Pero faltaba a D. Santos el complemento +obligado de todos los que se enriquecen cargando +cajas de azúcar en América: le faltaba contraer +matrimonio con una mujer de categoría, +joven o vieja, fea o bonita. Ninguno de sus colegas +aceptó jamás por esposa a una menestrala. +Granate no podía ser menos que ellos. Al contrario, +teniendo más dinero que ninguno, lo natural +es que les aventajase en anhelos poderosos. +Y fue a poner sus ojos redondos y encarnizados +en la joven más linda, más rica y más encopetada +de la ciudad: en Fernanda Estrada-Rosa nada +menos. El suceso causó admiración y risa en el +vecindario. Por muy alta idea que en Lancia +tuviesen del poder del dinero, nadie imaginaba +que fuese poderoso a realizar semejante empresa. +¡Casar a la joya de la provincia con este oso +colorado! A la niña le produjo pasmo e indignación. +Luego lo tomó a broma. Luego volvió a +indignarse. Después tornó a reírse. Por fin se fue +acostumbrando a que Granate la festejase y +hasta encontró cierta satisfacción de amor propio +en recibir sus agasajos y en darle toda clase +de desprecios. Pero él no cejaba. Con la tenacidad +del abejorro que se empeña en salir por un +cristal y se estrella cien veces contra el obstáculo, +las calabazas, los desdenes y hasta las burlas +no le hacían retroceder más que momentáneamente. +Al día siguiente volvía como si tal cosa +a romperse la cabeza contra el desprecio de la +orgullosa heredera. Pensaba sinceramente que +el verdadero obstáculo para el logro de sus afanes +estaba en el conde de Onís. Confesábase que +Fernanda sentía algún interés por él, o mejor +dicho por su título, y se propuso ir a Madrid y +comprar a peso de oro otro para ponerse a la altura +de su rival. Luego le dijeron que el Papa +los daba más baratos y cambió de proyecto. +Mientras tanto se vengaba odiando de muerte al +gallardo conde, y burlándose, cuando la ocasión +se presentaba, de su vetusto y deteriorado caserón. +El conde poseía una gran riqueza en tierras, +pero sus rentas no podían compararse a las +del opulento Granate.</p> + +<p>—Y si no, ya veréis el día que se case, ¡qué +cambio en la población!—prosiguió Manuel Antonio.—Tendremos +banquetes a diario y bailes +y giras campestres...</p> + +<p>—¡Pero si a Fernanda no le gustan los bailes!—exclamó +Emilita Mateo, que bailaba con +Paco Gómez y daba la espalda al grupo.</p> + +<p>—Yo no he hablado para nada de Fernanda, +niña—repuso el marica en tono severo.</p> + +<p>—Pensé que, tratándose de matrimonio y de +D. Santos, eso se sobrentendía.</p> + +<p>—Pues no sobrentiendas más y aplícate a bailar +con Paco, porque, según mis cálculos, durará +cinco minutos.</p> + +<p>Paco Gómez era un joven flaco, flaquísimo, +alto hasta tropezar en el dintel de las puertas, +con una cabecita menuda como una patata, el +rostro tan macilento que parecía, en efecto, caminar +por el mundo con permiso del enterrador. +Y con estas propiedades corporales el espíritu +más humorístico de la población.</p> + +<p>—¡Ole mi niña!—exclamó poniéndose en jarras +frente al marica.—Lo único por lo que siento +morirme es por no ver más estos seres preciosos, +encantadores.</p> + +<p>Al mismo tiempo le cogió con dos dedos la +barba.</p> + +<p>Ya sabemos que Manuel Antonio no podía sufrir +tales juegos de manos delante de gente.</p> + +<p>—Vamos, pajalarga, quieto—exclamó poniéndose +serio y rechazándole.</p> + +<p>—¿Que no eres precioso? Pero, hombre, ¡si +eso salta a la vista!... ¡Miren ustedes qué boca! +¡miren, por Dios, qué caída de ojos!... ¡miren qué +nacimiento de pelo!</p> + +<p>Y quiso de nuevo tocarle la cara; pero Manuel +Antonio lo rechazó con ímpetu dándole un fuerte +empujón.</p> + +<p>—¡Caramba, qué severo está hoy Manuel Antonio!—dijo +el conde de Onís.</p> + +<p>—No importa—repuso Paco Gómez dejando +escapar un suspiro.—Manos blancas no ofenden.</p> + +<p>En aquel momento le tocaba hacer una figura +del rigodón y se alejó con Emilita.</p> + +<p>María Josefa, que bailaba más lejos, se acercó +un instante con su pareja, que era un teniente +del batallón de Pontevedra.</p> + +<p>—¡Vamos, D. Santos, no sea usted cruel! +¿Por qué no va usted a hacer compañía a Fernanda, +que está allí sola?</p> + +<p>En efecto, la amiguita de la rica heredera había +hallado pareja para el baile. Fernanda se +sentó y permanecía seria y pensativa.</p> + +<p>—Sí, sí; debes ir, Santos—manifestó Manuel +Antonio.—Repara que la chica ha dejado una +silla vacía a su lado... No puede insinuarse de +modo más claro.</p> + +<p>Al decir esto hizo un guiño al conde. Éste +confirmó tales palabras.</p> + +<p>—Yo creo que es hasta un deber de cortesía...</p> + +<p>Granate le echó una mirada torva y preguntó +sordamente:</p> + +<p>—Pues entonces, ¿por qué no va usted a sentarse +a su lado?</p> + +<p>—Por la sencilla razón de que ya no tenemos +nada que hablar... Pero usted es otra cosa.</p> + +<p>—Entendido, señor conde... No soy un niño—murmuró +con mal humor.</p> + +<p>—Aunque no lo sea usted por la edad—dijo +Amalia interviniendo oportunamente para evitar +rozamientos,—lo es por la franqueza y espontaneidad +de sus sentimientos, por la frescura +de corazón que otros con menos años no tienen. +Los niños aman con más sencillez y vehemencia +que los hombres.</p> + +<p>—Pero los hombres hacen otra cosa más heroica... +¡Se casan!—dijo Paco Gómez, que ya +estaba de nuevo en su sitio con la pareja.</p> + +<p>—Hay ocasiones en que tampoco se casan—manifestó +Manuel Antonio haciendo una imperceptible +mueca por donde Paco pudiese colegir +que estaba pensando en María Josefa.</p> + +<p>—Bueno—replicó aquél dándose por enterado.—Pero +hay que convenir en que algunas veces +se necesita para ello un heroísmo superior a +la naturaleza humana.</p> + +<p>La solterona, que las cogía por el aire, le +clavó una mirada rencorosa y maligna.</p> + +<p>—¡La naturaleza humana!—exclamó con displicencia.—La +naturaleza humana presenta algunas +veces formas tan estrambóticas que hasta +el heroísmo sería ridículo en ellas.</p> + +<p>Paco Gómez, sin desconcertarse, comenzó +a palpar su rostro con ademanes cómicos, fingiendo +una muda resignación que hizo sonreír +a los presentes. Amalia, para cambiar esta peligrosa +conversación, exclamó:</p> + +<p>—¡Miren, miren cómo D. Santos se aprovecha +de nuestra distracción!</p> + +<p>En efecto, el indiano se había levantado en +silencio de la silla y, sorteando las parejas de +baile, fue solapadamente a sentarse al lado de +Fernanda. Ésta le dirigió una mirada fría y +apenas se dignó responder a su saludo ceremonioso +y ridículo. La faz rubicunda de Granate +resplandecía, no obstante, como la de un dios +seguro de su omnipotencia. Con las manazas +anchas y cortas apoyadas sobre las rodillas, el +cuerpo doblado hacia adelante y la cabeza levantada +hasta donde le permitía la grosura del +cerviguillo, sonreía beatamente enseñando una +fila de dientes grandes y amarillos. Propúsose, +como siempre, ser espiritual, y dijo:</p> + +<p>—¿Ha visto usted qué <i>ventrisca</i> corre?</p> + +<p>La joven guardó silencio.</p> + +<p>—Ahora no importa nada—prosiguió—porque +ya están todos los frutos recogidos; pero si +hubiera caído antes, no nos deja ni una castaña +ni un grano de maíz; ¡je, je!</p> + +<p>Granate sintiose feliz al emitir esta idea, a juzgar +por la expresión de placer que brillaba en +sus ojos.</p> + +<p>—Pero aquí no hace frío, ¿eh?... Yo no lo tengo, +¡je, je!... Al contrario, siento un calor... Será +porque los ojos de usted son dos calofer... caroli...</p> + +<p>Otra vez todavía acometió la palabra caloríferos +sin lograr dar cima a la empresa. Para disimular +su impotencia fingió un golpe de tos. Su +rostro violáceo adquirió cierta semejanza interesante +con el de un ahorcado.</p> + +<p>La hermosa, que tenía los ojos clavados en el +vacío, volvió la cabeza hacia su adorador, le miró +unos instantes con expresión vaga, distraída, +como si no le viese. Levantose de pronto y se +alejó sin decir palabra para sentarse enfrente. +El indiano quedó con la misma sonrisa estereotipada +en el rostro; la mueca petrificada de un +sátiro. Pero al volver la vista al grupo que acababa +de dejar, viendo una porción de ojos risueños +fijos en él, se puso repentinamente serio y +mohíno.</p> + +<p>—¡Qué partido tiene este Granate entre las +chicas bonitas!—exclamó Paco Gómez.—Ya se +lo decía yo el otro día. «Usted no necesitaba +para nada ir a América habiendo mujeres ricas +en el mundo. Usted tiene la fortuna en la fisonomía.»</p> + +<p>—Mira, condecito, ahora debes ir tú a sentarte +a su lado. Ya verás cómo no se levanta entonces—dijo +Manuel Antonio.</p> + +<p>—Sí, sí, debe usted ir, Luis—apoyó María Josefa.—Vamos +a ver una cosa curiosa, a decidir +si está o no enamorada de usted. ¿Verdad, Amalia, +que debe ir?</p> + +<p>—Sí, me parece que debe usted sentarse a su +lado—dijo la dama. Su voz salió apagada y +temblorosa.</p> + +<p>—¿Cree usted?—preguntó el conde, mirándola +con fijeza.</p> + +<p>—Sí; vaya usted—replicó la dama con perfecta +serenidad ya, huyendo su mirada.</p> + +<p>—Pues usted me permitirá que la desobedezca. +No quiero exponerme a un desaire.</p> + +<p>—¡Qué importan los desaires a un enamorado!... +Porque usted, por más que diga, está enamorado +de Fernanda... Se le conoce a la legua.</p> + +<p>—A la legua será, porque, lo que es de cerca +ni pizca—manifestó Manuel Antonio.</p> + +<p>Y María Josefa y Emilita Mateo y Paco Gómez +confirmaron con su risa la especie.</p> + +<p>Amalia insistió. Efectivamente, Luis lo disimulaba +bien; pero como, por más esfuerzos que +se hagan, siempre queda un cabo suelto, un resquicio +por donde sale la luz, ella había adivinado +hacía ya mucho tiempo que el conde, en lo +profundo de su corazón, guardaba recuerdo muy +grato de Fernanda.</p> + +<p>—Atiendan ustedes: hace algunos días se le +ocurrió a Moro decir que tenía dos dientes postizos. +No pueden ustedes figurarse cómo se puso +este hombre... Por poco le pega...</p> + +<p>—No tanto, no tanto—manifestó el conde +sonriendo avergonzado.—Me expresé con cierta +viveza porque me enfadan siempre las injusticias.</p> + +<p>—¡Oh! Las exaltaciones en estos casos son +sospechosas. Cuando no se siente interés por una +persona se la defiende con menos calor... ¡Caramba! +¡Nunca le vi tan irritado! Ya puede decir +esa niña que tiene un campeón valiente dispuesto +a romper lanzas por ella.</p> + +<p>La dama apuró la broma. No se hartaba de +apretar al conde, como si quisiera dejarle convicto +de su amor por Fernanda. Apesar de la +sonrisa benévola que animaba su rostro, había +ciertas extrañas inflexiones en la voz que nadie +más que una sola persona podía apreciar en +aquel momento.</p> + +<p>Pero el rigodón había terminado, y el grupo +se aumentó considerablemente con varias parejas +que fueron allegándose. Fuéronse algunos, +vinieron otros; al cabo, la señora de la casa se +halló rodeada de gente nueva. Bailose otro vals y +otro rigodón. Las doce sonaron al fin en el gran +reloj de la catedral. Y como los jóvenes se empeñaban +en no desbandarse, apesar de la costumbre +tradicional de la casa, Manín, por orden +de D. Pedro, apareció en la puerta del salón, +abrazado al lío de los abrigos de las señoras. +Ésta era la señal de despedida que el señor de +Quiñones daba a sus tertulios. No era muy cortés, +pero nadie se enfadaba. Al contrario, se recibía +siempre con algazara, como una broma +graciosa.</p> + +<p>Después que todos fueron a estrechar la mano, +del maestrante, formose un grupo enmedio del +salón. Amalia, en el centro de él, despedía a sus +amigas besándolas cariñosamente. Estaba pálida +y sus ojos inciertos despedían miradas febriles. +Al estrechar la mano del conde volvió la cabeza +hacia otro lado, fingiendo distracción; se la +estrechó con fuerza tres o cuatro veces para infundirle +ánimo. Bien lo necesitaba el pobre caballero. +Estaba tan demudado y tembloroso que +Amalia pensó que iba a caer desmayado.</p> + +<p>En apretado haz salieron los tertulios a los +pasillos y bajaron la gran escalera de piedra sucia +y húmeda. Un criado les abrió la puerta de +la calle.</p> + +<p>—¡Ay! ¿Quién habrá dejado aquí este canasto?—dijo +Emilita Mateo, que tropezó la primera +con el estorbo.</p> + +<p>—¿Un canasto?—preguntaron varias damas +acercándose a él.</p> + +<p>—Algún pobre que andará por ahí dormido—manifestó +el criado, que aún no había cerrado la +puerta.</p> + +<p>—No se ve a nadie—dijo Manuel Antonio, que +rápidamente había registrado el portal.</p> + +<p>La curiosidad excitó muy pronto a una de las +damas a levantar el paño que tapaba el canastillo. +Inmediatamente dejó escapar el grito consabido, +el que soltó ya hace tantos siglos la hija +de Faraón al ver flotando por el río el célebre +canastillo de Moisés.</p> + +<p>—¡Un niño!</p> + +<p>Momento de estupefacción y de curiosidad en +los tertulios. Todos se abalanzan, todos quieren +contemplar al mismo tiempo al expósito. Porque +nadie duda un momento que aquel niño se +hallaba allí expuesto intencionalmente. Paco Gómez +levantó el canasto, lo destapó por completo +y fue exhibiendo a sus amigos el infante dormido.</p> + +<p>Estalló una tempestad de exclamaciones.</p> + +<p>—¡Angelito!—¿Quién habrá sido la infame?...—¡Pobrecito +de mi alma!—¡Qué corazones de +hiena, Dios mío!—¡Miren qué hermoso es!—¿Habrá +mucho tiempo que lo han expuesto?—Estará +aterida la criatura.—Paco, déjeme usted +tocarlo.</p> + +<p>El canasto fue rodando de mano en mano. Las +damas, interesadísimas, palpitantes de emoción, +depositaban tiernos besos en las mejillas del recién +nacido, de tal modo que al instante consiguieron +despertarlo.</p> + +<p>De aquel montoncito de carne rosada salió un +débil gemido que hizo vibrar de lástima a todos +los corazones. Algunas señoras vertieron lágrimas.</p> + +<p>—Subámoslo, por lo pronto, para que se caliente +un poco.</p> + +<p>—¡Sí, sí, subámoslo!</p> + +<p>Y otra vez el resonante grupo se lanzó al patio +y a la escalera de la mansión de los Quiñones +llevando en triunfo el canastillo misterioso.</p> + +<p>Amalia estaba enmedio del salón inmóvil y +pálida cuando se abrieron de nuevo las puertas. +D. Pedro había sido trasladado ya a su alcoba +por Manín y otro criado. Aquella nueva y repentina +irrupción pareció sorprender mucho a la +señora de la casa.</p> + +<p>—¿Qué ocurre? ¿qué es esto?—exclamó con +voz alterada.</p> + +<p>—¡Un niño! ¡un niño!—gritaron varios a un +tiempo.</p> + +<p>—Acabamos de encontrarlo en el portal—manifestó +Manuel Antonio, que ya se había apoderado +del canasto, presentándolo.</p> + +<p>—¿Quién lo ha dejado ahí?</p> + +<p>—No sabemos... Es un expósito. ¡Mire usted, +por Dios, qué hermoso, es Amalia!</p> + +<p>La señora le contempló un instante con marcada +frialdad y dijo:</p> + +<p>—Acaso alguna pobre lo habrá dejado para +recogerlo enseguida.</p> + +<p>—No, no; hemos registrado el portal. La calle +está desierta...</p> + +<p>La criatura a todo esto empezaba a chillar, +agitando con incierto movimiento sus puños +crispados, que parecían dos botones de rosa. La +compasión de las señoras volvió a romper en exclamaciones +apasionadas. Todas querían besarlo +y calentarlo contra su seno. Por fin, María +Josefa logró apoderarse de él, lo sacó del canasto +y envolviéndolo con el paño con que venía +cubierto, lo acarició tiernamente. Un papel se +había desprendido de las ropas de la criatura al +sacarla y había caído al suelo. Manuel Antonio +lo recogió.</p> + +<p>—¿Lo ves, Amalia? Aquí está la madre del +cordero.</p> + +<p>El papel decía en gruesos caracteres, trazados +al parecer por tosca mano: «La madre desdichada +de esta niña la encomienda a la caridad +de los señores de Quiñones. No está bautizada.»</p> + +<p>—¡Es una niña!—exclamaron algunas señoras +a un tiempo.</p> + +<p>Y en el acento con que dejaron escapar estas +palabras no era difícil de advertir cierto desencanto. +Se habían acostumbrado a la idea de que +fuese varón.</p> + +<p>—¿Qué misterio será éste?—preguntó Manuel +Antonio, mientras una sonrisa maliciosa de curiosidad +vagaba por su rostro.</p> + +<p>—¿Misterio? Ninguno—manifestó con cierta +displicencia Amalia.—Lo que se ve claramente +es una pobre que quiere que le mantengan a su +hija.</p> + +<p>—Sin embargo, hay aquí un no sé qué de extraño. +Yo apostaría a que son personas pudientes +los padres de esta niña—replicó el marica.</p> + +<p>—¡Adiós! ¡ya se nos va Manuel Antonio al folletín!—exclamó +la dama con una risita nerviosa.—Las +personas pudientes no dejan a sus hijos +envueltos en estos andrajos.</p> + +<p>En efecto, la niña venía cubierta por unos +trapos miserables y una manta raída y sucia.</p> + +<p>—Despacio, Amalia, despacio—apuntó Saleta +con su voz clara, tranquila.—Yo he recogido +en el portal de mi casa, hace ya muchos años, +hallándome en Madrid, un niño que venía envuelto +en muy toscos pañales. Al cabo de algún +tiempo averiguamos que era hijo de una elevadísima +persona que no puedo nombrar.</p> + +<p>Todos los ojos se volvieron con sorpresa hacia +el magistrado gallego.</p> + +<p>—Una elevadísima persona; eso es—prosiguió +después de una pausa, con el mismo sosiego +impertinente.—Bien fácil era, por cierto, adivinarlo +fijando un poco la atención en los rasgos +de su fisonomía, enteramente borbónicos.</p> + +<p>El estupor de los circunstantes fue profundo. +Se miraron unos a otros con una leve sonrisa +burlona que, como de costumbre, Saleta pareció +no advertir.</p> + +<p>—¡Atiza!—exclamó Valero.—¡Abra uzté el +paragua, D. Zanto!</p> + +<p>—El niño se murió a los dos meses—prosiguió +imperturbable Saleta.—Por cierto que cuando +lo llevamos al cementerio se unió a la comitiva +un coche que nadie supo a quién pertenecía. +Yo lo conocí porque lo había visto en las +Caballerizas reales, pero me callé.</p> + +<p>—¡Ya ezcampa!—murmuró Valero.</p> + +<p>—Bien, Saleta, ya nos contará usted de día +eso. Por la noche tales cosas espeluznan—manifestó +el marica de Sierra guiñando el ojo a +los otros.—Lo que hay que pensar ahora, Amalia, +es lo que se va a hacer con esta niña.</p> + +<p>La dama se encogió de hombros con indiferencia.</p> + +<p>—Phs... no sé... La dejaremos esta noche +aquí. Mañana le buscaremos una nodriza que +quiera tenerla en su casa... porque en ésta, a la +verdad, es un trastorno.</p> + +<p>—Si usted no quiere tenerla en casa, yo me +encargo con mucho gusto de ella, Amalia—dijo +María Josefa, que estaba un poco apartada paseando +a la niña y arrullándola para hacerla +callar.</p> + +<p>—No he dicho que no quería—manifestó con +viveza la dama.—Recogeré esa niña, porque +tengo más obligación que nadie, ya que me la +confían... Pero, como usted comprende, para +hacerlo necesito contar con mi marido.</p> + +<p>Los tertulios aprobaron estas palabras con un +murmullo.</p> + +<p>Justamente se presentaba Manín preguntando +de parte de D. Pedro qué significaba aquel ruido. +Se le explicó. El señor de Quiñones se hizo +trasladar de nuevo en su sillón con ruedas a la +sala; vio a la niña y se interesó extremadamente +por ella. Inmediatamente declaró que no saldría +de su casa, ordenando a un criado que al +amanecer fuese en busca de nodriza.</p> + +<p>Por lo pronto se trajo a la criatura leche y té +en un frasco con pezón de goma; se la abrigó +con más y mejor ropa. Los tertulios presenciaron +con cariñoso interés estas operaciones. Las +señoras lanzaban gritos de entusiasmo; se les +arrasaban los ojos de lágrimas al ver el ansia +con que la mamosa niña chupaba el pezón del +frasco. Así que se hartó, despidiéronse todos de +nuevo, no sin depositar antes cada uno un beso +en las mejillas de la pobrecita expósita.</p> + +<p>El conde de Onís no había desplegado los labios +en todo este tiempo. Se hallaba retraído en +tercera o cuarta fila, siguiendo con ojos de +susto los cuidados que a la criatura se prodigaban. +Y trató de irse con disimulo sin nueva despedida; +pero Amalia le detuvo con alarde de +audacia que le dejó petrificado.</p> + +<p>—¿Qué es eso, conde, no quiere usted dar un +beso a mi pupila?</p> + +<p>—¡Yo!... Sí, señora... no faltaba más.</p> + +<p>Y pálido y trémulo, se aproximó y puso sus +labios en la frente de la criatura, mientras la +dama le contemplaba con sonrisa provocativa y +triunfal.</p> + + + +<hr /> +<h3><a name="III" id="III"></a>III</h3> + +<p class="cab">La cita.</p> + + +<p>Esta fue la tercera noche en que el +conde de Onís apenas pudo cerrar los +ojos. Nada más natural que en las +dos anteriores estuviese agitado, calenturiento; +pero ahora, ¿por qué? Todo se había resuelto +como apetecía. La empresa se había llevado a +cabo con felicidad. No le restaba más que dormir +tranquilo sobre su triunfo. Sin embargo, no +era así. Apesar de su figura robusta y gallarda, +poseía el conde un sistema nervioso excesivamente +impresionable. La más ligera emoción +turbaba su espíritu, le inquietaba hasta un grado +indecible. Tal exquisita sensibilidad le venía +por herencia y también por educación. Su padre, +el coronel Campo, había sido un hombre +concentrado, sensible, de una susceptibilidad +tan delicada que le hizo mártir en los +últimos años de su vida. Todo el mundo recordaba +en Lancia el interesante y conmovedor +episodio que cerró aquella vida caballeresca.</p> + +<p>El coronel mandaba las fuerzas de defensa de +una plaza en el Perú cuando la insurrección de +las colonias americanas. La plaza fue tomada +por los insurrectos de un modo insidioso y por +sorpresa. Un malvado denunció al coronel ante +el gobierno de Madrid como culpable de traición, +aseverando que se hallaba en connivencia +y sobornado por el enemigo. Con harta precipitación, +sin examen imparcial de los hechos y +sin tener presente la brillante hoja de servicios +del conde de Onís, el rey le privó de su empleo +en el ejército y de todas las cruces y condecoraciones +que poseía. Bajo el peso de aquella horrible +injusticia, el pundonoroso militar quedó anonadado. +Sus compañeros le arrancaron la pistola +en el momento de atentar a su vida. Acompañado +de su fiel asistente y de un primo se trasladó +desde Madrid, adonde había venido a defenderse, +a Lancia, donde le esperaba su esposa y su +hijo de corta edad. La vida de familia fue un +sedante para la terrible llaga abierta en el corazón +del soldado. Pero aquel bravo, que tantas +veces había desafiado la muerte, no tuvo valor +para soportar las miradas y la curiosidad de sus +convecinos. En vez de rebelarse contra la injusticia +que se le había hecho, en vez de tratar de +convencer a sus paisanos de su inocencia, lo que +no le hubiera costado gran trabajo, porque todos +estimaban su carácter y conocían su valor, +lleno de vergüenza, como si realmente fuese criminal, +huyó las miradas de la gente, se retrajo +a su casa, y solo paseaba por la huerta que detrás +de ella se extendía, cercada de alta y deteriorada +tapia.</p> + +<p>El palacio de los condes de Onís merece especial +mención en esta historia. Era un edificio +antiquísimo, el más antiguo de la ciudad en +unión de algunos restos de la primitiva basílica +que aún quedaban en pie. No se había +salvado otra cosa del horroroso incendio que +en el siglo XIV había destruido la población. +Su aspecto más era de fortaleza que de mansión. +Pocas y estrechas ventanas cortadas por +columnas de piedra, distribuidas caprichosamente +por la fachada; una pared lisa de piedra, +ennegrecida por los años; algunos agujeros +cuadrados cerca del techo, a guisa de aspilleras; +una gran puerta de medio punto reforzada con +grandes clavos de acero. Por dentro era inmensa +y tenía más alegría. El patio ancho, más ancho +que la calle. Por la parte trasera la luz del mediodía +bañaba sus ventanas. Los árboles de la +huerta metían las ramas por ellas, sirviendo de +fresca cortina para templar sus rayos. El conjunto +de aquel vetusto caserón ofrecía misterio +y encanto singulares para los lacienses dotados +de imaginación, en especial para los niños, únicos +seres que conservan, en nuestra edad prosaica, +la fantasía despierta. Su fachada, si es que +tal nombre puede darse a aquella lisa pared con +pequeños huecos tirados a granel, daba a la calle +de la Misericordia, una de las más céntricas de +la ciudad. Una de las ventanas, quizá la más +ancha, enfilaba la calle de Cerrajerías, y por ella +se veía la catedral a lo lejos.</p> + +<p>Aquí se encerró o se sepultó el ex-coronel +Campo, sin que bastasen los ruegos de su esposa +y de los pocos parientes que frecuentaban su +trato para hacerle desistir de tal resolución. Su +ociosidad fue de provecho para la casa. Hizo +arreglar la huerta, puso algunos miradores en la +parte trasera, amuebló varias habitaciones, enlosó +el patio, etc. El oscuro caserón, sin perder +su aspecto vetusto y misterioso, se trasformó +por dentro en agradable morada. Pero el deshonorado +militar se consumía, se secaba dentro +de ella como un árbol sin luz y sin agua. +Una melancolía profunda minaba su organismo, +le arrugaba la piel, blanqueaba sus cabellos, debilitaba +sus piernas y ponía trémulas sus manos. +A los cincuenta y ocho años de edad representaba +tener setenta. Dentro de la casa no se le sentía. +Paseaba por los corredores como un fantasma. +Trascurrían los días sin que nadie le oyese +el metal de la voz. Pero no se mostraba adusto +con nadie. Una sonrisa dulce y triste vagaba +constantemente por sus labios. No buscaba las +caricias de su hijo, pero cuando le tropezaba casualmente +por los pasillos le cogía la cabeza, se +la besaba amorosamente, murmuraba algunas +palabras tiernas en su oído y repentina y precipitadamente +se alejaba, algunas veces con +lágrimas en los ojos. Pensaba que era una +gran desgracia para aquel pequeñuelo, rubio +y hermoso como un querubín, el haber nacido +hijo de un padre deshonrado. El infeliz le +pedía perdón, con la mirada, de haberle engendrado.</p> + +<p>Hacia el año 1829, cuatro después de haber +llegado de América, el coronel era un verdadero +espectro. Dormía bien, comía bien, no le dolía +nada; pero aquella vida se escapaba en efluvios +invisibles y constantes, en lenta y pavorosa consunción. +Su esposa hizo venir un médico, luego +otro y otro. Todos dijeron lo mismo. Era necesario +salir, distraerse, cultivar el trato de la gente. +Precisamente las únicas medicinas que el conde +estaba resuelto a no tomar. Poco a poco fue permaneciendo +más horas en la cama; se levantaba +tarde; se acostaba temprano. Perdió el gusto +para trabajar en la huerta. No salía de las cuatro +paredes de la casa. Dentro de ella dejó de ocuparse +en las cosas que antes le entretenían; hacer +estuches, cuidar la pajarera y otras obras manuales. +Las pocas horas que permanecía fuera +de la cama pasábalas, bien sentado en una butaca, +ya paseando por los corredores en silencio. +Al cabo dejó de levantarse. Todo esto lo recordaba +Luis perfectamente. Entraba en su cuarto, le +veía tendido mirando al techo con extraña y +terrible tristeza pintada en el rostro. Al entrar +su hijo volvía la cabeza, sonreía, le llamaba por +señas y, después de darle un beso, le empujaba +para que se fuese.</p> + +<p>Un día el niño percibió mucho ir y venir por +casa; los criados corrían azorados, cambiaban +entre sí palabras rápidas; los pocos parientes y +amigos que visitaban la casa estaban todos allí +y tenían unas caras largas, largas, que le aterrorizaban. +Acercándose al gabinete de su padre, vio +que levantaban un altar. Preguntó sencillamente +lo que aquello significaba, y una criada, llevándole +a un rincón, le dijo que no se asustase, que +su papá había deseado confesarse y recibir la +Comunión, y que su Divina Majestad vendría +pronto a visitarle. Esta recomendación de no +asustarse, hecha repetidas veces, produjo el +efecto contrario. Comprendió que algo grave +pasaba. En efecto, el conde de Onís se moría, +se iba por la posta, según decían sus deudos. El +médico ordenó que le dispusiesen.</p> + +<p>A las seis de la tarde, cuando ya había oscurecido, +las puertas del palacio de Onís se abrieron +para recibir al sacerdote portador de la Sagrada +Hostia, que venía en el carruaje de la +casa. Los criados y parientes esperaban en el +portal con hachas encendidas. Una larga fila de +personas de todas clases venía detrás, también +alumbrando. Muchas de ellas acudían por verdadera +devoción y por la estima que les inspiraba +el enfermo. Las más, sólo por satisfacer la curiosidad +de verle después de tanto tiempo, aprovechando +aquellas críticas y solemnes circunstancias. +Penetró hasta la habitación del moribundo +todo el que quiso. A nadie se puso obstáculo. +Pero no pudieron todos cumplir su gusto, +porque no cabían. Llenose enseguida el gabinete +del conde de una muchedumbre abigarrada, +personas decentes, menestrales, niños, todos empinándose +para contemplar al prócer caído en la +desgracia, y que ahora iba a caer en el oscuro +seno de la muerte, en el eterno olvido. El deán +de la catedral, su amigo y confesor, avanzó con +la Hostia levantada. Los presentes se hincaron +de rodillas. Reinó un silencio lúgubre. En aquel +momento el enfermo, a quien habían incorporado +dijo en voz alta, dirigiéndose a los circunstantes +arrodillados:</p> + +<p>—Juro por el Dios Sacramentado, que va a +entrar en mi cuerpo, que no he sido traidor a mi +patria, y que en la guerra de América me he +portado siempre como un militar honrado y +leal.</p> + +<p>Su voz, que parecía salir de un cadáver, resonó +clara y estridente en la cámara. Hubo un +murmullo reprimido entre la gente. El deán, con +lágrimas en los ojos, respondió:</p> + +<p>—¡Bienaventurados los que padecen hambre +y sed de la justicia!</p> + +<p>Y le puso la sagrada partícula en la boca.</p> + +<p>La noticia voló por la ciudad. Aquel extraño +y terrible juramento, que se repetían unos a +otros, causó impresión profunda en el público. +Los parientes y amigos del conde peroraban con +exaltación en todos los grupos. A uno de aquéllos +se le ocurrió dirigir una exposición al rey, +firmada por todos los vecinos, pidiendo que se +revisase de nuevo el proceso del coronel. Pero +ya se le había adelantado el deán, hombre fogoso +y elocuente, que logró que el obispo y el +cabildo le diesen su representación para ir a +Madrid a gestionar la rehabilitación de su amigo +de la infancia. Éste había mejorado un poco: +por lo menos, la enfermedad se había estacionado. +La consunción seguiría, pero al exterior no +se notaba. No se le dijo nada de lo que se tramaba. +El deán tuvo tiempo a ir a Madrid, lograr +una audiencia del rey, hablarle al alma +pintándole con elocuencia el solemne juramento +que había escuchado, recabar de S. M. un real +despacho reintegrando al conde en todos sus honores, +cruces y condecoraciones, y volverse a +Lancia loco de ansiedad. ¡Qué alegría cuando +supo que su amigo no había expirado! Desde la +galera acelerada en que hizo el viaje corrió al +palacio de Onís y con las debidas precauciones +para no impresionarle demasiado le comunicó +la fausta nueva.</p> + +<p>El coronel quedó algunos momentos ensimismado +con la cara metida entre las manos.</p> + +<p>—¿Qué hora es?—preguntó al cabo.</p> + +<p>—Las doce acaban de dar.</p> + +<p>—¡A ver, pronto, mi uniforme!—exclamó con +extraña energía incorporándose sin ayuda de +nadie.</p> + +<p>—¡Rayo de Dios! ¡Enseguida, mi uniforme!—volvió +a proferir con más violencia, viendo +que nadie se movía.</p> + +<p>La condesa fue al armario y lo trajo al fin. Se +hizo vestir rápidamente, se puso sobre el pecho +la banda de Carlos III y todas las cruces que había +ganado. Eran tantas que, no cabiendo en el +costado izquierdo, tenían que ir algunas al derecho. +En esta forma se hizo conducir a la ventana +que enfilaba la calle de Cerrajerías, y allí se +colocó en pie. No tardaron en salir los fieles de +misa de doce, la más concurrida de las que se +celebraban los domingos. Todos pudieron contemplar +ya desde lejos aquella figura extraña, +aquel cadáver vestido de gran uniforme. Y con +un sentimiento de asombro, de respeto y de compasión, +todos desfilaron en silencio por debajo +de la ventana, sin poder separar los ojos de ella. +Durante tres domingos consecutivos el coronel +tuvo fuerzas para levantarse y colocarse en el +mismo sitio. Allí permanecía media hora inmóvil +ostentando sus insignias con los ojos extáticos +en el vacío, sin ver ni oír a la muchedumbre +que se agrupaba delante del palacio y se lo mostraban +unos a otros poseídos de grave y dolorosa +emoción. Al cuarto quiso hacer lo mismo, se +incorporó con violencia para que le vistieran, +pero volvió a caer al instante sobre las almohadas +para no levantarse más. Por la noche entregó +el alma a Dios aquel bravo y pundonoroso +soldado.</p> + +<p>¡Pobre padre! El conde no podía recordar +aquella escena, que había quedado profundamente +grabada en su cerebro, sin que las lágrimas +se le agolparan a los ojos. De él había heredado +la exquisita delicadeza en el sentir, una +susceptibilidad que llegaba a ser enfermiza, no +la serenidad, la iniciativa, la firmeza inquebrantable +que realzaban el alma del coronel Campo. +El actual conde tenía un temperamento excesivamente +sensible y tierno, un fondo de honradez +y de vergüenza que era el patrimonio moral +de los Campo. Mas estas cualidades se contrarrestaban +por un carácter débil, fantástico, +sombrío, el cual le venía, sin duda, de la familia +de su madre.</p> + +<p>D.ª María Gayoso, condesa viuda de Onís, +hija del barón de los Oscos, era un ser original, +tan excepcionalmente original que rayaba en lo +inverosímil. En toda su familia, desde tres o +cuatro generaciones hasta ella por lo menos, había +apuntado algo estrambótico que en algunos +de sus miembros tocaba en las lindes de la locura +y en otros entraba de lleno dentro. Su abuelo +había sido un empedernido ateo partidario de +Voltaire y la Enciclopedia que a última hora se +había entregado a la embriaguez, y según la conseja +del pueblo fue arrastrado un día por los demonios +al infierno. En realidad murió de combustión +espontánea, lo que pudo dar pábulo a semejante +fábula. Su padre fue un mentecato a +quien su madre, mujer de rara energía, tuvo siempre +esclavizado hasta la degradación. De sus +tíos, uno paró en el manicomio, otro fue notabilísimo +matemático, pero tan excéntrico que +sus rarezas se guardaban en Lancia como manantial +de anécdotas chistosas; otro se metió en la +aldea, se casó con una labradora y se mató a fuerza +de aguardiente. No tenía más que un hermano, +el actual barón de los Oscos. También era +un ser original y excéntrico. Al comenzar la +guerra civil se pasó al bando del Pretendiente +e ingresó en su ejército, pero a condición de +servir como soldado raso. Toda la campaña +hizo de esta suerte. No fue posible, por más +empeño que en ello pusieron los magnates que +rodeaban a D. Carlos y el mismo rey, obligarle +a aceptar el despacho de oficial. Fue herido +varias veces y una de ellas de tan mala manera, +en la cara, que le quedó una profunda cicatriz. +Como su rostro era ya de lo más desgraciado +que pudiera verse, aquel surco sinuoso +y colorado acabó de prestarle una apariencia +monstruosa y hasta temible.</p> + +<p>Era más joven que su hermana María. No llegaba +aún a los cincuenta años. Vivía célibe y +solo en la casa solariega que los Oscos tenían +en la calle del Pozo, nada magnífica por cierto. +Iba rara vez por casa de su hermana, no por antipatía, +sino por lo retraído y áspero de su genio. +Salía poco de casa, sobre todo de día. Tenía +contadísimos amigos. El más íntimo de todos, +el único puede decirse que gozaba de +su intimidad, un fraile exclaustrado, que antes +de ordenarse había servido en las filas del +ejército como oficial. Fray Diego era su perpetuo +camarada. El barón, por su carácter sombrío, +por sus excentricidades, y sobre todo +por lo espantable de su rostro, inspiraba general +temor en la población. Los niños sentían +en su presencia un terror pánico. Los padres +y las niñeras, para reducirlos a la obediencia, +les amenazaban con él:—¡Se lo voy a decir +al barón!—¡Que viene el barón!—Hoy he visto +al barón y me preguntó si eras obediente, etc. +Y el barón, por su gesto, constantemente desabrido, +por lo bronco y recio de la voz y por la +brusquedad con que acostumbraba a hablarles, +era para las inocentes criaturas un verdadero +ogro. Iba constantemente armado de un +par de pistolas; el estoque de su bastón era un +verdadero sable. Se decía que había disparado +sobre un criado sólo porque le había abierto una +carta, y que en varias ocasiones había cogido a +los niños que se atrevían a hacerle muecas en +la calle, los metía en la cuadra, los desnudaba y +los azotaba cruelmente con las correas del freno +de su caballo. Verdaderos o inventados estos +cuentos, contribuían a acreditarle entre el elemento +infantil de Lancia como un monstruo de +ferocidad del cual había que huir, si el temblor +de las piernas lo consentía.</p> + +<p>Una de las cosas que más coadyuvaban a infundir +el terror en los pequeños y cierto respeto, +no exento de miedo, en los grandes, era el caballo +que el barón poseía; un caballo de ojo ardiente +y feroz y de genio tan furioso que nadie +osaba montarle más que él y su amigo Fray +Diego, que había servido en caballería. Para sacarlo +a beber lo llevaban siempre del diestro, y +aun así el indómito bruto iba tirando saltos y +coces, poniendo en conmoción a los transeúntes. +Cuando el barón lo montaba, y dando corcovos +y alzándose de brazos salía de casa, la +calle se estremecía, los vecinos se asomaban a +las ventanas, los niños se refugiaban en las faldas +de sus madres, todos contemplaban atónitos +aquel centauro temeroso. Realmente el barón de +los Oscos en tal momento, con su rostro desfigurado, +los ojos encarnizados, los grandes bigotes +empalmados con las patillas, cerdosos y erizados, +y el formidable torso pegado al caballo, era +una figura que infundía espanto. Había que remontarse +con la fantasía a la irrupción de los +bárbaros para hallar algo semejante. Ni Alarico, +ni Atila, ni Odoacro debían de tener aspecto más +feo y siniestro ni producir más grima. Júzguese +del efecto que causaría entre los vecinos tímidos +cuando una temporada le dio por salir a caballo +pasada la medianoche y recorrer las calles de +la ciudad acompañado de un criado, caballero +asimismo en otro corcel.</p> + +<p>La condesa de Onís era dentro de su sexo un +tipo tan estrafalario, por lo menos, como su hermano. +Bajita, rechoncha, cara redonda y pálida +con ojos negros y muertos, el cabello pegado a +las sienes con goma de membrillo, vestida constantemente +con el hábito morado del Nazareno. +Vivía recluida en su palacio como una +monja en el convento. Vivía entregada en absoluto +a la devoción, pero a una devoción caprichosa, +fantástica, en nada parecida a la que +practican las almas verdaderamente místicas. +Toda su vida había dado señales de un humor +excéntrico, mas desde la muerte del conde se +había pronunciado tanto que bien podían tomarse +sus excentricidades como manías, y no de las +más leves. Cuando joven había mostrado una +naturaleza tan púdica que rayaba por su exageración +en lo ridículo. Sus amigas la embromaban +no pocas veces afectando cierta libertad en +el hablar. Tan castísimos eran los oídos de la +doncella de los Oscos, que los de una miss inglesa +parecerían los de un sargento a su lado. No podía +sufrir que la ropa interior de su hermano fuese en +unión con la suya cuando la lavandera la llevaba +o la traía. Si aquél le entregaba unos pantalones +para que le cosiera un botón, cumplido el +encargo corría a su cuarto y se lavaba bien las +manos, y aun dicen que se echaba en ellas algunas +gotas de agua bendita. Apretábase el seno +hasta hacerse daño; subía el cuello de los vestidos +contra las prescripciones de la moda; no se mudaba +la camisa sino a oscuras, y cuando no tenía +los guantes puestos jamás daba la mano a un +hombre. La historia de su casamiento fue verdaderamente +curiosa, llena de incidentes cómicos +que se repitieron durante mucho tiempo por +la ciudad. Sobre todo lo que acaeció en la primera +noche de novios, verdadero o inventado, +era muy gracioso y digno de figurar en una novela +de Paul de Kok.</p> + +<p>Durante el matrimonio esta virtud de la castidad +templose un poco. Casi parece excusado +decirlo. Mas luego que quedó viuda volvió a +exacerbarse de modo notable. Sobre todo, en +los últimos años adquirió aspecto de locura. +Cuando se rezaba el rosario, que era dos veces +al día, mandaba previamente una criada al gallinero +para apartar, mientras durase, al gallo de +las gallinas; luego la ordenaba separar las cucharas +de los tenedores y los corchetes machos +de las hembras. Por último, la hacía situarse en +una ventana de la fachada lateral de la casa para +impedir que ninguno orinara en el rincón donde +los transeúntes solían hacerlo. Un día vino el +cochero a decirle que una de las yeguas estaba +en el celo. Tanto se indignó que, después de haber +reñido ásperamente por la osadía de notificarle +tal asquerosidad, mandó inmediatamente +venderla. Una vez que sorprendió al mozo de +cuadra dando un beso a la cocinera se puso enferma +del disgusto. Ambos salieron inmediatamente +de la casa.</p> + +<p>Le gustaba, no obstante, tener tertulia a primera +hora de la noche, pero de clérigos solamente. +Acostumbraba a sentarse en una butaca, delante +de la cual, con intención o sin ella, probablemente +con intención, colocaba dos sillas de suerte que +parecía estar detrás de una valla. Poco después +de entrar los presbíteros y animarse la conversación, +la condesa se dormía profundamente, y +así estaba hasta las nueve en que las sotanas se +despedían, por supuesto sin darle la mano. Como +la casa tenía capilla, salía poquísimas veces, y +esas en coche. Guardaba todo el oro, que llegaba a +sus manos, en los parajes más ocultos del desván +o de la huerta. Algunas veces por esta avaricia, +o más propiamente por esta manía de urraca, la +casa se vio en verdaderos aprietos: consintió en +que su hijo pidiera a préstamo algunas cantidades +antes que desenterrar las peluconas. Era +además golosa, muy golosa, capaz de comerse +una fuente de confites sin asomos de indigestión. +Pero no habían de ser fabricados por las monjas: +por extraña contradicción con sus piadosas inclinaciones, +odiaba todo lo que olía a convento.</p> + +<p>Pues por esta mujer estrambótica, bien podemos +decir loca, fue educado el actual conde de +Onís. Su carácter se resintió muchísimo. Para +contrarrestar aquella excesiva sensibilidad, aquel +temperamento débil y vacilante y el humor fantástico +y sombrío de que daba en ocasiones tristes +muestras, se hubiera necesitado una educación +viril al aire libre, un maestro inteligente y +enérgico que supiera despertar en su organismo +el brío y la resolución de los Campo. Sucedió lo +contrario desgraciadamente. La condesa se empeñó +en que no siguiese carrera que le apartase +de Lancia. Estudió, pues, en la universidad del +pueblo la carrera de jurisprudencia, que es la +capa con que los jóvenes ricos tapan su propósito +de holgar toda la vida. Mientras duró, y mucho +tiempo después de terminada, la condesa le tuvo +sujeto a su autoridad de un modo que resultaba +ridículo. Jamás salía de casa sin pedirle permiso, +no fumaba en su presencia, se recogía al oscurecer, +rezaba el rosario, confesábase cuando +ella lo ordenaba. Mientras su cuerpo se desarrollaba +prodigiosamente, se trasformaba en un +mancebo bizarro y atlético, su espíritu continuaba +tan infantil y sumiso como si nunca pasara +de diez años. En esta vida retraída y afeminada +agravose la nativa timidez de su carácter, su sensibilidad +delicada se hizo enfermiza, su genio +sombrío y receloso. Y lo más lamentable era +que, sin ser una lumbrera, estaba dotado de clara +inteligencia y poseía una penetración frecuente +en los hombres reservados y tímidos. Carecía +de ilustración y de experiencia; pero sabía +mantener discretamente una conversación y +no se le escapaban los defectos del prójimo. +Como casi todos los seres débiles, gozaba a veces +malignamente a costa de ellos. Es la venganza +que la gente sin carácter toma de quienes lo poseen +demasiado vigoroso y espontáneo. No obstante, +estas ráfagas de ironía y malignidad no +eran en él frecuentes. Aparecía más bien como +un joven prudente, reservado, melancólico, de +trato cortés y caballeroso, de corazón sensible, +lleno de cariño y de respeto hacia su madre.</p> + +<p>Después que concluyó la carrera tuvo sus anhelos +y aun proyectos de salir de Lancia, de ir a +la corte, de viajar durante algún tiempo. Bastó, +sin embargo, la negativa de la condesa para contenerle +y hacerle desistir. Prosiguió, pues, su +vida de holganza, mayor aún desde que no tenía +siquiera la obligación de mirar de vez en cuando +los libros de jurisprudencia.</p> + +<p>Sólo la entretenía dedicándose a temporadas +al cultivo de ciertos oficios manuales, y con la +lectura de las obras románticas entonces muy en +boga. Se hizo hábil ebanista, no tanto como +su padre; luego le dio por la relojería. Últimamente +tomó afición a una finca de labor y recreo +que poseía en las inmediaciones de la población +y comenzó a mejorarla notablemente. Denominábase +la Granja: distaba poco más de dos kilómetros +de Lancia: tenía una casa grande y vieja +y destartalada: a espaldas de ella un hermoso +bosque de robles y delante grandes y feraces praderas. +Comenzó a ir todas las tardes después de +comer; crió ganado vacuno y también algunos +caballos, plantó árboles, abrió canales y levantó +cercas. En la casa apenas tocó. En esta nueva +afición ganó su cuerpo, que se hizo más duro y +más ágil, y también su carácter. La melancolía, +que tanto le atormentaba, se fue templando, serenose +su espíritu, fue adquiriendo más firmeza +en el trato de la gente y más seguridad de sí +mismo, y ciertos accesos de humor negro, de +rabia y desesperación que sin causa alguna le +acometían de raro en raro y le hacían aparecer +ante los criados como un epiléptico, desaparecieron +por completo. De esta suerte llegó hasta +los veintiocho años, en que comenzó a frecuentar +la casa de Quiñones, y su vida experimentó +profunda trasformación.</p> + +<p>Eran las nueve de la mañana cuando el criado +le despertó de un sueño agitado, incompleto, para +entregarle una carta. La dejó caer con afectada +indiferencia sobre la mesa de noche; mas luego +que el criado se fue apresurose a cogerla y la +abrió con visible agitación. Aunque hacía ya +cerca de dos años que duraban sus relaciones con +Amalia, nunca abría carta de ésta sin que le +temblasen las manos. Verdad que se escribían +poquísimas veces. Pero más que la rareza de las +cartas contribuía sin duda a turbarle el profundo +amor que en su naturaleza sensible y tímida +había arraigado.</p> + +<p>«Esta tarde a las tres. Por la tribuna,» decía +la carta únicamente. Su turbación no se disipó +por completo. Las citas como aquélla eran extremadamente +peligrosas; le causaban, enmedio +de su felicidad, una impresión de miedo que no +podía vencer. Había rogado a Amalia que las suprimiese; +pero no le hizo caso alguno. Y él se +consideraba absolutamente incapaz de oponerse +a su voluntad. Pasó la mañana nervioso, alterado. +Para calmarse dio un paseo a caballo; llegó +hasta la Granja; pero volvió al cabo con la misma +intranquilidad que había salido.</p> + +<p>Cuando llegó la hora señalada salió de casa y +tomó la calle de Cerrajerías. Era la hora en que +apenas se ve un transeúnte. Los vecinos de Lancia +comen generalmente a las dos. A las tres +están, pues, de sobremesa o reposando. Al final +de Cerrajerías, en la esquina de la calle de Santa +Lucía, está la iglesia de San Rafael, que tiene +su entrada principal por aquélla. El conde +penetró en el templo, después de tomar agua bendita, +como el que va a hacer sus oraciones. Estaba +enteramente solitario, o al menos así le pareció +a la primera ojeada. A los pocos minutos, +acostumbrados ya sus ojos a la oscuridad, percibió +dos o tres bultos diseminados por él y postrados +en oración. Arrodillose él también en el +fondo oscuro, cerca de la puertecita de la escalera +que conducía a la tribuna de los Quiñones, y +fingió orar unos momentos. Aquello le repugnaba +profundamente. Era un creyente sincero, +y la piadosa y severa educación que había tenido +le hacía horrorizarse de tal sacrilegio. Se le +había pegado el fanatismo de su madre: tenía un +miedo espantoso al infierno. También Amalia +era creyente y aun pasaba en la población por +piadosa; pertenecía a varias cofradías; era protectora +de algunos asilos; hacía frecuentes regalos +a las imágenes y se la veía acompañada de +clérigos. Pero miraba aquella profanación con la +mayor indiferencia. La religión era para ella +cosa muy respetable, pero más respetables aún +su voluntad y sus placeres.</p> + +<p>Al cabo de unos minutos el conde se levantó +cautelosamente y tiró de la puertecita, que una +mano previsora había ya abierto de antemano. +Tornó a llegarla y subió por la estrechísima escalera +de caracol. La pequeña tribuna de la +casa Quiñones estaba aún más oscura que la +iglesia. Buscó a tientas la puerta del pasadizo y +la empujó; mas como tenía cierre de cristales y +podían verle desde la calle, se echó a gatas para +atravesarlo. En la puerta que comunicaba con la +casa estaba Jacoba esperándole. Era ésta una +mujer de más de cincuenta años, obesa, con un +vientre colosal, que se movía con trabajo, la respiración +anhelante, embotada por la grasa y hablando +siempre en voz de falsete. La suma discreción, +la encarnación verdadera del sigilo. +Nunca habían tenido otro confidente; nadie en +el mundo más que ella estaba enterada de sus +amores, y en el curso de ellos les había servido +prodigiosamente; fue su centinela, su salvador +en muchas ocasiones, su ángel tutelar siempre. +No era sirviente de la casa, sino protegida de la +señora. Dedicábase a correr los géneros de las +tiendas, a traerlos a las casas, ganando por ello +pequeñísima comisión. Esto no le bastaba para +vivir aunque era ella sola y una sobrina. Pero +en varias casas le hacían encargos de distinta +índole y la ayudaban de mil maneras. Sobre +todo en la señora de Quiñones había encontrado +una protectora decidida. Cuando llegó a +ser su confidente puede decirse que halló una +verdadera mina. Amalia pagaba con largueza +sus servicios que, en realidad, bien merecían recompensa +extraordinaria.</p> + +<p>La medianera se llevó el dedo a los labios recomendando +silencio al conde, así que éste franqueó +la puerta. Recomendación bien excusada +por cierto, porque hasta la respiración iba conteniendo +por no hacer ruido. Luego, adelantándose +un poco para explorar el terreno, le hizo +seña para qué la siguiese. Atravesaron un corredor, +pasaron por delante de la escalera principal +sin ascender por ella de miedo a encontrarse +con algún criado, y fueron a buscar a la biblioteca +una escalerita excusada que allí había para +subir al segundo. El conde avanzaba de puntillas +con el corazón palpipante. Aunque ya había +penetrado otras veces en casa de Quiñones de +aquella manera, le parecía siempre el colmo de +la temeridad y maldecía en su interior del atrevimiento +y despreocupación de su amante. Llegaron +al fin al gabinete de la señora. La puerta +se abrió sin que se viese a nadie. Jacoba empujó +suavemente al conde, quedando ella fuera. La +mano de Amalia, que se presentó de improviso, +volvió a cerrar, y súbito, con arrebatado ademán, +echó los brazos al cuello de su querido y le besó +con apasionada ternura. Él, cohibido, agitado +aún por la ascensión y trémulo, permaneció quieto, +sin corresponder a tales manifestaciones de +cariño. La dama le dio un golpecito maternal +con la palma de la mano en la mejilla.</p> + +<p>—Serénate, poltrón, que nadie te come aquí.</p> + +<p>Luis hizo un esfuerzo por sonreír y se +dejó caer en una marquesita forrada de raso +azul.</p> + +<p>El gabinete de Amalia contrastaba por su lujo +coquetón con el abandono que reinaba en el resto +de la casa. Las paredes cubiertas de tapices +soberbios, los mejores de la colección que la +familia poseía; los muebles flamantes, estilo +Luis XV, traídos de Madrid con la magnífica +cama de ébano incrustada de marfil que se veía +en la alcoba, en los primeros meses del matrimonio, +cuando D. Pedro se esforzaba inútilmente +en ganar el corazón de su joven esposa. Respirábase +allí una atmósfera perfumada, sensual, +que denunciaba los gustos refinados que la dama +forastera había traído allá de otras tierras a la +severa mansión de los Quiñones.</p> + +<p>Sentose sobre las rodillas del conde, y tirándole +de la barba, exclamó conteniendo a duras +penas los gritos, con una alegría reprimida que +le brillaba en los ojos, que estallaba por todos +los poros:</p> + +<p>—¿Lo ves? ¿Lo ves como hemos vencido? +¿Lo ves como se han salvado todos esos obstáculos +que se te amontonaban en la cabeza y no +te dejaban ver claro? No ha sido necesario más +que un poco de audacia y que Dios nos ayudase.</p> + +<p>—¡Dios!—murmuró estremeciéndose el conde.</p> + +<p>Ella sintió que había hecho mal en apelar a la +divinidad, y se apresuró a decir con desenfado:</p> + +<p>—Quise decir la suerte... Vamos, no empieces +a ponerte cargante y tristón... Éste es un +momento de felicidad para nosotros... Lo estoy +tocando y me parece mentira... Mi hija, la hija +de mis amores, viviendo conmigo, pudiendo verla +y besarla a todas horas... ¡Qué hermosa es!... +No pude contemplarla a mi gusto hasta esta mañana; +pero hoy me he saciado bien... Se parece +a tí... sobre todo esta parte de aquí arriba, del +entrecejo. Jacoba dice que la boca es mía... No +me pesa—añadió sonriendo con coquetería.—Otra +cosa peor pudiera sacar de mí, ¿verdad?</p> + +<p>—Para mí todo es igualmente hermoso.</p> + +<p>—¡Vamos!—exclamó la dama echándose hacia +atrás y clavándole una mirada de burla cariñosa.—Al +fin has recobrado el uso de la palabra... +Pues bien—añadió en tono serio,—tú no +sabes las vueltas que hemos tenido que dar esta +mañana para buscarle nodriza. Me han traído +tres. Ninguna me ha gustado. Al fin la cuarta +se quedó. ¡Y qué lindamente comenzó a chupar +el ángel mío! Me costaba trabajo no saltar de +alegría... ¡como me cuesta ahora!... Pero seamos +graves... seamos graves y cargantes como +el señor conde... Dime, fastidioso, ¿cómo te has +arreglado para traerla? Cuéntame. ¡Qué cara +tenías ayer noche al abrir la puerta del salón!</p> + +<p>—La cosa no era para menos. A las nueve fui +a buscarla a casa de Jacoba. Ya te lo habrá dicho +ella. Me pasé allí cerca de dos horas. Y +como si el diablo quisiera mortificarnos, la criatura +chillaba sin cesar...</p> + +<p>—Sí, sí, ya sé todo eso... ¿Y luego?</p> + +<p>—¡Qué noche! Los chubascos se repetían sin +cesar. Las calles estaban perdidas, sobre todo +por aquellos barrios extraviados. Me remangué +los pantalones casi hasta la rodilla, porque ¿cómo +iba a entrar manchado de barro en tu salón? +Quise sostener el canastillo en un brazo y llevar +el paraguas abierto en la otra mano. Fue +imposible. A los pocos pasos me volví y le dejé +el paraguas a Jacoba. ¡Qué peregrinación, cielo +santo! ¡Qué angustia! El viento me bajaba a +cada instante el embozo de la capa, la lluvia me +azotaba la cara y me entraba por el cuello. Tenía +miedo que me mojase la niña. Además iba +temiendo resbalar. ¡Figúrate si caigo en aquel +momento! El viento soplaba a veces tan recio +que me impedía dar un paso. Bien puedes creerme +que estuve tentado a dar la vuelta y dejarlo +para otro día.</p> + +<p>—Lo creo sin que me lo jures. Demasiado sé +que te ahogas en un plato de agua.</p> + +<p>Él le dirigió una larga y triste mirada de reconvención. +Amalia soltó a reír y, abrazándole +y besándole con efusión, exclamó:</p> + +<p>—No hagas caso, pobrecito. ¿Piensas que no +te compadezco? El trance ha sido bien duro. Te +has portado como un héroe.</p> + +<p>El conde, bajo el peso de aquellos elogios, se +ruborizó. La conciencia le gritaba que no los +merecía. Se acordó de la terrible prueba por que +acababa de pasar Amalia, y dijo:</p> + +<p>—¡Tú sí, tú sí que has debido de padecer! +¿Cómo te encuentras? Ha sido una imprudencia +bajar tan pronto la escalera.</p> + +<p>—¡Oh! Yo, aunque parezco débil, soy una +roca.</p> + +<p>—Bien lo has demostrado. ¡Padecer esos tremendos +dolores sin exhalar ni una queja!</p> + +<p>—¿Qué sabes tú de esos dolores, tonto?—dijo +poniéndole una mano en la boca.—¿Has parido +alguna vez?</p> + +<p>—Luego cuatro días solamente en la cama—prosiguió +el joven separando dulcemente aquella +mano y besándola al mismo tiempo,—y al +quinto bajar al salón.</p> + +<p>—Pues ya estás viendo que no me ha pasado +nada. ¡Oh, si no llego a bajar ayer, de fijo Quiñones +me manda al médico! Ya desde el segundo +día estaba empeñado en que subiese... Pero +¿no sabes? Está enamorado, loco por la chiquilla. +Toda la mañana ha tenido a la nodriza en su +cuarto. ¡Y se le ocurren unas cosas tan peregrinas! +Dice que esta niña nos la envía Dios para +consolarnos de no tener familia...</p> + +<p>El conde volvió a ponerse serio, taciturno, +mientras en los labios de la dama se dibujaba +una sonrisa de cruel ironía.</p> + +<p>—A todo esto no has preguntado por ella, padre +desnaturalizado—dijo metiendo sus dedos +finos y blancos por la gran barba rizosa y bermeja +de su amante.—Porque eres su padre, sí, +su padre. ¿A que no lo niegas?—añadió acercando +con mimo su rostro al de él y poniéndole los +labios en el oído.—Voy a traértela.</p> + +<p>—Pero ¿va a venir el ama?—preguntó él con +terror.</p> + +<p>—No, hombre, no—replicó riendo.—Vendrá +ella solita. Verás qué bien camina ya.</p> + +<p>El conde abrió los ojos con una expresión estúpida +que la hizo reír aún más. Se puso en pie +y abriendo la puerta cuchicheó un instante con +Jacoba, que estaba fuera de centinela. Al cabo +de pocos minutos la obesa medianera abrió otra +vez la puerta cautelosamente y les entregó la +niña dormida. Amalia se sentó, haciéndola descansar +en su regazo. Ambos la contemplaron +largo rato en silencio con éxtasis, pendientes del +levísimo soplo que hinchaba y deshinchaba +aquel tierno cuerpecito. Fue un instante feliz. +El conde, olvidado de sus temores, se calmó: +una sonrisa de vivo placer se esparció por su +fisonomía dulce y melancólica. Trascurrían los +minutos, y ni uno ni otro rompían aquel silencio +dichoso ni se distraían un punto de la atención +intensa en que sus espíritus se confundían. +Aquel ser diminuto, inconsciente, aquel pedacito +de carne rosada se reflejaba igualmente en +sus ojos y ataba con hilos invisibles sus almas +y sus vidas.</p> + +<p>—¡Qué hermosa es! Se parece a tí—murmuró +el conde con tan blando acento que apenas si +llegó a los oídos de su amante.</p> + +<p>—Aún más a tí—respondió ésta en la misma +voz apagada.</p> + +<p>Luego, por un movimiento simultáneo, ambos +volvieron la cabeza y se miraron larga, intensamente, +con amor.</p> + +<p>—Te adoro, Amalia—dijo él.</p> + +<p>—Te quiero, Luis—respondió ella. Sus manos +se buscaron y se apretaron tiernamente: sus cabezas +se inclinaron para cambiar un beso casto.</p> + + + +<hr /> +<h3><a name="IV" id="IV"></a>IV</h3> + +<p class="cab">Historia de aquellos amores.</p> + + +<p>Casto, sí. Quizá el primero en sus ya +largos amores. Todo lo que de tierno +y poético se desprendía de ellos, como +un perfume, vino de pronto a embriagarlos, a +hacerlos dichosos. Se desvaneció el remordimiento, +que pesaba sin cesar en el alma delicada +del conde, la agitación insana que a ambos +atormentaba, el ardor, la violencia, la amargura +qué iba oculta en el fondo de sus deliquios amorosos +como el gusano en el cáliz de la rosa. No +quedó más que el amor puro, el amor satisfecho, +el amor consagrado por la santa y misteriosa +fuerza de renovación que habita en el seno de la +naturaleza.</p> + +<p>¡Si se hubieran conocido antes! ¡Cuántas veces +se habían repetido esta frase de los adúlteros! +Si se hubieran conocido antes, probablemente se +hubieran separado sin sentir el más insignificante +movimiento de atracción. El amor se alimenta +principalmente de dificultades, le placen los terrenos +movedizos batidos por la borrasca. El de +ellos no pudo hallar tierra más adecuada ni circunstancias +más favorables para su germinación.</p> + +<p>Como se sospechaba en Lancia, el matrimonio +de Amalia con D. Pedro fue impuesto a +aquélla por su familia, que agonizaba de hambre. +D. Antonio Sanchiz, padre de la dama, era +un mayorazgo valenciano que había consumido +con el juego y las mujeres las tres cuartas partes +de su hacienda. La cuarta que restaba se encargó +de consumirla por los mismos medios su +hijo primogénito, que había heredado idénticos +gustos. Amalia era la última de los cinco hermanos, +cuatro hembras y un varón. Su hermana +primera, a quien habían tocado aún algunos rayos +débiles del esplendor de la casa, logró casar +ventajosamente con el hijo de un banquero rico. +Nada aprovechó a su familia. Ni D. Antonio ni +su hijo Antoñito pudieron ver el color de las +monedas de su yerno y cuñado respectivamente. +Las otras dos también casaron con jóvenes distinguidos, +pero sin dinero. Amalia floreció enmedio +de la total ruina de su casa. Ni su figura +graciosa y delicada, ni su clara estirpe le valieron +para llamar la atención de los hombres. +El conocido desastre de la casa y la deplorable +reputación de su padre y hermano pusieron en +torno de ella una valla que ninguno se atrevía a +saltar. Bien lo echó de ver enseguida y rehuyó +enamorarse de los que, por pasatiempo o galantería, +la festejaban. No era tipo acabado de belleza; +faltábale gallardía en la figura, amplitud de +formas, color en las mejillas. Mas apesar de su +cuerpecito menudo y no del todo bien conformado, +y de la palidez constante de su rostro, +poseía especial atractivo, que cuantos la veían, +y aún más los que la trataban, se complacían +en afirmar. Provenía éste principalmente de +sus grandes ojos negros expresivos: el alma se +asomaba a ellos reflejando las más leves y fugaces +emociones; ora ardían con fuego malicioso +revelando la pasión recóndita, insaciable, ora se +aquietaban extáticos, límpidos, en arrobo místico; +ahora brillaban alegres y bulliciosos, enseguida +melancólicos, tan pronto secos como húmedos, +tan pronto tiernos como iracundos. Provenía también +de su movilidad, de la agudeza de su ingenio +y del metal de su voz simpático e insinuante. +Era, en suma, una mujer graciosa e interesante.</p> + +<p>No se sabe si por orgullo o porque realmente +su temperamento ardiente y borrascoso le solicitase +a ello, mostrose desdeñosa con los jóvenes +ricos que galantemente la requebraban sin decidirse +a pedir su mano, y entregó el corazón a +un muchacho humilde, a un escribientillo del gobierno +político con cuatro mil reales de sueldo, +hijo de un maestro de escuela. La sangre azul +de los Sanchiz brincó de cólera en las venas de +D. Antonio, de Antoñito, de sus hermanas y +hasta en las del banquero, su cuñado, que no +la tenía. Hubo de sufrir activa y feroz persecución. +Pero como no le faltaban ánimos y estaba +dotada además de un espíritu ingenioso y +travieso, fértil en toda clase de diabluras, es lo +cierto que se burló de ellos largo tiempo, que +de nada valieron los ruegos, las amenazas, ni la +temporada que la tuvieron recluida en un convento. +Si el escribiente no llega a morirse de +una tisis que le concluyó en pocos meses, es casi +seguro que la muy noble y necesitada casa de +los Sanchiz sufriera el baldón de emparentar con +el hijo de un maestro de escuela.</p> + +<p>Después de esta aventura, Amalia quedó bastante +desprestigiada en la población. Pero ella +bien sabía que, aunque hubiera mantenido incólume +su prestigio, sería lo mismo. Los hombres +no se casan por el prestigio, sino por el dinero. +No se le ocurrió, pues, sentir remordimientos +por lo pasado. Vivió triste y resignada dos años +más, mostrándose indiferente a los placeres propios +de su edad, sin hacer nada para granjearse +la voluntad de los jóvenes y ganar un marido. +Cuando ya iba cerca de los veinticuatro abriles, +y podía darse por perdida la esperanza de matrimonio, +fue cuando a D. Pedro Quiñones, su +tío tercero o cuarto, se le ocurrió acordarse de +ella. Resistió el casarse con aquel señor, que sólo +había visto de niña dos o tres veces, viudo hacía +poco tiempo, y cuyas extravagancias conocía +por oírselas narrar entre carcajadas a su padre +y hermano, ¡los mismos que ahora la apretaban +para que le aceptase por marido! No fue muy +tenaz, sin embargo, en su resistencia. Estaba +tan desengañada, vivía enmedio de un aburrimiento +tan plomizo, de una indiferencia tan soñolienta, +que así que vio a su padre colérico, +después de haberla suplicado con vivas instancias, +se dejó arrancar el sí. Decían todos que +aquel matrimonio era la salvación de la familia. +No se metió a averiguar si era verdad o pura +ilusión. Después de casada supo que todo lo que +su padre pudo sacar de D. Pedro fue una exigua +pensión, con la cual a duras penas podía comer.</p> + +<p>El noble vástago de los Quiñones de León se +enamoró perdidamente de aquella estatua de hielo. +En el viaje que hicieron desde Valencia a +Lancia, la esposa se mostró tan fría, tan circunspecta +y tan cortés al mismo tiempo, que +D. Pedro no osó reclamar ninguno de sus derechos. +En Lancia, ya sabemos por la voz pública, +digna de creerse en este caso, lo que pasó.</p> + +<p>La negativa persistente, los desprecios infinitos +con que le regaló por mucho tiempo, lejos de +enfriarle, encendieron más su pasión. Era Quiñones, +como ya sabemos, hombre fogoso, terco, +de voluntad indomable. Los obstáculos le irritaban, +llegaban a enloquecerle. Quiso vencer el +corazón de su esposa y no perdonó medio para +ello: la colmó de atenciones, mimó sus gustos +más insignificantes, viviendo por varios meses +en perpetua congoja, en una verdadera fiebre de +esperanzas, tan pronto vivas como muertas. +Nada hubiera logrado, sin embargo, sin la astucia +de su amigo el canónigo. Aquel aconsejado +viaje por las montañas, lleno de sustos y peripecias, +le conquistó, si no el amor de su esposa, +por lo menos sus favores.</p> + +<p>En los dos primeros años de matrimonio Amalia +hizo una vida retraída, sin salir apenas del +churrigueresco palacio de la calle de Santa +Lucía. Vivía a solas con su aburrimiento, complaciéndose +en hacerlo más insoportable, agitada +por una cólera sorda que amenazaba estallar +a cada instante: en la apariencia tranquila, +aceptando gustosa su papel, tratando con superioridad +cortés a los que se la acercaban. El +desgraciado accidente sobrevenido a su esposo +distrajo un poco su hastío e infundió en su +corazón momentáneo sentimiento de piedad. +Durante algún tiempo se creyó llamada a desempeñar +cerca de él los oficios de hermana de +la caridad, a cuidarle con afectado cariño para +hacerle menos insoportable aquel terrible castigo. +No tardó mucho en fatigarse. Poco a poco +se fue aficionando a la tertulia que por las +noches se formaba en torno de su esposo, comenzó +a interesarse en las conversaciones de política +local y a intervenir en ella más o menos +directamente. D. Pedro era el arbitro de la provincia +mientras se hallaba en el poder el partido +moderado. Ahora, que estaba debajo, conservaba +no obstante muy alto prestigio y no poca influencia, +en el temor de que no tardaría en ponerse +encima. Para aumentar este prestigio y esta +influencia y dar mayor realce a la riqueza y +poderío de la casa, Amalia, que halló aquí medio +de distraerse, abrió sus salones a la sociedad +laciense, que hasta entonces había tenido +siempre alejada; algunas visitas de cumplido y +nada más. Dio conciertos, menudeó las reuniones +de confianza, y de vez en cuando, en ciertas +solemnidades, organizó grandes bailes de etiqueta. +Con esto recobró su perdida energía, aquella +graciosa y simpática movilidad que la caracterizaba; +volvió la sonrisa a sus ojos, la frase aguda +a sus labios. Nadie supo jamás honrar con más +amabilidad y más gracia a sus tertulianos. Fue +modelo de gentileza y cortesanía. Se hizo adorar +de la juventud, a quien proporcionó gratísimo +recurso para matar las interminables noches +del invierno.</p> + +<p>Fernanda Estrada-Rosa fue uno de los más bellos +ornamentos de sus conciertos y saraos. En +pos de ella vino el conde de Onís, su novio. El +conde era visita de la casa de Quiñones, pero +sólo iba de tarde en tarde, con motivo de algún +cumpleaños, entrada de año, etc. Sin embargo, +Quiñones alimentaba por él profunda simpatía. +Bastaba que perteneciese a la nobleza para +que el linajudo hidalgo le juzgara superior en todos +conceptos a los demás seres de la población. +Amalia, que apenas le conocía, comenzó a observarle +con viva curiosidad. Tanto se le había +hablado de él, del cariño y respeto que profesaba +a su madre, de su humor melancólico, de sus +habilidades, de su piedad exagerada, que deseaba +tratarle con intimidad; quería penetrar en el +alma de aquel mancebo tan apuesto y tan inocente. +No tardó en convencerse de que el amor +aún no había prendido en ella. Observando con +atención sus relaciones con Fernanda, percibió +en ellas un dejo de frialdad que no venía ciertamente +de la rica heredera. Conoció que el conde +se engañaba a sí mismo haciendo esfuerzos por +quedar enamorado, y aún más por aparecerlo. +Tomaba sus amores como una obligación honrosa +que le exigían sus años y posición. El joven +más principal de Lancia debía amar a la +niña más rica y más bella. Por otra parte, parecía +como si quisiera demostrar a la población +que no era un extravagante o un maniaco, como +alguna vez había oído insinuar. Por eso se le +veía cumpliendo estrictamente los deberes del +perfecto galán, paseando un par de horas por la +mañana en la calle de Altavilla, donde vivía su +novia, acompañándola los domingos en el paseo, +sentándose a su lado en la tertulia de las señoritas +de Meré o en la de Quiñones, y bailando con +ella todos los rigodones en los saraos del Casino. +Pero al mismo tiempo Amalia echaba de ver que +sus pláticas eran frías, que el conde estaba taciturno +y distraído muchas veces, mientras ella, +con visible interés, hacía el gasto de la conversación +y procuraba mantenerla viva.</p> + +<p>Aquellos amores le fueron interesando cada +vez más: buscó las confidencias de ella y también +las de él. Al poco tiempo su alma ardiente, +sagaz, voluntariosa, simpatizó con la de Luis, +tímida, infantil, llena de piedad y ternura. Más +maestra en el arte de hacerse amar que la +niña de Estrada-Rosa, logró pronto inspirar +al conde confianza y afecto; le envolvió en una +malla espesa de confidencias, no sólo referentes +a sus amores, sino de toda la vida. Le confesó +tan bien como el más hábil jesuita. Luis, +seducido por tanto interés, le fue abriendo su +pecho dándole cuenta primero de sus costumbres, +luego de los actos de su vida pasada, por último +de sus sentimientos más recónditos, de aquellos +que sólo se confiesan a un hermano. A Amalia +no le sorprendían en la apariencia tales originales +y morbosas psicologías; las aceptaba como +cosas naturales, daba su opinión acerca de ellas +y se autorizaba cariñosamente el aconsejarle, +reprenderle a veces, guiarle en ciertos asuntos +de la vida, cuyo complicado mecanismo ignoraba +el conde por Completo. Alentado por este juego +habilísimo, se iba confiando cada vez más, se +entregaba por completo, feliz con desembarazarse +de tanto pensamiento ridículo, con confesar +aquella extraña y dolorosa timidez que le +atormentaba.</p> + +<p>Amalia supo ahuyentar la suspicacia de Fernanda +haciéndose confidente y protectora decidida +de sus amores. Si mantenía ratos larguísimos +de conversación particular y animada +con el conde, no menos largos y animados +los gastaba con la chica. Ésta le agradecía profundamente +aquella protección, que se traducía +en ocasiones buscadas por la dama para que los +novios pudieran verse y hablarse, para reconciliarlos +cuando estaban reñidos, etc., etc. Mas +sin que la inocente niña lo sospechase, sin que el +mismo conde se diese cuenta de ello, la dama valenciana +iba ganando a paso de carga el corazón +de éste. Si en juventud, en hermosura y gallardía +era, sin disputa, inferior a la rica heredera, la +aventajaba mucho en la gracia expresiva del rostro, +en el atractivo de su conversación y en la +finura de su inteligencia. De confidencia en confidencia, +Luis llegó a mostrarle cuál era el verdadero +estado de su corazón respecto a Fernanda. +La astuta señora supo sacar partido de tales confesiones +para hacerle ver que lo que sentía era +sólo admiración de aficionado a las obras bellas +de la naturaleza, un deseo vanidoso de hacerse +amar por la joven más linda y más rica de la +ciudad, necesidad de distraer el aburrimiento, +cualquier cosa, en suma, menos el verdadero +amor. Éste se alimenta de tristezas negras, de +alegrías inefables, de insomnios, de zozobras, +de una agitación dulce y amarga a la vez que +constantemente llevamos dentro del pecho. Luis +se convenció pronto. Pero ella encontraba su +frialdad injustificada, no comprendía cómo un +hombre de tan buen gusto no había logrado enamorarse +perdidamente, le reñía, le embromaba, +subiendo hasta las nubes las cualidades de la +gentil heredera.</p> + +<p>Mientras esto decía con los labios, sus ojos +pregonaban otra cosa. Aquellas pupilas negras +llenas de fuego e inteligencia se clavaban en él +con expresión unas veces lánguida, otras maliciosa, +concluyendo por fascinarle. Al mismo +tiempo sus manos breves, delicadas, de aristócrata +aprovechaban cualquier coyuntura para +rozar las suyas; al despedirse le apretaban con +tenacidad nerviosa. Si alguna vez se inclinaban +ambos para contemplar cualquier objeto y sus +cabezas se tocaban, Amalia no separaba la suya, +dejaba que el conde aspirase la fragancia de ella +largo rato cual si tratase de envenenarle. Se +preocupaba de sus trajes y le imponía sus gustos. +No debía ponerse levita; el frac azul le sentaba +admirablemente. ¿Por qué gastaba guantes +oscuros? Le prohibió, riendo, que se los pusiera +más. Para las corbatas confesaba que tenía mucho +gusto, pero le sentaban mejor las de lazo +que las chalinas. ¿Por qué no se encargaba a +Madrid los sombreros? Los que llegaban a Lancia +eran todos rancios y ridículos. Y el conde +obedecía gustoso sus insinuaciones, se iba dejando +dominar por el ascendiente de aquella +mujer tan débil de cuerpo como fuerte de voluntad.</p> + +<p>Una noche en que llegó a casa de Quiñones +cuando aún no había nadie, le dijo la dama bruscamente:</p> + +<p>—¿Quién le ha puesto a usted ese clavel en el +ojal, Fernanda?</p> + +<p>El conde, sonriendo ruborizado, hizo signo +afirmativo.</p> + +<p>—Pues que me dispense, pero tiene un color +muy feo... Verá usted, voy a ponerle otro más +bonito.</p> + +<p>Y diciendo y haciendo, fue derecha a uno de +los floreros del salón y, después de escoger algún +tiempo, sacó un magnífico clavel rojo. Volvió +adonde estaba el conde y con gran desenvoltura, +con cierta afectación aún, propia del que +pretende mostrar su dominio, le arrancó el clavel +que traía y le puso el nuevo. Sufrió él esta +sustitución en silencio, inquieto y sorprendido. +Ella, fingiendo no advertir esta sorpresa, se echó +un poco hacia atrás y exclamó con intención:</p> + +<p>—¡Ya lo creo que está mejor!</p> + +<p>Hubo después algunos instantes de silencio +embarazoso. Ella se puso a jugar con el clavel de +Fernanda, azotándose las rodillas, mientras lanzaba +frecuentes miradas al conde, que permanecía +confuso sin saber qué decir ni dónde poner +los ojos. Por último, los de uno y otro se encontraron +y sonrieron. En los de ella ardió una +chispa maliciosa, y con ademán súbito y desdeñoso +arrojó el clavel que tenía en la mano debajo +de las sillas. El conde se puso repentinamente +serio; sus mejillas se colorearon. En +aquel momento entró Manuel Antonio. La conversación +se entabló alegre, indiferente. El conde +guardaba, sin embargo, un resto de turbación. +Cuando llegó Fernanda y con visible disgusto, +le preguntó por su clavel, se vio en grave +aprieto, perdiose en un laberinto de explicaciones. +El chico de su jardinero, a quien fue a dar +un beso, se lo había arrancado, luego en una +maceta que había hallado en el gabinete de su +madre había tomado otro. Pero Amalia, implacable, +le puso poco después en un conflicto preguntándole +en voz alta con sonrisa maliciosa:</p> + +<p>—¿Quién le ha dado a usted ese clavel tan +lindo, Fernanda?</p> + +<p>—No, yo no—se apresuró a responder ésta.</p> + +<p>Y el conde, otra vez turbado y rojo, volvió en +voz alta a la explicación que acababa de dar en +secreto. Aquella pequeña traición los ató con +nudo más fuerte, estableció entre ellos una relación +singular que el conde no se atrevía a definir +en su pensamiento, medroso de resbalar en +un abismo. Siguió festejando con la misma asiduidad, +quizá con alguna más, a la heredera de +Estrada-Rosa, pero no podía hablar a la señora +de Quiñones sin sentirse turbado; las miradas +que se dirigían eran largas, intencionadas; sus +apretones de manos vivos, impregnados de cariño. +Ambos disimulaban delante de Fernanda +como si fuese ya la esposa ultrajada. ¡Y aún no +se habían dicho una palabra de amor! Pero +Luis estaba convencido de que faltaba a su novia, +de que era un criminal hacia D. Pedro, su +amigo; no sabía por qué ni cómo, pero lo sentía +allá dentro en el fondo de la conciencia. Sin embargo, +reflexionaba algunas veces que por su +parte no había dado un solo paso hacia el crimen, +que se veía enredado en aquellas extrañas +relaciones, en las cuales existía amor; inteligencia, +traición, todo tácito, sin saber cómo había +sido.</p> + +<p>Trascurrió más de un mes de esta suerte. +Amalia no sólo le hablaba de amor con los ojos, +pero le imponía su voluntad, le hacía ejecutar +todos sus caprichos, a veces le reprendía ásperamente. +Anunciaba, por ejemplo, que se iba a +marchar: al volver los ojos se encontraba con +los de Amalia que le decían que se quedase, y +se quedaba. Trataba de bailar con Fernanda, y +una mirada severa bastaba para retenerle. Un +día anunció que iba a pasar seis u ocho en sus +posesiones de Onís: Amalia le hizo signo negativo +con la cabeza, y desistió de su viaje. +¿Por qué? ¿Con qué derecho contrariaba sus determinaciones, +se introducía en su vida y la gobernaba? +No lo sabía, pero experimentaba sensación +gratísima al obedecerla. Vivía en una +inquietud dulce, anhelante, esperando algo hermoso, +algo inefable que no quería formularse en +su cerebro. Mientras, ella con su eterna sonrisa +misteriosa le observaba tranquilamente, segura +de conocer ese algo y de llegar a él cuando le viniera +en apetencia.</p> + +<p>Una tarde del mes de Junio se hallaba el conde +en la Granja inspeccionando el trabajo de algunos +obreros, que tenía ocupados en abrir una +acequia más ancha para el molino. El mozo encargado +del ganado vino a decirle que una señora +preguntaba por él.</p> + +<p>—¿Una señora?—exclamó sorprendido.—¿No +la conoces?</p> + +<p>El criado le miró estúpidamente, sin contestar. +¿Cómo la había de conocer, él, que había pasado +la vida detrás del ganado, y sólo iba a Lancia +algún día de mercado a comprar o vender una +vaca? El conde se hizo cargo de esto y preguntó +enseguida:</p> + +<p>—¿Es bajita?</p> + +<p>—No es muy alta, no, señor.</p> + +<p>—¿Ojos muy negros y vivos? ¿color bajo? ¿el +andar muy suelto y elegante?</p> + +<p>Y antes de que el criado pudiera contestar a +estas preguntas, que no había entendido, echó a +correr en dirección a la casa con el corazón palpitante, +henchido de emoción por el presentimiento +de que era <i>ella</i>.</p> + +<p>—¿Dónde está?—gritó sin dejar de correr.</p> + +<p>—En la corrada, a la puerta del jardín—le +contestó también a gritos.</p> + +<p>Llegó a la corrada sin respiración. Antes de +abrirla se detuvo un instante, avergonzándose +de su presunción. ¿Cómo había llegado a suponer... +¿Pero por qué diablo se le había metido +en la cabeza?... Y, sin embargo, no podía desecharla. +Era <i>ella</i>, era <i>ella</i>; no le cabía duda alguna. +Levantó el pestillo de la gran puerta de madera +pintada de verde, y entró. La corrada era +grande. Veíanse arrimados a la pared varios enseres +de labranza. Debajo de un tendejón yacían +algunos carros. En una caseta de madera, toscamente +labrada, estaba amarrado un enorme mastín +que quiso romper la cadena dando furiosos +saltos por venir a acariciarle. Allá en el otro +extremo, cerca de la puerta enrejada que comunicaba +con el jardín, <i>la</i> vio, en efecto, con la +frente pegada a las rejas, contemplando las flores. +Estaba de espalda. Traía vestido claro de +rayas blancas y rojas y llevaba en la cabeza +sombrerito de paja con flores rojas también. Con +la mano izquierda se apoyaba en una sombrilla +que hacía juego con el traje y en la derecha +apretaba unos guantes de seda, ¡Qué bien impresos +le quedaron estos pormenores! Jamás en la +vida se le borraron de la memoria.</p> + +<p>—¿Usted por aquí?—le preguntó afectando +una serenidad que estaba muy lejos de sentir.—¿Quién +había de presumir que fuese usted la señora +que el criado me acaba de anunciar?</p> + +<p>—¿De veras no lo ha presumido usted?—preguntó +ella mirándole fijamente.</p> + +<p>—No, no, señora.</p> + +<p>Y se puso colorado al decirlo. La dama sonrió +con benevolencia.</p> + +<p>—Bien, enséñeme usted esas rosas de <i>malmaison</i> +de que me ha hablado.</p> + +<p>El conde abrió la puerta del jardín y ambos +pasaron adentro. Era muy grande, y estaba +bastante descuidado. Desde que la condesa había +dejado de venir a la Granja casi en absoluto, los +criados apenas tocaban en él. Luis era más dado +a hacer ensayos de nuevos cultivos, a criar ganado, +a desecar terrenos, que a las flores. Así y +todo, del tiempo en que su madre venía todas +las tardes y le atendía, existían allí muchas +plantas de flores, grandes arbustos que con el +tiempo y con aquel suelo feraz se iban trasformando +en árboles frondosos.</p> + +<p>Mientras recorrían caminos arenosos, de los +cuales el césped se iba apoderando por falta de +limpieza, la condesa explicaba en voz alta cómo +había llegado hasta allí. Se le había antojado dar +un paseo hasta Bellavista; pero al pasar por delante +de la carreterita que conducía a la Granja +se acordó de las dichosas rosas, y dio orden al +cochero de que siguiese por ella. No había visto +nunca la posesión. Aquella frondosidad, aquel +verde tan intenso la entusiasmaban. En su país +la vegetación era más pálida.</p> + +<p>—Pero más fragante... como las mujeres—dijo +el conde con galantería.</p> + +<p>La dama se volvió para dirigirle una sonrisa +de gracias, y siguió loando la belleza de los rododendros, +de las azaleas, de las camelias gigantescas +que encontraban al paso.</p> + +<p>Luego que vieron los rosales y que el conde le +hizo elegir algunos para mandárselos al día siguiente, +tornaron por senderos distintos hacia la +puerta de entrada.</p> + +<p>—¿Usted está seguro de que yo he venido únicamente +a ver estos rosales?—dijo Amalia parándose +súbito y mirándole con fijeza.</p> + +<p>Al conde le dio un vuelco el corazón y comenzó +a balbucir lamentablemente:</p> + +<p>—Yo no sé... La verdad que esta visita... Me +alegraría que los rosales...</p> + +<p>Pero la dama, compadecida, no le dejó terminar.</p> + +<p>—Pues, además de los rosales, vengo a ver +toda la finca, y particularmente el bosque. Conque +ya puede usted ir enseñándomelo—dijo agarrándose +resueltamente a su brazo.</p> + +<p>El conde volvió a experimentar nueva y violenta +emoción, primero de pena, después, al +sentir la mano de la dama en su brazo, de vivísimo +gozo. Y, turbado hasta lo profundo de su +ser, fue mostrándole lo digno de verse que tenía +la finca, las grandes y hermosas praderas, las +cuadras, la nueva maquinaria del molino, el bosque +por último. Ella le observaba con el rabillo +del ojo. A veces se dibujaba en su rostro una +levísima sonrisa burlona. Se enteraba de todo +con interés, loaba los trabajos que se habían llevado +a cabo, proponía otros nuevos. Y al ir y venir +soltaba el brazo unas veces, otras lo tomaba, +despertando en el alma del conde sensaciones +diversas, pero todas vivas y anhelantes. Cuando +observaba que iba adquiriendo aplomo le disparaba +repentinamente alguna maliciosa insinuación +que de nuevo lo atortolaba, lo dejaba confundido +y ruborizado.</p> + +<p>—Vamos, conde, a que cuando usted me vio +dijo para dentro: «Amalia está enamorada de +mí: no pudo resistir al deseo de venir a visitarme.»</p> + +<p>—¡Amalia, por Dios!... ¿Qué disparate está +usted diciendo?... ¿Cómo me había de atrever...</p> + +<p>Pero la dama, como si no advirtiera su turbación +ni concediera importancia a sus propias palabras, +saltaba inmediatamente a otro asunto. +Parecía que tenía gusto en sofocarle, en mantenerle +agitado y trémulo. Y en las miradas fugaces +que de vez en cuando le lanzaba reflejábase un +sentimiento de superioridad, la benévola ironía +del que está jugando a otro una burla que ha de +terminar en bien. El conde presentía algo grave +debajo de aquella sonrisa enigmática, comprendía +que estaba haciendo un papel desairado, que +se estaban riendo de él y hacía esfuerzos heroicos +para recobrar su sangre fría, sin conseguirlo.</p> + +<p>El bosque admiró y entusiasmó a la dama por +encima de todo. Era una masa de robles añosos +donde no penetraba jamás un rayo de sol. El +suelo estaba limpio de abrojos, tapizado de césped +que convidaba a reposar. Ninguna otra finca +de recreo de la provincia poseía aquel regalo, +procedente quizá de la primitiva selva donde se +había fundado el monasterio que dio origen a +Lancia. Quiso descansar un instante debajo de +aquella bóveda verde por donde la luz se cernía +trabajosamente. Reinaba una paz, un amable +sosiego que impresionaba como el silencio y la +luz dormida de una, catedral gótica, pero con +emoción más dulce. Apoyó la espalda en un árbol +y paseó largo rato su mirada asombrada por +la espesura. El conde estaba en pie algo más lejos. +Ambos permanecieron mudos largo rato. Por +fin el caballero sintió, sin verlo, que los ojos de la +dama estaban posados sobre él. Resistió algunos +momentos la atracción magnética de aquella mirada. +Cuando al cabo volvió la suya vio que en +efecto le contemplaba de hito en hito con expresión +risueña y audaz que le hizo bajar la +vista. Amalia soltó una alegre carcajada. Él, sorprendido, +confuso, algo irritado sintiéndose en +ridículo, viendo que las carcajadas no cesaban, +le preguntó con sonrisa forzada:</p> + +<p>—¿De qué se ríe usted, amiga mía?</p> + +<p>—De nada, de nada—respondió llevándose +el pañuelo a la boca.—Lléveme usted a ver la +casa.</p> + +<p>Y se colgó nuevamente de su brazo.</p> + +<p>La casa era un grande y vetusto edificio de +piedra amarillenta carcomida por los años, con +dos torrecillas cuadradas a los lados. Todo en +ella estaba podrido o deteriorado. En la escalera +faltaban rejas, lo mismo que en los balcones, la +bóveda de las habitaciones descascarillada, los +tabiques resquebrajados, el tillado con agujeros, +los cristales, emplomados a la antigua usanza, +tan llenos de polvo que apenas consentían el ver +al través de ellos; las paredes sucias también y de +ellas colgados algunos cuadros oscuros, tan oscuros +que no se conocía lo que el pintor había +querido representar; las habitaciones, con pocos +y antiquísimos muebles maltratados por el uso +de las generaciones anteriores. Fueron recorriéndolas +todas. A Amalia le placía aquel aspecto de +remota antigüedad. ¡Cuántos seres habrían habitado +aquella casa! ¡Cuánto se habría reído y +llorado en aquellas vastísimas estancias! Cada +una tenía su nombre. La una se llamaba <i>el cuarto +del cardenal</i>, porque en siglos pasados un cardenal +de la familia se alojaba allí cuando venía +a pasar una temporada a la Granja; otra, <i>el salón +de los retratos</i>, porque había unos cuantos colgados; +otra, <i>la sala nueva</i>, aunque parecía tanto y +aún más vieja que las demás. Todo aquello representaba +la vida íntima de una familia al través +de los siglos.</p> + +<p>—Éste es <i>el cuarto de la condesa</i>—dijo Luis al +entrar con su amiga en una pieza no muy grande, +donde por debajo del polvo y los estragos +del tiempo se advertía mayor lujo en el decorado.</p> + +<p>Era una estancia coquetona donde las generaciones +habían ido dejando testimonios más o menos +plausibles de su amor a la ornamentación. +Un escritorio <i>pompadour</i>, algunas sillas <i>regencia</i>, +varios retratos al pastel; en el techo, pintados al +óleo, algunos amorcillos nadando en una atmósfera, +azul en otro tiempo.</p> + +<p>—¿Es el cuarto de su mamá?—preguntó +Amalia.</p> + +<p>—No—replicó el conde riendo,—mamá dormía +en otro lado. Se llama así desde tiempo inmemorial. +Quizá alguna de mis abuelas lo había +elegido para sí. Aquí es donde yo duermo la +siesta cuando me canso de andar por el campo.</p> + +<p>En uno de los ángulos había una soberbia +cama de roble tallado y enteramente negro por +los años. Era una de esas camas del siglo XV +que vuelven locos a los anticuarios. Las colgaduras +antiquísimas también. Sobre los colchones +estaba extendido un tapiz moderno de damasco.</p> + +<p>—Aquí es donde usted se recoge para pensar +más libremente en mí, ¿no es cierto?</p> + +<p>El conde quedó aturdido como si le hubiesen +dado un golpe en la cabeza.</p> + +<p>—¡Yo!... ¡Amalia!... ¿Cómo?</p> + +<p>Pero súbito, haciendo un gesto de resolución, +exclamó:</p> + +<p>—¡Sí, sí, Amalia, dice usted bien! Aquí +pienso en usted como pienso en todos los sitios +adonde voy desde hace algún tiempo... Yo no sé +lo que me pasa; vivo en un estado de constante +zozobra, y esto, como usted me decía hace pocos +días, es una señal de amor verdadero. Estoy +enamorado de usted como un loco. Comprendo +que es una atrocidad, que es un crimen, +pero no puedo remediarlo... Perdóneme usted.</p> + +<p>Y el caballero se dejó caer de rodillas, como +uno de sus nobles antepasados de la Edad Media, +a los pies de la dama.</p> + +<p>Ésta se indignó, al oírle, terriblemente. ¿Cómo? +¿No se avergonzaba de semejante confesión? ¿No +comprendía que dirigirle aquellas palabras dentro +de su casa era un insulto? ¿Cómo podía suponer +que ella las había de escuchar con paciencia? +¡Mentira parecía que el conde de Onís, +un caballero tan cumplido, faltase de aquel modo +a lo que debía a una dama y a lo que se debía a +sí mismo!</p> + +<p>El conde permaneció aterrado y de rodillas +bajo tal granizada de denuestos. Consideraba +graves sus palabras; pero el enojo que producían +en la dama era mayor de lo que había +sospechado.</p> + +<p>Amalia guardó al fin silencio. Le contempló +con ojos irritadísimos unos instantes. Mas una +sonrisa feliz y burlona comenzó a dilatar su +rostro expresivo. Se acercó lenta y majestuosamente +a él, le puso la mano en el hombro e inclinándose +para acercar la boca a su oído le dijo +en voz baja:</p> + +<p>—Hace usted bien en no avergonzarse de nada +de eso, porque yo, señor conde, le quiero a usted +tanto por lo menos como usted a mí.</p> + +<p>Quiso volverse loco. Pasado el susto, se abrazó +a sus rodillas besándolas con frenesí, se desbordó +en un mar de palabras apasionadas, incoherentes, +llenas de fuego y de verdad, mientras +ella, tan breve, tan diminuta, contemplaba +aquel coloso rendido, con sus ojos misteriosos +de valenciana lucientes de amor y pasión.</p> + +<p>Con este inmenso trabajo conquistó el conde +de Onís a la gentil señora de D. Pedro Quiñones +de León.</p> + +<p>Los primeros tiempos de sus relaciones fueron +agitadísimos para él, llenos de punzantes +remordimientos y de goces embriagadores. Amalia +iba de vez en cuando a la Granja. Por la noche +en la tertulia daba cuenta de su visita en voz +alta. Él se estremecía, se turbaba, sudaba de +congoja mientras con perfecta sangre fría narraba +ella todo lo que se podía narrar, hablaba del +jardín, censuraba el abandono en que estaba y +lo que se divertía trayendo a cada visita algunas +plantas con la intención de dejarlo arrasado, ya +que a su dueño no le interesaba. Llevaba su audacia +hasta burlarse.</p> + +<p>—Por supuesto que a este señor no hay quien +le sufra desde que las damas le visitan. ¿No advierten +ustedes qué impertinente se ha puesto? +Temiendo estoy que el primer día que vaya a la +Granja me obligue a hacer antesala.</p> + +<p>Los tertulios reían. Sí, sí, se le notaba más serio. +Fernanda sonreía clavándole una mirada, +cariñosa; el mismo D. Pedro dulcificaba sus ojos, +altivos, feroces y dejaba escapar de su garganta +un amago de carcajada. ¡Qué esfuerzo prodigioso +le costaba al conde aparecer sereno en estos, +momentos! Le parecía que tenía un abismo +abierto a sus pies. Y cuando se encontraba a solas +con Amalia quejábase de su audacia, le rogaba +con palabras fervorosas que fuese más precavida, +mientras ella, impasible, gozándose en +sus temeridades, sonreía desdeñosamente con su +fina sonrisa enigmática.</p> + +<p>No pudiendo verse sino rara vez en la Granja, +Amalia halló medio de hacer más frecuentes las +entrevistas confiándose a Jacoba. En casa de +ésta se encontraban una o dos veces a la semana. +El conde entraba por una puertecita trasera +que daba a cierta calleja, a primera hora +de la tarde, cuando los vecinos estaban comiendo. +Esperaba lo menos dos o tres horas. Amalia +llegaba por fin con pretexto de dar alguna orden +a su favorecida. Pero no bastándole esto, todavía +ideó la entrada por la tribuna de la iglesia +de San Rafael. Al conde le horrorizaba tal medio; +todos sus escrúpulos religiosos se sublevaban +a la vez; además tenía miedo de que un accidente +casual descubriese aquellos amores y +aquella profanación. ¡Qué escándalo! Amalia +se reía de sus temores como si las consecuencias +terribles no hubiera de pagarlas ella. Era una +mujer que tenía confianza absoluta en su estrella. +Como los buenos toreros se juzgan más seguros +ciñéndose a los cuernos del toro si no pierden +la sangre fría, así ella desafiaba el peligro, +iba al encuentro de él confiando en que sabría salir +de cualquier atolladero. Y, en efecto, su perfecta +serenidad, su increíble audacia la salvaron +más de una vez.</p> + +<p>El conde de Onís, el coloso de luengas barbas +fue un verdadero juguete en las manos de aquella +mujercita temeraria y maligna. Una pasión +loca se apoderó de ambos, sobre todo de ella. +Poco a poco se fue acostumbrando a no vivir sin +él, a no pasarse un día sin verle a solas. Hacía +esfuerzos increíbles de ingenio y habilidad para +conseguirlo. Y si las circunstancias rodaban de +tal suerte que fuese imposible en tres o cuatro +días gozar una hora de soledad, su espíritu voluntarioso +se exaltaba, botaba dentro del cuerpo +como un corcel impaciente, y estaba dispuesta a +arrojarse a la mayor imprudencia. Le apretaba +las manos, le daba pellizcos en plena tertulia, le +abrazaba detrás de las puertas cuando con cualquier +pretexto le hacía pasar a otra habitación, +y más de una vez y más de dos en las barbas +del mismo maestrante, al volver éste la cabeza, +le estampó un beso en los labios. Luis temblaba, +empalidecía, siempre en espera de una catástrofe.</p> + +<p>Al cabo de pocos meses, sus relaciones con +Fernanda, que habían ido enfriándose paulatinamente, +se rompieron por completo. Fue exigencia +ineludible de Amalia. Desde el principio lo +venía preparando con soberano arte, marcándole +el tiempo que había de estar al lado de su novia, +las veces que la había de sacar al baile y hasta lo +que le había de decir. Y como lo tenía previsto, +la heredera de Estrada-Rosa, que era orgullosa, +no pudiendo soportar la frialdad de su novio, +le dejó en libertad y le devolvió su palabra. +La pobre chica desahogaba su pena con Amalia, +la única que sabía a qué atenerse respecto a +aquel rompimiento tan comentado. Mostró ésta +gran enojo por la conducta del conde y se expresó +en términos bastante vivos contra él; tomó +parte por la joven, deshaciéndose en elogios de +ella; no se hartaba de ponderar sus ojos, su +talle, su discreción y bondad. Hasta dio ostensiblemente +algunos pasos para reconciliarlos. Y +en el seno de la confianza, particularmente entre +los amigos de D. Juan Estrada-Rosa, no se +contentaba con decir que Fernanda valía en todos +sentidos más que su ex-novio, sino que apellidaba +a éste con mil epítetos pesados; jayanote, +pavo, santurrón, hipócrita, etc. Y cuando al +día siguiente le veía en casa de Jacoba, decíale +abrazándole muerta de risa:</p> + +<p>—¡Cómo te he puesto ayer, querido mío, delante +de varios amigos de D. Juan! ¡Tú no sabes!... +Saliste de mis labios que ni con pinzas +se te podía recoger.</p> + +<p>Vivía el conde, por todo esto, y por los remordimientos +que sin cesar le mordían, en un estado +de perpetua agitación. ¡Cuán lejos se hallaba de +ser feliz! Pero todo era flores comparado con lo +que le esperaba. Cinco meses después de comenzadas +sus relaciones, un día le anunció +Amalia que creía hallarse en cinta. Se lo dijo +con la sonrisa en los labios, como si le noticiase +que le había tocado la lotería. Luis sintió un +vértigo de terror, quedó pálido, la vista se le turbó +como si fuese a caer.</p> + +<p>—¡Dios mío, qué desgracia!—exclamó llevándose +las manos al rostro.</p> + +<p>—¿Desgracia?—preguntó ella con asombro.—¿Por +qué? Yo estoy muy contenta.</p> + +<p>Y viendo sus ojazos dilatados, estupefactos, +le explicó riendo que era feliz con esperar una +prenda de sus amores; que no tuviese miedo +alguno porque ella sabría arreglarse para que +nada se descubriera. Y, en efecto, tal maña se +dio para apretarse que nadie pudo presumir +que aquella mujer tuviese una criatura en sus +entrañas. ¡Qué sustos, qué congojas las del conde +mientras duró el embarazo! Si alguien la miraba +con insistencia, ya estaba temblando; si en +el curso de la conversación un tertulio hacía +alusión a algún parto disimulado, se ponía pálido, +pensando que podía ser una indirecta. En +todos los rostros creía ver sonrisas y miradas +significativas; en las palabras más inocentes, +profundas y aviesas insinuaciones.</p> + +<p>Mientras tanto ella comía y dormía tranquilamente +con una alegría constante que aterraba y +admiraba al mismo tiempo al conde. El tiempo +corría: llegaron los siete meses; los ocho. Por +mucho que lo disimulase, el conde observaba +que la cintura de su querida se ensanchaba. +Cuando, lleno de congoja, comunicó con ella +esta observación, se echó a reír:</p> + +<p>—Calla, tonto, lo notas tú porque ya lo sabes. +¿Quién va a sospechar porque esté un poquito +más abultada? Muchas veces le gusta a una llevar +flojo el corsé.</p> + +<p>Cuando llegó el momento crítico mostró una +bravura que rayaba en heroísmo. Luis quería +confiarse a un médico: ella se opuso. ¿Para qué? +Con la asistencia de Jacoba le bastaba. El confiar +tal secreto a otra persona era peligroso. Le +acometieron los primeros síntomas al amanecer, +hallándose en la cama; pero hasta las ocho +no mandó llamar a Jacoba, que con el pretexto +de hacer unos colchones dormía desde hacía algunos +días en casa. Se encerraron en el gabinete, +donde ya tenían preparadas las ropas necesarias, +y sin un grito, sin un movimiento descompasado, +sin la más leve queja, salió aquella valiente +mujer de su cuidado. Jacoba sacó la criatura +con el lío de la ropa, después de haber mandado +fuera con adecuados pretextos a los criados.</p> + +<p>El conde lloró de gozo y admiración al saber +este feliz desenlace. Luego, cuando recibió por +Jacoba la orden de llevar la niña al portal de +Quiñones, volvió a sentirse acongojado. El plan +de su amante le llenaba de estupor; pero como +estaba acostumbrado a obedecer, hizo lo que le +mandaba. El resultado coronó la audacia de la +dama; fue tal como ella había previsto.</p> + +<p>Y ahora, al contemplar a la criatura segura +para siempre, no sólo se fortalecía su amor y se +depuraba, sino que sentían el gozo de la victoria, +del que después de haber corrido fuertes +temporales llega por fin a puerto de salvación.</p> + +<p>En voz muy baja, con las manos enlazadas, +inclinando de vez en cuando la cabeza para rozar +con los labios la frente de la niña, hablaron +largo rato, mejor dicho, soñaron despiertos, +queriendo penetrar en los abismos insondables +del tiempo. ¿Cuál sería la suerte de aquella hermosa +criatura? ¿Cómo se la educaría? Amalia +decía que conseguiría educarla como hija suya, +hacerla una verdadera señorita; estaba segura +de que D. Pedro no se opondría a ello. Y como +quiera que no tenía hijos, nada más natural que +habiéndola tomado cariño la dejase a su muerte +algún legado importante. El conde hizo un gesto +de desdén. La niña no necesitaba de la hacienda +de D. Pedro. Él le dejaría toda la suya.</p> + +<p>—Pero tú puedes casarte y tener hijos—dijo +la dama mirándole maliciosamente.</p> + +<p>Él la tapó la boca.</p> + +<p>—¡Calla, calla! Ya sabes que no quiero oír +eso siquiera. Estoy definitivamente unido a tí.</p> + +<p>Ella le besó con efusión.</p> + +<p>—Sellados, ¿verdad?</p> + +<p>—Sellados—repuso él con firmeza.</p> + +<p>—¿Pero no te haces cargo de que si le dejas +tus bienes en testamento, enseguida nacería la +sospecha de que era hija tuya?</p> + +<p>Esta dificultad le abatió por unos instantes. +Ambos se ocuparon en arbitrar algún medio para +eludirla. El conde quería dejarlos en fideicomiso +a alguna persona de confianza. Pero esto ofrecía +también sus inconvenientes. Mejor sería ir +colocando dinero a su nombre en algún banco, y +al llegar a la mayor edad, fingir una herencia, +inventar algún padre llovido del cielo...</p> + +<p>—En fin, ya hablaremos de eso... Déjalo a +mi cuidado—concluyó diciendo ella.</p> + +<p>Y él se lo dejaba de muy buena gana, fiando +de su imaginación inagotable, de su voluntad y +su audacia.</p> + +<p>Cuando se cansaron de hablar de lo porvenir +volvieron los ojos al presente. Era necesario +bautizar la niña. Habían resuelto que fuese al +día siguiente.</p> + +<p>—Ya hemos convenido en que la madrina +fuese yo y el padrino tú.</p> + +<p>—¿Cómo? ¿yo?—exclamó asustado.—Pero, +mujer, ¿no comprendes que eso puede engendrar +sospechas?</p> + +<p>La dama se obstinó. Que sí, que había de ser +padrino. Si sospechaban, buen provecho. A ella +le tenía sin cuidado. Pero viéndole realmente +afligido cambió de idea.</p> + +<p>—No te apures, hombre, no te apures—dijo +dándole un tironcito a la barba.—Ha sido una +broma. ¡Buena cara ibas a poner cuando la +tuvieses en la pila! No te faltaría más que gritar: +¡Señores, aquí! ¡Vengan aquí todos a ver al +padre de esta criatura!</p> + +<p>El padrino sería Quiñones, y en su representación +D. Enrique Valero. La madrina ella, representada +por María Josefa. El conde se mostró +muy satisfecho. Todo aquello era hábil y prudente +y adecuado para asegurar la suerte de su +hija. Pero cuando se manifestaba más contento, +un rumor que vino del pasillo le hizo saltar +en la butaca, ponerse lívido.</p> + +<p>—¿Qué tienes, hombre?</p> + +<p>—¡Ese ruido!...</p> + +<p>—Es Jacoba...</p> + +<p>Pero viéndole dudoso, con los ojos espantados +aún, se levantó, teniendo la niña en los brazos, +abrió la puerta y cambió algunas palabras +con Jacoba que, en efecto, estaba allí. Después +de entregarle la criatura y cerrar, volvió de nuevo +a sentarse.</p> + +<p>—¿Cómo eres tan cobarde, di?</p> + +<p>—No es cobardía—repuso él ruborizado.—Es +que estoy siempre sobresaltado... No sé lo que +me pasa... La conciencia quizá...</p> + +<p>—¡Bah! Es que eres un cobarde. Como tienes +el cuerpo tan grande se te pasea el alma dentro +de él.</p> + +<p>Y acto continuo, observando la expresión de +enojo y tristeza que se reflejaba en su semblante, +tornó a abrazarle con trasportes de entusiasmo.</p> + +<p>—No, no eres cobarde; pero inocente sí... +Por eso te quiero, te quiero más que a mi vida. +¿No es verdad que te quiere tu filleta? Soy tuya... +Tú eres mi único amor. Yo no soy casada...</p> + +<p>Y con caricias de gata mimosa le paseaba sus +manos finas y pálidas por el rostro, estampaba +en él menudos, infinitos besos, le anudaba los +brazos al cuello, se lo mordía con leves y fugaces +mordiscos de ratón. Y al mismo tiempo, +ella, tan grave y silenciosa en visita, hacía fluir +de sus labios un chorro constante de palabritas +melosas que le adormecían y embriagaban. El +fuego, que se adivinaba al través de sus grandes +ojos misteriosos y traidores, brotaba ahora con +vivas llamaradas. Era el goce de la sensualidad +el que se desprendía de su ser; pero era también +el deleite maligno del capricho cumplido, de la +venganza y la traición.</p> + +<p>El conde de Onís se sentía cada día más subyugado. +Las caricias de su amada eran abrasadoras; +pero los ojos guardaban siempre, en lo +más hondo, un reflejo cruel de fiera domesticada. +Sentía amor y miedo al mismo tiempo. Alguna +vez su espíritu supersticioso llegaba a imaginar +si un demonio tentador habría venido a alojar +en el cuerpecito endeble de aquella valenciana.</p> + +<p>Después de anunciar tres o cuatro veces que +se marchaba, sin llevarlo a cabo por impedírselo +ella, viéndose al cabo libre de sus brazos, se levantó +de la butaca. La despedida fue larga como +siempre. Amalia no le soltaba hasta que le veía +ebrio, intoxicado por la violencia de sus caricias. +Jacoba le esperaba en el corredor. Después +de conducirle por éste y otros varios hasta +la estancia donde se hallaba la escalerita excusada +que iba a la biblioteca, le hizo seña de que +aguardase y bajó sola para cerciorarse de que no +había nadie en los pasillos. Tornó a subir para +avisarle; el conde descendió, apagando cuanto +podía el ruido de sus botas. A la puerta del pasadizo +la medianera le dejó, después de abrirle +la puerta. Bajose otra vez hasta tocar con las +manos en el suelo para no ser advertido de la +gente que pasase por la calle, y en esta forma +atravesó el pasadizo de la tribuna. Abrió la +puerta y entró. La oscuridad le cegó. En cuanto +dio algunos pasos sintió un golpe en la espalda +y oyó una voz ronca que decía al mismo tiempo:</p> + +<p>—¡Muere, infame!</p> + +<p>Se heló en sus venas la sangre y dio un salto +hacia atrás. Entre las sombras espesas pudo distinguir +un bulto más negro aún. Veloz como un +rayo se precipitó sobre él, y lo hubiera aniquilado +bajo su enorme cuerpo si no sintiera una +carcajada reprimida y al mismo tiempo la voz +de Amalia.</p> + +<p>—¡Cuidado, Luis, que me vas a hacer daño!</p> + +<p>La sorpresa le dejó mudo unos instantes.</p> + +<p>—¿Pero por dónde has venido?—dijo al cabo.</p> + +<p>—Pues por la escalera principal. Me he echado +este capuchón negro encima y he bajado corriendo.</p> + +<p>Y viéndole frío y disgustado por aquella broma +de mal gusto, se empinó sobre la punta de +los pies, colgose rápidamente a su cuello y, después +de apretar los labios larga y apasionadamente +contra los suyos, le dijo con acento zalamero:</p> + +<p>—Ya sabía que no eras cobarde... pero quería +comprobarlo.</p> + + + +<hr /> +<h3><a name="V" id="V"></a>V</h3> + +<p class="cab">Las bromas de Paco Gómez.</p> + + +<p>Ahora bien, Granate no acababa de persuadirse +a que Paco Gómez procediese +de buena fe. Su carácter jocoso, los +terribles bromazos que se le atribuían perjudicábanle +en el ánimo del indiano. No bastaba que +adoptase continente grave y mantuviese con +él pláticas largas acerca de la alza o baja de las +acciones del Banco, ni que le loase la casa por +encima de todas las fábricas modernas y le diese +útiles consejos en el juego del chapó. De todos +modos el gracioso de Lancia observaba allá, en +el fondo de sus ojazos encarnizados de jabalí, +una nube de recelo que no podía disipar. En este +aprieto pidió auxilio a Manuel Antonio. Se le +había metido en la cabeza una broma chistosa, +y antes de renunciar a ella consentiría en cualquier +alianza.</p> + +<p>—Desengáñate, Santos—decía el marica, de +acuerdo con Paco, paseando cierta tarde por +el Bombé con Granate,—tú, como te has pasado +más de la mitad de la vida detrás de un +mostrador, no entiendes nada de estos lances. No +te diré que Fernanda esté chalada por tí, pero +que anda en camino de ello lo digo y lo sostengo +aquí y en todas partes. Hace ya tiempo que +lo vengo notando. Las mujeres son caprichosas, +incomprensibles; hoy rechazan una cosa y mañana +la apetecen y están dispuestas a hacer cualquier +disparate por lograrla. Fernanda comenzó +rechazándote...</p> + +<p>—¡Entodavía! ¡entodavía!—manifestó sordamente +el indiano.</p> + +<p>—Pura apariencia. Es una chica muy orgullosa +y que no dará jamás su brazo a torcer. Pero +por lo mismo que tiene mucho orgullo no se casará +más que con el conde de Onís o contigo, los +dos únicos partidos que hay en Lancia para ella; +el conde por la nobleza y tú por el dinero. Luis +es un hombre muy raro; yo lo creo incapaz de +casarse. Ella está convencida ya de esto mismo. +No le queda más que tú, y tú serás al cabo el que +se coma la breva... Además, por más que otra +cosa digan, a las mujeres les gustan los hombres +como tú, robustos... porque tú eres un roble, +chico—añadió volviendo hacia él la cabeza con +admiración.</p> + +<p>Granate dejó escapar un mugido corroborante. +El marica le pasó las manos por el torso, como +profundo conocedor de las formas masculinas.</p> + +<p>—¡Qué musculatura, chico! ¡Qué hombros!</p> + +<p>—Con estos hombros que aquí ves—dijo el +indiano con orgullo—se han ganado muchos miles +de pesos.</p> + +<p>—¿Cómo? ¿Cargando sacos?</p> + +<p>—¡Sacos!—exclamó Granate sonriendo con +desprecio.—Eso es pa la canalla. ¡Cajas de +azúcar como vagones!</p> + +<p>El Bombé estaba desierto en aquella hora. +Era un paseo amplio en forma de salón, recién +construido en lo alto del famoso bosque de San +Francisco, desde donde se señoreaba todo. Este +bosque de robles corpulentos, añosos, retorcidos, +algunos de los cuales pertenecían a la selva primitiva +donde se fundó el monasterio que dio origen +a Lancia, servía de sitio de recreo y esparcimiento +a la población, hasta cuyas primeras casas llegaba. +Permaneció siempre en lamentable abandono; +pero la última corporación municipal había +llevado a cabo en él magnas reformas que le habían +valido los aplausos de los espíritus innovadores: +un paseo, algunos jardinillos alrededor y +una calle enarenada entre los árboles, que le ponía +en fácil comunicación con la ciudad. Los días +de labor no paseaban por él más que algunos +clérigos con sus largos manteos negros y enorme +sombrero de teja, llevando algún seglar enmedio, +dos o tres pandillas de indianos disputando +en voz alta sobre el precio de los cambios o el +valor de los solares de la calle de Mauregato, recién +abierta, y tal cual valetudinario, que venía +a primera hora a tomar el sol, y se retiraba tosiendo +en cuanto sentía la humedad de la tarde. +¿Y las damas?... ¡Ah! Las damas lacienses sabían +perfectamente lo que se debían a sí mismas +y estaban dotadas de un sentimiento harto delicado +de las leyes del buen tono para exhibirse +en días que no fuesen feriados. Y aun en éstos +no lo hacían sino tomando las debidas precauciones. +Ninguna dama de Lancia cometía la bajeza +de presentarse en el Bombé los domingos +mientras no estuviesen paseando en él algunas +otras de su categoría. Pero esto era de una dificultad +insuperable, dada la unanimidad de pareceres. +De aquí que, aderezadas ya desde las tres +de la tarde, con el sombrero y los guantes puestos, +aguardasen al pie de los balcones, espiándose +las unas a las otras por detrás de los visillos. +«Ya pasan las de Zamora.» «Ahora vienen +las de Mateo.» Sólo entonces se aventuraban +a lanzarse a la calle y subir poco a poco y +con la debida majestad hasta el paseo, donde +hacía ya dos horas la banda municipal ejecutaba +diversas fantasías sobre motivos de <i>Ernani</i> o <i>Nabuco</i> +para recreo de las niñeras y algunos apreciables +albañiles. Ni se crea, sin embargo, que +la sociedad distinguida de Lancia entraba así de +golpe y porrazo en el arenoso salón. Nada de +eso. Antes de poner el pie en él subían a otro paseíto +suplementario que había poco más arriba. +Desde allí exploraban el terreno, observaban +«si alguna se había atrevido.» Por fin, cuando +las sombras comenzaban a espesarse ya en las +copas de los añosos robles, a la hora en que la +niebla descendía de las montañas apercibida a +fijarse en las narices, en la garganta y en los +bronquios del honrado vecindario, todas las bellezas +indígenas acudían casi en tropel al espacioso +paseo. ¡Qué importaba un catarro, un +reuma, ni siquiera una pulmonía, ante la deshonra +de presentarse las primeras en el Bombé! +¡Ejemplo notable de fortaleza! ¡Caso portentoso +del poder que en los pechos elevados ejerce el +respeto de sí mismo!</p> + +<p>Esta exquisita conciencia de los deberes, que +la naturaleza ha escrito con caracteres indelebles +en los corazones dignos, se revelaba aún de +modo más claro y conmovedor con ocasión de +los bailes de confianza que el Casino de Lancia +daba cada quince días durante el invierno. Fácil +es de comprender que las dignísimas señoritas +que con tal admirable constancia luchaban un +día y otro para no entrar en el paseo mientras +estuviese solitario, no irían a cometer la vileza +de presentarse «primero que las otras» en +el salón del Casino. Mas como aquí no había +paseo suplementario desde donde espiarse, ni era +fácil por la noche estar de espera en los balcones, +aquellas ingeniosísimas damas, tan dignas +como ingeniosas, hallaron un medio de dejar +siempre a salvo su honra. Poco después de sonar +las diez, hora en que daba comienzo el baile, +enviaban hacia allá de descubierta, como caballería +ligera, a sus papas o hermanos. Entraban +haciéndose los distraídos, se sentaban un momento +en las butacas, gastaban cuatro bromas +con los pollos que allí aguardaban correctos, impacientes, +con la luenga levita cerrada, abrochándose +los guantes los unos a los otros, y al +poco rato se retiraban disimuladamente para ir +a noticiar a sus familias que aún no había llegado +nadie. ¡Ah! ¡Cuántas veces los pollos impacientes +de la levita cerrada aguardaron vanamente +toda la noche la llegada de sus hermosas +parejas! Las bujías se iban gastando; la orquesta, +que había tocado sin éxito alguno dos o tres +bailables, se desmoralizaba; los músicos charlaban +en voz alta o paseaban por el salón y hasta +fumaban; los hujieres y mozos bostezaban, +tirándose unos a otros indirectas referentes a las +dulzuras del lecho. Por fin el presidente daba la +orden de apagar, y los pollos se retiraban a sus +domicilios respectivos tan mustios como correctos. +¡Espectáculo consolador el de aquellas heroicas +jóvenes que, apesar de sus vivos deseos +de ir al baile, preferían permanecer en casa a +quebrantar los principios fundamentales en que +descansa la dicha y el sosiego de la sociedad!</p> + +<p>—Allí viene Paco con el Jubilado. Lo mismo +te dirán que yo—profirió Manuel Antonio poniéndose +la ebúrnea mano sobre las cejas a guisa +de pantalla.</p> + +<p>En efecto, allá a lo lejos se columbraba la +figura de Paco como una percha coronada por +un pepino. Todos los sombreros le entraban hasta +las orejas a causa de la inverosímil pequeñez +de la cabeza y su disposición excepcional. A su +lado caminaba el Sr. Mateo con sus enormes bigotes +blancos y arrogante figura militar, aunque +ya sabemos que era el hombre más civil que +hubiese producido Lancia desde hacía algunos +siglos.</p> + +<p>Granate dejó escapar algunos gruñidos destinados +a probar el profundo desprecio que aquellos +dos personajes le inspiraban, el uno por su +poca formalidad, y el otro por no tener ni un +mal cupón del tres por ciento.</p> + +<p>—Vamos, queridos, hacedme el favor de convencer +a este babieca de que es un buen partido +para cualquier muchacha, porque no quiere +creerlo.</p> + +<p>—¡Aprieta, pues si D. Santos no es partido +con cinco o seis millones de reales, no sé yo +quién lo será!—exclamó Mateo relamiéndose +como padre de cuatro niñas casaderas que no +acababan de casarse.</p> + +<p>—¡Suba el cañón, D. Cristóbal, suba el cañón!—dijo +el indiano echándole una mirada +torva.</p> + +<p>—¿Cómo? ¿Tiene usted más?... Me alegro... +Yo hablo por lo que dice la gente...</p> + +<p>—Tengo quinientos mil pesos sin quitar un +<i>lápiz</i>.</p> + +<p>Los tres amigos cambiaron una mirada significativa. +Manuel Antonio, no pudiendo contener +la risa, le abrazó exclamando:</p> + +<p>—¡Bien, Santos, bien! Eso del <i>lápiz</i> me enternece.</p> + +<p>Granate era el hombre de los disparates lingüísticos. +No tenía conocimiento de la forma +verdadera de una gran parte de las palabras; las +modificaba de modo que resultaba muy cómico. +Sin duda dependía de falta de oído, dado que +hacía ya algunos años que había regresado de +América y trataba con personas cultas. Sus bárbaros +atentados contra el idioma eran proverbiales +en Lancia.</p> + +<p>—Pues nada, este infeliz se figura—prosiguió +el marica, sin hacer caso de la mirada recelosa +que le dirigió—que porque Fernanda Estrada-Rosa +gasta algunos remilgos no le gustan las +peluconas como a todo hijo de vecino... ¡Tonto, +tonto, más que tonto! (y al decir esto le pegaba +palmaditas en el ancho y rojo cerviguillo). ¡Si +es hija de D. Juan Estrada-Rosa, el mayor judío +que hay en la provincia!</p> + +<p>—Hombre, Fernanda ya es otra cosa—manifestó +el Jubilado, que no estaba en el ajo—Es +una chica muy rica y no necesita casarse por el +dinero.</p> + +<p>Pero los otros dos cayeron como fieras sobre +él. Cuando se tiene dinero se quiere más. La ambición +es insaciable. Fernanda era muy orgullosa +y no pasaría por que ninguna otra chica en +Lancia pudiese ostentar tanto lujo como ella. Si +D. Santos elegía esposa en la población, le +podría hacer competencia desastrosa: era una +mosca que no se quitaría jamás de la nariz. El +único rival temible para D. Santos era el conde +de Onís; pero éste ya estaba descartado. Su carácter +excéntrico, su misticismo y las extrañas +manías en que daba con frecuencia, habían concluido +por aburrir a la muchacha...</p> + +<p>Con estos argumentos y un formidable pisotón +de inteligencia que Paco le dio, el Jubilado entró +en razón y se puso de parte de ellos. Los tres se +esforzaron en convencer al indiano de que ni +aquélla ni ninguna otra joven podría resistir mucho +tiempo si él se decidía a estrechar el bloqueo. +Paco aludía además de un modo vago y +misterioso a cierto dato que él poseía, el cual +demostraba hasta la evidencia que los desdenes +de la chica eran pura comedia, alardes de vanidad +para hacerse valer. Pero era un secreto; no +podía revelarlo sin faltar a la amistad y consideración +que debía a la persona que se lo había +comunicado.</p> + +<p>Sin embargo, Granate no acababa de rendirse. +Como un mastín a quien rodean los chicos y tratan +de congraciársele haciéndole caricias, echábales +miradas recelosas y dejaba escapar de vez +en cuando gruñidos dubitativos. Manuel Antonio +agotó el repertorio de sus argumentos sutiles y +femeninos, apoyados por sendos abrazos, palmaditas +o pellizcos. Estuvo elocuente y sobón hasta +lo infinito. Paco le dejaba decir y hacer echándole +de través miradas socarronas, convencido +de que Granate acogía siempre con desconfianza +sus palabras. Pero a última hora intervino para +dar el golpe definitivo. Después de hacerse rogar +mucho por sus dos auxiliares, y de suplicar +encarecidamente y por los clavos de Cristo que +aquello permaneciese en secreto, sacó al fin del +bolsillo una carta. Era de Fernanda a una amiga +de Nieva. Explicó primero de qué modo casual +había venido a su poder, y después leyó en voz +baja y con aparato de misterio el siguiente párrafo: +«Lo que me dices de Luis no tiene fundamento. +No he vuelto ni volveré a reanudar +mis relaciones con él por razones muy largas de +explicar, algunas de las cuales ya conoces. Lo +de D. Santos, aunque por ahora no hay nada, +lleva mejor camino. Es viejo para mí, pero me +parece muy formal y cariñoso. Nada tendría de +particular que al fin cayera con él.»</p> + +<p>Granate atendió con extremada fijeza, abriendo +de modo descomunal sus ojazos. Cuando +Paco terminó la lectura dijo con voz profunda, +como si hablara consigo mismo:</p> + +<p>—Esa carta es <i>ipócrifa</i>.</p> + +<p>Volvieron los tres a mirarse haciendo lo posible +por contener la risa. Manuel Antonio aprovechó +la ocasión para darle un abrazo más.</p> + +<p>—¡Anda tú, grosero, desconfiadote! Enséñale +la carta, Paco... ¿Tú conoces la letra de Fernanda?... +¿No?... Pues yo sí y aquí D. Cristóbal +también, porque Emilita recibe a cada momento +cartas de ella... Tú eres demasiado modesto, +Santos. Yo no te diré que seas un real mozo, +pero tienes cierta gracia y cierto aquel... vamos...</p> + +<p>—¡Ya lo creo que lo tiene!—exclamó Paco.—Bien +puede usted fiarse de Manuel Antonio, que +es voto en la materia.</p> + +<p>—Cualquiera puede distinguir, querido—profirió +éste, picándose repentinamente.—Teniendo +ojos en la cara se sabe lo que es hermoso, lo que +es feo y lo que es mediano.</p> + +<p>Y no quiso emplear más saliva en secundar +los planes de Paco. Dejaron, pues, a Granate en +paz, y el marica cambió de conversación.</p> + +<p>—Ahí vienen sus amigos, D. Cristóbal.</p> + +<p>Éste levantó la cabeza y vio venir hacia +ellos paseando ocho o diez militares. Eran oficiales +del batallón de Pontevedra, que, a su despecho, +había llegado recientemente de guarnición +a la ciudad. Mateo rechinó un poco los dientes +y bufó repetidas veces para indicar todo lo +odioso que le era la fuerza armada. Después exclamó +con irónico retintín:</p> + +<p>—¡Cómo me encantan los guerreros en tiempo +de paz!</p> + +<p>—Les tiene usted mucha manía, D. Cristóbal. +Los militares no dejan de ser útiles.</p> + +<p>—¡Útiles!—exclamó el Jubilado encrespándose.—¿Qué +utilidad traen, vamos a ver? ¿En qué +son útiles?</p> + +<p>—Hombre, mantienen la paz.</p> + +<p>—La guerra es lo que mantienen. Para librarnos +de los ladrones basta la guardia civil. Ellos +son los que fomentan el malestar y la ruina de +la nación. En cuanto ven las escalas paradas se +sublevan en uno u otro sentido, que eso es para +ellos lo de menos, y ¡vengan empleos y cruces +pensionadas!... Yo sostengo que mientras existan +soldados no habrá tranquilidad en España.</p> + +<p>—Pero, D. Cristóbal, ¿y si una nación extranjera +nos atacase?</p> + +<p>El Jubilado dejó escapar una risita irónica +y sacudió algunas veces la cabeza antes de contestar.</p> + +<p>—Pero ven acá, infeliz, la única nación que +puede atacarnos por tierra es Francia, y si Francia +se decidiese a hacerlo, ¿de qué nos servirían +todos esos oficialitos tan guapos y bien uniformados?</p> + +<p>—Además, los soldados son un bien para la +población por lo que consumen. Los comercios +ganan, las casas de huéspedes lo mismo...</p> + +<p>Manuel Antonio defendía a la milicia sólo por +oír a Mateo y ponerle fuera de sí. Ahora se observaba +un dejo de ironía en sus palabras y +mayor deseo de exacerbarle.</p> + +<p>—¡Eso es!... ¡Ahora sí que me has apabullado! +¿Y de dónde viene ese dinero que consumen, +majadero?... ¡De tí y de mí y del señor, de todos +los que pagamos algo al Estado en una u +otra forma!... El resultado final es que ellos +consumen sin producir, que son un mal ejemplo +en las poblaciones, porque la ociosidad en que +viven corrompe a los que ya son un poco propensos +a la vagancia... ¿Sabes tú cuál es el +gasto del ejército? Pues entre los ministerios de +Guerra y Marina consumen más de la mitad del +presupuesto. ¡Es decir que la administración, la +justicia, la religión, los gastos que ocasionan +nuestras relaciones con los demás países, las +obras públicas y el fomento de todos los intereses +materiales no cuestan tanto al contribuyente +como esos caballeritos del pantalón encarnado!... +Que las demás naciones de Europa tienen +un ejército poderoso, bueno, ¿y qué? Allá ellas. +Las demás se pueden permitir ese lujo porque +tienen dinero. Pero nosotros somos unos pobretes; +no tenemos más que fachada... Además, +en otros países hay complicaciones internacionales, +de las cuales por fortuna estamos libres. +La Francia no nos atacará por miedo a la intervención +de las potencias; pero si nos atacase, +lo mismo nos conquistaría con ejército que +sin él...</p> + +<p>El Jubilado se repetía, manoteaba para dar +nueva fuerza a sus argumentos, echaba fuego por +los ojos. Manuel Antonio le dejaba irritarse con +visible satisfacción. En aquel momento pasó +cerca el grupo de los oficiales, que dieron las +buenas tardes cortésmente. Todos contestaron +menos D. Cristóbal, que se hizo el distraído.</p> + +<p>—Yo creo que está usted muy exagerado, don +Cristóbal. ¿Qué tiene usted que decir del capitán +Núñez, que acaba de pasar ahora? ¿No +es todo un buen mozo y una persona atenta y +fina?</p> + +<p>—Con un azadón en la mano estaría mucho +mejor y sería más útil a su país—murmuró sordamente +el Jubilado.</p> + +<p>—Pues no tiene usted más que ponérselo en +cuanto sea su yerno, porque, según cuentan, es +novio de su hija Emilia—dijo el marica recalcando +las palabras con extremado gozo.</p> + +<p>Paco y D. Santos rieron. D. Cristóbal quedó +anonadado. Apenas pudo mascullar trabajosamente:</p> + +<p>—¡Quién hace caso de esas boberías!</p> + +<p>Y no volvió a chistar. Aquella noticia le había +llegado a lo profundo del corazón, le ponía +en la situación más difícil en que estuvo jamás +hombre alguno. Los demás no dejaron de notar +este silencio, y se hacían guiños y se dirigían +sonrisas por detrás de su espalda.</p> + +<p>Pero Paco también estaba preocupado. Cuando +se le metía en la cabeza, en aquella cabeza +como un puño, mal amasada, un bromazo como +el que tenía proyectado, andaba inquieto, afanoso, +lo mismo que el poeta o el pintor que tienen +una obra entre manos. Después de varios +días de machacar por él logró al fin, casi, casi, +decidir al indiano. Se trataba nada menos de que +éste fuese a pedir con toda ceremonia a D. Juan +Estrada-Rosa la mano de su hija Fernanda. Según +Paco y los que le secundaban, era el medio +más directo y más adecuado de conseguirla. +Todo lo demás, andarse por las ramas. El día +en que D. Juan viese que le entraban diez millones +por la casa andaría de cabeza por convencer +a su hija. Y ella misma no les haría asco. +¿Pues qué, no siendo con el conde de Onís, con +quién mejor podía casar que con un hombre tan +rico, tan formal, tan sano y tan <i>ilustrado</i>? Este +último epíteto, proferido por Paco con grave +continente, estuvo a punto de echar a perder el +asunto, porque no faltó quien sofocase a duras +penas la carcajada. Granate quiso advertirlo, +miró a Paco con recelo y volvió a mostrarse desconfiado +y reacio algunos días.</p> + +<p>Llegó un momento, sin embargo, en que el indiano +creyó en sus palabras. Fue después de haberle +oído en el Casino desde una habitación +contigua atacar duramente al conde de Onís. +Aquel día se decidió a darle crédito y convino +con él la manera de llevar a cabo la petición que +le aconsejaba. Paco opinó que lo mejor sería no +decir nada previamente a la chica. Así como los +buenos generales, para asegurar la victoria, suelen +caer de improviso y con sigilo sobre el ejército +enemigo, lo más hábil en este caso era entrar +inopinadamente en la casa, llamar a don +Juan a una conferencia reservada y abordar de +frente el negocio. Por el banquero no había cuidado: +se pondría como unas pascuas. La chica +recibiría gran sorpresa, pero esto mismo la +aturdiría y la pondría más blanda. Las cosas +graves de la vida se deciden generalmente por +una corazonada. El que no se arriesga no pasa +la mar. En resumen, que Granate se entregó a +discreción y comenzaron los preparativos para +la gran solemnidad. Lo primero que se trató fue +la hora. Quedó resuelto que fuese a las doce del +día. El traje fue objeto de animadas pláticas. +Paco opinaba que, para presentarse bajo un aspecto +más imponente, convendría vestirse algún +uniforme, por ejemplo, el de jefe honorario de +administración civil. No era difícil conseguir +el nombramiento sacrificando un puñado de oro; +pero esto dilataría más de un mes la realización +de la empresa. Se desechó el uniforme y se convino +en que vistiese frac negro y llevase colgada +la medalla de concejal. Fijose por último el +día: resultó un lunes.</p> + +<p>Desde mucho antes el traidor había deslizado +en la conversación, hablando con D. Juan Estrada-Rosa, +la especie de que Granate se jactaba +de ser deseado y requerido por él para yerno. +D. Juan, que era también rico y tenía su cacho +de orgullo, y sobre todo adoraba a su hija y +creía que el día menos pensado vendría un duque +de Madrid a pedírsela, se irritó grandemente, +le llamó rústico, podenco, y juró que, antes de +ver a su hija casada con semejante cafre, preferiría +que se quedase soltera.</p> + +<p>—Pues tenga cuidado, D. Juan—dijo Paco +sonriendo maliciosamente,—porque el día menos +pensado se presenta en casa a pedirle la mano +de Fernanda.</p> + +<p>—No lo hará tal—respondió el banquero.—Demasiado +sabe que le echaría por la escalera +abajo.</p> + +<p>Con estos antecedentes el terrible humorista +de Lancia marchaba sobre terreno seguro. Fuera +de los tres o cuatro amigos que le ayudaron +a persuadir a D. Santos, a nadie dio parte de la +intriga; pero el domingo por la tarde, víspera +del acontecimiento, lo mismo Manuel Antonio +que él, lo fueron pregonando por todos los grupos +y citándose para el día siguiente en el café +de Marañón. En provincia, donde son escasos los +medios de divertirse, se toma muy por lo serio +esta clase de bromas, se preparan con fruición, +se paladean de antemano. La de Paco fue acogida +con vivo entusiasmo por la juventud laciense. +La víctima no era un pobre diablo, cómo solía +acontecer, sino un ricachón. Esto le prestaba +doble atractivo. En el fondo de todos los corazones +hay siempre unos granitos de odio para +el que tiene mucho dinero. Corrió por el paseo +la voz, y al día siguiente se presentaron en el +café de Marañón más de cincuenta mancebos.</p> + +<p>Pero no se dieron a luz en tanto que no pasó +Granate. El café estaba situado en un piso principal +(por aquel tiempo no se usaban los bajos +para este destino) de la calle de Altavilla, casi +enfrente de la casa de D. Juan Estrada-Rosa. +Ésta era grande y suntuosa, aunque no tanto +como la que recientemente había construido don +Santos. La del café, vieja y de ruin apariencia. +El local que ocupaban los parroquianos, una sala +donde estaba la mesa del billar y dos gabinetes +a los lados con algunas mesillas de madera para +el consumo, todo sucio, lóbrego, sobado. ¡Cuán +lejos aún los tiempos de que se estableciese en +uno de los bajos de aquella misma calle el magnífico +café Británico, con mesas de mármol, espejos +colosales y columnas doradas como los +más elegantes de Madrid!</p> + +<p>Espiando por detrás de los visillos aquella +florida juventud, ávida de los goces estéticos, +vio pasar a Granate correctamente vestido, balanceando +su torso colosal sobre unas piernas +que no lo merecían. Le vieron entrar en casa de +Estrada-Rosa y hasta oyeron el ruido del picaporte. +Nada más. Inmediatamente se abrieron +de par en par los balcones del café y se llenaron. +Los que no tenían sitio se encaramaron en +sillas detrás de sus compañeros. Todos los ojos +se clavaron en el portal de enfrente. Esperaron +cerca de un cuarto de hora.</p> + +<p>Al cabo la fisonomía violácea de Granate apareció +de nuevo. Daba miedo. Aquella cara parecía +ya un terciopelo como si estuviese ahorcado. +Las orejas tenían el color de la sangre. A su +aparición estalló una salva de toses y estornudos +y gritos y aullidos. El indiano alzó la cabeza +y paseó su mirada atónita por aquella muchedumbre +descompuesta que le sonreía, sin comprender +la razón. Tardó poco, sin embargo, en +darse cuenta de que era víctima de un bromazo. +Sus ojos se clavaron entonces feroces en el concurso, +y exclamó con un desprecio que nada tenía +de fingido:</p> + +<p>—<i>¡Méndigos!</i></p> + +<p>Y se alejó como un jabalí perseguido por la +jauría entre silbidos y carcajadas, volviendo de +vez en cuando la cabeza para escupirles el mismo +esdrújulo injurioso.</p> + + + +<hr /> +<h3><a name="VI" id="VI"></a>VI</h3> + +<p class="cab">Las señoritas de Meré.</p> + + +<p>En efecto, Emilita Mateo había logrado +hacerse amar de un capitán del batallón +de Pontevedra. Le había costado +muchos días de incesante jugueteo, un número +incalculable de miradas provocativas, de carcajadas +sin motivo, de caprichos infantiles, de +gestos mimosos y enfados pasajeros. Había desplegado, +en suma, todas sus baterías, mostrándose +a la vez cándida y maliciosa, dulce y arisca, +reservada y charlatana, grave y retozona +como una loquilla, como niña ligera e insustancial, +pero adorable. Al fin Núñez, el capitán +Núñez, no pudo resistir a tal graciosa mezcla +de inocencia y malicia, y se replegó +primeramente, y no tardó luego en rendirse. Era +un hombre de cara larga, bigote y perilla, flaco, serio, +bilioso, con los ojos mortecinos y fatigados, muy exacto +en el cumplimiento de sus deberes y aficionado a dar +largos paseos. Esta clase de hombres silenciosos y disciplinados +son los más sensibles a los encantos de la +alegría y la vivacidad. Emilita le hizo suyo llamándole +cazurro y dándole pellizcos por «pícaro y burlón»; ¡a +él, a quien había que sacar las palabras con tirabuzón +y en su vida había gastado la más sencilla chanza!</p> + +<p>Con este memorable suceso, la familia Mateo andaba +bastante dislocada. Jovita, Micaela y Socorro, hermanas +legítimas de la afortunada doncella, sentíanse +celosas y lisonjeadas a la vez. Entendían que la preferencia +de un oficial de infantería tan bizarro constituía +un honor que irradiaba sobre toda la familia +y las colocaba en situación ventajosa frente a sus amigas +o conocidas. Pero al mismo tiempo consideraban +que, siendo Emilita la última en edad, no le correspondía +tener novio y mucho menos casarse sino después +de sus hermanas. Eran prematuros en ella los +noviazgos, no contando más que veinticuatro años de +edad. En cuanto a la idea de que pudiera contraer matrimonio +una criatura tan tierna y tan informal, la +misma sonrisa de sorpresa y desdén contraía los labios +de las tres hermanas mayores. Así que, por más +que se desbarataban en elogios del capitán delante de +las amigas, haciendo resaltar sus prendas físicas, +prestándole un corazón grande y heroico, certificando +de su riqueza como si se la administrasen y hablando +vagamente de ciertas influencias que le pondrían más +tarde o más temprano en la bocamanga los entorchados +de general, lo cierto es que no le perdonaban ni +le perdonaron jamás su delito cronológico.</p> + +<p>Por otra parte, don Cristóbal, padre de aquel ángel +travieso y juguetón, quedó repentinamente en posición +tan falsa que quiso volverse loco. Luchaba su +amor de padre ruda batalla con el odio a la milicia. +Avergonzábale el consentir que una hija suya diese +oídos a un militar después de haberlos llamado él tantas +veces haraganes, sanguijuelas, y haber clamado +tanto por la reducción del contingente. ¿Con qué cara +se presentaría a sus amigos de allí en adelante? Pasó +días bien terribles. El aborrecimiento al ejército y a +la marina se hallaba tan profundamente arraigado en +su corazón, que no podía extinguirse de pronto. Sin +embargo, le era forzoso confesar que la conducta nobilísima +del capitán Núñez lo había mermado poderosamente. +El anhelo de casar a sus hijas gozaba tanta +vida en el fondo de su ser como el desprecio de la +fuerza armada. ¡Cuánto le pesaba de haber vociferado +tanto contra ésta! En su tribulación llegaba a deplorar +que Núñez perteneciese al arma de infantería. Si +fuese siquiera marino, disminuiría la gravedad del +conflicto. Recordaba que en sus diatribas contra el +ejercito hacia la salvedad de que era necesario conservar +algunos barcos para proteger las colonias. Lo +mismo podía decirse si perteneciese a la Guardia civil. +En cuanto a las demás fuerzas de tierra, no cabía disculpa +ni había medio de salir del aprieto.</p> + +<p>En tan terribles circunstancias optó por encerrarse +en casa. Cuando alguna vez salía, andaba +receloso y huido. Los amores de su hija se fueron +haciendo más formales y cada vez más públicos. +Temía las bromas. El miedo le hizo claudicar, +adoptando un proceder doble y falso, indigno por +completo de su carácter y antecedentes. Es decir +que, mientras públicamente seguía afectando +desprecio hacia las fuerzas de tierra, cuando +hablaba con el novio de su hija o entre militares, +lo hacía con agasajo, les preguntaba con +interés por su carrera, lo mismo que si prestasen +servicios en cualquier oficina civil del Estado. +Nadie sospecharía al oírle enterarse tan +minuciosamente del escalafón, de las reservas y +reemplazos, etc., que aquel hombre les tenía jurado +odio eterno. Pero el Jubilado llegó con el +tiempo a una distinción que nunca se había atrevido +a proponer. Como militares no transigía +con ellos, los consideraba una verdadera plaga +social... Ahora, «como hombres,» bien podían ser +dignos de estimación, según sus cualidades.</p> + +<p>Los amores de Emilita habían nacido y crecido +como otros muchos en casa de las de Meré. +Eran éstas dos señoritas que pasaban de los +ochenta y no llegaban a los cien años. De todos +modos, a la entrada del siglo XIX eran ya maduras. +No tenían en Lancia familia alguna. Ninguno +de los vivos recordaba a su padre, que había +muerto cuando todavía eran mocitas. Estuvo +empleado en el ramo de Hacienda. Es de suponer, +dada su remota antigüedad, que sería percibidor +de alcabalas o de otros pechos ya extinguidos. +Del siglo XVIII, al cual pertenecían, tenían +aquellas interesantes señoritas en primer +lugar el traje. Jamás pudieron entrar por las modas +del presente. Una saya de cúbica negra muy +escurrida con plomos por debajo para que se escurriera +todavía más, talle muy alto, manga +apretada con bullones, zapatito de tabinete descotado +y un tocado inverosímil de puro extravagante: +así se presentaban en todas partes. La +mantilla que usaban no era de velo, sino de +sarga con franja de terciopelo, como las usan +ahora solamente las artesanas. Llevaban bastón +para apoyarse. Conservaban además la cortesía +exquisita, la ligereza de carácter, la pasión por +la sociedad y una alegría inagotable, maravillosa +a sus años. Lo que no habían traído consigo +al siglo presente era la libertad de costumbres +y la malicia que, al decir de los historiadores, +caracterizaba la sociedad del pasado. +Imposible imaginar unas criaturas más sencillas. +Como si no hubiesen atravesado por la +vida, todo les sorprendía, en todo creían menos +en el mal. Así que, con frecuencia, eran víctimas +de las bromas de sus amigos y tertulianos, sin +que por eso dejase ninguno de profesarles entrañable +afecto. Desde tiempo inmemorial tenían +costumbre de recibir en su casa por la noche a +la juventud de Lancia, particularmente a los muchachos +que se placían en asistir por la grandísima +libertad que allí disfrutaban. Por acuerdo +tácito todos ellos las tuteaban. Y era en verdad +peregrino el oír a los chicuelos de diez y ocho +años hablar con tal familiaridad a unas viejecitas +que pudieran ser sus bisabuelas. Carmelita +para aquí, Nuncita para allá, porque la más anciana +se llamaba D.ª Carmen y la más joven +D.ª Anunciación.</p> + +<p>Tres o cuatro generaciones habían pasado +por aquella salita de la calle del Carpio, modesta +y aseada, con el pavimento de madera encerada, +sillas de paja, sofá de damasco encarnado, +cómoda de caoba atestada de chirimbolos, espejo +con marco de carey y diversos cuadritos al +pastel representando la historia de Romeo y Julieta. +La tertulia de las de Meré era la más antigua +de Lancia. Contra lo que acaece generalmente, +estas mujeres que no pudieron hallar marido +tenían la manía de casar a todo el mundo. +El número de matrimonios que salieron acordados +de aquella salita es incalculable. En cuanto +advertían que un muchacho se acercaba a cualquier +muchacha más que a las otras, ya estaban +nuestras señoritas preparando los hilos para +unirlos con lazo indisoluble; ya no consentían +que nadie se sentase en la silla que estaba al +lado de Fulanita para que cuando Menganito viniese +la hallase aparejada y no tuviese más que +sentarse. Y vengan a Fulanita elogios desmesurados +de Menganito, y vayan a Menganito relaciones +minuciosas de los primores que Fulanita +ejecuta con la aguja y lo económica y hacendosa +que es y lo piadosa y lo limpia. Y escápense +más adelante a casa de la mamá de Fulanita para +celebrar conferencias largas, íntimas, trascendentales, +y procuren enseguida tropezarse con el +papá de Menganito y desplieguen todas sus dotes +diplomáticas para explorarle el corazón. Y por +premio de estos sudores recibían, al cabo, un +cartuchito de dulces el día de la boda.</p> + +<p>Pero todas las madres de niñas casaderas las +adoraban, no se hartaban de bendecirlas y adularlas. +Saludábanlas de media legua, y al salir +de la iglesia se apresuraban a ofrecerles el brazo +para que se apoyaran. En cambio, las que tenían +algún hijo varón en edad de casarse solían +mirarlas con recelo y antipatía, las llamaban por +lo bajo chochas y entremetidas. No hay necesidad +de indicar, por lo tanto, que su pasión casamentera +les costó no pocos disgustos. Cuando +algún lechuguino sentía brotar en su pecho la +llama del amor, lo primero que hacía era mostrársela +a las de Meré.</p> + +<p>—Carmelita, estoy enamorado.</p> + +<p>—¿De quién, corazón, de quién?—preguntaba +la anciana con vivo interés.</p> + +<p>—De Rosario Calvo.</p> + +<p>—¡Ajá! Buen gusto ha tenido el picarón. No +hay chica más guapa ni mejor educada. Habéis +nacido el uno para el otro.</p> + +<p>Y por un rato el zagalillo tenía el placer de +escuchar el panegírico de su adorada.</p> + +<p>—Espero que me protegerás.</p> + +<p>—Todo lo que tú quieras, mi alma.</p> + +<p>Al cabo de pocos días, Rosario Calvo, que no +había puesto los pies en su vida en casa de las +de Meré, aparecía por allí y era tertuliana asidua. +¿Cómo se habían arreglado aquéllas para +atraérsela? No es fácil averiguarlo, pero tantas +veces habían llevado a término ya empresas +análogas, que de seguro poseían una receta simple +y segura.</p> + +<p>Encariñábanse con sus amigos como si fuesen +próximos deudos todos. Contábanse de ellas +rasgos de abnegación que las honraba extremadamente. +Durante la furiosa reacción del +año 1823, uno de sus tertulios, teniente de caballería, +se refugió, después de cierta intentona +abortada, en su casa. Las señoritas le recibieron +y le ocultaron algunos días, y al cabo +lograron que se evadiese disfrazado con el traje +de un criado. Pero teniendo noticia de que iba +la policía a registrarles la casa, pensaron con terror +en el uniforme del teniente. ¿Dónde guardarlo +que no diesen con él? Carmelita, en aquellos +instantes críticos, tuvo un rasgo de ingenio +y bravura. Se vistió el uniforme debajo de sus +ropas de mujer. Por cierto que este teniente se +portó con ellas con bastante ingratitud. No tuvo +en su vida diez minutos para escribirles una +carta dándoles las gracias.</p> + +<p>No fue la única que hubieron de sufrir por parte +de sus tertulios. Acostumbraban éstos aprovecharse +de su amabilidad cuanto podían; recreábanse +en su casa, gozaban de la compañía y +conversación de las jóvenes más bellas de Lancia, +concertaban algunos su matrimonio, y luego +que lo realizaban, o porque sus negocios o su +edad les impedían asistir a la tertulia, si te vi, +no me acuerdo; apenas las saludaban en la calle. +Lo mismo puede decirse de las mamas, tan rendidas +y aduladoras antes de casar a sus hijas, y +tan despegadas así que lo conseguían. Pero tales +flaquezas no alteraban el buen humor de +aquellas benditas ni destruían su optimismo. +Como se estaban renovando sin cesar los asistentes +a su casa, olvidaban la ingratitud de los +antiguos para pensar tan sólo en el aprecio que +les tributaban los nuevos. Además, en sus corazones +no cabía rencor, ni siquiera hostilidad; las +bromas no las ofendían. ¡Y cuidado que algunas +eran bien pesadas! La que les dio Paco Gómez +en cierta ocasión hizo raya: aún se cuenta con +regocijo en Lancia.</p> + +<p>No todas las noches de invierno iban damas a +la tertulia. Generalmente asistían los sábados y +los miércoles. Pero había un grupo de muchachos +que casi nunca dejaban de hacerles un rato +de compañía a primera hora, aunque después se +marchasen a otras casas. Uno de ellos era Paco +Gómez. En estas noches de soledad se formaba +generalmente un partido de <i>brisca</i>. Paco iba de +compañero con Nuncita y el capitán Núñez, o +Jaime Moro, o cualquier otro muchacho con +Carmelita. Paco una noche se dolió de que las +señas que se hacían durante el juego fuesen tan +vulgares y conocidas: era imposible hacerlas +pasar inadvertidas para los contrarios. Entonces, +de acuerdo con el otro, propuso cambiarlas. +Él enseñaría unas a Nuncita, y el contrario otras +a Carmelita. Las nuevas señas fueron todas ademanes +obscenos, de esos que no se ven más que +en las tabernas y lupanares. Aquellas inocentes +mujeres las aceptaron sin saber lo que hacían +y se sirvieron de ellas con la mayor desenvoltura. +Así que pasaron algunos días, y estaban +perfectamente avezadas a usarlas, Paco invitó +una noche a muchos de los tertulios a presenciar +el juego. Resultó una escena de cómico +subido. Cada vez que cualquiera de las dos señoritas +hacía una seña, había una explosión de +alegría. Pues bien, apesar de lo brutal y desvergonzado +de la broma, las bondadosas señoritas, +en vez de ponerle de patas en la calle y cerrarle +la puerta para siempre, se contentaron al +saberlo con hacerse cruces de sorpresa y reírse +como los demás.</p> + +<p>—¡Santo Cristo bendito de Rodillero, quién lo +diría! ¡Tantos pecados como hemos cometido sin +saberlo!</p> + +<p>—Pues yo no los confieso—exclamó Nuncita +con resolución.</p> + +<p>—Los confesarás, Niña—expresó gravemente +la primera.</p> + +<p>—Que no.</p> + +<p>—¡Niña!</p> + +<p>—Que no quiero.</p> + +<p>—¡Silencio, Niña! Los confesarás y tres más. +Mañana mismo te llevaré a Fray Diego.</p> + +<p>Nuncita protestó todavía sordamente, como +una chica mimosa, hasta que las miradas severas +de su Hermana mayor la hicieron callar. Pero +todavía estuvo buen rato enfurruñada. A veces, +sin saber por qué, se mostraba díscola y rebelde +en sumo grado. Necesitaba Carmelita hacer +gala de toda su autoridad para someterla. +Mas, ordinariamente no sucedía así. Aunque no +le llevase más de tres o cuatro años, Nuncita, +por la costumbre adquirida, por debilidad de carácter, +o por ventura porque no le disgustaba +aparecer más joven en presencia de la gente, +reconocía la jefatura de su hermana y la obedecía +con una sumisión que envidiarían las madres +para sus hijas. Pocas veces tenía necesidad de +reprenderla, pero cuando lo hacía, Nuncita bajaba +la cabeza y al poco rato se la veía llevarse +el pañuelo a los ojos y salir de la sala, mientras +Carmelita seguía sus movimientos con mirada +fija, sacudiendo al mismo tiempo la cabeza severamente. +Poco faltaba para que la castigase +dejándola sin postre o mandándola a la cama. +Por tales razones y porque Carmelita así la llamase +con frecuencia, D.ª Nuncia, que pasaba +algo de los ochenta, era conocida en Lancia por +el sobrenombre de «la Niña.»</p> + +<p>En los amores de Emilita Mateo se portaron +ambas hermanas heroicamente. El capitán Núñez +fue bloqueado en toda regla. Por espacio de +un mes lo menos, y hasta que le vieron bien +encarrilado, ni una silla le dejaron libre más +que la que estaba próxima a la más joven de las +chicas de D. Cristóbal. En el juego de la lotería, +al cual se entregaba con pasión desordenada +aquella sociedad, Nuncita se encargaba, sin que +nadie se lo pidiese, de buscarles cartones que +fuesen combinados. Cuando se referían al oficial +de Pontevedra y a Emilita hablaban como de +una sola persona. Tan unidos y compactos los +apreciaban ya.</p> + +<p>Servicios a tal extremo importantes los pagaba +el Jubilado con una gratitud que le rebosaba +del alma y le salía por los ojos. De buena +gana se prosternaría ante ellas y les besaría la +orla del vestido de cúbica. Pero su dignidad y +aquella larga serie de diatribas contra el ejército +que llevaba colgadas a los pies como grilletes, +le impedían estas y otras manifestaciones. +Ni siquiera tenía el consuelo de poder mostrarse +alegre cuando aquel pundonoroso militar acompañaba +a su niña en el paseo. Pero ya se sabe +que las señoritas se preocupaban muy poco de la +gratitud de sus tertulios. Los casaban por vocación +irresistible de su espíritu, por una necesidad +de su organismo, como teje la araña la tela +y cantan los pájaros en el bosque. Una vez enlazados +por el vínculo matrimonial, los tertulios, +lo mismo hombres que mujeres, perdían +todo su atractivo para las señoritas de Meré. +Su atención se concentraba inmediatamente en +los nuevos pollastres que venían piando a cobijarse +bajo sus alas protectoras.</p> + +<p>Quien les causó una serie de decepciones y +amarguras, que a poco dan con ellas en el sepulcro, +fue el conde de Onís. En su vida habían +tropezado con un hombre más incomprensible. +¡Lo que las pobres sudaron para meterle en vereda, +en la florida vereda de Himeneo! Pero aquel +diablo se les resbalaba por entre los dedos como +una anguila. Mostrábase durante algunas noches +tierno y amartelado con Fernanda; no se apartaba +de ella el canto de un duro. Las miradas +de las dos hermanas se posaban sobre ellos con +visible enternecimiento; procuraban con ahínco +que nadie fuese a interrumpirles; poco les faltaba +para mandar a los demás que bajasen la voz +a fin de que no les molestase el ruido. Pues bien, +repentinamente, cuando menos podía pensarse, +el conde cometía el absurdo de alzarse distraídamente +de la silla, bostezar y marcharse a +hacer solitarios a un rincón de la mesa. Por su +parte Fernanda caía en idénticas flaquezas, poniéndose +a charlar animadamente con el chico +del regente de la audiencia sin dirigir una mirada +a su novio. Carmelita y Nuncita quedaban +aterradas cuando esto sucedía, se iban a la cama, +presa de la mayor consternación.</p> + +<p>Después del rompimiento definitivo, y cuando +al cabo se convencieron de que la ventura de +realizar tan sublime matrimonio no estaba reservada +para ellas, humillaron un poco su ambición +y prestaron auxilio a Granate, que hacía mucho +tiempo lo demandaba con instancia. También por +este lado la suerte impía les hirió cruelmente. +Fernanda rechazaba con irritación cualquier palabra +suasoria que le dirigiesen en favor del indiano. +Si observaba que las señoritas tenían dispuestas +las sillas de modo que resultase aquél +sentándose a su lado, en un instante destruía su +combinación yéndose con ademán displicente al +extremo opuesto. Al formarse las partidas de +<i>brisca</i> o de <i>tute</i> no consentía que se lo diesen por +compañero so pena de renunciar al juego. En fin, +que estaba tan alerta y sobre sí que era imposible +atacarla por ningún lado. No obstante, las +de Meré persistían en su proyecto y trabajaban +por llevarlo a cabo con paciencia; que es la garantía +más segura para dar cima a las grandes +empresas.</p> + +<p>Algunos días después de la guasa de Paco Gómez +se hallaban en la famosa tertulia, a más de +tres o cuatro pollastres, el mismo Paco, Manuel +Antonio, D. Santos, el capitán Núñez, D. Cristóbal, +Fernanda, María Josefa Hevia y dos de las +chicas de Mateo. No se pensaba todavía en jugar. +Todos estaban sentados menos Paco, que daba +vueltas por la sala contándoles la broma que había +dado la otra noche en el teatro a Manín, el +mayordomo de Quiñones. Desde que éste había +quedado paralítico, su famoso acompañante andaba +sin sombra por la ciudad. Mas, por la gran +confianza que su amo le otorgaba, los tertulios +de D. Pedro le guardaban consideraciones, y +apesar de la rusticidad de su trato y del traje +campestre que llevaba, cuando le tropezaban en +la calle le abrazaban familiarmente, le convidaban +a entrar en el café y a veces le llevaban al +teatro. Manín para aquí, para allá: el grosero aldeano +se había hecho famoso no sólo en Lancia, +sino en toda la provincia. Aquel calzón corto, +aquella media blanca de lana con ligas de color, +chaqueta de bayeta verde y sombrero calañés, +le daban un aspecto original en la ciudad, donde +por milagro se veía ya un hombre con este +arreo. Era una de las cosas que más sorprendían +a los forasteros, sobre todo viéndole alternar en +cierto pie de igualdad con los señores de la población. +No sólo por respeto al maestrante, sino +porque les hacía mucha gracia las salidas brutales +de Manín, éstos se perecían por llevarle en +su compañía. Además, Manín era un célebre cazador +de osos, con los cuales se decía que había +luchado algunas veces cuerpo a cuerpo. Los aficionados +a tal clase de ejercicio le profesaban +por esto respeto y simpatía. Sin embargo, los +enemigos que el mayordomo tenía allá en su aldea +aseguraban, riendo sarcásticamente, que lo +de los osos era una farsa, que en su vida los había +visto, cuanto más luchar con ellos. Añadían +que Manín había sido siempre un zampatortas +hasta que D. Pedro había tenido el capricho de +sacarle de la oscuridad. La imparcialidad nos +obliga a estampar esta opinión, que desde luego +suponemos infundada. Hay que confesar, no obstante, +que la conducta de Manín, ofreciendo repetidas +veces a sus amigos llevarles a cazar el +oso, sin que jamás cumpliera la promesa, la prestaba +cierta verosimilitud. Pero el profesar respeto +a la salud e integridad de los osos de su país +¿es acaso motivo suficiente para arrojar a un +hombre a la cara el calificativo de zampatortas? +Nadie osará afirmarlo. Más lógico es suponer +que el célebre Manín era, como todos los hombres +que logran sobreponerse a la multitud, víctima +de las asechanzas de la envidia.</p> + +<p>Refería Paco, con el desenfado procaz que le +caracterizaba y del que no prescindía ni aun hallándose +entre damas, cómo había llevado a +Manín al palco proscenio que con otros amigos +tenía abonado en el teatro. El mayordomo no +había visto jamás bailarinas. Al presentarse éstas +en escena le hizo creer que traían las piernas +desnudas. Manín quedó escandalizado, fijando +en ellas sus ojos, donde se pintaba el asombro y +la indignación. «Pues aún no has visto lo mejor; +¡aguarda, aguarda un poco!» Al comenzar +la orquesta a tocar, las bailarinas hacen chasquear +los palillos, y dando una vuelta levantan +todas la pierna a la altura de la cabeza. «¡Sollo!» +exclama el pobre tapándose la cara con las +manos. ¡Dios sabe lo que pensó que iba a ver!</p> + +<p>Paco narraba el lance con naturalidad, paseando +de un cabo de la sala, la cabeza baja y +las manos metidas en los bolsillos del pantalón. +Las jóvenes tertulianas se creyeron en el caso +de ruborizarse. Todos reían menos Granate, que +aún tenía en el corazón la broma del día pasado. +Desde su rincón, donde estaba como un oso aletargado, +dirigíale miradas torvas, agresivas. ¿Qué +había pasado en casa de Estrada-Rosa cuando el +indiano fue a ella en demanda de la mano de la +señorita? Ni a D. Juan ni a su hija se les pudo +sacar una palabra; pero cierta doncellita enteró +a todo el mundo de que D. Juan había rehusado +en términos desdeñosos, que Granate hizo ostentación +de sus millones y aun se autorizó el manifestar +que Fernanda no encontraría un matrimonio +más ventajoso. Entonces D. Juan se incomodó, +le llamo zángano y lo despidió con cajas +destempladas. Paco, cada vez que sorprendía +una de aquellas miradas furibundas, sonreía y +hacía guiños a Manuel Antonio.</p> + +<p>—Oye, Carmela—dijo parándose frente a un +cuadrito pintado al óleo,—¿dónde habéis comprado +este San Juan?</p> + +<p>—¡Jesús! señor—exclamó Carmelita,—no es +un San Juan, que es un Salvador, ¡míralo cómo +se ríe el pobrecito!</p> + +<p>—¡Ah! es un Salvador. ¿En qué se distinguen?</p> + +<p>Las señoritas de Meré, al escuchar tal pregunta, +quisieron volverse locas de alegría. Se les +caían las lágrimas de risa.</p> + +<p>—¡Ay, qué Paquito! ¡Ay, qué corazón!... ¡No +distingue un San Juan de un Salvador!</p> + +<p>Y ríe y que te ríe. Hacía muchos años que no +habían oído nada tan gracioso. Cuando hubieron +sosegado un poco y se limpiaron las lágrimas y +se sonaron estrepitosamente con un pañuelo de +hierbas, Paco, que gozaba viéndolas tan alegres, +les preguntó:</p> + +<p>—Pero vamos, ¿cuándo lo habéis comprado, el +Salvador, que yo no lo he visto hasta ahora?</p> + +<p>—Estaba en el cuarto de Nuncia, mi alma; +pero allí no estaba bien, porque tropezaba la +cama en él, y lo hemos traído.</p> + +<p>—Se lo regaló a Carmela, cuando vivía papá, +un pintor de Madrid que pasó aquí unos días—dijo +Nuncita.</p> + +<p>—¿Eras tú joven?—preguntó gravemente Paco +dirigiéndose a Carmelita.</p> + +<p>—Sí, muy jovencita.</p> + +<p>—¿El pintor tenía fama?</p> + +<p>—Mucha.</p> + +<p>—Entonces ya sé quién era, Murillo.</p> + +<p>—No; me parece que no se llamaba así.</p> + +<p>—Entonces sería Velázquez.</p> + +<p>—Ese nombre ya me suena más. Era hombre +mozo, muy cortés y muy galán, ¿verdad, Nuncia?... +A tí me parece que te hizo algunas carantoñas...</p> + +<p>Nuncita bajó los ojos ruborizada.</p> + +<p>—¿Quién se acuerda de eso ya?</p> + +<p>—Era muy enamoradizo—prosiguió Carmelita;—pero +al mismo tiempo bien criado y bien +entendido...</p> + +<p>—¿Enamoradizo dijiste? Justo, no puede ser +otro que Velázquez.</p> + +<p>—No se llamaba Velázquez; se llamaba González—apuntó +tímidamente Nuncita.</p> + +<p>Y después de decirlo volvió a ruborizarse.</p> + +<p>—¡Eso es, González!—exclamó su hermana +haciendo memoria.</p> + +<p>—Bueno, es igual, sería un contemporáneo suyo, +de la buena raza de pintores del siglo XVII—manifestó +Paco sin turbarse por las carcajadas +de los tertulios, que se espantaban de la inocencia +de aquellas pobres mujeres.</p> + +<p>—¿Conque te ha hecho la corte a ti, Niña?—prosiguió +cogiendo con dos dedos cariñosamente +la barba de Nuncita.—Me parece que tú debiste +de haber sido muy torerita, ¿verdad, Carmela?</p> + +<p>—Fue un poco tentada de la risa.</p> + +<p>—¡Carmela, por Dios, que estos señores van +a creer que he sido una coqueta!—exclamó con +angustia la Niña.</p> + +<p>—No creerían más que la verdad, chica—dijo +Paco.—¿Ya no te acuerdas que has dado oídos +a un procurador eclesiástico llamado don +Máximo, y después que éste se iba de tu casa +hablabas con el teniente Paniagua por el balcón?</p> + +<p>Nuncita sonrió con enternecimiento al recuerdo +de aquellos tiempos, y repuso bajando los ojos +con graciosa timidez:</p> + +<p>—D. Máximo venía a casa todos los días, +pero nunca me requirió de amores.</p> + +<p>—¡Qué amores ni qué calabazas!—exclamó +Paco.—Di tú que quien te gustaba de verdad +era el teniente, y concluirás más pronto.</p> + +<p>—¿Conque ha estado usted enamorada de un +militar?—preguntó con graciosa volubilidad +Emilita, dirigiendo al mismo tiempo una mirada +provocativa a Núñez.—Pues ha tenido usted +bien mal gusto.</p> + +<p>El Jubilado se puso repentinamente serio y se +le erizaron los bigotes de terror ante aquella salida +de su hija; pero se tranquilizó inmediatamente +al observar que el capitán, en vez de darse +por ofendido, la pagaba con una sonrisa amorosa +y lo echaba a broma como todos los demás.</p> + +<p>—No es ella sola la que ha tenido ese mal +gusto—expresó con marcada intención Carmelita, +muy alegre de haber encontrado aquel rasgo +de ingenio.</p> + +<p>—Y ¿quién era ese teniente?... Algún trasto... +¡cómo si lo viera!...—tornó a preguntar Emilita +con la misma adorable ligereza.</p> + +<p>—¡Alto, alto, Emilia!—manifestó Paco.—Paniagua +era teniente de los tercios de Flandes y +muy bizarro.</p> + +<p>—No, corazón, no—se apresuró a rectificar +Nuncita,—que era de la guardia real.</p> + +<p>—¿No era arcabucero?</p> + +<p>—No, mi alma; de la guardia real te digo.</p> + +<p>D. Cristóbal disimulaba la risa con un flujo de +tos. Manuel Antonio y los pollastres reían descaradamente.</p> + +<p>—Paniagua era hombre muy notable—prosiguió +Paco.—Poseía esa decisión que tan bien +sienta a los militares. El mismo día que llegó +vio a Nuncia por la mañana al balcón. Por la +tarde le entregó en el pórtico de San Rafael, al +salir de la novena, un billete de declaración, que +empezaba: «Señorita: Entre confuso y medroso, +y dudando si en gracia de lo rendido me perdonará +usted lo osado, confieso que mi único delito +consiste en amar a usted...»</p> + +<p>—¡Qué picarón! ¡cómo lo recuerda!—exclamó +Nuncita, enternecida de verdad.</p> + +<p>Lo cierto era que Paco, a quien la Niña, después +de muy rogada, había mostrado las cartas +que conservaba de Paniagua, se había aprendido +de memoria aquel originalísimo documento y lo +recitaba en todas partes para regocijo de sus +amigos.</p> + +<p>—Eso se llama un hombre resuelto. Así se +manifiesta el carácter de la persona. ¡Qué diferencia +de los militares de hoy, que antes de declararse +a una muchacha la pasean un año la +calle y luego tardan otro en decir: «Niña, ¿cuándo +nos vamos a la vicaría?»</p> + +<p>Pronunció estas palabras mirando al rincón +donde estaban Emilita y el capitán. Éste recogió +la alusión y se puso serio. La chica se hizo la +distraída, pero agradeciendo mucho a Paco en el +fondo de su corazón el capote, mientras el Jubilado +se atusaba el bigote con mano temblorosa, +temiendo que Núñez se enfadara, pero alegre al +mismo tiempo por la esperanza de que estos capotazos +oportunos le sacaran de su atonía.</p> + +<p>Cansados de platicar, los pollastres propusieron +jugar un ratito a las prendas. Es un juego +donde los hombres de criterio siempre pescan +algo. Fernanda consintió en que Granate se sentase +a su lado. Los guiños de Paco, que había +sorprendido, le habían hecho mal efecto. Era +una criatura muy orgullosa, pero en la cual se +hallaba arraigado el sentimiento de justicia. No +podía sufrir que se burlasen en su presencia de +nadie, aunque fuese del ser más ínfimo y despreciable. +Podía decirse que el sentimiento de +la dignidad, que era en ella tan delicado y vidrioso, +la hacía sentir las heridas causadas en la +de los otros con más viveza. Aunque aborrecía a +Granate, la molestaba que se le mortificase en su +presencia, sobre todo si era por su causa; sin perjuicio, +por supuesto, de que ella le diese a cada +momento descomunales desaires; pero entendía, +y no le faltaba razón, que los desdenes de la +mujer que se ama, si causan dolor, no resqueman +como las burlas. El indiano, que se vio tan +honrado, no cabía en sí de gozo, y comenzó con +voluntad excesiva y la ordinariez que le caracterizaba +a prodigarle mil atenciones. Fernanda +las recibió con semblante grave, pero sin repugnancia.</p> + +<p>Y vino, como es natural, aquello de las «tres +veces sí y tres veces no,» el «contentar a todos los +presentes,» «un favor y un disfavor,» etc., etc. +La sociedad se recreaba con lo que se habían recreado +sus padres y sus abuelos, y con lo que +pensaban que se recrearían sus hijos. ¡Inocentes! +Había allí un espíritu, sin embargo, que no +merecía este calificativo. Paco Gómez jugaba +con una condescendencia displicente, como hombre +que se adelantaba mucho a su época, cometiendo +mil torpezas y desaciertos que demostraban +la distracción que caracteriza a los seres superiores. +En cambio, Núñez tenía puestos los +cinco sentidos. No se vio jamás hombre más +erudito en aquellas materias ni que las tratase +con más profundidad. Su inteligencia lúcida había +penetrado en todos los secretos del juego de +prendas y sabía sacar de cada uno el partido +posible, extraer todo su jugo, según pedían las +circunstancias. Por ejemplo, cuando una señorita +debía contentarle, quedaba sordo instantáneamente. +La joven se veía obligada a inclinarse +más y más, hasta que sus labios de carmín +rozaban la oreja del capitán. Si quedaba condenada +a hacer el papel de esquina de la Puerta +del Sol y, por consiguiente, a sufrir que le pegasen +carteles en la cara, que se recostasen contra +ella, etc., etc., el profundo Núñez no soltaba +la presa en tanto que no pasease las manos por +todas las regiones de su cuerpo. Pero cuando dio +más claras muestras de su talento portentoso y +de los vastos conocimientos que había logrado +adquirir en aquel ramo del saber, fue al proponer +que la señorita a quien acertase lo que +tenía en el bolsillo quedase obligada a darle un +beso. Tal seguridad tenían todas de que nada +conseguiría, que no vacilaron en aceptar la proposición. +Erró, efectivamente, al vaciar con el +pensamiento el bolsillo de Carmelita, erró con +Fernanda, con María Josefa, con Micaela, y +¡miren qué diablo! fue a acertar precisamente +con Emilita. Unas tijeras, un pañuelo, un dedal +y tres caramelos. La niña se puso a gritar batiendo +las palmas, toda nerviosa: ¡Trampa, +trampa! El capitán, sereno, apacible, grandioso +como un héroe de la antigüedad, rechazó aquella +imputación y demostró hasta la saciedad que +allí no cabía trampa alguna.</p> + +<p>—...A no ser—añadió sonriendo mefistofélicamente—que +estuviera usted convenida conmigo +para dejarme ver de antemano lo que tenía +en el bolsillo.</p> + +<p>La niña protestó aún más ruidosamente contra +esta hipótesis indecorosa, se puso agitada +hasta un grado incomprensible y, levantándose +con viveza, corrió al extremo opuesto de la sala, +lo más lejos posible del capitán, como si éste +fuese a tomar por la fuerza lo que de derecho le +correspondía. Hubo quien se puso de parte de ella +(las mujeres) y quien tomó partido por él (casi +todos los hombres). Armose en la sala un zipizape +de mil demonios. Todos hablaban, reían, +chillaban sin acabar de entenderse. Pero la que +más gritaba y gesticulaba era, como es fácil de +comprender, la interesada. Sin embargo, don +Cristóbal, viendo que aquello llevaba trazas de +no concluir, y queriendo dejar a salvo la formalidad +de su progenie, intervino en la disputa +como un dios majestuoso que extiende la diestra +para calmar las olas del mar embravecido.</p> + +<p>—Emilita—pronunció con firmeza,—juego es +juego. Dale un beso a ese caballero.</p> + +<p>Adviértase que no dijo «al capitán,» ni siquiera +«a ese señor oficial.» Todavía sus labios +civiles repugnaban dejar paso a una palabra de +orden exclusivamente militar.</p> + +<p>—¡Pero papá!—exclamó la hija menor, roja +ya como una amapola.</p> + +<p>—¡Vamos!...—profirió con la diestra extendida +y en la actitud más imperativa que pudo adoptar +jamás un dios jubilado.</p> + +<p>No hubo más remedio. Emilita, confusa y avergonzada, +con las mejillas convertidas en dos +brasas, se acercó vacilante al heroico capitán de +Pontevedra, fértil en toda clase de astucias, y +le rozó con el carmín de los labios la tierra amarillenta +de sus mejillas.</p> + +<p>Mas hete aquí que, apenas lo hubo efectuado, +saltó hecha un basilisco Micaela, la más irascible +de las cuatro nereidas que nadaban en las +profundidades de la morada del Jubilado:</p> + +<p>—¡Qué desvergüenza!... Esos no son juegos +decentes, sino suciedades... No me extraña de +Núñez, porque los hombres ¿a qué están? Me extraña +de tí, Emilita... Me parece que un poco +más de pudor y vergüenza no te vendrían mal... +Pero ¡cómo la has de tener si los que tienen +obligación de ponértela son los primeros en empujarte +a lo malo!...</p> + +<p>Aquella sangrienta diatriba contra el autor de +sus días dejó a éste pálido y clavado al suelo. +Hubo un instante de silencio embarazoso. Una +nota tan destemplada les sorprendió. Sin embargo, +todos se apresuraron a defender a Emilita +y a protestar de la pureza y la perfecta inocencia +de tales juegos. El argumento que más se +repetía, y el que a todos les parecía incontrastable, +era que, no habiendo malicia, aquello no valía +nada, porque lo importante en estos asuntos +es la intención. El beso ¿ha sido dado con intención?—decía +uno de los pollastres más dialécticos.—¿No? +Pues entonces como si no se hubiera +dado. Núñez asentía gravemente, un poco amoscado +y mirando de reojo a su futura cuñada. +Pero ésta no se rendía a demostraciones tan evidentes +y se obstinaba en pedir, cada vez con +mayor violencia y más altas voces, un poco de +vergüenza para su hermana menor y unas migajitas +de sentido para su señor padre. Mas como +al cabo nadie se presentaba con estas cosas en la +mano a satisfacer sus votos, no tuvo otro remedio +que ir bajando el diapasón, hasta que al fin +sus coléricas protestas se fueron trasformando +poco a poco en murmullo sordo y amenazador +como el de los truenos lejanos. Y la tertulia +recobró su dulce sosiego habitual.</p> + +<p>Pero quedó suspendido por aquella noche el +juego de prendas. Nuncita, de quien casi siempre +partían las grandes ideas, propuso que se jugase +a <i>la boba</i>. No se sabe por qué, pero es lo +cierto que este juego poseía particulares atractivos +para la menor de las señoritas de Meré. Es +indecible lo que se placía la ex-novia del teniente +Paniagua cuando lograba encajar <i>la boba</i> a alguna +de sus tertulianas, la ansiedad y desasosiego +que se apoderaba de ella cuando la tenía en su +poder y no lograba soltarla. Paco Gómez tomó +la baraja y sacó las tres sotas; pero sabiendo la +debilidad de Nuncita y queriendo, según su +temperamento, mortificarla un poco, hizo una +señal a la que quedaba, y luego la fue manifestando +al oído a algunos de los tertulios. Resultado +de esto fue que <i>la boba</i> iba casi siempre a +parar a manos de la Niña, y allí se atascaba, sin +que apesar de todos sus esfuerzos consiguiese +desprenderse de ella. Con esto, apesar de su apacible +natural, se fue impacientando poco a poco. +La tertulia reía y ella también, pero más con los +labios que con el corazón. Al fin, en un momento +de cólera echó a rodar las cartas y declaró que +no jugaba más. Carmelita, al ver aquel acto de +descortesía, intervino severamente, como siempre +que se desmandaba.</p> + +<p>—¿Qué arrebato es ése? ¿A qué conduce esa +tontería? ¿Qué dirán estos señores?... Dirán, con +motivo, que no tienes educación, y que en nuestra +familia no ha habido quien hubiera sabido enseñarte... +¡A ver si coges las cartas ahora mismo!</p> + +<p>—No quiero.</p> + +<p>—¿Qué, qué dices, necia? ¡Tú, tú, tú eres tonta!... +¿Se habrá visto una criatura más díscola?... +Co... co... coge las cartas enseguida...</p> + +<p>La cólera la hacía tartamudear, saliendo de su +boca desprovista de dientes unos ruidos extraños.</p> + +<p>—¡Hum!—gruñó Nuncita, torciendo el hocico +con mueca de mimo.</p> + +<p>—¡Niña, no me enfades!—gritó su hermana +mayor.</p> + +<p>—¡No quiero, no quiero!—repitió aquella criatura +indómita con decisión.</p> + +<p>Y al mismo tiempo se levantó de la silla y +arrastrando los pies se fue a refugiar en el gabinete.</p> + +<p>Mas su hermana la siguió inmediatamente en +la actitud más severa y autoritaria que puede +nadie imaginarse, dispuesta a corregir aquel +principio de rebelión, que con el tiempo podría +traer funestas consecuencias. Oyose rumor de +disputa, sobresaliendo la voz áspera, irritada, de +Carmelita; luego aquella voz se fue dulcificando, +haciéndose persuasiva, razonadora, reprendiendo +con suavidad. Llegó asimismo a los oídos de los +tertulios el eco de un sollozo. Por último, al +cabo de buen rato se presentó de nuevo Carmelita, +arrastrando los pies todavía más que su +hermana, con los ojos resplandecientes de autoridad +y el ademán majestuoso que conviene a +los que necesitan dictar leyes a los seres que la +Providencia les ha confiado. Detrás venía la Niña +avergonzada, sumisa, con las mejillas inflamadas +y los ojos llorosos. Sentose otra vez a la +mesa y, sin osar levantar los ojos a su hermana +mayor, que la miraba aún con cierta dureza, +tomó humildemente las cartas y se puso a jugar. +Pues bien, este ejemplo conmovedor de respeto +y de sumisión, en vez de impresionar gravemente +a los circunstantes, provocó en casi todos +una sonrisa de burla, y en algunos de ellos algunas +inoportunas carcajadas que a duras penas +lograron sofocar.</p> + +<p>Sin embargo, el juego no duró mucho tiempo. +Acercábase la hora de diseminarse aquella escogida +sociedad.</p> + +<p>—María Josefa, hoy he visto a tu ahijada en +el paseo—dijo Paco Gómez, mientras barajaba +distraídamente las cartas.—La he dado un beso. +Está cada día más guapa... ¿Cuánto tiempo +tiene ya?</p> + +<p>—Pues saca la cuenta. La hemos bautizado +en Febrero... Dos meses y medio.</p> + +<p>—¿Iba con su madre?—preguntó Manuel Antonio +sonriendo de un modo particular.</p> + +<p>—No. A su madre la he encontrado después +en Altavilla y he echado un párrafo con ella—respondió +gravemente y con afectada naturalidad.</p> + +<p>La mayor parte de los tertulios le miraban +sonrientes con expresión de malicia reservada +que sorprendió a Fernanda. Sólo las dos señoritas +de Meré y Granate permanecieron impasibles, +sin darse cuenta de lo que se hablaba.</p> + +<p>—Pero ¿a qué ahijada de usted se refiere, a la +niña recogida por los de Quiñones?—preguntó +en voz baja la heredera de Estrada-Rosa a María +Josefa.</p> + +<p>—Sí.</p> + +<p>—¿Entonces?... ¿Cómo hablan de su madre?</p> + +<p>—Porque esos dos tienen una lengua muy +mala. ¡Dios nos libre de ella!—repuso la solterona +sonriendo también con alegría maliciosa, +mirando al mismo tiempo a la joven con la benevolencia +condescendiente con que se mira a las +criaturas inocentes.</p> + +<p>—Pero ¿quién suponen que es su madre?</p> + +<p>—¿Quién ha de ser? Amalia... ¡Silencio!—dijo +apresuradamente, bajando más la voz.</p> + +<p>Quedó estupefacta. Para ella era la noticia +tan nueva, tan sorprendente, que por unos instantes +estuvo mirando con ojos pasmados a su +amiga como si no hubiese oído. En el estupor +que le causaba, no oyó las primeras palabras de +Paco. Sólo se hizo cargo al concluir de que estaba +loando con calor la belleza de la niña.</p> + +<p>—Tiene a quien parecerse—murmuró el marica +de Sierra con la misma intención maligna.—Ya ves... +su madre... ¡Y su padre!... Su padre se +cae de buen mozo.</p> + +<p>Fernanda, picada repentinamente por vivísima +curiosidad, una curiosidad insana que la +puso agitada y anhelante sin saber por qué, se +inclinó otra vez hacia María Josefa, y metiéndole +la boca por el oído, le preguntó con voz +alterada:</p> + +<p>—Pero ¿quién es su padre?</p> + +<p>La solterona se volvió hacia ella y le clavó +una mirada donde se traslucía junto con la sorpresa +la misma indulgencia compasiva.</p> + +<p>—Pero ¿de veras no sabes?...</p> + +<p>La joven hizo signo negativo. Y al mismo +tiempo se sintió embargada por terrible emoción. +Una corriente de aire frío atravesó su ser +interior repentinamente. Quedó pálida, pendiente +de los labios de María Josefa, como si de ellos +esperase la salud o la muerte. Aquélla advirtió +bien su turbación, y dijo después de mirarla un +instante fijamente:</p> + +<p>—No te lo digo... ¿Para qué?... Acaso sea todo +una calumnia.</p> + +<p>Fernanda se repuso instantáneamente.</p> + +<p>—Está bien—respondió haciendo un gesto de +displicencia.—Cálleselo. Después de todo, ¿a +mí qué me importa todo eso?</p> + +<p>Este gesto hirió a la solterona, que se apresuró +a decir con aguda sonrisa:</p> + +<p>—Pues precisamente porque a tí te importa +es por lo que temo decírtelo.</p> + +<p>—No entiendo...</p> + +<p>María Josefa se inclinó hacia ella y le dijo:</p> + +<p>—Porque dicen que el padre de la criatura es +Luis.</p> + +<p>Como ya antes había sentido la puñalada, +Fernanda quedó impasible y preguntó con indiferencia:</p> + +<p>—¿Qué Luis?</p> + +<p>—El conde, muchacha.</p> + +<p>—¿Y por qué me ha de importar a mí que sea +Luis el padre?</p> + +<p>María Josefa quedó un poco desconcertada.</p> + +<p>—Como ha sido tu novio...</p> + +<p>—¡Pero como ya no lo es!—replicó encogiéndose +de hombros desdeñosamente.</p> + +<p>Y se puso a hablar con Granate, que tenía del +otro lado. Aquella indiferencia era pura comedia +que su orgullo lograba representar. Una +tristeza inexplicable y penetrante cayó sobre su +alma y la invadió por completo, sin dejarle fuerzas +para pensar ni para hacer nada. Si Granate +no fuese un animal, hubiera comprendido enseguida +que la sonrisa con que acogía sus barbarismos +y barbaridades era una verdadera mueca +sin expresión alguna, y que los monosílabos y +respuestas incoherentes que dejaba escapar de +sus labios denunciaban bien claramente que no +le escuchaba a él, sino a Paco Gómez, Manuel +Antonio y los demás que seguían charlando de +la niña expósita.</p> + +<p>¡Con qué interés ardiente recogía todas las +palabras que se cambiaban entre aquellos maldicientes! +Y a medida que iban poniéndole en +claro el suceso y que iban acumulando pormenores, +entreverando frases burlonas y reticencias +de efecto cómico, su corazón se apretaba, +se apretaba poco a poco, como si todos ellos lo +fuesen oprimiendo entre sus manos, uno después +de otro, para hacerle daño. Pero su rostro permanecía +impasible. Ni la más leve contracción +acusaba el dolor que la mordía.</p> + +<p>La tertulia se deshizo a las doce, como siempre. +Fernanda sintió gran consuelo al respirar el +aire frío y húmedo de la noche. Tenía ansia de +quedarse a solas con su pensamiento y darse +cuenta cabal de lo que acababa de aprender.</p> + +<p>Había llovido mucho. Las calles, empedradas +de grueso guijarro, resplandecían a la luz de +los reverberos. Al salir de la casa unos tomaron +por la calle abajo; otros, entre ellos Fernanda, +hacia arriba en dirección a la plaza. Pocos pasos +habían dado cuando sintieron el estrepitoso +trotar de unos caballos que doblaban en aquel +instante la esquina y bajaban hacia ellos.</p> + +<p>—Ahí está el barón y su criado—dijo Manuel +Antonio.</p> + +<p>Era la hora, en efecto, en que el excéntrico barón +de los Oscos salía a dar su paseo habitual +por las calles de Lancia. Su famoso caballo las +desempedraba haciendo cabriolas, levantando +tal estrépito que, aun siendo el corcel de su +criado mucho más paciente, parecía que atravesaba +la ciudad un escuadrón. Al cruzarse +con los tertulios, Manuel Antonio, con el desparpajo +que le caracterizaba, gritó: «Buenas +noches barón.» Pero éste volvió hacia ellos el +rostro espantable, los miró fijamente con sus +ojos encarnizados y siguió adelante sin contestar. +El marica, corrido, dijo:</p> + +<p>—¡Va borracho, como siempre!</p> + +<p>Todos asintieron burlando. Pero en el fondo +sintieron todos, unos más y otros menos, el mismo +estremecimiento al ver aquella figura siniestra. +Fernanda, por mujer y por el estado +especial de su alma, se inmutó visiblemente: +después de pasar siguió todavía con ojos de +temor a los dos jinetes hasta que se perdieron +entre las sombras.</p> + +<p>Al meterse en la cama, con el corazón apretado, +quiso analizar la emoción que la dominaba; +quiso remontarse a la causa. Sintió vergüenza +de ella. Su orgullo le hizo exclamar con rabia y +en voz alta:</p> + +<p>—¿A mí que me importan esas picardías? ¿Qué +tengo que ver con él ni con ella?</p> + +<p>Pero acabado de proferir tales palabras sintió +las mejillas caldeadas por el llanto. La heredera +de Estrada-Rosa se volvió rápidamente y +hundió el rostro, cubierto de rubor, en las almohadas.</p> + + + +<hr /> +<h3><a name="VII" id="VII"></a>VII</h3> + +<p class="cab">El aumento del contingente.</p> + + +<p>Las terribles dificultades que debían de +surgir para el matrimonio de Emilita, +a causa de las opiniones antibélicas +de su padre, se orillaron con más facilidad +de lo que podía esperarse. La historia no hablará +(aunque mejor razón tendrá que para otros +muchos sucesos) de aquel día solemne en que +Núñez fue de uniforme a pedir a D. Cristóbal la +mano de su hija, de aquel abrazo memorable +con que éste le recibió, estrechándole calurosamente +contra su pecho civil, de aquella fusión +increíble de dos elementos heterogéneos creados +para repelerse, y que gracias al amor de un ángel +dulce y revoltoso se compenetraban y entendían. +Si por casualidad esta página privada fuese +objeto de atención para algún historiador, no +tendría más remedio que afirmar la grandísima +importancia de semejante concordia, que hasta +entonces se había juzgado inverosímil, y al mismo +tiempo presentar con imparcialidad el reverso, +descubriendo a las futuras generaciones +en qué modo el benemérito patricio D. Cristóbal +Mateo fue víctima de una injusticia social y +de la persecución de sus conciudadanos.</p> + +<p>Es de saber, que todo el mundo en Lancia se +creía autorizado para dar cantaleta a este respetable +y antiguo funcionario acerca del matrimonio +de su hija. Unas veces directa, otras indirectamente, +siempre que tocaban tal punto aludían +a las opiniones contrarias al desenvolvimiento +de las fuerzas de tierra sustentadas por +él hasta entonces. Al matrimonio dio en llamársele +«el aumento del contingente,» y algunos llevaron +su procacidad hasta darle tal nombre delante +de su futuro yerno. Fácil es de concebir +cuánta saliva habría tenido que tragar antes de +perder, como lo hizo, una molesta y mal entendida +vergüenza.</p> + +<p>Pero a despecho de todas las diatribas y murmuraciones +de los vecinos, que reflejaban, en el +sentir de Mateo, más que su naturaleza jocosa, +la envidia que ardía en la mayor parte de los corazones, +«el aumento del contingente» se abría +paso. El plazo fijado para realizarlo fue el mes +de Agosto. Cuando llegó el momento había adquirido +tal importancia que, como sucede generalmente +en los pueblos pequeños, apenas se hablaba +de otra cosa. Las relaciones del Jubilado +y sus cuatro hijas eran numerosísimas, y todas +ellas aspiraban a ser invitadas el día de la +boda. Por otra parte, la misma aspiración alimentaban +en su pecho algunos dignos y pundonorosos +oficiales del batallón de Pontevedra +amigos del futuro. No siendo posible reunir tanta +gente en el hogar poético del Jubilado, se pensó +en celebrar la boda en el campo. La casa más +a propósito era la de la Granja por su proximidad +a la población. D. Cristóbal se la pidió al +conde, con quien tenía extremada confianza, lo +mismo que sus hijas, y éste se apresuró a ponerla +a su disposición.</p> + +<p>En la iglesia de San Rafael se consumó de +madrugada aquella venturosa alianza, prenda +segura de paz entre el elemento civil y el militar. +Bendíjola fray Diego que, por ser el sacerdote +más bizarro y el más firme bebedor de anisado +de la capital, gozaba de gran prestigio entre +la oficialidad. Asistieron al acto más de veinte +damas y casi otros tantos caballeros. En +cuanto terminó se trasladaron todos a la Granja +para pasar allí el día. Por hallarse tan cerca de +la población no se necesitaban carruajes. Sin +embargo, fueron los del conde de Onís y de Quiñones +para trasportar a los novios y a algunas +personas de edad avanzada, como las dos señoritas +de Meré. Entre los invitados estaba casi +toda la tertulia del maestrante, bastantes de la +de las de Meré y un número crecido de oficiales.</p> + +<p>El conde había hecho asear, hasta donde era +posible, el vetusto caserón. Casi todos lo conocían +como su propia casa. Era el sitio obligado +de las giras campestres por hallarse tan cerca y +por el hermoso bosque que tenía. Los condes jamás +habían negado el permiso. En cuanto llegaron +y gustaron el chocolate, que les esperaba en +el vasto salón con pavimento de ladrillo de la +planta baja que servía de comedor, se diseminaron +sin ceremonia por la casa y por la finca dispuestos +a matar las horas del mejor modo posible +hasta que sonase la de comer. La novia, con +Amalia, que había sido su madrina, y otras dos +señoras se fue a sentar gravemente en una de las +habitaciones. Tenía los ojos brillantes, las mejillas +coloradas y procuraba inútilmente disfrazar +con un continente digno y serio la profunda emoción +que la embargaba. Las que la acompañaban, +casadas todas, la acariciaban sin cesar, pasando +la mano por sus cabellos, dándole palmaditas en +las mejillas, cogiéndole las manos y de vez en +cuando inclinándose para estampar un beso en su +frente con esa condescendencia, mitad cariñosa, +mitad irónica, con que las veteranas del matrimonio +contemplan a las bisoñas. No hay una de +aquéllas que al acercarse a una novia no sienta +vibrar en su pecho el eco de cierta música lejana +y divina; viene a sus labios el gusto de la miel +de la remota luna; pero llega ¡ay! con el dejo +amarguillo de algunos años de prosa matrimonial. +En toda mujer casada hay un poeta +desengañado de su musa. De aquí la sonrisa baironiana +que aparece en su rostro al observar la +dicha que arde en los ojos de una desposada.</p> + +<p>Emilita había cambiado de carácter en un +cuarto de hora. Todo lo juguetona y pizpireta +que se había mostrado hasta entonces, aparecía +ahora grave y espetada. Disertaba sabiamente +con las matronas, sus compañeras, acerca de la +instalación de la despensa, del servicio doméstico +que todas consideraban en espantosa decadencia, +del precio de la carne. Tan vieja se había +hecho en este cuarto de hora, que sorprendía +no ver ya alguna hebra de plata entre sus cabellos +de oro.</p> + +<p>En cambio a sus hermanas, por extraño contraste, +les habían quitado algunos años de encima +desde que la menor tomara la investidura. +Habían retrocedido hasta la infancia. Como criaturas +ávidas de aire y de luz para desarrollarse, +lanzáronse al bosque las tres, animando con sus +gritos e inocentes carcajadas el silencio y la paz +que allí reinaba. ¡Virgen del Amparo lo que saltaron, +lo que rieron, las diabluras que llevaron +a cabo en poco tiempo aquellas loquillas! Para +entregarse a los juegos inocentes, que exigía el +retroceso sensible que habían experimentado de +pronto, se quitan las mantillas y dejan suelto el +cabello, tiran los guantes, el abanico, la sombrilla, +todo lo que pudiera simbolizar la juventud, +y se quedan gozosas con los atributos de la adolescencia. +No sólo dejan flotando sobre la espalda +su cabellera angelical, sino que se despojan +del reloj, de las pulseras y sortijas que entregan +a su papá, colgándose antes de su cuello para hacerle +mil caricias como niñas sencillas y apasionadas +que eran; hecho lo cual y al observar +que algunos dignos oficiales del batallón de Pontevedra +las contemplan, huyen ruborizadas y +confusas, se recogen las enaguas con alfileres +hasta dejar descubierto el pie y parte de la pierna, +y en la inocencia de su corazón huyen, huyen +siempre por el bosque adelante, esquivando +como las ninfas de Diana las miradas ardientes +de la oficialidad.</p> + +<p>Y cuando llegan a un rincón apartado y solitario +donde las sombras se espesan, donde no +llegan los ruidos mundanales ni penetran los +ojos maliciosos de los hombres, llaman con gritos +de alegría, como pajaritos de Dios, a sus compañeras, +las invitan a venir a disfrutar de aquella +amable seguridad donde libremente pueden +mostrar sus gracias y recrearse sin peligro de +ser sorprendidas. Entonces una propone jugar a +la cuerda y las demás acceden batiendo las palmas. +Jovita es la primera. Salta, salta hasta que +queda rendida y se deja caer sobre el césped, +llevándose la mano al corazón, que palpita con +la fatiga, no con la agitación insana de las pasiones +juveniles. Luego salta otra, luego otra y +otra hasta que todas se tienden exánimes pero +risueñas, reflejando en sus mejillas sudorosas y +en sus ojos entornados la dulce alegría que se +escapa de un pecho inocente. Y en cuanto descansan +se propone jugar «al milano que le dan—cebollita +con el pan.» ¡Qué risa! ¡qué algazara! +¡cómo resuena el dormido bosque con las voces +argentinas de aquellas bellas y tiernas criaturas! +Cansadas de este juego se diseminan por un momento. +Algunas forman grupo sentadas al pie +del tronco de un roble y se cuentan en voz baja +como suave gorjeo mil puerilidades encantadoras; +otras se entregan apasionadamente a la +busca de florecillas azules y hacen con ellas ramilletes +que colocan en el pecho; otras se persiguen, +como las golondrinas en el aire, con chillidos +penetrantes. Otras, las más resueltas, dedican +sus esfuerzos a la caza de cigarras y otros +bichos temerosos. Pero luego tornan a juntarse +porque hay una chica muy aturdida que apuesta +a encaramarse en un árbol si la ayudan, y hay +otra maligna que dice que sí, que ella la ayudará. +Manos a la obra. Empezó la animosa joven, +que se llama Consuelo, a poner sus piececitos en +las rugosidades del roble más asequible. La compañera +maligna, que no es otra que Socorro, la +tercera sirena del Jubilado, la sostiene. Encarámase +al fin la primera en la cruz de dos ramas; +asciende después a otra; aplauden las ninfas y +la alientan con gritos de entusiasmo...</p> + +<p>Mas he aquí que Rubio, el teniente de la tercera, +hombre acreditado de audaz entre sus compañeros +de arma y de un genio devastador para +el sexo femenino, se presenta de improviso asomando +su cabeza temeraria por encima de unas +matas. Las ninfas, al verle, lanzan un grito y +quedan petrificadas en la actitud en que las sorprende. +Consuelo, desde lo alto del árbol, le +apostrofa con violencia. Si en su mano estuviera +trasformaría inmediatamente en ciervo a aquel +nuevo Acteón. Acá, para <i>inter nos</i>, es posible que +prefiriese trasformarle primeramente en marido, +sin perjuicio de acudir más adelante a la metamorfosis +clásica... Pero Rubio, el teniente de la +tercera, conoce perfectamente el valor de estos +gritos y estos apóstrofes. No se inmuta; sonríe +maliciosamente y llama con voz ronca a sus hermanos +de armas. ¡Qué confusión, qué espanto +entre aquellas risueñas hijas de los bosques al +aproximarse en columna cerrada los hijos de +Marte! Sin recoger las mantillas, ni los guantes, +ni las sombrillas, nada en suma de lo que las +pertenecía, huyen y se desbandan por la floresta +lanzando gritos de terror. Pero los sátiros de +pantalón encarnado las persiguen con saña, las +atrapan aquí y allá y las traen cautivas enmedio +de risotadas odiosas. Mientras tanto la pobre +Consuelo, encima del árbol y bloqueada por tres +de estos silvanos voluptuosos, se niega terminantemente +a bajar mientras no se alejen por lo menos +cincuenta varas. Ellos ¡los crueles! se niegan. +Ruega la ninfa, se irrita, está a punto de +llorar; pero ni su enojo ni sus lágrimas consiguen +ablandar el corazón empedernido de los infames +sátiros. Por fin se resigna a descender y, +aunque toma muchas y castas precauciones, éstos +logran ver un pie deliciosamente calzado y un +nacimiento de pierna que les hace rugir de gozo. +Pero ¿dónde está Rubio? ¿Dónde está el más terrible +y feroz de todos ellos? No se sabe, mas al +cabo de mucho tiempo sale de la espesura arrastrando +consigo a Socorro, la más sentimental de +las ondinas de D. Cristóbal. En los rasgos crueles +de su fisonomía viene pintada la expresión +del triunfo, y en los de ella la vergüenza y la sumisión +de una cautiva. Muchas horas después, +en las últimas de la noche, sentado a una mesa +del café de Marañón y rodeado de ocho o diez +de sus colegas, el teniente de la tercera narraba +con sonrisa malévola el vencimiento de la ninfa, +calculando lo menos en veinticinco o treinta los +besos que logró robarle en distintos sitios de su +rostro hechicero; y todos los hijos de Marte +aplaudían y celebraban con homéricas carcajadas +aquel nuevo triunfo de su heroico compañero.</p> + +<p>Finalmente, los vencedores no se mostraron +demasiado tiranos, y el orden se restableció gracias +a la llegada oportuna de las señoritas de +Meré, que venían acompañadas de María Josefa +y de Paco Gómez. Las autoras y únicas responsables +de todo aquello habían sacado el fondo del +cofre. Carmelita traía un vestido de alepín de +seda negra que sólo salía a relucir en las grandes +ocasiones, al paso que Nuncita, por contar +menos años y respetabilidad, podía lucir un traje +claro con flores bordadas, como sólo se ven en +los retratos del siglo pasado. Estaban alegres, +rebosando satisfacción por los ojos; pero las piernas +no respondían a aquella eterna juventud de +sus corazones: caminaban apoyándose en sendas +muletas y agarrándose con la mano libre al brazo +de sus acompañantes. Fueron recibidas con +vivas y hurras. Se oyeron asimismo algunas frases +harto familiares, de esas que nadie más que +las benditas de Meré consentían y reían. Por eso +tenía poco mérito el embromarlas. Jamás se dio +el caso de verlas enfadadas con sus amigos, y eso +que algunos se deslizaban en sus guasas hasta +llegar no pocas veces a la grosería. En cambio +eran muy propensas a la guerra intestina, esto +es, a irritarse una con otra; pero ya sabemos en +qué paraban siempre estas misas.</p> + +<p>El espíritu temerario del teniente Rubio, apretado +por las circunstancias, engendró una idea +felicísima, es a saber: que para mejor pasar el +rato hasta la hora de comer se construyese un +columpio, donde las damas pudieran gozar la +dicha de sacudirse el diafragma algunos instantes, +y los caballeros la de proporcionársela moviendo +galantemente el aparato. Dicho y hecho: +se buscan cuerdas, se sierra una tabla; en menos +de un cuarto de hora queda todo terminado. Rubio, +mientras se lleva a cabo, no deja de hacer +guiños expresivos a sus compañeros, que comprenden, +sonríen, callan, profundamente admirados, +como siempre, de la audacia y penetración +del teniente de la tercera. Ya está amarrado +el columpio. ¿Quién es la primera? Todas manifiestan +la misma vergüenza, idéntico rubor +colorea sus mejillas. A una se le ocurre malignamente +proponer que lo estrene Nuncita. +Las demás aplauden la idea. Nuncita resiste aterrada. +Carmelita ni concede el permiso ni lo +niega. Las instancias se repiten sin cesar. Los +mancebos encuentran la idea cada vez más original. +Al fin, casi a viva fuerza, entre los aplausos +frenéticos del corro, Cuervo, el hercúleo alférez +de la primera, levanta en brazos a la Niña +y la sienta en la tabla.</p> + +<p>—¡Agárrate bien, Nuncia!—le grita Paco Gómez, +mientras el citado alférez y algunos otros +amigos empiezan a mecerla.</p> + +<p>—¡Suave, suave!—exclama Carmelita.</p> + +<p>No hay cuidado; así lo hacen, porque temen +dar con ella en tierra. Pero aun moviendo el columpio +con parsimonia, el aire consigue levantar, +al poco tiempo, las enaguas de la antigua doncella. +Los oficiales ríen y empujan el columpio +para que se vea más.</p> + +<p>—¡Fuerte, fuerte, que algo se pesca!—les grita +Paco Gómez.</p> + +<p>Las muchachas, entre risueñas y avergonzadas, +se tapan la cara y se abrazan unas a otras +diciéndose palabritas al oído.</p> + +<p>—¡Alto, alto!—exclama Carmelita.—¡Paren +ustedes!</p> + +<p>Nadie hace caso. Las ropas de la Niña van subiendo, +subiendo: no se sabe dónde se van a detener.</p> + +<p>—¡Alto, alto! ¡Por Dios, señor alférez!</p> + +<p>—¡Anda con ella!—rugen los militares.</p> + +<p>Y el columpio sigue cada vez más vivo. Nuncita +está tan asustada que no tiene tiempo a +pensar en el pudor.</p> + +<p>—¡Señor alférez! ¡Señor capitán!—grita Carmelita +toda temblorosa, agitando los brazos, la +mandíbula inferior, desdentada, batiendo contra +la superior, desdentada también, con un estremecimiento +particular.—¡Señor capitán, téngase +por Dios! ¡Por la Virgen del Amor Hermoso!... +¡Pare! ¡pare!... ¡pare!</p> + +<p>—¡Sooó!—exclama Paco.</p> + +<p>Pero el capitán es sueco y sigue apretando. +Las enaguas de Nuncita se encuentran ya en la +más alta cúspide adonde pueden llegar. Las jóvenes +se vuelven de espaldas; algunas corren +riendo a ocultarse entre los árboles. Sólo cuando +hubieron consumado su obra de desvergüenza se +consiguió que los oficiales aplacasen y permitiesen +a Nuncita tomar tierra. Su hermana, en vez +de enojarse con los culpables, la emprende con +ella llena de furor, vibrando rayos por los ojos.</p> + +<p>—¡Bájate, picarona! ¡Escandalosa! ¿Es ésa la +educación que has aprendido de tus padres? ¿Es +eso lo que te aconseja el confesor?</p> + +<p>Nuncita, aterrada, empieza a hacer pucheros +y suelta la llave de las lágrimas. La juventud +masculina, lo mismo que la femenina, tratan de +calmar a la enfurecida Carmelita. El capitán y +el alférez echan sobre sí toda la culpa. Es en +vano. La cólera no se apaga hasta que no se descarga +de palabras bien ofensivas y pesadas. La +pobre Niña, sentada en el suelo, sollozando, con +la cara oculta entre las manos, excita la compasión +de todos los presentes, que no cesan de interceder +por ella.</p> + +<p>Se trata de saber cuál es la que ha de subirse +al columpio después. Ninguna quiere: es natural. +¿Cómo han de dejarse columpiar por hombres +tan atrevidos y desvergonzados? Es en vano +que militares y paisanos expliquen su conducta +en el suceso anterior y hagan juramento de no +reincidir y estar comedidos y prudentes y siempre +a las órdenes de las damas. Éstas no se fían. +Sobre todo el teniente Rubio les inspira un terror +pánico considerándolo, y no sin razón, como +el alma de todas aquellas intrigas libidinosas.</p> + +<p>Pero cuando más desesperanzados estaban, +he aquí que Consuelo, aquella niña aturdida y +resuelta que hacía poco se había encaramado en +un árbol, habla al oído a una compañera y luego +se adelanta y dice, con espanto de sus compañeras:</p> + +<p>—Yo me subo. Ayúdenme ustedes.</p> + +<p>Un grito de entusiasmo acogió estas sencillas +palabras. Por algunos instantes no se oyó más +que ¡viva Consuelo! ¡viva Consuelo! entre la +muchedumbre frenética. No hay quien no quiera +ayudarla y quien no la colme de flores y agasajos. +El alférez atlético, con ademán caballeresco, +pone una rodilla en tierra y la invita a que +afiance el pie sobre su muslo. La intrépida joven +no se hace de rogar y lo ejecuta, sentándose de +un salto en la tabla. Lo mismo militares que +paisanos se las prometen muy felices y cambian +entre sí miradas de inteligencia, decididos a faltar +a su palabra y a pagar la confianza de la niña +con la más negra traición. Mas cuando ya se disponían +a dar comienzo a su obra maléfica empujando +el aparato, Consuelo hace seña a su +compañera. Se adelanta ésta con un puñado de +alfileres y en un instante le prende las enaguas +por debajo, de tal manera que no hay forma de +que se le vea ni la punta del pie aunque echen +a vuelo el columpio. El sexo femenino aplaude +con entusiasmo loco.</p> + +<p>—¡Bien, Consuelo! ¡bien!</p> + +<p>El masculino, enfadado y mohíno, no se atreve, +sin embargo, a protestar ruidosamente, pero +murmura de aquella falta de confianza, mientras +la interesada, orgullosa de su ocurrencia, los +contempla con sonrisa burlona. La desgracia +fue completa. Los alfileritos obtuvieron un éxito +tan lisonjero que no hubo niña que se subiese al +aparato que no se hiciese coser la ropa previamente +con ellos.</p> + +<p>Mientras tales memorables escenas se efectuaban +en el bosque, Jaime Moro, desdeñando los +placeres campestres, había logrado catequizar +a Fray Diego y a D. Juan Estrada-Rosa para +echar un tresillito. Se aburría en la iglesia, se +aburría en el bosque, en la ciudad y en la campiña. +Tan sólo recobraba la serenidad de espíritu +y renacía en él la calma y la alegría cuando +tomaba las cartas en la mano. La suerte quiso +serle aciaga. No había naipes en la casa. Pero +no se arredra por eso. Baja a la cocina, llama +aparte a un criado, al que le pareció más ligero +y musculoso, y dándole una propina le encarga +que a todo correr vaya a la ciudad y traiga un +par de barajitas. Mientras tanto, para que no se +le escapen, hace esfuerzos portentosos por entretener +a sus compañeros, hablándoles de lo +que más puede interesarles, sobre todo a don +Juan, que manifestaba tendencias muy señaladas +a desertar, seducido por la idea absurda de +dar un paseo por la quinta y hacer una visita al +molino como otros de los invitados. Moro sudaba +de congoja temiendo no poder resistir hasta +la vuelta del criado. Felizmente éste llegó a tiempo. +En cuanto tuvo en su poder las anheladas +barajas ya fue otro hombre. Seguro de la victoria +los arrastra a una de las salas retiradas del +caserón, se hace traer una mesa adecuada, bujías, +cerveza, cigarros y ¡vamos allá!... Después +de haber estado a dos dedos de perderla, Jaime +Moro gozaba de aquella felicidad con una ruidosa +alegría que causaba envidia.</p> + +<p>Un buen golpe de gente ridícula, sin imaginación +bastante para comprender ni gustar las dulzuras +del tresillo, se había ido, con el Jubilado a +la cabeza, a recorrer la posesión y visitar después +el molino de nuevo sistema que el conde +había montado hacía poco tiempo. Formaban la +comitiva, entre otros, el novio, el propio capitán +Núñez, con aquellos de sus compañeros menos +propicios al sexo femenino, Granate, D. Enrique +Valero, Saleta, Manín y otros pocos. Al +conde no se le pudo arrastrar porque no se le +halló. Se dijo que estaba dando órdenes a los +criados y vigilando algunas obras allá lejos, pero +no se le halló tampoco en ellas. Uno que hacía +allí de capataz o medio mayordomo se brindó a +servirles de guía.</p> + +<p>La finca estaba situada en la pendiente de la +misma suave colina donde está asentada Lancia. +A espaldas de la casa se encuentra el bosque, +que le priva de la vista de la ciudad. Así que con +hallarse tan próxima parece que se está a cien +leguas de ella, en la amable soledad del campo. +Al mismo tiempo la protege contra los vientos +del Norte y del Oeste, dejándola solamente abierta +a las templadas y benéficas corrientes que vienen +del Mediodía y del Este. No llegan hasta allí +los ruidos de la población. Tan sólo las campanas +de la catedral suenan a ciertas horas del día +dulcemente amortiguadas por la distancia. La +carretera general va por detrás del bosque. Otra +pequeñita, que arranca de ella, la pone en comunicación +con la quinta. No hay en ésta, como +ya sabemos, ningún parque a la inglesa o a la +francesa, ni jardincitos, ni cascadas, ni grutas +artificiales. Es una finca mitad de recreo, mitad +de labor. Primero el bosque, luego la casa con +su corrada; después un jardín vasto y abandonado; +enseguida praderas inmensas que se extienden +por la falda de la colina y llegan hasta el +río y aun lo salvan y se dilatan por la opuesta +orilla. Por estas praderas se ve pastando el ganado, +se oyen sus esquilas y los ladridos de los +perros. Es fácil forjarse la ilusión de que se está +en el seno de la naturaleza solitaria. La paz es +profunda y sólo la interrumpe el canto de un pájaro +o el mugido de una vaca.</p> + +<p>Los excursionistas recorrieron las cuadras, +que estaban bien cuidadas, pues el conde tenía +afición a la ganadería. Sin embargo, Saleta afirmó +que las había visto en Holanda mucho mejores.</p> + +<p>—Figúrense ustedes, señores—manifestó con +su característico acento gallego,—que allí a las +vacas les atan el rabo con una cuerda, ¿saben? y +lo tienen suspendido para que cuando les da la +gana de proveerse lo puedan hacer sin ensuciárselo.</p> + +<p>Esta noticia, rigorosamente exacta, hace soltar +la carcajada a los presentes.</p> + +<p>—¡Pero este D. Ramón cuándo se cansará de +inventar patrañas!—se decían los unos a los otros +por lo bajo, todo por causa de aquella maldita +reputación de embustero que había adquirido.</p> + +<p>—Pue eztán bien atrazaiyo en Holanda, amigo +Zaleta—manifestó Valero, que no le dejaba +pasar una.—En Málaga, cuando a alguna vaca +le da la gana de ezo, ze le zienta en un inodoro +y ze la limpia depué con papel higiénico.</p> + +<p>Saleta no se dio por ofendido. Estaba tan +avezado a la incredulidad de sus oyentes, que +aunque ahora reventase con la verdad no le impacientaba +que no se le creyese.</p> + +<p>Cuando hubieron recorrido las cuadras tomaron +el camino de los prados a campo traviesa, y +descendieron hasta el río guarnecido, por entrambas +orillas, de alisos, álamos y mimbreras, los +cuales formaban a trechos una mata espesa por +debajo de la cual corría oscuro y tétrico. El río +Lora es uno de los menos caudalosos y al mismo +tiempo de los más originales de España. Antes +de llegar al mar, «que es el morir,» como +dijo el poeta, se arregla para dar infinidad de +vueltas como un viejo marrullero que pretende +burlarse de la ley común a los seres creados. +Imposible imaginarse un cauce más extravagante. +Sale de cualquier población muy resuelto y +boyante; parece que va a tragarse las leguas y +marchar impávido hasta el océano. Pero al cuarto +de legua se arrepiente, da la vuelta y retorna +lento y cabizbajo cerca del punto de partida, lo +cual hace pensar a algunos, no sin fundamento, +que camina cuesta arriba. Sale de nuevo, no por +voluntad, sino apretado por las circunstancias; +esta vez se pierde de vista; todo el mundo cree +que se va de veras para no volver. No es así, sin +embargo. El gran zorro, cuando entiende que ya +no le ven desde el pueblo, revuelve muy solapadamente +y trata de meterse otra vez por él, pero +le da vergüenza, y antes de llegar se aparta un +poco y va a parar a alguna aldea próxima del +mismo concejo. Jamás siguió una carrera franca +y abierta. Como todos los caracteres rebajados, +repugna la luz, aprovecha cualquier coyuntura +para deslizarse debajo de alguna peña o una +mata y ocultarse a las miradas de los hombres +y permanecer allí estancado, corrompiéndose en +degradante ociosidad. Nadie se fíe de él. Con +sus apariencias de viejo inválido y reumático, +incapaz de dar un paso, ha engañado a muchos +zagales. Los invita a bañarse haciéndoles pensar +que no tiene media vara de fondo, y luego los +estrangula miserablemente entre sus aguas verdes. +No se hallarán dentro náyades de celestial +hermosura quebrando al nadar con sus brazos de +alabastro los frágiles cristales, ni saldrán de noche +a jugar sobre su linfa las graciosas ondinas, +de cabellera blonda. El río Lora es taciturno, +enemigo de toda idealidad poética. Nada de seres +fantásticos. Lo único que alimenta con verdadero +cariño es un enjambre de ranas, tan +grande que causa vértigo el pensar qué número +de ellas vivirá bajo su amparo. Ellas son las que +se encargan de alegrar con su voz armoniosa los +parajes que recorre.</p> + +<p>Ellas fueron también las que impidieron con +ruido atronador que Saleta pudiese afirmar, como +afirmó después que se vieron lejos, que estando +a orillas del Yumurí cierta tarde, había tenido +la suerte de matar de una pedrada un cocodrilo. +Verdad que bajo la mirada insistente de +su colega Valero se apresuró a rectificar haciendo +constar que el cocodrilo era todavía cachorro +y no tenía más que una carrera de +dientes.</p> + +<p>Siguieron buen trecho la margen sombría del +Lora y lo atravesaron por un puente rústico +en el sitio donde el conde lo había desangrado, +por medio de una acequia, para dar movimiento +a su molino. Mas en aquel punto, a los amigos +del novio, representantes genuinos del elemento +más vigoroso y masculino del batallón, se les +despierta repentinamente el sentimiento de su +fuerza y del poder muscular de sus piernas. Un +teniente salta la acequia. Un capitán, por no ser +menos que el subalterno, también lo hace, pero +se moja los pies. Excitado el amor propio, se +despoja de la levita y vuelve a saltar con felicidad. +Los demás le imitan. Al instante toma aquello +el aspecto de los juegos olímpicos y todavía +más de la gran batuda americana. Pero Núñez +es un eminente saltarín. Así estaba de antiguo +reconocido en todo el ejército y más particularmente +en el arma de infantería. Saltó tres o +cuatro veces con gran facilidad; mas, queriendo, +como es lógico, sobreponerse a sus compañeros +y dar prueba gallarda de su destreza, afirma en +tono desdeñoso que «aquello no vale nada» y que +él es capaz de saltar la acequia volviéndose de +espalda. Estas palabras fueron acogidas con respeto +por sus colegas, pero también con un silencio +que al capitán se le antojó dubitativo. Y sin +aguardar más resuelve confundirlos. No se despoja +de una sola prenda del uniforme, que esto +queda para los neófitos; toma vuelo, y al llegar +al borde del agua se vuelve y da el salto, pero +con tan mala fortuna que los pies se le enredan +en unos juncos y cae de espaldas tan largo como +era enmedio del arroyo. Se oculta a las miradas +de sus amigos por un momento, y sale al fin bufando +y chapoteando como un verdadero tritón, +diciendo que no es nada y que va a saltar otra +vez para que se vea. Pero su padre político no +lo consiente. Le pasea las manos por el cuerpo +para cerciorarse de que está calado (¡cómo había +de estar!) y, presa de insana agitación, él, +que hacía poco tiempo hubiera exterminado +en pleno a toda la milicia, comienza a gritar:</p> + +<p>—¡Es necesario mudarse!... ¡Ahora mismo!... +¡Una pulmonía!... ¡Mudarse!... ¡Fricciones!... +¡Una fiebre reumática!</p> + +<p>Y otras exclamaciones más o menos coherentes, +que daban testimonio del profundo interés +que la salud del oficial le inspiraba.</p> + +<p>Núñez, aunque guerrero, cede a sus instancias +y vuelve hacia la casa con semblante fiero y ceñudo, +enteramente resuelto a quitarse hasta los +calcetines y a meterse en la cama mientras se +manda propio a Lancia por una muda. Todos +sus amigos le rodean, y así llegan hasta la casa. +Emilita, que está al balcón, al verlos de aquella +guisa, pregunta con sorpresa:</p> + +<p>—¿Qué es eso?</p> + +<p>—Nada—le grita su papá,—que Núñez se ha +caído a la acequia.</p> + +<p>Naturalmente al oír esto Emilita lanza un grito +desgarrador y cae desmayada en brazos de +varias damas. Núñez, hecho un héroe, despreciando +su propia salud, corre a socorrerla. En +pocos momentos se llena la habitación de vasos +de agua y salen a relucir también dos o tres +frascos de antiespasmódico. Cuando empieza a +recobrar el conocimiento y llega el momento +crítico de las lágrimas, su hermana Micaela no +puede contenerse; increpa violentamente a su +papá.</p> + +<p>—¡Esto ha sido una verdadera barbarie! ¿Se +ha figurado usted que su hija tiene el corazón +de bronce?... ¡Bien poca delicadeza se necesita +para herir de este modo a una pobre criatura!...</p> + +<p>La pobre criatura le paga aquella defensa con +una mirada cariñosa de sus ojos húmedos, apretándole +al mismo tiempo la mano. El Jubilado se +encuentra en el último grado del abatimiento y +apenas se atreve a murmurar «que viendo a Núñez +vivo a su lado no había razón para tanto +susto.» Las señoras juzgan que Micaela ha estado +irrespetuosa con su padre, pero al mismo +tiempo no pueden menos de convenir en que +aquello ha sido un escopetazo, y manifiestan a +la desgraciada esposa una ardiente simpatía.</p> + + + +<hr /> +<h3><a name="VIII" id="VIII"></a>VIII</h3> + +<p class="cab">El vino de Fernanda.</p> + + +<p>Fernanda no había presenciado nada de +esto. Estuvo a primera hora en el bosque, +haciendo de ninfa pudorosa como +sus compañeras; pero cansada pronto del papel, +se apartó de ellas y comenzó a discurrir por los +lugares más solitarios. Su cabeza, tan erguida +siempre, se doblaba bajo el peso del tedio o la +preocupación; su talle flexible, ondulante, se +movía sin compás girando a un lado y a otro +como el cuerpo de un beodo; arrastraba los +ojos por el suelo, aquellos hermosos ojos africanos +que eran el más preciado ornamento de la +noble ciudad de Lancia, y por su frente pálida +cruzaba una arruga bien profunda, signo de pensamiento +fijo y doloroso. ¡Cuánto le había atormentado +desde hacía dos meses! La impresión +que los amores del conde habían dejado en su +alma, sofocada al principio por el orgullo, por +la esperanza de volver a ellos, se había dilatado +de pronto al conocer el secreto de su desvío, +había hecho irrupción en ella, la había llenado +toda y la abrasaba de amor y de celos. Eran +tanto más ásperos éstos cuanto que vio claramente +que Luis la había estado engañando +mucho tiempo, le había fingido cariño cuando +amaba ya a otra. La miserable traición de +Amalia la sublevaba, le inspiraba horror y repugnancia; +pero la del conde, tenía que confesárselo, +la traspasaba de dolor y acrecía su +pasión desmesuradamente.</p> + +<p>Supo, no obstante, mantener su dignidad a +flote. Siguió frecuentando el trato de Amalia y +mantuvo con ella en apariencia las mismas relaciones +amistosas, mas a despecho suyo, sin darse +ella misma cuenta, había unas veces en su actitud, +otras en sus ojos, otras en su acento, un leve +dejo amargo y desdeñoso que no pasó inadvertido +para la penetrante valenciana. Con su ex-novio +se mostró circunspecta, dejó aquel tono +agresivo que con él acostumbraba a emplear y +se hizo más suave y formal; pero también, con +gran disgusto suyo, la emoción que sentía al hablarle +se le traslucía no pocas veces en una leve +alteración de la voz y en palideces o rubores enfadosos. +Su vida interna, durante aquellos seis +meses, había sido devorada por una actividad febril, +ansiosa, mareante, disimulada con esfuerzo +bajo actitud tranquila y altiva. A veces la +sorda irritación que la minaba no podía resistir +tanta presión, y estallaba en un flujo de palabras +candentes, injuriosas, que pronunciaba en voz +baja, al advertir algún signo de inteligencia entre +los traidores. Su naturaleza ardiente, orgullosa, +lisonjeada por un padre que llegaría hasta +el crimen por darle gusto, y por un enjambre de +adoradores postrados a sus pies, botaba ante +aquel obstáculo, el primero con que había tropezado +en su vida, como un potro salvaje.</p> + +<p>En estos frenesíes de cólera ideaba vengarse. +Escribió varios anónimos a D. Pedro, pero +ninguno llegó a su destino. Antes de echarlos +al correo los rompía. El gran fondo de dignidad +que había en su carácter se sublevaba ante un +proceder tan bajo; los rompía vertiendo lágrimas +de despecho. Después de hacer trizas +el último que escribió, tuvo ocasión de alegrarse, +pues supo casualmente aquella noche +que ninguna carta llegaba a poder de Quiñones +sin pasar por las manos de su esposa. Otras veces +no podía más; se rendía a la pesadumbre de +su pena y se dejaba caer en una butaca, y pasaba +largo rato con los ojos extáticos en meditación +intensa y dolorosa. Acometíanle, en estos +momentos, súbitos arranques de ternura; se confesaba +sin rubor, con gozo voluptuoso, el amor +que sentía; perdonaba a Luis de todo corazón y +se prometía amarle toda la vida en silencio, no +ser jamás de ningún otro hombre. Según trascurrían +los días este sentimiento se irritaba, se +trasformaba en deseo enfermizo, irracional. La +excitación de los sentidos, que al fin despertaban +en ella de un modo violento, juntábase al cosquilleo +del amor propio herido, para mantener +vivo este deseo. Poco le faltaba, cuando veía a +Luis a su lado, para abrirle su pecho y confesarle +la abrasadora pasión que sentía.</p> + +<p>Sin conciencia clara de lo que hacía, Fernanda +buscaba a su ex-novio por la finca. Todo lo +que allí había le interesaba profundamente, el +bosque, la casa, los criados, hasta los animales +que pastaban en la pradera; sobre todo esparcía +una mirada simpática, brillante de emoción. +¡Cuan amable le parecía aquel caserón estropeado, +roído por la humedad y los ratones! Después +de vagar por las regiones más solitarias del +bosque largo rato, entró distraídamente por los +prados; descendió lentamente hasta cierto sitio +donde había algunos obreros abriendo una zanja +profunda para desecar el terreno. Allí supo, sin +preguntarlo, que el conde, después de estar un +rato mirando la obra, se había marchado. Esperó +algún tiempo para disimular, y al cabo se +apartó con lento paso, arrastrando la sombrilla, +como quien no sabe adónde enderezarse.</p> + +<p>En efecto, no lo sabía. Pero no por falta de +objetivo, sino porque ignoraba dónde estuviera +éste. Una idea cruel flotaba en su cerebro sin +determinarse con claridad; la de que Luis pudiera +hallarse a solas en aquel momento con +Amalia. Poco a poco, a medida que marchaba +por el campo, esta idea fue adquiriendo relieve. +Y según se precisaba, le roía el corazón, se lo +llenaba de despecho y de cólera. ¿Por qué? ¿No +conocía perfectamente sus relaciones adúlteras? +Pues, con todo, le causaba viva irritación, +le parecía que no debía sufrirlo, que tenía +derecho a impedir que se juntasen. Sin darse +cuenta de lo que hacía apretó el paso. Sus nervios +se iban alterando. Cuando llegó a la corrada +estaba enteramente persuadida que los adúlteros +se hallaban juntos y solos. Entró en la +casa y, como quien la visita por curiosidad, la +recorrió toda, escudriñó hasta las más apartadas +estancias. No logró verlos; pero la circunstancia +de no hallar a Amalia por ningún sitio la confirmó +aún más en su sospecha. Fatigada de tanto +buscar, inflamada de anhelo, nerviosa, salió de +nuevo al aire libre. Evitó el encuentro de las +personas que pudieran detenerla y se dirigió al +jardín. En cuanto puso el pie en él despertó vigorosamente +en su espíritu la esperanza de encontrarlos. +Aquel rincón de verdura donde los +arbustos, creciendo a su antojo, se entrelazaban +hasta formar una masa impenetrable, era a propósito +para las confidencias amorosas. Avanzó +con precaución, sin hacer ruido, por sus senderos +casi desaparecidos, tapizados de hierba, invadidos +en muchos parajes por las ramas de los +arbustos y la maleza. A veces, un montoncito de +lirios le cortaba el paso, y se veía precisada a +saltar sobre ellos; otras, un rododendro extendía +sus ramas para abrazar a la camelia de enfrente +y formaba bóveda tan baja que necesitaba doblarse +mucho para pasar. Antes de llegar creyó +sentir leve rumor de voces. Quedó inmóvil y +esperó algunos instantes. Volvió a percibirlo y +se dirigió hacia el sitio de donde partía.</p> + +<p>¡Eran ellos! Sí, eran ellos. Mucho antes de oír +su voz claramente los había adivinado. Se paseaban +por una calle más ancha y despejada que +las otras, resguardada de un lado por el muro, +del otro por alto seto de boj. Amalia se colgaba +del brazo del conde con imperio y negligencia +y hablaba mirando al suelo, mientras él +se inclinaba hacia ella risueño, sumiso, metiéndole +las palabras por el oído. Los contempló desde +lejos al través del follaje. La emoción la dejó +clavada al suelo algunos instantes. Por encima +del sentimiento de dolor y de ira que la embargaba +asomó su cabeza el orgullo de mujer. Después +de examinar con ojos ansiosos la figura de Amalia +no pudo menos de murmurar con amargura:</p> + +<p>—¿De qué se habrá enamorado ese hombre? +¡Si es una gata disecada!</p> + +<p>Después pensó:</p> + +<p>—¿Qué se dirán?</p> + +<p>Acometiole un deseo vivo de escuchar su plática, +y sin reflexionar sobre el peligro que corría, +fuese acercando poco a poco al seto, doblando el +cuerpo para no ser vista. Buscó el paraje más +sombrío y seguro, y escuchó. Sólo se les oía cuando +cruzaban cerca. En cuanto se alejaban unos +cuantos pasos no se percibía palabra alguna. No +pudo recoger más que retazos de conversación, +que resultaban incoherentes.</p> + +<p>—Se le rozan mucho los muslos. ¡Si vieras +cómo va engordando! Ni con polvos de almidón +ni con los de rosa se consigue suavizar la irritación +de la piel—decía la dama.</p> + +<p>—Hablan de la niña—pensó Fernanda.</p> + +<p>—No la he visto nunca en el baño. ¡Cuánto +daría por asistir a él un día!</p> + +<p>—Es porque no quieres.</p> + +<p>—No, no quiero, exponiéndote a tí a un peligro +y a que concluya de ese modo...</p> + +<p>No oyó más. Tuvo que aguardar a que llegasen +al final de la calle y diesen la vuelta.</p> + +<p>—Di que has estado en casa de esas viejas +chochas y no mientas—oyó decir a Amalia, al +acercarse de nuevo.</p> + +<p>—Te aseguro que estuve en el Casino. Nos +hemos reunido los individuos de la junta para +ver si se ha de decorar nuevamente el salón. +Creí que podría salir a las diez, pero hasta las +doce no nos separamos. ¿No conoces el carácter +disputón y minucioso de D. Juan? A casa de las +de Meré hace un siglo que no voy. Tanto, que +algunos empiezan a...</p> + +<p>Otra vez se perdieron las palabras. ¿Aquel +D. Juan sería su padre? Procuraría enterarse. +Cuando volvieron, el conde acariciaba tiernamente +la mano de su querida y sonreía, al hablar, +con arrobada expresión de felicidad.</p> + +<p>—Muchas veces me he propuesto dejar de +verte. Por la noche, estando a solas en la cama, +me entran terribles remordimientos. Entonces +me digo: «Es necesario que esto concluya. Los +dos nos condenamos irremisiblemente.» Y resuelvo +marcharme de Lancia y hasta compongo +todo un plan de vida; viajo con la imaginación +por toda Europa; me olvido de tí; vuelvo al cabo +de algunos años, y en vez del amor antiguo se +renueva en mi corazón una amistad tierna y +honesta, en la cual podemos descansar tranquilos +sin temor al castigo del Cielo... Pero +así que amanece, estas resoluciones se disipan, +sucumbo a la tentación, voy a tu casa, y en +cuanto te veo, en cuanto oigo tu voz adorada...</p> + +<p>Fernanda se agarró con mano crispada al +tronco de una magnolia.</p> + +<p>A la vuelta era Amalia quien hablaba.</p> + +<p>—No es verdad eso. Ya te he dicho que para +mí siempre hay un punto negro. Por más que +pretendo forjarme la ilusión de ser la primera...</p> + +<p>—¡La primera y la última! Yo no amaré a +otra mujer más que a ti.</p> + +<p>—No sabes los celos que tengo del pasado. +Cada día más. Di la verdad: ¿la has querido +o no?</p> + +<p>—No.</p> + +<p>—Entonces, ¿cómo eras capaz de...</p> + +<p>No oyó más. Fue bastante para hacer brotar +de sus ojos una lágrima. Trató de huir. Cuando +iba a hacerlo observó que los traidores se habían +detenido al extremo de la calle.</p> + +<p>Amalia echa los brazos al cuello a su amante, +le pone los labios en la boca y le da un beso que +se prolonga, se prolonga una eternidad. Fernanda +cierra los ojos. Cuando los abre de nuevo +ve que se alejan cogidos de la mano.</p> + +<p>Los deja salir del jardín. Los sigue inmediatamente. +¿Adónde irán? Una vez en la corrada, +observa que se sueltan y se dirigen a la casa. +Entra en su seguimiento, pero ya habían desaparecido +y no sabe en qué habitación hallarlos. +Las recorre todas imprudentemente, cegada +por emoción extraña que no acierta a reprimir, +acometida de un deseo vivo, anhelante, de +espiarlos.</p> + +<p>—¿Adónde va usted, Fernanda?—le pregunta +un joven.</p> + +<p>—Ando en busca de la novia.</p> + +<p>—Pues va usted mal. Está en el otro extremo +de la casa, en una de las salas que miran al +Norte.</p> + +<p>Se vuelve para disimular; pero inmediatamente +emprende de nuevo la batida. Llega, por fin, +a cierto gabinete cerrado, que no es otro que el +célebre <i>cuarto de la condesa</i>. Va a levantar el pestillo, +como ha hecho en otros, pero se queda +inmóvil al escuchar un rumor levísimo. Aplica +el oído. ¡Son ellos!</p> + +<p>Se aparta de allí, corre como si la persiguieran, +se mete por el bosque y, cuando se +encuentra en paraje solitario, se sienta al +pie de un árbol y apoya en su tronco la cabeza. +El rostro triste y demudado, los ojos extáticos, +las manos cruzadas sosteniendo una rodilla, expresa +su actitud una agonía desesperada y muda.</p> + +<p>Llegó la hora de comer. Se habían colocado +en el gran salón de la planta baja de la casa dos +mesas paralelas. Aquella sociedad diseminada se +reunió instantáneamente a la palabra santa de +«a comer» lanzada a los cuatro vientos de la +finca por la ruda voz de Manín y por la argentina +de Manuel Antonio. Los sentimientos poéticos, +cuando se desenvuelven al aire libre y enmedio +de los bosques, son excelentes para facilitar +la secreción del jugo gástrico. Por eso tanto +ninfas como faunos asaltan con bríos, antes de +sentarse a la mesa, las aceitunas, los pepinos, +las rajas de salchichón. Por voto unánime de la +milicia y del clero, representado dignamente por +Fray Diego, se cometió a la novia el encargo de +designar sitio a cada cual. La festiva y revoltosa +Emilita, trasformada súbito en severísima +matrona, llenó su cometido con tacto y amabilidad +que le valieron el aplauso del concurso. +A cada niña iba dando por compañero y servidor +aquel mancebito que era más de su agrado, +y a cada persona mayor aquella otra con quien +más congeniaba por su humor y aficiones. +Pero cuando llegó al delirio el palmoteo fue +cuando colocó al teniente Rubio entre las dos +señoritas de Meré. Había dejado para lo último +este donaire, que no le hizo maldita la gracia al +interesado. Viéndose oprimido por tales vejestorios, +el injusto forzador quedó amoscado y estuvo +a punto de protestar contra la designación +de Emilita y faltar a todas las reglas de la galantería, +pero se contuvo. Al tiempo de sentarse +se le ocurrió exclamar mirando a entrambos lados +y parodiando a Napoleón:</p> + +<p>—Desde lo alto de estas dos sillas, cuarenta +siglos me contemplan.</p> + +<p>La ocurrencia se celebró mucho y esto volvió +el humor a aquel dañino animal. Supo contestar +tan bien a la vaya que le daban sus +amiguitas, que aquella tarde ganó fama imperecedera +de cazurro y de pícaro.</p> + +<p>Moro se sentó al lado del conde, y mientras +comían no cesó de inculcar en su alma la ventaja +de traer al palacio de Granja una mesa de billar. +Conocía todas las fábricas, pero la mejor +sin disputa era la de Tutau, de Barcelona. Elogió +el artículo como si fuese, un viajante de la +casa. A Luis se le conocía en la cara el hastío y +el pesar de no hallarse sentado al lado de Amalia. +Pero Emilita no se atrevió a colocarlo en +esta forma, ni tampoco junto a Fernanda. Lo +primero sería un escándalo. Lo segundo, una +molestia para ambos.</p> + +<p>Se comió como en un banquete de la Iliada. +Pero el Aquiles de esta formidable pelea fue Manín, +el bárbaro Manín, que, al decir de los que +estaban a su lado, se comió once calabacines rellenos. +Verdaderamente Manín era digno de ser +llamado, si no suevo, ya que esto ofendía al señor +Saleta, por lo menos longobardo. Se habló +y se gritó como en una plazuela. Las tres hadas +del Jubilado, que tanto habían ganado desde que +Fray Diego echó la bendición a su hermana en +inocencia y gracia infantil, tiraban bolitas de +pan a los oficiales. Éstos echaban miradas a la +novia, haciendo después guiños a su compañero +Núñez, y murmuraban palabras espantosas que +les hacían prorrumpir en carcajadas más espantosas +aún. Paco Gómez se peleaba con María Josefa. +No se sabe cuál de los dos era peor intencionado, +de quién partían las flechas más agudas +y envenenadas. Saleta, que tenía a su compañero +y censor D. Enrique Valero lejos, se despachaba +a su gusto, contando a D. Juan Estrada-Rosa +y a otros dos caballeros cómo se había +arreglado para seducir a cierta inglesa, esposa de +un cónsul que había conocido en Oncón, yendo +desterrado a Filipinas. El barco no se detenía +allí más que veinticuatro horas. En este breve +espacio la enamoró y logró que se escapase con +él. Pero tuvo que separarse de ella al instante, +porque aquel lance fue objeto de una reclamación +diplomática por parte de la Gran Bretaña. +Manuel Antonio, atacado súbitamente de viva +simpatía por un alférez rubio que tenía a su +lado, le abrumaba a cuidados y delicadas atenciones.</p> + +<p>—Federico... una aceitunita... No tome tanta +mostaza, criatura, que le puede hacer daño. Resérvese +para las perdices. Me consta que están +riquísimas. ¿Quiere Burdeos?... Aguarde, yo me +encargo de traerlo...</p> + +<p>Y se levantaba solícito, daba la vuelta a la +mesa y traía un par de botellas que colocaba delante +del mancebo.</p> + +<p>—Se ha puesto usted muy bueno en Lancia. +Cuando vino usted hace seis meses era usted delgadito +y pálido. Yo decía: ¡qué lástima de joven, +tan guapo y tan simpático! Porque creía +que se iba usted a dañar del pecho. Se conoce +que llevaba usted mala vida allá en Barcelona... +¿No? Pues mire usted, cualquiera lo pensaría. +Me acuerdo que cuando usted llegó traía una gabardina +de color de ala de mosca muy bien hecha +y chalina azul celeste muy linda... Reconozco +que le sienta a usted bien el traje de paisano, +pero a mí me gusta usted más de uniforme. Será +un capricho, pero no lo puedo remediar. ¡Vamos, +que de uniforme y con esos bigotes a la borgoñona +está usted del todo simpático!</p> + +<p>Algunas toses significativas de los oficiales, +que se sentaban enfrente, le paralizaron de pronto. +Pero no se corrió ni mucho menos. Era incapaz +de avergonzarse por nada. El que quedó +amoscado y se puso muy serio y ceñudo fue el +alférez.</p> + +<p>Cuando el banquete daba a su fin, algunos +caballeros, favorecidos de las musas, se levantaron +a brindar en verso o cosa parecida. Y los +que no lo hicieron en verso felicitaron en prosa +a los desposados, resultando que lo mismo unos +que otros coincidieron en desearles «una eterna +luna de miel.» Y lo mismo el periódico local +que al día siguiente dio la noticia. De todos +aquellos brindis el más original e interesante +fue el del padre de la novia, D. Cristóbal Mateo. +¿No había de ser original oír a este sañudo enemigo +de la fuerza armada cantar sus glorias y +declararse partidario frenético del aumento del +contingente y del sueldo a los oficiales? A las +pocas palabras que pronunció se mostró tan enternecido, +que algunas lágrimas rodaron precipitadamente +por sus mejillas. No faltó quien dijo +que lloraba el vino que había bebido; pero estamos +lejos de dar crédito a esta insinuación malévola, +primeramente porque es un absurdo que +se llore vino, y después porque su acento era +tan sincero, su ademán tan patético, que nadie +podía dudar de que sus palabras salían del fondo +del corazón.</p> + +<p>—...Es un consuelo, sí, es un consuelo que +Dios me haya dejado ver a mi hija casada con un +pundonoroso militar... Bien que decir militar en +España es decir pundonoroso... Porque el ejército +es la escuela del honor, como dijo cierto +filósofo... Levantar el ejército, honrar el ejército, +es levantar, es honrar el honor de la nación... +Levantar el ejército es levantar el poderío y la +prosperidad del país... Levantar el ejército es +colocarnos al nivel de las naciones más grandes +de Europa... Levantar el ejército es vivir respetados +por todo el mundo... Levantar el ejército +es levantarnos nosotros mismos... Levantar el +ejército...</p> + +<p>—Que se levante el ejército, pero que se siente +don Cristóbal—gritó uno.</p> + +<p>El Jubilado quedó parado en firme, echó una +mirada de triste reconvención hacia el sitio de +donde había partido la voz, se llevó el pañuelo +a los ojos para enjugarse las lágrimas, bebió +con calma lo que restaba de vino en la copa y se +sentó gravemente entre el aplauso y la risa de +los comensales.</p> + +<p>Fernanda no había despegado los labios durante +la comida. Todos los esfuerzos de Granate, +a quien la amabilidad de Emilita había colocado +cerca de su apetecido dueño, resultaron infructuosos. +Ni por hablarle de la zafra y describirle +cómo se recoge el tabaco y hacer cálculos +exactos de lo que se gana en cada caja de azúcar +y lo que se ganaría si se rebajasen los derechos, +ni por contar los cien pormenores interesantes +sobre la importación de las carnes saladas de la +República Argentina y del bacalao de Terranova, +logró Romeo que su Julieta emitiese más que +secos monosílabos. Lo único que hacía era alargarle +de vez en cuando la copa, diciendo con +imperio:</p> + +<p>—Eche usted vino.</p> + +<p>El indiano se apresuraba a cumplimentar la +orden. La joven la apuraba de un trago, la ponía +sobre la mesa y paseaba sus ojos altivos por los +comensales, deteniéndose con insistencia en +Amalia. Poco a poco aquellos ojos iban adquiriendo +expresión más sombría, los párpados se +le caían, se ponían encendidos y se movían a +un lado y a otro con más dificultad. D. Santos, +a quien sorprendía aquella manera de beber, se +atrevió a decir:</p> + +<p>—Fernandita, bebe usted como un sumidero. +¡Porra! Tengo miedo que le dé a usted un torozón.</p> + +<p>—Eche usted vino—respondió Fernanda lanzándole +al mismo tiempo una mirada torva que +le desconcertó.</p> + +<p>Ya que se hubo brindado, voceado y disparatado +bien, el alegre concurso volvió a diseminarse. +Sólo permanecieron en sus puestos el Jubilado +y los oficiales refractarios al amor. Quedaron +discutiendo la forma más adecuada de +aumentar, sin gravar mucho al Tesoro, ocho +duros mensuales a los capitanes, cinco a los tenientes +y tres a los alféreces. Sin esta reforma +declaraban explícitamente los interesados que se +operaría muy pronto una completa disolución en +el ejército, y por lo tanto, dejando de ser la escuela +del honor, ni lo habría en el país, ni nos +levantaríamos jamás a la altura de otras naciones, +ni habría prosperidad ni poderío ni pundonor +en toda la vida. Jaime Moro volvió a trincar +a Fray Diego y a D. Juan Estrada-Rosa y los +arrastró hasta la mesa del tresillo. D. Juan había +perdido y se mostraba reacio, pero el simpático +mancebo logró convencerle con astucia +de que, si no le había dado el naipe por la mañana, +era porque él, Moro, nunca había perdido a +esa hora. Cuando le venía la mala era por la +tarde. Capaz sería de dejarse ganar con tal de +retenerlos.</p> + +<p>Manín, sentado a un extremo de la mesa, sin +intervenir en la conversación de los oficiales, +cortaba con su navaja rebanadas de pan y las +comía cachazudamente formando bulto en el carrillo, +remojándolas con largos tragos del Burdeos +que había quedado en las botellas. No estaba +conforme con la comida que les sirvió Marañón, +el dueño del café de Altavilla. Después +de haberse hartado como un salvaje, decía que +todos aquellos platos eran <i>perfumerías</i>, y que +donde estaba una fuente de judías con morcilla, +longaniza y huesos de marrano deben callarse +los macarrones. Hay que advertir que para Manín +se llamaban macarrones todos los manjares +que no conocía, lo cual caía muy en gracia al +maestrante.</p> + +<p>Mientras terminaba tan dignamente aquella +comida indecorosa no cesaba de murmurar pestes +contra ella, haciendo responsable en parte a +D. Cristóbal, a quien dirigía de vez en cuando +desde un rincón largas miradas de rencor.</p> + +<p>De pronto se abren con estrépito las puertas +del salón y penetran en él cuatro muchachas en +un estado de agitación que impresionó vivamente +a los circunstantes. Sin hacer caso de los +otros se dirigen todas al mayordomo de Quiñones:</p> + +<p>—¡Manín, un oso! ¡Manín, un oso!</p> + +<p>—¿Dónde?—pregunta aquél sin inmutarse.</p> + +<p>—En el bosque.</p> + +<p>—¿Quién lo ha traído?</p> + +<p>Ante esta pregunta extravagante quedan las +cuatro estupefactas y suspensas. Una de ellas se +atrevió al fin a apuntar tímidamente:</p> + +<p>—Ha venido él solo.</p> + +<p>—¡Bah, bah, bah!—exclamó rudamente el mayordomo.</p> + +<p>Y vuelve a las tajadas de pan con más ardor +que antes, dando quizá con esto la razón a los +envidiosos de la aldea, que no querían oír hablar +de los osos que había matado y se emperraban +en llamarle zampatortas.</p> + +<p>—Vamos, niña, di cómo lo has visto—manifiesta +la simpática Consuelo, que venía en la diputación.</p> + +<p>Una, que estaba más pálida que las otras, avanzó +y exclamó con trabajo:</p> + +<p>—¡Qué miedo! ¡Madre mía, qué miedo! Creí +que me moría... porque mire usted, el oso... ¡el +oso era horrible!</p> + +<p>En tal estado de sobresalto se hallaba, que no +pudo articular más que palabras incoherentes. +Entonces la resuelta Consuelo avanzó a su vez +y dijo con voz firme:</p> + +<p>—Verá usted, Manín. Esta niña se encontraba +con nosotras en la parte más espesa del bosque, +allá muy lejos. Oyó cantar un pájaro, un +malvís, según creo. ¿No era un malvís?... Bueno, +pues oyó cantar un tordo y se dirigió al sitio +donde sonaba. Se alejó bastante y no pudo dar +con él. Cuando se volvía, sale de unas matas el +oso, la acomete, la tira al suelo y sin hacerla +daño, no sabemos por qué, huye y desaparece.</p> + +<p>El famoso cazador de osos se levanta pausadamente +y dice con el acento firme y sosegado +de los héroes:</p> + +<p>—Vamos a ver qué es eso.</p> + +<p>Pidió una escopeta arriba, y seguido de lejos +por las pálidas doncellas, dio una batida al bosque. +Lo único que halló fue un cerdo alemán de +la pareja que el conde había traído para encastar. +La hembra había muerto y el macho vagaba +triste y solitario por la espesura mientras se +efectuaba su metamorfosis en morcillas y chuletas. +Hubo sospechas vehementes de que el autor +de la agresión fuese este cerdo viudo, pero la +joven de la aventura juraba y perjuraba que había +sido un oso quien la había acometido, y que +no le dijeran cómo era este animal, porque lo +había visto muchas veces disecado en el gabinete +de zoología de la universidad.</p> + +<p>Fernanda se había marchado mucho antes seguida +de Granate. Estuvieron en el jardín. Allí +la joven se le colgó del brazo y dieron algunas +vueltas por la misma calle en que había visto +pasear al conde con Amalia.</p> + +<p>—Usted está muy enamorado de mí, ¿verdad?—le +preguntó bruscamente.</p> + +<p>El indiano, sorprendido, murmuró:</p> + +<p>—¡Oh, sí! Dicen que estoy como un burro, y +es verdad.</p> + +<p>—¿Y qué siente usted, vamos a ver; qué siente +usted? Explíquese.</p> + +<p>—¿Yo?... ¿Cómo?—exclamó sorprendido.</p> + +<p>—Sí. ¿Qué siente usted cuando me ve? ¿Qué +siente cuando otro hombre se acerca a mí, el +conde, pongo por caso? ¿Qué siente usted en este +momento en que va oprimiendo mi brazo? Descríbame +usted sus sensaciones, lo que le pasa +por dentro...</p> + +<p>—Yo, señorita... no sé qué decirla... La tengo +tanta ley como si fuese de la familia... Y a don +Juan, su padre, aunque sea un poco cascarrabias, +lo mismo... Que sea cascarrabias o no, ¿a +mí qué me importa?... Si me casara con usted, +tengo casa, gracias a Dios... Y no es porque yo +lo diga, pero mi casa vale más que la suya, eso +bien lo sabe usted... Pero antes nos iríamos a +viajear por Francia, por Italia, por Ingalaterra, +por donde usted quisiera... Y si echábamos abajo +cinco mil duros, ¡que los echáramos!</p> + +<p>Granate siguió desbarrando un buen rato en +esta forma. Fernanda no le oía. Al fin le enfadó +aquel ruido molesto y dijo con acento colérico:</p> + +<p>—¿Se quiere usted callar, hombre? ¿Qué sarta +de estupideces está usted ahí soltando?</p> + +<p>El pobre D. Santos quedó anonadado. Pasearon +en silencio algún tiempo.</p> + +<p>—¡Qué feo es todo esto!—exclamó al cabo la +joven.</p> + +<p>—<i>¿Cuálo?</i></p> + +<p>—¡Todo! La casa, el bosque, los prados, el +jardín... Mire usted qué horrible es esta magnolia.</p> + +<p>—La casa muy fea y muy antigua, siempre lo +he dicho... Si la dieran tan siquiera un revoque +y me pintaran los balcones, todavía... El bosque +no vale para nada, no trae utilidad, está ocupando +un sitio precioso para hortaliza o espalera de +fruta o lo que le manden.</p> + +<p>Fernanda soltó una carcajada.</p> + +<p>—Usted padeció alguna vez de melancolía, +D. Santos.</p> + +<p>—¿De tristeza? Nunca. Yo siempre de buen +humor. Tan sólo hace un año, que me comió un +bribón ocho mil y pico de duros, tomé un berrenchín +que me duró dos días.</p> + +<p>—¡Qué feo está el sol ahora, visto por entre +las ramas de los árboles!</p> + +<p>—¿Quiere usted que nos volvamos a casa?</p> + +<p>—No, lléveme usted hacia el río. Tengo la +cara ardiendo y quiero refrescarla un poco con +agua.</p> + +<p>Bajaron por los prados, llegaron al río, y allí +la heredera de Estrada-Rosa, contra las prescripciones +de D. Santos, se echó agua al rostro +por largo rato. Después que se hubo secado ascendieron +de nuevo lentamente hacia la casa.</p> + +<p>—¿Cómo estoy ahora? Bien, ¿eh?... ¡Si viera usted +cómo me aburro aquí! No puedo más; todo +esto me fatiga. Yo no nací para andar por los +prados como las vacas. A mí me gustan las ciudades, +los salones, el lujo. Quisiera viajear, como +usted dice, por París, por Londres, por Viena. +Qué aburrido es Lancia, ¿verdad? ¡Aquellos eternos +paseos del Bombé! ¡Aquel campo de San +Francisco! ¡Aquella torre de la catedral tan negra +y tan triste! Luego siempre las mismas caras. +La única persona divertida de Lancia es +usted... En cuanto le veo se me suelta la risa +sin poderlo remediar. ¿Por qué le llaman a usted +Granate? Yo creo que el color de usted más +se parece al lapislázuli... ¿Usted habrá tenido +esclavos allá en América?... ¡Oh, cómo me gustaría +a mí tener esclavos! ¡Es tan fastidioso eso +de pedir las cosas por favor! Pero no, en América, +no; hay fiebre amarilla... Preferiría ir a +China.</p> + +<p>A medida que hablaba se iba exaltando, se +emborrachaba con sus propias palabras. Los +pensamientos salían cada vez más incoherentes. +D. Santos trató de decir algo, pero se lo impidió +ella tapándole la boca con la mano.</p> + +<p>—Déjame hablar, hombre. ¿Te lo quieres decir +todo tú?</p> + +<p>El indiano empezó a inquietarse. La exaltación +de la joven iba en aumento. Hablaba por +los codos y le tuteaba rudamente.</p> + +<p>—Dame un cigarro.</p> + +<p>—¡Fernandita!... ¡Un cigarro!... Se va a usted +a marear.</p> + +<p>—¡Silencio! ¿Qué dices ahí, tonto? ¡Marearme! +Tú no sabes ya qué inventar para fastidiarme. +Dame un cigarro o te dejo ahí plantado.</p> + +<p>El indiano sacó la petaca: la gentil heredera +tomó de ella una breva, le arrancó con sus dientes +etiópicos la punta y pidió por señas un fósforo. +Granate se lo ofreció encendido, sacudiendo +al mismo tiempo la cabeza en señal de disgusto.</p> + +<p>Cuando hubo dado dos o tres chupadas, puso +un gesto avinagrado y exclamó:</p> + +<p>—¡Qué cigarros tan infames! Mira, fúmatelo +tú.</p> + +<p>Y se lo puso en la boca.</p> + +<p>No fue, no, avinagrado el gesto de Granate +al chuparlo.</p> + +<p>—¡Ya lo creo que me lo fumaré!—exclamó +sonriendo beatamente.—Me salen a doscientos +pesos el millar... Pero ahora, después de chuparlo +usted, vale un millón...</p> + +<p>—Vamos, no empieces a decir brutalidades. +Llévame a casa... Esta luz me marea.</p> + +<p>Llegaron hasta la corrada cogidos del brazo. +Allí un pollastre les dijo desde lejos:</p> + +<p>—¿Dónde van ustedes? La gente está en el +bosque.</p> + +<p>—Dígale usted a la gente que me río de ella—respondió +Fernanda con gesto furioso que hizo +sonreír al muchacho.</p> + +<p>—¿Tú no conoces la casa?—añadió bajando la +voz y dirigiéndose a D. Santos.—Pues voy a +enseñártela toda. Verás.</p> + +<p>Subieron la mohosa y estropeada escalera. +Fernanda, sin cerrar boca, fue recorriendo todas +las habitaciones del caserón y mostrándolas +al indiano.</p> + +<p>—¡Aquí está el célebre <i>cuarto de la condesa</i>!—exclamó +con singular entonación al llegar a él.—Vamos +a entrar. Estoy cansada.</p> + +<p>Entraron y la joven cerró la puerta.</p> + +<p>—¿Qué hermoso, eh?... Éste es el cuarto más +hermoso y más pícaro de la casa. Si estos muebles +se pusieran a contar secretos divertidos, +no concluirían nunca... Mira, dime pronto +algo que me haga reír, porque si no vas a +ver cómo empiezo a llorar lo mismo que una colegiala... +¿Lo ves? Ya estoy llorando... Siéntate +ahí, gaznápiro... ¡Qué bonito chaleco traes! ¡Qué +bien dibuja la redondez de la panza!... Contempla +esa cama. Es grande, ¿eh? es ancha, es hermosa, +es artística. Pues mira, yo la quemaría... +Por no sentarme en ella, voy a sentarme sobre +tus rodillas...</p> + +<p>Y así lo hizo. Granate al sentir aquella carga +tan dulce quedó enajenado, y con increíble audacia +le pasó un brazo por la cintura. La joven +se alzó como si la hubiera pinchado.</p> + +<p>—¿Qué haces, bruto? ¿Crees que estamos en +la manigua y soy alguna negra cimarrona?</p> + +<p>Después de contemplarle un rato con ojos coléricos, +su fisonomía se fue serenando, sus labios +se dilataron con sonrisa dulce.</p> + +<p>—¿Me quieres mucho?</p> + +<p>—¡Casi na!—dijo el indiano con acento picarón.</p> + +<p>—Pues vas a ser feliz un momento. Mira, te +voy a permitir que me des un beso... uno +solo, ¿lo entiendes? Pero me has de jurar que no +lo ha de saber nadie...</p> + +<p>El indiano hizo un juramento espantoso.</p> + +<p>—Bueno, basta. Ahora, dame el beso aquí en +la sien. El primero y el último que me has de dar +en tu vida... Espera un poco—añadió alzándose +otra vez.—Por este beso yo te he de dar cincuenta +bofetadas en esos carrillos azules... ¿Admites +el trato?</p> + +<p>Granate consintió inmediatamente. La niña +volvió a sentarse sobre sus rodillas e inclinó la +cabeza para recibir el beso.</p> + +<p>—¡Bueno, ahora llega mi turno!—exclamó con +infantil alegría.—Prepárate a recibir los bofetones... +¡Qué carrillos, Dios mío, tan magníficos! +¿Ves que son azules?... Pues te los voy a poner +verdes... ¡Atención!... ¡Una!... La primera... +¡Dos!... La segunda... ¡Tres!... La tercera... +¡Cuatro!... ¡Cinco!</p> + +<p>La mano breve y torneada de la hermosa +chasqueaba ruidosamente en las carnosas mejillas +del indiano. Los ojos de éste comenzaron a +ponerse encendidos y encarnizados, como los de +un lobo, su sangre llameó repentinamente y con +brusco ademán la sujetó brutalmente por la cintura.</p> + +<p>Fernanda dejó escapar un grito ahogado.</p> + +<p>—¿Qué tienes?... ¿Por qué te enfadas?... ¡Déjame!... +¡Déjame, bruto!</p> + +<p>Luchó, forcejeó con desesperación, pero no +logró desasirse...</p> + +<p>Al apartarse, la embriaguez había desaparecido +por completo. Dirigió una mirada vaga, +extraviada, al indiano. Pero esta mirada adquirió +súbito expresión de espanto, se fijó en él +como en un animal extraño que la viniese a +acometer.</p> + +<p>—¿Qué hace usted aquí?... ¡Ah, sí!—exclamó +llevándose la mano a la frente.—¡Dios mío! ¿Qué +me pasa? ¿Estoy soñando?...</p> + +<p>Y volviendo a clavarle sus ojos irritados, amenazadores, +le gritó con rabia:</p> + +<p>—¿Qué hace usted ahí plantado? ¡Salga usted +inmediatamente! ¡Salga usted! ¡salga usted!—repitió +con grito cada vez más alto.</p> + +<p>Pero cuando el indiano retrocedía ya hacia la +puerta ella se lanza de pronto fuera, sale disparada +por los pasillos y, al llegar cerca de la escalera, +cae atacada de un síncope.</p> + +<p>La levantaron, la prodigaron mil cuidados. +Al recobrar el sentido brotó de sus ojos un raudal +de lágrimas; no cesó de llorar en toda la +tarde. Cuando la comitiva se puso de nuevo en +marcha hacia la población aún seguía llorando.</p> + +<p>—¿Han visto ustedes qué vino más llorón tiene +esta niña de Estrada-Rosa?—decía riendo el +capitán Núñez.</p> + + + +<hr /> +<h3><a name="IX" id="IX"></a>IX</h3> + +<p class="cab">La mascarada.</p> + + +<p>Momentos antes de que la rosada aurora +abriese de par en par las ventanas +del Oriente, Satanás, que amaneció +de humor campechano, envió a Lancia al +más travieso y juguetón de los demonios con +encargo de despertarla. Batió sus negras alas el +ministro de Averno sobre la ciudad y lanzó una +carcajada horrísona, estridente, que logró arrancar +de las profundidades del sueño a todos sus +habitantes. Despertaron con unas ganas atroces +de reír, de alborotar, de burlarse de la autoridad +gubernativa, improvisar coplas y decir barbaridades.</p> + +<p>Uno de ellos, imaginamos que haya sido Jaime +Moro, lo primero que hizo al saltar de la +cama fue llamar al criado y preguntarle con +semblante risueño si D. Nicanor, el bajo de la +catedral, le había prestado al fin su figle. El +criado, sin responder, saliose un momento del +cuarto y no tardó en aparecer con un descomunal +serpentón entre las manos. Y sin respeto alguno +a su amo aplicó los labios a la boquilla y +produjo un ruido temeroso semejante al rugido +de un león. Moro, en calzoncillos como estaba, +hizo una pirueta y tres o cuatro zapatetas en señal +de íntimo regocijo, como si aquel ruido bárbaro +hubiese tocado las fibras más delicadas de +su corazón. Después de probar por sí mismo a +producir idéntico rugido y cerciorarse de que era +bien capaz, se vistió, se aliñó y, tomando apresuradamente +el desayuno, se salió a la calle liado +en su capa y debajo de ella el artefacto musical +que tan gozoso le había puesto. A cuantos +encontraba detenía con guiño misterioso, y metiéndose +en el portal más próximo les mostraba, +lleno de emoción, el contrabando que traía +oculto. Ninguno preguntaba lo que iba a hacer +con él. Sonreían, le apretaban la mano significativamente +y solían preguntarle al oído:</p> + +<p>—¿Para cuándo?</p> + +<p>—Esto para la noche, pero a las doce sale la +carroza.</p> + +<p>—¿Se escaparán?</p> + +<p>—¡Ca! Están bien tomadas las medidas.</p> + +<p>Y seguía su camino, embozado hasta los ojos, +porque hacía un frío de dos mil diablos.</p> + +<p>Otros no se limitaban a sonreír y apretarle la +mano, sino que en justa correspondencia a su +confianza sacaban con mano temblorosa de los +bolsillos del gabán o de lo interior de la gabardina +algún instrumento resonante también de +menor categoría, una trompeta, un cuerno de +caza, una matraca. Moro aplaudía, alababa el +instrumento sin hacer alarde de su superioridad. +Y proseguía con marcha oblicua y trabajosa, no +hacia la confitería de D.ª Romana, que era el +término glorioso de sus expediciones matinales, +sino hacia casa de Paco Gómez.</p> + +<p>Resonaba ésta ya con los pasos agitados y el +vocerío de una muchedumbre de jóvenes diligentes. +Todos ellos trabajaban con verdadero +afán, con ahínco que rara vez se ve en los talleres. +Unos cortaban estandartes, otros moldeaban +caretas de cartón; quiénes pegaban letras +negras a los trasparentes de un farol; quiénes +vestían primorosamente dos grandes muñecos; +quiénes, en fin, se ocupaban en desatascar las +boquillas de varios bombardinos y serpentones +semejantes al que Moro llevaba. La estancia +era una inmensa sala destartalada. Paco Gómez +habitaba el palacio de un marqués que jamás +había puesto los pies en Lancia, del cual su +padre era mayordomo. El implacable bromista +presidía vigilante y solícito los trabajos de sus +compañeros, acudiendo a todas partes, saliendo +a cada momento para dar órdenes a los criados +o para recibir los mensajes que le enviaban. +Nunca se le había visto tan afanoso. Generalmente +era displicente, y hasta en las bromas +más premeditadas mostraba cierta actitud desdeñosa, +sincera o fingida, que le hacía más +temible. Ahora echaba todo el cuerpo fuera. Es +que se trataba de la farsa más estupenda y regocijada +que había presenciado jamás la ciudad de +Lancia desde que los monjes de San Vicente habían +venido a fundarla. El motivo era que se casaba... +(apenas si la pluma se atreve a estamparlo) +Fernanda Estrada-Rosa... se casaba... +(vamos, que cuesta trabajo decirlo) ¡se casaba +con Granate!</p> + +<p>Desde la memorable escena de la Granja, Fernanda +vivió en estupor doloroso, en un abatimiento +de alma y de cuerpo que alarmó a su +padre. Hizo llamar al médico. Éste no halló +más que un desequilibrio nervioso; se curaría +con algún viajecito a la corte, con paseos y distracciones. +La niña se negó en absoluto a curarse +por estos medios. Ni paseos, ni teatro, ni tertulias, +ni mucho menos pensar en hacer viaje +alguno. Desde su gabinete al comedor, desde +aquí al cuarto de su padre, donde solía permanecer +breves instantes. No tenía fuerzas para subir +al piso segundo ni humor para enterarse de +los trabajos de los criados y dirigirlos. Cerrada +en su habitación tampoco lo tenía para seguir +labor alguna. Se dejaba caer en una silla y permanecía +larguísimo rato inmóvil con las manos +sobre las rodillas y los ojos extáticos. Algunas +veces se ponía a leer y, observando que no se +hacía cargo de lo que el libro decía, concluía +por arrojarlo. Otras se asomaba al balcón y permanecía +de bruces sobre la baranda horas enteras +con la vista fija en el espacio o en un punto +de la calle, sin ver a los transeúntes ni contestar +al saludo que muchos le dirigían, ni advertir siquiera +la curiosidad de que era blanco por parte +de las vecinas.</p> + +<p>Mas he aquí que repentinamente se le antoja +marcharse a Madrid. Fue necesario preparar el +viaje instantáneamente. Manifestó su deseo por +la mañana. Por la noche montaban padre e hija +en la diligencia: con tal ímpetu y palabras extremosas +exigió la niña el viaje. Una vez en la +corte, cambió radicalmente su humor. Entregose +con rabia, con pasión desenfrenada a +los placeres que brinda Madrid a una joven forastera, +rica y hermosa. Vivió dos meses en +la embriaguez de los teatros, de los paseos +en coche, de los grandes saraos y conciertos. +Acometida súbito de una alegría nerviosa, parecía +feliz enmedio del ruido y el tumulto de +la sociedad, donde empezó a conocérsela por el +sobrenombre de <i>la Africana</i>.</p> + +<p>Para que su vida fuese aún más alegre y aturdida +le placía comer por los <i>cafés</i> y <i>restaurants</i>, +como un mancebo disipado. D. Juan fluctuaba +entre el gozo de verla contenta y la incomodidad +aguda que le producía aquella vida desordenada, +tan contraria a sus hábitos y edad.</p> + +<p>Una tarde, regresando del paseo del Prado, +Fernanda estalló repentinamente en sollozos. +D. Juan quedó estupefacto, aterrado; en toda la +tarde no había cesado de reír aquella locuela +burlándose de cierto mancebito que seguía pertinazmente +su coche.</p> + +<p>—¿Qué te pasa?... ¡Fernanda! ¡Hija mía!</p> + +<p>La niña no respondió. Con el pañuelo en los +ojos, el cuerpo sacudido por fuertes estremecimientos, +lloraba cada vez más perdidamente.</p> + +<p>—¡Fernanda, por Dios, que la gente se está +fijando!</p> + +<p>El llanto se iba convirtiendo en ataque de +nervios. D. Juan ordenó al cochero partir a escape +a casa. Mas antes de llegar a ella, la joven +cesó de llorar y, levantando la cabeza con resolución, +exclamó:</p> + +<p>—¡Papá, quiero marcharme a Lancia!</p> + +<p>—Bien, hija; nos iremos mañana.</p> + +<p>—No, no; quiero que nos vayamos ahora +mismo.</p> + +<p>—Considera que no falta más que una hora +para salir el tren.</p> + +<p>—Sobra tiempo.</p> + +<p>No hubo más remedio que meter apresuradamente +la ropa en los baúles y salir disparados +a la estación. Sólo cuando el silbido de la locomotora +anunció la salida y comenzaron a correr +por las llanuras áridas que rodean a Madrid se +calmaron un poco los nervios de la excitada niña.</p> + +<p>Al día siguiente de llegar a Lancia no fue a +dar los buenos días a su padre ni a tomar chocolate +con él, como tenía por costumbre. Cuando +ya se disponía el viejo a llamarla, entra de repente +en su habitación una doméstica pálida y +agitada.</p> + +<p>—¡La señorita se ha puesto muy mala!</p> + +<p>Corrió D. Juan al gabinete y la halló desencajada; +lívida, por los esfuerzos que unas violentísimas +náuseas la obligaban a hacer.</p> + +<p>—¡Pronto! ¡A buscar el médico!—gritó el pobre +padre.</p> + +<p>Fernanda hizo un gesto negativo y articuló +débilmente:</p> + +<p>—No, que llamen al penitenciario.</p> + +<p>No hizo caso. Vino el médico y, después de +examinarla detenidamente, llamó a D. Juan +aparte y le dijo:</p> + +<p>—Su hija de usted ha tomado una cantidad +extraordinaria de láudano.</p> + +<p>—¿Para qué?—preguntó sin comprender.</p> + +<p>—Pues... para lo que se toman siempre esas +cantidades... para envenenarse.</p> + +<p>—¡Hija de mi alma! ¿qué has hecho?—gritó el +desgraciado; y quiso lanzarse de nuevo a la habitación +de la joven. El médico le detuvo.</p> + +<p>—No corre peligro alguno. Ha devuelto todo +el veneno, y con el medicamento que voy a recetar +quedará completamente tranquila. Lo que +importa ahora es que no repita.</p> + +<p>—¡Oh, no! Yo me encargo.</p> + +<p>Y corrió al cuarto de su hija. Pero no pudo +arrancarle una palabra. La niña se obstinaba en +que viniese su confesor. Al fin fue por sí mismo +a llamarlo, y no tardó en aparecer con él.</p> + +<p>Mientras duró la confesión, D. Juan paseaba +agitadamente por el amplio corredor de la casa +en espera, devorado por curiosidad ardiente, +presa de vagos y tristísimos presentimientos. +Salió al fin el penitenciario, quien sin responder +a la muda interrogación que le dirigía con +la vista, tomole gravemente de la mano y le +llevó en silencio hasta su propia habitación, +donde se encerraron. Cuando al cabo de una +hora salieron, el anciano banquero tenía las mejillas +inflamadas, los blancos cabellos en desorden +y en los ojos señales de haber llorado. +Despidió al canónigo en la escalera y tornó a +encerrarse en su despacho. Allí permaneció todo +el día y toda la noche, sin hacer caso de los recados +que su hija le mandó para que se llegase +a verla.</p> + +<p>Fue el propio penitenciario quien se ofreció a +hablar con Granate y seguir las negociaciones. +El indiano relinchó de gozo al saber de lo que +se trataba. Pero su naturaleza de aldeano astuto +y la pasión de la avaricia, que era la que hasta +entonces le había dominado, alzaron la cabeza. +Cuando al otro día fue el canónigo a hablarle hallolo +cambiado: cerdeaba, gruñía, sacudía la cabeza, +hablaba con palabras entrecortadas del lujo +con que habían criado a Fernanda, de los grandes +gastos que el matrimonio trae consigo. En resumidas +cuentas, pedía una dote. El penitenciario, +que era hombre justificado y de genio vivo, no +pudo contenerse ante tal vileza y le llenó de denuestos. +Pero esto era lo que menos importaba +a aquel rústico. Seguro de tener a D. Juan bajo +sus tacones, reía como un bestia, se rascaba la +cabeza y dejaba escapar algún dicharacho grosero +que ponía aún más fuera de sí al canónigo.</p> + +<p>Cuando, haciendo grandes rodeos, éste enteró +a D. Juan de lo que ocurría, el desgraciado padre +quiso volverse loco de desesperación e +ira. Se arrancaba los cabellos, vomitaba injurias +atroces y hablaba de dar un tiro a su hija y darse +él otro enseguida. A duras penas logró calmarle +un poco. Entró, al fin, en razón, siguieron las +negociaciones y después de disputar como mercaderes +el tanto y el cuanto de la dote, se fijó al +fin lo que había de ser, y Granate consintió en +dar su mano de sapo a la niña más preciosa que +Lancia guardaba por aquella época.</p> + +<p>Pero faltaba la más negra. Faltaba decírselo a +ella. Cuando le anunciaron que se preparase a +unir su suerte en plazo breve a la de D. Santos, +cayó presa de fuerte desmayo. Al salir de él declaró +rotundamente que no lo haría aunque la +desollaran viva. Ni las reflexiones de su confesor, +ni la perspectiva de la deshonra, ni las lágrimas +de su padre consiguieron ablandarla. Sólo cuando +vio a éste frenético llevarse el cañón de un revólver +a la sien para arrancarse la vida se arrojó +a detenerlo prometiendo hacer cuanto le mandase. +Y he aquí cómo quedó concertado en principio +aquel matrimonio horrendo.</p> + +<p>Al tener noticia los nobles hijos de Lancia de +tal concierto, el mismo sentimiento de vergüenza +se apoderó de todos ellos. Una ola inmensa de +rubor invadió las mejillas de aquel generoso vecindario. +Esta ola solía venir a Lancia y hacer +los mismos estragos siempre que la suerte favorecía +a algún laciense más de lo justo. Si a uno +le tocaba la lotería, si a otro le daban un buen +empleo, si el de más allá se casaba con una mujer +rica o adquiría gran caudal con su industria, +o se hacía famoso por su talento, la delicadeza +exquisita de los habitantes de Lancia se sobresaltaba +y procuraba, rebajando el dinero, el talento, +la instrucción o la industria de su vecino, +poner las cosas en su verdadero sitio. Tal sentimiento +puede equivocarse fácilmente con el de +la envidia. El verdadero observador comprendería, +no obstante, al oírlos disertar en las tertulias +de las tiendas y en los corrillos de la calle, +que sólo el amor, acaso demasiado ardiente, a +la justicia les obligaba a minorar los méritos de +su convecino y renunciar de este modo generosamente +a la parte de gloria que en ellos pudiera +refluir por este concepto.</p> + +<p>El matrimonio de Granate causó profundo estupor. +Siguió al estupor un grito de indignación. +Nunca se colorearon tan vivamente las mejillas +de los lacienses como en aquel momento; ni siquiera +cuando la prensa de Madrid vino elogiando +cierta comedia escrita por un hijo de la población. +¡Qué de improperios, primero contra +Granate, luego contra D. Juan, después contra +Fernanda! Singularmente los pollos se agitaban +convulsos, frenéticos; encontraban deficiente la +legislación, que no contenía medios de prohibir +semejantes monstruosidades. Resultado de todo +fue que, para dar expansión a las fogosas emociones +que la noticia había despertado en su +alma y para dar claro testimonio al mundo entero +del profundo disgusto que un matrimonio +tan extravagante les causaba, la juventud laciense +dispuso una soberana farsa a cuyos comienzos +asistimos.</p> + +<p>Los interesados tuvieron noticia de ella y quisieron +evadir el golpe, primero ocultando el día +en que se había de celebrar el matrimonio, después +celebrándolo fuera de la población. Pero no +les valieron de nada sus precauciones. Los pollos +olfatearon que la ceremonia se celebraría en +los primeros días de Febrero, en la posesión que +Estrada-Rosa poseía a media legua de Lancia. +Se colocaron espías en la calle de Altavilla y en +las inmediaciones de casa de Granate a fin de +que no se escaparan; sobornose a los criados; se +trazaron por las cabezas más fecundas de la ciudad +mil planes ingeniosos para vejar a los novios. +Como coincidió con estos preparativos el +Carnaval, resolvieron aprovecharlo para dar el +primer golpe con una gran mascarada burlesca, +que salió el domingo a las doce de casa de Paco +Gómez recorriendo las calles. En una carroza +tirada por cuatro bueyes vestidos con percalina +roja, sus cuernos adornados con ramaje, venían +tres máscaras, queriendo figurar una a Fernanda +Estrada-Rosa, otra a su padre y otra a Granate. +Este último traía un sombrero de cuernos. De +vez en cuando se paraba la carroza y ejecutaban +una farsa ridícula y grosera que hacía bramar de +regocijo a los curiosos que en torno se reunían. +Fernanda besaba con trasportes de entusiasmo +a Granate; éste, como más pequeño, la abrazaba +por más abajo de la cintura, y mientras tanto +D. Juan hacía sonar riendo una bolsa de dinero. +De vez en cuando, del fondo de la carroza salía +rápidamente otro máscara que quería representar +al conde de Onís, daba un beso a Fernanda, +se lo devolvía ésta a espaldas de Granate, y tornaba +a ocultarse con la misma celeridad.</p> + +<p>Como quiera que esta payasada se ejecutó en +la calle de Altavilla, delante de la misma casa +de Estrada-Rosa, el escándalo fue enorme, el +gentío que la presenciaba inmenso. D. Juan, en +el paroxismo de la ira, dio parte al gobernador, +grande amigo suyo, y resolvió partir al día siguiente +con Fernanda. Los jóvenes maleantes, +que prevían esta determinación, ya tenían urdido +el medio de hacerla ineficaz, preparando, +como hemos visto, una grandiosa cencerrada +para la noche. Era anticipada porque aún no se +habían casado, pero de ningún modo querían +que se escapasen sin ella. Armados, pues, de +cuantos instrumentos ruidosos pudieron haber, +con grandes trasparentes, donde aparecían +pintadas las mismas grotescas figuras de la +carroza con bestiales leyendas debajo, y teas en +las manos, se congregaron más de trescientos +muchachos en Altavilla, y alrededor de ellos media +población que los alentaba con sus carcajadas. +El estruendo era horrísono. De vez en +cuando cesaba y una voz lanzaba al aire alguna +copla indecente, que era celebrada con rugidos +de alegría, creciendo tanto y tanto la algazara, +que el mundo se venía abajo. El teniente Rubio, +siempre original, trepó por las cornisas de la +capilla de San Fructuoso, situada casi enfrente +de la casa de Estrada-Rosa, y comenzó a repicar +la campana. Paco Gómez iba solapadamente +de uno en otro grupo apuntando las coplitas +más dañinas para que las repitiese en alta voz el +que la tuviese más recia. Moro hacía sonar su +famoso serpentón hasta echar los pulmones, +mientras el marica de Sierra, que había sido uno +de los más activos promovedores de la cencerrada, +se metía traidoramente en casa de D. Juan, +vendiéndose como amigo fiel, para espiar en realidad +lo que allí pasaba.</p> + +<p>Pero el jefe político de la provincia pensó que +era ya hora de oficiar de Neptuno y componer +las olas irritadas. Cuando la cencerrada se hallaba +en su período álgido, envió a Altavilla a +Ñola, cabo de los guardias municipales, acompañado +de dos números, que resultaron ser Lucas +el Florón y Pepe la Mota, con encargo de apaciguar +el escándalo y despejar la calle. Los lacienses +estaban avezados de antiguo a no reconocer +el origen divino de la autoridad cuando +Ñola, el Florón o Pepe la Mota se empeñaban en +representarla. Y no sólo ponían en duda su legitimidad, +sino que en cuanto de lejos los columbraban, +soplaba en su espíritu el viento de la rebelión +y lo encrespaba. ¿Consistía esto en que los +lacienses estuviesen predestinados por los ciegos +impulsos de su naturaleza a conspirar contra el +orden establecido? No es verosímil. Ninguno de +los historiadores de Lancia han señalado como +carácter distintivo de aquella raza la oposición +a las instituciones. Es más natural suponer que +lo que les indignaba tan profundamente y les +inclinaba a la conjuración era la nariz de Ñola, +del tamaño de un botón de timbre eléctrico, la +voz aguardentosa de Lucas el Florón y las piernas +monstruosamente arqueadas de Pepe la +Mota.</p> + +<p>De sobra conocían estos respetables agentes +del poder gubernativo las tendencias anárquicas +que algunas veces manifestaba el vecindario +de Lancia. Pero lo que no sospechaban siquiera +al introducirse incautamente entre la muchedumbre, +de Altavilla fue que habían de salir de +allí sin bastón, sin sable, sin kepis y con las mejillas +abofeteadas. Así estaba escrito, sin embargo.</p> + +<p>El jefe político no quiso conformarse con los +inescrutables fallos de Dios, y montando en cólera +hizo llamar inmediatamente al teniente de +la guardia civil y le envió a vengar con ocho +números a los infortunados Ñola, Lucas el Florón +y Pepe la Mota.</p> + +<p>Envalentonados con la victoria pasada los +graciosos de Altavilla, trataron de resistir. Entonces +el teniente, a quien devoraba el fuego de +la guerra, mandó desenvainar los sables, y sonriendo +ferozmente, cargó sobre la muchedumbre +como un jabalí indomable.</p> + +<p>Al verlo, un vivo estremecimiento corrió por +los miembros de cada uno de los lacienses. Hubo +tendencias a retirarse del campo de batalla; pero +no faltó en aquel momento quien animase su corazón +intrépido ofreciéndoles la perspectiva engañosa +de la victoria.</p> + +<p>—¡Fuera los civiles! ¡Abajo los tricornios! +¡Muera el patatero!</p> + +<p>Tales fueron los gritos sediciosos que se escaparon +de los pechos de aquella juventud temeraria.</p> + +<p>Y en el mismo punto volaron algunas piedras. +Los trompones, los bombardinos, los cornetines +de pistón cuya voz armoniosa tantas mazurkas +habían cantado en el seno de la paz, +trasformados repentinamente en instrumentos +de guerra, brillaron siniestros a la luz de las +antorchas. El tricornio del teniente cayó vergonzosamente +al suelo a impulso de uno de +ellos. Lo recoge. Su corazón de guerrero se estremece, +un círculo de espuma se forma en torno +de sus labios y se lanza al combate con los +ojos inflamados, respirando exterminio.</p> + +<p>Entonces, bajo el imperio de su fuerza incontrastable, +los jóvenes héroes de Lancia se replegaron +dando fuertes gritos amenazadores. Los +sables de los civiles comenzaron a sonar de plano +en las espaldas de algunos. La retirada se convirtió +en huida muy pronto. Tal como un rebaño +de ciervos huye y se desbanda perseguido por los +chacales, así los hijos generosos de Lancia huyeron +aquella noche memorable, perseguidos +por los civiles sedientos de sangre. El suelo +quedó sembrado de instrumentos de bronce, +testigos de la afrenta. El indomable teniente paseó +largo rato su furor por las calles, animando +con vivas interjecciones a sus huestes, lanzándolas +en persecución de los rebeldes como un +cazador lanza su jauría en persecución de un venado. +Así fue como Paco Gómez, seguido tenazmente +por los tricornios, se vio en la precisión, +para escapar a un cintarazo, de meterse por el +escaparate de la confitería de D.ª Romana, cayendo +de bruces sobre una fuente de huevos moles +y destruyendo por completo una magnífica +tarta de borraja destinada al chantre de la catedral. +Así fue también como Jaime Moro, después +de perder en la refriega el serpentón de don +Nicanor, estuvo a punto de ser inmolado por el +sable resplandeciente de un civil. Sólo por haber +tomado la precaución de bajar la cabeza +cuando éste le tiró el golpe evitó la efusión +de sangre. El sable fue a chocar con la pared de +una casa, haciendo no poco estrago en ella. +Meses después, Moro enseñaba el trozo descascarillado +como un trofeo a los amigos forasteros +que venían a Lancia; y al recordar sus proezas +y peligros en aquella noche gloriosa, una suave +alegría descendía a su corazón heroico.</p> + +<p>Otros muchos miembros de aquella juventud +magnánima experimentaron desperfectos de consideración +en su economía, unos por el influjo de +los sables, los más por las caídas y los choques +que resultaron de la desbandada. La victoria +no fue, sin embargo, gratuita para los agentes +del gobierno. Aparte del fracaso del tricornio +del teniente y de algunas contusiones de sus +subordinados, el poder constituido sufrió un importante +revés en la persona de uno de sus más +antiguos representantes, en la persona de Ñola, +cabo de municipales. Ya sabemos que este personaje, +enteramente impopular en Lancia, a +causa de la cortedad, y aún más de la redondez +excesiva de su nariz, había perdido en la primera +escaramuza el kepis, el sable y el honor de +sus mejillas. La cólera y la venganza se enseñorearon +de su corazón. Nada podía hacer, sin +embargo, para apagarlas, porque se hallaba privado +de todo medio coercitivo. Pero en vez de +retirarse prudentemente al soportal de las Consistoriales, +como hicieron sus compañeros Lucas +el Florón y Pepe la Mota, quedose enmedio de +la calle contemplando con ansiedad la batalla. +Al ver que se decidía en favor de las instituciones +que él representaba, la alegría se desbordó +ruidosamente de su pecho municipal.</p> + +<p>—¡Bien por los guardias! ¡Duro en ellos! +¡Rajarme esa canalla! ¡A ver si escarmienta de +una vez esa pillería!</p> + +<p>Tales eran los gritos belicosos que salían de +su garganta. Sin embargo, cuando menos podía +esperarse, dado que los enemigos huían en completo +desorden, vino a estrellarse contra el botón +de su nariz un cuerpo duro de superficie lisa +y compacta que resultó ser un trozo de cal hidráulica. +Todos los timbres de su cerebro sonaron +a un tiempo. No pudiendo sufrir tanto estrépito, +vino al suelo privado de conocimiento. +Su pecho magnánimo sólo tuvo fuerzas para +exhalar una queja melancólica.</p> + +<p>—¡Recongrio, me han escuaernao esos sinvergüenzas!</p> + +<p>Así cayó aquel baluarte poderoso del orden, +aquel varón esforzado que en sus luchas incesantes +con la pillería de los arrabales tantas veces +había caminado por la senda de la victoria. +Levantáronlo y lo metieron en la botica de don +Matías, que estaba próxima. Desde allí lo condujeron +poco después al hospital. La ciudad perdió +por algunos días su escudo protector. Porque +ni Lucas el Florón ni Pepe la Mota podían competir +en energía con Ñola.</p> + +<p>Mientras tales sucesos se efectuaban en Altavilla +y en las calles adyacentes, D. Juan Estrada-Rosa, +presa de irritación indescriptible, se +paseaba agitadamente por su gabinete mesándose +los cabellos. Los consuelos hipócritas del +marica de Sierra no lograban calmarle. Hablaba +de salir a la calle y arrojarse sobre la insolente +muchedumbre.</p> + +<p>—¡Qué les habrá hecho mi pobre hija!—exclamaba +con voz temblorosa, próximo a sollozar.</p> + +<p>Fernanda se había retirado a su habitación +temprano y se había metido en la cama. Si la +sorprendió la algazara que sonaba en la calle o +contaba ya con ella, no es fácil saberlo. Cuando +D. Juan, después de adoptar una violenta resolución, +subió a despertarla, al encender la luz +hallola con los ojos secos y brillantes, sin apariencias +de haber dormido ni de haber llorado. +Hizo que se vistiese a toda prisa, y dando orden +a los criados para que tuviesen encendidas todas +las luces de la casa a fin de engañar a los de +afuera, salió con ella por la puerta de la cochera, +que daba a un callejón solitario. Los acompañaba +únicamente Manuel Antonio. Dirigiéronse +por las calles más extraviadas a casa del Jubilado. +Una vez allí, se pasó un recado a don +Santos para que se presentase inmediatamente; +otro al penitenciario. Cuando ambos acudieron, +el padre, la hija y estos dos señores, Manuel +Antonio y Jovita Mateo salieron ocultamente +de Lancia por la carretera de Castilla. Después +de caminar un rato esperaron el coche que don +Juan había mandado venir. Acomodáronse los +seis como pudieron en la carretela, echando a +Manuel Antonio al pescante. Media hora después +estaban en la posesión del banquero. Alzose +apresuradamente un altarcito en el salón principal +de la casa, y antes de que amaneciese, el +penitenciario bendijo la unión de los prometidos.</p> + +<p>Fernanda no había despegado los labios durante +el camino. El mismo silencio cuando se +hacían los preparativos para la solemnidad. Parecía +tranquila, en un estado de indiferencia absoluta +o, por mejor decir, de soñolencia, como +la persona a quien se arranca violentamente del +sueño y tarda en darse cuenta de lo que pasa en +torno suyo. Pero tal estado letárgico continuó +después de pronunciar el sí ante el altar. Ni la +plática afectuosa y elocuente del penitenciario, +ni las bromas incesantes de Manuel Antonio +mientras tomaban el desayuno, ni las caricias de +Jovita, ni la alegría afectada, ruidosa, de su padre +lograban sacarla de su extraña distracción. +Clareaba el día, un día triste, nublado, que se +filtraba melancólicamente por los cristales. Todos +hacían esfuerzos por parecer alegres; se hablaba +en voz alta, se reía comentando la torpeza +del criado, el miedo de Manuel Antonio a volcar.</p> + +<p>Traslucíase, no obstante, una gran tristeza. +Cuando la conversación se interrumpía, las frentes +se arrugaban, los semblantes se oscurecían. +Al entablarla de nuevo, las palabras resonaban +lúgubremente en el lujoso comedor.</p> + +<p>La novia se retiró para cambiar de traje. Poco +después apareció de nuevo, con el mismo semblante +impasible. Según los planes de D. Juan, +debían irse inmediatamente para tomar en un +pueblo próximo la silla de posta. Los indecentes +de Lancia quedarían de este modo chasqueados. +Cuando bajaron al jardín, donde esperaba +el coche, caía una lluvia menuda y fría. Fernanda +besó a su padre y entró en el coche. El +pobre anciano, al recibir aquel beso en la mejilla, +pensó que una corriente de aire frío entraba +por ella paralizando sus miembros y helándole +el corazón.</p> + +<p>El látigo chasquea. «Adiós, Fernanda; abrígate, +Fernanda. Adiós, Santos. Que vengan ustedes +pronto.» Ya están en camino. Antes de +una hora llegan a Meres, esperan la diligencia +y suben en ella. El mismo silencio obstinado por +parte de Fernanda. Las atenciones de Granate +no le arrancan ni una sonrisa ni una palabra de +gracias; sus ademanes grotescos y los desatinos +que de vez en cuando deja escapar tampoco hacen +surgir en el semblante marmóreo de la joven +un gesto de fatiga o disgusto. A ratos dormita, +a ratos contempla con ojos atónitos el paisaje. +Cuando llegaron a las inmediaciones de +León era ya noche.</p> + +<p>Pero ¿qué ocurre en León? Al llegar a la plazoleta +donde cambia el tiro la diligencia descubren +gran golpe de gente, escuchan voces desaforadas, +ruido desacordado de instrumentos de +música, tañido de cencerros. Y ven alzarse sobre +la muchedumbre algunos trasparentes pintados.</p> + +<p>Paco Gómez, fecundo en trazas más que Ulises, +había escrito a algunos amigos de León +tiempo atrás invitándoles a disponer una cencerrada +para cuando Granate y su esposa pasasen +por allí. La colonia de Lancia, que es numerosa +en León, secundó admirablemente los planes de +su paisano. Todo lo tenían preparado. Sin embargo, +estos preparativos no hubieran servido de +nada sin la traición de Manuel Antonio, que al +llegar a Lancia notició secretamente a Paco lo +que pasaba. Éste aprovechó el telégrafo, recién +instalado, y se puso en comunicación con sus +secuaces.</p> + +<p>Fernanda tardó en darse cuenta de que aquella +algazara iba contra ella. Cuando, por algunos +gritos que llegaron a sus oídos, vino en conocimiento +de ello, empalideció, sus ojos se dilataron +y, dando un grito, precipitose a la ventanilla +para arrojarse fuera. Granate la detuvo sujetándola +por la cintura. La joven luchó algunos momentos +con furor; pero no pudiendo desprenderse +de aquellos brazos cortos y membrudos de +oso, se dejó caer al fin en el asiento, llevose las +manos a la cara y rompió a sollozar.</p> + +<p>—¡Dios mío, ha sido grande el pecado, pero +qué castigo tan terrible!</p> + + + +<hr /> +<h3><a name="X" id="X"></a>X</h3> + +<p class="cab">Cinco años después.</p> + + +<p>Trascurrieron cinco años. La noble ciudad +de Lancia ha cambiado poco en +su exterior y menos aún en sus costumbres. +Unas cuantas casas-grilleras con adornos +de mazapán alzadas por el oro indiano en las inmediaciones +del parque de San Francisco; varios +trozos de acera en calles que jamás la poseyeran; +tres faroles más en la plaza de la Constitución; +un guardia municipal suplementario, +que debe su existencia no tanto a las necesidades +del servicio como a las pasiones del alcalde, +varón de excelsos pensamientos, consagrados +casi enteramente a Venus, que premia las +condescendencias de Vulcano con el presupuesto +municipal; en el paseo del Bombé algunas +estatuas de bronce con el ropaje caído, que produjeron +grave escándalo a su erección, haciendo +pregonar al magistrado Saleta en la tertulia +del maestrante que «la media desnudez era +cien veces más incitante que la completa;» en +las cabezas de nuestros maduros conocidos algunas +hebras de plata, y en el semblante radioso +como el arco iris de Manuel Antonio, el +más seductor de los hijos de la ínclita ciudad, +signos ya evidentes de que su belleza pronto se +desvanecerá como un sueño feliz al soplo glacial +de la mañana, como los copos de nieve que +caen suavemente en el silencio de un día triste +de invierno.</p> + +<p>La misma vida vegetativa, brumosa, soñolienta; +las mismas tertulias en las trastiendas +libando con deleite la miel de la murmuración. +Los apodos soeces pesando siempre como losa +de plomo sobre la felicidad de algunas respetables +familias. En el Bombé, las tardes de sol, +los mismos grupos de clérigos y militares paseando +desplegados en ala. Las enormes campanas +de la basílica tañendo invariablemente a horas +fijas. Las viejas devotas caminando con planta +presurosa al rosario o a la novena. El canto monótono +de los canónigos resonando profundamente +en la soledad de las altas bóvedas. En Altavilla, +a la hora del crepúsculo, los eternos corros +de jóvenes alegres, riendo mucho, hablando alto +y abriéndose amenudo para dejar paso a alguna +costurera espiritual o criada de carnes opulentas +a quienes rinden homenaje con los ojos, con +la palabra y no pocas veces con las manos. Y +allá, en lo alto del firmamento, iguales corros de +nubes pardas y tristes amontonándose en silencio +sobre la vetusta catedral, para escuchar en +las noches melancólicas de otoño los lamentos +del viento al cruzar la alta flecha calada de la +torre.</p> + +<p>Estamos en Noviembre. El conde de Onís +acostumbra a pasear a caballo lo mismo en los +días claros que en los oscuros. Cada vez menos +le place la compañía de los hombres. Su carácter +se ha hecho más receloso y melancólico. El +pecado aniquiló los débiles gérmenes de alegría +que la naturaleza había depositado en su corazón. +El temperamento sombrío, extravagante, +fanático de los Gayoso se ha ido exaltando en él +poco a poco con el roer incesante del remordimiento; +ha trastornado su imaginación, ha enervado +su escasa actividad y ennegrecido su existencia.</p> + +<p>Le molestan los hombres. En todas las miradas +piensa ver hostilidad; en las frases más +inocentes, alguna aviesa intención que hace hervir +su sangre de coraje. No osa entrar en los +templos, ni siquiera se deja caer de rodillas, como +antes, frente al sangriento crucifijo del cuarto +de su madre. Si oye hablar del infierno se +estremece y huye. Envía cuantiosas limosnas a +las iglesias; encarga misas que no oye; pone +cirios a las imágenes, y en el secreto de su habitación +se entretiene a veces puerilmente en +preguntar a la suerte, echando una moneda al +aire, si se condenará eternamente o irá tan sólo +al purgatorio. Cuando llega a sus oídos el canto +de los sacerdotes que acompañan a un entierro, +empalidece, tiembla y se tapa los oídos. +Por la noche se despierta amenudo sobresaltado, +con un sudor frío, gritando miserablemente: +«¡Hay que morir! ¡hay que morir!»</p> + +<p>Por largo tiempo vivió casi en absoluto retirado, +sin salir más que cuando se lo ordenaba +aquella voluntad que había logrado señorear la +suya. Después, como sufriese demasiado, temiendo +que sus negros pensamientos acabasen +con su razón, le dio por recorrer los contornos +a pie o a caballo, hasta fatigarse. El cansancio +corporal prestaba descanso a su espíritu; el espectáculo +de la naturaleza serenaba su atormentada +imaginación.</p> + +<p>Era un tarde fría y oscura. Las nubes pesan +amontonadas sobre las colinas que cierran el +horizonte por el Norte, y ocultan las altas montañas +de Lorrín que se extienden como una cortina +lejana por el Oeste. Han caído fuertes chubascos +que convirtieron en laguna la parte baja +de la ciudad y en lodazales las carreteras que de +ella parten. Apesar de esto el conde manda ensillar +su caballo, sale de Lancia por la carretera +de Castilla, y galopa entre torbellinos de +lodo al través de las praderas y los bosques de +castaños. Las hojas amarillentas de los árboles, +lavadas por la lluvia, brillan como monedas de +oro; mil arroyuelos serpean vacilantes por la falda +de la colina y van a depositar sus aguas en la +llanura, que se dilata verde y mojada con suaves +ondulaciones. Una franja más oscura señala el +cauce del Lora, que se oculta misterioso bajo +sus mimbreras y espesas filas de alisos.</p> + +<p>El conde, con la cabeza, echada hacia atrás, +los ojos medio cerrados, aspiraba con delicia el +fresco húmedo de la tarde. La carretera flanqueaba +la colina en suave declive. Antes de +trasponerla y perder de vista la ciudad, detuvo +el caballo y echó una mirada atrás. Lancia era +un montón, no grande, de techos rojos, sobre los +que resaltaba la flecha oscura de la catedral. +Debajo percibió una mancha amarilla, el bosque +de robles de la Granja. Más abajo las torrecillas +anaranjadas de su casa solariega.</p> + +<p>La lluvia ha cesado. Un viento frío barre las +nubes y las precipita detrás de los montes. El +firmamento se despliega trasparente con el pálido +azul de los días de otoño. Algunas estrellas +apuntan ya como diamantes en el horizonte. +Los árboles, las montañas, los arroyos, el valle +cubierto de su verde tapiz brillan indecisos +bajo la tenue claridad del crepúsculo.</p> + +<p>El conde pone de nuevo su caballo al galope +y desciende velozmente por el flanco de la colina +que oculta a Lancia. El viento oprime sus +sienes, zumba en sus oídos produciéndole una +dulce embriaguez que disipa las negras nubes +de su imaginación. Por la enlodada carretera no +encuentra sino algún hato de ganado, algún +trajinante con su recua, o carro tirado pausadamente +por bueyes, en el fondo del cual duerme +descuidadamente el carretero. Mas antes de +trasponer un recodo, cree escuchar rumor lejano +de ruedas y campanillas. Es la silla de posta +que llega al anochecer a Lancia. Al cruzar a su +lado dirige una mirada distraída al fondo, y +chocan sus ojos con otros grandes y lucientes. +Siente un estremecimiento eléctrico, vuelve la +cabeza con presteza, pero sólo percibe ya la trasera +de la silla que se aleja. Tira de las riendas +al caballo y la sigue: a los pocos momentos se +detiene avergonzado y prosigue su marcha.</p> + +<p>¿Sería Fernanda? Una sensación fugaz, pero +muy clara, se lo decía. Sin embargo, pudo haberse +equivocado. Ninguna noticia tenía de su +llegada. Sabía que se quedara viuda hacía unos +meses. Granate había rodado al fin como un buey +bajo el golpe de la apoplejía. Pero al mismo +tiempo era válida la voz de que la viuda del indiano +aborrecía de muerte a Lancia desde la +humillante farsa con que sus compatriotas la +habían regalado al casarse. El hecho de no haber +venido cuando la muerte de su padre, acaecida +el año anterior, lo dejaba bien probado.</p> + +<p>El conde pensó algunos momentos en esto; +al cabo se le borró de la mente; le distrajo una +nube violada y espesa que avanzaba hacia el zenit +presagiando nuevo chubasco. Pero en el fondo +de su espíritu quedó algo indeterminado y +dulce que le puso de buen humor. Revolvió el +caballo y llegó a Lancia ya bien de noche, chorreando +y cubierto de lodo, pero el corazón ligero +y alegre sin saber por qué.</p> + +<p>Fernanda no vaciló un instante. Lo vio y lo +conoció tan claramente que pudo hasta advertir +las señales que el tiempo y los cuidados habían +impreso en su semblante. Le pareció más viejo; +creyó ver en su luenga barba rubia algunos mechones +plateados. Al mismo tiempo en sus ojos, +posados un instante sobre ella, adivinó el sufrimiento, +el hastío, algo triste, que le impresionó +alegremente. El recuerdo de su antiguo novio +había vivido siempre en el fondo de su pecho. +Ni la traición, ni el desdén, ni las mil distracciones +a que se arrojó en la vida frívola y +bulliciosa de París, habían logrado arrancarlo +de allí. Si le hubiera hallado satisfecho, en la +plenitud de su fuerza y salud, no habría sentido +aquel soplo dulce que la acarició un instante. +En tal alegría maligna había el rencor inextinguible +de la mujer desdeñada, pero también algo +alado, sonoro, vaporoso, como la esperanza, que +cantó y rió en su alma y disipó los negros pensamientos +que se acumulaban sobre su frente.</p> + +<p>La necesidad, no su querer, la obligaban a +volver a Lancia, donde había jurado no poner +los pies nunca más. Su marido tenía hecho testamento +a su favor. Los hermanos de aquél +lo impugnaban. Se había entablado un pleito, +que ganó en primera instancia. Venía acompañada +de una antigua sirviente de su padre, +trasformada en dama de compañía, y de un mayordomo. +Desde Madrid había telegrafiado a +una prima, y ésta, en unión con Manuel Antonio, +dos de las niñas de Mateo y algunas amigas +más, la esperaban en la mal empedrada plazoleta +del Correo, donde paraba la diligencia. Y +vengan de abrazos y achuchones y besos, y vayan +de preguntas y exclamaciones y lágrimas. +La ofendida heredera de Estrada-Rosa no había +imaginado sentir tal alegría al poner la planta +en su pueblo natal.</p> + +<p>Sus amigas la llevaron abrazada, casi en volandas, +hasta casa. Allí se despidieron todas, +menos Emilita Mateo, a quien Fernanda hizo +una seña para que se quedase. Las dos amigas +ascendieron lentamente, cogidas por la cintura, +aquella escalera, amplia, encerada, que tantas +veces sus pies menudos de niña habían pisado. +No tardaron en encerrarse en el antiguo gabinete +de la hija de Estrada-Rosa para saborear +la hora de las dulces confidencias. Entre besos +y sonrisas y protestas de fiel amistad se contaron +su vida durante aquellos cinco años. Fernanda +hablaba de su difunto marido con una +compasión que quería ser triste y resultaba altamente +despreciativa. Vivió con él en una suerte +de antagonismo de ideas, de gustos y deseos, +que los mantuvo constantemente alejados. Ni fue +feliz ni desgraciada. Fueron cinco años de aturdimiento +en que desfilaron ante su vista calles +populosas, teatros resplandecientes, hoteles magníficos, +salones de baile, trajes deslumbradores, +muchos conocidos y ningún amigo. Su marido +se plegaba a sus caprichos a la fuerza, como un +oso indómito que obedeciese gruñendo al palo +del domador. Habían tenido una niña, que se murió +a los cuatro meses.</p> + +<p>La juguetona Emilia fue muy desgraciada en +su matrimonio. Núñez había salido un <i>perdis</i>. +Ya lo sabía Fernanda, pero vagamente. En cartas +no es fácil descender a ciertos significativos +pormenores. Al principio muy bien, pero luego +las malas compañías le habían echado a perder. +Le dio por el juego primero, después por la bebida, +últimamente por las mujeres. Esto último +era lo que más sentía Emilia. Todo se lo +perdonaba de buen grado: que viniese borracho +a las tantas de la madrugada, que le empeñase +los pendientes, los cubiertos, hasta el capuchón +de abrigo; lo que no podía sufrir era que se le +viese entrar en casa de una perdida que vivía en +la calle de Cerrajerías. Al decir esto la hija +del Jubilado soltaba un torrente de lágrimas. +Apenaba más verla llorar, por la alegría revoltosa +que siempre fue el distintivo de su carácter. +Fernanda la acariciaba tiernamente y compartía +sus lágrimas. Al cabo de un rato de silencio +le preguntó:</p> + +<p>—Pero ¿tú le sigues queriendo?</p> + +<p>—¡Sí, hija, sí!—exclamó con rabia.—No lo +puedo remediar. Cada vez estoy más ciega +por él.</p> + +<p>—¡Vaya por Dios! Tu pobre padre estará también +disgustadísimo.</p> + +<p>—¡Figúrate!... Y lo peor es—añadió llorando +amargamente—que ahora volvió a su manía +antigua contra el ejército... Dice cosas horribles +de los militares... ¡Sí, sí, horribles!... En cuanto +yo entro por casa empieza a disparatar, nada +más que por mortificarme... Mis hermanas +le apoyan... Nos llaman holgazanes y dicen... +dicen que se debe reducir el contingente...</p> + +<p>Al llegar aquí, los sollozos rompían el tierno +pecho de la esposa de Núñez. Fernanda, que +también lloraba viéndola tan afligida, no pudo +menos de sonreír.</p> + +<p>—¡Tus hermanas también!</p> + +<p>—¡Ya lo creo!... ¡Todos, todos desean que se +reduzca!...</p> + +<p>Cuando la hija de Estrada-Rosa le hubo demostrado +que no era tan fácil como parecía la +reducción de las fuerzas de tierra, su espíritu se +serenó al fin poco a poco. Luego concertaron +ambas dar una sorpresa a la sociedad laciense. +Fernanda se presentaría aquella noche sin previo +anuncio en la tertulia de Quiñones. Una alegría +infantil se apoderó de ambas con este proyecto. +Así que le dieron forma, despidiose Emilita, +prometiendo volver enseguida a buscar a su +amiga.</p> + +<p>Eran las diez de la noche cuando subían ambas +los peldaños de piedra, que rezumaban siempre +por la humedad, de la vasta escalera señorial +de los Quiñones.</p> + +<p>Al llegar arriba Emilita prohibió al criado +que las anunciase. Ella misma abrió la puerta +del salón y empujó a Fernanda hacia adentro.</p> + +<p>Fue una aparición que dejó extáticos por un +instante a los tertulios. La hija de Estrada-Rosa, +lucía un traje elegantísimo recién salido del taller +de una de las más afamadas modistas de +París. Su belleza, de la cual sus compatriotas +no conocían más que el delicado botón, se había +convertido en rosa espléndida en los cinco años +de vida refinada y elegante. Maravillosa por la +arrogancia de su talle, por el brillo de sus grandes +ojos africanos, por la delicadeza de su cutis, +la hermosura de Fernanda había adquirido en +París su complemento necesario, la gracia, el +noble y sencillo ademán, el gusto para vestirse, +la suprema distinción que en Lancia no hubiera +logrado jamás. Su traje negro de seda dejaba +descubiertos pecho y espalda. Algunas carreras +de perlas tejidas entre los cabellos componían +todo el adorno de su cabeza.</p> + +<p>Amalia fue la primera que la vio, y su sangre +fluyó de repente al corazón. Repuesta inmediatamente, +corrió a saludarla.</p> + +<p>—¡Oh! Ya sabía que usted había llegado; pero +no imaginé que fuese tan amable...</p> + +<p>Ambas se miraron a los ojos y se declararon, +con un chispazo, el odio que ardía en el fondo +de sus almas. Pero habían cambiado las circunstancias. +Amalia era cinco años atrás la dama +más elegante y distinguida de la población, la +única cuyo porte y refinamiento de costumbres +trascendía a otra esfera más culta y espiritual. +Fernanda la aventajaba ahora infinitamente. +Aquélla había envejecido de modo ostensible. +Entre sus cabellos se veían ya bastantes hebras +plateadas; su tez, siempre pálida, había perdido +toda su frescura; además, había perdido el deseo +y el gusto para vestirse, se había ido plegando +poco a poco bajo la presión de la sociedad ordinaria +y cursi que la rodeaba, adaptándose a ella +y descuidándose más y más de su persona. El +contraste era, por lo tanto, más vivo. Bien lo advirtió +la noble esposa del maestrante y se sintió +humillada hasta el fondo de su ser. Una sonrisa +de despecho contrajo sus labios mientras cambiaba +con Fernanda los obligados saludos. Ésta +gozaba de su triunfo con grave y serena alegría.</p> + +<p>Las damas rodeáronla inmediatamente. Fue +un diluvio de besos y abrazos acompañados de +vivas exclamaciones de gozo. Los hombres, que +formaban círculo detrás, avanzaron también sus +manos y estrecharon con efusión la de la hermosa +viajera. Y entre tanto pláceme y tanta frase +congratulatoria, o por olvido o por vergüenza, +nadie osaba hacer alusión a la desgracia que la +joven había experimentado algunos meses atrás; +ni el más mínimo recuerdo para el oso colorado +que dormía su sueño eterno en un cementerio de +París. Tan sólo cuando la efervescencia de los saludos +hubo calmado, Amalia la cogió sonriente +las manos y exclamó mirándola de arriba abajo:</p> + +<p>—¡Sabe usted que son muy elegantes los trajes +de duelo en París!</p> + +<p>Fernanda hizo una mueca de desdén.</p> + +<p>—Poco importa el vestido si se lleva el duelo +en el corazón—apuntó María Josefa, que en los +cinco años trascurridos había aguzado prodigiosamente +el filo, el contrafilo y la punta de su +lengua.</p> + +<p>Las mejillas de Fernanda se tiñeron de carmín. +Se avergonzó como si fuese un delito no +sentir la pérdida de <i>Granate</i>. Luego, irritada por +aquella hostilidad, estuvo a punto de mostrar +violentamente su enojo. Volvió la espalda y se +puso a hablar con otras damas.</p> + +<p>En aquel momento el conde de Onís salió del +gabinete y vino a saludarla. Le tendió la mano +con afectuosa sonrisa. Ella le entregó la suya de +un modo glacial, separando rápidamente la mirada. +Sin embargo, pudo advertirse alrededor de +sus ojos un círculo pálido que denunciaba la +emoción. Para disimularla se encaminó al gabinete, +diciendo con afectada ligereza que la dejasen +libre, que a quien tenía más gana de ver era +a D. Pedro.</p> + +<p>El noble maestrante yacía en su sillón con +los naipes en la mano. Sus cabellos y su barba +estaban más blancos, pero tan erizados e +indómitos. Sus facciones enérgicas parecían más +acentuadas; sus ojos hundidos brillaban con fulgor +más delirante. Al mover con trabajo aquel +gran torso atlético desprovisto de base los rasgos +de su fisonomía se contraían con expresión +de feroz impotencia que inspiraba tristeza +y miedo. Pero si su cuerpo se abatía a ojos vistas, +alzábase su orgullo cada vez con más brío. +Todos los días crecía un poco el respeto que se +consagraba a sí mismo por llamarse Quiñones +de León y el desprecio a los demás por haber +nacido bajo el estigma de otro nombre cualquiera. +Agradeciendo profundamente al cielo la dicha +con que había querido favorecerle, tendría +a pecado quejarse de su suerte y envidiar a los +otros hombres la facultad de usar de sus piernas. +¿Qué importa que Juan Fernández pueda +andar, correr y saltar, si al fin y al cabo se llama +Juan Fernández? Lo único que le preocupaba +algunas veces era si convendría a la dignidad +de un Quiñones poseer unas extremidades enteramente +inertes, y si no sería preferible que viviesen +para participar de la gloria del resto del +organismo. Pronto desechaba, sin embargo, tales +inquietudes pensando justamente que vivas o +muertas aquellas extremidades ocupaban un rango +superior en la sociedad. Cuando Fernanda +entró en el gabinete alzó los ojos y clavó en ella +una mirada penetrante que la abrazó de la cabeza +a los pies. Ni la hermosura ni el porte, singularmente +elegante, de la joven debieron dejarle +satisfecho, porque la convirtió inmediatamente a +los naipes y exclamó con insolente protección:</p> + +<p>—¡Hola, pequeña! ¿Eres tú? ¿Cuándo has llegado?</p> + +<p>Apesar de sentirse mortificada por aquel tono, +Fernanda le saludó afectuosamente.</p> + +<p>—Me alegro de verte tan buena, querida, y aprovecho +la ocasión para darte el pésame. Ya sabes +que yo no escribo cartas hace años. He sentido +mucho a Santos... Oiga usted, Moro: ¿se propone +usted no darme en su vida una carta decente?... +Era un buen sujeto, un vecino excelente, incapaz +de hacer daño a nadie. No hallarás otro marido +como él. Tenía una cualidad que se encuentra +muy difícilmente: la modestia. Apesar +del dinero que había logrado juntar, no pretendía +salirse de su esfera; siempre se manifestó +respetuoso con los superiores. ¿Verdad, Saleta, +que no era como esos piojos resucitados, que +así que les suenan algunas monedas en el bolsillo +olvidan las judías y el centeno, como si en +su vida los hubiesen probado?... Valero, siéntese +usted, y diga pronto si es vuelta eso que tiene... +¿Vienes a establecerte aquí, chiquita, o te +vuelves a ver a los <i>franchutes</i>?</p> + +<p>Fernanda, que sintió perfectamente toda la +hiel de aquel discurso, respondió fríamente, y +después de pocas palabras más se volvió al +salón.</p> + +<p>A D. Pedro le había molestado el tufillo +de elegancia y distinción que despedía la hija +de Estrada-Rosa. Le irritaba que alguien se +alzase en torno suyo, siquiera fuese solamente +algunas pulgadas. Aborrecía todo lo extranjero, +y muy particularmente aquel París, donde +imaginaba que los Quiñones de León no tenían +influencia muy decisiva. Hasta sospechaba vagamente, +con horror, que eran desconocidos. Por +supuesto que procuraba apartar la mente de tan +disparatada idea. Si llegase a penetrar por +completo en su espíritu, ¿qué le restaba al noble +caballero? Morir, y nada más.</p> + +<p>Haciéndole la partida de tresillo están los +mismos personajes que ya conocemos. Saleta, el +gran Saleta, cuyas mentiras siguen fluyendo de +su boca suaves y almibaradas, lo cual le obligaba +a relamerse amenudo. Faltó poco para que +Lancia se viese privada para siempre de este +magnánimo y divertido varón. Jubilado hacía +tres años, fue a establecerse a su país, donde permaneció +uno solamente. La nostalgia de Lancia, +de la tertulia de Quiñones, y sobre todo de las +burlas de su colega Valero, le impulsaron a +dejar la patria gallega para venir de nuevo a +habitar entre los lacienses. Valero, ascendido +a presidente de sala, más ajado cada día, +más jaranero y ceceoso, se sienta a la izquierda +del prócer. Enfrente está Moro, ideal inaccesible +de todas las niñas casaderas, cuya cabeza infatigable +soporta fácilmente doce horas de tresillo +sin mareo ni turbación alguna. De todas las +instituciones creadas por los hombres, la más firme, +la más respetable es ésta; el tresillo. Por su +inquebrantable solidez puede compararse muy +bien a las leyes inmutables de la naturaleza. Para +Moro es tan verdad que la <i>espada</i> vale más que el +<i>basto</i>, como que los cuerpos al caer siguen un movimiento +uniformemente acelerado. Y allá en el +fondo oscuro de la cámara dormita en la misma +butaca el glorioso Manín con su calzón corto, +chaqueta de bayeta verde y fuertes zapatos claveteados. +Tiene el pelo gris, casi blanco. Pero +no es esto lo peor para él. Lo verdaderamente +triste es que el pueblo no le considera ya como +un cazador feroz envejecido en la lucha con los +osos de las montañas. Aquella leyenda se ha ido +disipando poco a poco. Sus compatriotas tenían +razón. Manín no era más que un zampatortas. +En Lancia se ríen también de sus proezas y le +miran como un viejo bufón del loco y heráldico +señor de Quiñones.</p> + +<p>Fernanda consiguió al fin sustraerse a los plácemes +de sus amigos y fue a sentarse en un rincón +apartado. Estaba triste. La hostilidad de los +dueños de la casa le había impresionado. Pero +no era esto lo principal, aunque ella hiciese por +creerlo. El motivo recóndito, que se avergonzaba +de confesar a sí misma, era Luis. El saludo afectuoso +de su antiguo novio había despertado súbito +todos sus recuerdos, todas sus ilusiones, las +penas y las dichas de otro tiempo que dormían +en el fondo de su alma como pajarillos entre las +hojas del árbol. La agitación interior era intensísima, +pero nada o muy poco se traslucía en su +continente grave y frío. Sin embargo, sintió un +fuerte estremecimiento al escuchar muy cerca +de su oído estas palabras:</p> + +<p>—¡Qué hermosa te has puesto, Fernanda!</p> + +<p>Se hallaba tan distraída que no advirtió que +el conde se había sentado a su lado. Involuntariamente +se llevó la mano al sitio del corazón. +Repuesta inmediatamente, sonrió diciendo:</p> + +<p>—¿Te parece?</p> + +<p>—Sí... Y yo qué viejo, ¿verdad?</p> + +<p>Hizo un esfuerzo y le miró a la cara con +fijeza.</p> + +<p>—No; algunas canas en la barba... y el aspecto +un poco fatigado.</p> + +<p>El temblor de su voz contrastaba con la aparente +indiferencia que quiso dar a sus palabras.</p> + +<p>El conde se puso repentinamente serio, llevose +la mano a la frente y replicó al cabo de unos +momentos con acento sombrío y como si se hablase +a sí mismo:</p> + +<p>—Fatigado, sí; ésa es la verdadera palabra... +¡Muy fatigado!... La fatiga me sale por los +poros.</p> + +<p>Guardaron ambos silencio. El conde quedó +entregado a una intensa meditación que trazó +en su frente arruga profunda. Al cabo dijo, entablando +nuevamente conversación:</p> + +<p>—Ya te había visto antes de venir aquí.</p> + +<p>—¿Dónde?—preguntó ella afectando sorpresa.</p> + +<p>—En la carretera. Salí esta tarde a dar un paseo +a caballo y me crucé con la silla de posta. +Te conocí perfectamente.</p> + +<p>—Pues yo no te he visto... Recuerdo que encontramos +dos o tres jinetes antes de llegar a +Lancia, pero no he conocido a ninguno.</p> + +<p>Al decir esto no pudo impedir que una ola de +carmín tiñese de nuevo sus mejillas. Volvió, para +disimular, la cabeza. Sus ojos tropezaron con los +de Amalia, que se posaban sobre ellos lucientes, +acerados. Contempláronse un instante. La boca +felina de la valenciana se contrajo con una sonrisa. +Fernanda quiso corresponder con otra tan +falsa, pero no pudo. Volviose de nuevo hacia el +conde y hablaron de cosas indiferentes, de teatros, +de música, de proyectos de viaje.</p> + +<p>Sin embargo, aquél se mostraba más y más +preocupado. Iba perdiendo el aplomo y hablaba +equivocándose, como si su pensamiento anduviese +lejos. Guardaba silencio algunos momentos, +pugnaba por decir algo, movíanse sus labios, +pero en vez de articular lo que quería, expresaban +otra cosa distinta, algo trivial y ridículo +que le avergonzaba en cuanto salía de ellos. +Fernanda le observaba con atención, ganando la +serenidad y la calma que él perdía rápidamente. +Parecía embebida por completo en la conversación, +describiendo con naturalidad sus impresiones +de viaje, expresando sus opiniones con la +misma indiferencia que si no mediase entre ellos +más que una antigua y tranquila amistad. Luis +concluyó por ponerse taciturno. Al fin tuvo resolución +para decir, aprovechando un instante de +silencio:</p> + +<p>—Cuando me acerqué a tí estabas muy distraída. +¿En qué pensabas?</p> + +<p>—No me acuerdo... ¿En qué querrías tú que +pensase?</p> + +<p>El conde vaciló un momento; pero animado +por la graciosa sonrisa de su ex-novia se atrevió +a articular:</p> + +<p>—En mí.</p> + +<p>Fernanda le miró en silencio, con curiosidad +burlona bajo la cual chispeaba una alegría imposible +de ocultar. El conde se puso colorado +hasta las orejas, y las hubiera entregado seguramente +a las tijeras por no haber pronunciado +aquellos dos fatales monosílabos.</p> + +<p>—Bien...—dijo la joven alzándose de la silla.—Hasta +luego. Me alegro de verte bueno.</p> + +<p>—¡Escucha!</p> + +<p>—¿Qué hay?—dijo retrocediendo el paso que +había dado para alejarse y posando en él unos +ojos sonrientes y maliciosos que concluyeron de +fascinarle.</p> + +<p>—Perdona si mis palabras te han ofendido.</p> + +<p>Fernanda hizo una mueca de desdén y se alejó +exclamando:</p> + +<p>—¡Arrepiéntete, pecador, que el infierno tienes +delante!</p> + +<p>¡El infierno! Esta palabra, soltada a la ligera, +como broma, hizo dar un vuelco a su corazón; +despertó la preocupación constante de su +existencia desde hacía algún tiempo. Todos los +Gayoso habían vivido bajo la influencia de esta +idea funesta. Pero el terror de sus abuelos parecía +dilatarse en su espíritu, atormentándolo, +enloqueciéndolo. Amalia necesitaba luchar heroicamente +para distraerle por poco tiempo de +sus escrúpulos. Por eso ahora, cuando le hizo +seña para que se acercase, le vio alzarse tétrico +de la silla y aproximarse lentamente como si le +arrastrasen. Tenía ella demasiado talento y orgullo +para mostrarse herida de la corta plática +que acababa de tener con su antigua novia. Le +acogió con la misma sonrisa, dirigiole la palabra +con su habitual y afectada ligereza, y no se +acordó ni del nombre de Fernanda. Pero sus labios +pálidos se contraían de coraje cada vez que +le veía volver los ojos hacia aquélla. Y el incauto +lo hacía amenudo.</p> + +<p>Una hermosa niña de ojos azules y flotante +cabellera dorada apareció en la puerta, conducida +por una doméstica.</p> + +<p>—¡Oh, qué tarde!—exclamó la señora de Quiñones.—¿Por +qué ha tardado usted tanto en +traerla, Paula?—añadió severamente.</p> + +<p>Ésta contestó que la niña se había entretenido +jugando <i>al milano que le dan</i>, y que lloraba +cada vez que la querían acostar.</p> + +<p>—¿No tienes sueño aún, rica mía?—dijo la +dama trayéndola hacia sí y pasándole la mano +tiernamente por los bucles de su cabellera.</p> + +<p>Los tertulios se interesaron vivamente por la +criatura. Fue de uno a otro recibiendo caricias +y pagándolas con afectuosos besos de despedida.</p> + +<p>—Buenas noches, Josefina.—Hasta mañana, +rica.—¿Has sido buena hoy?—¿Te ha comprado +tu madrina la muñeca que cierra los ojos?</p> + +<p>El conde la miraba con los ojos húmedos, haciendo +esfuerzos increíbles para dominar su +emoción. La sentía siempre que se ofrecía a su +vista aquella niña. Cuando le tocó la vez no +hizo más que rozar con los labios su rostro cándido. +Pero Josefina, con el admirable instinto +que los niños tienen para saber quién los ama, +se colgó a su cuello dándole pruebas de particular +cariño.</p> + +<p>Fernanda también la contemplaba con vivo +interés, con una intensa curiosidad que le hacía +abrir extremadamente los ojos. Josefina tenía +seis años, la tez nacarada, los ojos de una +dulzura infinita, azules y melancólicos; algo de +triste y enfermizo en toda su diminuta persona. +El parecido con el conde saltaba a la vista.</p> + +<p>Cuando la niña le dejó, los ojos de aquél chocaron +con los de Fernanda. Sintiose turbado: fue +a sentarse más lejos.</p> + +<p>Josefina vestía con elegancia. Los señores +de Quiñones la criaban con mimo, como hija +adoptiva. Por mucho tiempo éste fue el asunto +preferido de las murmuraciones de Lancia. Se +averiguaba con vivo interés el coste de sus sombreritos; +se comentaba el número de juguetes +que le compraban; hacíanse cálculos sobre la +cantidad en que la dotarían al casarse. Pero ya +se habían fatigado de tanto comentario. Tan +sólo cuando venía rodada se dejaba escapar alguna +alusión mordaz, o se noticiaba al oído algún +nuevo descubrimiento.</p> + +<p>La niña fue a parar a un grupo donde estaban +María Josefa, la doncella de la lengua devastadora, +y Manuel Antonio, bello siempre como el +primer rayo de la mañana.</p> + +<p>—Oyes, Josefina: ¿a quién quieres más, a tu +madrina o a tu padrino?—preguntole aquél.</p> + +<p>—A madrina—respondió la niña sin vacilar.</p> + +<p>—Y a quién quieres más, ¿a tu padrino o al +conde?</p> + +<p>La niña le miró sorprendida con sus grandes +ojos azules. Pasó por ellos una ráfaga de desconfianza +y respondió frunciendo su hermoso +entrecejo:</p> + +<p>—A mi padrino.</p> + +<p>—¿Pero el conde no te trae muchos juguetes? +¿no te lleva en coche a la Granja? ¿no te ha comprado +el trajecito de charra?</p> + +<p>—Sí... pero no es mi padrino.</p> + +<p>Los del grupo acogieron con risa esta respuesta. +Comprendían que la niña mentía. Don +Pedro no era hombre para inspirar afecto muy +vivo a nadie.</p> + +<p>—Pues yo creo que el conde también es tu +pa...drino.</p> + +<p>—No tal; yo no tengo más que un padrino—manifestó +la chica, cada vez más recelosa.</p> + +<p>Y se alejó del grupo.</p> + +<p>Fue donde estaba Amalia; se le puso delante +cruzando sus bracitos sobre el pecho y dijo haciendo +una reverencia:</p> + +<p>—Madrina, la bendición.</p> + +<p>La dama le entregó su mano, que la niña besó +con respetuoso cariño. Luego, cogiéndola en sus +brazos, la besó en la frente.</p> + +<p>—Que descanses, hija mía. Ve a pedir la bendición +a tu padrino.</p> + +<p>La niña se dirigió al gabinete. Estas prácticas +del tiempo pasado placían mucho al señor de +Quiñones.</p> + +<p>Josefina se acercó a él con timidez. Aquel +gran señor paralítico le infundía siempre miedo, +aunque procuraba disimularlo porque así se lo +había ordenado su madrina.</p> + +<p>—Señor, la bendición—dijo con voz apagada.</p> + +<p>El alto y poderoso maestrante no hizo caso. +Fijo en las cartas que tenía en la mano, envuelto +en su talma gris con la cruz roja en el pecho, +iba creciendo por momentos ante los ojos turbados +de la pobre Josefina. No comprendía que hubiese +en el mundo nada más grande, más imponente +y digno de respeto que aquel noble señor. +De esta misma opinión participaba D. Pedro. +Por eso hacía tiempo que había resuelto confundir +a todos los seres que le rodeaban en una masa +caótica, en la cual sólo dos o tres aparecían con +algún carácter individual.</p> + +<p>La niña aguardó con sus bracitos cruzados +cerca de un cuarto de hora. Al fin el señor de +Quiñones, después de jugar una entrada con fortuna, +se dignó clavar en ella una mirada severa +que la hizo empalidecer. Alargó su aristocrática +mano con ademán digno de su tocayo Pedro +el Grande de Rusia, y Josefina posó sobre ella +sus labios temblorosos y se fue.</p> + +<p>No estaba muy conforme aquel varón excelso con +que su esposa criase con tal mimo a una expósita, +pero lo consentía porque lisonjeaba su +vanidad. Amalia le había dicho, sabiendo dónde +le dolía:</p> + +<p>—Criarla para doméstica lo haría cualquiera +en Lancia. Nosotros debemos hacer las cosas de +otro modo.</p> + +<p>D. Pedro no pudo menos de sentir el peso de +aquella verdad innegable.</p> + +<p>Josefina cruzó el salón para ir a acostarse. Al +pasar rozando con Fernanda, que estaba sentada +y sola, ésta la pilló al vuelo por un bracito y +la atrajo. Toda la alegría, toda la ternura que +en aquel momento rebosaba de su corazón, +desbordose con violencia sobre la criatura, a +quien cubrió de besos. No se acordó para nada +de su rival, a quien adivinaba vencida. Sólo pensó +en que era hija de <i>él</i>, su sangre, su misma +imagen. Y besó con éxtasis aquellos ojos azules +profundos, melancólicos, aquella tez nacarada, +aquellos bucles dorados que circuían su rostro +como un nimbo de luz.</p> + +<p>—¡Oh, qué hermoso pelo! ¡Qué cosa tan hermosa, +Dios mío!</p> + +<p>Y apretaba sus labios contra él y hasta sumergía +el rostro entre sus hebras con tanta voluptuosidad +y ternura que estaba a punto de llorar.</p> + +<p>En aquel momento una voz estridente, imperiosa, +sonó en sus oídos.</p> + +<p>—¡Todavía no te has ido a acostar, arrapiezo!</p> + +<p>Y al levantar los ojos vio a Amalia, con el rostro +pálido, los labios apretados, que cogió a la +niña con violencia por el brazo dándole una +fuerte sacudida y la arrastró hacia la puerta.</p> + + + +<hr /> +<h3><a name="XI" id="XI"></a>XI</h3> + +<p class="cab">La cólera de Amalia.</p> + + +<p>A la mañana siguiente, Paula, por orden +de su señora, llevó a la niña al cuarto +de la plancha, la sentó en una silla +alta y pidió las tijeras a la doncella, que cosía +al pie del balcón.</p> + +<p>—¿Qué vas a hacer?—preguntó Josefina.</p> + +<p>—Cortarte el pelo.</p> + +<p>—¿Por qué?... Yo no quiero que me cortes el +pelo.</p> + +<p>Y se bajó resueltamente de la silla. Paula tornó +a alzarla.</p> + +<p>—¡Quieta!—le dijo severamente.</p> + +<p>—¡Yo no quiero!... ¡no quiero!—exclamó con +graciosa resolución.</p> + +<p>—La verdad es que da lástima cortar un pelo +tan hermoso—dijo otra de las doncellas, que estaba +planchando.</p> + +<p>—¿Qué quieres, hija? Quien manda, manda.</p> + +<p>Y tomando uno de los preciosos bucles de la +cabellera, lo separó de un tijeretazo.</p> + +<p>—¡Déjame, Paula!—gritó la niña.—¡Lo voy a +decir a madrina!</p> + +<p>—¿Sí, preciosa? ¿Vas a decírselo a madrina +de veras?... Bueno, ya se lo dirás cuando terminemos.</p> + +<p>Y sin hacer más caso de sus protestas, dejando +caer las palabras con zumba, prosiguió imperturbable +su tarea. Pero la niña se bajó de +nuevo, irritada, furiosa. Entonces Paula pidió +auxilio a Concha, la costurera, y mientras ésta +la tenía sujeta a la silla, aquélla la fue despojando +uno a uno de todos sus bucles. Después +arregló como mejor pudo los cabellos que quedaban.</p> + +<p>—¡Qué lástima!—volvió a exclamar la planchadora.</p> + +<p>—Hija, no está mal así tampoco—repuso Paula +peinándola con esmero.</p> + +<p>En aquel momento apareció la señora en el +cuadro de la puerta.</p> + +<p>—¡Madrina! ¡ven, madrina!... Mira, Paula y +Concha me han cortado el pelo.</p> + +<p>Amalia avanzó algunos pasos por la estancia +y, evitando la mirada de la niña, fijó los ojos severos +en su cabeza, y dijo con imperio y frialdad:</p> + +<p>—No está bien así. Córtelo usted al rape.</p> + +<p>Y se alejó con la frente fruncida. Josefina, atónita, +la siguió con los ojos. Jamás había visto en +el semblante de su madrina tanta frialdad y dureza. +Quedó asombrada, pensativa y dejó ya, sin +hacer el más leve movimiento, que Paula cumpliese +el mandato.</p> + +<p>Pronto quedó la cabecita rubia mondada como +un melocotón. Las domésticas prorrumpieron +en carcajadas.</p> + +<p>—¡Hija de mi alma, que retefeísima te han +puesto!—exclamó María la planchadora con +acento de duelo, pero sin poder reprimir la risa.</p> + +<p>—No digas eso, mujer—repuso Concha con +dejillo amargo.—¡Si está preciosa!</p> + +<p>Era una mujer de veinticinco años o más, extremadamente +pequeña, casi tan pequeña como +Josefina, de ojos hundidos y ariscos, a quien todos +los criados de la casa temían.</p> + +<p>Paula reía también pasando y repasando sus +manos por la cabeza de la criatura.</p> + +<p>—Cuando haga falta un perulero para el +aceite, ya sabéis dónde lo habéis de hallar—prosiguió +Concha.</p> + +<p>Disipada la lástima, adivinando que la chiquita +había caído en desgracia, las criadas se +entregaban a la alegría cambiando bromas sin +gracia, pero que las hacían reír perdidamente. +Josefina había permanecido quieta, silenciosa, +con la cabeza baja. Las burlas lograron al fin +hacer su efecto. Dos lágrimas asomaron rezumando +por sus largas pestañas. Concha se incomodó:</p> + +<p>—¿Lloras por el pelito?.. ¡Qué lástima de azotes!... +No tienes tú la culpa, sino los que te crían +como una princesita siendo tanto como nosotras... +digo, menos que nosotras—añadió por lo +bajo,—que al fin tenemos padres.</p> + +<p>—¡Vamos, Concha, déjala!... No hagas caso, +monina, que pronto tendrás pelo otra vez—dijo +María con acento maternal.</p> + +<p>La niña, impresionada por la caricia, comenzó +a sollozar y salió de la estancia.</p> + +<p>Cuando por la noche se presentó en el salón, +de aquella forma, el conde no pudo reprimir un +gesto de cólera y clavó una mirada interrogante +en Amalia. Ésta contestó a aquel gesto y a aquella +mirada con sonrisa provocativa. Y en alta +voz dijo que le había mandado cortar el pelo +porque había notado que la niña empezaba a +presumir.</p> + +<p>—¡Claro! ¡Tanto la adulan ustedes que se ha +puesto inaguantable!</p> + +<p>El conde, irritado, buscó al instante ocasión de +acercarse a Fernanda y anudaron la plática de +la noche anterior. Estuvieron locuaces, afectuosos. +Fernanda contó con pormenores su vida de +París. Luis se mostró singularmente expansivo, +no ocultando la alegría de su corazón, hablando +animadamente bajo la mirada iracunda de Amalia +posada sobre él. En una pausa Fernanda alzó +los ojos sonrientes hacia su ex-novio y le preguntó, +no sin ruborizarse un poco:</p> + +<p>—¿A que no sabes por qué le han cortado el +pelo a la niña?</p> + +<p>El conde la miró sin contestar.</p> + +<p>—Ayer lo elogié yo mucho y me permití besarlo.</p> + +<p>Era la primera vez que Fernanda se daba por +enterada de su secreto. Experimentó una fuerte +sacudida. Sus mejillas se enrojecieron. Las de +ella también. En largo rato no hallaron palabras +que decirse.</p> + +<p>En los días siguientes, el conde comenzó a +dar repetidos paseos por la calle de Altavilla y +a pasar largos ratos en el café de Marañón. La +sociedad laciense se sintió conmovida hasta sus +cimientos ante tamaño acontecimiento. Desde +entonces más de trescientos pares de ojos le espiaron +sin cesar. Dejó de ir todos los días a casa +de Quiñones y asistió una que otra vez a la tertulia +exigua de las de Meré, como se seguía diciendo +en Lancia, aunque en realidad ya no hubiese +en el mundo más que una. Carmelita había +muerto hacía lo menos tres años. No quedaba +más que Nuncia, la menor, y ésa casi totalmente +paralítica. Del sillón a la cama y de la +cama al sillón: era todo lo que andaba con trabajo. +Moralmente también se hallaba privada de +movimiento, falta del impulso protector que le +prestaba su hermana. Desde que ésta bajara al +sepulcro, no tenía ya quien la sujetase. Esto, lejos +de alegrarla, la sumía en una melancolía profunda. +Al pasar repentinamente a la categoría +de persona <i>sui juris</i>, la pobre Niña había experimentado +desazón increíble: todo le asustaba, +todo era conflictos de los cuales le parecía +imposible salir; echaba menos aquellas +ásperas reprensiones que, si la hacían derramar +abundantes lágrimas, habían reprimido saludablemente +sus juveniles arranques y cortado los +funestos resultados que pudiera acarrear su inexperiencia.</p> + +<p>Eran sus tertulios asiduos algunos pollastres +nuevos, varios gallos conocidos y un número bastante +mayor de lindas y feas damiselas que acudían +a la casa sedientas de marido. Porque la Niña, +en esto como en todo, mantenía religiosamente +las tradiciones legadas por su hermana. Era la +protectora decidida de todos los noviazgos que se +iniciaban en Lancia, por desatinados que fuesen. +La pequeña casa de la calle del Carpio continuaba +siendo la fragua donde se forjaba la +dicha conyugal de los honrados vecinos de +Lancia.</p> + +<p>El que acudía con más constancia era Paco +Gómez. La razón, que le habían arrojado de +casa de Quiñones a consecuencia de una frase +de las suyas. Preguntaba cierto forastero en un +corro de Altavilla cómo había quedado paralítico +el maestrante. «En realidad no está paralítico—repuso +Paco,—porque no tiene lesión alguna; +sólo que las piernas no pueden con la heráldica +que se le ha subido a la cabeza, y se le doblan +en cuanto da un paso.» Lo supo Quiñones por +un traidor y dio orden de que no se le recibiese.</p> + +<p>Era el alma y el regocijo de la tertulia de la +Niña. La vaya incesante con que mortificaba a +ésta los tenía a todos en continuo espasmo de +risa.</p> + +<p>—Vamos, Nuncia, ¡mucho ojo! No hables demasiado, +porque ya sabes que te he visto las +pantorrillas y... y... y...</p> + +<p>La pobre octogenaria se ruborizaba como una +niña de quince. Nada la sofocaba tanto como +este recuerdo importuno de la tarde del columpio.</p> + +<p>Luis y Fernanda comenzaron a verse aquí +una o dos veces por semana. Lejos de la mirada +fulgurante de Amalia, aquél se encontraba +a gusto, recobraba su serenidad. Hablaban larguísimos +ratos en voz baja, sin que nadie les +molestase; al contrario, la Niña tenía buen cuidado +de proporcionarles ocasión y espacio suficientes. +Asistía, no obstante, a casa de Quiñones; +veía a Amalia en secreto cuando se lo exigía, +pero iba apareciendo más frío, más esquivo. +Ella, advirtiéndolo perfectamente, no daba +su brazo a torcer, no le hablaba palabra de +su ex-novia. Sin embargo, un día no pudo contenerse:</p> + +<p>—Sé que te entretienes largos ratos en casa +de las de Meré hablando con Fernanda.</p> + +<p>Lo negó cobardemente.</p> + +<p>—Ten cuidado con lo que haces—prosiguió, +clavando en él sus ojos siniestros,—porque una +traición pudiera salirte cara.</p> + +<p>Estaba tan acostumbrado al dominio de aquella +terrible mujer, que sintió un estremecimiento +de frío, como si algo aciago se cerniese +ya sobre su cabeza. Pero en cuanto salió +a la calle, fuera de la influencia magnética de +aquellos ojos que le turbaban, sintiose invadido +por una sorda irritación: «Después de todo, ¿por +qué me amenaza? ¿Es mi esposa? ¿Qué derechos +tiene sobre mí? Lo que estamos haciendo es un +pecado grave, es un crimen. ¿Quién puede privarme +del arrepentimiento, de reconciliarme +con Dios y ser bueno?» El arrepentimiento había +sido en los últimos tiempos un vago deseo, gracias +a la fatiga de su amor y aún más al miedo +desapoderado que el infierno le inspiraba. Ahora +se convirtió en verdadero anhelo. Verdad que +ofrecía mayores atractivos. Rechazar el pecado +valerosamente, purificarse, librarse del fuego +eterno... y además poseer a Fernanda.</p> + +<p>Hacía tiempo que sus relaciones criminales +no tenían más que un punto luminoso, Josefina. +Si no fuese por ella, se hubiera marchado de +Lancia. Esta criatura, blanca y silenciosa como +un copo de nieve, que poseía la fragancia de los +lirios, la inocencia de las palomas, la dulzura +melancólica de una noche de luna, esparcía sobre +su alma, atormentada por el remordimiento, +un bálsamo que la refrescaba deliciosamente. +¡Cuántas veces, teniéndola entre sus brazos, se +preguntaba sorprendido cómo un ser tan inocente, +tan puro, tan divino, pudiera ser hijo del +pecado! Pero aun aquella misma niña era ocasión +de nuevos y crueles tormentos. No verla a solas +sino de tarde en tarde; hallarse obligado a disimular +sus sentimientos, a besarla fríamente +como los demás, más fríamente que los demás; +no poder llamarla hija del corazón, no sentirla +gorjear el tierno nombre de padre, le +entristecía y en ciertos momentos le desesperaba. +Desquitábase cuando una que otra vez, +muy rara, le consentían llevarla a la Granja. +Allí se pasaba las horas en éxtasis, teniéndola +sobre sus rodillas, acariciándola frenéticamente.</p> + +<p>La niña se había acostumbrado a estas violentas +expresiones de cariño y las agradecía. A +veces sentía su cabecita blonda mojada por las +lágrimas de su amigo. Alzaba los ojos sorprendida, +pero viéndole sonreír, sonreía también +y alargaba sus labios de coral para darle un +beso.</p> + +<p>—¿Por qué lloras, Luis? ¿Tienes pupa?</p> + +<p>Josefina no entendía que hubiese motivo más +grave en el mundo para llorar. Amaba a Luis +tiernamente, y eso que le chocaba y entristecía +la frialdad que con ella usaba ordinariamente. +Poco a poco había ido adivinando, con precoz +instinto, que el conde la quería más que los otros +y que disimulaba. Ella también adoptaba, siguiendo +el ejemplo, una actitud indiferente +cuando se acercaba a él en público. Pero cuando +estaban solos, entregábase con el mismo entusiasmo +a las expansiones del cariño, y esto +sin saber por qué, sin darse cuenta de lo que +hacía.</p> + +<p>Desde el día en que su madrina ordenó que +le cortasen el pelo, Josefina pudo notar que había +caído en desgracia. Ya no la besaban con +trasporte, ya no satisfacían sus mínimos antojos, +ya no era la preocupación constante de la +casa. Amalia comenzó a contrariarla, a usar +con ella un tono frío y displicente; y las criadas +siguieron el ejemplo de su señora. La pobre +niña, sin comprender qué significaba aquel +cambio, sintió su pequeño corazón apretarse; +exploraba con sus bellos ojos profundos los +semblantes y trataba de descifrar el enigma que +guardaban. Se hizo más grave, más recelosa, +más tímida. Y como viera que le negaban los +juguetes o las golosinas que antes le otorgaban +a manos llenas, se abstuvo de pedirlos.</p> + +<p>Amalia, en vez de gozar como antes con sus +gracias infantiles, parecía huirlas. Dio orden de +que no se la llevasen por la mañana a la cama, +según costumbre. Cuando la tropezaba casualmente +en los pasillos, pasaba de largo evitando +mirarla. A todo más se acercaba preguntándole +con acento displicente:</p> + +<p>—¿No te has lavado todavía? Anda, ve a +que te arreglen. O bien: «Me han dicho que no +has sabido la lección de catecismo. Te vas haciendo +muy holgazana. Cuidado que seas buena, +porque si no, te encierro en la cueva de los ratones.»</p> + +<p>Antes se ocupaba ella en tomarle las lecciones, +en ponerle la aguja en la mano y guiar sus +diminutos dedos. Ahora abandonaba casi siempre +esta tarea a las doncellas. Vivía en un estado +de preocupación sombría que no pasaba desadvertida +a los criados. Josefina también la adivinaba; +veía que su madrina estaba cambiada, +no sólo con respecto a ella, sino en todo su modo +de ser. Y allá, vagamente, en los limbos oscuros +de su pensamiento se engendraba la idea de +que estaba triste, que padecía y que ésta era la +causa de su mal humor.</p> + +<p>Un día estaba la dama sola en su gabinete. +Se había dejado caer en una butaca. Inmóvil, +con la cabeza echada hacia atrás y las manos +pendientes, parecía dormida. Sin embargo, Josefina, +que rondaba el gabinete, se atrevió a mirar +por la rendija de la puerta y observó que +tenía los ojos abiertos, muy abiertos, y que su +frente estaba temerosamente fruncida. Sin saber +lo que se hacía, con esa ciega confianza que los +niños tienen en sí mismos, empujó la puerta y +penetró en la estancia. Acercose silenciosamente +a la señora, y echándose repentinamente sobre +su regazo, le dijo, clavando en ella una mirada +de tímido afecto:</p> + +<p>—Dame un beso, madrina.</p> + +<p>La dama se estremeció.</p> + +<p>—¿Cómo estás aquí? ¿Quién te ha dado permiso +para entrar? ¿No te han dicho que no subas +sin que te llamen?—preguntó frunciendo aún +más el ceño.</p> + +<p>—Quería darte un beso—dijo con voz apagada +Josefina.</p> + +<p>—Déjame de besos. Anda, y cuidado con subir +otra vez sin mi permiso.</p> + +<p>Pero la niña, embargada por la emoción, no +sabiendo a qué atribuir aquel despego y queriendo +vencerlo a toda costa, próxima a llorar, +se echó aún más sobre el regazo y trató de subirse +para alcanzar su rostro.</p> + +<p>—Dame un beso, madrina.</p> + +<p>—¡Quita! ¡Déjame!—replicó la dama impidiéndola +alzarse.</p> + +<p>La niña se obstinó.</p> + +<p>—¿No me quieres? Dame un beso.</p> + +<p>—¡Que te quites, chicuela!—gritó enfurecida.—¡Lárgate +ahora mismo!</p> + +<p>Al mismo tiempo le dio un fuerte empujón. +Josefina, después de tambalearse, rodó por el +suelo, dando con la cabeza en el pie de una silla.</p> + +<p>Alzose llevando la mano al sitio dolorido, +pero no lloró. Un sentimiento de dignidad, que +muchas veces se aloja con fuerza en los corazones +infantiles, le prestó fortaleza para resistir +el llanto que brotaba a los ojos. Dirigió a su +madrina una mirada de indefinible tristeza y +salió corriendo de la estancia. Cuando llegó a +la escalera se dejó caer sobre un peldaño y rompió +a sollozar.</p> + +<p>Las espinas de la vida comenzaron a clavarse +cruelmente en las carnes delicadas de aquella +niña, que hasta entonces sólo flores había hallado +en su camino. El despego de Amalia fue creciendo +de día en día. A la par crecía también la +reserva y la timidez de su hija. Pero como al fin +era niña, esta tristeza disipábase a veces al impulso +de un capricho. Entonces era cuando realmente +se mostraba la frialdad y ojeriza de la +dama.</p> + +<p>—Señora, Josefina no quiere ponerse el vestido +verde.</p> + +<p>—¿Pues?</p> + +<p>—Dice que está sucio.</p> + +<p>Amalia se levantó, fue al cuarto de la niña +y, cogiéndola por un brazo y sacudiéndola rudamente, +le dijo:</p> + +<p>—¿Qué orgullo es ése? ¿No sabes, muñeca, +que en esta casa no eres nadie? ¿Que estás aquí +por misericordia? Ten cuidado no enfadarme, +porque el día menos pensado te planto en la +calle, de donde te he recogido.</p> + +<p>Las criadas escucharon estas palabras y las tuvieron +bien presentes. Josefina hasta entonces había +sido tratada como hija de los señores: en +adelante se la consideró como una hija postiza: +más tarde, como advenediza. La servidumbre se +vengaba con placer de los minuciosos cuidados +que antes se veía obligada a prodigarle, de +aquellas ásperas reprensiones que recibían por +su causa. En particular Concha, la microscópica +doncella, experimentaba una alegría indecible, +propia de su carácter maligno y rencoroso, +cada vez que la señora mostraba de algún +modo su desdén por la niña recogida.</p> + +<p>Ésta ocupaba una habitación que daba al jardín, +alegre y espaciosa. Concha, aunque primera +doncella y costurera de la casa, alojábase en +un cuartucho lóbrego, con ventana al patio, que +compartía con María. El gabinete de Josefina había +sido siempre para ella objeto de envidia. Más +de una vez la había expresado con palabras bien +pesadas para aquélla. Aprovechándose de la +disposición de su ama, obtuvo permiso para +dormir también en este gabinete, a pretexto de +que Paula, que ocupaba una alcoba contigua, +tenía el sueño pesado. Instalose cómodamente, +hizo uso del tocador y de los enseres de la niña. +Pocos días después la mandó a dormir con María +en su antiguo cuarto, sin decir una palabra +a su ama. Cuando ésta lo supo, ya había pasado +algún tiempo: la reprendió sin aspereza por +no haberle dado parte, pero no modificó los hechos +consumados.</p> + +<p>Más adelante se le ocurrió degradarla de otra +manera. Josefina comía a la mesa con los señores. +El alto y poderoso maestrante no había +consentido en ello al principio: importunado +por su esposa, cedió al fin, no sin repugnancia. +Concha, penetrada de la ojeriza de su señora, +comenzó a intrigar para privar de este honor a +la recogida. Exagerando lo que daba que hacer, +lo mucho que se manchaba y lo que perturbaba +el servicio de la mesa, logró a la postre que no +se sentase a ella y sí en una pequeñita que se le +puso en el cuarto de la plancha, próximo a la +cocina. A los pocos días la misma Amalia, en +un acceso de mal humor, dijo que aquel doble +servicio no podía ser tolerado y que se la llevasen +a la cocina a comer con los criados.</p> + +<p>Concha la sentó en un taburete, le puso un +plato de barro y una cuchara de madera en la +mano y le dijo:</p> + +<p>—Come.</p> + +<p>La niña levantó la cabeza estupefacta; pero +al ver la sonrisa maligna que brillaba en los +ojos de la doncella, bajola de nuevo y se puso a +comer sin protesta alguna. Concha no quedó +satisfecha; deseaba que se rebelase; verla +llorar.</p> + +<p>—¿Qué es eso? ¿No te gusta la cuchara?... +Pues, hija, come con ella, que también cómo yo +y soy tan buena como tú... ¡Qué te creías, bobalicona! +¿Pensabas que porque te ponían el sombrerito +y la camisa de batista eras una señorita... +Las señoritas no vienen metidas en un cesto +entre trapos sucios...</p> + +<p>Y por ahí continuó soltando a chorros sarcasmos +e insultos, hasta que al fin la pobre Josefina +rompió a llorar. Las demás criadas, menos +malévolas, se veían, no obstante, lisonjeadas +por aquella humillación. Al fin se pusieron +de su parte, trataron de consolarla, mientras +Concha, despiadada, más dura y más fría que el +mármol, siguió persiguiéndola largo rato con rechifla +sangrienta.</p> + +<p>Pocos días después, al cruzar Josefina por el +cuarto de la plancha para ir al comedor, oyó a +Concha decir dirigiéndose a María:</p> + +<p>—Di, chica, ¿has planchado ya la ropa de la +hospiciana?</p> + +<p>Se detuvo, sin saber a quién se refería, y paseó +su mirada recelosa de una a otra doméstica, +hasta que una carcajada, que ambas soltaron a +la vez, le hizo comprender que se trataba de +ella.</p> + +<p>—¿Por qué me llamáis hospiciana?—exclamó +la inocente pugnando para no llorar.—Lo voy a +decir a mi madrina.</p> + +<p>—¡Alza; corre a decírselo!—replicó Concha +empujándola a la puerta.</p> + +<p>Desde entonces no se le dio otro nombre entre +la servidumbre.</p> + +<p>Amalia prohibió que la llevasen por la noche +al salón. El conde, que ya no veía a su hija +mas que este momento, pidió explicaciones. La +dama manifestó que, debiendo levantarse temprano +para estudiar sus lecciones, necesitaba +más sueño. No se dio aquél por convencido. +Comprendía que se trataba de una ruin venganza; +pero tuvo la prudencia de callar, temiendo +mayor daño.</p> + +<p>A Amalia se le ocurrió entonces herirle de +modo más directo. La niña, a quien había privado +no sólo de sus caricias, sino de todas sus +preeminencias en la casa, iba camino de ser una +criadita más. En un instante quedó trasformada +por completo. La señora dio orden de que se le +guardasen todos los sombreros y vestidos y se +le pusiese el más pobre y más viejo del guardarropa; +que se le hiciesen delantales como a las +demás criadas y se la emplease en los menesteres +de la cocina que pudiese ejecutar.</p> + +<p>Los amores del conde y Fernanda eran cada +día más notorios. Aunque en casa de Quiñones +se guardaban de hablarse con intimidad, a la celosa +valenciana no se le ocultaba lo que entre +ellos existía. Sus ojos traspasaban como dos rayos +de luz el cerebro de su amante y leían con +claridad dentro de él. Luis estaba enamorado +de su antigua novia. Las relaciones adúlteras +le pesaban en el alma como una losa de piedra. +Ella, la amada, la preferida de otros días, le +parecía ahora vieja y marchita frente aquella +espléndida rosa que acababa de abrirse por completo. +Si no la había abandonado ya, era por debilidad +de carácter, por el ascendiente poderoso +que en siete años de relaciones había logrado +adquirir sobre él. Pero no apetecía otra cosa. +Lo leía perfectamente en sus miradas huidas; +en la preocupación sombría que pesaba sobre él, +rota algunas veces por súbita y extravagante +alegría; en el temor y en el servilismo, cada vez +mayores, con que se acercaba a ella.</p> + +<p>Una noche el conde pidió un vaso de agua. +Los ojos de Amalia brillaron repentinamente. +Había llegado el momento ansiado. Tiró de la +campanilla y dijo con singular inflexión a la +doncella que acudió:</p> + +<p>—Paula, que traigan un vaso de agua.</p> + +<p>Pocos instantes después se presentó Josefina, +pobremente vestida, con un mandilito de tela +burda, calzados los pies con toscos zapatos, soportando +trabajosamente entre sus pequeñas +manos una bandeja con vaso de agua y azucarillo. +Los tertulios quedaron estupefactos. Luis +empalideció. Avanzó la niña hasta el medio del +salón, mirando tímidamente a su madrina. Esta +le hizo seña de que se acercase al conde.</p> + +<p>Vaciló el caballero como si estuviese distraído; +pero viendo a la criatura plantada delante +de él, se apresuró a tomar el vaso y se lo llevó +con mano temblorosa a los labios. Los ojos de +Amalia se mostraban en tanto fríos, indiferentes; +pero en sus labios había imperceptibles estremecimientos +que revelaban el gozo cruel que sentía. +En la tertulia reinó, mientras se efectuaba +esta escena, un significativo silencio.</p> + +<p>Luego que Josefina hubo salido, la señora de +Quiñones explicó a sus tertulios con naturalidad +aquella mudanza. Se trataba de un castigo necesario +al orgullo que la niña empezaba a mostrar +con los criados. No duraría mucho. Sin embargo, +necesitaba vencer a todas horas la voluntad de +Quiñones, que se oponía a que fuese educada con +tanto mimo.</p> + +<p>—La verdad es—concluyó diciendo con acento +tan natural, que ninguna actriz lo hallaría más +adecuado a la ocasión,—la verdad es que algunas +veces no puedo menos de darle la razón en +mi interior. ¿Qué bien le hacemos a esta pobre +niña colocándola en una situación donde no ha +de poder sostenerse? Mañana, que nosotros nos +muramos, la pobre necesitará buscarse el sustento +trabajando, si antes no encuentra un marido... +¿Y qué marido le vamos a dar a una muchacha +con necesidades y sin dinero?</p> + +<p>Los tertulios no cayeron en la trampa. En realidad +tampoco ella lo pretendía. Todo aquello +venía a reducirse a puro convencionalismo, pues +a nadie se le ocultaba lo que había debajo. Poco +después, no pudiendo dominar la molestia que +sentía, el conde se despidió.</p> + +<p>—Este negocio de Luis no se presenta nada +bien—decía a última hora Manuel Antonio en un +grupo que se retiraba por la calle de Altavilla, +donde iban María Josefa, el Jubilado y su hija Jovita.—El +matrimonio con Fernanda, si es que lo +llega a realizar, le ha de costar muchos disgustos.</p> + +<p>—¿Crees tú?...—preguntó María Josefa para +tirarle de la lengua.</p> + +<p>—¡Madre!... ¿Eres tonta, mujer? ¿No conoces +a Amalia como yo?</p> + +<p>—¿Y qué tiene que partir Amalia en el matrimonio +de Luis?—preguntó Jovita, que en su +calidad de soltera, aunque hubiese cumplido +los treinta y dos, le convenía hacer patente su +candor.</p> + +<p>—¡Ay! Es verdad que teníamos aquí esta <i>fanciullina</i>—exclamó, +haciendo cómicos ademanes +de susto, el marica.—¡No me hacía cargo!... +Nada, monina, nada; sigue adelante, que son cosas +de los grandes...</p> + +<p>La hija del Jubilado se volvió iracunda al sentir +el alfilerazo y replicó con una frase insolente. +Pagole Manuel Antonio con otra, y se entabló +animada disputa rebosando de palabras amargas +e intencionadas que se prolongó hasta casa +del Jubilado, no sin que éste hubiese hecho algunos +vanos esfuerzos para poner paz entre ellos. +La mejor parte la llevó, como siempre, el marica, +que poseía para lanzar sus frases el vigor de +los hombres y la sutil intención de las hembras.</p> + +<p>Al día siguiente el conde logró una entrevista +con Amalia y le dio sus quejas por la escena de +la noche anterior. La dama se manifestó amable, +condescendiente, justificó su conducta por +el bien de la niña. Luis observó, sin embargo, +que hablaba de un modo particular: creyó percibir +en la miel de sus palabras un dejo de amargura +e ironía que le sobresaltó. Salió preocupado, +inquieto: en algunos días no pudo quitar de +sí el malestar de aquella entrevista.</p> + +<p>Pero el amor prendía fuego rápidamente en +todos los aposentos de su alma y consumió al fin +aquel último resto de preocupación. Estaba profundamente +enamorado. Y como siempre acaece, +a la par que crecía su amor aumentaba también +su timidez. Al principio, en sus largas conversaciones +con Fernanda, aparecía sereno, galante, +no perdonaba medio de demostrar a su ex-novia +su admiración y rendimiento. De repente comenzó +a perder el aplomo, a huir todo asunto +relacionado con sus propios sentimientos, a evitar +las frases galantes. Fernanda no se equivocó. +Ahora es cuando había llegado aquel amor, +tras del cual tanto tiempo había corrido, que +tantas lágrimas le había costado.</p> + +<p>Sus pláticas, aunque fuesen de asuntos indiferentes, +tenían un sabor delicado, exquisito. Hablaban +horas y horas, sin cansarse, de las cosas +más insignificantes, por el placer de verse tan +cerca, de escucharse.</p> + +<p>Fernanda charlaba con toda la alegría de su +corazón, sin curarse de la timidez de su adorador, +al contrario, gozando al ver el empeño pueril +con que evitaba el confesar su amor, sabiendo +que en cuanto ella diese la señal se entregaría +atado de pies y manos.</p> + +<p>El momento llegó al fin. Un día la hermosa +viuda se resolvió <i>a declararse ella</i>. Hablaban del +matrimonio; de las segundas nupcias. Luis comenzó +a sobresaltarse, a emitir sus opiniones +con voz temblorosa, a tratar de huir la conversación. +Fernanda dijo de repente con perfecta +calma y en tono resuelto:</p> + +<p>—Yo no volveré a casarme segunda vez.</p> + +<p>Se puso pálido. La cara se le entristeció de +tal manera que la joven, reprimiendo a duras penas +una sonrisa, repitió con más resolución aún:</p> + +<p>—No volveré a casarme segunda vez... a no +ser contigo.</p> + +<p>El conde la contempló desencajado.</p> + +<p>—¿Es de veras eso?—preguntó al fin con voz +temblorosa.</p> + +<p>—¡Y tan de veras!—repuso ella mirándole +sonriente.</p> + +<p>—Dame esa mano, Fernanda.</p> + +<p>—Tómala, Luis.</p> + +<p>Se las estrecharon fuertemente por unos momentos. +El conde se levantó sin decir otra palabra. +Cuando llegó a casa, le escribió una larga +carta de seis pliegos pintándole con los más vivos +colores su pasión, dándole fervorosas gracias, +llamándose indigno gusano tres o cuatro +veces.</p> + +<p>El matrimonio quedó concertado para cuando +terminase el año de luto. Faltaban dos meses. +Decidieron guardar el secreto y que la ceremonia +no se celebrase tampoco en Lancia. Unos días +antes del prefijado saldría ella para Madrid; poco +después se le juntaría él, y en la corte quedarían +unidos para siempre.</p> + +<p>En los pueblos es muy difícil ocultar cualquier +cosa: un proyecto de boda, imposible. Por +la intensidad de la mirada cada par de ojos se +convierte en cien pares; por su virtud acústica, +cada oído en cien oídos. En sus pasos, en sus +miradas, en el modo de saludarse y despedirse +los ingeniosos lacienses adivinaban como verdaderos +magos lo que pensaban, medían exactamente +el progreso de aquellas relaciones que les +tocaba en lo más vivo del corazón.</p> + +<p>Una tarde, al pasar Manuel Antonio por delante +de la tétrica morada del conde, vio salir a +la doncella con una caja de cartón en las manos. +El marica sintió en la nariz olor de caza, +tomó vientos un instante, y la siguió.</p> + +<p>—Adiós, Laura—dijo pasando delante de ella.</p> + +<p>Y volviéndose de repente le preguntó en tono +indiferente:</p> + +<p>—¿Cómo sigue tu amo?</p> + +<p>—El señor conde no está malo.</p> + +<p>—¡Ah! Pues me dijeron... Como no le veo +hace dos días... ¿Vas de compras para la señora?</p> + +<p>—Son camisetas para el señor conde.</p> + +<p>—¿De casa de Ramiro?... Déjame verlas, yo +también tengo que comprar.</p> + +<p>La doncella abrió la caja y el marica se puso +a examinar el contenido.</p> + +<p>—Son muy finas. Esto es demasiado caro para +mí, hija.</p> + +<p>—Sí, señor, son caras. Pues el señor conde +todavía no las encuentra buenas. Quiere a toda +costa que sean de seda, y por más que anduve +todos los comercios, no las hay. No tiene más +remedio que encargarlas.</p> + +<p>—¿De seda? ¡Madre! Entonces se nos va a +casar.</p> + +<p>—Yo no sé nada de eso, señorito—se apresuró +a replicar la criada con señales de turbación.</p> + +<p>—¡Quita allá, hipocritona!—exclamó riendo.—Tú +lo sabes como yo y como todo el mundo... +¿Y para cuando?</p> + +<p>—Le digo que no sé nada.</p> + +<p>Pero el marica insistió tanto, se mostró tan +expresivo y familiar que al cabo de un rato la +criada desembuchó lo que tenía dentro.</p> + +<p>—Pues mire, yo no puedo decirle a punto fijo +lo que hay, pero creo que se casa y pronto. El +otro día oí unas palabras a la señora condesa...</p> + +<p>—¿Qué palabras?</p> + +<p>—Decía al ama de llaves que, en cuanto su +hijo se fuese, iría a pasar una temporada a la +Granja. Después, mirando por el agujero de la +llave, la vi llorar. Además, Fray Diego estuvo +anteayer en casa... pero no sé si debo decirle...</p> + +<p>—Vamos, mujer, ¿qué importa? ¿Te figuras +que yo soy una gaceta?</p> + +<p>—Pues le oí decir al tiempo de despedirse: +«Nada, nada; tienen mucha razón; es mucho +mejor que lo hagan en Madrid. Éste es un pueblo +muy envidioso...»</p> + +<p>El gozo que sintió Colón al descubrir la tierra +del Nuevo Mundo no fue nada en comparación +con el de nuestro marica. No sólo sabía sin género +de duda que se casaban, sino dónde había +de efectuarse la ceremonia. Embarazado por noticia +tan capital y queriendo aliviarse enseguida +de aquel peso, se puso a imaginar sobre quién +haría más efecto. Su pensamiento fue derecho a +Amalia. Hacia el palacio de Quiñones enderezó, +pues, sus menudos y graciosos pasos.</p> + +<p>Era la hora del oscurecer. Halló a la señora +sentada en su gabinete, sin luz, entregada sin +duda a una de esas intensas y dolorosas meditaciones +que desde hacía algún tiempo la embargaban. +Manuel Antonio se mostró jovial y decidor, +trató de alegrarla cuanto pudo, atrayendo +de nuevo la sangre a aquel corazón ulcerado +para que la puñalada fuese más dolorosa. Pidió +chocolate, lo tomaron jaraneando lindamente: +Amalia llegó a olvidarse de sus preocupaciones. +Y cuándo más olvidada estaba ¡zas! la bomba. +Pero dejada caer suavemente, con arte infinito, +el arte que sólo posee una mujer, reforzado por +el ingenio masculino.</p> + +<p>Lo único que sintió fue no poder verle la cara. +El gabinete estaba ya casi en tinieblas. Pero advirtió +bien claramente el destrozo de la explosión +en el sonido de la voz, en la frialdad de la mano +al despedirse.</p> + +<p>Amalia quedó en pie, rígida, inmóvil, largo +rato. Apoyose en la cortina de crespón para mirar +a la calle y la destrozó. Trató de abrir su +escritorio para tomar el pomo de esencia, pero +dio demasiada vuelta a la llave y estropeó la cerradura.</p> + +<p>Salió de la estancia y vagó, por los pasillos +oscuros y escaleras, con incierta planta, como un +fantasma. Allá a lo lejos vio un punto luminoso y +se dirigió hacia él involuntariamente como una +mariposa. Era el comedor, que ya estaba alumbrado. +Sentada a la mesa, armando unos pastorcitos de +barro, restos de su pasada riqueza, estaba +Josefina. La pantalla de la lámpara proyectaba +viva luz sobre su cabecita monda y dorada como +una naranja. Amalia se detuvo un instante y la +contempló con ardiente mirada, devorando con +los ojos aquel semblante grave y melancólico que +tan fielmente reflejaba el de Luis. Dio un paso +y la niña volvió la cabeza. La mirada de sus +ojos azules era igualmente dulce y triste; el movimiento +de las pestañas, idéntico. La esposa del +maestrante salvó de dos pasos la distancia que la +separaba y cayó sobre ella como un tigre hambriento. +Golpeó, mordió, desgarró. Sus uñas dejaron +al instante surcos morados en aquel rostro +cándido. La sangre comenzó a brotar. La niña, +loca de terror, lanzaba chillidos penetrantes. +Apenas tuvo tiempo a ver a su madrina. No sabía +qué era aquello. Amalia, insaciable, golpeaba, +hería sin cesar. Los gritos de la víctima hacían +crecer su furor. Se detuvo rendida al fin.</p> + +<p>—Madrina, ¿qué hice?—exclamó la pobre niña +huyendo hacia un rincón.</p> + +<p>Esta pregunta, la mirada de angustia con que +la acompañó, enfurecieron de nuevo a la dama. +Volvió a golpearla despiadadamente. La criatura +se tapaba el rostro con las manos. Entonces +le cogía las orejas, las estrujaba hasta arrancarlas. +No satisfecha todavía, irritada de no poder +herirla en la cara, tomó un plumero que había +sobre la mesa, y con el mango comenzó a sacudirle +sobre las manos, dejándolas cubiertas de +cardenales.</p> + +<p>Al fin consiguió salvarse. Las criadas, que +habían acudido y presenciaban atónitas la escena, +dejáronla paso y huyó por los pasillos y tomó +por la escalera. La puerta de la calle estaba +abierta. El cochero, al llevar los caballos al +agua, la había dejado así. Josefina salió de la +casa y corrió desalada por la calle de Santa Lucía, +penetró en la travesía de Santa Bárbara, +atravesó la plazuela del Obispo y, bajando por +la calle de la Sastrería, salió por la puerta de +San Joaquín a la carretera de Sarrió.</p> + +<p>Había cerrado ya la noche. Caía suavemente +una lluvia menuda, pero espesísima, que en poco +tiempo la caló hasta los huesos. La desgraciada +criatura corrió todavía algún tiempo y al fin se +detuvo jadeante. El pretil de la carretera estaba +bajo en aquel sitio y se sentó. Entonces fue +cuando sintió el dolor de los golpes. Llevose las +manos a la cabeza, después a la cara, por donde +sentía correrle un líquido caliente, que al principió +pensó sería la lluvia.</p> + +<p>Pronto se convenció de que era sangre. ¡Sangre! +¡La cosa en el mundo a que ella tenía más +terror! Dominada aún por el susto, no se quejó. +Levantó la falda de su vestidito y se secó, o por +mejor decir, se lavó la cara, porque el vestido +estaba mojado.</p> + +<p>Pero lo que más sentía, lo que le dolía de un +modo horrible eran las manos. No sabiendo qué +hacer para aliviarse, comenzó a soplarlas. Luego +las chupó. Pero el dolor era tan recio que exclamó +al fin sollozando:</p> + +<p>—¡Ay mis manos!</p> + +<p>En aquel momento se alzaron ante ella entre +las sombras de la noche dos enormes figuras que +la dejaron helada de espanto. Una de ellas se +abalanzó y la cogió por un brazo.</p> + +<p>—¿Qué haces ahí?—dijo con voz bronca.</p> + + + +<hr /> +<h3><a name="XII" id="XII"></a>XII</h3> + +<p class="cab">La justicia del barón.</p> + + +<p>En una gran sala de la casa solariega +de los Oscos, amueblada con cuatro +trastos viejos, tapizada con dos dedos +de polvo, se encuentran sentados a una antigua +mesa de roble dos conocidos personajes de esta +historia. Uno es el propio barón, dueño de la +casa. El otro, su amigo Fray Diego. Tienen delante +un tarro de ginebra vacío, otro a medio +vaciar y sendas copas. Ni mantel, ni tapete, ni +bandeja; el único adorno de la mesa son las +manchas caprichosas que el vino y la ginebra +en feliz consorcio con el polvo han ido dejando +con el trascurso de los meses y los años. La estancia +es lóbrega, porque la calle del Pozo lo es +y porque los cristales emplomados, hace años ya +que no se han limpiado, y porque la tarde está +declinando.</p> + +<p>A la poca luz que allí consigue penetrar puede +verse la faz de ambos excesivamente roja, tan +roja que parece imposible no brote la sangre +de sus ojos encarnizados. La del barón ha llegado +al límite de su fiera y espantable fealdad. +Aquella cicatriz sangrienta que le surca el rostro +se destaca ahora con todas sus rugosidades, +tan áspera y negra que da grima verla. Sus bigotes +cerdosos, unidos a las patillas, son ya más +blancos que negros. Viste zamarra negra y cubre +su cabeza una gran boina roja cuya borla +cae arremolinada, unas veces sobre las orejas, +otras sobre las narices, según los movimientos +que imprime a su torso de ogro.</p> + +<p>Hace largo rato que guardan silencio. Fray +Diego de vez en cuando lleva la mano al tarro de +la ginebra, llena la copa de su amigo, luego la +suya, y gravemente la apura de un trago. El barón +no es tan expedito: toma su copa, la sube a +la altura de los ojos y hace frente ella una serie +de muecas a cual más horrorosa; después la toca +con el borde de los labios, vuelve a las muecas, +vuelve a tocarla; por fin, después de largos ensayos +y vacilaciones, se decide a apurarla.</p> + +<p>De esta manera grave y prudente se solazan +los dos antiguos soldados de D. Carlos casi todas +las tardes del año. El pueblo lo sabe, y hay +entre sus jocosos habitantes entabladas varias +apuestas sobre cuál de los dos moriría primero +de apoplejía.</p> + +<p>Fray Diego había servido también en las filas +del Pretendiente. Luego se había ordenado, se +hizo fraile, estuvo en Filipinas; finalmente, se +secularizó y vivía en Lancia como capellán suelto. +Mientras la guerra no se habían conocido. +Cuando se encontraron en Lancia quedaron +unidos con indisoluble amistad por la identidad +de ideas, por el recuerdo de las gloriosas batallas +a que asistieron... y por la ginebra.</p> + +<p>—¡Viva el papa soberano de todos los reyes +de la tierra!—exclamó después de largo silencio, +en que ambos parecían dormitar, Fray Diego. +Al mismo tiempo dio un tremendo puñetazo +sobre la mesa que hizo bailar los tarros y las +copas.</p> + +<p>El barón no se conmovió poco ni mucho. Siguió +haciendo guiños a la copa que tenía delante +y, después de apurarla muy reposadamente y chasquear +tres o cuatro veces la lengua, dijo:</p> + +<p>—Despacio, despacio, Fray Diego; usted no +sabe todavía lo que son los papas.</p> + +<p>—¡Viva el papa soberano de todos los reyes +de la tierra!—volvió a exclamar el cura, dando +otro puñetazo más fuerte.</p> + +<p>—Cuidado, Fray Diego, que los papas han +sido siempre muy ambiciosos.</p> + +<p>—¡Señor barón!—exclamó el clérigo con voz +enfática de cómico de la legua.—¡Tiene usted el +alma tan fea como el rostro!</p> + +<p>El barón quedó tan sosegado ante aquel insulto. +Después de un rato dijo con perfecta tranquilidad:</p> + +<p>—No sea usted botarate. ¿Qué tiene que ver +mi cara en estos asuntos? Yo soy católico, apostólico, +romano; pero si mañana el rey, nuestro +señor (llevose la mano a la boina al decir esto), +me manda con un destacamento a Roma, voy a +allá como el condestable de Borbón, la saqueo y +prendo al pontífice.</p> + +<p>—Y yo digo que si Su Santidad me mandase +meter una cuarta de bayoneta por el ombligo a +ese condestable, tenga usted por seguro que le +metía dos.</p> + +<p>—No.</p> + +<p>—¿Cómo no?—rugió el capellán poniéndose +carmesí.</p> + +<p>—Porque el condestable ha muerto hace tres +siglos.</p> + +<p>—Me alegro. Tres siglos hace que arde en los +infiernos.</p> + +<p>—Todo eso está muy bien, <i>pater</i>, pero el rey +siempre arriba, ¿estamos? y los demás a callar y +obedecer.</p> + +<p>—¡El papa no calla nunca, señor barón!</p> + +<p>—Pues se le pone una mordaza.</p> + +<p>—¡Quisiera yo ver ¡porra! ¡reporra! ¡cien veces +porra! quién se la ponía estando cerca Fray Diego +de Areces!—gritó el clérigo alzándose convulso +y echando fuego por los ojos.</p> + +<p>—Siéntese, <i>pater</i>, y cálmese y escancie otra +copita, que Fray Diego de Areces no es más que +un cazuela.</p> + +<p>El capellán se serenó repentinamente, vertió +delicadamente el licor en las dos copas y apuró +la suya con deleite, después de lo cual dejó caer +la cabeza sobre el pecho, los párpados se le bajaron +y se puso a dormitar. El barón, radiante de +alegría, le contemplaba fijamente con ojos socarrones, +aprovechándose de su ausencia temporal +para escanciarse otra copita, «de nones,» como +él decía.</p> + +<p>Era constante particularidad de aquellas dulces +sesiones el que la ginebra trocase el carácter +de ambos. El genio irascible, impetuoso del +barón se dulcificaba de modo inverosímil. Hacíase, +mientras duraba la benéfica influencia del +alcohol, alegre, comunicativo, conciliador; ninguna +palabra le molestaba, nada le parecía suficiente +motivo para encolerizarse. En cambio, +Fray Diego, que en estado normal era un bendito, +siempre jovial y chancero, tornábase un +diablo disputador y quisquilloso, adquiría de +pronto humor guerrero que nadie sospecharía +bajo su rostro redondo y plácido de beata ajamonada.</p> + +<p>Despabilose al cabo de pocos minutos, miró +al barón algunos momentos fijamente con extraña +ferocidad y profirió estropajosamente:</p> + +<p>—Quisiera, señor barón, que me explicase usted +qué entiende por cazuela.</p> + +<p>—¡Anda, salero! ¿Ahora salimos con eso? ¿A +usted qué le importa que signifique uno u otro?</p> + +<p>—Es que yo quisiera... ¡entendámonos!</p> + +<p>—Ya nos hemos entendido. Usted tiene dos +cuartillos de ginebra entre pecho y espalda y yo +otros dos... o algo más—añadió haciendo un número +prodigioso de guiños.</p> + +<p>—¡No es eso, señor barón, no es eso! ¡Entendámonos +de una vez, porra!</p> + +<p>—Aquí ya no hay barones ni frailes—exclamó +el noble en un arrebato de buen humor alzándose +de la silla.—Aquí sólo quedan el tío Francisco, +que soy yo, y el tío Diego; que eres tú, ¿estamos?... +Vengan esos cinco...</p> + +<p>Al avanzar con la mano extendida dio algunos +traspiés, pero se mantuvo firme.</p> + +<p>—¡Vengan esos cinco, valiente!</p> + +<p>El cura se dulcificó. Se estrecharon las manos.</p> + +<p>—Ahora un abrazo por el rey legítimo de las +Españas.</p> + +<p>—¡No me hable usted de abrazos!...—gritó el +clérigo enfoscándose de nuevo.—Me acuerdo del +abrazo de Vergara, y ¡porra!...</p> + +<p>—No te apures, compadre, que ya nos la pagarán.</p> + +<div class="poem"> +<i>¡Ay, ay, ay! mutilá</i><br /> +<i> Chapelen gorriá.</i><br /> +</div> + +<p>Y se puso a cantar roncamente el himno carlista; +pero interrumpiéndose de pronto:</p> + +<p>—¡Eh, tío Diego, a cantar! Dejémonos ahora +de lágrimas...</p> + +<p>En efecto, su amigo lloraba en aquel momento +lágrimas como avellanas, recordando la traición +de Vergara.</p> + +<p>—¡Arriba, coracero! ¿A que no te pesaría de +que bebiésemos una copita por el exterminio de +todos los <i>negros</i>?</p> + +<p>Fray Diego se declaró, con un movimiento de +cabeza, partidario en principio de este brindis +consolador, pero no se movió de la silla.</p> + +<p>Bebieron otra copa, y su efecto fue tan prodigioso +en el alma tradicional del barón, que se +puso inmediatamente a bailar el zapateado inglés +sobre la mesa, sin que Fray Diego dejase por +ello de verter abundantes lágrimas.</p> + +<p>—¡Hum! No me gusta este baile de <i>extranjis</i>—manifestó +al fin bajándose de un salto;—prefiero +la <i>danza prima</i>. Ven acá, tío Diego...</p> + +<p>Y a la fuerza, cogiéndole por las manos, lo +alzó de la silla y se puso a dar vueltas con él, +entonando uno de los cantos largos y monótonos +del país. Fray Diego se sintió rejuvenecido. Recordaba +sus tiempos de mastuerzo allá en la aldea, +cuando su tío el cura de Areces le molía a +palos porque saltaba de noche por la ventana +para ir a cortejar las mozas de los pueblos vecinos.</p> + +<p>—Oye, Diego—dijo el barón parándose repentinamente.—¿No +te parece que antes de seguir +bebamos una copita por el alma de nuestros mayores?</p> + +<p>Asintió el fraile de buen grado; pero las copas +yacían rotas por el suelo y los tarros vacíos. El +barón abrió un armario y sacó de él nuevos elementos +de <i>vida espiritual</i>. Esta copa funeraria le +inspiró una idea felicísima; la de cubrir la cabeza +del capellán con su boina y adornarse él +con el canalón de éste, que descansaba sobre una +silla. Así vestidos volvieron a la danza, haciendo +dos figuras realmente interesantes.</p> + +<p>El barón dio un traspié y cayó.</p> + +<p>—Alza, tío Diego.</p> + +<p>El fraile le cogió de nuevo las manos que había +soltado y tiró con fuerza hacia arriba. Pero +el peso del noble le doblegó y rodaron los dos +por el suelo.</p> + +<p>—¡Alza, tío Diego!</p> + +<p>—¡Alza, tío Francisco!</p> + +<p>Ambos se revolcaban soltando bárbaras carcajadas. +El barón logró al fin ponerse en pie. El +capellán le imitó al cabo de un rato. Pero su +alma, iluminada un momento por los recuerdos +de la juventud, cayó otra vez repentinamente en +la sangre y el exterminio. Se dirigió ferozmente +a su amigo.</p> + +<p>—Sepámoslo de una vez, ¡porra! ¿Por qué me +ha llamado usted cazuela hace poco? ¿eh? ¿eh? +¿por qué?</p> + +<p>—Te lo explicaré enseguida, hombre—repuso +el barón con calma;—pero antes beberemos una +copa por la congregación de todos los fieles cristianos, +cuya cabeza visible es el papa... digo, si +te parece.</p> + +<p>El capellán no puso obstáculo.</p> + +<p>—Pues te he llamado cazuela—prosiguió +chasqueando la lengua—porque una cazuela, +¿sabes tú? una cazuela sirve para que la llenen +de patatas guisadas.</p> + +<p>Dicho esto, el barón cayó en un espasmo de +alegría tan violento que por poco se ahoga. +Mientras tanto, los ojos saltones de su camarada +le miraban con tal expresión amenazadora +que parecía que iban a brincar de las órbitas y +lanzarse sobre él; crecían por momentos como +los de una langosta.</p> + +<p>—¿Y por qué de patatas guisadas? Yo tengo +tantos hígados como usted, ¡porra! y lo he probado +en la acción de Orduña y en la de Unzá, y +por algo tengo en mi casa seis cruces.</p> + +<p>—¿Tú? ¿tú?—dijo el caballero sin poder sosegar +la risa.—Tú nunca has servido más que +para hacer el rancho al escuadrón.</p> + +<p>El furor del fraile no tuvo límites al escuchar +esto. Gritó, pateó, dio espantosos puñetazos sobre +la mesa. Por último, lanzose hacia la puerta +y desde su marco comenzó con descompuestos +ademanes a apostrofarle.</p> + +<p>—¡Eso lo dice usted porque está usted en su +casa! ¡Salga usted fuera a decirlo! ¡Salga usted +conmigo!</p> + +<p>El barón le miraba con risueña curiosidad.</p> + +<p>—Calma, calma, tío Diego.</p> + +<p>—¡Salga usted a matarse conmigo!... Con sable, +con pistola, con lo que usted quiera...</p> + +<p>—Bien, hombre, bien; saldremos a matarnos... +pero sólo por darle a usted gusto...</p> + +<p>Fue con paso vacilante hacia la alcoba y a +tientas, porque ya la oscuridad era completa, +metió las manos en el armero y sacó dos grandes +sables de caballería.</p> + +<p>—Toma—dijo alargando uno al capellán.</p> + +<p>Éste lo sacó de la vaina y se puso a esgrimirlo. +Mientras llevaba a cabo la prueba, D. Francisco +le contemplaba rebosando de satisfacción.</p> + +<p>—Bueno, vamos ya—dijo el fraile envainando.—En +marcha.</p> + +<p>Y tomando el canalón, que andaba por el suelo, +y ocultando el sable debajo de los manteos, +salió por la puerta. El barón cogió la boina, se +puso un grueso montecristo de abrigo y le siguió.</p> + +<p>—¡Alto!—exclamó antes de que hubiera dado +cuatro pasos.—¿No te parece que echemos la +espuela?</p> + +<p>Fray Diego dejó escapar un gruñido afirmativo.</p> + +<p>Entraron otra vez en la sala y, tentando el +suelo, tropezaron con el tarro de la ginebra, que +no estaba agotado por completo. Dieron con las +copas y se escanciaron todo lo que había. Acto +continuo salieron a la calle.</p> + +<p>El pavimento de gruesos guijarros estaba mojado. +Caía una lluvia menudísima, tan espesa +que en poco tiempo calaba la ropa como el más +fuerte aguacero. La noche había cerrado casi por +completo. Y como, según las prácticas municipales, +faltaba todavía un buen cuarto de hora +para encender los famosos reverberos de aceite, +las tinieblas envolvían a la empapada ciudad.</p> + +<p>Los dos héroes, animados por el espíritu de la +guerra, caminaron con decisión por la calle del +Pozo, el clérigo delante, el noble detrás, ambos +embozados hasta los ojos y apretando bajo el +brazo el instrumento de muerte que cada cual +llevaba. Entraron en la calle de las Hogueras, +pasaron por bajo los muros de la Fortaleza y salieron +a la vía que ciñe la antigua muralla de +la población. A medida que el agua, filtrándose +al través de los abrigos, refrescaba sus carnes, +se iban paulatinamente equilibrando sus humores. +El de Fray Diego tendía visiblemente +a serenarse, arrojaba uno a uno los negros velos +que le oprimían. Pero estos velos los recogía +todos el barón y envolvía con ellos su espíritu +altivo y cruel. Ambos avanzaban impávidos al +través de la noche y la lluvia, presagiando la +muerte.</p> + +<p>Siguieron un buen trecho a lo largo de la muralla +y al llegar a la carretera de Sarrió tomaron +por ella. No habían andado cinco minutos +cuando oyeron cerca un gemido. Pararon en firme, +y acercándose al pretil distinguieron un bulto; +se aproximaron un poco más y vieron sentada +una niña.</p> + +<p>—¿Qué haces ahí?—dijo el barón, agarrándola +por un brazo.</p> + +<p>—¡Perdón!—exclamó Josefina en el colmo del +terror.—¡Por Dios, no me pegue usted, señor! +Ya me pegaron mucho.</p> + +<p>La mano del caballero se aflojó repentinamente +y, cambiando de voz y de tono, dijo:</p> + +<p>—No, hija mía, no; nadie te pegará. ¿Cómo +estás aquí a estas horas?</p> + +<p>—Me ha pegado mucho mi madrina y me escapé +de casa.</p> + +<p>—¿No tienes padres?</p> + +<p>—No, señor.</p> + +<p>—¿Vives en Lancia?</p> + +<p>—Sí, señor.</p> + +<p>—¿Quién es tu madrina?</p> + +<p>—Una señora.</p> + +<p>—¿Cómo se llama?</p> + +<p>—Amalia.</p> + +<p>—¡Porra!—exclamó Fray Diego, dándose una +palmada en la frente.—Es la niña recogida por +D. Pedro Quiñones.</p> + +<p>—¿Es verdad que se llama D. Pedro el marido +de tu madrina?</p> + +<p>—Sí, señor.</p> + +<p>—Vamos, levántate, hija mía. Ahí no estás +bien. Vente con nosotros.</p> + +<p>—¡Oh, no, por Dios! ¡No me lleven a mi madrina!</p> + +<p>—No, no iremos allí. ¡Estás mojada, criatura!—añadió +palpando su ropa.—Anda, anda.</p> + +<p>Los dos héroes habían depositado los sables +sobre el pretil. Cuando echaron a andar hacia +Lancia, llevando a la niña en el medio, allí los +dejaron olvidados sin reparar en que la humedad +desluce y enmohece el acero.</p> + +<p>—¿Y por qué te ha pegado tu madrina?—preguntaba +Fray Diego mientras caminaban despacito +para acomodarse al paso de la niña.</p> + +<p>—Porque estaba jugando con los pastores.</p> + +<p>—¡Los pastores!... ¿Pero los pastores de don +Pedro vienen a dormir a casa?</p> + +<p>—Sí, señor; duermen en la caja de cartón.</p> + +<p>—A ver, a ver, chica, ¿qué estas diciendo ahí?—profirió +el capellán deteniéndose.</p> + +<p>De la investigación entablada inmediatamente +resultó que los pastores eran de barro. Fray +Diego emprendió nuevamente la marcha, resguardando +con sus manteos el frágil cuerpo de +la criatura.</p> + +<p>Pero al ponerle una de las veces la mano en la +cara observó, con sorpresa, que la humedad que +le mojó los dedos era caliente. Comunicada esta +observación con su antagonista, y como quiera +que ya habían llegado a las primeras casas de la +ciudad, metieron a la niña en un portal, encendió +el barón un fósforo y la reconocieron. Tenía +todo el rostro bañado de sangre, que manaba de +algunos profundos arañazos, las manos cubiertas +de cardenales. Los dos héroes se miraron +aterrados, y la misma ola de indignación encendió +sus mejillas. El barón dejó escapar una serie +de imprecaciones fulminantes. Éstas y su +feo rostro espantable hicieron tal impresión en +Josefina, que huyó gritando a un rincón. Consiguieron, +no sin trabajo, tranquilizarla, y después +de secarle el rostro con un pañuelo, Fray +Diego la cogió en brazos (el barón lo había intentado +en vano), tapola bien con sus manteos y +emprendieron la marcha hacia la casa solariega +de los Oscos.</p> + +<p>Allí le hicieron la primera cura. El barón, +que en la campaña había adquirido algunos conocimientos +de cirugía, le lavó cuidadosamente +las heridas, las cerró con aglutinante y curó las +contusiones con cierto ungüento eficaz que poseía. +Las manos rudas de aquellos veteranos +parecían de seda al tocar la piel de la niña. Una +mujer no la hubiera curado con más delicadeza, +con tal atención y esmero.</p> + +<p>Josefina iba perdiendo el miedo. Aquel señor +tan feo no era malo. Se atrevió a pedir agua. El +barón respondió que no se estilaba en aquella +casa, y que lo mejor que le vendría ahora para +quitar el susto era una copita de Jerez. Hízola +traer, y luego que la niña la hubo bebido, los +dos campeones del rey legítimo se retiraron a +un rincón de la sala a deliberar.</p> + +<p>Resolvieron que lo práctico en aquel momento +era llevar la niña a casa de Quiñones. El barón +se encargaba de entregarla. Antes calentaría +muy bien las orejas a su madrina; le diría que +era una indigna mujerzuela, una criatura vil y +perversa, y que si otra vez osaba maltratar a +aquella pobre niña desvalida, iría a su casa a +cortarle las orejas y atarla después por el moño +a la cola de su caballo y arrastrarla así por toda +la ciudad. Fray Diego no estaba conforme con +tanta crueldad, pero el barón ni por Dios vivo +quiso alterar poco ni mucho aquel plan siniestro +de terrible ejemplaridad.</p> + +<p>Costó trabajo persuadir a Josefina a que viniese +con ellos. Consiguiéronlo después de prometerle +que su madrina no volvería a pegarla y que +sería para ella muy buena de allí en adelante. ¡No +faltaba más! Como se atreviera a tocarla siquiera +en un pelo, ¡rayo de Dios! le retorcía el pescuezo +como a una gallina, la desollaba viva a correazos +con el freno de su caballo. El rostro de +aquel señor era tan espantoso al proferir tales +amenazas, que la niña no dudó un instante de +su cumplimiento.</p> + +<p>Mientras caminaban hacia la mansión de los +Quiñones, el barón no cesó de vomitar injurias y +amenazas de muerte contra la esposa del maestrante. +Fray Diego procuraba inútilmente calmarle. +Sus instintos sanguinarios se iban exacerbando +de tal modo, que el ex-fraile, temiendo una +catástrofe, se despidió al llegar a la puerta del +palacio.</p> + +<p>El barón tiró de la campana. Como no sabía +la costumbre feudal de la casa, no tiró más que +una vez. Tardaron en abrirle juzgándole plebeyo. +La sorpresa del criado fue grande al ver a +aquel terrible señor, que tanto respeto infundía +en la ciudad, y se apresuró a pedir perdón de no +haber acudido más a tiempo a abrirle. El barón +preguntó por don Pedro Quiñones. Le hicieron +pasar y el criado subió delante por la gran escalera +de piedra. Al llegar al piso principal le +rogó que aguardase mientras le anunciaba.</p> + +<p>Pocos momentos después se presentó Amalia. +Dirigió una penetrante mirada de rencor a la +niña, que el barón tenía de la mano, y dijo dirigiéndose +a éste con frialdad y altivez:</p> + +<p>—¿Qué deseaba usted?</p> + +<p>—Venía a entregar esta niña que he recogido +en la calle... y al mismo tiempo a hablar con +don Pedro o con usted cuatro palabras.</p> + +<p>Al proferir esta última, la voz del barón se alteró +de un modo perceptible.</p> + +<p>—¿No me conoce usted?—añadió, viendo que +la dama le miraba fijamente sin contestar.</p> + +<p>En los pueblos casi todos se conocen, sobre +todo las personas de viso, aunque no se traten. +Sin embargo, Amalia replicó descaradamente:</p> + +<p>—No tengo ese honor.</p> + +<p>—Soy el barón de los Oscos.</p> + +<p>La dama hizo una inclinación de cabeza.</p> + +<p>—Paula—dijo dirigiéndose a una criada que +había acudido,—llévate esa chica. Tú, Pepe, enciende +las lámparas del gabinete azul.</p> + +<p>Cuando estuvieron solos, la señora se sentó, +invitó con majestuoso ademán al barón para que +hiciese lo mismo, y esperó mirándole con extremada +curiosidad, pero sin asomo de temor.</p> + +<p>—Señora—comenzó el barón,—he hallado a +esa niña en la carretera de Sarrió cubierta de +sangre y llena de cardenales. Le he preguntado +quién la había puesto así, y me respondió que +su madrina. Yo no puedo creer...</p> + +<p>—Puede usted creerlo, porque es exacto—dijo +Amalia interrumpiéndole.</p> + +<p>El barón quedó parado y confuso. Al cabo +prosiguió:</p> + +<p>—Es posible que usted tuviera razón para +castigarla, pero me duele en el alma...</p> + +<p>Amalia volvió a interrumpirle:</p> + +<p>—Y a mí me duele mucho ese dolor que usted +siente.</p> + +<p>—Mi objeto al venir aquí—manifestó el barón, +que por momentos iba perdiendo su aplomo,—era +prevenir a usted...</p> + +<p>—¿Cómo?</p> + +<p>—Era rogarle que, ya que ha tenido la caridad, +según me han manifestado, de recoger esa +desgraciada criatura expósita, continuase su +buena obra protegiéndola, amparándola, educándola... +y cuando tuviese necesidad de castigarla +lo hiciese con clemencia, pues la pobre es +una criaturita tierna y débil, y los golpes pudieran +concluir con su vida...</p> + +<p>—¿Es eso todo lo que usted tenía que decirme?—preguntó +fríamente la dama.</p> + +<p>La faz temerosa del barón se congestionó súbito +al escuchar esta pregunta, inyectáronse sus +ojos, la sinuosa cicatriz se alzó con gran relieve +sobre la superficie del rostro en virtud sin +duda de algunos movimientos volcánicos de lo +interior. Escucháronse allá en la garganta ruidos +formidables, sordos estampidos, presagio +de violenta erupción. Pero al cabo aquellos +ruidos se apagaron, cesaron los movimientos de +trepidación, y el cráter, en vez de despedir una +corriente de lava fundida, como era de temer, +rocas, cenizas y otras materias volcánicas en +ebullición, dejó escapar débilmente estas dos +palabras:</p> + +<p>—Sí, señora.</p> + +<p>—Bien, pues agradezco a usted mucho el interés +que se toma en este asunto, y aprovecho la +ocasión para decirle en nombre de Quiñones y +en el mío que tiene usted aquí su casa.</p> + +<p>Al mismo tiempo tiró del cordón de la campanilla +y se levantó. Alzose también el barón mascullando +las gracias y ofreciéndose.</p> + +<p>—Pepe, acompañe usted al señor barón.</p> + +<p>Hizo éste una profunda reverencia. Contestó +Amalia con otra más leve. El caballero giró sobre +los talones y salió.</p> + +<p>Al bajar por la escalera con las orejas gachas, +el semblante encendido y los ojos extraviados, +otra vez se presentaron ante su imaginación con +vigoroso relieve el descuartizamiento, la pérdida +de los ojos, la cola del caballo y otros fieros +suplicios de la época visigótica, a la cual pertenecía +por su bárbara traza y corazón indomable +y crudelísimo.</p> + + + +<hr /> +<h3><a name="XIII" id="XIII"></a>XIII</h3> + +<p class="cab">El martirio.</p> + + +<p>Apenas se había cerrado la puerta tras +el barón, Amalia hizo traer la niña a +su presencia.</p> + +<p>—¡Venga usted acá, señorita, venga usted +acá! ¡Cuánto tiempo ya que no nos hemos visto! +¿Cómo lo ha pasado usted? ¿Le ha ido a usted +bien? El barón es muy galante con las damas, +¿verdad?</p> + +<p>La niña lanzó un grito penetrante.</p> + +<p>—¡Ay mi oreja!</p> + +<p>—¡De rodillas, sabandija! ¡Ah! ¿Conque no +vale nada lo que he hecho por ti! ¿Ya me enseñas +los dientes antes de concluir de mamar? De +rodillas, picaruela, ¡malvada!</p> + +<p>Josefina fue a caer acurrucada en un rincón +del gabinete. Amalia mantuvo sobre ella largo +rato su mirada fulgurante. Separándola al fin, +preguntó a Concha y a Paula, que habían traído +a la delincuente, en qué forma se había escapado. +La culpa era del cochero. Improperios contra +el cochero, que era un borracho, y amenazas +de despedirle si volvía a caer en descuido semejante. +Luego comentarios infinitos sobre el +encuentro del barón. ¿Qué hacía aquel bruto a +tales horas por la carretera de Sarrió? ¿Quién +era el cura que le acompañaba? Después consideraciones +tristísimas sobre la ingratitud y maldad +de aquella niña que huía de la casa donde +se la había dado albergue y ponía en ridículo a +su protectora. Las domésticas convinieron en +que merecía un castigo ejemplar.</p> + +<p>Despidiolas al cabo la dama, deteniéndolas +con ademán imperioso cuando trataban de llevarse +a la expósita. Una vez solas, Amalia tomó +un libro y se puso a leer tranquilamente a la luz +de un quinqué, mientras su hija, de rodillas en +el ángulo más oscuro, sollozaba apagadamente. +Tres o cuatro veces levantó aquélla la cabeza, +dirigiendo su mirada colérica a las tinieblas del +rincón, esperando que la chica gimiese más fuerte +para lanzarse sobre ella. Trascurrió una hora, +hora y media. Cerró al fin el libro: salió y volvió +a los pocos momentos. Comenzó a desnudarse +lentamente: cuando estaba medio desnuda tomó +el quinqué, y acercándolo a la niña la obligó a +levantarse, la llevó hasta la alcoba y le dijo mostrándole +el suelo:</p> + +<p>—Esta es tu cama. Ahí dormirás vestida.</p> + +<p>Cuando terminó de desnudarse, la niña le dijo +con voz débil:</p> + +<p>—Perdóname, madrina; no volveré a hacerlo.</p> + +<p>Pero ella no quiso oír estas palabras. Se metió +en la cama y apagó la luz. Sus ojos quedaron +abiertos en la oscuridad. Las horas, sonando con +sus cuartos y medias melancólicamente en el reloj +de la catedral vecina, no consiguieron cerrarlos. +Eran dos lámparas misteriosas que sólo daban +luz hacia dentro, alumbrando mil cosas siniestras +y punzantes. Bajo aquella pequeña frente se +atropellaban, se estrujaban las ideas sombrías, +los deseos feroces. El matrimonio de Luis era +una abominable traición. Sin recordar la suya +hacia el pobre viejo paralítico que Dios le había +dado por esposo, ni pensar en que su falta había +truncado la vida del conde, amenazado de morir +en la soledad, sin familia que endulzara sus últimos +días, hacía pesar sobre él toda la responsabilidad +del delito y toda la amargura que ahora +sentía al desprenderse del único placer que la +acariciaba en aquella lúgubre y monótona existencia. +¡El único placer! No merecía otro nombre +su amor. En aquel espíritu ardiente, despótico, +atormentado, no había entrado jamás la +ternura; ignoraba por completo las cosas deliciosas +y poéticas que ennoblecen la pasión y la +hacen perdonable. Su vida se había deslizado en +una agitación insana, atormentada por el deseo +de ser feliz a toda costa. En los últimos siete +años vivió bajo el imperio de su torpe apetito +insaciable. Jamás un pensamiento melancólico +de remordimiento vino a acusar en aquella ruin +naturaleza la presencia del sentido moral. Cada +vez más exacerbada su ansia de goces la arrastraba +últimamente a mil pasos extravagantes y +peligrosos. Ya no se contentaba con reunir en +su casa a la juventud laciense y bailar de vez en +cuando por condescendencia. Era menester, para +alegrarla, que todos los días hubiese jarana, giras +de campo, mascaradas, etc., y que ella bailase +sin cesar hasta caer rendida como una zagala +de quince años: necesitaba menudear las entrevistas +secretas con su amante a las horas más +extraordinarias y en las ocasiones más impensadas. +Sus anhelos enfermizos la impulsaban a desafiar +la opinión pública, despreciando por gusto +toda precaución. Si el conde le hacía alguna advertencia +irritábase, se revolvía como una fiera. +Más perdía ella que él; las murmuraciones no se +cebarían en el hombre seguramente, sino en la +mujer. La deshonra era para ésta. Pero ella se +reía a más no poder de estas murmuraciones y +de la deshonra. Si la apuraban un poco era capaz +de pregonar su falta en Altavilla cuando hubiese +más gente. El conde se sentía cada vez más desligado +de esta mujer, que turbaba todas sus ideas +morales, teológicas y sociales. Llegaba a inspirarle +miedo.</p> + +<p>Éste se convirtió en terror, en malestar insufrible, +que le hizo apetecer con ansia la libertad, +desde cierta revelación que, sonriendo, le +hizo Amalia.</p> + +<p>—¿No sabes, querido? Esta mañana estuve a +punto de hacer una locura, una locura muy grande. +Quiñones me mandó ponerle las gotas de arsénico +que toma hace tiempo. Cogí el frasco y +de repente, como si una mano invisible me levantase +el codo, vertí en el vaso la mitad del +contenido... ¡No tiembles, cobarde, que no hay +motivo!... Jamás me había pasado nada semejante. +Te juro que mi voluntad no tenía arte ni +parte en ello. Obraba por una fuerza superior +que me arrastraba a pesar mío. Dejé el vaso sobre +la mesa, lo contemplé un instante con sorpresa, +lo levanté para mirarlo al trasluz... Nada, +ni el más mínimo signo que denotase que allí +estaba la muerte. Lo puse sobre la bandeja y +me encaminé con él hacia el gabinete sin darme +cuenta de lo que hacía. Pero enmedio del +pasillo me estremecí como si saliese de una +pesadilla, vi repentinamente el disparate que +iba a hacer, y dejé caer el vaso al suelo.</p> + +<p>—No era un disparate, era un crimen horrible +el que ibas a cometer—dijo sordamente el conde, +que sudaba de congoja.</p> + +<p>—Bueno, crimen o disparate... o lo que sea, +era una estupidez de todos modos, ¿sabes? porque +enseguida se comprendería, por los síntomas, +que se trataba de un envenenamiento.</p> + +<p>Aquellas palabras, pronunciadas con afectada +ligereza, impresionaron aún más al conde que +las anteriores. Desde entonces no podía acercarse +a ella sin experimentar una extraña sensación +de repugnancia.</p> + +<p>Su juventud pasó. Hasta la llegada de Fernanda, +Amalia no había pensado en ello. No teniendo +rivales en Lancia, había puesto menos diligencia +cada día en el cuidado de su persona, +dejó del todo aquella plausible coquetería que +sirve a la mujer para perpetuar el encanto de su +persona. Sólo al ver la espléndida hermosura de +la hija de Estrada-Rosa se dignó echar una mirada +a sí misma. Comenzó a preocuparse del aliño +de su cuerpo, se procuró toda clase de afeites, +envió por vestidos a Madrid, aprovechó todos los +recursos de la elegancia. Era tarde. Aquel mísero +cuerpo abandonado, marchito por los años y +la anemia, no recobró frescura ni gracia.</p> + +<p>Esta idea fija le roía el cerebro en su larga y +dolorosa vigilia. ¡No volver a inspirar amor, ser +vieja, causar repugnancia! Mil garfios le arrancaban +las entrañas. Luis se casaba. ¿Por qué? ¿No le +había sacrificado su juventud, su honor, su salvación, +si después de esta vida había más que tinieblas? +¡Qué valía esto! La primera señal de ruina +que había aparecido en su rostro desvaneció como +un sueño todos los juramentos; los siete años de +amor se habían hundido en el abismo del tiempo +sin dejar la más insignificante huella... Pero ella +no tenía arrugas todavía; no era tan vieja; treinta +y cinco años nada más. Bruscamente llevó la +mano a la mesa de noche, encendió la bujía y +saltó de la cama: acercose al espejo y se contempló +largamente, repasando con el dedo todos los +rincones del rostro para cerciorarse de que no +existían las temidas arrugas.</p> + +<p>Un gemido que sonó detrás le hizo volver la +cabeza. Levantó la bujía y clavó una mirada recelosa +en su hija, tendida en el suelo y tiritando. +La niña no dormía. Sus ojos febriles se posaron +con angustia en ella, sus labios murmuraron otra +vez «¡Perdón!» Sin hacer caso alguno, la esposa +de D. Pedro se metió de nuevo en la cama y apagó +la luz.</p> + +<p>Los rayos del sol matinal, penetrando por las +rendijas del balcón, alumbraron aquellos dos insomnios. +Con la luz de Dios comenzó el bárbaro +suplicio de una criatura inocente. La fecunda, +diabólica fantasía de Amalia se puso a inventar +tormentos con que saciar el odio que la devoraba. +Necesitaba ver sufrir. Josefina fue enviada +descalza abajo con una misiva escrita en lápiz +para Concha. El papel decía: «Concha, ahí te +envío a esa picaruela. Castígala como mejor te +parezca.»</p> + +<p>Amalia había adivinado, en su doncella, al verdugo. +Y en efecto, al recibir ésta el papelito experimentó +satisfacción, lisonjeada en su vanidad +y en sus instintos.</p> + +<p>—¿Sabes lo que dice este papel?—le preguntó +relamiéndose.</p> + +<p>Josefina hizo un signo negativo. Leía todavía +mal el manuscrito, sobre todo escribiendo tan +descuidadamente como lo había hecho la señora. +La costurera le obligó a deletrear aquellas +palabras hasta que se enteró bien de ellas.</p> + +<p>—Ya ves que me manda castigarte por lo que +has hecho ayer.</p> + +<p>Al decir esto sonreía dulcemente, como si le +noticiase que le iba a regalar alguna golosina. +Josefina la miró sorprendida.</p> + +<p>—¿Castigarme? Madrina ya me ha hecho dormir +en el suelo.</p> + +<p>—No importa, eso es poco para maldad tan +grande como escaparse de casa. Habrá que darte +algunos azotes. Lo siento, hija mía, porque nunca +has recibido este castigo y te va a doler mucho. +Las señoritas tenéis la carne delicada, no +sois como nosotras, que estamos acostumbradas +desde muy chiquitinas a la intemperie y a los +golpes. ¡Ven acá!...</p> + +<p>Al mismo tiempo sacó del corsé una de las +formidables ballenas, que entonces solían usarse. +La niña retrocedió asustada, pero la costurera +la atrapó por el brazo.</p> + +<p>—No intentes escapar, porque entonces será +doble la ración.</p> + +<p>Josefina se cogió a su mano llorando angustiosamente.</p> + +<p>—¡No me pegues, por Dios, Concha! Ya sabes +que me ha pegado mucho madrina ayer... Mira, +mira cómo tengo las manos... Me duele también +la cabeza... ¡El suelo estaba tan duro!... Yo te +quiero mucho... no te he acusado nunca a madrina...:</p> + +<p>—¡Suelta, suelta!—repuso la costurera tratando +de desasirse suavemente de sus pequeñas +manos.—No tengo más remedio que obedecer. +La señora lo manda.</p> + +<p>—¡No, por Dios! ¡Concha, no, por Dios!—respondía +entre sollozos la criatura.—Te quiero +mucho... y a madrina también... Si no me pegas +te he de dar mi caja de muñecas...</p> + +<p>—¿De veras?—dijo dulcificándose.</p> + +<p>—Sí, ahora mismo si la quieres.</p> + +<p>—¿Y el estuche de costura?</p> + +<p>—También.</p> + +<p>—¿Y el armarito de espejo?</p> + +<p>—Sí, el armarito también.</p> + +<p>Concha hizo ademán de vacilar. La niña la +miraba con ojos ansiosos.</p> + +<p>—¿Y me prometes ser buena siempre?</p> + +<p>Sí, le prometía ser buena siempre.</p> + +<p>—¿Nunca más escaparte?</p> + +<p>—Nunca.</p> + +<p>—Bueno—dijo con tono cariñoso y condescendiente;—pues +si prometes ser buena y formal, +y no se lo dices a la señorita, y me das además +todo eso que dices, entonces... entonces... ¡arrea, +chico!</p> + +<p>En un instante le alzó la ropa y comenzó a +azotarla despiadadamente, riendo como una loca +del engaño.</p> + +<p>Los alaridos de la niña subieron hasta el piso +segundo. La esposa del maestrante estaba frente +al espejo, arreglándose provisionalmente el pelo. +Se detuvo. Un estremecimiento singular corrió +por su carne, cierta emoción indefinible y vaga, +semejante a un cosquilleo, que no podría decir +con seguridad si era de placer o de dolor. De +todos modos, algo que refrescaba aquel ardor +insufrible que los vapores de la ira habían levantado +en su pecho. Permaneció inmóvil hasta que +los gritos cesaron. Los ojos brillaban, el pulso +latía con más celeridad. Así se dice que el corazón +de la fiera palpita a la vista de su víctima.</p> + +<p>Fue el comienzo de los martirios de la niña. +Con los pretextos más fútiles comenzó a infligirle +castigos crudelísimos, demostrando tan rica +fantasía que para sí la hubieran querido los sayones +del Santo Oficio. No sólo la golpeaba bárbaramente +por los motivos más inocentes, y la +pellizcaba y la mordía, sino que se gozaba en +tenerla en continuo sobresalto bajo el temor de +espantosos suplicios, en hacerle padecer de día +y de noche. Obligábala a salir descalza por el +jardín en las mañanas más crudas para buscarle +una flor, o bien la tenía con la cabeza al sol horas +enteras, haciendo la guardia, para que los pájaros +no picasen una planta de grosella. Hacíala +dormir en el suelo al lado de su cama, y varias +veces durante la noche le mandaba levantarse y +bajar a la cocina por agua. Reducíala a comer +los manjares que sabía no le gustaban y la privaba +de los que apetecía.</p> + +<p>A medida que corrían los días su saña y crueldad +iban en aumento. Al principio tomaba pretexto +de cualquier descuido de la niña para atormentarla. +Luego no se fijó en esto: lo hacía +cuando tropezaba con ella o cuando el cuerpo se +lo pedía. Uno de los martirios de su exclusiva +invención fue pincharla las manos con un alfiler, +y tanto le gustó que en pocos días las tuvo +llenas de picaduras: apenas había sitio donde +poner otra. Esta tarea ferocísima solía encargarla +a su verdugo de órdenes, Concha, quien la +desempeñaba a conciencia. Obligábala a estudiar +de memoria largos trozos del catecismo a sabiendas +de que era superior a sus fuerzas. En +cuanto tropezaba tres veces le decía:</p> + +<p>—Ve a pedir un beso a Concha.</p> + +<p>Ésta era la frase que por irrisión había inventado +para que la criatura fuese a recibir el castigo +del alfiler.</p> + +<p>No la consentía mudarse la ropa interior. Al +poco tiempo la miseria comenzó a roer la piel +delicada de la niña. Viéndola rascarse, Concha +se enfurecía, la apellidaba sucia, piojosa y la +arrojaba a empellones de la estancia. Todavía +más. La microscópica doncella, con anuencia +de su ama, le obligaba a ponerse zapatos antiguos +que le estaban chicos y que le producían +llagas y vivos dolores.</p> + +<p>Uno de los más terribles martirios que la niña +padecía era cuando Amalia se encaprichaba en +que no llorase. Unas veces la dejaba gritar y +gemir bajo los golpes: parecía que se gozaba en +las lágrimas de la criatura, en oír sus ardientes +súplicas repetidas entre sollozos; pero en ocasiones +se empeñaba en que sufriese en silencio. +Como esto no podía ser, se exasperaba, se ponía +loca como una fiera hambrienta.</p> + +<p>—¡Calla!</p> + +<p>La niña no podía; dejaba escapar un gemido.</p> + +<p>—¡Calla!—repetía, acompañando la orden de +algunos golpes.</p> + +<p>Josefina trataba de callar, hacía esfuerzos +desesperados por conseguirlo; pero la respiración +ansiosa se escapaba a su pesar, produciendo +un gemido. Más golpes.</p> + +<p>—¡Calla o te mato!</p> + +<p>La criatura apretaba con toda su fuerza la +boca, suspendía el aliento, se ponía lívida, y +algunas veces caía privada de sentido. Aquel +tierno corazón se rompía falto de desahogo.</p> + +<p>En estos momentos Amalia experimentaba +una sensación diabólica, mezcla de placer y de +dolor, algo semejante a lo que sentimos cuando +nos sajan una postema. Su postema era aquella +desalmada pasión, mezcla de amor, de lubricidad, +de soberbia y de rabiosos celos. No pudiendo +devolver a su ex-querido tanta cruel mordedura +como desgarraba su pecho, saciaba el apetito +de venganza en el fruto de sus amores. Cuando +tenía la niña a sus pies ensangrentada y temblorosa, +en sus miradas de angustia, en sus gestos, +en el timbre de su voz creía ver al amante humillado +y suplicante, y sentía un áspero goce +que hacía brillar sus ojos y dilataba las ventanas +de su nariz. Josefina era un retrato en miniatura +de Luis. Mientras fue dichosa, su fisonomía +movible y risueña, el alegre brillo de sus ojos +hacía que no se pareciese tanto; pero ahora la +desgracia y el dolor habían impreso en su mirada +una melancolía profunda y en los rasgos de +su rostro cierta expresión de fatiga, que eran las +dos cosas que caracterizaban principalmente el +semblante del conde de Onís. Cuando aquellos +hermosos ojos azules se volvían hacia ella dulces +y resignados, cuando aquellos labios rojos +se plegaban demandando perdón, la valenciana +sentía correr por su cuerpo marchito un estremecimiento +de voluptuosidad, algo que le recordaba +los goces que su amor adúltero le había +hecho experimentar.</p> + +<p>Después de todo, en ella no había envejecido +nada, nada más que aquel rostro que se empeñaba +en ajarse y aquella cabeza que producía +con horrible feracidad cabellos blancos. La +carne de su cuerpo, su pecho, sus brazos, sus espaldas, +conservaban la misma tersura de alabastro, +el mismo brillo adorable, sello de una raza +fina y hermosa. Palpábase, buscando consuelo, +con sus manos secas y hallaba la misma suavidad +y frescura. Aquella carne no se había marchitado. +Bajo ella palpitaba la juventud, circulaba +una sangre ardiente, ávida de goces, devorada +por la creciente necesidad de las embriagueces +del amor.</p> + +<p>Y sin embargo, todas aquellas cosas deliciosas +se habían huido para siempre; la novela de +su vida, la que había embellecido su existencia +sombría en los últimos años, había llegado al +último capítulo. ¡Era una vieja! Asunto concluido. +A este pensamiento, que se le introducía en +el cerebro como un hierro candente, sentíase +acometida por una necesidad animal de gritar, +de rugir, de destrozar. Era en tales momentos +cuando la niña padecía los más crueles castigos, +cuando su frágil existencia corría verdadero peligro.</p> + +<p>El miedo fue otro de los padecimientos que le +infligía a menudo. En las altas horas de la noche +hacíala levantarse y la enviaba a las habitaciones +extremas de la casa en busca de cualquier +objeto. La niña tornaba pálida, temblorosa, sudando +de angustia. A veces era tanto su temor, +que dejaba caer la palmatoria y volvía corriendo +arrojando gritos. Amalia se enfurecía entonces, +la pellizcaba, la golpeaba, pretendiendo que +fuese otra vez al sitio designado. La criatura se +dejaba martirizar y se hubiera dejado matar antes +de hacerlo. En una de estas ocasiones le dijo +sonriendo ferozmente:</p> + +<p>—¡Ah! ¿Conque la señorita es tan medrosa? +Está bien, yo me encargo de curarte la enfermedad.</p> + +<p>Se acordaba de la impresionabilidad extraordinaria, +de los terrores nocturnos que avergonzado +le había confesado Luis en momentos de +expansión. Principió a darle sustos terribles. +Tan pronto se escondía detrás de una puerta y +le gritaba fuertemente al pasar, como la cogía +descuidadamente y la apretaba el cuello. Otras +veces tomaba un cuchillo y le decía que iba a +morir, le ordenaba que se bajase la camisa para +degollarla mejor. Esto último no producía tanto +efecto como pensaba. Josefina inconscientemente +apetecía la muerte, que la libertaría de tanto +martirio. Para mejor «quitarla el miedo,» entre +Concha y ella inventaron una siniestra farsa +capaz de aterrar a un hombre valeroso, cuanto +más a una niña de seis años. Vistiéronse ambas +con sábanas, dejaron la habitación a media luz +mientras la niña dormía, pusiéronse unas caretas +de calavera, y a media noche entraron dando +gritos lastimeros como almas del otro mundo. +Al despertarse la criatura y ver aquellos fantasmas, +quedó paralizada por el terror, tapose luego +los ojos con las manos y un sudor copioso y +frío bañó su cuerpo. Su corazón comenzó a dar +tan fuertes golpes que se oían a distancia, dejó +escapar algunos gritos ahogados y roncos; por +último, llevándose las manos al pecho, se revolcó +por el suelo sin sentido, presa de espantosas convulsiones.</p> + +<p>No se le curó el miedo; en cambio le quedó +desde entonces una propensión fatal a los síncopes +y a los terrores nocturnos. Despertábase de +improviso con señales de gran espanto, mirando +fijamente a un punto del espacio, como si tuviera +delante algún fantasma. El corazón le palpitaba +vivamente, la frente se le cubría de sudor. En +tales momentos perdía por completo la conciencia. +Amalia la llamaba en vano. Sólo cuando +ponía las manos sobre ella la niña lanzaba un +grito de terror y metía la cabeza por el pecho.</p> + +<p>Entre Concha y María la planchadora habían +estallado, a propósito de estos castigos, serias +reyertas. María era de natural compasivo y le +dolían los martirios de la niña, aunque no los +conocía todos, porque Amalia procuraba guardarse +de los criados, exceptuando Concha. Si no +era suelta de lengua, no se la mordía tampoco +para censurar en la cocina la conducta de su señora.</p> + +<p>—Querida, esto es peor que la Inquisición. +No parece que estamos entre cristianos, sino entre +perros judíos. Antes, tanto mimo que corrompía, +y ahora, de súpito, tratan a este angelito +peor que a una bestia. ¡Dígote que la cosa +pasa de la raya! ¡No hay corazón para ver tanta +maldad!</p> + +<p>—Cállate, tontona, entrometida—saltó Concha.—¿Quién +te da vela a ti en este entierro? Si +la señora quiere enseñar a esa niña como es +justo, ¿va a consultarte a ti el cómo lo ha de hacer? +¿Sabes tú tan siquiera lo que es educar niños? +¡Si la castiga allá lo tendrá de premio, que +así la hará una mujer trabajadora y honrada! Algún +día le dará las gracias.</p> + +<p>—¡Sí, las gracias! Desde el cementerio se las +dará. De un mes a esta parte la niña está desconocida.</p> + +<p>—Bueno; ¿y a tí qué te va ni qué te viene en +esto? ¿Eres tú su madre?</p> + +<p>Tres o cuatro veces riñeron de esta suerte, +llevando siempre la ventaja por su desvergüenza +y mala intención la microscópica costurera. Al +cabo, María, no pudiendo sufrir con paciencia +aquel espectáculo, tomó la resolución de +marcharse. Se presentó un día a la señora, y con +la disculpa de que la plancha le hacía daño pidió +la cuenta. No se le ocultó a Amalia la verdadera +razón, pues tenía conocimiento de sus +murmuraciones. Disimuló, sin embargo.</p> + +<p>—Sí, hija, comprendo que el planchado te +aburra. Tú no gozas de mucha salud. También +yo ando malucha hace días. Tengo el sistema +nervioso alterado. ¡Pelear toda la vida con un +enfermo, y ahora, para rematar la fiesta, salirme +esa chicuela, en quien tenía fundadas mis +esperanzas, tan ingrata y perversa! No sé cómo +tengo paciencia.</p> + +<p>María vaciló un instante.</p> + +<p>—Ya ve usted, señora... los niños son niños.</p> + +<p>La esposa del maestrante comprendió que, si +proseguía en el tema, la planchadora iba a decir +algo desagradable y se apresuró a cortar la plática, +pagándole su cuenta y despidiéndola con +afabilidad.</p> + +<p>No impidió esto para que la doméstica dijese +en confianza, en cierta casa donde fue a servir, +lo que pasaba en la de Quiñones. La noticia se +fue trasmitiendo en confianza, igualmente, de +unos a otros. Al poco tiempo fueron bastantes +las personas que tenían conocimiento de las +crueldades que con la niña se cometían.</p> + +<p>El conde de Onís, para huir la curiosidad del +público, que le molestaba sobremanera, y aún +más para librarse de Amalia, se había trasladado, +sin decir nada a ésta, hacía ya cerca de un +mes a la Granja. Su madre le había acompañado. +No había escrito a su ex-querida, aunque todos +los días pensaba hacerlo, para darle cuenta +de su resolución. Tanto era el temor que la valenciana +había llegado a inspirarle, que la pluma +caía de sus manos cada vez que la tomaba +para noticiarle su matrimonio. Y dejaba pasar +los días en continua vacilación, pensando con +inquietud en la ira que de ella se apoderaría, +esperando, como todos los débiles, en que algún +acontecimiento imprevisto le sacase del compromiso. +Aquel modo de romper las relaciones, sin +riña, sin convenio, sin explicación alguna, era +realmente original, pero muy propio de su carácter. +Nada sabía de los martirios de su hija. +No obstante, cuando pensaba en ella sentía repentino +desasosiego, alterábanse sus nervios, y +se ponía a dar vueltas por la estancia con visible +agitación. Un vago y triste presentimiento le +oprimía el corazón. El amor frenético que consiguió +inspirarle Fernanda le había hecho olvidarse +un poco de Josefina. En ciertos momentos se +reprendía a sí mismo con amargura; pensaba que +aun casado con Fernanda no alcanzaría la felicidad +si no podía ver a su hija todos los días. Bien +entendía que era esto imposible continuando en +poder de Amalia. Por eso soñaba con arrebatársela: +imaginaba con placer desatinados proyectos +de rapto: huir con ella y con Fernanda a cualquier +rincón del mundo tranquilo y ameno.</p> + +<p>Acaeció que en uno de estos días de vacilaciones +para el conde, fue por la mañana a casa de +Quiñones Micaela, la más nerviosa y violenta de +las cuatro ondinas del Jubilado. Fue con objeto +de pedir consejo a Amalia acerca de un vestido +que tenía en proyecto para el próximo baile del +casino. Apesar de sus treinta y pico, aún seguía +tendiendo redes al sexo masculino. Las visitas +a estas horas eran raras; pero como la noble familia +del Jubilado mantenía tan íntima relación +con la señora, no vaciló la criada en pasarla al +gabinete de arriba, donde aquélla se hallaba.</p> + +<p>—Qué importuna, ¿verdad? Querida, es la +hora en que se la puede a usted pillar sola—entró +diciendo con la graciosa volubilidad +que caracterizaba a los juveniles vástagos de +Mateo.</p> + +<p>Amalia la recibió cordialmente, pero mostrando +cierta sorpresa e inquietud que Micaela no +observó. Entraron en materia enseguida. La +cuestión de trapos embargó por completo sus espíritus. +Amalia llevó a su amiguita hacia el balcón. +Pero no habían hablado muchas palabras, +cuando ésta creyó percibir un débil gemido en la +misma estancia. Volvió la cabeza y vio allá en +un rincón a Josefina de rodillas y amarrada codo +con codo al tocador, de tal suerte que le sería +imposible levantarse sin alzar el pesado mueble, +cosa muy superior a sus fuerzas.</p> + +<p>Amalia se apresuró a dar una explicación.</p> + +<p>—Esta chiquilla se está haciendo tan mala, +que me veo precisada a atarla para que se esté +quieta. Ayer ha mordido un dedo a la costurera; +ahora acaba de romper un espejo. ¡No hay paciencia +para sufrirla!</p> + +<p>Micaela, a quien aquel castigo repugnaba, calló. +Siguió la esposa de Quiñones hablándole +con afectada indiferencia de su vestido; mas +apesar de lo mucho que el tema debía de interesarla, +la joven se mostraba bastante distraída y +lanzaba frecuentes ojeadas a la niña.</p> + +<p>Dejó ésta escapar otro gemido. Su madrina se +volvió con mal reprimida cólera.</p> + +<p>—¿Quieres callar, eh? ¿quieres callarte?</p> + +<p>Y la miró un buen rato con extraordinaria +fijeza.</p> + +<p>Volvió a anudar la plática, pero en su voz se +notaba leve alteración. Micaela estaba más y +más distraída. La indignación le iba subiendo +hacia la garganta, y hubiera concluido por hacer +alguna desagradable advertencia a su amiga si +la chica no se hubiera quejado de nuevo.</p> + +<p>—Vaya, está visto que no nos has de dejar en +paz—dijo la dama haciendo esfuerzos por sonreír.—Habrá +que darte suelta.</p> + +<p>Fue allá y la desató, empleando en ello bastante +tiempo; la cuerda daba tantas vueltas alrededor +de su pequeño cuerpo como si fuese un +baúl liado. Mas al tiempo de levantarse la niña, +no pudo. Sin duda hacía algunas horas que estaba +en aquella dolorosa postura; los músculos, se +habían anquilosado.</p> + +<p>—¡Arriba zancas!—dijo bromeando, mientras +la ayudaba a levantarse.</p> + +<p>Micaela observaba la escena con estupor; relámpagos +de ira cruzaban por sus ojos.</p> + +<p>—No te gustaba la posturita, ¿eh? Pues, hija +mía, si quieres no volver a ella hay que ser buena +y obediente, ¿verdad, Micaela?</p> + +<p>Ésta no despegó los labios, cada vez más fosca, +apesar de la sonrisa melosa que contraía el +semblante de la valenciana.</p> + +<p>—Bueno—prosiguió, acariciando la rubia cabeza +de la niña,—ya estás perdonada, pero ¡cuidado +con hacer maldades! Vete abajo y pídele +un beso a Concha.</p> + +<p>La niña, al oír estas palabras, se puso densamente +pálida, permaneció inmóvil algunos momentos, +y al fin se dirigió a la puerta con paso +vacilante. Antes de llegar a ella, Micaela, que la +seguía atentamente con la vista, observó que llevaba +los ojos cubiertos de lágrimas. Amalia reanudó +la conversación de trapos.</p> + +<p>No se habían pasado tres minutos cuando llegaron +al gabinete, lejanos y apagados, los gritos +de la niña. Micaela se estremeció; inclinó la +cabeza hacia la puerta para escuchar mejor. +Amalia alzose vivamente de la silla y fue a cerrar +la puerta. Los gritos dejaron de oírse, pero +la nerviosa joven tampoco oyó ya las palabras +de Amalia. Un gran desasosiego se apoderó de +ella; subíanle vapores a la cara y al pensamiento +atroces deseos de desvergonzarse con aquella +malvada, de llamarla judía, bribona, infame. Todo +lo que pasaba en aquella casa se le representó +de golpe. Los celos primero, después la noticia +del matrimonio de Luis cayendo como una bomba, +luego la venganza miserable, en la hija, del +abandono del padre. Conocía bien el carácter +rencoroso de la valenciana. Pero ¿qué adelantaría +con injuriarla en aquel momento? Producir +un grave escándalo y que la arrojasen de la casa. +Micaela, apesar de su temperamento violento, +tenía un corazón compasivo. Lo que más la +preocupó fue el hacer algo en favor de la infeliz +criatura. Y tuvo serenidad suficiente para disimular +un poco y pensar que el mejor partido era +decírselo todo inmediatamente al conde, quien +seguramente ignoraría tan ruin venganza. Procuró +terminar cuanto más pronto y se despidió +sin poder ocultar enteramente su turbación.</p> + +<p>Cuando se vio en la calle sintió la necesidad +de desahogar su pecho. Pensó en María Josefa, +que vivía allí cerca y que profesaba a la niña +expósita tierno cariño. Entró en su casa agitada, +trémula, y antes de pronunciar palabra dejose +caer en un sofá, dándose aire con la punta +de la mantilla.</p> + +<p>—¡Uf! Me ahogo... ¡No sabes lo que me acaba +de pasar! ¡Es una infame, una malvada que tiene +que arder en los infiernos! Siempre lo he dicho +y las tontas de mis hermanas no quieren +creerme. ¡Es muy perversa esa tísica! Tiene el +corazón de una hiena.</p> + +<p>—¿Pero qué hay?—preguntó con asombro, +muerta de curiosidad, la sagaz jamona.</p> + +<p>Entonces la nerviosísima hija del Jubilado le +relató, tartamudeando por la ira, la situación en +que había hallado a Josefina, la palidez de la +niña después de la extraña invitación de su madrina, +los gritos que había escuchado como si la +estuvieran dando tormento. María Josefa unió +inmediatamente sus imprecaciones a las de la +joven. Sacaron a relucir todos los testimonios de +maldad que conocían de la esposa del maestrante +y resolvieron dar parte de lo que ocurría al conde, +aunque averiguándolo antes con más pormenores. +Para ello, aquella misma tarde, se pusieron +al habla con María la planchadora, que hacía +algunos días había salido de casa de Quiñones. +Al principio ésta, por temor a las consecuencias, +se manifestó reservada. Concluyó, no +obstante, por dar suelta a la lengua y referirles +las mil iniquidades que la señora de Quiñones +cometía con la niña recogida. Quedaron +horrorizadas. Pensaron en dar parte al juzgado, +pero sobre enemistarse por completo con +la fiera valenciana (lo que, dicho sea en honor +suyo, no les preocupaba gran cosa en tales momentos), +comprendían que sería de escaso o ningún +resultado. Los Quiñones eran la gente más +poderosa de la población; D. Pedro, jefe del partido +gobernante, en la provincia; las autoridades, +hechura suya o sometidas a su influencia. Todo +se taparía enseguida y quedaría como antes. Lo +mejor era dirigirse al conde. Pero éste se hallaba +a la sazón en la Granja. Además, aunque +todos, o casi todos, supiesen el secreto de la niña, +no era posible darse por enterados. Después de +algunos debates decidieron escribirle la siguiente +carta, firmada solamente por María Josefa: +«Sr. Conde de Onís. Mi estimado amigo: Con la +debida reserva le comunico que la niña recogida +por nuestros amigos los señores de Quiñones, +y por quien tanto nos interesamos todos, es objeto +en aquella casa de crueles tratamientos. +Creo que tenemos el deber de intervenir para +que cesen. Usted me dirá lo que debe hacerse y +que a mí como mujer no se me alcanza. Si quiere +conocer los pormenores del martirio de la +criatura diríjase a la criada María que hace algunos +días dejó de servir en casa de D. Pedro. Suya +afectísima amiga, <i>María Josefa Hevia</i>.»</p> + +<p>Luis arrugó la carta entre sus manos crispadas. +Toda la sangre se le agolpó a la cara. Sin +darse cuenta de lo que hacía salió de casa y casi +a la carrera tomó la carretera de Lancia, llegando +a ésta en pocos minutos. Aquel vago y terrible +presentimiento que sentía realizábase al fin. +Amalia se vengaba ferozmente. El sentido oculto +de la carta era ése: se dirigían a él como padre +de Josefina y causa de su desdicha. No sabiendo +qué partido tomar, fue a su casa para +reflexionar. Sólo había en ella una criada vieja +cuidándola. De ésta se valió para averiguar +dónde estaba María y pasarle un recado a fin +de que viniese a verle. No se equivocó la planchadora +sobre el objeto de tal llamamiento. En +cuanto le fue posible acudió a la cita, y después +de hacerle prometer que no haría uso de su nombre +para nada, le dio cuenta circunstanciada de +los trabajos que estaba pasando la inocente niña. +Escuchábala pálido, desencajado, sin poder reprimir +los violentos y frecuentes golpes de su +corazón. Cuando llegó a narrarle ciertos odiosos +y terribles pormenores, el conde principió a dar +vueltas por la estancia como fiera enjaulada, a +mesarse los cabellos, a arañarse la cara, lanzando +rugidos de coraje.</p> + +<p>Al quedarse solo, mil ideas, todas desatinadas, +se le atropellaron en la mente. Quería entrar +a viva fuerza en casa de Quiñones y llevarse +a su hija; quería retorcer el cuello a aquella +vil mujer; quería decírselo todo a D. Pedro; quería +dar parte al juez y meter en un calabozo a la +infame. Afortunadamente sus accesos eran tan +violentos como cortos. Vino el abatimiento, el +llanto. Corrió a casa de su prometida y le contó +sollozando lo que ocurría; se confesó con ella +por vez primera. La buena Fernanda unió sus +lágrimas a las de él, enternecida por la suerte +de la infeliz criatura y por el dolor de su amado. +Larguísimo rato pasaron comentando los terribles +sucesos y buscando medios de conjurar +aquella ruin venganza. Fernanda logró, al fin, +persuadirle a que apelara a medios suaves. Pensar +en conseguir algo por la fuerza era insensato. +El conde, ni aun confesando su falta, tenía +derecho alguno sobre la niña. Provocar un +escándalo era inútil. Acudir a los tribunales, lo +mismo. Ningún criado se atrevería a declarar +contra su ama, y las cosas quedarían peor que +antes. Al fin el conde se decidió a escribir una +carta a su antigua amante.</p> + +<p>«En este momento acaban de decirme que +nuestra Josefina, nuestra adorada Josefina, está +padeciendo martirios increíbles de tu mano. +Creo que es una vil calumnia. Conozco tu genio, +que es vivo y fogoso, pero noble. No puedo atribuirte +semejante cobardía. Te escribo solamente +para cerciorarme de que esta angelical criatura +sigue siendo el encanto de tu vida. Si no fuese +así, dímelo y buscaremos un medio de que pase +a mi poder. Te supongo enterada del paso que +voy a dar. No quiero decirte nada. Era inevitable +más tarde o más temprano. De todos modos +puedes estar segura de que mi remordimiento +está endulzado por el recuerdo dulcísimo de los +años que te he amado. Adiós. Escríbeme alguna +palabra amable.»</p> + + + +<hr /> +<h3><a name="XIV" id="XIV"></a>XIV</h3> + +<p class="cab">La capitulación.</p> + + +<p>Josefina se demacraba. Sus mejillas tenían +la palidez de la cera. En sus +ojos, de mirar suave y apacible, se +notaba constantemente el extravío del terror; en +torno de ellos el sufrimiento había trazado un +círculo violáceo. Hablaba muy poco, no reía jamás. +Cuando la dejaban en paz, sentábase en +cualquier rincón y permanecía inmóvil mirando +a un punto fijo, o bien se acercaba al balcón y +escribía en los cristales con el dedo.</p> + +<p>A veces, a despecho de tanto dolor, la naturaleza +infantil revindicaba sus derechos. Veía al +gato acercarse lentamente a ella con el rabo derecho, +el espinazo arqueado, solicitando sus caricias +con débil ronquido. Dejábase caer en el +suelo, le llamaba, le traía hacia sí y principiaba +a pasearle las manos por el lomo, a rascarle +la cabeza y hacerle cosquillas debajo +del cuello, murmurándole al mismo tiempo en +el oído palabras de cariño, un gorjeo mimoso +que el animal acogía con espasmos de voluptuosidad. +«Te quiero, te quiero. Tú eres muy bueno. +¿Verdad que eres bueno? Ya no me arañas +como antes. ¿A quién quieres más en la casa? +¿Di, rico? ¿Quién te ha dado una sardina ayer? +¿Quién te pone el platito con leche todos los +días? Y si pudiese darte siempre pescado también +te lo daría, porque sé que es lo que más te +gusta, ¿verdad, rico mío? Pero no has de robar +nada; ya sabes que te pegan. No orines más en +la cama de Manín. Mira que te va a matar; lo +ha dicho el otro día en la cocina. Y coge muchos +ratones para que madrina te quiera y no te +echen de casa.»</p> + +<p>El gato, extasiado, susurraba allá en el fondo +de la garganta mil síes complacientes, y se frotaba +contra ella cada vez más acaramelado y pegajoso. +Tendíase la niña boca arriba llevándole +abrazado, le apretaba contra su pecho, le besaba, +y a veces, olvidada de sus martirios, derramaba +lágrimas de ternura. Pero cualquier rumor +en la habitación contigua le hacía levantarse sobresaltada +con el espanto en los ojos, arrojaba +el gato lejos de sí y esperaba inmóvil lo que viniera. +Casi siempre algún castigo cruel.</p> + +<p>—¡Pícara, así ensucias los vestidos arrastrándote +por el suelo! ¡Aguarda aguarda!</p> + +<p>Por efecto de los continuos miedos que experimentaba +contraíase con fuertes movimientos +irregulares su vejiga y hacía que involuntariamente +se le escapase en muchas ocasiones la +orina. Esto era lo que ponía fuera de sí a la irascible +Concha. Si notaba en el suelo (porque la +ropa sólo muy rara vez se la veía) signos de +aquella debilidad, encrespábase como una hiena.</p> + +<p>—¡Gorrina, indecente! Parece mentira que la +señora mantenga en su casa este bicho asqueroso. +Si fueses cosa mía, te desollaba viva.</p> + +<p>Pero aunque no era cosa suya, procedía como +si lo fuese: la desollaba a azotes. Una vez su +furor fue tan grande que, cogiéndola por las +orejas, le higo lamer el suelo mojado.</p> + +<p>La hora más terrible para la criatura era la +de las lecciones. Amalia se las señalaba por la +mañana temprano; grandes trozos de la historia +sagrada y de la gramática. Josefina se retiraba +a un rincón y hacía esfuerzos desesperados por +retenerlos en la memoria. Un poco antes de comer, +Concha, que era la encargada de tomárselas, +se sentaba en una silla, sacaba la famosa +ballena y, con ella en una mano y el libro en la +otra, daba comienzo a sus funciones pedagógicas. +Cada tropiezo, cada palabra que la niña olvidaba +costábale un ballenazo en la cara, en el +cuello o en las manos. Y como su memoria no +era bastante fuerte, y por otra parte el miedo se +la obstruía, aquello era un incesante machaqueo.</p> + +<p>Aún peor si se las tomaba su madrina. Concha +era fríamente cruel; no levantaba la mano sino +cuando cometía la falta, como una máquina de +castigar. Pero Amalia a los pocos momentos se +ponía nerviosa, el llanto de la niña excitaba sus +sentidos, entraba en furor como una pantera hambrienta, +y concluía por golpear frenéticamente +hasta que la dejaba trémula y ensangrentada a +sus pies.</p> + +<p>Desde la carta del conde había aumentado, si +era posible, su odio a la criatura; la trataba aún +más despiadadamente. Herida en lo más vivo +de su orgullo por aquella diplomacia fría, protectora, +insultante que en su sentir respiraban +las palabras de su antiguo amante, vomitaba la +rabia de su corazón sobre la hija. Además, la idea +de que Luis tenía noticia de aquellos martirios, +y le dolían vivamente era aliciente mayor para +prodigarlos. ¡Que sufriese ella, que sufriese él, +el vil, el pérfido, que había gozado de su juventud, +y cuando la halló vieja la arrojó como un +trapo sucio a la barredura!</p> + +<p>En uno de estos días de profunda y rugiente +cólera la vida de Josefina corrió inminente peligro. +A la hora de costumbre fue llamada al comedor +para dar sus lecciones. Concha se acomodó +en su silla y con no disimulado regodeo sacó +del pecho la fatal ballena. Aquel día le pedía el +cuerpo un razonable desahogo de golpes. La +niña se acercó a ella temblando como siempre y +le entregó los libros. Y ya comenzaba a recitar +con labio balbuciente un capítulo de la historia +sagrada cuando vino a interrumpirlas Manín. +Entró con su eterna chaqueta verde, calzones +cortos, su gran calañés mugriento, haciendo +temblar el piso con los zapatones claveteados. +A esta indumentaria, arcaica ya en la provincia, +debía gran parte de su notoriedad y la fama de +terrible cazador de osos que había tenido. Entró +con la cabeza gacha como siempre y, espatarrándose +bajo el dintel de la puerta, preguntó:</p> + +<p>—Concha, ¿no habrá <i>de qué</i>, que comer, por +ahí?</p> + +<p>—¿Tanto te aprieta la <i>gazuza</i>, Manín?—respondió +la costurera riendo.</p> + +<p>El aldeano abrió desmesuradamente la boca +para reír también.</p> + +<p>—Así Dios me salve, no puedo aguantar un +menuto más. Toos parecéis frailes descalzos en +esta casa; no vos entra la gana más que cuando +suena la hora.</p> + +<p>—Voy, voy allá, grandísimo tragón, roedor—dijo +Concha posando sobre la silla el libro y la +ballena y dirgiéndose con paso petulante hacia el +aparador.</p> + +<p>Se entendían admirablemente. La costurera +era arisca, cruel, intratable; pero el mayordomo +sabía recabar de ella las pocas migajas de buen +humor que tenía en el cuerpo. La requebraba +brutalmente, la pellizcaba al pasar, le decía mil +groseras desvergüenzas para que las comprendiera +al revés. Y la microscópica doncella, que +no era gentil ni bonita y en quien las asperezas +del carácter habían sofocado todo germen de +coquetería, trasformándola en sacerdotisa del +dolor, en una euménida fatal y despiadada, +se dejaba festejar complacientemente por aquel +bruto. Le hacía gracia su osadía, su rudeza, su +glotonería y el modo insolente y despreocupado +que tenía de tratar a todo el mundo, incluso +al alto y poderoso señor de Quiñones. Manín era +un solemnísimo bellaco. Con aquella grosería +soez, el porte de atrevido cazador de fieras y +su estrafalario arreo había sabido vivir muy regaladamente +en este mundo, sin encallecer las +manos, ni quebrarse los lomos allá en su aldea +con las faenas de la labranza.</p> + +<p>Sacó la costurera un plato de carne fiambre y +lo puso sobre el hule de la mesa, sin servilleta ni +cosa que lo valga; después cortó a la mitad un +pan y lo dejó, con la imprescindible botella de +vino blanco y el vaso, al lado de la carne. El cazador +de osos comenzó a devorar. Concha sentose +de nuevo, y la niña, acercándose, repitió +las palabras que ya había pronunciado. A los +pocos momentos ¡zas! un ballenazo y un grito +de dolor. Inmediatamente otro golpe y otro grito. +Y así sucesivamente. La costurera estaba encantada +al notar que la chiquilla tropezaba más +que otras veces. Manín engullía en silencio, volviendo +sólo de vez en cuando los ojos con marcada +indiferencia hacia aquella triste escena. Al +poco tiempo, como por máquina, principió a +murmurar a cada golpe: «¡Dale! ¡Atiza! ¡Buena +fue ésa! ¡Vaya una mano!...» y otras semejantes +exclamaciones.</p> + +<p>Terminó la lección de historia sagrada. Antes +de tomar la de gramática hubo un respiro. La +costurera se puso a bromear alegremente con el +mayordomo. Estaba de un humor angelical.</p> + +<p>—¿Qué tal la carne?</p> + +<p>—Rica, ¡rica de verdad!</p> + +<p>—Lo peor es que te va a quitar el apetito para +la hora de comer.</p> + +<p>Retembló la estancia con la risotada del +gañán.</p> + +<p>—¡Eso sí! ¡A mí cualquier cosa me quita la +gana! Vas a tener que meterme un hierro caliente +en el agua como a la señora.</p> + +<p>—Por la panza te lo había de meter, gran +puerco.</p> + +<p>—Mira, Concha, no me busques las cosquillas, +porque aunque eres una mocita de sandunga y +tienes los ojos muy picarones, y la boca como +una cereza, un día te encuentras, sin saber por +dónde vino, con un revés que te arrancará de +cuajo esa carrerita de perlas que me estás enseñando.</p> + +<p>—¡Calla, calla, viejote, zapalastrón! ¡Bueno +estás ya para reveses! ¡Si no puedes con los calzones! +¡Si estás descuajaringado!</p> + +<p>—Eso no lo dices tú con el corazón; por eso +se te estima. Bien sabes que hay aquí dentro +mucha entraña todavía (y se daba rudos puñetazos +en el pecho). ¡Si te cogiera en un maizal!</p> + +<p>—¡Como si me cogieras en la plaza del mercado! +Na. Ya no tienes más que quijadas y palique.</p> + +<p>—Y manos para apalpar la gracia de Dios—repuso +el bárbaro tomando con su manaza velluda +la barba de la costurera.</p> + +<p>—¡Quita, quita! ¡Gorrinazo!</p> + +<p>Y le pegó con la ballena un golpecito en los +dedos. Volvió el gandulote a embestirla y ella a +defenderse de la misma manera. Trató de agarrarla +por la cintura. La doncella se levantó y +corrió por la estancia, haciéndose la enojada.</p> + +<p>—¡No me toques, Manín! Mira que llamo a la +señora.</p> + +<p>Pero él no hacía caso. La perseguía lanzando +gruñidos y risotadas; abrazábala aquí, soltábala +allá, recibiendo en sus carrillos, ásperos y duros +como la piel de un elefante, las bofetadas de +la doméstica, sin manifestar sentirlas. Crujían +los muebles, retemblaba el piso, campanilleaba +la vajilla de los aparadores. Y él sin cejar. Cada +vez más falso y zalamerón. Sabía el pícaro que +aquella mujerzuela irascible y endemoniada tenía +despierta la vanidad, como todos los seres humanos, +y que era de capital interés para su panza +tenerla contenta. Por último, lanzando un verdadero +mugido de buey, consiguió agarrarla por +la cintura y alzarla en vilo. Mantúvola en alto +sin esfuerzo alguno, como si fuera un chiquito +de tres años.</p> + +<p>—¿Y ahora? ¿Qué dices ahora, Zapaquilda? +¿Dónde están esos hígados? ¿Dónde esas manos? +Anda, bruja, pide perdón; si no, te dejo caer +como una rana—bramaba el cazurrón, zarandeándola +en el aire.</p> + +<p>—¡Déjame, Manín! ¡Déjame, burro! ¡Habrá +cochinazo! ¡Mira que grito!</p> + +<p>Al fin la puso delicadamente en el suelo. La +doncella, jadeante, desgreñada, frunciendo mucho +las cejas para aparecer más enfadada, decía +con voz anhelante:</p> + +<p>—No tienes vergüenza, Manín. Si no fuera +mirando a la casa donde estamos, te tiraba este +quinqué a las narices y te las rompía, por bruto +y por insolentón. A lo mejor están los criados +oyendo todo esto, y ¿qué dirán? ¡Quita, quita +allá! No me vuelvas a decir palabra, porque no +te contesto.</p> + +<p>—¡Eso! Grita ahora, fachendosa, después que +te hice ver a Dios—roncaba Manín con sorna, +mirándola de reojo y sobándose la barba.</p> + +<p>—¡Si no te quitas de mi vista, baldragote!...—exclamaba +la diminuta criada, pasándole a su +despecho relámpagos de risa por los ojos.</p> + +<p>Manín se sentó de nuevo para engullir el pan +que quedaba y beber otro vaso de lo blanco. Josefina +mientras tanto sollozaba en un rincón, llevándose +las manos heridas a la boca, palpándose +las mejillas acardenaladas por los ballenatos. +Manín se dignó echar hacia ella una mirada.</p> + +<p>—No llores, tontina, que el dolor de los zurriagazos +pasará y la ciencia te quedará en la +mollera para siempre—dijo cortando con su navaja +un pedazo del pan y metiéndolo en la boca.—Si +quieres saber mi dictamen, cuanto más te +peguen más contenta debes de estar. ¿Qué serías +tú si Concha no tuviese la misericordia de +castigarte duro? Una chafandina que no valdría +un celemín de bellotas, una bestia, salva sea la +comparanza. Y ahora ¿qué serás? Una mujer pa +too lo que se la pida. (Pausa mientras se corta +otro pedazo de pan y lo muele, levantando un +bulto como el puño en el carrillo derecho)... +Anda, que si yo hubiera tenido como tú maestros +que me alzasen el pellejo a correazos, no sería +un burro, no me llamarían Manín, sino don +Manuel, y en vez de ser un mísero súdito, andaría +por ahí dándome importancia, paseando +por Altavilla con las manos atrás como los señores +y leyendo las gacetas en el casino. (Otra +pausa y otra amputación del zoquete)... Ponte +en lo justo si tienes caletre para ello. ¿Cómo +quieres aprender esas cosas tan enrevesadas sin +algunos lampreazos? ¿Quién aprendió <i>daqué</i> nunca +sin azotes? Nadie. ¡Pues entonces! Si tuvieras +conocimiento, criatura, darías gracias a Dios +por haberte puesto una maestra que es como una +gloria. Para too sirve la endina, para too tiene +las manos finas y los pies listos, ¿verdá, tú?</p> + +<p>Concha se había puesto grave otra vez, sentándose +y haciendo un gesto imperioso a la niña +para que se acercase. Tocábale el turno a la +gramática. Aquí andaba peor todavía que en la +historia, séase por la falta de memoria o porque +el miedo la turbase. Comenzó el vapuleo: un ballenazo +ahora y otro después y otro y otro. Manín, +fiel a sus convicciones pedagógicas, aplaudía +con la boca llena, cortando grave, esmeradamente, +en figuras geométricas los pedazos del +pan antes de conducirlos con toda solemnidad a +los labios. Las faltas fueron muchas; los golpes +fueron otros tantos. Pero al terminar la lección, +Concha consideró que a más del castigo correspondiente +a cada falta, teniendo en cuenta lo +mal que la niña lo había hecho, convenía terminar +con un vapuleo general que las comprendiese +todas. La alzó de la silla y, blandiendo la +formidable ballena, exclamó:</p> + +<p>—Ahora, para que estudies mejor y se te despierten +los sentidos, ¡toma!</p> + +<p>Tantos y tan recios fueron los golpes, que la +criatura, tratando de huir aquel martirio, se +agarró con las manos crispadas a las sayas de +su verdugo. Sin saber cómo, tal vez por haberse +colgado inconscientemente a ellas, la cinta que +las sujetaba se rompió y vinieron al suelo, dejando +a la costurera solamente con la camisa. +Dio un grito de vergüenza y se apresuró a levantarlas. +Pero sin pararse a atar otra vez la cinta, +echando una mirada de profundo rencor a la +chica, salió de la estancia sujetándolas con las +manos.</p> + +<p>—¡Buena la has hecho, buena, buena, buena!—exclamó +Manín, tallando con primor el bocado +que iba a llevar a la boca.</p> + +<p>La criatura, paralizada de terror, no lloraba. +No le dolían siquiera las heridas. Al cabo de +pocos momentos se presentó de nuevo Concha +acompañada de la señora. Ésta venía sonriendo +sarcásticamente.</p> + +<p>—Por lo visto, a la señorita le gusta ahora +desnudar a las doncellas delante de los hombres. +Estará usted contenta, señorita, ¿no es cierto? +Manín habrá visto bien por todos lados a Concha. +¿Verdad, Manín, que la has visto cómodamente?</p> + +<p>Avanzó unos pasos. La niña retrocedió asustada.</p> + +<p>—No tenga miedo, señorita. Tranquilícese usted, +señorita. Yo no vengo aquí a azotarla. Eso +de los azotes es muy antiguo. ¡Quién se acuerda +ya de azotes! Sólo vengo a invitar a usted para +que dé una vuelta por la cueva... la cueva de los +ratones... ya sabe usted. Allí se puede entretener +en desnudar alguna rata de las muchas que vendrán +a visitarla... Vamos, deme usted la mano +para que la conduzca con toda ceremonia.</p> + +<p>La niña fue a ponerse detrás de una silla; desde +allí, perseguida por Amalia y por Concha, corrió +alrededor de la mesa; por último, se refugió +detrás del mayordomo.</p> + +<p>—¡Manín! ¡Manín, por Dios me escondas!</p> + +<p>Pero éste la sujetó por un brazo y la entregó +a la señora. Tomáronla cada una por una mano +y la arrastraron, apesar de sus gritos penetrantes.</p> + +<p>—¡A la cueva no! ¡A la cueva no! ¡Madrina, +perdón! Mátame primero. ¡Mira que tengo mucho +miedo! ¡A la cueva no, que me comen los +ratones!</p> + +<p>Los criados salieron al pasillo y presenciaban +mudos y graves aquella escena. Los gritos de la +niña se fueron perdiendo en la oscura y tortuosa +escalera que conducía al sótano.</p> + +<p>Amalia abrió la puerta de la terrible cueva y +empujó a su hija hacia el interior. Cerró con furia; +pero la niña había corrido hacia la salida, y +la puerta le cogió la mano. Oyose un grito desgarrador. +La valenciana abrió otra vez la puerta, +dio un fuerte empujón a la criatura que la +hizo caer al suelo, y echó la llave.</p> + +<p>La cueva era un calabozo húmedo y negro +donde sólo penetraban algunos tenues rayos de +luz por un ojo de buey abierto en lo alto. Sirvió +en otro tiempo para bodega de vinos. Ahora no +había allí más que botellas vacías.</p> + +<p>La niña apenas quedó sola se incorporó, miró +a todos lados loca de terror, quiso gritar y la +voz se le anudó en la garganta; por último, extendiendo +las manos, acometida de un fuerte +temblor, cayó desvanecida.</p> + +<p>Al cabo de media hora el mozo de cuadra, que +había presenciado el encierro, movido de compasión, +acercose a la puerta y miró por el ojo de +la cerradura. Nada pudo ver. Llamó muy quedo.</p> + +<p>—Josefina.</p> + +<p>La chica no respondió. Llamó más fuerte. El +mismo silencio. Asustado, gritó y golpeó en la +puerta con todas sus fuerzas sin obtener contestación. +Entonces apresurose a subir para dar +parte de lo que pasaba, a riesgo de perder su +empleo. Amalia mandó a Concha con la llave +para ver lo que ocurría. Entre ella y Paula subieron +a la criatura privada de sentido, fría y rígida, +con los caracteres de la muerte impresos +en el rostro. Temerosa de las complicaciones +que con esto pudieran sobrevenir, la esposa del +maestrante se apresuró a meterla en la cama. +Tardó poco la pequeña en volver en sí, pero inmediatamente +se declaró una fuerte calentura. +Llamose al médico. Encontrola bastante mal. +Para explicar la herida de la mano y los cardenales +que presentaba, Amalia, fértil en mentiras, +inventó una historia que el doctor creyó o fingió +creer.</p> + +<p>Estuvo entre la vida y la muerte algunos días. +Amalia seguía con ojos inquietos el curso de la +enfermedad. No le dolía la pérdida de aquel ser +sobre el cual había vertido las hieles amargas +de su corazón; pero le agitaba la idea de perder +de una vez su venganza. Justamente al tercer +día de hallarse en cama Josefina, tuvo noticia +de que en la noche anterior había salido Fernanda +en la silla de posta para Madrid, y que +Luis sólo tardaría cuatro o cinco días en reunirse +con ella. Experimentó violenta sacudida. +Una ola hirviente de bilis inundó su pecho. +Aquella noche tuvo fiebre también. ¡Se le escapaban! +No había posible venganza para aquel +traidor. Iría a Madrid, se casaría; tal vez allí +recibiría la noticia de la muerte de su hija; lloraría +un poco; al cabo las caricias de su adorada +esposa se la harían olvidar. De aquellos amores +tan largos, tan vivos, no quedaría más que +un hombre paseando su dicha por Europa, y en +Lancia una pobre mujer vieja y triste sirviendo +de befa a los corrillos de Altavilla. Sus carnes +fláccidas temblaron. Los instintos vengativos de +su raza gritaron furiosos, avasalladores. ¡No, no +podía ser! Antes arrojarle su hija muerta a los +pies, antes clavarle un puñal en el corazón.</p> + +<p>Ocurriosele una idea singular y terrible: contárselo +todo a su marido. Ignoraba lo que esto +daría de sí, pero por lo pronto provocaría un escándalo. +D. Pedro era violento, gozaba de gran +poder y prestigio. ¿Quién sabe el destrozo que +la bomba podía causar? Cierto que estaba paralítico +y no podía tomar venganza por su mano; +pero ¿no se le ocurrirían a aquel hombre tan altivo +y puntilloso medios de volver el mal que le +causaran? Ella caería entre las ruinas, pero caería +con gusto si el traidor pagaba de algún modo +su perfidia.</p> + +<p>Después de mucho batallar con este pensamiento, +no arriesgándose a hacer la confesión +de palabra ni a escribirla bajo su firma, remitió +a D. Pedro, disfrazando la letra, una carta anónima. +«La niña que usted ha recogido hace seis +años es hija de su esposa y de un caballero que +frecuenta su casa y a quien usted llama su amigo. +No le digo a usted el nombre. Busque usted +y no tardará en hallar al traidor.—<i>Un amigo +leal.</i>» Echola al correo y esperó con ansia el +efecto que producía.</p> + +<p>D. Pedro la recibió delante de ella y la leyó. +Su rostro se contrajo fuertemente y se cubrió de +palidez cadavérica.</p> + +<p>—¿Quién te escribe?—preguntó ella con naturalidad.</p> + +<p>El maestrante se repuso inmediatamente y, +doblando la carta y guardándola, respondió haciendo +esfuerzos por asegurar su voz, que temblaba:</p> + +<p>—Nada, un recomendado mío que se queja de +que le han dejado cesante... ¡Ese gobernador! +No tiene memoria ni formalidad ninguna.</p> + +<p>Inquieta ya y esperando con ansia los acontecimientos +se retiró a su gabinete. Por la tarde +llegó Jacoba con misterio y le entregó un billete +de parte del conde.</p> + +<p>—¿Qué quiere de mí ese hombre?—preguntó +sorprendida y en tono despreciativo.</p> + +<p>—No lo sé, señorita. Escribió la carta en mi +casa y allí espera contestación.</p> + +<p>El billete del conde decía:</p> + +<p>«Amalia, sé que nuestra hija se halla en peligro +de muerte. Por lo que más quieras en este +mundo, por la salvación de tu alma, concédeme +una entrevista. Necesito hablarte. Si esta tarde +ya no puede ser, ven mañana por la mañana a +casa de Jacoba.—Tuyo, <i>Luis</i>.»</p> + +<p>—¡Tuyo! ¡tuyo!—murmuró con amarga sonrisa.—Has +sido mío, sí, pero has cambiado de +dueño. Te costará caro.</p> + +<p>—¿Llevo contestación, señorita?</p> + +<p>Quedó pensativa unos momentos; dio algunas +vueltas por la estancia, completamente abstraída; +se acercó al balcón y miró por los cristales. +Al fin dijo, volviéndose a medias y con +gran sequedad:</p> + +<p>—Bueno, iré mañana a la hora de misa.</p> + +<p>—Me ha preguntado con grandísimo interés +por la niña.</p> + +<p>—Dile que sigue lo mismo.</p> + +<p>Marchose la entremetida, y ella permaneció +largo rato mirando a la calle, al través de los +cristales, sin verla.</p> + +<p>Desde las siete de la mañana del día siguiente +estaba Luis aguardándola en la casucha de Jacoba. +No había allí más que una cocina en la planta +baja y una salita arriba con alcoba, tan bajas de +techo que el conde con sombrero tocaba en el +cielo raso. En esta salita daba paseos furiosos +con las manos en los bolsillos, mirando con precaución +a cada momento por los visillos de la +única ventana que tenía. Hasta las nueve no acudió +la dama. La vio llegar con la mantilla echada +por los ojos, el devocionario en la mano y el +rosario colgado de la muñeca, con el paso firme +y sosegado, como si viniese a dar algunos encargos +a su antigua protegida. Cuando oyó su +voz en la cocina, le dio un vuelco el corazón, se +puso a temblar como un azogado y se le borraron +por completo las palabras que tenía preparadas.</p> + +<p>—¿Cómo está usted, conde?—dijo ella con +gran naturalidad al entrar, tendiéndole una +mano.</p> + +<p>—Bien, ¿y tú?</p> + +<p>Levantó la cabeza como sorprendida de oírse +tutear y respondió mirándole fijamente:</p> + +<p>—Perfectamente.</p> + +<p>—¿Y la niña?</p> + +<p>—Algo mejor.</p> + +<p>Despejose al oír esto la fisonomía del caballero. +Brilló un rayo de alegría en sus ojos y dijo +tomando de la mano a su ex-querida y atrayéndola +hacia el pobre sofá de paja que allí había.</p> + +<p>—Sentémonos, Amalia. Aunque sea un atrevimiento +por mi parte, te ruego que me permitas +seguir tuteándote cuando estemos solos... Yo no +olvido, no podré olvidar jamás cuántas horas de +dicha te debo, cuánta felicidad has vertido en +mi vida triste y monótona. Tú me has revelado +lo más dulce y más íntimo que existía en mi corazón +sin que yo lo sospechase siquiera. Para tí +han sido los primeros impulsos de mi alma. Sólo +tú has penetrado hasta ahora en ella, la has sondeado +y conoces sus melancolías, sus flaquezas, +y sus ternura. Si me separo de ti, si digo adiós +a nuestro amor, no creas que es porque he dejado +de estimarlo: obedezco solamente a una ley +de la naturaleza que nos empuja a todos a crear +una familia. No tengo en el mundo más que a mi +madre, una pobre anciana que muy pronto me +dejará solo... No debe parecerte mal que quiera +formar un hogar y poseer un heredero de mi nombre +y mis títulos... Además, el grito de la conciencia +me perseguía...</p> + +<p>El conde, regocijado con la mejoría de la niña, +se mostraba expansivo y más locuaz que de costumbre, +sin poder ocultar la felicidad que le embargaba, +pensando que todo estaba arreglado a +medida de sus deseos. Josefina dichosa al lado +de su madre; él dichoso al lado de Fernanda; +Amalia resignada y tributándole siempre un cariño +dulce y cada día más acendrado.</p> + +<p>Ésta le miraba con cierta curiosidad burlona. +Cuando terminó, dijo sonriendo benévolamente:</p> + +<p>—Sobre todo desde la noche en que viste a +Fernanda con aquel precioso vestido descotado, +ese grito debió de hacerse insoportable.</p> + +<p>El conde sonrió también, avergonzado.</p> + +<p>—No lo creas, Amalia; siempre he sentido remordimientos. +Claro está que al hacerse uno +viejo ve las cosas con más claridad. Mi barba ya +blanquea por varios sitios, como estás observando. +Lo que en un joven puede disculparse como locura, +como expansión irremediable del fuego que +corre por las venas, en un viejo se llama crimen. +El amor, a la edad en que yo estoy, no debe tapar +con sus alas la luz de la razón, y si la tapa +merezco el calificativo de insensato. Mi resolución +podrá sernos amarga a los dos. A mí me +lo es mucho; me cuesta trabajo desprenderme +de una pasión que a fuerza de tiempo casi se ha +convertido en costumbre. Existe, además, por +desgracia, entre los dos un lazo imposible de +romper por completo. El Destino ha hecho nacer +del fango de nuestro pecado una flor hermosa, +una cándida azucena. Apartemos el crimen +de su frente: ya que ha sido engendrada por un +amor ilegítimo, no la manchemos con nuestra +conducta vituperable. Hagámonos dignos de ella +viviendo como cristianos.</p> + +<p>—Está muy bien todo eso. Sólo siento que ese +curso de doctrina cristiana haya venido tan tarde +y haya coincidido con la llegada a esta población +de tu antigua novia. Porque parece así como +si tuvieras olvidado por completo el catecismo, y +ella viniese a refrescarte la memoria. Pero, en fin, +en eso no debo meterme porque no me concierne. +El resultado es que te casas. Haces bien. El +hombre está mal solo, y cuando halla una compañera +digna, como tú has hallado, no debe perder +la ocasión. Fernanda es una buena muchacha; +segura estoy de que te hará feliz. Tendréis +muchos hijos y, después de una vida larga y dichosa, +iréis al cielo.</p> + +<p>Sorprendiole a Luis aquella resignación y no +pudo menos de sentir alguna inquietud.</p> + +<p>—¿Y tú serás también feliz?—le preguntó tímidamente.</p> + +<p>—¿Yo?... ¡Qué importa que yo sea feliz o desgraciada!—dijo +alzando los hombros con ademán +desdeñoso.</p> + +<p>—¡No digas eso, Amalia! La felicidad no es la +locura a que nos entregamos durante siete años. +Había un dejo amargo en ella que yo percibía +hace tiempo, y que tú no tardarías en percibir. +Una vida pura y digna, la tranquilidad de la +conciencia, la estimación de las personas honradas +te darán más contento que la pasión culpable... +Además, tienes lo que yo no tengo... tienes +a tu lado un ángel, un lirio tierno y fragante +que embalsamará tu existencia.</p> + +<p>—¡Ah, sí, Josefina!... Efectivamente, ella +será la que me ha de proporcionar los únicos +buenos ratos que pasaré en adelante.</p> + +<p>Lo dijo con una inflexión de voz tan extraña, tan +aguda y estridente, que Luis sintió un escalofrío.</p> + +<p>—¿Qué quieres decir con eso?</p> + +<p>—Lo que he dicho; que por fortuna tengo a +Josefina para resarcirme.</p> + +<p>—¡Es que lo dices de un modo tan raro!</p> + +<p>La valenciana dejó escapar una risita singular +que salía allá del fondo de la garganta y sonaba +de modo siniestro. Luis la miraba fijamente, +cada vez más inquieto.</p> + +<p>—¡Pero qué tonto eres, Luis! ¡pero qué retontísimo! +El egoísmo ha puesto tales cataratas en +tus ojos que no ves ni lo que tienes delante. Si +tuvieses veinte años, esa inocencia podría quizás +inspirarme lástima; a tu edad no me inspira más +que risa y desprecio. Pensar en que cuatro palabrillas +insolentes sobre la moral y la conciencia +bastarían a obligarme a aceptar satisfecha la +humillación que me impones; suponer que yo, a +quien si no conoces debieras conocer, voy a consentir +que me arrojes como un trapo sucio, que +me arrastres como una cautiva enamorada a los +pies de Fernanda para que le sirva de almohadón +cuando suba a tu lecho, es el colmo de la +estupidez y la fanfarronería. ¿Por qué no me pides +también que sea tu madrina de boda?</p> + +<p>El conde la contemplaba con los ojos dilatados, +expresando la ansiedad y el espanto.</p> + +<p>—De modo que lo que me han dicho de los +martirios que haces pasar a nuestra hija ¿es +cierto?</p> + +<p>—¡Y tan exacto! Y aún no los sabes por completo... +Mira, voy a referírtelos todos para que +no te llames a engaño...</p> + +<p>Y con palabra breve, incisiva, con una cruel +satisfacción que se le traslucía en la voz, puso +delante de su vista el cuadro espantoso de las +miserias y dolores que la desgraciada criatura +había padecido en los últimos meses. Aquel +cuadro era infinitamente más aterrador que el +que le había exhibido María la planchadora. El +conde, pálido, desencajado, sin hacer el más leve +movimiento, parecía la estatua de la desesperación. +Al poco rato se tapó la cara con las manos +y así escuchó hasta el fin.</p> + +<p>—¡Oh, qué infame! ¡oh, qué infame!—murmuró +sordamente.</p> + +<p>—Sí, muy infame, pero aún espero serlo más. +¿Has oído todas estas infamias? Pues no son +nada en comparación con las que haré.</p> + +<p>—¡No las harás tal, malvada!—profirió Luis +levantándose y abalanzándose a ella.—Antes te +ahogaré con mis manos.</p> + +<p>La valenciana se escapó hacia la puerta.</p> + +<p>—¡Si das un paso más, grito!</p> + +<p>—¡Oh, infame, infame!—volvió a exclamar +con voz profunda el conde.—¡Y Dios consiente +sobre la tierra estos monstruos!</p> + +<p>Dio unos pasos atrás y se dejó caer nuevamente +sobre el sofá. Apoyó los codos sobre las +rodillas y metió la cabeza entre las manos. Al +cabo de largo silencio la levantó diciendo:</p> + +<p>—Bueno, ¿y qué exiges de mí?</p> + +<p>Amalia dio un paso para acercarse.</p> + +<p>—Lo que ya debes de suponer, si es que te +queda un poco de sentido común. No exijo que +nuestras relaciones continúen, porque a los términos +a que hemos llegado no es posible: sería +tanto como mendigar tu amor, y tengo demasiado +orgullo para ello. Pero no quiero que ni +tú ni esa mujer os quedéis riendo de mí; no +quiero servir de befa a los que conocen nuestras +relaciones, que son todos los que frecuentan la +casa. Exijo, pues, como condición para que la +niña vuelva a ser lo que era que rompas inmediatamente +con Fernanda y no te acuerdes más +de ella.</p> + +<p>—¡Pero Amalia!—exclamó con acento dolorido.—Bien +comprendes que es imposible. Mi +boda está concertada; lo sabe ya todo Lancia: +Fernanda me espera en Madrid; faltan muy pocos +días...</p> + +<p>—Aunque faltase un minuto. Esa boda no se +celebrará. Si te casas con Fernanda, tu hija pagará +el agravio en la forma que ya sabes.</p> + +<p>—¡Oh! Yo lo impediré. Daré parte a la autoridad. +Pediré el depósito de la niña.</p> + +<p>—Eso es hablar por hablar, Luis—replicó +con calma y sonriendo Amalia.—Las autoridades +de Lancia son hechura de Quiñones. Nadie +osará declarar una palabra contra mí.</p> + +<p>—Se lo referiré todo a D. Pedro.</p> + +<p>—No te creerá; y si te creyese, ¿qué adelantarías? +En vez de impedir mi venganza, como +es la suya también, me ayudará.</p> + +<p>Hubo un largo silencio. El conde meditaba +con la frente apoyada en la mano. De pronto se +alzó violentamente y se puso a dar agitados paseos +murmurando:</p> + +<p>—¡No puede ser! ¡no puede ser!</p> + +<p>La valenciana le seguía con la vista. Al cabo, +dijo dando un paso hacia la puerta:</p> + +<p>—Adiós.</p> + +<p>El conde la detuvo con un gesto.</p> + +<p>—Espera.</p> + +<p>Amalia permaneció inmóvil, con la mano en +el marco de la puerta, clavándole una mirada +penetrante.</p> + +<p>El conde siguió paseando todavía algunos momentos +sin hacer caso de ella.</p> + +<p>—Está bien—dijo con voz enronquecida, parándose;—no +se efectuará el matrimonio. Tú me +dirás lo que debo hacer.</p> + +<p>Su rostro demudado revelaba la calma de la +desesperación.</p> + +<p>—Es necesario que escribas una carta a Fernanda +despidiéndote.</p> + +<p>—La escribiré.</p> + +<p>—Ahora mismo.</p> + +<p>—Ahora mismo.</p> + +<p>Amalia se asomó a la escalera y pidió a Jacoba +recado de escribir. Como no había allí mesa, +lo puso sobre la cómoda. El conde se acercó y +se dispuso a escribir de pie. Amalia también se +acercó.</p> + +<p>—Es esto lo que quiero que le escribas—dijo +presentándole un papel.</p> + +<p>Era el borrador de la carta. El conde pasó la +vista por él.</p> + +<p>«Mi buena amiga Fernanda:—decía—He querido +que te fueses para decirte por escrito lo que +de palabra sería superior a mis fuerzas. No puedo +ser tuyo. No necesito explicarte las razones +porque tú las adivinarás. Quisiera amarte bastante +para sobreponerme a todo y huir contigo. +Por desgracia o por fortuna, hay cosas que pesan +en mi corazón más que tu amor. Perdóname +el haberte engañado y procura ser feliz, como +lo desea tu mejor amigo—<i>Luis</i>.»</p> + +<p>Trazó los renglones de esta carta con mano +trémula. Antes de terminar, algunas lágrimas +asomaron a sus ojos.</p> + + + +<hr /> +<h3><a name="XV" id="XV"></a>XV</h3> + +<p class="cab">Josefina duerme.</p> + + +<p>El noble maestrante fácilmente dio con +el autor de su deshonra. Así que leyó +el anónimo y se recobró del susto, sus +sospechas fueron a parar al conde de Onís. +No otra cosa le empujó a ello que el parecido, +que ahora advertía claramente, entre éste y la +niña recogida. Por lo demás, o porque su excesivo +orgullo le vendase los ojos, o porque Amalia +había sabido tenerle engañado, jamás advirtió +entre ellos más que una fría y ceremoniosa +amistad que nada tenía de ofensiva. El mismo +orgullo detuvo el curso de sus pensamientos +amargos con esta consideración: ¿Por qué dar +asenso a lo que el anónimo decía? ¿Por qué no +suponer que se trataba de una vil calumnia con +que algún enemigo quería envenenar su existencia? +Mas el dardo había entrado tan profundamente +en su corazón que no podía arrancárselo. +Todas las consideraciones que su deseo +le sugería no bastaban a destruir la gran certidumbre +que, sin saber cómo, se le había colado +de rondón en el cerebro. Algunos pormenores, +que habían pasado para él inadvertidos, adquirieron +de pronto alto relieve, se alzaron como +antorchas encendidas para guiarle. El principal +de todos era, como es natural, la enfermedad de +su esposa coincidiendo con la aparición de la +niña. Recordaba la extraña tenacidad con que se +opuso a que subiese médico alguno a verla; luego +el mimo, los cuidados exquisitos que se prodigaron +a la criatura. Acudieron también a su memoria +aquellas visitas que en otro tiempo hizo +su esposa a la Granja con pretexto de escoger +algunas plantas. Ninguna circunstancia quedó, +referente a la amistad del conde y al hallazgo de +la niña, que no revolviese y pesase en su pensamiento.</p> + +<p>Tornose silencioso y meditabundo. La mirada +dura de sus ojos hundidos se posaba con insistencia +en Amalia siempre que ésta entraba en +su habitación. En diferentes ocasiones se hizo +traer la niña con cualquier pretexto y la contempló +largamente, tratando de descifrar en los rasgos +de su fisonomía el enigma de su existencia. +Amalia observaba todo esto, y leía tan perfectamente +en el cerebro de su esposo como en un +libro abierto.</p> + +<p>—¿Cuándo se casa Luis?—le preguntó un día +en tono afectadamente distraído el maestrante.</p> + +<p>—Dicen que aún tardará algún tiempo. Necesita +arreglar no sé qué asuntos antes de irse a +Madrid—respondió con la mayor tranquilidad.</p> + +<p>—¿Continúa en la Granja?</p> + +<p>—Siempre. No viene más que alguna que otra +vez por la tarde, según me ha dicho un día que +le hallé en la tienda de Barrosa.</p> + +<p>Justamente a la noche siguiente apareció en +la tertulia el conde.</p> + +<p>—¿Cómo? ¿Usted por aquí? ¿Ha regresado ya +de la Granja?—le preguntó D. Pedro, clavándole +una mirada penetrante.</p> + +<p>—Definitivamente, no. Tengo el coche abajo, +y me vuelvo a dormir.</p> + +<p>—Se aburre usted allí, ¿verdad?—le preguntó +D. Cristóbal Mateo.</p> + +<p>—Por el día no. Estoy muy entretenido con +los trabajos del campo, el molino, los bichos, +etc. ¡Pero las noches se hacen tan largas!...</p> + +<p>Luis venía solamente por ver a su hija. Amalia +no se lo permitió hasta que la niña estuvo +medianamente repuesta. Volvió a vestirla como +antes y le devolvió los fueros que tenía. Pero no +el cariño. El encanto se había roto.</p> + +<p>Porque Luis la aborrecía: estaba sometido a +la fuerza. Con aquella pasión ardorosa, con aquel +amor lleno de misterio y placer se había unido +también la afición a la criatura. Pero los martirios +que su cólera insensata le había hecho padecer +abrió entre ellas un abismo. Josefina jamás +amaría a su verdugo. La pobre niña, vestida con +ricos trajes, vagaba sola por el palacio de Quiñones, +sin hallar en nadie ternura. Amalia huía, +de ella. Los criados, avergonzados de sus malos +tratos y pesarosos de aquel repentino cambio, +que elevaba de nuevo a la expósita sobre ellos, +no le dirigían la palabra. El largo martirio sufrido +y la terrible enfermedad con que terminó +habían dejado huellas profundas en su semblante. +Su rostro pálido se trasparentaba como el +nácar. En torno de los ojos persistía aquel +círculo oscuro, negro, de agitación y dolor. El +conde sentía apretarse su corazón cada vez que +la veía. Costábale trabajo retener las lágrimas.</p> + +<p>Amalia no dio noticia a su amante del imprudente +anónimo que había dirigido a Quiñones. +Temiendo, por la actitud de éste, algún grave +acontecimiento, resolviose a despistarle, ya +que volverle la calma no era posible. El partido +que mejor le pareció fue apartar las sospechas +de Luis y encaminarlas hacia Jaime Moro. Era +el único que por su edad, figura y posición podía +aparecer como un amante verosímil. Principió +por tratarle, en presencia de D. Pedro, con particular +afecto, distinguiéndole de los demás tertulios +de modo harto visible. Dirigíale miradas +y sonrisas significativas; gustaba de ponerse detrás +de su silla cuando estaba jugando al tresillo, +y embromarle; llamábale a cada instante con +cualquier pretexto y le retenía a su lado largos +ratos hablándole en secreto, acercando más de +la cuenta el rostro al suyo. No era tan fácil como +puede parecer seducir a Moro, aunque sólo fuese +en la apariencia. Nada tenía de arisco; al contrario, +gozaba justa fama de caballeroso y galante +con las damas. Pero cuando las damas se +hacían incompatibles con el billar o el tresillo +no lo había más grosero y cerril en seis leguas a +la redonda. Amalia le mortificaba infinitamente +reteniéndole cuando los tresillistas le aguardaban. +Entonces no respondía acorde a sus preguntas, +sonreía por máquina y dirigía frecuentes y +codiciosas miradas a la mesa donde sus compañeros +gozaban ya las dulzuras de alguna vuelta +con palo de favor.</p> + +<p>—Moro, siéntese usted aquí; vamos a charlar +un rato.</p> + +<p>Moro temblaba: se le venía el mundo encima. +Tomaba asiento al lado de la dama con una cara +larga, larga, que no daba idea cabal de la pasión +que debía arder en su pecho.</p> + +<p>El maestrante había hecho poco caso de aquellos +apartes, de las preferencias y las sonrisas insinuantes +de su esposa. Les miraba con ojos distraídos, +sin venírsele a la mente ninguna sospecha, +preocupado enteramente con la verdadera +pista. Sin embargo, al cabo de algunos días, tanto +insistió Amalia y tan buena maña se dio, que +el noble caballero principió a fijarse en aquellos +signos y a darles algún valor. La valenciana sintió +el placer del triunfo. Sus cálculos iban camino +de realizarse. Y para dar impulso poderoso +y decisivo a su enredo, ocurriosele en el momento +una treta peregrina. Se hallaba sentada +en un rincón, teniendo a su lado a Jaime Moro, +bien a la vista de D. Pedro. Moro, distraído +como siempre. La esposa de Quiñones necesitaba +hacer prodigios de habilidad para sostener la +conversación, le sonreía, le mimaba, le envolvía +en una red de palabras melosas, que acentuaba +fuertemente con la sonrisa a fin de llamar +la atención de D. Pedro.</p> + +<p>—¿Qué es eso? ¿Está usted mirando mi brazalete?</p> + +<p>Moro no había reparado en él.</p> + +<p>—Es muy lindo—se apresuró a decir por +complacencia.</p> + +<p>—Ha pertenecido a mi madre. Tiene más mérito +de lo que parece. Este retrato, que es el de +mi abuela, está hecho de mosaico... vea usted.</p> + +<p>Al mismo tiempo levantó la mano. Moro lo +contempló con afectada admiración.</p> + +<p>—Repárelo usted bien.</p> + +<p>Y la alzó aún más, poniéndosela cerca de los +ojos. Observando con el rabillo del ojo que don +Pedro la miraba, todavía la alzó un poquito, +hasta rozar con ella los labios del joven. Pero +en aquel instante la retiró bruscamente con vivo +ademán. Moro quedó estupefacto. Involuntariamente +dirigió la vista hacia D. Pedro, y notando +que éste le clavaba una mirada fría y penetrante, +se puso colorado hasta las orejas. Amalia +se levantó y se fue al salón, como si quisiera +disimular su turbación.</p> + +<p>Fue grande la que se apoderó del orgulloso +maestrante con el secreto que pensó sorprender. +Sus ideas experimentaron violenta sacudida. +Agitado por mil sospechas contrarias, dominado +por una cólera furiosa, movía entre sus trémulas +manos las cartas, sin pensar en ellas, imaginando +horribles venganzas contra su esposa y +contra el...</p> + +<p>¿Contra quién? ¿Cuál era el traidor? La duda +encendía aún más su rabia.</p> + +<p>Lo que había visto era bien concluyente. Y, +sin embargo, su pensamiento no podía apartarse +del conde de Onís. Contra el testimonio de +sus propios ojos alegaba el instinto, una voz +interior que le señalaba sin cesar a su enemigo.</p> + +<p>Apareció éste en la tertulia. Saludó fríamente +a Amalia y se fue derecho al gabinete; pero Manuel +Antonio le retuvo tirándole por el faldón +del frac.</p> + +<p>—¿Dónde vas, Luis? Ven aquí, muchacho; no +te nos enfrasques tan pronto en el juego. Mira, +aquí María Josefa y Jovita han estado disputando +toda la noche sobre la fecha de tu matrimonio. +Yo les he dicho: «No disputéis más. Si +viene hoy Luis, es tan amable que de seguro os +lo ha de decir.»</p> + +<p>—Pues las has engañado—respondió el conde +aproximándose al grupo.</p> + +<p>—¿Tan grosero te has vuelto?</p> + +<p>—No es grosería, es ignorancia. Estas señoritas +saben muy bien que las cosas no se realizan +nunca como y cuando queremos. Si yo les +dijese ahora una época y resultase otra, pensarían +que había tratado de burlarme de ellas.</p> + +<p>Apesar de los esfuerzos que hacía por sonreír, +el semblante del conde reflejaba tristeza infinita. +Su voz salía apagada y enronquecida.</p> + +<p>—¡No, no! ¡Nada de eso!—exclamó riendo +Jovita.—Díganos usted un día cualquiera, que +aunque luego resulte otro, pensaremos que no +ha sido por su voluntad.</p> + +<p>—Bueno, pues mañana.</p> + +<p>—¡Eso tampoco!—gritaron ambas solteronas +alborozadas.</p> + +<p>—No son ustedes fáciles de contentar. ¿Qué +día quieren que me case? Señálenlo ustedes.</p> + +<p>El conde no había dicho una palabra a nadie +de la ruptura de su matrimonio. La innata debilidad +de su carácter le obligaba a callar una +noticia que muy pronto había de difundirse. Tenía +miedo a la curiosidad pública, a las preguntas, +a que en el rostro le adivinasen las causas +de tal resolución. Y temblaba y se entristecía +profundamente cada vez que, como ahora, le tocaban +este punto.</p> + +<p>Hasta entonces no se había traslucido nada. +Creíase en la ciudad que de un día a otro se iría +a Madrid a reunirse con su futura. Sin embargo, +Manuel Antonio, cuyo olfato era superior al de +todos sus contemporáneos, había olido algo. Y +con la tenacidad y el disimulo de una Isabel de +Inglaterra, principió a recoger noticias y a atar +cabos de tal modo que a la hora presente andaba +muy cerca de la verdad.</p> + +<p>—Muy triste te veo estos días, Luisito—le +dijo bruscamente.—Más que de matrimonio tienes +cara de testamento.</p> + +<p>El conde se turbó y no supo más que contestar +sonriendo forzadamente:</p> + +<p>—El matrimonio es un paso muy serio.</p> + +<p>Trató de marcharse, pero Manuel Antonio volvió +a retenerlo. A todo trance quería dar con la clave +del enigma, saber de un modo positivo lo +que sospechaba. Y ayudándose de María Josefa, +que sabía mejor que él a qué atenerse, mantuvo +alerta la conversación algún tiempo sobre el +escabroso tema. Luis estaba en brasas. Dirigía +frecuentes miradas hacia el sitio de Amalia, como +reclamando lo que estaba obligada a concederle. +Levantose al fin la dama, se asomó a la puerta +y tornó a sentarse. A los pocos momentos apareció +el rostro pálido y suave de Josefina. Paseó +sus ojos tristes por la sala, y a una seña de su +madrina dirigió sus pasos al gabinete. Al cruzar +por detrás del conde, volviose éste a medias y le +echó una mirada rápida y ansiosa, que no pasó +inadvertida a la sagacidad de sus interlocutores. +La niña levantó sus ojos hacia él, brillando +con sonrisa feliz. Fue un choque magnético que +hizo arder súbito toda la alegría de su corazón +infantil. Los tertulios la llamaron, trataron de +retenerla; pero ella, obedeciendo la orden de su +madrina, siguió hasta el gabinete. Pocos momentos +después se oyó la voz áspera de Quiñones.</p> + +<p>—¿No está el conde de Onís por ahí? ¿Cómo +no entra?</p> + +<p>—Allá voy, D. Pedro—se apresuró a responder +Luis, contento de separarse de aquel enfadoso +grupo.</p> + +<p>Al entrar en el gabinete se produjo, en menos +tiempo del que puede tardarse en referirla, una +terrible escena que puso en conmoción y espanto +a toda la tertulia. D. Pedro estaba con las +cartas en la mano y lo mismo Jaime Moro y +D. Enrique Valero. Saleta, que hacía el cuarto, +hablaba con el capellán sentado detrás de él. En +torno de la mesa había tres o cuatro personas +de pie mirando el juego. Cerca del noble maestrante +se hallaba Josefina con los bracitos cruzados +esperando su bendición para irse a la cama.</p> + +<p>Al entrar el conde, Quiñones le lanzó una rápida +mirada escrutadora, clavó enseguida otra +de profundo odio en la niña y dijo con sonrisa +sarcástica:</p> + +<p>—Ah, ¿quieres la bendición?... Toma la bendición.</p> + +<p>Y le dio de revés un tremendo bofetón que la +hizo rodar por el suelo, soltando sangre por boca +y narices. Luis sintió aquella bofetada en sus +mejillas. Huyó repentinamente de ellas toda la +sangre y quedó densamente pálido. Y por un +impulso ciego, superior a su voluntad, gritó fuera +de sí:</p> + +<p>—¡Eso es una vileza! ¡Una cobardía!</p> + +<p>Y aun trató de lanzarse sobre él. Pero le detuvieron. +D. Pedro gritaba mientras tanto a +grandes voces, loco de furor:</p> + +<p>—¡Por fin caíste! ¡Por fin caíste, perro!</p> + +<p>Hizo un esfuerzo supremo para alzarse del +asiento y lanzarse sobre el ladrón de su honra, +consiguiolo a medias, y cayó al fin de nuevo, +privado de sentido, torciendo la boca.</p> + +<p>Los tertulios se habían levantado todos y acudieron +al gabinete. Las señoras gritaban aterradas. +Los hombres preguntaban a los de dentro +lo que ocurría. El conde de Onís paseó una mirada +de extravío por ellos, se dirigió al sitio +donde yacía Josefina, alzola del suelo y, con ella +en brazos, trató de abrirse paso. Amalia se le +puso delante.</p> + +<p>—¿Adónde va usted?</p> + +<p>Y quiso arrancarle la niña. Pero Luis extendió +la mano, agarró a la valenciana por los cabellos +y, después de sacudirla tres o cuatro veces +con fuerza, la arrojó lejos de sí y se lanzó a +la puerta del salón.</p> + +<p>Bajó la escalera a saltos, salió a la calle, donde +esperaba el coche, y brincando en él con su +preciosa carga dijo al cochero:</p> + +<p>—¡A escape, a la Granja!</p> + +<p>El pesado vehículo rodó con estrépito por las +calles mal empedradas. No tardó en salir a la +carretera.</p> + +<p>La luna brillaba en lo alto del firmamento. De +vez en cuando, grandes nubes espesas, flotantes +tapaban su disco, pero al instante volvía a lucir. +En las regiones superiores de la atmósfera soplaba +un viento huracanado. Abajo parecían reinar +el silencio y la paz.</p> + +<p>Josefina no salía de su desmayo. El conde le +limpiaba con su pañuelo la sangre. Después trataba +de reanimarla imprimiendo largos, apasionados +besos en su rostro de alabastro.</p> + +<p>Al fin se entreabrieron sus ojos, contempló +con extraña fijeza al conde y relampagueó en +ellos una dulce sonrisa.</p> + +<p>—¿Eres tú, Luis?</p> + +<p>—Sí, vida mía, yo soy.</p> + +<p>—¿Adónde me llevas?</p> + +<p>—Donde tú quieras.</p> + +<p>—Llévame lejos, ¡muy lejos!... Llévame a tu +casa... Llévame aunque no me des de comer. +Estando contigo no me importa morir.</p> + +<p>El conde la apretó contra su seno y la cubrió +de besos.</p> + +<p>—Sí, sí, a mi casa vas—exclamó mientras las +lágrimas bañaban sus mejillas.—De allí no saldrás +ya nunca, porque para arrancarte necesitarán +antes arrancarme la vida... Escucha, Josefina, +voy a decirte una cosa. Procura entenderla. Haz +un esfuerzo y lo conseguirás... Yo soy tu padre... +Los señores de Quiñones te han recogido +en su casa... pero yo soy tu padre... ¿lo entiendes?</p> + +<p>—Sí, Luis, te entiendo.</p> + +<p>—Te han recogido, porque yo soy tan malo +que te he entregado a ellos en vez de tenerte +conmigo.</p> + +<p>—Ahora no te entiendo, Luis. Tú no eres +malo. Tú eres bueno y me quieres.</p> + +<p>—Sí, hija de mi alma, te quiero más que a +mi vida... Perdóname.</p> + +<p>—Yo también te quiero a tí... ¡A ellos no! +Antes quería a madrina, pero ahora no... ¡Me +ha pegado tanto! ¡Si supieras!... Me mordía, me +arañaba, me arrastraba por el suelo, mandaba a +Concha que me azotase con la ballena, me ataba +con una cuerda como a los perros...</p> + +<p>—¡Calla, calla, que me matas!—profirió Luis +sollozando.</p> + +<p>—¡No llores, Luis, no llores!... ¿Ves cómo eres +bueno? Estás llorando por mí.</p> + +<p>—¡No he de llorar por tí si eres mi hija! Llámame +padre... ¡Yo soy tu padre! ¿Lo sabes, lo +sabes?</p> + +<p>—Sí, lo sé... Tú eres mi padre y yo soy tu +hija... Tengo sueño... Déjame dormir sobre tu +pecho.</p> + +<p>Y dejó caer sobre él la cabecita blonda. Inclinó +la suya el conde para darle un beso en la frente y +sintió sus labios abrasados por el calor de la fiebre.</p> + +<p>Gozó la criatura algunos momentos de sueño +letárgico. Corrían de vez en cuando por su tierno +cuerpo vivos estremecimientos. Despertó al +fin dando un grito.</p> + +<p>—¡Luis, que me llevan!... ¡Míralos, míralos... +ahí están!</p> + +<p>Sus ojos expresaban un terror pánico.</p> + +<p>—No, hija, no; son los árboles del camino que +extienden sus ramas hacia nosotros.</p> + +<p>—¿No ves a D. Pedro que me amenaza? ¿No +oyes lo que me está diciendo?</p> + +<p>—Sosiégate, mi alma; es el mugido del viento.</p> + +<p>—Tienes razón. Ya se fueron. ¡Mira cómo +brilla la luna! ¡Mira qué campos tan hermosos y +cuántas flores!... Un palacio de cristal... Delante +hay una niña jugando con un gatito blanco... +¡Qué precioso!... Es más bonito que el Rojo... +Déjame jugar con ella, Luis...</p> + +<p>—Jugarás cuanto quieras, y te compraré un +gatito y una palomita blanca que venga a comer +a tu mano.</p> + +<p>—No, no quiero que gastes dinero. Estoy +contenta con que no me separes de ti.</p> + +<p>—Nunca ya. Vivirás conmigo siempre, porque +eres mi hija. Duerme, mi vida.</p> + +<p>—¡Otra vez la oscuridad!... ¡Ya vuelve! ¡Échalos, +Luis, échalos, por Dios! ¡Que me agarran!</p> + +<p>—No temas; estás conmigo... Mira la luna +otra vez... ¿Ves cuánta luz?... Duérmete, corazón.</p> + +<p>—Es verdad... ya veo los campos llenos de +flores... ya veo el gatito blanco... La niña no +está... ¿Dónde se fue, Luis?</p> + +<p>—Está en mi casa, esperándote para jugar. +Estamos muy cerca ya. Duérmete.</p> + +<p>—Sí, Luis, voy a dormir. Tú me lo mandas, +¿no es cierto? Yo debo obedecerte porque soy tu +hija... Tengo frío... Apriétame más.</p> + +<p>Apretola más y más contra su pecho. Josefina +se durmió al fin. El carruaje rodaba por la carretera +desierta al través de los campos esclarecidos +por la luz de la luna. Las nubes volaban +también dispersas por los aires. El viento mugía +sordamente a lo lejos. Los árboles comenzaban +a agitar sus penachos.</p> + +<p>Ya se divisaba el cercado de la Granja. Luis +inclinó la cabeza para despertar a la niña; pero +al darla un beso sintió en sus labios el frío de la +muerte. Alzola vivamente, sacudiola con fuerza +varias veces, llamándola a gritos.</p> + +<p>—¡Josefina!... ¡Hija! ¡hija! ¡hija!... ¡Despierta!</p> + +<p>La blonda cabeza de la niña se doblaba a un +lado y a otro como una azucena que tuviese +quebrado el tallo.</p> + +<hr class="full" /> + +<div>*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 30425 ***</div> +</body> +</html> diff --git a/LICENSE.txt b/LICENSE.txt new file mode 100644 index 0000000..6312041 --- /dev/null +++ b/LICENSE.txt @@ -0,0 +1,11 @@ +This eBook, including all associated images, markup, improvements, +metadata, and any other content or labor, has been confirmed to be +in the PUBLIC DOMAIN IN THE UNITED STATES. + +Procedures for determining public domain status are described in +the "Copyright How-To" at https://www.gutenberg.org. + +No investigation has been made concerning possible copyrights in +jurisdictions other than the United States. Anyone seeking to utilize +this eBook outside of the United States should confirm copyright +status under the laws that apply to them. diff --git a/README.md b/README.md new file mode 100644 index 0000000..7c028c7 --- /dev/null +++ b/README.md @@ -0,0 +1,2 @@ +Project Gutenberg (https://www.gutenberg.org) public repository for +eBook #30425 (https://www.gutenberg.org/ebooks/30425) diff --git a/old/30425-8.txt b/old/30425-8.txt new file mode 100644 index 0000000..b4d4a34 --- /dev/null +++ b/old/30425-8.txt @@ -0,0 +1,10552 @@ +The Project Gutenberg EBook of El maestrante, by Armando Palacio Valds + +This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with +almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + + +Title: El maestrante + +Author: Armando Palacio Valds + +Release Date: November 8, 2009 [EBook #30425] + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EL MAESTRANTE *** + + + + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This book was +produced from scanned images of public domain material +from the Google Print project.) + + + + + + + + + +EL MAESTRANTE + +NOVELA + +POR + +D. ARMANDO PALACIO VALDS + +MADRID + +TIPOGRAFIA DE LOS HIJOS DE M. G. HERNNDEZ + +IMPRESOR DE LA REAL CASA + +Libertad, 16 duplicado. + +1893 + + + + +NDICE + + + I.--La casa del maestrante + + II.--El hallazgo + + III.--La cita + + IV.--Historia de aquellos amores + + V.--Las bromas de Paco Gmez + + VI.--Las seoritas de Mer + + VII.--El aumento del contingente + +VIII.--El vino de Fernanda + + IX.--La mascarada + + X.--Cinco aos despus + + XI.--La clera de Amalia + + XII.--La justicia del barn + +XIII.--El martirio + + XIV.--La capitulacin + + XV.--Josefina duerme + + + + + +I + +La casa del maestrante. + + +A las diez de la noche eran, en toda ocasin, contadsimas las personas +que transitaban por las calles de la noble ciudad de Lancia. En las +entraas mismas del invierno, como ahora, y soplando un viento del +noroeste recio y empapado de lluvia, con dificultad se tropezaba alma +viviente. No quiere esto decir que todos se hubiesen entregado al sueo. +Lancia, como capital de provincia, aunque no de las ms importantes, es +poblacin donde ya en 185... se haba aprendido a trasnochar. Pero la +gente se meta desde primera hora en algunas tertulias y slo sala de +ellas a las once para cenar y acostarse. A esta hora, pues, solan +tropezarse algunos grupos resonantes que caminaban a toda prisa +resguardados por los paraguas; las seoras rebujadas en sendos +capuchones de lana, alzando las enaguas con la mano que les quedaba +libre; los caballeros envueltos en sus paosas o _montecristos_, los +pantalones enrgicamente arremangados, rompiendo el silencio de la noche +con el spero traqueteo de las almadreas. Porque en aquella poca eran +muy pocos todava los que desdeaban este calzado patritico y +confortable. Tal cual pollastre que por haber estado en Valladolid +estudiando medicina se crea por encima de estas ruindades y alguna que +otra damisela melindrosa que afectaba el no saber andar con ellas. + +De coches no haba que hablar, pues slo existan tres en la poblacin, +el de Quiones, el de la condesa de Ons y el de Estrada-Rosa. Este +ltimo era el nico que no alcanzaba el medio siglo de antigedad. +Cuando cualquiera de las tres carrozas sala a la calle, rodebala un +enjambre de chiquillos y seguanla buen trecho en testimonio de +incondicional entusiasmo. Los vecinos en lo interior de sus moradas +distinguan, por el estrpito de las ruedas y el chasquido de las +herraduras, a cul de los magnates mencionados perteneca. Eran, en +suma, tres instituciones venerandas que los hijos de la ciudad saban +amar y respetar. Contra la lluvia que cae sobre ella ms de las tres +cuartas partes del ao no se conocan entonces otros preservativos +naturales que el paraguas y las almadreas. Poco despus vinieron los +chanclos de goma y recientemente tambin se introdujeron los +impermeables con capuchn, que trasforman en ciertos momentos a Lancia +en vasta comunidad de frailes cartujos. + +El viento soplaba ms recio en la travesa de Santa Brbara que en +ningn otro paraje de la poblacin. Esta va, abierta entre el palacio +del obispo y las tapias de un patinejo de la catedral, donde viene a +caer la cadena del pararrayos, pasa a su terminacin por debajo de un +arco y forma lbrego recodo en que el huracn se encalleja y clama y se +lamenta en noches tan infernales como la presente. + +Un hombre embozado hasta los ojos atraves velozmente la plazoleta que +hay delante de la morada de los obispos y entr en este recodo. La +fuerza del huracn le detuvo, y la lluvia, penetrando entre el embozo de +la capa y el sombrero, le priv de la vista. Resisti unos instantes a +pie firme la violencia de la rfaga, y en vez de soltar alguna +interjeccin enrgica, que nunca fuera ms al caso, dej escapar un +suspiro de angustia. + +--Ay, Jess mo, qu noche! + +Se arrim a la pared, y cuando el viento soseg sus mpetus sigui su +camino. Pas por debajo del arco que comunica el palacio con la catedral +y entr en la parte ms desahogada y esclarecida de la travesa. Un +reverbero de aceite engastado en la esquina serva para iluminarla toda. +El cuitado haca intiles esfuerzos, secundado por la gran mariposa de +hoja de lata, para enviar alguna claridad a los confines de su +jurisdiccin. Pero, ms all de diez varas en radio, nada haca +sospechar su presencia. Sin embargo, a nuestro embozado debi parecerle +una lmpara Edison de diez mil bujas, a juzgar por el cuidado con que +se subi an ms el embozo y la prisa con que abandon la acera para +caminar ceido a la tapia del patio en que las sombras se espesaban. +Sali en esta guisa a la calle de Santa Luca, ech una rpida mirada a +un lado y a otro, y corri de nuevo al sitio ms oscuro. La calle de +Santa Luca, con ser de las ms cntricas, es tambin de las ms +solitarias. Est cerrada a su terminacin por la base de la torre de la +baslica, esbelta y elegante como pocas en Espaa, y slo sirve de +camino ordinariamente a los cannigos que van al coro y a las devotas +que salen a misa de madrugada. + +En esta calle, corta, recta, mal empedrada y de viejo casero, se alzaba +el palacio de Quiones de Len. Era una gran fbrica oscura de fachada +churrigueresca, con balcones salientes de hierro. Tena dos pisos, y +sobre el balcn central del primero un enorme escudo labrado toscamente +y defendido por dos jayanes en alto relieve tan toscos como sus +cuarteles. + +Una de las fachadas laterales caa sobre pequeo jardn hmedo, +descuidado y triste y cerrado por una tapia de regular elevacin; la +otra sobre una callejuela an ms hmeda y sucia abierta entre la casa y +la pared negra y descascarillada de la iglesia de San Rafael. Para pasar +del palacio a la iglesia, donde los Quiones posean tribuna reservada, +exista un puente o corredor cerrado, ms pequeo, pero semejante al que +los obispos tienen sobre la travesa de Santa Brbara. Por la viva +claridad que dejaba pasar la rendija de un balcn entreabierto +advertase que los dueos de la casa no estaban an entregados al +descanso. Y si la claridad no lo acusara, acusbanlo ms claramente los +sones amortiguados de un piano que dentro se dejaban or cuando los +latidos furiosos del huracn lo consentan. + +Nuestro embozado sigui, con paso rpido y ocultndose en la sombra +cuanto poda, hasta la puerta del palacio. All se detuvo; volvi a +echar una mirada recelosa a entrambos lados de la calle, y entr +resueltamente en el portal. Era amplio, con pavimento de guijarro como +la calle, las paredes lisas y enjalbegadas de mucho tiempo, tristemente +iluminado por una lmpara de aceite colgada en el centro. El embozado lo +atraves velozmente, y sin tirar del cordn de la campana peg el odo a +la puerta, y as estuvo inmvil algunos instantes en escucha. Cerciorado +de que nadie bajaba, torn a la puerta de la calle y enfil otra mirada +por ella. Al fin resolviose a abrir el embozo y sac de debajo de la +capa un bulto que deposit en el suelo con mano temblorosa, cerca de la +puerta. Era un canastillo. Estaba cubierto con una manta de mujer, lo +cual impeda observar lo que en l se guardaba, aunque bien se presuma. +Desde Moiss, los canastillos misteriosos parecen destinados a guardar +infantes. El rebozado, ya desarrebozado, tir tres veces del cordn de +la campana, y al instante, desde arriba, abrieron por medio de otra +cuerda. Las tres campanadas indicaba que quien entraba en la +aristocrtica mansin de los Quiones era un noble, un par de los +seores. Tiempo haca que se estableciera esta costumbre, sin saber +cmo. Un menestral, un criado, un inferior, por cualquier concepto, no +llamaba sino con una campanada; las visitas llamaban con dos; y la media +docena o poco ms de personas que el linajudo seor de Quiones +consideraba sus iguales en Lancia, lo hacan con tres, por acuerdo +tcito o expreso, que eso nunca se averigu. Murmurbase en la ciudad de +tal diferencia: los que nunca haban pisado los salones de la casa, +embromaban a los que a diario los visitaban: respondan stos negando la +especie; pero aunque secretamente humillados, respetaban la feudal +costumbre: nadie era osado a dar las tres campanadas del segundo +estamento. Slo Paco Gmez se aventur una vez a hacerlo por broma o +fanfarronada; pero al llegar al saln se le recibi con sorpresa y +frialdad tan despreciativas, que no le quedaron ganas de repetirlo. + +El hombre del canastillo se apresur a entrar y cerrar la puerta; +atraves el prtico y subi por la gran escalera de piedra, en cuyos +peldaos gastados por el uso se rezumaba constantemente alguna humedad. +Al llegar al piso principal un criado se acerc a recogerle la capa y el +sombrero. Y sin aguardar ms, como si alguien le persiguiera, lanzose +con presurosa planta a la puerta del saln y la abri. La viva luz de +las araas y candelabros le ofusc un instante. Era un hombre alto, +corpulento, de treinta a treinta y dos aos de edad, la fisonoma dulce +y las facciones correctas: gastaba el pelo cortado a punta de tijera y +la barba luenga, rubia y sedosa. En aquel momento su rostro estaba +plido y revelaba profunda inquietud. + +En cuanto alz los ojos, que la excesiva claridad le obligara a cerrar, +enderez la mirada a la seora de la casa, sentada en una butaca. Clav +ella a su vez en l otra intensa y ansiosa. Fue un choque que dio +instantneo reposo a sus fisonomas, como dos fuerzas iguales que se +neutralizan. El caballero se detuvo a la puerta esperando que cruzasen +cinco o seis parejas que venan girando al comps de un vals, y sus +labios descoloridos se plegaron con sonrisa tan dulce como triste. + +--Qu tarde! No pensbamos que usted viniera ya--exclam la seora +alargndole su mano fina, nerviosa, que se contrajo tres o cuatro veces +con intensa emocin al chocar con la de l. + +Era una mujer de veintiocho a treinta aos, menuda de cuerpo, el rostro +plido y expresivo, los ojos y el cabello muy negros, boca pequea y +nariz ligeramente aguilea. + +--Cmo se encuentra usted, Amalia?--dijo el caballero, sin responder a +la exclamacin, ocultando bajo una sonrisa la ansiedad que a su pesar se +le trasluca en lo tembloroso de la voz. + +--Estoy mejor... Muchas gracias. + +--No le har a usted dao este ruido? + +--No... Me aburra mucho en la cama... Adems, no quera privar a las +chicas del nico recreo que hoy por hoy tienen en Lancia. + +--Muchas gracias, Amalia--exclam una jovencita que vena bailando y oy +las ltimas palabras de la dama. + +sta le dirigi una sonrisa bondadosa. + +Otra pareja que vena detrs choc con el caballero, que continuaba en +pie. + +--Usted siempre estorbando, Luis! + +--A nadie ms que a usted, Mara Josefa--respondi el joven, riendo con +afectacin para disimular el embarazo que an senta. + +--Est usted seguro de que a m sola?--pregunt ella alzando al mismo +tiempo su mirada maliciosa hacia el caballero que la estrechaba en sus +brazos. + +Mara Josefa Hevia tena ya por lo menos cuarenta aos, y sus quince +haban sido casi tan feos, pese al refrn, como sus cuarenta. Como no +posea tampoco bastante hacienda para restablecer el equilibrio, ningn +valiente haba llegado a redimirla del purgatorio de la soltera. Hasta +haca poco tiempo todava halagaba la esperanza de que, ya que no un +pollo, por lo menos se arrojase a pedir su mano alguno de los indianos +solteros que iban llegando a establecerse en Lancia. Fundbala en la +tendencia que stos mostraban a contraer matrimonio con las hijas de las +familias distinguidas de la poblacin, aunque no llevasen dote. +Perteneca ella por la lnea paterna a una de las ms ilustres; como que +era pariente del seor de Quiones, en cuya casa nos hallamos. Pero su +padre haba muerto, y viva con su madre, mujer de baja estofa, +cocinera antes de subir al tlamo nupcial de su amo. Sea por esto o, lo +que es ms probable, por la bien declarada y proverbial fealdad de su +figura, tampoco los indianos picaron la carnada del anzuelo. Y eso que, +con motivo o sin l, sola descotarse ms de la cuenta para hacer +ostensible lo que, segn voz pblica, tena de menos malo en su cuerpo. +El rostro era repulsivo, de facciones incorrectas, hinchado por la +erisipela y desfigurado amenudo por algunas llamaradas rojizas que le +suban a las narices. De sus ilusiones femeninas no le quedaba ya ms +que una, la de bailar: era una verdadera pasin: padeca horriblemente +cada vez que los descuidados pollos de Lancia la dejaban comiendo pavo. +Pero se vengaba tan lindamente de ellos y ellas, posea una lengua tan +acerada, que la mayor parte de los jvenes le sacrificaban por lo menos +un baile en todos los saraos: cuando se descuidaban, las mismas +muchachas se lo recordaban, temiendo las iras de la feroz solterona. +Bailaba, pues, tanto como la ms linda damisela de Lancia, por razn +opuesta, esto es, por el saludable terror que haba logrado inspirar. +Ella lo saba, y aunque humillada en el fondo del alma, no dejaba de +aprovecharse, optando por el que consideraba menor de los males. Posea +espritu sagaz y malicioso; vea muy bien el ridculo de las acciones, +narraba con gracia y estaba dotada adems de un don particular para +herir a cada persona, cuando se le antojaba, en lo ms vivo. + +--Ha llegado ya el conde?--dijo una voz spera que sala del gabinete +contiguo y se sobrepuso al tecleo del piano y a las pisadas de los +bailarines. + +--S: aqu estoy, D. Pedro... Voy all. + +El conde dio un paso hacia el gabinete, sin apartar la vista de la +plida seora. sta le clav otra mirada intensa donde se lea una +interrogacin. l cerr los ojos afirmando, y pas a la inmediata +estancia. Lo mismo sta que el saln estaban amueblados sin lujo. Los +prceres de Lancia desdeaban esos refinamientos del decorado, hoy tan +usuales. No por avaricia, sino por entender con razn que su prestigio +estribaba, ms que en la riqueza o suntuosidad de las moradas, en el +sello de respetable antigedad que posean, rechazaban en ellas +cualquiera innovacin, lo mismo interna que externa. Los muebles +envejecan, se deslustraban; las alfombras y cortinas se iban rayendo. +Los dueos aparentaban no fijarse en ello. Sobre todo, D. Pedro Quiones +mostraba una negligencia en este punto que rayaba en jactancia. Ni los +ruegos de su seora, ni las indirectas que algn osado, como Paco Gmez, +sola autorizarse bromeando, le decidan jams a llamar a los pintores y +tapiceros. Se adivinaba bien que en esta resolucin influa el desdn +con que miraba el lujo desplegado por algunos indianos en el mobiliario +de sus casas. + +El saln, en lo que toca a las dimensiones, era soberbio, amplio, +elevadsimo de techo; ocupaba todos los balcones de la calle de Santa +Luca, exceptuando el del gabinete. La sillera antigua, pero no +imitando formas de siglos remotos, como ahora se usa: estaba construida +en el pasado al gusto de la poca, y forrada de terciopelo verde ya +gastado. La alfombra descubra el tejido por varios sitios. De las +paredes colgaban algunos tapices magnficos. ste era el lujo de la +casa. D. Pedro Quiones posea una coleccin de gran valor. Sola +exhibirlos una vez al ao, colgndolos de los balcones el da del Corpus +para el paso de la procesin. Decase que un ingls le haba ofrecido +por ellos un milln de pesetas. Posea asimismo algunos cuadros antiguos +de mrito, tan oscurecidos por el tiempo que, si una mano hbil no vena +pronto a restaurarlos, concluiran por desaparecer. Lo nico nuevo que +en el saln haba era el piano, comprado haca tres aos, poco despus +de casarse en segundas nupcias D. Pedro. + +El gabinete, tambin de gran tamao, con un balcn a la calle de Santa +Luca y dos al jardn, estaba peor decorado an. Grandes cortinones de +damasco, dos armarios de roble sin espejo, un sof forrado de seda, +algunos sillones de vaqueta, una mesa redonda en el centro y algunas +sillas correspondientes al sof; todo bien manoseado y marchito. En +torno de la mesa central, y alumbrados por enorme quinqu de aceite con +pantalla verde, estaban tres caballeros jugando al tresillo. El dueo de +la casa era uno de ellos. Tendra de cuarenta y seis a cuarenta y ocho +aos de edad; haca tres que estaba enteramente imposibilitado para +moverse, de resultas de un ataque apopltico que le paraliz las dos +piernas. Era corpulento, rostro moreno y facciones bien acentuadas, +enrgicas; el cabello y la barba, blanqueando ya por muchos puntos, +fuertes, abundantes, encrespados; los ojos negros y hundidos de mirar +imponente. En su fisonoma haba una expresin de orgullo y fiereza que +ni aun la sonrisa amistosa con que acogi al conde de Ons pudo +extinguir por completo. Estaba reclinado ms que sentado en una butaca +construida adrede para facilitarle el movimiento del tronco y los +brazos, y arrimada a la mesa de lado a fin de que le fuese posible jugar +y tener las piernas extendidas. Aunque en la chimenea ardan algunos +troncos de lea, se abrigaba con una talma de color gris cerrada al +cuello con broche de oro. Bordada sobre ella, del lado del corazn, +haba una gran cruz roja de la orden de Calatrava. El seor de Quiones +prescinda pocas veces de esta talma, que le daba aspecto un poco +fantstico y teatral. + +Siempre haba sido extravagante en el vestir. Su orgullo le impulsaba a +buscar el modo de distinguirse del vulgo. En varias ocasiones se le vio +de levita cerrada, sombrero de copa y almadreas: gastaba larga melena, +como un caballero del siglo diez y siete; vesta amenudo traje de +terciopelo o pana con botas de montar; usaba botines cuando ya nadie se +acordaba de ellos, y grandes cuellos de camisa vueltos sobre el chaleco, +imitando la antigua valona. Nunca se vio hombre ms preciado de su +nobleza ni con ms afn de resucitar el prestigio y los privilegios de +que aqulla gozaba en siglos pasados. El pblico murmuraba de sus +extravagancias y muchos se rean de ellas, porque Lancia es una +poblacin donde abundan los espritus humorsticos; pero, como siempre +acontece, este orgullo desmedido y feroz haba concluido por imponerse. +Los que con ms gracia se burlaban de las rarezas de don Pedro eran los +que con mayor sumisin y rendimiento le quitaban el sombrero as que le +vean de media legua. + +Haba vivido en la corte algn tiempo durante sus aos juveniles, pero +no ech races en ella. Fue gentilhombre con ejercicio y disfrut de las +ventajas y preeminencias que su caudal y nacimiento le concedan; pero +no bastaban a saciar aquel corazn henchido de arrogancia. La extraa +amalgama de la aristocracia de la sangre con la del dinero le hera y le +irritaba. El respeto que se conceda a los hombres polticos y que l +mismo se vea obligado a tributar por razn de su cargo le encenda de +ira. Un hijo de la nada, un pelagatos pasar por delante de l con la +cabeza erguida, dirigindole una mirada indiferente o desdeosa! A l, +descendiente directo de los condes soberanos de Castilla! Por no +sufrirlo y por el amor que profesaba a Lancia renunci al empleo y vino +a habitar de nuevo el churrigueresco palacio en que nos hallamos. La +soberbia, o por ventura su carcter excntrico, le hicieron cometer, en +este perodo de su vida de mayorazgo soltern, mil extravagancias y +ridiculeces que asombraron y fueron el regocijo de la ciudad mientras no +lleg a acostumbrarse. D. Pedro no sala jams a la calle sin ir +acompaado de un su criado o mayordomo, hombre zafio, que vesta el +traje del labriego del pas, esto es, calzn corto con medias de lana, +chaqueta de bayeta verde y ancho sombrero calas. Y no slo sala con +Mann (por este nombre era universalmente conocido), sino que le llevaba +al teatro. Era de ver los dos en un palco principal; l, rgido, +correcto, paseando su mirada distrada por la sala; el criado, con las +palmas de las manos apoyadas en la barandilla y la barba sobre las +manos con la atnita mirada clavada en el escenario, soltando brbaras, +ruidosas carcajadas, rascndose el cogote o bostezando a gritos enmedio +del silencio. Entraba con l en los cafs y hasta le llevaba a los +bailes. Mann lleg a ser en poco tiempo una institucin. D. Pedro, que +apenas se dignaba hablar con las personas ms acaudaladas de Lancia, +sostena pltica tirada con l y admita que le contradijese en la forma +ruda y grosera de que era capaz nicamente. + +--Mann, hombre, repara que ests molestando a esas seoras--le deca a +lo mejor hallndose ambos en cualquier tienda. + +--Bueno, bueno; pues si quieren estar a gusto, que traigan de casa un +jergn y se acuesten--responda el brbaro en voz alta. + +D. Pedro se morda los labios para no soltar el trapo, porque le hacan +extremada gracia tales groseras y brutalidades. + +Si entraba en un caf, Mann se atracaba de cuarterones de vino tinto +mientras l sola beber con parquedad una copita de moscatel. Pero +siempre peda una botella y la pagaba, aunque la dejase casi llena. +Mostrando por esta prodigalidad cierta extraeza un boticario de la +poblacin con quien alguna vez se dignaba hablar, le respondi con fra +arrogancia: + +--Pago una botella, porque me parece indecoroso que D. Pedro Quiones +de Len pida una copa como cualquier c...tintas de las oficinas del +gobierno poltico. + +Causaba asombro tambin en la ciudad el que al saludar a los clrigos en +la calle les besase la mano, imitando la costumbre de los nobles en +otros siglos. Este respeto no era ms que un medio de distinguirse y +acreditar su alta jerarqua, como todo lo dems. Porque al capelln que +tena a su servicio, aunque le besaba la mano en pblico, le trataba +como a un domstico en privado. Le guardaba muchas menos consideraciones +que a Mann. Pero lo que verdaderamente dej estupefacta a la poblacin +y se prest a sin nmero de comentarios y chufletas fue lo que D. Pedro +hizo, poco despus de llegar de Madrid, en cierta solemnidad religiosa. +Se present en la iglesia con uniforme blanco cuajado de cordones y +entorchados, que deba de ser el de maestrante de Ronda. Al llegar el +momento de la consagracin en la misa, avanz con paso solemne hasta el +medio del templo, que se hallaba libre de gente, desenvain la espada y +comenz a esgrimirla sucesivamente contra los cuatro puntos cardinales, +dando furiosas estocadas y mandobles al aire. Las mujeres se asustaron, +los chiquillos corrieron, la mayor parte de los hombres pens que era un +acceso de locura. Slo los ms avisados o eruditos entendieron que se +trataba de una ceremonia simblica y que aquellos mandobles al aire +significaban que don Pedro estaba resuelto, como caballero profeso que +era de una orden militar, a batirse con todos los enemigos de la fe, en +cualquier paraje del mundo. El nico periodiquito que se publicaba +entonces en Lancia todos los domingos (hoy existen once, seis diarios y +cinco semanales) le dedic una gacetilla en que, con no poca gracia, se +burlaba de l. Sin embargo, tales burlas pblicas o privadas, como ya se +ha indicado, no conseguan amenguar el prestigio de que el ilustre +prcer gozaba en la ciudad. Quien se considera de buena fe superior a +los seres que le rodean, tiene mucho adelantado para que stos se le +humillen. Adems, D. Pedro, apesar de sus ridiculeces, era hombre culto, +aficionado a la literatura y con pujos de poeta. De vez en cuando, y con +ocasin de cualquier fausta nueva para la patria o familia real, +escriba algunas dcimas o tercetos en estilo clsico, un poco +gongorino. Aunque algunas personas trataron de persuadirle a que los +publicase, nunca esto se pudo acabar con l. Profesaba tan sincero +desprecio a todo lo que reflejase el movimiento democrtico de nuestra +era y muy especialmente a los peridicos, que prefera tenerlos +manuscritos, conocidos solamente de un nmero reducido de amigos. Pasaba +igualmente por hombre valeroso. En Madrid haba tenido algunos duelos y +en Lancia dej de efectuarse uno entre l y cierto jefe poltico que los +progresistas mandaron a esta provincia, por la intercesin del obispo y +cabildo catedral. + +Al llegar a los cuarenta aos, poco ms o menos, cas con una seora +aristcrata tambin, que habitaba en Sarri. Muri su esposa al ao, a +consecuencia del parto. Tres aos despus contrajo de nuevo matrimonio +con Amalia, dama valenciana algo emparentada con l. Apenas se conocan. +D. Pedro la haba visto en Valencia cuando ella contaba catorce aos. El +matrimonio que se realiz diez aos despus pactose por medio de cartas, +previo el cambio de retratos. Se daba por seguro que la voluntad de la +novia haba sido forzada, y aun se deca que durante algunos meses se +haba negado a compartir el tlamo con su marido. Todava ms. Se +contaba en Lancia con gran lujo de pormenores el viaje que por consejo +de un cannigo hizo don Pedro con su esposa para inspirarla confianza y +acortar, entre las peripecias del camino y la descomodidad de las +posadas, la distancia moral y material que los separaba. Cumplidas las +profecas del astuto capitular y realizados todos los fines del +matrimonio, el cielo no quiso sin embargo bendecirlo. Poco tiempo +despus D. Pedro experiment el terrible ataque apopltico que le +paraliz de medio cuerpo abajo, y desde entonces no hubo trminos +hbiles para la bendicin, aunque la Providencia estuviese animada de +los mejores deseos. + +--Nos hace falta un cuarto--dijo apretando con efusin la mano del +conde. + +--S, s, a ver si cambia la suerte... Moro nos est llevando el dinero +bravamente--dijo un viejecito de cara redonda, fresca, rasurada, el pelo +blanco y los ojos claros y tiernos. Tena marcado acento gallego. Se +llamaba Saleta y era magistrado de la audiencia y tertulio asiduo de la +casa de Quiones. + +--No tanto, Sr. Saleta, no tanto! Slo gano doscientos tantos. Faltan +trescientos para desquitarme de lo que he perdido ayer--manifest el +aludido, que era un joven de fisonoma abierta y simptica. + +--Y por qu no han llamado ustedes a Mann?--pregunt el conde +dirigiendo una mirada risuea al clebre mayordomo, que, con su calzn +corto, zapatos claveteados y chaqueta de bayeta verde, dormitaba en una +butaca. + +Las miradas de los tres se volvieron hacia l. + +--Porque Mann es un bruto que no sabe jugar ms que a la _brisca_--dijo +D. Pedro riendo. + +--Y al _tute_--manifest el gan, desperezndose groseramente, abriendo +una boca de a cuarta. + +--Bueno, y al tute. + +--Y al _monte_. + +--Bien, hombre, y al monte tambin. + +Y se pusieron a jugar sin hacer ms caso de l. + +Pero al cabo de un momento volvi a decir: + +--Y al _parar_. + +--Al parar tambin?--pregunt en tono de burla el conde de Ons. + +--S, seor, y a las _siete y media_. + +--Vaya! vaya!--exclam aqul distradamente, abriendo el abanico de +cartas y examinndolo atentamente. + +Y siguieron jugando con empeo, absortos y silenciosos. El mayordomo les +interrumpi de nuevo, diciendo: + +--Y al _julepe_. + +--Bueno, Mann, cllate!... No seas majadero--exclam speramente D. +Pedro. + +--Manjadero! manjadero!--mascull el aldeano con mal humor.--Otros hay +tan manjaderos; pero como tienen dinero no hay quien se lo llame. + +Y dej caer de nuevo sus formidables espaldas en el silln, estir las +patas y cerr los ojos para roncar. + +Los jugadores levantaron la vista hacia don Pedro con sorpresa e +inquietud. Este la clav colrica en su mayordomo; pero, al verle en +aquella tan sosegada postura, cambi repentinamente, y alzando los +hombros y convirtiendo de nuevo los ojos a las cartas, exclam con +sonrisa, alegre: + +--Qu brbaro! Es un verdadero suevo! + +--Alto, Sr. Quiones, alto!--dijo Saleta.--Los suevos han acampado +solamente en Galicia. Ustedes no son ms que cntabros... Precisamente +yo debo saber bien eso... + +--Claro! Uzt ze lo zabe too!--manifest un caballero no tan viejo, si +bien pasara de los cincuenta, que entraba a la sazn. D. Enrique +Valero, magistrado de la Audiencia tambin, hombre de agradable porte, +de rostro fino y expresivo, aunque extremadamente marchito por la vida +alegre que haba llevado. Como lo denunciaba su acento, de lo ms +cerrado y ceceoso que puede orse, era andaluz y de la provincia de +Mlaga. + +--No lo s todo, amigo Valero--repuso con calma Saleta;--pero conozco +perfectamente la historia de mi pas y las particularidades referentes a +mi familia. + +--Y qu tiene que ver zu familia con ezo de lo zuevo, compaero? + +--Porque mi familia desciende de uno de los caudillos ms principales +que penetraron en la provincia de Pontevedra cuando la irrupcin, segn +consta de varios documentos que se conservan en el archivo de mi casa. + +Los jugadores cambiaron una risuea mirada de inteligencia con Valero. + +--Aj!--exclam ste entre alegre e irritado.--Ahora rezulta que el +amigo Zaleta ez un zuevo como una catedral.--Quin lo haba de penz, +tan rebajuelo y tan chiquitn! + +--S, seor--prosigui el otro, como si no hubiera odo, hablando con +lentitud y firmeza.--El caudillo que dio origen a nuestra familia se +llamaba Rechila. Era hombre al parecer feroz y sanguinario. Gran +conquistador; extendi sus dominios muchsimo, y hasta me parece que +lleg en sus correras hasta Extremadura. Un da, siendo yo nio, se +encontr su corona enterrada entre los cimientos de la antigua capilla +de nuestra casa... + +--Pero, hombre! pero, hombre!--exclam Valero mirndole fijamente con +una cmica indignacin que hizo soltar la carcajada a los dems. + +Saleta prosigui imperturbable describiendo el hallazgo, la forma, el +peso, cada uno de los adornos; no se le olvid un pormenor. + +Y Valero mientras tanto no apartaba de l la mirada, sacudiendo la +cabeza con creciente irritacin. + +Todas las noches pasaba lo mismo. El descarado mentir de su colega +provocaba en el magistrado andaluz una indignacin a veces fingida, +otras real, que siempre alegraba a la compaa. Era tan inslito que un +gallego se atreviese a bravear de exagerado y embustero delante de un +andaluz, que ste, herido en su amor propio y en los fueros de su pas, +llegaba en ocasiones a enfadarse, dudando si Saleta era un tonto o por +tales tena a los que le escuchaban. En realidad el magistrado de +Pontevedra menta con tan poca gracia y al mismo tiempo con tal firmeza, +que era cosa de pensar si sera un pcaro redomado que se gozaba en +impacientar a sus amigos. + +--Ha dicho uzt que eze antepazao zuyo ha llegao a +Eztremadura?--pregunt al fin Valero en tono decidido. + +--S, seor. + +--Pue me parece, compare, que ezt uzt equivocao, porque eze ze +Renchila... + +--Rechila. + +--Bueno, eze Rechila ha ido mz all, ha corro hazta la provincia de +Mlaga; pero all le zalo al encuentro una parta de vndalos de la +cual era jefe uno de miz azcendiente, que ze llamaba zi mal no +recuerdo... ezpere un poco... ze llamaba Matalaoza. Pue bien, ezte +Matalaoza, que era un to mu bragao y mu soso, le derrot completamente, +le hizo prizionero y le tuvo tirando de una noria hazta que ze muri. +Todava ze conzervan en lo ztano de caza alguno peazo de la maquinita. + +D. Pedro, Jaime Moro y el conde de Ons haban suspendido el juego y +rean sin rebozo alguno. + +--No puede ser. Rechila no ha pasado de Mrida, que ha conquistado +despus de un corto asedio--manifest Saleta sin turbarse poco ni mucho. + +--Dispenze uzt, amigo; en el archivo de mi caza hay documentoz que +acreditan que el ze Renchila ha entrao una mijita por la provincia e +Mlaga, y que el ze Matalaoza, mi abuelo, por la lnea de madre, ni pa +Dioz quizo deharle segu ma adelante. + +--Permtame usted, amigo Valero; me parece que est usted en un error. +Ese Rechila debe de ser otro. Entre los suevos ha habido varios +Rechilas... + +--No ze, no... El Rechila que ha derrotao mi abuelo era el antepazao +de uzt... Eztoy zeguro... De la provincia de Pontevedra... Ze le +conoca enzeguidita por el acento. + +Y afectaba gran seriedad al proferir estas frases. La alegra de los +jugadores era cada vez mayor. Saleta, acostumbrado a las burlas de su +colega, no se amoscaba ni perda un punto de su irritante flema. La +desvergenza de este hombre para mentir y sostener luego sus mentiras +era inaudita. + +Cuando vio la inutilidad de seguir disputando, atendi nuevamente al +juego. Los dems hicieron lo mismo, aunque de vez en cuando se les +escapaba por la nariz el flujo de la risa. + +Jaime Moro segua ganando. Y se mostraba alegre y charlatn, comentando +cada una de las jugadas con prolijidad. Era un guapo joven de barba +negra recortada, facciones correctas, ojos rasgados sin expresin y tez +suave y sonrosada. Su padre, administrador diocesano que haba sido en +aquella provincia, se muri el ao anterior, dejndole una regular +hacienda, setenta u ochenta mil duros, segn los bien enterados. Este +capital en Lancia le haca un verdadero potentado. No hay para qu decir +que fue el blanco de todos los tiros de las nias casaderas, su ideal, +su sueo dorado. Moro pareca poco inclinado al sexo femenino. Amaba +infinitamente ms a Mercurio que a Venus. Su aficin al juego, a toda +clase de juegos, era tan desmedida que bien poda decirse que su vida +entera estaba consagrada a ella, que haba nacido para jugar. Viva +solo, con ama de llaves, criado y cocinera. Levantbase de diez a once +de la maana, y despus de acicalarse se iba a la confitera de D. +Romana, donde hallaba sabrosa compaa que le enteraba de todos los +cuentos que corran por la poblacin. As que echaba a un lado esta +tarea metase en la trastienda oscura, grasienta, pringosa, con un olor +a hojaldre que derribaba, y sentndose a una mesa que corresponda en +un todo al decorado del recinto, se pona a jugar la copa de Jerez y los +pasteles al domin con su ntimo amigo D. Baltasar Reinoso, uno de los +muchos propietarios de cuatro o cinco mil pesetas de renta que residan +en Lancia. A las dos a comer. A las tres al Crculo Mercantil a comenzar +con tres de los indianos, que formaban el ncleo de aquella sociedad de +recreo, el clsico chap, que se prolongaba ordinariamente hasta las +cinco. Y vamos corriendo a casa del muy ilustre seor den de la +catedral baslica, donde nos espera este seor en compaa del +maestrescuela y del cura de San Rafael para ventilar el tresillo +cotidiano. Cuando el chap se prolongaba algo ms de lo acostumbrado, +sola venir un monaguillo al Crculo para avisarle de que sus compaeros +estaban reunidos. Y entonces Moro se apresuraba a dar los tres o cuatro +tacazos definitivos, y entre uno y otro se haca poner el abrigo por el +mozo para no perder tiempo, y pagando o cobrando con mano nerviosa el +saldo de su cuenta, corra desalado con la lengua fuera hasta casa del +den. El tresillo de ste duraba hasta las ocho. A casa a cenar. A las +nueve, escapado a la de D. Pedro Quiones, a empalmarlo. Otras noches a +la de D. Juan Estrada-Rosa a lo mismo. A las doce al Casino, donde se +reunan unos cuantos trasnochadores y jugaban al monte o la lotera un +rato. Por ltimo, a las dos o las tres de la madrugada Jaime Moro caa +en su lecho rendido de tan laboriossima jornada, para comenzar al da +siguiente otra enteramente igual. + +Ni se piense que era un joven codicioso. Nada de eso. Su liberalidad era +conocida y loada por toda la ciudad. No le arrastraba a jugar el ansia +del dinero, sino una decidida y desinteresada vocacin que se haba +sobrepuesto en l a todas las dems aficiones. Era el suyo un +temperamento excesivamente activo, sin inteligencia ni voluntad para +darle un fin serio y til. En sus cortos momentos de ocio apareca como +hombre sosegado, indiferente, linftico; pero as que tena las cartas +en la mano, o el taco, o las fichas del domin, adquira su figura bro +inusitado, el rostro se le mudaba, las manos se estremecan como potros +refrenados, los ojos expresaban la energa recndita de su alma. +Inspiraba generales simpatas en la poblacin y las cercanas. No haba +hombre ms dulce, ms inofensivo en su trato. Jams se le oy hablar mal +de nadie. Los que ven siempre la parte negra de las cosas de este mundo +y el lado flaco de los caracteres, que van siendo cada vez ms, por +desgracia, sostenan que si no murmuraba era porque no saba, que era +tan bueno porque no poda ser otra cosa. Como si no hubiera necios +perversos! Un defecto tena Moro, hijo de su misma aficin. Se +consideraba insuperable en todos los juegos a que se dedicaba. No se le +poda negar gran maestra en ellos; pero de aqu a no tener rival hay +mucha distancia, y Moro la salvaba. De esto procedan los prolijos, +eternos comentarios con que sazonaba cada jugada, y que ya haban +llegado a ser proverbiales en Lancia. Daba un tacazo en el billar. Las +bolas no rodaban como se haba propuesto. Se llevaba la mano a la cabeza +con desesperacin. + +--Un poquito menos de bola, y la ma hubiera entrado por los palos!... +Pero me vea obligado a tomar mucha bola, para que el mingo bajase; +porque si no baja el mingo, sabe usted? l me hace villa y se mete en +casa... Y a m no me conviene eso! + +Si los circunstantes asentan, aunque perdiese todas las mesas no le +importaba nada. Salvada su honra profesional, el dinero era lo de menos. +Vuelta a dar otro tacazo, y vuelta a comentarlo. No cesaba de hablar. +Pues otro tanto pasaba en el tresillo; pero, al revs de lo que suele +acaecer en este juego, se abstena de reprender a sus compaeros y de +mostrarse enojado. Hablaba, s, y mucho; pero siempre para aclarar o +glosar cualquier jugada, repitiendo infinitamente los conceptos en tono +elocuente y persuasivo, que haca sonrer a los mirones. Si no me +hubiera fallado el rey... Si hubiera tenido un triunfito ms... No me +atrev a dar la bola porque me figur que D. Pedro... Por qu este tres +de copas no haba de ser de oros?... Con dos estuches siempre ha tirado +una vuelta este cura. Era un compaero ruidoso, pero muy fino y muy +desinteresado. + +--Oiga uzt, no va uzt a jugar?--le dijo Valero, metiendo la cabeza +por entre los jugadores y examinndole las cartas. + +--Cree usted que se puede?--pregunt Moro vacilante. + +--A m me parece que z. + +--Hay poco de esto y demasiado de esto otro--repuso, sealando +discretamente con el dedo los naipes. + +--Zin embargo, zin embargo... yo creo... + +--Bueno, bueno, jugaremos--replic Moro con su finura acostumbrada. + +Aquel juego se perdi. Moro dirigi una mirada a sus compaeros y alz +los hombros con resignacin. En cuanto Valero se apart un poco, +apresurose a decir por lo bajo: + +--No quise contrariar a D. Enrique; pero aquel juego no se poda ganar. + +Vindicada con estas palabras su fama, qued tan alegre como si les +hubiera dado una bola. + +El conde de Ons, que en un principio se haba mostrado jaranero, fue +quedando poco a poco pensativo y amurriado. Jugaba sin atencin alguna; +de tal modo que sus compaeros le llamaron al orden ms de una vez. + +--Pero, conde, qu es lo que tiene usted hoy? Le veo muy +preocupado--dijo al fin D. Pedro. + +--En efecto, ze noz ha puezto uzt mu triztn--corrobor Valero. + +Vindose interpelado de este modo brusco, se turb como si temiera que +el casco de su cerebro fuese trasparente y leyesen dentro. + +--No tiene nada de particular... Me siento bastante molesto de las +muelas--respondi, apelando a un inocentsimo recurso. + +--Mala enfermed e, compaero--dijo Valero. + +Y todos le compadecieron y se informaron con inters de las +particularidades de la dolencia. + +El conde se vea apurado y contestaba vagamente a las preguntas. + +--Pues contra ese mal, seor conde--apunt Saleta,--no hay mejor +medicina que el hierro. Ver usted... Yo he padecido muchsimo de las +muelas siendo estudiante. No me atreva a sacar ninguna; pero la patrona +que tena en Santiago me convenci de que, atando un bramante a la muela +y sujetndolo por el otro cabo al techo, poco a poco iba saliendo sin +dolor. Me sent en una silla, sabe usted? y cuando ya la muela estaba +bien amarrada, la huspeda tira de la silla y me deja colgando. Claro, +no tena ms remedio que saltar!... + +Valero comenz a sacudir la cabeza de un modo desesperado. Los dems le +miran y sonren. Saleta no lo advierte, o finge no advertirlo, y +contina con la palabra firme y sosegada y el acento gallego que le +caracterizaban: + +--Despus perd enteramente el miedo. En la Corua me sac un dentista +cinco seguidas. Siendo juez en Allariz, tuve un fuerte dolor, y como no +haba dentista, el promotor me sac tres con unas tenacillas de rizar el +pelo su seora. De resultas de eso me atac una inflamacin terrible en +la boca, sabe usted? Fui a Madrid, y Ludovisi, el dentista de la reina, +me quem las encas con un hierro candente y me sac siete buenas... + +--Van quince--murmur Valero. + +--Y me qued perfectamente, hasta que hace cuatro aos, en un +pueblecillo de la provincia de Burgos, estando de temporada en casa de +un amigo, me volvi el dolor, qu dolor! No haba ni mdico, ni +cirujano, ni nada. Pero lleg casualmente por all un charlatn que +sacaba las muelas montado a caballo. Me vi tan apurado, que no tuve ms +remedio que apelar a l; me sac dos con el rabo de una cuchara. + +--Compaero, qu rozario!--exclam Valero en el colmo de la +indignacin.--Le quea a uzt todava algn novenario en la boca? + +Con la algazara que se arm despertose Mann, desperezose brbaramente, +abri una bocaza de media vara, dejando escapar un aullido formidable, +que impresion al auditorio. Luego volvi el ciclpeo torso de medio +lado y se dispuso a empalmar el sueo. + +--A t no te habrn dolido nunca las muelas, eh, Mann?--pregunt el +maestrante, que no poda estar un cuarto de hora sin comunicarse con su +mayordomo. + +--Qui!--exclam el gan sin abrir los ojos siquiera. + +--Es una roca!--manifest el caballero con verdadero entusiasmo. + +Pero Mann se incorpor un poco en la butaca y dijo restregndose los +ojos con los puos: + +--Nunca tuve ms que un dolor en la paletilla. Me dio cargando un carro +de hierba y me dur ms de un mes. No probaba bocado. Pareca que tena +all dentro una gafura que me iba royendo el cuajo. Se me quebraban las +costillas, se me hundan los costados, me tiraba a las paredes, daba +corcovos y regaaba los dientes como un basilisco. Estaba tan amarillo +como la paja segada. Un da me dijo el seor cura:--Mann, t careces +del pecho.--Yo carecer del pecho, seor cura! No me conoce usted bien! +Apalpe aqu por su vida; ms recia tengo la entraa de lo que usted +piensa.--Pues no hay ms remedi, Mann, tienes que llamar al +mlico.--Que no, seor cura, que no quiero yerbatos ni cataplasmas.--Que +s, Mann, si no lo llamas t lo llamo yo.--En fin, despus de mucho +gravitar, aunque yo tiraba siempre pa atrs, all vino don Rafael, el +mlico de las minas. Me mand quitar hasta la camisa y me tumb de +espaldas sobre la masera. Enseguida comienza a darme unos golpecicos en +el pecho con los nudillos, como quien llama a la puerta. Pega aqu, pega +all, y ascucha que ascuchars con la oreja arrimada a la carne. Na! Yo +deca:--Gravita, gravita, probiqun! Busca el puzcalabre! Ms de media +hora llamando con los nudillos y ascuchando. Hasta que al fin se cans +de no or na que le emportase...--Ay, amigo del alma!--me dijo +santigundose,--tienes un pecho lquido! lquido! que en mi vida he +visto otro igual...--Eso ya lo saba yo, D. Rafael... + +Al llegar aqu se detuvo repentinamente, y paseando una torva mirada por +el auditorio, mascull sin que le oyesen: + +--De qu se reirn estos burros? + +Y dejando caer de nuevo la cabeza poblada de greas sobre la butaca, +cerr los ojos con soberano desprecio. + +Los tertulios del maestrante volvieron su atencin al juego, sin dejar +de rer. Pero el conde qued muy pronto pensativo y distrado otra vez. +Al cabo, no pudiendo reprimir el desasosiego de sus nervios, levantose +de la silla. + +--Vamos, D. Enrique, ocupe usted mi puesto. Este dolor me molesta mucho +y necesito moverme. + + + + +II + +El hallazgo. + + +Cuando el conde puso de nuevo el pie en la sala, justamente se disponan +los pollos a bailar un rigodn. Una de las chicas del _Jubilado_ estaba +ya delante del piano. D. Cristbal Mateo, a quien apodaban de este modo +en el pueblo, era un antiguo empleado que haba servido muchos aos en +Filipinas, y que estaba jubilado haca ya algunos, con treinta mil +reales. Tena porte militar, una figura realmente marcial con sus +bigotazos blancos, ojos saltones, cejas espesas y velludas manos. Sin +embargo, en todos los dominios espaoles no exista hombre ms civil. +Haba hecho su carrera en las oficinas de Hacienda, y toda la vida haba +profesado ideas contrarias al predominio de la milicia. Sostuvo siempre +que las sanguijuelas del Estado no eran ellos, los empleados, sino el +ejrcito y la marina. Para demostrarlo aduca datos, exhiba notas +sacadas del presupuesto, se perda en divagaciones burocrticas. Deca +que el presupuesto de guerra era la sangra suelta por donde se +escapaban las fuerzas vivas de la nacin, frasecilla que haba ledo en +el _Boletn de Contribuciones Indirectas_, y que haba hecho suya con +extremada fruicin. Llamaba vagos a los soldados y profesaba rencor +inextinguible a los galones y charreteras. Cuando el ayuntamiento de +Lancia trat de pedir al Gobierno que enviase un regimiento para +guarnecer la ciudad, se opuso, como concejal, tenaz y enrgicamente a +ello. A qu traer una caterva de znganos? En cambio de los beneficios +que la estancia del regimiento podra reportar, eran tantos los daos! +El mercado se encarecera: los jefes y oficiales gustaban de tratarse +bien y llevarse a casa los alimentos ms caros (para el trabajo que les +costaba ganarlo!). Luego eran todos jugadores y su mal ejemplo +contagiara a los jvenes de la poblacin, que fuera de la poca de +ferias, se abstenan de los juegos prohibidos. Como estaban siempre +ociosos (D. Cristbal crea firmemente que un militar no tiene +absolutamente nada que hacer), por fuerza haban de pensar en picardas +y ruindades. En resumen, que el regimiento sera causa de perturbacin +en el pueblo y un elemento corruptor. Prevaleci su deseo, aunque no por +serlo de l, sino porque al ministro de la Guerra no le plug mandar +soldados a Lancia, considerando quiz la condicin mansa de sus +habitantes. + +Con los treinta mil reales de pensin vivira desahogadamente en un +pueblo barato como aqul, si no fuese porque sus hijas estaban dotadas +de cierta fantasa potica que las impulsaba a preferir los sombreros de +Madrid a los que haca Rita, la sombrerera de la calle de San Joaqun, y +los guantes de ocho botones a los de cuatro. Tal privilegiado +temperamento era causa de frecuentes crisis en el hogar del Jubilado, +con su cortejo de lgrimas, violentos portazos, repentina desgana de +comer, etc. En estos terribles conflictos, hay que confesar que D. +Cristbal no siempre se mantena a la altura de energa y coraje que +denotaban sus bigotes y sus cejas enmaraadas. Verdad que siempre +quedaba solo en la pelea. Ni por casualidad se dio el caso de que alguna +de sus hijas le apoyase. Tratndose de asuntos ajenos a la direccin +rentstica de la casa, muchas veces se partan las opiniones; algunas +hijas se ponan de parte de pap contra sus hermanas. Mas en cuanto +asomaba el problema econmico, constantemente se vea al Jubilado de un +lado y a las cuatro hijas de otro. D. Cristbal, como caudillo +experimentado, apelaba en estas refriegas a mil ardides para derrotar a +sus contrarios, o para capitular en buenas condiciones. Un da amanecan +las chicas inspiradas, y pedan botinas de tafilete semejantes a las que +haban visto a tal o cual muchacha de la ciudad, generalmente a Fernanda +Estrada-Rosa. D. Cristbal se replegaba inmediatamente en s mismo. Se +replegaba y meditaba. Por la noche, a la hora de cenar, deslizaba en la +conversacin la noticia de que haba estado en _La Innovadora_ +(zapatera de lujo). Le haban dicho que las botas de tafilete daban muy +mal resultado en Lancia, a causa de la humedad. Por otra parte, D. +Nicanor (mdico de la ciudad), que por casualidad estaba all, haba +manifestado que el tafilete era funesto en climas tan fros y lluviosos, +y que por los pies se pillaban muchsimas veces los catarros que ms +tarde degeneraban en tisis galopantes, etc. Antes, mucho antes de que +Mateo terminase su diatriba contra el tafilete, se la destripaban sus +cuatro pimpollos con risas irnicas y pesadsimas palabras que dejaban +confundido y triste al pobre viejo. En otras ocasiones, la imaginacin +acalorada de las nias exiga que vinieran de Madrid unos abrigos muy +lindos, de los cuales les haba dado noticia Amalia: D. Cristbal +resista algn tiempo los asaltos, pero vindose muy apretado, +capitulaba al fin. Su mente, fecunda en trazas, como la de Ulises, le +sugera una magnfica para ahorrarse la mitad del dinero por lo menos. +Se fue a Amalia y le rog que le diese su abrigo por dos o tres das, a +fin de que una de las modistas del pueblo le hiciese otros cuatro +iguales. Exigiole, por supuesto, absoluto secreto, y la seora de +Quiones supo guardarlo. Pero ay! no lo guardaron los fementidos +abrigos, que al llegar muy empaquetaditos de la silla de posta, y al +ofrecerse a las miradas ansiosas y zahores de sus cuatro dueos, lo +pregonaron muy alto, por lo pobre de la ornamentacin y lo chapucero del +cosido. + +--Estos abrigos no estn hechos en Madrid--dijo resueltamente Micaela, +que era la ms nerviosa de las cuatro. + +--Hija, no desbarres, por Dios! Pues dnde haban de estar?--exclama +D. Cristbal con afectada sorpresa, sintiendo cierto calorcillo en las +mejillas. + +--No s; pero desde luego se puede asegurar que no los han hecho en +Madrid. + +Y las cuatro ninfas comienzan a dar vueltas entre sus ebrneos dedos a +los abrigos, los estudian, los analizan con atento cuidado que pone en +suspensin y espanto a su progenitor. Se dirigen miradas significativas, +sonren con desprecio, se hablan al odo. Mientras tanto, los feroces +bigotes del jubilado de Ultramar se erizan, se estremecen con leve +temblor que se comunica a sus labios y de ah al resto del organismo. + +Por fin, aquellas elegantes criaturas sueltan las prendas con descuido +escarnecedor sobre las sillas de la sala y corren a encerrarse en el +gabinete de Jovita. Cerca de media hora estuvieron deliberando +secretamente. D. Cristbal aguardaba inquieto y ojeroso, paseando con +agitacin por el corredor como un procesado que espera el veredicto del +jurado. + +brese finalmente la puerta, y el criminal escruta con ansia el +semblante de los jueces. stos guardan actitud reservada, y por sus +labios descoloridos vaga una sonrisa enigmtica. Dos de ellas se ponen +inmediatamente la mantilla y los guantes y se lanzan a la calle. Al cabo +de un rato tornan al hogar trmulas, con la faz descompuesta y los ojos +centellantes. La pluma se resiste a narrar la cruel escena que se +produjo en la dulce morada del Jubilado. Cunto grito rabioso! cunto +sarcasmo! cunta carcajada histrica! qu manoteo! qu crujir de +sillas! qu exclamaciones tan lamentables! Y enmedio de aquel +espantoso desorden, de aquel fragor, capaz de infundir pavura en el +corazn ms sereno, los cuatro abrigos, causa de tal carnicera, +desgarrados, convertidos en miserables jirones, arrastrndose con +ignominia por el suelo en pago de su delito. + +Fuera de estos sacudimientos peridicos con que la sabia naturaleza +vigorizaba los nervios un poco enervados ya del Jubilado, la existencia +de ste se deslizaba pacfica y suave. Ni le faltaban tampoco muchos y +esmerados cuidados. Sus hijas se ocupaban a porfa en ponerle todo lo +necesario a punto y en su sitio: la ropa acepillada; las camisas y los +calzoncillos oliendo a frescura; las corbatas, hechas de vestidos +viejos, tan flamantes como si saliesen de la guantera; las zapatillas +en cuanto entraba en casa; el agua para lavarse los pies, los sbados; +el cigarro al acostarse; el vaso de agua con limn a la madrugada, etc., +etc. Todo marchaba con la regularidad dulce y mecnica que tanto placer +causa a los viejos. Verdad que entre cuatro bien podan hacerlo sin +molestarse mucho, sobre todo teniendo presente que las nias no siempre +estaban inspiradas. Slo a la vista de un sombrero caprichoso, o al +recibir la noticia de la llegada de una compaa dramtica, o al +anunciarse que el Casino dara una reunin de confianza, arda sbito en +sus corazones el fuego sagrado de la inspiracin, despertbanse sus +poderosas facultades poticas, y en arrebatado vuelo salan de casa y se +lanzaban a la de la modista, a la guantera, a la perfumera, dejando en +todos los parajes seales de su agitacin y alguna parte del peculio +profecticio. No alindose bien los arrebatos de la fantasa con la prosa +de los pormenores de la existencia, stos sufran alguna alteracin. D. +Cristbal en aquellos periodos de crisis echaba menos, con pesadumbre, +algunos retoques. Mas al poco tiempo sosegaban los espasmos de las +pitonisas y las cosas volvan a su ser y la vida segua el mismo curso +ordenado y tranquilo. El nombre de aqullas, por orden de edades, era el +siguiente: Jovita, Micaela, Socorro y Emilita. Eran las cuatro, en +apariencia, seres insignificantes, ni hermosas ni feas, ni graciosas ni +desgraciadas, ni muy jvenes ni viejas, ni tristes ni risueas. Nada +haba en ellas que fijase la atencin. No obstante, en el seno del hogar +el carcter de cada cual se pronunciaba y adquira relieve. Jovita era +sentimental y reservada; Micaela tena el genio violento; Socorro era la +ms pava, y Emilita la ms pizpireta. + +Las dos intensas preocupaciones que llenaban la vida espiritual de D. +Cristbal Mateo eran la reduccin del contingente del ejrcito y el +casar a sus cuatro hijas, o por lo menos a dos. Lo primero llevaba buen +camino: de algn tiempo atrs venan los polticos ms conspicuos +inclinndose a esa opinin. En cuanto a lo segundo, nos duele confesar +que no tena verosimilitud de ninguna clase. Ni por sacrificar otras +comodidades a los trapos, ni por exhibirse sin medida al balcn y en los +paseos, ni por asistir a los saraos de Quiones con una constancia digna +de ser premiada, pudieron lograr hasta la hora presente los dones +preciados de Himeneo. Cuando algn imprudente tocaba este asunto en +visita, todas ellas decan que mientras viviese su padre les costara +mucha pena el casarse; que les pareca cruel abandonar a un pobre +anciano que tanto las quera y tanto se sacrificaba por ellas, etc... +Aqu vena un elogio caluroso de las dotes espirituales de D. Cristbal. +Pero ste se encargaba inocentemente de desmentirlas, mostrando tales +ganas de verse abandonado, un deseo tan vivo de experimentar aquella +crueldad, que ya era proverbial en Lancia. Como si no bastasen ellas +solas a ponerse en ridculo, el pobre Mateo las ayudaba eficazmente, +metindoselas por los ojos a todos los jvenes casaderos de la ciudad. + +Las ponderaciones que el buen padre haca del carcter, de la habilidad, +de la economa y buen gobierno de sus hijas no tenan fin. As que +llegaba un forastero a Lancia, D. Cristbal no sosegaba hasta trabar +conocimiento con l, y acto continuo le invitaba a tomar caf en su casa +y le llevaba al teatro a su palco y a merendar al campo y le acompaaba +a ver las reliquias de la catedral y la torre y el gabinete de historia +natural; todas las curiosidades, en fin, que encerraba la poblacin. El +pblico asista sonriente, con mirada socarrona a aquel ojeo, que ya se +haba repetido porcin de veces sin resultado. La nica que logr tener +novio durante tres o cuatro aos fue Jovita. Por eso fue tambin la que +se despe de ms alto. El galn era un estudiante forastero que la +festej mientras segua los ltimos cursos de la carrera. Terminada +sta, parti a su pueblo y, olvidndose de sus promesas de matrimonio, +lo contrajo con una paleta rica. Las dems no haban alcanzado este +grado excelso de la jerarqua amorosa. Inclinaciones vagas, devaneos de +quince das, algn oseo por la calle; nada entre dos platos. Poco a poco +se iba apoderando de ellas el fro desengao. Aunque no hubiesen perdido +la esperanza, estaban fatigadas. Aquel pensamiento fijo, nico, que las +embargaba haca ya tanto tiempo, iba convirtindose en un clavo doloroso +en la frente. Pero D. Cristbal ni se renda ni se le pasaba por la +imaginacin el capitular. Crea siempre a pie juntillas en el marido de +sus hijas, y lo anunciaba con la misma seguridad que los profetas del +Antiguo Testamento la venida del Mesas. + +--En cuanto se casen mis hijas, en vez de pasar el verano en Sarri, +donde se guardan las mismas etiquetas que en Lancia, me ir a Rodillero +a respirar aire fresco y a pescar robalizas.--Atiende, Micaela, no seas +tan viva, mujer... Comprende que a tu marido no le han de gustar esas +genialidades; querr que le contestes con razones... + +--Mi marido se contentar con lo que le den--responda la nerviosa nia +haciendo un gracioso mohn de desdn. + +--Y si se enfada?--preguntaba en tono malicioso Emilita. + +--Tendr dos trabajos: uno el de enfadarse y otro el de desenfadarse. + +--Y si te anda con el bulto? + +--Se guardar muy bien! Sera capaz de envenenarlo! + +--Jess, qu horror!--exclamaban riendo las tres nereidas. + +Aquel marido hipottico, aquel ser abstracto sala a cada momento en la +conversacin con la misma realidad que si fuera de carne y hueso y +estuviera en la habitacin contigua. + +La que comenzaba ahora a teclear en el piano era Emilita, las ms +musical de las cuatro hermanas. Las otras tres estaban ya en pie, +cogidas a la manga de la levita de otros tantos jvenes; como si +dijramos, en la brecha. + +El conde tropez a los pocos pasos con Fernanda Estrada-Rosa que vena +de bracero con una amiga. Por lo visto no haba querido bailar. Era la +joven que haca ms viso en la ciudad por su belleza y elegancia y por +su dote. Hija nica de D. Juan Estrada-Rosa, el ms rico banquero y +negociante de la provincia. Alta, metida en carnes, morena oscura, +facciones correctas y enrgicas, ojos grandes, negrsimos, de mirar +desdeoso, imponente; gallarda figura realzada por un atavo lujoso y +elegante que era el asombro y la envidia de las nias de la poblacin. +No pareca indgena, sino dama trasportada de los salones aristocrticos +de la corte. + +--Qu elegantsima Fernanda!--exclam el conde en voz baja, +inclinndose con afectacin. + +La bella apenas se dign sonrer, extendiendo un poco el labio inferior +con leve mueca de desdn. + +--Cmo te va, Luis?--dijo alargndole la mano con marcada displicencia. + +--No tan bien como a t... pero, en fin, voy pasando. + +--Nada ms que pasando?... Lo siento. A m me va perfectsimamente; no +te has equivocado--repuso en el mismo tono displicente, sin mirarle a la +cara. + +--Cmo no, siendo en todas partes donde te presentas la estrella Sirio? + +--Dispensa, chico, no entiendo de astronoma. + +--Sirio es la estrella ms brillante del cielo. Eso lo sabe todo el +mundo. + +--Pues yo no lo saba... Ya ves, como soy una paleta! + +--No es cierto; pero est muy bien la modestia, unida a la hermosura y +al talento. + +--No; si ya s de sobra que no tengo talento. No te mortifiques en +decrmelo. + +--Hija, te acabo de manifestar lo contrario... + +En el tono displicente de Fernanda iba entrando un poco de acritud. En +el del conde, pausado, ceremonioso, se adverta leve matiz de irona. + +--Vamos, entonces te he entendido al revs. + +--Algo de eso ha habido siempre. + +--Caramba, qu galante!--exclam la joven empalideciendo. + +--Siempre que has pensado que pudiera decirte algo desagradable--se +apresur a rectificar el conde, advertido por el cambio de fisonoma de +la idea que cruzaba por su mente. + +--Muchas gracias. Estimo tus palabras como se merecen. + +--Haras mal en no estimarlas sinceras... Adems, no necesito yo decirte +lo mucho que vales. Eso lo sabe todo el mundo. + +--Gracias, gracias. Te has cansado de jugar? + +--Me duelen un poco las muelas. + +--Scatelas. + +--Todas? + +--Las que te duelan, hijo. Ave Mara! + +--Con qu indiferencia lo dices! A ti no te importara nada, por +supuesto? + +--Yo siento siempre los males del prjimo. + +--El prjimo! Qu horror! No tena noticia de haber llegado ya a la +categora de prjimo. + +--Qu quieres, chico; los honores vienen cuando menos se piensa. + +Apesar de lo impertinente y hasta agresivo del tono, Fernanda no se +mova del sitio, teniendo siempre cogida del brazo a la amiguita, que no +desplegaba los labios. Fijndose un poco, se podra observar que la rica +heredera estaba muy nerviosa. Con el pie daba golpecitos en el suelo, +apretaba en su mano con vivas contracciones el pauelo y sus labios +temblaban de modo casi imperceptible. Alrededor de los hermosos ojos +rabes se marcaba un crculo ms plido que de costumbre. Aquel pugilato +la interesaba. + +El conde de Ons haba sido de sus novios el que ms tiempo haba +durado. Al aparecer Fernanda en sociedad, y aun antes, cuando era una +zagalita que iba con la criada al colegio, produjo su figura, su +elegancia y sobre todo la amenaza de los seis millones que iban a caer, +andando el tiempo, en su regazo, una verdadera explosin de entusiasmo. +No hubo joven ms o menos gallardo o acaudalado que por iniciativa +propia o por las insinuaciones de su familia no se resolviese a pasearle +la calle, a esperarla a la salida del colegio, a mandarle cartitas y a +decirle requiebros en el paseo. De Sarrio, de Nieva y de otras +poblaciones de la provincia acudieron tambin, con pretexto de las +ferias, algunos golosos. La nia, ufana con tanto acatamiento, +embriagada por el incienso, no se daba punto de reposo tomando y +soltando novios. Era raro el galn que duraba ms de un par de meses en +su gracia. En realidad ninguno estaba en posicin de merecerla. En +Lancia y en el resto de la provincia no haba quien tuviera hacienda +proporcionada a su dote. Si alguno exista, no estaba por su edad +habilitado para casarse con tan tierno pimpollo. Sera algn indiano +averiado por los ardores tropicales, o mayorazgo rstico y solitario de +los que vivan en sus casas solariegas. Sin necesidad de que su padre se +lo advirtiese, la nia comprenda admirablemente que ninguno le +convena; pero gozaba coqueteando con todos, hacindose adorar de la +juventud laciense. Entre sta exista, sin embargo, un mancebo hacia el +cual ninguna doncella de la ciudad haba osado levantar los ojos hasta +entonces con anhelos matrimoniales. Era el conde de Ons. Por su alta +jerarqua, ms respetada en provincia donde se tributa a la nobleza un +culto que delata al villano y al siervo bajo la levita del burgus, por +su cuantiosa renta, por el apartamiento de su vida y hasta por el +misterio y silencio de su palacio antiqusimo, pareca habitar en +atmsfera ms elevada, al abrigo de las flechas de todas las beldades +indgenas. + +Pues por ello precisamente naci en el pecho de Fernanda un deseo, +primero vago, despus vivo y anhelante, de rendirle. Esto es muy humano +y sobre todo muy femenino: no necesita explicacin. En el fondo de su +alma, la hija de Estrada-Rosa sentase inferior al conde de Ons. Sin +embargo, tanta era la lisonja que haba escuchado en poco tiempo, tan +refulgente el brillo que esparca sobre su vida el dinero del pap, que +bien poda aspirar a hacerle su marido. Si no lo pensaba as, al menos +figuraba pensarlo hablando del conde, por detrs, con cierta +displicencia y con afectada familiaridad por delante. En Lancia, como en +todas las capitales pequeas, los muchachos y muchachas solan tutearse. +El conocerse desde nios y haber acaso jugado en el paseo juntos lo +autorizaba. El conde de Ons jams haba cruzado la palabra con +Fernanda, aunque la tropezase a cada momento en la calle. Sin embargo, +cuando se encontraron por primera vez en la tertulia de las de Mer, la +hermosa le solt un _tu_ redondo y suprimi el ttulo. Luis aqu, Luis +all: pareca que iba a comerle el nombre. A ste le sorprendi un poco +la confianza, sin desagradarle. A nadie le duele orse tutear por una +linda damisela. Apesar de la naturaleza concentrada y tmida del conde y +de su escasa aficin a las mujeres, Fernanda se dio maa para hacerle +pronto su novio o al menos para hacerle pasar por tal a los ojos del +pblico. El cual hall tal noviazgo perfectamente justificado. En Lancia +no haba otro marido para Fernanda ni otra mujer para el conde. La +distancia que los separaba era retrospectiva; estaba en los antepasados. +La poblacin crea que, en gracia de la belleza, el dinero y la +brillante educacin de la joven, el conde de Ons se hallaba en el caso +de olvidar los doscientos gaanes que la haban precedido. + +Cerca de un ao duraron las relaciones. Los novios se vean en la +tertulia de las seoritas de Mer. D. Juan Estrada-Rosa, al decir de sus +ntimos, se hallaba muy complacido. Varias veces se haba insinuado con +el conde para que entrase en la casa; pero ste no le haba comprendido +o haba fingido no comprenderle. Fernanda se lo propuso con claridad un +da. l se evadi como pudo del compromiso. Era timidez? Era orgullo? +La misma Fernanda no se daba cuenta de ello. Pero esta reserva +contribua a encender su afeccin y anhelo. De pronto, cuando menos se +pensaba, cuando ya el pblico comenzaba a preguntarse por qu se +retrasaba la boda, cortronse aquellas relaciones. Se cortaron sin +escndalo, de un modo diplomtico y sigiloso, tanto, que haca ya ms de +un mes que no existan cuando todava la poblacin no estaba enterada y +los amigos les seguan embromando. El hecho produjo fuerte sensacin; se +coment en todas las tertulias hasta lo infinito. Nunca se pudo +averiguar qu haba habido, ni aun a cul de los dos correspondi la +iniciativa de esta ruptura. Si se preguntaba al conde, afirmaba +rotundamente que Fernanda le haba dejado; mas pona demasiado empeo en +esta afirmacin para que no empezara a dudarse de su sinceridad. La +heredera de Estrada-Rosa, sin manifestar nada en concreto, corrobor las +palabras de su novio con el tono desabrido que us hablando de l, lo +mismo que al dirigirle la palabra. Porque siguieron tratndose, si no +con tanta frecuencia, con bastante: ambos acudan a la tertulia donde se +conocieron. Adems, Fernanda, poco tiempo despus, comenz a asistir a +los saraos de los domingos en casa de Quiones. Pero nunca ms +reanudaron sus rotas relaciones. Los asistentes suspendan la +respiracin y ponan toda su alma en los ojos siempre que, como ahora, +los antiguos novios se tropezaban y departan un rato. Volvern a las +andadas? Habr, por fin, boda? El desengao vena inmediatamente al +observar la indiferencia con que se apartaban. + +Cuando iba a contestar a las ltimas palabras de la orgullosa heredera, +los ojos del conde, derramando una mirada distrada por el saln, +tropezaron con otros que se le clavaron lucientes y celosos. Alarg la +mano a su amiga y con sonrisa forzada dijo: + +--Qu mal me ests tratando, Fernanda! Como siempre, por supuesto... +Yo, sin embargo, ya sabes... el mismo devoto idlatra. Hasta ahora. + +--Siento que esa devocin no me cause fro ni calor--replic ella sin +dar un paso para apartarse. + +El conde lo dio alzando los hombros con resignacin y diciendo: + +--Ms lo siento yo! + +Sorteando las parejas de baile, que ya haban comenzado el rigodn, +lleg de nuevo adonde estaba el ama de la casa. Al lado de sta se +hallaba en aquel instante el famoso Manuel Antonio, uno de los +personajes ms dignos de mencin en la poca que estamos historiando. Se +le conoca tanto por el apodo _el marica de Sierra_ como por su nombre. + +Esto basta para que sepamos en cierto modo a qu atenernos respecto a +sus propiedades morales y fsicas. Manuel Antonio no era joven. Frisara +en los cincuenta aos, disimulados con esfuerzo heroico por toda la +batera de afeites conocidos entonces en Lancia, que no eran muchos ni +muy refinados. Una peluca bastante rudimentaria, algunos dientes +postizos mal montados, un poco de negro en las cejas y de carmn en los +labios, mucho _patchoul_ y un traje de fantasa apropiado para realzar +los residuos de su belleza. sta haba sido esplndida; una rara +perfeccin de rostro y de talle. Alto, delgado, esbelto, facciones +correctas, diminutas, cabellos rubios, finos, cayendo en graciosos +bucles, mejillas sonrosadas y voz atiplada. De este conjunto primoroso +quedaba tan slo una sombra por donde pudiera adivinarse. La enhiesta +espalda se haba abovedado; los hermosos bucles se haban desvanecido +como un sueo feliz; algunas arrugas indecorosas surcaban aquella tersa +frente, y la fila de perlas, que ostentaba su boca, se haba +transformado en carrera de huesos amarillos, desvencijados, que el +tiempo haba quintado y el dentista torpemente sustituido. Por ltimo, +aquel pequeo bigote sedoso haba engrosado notablemente, se hizo +blanco, cerdoso, indmito; no bastaban el tinte y el cosmtico a +mantenerlo presentable. Qu dolor para el hermoso hermafrodita de +Lancia y tambin para los amigos que le haban conocido en el esplendor +de su gracia! + +El espritu permaneca tan juvenil como a los diez y ocho aos. Era el +mismo ser apasionado y tierno, dulce unas veces, iracundo y terrible +otras, marchando al soplo de sus caprichos, viviendo en lnguida +ociosidad. Gozaba tanto las delicias del bao, que lo repeta tres y ms +veces, hasta que el agua quedase cristalina como al salir de la fuente; +amaba las flores, los pjaros; no tena ms placer que consultar con el +cristal del espejo los adornos que le sentaran mejor. Los trajes, por +atraccin irresistible, siendo masculinos, se acercaban cuanto era +posible a la forma femenina. En el invierno gastaba talmita corta con +broche de oro, y un sombrero tirols de alas reviradas, que le sentaba +extremadamente bien. En el verano gustaba de vestirse trajes de franela +blanca bien ceidos, que denunciasen las graciosas curvas de sus formas. +Las corbatas eran casi siempre de gasa, los zapatos descotados, el +cuello de camisa a la marinera. Por debajo del puo se le vea un +brazalete. Aunque no fuese ms que un sencillo aro de oro, este pormenor +era lo que ms llamaba la atencin de sus conciudadanos. En cuanto se +hablaba de Manuel Antonio sala el dichoso brazalete a relucir; como si +no hubiese nada en su interesante figura ms digno de excitar la +curiosidad. + +Pero si los aos no haban logrado modificar en el fondo aquel ser +amable y creado para el amor, habanle hecho, sin embargo, ms cauto, +ms reservado. Ya no mostraba sus preferencias con la ingenuidad de +otros tiempos, ni daba suelta a los sbitos arranques de su corazn +inflamable sino despus de poner a prueba la lealtad del objeto de su +ternura. Haba padecido tantos desengaos en la vida! Sobre todo, al +hacerse viejo, no slo experiment la frialdad de sus antiguos amigos, +de aquellos que le haban dado pruebas inequvocas de cario, sino, lo +que es an ms triste, encontrose, sin pensarlo, sirviendo de blanco a +las chufletas e invectivas de los mozalbetes de la nueva generacin. Fue +el hazmerrer de estos procaces jvenes. Como no haban sido testigos de +sus triunfos ni conocieron su radiante belleza, estaban lejos de +profesarle el respeto que, apesar de todo, guardaba hacia l la antigua +generacin. No perdonaban medio de embromarlo, de vejarlo brbaramente. +En cuanto se paraba en la calle de Altavilla o entraba en el caf de +Maran, ya estaba rodeado de una partida de _guasones_. Cristo, las +frases que all se oan! Y como villanos que eran, a menudo del juego de +palabras pasaban al de manos. Esto era lo que en modo alguno poda +sufrir Manuel Antonio. Que hablasen lo que quisieran. Tena bastante +correa, y adems un ingenio vivo y sutil que recoga admirablemente el +ridculo y saba dar en rostro con l a sus contrarios. La mayor parte +de las veces los que iban a tomarle el pelo salan muy bien +trasquilados. Los aos, la prctica, le haban adiestrado de tal modo en +el pugilato de frases incisivas que realmente era temible. Tena la +intencin de un _miura_. Pero as que aquellos desvergonzados pasaban de +las palabras a las obras tocndole la cara o pellizcndole, ya estaba +descompuesto, perda enteramente los estribos y no deca cosa +intencionada ni siquiera razonable. Superfluo es aadir que, +conocindole el flaco, todas las bromas terminaban en esta forma. + +Por lo dems, fuera de aquella maligna intencin para herir en lo vivo a +las personas, en lo cual poda competir y aun creemos que aventajaba a +Mara Josefa, era un ser til y servicial. Su malignidad, al cabo de +todo, era resultado de la que a l se le mostraba. Sus habilidades +muchas y varias. Trabajaba el punto de crochet que daba gloria. Las +colchas que l haca no tenan rival en Lancia. Arreglaba un altar y +vesta las imgenes mejor que ningn sacristn. Tapizaba muebles, haca +flores primorosas de cera, empapelaba habitaciones, bordaba con pelo, +pintaba platos. Y cuando alguna de sus muchas amigas necesitaba peinarse +artsticamente para asistir a cualquier baile, Manuel Antonio se +prestaba galantemente a arreglarle los cabellos, y lo haca con la misma +destreza y gusto que el mejor peluquero de Madrid. Pues y cuando +cualquiera de sus amigos se pona enfermo? Entonces era de ver el +inters, la constancia y la suma diligencia de nuestro viejo Narciso. Se +constitua inmediatamente a la cabecera del lecho, tomaba cuenta de las +medicinas, arreglbale la cama, ponale los vejigatorios o las ayudas lo +mismo que el ms diestro practicante. Luego, si la enfermedad por +desgracia presentaba mal carcter, saba insinuar como nadie la idea de +confesin; de tal modo que el enfermo, en vez de asustarse, la aceptaba +como la cosa ms natural y corriente. Y en cuanto le vea convencido, +empezaba a tomar disposiciones para recibir a Su Divina Majestad: la +dama ms avezada a recibir gente principal en sus salones no le sacara +ventaja. El altarcito con el pao almidonado atestado de chirimbolos +relucientes, la escalera adornada con macetas, el suelo alfombrado de +hojas de rosas, los criados y deudos esperando a la puerta con hachas +encendidas y enguantados. No se le olvidaba un pormenor. En estos +momentos crticos el marica de Sierra se creca, adoptaba el continente +de un general al frente de sus tropas. Todos le obedecan y secundaban +acatndole por jefe. Pues si el enfermo se mora, no hay para qu decir +que su dictadura se haca an ms omnipotente. Principiando por +amortajar el cadver y concluyendo por sacar del juzgado la partida de +defuncin, nada quedaba en las fnebres ceremonias que l no mangonease. + +Y como quiera que las ms veces haba enfermos que cuidar, o imgenes +que vestir, o amigas que peinar o flores que contrahacer, Manuel Antonio +pasaba la vida bastante atareado. En esto y en ir de casa en casa +tomando y soltando noticias se le deslizaban los das y los aos. +Habitaba con dos hermanas ms viejas que l, las cuales le cuidaban y +mimaban como a un nio. Para estas buenas seoras no exista el tiempo. +Ni vean las arrugas, ni la peluca, ni los dientes postizos de su +hermano. Manuel Antonio era siempre un pollito, un petimetre. Sus +trajes, sus baos, las horas que empleaba en el tocado les hacan +sonrer con benevolencia. Mientras ellas se quejaban amargamente de los +estragos que los aos iban causando en su figura y su salud, pensaban +que su hermano haba detenido el curso de las horas, haba hallado un +elixir para mantenerse eternamente joven. + +Manuel Antonio era metdico en sus visitas. Haba unas cuantas casas a +las cuales asista diariamente y siempre a la misma hora. A casa de D. +Juan Estrada-Rosa iba a las tres, a la hora del caf; con la condesa de +Ons tomaba chocolate todas las tardes; por la noche era tertulio asiduo +de la seora de Quiones. Haba otras familias que visitaba tambin con +mucha frecuencia. A casa de Mara Josefa Hevia y de las de Mateo sola +ir por la maana, sin detenerse mucho, dando una vuelta para enterarles +de lo que se deca o inspeccionar sus labores. Alguna noche iba tambin +a casa de las seoritas de Mer. + +--Aqu tenemos al conde!--exclam con su peculiar entonacin +afeminada.--Ay, qu condecito tan guasn! + +--Pues?--pregunt ste acercndose. + +--Pregntaselo a Amalia. + +La sonrisa que plegaba los labios del noble se desvaneci +repentinamente. + +--Cmo?... Qu tiene que ver?...--dijo con mal disimulada turbacin. + +Tambin Amalia se turb. Sus plidas mejillas se colorearon. + +--Hemos estado murmurando de t. Qu traje te hemos cortado, chico! + +--Aqu Manuel Antonio--profiri Amalia--deca que era usted el perro del +hortelano. + +--No; t eras quien lo decas. + +Otra de las particularidades de aqul era el tutear a todo el mundo, +grandes y chicos, seoras y caballeros. + +--Yo!--exclam la dama. + +--Y por qu soy el perro del hortelano?... Sepamos. + +--Pues deca Amalia que ni queras comerte la carne ni permitir que la +coma D. Santos. + +--Vamos! Quieres callarte, embustero?--dijo la seora, medio irritada, +medio risuea, dndole un pellizco. + +--Qu se habla de D. Santos?--pregunt un caballero muy corto y muy +ancho, de faz mofletuda y violcea, acercndose al grupo. + +El conde y Amalia no supieron qu responder. + +--Se deca que D. Santos tena pensado llevarnos un da a su posesin de +la Castaeda y darnos un banquete--manifest Manuel Antonio con +desparpajo. + +--No; no era eso--repuso el hombre rechoncho con forzada sonrisa. + +--S tal. Amalia sostena que no eras capaz de llevarnos a pasar un da +a la Castaeda. + +--Pero, hombre, t te has empeado en ponerme hoy colorada!--dijo +aqulla. + +--Porque soy un buen amigo. Como te veo plida estos das... Bien puedes +creerlo, Santos, yo tengo mucha mejor idea de tu esplendidez que la +mayora del pueblo... No conocis bien a D. Santos, les digo muchas +veces a los que sostienen que a t te duele gastar el dinero. Si D. +Santos no gasta, no obsequia a sus amigos, no es por avaricia, sino por +indolencia, porque no se le presenta ocasin. El hombre es tmido de +suyo y no es capaz de proponer banquetes ni giras; pero que otro le +apunte la idea, y veris con qu gusto la acepta... + +--Gracias, gracias, Manuel Antonio--murmuro D. Santos con la risa del +conejo. + +Se le conoca el gran temor y molestia que le embargaban. Como muchos de +los indianos, apesar de ser inmensamente rico, tena fama de avariento, +y no injustificada. Haba llegado pocos aos haca de Cuba, donde +cargando primero cajas de azcar y luego vendindolas se enriqueci. +Vino hecho un beduino, sin noticia alguna de lo que pasaba en el mundo, +sin saber saludar, ni proferir correctamente una docena de palabras, ni +andar siquiera como los dems hombres. Los treinta aos que permaneci +detrs de un mostrador le haban entumecido las piernas. Marchaba +tambalendose como un beodo. El color subido de sus mejillas era tan +caracterstico, que en Lancia, donde pocas personas se escapaban sin +apodo, lo designaron al poco tiempo de llegar con el de _Granate_. +Enmedio de su miseria le gustaba dar en rostro con las riquezas que +posea. Edific una casa suntuossima; trajo mrmol de Carrara, +decoradores de Barcelona, muebles de Pars, etc. Y, sin embargo, apesar +de las sumas cuantiosas que en ella gast, al saldar la cuenta del +clavero se empeaba en que descontase del peso el papel y las cuerdas +en que venan envueltas las puntas de Pars! Cuidadosamente haba ido +guardando en un rincn tales despojos con ese objeto. As que termin la +casa, ocup el piso principal y alquil los otros dos. Y empez su +martirio, un martirio lento y terrible. Las criadas y los nios del +segundo y tercero fueron sus sayones. Si senta fregar los suelos del +segundo, ponase de mal humor: la arena desgastaba el entarimado. Si +vea rayado el estuco de la escalera por la mano brbara de algn +chiquillo, se le encenda la clera y murmuraba palabras siniestras y +amenazas de muerte. Si escuchaba cerrarse una puerta con violencia, +aquel golpe repercuta dolorosamente en su corazn: las bisagras se +desencajaban, todos los pestillos se echaban a perder. En fin, con tal +sobresalto viva, que le acometi una pasin de nimo y comenz a decaer +visiblemente. Un su amigo tan miserable como l, pero ms vividor, le +aconsej que dejase la casa y se trasladase a otra. As lo hizo, +tornando a la posada que le haba albergado mientras construy el +palacio. + +Pero faltaba a D. Santos el complemento obligado de todos los que se +enriquecen cargando cajas de azcar en Amrica: le faltaba contraer +matrimonio con una mujer de categora, joven o vieja, fea o bonita. +Ninguno de sus colegas acept jams por esposa a una menestrala. Granate +no poda ser menos que ellos. Al contrario, teniendo ms dinero que +ninguno, lo natural es que les aventajase en anhelos poderosos. Y fue a +poner sus ojos redondos y encarnizados en la joven ms linda, ms rica y +ms encopetada de la ciudad: en Fernanda Estrada-Rosa nada menos. El +suceso caus admiracin y risa en el vecindario. Por muy alta idea que +en Lancia tuviesen del poder del dinero, nadie imaginaba que fuese +poderoso a realizar semejante empresa. Casar a la joya de la provincia +con este oso colorado! A la nia le produjo pasmo e indignacin. Luego +lo tom a broma. Luego volvi a indignarse. Despus torn a rerse. Por +fin se fue acostumbrando a que Granate la festejase y hasta encontr +cierta satisfaccin de amor propio en recibir sus agasajos y en darle +toda clase de desprecios. Pero l no cejaba. Con la tenacidad del +abejorro que se empea en salir por un cristal y se estrella cien veces +contra el obstculo, las calabazas, los desdenes y hasta las burlas no +le hacan retroceder ms que momentneamente. Al da siguiente volva +como si tal cosa a romperse la cabeza contra el desprecio de la +orgullosa heredera. Pensaba sinceramente que el verdadero obstculo para +el logro de sus afanes estaba en el conde de Ons. Confesbase que +Fernanda senta algn inters por l, o mejor dicho por su ttulo, y se +propuso ir a Madrid y comprar a peso de oro otro para ponerse a la +altura de su rival. Luego le dijeron que el Papa los daba ms baratos y +cambi de proyecto. Mientras tanto se vengaba odiando de muerte al +gallardo conde, y burlndose, cuando la ocasin se presentaba, de su +vetusto y deteriorado casern. El conde posea una gran riqueza en +tierras, pero sus rentas no podan compararse a las del opulento +Granate. + +--Y si no, ya veris el da que se case, qu cambio en la +poblacin!--prosigui Manuel Antonio.--Tendremos banquetes a diario y +bailes y giras campestres... + +--Pero si a Fernanda no le gustan los bailes!--exclam Emilita Mateo, +que bailaba con Paco Gmez y daba la espalda al grupo. + +--Yo no he hablado para nada de Fernanda, nia--repuso el marica en tono +severo. + +--Pens que, tratndose de matrimonio y de D. Santos, eso se +sobrentenda. + +--Pues no sobrentiendas ms y aplcate a bailar con Paco, porque, segn +mis clculos, durar cinco minutos. + +Paco Gmez era un joven flaco, flaqusimo, alto hasta tropezar en el +dintel de las puertas, con una cabecita menuda como una patata, el +rostro tan macilento que pareca, en efecto, caminar por el mundo con +permiso del enterrador. Y con estas propiedades corporales el espritu +ms humorstico de la poblacin. + +--Ole mi nia!--exclam ponindose en jarras frente al marica.--Lo +nico por lo que siento morirme es por no ver ms estos seres preciosos, +encantadores. + +Al mismo tiempo le cogi con dos dedos la barba. + +Ya sabemos que Manuel Antonio no poda sufrir tales juegos de manos +delante de gente. + +--Vamos, pajalarga, quieto--exclam ponindose serio y rechazndole. + +--Que no eres precioso? Pero, hombre, si eso salta a la vista!... +Miren ustedes qu boca! miren, por Dios, qu cada de ojos!... miren +qu nacimiento de pelo! + +Y quiso de nuevo tocarle la cara; pero Manuel Antonio lo rechaz con +mpetu dndole un fuerte empujn. + +--Caramba, qu severo est hoy Manuel Antonio!--dijo el conde de Ons. + +--No importa--repuso Paco Gmez dejando escapar un suspiro.--Manos +blancas no ofenden. + +En aquel momento le tocaba hacer una figura del rigodn y se alej con +Emilita. + +Mara Josefa, que bailaba ms lejos, se acerc un instante con su +pareja, que era un teniente del batalln de Pontevedra. + +--Vamos, D. Santos, no sea usted cruel! Por qu no va usted a hacer +compaa a Fernanda, que est all sola? + +En efecto, la amiguita de la rica heredera haba hallado pareja para el +baile. Fernanda se sent y permaneca seria y pensativa. + +--S, s; debes ir, Santos--manifest Manuel Antonio.--Repara que la +chica ha dejado una silla vaca a su lado... No puede insinuarse de modo +ms claro. + +Al decir esto hizo un guio al conde. ste confirm tales palabras. + +--Yo creo que es hasta un deber de cortesa... + +Granate le ech una mirada torva y pregunt sordamente: + +--Pues entonces, por qu no va usted a sentarse a su lado? + +--Por la sencilla razn de que ya no tenemos nada que hablar... Pero +usted es otra cosa. + +--Entendido, seor conde... No soy un nio--murmur con mal humor. + +--Aunque no lo sea usted por la edad--dijo Amalia interviniendo +oportunamente para evitar rozamientos,--lo es por la franqueza y +espontaneidad de sus sentimientos, por la frescura de corazn que otros +con menos aos no tienen. Los nios aman con ms sencillez y vehemencia +que los hombres. + +--Pero los hombres hacen otra cosa ms heroica... Se casan!--dijo Paco +Gmez, que ya estaba de nuevo en su sitio con la pareja. + +--Hay ocasiones en que tampoco se casan--manifest Manuel Antonio +haciendo una imperceptible mueca por donde Paco pudiese colegir que +estaba pensando en Mara Josefa. + +--Bueno--replic aqul dndose por enterado.--Pero hay que convenir en +que algunas veces se necesita para ello un herosmo superior a la +naturaleza humana. + +La solterona, que las coga por el aire, le clav una mirada rencorosa y +maligna. + +--La naturaleza humana!--exclam con displicencia.--La naturaleza +humana presenta algunas veces formas tan estrambticas que hasta el +herosmo sera ridculo en ellas. + +Paco Gmez, sin desconcertarse, comenz a palpar su rostro con ademanes +cmicos, fingiendo una muda resignacin que hizo sonrer a los +presentes. Amalia, para cambiar esta peligrosa conversacin, exclam: + +--Miren, miren cmo D. Santos se aprovecha de nuestra distraccin! + +En efecto, el indiano se haba levantado en silencio de la silla y, +sorteando las parejas de baile, fue solapadamente a sentarse al lado de +Fernanda. sta le dirigi una mirada fra y apenas se dign responder a +su saludo ceremonioso y ridculo. La faz rubicunda de Granate +resplandeca, no obstante, como la de un dios seguro de su omnipotencia. +Con las manazas anchas y cortas apoyadas sobre las rodillas, el cuerpo +doblado hacia adelante y la cabeza levantada hasta donde le permita la +grosura del cerviguillo, sonrea beatamente enseando una fila de +dientes grandes y amarillos. Propsose, como siempre, ser espiritual, y +dijo: + +--Ha visto usted qu _ventrisca_ corre? + +La joven guard silencio. + +--Ahora no importa nada--prosigui--porque ya estn todos los frutos +recogidos; pero si hubiera cado antes, no nos deja ni una castaa ni un +grano de maz; je, je! + +Granate sintiose feliz al emitir esta idea, a juzgar por la expresin de +placer que brillaba en sus ojos. + +--Pero aqu no hace fro, eh?... Yo no lo tengo, je, je!... Al +contrario, siento un calor... Ser porque los ojos de usted son dos +calofer... caroli... + +Otra vez todava acometi la palabra calorferos sin lograr dar cima a +la empresa. Para disimular su impotencia fingi un golpe de tos. Su +rostro violceo adquiri cierta semejanza interesante con el de un +ahorcado. + +La hermosa, que tena los ojos clavados en el vaco, volvi la cabeza +hacia su adorador, le mir unos instantes con expresin vaga, distrada, +como si no le viese. Levantose de pronto y se alej sin decir palabra +para sentarse enfrente. El indiano qued con la misma sonrisa +estereotipada en el rostro; la mueca petrificada de un stiro. Pero al +volver la vista al grupo que acababa de dejar, viendo una porcin de +ojos risueos fijos en l, se puso repentinamente serio y mohno. + +--Qu partido tiene este Granate entre las chicas bonitas!--exclam +Paco Gmez.--Ya se lo deca yo el otro da. Usted no necesitaba para +nada ir a Amrica habiendo mujeres ricas en el mundo. Usted tiene la +fortuna en la fisonoma. + +--Mira, condecito, ahora debes ir t a sentarte a su lado. Ya vers cmo +no se levanta entonces--dijo Manuel Antonio. + +--S, s, debe usted ir, Luis--apoy Mara Josefa.--Vamos a ver una cosa +curiosa, a decidir si est o no enamorada de usted. Verdad, Amalia, que +debe ir? + +--S, me parece que debe usted sentarse a su lado--dijo la dama. Su voz +sali apagada y temblorosa. + +--Cree usted?--pregunt el conde, mirndola con fijeza. + +--S; vaya usted--replic la dama con perfecta serenidad ya, huyendo su +mirada. + +--Pues usted me permitir que la desobedezca. No quiero exponerme a un +desaire. + +--Qu importan los desaires a un enamorado!... Porque usted, por ms +que diga, est enamorado de Fernanda... Se le conoce a la legua. + +--A la legua ser, porque, lo que es de cerca ni pizca--manifest Manuel +Antonio. + +Y Mara Josefa y Emilita Mateo y Paco Gmez confirmaron con su risa la +especie. + +Amalia insisti. Efectivamente, Luis lo disimulaba bien; pero como, por +ms esfuerzos que se hagan, siempre queda un cabo suelto, un resquicio +por donde sale la luz, ella haba adivinado haca ya mucho tiempo que el +conde, en lo profundo de su corazn, guardaba recuerdo muy grato de +Fernanda. + +--Atiendan ustedes: hace algunos das se le ocurri a Moro decir que +tena dos dientes postizos. No pueden ustedes figurarse cmo se puso +este hombre... Por poco le pega... + +--No tanto, no tanto--manifest el conde sonriendo avergonzado.--Me +expres con cierta viveza porque me enfadan siempre las injusticias. + +--Oh! Las exaltaciones en estos casos son sospechosas. Cuando no se +siente inters por una persona se la defiende con menos calor... +Caramba! Nunca le vi tan irritado! Ya puede decir esa nia que tiene +un campen valiente dispuesto a romper lanzas por ella. + +La dama apur la broma. No se hartaba de apretar al conde, como si +quisiera dejarle convicto de su amor por Fernanda. Apesar de la sonrisa +benvola que animaba su rostro, haba ciertas extraas inflexiones en la +voz que nadie ms que una sola persona poda apreciar en aquel momento. + +Pero el rigodn haba terminado, y el grupo se aument considerablemente +con varias parejas que fueron allegndose. Furonse algunos, vinieron +otros; al cabo, la seora de la casa se hall rodeada de gente nueva. +Bailose otro vals y otro rigodn. Las doce sonaron al fin en el gran +reloj de la catedral. Y como los jvenes se empeaban en no desbandarse, +apesar de la costumbre tradicional de la casa, Mann, por orden de D. +Pedro, apareci en la puerta del saln, abrazado al lo de los abrigos +de las seoras. sta era la seal de despedida que el seor de Quiones +daba a sus tertulios. No era muy corts, pero nadie se enfadaba. Al +contrario, se reciba siempre con algazara, como una broma graciosa. + +Despus que todos fueron a estrechar la mano, del maestrante, formose un +grupo enmedio del saln. Amalia, en el centro de l, despeda a sus +amigas besndolas cariosamente. Estaba plida y sus ojos inciertos +despedan miradas febriles. Al estrechar la mano del conde volvi la +cabeza hacia otro lado, fingiendo distraccin; se la estrech con fuerza +tres o cuatro veces para infundirle nimo. Bien lo necesitaba el pobre +caballero. Estaba tan demudado y tembloroso que Amalia pens que iba a +caer desmayado. + +En apretado haz salieron los tertulios a los pasillos y bajaron la gran +escalera de piedra sucia y hmeda. Un criado les abri la puerta de la +calle. + +--Ay! Quin habr dejado aqu este canasto?--dijo Emilita Mateo, que +tropez la primera con el estorbo. + +--Un canasto?--preguntaron varias damas acercndose a l. + +--Algn pobre que andar por ah dormido--manifest el criado, que an +no haba cerrado la puerta. + +--No se ve a nadie--dijo Manuel Antonio, que rpidamente haba +registrado el portal. + +La curiosidad excit muy pronto a una de las damas a levantar el pao +que tapaba el canastillo. Inmediatamente dej escapar el grito +consabido, el que solt ya hace tantos siglos la hija de Faran al ver +flotando por el ro el clebre canastillo de Moiss. + +--Un nio! + +Momento de estupefaccin y de curiosidad en los tertulios. Todos se +abalanzan, todos quieren contemplar al mismo tiempo al expsito. Porque +nadie duda un momento que aquel nio se hallaba all expuesto +intencionalmente. Paco Gmez levant el canasto, lo destap por completo +y fue exhibiendo a sus amigos el infante dormido. + +Estall una tempestad de exclamaciones. + +--Angelito!--Quin habr sido la infame?...--Pobrecito de mi +alma!--Qu corazones de hiena, Dios mo!--Miren qu hermoso +es!--Habr mucho tiempo que lo han expuesto?--Estar aterida la +criatura.--Paco, djeme usted tocarlo. + +El canasto fue rodando de mano en mano. Las damas, interesadsimas, +palpitantes de emocin, depositaban tiernos besos en las mejillas del +recin nacido, de tal modo que al instante consiguieron despertarlo. + +De aquel montoncito de carne rosada sali un dbil gemido que hizo +vibrar de lstima a todos los corazones. Algunas seoras vertieron +lgrimas. + +--Submoslo, por lo pronto, para que se caliente un poco. + +--S, s, submoslo! + +Y otra vez el resonante grupo se lanz al patio y a la escalera de la +mansin de los Quiones llevando en triunfo el canastillo misterioso. + +Amalia estaba enmedio del saln inmvil y plida cuando se abrieron de +nuevo las puertas. D. Pedro haba sido trasladado ya a su alcoba por +Mann y otro criado. Aquella nueva y repentina irrupcin pareci +sorprender mucho a la seora de la casa. + +--Qu ocurre? qu es esto?--exclam con voz alterada. + +--Un nio! un nio!--gritaron varios a un tiempo. + +--Acabamos de encontrarlo en el portal--manifest Manuel Antonio, que ya +se haba apoderado del canasto, presentndolo. + +--Quin lo ha dejado ah? + +--No sabemos... Es un expsito. Mire usted, por Dios, qu hermoso, es +Amalia! + +La seora le contempl un instante con marcada frialdad y dijo: + +--Acaso alguna pobre lo habr dejado para recogerlo enseguida. + +--No, no; hemos registrado el portal. La calle est desierta... + +La criatura a todo esto empezaba a chillar, agitando con incierto +movimiento sus puos crispados, que parecan dos botones de rosa. La +compasin de las seoras volvi a romper en exclamaciones apasionadas. +Todas queran besarlo y calentarlo contra su seno. Por fin, Mara +Josefa logr apoderarse de l, lo sac del canasto y envolvindolo con +el pao con que vena cubierto, lo acarici tiernamente. Un papel se +haba desprendido de las ropas de la criatura al sacarla y haba cado +al suelo. Manuel Antonio lo recogi. + +--Lo ves, Amalia? Aqu est la madre del cordero. + +El papel deca en gruesos caracteres, trazados al parecer por tosca +mano: La madre desdichada de esta nia la encomienda a la caridad de +los seores de Quiones. No est bautizada. + +--Es una nia!--exclamaron algunas seoras a un tiempo. + +Y en el acento con que dejaron escapar estas palabras no era difcil de +advertir cierto desencanto. Se haban acostumbrado a la idea de que +fuese varn. + +--Qu misterio ser ste?--pregunt Manuel Antonio, mientras una +sonrisa maliciosa de curiosidad vagaba por su rostro. + +--Misterio? Ninguno--manifest con cierta displicencia Amalia.--Lo que +se ve claramente es una pobre que quiere que le mantengan a su hija. + +--Sin embargo, hay aqu un no s qu de extrao. Yo apostara a que son +personas pudientes los padres de esta nia--replic el marica. + +--Adis! ya se nos va Manuel Antonio al folletn!--exclam la dama +con una risita nerviosa.--Las personas pudientes no dejan a sus hijos +envueltos en estos andrajos. + +En efecto, la nia vena cubierta por unos trapos miserables y una manta +rada y sucia. + +--Despacio, Amalia, despacio--apunt Saleta con su voz clara, +tranquila.--Yo he recogido en el portal de mi casa, hace ya muchos aos, +hallndome en Madrid, un nio que vena envuelto en muy toscos paales. +Al cabo de algn tiempo averiguamos que era hijo de una elevadsima +persona que no puedo nombrar. + +Todos los ojos se volvieron con sorpresa hacia el magistrado gallego. + +--Una elevadsima persona; eso es--prosigui despus de una pausa, con +el mismo sosiego impertinente.--Bien fcil era, por cierto, adivinarlo +fijando un poco la atencin en los rasgos de su fisonoma, enteramente +borbnicos. + +El estupor de los circunstantes fue profundo. Se miraron unos a otros +con una leve sonrisa burlona que, como de costumbre, Saleta pareci no +advertir. + +--Atiza!--exclam Valero.--Abra uzt el paragua, D. Zanto! + +--El nio se muri a los dos meses--prosigui imperturbable Saleta.--Por +cierto que cuando lo llevamos al cementerio se uni a la comitiva un +coche que nadie supo a quin perteneca. Yo lo conoc porque lo haba +visto en las Caballerizas reales, pero me call. + +--Ya ezcampa!--murmur Valero. + +--Bien, Saleta, ya nos contar usted de da eso. Por la noche tales +cosas espeluznan--manifest el marica de Sierra guiando el ojo a los +otros.--Lo que hay que pensar ahora, Amalia, es lo que se va a hacer con +esta nia. + +La dama se encogi de hombros con indiferencia. + +--Phs... no s... La dejaremos esta noche aqu. Maana le buscaremos una +nodriza que quiera tenerla en su casa... porque en sta, a la verdad, es +un trastorno. + +--Si usted no quiere tenerla en casa, yo me encargo con mucho gusto de +ella, Amalia--dijo Mara Josefa, que estaba un poco apartada paseando a +la nia y arrullndola para hacerla callar. + +--No he dicho que no quera--manifest con viveza la dama.--Recoger esa +nia, porque tengo ms obligacin que nadie, ya que me la confan... +Pero, como usted comprende, para hacerlo necesito contar con mi marido. + +Los tertulios aprobaron estas palabras con un murmullo. + +Justamente se presentaba Mann preguntando de parte de D. Pedro qu +significaba aquel ruido. Se le explic. El seor de Quiones se hizo +trasladar de nuevo en su silln con ruedas a la sala; vio a la nia y se +interes extremadamente por ella. Inmediatamente declar que no saldra +de su casa, ordenando a un criado que al amanecer fuese en busca de +nodriza. + +Por lo pronto se trajo a la criatura leche y t en un frasco con pezn +de goma; se la abrig con ms y mejor ropa. Los tertulios presenciaron +con carioso inters estas operaciones. Las seoras lanzaban gritos de +entusiasmo; se les arrasaban los ojos de lgrimas al ver el ansia con +que la mamosa nia chupaba el pezn del frasco. As que se hart, +despidironse todos de nuevo, no sin depositar antes cada uno un beso en +las mejillas de la pobrecita expsita. + +El conde de Ons no haba desplegado los labios en todo este tiempo. Se +hallaba retrado en tercera o cuarta fila, siguiendo con ojos de susto +los cuidados que a la criatura se prodigaban. Y trat de irse con +disimulo sin nueva despedida; pero Amalia le detuvo con alarde de +audacia que le dej petrificado. + +--Qu es eso, conde, no quiere usted dar un beso a mi pupila? + +--Yo!... S, seora... no faltaba ms. + +Y plido y trmulo, se aproxim y puso sus labios en la frente de la +criatura, mientras la dama le contemplaba con sonrisa provocativa y +triunfal. + + + + +III + +La cita. + + +Esta fue la tercera noche en que el conde de Ons apenas pudo cerrar los +ojos. Nada ms natural que en las dos anteriores estuviese agitado, +calenturiento; pero ahora, por qu? Todo se haba resuelto como +apeteca. La empresa se haba llevado a cabo con felicidad. No le +restaba ms que dormir tranquilo sobre su triunfo. Sin embargo, no era +as. Apesar de su figura robusta y gallarda, posea el conde un sistema +nervioso excesivamente impresionable. La ms ligera emocin turbaba su +espritu, le inquietaba hasta un grado indecible. Tal exquisita +sensibilidad le vena por herencia y tambin por educacin. Su padre, +el coronel Campo, haba sido un hombre concentrado, sensible, de una +susceptibilidad tan delicada que le hizo mrtir en los ltimos aos de +su vida. Todo el mundo recordaba en Lancia el interesante y conmovedor +episodio que cerr aquella vida caballeresca. + +El coronel mandaba las fuerzas de defensa de una plaza en el Per cuando +la insurreccin de las colonias americanas. La plaza fue tomada por los +insurrectos de un modo insidioso y por sorpresa. Un malvado denunci al +coronel ante el gobierno de Madrid como culpable de traicin, aseverando +que se hallaba en connivencia y sobornado por el enemigo. Con harta +precipitacin, sin examen imparcial de los hechos y sin tener presente +la brillante hoja de servicios del conde de Ons, el rey le priv de su +empleo en el ejrcito y de todas las cruces y condecoraciones que +posea. Bajo el peso de aquella horrible injusticia, el pundonoroso +militar qued anonadado. Sus compaeros le arrancaron la pistola en el +momento de atentar a su vida. Acompaado de su fiel asistente y de un +primo se traslad desde Madrid, adonde haba venido a defenderse, a +Lancia, donde le esperaba su esposa y su hijo de corta edad. La vida de +familia fue un sedante para la terrible llaga abierta en el corazn del +soldado. Pero aquel bravo, que tantas veces haba desafiado la muerte, +no tuvo valor para soportar las miradas y la curiosidad de sus +convecinos. En vez de rebelarse contra la injusticia que se le haba +hecho, en vez de tratar de convencer a sus paisanos de su inocencia, lo +que no le hubiera costado gran trabajo, porque todos estimaban su +carcter y conocan su valor, lleno de vergenza, como si realmente +fuese criminal, huy las miradas de la gente, se retrajo a su casa, y +solo paseaba por la huerta que detrs de ella se extenda, cercada de +alta y deteriorada tapia. + +El palacio de los condes de Ons merece especial mencin en esta +historia. Era un edificio antiqusimo, el ms antiguo de la ciudad en +unin de algunos restos de la primitiva baslica que an quedaban en +pie. No se haba salvado otra cosa del horroroso incendio que en el +siglo XIV haba destruido la poblacin. Su aspecto ms era de fortaleza +que de mansin. Pocas y estrechas ventanas cortadas por columnas de +piedra, distribuidas caprichosamente por la fachada; una pared lisa de +piedra, ennegrecida por los aos; algunos agujeros cuadrados cerca del +techo, a guisa de aspilleras; una gran puerta de medio punto reforzada +con grandes clavos de acero. Por dentro era inmensa y tena ms alegra. +El patio ancho, ms ancho que la calle. Por la parte trasera la luz del +medioda baaba sus ventanas. Los rboles de la huerta metan las ramas +por ellas, sirviendo de fresca cortina para templar sus rayos. El +conjunto de aquel vetusto casern ofreca misterio y encanto singulares +para los lacienses dotados de imaginacin, en especial para los nios, +nicos seres que conservan, en nuestra edad prosaica, la fantasa +despierta. Su fachada, si es que tal nombre puede darse a aquella lisa +pared con pequeos huecos tirados a granel, daba a la calle de la +Misericordia, una de las ms cntricas de la ciudad. Una de las +ventanas, quiz la ms ancha, enfilaba la calle de Cerrajeras, y por +ella se vea la catedral a lo lejos. + +Aqu se encerr o se sepult el ex-coronel Campo, sin que bastasen los +ruegos de su esposa y de los pocos parientes que frecuentaban su trato +para hacerle desistir de tal resolucin. Su ociosidad fue de provecho +para la casa. Hizo arreglar la huerta, puso algunos miradores en la +parte trasera, amuebl varias habitaciones, enlos el patio, etc. El +oscuro casern, sin perder su aspecto vetusto y misterioso, se trasform +por dentro en agradable morada. Pero el deshonorado militar se consuma, +se secaba dentro de ella como un rbol sin luz y sin agua. Una +melancola profunda minaba su organismo, le arrugaba la piel, blanqueaba +sus cabellos, debilitaba sus piernas y pona trmulas sus manos. A los +cincuenta y ocho aos de edad representaba tener setenta. Dentro de la +casa no se le senta. Paseaba por los corredores como un fantasma. +Trascurran los das sin que nadie le oyese el metal de la voz. Pero no +se mostraba adusto con nadie. Una sonrisa dulce y triste vagaba +constantemente por sus labios. No buscaba las caricias de su hijo, pero +cuando le tropezaba casualmente por los pasillos le coga la cabeza, se +la besaba amorosamente, murmuraba algunas palabras tiernas en su odo y +repentina y precipitadamente se alejaba, algunas veces con lgrimas en +los ojos. Pensaba que era una gran desgracia para aquel pequeuelo, +rubio y hermoso como un querubn, el haber nacido hijo de un padre +deshonrado. El infeliz le peda perdn, con la mirada, de haberle +engendrado. + +Hacia el ao 1829, cuatro despus de haber llegado de Amrica, el +coronel era un verdadero espectro. Dorma bien, coma bien, no le dola +nada; pero aquella vida se escapaba en efluvios invisibles y constantes, +en lenta y pavorosa consuncin. Su esposa hizo venir un mdico, luego +otro y otro. Todos dijeron lo mismo. Era necesario salir, distraerse, +cultivar el trato de la gente. Precisamente las nicas medicinas que el +conde estaba resuelto a no tomar. Poco a poco fue permaneciendo ms +horas en la cama; se levantaba tarde; se acostaba temprano. Perdi el +gusto para trabajar en la huerta. No sala de las cuatro paredes de la +casa. Dentro de ella dej de ocuparse en las cosas que antes le +entretenan; hacer estuches, cuidar la pajarera y otras obras manuales. +Las pocas horas que permaneca fuera de la cama pasbalas, bien sentado +en una butaca, ya paseando por los corredores en silencio. Al cabo dej +de levantarse. Todo esto lo recordaba Luis perfectamente. Entraba en su +cuarto, le vea tendido mirando al techo con extraa y terrible tristeza +pintada en el rostro. Al entrar su hijo volva la cabeza, sonrea, le +llamaba por seas y, despus de darle un beso, le empujaba para que se +fuese. + +Un da el nio percibi mucho ir y venir por casa; los criados corran +azorados, cambiaban entre s palabras rpidas; los pocos parientes y +amigos que visitaban la casa estaban todos all y tenan unas caras +largas, largas, que le aterrorizaban. Acercndose al gabinete de su +padre, vio que levantaban un altar. Pregunt sencillamente lo que +aquello significaba, y una criada, llevndole a un rincn, le dijo que +no se asustase, que su pap haba deseado confesarse y recibir la +Comunin, y que su Divina Majestad vendra pronto a visitarle. Esta +recomendacin de no asustarse, hecha repetidas veces, produjo el efecto +contrario. Comprendi que algo grave pasaba. En efecto, el conde de Ons +se mora, se iba por la posta, segn decan sus deudos. El mdico orden +que le dispusiesen. + +A las seis de la tarde, cuando ya haba oscurecido, las puertas del +palacio de Ons se abrieron para recibir al sacerdote portador de la +Sagrada Hostia, que vena en el carruaje de la casa. Los criados y +parientes esperaban en el portal con hachas encendidas. Una larga fila +de personas de todas clases vena detrs, tambin alumbrando. Muchas de +ellas acudan por verdadera devocin y por la estima que les inspiraba +el enfermo. Las ms, slo por satisfacer la curiosidad de verle despus +de tanto tiempo, aprovechando aquellas crticas y solemnes +circunstancias. Penetr hasta la habitacin del moribundo todo el que +quiso. A nadie se puso obstculo. Pero no pudieron todos cumplir su +gusto, porque no caban. Llenose enseguida el gabinete del conde de una +muchedumbre abigarrada, personas decentes, menestrales, nios, todos +empinndose para contemplar al prcer cado en la desgracia, y que ahora +iba a caer en el oscuro seno de la muerte, en el eterno olvido. El den +de la catedral, su amigo y confesor, avanz con la Hostia levantada. Los +presentes se hincaron de rodillas. Rein un silencio lgubre. En aquel +momento el enfermo, a quien haban incorporado dijo en voz alta, +dirigindose a los circunstantes arrodillados: + +--Juro por el Dios Sacramentado, que va a entrar en mi cuerpo, que no he +sido traidor a mi patria, y que en la guerra de Amrica me he portado +siempre como un militar honrado y leal. + +Su voz, que pareca salir de un cadver, reson clara y estridente en la +cmara. Hubo un murmullo reprimido entre la gente. El den, con lgrimas +en los ojos, respondi: + +--Bienaventurados los que padecen hambre y sed de la justicia! + +Y le puso la sagrada partcula en la boca. + +La noticia vol por la ciudad. Aquel extrao y terrible juramento, que +se repetan unos a otros, caus impresin profunda en el pblico. Los +parientes y amigos del conde peroraban con exaltacin en todos los +grupos. A uno de aqullos se le ocurri dirigir una exposicin al rey, +firmada por todos los vecinos, pidiendo que se revisase de nuevo el +proceso del coronel. Pero ya se le haba adelantado el den, hombre +fogoso y elocuente, que logr que el obispo y el cabildo le diesen su +representacin para ir a Madrid a gestionar la rehabilitacin de su +amigo de la infancia. ste haba mejorado un poco: por lo menos, la +enfermedad se haba estacionado. La consuncin seguira, pero al +exterior no se notaba. No se le dijo nada de lo que se tramaba. El den +tuvo tiempo a ir a Madrid, lograr una audiencia del rey, hablarle al +alma pintndole con elocuencia el solemne juramento que haba escuchado, +recabar de S. M. un real despacho reintegrando al conde en todos sus +honores, cruces y condecoraciones, y volverse a Lancia loco de ansiedad. +Qu alegra cuando supo que su amigo no haba expirado! Desde la galera +acelerada en que hizo el viaje corri al palacio de Ons y con las +debidas precauciones para no impresionarle demasiado le comunic la +fausta nueva. + +El coronel qued algunos momentos ensimismado con la cara metida entre +las manos. + +--Qu hora es?--pregunt al cabo. + +--Las doce acaban de dar. + +--A ver, pronto, mi uniforme!--exclam con extraa energa +incorporndose sin ayuda de nadie. + +--Rayo de Dios! Enseguida, mi uniforme!--volvi a proferir con ms +violencia, viendo que nadie se mova. + +La condesa fue al armario y lo trajo al fin. Se hizo vestir rpidamente, +se puso sobre el pecho la banda de Carlos III y todas las cruces que +haba ganado. Eran tantas que, no cabiendo en el costado izquierdo, +tenan que ir algunas al derecho. En esta forma se hizo conducir a la +ventana que enfilaba la calle de Cerrajeras, y all se coloc en pie. +No tardaron en salir los fieles de misa de doce, la ms concurrida de +las que se celebraban los domingos. Todos pudieron contemplar ya desde +lejos aquella figura extraa, aquel cadver vestido de gran uniforme. Y +con un sentimiento de asombro, de respeto y de compasin, todos +desfilaron en silencio por debajo de la ventana, sin poder separar los +ojos de ella. Durante tres domingos consecutivos el coronel tuvo fuerzas +para levantarse y colocarse en el mismo sitio. All permaneca media +hora inmvil ostentando sus insignias con los ojos extticos en el +vaco, sin ver ni or a la muchedumbre que se agrupaba delante del +palacio y se lo mostraban unos a otros posedos de grave y dolorosa +emocin. Al cuarto quiso hacer lo mismo, se incorpor con violencia para +que le vistieran, pero volvi a caer al instante sobre las almohadas +para no levantarse ms. Por la noche entreg el alma a Dios aquel bravo +y pundonoroso soldado. + +Pobre padre! El conde no poda recordar aquella escena, que haba +quedado profundamente grabada en su cerebro, sin que las lgrimas se le +agolparan a los ojos. De l haba heredado la exquisita delicadeza en el +sentir, una susceptibilidad que llegaba a ser enfermiza, no la +serenidad, la iniciativa, la firmeza inquebrantable que realzaban el +alma del coronel Campo. El actual conde tena un temperamento +excesivamente sensible y tierno, un fondo de honradez y de vergenza que +era el patrimonio moral de los Campo. Mas estas cualidades se +contrarrestaban por un carcter dbil, fantstico, sombro, el cual le +vena, sin duda, de la familia de su madre. + +D. Mara Gayoso, condesa viuda de Ons, hija del barn de los Oscos, +era un ser original, tan excepcionalmente original que rayaba en lo +inverosmil. En toda su familia, desde tres o cuatro generaciones hasta +ella por lo menos, haba apuntado algo estrambtico que en algunos de +sus miembros tocaba en las lindes de la locura y en otros entraba de +lleno dentro. Su abuelo haba sido un empedernido ateo partidario de +Voltaire y la Enciclopedia que a ltima hora se haba entregado a la +embriaguez, y segn la conseja del pueblo fue arrastrado un da por los +demonios al infierno. En realidad muri de combustin espontnea, lo que +pudo dar pbulo a semejante fbula. Su padre fue un mentecato a quien su +madre, mujer de rara energa, tuvo siempre esclavizado hasta la +degradacin. De sus tos, uno par en el manicomio, otro fue +notabilsimo matemtico, pero tan excntrico que sus rarezas se +guardaban en Lancia como manantial de ancdotas chistosas; otro se meti +en la aldea, se cas con una labradora y se mat a fuerza de +aguardiente. No tena ms que un hermano, el actual barn de los Oscos. +Tambin era un ser original y excntrico. Al comenzar la guerra civil se +pas al bando del Pretendiente e ingres en su ejrcito, pero a +condicin de servir como soldado raso. Toda la campaa hizo de esta +suerte. No fue posible, por ms empeo que en ello pusieron los magnates +que rodeaban a D. Carlos y el mismo rey, obligarle a aceptar el despacho +de oficial. Fue herido varias veces y una de ellas de tan mala manera, +en la cara, que le qued una profunda cicatriz. Como su rostro era ya de +lo ms desgraciado que pudiera verse, aquel surco sinuoso y colorado +acab de prestarle una apariencia monstruosa y hasta temible. + +Era ms joven que su hermana Mara. No llegaba an a los cincuenta aos. +Viva clibe y solo en la casa solariega que los Oscos tenan en la +calle del Pozo, nada magnfica por cierto. Iba rara vez por casa de su +hermana, no por antipata, sino por lo retrado y spero de su genio. +Sala poco de casa, sobre todo de da. Tena contadsimos amigos. El ms +ntimo de todos, el nico puede decirse que gozaba de su intimidad, un +fraile exclaustrado, que antes de ordenarse haba servido en las filas +del ejrcito como oficial. Fray Diego era su perpetuo camarada. El +barn, por su carcter sombro, por sus excentricidades, y sobre todo +por lo espantable de su rostro, inspiraba general temor en la poblacin. +Los nios sentan en su presencia un terror pnico. Los padres y las +nieras, para reducirlos a la obediencia, les amenazaban con l:--Se lo +voy a decir al barn!--Que viene el barn!--Hoy he visto al barn y me +pregunt si eras obediente, etc. Y el barn, por su gesto, +constantemente desabrido, por lo bronco y recio de la voz y por la +brusquedad con que acostumbraba a hablarles, era para las inocentes +criaturas un verdadero ogro. Iba constantemente armado de un par de +pistolas; el estoque de su bastn era un verdadero sable. Se deca que +haba disparado sobre un criado slo porque le haba abierto una carta, +y que en varias ocasiones haba cogido a los nios que se atrevan a +hacerle muecas en la calle, los meta en la cuadra, los desnudaba y los +azotaba cruelmente con las correas del freno de su caballo. Verdaderos o +inventados estos cuentos, contribuan a acreditarle entre el elemento +infantil de Lancia como un monstruo de ferocidad del cual haba que +huir, si el temblor de las piernas lo consenta. + +Una de las cosas que ms coadyuvaban a infundir el terror en los +pequeos y cierto respeto, no exento de miedo, en los grandes, era el +caballo que el barn posea; un caballo de ojo ardiente y feroz y de +genio tan furioso que nadie osaba montarle ms que l y su amigo Fray +Diego, que haba servido en caballera. Para sacarlo a beber lo llevaban +siempre del diestro, y aun as el indmito bruto iba tirando saltos y +coces, poniendo en conmocin a los transentes. Cuando el barn lo +montaba, y dando corcovos y alzndose de brazos sala de casa, la calle +se estremeca, los vecinos se asomaban a las ventanas, los nios se +refugiaban en las faldas de sus madres, todos contemplaban atnitos +aquel centauro temeroso. Realmente el barn de los Oscos en tal momento, +con su rostro desfigurado, los ojos encarnizados, los grandes bigotes +empalmados con las patillas, cerdosos y erizados, y el formidable torso +pegado al caballo, era una figura que infunda espanto. Haba que +remontarse con la fantasa a la irrupcin de los brbaros para hallar +algo semejante. Ni Alarico, ni Atila, ni Odoacro deban de tener aspecto +ms feo y siniestro ni producir ms grima. Jzguese del efecto que +causara entre los vecinos tmidos cuando una temporada le dio por salir +a caballo pasada la medianoche y recorrer las calles de la ciudad +acompaado de un criado, caballero asimismo en otro corcel. + +La condesa de Ons era dentro de su sexo un tipo tan estrafalario, por +lo menos, como su hermano. Bajita, rechoncha, cara redonda y plida con +ojos negros y muertos, el cabello pegado a las sienes con goma de +membrillo, vestida constantemente con el hbito morado del Nazareno. +Viva recluida en su palacio como una monja en el convento. Viva +entregada en absoluto a la devocin, pero a una devocin caprichosa, +fantstica, en nada parecida a la que practican las almas verdaderamente +msticas. Toda su vida haba dado seales de un humor excntrico, mas +desde la muerte del conde se haba pronunciado tanto que bien podan +tomarse sus excentricidades como manas, y no de las ms leves. Cuando +joven haba mostrado una naturaleza tan pdica que rayaba por su +exageracin en lo ridculo. Sus amigas la embromaban no pocas veces +afectando cierta libertad en el hablar. Tan castsimos eran los odos de +la doncella de los Oscos, que los de una miss inglesa pareceran los de +un sargento a su lado. No poda sufrir que la ropa interior de su +hermano fuese en unin con la suya cuando la lavandera la llevaba o la +traa. Si aqul le entregaba unos pantalones para que le cosiera un +botn, cumplido el encargo corra a su cuarto y se lavaba bien las +manos, y aun dicen que se echaba en ellas algunas gotas de agua bendita. +Apretbase el seno hasta hacerse dao; suba el cuello de los vestidos +contra las prescripciones de la moda; no se mudaba la camisa sino a +oscuras, y cuando no tena los guantes puestos jams daba la mano a un +hombre. La historia de su casamiento fue verdaderamente curiosa, llena +de incidentes cmicos que se repitieron durante mucho tiempo por la +ciudad. Sobre todo lo que acaeci en la primera noche de novios, +verdadero o inventado, era muy gracioso y digno de figurar en una novela +de Paul de Kok. + +Durante el matrimonio esta virtud de la castidad templose un poco. Casi +parece excusado decirlo. Mas luego que qued viuda volvi a exacerbarse +de modo notable. Sobre todo, en los ltimos aos adquiri aspecto de +locura. Cuando se rezaba el rosario, que era dos veces al da, mandaba +previamente una criada al gallinero para apartar, mientras durase, al +gallo de las gallinas; luego la ordenaba separar las cucharas de los +tenedores y los corchetes machos de las hembras. Por ltimo, la haca +situarse en una ventana de la fachada lateral de la casa para impedir +que ninguno orinara en el rincn donde los transentes solan hacerlo. +Un da vino el cochero a decirle que una de las yeguas estaba en el +celo. Tanto se indign que, despus de haber reido speramente por la +osada de notificarle tal asquerosidad, mand inmediatamente venderla. +Una vez que sorprendi al mozo de cuadra dando un beso a la cocinera se +puso enferma del disgusto. Ambos salieron inmediatamente de la casa. + +Le gustaba, no obstante, tener tertulia a primera hora de la noche, pero +de clrigos solamente. Acostumbraba a sentarse en una butaca, delante de +la cual, con intencin o sin ella, probablemente con intencin, colocaba +dos sillas de suerte que pareca estar detrs de una valla. Poco despus +de entrar los presbteros y animarse la conversacin, la condesa se +dorma profundamente, y as estaba hasta las nueve en que las sotanas se +despedan, por supuesto sin darle la mano. Como la casa tena capilla, +sala poqusimas veces, y esas en coche. Guardaba todo el oro, que +llegaba a sus manos, en los parajes ms ocultos del desvn o de la +huerta. Algunas veces por esta avaricia, o ms propiamente por esta +mana de urraca, la casa se vio en verdaderos aprietos: consinti en que +su hijo pidiera a prstamo algunas cantidades antes que desenterrar las +peluconas. Era adems golosa, muy golosa, capaz de comerse una fuente de +confites sin asomos de indigestin. Pero no haban de ser fabricados por +las monjas: por extraa contradiccin con sus piadosas inclinaciones, +odiaba todo lo que ola a convento. + +Pues por esta mujer estrambtica, bien podemos decir loca, fue educado +el actual conde de Ons. Su carcter se resinti muchsimo. Para +contrarrestar aquella excesiva sensibilidad, aquel temperamento dbil y +vacilante y el humor fantstico y sombro de que daba en ocasiones +tristes muestras, se hubiera necesitado una educacin viril al aire +libre, un maestro inteligente y enrgico que supiera despertar en su +organismo el bro y la resolucin de los Campo. Sucedi lo contrario +desgraciadamente. La condesa se empe en que no siguiese carrera que le +apartase de Lancia. Estudi, pues, en la universidad del pueblo la +carrera de jurisprudencia, que es la capa con que los jvenes ricos +tapan su propsito de holgar toda la vida. Mientras dur, y mucho tiempo +despus de terminada, la condesa le tuvo sujeto a su autoridad de un +modo que resultaba ridculo. Jams sala de casa sin pedirle permiso, no +fumaba en su presencia, se recoga al oscurecer, rezaba el rosario, +confesbase cuando ella lo ordenaba. Mientras su cuerpo se desarrollaba +prodigiosamente, se trasformaba en un mancebo bizarro y atltico, su +espritu continuaba tan infantil y sumiso como si nunca pasara de diez +aos. En esta vida retrada y afeminada agravose la nativa timidez de su +carcter, su sensibilidad delicada se hizo enfermiza, su genio sombro y +receloso. Y lo ms lamentable era que, sin ser una lumbrera, estaba +dotado de clara inteligencia y posea una penetracin frecuente en los +hombres reservados y tmidos. Careca de ilustracin y de experiencia; +pero saba mantener discretamente una conversacin y no se le escapaban +los defectos del prjimo. Como casi todos los seres dbiles, gozaba a +veces malignamente a costa de ellos. Es la venganza que la gente sin +carcter toma de quienes lo poseen demasiado vigoroso y espontneo. No +obstante, estas rfagas de irona y malignidad no eran en l frecuentes. +Apareca ms bien como un joven prudente, reservado, melanclico, de +trato corts y caballeroso, de corazn sensible, lleno de cario y de +respeto hacia su madre. + +Despus que concluy la carrera tuvo sus anhelos y aun proyectos de +salir de Lancia, de ir a la corte, de viajar durante algn tiempo. +Bast, sin embargo, la negativa de la condesa para contenerle y hacerle +desistir. Prosigui, pues, su vida de holganza, mayor an desde que no +tena siquiera la obligacin de mirar de vez en cuando los libros de +jurisprudencia. + +Slo la entretena dedicndose a temporadas al cultivo de ciertos +oficios manuales, y con la lectura de las obras romnticas entonces muy +en boga. Se hizo hbil ebanista, no tanto como su padre; luego le dio +por la relojera. ltimamente tom aficin a una finca de labor y recreo +que posea en las inmediaciones de la poblacin y comenz a mejorarla +notablemente. Denominbase la Granja: distaba poco ms de dos kilmetros +de Lancia: tena una casa grande y vieja y destartalada: a espaldas de +ella un hermoso bosque de robles y delante grandes y feraces praderas. +Comenz a ir todas las tardes despus de comer; cri ganado vacuno y +tambin algunos caballos, plant rboles, abri canales y levant +cercas. En la casa apenas toc. En esta nueva aficin gan su cuerpo, +que se hizo ms duro y ms gil, y tambin su carcter. La melancola, +que tanto le atormentaba, se fue templando, serenose su espritu, fue +adquiriendo ms firmeza en el trato de la gente y ms seguridad de s +mismo, y ciertos accesos de humor negro, de rabia y desesperacin que +sin causa alguna le acometan de raro en raro y le hacan aparecer ante +los criados como un epilptico, desaparecieron por completo. De esta +suerte lleg hasta los veintiocho aos, en que comenz a frecuentar la +casa de Quiones, y su vida experiment profunda trasformacin. + +Eran las nueve de la maana cuando el criado le despert de un sueo +agitado, incompleto, para entregarle una carta. La dej caer con +afectada indiferencia sobre la mesa de noche; mas luego que el criado se +fue apresurose a cogerla y la abri con visible agitacin. Aunque haca +ya cerca de dos aos que duraban sus relaciones con Amalia, nunca abra +carta de sta sin que le temblasen las manos. Verdad que se escriban +poqusimas veces. Pero ms que la rareza de las cartas contribua sin +duda a turbarle el profundo amor que en su naturaleza sensible y tmida +haba arraigado. + +Esta tarde a las tres. Por la tribuna, deca la carta nicamente. Su +turbacin no se disip por completo. Las citas como aqulla eran +extremadamente peligrosas; le causaban, enmedio de su felicidad, una +impresin de miedo que no poda vencer. Haba rogado a Amalia que las +suprimiese; pero no le hizo caso alguno. Y l se consideraba +absolutamente incapaz de oponerse a su voluntad. Pas la maana +nervioso, alterado. Para calmarse dio un paseo a caballo; lleg hasta la +Granja; pero volvi al cabo con la misma intranquilidad que haba +salido. + +Cuando lleg la hora sealada sali de casa y tom la calle de +Cerrajeras. Era la hora en que apenas se ve un transente. Los vecinos +de Lancia comen generalmente a las dos. A las tres estn, pues, de +sobremesa o reposando. Al final de Cerrajeras, en la esquina de la +calle de Santa Luca, est la iglesia de San Rafael, que tiene su +entrada principal por aqulla. El conde penetr en el templo, despus de +tomar agua bendita, como el que va a hacer sus oraciones. Estaba +enteramente solitario, o al menos as le pareci a la primera ojeada. A +los pocos minutos, acostumbrados ya sus ojos a la oscuridad, percibi +dos o tres bultos diseminados por l y postrados en oracin. +Arrodillose l tambin en el fondo oscuro, cerca de la puertecita de la +escalera que conduca a la tribuna de los Quiones, y fingi orar unos +momentos. Aquello le repugnaba profundamente. Era un creyente sincero, y +la piadosa y severa educacin que haba tenido le haca horrorizarse de +tal sacrilegio. Se le haba pegado el fanatismo de su madre: tena un +miedo espantoso al infierno. Tambin Amalia era creyente y aun pasaba en +la poblacin por piadosa; perteneca a varias cofradas; era protectora +de algunos asilos; haca frecuentes regalos a las imgenes y se la vea +acompaada de clrigos. Pero miraba aquella profanacin con la mayor +indiferencia. La religin era para ella cosa muy respetable, pero ms +respetables an su voluntad y sus placeres. + +Al cabo de unos minutos el conde se levant cautelosamente y tir de la +puertecita, que una mano previsora haba ya abierto de antemano. Torn a +llegarla y subi por la estrechsima escalera de caracol. La pequea +tribuna de la casa Quiones estaba an ms oscura que la iglesia. Busc +a tientas la puerta del pasadizo y la empuj; mas como tena cierre de +cristales y podan verle desde la calle, se ech a gatas para +atravesarlo. En la puerta que comunicaba con la casa estaba Jacoba +esperndole. Era sta una mujer de ms de cincuenta aos, obesa, con un +vientre colosal, que se mova con trabajo, la respiracin anhelante, +embotada por la grasa y hablando siempre en voz de falsete. La suma +discrecin, la encarnacin verdadera del sigilo. Nunca haban tenido +otro confidente; nadie en el mundo ms que ella estaba enterada de sus +amores, y en el curso de ellos les haba servido prodigiosamente; fue su +centinela, su salvador en muchas ocasiones, su ngel tutelar siempre. No +era sirviente de la casa, sino protegida de la seora. Dedicbase a +correr los gneros de las tiendas, a traerlos a las casas, ganando por +ello pequesima comisin. Esto no le bastaba para vivir aunque era ella +sola y una sobrina. Pero en varias casas le hacan encargos de distinta +ndole y la ayudaban de mil maneras. Sobre todo en la seora de Quiones +haba encontrado una protectora decidida. Cuando lleg a ser su +confidente puede decirse que hall una verdadera mina. Amalia pagaba con +largueza sus servicios que, en realidad, bien merecan recompensa +extraordinaria. + +La medianera se llev el dedo a los labios recomendando silencio al +conde, as que ste franque la puerta. Recomendacin bien excusada por +cierto, porque hasta la respiracin iba conteniendo por no hacer ruido. +Luego, adelantndose un poco para explorar el terreno, le hizo sea para +qu la siguiese. Atravesaron un corredor, pasaron por delante de la +escalera principal sin ascender por ella de miedo a encontrarse con +algn criado, y fueron a buscar a la biblioteca una escalerita excusada +que all haba para subir al segundo. El conde avanzaba de puntillas con +el corazn palpipante. Aunque ya haba penetrado otras veces en casa de +Quiones de aquella manera, le pareca siempre el colmo de la temeridad +y maldeca en su interior del atrevimiento y despreocupacin de su +amante. Llegaron al fin al gabinete de la seora. La puerta se abri sin +que se viese a nadie. Jacoba empuj suavemente al conde, quedando ella +fuera. La mano de Amalia, que se present de improviso, volvi a cerrar, +y sbito, con arrebatado ademn, ech los brazos al cuello de su querido +y le bes con apasionada ternura. l, cohibido, agitado an por la +ascensin y trmulo, permaneci quieto, sin corresponder a tales +manifestaciones de cario. La dama le dio un golpecito maternal con la +palma de la mano en la mejilla. + +--Sernate, poltrn, que nadie te come aqu. + +Luis hizo un esfuerzo por sonrer y se dej caer en una marquesita +forrada de raso azul. + +El gabinete de Amalia contrastaba por su lujo coquetn con el abandono +que reinaba en el resto de la casa. Las paredes cubiertas de tapices +soberbios, los mejores de la coleccin que la familia posea; los +muebles flamantes, estilo Luis XV, trados de Madrid con la magnfica +cama de bano incrustada de marfil que se vea en la alcoba, en los +primeros meses del matrimonio, cuando D. Pedro se esforzaba intilmente +en ganar el corazn de su joven esposa. Respirbase all una atmsfera +perfumada, sensual, que denunciaba los gustos refinados que la dama +forastera haba trado all de otras tierras a la severa mansin de los +Quiones. + +Sentose sobre las rodillas del conde, y tirndole de la barba, exclam +conteniendo a duras penas los gritos, con una alegra reprimida que le +brillaba en los ojos, que estallaba por todos los poros: + +--Lo ves? Lo ves como hemos vencido? Lo ves como se han salvado todos +esos obstculos que se te amontonaban en la cabeza y no te dejaban ver +claro? No ha sido necesario ms que un poco de audacia y que Dios nos +ayudase. + +--Dios!--murmur estremecindose el conde. + +Ella sinti que haba hecho mal en apelar a la divinidad, y se apresur +a decir con desenfado: + +--Quise decir la suerte... Vamos, no empieces a ponerte cargante y +tristn... ste es un momento de felicidad para nosotros... Lo estoy +tocando y me parece mentira... Mi hija, la hija de mis amores, viviendo +conmigo, pudiendo verla y besarla a todas horas... Qu hermosa es!... +No pude contemplarla a mi gusto hasta esta maana; pero hoy me he +saciado bien... Se parece a t... sobre todo esta parte de aqu arriba, +del entrecejo. Jacoba dice que la boca es ma... No me pesa--aadi +sonriendo con coquetera.--Otra cosa peor pudiera sacar de m, verdad? + +--Para m todo es igualmente hermoso. + +--Vamos!--exclam la dama echndose hacia atrs y clavndole una mirada +de burla cariosa.--Al fin has recobrado el uso de la palabra... Pues +bien--aadi en tono serio,--t no sabes las vueltas que hemos tenido +que dar esta maana para buscarle nodriza. Me han trado tres. Ninguna +me ha gustado. Al fin la cuarta se qued. Y qu lindamente comenz a +chupar el ngel mo! Me costaba trabajo no saltar de alegra... como me +cuesta ahora!... Pero seamos graves... seamos graves y cargantes como el +seor conde... Dime, fastidioso, cmo te has arreglado para traerla? +Cuntame. Qu cara tenas ayer noche al abrir la puerta del saln! + +--La cosa no era para menos. A las nueve fui a buscarla a casa de +Jacoba. Ya te lo habr dicho ella. Me pas all cerca de dos horas. Y +como si el diablo quisiera mortificarnos, la criatura chillaba sin +cesar... + +--S, s, ya s todo eso... Y luego? + +--Qu noche! Los chubascos se repetan sin cesar. Las calles estaban +perdidas, sobre todo por aquellos barrios extraviados. Me remangu los +pantalones casi hasta la rodilla, porque cmo iba a entrar manchado de +barro en tu saln? Quise sostener el canastillo en un brazo y llevar el +paraguas abierto en la otra mano. Fue imposible. A los pocos pasos me +volv y le dej el paraguas a Jacoba. Qu peregrinacin, cielo santo! +Qu angustia! El viento me bajaba a cada instante el embozo de la capa, +la lluvia me azotaba la cara y me entraba por el cuello. Tena miedo que +me mojase la nia. Adems iba temiendo resbalar. Figrate si caigo en +aquel momento! El viento soplaba a veces tan recio que me impeda dar un +paso. Bien puedes creerme que estuve tentado a dar la vuelta y dejarlo +para otro da. + +--Lo creo sin que me lo jures. Demasiado s que te ahogas en un plato de +agua. + +l le dirigi una larga y triste mirada de reconvencin. Amalia solt a +rer y, abrazndole y besndole con efusin, exclam: + +--No hagas caso, pobrecito. Piensas que no te compadezco? El trance ha +sido bien duro. Te has portado como un hroe. + +El conde, bajo el peso de aquellos elogios, se ruboriz. La conciencia +le gritaba que no los mereca. Se acord de la terrible prueba por que +acababa de pasar Amalia, y dijo: + +--T s, t s que has debido de padecer! Cmo te encuentras? Ha sido +una imprudencia bajar tan pronto la escalera. + +--Oh! Yo, aunque parezco dbil, soy una roca. + +--Bien lo has demostrado. Padecer esos tremendos dolores sin exhalar ni +una queja! + +--Qu sabes t de esos dolores, tonto?--dijo ponindole una mano en la +boca.--Has parido alguna vez? + +--Luego cuatro das solamente en la cama--prosigui el joven separando +dulcemente aquella mano y besndola al mismo tiempo,--y al quinto bajar +al saln. + +--Pues ya ests viendo que no me ha pasado nada. Oh, si no llego a +bajar ayer, de fijo Quiones me manda al mdico! Ya desde el segundo da +estaba empeado en que subiese... Pero no sabes? Est enamorado, loco +por la chiquilla. Toda la maana ha tenido a la nodriza en su cuarto. Y +se le ocurren unas cosas tan peregrinas! Dice que esta nia nos la enva +Dios para consolarnos de no tener familia... + +El conde volvi a ponerse serio, taciturno, mientras en los labios de la +dama se dibujaba una sonrisa de cruel irona. + +--A todo esto no has preguntado por ella, padre desnaturalizado--dijo +metiendo sus dedos finos y blancos por la gran barba rizosa y bermeja de +su amante.--Porque eres su padre, s, su padre. A que no lo +niegas?--aadi acercando con mimo su rostro al de l y ponindole los +labios en el odo.--Voy a trartela. + +--Pero va a venir el ama?--pregunt l con terror. + +--No, hombre, no--replic riendo.--Vendr ella solita. Vers qu bien +camina ya. + +El conde abri los ojos con una expresin estpida que la hizo rer an +ms. Se puso en pie y abriendo la puerta cuchiche un instante con +Jacoba, que estaba fuera de centinela. Al cabo de pocos minutos la obesa +medianera abri otra vez la puerta cautelosamente y les entreg la nia +dormida. Amalia se sent, hacindola descansar en su regazo. Ambos la +contemplaron largo rato en silencio con xtasis, pendientes del levsimo +soplo que hinchaba y deshinchaba aquel tierno cuerpecito. Fue un +instante feliz. El conde, olvidado de sus temores, se calm: una sonrisa +de vivo placer se esparci por su fisonoma dulce y melanclica. +Trascurran los minutos, y ni uno ni otro rompan aquel silencio dichoso +ni se distraan un punto de la atencin intensa en que sus espritus se +confundan. Aquel ser diminuto, inconsciente, aquel pedacito de carne +rosada se reflejaba igualmente en sus ojos y ataba con hilos invisibles +sus almas y sus vidas. + +--Qu hermosa es! Se parece a t--murmur el conde con tan blando +acento que apenas si lleg a los odos de su amante. + +--An ms a t--respondi sta en la misma voz apagada. + +Luego, por un movimiento simultneo, ambos volvieron la cabeza y se +miraron larga, intensamente, con amor. + +--Te adoro, Amalia--dijo l. + +--Te quiero, Luis--respondi ella. Sus manos se buscaron y se apretaron +tiernamente: sus cabezas se inclinaron para cambiar un beso casto. + + + + +IV + +Historia de aquellos amores. + + +Casto, s. Quiz el primero en sus ya largos amores. Todo lo que de +tierno y potico se desprenda de ellos, como un perfume, vino de pronto +a embriagarlos, a hacerlos dichosos. Se desvaneci el remordimiento, que +pesaba sin cesar en el alma delicada del conde, la agitacin insana que +a ambos atormentaba, el ardor, la violencia, la amargura qu iba oculta +en el fondo de sus deliquios amorosos como el gusano en el cliz de la +rosa. No qued ms que el amor puro, el amor satisfecho, el amor +consagrado por la santa y misteriosa fuerza de renovacin que habita en +el seno de la naturaleza. + +Si se hubieran conocido antes! Cuntas veces se haban repetido esta +frase de los adlteros! Si se hubieran conocido antes, probablemente se +hubieran separado sin sentir el ms insignificante movimiento de +atraccin. El amor se alimenta principalmente de dificultades, le placen +los terrenos movedizos batidos por la borrasca. El de ellos no pudo +hallar tierra ms adecuada ni circunstancias ms favorables para su +germinacin. + +Como se sospechaba en Lancia, el matrimonio de Amalia con D. Pedro fue +impuesto a aqulla por su familia, que agonizaba de hambre. D. Antonio +Sanchiz, padre de la dama, era un mayorazgo valenciano que haba +consumido con el juego y las mujeres las tres cuartas partes de su +hacienda. La cuarta que restaba se encarg de consumirla por los mismos +medios su hijo primognito, que haba heredado idnticos gustos. Amalia +era la ltima de los cinco hermanos, cuatro hembras y un varn. Su +hermana primera, a quien haban tocado an algunos rayos dbiles del +esplendor de la casa, logr casar ventajosamente con el hijo de un +banquero rico. Nada aprovech a su familia. Ni D. Antonio ni su hijo +Antoito pudieron ver el color de las monedas de su yerno y cuado +respectivamente. Las otras dos tambin casaron con jvenes distinguidos, +pero sin dinero. Amalia floreci enmedio de la total ruina de su casa. +Ni su figura graciosa y delicada, ni su clara estirpe le valieron para +llamar la atencin de los hombres. El conocido desastre de la casa y la +deplorable reputacin de su padre y hermano pusieron en torno de ella +una valla que ninguno se atreva a saltar. Bien lo ech de ver enseguida +y rehuy enamorarse de los que, por pasatiempo o galantera, la +festejaban. No era tipo acabado de belleza; faltbale gallarda en la +figura, amplitud de formas, color en las mejillas. Mas apesar de su +cuerpecito menudo y no del todo bien conformado, y de la palidez +constante de su rostro, posea especial atractivo, que cuantos la vean, +y an ms los que la trataban, se complacan en afirmar. Provena ste +principalmente de sus grandes ojos negros expresivos: el alma se asomaba +a ellos reflejando las ms leves y fugaces emociones; ora ardan con +fuego malicioso revelando la pasin recndita, insaciable, ora se +aquietaban extticos, lmpidos, en arrobo mstico; ahora brillaban +alegres y bulliciosos, enseguida melanclicos, tan pronto secos como +hmedos, tan pronto tiernos como iracundos. Provena tambin de su +movilidad, de la agudeza de su ingenio y del metal de su voz simptico e +insinuante. Era, en suma, una mujer graciosa e interesante. + +No se sabe si por orgullo o porque realmente su temperamento ardiente y +borrascoso le solicitase a ello, mostrose desdeosa con los jvenes +ricos que galantemente la requebraban sin decidirse a pedir su mano, y +entreg el corazn a un muchacho humilde, a un escribientillo del +gobierno poltico con cuatro mil reales de sueldo, hijo de un maestro de +escuela. La sangre azul de los Sanchiz brinc de clera en las venas de +D. Antonio, de Antoito, de sus hermanas y hasta en las del banquero, su +cuado, que no la tena. Hubo de sufrir activa y feroz persecucin. Pero +como no le faltaban nimos y estaba dotada adems de un espritu +ingenioso y travieso, frtil en toda clase de diabluras, es lo cierto +que se burl de ellos largo tiempo, que de nada valieron los ruegos, las +amenazas, ni la temporada que la tuvieron recluida en un convento. Si el +escribiente no llega a morirse de una tisis que le concluy en pocos +meses, es casi seguro que la muy noble y necesitada casa de los Sanchiz +sufriera el baldn de emparentar con el hijo de un maestro de escuela. + +Despus de esta aventura, Amalia qued bastante desprestigiada en la +poblacin. Pero ella bien saba que, aunque hubiera mantenido inclume +su prestigio, sera lo mismo. Los hombres no se casan por el prestigio, +sino por el dinero. No se le ocurri, pues, sentir remordimientos por lo +pasado. Vivi triste y resignada dos aos ms, mostrndose indiferente a +los placeres propios de su edad, sin hacer nada para granjearse la +voluntad de los jvenes y ganar un marido. Cuando ya iba cerca de los +veinticuatro abriles, y poda darse por perdida la esperanza de +matrimonio, fue cuando a D. Pedro Quiones, su to tercero o cuarto, se +le ocurri acordarse de ella. Resisti el casarse con aquel seor, que +slo haba visto de nia dos o tres veces, viudo haca poco tiempo, y +cuyas extravagancias conoca por orselas narrar entre carcajadas a su +padre y hermano, los mismos que ahora la apretaban para que le aceptase +por marido! No fue muy tenaz, sin embargo, en su resistencia. Estaba tan +desengaada, viva enmedio de un aburrimiento tan plomizo, de una +indiferencia tan soolienta, que as que vio a su padre colrico, +despus de haberla suplicado con vivas instancias, se dej arrancar el +s. Decan todos que aquel matrimonio era la salvacin de la familia. No +se meti a averiguar si era verdad o pura ilusin. Despus de casada +supo que todo lo que su padre pudo sacar de D. Pedro fue una exigua +pensin, con la cual a duras penas poda comer. + +El noble vstago de los Quiones de Len se enamor perdidamente de +aquella estatua de hielo. En el viaje que hicieron desde Valencia a +Lancia, la esposa se mostr tan fra, tan circunspecta y tan corts al +mismo tiempo, que D. Pedro no os reclamar ninguno de sus derechos. En +Lancia, ya sabemos por la voz pblica, digna de creerse en este caso, lo +que pas. + +La negativa persistente, los desprecios infinitos con que le regal por +mucho tiempo, lejos de enfriarle, encendieron ms su pasin. Era +Quiones, como ya sabemos, hombre fogoso, terco, de voluntad indomable. +Los obstculos le irritaban, llegaban a enloquecerle. Quiso vencer el +corazn de su esposa y no perdon medio para ello: la colm de +atenciones, mim sus gustos ms insignificantes, viviendo por varios +meses en perpetua congoja, en una verdadera fiebre de esperanzas, tan +pronto vivas como muertas. Nada hubiera logrado, sin embargo, sin la +astucia de su amigo el cannigo. Aquel aconsejado viaje por las +montaas, lleno de sustos y peripecias, le conquist, si no el amor de +su esposa, por lo menos sus favores. + +En los dos primeros aos de matrimonio Amalia hizo una vida retrada, +sin salir apenas del churrigueresco palacio de la calle de Santa Luca. +Viva a solas con su aburrimiento, complacindose en hacerlo ms +insoportable, agitada por una clera sorda que amenazaba estallar a cada +instante: en la apariencia tranquila, aceptando gustosa su papel, +tratando con superioridad corts a los que se la acercaban. El +desgraciado accidente sobrevenido a su esposo distrajo un poco su hasto +e infundi en su corazn momentneo sentimiento de piedad. Durante +algn tiempo se crey llamada a desempear cerca de l los oficios de +hermana de la caridad, a cuidarle con afectado cario para hacerle menos +insoportable aquel terrible castigo. No tard mucho en fatigarse. Poco a +poco se fue aficionando a la tertulia que por las noches se formaba en +torno de su esposo, comenz a interesarse en las conversaciones de +poltica local y a intervenir en ella ms o menos directamente. D. Pedro +era el arbitro de la provincia mientras se hallaba en el poder el +partido moderado. Ahora, que estaba debajo, conservaba no obstante muy +alto prestigio y no poca influencia, en el temor de que no tardara en +ponerse encima. Para aumentar este prestigio y esta influencia y dar +mayor realce a la riqueza y podero de la casa, Amalia, que hall aqu +medio de distraerse, abri sus salones a la sociedad laciense, que hasta +entonces haba tenido siempre alejada; algunas visitas de cumplido y +nada ms. Dio conciertos, menude las reuniones de confianza, y de vez +en cuando, en ciertas solemnidades, organiz grandes bailes de etiqueta. +Con esto recobr su perdida energa, aquella graciosa y simptica +movilidad que la caracterizaba; volvi la sonrisa a sus ojos, la frase +aguda a sus labios. Nadie supo jams honrar con ms amabilidad y ms +gracia a sus tertulianos. Fue modelo de gentileza y cortesana. Se hizo +adorar de la juventud, a quien proporcion gratsimo recurso para matar +las interminables noches del invierno. + +Fernanda Estrada-Rosa fue uno de los ms bellos ornamentos de sus +conciertos y saraos. En pos de ella vino el conde de Ons, su novio. El +conde era visita de la casa de Quiones, pero slo iba de tarde en +tarde, con motivo de algn cumpleaos, entrada de ao, etc. Sin embargo, +Quiones alimentaba por l profunda simpata. Bastaba que perteneciese a +la nobleza para que el linajudo hidalgo le juzgara superior en todos +conceptos a los dems seres de la poblacin. Amalia, que apenas le +conoca, comenz a observarle con viva curiosidad. Tanto se le haba +hablado de l, del cario y respeto que profesaba a su madre, de su +humor melanclico, de sus habilidades, de su piedad exagerada, que +deseaba tratarle con intimidad; quera penetrar en el alma de aquel +mancebo tan apuesto y tan inocente. No tard en convencerse de que el +amor an no haba prendido en ella. Observando con atencin sus +relaciones con Fernanda, percibi en ellas un dejo de frialdad que no +vena ciertamente de la rica heredera. Conoci que el conde se engaaba +a s mismo haciendo esfuerzos por quedar enamorado, y an ms por +aparecerlo. Tomaba sus amores como una obligacin honrosa que le +exigan sus aos y posicin. El joven ms principal de Lancia deba amar +a la nia ms rica y ms bella. Por otra parte, pareca como si quisiera +demostrar a la poblacin que no era un extravagante o un maniaco, como +alguna vez haba odo insinuar. Por eso se le vea cumpliendo +estrictamente los deberes del perfecto galn, paseando un par de horas +por la maana en la calle de Altavilla, donde viva su novia, +acompandola los domingos en el paseo, sentndose a su lado en la +tertulia de las seoritas de Mer o en la de Quiones, y bailando con +ella todos los rigodones en los saraos del Casino. Pero al mismo tiempo +Amalia echaba de ver que sus plticas eran fras, que el conde estaba +taciturno y distrado muchas veces, mientras ella, con visible inters, +haca el gasto de la conversacin y procuraba mantenerla viva. + +Aquellos amores le fueron interesando cada vez ms: busc las +confidencias de ella y tambin las de l. Al poco tiempo su alma +ardiente, sagaz, voluntariosa, simpatiz con la de Luis, tmida, +infantil, llena de piedad y ternura. Ms maestra en el arte de hacerse +amar que la nia de Estrada-Rosa, logr pronto inspirar al conde +confianza y afecto; le envolvi en una malla espesa de confidencias, no +slo referentes a sus amores, sino de toda la vida. Le confes tan bien +como el ms hbil jesuita. Luis, seducido por tanto inters, le fue +abriendo su pecho dndole cuenta primero de sus costumbres, luego de los +actos de su vida pasada, por ltimo de sus sentimientos ms recnditos, +de aquellos que slo se confiesan a un hermano. A Amalia no le +sorprendan en la apariencia tales originales y morbosas psicologas; +las aceptaba como cosas naturales, daba su opinin acerca de ellas y se +autorizaba cariosamente el aconsejarle, reprenderle a veces, guiarle en +ciertos asuntos de la vida, cuyo complicado mecanismo ignoraba el conde +por Completo. Alentado por este juego habilsimo, se iba confiando cada +vez ms, se entregaba por completo, feliz con desembarazarse de tanto +pensamiento ridculo, con confesar aquella extraa y dolorosa timidez +que le atormentaba. + +Amalia supo ahuyentar la suspicacia de Fernanda hacindose confidente y +protectora decidida de sus amores. Si mantena ratos largusimos de +conversacin particular y animada con el conde, no menos largos y +animados los gastaba con la chica. sta le agradeca profundamente +aquella proteccin, que se traduca en ocasiones buscadas por la dama +para que los novios pudieran verse y hablarse, para reconciliarlos +cuando estaban reidos, etc., etc. Mas sin que la inocente nia lo +sospechase, sin que el mismo conde se diese cuenta de ello, la dama +valenciana iba ganando a paso de carga el corazn de ste. Si en +juventud, en hermosura y gallarda era, sin disputa, inferior a la rica +heredera, la aventajaba mucho en la gracia expresiva del rostro, en el +atractivo de su conversacin y en la finura de su inteligencia. De +confidencia en confidencia, Luis lleg a mostrarle cul era el verdadero +estado de su corazn respecto a Fernanda. La astuta seora supo sacar +partido de tales confesiones para hacerle ver que lo que senta era slo +admiracin de aficionado a las obras bellas de la naturaleza, un deseo +vanidoso de hacerse amar por la joven ms linda y ms rica de la ciudad, +necesidad de distraer el aburrimiento, cualquier cosa, en suma, menos el +verdadero amor. ste se alimenta de tristezas negras, de alegras +inefables, de insomnios, de zozobras, de una agitacin dulce y amarga a +la vez que constantemente llevamos dentro del pecho. Luis se convenci +pronto. Pero ella encontraba su frialdad injustificada, no comprenda +cmo un hombre de tan buen gusto no haba logrado enamorarse +perdidamente, le rea, le embromaba, subiendo hasta las nubes las +cualidades de la gentil heredera. + +Mientras esto deca con los labios, sus ojos pregonaban otra cosa. +Aquellas pupilas negras llenas de fuego e inteligencia se clavaban en l +con expresin unas veces lnguida, otras maliciosa, concluyendo por +fascinarle. Al mismo tiempo sus manos breves, delicadas, de aristcrata +aprovechaban cualquier coyuntura para rozar las suyas; al despedirse le +apretaban con tenacidad nerviosa. Si alguna vez se inclinaban ambos para +contemplar cualquier objeto y sus cabezas se tocaban, Amalia no separaba +la suya, dejaba que el conde aspirase la fragancia de ella largo rato +cual si tratase de envenenarle. Se preocupaba de sus trajes y le impona +sus gustos. No deba ponerse levita; el frac azul le sentaba +admirablemente. Por qu gastaba guantes oscuros? Le prohibi, riendo, +que se los pusiera ms. Para las corbatas confesaba que tena mucho +gusto, pero le sentaban mejor las de lazo que las chalinas. Por qu no +se encargaba a Madrid los sombreros? Los que llegaban a Lancia eran +todos rancios y ridculos. Y el conde obedeca gustoso sus +insinuaciones, se iba dejando dominar por el ascendiente de aquella +mujer tan dbil de cuerpo como fuerte de voluntad. + +Una noche en que lleg a casa de Quiones cuando an no haba nadie, le +dijo la dama bruscamente: + +--Quin le ha puesto a usted ese clavel en el ojal, Fernanda? + +El conde, sonriendo ruborizado, hizo signo afirmativo. + +--Pues que me dispense, pero tiene un color muy feo... Ver usted, voy a +ponerle otro ms bonito. + +Y diciendo y haciendo, fue derecha a uno de los floreros del saln y, +despus de escoger algn tiempo, sac un magnfico clavel rojo. Volvi +adonde estaba el conde y con gran desenvoltura, con cierta afectacin +an, propia del que pretende mostrar su dominio, le arranc el clavel +que traa y le puso el nuevo. Sufri l esta sustitucin en silencio, +inquieto y sorprendido. Ella, fingiendo no advertir esta sorpresa, se +ech un poco hacia atrs y exclam con intencin: + +--Ya lo creo que est mejor! + +Hubo despus algunos instantes de silencio embarazoso. Ella se puso a +jugar con el clavel de Fernanda, azotndose las rodillas, mientras +lanzaba frecuentes miradas al conde, que permaneca confuso sin saber +qu decir ni dnde poner los ojos. Por ltimo, los de uno y otro se +encontraron y sonrieron. En los de ella ardi una chispa maliciosa, y +con ademn sbito y desdeoso arroj el clavel que tena en la mano +debajo de las sillas. El conde se puso repentinamente serio; sus +mejillas se colorearon. En aquel momento entr Manuel Antonio. La +conversacin se entabl alegre, indiferente. El conde guardaba, sin +embargo, un resto de turbacin. Cuando lleg Fernanda y con visible +disgusto, le pregunt por su clavel, se vio en grave aprieto, perdiose +en un laberinto de explicaciones. El chico de su jardinero, a quien fue +a dar un beso, se lo haba arrancado, luego en una maceta que haba +hallado en el gabinete de su madre haba tomado otro. Pero Amalia, +implacable, le puso poco despus en un conflicto preguntndole en voz +alta con sonrisa maliciosa: + +--Quin le ha dado a usted ese clavel tan lindo, Fernanda? + +--No, yo no--se apresur a responder sta. + +Y el conde, otra vez turbado y rojo, volvi en voz alta a la explicacin +que acababa de dar en secreto. Aquella pequea traicin los at con nudo +ms fuerte, estableci entre ellos una relacin singular que el conde no +se atreva a definir en su pensamiento, medroso de resbalar en un +abismo. Sigui festejando con la misma asiduidad, quiz con alguna ms, +a la heredera de Estrada-Rosa, pero no poda hablar a la seora de +Quiones sin sentirse turbado; las miradas que se dirigan eran largas, +intencionadas; sus apretones de manos vivos, impregnados de cario. +Ambos disimulaban delante de Fernanda como si fuese ya la esposa +ultrajada. Y an no se haban dicho una palabra de amor! Pero Luis +estaba convencido de que faltaba a su novia, de que era un criminal +hacia D. Pedro, su amigo; no saba por qu ni cmo, pero lo senta all +dentro en el fondo de la conciencia. Sin embargo, reflexionaba algunas +veces que por su parte no haba dado un solo paso hacia el crimen, que +se vea enredado en aquellas extraas relaciones, en las cuales exista +amor; inteligencia, traicin, todo tcito, sin saber cmo haba sido. + +Trascurri ms de un mes de esta suerte. Amalia no slo le hablaba de +amor con los ojos, pero le impona su voluntad, le haca ejecutar todos +sus caprichos, a veces le reprenda speramente. Anunciaba, por ejemplo, +que se iba a marchar: al volver los ojos se encontraba con los de Amalia +que le decan que se quedase, y se quedaba. Trataba de bailar con +Fernanda, y una mirada severa bastaba para retenerle. Un da anunci que +iba a pasar seis u ocho en sus posesiones de Ons: Amalia le hizo signo +negativo con la cabeza, y desisti de su viaje. Por qu? Con qu +derecho contrariaba sus determinaciones, se introduca en su vida y la +gobernaba? No lo saba, pero experimentaba sensacin gratsima al +obedecerla. Viva en una inquietud dulce, anhelante, esperando algo +hermoso, algo inefable que no quera formularse en su cerebro. Mientras, +ella con su eterna sonrisa misteriosa le observaba tranquilamente, +segura de conocer ese algo y de llegar a l cuando le viniera en +apetencia. + +Una tarde del mes de Junio se hallaba el conde en la Granja +inspeccionando el trabajo de algunos obreros, que tena ocupados en +abrir una acequia ms ancha para el molino. El mozo encargado del ganado +vino a decirle que una seora preguntaba por l. + +--Una seora?--exclam sorprendido.--No la conoces? + +El criado le mir estpidamente, sin contestar. Cmo la haba de +conocer, l, que haba pasado la vida detrs del ganado, y slo iba a +Lancia algn da de mercado a comprar o vender una vaca? El conde se +hizo cargo de esto y pregunt enseguida: + +--Es bajita? + +--No es muy alta, no, seor. + +--Ojos muy negros y vivos? color bajo? el andar muy suelto y +elegante? + +Y antes de que el criado pudiera contestar a estas preguntas, que no +haba entendido, ech a correr en direccin a la casa con el corazn +palpitante, henchido de emocin por el presentimiento de que era _ella_. + +--Dnde est?--grit sin dejar de correr. + +--En la corrada, a la puerta del jardn--le contest tambin a gritos. + +Lleg a la corrada sin respiracin. Antes de abrirla se detuvo un +instante, avergonzndose de su presuncin. Cmo haba llegado a +suponer... Pero por qu diablo se le haba metido en la cabeza?... Y, +sin embargo, no poda desecharla. Era _ella_, era _ella_; no le caba +duda alguna. Levant el pestillo de la gran puerta de madera pintada de +verde, y entr. La corrada era grande. Veanse arrimados a la pared +varios enseres de labranza. Debajo de un tendejn yacan algunos carros. +En una caseta de madera, toscamente labrada, estaba amarrado un enorme +mastn que quiso romper la cadena dando furiosos saltos por venir a +acariciarle. All en el otro extremo, cerca de la puerta enrejada que +comunicaba con el jardn, _la_ vio, en efecto, con la frente pegada a +las rejas, contemplando las flores. Estaba de espalda. Traa vestido +claro de rayas blancas y rojas y llevaba en la cabeza sombrerito de paja +con flores rojas tambin. Con la mano izquierda se apoyaba en una +sombrilla que haca juego con el traje y en la derecha apretaba unos +guantes de seda, Qu bien impresos le quedaron estos pormenores! Jams +en la vida se le borraron de la memoria. + +--Usted por aqu?--le pregunt afectando una serenidad que estaba muy +lejos de sentir.--Quin haba de presumir que fuese usted la seora que +el criado me acaba de anunciar? + +--De veras no lo ha presumido usted?--pregunt ella mirndole +fijamente. + +--No, no, seora. + +Y se puso colorado al decirlo. La dama sonri con benevolencia. + +--Bien, enseme usted esas rosas de _malmaison_ de que me ha hablado. + +El conde abri la puerta del jardn y ambos pasaron adentro. Era muy +grande, y estaba bastante descuidado. Desde que la condesa haba dejado +de venir a la Granja casi en absoluto, los criados apenas tocaban en l. +Luis era ms dado a hacer ensayos de nuevos cultivos, a criar ganado, a +desecar terrenos, que a las flores. As y todo, del tiempo en que su +madre vena todas las tardes y le atenda, existan all muchas plantas +de flores, grandes arbustos que con el tiempo y con aquel suelo feraz se +iban trasformando en rboles frondosos. + +Mientras recorran caminos arenosos, de los cuales el csped se iba +apoderando por falta de limpieza, la condesa explicaba en voz alta cmo +haba llegado hasta all. Se le haba antojado dar un paseo hasta +Bellavista; pero al pasar por delante de la carreterita que conduca a +la Granja se acord de las dichosas rosas, y dio orden al cochero de que +siguiese por ella. No haba visto nunca la posesin. Aquella +frondosidad, aquel verde tan intenso la entusiasmaban. En su pas la +vegetacin era ms plida. + +--Pero ms fragante... como las mujeres--dijo el conde con galantera. + +La dama se volvi para dirigirle una sonrisa de gracias, y sigui loando +la belleza de los rododendros, de las azaleas, de las camelias +gigantescas que encontraban al paso. + +Luego que vieron los rosales y que el conde le hizo elegir algunos para +mandrselos al da siguiente, tornaron por senderos distintos hacia la +puerta de entrada. + +--Usted est seguro de que yo he venido nicamente a ver estos +rosales?--dijo Amalia parndose sbito y mirndole con fijeza. + +Al conde le dio un vuelco el corazn y comenz a balbucir +lamentablemente: + +--Yo no s... La verdad que esta visita... Me alegrara que los +rosales... + +Pero la dama, compadecida, no le dej terminar. + +--Pues, adems de los rosales, vengo a ver toda la finca, y +particularmente el bosque. Conque ya puede usted ir ensendomelo--dijo +agarrndose resueltamente a su brazo. + +El conde volvi a experimentar nueva y violenta emocin, primero de +pena, despus, al sentir la mano de la dama en su brazo, de vivsimo +gozo. Y, turbado hasta lo profundo de su ser, fue mostrndole lo digno +de verse que tena la finca, las grandes y hermosas praderas, las +cuadras, la nueva maquinaria del molino, el bosque por ltimo. Ella le +observaba con el rabillo del ojo. A veces se dibujaba en su rostro una +levsima sonrisa burlona. Se enteraba de todo con inters, loaba los +trabajos que se haban llevado a cabo, propona otros nuevos. Y al ir y +venir soltaba el brazo unas veces, otras lo tomaba, despertando en el +alma del conde sensaciones diversas, pero todas vivas y anhelantes. +Cuando observaba que iba adquiriendo aplomo le disparaba repentinamente +alguna maliciosa insinuacin que de nuevo lo atortolaba, lo dejaba +confundido y ruborizado. + +--Vamos, conde, a que cuando usted me vio dijo para dentro: Amalia est +enamorada de m: no pudo resistir al deseo de venir a visitarme. + +--Amalia, por Dios!... Qu disparate est usted diciendo?... Cmo me +haba de atrever... + +Pero la dama, como si no advirtiera su turbacin ni concediera +importancia a sus propias palabras, saltaba inmediatamente a otro +asunto. Pareca que tena gusto en sofocarle, en mantenerle agitado y +trmulo. Y en las miradas fugaces que de vez en cuando le lanzaba +reflejbase un sentimiento de superioridad, la benvola irona del que +est jugando a otro una burla que ha de terminar en bien. El conde +presenta algo grave debajo de aquella sonrisa enigmtica, comprenda +que estaba haciendo un papel desairado, que se estaban riendo de l y +haca esfuerzos heroicos para recobrar su sangre fra, sin conseguirlo. + +El bosque admir y entusiasm a la dama por encima de todo. Era una masa +de robles aosos donde no penetraba jams un rayo de sol. El suelo +estaba limpio de abrojos, tapizado de csped que convidaba a reposar. +Ninguna otra finca de recreo de la provincia posea aquel regalo, +procedente quiz de la primitiva selva donde se haba fundado el +monasterio que dio origen a Lancia. Quiso descansar un instante debajo +de aquella bveda verde por donde la luz se cerna trabajosamente. +Reinaba una paz, un amable sosiego que impresionaba como el silencio y +la luz dormida de una, catedral gtica, pero con emocin ms dulce. +Apoy la espalda en un rbol y pase largo rato su mirada asombrada por +la espesura. El conde estaba en pie algo ms lejos. Ambos permanecieron +mudos largo rato. Por fin el caballero sinti, sin verlo, que los ojos +de la dama estaban posados sobre l. Resisti algunos momentos la +atraccin magntica de aquella mirada. Cuando al cabo volvi la suya vio +que en efecto le contemplaba de hito en hito con expresin risuea y +audaz que le hizo bajar la vista. Amalia solt una alegre carcajada. l, +sorprendido, confuso, algo irritado sintindose en ridculo, viendo que +las carcajadas no cesaban, le pregunt con sonrisa forzada: + +--De qu se re usted, amiga ma? + +--De nada, de nada--respondi llevndose el pauelo a la boca.--Llveme +usted a ver la casa. + +Y se colg nuevamente de su brazo. + +La casa era un grande y vetusto edificio de piedra amarillenta carcomida +por los aos, con dos torrecillas cuadradas a los lados. Todo en ella +estaba podrido o deteriorado. En la escalera faltaban rejas, lo mismo +que en los balcones, la bveda de las habitaciones descascarillada, los +tabiques resquebrajados, el tillado con agujeros, los cristales, +emplomados a la antigua usanza, tan llenos de polvo que apenas +consentan el ver al travs de ellos; las paredes sucias tambin y de +ellas colgados algunos cuadros oscuros, tan oscuros que no se conoca lo +que el pintor haba querido representar; las habitaciones, con pocos y +antiqusimos muebles maltratados por el uso de las generaciones +anteriores. Fueron recorrindolas todas. A Amalia le placa aquel +aspecto de remota antigedad. Cuntos seres habran habitado aquella +casa! Cunto se habra redo y llorado en aquellas vastsimas +estancias! Cada una tena su nombre. La una se llamaba _el cuarto del +cardenal_, porque en siglos pasados un cardenal de la familia se alojaba +all cuando vena a pasar una temporada a la Granja; otra, _el saln de +los retratos_, porque haba unos cuantos colgados; otra, _la sala +nueva_, aunque pareca tanto y an ms vieja que las dems. Todo aquello +representaba la vida ntima de una familia al travs de los siglos. + +--ste es _el cuarto de la condesa_--dijo Luis al entrar con su amiga en +una pieza no muy grande, donde por debajo del polvo y los estragos del +tiempo se adverta mayor lujo en el decorado. + +Era una estancia coquetona donde las generaciones haban ido dejando +testimonios ms o menos plausibles de su amor a la ornamentacin. Un +escritorio _pompadour_, algunas sillas _regencia_, varios retratos al +pastel; en el techo, pintados al leo, algunos amorcillos nadando en una +atmsfera, azul en otro tiempo. + +--Es el cuarto de su mam?--pregunt Amalia. + +--No--replic el conde riendo,--mam dorma en otro lado. Se llama as +desde tiempo inmemorial. Quiz alguna de mis abuelas lo haba elegido +para s. Aqu es donde yo duermo la siesta cuando me canso de andar por +el campo. + +En uno de los ngulos haba una soberbia cama de roble tallado y +enteramente negro por los aos. Era una de esas camas del siglo XV que +vuelven locos a los anticuarios. Las colgaduras antiqusimas tambin. +Sobre los colchones estaba extendido un tapiz moderno de damasco. + +--Aqu es donde usted se recoge para pensar ms libremente en m, no es +cierto? + +El conde qued aturdido como si le hubiesen dado un golpe en la cabeza. + +--Yo!... Amalia!... Cmo? + +Pero sbito, haciendo un gesto de resolucin, exclam: + +--S, s, Amalia, dice usted bien! Aqu pienso en usted como pienso en +todos los sitios adonde voy desde hace algn tiempo... Yo no s lo que +me pasa; vivo en un estado de constante zozobra, y esto, como usted me +deca hace pocos das, es una seal de amor verdadero. Estoy enamorado +de usted como un loco. Comprendo que es una atrocidad, que es un crimen, +pero no puedo remediarlo... Perdneme usted. + +Y el caballero se dej caer de rodillas, como uno de sus nobles +antepasados de la Edad Media, a los pies de la dama. + +sta se indign, al orle, terriblemente. Cmo? No se avergonzaba de +semejante confesin? No comprenda que dirigirle aquellas palabras +dentro de su casa era un insulto? Cmo poda suponer que ella las haba +de escuchar con paciencia? Mentira pareca que el conde de Ons, un +caballero tan cumplido, faltase de aquel modo a lo que deba a una dama +y a lo que se deba a s mismo! + +El conde permaneci aterrado y de rodillas bajo tal granizada de +denuestos. Consideraba graves sus palabras; pero el enojo que producan +en la dama era mayor de lo que haba sospechado. + +Amalia guard al fin silencio. Le contempl con ojos irritadsimos unos +instantes. Mas una sonrisa feliz y burlona comenz a dilatar su rostro +expresivo. Se acerc lenta y majestuosamente a l, le puso la mano en el +hombro e inclinndose para acercar la boca a su odo le dijo en voz +baja: + +--Hace usted bien en no avergonzarse de nada de eso, porque yo, seor +conde, le quiero a usted tanto por lo menos como usted a m. + +Quiso volverse loco. Pasado el susto, se abraz a sus rodillas +besndolas con frenes, se desbord en un mar de palabras apasionadas, +incoherentes, llenas de fuego y de verdad, mientras ella, tan breve, tan +diminuta, contemplaba aquel coloso rendido, con sus ojos misteriosos de +valenciana lucientes de amor y pasin. + +Con este inmenso trabajo conquist el conde de Ons a la gentil seora +de D. Pedro Quiones de Len. + +Los primeros tiempos de sus relaciones fueron agitadsimos para l, +llenos de punzantes remordimientos y de goces embriagadores. Amalia iba +de vez en cuando a la Granja. Por la noche en la tertulia daba cuenta de +su visita en voz alta. l se estremeca, se turbaba, sudaba de congoja +mientras con perfecta sangre fra narraba ella todo lo que se poda +narrar, hablaba del jardn, censuraba el abandono en que estaba y lo que +se diverta trayendo a cada visita algunas plantas con la intencin de +dejarlo arrasado, ya que a su dueo no le interesaba. Llevaba su audacia +hasta burlarse. + +--Por supuesto que a este seor no hay quien le sufra desde que las +damas le visitan. No advierten ustedes qu impertinente se ha puesto? +Temiendo estoy que el primer da que vaya a la Granja me obligue a hacer +antesala. + +Los tertulios rean. S, s, se le notaba ms serio. Fernanda sonrea +clavndole una mirada, cariosa; el mismo D. Pedro dulcificaba sus ojos, +altivos, feroces y dejaba escapar de su garganta un amago de carcajada. +Qu esfuerzo prodigioso le costaba al conde aparecer sereno en estos, +momentos! Le pareca que tena un abismo abierto a sus pies. Y cuando se +encontraba a solas con Amalia quejbase de su audacia, le rogaba con +palabras fervorosas que fuese ms precavida, mientras ella, impasible, +gozndose en sus temeridades, sonrea desdeosamente con su fina sonrisa +enigmtica. + +No pudiendo verse sino rara vez en la Granja, Amalia hall medio de +hacer ms frecuentes las entrevistas confindose a Jacoba. En casa de +sta se encontraban una o dos veces a la semana. El conde entraba por +una puertecita trasera que daba a cierta calleja, a primera hora de la +tarde, cuando los vecinos estaban comiendo. Esperaba lo menos dos o tres +horas. Amalia llegaba por fin con pretexto de dar alguna orden a su +favorecida. Pero no bastndole esto, todava ide la entrada por la +tribuna de la iglesia de San Rafael. Al conde le horrorizaba tal medio; +todos sus escrpulos religiosos se sublevaban a la vez; adems tena +miedo de que un accidente casual descubriese aquellos amores y aquella +profanacin. Qu escndalo! Amalia se rea de sus temores como si las +consecuencias terribles no hubiera de pagarlas ella. Era una mujer que +tena confianza absoluta en su estrella. Como los buenos toreros se +juzgan ms seguros cindose a los cuernos del toro si no pierden la +sangre fra, as ella desafiaba el peligro, iba al encuentro de l +confiando en que sabra salir de cualquier atolladero. Y, en efecto, su +perfecta serenidad, su increble audacia la salvaron ms de una vez. + +El conde de Ons, el coloso de luengas barbas fue un verdadero juguete +en las manos de aquella mujercita temeraria y maligna. Una pasin loca +se apoder de ambos, sobre todo de ella. Poco a poco se fue +acostumbrando a no vivir sin l, a no pasarse un da sin verle a solas. +Haca esfuerzos increbles de ingenio y habilidad para conseguirlo. Y +si las circunstancias rodaban de tal suerte que fuese imposible en tres +o cuatro das gozar una hora de soledad, su espritu voluntarioso se +exaltaba, botaba dentro del cuerpo como un corcel impaciente, y estaba +dispuesta a arrojarse a la mayor imprudencia. Le apretaba las manos, le +daba pellizcos en plena tertulia, le abrazaba detrs de las puertas +cuando con cualquier pretexto le haca pasar a otra habitacin, y ms de +una vez y ms de dos en las barbas del mismo maestrante, al volver ste +la cabeza, le estamp un beso en los labios. Luis temblaba, empalideca, +siempre en espera de una catstrofe. + +Al cabo de pocos meses, sus relaciones con Fernanda, que haban ido +enfrindose paulatinamente, se rompieron por completo. Fue exigencia +ineludible de Amalia. Desde el principio lo vena preparando con +soberano arte, marcndole el tiempo que haba de estar al lado de su +novia, las veces que la haba de sacar al baile y hasta lo que le haba +de decir. Y como lo tena previsto, la heredera de Estrada-Rosa, que era +orgullosa, no pudiendo soportar la frialdad de su novio, le dej en +libertad y le devolvi su palabra. La pobre chica desahogaba su pena con +Amalia, la nica que saba a qu atenerse respecto a aquel rompimiento +tan comentado. Mostr sta gran enojo por la conducta del conde y se +expres en trminos bastante vivos contra l; tom parte por la joven, +deshacindose en elogios de ella; no se hartaba de ponderar sus ojos, su +talle, su discrecin y bondad. Hasta dio ostensiblemente algunos pasos +para reconciliarlos. Y en el seno de la confianza, particularmente entre +los amigos de D. Juan Estrada-Rosa, no se contentaba con decir que +Fernanda vala en todos sentidos ms que su ex-novio, sino que +apellidaba a ste con mil eptetos pesados; jayanote, pavo, santurrn, +hipcrita, etc. Y cuando al da siguiente le vea en casa de Jacoba, +decale abrazndole muerta de risa: + +--Cmo te he puesto ayer, querido mo, delante de varios amigos de D. +Juan! T no sabes!... Saliste de mis labios que ni con pinzas se te +poda recoger. + +Viva el conde, por todo esto, y por los remordimientos que sin cesar le +mordan, en un estado de perpetua agitacin. Cun lejos se hallaba de +ser feliz! Pero todo era flores comparado con lo que le esperaba. Cinco +meses despus de comenzadas sus relaciones, un da le anunci Amalia que +crea hallarse en cinta. Se lo dijo con la sonrisa en los labios, como +si le noticiase que le haba tocado la lotera. Luis sinti un vrtigo +de terror, qued plido, la vista se le turb como si fuese a caer. + +--Dios mo, qu desgracia!--exclam llevndose las manos al rostro. + +--Desgracia?--pregunt ella con asombro.--Por qu? Yo estoy muy +contenta. + +Y viendo sus ojazos dilatados, estupefactos, le explic riendo que era +feliz con esperar una prenda de sus amores; que no tuviese miedo alguno +porque ella sabra arreglarse para que nada se descubriera. Y, en +efecto, tal maa se dio para apretarse que nadie pudo presumir que +aquella mujer tuviese una criatura en sus entraas. Qu sustos, qu +congojas las del conde mientras dur el embarazo! Si alguien la miraba +con insistencia, ya estaba temblando; si en el curso de la conversacin +un tertulio haca alusin a algn parto disimulado, se pona plido, +pensando que poda ser una indirecta. En todos los rostros crea ver +sonrisas y miradas significativas; en las palabras ms inocentes, +profundas y aviesas insinuaciones. + +Mientras tanto ella coma y dorma tranquilamente con una alegra +constante que aterraba y admiraba al mismo tiempo al conde. El tiempo +corra: llegaron los siete meses; los ocho. Por mucho que lo disimulase, +el conde observaba que la cintura de su querida se ensanchaba. Cuando, +lleno de congoja, comunic con ella esta observacin, se ech a rer: + +--Calla, tonto, lo notas t porque ya lo sabes. Quin va a sospechar +porque est un poquito ms abultada? Muchas veces le gusta a una llevar +flojo el cors. + +Cuando lleg el momento crtico mostr una bravura que rayaba en +herosmo. Luis quera confiarse a un mdico: ella se opuso. Para qu? +Con la asistencia de Jacoba le bastaba. El confiar tal secreto a otra +persona era peligroso. Le acometieron los primeros sntomas al amanecer, +hallndose en la cama; pero hasta las ocho no mand llamar a Jacoba, que +con el pretexto de hacer unos colchones dorma desde haca algunos das +en casa. Se encerraron en el gabinete, donde ya tenan preparadas las +ropas necesarias, y sin un grito, sin un movimiento descompasado, sin la +ms leve queja, sali aquella valiente mujer de su cuidado. Jacoba sac +la criatura con el lo de la ropa, despus de haber mandado fuera con +adecuados pretextos a los criados. + +El conde llor de gozo y admiracin al saber este feliz desenlace. +Luego, cuando recibi por Jacoba la orden de llevar la nia al portal de +Quiones, volvi a sentirse acongojado. El plan de su amante le llenaba +de estupor; pero como estaba acostumbrado a obedecer, hizo lo que le +mandaba. El resultado coron la audacia de la dama; fue tal como ella +haba previsto. + +Y ahora, al contemplar a la criatura segura para siempre, no slo se +fortaleca su amor y se depuraba, sino que sentan el gozo de la +victoria, del que despus de haber corrido fuertes temporales llega por +fin a puerto de salvacin. + +En voz muy baja, con las manos enlazadas, inclinando de vez en cuando la +cabeza para rozar con los labios la frente de la nia, hablaron largo +rato, mejor dicho, soaron despiertos, queriendo penetrar en los abismos +insondables del tiempo. Cul sera la suerte de aquella hermosa +criatura? Cmo se la educara? Amalia deca que conseguira educarla +como hija suya, hacerla una verdadera seorita; estaba segura de que D. +Pedro no se opondra a ello. Y como quiera que no tena hijos, nada ms +natural que habindola tomado cario la dejase a su muerte algn legado +importante. El conde hizo un gesto de desdn. La nia no necesitaba de +la hacienda de D. Pedro. l le dejara toda la suya. + +--Pero t puedes casarte y tener hijos--dijo la dama mirndole +maliciosamente. + +l la tap la boca. + +--Calla, calla! Ya sabes que no quiero or eso siquiera. Estoy +definitivamente unido a t. + +Ella le bes con efusin. + +--Sellados, verdad? + +--Sellados--repuso l con firmeza. + +--Pero no te haces cargo de que si le dejas tus bienes en testamento, +enseguida nacera la sospecha de que era hija tuya? + +Esta dificultad le abati por unos instantes. Ambos se ocuparon en +arbitrar algn medio para eludirla. El conde quera dejarlos en +fideicomiso a alguna persona de confianza. Pero esto ofreca tambin sus +inconvenientes. Mejor sera ir colocando dinero a su nombre en algn +banco, y al llegar a la mayor edad, fingir una herencia, inventar algn +padre llovido del cielo... + +--En fin, ya hablaremos de eso... Djalo a mi cuidado--concluy diciendo +ella. + +Y l se lo dejaba de muy buena gana, fiando de su imaginacin +inagotable, de su voluntad y su audacia. + +Cuando se cansaron de hablar de lo porvenir volvieron los ojos al +presente. Era necesario bautizar la nia. Haban resuelto que fuese al +da siguiente. + +--Ya hemos convenido en que la madrina fuese yo y el padrino t. + +--Cmo? yo?--exclam asustado.--Pero, mujer, no comprendes que eso +puede engendrar sospechas? + +La dama se obstin. Que s, que haba de ser padrino. Si sospechaban, +buen provecho. A ella le tena sin cuidado. Pero vindole realmente +afligido cambi de idea. + +--No te apures, hombre, no te apures--dijo dndole un tironcito a la +barba.--Ha sido una broma. Buena cara ibas a poner cuando la tuvieses +en la pila! No te faltara ms que gritar: Seores, aqu! Vengan aqu +todos a ver al padre de esta criatura! + +El padrino sera Quiones, y en su representacin D. Enrique Valero. La +madrina ella, representada por Mara Josefa. El conde se mostr muy +satisfecho. Todo aquello era hbil y prudente y adecuado para asegurar +la suerte de su hija. Pero cuando se manifestaba ms contento, un rumor +que vino del pasillo le hizo saltar en la butaca, ponerse lvido. + +--Qu tienes, hombre? + +--Ese ruido!... + +--Es Jacoba... + +Pero vindole dudoso, con los ojos espantados an, se levant, teniendo +la nia en los brazos, abri la puerta y cambi algunas palabras con +Jacoba que, en efecto, estaba all. Despus de entregarle la criatura y +cerrar, volvi de nuevo a sentarse. + +--Cmo eres tan cobarde, di? + +--No es cobarda--repuso l ruborizado.--Es que estoy siempre +sobresaltado... No s lo que me pasa... La conciencia quiz... + +--Bah! Es que eres un cobarde. Como tienes el cuerpo tan grande se te +pasea el alma dentro de l. + +Y acto continuo, observando la expresin de enojo y tristeza que se +reflejaba en su semblante, torn a abrazarle con trasportes de +entusiasmo. + +--No, no eres cobarde; pero inocente s... Por eso te quiero, te quiero +ms que a mi vida. No es verdad que te quiere tu filleta? Soy tuya... +T eres mi nico amor. Yo no soy casada... + +Y con caricias de gata mimosa le paseaba sus manos finas y plidas por +el rostro, estampaba en l menudos, infinitos besos, le anudaba los +brazos al cuello, se lo morda con leves y fugaces mordiscos de ratn. Y +al mismo tiempo, ella, tan grave y silenciosa en visita, haca fluir de +sus labios un chorro constante de palabritas melosas que le adormecan y +embriagaban. El fuego, que se adivinaba al travs de sus grandes ojos +misteriosos y traidores, brotaba ahora con vivas llamaradas. Era el goce +de la sensualidad el que se desprenda de su ser; pero era tambin el +deleite maligno del capricho cumplido, de la venganza y la traicin. + +El conde de Ons se senta cada da ms subyugado. Las caricias de su +amada eran abrasadoras; pero los ojos guardaban siempre, en lo ms +hondo, un reflejo cruel de fiera domesticada. Senta amor y miedo al +mismo tiempo. Alguna vez su espritu supersticioso llegaba a imaginar si +un demonio tentador habra venido a alojar en el cuerpecito endeble de +aquella valenciana. + +Despus de anunciar tres o cuatro veces que se marchaba, sin llevarlo a +cabo por impedrselo ella, vindose al cabo libre de sus brazos, se +levant de la butaca. La despedida fue larga como siempre. Amalia no le +soltaba hasta que le vea ebrio, intoxicado por la violencia de sus +caricias. Jacoba le esperaba en el corredor. Despus de conducirle por +ste y otros varios hasta la estancia donde se hallaba la escalerita +excusada que iba a la biblioteca, le hizo sea de que aguardase y baj +sola para cerciorarse de que no haba nadie en los pasillos. Torn a +subir para avisarle; el conde descendi, apagando cuanto poda el ruido +de sus botas. A la puerta del pasadizo la medianera le dej, despus de +abrirle la puerta. Bajose otra vez hasta tocar con las manos en el suelo +para no ser advertido de la gente que pasase por la calle, y en esta +forma atraves el pasadizo de la tribuna. Abri la puerta y entr. La +oscuridad le ceg. En cuanto dio algunos pasos sinti un golpe en la +espalda y oy una voz ronca que deca al mismo tiempo: + +--Muere, infame! + +Se hel en sus venas la sangre y dio un salto hacia atrs. Entre las +sombras espesas pudo distinguir un bulto ms negro an. Veloz como un +rayo se precipit sobre l, y lo hubiera aniquilado bajo su enorme +cuerpo si no sintiera una carcajada reprimida y al mismo tiempo la voz +de Amalia. + +--Cuidado, Luis, que me vas a hacer dao! + +La sorpresa le dej mudo unos instantes. + +--Pero por dnde has venido?--dijo al cabo. + +--Pues por la escalera principal. Me he echado este capuchn negro +encima y he bajado corriendo. + +Y vindole fro y disgustado por aquella broma de mal gusto, se empin +sobre la punta de los pies, colgose rpidamente a su cuello y, despus +de apretar los labios larga y apasionadamente contra los suyos, le dijo +con acento zalamero: + +--Ya saba que no eras cobarde... pero quera comprobarlo. + + + + +V + +Las bromas de Paco Gmez. + + +Ahora bien, Granate no acababa de persuadirse a que Paco Gmez +procediese de buena fe. Su carcter jocoso, los terribles bromazos que +se le atribuan perjudicbanle en el nimo del indiano. No bastaba que +adoptase continente grave y mantuviese con l plticas largas acerca de +la alza o baja de las acciones del Banco, ni que le loase la casa por +encima de todas las fbricas modernas y le diese tiles consejos en el +juego del chap. De todos modos el gracioso de Lancia observaba all, en +el fondo de sus ojazos encarnizados de jabal, una nube de recelo que no +poda disipar. En este aprieto pidi auxilio a Manuel Antonio. Se le +haba metido en la cabeza una broma chistosa, y antes de renunciar a +ella consentira en cualquier alianza. + +--Desengate, Santos--deca el marica, de acuerdo con Paco, paseando +cierta tarde por el Bomb con Granate,--t, como te has pasado ms de la +mitad de la vida detrs de un mostrador, no entiendes nada de estos +lances. No te dir que Fernanda est chalada por t, pero que anda en +camino de ello lo digo y lo sostengo aqu y en todas partes. Hace ya +tiempo que lo vengo notando. Las mujeres son caprichosas, +incomprensibles; hoy rechazan una cosa y maana la apetecen y estn +dispuestas a hacer cualquier disparate por lograrla. Fernanda comenz +rechazndote... + +--Entodava! entodava!--manifest sordamente el indiano. + +--Pura apariencia. Es una chica muy orgullosa y que no dar jams su +brazo a torcer. Pero por lo mismo que tiene mucho orgullo no se casar +ms que con el conde de Ons o contigo, los dos nicos partidos que hay +en Lancia para ella; el conde por la nobleza y t por el dinero. Luis es +un hombre muy raro; yo lo creo incapaz de casarse. Ella est convencida +ya de esto mismo. No le queda ms que t, y t sers al cabo el que se +coma la breva... Adems, por ms que otra cosa digan, a las mujeres les +gustan los hombres como t, robustos... porque t eres un roble, +chico--aadi volviendo hacia l la cabeza con admiracin. + +Granate dej escapar un mugido corroborante. El marica le pas las manos +por el torso, como profundo conocedor de las formas masculinas. + +--Qu musculatura, chico! Qu hombros! + +--Con estos hombros que aqu ves--dijo el indiano con orgullo--se han +ganado muchos miles de pesos. + +--Cmo? Cargando sacos? + +--Sacos!--exclam Granate sonriendo con desprecio.--Eso es pa la +canalla. Cajas de azcar como vagones! + +El Bomb estaba desierto en aquella hora. Era un paseo amplio en forma +de saln, recin construido en lo alto del famoso bosque de San +Francisco, desde donde se seoreaba todo. Este bosque de robles +corpulentos, aosos, retorcidos, algunos de los cuales pertenecan a la +selva primitiva donde se fund el monasterio que dio origen a Lancia, +serva de sitio de recreo y esparcimiento a la poblacin, hasta cuyas +primeras casas llegaba. Permaneci siempre en lamentable abandono; pero +la ltima corporacin municipal haba llevado a cabo en l magnas +reformas que le haban valido los aplausos de los espritus innovadores: +un paseo, algunos jardinillos alrededor y una calle enarenada entre los +rboles, que le pona en fcil comunicacin con la ciudad. Los das de +labor no paseaban por l ms que algunos clrigos con sus largos manteos +negros y enorme sombrero de teja, llevando algn seglar enmedio, dos o +tres pandillas de indianos disputando en voz alta sobre el precio de los +cambios o el valor de los solares de la calle de Mauregato, recin +abierta, y tal cual valetudinario, que vena a primera hora a tomar el +sol, y se retiraba tosiendo en cuanto senta la humedad de la tarde. Y +las damas?... Ah! Las damas lacienses saban perfectamente lo que se +deban a s mismas y estaban dotadas de un sentimiento harto delicado de +las leyes del buen tono para exhibirse en das que no fuesen feriados. Y +aun en stos no lo hacan sino tomando las debidas precauciones. Ninguna +dama de Lancia cometa la bajeza de presentarse en el Bomb los domingos +mientras no estuviesen paseando en l algunas otras de su categora. +Pero esto era de una dificultad insuperable, dada la unanimidad de +pareceres. De aqu que, aderezadas ya desde las tres de la tarde, con el +sombrero y los guantes puestos, aguardasen al pie de los balcones, +espindose las unas a las otras por detrs de los visillos. Ya pasan +las de Zamora. Ahora vienen las de Mateo. Slo entonces se +aventuraban a lanzarse a la calle y subir poco a poco y con la debida +majestad hasta el paseo, donde haca ya dos horas la banda municipal +ejecutaba diversas fantasas sobre motivos de _Ernani_ o _Nabuco_ para +recreo de las nieras y algunos apreciables albailes. Ni se crea, sin +embargo, que la sociedad distinguida de Lancia entraba as de golpe y +porrazo en el arenoso saln. Nada de eso. Antes de poner el pie en l +suban a otro paseto suplementario que haba poco ms arriba. Desde +all exploraban el terreno, observaban si alguna se haba atrevido. +Por fin, cuando las sombras comenzaban a espesarse ya en las copas de +los aosos robles, a la hora en que la niebla descenda de las montaas +apercibida a fijarse en las narices, en la garganta y en los bronquios +del honrado vecindario, todas las bellezas indgenas acudan casi en +tropel al espacioso paseo. Qu importaba un catarro, un reuma, ni +siquiera una pulmona, ante la deshonra de presentarse las primeras en +el Bomb! Ejemplo notable de fortaleza! Caso portentoso del poder que +en los pechos elevados ejerce el respeto de s mismo! + +Esta exquisita conciencia de los deberes, que la naturaleza ha escrito +con caracteres indelebles en los corazones dignos, se revelaba an de +modo ms claro y conmovedor con ocasin de los bailes de confianza que +el Casino de Lancia daba cada quince das durante el invierno. Fcil es +de comprender que las dignsimas seoritas que con tal admirable +constancia luchaban un da y otro para no entrar en el paseo mientras +estuviese solitario, no iran a cometer la vileza de presentarse +primero que las otras en el saln del Casino. Mas como aqu no haba +paseo suplementario desde donde espiarse, ni era fcil por la noche +estar de espera en los balcones, aquellas ingeniossimas damas, tan +dignas como ingeniosas, hallaron un medio de dejar siempre a salvo su +honra. Poco despus de sonar las diez, hora en que daba comienzo el +baile, enviaban hacia all de descubierta, como caballera ligera, a sus +papas o hermanos. Entraban hacindose los distrados, se sentaban un +momento en las butacas, gastaban cuatro bromas con los pollos que all +aguardaban correctos, impacientes, con la luenga levita cerrada, +abrochndose los guantes los unos a los otros, y al poco rato se +retiraban disimuladamente para ir a noticiar a sus familias que an no +haba llegado nadie. Ah! Cuntas veces los pollos impacientes de la +levita cerrada aguardaron vanamente toda la noche la llegada de sus +hermosas parejas! Las bujas se iban gastando; la orquesta, que haba +tocado sin xito alguno dos o tres bailables, se desmoralizaba; los +msicos charlaban en voz alta o paseaban por el saln y hasta fumaban; +los hujieres y mozos bostezaban, tirndose unos a otros indirectas +referentes a las dulzuras del lecho. Por fin el presidente daba la orden +de apagar, y los pollos se retiraban a sus domicilios respectivos tan +mustios como correctos. Espectculo consolador el de aquellas heroicas +jvenes que, apesar de sus vivos deseos de ir al baile, preferan +permanecer en casa a quebrantar los principios fundamentales en que +descansa la dicha y el sosiego de la sociedad! + +--All viene Paco con el Jubilado. Lo mismo te dirn que yo--profiri +Manuel Antonio ponindose la ebrnea mano sobre las cejas a guisa de +pantalla. + +En efecto, all a lo lejos se columbraba la figura de Paco como una +percha coronada por un pepino. Todos los sombreros le entraban hasta las +orejas a causa de la inverosmil pequeez de la cabeza y su disposicin +excepcional. A su lado caminaba el Sr. Mateo con sus enormes bigotes +blancos y arrogante figura militar, aunque ya sabemos que era el hombre +ms civil que hubiese producido Lancia desde haca algunos siglos. + +Granate dej escapar algunos gruidos destinados a probar el profundo +desprecio que aquellos dos personajes le inspiraban, el uno por su poca +formalidad, y el otro por no tener ni un mal cupn del tres por ciento. + +--Vamos, queridos, hacedme el favor de convencer a este babieca de que +es un buen partido para cualquier muchacha, porque no quiere creerlo. + +--Aprieta, pues si D. Santos no es partido con cinco o seis millones de +reales, no s yo quin lo ser!--exclam Mateo relamindose como padre +de cuatro nias casaderas que no acababan de casarse. + +--Suba el can, D. Cristbal, suba el can!--dijo el indiano +echndole una mirada torva. + +--Cmo? Tiene usted ms?... Me alegro... Yo hablo por lo que dice la +gente... + +--Tengo quinientos mil pesos sin quitar un _lpiz_. + +Los tres amigos cambiaron una mirada significativa. Manuel Antonio, no +pudiendo contener la risa, le abraz exclamando: + +--Bien, Santos, bien! Eso del _lpiz_ me enternece. + +Granate era el hombre de los disparates lingsticos. No tena +conocimiento de la forma verdadera de una gran parte de las palabras; +las modificaba de modo que resultaba muy cmico. Sin duda dependa de +falta de odo, dado que haca ya algunos aos que haba regresado de +Amrica y trataba con personas cultas. Sus brbaros atentados contra el +idioma eran proverbiales en Lancia. + +--Pues nada, este infeliz se figura--prosigui el marica, sin hacer caso +de la mirada recelosa que le dirigi--que porque Fernanda Estrada-Rosa +gasta algunos remilgos no le gustan las peluconas como a todo hijo de +vecino... Tonto, tonto, ms que tonto! (y al decir esto le pegaba +palmaditas en el ancho y rojo cerviguillo). Si es hija de D. Juan +Estrada-Rosa, el mayor judo que hay en la provincia! + +--Hombre, Fernanda ya es otra cosa--manifest el Jubilado, que no estaba +en el ajo--Es una chica muy rica y no necesita casarse por el dinero. + +Pero los otros dos cayeron como fieras sobre l. Cuando se tiene dinero +se quiere ms. La ambicin es insaciable. Fernanda era muy orgullosa y +no pasara por que ninguna otra chica en Lancia pudiese ostentar tanto +lujo como ella. Si D. Santos elega esposa en la poblacin, le podra +hacer competencia desastrosa: era una mosca que no se quitara jams de +la nariz. El nico rival temible para D. Santos era el conde de Ons; +pero ste ya estaba descartado. Su carcter excntrico, su misticismo y +las extraas manas en que daba con frecuencia, haban concluido por +aburrir a la muchacha... + +Con estos argumentos y un formidable pisotn de inteligencia que Paco le +dio, el Jubilado entr en razn y se puso de parte de ellos. Los tres +se esforzaron en convencer al indiano de que ni aqulla ni ninguna otra +joven podra resistir mucho tiempo si l se decida a estrechar el +bloqueo. Paco aluda adems de un modo vago y misterioso a cierto dato +que l posea, el cual demostraba hasta la evidencia que los desdenes de +la chica eran pura comedia, alardes de vanidad para hacerse valer. Pero +era un secreto; no poda revelarlo sin faltar a la amistad y +consideracin que deba a la persona que se lo haba comunicado. + +Sin embargo, Granate no acababa de rendirse. Como un mastn a quien +rodean los chicos y tratan de congracirsele hacindole caricias, +echbales miradas recelosas y dejaba escapar de vez en cuando gruidos +dubitativos. Manuel Antonio agot el repertorio de sus argumentos +sutiles y femeninos, apoyados por sendos abrazos, palmaditas o +pellizcos. Estuvo elocuente y sobn hasta lo infinito. Paco le dejaba +decir y hacer echndole de travs miradas socarronas, convencido de que +Granate acoga siempre con desconfianza sus palabras. Pero a ltima hora +intervino para dar el golpe definitivo. Despus de hacerse rogar mucho +por sus dos auxiliares, y de suplicar encarecidamente y por los clavos +de Cristo que aquello permaneciese en secreto, sac al fin del bolsillo +una carta. Era de Fernanda a una amiga de Nieva. Explic primero de qu +modo casual haba venido a su poder, y despus ley en voz baja y con +aparato de misterio el siguiente prrafo: Lo que me dices de Luis no +tiene fundamento. No he vuelto ni volver a reanudar mis relaciones con +l por razones muy largas de explicar, algunas de las cuales ya conoces. +Lo de D. Santos, aunque por ahora no hay nada, lleva mejor camino. Es +viejo para m, pero me parece muy formal y carioso. Nada tendra de +particular que al fin cayera con l. + +Granate atendi con extremada fijeza, abriendo de modo descomunal sus +ojazos. Cuando Paco termin la lectura dijo con voz profunda, como si +hablara consigo mismo: + +--Esa carta es _ipcrifa_. + +Volvieron los tres a mirarse haciendo lo posible por contener la risa. +Manuel Antonio aprovech la ocasin para darle un abrazo ms. + +--Anda t, grosero, desconfiadote! Ensale la carta, Paco... T +conoces la letra de Fernanda?... No?... Pues yo s y aqu D. Cristbal +tambin, porque Emilita recibe a cada momento cartas de ella... T eres +demasiado modesto, Santos. Yo no te dir que seas un real mozo, pero +tienes cierta gracia y cierto aquel... vamos... + +--Ya lo creo que lo tiene!--exclam Paco.--Bien puede usted fiarse de +Manuel Antonio, que es voto en la materia. + +--Cualquiera puede distinguir, querido--profiri ste, picndose +repentinamente.--Teniendo ojos en la cara se sabe lo que es hermoso, lo +que es feo y lo que es mediano. + +Y no quiso emplear ms saliva en secundar los planes de Paco. Dejaron, +pues, a Granate en paz, y el marica cambi de conversacin. + +--Ah vienen sus amigos, D. Cristbal. + +ste levant la cabeza y vio venir hacia ellos paseando ocho o diez +militares. Eran oficiales del batalln de Pontevedra, que, a su +despecho, haba llegado recientemente de guarnicin a la ciudad. Mateo +rechin un poco los dientes y buf repetidas veces para indicar todo lo +odioso que le era la fuerza armada. Despus exclam con irnico +retintn: + +--Cmo me encantan los guerreros en tiempo de paz! + +--Les tiene usted mucha mana, D. Cristbal. Los militares no dejan de +ser tiles. + +--tiles!--exclam el Jubilado encrespndose.--Qu utilidad traen, +vamos a ver? En qu son tiles? + +--Hombre, mantienen la paz. + +--La guerra es lo que mantienen. Para librarnos de los ladrones basta la +guardia civil. Ellos son los que fomentan el malestar y la ruina de la +nacin. En cuanto ven las escalas paradas se sublevan en uno u otro +sentido, que eso es para ellos lo de menos, y vengan empleos y cruces +pensionadas!... Yo sostengo que mientras existan soldados no habr +tranquilidad en Espaa. + +--Pero, D. Cristbal, y si una nacin extranjera nos atacase? + +El Jubilado dej escapar una risita irnica y sacudi algunas veces la +cabeza antes de contestar. + +--Pero ven ac, infeliz, la nica nacin que puede atacarnos por tierra +es Francia, y si Francia se decidiese a hacerlo, de qu nos serviran +todos esos oficialitos tan guapos y bien uniformados? + +--Adems, los soldados son un bien para la poblacin por lo que +consumen. Los comercios ganan, las casas de huspedes lo mismo... + +Manuel Antonio defenda a la milicia slo por or a Mateo y ponerle +fuera de s. Ahora se observaba un dejo de irona en sus palabras y +mayor deseo de exacerbarle. + +--Eso es!... Ahora s que me has apabullado! Y de dnde viene ese +dinero que consumen, majadero?... De t y de m y del seor, de todos +los que pagamos algo al Estado en una u otra forma!... El resultado +final es que ellos consumen sin producir, que son un mal ejemplo en las +poblaciones, porque la ociosidad en que viven corrompe a los que ya son +un poco propensos a la vagancia... Sabes t cul es el gasto del +ejrcito? Pues entre los ministerios de Guerra y Marina consumen ms de +la mitad del presupuesto. Es decir que la administracin, la justicia, +la religin, los gastos que ocasionan nuestras relaciones con los dems +pases, las obras pblicas y el fomento de todos los intereses +materiales no cuestan tanto al contribuyente como esos caballeritos del +pantaln encarnado!... Que las dems naciones de Europa tienen un +ejrcito poderoso, bueno, y qu? All ellas. Las dems se pueden +permitir ese lujo porque tienen dinero. Pero nosotros somos unos +pobretes; no tenemos ms que fachada... Adems, en otros pases hay +complicaciones internacionales, de las cuales por fortuna estamos +libres. La Francia no nos atacar por miedo a la intervencin de las +potencias; pero si nos atacase, lo mismo nos conquistara con ejrcito +que sin l... + +El Jubilado se repeta, manoteaba para dar nueva fuerza a sus +argumentos, echaba fuego por los ojos. Manuel Antonio le dejaba +irritarse con visible satisfaccin. En aquel momento pas cerca el grupo +de los oficiales, que dieron las buenas tardes cortsmente. Todos +contestaron menos D. Cristbal, que se hizo el distrado. + +--Yo creo que est usted muy exagerado, don Cristbal. Qu tiene usted +que decir del capitn Nez, que acaba de pasar ahora? No es todo un +buen mozo y una persona atenta y fina? + +--Con un azadn en la mano estara mucho mejor y sera ms til a su +pas--murmur sordamente el Jubilado. + +--Pues no tiene usted ms que ponrselo en cuanto sea su yerno, porque, +segn cuentan, es novio de su hija Emilia--dijo el marica recalcando las +palabras con extremado gozo. + +Paco y D. Santos rieron. D. Cristbal qued anonadado. Apenas pudo +mascullar trabajosamente: + +--Quin hace caso de esas boberas! + +Y no volvi a chistar. Aquella noticia le haba llegado a lo profundo +del corazn, le pona en la situacin ms difcil en que estuvo jams +hombre alguno. Los dems no dejaron de notar este silencio, y se hacan +guios y se dirigan sonrisas por detrs de su espalda. + +Pero Paco tambin estaba preocupado. Cuando se le meta en la cabeza, en +aquella cabeza como un puo, mal amasada, un bromazo como el que tena +proyectado, andaba inquieto, afanoso, lo mismo que el poeta o el pintor +que tienen una obra entre manos. Despus de varios das de machacar por +l logr al fin, casi, casi, decidir al indiano. Se trataba nada menos +de que ste fuese a pedir con toda ceremonia a D. Juan Estrada-Rosa la +mano de su hija Fernanda. Segn Paco y los que le secundaban, era el +medio ms directo y ms adecuado de conseguirla. Todo lo dems, andarse +por las ramas. El da en que D. Juan viese que le entraban diez millones +por la casa andara de cabeza por convencer a su hija. Y ella misma no +les hara asco. Pues qu, no siendo con el conde de Ons, con quin +mejor poda casar que con un hombre tan rico, tan formal, tan sano y tan +_ilustrado_? Este ltimo epteto, proferido por Paco con grave +continente, estuvo a punto de echar a perder el asunto, porque no falt +quien sofocase a duras penas la carcajada. Granate quiso advertirlo, +mir a Paco con recelo y volvi a mostrarse desconfiado y reacio algunos +das. + +Lleg un momento, sin embargo, en que el indiano crey en sus palabras. +Fue despus de haberle odo en el Casino desde una habitacin contigua +atacar duramente al conde de Ons. Aquel da se decidi a darle crdito +y convino con l la manera de llevar a cabo la peticin que le +aconsejaba. Paco opin que lo mejor sera no decir nada previamente a la +chica. As como los buenos generales, para asegurar la victoria, suelen +caer de improviso y con sigilo sobre el ejrcito enemigo, lo ms hbil +en este caso era entrar inopinadamente en la casa, llamar a don Juan a +una conferencia reservada y abordar de frente el negocio. Por el +banquero no haba cuidado: se pondra como unas pascuas. La chica +recibira gran sorpresa, pero esto mismo la aturdira y la pondra ms +blanda. Las cosas graves de la vida se deciden generalmente por una +corazonada. El que no se arriesga no pasa la mar. En resumen, que +Granate se entreg a discrecin y comenzaron los preparativos para la +gran solemnidad. Lo primero que se trat fue la hora. Qued resuelto que +fuese a las doce del da. El traje fue objeto de animadas plticas. Paco +opinaba que, para presentarse bajo un aspecto ms imponente, convendra +vestirse algn uniforme, por ejemplo, el de jefe honorario de +administracin civil. No era difcil conseguir el nombramiento +sacrificando un puado de oro; pero esto dilatara ms de un mes la +realizacin de la empresa. Se desech el uniforme y se convino en que +vistiese frac negro y llevase colgada la medalla de concejal. Fijose por +ltimo el da: result un lunes. + +Desde mucho antes el traidor haba deslizado en la conversacin, +hablando con D. Juan Estrada-Rosa, la especie de que Granate se jactaba +de ser deseado y requerido por l para yerno. D. Juan, que era tambin +rico y tena su cacho de orgullo, y sobre todo adoraba a su hija y crea +que el da menos pensado vendra un duque de Madrid a pedrsela, se +irrit grandemente, le llam rstico, podenco, y jur que, antes de ver +a su hija casada con semejante cafre, preferira que se quedase soltera. + +--Pues tenga cuidado, D. Juan--dijo Paco sonriendo +maliciosamente,--porque el da menos pensado se presenta en casa a +pedirle la mano de Fernanda. + +--No lo har tal--respondi el banquero.--Demasiado sabe que le echara +por la escalera abajo. + +Con estos antecedentes el terrible humorista de Lancia marchaba sobre +terreno seguro. Fuera de los tres o cuatro amigos que le ayudaron a +persuadir a D. Santos, a nadie dio parte de la intriga; pero el domingo +por la tarde, vspera del acontecimiento, lo mismo Manuel Antonio que +l, lo fueron pregonando por todos los grupos y citndose para el da +siguiente en el caf de Maran. En provincia, donde son escasos los +medios de divertirse, se toma muy por lo serio esta clase de bromas, se +preparan con fruicin, se paladean de antemano. La de Paco fue acogida +con vivo entusiasmo por la juventud laciense. La vctima no era un pobre +diablo, cmo sola acontecer, sino un ricachn. Esto le prestaba doble +atractivo. En el fondo de todos los corazones hay siempre unos granitos +de odio para el que tiene mucho dinero. Corri por el paseo la voz, y al +da siguiente se presentaron en el caf de Maran ms de cincuenta +mancebos. + +Pero no se dieron a luz en tanto que no pas Granate. El caf estaba +situado en un piso principal (por aquel tiempo no se usaban los bajos +para este destino) de la calle de Altavilla, casi enfrente de la casa de +D. Juan Estrada-Rosa. sta era grande y suntuosa, aunque no tanto como +la que recientemente haba construido don Santos. La del caf, vieja y +de ruin apariencia. El local que ocupaban los parroquianos, una sala +donde estaba la mesa del billar y dos gabinetes a los lados con algunas +mesillas de madera para el consumo, todo sucio, lbrego, sobado. Cun +lejos an los tiempos de que se estableciese en uno de los bajos de +aquella misma calle el magnfico caf Britnico, con mesas de mrmol, +espejos colosales y columnas doradas como los ms elegantes de Madrid! + +Espiando por detrs de los visillos aquella florida juventud, vida de +los goces estticos, vio pasar a Granate correctamente vestido, +balanceando su torso colosal sobre unas piernas que no lo merecan. Le +vieron entrar en casa de Estrada-Rosa y hasta oyeron el ruido del +picaporte. Nada ms. Inmediatamente se abrieron de par en par los +balcones del caf y se llenaron. Los que no tenan sitio se encaramaron +en sillas detrs de sus compaeros. Todos los ojos se clavaron en el +portal de enfrente. Esperaron cerca de un cuarto de hora. + +Al cabo la fisonoma violcea de Granate apareci de nuevo. Daba miedo. +Aquella cara pareca ya un terciopelo como si estuviese ahorcado. Las +orejas tenan el color de la sangre. A su aparicin estall una salva de +toses y estornudos y gritos y aullidos. El indiano alz la cabeza y +pase su mirada atnita por aquella muchedumbre descompuesta que le +sonrea, sin comprender la razn. Tard poco, sin embargo, en darse +cuenta de que era vctima de un bromazo. Sus ojos se clavaron entonces +feroces en el concurso, y exclam con un desprecio que nada tena de +fingido: + +--_Mndigos!_ + +Y se alej como un jabal perseguido por la jaura entre silbidos y +carcajadas, volviendo de vez en cuando la cabeza para escupirles el +mismo esdrjulo injurioso. + + + + +VI + +Las seoritas de Mer. + + +En efecto, Emilita Mateo haba logrado hacerse amar de un capitn del +batalln de Pontevedra. Le haba costado muchos das de incesante +jugueteo, un nmero incalculable de miradas provocativas, de carcajadas +sin motivo, de caprichos infantiles, de gestos mimosos y enfados +pasajeros. Haba desplegado, en suma, todas sus bateras, mostrndose a +la vez cndida y maliciosa, dulce y arisca, reservada y charlatana, +grave y retozona como una loquilla, como nia ligera e insustancial, +pero adorable. Al fin Nez, el capitn Nez, no pudo resistir a tal +graciosa mezcla de inocencia y malicia, y se repleg primeramente, y no +tard luego en rendirse. Era un hombre de cara larga, bigote y perilla, +flaco, serio, bilioso, con los ojos mortecinos y fatigados, muy exacto +en el cumplimiento de sus deberes y aficionado a dar largos paseos. Esta +clase de hombres silenciosos y disciplinados son los ms sensibles a los +encantos de la alegra y la vivacidad. Emilita le hizo suyo llamndole +cazurro y dndole pellizcos por pcaro y burln; a l, a quien haba +que sacar las palabras con tirabuzn y en su vida haba gastado la ms +sencilla chanza! + +Con este memorable suceso, la familia Mateo andaba bastante dislocada. +Jovita, Micaela y Socorro, hermanas legtimas de la afortunada doncella, +sentanse celosas y lisonjeadas a la vez. Entendan que la preferencia +de un oficial de infantera tan bizarro constitua un honor que +irradiaba sobre toda la familia y las colocaba en situacin ventajosa +frente a sus amigas o conocidas. Pero al mismo tiempo consideraban que, +siendo Emilita la ltima en edad, no le corresponda tener novio y mucho +menos casarse sino despus de sus hermanas. Eran prematuros en ella los +noviazgos, no contando ms que veinticuatro aos de edad. En cuanto a la +idea de que pudiera contraer matrimonio una criatura tan tierna y tan +informal, la misma sonrisa de sorpresa y desdn contraa los labios de +las tres hermanas mayores. As que, por ms que se desbarataban en +elogios del capitn delante de las amigas, haciendo resaltar sus prendas +fsicas, prestndole un corazn grande y heroico, certificando de su +riqueza como si se la administrasen y hablando vagamente de ciertas +influencias que le pondran ms tarde o ms temprano en la bocamanga los +entorchados de general, lo cierto es que no le perdonaban ni le +perdonaron jams su delito cronolgico. + +Por otra parte, don Cristbal, padre de aquel ngel travieso y juguetn, +qued repentinamente en posicin tan falsa que quiso volverse loco. +Luchaba su amor de padre ruda batalla con el odio a la milicia. +Avergonzbale el consentir que una hija suya diese odos a un militar +despus de haberlos llamado l tantas veces haraganes, sanguijuelas, y +haber clamado tanto por la reduccin del contingente. Con qu cara se +presentara a sus amigos de all en adelante? Pas das bien terribles. +El aborrecimiento al ejrcito y a la marina se hallaba tan profundamente +arraigado en su corazn, que no poda extinguirse de pronto. Sin +embargo, le era forzoso confesar que la conducta nobilsima del capitn +Nez lo haba mermado poderosamente. El anhelo de casar a sus hijas +gozaba tanta vida en el fondo de su ser como el desprecio de la fuerza +armada. Cunto le pesaba de haber vociferado tanto contra sta! En su +tribulacin llegaba a deplorar que Nez perteneciese al arma de +infantera. Si fuese siquiera marino, disminuira la gravedad del +conflicto. Recordaba que en sus diatribas contra el ejercito hacia la +salvedad de que era necesario conservar algunos barcos para proteger las +colonias. Lo mismo poda decirse si perteneciese a la Guardia civil. En +cuanto a las dems fuerzas de tierra, no caba disculpa ni haba medio +de salir del aprieto. + +En tan terribles circunstancias opt por encerrarse en casa. Cuando +alguna vez sala, andaba receloso y huido. Los amores de su hija se +fueron haciendo ms formales y cada vez ms pblicos. Tema las bromas. +El miedo le hizo claudicar, adoptando un proceder doble y falso, indigno +por completo de su carcter y antecedentes. Es decir que, mientras +pblicamente segua afectando desprecio hacia las fuerzas de tierra, +cuando hablaba con el novio de su hija o entre militares, lo haca con +agasajo, les preguntaba con inters por su carrera, lo mismo que si +prestasen servicios en cualquier oficina civil del Estado. Nadie +sospechara al orle enterarse tan minuciosamente del escalafn, de las +reservas y reemplazos, etc., que aquel hombre les tena jurado odio +eterno. Pero el Jubilado lleg con el tiempo a una distincin que nunca +se haba atrevido a proponer. Como militares no transiga con ellos, +los consideraba una verdadera plaga social... Ahora, como hombres, +bien podan ser dignos de estimacin, segn sus cualidades. + +Los amores de Emilita haban nacido y crecido como otros muchos en casa +de las de Mer. Eran stas dos seoritas que pasaban de los ochenta y no +llegaban a los cien aos. De todos modos, a la entrada del siglo XIX +eran ya maduras. No tenan en Lancia familia alguna. Ninguno de los +vivos recordaba a su padre, que haba muerto cuando todava eran +mocitas. Estuvo empleado en el ramo de Hacienda. Es de suponer, dada su +remota antigedad, que sera percibidor de alcabalas o de otros pechos +ya extinguidos. Del siglo XVIII, al cual pertenecan, tenan aquellas +interesantes seoritas en primer lugar el traje. Jams pudieron entrar +por las modas del presente. Una saya de cbica negra muy escurrida con +plomos por debajo para que se escurriera todava ms, talle muy alto, +manga apretada con bullones, zapatito de tabinete descotado y un tocado +inverosmil de puro extravagante: as se presentaban en todas partes. La +mantilla que usaban no era de velo, sino de sarga con franja de +terciopelo, como las usan ahora solamente las artesanas. Llevaban bastn +para apoyarse. Conservaban adems la cortesa exquisita, la ligereza de +carcter, la pasin por la sociedad y una alegra inagotable, +maravillosa a sus aos. Lo que no haban trado consigo al siglo +presente era la libertad de costumbres y la malicia que, al decir de los +historiadores, caracterizaba la sociedad del pasado. Imposible imaginar +unas criaturas ms sencillas. Como si no hubiesen atravesado por la +vida, todo les sorprenda, en todo crean menos en el mal. As que, con +frecuencia, eran vctimas de las bromas de sus amigos y tertulianos, sin +que por eso dejase ninguno de profesarles entraable afecto. Desde +tiempo inmemorial tenan costumbre de recibir en su casa por la noche a +la juventud de Lancia, particularmente a los muchachos que se placan en +asistir por la grandsima libertad que all disfrutaban. Por acuerdo +tcito todos ellos las tuteaban. Y era en verdad peregrino el or a los +chicuelos de diez y ocho aos hablar con tal familiaridad a unas +viejecitas que pudieran ser sus bisabuelas. Carmelita para aqu, Nuncita +para all, porque la ms anciana se llamaba D. Carmen y la ms joven +D. Anunciacin. + +Tres o cuatro generaciones haban pasado por aquella salita de la calle +del Carpio, modesta y aseada, con el pavimento de madera encerada, +sillas de paja, sof de damasco encarnado, cmoda de caoba atestada de +chirimbolos, espejo con marco de carey y diversos cuadritos al pastel +representando la historia de Romeo y Julieta. La tertulia de las de Mer +era la ms antigua de Lancia. Contra lo que acaece generalmente, estas +mujeres que no pudieron hallar marido tenan la mana de casar a todo el +mundo. El nmero de matrimonios que salieron acordados de aquella salita +es incalculable. En cuanto advertan que un muchacho se acercaba a +cualquier muchacha ms que a las otras, ya estaban nuestras seoritas +preparando los hilos para unirlos con lazo indisoluble; ya no consentan +que nadie se sentase en la silla que estaba al lado de Fulanita para que +cuando Menganito viniese la hallase aparejada y no tuviese ms que +sentarse. Y vengan a Fulanita elogios desmesurados de Menganito, y vayan +a Menganito relaciones minuciosas de los primores que Fulanita ejecuta +con la aguja y lo econmica y hacendosa que es y lo piadosa y lo limpia. +Y escpense ms adelante a casa de la mam de Fulanita para celebrar +conferencias largas, ntimas, trascendentales, y procuren enseguida +tropezarse con el pap de Menganito y desplieguen todas sus dotes +diplomticas para explorarle el corazn. Y por premio de estos sudores +reciban, al cabo, un cartuchito de dulces el da de la boda. + +Pero todas las madres de nias casaderas las adoraban, no se hartaban de +bendecirlas y adularlas. Saludbanlas de media legua, y al salir de la +iglesia se apresuraban a ofrecerles el brazo para que se apoyaran. En +cambio, las que tenan algn hijo varn en edad de casarse solan +mirarlas con recelo y antipata, las llamaban por lo bajo chochas y +entremetidas. No hay necesidad de indicar, por lo tanto, que su pasin +casamentera les cost no pocos disgustos. Cuando algn lechuguino senta +brotar en su pecho la llama del amor, lo primero que haca era +mostrrsela a las de Mer. + +--Carmelita, estoy enamorado. + +--De quin, corazn, de quin?--preguntaba la anciana con vivo inters. + +--De Rosario Calvo. + +--Aj! Buen gusto ha tenido el picarn. No hay chica ms guapa ni mejor +educada. Habis nacido el uno para el otro. + +Y por un rato el zagalillo tena el placer de escuchar el panegrico de +su adorada. + +--Espero que me protegers. + +--Todo lo que t quieras, mi alma. + +Al cabo de pocos das, Rosario Calvo, que no haba puesto los pies en su +vida en casa de las de Mer, apareca por all y era tertuliana asidua. +Cmo se haban arreglado aqullas para atrarsela? No es fcil +averiguarlo, pero tantas veces haban llevado a trmino ya empresas +anlogas, que de seguro posean una receta simple y segura. + +Encaribanse con sus amigos como si fuesen prximos deudos todos. +Contbanse de ellas rasgos de abnegacin que las honraba extremadamente. +Durante la furiosa reaccin del ao 1823, uno de sus tertulios, teniente +de caballera, se refugi, despus de cierta intentona abortada, en su +casa. Las seoritas le recibieron y le ocultaron algunos das, y al cabo +lograron que se evadiese disfrazado con el traje de un criado. Pero +teniendo noticia de que iba la polica a registrarles la casa, pensaron +con terror en el uniforme del teniente. Dnde guardarlo que no diesen +con l? Carmelita, en aquellos instantes crticos, tuvo un rasgo de +ingenio y bravura. Se visti el uniforme debajo de sus ropas de mujer. +Por cierto que este teniente se port con ellas con bastante ingratitud. +No tuvo en su vida diez minutos para escribirles una carta dndoles las +gracias. + +No fue la nica que hubieron de sufrir por parte de sus tertulios. +Acostumbraban stos aprovecharse de su amabilidad cuanto podan; +recrebanse en su casa, gozaban de la compaa y conversacin de las +jvenes ms bellas de Lancia, concertaban algunos su matrimonio, y luego +que lo realizaban, o porque sus negocios o su edad les impedan asistir +a la tertulia, si te vi, no me acuerdo; apenas las saludaban en la +calle. Lo mismo puede decirse de las mamas, tan rendidas y aduladoras +antes de casar a sus hijas, y tan despegadas as que lo conseguan. Pero +tales flaquezas no alteraban el buen humor de aquellas benditas ni +destruan su optimismo. Como se estaban renovando sin cesar los +asistentes a su casa, olvidaban la ingratitud de los antiguos para +pensar tan slo en el aprecio que les tributaban los nuevos. Adems, en +sus corazones no caba rencor, ni siquiera hostilidad; las bromas no las +ofendan. Y cuidado que algunas eran bien pesadas! La que les dio Paco +Gmez en cierta ocasin hizo raya: an se cuenta con regocijo en Lancia. + +No todas las noches de invierno iban damas a la tertulia. Generalmente +asistan los sbados y los mircoles. Pero haba un grupo de muchachos +que casi nunca dejaban de hacerles un rato de compaa a primera hora, +aunque despus se marchasen a otras casas. Uno de ellos era Paco Gmez. +En estas noches de soledad se formaba generalmente un partido de +_brisca_. Paco iba de compaero con Nuncita y el capitn Nez, o Jaime +Moro, o cualquier otro muchacho con Carmelita. Paco una noche se doli +de que las seas que se hacan durante el juego fuesen tan vulgares y +conocidas: era imposible hacerlas pasar inadvertidas para los +contrarios. Entonces, de acuerdo con el otro, propuso cambiarlas. l +enseara unas a Nuncita, y el contrario otras a Carmelita. Las nuevas +seas fueron todas ademanes obscenos, de esos que no se ven ms que en +las tabernas y lupanares. Aquellas inocentes mujeres las aceptaron sin +saber lo que hacan y se sirvieron de ellas con la mayor desenvoltura. +As que pasaron algunos das, y estaban perfectamente avezadas a +usarlas, Paco invit una noche a muchos de los tertulios a presenciar el +juego. Result una escena de cmico subido. Cada vez que cualquiera de +las dos seoritas haca una sea, haba una explosin de alegra. Pues +bien, apesar de lo brutal y desvergonzado de la broma, las bondadosas +seoritas, en vez de ponerle de patas en la calle y cerrarle la puerta +para siempre, se contentaron al saberlo con hacerse cruces de sorpresa y +rerse como los dems. + +--Santo Cristo bendito de Rodillero, quin lo dira! Tantos pecados +como hemos cometido sin saberlo! + +--Pues yo no los confieso--exclam Nuncita con resolucin. + +--Los confesars, Nia--expres gravemente la primera. + +--Que no. + +--Nia! + +--Que no quiero. + +--Silencio, Nia! Los confesars y tres ms. Maana mismo te llevar a +Fray Diego. + +Nuncita protest todava sordamente, como una chica mimosa, hasta que +las miradas severas de su Hermana mayor la hicieron callar. Pero todava +estuvo buen rato enfurruada. A veces, sin saber por qu, se mostraba +dscola y rebelde en sumo grado. Necesitaba Carmelita hacer gala de toda +su autoridad para someterla. Mas, ordinariamente no suceda as. Aunque +no le llevase ms de tres o cuatro aos, Nuncita, por la costumbre +adquirida, por debilidad de carcter, o por ventura porque no le +disgustaba aparecer ms joven en presencia de la gente, reconoca la +jefatura de su hermana y la obedeca con una sumisin que envidiaran +las madres para sus hijas. Pocas veces tena necesidad de reprenderla, +pero cuando lo haca, Nuncita bajaba la cabeza y al poco rato se la vea +llevarse el pauelo a los ojos y salir de la sala, mientras Carmelita +segua sus movimientos con mirada fija, sacudiendo al mismo tiempo la +cabeza severamente. Poco faltaba para que la castigase dejndola sin +postre o mandndola a la cama. Por tales razones y porque Carmelita as +la llamase con frecuencia, D. Nuncia, que pasaba algo de los ochenta, +era conocida en Lancia por el sobrenombre de la Nia. + +En los amores de Emilita Mateo se portaron ambas hermanas heroicamente. +El capitn Nez fue bloqueado en toda regla. Por espacio de un mes lo +menos, y hasta que le vieron bien encarrilado, ni una silla le dejaron +libre ms que la que estaba prxima a la ms joven de las chicas de D. +Cristbal. En el juego de la lotera, al cual se entregaba con pasin +desordenada aquella sociedad, Nuncita se encargaba, sin que nadie se lo +pidiese, de buscarles cartones que fuesen combinados. Cuando se referan +al oficial de Pontevedra y a Emilita hablaban como de una sola persona. +Tan unidos y compactos los apreciaban ya. + +Servicios a tal extremo importantes los pagaba el Jubilado con una +gratitud que le rebosaba del alma y le sala por los ojos. De buena gana +se prosternara ante ellas y les besara la orla del vestido de cbica. +Pero su dignidad y aquella larga serie de diatribas contra el ejrcito +que llevaba colgadas a los pies como grilletes, le impedan estas y +otras manifestaciones. Ni siquiera tena el consuelo de poder mostrarse +alegre cuando aquel pundonoroso militar acompaaba a su nia en el +paseo. Pero ya se sabe que las seoritas se preocupaban muy poco de la +gratitud de sus tertulios. Los casaban por vocacin irresistible de su +espritu, por una necesidad de su organismo, como teje la araa la tela +y cantan los pjaros en el bosque. Una vez enlazados por el vnculo +matrimonial, los tertulios, lo mismo hombres que mujeres, perdan todo +su atractivo para las seoritas de Mer. Su atencin se concentraba +inmediatamente en los nuevos pollastres que venan piando a cobijarse +bajo sus alas protectoras. + +Quien les caus una serie de decepciones y amarguras, que a poco dan con +ellas en el sepulcro, fue el conde de Ons. En su vida haban tropezado +con un hombre ms incomprensible. Lo que las pobres sudaron para +meterle en vereda, en la florida vereda de Himeneo! Pero aquel diablo se +les resbalaba por entre los dedos como una anguila. Mostrbase durante +algunas noches tierno y amartelado con Fernanda; no se apartaba de ella +el canto de un duro. Las miradas de las dos hermanas se posaban sobre +ellos con visible enternecimiento; procuraban con ahnco que nadie fuese +a interrumpirles; poco les faltaba para mandar a los dems que bajasen +la voz a fin de que no les molestase el ruido. Pues bien, +repentinamente, cuando menos poda pensarse, el conde cometa el absurdo +de alzarse distradamente de la silla, bostezar y marcharse a hacer +solitarios a un rincn de la mesa. Por su parte Fernanda caa en +idnticas flaquezas, ponindose a charlar animadamente con el chico del +regente de la audiencia sin dirigir una mirada a su novio. Carmelita y +Nuncita quedaban aterradas cuando esto suceda, se iban a la cama, presa +de la mayor consternacin. + +Despus del rompimiento definitivo, y cuando al cabo se convencieron de +que la ventura de realizar tan sublime matrimonio no estaba reservada +para ellas, humillaron un poco su ambicin y prestaron auxilio a +Granate, que haca mucho tiempo lo demandaba con instancia. Tambin por +este lado la suerte impa les hiri cruelmente. Fernanda rechazaba con +irritacin cualquier palabra suasoria que le dirigiesen en favor del +indiano. Si observaba que las seoritas tenan dispuestas las sillas de +modo que resultase aqul sentndose a su lado, en un instante destrua +su combinacin yndose con ademn displicente al extremo opuesto. Al +formarse las partidas de _brisca_ o de _tute_ no consenta que se lo +diesen por compaero so pena de renunciar al juego. En fin, que estaba +tan alerta y sobre s que era imposible atacarla por ningn lado. No +obstante, las de Mer persistan en su proyecto y trabajaban por +llevarlo a cabo con paciencia; que es la garanta ms segura para dar +cima a las grandes empresas. + +Algunos das despus de la guasa de Paco Gmez se hallaban en la famosa +tertulia, a ms de tres o cuatro pollastres, el mismo Paco, Manuel +Antonio, D. Santos, el capitn Nez, D. Cristbal, Fernanda, Mara +Josefa Hevia y dos de las chicas de Mateo. No se pensaba todava en +jugar. Todos estaban sentados menos Paco, que daba vueltas por la sala +contndoles la broma que haba dado la otra noche en el teatro a Mann, +el mayordomo de Quiones. Desde que ste haba quedado paraltico, su +famoso acompaante andaba sin sombra por la ciudad. Mas, por la gran +confianza que su amo le otorgaba, los tertulios de D. Pedro le guardaban +consideraciones, y apesar de la rusticidad de su trato y del traje +campestre que llevaba, cuando le tropezaban en la calle le abrazaban +familiarmente, le convidaban a entrar en el caf y a veces le llevaban +al teatro. Mann para aqu, para all: el grosero aldeano se haba hecho +famoso no slo en Lancia, sino en toda la provincia. Aquel calzn corto, +aquella media blanca de lana con ligas de color, chaqueta de bayeta +verde y sombrero calas, le daban un aspecto original en la ciudad, +donde por milagro se vea ya un hombre con este arreo. Era una de las +cosas que ms sorprendan a los forasteros, sobre todo vindole alternar +en cierto pie de igualdad con los seores de la poblacin. No slo por +respeto al maestrante, sino porque les haca mucha gracia las salidas +brutales de Mann, stos se perecan por llevarle en su compaa. +Adems, Mann era un clebre cazador de osos, con los cuales se deca +que haba luchado algunas veces cuerpo a cuerpo. Los aficionados a tal +clase de ejercicio le profesaban por esto respeto y simpata. Sin +embargo, los enemigos que el mayordomo tena all en su aldea +aseguraban, riendo sarcsticamente, que lo de los osos era una farsa, +que en su vida los haba visto, cuanto ms luchar con ellos. Aadan que +Mann haba sido siempre un zampatortas hasta que D. Pedro haba tenido +el capricho de sacarle de la oscuridad. La imparcialidad nos obliga a +estampar esta opinin, que desde luego suponemos infundada. Hay que +confesar, no obstante, que la conducta de Mann, ofreciendo repetidas +veces a sus amigos llevarles a cazar el oso, sin que jams cumpliera la +promesa, la prestaba cierta verosimilitud. Pero el profesar respeto a la +salud e integridad de los osos de su pas es acaso motivo suficiente +para arrojar a un hombre a la cara el calificativo de zampatortas? Nadie +osar afirmarlo. Ms lgico es suponer que el clebre Mann era, como +todos los hombres que logran sobreponerse a la multitud, vctima de las +asechanzas de la envidia. + +Refera Paco, con el desenfado procaz que le caracterizaba y del que no +prescinda ni aun hallndose entre damas, cmo haba llevado a Mann al +palco proscenio que con otros amigos tena abonado en el teatro. El +mayordomo no haba visto jams bailarinas. Al presentarse stas en +escena le hizo creer que traan las piernas desnudas. Mann qued +escandalizado, fijando en ellas sus ojos, donde se pintaba el asombro y +la indignacin. Pues an no has visto lo mejor; aguarda, aguarda un +poco! Al comenzar la orquesta a tocar, las bailarinas hacen chasquear +los palillos, y dando una vuelta levantan todas la pierna a la altura de +la cabeza. Sollo! exclama el pobre tapndose la cara con las manos. +Dios sabe lo que pens que iba a ver! + +Paco narraba el lance con naturalidad, paseando de un cabo de la sala, +la cabeza baja y las manos metidas en los bolsillos del pantaln. Las +jvenes tertulianas se creyeron en el caso de ruborizarse. Todos rean +menos Granate, que an tena en el corazn la broma del da pasado. +Desde su rincn, donde estaba como un oso aletargado, dirigale miradas +torvas, agresivas. Qu haba pasado en casa de Estrada-Rosa cuando el +indiano fue a ella en demanda de la mano de la seorita? Ni a D. Juan ni +a su hija se les pudo sacar una palabra; pero cierta doncellita enter a +todo el mundo de que D. Juan haba rehusado en trminos desdeosos, que +Granate hizo ostentacin de sus millones y aun se autoriz el manifestar +que Fernanda no encontrara un matrimonio ms ventajoso. Entonces D. +Juan se incomod, le llamo zngano y lo despidi con cajas destempladas. +Paco, cada vez que sorprenda una de aquellas miradas furibundas, +sonrea y haca guios a Manuel Antonio. + +--Oye, Carmela--dijo parndose frente a un cuadrito pintado al +leo,--dnde habis comprado este San Juan? + +--Jess! seor--exclam Carmelita,--no es un San Juan, que es un +Salvador, mralo cmo se re el pobrecito! + +--Ah! es un Salvador. En qu se distinguen? + +Las seoritas de Mer, al escuchar tal pregunta, quisieron volverse +locas de alegra. Se les caan las lgrimas de risa. + +--Ay, qu Paquito! Ay, qu corazn!... No distingue un San Juan de un +Salvador! + +Y re y que te re. Haca muchos aos que no haban odo nada tan +gracioso. Cuando hubieron sosegado un poco y se limpiaron las lgrimas y +se sonaron estrepitosamente con un pauelo de hierbas, Paco, que gozaba +vindolas tan alegres, les pregunt: + +--Pero vamos, cundo lo habis comprado, el Salvador, que yo no lo he +visto hasta ahora? + +--Estaba en el cuarto de Nuncia, mi alma; pero all no estaba bien, +porque tropezaba la cama en l, y lo hemos trado. + +--Se lo regal a Carmela, cuando viva pap, un pintor de Madrid que +pas aqu unos das--dijo Nuncita. + +--Eras t joven?--pregunt gravemente Paco dirigindose a Carmelita. + +--S, muy jovencita. + +--El pintor tena fama? + +--Mucha. + +--Entonces ya s quin era, Murillo. + +--No; me parece que no se llamaba as. + +--Entonces sera Velzquez. + +--Ese nombre ya me suena ms. Era hombre mozo, muy corts y muy galn, +verdad, Nuncia?... A t me parece que te hizo algunas carantoas... + +Nuncita baj los ojos ruborizada. + +--Quin se acuerda de eso ya? + +--Era muy enamoradizo--prosigui Carmelita;--pero al mismo tiempo bien +criado y bien entendido... + +--Enamoradizo dijiste? Justo, no puede ser otro que Velzquez. + +--No se llamaba Velzquez; se llamaba Gonzlez--apunt tmidamente +Nuncita. + +Y despus de decirlo volvi a ruborizarse. + +--Eso es, Gonzlez!--exclam su hermana haciendo memoria. + +--Bueno, es igual, sera un contemporneo suyo, de la buena raza de +pintores del siglo XVII--manifest Paco sin turbarse por las carcajadas +de los tertulios, que se espantaban de la inocencia de aquellas pobres +mujeres. + +--Conque te ha hecho la corte a ti, Nia?--prosigui cogiendo con dos +dedos cariosamente la barba de Nuncita.--Me parece que t debiste de +haber sido muy torerita, verdad, Carmela? + +--Fue un poco tentada de la risa. + +--Carmela, por Dios, que estos seores van a creer que he sido una +coqueta!--exclam con angustia la Nia. + +--No creeran ms que la verdad, chica--dijo Paco.--Ya no te acuerdas +que has dado odos a un procurador eclesistico llamado don Mximo, y +despus que ste se iba de tu casa hablabas con el teniente Paniagua por +el balcn? + +Nuncita sonri con enternecimiento al recuerdo de aquellos tiempos, y +repuso bajando los ojos con graciosa timidez: + +--D. Mximo vena a casa todos los das, pero nunca me requiri de +amores. + +--Qu amores ni qu calabazas!--exclam Paco.--Di t que quien te +gustaba de verdad era el teniente, y concluirs ms pronto. + +--Conque ha estado usted enamorada de un militar?--pregunt con +graciosa volubilidad Emilita, dirigiendo al mismo tiempo una mirada +provocativa a Nez.--Pues ha tenido usted bien mal gusto. + +El Jubilado se puso repentinamente serio y se le erizaron los bigotes de +terror ante aquella salida de su hija; pero se tranquiliz +inmediatamente al observar que el capitn, en vez de darse por ofendido, +la pagaba con una sonrisa amorosa y lo echaba a broma como todos los +dems. + +--No es ella sola la que ha tenido ese mal gusto--expres con marcada +intencin Carmelita, muy alegre de haber encontrado aquel rasgo de +ingenio. + +--Y quin era ese teniente?... Algn trasto... cmo si lo +viera!...--torn a preguntar Emilita con la misma adorable ligereza. + +--Alto, alto, Emilia!--manifest Paco.--Paniagua era teniente de los +tercios de Flandes y muy bizarro. + +--No, corazn, no--se apresur a rectificar Nuncita,--que era de la +guardia real. + +--No era arcabucero? + +--No, mi alma; de la guardia real te digo. + +D. Cristbal disimulaba la risa con un flujo de tos. Manuel Antonio y +los pollastres rean descaradamente. + +--Paniagua era hombre muy notable--prosigui Paco.--Posea esa decisin +que tan bien sienta a los militares. El mismo da que lleg vio a Nuncia +por la maana al balcn. Por la tarde le entreg en el prtico de San +Rafael, al salir de la novena, un billete de declaracin, que empezaba: +Seorita: Entre confuso y medroso, y dudando si en gracia de lo rendido +me perdonar usted lo osado, confieso que mi nico delito consiste en +amar a usted... + +--Qu picarn! cmo lo recuerda!--exclam Nuncita, enternecida de +verdad. + +Lo cierto era que Paco, a quien la Nia, despus de muy rogada, haba +mostrado las cartas que conservaba de Paniagua, se haba aprendido de +memoria aquel originalsimo documento y lo recitaba en todas partes para +regocijo de sus amigos. + +--Eso se llama un hombre resuelto. As se manifiesta el carcter de la +persona. Qu diferencia de los militares de hoy, que antes de +declararse a una muchacha la pasean un ao la calle y luego tardan otro +en decir: Nia, cundo nos vamos a la vicara? + +Pronunci estas palabras mirando al rincn donde estaban Emilita y el +capitn. ste recogi la alusin y se puso serio. La chica se hizo la +distrada, pero agradeciendo mucho a Paco en el fondo de su corazn el +capote, mientras el Jubilado se atusaba el bigote con mano temblorosa, +temiendo que Nez se enfadara, pero alegre al mismo tiempo por la +esperanza de que estos capotazos oportunos le sacaran de su atona. + +Cansados de platicar, los pollastres propusieron jugar un ratito a las +prendas. Es un juego donde los hombres de criterio siempre pescan algo. +Fernanda consinti en que Granate se sentase a su lado. Los guios de +Paco, que haba sorprendido, le haban hecho mal efecto. Era una +criatura muy orgullosa, pero en la cual se hallaba arraigado el +sentimiento de justicia. No poda sufrir que se burlasen en su +presencia de nadie, aunque fuese del ser ms nfimo y despreciable. +Poda decirse que el sentimiento de la dignidad, que era en ella tan +delicado y vidrioso, la haca sentir las heridas causadas en la de los +otros con ms viveza. Aunque aborreca a Granate, la molestaba que se le +mortificase en su presencia, sobre todo si era por su causa; sin +perjuicio, por supuesto, de que ella le diese a cada momento +descomunales desaires; pero entenda, y no le faltaba razn, que los +desdenes de la mujer que se ama, si causan dolor, no resqueman como las +burlas. El indiano, que se vio tan honrado, no caba en s de gozo, y +comenz con voluntad excesiva y la ordinariez que le caracterizaba a +prodigarle mil atenciones. Fernanda las recibi con semblante grave, +pero sin repugnancia. + +Y vino, como es natural, aquello de las tres veces s y tres veces no, +el contentar a todos los presentes, un favor y un disfavor, etc., +etc. La sociedad se recreaba con lo que se haban recreado sus padres y +sus abuelos, y con lo que pensaban que se recrearan sus hijos. +Inocentes! Haba all un espritu, sin embargo, que no mereca este +calificativo. Paco Gmez jugaba con una condescendencia displicente, +como hombre que se adelantaba mucho a su poca, cometiendo mil torpezas +y desaciertos que demostraban la distraccin que caracteriza a los +seres superiores. En cambio, Nez tena puestos los cinco sentidos. No +se vio jams hombre ms erudito en aquellas materias ni que las tratase +con ms profundidad. Su inteligencia lcida haba penetrado en todos los +secretos del juego de prendas y saba sacar de cada uno el partido +posible, extraer todo su jugo, segn pedan las circunstancias. Por +ejemplo, cuando una seorita deba contentarle, quedaba sordo +instantneamente. La joven se vea obligada a inclinarse ms y ms, +hasta que sus labios de carmn rozaban la oreja del capitn. Si quedaba +condenada a hacer el papel de esquina de la Puerta del Sol y, por +consiguiente, a sufrir que le pegasen carteles en la cara, que se +recostasen contra ella, etc., etc., el profundo Nez no soltaba la +presa en tanto que no pasease las manos por todas las regiones de su +cuerpo. Pero cuando dio ms claras muestras de su talento portentoso y +de los vastos conocimientos que haba logrado adquirir en aquel ramo del +saber, fue al proponer que la seorita a quien acertase lo que tena en +el bolsillo quedase obligada a darle un beso. Tal seguridad tenan todas +de que nada conseguira, que no vacilaron en aceptar la proposicin. +Err, efectivamente, al vaciar con el pensamiento el bolsillo de +Carmelita, err con Fernanda, con Mara Josefa, con Micaela, y miren +qu diablo! fue a acertar precisamente con Emilita. Unas tijeras, un +pauelo, un dedal y tres caramelos. La nia se puso a gritar batiendo +las palmas, toda nerviosa: Trampa, trampa! El capitn, sereno, +apacible, grandioso como un hroe de la antigedad, rechaz aquella +imputacin y demostr hasta la saciedad que all no caba trampa alguna. + +--...A no ser--aadi sonriendo mefistoflicamente--que estuviera usted +convenida conmigo para dejarme ver de antemano lo que tena en el +bolsillo. + +La nia protest an ms ruidosamente contra esta hiptesis indecorosa, +se puso agitada hasta un grado incomprensible y, levantndose con +viveza, corri al extremo opuesto de la sala, lo ms lejos posible del +capitn, como si ste fuese a tomar por la fuerza lo que de derecho le +corresponda. Hubo quien se puso de parte de ella (las mujeres) y quien +tom partido por l (casi todos los hombres). Armose en la sala un +zipizape de mil demonios. Todos hablaban, rean, chillaban sin acabar de +entenderse. Pero la que ms gritaba y gesticulaba era, como es fcil de +comprender, la interesada. Sin embargo, don Cristbal, viendo que +aquello llevaba trazas de no concluir, y queriendo dejar a salvo la +formalidad de su progenie, intervino en la disputa como un dios +majestuoso que extiende la diestra para calmar las olas del mar +embravecido. + +--Emilita--pronunci con firmeza,--juego es juego. Dale un beso a ese +caballero. + +Advirtase que no dijo al capitn, ni siquiera a ese seor oficial. +Todava sus labios civiles repugnaban dejar paso a una palabra de orden +exclusivamente militar. + +--Pero pap!--exclam la hija menor, roja ya como una amapola. + +--Vamos!...--profiri con la diestra extendida y en la actitud ms +imperativa que pudo adoptar jams un dios jubilado. + +No hubo ms remedio. Emilita, confusa y avergonzada, con las mejillas +convertidas en dos brasas, se acerc vacilante al heroico capitn de +Pontevedra, frtil en toda clase de astucias, y le roz con el carmn de +los labios la tierra amarillenta de sus mejillas. + +Mas hete aqu que, apenas lo hubo efectuado, salt hecha un basilisco +Micaela, la ms irascible de las cuatro nereidas que nadaban en las +profundidades de la morada del Jubilado: + +--Qu desvergenza!... Esos no son juegos decentes, sino suciedades... +No me extraa de Nez, porque los hombres a qu estn? Me extraa de +t, Emilita... Me parece que un poco ms de pudor y vergenza no te +vendran mal... Pero cmo la has de tener si los que tienen obligacin +de ponrtela son los primeros en empujarte a lo malo!... + +Aquella sangrienta diatriba contra el autor de sus das dej a ste +plido y clavado al suelo. Hubo un instante de silencio embarazoso. Una +nota tan destemplada les sorprendi. Sin embargo, todos se apresuraron a +defender a Emilita y a protestar de la pureza y la perfecta inocencia de +tales juegos. El argumento que ms se repeta, y el que a todos les +pareca incontrastable, era que, no habiendo malicia, aquello no vala +nada, porque lo importante en estos asuntos es la intencin. El beso ha +sido dado con intencin?--deca uno de los pollastres ms +dialcticos.--No? Pues entonces como si no se hubiera dado. Nez +asenta gravemente, un poco amoscado y mirando de reojo a su futura +cuada. Pero sta no se renda a demostraciones tan evidentes y se +obstinaba en pedir, cada vez con mayor violencia y ms altas voces, un +poco de vergenza para su hermana menor y unas migajitas de sentido para +su seor padre. Mas como al cabo nadie se presentaba con estas cosas en +la mano a satisfacer sus votos, no tuvo otro remedio que ir bajando el +diapasn, hasta que al fin sus colricas protestas se fueron +trasformando poco a poco en murmullo sordo y amenazador como el de los +truenos lejanos. Y la tertulia recobr su dulce sosiego habitual. + +Pero qued suspendido por aquella noche el juego de prendas. Nuncita, de +quien casi siempre partan las grandes ideas, propuso que se jugase a +_la boba_. No se sabe por qu, pero es lo cierto que este juego posea +particulares atractivos para la menor de las seoritas de Mer. Es +indecible lo que se placa la ex-novia del teniente Paniagua cuando +lograba encajar _la boba_ a alguna de sus tertulianas, la ansiedad y +desasosiego que se apoderaba de ella cuando la tena en su poder y no +lograba soltarla. Paco Gmez tom la baraja y sac las tres sotas; pero +sabiendo la debilidad de Nuncita y queriendo, segn su temperamento, +mortificarla un poco, hizo una seal a la que quedaba, y luego la fue +manifestando al odo a algunos de los tertulios. Resultado de esto fue +que _la boba_ iba casi siempre a parar a manos de la Nia, y all se +atascaba, sin que apesar de todos sus esfuerzos consiguiese desprenderse +de ella. Con esto, apesar de su apacible natural, se fue impacientando +poco a poco. La tertulia rea y ella tambin, pero ms con los labios +que con el corazn. Al fin, en un momento de clera ech a rodar las +cartas y declar que no jugaba ms. Carmelita, al ver aquel acto de +descortesa, intervino severamente, como siempre que se desmandaba. + +--Qu arrebato es se? A qu conduce esa tontera? Qu dirn estos +seores?... Dirn, con motivo, que no tienes educacin, y que en +nuestra familia no ha habido quien hubiera sabido ensearte... A ver si +coges las cartas ahora mismo! + +--No quiero. + +--Qu, qu dices, necia? T, t, t eres tonta!... Se habr visto una +criatura ms dscola?... Co... co... coge las cartas enseguida... + +La clera la haca tartamudear, saliendo de su boca desprovista de +dientes unos ruidos extraos. + +--Hum!--gru Nuncita, torciendo el hocico con mueca de mimo. + +--Nia, no me enfades!--grit su hermana mayor. + +--No quiero, no quiero!--repiti aquella criatura indmita con +decisin. + +Y al mismo tiempo se levant de la silla y arrastrando los pies se fue a +refugiar en el gabinete. + +Mas su hermana la sigui inmediatamente en la actitud ms severa y +autoritaria que puede nadie imaginarse, dispuesta a corregir aquel +principio de rebelin, que con el tiempo podra traer funestas +consecuencias. Oyose rumor de disputa, sobresaliendo la voz spera, +irritada, de Carmelita; luego aquella voz se fue dulcificando, +hacindose persuasiva, razonadora, reprendiendo con suavidad. Lleg +asimismo a los odos de los tertulios el eco de un sollozo. Por ltimo, +al cabo de buen rato se present de nuevo Carmelita, arrastrando los +pies todava ms que su hermana, con los ojos resplandecientes de +autoridad y el ademn majestuoso que conviene a los que necesitan dictar +leyes a los seres que la Providencia les ha confiado. Detrs vena la +Nia avergonzada, sumisa, con las mejillas inflamadas y los ojos +llorosos. Sentose otra vez a la mesa y, sin osar levantar los ojos a su +hermana mayor, que la miraba an con cierta dureza, tom humildemente +las cartas y se puso a jugar. Pues bien, este ejemplo conmovedor de +respeto y de sumisin, en vez de impresionar gravemente a los +circunstantes, provoc en casi todos una sonrisa de burla, y en algunos +de ellos algunas inoportunas carcajadas que a duras penas lograron +sofocar. + +Sin embargo, el juego no dur mucho tiempo. Acercbase la hora de +diseminarse aquella escogida sociedad. + +--Mara Josefa, hoy he visto a tu ahijada en el paseo--dijo Paco Gmez, +mientras barajaba distradamente las cartas.--La he dado un beso. Est +cada da ms guapa... Cunto tiempo tiene ya? + +--Pues saca la cuenta. La hemos bautizado en Febrero... Dos meses y +medio. + +--Iba con su madre?--pregunt Manuel Antonio sonriendo de un modo +particular. + +--No. A su madre la he encontrado despus en Altavilla y he echado un +prrafo con ella--respondi gravemente y con afectada naturalidad. + +La mayor parte de los tertulios le miraban sonrientes con expresin de +malicia reservada que sorprendi a Fernanda. Slo las dos seoritas de +Mer y Granate permanecieron impasibles, sin darse cuenta de lo que se +hablaba. + +--Pero a qu ahijada de usted se refiere, a la nia recogida por los de +Quiones?--pregunt en voz baja la heredera de Estrada-Rosa a Mara +Josefa. + +--S. + +--Entonces?... Cmo hablan de su madre? + +--Porque esos dos tienen una lengua muy mala. Dios nos libre de +ella!--repuso la solterona sonriendo tambin con alegra maliciosa, +mirando al mismo tiempo a la joven con la benevolencia condescendiente +con que se mira a las criaturas inocentes. + +--Pero quin suponen que es su madre? + +--Quin ha de ser? Amalia... Silencio!--dijo apresuradamente, bajando +ms la voz. + +Qued estupefacta. Para ella era la noticia tan nueva, tan sorprendente, +que por unos instantes estuvo mirando con ojos pasmados a su amiga como +si no hubiese odo. En el estupor que le causaba, no oy las primeras +palabras de Paco. Slo se hizo cargo al concluir de que estaba loando +con calor la belleza de la nia. + +--Tiene a quien parecerse--murmur el marica de Sierra con la misma +intencin maligna.--Ya ves... su madre... Y su padre!... Su padre se +cae de buen mozo. + +Fernanda, picada repentinamente por vivsima curiosidad, una curiosidad +insana que la puso agitada y anhelante sin saber por qu, se inclin +otra vez hacia Mara Josefa, y metindole la boca por el odo, le +pregunt con voz alterada: + +--Pero quin es su padre? + +La solterona se volvi hacia ella y le clav una mirada donde se +trasluca junto con la sorpresa la misma indulgencia compasiva. + +--Pero de veras no sabes?... + +La joven hizo signo negativo. Y al mismo tiempo se sinti embargada por +terrible emocin. Una corriente de aire fro atraves su ser interior +repentinamente. Qued plida, pendiente de los labios de Mara Josefa, +como si de ellos esperase la salud o la muerte. Aqulla advirti bien su +turbacin, y dijo despus de mirarla un instante fijamente: + +--No te lo digo... Para qu?... Acaso sea todo una calumnia. + +Fernanda se repuso instantneamente. + +--Est bien--respondi haciendo un gesto de displicencia.--Clleselo. +Despus de todo, a m qu me importa todo eso? + +Este gesto hiri a la solterona, que se apresur a decir con aguda +sonrisa: + +--Pues precisamente porque a t te importa es por lo que temo decrtelo. + +--No entiendo... + +Mara Josefa se inclin hacia ella y le dijo: + +--Porque dicen que el padre de la criatura es Luis. + +Como ya antes haba sentido la pualada, Fernanda qued impasible y +pregunt con indiferencia: + +--Qu Luis? + +--El conde, muchacha. + +--Y por qu me ha de importar a m que sea Luis el padre? + +Mara Josefa qued un poco desconcertada. + +--Como ha sido tu novio... + +--Pero como ya no lo es!--replic encogindose de hombros +desdeosamente. + +Y se puso a hablar con Granate, que tena del otro lado. Aquella +indiferencia era pura comedia que su orgullo lograba representar. Una +tristeza inexplicable y penetrante cay sobre su alma y la invadi por +completo, sin dejarle fuerzas para pensar ni para hacer nada. Si Granate +no fuese un animal, hubiera comprendido enseguida que la sonrisa con que +acoga sus barbarismos y barbaridades era una verdadera mueca sin +expresin alguna, y que los monoslabos y respuestas incoherentes que +dejaba escapar de sus labios denunciaban bien claramente que no le +escuchaba a l, sino a Paco Gmez, Manuel Antonio y los dems que +seguan charlando de la nia expsita. + +Con qu inters ardiente recoga todas las palabras que se cambiaban +entre aquellos maldicientes! Y a medida que iban ponindole en claro el +suceso y que iban acumulando pormenores, entreverando frases burlonas y +reticencias de efecto cmico, su corazn se apretaba, se apretaba poco a +poco, como si todos ellos lo fuesen oprimiendo entre sus manos, uno +despus de otro, para hacerle dao. Pero su rostro permaneca impasible. +Ni la ms leve contraccin acusaba el dolor que la morda. + +La tertulia se deshizo a las doce, como siempre. Fernanda sinti gran +consuelo al respirar el aire fro y hmedo de la noche. Tena ansia de +quedarse a solas con su pensamiento y darse cuenta cabal de lo que +acababa de aprender. + +Haba llovido mucho. Las calles, empedradas de grueso guijarro, +resplandecan a la luz de los reverberos. Al salir de la casa unos +tomaron por la calle abajo; otros, entre ellos Fernanda, hacia arriba en +direccin a la plaza. Pocos pasos haban dado cuando sintieron el +estrepitoso trotar de unos caballos que doblaban en aquel instante la +esquina y bajaban hacia ellos. + +--Ah est el barn y su criado--dijo Manuel Antonio. + +Era la hora, en efecto, en que el excntrico barn de los Oscos sala a +dar su paseo habitual por las calles de Lancia. Su famoso caballo las +desempedraba haciendo cabriolas, levantando tal estrpito que, aun +siendo el corcel de su criado mucho ms paciente, pareca que atravesaba +la ciudad un escuadrn. Al cruzarse con los tertulios, Manuel Antonio, +con el desparpajo que le caracterizaba, grit: Buenas noches barn. +Pero ste volvi hacia ellos el rostro espantable, los mir fijamente +con sus ojos encarnizados y sigui adelante sin contestar. El marica, +corrido, dijo: + +--Va borracho, como siempre! + +Todos asintieron burlando. Pero en el fondo sintieron todos, unos ms y +otros menos, el mismo estremecimiento al ver aquella figura siniestra. +Fernanda, por mujer y por el estado especial de su alma, se inmut +visiblemente: despus de pasar sigui todava con ojos de temor a los +dos jinetes hasta que se perdieron entre las sombras. + +Al meterse en la cama, con el corazn apretado, quiso analizar la +emocin que la dominaba; quiso remontarse a la causa. Sinti vergenza +de ella. Su orgullo le hizo exclamar con rabia y en voz alta: + +--A m que me importan esas picardas? Qu tengo que ver con l ni con +ella? + +Pero acabado de proferir tales palabras sinti las mejillas caldeadas +por el llanto. La heredera de Estrada-Rosa se volvi rpidamente y +hundi el rostro, cubierto de rubor, en las almohadas. + + + + +VII + +El aumento del contingente. + + +Las terribles dificultades que deban de surgir para el matrimonio de +Emilita, a causa de las opiniones antiblicas de su padre, se orillaron +con ms facilidad de lo que poda esperarse. La historia no hablar +(aunque mejor razn tendr que para otros muchos sucesos) de aquel da +solemne en que Nez fue de uniforme a pedir a D. Cristbal la mano de +su hija, de aquel abrazo memorable con que ste le recibi, +estrechndole calurosamente contra su pecho civil, de aquella fusin +increble de dos elementos heterogneos creados para repelerse, y que +gracias al amor de un ngel dulce y revoltoso se compenetraban y +entendan. Si por casualidad esta pgina privada fuese objeto de +atencin para algn historiador, no tendra ms remedio que afirmar la +grandsima importancia de semejante concordia, que hasta entonces se +haba juzgado inverosmil, y al mismo tiempo presentar con imparcialidad +el reverso, descubriendo a las futuras generaciones en qu modo el +benemrito patricio D. Cristbal Mateo fue vctima de una injusticia +social y de la persecucin de sus conciudadanos. + +Es de saber, que todo el mundo en Lancia se crea autorizado para dar +cantaleta a este respetable y antiguo funcionario acerca del matrimonio +de su hija. Unas veces directa, otras indirectamente, siempre que +tocaban tal punto aludan a las opiniones contrarias al desenvolvimiento +de las fuerzas de tierra sustentadas por l hasta entonces. Al +matrimonio dio en llamrsele el aumento del contingente, y algunos +llevaron su procacidad hasta darle tal nombre delante de su futuro +yerno. Fcil es de concebir cunta saliva habra tenido que tragar antes +de perder, como lo hizo, una molesta y mal entendida vergenza. + +Pero a despecho de todas las diatribas y murmuraciones de los vecinos, +que reflejaban, en el sentir de Mateo, ms que su naturaleza jocosa, la +envidia que arda en la mayor parte de los corazones, el aumento del +contingente se abra paso. El plazo fijado para realizarlo fue el mes +de Agosto. Cuando lleg el momento haba adquirido tal importancia que, +como sucede generalmente en los pueblos pequeos, apenas se hablaba de +otra cosa. Las relaciones del Jubilado y sus cuatro hijas eran +numerossimas, y todas ellas aspiraban a ser invitadas el da de la +boda. Por otra parte, la misma aspiracin alimentaban en su pecho +algunos dignos y pundonorosos oficiales del batalln de Pontevedra +amigos del futuro. No siendo posible reunir tanta gente en el hogar +potico del Jubilado, se pens en celebrar la boda en el campo. La casa +ms a propsito era la de la Granja por su proximidad a la poblacin. D. +Cristbal se la pidi al conde, con quien tena extremada confianza, lo +mismo que sus hijas, y ste se apresur a ponerla a su disposicin. + +En la iglesia de San Rafael se consum de madrugada aquella venturosa +alianza, prenda segura de paz entre el elemento civil y el militar. +Bendjola fray Diego que, por ser el sacerdote ms bizarro y el ms +firme bebedor de anisado de la capital, gozaba de gran prestigio entre +la oficialidad. Asistieron al acto ms de veinte damas y casi otros +tantos caballeros. En cuanto termin se trasladaron todos a la Granja +para pasar all el da. Por hallarse tan cerca de la poblacin no se +necesitaban carruajes. Sin embargo, fueron los del conde de Ons y de +Quiones para trasportar a los novios y a algunas personas de edad +avanzada, como las dos seoritas de Mer. Entre los invitados estaba +casi toda la tertulia del maestrante, bastantes de la de las de Mer y +un nmero crecido de oficiales. + +El conde haba hecho asear, hasta donde era posible, el vetusto casern. +Casi todos lo conocan como su propia casa. Era el sitio obligado de las +giras campestres por hallarse tan cerca y por el hermoso bosque que +tena. Los condes jams haban negado el permiso. En cuanto llegaron y +gustaron el chocolate, que les esperaba en el vasto saln con pavimento +de ladrillo de la planta baja que serva de comedor, se diseminaron sin +ceremonia por la casa y por la finca dispuestos a matar las horas del +mejor modo posible hasta que sonase la de comer. La novia, con Amalia, +que haba sido su madrina, y otras dos seoras se fue a sentar +gravemente en una de las habitaciones. Tena los ojos brillantes, las +mejillas coloradas y procuraba intilmente disfrazar con un continente +digno y serio la profunda emocin que la embargaba. Las que la +acompaaban, casadas todas, la acariciaban sin cesar, pasando la mano +por sus cabellos, dndole palmaditas en las mejillas, cogindole las +manos y de vez en cuando inclinndose para estampar un beso en su +frente con esa condescendencia, mitad cariosa, mitad irnica, con que +las veteranas del matrimonio contemplan a las bisoas. No hay una de +aqullas que al acercarse a una novia no sienta vibrar en su pecho el +eco de cierta msica lejana y divina; viene a sus labios el gusto de la +miel de la remota luna; pero llega ay! con el dejo amarguillo de +algunos aos de prosa matrimonial. En toda mujer casada hay un poeta +desengaado de su musa. De aqu la sonrisa baironiana que aparece en su +rostro al observar la dicha que arde en los ojos de una desposada. + +Emilita haba cambiado de carcter en un cuarto de hora. Todo lo +juguetona y pizpireta que se haba mostrado hasta entonces, apareca +ahora grave y espetada. Disertaba sabiamente con las matronas, sus +compaeras, acerca de la instalacin de la despensa, del servicio +domstico que todas consideraban en espantosa decadencia, del precio de +la carne. Tan vieja se haba hecho en este cuarto de hora, que +sorprenda no ver ya alguna hebra de plata entre sus cabellos de oro. + +En cambio a sus hermanas, por extrao contraste, les haban quitado +algunos aos de encima desde que la menor tomara la investidura. Haban +retrocedido hasta la infancia. Como criaturas vidas de aire y de luz +para desarrollarse, lanzronse al bosque las tres, animando con sus +gritos e inocentes carcajadas el silencio y la paz que all reinaba. +Virgen del Amparo lo que saltaron, lo que rieron, las diabluras que +llevaron a cabo en poco tiempo aquellas loquillas! Para entregarse a los +juegos inocentes, que exiga el retroceso sensible que haban +experimentado de pronto, se quitan las mantillas y dejan suelto el +cabello, tiran los guantes, el abanico, la sombrilla, todo lo que +pudiera simbolizar la juventud, y se quedan gozosas con los atributos de +la adolescencia. No slo dejan flotando sobre la espalda su cabellera +angelical, sino que se despojan del reloj, de las pulseras y sortijas +que entregan a su pap, colgndose antes de su cuello para hacerle mil +caricias como nias sencillas y apasionadas que eran; hecho lo cual y al +observar que algunos dignos oficiales del batalln de Pontevedra las +contemplan, huyen ruborizadas y confusas, se recogen las enaguas con +alfileres hasta dejar descubierto el pie y parte de la pierna, y en la +inocencia de su corazn huyen, huyen siempre por el bosque adelante, +esquivando como las ninfas de Diana las miradas ardientes de la +oficialidad. + +Y cuando llegan a un rincn apartado y solitario donde las sombras se +espesan, donde no llegan los ruidos mundanales ni penetran los ojos +maliciosos de los hombres, llaman con gritos de alegra, como pajaritos +de Dios, a sus compaeras, las invitan a venir a disfrutar de aquella +amable seguridad donde libremente pueden mostrar sus gracias y recrearse +sin peligro de ser sorprendidas. Entonces una propone jugar a la cuerda +y las dems acceden batiendo las palmas. Jovita es la primera. Salta, +salta hasta que queda rendida y se deja caer sobre el csped, llevndose +la mano al corazn, que palpita con la fatiga, no con la agitacin +insana de las pasiones juveniles. Luego salta otra, luego otra y otra +hasta que todas se tienden exnimes pero risueas, reflejando en sus +mejillas sudorosas y en sus ojos entornados la dulce alegra que se +escapa de un pecho inocente. Y en cuanto descansan se propone jugar al +milano que le dan--cebollita con el pan. Qu risa! qu algazara! +cmo resuena el dormido bosque con las voces argentinas de aquellas +bellas y tiernas criaturas! Cansadas de este juego se diseminan por un +momento. Algunas forman grupo sentadas al pie del tronco de un roble y +se cuentan en voz baja como suave gorjeo mil puerilidades encantadoras; +otras se entregan apasionadamente a la busca de florecillas azules y +hacen con ellas ramilletes que colocan en el pecho; otras se persiguen, +como las golondrinas en el aire, con chillidos penetrantes. Otras, las +ms resueltas, dedican sus esfuerzos a la caza de cigarras y otros +bichos temerosos. Pero luego tornan a juntarse porque hay una chica muy +aturdida que apuesta a encaramarse en un rbol si la ayudan, y hay otra +maligna que dice que s, que ella la ayudar. Manos a la obra. Empez la +animosa joven, que se llama Consuelo, a poner sus piececitos en las +rugosidades del roble ms asequible. La compaera maligna, que no es +otra que Socorro, la tercera sirena del Jubilado, la sostiene. +Encarmase al fin la primera en la cruz de dos ramas; asciende despus a +otra; aplauden las ninfas y la alientan con gritos de entusiasmo... + +Mas he aqu que Rubio, el teniente de la tercera, hombre acreditado de +audaz entre sus compaeros de arma y de un genio devastador para el sexo +femenino, se presenta de improviso asomando su cabeza temeraria por +encima de unas matas. Las ninfas, al verle, lanzan un grito y quedan +petrificadas en la actitud en que las sorprende. Consuelo, desde lo alto +del rbol, le apostrofa con violencia. Si en su mano estuviera +trasformara inmediatamente en ciervo a aquel nuevo Acten. Ac, para +_inter nos_, es posible que prefiriese trasformarle primeramente en +marido, sin perjuicio de acudir ms adelante a la metamorfosis +clsica... Pero Rubio, el teniente de la tercera, conoce perfectamente +el valor de estos gritos y estos apstrofes. No se inmuta; sonre +maliciosamente y llama con voz ronca a sus hermanos de armas. Qu +confusin, qu espanto entre aquellas risueas hijas de los bosques al +aproximarse en columna cerrada los hijos de Marte! Sin recoger las +mantillas, ni los guantes, ni las sombrillas, nada en suma de lo que las +perteneca, huyen y se desbandan por la floresta lanzando gritos de +terror. Pero los stiros de pantaln encarnado las persiguen con saa, +las atrapan aqu y all y las traen cautivas enmedio de risotadas +odiosas. Mientras tanto la pobre Consuelo, encima del rbol y bloqueada +por tres de estos silvanos voluptuosos, se niega terminantemente a bajar +mientras no se alejen por lo menos cincuenta varas. Ellos los crueles! +se niegan. Ruega la ninfa, se irrita, est a punto de llorar; pero ni su +enojo ni sus lgrimas consiguen ablandar el corazn empedernido de los +infames stiros. Por fin se resigna a descender y, aunque toma muchas y +castas precauciones, stos logran ver un pie deliciosamente calzado y un +nacimiento de pierna que les hace rugir de gozo. Pero dnde est Rubio? +Dnde est el ms terrible y feroz de todos ellos? No se sabe, mas al +cabo de mucho tiempo sale de la espesura arrastrando consigo a Socorro, +la ms sentimental de las ondinas de D. Cristbal. En los rasgos crueles +de su fisonoma viene pintada la expresin del triunfo, y en los de ella +la vergenza y la sumisin de una cautiva. Muchas horas despus, en las +ltimas de la noche, sentado a una mesa del caf de Maran y rodeado +de ocho o diez de sus colegas, el teniente de la tercera narraba con +sonrisa malvola el vencimiento de la ninfa, calculando lo menos en +veinticinco o treinta los besos que logr robarle en distintos sitios de +su rostro hechicero; y todos los hijos de Marte aplaudan y celebraban +con homricas carcajadas aquel nuevo triunfo de su heroico compaero. + +Finalmente, los vencedores no se mostraron demasiado tiranos, y el orden +se restableci gracias a la llegada oportuna de las seoritas de Mer, +que venan acompaadas de Mara Josefa y de Paco Gmez. Las autoras y +nicas responsables de todo aquello haban sacado el fondo del cofre. +Carmelita traa un vestido de alepn de seda negra que slo sala a +relucir en las grandes ocasiones, al paso que Nuncita, por contar menos +aos y respetabilidad, poda lucir un traje claro con flores bordadas, +como slo se ven en los retratos del siglo pasado. Estaban alegres, +rebosando satisfaccin por los ojos; pero las piernas no respondan a +aquella eterna juventud de sus corazones: caminaban apoyndose en sendas +muletas y agarrndose con la mano libre al brazo de sus acompaantes. +Fueron recibidas con vivas y hurras. Se oyeron asimismo algunas frases +harto familiares, de esas que nadie ms que las benditas de Mer +consentan y rean. Por eso tena poco mrito el embromarlas. Jams se +dio el caso de verlas enfadadas con sus amigos, y eso que algunos se +deslizaban en sus guasas hasta llegar no pocas veces a la grosera. En +cambio eran muy propensas a la guerra intestina, esto es, a irritarse +una con otra; pero ya sabemos en qu paraban siempre estas misas. + +El espritu temerario del teniente Rubio, apretado por las +circunstancias, engendr una idea felicsima, es a saber: que para mejor +pasar el rato hasta la hora de comer se construyese un columpio, donde +las damas pudieran gozar la dicha de sacudirse el diafragma algunos +instantes, y los caballeros la de proporcionrsela moviendo galantemente +el aparato. Dicho y hecho: se buscan cuerdas, se sierra una tabla; en +menos de un cuarto de hora queda todo terminado. Rubio, mientras se +lleva a cabo, no deja de hacer guios expresivos a sus compaeros, que +comprenden, sonren, callan, profundamente admirados, como siempre, de +la audacia y penetracin del teniente de la tercera. Ya est amarrado el +columpio. Quin es la primera? Todas manifiestan la misma vergenza, +idntico rubor colorea sus mejillas. A una se le ocurre malignamente +proponer que lo estrene Nuncita. Las dems aplauden la idea. Nuncita +resiste aterrada. Carmelita ni concede el permiso ni lo niega. Las +instancias se repiten sin cesar. Los mancebos encuentran la idea cada +vez ms original. Al fin, casi a viva fuerza, entre los aplausos +frenticos del corro, Cuervo, el hercleo alfrez de la primera, levanta +en brazos a la Nia y la sienta en la tabla. + +--Agrrate bien, Nuncia!--le grita Paco Gmez, mientras el citado +alfrez y algunos otros amigos empiezan a mecerla. + +--Suave, suave!--exclama Carmelita. + +No hay cuidado; as lo hacen, porque temen dar con ella en tierra. Pero +aun moviendo el columpio con parsimonia, el aire consigue levantar, al +poco tiempo, las enaguas de la antigua doncella. Los oficiales ren y +empujan el columpio para que se vea ms. + +--Fuerte, fuerte, que algo se pesca!--les grita Paco Gmez. + +Las muchachas, entre risueas y avergonzadas, se tapan la cara y se +abrazan unas a otras dicindose palabritas al odo. + +--Alto, alto!--exclama Carmelita.--Paren ustedes! + +Nadie hace caso. Las ropas de la Nia van subiendo, subiendo: no se sabe +dnde se van a detener. + +--Alto, alto! Por Dios, seor alfrez! + +--Anda con ella!--rugen los militares. + +Y el columpio sigue cada vez ms vivo. Nuncita est tan asustada que no +tiene tiempo a pensar en el pudor. + +--Seor alfrez! Seor capitn!--grita Carmelita toda temblorosa, +agitando los brazos, la mandbula inferior, desdentada, batiendo contra +la superior, desdentada tambin, con un estremecimiento +particular.--Seor capitn, tngase por Dios! Por la Virgen del Amor +Hermoso!... Pare! pare!... pare! + +--Soo!--exclama Paco. + +Pero el capitn es sueco y sigue apretando. Las enaguas de Nuncita se +encuentran ya en la ms alta cspide adonde pueden llegar. Las jvenes +se vuelven de espaldas; algunas corren riendo a ocultarse entre los +rboles. Slo cuando hubieron consumado su obra de desvergenza se +consigui que los oficiales aplacasen y permitiesen a Nuncita tomar +tierra. Su hermana, en vez de enojarse con los culpables, la emprende +con ella llena de furor, vibrando rayos por los ojos. + +--Bjate, picarona! Escandalosa! Es sa la educacin que has +aprendido de tus padres? Es eso lo que te aconseja el confesor? + +Nuncita, aterrada, empieza a hacer pucheros y suelta la llave de las +lgrimas. La juventud masculina, lo mismo que la femenina, tratan de +calmar a la enfurecida Carmelita. El capitn y el alfrez echan sobre s +toda la culpa. Es en vano. La clera no se apaga hasta que no se +descarga de palabras bien ofensivas y pesadas. La pobre Nia, sentada en +el suelo, sollozando, con la cara oculta entre las manos, excita la +compasin de todos los presentes, que no cesan de interceder por ella. + +Se trata de saber cul es la que ha de subirse al columpio despus. +Ninguna quiere: es natural. Cmo han de dejarse columpiar por hombres +tan atrevidos y desvergonzados? Es en vano que militares y paisanos +expliquen su conducta en el suceso anterior y hagan juramento de no +reincidir y estar comedidos y prudentes y siempre a las rdenes de las +damas. stas no se fan. Sobre todo el teniente Rubio les inspira un +terror pnico considerndolo, y no sin razn, como el alma de todas +aquellas intrigas libidinosas. + +Pero cuando ms desesperanzados estaban, he aqu que Consuelo, aquella +nia aturdida y resuelta que haca poco se haba encaramado en un rbol, +habla al odo a una compaera y luego se adelanta y dice, con espanto de +sus compaeras: + +--Yo me subo. Aydenme ustedes. + +Un grito de entusiasmo acogi estas sencillas palabras. Por algunos +instantes no se oy ms que viva Consuelo! viva Consuelo! entre la +muchedumbre frentica. No hay quien no quiera ayudarla y quien no la +colme de flores y agasajos. El alfrez atltico, con ademn +caballeresco, pone una rodilla en tierra y la invita a que afiance el +pie sobre su muslo. La intrpida joven no se hace de rogar y lo +ejecuta, sentndose de un salto en la tabla. Lo mismo militares que +paisanos se las prometen muy felices y cambian entre s miradas de +inteligencia, decididos a faltar a su palabra y a pagar la confianza de +la nia con la ms negra traicin. Mas cuando ya se disponan a dar +comienzo a su obra malfica empujando el aparato, Consuelo hace sea a +su compaera. Se adelanta sta con un puado de alfileres y en un +instante le prende las enaguas por debajo, de tal manera que no hay +forma de que se le vea ni la punta del pie aunque echen a vuelo el +columpio. El sexo femenino aplaude con entusiasmo loco. + +--Bien, Consuelo! bien! + +El masculino, enfadado y mohno, no se atreve, sin embargo, a protestar +ruidosamente, pero murmura de aquella falta de confianza, mientras la +interesada, orgullosa de su ocurrencia, los contempla con sonrisa +burlona. La desgracia fue completa. Los alfileritos obtuvieron un xito +tan lisonjero que no hubo nia que se subiese al aparato que no se +hiciese coser la ropa previamente con ellos. + +Mientras tales memorables escenas se efectuaban en el bosque, Jaime +Moro, desdeando los placeres campestres, haba logrado catequizar a +Fray Diego y a D. Juan Estrada-Rosa para echar un tresillito. Se aburra +en la iglesia, se aburra en el bosque, en la ciudad y en la campia. +Tan slo recobraba la serenidad de espritu y renaca en l la calma y +la alegra cuando tomaba las cartas en la mano. La suerte quiso serle +aciaga. No haba naipes en la casa. Pero no se arredra por eso. Baja a +la cocina, llama aparte a un criado, al que le pareci ms ligero y +musculoso, y dndole una propina le encarga que a todo correr vaya a la +ciudad y traiga un par de barajitas. Mientras tanto, para que no se le +escapen, hace esfuerzos portentosos por entretener a sus compaeros, +hablndoles de lo que ms puede interesarles, sobre todo a don Juan, que +manifestaba tendencias muy sealadas a desertar, seducido por la idea +absurda de dar un paseo por la quinta y hacer una visita al molino como +otros de los invitados. Moro sudaba de congoja temiendo no poder +resistir hasta la vuelta del criado. Felizmente ste lleg a tiempo. En +cuanto tuvo en su poder las anheladas barajas ya fue otro hombre. Seguro +de la victoria los arrastra a una de las salas retiradas del casern, se +hace traer una mesa adecuada, bujas, cerveza, cigarros y vamos +all!... Despus de haber estado a dos dedos de perderla, Jaime Moro +gozaba de aquella felicidad con una ruidosa alegra que causaba envidia. + +Un buen golpe de gente ridcula, sin imaginacin bastante para +comprender ni gustar las dulzuras del tresillo, se haba ido, con el +Jubilado a la cabeza, a recorrer la posesin y visitar despus el molino +de nuevo sistema que el conde haba montado haca poco tiempo. Formaban +la comitiva, entre otros, el novio, el propio capitn Nez, con +aquellos de sus compaeros menos propicios al sexo femenino, Granate, D. +Enrique Valero, Saleta, Mann y otros pocos. Al conde no se le pudo +arrastrar porque no se le hall. Se dijo que estaba dando rdenes a los +criados y vigilando algunas obras all lejos, pero no se le hall +tampoco en ellas. Uno que haca all de capataz o medio mayordomo se +brind a servirles de gua. + +La finca estaba situada en la pendiente de la misma suave colina donde +est asentada Lancia. A espaldas de la casa se encuentra el bosque, que +le priva de la vista de la ciudad. As que con hallarse tan prxima +parece que se est a cien leguas de ella, en la amable soledad del +campo. Al mismo tiempo la protege contra los vientos del Norte y del +Oeste, dejndola solamente abierta a las templadas y benficas +corrientes que vienen del Medioda y del Este. No llegan hasta all los +ruidos de la poblacin. Tan slo las campanas de la catedral suenan a +ciertas horas del da dulcemente amortiguadas por la distancia. La +carretera general va por detrs del bosque. Otra pequeita, que arranca +de ella, la pone en comunicacin con la quinta. No hay en sta, como ya +sabemos, ningn parque a la inglesa o a la francesa, ni jardincitos, ni +cascadas, ni grutas artificiales. Es una finca mitad de recreo, mitad de +labor. Primero el bosque, luego la casa con su corrada; despus un +jardn vasto y abandonado; enseguida praderas inmensas que se extienden +por la falda de la colina y llegan hasta el ro y aun lo salvan y se +dilatan por la opuesta orilla. Por estas praderas se ve pastando el +ganado, se oyen sus esquilas y los ladridos de los perros. Es fcil +forjarse la ilusin de que se est en el seno de la naturaleza +solitaria. La paz es profunda y slo la interrumpe el canto de un pjaro +o el mugido de una vaca. + +Los excursionistas recorrieron las cuadras, que estaban bien cuidadas, +pues el conde tena aficin a la ganadera. Sin embargo, Saleta afirm +que las haba visto en Holanda mucho mejores. + +--Figrense ustedes, seores--manifest con su caracterstico acento +gallego,--que all a las vacas les atan el rabo con una cuerda, saben? +y lo tienen suspendido para que cuando les da la gana de proveerse lo +puedan hacer sin ensucirselo. + +Esta noticia, rigorosamente exacta, hace soltar la carcajada a los +presentes. + +--Pero este D. Ramn cundo se cansar de inventar patraas!--se +decan los unos a los otros por lo bajo, todo por causa de aquella +maldita reputacin de embustero que haba adquirido. + +--Pue eztn bien atrazaiyo en Holanda, amigo Zaleta--manifest Valero, +que no le dejaba pasar una.--En Mlaga, cuando a alguna vaca le da la +gana de ezo, ze le zienta en un inodoro y ze la limpia depu con papel +higinico. + +Saleta no se dio por ofendido. Estaba tan avezado a la incredulidad de +sus oyentes, que aunque ahora reventase con la verdad no le impacientaba +que no se le creyese. + +Cuando hubieron recorrido las cuadras tomaron el camino de los prados a +campo traviesa, y descendieron hasta el ro guarnecido, por entrambas +orillas, de alisos, lamos y mimbreras, los cuales formaban a trechos +una mata espesa por debajo de la cual corra oscuro y ttrico. El ro +Lora es uno de los menos caudalosos y al mismo tiempo de los ms +originales de Espaa. Antes de llegar al mar, que es el morir, como +dijo el poeta, se arregla para dar infinidad de vueltas como un viejo +marrullero que pretende burlarse de la ley comn a los seres creados. +Imposible imaginarse un cauce ms extravagante. Sale de cualquier +poblacin muy resuelto y boyante; parece que va a tragarse las leguas y +marchar impvido hasta el ocano. Pero al cuarto de legua se arrepiente, +da la vuelta y retorna lento y cabizbajo cerca del punto de partida, lo +cual hace pensar a algunos, no sin fundamento, que camina cuesta arriba. +Sale de nuevo, no por voluntad, sino apretado por las circunstancias; +esta vez se pierde de vista; todo el mundo cree que se va de veras para +no volver. No es as, sin embargo. El gran zorro, cuando entiende que ya +no le ven desde el pueblo, revuelve muy solapadamente y trata de meterse +otra vez por l, pero le da vergenza, y antes de llegar se aparta un +poco y va a parar a alguna aldea prxima del mismo concejo. Jams sigui +una carrera franca y abierta. Como todos los caracteres rebajados, +repugna la luz, aprovecha cualquier coyuntura para deslizarse debajo de +alguna pea o una mata y ocultarse a las miradas de los hombres y +permanecer all estancado, corrompindose en degradante ociosidad. Nadie +se fe de l. Con sus apariencias de viejo invlido y reumtico, incapaz +de dar un paso, ha engaado a muchos zagales. Los invita a baarse +hacindoles pensar que no tiene media vara de fondo, y luego los +estrangula miserablemente entre sus aguas verdes. No se hallarn dentro +nyades de celestial hermosura quebrando al nadar con sus brazos de +alabastro los frgiles cristales, ni saldrn de noche a jugar sobre su +linfa las graciosas ondinas, de cabellera blonda. El ro Lora es +taciturno, enemigo de toda idealidad potica. Nada de seres +fantsticos. Lo nico que alimenta con verdadero cario es un enjambre +de ranas, tan grande que causa vrtigo el pensar qu nmero de ellas +vivir bajo su amparo. Ellas son las que se encargan de alegrar con su +voz armoniosa los parajes que recorre. + +Ellas fueron tambin las que impidieron con ruido atronador que Saleta +pudiese afirmar, como afirm despus que se vieron lejos, que estando a +orillas del Yumur cierta tarde, haba tenido la suerte de matar de una +pedrada un cocodrilo. Verdad que bajo la mirada insistente de su colega +Valero se apresur a rectificar haciendo constar que el cocodrilo era +todava cachorro y no tena ms que una carrera de dientes. + +Siguieron buen trecho la margen sombra del Lora y lo atravesaron por un +puente rstico en el sitio donde el conde lo haba desangrado, por medio +de una acequia, para dar movimiento a su molino. Mas en aquel punto, a +los amigos del novio, representantes genuinos del elemento ms vigoroso +y masculino del batalln, se les despierta repentinamente el sentimiento +de su fuerza y del poder muscular de sus piernas. Un teniente salta la +acequia. Un capitn, por no ser menos que el subalterno, tambin lo +hace, pero se moja los pies. Excitado el amor propio, se despoja de la +levita y vuelve a saltar con felicidad. Los dems le imitan. Al +instante toma aquello el aspecto de los juegos olmpicos y todava ms +de la gran batuda americana. Pero Nez es un eminente saltarn. As +estaba de antiguo reconocido en todo el ejrcito y ms particularmente +en el arma de infantera. Salt tres o cuatro veces con gran facilidad; +mas, queriendo, como es lgico, sobreponerse a sus compaeros y dar +prueba gallarda de su destreza, afirma en tono desdeoso que aquello no +vale nada y que l es capaz de saltar la acequia volvindose de +espalda. Estas palabras fueron acogidas con respeto por sus colegas, +pero tambin con un silencio que al capitn se le antoj dubitativo. Y +sin aguardar ms resuelve confundirlos. No se despoja de una sola prenda +del uniforme, que esto queda para los nefitos; toma vuelo, y al llegar +al borde del agua se vuelve y da el salto, pero con tan mala fortuna que +los pies se le enredan en unos juncos y cae de espaldas tan largo como +era enmedio del arroyo. Se oculta a las miradas de sus amigos por un +momento, y sale al fin bufando y chapoteando como un verdadero tritn, +diciendo que no es nada y que va a saltar otra vez para que se vea. Pero +su padre poltico no lo consiente. Le pasea las manos por el cuerpo para +cerciorarse de que est calado (cmo haba de estar!) y, presa de +insana agitacin, l, que haca poco tiempo hubiera exterminado en +pleno a toda la milicia, comienza a gritar: + +--Es necesario mudarse!... Ahora mismo!... Una pulmona!... +Mudarse!... Fricciones!... Una fiebre reumtica! + +Y otras exclamaciones ms o menos coherentes, que daban testimonio del +profundo inters que la salud del oficial le inspiraba. + +Nez, aunque guerrero, cede a sus instancias y vuelve hacia la casa con +semblante fiero y ceudo, enteramente resuelto a quitarse hasta los +calcetines y a meterse en la cama mientras se manda propio a Lancia por +una muda. Todos sus amigos le rodean, y as llegan hasta la casa. +Emilita, que est al balcn, al verlos de aquella guisa, pregunta con +sorpresa: + +--Qu es eso? + +--Nada--le grita su pap,--que Nez se ha cado a la acequia. + +Naturalmente al or esto Emilita lanza un grito desgarrador y cae +desmayada en brazos de varias damas. Nez, hecho un hroe, despreciando +su propia salud, corre a socorrerla. En pocos momentos se llena la +habitacin de vasos de agua y salen a relucir tambin dos o tres frascos +de antiespasmdico. Cuando empieza a recobrar el conocimiento y llega el +momento crtico de las lgrimas, su hermana Micaela no puede contenerse; +increpa violentamente a su pap. + +--Esto ha sido una verdadera barbarie! Se ha figurado usted que su +hija tiene el corazn de bronce?... Bien poca delicadeza se necesita +para herir de este modo a una pobre criatura!... + +La pobre criatura le paga aquella defensa con una mirada cariosa de sus +ojos hmedos, apretndole al mismo tiempo la mano. El Jubilado se +encuentra en el ltimo grado del abatimiento y apenas se atreve a +murmurar que viendo a Nez vivo a su lado no haba razn para tanto +susto. Las seoras juzgan que Micaela ha estado irrespetuosa con su +padre, pero al mismo tiempo no pueden menos de convenir en que aquello +ha sido un escopetazo, y manifiestan a la desgraciada esposa una +ardiente simpata. + + + + +VIII + +El vino de Fernanda. + + +Fernanda no haba presenciado nada de esto. Estuvo a primera hora en el +bosque, haciendo de ninfa pudorosa como sus compaeras; pero cansada +pronto del papel, se apart de ellas y comenz a discurrir por los +lugares ms solitarios. Su cabeza, tan erguida siempre, se doblaba bajo +el peso del tedio o la preocupacin; su talle flexible, ondulante, se +mova sin comps girando a un lado y a otro como el cuerpo de un beodo; +arrastraba los ojos por el suelo, aquellos hermosos ojos africanos que +eran el ms preciado ornamento de la noble ciudad de Lancia, y por su +frente plida cruzaba una arruga bien profunda, signo de pensamiento +fijo y doloroso. Cunto le haba atormentado desde haca dos meses! La +impresin que los amores del conde haban dejado en su alma, sofocada al +principio por el orgullo, por la esperanza de volver a ellos, se haba +dilatado de pronto al conocer el secreto de su desvo, haba hecho +irrupcin en ella, la haba llenado toda y la abrasaba de amor y de +celos. Eran tanto ms speros stos cuanto que vio claramente que Luis +la haba estado engaando mucho tiempo, le haba fingido cario cuando +amaba ya a otra. La miserable traicin de Amalia la sublevaba, le +inspiraba horror y repugnancia; pero la del conde, tena que +confesrselo, la traspasaba de dolor y acreca su pasin +desmesuradamente. + +Supo, no obstante, mantener su dignidad a flote. Sigui frecuentando el +trato de Amalia y mantuvo con ella en apariencia las mismas relaciones +amistosas, mas a despecho suyo, sin darse ella misma cuenta, haba unas +veces en su actitud, otras en sus ojos, otras en su acento, un leve dejo +amargo y desdeoso que no pas inadvertido para la penetrante +valenciana. Con su ex-novio se mostr circunspecta, dej aquel tono +agresivo que con l acostumbraba a emplear y se hizo ms suave y formal; +pero tambin, con gran disgusto suyo, la emocin que senta al hablarle +se le trasluca no pocas veces en una leve alteracin de la voz y en +palideces o rubores enfadosos. Su vida interna, durante aquellos seis +meses, haba sido devorada por una actividad febril, ansiosa, mareante, +disimulada con esfuerzo bajo actitud tranquila y altiva. A veces la +sorda irritacin que la minaba no poda resistir tanta presin, y +estallaba en un flujo de palabras candentes, injuriosas, que pronunciaba +en voz baja, al advertir algn signo de inteligencia entre los +traidores. Su naturaleza ardiente, orgullosa, lisonjeada por un padre +que llegara hasta el crimen por darle gusto, y por un enjambre de +adoradores postrados a sus pies, botaba ante aquel obstculo, el primero +con que haba tropezado en su vida, como un potro salvaje. + +En estos freneses de clera ideaba vengarse. Escribi varios annimos a +D. Pedro, pero ninguno lleg a su destino. Antes de echarlos al correo +los rompa. El gran fondo de dignidad que haba en su carcter se +sublevaba ante un proceder tan bajo; los rompa vertiendo lgrimas de +despecho. Despus de hacer trizas el ltimo que escribi, tuvo ocasin +de alegrarse, pues supo casualmente aquella noche que ninguna carta +llegaba a poder de Quiones sin pasar por las manos de su esposa. Otras +veces no poda ms; se renda a la pesadumbre de su pena y se dejaba +caer en una butaca, y pasaba largo rato con los ojos extticos en +meditacin intensa y dolorosa. Acometanle, en estos momentos, sbitos +arranques de ternura; se confesaba sin rubor, con gozo voluptuoso, el +amor que senta; perdonaba a Luis de todo corazn y se prometa amarle +toda la vida en silencio, no ser jams de ningn otro hombre. Segn +trascurran los das este sentimiento se irritaba, se trasformaba en +deseo enfermizo, irracional. La excitacin de los sentidos, que al fin +despertaban en ella de un modo violento, juntbase al cosquilleo del +amor propio herido, para mantener vivo este deseo. Poco le faltaba, +cuando vea a Luis a su lado, para abrirle su pecho y confesarle la +abrasadora pasin que senta. + +Sin conciencia clara de lo que haca, Fernanda buscaba a su ex-novio por +la finca. Todo lo que all haba le interesaba profundamente, el bosque, +la casa, los criados, hasta los animales que pastaban en la pradera; +sobre todo esparca una mirada simptica, brillante de emocin. Cuan +amable le pareca aquel casern estropeado, rodo por la humedad y los +ratones! Despus de vagar por las regiones ms solitarias del bosque +largo rato, entr distradamente por los prados; descendi lentamente +hasta cierto sitio donde haba algunos obreros abriendo una zanja +profunda para desecar el terreno. All supo, sin preguntarlo, que el +conde, despus de estar un rato mirando la obra, se haba marchado. +Esper algn tiempo para disimular, y al cabo se apart con lento paso, +arrastrando la sombrilla, como quien no sabe adnde enderezarse. + +En efecto, no lo saba. Pero no por falta de objetivo, sino porque +ignoraba dnde estuviera ste. Una idea cruel flotaba en su cerebro sin +determinarse con claridad; la de que Luis pudiera hallarse a solas en +aquel momento con Amalia. Poco a poco, a medida que marchaba por el +campo, esta idea fue adquiriendo relieve. Y segn se precisaba, le roa +el corazn, se lo llenaba de despecho y de clera. Por qu? No conoca +perfectamente sus relaciones adlteras? Pues, con todo, le causaba viva +irritacin, le pareca que no deba sufrirlo, que tena derecho a +impedir que se juntasen. Sin darse cuenta de lo que haca apret el +paso. Sus nervios se iban alterando. Cuando lleg a la corrada estaba +enteramente persuadida que los adlteros se hallaban juntos y solos. +Entr en la casa y, como quien la visita por curiosidad, la recorri +toda, escudri hasta las ms apartadas estancias. No logr verlos; pero +la circunstancia de no hallar a Amalia por ningn sitio la confirm an +ms en su sospecha. Fatigada de tanto buscar, inflamada de anhelo, +nerviosa, sali de nuevo al aire libre. Evit el encuentro de las +personas que pudieran detenerla y se dirigi al jardn. En cuanto puso +el pie en l despert vigorosamente en su espritu la esperanza de +encontrarlos. Aquel rincn de verdura donde los arbustos, creciendo a su +antojo, se entrelazaban hasta formar una masa impenetrable, era a +propsito para las confidencias amorosas. Avanz con precaucin, sin +hacer ruido, por sus senderos casi desaparecidos, tapizados de hierba, +invadidos en muchos parajes por las ramas de los arbustos y la maleza. A +veces, un montoncito de lirios le cortaba el paso, y se vea precisada a +saltar sobre ellos; otras, un rododendro extenda sus ramas para abrazar +a la camelia de enfrente y formaba bveda tan baja que necesitaba +doblarse mucho para pasar. Antes de llegar crey sentir leve rumor de +voces. Qued inmvil y esper algunos instantes. Volvi a percibirlo y +se dirigi hacia el sitio de donde parta. + +Eran ellos! S, eran ellos. Mucho antes de or su voz claramente los +haba adivinado. Se paseaban por una calle ms ancha y despejada que las +otras, resguardada de un lado por el muro, del otro por alto seto de +boj. Amalia se colgaba del brazo del conde con imperio y negligencia y +hablaba mirando al suelo, mientras l se inclinaba hacia ella risueo, +sumiso, metindole las palabras por el odo. Los contempl desde lejos +al travs del follaje. La emocin la dej clavada al suelo algunos +instantes. Por encima del sentimiento de dolor y de ira que la +embargaba asom su cabeza el orgullo de mujer. Despus de examinar con +ojos ansiosos la figura de Amalia no pudo menos de murmurar con +amargura: + +--De qu se habr enamorado ese hombre? Si es una gata disecada! + +Despus pens: + +--Qu se dirn? + +Acometiole un deseo vivo de escuchar su pltica, y sin reflexionar sobre +el peligro que corra, fuese acercando poco a poco al seto, doblando el +cuerpo para no ser vista. Busc el paraje ms sombro y seguro, y +escuch. Slo se les oa cuando cruzaban cerca. En cuanto se alejaban +unos cuantos pasos no se perciba palabra alguna. No pudo recoger ms +que retazos de conversacin, que resultaban incoherentes. + +--Se le rozan mucho los muslos. Si vieras cmo va engordando! Ni con +polvos de almidn ni con los de rosa se consigue suavizar la irritacin +de la piel--deca la dama. + +--Hablan de la nia--pens Fernanda. + +--No la he visto nunca en el bao. Cunto dara por asistir a l un +da! + +--Es porque no quieres. + +--No, no quiero, exponindote a t a un peligro y a que concluya de ese +modo... + +No oy ms. Tuvo que aguardar a que llegasen al final de la calle y +diesen la vuelta. + +--Di que has estado en casa de esas viejas chochas y no mientas--oy +decir a Amalia, al acercarse de nuevo. + +--Te aseguro que estuve en el Casino. Nos hemos reunido los individuos +de la junta para ver si se ha de decorar nuevamente el saln. Cre que +podra salir a las diez, pero hasta las doce no nos separamos. No +conoces el carcter disputn y minucioso de D. Juan? A casa de las de +Mer hace un siglo que no voy. Tanto, que algunos empiezan a... + +Otra vez se perdieron las palabras. Aquel D. Juan sera su padre? +Procurara enterarse. Cuando volvieron, el conde acariciaba tiernamente +la mano de su querida y sonrea, al hablar, con arrobada expresin de +felicidad. + +--Muchas veces me he propuesto dejar de verte. Por la noche, estando a +solas en la cama, me entran terribles remordimientos. Entonces me digo: +Es necesario que esto concluya. Los dos nos condenamos +irremisiblemente. Y resuelvo marcharme de Lancia y hasta compongo todo +un plan de vida; viajo con la imaginacin por toda Europa; me olvido de +t; vuelvo al cabo de algunos aos, y en vez del amor antiguo se renueva +en mi corazn una amistad tierna y honesta, en la cual podemos descansar +tranquilos sin temor al castigo del Cielo... Pero as que amanece, estas +resoluciones se disipan, sucumbo a la tentacin, voy a tu casa, y en +cuanto te veo, en cuanto oigo tu voz adorada... + +Fernanda se agarr con mano crispada al tronco de una magnolia. + +A la vuelta era Amalia quien hablaba. + +--No es verdad eso. Ya te he dicho que para m siempre hay un punto +negro. Por ms que pretendo forjarme la ilusin de ser la primera... + +--La primera y la ltima! Yo no amar a otra mujer ms que a ti. + +--No sabes los celos que tengo del pasado. Cada da ms. Di la verdad: +la has querido o no? + +--No. + +--Entonces, cmo eras capaz de... + +No oy ms. Fue bastante para hacer brotar de sus ojos una lgrima. +Trat de huir. Cuando iba a hacerlo observ que los traidores se haban +detenido al extremo de la calle. + +Amalia echa los brazos al cuello a su amante, le pone los labios en la +boca y le da un beso que se prolonga, se prolonga una eternidad. +Fernanda cierra los ojos. Cuando los abre de nuevo ve que se alejan +cogidos de la mano. + +Los deja salir del jardn. Los sigue inmediatamente. Adnde irn? Una +vez en la corrada, observa que se sueltan y se dirigen a la casa. Entra +en su seguimiento, pero ya haban desaparecido y no sabe en qu +habitacin hallarlos. Las recorre todas imprudentemente, cegada por +emocin extraa que no acierta a reprimir, acometida de un deseo vivo, +anhelante, de espiarlos. + +--Adnde va usted, Fernanda?--le pregunta un joven. + +--Ando en busca de la novia. + +--Pues va usted mal. Est en el otro extremo de la casa, en una de las +salas que miran al Norte. + +Se vuelve para disimular; pero inmediatamente emprende de nuevo la +batida. Llega, por fin, a cierto gabinete cerrado, que no es otro que el +clebre _cuarto de la condesa_. Va a levantar el pestillo, como ha hecho +en otros, pero se queda inmvil al escuchar un rumor levsimo. Aplica el +odo. Son ellos! + +Se aparta de all, corre como si la persiguieran, se mete por el bosque +y, cuando se encuentra en paraje solitario, se sienta al pie de un rbol +y apoya en su tronco la cabeza. El rostro triste y demudado, los ojos +extticos, las manos cruzadas sosteniendo una rodilla, expresa su +actitud una agona desesperada y muda. + +Lleg la hora de comer. Se haban colocado en el gran saln de la planta +baja de la casa dos mesas paralelas. Aquella sociedad diseminada se +reuni instantneamente a la palabra santa de a comer lanzada a los +cuatro vientos de la finca por la ruda voz de Mann y por la argentina +de Manuel Antonio. Los sentimientos poticos, cuando se desenvuelven al +aire libre y enmedio de los bosques, son excelentes para facilitar la +secrecin del jugo gstrico. Por eso tanto ninfas como faunos asaltan +con bros, antes de sentarse a la mesa, las aceitunas, los pepinos, las +rajas de salchichn. Por voto unnime de la milicia y del clero, +representado dignamente por Fray Diego, se cometi a la novia el encargo +de designar sitio a cada cual. La festiva y revoltosa Emilita, +trasformada sbito en seversima matrona, llen su cometido con tacto y +amabilidad que le valieron el aplauso del concurso. A cada nia iba +dando por compaero y servidor aquel mancebito que era ms de su agrado, +y a cada persona mayor aquella otra con quien ms congeniaba por su +humor y aficiones. Pero cuando lleg al delirio el palmoteo fue cuando +coloc al teniente Rubio entre las dos seoritas de Mer. Haba dejado +para lo ltimo este donaire, que no le hizo maldita la gracia al +interesado. Vindose oprimido por tales vejestorios, el injusto forzador +qued amoscado y estuvo a punto de protestar contra la designacin de +Emilita y faltar a todas las reglas de la galantera, pero se contuvo. +Al tiempo de sentarse se le ocurri exclamar mirando a entrambos lados y +parodiando a Napolen: + +--Desde lo alto de estas dos sillas, cuarenta siglos me contemplan. + +La ocurrencia se celebr mucho y esto volvi el humor a aquel daino +animal. Supo contestar tan bien a la vaya que le daban sus amiguitas, +que aquella tarde gan fama imperecedera de cazurro y de pcaro. + +Moro se sent al lado del conde, y mientras coman no ces de inculcar +en su alma la ventaja de traer al palacio de Granja una mesa de billar. +Conoca todas las fbricas, pero la mejor sin disputa era la de Tutau, +de Barcelona. Elogi el artculo como si fuese, un viajante de la casa. +A Luis se le conoca en la cara el hasto y el pesar de no hallarse +sentado al lado de Amalia. Pero Emilita no se atrevi a colocarlo en +esta forma, ni tampoco junto a Fernanda. Lo primero sera un escndalo. +Lo segundo, una molestia para ambos. + +Se comi como en un banquete de la Iliada. Pero el Aquiles de esta +formidable pelea fue Mann, el brbaro Mann, que, al decir de los que +estaban a su lado, se comi once calabacines rellenos. Verdaderamente +Mann era digno de ser llamado, si no suevo, ya que esto ofenda al +seor Saleta, por lo menos longobardo. Se habl y se grit como en una +plazuela. Las tres hadas del Jubilado, que tanto haban ganado desde que +Fray Diego ech la bendicin a su hermana en inocencia y gracia +infantil, tiraban bolitas de pan a los oficiales. stos echaban miradas +a la novia, haciendo despus guios a su compaero Nez, y murmuraban +palabras espantosas que les hacan prorrumpir en carcajadas ms +espantosas an. Paco Gmez se peleaba con Mara Josefa. No se sabe cul +de los dos era peor intencionado, de quin partan las flechas ms +agudas y envenenadas. Saleta, que tena a su compaero y censor D. +Enrique Valero lejos, se despachaba a su gusto, contando a D. Juan +Estrada-Rosa y a otros dos caballeros cmo se haba arreglado para +seducir a cierta inglesa, esposa de un cnsul que haba conocido en +Oncn, yendo desterrado a Filipinas. El barco no se detena all ms que +veinticuatro horas. En este breve espacio la enamor y logr que se +escapase con l. Pero tuvo que separarse de ella al instante, porque +aquel lance fue objeto de una reclamacin diplomtica por parte de la +Gran Bretaa. Manuel Antonio, atacado sbitamente de viva simpata por +un alfrez rubio que tena a su lado, le abrumaba a cuidados y delicadas +atenciones. + +--Federico... una aceitunita... No tome tanta mostaza, criatura, que le +puede hacer dao. Resrvese para las perdices. Me consta que estn +riqusimas. Quiere Burdeos?... Aguarde, yo me encargo de traerlo... + +Y se levantaba solcito, daba la vuelta a la mesa y traa un par de +botellas que colocaba delante del mancebo. + +--Se ha puesto usted muy bueno en Lancia. Cuando vino usted hace seis +meses era usted delgadito y plido. Yo deca: qu lstima de joven, tan +guapo y tan simptico! Porque crea que se iba usted a daar del pecho. +Se conoce que llevaba usted mala vida all en Barcelona... No? Pues +mire usted, cualquiera lo pensara. Me acuerdo que cuando usted lleg +traa una gabardina de color de ala de mosca muy bien hecha y chalina +azul celeste muy linda... Reconozco que le sienta a usted bien el traje +de paisano, pero a m me gusta usted ms de uniforme. Ser un capricho, +pero no lo puedo remediar. Vamos, que de uniforme y con esos bigotes a +la borgoona est usted del todo simptico! + +Algunas toses significativas de los oficiales, que se sentaban enfrente, +le paralizaron de pronto. Pero no se corri ni mucho menos. Era incapaz +de avergonzarse por nada. El que qued amoscado y se puso muy serio y +ceudo fue el alfrez. + +Cuando el banquete daba a su fin, algunos caballeros, favorecidos de las +musas, se levantaron a brindar en verso o cosa parecida. Y los que no lo +hicieron en verso felicitaron en prosa a los desposados, resultando que +lo mismo unos que otros coincidieron en desearles una eterna luna de +miel. Y lo mismo el peridico local que al da siguiente dio la +noticia. De todos aquellos brindis el ms original e interesante fue el +del padre de la novia, D. Cristbal Mateo. No haba de ser original or +a este saudo enemigo de la fuerza armada cantar sus glorias y +declararse partidario frentico del aumento del contingente y del sueldo +a los oficiales? A las pocas palabras que pronunci se mostr tan +enternecido, que algunas lgrimas rodaron precipitadamente por sus +mejillas. No falt quien dijo que lloraba el vino que haba bebido; pero +estamos lejos de dar crdito a esta insinuacin malvola, primeramente +porque es un absurdo que se llore vino, y despus porque su acento era +tan sincero, su ademn tan pattico, que nadie poda dudar de que sus +palabras salan del fondo del corazn. + +--...Es un consuelo, s, es un consuelo que Dios me haya dejado ver a mi +hija casada con un pundonoroso militar... Bien que decir militar en +Espaa es decir pundonoroso... Porque el ejrcito es la escuela del +honor, como dijo cierto filsofo... Levantar el ejrcito, honrar el +ejrcito, es levantar, es honrar el honor de la nacin... Levantar el +ejrcito es levantar el podero y la prosperidad del pas... Levantar el +ejrcito es colocarnos al nivel de las naciones ms grandes de +Europa... Levantar el ejrcito es vivir respetados por todo el mundo... +Levantar el ejrcito es levantarnos nosotros mismos... Levantar el +ejrcito... + +--Que se levante el ejrcito, pero que se siente don Cristbal--grit +uno. + +El Jubilado qued parado en firme, ech una mirada de triste +reconvencin hacia el sitio de donde haba partido la voz, se llev el +pauelo a los ojos para enjugarse las lgrimas, bebi con calma lo que +restaba de vino en la copa y se sent gravemente entre el aplauso y la +risa de los comensales. + +Fernanda no haba despegado los labios durante la comida. Todos los +esfuerzos de Granate, a quien la amabilidad de Emilita haba colocado +cerca de su apetecido dueo, resultaron infructuosos. Ni por hablarle de +la zafra y describirle cmo se recoge el tabaco y hacer clculos exactos +de lo que se gana en cada caja de azcar y lo que se ganara si se +rebajasen los derechos, ni por contar los cien pormenores interesantes +sobre la importacin de las carnes saladas de la Repblica Argentina y +del bacalao de Terranova, logr Romeo que su Julieta emitiese ms que +secos monoslabos. Lo nico que haca era alargarle de vez en cuando la +copa, diciendo con imperio: + +--Eche usted vino. + +El indiano se apresuraba a cumplimentar la orden. La joven la apuraba de +un trago, la pona sobre la mesa y paseaba sus ojos altivos por los +comensales, detenindose con insistencia en Amalia. Poco a poco aquellos +ojos iban adquiriendo expresin ms sombra, los prpados se le caan, +se ponan encendidos y se movan a un lado y a otro con ms dificultad. +D. Santos, a quien sorprenda aquella manera de beber, se atrevi a +decir: + +--Fernandita, bebe usted como un sumidero. Porra! Tengo miedo que le d +a usted un torozn. + +--Eche usted vino--respondi Fernanda lanzndole al mismo tiempo una +mirada torva que le desconcert. + +Ya que se hubo brindado, voceado y disparatado bien, el alegre concurso +volvi a diseminarse. Slo permanecieron en sus puestos el Jubilado y +los oficiales refractarios al amor. Quedaron discutiendo la forma ms +adecuada de aumentar, sin gravar mucho al Tesoro, ocho duros mensuales a +los capitanes, cinco a los tenientes y tres a los alfreces. Sin esta +reforma declaraban explcitamente los interesados que se operara muy +pronto una completa disolucin en el ejrcito, y por lo tanto, dejando +de ser la escuela del honor, ni lo habra en el pas, ni nos +levantaramos jams a la altura de otras naciones, ni habra +prosperidad ni podero ni pundonor en toda la vida. Jaime Moro volvi a +trincar a Fray Diego y a D. Juan Estrada-Rosa y los arrastr hasta la +mesa del tresillo. D. Juan haba perdido y se mostraba reacio, pero el +simptico mancebo logr convencerle con astucia de que, si no le haba +dado el naipe por la maana, era porque l, Moro, nunca haba perdido a +esa hora. Cuando le vena la mala era por la tarde. Capaz sera de +dejarse ganar con tal de retenerlos. + +Mann, sentado a un extremo de la mesa, sin intervenir en la +conversacin de los oficiales, cortaba con su navaja rebanadas de pan y +las coma cachazudamente formando bulto en el carrillo, remojndolas con +largos tragos del Burdeos que haba quedado en las botellas. No estaba +conforme con la comida que les sirvi Maran, el dueo del caf de +Altavilla. Despus de haberse hartado como un salvaje, deca que todos +aquellos platos eran _perfumeras_, y que donde estaba una fuente de +judas con morcilla, longaniza y huesos de marrano deben callarse los +macarrones. Hay que advertir que para Mann se llamaban macarrones todos +los manjares que no conoca, lo cual caa muy en gracia al maestrante. + +Mientras terminaba tan dignamente aquella comida indecorosa no cesaba de +murmurar pestes contra ella, haciendo responsable en parte a D. +Cristbal, a quien diriga de vez en cuando desde un rincn largas +miradas de rencor. + +De pronto se abren con estrpito las puertas del saln y penetran en l +cuatro muchachas en un estado de agitacin que impresion vivamente a +los circunstantes. Sin hacer caso de los otros se dirigen todas al +mayordomo de Quiones: + +--Mann, un oso! Mann, un oso! + +--Dnde?--pregunta aqul sin inmutarse. + +--En el bosque. + +--Quin lo ha trado? + +Ante esta pregunta extravagante quedan las cuatro estupefactas y +suspensas. Una de ellas se atrevi al fin a apuntar tmidamente: + +--Ha venido l solo. + +--Bah, bah, bah!--exclam rudamente el mayordomo. + +Y vuelve a las tajadas de pan con ms ardor que antes, dando quiz con +esto la razn a los envidiosos de la aldea, que no queran or hablar de +los osos que haba matado y se emperraban en llamarle zampatortas. + +--Vamos, nia, di cmo lo has visto--manifiesta la simptica Consuelo, +que vena en la diputacin. + +Una, que estaba ms plida que las otras, avanz y exclam con trabajo: + +--Qu miedo! Madre ma, qu miedo! Cre que me mora... porque mire +usted, el oso... el oso era horrible! + +En tal estado de sobresalto se hallaba, que no pudo articular ms que +palabras incoherentes. Entonces la resuelta Consuelo avanz a su vez y +dijo con voz firme: + +--Ver usted, Mann. Esta nia se encontraba con nosotras en la parte +ms espesa del bosque, all muy lejos. Oy cantar un pjaro, un malvs, +segn creo. No era un malvs?... Bueno, pues oy cantar un tordo y se +dirigi al sitio donde sonaba. Se alej bastante y no pudo dar con l. +Cuando se volva, sale de unas matas el oso, la acomete, la tira al +suelo y sin hacerla dao, no sabemos por qu, huye y desaparece. + +El famoso cazador de osos se levanta pausadamente y dice con el acento +firme y sosegado de los hroes: + +--Vamos a ver qu es eso. + +Pidi una escopeta arriba, y seguido de lejos por las plidas doncellas, +dio una batida al bosque. Lo nico que hall fue un cerdo alemn de la +pareja que el conde haba trado para encastar. La hembra haba muerto y +el macho vagaba triste y solitario por la espesura mientras se efectuaba +su metamorfosis en morcillas y chuletas. Hubo sospechas vehementes de +que el autor de la agresin fuese este cerdo viudo, pero la joven de la +aventura juraba y perjuraba que haba sido un oso quien la haba +acometido, y que no le dijeran cmo era este animal, porque lo haba +visto muchas veces disecado en el gabinete de zoologa de la +universidad. + +Fernanda se haba marchado mucho antes seguida de Granate. Estuvieron en +el jardn. All la joven se le colg del brazo y dieron algunas vueltas +por la misma calle en que haba visto pasear al conde con Amalia. + +--Usted est muy enamorado de m, verdad?--le pregunt bruscamente. + +El indiano, sorprendido, murmur: + +--Oh, s! Dicen que estoy como un burro, y es verdad. + +--Y qu siente usted, vamos a ver; qu siente usted? Explquese. + +--Yo?... Cmo?--exclam sorprendido. + +--S. Qu siente usted cuando me ve? Qu siente cuando otro hombre se +acerca a m, el conde, pongo por caso? Qu siente usted en este momento +en que va oprimiendo mi brazo? Descrbame usted sus sensaciones, lo que +le pasa por dentro... + +--Yo, seorita... no s qu decirla... La tengo tanta ley como si fuese +de la familia... Y a don Juan, su padre, aunque sea un poco +cascarrabias, lo mismo... Que sea cascarrabias o no, a m qu me +importa?... Si me casara con usted, tengo casa, gracias a Dios... Y no +es porque yo lo diga, pero mi casa vale ms que la suya, eso bien lo +sabe usted... Pero antes nos iramos a viajear por Francia, por Italia, +por Ingalaterra, por donde usted quisiera... Y si echbamos abajo cinco +mil duros, que los echramos! + +Granate sigui desbarrando un buen rato en esta forma. Fernanda no le +oa. Al fin le enfad aquel ruido molesto y dijo con acento colrico: + +--Se quiere usted callar, hombre? Qu sarta de estupideces est usted +ah soltando? + +El pobre D. Santos qued anonadado. Pasearon en silencio algn tiempo. + +--Qu feo es todo esto!--exclam al cabo la joven. + +--_Culo?_ + +--Todo! La casa, el bosque, los prados, el jardn... Mire usted qu +horrible es esta magnolia. + +--La casa muy fea y muy antigua, siempre lo he dicho... Si la dieran tan +siquiera un revoque y me pintaran los balcones, todava... El bosque no +vale para nada, no trae utilidad, est ocupando un sitio precioso para +hortaliza o espalera de fruta o lo que le manden. + +Fernanda solt una carcajada. + +--Usted padeci alguna vez de melancola, D. Santos. + +--De tristeza? Nunca. Yo siempre de buen humor. Tan slo hace un ao, +que me comi un bribn ocho mil y pico de duros, tom un berrenchn que +me dur dos das. + +--Qu feo est el sol ahora, visto por entre las ramas de los rboles! + +--Quiere usted que nos volvamos a casa? + +--No, llveme usted hacia el ro. Tengo la cara ardiendo y quiero +refrescarla un poco con agua. + +Bajaron por los prados, llegaron al ro, y all la heredera de +Estrada-Rosa, contra las prescripciones de D. Santos, se ech agua al +rostro por largo rato. Despus que se hubo secado ascendieron de nuevo +lentamente hacia la casa. + +--Cmo estoy ahora? Bien, eh?... Si viera usted cmo me aburro aqu! +No puedo ms; todo esto me fatiga. Yo no nac para andar por los prados +como las vacas. A m me gustan las ciudades, los salones, el lujo. +Quisiera viajear, como usted dice, por Pars, por Londres, por Viena. +Qu aburrido es Lancia, verdad? Aquellos eternos paseos del Bomb! +Aquel campo de San Francisco! Aquella torre de la catedral tan negra y +tan triste! Luego siempre las mismas caras. La nica persona divertida +de Lancia es usted... En cuanto le veo se me suelta la risa sin poderlo +remediar. Por qu le llaman a usted Granate? Yo creo que el color de +usted ms se parece al lapislzuli... Usted habr tenido esclavos all +en Amrica?... Oh, cmo me gustara a m tener esclavos! Es tan +fastidioso eso de pedir las cosas por favor! Pero no, en Amrica, no; +hay fiebre amarilla... Preferira ir a China. + +A medida que hablaba se iba exaltando, se emborrachaba con sus propias +palabras. Los pensamientos salan cada vez ms incoherentes. D. Santos +trat de decir algo, pero se lo impidi ella tapndole la boca con la +mano. + +--Djame hablar, hombre. Te lo quieres decir todo t? + +El indiano empez a inquietarse. La exaltacin de la joven iba en +aumento. Hablaba por los codos y le tuteaba rudamente. + +--Dame un cigarro. + +--Fernandita!... Un cigarro!... Se va a usted a marear. + +--Silencio! Qu dices ah, tonto? Marearme! T no sabes ya qu +inventar para fastidiarme. Dame un cigarro o te dejo ah plantado. + +El indiano sac la petaca: la gentil heredera tom de ella una breva, le +arranc con sus dientes etipicos la punta y pidi por seas un fsforo. +Granate se lo ofreci encendido, sacudiendo al mismo tiempo la cabeza en +seal de disgusto. + +Cuando hubo dado dos o tres chupadas, puso un gesto avinagrado y +exclam: + +--Qu cigarros tan infames! Mira, fmatelo t. + +Y se lo puso en la boca. + +No fue, no, avinagrado el gesto de Granate al chuparlo. + +--Ya lo creo que me lo fumar!--exclam sonriendo beatamente.--Me salen +a doscientos pesos el millar... Pero ahora, despus de chuparlo usted, +vale un milln... + +--Vamos, no empieces a decir brutalidades. Llvame a casa... Esta luz me +marea. + +Llegaron hasta la corrada cogidos del brazo. All un pollastre les dijo +desde lejos: + +--Dnde van ustedes? La gente est en el bosque. + +--Dgale usted a la gente que me ro de ella--respondi Fernanda con +gesto furioso que hizo sonrer al muchacho. + +--T no conoces la casa?--aadi bajando la voz y dirigindose a D. +Santos.--Pues voy a ensertela toda. Vers. + +Subieron la mohosa y estropeada escalera. Fernanda, sin cerrar boca, fue +recorriendo todas las habitaciones del casern y mostrndolas al +indiano. + +--Aqu est el clebre _cuarto de la condesa_!--exclam con singular +entonacin al llegar a l.--Vamos a entrar. Estoy cansada. + +Entraron y la joven cerr la puerta. + +--Qu hermoso, eh?... ste es el cuarto ms hermoso y ms pcaro de la +casa. Si estos muebles se pusieran a contar secretos divertidos, no +concluiran nunca... Mira, dime pronto algo que me haga rer, porque si +no vas a ver cmo empiezo a llorar lo mismo que una colegiala... Lo +ves? Ya estoy llorando... Sintate ah, gaznpiro... Qu bonito chaleco +traes! Qu bien dibuja la redondez de la panza!... Contempla esa cama. +Es grande, eh? es ancha, es hermosa, es artstica. Pues mira, yo la +quemara... Por no sentarme en ella, voy a sentarme sobre tus +rodillas... + +Y as lo hizo. Granate al sentir aquella carga tan dulce qued +enajenado, y con increble audacia le pas un brazo por la cintura. La +joven se alz como si la hubiera pinchado. + +--Qu haces, bruto? Crees que estamos en la manigua y soy alguna negra +cimarrona? + +Despus de contemplarle un rato con ojos colricos, su fisonoma se fue +serenando, sus labios se dilataron con sonrisa dulce. + +--Me quieres mucho? + +--Casi na!--dijo el indiano con acento picarn. + +--Pues vas a ser feliz un momento. Mira, te voy a permitir que me des un +beso... uno solo, lo entiendes? Pero me has de jurar que no lo ha de +saber nadie... + +El indiano hizo un juramento espantoso. + +--Bueno, basta. Ahora, dame el beso aqu en la sien. El primero y el +ltimo que me has de dar en tu vida... Espera un poco--aadi alzndose +otra vez.--Por este beso yo te he de dar cincuenta bofetadas en esos +carrillos azules... Admites el trato? + +Granate consinti inmediatamente. La nia volvi a sentarse sobre sus +rodillas e inclin la cabeza para recibir el beso. + +--Bueno, ahora llega mi turno!--exclam con infantil +alegra.--Preprate a recibir los bofetones... Qu carrillos, Dios mo, +tan magnficos! Ves que son azules?... Pues te los voy a poner +verdes... Atencin!... Una!... La primera... Dos!... La segunda... +Tres!... La tercera... Cuatro!... Cinco! + +La mano breve y torneada de la hermosa chasqueaba ruidosamente en las +carnosas mejillas del indiano. Los ojos de ste comenzaron a ponerse +encendidos y encarnizados, como los de un lobo, su sangre llame +repentinamente y con brusco ademn la sujet brutalmente por la cintura. + +Fernanda dej escapar un grito ahogado. + +--Qu tienes?... Por qu te enfadas?... Djame!... Djame, bruto! + +Luch, forceje con desesperacin, pero no logr desasirse... + +Al apartarse, la embriaguez haba desaparecido por completo. Dirigi una +mirada vaga, extraviada, al indiano. Pero esta mirada adquiri sbito +expresin de espanto, se fij en l como en un animal extrao que la +viniese a acometer. + +--Qu hace usted aqu?... Ah, s!--exclam llevndose la mano a la +frente.--Dios mo! Qu me pasa? Estoy soando?... + +Y volviendo a clavarle sus ojos irritados, amenazadores, le grit con +rabia: + +--Qu hace usted ah plantado? Salga usted inmediatamente! Salga +usted! salga usted!--repiti con grito cada vez ms alto. + +Pero cuando el indiano retroceda ya hacia la puerta ella se lanza de +pronto fuera, sale disparada por los pasillos y, al llegar cerca de la +escalera, cae atacada de un sncope. + +La levantaron, la prodigaron mil cuidados. Al recobrar el sentido brot +de sus ojos un raudal de lgrimas; no ces de llorar en toda la tarde. +Cuando la comitiva se puso de nuevo en marcha hacia la poblacin an +segua llorando. + +--Han visto ustedes qu vino ms llorn tiene esta nia de +Estrada-Rosa?--deca riendo el capitn Nez. + + + + +IX + +La mascarada. + + +Momentos antes de que la rosada aurora abriese de par en par las +ventanas del Oriente, Satans, que amaneci de humor campechano, envi a +Lancia al ms travieso y juguetn de los demonios con encargo de +despertarla. Bati sus negras alas el ministro de Averno sobre la ciudad +y lanz una carcajada horrsona, estridente, que logr arrancar de las +profundidades del sueo a todos sus habitantes. Despertaron con unas +ganas atroces de rer, de alborotar, de burlarse de la autoridad +gubernativa, improvisar coplas y decir barbaridades. + +Uno de ellos, imaginamos que haya sido Jaime Moro, lo primero que hizo +al saltar de la cama fue llamar al criado y preguntarle con semblante +risueo si D. Nicanor, el bajo de la catedral, le haba prestado al fin +su figle. El criado, sin responder, saliose un momento del cuarto y no +tard en aparecer con un descomunal serpentn entre las manos. Y sin +respeto alguno a su amo aplic los labios a la boquilla y produjo un +ruido temeroso semejante al rugido de un len. Moro, en calzoncillos +como estaba, hizo una pirueta y tres o cuatro zapatetas en seal de +ntimo regocijo, como si aquel ruido brbaro hubiese tocado las fibras +ms delicadas de su corazn. Despus de probar por s mismo a producir +idntico rugido y cerciorarse de que era bien capaz, se visti, se ali +y, tomando apresuradamente el desayuno, se sali a la calle liado en su +capa y debajo de ella el artefacto musical que tan gozoso le haba +puesto. A cuantos encontraba detena con guio misterioso, y metindose +en el portal ms prximo les mostraba, lleno de emocin, el contrabando +que traa oculto. Ninguno preguntaba lo que iba a hacer con l. +Sonrean, le apretaban la mano significativamente y solan preguntarle +al odo: + +--Para cundo? + +--Esto para la noche, pero a las doce sale la carroza. + +--Se escaparn? + +--Ca! Estn bien tomadas las medidas. + +Y segua su camino, embozado hasta los ojos, porque haca un fro de dos +mil diablos. + +Otros no se limitaban a sonrer y apretarle la mano, sino que en justa +correspondencia a su confianza sacaban con mano temblorosa de los +bolsillos del gabn o de lo interior de la gabardina algn instrumento +resonante tambin de menor categora, una trompeta, un cuerno de caza, +una matraca. Moro aplauda, alababa el instrumento sin hacer alarde de +su superioridad. Y prosegua con marcha oblicua y trabajosa, no hacia la +confitera de D. Romana, que era el trmino glorioso de sus +expediciones matinales, sino hacia casa de Paco Gmez. + +Resonaba sta ya con los pasos agitados y el vocero de una muchedumbre +de jvenes diligentes. Todos ellos trabajaban con verdadero afn, con +ahnco que rara vez se ve en los talleres. Unos cortaban estandartes, +otros moldeaban caretas de cartn; quines pegaban letras negras a los +trasparentes de un farol; quines vestan primorosamente dos grandes +muecos; quines, en fin, se ocupaban en desatascar las boquillas de +varios bombardinos y serpentones semejantes al que Moro llevaba. La +estancia era una inmensa sala destartalada. Paco Gmez habitaba el +palacio de un marqus que jams haba puesto los pies en Lancia, del +cual su padre era mayordomo. El implacable bromista presida vigilante y +solcito los trabajos de sus compaeros, acudiendo a todas partes, +saliendo a cada momento para dar rdenes a los criados o para recibir +los mensajes que le enviaban. Nunca se le haba visto tan afanoso. +Generalmente era displicente, y hasta en las bromas ms premeditadas +mostraba cierta actitud desdeosa, sincera o fingida, que le haca ms +temible. Ahora echaba todo el cuerpo fuera. Es que se trataba de la +farsa ms estupenda y regocijada que haba presenciado jams la ciudad +de Lancia desde que los monjes de San Vicente haban venido a fundarla. +El motivo era que se casaba... (apenas si la pluma se atreve a +estamparlo) Fernanda Estrada-Rosa... se casaba... (vamos, que cuesta +trabajo decirlo) se casaba con Granate! + +Desde la memorable escena de la Granja, Fernanda vivi en estupor +doloroso, en un abatimiento de alma y de cuerpo que alarm a su padre. +Hizo llamar al mdico. ste no hall ms que un desequilibrio nervioso; +se curara con algn viajecito a la corte, con paseos y distracciones. +La nia se neg en absoluto a curarse por estos medios. Ni paseos, ni +teatro, ni tertulias, ni mucho menos pensar en hacer viaje alguno. Desde +su gabinete al comedor, desde aqu al cuarto de su padre, donde sola +permanecer breves instantes. No tena fuerzas para subir al piso segundo +ni humor para enterarse de los trabajos de los criados y dirigirlos. +Cerrada en su habitacin tampoco lo tena para seguir labor alguna. Se +dejaba caer en una silla y permaneca largusimo rato inmvil con las +manos sobre las rodillas y los ojos extticos. Algunas veces se pona a +leer y, observando que no se haca cargo de lo que el libro deca, +conclua por arrojarlo. Otras se asomaba al balcn y permaneca de +bruces sobre la baranda horas enteras con la vista fija en el espacio o +en un punto de la calle, sin ver a los transentes ni contestar al +saludo que muchos le dirigan, ni advertir siquiera la curiosidad de que +era blanco por parte de las vecinas. + +Mas he aqu que repentinamente se le antoja marcharse a Madrid. Fue +necesario preparar el viaje instantneamente. Manifest su deseo por la +maana. Por la noche montaban padre e hija en la diligencia: con tal +mpetu y palabras extremosas exigi la nia el viaje. Una vez en la +corte, cambi radicalmente su humor. Entregose con rabia, con pasin +desenfrenada a los placeres que brinda Madrid a una joven forastera, +rica y hermosa. Vivi dos meses en la embriaguez de los teatros, de los +paseos en coche, de los grandes saraos y conciertos. Acometida sbito +de una alegra nerviosa, pareca feliz enmedio del ruido y el tumulto de +la sociedad, donde empez a conocrsela por el sobrenombre de _la +Africana_. + +Para que su vida fuese an ms alegre y aturdida le placa comer por los +_cafs_ y _restaurants_, como un mancebo disipado. D. Juan fluctuaba +entre el gozo de verla contenta y la incomodidad aguda que le produca +aquella vida desordenada, tan contraria a sus hbitos y edad. + +Una tarde, regresando del paseo del Prado, Fernanda estall +repentinamente en sollozos. D. Juan qued estupefacto, aterrado; en toda +la tarde no haba cesado de rer aquella locuela burlndose de cierto +mancebito que segua pertinazmente su coche. + +--Qu te pasa?... Fernanda! Hija ma! + +La nia no respondi. Con el pauelo en los ojos, el cuerpo sacudido por +fuertes estremecimientos, lloraba cada vez ms perdidamente. + +--Fernanda, por Dios, que la gente se est fijando! + +El llanto se iba convirtiendo en ataque de nervios. D. Juan orden al +cochero partir a escape a casa. Mas antes de llegar a ella, la joven +ces de llorar y, levantando la cabeza con resolucin, exclam: + +--Pap, quiero marcharme a Lancia! + +--Bien, hija; nos iremos maana. + +--No, no; quiero que nos vayamos ahora mismo. + +--Considera que no falta ms que una hora para salir el tren. + +--Sobra tiempo. + +No hubo ms remedio que meter apresuradamente la ropa en los bales y +salir disparados a la estacin. Slo cuando el silbido de la locomotora +anunci la salida y comenzaron a correr por las llanuras ridas que +rodean a Madrid se calmaron un poco los nervios de la excitada nia. + +Al da siguiente de llegar a Lancia no fue a dar los buenos das a su +padre ni a tomar chocolate con l, como tena por costumbre. Cuando ya +se dispona el viejo a llamarla, entra de repente en su habitacin una +domstica plida y agitada. + +--La seorita se ha puesto muy mala! + +Corri D. Juan al gabinete y la hall desencajada; lvida, por los +esfuerzos que unas violentsimas nuseas la obligaban a hacer. + +--Pronto! A buscar el mdico!--grit el pobre padre. + +Fernanda hizo un gesto negativo y articul dbilmente: + +--No, que llamen al penitenciario. + +No hizo caso. Vino el mdico y, despus de examinarla detenidamente, +llam a D. Juan aparte y le dijo: + +--Su hija de usted ha tomado una cantidad extraordinaria de ludano. + +--Para qu?--pregunt sin comprender. + +--Pues... para lo que se toman siempre esas cantidades... para +envenenarse. + +--Hija de mi alma! qu has hecho?--grit el desgraciado; y quiso +lanzarse de nuevo a la habitacin de la joven. El mdico le detuvo. + +--No corre peligro alguno. Ha devuelto todo el veneno, y con el +medicamento que voy a recetar quedar completamente tranquila. Lo que +importa ahora es que no repita. + +--Oh, no! Yo me encargo. + +Y corri al cuarto de su hija. Pero no pudo arrancarle una palabra. La +nia se obstinaba en que viniese su confesor. Al fin fue por s mismo a +llamarlo, y no tard en aparecer con l. + +Mientras dur la confesin, D. Juan paseaba agitadamente por el amplio +corredor de la casa en espera, devorado por curiosidad ardiente, presa +de vagos y tristsimos presentimientos. Sali al fin el penitenciario, +quien sin responder a la muda interrogacin que le diriga con la vista, +tomole gravemente de la mano y le llev en silencio hasta su propia +habitacin, donde se encerraron. Cuando al cabo de una hora salieron, el +anciano banquero tena las mejillas inflamadas, los blancos cabellos en +desorden y en los ojos seales de haber llorado. Despidi al cannigo +en la escalera y torn a encerrarse en su despacho. All permaneci todo +el da y toda la noche, sin hacer caso de los recados que su hija le +mand para que se llegase a verla. + +Fue el propio penitenciario quien se ofreci a hablar con Granate y +seguir las negociaciones. El indiano relinch de gozo al saber de lo que +se trataba. Pero su naturaleza de aldeano astuto y la pasin de la +avaricia, que era la que hasta entonces le haba dominado, alzaron la +cabeza. Cuando al otro da fue el cannigo a hablarle hallolo cambiado: +cerdeaba, grua, sacuda la cabeza, hablaba con palabras entrecortadas +del lujo con que haban criado a Fernanda, de los grandes gastos que el +matrimonio trae consigo. En resumidas cuentas, peda una dote. El +penitenciario, que era hombre justificado y de genio vivo, no pudo +contenerse ante tal vileza y le llen de denuestos. Pero esto era lo que +menos importaba a aquel rstico. Seguro de tener a D. Juan bajo sus +tacones, rea como un bestia, se rascaba la cabeza y dejaba escapar +algn dicharacho grosero que pona an ms fuera de s al cannigo. + +Cuando, haciendo grandes rodeos, ste enter a D. Juan de lo que +ocurra, el desgraciado padre quiso volverse loco de desesperacin e +ira. Se arrancaba los cabellos, vomitaba injurias atroces y hablaba de +dar un tiro a su hija y darse l otro enseguida. A duras penas logr +calmarle un poco. Entr, al fin, en razn, siguieron las negociaciones y +despus de disputar como mercaderes el tanto y el cuanto de la dote, se +fij al fin lo que haba de ser, y Granate consinti en dar su mano de +sapo a la nia ms preciosa que Lancia guardaba por aquella poca. + +Pero faltaba la ms negra. Faltaba decrselo a ella. Cuando le +anunciaron que se preparase a unir su suerte en plazo breve a la de D. +Santos, cay presa de fuerte desmayo. Al salir de l declar +rotundamente que no lo hara aunque la desollaran viva. Ni las +reflexiones de su confesor, ni la perspectiva de la deshonra, ni las +lgrimas de su padre consiguieron ablandarla. Slo cuando vio a ste +frentico llevarse el can de un revlver a la sien para arrancarse la +vida se arroj a detenerlo prometiendo hacer cuanto le mandase. Y he +aqu cmo qued concertado en principio aquel matrimonio horrendo. + +Al tener noticia los nobles hijos de Lancia de tal concierto, el mismo +sentimiento de vergenza se apoder de todos ellos. Una ola inmensa de +rubor invadi las mejillas de aquel generoso vecindario. Esta ola sola +venir a Lancia y hacer los mismos estragos siempre que la suerte +favoreca a algn laciense ms de lo justo. Si a uno le tocaba la +lotera, si a otro le daban un buen empleo, si el de ms all se casaba +con una mujer rica o adquira gran caudal con su industria, o se haca +famoso por su talento, la delicadeza exquisita de los habitantes de +Lancia se sobresaltaba y procuraba, rebajando el dinero, el talento, la +instruccin o la industria de su vecino, poner las cosas en su verdadero +sitio. Tal sentimiento puede equivocarse fcilmente con el de la +envidia. El verdadero observador comprendera, no obstante, al orlos +disertar en las tertulias de las tiendas y en los corrillos de la calle, +que slo el amor, acaso demasiado ardiente, a la justicia les obligaba a +minorar los mritos de su convecino y renunciar de este modo +generosamente a la parte de gloria que en ellos pudiera refluir por este +concepto. + +El matrimonio de Granate caus profundo estupor. Sigui al estupor un +grito de indignacin. Nunca se colorearon tan vivamente las mejillas de +los lacienses como en aquel momento; ni siquiera cuando la prensa de +Madrid vino elogiando cierta comedia escrita por un hijo de la +poblacin. Qu de improperios, primero contra Granate, luego contra D. +Juan, despus contra Fernanda! Singularmente los pollos se agitaban +convulsos, frenticos; encontraban deficiente la legislacin, que no +contena medios de prohibir semejantes monstruosidades. Resultado de +todo fue que, para dar expansin a las fogosas emociones que la noticia +haba despertado en su alma y para dar claro testimonio al mundo entero +del profundo disgusto que un matrimonio tan extravagante les causaba, la +juventud laciense dispuso una soberana farsa a cuyos comienzos +asistimos. + +Los interesados tuvieron noticia de ella y quisieron evadir el golpe, +primero ocultando el da en que se haba de celebrar el matrimonio, +despus celebrndolo fuera de la poblacin. Pero no les valieron de nada +sus precauciones. Los pollos olfatearon que la ceremonia se celebrara +en los primeros das de Febrero, en la posesin que Estrada-Rosa posea +a media legua de Lancia. Se colocaron espas en la calle de Altavilla y +en las inmediaciones de casa de Granate a fin de que no se escaparan; +sobornose a los criados; se trazaron por las cabezas ms fecundas de la +ciudad mil planes ingeniosos para vejar a los novios. Como coincidi con +estos preparativos el Carnaval, resolvieron aprovecharlo para dar el +primer golpe con una gran mascarada burlesca, que sali el domingo a las +doce de casa de Paco Gmez recorriendo las calles. En una carroza tirada +por cuatro bueyes vestidos con percalina roja, sus cuernos adornados con +ramaje, venan tres mscaras, queriendo figurar una a Fernanda +Estrada-Rosa, otra a su padre y otra a Granate. Este ltimo traa un +sombrero de cuernos. De vez en cuando se paraba la carroza y ejecutaban +una farsa ridcula y grosera que haca bramar de regocijo a los curiosos +que en torno se reunan. Fernanda besaba con trasportes de entusiasmo a +Granate; ste, como ms pequeo, la abrazaba por ms abajo de la +cintura, y mientras tanto D. Juan haca sonar riendo una bolsa de +dinero. De vez en cuando, del fondo de la carroza sala rpidamente otro +mscara que quera representar al conde de Ons, daba un beso a +Fernanda, se lo devolva sta a espaldas de Granate, y tornaba a +ocultarse con la misma celeridad. + +Como quiera que esta payasada se ejecut en la calle de Altavilla, +delante de la misma casa de Estrada-Rosa, el escndalo fue enorme, el +gento que la presenciaba inmenso. D. Juan, en el paroxismo de la ira, +dio parte al gobernador, grande amigo suyo, y resolvi partir al da +siguiente con Fernanda. Los jvenes maleantes, que prevan esta +determinacin, ya tenan urdido el medio de hacerla ineficaz, +preparando, como hemos visto, una grandiosa cencerrada para la noche. +Era anticipada porque an no se haban casado, pero de ningn modo +queran que se escapasen sin ella. Armados, pues, de cuantos +instrumentos ruidosos pudieron haber, con grandes trasparentes, donde +aparecan pintadas las mismas grotescas figuras de la carroza con +bestiales leyendas debajo, y teas en las manos, se congregaron ms de +trescientos muchachos en Altavilla, y alrededor de ellos media +poblacin que los alentaba con sus carcajadas. El estruendo era +horrsono. De vez en cuando cesaba y una voz lanzaba al aire alguna +copla indecente, que era celebrada con rugidos de alegra, creciendo +tanto y tanto la algazara, que el mundo se vena abajo. El teniente +Rubio, siempre original, trep por las cornisas de la capilla de San +Fructuoso, situada casi enfrente de la casa de Estrada-Rosa, y comenz a +repicar la campana. Paco Gmez iba solapadamente de uno en otro grupo +apuntando las coplitas ms dainas para que las repitiese en alta voz el +que la tuviese ms recia. Moro haca sonar su famoso serpentn hasta +echar los pulmones, mientras el marica de Sierra, que haba sido uno de +los ms activos promovedores de la cencerrada, se meta traidoramente en +casa de D. Juan, vendindose como amigo fiel, para espiar en realidad lo +que all pasaba. + +Pero el jefe poltico de la provincia pens que era ya hora de oficiar +de Neptuno y componer las olas irritadas. Cuando la cencerrada se +hallaba en su perodo lgido, envi a Altavilla a ola, cabo de los +guardias municipales, acompaado de dos nmeros, que resultaron ser +Lucas el Florn y Pepe la Mota, con encargo de apaciguar el escndalo y +despejar la calle. Los lacienses estaban avezados de antiguo a no +reconocer el origen divino de la autoridad cuando ola, el Florn o +Pepe la Mota se empeaban en representarla. Y no slo ponan en duda su +legitimidad, sino que en cuanto de lejos los columbraban, soplaba en su +espritu el viento de la rebelin y lo encrespaba. Consista esto en +que los lacienses estuviesen predestinados por los ciegos impulsos de su +naturaleza a conspirar contra el orden establecido? No es verosmil. +Ninguno de los historiadores de Lancia han sealado como carcter +distintivo de aquella raza la oposicin a las instituciones. Es ms +natural suponer que lo que les indignaba tan profundamente y les +inclinaba a la conjuracin era la nariz de ola, del tamao de un botn +de timbre elctrico, la voz aguardentosa de Lucas el Florn y las +piernas monstruosamente arqueadas de Pepe la Mota. + +De sobra conocan estos respetables agentes del poder gubernativo las +tendencias anrquicas que algunas veces manifestaba el vecindario de +Lancia. Pero lo que no sospechaban siquiera al introducirse incautamente +entre la muchedumbre, de Altavilla fue que haban de salir de all sin +bastn, sin sable, sin kepis y con las mejillas abofeteadas. As estaba +escrito, sin embargo. + +El jefe poltico no quiso conformarse con los inescrutables fallos de +Dios, y montando en clera hizo llamar inmediatamente al teniente de la +guardia civil y le envi a vengar con ocho nmeros a los infortunados +ola, Lucas el Florn y Pepe la Mota. + +Envalentonados con la victoria pasada los graciosos de Altavilla, +trataron de resistir. Entonces el teniente, a quien devoraba el fuego de +la guerra, mand desenvainar los sables, y sonriendo ferozmente, carg +sobre la muchedumbre como un jabal indomable. + +Al verlo, un vivo estremecimiento corri por los miembros de cada uno de +los lacienses. Hubo tendencias a retirarse del campo de batalla; pero no +falt en aquel momento quien animase su corazn intrpido ofrecindoles +la perspectiva engaosa de la victoria. + +--Fuera los civiles! Abajo los tricornios! Muera el patatero! + +Tales fueron los gritos sediciosos que se escaparon de los pechos de +aquella juventud temeraria. + +Y en el mismo punto volaron algunas piedras. Los trompones, los +bombardinos, los cornetines de pistn cuya voz armoniosa tantas mazurkas +haban cantado en el seno de la paz, trasformados repentinamente en +instrumentos de guerra, brillaron siniestros a la luz de las antorchas. +El tricornio del teniente cay vergonzosamente al suelo a impulso de uno +de ellos. Lo recoge. Su corazn de guerrero se estremece, un crculo de +espuma se forma en torno de sus labios y se lanza al combate con los +ojos inflamados, respirando exterminio. + +Entonces, bajo el imperio de su fuerza incontrastable, los jvenes +hroes de Lancia se replegaron dando fuertes gritos amenazadores. Los +sables de los civiles comenzaron a sonar de plano en las espaldas de +algunos. La retirada se convirti en huida muy pronto. Tal como un +rebao de ciervos huye y se desbanda perseguido por los chacales, as +los hijos generosos de Lancia huyeron aquella noche memorable, +perseguidos por los civiles sedientos de sangre. El suelo qued sembrado +de instrumentos de bronce, testigos de la afrenta. El indomable teniente +pase largo rato su furor por las calles, animando con vivas +interjecciones a sus huestes, lanzndolas en persecucin de los rebeldes +como un cazador lanza su jaura en persecucin de un venado. As fue +como Paco Gmez, seguido tenazmente por los tricornios, se vio en la +precisin, para escapar a un cintarazo, de meterse por el escaparate de +la confitera de D. Romana, cayendo de bruces sobre una fuente de +huevos moles y destruyendo por completo una magnfica tarta de borraja +destinada al chantre de la catedral. As fue tambin como Jaime Moro, +despus de perder en la refriega el serpentn de don Nicanor, estuvo a +punto de ser inmolado por el sable resplandeciente de un civil. Slo por +haber tomado la precaucin de bajar la cabeza cuando ste le tir el +golpe evit la efusin de sangre. El sable fue a chocar con la pared de +una casa, haciendo no poco estrago en ella. Meses despus, Moro enseaba +el trozo descascarillado como un trofeo a los amigos forasteros que +venan a Lancia; y al recordar sus proezas y peligros en aquella noche +gloriosa, una suave alegra descenda a su corazn heroico. + +Otros muchos miembros de aquella juventud magnnima experimentaron +desperfectos de consideracin en su economa, unos por el influjo de los +sables, los ms por las cadas y los choques que resultaron de la +desbandada. La victoria no fue, sin embargo, gratuita para los agentes +del gobierno. Aparte del fracaso del tricornio del teniente y de algunas +contusiones de sus subordinados, el poder constituido sufri un +importante revs en la persona de uno de sus ms antiguos +representantes, en la persona de ola, cabo de municipales. Ya sabemos +que este personaje, enteramente impopular en Lancia, a causa de la +cortedad, y an ms de la redondez excesiva de su nariz, haba perdido +en la primera escaramuza el kepis, el sable y el honor de sus mejillas. +La clera y la venganza se enseorearon de su corazn. Nada poda hacer, +sin embargo, para apagarlas, porque se hallaba privado de todo medio +coercitivo. Pero en vez de retirarse prudentemente al soportal de las +Consistoriales, como hicieron sus compaeros Lucas el Florn y Pepe la +Mota, quedose enmedio de la calle contemplando con ansiedad la batalla. +Al ver que se decida en favor de las instituciones que l representaba, +la alegra se desbord ruidosamente de su pecho municipal. + +--Bien por los guardias! Duro en ellos! Rajarme esa canalla! A ver +si escarmienta de una vez esa pillera! + +Tales eran los gritos belicosos que salan de su garganta. Sin embargo, +cuando menos poda esperarse, dado que los enemigos huan en completo +desorden, vino a estrellarse contra el botn de su nariz un cuerpo duro +de superficie lisa y compacta que result ser un trozo de cal +hidrulica. Todos los timbres de su cerebro sonaron a un tiempo. No +pudiendo sufrir tanto estrpito, vino al suelo privado de conocimiento. +Su pecho magnnimo slo tuvo fuerzas para exhalar una queja melanclica. + +--Recongrio, me han escuaernao esos sinvergenzas! + +As cay aquel baluarte poderoso del orden, aquel varn esforzado que en +sus luchas incesantes con la pillera de los arrabales tantas veces +haba caminado por la senda de la victoria. Levantronlo y lo metieron +en la botica de don Matas, que estaba prxima. Desde all lo condujeron +poco despus al hospital. La ciudad perdi por algunos das su escudo +protector. Porque ni Lucas el Florn ni Pepe la Mota podan competir en +energa con ola. + +Mientras tales sucesos se efectuaban en Altavilla y en las calles +adyacentes, D. Juan Estrada-Rosa, presa de irritacin indescriptible, se +paseaba agitadamente por su gabinete mesndose los cabellos. Los +consuelos hipcritas del marica de Sierra no lograban calmarle. Hablaba +de salir a la calle y arrojarse sobre la insolente muchedumbre. + +--Qu les habr hecho mi pobre hija!--exclamaba con voz temblorosa, +prximo a sollozar. + +Fernanda se haba retirado a su habitacin temprano y se haba metido en +la cama. Si la sorprendi la algazara que sonaba en la calle o contaba +ya con ella, no es fcil saberlo. Cuando D. Juan, despus de adoptar una +violenta resolucin, subi a despertarla, al encender la luz hallola con +los ojos secos y brillantes, sin apariencias de haber dormido ni de +haber llorado. Hizo que se vistiese a toda prisa, y dando orden a los +criados para que tuviesen encendidas todas las luces de la casa a fin de +engaar a los de afuera, sali con ella por la puerta de la cochera, +que daba a un callejn solitario. Los acompaaba nicamente Manuel +Antonio. Dirigironse por las calles ms extraviadas a casa del +Jubilado. Una vez all, se pas un recado a don Santos para que se +presentase inmediatamente; otro al penitenciario. Cuando ambos +acudieron, el padre, la hija y estos dos seores, Manuel Antonio y +Jovita Mateo salieron ocultamente de Lancia por la carretera de +Castilla. Despus de caminar un rato esperaron el coche que don Juan +haba mandado venir. Acomodronse los seis como pudieron en la +carretela, echando a Manuel Antonio al pescante. Media hora despus +estaban en la posesin del banquero. Alzose apresuradamente un altarcito +en el saln principal de la casa, y antes de que amaneciese, el +penitenciario bendijo la unin de los prometidos. + +Fernanda no haba despegado los labios durante el camino. El mismo +silencio cuando se hacan los preparativos para la solemnidad. Pareca +tranquila, en un estado de indiferencia absoluta o, por mejor decir, de +soolencia, como la persona a quien se arranca violentamente del sueo y +tarda en darse cuenta de lo que pasa en torno suyo. Pero tal estado +letrgico continu despus de pronunciar el s ante el altar. Ni la +pltica afectuosa y elocuente del penitenciario, ni las bromas +incesantes de Manuel Antonio mientras tomaban el desayuno, ni las +caricias de Jovita, ni la alegra afectada, ruidosa, de su padre +lograban sacarla de su extraa distraccin. Clareaba el da, un da +triste, nublado, que se filtraba melanclicamente por los cristales. +Todos hacan esfuerzos por parecer alegres; se hablaba en voz alta, se +rea comentando la torpeza del criado, el miedo de Manuel Antonio a +volcar. + +Traslucase, no obstante, una gran tristeza. Cuando la conversacin se +interrumpa, las frentes se arrugaban, los semblantes se oscurecan. Al +entablarla de nuevo, las palabras resonaban lgubremente en el lujoso +comedor. + +La novia se retir para cambiar de traje. Poco despus apareci de +nuevo, con el mismo semblante impasible. Segn los planes de D. Juan, +deban irse inmediatamente para tomar en un pueblo prximo la silla de +posta. Los indecentes de Lancia quedaran de este modo chasqueados. +Cuando bajaron al jardn, donde esperaba el coche, caa una lluvia +menuda y fra. Fernanda bes a su padre y entr en el coche. El pobre +anciano, al recibir aquel beso en la mejilla, pens que una corriente de +aire fro entraba por ella paralizando sus miembros y helndole el +corazn. + +El ltigo chasquea. Adis, Fernanda; abrgate, Fernanda. Adis, Santos. +Que vengan ustedes pronto. Ya estn en camino. Antes de una hora +llegan a Meres, esperan la diligencia y suben en ella. El mismo silencio +obstinado por parte de Fernanda. Las atenciones de Granate no le +arrancan ni una sonrisa ni una palabra de gracias; sus ademanes +grotescos y los desatinos que de vez en cuando deja escapar tampoco +hacen surgir en el semblante marmreo de la joven un gesto de fatiga o +disgusto. A ratos dormita, a ratos contempla con ojos atnitos el +paisaje. Cuando llegaron a las inmediaciones de Len era ya noche. + +Pero qu ocurre en Len? Al llegar a la plazoleta donde cambia el tiro +la diligencia descubren gran golpe de gente, escuchan voces desaforadas, +ruido desacordado de instrumentos de msica, taido de cencerros. Y ven +alzarse sobre la muchedumbre algunos trasparentes pintados. + +Paco Gmez, fecundo en trazas ms que Ulises, haba escrito a algunos +amigos de Len tiempo atrs invitndoles a disponer una cencerrada para +cuando Granate y su esposa pasasen por all. La colonia de Lancia, que +es numerosa en Len, secund admirablemente los planes de su paisano. +Todo lo tenan preparado. Sin embargo, estos preparativos no hubieran +servido de nada sin la traicin de Manuel Antonio, que al llegar a +Lancia notici secretamente a Paco lo que pasaba. ste aprovech el +telgrafo, recin instalado, y se puso en comunicacin con sus +secuaces. + +Fernanda tard en darse cuenta de que aquella algazara iba contra ella. +Cuando, por algunos gritos que llegaron a sus odos, vino en +conocimiento de ello, empalideci, sus ojos se dilataron y, dando un +grito, precipitose a la ventanilla para arrojarse fuera. Granate la +detuvo sujetndola por la cintura. La joven luch algunos momentos con +furor; pero no pudiendo desprenderse de aquellos brazos cortos y +membrudos de oso, se dej caer al fin en el asiento, llevose las manos a +la cara y rompi a sollozar. + +--Dios mo, ha sido grande el pecado, pero qu castigo tan terrible! + + + + +X + +Cinco aos despus. + + +Trascurrieron cinco aos. La noble ciudad de Lancia ha cambiado poco en +su exterior y menos an en sus costumbres. Unas cuantas casas-grilleras +con adornos de mazapn alzadas por el oro indiano en las inmediaciones +del parque de San Francisco; varios trozos de acera en calles que jams +la poseyeran; tres faroles ms en la plaza de la Constitucin; un +guardia municipal suplementario, que debe su existencia no tanto a las +necesidades del servicio como a las pasiones del alcalde, varn de +excelsos pensamientos, consagrados casi enteramente a Venus, que premia +las condescendencias de Vulcano con el presupuesto municipal; en el +paseo del Bomb algunas estatuas de bronce con el ropaje cado, que +produjeron grave escndalo a su ereccin, haciendo pregonar al +magistrado Saleta en la tertulia del maestrante que la media desnudez +era cien veces ms incitante que la completa; en las cabezas de +nuestros maduros conocidos algunas hebras de plata, y en el semblante +radioso como el arco iris de Manuel Antonio, el ms seductor de los +hijos de la nclita ciudad, signos ya evidentes de que su belleza pronto +se desvanecer como un sueo feliz al soplo glacial de la maana, como +los copos de nieve que caen suavemente en el silencio de un da triste +de invierno. + +La misma vida vegetativa, brumosa, soolienta; las mismas tertulias en +las trastiendas libando con deleite la miel de la murmuracin. Los +apodos soeces pesando siempre como losa de plomo sobre la felicidad de +algunas respetables familias. En el Bomb, las tardes de sol, los mismos +grupos de clrigos y militares paseando desplegados en ala. Las enormes +campanas de la baslica taendo invariablemente a horas fijas. Las +viejas devotas caminando con planta presurosa al rosario o a la novena. +El canto montono de los cannigos resonando profundamente en la soledad +de las altas bvedas. En Altavilla, a la hora del crepsculo, los +eternos corros de jvenes alegres, riendo mucho, hablando alto y +abrindose amenudo para dejar paso a alguna costurera espiritual o +criada de carnes opulentas a quienes rinden homenaje con los ojos, con +la palabra y no pocas veces con las manos. Y all, en lo alto del +firmamento, iguales corros de nubes pardas y tristes amontonndose en +silencio sobre la vetusta catedral, para escuchar en las noches +melanclicas de otoo los lamentos del viento al cruzar la alta flecha +calada de la torre. + +Estamos en Noviembre. El conde de Ons acostumbra a pasear a caballo lo +mismo en los das claros que en los oscuros. Cada vez menos le place la +compaa de los hombres. Su carcter se ha hecho ms receloso y +melanclico. El pecado aniquil los dbiles grmenes de alegra que la +naturaleza haba depositado en su corazn. El temperamento sombro, +extravagante, fantico de los Gayoso se ha ido exaltando en l poco a +poco con el roer incesante del remordimiento; ha trastornado su +imaginacin, ha enervado su escasa actividad y ennegrecido su +existencia. + +Le molestan los hombres. En todas las miradas piensa ver hostilidad; en +las frases ms inocentes, alguna aviesa intencin que hace hervir su +sangre de coraje. No osa entrar en los templos, ni siquiera se deja +caer de rodillas, como antes, frente al sangriento crucifijo del cuarto +de su madre. Si oye hablar del infierno se estremece y huye. Enva +cuantiosas limosnas a las iglesias; encarga misas que no oye; pone +cirios a las imgenes, y en el secreto de su habitacin se entretiene a +veces puerilmente en preguntar a la suerte, echando una moneda al aire, +si se condenar eternamente o ir tan slo al purgatorio. Cuando llega a +sus odos el canto de los sacerdotes que acompaan a un entierro, +empalidece, tiembla y se tapa los odos. Por la noche se despierta +amenudo sobresaltado, con un sudor fro, gritando miserablemente: Hay +que morir! hay que morir! + +Por largo tiempo vivi casi en absoluto retirado, sin salir ms que +cuando se lo ordenaba aquella voluntad que haba logrado seorear la +suya. Despus, como sufriese demasiado, temiendo que sus negros +pensamientos acabasen con su razn, le dio por recorrer los contornos a +pie o a caballo, hasta fatigarse. El cansancio corporal prestaba +descanso a su espritu; el espectculo de la naturaleza serenaba su +atormentada imaginacin. + +Era un tarde fra y oscura. Las nubes pesan amontonadas sobre las +colinas que cierran el horizonte por el Norte, y ocultan las altas +montaas de Lorrn que se extienden como una cortina lejana por el +Oeste. Han cado fuertes chubascos que convirtieron en laguna la parte +baja de la ciudad y en lodazales las carreteras que de ella parten. +Apesar de esto el conde manda ensillar su caballo, sale de Lancia por la +carretera de Castilla, y galopa entre torbellinos de lodo al travs de +las praderas y los bosques de castaos. Las hojas amarillentas de los +rboles, lavadas por la lluvia, brillan como monedas de oro; mil +arroyuelos serpean vacilantes por la falda de la colina y van a +depositar sus aguas en la llanura, que se dilata verde y mojada con +suaves ondulaciones. Una franja ms oscura seala el cauce del Lora, que +se oculta misterioso bajo sus mimbreras y espesas filas de alisos. + +El conde, con la cabeza, echada hacia atrs, los ojos medio cerrados, +aspiraba con delicia el fresco hmedo de la tarde. La carretera +flanqueaba la colina en suave declive. Antes de trasponerla y perder de +vista la ciudad, detuvo el caballo y ech una mirada atrs. Lancia era +un montn, no grande, de techos rojos, sobre los que resaltaba la flecha +oscura de la catedral. Debajo percibi una mancha amarilla, el bosque de +robles de la Granja. Ms abajo las torrecillas anaranjadas de su casa +solariega. + +La lluvia ha cesado. Un viento fro barre las nubes y las precipita +detrs de los montes. El firmamento se despliega trasparente con el +plido azul de los das de otoo. Algunas estrellas apuntan ya como +diamantes en el horizonte. Los rboles, las montaas, los arroyos, el +valle cubierto de su verde tapiz brillan indecisos bajo la tenue +claridad del crepsculo. + +El conde pone de nuevo su caballo al galope y desciende velozmente por +el flanco de la colina que oculta a Lancia. El viento oprime sus sienes, +zumba en sus odos producindole una dulce embriaguez que disipa las +negras nubes de su imaginacin. Por la enlodada carretera no encuentra +sino algn hato de ganado, algn trajinante con su recua, o carro tirado +pausadamente por bueyes, en el fondo del cual duerme descuidadamente el +carretero. Mas antes de trasponer un recodo, cree escuchar rumor lejano +de ruedas y campanillas. Es la silla de posta que llega al anochecer a +Lancia. Al cruzar a su lado dirige una mirada distrada al fondo, y +chocan sus ojos con otros grandes y lucientes. Siente un estremecimiento +elctrico, vuelve la cabeza con presteza, pero slo percibe ya la +trasera de la silla que se aleja. Tira de las riendas al caballo y la +sigue: a los pocos momentos se detiene avergonzado y prosigue su marcha. + +Sera Fernanda? Una sensacin fugaz, pero muy clara, se lo deca. Sin +embargo, pudo haberse equivocado. Ninguna noticia tena de su llegada. +Saba que se quedara viuda haca unos meses. Granate haba rodado al +fin como un buey bajo el golpe de la apopleja. Pero al mismo tiempo era +vlida la voz de que la viuda del indiano aborreca de muerte a Lancia +desde la humillante farsa con que sus compatriotas la haban regalado al +casarse. El hecho de no haber venido cuando la muerte de su padre, +acaecida el ao anterior, lo dejaba bien probado. + +El conde pens algunos momentos en esto; al cabo se le borr de la +mente; le distrajo una nube violada y espesa que avanzaba hacia el zenit +presagiando nuevo chubasco. Pero en el fondo de su espritu qued algo +indeterminado y dulce que le puso de buen humor. Revolvi el caballo y +lleg a Lancia ya bien de noche, chorreando y cubierto de lodo, pero el +corazn ligero y alegre sin saber por qu. + +Fernanda no vacil un instante. Lo vio y lo conoci tan claramente que +pudo hasta advertir las seales que el tiempo y los cuidados haban +impreso en su semblante. Le pareci ms viejo; crey ver en su luenga +barba rubia algunos mechones plateados. Al mismo tiempo en sus ojos, +posados un instante sobre ella, adivin el sufrimiento, el hasto, algo +triste, que le impresion alegremente. El recuerdo de su antiguo novio +haba vivido siempre en el fondo de su pecho. Ni la traicin, ni el +desdn, ni las mil distracciones a que se arroj en la vida frvola y +bulliciosa de Pars, haban logrado arrancarlo de all. Si le hubiera +hallado satisfecho, en la plenitud de su fuerza y salud, no habra +sentido aquel soplo dulce que la acarici un instante. En tal alegra +maligna haba el rencor inextinguible de la mujer desdeada, pero +tambin algo alado, sonoro, vaporoso, como la esperanza, que cant y ri +en su alma y disip los negros pensamientos que se acumulaban sobre su +frente. + +La necesidad, no su querer, la obligaban a volver a Lancia, donde haba +jurado no poner los pies nunca ms. Su marido tena hecho testamento a +su favor. Los hermanos de aqul lo impugnaban. Se haba entablado un +pleito, que gan en primera instancia. Vena acompaada de una antigua +sirviente de su padre, trasformada en dama de compaa, y de un +mayordomo. Desde Madrid haba telegrafiado a una prima, y sta, en unin +con Manuel Antonio, dos de las nias de Mateo y algunas amigas ms, la +esperaban en la mal empedrada plazoleta del Correo, donde paraba la +diligencia. Y vengan de abrazos y achuchones y besos, y vayan de +preguntas y exclamaciones y lgrimas. La ofendida heredera de +Estrada-Rosa no haba imaginado sentir tal alegra al poner la planta en +su pueblo natal. + +Sus amigas la llevaron abrazada, casi en volandas, hasta casa. All se +despidieron todas, menos Emilita Mateo, a quien Fernanda hizo una sea +para que se quedase. Las dos amigas ascendieron lentamente, cogidas por +la cintura, aquella escalera, amplia, encerada, que tantas veces sus +pies menudos de nia haban pisado. No tardaron en encerrarse en el +antiguo gabinete de la hija de Estrada-Rosa para saborear la hora de las +dulces confidencias. Entre besos y sonrisas y protestas de fiel amistad +se contaron su vida durante aquellos cinco aos. Fernanda hablaba de su +difunto marido con una compasin que quera ser triste y resultaba +altamente despreciativa. Vivi con l en una suerte de antagonismo de +ideas, de gustos y deseos, que los mantuvo constantemente alejados. Ni +fue feliz ni desgraciada. Fueron cinco aos de aturdimiento en que +desfilaron ante su vista calles populosas, teatros resplandecientes, +hoteles magnficos, salones de baile, trajes deslumbradores, muchos +conocidos y ningn amigo. Su marido se plegaba a sus caprichos a la +fuerza, como un oso indmito que obedeciese gruendo al palo del +domador. Haban tenido una nia, que se muri a los cuatro meses. + +La juguetona Emilia fue muy desgraciada en su matrimonio. Nez haba +salido un _perdis_. Ya lo saba Fernanda, pero vagamente. En cartas no +es fcil descender a ciertos significativos pormenores. Al principio muy +bien, pero luego las malas compaas le haban echado a perder. Le dio +por el juego primero, despus por la bebida, ltimamente por las +mujeres. Esto ltimo era lo que ms senta Emilia. Todo se lo perdonaba +de buen grado: que viniese borracho a las tantas de la madrugada, que le +empease los pendientes, los cubiertos, hasta el capuchn de abrigo; lo +que no poda sufrir era que se le viese entrar en casa de una perdida +que viva en la calle de Cerrajeras. Al decir esto la hija del Jubilado +soltaba un torrente de lgrimas. Apenaba ms verla llorar, por la +alegra revoltosa que siempre fue el distintivo de su carcter. Fernanda +la acariciaba tiernamente y comparta sus lgrimas. Al cabo de un rato +de silencio le pregunt: + +--Pero t le sigues queriendo? + +--S, hija, s!--exclam con rabia.--No lo puedo remediar. Cada vez +estoy ms ciega por l. + +--Vaya por Dios! Tu pobre padre estar tambin disgustadsimo. + +--Figrate!... Y lo peor es--aadi llorando amargamente--que ahora +volvi a su mana antigua contra el ejrcito... Dice cosas horribles de +los militares... S, s, horribles!... En cuanto yo entro por casa +empieza a disparatar, nada ms que por mortificarme... Mis hermanas le +apoyan... Nos llaman holgazanes y dicen... dicen que se debe reducir el +contingente... + +Al llegar aqu, los sollozos rompan el tierno pecho de la esposa de +Nez. Fernanda, que tambin lloraba vindola tan afligida, no pudo +menos de sonrer. + +--Tus hermanas tambin! + +--Ya lo creo!... Todos, todos desean que se reduzca!... + +Cuando la hija de Estrada-Rosa le hubo demostrado que no era tan fcil +como pareca la reduccin de las fuerzas de tierra, su espritu se +seren al fin poco a poco. Luego concertaron ambas dar una sorpresa a la +sociedad laciense. Fernanda se presentara aquella noche sin previo +anuncio en la tertulia de Quiones. Una alegra infantil se apoder de +ambas con este proyecto. As que le dieron forma, despidiose Emilita, +prometiendo volver enseguida a buscar a su amiga. + +Eran las diez de la noche cuando suban ambas los peldaos de piedra, +que rezumaban siempre por la humedad, de la vasta escalera seorial de +los Quiones. + +Al llegar arriba Emilita prohibi al criado que las anunciase. Ella +misma abri la puerta del saln y empuj a Fernanda hacia adentro. + +Fue una aparicin que dej extticos por un instante a los tertulios. La +hija de Estrada-Rosa, luca un traje elegantsimo recin salido del +taller de una de las ms afamadas modistas de Pars. Su belleza, de la +cual sus compatriotas no conocan ms que el delicado botn, se haba +convertido en rosa esplndida en los cinco aos de vida refinada y +elegante. Maravillosa por la arrogancia de su talle, por el brillo de +sus grandes ojos africanos, por la delicadeza de su cutis, la hermosura +de Fernanda haba adquirido en Pars su complemento necesario, la +gracia, el noble y sencillo ademn, el gusto para vestirse, la suprema +distincin que en Lancia no hubiera logrado jams. Su traje negro de +seda dejaba descubiertos pecho y espalda. Algunas carreras de perlas +tejidas entre los cabellos componan todo el adorno de su cabeza. + +Amalia fue la primera que la vio, y su sangre fluy de repente al +corazn. Repuesta inmediatamente, corri a saludarla. + +--Oh! Ya saba que usted haba llegado; pero no imagin que fuese tan +amable... + +Ambas se miraron a los ojos y se declararon, con un chispazo, el odio +que arda en el fondo de sus almas. Pero haban cambiado las +circunstancias. Amalia era cinco aos atrs la dama ms elegante y +distinguida de la poblacin, la nica cuyo porte y refinamiento de +costumbres trascenda a otra esfera ms culta y espiritual. Fernanda la +aventajaba ahora infinitamente. Aqulla haba envejecido de modo +ostensible. Entre sus cabellos se vean ya bastantes hebras plateadas; +su tez, siempre plida, haba perdido toda su frescura; adems, haba +perdido el deseo y el gusto para vestirse, se haba ido plegando poco a +poco bajo la presin de la sociedad ordinaria y cursi que la rodeaba, +adaptndose a ella y descuidndose ms y ms de su persona. El contraste +era, por lo tanto, ms vivo. Bien lo advirti la noble esposa del +maestrante y se sinti humillada hasta el fondo de su ser. Una sonrisa +de despecho contrajo sus labios mientras cambiaba con Fernanda los +obligados saludos. sta gozaba de su triunfo con grave y serena alegra. + +Las damas roderonla inmediatamente. Fue un diluvio de besos y abrazos +acompaados de vivas exclamaciones de gozo. Los hombres, que formaban +crculo detrs, avanzaron tambin sus manos y estrecharon con efusin la +de la hermosa viajera. Y entre tanto plceme y tanta frase +congratulatoria, o por olvido o por vergenza, nadie osaba hacer alusin +a la desgracia que la joven haba experimentado algunos meses atrs; ni +el ms mnimo recuerdo para el oso colorado que dorma su sueo eterno +en un cementerio de Pars. Tan slo cuando la efervescencia de los +saludos hubo calmado, Amalia la cogi sonriente las manos y exclam +mirndola de arriba abajo: + +--Sabe usted que son muy elegantes los trajes de duelo en Pars! + +Fernanda hizo una mueca de desdn. + +--Poco importa el vestido si se lleva el duelo en el corazn--apunt +Mara Josefa, que en los cinco aos trascurridos haba aguzado +prodigiosamente el filo, el contrafilo y la punta de su lengua. + +Las mejillas de Fernanda se tieron de carmn. Se avergonz como si +fuese un delito no sentir la prdida de _Granate_. Luego, irritada por +aquella hostilidad, estuvo a punto de mostrar violentamente su enojo. +Volvi la espalda y se puso a hablar con otras damas. + +En aquel momento el conde de Ons sali del gabinete y vino a saludarla. +Le tendi la mano con afectuosa sonrisa. Ella le entreg la suya de un +modo glacial, separando rpidamente la mirada. Sin embargo, pudo +advertirse alrededor de sus ojos un crculo plido que denunciaba la +emocin. Para disimularla se encamin al gabinete, diciendo con afectada +ligereza que la dejasen libre, que a quien tena ms gana de ver era a +D. Pedro. + +El noble maestrante yaca en su silln con los naipes en la mano. Sus +cabellos y su barba estaban ms blancos, pero tan erizados e indmitos. +Sus facciones enrgicas parecan ms acentuadas; sus ojos hundidos +brillaban con fulgor ms delirante. Al mover con trabajo aquel gran +torso atltico desprovisto de base los rasgos de su fisonoma se +contraan con expresin de feroz impotencia que inspiraba tristeza y +miedo. Pero si su cuerpo se abata a ojos vistas, alzbase su orgullo +cada vez con ms bro. Todos los das creca un poco el respeto que se +consagraba a s mismo por llamarse Quiones de Len y el desprecio a los +dems por haber nacido bajo el estigma de otro nombre cualquiera. +Agradeciendo profundamente al cielo la dicha con que haba querido +favorecerle, tendra a pecado quejarse de su suerte y envidiar a los +otros hombres la facultad de usar de sus piernas. Qu importa que Juan +Fernndez pueda andar, correr y saltar, si al fin y al cabo se llama +Juan Fernndez? Lo nico que le preocupaba algunas veces era si +convendra a la dignidad de un Quiones poseer unas extremidades +enteramente inertes, y si no sera preferible que viviesen para +participar de la gloria del resto del organismo. Pronto desechaba, sin +embargo, tales inquietudes pensando justamente que vivas o muertas +aquellas extremidades ocupaban un rango superior en la sociedad. Cuando +Fernanda entr en el gabinete alz los ojos y clav en ella una mirada +penetrante que la abraz de la cabeza a los pies. Ni la hermosura ni el +porte, singularmente elegante, de la joven debieron dejarle satisfecho, +porque la convirti inmediatamente a los naipes y exclam con insolente +proteccin: + +--Hola, pequea! Eres t? Cundo has llegado? + +Apesar de sentirse mortificada por aquel tono, Fernanda le salud +afectuosamente. + +--Me alegro de verte tan buena, querida, y aprovecho la ocasin para +darte el psame. Ya sabes que yo no escribo cartas hace aos. He sentido +mucho a Santos... Oiga usted, Moro: se propone usted no darme en su +vida una carta decente?... Era un buen sujeto, un vecino excelente, +incapaz de hacer dao a nadie. No hallars otro marido como l. Tena +una cualidad que se encuentra muy difcilmente: la modestia. Apesar del +dinero que haba logrado juntar, no pretenda salirse de su esfera; +siempre se manifest respetuoso con los superiores. Verdad, Saleta, que +no era como esos piojos resucitados, que as que les suenan algunas +monedas en el bolsillo olvidan las judas y el centeno, como si en su +vida los hubiesen probado?... Valero, sintese usted, y diga pronto si +es vuelta eso que tiene... Vienes a establecerte aqu, chiquita, o te +vuelves a ver a los _franchutes_? + +Fernanda, que sinti perfectamente toda la hiel de aquel discurso, +respondi framente, y despus de pocas palabras ms se volvi al saln. + +A D. Pedro le haba molestado el tufillo de elegancia y distincin que +despeda la hija de Estrada-Rosa. Le irritaba que alguien se alzase en +torno suyo, siquiera fuese solamente algunas pulgadas. Aborreca todo lo +extranjero, y muy particularmente aquel Pars, donde imaginaba que los +Quiones de Len no tenan influencia muy decisiva. Hasta sospechaba +vagamente, con horror, que eran desconocidos. Por supuesto que procuraba +apartar la mente de tan disparatada idea. Si llegase a penetrar por +completo en su espritu, qu le restaba al noble caballero? Morir, y +nada ms. + +Hacindole la partida de tresillo estn los mismos personajes que ya +conocemos. Saleta, el gran Saleta, cuyas mentiras siguen fluyendo de su +boca suaves y almibaradas, lo cual le obligaba a relamerse amenudo. +Falt poco para que Lancia se viese privada para siempre de este +magnnimo y divertido varn. Jubilado haca tres aos, fue a +establecerse a su pas, donde permaneci uno solamente. La nostalgia de +Lancia, de la tertulia de Quiones, y sobre todo de las burlas de su +colega Valero, le impulsaron a dejar la patria gallega para venir de +nuevo a habitar entre los lacienses. Valero, ascendido a presidente de +sala, ms ajado cada da, ms jaranero y ceceoso, se sienta a la +izquierda del prcer. Enfrente est Moro, ideal inaccesible de todas las +nias casaderas, cuya cabeza infatigable soporta fcilmente doce horas +de tresillo sin mareo ni turbacin alguna. De todas las instituciones +creadas por los hombres, la ms firme, la ms respetable es sta; el +tresillo. Por su inquebrantable solidez puede compararse muy bien a las +leyes inmutables de la naturaleza. Para Moro es tan verdad que la +_espada_ vale ms que el _basto_, como que los cuerpos al caer siguen un +movimiento uniformemente acelerado. Y all en el fondo oscuro de la +cmara dormita en la misma butaca el glorioso Mann con su calzn corto, +chaqueta de bayeta verde y fuertes zapatos claveteados. Tiene el pelo +gris, casi blanco. Pero no es esto lo peor para l. Lo verdaderamente +triste es que el pueblo no le considera ya como un cazador feroz +envejecido en la lucha con los osos de las montaas. Aquella leyenda se +ha ido disipando poco a poco. Sus compatriotas tenan razn. Mann no +era ms que un zampatortas. En Lancia se ren tambin de sus proezas y +le miran como un viejo bufn del loco y herldico seor de Quiones. + +Fernanda consigui al fin sustraerse a los plcemes de sus amigos y fue +a sentarse en un rincn apartado. Estaba triste. La hostilidad de los +dueos de la casa le haba impresionado. Pero no era esto lo principal, +aunque ella hiciese por creerlo. El motivo recndito, que se avergonzaba +de confesar a s misma, era Luis. El saludo afectuoso de su antiguo +novio haba despertado sbito todos sus recuerdos, todas sus ilusiones, +las penas y las dichas de otro tiempo que dorman en el fondo de su alma +como pajarillos entre las hojas del rbol. La agitacin interior era +intenssima, pero nada o muy poco se trasluca en su continente grave y +fro. Sin embargo, sinti un fuerte estremecimiento al escuchar muy +cerca de su odo estas palabras: + +--Qu hermosa te has puesto, Fernanda! + +Se hallaba tan distrada que no advirti que el conde se haba sentado a +su lado. Involuntariamente se llev la mano al sitio del corazn. +Repuesta inmediatamente, sonri diciendo: + +--Te parece? + +--S... Y yo qu viejo, verdad? + +Hizo un esfuerzo y le mir a la cara con fijeza. + +--No; algunas canas en la barba... y el aspecto un poco fatigado. + +El temblor de su voz contrastaba con la aparente indiferencia que quiso +dar a sus palabras. + +El conde se puso repentinamente serio, llevose la mano a la frente y +replic al cabo de unos momentos con acento sombro y como si se hablase +a s mismo: + +--Fatigado, s; sa es la verdadera palabra... Muy fatigado!... La +fatiga me sale por los poros. + +Guardaron ambos silencio. El conde qued entregado a una intensa +meditacin que traz en su frente arruga profunda. Al cabo dijo, +entablando nuevamente conversacin: + +--Ya te haba visto antes de venir aqu. + +--Dnde?--pregunt ella afectando sorpresa. + +--En la carretera. Sal esta tarde a dar un paseo a caballo y me cruc +con la silla de posta. Te conoc perfectamente. + +--Pues yo no te he visto... Recuerdo que encontramos dos o tres jinetes +antes de llegar a Lancia, pero no he conocido a ninguno. + +Al decir esto no pudo impedir que una ola de carmn tiese de nuevo sus +mejillas. Volvi, para disimular, la cabeza. Sus ojos tropezaron con los +de Amalia, que se posaban sobre ellos lucientes, acerados. +Contemplronse un instante. La boca felina de la valenciana se contrajo +con una sonrisa. Fernanda quiso corresponder con otra tan falsa, pero no +pudo. Volviose de nuevo hacia el conde y hablaron de cosas indiferentes, +de teatros, de msica, de proyectos de viaje. + +Sin embargo, aqul se mostraba ms y ms preocupado. Iba perdiendo el +aplomo y hablaba equivocndose, como si su pensamiento anduviese lejos. +Guardaba silencio algunos momentos, pugnaba por decir algo, movanse sus +labios, pero en vez de articular lo que quera, expresaban otra cosa +distinta, algo trivial y ridculo que le avergonzaba en cuanto sala de +ellos. Fernanda le observaba con atencin, ganando la serenidad y la +calma que l perda rpidamente. Pareca embebida por completo en la +conversacin, describiendo con naturalidad sus impresiones de viaje, +expresando sus opiniones con la misma indiferencia que si no mediase +entre ellos ms que una antigua y tranquila amistad. Luis concluy por +ponerse taciturno. Al fin tuvo resolucin para decir, aprovechando un +instante de silencio: + +--Cuando me acerqu a t estabas muy distrada. En qu pensabas? + +--No me acuerdo... En qu querras t que pensase? + +El conde vacil un momento; pero animado por la graciosa sonrisa de su +ex-novia se atrevi a articular: + +--En m. + +Fernanda le mir en silencio, con curiosidad burlona bajo la cual +chispeaba una alegra imposible de ocultar. El conde se puso colorado +hasta las orejas, y las hubiera entregado seguramente a las tijeras por +no haber pronunciado aquellos dos fatales monoslabos. + +--Bien...--dijo la joven alzndose de la silla.--Hasta luego. Me alegro +de verte bueno. + +--Escucha! + +--Qu hay?--dijo retrocediendo el paso que haba dado para alejarse y +posando en l unos ojos sonrientes y maliciosos que concluyeron de +fascinarle. + +--Perdona si mis palabras te han ofendido. + +Fernanda hizo una mueca de desdn y se alej exclamando: + +--Arrepintete, pecador, que el infierno tienes delante! + +El infierno! Esta palabra, soltada a la ligera, como broma, hizo dar un +vuelco a su corazn; despert la preocupacin constante de su existencia +desde haca algn tiempo. Todos los Gayoso haban vivido bajo la +influencia de esta idea funesta. Pero el terror de sus abuelos pareca +dilatarse en su espritu, atormentndolo, enloquecindolo. Amalia +necesitaba luchar heroicamente para distraerle por poco tiempo de sus +escrpulos. Por eso ahora, cuando le hizo sea para que se acercase, le +vio alzarse ttrico de la silla y aproximarse lentamente como si le +arrastrasen. Tena ella demasiado talento y orgullo para mostrarse +herida de la corta pltica que acababa de tener con su antigua novia. Le +acogi con la misma sonrisa, dirigiole la palabra con su habitual y +afectada ligereza, y no se acord ni del nombre de Fernanda. Pero sus +labios plidos se contraan de coraje cada vez que le vea volver los +ojos hacia aqulla. Y el incauto lo haca amenudo. + +Una hermosa nia de ojos azules y flotante cabellera dorada apareci en +la puerta, conducida por una domstica. + +--Oh, qu tarde!--exclam la seora de Quiones.--Por qu ha tardado +usted tanto en traerla, Paula?--aadi severamente. + +sta contest que la nia se haba entretenido jugando _al milano que le +dan_, y que lloraba cada vez que la queran acostar. + +--No tienes sueo an, rica ma?--dijo la dama trayndola hacia s y +pasndole la mano tiernamente por los bucles de su cabellera. + +Los tertulios se interesaron vivamente por la criatura. Fue de uno a +otro recibiendo caricias y pagndolas con afectuosos besos de despedida. + +--Buenas noches, Josefina.--Hasta maana, rica.--Has sido buena +hoy?--Te ha comprado tu madrina la mueca que cierra los ojos? + +El conde la miraba con los ojos hmedos, haciendo esfuerzos increbles +para dominar su emocin. La senta siempre que se ofreca a su vista +aquella nia. Cuando le toc la vez no hizo ms que rozar con los labios +su rostro cndido. Pero Josefina, con el admirable instinto que los +nios tienen para saber quin los ama, se colg a su cuello dndole +pruebas de particular cario. + +Fernanda tambin la contemplaba con vivo inters, con una intensa +curiosidad que le haca abrir extremadamente los ojos. Josefina tena +seis aos, la tez nacarada, los ojos de una dulzura infinita, azules y +melanclicos; algo de triste y enfermizo en toda su diminuta persona. El +parecido con el conde saltaba a la vista. + +Cuando la nia le dej, los ojos de aqul chocaron con los de Fernanda. +Sintiose turbado: fue a sentarse ms lejos. + +Josefina vesta con elegancia. Los seores de Quiones la criaban con +mimo, como hija adoptiva. Por mucho tiempo ste fue el asunto preferido +de las murmuraciones de Lancia. Se averiguaba con vivo inters el coste +de sus sombreritos; se comentaba el nmero de juguetes que le compraban; +hacanse clculos sobre la cantidad en que la dotaran al casarse. Pero +ya se haban fatigado de tanto comentario. Tan slo cuando vena rodada +se dejaba escapar alguna alusin mordaz, o se noticiaba al odo algn +nuevo descubrimiento. + +La nia fue a parar a un grupo donde estaban Mara Josefa, la doncella +de la lengua devastadora, y Manuel Antonio, bello siempre como el primer +rayo de la maana. + +--Oyes, Josefina: a quin quieres ms, a tu madrina o a tu +padrino?--preguntole aqul. + +--A madrina--respondi la nia sin vacilar. + +--Y a quin quieres ms, a tu padrino o al conde? + +La nia le mir sorprendida con sus grandes ojos azules. Pas por ellos +una rfaga de desconfianza y respondi frunciendo su hermoso entrecejo: + +--A mi padrino. + +--Pero el conde no te trae muchos juguetes? no te lleva en coche a la +Granja? no te ha comprado el trajecito de charra? + +--S... pero no es mi padrino. + +Los del grupo acogieron con risa esta respuesta. Comprendan que la nia +menta. Don Pedro no era hombre para inspirar afecto muy vivo a nadie. + +--Pues yo creo que el conde tambin es tu pa...drino. + +--No tal; yo no tengo ms que un padrino--manifest la chica, cada vez +ms recelosa. + +Y se alej del grupo. + +Fue donde estaba Amalia; se le puso delante cruzando sus bracitos sobre +el pecho y dijo haciendo una reverencia: + +--Madrina, la bendicin. + +La dama le entreg su mano, que la nia bes con respetuoso cario. +Luego, cogindola en sus brazos, la bes en la frente. + +--Que descanses, hija ma. Ve a pedir la bendicin a tu padrino. + +La nia se dirigi al gabinete. Estas prcticas del tiempo pasado +placan mucho al seor de Quiones. + +Josefina se acerc a l con timidez. Aquel gran seor paraltico le +infunda siempre miedo, aunque procuraba disimularlo porque as se lo +haba ordenado su madrina. + +--Seor, la bendicin--dijo con voz apagada. + +El alto y poderoso maestrante no hizo caso. Fijo en las cartas que tena +en la mano, envuelto en su talma gris con la cruz roja en el pecho, iba +creciendo por momentos ante los ojos turbados de la pobre Josefina. No +comprenda que hubiese en el mundo nada ms grande, ms imponente y +digno de respeto que aquel noble seor. De esta misma opinin +participaba D. Pedro. Por eso haca tiempo que haba resuelto confundir +a todos los seres que le rodeaban en una masa catica, en la cual slo +dos o tres aparecan con algn carcter individual. + +La nia aguard con sus bracitos cruzados cerca de un cuarto de hora. Al +fin el seor de Quiones, despus de jugar una entrada con fortuna, se +dign clavar en ella una mirada severa que la hizo empalidecer. Alarg +su aristocrtica mano con ademn digno de su tocayo Pedro el Grande de +Rusia, y Josefina pos sobre ella sus labios temblorosos y se fue. + +No estaba muy conforme aquel varn excelso con que su esposa criase con +tal mimo a una expsita, pero lo consenta porque lisonjeaba su +vanidad. Amalia le haba dicho, sabiendo dnde le dola: + +--Criarla para domstica lo hara cualquiera en Lancia. Nosotros debemos +hacer las cosas de otro modo. + +D. Pedro no pudo menos de sentir el peso de aquella verdad innegable. + +Josefina cruz el saln para ir a acostarse. Al pasar rozando con +Fernanda, que estaba sentada y sola, sta la pill al vuelo por un +bracito y la atrajo. Toda la alegra, toda la ternura que en aquel +momento rebosaba de su corazn, desbordose con violencia sobre la +criatura, a quien cubri de besos. No se acord para nada de su rival, a +quien adivinaba vencida. Slo pens en que era hija de _l_, su sangre, +su misma imagen. Y bes con xtasis aquellos ojos azules profundos, +melanclicos, aquella tez nacarada, aquellos bucles dorados que circuan +su rostro como un nimbo de luz. + +--Oh, qu hermoso pelo! Qu cosa tan hermosa, Dios mo! + +Y apretaba sus labios contra l y hasta sumerga el rostro entre sus +hebras con tanta voluptuosidad y ternura que estaba a punto de llorar. + +En aquel momento una voz estridente, imperiosa, son en sus odos. + +--Todava no te has ido a acostar, arrapiezo! + +Y al levantar los ojos vio a Amalia, con el rostro plido, los labios +apretados, que cogi a la nia con violencia por el brazo dndole una +fuerte sacudida y la arrastr hacia la puerta. + + + + +XI + +La clera de Amalia. + + +A la maana siguiente, Paula, por orden de su seora, llev a la nia al +cuarto de la plancha, la sent en una silla alta y pidi las tijeras a +la doncella, que cosa al pie del balcn. + +--Qu vas a hacer?--pregunt Josefina. + +--Cortarte el pelo. + +--Por qu?... Yo no quiero que me cortes el pelo. + +Y se baj resueltamente de la silla. Paula torn a alzarla. + +--Quieta!--le dijo severamente. + +--Yo no quiero!... no quiero!--exclam con graciosa resolucin. + +--La verdad es que da lstima cortar un pelo tan hermoso--dijo otra de +las doncellas, que estaba planchando. + +--Qu quieres, hija? Quien manda, manda. + +Y tomando uno de los preciosos bucles de la cabellera, lo separ de un +tijeretazo. + +--Djame, Paula!--grit la nia.--Lo voy a decir a madrina! + +--S, preciosa? Vas a decrselo a madrina de veras?... Bueno, ya se lo +dirs cuando terminemos. + +Y sin hacer ms caso de sus protestas, dejando caer las palabras con +zumba, prosigui imperturbable su tarea. Pero la nia se baj de nuevo, +irritada, furiosa. Entonces Paula pidi auxilio a Concha, la costurera, +y mientras sta la tena sujeta a la silla, aqulla la fue despojando +uno a uno de todos sus bucles. Despus arregl como mejor pudo los +cabellos que quedaban. + +--Qu lstima!--volvi a exclamar la planchadora. + +--Hija, no est mal as tampoco--repuso Paula peinndola con esmero. + +En aquel momento apareci la seora en el cuadro de la puerta. + +--Madrina! ven, madrina!... Mira, Paula y Concha me han cortado el +pelo. + +Amalia avanz algunos pasos por la estancia y, evitando la mirada de la +nia, fij los ojos severos en su cabeza, y dijo con imperio y frialdad: + +--No est bien as. Crtelo usted al rape. + +Y se alej con la frente fruncida. Josefina, atnita, la sigui con los +ojos. Jams haba visto en el semblante de su madrina tanta frialdad y +dureza. Qued asombrada, pensativa y dej ya, sin hacer el ms leve +movimiento, que Paula cumpliese el mandato. + +Pronto qued la cabecita rubia mondada como un melocotn. Las domsticas +prorrumpieron en carcajadas. + +--Hija de mi alma, que retefesima te han puesto!--exclam Mara la +planchadora con acento de duelo, pero sin poder reprimir la risa. + +--No digas eso, mujer--repuso Concha con dejillo amargo.--Si est +preciosa! + +Era una mujer de veinticinco aos o ms, extremadamente pequea, casi +tan pequea como Josefina, de ojos hundidos y ariscos, a quien todos los +criados de la casa teman. + +Paula rea tambin pasando y repasando sus manos por la cabeza de la +criatura. + +--Cuando haga falta un perulero para el aceite, ya sabis dnde lo +habis de hallar--prosigui Concha. + +Disipada la lstima, adivinando que la chiquita haba cado en +desgracia, las criadas se entregaban a la alegra cambiando bromas sin +gracia, pero que las hacan rer perdidamente. Josefina haba +permanecido quieta, silenciosa, con la cabeza baja. Las burlas lograron +al fin hacer su efecto. Dos lgrimas asomaron rezumando por sus largas +pestaas. Concha se incomod: + +--Lloras por el pelito?.. Qu lstima de azotes!... No tienes t la +culpa, sino los que te cran como una princesita siendo tanto como +nosotras... digo, menos que nosotras--aadi por lo bajo,--que al fin +tenemos padres. + +--Vamos, Concha, djala!... No hagas caso, monina, que pronto tendrs +pelo otra vez--dijo Mara con acento maternal. + +La nia, impresionada por la caricia, comenz a sollozar y sali de la +estancia. + +Cuando por la noche se present en el saln, de aquella forma, el conde +no pudo reprimir un gesto de clera y clav una mirada interrogante en +Amalia. sta contest a aquel gesto y a aquella mirada con sonrisa +provocativa. Y en alta voz dijo que le haba mandado cortar el pelo +porque haba notado que la nia empezaba a presumir. + +--Claro! Tanto la adulan ustedes que se ha puesto inaguantable! + +El conde, irritado, busc al instante ocasin de acercarse a Fernanda y +anudaron la pltica de la noche anterior. Estuvieron locuaces, +afectuosos. Fernanda cont con pormenores su vida de Pars. Luis se +mostr singularmente expansivo, no ocultando la alegra de su corazn, +hablando animadamente bajo la mirada iracunda de Amalia posada sobre l. +En una pausa Fernanda alz los ojos sonrientes hacia su ex-novio y le +pregunt, no sin ruborizarse un poco: + +--A que no sabes por qu le han cortado el pelo a la nia? + +El conde la mir sin contestar. + +--Ayer lo elogi yo mucho y me permit besarlo. + +Era la primera vez que Fernanda se daba por enterada de su secreto. +Experiment una fuerte sacudida. Sus mejillas se enrojecieron. Las de +ella tambin. En largo rato no hallaron palabras que decirse. + +En los das siguientes, el conde comenz a dar repetidos paseos por la +calle de Altavilla y a pasar largos ratos en el caf de Maran. La +sociedad laciense se sinti conmovida hasta sus cimientos ante tamao +acontecimiento. Desde entonces ms de trescientos pares de ojos le +espiaron sin cesar. Dej de ir todos los das a casa de Quiones y +asisti una que otra vez a la tertulia exigua de las de Mer, como se +segua diciendo en Lancia, aunque en realidad ya no hubiese en el mundo +ms que una. Carmelita haba muerto haca lo menos tres aos. No quedaba +ms que Nuncia, la menor, y sa casi totalmente paraltica. Del silln +a la cama y de la cama al silln: era todo lo que andaba con trabajo. +Moralmente tambin se hallaba privada de movimiento, falta del impulso +protector que le prestaba su hermana. Desde que sta bajara al sepulcro, +no tena ya quien la sujetase. Esto, lejos de alegrarla, la suma en una +melancola profunda. Al pasar repentinamente a la categora de persona +_sui juris_, la pobre Nia haba experimentado desazn increble: todo +le asustaba, todo era conflictos de los cuales le pareca imposible +salir; echaba menos aquellas speras reprensiones que, si la hacan +derramar abundantes lgrimas, haban reprimido saludablemente sus +juveniles arranques y cortado los funestos resultados que pudiera +acarrear su inexperiencia. + +Eran sus tertulios asiduos algunos pollastres nuevos, varios gallos +conocidos y un nmero bastante mayor de lindas y feas damiselas que +acudan a la casa sedientas de marido. Porque la Nia, en esto como en +todo, mantena religiosamente las tradiciones legadas por su hermana. +Era la protectora decidida de todos los noviazgos que se iniciaban en +Lancia, por desatinados que fuesen. La pequea casa de la calle del +Carpio continuaba siendo la fragua donde se forjaba la dicha conyugal de +los honrados vecinos de Lancia. + +El que acuda con ms constancia era Paco Gmez. La razn, que le haban +arrojado de casa de Quiones a consecuencia de una frase de las suyas. +Preguntaba cierto forastero en un corro de Altavilla cmo haba quedado +paraltico el maestrante. En realidad no est paraltico--repuso +Paco,--porque no tiene lesin alguna; slo que las piernas no pueden con +la herldica que se le ha subido a la cabeza, y se le doblan en cuanto +da un paso. Lo supo Quiones por un traidor y dio orden de que no se le +recibiese. + +Era el alma y el regocijo de la tertulia de la Nia. La vaya incesante +con que mortificaba a sta los tena a todos en continuo espasmo de +risa. + +--Vamos, Nuncia, mucho ojo! No hables demasiado, porque ya sabes que te +he visto las pantorrillas y... y... y... + +La pobre octogenaria se ruborizaba como una nia de quince. Nada la +sofocaba tanto como este recuerdo importuno de la tarde del columpio. + +Luis y Fernanda comenzaron a verse aqu una o dos veces por semana. +Lejos de la mirada fulgurante de Amalia, aqul se encontraba a gusto, +recobraba su serenidad. Hablaban largusimos ratos en voz baja, sin que +nadie les molestase; al contrario, la Nia tena buen cuidado de +proporcionarles ocasin y espacio suficientes. Asista, no obstante, a +casa de Quiones; vea a Amalia en secreto cuando se lo exiga, pero iba +apareciendo ms fro, ms esquivo. Ella, advirtindolo perfectamente, no +daba su brazo a torcer, no le hablaba palabra de su ex-novia. Sin +embargo, un da no pudo contenerse: + +--S que te entretienes largos ratos en casa de las de Mer hablando con +Fernanda. + +Lo neg cobardemente. + +--Ten cuidado con lo que haces--prosigui, clavando en l sus ojos +siniestros,--porque una traicin pudiera salirte cara. + +Estaba tan acostumbrado al dominio de aquella terrible mujer, que sinti +un estremecimiento de fro, como si algo aciago se cerniese ya sobre su +cabeza. Pero en cuanto sali a la calle, fuera de la influencia +magntica de aquellos ojos que le turbaban, sintiose invadido por una +sorda irritacin: Despus de todo, por qu me amenaza? Es mi esposa? +Qu derechos tiene sobre m? Lo que estamos haciendo es un pecado +grave, es un crimen. Quin puede privarme del arrepentimiento, de +reconciliarme con Dios y ser bueno? El arrepentimiento haba sido en +los ltimos tiempos un vago deseo, gracias a la fatiga de su amor y an +ms al miedo desapoderado que el infierno le inspiraba. Ahora se +convirti en verdadero anhelo. Verdad que ofreca mayores atractivos. +Rechazar el pecado valerosamente, purificarse, librarse del fuego +eterno... y adems poseer a Fernanda. + +Haca tiempo que sus relaciones criminales no tenan ms que un punto +luminoso, Josefina. Si no fuese por ella, se hubiera marchado de Lancia. +Esta criatura, blanca y silenciosa como un copo de nieve, que posea la +fragancia de los lirios, la inocencia de las palomas, la dulzura +melanclica de una noche de luna, esparca sobre su alma, atormentada +por el remordimiento, un blsamo que la refrescaba deliciosamente. +Cuntas veces, tenindola entre sus brazos, se preguntaba sorprendido +cmo un ser tan inocente, tan puro, tan divino, pudiera ser hijo del +pecado! Pero aun aquella misma nia era ocasin de nuevos y crueles +tormentos. No verla a solas sino de tarde en tarde; hallarse obligado a +disimular sus sentimientos, a besarla framente como los dems, ms +framente que los dems; no poder llamarla hija del corazn, no sentirla +gorjear el tierno nombre de padre, le entristeca y en ciertos momentos +le desesperaba. Desquitbase cuando una que otra vez, muy rara, le +consentan llevarla a la Granja. All se pasaba las horas en xtasis, +tenindola sobre sus rodillas, acaricindola frenticamente. + +La nia se haba acostumbrado a estas violentas expresiones de cario y +las agradeca. A veces senta su cabecita blonda mojada por las lgrimas +de su amigo. Alzaba los ojos sorprendida, pero vindole sonrer, sonrea +tambin y alargaba sus labios de coral para darle un beso. + +--Por qu lloras, Luis? Tienes pupa? + +Josefina no entenda que hubiese motivo ms grave en el mundo para +llorar. Amaba a Luis tiernamente, y eso que le chocaba y entristeca la +frialdad que con ella usaba ordinariamente. Poco a poco haba ido +adivinando, con precoz instinto, que el conde la quera ms que los +otros y que disimulaba. Ella tambin adoptaba, siguiendo el ejemplo, una +actitud indiferente cuando se acercaba a l en pblico. Pero cuando +estaban solos, entregbase con el mismo entusiasmo a las expansiones del +cario, y esto sin saber por qu, sin darse cuenta de lo que haca. + +Desde el da en que su madrina orden que le cortasen el pelo, Josefina +pudo notar que haba cado en desgracia. Ya no la besaban con trasporte, +ya no satisfacan sus mnimos antojos, ya no era la preocupacin +constante de la casa. Amalia comenz a contrariarla, a usar con ella un +tono fro y displicente; y las criadas siguieron el ejemplo de su +seora. La pobre nia, sin comprender qu significaba aquel cambio, +sinti su pequeo corazn apretarse; exploraba con sus bellos ojos +profundos los semblantes y trataba de descifrar el enigma que guardaban. +Se hizo ms grave, ms recelosa, ms tmida. Y como viera que le negaban +los juguetes o las golosinas que antes le otorgaban a manos llenas, se +abstuvo de pedirlos. + +Amalia, en vez de gozar como antes con sus gracias infantiles, pareca +huirlas. Dio orden de que no se la llevasen por la maana a la cama, +segn costumbre. Cuando la tropezaba casualmente en los pasillos, pasaba +de largo evitando mirarla. A todo ms se acercaba preguntndole con +acento displicente: + +--No te has lavado todava? Anda, ve a que te arreglen. O bien: Me han +dicho que no has sabido la leccin de catecismo. Te vas haciendo muy +holgazana. Cuidado que seas buena, porque si no, te encierro en la cueva +de los ratones. + +Antes se ocupaba ella en tomarle las lecciones, en ponerle la aguja en +la mano y guiar sus diminutos dedos. Ahora abandonaba casi siempre esta +tarea a las doncellas. Viva en un estado de preocupacin sombra que no +pasaba desadvertida a los criados. Josefina tambin la adivinaba; vea +que su madrina estaba cambiada, no slo con respecto a ella, sino en +todo su modo de ser. Y all, vagamente, en los limbos oscuros de su +pensamiento se engendraba la idea de que estaba triste, que padeca y +que sta era la causa de su mal humor. + +Un da estaba la dama sola en su gabinete. Se haba dejado caer en una +butaca. Inmvil, con la cabeza echada hacia atrs y las manos +pendientes, pareca dormida. Sin embargo, Josefina, que rondaba el +gabinete, se atrevi a mirar por la rendija de la puerta y observ que +tena los ojos abiertos, muy abiertos, y que su frente estaba +temerosamente fruncida. Sin saber lo que se haca, con esa ciega +confianza que los nios tienen en s mismos, empuj la puerta y penetr +en la estancia. Acercose silenciosamente a la seora, y echndose +repentinamente sobre su regazo, le dijo, clavando en ella una mirada de +tmido afecto: + +--Dame un beso, madrina. + +La dama se estremeci. + +--Cmo ests aqu? Quin te ha dado permiso para entrar? No te han +dicho que no subas sin que te llamen?--pregunt frunciendo an ms el +ceo. + +--Quera darte un beso--dijo con voz apagada Josefina. + +--Djame de besos. Anda, y cuidado con subir otra vez sin mi permiso. + +Pero la nia, embargada por la emocin, no sabiendo a qu atribuir +aquel despego y queriendo vencerlo a toda costa, prxima a llorar, se +ech an ms sobre el regazo y trat de subirse para alcanzar su rostro. + +--Dame un beso, madrina. + +--Quita! Djame!--replic la dama impidindola alzarse. + +La nia se obstin. + +--No me quieres? Dame un beso. + +--Que te quites, chicuela!--grit enfurecida.--Lrgate ahora mismo! + +Al mismo tiempo le dio un fuerte empujn. Josefina, despus de +tambalearse, rod por el suelo, dando con la cabeza en el pie de una +silla. + +Alzose llevando la mano al sitio dolorido, pero no llor. Un sentimiento +de dignidad, que muchas veces se aloja con fuerza en los corazones +infantiles, le prest fortaleza para resistir el llanto que brotaba a +los ojos. Dirigi a su madrina una mirada de indefinible tristeza y +sali corriendo de la estancia. Cuando lleg a la escalera se dej caer +sobre un peldao y rompi a sollozar. + +Las espinas de la vida comenzaron a clavarse cruelmente en las carnes +delicadas de aquella nia, que hasta entonces slo flores haba hallado +en su camino. El despego de Amalia fue creciendo de da en da. A la par +creca tambin la reserva y la timidez de su hija. Pero como al fin era +nia, esta tristeza disipbase a veces al impulso de un capricho. +Entonces era cuando realmente se mostraba la frialdad y ojeriza de la +dama. + +--Seora, Josefina no quiere ponerse el vestido verde. + +--Pues? + +--Dice que est sucio. + +Amalia se levant, fue al cuarto de la nia y, cogindola por un brazo y +sacudindola rudamente, le dijo: + +--Qu orgullo es se? No sabes, mueca, que en esta casa no eres +nadie? Que ests aqu por misericordia? Ten cuidado no enfadarme, +porque el da menos pensado te planto en la calle, de donde te he +recogido. + +Las criadas escucharon estas palabras y las tuvieron bien presentes. +Josefina hasta entonces haba sido tratada como hija de los seores: en +adelante se la consider como una hija postiza: ms tarde, como +advenediza. La servidumbre se vengaba con placer de los minuciosos +cuidados que antes se vea obligada a prodigarle, de aquellas speras +reprensiones que reciban por su causa. En particular Concha, la +microscpica doncella, experimentaba una alegra indecible, propia de su +carcter maligno y rencoroso, cada vez que la seora mostraba de algn +modo su desdn por la nia recogida. + +sta ocupaba una habitacin que daba al jardn, alegre y espaciosa. +Concha, aunque primera doncella y costurera de la casa, alojbase en un +cuartucho lbrego, con ventana al patio, que comparta con Mara. El +gabinete de Josefina haba sido siempre para ella objeto de envidia. Ms +de una vez la haba expresado con palabras bien pesadas para aqulla. +Aprovechndose de la disposicin de su ama, obtuvo permiso para dormir +tambin en este gabinete, a pretexto de que Paula, que ocupaba una +alcoba contigua, tena el sueo pesado. Instalose cmodamente, hizo uso +del tocador y de los enseres de la nia. Pocos das despus la mand a +dormir con Mara en su antiguo cuarto, sin decir una palabra a su ama. +Cuando sta lo supo, ya haba pasado algn tiempo: la reprendi sin +aspereza por no haberle dado parte, pero no modific los hechos +consumados. + +Ms adelante se le ocurri degradarla de otra manera. Josefina coma a +la mesa con los seores. El alto y poderoso maestrante no haba +consentido en ello al principio: importunado por su esposa, cedi al +fin, no sin repugnancia. Concha, penetrada de la ojeriza de su seora, +comenz a intrigar para privar de este honor a la recogida. Exagerando +lo que daba que hacer, lo mucho que se manchaba y lo que perturbaba el +servicio de la mesa, logr a la postre que no se sentase a ella y s en +una pequeita que se le puso en el cuarto de la plancha, prximo a la +cocina. A los pocos das la misma Amalia, en un acceso de mal humor, +dijo que aquel doble servicio no poda ser tolerado y que se la llevasen +a la cocina a comer con los criados. + +Concha la sent en un taburete, le puso un plato de barro y una cuchara +de madera en la mano y le dijo: + +--Come. + +La nia levant la cabeza estupefacta; pero al ver la sonrisa maligna +que brillaba en los ojos de la doncella, bajola de nuevo y se puso a +comer sin protesta alguna. Concha no qued satisfecha; deseaba que se +rebelase; verla llorar. + +--Qu es eso? No te gusta la cuchara?... Pues, hija, come con ella, +que tambin cmo yo y soy tan buena como t... Qu te creas, +bobalicona! Pensabas que porque te ponan el sombrerito y la camisa de +batista eras una seorita... Las seoritas no vienen metidas en un cesto +entre trapos sucios... + +Y por ah continu soltando a chorros sarcasmos e insultos, hasta que al +fin la pobre Josefina rompi a llorar. Las dems criadas, menos +malvolas, se vean, no obstante, lisonjeadas por aquella humillacin. +Al fin se pusieron de su parte, trataron de consolarla, mientras +Concha, despiadada, ms dura y ms fra que el mrmol, sigui +persiguindola largo rato con rechifla sangrienta. + +Pocos das despus, al cruzar Josefina por el cuarto de la plancha para +ir al comedor, oy a Concha decir dirigindose a Mara: + +--Di, chica, has planchado ya la ropa de la hospiciana? + +Se detuvo, sin saber a quin se refera, y pase su mirada recelosa de +una a otra domstica, hasta que una carcajada, que ambas soltaron a la +vez, le hizo comprender que se trataba de ella. + +--Por qu me llamis hospiciana?--exclam la inocente pugnando para no +llorar.--Lo voy a decir a mi madrina. + +--Alza; corre a decrselo!--replic Concha empujndola a la puerta. + +Desde entonces no se le dio otro nombre entre la servidumbre. + +Amalia prohibi que la llevasen por la noche al saln. El conde, que ya +no vea a su hija mas que este momento, pidi explicaciones. La dama +manifest que, debiendo levantarse temprano para estudiar sus lecciones, +necesitaba ms sueo. No se dio aqul por convencido. Comprenda que se +trataba de una ruin venganza; pero tuvo la prudencia de callar, temiendo +mayor dao. + +A Amalia se le ocurri entonces herirle de modo ms directo. La nia, a +quien haba privado no slo de sus caricias, sino de todas sus +preeminencias en la casa, iba camino de ser una criadita ms. En un +instante qued trasformada por completo. La seora dio orden de que se +le guardasen todos los sombreros y vestidos y se le pusiese el ms pobre +y ms viejo del guardarropa; que se le hiciesen delantales como a las +dems criadas y se la emplease en los menesteres de la cocina que +pudiese ejecutar. + +Los amores del conde y Fernanda eran cada da ms notorios. Aunque en +casa de Quiones se guardaban de hablarse con intimidad, a la celosa +valenciana no se le ocultaba lo que entre ellos exista. Sus ojos +traspasaban como dos rayos de luz el cerebro de su amante y lean con +claridad dentro de l. Luis estaba enamorado de su antigua novia. Las +relaciones adlteras le pesaban en el alma como una losa de piedra. +Ella, la amada, la preferida de otros das, le pareca ahora vieja y +marchita frente aquella esplndida rosa que acababa de abrirse por +completo. Si no la haba abandonado ya, era por debilidad de carcter, +por el ascendiente poderoso que en siete aos de relaciones haba +logrado adquirir sobre l. Pero no apeteca otra cosa. Lo lea +perfectamente en sus miradas huidas; en la preocupacin sombra que +pesaba sobre l, rota algunas veces por sbita y extravagante alegra; +en el temor y en el servilismo, cada vez mayores, con que se acercaba a +ella. + +Una noche el conde pidi un vaso de agua. Los ojos de Amalia brillaron +repentinamente. Haba llegado el momento ansiado. Tir de la campanilla +y dijo con singular inflexin a la doncella que acudi: + +--Paula, que traigan un vaso de agua. + +Pocos instantes despus se present Josefina, pobremente vestida, con un +mandilito de tela burda, calzados los pies con toscos zapatos, +soportando trabajosamente entre sus pequeas manos una bandeja con vaso +de agua y azucarillo. Los tertulios quedaron estupefactos. Luis +empalideci. Avanz la nia hasta el medio del saln, mirando +tmidamente a su madrina. Esta le hizo sea de que se acercase al conde. + +Vacil el caballero como si estuviese distrado; pero viendo a la +criatura plantada delante de l, se apresur a tomar el vaso y se lo +llev con mano temblorosa a los labios. Los ojos de Amalia se mostraban +en tanto fros, indiferentes; pero en sus labios haba imperceptibles +estremecimientos que revelaban el gozo cruel que senta. En la tertulia +rein, mientras se efectuaba esta escena, un significativo silencio. + +Luego que Josefina hubo salido, la seora de Quiones explic a sus +tertulios con naturalidad aquella mudanza. Se trataba de un castigo +necesario al orgullo que la nia empezaba a mostrar con los criados. No +durara mucho. Sin embargo, necesitaba vencer a todas horas la voluntad +de Quiones, que se opona a que fuese educada con tanto mimo. + +--La verdad es--concluy diciendo con acento tan natural, que ninguna +actriz lo hallara ms adecuado a la ocasin,--la verdad es que algunas +veces no puedo menos de darle la razn en mi interior. Qu bien le +hacemos a esta pobre nia colocndola en una situacin donde no ha de +poder sostenerse? Maana, que nosotros nos muramos, la pobre necesitar +buscarse el sustento trabajando, si antes no encuentra un marido... Y +qu marido le vamos a dar a una muchacha con necesidades y sin dinero? + +Los tertulios no cayeron en la trampa. En realidad tampoco ella lo +pretenda. Todo aquello vena a reducirse a puro convencionalismo, pues +a nadie se le ocultaba lo que haba debajo. Poco despus, no pudiendo +dominar la molestia que senta, el conde se despidi. + +--Este negocio de Luis no se presenta nada bien--deca a ltima hora +Manuel Antonio en un grupo que se retiraba por la calle de Altavilla, +donde iban Mara Josefa, el Jubilado y su hija Jovita.--El matrimonio +con Fernanda, si es que lo llega a realizar, le ha de costar muchos +disgustos. + +--Crees t?...--pregunt Mara Josefa para tirarle de la lengua. + +--Madre!... Eres tonta, mujer? No conoces a Amalia como yo? + +--Y qu tiene que partir Amalia en el matrimonio de Luis?--pregunt +Jovita, que en su calidad de soltera, aunque hubiese cumplido los +treinta y dos, le convena hacer patente su candor. + +--Ay! Es verdad que tenamos aqu esta _fanciullina_--exclam, haciendo +cmicos ademanes de susto, el marica.--No me haca cargo!... Nada, +monina, nada; sigue adelante, que son cosas de los grandes... + +La hija del Jubilado se volvi iracunda al sentir el alfilerazo y +replic con una frase insolente. Pagole Manuel Antonio con otra, y se +entabl animada disputa rebosando de palabras amargas e intencionadas +que se prolong hasta casa del Jubilado, no sin que ste hubiese hecho +algunos vanos esfuerzos para poner paz entre ellos. La mejor parte la +llev, como siempre, el marica, que posea para lanzar sus frases el +vigor de los hombres y la sutil intencin de las hembras. + +Al da siguiente el conde logr una entrevista con Amalia y le dio sus +quejas por la escena de la noche anterior. La dama se manifest amable, +condescendiente, justific su conducta por el bien de la nia. Luis +observ, sin embargo, que hablaba de un modo particular: crey percibir +en la miel de sus palabras un dejo de amargura e irona que le +sobresalt. Sali preocupado, inquieto: en algunos das no pudo quitar +de s el malestar de aquella entrevista. + +Pero el amor prenda fuego rpidamente en todos los aposentos de su alma +y consumi al fin aquel ltimo resto de preocupacin. Estaba +profundamente enamorado. Y como siempre acaece, a la par que creca su +amor aumentaba tambin su timidez. Al principio, en sus largas +conversaciones con Fernanda, apareca sereno, galante, no perdonaba +medio de demostrar a su ex-novia su admiracin y rendimiento. De repente +comenz a perder el aplomo, a huir todo asunto relacionado con sus +propios sentimientos, a evitar las frases galantes. Fernanda no se +equivoc. Ahora es cuando haba llegado aquel amor, tras del cual tanto +tiempo haba corrido, que tantas lgrimas le haba costado. + +Sus plticas, aunque fuesen de asuntos indiferentes, tenan un sabor +delicado, exquisito. Hablaban horas y horas, sin cansarse, de las cosas +ms insignificantes, por el placer de verse tan cerca, de escucharse. + +Fernanda charlaba con toda la alegra de su corazn, sin curarse de la +timidez de su adorador, al contrario, gozando al ver el empeo pueril +con que evitaba el confesar su amor, sabiendo que en cuanto ella diese +la seal se entregara atado de pies y manos. + +El momento lleg al fin. Un da la hermosa viuda se resolvi _a +declararse ella_. Hablaban del matrimonio; de las segundas nupcias. Luis +comenz a sobresaltarse, a emitir sus opiniones con voz temblorosa, a +tratar de huir la conversacin. Fernanda dijo de repente con perfecta +calma y en tono resuelto: + +--Yo no volver a casarme segunda vez. + +Se puso plido. La cara se le entristeci de tal manera que la joven, +reprimiendo a duras penas una sonrisa, repiti con ms resolucin an: + +--No volver a casarme segunda vez... a no ser contigo. + +El conde la contempl desencajado. + +--Es de veras eso?--pregunt al fin con voz temblorosa. + +--Y tan de veras!--repuso ella mirndole sonriente. + +--Dame esa mano, Fernanda. + +--Tmala, Luis. + +Se las estrecharon fuertemente por unos momentos. El conde se levant +sin decir otra palabra. Cuando lleg a casa, le escribi una larga carta +de seis pliegos pintndole con los ms vivos colores su pasin, dndole +fervorosas gracias, llamndose indigno gusano tres o cuatro veces. + +El matrimonio qued concertado para cuando terminase el ao de luto. +Faltaban dos meses. Decidieron guardar el secreto y que la ceremonia no +se celebrase tampoco en Lancia. Unos das antes del prefijado saldra +ella para Madrid; poco despus se le juntara l, y en la corte +quedaran unidos para siempre. + +En los pueblos es muy difcil ocultar cualquier cosa: un proyecto de +boda, imposible. Por la intensidad de la mirada cada par de ojos se +convierte en cien pares; por su virtud acstica, cada odo en cien +odos. En sus pasos, en sus miradas, en el modo de saludarse y +despedirse los ingeniosos lacienses adivinaban como verdaderos magos lo +que pensaban, medan exactamente el progreso de aquellas relaciones que +les tocaba en lo ms vivo del corazn. + +Una tarde, al pasar Manuel Antonio por delante de la ttrica morada del +conde, vio salir a la doncella con una caja de cartn en las manos. El +marica sinti en la nariz olor de caza, tom vientos un instante, y la +sigui. + +--Adis, Laura--dijo pasando delante de ella. + +Y volvindose de repente le pregunt en tono indiferente: + +--Cmo sigue tu amo? + +--El seor conde no est malo. + +--Ah! Pues me dijeron... Como no le veo hace dos das... Vas de +compras para la seora? + +--Son camisetas para el seor conde. + +--De casa de Ramiro?... Djame verlas, yo tambin tengo que comprar. + +La doncella abri la caja y el marica se puso a examinar el contenido. + +--Son muy finas. Esto es demasiado caro para m, hija. + +--S, seor, son caras. Pues el seor conde todava no las encuentra +buenas. Quiere a toda costa que sean de seda, y por ms que anduve todos +los comercios, no las hay. No tiene ms remedio que encargarlas. + +--De seda? Madre! Entonces se nos va a casar. + +--Yo no s nada de eso, seorito--se apresur a replicar la criada con +seales de turbacin. + +--Quita all, hipocritona!--exclam riendo.--T lo sabes como yo y como +todo el mundo... Y para cuando? + +--Le digo que no s nada. + +Pero el marica insisti tanto, se mostr tan expresivo y familiar que al +cabo de un rato la criada desembuch lo que tena dentro. + +--Pues mire, yo no puedo decirle a punto fijo lo que hay, pero creo que +se casa y pronto. El otro da o unas palabras a la seora condesa... + +--Qu palabras? + +--Deca al ama de llaves que, en cuanto su hijo se fuese, ira a pasar +una temporada a la Granja. Despus, mirando por el agujero de la llave, +la vi llorar. Adems, Fray Diego estuvo anteayer en casa... pero no s +si debo decirle... + +--Vamos, mujer, qu importa? Te figuras que yo soy una gaceta? + +--Pues le o decir al tiempo de despedirse: Nada, nada; tienen mucha +razn; es mucho mejor que lo hagan en Madrid. ste es un pueblo muy +envidioso... + +El gozo que sinti Coln al descubrir la tierra del Nuevo Mundo no fue +nada en comparacin con el de nuestro marica. No slo saba sin gnero +de duda que se casaban, sino dnde haba de efectuarse la ceremonia. +Embarazado por noticia tan capital y queriendo aliviarse enseguida de +aquel peso, se puso a imaginar sobre quin hara ms efecto. Su +pensamiento fue derecho a Amalia. Hacia el palacio de Quiones enderez, +pues, sus menudos y graciosos pasos. + +Era la hora del oscurecer. Hall a la seora sentada en su gabinete, sin +luz, entregada sin duda a una de esas intensas y dolorosas meditaciones +que desde haca algn tiempo la embargaban. Manuel Antonio se mostr +jovial y decidor, trat de alegrarla cuanto pudo, atrayendo de nuevo la +sangre a aquel corazn ulcerado para que la pualada fuese ms dolorosa. +Pidi chocolate, lo tomaron jaraneando lindamente: Amalia lleg a +olvidarse de sus preocupaciones. Y cundo ms olvidada estaba zas! la +bomba. Pero dejada caer suavemente, con arte infinito, el arte que slo +posee una mujer, reforzado por el ingenio masculino. + +Lo nico que sinti fue no poder verle la cara. El gabinete estaba ya +casi en tinieblas. Pero advirti bien claramente el destrozo de la +explosin en el sonido de la voz, en la frialdad de la mano al +despedirse. + +Amalia qued en pie, rgida, inmvil, largo rato. Apoyose en la cortina +de crespn para mirar a la calle y la destroz. Trat de abrir su +escritorio para tomar el pomo de esencia, pero dio demasiada vuelta a la +llave y estrope la cerradura. + +Sali de la estancia y vag, por los pasillos oscuros y escaleras, con +incierta planta, como un fantasma. All a lo lejos vio un punto luminoso +y se dirigi hacia l involuntariamente como una mariposa. Era el +comedor, que ya estaba alumbrado. Sentada a la mesa, armando unos +pastorcitos de barro, restos de su pasada riqueza, estaba Josefina. La +pantalla de la lmpara proyectaba viva luz sobre su cabecita monda y +dorada como una naranja. Amalia se detuvo un instante y la contempl con +ardiente mirada, devorando con los ojos aquel semblante grave y +melanclico que tan fielmente reflejaba el de Luis. Dio un paso y la +nia volvi la cabeza. La mirada de sus ojos azules era igualmente +dulce y triste; el movimiento de las pestaas, idntico. La esposa del +maestrante salv de dos pasos la distancia que la separaba y cay sobre +ella como un tigre hambriento. Golpe, mordi, desgarr. Sus uas +dejaron al instante surcos morados en aquel rostro cndido. La sangre +comenz a brotar. La nia, loca de terror, lanzaba chillidos +penetrantes. Apenas tuvo tiempo a ver a su madrina. No saba qu era +aquello. Amalia, insaciable, golpeaba, hera sin cesar. Los gritos de la +vctima hacan crecer su furor. Se detuvo rendida al fin. + +--Madrina, qu hice?--exclam la pobre nia huyendo hacia un rincn. + +Esta pregunta, la mirada de angustia con que la acompa, enfurecieron +de nuevo a la dama. Volvi a golpearla despiadadamente. La criatura se +tapaba el rostro con las manos. Entonces le coga las orejas, las +estrujaba hasta arrancarlas. No satisfecha todava, irritada de no poder +herirla en la cara, tom un plumero que haba sobre la mesa, y con el +mango comenz a sacudirle sobre las manos, dejndolas cubiertas de +cardenales. + +Al fin consigui salvarse. Las criadas, que haban acudido y +presenciaban atnitas la escena, dejronla paso y huy por los pasillos +y tom por la escalera. La puerta de la calle estaba abierta. El +cochero, al llevar los caballos al agua, la haba dejado as. Josefina +sali de la casa y corri desalada por la calle de Santa Luca, penetr +en la travesa de Santa Brbara, atraves la plazuela del Obispo y, +bajando por la calle de la Sastrera, sali por la puerta de San Joaqun +a la carretera de Sarri. + +Haba cerrado ya la noche. Caa suavemente una lluvia menuda, pero +espessima, que en poco tiempo la cal hasta los huesos. La desgraciada +criatura corri todava algn tiempo y al fin se detuvo jadeante. El +pretil de la carretera estaba bajo en aquel sitio y se sent. Entonces +fue cuando sinti el dolor de los golpes. Llevose las manos a la cabeza, +despus a la cara, por donde senta correrle un lquido caliente, que al +principi pens sera la lluvia. + +Pronto se convenci de que era sangre. Sangre! La cosa en el mundo a +que ella tena ms terror! Dominada an por el susto, no se quej. +Levant la falda de su vestidito y se sec, o por mejor decir, se lav +la cara, porque el vestido estaba mojado. + +Pero lo que ms senta, lo que le dola de un modo horrible eran las +manos. No sabiendo qu hacer para aliviarse, comenz a soplarlas. Luego +las chup. Pero el dolor era tan recio que exclam al fin sollozando: + +--Ay mis manos! + +En aquel momento se alzaron ante ella entre las sombras de la noche dos +enormes figuras que la dejaron helada de espanto. Una de ellas se +abalanz y la cogi por un brazo. + +--Qu haces ah?--dijo con voz bronca. + + + + +XII + +La justicia del barn. + + +En una gran sala de la casa solariega de los Oscos, amueblada con cuatro +trastos viejos, tapizada con dos dedos de polvo, se encuentran sentados +a una antigua mesa de roble dos conocidos personajes de esta historia. +Uno es el propio barn, dueo de la casa. El otro, su amigo Fray Diego. +Tienen delante un tarro de ginebra vaco, otro a medio vaciar y sendas +copas. Ni mantel, ni tapete, ni bandeja; el nico adorno de la mesa son +las manchas caprichosas que el vino y la ginebra en feliz consorcio con +el polvo han ido dejando con el trascurso de los meses y los aos. La +estancia es lbrega, porque la calle del Pozo lo es y porque los +cristales emplomados, hace aos ya que no se han limpiado, y porque la +tarde est declinando. + +A la poca luz que all consigue penetrar puede verse la faz de ambos +excesivamente roja, tan roja que parece imposible no brote la sangre de +sus ojos encarnizados. La del barn ha llegado al lmite de su fiera y +espantable fealdad. Aquella cicatriz sangrienta que le surca el rostro +se destaca ahora con todas sus rugosidades, tan spera y negra que da +grima verla. Sus bigotes cerdosos, unidos a las patillas, son ya ms +blancos que negros. Viste zamarra negra y cubre su cabeza una gran boina +roja cuya borla cae arremolinada, unas veces sobre las orejas, otras +sobre las narices, segn los movimientos que imprime a su torso de ogro. + +Hace largo rato que guardan silencio. Fray Diego de vez en cuando lleva +la mano al tarro de la ginebra, llena la copa de su amigo, luego la +suya, y gravemente la apura de un trago. El barn no es tan expedito: +toma su copa, la sube a la altura de los ojos y hace frente ella una +serie de muecas a cual ms horrorosa; despus la toca con el borde de +los labios, vuelve a las muecas, vuelve a tocarla; por fin, despus de +largos ensayos y vacilaciones, se decide a apurarla. + +De esta manera grave y prudente se solazan los dos antiguos soldados de +D. Carlos casi todas las tardes del ao. El pueblo lo sabe, y hay entre +sus jocosos habitantes entabladas varias apuestas sobre cul de los dos +morira primero de apopleja. + +Fray Diego haba servido tambin en las filas del Pretendiente. Luego se +haba ordenado, se hizo fraile, estuvo en Filipinas; finalmente, se +seculariz y viva en Lancia como capelln suelto. Mientras la guerra no +se haban conocido. Cuando se encontraron en Lancia quedaron unidos con +indisoluble amistad por la identidad de ideas, por el recuerdo de las +gloriosas batallas a que asistieron... y por la ginebra. + +--Viva el papa soberano de todos los reyes de la tierra!--exclam +despus de largo silencio, en que ambos parecan dormitar, Fray Diego. +Al mismo tiempo dio un tremendo puetazo sobre la mesa que hizo bailar +los tarros y las copas. + +El barn no se conmovi poco ni mucho. Sigui haciendo guios a la copa +que tena delante y, despus de apurarla muy reposadamente y chasquear +tres o cuatro veces la lengua, dijo: + +--Despacio, despacio, Fray Diego; usted no sabe todava lo que son los +papas. + +--Viva el papa soberano de todos los reyes de la tierra!--volvi a +exclamar el cura, dando otro puetazo ms fuerte. + +--Cuidado, Fray Diego, que los papas han sido siempre muy ambiciosos. + +--Seor barn!--exclam el clrigo con voz enftica de cmico de la +legua.--Tiene usted el alma tan fea como el rostro! + +El barn qued tan sosegado ante aquel insulto. Despus de un rato dijo +con perfecta tranquilidad: + +--No sea usted botarate. Qu tiene que ver mi cara en estos asuntos? Yo +soy catlico, apostlico, romano; pero si maana el rey, nuestro seor +(llevose la mano a la boina al decir esto), me manda con un destacamento +a Roma, voy a all como el condestable de Borbn, la saqueo y prendo al +pontfice. + +--Y yo digo que si Su Santidad me mandase meter una cuarta de bayoneta +por el ombligo a ese condestable, tenga usted por seguro que le meta +dos. + +--No. + +--Cmo no?--rugi el capelln ponindose carmes. + +--Porque el condestable ha muerto hace tres siglos. + +--Me alegro. Tres siglos hace que arde en los infiernos. + +--Todo eso est muy bien, _pater_, pero el rey siempre arriba, estamos? +y los dems a callar y obedecer. + +--El papa no calla nunca, seor barn! + +--Pues se le pone una mordaza. + +--Quisiera yo ver porra! reporra! cien veces porra! quin se la +pona estando cerca Fray Diego de Areces!--grit el clrigo alzndose +convulso y echando fuego por los ojos. + +--Sintese, _pater_, y clmese y escancie otra copita, que Fray Diego de +Areces no es ms que un cazuela. + +El capelln se seren repentinamente, verti delicadamente el licor en +las dos copas y apur la suya con deleite, despus de lo cual dej caer +la cabeza sobre el pecho, los prpados se le bajaron y se puso a +dormitar. El barn, radiante de alegra, le contemplaba fijamente con +ojos socarrones, aprovechndose de su ausencia temporal para escanciarse +otra copita, de nones, como l deca. + +Era constante particularidad de aquellas dulces sesiones el que la +ginebra trocase el carcter de ambos. El genio irascible, impetuoso del +barn se dulcificaba de modo inverosmil. Hacase, mientras duraba la +benfica influencia del alcohol, alegre, comunicativo, conciliador; +ninguna palabra le molestaba, nada le pareca suficiente motivo para +encolerizarse. En cambio, Fray Diego, que en estado normal era un +bendito, siempre jovial y chancero, tornbase un diablo disputador y +quisquilloso, adquira de pronto humor guerrero que nadie sospechara +bajo su rostro redondo y plcido de beata ajamonada. + +Despabilose al cabo de pocos minutos, mir al barn algunos momentos +fijamente con extraa ferocidad y profiri estropajosamente: + +--Quisiera, seor barn, que me explicase usted qu entiende por +cazuela. + +--Anda, salero! Ahora salimos con eso? A usted qu le importa que +signifique uno u otro? + +--Es que yo quisiera... entendmonos! + +--Ya nos hemos entendido. Usted tiene dos cuartillos de ginebra entre +pecho y espalda y yo otros dos... o algo ms--aadi haciendo un nmero +prodigioso de guios. + +--No es eso, seor barn, no es eso! Entendmonos de una vez, porra! + +--Aqu ya no hay barones ni frailes--exclam el noble en un arrebato de +buen humor alzndose de la silla.--Aqu slo quedan el to Francisco, +que soy yo, y el to Diego; que eres t, estamos?... Vengan esos +cinco... + +Al avanzar con la mano extendida dio algunos traspis, pero se mantuvo +firme. + +--Vengan esos cinco, valiente! + +El cura se dulcific. Se estrecharon las manos. + +--Ahora un abrazo por el rey legtimo de las Espaas. + +--No me hable usted de abrazos!...--grit el clrigo enfoscndose de +nuevo.--Me acuerdo del abrazo de Vergara, y porra!... + +--No te apures, compadre, que ya nos la pagarn. + + _Ay, ay, ay! mutil_ + _Chapelen gorri._ + +Y se puso a cantar roncamente el himno carlista; pero interrumpindose +de pronto: + +--Eh, to Diego, a cantar! Dejmonos ahora de lgrimas... + +En efecto, su amigo lloraba en aquel momento lgrimas como avellanas, +recordando la traicin de Vergara. + +--Arriba, coracero! A que no te pesara de que bebisemos una copita +por el exterminio de todos los _negros_? + +Fray Diego se declar, con un movimiento de cabeza, partidario en +principio de este brindis consolador, pero no se movi de la silla. + +Bebieron otra copa, y su efecto fue tan prodigioso en el alma +tradicional del barn, que se puso inmediatamente a bailar el zapateado +ingls sobre la mesa, sin que Fray Diego dejase por ello de verter +abundantes lgrimas. + +--Hum! No me gusta este baile de _extranjis_--manifest al fin +bajndose de un salto;--prefiero la _danza prima_. Ven ac, to Diego... + +Y a la fuerza, cogindole por las manos, lo alz de la silla y se puso +a dar vueltas con l, entonando uno de los cantos largos y montonos del +pas. Fray Diego se sinti rejuvenecido. Recordaba sus tiempos de +mastuerzo all en la aldea, cuando su to el cura de Areces le mola a +palos porque saltaba de noche por la ventana para ir a cortejar las +mozas de los pueblos vecinos. + +--Oye, Diego--dijo el barn parndose repentinamente.--No te parece que +antes de seguir bebamos una copita por el alma de nuestros mayores? + +Asinti el fraile de buen grado; pero las copas yacan rotas por el +suelo y los tarros vacos. El barn abri un armario y sac de l nuevos +elementos de _vida espiritual_. Esta copa funeraria le inspir una idea +felicsima; la de cubrir la cabeza del capelln con su boina y adornarse +l con el canaln de ste, que descansaba sobre una silla. As vestidos +volvieron a la danza, haciendo dos figuras realmente interesantes. + +El barn dio un traspi y cay. + +--Alza, to Diego. + +El fraile le cogi de nuevo las manos que haba soltado y tir con +fuerza hacia arriba. Pero el peso del noble le dobleg y rodaron los dos +por el suelo. + +--Alza, to Diego! + +--Alza, to Francisco! + +Ambos se revolcaban soltando brbaras carcajadas. El barn logr al fin +ponerse en pie. El capelln le imit al cabo de un rato. Pero su alma, +iluminada un momento por los recuerdos de la juventud, cay otra vez +repentinamente en la sangre y el exterminio. Se dirigi ferozmente a su +amigo. + +--Sepmoslo de una vez, porra! Por qu me ha llamado usted cazuela +hace poco? eh? eh? por qu? + +--Te lo explicar enseguida, hombre--repuso el barn con calma;--pero +antes beberemos una copa por la congregacin de todos los fieles +cristianos, cuya cabeza visible es el papa... digo, si te parece. + +El capelln no puso obstculo. + +--Pues te he llamado cazuela--prosigui chasqueando la lengua--porque +una cazuela, sabes t? una cazuela sirve para que la llenen de patatas +guisadas. + +Dicho esto, el barn cay en un espasmo de alegra tan violento que por +poco se ahoga. Mientras tanto, los ojos saltones de su camarada le +miraban con tal expresin amenazadora que pareca que iban a brincar de +las rbitas y lanzarse sobre l; crecan por momentos como los de una +langosta. + +--Y por qu de patatas guisadas? Yo tengo tantos hgados como usted, +porra! y lo he probado en la accin de Ordua y en la de Unz, y por +algo tengo en mi casa seis cruces. + +--T? t?--dijo el caballero sin poder sosegar la risa.--T nunca has +servido ms que para hacer el rancho al escuadrn. + +El furor del fraile no tuvo lmites al escuchar esto. Grit, pate, dio +espantosos puetazos sobre la mesa. Por ltimo, lanzose hacia la puerta +y desde su marco comenz con descompuestos ademanes a apostrofarle. + +--Eso lo dice usted porque est usted en su casa! Salga usted fuera a +decirlo! Salga usted conmigo! + +El barn le miraba con risuea curiosidad. + +--Calma, calma, to Diego. + +--Salga usted a matarse conmigo!... Con sable, con pistola, con lo que +usted quiera... + +--Bien, hombre, bien; saldremos a matarnos... pero slo por darle a +usted gusto... + +Fue con paso vacilante hacia la alcoba y a tientas, porque ya la +oscuridad era completa, meti las manos en el armero y sac dos grandes +sables de caballera. + +--Toma--dijo alargando uno al capelln. + +ste lo sac de la vaina y se puso a esgrimirlo. Mientras llevaba a cabo +la prueba, D. Francisco le contemplaba rebosando de satisfaccin. + +--Bueno, vamos ya--dijo el fraile envainando.--En marcha. + +Y tomando el canaln, que andaba por el suelo, y ocultando el sable +debajo de los manteos, sali por la puerta. El barn cogi la boina, se +puso un grueso montecristo de abrigo y le sigui. + +--Alto!--exclam antes de que hubiera dado cuatro pasos.--No te parece +que echemos la espuela? + +Fray Diego dej escapar un gruido afirmativo. + +Entraron otra vez en la sala y, tentando el suelo, tropezaron con el +tarro de la ginebra, que no estaba agotado por completo. Dieron con las +copas y se escanciaron todo lo que haba. Acto continuo salieron a la +calle. + +El pavimento de gruesos guijarros estaba mojado. Caa una lluvia +menudsima, tan espesa que en poco tiempo calaba la ropa como el ms +fuerte aguacero. La noche haba cerrado casi por completo. Y como, segn +las prcticas municipales, faltaba todava un buen cuarto de hora para +encender los famosos reverberos de aceite, las tinieblas envolvan a la +empapada ciudad. + +Los dos hroes, animados por el espritu de la guerra, caminaron con +decisin por la calle del Pozo, el clrigo delante, el noble detrs, +ambos embozados hasta los ojos y apretando bajo el brazo el instrumento +de muerte que cada cual llevaba. Entraron en la calle de las Hogueras, +pasaron por bajo los muros de la Fortaleza y salieron a la va que cie +la antigua muralla de la poblacin. A medida que el agua, filtrndose al +travs de los abrigos, refrescaba sus carnes, se iban paulatinamente +equilibrando sus humores. El de Fray Diego tenda visiblemente a +serenarse, arrojaba uno a uno los negros velos que le opriman. Pero +estos velos los recoga todos el barn y envolva con ellos su espritu +altivo y cruel. Ambos avanzaban impvidos al travs de la noche y la +lluvia, presagiando la muerte. + +Siguieron un buen trecho a lo largo de la muralla y al llegar a la +carretera de Sarri tomaron por ella. No haban andado cinco minutos +cuando oyeron cerca un gemido. Pararon en firme, y acercndose al pretil +distinguieron un bulto; se aproximaron un poco ms y vieron sentada una +nia. + +--Qu haces ah?--dijo el barn, agarrndola por un brazo. + +--Perdn!--exclam Josefina en el colmo del terror.--Por Dios, no me +pegue usted, seor! Ya me pegaron mucho. + +La mano del caballero se afloj repentinamente y, cambiando de voz y de +tono, dijo: + +--No, hija ma, no; nadie te pegar. Cmo ests aqu a estas horas? + +--Me ha pegado mucho mi madrina y me escap de casa. + +--No tienes padres? + +--No, seor. + +--Vives en Lancia? + +--S, seor. + +--Quin es tu madrina? + +--Una seora. + +--Cmo se llama? + +--Amalia. + +--Porra!--exclam Fray Diego, dndose una palmada en la frente.--Es la +nia recogida por D. Pedro Quiones. + +--Es verdad que se llama D. Pedro el marido de tu madrina? + +--S, seor. + +--Vamos, levntate, hija ma. Ah no ests bien. Vente con nosotros. + +--Oh, no, por Dios! No me lleven a mi madrina! + +--No, no iremos all. Ests mojada, criatura!--aadi palpando su +ropa.--Anda, anda. + +Los dos hroes haban depositado los sables sobre el pretil. Cuando +echaron a andar hacia Lancia, llevando a la nia en el medio, all los +dejaron olvidados sin reparar en que la humedad desluce y enmohece el +acero. + +--Y por qu te ha pegado tu madrina?--preguntaba Fray Diego mientras +caminaban despacito para acomodarse al paso de la nia. + +--Porque estaba jugando con los pastores. + +--Los pastores!... Pero los pastores de don Pedro vienen a dormir a +casa? + +--S, seor; duermen en la caja de cartn. + +--A ver, a ver, chica, qu estas diciendo ah?--profiri el capelln +detenindose. + +De la investigacin entablada inmediatamente result que los pastores +eran de barro. Fray Diego emprendi nuevamente la marcha, resguardando +con sus manteos el frgil cuerpo de la criatura. + +Pero al ponerle una de las veces la mano en la cara observ, con +sorpresa, que la humedad que le moj los dedos era caliente. Comunicada +esta observacin con su antagonista, y como quiera que ya haban llegado +a las primeras casas de la ciudad, metieron a la nia en un portal, +encendi el barn un fsforo y la reconocieron. Tena todo el rostro +baado de sangre, que manaba de algunos profundos araazos, las manos +cubiertas de cardenales. Los dos hroes se miraron aterrados, y la misma +ola de indignacin encendi sus mejillas. El barn dej escapar una +serie de imprecaciones fulminantes. stas y su feo rostro espantable +hicieron tal impresin en Josefina, que huy gritando a un rincn. +Consiguieron, no sin trabajo, tranquilizarla, y despus de secarle el +rostro con un pauelo, Fray Diego la cogi en brazos (el barn lo haba +intentado en vano), tapola bien con sus manteos y emprendieron la +marcha hacia la casa solariega de los Oscos. + +All le hicieron la primera cura. El barn, que en la campaa haba +adquirido algunos conocimientos de ciruga, le lav cuidadosamente las +heridas, las cerr con aglutinante y cur las contusiones con cierto +ungento eficaz que posea. Las manos rudas de aquellos veteranos +parecan de seda al tocar la piel de la nia. Una mujer no la hubiera +curado con ms delicadeza, con tal atencin y esmero. + +Josefina iba perdiendo el miedo. Aquel seor tan feo no era malo. Se +atrevi a pedir agua. El barn respondi que no se estilaba en aquella +casa, y que lo mejor que le vendra ahora para quitar el susto era una +copita de Jerez. Hzola traer, y luego que la nia la hubo bebido, los +dos campeones del rey legtimo se retiraron a un rincn de la sala a +deliberar. + +Resolvieron que lo prctico en aquel momento era llevar la nia a casa +de Quiones. El barn se encargaba de entregarla. Antes calentara muy +bien las orejas a su madrina; le dira que era una indigna mujerzuela, +una criatura vil y perversa, y que si otra vez osaba maltratar a aquella +pobre nia desvalida, ira a su casa a cortarle las orejas y atarla +despus por el moo a la cola de su caballo y arrastrarla as por toda +la ciudad. Fray Diego no estaba conforme con tanta crueldad, pero el +barn ni por Dios vivo quiso alterar poco ni mucho aquel plan siniestro +de terrible ejemplaridad. + +Cost trabajo persuadir a Josefina a que viniese con ellos. +Consiguironlo despus de prometerle que su madrina no volvera a +pegarla y que sera para ella muy buena de all en adelante. No faltaba +ms! Como se atreviera a tocarla siquiera en un pelo, rayo de Dios! le +retorca el pescuezo como a una gallina, la desollaba viva a correazos +con el freno de su caballo. El rostro de aquel seor era tan espantoso +al proferir tales amenazas, que la nia no dud un instante de su +cumplimiento. + +Mientras caminaban hacia la mansin de los Quiones, el barn no ces de +vomitar injurias y amenazas de muerte contra la esposa del maestrante. +Fray Diego procuraba intilmente calmarle. Sus instintos sanguinarios se +iban exacerbando de tal modo, que el ex-fraile, temiendo una catstrofe, +se despidi al llegar a la puerta del palacio. + +El barn tir de la campana. Como no saba la costumbre feudal de la +casa, no tir ms que una vez. Tardaron en abrirle juzgndole plebeyo. +La sorpresa del criado fue grande al ver a aquel terrible seor, que +tanto respeto infunda en la ciudad, y se apresur a pedir perdn de no +haber acudido ms a tiempo a abrirle. El barn pregunt por don Pedro +Quiones. Le hicieron pasar y el criado subi delante por la gran +escalera de piedra. Al llegar al piso principal le rog que aguardase +mientras le anunciaba. + +Pocos momentos despus se present Amalia. Dirigi una penetrante mirada +de rencor a la nia, que el barn tena de la mano, y dijo dirigindose +a ste con frialdad y altivez: + +--Qu deseaba usted? + +--Vena a entregar esta nia que he recogido en la calle... y al mismo +tiempo a hablar con don Pedro o con usted cuatro palabras. + +Al proferir esta ltima, la voz del barn se alter de un modo +perceptible. + +--No me conoce usted?--aadi, viendo que la dama le miraba fijamente +sin contestar. + +En los pueblos casi todos se conocen, sobre todo las personas de viso, +aunque no se traten. Sin embargo, Amalia replic descaradamente: + +--No tengo ese honor. + +--Soy el barn de los Oscos. + +La dama hizo una inclinacin de cabeza. + +--Paula--dijo dirigindose a una criada que haba acudido,--llvate esa +chica. T, Pepe, enciende las lmparas del gabinete azul. + +Cuando estuvieron solos, la seora se sent, invit con majestuoso +ademn al barn para que hiciese lo mismo, y esper mirndole con +extremada curiosidad, pero sin asomo de temor. + +--Seora--comenz el barn,--he hallado a esa nia en la carretera de +Sarri cubierta de sangre y llena de cardenales. Le he preguntado quin +la haba puesto as, y me respondi que su madrina. Yo no puedo creer... + +--Puede usted creerlo, porque es exacto--dijo Amalia interrumpindole. + +El barn qued parado y confuso. Al cabo prosigui: + +--Es posible que usted tuviera razn para castigarla, pero me duele en +el alma... + +Amalia volvi a interrumpirle: + +--Y a m me duele mucho ese dolor que usted siente. + +--Mi objeto al venir aqu--manifest el barn, que por momentos iba +perdiendo su aplomo,--era prevenir a usted... + +--Cmo? + +--Era rogarle que, ya que ha tenido la caridad, segn me han +manifestado, de recoger esa desgraciada criatura expsita, continuase su +buena obra protegindola, amparndola, educndola... y cuando tuviese +necesidad de castigarla lo hiciese con clemencia, pues la pobre es una +criaturita tierna y dbil, y los golpes pudieran concluir con su vida... + +--Es eso todo lo que usted tena que decirme?--pregunt framente la +dama. + +La faz temerosa del barn se congestion sbito al escuchar esta +pregunta, inyectronse sus ojos, la sinuosa cicatriz se alz con gran +relieve sobre la superficie del rostro en virtud sin duda de algunos +movimientos volcnicos de lo interior. Escuchronse all en la garganta +ruidos formidables, sordos estampidos, presagio de violenta erupcin. +Pero al cabo aquellos ruidos se apagaron, cesaron los movimientos de +trepidacin, y el crter, en vez de despedir una corriente de lava +fundida, como era de temer, rocas, cenizas y otras materias volcnicas +en ebullicin, dej escapar dbilmente estas dos palabras: + +--S, seora. + +--Bien, pues agradezco a usted mucho el inters que se toma en este +asunto, y aprovecho la ocasin para decirle en nombre de Quiones y en +el mo que tiene usted aqu su casa. + +Al mismo tiempo tir del cordn de la campanilla y se levant. Alzose +tambin el barn mascullando las gracias y ofrecindose. + +--Pepe, acompae usted al seor barn. + +Hizo ste una profunda reverencia. Contest Amalia con otra ms leve. El +caballero gir sobre los talones y sali. + +Al bajar por la escalera con las orejas gachas, el semblante encendido y +los ojos extraviados, otra vez se presentaron ante su imaginacin con +vigoroso relieve el descuartizamiento, la prdida de los ojos, la cola +del caballo y otros fieros suplicios de la poca visigtica, a la cual +perteneca por su brbara traza y corazn indomable y crudelsimo. + + + + +XIII + +El martirio. + + +Apenas se haba cerrado la puerta tras el barn, Amalia hizo traer la +nia a su presencia. + +--Venga usted ac, seorita, venga usted ac! Cunto tiempo ya que no +nos hemos visto! Cmo lo ha pasado usted? Le ha ido a usted bien? El +barn es muy galante con las damas, verdad? + +La nia lanz un grito penetrante. + +--Ay mi oreja! + +--De rodillas, sabandija! Ah! Conque no vale nada lo que he hecho por +ti! Ya me enseas los dientes antes de concluir de mamar? De rodillas, +picaruela, malvada! + +Josefina fue a caer acurrucada en un rincn del gabinete. Amalia mantuvo +sobre ella largo rato su mirada fulgurante. Separndola al fin, pregunt +a Concha y a Paula, que haban trado a la delincuente, en qu forma se +haba escapado. La culpa era del cochero. Improperios contra el cochero, +que era un borracho, y amenazas de despedirle si volva a caer en +descuido semejante. Luego comentarios infinitos sobre el encuentro del +barn. Qu haca aquel bruto a tales horas por la carretera de Sarri? +Quin era el cura que le acompaaba? Despus consideraciones +tristsimas sobre la ingratitud y maldad de aquella nia que hua de la +casa donde se la haba dado albergue y pona en ridculo a su +protectora. Las domsticas convinieron en que mereca un castigo +ejemplar. + +Despidiolas al cabo la dama, detenindolas con ademn imperioso cuando +trataban de llevarse a la expsita. Una vez solas, Amalia tom un libro +y se puso a leer tranquilamente a la luz de un quinqu, mientras su +hija, de rodillas en el ngulo ms oscuro, sollozaba apagadamente. Tres +o cuatro veces levant aqulla la cabeza, dirigiendo su mirada colrica +a las tinieblas del rincn, esperando que la chica gimiese ms fuerte +para lanzarse sobre ella. Trascurri una hora, hora y media. Cerr al +fin el libro: sali y volvi a los pocos momentos. Comenz a desnudarse +lentamente: cuando estaba medio desnuda tom el quinqu, y acercndolo a +la nia la oblig a levantarse, la llev hasta la alcoba y le dijo +mostrndole el suelo: + +--Esta es tu cama. Ah dormirs vestida. + +Cuando termin de desnudarse, la nia le dijo con voz dbil: + +--Perdname, madrina; no volver a hacerlo. + +Pero ella no quiso or estas palabras. Se meti en la cama y apag la +luz. Sus ojos quedaron abiertos en la oscuridad. Las horas, sonando con +sus cuartos y medias melanclicamente en el reloj de la catedral vecina, +no consiguieron cerrarlos. Eran dos lmparas misteriosas que slo daban +luz hacia dentro, alumbrando mil cosas siniestras y punzantes. Bajo +aquella pequea frente se atropellaban, se estrujaban las ideas +sombras, los deseos feroces. El matrimonio de Luis era una abominable +traicin. Sin recordar la suya hacia el pobre viejo paraltico que Dios +le haba dado por esposo, ni pensar en que su falta haba truncado la +vida del conde, amenazado de morir en la soledad, sin familia que +endulzara sus ltimos das, haca pesar sobre l toda la responsabilidad +del delito y toda la amargura que ahora senta al desprenderse del nico +placer que la acariciaba en aquella lgubre y montona existencia. El +nico placer! No mereca otro nombre su amor. En aquel espritu +ardiente, desptico, atormentado, no haba entrado jams la ternura; +ignoraba por completo las cosas deliciosas y poticas que ennoblecen la +pasin y la hacen perdonable. Su vida se haba deslizado en una +agitacin insana, atormentada por el deseo de ser feliz a toda costa. En +los ltimos siete aos vivi bajo el imperio de su torpe apetito +insaciable. Jams un pensamiento melanclico de remordimiento vino a +acusar en aquella ruin naturaleza la presencia del sentido moral. Cada +vez ms exacerbada su ansia de goces la arrastraba ltimamente a mil +pasos extravagantes y peligrosos. Ya no se contentaba con reunir en su +casa a la juventud laciense y bailar de vez en cuando por +condescendencia. Era menester, para alegrarla, que todos los das +hubiese jarana, giras de campo, mascaradas, etc., y que ella bailase sin +cesar hasta caer rendida como una zagala de quince aos: necesitaba +menudear las entrevistas secretas con su amante a las horas ms +extraordinarias y en las ocasiones ms impensadas. Sus anhelos +enfermizos la impulsaban a desafiar la opinin pblica, despreciando por +gusto toda precaucin. Si el conde le haca alguna advertencia +irritbase, se revolva como una fiera. Ms perda ella que l; las +murmuraciones no se cebaran en el hombre seguramente, sino en la mujer. +La deshonra era para sta. Pero ella se rea a ms no poder de estas +murmuraciones y de la deshonra. Si la apuraban un poco era capaz de +pregonar su falta en Altavilla cuando hubiese ms gente. El conde se +senta cada vez ms desligado de esta mujer, que turbaba todas sus ideas +morales, teolgicas y sociales. Llegaba a inspirarle miedo. + +ste se convirti en terror, en malestar insufrible, que le hizo +apetecer con ansia la libertad, desde cierta revelacin que, sonriendo, +le hizo Amalia. + +--No sabes, querido? Esta maana estuve a punto de hacer una locura, +una locura muy grande. Quiones me mand ponerle las gotas de arsnico +que toma hace tiempo. Cog el frasco y de repente, como si una mano +invisible me levantase el codo, vert en el vaso la mitad del +contenido... No tiembles, cobarde, que no hay motivo!... Jams me haba +pasado nada semejante. Te juro que mi voluntad no tena arte ni parte en +ello. Obraba por una fuerza superior que me arrastraba a pesar mo. Dej +el vaso sobre la mesa, lo contempl un instante con sorpresa, lo levant +para mirarlo al trasluz... Nada, ni el ms mnimo signo que denotase que +all estaba la muerte. Lo puse sobre la bandeja y me encamin con l +hacia el gabinete sin darme cuenta de lo que haca. Pero enmedio del +pasillo me estremec como si saliese de una pesadilla, vi repentinamente +el disparate que iba a hacer, y dej caer el vaso al suelo. + +--No era un disparate, era un crimen horrible el que ibas a +cometer--dijo sordamente el conde, que sudaba de congoja. + +--Bueno, crimen o disparate... o lo que sea, era una estupidez de todos +modos, sabes? porque enseguida se comprendera, por los sntomas, que +se trataba de un envenenamiento. + +Aquellas palabras, pronunciadas con afectada ligereza, impresionaron an +ms al conde que las anteriores. Desde entonces no poda acercarse a +ella sin experimentar una extraa sensacin de repugnancia. + +Su juventud pas. Hasta la llegada de Fernanda, Amalia no haba pensado +en ello. No teniendo rivales en Lancia, haba puesto menos diligencia +cada da en el cuidado de su persona, dej del todo aquella plausible +coquetera que sirve a la mujer para perpetuar el encanto de su persona. +Slo al ver la esplndida hermosura de la hija de Estrada-Rosa se dign +echar una mirada a s misma. Comenz a preocuparse del alio de su +cuerpo, se procur toda clase de afeites, envi por vestidos a Madrid, +aprovech todos los recursos de la elegancia. Era tarde. Aquel msero +cuerpo abandonado, marchito por los aos y la anemia, no recobr +frescura ni gracia. + +Esta idea fija le roa el cerebro en su larga y dolorosa vigilia. No +volver a inspirar amor, ser vieja, causar repugnancia! Mil garfios le +arrancaban las entraas. Luis se casaba. Por qu? No le haba +sacrificado su juventud, su honor, su salvacin, si despus de esta vida +haba ms que tinieblas? Qu vala esto! La primera seal de ruina que +haba aparecido en su rostro desvaneci como un sueo todos los +juramentos; los siete aos de amor se haban hundido en el abismo del +tiempo sin dejar la ms insignificante huella... Pero ella no tena +arrugas todava; no era tan vieja; treinta y cinco aos nada ms. +Bruscamente llev la mano a la mesa de noche, encendi la buja y salt +de la cama: acercose al espejo y se contempl largamente, repasando con +el dedo todos los rincones del rostro para cerciorarse de que no +existan las temidas arrugas. + +Un gemido que son detrs le hizo volver la cabeza. Levant la buja y +clav una mirada recelosa en su hija, tendida en el suelo y tiritando. +La nia no dorma. Sus ojos febriles se posaron con angustia en ella, +sus labios murmuraron otra vez Perdn! Sin hacer caso alguno, la +esposa de D. Pedro se meti de nuevo en la cama y apag la luz. + +Los rayos del sol matinal, penetrando por las rendijas del balcn, +alumbraron aquellos dos insomnios. Con la luz de Dios comenz el brbaro +suplicio de una criatura inocente. La fecunda, diablica fantasa de +Amalia se puso a inventar tormentos con que saciar el odio que la +devoraba. Necesitaba ver sufrir. Josefina fue enviada descalza abajo con +una misiva escrita en lpiz para Concha. El papel deca: Concha, ah te +envo a esa picaruela. Castgala como mejor te parezca. + +Amalia haba adivinado, en su doncella, al verdugo. Y en efecto, al +recibir sta el papelito experiment satisfaccin, lisonjeada en su +vanidad y en sus instintos. + +--Sabes lo que dice este papel?--le pregunt relamindose. + +Josefina hizo un signo negativo. Lea todava mal el manuscrito, sobre +todo escribiendo tan descuidadamente como lo haba hecho la seora. La +costurera le oblig a deletrear aquellas palabras hasta que se enter +bien de ellas. + +--Ya ves que me manda castigarte por lo que has hecho ayer. + +Al decir esto sonrea dulcemente, como si le noticiase que le iba a +regalar alguna golosina. Josefina la mir sorprendida. + +--Castigarme? Madrina ya me ha hecho dormir en el suelo. + +--No importa, eso es poco para maldad tan grande como escaparse de casa. +Habr que darte algunos azotes. Lo siento, hija ma, porque nunca has +recibido este castigo y te va a doler mucho. Las seoritas tenis la +carne delicada, no sois como nosotras, que estamos acostumbradas desde +muy chiquitinas a la intemperie y a los golpes. Ven ac!... + +Al mismo tiempo sac del cors una de las formidables ballenas, que +entonces solan usarse. La nia retrocedi asustada, pero la costurera +la atrap por el brazo. + +--No intentes escapar, porque entonces ser doble la racin. + +Josefina se cogi a su mano llorando angustiosamente. + +--No me pegues, por Dios, Concha! Ya sabes que me ha pegado mucho +madrina ayer... Mira, mira cmo tengo las manos... Me duele tambin la +cabeza... El suelo estaba tan duro!... Yo te quiero mucho... no te he +acusado nunca a madrina...: + +--Suelta, suelta!--repuso la costurera tratando de desasirse suavemente +de sus pequeas manos.--No tengo ms remedio que obedecer. La seora lo +manda. + +--No, por Dios! Concha, no, por Dios!--responda entre sollozos la +criatura.--Te quiero mucho... y a madrina tambin... Si no me pegas te +he de dar mi caja de muecas... + +--De veras?--dijo dulcificndose. + +--S, ahora mismo si la quieres. + +--Y el estuche de costura? + +--Tambin. + +--Y el armarito de espejo? + +--S, el armarito tambin. + +Concha hizo ademn de vacilar. La nia la miraba con ojos ansiosos. + +--Y me prometes ser buena siempre? + +S, le prometa ser buena siempre. + +--Nunca ms escaparte? + +--Nunca. + +--Bueno--dijo con tono carioso y condescendiente;--pues si prometes ser +buena y formal, y no se lo dices a la seorita, y me das adems todo eso +que dices, entonces... entonces... arrea, chico! + +En un instante le alz la ropa y comenz a azotarla despiadadamente, +riendo como una loca del engao. + +Los alaridos de la nia subieron hasta el piso segundo. La esposa del +maestrante estaba frente al espejo, arreglndose provisionalmente el +pelo. Se detuvo. Un estremecimiento singular corri por su carne, cierta +emocin indefinible y vaga, semejante a un cosquilleo, que no podra +decir con seguridad si era de placer o de dolor. De todos modos, algo +que refrescaba aquel ardor insufrible que los vapores de la ira haban +levantado en su pecho. Permaneci inmvil hasta que los gritos cesaron. +Los ojos brillaban, el pulso lata con ms celeridad. As se dice que el +corazn de la fiera palpita a la vista de su vctima. + +Fue el comienzo de los martirios de la nia. Con los pretextos ms +ftiles comenz a infligirle castigos crudelsimos, demostrando tan rica +fantasa que para s la hubieran querido los sayones del Santo Oficio. +No slo la golpeaba brbaramente por los motivos ms inocentes, y la +pellizcaba y la morda, sino que se gozaba en tenerla en continuo +sobresalto bajo el temor de espantosos suplicios, en hacerle padecer de +da y de noche. Obligbala a salir descalza por el jardn en las maanas +ms crudas para buscarle una flor, o bien la tena con la cabeza al sol +horas enteras, haciendo la guardia, para que los pjaros no picasen una +planta de grosella. Hacala dormir en el suelo al lado de su cama, y +varias veces durante la noche le mandaba levantarse y bajar a la cocina +por agua. Reducala a comer los manjares que saba no le gustaban y la +privaba de los que apeteca. + +A medida que corran los das su saa y crueldad iban en aumento. Al +principio tomaba pretexto de cualquier descuido de la nia para +atormentarla. Luego no se fij en esto: lo haca cuando tropezaba con +ella o cuando el cuerpo se lo peda. Uno de los martirios de su +exclusiva invencin fue pincharla las manos con un alfiler, y tanto le +gust que en pocos das las tuvo llenas de picaduras: apenas haba sitio +donde poner otra. Esta tarea ferocsima sola encargarla a su verdugo +de rdenes, Concha, quien la desempeaba a conciencia. Obligbala a +estudiar de memoria largos trozos del catecismo a sabiendas de que era +superior a sus fuerzas. En cuanto tropezaba tres veces le deca: + +--Ve a pedir un beso a Concha. + +sta era la frase que por irrisin haba inventado para que la criatura +fuese a recibir el castigo del alfiler. + +No la consenta mudarse la ropa interior. Al poco tiempo la miseria +comenz a roer la piel delicada de la nia. Vindola rascarse, Concha se +enfureca, la apellidaba sucia, piojosa y la arrojaba a empellones de la +estancia. Todava ms. La microscpica doncella, con anuencia de su ama, +le obligaba a ponerse zapatos antiguos que le estaban chicos y que le +producan llagas y vivos dolores. + +Uno de los ms terribles martirios que la nia padeca era cuando Amalia +se encaprichaba en que no llorase. Unas veces la dejaba gritar y gemir +bajo los golpes: pareca que se gozaba en las lgrimas de la criatura, +en or sus ardientes splicas repetidas entre sollozos; pero en +ocasiones se empeaba en que sufriese en silencio. Como esto no poda +ser, se exasperaba, se pona loca como una fiera hambrienta. + +--Calla! + +La nia no poda; dejaba escapar un gemido. + +--Calla!--repeta, acompaando la orden de algunos golpes. + +Josefina trataba de callar, haca esfuerzos desesperados por +conseguirlo; pero la respiracin ansiosa se escapaba a su pesar, +produciendo un gemido. Ms golpes. + +--Calla o te mato! + +La criatura apretaba con toda su fuerza la boca, suspenda el aliento, +se pona lvida, y algunas veces caa privada de sentido. Aquel tierno +corazn se rompa falto de desahogo. + +En estos momentos Amalia experimentaba una sensacin diablica, mezcla +de placer y de dolor, algo semejante a lo que sentimos cuando nos sajan +una postema. Su postema era aquella desalmada pasin, mezcla de amor, de +lubricidad, de soberbia y de rabiosos celos. No pudiendo devolver a su +ex-querido tanta cruel mordedura como desgarraba su pecho, saciaba el +apetito de venganza en el fruto de sus amores. Cuando tena la nia a +sus pies ensangrentada y temblorosa, en sus miradas de angustia, en sus +gestos, en el timbre de su voz crea ver al amante humillado y +suplicante, y senta un spero goce que haca brillar sus ojos y +dilataba las ventanas de su nariz. Josefina era un retrato en miniatura +de Luis. Mientras fue dichosa, su fisonoma movible y risuea, el alegre +brillo de sus ojos haca que no se pareciese tanto; pero ahora la +desgracia y el dolor haban impreso en su mirada una melancola profunda +y en los rasgos de su rostro cierta expresin de fatiga, que eran las +dos cosas que caracterizaban principalmente el semblante del conde de +Ons. Cuando aquellos hermosos ojos azules se volvan hacia ella dulces +y resignados, cuando aquellos labios rojos se plegaban demandando +perdn, la valenciana senta correr por su cuerpo marchito un +estremecimiento de voluptuosidad, algo que le recordaba los goces que su +amor adltero le haba hecho experimentar. + +Despus de todo, en ella no haba envejecido nada, nada ms que aquel +rostro que se empeaba en ajarse y aquella cabeza que produca con +horrible feracidad cabellos blancos. La carne de su cuerpo, su pecho, +sus brazos, sus espaldas, conservaban la misma tersura de alabastro, el +mismo brillo adorable, sello de una raza fina y hermosa. Palpbase, +buscando consuelo, con sus manos secas y hallaba la misma suavidad y +frescura. Aquella carne no se haba marchitado. Bajo ella palpitaba la +juventud, circulaba una sangre ardiente, vida de goces, devorada por la +creciente necesidad de las embriagueces del amor. + +Y sin embargo, todas aquellas cosas deliciosas se haban huido para +siempre; la novela de su vida, la que haba embellecido su existencia +sombra en los ltimos aos, haba llegado al ltimo captulo. Era una +vieja! Asunto concluido. A este pensamiento, que se le introduca en el +cerebro como un hierro candente, sentase acometida por una necesidad +animal de gritar, de rugir, de destrozar. Era en tales momentos cuando +la nia padeca los ms crueles castigos, cuando su frgil existencia +corra verdadero peligro. + +El miedo fue otro de los padecimientos que le infliga a menudo. En las +altas horas de la noche hacala levantarse y la enviaba a las +habitaciones extremas de la casa en busca de cualquier objeto. La nia +tornaba plida, temblorosa, sudando de angustia. A veces era tanto su +temor, que dejaba caer la palmatoria y volva corriendo arrojando +gritos. Amalia se enfureca entonces, la pellizcaba, la golpeaba, +pretendiendo que fuese otra vez al sitio designado. La criatura se +dejaba martirizar y se hubiera dejado matar antes de hacerlo. En una de +estas ocasiones le dijo sonriendo ferozmente: + +--Ah! Conque la seorita es tan medrosa? Est bien, yo me encargo de +curarte la enfermedad. + +Se acordaba de la impresionabilidad extraordinaria, de los terrores +nocturnos que avergonzado le haba confesado Luis en momentos de +expansin. Principi a darle sustos terribles. Tan pronto se esconda +detrs de una puerta y le gritaba fuertemente al pasar, como la coga +descuidadamente y la apretaba el cuello. Otras veces tomaba un cuchillo +y le deca que iba a morir, le ordenaba que se bajase la camisa para +degollarla mejor. Esto ltimo no produca tanto efecto como pensaba. +Josefina inconscientemente apeteca la muerte, que la libertara de +tanto martirio. Para mejor quitarla el miedo, entre Concha y ella +inventaron una siniestra farsa capaz de aterrar a un hombre valeroso, +cuanto ms a una nia de seis aos. Vistironse ambas con sbanas, +dejaron la habitacin a media luz mientras la nia dorma, pusironse +unas caretas de calavera, y a media noche entraron dando gritos +lastimeros como almas del otro mundo. Al despertarse la criatura y ver +aquellos fantasmas, qued paralizada por el terror, tapose luego los +ojos con las manos y un sudor copioso y fro ba su cuerpo. Su corazn +comenz a dar tan fuertes golpes que se oan a distancia, dej escapar +algunos gritos ahogados y roncos; por ltimo, llevndose las manos al +pecho, se revolc por el suelo sin sentido, presa de espantosas +convulsiones. + +No se le cur el miedo; en cambio le qued desde entonces una propensin +fatal a los sncopes y a los terrores nocturnos. Despertbase de +improviso con seales de gran espanto, mirando fijamente a un punto del +espacio, como si tuviera delante algn fantasma. El corazn le palpitaba +vivamente, la frente se le cubra de sudor. En tales momentos perda por +completo la conciencia. Amalia la llamaba en vano. Slo cuando pona las +manos sobre ella la nia lanzaba un grito de terror y meta la cabeza +por el pecho. + +Entre Concha y Mara la planchadora haban estallado, a propsito de +estos castigos, serias reyertas. Mara era de natural compasivo y le +dolan los martirios de la nia, aunque no los conoca todos, porque +Amalia procuraba guardarse de los criados, exceptuando Concha. Si no era +suelta de lengua, no se la morda tampoco para censurar en la cocina la +conducta de su seora. + +--Querida, esto es peor que la Inquisicin. No parece que estamos entre +cristianos, sino entre perros judos. Antes, tanto mimo que corrompa, y +ahora, de spito, tratan a este angelito peor que a una bestia. Dgote +que la cosa pasa de la raya! No hay corazn para ver tanta maldad! + +--Cllate, tontona, entrometida--salt Concha.--Quin te da vela a ti +en este entierro? Si la seora quiere ensear a esa nia como es justo, +va a consultarte a ti el cmo lo ha de hacer? Sabes t tan siquiera lo +que es educar nios? Si la castiga all lo tendr de premio, que as +la har una mujer trabajadora y honrada! Algn da le dar las gracias. + +--S, las gracias! Desde el cementerio se las dar. De un mes a esta +parte la nia est desconocida. + +--Bueno; y a t qu te va ni qu te viene en esto? Eres t su madre? + +Tres o cuatro veces rieron de esta suerte, llevando siempre la ventaja +por su desvergenza y mala intencin la microscpica costurera. Al cabo, +Mara, no pudiendo sufrir con paciencia aquel espectculo, tom la +resolucin de marcharse. Se present un da a la seora, y con la +disculpa de que la plancha le haca dao pidi la cuenta. No se le +ocult a Amalia la verdadera razn, pues tena conocimiento de sus +murmuraciones. Disimul, sin embargo. + +--S, hija, comprendo que el planchado te aburra. T no gozas de mucha +salud. Tambin yo ando malucha hace das. Tengo el sistema nervioso +alterado. Pelear toda la vida con un enfermo, y ahora, para rematar la +fiesta, salirme esa chicuela, en quien tena fundadas mis esperanzas, +tan ingrata y perversa! No s cmo tengo paciencia. + +Mara vacil un instante. + +--Ya ve usted, seora... los nios son nios. + +La esposa del maestrante comprendi que, si prosegua en el tema, la +planchadora iba a decir algo desagradable y se apresur a cortar la +pltica, pagndole su cuenta y despidindola con afabilidad. + +No impidi esto para que la domstica dijese en confianza, en cierta +casa donde fue a servir, lo que pasaba en la de Quiones. La noticia se +fue trasmitiendo en confianza, igualmente, de unos a otros. Al poco +tiempo fueron bastantes las personas que tenan conocimiento de las +crueldades que con la nia se cometan. + +El conde de Ons, para huir la curiosidad del pblico, que le molestaba +sobremanera, y an ms para librarse de Amalia, se haba trasladado, sin +decir nada a sta, haca ya cerca de un mes a la Granja. Su madre le +haba acompaado. No haba escrito a su ex-querida, aunque todos los +das pensaba hacerlo, para darle cuenta de su resolucin. Tanto era el +temor que la valenciana haba llegado a inspirarle, que la pluma caa de +sus manos cada vez que la tomaba para noticiarle su matrimonio. Y dejaba +pasar los das en continua vacilacin, pensando con inquietud en la ira +que de ella se apoderara, esperando, como todos los dbiles, en que +algn acontecimiento imprevisto le sacase del compromiso. Aquel modo de +romper las relaciones, sin ria, sin convenio, sin explicacin alguna, +era realmente original, pero muy propio de su carcter. Nada saba de +los martirios de su hija. No obstante, cuando pensaba en ella senta +repentino desasosiego, alterbanse sus nervios, y se pona a dar vueltas +por la estancia con visible agitacin. Un vago y triste presentimiento +le oprima el corazn. El amor frentico que consigui inspirarle +Fernanda le haba hecho olvidarse un poco de Josefina. En ciertos +momentos se reprenda a s mismo con amargura; pensaba que aun casado +con Fernanda no alcanzara la felicidad si no poda ver a su hija todos +los das. Bien entenda que era esto imposible continuando en poder de +Amalia. Por eso soaba con arrebatrsela: imaginaba con placer +desatinados proyectos de rapto: huir con ella y con Fernanda a cualquier +rincn del mundo tranquilo y ameno. + +Acaeci que en uno de estos das de vacilaciones para el conde, fue por +la maana a casa de Quiones Micaela, la ms nerviosa y violenta de las +cuatro ondinas del Jubilado. Fue con objeto de pedir consejo a Amalia +acerca de un vestido que tena en proyecto para el prximo baile del +casino. Apesar de sus treinta y pico, an segua tendiendo redes al sexo +masculino. Las visitas a estas horas eran raras; pero como la noble +familia del Jubilado mantena tan ntima relacin con la seora, no +vacil la criada en pasarla al gabinete de arriba, donde aqulla se +hallaba. + +--Qu importuna, verdad? Querida, es la hora en que se la puede a usted +pillar sola--entr diciendo con la graciosa volubilidad que +caracterizaba a los juveniles vstagos de Mateo. + +Amalia la recibi cordialmente, pero mostrando cierta sorpresa e +inquietud que Micaela no observ. Entraron en materia enseguida. La +cuestin de trapos embarg por completo sus espritus. Amalia llev a su +amiguita hacia el balcn. Pero no haban hablado muchas palabras, cuando +sta crey percibir un dbil gemido en la misma estancia. Volvi la +cabeza y vio all en un rincn a Josefina de rodillas y amarrada codo +con codo al tocador, de tal suerte que le sera imposible levantarse sin +alzar el pesado mueble, cosa muy superior a sus fuerzas. + +Amalia se apresur a dar una explicacin. + +--Esta chiquilla se est haciendo tan mala, que me veo precisada a +atarla para que se est quieta. Ayer ha mordido un dedo a la costurera; +ahora acaba de romper un espejo. No hay paciencia para sufrirla! + +Micaela, a quien aquel castigo repugnaba, call. Sigui la esposa de +Quiones hablndole con afectada indiferencia de su vestido; mas apesar +de lo mucho que el tema deba de interesarla, la joven se mostraba +bastante distrada y lanzaba frecuentes ojeadas a la nia. + +Dej sta escapar otro gemido. Su madrina se volvi con mal reprimida +clera. + +--Quieres callar, eh? quieres callarte? + +Y la mir un buen rato con extraordinaria fijeza. + +Volvi a anudar la pltica, pero en su voz se notaba leve alteracin. +Micaela estaba ms y ms distrada. La indignacin le iba subiendo hacia +la garganta, y hubiera concluido por hacer alguna desagradable +advertencia a su amiga si la chica no se hubiera quejado de nuevo. + +--Vaya, est visto que no nos has de dejar en paz--dijo la dama haciendo +esfuerzos por sonrer.--Habr que darte suelta. + +Fue all y la desat, empleando en ello bastante tiempo; la cuerda daba +tantas vueltas alrededor de su pequeo cuerpo como si fuese un bal +liado. Mas al tiempo de levantarse la nia, no pudo. Sin duda haca +algunas horas que estaba en aquella dolorosa postura; los msculos, se +haban anquilosado. + +--Arriba zancas!--dijo bromeando, mientras la ayudaba a levantarse. + +Micaela observaba la escena con estupor; relmpagos de ira cruzaban por +sus ojos. + +--No te gustaba la posturita, eh? Pues, hija ma, si quieres no volver +a ella hay que ser buena y obediente, verdad, Micaela? + +sta no despeg los labios, cada vez ms fosca, apesar de la sonrisa +melosa que contraa el semblante de la valenciana. + +--Bueno--prosigui, acariciando la rubia cabeza de la nia,--ya ests +perdonada, pero cuidado con hacer maldades! Vete abajo y pdele un beso +a Concha. + +La nia, al or estas palabras, se puso densamente plida, permaneci +inmvil algunos momentos, y al fin se dirigi a la puerta con paso +vacilante. Antes de llegar a ella, Micaela, que la segua atentamente +con la vista, observ que llevaba los ojos cubiertos de lgrimas. Amalia +reanud la conversacin de trapos. + +No se haban pasado tres minutos cuando llegaron al gabinete, lejanos y +apagados, los gritos de la nia. Micaela se estremeci; inclin la +cabeza hacia la puerta para escuchar mejor. Amalia alzose vivamente de +la silla y fue a cerrar la puerta. Los gritos dejaron de orse, pero la +nerviosa joven tampoco oy ya las palabras de Amalia. Un gran +desasosiego se apoder de ella; subanle vapores a la cara y al +pensamiento atroces deseos de desvergonzarse con aquella malvada, de +llamarla juda, bribona, infame. Todo lo que pasaba en aquella casa se +le represent de golpe. Los celos primero, despus la noticia del +matrimonio de Luis cayendo como una bomba, luego la venganza miserable, +en la hija, del abandono del padre. Conoca bien el carcter rencoroso +de la valenciana. Pero qu adelantara con injuriarla en aquel momento? +Producir un grave escndalo y que la arrojasen de la casa. Micaela, +apesar de su temperamento violento, tena un corazn compasivo. Lo que +ms la preocup fue el hacer algo en favor de la infeliz criatura. Y +tuvo serenidad suficiente para disimular un poco y pensar que el mejor +partido era decrselo todo inmediatamente al conde, quien seguramente +ignorara tan ruin venganza. Procur terminar cuanto ms pronto y se +despidi sin poder ocultar enteramente su turbacin. + +Cuando se vio en la calle sinti la necesidad de desahogar su pecho. +Pens en Mara Josefa, que viva all cerca y que profesaba a la nia +expsita tierno cario. Entr en su casa agitada, trmula, y antes de +pronunciar palabra dejose caer en un sof, dndose aire con la punta de +la mantilla. + +--Uf! Me ahogo... No sabes lo que me acaba de pasar! Es una infame, +una malvada que tiene que arder en los infiernos! Siempre lo he dicho y +las tontas de mis hermanas no quieren creerme. Es muy perversa esa +tsica! Tiene el corazn de una hiena. + +--Pero qu hay?--pregunt con asombro, muerta de curiosidad, la sagaz +jamona. + +Entonces la nerviossima hija del Jubilado le relat, tartamudeando por +la ira, la situacin en que haba hallado a Josefina, la palidez de la +nia despus de la extraa invitacin de su madrina, los gritos que +haba escuchado como si la estuvieran dando tormento. Mara Josefa uni +inmediatamente sus imprecaciones a las de la joven. Sacaron a relucir +todos los testimonios de maldad que conocan de la esposa del maestrante +y resolvieron dar parte de lo que ocurra al conde, aunque averigundolo +antes con ms pormenores. Para ello, aquella misma tarde, se pusieron al +habla con Mara la planchadora, que haca algunos das haba salido de +casa de Quiones. Al principio sta, por temor a las consecuencias, se +manifest reservada. Concluy, no obstante, por dar suelta a la lengua y +referirles las mil iniquidades que la seora de Quiones cometa con la +nia recogida. Quedaron horrorizadas. Pensaron en dar parte al juzgado, +pero sobre enemistarse por completo con la fiera valenciana (lo que, +dicho sea en honor suyo, no les preocupaba gran cosa en tales momentos), +comprendan que sera de escaso o ningn resultado. Los Quiones eran la +gente ms poderosa de la poblacin; D. Pedro, jefe del partido +gobernante, en la provincia; las autoridades, hechura suya o sometidas a +su influencia. Todo se tapara enseguida y quedara como antes. Lo mejor +era dirigirse al conde. Pero ste se hallaba a la sazn en la Granja. +Adems, aunque todos, o casi todos, supiesen el secreto de la nia, no +era posible darse por enterados. Despus de algunos debates decidieron +escribirle la siguiente carta, firmada solamente por Mara Josefa: Sr. +Conde de Ons. Mi estimado amigo: Con la debida reserva le comunico que +la nia recogida por nuestros amigos los seores de Quiones, y por +quien tanto nos interesamos todos, es objeto en aquella casa de crueles +tratamientos. Creo que tenemos el deber de intervenir para que cesen. +Usted me dir lo que debe hacerse y que a m como mujer no se me +alcanza. Si quiere conocer los pormenores del martirio de la criatura +dirjase a la criada Mara que hace algunos das dej de servir en casa +de D. Pedro. Suya afectsima amiga, _Mara Josefa Hevia_. + +Luis arrug la carta entre sus manos crispadas. Toda la sangre se le +agolp a la cara. Sin darse cuenta de lo que haca sali de casa y casi +a la carrera tom la carretera de Lancia, llegando a sta en pocos +minutos. Aquel vago y terrible presentimiento que senta realizbase al +fin. Amalia se vengaba ferozmente. El sentido oculto de la carta era +se: se dirigan a l como padre de Josefina y causa de su desdicha. No +sabiendo qu partido tomar, fue a su casa para reflexionar. Slo haba +en ella una criada vieja cuidndola. De sta se vali para averiguar +dnde estaba Mara y pasarle un recado a fin de que viniese a verle. No +se equivoc la planchadora sobre el objeto de tal llamamiento. En +cuanto le fue posible acudi a la cita, y despus de hacerle prometer +que no hara uso de su nombre para nada, le dio cuenta circunstanciada +de los trabajos que estaba pasando la inocente nia. Escuchbala plido, +desencajado, sin poder reprimir los violentos y frecuentes golpes de su +corazn. Cuando lleg a narrarle ciertos odiosos y terribles pormenores, +el conde principi a dar vueltas por la estancia como fiera enjaulada, a +mesarse los cabellos, a araarse la cara, lanzando rugidos de coraje. + +Al quedarse solo, mil ideas, todas desatinadas, se le atropellaron en la +mente. Quera entrar a viva fuerza en casa de Quiones y llevarse a su +hija; quera retorcer el cuello a aquella vil mujer; quera decrselo +todo a D. Pedro; quera dar parte al juez y meter en un calabozo a la +infame. Afortunadamente sus accesos eran tan violentos como cortos. Vino +el abatimiento, el llanto. Corri a casa de su prometida y le cont +sollozando lo que ocurra; se confes con ella por vez primera. La buena +Fernanda uni sus lgrimas a las de l, enternecida por la suerte de la +infeliz criatura y por el dolor de su amado. Largusimo rato pasaron +comentando los terribles sucesos y buscando medios de conjurar aquella +ruin venganza. Fernanda logr, al fin, persuadirle a que apelara a +medios suaves. Pensar en conseguir algo por la fuerza era insensato. El +conde, ni aun confesando su falta, tena derecho alguno sobre la nia. +Provocar un escndalo era intil. Acudir a los tribunales, lo mismo. +Ningn criado se atrevera a declarar contra su ama, y las cosas +quedaran peor que antes. Al fin el conde se decidi a escribir una +carta a su antigua amante. + +En este momento acaban de decirme que nuestra Josefina, nuestra adorada +Josefina, est padeciendo martirios increbles de tu mano. Creo que es +una vil calumnia. Conozco tu genio, que es vivo y fogoso, pero noble. No +puedo atribuirte semejante cobarda. Te escribo solamente para +cerciorarme de que esta angelical criatura sigue siendo el encanto de tu +vida. Si no fuese as, dmelo y buscaremos un medio de que pase a mi +poder. Te supongo enterada del paso que voy a dar. No quiero decirte +nada. Era inevitable ms tarde o ms temprano. De todos modos puedes +estar segura de que mi remordimiento est endulzado por el recuerdo +dulcsimo de los aos que te he amado. Adis. Escrbeme alguna palabra +amable. + + + + +XIV + +La capitulacin. + + +Josefina se demacraba. Sus mejillas tenan la palidez de la cera. En sus +ojos, de mirar suave y apacible, se notaba constantemente el extravo +del terror; en torno de ellos el sufrimiento haba trazado un crculo +violceo. Hablaba muy poco, no rea jams. Cuando la dejaban en paz, +sentbase en cualquier rincn y permaneca inmvil mirando a un punto +fijo, o bien se acercaba al balcn y escriba en los cristales con el +dedo. + +A veces, a despecho de tanto dolor, la naturaleza infantil revindicaba +sus derechos. Vea al gato acercarse lentamente a ella con el rabo +derecho, el espinazo arqueado, solicitando sus caricias con dbil +ronquido. Dejbase caer en el suelo, le llamaba, le traa hacia s y +principiaba a pasearle las manos por el lomo, a rascarle la cabeza y +hacerle cosquillas debajo del cuello, murmurndole al mismo tiempo en el +odo palabras de cario, un gorjeo mimoso que el animal acoga con +espasmos de voluptuosidad. Te quiero, te quiero. T eres muy bueno. +Verdad que eres bueno? Ya no me araas como antes. A quin quieres ms +en la casa? Di, rico? Quin te ha dado una sardina ayer? Quin te +pone el platito con leche todos los das? Y si pudiese darte siempre +pescado tambin te lo dara, porque s que es lo que ms te gusta, +verdad, rico mo? Pero no has de robar nada; ya sabes que te pegan. No +orines ms en la cama de Mann. Mira que te va a matar; lo ha dicho el +otro da en la cocina. Y coge muchos ratones para que madrina te quiera +y no te echen de casa. + +El gato, extasiado, susurraba all en el fondo de la garganta mil ses +complacientes, y se frotaba contra ella cada vez ms acaramelado y +pegajoso. Tendase la nia boca arriba llevndole abrazado, le apretaba +contra su pecho, le besaba, y a veces, olvidada de sus martirios, +derramaba lgrimas de ternura. Pero cualquier rumor en la habitacin +contigua le haca levantarse sobresaltada con el espanto en los ojos, +arrojaba el gato lejos de s y esperaba inmvil lo que viniera. Casi +siempre algn castigo cruel. + +--Pcara, as ensucias los vestidos arrastrndote por el suelo! +Aguarda aguarda! + +Por efecto de los continuos miedos que experimentaba contraase con +fuertes movimientos irregulares su vejiga y haca que involuntariamente +se le escapase en muchas ocasiones la orina. Esto era lo que pona fuera +de s a la irascible Concha. Si notaba en el suelo (porque la ropa slo +muy rara vez se la vea) signos de aquella debilidad, encrespbase como +una hiena. + +--Gorrina, indecente! Parece mentira que la seora mantenga en su casa +este bicho asqueroso. Si fueses cosa ma, te desollaba viva. + +Pero aunque no era cosa suya, proceda como si lo fuese: la desollaba a +azotes. Una vez su furor fue tan grande que, cogindola por las orejas, +le higo lamer el suelo mojado. + +La hora ms terrible para la criatura era la de las lecciones. Amalia se +las sealaba por la maana temprano; grandes trozos de la historia +sagrada y de la gramtica. Josefina se retiraba a un rincn y haca +esfuerzos desesperados por retenerlos en la memoria. Un poco antes de +comer, Concha, que era la encargada de tomrselas, se sentaba en una +silla, sacaba la famosa ballena y, con ella en una mano y el libro en +la otra, daba comienzo a sus funciones pedaggicas. Cada tropiezo, cada +palabra que la nia olvidaba costbale un ballenazo en la cara, en el +cuello o en las manos. Y como su memoria no era bastante fuerte, y por +otra parte el miedo se la obstrua, aquello era un incesante machaqueo. + +An peor si se las tomaba su madrina. Concha era framente cruel; no +levantaba la mano sino cuando cometa la falta, como una mquina de +castigar. Pero Amalia a los pocos momentos se pona nerviosa, el llanto +de la nia excitaba sus sentidos, entraba en furor como una pantera +hambrienta, y conclua por golpear frenticamente hasta que la dejaba +trmula y ensangrentada a sus pies. + +Desde la carta del conde haba aumentado, si era posible, su odio a la +criatura; la trataba an ms despiadadamente. Herida en lo ms vivo de +su orgullo por aquella diplomacia fra, protectora, insultante que en su +sentir respiraban las palabras de su antiguo amante, vomitaba la rabia +de su corazn sobre la hija. Adems, la idea de que Luis tena noticia +de aquellos martirios, y le dolan vivamente era aliciente mayor para +prodigarlos. Que sufriese ella, que sufriese l, el vil, el prfido, +que haba gozado de su juventud, y cuando la hall vieja la arroj como +un trapo sucio a la barredura! + +En uno de estos das de profunda y rugiente clera la vida de Josefina +corri inminente peligro. A la hora de costumbre fue llamada al comedor +para dar sus lecciones. Concha se acomod en su silla y con no +disimulado regodeo sac del pecho la fatal ballena. Aquel da le peda +el cuerpo un razonable desahogo de golpes. La nia se acerc a ella +temblando como siempre y le entreg los libros. Y ya comenzaba a recitar +con labio balbuciente un captulo de la historia sagrada cuando vino a +interrumpirlas Mann. Entr con su eterna chaqueta verde, calzones +cortos, su gran calas mugriento, haciendo temblar el piso con los +zapatones claveteados. A esta indumentaria, arcaica ya en la provincia, +deba gran parte de su notoriedad y la fama de terrible cazador de osos +que haba tenido. Entr con la cabeza gacha como siempre y, +espatarrndose bajo el dintel de la puerta, pregunt: + +--Concha, no habr _de qu_, que comer, por ah? + +--Tanto te aprieta la _gazuza_, Mann?--respondi la costurera riendo. + +El aldeano abri desmesuradamente la boca para rer tambin. + +--As Dios me salve, no puedo aguantar un menuto ms. Toos parecis +frailes descalzos en esta casa; no vos entra la gana ms que cuando +suena la hora. + +--Voy, voy all, grandsimo tragn, roedor--dijo Concha posando sobre la +silla el libro y la ballena y dirgindose con paso petulante hacia el +aparador. + +Se entendan admirablemente. La costurera era arisca, cruel, intratable; +pero el mayordomo saba recabar de ella las pocas migajas de buen humor +que tena en el cuerpo. La requebraba brutalmente, la pellizcaba al +pasar, le deca mil groseras desvergenzas para que las comprendiera al +revs. Y la microscpica doncella, que no era gentil ni bonita y en +quien las asperezas del carcter haban sofocado todo germen de +coquetera, trasformndola en sacerdotisa del dolor, en una eumnida +fatal y despiadada, se dejaba festejar complacientemente por aquel +bruto. Le haca gracia su osada, su rudeza, su glotonera y el modo +insolente y despreocupado que tena de tratar a todo el mundo, incluso +al alto y poderoso seor de Quiones. Mann era un solemnsimo bellaco. +Con aquella grosera soez, el porte de atrevido cazador de fieras y su +estrafalario arreo haba sabido vivir muy regaladamente en este mundo, +sin encallecer las manos, ni quebrarse los lomos all en su aldea con +las faenas de la labranza. + +Sac la costurera un plato de carne fiambre y lo puso sobre el hule de +la mesa, sin servilleta ni cosa que lo valga; despus cort a la mitad +un pan y lo dej, con la imprescindible botella de vino blanco y el +vaso, al lado de la carne. El cazador de osos comenz a devorar. Concha +sentose de nuevo, y la nia, acercndose, repiti las palabras que ya +haba pronunciado. A los pocos momentos zas! un ballenazo y un grito de +dolor. Inmediatamente otro golpe y otro grito. Y as sucesivamente. La +costurera estaba encantada al notar que la chiquilla tropezaba ms que +otras veces. Mann engulla en silencio, volviendo slo de vez en cuando +los ojos con marcada indiferencia hacia aquella triste escena. Al poco +tiempo, como por mquina, principi a murmurar a cada golpe: Dale! +Atiza! Buena fue sa! Vaya una mano!... y otras semejantes +exclamaciones. + +Termin la leccin de historia sagrada. Antes de tomar la de gramtica +hubo un respiro. La costurera se puso a bromear alegremente con el +mayordomo. Estaba de un humor angelical. + +--Qu tal la carne? + +--Rica, rica de verdad! + +--Lo peor es que te va a quitar el apetito para la hora de comer. + +Retembl la estancia con la risotada del gan. + +--Eso s! A m cualquier cosa me quita la gana! Vas a tener que +meterme un hierro caliente en el agua como a la seora. + +--Por la panza te lo haba de meter, gran puerco. + +--Mira, Concha, no me busques las cosquillas, porque aunque eres una +mocita de sandunga y tienes los ojos muy picarones, y la boca como una +cereza, un da te encuentras, sin saber por dnde vino, con un revs que +te arrancar de cuajo esa carrerita de perlas que me ests enseando. + +--Calla, calla, viejote, zapalastrn! Bueno ests ya para reveses! Si +no puedes con los calzones! Si ests descuajaringado! + +--Eso no lo dices t con el corazn; por eso se te estima. Bien sabes +que hay aqu dentro mucha entraa todava (y se daba rudos puetazos en +el pecho). Si te cogiera en un maizal! + +--Como si me cogieras en la plaza del mercado! Na. Ya no tienes ms que +quijadas y palique. + +--Y manos para apalpar la gracia de Dios--repuso el brbaro tomando con +su manaza velluda la barba de la costurera. + +--Quita, quita! Gorrinazo! + +Y le peg con la ballena un golpecito en los dedos. Volvi el gandulote +a embestirla y ella a defenderse de la misma manera. Trat de agarrarla +por la cintura. La doncella se levant y corri por la estancia, +hacindose la enojada. + +--No me toques, Mann! Mira que llamo a la seora. + +Pero l no haca caso. La persegua lanzando gruidos y risotadas; +abrazbala aqu, soltbala all, recibiendo en sus carrillos, speros y +duros como la piel de un elefante, las bofetadas de la domstica, sin +manifestar sentirlas. Crujan los muebles, retemblaba el piso, +campanilleaba la vajilla de los aparadores. Y l sin cejar. Cada vez ms +falso y zalamern. Saba el pcaro que aquella mujerzuela irascible y +endemoniada tena despierta la vanidad, como todos los seres humanos, y +que era de capital inters para su panza tenerla contenta. Por ltimo, +lanzando un verdadero mugido de buey, consigui agarrarla por la cintura +y alzarla en vilo. Mantvola en alto sin esfuerzo alguno, como si fuera +un chiquito de tres aos. + +--Y ahora? Qu dices ahora, Zapaquilda? Dnde estn esos hgados? +Dnde esas manos? Anda, bruja, pide perdn; si no, te dejo caer como +una rana--bramaba el cazurrn, zarandendola en el aire. + +--Djame, Mann! Djame, burro! Habr cochinazo! Mira que grito! + +Al fin la puso delicadamente en el suelo. La doncella, jadeante, +desgreada, frunciendo mucho las cejas para aparecer ms enfadada, deca +con voz anhelante: + +--No tienes vergenza, Mann. Si no fuera mirando a la casa donde +estamos, te tiraba este quinqu a las narices y te las rompa, por +bruto y por insolentn. A lo mejor estn los criados oyendo todo esto, y +qu dirn? Quita, quita all! No me vuelvas a decir palabra, porque no +te contesto. + +--Eso! Grita ahora, fachendosa, despus que te hice ver a Dios--roncaba +Mann con sorna, mirndola de reojo y sobndose la barba. + +--Si no te quitas de mi vista, baldragote!...--exclamaba la diminuta +criada, pasndole a su despecho relmpagos de risa por los ojos. + +Mann se sent de nuevo para engullir el pan que quedaba y beber otro +vaso de lo blanco. Josefina mientras tanto sollozaba en un rincn, +llevndose las manos heridas a la boca, palpndose las mejillas +acardenaladas por los ballenatos. Mann se dign echar hacia ella una +mirada. + +--No llores, tontina, que el dolor de los zurriagazos pasar y la +ciencia te quedar en la mollera para siempre--dijo cortando con su +navaja un pedazo del pan y metindolo en la boca.--Si quieres saber mi +dictamen, cuanto ms te peguen ms contenta debes de estar. Qu seras +t si Concha no tuviese la misericordia de castigarte duro? Una +chafandina que no valdra un celemn de bellotas, una bestia, salva sea +la comparanza. Y ahora qu sers? Una mujer pa too lo que se la pida. +(Pausa mientras se corta otro pedazo de pan y lo muele, levantando un +bulto como el puo en el carrillo derecho)... Anda, que si yo hubiera +tenido como t maestros que me alzasen el pellejo a correazos, no sera +un burro, no me llamaran Mann, sino don Manuel, y en vez de ser un +msero sdito, andara por ah dndome importancia, paseando por +Altavilla con las manos atrs como los seores y leyendo las gacetas en +el casino. (Otra pausa y otra amputacin del zoquete)... Ponte en lo +justo si tienes caletre para ello. Cmo quieres aprender esas cosas tan +enrevesadas sin algunos lampreazos? Quin aprendi _daqu_ nunca sin +azotes? Nadie. Pues entonces! Si tuvieras conocimiento, criatura, +daras gracias a Dios por haberte puesto una maestra que es como una +gloria. Para too sirve la endina, para too tiene las manos finas y los +pies listos, verd, t? + +Concha se haba puesto grave otra vez, sentndose y haciendo un gesto +imperioso a la nia para que se acercase. Tocbale el turno a la +gramtica. Aqu andaba peor todava que en la historia, sase por la +falta de memoria o porque el miedo la turbase. Comenz el vapuleo: un +ballenazo ahora y otro despus y otro y otro. Mann, fiel a sus +convicciones pedaggicas, aplauda con la boca llena, cortando grave, +esmeradamente, en figuras geomtricas los pedazos del pan antes de +conducirlos con toda solemnidad a los labios. Las faltas fueron muchas; +los golpes fueron otros tantos. Pero al terminar la leccin, Concha +consider que a ms del castigo correspondiente a cada falta, teniendo +en cuenta lo mal que la nia lo haba hecho, convena terminar con un +vapuleo general que las comprendiese todas. La alz de la silla y, +blandiendo la formidable ballena, exclam: + +--Ahora, para que estudies mejor y se te despierten los sentidos, toma! + +Tantos y tan recios fueron los golpes, que la criatura, tratando de huir +aquel martirio, se agarr con las manos crispadas a las sayas de su +verdugo. Sin saber cmo, tal vez por haberse colgado inconscientemente a +ellas, la cinta que las sujetaba se rompi y vinieron al suelo, dejando +a la costurera solamente con la camisa. Dio un grito de vergenza y se +apresur a levantarlas. Pero sin pararse a atar otra vez la cinta, +echando una mirada de profundo rencor a la chica, sali de la estancia +sujetndolas con las manos. + +--Buena la has hecho, buena, buena, buena!--exclam Mann, tallando con +primor el bocado que iba a llevar a la boca. + +La criatura, paralizada de terror, no lloraba. No le dolan siquiera las +heridas. Al cabo de pocos momentos se present de nuevo Concha +acompaada de la seora. sta vena sonriendo sarcsticamente. + +--Por lo visto, a la seorita le gusta ahora desnudar a las doncellas +delante de los hombres. Estar usted contenta, seorita, no es cierto? +Mann habr visto bien por todos lados a Concha. Verdad, Mann, que la +has visto cmodamente? + +Avanz unos pasos. La nia retrocedi asustada. + +--No tenga miedo, seorita. Tranquilcese usted, seorita. Yo no vengo +aqu a azotarla. Eso de los azotes es muy antiguo. Quin se acuerda ya +de azotes! Slo vengo a invitar a usted para que d una vuelta por la +cueva... la cueva de los ratones... ya sabe usted. All se puede +entretener en desnudar alguna rata de las muchas que vendrn a +visitarla... Vamos, deme usted la mano para que la conduzca con toda +ceremonia. + +La nia fue a ponerse detrs de una silla; desde all, perseguida por +Amalia y por Concha, corri alrededor de la mesa; por ltimo, se refugi +detrs del mayordomo. + +--Mann! Mann, por Dios me escondas! + +Pero ste la sujet por un brazo y la entreg a la seora. Tomronla +cada una por una mano y la arrastraron, apesar de sus gritos +penetrantes. + +--A la cueva no! A la cueva no! Madrina, perdn! Mtame primero. +Mira que tengo mucho miedo! A la cueva no, que me comen los ratones! + +Los criados salieron al pasillo y presenciaban mudos y graves aquella +escena. Los gritos de la nia se fueron perdiendo en la oscura y +tortuosa escalera que conduca al stano. + +Amalia abri la puerta de la terrible cueva y empuj a su hija hacia el +interior. Cerr con furia; pero la nia haba corrido hacia la salida, y +la puerta le cogi la mano. Oyose un grito desgarrador. La valenciana +abri otra vez la puerta, dio un fuerte empujn a la criatura que la +hizo caer al suelo, y ech la llave. + +La cueva era un calabozo hmedo y negro donde slo penetraban algunos +tenues rayos de luz por un ojo de buey abierto en lo alto. Sirvi en +otro tiempo para bodega de vinos. Ahora no haba all ms que botellas +vacas. + +La nia apenas qued sola se incorpor, mir a todos lados loca de +terror, quiso gritar y la voz se le anud en la garganta; por ltimo, +extendiendo las manos, acometida de un fuerte temblor, cay desvanecida. + +Al cabo de media hora el mozo de cuadra, que haba presenciado el +encierro, movido de compasin, acercose a la puerta y mir por el ojo de +la cerradura. Nada pudo ver. Llam muy quedo. + +--Josefina. + +La chica no respondi. Llam ms fuerte. El mismo silencio. Asustado, +grit y golpe en la puerta con todas sus fuerzas sin obtener +contestacin. Entonces apresurose a subir para dar parte de lo que +pasaba, a riesgo de perder su empleo. Amalia mand a Concha con la llave +para ver lo que ocurra. Entre ella y Paula subieron a la criatura +privada de sentido, fra y rgida, con los caracteres de la muerte +impresos en el rostro. Temerosa de las complicaciones que con esto +pudieran sobrevenir, la esposa del maestrante se apresur a meterla en +la cama. Tard poco la pequea en volver en s, pero inmediatamente se +declar una fuerte calentura. Llamose al mdico. Encontrola bastante +mal. Para explicar la herida de la mano y los cardenales que presentaba, +Amalia, frtil en mentiras, invent una historia que el doctor crey o +fingi creer. + +Estuvo entre la vida y la muerte algunos das. Amalia segua con ojos +inquietos el curso de la enfermedad. No le dola la prdida de aquel ser +sobre el cual haba vertido las hieles amargas de su corazn; pero le +agitaba la idea de perder de una vez su venganza. Justamente al tercer +da de hallarse en cama Josefina, tuvo noticia de que en la noche +anterior haba salido Fernanda en la silla de posta para Madrid, y que +Luis slo tardara cuatro o cinco das en reunirse con ella. Experiment +violenta sacudida. Una ola hirviente de bilis inund su pecho. Aquella +noche tuvo fiebre tambin. Se le escapaban! No haba posible venganza +para aquel traidor. Ira a Madrid, se casara; tal vez all recibira la +noticia de la muerte de su hija; llorara un poco; al cabo las caricias +de su adorada esposa se la haran olvidar. De aquellos amores tan +largos, tan vivos, no quedara ms que un hombre paseando su dicha por +Europa, y en Lancia una pobre mujer vieja y triste sirviendo de befa a +los corrillos de Altavilla. Sus carnes flccidas temblaron. Los +instintos vengativos de su raza gritaron furiosos, avasalladores. No, +no poda ser! Antes arrojarle su hija muerta a los pies, antes clavarle +un pual en el corazn. + +Ocurriosele una idea singular y terrible: contrselo todo a su marido. +Ignoraba lo que esto dara de s, pero por lo pronto provocara un +escndalo. D. Pedro era violento, gozaba de gran poder y prestigio. +Quin sabe el destrozo que la bomba poda causar? Cierto que estaba +paraltico y no poda tomar venganza por su mano; pero no se le +ocurriran a aquel hombre tan altivo y puntilloso medios de volver el +mal que le causaran? Ella caera entre las ruinas, pero caera con gusto +si el traidor pagaba de algn modo su perfidia. + +Despus de mucho batallar con este pensamiento, no arriesgndose a hacer +la confesin de palabra ni a escribirla bajo su firma, remiti a D. +Pedro, disfrazando la letra, una carta annima. La nia que usted ha +recogido hace seis aos es hija de su esposa y de un caballero que +frecuenta su casa y a quien usted llama su amigo. No le digo a usted el +nombre. Busque usted y no tardar en hallar al traidor.--_Un amigo +leal._ Echola al correo y esper con ansia el efecto que produca. + +D. Pedro la recibi delante de ella y la ley. Su rostro se contrajo +fuertemente y se cubri de palidez cadavrica. + +--Quin te escribe?--pregunt ella con naturalidad. + +El maestrante se repuso inmediatamente y, doblando la carta y +guardndola, respondi haciendo esfuerzos por asegurar su voz, que +temblaba: + +--Nada, un recomendado mo que se queja de que le han dejado cesante... +Ese gobernador! No tiene memoria ni formalidad ninguna. + +Inquieta ya y esperando con ansia los acontecimientos se retir a su +gabinete. Por la tarde lleg Jacoba con misterio y le entreg un billete +de parte del conde. + +--Qu quiere de m ese hombre?--pregunt sorprendida y en tono +despreciativo. + +--No lo s, seorita. Escribi la carta en mi casa y all espera +contestacin. + +El billete del conde deca: + +Amalia, s que nuestra hija se halla en peligro de muerte. Por lo que +ms quieras en este mundo, por la salvacin de tu alma, concdeme una +entrevista. Necesito hablarte. Si esta tarde ya no puede ser, ven maana +por la maana a casa de Jacoba.--Tuyo, _Luis_. + +--Tuyo! tuyo!--murmur con amarga sonrisa.--Has sido mo, s, pero has +cambiado de dueo. Te costar caro. + +--Llevo contestacin, seorita? + +Qued pensativa unos momentos; dio algunas vueltas por la estancia, +completamente abstrada; se acerc al balcn y mir por los cristales. +Al fin dijo, volvindose a medias y con gran sequedad: + +--Bueno, ir maana a la hora de misa. + +--Me ha preguntado con grandsimo inters por la nia. + +--Dile que sigue lo mismo. + +Marchose la entremetida, y ella permaneci largo rato mirando a la +calle, al travs de los cristales, sin verla. + +Desde las siete de la maana del da siguiente estaba Luis aguardndola +en la casucha de Jacoba. No haba all ms que una cocina en la planta +baja y una salita arriba con alcoba, tan bajas de techo que el conde con +sombrero tocaba en el cielo raso. En esta salita daba paseos furiosos +con las manos en los bolsillos, mirando con precaucin a cada momento +por los visillos de la nica ventana que tena. Hasta las nueve no +acudi la dama. La vio llegar con la mantilla echada por los ojos, el +devocionario en la mano y el rosario colgado de la mueca, con el paso +firme y sosegado, como si viniese a dar algunos encargos a su antigua +protegida. Cuando oy su voz en la cocina, le dio un vuelco el corazn, +se puso a temblar como un azogado y se le borraron por completo las +palabras que tena preparadas. + +--Cmo est usted, conde?--dijo ella con gran naturalidad al entrar, +tendindole una mano. + +--Bien, y t? + +Levant la cabeza como sorprendida de orse tutear y respondi mirndole +fijamente: + +--Perfectamente. + +--Y la nia? + +--Algo mejor. + +Despejose al or esto la fisonoma del caballero. Brill un rayo de +alegra en sus ojos y dijo tomando de la mano a su ex-querida y +atrayndola hacia el pobre sof de paja que all haba. + +--Sentmonos, Amalia. Aunque sea un atrevimiento por mi parte, te ruego +que me permitas seguir tutendote cuando estemos solos... Yo no olvido, +no podr olvidar jams cuntas horas de dicha te debo, cunta felicidad +has vertido en mi vida triste y montona. T me has revelado lo ms +dulce y ms ntimo que exista en mi corazn sin que yo lo sospechase +siquiera. Para t han sido los primeros impulsos de mi alma. Slo t has +penetrado hasta ahora en ella, la has sondeado y conoces sus +melancolas, sus flaquezas, y sus ternura. Si me separo de ti, si digo +adis a nuestro amor, no creas que es porque he dejado de estimarlo: +obedezco solamente a una ley de la naturaleza que nos empuja a todos a +crear una familia. No tengo en el mundo ms que a mi madre, una pobre +anciana que muy pronto me dejar solo... No debe parecerte mal que +quiera formar un hogar y poseer un heredero de mi nombre y mis +ttulos... Adems, el grito de la conciencia me persegua... + +El conde, regocijado con la mejora de la nia, se mostraba expansivo y +ms locuaz que de costumbre, sin poder ocultar la felicidad que le +embargaba, pensando que todo estaba arreglado a medida de sus deseos. +Josefina dichosa al lado de su madre; l dichoso al lado de Fernanda; +Amalia resignada y tributndole siempre un cario dulce y cada da ms +acendrado. + +sta le miraba con cierta curiosidad burlona. Cuando termin, dijo +sonriendo benvolamente: + +--Sobre todo desde la noche en que viste a Fernanda con aquel precioso +vestido descotado, ese grito debi de hacerse insoportable. + +El conde sonri tambin, avergonzado. + +--No lo creas, Amalia; siempre he sentido remordimientos. Claro est que +al hacerse uno viejo ve las cosas con ms claridad. Mi barba ya blanquea +por varios sitios, como ests observando. Lo que en un joven puede +disculparse como locura, como expansin irremediable del fuego que corre +por las venas, en un viejo se llama crimen. El amor, a la edad en que yo +estoy, no debe tapar con sus alas la luz de la razn, y si la tapa +merezco el calificativo de insensato. Mi resolucin podr sernos amarga +a los dos. A m me lo es mucho; me cuesta trabajo desprenderme de una +pasin que a fuerza de tiempo casi se ha convertido en costumbre. +Existe, adems, por desgracia, entre los dos un lazo imposible de romper +por completo. El Destino ha hecho nacer del fango de nuestro pecado una +flor hermosa, una cndida azucena. Apartemos el crimen de su frente: ya +que ha sido engendrada por un amor ilegtimo, no la manchemos con +nuestra conducta vituperable. Hagmonos dignos de ella viviendo como +cristianos. + +--Est muy bien todo eso. Slo siento que ese curso de doctrina +cristiana haya venido tan tarde y haya coincidido con la llegada a esta +poblacin de tu antigua novia. Porque parece as como si tuvieras +olvidado por completo el catecismo, y ella viniese a refrescarte la +memoria. Pero, en fin, en eso no debo meterme porque no me concierne. +El resultado es que te casas. Haces bien. El hombre est mal solo, y +cuando halla una compaera digna, como t has hallado, no debe perder la +ocasin. Fernanda es una buena muchacha; segura estoy de que te har +feliz. Tendris muchos hijos y, despus de una vida larga y dichosa, +iris al cielo. + +Sorprendiole a Luis aquella resignacin y no pudo menos de sentir alguna +inquietud. + +--Y t sers tambin feliz?--le pregunt tmidamente. + +--Yo?... Qu importa que yo sea feliz o desgraciada!--dijo alzando los +hombros con ademn desdeoso. + +--No digas eso, Amalia! La felicidad no es la locura a que nos +entregamos durante siete aos. Haba un dejo amargo en ella que yo +perciba hace tiempo, y que t no tardaras en percibir. Una vida pura y +digna, la tranquilidad de la conciencia, la estimacin de las personas +honradas te darn ms contento que la pasin culpable... Adems, tienes +lo que yo no tengo... tienes a tu lado un ngel, un lirio tierno y +fragante que embalsamar tu existencia. + +--Ah, s, Josefina!... Efectivamente, ella ser la que me ha de +proporcionar los nicos buenos ratos que pasar en adelante. + +Lo dijo con una inflexin de voz tan extraa, tan aguda y estridente, +que Luis sinti un escalofro. + +--Qu quieres decir con eso? + +--Lo que he dicho; que por fortuna tengo a Josefina para resarcirme. + +--Es que lo dices de un modo tan raro! + +La valenciana dej escapar una risita singular que sala all del fondo +de la garganta y sonaba de modo siniestro. Luis la miraba fijamente, +cada vez ms inquieto. + +--Pero qu tonto eres, Luis! pero qu retontsimo! El egosmo ha +puesto tales cataratas en tus ojos que no ves ni lo que tienes delante. +Si tuvieses veinte aos, esa inocencia podra quizs inspirarme lstima; +a tu edad no me inspira ms que risa y desprecio. Pensar en que cuatro +palabrillas insolentes sobre la moral y la conciencia bastaran a +obligarme a aceptar satisfecha la humillacin que me impones; suponer +que yo, a quien si no conoces debieras conocer, voy a consentir que me +arrojes como un trapo sucio, que me arrastres como una cautiva enamorada +a los pies de Fernanda para que le sirva de almohadn cuando suba a tu +lecho, es el colmo de la estupidez y la fanfarronera. Por qu no me +pides tambin que sea tu madrina de boda? + +El conde la contemplaba con los ojos dilatados, expresando la ansiedad y +el espanto. + +--De modo que lo que me han dicho de los martirios que haces pasar a +nuestra hija es cierto? + +--Y tan exacto! Y an no los sabes por completo... Mira, voy a +referrtelos todos para que no te llames a engao... + +Y con palabra breve, incisiva, con una cruel satisfaccin que se le +trasluca en la voz, puso delante de su vista el cuadro espantoso de las +miserias y dolores que la desgraciada criatura haba padecido en los +ltimos meses. Aquel cuadro era infinitamente ms aterrador que el que +le haba exhibido Mara la planchadora. El conde, plido, desencajado, +sin hacer el ms leve movimiento, pareca la estatua de la +desesperacin. Al poco rato se tap la cara con las manos y as escuch +hasta el fin. + +--Oh, qu infame! oh, qu infame!--murmur sordamente. + +--S, muy infame, pero an espero serlo ms. Has odo todas estas +infamias? Pues no son nada en comparacin con las que har. + +--No las hars tal, malvada!--profiri Luis levantndose y +abalanzndose a ella.--Antes te ahogar con mis manos. + +La valenciana se escap hacia la puerta. + +--Si das un paso ms, grito! + +--Oh, infame, infame!--volvi a exclamar con voz profunda el conde.--Y +Dios consiente sobre la tierra estos monstruos! + +Dio unos pasos atrs y se dej caer nuevamente sobre el sof. Apoy los +codos sobre las rodillas y meti la cabeza entre las manos. Al cabo de +largo silencio la levant diciendo: + +--Bueno, y qu exiges de m? + +Amalia dio un paso para acercarse. + +--Lo que ya debes de suponer, si es que te queda un poco de sentido +comn. No exijo que nuestras relaciones continen, porque a los trminos +a que hemos llegado no es posible: sera tanto como mendigar tu amor, y +tengo demasiado orgullo para ello. Pero no quiero que ni t ni esa mujer +os quedis riendo de m; no quiero servir de befa a los que conocen +nuestras relaciones, que son todos los que frecuentan la casa. Exijo, +pues, como condicin para que la nia vuelva a ser lo que era que rompas +inmediatamente con Fernanda y no te acuerdes ms de ella. + +--Pero Amalia!--exclam con acento dolorido.--Bien comprendes que es +imposible. Mi boda est concertada; lo sabe ya todo Lancia: Fernanda me +espera en Madrid; faltan muy pocos das... + +--Aunque faltase un minuto. Esa boda no se celebrar. Si te casas con +Fernanda, tu hija pagar el agravio en la forma que ya sabes. + +--Oh! Yo lo impedir. Dar parte a la autoridad. Pedir el depsito de +la nia. + +--Eso es hablar por hablar, Luis--replic con calma y sonriendo +Amalia.--Las autoridades de Lancia son hechura de Quiones. Nadie osar +declarar una palabra contra m. + +--Se lo referir todo a D. Pedro. + +--No te creer; y si te creyese, qu adelantaras? En vez de impedir mi +venganza, como es la suya tambin, me ayudar. + +Hubo un largo silencio. El conde meditaba con la frente apoyada en la +mano. De pronto se alz violentamente y se puso a dar agitados paseos +murmurando: + +--No puede ser! no puede ser! + +La valenciana le segua con la vista. Al cabo, dijo dando un paso hacia +la puerta: + +--Adis. + +El conde la detuvo con un gesto. + +--Espera. + +Amalia permaneci inmvil, con la mano en el marco de la puerta, +clavndole una mirada penetrante. + +El conde sigui paseando todava algunos momentos sin hacer caso de +ella. + +--Est bien--dijo con voz enronquecida, parndose;--no se efectuar el +matrimonio. T me dirs lo que debo hacer. + +Su rostro demudado revelaba la calma de la desesperacin. + +--Es necesario que escribas una carta a Fernanda despidindote. + +--La escribir. + +--Ahora mismo. + +--Ahora mismo. + +Amalia se asom a la escalera y pidi a Jacoba recado de escribir. Como +no haba all mesa, lo puso sobre la cmoda. El conde se acerc y se +dispuso a escribir de pie. Amalia tambin se acerc. + +--Es esto lo que quiero que le escribas--dijo presentndole un papel. + +Era el borrador de la carta. El conde pas la vista por l. + +Mi buena amiga Fernanda:--deca--He querido que te fueses para decirte +por escrito lo que de palabra sera superior a mis fuerzas. No puedo ser +tuyo. No necesito explicarte las razones porque t las adivinars. +Quisiera amarte bastante para sobreponerme a todo y huir contigo. Por +desgracia o por fortuna, hay cosas que pesan en mi corazn ms que tu +amor. Perdname el haberte engaado y procura ser feliz, como lo desea +tu mejor amigo--_Luis_. + +Traz los renglones de esta carta con mano trmula. Antes de terminar, +algunas lgrimas asomaron a sus ojos. + + + + +XV + +Josefina duerme. + + +El noble maestrante fcilmente dio con el autor de su deshonra. As que +ley el annimo y se recobr del susto, sus sospechas fueron a parar al +conde de Ons. No otra cosa le empuj a ello que el parecido, que ahora +adverta claramente, entre ste y la nia recogida. Por lo dems, o +porque su excesivo orgullo le vendase los ojos, o porque Amalia haba +sabido tenerle engaado, jams advirti entre ellos ms que una fra y +ceremoniosa amistad que nada tena de ofensiva. El mismo orgullo detuvo +el curso de sus pensamientos amargos con esta consideracin: Por qu +dar asenso a lo que el annimo deca? Por qu no suponer que se +trataba de una vil calumnia con que algn enemigo quera envenenar su +existencia? Mas el dardo haba entrado tan profundamente en su corazn +que no poda arrancrselo. Todas las consideraciones que su deseo le +sugera no bastaban a destruir la gran certidumbre que, sin saber cmo, +se le haba colado de rondn en el cerebro. Algunos pormenores, que +haban pasado para l inadvertidos, adquirieron de pronto alto relieve, +se alzaron como antorchas encendidas para guiarle. El principal de todos +era, como es natural, la enfermedad de su esposa coincidiendo con la +aparicin de la nia. Recordaba la extraa tenacidad con que se opuso a +que subiese mdico alguno a verla; luego el mimo, los cuidados +exquisitos que se prodigaron a la criatura. Acudieron tambin a su +memoria aquellas visitas que en otro tiempo hizo su esposa a la Granja +con pretexto de escoger algunas plantas. Ninguna circunstancia qued, +referente a la amistad del conde y al hallazgo de la nia, que no +revolviese y pesase en su pensamiento. + +Tornose silencioso y meditabundo. La mirada dura de sus ojos hundidos se +posaba con insistencia en Amalia siempre que sta entraba en su +habitacin. En diferentes ocasiones se hizo traer la nia con cualquier +pretexto y la contempl largamente, tratando de descifrar en los rasgos +de su fisonoma el enigma de su existencia. Amalia observaba todo esto, +y lea tan perfectamente en el cerebro de su esposo como en un libro +abierto. + +--Cundo se casa Luis?--le pregunt un da en tono afectadamente +distrado el maestrante. + +--Dicen que an tardar algn tiempo. Necesita arreglar no s qu +asuntos antes de irse a Madrid--respondi con la mayor tranquilidad. + +--Contina en la Granja? + +--Siempre. No viene ms que alguna que otra vez por la tarde, segn me +ha dicho un da que le hall en la tienda de Barrosa. + +Justamente a la noche siguiente apareci en la tertulia el conde. + +--Cmo? Usted por aqu? Ha regresado ya de la Granja?--le pregunt D. +Pedro, clavndole una mirada penetrante. + +--Definitivamente, no. Tengo el coche abajo, y me vuelvo a dormir. + +--Se aburre usted all, verdad?--le pregunt D. Cristbal Mateo. + +--Por el da no. Estoy muy entretenido con los trabajos del campo, el +molino, los bichos, etc. Pero las noches se hacen tan largas!... + +Luis vena solamente por ver a su hija. Amalia no se lo permiti hasta +que la nia estuvo medianamente repuesta. Volvi a vestirla como antes +y le devolvi los fueros que tena. Pero no el cario. El encanto se +haba roto. + +Porque Luis la aborreca: estaba sometido a la fuerza. Con aquella +pasin ardorosa, con aquel amor lleno de misterio y placer se haba +unido tambin la aficin a la criatura. Pero los martirios que su clera +insensata le haba hecho padecer abri entre ellas un abismo. Josefina +jams amara a su verdugo. La pobre nia, vestida con ricos trajes, +vagaba sola por el palacio de Quiones, sin hallar en nadie ternura. +Amalia hua, de ella. Los criados, avergonzados de sus malos tratos y +pesarosos de aquel repentino cambio, que elevaba de nuevo a la expsita +sobre ellos, no le dirigan la palabra. El largo martirio sufrido y la +terrible enfermedad con que termin haban dejado huellas profundas en +su semblante. Su rostro plido se trasparentaba como el ncar. En torno +de los ojos persista aquel crculo oscuro, negro, de agitacin y dolor. +El conde senta apretarse su corazn cada vez que la vea. Costbale +trabajo retener las lgrimas. + +Amalia no dio noticia a su amante del imprudente annimo que haba +dirigido a Quiones. Temiendo, por la actitud de ste, algn grave +acontecimiento, resolviose a despistarle, ya que volverle la calma no +era posible. El partido que mejor le pareci fue apartar las sospechas +de Luis y encaminarlas hacia Jaime Moro. Era el nico que por su edad, +figura y posicin poda aparecer como un amante verosmil. Principi por +tratarle, en presencia de D. Pedro, con particular afecto, +distinguindole de los dems tertulios de modo harto visible. Dirigale +miradas y sonrisas significativas; gustaba de ponerse detrs de su silla +cuando estaba jugando al tresillo, y embromarle; llambale a cada +instante con cualquier pretexto y le retena a su lado largos ratos +hablndole en secreto, acercando ms de la cuenta el rostro al suyo. No +era tan fcil como puede parecer seducir a Moro, aunque slo fuese en la +apariencia. Nada tena de arisco; al contrario, gozaba justa fama de +caballeroso y galante con las damas. Pero cuando las damas se hacan +incompatibles con el billar o el tresillo no lo haba ms grosero y +cerril en seis leguas a la redonda. Amalia le mortificaba infinitamente +retenindole cuando los tresillistas le aguardaban. Entonces no +responda acorde a sus preguntas, sonrea por mquina y diriga +frecuentes y codiciosas miradas a la mesa donde sus compaeros gozaban +ya las dulzuras de alguna vuelta con palo de favor. + +--Moro, sintese usted aqu; vamos a charlar un rato. + +Moro temblaba: se le vena el mundo encima. Tomaba asiento al lado de la +dama con una cara larga, larga, que no daba idea cabal de la pasin que +deba arder en su pecho. + +El maestrante haba hecho poco caso de aquellos apartes, de las +preferencias y las sonrisas insinuantes de su esposa. Les miraba con +ojos distrados, sin venrsele a la mente ninguna sospecha, preocupado +enteramente con la verdadera pista. Sin embargo, al cabo de algunos +das, tanto insisti Amalia y tan buena maa se dio, que el noble +caballero principi a fijarse en aquellos signos y a darles algn valor. +La valenciana sinti el placer del triunfo. Sus clculos iban camino de +realizarse. Y para dar impulso poderoso y decisivo a su enredo, +ocurriosele en el momento una treta peregrina. Se hallaba sentada en un +rincn, teniendo a su lado a Jaime Moro, bien a la vista de D. Pedro. +Moro, distrado como siempre. La esposa de Quiones necesitaba hacer +prodigios de habilidad para sostener la conversacin, le sonrea, le +mimaba, le envolva en una red de palabras melosas, que acentuaba +fuertemente con la sonrisa a fin de llamar la atencin de D. Pedro. + +--Qu es eso? Est usted mirando mi brazalete? + +Moro no haba reparado en l. + +--Es muy lindo--se apresur a decir por complacencia. + +--Ha pertenecido a mi madre. Tiene ms mrito de lo que parece. Este +retrato, que es el de mi abuela, est hecho de mosaico... vea usted. + +Al mismo tiempo levant la mano. Moro lo contempl con afectada +admiracin. + +--Reprelo usted bien. + +Y la alz an ms, ponindosela cerca de los ojos. Observando con el +rabillo del ojo que don Pedro la miraba, todava la alz un poquito, +hasta rozar con ella los labios del joven. Pero en aquel instante la +retir bruscamente con vivo ademn. Moro qued estupefacto. +Involuntariamente dirigi la vista hacia D. Pedro, y notando que ste le +clavaba una mirada fra y penetrante, se puso colorado hasta las orejas. +Amalia se levant y se fue al saln, como si quisiera disimular su +turbacin. + +Fue grande la que se apoder del orgulloso maestrante con el secreto que +pens sorprender. Sus ideas experimentaron violenta sacudida. Agitado +por mil sospechas contrarias, dominado por una clera furiosa, mova +entre sus trmulas manos las cartas, sin pensar en ellas, imaginando +horribles venganzas contra su esposa y contra el... + +Contra quin? Cul era el traidor? La duda encenda an ms su rabia. + +Lo que haba visto era bien concluyente. Y, sin embargo, su pensamiento +no poda apartarse del conde de Ons. Contra el testimonio de sus +propios ojos alegaba el instinto, una voz interior que le sealaba sin +cesar a su enemigo. + +Apareci ste en la tertulia. Salud framente a Amalia y se fue derecho +al gabinete; pero Manuel Antonio le retuvo tirndole por el faldn del +frac. + +--Dnde vas, Luis? Ven aqu, muchacho; no te nos enfrasques tan pronto +en el juego. Mira, aqu Mara Josefa y Jovita han estado disputando toda +la noche sobre la fecha de tu matrimonio. Yo les he dicho: No disputis +ms. Si viene hoy Luis, es tan amable que de seguro os lo ha de decir. + +--Pues las has engaado--respondi el conde aproximndose al grupo. + +--Tan grosero te has vuelto? + +--No es grosera, es ignorancia. Estas seoritas saben muy bien que las +cosas no se realizan nunca como y cuando queremos. Si yo les dijese +ahora una poca y resultase otra, pensaran que haba tratado de +burlarme de ellas. + +Apesar de los esfuerzos que haca por sonrer, el semblante del conde +reflejaba tristeza infinita. Su voz sala apagada y enronquecida. + +--No, no! Nada de eso!--exclam riendo Jovita.--Dganos usted un da +cualquiera, que aunque luego resulte otro, pensaremos que no ha sido por +su voluntad. + +--Bueno, pues maana. + +--Eso tampoco!--gritaron ambas solteronas alborozadas. + +--No son ustedes fciles de contentar. Qu da quieren que me case? +Selenlo ustedes. + +El conde no haba dicho una palabra a nadie de la ruptura de su +matrimonio. La innata debilidad de su carcter le obligaba a callar una +noticia que muy pronto haba de difundirse. Tena miedo a la curiosidad +pblica, a las preguntas, a que en el rostro le adivinasen las causas de +tal resolucin. Y temblaba y se entristeca profundamente cada vez que, +como ahora, le tocaban este punto. + +Hasta entonces no se haba traslucido nada. Crease en la ciudad que de +un da a otro se ira a Madrid a reunirse con su futura. Sin embargo, +Manuel Antonio, cuyo olfato era superior al de todos sus contemporneos, +haba olido algo. Y con la tenacidad y el disimulo de una Isabel de +Inglaterra, principi a recoger noticias y a atar cabos de tal modo que +a la hora presente andaba muy cerca de la verdad. + +--Muy triste te veo estos das, Luisito--le dijo bruscamente.--Ms que +de matrimonio tienes cara de testamento. + +El conde se turb y no supo ms que contestar sonriendo forzadamente: + +--El matrimonio es un paso muy serio. + +Trat de marcharse, pero Manuel Antonio volvi a retenerlo. A todo +trance quera dar con la clave del enigma, saber de un modo positivo lo +que sospechaba. Y ayudndose de Mara Josefa, que saba mejor que l a +qu atenerse, mantuvo alerta la conversacin algn tiempo sobre el +escabroso tema. Luis estaba en brasas. Diriga frecuentes miradas hacia +el sitio de Amalia, como reclamando lo que estaba obligada a concederle. +Levantose al fin la dama, se asom a la puerta y torn a sentarse. A los +pocos momentos apareci el rostro plido y suave de Josefina. Pase sus +ojos tristes por la sala, y a una sea de su madrina dirigi sus pasos +al gabinete. Al cruzar por detrs del conde, volviose ste a medias y le +ech una mirada rpida y ansiosa, que no pas inadvertida a la sagacidad +de sus interlocutores. La nia levant sus ojos hacia l, brillando con +sonrisa feliz. Fue un choque magntico que hizo arder sbito toda la +alegra de su corazn infantil. Los tertulios la llamaron, trataron de +retenerla; pero ella, obedeciendo la orden de su madrina, sigui hasta +el gabinete. Pocos momentos despus se oy la voz spera de Quiones. + +--No est el conde de Ons por ah? Cmo no entra? + +--All voy, D. Pedro--se apresur a responder Luis, contento de +separarse de aquel enfadoso grupo. + +Al entrar en el gabinete se produjo, en menos tiempo del que puede +tardarse en referirla, una terrible escena que puso en conmocin y +espanto a toda la tertulia. D. Pedro estaba con las cartas en la mano y +lo mismo Jaime Moro y D. Enrique Valero. Saleta, que haca el cuarto, +hablaba con el capelln sentado detrs de l. En torno de la mesa haba +tres o cuatro personas de pie mirando el juego. Cerca del noble +maestrante se hallaba Josefina con los bracitos cruzados esperando su +bendicin para irse a la cama. + +Al entrar el conde, Quiones le lanz una rpida mirada escrutadora, +clav enseguida otra de profundo odio en la nia y dijo con sonrisa +sarcstica: + +--Ah, quieres la bendicin?... Toma la bendicin. + +Y le dio de revs un tremendo bofetn que la hizo rodar por el suelo, +soltando sangre por boca y narices. Luis sinti aquella bofetada en sus +mejillas. Huy repentinamente de ellas toda la sangre y qued densamente +plido. Y por un impulso ciego, superior a su voluntad, grit fuera de +s: + +--Eso es una vileza! Una cobarda! + +Y aun trat de lanzarse sobre l. Pero le detuvieron. D. Pedro gritaba +mientras tanto a grandes voces, loco de furor: + +--Por fin caste! Por fin caste, perro! + +Hizo un esfuerzo supremo para alzarse del asiento y lanzarse sobre el +ladrn de su honra, consiguiolo a medias, y cay al fin de nuevo, +privado de sentido, torciendo la boca. + +Los tertulios se haban levantado todos y acudieron al gabinete. Las +seoras gritaban aterradas. Los hombres preguntaban a los de dentro lo +que ocurra. El conde de Ons pase una mirada de extravo por ellos, se +dirigi al sitio donde yaca Josefina, alzola del suelo y, con ella en +brazos, trat de abrirse paso. Amalia se le puso delante. + +--Adnde va usted? + +Y quiso arrancarle la nia. Pero Luis extendi la mano, agarr a la +valenciana por los cabellos y, despus de sacudirla tres o cuatro veces +con fuerza, la arroj lejos de s y se lanz a la puerta del saln. + +Baj la escalera a saltos, sali a la calle, donde esperaba el coche, y +brincando en l con su preciosa carga dijo al cochero: + +--A escape, a la Granja! + +El pesado vehculo rod con estrpito por las calles mal empedradas. No +tard en salir a la carretera. + +La luna brillaba en lo alto del firmamento. De vez en cuando, grandes +nubes espesas, flotantes tapaban su disco, pero al instante volva a +lucir. En las regiones superiores de la atmsfera soplaba un viento +huracanado. Abajo parecan reinar el silencio y la paz. + +Josefina no sala de su desmayo. El conde le limpiaba con su pauelo la +sangre. Despus trataba de reanimarla imprimiendo largos, apasionados +besos en su rostro de alabastro. + +Al fin se entreabrieron sus ojos, contempl con extraa fijeza al conde +y relampague en ellos una dulce sonrisa. + +--Eres t, Luis? + +--S, vida ma, yo soy. + +--Adnde me llevas? + +--Donde t quieras. + +--Llvame lejos, muy lejos!... Llvame a tu casa... Llvame aunque no +me des de comer. Estando contigo no me importa morir. + +El conde la apret contra su seno y la cubri de besos. + +--S, s, a mi casa vas--exclam mientras las lgrimas baaban sus +mejillas.--De all no saldrs ya nunca, porque para arrancarte +necesitarn antes arrancarme la vida... Escucha, Josefina, voy a decirte +una cosa. Procura entenderla. Haz un esfuerzo y lo conseguirs... Yo soy +tu padre... Los seores de Quiones te han recogido en su casa... pero +yo soy tu padre... lo entiendes? + +--S, Luis, te entiendo. + +--Te han recogido, porque yo soy tan malo que te he entregado a ellos +en vez de tenerte conmigo. + +--Ahora no te entiendo, Luis. T no eres malo. T eres bueno y me +quieres. + +--S, hija de mi alma, te quiero ms que a mi vida... Perdname. + +--Yo tambin te quiero a t... A ellos no! Antes quera a madrina, pero +ahora no... Me ha pegado tanto! Si supieras!... Me morda, me araaba, +me arrastraba por el suelo, mandaba a Concha que me azotase con la +ballena, me ataba con una cuerda como a los perros... + +--Calla, calla, que me matas!--profiri Luis sollozando. + +--No llores, Luis, no llores!... Ves cmo eres bueno? Ests llorando +por m. + +--No he de llorar por t si eres mi hija! Llmame padre... Yo soy tu +padre! Lo sabes, lo sabes? + +--S, lo s... T eres mi padre y yo soy tu hija... Tengo sueo... +Djame dormir sobre tu pecho. + +Y dej caer sobre l la cabecita blonda. Inclin la suya el conde para +darle un beso en la frente y sinti sus labios abrasados por el calor de +la fiebre. + +Goz la criatura algunos momentos de sueo letrgico. Corran de vez en +cuando por su tierno cuerpo vivos estremecimientos. Despert al fin +dando un grito. + +--Luis, que me llevan!... Mralos, mralos... ah estn! + +Sus ojos expresaban un terror pnico. + +--No, hija, no; son los rboles del camino que extienden sus ramas hacia +nosotros. + +--No ves a D. Pedro que me amenaza? No oyes lo que me est diciendo? + +--Sosigate, mi alma; es el mugido del viento. + +--Tienes razn. Ya se fueron. Mira cmo brilla la luna! Mira qu +campos tan hermosos y cuntas flores!... Un palacio de cristal... +Delante hay una nia jugando con un gatito blanco... Qu precioso!... +Es ms bonito que el Rojo... Djame jugar con ella, Luis... + +--Jugars cuanto quieras, y te comprar un gatito y una palomita blanca +que venga a comer a tu mano. + +--No, no quiero que gastes dinero. Estoy contenta con que no me separes +de ti. + +--Nunca ya. Vivirs conmigo siempre, porque eres mi hija. Duerme, mi +vida. + +--Otra vez la oscuridad!... Ya vuelve! chalos, Luis, chalos, por +Dios! Que me agarran! + +--No temas; ests conmigo... Mira la luna otra vez... Ves cunta +luz?... Durmete, corazn. + +--Es verdad... ya veo los campos llenos de flores... ya veo el gatito +blanco... La nia no est... Dnde se fue, Luis? + +--Est en mi casa, esperndote para jugar. Estamos muy cerca ya. +Durmete. + +--S, Luis, voy a dormir. T me lo mandas, no es cierto? Yo debo +obedecerte porque soy tu hija... Tengo fro... Apritame ms. + +Apretola ms y ms contra su pecho. Josefina se durmi al fin. El +carruaje rodaba por la carretera desierta al travs de los campos +esclarecidos por la luz de la luna. Las nubes volaban tambin dispersas +por los aires. El viento muga sordamente a lo lejos. Los rboles +comenzaban a agitar sus penachos. + +Ya se divisaba el cercado de la Granja. Luis inclin la cabeza para +despertar a la nia; pero al darla un beso sinti en sus labios el fro +de la muerte. Alzola vivamente, sacudiola con fuerza varias veces, +llamndola a gritos. + +--Josefina!... Hija! hija! hija!... Despierta! + +La blonda cabeza de la nia se doblaba a un lado y a otro como una +azucena que tuviese quebrado el tallo. + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of El maestrante, by Armando Palacio Valds + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EL MAESTRANTE *** + +***** This file should be named 30425-8.txt or 30425-8.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + http://www.gutenberg.org/3/0/4/2/30425/ + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This book was +produced from scanned images of public domain material +from the Google Print project.) + + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. 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You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + + +Title: El maestrante + +Author: Armando Palacio Valds + +Release Date: November 8, 2009 [EBook #30425] + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EL MAESTRANTE *** + + + + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This book was +produced from scanned images of public domain material +from the Google Print project.) + + + + + + +</pre> + +<hr class="full" /> + +<h2>EL</h2> + +<h1>MAESTRANTE</h1> + +<h3 class="top5">NOVELA</h3> + +<p class="cb">POR</p> + +<h2>D. ARMANDO PALACIO VALDS</h2> + +<p class="cb top15">MADRID<br /> +TIPOGRAFIA DE LOS HIJOS DE M. G. HERNNDEZ<br /> +IMPRESOR DE LA REAL CASA<br /> +Libertad, 16 duplicado.<br /> +1893</p> + +<hr /> + +<h3>NDICE</h3> + +<table summary="indice" +cellspacing="0" +cellpadding="0"> +<tr><td align="right"><a href="#I">I</a></td><td>—La casa del maestrante</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#II">II</a></td><td>—El hallazgo</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#III">III</a></td><td>—La cita</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IV">IV</a></td><td>—Historia de aquellos amores</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#V">V</a></td><td>—Las bromas de Paco Gmez</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#VI">VI</a></td><td>—Las seoritas de Mer</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#VII">VII</a></td><td>—El aumento del contingente</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#VIII">VIII</a></td><td>—El vino de Fernanda</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IX">IX</a></td><td>—La mascarada</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#X">X</a></td><td>—Cinco aos despus</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#XI">XI</a></td><td>—La clera de Amalia</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#XII">XII</a></td><td>—La justicia del barn</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#XIII">XIII</a></td><td>—El martirio</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#XIV">XIV</a></td><td>—La capitulacin</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#XV">XV</a></td><td>—Josefina duerme</td></tr> +</table> + + +<hr /> +<h3><a name="I" id="I"></a>I</h3> + +<p class="cab">La casa del maestrante.</p> + + +<p>A las diez de la noche eran, en toda ocasin, +contadsimas las personas que +transitaban por las calles de la noble +ciudad de Lancia. En las entraas mismas del +invierno, como ahora, y soplando un viento del +noroeste recio y empapado de lluvia, con dificultad +se tropezaba alma viviente. No quiere esto +decir que todos se hubiesen entregado al sueo. +Lancia, como capital de provincia, aunque no +de las ms importantes, es poblacin donde ya +en 185... se haba aprendido a trasnochar. Pero +la gente se meta desde primera hora en algunas +tertulias y slo sala de ellas a las once para cenar +y acostarse. A esta hora, pues, solan tropezarse +algunos grupos resonantes que caminaban +a toda prisa resguardados por los paraguas; +las seoras rebujadas en sendos capuchones +de lana, alzando las enaguas con la mano +que les quedaba libre; los caballeros envueltos +en sus paosas o <i>montecristos</i>, los pantalones +enrgicamente arremangados, rompiendo el silencio +de la noche con el spero traqueteo de las +almadreas. Porque en aquella poca eran muy +pocos todava los que desdeaban este calzado +patritico y confortable. Tal cual pollastre que +por haber estado en Valladolid estudiando medicina +se crea por encima de estas ruindades y alguna +que otra damisela melindrosa que afectaba +el no saber andar con ellas.</p> + +<p>De coches no haba que hablar, pues slo existan +tres en la poblacin, el de Quiones, el de +la condesa de Ons y el de Estrada-Rosa. Este +ltimo era el nico que no alcanzaba el medio +siglo de antigedad. Cuando cualquiera de las +tres carrozas sala a la calle, rodebala un enjambre +de chiquillos y seguanla buen trecho en testimonio +de incondicional entusiasmo. Los vecinos +en lo interior de sus moradas distinguan, por +el estrpito de las ruedas y el chasquido de las +herraduras, a cul de los magnates mencionados +perteneca. Eran, en suma, tres instituciones venerandas +que los hijos de la ciudad saban amar y +respetar. Contra la lluvia que cae sobre ella ms +de las tres cuartas partes del ao no se conocan +entonces otros preservativos naturales que el paraguas +y las almadreas. Poco despus vinieron +los chanclos de goma y recientemente tambin +se introdujeron los impermeables con capuchn, +que trasforman en ciertos momentos a Lancia +en vasta comunidad de frailes cartujos.</p> + +<p>El viento soplaba ms recio en la travesa de +Santa Brbara que en ningn otro paraje de la +poblacin. Esta va, abierta entre el palacio del +obispo y las tapias de un patinejo de la catedral, +donde viene a caer la cadena del pararrayos, pasa +a su terminacin por debajo de un arco y forma +lbrego recodo en que el huracn se encalleja y +clama y se lamenta en noches tan infernales como +la presente.</p> + +<p>Un hombre embozado hasta los ojos atraves +velozmente la plazoleta que hay delante de la +morada de los obispos y entr en este recodo. +La fuerza del huracn le detuvo, y la lluvia, penetrando +entre el embozo de la capa y el sombrero, +le priv de la vista. Resisti unos instantes +a pie firme la violencia de la rfaga, y en vez +de soltar alguna interjeccin enrgica, que nunca +fuera ms al caso, dej escapar un suspiro de +angustia.</p> + +<p>—Ay, Jess mo, qu noche!</p> + +<p>Se arrim a la pared, y cuando el viento soseg +sus mpetus sigui su camino. Pas por debajo +del arco que comunica el palacio con la catedral +y entr en la parte ms desahogada y esclarecida +de la travesa. Un reverbero de aceite +engastado en la esquina serva para iluminarla +toda. El cuitado haca intiles esfuerzos, secundado +por la gran mariposa de hoja de lata, para +enviar alguna claridad a los confines de su jurisdiccin. +Pero, ms all de diez varas en radio, +nada haca sospechar su presencia. Sin embargo, +a nuestro embozado debi parecerle una lmpara +Edison de diez mil bujas, a juzgar por el cuidado +con que se subi an ms el embozo y la +prisa con que abandon la acera para caminar +ceido a la tapia del patio en que las sombras se +espesaban. Sali en esta guisa a la calle de Santa +Luca, ech una rpida mirada a un lado y a +otro, y corri de nuevo al sitio ms oscuro. La +calle de Santa Luca, con ser de las ms cntricas, +es tambin de las ms solitarias. Est cerrada +a su terminacin por la base de la torre de +la baslica, esbelta y elegante como pocas en Espaa, +y slo sirve de camino ordinariamente a +los cannigos que van al coro y a las devotas que +salen a misa de madrugada.</p> + +<p>En esta calle, corta, recta, mal empedrada y +de viejo casero, se alzaba el palacio de Quiones +de Len. Era una gran fbrica oscura de fachada +churrigueresca, con balcones salientes de +hierro. Tena dos pisos, y sobre el balcn central +del primero un enorme escudo labrado toscamente +y defendido por dos jayanes en alto relieve +tan toscos como sus cuarteles.</p> + +<p>Una de las fachadas laterales caa sobre pequeo +jardn hmedo, descuidado y triste y +cerrado por una tapia de regular elevacin; la +otra sobre una callejuela an ms hmeda y sucia +abierta entre la casa y la pared negra y descascarillada +de la iglesia de San Rafael. Para +pasar del palacio a la iglesia, donde los Quiones +posean tribuna reservada, exista un puente +o corredor cerrado, ms pequeo, pero semejante +al que los obispos tienen sobre la travesa de +Santa Brbara. Por la viva claridad que dejaba +pasar la rendija de un balcn entreabierto advertase +que los dueos de la casa no estaban an +entregados al descanso. Y si la claridad no lo +acusara, acusbanlo ms claramente los sones +amortiguados de un piano que dentro se dejaban +or cuando los latidos furiosos del huracn lo +consentan.</p> + +<p>Nuestro embozado sigui, con paso rpido y +ocultndose en la sombra cuanto poda, hasta la +puerta del palacio. All se detuvo; volvi a echar +una mirada recelosa a entrambos lados de la calle, +y entr resueltamente en el portal. Era amplio, +con pavimento de guijarro como la calle, +las paredes lisas y enjalbegadas de mucho tiempo, +tristemente iluminado por una lmpara de +aceite colgada en el centro. El embozado lo +atraves velozmente, y sin tirar del cordn de +la campana peg el odo a la puerta, y as estuvo +inmvil algunos instantes en escucha. Cerciorado +de que nadie bajaba, torn a la puerta de la +calle y enfil otra mirada por ella. Al fin resolviose +a abrir el embozo y sac de debajo de la +capa un bulto que deposit en el suelo con mano +temblorosa, cerca de la puerta. Era un canastillo. +Estaba cubierto con una manta de mujer, lo +cual impeda observar lo que en l se guardaba, +aunque bien se presuma. Desde Moiss, los canastillos +misteriosos parecen destinados a guardar +infantes. El rebozado, ya desarrebozado, +tir tres veces del cordn de la campana, y al +instante, desde arriba, abrieron por medio de +otra cuerda. Las tres campanadas indicaba que +quien entraba en la aristocrtica mansin de los +Quiones era un noble, un par de los seores. +Tiempo haca que se estableciera esta costumbre, +sin saber cmo. Un menestral, un criado, un +inferior, por cualquier concepto, no llamaba sino +con una campanada; las visitas llamaban con +dos; y la media docena o poco ms de personas +que el linajudo seor de Quiones consideraba +sus iguales en Lancia, lo hacan con tres, por +acuerdo tcito o expreso, que eso nunca se averigu. +Murmurbase en la ciudad de tal diferencia: +los que nunca haban pisado los salones de +la casa, embromaban a los que a diario los visitaban: +respondan stos negando la especie; pero +aunque secretamente humillados, respetaban la +feudal costumbre: nadie era osado a dar las tres +campanadas del segundo estamento. Slo Paco +Gmez se aventur una vez a hacerlo por broma +o fanfarronada; pero al llegar al saln se le recibi +con sorpresa y frialdad tan despreciativas, +que no le quedaron ganas de repetirlo.</p> + +<p>El hombre del canastillo se apresur a entrar +y cerrar la puerta; atraves el prtico y subi +por la gran escalera de piedra, en cuyos peldaos +gastados por el uso se rezumaba constantemente +alguna humedad. Al llegar al piso principal un +criado se acerc a recogerle la capa y el sombrero. +Y sin aguardar ms, como si alguien le +persiguiera, lanzose con presurosa planta a la +puerta del saln y la abri. La viva luz de las +araas y candelabros le ofusc un instante. Era +un hombre alto, corpulento, de treinta a treinta +y dos aos de edad, la fisonoma dulce y las facciones +correctas: gastaba el pelo cortado a punta +de tijera y la barba luenga, rubia y sedosa. En +aquel momento su rostro estaba plido y revelaba +profunda inquietud.</p> + +<p>En cuanto alz los ojos, que la excesiva claridad +le obligara a cerrar, enderez la mirada a +la seora de la casa, sentada en una butaca. Clav +ella a su vez en l otra intensa y ansiosa. +Fue un choque que dio instantneo reposo a sus +fisonomas, como dos fuerzas iguales que se neutralizan. +El caballero se detuvo a la puerta esperando +que cruzasen cinco o seis parejas que +venan girando al comps de un vals, y sus labios +descoloridos se plegaron con sonrisa tan +dulce como triste.</p> + +<p>—Qu tarde! No pensbamos que usted viniera +ya—exclam la seora alargndole su +mano fina, nerviosa, que se contrajo tres o cuatro +veces con intensa emocin al chocar con la +de l.</p> + +<p>Era una mujer de veintiocho a treinta aos, +menuda de cuerpo, el rostro plido y expresivo, +los ojos y el cabello muy negros, boca pequea +y nariz ligeramente aguilea.</p> + +<p>—Cmo se encuentra usted, Amalia?—dijo +el caballero, sin responder a la exclamacin, +ocultando bajo una sonrisa la ansiedad que a su +pesar se le trasluca en lo tembloroso de la voz.</p> + +<p>—Estoy mejor... Muchas gracias.</p> + +<p>—No le har a usted dao este ruido?</p> + +<p>—No... Me aburra mucho en la cama... Adems, +no quera privar a las chicas del nico recreo +que hoy por hoy tienen en Lancia.</p> + +<p>—Muchas gracias, Amalia—exclam una jovencita +que vena bailando y oy las ltimas palabras +de la dama.</p> + +<p>sta le dirigi una sonrisa bondadosa.</p> + +<p>Otra pareja que vena detrs choc con el caballero, +que continuaba en pie.</p> + +<p>—Usted siempre estorbando, Luis!</p> + +<p>—A nadie ms que a usted, Mara Josefa—respondi +el joven, riendo con afectacin para +disimular el embarazo que an senta.</p> + +<p>—Est usted seguro de que a m sola?—pregunt +ella alzando al mismo tiempo su mirada +maliciosa hacia el caballero que la estrechaba +en sus brazos.</p> + +<p>Mara Josefa Hevia tena ya por lo menos cuarenta +aos, y sus quince haban sido casi tan feos, +pese al refrn, como sus cuarenta. Como no posea +tampoco bastante hacienda para restablecer +el equilibrio, ningn valiente haba llegado a redimirla +del purgatorio de la soltera. Hasta haca +poco tiempo todava halagaba la esperanza +de que, ya que no un pollo, por lo menos se arrojase +a pedir su mano alguno de los indianos solteros +que iban llegando a establecerse en Lancia. +Fundbala en la tendencia que stos mostraban +a contraer matrimonio con las hijas de +las familias distinguidas de la poblacin, aunque +no llevasen dote. Perteneca ella por la lnea +paterna a una de las ms ilustres; como que +era pariente del seor de Quiones, en cuya casa +nos hallamos. Pero su padre haba muerto, y viva +con su madre, mujer de baja estofa, cocinera +antes de subir al tlamo nupcial de su amo. +Sea por esto o, lo que es ms probable, por la +bien declarada y proverbial fealdad de su figura, +tampoco los indianos picaron la carnada del anzuelo. +Y eso que, con motivo o sin l, sola descotarse +ms de la cuenta para hacer ostensible +lo que, segn voz pblica, tena de menos malo +en su cuerpo. El rostro era repulsivo, de facciones +incorrectas, hinchado por la erisipela y desfigurado +amenudo por algunas llamaradas rojizas +que le suban a las narices. De sus ilusiones +femeninas no le quedaba ya ms que una, la de +bailar: era una verdadera pasin: padeca horriblemente +cada vez que los descuidados pollos +de Lancia la dejaban comiendo pavo. Pero se +vengaba tan lindamente de ellos y ellas, posea +una lengua tan acerada, que la mayor parte de +los jvenes le sacrificaban por lo menos un baile +en todos los saraos: cuando se descuidaban, +las mismas muchachas se lo recordaban, temiendo +las iras de la feroz solterona. Bailaba, pues, +tanto como la ms linda damisela de Lancia, +por razn opuesta, esto es, por el saludable terror +que haba logrado inspirar. Ella lo saba, +y aunque humillada en el fondo del alma, no dejaba +de aprovecharse, optando por el que consideraba +menor de los males. Posea espritu sagaz +y malicioso; vea muy bien el ridculo de las +acciones, narraba con gracia y estaba dotada +adems de un don particular para herir a cada +persona, cuando se le antojaba, en lo ms +vivo.</p> + +<p>—Ha llegado ya el conde?—dijo una voz spera +que sala del gabinete contiguo y se sobrepuso +al tecleo del piano y a las pisadas de los +bailarines.</p> + +<p>—S: aqu estoy, D. Pedro... Voy all.</p> + +<p>El conde dio un paso hacia el gabinete, sin +apartar la vista de la plida seora. sta le clav +otra mirada intensa donde se lea una interrogacin. +l cerr los ojos afirmando, y pas a la +inmediata estancia. Lo mismo sta que el saln +estaban amueblados sin lujo. Los prceres de +Lancia desdeaban esos refinamientos del decorado, +hoy tan usuales. No por avaricia, sino por +entender con razn que su prestigio estribaba, +ms que en la riqueza o suntuosidad de las moradas, +en el sello de respetable antigedad que +posean, rechazaban en ellas cualquiera innovacin, +lo mismo interna que externa. Los muebles +envejecan, se deslustraban; las alfombras y cortinas +se iban rayendo. Los dueos aparentaban +no fijarse en ello. Sobre todo, D. Pedro Quiones +mostraba una negligencia en este punto que +rayaba en jactancia. Ni los ruegos de su seora, +ni las indirectas que algn osado, como Paco +Gmez, sola autorizarse bromeando, le decidan +jams a llamar a los pintores y tapiceros. Se adivinaba +bien que en esta resolucin influa el desdn +con que miraba el lujo desplegado por algunos +indianos en el mobiliario de sus casas.</p> + +<p>El saln, en lo que toca a las dimensiones, +era soberbio, amplio, elevadsimo de techo; ocupaba +todos los balcones de la calle de Santa Luca, +exceptuando el del gabinete. La sillera antigua, +pero no imitando formas de siglos remotos, +como ahora se usa: estaba construida en el +pasado al gusto de la poca, y forrada de terciopelo +verde ya gastado. La alfombra descubra el +tejido por varios sitios. De las paredes colgaban +algunos tapices magnficos. ste era el lujo de +la casa. D. Pedro Quiones posea una coleccin +de gran valor. Sola exhibirlos una vez al ao, +colgndolos de los balcones el da del Corpus +para el paso de la procesin. Decase que un +ingls le haba ofrecido por ellos un milln de +pesetas. Posea asimismo algunos cuadros antiguos +de mrito, tan oscurecidos por el tiempo +que, si una mano hbil no vena pronto a restaurarlos, +concluiran por desaparecer. Lo nico +nuevo que en el saln haba era el piano, comprado +haca tres aos, poco despus de casarse +en segundas nupcias D. Pedro.</p> + +<p>El gabinete, tambin de gran tamao, con un +balcn a la calle de Santa Luca y dos al jardn, +estaba peor decorado an. Grandes cortinones +de damasco, dos armarios de roble sin espejo, un +sof forrado de seda, algunos sillones de vaqueta, +una mesa redonda en el centro y algunas sillas +correspondientes al sof; todo bien manoseado y +marchito. En torno de la mesa central, y alumbrados +por enorme quinqu de aceite con pantalla +verde, estaban tres caballeros jugando al +tresillo. El dueo de la casa era uno de ellos. +Tendra de cuarenta y seis a cuarenta y ocho +aos de edad; haca tres que estaba enteramente +imposibilitado para moverse, de resultas de un +ataque apopltico que le paraliz las dos piernas. +Era corpulento, rostro moreno y facciones bien +acentuadas, enrgicas; el cabello y la barba, blanqueando +ya por muchos puntos, fuertes, abundantes, +encrespados; los ojos negros y hundidos +de mirar imponente. En su fisonoma haba una +expresin de orgullo y fiereza que ni aun la sonrisa +amistosa con que acogi al conde de Ons +pudo extinguir por completo. Estaba reclinado +ms que sentado en una butaca construida adrede +para facilitarle el movimiento del tronco +y los brazos, y arrimada a la mesa de lado a fin +de que le fuese posible jugar y tener las piernas +extendidas. Aunque en la chimenea ardan algunos +troncos de lea, se abrigaba con una talma +de color gris cerrada al cuello con broche de oro. +Bordada sobre ella, del lado del corazn, haba +una gran cruz roja de la orden de Calatrava. El +seor de Quiones prescinda pocas veces de +esta talma, que le daba aspecto un poco fantstico +y teatral.</p> + +<p>Siempre haba sido extravagante en el vestir. +Su orgullo le impulsaba a buscar el modo de distinguirse +del vulgo. En varias ocasiones se le vio +de levita cerrada, sombrero de copa y almadreas: +gastaba larga melena, como un caballero del +siglo diez y siete; vesta amenudo traje de terciopelo +o pana con botas de montar; usaba botines +cuando ya nadie se acordaba de ellos, y grandes +cuellos de camisa vueltos sobre el chaleco, imitando +la antigua valona. Nunca se vio hombre +ms preciado de su nobleza ni con ms afn de +resucitar el prestigio y los privilegios de que +aqulla gozaba en siglos pasados. El pblico +murmuraba de sus extravagancias y muchos se +rean de ellas, porque Lancia es una poblacin +donde abundan los espritus humorsticos; pero, +como siempre acontece, este orgullo desmedido +y feroz haba concluido por imponerse. Los que +con ms gracia se burlaban de las rarezas de don +Pedro eran los que con mayor sumisin y rendimiento +le quitaban el sombrero as que le vean +de media legua.</p> + +<p>Haba vivido en la corte algn tiempo durante +sus aos juveniles, pero no ech races en +ella. Fue gentilhombre con ejercicio y disfrut +de las ventajas y preeminencias que su caudal y +nacimiento le concedan; pero no bastaban a saciar +aquel corazn henchido de arrogancia. La +extraa amalgama de la aristocracia de la sangre +con la del dinero le hera y le irritaba. El respeto +que se conceda a los hombres polticos y +que l mismo se vea obligado a tributar por razn +de su cargo le encenda de ira. Un hijo de +la nada, un pelagatos pasar por delante de l +con la cabeza erguida, dirigindole una mirada +indiferente o desdeosa! A l, descendiente directo +de los condes soberanos de Castilla! Por +no sufrirlo y por el amor que profesaba a Lancia +renunci al empleo y vino a habitar de nuevo +el churrigueresco palacio en que nos hallamos. +La soberbia, o por ventura su carcter excntrico, +le hicieron cometer, en este perodo de +su vida de mayorazgo soltern, mil extravagancias +y ridiculeces que asombraron y fueron el regocijo +de la ciudad mientras no lleg a acostumbrarse. +D. Pedro no sala jams a la calle +sin ir acompaado de un su criado o mayordomo, +hombre zafio, que vesta el traje del labriego del +pas, esto es, calzn corto con medias de lana, +chaqueta de bayeta verde y ancho sombrero calas. +Y no slo sala con Mann (por este nombre +era universalmente conocido), sino que le +llevaba al teatro. Era de ver los dos en un palco +principal; l, rgido, correcto, paseando su mirada +distrada por la sala; el criado, con las palmas +de las manos apoyadas en la barandilla y la +barba sobre las manos con la atnita mirada clavada +en el escenario, soltando brbaras, ruidosas +carcajadas, rascndose el cogote o bostezando +a gritos enmedio del silencio. Entraba con l +en los cafs y hasta le llevaba a los bailes. Mann +lleg a ser en poco tiempo una institucin. +D. Pedro, que apenas se dignaba hablar con las +personas ms acaudaladas de Lancia, sostena +pltica tirada con l y admita que le contradijese +en la forma ruda y grosera de que era capaz +nicamente.</p> + +<p>—Mann, hombre, repara que ests molestando +a esas seoras—le deca a lo mejor hallndose +ambos en cualquier tienda.</p> + +<p>—Bueno, bueno; pues si quieren estar a gusto, +que traigan de casa un jergn y se acuesten—responda +el brbaro en voz alta.</p> + +<p>D. Pedro se morda los labios para no soltar +el trapo, porque le hacan extremada gracia tales +groseras y brutalidades.</p> + +<p>Si entraba en un caf, Mann se atracaba de +cuarterones de vino tinto mientras l sola beber +con parquedad una copita de moscatel. Pero +siempre peda una botella y la pagaba, aunque +la dejase casi llena. Mostrando por esta prodigalidad +cierta extraeza un boticario de la poblacin +con quien alguna vez se dignaba hablar, le +respondi con fra arrogancia:</p> + +<p>—Pago una botella, porque me parece indecoroso +que D. Pedro Quiones de Len pida una +copa como cualquier c...tintas de las oficinas del +gobierno poltico.</p> + +<p>Causaba asombro tambin en la ciudad el que +al saludar a los clrigos en la calle les besase la +mano, imitando la costumbre de los nobles en +otros siglos. Este respeto no era ms que un medio +de distinguirse y acreditar su alta jerarqua, +como todo lo dems. Porque al capelln que tena +a su servicio, aunque le besaba la mano en +pblico, le trataba como a un domstico en privado. +Le guardaba muchas menos consideraciones +que a Mann. Pero lo que verdaderamente +dej estupefacta a la poblacin y se prest a sin +nmero de comentarios y chufletas fue lo que +D. Pedro hizo, poco despus de llegar de Madrid, +en cierta solemnidad religiosa. Se present en la +iglesia con uniforme blanco cuajado de cordones +y entorchados, que deba de ser el de maestrante +de Ronda. Al llegar el momento de la consagracin +en la misa, avanz con paso solemne +hasta el medio del templo, que se hallaba libre +de gente, desenvain la espada y comenz a esgrimirla +sucesivamente contra los cuatro puntos +cardinales, dando furiosas estocadas y mandobles +al aire. Las mujeres se asustaron, los +chiquillos corrieron, la mayor parte de los +hombres pens que era un acceso de locura. +Slo los ms avisados o eruditos entendieron que +se trataba de una ceremonia simblica y que +aquellos mandobles al aire significaban que don +Pedro estaba resuelto, como caballero profeso +que era de una orden militar, a batirse con todos +los enemigos de la fe, en cualquier paraje del +mundo. El nico periodiquito que se publicaba +entonces en Lancia todos los domingos (hoy +existen once, seis diarios y cinco semanales) le +dedic una gacetilla en que, con no poca gracia, +se burlaba de l. Sin embargo, tales burlas pblicas +o privadas, como ya se ha indicado, no +conseguan amenguar el prestigio de que el ilustre +prcer gozaba en la ciudad. Quien se considera +de buena fe superior a los seres que le rodean, +tiene mucho adelantado para que stos se +le humillen. Adems, D. Pedro, apesar de sus +ridiculeces, era hombre culto, aficionado a la +literatura y con pujos de poeta. De vez en cuando, +y con ocasin de cualquier fausta nueva para +la patria o familia real, escriba algunas dcimas +o tercetos en estilo clsico, un poco gongorino. +Aunque algunas personas trataron de persuadirle +a que los publicase, nunca esto se pudo acabar +con l. Profesaba tan sincero desprecio a todo +lo que reflejase el movimiento democrtico de +nuestra era y muy especialmente a los peridicos, +que prefera tenerlos manuscritos, conocidos +solamente de un nmero reducido de amigos. +Pasaba igualmente por hombre valeroso. +En Madrid haba tenido algunos duelos y en Lancia +dej de efectuarse uno entre l y cierto jefe +poltico que los progresistas mandaron a esta +provincia, por la intercesin del obispo y cabildo +catedral.</p> + +<p>Al llegar a los cuarenta aos, poco ms o menos, +cas con una seora aristcrata tambin, +que habitaba en Sarri. Muri su esposa al ao, +a consecuencia del parto. Tres aos despus +contrajo de nuevo matrimonio con Amalia, dama +valenciana algo emparentada con l. Apenas se +conocan. D. Pedro la haba visto en Valencia +cuando ella contaba catorce aos. El matrimonio +que se realiz diez aos despus pactose por +medio de cartas, previo el cambio de retratos. +Se daba por seguro que la voluntad de la novia +haba sido forzada, y aun se deca que durante +algunos meses se haba negado a compartir el +tlamo con su marido. Todava ms. Se contaba +en Lancia con gran lujo de pormenores el +viaje que por consejo de un cannigo hizo don +Pedro con su esposa para inspirarla confianza y +acortar, entre las peripecias del camino y la descomodidad +de las posadas, la distancia moral y +material que los separaba. Cumplidas las profecas +del astuto capitular y realizados todos los +fines del matrimonio, el cielo no quiso sin embargo +bendecirlo. Poco tiempo despus D. Pedro +experiment el terrible ataque apopltico +que le paraliz de medio cuerpo abajo, y desde +entonces no hubo trminos hbiles para la bendicin, +aunque la Providencia estuviese animada +de los mejores deseos.</p> + +<p>—Nos hace falta un cuarto—dijo apretando +con efusin la mano del conde.</p> + +<p>—S, s, a ver si cambia la suerte... Moro nos +est llevando el dinero bravamente—dijo un viejecito +de cara redonda, fresca, rasurada, el pelo +blanco y los ojos claros y tiernos. Tena marcado +acento gallego. Se llamaba Saleta y era magistrado +de la audiencia y tertulio asiduo de la +casa de Quiones.</p> + +<p>—No tanto, Sr. Saleta, no tanto! Slo gano +doscientos tantos. Faltan trescientos para desquitarme +de lo que he perdido ayer—manifest +el aludido, que era un joven de fisonoma abierta +y simptica.</p> + +<p>—Y por qu no han llamado ustedes a Mann?—pregunt +el conde dirigiendo una mirada +risuea al clebre mayordomo, que, con su calzn +corto, zapatos claveteados y chaqueta de bayeta +verde, dormitaba en una butaca.</p> + +<p>Las miradas de los tres se volvieron hacia l.</p> + +<p>—Porque Mann es un bruto que no sabe jugar +ms que a la <i>brisca</i>—dijo D. Pedro riendo.</p> + +<p>—Y al <i>tute</i>—manifest el gan, desperezndose +groseramente, abriendo una boca de a +cuarta.</p> + +<p>—Bueno, y al tute.</p> + +<p>—Y al <i>monte</i>.</p> + +<p>—Bien, hombre, y al monte tambin.</p> + +<p>Y se pusieron a jugar sin hacer ms caso de l.</p> + +<p>Pero al cabo de un momento volvi a decir:</p> + +<p>—Y al <i>parar</i>.</p> + +<p>—Al parar tambin?—pregunt en tono de +burla el conde de Ons.</p> + +<p>—S, seor, y a las <i>siete y media</i>.</p> + +<p>—Vaya! vaya!—exclam aqul distradamente, +abriendo el abanico de cartas y examinndolo +atentamente.</p> + +<p>Y siguieron jugando con empeo, absortos y +silenciosos. El mayordomo les interrumpi de +nuevo, diciendo:</p> + +<p>—Y al <i>julepe</i>.</p> + +<p>—Bueno, Mann, cllate!... No seas majadero—exclam +speramente D. Pedro.</p> + +<p>—Manjadero! manjadero!—mascull el aldeano +con mal humor.—Otros hay tan manjaderos; +pero como tienen dinero no hay quien se +lo llame.</p> + +<p>Y dej caer de nuevo sus formidables espaldas +en el silln, estir las patas y cerr los ojos +para roncar.</p> + +<p>Los jugadores levantaron la vista hacia don +Pedro con sorpresa e inquietud. Este la clav +colrica en su mayordomo; pero, al verle en +aquella tan sosegada postura, cambi repentinamente, +y alzando los hombros y convirtiendo de +nuevo los ojos a las cartas, exclam con sonrisa, +alegre:</p> + +<p>—Qu brbaro! Es un verdadero suevo!</p> + +<p>—Alto, Sr. Quiones, alto!—dijo Saleta.—Los +suevos han acampado solamente en Galicia. +Ustedes no son ms que cntabros... Precisamente +yo debo saber bien eso...</p> + +<p>—Claro! Uzt ze lo zabe too!—manifest un +caballero no tan viejo, si bien pasara de los cincuenta, +que entraba a la sazn. D. Enrique Valero, +magistrado de la Audiencia tambin, hombre +de agradable porte, de rostro fino y expresivo, +aunque extremadamente marchito por la +vida alegre que haba llevado. Como lo denunciaba +su acento, de lo ms cerrado y ceceoso +que puede orse, era andaluz y de la provincia +de Mlaga.</p> + +<p>—No lo s todo, amigo Valero—repuso con +calma Saleta;—pero conozco perfectamente la +historia de mi pas y las particularidades referentes +a mi familia.</p> + +<p>—Y qu tiene que ver zu familia con ezo de +lo zuevo, compaero?</p> + +<p>—Porque mi familia desciende de uno de los +caudillos ms principales que penetraron en la +provincia de Pontevedra cuando la irrupcin, +segn consta de varios documentos que se conservan +en el archivo de mi casa.</p> + +<p>Los jugadores cambiaron una risuea mirada +de inteligencia con Valero.</p> + +<p>—Aj!—exclam ste entre alegre e irritado.—Ahora +rezulta que el amigo Zaleta ez un +zuevo como una catedral.—Quin lo haba de +penz, tan rebajuelo y tan chiquitn!</p> + +<p>—S, seor—prosigui el otro, como si no +hubiera odo, hablando con lentitud y firmeza.—El +caudillo que dio origen a nuestra familia +se llamaba Rechila. Era hombre al parecer +feroz y sanguinario. Gran conquistador; extendi +sus dominios muchsimo, y hasta me parece +que lleg en sus correras hasta Extremadura. +Un da, siendo yo nio, se encontr su corona +enterrada entre los cimientos de la antigua +capilla de nuestra casa...</p> + +<p>—Pero, hombre! pero, hombre!—exclam +Valero mirndole fijamente con una cmica indignacin +que hizo soltar la carcajada a los +dems.</p> + +<p>Saleta prosigui imperturbable describiendo +el hallazgo, la forma, el peso, cada uno de los +adornos; no se le olvid un pormenor.</p> + +<p>Y Valero mientras tanto no apartaba de l la +mirada, sacudiendo la cabeza con creciente irritacin.</p> + +<p>Todas las noches pasaba lo mismo. El descarado +mentir de su colega provocaba en el magistrado +andaluz una indignacin a veces fingida, +otras real, que siempre alegraba a la compaa. +Era tan inslito que un gallego se atreviese a +bravear de exagerado y embustero delante de un +andaluz, que ste, herido en su amor propio y en +los fueros de su pas, llegaba en ocasiones a enfadarse, +dudando si Saleta era un tonto o por tales +tena a los que le escuchaban. En realidad el +magistrado de Pontevedra menta con tan poca +gracia y al mismo tiempo con tal firmeza, que +era cosa de pensar si sera un pcaro redomado +que se gozaba en impacientar a sus amigos.</p> + +<p>—Ha dicho uzt que eze antepazao zuyo ha +llegao a Eztremadura?—pregunt al fin Valero +en tono decidido.</p> + +<p>—S, seor.</p> + +<p>—Pue me parece, compare, que ezt uzt +equivocao, porque eze ze Renchila...</p> + +<p>—Rechila.</p> + +<p>—Bueno, eze Rechila ha ido mz all, ha corro +hazta la provincia de Mlaga; pero all le +zalo al encuentro una parta de vndalos de la +cual era jefe uno de miz azcendiente, que ze llamaba +zi mal no recuerdo... ezpere un poco... +ze llamaba Matalaoza. Pue bien, ezte Matalaoza, +que era un to mu bragao y mu soso, le derrot +completamente, le hizo prizionero y le tuvo tirando +de una noria hazta que ze muri. Todava +ze conzervan en lo ztano de caza alguno +peazo de la maquinita.</p> + +<p>D. Pedro, Jaime Moro y el conde de Ons haban +suspendido el juego y rean sin rebozo alguno.</p> + +<p>—No puede ser. Rechila no ha pasado de Mrida, +que ha conquistado despus de un corto +asedio—manifest Saleta sin turbarse poco ni +mucho.</p> + +<p>—Dispenze uzt, amigo; en el archivo de mi +caza hay documentoz que acreditan que el ze +Renchila ha entrao una mijita por la provincia +e Mlaga, y que el ze Matalaoza, mi abuelo, +por la lnea de madre, ni pa Dioz quizo deharle +segu ma adelante.</p> + +<p>—Permtame usted, amigo Valero; me parece +que est usted en un error. Ese Rechila debe de +ser otro. Entre los suevos ha habido varios Rechilas...</p> + +<p>—No ze, no... El Rechila que ha derrotao +mi abuelo era el antepazao de uzt... Eztoy zeguro... +De la provincia de Pontevedra... Ze le +conoca enzeguidita por el acento.</p> + +<p>Y afectaba gran seriedad al proferir estas frases. +La alegra de los jugadores era cada vez mayor. +Saleta, acostumbrado a las burlas de su +colega, no se amoscaba ni perda un punto de su +irritante flema. La desvergenza de este hombre +para mentir y sostener luego sus mentiras era +inaudita.</p> + +<p>Cuando vio la inutilidad de seguir disputando, +atendi nuevamente al juego. Los dems hicieron +lo mismo, aunque de vez en cuando se les escapaba +por la nariz el flujo de la risa.</p> + +<p>Jaime Moro segua ganando. Y se mostraba +alegre y charlatn, comentando cada una de las +jugadas con prolijidad. Era un guapo joven de +barba negra recortada, facciones correctas, ojos +rasgados sin expresin y tez suave y sonrosada. +Su padre, administrador diocesano que haba sido +en aquella provincia, se muri el ao anterior, dejndole +una regular hacienda, setenta u ochenta +mil duros, segn los bien enterados. Este capital +en Lancia le haca un verdadero potentado. No +hay para qu decir que fue el blanco de todos los +tiros de las nias casaderas, su ideal, su sueo +dorado. Moro pareca poco inclinado al sexo femenino. +Amaba infinitamente ms a Mercurio +que a Venus. Su aficin al juego, a toda clase +de juegos, era tan desmedida que bien poda decirse +que su vida entera estaba consagrada a +ella, que haba nacido para jugar. Viva solo, con +ama de llaves, criado y cocinera. Levantbase +de diez a once de la maana, y despus de acicalarse +se iba a la confitera de D. Romana, +donde hallaba sabrosa compaa que le enteraba +de todos los cuentos que corran por la poblacin. +As que echaba a un lado esta tarea metase +en la trastienda oscura, grasienta, pringosa, +con un olor a hojaldre que derribaba, y +sentndose a una mesa que corresponda en un +todo al decorado del recinto, se pona a jugar la +copa de Jerez y los pasteles al domin con su +ntimo amigo D. Baltasar Reinoso, uno de los +muchos propietarios de cuatro o cinco mil pesetas +de renta que residan en Lancia. A las dos a comer. +A las tres al Crculo Mercantil a comenzar +con tres de los indianos, que formaban el ncleo +de aquella sociedad de recreo, el clsico chap, +que se prolongaba ordinariamente hasta las cinco. +Y vamos corriendo a casa del muy ilustre seor +den de la catedral baslica, donde nos espera +este seor en compaa del maestrescuela y del +cura de San Rafael para ventilar el tresillo cotidiano. +Cuando el chap se prolongaba algo ms de +lo acostumbrado, sola venir un monaguillo al +Crculo para avisarle de que sus compaeros estaban +reunidos. Y entonces Moro se apresuraba a +dar los tres o cuatro tacazos definitivos, y entre +uno y otro se haca poner el abrigo por el mozo +para no perder tiempo, y pagando o cobrando con +mano nerviosa el saldo de su cuenta, corra desalado +con la lengua fuera hasta casa del den. El +tresillo de ste duraba hasta las ocho. A casa a +cenar. A las nueve, escapado a la de D. Pedro +Quiones, a empalmarlo. Otras noches a la de +D. Juan Estrada-Rosa a lo mismo. A las doce al +Casino, donde se reunan unos cuantos trasnochadores +y jugaban al monte o la lotera un rato. +Por ltimo, a las dos o las tres de la madrugada +Jaime Moro caa en su lecho rendido de tan laboriossima +jornada, para comenzar al da siguiente +otra enteramente igual.</p> + +<p>Ni se piense que era un joven codicioso. Nada +de eso. Su liberalidad era conocida y loada por +toda la ciudad. No le arrastraba a jugar el ansia +del dinero, sino una decidida y desinteresada +vocacin que se haba sobrepuesto en l a todas +las dems aficiones. Era el suyo un temperamento +excesivamente activo, sin inteligencia ni +voluntad para darle un fin serio y til. En sus +cortos momentos de ocio apareca como hombre +sosegado, indiferente, linftico; pero as que tena +las cartas en la mano, o el taco, o las fichas +del domin, adquira su figura bro inusitado, +el rostro se le mudaba, las manos se estremecan +como potros refrenados, los ojos expresaban la +energa recndita de su alma. Inspiraba generales +simpatas en la poblacin y las cercanas. No +haba hombre ms dulce, ms inofensivo en su +trato. Jams se le oy hablar mal de nadie. Los +que ven siempre la parte negra de las cosas de +este mundo y el lado flaco de los caracteres, que +van siendo cada vez ms, por desgracia, sostenan +que si no murmuraba era porque no saba, +que era tan bueno porque no poda ser otra cosa. +Como si no hubiera necios perversos! Un defecto +tena Moro, hijo de su misma aficin. Se +consideraba insuperable en todos los juegos a +que se dedicaba. No se le poda negar gran maestra +en ellos; pero de aqu a no tener rival hay +mucha distancia, y Moro la salvaba. De esto +procedan los prolijos, eternos comentarios con +que sazonaba cada jugada, y que ya haban llegado +a ser proverbiales en Lancia. Daba un tacazo +en el billar. Las bolas no rodaban como se +haba propuesto. Se llevaba la mano a la cabeza +con desesperacin.</p> + +<p>—Un poquito menos de bola, y la ma hubiera +entrado por los palos!... Pero me vea obligado +a tomar mucha bola, para que el mingo +bajase; porque si no baja el mingo, sabe usted? +l me hace villa y se mete en casa... Y a m no +me conviene eso!</p> + +<p>Si los circunstantes asentan, aunque perdiese +todas las mesas no le importaba nada. Salvada +su honra profesional, el dinero era lo de menos. +Vuelta a dar otro tacazo, y vuelta a comentarlo. +No cesaba de hablar. Pues otro tanto pasaba en +el tresillo; pero, al revs de lo que suele acaecer +en este juego, se abstena de reprender a sus +compaeros y de mostrarse enojado. Hablaba, +s, y mucho; pero siempre para aclarar o glosar +cualquier jugada, repitiendo infinitamente los +conceptos en tono elocuente y persuasivo, que +haca sonrer a los mirones. Si no me hubiera +fallado el rey... Si hubiera tenido un triunfito +ms... No me atrev a dar la bola porque me +figur que D. Pedro... Por qu este tres de copas +no haba de ser de oros?... Con dos estuches +siempre ha tirado una vuelta este cura. Era un +compaero ruidoso, pero muy fino y muy desinteresado.</p> + +<p>—Oiga uzt, no va uzt a jugar?—le dijo Valero, +metiendo la cabeza por entre los jugadores +y examinndole las cartas.</p> + +<p>—Cree usted que se puede?—pregunt Moro +vacilante.</p> + +<p>—A m me parece que z.</p> + +<p>—Hay poco de esto y demasiado de esto otro—repuso, +sealando discretamente con el dedo +los naipes.</p> + +<p>—Zin embargo, zin embargo... yo creo...</p> + +<p>—Bueno, bueno, jugaremos—replic Moro +con su finura acostumbrada.</p> + +<p>Aquel juego se perdi. Moro dirigi una mirada +a sus compaeros y alz los hombros con +resignacin. En cuanto Valero se apart un poco, +apresurose a decir por lo bajo:</p> + +<p>—No quise contrariar a D. Enrique; pero +aquel juego no se poda ganar.</p> + +<p>Vindicada con estas palabras su fama, qued +tan alegre como si les hubiera dado una bola.</p> + +<p>El conde de Ons, que en un principio se haba +mostrado jaranero, fue quedando poco a poco +pensativo y amurriado. Jugaba sin atencin alguna; +de tal modo que sus compaeros le llamaron +al orden ms de una vez.</p> + +<p>—Pero, conde, qu es lo que tiene usted hoy? +Le veo muy preocupado—dijo al fin D. Pedro.</p> + +<p>—En efecto, ze noz ha puezto uzt mu triztn—corrobor +Valero.</p> + +<p>Vindose interpelado de este modo brusco, se +turb como si temiera que el casco de su cerebro +fuese trasparente y leyesen dentro.</p> + +<p>—No tiene nada de particular... Me siento +bastante molesto de las muelas—respondi, apelando +a un inocentsimo recurso.</p> + +<p>—Mala enfermed e, compaero—dijo Valero.</p> + +<p>Y todos le compadecieron y se informaron con +inters de las particularidades de la dolencia.</p> + +<p>El conde se vea apurado y contestaba vagamente +a las preguntas.</p> + +<p>—Pues contra ese mal, seor conde—apunt +Saleta,—no hay mejor medicina que el hierro. +Ver usted... Yo he padecido muchsimo de las +muelas siendo estudiante. No me atreva a sacar +ninguna; pero la patrona que tena en Santiago +me convenci de que, atando un bramante +a la muela y sujetndolo por el otro cabo al techo, +poco a poco iba saliendo sin dolor. Me sent +en una silla, sabe usted? y cuando ya la muela +estaba bien amarrada, la huspeda tira de la +silla y me deja colgando. Claro, no tena ms +remedio que saltar!...</p> + +<p>Valero comenz a sacudir la cabeza de un +modo desesperado. Los dems le miran y sonren. +Saleta no lo advierte, o finge no advertirlo, +y contina con la palabra firme y sosegada y el +acento gallego que le caracterizaban:</p> + +<p>—Despus perd enteramente el miedo. En la +Corua me sac un dentista cinco seguidas. +Siendo juez en Allariz, tuve un fuerte dolor, +y como no haba dentista, el promotor me sac +tres con unas tenacillas de rizar el pelo su seora. +De resultas de eso me atac una inflamacin +terrible en la boca, sabe usted? Fui a Madrid, +y Ludovisi, el dentista de la reina, me quem +las encas con un hierro candente y me sac +siete buenas...</p> + +<p>—Van quince—murmur Valero.</p> + +<p>—Y me qued perfectamente, hasta que hace +cuatro aos, en un pueblecillo de la provincia de +Burgos, estando de temporada en casa de un +amigo, me volvi el dolor, qu dolor! No haba +ni mdico, ni cirujano, ni nada. Pero lleg casualmente +por all un charlatn que sacaba las +muelas montado a caballo. Me vi tan apurado, +que no tuve ms remedio que apelar a l; me +sac dos con el rabo de una cuchara.</p> + +<p>—Compaero, qu rozario!—exclam Valero +en el colmo de la indignacin.—Le quea a uzt +todava algn novenario en la boca?</p> + +<p>Con la algazara que se arm despertose Mann, +desperezose brbaramente, abri una bocaza +de media vara, dejando escapar un aullido +formidable, que impresion al auditorio. Luego +volvi el ciclpeo torso de medio lado y se dispuso +a empalmar el sueo.</p> + +<p>—A t no te habrn dolido nunca las muelas, +eh, Mann?—pregunt el maestrante, que no +poda estar un cuarto de hora sin comunicarse +con su mayordomo.</p> + +<p>—Qui!—exclam el gan sin abrir los ojos +siquiera.</p> + +<p>—Es una roca!—manifest el caballero con +verdadero entusiasmo.</p> + +<p>Pero Mann se incorpor un poco en la +butaca y dijo restregndose los ojos con los +puos:</p> + +<p>—Nunca tuve ms que un dolor en la paletilla. +Me dio cargando un carro de hierba y me +dur ms de un mes. No probaba bocado. Pareca +que tena all dentro una gafura que me iba +royendo el cuajo. Se me quebraban las costillas, +se me hundan los costados, me tiraba a las paredes, +daba corcovos y regaaba los dientes como +un basilisco. Estaba tan amarillo como la paja +segada. Un da me dijo el seor cura:—Mann, +t careces del pecho.—Yo carecer del pecho, +seor cura! No me conoce usted bien! Apalpe +aqu por su vida; ms recia tengo la entraa +de lo que usted piensa.—Pues no hay ms remedi, +Mann, tienes que llamar al mlico.—Que +no, seor cura, que no quiero yerbatos ni cataplasmas.—Que +s, Mann, si no lo llamas t lo +llamo yo.—En fin, despus de mucho gravitar, +aunque yo tiraba siempre pa atrs, all vino don +Rafael, el mlico de las minas. Me mand quitar +hasta la camisa y me tumb de espaldas sobre +la masera. Enseguida comienza a darme +unos golpecicos en el pecho con los nudillos, +como quien llama a la puerta. Pega aqu, pega +all, y ascucha que ascuchars con la oreja arrimada +a la carne. Na! Yo deca:—Gravita, +gravita, probiqun! Busca el puzcalabre! Ms +de media hora llamando con los nudillos y ascuchando. +Hasta que al fin se cans de no or na +que le emportase...—Ay, amigo del alma!—me +dijo santigundose,—tienes un pecho lquido! +lquido! que en mi vida he visto otro igual...—Eso +ya lo saba yo, D. Rafael...</p> + +<p>Al llegar aqu se detuvo repentinamente, y +paseando una torva mirada por el auditorio, +mascull sin que le oyesen:</p> + +<p>—De qu se reirn estos burros?</p> + +<p>Y dejando caer de nuevo la cabeza poblada +de greas sobre la butaca, cerr los ojos con soberano +desprecio.</p> + +<p>Los tertulios del maestrante volvieron su atencin +al juego, sin dejar de rer. Pero el conde +qued muy pronto pensativo y distrado otra vez. +Al cabo, no pudiendo reprimir el desasosiego de +sus nervios, levantose de la silla.</p> + +<p>—Vamos, D. Enrique, ocupe usted mi puesto. +Este dolor me molesta mucho y necesito moverme.</p> + + + +<hr /> +<h3><a name="II" id="II"></a>II</h3> + +<p class="cab">El hallazgo.</p> + + +<p>Cuando el conde puso de nuevo el pie +en la sala, justamente se disponan +los pollos a bailar un rigodn. Una +de las chicas del <i>Jubilado</i> estaba ya delante +del piano. D. Cristbal Mateo, a quien apodaban +de este modo en el pueblo, era un antiguo +empleado que haba servido muchos aos +en Filipinas, y que estaba jubilado haca ya algunos, +con treinta mil reales. Tena porte militar, +una figura realmente marcial con sus bigotazos +blancos, ojos saltones, cejas espesas y velludas +manos. Sin embargo, en todos los dominios +espaoles no exista hombre ms civil. +Haba hecho su carrera en las oficinas de Hacienda, +y toda la vida haba profesado ideas contrarias +al predominio de la milicia. Sostuvo siempre +que las sanguijuelas del Estado no eran ellos, +los empleados, sino el ejrcito y la marina. Para +demostrarlo aduca datos, exhiba notas sacadas +del presupuesto, se perda en divagaciones burocrticas. +Deca que el presupuesto de guerra +era la sangra suelta por donde se escapaban las +fuerzas vivas de la nacin, frasecilla que haba +ledo en el <i>Boletn de Contribuciones Indirectas</i>, y +que haba hecho suya con extremada fruicin. +Llamaba vagos a los soldados y profesaba rencor +inextinguible a los galones y charreteras. +Cuando el ayuntamiento de Lancia trat de pedir +al Gobierno que enviase un regimiento para +guarnecer la ciudad, se opuso, como concejal, +tenaz y enrgicamente a ello. A qu traer una +caterva de znganos? En cambio de los beneficios +que la estancia del regimiento podra reportar, +eran tantos los daos! El mercado se encarecera: +los jefes y oficiales gustaban de tratarse +bien y llevarse a casa los alimentos ms +caros (para el trabajo que les costaba ganarlo!). +Luego eran todos jugadores y su mal ejemplo +contagiara a los jvenes de la poblacin, que +fuera de la poca de ferias, se abstenan de los +juegos prohibidos. Como estaban siempre ociosos +(D. Cristbal crea firmemente que un militar +no tiene absolutamente nada que hacer), por +fuerza haban de pensar en picardas y ruindades. +En resumen, que el regimiento sera causa +de perturbacin en el pueblo y un elemento corruptor. +Prevaleci su deseo, aunque no por +serlo de l, sino porque al ministro de la Guerra +no le plug mandar soldados a Lancia, considerando +quiz la condicin mansa de sus habitantes.</p> + +<p>Con los treinta mil reales de pensin vivira +desahogadamente en un pueblo barato como +aqul, si no fuese porque sus hijas estaban dotadas +de cierta fantasa potica que las impulsaba +a preferir los sombreros de Madrid a los +que haca Rita, la sombrerera de la calle de San +Joaqun, y los guantes de ocho botones a los de +cuatro. Tal privilegiado temperamento era causa +de frecuentes crisis en el hogar del Jubilado, +con su cortejo de lgrimas, violentos portazos, +repentina desgana de comer, etc. En estos terribles +conflictos, hay que confesar que D. Cristbal +no siempre se mantena a la altura de +energa y coraje que denotaban sus bigotes y +sus cejas enmaraadas. Verdad que siempre +quedaba solo en la pelea. Ni por casualidad se +dio el caso de que alguna de sus hijas le apoyase. +Tratndose de asuntos ajenos a la direccin +rentstica de la casa, muchas veces se partan +las opiniones; algunas hijas se ponan de +parte de pap contra sus hermanas. Mas en +cuanto asomaba el problema econmico, constantemente +se vea al Jubilado de un lado y a las +cuatro hijas de otro. D. Cristbal, como caudillo +experimentado, apelaba en estas refriegas a mil +ardides para derrotar a sus contrarios, o para +capitular en buenas condiciones. Un da amanecan +las chicas inspiradas, y pedan botinas +de tafilete semejantes a las que haban visto a +tal o cual muchacha de la ciudad, generalmente +a Fernanda Estrada-Rosa. D. Cristbal se replegaba +inmediatamente en s mismo. Se replegaba +y meditaba. Por la noche, a la hora de cenar, +deslizaba en la conversacin la noticia de +que haba estado en <i>La Innovadora</i> (zapatera de +lujo). Le haban dicho que las botas de tafilete +daban muy mal resultado en Lancia, a causa de +la humedad. Por otra parte, D. Nicanor (mdico +de la ciudad), que por casualidad estaba all, +haba manifestado que el tafilete era funesto en +climas tan fros y lluviosos, y que por los +pies se pillaban muchsimas veces los catarros +que ms tarde degeneraban en tisis galopantes, +etc. Antes, mucho antes de que Mateo +terminase su diatriba contra el tafilete, se la +destripaban sus cuatro pimpollos con risas irnicas +y pesadsimas palabras que dejaban confundido +y triste al pobre viejo. En otras ocasiones, +la imaginacin acalorada de las nias exiga +que vinieran de Madrid unos abrigos muy +lindos, de los cuales les haba dado noticia +Amalia: D. Cristbal resista algn tiempo los +asaltos, pero vindose muy apretado, capitulaba +al fin. Su mente, fecunda en trazas, como la de +Ulises, le sugera una magnfica para ahorrarse +la mitad del dinero por lo menos. Se fue a Amalia +y le rog que le diese su abrigo por dos o +tres das, a fin de que una de las modistas del +pueblo le hiciese otros cuatro iguales. Exigiole, +por supuesto, absoluto secreto, y la seora +de Quiones supo guardarlo. Pero ay! no lo +guardaron los fementidos abrigos, que al llegar +muy empaquetaditos de la silla de posta, y al +ofrecerse a las miradas ansiosas y zahores de +sus cuatro dueos, lo pregonaron muy alto, por +lo pobre de la ornamentacin y lo chapucero del +cosido.</p> + +<p>—Estos abrigos no estn hechos en Madrid—dijo +resueltamente Micaela, que era la ms nerviosa +de las cuatro.</p> + +<p>—Hija, no desbarres, por Dios! Pues dnde +haban de estar?—exclama D. Cristbal con +afectada sorpresa, sintiendo cierto calorcillo en +las mejillas.</p> + +<p>—No s; pero desde luego se puede asegurar +que no los han hecho en Madrid.</p> + +<p>Y las cuatro ninfas comienzan a dar vueltas +entre sus ebrneos dedos a los abrigos, los estudian, +los analizan con atento cuidado que +pone en suspensin y espanto a su progenitor. +Se dirigen miradas significativas, sonren con +desprecio, se hablan al odo. Mientras tanto, los +feroces bigotes del jubilado de Ultramar se erizan, +se estremecen con leve temblor que se comunica +a sus labios y de ah al resto del organismo.</p> + +<p>Por fin, aquellas elegantes criaturas sueltan +las prendas con descuido escarnecedor sobre las +sillas de la sala y corren a encerrarse en el gabinete +de Jovita. Cerca de media hora estuvieron +deliberando secretamente. D. Cristbal +aguardaba inquieto y ojeroso, paseando con agitacin +por el corredor como un procesado que +espera el veredicto del jurado.</p> + +<p>brese finalmente la puerta, y el criminal escruta +con ansia el semblante de los jueces. stos +guardan actitud reservada, y por sus labios +descoloridos vaga una sonrisa enigmtica. Dos +de ellas se ponen inmediatamente la mantilla y +los guantes y se lanzan a la calle. Al cabo de un +rato tornan al hogar trmulas, con la faz descompuesta +y los ojos centellantes. La pluma se +resiste a narrar la cruel escena que se produjo +en la dulce morada del Jubilado. Cunto grito +rabioso! cunto sarcasmo! cunta carcajada +histrica! qu manoteo! qu crujir de sillas! +qu exclamaciones tan lamentables! Y enmedio +de aquel espantoso desorden, de aquel fragor, +capaz de infundir pavura en el corazn ms +sereno, los cuatro abrigos, causa de tal carnicera, +desgarrados, convertidos en miserables jirones, +arrastrndose con ignominia por el suelo +en pago de su delito.</p> + +<p>Fuera de estos sacudimientos peridicos con +que la sabia naturaleza vigorizaba los nervios +un poco enervados ya del Jubilado, la existencia +de ste se deslizaba pacfica y suave. Ni le faltaban +tampoco muchos y esmerados cuidados. +Sus hijas se ocupaban a porfa en ponerle todo lo +necesario a punto y en su sitio: la ropa acepillada; +las camisas y los calzoncillos oliendo a frescura; +las corbatas, hechas de vestidos viejos, tan +flamantes como si saliesen de la guantera; las +zapatillas en cuanto entraba en casa; el agua +para lavarse los pies, los sbados; el cigarro al +acostarse; el vaso de agua con limn a la madrugada, +etc., etc. Todo marchaba con la regularidad +dulce y mecnica que tanto placer causa +a los viejos. Verdad que entre cuatro bien podan +hacerlo sin molestarse mucho, sobre todo +teniendo presente que las nias no siempre estaban +inspiradas. Slo a la vista de un sombrero +caprichoso, o al recibir la noticia de la llegada +de una compaa dramtica, o al anunciarse que +el Casino dara una reunin de confianza, arda +sbito en sus corazones el fuego sagrado de la +inspiracin, despertbanse sus poderosas facultades +poticas, y en arrebatado vuelo salan de +casa y se lanzaban a la de la modista, a la +guantera, a la perfumera, dejando en todos los +parajes seales de su agitacin y alguna parte +del peculio profecticio. No alindose bien los +arrebatos de la fantasa con la prosa de los pormenores +de la existencia, stos sufran alguna +alteracin. D. Cristbal en aquellos periodos de +crisis echaba menos, con pesadumbre, algunos +retoques. Mas al poco tiempo sosegaban los +espasmos de las pitonisas y las cosas volvan a +su ser y la vida segua el mismo curso ordenado +y tranquilo. El nombre de aqullas, por orden de +edades, era el siguiente: Jovita, Micaela, Socorro +y Emilita. Eran las cuatro, en apariencia, +seres insignificantes, ni hermosas ni feas, ni +graciosas ni desgraciadas, ni muy jvenes ni +viejas, ni tristes ni risueas. Nada haba en +ellas que fijase la atencin. No obstante, en el +seno del hogar el carcter de cada cual se pronunciaba +y adquira relieve. Jovita era sentimental +y reservada; Micaela tena el genio violento; +Socorro era la ms pava, y Emilita la +ms pizpireta.</p> + +<p>Las dos intensas preocupaciones que llenaban +la vida espiritual de D. Cristbal Mateo eran la +reduccin del contingente del ejrcito y el casar +a sus cuatro hijas, o por lo menos a dos. Lo +primero llevaba buen camino: de algn tiempo +atrs venan los polticos ms conspicuos inclinndose +a esa opinin. En cuanto a lo segundo, +nos duele confesar que no tena verosimilitud de +ninguna clase. Ni por sacrificar otras comodidades +a los trapos, ni por exhibirse sin medida +al balcn y en los paseos, ni por asistir a los +saraos de Quiones con una constancia digna +de ser premiada, pudieron lograr hasta la hora +presente los dones preciados de Himeneo. Cuando +algn imprudente tocaba este asunto en visita, +todas ellas decan que mientras viviese su +padre les costara mucha pena el casarse; que +les pareca cruel abandonar a un pobre anciano +que tanto las quera y tanto se sacrificaba por +ellas, etc... Aqu vena un elogio caluroso de +las dotes espirituales de D. Cristbal. Pero ste +se encargaba inocentemente de desmentirlas, +mostrando tales ganas de verse abandonado, un +deseo tan vivo de experimentar aquella crueldad, +que ya era proverbial en Lancia. Como si +no bastasen ellas solas a ponerse en ridculo, +el pobre Mateo las ayudaba eficazmente, metindoselas +por los ojos a todos los jvenes casaderos +de la ciudad.</p> + +<p>Las ponderaciones que el buen padre haca del +carcter, de la habilidad, de la economa y buen +gobierno de sus hijas no tenan fin. As que llegaba +un forastero a Lancia, D. Cristbal no sosegaba +hasta trabar conocimiento con l, y acto +continuo le invitaba a tomar caf en su casa y le +llevaba al teatro a su palco y a merendar al campo +y le acompaaba a ver las reliquias de la catedral +y la torre y el gabinete de historia natural; +todas las curiosidades, en fin, que encerraba +la poblacin. El pblico asista sonriente, +con mirada socarrona a aquel ojeo, que ya se +haba repetido porcin de veces sin resultado. +La nica que logr tener novio durante tres o +cuatro aos fue Jovita. Por eso fue tambin la +que se despe de ms alto. El galn era un +estudiante forastero que la festej mientras segua +los ltimos cursos de la carrera. Terminada +sta, parti a su pueblo y, olvidndose +de sus promesas de matrimonio, lo contrajo con +una paleta rica. Las dems no haban alcanzado +este grado excelso de la jerarqua amorosa. +Inclinaciones vagas, devaneos de quince das, +algn oseo por la calle; nada entre dos platos. +Poco a poco se iba apoderando de ellas el fro +desengao. Aunque no hubiesen perdido la esperanza, +estaban fatigadas. Aquel pensamiento +fijo, nico, que las embargaba haca ya tanto +tiempo, iba convirtindose en un clavo doloroso +en la frente. Pero D. Cristbal ni se renda ni se +le pasaba por la imaginacin el capitular. Crea +siempre a pie juntillas en el marido de sus hijas, +y lo anunciaba con la misma seguridad que los +profetas del Antiguo Testamento la venida del +Mesas.</p> + +<p>—En cuanto se casen mis hijas, en vez de pasar +el verano en Sarri, donde se guardan las +mismas etiquetas que en Lancia, me ir a Rodillero +a respirar aire fresco y a pescar robalizas.—Atiende, +Micaela, no seas tan viva, mujer... +Comprende que a tu marido no le han de gustar +esas genialidades; querr que le contestes con +razones...</p> + +<p>—Mi marido se contentar con lo que le den—responda +la nerviosa nia haciendo un gracioso +mohn de desdn.</p> + +<p>—Y si se enfada?—preguntaba en tono malicioso +Emilita.</p> + +<p>—Tendr dos trabajos: uno el de enfadarse y +otro el de desenfadarse.</p> + +<p>—Y si te anda con el bulto?</p> + +<p>—Se guardar muy bien! Sera capaz de envenenarlo!</p> + +<p>—Jess, qu horror!—exclamaban riendo las +tres nereidas.</p> + +<p>Aquel marido hipottico, aquel ser abstracto +sala a cada momento en la conversacin con la +misma realidad que si fuera de carne y hueso y +estuviera en la habitacin contigua.</p> + +<p>La que comenzaba ahora a teclear en el piano +era Emilita, las ms musical de las cuatro hermanas. +Las otras tres estaban ya en pie, cogidas +a la manga de la levita de otros tantos jvenes; +como si dijramos, en la brecha.</p> + +<p>El conde tropez a los pocos pasos con Fernanda +Estrada-Rosa que vena de bracero con +una amiga. Por lo visto no haba querido bailar. +Era la joven que haca ms viso en la ciudad por +su belleza y elegancia y por su dote. Hija nica +de D. Juan Estrada-Rosa, el ms rico banquero +y negociante de la provincia. Alta, metida en +carnes, morena oscura, facciones correctas y +enrgicas, ojos grandes, negrsimos, de mirar +desdeoso, imponente; gallarda figura realzada +por un atavo lujoso y elegante que era el asombro +y la envidia de las nias de la poblacin. No +pareca indgena, sino dama trasportada de los +salones aristocrticos de la corte.</p> + +<p>—Qu elegantsima Fernanda!—exclam el +conde en voz baja, inclinndose con afectacin.</p> + +<p>La bella apenas se dign sonrer, extendiendo +un poco el labio inferior con leve mueca de +desdn.</p> + +<p>—Cmo te va, Luis?—dijo alargndole la +mano con marcada displicencia.</p> + +<p>—No tan bien como a t... pero, en fin, voy +pasando.</p> + +<p>—Nada ms que pasando?... Lo siento. A m +me va perfectsimamente; no te has equivocado—repuso +en el mismo tono displicente, sin mirarle +a la cara.</p> + +<p>—Cmo no, siendo en todas partes donde te +presentas la estrella Sirio?</p> + +<p>—Dispensa, chico, no entiendo de astronoma.</p> + +<p>—Sirio es la estrella ms brillante del cielo. +Eso lo sabe todo el mundo.</p> + +<p>—Pues yo no lo saba... Ya ves, como soy una +paleta!</p> + +<p>—No es cierto; pero est muy bien la modestia, +unida a la hermosura y al talento.</p> + +<p>—No; si ya s de sobra que no tengo talento. +No te mortifiques en decrmelo.</p> + +<p>—Hija, te acabo de manifestar lo contrario...</p> + +<p>En el tono displicente de Fernanda iba entrando +un poco de acritud. En el del conde, +pausado, ceremonioso, se adverta leve matiz de +irona.</p> + +<p>—Vamos, entonces te he entendido al revs.</p> + +<p>—Algo de eso ha habido siempre.</p> + +<p>—Caramba, qu galante!—exclam la joven +empalideciendo.</p> + +<p>—Siempre que has pensado que pudiera decirte +algo desagradable—se apresur a rectificar +el conde, advertido por el cambio de fisonoma +de la idea que cruzaba por su mente.</p> + +<p>—Muchas gracias. Estimo tus palabras como +se merecen.</p> + +<p>—Haras mal en no estimarlas sinceras... +Adems, no necesito yo decirte lo mucho que +vales. Eso lo sabe todo el mundo.</p> + +<p>—Gracias, gracias. Te has cansado de +jugar?</p> + +<p>—Me duelen un poco las muelas.</p> + +<p>—Scatelas.</p> + +<p>—Todas?</p> + +<p>—Las que te duelan, hijo. Ave Mara!</p> + +<p>—Con qu indiferencia lo dices! A ti no te +importara nada, por supuesto?</p> + +<p>—Yo siento siempre los males del prjimo.</p> + +<p>—El prjimo! Qu horror! No tena noticia +de haber llegado ya a la categora de prjimo.</p> + +<p>—Qu quieres, chico; los honores vienen +cuando menos se piensa.</p> + +<p>Apesar de lo impertinente y hasta agresivo +del tono, Fernanda no se mova del sitio, teniendo +siempre cogida del brazo a la amiguita, +que no desplegaba los labios. Fijndose un poco, +se podra observar que la rica heredera estaba +muy nerviosa. Con el pie daba golpecitos en el +suelo, apretaba en su mano con vivas contracciones +el pauelo y sus labios temblaban de +modo casi imperceptible. Alrededor de los hermosos +ojos rabes se marcaba un crculo ms +plido que de costumbre. Aquel pugilato la interesaba.</p> + +<p>El conde de Ons haba sido de sus novios el +que ms tiempo haba durado. Al aparecer Fernanda +en sociedad, y aun antes, cuando era +una zagalita que iba con la criada al colegio, +produjo su figura, su elegancia y sobre todo la +amenaza de los seis millones que iban a caer, +andando el tiempo, en su regazo, una verdadera +explosin de entusiasmo. No hubo joven ms o +menos gallardo o acaudalado que por iniciativa +propia o por las insinuaciones de su familia no +se resolviese a pasearle la calle, a esperarla a la +salida del colegio, a mandarle cartitas y a decirle +requiebros en el paseo. De Sarrio, de Nieva y +de otras poblaciones de la provincia acudieron +tambin, con pretexto de las ferias, algunos golosos. +La nia, ufana con tanto acatamiento, +embriagada por el incienso, no se daba punto de +reposo tomando y soltando novios. Era raro el +galn que duraba ms de un par de meses en su +gracia. En realidad ninguno estaba en posicin +de merecerla. En Lancia y en el resto de la provincia +no haba quien tuviera hacienda proporcionada +a su dote. Si alguno exista, no estaba +por su edad habilitado para casarse con tan +tierno pimpollo. Sera algn indiano averiado +por los ardores tropicales, o mayorazgo rstico +y solitario de los que vivan en sus casas solariegas. +Sin necesidad de que su padre se lo advirtiese, +la nia comprenda admirablemente que +ninguno le convena; pero gozaba coqueteando +con todos, hacindose adorar de la juventud laciense. +Entre sta exista, sin embargo, un mancebo +hacia el cual ninguna doncella de la ciudad +haba osado levantar los ojos hasta entonces con +anhelos matrimoniales. Era el conde de Ons. Por +su alta jerarqua, ms respetada en provincia +donde se tributa a la nobleza un culto que delata +al villano y al siervo bajo la levita del burgus, +por su cuantiosa renta, por el apartamiento de +su vida y hasta por el misterio y silencio de su +palacio antiqusimo, pareca habitar en atmsfera +ms elevada, al abrigo de las flechas de +todas las beldades indgenas.</p> + +<p>Pues por ello precisamente naci en el pecho +de Fernanda un deseo, primero vago, despus +vivo y anhelante, de rendirle. Esto es muy humano +y sobre todo muy femenino: no necesita +explicacin. En el fondo de su alma, la hija de +Estrada-Rosa sentase inferior al conde de Ons. +Sin embargo, tanta era la lisonja que haba escuchado +en poco tiempo, tan refulgente el brillo +que esparca sobre su vida el dinero del pap, +que bien poda aspirar a hacerle su marido. Si +no lo pensaba as, al menos figuraba pensarlo +hablando del conde, por detrs, con cierta displicencia +y con afectada familiaridad por delante. +En Lancia, como en todas las capitales pequeas, +los muchachos y muchachas solan tutearse. +El conocerse desde nios y haber acaso jugado +en el paseo juntos lo autorizaba. El conde +de Ons jams haba cruzado la palabra con Fernanda, +aunque la tropezase a cada momento en +la calle. Sin embargo, cuando se encontraron por +primera vez en la tertulia de las de Mer, la hermosa +le solt un <i>tu</i> redondo y suprimi el ttulo. +Luis aqu, Luis all: pareca que iba a comerle +el nombre. A ste le sorprendi un poco la confianza, +sin desagradarle. A nadie le duele orse +tutear por una linda damisela. Apesar de la naturaleza +concentrada y tmida del conde y de su +escasa aficin a las mujeres, Fernanda se dio +maa para hacerle pronto su novio o al menos +para hacerle pasar por tal a los ojos del pblico. +El cual hall tal noviazgo perfectamente justificado. +En Lancia no haba otro marido para Fernanda +ni otra mujer para el conde. La distancia +que los separaba era retrospectiva; estaba en los +antepasados. La poblacin crea que, en gracia +de la belleza, el dinero y la brillante educacin +de la joven, el conde de Ons se hallaba en el +caso de olvidar los doscientos gaanes que la haban +precedido.</p> + +<p>Cerca de un ao duraron las relaciones. Los +novios se vean en la tertulia de las seoritas +de Mer. D. Juan Estrada-Rosa, al decir de sus +ntimos, se hallaba muy complacido. Varias veces +se haba insinuado con el conde para que entrase +en la casa; pero ste no le haba comprendido +o haba fingido no comprenderle. Fernanda +se lo propuso con claridad un da. l se evadi +como pudo del compromiso. Era timidez? Era +orgullo? La misma Fernanda no se daba cuenta +de ello. Pero esta reserva contribua a encender +su afeccin y anhelo. De pronto, cuando menos +se pensaba, cuando ya el pblico comenzaba a +preguntarse por qu se retrasaba la boda, cortronse +aquellas relaciones. Se cortaron sin escndalo, +de un modo diplomtico y sigiloso, tanto, +que haca ya ms de un mes que no existan +cuando todava la poblacin no estaba enterada +y los amigos les seguan embromando. El hecho +produjo fuerte sensacin; se coment en todas +las tertulias hasta lo infinito. Nunca se pudo +averiguar qu haba habido, ni aun a cul de los +dos correspondi la iniciativa de esta ruptura. +Si se preguntaba al conde, afirmaba rotundamente +que Fernanda le haba dejado; mas pona +demasiado empeo en esta afirmacin para que +no empezara a dudarse de su sinceridad. La heredera +de Estrada-Rosa, sin manifestar nada en +concreto, corrobor las palabras de su novio +con el tono desabrido que us hablando de l, +lo mismo que al dirigirle la palabra. Porque siguieron +tratndose, si no con tanta frecuencia, +con bastante: ambos acudan a la tertulia donde +se conocieron. Adems, Fernanda, poco tiempo +despus, comenz a asistir a los saraos de los +domingos en casa de Quiones. Pero nunca ms +reanudaron sus rotas relaciones. Los asistentes +suspendan la respiracin y ponan toda su alma +en los ojos siempre que, como ahora, los antiguos +novios se tropezaban y departan un rato. +Volvern a las andadas? Habr, por fin, boda? +El desengao vena inmediatamente al observar +la indiferencia con que se apartaban.</p> + +<p>Cuando iba a contestar a las ltimas palabras +de la orgullosa heredera, los ojos del conde, derramando +una mirada distrada por el saln, tropezaron +con otros que se le clavaron lucientes y +celosos. Alarg la mano a su amiga y con sonrisa +forzada dijo:</p> + +<p>—Qu mal me ests tratando, Fernanda! +Como siempre, por supuesto... Yo, sin embargo, +ya sabes... el mismo devoto idlatra. Hasta +ahora.</p> + +<p>—Siento que esa devocin no me cause fro +ni calor—replic ella sin dar un paso para apartarse.</p> + +<p>El conde lo dio alzando los hombros con resignacin +y diciendo:</p> + +<p>—Ms lo siento yo!</p> + +<p>Sorteando las parejas de baile, que ya haban +comenzado el rigodn, lleg de nuevo adonde +estaba el ama de la casa. Al lado de sta se hallaba +en aquel instante el famoso Manuel Antonio, +uno de los personajes ms dignos de mencin +en la poca que estamos historiando. Se le +conoca tanto por el apodo <i>el marica de Sierra</i> +como por su nombre.</p> + +<p>Esto basta para que sepamos en cierto modo +a qu atenernos respecto a sus propiedades morales +y fsicas. Manuel Antonio no era joven. +Frisara en los cincuenta aos, disimulados con +esfuerzo heroico por toda la batera de afeites conocidos +entonces en Lancia, que no eran muchos +ni muy refinados. Una peluca bastante rudimentaria, +algunos dientes postizos mal montados, un +poco de negro en las cejas y de carmn en los +labios, mucho <i>patchoul</i> y un traje de fantasa +apropiado para realzar los residuos de su belleza. +sta haba sido esplndida; una rara perfeccin +de rostro y de talle. Alto, delgado, esbelto, +facciones correctas, diminutas, cabellos rubios, +finos, cayendo en graciosos bucles, mejillas sonrosadas +y voz atiplada. De este conjunto primoroso +quedaba tan slo una sombra por donde pudiera +adivinarse. La enhiesta espalda se haba +abovedado; los hermosos bucles se haban desvanecido +como un sueo feliz; algunas arrugas indecorosas +surcaban aquella tersa frente, y la fila +de perlas, que ostentaba su boca, se haba transformado +en carrera de huesos amarillos, desvencijados, +que el tiempo haba quintado y el dentista +torpemente sustituido. Por ltimo, aquel +pequeo bigote sedoso haba engrosado notablemente, +se hizo blanco, cerdoso, indmito; no +bastaban el tinte y el cosmtico a mantenerlo +presentable. Qu dolor para el hermoso hermafrodita +de Lancia y tambin para los amigos +que le haban conocido en el esplendor de su +gracia!</p> + +<p>El espritu permaneca tan juvenil como a los +diez y ocho aos. Era el mismo ser apasionado +y tierno, dulce unas veces, iracundo y terrible +otras, marchando al soplo de sus caprichos, viviendo +en lnguida ociosidad. Gozaba tanto las +delicias del bao, que lo repeta tres y ms veces, +hasta que el agua quedase cristalina como +al salir de la fuente; amaba las flores, los pjaros; +no tena ms placer que consultar con el +cristal del espejo los adornos que le sentaran +mejor. Los trajes, por atraccin irresistible, +siendo masculinos, se acercaban cuanto era posible +a la forma femenina. En el invierno gastaba +talmita corta con broche de oro, y un +sombrero tirols de alas reviradas, que le sentaba +extremadamente bien. En el verano gustaba +de vestirse trajes de franela blanca bien +ceidos, que denunciasen las graciosas curvas +de sus formas. Las corbatas eran casi siempre +de gasa, los zapatos descotados, el cuello de +camisa a la marinera. Por debajo del puo se le +vea un brazalete. Aunque no fuese ms que un +sencillo aro de oro, este pormenor era lo que +ms llamaba la atencin de sus conciudadanos. +En cuanto se hablaba de Manuel Antonio sala +el dichoso brazalete a relucir; como si no hubiese +nada en su interesante figura ms digno de +excitar la curiosidad.</p> + +<p>Pero si los aos no haban logrado modificar +en el fondo aquel ser amable y creado para el +amor, habanle hecho, sin embargo, ms cauto, +ms reservado. Ya no mostraba sus preferencias +con la ingenuidad de otros tiempos, ni daba +suelta a los sbitos arranques de su corazn inflamable +sino despus de poner a prueba la lealtad +del objeto de su ternura. Haba padecido +tantos desengaos en la vida! Sobre todo, al hacerse +viejo, no slo experiment la frialdad de +sus antiguos amigos, de aquellos que le haban +dado pruebas inequvocas de cario, sino, lo +que es an ms triste, encontrose, sin pensarlo, +sirviendo de blanco a las chufletas e invectivas +de los mozalbetes de la nueva generacin. Fue +el hazmerrer de estos procaces jvenes. Como +no haban sido testigos de sus triunfos ni conocieron +su radiante belleza, estaban lejos de profesarle +el respeto que, apesar de todo, guardaba +hacia l la antigua generacin. No perdonaban +medio de embromarlo, de vejarlo brbaramente. +En cuanto se paraba en la calle de Altavilla o +entraba en el caf de Maran, ya estaba rodeado +de una partida de <i>guasones</i>. Cristo, las frases +que all se oan! Y como villanos que eran, a +menudo del juego de palabras pasaban al de +manos. Esto era lo que en modo alguno poda +sufrir Manuel Antonio. Que hablasen lo que quisieran. +Tena bastante correa, y adems un ingenio +vivo y sutil que recoga admirablemente +el ridculo y saba dar en rostro con l a sus +contrarios. La mayor parte de las veces los que +iban a tomarle el pelo salan muy bien trasquilados. +Los aos, la prctica, le haban adiestrado +de tal modo en el pugilato de frases incisivas +que realmente era temible. Tena la intencin +de un <i>miura</i>. Pero as que aquellos desvergonzados +pasaban de las palabras a las +obras tocndole la cara o pellizcndole, ya estaba +descompuesto, perda enteramente los estribos +y no deca cosa intencionada ni siquiera +razonable. Superfluo es aadir que, conocindole +el flaco, todas las bromas terminaban en esta +forma.</p> + +<p>Por lo dems, fuera de aquella maligna intencin +para herir en lo vivo a las personas, en +lo cual poda competir y aun creemos que aventajaba +a Mara Josefa, era un ser til y servicial. +Su malignidad, al cabo de todo, era resultado +de la que a l se le mostraba. Sus habilidades +muchas y varias. Trabajaba el punto de +crochet que daba gloria. Las colchas que l haca +no tenan rival en Lancia. Arreglaba un altar +y vesta las imgenes mejor que ningn sacristn. +Tapizaba muebles, haca flores primorosas +de cera, empapelaba habitaciones, bordaba +con pelo, pintaba platos. Y cuando alguna de +sus muchas amigas necesitaba peinarse artsticamente +para asistir a cualquier baile, Manuel +Antonio se prestaba galantemente a arreglarle +los cabellos, y lo haca con la misma destreza y +gusto que el mejor peluquero de Madrid. Pues +y cuando cualquiera de sus amigos se pona enfermo? +Entonces era de ver el inters, la constancia +y la suma diligencia de nuestro viejo +Narciso. Se constitua inmediatamente a la cabecera +del lecho, tomaba cuenta de las medicinas, +arreglbale la cama, ponale los vejigatorios +o las ayudas lo mismo que el ms diestro +practicante. Luego, si la enfermedad por desgracia +presentaba mal carcter, saba insinuar como +nadie la idea de confesin; de tal modo que el +enfermo, en vez de asustarse, la aceptaba como +la cosa ms natural y corriente. Y en cuanto le +vea convencido, empezaba a tomar disposiciones +para recibir a Su Divina Majestad: la dama +ms avezada a recibir gente principal en sus salones +no le sacara ventaja. El altarcito con el +pao almidonado atestado de chirimbolos relucientes, +la escalera adornada con macetas, el +suelo alfombrado de hojas de rosas, los criados +y deudos esperando a la puerta con hachas encendidas +y enguantados. No se le olvidaba un +pormenor. En estos momentos crticos el marica +de Sierra se creca, adoptaba el continente +de un general al frente de sus tropas. Todos le +obedecan y secundaban acatndole por jefe. +Pues si el enfermo se mora, no hay para qu +decir que su dictadura se haca an ms omnipotente. +Principiando por amortajar el cadver +y concluyendo por sacar del juzgado la partida +de defuncin, nada quedaba en las fnebres ceremonias +que l no mangonease.</p> + +<p>Y como quiera que las ms veces haba enfermos +que cuidar, o imgenes que vestir, o amigas +que peinar o flores que contrahacer, Manuel +Antonio pasaba la vida bastante atareado. En +esto y en ir de casa en casa tomando y soltando +noticias se le deslizaban los das y los aos. Habitaba +con dos hermanas ms viejas que l, +las cuales le cuidaban y mimaban como a un +nio. Para estas buenas seoras no exista el +tiempo. Ni vean las arrugas, ni la peluca, ni los +dientes postizos de su hermano. Manuel Antonio +era siempre un pollito, un petimetre. Sus trajes, +sus baos, las horas que empleaba en el tocado +les hacan sonrer con benevolencia. Mientras +ellas se quejaban amargamente de los estragos +que los aos iban causando en su figura y su salud, +pensaban que su hermano haba detenido el +curso de las horas, haba hallado un elixir para +mantenerse eternamente joven.</p> + +<p>Manuel Antonio era metdico en sus visitas. +Haba unas cuantas casas a las cuales asista +diariamente y siempre a la misma hora. A casa +de D. Juan Estrada-Rosa iba a las tres, a la +hora del caf; con la condesa de Ons tomaba +chocolate todas las tardes; por la noche era tertulio +asiduo de la seora de Quiones. Haba +otras familias que visitaba tambin con mucha +frecuencia. A casa de Mara Josefa Hevia y de +las de Mateo sola ir por la maana, sin detenerse +mucho, dando una vuelta para enterarles +de lo que se deca o inspeccionar sus labores. +Alguna noche iba tambin a casa de las seoritas +de Mer.</p> + +<p>—Aqu tenemos al conde!—exclam con su +peculiar entonacin afeminada.—Ay, qu condecito +tan guasn!</p> + +<p>—Pues?—pregunt ste acercndose.</p> + +<p>—Pregntaselo a Amalia.</p> + +<p>La sonrisa que plegaba los labios del noble se +desvaneci repentinamente.</p> + +<p>—Cmo?... Qu tiene que ver?...—dijo con +mal disimulada turbacin.</p> + +<p>Tambin Amalia se turb. Sus plidas mejillas +se colorearon.</p> + +<p>—Hemos estado murmurando de t. Qu +traje te hemos cortado, chico!</p> + +<p>—Aqu Manuel Antonio—profiri Amalia—deca +que era usted el perro del hortelano.</p> + +<p>—No; t eras quien lo decas.</p> + +<p>Otra de las particularidades de aqul era el +tutear a todo el mundo, grandes y chicos, seoras +y caballeros.</p> + +<p>—Yo!—exclam la dama.</p> + +<p>—Y por qu soy el perro del hortelano?... +Sepamos.</p> + +<p>—Pues deca Amalia que ni queras comerte +la carne ni permitir que la coma D. Santos.</p> + +<p>—Vamos! Quieres callarte, embustero?—dijo +la seora, medio irritada, medio risuea, +dndole un pellizco.</p> + +<p>—Qu se habla de D. Santos?—pregunt un +caballero muy corto y muy ancho, de faz mofletuda +y violcea, acercndose al grupo.</p> + +<p>El conde y Amalia no supieron qu responder.</p> + +<p>—Se deca que D. Santos tena pensado llevarnos +un da a su posesin de la Castaeda y +darnos un banquete—manifest Manuel Antonio +con desparpajo.</p> + +<p>—No; no era eso—repuso el hombre rechoncho +con forzada sonrisa.</p> + +<p>—S tal. Amalia sostena que no eras capaz +de llevarnos a pasar un da a la Castaeda.</p> + +<p>—Pero, hombre, t te has empeado en ponerme +hoy colorada!—dijo aqulla.</p> + +<p>—Porque soy un buen amigo. Como te veo +plida estos das... Bien puedes creerlo, Santos, +yo tengo mucha mejor idea de tu esplendidez +que la mayora del pueblo... No conocis bien a +D. Santos, les digo muchas veces a los que sostienen +que a t te duele gastar el dinero. Si +D. Santos no gasta, no obsequia a sus amigos, +no es por avaricia, sino por indolencia, porque +no se le presenta ocasin. El hombre es tmido +de suyo y no es capaz de proponer banquetes ni +giras; pero que otro le apunte la idea, y veris +con qu gusto la acepta...</p> + +<p>—Gracias, gracias, Manuel Antonio—murmuro +D. Santos con la risa del conejo.</p> + +<p>Se le conoca el gran temor y molestia que +le embargaban. Como muchos de los indianos, +apesar de ser inmensamente rico, tena fama +de avariento, y no injustificada. Haba llegado +pocos aos haca de Cuba, donde cargando +primero cajas de azcar y luego vendindolas +se enriqueci. Vino hecho un beduino, sin +noticia alguna de lo que pasaba en el mundo, +sin saber saludar, ni proferir correctamente una +docena de palabras, ni andar siquiera como los +dems hombres. Los treinta aos que permaneci +detrs de un mostrador le haban entumecido +las piernas. Marchaba tambalendose como +un beodo. El color subido de sus mejillas era +tan caracterstico, que en Lancia, donde pocas +personas se escapaban sin apodo, lo designaron +al poco tiempo de llegar con el de <i>Granate</i>. Enmedio +de su miseria le gustaba dar en rostro con +las riquezas que posea. Edific una casa suntuossima; +trajo mrmol de Carrara, decoradores +de Barcelona, muebles de Pars, etc. Y, +sin embargo, apesar de las sumas cuantiosas +que en ella gast, al saldar la cuenta del clavero +se empeaba en que descontase del peso el papel +y las cuerdas en que venan envueltas las +puntas de Pars! Cuidadosamente haba ido +guardando en un rincn tales despojos con ese +objeto. As que termin la casa, ocup el piso +principal y alquil los otros dos. Y empez su +martirio, un martirio lento y terrible. Las criadas +y los nios del segundo y tercero fueron sus +sayones. Si senta fregar los suelos del segundo, +ponase de mal humor: la arena desgastaba el +entarimado. Si vea rayado el estuco de la escalera +por la mano brbara de algn chiquillo, se +le encenda la clera y murmuraba palabras siniestras +y amenazas de muerte. Si escuchaba +cerrarse una puerta con violencia, aquel golpe +repercuta dolorosamente en su corazn: las bisagras +se desencajaban, todos los pestillos se +echaban a perder. En fin, con tal sobresalto viva, +que le acometi una pasin de nimo y comenz +a decaer visiblemente. Un su amigo tan +miserable como l, pero ms vividor, le aconsej +que dejase la casa y se trasladase a otra. As +lo hizo, tornando a la posada que le haba albergado +mientras construy el palacio.</p> + +<p>Pero faltaba a D. Santos el complemento +obligado de todos los que se enriquecen cargando +cajas de azcar en Amrica: le faltaba contraer +matrimonio con una mujer de categora, +joven o vieja, fea o bonita. Ninguno de sus colegas +acept jams por esposa a una menestrala. +Granate no poda ser menos que ellos. Al contrario, +teniendo ms dinero que ninguno, lo natural +es que les aventajase en anhelos poderosos. +Y fue a poner sus ojos redondos y encarnizados +en la joven ms linda, ms rica y ms encopetada +de la ciudad: en Fernanda Estrada-Rosa nada +menos. El suceso caus admiracin y risa en el +vecindario. Por muy alta idea que en Lancia +tuviesen del poder del dinero, nadie imaginaba +que fuese poderoso a realizar semejante empresa. +Casar a la joya de la provincia con este oso +colorado! A la nia le produjo pasmo e indignacin. +Luego lo tom a broma. Luego volvi a +indignarse. Despus torn a rerse. Por fin se fue +acostumbrando a que Granate la festejase y +hasta encontr cierta satisfaccin de amor propio +en recibir sus agasajos y en darle toda clase +de desprecios. Pero l no cejaba. Con la tenacidad +del abejorro que se empea en salir por un +cristal y se estrella cien veces contra el obstculo, +las calabazas, los desdenes y hasta las burlas +no le hacan retroceder ms que momentneamente. +Al da siguiente volva como si tal cosa +a romperse la cabeza contra el desprecio de la +orgullosa heredera. Pensaba sinceramente que +el verdadero obstculo para el logro de sus afanes +estaba en el conde de Ons. Confesbase que +Fernanda senta algn inters por l, o mejor +dicho por su ttulo, y se propuso ir a Madrid y +comprar a peso de oro otro para ponerse a la altura +de su rival. Luego le dijeron que el Papa +los daba ms baratos y cambi de proyecto. +Mientras tanto se vengaba odiando de muerte al +gallardo conde, y burlndose, cuando la ocasin +se presentaba, de su vetusto y deteriorado casern. +El conde posea una gran riqueza en tierras, +pero sus rentas no podan compararse a las +del opulento Granate.</p> + +<p>—Y si no, ya veris el da que se case, qu +cambio en la poblacin!—prosigui Manuel Antonio.—Tendremos +banquetes a diario y bailes +y giras campestres...</p> + +<p>—Pero si a Fernanda no le gustan los bailes!—exclam +Emilita Mateo, que bailaba con +Paco Gmez y daba la espalda al grupo.</p> + +<p>—Yo no he hablado para nada de Fernanda, +nia—repuso el marica en tono severo.</p> + +<p>—Pens que, tratndose de matrimonio y de +D. Santos, eso se sobrentenda.</p> + +<p>—Pues no sobrentiendas ms y aplcate a bailar +con Paco, porque, segn mis clculos, durar +cinco minutos.</p> + +<p>Paco Gmez era un joven flaco, flaqusimo, +alto hasta tropezar en el dintel de las puertas, +con una cabecita menuda como una patata, el +rostro tan macilento que pareca, en efecto, caminar +por el mundo con permiso del enterrador. +Y con estas propiedades corporales el espritu +ms humorstico de la poblacin.</p> + +<p>—Ole mi nia!—exclam ponindose en jarras +frente al marica.—Lo nico por lo que siento +morirme es por no ver ms estos seres preciosos, +encantadores.</p> + +<p>Al mismo tiempo le cogi con dos dedos la +barba.</p> + +<p>Ya sabemos que Manuel Antonio no poda sufrir +tales juegos de manos delante de gente.</p> + +<p>—Vamos, pajalarga, quieto—exclam ponindose +serio y rechazndole.</p> + +<p>—Que no eres precioso? Pero, hombre, si +eso salta a la vista!... Miren ustedes qu boca! +miren, por Dios, qu cada de ojos!... miren qu +nacimiento de pelo!</p> + +<p>Y quiso de nuevo tocarle la cara; pero Manuel +Antonio lo rechaz con mpetu dndole un fuerte +empujn.</p> + +<p>—Caramba, qu severo est hoy Manuel Antonio!—dijo +el conde de Ons.</p> + +<p>—No importa—repuso Paco Gmez dejando +escapar un suspiro.—Manos blancas no ofenden.</p> + +<p>En aquel momento le tocaba hacer una figura +del rigodn y se alej con Emilita.</p> + +<p>Mara Josefa, que bailaba ms lejos, se acerc +un instante con su pareja, que era un teniente +del batalln de Pontevedra.</p> + +<p>—Vamos, D. Santos, no sea usted cruel! +Por qu no va usted a hacer compaa a Fernanda, +que est all sola?</p> + +<p>En efecto, la amiguita de la rica heredera haba +hallado pareja para el baile. Fernanda se +sent y permaneca seria y pensativa.</p> + +<p>—S, s; debes ir, Santos—manifest Manuel +Antonio.—Repara que la chica ha dejado una +silla vaca a su lado... No puede insinuarse de +modo ms claro.</p> + +<p>Al decir esto hizo un guio al conde. ste +confirm tales palabras.</p> + +<p>—Yo creo que es hasta un deber de cortesa...</p> + +<p>Granate le ech una mirada torva y pregunt +sordamente:</p> + +<p>—Pues entonces, por qu no va usted a sentarse +a su lado?</p> + +<p>—Por la sencilla razn de que ya no tenemos +nada que hablar... Pero usted es otra cosa.</p> + +<p>—Entendido, seor conde... No soy un nio—murmur +con mal humor.</p> + +<p>—Aunque no lo sea usted por la edad—dijo +Amalia interviniendo oportunamente para evitar +rozamientos,—lo es por la franqueza y espontaneidad +de sus sentimientos, por la frescura +de corazn que otros con menos aos no tienen. +Los nios aman con ms sencillez y vehemencia +que los hombres.</p> + +<p>—Pero los hombres hacen otra cosa ms heroica... +Se casan!—dijo Paco Gmez, que ya +estaba de nuevo en su sitio con la pareja.</p> + +<p>—Hay ocasiones en que tampoco se casan—manifest +Manuel Antonio haciendo una imperceptible +mueca por donde Paco pudiese colegir +que estaba pensando en Mara Josefa.</p> + +<p>—Bueno—replic aqul dndose por enterado.—Pero +hay que convenir en que algunas veces +se necesita para ello un herosmo superior a +la naturaleza humana.</p> + +<p>La solterona, que las coga por el aire, le +clav una mirada rencorosa y maligna.</p> + +<p>—La naturaleza humana!—exclam con displicencia.—La +naturaleza humana presenta algunas +veces formas tan estrambticas que hasta +el herosmo sera ridculo en ellas.</p> + +<p>Paco Gmez, sin desconcertarse, comenz +a palpar su rostro con ademanes cmicos, fingiendo +una muda resignacin que hizo sonrer +a los presentes. Amalia, para cambiar esta peligrosa +conversacin, exclam:</p> + +<p>—Miren, miren cmo D. Santos se aprovecha +de nuestra distraccin!</p> + +<p>En efecto, el indiano se haba levantado en +silencio de la silla y, sorteando las parejas de +baile, fue solapadamente a sentarse al lado de +Fernanda. sta le dirigi una mirada fra y +apenas se dign responder a su saludo ceremonioso +y ridculo. La faz rubicunda de Granate +resplandeca, no obstante, como la de un dios +seguro de su omnipotencia. Con las manazas +anchas y cortas apoyadas sobre las rodillas, el +cuerpo doblado hacia adelante y la cabeza levantada +hasta donde le permita la grosura del +cerviguillo, sonrea beatamente enseando una +fila de dientes grandes y amarillos. Propsose, +como siempre, ser espiritual, y dijo:</p> + +<p>—Ha visto usted qu <i>ventrisca</i> corre?</p> + +<p>La joven guard silencio.</p> + +<p>—Ahora no importa nada—prosigui—porque +ya estn todos los frutos recogidos; pero si +hubiera cado antes, no nos deja ni una castaa +ni un grano de maz; je, je!</p> + +<p>Granate sintiose feliz al emitir esta idea, a juzgar +por la expresin de placer que brillaba en +sus ojos.</p> + +<p>—Pero aqu no hace fro, eh?... Yo no lo tengo, +je, je!... Al contrario, siento un calor... Ser +porque los ojos de usted son dos calofer... caroli...</p> + +<p>Otra vez todava acometi la palabra calorferos +sin lograr dar cima a la empresa. Para disimular +su impotencia fingi un golpe de tos. Su +rostro violceo adquiri cierta semejanza interesante +con el de un ahorcado.</p> + +<p>La hermosa, que tena los ojos clavados en el +vaco, volvi la cabeza hacia su adorador, le mir +unos instantes con expresin vaga, distrada, +como si no le viese. Levantose de pronto y se +alej sin decir palabra para sentarse enfrente. +El indiano qued con la misma sonrisa estereotipada +en el rostro; la mueca petrificada de un +stiro. Pero al volver la vista al grupo que acababa +de dejar, viendo una porcin de ojos risueos +fijos en l, se puso repentinamente serio y +mohno.</p> + +<p>—Qu partido tiene este Granate entre las +chicas bonitas!—exclam Paco Gmez.—Ya se +lo deca yo el otro da. Usted no necesitaba +para nada ir a Amrica habiendo mujeres ricas +en el mundo. Usted tiene la fortuna en la fisonoma.</p> + +<p>—Mira, condecito, ahora debes ir t a sentarte +a su lado. Ya vers cmo no se levanta entonces—dijo +Manuel Antonio.</p> + +<p>—S, s, debe usted ir, Luis—apoy Mara Josefa.—Vamos +a ver una cosa curiosa, a decidir +si est o no enamorada de usted. Verdad, Amalia, +que debe ir?</p> + +<p>—S, me parece que debe usted sentarse a su +lado—dijo la dama. Su voz sali apagada y +temblorosa.</p> + +<p>—Cree usted?—pregunt el conde, mirndola +con fijeza.</p> + +<p>—S; vaya usted—replic la dama con perfecta +serenidad ya, huyendo su mirada.</p> + +<p>—Pues usted me permitir que la desobedezca. +No quiero exponerme a un desaire.</p> + +<p>—Qu importan los desaires a un enamorado!... +Porque usted, por ms que diga, est enamorado +de Fernanda... Se le conoce a la legua.</p> + +<p>—A la legua ser, porque, lo que es de cerca +ni pizca—manifest Manuel Antonio.</p> + +<p>Y Mara Josefa y Emilita Mateo y Paco Gmez +confirmaron con su risa la especie.</p> + +<p>Amalia insisti. Efectivamente, Luis lo disimulaba +bien; pero como, por ms esfuerzos que +se hagan, siempre queda un cabo suelto, un resquicio +por donde sale la luz, ella haba adivinado +haca ya mucho tiempo que el conde, en lo +profundo de su corazn, guardaba recuerdo muy +grato de Fernanda.</p> + +<p>—Atiendan ustedes: hace algunos das se le +ocurri a Moro decir que tena dos dientes postizos. +No pueden ustedes figurarse cmo se puso +este hombre... Por poco le pega...</p> + +<p>—No tanto, no tanto—manifest el conde +sonriendo avergonzado.—Me expres con cierta +viveza porque me enfadan siempre las injusticias.</p> + +<p>—Oh! Las exaltaciones en estos casos son +sospechosas. Cuando no se siente inters por una +persona se la defiende con menos calor... Caramba! +Nunca le vi tan irritado! Ya puede decir +esa nia que tiene un campen valiente dispuesto +a romper lanzas por ella.</p> + +<p>La dama apur la broma. No se hartaba de +apretar al conde, como si quisiera dejarle convicto +de su amor por Fernanda. Apesar de la +sonrisa benvola que animaba su rostro, haba +ciertas extraas inflexiones en la voz que nadie +ms que una sola persona poda apreciar en +aquel momento.</p> + +<p>Pero el rigodn haba terminado, y el grupo +se aument considerablemente con varias parejas +que fueron allegndose. Furonse algunos, +vinieron otros; al cabo, la seora de la casa se +hall rodeada de gente nueva. Bailose otro vals y +otro rigodn. Las doce sonaron al fin en el gran +reloj de la catedral. Y como los jvenes se empeaban +en no desbandarse, apesar de la costumbre +tradicional de la casa, Mann, por orden +de D. Pedro, apareci en la puerta del saln, +abrazado al lo de los abrigos de las seoras. +sta era la seal de despedida que el seor de +Quiones daba a sus tertulios. No era muy corts, +pero nadie se enfadaba. Al contrario, se reciba +siempre con algazara, como una broma +graciosa.</p> + +<p>Despus que todos fueron a estrechar la mano, +del maestrante, formose un grupo enmedio del +saln. Amalia, en el centro de l, despeda a sus +amigas besndolas cariosamente. Estaba plida +y sus ojos inciertos despedan miradas febriles. +Al estrechar la mano del conde volvi la cabeza +hacia otro lado, fingiendo distraccin; se la +estrech con fuerza tres o cuatro veces para infundirle +nimo. Bien lo necesitaba el pobre caballero. +Estaba tan demudado y tembloroso que +Amalia pens que iba a caer desmayado.</p> + +<p>En apretado haz salieron los tertulios a los +pasillos y bajaron la gran escalera de piedra sucia +y hmeda. Un criado les abri la puerta de +la calle.</p> + +<p>—Ay! Quin habr dejado aqu este canasto?—dijo +Emilita Mateo, que tropez la primera +con el estorbo.</p> + +<p>—Un canasto?—preguntaron varias damas +acercndose a l.</p> + +<p>—Algn pobre que andar por ah dormido—manifest +el criado, que an no haba cerrado la +puerta.</p> + +<p>—No se ve a nadie—dijo Manuel Antonio, que +rpidamente haba registrado el portal.</p> + +<p>La curiosidad excit muy pronto a una de las +damas a levantar el pao que tapaba el canastillo. +Inmediatamente dej escapar el grito consabido, +el que solt ya hace tantos siglos la hija +de Faran al ver flotando por el ro el clebre +canastillo de Moiss.</p> + +<p>—Un nio!</p> + +<p>Momento de estupefaccin y de curiosidad en +los tertulios. Todos se abalanzan, todos quieren +contemplar al mismo tiempo al expsito. Porque +nadie duda un momento que aquel nio se +hallaba all expuesto intencionalmente. Paco Gmez +levant el canasto, lo destap por completo +y fue exhibiendo a sus amigos el infante dormido.</p> + +<p>Estall una tempestad de exclamaciones.</p> + +<p>—Angelito!—Quin habr sido la infame?...—Pobrecito +de mi alma!—Qu corazones de +hiena, Dios mo!—Miren qu hermoso es!—Habr +mucho tiempo que lo han expuesto?—Estar +aterida la criatura.—Paco, djeme usted +tocarlo.</p> + +<p>El canasto fue rodando de mano en mano. Las +damas, interesadsimas, palpitantes de emocin, +depositaban tiernos besos en las mejillas del recin +nacido, de tal modo que al instante consiguieron +despertarlo.</p> + +<p>De aquel montoncito de carne rosada sali un +dbil gemido que hizo vibrar de lstima a todos +los corazones. Algunas seoras vertieron lgrimas.</p> + +<p>—Submoslo, por lo pronto, para que se caliente +un poco.</p> + +<p>—S, s, submoslo!</p> + +<p>Y otra vez el resonante grupo se lanz al patio +y a la escalera de la mansin de los Quiones +llevando en triunfo el canastillo misterioso.</p> + +<p>Amalia estaba enmedio del saln inmvil y +plida cuando se abrieron de nuevo las puertas. +D. Pedro haba sido trasladado ya a su alcoba +por Mann y otro criado. Aquella nueva y repentina +irrupcin pareci sorprender mucho a la +seora de la casa.</p> + +<p>—Qu ocurre? qu es esto?—exclam con +voz alterada.</p> + +<p>—Un nio! un nio!—gritaron varios a un +tiempo.</p> + +<p>—Acabamos de encontrarlo en el portal—manifest +Manuel Antonio, que ya se haba apoderado +del canasto, presentndolo.</p> + +<p>—Quin lo ha dejado ah?</p> + +<p>—No sabemos... Es un expsito. Mire usted, +por Dios, qu hermoso, es Amalia!</p> + +<p>La seora le contempl un instante con marcada +frialdad y dijo:</p> + +<p>—Acaso alguna pobre lo habr dejado para +recogerlo enseguida.</p> + +<p>—No, no; hemos registrado el portal. La calle +est desierta...</p> + +<p>La criatura a todo esto empezaba a chillar, +agitando con incierto movimiento sus puos +crispados, que parecan dos botones de rosa. La +compasin de las seoras volvi a romper en exclamaciones +apasionadas. Todas queran besarlo +y calentarlo contra su seno. Por fin, Mara +Josefa logr apoderarse de l, lo sac del canasto +y envolvindolo con el pao con que vena +cubierto, lo acarici tiernamente. Un papel se +haba desprendido de las ropas de la criatura al +sacarla y haba cado al suelo. Manuel Antonio +lo recogi.</p> + +<p>—Lo ves, Amalia? Aqu est la madre del +cordero.</p> + +<p>El papel deca en gruesos caracteres, trazados +al parecer por tosca mano: La madre desdichada +de esta nia la encomienda a la caridad +de los seores de Quiones. No est bautizada.</p> + +<p>—Es una nia!—exclamaron algunas seoras +a un tiempo.</p> + +<p>Y en el acento con que dejaron escapar estas +palabras no era difcil de advertir cierto desencanto. +Se haban acostumbrado a la idea de que +fuese varn.</p> + +<p>—Qu misterio ser ste?—pregunt Manuel +Antonio, mientras una sonrisa maliciosa de curiosidad +vagaba por su rostro.</p> + +<p>—Misterio? Ninguno—manifest con cierta +displicencia Amalia.—Lo que se ve claramente +es una pobre que quiere que le mantengan a su +hija.</p> + +<p>—Sin embargo, hay aqu un no s qu de extrao. +Yo apostara a que son personas pudientes +los padres de esta nia—replic el marica.</p> + +<p>—Adis! ya se nos va Manuel Antonio al folletn!—exclam +la dama con una risita nerviosa.—Las +personas pudientes no dejan a sus hijos +envueltos en estos andrajos.</p> + +<p>En efecto, la nia vena cubierta por unos +trapos miserables y una manta rada y sucia.</p> + +<p>—Despacio, Amalia, despacio—apunt Saleta +con su voz clara, tranquila.—Yo he recogido +en el portal de mi casa, hace ya muchos aos, +hallndome en Madrid, un nio que vena envuelto +en muy toscos paales. Al cabo de algn +tiempo averiguamos que era hijo de una elevadsima +persona que no puedo nombrar.</p> + +<p>Todos los ojos se volvieron con sorpresa hacia +el magistrado gallego.</p> + +<p>—Una elevadsima persona; eso es—prosigui +despus de una pausa, con el mismo sosiego +impertinente.—Bien fcil era, por cierto, adivinarlo +fijando un poco la atencin en los rasgos +de su fisonoma, enteramente borbnicos.</p> + +<p>El estupor de los circunstantes fue profundo. +Se miraron unos a otros con una leve sonrisa +burlona que, como de costumbre, Saleta pareci +no advertir.</p> + +<p>—Atiza!—exclam Valero.—Abra uzt el +paragua, D. Zanto!</p> + +<p>—El nio se muri a los dos meses—prosigui +imperturbable Saleta.—Por cierto que cuando +lo llevamos al cementerio se uni a la comitiva +un coche que nadie supo a quin perteneca. +Yo lo conoc porque lo haba visto en las +Caballerizas reales, pero me call.</p> + +<p>—Ya ezcampa!—murmur Valero.</p> + +<p>—Bien, Saleta, ya nos contar usted de da +eso. Por la noche tales cosas espeluznan—manifest +el marica de Sierra guiando el ojo a +los otros.—Lo que hay que pensar ahora, Amalia, +es lo que se va a hacer con esta nia.</p> + +<p>La dama se encogi de hombros con indiferencia.</p> + +<p>—Phs... no s... La dejaremos esta noche +aqu. Maana le buscaremos una nodriza que +quiera tenerla en su casa... porque en sta, a la +verdad, es un trastorno.</p> + +<p>—Si usted no quiere tenerla en casa, yo me +encargo con mucho gusto de ella, Amalia—dijo +Mara Josefa, que estaba un poco apartada paseando +a la nia y arrullndola para hacerla +callar.</p> + +<p>—No he dicho que no quera—manifest con +viveza la dama.—Recoger esa nia, porque +tengo ms obligacin que nadie, ya que me la +confan... Pero, como usted comprende, para +hacerlo necesito contar con mi marido.</p> + +<p>Los tertulios aprobaron estas palabras con un +murmullo.</p> + +<p>Justamente se presentaba Mann preguntando +de parte de D. Pedro qu significaba aquel ruido. +Se le explic. El seor de Quiones se hizo +trasladar de nuevo en su silln con ruedas a la +sala; vio a la nia y se interes extremadamente +por ella. Inmediatamente declar que no saldra +de su casa, ordenando a un criado que al +amanecer fuese en busca de nodriza.</p> + +<p>Por lo pronto se trajo a la criatura leche y t +en un frasco con pezn de goma; se la abrig +con ms y mejor ropa. Los tertulios presenciaron +con carioso inters estas operaciones. Las +seoras lanzaban gritos de entusiasmo; se les +arrasaban los ojos de lgrimas al ver el ansia +con que la mamosa nia chupaba el pezn del +frasco. As que se hart, despidironse todos de +nuevo, no sin depositar antes cada uno un beso +en las mejillas de la pobrecita expsita.</p> + +<p>El conde de Ons no haba desplegado los labios +en todo este tiempo. Se hallaba retrado en +tercera o cuarta fila, siguiendo con ojos de +susto los cuidados que a la criatura se prodigaban. +Y trat de irse con disimulo sin nueva despedida; +pero Amalia le detuvo con alarde de +audacia que le dej petrificado.</p> + +<p>—Qu es eso, conde, no quiere usted dar un +beso a mi pupila?</p> + +<p>—Yo!... S, seora... no faltaba ms.</p> + +<p>Y plido y trmulo, se aproxim y puso sus +labios en la frente de la criatura, mientras la +dama le contemplaba con sonrisa provocativa y +triunfal.</p> + + + +<hr /> +<h3><a name="III" id="III"></a>III</h3> + +<p class="cab">La cita.</p> + + +<p>Esta fue la tercera noche en que el +conde de Ons apenas pudo cerrar los +ojos. Nada ms natural que en las +dos anteriores estuviese agitado, calenturiento; +pero ahora, por qu? Todo se haba resuelto +como apeteca. La empresa se haba llevado a +cabo con felicidad. No le restaba ms que dormir +tranquilo sobre su triunfo. Sin embargo, no +era as. Apesar de su figura robusta y gallarda, +posea el conde un sistema nervioso excesivamente +impresionable. La ms ligera emocin +turbaba su espritu, le inquietaba hasta un grado +indecible. Tal exquisita sensibilidad le vena +por herencia y tambin por educacin. Su padre, +el coronel Campo, haba sido un hombre +concentrado, sensible, de una susceptibilidad +tan delicada que le hizo mrtir en los +ltimos aos de su vida. Todo el mundo recordaba +en Lancia el interesante y conmovedor +episodio que cerr aquella vida caballeresca.</p> + +<p>El coronel mandaba las fuerzas de defensa de +una plaza en el Per cuando la insurreccin de +las colonias americanas. La plaza fue tomada +por los insurrectos de un modo insidioso y por +sorpresa. Un malvado denunci al coronel ante +el gobierno de Madrid como culpable de traicin, +aseverando que se hallaba en connivencia +y sobornado por el enemigo. Con harta precipitacin, +sin examen imparcial de los hechos y +sin tener presente la brillante hoja de servicios +del conde de Ons, el rey le priv de su empleo +en el ejrcito y de todas las cruces y condecoraciones +que posea. Bajo el peso de aquella horrible +injusticia, el pundonoroso militar qued anonadado. +Sus compaeros le arrancaron la pistola +en el momento de atentar a su vida. Acompaado +de su fiel asistente y de un primo se traslad +desde Madrid, adonde haba venido a defenderse, +a Lancia, donde le esperaba su esposa y su +hijo de corta edad. La vida de familia fue un +sedante para la terrible llaga abierta en el corazn +del soldado. Pero aquel bravo, que tantas +veces haba desafiado la muerte, no tuvo valor +para soportar las miradas y la curiosidad de sus +convecinos. En vez de rebelarse contra la injusticia +que se le haba hecho, en vez de tratar de +convencer a sus paisanos de su inocencia, lo que +no le hubiera costado gran trabajo, porque todos +estimaban su carcter y conocan su valor, +lleno de vergenza, como si realmente fuese criminal, +huy las miradas de la gente, se retrajo +a su casa, y solo paseaba por la huerta que detrs +de ella se extenda, cercada de alta y deteriorada +tapia.</p> + +<p>El palacio de los condes de Ons merece especial +mencin en esta historia. Era un edificio +antiqusimo, el ms antiguo de la ciudad en +unin de algunos restos de la primitiva baslica +que an quedaban en pie. No se haba +salvado otra cosa del horroroso incendio que +en el siglo XIV haba destruido la poblacin. +Su aspecto ms era de fortaleza que de mansin. +Pocas y estrechas ventanas cortadas por +columnas de piedra, distribuidas caprichosamente +por la fachada; una pared lisa de piedra, +ennegrecida por los aos; algunos agujeros +cuadrados cerca del techo, a guisa de aspilleras; +una gran puerta de medio punto reforzada con +grandes clavos de acero. Por dentro era inmensa +y tena ms alegra. El patio ancho, ms ancho +que la calle. Por la parte trasera la luz del medioda +baaba sus ventanas. Los rboles de la +huerta metan las ramas por ellas, sirviendo de +fresca cortina para templar sus rayos. El conjunto +de aquel vetusto casern ofreca misterio +y encanto singulares para los lacienses dotados +de imaginacin, en especial para los nios, nicos +seres que conservan, en nuestra edad prosaica, +la fantasa despierta. Su fachada, si es que +tal nombre puede darse a aquella lisa pared con +pequeos huecos tirados a granel, daba a la calle +de la Misericordia, una de las ms cntricas de +la ciudad. Una de las ventanas, quiz la ms +ancha, enfilaba la calle de Cerrajeras, y por ella +se vea la catedral a lo lejos.</p> + +<p>Aqu se encerr o se sepult el ex-coronel +Campo, sin que bastasen los ruegos de su esposa +y de los pocos parientes que frecuentaban su +trato para hacerle desistir de tal resolucin. Su +ociosidad fue de provecho para la casa. Hizo +arreglar la huerta, puso algunos miradores en la +parte trasera, amuebl varias habitaciones, enlos +el patio, etc. El oscuro casern, sin perder +su aspecto vetusto y misterioso, se trasform +por dentro en agradable morada. Pero el deshonorado +militar se consuma, se secaba dentro +de ella como un rbol sin luz y sin agua. +Una melancola profunda minaba su organismo, +le arrugaba la piel, blanqueaba sus cabellos, debilitaba +sus piernas y pona trmulas sus manos. +A los cincuenta y ocho aos de edad representaba +tener setenta. Dentro de la casa no se le senta. +Paseaba por los corredores como un fantasma. +Trascurran los das sin que nadie le oyese +el metal de la voz. Pero no se mostraba adusto +con nadie. Una sonrisa dulce y triste vagaba +constantemente por sus labios. No buscaba las +caricias de su hijo, pero cuando le tropezaba casualmente +por los pasillos le coga la cabeza, se +la besaba amorosamente, murmuraba algunas +palabras tiernas en su odo y repentina y precipitadamente +se alejaba, algunas veces con +lgrimas en los ojos. Pensaba que era una +gran desgracia para aquel pequeuelo, rubio +y hermoso como un querubn, el haber nacido +hijo de un padre deshonrado. El infeliz le +peda perdn, con la mirada, de haberle engendrado.</p> + +<p>Hacia el ao 1829, cuatro despus de haber +llegado de Amrica, el coronel era un verdadero +espectro. Dorma bien, coma bien, no le dola +nada; pero aquella vida se escapaba en efluvios +invisibles y constantes, en lenta y pavorosa consuncin. +Su esposa hizo venir un mdico, luego +otro y otro. Todos dijeron lo mismo. Era necesario +salir, distraerse, cultivar el trato de la gente. +Precisamente las nicas medicinas que el conde +estaba resuelto a no tomar. Poco a poco fue permaneciendo +ms horas en la cama; se levantaba +tarde; se acostaba temprano. Perdi el gusto +para trabajar en la huerta. No sala de las cuatro +paredes de la casa. Dentro de ella dej de ocuparse +en las cosas que antes le entretenan; hacer +estuches, cuidar la pajarera y otras obras manuales. +Las pocas horas que permaneca fuera +de la cama pasbalas, bien sentado en una butaca, +ya paseando por los corredores en silencio. +Al cabo dej de levantarse. Todo esto lo recordaba +Luis perfectamente. Entraba en su cuarto, le +vea tendido mirando al techo con extraa y +terrible tristeza pintada en el rostro. Al entrar +su hijo volva la cabeza, sonrea, le llamaba por +seas y, despus de darle un beso, le empujaba +para que se fuese.</p> + +<p>Un da el nio percibi mucho ir y venir por +casa; los criados corran azorados, cambiaban +entre s palabras rpidas; los pocos parientes y +amigos que visitaban la casa estaban todos all +y tenan unas caras largas, largas, que le aterrorizaban. +Acercndose al gabinete de su padre, vio +que levantaban un altar. Pregunt sencillamente +lo que aquello significaba, y una criada, llevndole +a un rincn, le dijo que no se asustase, que +su pap haba deseado confesarse y recibir la +Comunin, y que su Divina Majestad vendra +pronto a visitarle. Esta recomendacin de no +asustarse, hecha repetidas veces, produjo el +efecto contrario. Comprendi que algo grave +pasaba. En efecto, el conde de Ons se mora, +se iba por la posta, segn decan sus deudos. El +mdico orden que le dispusiesen.</p> + +<p>A las seis de la tarde, cuando ya haba oscurecido, +las puertas del palacio de Ons se abrieron +para recibir al sacerdote portador de la Sagrada +Hostia, que vena en el carruaje de la +casa. Los criados y parientes esperaban en el +portal con hachas encendidas. Una larga fila de +personas de todas clases vena detrs, tambin +alumbrando. Muchas de ellas acudan por verdadera +devocin y por la estima que les inspiraba +el enfermo. Las ms, slo por satisfacer la curiosidad +de verle despus de tanto tiempo, aprovechando +aquellas crticas y solemnes circunstancias. +Penetr hasta la habitacin del moribundo +todo el que quiso. A nadie se puso obstculo. +Pero no pudieron todos cumplir su gusto, +porque no caban. Llenose enseguida el gabinete +del conde de una muchedumbre abigarrada, +personas decentes, menestrales, nios, todos empinndose +para contemplar al prcer cado en la +desgracia, y que ahora iba a caer en el oscuro +seno de la muerte, en el eterno olvido. El den +de la catedral, su amigo y confesor, avanz con +la Hostia levantada. Los presentes se hincaron +de rodillas. Rein un silencio lgubre. En aquel +momento el enfermo, a quien haban incorporado +dijo en voz alta, dirigindose a los circunstantes +arrodillados:</p> + +<p>—Juro por el Dios Sacramentado, que va a +entrar en mi cuerpo, que no he sido traidor a mi +patria, y que en la guerra de Amrica me he +portado siempre como un militar honrado y +leal.</p> + +<p>Su voz, que pareca salir de un cadver, reson +clara y estridente en la cmara. Hubo un +murmullo reprimido entre la gente. El den, con +lgrimas en los ojos, respondi:</p> + +<p>—Bienaventurados los que padecen hambre +y sed de la justicia!</p> + +<p>Y le puso la sagrada partcula en la boca.</p> + +<p>La noticia vol por la ciudad. Aquel extrao +y terrible juramento, que se repetan unos a +otros, caus impresin profunda en el pblico. +Los parientes y amigos del conde peroraban con +exaltacin en todos los grupos. A uno de aqullos +se le ocurri dirigir una exposicin al rey, +firmada por todos los vecinos, pidiendo que se +revisase de nuevo el proceso del coronel. Pero +ya se le haba adelantado el den, hombre fogoso +y elocuente, que logr que el obispo y el +cabildo le diesen su representacin para ir a +Madrid a gestionar la rehabilitacin de su amigo +de la infancia. ste haba mejorado un poco: +por lo menos, la enfermedad se haba estacionado. +La consuncin seguira, pero al exterior no +se notaba. No se le dijo nada de lo que se tramaba. +El den tuvo tiempo a ir a Madrid, lograr +una audiencia del rey, hablarle al alma +pintndole con elocuencia el solemne juramento +que haba escuchado, recabar de S. M. un real +despacho reintegrando al conde en todos sus honores, +cruces y condecoraciones, y volverse a +Lancia loco de ansiedad. Qu alegra cuando +supo que su amigo no haba expirado! Desde la +galera acelerada en que hizo el viaje corri al +palacio de Ons y con las debidas precauciones +para no impresionarle demasiado le comunic +la fausta nueva.</p> + +<p>El coronel qued algunos momentos ensimismado +con la cara metida entre las manos.</p> + +<p>—Qu hora es?—pregunt al cabo.</p> + +<p>—Las doce acaban de dar.</p> + +<p>—A ver, pronto, mi uniforme!—exclam con +extraa energa incorporndose sin ayuda de +nadie.</p> + +<p>—Rayo de Dios! Enseguida, mi uniforme!—volvi +a proferir con ms violencia, viendo +que nadie se mova.</p> + +<p>La condesa fue al armario y lo trajo al fin. Se +hizo vestir rpidamente, se puso sobre el pecho +la banda de Carlos III y todas las cruces que haba +ganado. Eran tantas que, no cabiendo en el +costado izquierdo, tenan que ir algunas al derecho. +En esta forma se hizo conducir a la ventana +que enfilaba la calle de Cerrajeras, y all se +coloc en pie. No tardaron en salir los fieles de +misa de doce, la ms concurrida de las que se +celebraban los domingos. Todos pudieron contemplar +ya desde lejos aquella figura extraa, +aquel cadver vestido de gran uniforme. Y con +un sentimiento de asombro, de respeto y de compasin, +todos desfilaron en silencio por debajo +de la ventana, sin poder separar los ojos de ella. +Durante tres domingos consecutivos el coronel +tuvo fuerzas para levantarse y colocarse en el +mismo sitio. All permaneca media hora inmvil +ostentando sus insignias con los ojos extticos +en el vaco, sin ver ni or a la muchedumbre +que se agrupaba delante del palacio y se lo mostraban +unos a otros posedos de grave y dolorosa +emocin. Al cuarto quiso hacer lo mismo, se +incorpor con violencia para que le vistieran, +pero volvi a caer al instante sobre las almohadas +para no levantarse ms. Por la noche entreg +el alma a Dios aquel bravo y pundonoroso +soldado.</p> + +<p>Pobre padre! El conde no poda recordar +aquella escena, que haba quedado profundamente +grabada en su cerebro, sin que las lgrimas +se le agolparan a los ojos. De l haba heredado +la exquisita delicadeza en el sentir, una +susceptibilidad que llegaba a ser enfermiza, no +la serenidad, la iniciativa, la firmeza inquebrantable +que realzaban el alma del coronel Campo. +El actual conde tena un temperamento excesivamente +sensible y tierno, un fondo de honradez +y de vergenza que era el patrimonio moral +de los Campo. Mas estas cualidades se contrarrestaban +por un carcter dbil, fantstico, +sombro, el cual le vena, sin duda, de la familia +de su madre.</p> + +<p>D. Mara Gayoso, condesa viuda de Ons, +hija del barn de los Oscos, era un ser original, +tan excepcionalmente original que rayaba en lo +inverosmil. En toda su familia, desde tres o +cuatro generaciones hasta ella por lo menos, haba +apuntado algo estrambtico que en algunos +de sus miembros tocaba en las lindes de la locura +y en otros entraba de lleno dentro. Su abuelo +haba sido un empedernido ateo partidario de +Voltaire y la Enciclopedia que a ltima hora se +haba entregado a la embriaguez, y segn la conseja +del pueblo fue arrastrado un da por los demonios +al infierno. En realidad muri de combustin +espontnea, lo que pudo dar pbulo a semejante +fbula. Su padre fue un mentecato a +quien su madre, mujer de rara energa, tuvo siempre +esclavizado hasta la degradacin. De sus +tos, uno par en el manicomio, otro fue notabilsimo +matemtico, pero tan excntrico que +sus rarezas se guardaban en Lancia como manantial +de ancdotas chistosas; otro se meti en la +aldea, se cas con una labradora y se mat a fuerza +de aguardiente. No tena ms que un hermano, +el actual barn de los Oscos. Tambin era +un ser original y excntrico. Al comenzar la +guerra civil se pas al bando del Pretendiente +e ingres en su ejrcito, pero a condicin de +servir como soldado raso. Toda la campaa +hizo de esta suerte. No fue posible, por ms +empeo que en ello pusieron los magnates que +rodeaban a D. Carlos y el mismo rey, obligarle +a aceptar el despacho de oficial. Fue herido +varias veces y una de ellas de tan mala manera, +en la cara, que le qued una profunda cicatriz. +Como su rostro era ya de lo ms desgraciado +que pudiera verse, aquel surco sinuoso +y colorado acab de prestarle una apariencia +monstruosa y hasta temible.</p> + +<p>Era ms joven que su hermana Mara. No llegaba +an a los cincuenta aos. Viva clibe y +solo en la casa solariega que los Oscos tenan +en la calle del Pozo, nada magnfica por cierto. +Iba rara vez por casa de su hermana, no por antipata, +sino por lo retrado y spero de su genio. +Sala poco de casa, sobre todo de da. Tena +contadsimos amigos. El ms ntimo de todos, +el nico puede decirse que gozaba de +su intimidad, un fraile exclaustrado, que antes +de ordenarse haba servido en las filas del +ejrcito como oficial. Fray Diego era su perpetuo +camarada. El barn, por su carcter sombro, +por sus excentricidades, y sobre todo +por lo espantable de su rostro, inspiraba general +temor en la poblacin. Los nios sentan +en su presencia un terror pnico. Los padres +y las nieras, para reducirlos a la obediencia, +les amenazaban con l:—Se lo voy a decir +al barn!—Que viene el barn!—Hoy he visto +al barn y me pregunt si eras obediente, etc. +Y el barn, por su gesto, constantemente desabrido, +por lo bronco y recio de la voz y por la +brusquedad con que acostumbraba a hablarles, +era para las inocentes criaturas un verdadero +ogro. Iba constantemente armado de un +par de pistolas; el estoque de su bastn era un +verdadero sable. Se deca que haba disparado +sobre un criado slo porque le haba abierto una +carta, y que en varias ocasiones haba cogido a +los nios que se atrevan a hacerle muecas en +la calle, los meta en la cuadra, los desnudaba y +los azotaba cruelmente con las correas del freno +de su caballo. Verdaderos o inventados estos +cuentos, contribuan a acreditarle entre el elemento +infantil de Lancia como un monstruo de +ferocidad del cual haba que huir, si el temblor +de las piernas lo consenta.</p> + +<p>Una de las cosas que ms coadyuvaban a infundir +el terror en los pequeos y cierto respeto, +no exento de miedo, en los grandes, era el caballo +que el barn posea; un caballo de ojo ardiente +y feroz y de genio tan furioso que nadie +osaba montarle ms que l y su amigo Fray +Diego, que haba servido en caballera. Para sacarlo +a beber lo llevaban siempre del diestro, y +aun as el indmito bruto iba tirando saltos y +coces, poniendo en conmocin a los transentes. +Cuando el barn lo montaba, y dando corcovos +y alzndose de brazos sala de casa, la +calle se estremeca, los vecinos se asomaban a +las ventanas, los nios se refugiaban en las faldas +de sus madres, todos contemplaban atnitos +aquel centauro temeroso. Realmente el barn de +los Oscos en tal momento, con su rostro desfigurado, +los ojos encarnizados, los grandes bigotes +empalmados con las patillas, cerdosos y erizados, +y el formidable torso pegado al caballo, era +una figura que infunda espanto. Haba que remontarse +con la fantasa a la irrupcin de los +brbaros para hallar algo semejante. Ni Alarico, +ni Atila, ni Odoacro deban de tener aspecto ms +feo y siniestro ni producir ms grima. Jzguese +del efecto que causara entre los vecinos tmidos +cuando una temporada le dio por salir a caballo +pasada la medianoche y recorrer las calles de +la ciudad acompaado de un criado, caballero +asimismo en otro corcel.</p> + +<p>La condesa de Ons era dentro de su sexo un +tipo tan estrafalario, por lo menos, como su hermano. +Bajita, rechoncha, cara redonda y plida +con ojos negros y muertos, el cabello pegado a +las sienes con goma de membrillo, vestida constantemente +con el hbito morado del Nazareno. +Viva recluida en su palacio como una +monja en el convento. Viva entregada en absoluto +a la devocin, pero a una devocin caprichosa, +fantstica, en nada parecida a la que +practican las almas verdaderamente msticas. +Toda su vida haba dado seales de un humor +excntrico, mas desde la muerte del conde se +haba pronunciado tanto que bien podan tomarse +sus excentricidades como manas, y no de las +ms leves. Cuando joven haba mostrado una +naturaleza tan pdica que rayaba por su exageracin +en lo ridculo. Sus amigas la embromaban +no pocas veces afectando cierta libertad en +el hablar. Tan castsimos eran los odos de la +doncella de los Oscos, que los de una miss inglesa +pareceran los de un sargento a su lado. No poda +sufrir que la ropa interior de su hermano fuese en +unin con la suya cuando la lavandera la llevaba +o la traa. Si aqul le entregaba unos pantalones +para que le cosiera un botn, cumplido el +encargo corra a su cuarto y se lavaba bien las +manos, y aun dicen que se echaba en ellas algunas +gotas de agua bendita. Apretbase el seno +hasta hacerse dao; suba el cuello de los vestidos +contra las prescripciones de la moda; no se mudaba +la camisa sino a oscuras, y cuando no tena +los guantes puestos jams daba la mano a un +hombre. La historia de su casamiento fue verdaderamente +curiosa, llena de incidentes cmicos +que se repitieron durante mucho tiempo por +la ciudad. Sobre todo lo que acaeci en la primera +noche de novios, verdadero o inventado, +era muy gracioso y digno de figurar en una novela +de Paul de Kok.</p> + +<p>Durante el matrimonio esta virtud de la castidad +templose un poco. Casi parece excusado +decirlo. Mas luego que qued viuda volvi a +exacerbarse de modo notable. Sobre todo, en +los ltimos aos adquiri aspecto de locura. +Cuando se rezaba el rosario, que era dos veces +al da, mandaba previamente una criada al gallinero +para apartar, mientras durase, al gallo de +las gallinas; luego la ordenaba separar las cucharas +de los tenedores y los corchetes machos +de las hembras. Por ltimo, la haca situarse en +una ventana de la fachada lateral de la casa para +impedir que ninguno orinara en el rincn donde +los transentes solan hacerlo. Un da vino el +cochero a decirle que una de las yeguas estaba +en el celo. Tanto se indign que, despus de haber +reido speramente por la osada de notificarle +tal asquerosidad, mand inmediatamente +venderla. Una vez que sorprendi al mozo de +cuadra dando un beso a la cocinera se puso enferma +del disgusto. Ambos salieron inmediatamente +de la casa.</p> + +<p>Le gustaba, no obstante, tener tertulia a primera +hora de la noche, pero de clrigos solamente. +Acostumbraba a sentarse en una butaca, delante +de la cual, con intencin o sin ella, probablemente +con intencin, colocaba dos sillas de suerte que +pareca estar detrs de una valla. Poco despus +de entrar los presbteros y animarse la conversacin, +la condesa se dorma profundamente, y +as estaba hasta las nueve en que las sotanas se +despedan, por supuesto sin darle la mano. Como +la casa tena capilla, sala poqusimas veces, y +esas en coche. Guardaba todo el oro, que llegaba a +sus manos, en los parajes ms ocultos del desvn +o de la huerta. Algunas veces por esta avaricia, +o ms propiamente por esta mana de urraca, la +casa se vio en verdaderos aprietos: consinti en +que su hijo pidiera a prstamo algunas cantidades +antes que desenterrar las peluconas. Era +adems golosa, muy golosa, capaz de comerse +una fuente de confites sin asomos de indigestin. +Pero no haban de ser fabricados por las monjas: +por extraa contradiccin con sus piadosas inclinaciones, +odiaba todo lo que ola a convento.</p> + +<p>Pues por esta mujer estrambtica, bien podemos +decir loca, fue educado el actual conde de +Ons. Su carcter se resinti muchsimo. Para +contrarrestar aquella excesiva sensibilidad, aquel +temperamento dbil y vacilante y el humor fantstico +y sombro de que daba en ocasiones tristes +muestras, se hubiera necesitado una educacin +viril al aire libre, un maestro inteligente y +enrgico que supiera despertar en su organismo +el bro y la resolucin de los Campo. Sucedi lo +contrario desgraciadamente. La condesa se empe +en que no siguiese carrera que le apartase +de Lancia. Estudi, pues, en la universidad del +pueblo la carrera de jurisprudencia, que es la +capa con que los jvenes ricos tapan su propsito +de holgar toda la vida. Mientras dur, y mucho +tiempo despus de terminada, la condesa le tuvo +sujeto a su autoridad de un modo que resultaba +ridculo. Jams sala de casa sin pedirle permiso, +no fumaba en su presencia, se recoga al oscurecer, +rezaba el rosario, confesbase cuando +ella lo ordenaba. Mientras su cuerpo se desarrollaba +prodigiosamente, se trasformaba en un +mancebo bizarro y atltico, su espritu continuaba +tan infantil y sumiso como si nunca pasara +de diez aos. En esta vida retrada y afeminada +agravose la nativa timidez de su carcter, su sensibilidad +delicada se hizo enfermiza, su genio +sombro y receloso. Y lo ms lamentable era +que, sin ser una lumbrera, estaba dotado de clara +inteligencia y posea una penetracin frecuente +en los hombres reservados y tmidos. Careca +de ilustracin y de experiencia; pero saba +mantener discretamente una conversacin y +no se le escapaban los defectos del prjimo. +Como casi todos los seres dbiles, gozaba a veces +malignamente a costa de ellos. Es la venganza +que la gente sin carcter toma de quienes lo poseen +demasiado vigoroso y espontneo. No obstante, +estas rfagas de irona y malignidad no +eran en l frecuentes. Apareca ms bien como +un joven prudente, reservado, melanclico, de +trato corts y caballeroso, de corazn sensible, +lleno de cario y de respeto hacia su madre.</p> + +<p>Despus que concluy la carrera tuvo sus anhelos +y aun proyectos de salir de Lancia, de ir a +la corte, de viajar durante algn tiempo. Bast, +sin embargo, la negativa de la condesa para contenerle +y hacerle desistir. Prosigui, pues, su +vida de holganza, mayor an desde que no tena +siquiera la obligacin de mirar de vez en cuando +los libros de jurisprudencia.</p> + +<p>Slo la entretena dedicndose a temporadas +al cultivo de ciertos oficios manuales, y con la +lectura de las obras romnticas entonces muy en +boga. Se hizo hbil ebanista, no tanto como +su padre; luego le dio por la relojera. ltimamente +tom aficin a una finca de labor y recreo +que posea en las inmediaciones de la poblacin +y comenz a mejorarla notablemente. Denominbase +la Granja: distaba poco ms de dos kilmetros +de Lancia: tena una casa grande y vieja +y destartalada: a espaldas de ella un hermoso +bosque de robles y delante grandes y feraces praderas. +Comenz a ir todas las tardes despus de +comer; cri ganado vacuno y tambin algunos +caballos, plant rboles, abri canales y levant +cercas. En la casa apenas toc. En esta nueva +aficin gan su cuerpo, que se hizo ms duro y +ms gil, y tambin su carcter. La melancola, +que tanto le atormentaba, se fue templando, serenose +su espritu, fue adquiriendo ms firmeza +en el trato de la gente y ms seguridad de s +mismo, y ciertos accesos de humor negro, de +rabia y desesperacin que sin causa alguna le +acometan de raro en raro y le hacan aparecer +ante los criados como un epilptico, desaparecieron +por completo. De esta suerte lleg hasta +los veintiocho aos, en que comenz a frecuentar +la casa de Quiones, y su vida experiment +profunda trasformacin.</p> + +<p>Eran las nueve de la maana cuando el criado +le despert de un sueo agitado, incompleto, para +entregarle una carta. La dej caer con afectada +indiferencia sobre la mesa de noche; mas luego +que el criado se fue apresurose a cogerla y la +abri con visible agitacin. Aunque haca ya +cerca de dos aos que duraban sus relaciones con +Amalia, nunca abra carta de sta sin que le +temblasen las manos. Verdad que se escriban +poqusimas veces. Pero ms que la rareza de las +cartas contribua sin duda a turbarle el profundo +amor que en su naturaleza sensible y tmida +haba arraigado.</p> + +<p>Esta tarde a las tres. Por la tribuna, deca +la carta nicamente. Su turbacin no se disip +por completo. Las citas como aqulla eran extremadamente +peligrosas; le causaban, enmedio +de su felicidad, una impresin de miedo que no +poda vencer. Haba rogado a Amalia que las suprimiese; +pero no le hizo caso alguno. Y l se +consideraba absolutamente incapaz de oponerse +a su voluntad. Pas la maana nervioso, alterado. +Para calmarse dio un paseo a caballo; lleg +hasta la Granja; pero volvi al cabo con la misma +intranquilidad que haba salido.</p> + +<p>Cuando lleg la hora sealada sali de casa y +tom la calle de Cerrajeras. Era la hora en que +apenas se ve un transente. Los vecinos de Lancia +comen generalmente a las dos. A las tres +estn, pues, de sobremesa o reposando. Al final +de Cerrajeras, en la esquina de la calle de Santa +Luca, est la iglesia de San Rafael, que tiene +su entrada principal por aqulla. El conde +penetr en el templo, despus de tomar agua bendita, +como el que va a hacer sus oraciones. Estaba +enteramente solitario, o al menos as le pareci +a la primera ojeada. A los pocos minutos, +acostumbrados ya sus ojos a la oscuridad, percibi +dos o tres bultos diseminados por l y postrados +en oracin. Arrodillose l tambin en el +fondo oscuro, cerca de la puertecita de la escalera +que conduca a la tribuna de los Quiones, y +fingi orar unos momentos. Aquello le repugnaba +profundamente. Era un creyente sincero, +y la piadosa y severa educacin que haba tenido +le haca horrorizarse de tal sacrilegio. Se le +haba pegado el fanatismo de su madre: tena un +miedo espantoso al infierno. Tambin Amalia +era creyente y aun pasaba en la poblacin por +piadosa; perteneca a varias cofradas; era protectora +de algunos asilos; haca frecuentes regalos +a las imgenes y se la vea acompaada de +clrigos. Pero miraba aquella profanacin con la +mayor indiferencia. La religin era para ella +cosa muy respetable, pero ms respetables an +su voluntad y sus placeres.</p> + +<p>Al cabo de unos minutos el conde se levant +cautelosamente y tir de la puertecita, que una +mano previsora haba ya abierto de antemano. +Torn a llegarla y subi por la estrechsima escalera +de caracol. La pequea tribuna de la +casa Quiones estaba an ms oscura que la +iglesia. Busc a tientas la puerta del pasadizo y +la empuj; mas como tena cierre de cristales y +podan verle desde la calle, se ech a gatas para +atravesarlo. En la puerta que comunicaba con la +casa estaba Jacoba esperndole. Era sta una +mujer de ms de cincuenta aos, obesa, con un +vientre colosal, que se mova con trabajo, la respiracin +anhelante, embotada por la grasa y hablando +siempre en voz de falsete. La suma discrecin, +la encarnacin verdadera del sigilo. +Nunca haban tenido otro confidente; nadie en +el mundo ms que ella estaba enterada de sus +amores, y en el curso de ellos les haba servido +prodigiosamente; fue su centinela, su salvador +en muchas ocasiones, su ngel tutelar siempre. +No era sirviente de la casa, sino protegida de la +seora. Dedicbase a correr los gneros de las +tiendas, a traerlos a las casas, ganando por ello +pequesima comisin. Esto no le bastaba para +vivir aunque era ella sola y una sobrina. Pero +en varias casas le hacan encargos de distinta +ndole y la ayudaban de mil maneras. Sobre +todo en la seora de Quiones haba encontrado +una protectora decidida. Cuando lleg a +ser su confidente puede decirse que hall una +verdadera mina. Amalia pagaba con largueza +sus servicios que, en realidad, bien merecan recompensa +extraordinaria.</p> + +<p>La medianera se llev el dedo a los labios recomendando +silencio al conde, as que ste franque +la puerta. Recomendacin bien excusada +por cierto, porque hasta la respiracin iba conteniendo +por no hacer ruido. Luego, adelantndose +un poco para explorar el terreno, le hizo +sea para qu la siguiese. Atravesaron un corredor, +pasaron por delante de la escalera principal +sin ascender por ella de miedo a encontrarse +con algn criado, y fueron a buscar a la biblioteca +una escalerita excusada que all haba para +subir al segundo. El conde avanzaba de puntillas +con el corazn palpipante. Aunque ya haba +penetrado otras veces en casa de Quiones de +aquella manera, le pareca siempre el colmo de +la temeridad y maldeca en su interior del atrevimiento +y despreocupacin de su amante. Llegaron +al fin al gabinete de la seora. La puerta +se abri sin que se viese a nadie. Jacoba empuj +suavemente al conde, quedando ella fuera. La +mano de Amalia, que se present de improviso, +volvi a cerrar, y sbito, con arrebatado ademn, +ech los brazos al cuello de su querido y le bes +con apasionada ternura. l, cohibido, agitado +an por la ascensin y trmulo, permaneci quieto, +sin corresponder a tales manifestaciones de +cario. La dama le dio un golpecito maternal +con la palma de la mano en la mejilla.</p> + +<p>—Sernate, poltrn, que nadie te come aqu.</p> + +<p>Luis hizo un esfuerzo por sonrer y se +dej caer en una marquesita forrada de raso +azul.</p> + +<p>El gabinete de Amalia contrastaba por su lujo +coquetn con el abandono que reinaba en el resto +de la casa. Las paredes cubiertas de tapices +soberbios, los mejores de la coleccin que la +familia posea; los muebles flamantes, estilo +Luis XV, trados de Madrid con la magnfica +cama de bano incrustada de marfil que se vea +en la alcoba, en los primeros meses del matrimonio, +cuando D. Pedro se esforzaba intilmente +en ganar el corazn de su joven esposa. Respirbase +all una atmsfera perfumada, sensual, +que denunciaba los gustos refinados que la dama +forastera haba trado all de otras tierras a la +severa mansin de los Quiones.</p> + +<p>Sentose sobre las rodillas del conde, y tirndole +de la barba, exclam conteniendo a duras +penas los gritos, con una alegra reprimida que +le brillaba en los ojos, que estallaba por todos +los poros:</p> + +<p>—Lo ves? Lo ves como hemos vencido? +Lo ves como se han salvado todos esos obstculos +que se te amontonaban en la cabeza y no +te dejaban ver claro? No ha sido necesario ms +que un poco de audacia y que Dios nos ayudase.</p> + +<p>—Dios!—murmur estremecindose el conde.</p> + +<p>Ella sinti que haba hecho mal en apelar a la +divinidad, y se apresur a decir con desenfado:</p> + +<p>—Quise decir la suerte... Vamos, no empieces +a ponerte cargante y tristn... ste es un +momento de felicidad para nosotros... Lo estoy +tocando y me parece mentira... Mi hija, la hija +de mis amores, viviendo conmigo, pudiendo verla +y besarla a todas horas... Qu hermosa es!... +No pude contemplarla a mi gusto hasta esta maana; +pero hoy me he saciado bien... Se parece +a t... sobre todo esta parte de aqu arriba, del +entrecejo. Jacoba dice que la boca es ma... No +me pesa—aadi sonriendo con coquetera.—Otra +cosa peor pudiera sacar de m, verdad?</p> + +<p>—Para m todo es igualmente hermoso.</p> + +<p>—Vamos!—exclam la dama echndose hacia +atrs y clavndole una mirada de burla cariosa.—Al +fin has recobrado el uso de la palabra... +Pues bien—aadi en tono serio,—t no +sabes las vueltas que hemos tenido que dar esta +maana para buscarle nodriza. Me han trado +tres. Ninguna me ha gustado. Al fin la cuarta +se qued. Y qu lindamente comenz a chupar +el ngel mo! Me costaba trabajo no saltar de +alegra... como me cuesta ahora!... Pero seamos +graves... seamos graves y cargantes como +el seor conde... Dime, fastidioso, cmo te has +arreglado para traerla? Cuntame. Qu cara +tenas ayer noche al abrir la puerta del saln!</p> + +<p>—La cosa no era para menos. A las nueve fui +a buscarla a casa de Jacoba. Ya te lo habr dicho +ella. Me pas all cerca de dos horas. Y +como si el diablo quisiera mortificarnos, la criatura +chillaba sin cesar...</p> + +<p>—S, s, ya s todo eso... Y luego?</p> + +<p>—Qu noche! Los chubascos se repetan sin +cesar. Las calles estaban perdidas, sobre todo +por aquellos barrios extraviados. Me remangu +los pantalones casi hasta la rodilla, porque cmo +iba a entrar manchado de barro en tu saln? +Quise sostener el canastillo en un brazo y llevar +el paraguas abierto en la otra mano. Fue +imposible. A los pocos pasos me volv y le dej +el paraguas a Jacoba. Qu peregrinacin, cielo +santo! Qu angustia! El viento me bajaba a +cada instante el embozo de la capa, la lluvia me +azotaba la cara y me entraba por el cuello. Tena +miedo que me mojase la nia. Adems iba +temiendo resbalar. Figrate si caigo en aquel +momento! El viento soplaba a veces tan recio +que me impeda dar un paso. Bien puedes creerme +que estuve tentado a dar la vuelta y dejarlo +para otro da.</p> + +<p>—Lo creo sin que me lo jures. Demasiado s +que te ahogas en un plato de agua.</p> + +<p>l le dirigi una larga y triste mirada de reconvencin. +Amalia solt a rer y, abrazndole +y besndole con efusin, exclam:</p> + +<p>—No hagas caso, pobrecito. Piensas que no +te compadezco? El trance ha sido bien duro. Te +has portado como un hroe.</p> + +<p>El conde, bajo el peso de aquellos elogios, se +ruboriz. La conciencia le gritaba que no los +mereca. Se acord de la terrible prueba por que +acababa de pasar Amalia, y dijo:</p> + +<p>—T s, t s que has debido de padecer! +Cmo te encuentras? Ha sido una imprudencia +bajar tan pronto la escalera.</p> + +<p>—Oh! Yo, aunque parezco dbil, soy una +roca.</p> + +<p>—Bien lo has demostrado. Padecer esos tremendos +dolores sin exhalar ni una queja!</p> + +<p>—Qu sabes t de esos dolores, tonto?—dijo +ponindole una mano en la boca.—Has parido +alguna vez?</p> + +<p>—Luego cuatro das solamente en la cama—prosigui +el joven separando dulcemente aquella +mano y besndola al mismo tiempo,—y al +quinto bajar al saln.</p> + +<p>—Pues ya ests viendo que no me ha pasado +nada. Oh, si no llego a bajar ayer, de fijo Quiones +me manda al mdico! Ya desde el segundo +da estaba empeado en que subiese... Pero +no sabes? Est enamorado, loco por la chiquilla. +Toda la maana ha tenido a la nodriza en su +cuarto. Y se le ocurren unas cosas tan peregrinas! +Dice que esta nia nos la enva Dios para +consolarnos de no tener familia...</p> + +<p>El conde volvi a ponerse serio, taciturno, +mientras en los labios de la dama se dibujaba +una sonrisa de cruel irona.</p> + +<p>—A todo esto no has preguntado por ella, padre +desnaturalizado—dijo metiendo sus dedos +finos y blancos por la gran barba rizosa y bermeja +de su amante.—Porque eres su padre, s, +su padre. A que no lo niegas?—aadi acercando +con mimo su rostro al de l y ponindole los +labios en el odo.—Voy a trartela.</p> + +<p>—Pero va a venir el ama?—pregunt l con +terror.</p> + +<p>—No, hombre, no—replic riendo.—Vendr +ella solita. Vers qu bien camina ya.</p> + +<p>El conde abri los ojos con una expresin estpida +que la hizo rer an ms. Se puso en pie +y abriendo la puerta cuchiche un instante con +Jacoba, que estaba fuera de centinela. Al cabo +de pocos minutos la obesa medianera abri otra +vez la puerta cautelosamente y les entreg la +nia dormida. Amalia se sent, hacindola descansar +en su regazo. Ambos la contemplaron +largo rato en silencio con xtasis, pendientes del +levsimo soplo que hinchaba y deshinchaba +aquel tierno cuerpecito. Fue un instante feliz. +El conde, olvidado de sus temores, se calm: +una sonrisa de vivo placer se esparci por su +fisonoma dulce y melanclica. Trascurran los +minutos, y ni uno ni otro rompan aquel silencio +dichoso ni se distraan un punto de la atencin +intensa en que sus espritus se confundan. +Aquel ser diminuto, inconsciente, aquel pedacito +de carne rosada se reflejaba igualmente en +sus ojos y ataba con hilos invisibles sus almas +y sus vidas.</p> + +<p>—Qu hermosa es! Se parece a t—murmur +el conde con tan blando acento que apenas si +lleg a los odos de su amante.</p> + +<p>—An ms a t—respondi sta en la misma +voz apagada.</p> + +<p>Luego, por un movimiento simultneo, ambos +volvieron la cabeza y se miraron larga, intensamente, +con amor.</p> + +<p>—Te adoro, Amalia—dijo l.</p> + +<p>—Te quiero, Luis—respondi ella. Sus manos +se buscaron y se apretaron tiernamente: sus cabezas +se inclinaron para cambiar un beso casto.</p> + + + +<hr /> +<h3><a name="IV" id="IV"></a>IV</h3> + +<p class="cab">Historia de aquellos amores.</p> + + +<p>Casto, s. Quiz el primero en sus ya +largos amores. Todo lo que de tierno +y potico se desprenda de ellos, como +un perfume, vino de pronto a embriagarlos, a +hacerlos dichosos. Se desvaneci el remordimiento, +que pesaba sin cesar en el alma delicada +del conde, la agitacin insana que a ambos +atormentaba, el ardor, la violencia, la amargura +qu iba oculta en el fondo de sus deliquios amorosos +como el gusano en el cliz de la rosa. No +qued ms que el amor puro, el amor satisfecho, +el amor consagrado por la santa y misteriosa +fuerza de renovacin que habita en el seno de la +naturaleza.</p> + +<p>Si se hubieran conocido antes! Cuntas veces +se haban repetido esta frase de los adlteros! +Si se hubieran conocido antes, probablemente se +hubieran separado sin sentir el ms insignificante +movimiento de atraccin. El amor se alimenta +principalmente de dificultades, le placen los terrenos +movedizos batidos por la borrasca. El de +ellos no pudo hallar tierra ms adecuada ni circunstancias +ms favorables para su germinacin.</p> + +<p>Como se sospechaba en Lancia, el matrimonio +de Amalia con D. Pedro fue impuesto a +aqulla por su familia, que agonizaba de hambre. +D. Antonio Sanchiz, padre de la dama, era +un mayorazgo valenciano que haba consumido +con el juego y las mujeres las tres cuartas partes +de su hacienda. La cuarta que restaba se encarg +de consumirla por los mismos medios su +hijo primognito, que haba heredado idnticos +gustos. Amalia era la ltima de los cinco hermanos, +cuatro hembras y un varn. Su hermana +primera, a quien haban tocado an algunos rayos +dbiles del esplendor de la casa, logr casar +ventajosamente con el hijo de un banquero rico. +Nada aprovech a su familia. Ni D. Antonio ni +su hijo Antoito pudieron ver el color de las +monedas de su yerno y cuado respectivamente. +Las otras dos tambin casaron con jvenes distinguidos, +pero sin dinero. Amalia floreci enmedio +de la total ruina de su casa. Ni su figura +graciosa y delicada, ni su clara estirpe le valieron +para llamar la atencin de los hombres. +El conocido desastre de la casa y la deplorable +reputacin de su padre y hermano pusieron en +torno de ella una valla que ninguno se atreva a +saltar. Bien lo ech de ver enseguida y rehuy +enamorarse de los que, por pasatiempo o galantera, +la festejaban. No era tipo acabado de belleza; +faltbale gallarda en la figura, amplitud de +formas, color en las mejillas. Mas apesar de su +cuerpecito menudo y no del todo bien conformado, +y de la palidez constante de su rostro, +posea especial atractivo, que cuantos la vean, +y an ms los que la trataban, se complacan +en afirmar. Provena ste principalmente de +sus grandes ojos negros expresivos: el alma se +asomaba a ellos reflejando las ms leves y fugaces +emociones; ora ardan con fuego malicioso +revelando la pasin recndita, insaciable, ora se +aquietaban extticos, lmpidos, en arrobo mstico; +ahora brillaban alegres y bulliciosos, enseguida +melanclicos, tan pronto secos como hmedos, +tan pronto tiernos como iracundos. Provena tambin +de su movilidad, de la agudeza de su ingenio +y del metal de su voz simptico e insinuante. +Era, en suma, una mujer graciosa e interesante.</p> + +<p>No se sabe si por orgullo o porque realmente +su temperamento ardiente y borrascoso le solicitase +a ello, mostrose desdeosa con los jvenes +ricos que galantemente la requebraban sin decidirse +a pedir su mano, y entreg el corazn a +un muchacho humilde, a un escribientillo del gobierno +poltico con cuatro mil reales de sueldo, +hijo de un maestro de escuela. La sangre azul +de los Sanchiz brinc de clera en las venas de +D. Antonio, de Antoito, de sus hermanas y +hasta en las del banquero, su cuado, que no +la tena. Hubo de sufrir activa y feroz persecucin. +Pero como no le faltaban nimos y estaba +dotada adems de un espritu ingenioso y +travieso, frtil en toda clase de diabluras, es lo +cierto que se burl de ellos largo tiempo, que +de nada valieron los ruegos, las amenazas, ni la +temporada que la tuvieron recluida en un convento. +Si el escribiente no llega a morirse de +una tisis que le concluy en pocos meses, es casi +seguro que la muy noble y necesitada casa de +los Sanchiz sufriera el baldn de emparentar con +el hijo de un maestro de escuela.</p> + +<p>Despus de esta aventura, Amalia qued bastante +desprestigiada en la poblacin. Pero ella +bien saba que, aunque hubiera mantenido inclume +su prestigio, sera lo mismo. Los hombres +no se casan por el prestigio, sino por el dinero. +No se le ocurri, pues, sentir remordimientos +por lo pasado. Vivi triste y resignada dos aos +ms, mostrndose indiferente a los placeres propios +de su edad, sin hacer nada para granjearse +la voluntad de los jvenes y ganar un marido. +Cuando ya iba cerca de los veinticuatro abriles, +y poda darse por perdida la esperanza de matrimonio, +fue cuando a D. Pedro Quiones, su +to tercero o cuarto, se le ocurri acordarse de +ella. Resisti el casarse con aquel seor, que slo +haba visto de nia dos o tres veces, viudo haca +poco tiempo, y cuyas extravagancias conoca +por orselas narrar entre carcajadas a su padre +y hermano, los mismos que ahora la apretaban +para que le aceptase por marido! No fue muy +tenaz, sin embargo, en su resistencia. Estaba +tan desengaada, viva enmedio de un aburrimiento +tan plomizo, de una indiferencia tan soolienta, +que as que vio a su padre colrico, +despus de haberla suplicado con vivas instancias, +se dej arrancar el s. Decan todos que +aquel matrimonio era la salvacin de la familia. +No se meti a averiguar si era verdad o pura +ilusin. Despus de casada supo que todo lo que +su padre pudo sacar de D. Pedro fue una exigua +pensin, con la cual a duras penas poda comer.</p> + +<p>El noble vstago de los Quiones de Len se +enamor perdidamente de aquella estatua de hielo. +En el viaje que hicieron desde Valencia a +Lancia, la esposa se mostr tan fra, tan circunspecta +y tan corts al mismo tiempo, que +D. Pedro no os reclamar ninguno de sus derechos. +En Lancia, ya sabemos por la voz pblica, +digna de creerse en este caso, lo que pas.</p> + +<p>La negativa persistente, los desprecios infinitos +con que le regal por mucho tiempo, lejos de +enfriarle, encendieron ms su pasin. Era Quiones, +como ya sabemos, hombre fogoso, terco, +de voluntad indomable. Los obstculos le irritaban, +llegaban a enloquecerle. Quiso vencer el +corazn de su esposa y no perdon medio para +ello: la colm de atenciones, mim sus gustos +ms insignificantes, viviendo por varios meses +en perpetua congoja, en una verdadera fiebre de +esperanzas, tan pronto vivas como muertas. +Nada hubiera logrado, sin embargo, sin la astucia +de su amigo el cannigo. Aquel aconsejado +viaje por las montaas, lleno de sustos y peripecias, +le conquist, si no el amor de su esposa, +por lo menos sus favores.</p> + +<p>En los dos primeros aos de matrimonio Amalia +hizo una vida retrada, sin salir apenas del +churrigueresco palacio de la calle de Santa +Luca. Viva a solas con su aburrimiento, complacindose +en hacerlo ms insoportable, agitada +por una clera sorda que amenazaba estallar +a cada instante: en la apariencia tranquila, +aceptando gustosa su papel, tratando con superioridad +corts a los que se la acercaban. El +desgraciado accidente sobrevenido a su esposo +distrajo un poco su hasto e infundi en su +corazn momentneo sentimiento de piedad. +Durante algn tiempo se crey llamada a desempear +cerca de l los oficios de hermana de +la caridad, a cuidarle con afectado cario para +hacerle menos insoportable aquel terrible castigo. +No tard mucho en fatigarse. Poco a poco +se fue aficionando a la tertulia que por las +noches se formaba en torno de su esposo, comenz +a interesarse en las conversaciones de poltica +local y a intervenir en ella ms o menos +directamente. D. Pedro era el arbitro de la provincia +mientras se hallaba en el poder el partido +moderado. Ahora, que estaba debajo, conservaba +no obstante muy alto prestigio y no poca influencia, +en el temor de que no tardara en ponerse +encima. Para aumentar este prestigio y esta +influencia y dar mayor realce a la riqueza y +podero de la casa, Amalia, que hall aqu medio +de distraerse, abri sus salones a la sociedad +laciense, que hasta entonces haba tenido +siempre alejada; algunas visitas de cumplido y +nada ms. Dio conciertos, menude las reuniones +de confianza, y de vez en cuando, en ciertas +solemnidades, organiz grandes bailes de etiqueta. +Con esto recobr su perdida energa, aquella +graciosa y simptica movilidad que la caracterizaba; +volvi la sonrisa a sus ojos, la frase aguda +a sus labios. Nadie supo jams honrar con ms +amabilidad y ms gracia a sus tertulianos. Fue +modelo de gentileza y cortesana. Se hizo adorar +de la juventud, a quien proporcion gratsimo +recurso para matar las interminables noches +del invierno.</p> + +<p>Fernanda Estrada-Rosa fue uno de los ms bellos +ornamentos de sus conciertos y saraos. En +pos de ella vino el conde de Ons, su novio. El +conde era visita de la casa de Quiones, pero +slo iba de tarde en tarde, con motivo de algn +cumpleaos, entrada de ao, etc. Sin embargo, +Quiones alimentaba por l profunda simpata. +Bastaba que perteneciese a la nobleza para +que el linajudo hidalgo le juzgara superior en todos +conceptos a los dems seres de la poblacin. +Amalia, que apenas le conoca, comenz a observarle +con viva curiosidad. Tanto se le haba +hablado de l, del cario y respeto que profesaba +a su madre, de su humor melanclico, de sus +habilidades, de su piedad exagerada, que deseaba +tratarle con intimidad; quera penetrar en el +alma de aquel mancebo tan apuesto y tan inocente. +No tard en convencerse de que el amor +an no haba prendido en ella. Observando con +atencin sus relaciones con Fernanda, percibi +en ellas un dejo de frialdad que no vena ciertamente +de la rica heredera. Conoci que el conde +se engaaba a s mismo haciendo esfuerzos por +quedar enamorado, y an ms por aparecerlo. +Tomaba sus amores como una obligacin honrosa +que le exigan sus aos y posicin. El joven +ms principal de Lancia deba amar a la +nia ms rica y ms bella. Por otra parte, pareca +como si quisiera demostrar a la poblacin +que no era un extravagante o un maniaco, como +alguna vez haba odo insinuar. Por eso se le +vea cumpliendo estrictamente los deberes del +perfecto galn, paseando un par de horas por la +maana en la calle de Altavilla, donde viva su +novia, acompandola los domingos en el paseo, +sentndose a su lado en la tertulia de las seoritas +de Mer o en la de Quiones, y bailando con +ella todos los rigodones en los saraos del Casino. +Pero al mismo tiempo Amalia echaba de ver que +sus plticas eran fras, que el conde estaba taciturno +y distrado muchas veces, mientras ella, +con visible inters, haca el gasto de la conversacin +y procuraba mantenerla viva.</p> + +<p>Aquellos amores le fueron interesando cada +vez ms: busc las confidencias de ella y tambin +las de l. Al poco tiempo su alma ardiente, +sagaz, voluntariosa, simpatiz con la de Luis, +tmida, infantil, llena de piedad y ternura. Ms +maestra en el arte de hacerse amar que la +nia de Estrada-Rosa, logr pronto inspirar +al conde confianza y afecto; le envolvi en una +malla espesa de confidencias, no slo referentes +a sus amores, sino de toda la vida. Le confes +tan bien como el ms hbil jesuita. Luis, +seducido por tanto inters, le fue abriendo su +pecho dndole cuenta primero de sus costumbres, +luego de los actos de su vida pasada, por ltimo +de sus sentimientos ms recnditos, de aquellos +que slo se confiesan a un hermano. A Amalia +no le sorprendan en la apariencia tales originales +y morbosas psicologas; las aceptaba como +cosas naturales, daba su opinin acerca de ellas +y se autorizaba cariosamente el aconsejarle, +reprenderle a veces, guiarle en ciertos asuntos +de la vida, cuyo complicado mecanismo ignoraba +el conde por Completo. Alentado por este juego +habilsimo, se iba confiando cada vez ms, se +entregaba por completo, feliz con desembarazarse +de tanto pensamiento ridculo, con confesar +aquella extraa y dolorosa timidez que le +atormentaba.</p> + +<p>Amalia supo ahuyentar la suspicacia de Fernanda +hacindose confidente y protectora decidida +de sus amores. Si mantena ratos largusimos +de conversacin particular y animada +con el conde, no menos largos y animados +los gastaba con la chica. sta le agradeca profundamente +aquella proteccin, que se traduca +en ocasiones buscadas por la dama para que los +novios pudieran verse y hablarse, para reconciliarlos +cuando estaban reidos, etc., etc. Mas +sin que la inocente nia lo sospechase, sin que el +mismo conde se diese cuenta de ello, la dama valenciana +iba ganando a paso de carga el corazn +de ste. Si en juventud, en hermosura y gallarda +era, sin disputa, inferior a la rica heredera, la +aventajaba mucho en la gracia expresiva del rostro, +en el atractivo de su conversacin y en la +finura de su inteligencia. De confidencia en confidencia, +Luis lleg a mostrarle cul era el verdadero +estado de su corazn respecto a Fernanda. +La astuta seora supo sacar partido de tales confesiones +para hacerle ver que lo que senta era +slo admiracin de aficionado a las obras bellas +de la naturaleza, un deseo vanidoso de hacerse +amar por la joven ms linda y ms rica de la +ciudad, necesidad de distraer el aburrimiento, +cualquier cosa, en suma, menos el verdadero +amor. ste se alimenta de tristezas negras, de +alegras inefables, de insomnios, de zozobras, +de una agitacin dulce y amarga a la vez que +constantemente llevamos dentro del pecho. Luis +se convenci pronto. Pero ella encontraba su +frialdad injustificada, no comprenda cmo un +hombre de tan buen gusto no haba logrado enamorarse +perdidamente, le rea, le embromaba, +subiendo hasta las nubes las cualidades de la +gentil heredera.</p> + +<p>Mientras esto deca con los labios, sus ojos +pregonaban otra cosa. Aquellas pupilas negras +llenas de fuego e inteligencia se clavaban en l +con expresin unas veces lnguida, otras maliciosa, +concluyendo por fascinarle. Al mismo +tiempo sus manos breves, delicadas, de aristcrata +aprovechaban cualquier coyuntura para +rozar las suyas; al despedirse le apretaban con +tenacidad nerviosa. Si alguna vez se inclinaban +ambos para contemplar cualquier objeto y sus +cabezas se tocaban, Amalia no separaba la suya, +dejaba que el conde aspirase la fragancia de ella +largo rato cual si tratase de envenenarle. Se +preocupaba de sus trajes y le impona sus gustos. +No deba ponerse levita; el frac azul le sentaba +admirablemente. Por qu gastaba guantes +oscuros? Le prohibi, riendo, que se los pusiera +ms. Para las corbatas confesaba que tena mucho +gusto, pero le sentaban mejor las de lazo +que las chalinas. Por qu no se encargaba a +Madrid los sombreros? Los que llegaban a Lancia +eran todos rancios y ridculos. Y el conde +obedeca gustoso sus insinuaciones, se iba dejando +dominar por el ascendiente de aquella +mujer tan dbil de cuerpo como fuerte de voluntad.</p> + +<p>Una noche en que lleg a casa de Quiones +cuando an no haba nadie, le dijo la dama bruscamente:</p> + +<p>—Quin le ha puesto a usted ese clavel en el +ojal, Fernanda?</p> + +<p>El conde, sonriendo ruborizado, hizo signo +afirmativo.</p> + +<p>—Pues que me dispense, pero tiene un color +muy feo... Ver usted, voy a ponerle otro ms +bonito.</p> + +<p>Y diciendo y haciendo, fue derecha a uno de +los floreros del saln y, despus de escoger algn +tiempo, sac un magnfico clavel rojo. Volvi +adonde estaba el conde y con gran desenvoltura, +con cierta afectacin an, propia del que +pretende mostrar su dominio, le arranc el clavel +que traa y le puso el nuevo. Sufri l esta +sustitucin en silencio, inquieto y sorprendido. +Ella, fingiendo no advertir esta sorpresa, se ech +un poco hacia atrs y exclam con intencin:</p> + +<p>—Ya lo creo que est mejor!</p> + +<p>Hubo despus algunos instantes de silencio +embarazoso. Ella se puso a jugar con el clavel de +Fernanda, azotndose las rodillas, mientras lanzaba +frecuentes miradas al conde, que permaneca +confuso sin saber qu decir ni dnde poner +los ojos. Por ltimo, los de uno y otro se encontraron +y sonrieron. En los de ella ardi una +chispa maliciosa, y con ademn sbito y desdeoso +arroj el clavel que tena en la mano debajo +de las sillas. El conde se puso repentinamente +serio; sus mejillas se colorearon. En +aquel momento entr Manuel Antonio. La conversacin +se entabl alegre, indiferente. El conde +guardaba, sin embargo, un resto de turbacin. +Cuando lleg Fernanda y con visible disgusto, +le pregunt por su clavel, se vio en grave +aprieto, perdiose en un laberinto de explicaciones. +El chico de su jardinero, a quien fue a dar +un beso, se lo haba arrancado, luego en una +maceta que haba hallado en el gabinete de su +madre haba tomado otro. Pero Amalia, implacable, +le puso poco despus en un conflicto preguntndole +en voz alta con sonrisa maliciosa:</p> + +<p>—Quin le ha dado a usted ese clavel tan +lindo, Fernanda?</p> + +<p>—No, yo no—se apresur a responder sta.</p> + +<p>Y el conde, otra vez turbado y rojo, volvi en +voz alta a la explicacin que acababa de dar en +secreto. Aquella pequea traicin los at con +nudo ms fuerte, estableci entre ellos una relacin +singular que el conde no se atreva a definir +en su pensamiento, medroso de resbalar en +un abismo. Sigui festejando con la misma asiduidad, +quiz con alguna ms, a la heredera de +Estrada-Rosa, pero no poda hablar a la seora +de Quiones sin sentirse turbado; las miradas +que se dirigan eran largas, intencionadas; sus +apretones de manos vivos, impregnados de cario. +Ambos disimulaban delante de Fernanda +como si fuese ya la esposa ultrajada. Y an no +se haban dicho una palabra de amor! Pero +Luis estaba convencido de que faltaba a su novia, +de que era un criminal hacia D. Pedro, su +amigo; no saba por qu ni cmo, pero lo senta +all dentro en el fondo de la conciencia. Sin embargo, +reflexionaba algunas veces que por su +parte no haba dado un solo paso hacia el crimen, +que se vea enredado en aquellas extraas +relaciones, en las cuales exista amor; inteligencia, +traicin, todo tcito, sin saber cmo haba +sido.</p> + +<p>Trascurri ms de un mes de esta suerte. +Amalia no slo le hablaba de amor con los ojos, +pero le impona su voluntad, le haca ejecutar +todos sus caprichos, a veces le reprenda speramente. +Anunciaba, por ejemplo, que se iba a +marchar: al volver los ojos se encontraba con +los de Amalia que le decan que se quedase, y +se quedaba. Trataba de bailar con Fernanda, y +una mirada severa bastaba para retenerle. Un +da anunci que iba a pasar seis u ocho en sus +posesiones de Ons: Amalia le hizo signo negativo +con la cabeza, y desisti de su viaje. +Por qu? Con qu derecho contrariaba sus determinaciones, +se introduca en su vida y la gobernaba? +No lo saba, pero experimentaba sensacin +gratsima al obedecerla. Viva en una +inquietud dulce, anhelante, esperando algo hermoso, +algo inefable que no quera formularse en +su cerebro. Mientras, ella con su eterna sonrisa +misteriosa le observaba tranquilamente, segura +de conocer ese algo y de llegar a l cuando le viniera +en apetencia.</p> + +<p>Una tarde del mes de Junio se hallaba el conde +en la Granja inspeccionando el trabajo de algunos +obreros, que tena ocupados en abrir una +acequia ms ancha para el molino. El mozo encargado +del ganado vino a decirle que una seora +preguntaba por l.</p> + +<p>—Una seora?—exclam sorprendido.—No +la conoces?</p> + +<p>El criado le mir estpidamente, sin contestar. +Cmo la haba de conocer, l, que haba pasado +la vida detrs del ganado, y slo iba a Lancia +algn da de mercado a comprar o vender una +vaca? El conde se hizo cargo de esto y pregunt +enseguida:</p> + +<p>—Es bajita?</p> + +<p>—No es muy alta, no, seor.</p> + +<p>—Ojos muy negros y vivos? color bajo? el +andar muy suelto y elegante?</p> + +<p>Y antes de que el criado pudiera contestar a +estas preguntas, que no haba entendido, ech a +correr en direccin a la casa con el corazn palpitante, +henchido de emocin por el presentimiento +de que era <i>ella</i>.</p> + +<p>—Dnde est?—grit sin dejar de correr.</p> + +<p>—En la corrada, a la puerta del jardn—le +contest tambin a gritos.</p> + +<p>Lleg a la corrada sin respiracin. Antes de +abrirla se detuvo un instante, avergonzndose +de su presuncin. Cmo haba llegado a suponer... +Pero por qu diablo se le haba metido +en la cabeza?... Y, sin embargo, no poda desecharla. +Era <i>ella</i>, era <i>ella</i>; no le caba duda alguna. +Levant el pestillo de la gran puerta de madera +pintada de verde, y entr. La corrada era +grande. Veanse arrimados a la pared varios enseres +de labranza. Debajo de un tendejn yacan +algunos carros. En una caseta de madera, toscamente +labrada, estaba amarrado un enorme mastn +que quiso romper la cadena dando furiosos +saltos por venir a acariciarle. All en el otro +extremo, cerca de la puerta enrejada que comunicaba +con el jardn, <i>la</i> vio, en efecto, con la +frente pegada a las rejas, contemplando las flores. +Estaba de espalda. Traa vestido claro de +rayas blancas y rojas y llevaba en la cabeza +sombrerito de paja con flores rojas tambin. Con +la mano izquierda se apoyaba en una sombrilla +que haca juego con el traje y en la derecha +apretaba unos guantes de seda, Qu bien impresos +le quedaron estos pormenores! Jams en la +vida se le borraron de la memoria.</p> + +<p>—Usted por aqu?—le pregunt afectando +una serenidad que estaba muy lejos de sentir.—Quin +haba de presumir que fuese usted la seora +que el criado me acaba de anunciar?</p> + +<p>—De veras no lo ha presumido usted?—pregunt +ella mirndole fijamente.</p> + +<p>—No, no, seora.</p> + +<p>Y se puso colorado al decirlo. La dama sonri +con benevolencia.</p> + +<p>—Bien, enseme usted esas rosas de <i>malmaison</i> +de que me ha hablado.</p> + +<p>El conde abri la puerta del jardn y ambos +pasaron adentro. Era muy grande, y estaba +bastante descuidado. Desde que la condesa haba +dejado de venir a la Granja casi en absoluto, los +criados apenas tocaban en l. Luis era ms dado +a hacer ensayos de nuevos cultivos, a criar ganado, +a desecar terrenos, que a las flores. As y +todo, del tiempo en que su madre vena todas +las tardes y le atenda, existan all muchas +plantas de flores, grandes arbustos que con el +tiempo y con aquel suelo feraz se iban trasformando +en rboles frondosos.</p> + +<p>Mientras recorran caminos arenosos, de los +cuales el csped se iba apoderando por falta de +limpieza, la condesa explicaba en voz alta cmo +haba llegado hasta all. Se le haba antojado dar +un paseo hasta Bellavista; pero al pasar por delante +de la carreterita que conduca a la Granja +se acord de las dichosas rosas, y dio orden al +cochero de que siguiese por ella. No haba visto +nunca la posesin. Aquella frondosidad, aquel +verde tan intenso la entusiasmaban. En su pas +la vegetacin era ms plida.</p> + +<p>—Pero ms fragante... como las mujeres—dijo +el conde con galantera.</p> + +<p>La dama se volvi para dirigirle una sonrisa +de gracias, y sigui loando la belleza de los rododendros, +de las azaleas, de las camelias gigantescas +que encontraban al paso.</p> + +<p>Luego que vieron los rosales y que el conde le +hizo elegir algunos para mandrselos al da siguiente, +tornaron por senderos distintos hacia la +puerta de entrada.</p> + +<p>—Usted est seguro de que yo he venido nicamente +a ver estos rosales?—dijo Amalia parndose +sbito y mirndole con fijeza.</p> + +<p>Al conde le dio un vuelco el corazn y comenz +a balbucir lamentablemente:</p> + +<p>—Yo no s... La verdad que esta visita... Me +alegrara que los rosales...</p> + +<p>Pero la dama, compadecida, no le dej terminar.</p> + +<p>—Pues, adems de los rosales, vengo a ver +toda la finca, y particularmente el bosque. Conque +ya puede usted ir ensendomelo—dijo agarrndose +resueltamente a su brazo.</p> + +<p>El conde volvi a experimentar nueva y violenta +emocin, primero de pena, despus, al +sentir la mano de la dama en su brazo, de vivsimo +gozo. Y, turbado hasta lo profundo de su +ser, fue mostrndole lo digno de verse que tena +la finca, las grandes y hermosas praderas, las +cuadras, la nueva maquinaria del molino, el bosque +por ltimo. Ella le observaba con el rabillo +del ojo. A veces se dibujaba en su rostro una +levsima sonrisa burlona. Se enteraba de todo +con inters, loaba los trabajos que se haban llevado +a cabo, propona otros nuevos. Y al ir y venir +soltaba el brazo unas veces, otras lo tomaba, +despertando en el alma del conde sensaciones +diversas, pero todas vivas y anhelantes. Cuando +observaba que iba adquiriendo aplomo le disparaba +repentinamente alguna maliciosa insinuacin +que de nuevo lo atortolaba, lo dejaba confundido +y ruborizado.</p> + +<p>—Vamos, conde, a que cuando usted me vio +dijo para dentro: Amalia est enamorada de +m: no pudo resistir al deseo de venir a visitarme.</p> + +<p>—Amalia, por Dios!... Qu disparate est +usted diciendo?... Cmo me haba de atrever...</p> + +<p>Pero la dama, como si no advirtiera su turbacin +ni concediera importancia a sus propias palabras, +saltaba inmediatamente a otro asunto. +Pareca que tena gusto en sofocarle, en mantenerle +agitado y trmulo. Y en las miradas fugaces +que de vez en cuando le lanzaba reflejbase un +sentimiento de superioridad, la benvola irona +del que est jugando a otro una burla que ha de +terminar en bien. El conde presenta algo grave +debajo de aquella sonrisa enigmtica, comprenda +que estaba haciendo un papel desairado, que +se estaban riendo de l y haca esfuerzos heroicos +para recobrar su sangre fra, sin conseguirlo.</p> + +<p>El bosque admir y entusiasm a la dama por +encima de todo. Era una masa de robles aosos +donde no penetraba jams un rayo de sol. El +suelo estaba limpio de abrojos, tapizado de csped +que convidaba a reposar. Ninguna otra finca +de recreo de la provincia posea aquel regalo, +procedente quiz de la primitiva selva donde se +haba fundado el monasterio que dio origen a +Lancia. Quiso descansar un instante debajo de +aquella bveda verde por donde la luz se cerna +trabajosamente. Reinaba una paz, un amable +sosiego que impresionaba como el silencio y la +luz dormida de una, catedral gtica, pero con +emocin ms dulce. Apoy la espalda en un rbol +y pase largo rato su mirada asombrada por +la espesura. El conde estaba en pie algo ms lejos. +Ambos permanecieron mudos largo rato. Por +fin el caballero sinti, sin verlo, que los ojos de la +dama estaban posados sobre l. Resisti algunos +momentos la atraccin magntica de aquella mirada. +Cuando al cabo volvi la suya vio que en +efecto le contemplaba de hito en hito con expresin +risuea y audaz que le hizo bajar la +vista. Amalia solt una alegre carcajada. l, sorprendido, +confuso, algo irritado sintindose en +ridculo, viendo que las carcajadas no cesaban, +le pregunt con sonrisa forzada:</p> + +<p>—De qu se re usted, amiga ma?</p> + +<p>—De nada, de nada—respondi llevndose +el pauelo a la boca.—Llveme usted a ver la +casa.</p> + +<p>Y se colg nuevamente de su brazo.</p> + +<p>La casa era un grande y vetusto edificio de +piedra amarillenta carcomida por los aos, con +dos torrecillas cuadradas a los lados. Todo en +ella estaba podrido o deteriorado. En la escalera +faltaban rejas, lo mismo que en los balcones, la +bveda de las habitaciones descascarillada, los +tabiques resquebrajados, el tillado con agujeros, +los cristales, emplomados a la antigua usanza, +tan llenos de polvo que apenas consentan el ver +al travs de ellos; las paredes sucias tambin y de +ellas colgados algunos cuadros oscuros, tan oscuros +que no se conoca lo que el pintor haba +querido representar; las habitaciones, con pocos +y antiqusimos muebles maltratados por el uso +de las generaciones anteriores. Fueron recorrindolas +todas. A Amalia le placa aquel aspecto de +remota antigedad. Cuntos seres habran habitado +aquella casa! Cunto se habra redo y +llorado en aquellas vastsimas estancias! Cada +una tena su nombre. La una se llamaba <i>el cuarto +del cardenal</i>, porque en siglos pasados un cardenal +de la familia se alojaba all cuando vena +a pasar una temporada a la Granja; otra, <i>el saln +de los retratos</i>, porque haba unos cuantos colgados; +otra, <i>la sala nueva</i>, aunque pareca tanto y +an ms vieja que las dems. Todo aquello representaba +la vida ntima de una familia al travs +de los siglos.</p> + +<p>—ste es <i>el cuarto de la condesa</i>—dijo Luis al +entrar con su amiga en una pieza no muy grande, +donde por debajo del polvo y los estragos +del tiempo se adverta mayor lujo en el decorado.</p> + +<p>Era una estancia coquetona donde las generaciones +haban ido dejando testimonios ms o menos +plausibles de su amor a la ornamentacin. +Un escritorio <i>pompadour</i>, algunas sillas <i>regencia</i>, +varios retratos al pastel; en el techo, pintados al +leo, algunos amorcillos nadando en una atmsfera, +azul en otro tiempo.</p> + +<p>—Es el cuarto de su mam?—pregunt +Amalia.</p> + +<p>—No—replic el conde riendo,—mam dorma +en otro lado. Se llama as desde tiempo inmemorial. +Quiz alguna de mis abuelas lo haba +elegido para s. Aqu es donde yo duermo la +siesta cuando me canso de andar por el campo.</p> + +<p>En uno de los ngulos haba una soberbia +cama de roble tallado y enteramente negro por +los aos. Era una de esas camas del siglo XV +que vuelven locos a los anticuarios. Las colgaduras +antiqusimas tambin. Sobre los colchones +estaba extendido un tapiz moderno de damasco.</p> + +<p>—Aqu es donde usted se recoge para pensar +ms libremente en m, no es cierto?</p> + +<p>El conde qued aturdido como si le hubiesen +dado un golpe en la cabeza.</p> + +<p>—Yo!... Amalia!... Cmo?</p> + +<p>Pero sbito, haciendo un gesto de resolucin, +exclam:</p> + +<p>—S, s, Amalia, dice usted bien! Aqu +pienso en usted como pienso en todos los sitios +adonde voy desde hace algn tiempo... Yo no s +lo que me pasa; vivo en un estado de constante +zozobra, y esto, como usted me deca hace pocos +das, es una seal de amor verdadero. Estoy +enamorado de usted como un loco. Comprendo +que es una atrocidad, que es un crimen, +pero no puedo remediarlo... Perdneme usted.</p> + +<p>Y el caballero se dej caer de rodillas, como +uno de sus nobles antepasados de la Edad Media, +a los pies de la dama.</p> + +<p>sta se indign, al orle, terriblemente. Cmo? +No se avergonzaba de semejante confesin? No +comprenda que dirigirle aquellas palabras dentro +de su casa era un insulto? Cmo poda suponer +que ella las haba de escuchar con paciencia? +Mentira pareca que el conde de Ons, +un caballero tan cumplido, faltase de aquel modo +a lo que deba a una dama y a lo que se deba a +s mismo!</p> + +<p>El conde permaneci aterrado y de rodillas +bajo tal granizada de denuestos. Consideraba +graves sus palabras; pero el enojo que producan +en la dama era mayor de lo que haba +sospechado.</p> + +<p>Amalia guard al fin silencio. Le contempl +con ojos irritadsimos unos instantes. Mas una +sonrisa feliz y burlona comenz a dilatar su +rostro expresivo. Se acerc lenta y majestuosamente +a l, le puso la mano en el hombro e inclinndose +para acercar la boca a su odo le dijo +en voz baja:</p> + +<p>—Hace usted bien en no avergonzarse de nada +de eso, porque yo, seor conde, le quiero a usted +tanto por lo menos como usted a m.</p> + +<p>Quiso volverse loco. Pasado el susto, se abraz +a sus rodillas besndolas con frenes, se desbord +en un mar de palabras apasionadas, incoherentes, +llenas de fuego y de verdad, mientras +ella, tan breve, tan diminuta, contemplaba +aquel coloso rendido, con sus ojos misteriosos +de valenciana lucientes de amor y pasin.</p> + +<p>Con este inmenso trabajo conquist el conde +de Ons a la gentil seora de D. Pedro Quiones +de Len.</p> + +<p>Los primeros tiempos de sus relaciones fueron +agitadsimos para l, llenos de punzantes +remordimientos y de goces embriagadores. Amalia +iba de vez en cuando a la Granja. Por la noche +en la tertulia daba cuenta de su visita en voz +alta. l se estremeca, se turbaba, sudaba de +congoja mientras con perfecta sangre fra narraba +ella todo lo que se poda narrar, hablaba del +jardn, censuraba el abandono en que estaba y +lo que se diverta trayendo a cada visita algunas +plantas con la intencin de dejarlo arrasado, ya +que a su dueo no le interesaba. Llevaba su audacia +hasta burlarse.</p> + +<p>—Por supuesto que a este seor no hay quien +le sufra desde que las damas le visitan. No advierten +ustedes qu impertinente se ha puesto? +Temiendo estoy que el primer da que vaya a la +Granja me obligue a hacer antesala.</p> + +<p>Los tertulios rean. S, s, se le notaba ms serio. +Fernanda sonrea clavndole una mirada, +cariosa; el mismo D. Pedro dulcificaba sus ojos, +altivos, feroces y dejaba escapar de su garganta +un amago de carcajada. Qu esfuerzo prodigioso +le costaba al conde aparecer sereno en estos, +momentos! Le pareca que tena un abismo +abierto a sus pies. Y cuando se encontraba a solas +con Amalia quejbase de su audacia, le rogaba +con palabras fervorosas que fuese ms precavida, +mientras ella, impasible, gozndose en +sus temeridades, sonrea desdeosamente con su +fina sonrisa enigmtica.</p> + +<p>No pudiendo verse sino rara vez en la Granja, +Amalia hall medio de hacer ms frecuentes las +entrevistas confindose a Jacoba. En casa de +sta se encontraban una o dos veces a la semana. +El conde entraba por una puertecita trasera +que daba a cierta calleja, a primera hora +de la tarde, cuando los vecinos estaban comiendo. +Esperaba lo menos dos o tres horas. Amalia +llegaba por fin con pretexto de dar alguna orden +a su favorecida. Pero no bastndole esto, todava +ide la entrada por la tribuna de la iglesia +de San Rafael. Al conde le horrorizaba tal medio; +todos sus escrpulos religiosos se sublevaban +a la vez; adems tena miedo de que un accidente +casual descubriese aquellos amores y +aquella profanacin. Qu escndalo! Amalia +se rea de sus temores como si las consecuencias +terribles no hubiera de pagarlas ella. Era una +mujer que tena confianza absoluta en su estrella. +Como los buenos toreros se juzgan ms seguros +cindose a los cuernos del toro si no pierden +la sangre fra, as ella desafiaba el peligro, +iba al encuentro de l confiando en que sabra salir +de cualquier atolladero. Y, en efecto, su perfecta +serenidad, su increble audacia la salvaron +ms de una vez.</p> + +<p>El conde de Ons, el coloso de luengas barbas +fue un verdadero juguete en las manos de aquella +mujercita temeraria y maligna. Una pasin +loca se apoder de ambos, sobre todo de ella. +Poco a poco se fue acostumbrando a no vivir sin +l, a no pasarse un da sin verle a solas. Haca +esfuerzos increbles de ingenio y habilidad para +conseguirlo. Y si las circunstancias rodaban de +tal suerte que fuese imposible en tres o cuatro +das gozar una hora de soledad, su espritu voluntarioso +se exaltaba, botaba dentro del cuerpo +como un corcel impaciente, y estaba dispuesta a +arrojarse a la mayor imprudencia. Le apretaba +las manos, le daba pellizcos en plena tertulia, le +abrazaba detrs de las puertas cuando con cualquier +pretexto le haca pasar a otra habitacin, +y ms de una vez y ms de dos en las barbas +del mismo maestrante, al volver ste la cabeza, +le estamp un beso en los labios. Luis temblaba, +empalideca, siempre en espera de una catstrofe.</p> + +<p>Al cabo de pocos meses, sus relaciones con +Fernanda, que haban ido enfrindose paulatinamente, +se rompieron por completo. Fue exigencia +ineludible de Amalia. Desde el principio lo +vena preparando con soberano arte, marcndole +el tiempo que haba de estar al lado de su novia, +las veces que la haba de sacar al baile y hasta lo +que le haba de decir. Y como lo tena previsto, +la heredera de Estrada-Rosa, que era orgullosa, +no pudiendo soportar la frialdad de su novio, +le dej en libertad y le devolvi su palabra. +La pobre chica desahogaba su pena con Amalia, +la nica que saba a qu atenerse respecto a +aquel rompimiento tan comentado. Mostr sta +gran enojo por la conducta del conde y se expres +en trminos bastante vivos contra l; tom +parte por la joven, deshacindose en elogios de +ella; no se hartaba de ponderar sus ojos, su +talle, su discrecin y bondad. Hasta dio ostensiblemente +algunos pasos para reconciliarlos. Y +en el seno de la confianza, particularmente entre +los amigos de D. Juan Estrada-Rosa, no se +contentaba con decir que Fernanda vala en todos +sentidos ms que su ex-novio, sino que apellidaba +a ste con mil eptetos pesados; jayanote, +pavo, santurrn, hipcrita, etc. Y cuando al +da siguiente le vea en casa de Jacoba, decale +abrazndole muerta de risa:</p> + +<p>—Cmo te he puesto ayer, querido mo, delante +de varios amigos de D. Juan! T no sabes!... +Saliste de mis labios que ni con pinzas +se te poda recoger.</p> + +<p>Viva el conde, por todo esto, y por los remordimientos +que sin cesar le mordan, en un estado +de perpetua agitacin. Cun lejos se hallaba de +ser feliz! Pero todo era flores comparado con lo +que le esperaba. Cinco meses despus de comenzadas +sus relaciones, un da le anunci +Amalia que crea hallarse en cinta. Se lo dijo +con la sonrisa en los labios, como si le noticiase +que le haba tocado la lotera. Luis sinti un +vrtigo de terror, qued plido, la vista se le turb +como si fuese a caer.</p> + +<p>—Dios mo, qu desgracia!—exclam llevndose +las manos al rostro.</p> + +<p>—Desgracia?—pregunt ella con asombro.—Por +qu? Yo estoy muy contenta.</p> + +<p>Y viendo sus ojazos dilatados, estupefactos, +le explic riendo que era feliz con esperar una +prenda de sus amores; que no tuviese miedo +alguno porque ella sabra arreglarse para que +nada se descubriera. Y, en efecto, tal maa se +dio para apretarse que nadie pudo presumir +que aquella mujer tuviese una criatura en sus +entraas. Qu sustos, qu congojas las del conde +mientras dur el embarazo! Si alguien la miraba +con insistencia, ya estaba temblando; si en +el curso de la conversacin un tertulio haca +alusin a algn parto disimulado, se pona plido, +pensando que poda ser una indirecta. En +todos los rostros crea ver sonrisas y miradas +significativas; en las palabras ms inocentes, +profundas y aviesas insinuaciones.</p> + +<p>Mientras tanto ella coma y dorma tranquilamente +con una alegra constante que aterraba y +admiraba al mismo tiempo al conde. El tiempo +corra: llegaron los siete meses; los ocho. Por +mucho que lo disimulase, el conde observaba +que la cintura de su querida se ensanchaba. +Cuando, lleno de congoja, comunic con ella +esta observacin, se ech a rer:</p> + +<p>—Calla, tonto, lo notas t porque ya lo sabes. +Quin va a sospechar porque est un poquito +ms abultada? Muchas veces le gusta a una llevar +flojo el cors.</p> + +<p>Cuando lleg el momento crtico mostr una +bravura que rayaba en herosmo. Luis quera +confiarse a un mdico: ella se opuso. Para qu? +Con la asistencia de Jacoba le bastaba. El confiar +tal secreto a otra persona era peligroso. Le +acometieron los primeros sntomas al amanecer, +hallndose en la cama; pero hasta las ocho +no mand llamar a Jacoba, que con el pretexto +de hacer unos colchones dorma desde haca algunos +das en casa. Se encerraron en el gabinete, +donde ya tenan preparadas las ropas necesarias, +y sin un grito, sin un movimiento descompasado, +sin la ms leve queja, sali aquella valiente +mujer de su cuidado. Jacoba sac la criatura +con el lo de la ropa, despus de haber mandado +fuera con adecuados pretextos a los criados.</p> + +<p>El conde llor de gozo y admiracin al saber +este feliz desenlace. Luego, cuando recibi por +Jacoba la orden de llevar la nia al portal de +Quiones, volvi a sentirse acongojado. El plan +de su amante le llenaba de estupor; pero como +estaba acostumbrado a obedecer, hizo lo que le +mandaba. El resultado coron la audacia de la +dama; fue tal como ella haba previsto.</p> + +<p>Y ahora, al contemplar a la criatura segura +para siempre, no slo se fortaleca su amor y se +depuraba, sino que sentan el gozo de la victoria, +del que despus de haber corrido fuertes +temporales llega por fin a puerto de salvacin.</p> + +<p>En voz muy baja, con las manos enlazadas, +inclinando de vez en cuando la cabeza para rozar +con los labios la frente de la nia, hablaron +largo rato, mejor dicho, soaron despiertos, +queriendo penetrar en los abismos insondables +del tiempo. Cul sera la suerte de aquella hermosa +criatura? Cmo se la educara? Amalia +deca que conseguira educarla como hija suya, +hacerla una verdadera seorita; estaba segura +de que D. Pedro no se opondra a ello. Y como +quiera que no tena hijos, nada ms natural que +habindola tomado cario la dejase a su muerte +algn legado importante. El conde hizo un gesto +de desdn. La nia no necesitaba de la hacienda +de D. Pedro. l le dejara toda la suya.</p> + +<p>—Pero t puedes casarte y tener hijos—dijo +la dama mirndole maliciosamente.</p> + +<p>l la tap la boca.</p> + +<p>—Calla, calla! Ya sabes que no quiero or +eso siquiera. Estoy definitivamente unido a t.</p> + +<p>Ella le bes con efusin.</p> + +<p>—Sellados, verdad?</p> + +<p>—Sellados—repuso l con firmeza.</p> + +<p>—Pero no te haces cargo de que si le dejas +tus bienes en testamento, enseguida nacera la +sospecha de que era hija tuya?</p> + +<p>Esta dificultad le abati por unos instantes. +Ambos se ocuparon en arbitrar algn medio para +eludirla. El conde quera dejarlos en fideicomiso +a alguna persona de confianza. Pero esto ofreca +tambin sus inconvenientes. Mejor sera ir +colocando dinero a su nombre en algn banco, y +al llegar a la mayor edad, fingir una herencia, +inventar algn padre llovido del cielo...</p> + +<p>—En fin, ya hablaremos de eso... Djalo a +mi cuidado—concluy diciendo ella.</p> + +<p>Y l se lo dejaba de muy buena gana, fiando +de su imaginacin inagotable, de su voluntad y +su audacia.</p> + +<p>Cuando se cansaron de hablar de lo porvenir +volvieron los ojos al presente. Era necesario +bautizar la nia. Haban resuelto que fuese al +da siguiente.</p> + +<p>—Ya hemos convenido en que la madrina +fuese yo y el padrino t.</p> + +<p>—Cmo? yo?—exclam asustado.—Pero, +mujer, no comprendes que eso puede engendrar +sospechas?</p> + +<p>La dama se obstin. Que s, que haba de ser +padrino. Si sospechaban, buen provecho. A ella +le tena sin cuidado. Pero vindole realmente +afligido cambi de idea.</p> + +<p>—No te apures, hombre, no te apures—dijo +dndole un tironcito a la barba.—Ha sido una +broma. Buena cara ibas a poner cuando la +tuvieses en la pila! No te faltara ms que gritar: +Seores, aqu! Vengan aqu todos a ver al +padre de esta criatura!</p> + +<p>El padrino sera Quiones, y en su representacin +D. Enrique Valero. La madrina ella, representada +por Mara Josefa. El conde se mostr +muy satisfecho. Todo aquello era hbil y prudente +y adecuado para asegurar la suerte de su +hija. Pero cuando se manifestaba ms contento, +un rumor que vino del pasillo le hizo saltar +en la butaca, ponerse lvido.</p> + +<p>—Qu tienes, hombre?</p> + +<p>—Ese ruido!...</p> + +<p>—Es Jacoba...</p> + +<p>Pero vindole dudoso, con los ojos espantados +an, se levant, teniendo la nia en los brazos, +abri la puerta y cambi algunas palabras +con Jacoba que, en efecto, estaba all. Despus +de entregarle la criatura y cerrar, volvi de nuevo +a sentarse.</p> + +<p>—Cmo eres tan cobarde, di?</p> + +<p>—No es cobarda—repuso l ruborizado.—Es +que estoy siempre sobresaltado... No s lo que +me pasa... La conciencia quiz...</p> + +<p>—Bah! Es que eres un cobarde. Como tienes +el cuerpo tan grande se te pasea el alma dentro +de l.</p> + +<p>Y acto continuo, observando la expresin de +enojo y tristeza que se reflejaba en su semblante, +torn a abrazarle con trasportes de entusiasmo.</p> + +<p>—No, no eres cobarde; pero inocente s... +Por eso te quiero, te quiero ms que a mi vida. +No es verdad que te quiere tu filleta? Soy tuya... +T eres mi nico amor. Yo no soy casada...</p> + +<p>Y con caricias de gata mimosa le paseaba sus +manos finas y plidas por el rostro, estampaba +en l menudos, infinitos besos, le anudaba los +brazos al cuello, se lo morda con leves y fugaces +mordiscos de ratn. Y al mismo tiempo, +ella, tan grave y silenciosa en visita, haca fluir +de sus labios un chorro constante de palabritas +melosas que le adormecan y embriagaban. El +fuego, que se adivinaba al travs de sus grandes +ojos misteriosos y traidores, brotaba ahora con +vivas llamaradas. Era el goce de la sensualidad +el que se desprenda de su ser; pero era tambin +el deleite maligno del capricho cumplido, de la +venganza y la traicin.</p> + +<p>El conde de Ons se senta cada da ms subyugado. +Las caricias de su amada eran abrasadoras; +pero los ojos guardaban siempre, en lo +ms hondo, un reflejo cruel de fiera domesticada. +Senta amor y miedo al mismo tiempo. Alguna +vez su espritu supersticioso llegaba a imaginar +si un demonio tentador habra venido a alojar +en el cuerpecito endeble de aquella valenciana.</p> + +<p>Despus de anunciar tres o cuatro veces que +se marchaba, sin llevarlo a cabo por impedrselo +ella, vindose al cabo libre de sus brazos, se levant +de la butaca. La despedida fue larga como +siempre. Amalia no le soltaba hasta que le vea +ebrio, intoxicado por la violencia de sus caricias. +Jacoba le esperaba en el corredor. Despus +de conducirle por ste y otros varios hasta +la estancia donde se hallaba la escalerita excusada +que iba a la biblioteca, le hizo sea de que +aguardase y baj sola para cerciorarse de que no +haba nadie en los pasillos. Torn a subir para +avisarle; el conde descendi, apagando cuanto +poda el ruido de sus botas. A la puerta del pasadizo +la medianera le dej, despus de abrirle +la puerta. Bajose otra vez hasta tocar con las +manos en el suelo para no ser advertido de la +gente que pasase por la calle, y en esta forma +atraves el pasadizo de la tribuna. Abri la +puerta y entr. La oscuridad le ceg. En cuanto +dio algunos pasos sinti un golpe en la espalda +y oy una voz ronca que deca al mismo tiempo:</p> + +<p>—Muere, infame!</p> + +<p>Se hel en sus venas la sangre y dio un salto +hacia atrs. Entre las sombras espesas pudo distinguir +un bulto ms negro an. Veloz como un +rayo se precipit sobre l, y lo hubiera aniquilado +bajo su enorme cuerpo si no sintiera una +carcajada reprimida y al mismo tiempo la voz +de Amalia.</p> + +<p>—Cuidado, Luis, que me vas a hacer dao!</p> + +<p>La sorpresa le dej mudo unos instantes.</p> + +<p>—Pero por dnde has venido?—dijo al cabo.</p> + +<p>—Pues por la escalera principal. Me he echado +este capuchn negro encima y he bajado corriendo.</p> + +<p>Y vindole fro y disgustado por aquella broma +de mal gusto, se empin sobre la punta de +los pies, colgose rpidamente a su cuello y, despus +de apretar los labios larga y apasionadamente +contra los suyos, le dijo con acento zalamero:</p> + +<p>—Ya saba que no eras cobarde... pero quera +comprobarlo.</p> + + + +<hr /> +<h3><a name="V" id="V"></a>V</h3> + +<p class="cab">Las bromas de Paco Gmez.</p> + + +<p>Ahora bien, Granate no acababa de persuadirse +a que Paco Gmez procediese +de buena fe. Su carcter jocoso, los +terribles bromazos que se le atribuan perjudicbanle +en el nimo del indiano. No bastaba que +adoptase continente grave y mantuviese con +l plticas largas acerca de la alza o baja de las +acciones del Banco, ni que le loase la casa por +encima de todas las fbricas modernas y le diese +tiles consejos en el juego del chap. De todos +modos el gracioso de Lancia observaba all, en +el fondo de sus ojazos encarnizados de jabal, +una nube de recelo que no poda disipar. En este +aprieto pidi auxilio a Manuel Antonio. Se le +haba metido en la cabeza una broma chistosa, +y antes de renunciar a ella consentira en cualquier +alianza.</p> + +<p>—Desengate, Santos—deca el marica, de +acuerdo con Paco, paseando cierta tarde por +el Bomb con Granate,—t, como te has pasado +ms de la mitad de la vida detrs de un +mostrador, no entiendes nada de estos lances. No +te dir que Fernanda est chalada por t, pero +que anda en camino de ello lo digo y lo sostengo +aqu y en todas partes. Hace ya tiempo que +lo vengo notando. Las mujeres son caprichosas, +incomprensibles; hoy rechazan una cosa y maana +la apetecen y estn dispuestas a hacer cualquier +disparate por lograrla. Fernanda comenz +rechazndote...</p> + +<p>—Entodava! entodava!—manifest sordamente +el indiano.</p> + +<p>—Pura apariencia. Es una chica muy orgullosa +y que no dar jams su brazo a torcer. Pero +por lo mismo que tiene mucho orgullo no se casar +ms que con el conde de Ons o contigo, los +dos nicos partidos que hay en Lancia para ella; +el conde por la nobleza y t por el dinero. Luis +es un hombre muy raro; yo lo creo incapaz de +casarse. Ella est convencida ya de esto mismo. +No le queda ms que t, y t sers al cabo el que +se coma la breva... Adems, por ms que otra +cosa digan, a las mujeres les gustan los hombres +como t, robustos... porque t eres un roble, +chico—aadi volviendo hacia l la cabeza con +admiracin.</p> + +<p>Granate dej escapar un mugido corroborante. +El marica le pas las manos por el torso, como +profundo conocedor de las formas masculinas.</p> + +<p>—Qu musculatura, chico! Qu hombros!</p> + +<p>—Con estos hombros que aqu ves—dijo el +indiano con orgullo—se han ganado muchos miles +de pesos.</p> + +<p>—Cmo? Cargando sacos?</p> + +<p>—Sacos!—exclam Granate sonriendo con +desprecio.—Eso es pa la canalla. Cajas de +azcar como vagones!</p> + +<p>El Bomb estaba desierto en aquella hora. +Era un paseo amplio en forma de saln, recin +construido en lo alto del famoso bosque de San +Francisco, desde donde se seoreaba todo. Este +bosque de robles corpulentos, aosos, retorcidos, +algunos de los cuales pertenecan a la selva primitiva +donde se fund el monasterio que dio origen +a Lancia, serva de sitio de recreo y esparcimiento +a la poblacin, hasta cuyas primeras casas llegaba. +Permaneci siempre en lamentable abandono; +pero la ltima corporacin municipal haba +llevado a cabo en l magnas reformas que le haban +valido los aplausos de los espritus innovadores: +un paseo, algunos jardinillos alrededor y +una calle enarenada entre los rboles, que le pona +en fcil comunicacin con la ciudad. Los das +de labor no paseaban por l ms que algunos +clrigos con sus largos manteos negros y enorme +sombrero de teja, llevando algn seglar enmedio, +dos o tres pandillas de indianos disputando +en voz alta sobre el precio de los cambios o el +valor de los solares de la calle de Mauregato, recin +abierta, y tal cual valetudinario, que vena +a primera hora a tomar el sol, y se retiraba tosiendo +en cuanto senta la humedad de la tarde. +Y las damas?... Ah! Las damas lacienses saban +perfectamente lo que se deban a s mismas +y estaban dotadas de un sentimiento harto delicado +de las leyes del buen tono para exhibirse +en das que no fuesen feriados. Y aun en stos +no lo hacan sino tomando las debidas precauciones. +Ninguna dama de Lancia cometa la bajeza +de presentarse en el Bomb los domingos +mientras no estuviesen paseando en l algunas +otras de su categora. Pero esto era de una dificultad +insuperable, dada la unanimidad de pareceres. +De aqu que, aderezadas ya desde las tres +de la tarde, con el sombrero y los guantes puestos, +aguardasen al pie de los balcones, espindose +las unas a las otras por detrs de los visillos. +Ya pasan las de Zamora. Ahora vienen +las de Mateo. Slo entonces se aventuraban +a lanzarse a la calle y subir poco a poco y +con la debida majestad hasta el paseo, donde +haca ya dos horas la banda municipal ejecutaba +diversas fantasas sobre motivos de <i>Ernani</i> o <i>Nabuco</i> +para recreo de las nieras y algunos apreciables +albailes. Ni se crea, sin embargo, que +la sociedad distinguida de Lancia entraba as de +golpe y porrazo en el arenoso saln. Nada de +eso. Antes de poner el pie en l suban a otro paseto +suplementario que haba poco ms arriba. +Desde all exploraban el terreno, observaban +si alguna se haba atrevido. Por fin, cuando +las sombras comenzaban a espesarse ya en las +copas de los aosos robles, a la hora en que la +niebla descenda de las montaas apercibida a +fijarse en las narices, en la garganta y en los +bronquios del honrado vecindario, todas las bellezas +indgenas acudan casi en tropel al espacioso +paseo. Qu importaba un catarro, un +reuma, ni siquiera una pulmona, ante la deshonra +de presentarse las primeras en el Bomb! +Ejemplo notable de fortaleza! Caso portentoso +del poder que en los pechos elevados ejerce el +respeto de s mismo!</p> + +<p>Esta exquisita conciencia de los deberes, que +la naturaleza ha escrito con caracteres indelebles +en los corazones dignos, se revelaba an de +modo ms claro y conmovedor con ocasin de +los bailes de confianza que el Casino de Lancia +daba cada quince das durante el invierno. Fcil +es de comprender que las dignsimas seoritas +que con tal admirable constancia luchaban un +da y otro para no entrar en el paseo mientras +estuviese solitario, no iran a cometer la vileza +de presentarse primero que las otras en +el saln del Casino. Mas como aqu no haba +paseo suplementario desde donde espiarse, ni era +fcil por la noche estar de espera en los balcones, +aquellas ingeniossimas damas, tan dignas +como ingeniosas, hallaron un medio de dejar +siempre a salvo su honra. Poco despus de sonar +las diez, hora en que daba comienzo el baile, +enviaban hacia all de descubierta, como caballera +ligera, a sus papas o hermanos. Entraban +hacindose los distrados, se sentaban un momento +en las butacas, gastaban cuatro bromas +con los pollos que all aguardaban correctos, impacientes, +con la luenga levita cerrada, abrochndose +los guantes los unos a los otros, y al +poco rato se retiraban disimuladamente para ir +a noticiar a sus familias que an no haba llegado +nadie. Ah! Cuntas veces los pollos impacientes +de la levita cerrada aguardaron vanamente +toda la noche la llegada de sus hermosas +parejas! Las bujas se iban gastando; la orquesta, +que haba tocado sin xito alguno dos o tres +bailables, se desmoralizaba; los msicos charlaban +en voz alta o paseaban por el saln y hasta +fumaban; los hujieres y mozos bostezaban, +tirndose unos a otros indirectas referentes a las +dulzuras del lecho. Por fin el presidente daba la +orden de apagar, y los pollos se retiraban a sus +domicilios respectivos tan mustios como correctos. +Espectculo consolador el de aquellas heroicas +jvenes que, apesar de sus vivos deseos +de ir al baile, preferan permanecer en casa a +quebrantar los principios fundamentales en que +descansa la dicha y el sosiego de la sociedad!</p> + +<p>—All viene Paco con el Jubilado. Lo mismo +te dirn que yo—profiri Manuel Antonio ponindose +la ebrnea mano sobre las cejas a guisa +de pantalla.</p> + +<p>En efecto, all a lo lejos se columbraba la +figura de Paco como una percha coronada por +un pepino. Todos los sombreros le entraban hasta +las orejas a causa de la inverosmil pequeez +de la cabeza y su disposicin excepcional. A su +lado caminaba el Sr. Mateo con sus enormes bigotes +blancos y arrogante figura militar, aunque +ya sabemos que era el hombre ms civil que +hubiese producido Lancia desde haca algunos +siglos.</p> + +<p>Granate dej escapar algunos gruidos destinados +a probar el profundo desprecio que aquellos +dos personajes le inspiraban, el uno por su +poca formalidad, y el otro por no tener ni un +mal cupn del tres por ciento.</p> + +<p>—Vamos, queridos, hacedme el favor de convencer +a este babieca de que es un buen partido +para cualquier muchacha, porque no quiere +creerlo.</p> + +<p>—Aprieta, pues si D. Santos no es partido +con cinco o seis millones de reales, no s yo +quin lo ser!—exclam Mateo relamindose +como padre de cuatro nias casaderas que no +acababan de casarse.</p> + +<p>—Suba el can, D. Cristbal, suba el can!—dijo +el indiano echndole una mirada +torva.</p> + +<p>—Cmo? Tiene usted ms?... Me alegro... +Yo hablo por lo que dice la gente...</p> + +<p>—Tengo quinientos mil pesos sin quitar un +<i>lpiz</i>.</p> + +<p>Los tres amigos cambiaron una mirada significativa. +Manuel Antonio, no pudiendo contener +la risa, le abraz exclamando:</p> + +<p>—Bien, Santos, bien! Eso del <i>lpiz</i> me enternece.</p> + +<p>Granate era el hombre de los disparates lingsticos. +No tena conocimiento de la forma +verdadera de una gran parte de las palabras; las +modificaba de modo que resultaba muy cmico. +Sin duda dependa de falta de odo, dado que +haca ya algunos aos que haba regresado de +Amrica y trataba con personas cultas. Sus brbaros +atentados contra el idioma eran proverbiales +en Lancia.</p> + +<p>—Pues nada, este infeliz se figura—prosigui +el marica, sin hacer caso de la mirada recelosa +que le dirigi—que porque Fernanda Estrada-Rosa +gasta algunos remilgos no le gustan las +peluconas como a todo hijo de vecino... Tonto, +tonto, ms que tonto! (y al decir esto le pegaba +palmaditas en el ancho y rojo cerviguillo). Si +es hija de D. Juan Estrada-Rosa, el mayor judo +que hay en la provincia!</p> + +<p>—Hombre, Fernanda ya es otra cosa—manifest +el Jubilado, que no estaba en el ajo—Es +una chica muy rica y no necesita casarse por el +dinero.</p> + +<p>Pero los otros dos cayeron como fieras sobre +l. Cuando se tiene dinero se quiere ms. La ambicin +es insaciable. Fernanda era muy orgullosa +y no pasara por que ninguna otra chica en +Lancia pudiese ostentar tanto lujo como ella. Si +D. Santos elega esposa en la poblacin, le +podra hacer competencia desastrosa: era una +mosca que no se quitara jams de la nariz. El +nico rival temible para D. Santos era el conde +de Ons; pero ste ya estaba descartado. Su carcter +excntrico, su misticismo y las extraas +manas en que daba con frecuencia, haban concluido +por aburrir a la muchacha...</p> + +<p>Con estos argumentos y un formidable pisotn +de inteligencia que Paco le dio, el Jubilado entr +en razn y se puso de parte de ellos. Los tres se +esforzaron en convencer al indiano de que ni +aqulla ni ninguna otra joven podra resistir mucho +tiempo si l se decida a estrechar el bloqueo. +Paco aluda adems de un modo vago y +misterioso a cierto dato que l posea, el cual +demostraba hasta la evidencia que los desdenes +de la chica eran pura comedia, alardes de vanidad +para hacerse valer. Pero era un secreto; no +poda revelarlo sin faltar a la amistad y consideracin +que deba a la persona que se lo haba +comunicado.</p> + +<p>Sin embargo, Granate no acababa de rendirse. +Como un mastn a quien rodean los chicos y tratan +de congracirsele hacindole caricias, echbales +miradas recelosas y dejaba escapar de vez +en cuando gruidos dubitativos. Manuel Antonio +agot el repertorio de sus argumentos sutiles y +femeninos, apoyados por sendos abrazos, palmaditas +o pellizcos. Estuvo elocuente y sobn hasta +lo infinito. Paco le dejaba decir y hacer echndole +de travs miradas socarronas, convencido +de que Granate acoga siempre con desconfianza +sus palabras. Pero a ltima hora intervino para +dar el golpe definitivo. Despus de hacerse rogar +mucho por sus dos auxiliares, y de suplicar +encarecidamente y por los clavos de Cristo que +aquello permaneciese en secreto, sac al fin del +bolsillo una carta. Era de Fernanda a una amiga +de Nieva. Explic primero de qu modo casual +haba venido a su poder, y despus ley en voz +baja y con aparato de misterio el siguiente prrafo: +Lo que me dices de Luis no tiene fundamento. +No he vuelto ni volver a reanudar +mis relaciones con l por razones muy largas de +explicar, algunas de las cuales ya conoces. Lo +de D. Santos, aunque por ahora no hay nada, +lleva mejor camino. Es viejo para m, pero me +parece muy formal y carioso. Nada tendra de +particular que al fin cayera con l.</p> + +<p>Granate atendi con extremada fijeza, abriendo +de modo descomunal sus ojazos. Cuando +Paco termin la lectura dijo con voz profunda, +como si hablara consigo mismo:</p> + +<p>—Esa carta es <i>ipcrifa</i>.</p> + +<p>Volvieron los tres a mirarse haciendo lo posible +por contener la risa. Manuel Antonio aprovech +la ocasin para darle un abrazo ms.</p> + +<p>—Anda t, grosero, desconfiadote! Ensale +la carta, Paco... T conoces la letra de Fernanda?... +No?... Pues yo s y aqu D. Cristbal +tambin, porque Emilita recibe a cada momento +cartas de ella... T eres demasiado modesto, +Santos. Yo no te dir que seas un real mozo, +pero tienes cierta gracia y cierto aquel... vamos...</p> + +<p>—Ya lo creo que lo tiene!—exclam Paco.—Bien +puede usted fiarse de Manuel Antonio, que +es voto en la materia.</p> + +<p>—Cualquiera puede distinguir, querido—profiri +ste, picndose repentinamente.—Teniendo +ojos en la cara se sabe lo que es hermoso, lo que +es feo y lo que es mediano.</p> + +<p>Y no quiso emplear ms saliva en secundar +los planes de Paco. Dejaron, pues, a Granate en +paz, y el marica cambi de conversacin.</p> + +<p>—Ah vienen sus amigos, D. Cristbal.</p> + +<p>ste levant la cabeza y vio venir hacia +ellos paseando ocho o diez militares. Eran oficiales +del batalln de Pontevedra, que, a su despecho, +haba llegado recientemente de guarnicin +a la ciudad. Mateo rechin un poco los dientes +y buf repetidas veces para indicar todo lo +odioso que le era la fuerza armada. Despus exclam +con irnico retintn:</p> + +<p>—Cmo me encantan los guerreros en tiempo +de paz!</p> + +<p>—Les tiene usted mucha mana, D. Cristbal. +Los militares no dejan de ser tiles.</p> + +<p>—tiles!—exclam el Jubilado encrespndose.—Qu +utilidad traen, vamos a ver? En qu +son tiles?</p> + +<p>—Hombre, mantienen la paz.</p> + +<p>—La guerra es lo que mantienen. Para librarnos +de los ladrones basta la guardia civil. Ellos +son los que fomentan el malestar y la ruina de +la nacin. En cuanto ven las escalas paradas se +sublevan en uno u otro sentido, que eso es para +ellos lo de menos, y vengan empleos y cruces +pensionadas!... Yo sostengo que mientras existan +soldados no habr tranquilidad en Espaa.</p> + +<p>—Pero, D. Cristbal, y si una nacin extranjera +nos atacase?</p> + +<p>El Jubilado dej escapar una risita irnica +y sacudi algunas veces la cabeza antes de contestar.</p> + +<p>—Pero ven ac, infeliz, la nica nacin que +puede atacarnos por tierra es Francia, y si Francia +se decidiese a hacerlo, de qu nos serviran +todos esos oficialitos tan guapos y bien uniformados?</p> + +<p>—Adems, los soldados son un bien para la +poblacin por lo que consumen. Los comercios +ganan, las casas de huspedes lo mismo...</p> + +<p>Manuel Antonio defenda a la milicia slo por +or a Mateo y ponerle fuera de s. Ahora se observaba +un dejo de irona en sus palabras y +mayor deseo de exacerbarle.</p> + +<p>—Eso es!... Ahora s que me has apabullado! +Y de dnde viene ese dinero que consumen, +majadero?... De t y de m y del seor, de todos +los que pagamos algo al Estado en una u +otra forma!... El resultado final es que ellos +consumen sin producir, que son un mal ejemplo +en las poblaciones, porque la ociosidad en que +viven corrompe a los que ya son un poco propensos +a la vagancia... Sabes t cul es el +gasto del ejrcito? Pues entre los ministerios de +Guerra y Marina consumen ms de la mitad del +presupuesto. Es decir que la administracin, la +justicia, la religin, los gastos que ocasionan +nuestras relaciones con los dems pases, las +obras pblicas y el fomento de todos los intereses +materiales no cuestan tanto al contribuyente +como esos caballeritos del pantaln encarnado!... +Que las dems naciones de Europa tienen +un ejrcito poderoso, bueno, y qu? All ellas. +Las dems se pueden permitir ese lujo porque +tienen dinero. Pero nosotros somos unos pobretes; +no tenemos ms que fachada... Adems, +en otros pases hay complicaciones internacionales, +de las cuales por fortuna estamos libres. +La Francia no nos atacar por miedo a la intervencin +de las potencias; pero si nos atacase, +lo mismo nos conquistara con ejrcito que +sin l...</p> + +<p>El Jubilado se repeta, manoteaba para dar +nueva fuerza a sus argumentos, echaba fuego por +los ojos. Manuel Antonio le dejaba irritarse con +visible satisfaccin. En aquel momento pas +cerca el grupo de los oficiales, que dieron las +buenas tardes cortsmente. Todos contestaron +menos D. Cristbal, que se hizo el distrado.</p> + +<p>—Yo creo que est usted muy exagerado, don +Cristbal. Qu tiene usted que decir del capitn +Nez, que acaba de pasar ahora? No +es todo un buen mozo y una persona atenta y +fina?</p> + +<p>—Con un azadn en la mano estara mucho +mejor y sera ms til a su pas—murmur sordamente +el Jubilado.</p> + +<p>—Pues no tiene usted ms que ponrselo en +cuanto sea su yerno, porque, segn cuentan, es +novio de su hija Emilia—dijo el marica recalcando +las palabras con extremado gozo.</p> + +<p>Paco y D. Santos rieron. D. Cristbal qued +anonadado. Apenas pudo mascullar trabajosamente:</p> + +<p>—Quin hace caso de esas boberas!</p> + +<p>Y no volvi a chistar. Aquella noticia le haba +llegado a lo profundo del corazn, le pona +en la situacin ms difcil en que estuvo jams +hombre alguno. Los dems no dejaron de notar +este silencio, y se hacan guios y se dirigan +sonrisas por detrs de su espalda.</p> + +<p>Pero Paco tambin estaba preocupado. Cuando +se le meta en la cabeza, en aquella cabeza +como un puo, mal amasada, un bromazo como +el que tena proyectado, andaba inquieto, afanoso, +lo mismo que el poeta o el pintor que tienen +una obra entre manos. Despus de varios +das de machacar por l logr al fin, casi, casi, +decidir al indiano. Se trataba nada menos de que +ste fuese a pedir con toda ceremonia a D. Juan +Estrada-Rosa la mano de su hija Fernanda. Segn +Paco y los que le secundaban, era el medio +ms directo y ms adecuado de conseguirla. +Todo lo dems, andarse por las ramas. El da +en que D. Juan viese que le entraban diez millones +por la casa andara de cabeza por convencer +a su hija. Y ella misma no les hara asco. +Pues qu, no siendo con el conde de Ons, con +quin mejor poda casar que con un hombre tan +rico, tan formal, tan sano y tan <i>ilustrado</i>? Este +ltimo epteto, proferido por Paco con grave +continente, estuvo a punto de echar a perder el +asunto, porque no falt quien sofocase a duras +penas la carcajada. Granate quiso advertirlo, +mir a Paco con recelo y volvi a mostrarse desconfiado +y reacio algunos das.</p> + +<p>Lleg un momento, sin embargo, en que el indiano +crey en sus palabras. Fue despus de haberle +odo en el Casino desde una habitacin +contigua atacar duramente al conde de Ons. +Aquel da se decidi a darle crdito y convino +con l la manera de llevar a cabo la peticin que +le aconsejaba. Paco opin que lo mejor sera no +decir nada previamente a la chica. As como los +buenos generales, para asegurar la victoria, suelen +caer de improviso y con sigilo sobre el ejrcito +enemigo, lo ms hbil en este caso era entrar +inopinadamente en la casa, llamar a don +Juan a una conferencia reservada y abordar de +frente el negocio. Por el banquero no haba cuidado: +se pondra como unas pascuas. La chica +recibira gran sorpresa, pero esto mismo la +aturdira y la pondra ms blanda. Las cosas +graves de la vida se deciden generalmente por +una corazonada. El que no se arriesga no pasa +la mar. En resumen, que Granate se entreg a +discrecin y comenzaron los preparativos para +la gran solemnidad. Lo primero que se trat fue +la hora. Qued resuelto que fuese a las doce del +da. El traje fue objeto de animadas plticas. +Paco opinaba que, para presentarse bajo un aspecto +ms imponente, convendra vestirse algn +uniforme, por ejemplo, el de jefe honorario de +administracin civil. No era difcil conseguir +el nombramiento sacrificando un puado de oro; +pero esto dilatara ms de un mes la realizacin +de la empresa. Se desech el uniforme y se convino +en que vistiese frac negro y llevase colgada +la medalla de concejal. Fijose por ltimo el +da: result un lunes.</p> + +<p>Desde mucho antes el traidor haba deslizado +en la conversacin, hablando con D. Juan Estrada-Rosa, +la especie de que Granate se jactaba +de ser deseado y requerido por l para yerno. +D. Juan, que era tambin rico y tena su cacho +de orgullo, y sobre todo adoraba a su hija y +crea que el da menos pensado vendra un duque +de Madrid a pedrsela, se irrit grandemente, +le llam rstico, podenco, y jur que, antes de +ver a su hija casada con semejante cafre, preferira +que se quedase soltera.</p> + +<p>—Pues tenga cuidado, D. Juan—dijo Paco +sonriendo maliciosamente,—porque el da menos +pensado se presenta en casa a pedirle la mano +de Fernanda.</p> + +<p>—No lo har tal—respondi el banquero.—Demasiado +sabe que le echara por la escalera +abajo.</p> + +<p>Con estos antecedentes el terrible humorista +de Lancia marchaba sobre terreno seguro. Fuera +de los tres o cuatro amigos que le ayudaron +a persuadir a D. Santos, a nadie dio parte de la +intriga; pero el domingo por la tarde, vspera +del acontecimiento, lo mismo Manuel Antonio +que l, lo fueron pregonando por todos los grupos +y citndose para el da siguiente en el caf +de Maran. En provincia, donde son escasos los +medios de divertirse, se toma muy por lo serio +esta clase de bromas, se preparan con fruicin, +se paladean de antemano. La de Paco fue acogida +con vivo entusiasmo por la juventud laciense. +La vctima no era un pobre diablo, cmo sola +acontecer, sino un ricachn. Esto le prestaba +doble atractivo. En el fondo de todos los corazones +hay siempre unos granitos de odio para +el que tiene mucho dinero. Corri por el paseo +la voz, y al da siguiente se presentaron en el +caf de Maran ms de cincuenta mancebos.</p> + +<p>Pero no se dieron a luz en tanto que no pas +Granate. El caf estaba situado en un piso principal +(por aquel tiempo no se usaban los bajos +para este destino) de la calle de Altavilla, casi +enfrente de la casa de D. Juan Estrada-Rosa. +sta era grande y suntuosa, aunque no tanto +como la que recientemente haba construido don +Santos. La del caf, vieja y de ruin apariencia. +El local que ocupaban los parroquianos, una sala +donde estaba la mesa del billar y dos gabinetes +a los lados con algunas mesillas de madera para +el consumo, todo sucio, lbrego, sobado. Cun +lejos an los tiempos de que se estableciese en +uno de los bajos de aquella misma calle el magnfico +caf Britnico, con mesas de mrmol, espejos +colosales y columnas doradas como los +ms elegantes de Madrid!</p> + +<p>Espiando por detrs de los visillos aquella +florida juventud, vida de los goces estticos, +vio pasar a Granate correctamente vestido, balanceando +su torso colosal sobre unas piernas +que no lo merecan. Le vieron entrar en casa de +Estrada-Rosa y hasta oyeron el ruido del picaporte. +Nada ms. Inmediatamente se abrieron +de par en par los balcones del caf y se llenaron. +Los que no tenan sitio se encaramaron en +sillas detrs de sus compaeros. Todos los ojos +se clavaron en el portal de enfrente. Esperaron +cerca de un cuarto de hora.</p> + +<p>Al cabo la fisonoma violcea de Granate apareci +de nuevo. Daba miedo. Aquella cara pareca +ya un terciopelo como si estuviese ahorcado. +Las orejas tenan el color de la sangre. A su +aparicin estall una salva de toses y estornudos +y gritos y aullidos. El indiano alz la cabeza +y pase su mirada atnita por aquella muchedumbre +descompuesta que le sonrea, sin comprender +la razn. Tard poco, sin embargo, en +darse cuenta de que era vctima de un bromazo. +Sus ojos se clavaron entonces feroces en el concurso, +y exclam con un desprecio que nada tena +de fingido:</p> + +<p>—<i>Mndigos!</i></p> + +<p>Y se alej como un jabal perseguido por la +jaura entre silbidos y carcajadas, volviendo de +vez en cuando la cabeza para escupirles el mismo +esdrjulo injurioso.</p> + + + +<hr /> +<h3><a name="VI" id="VI"></a>VI</h3> + +<p class="cab">Las seoritas de Mer.</p> + + +<p>En efecto, Emilita Mateo haba logrado +hacerse amar de un capitn del batalln +de Pontevedra. Le haba costado +muchos das de incesante jugueteo, un nmero +incalculable de miradas provocativas, de carcajadas +sin motivo, de caprichos infantiles, de +gestos mimosos y enfados pasajeros. Haba desplegado, +en suma, todas sus bateras, mostrndose +a la vez cndida y maliciosa, dulce y arisca, +reservada y charlatana, grave y retozona +como una loquilla, como nia ligera e insustancial, +pero adorable. Al fin Nez, el capitn +Nez, no pudo resistir a tal graciosa mezcla +de inocencia y malicia, y se repleg +primeramente, y no tard luego en rendirse. Era +un hombre de cara larga, bigote y perilla, flaco, serio, +bilioso, con los ojos mortecinos y fatigados, muy exacto +en el cumplimiento de sus deberes y aficionado a dar +largos paseos. Esta clase de hombres silenciosos y disciplinados +son los ms sensibles a los encantos de la +alegra y la vivacidad. Emilita le hizo suyo llamndole +cazurro y dndole pellizcos por pcaro y burln; a +l, a quien haba que sacar las palabras con tirabuzn +y en su vida haba gastado la ms sencilla chanza!</p> + +<p>Con este memorable suceso, la familia Mateo andaba +bastante dislocada. Jovita, Micaela y Socorro, hermanas +legtimas de la afortunada doncella, sentanse +celosas y lisonjeadas a la vez. Entendan que la preferencia +de un oficial de infantera tan bizarro constitua +un honor que irradiaba sobre toda la familia +y las colocaba en situacin ventajosa frente a sus amigas +o conocidas. Pero al mismo tiempo consideraban +que, siendo Emilita la ltima en edad, no le corresponda +tener novio y mucho menos casarse sino despus +de sus hermanas. Eran prematuros en ella los +noviazgos, no contando ms que veinticuatro aos de +edad. En cuanto a la idea de que pudiera contraer matrimonio +una criatura tan tierna y tan informal, la +misma sonrisa de sorpresa y desdn contraa los labios +de las tres hermanas mayores. As que, por ms +que se desbarataban en elogios del capitn delante de +las amigas, haciendo resaltar sus prendas fsicas, +prestndole un corazn grande y heroico, certificando +de su riqueza como si se la administrasen y hablando +vagamente de ciertas influencias que le pondran ms +tarde o ms temprano en la bocamanga los entorchados +de general, lo cierto es que no le perdonaban ni +le perdonaron jams su delito cronolgico.</p> + +<p>Por otra parte, don Cristbal, padre de aquel ngel +travieso y juguetn, qued repentinamente en posicin +tan falsa que quiso volverse loco. Luchaba su +amor de padre ruda batalla con el odio a la milicia. +Avergonzbale el consentir que una hija suya diese +odos a un militar despus de haberlos llamado l tantas +veces haraganes, sanguijuelas, y haber clamado +tanto por la reduccin del contingente. Con qu cara +se presentara a sus amigos de all en adelante? Pas +das bien terribles. El aborrecimiento al ejrcito y a +la marina se hallaba tan profundamente arraigado en +su corazn, que no poda extinguirse de pronto. Sin +embargo, le era forzoso confesar que la conducta nobilsima +del capitn Nez lo haba mermado poderosamente. +El anhelo de casar a sus hijas gozaba tanta +vida en el fondo de su ser como el desprecio de la +fuerza armada. Cunto le pesaba de haber vociferado +tanto contra sta! En su tribulacin llegaba a deplorar +que Nez perteneciese al arma de infantera. Si +fuese siquiera marino, disminuira la gravedad del +conflicto. Recordaba que en sus diatribas contra el +ejercito hacia la salvedad de que era necesario conservar +algunos barcos para proteger las colonias. Lo +mismo poda decirse si perteneciese a la Guardia civil. +En cuanto a las dems fuerzas de tierra, no caba disculpa +ni haba medio de salir del aprieto.</p> + +<p>En tan terribles circunstancias opt por encerrarse +en casa. Cuando alguna vez sala, andaba +receloso y huido. Los amores de su hija se fueron +haciendo ms formales y cada vez ms pblicos. +Tema las bromas. El miedo le hizo claudicar, +adoptando un proceder doble y falso, indigno por +completo de su carcter y antecedentes. Es decir +que, mientras pblicamente segua afectando +desprecio hacia las fuerzas de tierra, cuando +hablaba con el novio de su hija o entre militares, +lo haca con agasajo, les preguntaba con +inters por su carrera, lo mismo que si prestasen +servicios en cualquier oficina civil del Estado. +Nadie sospechara al orle enterarse tan +minuciosamente del escalafn, de las reservas y +reemplazos, etc., que aquel hombre les tena jurado +odio eterno. Pero el Jubilado lleg con el +tiempo a una distincin que nunca se haba atrevido +a proponer. Como militares no transiga +con ellos, los consideraba una verdadera plaga +social... Ahora, como hombres, bien podan ser +dignos de estimacin, segn sus cualidades.</p> + +<p>Los amores de Emilita haban nacido y crecido +como otros muchos en casa de las de Mer. +Eran stas dos seoritas que pasaban de los +ochenta y no llegaban a los cien aos. De todos +modos, a la entrada del siglo XIX eran ya maduras. +No tenan en Lancia familia alguna. Ninguno +de los vivos recordaba a su padre, que haba +muerto cuando todava eran mocitas. Estuvo +empleado en el ramo de Hacienda. Es de suponer, +dada su remota antigedad, que sera percibidor +de alcabalas o de otros pechos ya extinguidos. +Del siglo XVIII, al cual pertenecan, tenan +aquellas interesantes seoritas en primer +lugar el traje. Jams pudieron entrar por las modas +del presente. Una saya de cbica negra muy +escurrida con plomos por debajo para que se escurriera +todava ms, talle muy alto, manga +apretada con bullones, zapatito de tabinete descotado +y un tocado inverosmil de puro extravagante: +as se presentaban en todas partes. La +mantilla que usaban no era de velo, sino de +sarga con franja de terciopelo, como las usan +ahora solamente las artesanas. Llevaban bastn +para apoyarse. Conservaban adems la cortesa +exquisita, la ligereza de carcter, la pasin por +la sociedad y una alegra inagotable, maravillosa +a sus aos. Lo que no haban trado consigo +al siglo presente era la libertad de costumbres +y la malicia que, al decir de los historiadores, +caracterizaba la sociedad del pasado. +Imposible imaginar unas criaturas ms sencillas. +Como si no hubiesen atravesado por la +vida, todo les sorprenda, en todo crean menos +en el mal. As que, con frecuencia, eran vctimas +de las bromas de sus amigos y tertulianos, sin +que por eso dejase ninguno de profesarles entraable +afecto. Desde tiempo inmemorial tenan +costumbre de recibir en su casa por la noche a +la juventud de Lancia, particularmente a los muchachos +que se placan en asistir por la grandsima +libertad que all disfrutaban. Por acuerdo +tcito todos ellos las tuteaban. Y era en verdad +peregrino el or a los chicuelos de diez y ocho +aos hablar con tal familiaridad a unas viejecitas +que pudieran ser sus bisabuelas. Carmelita +para aqu, Nuncita para all, porque la ms anciana +se llamaba D. Carmen y la ms joven +D. Anunciacin.</p> + +<p>Tres o cuatro generaciones haban pasado +por aquella salita de la calle del Carpio, modesta +y aseada, con el pavimento de madera encerada, +sillas de paja, sof de damasco encarnado, +cmoda de caoba atestada de chirimbolos, espejo +con marco de carey y diversos cuadritos al +pastel representando la historia de Romeo y Julieta. +La tertulia de las de Mer era la ms antigua +de Lancia. Contra lo que acaece generalmente, +estas mujeres que no pudieron hallar marido +tenan la mana de casar a todo el mundo. +El nmero de matrimonios que salieron acordados +de aquella salita es incalculable. En cuanto +advertan que un muchacho se acercaba a cualquier +muchacha ms que a las otras, ya estaban +nuestras seoritas preparando los hilos para +unirlos con lazo indisoluble; ya no consentan +que nadie se sentase en la silla que estaba al +lado de Fulanita para que cuando Menganito viniese +la hallase aparejada y no tuviese ms que +sentarse. Y vengan a Fulanita elogios desmesurados +de Menganito, y vayan a Menganito relaciones +minuciosas de los primores que Fulanita +ejecuta con la aguja y lo econmica y hacendosa +que es y lo piadosa y lo limpia. Y escpense +ms adelante a casa de la mam de Fulanita para +celebrar conferencias largas, ntimas, trascendentales, +y procuren enseguida tropezarse con el +pap de Menganito y desplieguen todas sus dotes +diplomticas para explorarle el corazn. Y por +premio de estos sudores reciban, al cabo, un +cartuchito de dulces el da de la boda.</p> + +<p>Pero todas las madres de nias casaderas las +adoraban, no se hartaban de bendecirlas y adularlas. +Saludbanlas de media legua, y al salir +de la iglesia se apresuraban a ofrecerles el brazo +para que se apoyaran. En cambio, las que tenan +algn hijo varn en edad de casarse solan +mirarlas con recelo y antipata, las llamaban por +lo bajo chochas y entremetidas. No hay necesidad +de indicar, por lo tanto, que su pasin casamentera +les cost no pocos disgustos. Cuando +algn lechuguino senta brotar en su pecho la +llama del amor, lo primero que haca era mostrrsela +a las de Mer.</p> + +<p>—Carmelita, estoy enamorado.</p> + +<p>—De quin, corazn, de quin?—preguntaba +la anciana con vivo inters.</p> + +<p>—De Rosario Calvo.</p> + +<p>—Aj! Buen gusto ha tenido el picarn. No +hay chica ms guapa ni mejor educada. Habis +nacido el uno para el otro.</p> + +<p>Y por un rato el zagalillo tena el placer de +escuchar el panegrico de su adorada.</p> + +<p>—Espero que me protegers.</p> + +<p>—Todo lo que t quieras, mi alma.</p> + +<p>Al cabo de pocos das, Rosario Calvo, que no +haba puesto los pies en su vida en casa de las +de Mer, apareca por all y era tertuliana asidua. +Cmo se haban arreglado aqullas para +atrarsela? No es fcil averiguarlo, pero tantas +veces haban llevado a trmino ya empresas +anlogas, que de seguro posean una receta simple +y segura.</p> + +<p>Encaribanse con sus amigos como si fuesen +prximos deudos todos. Contbanse de ellas +rasgos de abnegacin que las honraba extremadamente. +Durante la furiosa reaccin del +ao 1823, uno de sus tertulios, teniente de caballera, +se refugi, despus de cierta intentona +abortada, en su casa. Las seoritas le recibieron +y le ocultaron algunos das, y al cabo +lograron que se evadiese disfrazado con el traje +de un criado. Pero teniendo noticia de que iba +la polica a registrarles la casa, pensaron con terror +en el uniforme del teniente. Dnde guardarlo +que no diesen con l? Carmelita, en aquellos +instantes crticos, tuvo un rasgo de ingenio +y bravura. Se visti el uniforme debajo de sus +ropas de mujer. Por cierto que este teniente se +port con ellas con bastante ingratitud. No tuvo +en su vida diez minutos para escribirles una +carta dndoles las gracias.</p> + +<p>No fue la nica que hubieron de sufrir por parte +de sus tertulios. Acostumbraban stos aprovecharse +de su amabilidad cuanto podan; recrebanse +en su casa, gozaban de la compaa y +conversacin de las jvenes ms bellas de Lancia, +concertaban algunos su matrimonio, y luego +que lo realizaban, o porque sus negocios o su +edad les impedan asistir a la tertulia, si te vi, +no me acuerdo; apenas las saludaban en la calle. +Lo mismo puede decirse de las mamas, tan rendidas +y aduladoras antes de casar a sus hijas, y +tan despegadas as que lo conseguan. Pero tales +flaquezas no alteraban el buen humor de +aquellas benditas ni destruan su optimismo. +Como se estaban renovando sin cesar los asistentes +a su casa, olvidaban la ingratitud de los +antiguos para pensar tan slo en el aprecio que +les tributaban los nuevos. Adems, en sus corazones +no caba rencor, ni siquiera hostilidad; las +bromas no las ofendan. Y cuidado que algunas +eran bien pesadas! La que les dio Paco Gmez +en cierta ocasin hizo raya: an se cuenta con +regocijo en Lancia.</p> + +<p>No todas las noches de invierno iban damas a +la tertulia. Generalmente asistan los sbados y +los mircoles. Pero haba un grupo de muchachos +que casi nunca dejaban de hacerles un rato +de compaa a primera hora, aunque despus se +marchasen a otras casas. Uno de ellos era Paco +Gmez. En estas noches de soledad se formaba +generalmente un partido de <i>brisca</i>. Paco iba de +compaero con Nuncita y el capitn Nez, o +Jaime Moro, o cualquier otro muchacho con +Carmelita. Paco una noche se doli de que las +seas que se hacan durante el juego fuesen tan +vulgares y conocidas: era imposible hacerlas +pasar inadvertidas para los contrarios. Entonces, +de acuerdo con el otro, propuso cambiarlas. +l enseara unas a Nuncita, y el contrario otras +a Carmelita. Las nuevas seas fueron todas ademanes +obscenos, de esos que no se ven ms que +en las tabernas y lupanares. Aquellas inocentes +mujeres las aceptaron sin saber lo que hacan +y se sirvieron de ellas con la mayor desenvoltura. +As que pasaron algunos das, y estaban +perfectamente avezadas a usarlas, Paco invit +una noche a muchos de los tertulios a presenciar +el juego. Result una escena de cmico +subido. Cada vez que cualquiera de las dos seoritas +haca una sea, haba una explosin de +alegra. Pues bien, apesar de lo brutal y desvergonzado +de la broma, las bondadosas seoritas, +en vez de ponerle de patas en la calle y cerrarle +la puerta para siempre, se contentaron al +saberlo con hacerse cruces de sorpresa y rerse +como los dems.</p> + +<p>—Santo Cristo bendito de Rodillero, quin lo +dira! Tantos pecados como hemos cometido sin +saberlo!</p> + +<p>—Pues yo no los confieso—exclam Nuncita +con resolucin.</p> + +<p>—Los confesars, Nia—expres gravemente +la primera.</p> + +<p>—Que no.</p> + +<p>—Nia!</p> + +<p>—Que no quiero.</p> + +<p>—Silencio, Nia! Los confesars y tres ms. +Maana mismo te llevar a Fray Diego.</p> + +<p>Nuncita protest todava sordamente, como +una chica mimosa, hasta que las miradas severas +de su Hermana mayor la hicieron callar. Pero +todava estuvo buen rato enfurruada. A veces, +sin saber por qu, se mostraba dscola y rebelde +en sumo grado. Necesitaba Carmelita hacer +gala de toda su autoridad para someterla. +Mas, ordinariamente no suceda as. Aunque no +le llevase ms de tres o cuatro aos, Nuncita, +por la costumbre adquirida, por debilidad de carcter, +o por ventura porque no le disgustaba +aparecer ms joven en presencia de la gente, +reconoca la jefatura de su hermana y la obedeca +con una sumisin que envidiaran las madres +para sus hijas. Pocas veces tena necesidad de +reprenderla, pero cuando lo haca, Nuncita bajaba +la cabeza y al poco rato se la vea llevarse +el pauelo a los ojos y salir de la sala, mientras +Carmelita segua sus movimientos con mirada +fija, sacudiendo al mismo tiempo la cabeza severamente. +Poco faltaba para que la castigase +dejndola sin postre o mandndola a la cama. +Por tales razones y porque Carmelita as la llamase +con frecuencia, D. Nuncia, que pasaba +algo de los ochenta, era conocida en Lancia por +el sobrenombre de la Nia.</p> + +<p>En los amores de Emilita Mateo se portaron +ambas hermanas heroicamente. El capitn Nez +fue bloqueado en toda regla. Por espacio de +un mes lo menos, y hasta que le vieron bien +encarrilado, ni una silla le dejaron libre ms +que la que estaba prxima a la ms joven de las +chicas de D. Cristbal. En el juego de la lotera, +al cual se entregaba con pasin desordenada +aquella sociedad, Nuncita se encargaba, sin que +nadie se lo pidiese, de buscarles cartones que +fuesen combinados. Cuando se referan al oficial +de Pontevedra y a Emilita hablaban como de +una sola persona. Tan unidos y compactos los +apreciaban ya.</p> + +<p>Servicios a tal extremo importantes los pagaba +el Jubilado con una gratitud que le rebosaba +del alma y le sala por los ojos. De buena +gana se prosternara ante ellas y les besara la +orla del vestido de cbica. Pero su dignidad y +aquella larga serie de diatribas contra el ejrcito +que llevaba colgadas a los pies como grilletes, +le impedan estas y otras manifestaciones. +Ni siquiera tena el consuelo de poder mostrarse +alegre cuando aquel pundonoroso militar acompaaba +a su nia en el paseo. Pero ya se sabe +que las seoritas se preocupaban muy poco de la +gratitud de sus tertulios. Los casaban por vocacin +irresistible de su espritu, por una necesidad +de su organismo, como teje la araa la tela +y cantan los pjaros en el bosque. Una vez enlazados +por el vnculo matrimonial, los tertulios, +lo mismo hombres que mujeres, perdan +todo su atractivo para las seoritas de Mer. +Su atencin se concentraba inmediatamente en +los nuevos pollastres que venan piando a cobijarse +bajo sus alas protectoras.</p> + +<p>Quien les caus una serie de decepciones y +amarguras, que a poco dan con ellas en el sepulcro, +fue el conde de Ons. En su vida haban +tropezado con un hombre ms incomprensible. +Lo que las pobres sudaron para meterle en vereda, +en la florida vereda de Himeneo! Pero aquel +diablo se les resbalaba por entre los dedos como +una anguila. Mostrbase durante algunas noches +tierno y amartelado con Fernanda; no se apartaba +de ella el canto de un duro. Las miradas +de las dos hermanas se posaban sobre ellos con +visible enternecimiento; procuraban con ahnco +que nadie fuese a interrumpirles; poco les faltaba +para mandar a los dems que bajasen la voz +a fin de que no les molestase el ruido. Pues bien, +repentinamente, cuando menos poda pensarse, +el conde cometa el absurdo de alzarse distradamente +de la silla, bostezar y marcharse a +hacer solitarios a un rincn de la mesa. Por su +parte Fernanda caa en idnticas flaquezas, ponindose +a charlar animadamente con el chico +del regente de la audiencia sin dirigir una mirada +a su novio. Carmelita y Nuncita quedaban +aterradas cuando esto suceda, se iban a la cama, +presa de la mayor consternacin.</p> + +<p>Despus del rompimiento definitivo, y cuando +al cabo se convencieron de que la ventura de +realizar tan sublime matrimonio no estaba reservada +para ellas, humillaron un poco su ambicin +y prestaron auxilio a Granate, que haca mucho +tiempo lo demandaba con instancia. Tambin por +este lado la suerte impa les hiri cruelmente. +Fernanda rechazaba con irritacin cualquier palabra +suasoria que le dirigiesen en favor del indiano. +Si observaba que las seoritas tenan dispuestas +las sillas de modo que resultase aqul +sentndose a su lado, en un instante destrua su +combinacin yndose con ademn displicente al +extremo opuesto. Al formarse las partidas de +<i>brisca</i> o de <i>tute</i> no consenta que se lo diesen por +compaero so pena de renunciar al juego. En fin, +que estaba tan alerta y sobre s que era imposible +atacarla por ningn lado. No obstante, las +de Mer persistan en su proyecto y trabajaban +por llevarlo a cabo con paciencia; que es la garanta +ms segura para dar cima a las grandes +empresas.</p> + +<p>Algunos das despus de la guasa de Paco Gmez +se hallaban en la famosa tertulia, a ms de +tres o cuatro pollastres, el mismo Paco, Manuel +Antonio, D. Santos, el capitn Nez, D. Cristbal, +Fernanda, Mara Josefa Hevia y dos de las +chicas de Mateo. No se pensaba todava en jugar. +Todos estaban sentados menos Paco, que daba +vueltas por la sala contndoles la broma que haba +dado la otra noche en el teatro a Mann, el +mayordomo de Quiones. Desde que ste haba +quedado paraltico, su famoso acompaante andaba +sin sombra por la ciudad. Mas, por la gran +confianza que su amo le otorgaba, los tertulios +de D. Pedro le guardaban consideraciones, y +apesar de la rusticidad de su trato y del traje +campestre que llevaba, cuando le tropezaban en +la calle le abrazaban familiarmente, le convidaban +a entrar en el caf y a veces le llevaban al +teatro. Mann para aqu, para all: el grosero aldeano +se haba hecho famoso no slo en Lancia, +sino en toda la provincia. Aquel calzn corto, +aquella media blanca de lana con ligas de color, +chaqueta de bayeta verde y sombrero calas, +le daban un aspecto original en la ciudad, donde +por milagro se vea ya un hombre con este +arreo. Era una de las cosas que ms sorprendan +a los forasteros, sobre todo vindole alternar en +cierto pie de igualdad con los seores de la poblacin. +No slo por respeto al maestrante, sino +porque les haca mucha gracia las salidas brutales +de Mann, stos se perecan por llevarle en +su compaa. Adems, Mann era un clebre cazador +de osos, con los cuales se deca que haba +luchado algunas veces cuerpo a cuerpo. Los aficionados +a tal clase de ejercicio le profesaban +por esto respeto y simpata. Sin embargo, los +enemigos que el mayordomo tena all en su aldea +aseguraban, riendo sarcsticamente, que lo +de los osos era una farsa, que en su vida los haba +visto, cuanto ms luchar con ellos. Aadan +que Mann haba sido siempre un zampatortas +hasta que D. Pedro haba tenido el capricho de +sacarle de la oscuridad. La imparcialidad nos +obliga a estampar esta opinin, que desde luego +suponemos infundada. Hay que confesar, no obstante, +que la conducta de Mann, ofreciendo repetidas +veces a sus amigos llevarles a cazar el +oso, sin que jams cumpliera la promesa, la prestaba +cierta verosimilitud. Pero el profesar respeto +a la salud e integridad de los osos de su pas +es acaso motivo suficiente para arrojar a un +hombre a la cara el calificativo de zampatortas? +Nadie osar afirmarlo. Ms lgico es suponer +que el clebre Mann era, como todos los hombres +que logran sobreponerse a la multitud, vctima +de las asechanzas de la envidia.</p> + +<p>Refera Paco, con el desenfado procaz que le +caracterizaba y del que no prescinda ni aun hallndose +entre damas, cmo haba llevado a +Mann al palco proscenio que con otros amigos +tena abonado en el teatro. El mayordomo no +haba visto jams bailarinas. Al presentarse stas +en escena le hizo creer que traan las piernas +desnudas. Mann qued escandalizado, fijando +en ellas sus ojos, donde se pintaba el asombro y +la indignacin. Pues an no has visto lo mejor; +aguarda, aguarda un poco! Al comenzar +la orquesta a tocar, las bailarinas hacen chasquear +los palillos, y dando una vuelta levantan +todas la pierna a la altura de la cabeza. Sollo! +exclama el pobre tapndose la cara con las +manos. Dios sabe lo que pens que iba a ver!</p> + +<p>Paco narraba el lance con naturalidad, paseando +de un cabo de la sala, la cabeza baja y +las manos metidas en los bolsillos del pantaln. +Las jvenes tertulianas se creyeron en el caso +de ruborizarse. Todos rean menos Granate, que +an tena en el corazn la broma del da pasado. +Desde su rincn, donde estaba como un oso aletargado, +dirigale miradas torvas, agresivas. Qu +haba pasado en casa de Estrada-Rosa cuando el +indiano fue a ella en demanda de la mano de la +seorita? Ni a D. Juan ni a su hija se les pudo +sacar una palabra; pero cierta doncellita enter +a todo el mundo de que D. Juan haba rehusado +en trminos desdeosos, que Granate hizo ostentacin +de sus millones y aun se autoriz el manifestar +que Fernanda no encontrara un matrimonio +ms ventajoso. Entonces D. Juan se incomod, +le llamo zngano y lo despidi con cajas +destempladas. Paco, cada vez que sorprenda +una de aquellas miradas furibundas, sonrea y +haca guios a Manuel Antonio.</p> + +<p>—Oye, Carmela—dijo parndose frente a un +cuadrito pintado al leo,—dnde habis comprado +este San Juan?</p> + +<p>—Jess! seor—exclam Carmelita,—no es +un San Juan, que es un Salvador, mralo cmo +se re el pobrecito!</p> + +<p>—Ah! es un Salvador. En qu se distinguen?</p> + +<p>Las seoritas de Mer, al escuchar tal pregunta, +quisieron volverse locas de alegra. Se les +caan las lgrimas de risa.</p> + +<p>—Ay, qu Paquito! Ay, qu corazn!... No +distingue un San Juan de un Salvador!</p> + +<p>Y re y que te re. Haca muchos aos que no +haban odo nada tan gracioso. Cuando hubieron +sosegado un poco y se limpiaron las lgrimas y +se sonaron estrepitosamente con un pauelo de +hierbas, Paco, que gozaba vindolas tan alegres, +les pregunt:</p> + +<p>—Pero vamos, cundo lo habis comprado, el +Salvador, que yo no lo he visto hasta ahora?</p> + +<p>—Estaba en el cuarto de Nuncia, mi alma; +pero all no estaba bien, porque tropezaba la +cama en l, y lo hemos trado.</p> + +<p>—Se lo regal a Carmela, cuando viva pap, +un pintor de Madrid que pas aqu unos das—dijo +Nuncita.</p> + +<p>—Eras t joven?—pregunt gravemente Paco +dirigindose a Carmelita.</p> + +<p>—S, muy jovencita.</p> + +<p>—El pintor tena fama?</p> + +<p>—Mucha.</p> + +<p>—Entonces ya s quin era, Murillo.</p> + +<p>—No; me parece que no se llamaba as.</p> + +<p>—Entonces sera Velzquez.</p> + +<p>—Ese nombre ya me suena ms. Era hombre +mozo, muy corts y muy galn, verdad, Nuncia?... +A t me parece que te hizo algunas carantoas...</p> + +<p>Nuncita baj los ojos ruborizada.</p> + +<p>—Quin se acuerda de eso ya?</p> + +<p>—Era muy enamoradizo—prosigui Carmelita;—pero +al mismo tiempo bien criado y bien +entendido...</p> + +<p>—Enamoradizo dijiste? Justo, no puede ser +otro que Velzquez.</p> + +<p>—No se llamaba Velzquez; se llamaba Gonzlez—apunt +tmidamente Nuncita.</p> + +<p>Y despus de decirlo volvi a ruborizarse.</p> + +<p>—Eso es, Gonzlez!—exclam su hermana +haciendo memoria.</p> + +<p>—Bueno, es igual, sera un contemporneo suyo, +de la buena raza de pintores del siglo XVII—manifest +Paco sin turbarse por las carcajadas +de los tertulios, que se espantaban de la inocencia +de aquellas pobres mujeres.</p> + +<p>—Conque te ha hecho la corte a ti, Nia?—prosigui +cogiendo con dos dedos cariosamente +la barba de Nuncita.—Me parece que t debiste +de haber sido muy torerita, verdad, Carmela?</p> + +<p>—Fue un poco tentada de la risa.</p> + +<p>—Carmela, por Dios, que estos seores van +a creer que he sido una coqueta!—exclam con +angustia la Nia.</p> + +<p>—No creeran ms que la verdad, chica—dijo +Paco.—Ya no te acuerdas que has dado odos +a un procurador eclesistico llamado don +Mximo, y despus que ste se iba de tu casa +hablabas con el teniente Paniagua por el balcn?</p> + +<p>Nuncita sonri con enternecimiento al recuerdo +de aquellos tiempos, y repuso bajando los ojos +con graciosa timidez:</p> + +<p>—D. Mximo vena a casa todos los das, +pero nunca me requiri de amores.</p> + +<p>—Qu amores ni qu calabazas!—exclam +Paco.—Di t que quien te gustaba de verdad +era el teniente, y concluirs ms pronto.</p> + +<p>—Conque ha estado usted enamorada de un +militar?—pregunt con graciosa volubilidad +Emilita, dirigiendo al mismo tiempo una mirada +provocativa a Nez.—Pues ha tenido usted +bien mal gusto.</p> + +<p>El Jubilado se puso repentinamente serio y se +le erizaron los bigotes de terror ante aquella salida +de su hija; pero se tranquiliz inmediatamente +al observar que el capitn, en vez de darse +por ofendido, la pagaba con una sonrisa amorosa +y lo echaba a broma como todos los dems.</p> + +<p>—No es ella sola la que ha tenido ese mal +gusto—expres con marcada intencin Carmelita, +muy alegre de haber encontrado aquel rasgo +de ingenio.</p> + +<p>—Y quin era ese teniente?... Algn trasto... +cmo si lo viera!...—torn a preguntar Emilita +con la misma adorable ligereza.</p> + +<p>—Alto, alto, Emilia!—manifest Paco.—Paniagua +era teniente de los tercios de Flandes y +muy bizarro.</p> + +<p>—No, corazn, no—se apresur a rectificar +Nuncita,—que era de la guardia real.</p> + +<p>—No era arcabucero?</p> + +<p>—No, mi alma; de la guardia real te digo.</p> + +<p>D. Cristbal disimulaba la risa con un flujo de +tos. Manuel Antonio y los pollastres rean descaradamente.</p> + +<p>—Paniagua era hombre muy notable—prosigui +Paco.—Posea esa decisin que tan bien +sienta a los militares. El mismo da que lleg +vio a Nuncia por la maana al balcn. Por la +tarde le entreg en el prtico de San Rafael, al +salir de la novena, un billete de declaracin, que +empezaba: Seorita: Entre confuso y medroso, +y dudando si en gracia de lo rendido me perdonar +usted lo osado, confieso que mi nico delito +consiste en amar a usted...</p> + +<p>—Qu picarn! cmo lo recuerda!—exclam +Nuncita, enternecida de verdad.</p> + +<p>Lo cierto era que Paco, a quien la Nia, despus +de muy rogada, haba mostrado las cartas +que conservaba de Paniagua, se haba aprendido +de memoria aquel originalsimo documento y lo +recitaba en todas partes para regocijo de sus +amigos.</p> + +<p>—Eso se llama un hombre resuelto. As se +manifiesta el carcter de la persona. Qu diferencia +de los militares de hoy, que antes de declararse +a una muchacha la pasean un ao la +calle y luego tardan otro en decir: Nia, cundo +nos vamos a la vicara?</p> + +<p>Pronunci estas palabras mirando al rincn +donde estaban Emilita y el capitn. ste recogi +la alusin y se puso serio. La chica se hizo la +distrada, pero agradeciendo mucho a Paco en el +fondo de su corazn el capote, mientras el Jubilado +se atusaba el bigote con mano temblorosa, +temiendo que Nez se enfadara, pero alegre al +mismo tiempo por la esperanza de que estos capotazos +oportunos le sacaran de su atona.</p> + +<p>Cansados de platicar, los pollastres propusieron +jugar un ratito a las prendas. Es un juego +donde los hombres de criterio siempre pescan +algo. Fernanda consinti en que Granate se sentase +a su lado. Los guios de Paco, que haba +sorprendido, le haban hecho mal efecto. Era +una criatura muy orgullosa, pero en la cual se +hallaba arraigado el sentimiento de justicia. No +poda sufrir que se burlasen en su presencia de +nadie, aunque fuese del ser ms nfimo y despreciable. +Poda decirse que el sentimiento de +la dignidad, que era en ella tan delicado y vidrioso, +la haca sentir las heridas causadas en la +de los otros con ms viveza. Aunque aborreca a +Granate, la molestaba que se le mortificase en su +presencia, sobre todo si era por su causa; sin perjuicio, +por supuesto, de que ella le diese a cada +momento descomunales desaires; pero entenda, +y no le faltaba razn, que los desdenes de la +mujer que se ama, si causan dolor, no resqueman +como las burlas. El indiano, que se vio tan +honrado, no caba en s de gozo, y comenz con +voluntad excesiva y la ordinariez que le caracterizaba +a prodigarle mil atenciones. Fernanda +las recibi con semblante grave, pero sin repugnancia.</p> + +<p>Y vino, como es natural, aquello de las tres +veces s y tres veces no, el contentar a todos los +presentes, un favor y un disfavor, etc., etc. +La sociedad se recreaba con lo que se haban recreado +sus padres y sus abuelos, y con lo que +pensaban que se recrearan sus hijos. Inocentes! +Haba all un espritu, sin embargo, que no +mereca este calificativo. Paco Gmez jugaba +con una condescendencia displicente, como hombre +que se adelantaba mucho a su poca, cometiendo +mil torpezas y desaciertos que demostraban +la distraccin que caracteriza a los seres superiores. +En cambio, Nez tena puestos los +cinco sentidos. No se vio jams hombre ms +erudito en aquellas materias ni que las tratase +con ms profundidad. Su inteligencia lcida haba +penetrado en todos los secretos del juego de +prendas y saba sacar de cada uno el partido +posible, extraer todo su jugo, segn pedan las +circunstancias. Por ejemplo, cuando una seorita +deba contentarle, quedaba sordo instantneamente. +La joven se vea obligada a inclinarse +ms y ms, hasta que sus labios de carmn +rozaban la oreja del capitn. Si quedaba condenada +a hacer el papel de esquina de la Puerta +del Sol y, por consiguiente, a sufrir que le pegasen +carteles en la cara, que se recostasen contra +ella, etc., etc., el profundo Nez no soltaba +la presa en tanto que no pasease las manos por +todas las regiones de su cuerpo. Pero cuando dio +ms claras muestras de su talento portentoso y +de los vastos conocimientos que haba logrado +adquirir en aquel ramo del saber, fue al proponer +que la seorita a quien acertase lo que +tena en el bolsillo quedase obligada a darle un +beso. Tal seguridad tenan todas de que nada +conseguira, que no vacilaron en aceptar la proposicin. +Err, efectivamente, al vaciar con el +pensamiento el bolsillo de Carmelita, err con +Fernanda, con Mara Josefa, con Micaela, y +miren qu diablo! fue a acertar precisamente +con Emilita. Unas tijeras, un pauelo, un dedal +y tres caramelos. La nia se puso a gritar batiendo +las palmas, toda nerviosa: Trampa, +trampa! El capitn, sereno, apacible, grandioso +como un hroe de la antigedad, rechaz aquella +imputacin y demostr hasta la saciedad que +all no caba trampa alguna.</p> + +<p>—...A no ser—aadi sonriendo mefistoflicamente—que +estuviera usted convenida conmigo +para dejarme ver de antemano lo que tena +en el bolsillo.</p> + +<p>La nia protest an ms ruidosamente contra +esta hiptesis indecorosa, se puso agitada +hasta un grado incomprensible y, levantndose +con viveza, corri al extremo opuesto de la sala, +lo ms lejos posible del capitn, como si ste +fuese a tomar por la fuerza lo que de derecho le +corresponda. Hubo quien se puso de parte de ella +(las mujeres) y quien tom partido por l (casi +todos los hombres). Armose en la sala un zipizape +de mil demonios. Todos hablaban, rean, +chillaban sin acabar de entenderse. Pero la que +ms gritaba y gesticulaba era, como es fcil de +comprender, la interesada. Sin embargo, don +Cristbal, viendo que aquello llevaba trazas de +no concluir, y queriendo dejar a salvo la formalidad +de su progenie, intervino en la disputa +como un dios majestuoso que extiende la diestra +para calmar las olas del mar embravecido.</p> + +<p>—Emilita—pronunci con firmeza,—juego es +juego. Dale un beso a ese caballero.</p> + +<p>Advirtase que no dijo al capitn, ni siquiera +a ese seor oficial. Todava sus labios +civiles repugnaban dejar paso a una palabra de +orden exclusivamente militar.</p> + +<p>—Pero pap!—exclam la hija menor, roja +ya como una amapola.</p> + +<p>—Vamos!...—profiri con la diestra extendida +y en la actitud ms imperativa que pudo adoptar +jams un dios jubilado.</p> + +<p>No hubo ms remedio. Emilita, confusa y avergonzada, +con las mejillas convertidas en dos +brasas, se acerc vacilante al heroico capitn de +Pontevedra, frtil en toda clase de astucias, y +le roz con el carmn de los labios la tierra amarillenta +de sus mejillas.</p> + +<p>Mas hete aqu que, apenas lo hubo efectuado, +salt hecha un basilisco Micaela, la ms irascible +de las cuatro nereidas que nadaban en las +profundidades de la morada del Jubilado:</p> + +<p>—Qu desvergenza!... Esos no son juegos +decentes, sino suciedades... No me extraa de +Nez, porque los hombres a qu estn? Me extraa +de t, Emilita... Me parece que un poco +ms de pudor y vergenza no te vendran mal... +Pero cmo la has de tener si los que tienen +obligacin de ponrtela son los primeros en empujarte +a lo malo!...</p> + +<p>Aquella sangrienta diatriba contra el autor de +sus das dej a ste plido y clavado al suelo. +Hubo un instante de silencio embarazoso. Una +nota tan destemplada les sorprendi. Sin embargo, +todos se apresuraron a defender a Emilita +y a protestar de la pureza y la perfecta inocencia +de tales juegos. El argumento que ms se +repeta, y el que a todos les pareca incontrastable, +era que, no habiendo malicia, aquello no vala +nada, porque lo importante en estos asuntos +es la intencin. El beso ha sido dado con intencin?—deca +uno de los pollastres ms dialcticos.—No? +Pues entonces como si no se hubiera +dado. Nez asenta gravemente, un poco amoscado +y mirando de reojo a su futura cuada. +Pero sta no se renda a demostraciones tan evidentes +y se obstinaba en pedir, cada vez con +mayor violencia y ms altas voces, un poco de +vergenza para su hermana menor y unas migajitas +de sentido para su seor padre. Mas como +al cabo nadie se presentaba con estas cosas en la +mano a satisfacer sus votos, no tuvo otro remedio +que ir bajando el diapasn, hasta que al fin +sus colricas protestas se fueron trasformando +poco a poco en murmullo sordo y amenazador +como el de los truenos lejanos. Y la tertulia +recobr su dulce sosiego habitual.</p> + +<p>Pero qued suspendido por aquella noche el +juego de prendas. Nuncita, de quien casi siempre +partan las grandes ideas, propuso que se jugase +a <i>la boba</i>. No se sabe por qu, pero es lo +cierto que este juego posea particulares atractivos +para la menor de las seoritas de Mer. Es +indecible lo que se placa la ex-novia del teniente +Paniagua cuando lograba encajar <i>la boba</i> a alguna +de sus tertulianas, la ansiedad y desasosiego +que se apoderaba de ella cuando la tena en su +poder y no lograba soltarla. Paco Gmez tom +la baraja y sac las tres sotas; pero sabiendo la +debilidad de Nuncita y queriendo, segn su +temperamento, mortificarla un poco, hizo una +seal a la que quedaba, y luego la fue manifestando +al odo a algunos de los tertulios. Resultado +de esto fue que <i>la boba</i> iba casi siempre a +parar a manos de la Nia, y all se atascaba, sin +que apesar de todos sus esfuerzos consiguiese +desprenderse de ella. Con esto, apesar de su apacible +natural, se fue impacientando poco a poco. +La tertulia rea y ella tambin, pero ms con los +labios que con el corazn. Al fin, en un momento +de clera ech a rodar las cartas y declar que +no jugaba ms. Carmelita, al ver aquel acto de +descortesa, intervino severamente, como siempre +que se desmandaba.</p> + +<p>—Qu arrebato es se? A qu conduce esa +tontera? Qu dirn estos seores?... Dirn, con +motivo, que no tienes educacin, y que en nuestra +familia no ha habido quien hubiera sabido ensearte... +A ver si coges las cartas ahora mismo!</p> + +<p>—No quiero.</p> + +<p>—Qu, qu dices, necia? T, t, t eres tonta!... +Se habr visto una criatura ms dscola?... +Co... co... coge las cartas enseguida...</p> + +<p>La clera la haca tartamudear, saliendo de su +boca desprovista de dientes unos ruidos extraos.</p> + +<p>—Hum!—gru Nuncita, torciendo el hocico +con mueca de mimo.</p> + +<p>—Nia, no me enfades!—grit su hermana +mayor.</p> + +<p>—No quiero, no quiero!—repiti aquella criatura +indmita con decisin.</p> + +<p>Y al mismo tiempo se levant de la silla y +arrastrando los pies se fue a refugiar en el gabinete.</p> + +<p>Mas su hermana la sigui inmediatamente en +la actitud ms severa y autoritaria que puede +nadie imaginarse, dispuesta a corregir aquel +principio de rebelin, que con el tiempo podra +traer funestas consecuencias. Oyose rumor de +disputa, sobresaliendo la voz spera, irritada, de +Carmelita; luego aquella voz se fue dulcificando, +hacindose persuasiva, razonadora, reprendiendo +con suavidad. Lleg asimismo a los odos de los +tertulios el eco de un sollozo. Por ltimo, al +cabo de buen rato se present de nuevo Carmelita, +arrastrando los pies todava ms que su +hermana, con los ojos resplandecientes de autoridad +y el ademn majestuoso que conviene a +los que necesitan dictar leyes a los seres que la +Providencia les ha confiado. Detrs vena la Nia +avergonzada, sumisa, con las mejillas inflamadas +y los ojos llorosos. Sentose otra vez a la +mesa y, sin osar levantar los ojos a su hermana +mayor, que la miraba an con cierta dureza, +tom humildemente las cartas y se puso a jugar. +Pues bien, este ejemplo conmovedor de respeto +y de sumisin, en vez de impresionar gravemente +a los circunstantes, provoc en casi todos +una sonrisa de burla, y en algunos de ellos algunas +inoportunas carcajadas que a duras penas +lograron sofocar.</p> + +<p>Sin embargo, el juego no dur mucho tiempo. +Acercbase la hora de diseminarse aquella escogida +sociedad.</p> + +<p>—Mara Josefa, hoy he visto a tu ahijada en +el paseo—dijo Paco Gmez, mientras barajaba +distradamente las cartas.—La he dado un beso. +Est cada da ms guapa... Cunto tiempo +tiene ya?</p> + +<p>—Pues saca la cuenta. La hemos bautizado +en Febrero... Dos meses y medio.</p> + +<p>—Iba con su madre?—pregunt Manuel Antonio +sonriendo de un modo particular.</p> + +<p>—No. A su madre la he encontrado despus +en Altavilla y he echado un prrafo con ella—respondi +gravemente y con afectada naturalidad.</p> + +<p>La mayor parte de los tertulios le miraban +sonrientes con expresin de malicia reservada +que sorprendi a Fernanda. Slo las dos seoritas +de Mer y Granate permanecieron impasibles, +sin darse cuenta de lo que se hablaba.</p> + +<p>—Pero a qu ahijada de usted se refiere, a la +nia recogida por los de Quiones?—pregunt +en voz baja la heredera de Estrada-Rosa a Mara +Josefa.</p> + +<p>—S.</p> + +<p>—Entonces?... Cmo hablan de su madre?</p> + +<p>—Porque esos dos tienen una lengua muy +mala. Dios nos libre de ella!—repuso la solterona +sonriendo tambin con alegra maliciosa, +mirando al mismo tiempo a la joven con la benevolencia +condescendiente con que se mira a las +criaturas inocentes.</p> + +<p>—Pero quin suponen que es su madre?</p> + +<p>—Quin ha de ser? Amalia... Silencio!—dijo +apresuradamente, bajando ms la voz.</p> + +<p>Qued estupefacta. Para ella era la noticia +tan nueva, tan sorprendente, que por unos instantes +estuvo mirando con ojos pasmados a su +amiga como si no hubiese odo. En el estupor +que le causaba, no oy las primeras palabras de +Paco. Slo se hizo cargo al concluir de que estaba +loando con calor la belleza de la nia.</p> + +<p>—Tiene a quien parecerse—murmur el marica +de Sierra con la misma intencin maligna.—Ya ves... +su madre... Y su padre!... Su padre se +cae de buen mozo.</p> + +<p>Fernanda, picada repentinamente por vivsima +curiosidad, una curiosidad insana que la +puso agitada y anhelante sin saber por qu, se +inclin otra vez hacia Mara Josefa, y metindole +la boca por el odo, le pregunt con voz +alterada:</p> + +<p>—Pero quin es su padre?</p> + +<p>La solterona se volvi hacia ella y le clav +una mirada donde se trasluca junto con la sorpresa +la misma indulgencia compasiva.</p> + +<p>—Pero de veras no sabes?...</p> + +<p>La joven hizo signo negativo. Y al mismo +tiempo se sinti embargada por terrible emocin. +Una corriente de aire fro atraves su ser +interior repentinamente. Qued plida, pendiente +de los labios de Mara Josefa, como si de ellos +esperase la salud o la muerte. Aqulla advirti +bien su turbacin, y dijo despus de mirarla un +instante fijamente:</p> + +<p>—No te lo digo... Para qu?... Acaso sea todo +una calumnia.</p> + +<p>Fernanda se repuso instantneamente.</p> + +<p>—Est bien—respondi haciendo un gesto de +displicencia.—Clleselo. Despus de todo, a +m qu me importa todo eso?</p> + +<p>Este gesto hiri a la solterona, que se apresur +a decir con aguda sonrisa:</p> + +<p>—Pues precisamente porque a t te importa +es por lo que temo decrtelo.</p> + +<p>—No entiendo...</p> + +<p>Mara Josefa se inclin hacia ella y le dijo:</p> + +<p>—Porque dicen que el padre de la criatura es +Luis.</p> + +<p>Como ya antes haba sentido la pualada, +Fernanda qued impasible y pregunt con indiferencia:</p> + +<p>—Qu Luis?</p> + +<p>—El conde, muchacha.</p> + +<p>—Y por qu me ha de importar a m que sea +Luis el padre?</p> + +<p>Mara Josefa qued un poco desconcertada.</p> + +<p>—Como ha sido tu novio...</p> + +<p>—Pero como ya no lo es!—replic encogindose +de hombros desdeosamente.</p> + +<p>Y se puso a hablar con Granate, que tena del +otro lado. Aquella indiferencia era pura comedia +que su orgullo lograba representar. Una +tristeza inexplicable y penetrante cay sobre su +alma y la invadi por completo, sin dejarle fuerzas +para pensar ni para hacer nada. Si Granate +no fuese un animal, hubiera comprendido enseguida +que la sonrisa con que acoga sus barbarismos +y barbaridades era una verdadera mueca +sin expresin alguna, y que los monoslabos y +respuestas incoherentes que dejaba escapar de +sus labios denunciaban bien claramente que no +le escuchaba a l, sino a Paco Gmez, Manuel +Antonio y los dems que seguan charlando de +la nia expsita.</p> + +<p>Con qu inters ardiente recoga todas las +palabras que se cambiaban entre aquellos maldicientes! +Y a medida que iban ponindole en +claro el suceso y que iban acumulando pormenores, +entreverando frases burlonas y reticencias +de efecto cmico, su corazn se apretaba, +se apretaba poco a poco, como si todos ellos lo +fuesen oprimiendo entre sus manos, uno despus +de otro, para hacerle dao. Pero su rostro permaneca +impasible. Ni la ms leve contraccin +acusaba el dolor que la morda.</p> + +<p>La tertulia se deshizo a las doce, como siempre. +Fernanda sinti gran consuelo al respirar el +aire fro y hmedo de la noche. Tena ansia de +quedarse a solas con su pensamiento y darse +cuenta cabal de lo que acababa de aprender.</p> + +<p>Haba llovido mucho. Las calles, empedradas +de grueso guijarro, resplandecan a la luz de +los reverberos. Al salir de la casa unos tomaron +por la calle abajo; otros, entre ellos Fernanda, +hacia arriba en direccin a la plaza. Pocos pasos +haban dado cuando sintieron el estrepitoso +trotar de unos caballos que doblaban en aquel +instante la esquina y bajaban hacia ellos.</p> + +<p>—Ah est el barn y su criado—dijo Manuel +Antonio.</p> + +<p>Era la hora, en efecto, en que el excntrico barn +de los Oscos sala a dar su paseo habitual +por las calles de Lancia. Su famoso caballo las +desempedraba haciendo cabriolas, levantando +tal estrpito que, aun siendo el corcel de su +criado mucho ms paciente, pareca que atravesaba +la ciudad un escuadrn. Al cruzarse +con los tertulios, Manuel Antonio, con el desparpajo +que le caracterizaba, grit: Buenas +noches barn. Pero ste volvi hacia ellos el +rostro espantable, los mir fijamente con sus +ojos encarnizados y sigui adelante sin contestar. +El marica, corrido, dijo:</p> + +<p>—Va borracho, como siempre!</p> + +<p>Todos asintieron burlando. Pero en el fondo +sintieron todos, unos ms y otros menos, el mismo +estremecimiento al ver aquella figura siniestra. +Fernanda, por mujer y por el estado +especial de su alma, se inmut visiblemente: +despus de pasar sigui todava con ojos de +temor a los dos jinetes hasta que se perdieron +entre las sombras.</p> + +<p>Al meterse en la cama, con el corazn apretado, +quiso analizar la emocin que la dominaba; +quiso remontarse a la causa. Sinti vergenza +de ella. Su orgullo le hizo exclamar con rabia y +en voz alta:</p> + +<p>—A m que me importan esas picardas? Qu +tengo que ver con l ni con ella?</p> + +<p>Pero acabado de proferir tales palabras sinti +las mejillas caldeadas por el llanto. La heredera +de Estrada-Rosa se volvi rpidamente y +hundi el rostro, cubierto de rubor, en las almohadas.</p> + + + +<hr /> +<h3><a name="VII" id="VII"></a>VII</h3> + +<p class="cab">El aumento del contingente.</p> + + +<p>Las terribles dificultades que deban de +surgir para el matrimonio de Emilita, +a causa de las opiniones antiblicas +de su padre, se orillaron con ms facilidad +de lo que poda esperarse. La historia no hablar +(aunque mejor razn tendr que para otros +muchos sucesos) de aquel da solemne en que +Nez fue de uniforme a pedir a D. Cristbal la +mano de su hija, de aquel abrazo memorable +con que ste le recibi, estrechndole calurosamente +contra su pecho civil, de aquella fusin +increble de dos elementos heterogneos creados +para repelerse, y que gracias al amor de un ngel +dulce y revoltoso se compenetraban y entendan. +Si por casualidad esta pgina privada fuese +objeto de atencin para algn historiador, no +tendra ms remedio que afirmar la grandsima +importancia de semejante concordia, que hasta +entonces se haba juzgado inverosmil, y al mismo +tiempo presentar con imparcialidad el reverso, +descubriendo a las futuras generaciones +en qu modo el benemrito patricio D. Cristbal +Mateo fue vctima de una injusticia social y +de la persecucin de sus conciudadanos.</p> + +<p>Es de saber, que todo el mundo en Lancia se +crea autorizado para dar cantaleta a este respetable +y antiguo funcionario acerca del matrimonio +de su hija. Unas veces directa, otras indirectamente, +siempre que tocaban tal punto aludan +a las opiniones contrarias al desenvolvimiento +de las fuerzas de tierra sustentadas por +l hasta entonces. Al matrimonio dio en llamrsele +el aumento del contingente, y algunos llevaron +su procacidad hasta darle tal nombre delante +de su futuro yerno. Fcil es de concebir +cunta saliva habra tenido que tragar antes de +perder, como lo hizo, una molesta y mal entendida +vergenza.</p> + +<p>Pero a despecho de todas las diatribas y murmuraciones +de los vecinos, que reflejaban, en el +sentir de Mateo, ms que su naturaleza jocosa, +la envidia que arda en la mayor parte de los corazones, +el aumento del contingente se abra +paso. El plazo fijado para realizarlo fue el mes +de Agosto. Cuando lleg el momento haba adquirido +tal importancia que, como sucede generalmente +en los pueblos pequeos, apenas se hablaba +de otra cosa. Las relaciones del Jubilado +y sus cuatro hijas eran numerossimas, y todas +ellas aspiraban a ser invitadas el da de la +boda. Por otra parte, la misma aspiracin alimentaban +en su pecho algunos dignos y pundonorosos +oficiales del batalln de Pontevedra +amigos del futuro. No siendo posible reunir tanta +gente en el hogar potico del Jubilado, se pens +en celebrar la boda en el campo. La casa ms +a propsito era la de la Granja por su proximidad +a la poblacin. D. Cristbal se la pidi al +conde, con quien tena extremada confianza, lo +mismo que sus hijas, y ste se apresur a ponerla +a su disposicin.</p> + +<p>En la iglesia de San Rafael se consum de +madrugada aquella venturosa alianza, prenda +segura de paz entre el elemento civil y el militar. +Bendjola fray Diego que, por ser el sacerdote +ms bizarro y el ms firme bebedor de anisado +de la capital, gozaba de gran prestigio entre +la oficialidad. Asistieron al acto ms de veinte +damas y casi otros tantos caballeros. En +cuanto termin se trasladaron todos a la Granja +para pasar all el da. Por hallarse tan cerca de +la poblacin no se necesitaban carruajes. Sin +embargo, fueron los del conde de Ons y de Quiones +para trasportar a los novios y a algunas +personas de edad avanzada, como las dos seoritas +de Mer. Entre los invitados estaba casi +toda la tertulia del maestrante, bastantes de la +de las de Mer y un nmero crecido de oficiales.</p> + +<p>El conde haba hecho asear, hasta donde era +posible, el vetusto casern. Casi todos lo conocan +como su propia casa. Era el sitio obligado +de las giras campestres por hallarse tan cerca y +por el hermoso bosque que tena. Los condes jams +haban negado el permiso. En cuanto llegaron +y gustaron el chocolate, que les esperaba en +el vasto saln con pavimento de ladrillo de la +planta baja que serva de comedor, se diseminaron +sin ceremonia por la casa y por la finca dispuestos +a matar las horas del mejor modo posible +hasta que sonase la de comer. La novia, con +Amalia, que haba sido su madrina, y otras dos +seoras se fue a sentar gravemente en una de las +habitaciones. Tena los ojos brillantes, las mejillas +coloradas y procuraba intilmente disfrazar +con un continente digno y serio la profunda emocin +que la embargaba. Las que la acompaaban, +casadas todas, la acariciaban sin cesar, pasando +la mano por sus cabellos, dndole palmaditas en +las mejillas, cogindole las manos y de vez en +cuando inclinndose para estampar un beso en su +frente con esa condescendencia, mitad cariosa, +mitad irnica, con que las veteranas del matrimonio +contemplan a las bisoas. No hay una de +aqullas que al acercarse a una novia no sienta +vibrar en su pecho el eco de cierta msica lejana +y divina; viene a sus labios el gusto de la miel +de la remota luna; pero llega ay! con el dejo +amarguillo de algunos aos de prosa matrimonial. +En toda mujer casada hay un poeta +desengaado de su musa. De aqu la sonrisa baironiana +que aparece en su rostro al observar la +dicha que arde en los ojos de una desposada.</p> + +<p>Emilita haba cambiado de carcter en un +cuarto de hora. Todo lo juguetona y pizpireta +que se haba mostrado hasta entonces, apareca +ahora grave y espetada. Disertaba sabiamente +con las matronas, sus compaeras, acerca de la +instalacin de la despensa, del servicio domstico +que todas consideraban en espantosa decadencia, +del precio de la carne. Tan vieja se haba +hecho en este cuarto de hora, que sorprenda +no ver ya alguna hebra de plata entre sus cabellos +de oro.</p> + +<p>En cambio a sus hermanas, por extrao contraste, +les haban quitado algunos aos de encima +desde que la menor tomara la investidura. +Haban retrocedido hasta la infancia. Como criaturas +vidas de aire y de luz para desarrollarse, +lanzronse al bosque las tres, animando con sus +gritos e inocentes carcajadas el silencio y la paz +que all reinaba. Virgen del Amparo lo que saltaron, +lo que rieron, las diabluras que llevaron +a cabo en poco tiempo aquellas loquillas! Para +entregarse a los juegos inocentes, que exiga el +retroceso sensible que haban experimentado de +pronto, se quitan las mantillas y dejan suelto el +cabello, tiran los guantes, el abanico, la sombrilla, +todo lo que pudiera simbolizar la juventud, +y se quedan gozosas con los atributos de la adolescencia. +No slo dejan flotando sobre la espalda +su cabellera angelical, sino que se despojan +del reloj, de las pulseras y sortijas que entregan +a su pap, colgndose antes de su cuello para hacerle +mil caricias como nias sencillas y apasionadas +que eran; hecho lo cual y al observar +que algunos dignos oficiales del batalln de Pontevedra +las contemplan, huyen ruborizadas y +confusas, se recogen las enaguas con alfileres +hasta dejar descubierto el pie y parte de la pierna, +y en la inocencia de su corazn huyen, huyen +siempre por el bosque adelante, esquivando +como las ninfas de Diana las miradas ardientes +de la oficialidad.</p> + +<p>Y cuando llegan a un rincn apartado y solitario +donde las sombras se espesan, donde no +llegan los ruidos mundanales ni penetran los +ojos maliciosos de los hombres, llaman con gritos +de alegra, como pajaritos de Dios, a sus compaeras, +las invitan a venir a disfrutar de aquella +amable seguridad donde libremente pueden +mostrar sus gracias y recrearse sin peligro de +ser sorprendidas. Entonces una propone jugar a +la cuerda y las dems acceden batiendo las palmas. +Jovita es la primera. Salta, salta hasta que +queda rendida y se deja caer sobre el csped, +llevndose la mano al corazn, que palpita con +la fatiga, no con la agitacin insana de las pasiones +juveniles. Luego salta otra, luego otra y +otra hasta que todas se tienden exnimes pero +risueas, reflejando en sus mejillas sudorosas y +en sus ojos entornados la dulce alegra que se +escapa de un pecho inocente. Y en cuanto descansan +se propone jugar al milano que le dan—cebollita +con el pan. Qu risa! qu algazara! +cmo resuena el dormido bosque con las voces +argentinas de aquellas bellas y tiernas criaturas! +Cansadas de este juego se diseminan por un momento. +Algunas forman grupo sentadas al pie +del tronco de un roble y se cuentan en voz baja +como suave gorjeo mil puerilidades encantadoras; +otras se entregan apasionadamente a la +busca de florecillas azules y hacen con ellas ramilletes +que colocan en el pecho; otras se persiguen, +como las golondrinas en el aire, con chillidos +penetrantes. Otras, las ms resueltas, dedican +sus esfuerzos a la caza de cigarras y otros +bichos temerosos. Pero luego tornan a juntarse +porque hay una chica muy aturdida que apuesta +a encaramarse en un rbol si la ayudan, y hay +otra maligna que dice que s, que ella la ayudar. +Manos a la obra. Empez la animosa joven, +que se llama Consuelo, a poner sus piececitos en +las rugosidades del roble ms asequible. La compaera +maligna, que no es otra que Socorro, la +tercera sirena del Jubilado, la sostiene. Encarmase +al fin la primera en la cruz de dos ramas; +asciende despus a otra; aplauden las ninfas y +la alientan con gritos de entusiasmo...</p> + +<p>Mas he aqu que Rubio, el teniente de la tercera, +hombre acreditado de audaz entre sus compaeros +de arma y de un genio devastador para +el sexo femenino, se presenta de improviso asomando +su cabeza temeraria por encima de unas +matas. Las ninfas, al verle, lanzan un grito y +quedan petrificadas en la actitud en que las sorprende. +Consuelo, desde lo alto del rbol, le +apostrofa con violencia. Si en su mano estuviera +trasformara inmediatamente en ciervo a aquel +nuevo Acten. Ac, para <i>inter nos</i>, es posible que +prefiriese trasformarle primeramente en marido, +sin perjuicio de acudir ms adelante a la metamorfosis +clsica... Pero Rubio, el teniente de la +tercera, conoce perfectamente el valor de estos +gritos y estos apstrofes. No se inmuta; sonre +maliciosamente y llama con voz ronca a sus hermanos +de armas. Qu confusin, qu espanto +entre aquellas risueas hijas de los bosques al +aproximarse en columna cerrada los hijos de +Marte! Sin recoger las mantillas, ni los guantes, +ni las sombrillas, nada en suma de lo que las +perteneca, huyen y se desbandan por la floresta +lanzando gritos de terror. Pero los stiros de +pantaln encarnado las persiguen con saa, las +atrapan aqu y all y las traen cautivas enmedio +de risotadas odiosas. Mientras tanto la pobre +Consuelo, encima del rbol y bloqueada por tres +de estos silvanos voluptuosos, se niega terminantemente +a bajar mientras no se alejen por lo menos +cincuenta varas. Ellos los crueles! se niegan. +Ruega la ninfa, se irrita, est a punto de +llorar; pero ni su enojo ni sus lgrimas consiguen +ablandar el corazn empedernido de los infames +stiros. Por fin se resigna a descender y, +aunque toma muchas y castas precauciones, stos +logran ver un pie deliciosamente calzado y un +nacimiento de pierna que les hace rugir de gozo. +Pero dnde est Rubio? Dnde est el ms terrible +y feroz de todos ellos? No se sabe, mas al +cabo de mucho tiempo sale de la espesura arrastrando +consigo a Socorro, la ms sentimental de +las ondinas de D. Cristbal. En los rasgos crueles +de su fisonoma viene pintada la expresin +del triunfo, y en los de ella la vergenza y la sumisin +de una cautiva. Muchas horas despus, +en las ltimas de la noche, sentado a una mesa +del caf de Maran y rodeado de ocho o diez +de sus colegas, el teniente de la tercera narraba +con sonrisa malvola el vencimiento de la ninfa, +calculando lo menos en veinticinco o treinta los +besos que logr robarle en distintos sitios de su +rostro hechicero; y todos los hijos de Marte +aplaudan y celebraban con homricas carcajadas +aquel nuevo triunfo de su heroico compaero.</p> + +<p>Finalmente, los vencedores no se mostraron +demasiado tiranos, y el orden se restableci gracias +a la llegada oportuna de las seoritas de +Mer, que venan acompaadas de Mara Josefa +y de Paco Gmez. Las autoras y nicas responsables +de todo aquello haban sacado el fondo del +cofre. Carmelita traa un vestido de alepn de +seda negra que slo sala a relucir en las grandes +ocasiones, al paso que Nuncita, por contar +menos aos y respetabilidad, poda lucir un traje +claro con flores bordadas, como slo se ven en +los retratos del siglo pasado. Estaban alegres, +rebosando satisfaccin por los ojos; pero las piernas +no respondan a aquella eterna juventud de +sus corazones: caminaban apoyndose en sendas +muletas y agarrndose con la mano libre al brazo +de sus acompaantes. Fueron recibidas con +vivas y hurras. Se oyeron asimismo algunas frases +harto familiares, de esas que nadie ms que +las benditas de Mer consentan y rean. Por eso +tena poco mrito el embromarlas. Jams se dio +el caso de verlas enfadadas con sus amigos, y eso +que algunos se deslizaban en sus guasas hasta +llegar no pocas veces a la grosera. En cambio +eran muy propensas a la guerra intestina, esto +es, a irritarse una con otra; pero ya sabemos en +qu paraban siempre estas misas.</p> + +<p>El espritu temerario del teniente Rubio, apretado +por las circunstancias, engendr una idea +felicsima, es a saber: que para mejor pasar el +rato hasta la hora de comer se construyese un +columpio, donde las damas pudieran gozar la +dicha de sacudirse el diafragma algunos instantes, +y los caballeros la de proporcionrsela moviendo +galantemente el aparato. Dicho y hecho: +se buscan cuerdas, se sierra una tabla; en menos +de un cuarto de hora queda todo terminado. Rubio, +mientras se lleva a cabo, no deja de hacer +guios expresivos a sus compaeros, que comprenden, +sonren, callan, profundamente admirados, +como siempre, de la audacia y penetracin +del teniente de la tercera. Ya est amarrado +el columpio. Quin es la primera? Todas manifiestan +la misma vergenza, idntico rubor +colorea sus mejillas. A una se le ocurre malignamente +proponer que lo estrene Nuncita. +Las dems aplauden la idea. Nuncita resiste aterrada. +Carmelita ni concede el permiso ni lo +niega. Las instancias se repiten sin cesar. Los +mancebos encuentran la idea cada vez ms original. +Al fin, casi a viva fuerza, entre los aplausos +frenticos del corro, Cuervo, el hercleo alfrez +de la primera, levanta en brazos a la Nia +y la sienta en la tabla.</p> + +<p>—Agrrate bien, Nuncia!—le grita Paco Gmez, +mientras el citado alfrez y algunos otros +amigos empiezan a mecerla.</p> + +<p>—Suave, suave!—exclama Carmelita.</p> + +<p>No hay cuidado; as lo hacen, porque temen +dar con ella en tierra. Pero aun moviendo el columpio +con parsimonia, el aire consigue levantar, +al poco tiempo, las enaguas de la antigua doncella. +Los oficiales ren y empujan el columpio +para que se vea ms.</p> + +<p>—Fuerte, fuerte, que algo se pesca!—les grita +Paco Gmez.</p> + +<p>Las muchachas, entre risueas y avergonzadas, +se tapan la cara y se abrazan unas a otras +dicindose palabritas al odo.</p> + +<p>—Alto, alto!—exclama Carmelita.—Paren +ustedes!</p> + +<p>Nadie hace caso. Las ropas de la Nia van subiendo, +subiendo: no se sabe dnde se van a detener.</p> + +<p>—Alto, alto! Por Dios, seor alfrez!</p> + +<p>—Anda con ella!—rugen los militares.</p> + +<p>Y el columpio sigue cada vez ms vivo. Nuncita +est tan asustada que no tiene tiempo a +pensar en el pudor.</p> + +<p>—Seor alfrez! Seor capitn!—grita Carmelita +toda temblorosa, agitando los brazos, la +mandbula inferior, desdentada, batiendo contra +la superior, desdentada tambin, con un estremecimiento +particular.—Seor capitn, tngase +por Dios! Por la Virgen del Amor Hermoso!... +Pare! pare!... pare!</p> + +<p>—Soo!—exclama Paco.</p> + +<p>Pero el capitn es sueco y sigue apretando. +Las enaguas de Nuncita se encuentran ya en la +ms alta cspide adonde pueden llegar. Las jvenes +se vuelven de espaldas; algunas corren +riendo a ocultarse entre los rboles. Slo cuando +hubieron consumado su obra de desvergenza se +consigui que los oficiales aplacasen y permitiesen +a Nuncita tomar tierra. Su hermana, en vez +de enojarse con los culpables, la emprende con +ella llena de furor, vibrando rayos por los ojos.</p> + +<p>—Bjate, picarona! Escandalosa! Es sa la +educacin que has aprendido de tus padres? Es +eso lo que te aconseja el confesor?</p> + +<p>Nuncita, aterrada, empieza a hacer pucheros +y suelta la llave de las lgrimas. La juventud +masculina, lo mismo que la femenina, tratan de +calmar a la enfurecida Carmelita. El capitn y +el alfrez echan sobre s toda la culpa. Es en +vano. La clera no se apaga hasta que no se descarga +de palabras bien ofensivas y pesadas. La +pobre Nia, sentada en el suelo, sollozando, con +la cara oculta entre las manos, excita la compasin +de todos los presentes, que no cesan de interceder +por ella.</p> + +<p>Se trata de saber cul es la que ha de subirse +al columpio despus. Ninguna quiere: es natural. +Cmo han de dejarse columpiar por hombres +tan atrevidos y desvergonzados? Es en vano +que militares y paisanos expliquen su conducta +en el suceso anterior y hagan juramento de no +reincidir y estar comedidos y prudentes y siempre +a las rdenes de las damas. stas no se fan. +Sobre todo el teniente Rubio les inspira un terror +pnico considerndolo, y no sin razn, como +el alma de todas aquellas intrigas libidinosas.</p> + +<p>Pero cuando ms desesperanzados estaban, +he aqu que Consuelo, aquella nia aturdida y +resuelta que haca poco se haba encaramado en +un rbol, habla al odo a una compaera y luego +se adelanta y dice, con espanto de sus compaeras:</p> + +<p>—Yo me subo. Aydenme ustedes.</p> + +<p>Un grito de entusiasmo acogi estas sencillas +palabras. Por algunos instantes no se oy ms +que viva Consuelo! viva Consuelo! entre la +muchedumbre frentica. No hay quien no quiera +ayudarla y quien no la colme de flores y agasajos. +El alfrez atltico, con ademn caballeresco, +pone una rodilla en tierra y la invita a que +afiance el pie sobre su muslo. La intrpida joven +no se hace de rogar y lo ejecuta, sentndose de +un salto en la tabla. Lo mismo militares que +paisanos se las prometen muy felices y cambian +entre s miradas de inteligencia, decididos a faltar +a su palabra y a pagar la confianza de la nia +con la ms negra traicin. Mas cuando ya se disponan +a dar comienzo a su obra malfica empujando +el aparato, Consuelo hace sea a su +compaera. Se adelanta sta con un puado de +alfileres y en un instante le prende las enaguas +por debajo, de tal manera que no hay forma de +que se le vea ni la punta del pie aunque echen +a vuelo el columpio. El sexo femenino aplaude +con entusiasmo loco.</p> + +<p>—Bien, Consuelo! bien!</p> + +<p>El masculino, enfadado y mohno, no se atreve, +sin embargo, a protestar ruidosamente, pero +murmura de aquella falta de confianza, mientras +la interesada, orgullosa de su ocurrencia, los +contempla con sonrisa burlona. La desgracia +fue completa. Los alfileritos obtuvieron un xito +tan lisonjero que no hubo nia que se subiese al +aparato que no se hiciese coser la ropa previamente +con ellos.</p> + +<p>Mientras tales memorables escenas se efectuaban +en el bosque, Jaime Moro, desdeando los +placeres campestres, haba logrado catequizar +a Fray Diego y a D. Juan Estrada-Rosa para +echar un tresillito. Se aburra en la iglesia, se +aburra en el bosque, en la ciudad y en la campia. +Tan slo recobraba la serenidad de espritu +y renaca en l la calma y la alegra cuando +tomaba las cartas en la mano. La suerte quiso +serle aciaga. No haba naipes en la casa. Pero +no se arredra por eso. Baja a la cocina, llama +aparte a un criado, al que le pareci ms ligero +y musculoso, y dndole una propina le encarga +que a todo correr vaya a la ciudad y traiga un +par de barajitas. Mientras tanto, para que no se +le escapen, hace esfuerzos portentosos por entretener +a sus compaeros, hablndoles de lo +que ms puede interesarles, sobre todo a don +Juan, que manifestaba tendencias muy sealadas +a desertar, seducido por la idea absurda de +dar un paseo por la quinta y hacer una visita al +molino como otros de los invitados. Moro sudaba +de congoja temiendo no poder resistir hasta +la vuelta del criado. Felizmente ste lleg a tiempo. +En cuanto tuvo en su poder las anheladas +barajas ya fue otro hombre. Seguro de la victoria +los arrastra a una de las salas retiradas del +casern, se hace traer una mesa adecuada, bujas, +cerveza, cigarros y vamos all!... Despus +de haber estado a dos dedos de perderla, Jaime +Moro gozaba de aquella felicidad con una ruidosa +alegra que causaba envidia.</p> + +<p>Un buen golpe de gente ridcula, sin imaginacin +bastante para comprender ni gustar las dulzuras +del tresillo, se haba ido, con el Jubilado a +la cabeza, a recorrer la posesin y visitar despus +el molino de nuevo sistema que el conde +haba montado haca poco tiempo. Formaban la +comitiva, entre otros, el novio, el propio capitn +Nez, con aquellos de sus compaeros menos +propicios al sexo femenino, Granate, D. Enrique +Valero, Saleta, Mann y otros pocos. Al +conde no se le pudo arrastrar porque no se le +hall. Se dijo que estaba dando rdenes a los +criados y vigilando algunas obras all lejos, pero +no se le hall tampoco en ellas. Uno que haca +all de capataz o medio mayordomo se brind a +servirles de gua.</p> + +<p>La finca estaba situada en la pendiente de la +misma suave colina donde est asentada Lancia. +A espaldas de la casa se encuentra el bosque, +que le priva de la vista de la ciudad. As que con +hallarse tan prxima parece que se est a cien +leguas de ella, en la amable soledad del campo. +Al mismo tiempo la protege contra los vientos +del Norte y del Oeste, dejndola solamente abierta +a las templadas y benficas corrientes que vienen +del Medioda y del Este. No llegan hasta all +los ruidos de la poblacin. Tan slo las campanas +de la catedral suenan a ciertas horas del da +dulcemente amortiguadas por la distancia. La +carretera general va por detrs del bosque. Otra +pequeita, que arranca de ella, la pone en comunicacin +con la quinta. No hay en sta, como +ya sabemos, ningn parque a la inglesa o a la +francesa, ni jardincitos, ni cascadas, ni grutas +artificiales. Es una finca mitad de recreo, mitad +de labor. Primero el bosque, luego la casa con +su corrada; despus un jardn vasto y abandonado; +enseguida praderas inmensas que se extienden +por la falda de la colina y llegan hasta el +ro y aun lo salvan y se dilatan por la opuesta +orilla. Por estas praderas se ve pastando el ganado, +se oyen sus esquilas y los ladridos de los +perros. Es fcil forjarse la ilusin de que se est +en el seno de la naturaleza solitaria. La paz es +profunda y slo la interrumpe el canto de un pjaro +o el mugido de una vaca.</p> + +<p>Los excursionistas recorrieron las cuadras, +que estaban bien cuidadas, pues el conde tena +aficin a la ganadera. Sin embargo, Saleta afirm +que las haba visto en Holanda mucho mejores.</p> + +<p>—Figrense ustedes, seores—manifest con +su caracterstico acento gallego,—que all a las +vacas les atan el rabo con una cuerda, saben? y +lo tienen suspendido para que cuando les da la +gana de proveerse lo puedan hacer sin ensucirselo.</p> + +<p>Esta noticia, rigorosamente exacta, hace soltar +la carcajada a los presentes.</p> + +<p>—Pero este D. Ramn cundo se cansar de +inventar patraas!—se decan los unos a los otros +por lo bajo, todo por causa de aquella maldita +reputacin de embustero que haba adquirido.</p> + +<p>—Pue eztn bien atrazaiyo en Holanda, amigo +Zaleta—manifest Valero, que no le dejaba +pasar una.—En Mlaga, cuando a alguna vaca +le da la gana de ezo, ze le zienta en un inodoro +y ze la limpia depu con papel higinico.</p> + +<p>Saleta no se dio por ofendido. Estaba tan +avezado a la incredulidad de sus oyentes, que +aunque ahora reventase con la verdad no le impacientaba +que no se le creyese.</p> + +<p>Cuando hubieron recorrido las cuadras tomaron +el camino de los prados a campo traviesa, y +descendieron hasta el ro guarnecido, por entrambas +orillas, de alisos, lamos y mimbreras, los +cuales formaban a trechos una mata espesa por +debajo de la cual corra oscuro y ttrico. El ro +Lora es uno de los menos caudalosos y al mismo +tiempo de los ms originales de Espaa. Antes +de llegar al mar, que es el morir, como +dijo el poeta, se arregla para dar infinidad de +vueltas como un viejo marrullero que pretende +burlarse de la ley comn a los seres creados. +Imposible imaginarse un cauce ms extravagante. +Sale de cualquier poblacin muy resuelto y +boyante; parece que va a tragarse las leguas y +marchar impvido hasta el ocano. Pero al cuarto +de legua se arrepiente, da la vuelta y retorna +lento y cabizbajo cerca del punto de partida, lo +cual hace pensar a algunos, no sin fundamento, +que camina cuesta arriba. Sale de nuevo, no por +voluntad, sino apretado por las circunstancias; +esta vez se pierde de vista; todo el mundo cree +que se va de veras para no volver. No es as, sin +embargo. El gran zorro, cuando entiende que ya +no le ven desde el pueblo, revuelve muy solapadamente +y trata de meterse otra vez por l, pero +le da vergenza, y antes de llegar se aparta un +poco y va a parar a alguna aldea prxima del +mismo concejo. Jams sigui una carrera franca +y abierta. Como todos los caracteres rebajados, +repugna la luz, aprovecha cualquier coyuntura +para deslizarse debajo de alguna pea o una +mata y ocultarse a las miradas de los hombres +y permanecer all estancado, corrompindose en +degradante ociosidad. Nadie se fe de l. Con +sus apariencias de viejo invlido y reumtico, +incapaz de dar un paso, ha engaado a muchos +zagales. Los invita a baarse hacindoles pensar +que no tiene media vara de fondo, y luego los +estrangula miserablemente entre sus aguas verdes. +No se hallarn dentro nyades de celestial +hermosura quebrando al nadar con sus brazos de +alabastro los frgiles cristales, ni saldrn de noche +a jugar sobre su linfa las graciosas ondinas, +de cabellera blonda. El ro Lora es taciturno, +enemigo de toda idealidad potica. Nada de seres +fantsticos. Lo nico que alimenta con verdadero +cario es un enjambre de ranas, tan +grande que causa vrtigo el pensar qu nmero +de ellas vivir bajo su amparo. Ellas son las que +se encargan de alegrar con su voz armoniosa los +parajes que recorre.</p> + +<p>Ellas fueron tambin las que impidieron con +ruido atronador que Saleta pudiese afirmar, como +afirm despus que se vieron lejos, que estando +a orillas del Yumur cierta tarde, haba tenido +la suerte de matar de una pedrada un cocodrilo. +Verdad que bajo la mirada insistente de +su colega Valero se apresur a rectificar haciendo +constar que el cocodrilo era todava cachorro +y no tena ms que una carrera de +dientes.</p> + +<p>Siguieron buen trecho la margen sombra del +Lora y lo atravesaron por un puente rstico +en el sitio donde el conde lo haba desangrado, +por medio de una acequia, para dar movimiento +a su molino. Mas en aquel punto, a los amigos +del novio, representantes genuinos del elemento +ms vigoroso y masculino del batalln, se les +despierta repentinamente el sentimiento de su +fuerza y del poder muscular de sus piernas. Un +teniente salta la acequia. Un capitn, por no ser +menos que el subalterno, tambin lo hace, pero +se moja los pies. Excitado el amor propio, se +despoja de la levita y vuelve a saltar con felicidad. +Los dems le imitan. Al instante toma aquello +el aspecto de los juegos olmpicos y todava +ms de la gran batuda americana. Pero Nez +es un eminente saltarn. As estaba de antiguo +reconocido en todo el ejrcito y ms particularmente +en el arma de infantera. Salt tres o +cuatro veces con gran facilidad; mas, queriendo, +como es lgico, sobreponerse a sus compaeros +y dar prueba gallarda de su destreza, afirma en +tono desdeoso que aquello no vale nada y que +l es capaz de saltar la acequia volvindose de +espalda. Estas palabras fueron acogidas con respeto +por sus colegas, pero tambin con un silencio +que al capitn se le antoj dubitativo. Y sin +aguardar ms resuelve confundirlos. No se despoja +de una sola prenda del uniforme, que esto +queda para los nefitos; toma vuelo, y al llegar +al borde del agua se vuelve y da el salto, pero +con tan mala fortuna que los pies se le enredan +en unos juncos y cae de espaldas tan largo como +era enmedio del arroyo. Se oculta a las miradas +de sus amigos por un momento, y sale al fin bufando +y chapoteando como un verdadero tritn, +diciendo que no es nada y que va a saltar otra +vez para que se vea. Pero su padre poltico no +lo consiente. Le pasea las manos por el cuerpo +para cerciorarse de que est calado (cmo haba +de estar!) y, presa de insana agitacin, l, +que haca poco tiempo hubiera exterminado +en pleno a toda la milicia, comienza a gritar:</p> + +<p>—Es necesario mudarse!... Ahora mismo!... +Una pulmona!... Mudarse!... Fricciones!... +Una fiebre reumtica!</p> + +<p>Y otras exclamaciones ms o menos coherentes, +que daban testimonio del profundo inters +que la salud del oficial le inspiraba.</p> + +<p>Nez, aunque guerrero, cede a sus instancias +y vuelve hacia la casa con semblante fiero y ceudo, +enteramente resuelto a quitarse hasta los +calcetines y a meterse en la cama mientras se +manda propio a Lancia por una muda. Todos +sus amigos le rodean, y as llegan hasta la casa. +Emilita, que est al balcn, al verlos de aquella +guisa, pregunta con sorpresa:</p> + +<p>—Qu es eso?</p> + +<p>—Nada—le grita su pap,—que Nez se ha +cado a la acequia.</p> + +<p>Naturalmente al or esto Emilita lanza un grito +desgarrador y cae desmayada en brazos de +varias damas. Nez, hecho un hroe, despreciando +su propia salud, corre a socorrerla. En +pocos momentos se llena la habitacin de vasos +de agua y salen a relucir tambin dos o tres +frascos de antiespasmdico. Cuando empieza a +recobrar el conocimiento y llega el momento +crtico de las lgrimas, su hermana Micaela no +puede contenerse; increpa violentamente a su +pap.</p> + +<p>—Esto ha sido una verdadera barbarie! Se +ha figurado usted que su hija tiene el corazn +de bronce?... Bien poca delicadeza se necesita +para herir de este modo a una pobre criatura!...</p> + +<p>La pobre criatura le paga aquella defensa con +una mirada cariosa de sus ojos hmedos, apretndole +al mismo tiempo la mano. El Jubilado se +encuentra en el ltimo grado del abatimiento y +apenas se atreve a murmurar que viendo a Nez +vivo a su lado no haba razn para tanto +susto. Las seoras juzgan que Micaela ha estado +irrespetuosa con su padre, pero al mismo +tiempo no pueden menos de convenir en que +aquello ha sido un escopetazo, y manifiestan a +la desgraciada esposa una ardiente simpata.</p> + + + +<hr /> +<h3><a name="VIII" id="VIII"></a>VIII</h3> + +<p class="cab">El vino de Fernanda.</p> + + +<p>Fernanda no haba presenciado nada de +esto. Estuvo a primera hora en el bosque, +haciendo de ninfa pudorosa como +sus compaeras; pero cansada pronto del papel, +se apart de ellas y comenz a discurrir por los +lugares ms solitarios. Su cabeza, tan erguida +siempre, se doblaba bajo el peso del tedio o la +preocupacin; su talle flexible, ondulante, se +mova sin comps girando a un lado y a otro +como el cuerpo de un beodo; arrastraba los +ojos por el suelo, aquellos hermosos ojos africanos +que eran el ms preciado ornamento de la +noble ciudad de Lancia, y por su frente plida +cruzaba una arruga bien profunda, signo de pensamiento +fijo y doloroso. Cunto le haba atormentado +desde haca dos meses! La impresin +que los amores del conde haban dejado en su +alma, sofocada al principio por el orgullo, por +la esperanza de volver a ellos, se haba dilatado +de pronto al conocer el secreto de su desvo, +haba hecho irrupcin en ella, la haba llenado +toda y la abrasaba de amor y de celos. Eran +tanto ms speros stos cuanto que vio claramente +que Luis la haba estado engaando +mucho tiempo, le haba fingido cario cuando +amaba ya a otra. La miserable traicin de +Amalia la sublevaba, le inspiraba horror y repugnancia; +pero la del conde, tena que confesrselo, +la traspasaba de dolor y acreca su +pasin desmesuradamente.</p> + +<p>Supo, no obstante, mantener su dignidad a +flote. Sigui frecuentando el trato de Amalia y +mantuvo con ella en apariencia las mismas relaciones +amistosas, mas a despecho suyo, sin darse +ella misma cuenta, haba unas veces en su actitud, +otras en sus ojos, otras en su acento, un leve +dejo amargo y desdeoso que no pas inadvertido +para la penetrante valenciana. Con su ex-novio +se mostr circunspecta, dej aquel tono +agresivo que con l acostumbraba a emplear y +se hizo ms suave y formal; pero tambin, con +gran disgusto suyo, la emocin que senta al hablarle +se le trasluca no pocas veces en una leve +alteracin de la voz y en palideces o rubores enfadosos. +Su vida interna, durante aquellos seis +meses, haba sido devorada por una actividad febril, +ansiosa, mareante, disimulada con esfuerzo +bajo actitud tranquila y altiva. A veces la +sorda irritacin que la minaba no poda resistir +tanta presin, y estallaba en un flujo de palabras +candentes, injuriosas, que pronunciaba en voz +baja, al advertir algn signo de inteligencia entre +los traidores. Su naturaleza ardiente, orgullosa, +lisonjeada por un padre que llegara hasta +el crimen por darle gusto, y por un enjambre de +adoradores postrados a sus pies, botaba ante +aquel obstculo, el primero con que haba tropezado +en su vida, como un potro salvaje.</p> + +<p>En estos freneses de clera ideaba vengarse. +Escribi varios annimos a D. Pedro, pero +ninguno lleg a su destino. Antes de echarlos +al correo los rompa. El gran fondo de dignidad +que haba en su carcter se sublevaba ante un +proceder tan bajo; los rompa vertiendo lgrimas +de despecho. Despus de hacer trizas +el ltimo que escribi, tuvo ocasin de alegrarse, +pues supo casualmente aquella noche +que ninguna carta llegaba a poder de Quiones +sin pasar por las manos de su esposa. Otras veces +no poda ms; se renda a la pesadumbre de +su pena y se dejaba caer en una butaca, y pasaba +largo rato con los ojos extticos en meditacin +intensa y dolorosa. Acometanle, en estos +momentos, sbitos arranques de ternura; se confesaba +sin rubor, con gozo voluptuoso, el amor +que senta; perdonaba a Luis de todo corazn y +se prometa amarle toda la vida en silencio, no +ser jams de ningn otro hombre. Segn trascurran +los das este sentimiento se irritaba, se +trasformaba en deseo enfermizo, irracional. La +excitacin de los sentidos, que al fin despertaban +en ella de un modo violento, juntbase al cosquilleo +del amor propio herido, para mantener +vivo este deseo. Poco le faltaba, cuando vea a +Luis a su lado, para abrirle su pecho y confesarle +la abrasadora pasin que senta.</p> + +<p>Sin conciencia clara de lo que haca, Fernanda +buscaba a su ex-novio por la finca. Todo lo +que all haba le interesaba profundamente, el +bosque, la casa, los criados, hasta los animales +que pastaban en la pradera; sobre todo esparca +una mirada simptica, brillante de emocin. +Cuan amable le pareca aquel casern estropeado, +rodo por la humedad y los ratones! Despus +de vagar por las regiones ms solitarias del +bosque largo rato, entr distradamente por los +prados; descendi lentamente hasta cierto sitio +donde haba algunos obreros abriendo una zanja +profunda para desecar el terreno. All supo, sin +preguntarlo, que el conde, despus de estar un +rato mirando la obra, se haba marchado. Esper +algn tiempo para disimular, y al cabo se +apart con lento paso, arrastrando la sombrilla, +como quien no sabe adnde enderezarse.</p> + +<p>En efecto, no lo saba. Pero no por falta de +objetivo, sino porque ignoraba dnde estuviera +ste. Una idea cruel flotaba en su cerebro sin +determinarse con claridad; la de que Luis pudiera +hallarse a solas en aquel momento con +Amalia. Poco a poco, a medida que marchaba +por el campo, esta idea fue adquiriendo relieve. +Y segn se precisaba, le roa el corazn, se lo +llenaba de despecho y de clera. Por qu? No +conoca perfectamente sus relaciones adlteras? +Pues, con todo, le causaba viva irritacin, +le pareca que no deba sufrirlo, que tena +derecho a impedir que se juntasen. Sin darse +cuenta de lo que haca apret el paso. Sus nervios +se iban alterando. Cuando lleg a la corrada +estaba enteramente persuadida que los adlteros +se hallaban juntos y solos. Entr en la +casa y, como quien la visita por curiosidad, la +recorri toda, escudri hasta las ms apartadas +estancias. No logr verlos; pero la circunstancia +de no hallar a Amalia por ningn sitio la confirm +an ms en su sospecha. Fatigada de tanto +buscar, inflamada de anhelo, nerviosa, sali de +nuevo al aire libre. Evit el encuentro de las +personas que pudieran detenerla y se dirigi al +jardn. En cuanto puso el pie en l despert vigorosamente +en su espritu la esperanza de encontrarlos. +Aquel rincn de verdura donde los +arbustos, creciendo a su antojo, se entrelazaban +hasta formar una masa impenetrable, era a propsito +para las confidencias amorosas. Avanz +con precaucin, sin hacer ruido, por sus senderos +casi desaparecidos, tapizados de hierba, invadidos +en muchos parajes por las ramas de los +arbustos y la maleza. A veces, un montoncito de +lirios le cortaba el paso, y se vea precisada a +saltar sobre ellos; otras, un rododendro extenda +sus ramas para abrazar a la camelia de enfrente +y formaba bveda tan baja que necesitaba doblarse +mucho para pasar. Antes de llegar crey +sentir leve rumor de voces. Qued inmvil y +esper algunos instantes. Volvi a percibirlo y +se dirigi hacia el sitio de donde parta.</p> + +<p>Eran ellos! S, eran ellos. Mucho antes de or +su voz claramente los haba adivinado. Se paseaban +por una calle ms ancha y despejada que +las otras, resguardada de un lado por el muro, +del otro por alto seto de boj. Amalia se colgaba +del brazo del conde con imperio y negligencia +y hablaba mirando al suelo, mientras l +se inclinaba hacia ella risueo, sumiso, metindole +las palabras por el odo. Los contempl desde +lejos al travs del follaje. La emocin la dej +clavada al suelo algunos instantes. Por encima +del sentimiento de dolor y de ira que la embargaba +asom su cabeza el orgullo de mujer. Despus +de examinar con ojos ansiosos la figura de Amalia +no pudo menos de murmurar con amargura:</p> + +<p>—De qu se habr enamorado ese hombre? +Si es una gata disecada!</p> + +<p>Despus pens:</p> + +<p>—Qu se dirn?</p> + +<p>Acometiole un deseo vivo de escuchar su pltica, +y sin reflexionar sobre el peligro que corra, +fuese acercando poco a poco al seto, doblando el +cuerpo para no ser vista. Busc el paraje ms +sombro y seguro, y escuch. Slo se les oa cuando +cruzaban cerca. En cuanto se alejaban unos +cuantos pasos no se perciba palabra alguna. No +pudo recoger ms que retazos de conversacin, +que resultaban incoherentes.</p> + +<p>—Se le rozan mucho los muslos. Si vieras +cmo va engordando! Ni con polvos de almidn +ni con los de rosa se consigue suavizar la irritacin +de la piel—deca la dama.</p> + +<p>—Hablan de la nia—pens Fernanda.</p> + +<p>—No la he visto nunca en el bao. Cunto +dara por asistir a l un da!</p> + +<p>—Es porque no quieres.</p> + +<p>—No, no quiero, exponindote a t a un peligro +y a que concluya de ese modo...</p> + +<p>No oy ms. Tuvo que aguardar a que llegasen +al final de la calle y diesen la vuelta.</p> + +<p>—Di que has estado en casa de esas viejas +chochas y no mientas—oy decir a Amalia, al +acercarse de nuevo.</p> + +<p>—Te aseguro que estuve en el Casino. Nos +hemos reunido los individuos de la junta para +ver si se ha de decorar nuevamente el saln. +Cre que podra salir a las diez, pero hasta las +doce no nos separamos. No conoces el carcter +disputn y minucioso de D. Juan? A casa de las +de Mer hace un siglo que no voy. Tanto, que +algunos empiezan a...</p> + +<p>Otra vez se perdieron las palabras. Aquel +D. Juan sera su padre? Procurara enterarse. +Cuando volvieron, el conde acariciaba tiernamente +la mano de su querida y sonrea, al hablar, +con arrobada expresin de felicidad.</p> + +<p>—Muchas veces me he propuesto dejar de +verte. Por la noche, estando a solas en la cama, +me entran terribles remordimientos. Entonces +me digo: Es necesario que esto concluya. Los +dos nos condenamos irremisiblemente. Y resuelvo +marcharme de Lancia y hasta compongo +todo un plan de vida; viajo con la imaginacin +por toda Europa; me olvido de t; vuelvo al cabo +de algunos aos, y en vez del amor antiguo se +renueva en mi corazn una amistad tierna y +honesta, en la cual podemos descansar tranquilos +sin temor al castigo del Cielo... Pero +as que amanece, estas resoluciones se disipan, +sucumbo a la tentacin, voy a tu casa, y en +cuanto te veo, en cuanto oigo tu voz adorada...</p> + +<p>Fernanda se agarr con mano crispada al +tronco de una magnolia.</p> + +<p>A la vuelta era Amalia quien hablaba.</p> + +<p>—No es verdad eso. Ya te he dicho que para +m siempre hay un punto negro. Por ms que +pretendo forjarme la ilusin de ser la primera...</p> + +<p>—La primera y la ltima! Yo no amar a +otra mujer ms que a ti.</p> + +<p>—No sabes los celos que tengo del pasado. +Cada da ms. Di la verdad: la has querido +o no?</p> + +<p>—No.</p> + +<p>—Entonces, cmo eras capaz de...</p> + +<p>No oy ms. Fue bastante para hacer brotar +de sus ojos una lgrima. Trat de huir. Cuando +iba a hacerlo observ que los traidores se haban +detenido al extremo de la calle.</p> + +<p>Amalia echa los brazos al cuello a su amante, +le pone los labios en la boca y le da un beso que +se prolonga, se prolonga una eternidad. Fernanda +cierra los ojos. Cuando los abre de nuevo +ve que se alejan cogidos de la mano.</p> + +<p>Los deja salir del jardn. Los sigue inmediatamente. +Adnde irn? Una vez en la corrada, +observa que se sueltan y se dirigen a la casa. +Entra en su seguimiento, pero ya haban desaparecido +y no sabe en qu habitacin hallarlos. +Las recorre todas imprudentemente, cegada +por emocin extraa que no acierta a reprimir, +acometida de un deseo vivo, anhelante, de +espiarlos.</p> + +<p>—Adnde va usted, Fernanda?—le pregunta +un joven.</p> + +<p>—Ando en busca de la novia.</p> + +<p>—Pues va usted mal. Est en el otro extremo +de la casa, en una de las salas que miran al +Norte.</p> + +<p>Se vuelve para disimular; pero inmediatamente +emprende de nuevo la batida. Llega, por fin, +a cierto gabinete cerrado, que no es otro que el +clebre <i>cuarto de la condesa</i>. Va a levantar el pestillo, +como ha hecho en otros, pero se queda +inmvil al escuchar un rumor levsimo. Aplica +el odo. Son ellos!</p> + +<p>Se aparta de all, corre como si la persiguieran, +se mete por el bosque y, cuando se +encuentra en paraje solitario, se sienta al +pie de un rbol y apoya en su tronco la cabeza. +El rostro triste y demudado, los ojos extticos, +las manos cruzadas sosteniendo una rodilla, expresa +su actitud una agona desesperada y muda.</p> + +<p>Lleg la hora de comer. Se haban colocado +en el gran saln de la planta baja de la casa dos +mesas paralelas. Aquella sociedad diseminada se +reuni instantneamente a la palabra santa de +a comer lanzada a los cuatro vientos de la +finca por la ruda voz de Mann y por la argentina +de Manuel Antonio. Los sentimientos poticos, +cuando se desenvuelven al aire libre y enmedio +de los bosques, son excelentes para facilitar +la secrecin del jugo gstrico. Por eso tanto +ninfas como faunos asaltan con bros, antes de +sentarse a la mesa, las aceitunas, los pepinos, +las rajas de salchichn. Por voto unnime de la +milicia y del clero, representado dignamente por +Fray Diego, se cometi a la novia el encargo de +designar sitio a cada cual. La festiva y revoltosa +Emilita, trasformada sbito en seversima +matrona, llen su cometido con tacto y amabilidad +que le valieron el aplauso del concurso. +A cada nia iba dando por compaero y servidor +aquel mancebito que era ms de su agrado, +y a cada persona mayor aquella otra con quien +ms congeniaba por su humor y aficiones. +Pero cuando lleg al delirio el palmoteo fue +cuando coloc al teniente Rubio entre las dos +seoritas de Mer. Haba dejado para lo ltimo +este donaire, que no le hizo maldita la gracia al +interesado. Vindose oprimido por tales vejestorios, +el injusto forzador qued amoscado y estuvo +a punto de protestar contra la designacin +de Emilita y faltar a todas las reglas de la galantera, +pero se contuvo. Al tiempo de sentarse +se le ocurri exclamar mirando a entrambos lados +y parodiando a Napolen:</p> + +<p>—Desde lo alto de estas dos sillas, cuarenta +siglos me contemplan.</p> + +<p>La ocurrencia se celebr mucho y esto volvi +el humor a aquel daino animal. Supo contestar +tan bien a la vaya que le daban sus +amiguitas, que aquella tarde gan fama imperecedera +de cazurro y de pcaro.</p> + +<p>Moro se sent al lado del conde, y mientras +coman no ces de inculcar en su alma la ventaja +de traer al palacio de Granja una mesa de billar. +Conoca todas las fbricas, pero la mejor +sin disputa era la de Tutau, de Barcelona. Elogi +el artculo como si fuese, un viajante de la +casa. A Luis se le conoca en la cara el hasto y +el pesar de no hallarse sentado al lado de Amalia. +Pero Emilita no se atrevi a colocarlo en +esta forma, ni tampoco junto a Fernanda. Lo +primero sera un escndalo. Lo segundo, una +molestia para ambos.</p> + +<p>Se comi como en un banquete de la Iliada. +Pero el Aquiles de esta formidable pelea fue Mann, +el brbaro Mann, que, al decir de los que +estaban a su lado, se comi once calabacines rellenos. +Verdaderamente Mann era digno de ser +llamado, si no suevo, ya que esto ofenda al seor +Saleta, por lo menos longobardo. Se habl +y se grit como en una plazuela. Las tres hadas +del Jubilado, que tanto haban ganado desde que +Fray Diego ech la bendicin a su hermana en +inocencia y gracia infantil, tiraban bolitas de +pan a los oficiales. stos echaban miradas a la +novia, haciendo despus guios a su compaero +Nez, y murmuraban palabras espantosas que +les hacan prorrumpir en carcajadas ms espantosas +an. Paco Gmez se peleaba con Mara Josefa. +No se sabe cul de los dos era peor intencionado, +de quin partan las flechas ms agudas +y envenenadas. Saleta, que tena a su compaero +y censor D. Enrique Valero lejos, se despachaba +a su gusto, contando a D. Juan Estrada-Rosa +y a otros dos caballeros cmo se haba +arreglado para seducir a cierta inglesa, esposa de +un cnsul que haba conocido en Oncn, yendo +desterrado a Filipinas. El barco no se detena +all ms que veinticuatro horas. En este breve +espacio la enamor y logr que se escapase con +l. Pero tuvo que separarse de ella al instante, +porque aquel lance fue objeto de una reclamacin +diplomtica por parte de la Gran Bretaa. +Manuel Antonio, atacado sbitamente de viva +simpata por un alfrez rubio que tena a su +lado, le abrumaba a cuidados y delicadas atenciones.</p> + +<p>—Federico... una aceitunita... No tome tanta +mostaza, criatura, que le puede hacer dao. Resrvese +para las perdices. Me consta que estn +riqusimas. Quiere Burdeos?... Aguarde, yo me +encargo de traerlo...</p> + +<p>Y se levantaba solcito, daba la vuelta a la +mesa y traa un par de botellas que colocaba delante +del mancebo.</p> + +<p>—Se ha puesto usted muy bueno en Lancia. +Cuando vino usted hace seis meses era usted delgadito +y plido. Yo deca: qu lstima de joven, +tan guapo y tan simptico! Porque crea +que se iba usted a daar del pecho. Se conoce +que llevaba usted mala vida all en Barcelona... +No? Pues mire usted, cualquiera lo pensara. +Me acuerdo que cuando usted lleg traa una gabardina +de color de ala de mosca muy bien hecha +y chalina azul celeste muy linda... Reconozco +que le sienta a usted bien el traje de paisano, +pero a m me gusta usted ms de uniforme. Ser +un capricho, pero no lo puedo remediar. Vamos, +que de uniforme y con esos bigotes a la borgoona +est usted del todo simptico!</p> + +<p>Algunas toses significativas de los oficiales, +que se sentaban enfrente, le paralizaron de pronto. +Pero no se corri ni mucho menos. Era incapaz +de avergonzarse por nada. El que qued +amoscado y se puso muy serio y ceudo fue el +alfrez.</p> + +<p>Cuando el banquete daba a su fin, algunos +caballeros, favorecidos de las musas, se levantaron +a brindar en verso o cosa parecida. Y los +que no lo hicieron en verso felicitaron en prosa +a los desposados, resultando que lo mismo unos +que otros coincidieron en desearles una eterna +luna de miel. Y lo mismo el peridico local +que al da siguiente dio la noticia. De todos +aquellos brindis el ms original e interesante +fue el del padre de la novia, D. Cristbal Mateo. +No haba de ser original or a este saudo enemigo +de la fuerza armada cantar sus glorias y +declararse partidario frentico del aumento del +contingente y del sueldo a los oficiales? A las +pocas palabras que pronunci se mostr tan enternecido, +que algunas lgrimas rodaron precipitadamente +por sus mejillas. No falt quien dijo +que lloraba el vino que haba bebido; pero estamos +lejos de dar crdito a esta insinuacin malvola, +primeramente porque es un absurdo que +se llore vino, y despus porque su acento era +tan sincero, su ademn tan pattico, que nadie +poda dudar de que sus palabras salan del fondo +del corazn.</p> + +<p>—...Es un consuelo, s, es un consuelo que +Dios me haya dejado ver a mi hija casada con un +pundonoroso militar... Bien que decir militar en +Espaa es decir pundonoroso... Porque el ejrcito +es la escuela del honor, como dijo cierto +filsofo... Levantar el ejrcito, honrar el ejrcito, +es levantar, es honrar el honor de la nacin... +Levantar el ejrcito es levantar el podero y la +prosperidad del pas... Levantar el ejrcito es +colocarnos al nivel de las naciones ms grandes +de Europa... Levantar el ejrcito es vivir respetados +por todo el mundo... Levantar el ejrcito +es levantarnos nosotros mismos... Levantar el +ejrcito...</p> + +<p>—Que se levante el ejrcito, pero que se siente +don Cristbal—grit uno.</p> + +<p>El Jubilado qued parado en firme, ech una +mirada de triste reconvencin hacia el sitio de +donde haba partido la voz, se llev el pauelo +a los ojos para enjugarse las lgrimas, bebi +con calma lo que restaba de vino en la copa y se +sent gravemente entre el aplauso y la risa de +los comensales.</p> + +<p>Fernanda no haba despegado los labios durante +la comida. Todos los esfuerzos de Granate, +a quien la amabilidad de Emilita haba colocado +cerca de su apetecido dueo, resultaron infructuosos. +Ni por hablarle de la zafra y describirle +cmo se recoge el tabaco y hacer clculos +exactos de lo que se gana en cada caja de azcar +y lo que se ganara si se rebajasen los derechos, +ni por contar los cien pormenores interesantes +sobre la importacin de las carnes saladas de la +Repblica Argentina y del bacalao de Terranova, +logr Romeo que su Julieta emitiese ms que +secos monoslabos. Lo nico que haca era alargarle +de vez en cuando la copa, diciendo con +imperio:</p> + +<p>—Eche usted vino.</p> + +<p>El indiano se apresuraba a cumplimentar la +orden. La joven la apuraba de un trago, la pona +sobre la mesa y paseaba sus ojos altivos por los +comensales, detenindose con insistencia en +Amalia. Poco a poco aquellos ojos iban adquiriendo +expresin ms sombra, los prpados se +le caan, se ponan encendidos y se movan a +un lado y a otro con ms dificultad. D. Santos, +a quien sorprenda aquella manera de beber, se +atrevi a decir:</p> + +<p>—Fernandita, bebe usted como un sumidero. +Porra! Tengo miedo que le d a usted un torozn.</p> + +<p>—Eche usted vino—respondi Fernanda lanzndole +al mismo tiempo una mirada torva que +le desconcert.</p> + +<p>Ya que se hubo brindado, voceado y disparatado +bien, el alegre concurso volvi a diseminarse. +Slo permanecieron en sus puestos el Jubilado +y los oficiales refractarios al amor. Quedaron +discutiendo la forma ms adecuada de +aumentar, sin gravar mucho al Tesoro, ocho +duros mensuales a los capitanes, cinco a los tenientes +y tres a los alfreces. Sin esta reforma +declaraban explcitamente los interesados que se +operara muy pronto una completa disolucin en +el ejrcito, y por lo tanto, dejando de ser la escuela +del honor, ni lo habra en el pas, ni nos +levantaramos jams a la altura de otras naciones, +ni habra prosperidad ni podero ni pundonor +en toda la vida. Jaime Moro volvi a trincar +a Fray Diego y a D. Juan Estrada-Rosa y los +arrastr hasta la mesa del tresillo. D. Juan haba +perdido y se mostraba reacio, pero el simptico +mancebo logr convencerle con astucia +de que, si no le haba dado el naipe por la maana, +era porque l, Moro, nunca haba perdido a +esa hora. Cuando le vena la mala era por la +tarde. Capaz sera de dejarse ganar con tal de +retenerlos.</p> + +<p>Mann, sentado a un extremo de la mesa, sin +intervenir en la conversacin de los oficiales, +cortaba con su navaja rebanadas de pan y las +coma cachazudamente formando bulto en el carrillo, +remojndolas con largos tragos del Burdeos +que haba quedado en las botellas. No estaba +conforme con la comida que les sirvi Maran, +el dueo del caf de Altavilla. Despus +de haberse hartado como un salvaje, deca que +todos aquellos platos eran <i>perfumeras</i>, y que +donde estaba una fuente de judas con morcilla, +longaniza y huesos de marrano deben callarse +los macarrones. Hay que advertir que para Mann +se llamaban macarrones todos los manjares +que no conoca, lo cual caa muy en gracia al +maestrante.</p> + +<p>Mientras terminaba tan dignamente aquella +comida indecorosa no cesaba de murmurar pestes +contra ella, haciendo responsable en parte a +D. Cristbal, a quien diriga de vez en cuando +desde un rincn largas miradas de rencor.</p> + +<p>De pronto se abren con estrpito las puertas +del saln y penetran en l cuatro muchachas en +un estado de agitacin que impresion vivamente +a los circunstantes. Sin hacer caso de los +otros se dirigen todas al mayordomo de Quiones:</p> + +<p>—Mann, un oso! Mann, un oso!</p> + +<p>—Dnde?—pregunta aqul sin inmutarse.</p> + +<p>—En el bosque.</p> + +<p>—Quin lo ha trado?</p> + +<p>Ante esta pregunta extravagante quedan las +cuatro estupefactas y suspensas. Una de ellas se +atrevi al fin a apuntar tmidamente:</p> + +<p>—Ha venido l solo.</p> + +<p>—Bah, bah, bah!—exclam rudamente el mayordomo.</p> + +<p>Y vuelve a las tajadas de pan con ms ardor +que antes, dando quiz con esto la razn a los +envidiosos de la aldea, que no queran or hablar +de los osos que haba matado y se emperraban +en llamarle zampatortas.</p> + +<p>—Vamos, nia, di cmo lo has visto—manifiesta +la simptica Consuelo, que vena en la diputacin.</p> + +<p>Una, que estaba ms plida que las otras, avanz +y exclam con trabajo:</p> + +<p>—Qu miedo! Madre ma, qu miedo! Cre +que me mora... porque mire usted, el oso... el +oso era horrible!</p> + +<p>En tal estado de sobresalto se hallaba, que no +pudo articular ms que palabras incoherentes. +Entonces la resuelta Consuelo avanz a su vez +y dijo con voz firme:</p> + +<p>—Ver usted, Mann. Esta nia se encontraba +con nosotras en la parte ms espesa del bosque, +all muy lejos. Oy cantar un pjaro, un +malvs, segn creo. No era un malvs?... Bueno, +pues oy cantar un tordo y se dirigi al sitio +donde sonaba. Se alej bastante y no pudo dar +con l. Cuando se volva, sale de unas matas el +oso, la acomete, la tira al suelo y sin hacerla +dao, no sabemos por qu, huye y desaparece.</p> + +<p>El famoso cazador de osos se levanta pausadamente +y dice con el acento firme y sosegado +de los hroes:</p> + +<p>—Vamos a ver qu es eso.</p> + +<p>Pidi una escopeta arriba, y seguido de lejos +por las plidas doncellas, dio una batida al bosque. +Lo nico que hall fue un cerdo alemn de +la pareja que el conde haba trado para encastar. +La hembra haba muerto y el macho vagaba +triste y solitario por la espesura mientras se +efectuaba su metamorfosis en morcillas y chuletas. +Hubo sospechas vehementes de que el autor +de la agresin fuese este cerdo viudo, pero la +joven de la aventura juraba y perjuraba que haba +sido un oso quien la haba acometido, y que +no le dijeran cmo era este animal, porque lo +haba visto muchas veces disecado en el gabinete +de zoologa de la universidad.</p> + +<p>Fernanda se haba marchado mucho antes seguida +de Granate. Estuvieron en el jardn. All +la joven se le colg del brazo y dieron algunas +vueltas por la misma calle en que haba visto +pasear al conde con Amalia.</p> + +<p>—Usted est muy enamorado de m, verdad?—le +pregunt bruscamente.</p> + +<p>El indiano, sorprendido, murmur:</p> + +<p>—Oh, s! Dicen que estoy como un burro, y +es verdad.</p> + +<p>—Y qu siente usted, vamos a ver; qu siente +usted? Explquese.</p> + +<p>—Yo?... Cmo?—exclam sorprendido.</p> + +<p>—S. Qu siente usted cuando me ve? Qu +siente cuando otro hombre se acerca a m, el +conde, pongo por caso? Qu siente usted en este +momento en que va oprimiendo mi brazo? Descrbame +usted sus sensaciones, lo que le pasa +por dentro...</p> + +<p>—Yo, seorita... no s qu decirla... La tengo +tanta ley como si fuese de la familia... Y a don +Juan, su padre, aunque sea un poco cascarrabias, +lo mismo... Que sea cascarrabias o no, a +m qu me importa?... Si me casara con usted, +tengo casa, gracias a Dios... Y no es porque yo +lo diga, pero mi casa vale ms que la suya, eso +bien lo sabe usted... Pero antes nos iramos a +viajear por Francia, por Italia, por Ingalaterra, +por donde usted quisiera... Y si echbamos abajo +cinco mil duros, que los echramos!</p> + +<p>Granate sigui desbarrando un buen rato en +esta forma. Fernanda no le oa. Al fin le enfad +aquel ruido molesto y dijo con acento colrico:</p> + +<p>—Se quiere usted callar, hombre? Qu sarta +de estupideces est usted ah soltando?</p> + +<p>El pobre D. Santos qued anonadado. Pasearon +en silencio algn tiempo.</p> + +<p>—Qu feo es todo esto!—exclam al cabo la +joven.</p> + +<p>—<i>Culo?</i></p> + +<p>—Todo! La casa, el bosque, los prados, el +jardn... Mire usted qu horrible es esta magnolia.</p> + +<p>—La casa muy fea y muy antigua, siempre lo +he dicho... Si la dieran tan siquiera un revoque +y me pintaran los balcones, todava... El bosque +no vale para nada, no trae utilidad, est ocupando +un sitio precioso para hortaliza o espalera de +fruta o lo que le manden.</p> + +<p>Fernanda solt una carcajada.</p> + +<p>—Usted padeci alguna vez de melancola, +D. Santos.</p> + +<p>—De tristeza? Nunca. Yo siempre de buen +humor. Tan slo hace un ao, que me comi un +bribn ocho mil y pico de duros, tom un berrenchn +que me dur dos das.</p> + +<p>—Qu feo est el sol ahora, visto por entre +las ramas de los rboles!</p> + +<p>—Quiere usted que nos volvamos a casa?</p> + +<p>—No, llveme usted hacia el ro. Tengo la +cara ardiendo y quiero refrescarla un poco con +agua.</p> + +<p>Bajaron por los prados, llegaron al ro, y all +la heredera de Estrada-Rosa, contra las prescripciones +de D. Santos, se ech agua al rostro +por largo rato. Despus que se hubo secado ascendieron +de nuevo lentamente hacia la casa.</p> + +<p>—Cmo estoy ahora? Bien, eh?... Si viera usted +cmo me aburro aqu! No puedo ms; todo +esto me fatiga. Yo no nac para andar por los +prados como las vacas. A m me gustan las ciudades, +los salones, el lujo. Quisiera viajear, como +usted dice, por Pars, por Londres, por Viena. +Qu aburrido es Lancia, verdad? Aquellos eternos +paseos del Bomb! Aquel campo de San +Francisco! Aquella torre de la catedral tan negra +y tan triste! Luego siempre las mismas caras. +La nica persona divertida de Lancia es +usted... En cuanto le veo se me suelta la risa +sin poderlo remediar. Por qu le llaman a usted +Granate? Yo creo que el color de usted ms +se parece al lapislzuli... Usted habr tenido +esclavos all en Amrica?... Oh, cmo me gustara +a m tener esclavos! Es tan fastidioso eso +de pedir las cosas por favor! Pero no, en Amrica, +no; hay fiebre amarilla... Preferira ir a +China.</p> + +<p>A medida que hablaba se iba exaltando, se +emborrachaba con sus propias palabras. Los +pensamientos salan cada vez ms incoherentes. +D. Santos trat de decir algo, pero se lo impidi +ella tapndole la boca con la mano.</p> + +<p>—Djame hablar, hombre. Te lo quieres decir +todo t?</p> + +<p>El indiano empez a inquietarse. La exaltacin +de la joven iba en aumento. Hablaba por +los codos y le tuteaba rudamente.</p> + +<p>—Dame un cigarro.</p> + +<p>—Fernandita!... Un cigarro!... Se va a usted +a marear.</p> + +<p>—Silencio! Qu dices ah, tonto? Marearme! +T no sabes ya qu inventar para fastidiarme. +Dame un cigarro o te dejo ah plantado.</p> + +<p>El indiano sac la petaca: la gentil heredera +tom de ella una breva, le arranc con sus dientes +etipicos la punta y pidi por seas un fsforo. +Granate se lo ofreci encendido, sacudiendo +al mismo tiempo la cabeza en seal de disgusto.</p> + +<p>Cuando hubo dado dos o tres chupadas, puso +un gesto avinagrado y exclam:</p> + +<p>—Qu cigarros tan infames! Mira, fmatelo +t.</p> + +<p>Y se lo puso en la boca.</p> + +<p>No fue, no, avinagrado el gesto de Granate +al chuparlo.</p> + +<p>—Ya lo creo que me lo fumar!—exclam +sonriendo beatamente.—Me salen a doscientos +pesos el millar... Pero ahora, despus de chuparlo +usted, vale un milln...</p> + +<p>—Vamos, no empieces a decir brutalidades. +Llvame a casa... Esta luz me marea.</p> + +<p>Llegaron hasta la corrada cogidos del brazo. +All un pollastre les dijo desde lejos:</p> + +<p>—Dnde van ustedes? La gente est en el +bosque.</p> + +<p>—Dgale usted a la gente que me ro de ella—respondi +Fernanda con gesto furioso que hizo +sonrer al muchacho.</p> + +<p>—T no conoces la casa?—aadi bajando la +voz y dirigindose a D. Santos.—Pues voy a +ensertela toda. Vers.</p> + +<p>Subieron la mohosa y estropeada escalera. +Fernanda, sin cerrar boca, fue recorriendo todas +las habitaciones del casern y mostrndolas +al indiano.</p> + +<p>—Aqu est el clebre <i>cuarto de la condesa</i>!—exclam +con singular entonacin al llegar a l.—Vamos +a entrar. Estoy cansada.</p> + +<p>Entraron y la joven cerr la puerta.</p> + +<p>—Qu hermoso, eh?... ste es el cuarto ms +hermoso y ms pcaro de la casa. Si estos muebles +se pusieran a contar secretos divertidos, +no concluiran nunca... Mira, dime pronto +algo que me haga rer, porque si no vas a +ver cmo empiezo a llorar lo mismo que una colegiala... +Lo ves? Ya estoy llorando... Sintate +ah, gaznpiro... Qu bonito chaleco traes! Qu +bien dibuja la redondez de la panza!... Contempla +esa cama. Es grande, eh? es ancha, es hermosa, +es artstica. Pues mira, yo la quemara... +Por no sentarme en ella, voy a sentarme sobre +tus rodillas...</p> + +<p>Y as lo hizo. Granate al sentir aquella carga +tan dulce qued enajenado, y con increble audacia +le pas un brazo por la cintura. La joven +se alz como si la hubiera pinchado.</p> + +<p>—Qu haces, bruto? Crees que estamos en +la manigua y soy alguna negra cimarrona?</p> + +<p>Despus de contemplarle un rato con ojos colricos, +su fisonoma se fue serenando, sus labios +se dilataron con sonrisa dulce.</p> + +<p>—Me quieres mucho?</p> + +<p>—Casi na!—dijo el indiano con acento picarn.</p> + +<p>—Pues vas a ser feliz un momento. Mira, te +voy a permitir que me des un beso... uno +solo, lo entiendes? Pero me has de jurar que no +lo ha de saber nadie...</p> + +<p>El indiano hizo un juramento espantoso.</p> + +<p>—Bueno, basta. Ahora, dame el beso aqu en +la sien. El primero y el ltimo que me has de dar +en tu vida... Espera un poco—aadi alzndose +otra vez.—Por este beso yo te he de dar cincuenta +bofetadas en esos carrillos azules... Admites +el trato?</p> + +<p>Granate consinti inmediatamente. La nia +volvi a sentarse sobre sus rodillas e inclin la +cabeza para recibir el beso.</p> + +<p>—Bueno, ahora llega mi turno!—exclam con +infantil alegra.—Preprate a recibir los bofetones... +Qu carrillos, Dios mo, tan magnficos! +Ves que son azules?... Pues te los voy a poner +verdes... Atencin!... Una!... La primera... +Dos!... La segunda... Tres!... La tercera... +Cuatro!... Cinco!</p> + +<p>La mano breve y torneada de la hermosa +chasqueaba ruidosamente en las carnosas mejillas +del indiano. Los ojos de ste comenzaron a +ponerse encendidos y encarnizados, como los de +un lobo, su sangre llame repentinamente y con +brusco ademn la sujet brutalmente por la cintura.</p> + +<p>Fernanda dej escapar un grito ahogado.</p> + +<p>—Qu tienes?... Por qu te enfadas?... Djame!... +Djame, bruto!</p> + +<p>Luch, forceje con desesperacin, pero no +logr desasirse...</p> + +<p>Al apartarse, la embriaguez haba desaparecido +por completo. Dirigi una mirada vaga, +extraviada, al indiano. Pero esta mirada adquiri +sbito expresin de espanto, se fij en l +como en un animal extrao que la viniese a +acometer.</p> + +<p>—Qu hace usted aqu?... Ah, s!—exclam +llevndose la mano a la frente.—Dios mo! Qu +me pasa? Estoy soando?...</p> + +<p>Y volviendo a clavarle sus ojos irritados, amenazadores, +le grit con rabia:</p> + +<p>—Qu hace usted ah plantado? Salga usted +inmediatamente! Salga usted! salga usted!—repiti +con grito cada vez ms alto.</p> + +<p>Pero cuando el indiano retroceda ya hacia la +puerta ella se lanza de pronto fuera, sale disparada +por los pasillos y, al llegar cerca de la escalera, +cae atacada de un sncope.</p> + +<p>La levantaron, la prodigaron mil cuidados. +Al recobrar el sentido brot de sus ojos un raudal +de lgrimas; no ces de llorar en toda la +tarde. Cuando la comitiva se puso de nuevo en +marcha hacia la poblacin an segua llorando.</p> + +<p>—Han visto ustedes qu vino ms llorn tiene +esta nia de Estrada-Rosa?—deca riendo el +capitn Nez.</p> + + + +<hr /> +<h3><a name="IX" id="IX"></a>IX</h3> + +<p class="cab">La mascarada.</p> + + +<p>Momentos antes de que la rosada aurora +abriese de par en par las ventanas +del Oriente, Satans, que amaneci +de humor campechano, envi a Lancia al +ms travieso y juguetn de los demonios con +encargo de despertarla. Bati sus negras alas el +ministro de Averno sobre la ciudad y lanz una +carcajada horrsona, estridente, que logr arrancar +de las profundidades del sueo a todos sus +habitantes. Despertaron con unas ganas atroces +de rer, de alborotar, de burlarse de la autoridad +gubernativa, improvisar coplas y decir barbaridades.</p> + +<p>Uno de ellos, imaginamos que haya sido Jaime +Moro, lo primero que hizo al saltar de la +cama fue llamar al criado y preguntarle con +semblante risueo si D. Nicanor, el bajo de la +catedral, le haba prestado al fin su figle. El +criado, sin responder, saliose un momento del +cuarto y no tard en aparecer con un descomunal +serpentn entre las manos. Y sin respeto alguno +a su amo aplic los labios a la boquilla y +produjo un ruido temeroso semejante al rugido +de un len. Moro, en calzoncillos como estaba, +hizo una pirueta y tres o cuatro zapatetas en seal +de ntimo regocijo, como si aquel ruido brbaro +hubiese tocado las fibras ms delicadas de +su corazn. Despus de probar por s mismo a +producir idntico rugido y cerciorarse de que era +bien capaz, se visti, se ali y, tomando apresuradamente +el desayuno, se sali a la calle liado +en su capa y debajo de ella el artefacto musical +que tan gozoso le haba puesto. A cuantos +encontraba detena con guio misterioso, y metindose +en el portal ms prximo les mostraba, +lleno de emocin, el contrabando que traa +oculto. Ninguno preguntaba lo que iba a hacer +con l. Sonrean, le apretaban la mano significativamente +y solan preguntarle al odo:</p> + +<p>—Para cundo?</p> + +<p>—Esto para la noche, pero a las doce sale la +carroza.</p> + +<p>—Se escaparn?</p> + +<p>—Ca! Estn bien tomadas las medidas.</p> + +<p>Y segua su camino, embozado hasta los ojos, +porque haca un fro de dos mil diablos.</p> + +<p>Otros no se limitaban a sonrer y apretarle la +mano, sino que en justa correspondencia a su +confianza sacaban con mano temblorosa de los +bolsillos del gabn o de lo interior de la gabardina +algn instrumento resonante tambin de +menor categora, una trompeta, un cuerno de +caza, una matraca. Moro aplauda, alababa el +instrumento sin hacer alarde de su superioridad. +Y prosegua con marcha oblicua y trabajosa, no +hacia la confitera de D. Romana, que era el +trmino glorioso de sus expediciones matinales, +sino hacia casa de Paco Gmez.</p> + +<p>Resonaba sta ya con los pasos agitados y el +vocero de una muchedumbre de jvenes diligentes. +Todos ellos trabajaban con verdadero +afn, con ahnco que rara vez se ve en los talleres. +Unos cortaban estandartes, otros moldeaban +caretas de cartn; quines pegaban letras +negras a los trasparentes de un farol; quines +vestan primorosamente dos grandes muecos; +quines, en fin, se ocupaban en desatascar las +boquillas de varios bombardinos y serpentones +semejantes al que Moro llevaba. La estancia +era una inmensa sala destartalada. Paco Gmez +habitaba el palacio de un marqus que jams +haba puesto los pies en Lancia, del cual su +padre era mayordomo. El implacable bromista +presida vigilante y solcito los trabajos de sus +compaeros, acudiendo a todas partes, saliendo +a cada momento para dar rdenes a los criados +o para recibir los mensajes que le enviaban. +Nunca se le haba visto tan afanoso. Generalmente +era displicente, y hasta en las bromas +ms premeditadas mostraba cierta actitud desdeosa, +sincera o fingida, que le haca ms +temible. Ahora echaba todo el cuerpo fuera. Es +que se trataba de la farsa ms estupenda y regocijada +que haba presenciado jams la ciudad de +Lancia desde que los monjes de San Vicente haban +venido a fundarla. El motivo era que se casaba... +(apenas si la pluma se atreve a estamparlo) +Fernanda Estrada-Rosa... se casaba... +(vamos, que cuesta trabajo decirlo) se casaba +con Granate!</p> + +<p>Desde la memorable escena de la Granja, Fernanda +vivi en estupor doloroso, en un abatimiento +de alma y de cuerpo que alarm a su +padre. Hizo llamar al mdico. ste no hall +ms que un desequilibrio nervioso; se curara +con algn viajecito a la corte, con paseos y distracciones. +La nia se neg en absoluto a curarse +por estos medios. Ni paseos, ni teatro, ni tertulias, +ni mucho menos pensar en hacer viaje +alguno. Desde su gabinete al comedor, desde +aqu al cuarto de su padre, donde sola permanecer +breves instantes. No tena fuerzas para subir +al piso segundo ni humor para enterarse de +los trabajos de los criados y dirigirlos. Cerrada +en su habitacin tampoco lo tena para seguir +labor alguna. Se dejaba caer en una silla y permaneca +largusimo rato inmvil con las manos +sobre las rodillas y los ojos extticos. Algunas +veces se pona a leer y, observando que no se +haca cargo de lo que el libro deca, conclua +por arrojarlo. Otras se asomaba al balcn y permaneca +de bruces sobre la baranda horas enteras +con la vista fija en el espacio o en un punto +de la calle, sin ver a los transentes ni contestar +al saludo que muchos le dirigan, ni advertir siquiera +la curiosidad de que era blanco por parte +de las vecinas.</p> + +<p>Mas he aqu que repentinamente se le antoja +marcharse a Madrid. Fue necesario preparar el +viaje instantneamente. Manifest su deseo por +la maana. Por la noche montaban padre e hija +en la diligencia: con tal mpetu y palabras extremosas +exigi la nia el viaje. Una vez en la +corte, cambi radicalmente su humor. Entregose +con rabia, con pasin desenfrenada a +los placeres que brinda Madrid a una joven forastera, +rica y hermosa. Vivi dos meses en +la embriaguez de los teatros, de los paseos +en coche, de los grandes saraos y conciertos. +Acometida sbito de una alegra nerviosa, pareca +feliz enmedio del ruido y el tumulto de +la sociedad, donde empez a conocrsela por el +sobrenombre de <i>la Africana</i>.</p> + +<p>Para que su vida fuese an ms alegre y aturdida +le placa comer por los <i>cafs</i> y <i>restaurants</i>, +como un mancebo disipado. D. Juan fluctuaba +entre el gozo de verla contenta y la incomodidad +aguda que le produca aquella vida desordenada, +tan contraria a sus hbitos y edad.</p> + +<p>Una tarde, regresando del paseo del Prado, +Fernanda estall repentinamente en sollozos. +D. Juan qued estupefacto, aterrado; en toda la +tarde no haba cesado de rer aquella locuela +burlndose de cierto mancebito que segua pertinazmente +su coche.</p> + +<p>—Qu te pasa?... Fernanda! Hija ma!</p> + +<p>La nia no respondi. Con el pauelo en los +ojos, el cuerpo sacudido por fuertes estremecimientos, +lloraba cada vez ms perdidamente.</p> + +<p>—Fernanda, por Dios, que la gente se est +fijando!</p> + +<p>El llanto se iba convirtiendo en ataque de +nervios. D. Juan orden al cochero partir a escape +a casa. Mas antes de llegar a ella, la joven +ces de llorar y, levantando la cabeza con resolucin, +exclam:</p> + +<p>—Pap, quiero marcharme a Lancia!</p> + +<p>—Bien, hija; nos iremos maana.</p> + +<p>—No, no; quiero que nos vayamos ahora +mismo.</p> + +<p>—Considera que no falta ms que una hora +para salir el tren.</p> + +<p>—Sobra tiempo.</p> + +<p>No hubo ms remedio que meter apresuradamente +la ropa en los bales y salir disparados +a la estacin. Slo cuando el silbido de la locomotora +anunci la salida y comenzaron a correr +por las llanuras ridas que rodean a Madrid se +calmaron un poco los nervios de la excitada nia.</p> + +<p>Al da siguiente de llegar a Lancia no fue a +dar los buenos das a su padre ni a tomar chocolate +con l, como tena por costumbre. Cuando +ya se dispona el viejo a llamarla, entra de repente +en su habitacin una domstica plida y +agitada.</p> + +<p>—La seorita se ha puesto muy mala!</p> + +<p>Corri D. Juan al gabinete y la hall desencajada; +lvida, por los esfuerzos que unas violentsimas +nuseas la obligaban a hacer.</p> + +<p>—Pronto! A buscar el mdico!—grit el pobre +padre.</p> + +<p>Fernanda hizo un gesto negativo y articul +dbilmente:</p> + +<p>—No, que llamen al penitenciario.</p> + +<p>No hizo caso. Vino el mdico y, despus de +examinarla detenidamente, llam a D. Juan +aparte y le dijo:</p> + +<p>—Su hija de usted ha tomado una cantidad +extraordinaria de ludano.</p> + +<p>—Para qu?—pregunt sin comprender.</p> + +<p>—Pues... para lo que se toman siempre esas +cantidades... para envenenarse.</p> + +<p>—Hija de mi alma! qu has hecho?—grit el +desgraciado; y quiso lanzarse de nuevo a la habitacin +de la joven. El mdico le detuvo.</p> + +<p>—No corre peligro alguno. Ha devuelto todo +el veneno, y con el medicamento que voy a recetar +quedar completamente tranquila. Lo que +importa ahora es que no repita.</p> + +<p>—Oh, no! Yo me encargo.</p> + +<p>Y corri al cuarto de su hija. Pero no pudo +arrancarle una palabra. La nia se obstinaba en +que viniese su confesor. Al fin fue por s mismo +a llamarlo, y no tard en aparecer con l.</p> + +<p>Mientras dur la confesin, D. Juan paseaba +agitadamente por el amplio corredor de la casa +en espera, devorado por curiosidad ardiente, +presa de vagos y tristsimos presentimientos. +Sali al fin el penitenciario, quien sin responder +a la muda interrogacin que le diriga con +la vista, tomole gravemente de la mano y le +llev en silencio hasta su propia habitacin, +donde se encerraron. Cuando al cabo de una +hora salieron, el anciano banquero tena las mejillas +inflamadas, los blancos cabellos en desorden +y en los ojos seales de haber llorado. +Despidi al cannigo en la escalera y torn a +encerrarse en su despacho. All permaneci todo +el da y toda la noche, sin hacer caso de los recados +que su hija le mand para que se llegase +a verla.</p> + +<p>Fue el propio penitenciario quien se ofreci a +hablar con Granate y seguir las negociaciones. +El indiano relinch de gozo al saber de lo que +se trataba. Pero su naturaleza de aldeano astuto +y la pasin de la avaricia, que era la que hasta +entonces le haba dominado, alzaron la cabeza. +Cuando al otro da fue el cannigo a hablarle hallolo +cambiado: cerdeaba, grua, sacuda la cabeza, +hablaba con palabras entrecortadas del lujo +con que haban criado a Fernanda, de los grandes +gastos que el matrimonio trae consigo. En resumidas +cuentas, peda una dote. El penitenciario, +que era hombre justificado y de genio vivo, no +pudo contenerse ante tal vileza y le llen de denuestos. +Pero esto era lo que menos importaba +a aquel rstico. Seguro de tener a D. Juan bajo +sus tacones, rea como un bestia, se rascaba la +cabeza y dejaba escapar algn dicharacho grosero +que pona an ms fuera de s al cannigo.</p> + +<p>Cuando, haciendo grandes rodeos, ste enter +a D. Juan de lo que ocurra, el desgraciado padre +quiso volverse loco de desesperacin e +ira. Se arrancaba los cabellos, vomitaba injurias +atroces y hablaba de dar un tiro a su hija y darse +l otro enseguida. A duras penas logr calmarle +un poco. Entr, al fin, en razn, siguieron las +negociaciones y despus de disputar como mercaderes +el tanto y el cuanto de la dote, se fij al +fin lo que haba de ser, y Granate consinti en +dar su mano de sapo a la nia ms preciosa que +Lancia guardaba por aquella poca.</p> + +<p>Pero faltaba la ms negra. Faltaba decrselo a +ella. Cuando le anunciaron que se preparase a +unir su suerte en plazo breve a la de D. Santos, +cay presa de fuerte desmayo. Al salir de l declar +rotundamente que no lo hara aunque la +desollaran viva. Ni las reflexiones de su confesor, +ni la perspectiva de la deshonra, ni las lgrimas +de su padre consiguieron ablandarla. Slo cuando +vio a ste frentico llevarse el can de un revlver +a la sien para arrancarse la vida se arroj +a detenerlo prometiendo hacer cuanto le mandase. +Y he aqu cmo qued concertado en principio +aquel matrimonio horrendo.</p> + +<p>Al tener noticia los nobles hijos de Lancia de +tal concierto, el mismo sentimiento de vergenza +se apoder de todos ellos. Una ola inmensa de +rubor invadi las mejillas de aquel generoso vecindario. +Esta ola sola venir a Lancia y hacer +los mismos estragos siempre que la suerte favoreca +a algn laciense ms de lo justo. Si a uno +le tocaba la lotera, si a otro le daban un buen +empleo, si el de ms all se casaba con una mujer +rica o adquira gran caudal con su industria, +o se haca famoso por su talento, la delicadeza +exquisita de los habitantes de Lancia se sobresaltaba +y procuraba, rebajando el dinero, el talento, +la instruccin o la industria de su vecino, +poner las cosas en su verdadero sitio. Tal sentimiento +puede equivocarse fcilmente con el de +la envidia. El verdadero observador comprendera, +no obstante, al orlos disertar en las tertulias +de las tiendas y en los corrillos de la calle, +que slo el amor, acaso demasiado ardiente, a +la justicia les obligaba a minorar los mritos de +su convecino y renunciar de este modo generosamente +a la parte de gloria que en ellos pudiera +refluir por este concepto.</p> + +<p>El matrimonio de Granate caus profundo estupor. +Sigui al estupor un grito de indignacin. +Nunca se colorearon tan vivamente las mejillas +de los lacienses como en aquel momento; ni siquiera +cuando la prensa de Madrid vino elogiando +cierta comedia escrita por un hijo de la poblacin. +Qu de improperios, primero contra +Granate, luego contra D. Juan, despus contra +Fernanda! Singularmente los pollos se agitaban +convulsos, frenticos; encontraban deficiente la +legislacin, que no contena medios de prohibir +semejantes monstruosidades. Resultado de todo +fue que, para dar expansin a las fogosas emociones +que la noticia haba despertado en su +alma y para dar claro testimonio al mundo entero +del profundo disgusto que un matrimonio +tan extravagante les causaba, la juventud laciense +dispuso una soberana farsa a cuyos comienzos +asistimos.</p> + +<p>Los interesados tuvieron noticia de ella y quisieron +evadir el golpe, primero ocultando el da +en que se haba de celebrar el matrimonio, despus +celebrndolo fuera de la poblacin. Pero no +les valieron de nada sus precauciones. Los pollos +olfatearon que la ceremonia se celebrara en +los primeros das de Febrero, en la posesin que +Estrada-Rosa posea a media legua de Lancia. +Se colocaron espas en la calle de Altavilla y en +las inmediaciones de casa de Granate a fin de +que no se escaparan; sobornose a los criados; se +trazaron por las cabezas ms fecundas de la ciudad +mil planes ingeniosos para vejar a los novios. +Como coincidi con estos preparativos el +Carnaval, resolvieron aprovecharlo para dar el +primer golpe con una gran mascarada burlesca, +que sali el domingo a las doce de casa de Paco +Gmez recorriendo las calles. En una carroza +tirada por cuatro bueyes vestidos con percalina +roja, sus cuernos adornados con ramaje, venan +tres mscaras, queriendo figurar una a Fernanda +Estrada-Rosa, otra a su padre y otra a Granate. +Este ltimo traa un sombrero de cuernos. De +vez en cuando se paraba la carroza y ejecutaban +una farsa ridcula y grosera que haca bramar de +regocijo a los curiosos que en torno se reunan. +Fernanda besaba con trasportes de entusiasmo +a Granate; ste, como ms pequeo, la abrazaba +por ms abajo de la cintura, y mientras tanto +D. Juan haca sonar riendo una bolsa de dinero. +De vez en cuando, del fondo de la carroza sala +rpidamente otro mscara que quera representar +al conde de Ons, daba un beso a Fernanda, +se lo devolva sta a espaldas de Granate, y tornaba +a ocultarse con la misma celeridad.</p> + +<p>Como quiera que esta payasada se ejecut en +la calle de Altavilla, delante de la misma casa +de Estrada-Rosa, el escndalo fue enorme, el +gento que la presenciaba inmenso. D. Juan, en +el paroxismo de la ira, dio parte al gobernador, +grande amigo suyo, y resolvi partir al da siguiente +con Fernanda. Los jvenes maleantes, +que prevan esta determinacin, ya tenan urdido +el medio de hacerla ineficaz, preparando, +como hemos visto, una grandiosa cencerrada +para la noche. Era anticipada porque an no se +haban casado, pero de ningn modo queran +que se escapasen sin ella. Armados, pues, de +cuantos instrumentos ruidosos pudieron haber, +con grandes trasparentes, donde aparecan +pintadas las mismas grotescas figuras de la +carroza con bestiales leyendas debajo, y teas en +las manos, se congregaron ms de trescientos +muchachos en Altavilla, y alrededor de ellos media +poblacin que los alentaba con sus carcajadas. +El estruendo era horrsono. De vez en +cuando cesaba y una voz lanzaba al aire alguna +copla indecente, que era celebrada con rugidos +de alegra, creciendo tanto y tanto la algazara, +que el mundo se vena abajo. El teniente Rubio, +siempre original, trep por las cornisas de la +capilla de San Fructuoso, situada casi enfrente +de la casa de Estrada-Rosa, y comenz a repicar +la campana. Paco Gmez iba solapadamente +de uno en otro grupo apuntando las coplitas +ms dainas para que las repitiese en alta voz el +que la tuviese ms recia. Moro haca sonar su +famoso serpentn hasta echar los pulmones, +mientras el marica de Sierra, que haba sido uno +de los ms activos promovedores de la cencerrada, +se meta traidoramente en casa de D. Juan, +vendindose como amigo fiel, para espiar en realidad +lo que all pasaba.</p> + +<p>Pero el jefe poltico de la provincia pens que +era ya hora de oficiar de Neptuno y componer +las olas irritadas. Cuando la cencerrada se hallaba +en su perodo lgido, envi a Altavilla a +ola, cabo de los guardias municipales, acompaado +de dos nmeros, que resultaron ser Lucas +el Florn y Pepe la Mota, con encargo de apaciguar +el escndalo y despejar la calle. Los lacienses +estaban avezados de antiguo a no reconocer +el origen divino de la autoridad cuando +ola, el Florn o Pepe la Mota se empeaban en +representarla. Y no slo ponan en duda su legitimidad, +sino que en cuanto de lejos los columbraban, +soplaba en su espritu el viento de la rebelin +y lo encrespaba. Consista esto en que los +lacienses estuviesen predestinados por los ciegos +impulsos de su naturaleza a conspirar contra el +orden establecido? No es verosmil. Ninguno de +los historiadores de Lancia han sealado como +carcter distintivo de aquella raza la oposicin +a las instituciones. Es ms natural suponer que +lo que les indignaba tan profundamente y les +inclinaba a la conjuracin era la nariz de ola, +del tamao de un botn de timbre elctrico, la +voz aguardentosa de Lucas el Florn y las piernas +monstruosamente arqueadas de Pepe la +Mota.</p> + +<p>De sobra conocan estos respetables agentes +del poder gubernativo las tendencias anrquicas +que algunas veces manifestaba el vecindario +de Lancia. Pero lo que no sospechaban siquiera +al introducirse incautamente entre la muchedumbre, +de Altavilla fue que haban de salir de +all sin bastn, sin sable, sin kepis y con las mejillas +abofeteadas. As estaba escrito, sin embargo.</p> + +<p>El jefe poltico no quiso conformarse con los +inescrutables fallos de Dios, y montando en clera +hizo llamar inmediatamente al teniente de +la guardia civil y le envi a vengar con ocho +nmeros a los infortunados ola, Lucas el Florn +y Pepe la Mota.</p> + +<p>Envalentonados con la victoria pasada los +graciosos de Altavilla, trataron de resistir. Entonces +el teniente, a quien devoraba el fuego de +la guerra, mand desenvainar los sables, y sonriendo +ferozmente, carg sobre la muchedumbre +como un jabal indomable.</p> + +<p>Al verlo, un vivo estremecimiento corri por +los miembros de cada uno de los lacienses. Hubo +tendencias a retirarse del campo de batalla; pero +no falt en aquel momento quien animase su corazn +intrpido ofrecindoles la perspectiva engaosa +de la victoria.</p> + +<p>—Fuera los civiles! Abajo los tricornios! +Muera el patatero!</p> + +<p>Tales fueron los gritos sediciosos que se escaparon +de los pechos de aquella juventud temeraria.</p> + +<p>Y en el mismo punto volaron algunas piedras. +Los trompones, los bombardinos, los cornetines +de pistn cuya voz armoniosa tantas mazurkas +haban cantado en el seno de la paz, +trasformados repentinamente en instrumentos +de guerra, brillaron siniestros a la luz de las +antorchas. El tricornio del teniente cay vergonzosamente +al suelo a impulso de uno de +ellos. Lo recoge. Su corazn de guerrero se estremece, +un crculo de espuma se forma en torno +de sus labios y se lanza al combate con los +ojos inflamados, respirando exterminio.</p> + +<p>Entonces, bajo el imperio de su fuerza incontrastable, +los jvenes hroes de Lancia se replegaron +dando fuertes gritos amenazadores. Los +sables de los civiles comenzaron a sonar de plano +en las espaldas de algunos. La retirada se convirti +en huida muy pronto. Tal como un rebao +de ciervos huye y se desbanda perseguido por los +chacales, as los hijos generosos de Lancia huyeron +aquella noche memorable, perseguidos +por los civiles sedientos de sangre. El suelo +qued sembrado de instrumentos de bronce, +testigos de la afrenta. El indomable teniente pase +largo rato su furor por las calles, animando +con vivas interjecciones a sus huestes, lanzndolas +en persecucin de los rebeldes como un +cazador lanza su jaura en persecucin de un venado. +As fue como Paco Gmez, seguido tenazmente +por los tricornios, se vio en la precisin, +para escapar a un cintarazo, de meterse por el +escaparate de la confitera de D. Romana, cayendo +de bruces sobre una fuente de huevos moles +y destruyendo por completo una magnfica +tarta de borraja destinada al chantre de la catedral. +As fue tambin como Jaime Moro, despus +de perder en la refriega el serpentn de don +Nicanor, estuvo a punto de ser inmolado por el +sable resplandeciente de un civil. Slo por haber +tomado la precaucin de bajar la cabeza +cuando ste le tir el golpe evit la efusin +de sangre. El sable fue a chocar con la pared de +una casa, haciendo no poco estrago en ella. +Meses despus, Moro enseaba el trozo descascarillado +como un trofeo a los amigos forasteros +que venan a Lancia; y al recordar sus proezas +y peligros en aquella noche gloriosa, una suave +alegra descenda a su corazn heroico.</p> + +<p>Otros muchos miembros de aquella juventud +magnnima experimentaron desperfectos de consideracin +en su economa, unos por el influjo de +los sables, los ms por las cadas y los choques +que resultaron de la desbandada. La victoria +no fue, sin embargo, gratuita para los agentes +del gobierno. Aparte del fracaso del tricornio +del teniente y de algunas contusiones de sus +subordinados, el poder constituido sufri un importante +revs en la persona de uno de sus ms +antiguos representantes, en la persona de ola, +cabo de municipales. Ya sabemos que este personaje, +enteramente impopular en Lancia, a +causa de la cortedad, y an ms de la redondez +excesiva de su nariz, haba perdido en la primera +escaramuza el kepis, el sable y el honor de +sus mejillas. La clera y la venganza se enseorearon +de su corazn. Nada poda hacer, sin +embargo, para apagarlas, porque se hallaba privado +de todo medio coercitivo. Pero en vez de +retirarse prudentemente al soportal de las Consistoriales, +como hicieron sus compaeros Lucas +el Florn y Pepe la Mota, quedose enmedio de +la calle contemplando con ansiedad la batalla. +Al ver que se decida en favor de las instituciones +que l representaba, la alegra se desbord +ruidosamente de su pecho municipal.</p> + +<p>—Bien por los guardias! Duro en ellos! +Rajarme esa canalla! A ver si escarmienta de +una vez esa pillera!</p> + +<p>Tales eran los gritos belicosos que salan de +su garganta. Sin embargo, cuando menos poda +esperarse, dado que los enemigos huan en completo +desorden, vino a estrellarse contra el botn +de su nariz un cuerpo duro de superficie lisa +y compacta que result ser un trozo de cal hidrulica. +Todos los timbres de su cerebro sonaron +a un tiempo. No pudiendo sufrir tanto estrpito, +vino al suelo privado de conocimiento. +Su pecho magnnimo slo tuvo fuerzas para +exhalar una queja melanclica.</p> + +<p>—Recongrio, me han escuaernao esos sinvergenzas!</p> + +<p>As cay aquel baluarte poderoso del orden, +aquel varn esforzado que en sus luchas incesantes +con la pillera de los arrabales tantas veces +haba caminado por la senda de la victoria. +Levantronlo y lo metieron en la botica de don +Matas, que estaba prxima. Desde all lo condujeron +poco despus al hospital. La ciudad perdi +por algunos das su escudo protector. Porque +ni Lucas el Florn ni Pepe la Mota podan competir +en energa con ola.</p> + +<p>Mientras tales sucesos se efectuaban en Altavilla +y en las calles adyacentes, D. Juan Estrada-Rosa, +presa de irritacin indescriptible, se +paseaba agitadamente por su gabinete mesndose +los cabellos. Los consuelos hipcritas del +marica de Sierra no lograban calmarle. Hablaba +de salir a la calle y arrojarse sobre la insolente +muchedumbre.</p> + +<p>—Qu les habr hecho mi pobre hija!—exclamaba +con voz temblorosa, prximo a sollozar.</p> + +<p>Fernanda se haba retirado a su habitacin +temprano y se haba metido en la cama. Si la +sorprendi la algazara que sonaba en la calle o +contaba ya con ella, no es fcil saberlo. Cuando +D. Juan, despus de adoptar una violenta resolucin, +subi a despertarla, al encender la luz +hallola con los ojos secos y brillantes, sin apariencias +de haber dormido ni de haber llorado. +Hizo que se vistiese a toda prisa, y dando orden +a los criados para que tuviesen encendidas todas +las luces de la casa a fin de engaar a los de +afuera, sali con ella por la puerta de la cochera, +que daba a un callejn solitario. Los acompaaba +nicamente Manuel Antonio. Dirigironse +por las calles ms extraviadas a casa del Jubilado. +Una vez all, se pas un recado a don +Santos para que se presentase inmediatamente; +otro al penitenciario. Cuando ambos acudieron, +el padre, la hija y estos dos seores, Manuel +Antonio y Jovita Mateo salieron ocultamente +de Lancia por la carretera de Castilla. Despus +de caminar un rato esperaron el coche que don +Juan haba mandado venir. Acomodronse los +seis como pudieron en la carretela, echando a +Manuel Antonio al pescante. Media hora despus +estaban en la posesin del banquero. Alzose +apresuradamente un altarcito en el saln principal +de la casa, y antes de que amaneciese, el +penitenciario bendijo la unin de los prometidos.</p> + +<p>Fernanda no haba despegado los labios durante +el camino. El mismo silencio cuando se +hacan los preparativos para la solemnidad. Pareca +tranquila, en un estado de indiferencia absoluta +o, por mejor decir, de soolencia, como +la persona a quien se arranca violentamente del +sueo y tarda en darse cuenta de lo que pasa en +torno suyo. Pero tal estado letrgico continu +despus de pronunciar el s ante el altar. Ni la +pltica afectuosa y elocuente del penitenciario, +ni las bromas incesantes de Manuel Antonio +mientras tomaban el desayuno, ni las caricias de +Jovita, ni la alegra afectada, ruidosa, de su padre +lograban sacarla de su extraa distraccin. +Clareaba el da, un da triste, nublado, que se +filtraba melanclicamente por los cristales. Todos +hacan esfuerzos por parecer alegres; se hablaba +en voz alta, se rea comentando la torpeza +del criado, el miedo de Manuel Antonio a volcar.</p> + +<p>Traslucase, no obstante, una gran tristeza. +Cuando la conversacin se interrumpa, las frentes +se arrugaban, los semblantes se oscurecan. +Al entablarla de nuevo, las palabras resonaban +lgubremente en el lujoso comedor.</p> + +<p>La novia se retir para cambiar de traje. Poco +despus apareci de nuevo, con el mismo semblante +impasible. Segn los planes de D. Juan, +deban irse inmediatamente para tomar en un +pueblo prximo la silla de posta. Los indecentes +de Lancia quedaran de este modo chasqueados. +Cuando bajaron al jardn, donde esperaba +el coche, caa una lluvia menuda y fra. Fernanda +bes a su padre y entr en el coche. El +pobre anciano, al recibir aquel beso en la mejilla, +pens que una corriente de aire fro entraba +por ella paralizando sus miembros y helndole +el corazn.</p> + +<p>El ltigo chasquea. Adis, Fernanda; abrgate, +Fernanda. Adis, Santos. Que vengan ustedes +pronto. Ya estn en camino. Antes de +una hora llegan a Meres, esperan la diligencia +y suben en ella. El mismo silencio obstinado por +parte de Fernanda. Las atenciones de Granate +no le arrancan ni una sonrisa ni una palabra de +gracias; sus ademanes grotescos y los desatinos +que de vez en cuando deja escapar tampoco hacen +surgir en el semblante marmreo de la joven +un gesto de fatiga o disgusto. A ratos dormita, +a ratos contempla con ojos atnitos el paisaje. +Cuando llegaron a las inmediaciones de +Len era ya noche.</p> + +<p>Pero qu ocurre en Len? Al llegar a la plazoleta +donde cambia el tiro la diligencia descubren +gran golpe de gente, escuchan voces desaforadas, +ruido desacordado de instrumentos de +msica, taido de cencerros. Y ven alzarse sobre +la muchedumbre algunos trasparentes pintados.</p> + +<p>Paco Gmez, fecundo en trazas ms que Ulises, +haba escrito a algunos amigos de Len +tiempo atrs invitndoles a disponer una cencerrada +para cuando Granate y su esposa pasasen +por all. La colonia de Lancia, que es numerosa +en Len, secund admirablemente los planes de +su paisano. Todo lo tenan preparado. Sin embargo, +estos preparativos no hubieran servido de +nada sin la traicin de Manuel Antonio, que al +llegar a Lancia notici secretamente a Paco lo +que pasaba. ste aprovech el telgrafo, recin +instalado, y se puso en comunicacin con sus +secuaces.</p> + +<p>Fernanda tard en darse cuenta de que aquella +algazara iba contra ella. Cuando, por algunos +gritos que llegaron a sus odos, vino en conocimiento +de ello, empalideci, sus ojos se dilataron +y, dando un grito, precipitose a la ventanilla +para arrojarse fuera. Granate la detuvo sujetndola +por la cintura. La joven luch algunos momentos +con furor; pero no pudiendo desprenderse +de aquellos brazos cortos y membrudos de +oso, se dej caer al fin en el asiento, llevose las +manos a la cara y rompi a sollozar.</p> + +<p>—Dios mo, ha sido grande el pecado, pero +qu castigo tan terrible!</p> + + + +<hr /> +<h3><a name="X" id="X"></a>X</h3> + +<p class="cab">Cinco aos despus.</p> + + +<p>Trascurrieron cinco aos. La noble ciudad +de Lancia ha cambiado poco en +su exterior y menos an en sus costumbres. +Unas cuantas casas-grilleras con adornos +de mazapn alzadas por el oro indiano en las inmediaciones +del parque de San Francisco; varios +trozos de acera en calles que jams la poseyeran; +tres faroles ms en la plaza de la Constitucin; +un guardia municipal suplementario, +que debe su existencia no tanto a las necesidades +del servicio como a las pasiones del alcalde, +varn de excelsos pensamientos, consagrados +casi enteramente a Venus, que premia las +condescendencias de Vulcano con el presupuesto +municipal; en el paseo del Bomb algunas +estatuas de bronce con el ropaje cado, que produjeron +grave escndalo a su ereccin, haciendo +pregonar al magistrado Saleta en la tertulia +del maestrante que la media desnudez era +cien veces ms incitante que la completa; en +las cabezas de nuestros maduros conocidos algunas +hebras de plata, y en el semblante radioso +como el arco iris de Manuel Antonio, el +ms seductor de los hijos de la nclita ciudad, +signos ya evidentes de que su belleza pronto se +desvanecer como un sueo feliz al soplo glacial +de la maana, como los copos de nieve que +caen suavemente en el silencio de un da triste +de invierno.</p> + +<p>La misma vida vegetativa, brumosa, soolienta; +las mismas tertulias en las trastiendas +libando con deleite la miel de la murmuracin. +Los apodos soeces pesando siempre como losa +de plomo sobre la felicidad de algunas respetables +familias. En el Bomb, las tardes de sol, +los mismos grupos de clrigos y militares paseando +desplegados en ala. Las enormes campanas +de la baslica taendo invariablemente a horas +fijas. Las viejas devotas caminando con planta +presurosa al rosario o a la novena. El canto montono +de los cannigos resonando profundamente +en la soledad de las altas bvedas. En Altavilla, +a la hora del crepsculo, los eternos corros +de jvenes alegres, riendo mucho, hablando alto +y abrindose amenudo para dejar paso a alguna +costurera espiritual o criada de carnes opulentas +a quienes rinden homenaje con los ojos, con +la palabra y no pocas veces con las manos. Y +all, en lo alto del firmamento, iguales corros de +nubes pardas y tristes amontonndose en silencio +sobre la vetusta catedral, para escuchar en +las noches melanclicas de otoo los lamentos +del viento al cruzar la alta flecha calada de la +torre.</p> + +<p>Estamos en Noviembre. El conde de Ons +acostumbra a pasear a caballo lo mismo en los +das claros que en los oscuros. Cada vez menos +le place la compaa de los hombres. Su carcter +se ha hecho ms receloso y melanclico. El +pecado aniquil los dbiles grmenes de alegra +que la naturaleza haba depositado en su corazn. +El temperamento sombro, extravagante, +fantico de los Gayoso se ha ido exaltando en l +poco a poco con el roer incesante del remordimiento; +ha trastornado su imaginacin, ha enervado +su escasa actividad y ennegrecido su existencia.</p> + +<p>Le molestan los hombres. En todas las miradas +piensa ver hostilidad; en las frases ms +inocentes, alguna aviesa intencin que hace hervir +su sangre de coraje. No osa entrar en los +templos, ni siquiera se deja caer de rodillas, como +antes, frente al sangriento crucifijo del cuarto +de su madre. Si oye hablar del infierno se +estremece y huye. Enva cuantiosas limosnas a +las iglesias; encarga misas que no oye; pone +cirios a las imgenes, y en el secreto de su habitacin +se entretiene a veces puerilmente en +preguntar a la suerte, echando una moneda al +aire, si se condenar eternamente o ir tan slo +al purgatorio. Cuando llega a sus odos el canto +de los sacerdotes que acompaan a un entierro, +empalidece, tiembla y se tapa los odos. +Por la noche se despierta amenudo sobresaltado, +con un sudor fro, gritando miserablemente: +Hay que morir! hay que morir!</p> + +<p>Por largo tiempo vivi casi en absoluto retirado, +sin salir ms que cuando se lo ordenaba +aquella voluntad que haba logrado seorear la +suya. Despus, como sufriese demasiado, temiendo +que sus negros pensamientos acabasen +con su razn, le dio por recorrer los contornos +a pie o a caballo, hasta fatigarse. El cansancio +corporal prestaba descanso a su espritu; el espectculo +de la naturaleza serenaba su atormentada +imaginacin.</p> + +<p>Era un tarde fra y oscura. Las nubes pesan +amontonadas sobre las colinas que cierran el +horizonte por el Norte, y ocultan las altas montaas +de Lorrn que se extienden como una cortina +lejana por el Oeste. Han cado fuertes chubascos +que convirtieron en laguna la parte baja +de la ciudad y en lodazales las carreteras que de +ella parten. Apesar de esto el conde manda ensillar +su caballo, sale de Lancia por la carretera +de Castilla, y galopa entre torbellinos de +lodo al travs de las praderas y los bosques de +castaos. Las hojas amarillentas de los rboles, +lavadas por la lluvia, brillan como monedas de +oro; mil arroyuelos serpean vacilantes por la falda +de la colina y van a depositar sus aguas en la +llanura, que se dilata verde y mojada con suaves +ondulaciones. Una franja ms oscura seala el +cauce del Lora, que se oculta misterioso bajo +sus mimbreras y espesas filas de alisos.</p> + +<p>El conde, con la cabeza, echada hacia atrs, +los ojos medio cerrados, aspiraba con delicia el +fresco hmedo de la tarde. La carretera flanqueaba +la colina en suave declive. Antes de +trasponerla y perder de vista la ciudad, detuvo +el caballo y ech una mirada atrs. Lancia era +un montn, no grande, de techos rojos, sobre los +que resaltaba la flecha oscura de la catedral. +Debajo percibi una mancha amarilla, el bosque +de robles de la Granja. Ms abajo las torrecillas +anaranjadas de su casa solariega.</p> + +<p>La lluvia ha cesado. Un viento fro barre las +nubes y las precipita detrs de los montes. El +firmamento se despliega trasparente con el plido +azul de los das de otoo. Algunas estrellas +apuntan ya como diamantes en el horizonte. +Los rboles, las montaas, los arroyos, el valle +cubierto de su verde tapiz brillan indecisos +bajo la tenue claridad del crepsculo.</p> + +<p>El conde pone de nuevo su caballo al galope +y desciende velozmente por el flanco de la colina +que oculta a Lancia. El viento oprime sus +sienes, zumba en sus odos producindole una +dulce embriaguez que disipa las negras nubes +de su imaginacin. Por la enlodada carretera no +encuentra sino algn hato de ganado, algn +trajinante con su recua, o carro tirado pausadamente +por bueyes, en el fondo del cual duerme +descuidadamente el carretero. Mas antes de +trasponer un recodo, cree escuchar rumor lejano +de ruedas y campanillas. Es la silla de posta +que llega al anochecer a Lancia. Al cruzar a su +lado dirige una mirada distrada al fondo, y +chocan sus ojos con otros grandes y lucientes. +Siente un estremecimiento elctrico, vuelve la +cabeza con presteza, pero slo percibe ya la trasera +de la silla que se aleja. Tira de las riendas +al caballo y la sigue: a los pocos momentos se +detiene avergonzado y prosigue su marcha.</p> + +<p>Sera Fernanda? Una sensacin fugaz, pero +muy clara, se lo deca. Sin embargo, pudo haberse +equivocado. Ninguna noticia tena de su +llegada. Saba que se quedara viuda haca unos +meses. Granate haba rodado al fin como un buey +bajo el golpe de la apopleja. Pero al mismo +tiempo era vlida la voz de que la viuda del indiano +aborreca de muerte a Lancia desde la +humillante farsa con que sus compatriotas la +haban regalado al casarse. El hecho de no haber +venido cuando la muerte de su padre, acaecida +el ao anterior, lo dejaba bien probado.</p> + +<p>El conde pens algunos momentos en esto; +al cabo se le borr de la mente; le distrajo una +nube violada y espesa que avanzaba hacia el zenit +presagiando nuevo chubasco. Pero en el fondo +de su espritu qued algo indeterminado y +dulce que le puso de buen humor. Revolvi el +caballo y lleg a Lancia ya bien de noche, chorreando +y cubierto de lodo, pero el corazn ligero +y alegre sin saber por qu.</p> + +<p>Fernanda no vacil un instante. Lo vio y lo +conoci tan claramente que pudo hasta advertir +las seales que el tiempo y los cuidados haban +impreso en su semblante. Le pareci ms viejo; +crey ver en su luenga barba rubia algunos mechones +plateados. Al mismo tiempo en sus ojos, +posados un instante sobre ella, adivin el sufrimiento, +el hasto, algo triste, que le impresion +alegremente. El recuerdo de su antiguo novio +haba vivido siempre en el fondo de su pecho. +Ni la traicin, ni el desdn, ni las mil distracciones +a que se arroj en la vida frvola y +bulliciosa de Pars, haban logrado arrancarlo +de all. Si le hubiera hallado satisfecho, en la +plenitud de su fuerza y salud, no habra sentido +aquel soplo dulce que la acarici un instante. +En tal alegra maligna haba el rencor inextinguible +de la mujer desdeada, pero tambin algo +alado, sonoro, vaporoso, como la esperanza, que +cant y ri en su alma y disip los negros pensamientos +que se acumulaban sobre su frente.</p> + +<p>La necesidad, no su querer, la obligaban a +volver a Lancia, donde haba jurado no poner +los pies nunca ms. Su marido tena hecho testamento +a su favor. Los hermanos de aqul +lo impugnaban. Se haba entablado un pleito, +que gan en primera instancia. Vena acompaada +de una antigua sirviente de su padre, +trasformada en dama de compaa, y de un mayordomo. +Desde Madrid haba telegrafiado a +una prima, y sta, en unin con Manuel Antonio, +dos de las nias de Mateo y algunas amigas +ms, la esperaban en la mal empedrada plazoleta +del Correo, donde paraba la diligencia. Y +vengan de abrazos y achuchones y besos, y vayan +de preguntas y exclamaciones y lgrimas. +La ofendida heredera de Estrada-Rosa no haba +imaginado sentir tal alegra al poner la planta +en su pueblo natal.</p> + +<p>Sus amigas la llevaron abrazada, casi en volandas, +hasta casa. All se despidieron todas, +menos Emilita Mateo, a quien Fernanda hizo +una sea para que se quedase. Las dos amigas +ascendieron lentamente, cogidas por la cintura, +aquella escalera, amplia, encerada, que tantas +veces sus pies menudos de nia haban pisado. +No tardaron en encerrarse en el antiguo gabinete +de la hija de Estrada-Rosa para saborear +la hora de las dulces confidencias. Entre besos +y sonrisas y protestas de fiel amistad se contaron +su vida durante aquellos cinco aos. Fernanda +hablaba de su difunto marido con una +compasin que quera ser triste y resultaba altamente +despreciativa. Vivi con l en una suerte +de antagonismo de ideas, de gustos y deseos, +que los mantuvo constantemente alejados. Ni fue +feliz ni desgraciada. Fueron cinco aos de aturdimiento +en que desfilaron ante su vista calles +populosas, teatros resplandecientes, hoteles magnficos, +salones de baile, trajes deslumbradores, +muchos conocidos y ningn amigo. Su marido +se plegaba a sus caprichos a la fuerza, como un +oso indmito que obedeciese gruendo al palo +del domador. Haban tenido una nia, que se muri +a los cuatro meses.</p> + +<p>La juguetona Emilia fue muy desgraciada en +su matrimonio. Nez haba salido un <i>perdis</i>. +Ya lo saba Fernanda, pero vagamente. En cartas +no es fcil descender a ciertos significativos +pormenores. Al principio muy bien, pero luego +las malas compaas le haban echado a perder. +Le dio por el juego primero, despus por la bebida, +ltimamente por las mujeres. Esto ltimo +era lo que ms senta Emilia. Todo se lo +perdonaba de buen grado: que viniese borracho +a las tantas de la madrugada, que le empease +los pendientes, los cubiertos, hasta el capuchn +de abrigo; lo que no poda sufrir era que se le +viese entrar en casa de una perdida que viva en +la calle de Cerrajeras. Al decir esto la hija +del Jubilado soltaba un torrente de lgrimas. +Apenaba ms verla llorar, por la alegra revoltosa +que siempre fue el distintivo de su carcter. +Fernanda la acariciaba tiernamente y comparta +sus lgrimas. Al cabo de un rato de silencio +le pregunt:</p> + +<p>—Pero t le sigues queriendo?</p> + +<p>—S, hija, s!—exclam con rabia.—No lo +puedo remediar. Cada vez estoy ms ciega +por l.</p> + +<p>—Vaya por Dios! Tu pobre padre estar tambin +disgustadsimo.</p> + +<p>—Figrate!... Y lo peor es—aadi llorando +amargamente—que ahora volvi a su mana +antigua contra el ejrcito... Dice cosas horribles +de los militares... S, s, horribles!... En cuanto +yo entro por casa empieza a disparatar, nada +ms que por mortificarme... Mis hermanas +le apoyan... Nos llaman holgazanes y dicen... +dicen que se debe reducir el contingente...</p> + +<p>Al llegar aqu, los sollozos rompan el tierno +pecho de la esposa de Nez. Fernanda, que +tambin lloraba vindola tan afligida, no pudo +menos de sonrer.</p> + +<p>—Tus hermanas tambin!</p> + +<p>—Ya lo creo!... Todos, todos desean que se +reduzca!...</p> + +<p>Cuando la hija de Estrada-Rosa le hubo demostrado +que no era tan fcil como pareca la +reduccin de las fuerzas de tierra, su espritu se +seren al fin poco a poco. Luego concertaron +ambas dar una sorpresa a la sociedad laciense. +Fernanda se presentara aquella noche sin previo +anuncio en la tertulia de Quiones. Una alegra +infantil se apoder de ambas con este proyecto. +As que le dieron forma, despidiose Emilita, +prometiendo volver enseguida a buscar a su +amiga.</p> + +<p>Eran las diez de la noche cuando suban ambas +los peldaos de piedra, que rezumaban siempre +por la humedad, de la vasta escalera seorial +de los Quiones.</p> + +<p>Al llegar arriba Emilita prohibi al criado +que las anunciase. Ella misma abri la puerta +del saln y empuj a Fernanda hacia adentro.</p> + +<p>Fue una aparicin que dej extticos por un +instante a los tertulios. La hija de Estrada-Rosa, +luca un traje elegantsimo recin salido del taller +de una de las ms afamadas modistas de +Pars. Su belleza, de la cual sus compatriotas +no conocan ms que el delicado botn, se haba +convertido en rosa esplndida en los cinco aos +de vida refinada y elegante. Maravillosa por la +arrogancia de su talle, por el brillo de sus grandes +ojos africanos, por la delicadeza de su cutis, +la hermosura de Fernanda haba adquirido en +Pars su complemento necesario, la gracia, el +noble y sencillo ademn, el gusto para vestirse, +la suprema distincin que en Lancia no hubiera +logrado jams. Su traje negro de seda dejaba +descubiertos pecho y espalda. Algunas carreras +de perlas tejidas entre los cabellos componan +todo el adorno de su cabeza.</p> + +<p>Amalia fue la primera que la vio, y su sangre +fluy de repente al corazn. Repuesta inmediatamente, +corri a saludarla.</p> + +<p>—Oh! Ya saba que usted haba llegado; pero +no imagin que fuese tan amable...</p> + +<p>Ambas se miraron a los ojos y se declararon, +con un chispazo, el odio que arda en el fondo +de sus almas. Pero haban cambiado las circunstancias. +Amalia era cinco aos atrs la dama +ms elegante y distinguida de la poblacin, la +nica cuyo porte y refinamiento de costumbres +trascenda a otra esfera ms culta y espiritual. +Fernanda la aventajaba ahora infinitamente. +Aqulla haba envejecido de modo ostensible. +Entre sus cabellos se vean ya bastantes hebras +plateadas; su tez, siempre plida, haba perdido +toda su frescura; adems, haba perdido el deseo +y el gusto para vestirse, se haba ido plegando +poco a poco bajo la presin de la sociedad ordinaria +y cursi que la rodeaba, adaptndose a ella +y descuidndose ms y ms de su persona. El +contraste era, por lo tanto, ms vivo. Bien lo advirti +la noble esposa del maestrante y se sinti +humillada hasta el fondo de su ser. Una sonrisa +de despecho contrajo sus labios mientras cambiaba +con Fernanda los obligados saludos. sta +gozaba de su triunfo con grave y serena alegra.</p> + +<p>Las damas roderonla inmediatamente. Fue +un diluvio de besos y abrazos acompaados de +vivas exclamaciones de gozo. Los hombres, que +formaban crculo detrs, avanzaron tambin sus +manos y estrecharon con efusin la de la hermosa +viajera. Y entre tanto plceme y tanta frase +congratulatoria, o por olvido o por vergenza, +nadie osaba hacer alusin a la desgracia que la +joven haba experimentado algunos meses atrs; +ni el ms mnimo recuerdo para el oso colorado +que dorma su sueo eterno en un cementerio de +Pars. Tan slo cuando la efervescencia de los saludos +hubo calmado, Amalia la cogi sonriente +las manos y exclam mirndola de arriba abajo:</p> + +<p>—Sabe usted que son muy elegantes los trajes +de duelo en Pars!</p> + +<p>Fernanda hizo una mueca de desdn.</p> + +<p>—Poco importa el vestido si se lleva el duelo +en el corazn—apunt Mara Josefa, que en los +cinco aos trascurridos haba aguzado prodigiosamente +el filo, el contrafilo y la punta de su +lengua.</p> + +<p>Las mejillas de Fernanda se tieron de carmn. +Se avergonz como si fuese un delito no +sentir la prdida de <i>Granate</i>. Luego, irritada por +aquella hostilidad, estuvo a punto de mostrar +violentamente su enojo. Volvi la espalda y se +puso a hablar con otras damas.</p> + +<p>En aquel momento el conde de Ons sali del +gabinete y vino a saludarla. Le tendi la mano +con afectuosa sonrisa. Ella le entreg la suya de +un modo glacial, separando rpidamente la mirada. +Sin embargo, pudo advertirse alrededor de +sus ojos un crculo plido que denunciaba la +emocin. Para disimularla se encamin al gabinete, +diciendo con afectada ligereza que la dejasen +libre, que a quien tena ms gana de ver era +a D. Pedro.</p> + +<p>El noble maestrante yaca en su silln con +los naipes en la mano. Sus cabellos y su barba +estaban ms blancos, pero tan erizados e +indmitos. Sus facciones enrgicas parecan ms +acentuadas; sus ojos hundidos brillaban con fulgor +ms delirante. Al mover con trabajo aquel +gran torso atltico desprovisto de base los rasgos +de su fisonoma se contraan con expresin +de feroz impotencia que inspiraba tristeza +y miedo. Pero si su cuerpo se abata a ojos vistas, +alzbase su orgullo cada vez con ms bro. +Todos los das creca un poco el respeto que se +consagraba a s mismo por llamarse Quiones +de Len y el desprecio a los dems por haber +nacido bajo el estigma de otro nombre cualquiera. +Agradeciendo profundamente al cielo la dicha +con que haba querido favorecerle, tendra +a pecado quejarse de su suerte y envidiar a los +otros hombres la facultad de usar de sus piernas. +Qu importa que Juan Fernndez pueda +andar, correr y saltar, si al fin y al cabo se llama +Juan Fernndez? Lo nico que le preocupaba +algunas veces era si convendra a la dignidad +de un Quiones poseer unas extremidades enteramente +inertes, y si no sera preferible que viviesen +para participar de la gloria del resto del +organismo. Pronto desechaba, sin embargo, tales +inquietudes pensando justamente que vivas o +muertas aquellas extremidades ocupaban un rango +superior en la sociedad. Cuando Fernanda +entr en el gabinete alz los ojos y clav en ella +una mirada penetrante que la abraz de la cabeza +a los pies. Ni la hermosura ni el porte, singularmente +elegante, de la joven debieron dejarle +satisfecho, porque la convirti inmediatamente a +los naipes y exclam con insolente proteccin:</p> + +<p>—Hola, pequea! Eres t? Cundo has llegado?</p> + +<p>Apesar de sentirse mortificada por aquel tono, +Fernanda le salud afectuosamente.</p> + +<p>—Me alegro de verte tan buena, querida, y aprovecho +la ocasin para darte el psame. Ya sabes +que yo no escribo cartas hace aos. He sentido +mucho a Santos... Oiga usted, Moro: se propone +usted no darme en su vida una carta decente?... +Era un buen sujeto, un vecino excelente, incapaz +de hacer dao a nadie. No hallars otro marido +como l. Tena una cualidad que se encuentra +muy difcilmente: la modestia. Apesar +del dinero que haba logrado juntar, no pretenda +salirse de su esfera; siempre se manifest +respetuoso con los superiores. Verdad, Saleta, +que no era como esos piojos resucitados, que +as que les suenan algunas monedas en el bolsillo +olvidan las judas y el centeno, como si en +su vida los hubiesen probado?... Valero, sintese +usted, y diga pronto si es vuelta eso que tiene... +Vienes a establecerte aqu, chiquita, o te +vuelves a ver a los <i>franchutes</i>?</p> + +<p>Fernanda, que sinti perfectamente toda la +hiel de aquel discurso, respondi framente, y +despus de pocas palabras ms se volvi al +saln.</p> + +<p>A D. Pedro le haba molestado el tufillo +de elegancia y distincin que despeda la hija +de Estrada-Rosa. Le irritaba que alguien se +alzase en torno suyo, siquiera fuese solamente +algunas pulgadas. Aborreca todo lo extranjero, +y muy particularmente aquel Pars, donde +imaginaba que los Quiones de Len no tenan +influencia muy decisiva. Hasta sospechaba vagamente, +con horror, que eran desconocidos. Por +supuesto que procuraba apartar la mente de tan +disparatada idea. Si llegase a penetrar por +completo en su espritu, qu le restaba al noble +caballero? Morir, y nada ms.</p> + +<p>Hacindole la partida de tresillo estn los +mismos personajes que ya conocemos. Saleta, el +gran Saleta, cuyas mentiras siguen fluyendo de +su boca suaves y almibaradas, lo cual le obligaba +a relamerse amenudo. Falt poco para que +Lancia se viese privada para siempre de este +magnnimo y divertido varn. Jubilado haca +tres aos, fue a establecerse a su pas, donde permaneci +uno solamente. La nostalgia de Lancia, +de la tertulia de Quiones, y sobre todo de las +burlas de su colega Valero, le impulsaron a +dejar la patria gallega para venir de nuevo a +habitar entre los lacienses. Valero, ascendido +a presidente de sala, ms ajado cada da, +ms jaranero y ceceoso, se sienta a la izquierda +del prcer. Enfrente est Moro, ideal inaccesible +de todas las nias casaderas, cuya cabeza infatigable +soporta fcilmente doce horas de tresillo +sin mareo ni turbacin alguna. De todas las +instituciones creadas por los hombres, la ms firme, +la ms respetable es sta; el tresillo. Por su +inquebrantable solidez puede compararse muy +bien a las leyes inmutables de la naturaleza. Para +Moro es tan verdad que la <i>espada</i> vale ms que el +<i>basto</i>, como que los cuerpos al caer siguen un movimiento +uniformemente acelerado. Y all en el +fondo oscuro de la cmara dormita en la misma +butaca el glorioso Mann con su calzn corto, +chaqueta de bayeta verde y fuertes zapatos claveteados. +Tiene el pelo gris, casi blanco. Pero +no es esto lo peor para l. Lo verdaderamente +triste es que el pueblo no le considera ya como +un cazador feroz envejecido en la lucha con los +osos de las montaas. Aquella leyenda se ha ido +disipando poco a poco. Sus compatriotas tenan +razn. Mann no era ms que un zampatortas. +En Lancia se ren tambin de sus proezas y le +miran como un viejo bufn del loco y herldico +seor de Quiones.</p> + +<p>Fernanda consigui al fin sustraerse a los plcemes +de sus amigos y fue a sentarse en un rincn +apartado. Estaba triste. La hostilidad de los +dueos de la casa le haba impresionado. Pero +no era esto lo principal, aunque ella hiciese por +creerlo. El motivo recndito, que se avergonzaba +de confesar a s misma, era Luis. El saludo afectuoso +de su antiguo novio haba despertado sbito +todos sus recuerdos, todas sus ilusiones, las +penas y las dichas de otro tiempo que dorman +en el fondo de su alma como pajarillos entre las +hojas del rbol. La agitacin interior era intenssima, +pero nada o muy poco se trasluca en su +continente grave y fro. Sin embargo, sinti un +fuerte estremecimiento al escuchar muy cerca +de su odo estas palabras:</p> + +<p>—Qu hermosa te has puesto, Fernanda!</p> + +<p>Se hallaba tan distrada que no advirti que +el conde se haba sentado a su lado. Involuntariamente +se llev la mano al sitio del corazn. +Repuesta inmediatamente, sonri diciendo:</p> + +<p>—Te parece?</p> + +<p>—S... Y yo qu viejo, verdad?</p> + +<p>Hizo un esfuerzo y le mir a la cara con +fijeza.</p> + +<p>—No; algunas canas en la barba... y el aspecto +un poco fatigado.</p> + +<p>El temblor de su voz contrastaba con la aparente +indiferencia que quiso dar a sus palabras.</p> + +<p>El conde se puso repentinamente serio, llevose +la mano a la frente y replic al cabo de unos +momentos con acento sombro y como si se hablase +a s mismo:</p> + +<p>—Fatigado, s; sa es la verdadera palabra... +Muy fatigado!... La fatiga me sale por los +poros.</p> + +<p>Guardaron ambos silencio. El conde qued +entregado a una intensa meditacin que traz +en su frente arruga profunda. Al cabo dijo, entablando +nuevamente conversacin:</p> + +<p>—Ya te haba visto antes de venir aqu.</p> + +<p>—Dnde?—pregunt ella afectando sorpresa.</p> + +<p>—En la carretera. Sal esta tarde a dar un paseo +a caballo y me cruc con la silla de posta. +Te conoc perfectamente.</p> + +<p>—Pues yo no te he visto... Recuerdo que encontramos +dos o tres jinetes antes de llegar a +Lancia, pero no he conocido a ninguno.</p> + +<p>Al decir esto no pudo impedir que una ola de +carmn tiese de nuevo sus mejillas. Volvi, para +disimular, la cabeza. Sus ojos tropezaron con los +de Amalia, que se posaban sobre ellos lucientes, +acerados. Contemplronse un instante. La boca +felina de la valenciana se contrajo con una sonrisa. +Fernanda quiso corresponder con otra tan +falsa, pero no pudo. Volviose de nuevo hacia el +conde y hablaron de cosas indiferentes, de teatros, +de msica, de proyectos de viaje.</p> + +<p>Sin embargo, aqul se mostraba ms y ms +preocupado. Iba perdiendo el aplomo y hablaba +equivocndose, como si su pensamiento anduviese +lejos. Guardaba silencio algunos momentos, +pugnaba por decir algo, movanse sus labios, +pero en vez de articular lo que quera, expresaban +otra cosa distinta, algo trivial y ridculo +que le avergonzaba en cuanto sala de ellos. +Fernanda le observaba con atencin, ganando la +serenidad y la calma que l perda rpidamente. +Pareca embebida por completo en la conversacin, +describiendo con naturalidad sus impresiones +de viaje, expresando sus opiniones con la +misma indiferencia que si no mediase entre ellos +ms que una antigua y tranquila amistad. Luis +concluy por ponerse taciturno. Al fin tuvo resolucin +para decir, aprovechando un instante de +silencio:</p> + +<p>—Cuando me acerqu a t estabas muy distrada. +En qu pensabas?</p> + +<p>—No me acuerdo... En qu querras t que +pensase?</p> + +<p>El conde vacil un momento; pero animado +por la graciosa sonrisa de su ex-novia se atrevi +a articular:</p> + +<p>—En m.</p> + +<p>Fernanda le mir en silencio, con curiosidad +burlona bajo la cual chispeaba una alegra imposible +de ocultar. El conde se puso colorado +hasta las orejas, y las hubiera entregado seguramente +a las tijeras por no haber pronunciado +aquellos dos fatales monoslabos.</p> + +<p>—Bien...—dijo la joven alzndose de la silla.—Hasta +luego. Me alegro de verte bueno.</p> + +<p>—Escucha!</p> + +<p>—Qu hay?—dijo retrocediendo el paso que +haba dado para alejarse y posando en l unos +ojos sonrientes y maliciosos que concluyeron de +fascinarle.</p> + +<p>—Perdona si mis palabras te han ofendido.</p> + +<p>Fernanda hizo una mueca de desdn y se alej +exclamando:</p> + +<p>—Arrepintete, pecador, que el infierno tienes +delante!</p> + +<p>El infierno! Esta palabra, soltada a la ligera, +como broma, hizo dar un vuelco a su corazn; +despert la preocupacin constante de su +existencia desde haca algn tiempo. Todos los +Gayoso haban vivido bajo la influencia de esta +idea funesta. Pero el terror de sus abuelos pareca +dilatarse en su espritu, atormentndolo, +enloquecindolo. Amalia necesitaba luchar heroicamente +para distraerle por poco tiempo de +sus escrpulos. Por eso ahora, cuando le hizo +sea para que se acercase, le vio alzarse ttrico +de la silla y aproximarse lentamente como si le +arrastrasen. Tena ella demasiado talento y orgullo +para mostrarse herida de la corta pltica +que acababa de tener con su antigua novia. Le +acogi con la misma sonrisa, dirigiole la palabra +con su habitual y afectada ligereza, y no se +acord ni del nombre de Fernanda. Pero sus labios +plidos se contraan de coraje cada vez que +le vea volver los ojos hacia aqulla. Y el incauto +lo haca amenudo.</p> + +<p>Una hermosa nia de ojos azules y flotante +cabellera dorada apareci en la puerta, conducida +por una domstica.</p> + +<p>—Oh, qu tarde!—exclam la seora de Quiones.—Por +qu ha tardado usted tanto en +traerla, Paula?—aadi severamente.</p> + +<p>sta contest que la nia se haba entretenido +jugando <i>al milano que le dan</i>, y que lloraba +cada vez que la queran acostar.</p> + +<p>—No tienes sueo an, rica ma?—dijo la +dama trayndola hacia s y pasndole la mano +tiernamente por los bucles de su cabellera.</p> + +<p>Los tertulios se interesaron vivamente por la +criatura. Fue de uno a otro recibiendo caricias +y pagndolas con afectuosos besos de despedida.</p> + +<p>—Buenas noches, Josefina.—Hasta maana, +rica.—Has sido buena hoy?—Te ha comprado +tu madrina la mueca que cierra los ojos?</p> + +<p>El conde la miraba con los ojos hmedos, haciendo +esfuerzos increbles para dominar su +emocin. La senta siempre que se ofreca a su +vista aquella nia. Cuando le toc la vez no +hizo ms que rozar con los labios su rostro cndido. +Pero Josefina, con el admirable instinto +que los nios tienen para saber quin los ama, +se colg a su cuello dndole pruebas de particular +cario.</p> + +<p>Fernanda tambin la contemplaba con vivo +inters, con una intensa curiosidad que le haca +abrir extremadamente los ojos. Josefina tena +seis aos, la tez nacarada, los ojos de una +dulzura infinita, azules y melanclicos; algo de +triste y enfermizo en toda su diminuta persona. +El parecido con el conde saltaba a la vista.</p> + +<p>Cuando la nia le dej, los ojos de aqul chocaron +con los de Fernanda. Sintiose turbado: fue +a sentarse ms lejos.</p> + +<p>Josefina vesta con elegancia. Los seores +de Quiones la criaban con mimo, como hija +adoptiva. Por mucho tiempo ste fue el asunto +preferido de las murmuraciones de Lancia. Se +averiguaba con vivo inters el coste de sus sombreritos; +se comentaba el nmero de juguetes +que le compraban; hacanse clculos sobre la +cantidad en que la dotaran al casarse. Pero ya +se haban fatigado de tanto comentario. Tan +slo cuando vena rodada se dejaba escapar alguna +alusin mordaz, o se noticiaba al odo algn +nuevo descubrimiento.</p> + +<p>La nia fue a parar a un grupo donde estaban +Mara Josefa, la doncella de la lengua devastadora, +y Manuel Antonio, bello siempre como el +primer rayo de la maana.</p> + +<p>—Oyes, Josefina: a quin quieres ms, a tu +madrina o a tu padrino?—preguntole aqul.</p> + +<p>—A madrina—respondi la nia sin vacilar.</p> + +<p>—Y a quin quieres ms, a tu padrino o al +conde?</p> + +<p>La nia le mir sorprendida con sus grandes +ojos azules. Pas por ellos una rfaga de desconfianza +y respondi frunciendo su hermoso +entrecejo:</p> + +<p>—A mi padrino.</p> + +<p>—Pero el conde no te trae muchos juguetes? +no te lleva en coche a la Granja? no te ha comprado +el trajecito de charra?</p> + +<p>—S... pero no es mi padrino.</p> + +<p>Los del grupo acogieron con risa esta respuesta. +Comprendan que la nia menta. Don +Pedro no era hombre para inspirar afecto muy +vivo a nadie.</p> + +<p>—Pues yo creo que el conde tambin es tu +pa...drino.</p> + +<p>—No tal; yo no tengo ms que un padrino—manifest +la chica, cada vez ms recelosa.</p> + +<p>Y se alej del grupo.</p> + +<p>Fue donde estaba Amalia; se le puso delante +cruzando sus bracitos sobre el pecho y dijo haciendo +una reverencia:</p> + +<p>—Madrina, la bendicin.</p> + +<p>La dama le entreg su mano, que la nia bes +con respetuoso cario. Luego, cogindola en sus +brazos, la bes en la frente.</p> + +<p>—Que descanses, hija ma. Ve a pedir la bendicin +a tu padrino.</p> + +<p>La nia se dirigi al gabinete. Estas prcticas +del tiempo pasado placan mucho al seor de +Quiones.</p> + +<p>Josefina se acerc a l con timidez. Aquel +gran seor paraltico le infunda siempre miedo, +aunque procuraba disimularlo porque as se lo +haba ordenado su madrina.</p> + +<p>—Seor, la bendicin—dijo con voz apagada.</p> + +<p>El alto y poderoso maestrante no hizo caso. +Fijo en las cartas que tena en la mano, envuelto +en su talma gris con la cruz roja en el pecho, +iba creciendo por momentos ante los ojos turbados +de la pobre Josefina. No comprenda que hubiese +en el mundo nada ms grande, ms imponente +y digno de respeto que aquel noble seor. +De esta misma opinin participaba D. Pedro. +Por eso haca tiempo que haba resuelto confundir +a todos los seres que le rodeaban en una masa +catica, en la cual slo dos o tres aparecan con +algn carcter individual.</p> + +<p>La nia aguard con sus bracitos cruzados +cerca de un cuarto de hora. Al fin el seor de +Quiones, despus de jugar una entrada con fortuna, +se dign clavar en ella una mirada severa +que la hizo empalidecer. Alarg su aristocrtica +mano con ademn digno de su tocayo Pedro +el Grande de Rusia, y Josefina pos sobre ella +sus labios temblorosos y se fue.</p> + +<p>No estaba muy conforme aquel varn excelso con +que su esposa criase con tal mimo a una expsita, +pero lo consenta porque lisonjeaba su +vanidad. Amalia le haba dicho, sabiendo dnde +le dola:</p> + +<p>—Criarla para domstica lo hara cualquiera +en Lancia. Nosotros debemos hacer las cosas de +otro modo.</p> + +<p>D. Pedro no pudo menos de sentir el peso de +aquella verdad innegable.</p> + +<p>Josefina cruz el saln para ir a acostarse. Al +pasar rozando con Fernanda, que estaba sentada +y sola, sta la pill al vuelo por un bracito y +la atrajo. Toda la alegra, toda la ternura que +en aquel momento rebosaba de su corazn, +desbordose con violencia sobre la criatura, a +quien cubri de besos. No se acord para nada +de su rival, a quien adivinaba vencida. Slo pens +en que era hija de <i>l</i>, su sangre, su misma +imagen. Y bes con xtasis aquellos ojos azules +profundos, melanclicos, aquella tez nacarada, +aquellos bucles dorados que circuan su rostro +como un nimbo de luz.</p> + +<p>—Oh, qu hermoso pelo! Qu cosa tan hermosa, +Dios mo!</p> + +<p>Y apretaba sus labios contra l y hasta sumerga +el rostro entre sus hebras con tanta voluptuosidad +y ternura que estaba a punto de llorar.</p> + +<p>En aquel momento una voz estridente, imperiosa, +son en sus odos.</p> + +<p>—Todava no te has ido a acostar, arrapiezo!</p> + +<p>Y al levantar los ojos vio a Amalia, con el rostro +plido, los labios apretados, que cogi a la +nia con violencia por el brazo dndole una +fuerte sacudida y la arrastr hacia la puerta.</p> + + + +<hr /> +<h3><a name="XI" id="XI"></a>XI</h3> + +<p class="cab">La clera de Amalia.</p> + + +<p>A la maana siguiente, Paula, por orden +de su seora, llev a la nia al cuarto +de la plancha, la sent en una silla +alta y pidi las tijeras a la doncella, que cosa +al pie del balcn.</p> + +<p>—Qu vas a hacer?—pregunt Josefina.</p> + +<p>—Cortarte el pelo.</p> + +<p>—Por qu?... Yo no quiero que me cortes el +pelo.</p> + +<p>Y se baj resueltamente de la silla. Paula torn +a alzarla.</p> + +<p>—Quieta!—le dijo severamente.</p> + +<p>—Yo no quiero!... no quiero!—exclam con +graciosa resolucin.</p> + +<p>—La verdad es que da lstima cortar un pelo +tan hermoso—dijo otra de las doncellas, que estaba +planchando.</p> + +<p>—Qu quieres, hija? Quien manda, manda.</p> + +<p>Y tomando uno de los preciosos bucles de la +cabellera, lo separ de un tijeretazo.</p> + +<p>—Djame, Paula!—grit la nia.—Lo voy a +decir a madrina!</p> + +<p>—S, preciosa? Vas a decrselo a madrina +de veras?... Bueno, ya se lo dirs cuando terminemos.</p> + +<p>Y sin hacer ms caso de sus protestas, dejando +caer las palabras con zumba, prosigui imperturbable +su tarea. Pero la nia se baj de +nuevo, irritada, furiosa. Entonces Paula pidi +auxilio a Concha, la costurera, y mientras sta +la tena sujeta a la silla, aqulla la fue despojando +uno a uno de todos sus bucles. Despus +arregl como mejor pudo los cabellos que quedaban.</p> + +<p>—Qu lstima!—volvi a exclamar la planchadora.</p> + +<p>—Hija, no est mal as tampoco—repuso Paula +peinndola con esmero.</p> + +<p>En aquel momento apareci la seora en el +cuadro de la puerta.</p> + +<p>—Madrina! ven, madrina!... Mira, Paula y +Concha me han cortado el pelo.</p> + +<p>Amalia avanz algunos pasos por la estancia +y, evitando la mirada de la nia, fij los ojos severos +en su cabeza, y dijo con imperio y frialdad:</p> + +<p>—No est bien as. Crtelo usted al rape.</p> + +<p>Y se alej con la frente fruncida. Josefina, atnita, +la sigui con los ojos. Jams haba visto en +el semblante de su madrina tanta frialdad y dureza. +Qued asombrada, pensativa y dej ya, sin +hacer el ms leve movimiento, que Paula cumpliese +el mandato.</p> + +<p>Pronto qued la cabecita rubia mondada como +un melocotn. Las domsticas prorrumpieron +en carcajadas.</p> + +<p>—Hija de mi alma, que retefesima te han +puesto!—exclam Mara la planchadora con +acento de duelo, pero sin poder reprimir la risa.</p> + +<p>—No digas eso, mujer—repuso Concha con +dejillo amargo.—Si est preciosa!</p> + +<p>Era una mujer de veinticinco aos o ms, extremadamente +pequea, casi tan pequea como +Josefina, de ojos hundidos y ariscos, a quien todos +los criados de la casa teman.</p> + +<p>Paula rea tambin pasando y repasando sus +manos por la cabeza de la criatura.</p> + +<p>—Cuando haga falta un perulero para el +aceite, ya sabis dnde lo habis de hallar—prosigui +Concha.</p> + +<p>Disipada la lstima, adivinando que la chiquita +haba cado en desgracia, las criadas se +entregaban a la alegra cambiando bromas sin +gracia, pero que las hacan rer perdidamente. +Josefina haba permanecido quieta, silenciosa, +con la cabeza baja. Las burlas lograron al fin +hacer su efecto. Dos lgrimas asomaron rezumando +por sus largas pestaas. Concha se incomod:</p> + +<p>—Lloras por el pelito?.. Qu lstima de azotes!... +No tienes t la culpa, sino los que te cran +como una princesita siendo tanto como nosotras... +digo, menos que nosotras—aadi por lo +bajo,—que al fin tenemos padres.</p> + +<p>—Vamos, Concha, djala!... No hagas caso, +monina, que pronto tendrs pelo otra vez—dijo +Mara con acento maternal.</p> + +<p>La nia, impresionada por la caricia, comenz +a sollozar y sali de la estancia.</p> + +<p>Cuando por la noche se present en el saln, +de aquella forma, el conde no pudo reprimir un +gesto de clera y clav una mirada interrogante +en Amalia. sta contest a aquel gesto y a aquella +mirada con sonrisa provocativa. Y en alta +voz dijo que le haba mandado cortar el pelo +porque haba notado que la nia empezaba a +presumir.</p> + +<p>—Claro! Tanto la adulan ustedes que se ha +puesto inaguantable!</p> + +<p>El conde, irritado, busc al instante ocasin de +acercarse a Fernanda y anudaron la pltica de +la noche anterior. Estuvieron locuaces, afectuosos. +Fernanda cont con pormenores su vida de +Pars. Luis se mostr singularmente expansivo, +no ocultando la alegra de su corazn, hablando +animadamente bajo la mirada iracunda de Amalia +posada sobre l. En una pausa Fernanda alz +los ojos sonrientes hacia su ex-novio y le pregunt, +no sin ruborizarse un poco:</p> + +<p>—A que no sabes por qu le han cortado el +pelo a la nia?</p> + +<p>El conde la mir sin contestar.</p> + +<p>—Ayer lo elogi yo mucho y me permit besarlo.</p> + +<p>Era la primera vez que Fernanda se daba por +enterada de su secreto. Experiment una fuerte +sacudida. Sus mejillas se enrojecieron. Las de +ella tambin. En largo rato no hallaron palabras +que decirse.</p> + +<p>En los das siguientes, el conde comenz a +dar repetidos paseos por la calle de Altavilla y +a pasar largos ratos en el caf de Maran. La +sociedad laciense se sinti conmovida hasta sus +cimientos ante tamao acontecimiento. Desde +entonces ms de trescientos pares de ojos le espiaron +sin cesar. Dej de ir todos los das a casa +de Quiones y asisti una que otra vez a la tertulia +exigua de las de Mer, como se segua diciendo +en Lancia, aunque en realidad ya no hubiese +en el mundo ms que una. Carmelita haba +muerto haca lo menos tres aos. No quedaba +ms que Nuncia, la menor, y sa casi totalmente +paraltica. Del silln a la cama y de la +cama al silln: era todo lo que andaba con trabajo. +Moralmente tambin se hallaba privada de +movimiento, falta del impulso protector que le +prestaba su hermana. Desde que sta bajara al +sepulcro, no tena ya quien la sujetase. Esto, lejos +de alegrarla, la suma en una melancola profunda. +Al pasar repentinamente a la categora +de persona <i>sui juris</i>, la pobre Nia haba experimentado +desazn increble: todo le asustaba, +todo era conflictos de los cuales le pareca +imposible salir; echaba menos aquellas +speras reprensiones que, si la hacan derramar +abundantes lgrimas, haban reprimido saludablemente +sus juveniles arranques y cortado los +funestos resultados que pudiera acarrear su inexperiencia.</p> + +<p>Eran sus tertulios asiduos algunos pollastres +nuevos, varios gallos conocidos y un nmero bastante +mayor de lindas y feas damiselas que acudan +a la casa sedientas de marido. Porque la Nia, +en esto como en todo, mantena religiosamente +las tradiciones legadas por su hermana. Era la +protectora decidida de todos los noviazgos que se +iniciaban en Lancia, por desatinados que fuesen. +La pequea casa de la calle del Carpio continuaba +siendo la fragua donde se forjaba la +dicha conyugal de los honrados vecinos de +Lancia.</p> + +<p>El que acuda con ms constancia era Paco +Gmez. La razn, que le haban arrojado de +casa de Quiones a consecuencia de una frase +de las suyas. Preguntaba cierto forastero en un +corro de Altavilla cmo haba quedado paraltico +el maestrante. En realidad no est paraltico—repuso +Paco,—porque no tiene lesin alguna; +slo que las piernas no pueden con la herldica +que se le ha subido a la cabeza, y se le doblan +en cuanto da un paso. Lo supo Quiones por +un traidor y dio orden de que no se le recibiese.</p> + +<p>Era el alma y el regocijo de la tertulia de la +Nia. La vaya incesante con que mortificaba a +sta los tena a todos en continuo espasmo de +risa.</p> + +<p>—Vamos, Nuncia, mucho ojo! No hables demasiado, +porque ya sabes que te he visto las +pantorrillas y... y... y...</p> + +<p>La pobre octogenaria se ruborizaba como una +nia de quince. Nada la sofocaba tanto como +este recuerdo importuno de la tarde del columpio.</p> + +<p>Luis y Fernanda comenzaron a verse aqu +una o dos veces por semana. Lejos de la mirada +fulgurante de Amalia, aqul se encontraba +a gusto, recobraba su serenidad. Hablaban largusimos +ratos en voz baja, sin que nadie les +molestase; al contrario, la Nia tena buen cuidado +de proporcionarles ocasin y espacio suficientes. +Asista, no obstante, a casa de Quiones; +vea a Amalia en secreto cuando se lo exiga, +pero iba apareciendo ms fro, ms esquivo. +Ella, advirtindolo perfectamente, no daba +su brazo a torcer, no le hablaba palabra de +su ex-novia. Sin embargo, un da no pudo contenerse:</p> + +<p>—S que te entretienes largos ratos en casa +de las de Mer hablando con Fernanda.</p> + +<p>Lo neg cobardemente.</p> + +<p>—Ten cuidado con lo que haces—prosigui, +clavando en l sus ojos siniestros,—porque una +traicin pudiera salirte cara.</p> + +<p>Estaba tan acostumbrado al dominio de aquella +terrible mujer, que sinti un estremecimiento +de fro, como si algo aciago se cerniese +ya sobre su cabeza. Pero en cuanto sali +a la calle, fuera de la influencia magntica de +aquellos ojos que le turbaban, sintiose invadido +por una sorda irritacin: Despus de todo, por +qu me amenaza? Es mi esposa? Qu derechos +tiene sobre m? Lo que estamos haciendo es un +pecado grave, es un crimen. Quin puede privarme +del arrepentimiento, de reconciliarme +con Dios y ser bueno? El arrepentimiento haba +sido en los ltimos tiempos un vago deseo, gracias +a la fatiga de su amor y an ms al miedo +desapoderado que el infierno le inspiraba. Ahora +se convirti en verdadero anhelo. Verdad que +ofreca mayores atractivos. Rechazar el pecado +valerosamente, purificarse, librarse del fuego +eterno... y adems poseer a Fernanda.</p> + +<p>Haca tiempo que sus relaciones criminales +no tenan ms que un punto luminoso, Josefina. +Si no fuese por ella, se hubiera marchado de +Lancia. Esta criatura, blanca y silenciosa como +un copo de nieve, que posea la fragancia de los +lirios, la inocencia de las palomas, la dulzura +melanclica de una noche de luna, esparca sobre +su alma, atormentada por el remordimiento, +un blsamo que la refrescaba deliciosamente. +Cuntas veces, tenindola entre sus brazos, se +preguntaba sorprendido cmo un ser tan inocente, +tan puro, tan divino, pudiera ser hijo del +pecado! Pero aun aquella misma nia era ocasin +de nuevos y crueles tormentos. No verla a solas +sino de tarde en tarde; hallarse obligado a disimular +sus sentimientos, a besarla framente +como los dems, ms framente que los dems; +no poder llamarla hija del corazn, no sentirla +gorjear el tierno nombre de padre, le +entristeca y en ciertos momentos le desesperaba. +Desquitbase cuando una que otra vez, +muy rara, le consentan llevarla a la Granja. +All se pasaba las horas en xtasis, tenindola +sobre sus rodillas, acaricindola frenticamente.</p> + +<p>La nia se haba acostumbrado a estas violentas +expresiones de cario y las agradeca. A +veces senta su cabecita blonda mojada por las +lgrimas de su amigo. Alzaba los ojos sorprendida, +pero vindole sonrer, sonrea tambin +y alargaba sus labios de coral para darle un +beso.</p> + +<p>—Por qu lloras, Luis? Tienes pupa?</p> + +<p>Josefina no entenda que hubiese motivo ms +grave en el mundo para llorar. Amaba a Luis +tiernamente, y eso que le chocaba y entristeca +la frialdad que con ella usaba ordinariamente. +Poco a poco haba ido adivinando, con precoz +instinto, que el conde la quera ms que los otros +y que disimulaba. Ella tambin adoptaba, siguiendo +el ejemplo, una actitud indiferente +cuando se acercaba a l en pblico. Pero cuando +estaban solos, entregbase con el mismo entusiasmo +a las expansiones del cario, y esto +sin saber por qu, sin darse cuenta de lo que +haca.</p> + +<p>Desde el da en que su madrina orden que +le cortasen el pelo, Josefina pudo notar que haba +cado en desgracia. Ya no la besaban con +trasporte, ya no satisfacan sus mnimos antojos, +ya no era la preocupacin constante de la +casa. Amalia comenz a contrariarla, a usar +con ella un tono fro y displicente; y las criadas +siguieron el ejemplo de su seora. La pobre +nia, sin comprender qu significaba aquel +cambio, sinti su pequeo corazn apretarse; +exploraba con sus bellos ojos profundos los +semblantes y trataba de descifrar el enigma que +guardaban. Se hizo ms grave, ms recelosa, +ms tmida. Y como viera que le negaban los +juguetes o las golosinas que antes le otorgaban +a manos llenas, se abstuvo de pedirlos.</p> + +<p>Amalia, en vez de gozar como antes con sus +gracias infantiles, pareca huirlas. Dio orden de +que no se la llevasen por la maana a la cama, +segn costumbre. Cuando la tropezaba casualmente +en los pasillos, pasaba de largo evitando +mirarla. A todo ms se acercaba preguntndole +con acento displicente:</p> + +<p>—No te has lavado todava? Anda, ve a +que te arreglen. O bien: Me han dicho que no +has sabido la leccin de catecismo. Te vas haciendo +muy holgazana. Cuidado que seas buena, +porque si no, te encierro en la cueva de los ratones.</p> + +<p>Antes se ocupaba ella en tomarle las lecciones, +en ponerle la aguja en la mano y guiar sus +diminutos dedos. Ahora abandonaba casi siempre +esta tarea a las doncellas. Viva en un estado +de preocupacin sombra que no pasaba desadvertida +a los criados. Josefina tambin la adivinaba; +vea que su madrina estaba cambiada, +no slo con respecto a ella, sino en todo su modo +de ser. Y all, vagamente, en los limbos oscuros +de su pensamiento se engendraba la idea de +que estaba triste, que padeca y que sta era la +causa de su mal humor.</p> + +<p>Un da estaba la dama sola en su gabinete. +Se haba dejado caer en una butaca. Inmvil, +con la cabeza echada hacia atrs y las manos +pendientes, pareca dormida. Sin embargo, Josefina, +que rondaba el gabinete, se atrevi a mirar +por la rendija de la puerta y observ que +tena los ojos abiertos, muy abiertos, y que su +frente estaba temerosamente fruncida. Sin saber +lo que se haca, con esa ciega confianza que los +nios tienen en s mismos, empuj la puerta y +penetr en la estancia. Acercose silenciosamente +a la seora, y echndose repentinamente sobre +su regazo, le dijo, clavando en ella una mirada +de tmido afecto:</p> + +<p>—Dame un beso, madrina.</p> + +<p>La dama se estremeci.</p> + +<p>—Cmo ests aqu? Quin te ha dado permiso +para entrar? No te han dicho que no subas +sin que te llamen?—pregunt frunciendo an +ms el ceo.</p> + +<p>—Quera darte un beso—dijo con voz apagada +Josefina.</p> + +<p>—Djame de besos. Anda, y cuidado con subir +otra vez sin mi permiso.</p> + +<p>Pero la nia, embargada por la emocin, no +sabiendo a qu atribuir aquel despego y queriendo +vencerlo a toda costa, prxima a llorar, +se ech an ms sobre el regazo y trat de subirse +para alcanzar su rostro.</p> + +<p>—Dame un beso, madrina.</p> + +<p>—Quita! Djame!—replic la dama impidindola +alzarse.</p> + +<p>La nia se obstin.</p> + +<p>—No me quieres? Dame un beso.</p> + +<p>—Que te quites, chicuela!—grit enfurecida.—Lrgate +ahora mismo!</p> + +<p>Al mismo tiempo le dio un fuerte empujn. +Josefina, despus de tambalearse, rod por el +suelo, dando con la cabeza en el pie de una silla.</p> + +<p>Alzose llevando la mano al sitio dolorido, +pero no llor. Un sentimiento de dignidad, que +muchas veces se aloja con fuerza en los corazones +infantiles, le prest fortaleza para resistir +el llanto que brotaba a los ojos. Dirigi a su +madrina una mirada de indefinible tristeza y +sali corriendo de la estancia. Cuando lleg a +la escalera se dej caer sobre un peldao y rompi +a sollozar.</p> + +<p>Las espinas de la vida comenzaron a clavarse +cruelmente en las carnes delicadas de aquella +nia, que hasta entonces slo flores haba hallado +en su camino. El despego de Amalia fue creciendo +de da en da. A la par creca tambin la +reserva y la timidez de su hija. Pero como al fin +era nia, esta tristeza disipbase a veces al impulso +de un capricho. Entonces era cuando realmente +se mostraba la frialdad y ojeriza de la +dama.</p> + +<p>—Seora, Josefina no quiere ponerse el vestido +verde.</p> + +<p>—Pues?</p> + +<p>—Dice que est sucio.</p> + +<p>Amalia se levant, fue al cuarto de la nia +y, cogindola por un brazo y sacudindola rudamente, +le dijo:</p> + +<p>—Qu orgullo es se? No sabes, mueca, +que en esta casa no eres nadie? Que ests aqu +por misericordia? Ten cuidado no enfadarme, +porque el da menos pensado te planto en la +calle, de donde te he recogido.</p> + +<p>Las criadas escucharon estas palabras y las tuvieron +bien presentes. Josefina hasta entonces haba +sido tratada como hija de los seores: en +adelante se la consider como una hija postiza: +ms tarde, como advenediza. La servidumbre se +vengaba con placer de los minuciosos cuidados +que antes se vea obligada a prodigarle, de +aquellas speras reprensiones que reciban por +su causa. En particular Concha, la microscpica +doncella, experimentaba una alegra indecible, +propia de su carcter maligno y rencoroso, +cada vez que la seora mostraba de algn +modo su desdn por la nia recogida.</p> + +<p>sta ocupaba una habitacin que daba al jardn, +alegre y espaciosa. Concha, aunque primera +doncella y costurera de la casa, alojbase en +un cuartucho lbrego, con ventana al patio, que +comparta con Mara. El gabinete de Josefina haba +sido siempre para ella objeto de envidia. Ms +de una vez la haba expresado con palabras bien +pesadas para aqulla. Aprovechndose de la +disposicin de su ama, obtuvo permiso para +dormir tambin en este gabinete, a pretexto de +que Paula, que ocupaba una alcoba contigua, +tena el sueo pesado. Instalose cmodamente, +hizo uso del tocador y de los enseres de la nia. +Pocos das despus la mand a dormir con Mara +en su antiguo cuarto, sin decir una palabra +a su ama. Cuando sta lo supo, ya haba pasado +algn tiempo: la reprendi sin aspereza por +no haberle dado parte, pero no modific los hechos +consumados.</p> + +<p>Ms adelante se le ocurri degradarla de otra +manera. Josefina coma a la mesa con los seores. +El alto y poderoso maestrante no haba +consentido en ello al principio: importunado +por su esposa, cedi al fin, no sin repugnancia. +Concha, penetrada de la ojeriza de su seora, +comenz a intrigar para privar de este honor a +la recogida. Exagerando lo que daba que hacer, +lo mucho que se manchaba y lo que perturbaba +el servicio de la mesa, logr a la postre que no +se sentase a ella y s en una pequeita que se le +puso en el cuarto de la plancha, prximo a la +cocina. A los pocos das la misma Amalia, en +un acceso de mal humor, dijo que aquel doble +servicio no poda ser tolerado y que se la llevasen +a la cocina a comer con los criados.</p> + +<p>Concha la sent en un taburete, le puso un +plato de barro y una cuchara de madera en la +mano y le dijo:</p> + +<p>—Come.</p> + +<p>La nia levant la cabeza estupefacta; pero +al ver la sonrisa maligna que brillaba en los +ojos de la doncella, bajola de nuevo y se puso a +comer sin protesta alguna. Concha no qued +satisfecha; deseaba que se rebelase; verla +llorar.</p> + +<p>—Qu es eso? No te gusta la cuchara?... +Pues, hija, come con ella, que tambin cmo yo +y soy tan buena como t... Qu te creas, bobalicona! +Pensabas que porque te ponan el sombrerito +y la camisa de batista eras una seorita... +Las seoritas no vienen metidas en un cesto +entre trapos sucios...</p> + +<p>Y por ah continu soltando a chorros sarcasmos +e insultos, hasta que al fin la pobre Josefina +rompi a llorar. Las dems criadas, menos +malvolas, se vean, no obstante, lisonjeadas +por aquella humillacin. Al fin se pusieron +de su parte, trataron de consolarla, mientras +Concha, despiadada, ms dura y ms fra que el +mrmol, sigui persiguindola largo rato con rechifla +sangrienta.</p> + +<p>Pocos das despus, al cruzar Josefina por el +cuarto de la plancha para ir al comedor, oy a +Concha decir dirigindose a Mara:</p> + +<p>—Di, chica, has planchado ya la ropa de la +hospiciana?</p> + +<p>Se detuvo, sin saber a quin se refera, y pase +su mirada recelosa de una a otra domstica, +hasta que una carcajada, que ambas soltaron a +la vez, le hizo comprender que se trataba de +ella.</p> + +<p>—Por qu me llamis hospiciana?—exclam +la inocente pugnando para no llorar.—Lo voy a +decir a mi madrina.</p> + +<p>—Alza; corre a decrselo!—replic Concha +empujndola a la puerta.</p> + +<p>Desde entonces no se le dio otro nombre entre +la servidumbre.</p> + +<p>Amalia prohibi que la llevasen por la noche +al saln. El conde, que ya no vea a su hija +mas que este momento, pidi explicaciones. La +dama manifest que, debiendo levantarse temprano +para estudiar sus lecciones, necesitaba +ms sueo. No se dio aqul por convencido. +Comprenda que se trataba de una ruin venganza; +pero tuvo la prudencia de callar, temiendo +mayor dao.</p> + +<p>A Amalia se le ocurri entonces herirle de +modo ms directo. La nia, a quien haba privado +no slo de sus caricias, sino de todas sus +preeminencias en la casa, iba camino de ser una +criadita ms. En un instante qued trasformada +por completo. La seora dio orden de que se le +guardasen todos los sombreros y vestidos y se +le pusiese el ms pobre y ms viejo del guardarropa; +que se le hiciesen delantales como a las +dems criadas y se la emplease en los menesteres +de la cocina que pudiese ejecutar.</p> + +<p>Los amores del conde y Fernanda eran cada +da ms notorios. Aunque en casa de Quiones +se guardaban de hablarse con intimidad, a la celosa +valenciana no se le ocultaba lo que entre +ellos exista. Sus ojos traspasaban como dos rayos +de luz el cerebro de su amante y lean con +claridad dentro de l. Luis estaba enamorado +de su antigua novia. Las relaciones adlteras +le pesaban en el alma como una losa de piedra. +Ella, la amada, la preferida de otros das, le +pareca ahora vieja y marchita frente aquella +esplndida rosa que acababa de abrirse por completo. +Si no la haba abandonado ya, era por debilidad +de carcter, por el ascendiente poderoso +que en siete aos de relaciones haba logrado +adquirir sobre l. Pero no apeteca otra cosa. +Lo lea perfectamente en sus miradas huidas; +en la preocupacin sombra que pesaba sobre l, +rota algunas veces por sbita y extravagante +alegra; en el temor y en el servilismo, cada vez +mayores, con que se acercaba a ella.</p> + +<p>Una noche el conde pidi un vaso de agua. +Los ojos de Amalia brillaron repentinamente. +Haba llegado el momento ansiado. Tir de la +campanilla y dijo con singular inflexin a la +doncella que acudi:</p> + +<p>—Paula, que traigan un vaso de agua.</p> + +<p>Pocos instantes despus se present Josefina, +pobremente vestida, con un mandilito de tela +burda, calzados los pies con toscos zapatos, soportando +trabajosamente entre sus pequeas +manos una bandeja con vaso de agua y azucarillo. +Los tertulios quedaron estupefactos. Luis +empalideci. Avanz la nia hasta el medio del +saln, mirando tmidamente a su madrina. Esta +le hizo sea de que se acercase al conde.</p> + +<p>Vacil el caballero como si estuviese distrado; +pero viendo a la criatura plantada delante +de l, se apresur a tomar el vaso y se lo llev +con mano temblorosa a los labios. Los ojos de +Amalia se mostraban en tanto fros, indiferentes; +pero en sus labios haba imperceptibles estremecimientos +que revelaban el gozo cruel que senta. +En la tertulia rein, mientras se efectuaba +esta escena, un significativo silencio.</p> + +<p>Luego que Josefina hubo salido, la seora de +Quiones explic a sus tertulios con naturalidad +aquella mudanza. Se trataba de un castigo necesario +al orgullo que la nia empezaba a mostrar +con los criados. No durara mucho. Sin embargo, +necesitaba vencer a todas horas la voluntad de +Quiones, que se opona a que fuese educada con +tanto mimo.</p> + +<p>—La verdad es—concluy diciendo con acento +tan natural, que ninguna actriz lo hallara ms +adecuado a la ocasin,—la verdad es que algunas +veces no puedo menos de darle la razn en +mi interior. Qu bien le hacemos a esta pobre +nia colocndola en una situacin donde no ha +de poder sostenerse? Maana, que nosotros nos +muramos, la pobre necesitar buscarse el sustento +trabajando, si antes no encuentra un marido... +Y qu marido le vamos a dar a una muchacha +con necesidades y sin dinero?</p> + +<p>Los tertulios no cayeron en la trampa. En realidad +tampoco ella lo pretenda. Todo aquello +vena a reducirse a puro convencionalismo, pues +a nadie se le ocultaba lo que haba debajo. Poco +despus, no pudiendo dominar la molestia que +senta, el conde se despidi.</p> + +<p>—Este negocio de Luis no se presenta nada +bien—deca a ltima hora Manuel Antonio en un +grupo que se retiraba por la calle de Altavilla, +donde iban Mara Josefa, el Jubilado y su hija Jovita.—El +matrimonio con Fernanda, si es que lo +llega a realizar, le ha de costar muchos disgustos.</p> + +<p>—Crees t?...—pregunt Mara Josefa para +tirarle de la lengua.</p> + +<p>—Madre!... Eres tonta, mujer? No conoces +a Amalia como yo?</p> + +<p>—Y qu tiene que partir Amalia en el matrimonio +de Luis?—pregunt Jovita, que en su +calidad de soltera, aunque hubiese cumplido +los treinta y dos, le convena hacer patente su +candor.</p> + +<p>—Ay! Es verdad que tenamos aqu esta <i>fanciullina</i>—exclam, +haciendo cmicos ademanes +de susto, el marica.—No me haca cargo!... +Nada, monina, nada; sigue adelante, que son cosas +de los grandes...</p> + +<p>La hija del Jubilado se volvi iracunda al sentir +el alfilerazo y replic con una frase insolente. +Pagole Manuel Antonio con otra, y se entabl +animada disputa rebosando de palabras amargas +e intencionadas que se prolong hasta casa +del Jubilado, no sin que ste hubiese hecho algunos +vanos esfuerzos para poner paz entre ellos. +La mejor parte la llev, como siempre, el marica, +que posea para lanzar sus frases el vigor de +los hombres y la sutil intencin de las hembras.</p> + +<p>Al da siguiente el conde logr una entrevista +con Amalia y le dio sus quejas por la escena de +la noche anterior. La dama se manifest amable, +condescendiente, justific su conducta por +el bien de la nia. Luis observ, sin embargo, +que hablaba de un modo particular: crey percibir +en la miel de sus palabras un dejo de amargura +e irona que le sobresalt. Sali preocupado, +inquieto: en algunos das no pudo quitar de +s el malestar de aquella entrevista.</p> + +<p>Pero el amor prenda fuego rpidamente en +todos los aposentos de su alma y consumi al fin +aquel ltimo resto de preocupacin. Estaba profundamente +enamorado. Y como siempre acaece, +a la par que creca su amor aumentaba tambin +su timidez. Al principio, en sus largas conversaciones +con Fernanda, apareca sereno, galante, +no perdonaba medio de demostrar a su ex-novia +su admiracin y rendimiento. De repente comenz +a perder el aplomo, a huir todo asunto +relacionado con sus propios sentimientos, a evitar +las frases galantes. Fernanda no se equivoc. +Ahora es cuando haba llegado aquel amor, +tras del cual tanto tiempo haba corrido, que +tantas lgrimas le haba costado.</p> + +<p>Sus plticas, aunque fuesen de asuntos indiferentes, +tenan un sabor delicado, exquisito. Hablaban +horas y horas, sin cansarse, de las cosas +ms insignificantes, por el placer de verse tan +cerca, de escucharse.</p> + +<p>Fernanda charlaba con toda la alegra de su +corazn, sin curarse de la timidez de su adorador, +al contrario, gozando al ver el empeo pueril +con que evitaba el confesar su amor, sabiendo +que en cuanto ella diese la seal se entregara +atado de pies y manos.</p> + +<p>El momento lleg al fin. Un da la hermosa +viuda se resolvi <i>a declararse ella</i>. Hablaban del +matrimonio; de las segundas nupcias. Luis comenz +a sobresaltarse, a emitir sus opiniones +con voz temblorosa, a tratar de huir la conversacin. +Fernanda dijo de repente con perfecta +calma y en tono resuelto:</p> + +<p>—Yo no volver a casarme segunda vez.</p> + +<p>Se puso plido. La cara se le entristeci de +tal manera que la joven, reprimiendo a duras penas +una sonrisa, repiti con ms resolucin an:</p> + +<p>—No volver a casarme segunda vez... a no +ser contigo.</p> + +<p>El conde la contempl desencajado.</p> + +<p>—Es de veras eso?—pregunt al fin con voz +temblorosa.</p> + +<p>—Y tan de veras!—repuso ella mirndole +sonriente.</p> + +<p>—Dame esa mano, Fernanda.</p> + +<p>—Tmala, Luis.</p> + +<p>Se las estrecharon fuertemente por unos momentos. +El conde se levant sin decir otra palabra. +Cuando lleg a casa, le escribi una larga +carta de seis pliegos pintndole con los ms vivos +colores su pasin, dndole fervorosas gracias, +llamndose indigno gusano tres o cuatro +veces.</p> + +<p>El matrimonio qued concertado para cuando +terminase el ao de luto. Faltaban dos meses. +Decidieron guardar el secreto y que la ceremonia +no se celebrase tampoco en Lancia. Unos das +antes del prefijado saldra ella para Madrid; poco +despus se le juntara l, y en la corte quedaran +unidos para siempre.</p> + +<p>En los pueblos es muy difcil ocultar cualquier +cosa: un proyecto de boda, imposible. Por +la intensidad de la mirada cada par de ojos se +convierte en cien pares; por su virtud acstica, +cada odo en cien odos. En sus pasos, en sus +miradas, en el modo de saludarse y despedirse +los ingeniosos lacienses adivinaban como verdaderos +magos lo que pensaban, medan exactamente +el progreso de aquellas relaciones que les +tocaba en lo ms vivo del corazn.</p> + +<p>Una tarde, al pasar Manuel Antonio por delante +de la ttrica morada del conde, vio salir a +la doncella con una caja de cartn en las manos. +El marica sinti en la nariz olor de caza, +tom vientos un instante, y la sigui.</p> + +<p>—Adis, Laura—dijo pasando delante de ella.</p> + +<p>Y volvindose de repente le pregunt en tono +indiferente:</p> + +<p>—Cmo sigue tu amo?</p> + +<p>—El seor conde no est malo.</p> + +<p>—Ah! Pues me dijeron... Como no le veo +hace dos das... Vas de compras para la seora?</p> + +<p>—Son camisetas para el seor conde.</p> + +<p>—De casa de Ramiro?... Djame verlas, yo +tambin tengo que comprar.</p> + +<p>La doncella abri la caja y el marica se puso +a examinar el contenido.</p> + +<p>—Son muy finas. Esto es demasiado caro para +m, hija.</p> + +<p>—S, seor, son caras. Pues el seor conde +todava no las encuentra buenas. Quiere a toda +costa que sean de seda, y por ms que anduve +todos los comercios, no las hay. No tiene ms +remedio que encargarlas.</p> + +<p>—De seda? Madre! Entonces se nos va a +casar.</p> + +<p>—Yo no s nada de eso, seorito—se apresur +a replicar la criada con seales de turbacin.</p> + +<p>—Quita all, hipocritona!—exclam riendo.—T +lo sabes como yo y como todo el mundo... +Y para cuando?</p> + +<p>—Le digo que no s nada.</p> + +<p>Pero el marica insisti tanto, se mostr tan +expresivo y familiar que al cabo de un rato la +criada desembuch lo que tena dentro.</p> + +<p>—Pues mire, yo no puedo decirle a punto fijo +lo que hay, pero creo que se casa y pronto. El +otro da o unas palabras a la seora condesa...</p> + +<p>—Qu palabras?</p> + +<p>—Deca al ama de llaves que, en cuanto su +hijo se fuese, ira a pasar una temporada a la +Granja. Despus, mirando por el agujero de la +llave, la vi llorar. Adems, Fray Diego estuvo +anteayer en casa... pero no s si debo decirle...</p> + +<p>—Vamos, mujer, qu importa? Te figuras +que yo soy una gaceta?</p> + +<p>—Pues le o decir al tiempo de despedirse: +Nada, nada; tienen mucha razn; es mucho +mejor que lo hagan en Madrid. ste es un pueblo +muy envidioso...</p> + +<p>El gozo que sinti Coln al descubrir la tierra +del Nuevo Mundo no fue nada en comparacin +con el de nuestro marica. No slo saba sin gnero +de duda que se casaban, sino dnde haba +de efectuarse la ceremonia. Embarazado por noticia +tan capital y queriendo aliviarse enseguida +de aquel peso, se puso a imaginar sobre quin +hara ms efecto. Su pensamiento fue derecho a +Amalia. Hacia el palacio de Quiones enderez, +pues, sus menudos y graciosos pasos.</p> + +<p>Era la hora del oscurecer. Hall a la seora +sentada en su gabinete, sin luz, entregada sin +duda a una de esas intensas y dolorosas meditaciones +que desde haca algn tiempo la embargaban. +Manuel Antonio se mostr jovial y decidor, +trat de alegrarla cuanto pudo, atrayendo +de nuevo la sangre a aquel corazn ulcerado +para que la pualada fuese ms dolorosa. Pidi +chocolate, lo tomaron jaraneando lindamente: +Amalia lleg a olvidarse de sus preocupaciones. +Y cundo ms olvidada estaba zas! la bomba. +Pero dejada caer suavemente, con arte infinito, +el arte que slo posee una mujer, reforzado por +el ingenio masculino.</p> + +<p>Lo nico que sinti fue no poder verle la cara. +El gabinete estaba ya casi en tinieblas. Pero advirti +bien claramente el destrozo de la explosin +en el sonido de la voz, en la frialdad de la mano +al despedirse.</p> + +<p>Amalia qued en pie, rgida, inmvil, largo +rato. Apoyose en la cortina de crespn para mirar +a la calle y la destroz. Trat de abrir su +escritorio para tomar el pomo de esencia, pero +dio demasiada vuelta a la llave y estrope la cerradura.</p> + +<p>Sali de la estancia y vag, por los pasillos +oscuros y escaleras, con incierta planta, como un +fantasma. All a lo lejos vio un punto luminoso y +se dirigi hacia l involuntariamente como una +mariposa. Era el comedor, que ya estaba alumbrado. +Sentada a la mesa, armando unos pastorcitos de +barro, restos de su pasada riqueza, estaba +Josefina. La pantalla de la lmpara proyectaba +viva luz sobre su cabecita monda y dorada como +una naranja. Amalia se detuvo un instante y la +contempl con ardiente mirada, devorando con +los ojos aquel semblante grave y melanclico que +tan fielmente reflejaba el de Luis. Dio un paso +y la nia volvi la cabeza. La mirada de sus +ojos azules era igualmente dulce y triste; el movimiento +de las pestaas, idntico. La esposa del +maestrante salv de dos pasos la distancia que la +separaba y cay sobre ella como un tigre hambriento. +Golpe, mordi, desgarr. Sus uas dejaron +al instante surcos morados en aquel rostro +cndido. La sangre comenz a brotar. La nia, +loca de terror, lanzaba chillidos penetrantes. +Apenas tuvo tiempo a ver a su madrina. No saba +qu era aquello. Amalia, insaciable, golpeaba, +hera sin cesar. Los gritos de la vctima hacan +crecer su furor. Se detuvo rendida al fin.</p> + +<p>—Madrina, qu hice?—exclam la pobre nia +huyendo hacia un rincn.</p> + +<p>Esta pregunta, la mirada de angustia con que +la acompa, enfurecieron de nuevo a la dama. +Volvi a golpearla despiadadamente. La criatura +se tapaba el rostro con las manos. Entonces +le coga las orejas, las estrujaba hasta arrancarlas. +No satisfecha todava, irritada de no poder +herirla en la cara, tom un plumero que haba +sobre la mesa, y con el mango comenz a sacudirle +sobre las manos, dejndolas cubiertas de +cardenales.</p> + +<p>Al fin consigui salvarse. Las criadas, que +haban acudido y presenciaban atnitas la escena, +dejronla paso y huy por los pasillos y tom +por la escalera. La puerta de la calle estaba +abierta. El cochero, al llevar los caballos al +agua, la haba dejado as. Josefina sali de la +casa y corri desalada por la calle de Santa Luca, +penetr en la travesa de Santa Brbara, +atraves la plazuela del Obispo y, bajando por +la calle de la Sastrera, sali por la puerta de +San Joaqun a la carretera de Sarri.</p> + +<p>Haba cerrado ya la noche. Caa suavemente +una lluvia menuda, pero espessima, que en poco +tiempo la cal hasta los huesos. La desgraciada +criatura corri todava algn tiempo y al fin se +detuvo jadeante. El pretil de la carretera estaba +bajo en aquel sitio y se sent. Entonces fue +cuando sinti el dolor de los golpes. Llevose las +manos a la cabeza, despus a la cara, por donde +senta correrle un lquido caliente, que al principi +pens sera la lluvia.</p> + +<p>Pronto se convenci de que era sangre. Sangre! +La cosa en el mundo a que ella tena ms +terror! Dominada an por el susto, no se quej. +Levant la falda de su vestidito y se sec, o por +mejor decir, se lav la cara, porque el vestido +estaba mojado.</p> + +<p>Pero lo que ms senta, lo que le dola de un +modo horrible eran las manos. No sabiendo qu +hacer para aliviarse, comenz a soplarlas. Luego +las chup. Pero el dolor era tan recio que exclam +al fin sollozando:</p> + +<p>—Ay mis manos!</p> + +<p>En aquel momento se alzaron ante ella entre +las sombras de la noche dos enormes figuras que +la dejaron helada de espanto. Una de ellas se +abalanz y la cogi por un brazo.</p> + +<p>—Qu haces ah?—dijo con voz bronca.</p> + + + +<hr /> +<h3><a name="XII" id="XII"></a>XII</h3> + +<p class="cab">La justicia del barn.</p> + + +<p>En una gran sala de la casa solariega +de los Oscos, amueblada con cuatro +trastos viejos, tapizada con dos dedos +de polvo, se encuentran sentados a una antigua +mesa de roble dos conocidos personajes de esta +historia. Uno es el propio barn, dueo de la +casa. El otro, su amigo Fray Diego. Tienen delante +un tarro de ginebra vaco, otro a medio +vaciar y sendas copas. Ni mantel, ni tapete, ni +bandeja; el nico adorno de la mesa son las +manchas caprichosas que el vino y la ginebra +en feliz consorcio con el polvo han ido dejando +con el trascurso de los meses y los aos. La estancia +es lbrega, porque la calle del Pozo lo es +y porque los cristales emplomados, hace aos ya +que no se han limpiado, y porque la tarde est +declinando.</p> + +<p>A la poca luz que all consigue penetrar puede +verse la faz de ambos excesivamente roja, tan +roja que parece imposible no brote la sangre +de sus ojos encarnizados. La del barn ha llegado +al lmite de su fiera y espantable fealdad. +Aquella cicatriz sangrienta que le surca el rostro +se destaca ahora con todas sus rugosidades, +tan spera y negra que da grima verla. Sus bigotes +cerdosos, unidos a las patillas, son ya ms +blancos que negros. Viste zamarra negra y cubre +su cabeza una gran boina roja cuya borla +cae arremolinada, unas veces sobre las orejas, +otras sobre las narices, segn los movimientos +que imprime a su torso de ogro.</p> + +<p>Hace largo rato que guardan silencio. Fray +Diego de vez en cuando lleva la mano al tarro de +la ginebra, llena la copa de su amigo, luego la +suya, y gravemente la apura de un trago. El barn +no es tan expedito: toma su copa, la sube a +la altura de los ojos y hace frente ella una serie +de muecas a cual ms horrorosa; despus la toca +con el borde de los labios, vuelve a las muecas, +vuelve a tocarla; por fin, despus de largos ensayos +y vacilaciones, se decide a apurarla.</p> + +<p>De esta manera grave y prudente se solazan +los dos antiguos soldados de D. Carlos casi todas +las tardes del ao. El pueblo lo sabe, y hay +entre sus jocosos habitantes entabladas varias +apuestas sobre cul de los dos morira primero +de apopleja.</p> + +<p>Fray Diego haba servido tambin en las filas +del Pretendiente. Luego se haba ordenado, se +hizo fraile, estuvo en Filipinas; finalmente, se +seculariz y viva en Lancia como capelln suelto. +Mientras la guerra no se haban conocido. +Cuando se encontraron en Lancia quedaron +unidos con indisoluble amistad por la identidad +de ideas, por el recuerdo de las gloriosas batallas +a que asistieron... y por la ginebra.</p> + +<p>—Viva el papa soberano de todos los reyes +de la tierra!—exclam despus de largo silencio, +en que ambos parecan dormitar, Fray Diego. +Al mismo tiempo dio un tremendo puetazo +sobre la mesa que hizo bailar los tarros y las +copas.</p> + +<p>El barn no se conmovi poco ni mucho. Sigui +haciendo guios a la copa que tena delante +y, despus de apurarla muy reposadamente y chasquear +tres o cuatro veces la lengua, dijo:</p> + +<p>—Despacio, despacio, Fray Diego; usted no +sabe todava lo que son los papas.</p> + +<p>—Viva el papa soberano de todos los reyes +de la tierra!—volvi a exclamar el cura, dando +otro puetazo ms fuerte.</p> + +<p>—Cuidado, Fray Diego, que los papas han +sido siempre muy ambiciosos.</p> + +<p>—Seor barn!—exclam el clrigo con voz +enftica de cmico de la legua.—Tiene usted el +alma tan fea como el rostro!</p> + +<p>El barn qued tan sosegado ante aquel insulto. +Despus de un rato dijo con perfecta tranquilidad:</p> + +<p>—No sea usted botarate. Qu tiene que ver +mi cara en estos asuntos? Yo soy catlico, apostlico, +romano; pero si maana el rey, nuestro +seor (llevose la mano a la boina al decir esto), +me manda con un destacamento a Roma, voy a +all como el condestable de Borbn, la saqueo y +prendo al pontfice.</p> + +<p>—Y yo digo que si Su Santidad me mandase +meter una cuarta de bayoneta por el ombligo a +ese condestable, tenga usted por seguro que le +meta dos.</p> + +<p>—No.</p> + +<p>—Cmo no?—rugi el capelln ponindose +carmes.</p> + +<p>—Porque el condestable ha muerto hace tres +siglos.</p> + +<p>—Me alegro. Tres siglos hace que arde en los +infiernos.</p> + +<p>—Todo eso est muy bien, <i>pater</i>, pero el rey +siempre arriba, estamos? y los dems a callar y +obedecer.</p> + +<p>—El papa no calla nunca, seor barn!</p> + +<p>—Pues se le pone una mordaza.</p> + +<p>—Quisiera yo ver porra! reporra! cien veces +porra! quin se la pona estando cerca Fray Diego +de Areces!—grit el clrigo alzndose convulso +y echando fuego por los ojos.</p> + +<p>—Sintese, <i>pater</i>, y clmese y escancie otra +copita, que Fray Diego de Areces no es ms que +un cazuela.</p> + +<p>El capelln se seren repentinamente, verti +delicadamente el licor en las dos copas y apur +la suya con deleite, despus de lo cual dej caer +la cabeza sobre el pecho, los prpados se le bajaron +y se puso a dormitar. El barn, radiante de +alegra, le contemplaba fijamente con ojos socarrones, +aprovechndose de su ausencia temporal +para escanciarse otra copita, de nones, como +l deca.</p> + +<p>Era constante particularidad de aquellas dulces +sesiones el que la ginebra trocase el carcter +de ambos. El genio irascible, impetuoso del +barn se dulcificaba de modo inverosmil. Hacase, +mientras duraba la benfica influencia del +alcohol, alegre, comunicativo, conciliador; ninguna +palabra le molestaba, nada le pareca suficiente +motivo para encolerizarse. En cambio, +Fray Diego, que en estado normal era un bendito, +siempre jovial y chancero, tornbase un +diablo disputador y quisquilloso, adquira de +pronto humor guerrero que nadie sospechara +bajo su rostro redondo y plcido de beata ajamonada.</p> + +<p>Despabilose al cabo de pocos minutos, mir +al barn algunos momentos fijamente con extraa +ferocidad y profiri estropajosamente:</p> + +<p>—Quisiera, seor barn, que me explicase usted +qu entiende por cazuela.</p> + +<p>—Anda, salero! Ahora salimos con eso? A +usted qu le importa que signifique uno u otro?</p> + +<p>—Es que yo quisiera... entendmonos!</p> + +<p>—Ya nos hemos entendido. Usted tiene dos +cuartillos de ginebra entre pecho y espalda y yo +otros dos... o algo ms—aadi haciendo un nmero +prodigioso de guios.</p> + +<p>—No es eso, seor barn, no es eso! Entendmonos +de una vez, porra!</p> + +<p>—Aqu ya no hay barones ni frailes—exclam +el noble en un arrebato de buen humor alzndose +de la silla.—Aqu slo quedan el to Francisco, +que soy yo, y el to Diego; que eres t, estamos?... +Vengan esos cinco...</p> + +<p>Al avanzar con la mano extendida dio algunos +traspis, pero se mantuvo firme.</p> + +<p>—Vengan esos cinco, valiente!</p> + +<p>El cura se dulcific. Se estrecharon las manos.</p> + +<p>—Ahora un abrazo por el rey legtimo de las +Espaas.</p> + +<p>—No me hable usted de abrazos!...—grit el +clrigo enfoscndose de nuevo.—Me acuerdo del +abrazo de Vergara, y porra!...</p> + +<p>—No te apures, compadre, que ya nos la pagarn.</p> + +<div class="poem"> +<i>Ay, ay, ay! mutil</i><br /> +<i> Chapelen gorri.</i><br /> +</div> + +<p>Y se puso a cantar roncamente el himno carlista; +pero interrumpindose de pronto:</p> + +<p>—Eh, to Diego, a cantar! Dejmonos ahora +de lgrimas...</p> + +<p>En efecto, su amigo lloraba en aquel momento +lgrimas como avellanas, recordando la traicin +de Vergara.</p> + +<p>—Arriba, coracero! A que no te pesara de +que bebisemos una copita por el exterminio de +todos los <i>negros</i>?</p> + +<p>Fray Diego se declar, con un movimiento de +cabeza, partidario en principio de este brindis +consolador, pero no se movi de la silla.</p> + +<p>Bebieron otra copa, y su efecto fue tan prodigioso +en el alma tradicional del barn, que se +puso inmediatamente a bailar el zapateado ingls +sobre la mesa, sin que Fray Diego dejase por +ello de verter abundantes lgrimas.</p> + +<p>—Hum! No me gusta este baile de <i>extranjis</i>—manifest +al fin bajndose de un salto;—prefiero +la <i>danza prima</i>. Ven ac, to Diego...</p> + +<p>Y a la fuerza, cogindole por las manos, lo +alz de la silla y se puso a dar vueltas con l, +entonando uno de los cantos largos y montonos +del pas. Fray Diego se sinti rejuvenecido. Recordaba +sus tiempos de mastuerzo all en la aldea, +cuando su to el cura de Areces le mola a +palos porque saltaba de noche por la ventana +para ir a cortejar las mozas de los pueblos vecinos.</p> + +<p>—Oye, Diego—dijo el barn parndose repentinamente.—No +te parece que antes de seguir +bebamos una copita por el alma de nuestros mayores?</p> + +<p>Asinti el fraile de buen grado; pero las copas +yacan rotas por el suelo y los tarros vacos. El +barn abri un armario y sac de l nuevos elementos +de <i>vida espiritual</i>. Esta copa funeraria le +inspir una idea felicsima; la de cubrir la cabeza +del capelln con su boina y adornarse l +con el canaln de ste, que descansaba sobre una +silla. As vestidos volvieron a la danza, haciendo +dos figuras realmente interesantes.</p> + +<p>El barn dio un traspi y cay.</p> + +<p>—Alza, to Diego.</p> + +<p>El fraile le cogi de nuevo las manos que haba +soltado y tir con fuerza hacia arriba. Pero +el peso del noble le dobleg y rodaron los dos +por el suelo.</p> + +<p>—Alza, to Diego!</p> + +<p>—Alza, to Francisco!</p> + +<p>Ambos se revolcaban soltando brbaras carcajadas. +El barn logr al fin ponerse en pie. El +capelln le imit al cabo de un rato. Pero su +alma, iluminada un momento por los recuerdos +de la juventud, cay otra vez repentinamente en +la sangre y el exterminio. Se dirigi ferozmente +a su amigo.</p> + +<p>—Sepmoslo de una vez, porra! Por qu me +ha llamado usted cazuela hace poco? eh? eh? +por qu?</p> + +<p>—Te lo explicar enseguida, hombre—repuso +el barn con calma;—pero antes beberemos una +copa por la congregacin de todos los fieles cristianos, +cuya cabeza visible es el papa... digo, si +te parece.</p> + +<p>El capelln no puso obstculo.</p> + +<p>—Pues te he llamado cazuela—prosigui +chasqueando la lengua—porque una cazuela, +sabes t? una cazuela sirve para que la llenen +de patatas guisadas.</p> + +<p>Dicho esto, el barn cay en un espasmo de +alegra tan violento que por poco se ahoga. +Mientras tanto, los ojos saltones de su camarada +le miraban con tal expresin amenazadora +que pareca que iban a brincar de las rbitas y +lanzarse sobre l; crecan por momentos como +los de una langosta.</p> + +<p>—Y por qu de patatas guisadas? Yo tengo +tantos hgados como usted, porra! y lo he probado +en la accin de Ordua y en la de Unz, y +por algo tengo en mi casa seis cruces.</p> + +<p>—T? t?—dijo el caballero sin poder sosegar +la risa.—T nunca has servido ms que +para hacer el rancho al escuadrn.</p> + +<p>El furor del fraile no tuvo lmites al escuchar +esto. Grit, pate, dio espantosos puetazos sobre +la mesa. Por ltimo, lanzose hacia la puerta +y desde su marco comenz con descompuestos +ademanes a apostrofarle.</p> + +<p>—Eso lo dice usted porque est usted en su +casa! Salga usted fuera a decirlo! Salga usted +conmigo!</p> + +<p>El barn le miraba con risuea curiosidad.</p> + +<p>—Calma, calma, to Diego.</p> + +<p>—Salga usted a matarse conmigo!... Con sable, +con pistola, con lo que usted quiera...</p> + +<p>—Bien, hombre, bien; saldremos a matarnos... +pero slo por darle a usted gusto...</p> + +<p>Fue con paso vacilante hacia la alcoba y a +tientas, porque ya la oscuridad era completa, +meti las manos en el armero y sac dos grandes +sables de caballera.</p> + +<p>—Toma—dijo alargando uno al capelln.</p> + +<p>ste lo sac de la vaina y se puso a esgrimirlo. +Mientras llevaba a cabo la prueba, D. Francisco +le contemplaba rebosando de satisfaccin.</p> + +<p>—Bueno, vamos ya—dijo el fraile envainando.—En +marcha.</p> + +<p>Y tomando el canaln, que andaba por el suelo, +y ocultando el sable debajo de los manteos, +sali por la puerta. El barn cogi la boina, se +puso un grueso montecristo de abrigo y le sigui.</p> + +<p>—Alto!—exclam antes de que hubiera dado +cuatro pasos.—No te parece que echemos la +espuela?</p> + +<p>Fray Diego dej escapar un gruido afirmativo.</p> + +<p>Entraron otra vez en la sala y, tentando el +suelo, tropezaron con el tarro de la ginebra, que +no estaba agotado por completo. Dieron con las +copas y se escanciaron todo lo que haba. Acto +continuo salieron a la calle.</p> + +<p>El pavimento de gruesos guijarros estaba mojado. +Caa una lluvia menudsima, tan espesa +que en poco tiempo calaba la ropa como el ms +fuerte aguacero. La noche haba cerrado casi por +completo. Y como, segn las prcticas municipales, +faltaba todava un buen cuarto de hora +para encender los famosos reverberos de aceite, +las tinieblas envolvan a la empapada ciudad.</p> + +<p>Los dos hroes, animados por el espritu de la +guerra, caminaron con decisin por la calle del +Pozo, el clrigo delante, el noble detrs, ambos +embozados hasta los ojos y apretando bajo el +brazo el instrumento de muerte que cada cual +llevaba. Entraron en la calle de las Hogueras, +pasaron por bajo los muros de la Fortaleza y salieron +a la va que cie la antigua muralla de +la poblacin. A medida que el agua, filtrndose +al travs de los abrigos, refrescaba sus carnes, +se iban paulatinamente equilibrando sus humores. +El de Fray Diego tenda visiblemente +a serenarse, arrojaba uno a uno los negros velos +que le opriman. Pero estos velos los recoga +todos el barn y envolva con ellos su espritu +altivo y cruel. Ambos avanzaban impvidos al +travs de la noche y la lluvia, presagiando la +muerte.</p> + +<p>Siguieron un buen trecho a lo largo de la muralla +y al llegar a la carretera de Sarri tomaron +por ella. No haban andado cinco minutos +cuando oyeron cerca un gemido. Pararon en firme, +y acercndose al pretil distinguieron un bulto; +se aproximaron un poco ms y vieron sentada +una nia.</p> + +<p>—Qu haces ah?—dijo el barn, agarrndola +por un brazo.</p> + +<p>—Perdn!—exclam Josefina en el colmo del +terror.—Por Dios, no me pegue usted, seor! +Ya me pegaron mucho.</p> + +<p>La mano del caballero se afloj repentinamente +y, cambiando de voz y de tono, dijo:</p> + +<p>—No, hija ma, no; nadie te pegar. Cmo +ests aqu a estas horas?</p> + +<p>—Me ha pegado mucho mi madrina y me escap +de casa.</p> + +<p>—No tienes padres?</p> + +<p>—No, seor.</p> + +<p>—Vives en Lancia?</p> + +<p>—S, seor.</p> + +<p>—Quin es tu madrina?</p> + +<p>—Una seora.</p> + +<p>—Cmo se llama?</p> + +<p>—Amalia.</p> + +<p>—Porra!—exclam Fray Diego, dndose una +palmada en la frente.—Es la nia recogida por +D. Pedro Quiones.</p> + +<p>—Es verdad que se llama D. Pedro el marido +de tu madrina?</p> + +<p>—S, seor.</p> + +<p>—Vamos, levntate, hija ma. Ah no ests +bien. Vente con nosotros.</p> + +<p>—Oh, no, por Dios! No me lleven a mi madrina!</p> + +<p>—No, no iremos all. Ests mojada, criatura!—aadi +palpando su ropa.—Anda, anda.</p> + +<p>Los dos hroes haban depositado los sables +sobre el pretil. Cuando echaron a andar hacia +Lancia, llevando a la nia en el medio, all los +dejaron olvidados sin reparar en que la humedad +desluce y enmohece el acero.</p> + +<p>—Y por qu te ha pegado tu madrina?—preguntaba +Fray Diego mientras caminaban despacito +para acomodarse al paso de la nia.</p> + +<p>—Porque estaba jugando con los pastores.</p> + +<p>—Los pastores!... Pero los pastores de don +Pedro vienen a dormir a casa?</p> + +<p>—S, seor; duermen en la caja de cartn.</p> + +<p>—A ver, a ver, chica, qu estas diciendo ah?—profiri +el capelln detenindose.</p> + +<p>De la investigacin entablada inmediatamente +result que los pastores eran de barro. Fray +Diego emprendi nuevamente la marcha, resguardando +con sus manteos el frgil cuerpo de +la criatura.</p> + +<p>Pero al ponerle una de las veces la mano en la +cara observ, con sorpresa, que la humedad que +le moj los dedos era caliente. Comunicada esta +observacin con su antagonista, y como quiera +que ya haban llegado a las primeras casas de la +ciudad, metieron a la nia en un portal, encendi +el barn un fsforo y la reconocieron. Tena +todo el rostro baado de sangre, que manaba de +algunos profundos araazos, las manos cubiertas +de cardenales. Los dos hroes se miraron +aterrados, y la misma ola de indignacin encendi +sus mejillas. El barn dej escapar una serie +de imprecaciones fulminantes. stas y su +feo rostro espantable hicieron tal impresin en +Josefina, que huy gritando a un rincn. Consiguieron, +no sin trabajo, tranquilizarla, y despus +de secarle el rostro con un pauelo, Fray +Diego la cogi en brazos (el barn lo haba intentado +en vano), tapola bien con sus manteos y +emprendieron la marcha hacia la casa solariega +de los Oscos.</p> + +<p>All le hicieron la primera cura. El barn, +que en la campaa haba adquirido algunos conocimientos +de ciruga, le lav cuidadosamente +las heridas, las cerr con aglutinante y cur las +contusiones con cierto ungento eficaz que posea. +Las manos rudas de aquellos veteranos +parecan de seda al tocar la piel de la nia. Una +mujer no la hubiera curado con ms delicadeza, +con tal atencin y esmero.</p> + +<p>Josefina iba perdiendo el miedo. Aquel seor +tan feo no era malo. Se atrevi a pedir agua. El +barn respondi que no se estilaba en aquella +casa, y que lo mejor que le vendra ahora para +quitar el susto era una copita de Jerez. Hzola +traer, y luego que la nia la hubo bebido, los +dos campeones del rey legtimo se retiraron a +un rincn de la sala a deliberar.</p> + +<p>Resolvieron que lo prctico en aquel momento +era llevar la nia a casa de Quiones. El barn +se encargaba de entregarla. Antes calentara +muy bien las orejas a su madrina; le dira que +era una indigna mujerzuela, una criatura vil y +perversa, y que si otra vez osaba maltratar a +aquella pobre nia desvalida, ira a su casa a +cortarle las orejas y atarla despus por el moo +a la cola de su caballo y arrastrarla as por toda +la ciudad. Fray Diego no estaba conforme con +tanta crueldad, pero el barn ni por Dios vivo +quiso alterar poco ni mucho aquel plan siniestro +de terrible ejemplaridad.</p> + +<p>Cost trabajo persuadir a Josefina a que viniese +con ellos. Consiguironlo despus de prometerle +que su madrina no volvera a pegarla y que +sera para ella muy buena de all en adelante. No +faltaba ms! Como se atreviera a tocarla siquiera +en un pelo, rayo de Dios! le retorca el pescuezo +como a una gallina, la desollaba viva a correazos +con el freno de su caballo. El rostro de +aquel seor era tan espantoso al proferir tales +amenazas, que la nia no dud un instante de +su cumplimiento.</p> + +<p>Mientras caminaban hacia la mansin de los +Quiones, el barn no ces de vomitar injurias y +amenazas de muerte contra la esposa del maestrante. +Fray Diego procuraba intilmente calmarle. +Sus instintos sanguinarios se iban exacerbando +de tal modo, que el ex-fraile, temiendo una +catstrofe, se despidi al llegar a la puerta del +palacio.</p> + +<p>El barn tir de la campana. Como no saba +la costumbre feudal de la casa, no tir ms que +una vez. Tardaron en abrirle juzgndole plebeyo. +La sorpresa del criado fue grande al ver a +aquel terrible seor, que tanto respeto infunda +en la ciudad, y se apresur a pedir perdn de no +haber acudido ms a tiempo a abrirle. El barn +pregunt por don Pedro Quiones. Le hicieron +pasar y el criado subi delante por la gran escalera +de piedra. Al llegar al piso principal le +rog que aguardase mientras le anunciaba.</p> + +<p>Pocos momentos despus se present Amalia. +Dirigi una penetrante mirada de rencor a la +nia, que el barn tena de la mano, y dijo dirigindose +a ste con frialdad y altivez:</p> + +<p>—Qu deseaba usted?</p> + +<p>—Vena a entregar esta nia que he recogido +en la calle... y al mismo tiempo a hablar con +don Pedro o con usted cuatro palabras.</p> + +<p>Al proferir esta ltima, la voz del barn se alter +de un modo perceptible.</p> + +<p>—No me conoce usted?—aadi, viendo que +la dama le miraba fijamente sin contestar.</p> + +<p>En los pueblos casi todos se conocen, sobre +todo las personas de viso, aunque no se traten. +Sin embargo, Amalia replic descaradamente:</p> + +<p>—No tengo ese honor.</p> + +<p>—Soy el barn de los Oscos.</p> + +<p>La dama hizo una inclinacin de cabeza.</p> + +<p>—Paula—dijo dirigindose a una criada que +haba acudido,—llvate esa chica. T, Pepe, enciende +las lmparas del gabinete azul.</p> + +<p>Cuando estuvieron solos, la seora se sent, +invit con majestuoso ademn al barn para que +hiciese lo mismo, y esper mirndole con extremada +curiosidad, pero sin asomo de temor.</p> + +<p>—Seora—comenz el barn,—he hallado a +esa nia en la carretera de Sarri cubierta de +sangre y llena de cardenales. Le he preguntado +quin la haba puesto as, y me respondi que +su madrina. Yo no puedo creer...</p> + +<p>—Puede usted creerlo, porque es exacto—dijo +Amalia interrumpindole.</p> + +<p>El barn qued parado y confuso. Al cabo +prosigui:</p> + +<p>—Es posible que usted tuviera razn para +castigarla, pero me duele en el alma...</p> + +<p>Amalia volvi a interrumpirle:</p> + +<p>—Y a m me duele mucho ese dolor que usted +siente.</p> + +<p>—Mi objeto al venir aqu—manifest el barn, +que por momentos iba perdiendo su aplomo,—era +prevenir a usted...</p> + +<p>—Cmo?</p> + +<p>—Era rogarle que, ya que ha tenido la caridad, +segn me han manifestado, de recoger esa +desgraciada criatura expsita, continuase su +buena obra protegindola, amparndola, educndola... +y cuando tuviese necesidad de castigarla +lo hiciese con clemencia, pues la pobre es +una criaturita tierna y dbil, y los golpes pudieran +concluir con su vida...</p> + +<p>—Es eso todo lo que usted tena que decirme?—pregunt +framente la dama.</p> + +<p>La faz temerosa del barn se congestion sbito +al escuchar esta pregunta, inyectronse sus +ojos, la sinuosa cicatriz se alz con gran relieve +sobre la superficie del rostro en virtud sin +duda de algunos movimientos volcnicos de lo +interior. Escuchronse all en la garganta ruidos +formidables, sordos estampidos, presagio +de violenta erupcin. Pero al cabo aquellos +ruidos se apagaron, cesaron los movimientos de +trepidacin, y el crter, en vez de despedir una +corriente de lava fundida, como era de temer, +rocas, cenizas y otras materias volcnicas en +ebullicin, dej escapar dbilmente estas dos +palabras:</p> + +<p>—S, seora.</p> + +<p>—Bien, pues agradezco a usted mucho el inters +que se toma en este asunto, y aprovecho la +ocasin para decirle en nombre de Quiones y +en el mo que tiene usted aqu su casa.</p> + +<p>Al mismo tiempo tir del cordn de la campanilla +y se levant. Alzose tambin el barn mascullando +las gracias y ofrecindose.</p> + +<p>—Pepe, acompae usted al seor barn.</p> + +<p>Hizo ste una profunda reverencia. Contest +Amalia con otra ms leve. El caballero gir sobre +los talones y sali.</p> + +<p>Al bajar por la escalera con las orejas gachas, +el semblante encendido y los ojos extraviados, +otra vez se presentaron ante su imaginacin con +vigoroso relieve el descuartizamiento, la prdida +de los ojos, la cola del caballo y otros fieros +suplicios de la poca visigtica, a la cual perteneca +por su brbara traza y corazn indomable +y crudelsimo.</p> + + + +<hr /> +<h3><a name="XIII" id="XIII"></a>XIII</h3> + +<p class="cab">El martirio.</p> + + +<p>Apenas se haba cerrado la puerta tras +el barn, Amalia hizo traer la nia a +su presencia.</p> + +<p>—Venga usted ac, seorita, venga usted +ac! Cunto tiempo ya que no nos hemos visto! +Cmo lo ha pasado usted? Le ha ido a usted +bien? El barn es muy galante con las damas, +verdad?</p> + +<p>La nia lanz un grito penetrante.</p> + +<p>—Ay mi oreja!</p> + +<p>—De rodillas, sabandija! Ah! Conque no +vale nada lo que he hecho por ti! Ya me enseas +los dientes antes de concluir de mamar? De +rodillas, picaruela, malvada!</p> + +<p>Josefina fue a caer acurrucada en un rincn +del gabinete. Amalia mantuvo sobre ella largo +rato su mirada fulgurante. Separndola al fin, +pregunt a Concha y a Paula, que haban trado +a la delincuente, en qu forma se haba escapado. +La culpa era del cochero. Improperios contra +el cochero, que era un borracho, y amenazas +de despedirle si volva a caer en descuido semejante. +Luego comentarios infinitos sobre el +encuentro del barn. Qu haca aquel bruto a +tales horas por la carretera de Sarri? Quin +era el cura que le acompaaba? Despus consideraciones +tristsimas sobre la ingratitud y maldad +de aquella nia que hua de la casa donde +se la haba dado albergue y pona en ridculo a +su protectora. Las domsticas convinieron en +que mereca un castigo ejemplar.</p> + +<p>Despidiolas al cabo la dama, detenindolas +con ademn imperioso cuando trataban de llevarse +a la expsita. Una vez solas, Amalia tom +un libro y se puso a leer tranquilamente a la luz +de un quinqu, mientras su hija, de rodillas en +el ngulo ms oscuro, sollozaba apagadamente. +Tres o cuatro veces levant aqulla la cabeza, +dirigiendo su mirada colrica a las tinieblas del +rincn, esperando que la chica gimiese ms fuerte +para lanzarse sobre ella. Trascurri una hora, +hora y media. Cerr al fin el libro: sali y volvi +a los pocos momentos. Comenz a desnudarse +lentamente: cuando estaba medio desnuda tom +el quinqu, y acercndolo a la nia la oblig a +levantarse, la llev hasta la alcoba y le dijo mostrndole +el suelo:</p> + +<p>—Esta es tu cama. Ah dormirs vestida.</p> + +<p>Cuando termin de desnudarse, la nia le dijo +con voz dbil:</p> + +<p>—Perdname, madrina; no volver a hacerlo.</p> + +<p>Pero ella no quiso or estas palabras. Se meti +en la cama y apag la luz. Sus ojos quedaron +abiertos en la oscuridad. Las horas, sonando con +sus cuartos y medias melanclicamente en el reloj +de la catedral vecina, no consiguieron cerrarlos. +Eran dos lmparas misteriosas que slo daban +luz hacia dentro, alumbrando mil cosas siniestras +y punzantes. Bajo aquella pequea frente se +atropellaban, se estrujaban las ideas sombras, +los deseos feroces. El matrimonio de Luis era +una abominable traicin. Sin recordar la suya +hacia el pobre viejo paraltico que Dios le haba +dado por esposo, ni pensar en que su falta haba +truncado la vida del conde, amenazado de morir +en la soledad, sin familia que endulzara sus ltimos +das, haca pesar sobre l toda la responsabilidad +del delito y toda la amargura que ahora +senta al desprenderse del nico placer que la +acariciaba en aquella lgubre y montona existencia. +El nico placer! No mereca otro nombre +su amor. En aquel espritu ardiente, desptico, +atormentado, no haba entrado jams la +ternura; ignoraba por completo las cosas deliciosas +y poticas que ennoblecen la pasin y la +hacen perdonable. Su vida se haba deslizado en +una agitacin insana, atormentada por el deseo +de ser feliz a toda costa. En los ltimos siete +aos vivi bajo el imperio de su torpe apetito +insaciable. Jams un pensamiento melanclico +de remordimiento vino a acusar en aquella ruin +naturaleza la presencia del sentido moral. Cada +vez ms exacerbada su ansia de goces la arrastraba +ltimamente a mil pasos extravagantes y +peligrosos. Ya no se contentaba con reunir en +su casa a la juventud laciense y bailar de vez en +cuando por condescendencia. Era menester, para +alegrarla, que todos los das hubiese jarana, giras +de campo, mascaradas, etc., y que ella bailase +sin cesar hasta caer rendida como una zagala +de quince aos: necesitaba menudear las entrevistas +secretas con su amante a las horas ms +extraordinarias y en las ocasiones ms impensadas. +Sus anhelos enfermizos la impulsaban a desafiar +la opinin pblica, despreciando por gusto +toda precaucin. Si el conde le haca alguna advertencia +irritbase, se revolva como una fiera. +Ms perda ella que l; las murmuraciones no se +cebaran en el hombre seguramente, sino en la +mujer. La deshonra era para sta. Pero ella se +rea a ms no poder de estas murmuraciones y +de la deshonra. Si la apuraban un poco era capaz +de pregonar su falta en Altavilla cuando hubiese +ms gente. El conde se senta cada vez ms desligado +de esta mujer, que turbaba todas sus ideas +morales, teolgicas y sociales. Llegaba a inspirarle +miedo.</p> + +<p>ste se convirti en terror, en malestar insufrible, +que le hizo apetecer con ansia la libertad, +desde cierta revelacin que, sonriendo, le +hizo Amalia.</p> + +<p>—No sabes, querido? Esta maana estuve a +punto de hacer una locura, una locura muy grande. +Quiones me mand ponerle las gotas de arsnico +que toma hace tiempo. Cog el frasco y +de repente, como si una mano invisible me levantase +el codo, vert en el vaso la mitad del +contenido... No tiembles, cobarde, que no hay +motivo!... Jams me haba pasado nada semejante. +Te juro que mi voluntad no tena arte ni +parte en ello. Obraba por una fuerza superior +que me arrastraba a pesar mo. Dej el vaso sobre +la mesa, lo contempl un instante con sorpresa, +lo levant para mirarlo al trasluz... Nada, +ni el ms mnimo signo que denotase que all +estaba la muerte. Lo puse sobre la bandeja y +me encamin con l hacia el gabinete sin darme +cuenta de lo que haca. Pero enmedio del +pasillo me estremec como si saliese de una +pesadilla, vi repentinamente el disparate que +iba a hacer, y dej caer el vaso al suelo.</p> + +<p>—No era un disparate, era un crimen horrible +el que ibas a cometer—dijo sordamente el conde, +que sudaba de congoja.</p> + +<p>—Bueno, crimen o disparate... o lo que sea, +era una estupidez de todos modos, sabes? porque +enseguida se comprendera, por los sntomas, +que se trataba de un envenenamiento.</p> + +<p>Aquellas palabras, pronunciadas con afectada +ligereza, impresionaron an ms al conde que +las anteriores. Desde entonces no poda acercarse +a ella sin experimentar una extraa sensacin +de repugnancia.</p> + +<p>Su juventud pas. Hasta la llegada de Fernanda, +Amalia no haba pensado en ello. No teniendo +rivales en Lancia, haba puesto menos diligencia +cada da en el cuidado de su persona, +dej del todo aquella plausible coquetera que +sirve a la mujer para perpetuar el encanto de su +persona. Slo al ver la esplndida hermosura de +la hija de Estrada-Rosa se dign echar una mirada +a s misma. Comenz a preocuparse del alio +de su cuerpo, se procur toda clase de afeites, +envi por vestidos a Madrid, aprovech todos los +recursos de la elegancia. Era tarde. Aquel msero +cuerpo abandonado, marchito por los aos y +la anemia, no recobr frescura ni gracia.</p> + +<p>Esta idea fija le roa el cerebro en su larga y +dolorosa vigilia. No volver a inspirar amor, ser +vieja, causar repugnancia! Mil garfios le arrancaban +las entraas. Luis se casaba. Por qu? No le +haba sacrificado su juventud, su honor, su salvacin, +si despus de esta vida haba ms que tinieblas? +Qu vala esto! La primera seal de ruina +que haba aparecido en su rostro desvaneci como +un sueo todos los juramentos; los siete aos de +amor se haban hundido en el abismo del tiempo +sin dejar la ms insignificante huella... Pero ella +no tena arrugas todava; no era tan vieja; treinta +y cinco aos nada ms. Bruscamente llev la +mano a la mesa de noche, encendi la buja y +salt de la cama: acercose al espejo y se contempl +largamente, repasando con el dedo todos los +rincones del rostro para cerciorarse de que no +existan las temidas arrugas.</p> + +<p>Un gemido que son detrs le hizo volver la +cabeza. Levant la buja y clav una mirada recelosa +en su hija, tendida en el suelo y tiritando. +La nia no dorma. Sus ojos febriles se posaron +con angustia en ella, sus labios murmuraron otra +vez Perdn! Sin hacer caso alguno, la esposa +de D. Pedro se meti de nuevo en la cama y apag +la luz.</p> + +<p>Los rayos del sol matinal, penetrando por las +rendijas del balcn, alumbraron aquellos dos insomnios. +Con la luz de Dios comenz el brbaro +suplicio de una criatura inocente. La fecunda, +diablica fantasa de Amalia se puso a inventar +tormentos con que saciar el odio que la devoraba. +Necesitaba ver sufrir. Josefina fue enviada +descalza abajo con una misiva escrita en lpiz +para Concha. El papel deca: Concha, ah te +envo a esa picaruela. Castgala como mejor te +parezca.</p> + +<p>Amalia haba adivinado, en su doncella, al verdugo. +Y en efecto, al recibir sta el papelito experiment +satisfaccin, lisonjeada en su vanidad +y en sus instintos.</p> + +<p>—Sabes lo que dice este papel?—le pregunt +relamindose.</p> + +<p>Josefina hizo un signo negativo. Lea todava +mal el manuscrito, sobre todo escribiendo tan +descuidadamente como lo haba hecho la seora. +La costurera le oblig a deletrear aquellas +palabras hasta que se enter bien de ellas.</p> + +<p>—Ya ves que me manda castigarte por lo que +has hecho ayer.</p> + +<p>Al decir esto sonrea dulcemente, como si le +noticiase que le iba a regalar alguna golosina. +Josefina la mir sorprendida.</p> + +<p>—Castigarme? Madrina ya me ha hecho dormir +en el suelo.</p> + +<p>—No importa, eso es poco para maldad tan +grande como escaparse de casa. Habr que darte +algunos azotes. Lo siento, hija ma, porque nunca +has recibido este castigo y te va a doler mucho. +Las seoritas tenis la carne delicada, no +sois como nosotras, que estamos acostumbradas +desde muy chiquitinas a la intemperie y a los +golpes. Ven ac!...</p> + +<p>Al mismo tiempo sac del cors una de las +formidables ballenas, que entonces solan usarse. +La nia retrocedi asustada, pero la costurera +la atrap por el brazo.</p> + +<p>—No intentes escapar, porque entonces ser +doble la racin.</p> + +<p>Josefina se cogi a su mano llorando angustiosamente.</p> + +<p>—No me pegues, por Dios, Concha! Ya sabes +que me ha pegado mucho madrina ayer... Mira, +mira cmo tengo las manos... Me duele tambin +la cabeza... El suelo estaba tan duro!... Yo te +quiero mucho... no te he acusado nunca a madrina...:</p> + +<p>—Suelta, suelta!—repuso la costurera tratando +de desasirse suavemente de sus pequeas +manos.—No tengo ms remedio que obedecer. +La seora lo manda.</p> + +<p>—No, por Dios! Concha, no, por Dios!—responda +entre sollozos la criatura.—Te quiero +mucho... y a madrina tambin... Si no me pegas +te he de dar mi caja de muecas...</p> + +<p>—De veras?—dijo dulcificndose.</p> + +<p>—S, ahora mismo si la quieres.</p> + +<p>—Y el estuche de costura?</p> + +<p>—Tambin.</p> + +<p>—Y el armarito de espejo?</p> + +<p>—S, el armarito tambin.</p> + +<p>Concha hizo ademn de vacilar. La nia la +miraba con ojos ansiosos.</p> + +<p>—Y me prometes ser buena siempre?</p> + +<p>S, le prometa ser buena siempre.</p> + +<p>—Nunca ms escaparte?</p> + +<p>—Nunca.</p> + +<p>—Bueno—dijo con tono carioso y condescendiente;—pues +si prometes ser buena y formal, +y no se lo dices a la seorita, y me das adems +todo eso que dices, entonces... entonces... arrea, +chico!</p> + +<p>En un instante le alz la ropa y comenz a +azotarla despiadadamente, riendo como una loca +del engao.</p> + +<p>Los alaridos de la nia subieron hasta el piso +segundo. La esposa del maestrante estaba frente +al espejo, arreglndose provisionalmente el pelo. +Se detuvo. Un estremecimiento singular corri +por su carne, cierta emocin indefinible y vaga, +semejante a un cosquilleo, que no podra decir +con seguridad si era de placer o de dolor. De +todos modos, algo que refrescaba aquel ardor +insufrible que los vapores de la ira haban levantado +en su pecho. Permaneci inmvil hasta que +los gritos cesaron. Los ojos brillaban, el pulso +lata con ms celeridad. As se dice que el corazn +de la fiera palpita a la vista de su vctima.</p> + +<p>Fue el comienzo de los martirios de la nia. +Con los pretextos ms ftiles comenz a infligirle +castigos crudelsimos, demostrando tan rica +fantasa que para s la hubieran querido los sayones +del Santo Oficio. No slo la golpeaba brbaramente +por los motivos ms inocentes, y la +pellizcaba y la morda, sino que se gozaba en +tenerla en continuo sobresalto bajo el temor de +espantosos suplicios, en hacerle padecer de da +y de noche. Obligbala a salir descalza por el +jardn en las maanas ms crudas para buscarle +una flor, o bien la tena con la cabeza al sol horas +enteras, haciendo la guardia, para que los pjaros +no picasen una planta de grosella. Hacala +dormir en el suelo al lado de su cama, y varias +veces durante la noche le mandaba levantarse y +bajar a la cocina por agua. Reducala a comer +los manjares que saba no le gustaban y la privaba +de los que apeteca.</p> + +<p>A medida que corran los das su saa y crueldad +iban en aumento. Al principio tomaba pretexto +de cualquier descuido de la nia para atormentarla. +Luego no se fij en esto: lo haca +cuando tropezaba con ella o cuando el cuerpo se +lo peda. Uno de los martirios de su exclusiva +invencin fue pincharla las manos con un alfiler, +y tanto le gust que en pocos das las tuvo +llenas de picaduras: apenas haba sitio donde +poner otra. Esta tarea ferocsima sola encargarla +a su verdugo de rdenes, Concha, quien la +desempeaba a conciencia. Obligbala a estudiar +de memoria largos trozos del catecismo a sabiendas +de que era superior a sus fuerzas. En +cuanto tropezaba tres veces le deca:</p> + +<p>—Ve a pedir un beso a Concha.</p> + +<p>sta era la frase que por irrisin haba inventado +para que la criatura fuese a recibir el castigo +del alfiler.</p> + +<p>No la consenta mudarse la ropa interior. Al +poco tiempo la miseria comenz a roer la piel +delicada de la nia. Vindola rascarse, Concha +se enfureca, la apellidaba sucia, piojosa y la +arrojaba a empellones de la estancia. Todava +ms. La microscpica doncella, con anuencia +de su ama, le obligaba a ponerse zapatos antiguos +que le estaban chicos y que le producan +llagas y vivos dolores.</p> + +<p>Uno de los ms terribles martirios que la nia +padeca era cuando Amalia se encaprichaba en +que no llorase. Unas veces la dejaba gritar y +gemir bajo los golpes: pareca que se gozaba en +las lgrimas de la criatura, en or sus ardientes +splicas repetidas entre sollozos; pero en ocasiones +se empeaba en que sufriese en silencio. +Como esto no poda ser, se exasperaba, se pona +loca como una fiera hambrienta.</p> + +<p>—Calla!</p> + +<p>La nia no poda; dejaba escapar un gemido.</p> + +<p>—Calla!—repeta, acompaando la orden de +algunos golpes.</p> + +<p>Josefina trataba de callar, haca esfuerzos +desesperados por conseguirlo; pero la respiracin +ansiosa se escapaba a su pesar, produciendo +un gemido. Ms golpes.</p> + +<p>—Calla o te mato!</p> + +<p>La criatura apretaba con toda su fuerza la +boca, suspenda el aliento, se pona lvida, y +algunas veces caa privada de sentido. Aquel +tierno corazn se rompa falto de desahogo.</p> + +<p>En estos momentos Amalia experimentaba +una sensacin diablica, mezcla de placer y de +dolor, algo semejante a lo que sentimos cuando +nos sajan una postema. Su postema era aquella +desalmada pasin, mezcla de amor, de lubricidad, +de soberbia y de rabiosos celos. No pudiendo +devolver a su ex-querido tanta cruel mordedura +como desgarraba su pecho, saciaba el apetito +de venganza en el fruto de sus amores. Cuando +tena la nia a sus pies ensangrentada y temblorosa, +en sus miradas de angustia, en sus gestos, +en el timbre de su voz crea ver al amante humillado +y suplicante, y senta un spero goce +que haca brillar sus ojos y dilataba las ventanas +de su nariz. Josefina era un retrato en miniatura +de Luis. Mientras fue dichosa, su fisonoma +movible y risuea, el alegre brillo de sus ojos +haca que no se pareciese tanto; pero ahora la +desgracia y el dolor haban impreso en su mirada +una melancola profunda y en los rasgos de +su rostro cierta expresin de fatiga, que eran las +dos cosas que caracterizaban principalmente el +semblante del conde de Ons. Cuando aquellos +hermosos ojos azules se volvan hacia ella dulces +y resignados, cuando aquellos labios rojos +se plegaban demandando perdn, la valenciana +senta correr por su cuerpo marchito un estremecimiento +de voluptuosidad, algo que le recordaba +los goces que su amor adltero le haba +hecho experimentar.</p> + +<p>Despus de todo, en ella no haba envejecido +nada, nada ms que aquel rostro que se empeaba +en ajarse y aquella cabeza que produca +con horrible feracidad cabellos blancos. La +carne de su cuerpo, su pecho, sus brazos, sus espaldas, +conservaban la misma tersura de alabastro, +el mismo brillo adorable, sello de una raza +fina y hermosa. Palpbase, buscando consuelo, +con sus manos secas y hallaba la misma suavidad +y frescura. Aquella carne no se haba marchitado. +Bajo ella palpitaba la juventud, circulaba +una sangre ardiente, vida de goces, devorada +por la creciente necesidad de las embriagueces +del amor.</p> + +<p>Y sin embargo, todas aquellas cosas deliciosas +se haban huido para siempre; la novela de +su vida, la que haba embellecido su existencia +sombra en los ltimos aos, haba llegado al +ltimo captulo. Era una vieja! Asunto concluido. +A este pensamiento, que se le introduca en +el cerebro como un hierro candente, sentase +acometida por una necesidad animal de gritar, +de rugir, de destrozar. Era en tales momentos +cuando la nia padeca los ms crueles castigos, +cuando su frgil existencia corra verdadero peligro.</p> + +<p>El miedo fue otro de los padecimientos que le +infliga a menudo. En las altas horas de la noche +hacala levantarse y la enviaba a las habitaciones +extremas de la casa en busca de cualquier +objeto. La nia tornaba plida, temblorosa, sudando +de angustia. A veces era tanto su temor, +que dejaba caer la palmatoria y volva corriendo +arrojando gritos. Amalia se enfureca entonces, +la pellizcaba, la golpeaba, pretendiendo que +fuese otra vez al sitio designado. La criatura se +dejaba martirizar y se hubiera dejado matar antes +de hacerlo. En una de estas ocasiones le dijo +sonriendo ferozmente:</p> + +<p>—Ah! Conque la seorita es tan medrosa? +Est bien, yo me encargo de curarte la enfermedad.</p> + +<p>Se acordaba de la impresionabilidad extraordinaria, +de los terrores nocturnos que avergonzado +le haba confesado Luis en momentos de +expansin. Principi a darle sustos terribles. +Tan pronto se esconda detrs de una puerta y +le gritaba fuertemente al pasar, como la coga +descuidadamente y la apretaba el cuello. Otras +veces tomaba un cuchillo y le deca que iba a +morir, le ordenaba que se bajase la camisa para +degollarla mejor. Esto ltimo no produca tanto +efecto como pensaba. Josefina inconscientemente +apeteca la muerte, que la libertara de tanto +martirio. Para mejor quitarla el miedo, entre +Concha y ella inventaron una siniestra farsa +capaz de aterrar a un hombre valeroso, cuanto +ms a una nia de seis aos. Vistironse ambas +con sbanas, dejaron la habitacin a media luz +mientras la nia dorma, pusironse unas caretas +de calavera, y a media noche entraron dando +gritos lastimeros como almas del otro mundo. +Al despertarse la criatura y ver aquellos fantasmas, +qued paralizada por el terror, tapose luego +los ojos con las manos y un sudor copioso y +fro ba su cuerpo. Su corazn comenz a dar +tan fuertes golpes que se oan a distancia, dej +escapar algunos gritos ahogados y roncos; por +ltimo, llevndose las manos al pecho, se revolc +por el suelo sin sentido, presa de espantosas convulsiones.</p> + +<p>No se le cur el miedo; en cambio le qued +desde entonces una propensin fatal a los sncopes +y a los terrores nocturnos. Despertbase de +improviso con seales de gran espanto, mirando +fijamente a un punto del espacio, como si tuviera +delante algn fantasma. El corazn le palpitaba +vivamente, la frente se le cubra de sudor. En +tales momentos perda por completo la conciencia. +Amalia la llamaba en vano. Slo cuando +pona las manos sobre ella la nia lanzaba un +grito de terror y meta la cabeza por el pecho.</p> + +<p>Entre Concha y Mara la planchadora haban +estallado, a propsito de estos castigos, serias +reyertas. Mara era de natural compasivo y le +dolan los martirios de la nia, aunque no los +conoca todos, porque Amalia procuraba guardarse +de los criados, exceptuando Concha. Si no +era suelta de lengua, no se la morda tampoco +para censurar en la cocina la conducta de su seora.</p> + +<p>—Querida, esto es peor que la Inquisicin. +No parece que estamos entre cristianos, sino entre +perros judos. Antes, tanto mimo que corrompa, +y ahora, de spito, tratan a este angelito +peor que a una bestia. Dgote que la cosa +pasa de la raya! No hay corazn para ver tanta +maldad!</p> + +<p>—Cllate, tontona, entrometida—salt Concha.—Quin +te da vela a ti en este entierro? Si +la seora quiere ensear a esa nia como es +justo, va a consultarte a ti el cmo lo ha de hacer? +Sabes t tan siquiera lo que es educar nios? +Si la castiga all lo tendr de premio, que +as la har una mujer trabajadora y honrada! Algn +da le dar las gracias.</p> + +<p>—S, las gracias! Desde el cementerio se las +dar. De un mes a esta parte la nia est desconocida.</p> + +<p>—Bueno; y a t qu te va ni qu te viene en +esto? Eres t su madre?</p> + +<p>Tres o cuatro veces rieron de esta suerte, +llevando siempre la ventaja por su desvergenza +y mala intencin la microscpica costurera. Al +cabo, Mara, no pudiendo sufrir con paciencia +aquel espectculo, tom la resolucin de +marcharse. Se present un da a la seora, y con +la disculpa de que la plancha le haca dao pidi +la cuenta. No se le ocult a Amalia la verdadera +razn, pues tena conocimiento de sus +murmuraciones. Disimul, sin embargo.</p> + +<p>—S, hija, comprendo que el planchado te +aburra. T no gozas de mucha salud. Tambin +yo ando malucha hace das. Tengo el sistema +nervioso alterado. Pelear toda la vida con un +enfermo, y ahora, para rematar la fiesta, salirme +esa chicuela, en quien tena fundadas mis +esperanzas, tan ingrata y perversa! No s cmo +tengo paciencia.</p> + +<p>Mara vacil un instante.</p> + +<p>—Ya ve usted, seora... los nios son nios.</p> + +<p>La esposa del maestrante comprendi que, si +prosegua en el tema, la planchadora iba a decir +algo desagradable y se apresur a cortar la pltica, +pagndole su cuenta y despidindola con +afabilidad.</p> + +<p>No impidi esto para que la domstica dijese +en confianza, en cierta casa donde fue a servir, +lo que pasaba en la de Quiones. La noticia se +fue trasmitiendo en confianza, igualmente, de +unos a otros. Al poco tiempo fueron bastantes +las personas que tenan conocimiento de las +crueldades que con la nia se cometan.</p> + +<p>El conde de Ons, para huir la curiosidad del +pblico, que le molestaba sobremanera, y an +ms para librarse de Amalia, se haba trasladado, +sin decir nada a sta, haca ya cerca de un +mes a la Granja. Su madre le haba acompaado. +No haba escrito a su ex-querida, aunque todos +los das pensaba hacerlo, para darle cuenta +de su resolucin. Tanto era el temor que la valenciana +haba llegado a inspirarle, que la pluma +caa de sus manos cada vez que la tomaba +para noticiarle su matrimonio. Y dejaba pasar +los das en continua vacilacin, pensando con +inquietud en la ira que de ella se apoderara, +esperando, como todos los dbiles, en que algn +acontecimiento imprevisto le sacase del compromiso. +Aquel modo de romper las relaciones, sin +ria, sin convenio, sin explicacin alguna, era +realmente original, pero muy propio de su carcter. +Nada saba de los martirios de su hija. +No obstante, cuando pensaba en ella senta repentino +desasosiego, alterbanse sus nervios, y +se pona a dar vueltas por la estancia con visible +agitacin. Un vago y triste presentimiento le +oprima el corazn. El amor frentico que consigui +inspirarle Fernanda le haba hecho olvidarse +un poco de Josefina. En ciertos momentos se +reprenda a s mismo con amargura; pensaba que +aun casado con Fernanda no alcanzara la felicidad +si no poda ver a su hija todos los das. Bien +entenda que era esto imposible continuando en +poder de Amalia. Por eso soaba con arrebatrsela: +imaginaba con placer desatinados proyectos +de rapto: huir con ella y con Fernanda a cualquier +rincn del mundo tranquilo y ameno.</p> + +<p>Acaeci que en uno de estos das de vacilaciones +para el conde, fue por la maana a casa de +Quiones Micaela, la ms nerviosa y violenta de +las cuatro ondinas del Jubilado. Fue con objeto +de pedir consejo a Amalia acerca de un vestido +que tena en proyecto para el prximo baile del +casino. Apesar de sus treinta y pico, an segua +tendiendo redes al sexo masculino. Las visitas +a estas horas eran raras; pero como la noble familia +del Jubilado mantena tan ntima relacin +con la seora, no vacil la criada en pasarla al +gabinete de arriba, donde aqulla se hallaba.</p> + +<p>—Qu importuna, verdad? Querida, es la +hora en que se la puede a usted pillar sola—entr +diciendo con la graciosa volubilidad +que caracterizaba a los juveniles vstagos de +Mateo.</p> + +<p>Amalia la recibi cordialmente, pero mostrando +cierta sorpresa e inquietud que Micaela no +observ. Entraron en materia enseguida. La +cuestin de trapos embarg por completo sus espritus. +Amalia llev a su amiguita hacia el balcn. +Pero no haban hablado muchas palabras, +cuando sta crey percibir un dbil gemido en la +misma estancia. Volvi la cabeza y vio all en +un rincn a Josefina de rodillas y amarrada codo +con codo al tocador, de tal suerte que le sera +imposible levantarse sin alzar el pesado mueble, +cosa muy superior a sus fuerzas.</p> + +<p>Amalia se apresur a dar una explicacin.</p> + +<p>—Esta chiquilla se est haciendo tan mala, +que me veo precisada a atarla para que se est +quieta. Ayer ha mordido un dedo a la costurera; +ahora acaba de romper un espejo. No hay paciencia +para sufrirla!</p> + +<p>Micaela, a quien aquel castigo repugnaba, call. +Sigui la esposa de Quiones hablndole +con afectada indiferencia de su vestido; mas +apesar de lo mucho que el tema deba de interesarla, +la joven se mostraba bastante distrada y +lanzaba frecuentes ojeadas a la nia.</p> + +<p>Dej sta escapar otro gemido. Su madrina se +volvi con mal reprimida clera.</p> + +<p>—Quieres callar, eh? quieres callarte?</p> + +<p>Y la mir un buen rato con extraordinaria +fijeza.</p> + +<p>Volvi a anudar la pltica, pero en su voz se +notaba leve alteracin. Micaela estaba ms y +ms distrada. La indignacin le iba subiendo +hacia la garganta, y hubiera concluido por hacer +alguna desagradable advertencia a su amiga si +la chica no se hubiera quejado de nuevo.</p> + +<p>—Vaya, est visto que no nos has de dejar en +paz—dijo la dama haciendo esfuerzos por sonrer.—Habr +que darte suelta.</p> + +<p>Fue all y la desat, empleando en ello bastante +tiempo; la cuerda daba tantas vueltas alrededor +de su pequeo cuerpo como si fuese un +bal liado. Mas al tiempo de levantarse la nia, +no pudo. Sin duda haca algunas horas que estaba +en aquella dolorosa postura; los msculos, se +haban anquilosado.</p> + +<p>—Arriba zancas!—dijo bromeando, mientras +la ayudaba a levantarse.</p> + +<p>Micaela observaba la escena con estupor; relmpagos +de ira cruzaban por sus ojos.</p> + +<p>—No te gustaba la posturita, eh? Pues, hija +ma, si quieres no volver a ella hay que ser buena +y obediente, verdad, Micaela?</p> + +<p>sta no despeg los labios, cada vez ms fosca, +apesar de la sonrisa melosa que contraa el +semblante de la valenciana.</p> + +<p>—Bueno—prosigui, acariciando la rubia cabeza +de la nia,—ya ests perdonada, pero cuidado +con hacer maldades! Vete abajo y pdele +un beso a Concha.</p> + +<p>La nia, al or estas palabras, se puso densamente +plida, permaneci inmvil algunos momentos, +y al fin se dirigi a la puerta con paso +vacilante. Antes de llegar a ella, Micaela, que la +segua atentamente con la vista, observ que llevaba +los ojos cubiertos de lgrimas. Amalia reanud +la conversacin de trapos.</p> + +<p>No se haban pasado tres minutos cuando llegaron +al gabinete, lejanos y apagados, los gritos +de la nia. Micaela se estremeci; inclin la +cabeza hacia la puerta para escuchar mejor. +Amalia alzose vivamente de la silla y fue a cerrar +la puerta. Los gritos dejaron de orse, pero +la nerviosa joven tampoco oy ya las palabras +de Amalia. Un gran desasosiego se apoder de +ella; subanle vapores a la cara y al pensamiento +atroces deseos de desvergonzarse con aquella +malvada, de llamarla juda, bribona, infame. Todo +lo que pasaba en aquella casa se le represent +de golpe. Los celos primero, despus la noticia +del matrimonio de Luis cayendo como una bomba, +luego la venganza miserable, en la hija, del +abandono del padre. Conoca bien el carcter +rencoroso de la valenciana. Pero qu adelantara +con injuriarla en aquel momento? Producir +un grave escndalo y que la arrojasen de la casa. +Micaela, apesar de su temperamento violento, +tena un corazn compasivo. Lo que ms la +preocup fue el hacer algo en favor de la infeliz +criatura. Y tuvo serenidad suficiente para disimular +un poco y pensar que el mejor partido era +decrselo todo inmediatamente al conde, quien +seguramente ignorara tan ruin venganza. Procur +terminar cuanto ms pronto y se despidi +sin poder ocultar enteramente su turbacin.</p> + +<p>Cuando se vio en la calle sinti la necesidad +de desahogar su pecho. Pens en Mara Josefa, +que viva all cerca y que profesaba a la nia +expsita tierno cario. Entr en su casa agitada, +trmula, y antes de pronunciar palabra dejose +caer en un sof, dndose aire con la punta +de la mantilla.</p> + +<p>—Uf! Me ahogo... No sabes lo que me acaba +de pasar! Es una infame, una malvada que tiene +que arder en los infiernos! Siempre lo he dicho +y las tontas de mis hermanas no quieren +creerme. Es muy perversa esa tsica! Tiene el +corazn de una hiena.</p> + +<p>—Pero qu hay?—pregunt con asombro, +muerta de curiosidad, la sagaz jamona.</p> + +<p>Entonces la nerviossima hija del Jubilado le +relat, tartamudeando por la ira, la situacin en +que haba hallado a Josefina, la palidez de la +nia despus de la extraa invitacin de su madrina, +los gritos que haba escuchado como si la +estuvieran dando tormento. Mara Josefa uni +inmediatamente sus imprecaciones a las de la +joven. Sacaron a relucir todos los testimonios de +maldad que conocan de la esposa del maestrante +y resolvieron dar parte de lo que ocurra al conde, +aunque averigundolo antes con ms pormenores. +Para ello, aquella misma tarde, se pusieron +al habla con Mara la planchadora, que haca +algunos das haba salido de casa de Quiones. +Al principio sta, por temor a las consecuencias, +se manifest reservada. Concluy, no +obstante, por dar suelta a la lengua y referirles +las mil iniquidades que la seora de Quiones +cometa con la nia recogida. Quedaron +horrorizadas. Pensaron en dar parte al juzgado, +pero sobre enemistarse por completo con +la fiera valenciana (lo que, dicho sea en honor +suyo, no les preocupaba gran cosa en tales momentos), +comprendan que sera de escaso o ningn +resultado. Los Quiones eran la gente ms +poderosa de la poblacin; D. Pedro, jefe del partido +gobernante, en la provincia; las autoridades, +hechura suya o sometidas a su influencia. Todo +se tapara enseguida y quedara como antes. Lo +mejor era dirigirse al conde. Pero ste se hallaba +a la sazn en la Granja. Adems, aunque +todos, o casi todos, supiesen el secreto de la nia, +no era posible darse por enterados. Despus de +algunos debates decidieron escribirle la siguiente +carta, firmada solamente por Mara Josefa: +Sr. Conde de Ons. Mi estimado amigo: Con la +debida reserva le comunico que la nia recogida +por nuestros amigos los seores de Quiones, +y por quien tanto nos interesamos todos, es objeto +en aquella casa de crueles tratamientos. +Creo que tenemos el deber de intervenir para +que cesen. Usted me dir lo que debe hacerse y +que a m como mujer no se me alcanza. Si quiere +conocer los pormenores del martirio de la +criatura dirjase a la criada Mara que hace algunos +das dej de servir en casa de D. Pedro. Suya +afectsima amiga, <i>Mara Josefa Hevia</i>.</p> + +<p>Luis arrug la carta entre sus manos crispadas. +Toda la sangre se le agolp a la cara. Sin +darse cuenta de lo que haca sali de casa y casi +a la carrera tom la carretera de Lancia, llegando +a sta en pocos minutos. Aquel vago y terrible +presentimiento que senta realizbase al fin. +Amalia se vengaba ferozmente. El sentido oculto +de la carta era se: se dirigan a l como padre +de Josefina y causa de su desdicha. No sabiendo +qu partido tomar, fue a su casa para +reflexionar. Slo haba en ella una criada vieja +cuidndola. De sta se vali para averiguar +dnde estaba Mara y pasarle un recado a fin +de que viniese a verle. No se equivoc la planchadora +sobre el objeto de tal llamamiento. En +cuanto le fue posible acudi a la cita, y despus +de hacerle prometer que no hara uso de su nombre +para nada, le dio cuenta circunstanciada de +los trabajos que estaba pasando la inocente nia. +Escuchbala plido, desencajado, sin poder reprimir +los violentos y frecuentes golpes de su +corazn. Cuando lleg a narrarle ciertos odiosos +y terribles pormenores, el conde principi a dar +vueltas por la estancia como fiera enjaulada, a +mesarse los cabellos, a araarse la cara, lanzando +rugidos de coraje.</p> + +<p>Al quedarse solo, mil ideas, todas desatinadas, +se le atropellaron en la mente. Quera entrar +a viva fuerza en casa de Quiones y llevarse +a su hija; quera retorcer el cuello a aquella +vil mujer; quera decrselo todo a D. Pedro; quera +dar parte al juez y meter en un calabozo a la +infame. Afortunadamente sus accesos eran tan +violentos como cortos. Vino el abatimiento, el +llanto. Corri a casa de su prometida y le cont +sollozando lo que ocurra; se confes con ella +por vez primera. La buena Fernanda uni sus +lgrimas a las de l, enternecida por la suerte +de la infeliz criatura y por el dolor de su amado. +Largusimo rato pasaron comentando los terribles +sucesos y buscando medios de conjurar +aquella ruin venganza. Fernanda logr, al fin, +persuadirle a que apelara a medios suaves. Pensar +en conseguir algo por la fuerza era insensato. +El conde, ni aun confesando su falta, tena +derecho alguno sobre la nia. Provocar un +escndalo era intil. Acudir a los tribunales, lo +mismo. Ningn criado se atrevera a declarar +contra su ama, y las cosas quedaran peor que +antes. Al fin el conde se decidi a escribir una +carta a su antigua amante.</p> + +<p>En este momento acaban de decirme que +nuestra Josefina, nuestra adorada Josefina, est +padeciendo martirios increbles de tu mano. +Creo que es una vil calumnia. Conozco tu genio, +que es vivo y fogoso, pero noble. No puedo atribuirte +semejante cobarda. Te escribo solamente +para cerciorarme de que esta angelical criatura +sigue siendo el encanto de tu vida. Si no fuese +as, dmelo y buscaremos un medio de que pase +a mi poder. Te supongo enterada del paso que +voy a dar. No quiero decirte nada. Era inevitable +ms tarde o ms temprano. De todos modos +puedes estar segura de que mi remordimiento +est endulzado por el recuerdo dulcsimo de los +aos que te he amado. Adis. Escrbeme alguna +palabra amable.</p> + + + +<hr /> +<h3><a name="XIV" id="XIV"></a>XIV</h3> + +<p class="cab">La capitulacin.</p> + + +<p>Josefina se demacraba. Sus mejillas tenan +la palidez de la cera. En sus +ojos, de mirar suave y apacible, se +notaba constantemente el extravo del terror; en +torno de ellos el sufrimiento haba trazado un +crculo violceo. Hablaba muy poco, no rea jams. +Cuando la dejaban en paz, sentbase en +cualquier rincn y permaneca inmvil mirando +a un punto fijo, o bien se acercaba al balcn y +escriba en los cristales con el dedo.</p> + +<p>A veces, a despecho de tanto dolor, la naturaleza +infantil revindicaba sus derechos. Vea al +gato acercarse lentamente a ella con el rabo derecho, +el espinazo arqueado, solicitando sus caricias +con dbil ronquido. Dejbase caer en el +suelo, le llamaba, le traa hacia s y principiaba +a pasearle las manos por el lomo, a rascarle +la cabeza y hacerle cosquillas debajo +del cuello, murmurndole al mismo tiempo en +el odo palabras de cario, un gorjeo mimoso +que el animal acoga con espasmos de voluptuosidad. +Te quiero, te quiero. T eres muy bueno. +Verdad que eres bueno? Ya no me araas +como antes. A quin quieres ms en la casa? +Di, rico? Quin te ha dado una sardina ayer? +Quin te pone el platito con leche todos los +das? Y si pudiese darte siempre pescado tambin +te lo dara, porque s que es lo que ms te +gusta, verdad, rico mo? Pero no has de robar +nada; ya sabes que te pegan. No orines ms en +la cama de Mann. Mira que te va a matar; lo +ha dicho el otro da en la cocina. Y coge muchos +ratones para que madrina te quiera y no te +echen de casa.</p> + +<p>El gato, extasiado, susurraba all en el fondo +de la garganta mil ses complacientes, y se frotaba +contra ella cada vez ms acaramelado y pegajoso. +Tendase la nia boca arriba llevndole +abrazado, le apretaba contra su pecho, le besaba, +y a veces, olvidada de sus martirios, derramaba +lgrimas de ternura. Pero cualquier rumor +en la habitacin contigua le haca levantarse sobresaltada +con el espanto en los ojos, arrojaba +el gato lejos de s y esperaba inmvil lo que viniera. +Casi siempre algn castigo cruel.</p> + +<p>—Pcara, as ensucias los vestidos arrastrndote +por el suelo! Aguarda aguarda!</p> + +<p>Por efecto de los continuos miedos que experimentaba +contraase con fuertes movimientos +irregulares su vejiga y haca que involuntariamente +se le escapase en muchas ocasiones la +orina. Esto era lo que pona fuera de s a la irascible +Concha. Si notaba en el suelo (porque la +ropa slo muy rara vez se la vea) signos de +aquella debilidad, encrespbase como una hiena.</p> + +<p>—Gorrina, indecente! Parece mentira que la +seora mantenga en su casa este bicho asqueroso. +Si fueses cosa ma, te desollaba viva.</p> + +<p>Pero aunque no era cosa suya, proceda como +si lo fuese: la desollaba a azotes. Una vez su +furor fue tan grande que, cogindola por las +orejas, le higo lamer el suelo mojado.</p> + +<p>La hora ms terrible para la criatura era la +de las lecciones. Amalia se las sealaba por la +maana temprano; grandes trozos de la historia +sagrada y de la gramtica. Josefina se retiraba +a un rincn y haca esfuerzos desesperados por +retenerlos en la memoria. Un poco antes de comer, +Concha, que era la encargada de tomrselas, +se sentaba en una silla, sacaba la famosa +ballena y, con ella en una mano y el libro en la +otra, daba comienzo a sus funciones pedaggicas. +Cada tropiezo, cada palabra que la nia olvidaba +costbale un ballenazo en la cara, en el +cuello o en las manos. Y como su memoria no +era bastante fuerte, y por otra parte el miedo se +la obstrua, aquello era un incesante machaqueo.</p> + +<p>An peor si se las tomaba su madrina. Concha +era framente cruel; no levantaba la mano sino +cuando cometa la falta, como una mquina de +castigar. Pero Amalia a los pocos momentos se +pona nerviosa, el llanto de la nia excitaba sus +sentidos, entraba en furor como una pantera hambrienta, +y conclua por golpear frenticamente +hasta que la dejaba trmula y ensangrentada a +sus pies.</p> + +<p>Desde la carta del conde haba aumentado, si +era posible, su odio a la criatura; la trataba an +ms despiadadamente. Herida en lo ms vivo +de su orgullo por aquella diplomacia fra, protectora, +insultante que en su sentir respiraban +las palabras de su antiguo amante, vomitaba la +rabia de su corazn sobre la hija. Adems, la idea +de que Luis tena noticia de aquellos martirios, +y le dolan vivamente era aliciente mayor para +prodigarlos. Que sufriese ella, que sufriese l, +el vil, el prfido, que haba gozado de su juventud, +y cuando la hall vieja la arroj como un +trapo sucio a la barredura!</p> + +<p>En uno de estos das de profunda y rugiente +clera la vida de Josefina corri inminente peligro. +A la hora de costumbre fue llamada al comedor +para dar sus lecciones. Concha se acomod +en su silla y con no disimulado regodeo sac +del pecho la fatal ballena. Aquel da le peda el +cuerpo un razonable desahogo de golpes. La +nia se acerc a ella temblando como siempre y +le entreg los libros. Y ya comenzaba a recitar +con labio balbuciente un captulo de la historia +sagrada cuando vino a interrumpirlas Mann. +Entr con su eterna chaqueta verde, calzones +cortos, su gran calas mugriento, haciendo +temblar el piso con los zapatones claveteados. +A esta indumentaria, arcaica ya en la provincia, +deba gran parte de su notoriedad y la fama de +terrible cazador de osos que haba tenido. Entr +con la cabeza gacha como siempre y, espatarrndose +bajo el dintel de la puerta, pregunt:</p> + +<p>—Concha, no habr <i>de qu</i>, que comer, por +ah?</p> + +<p>—Tanto te aprieta la <i>gazuza</i>, Mann?—respondi +la costurera riendo.</p> + +<p>El aldeano abri desmesuradamente la boca +para rer tambin.</p> + +<p>—As Dios me salve, no puedo aguantar un +menuto ms. Toos parecis frailes descalzos en +esta casa; no vos entra la gana ms que cuando +suena la hora.</p> + +<p>—Voy, voy all, grandsimo tragn, roedor—dijo +Concha posando sobre la silla el libro y la +ballena y dirgindose con paso petulante hacia el +aparador.</p> + +<p>Se entendan admirablemente. La costurera +era arisca, cruel, intratable; pero el mayordomo +saba recabar de ella las pocas migajas de buen +humor que tena en el cuerpo. La requebraba +brutalmente, la pellizcaba al pasar, le deca mil +groseras desvergenzas para que las comprendiera +al revs. Y la microscpica doncella, que +no era gentil ni bonita y en quien las asperezas +del carcter haban sofocado todo germen de +coquetera, trasformndola en sacerdotisa del +dolor, en una eumnida fatal y despiadada, +se dejaba festejar complacientemente por aquel +bruto. Le haca gracia su osada, su rudeza, su +glotonera y el modo insolente y despreocupado +que tena de tratar a todo el mundo, incluso +al alto y poderoso seor de Quiones. Mann era +un solemnsimo bellaco. Con aquella grosera +soez, el porte de atrevido cazador de fieras y +su estrafalario arreo haba sabido vivir muy regaladamente +en este mundo, sin encallecer las +manos, ni quebrarse los lomos all en su aldea +con las faenas de la labranza.</p> + +<p>Sac la costurera un plato de carne fiambre y +lo puso sobre el hule de la mesa, sin servilleta ni +cosa que lo valga; despus cort a la mitad un +pan y lo dej, con la imprescindible botella de +vino blanco y el vaso, al lado de la carne. El cazador +de osos comenz a devorar. Concha sentose +de nuevo, y la nia, acercndose, repiti +las palabras que ya haba pronunciado. A los +pocos momentos zas! un ballenazo y un grito +de dolor. Inmediatamente otro golpe y otro grito. +Y as sucesivamente. La costurera estaba encantada +al notar que la chiquilla tropezaba ms +que otras veces. Mann engulla en silencio, volviendo +slo de vez en cuando los ojos con marcada +indiferencia hacia aquella triste escena. Al +poco tiempo, como por mquina, principi a +murmurar a cada golpe: Dale! Atiza! Buena +fue sa! Vaya una mano!... y otras semejantes +exclamaciones.</p> + +<p>Termin la leccin de historia sagrada. Antes +de tomar la de gramtica hubo un respiro. La +costurera se puso a bromear alegremente con el +mayordomo. Estaba de un humor angelical.</p> + +<p>—Qu tal la carne?</p> + +<p>—Rica, rica de verdad!</p> + +<p>—Lo peor es que te va a quitar el apetito para +la hora de comer.</p> + +<p>Retembl la estancia con la risotada del +gan.</p> + +<p>—Eso s! A m cualquier cosa me quita la +gana! Vas a tener que meterme un hierro caliente +en el agua como a la seora.</p> + +<p>—Por la panza te lo haba de meter, gran +puerco.</p> + +<p>—Mira, Concha, no me busques las cosquillas, +porque aunque eres una mocita de sandunga y +tienes los ojos muy picarones, y la boca como +una cereza, un da te encuentras, sin saber por +dnde vino, con un revs que te arrancar de +cuajo esa carrerita de perlas que me ests enseando.</p> + +<p>—Calla, calla, viejote, zapalastrn! Bueno +ests ya para reveses! Si no puedes con los calzones! +Si ests descuajaringado!</p> + +<p>—Eso no lo dices t con el corazn; por eso +se te estima. Bien sabes que hay aqu dentro +mucha entraa todava (y se daba rudos puetazos +en el pecho). Si te cogiera en un maizal!</p> + +<p>—Como si me cogieras en la plaza del mercado! +Na. Ya no tienes ms que quijadas y palique.</p> + +<p>—Y manos para apalpar la gracia de Dios—repuso +el brbaro tomando con su manaza velluda +la barba de la costurera.</p> + +<p>—Quita, quita! Gorrinazo!</p> + +<p>Y le peg con la ballena un golpecito en los +dedos. Volvi el gandulote a embestirla y ella a +defenderse de la misma manera. Trat de agarrarla +por la cintura. La doncella se levant y +corri por la estancia, hacindose la enojada.</p> + +<p>—No me toques, Mann! Mira que llamo a la +seora.</p> + +<p>Pero l no haca caso. La persegua lanzando +gruidos y risotadas; abrazbala aqu, soltbala +all, recibiendo en sus carrillos, speros y duros +como la piel de un elefante, las bofetadas de +la domstica, sin manifestar sentirlas. Crujan +los muebles, retemblaba el piso, campanilleaba +la vajilla de los aparadores. Y l sin cejar. Cada +vez ms falso y zalamern. Saba el pcaro que +aquella mujerzuela irascible y endemoniada tena +despierta la vanidad, como todos los seres humanos, +y que era de capital inters para su panza +tenerla contenta. Por ltimo, lanzando un verdadero +mugido de buey, consigui agarrarla por +la cintura y alzarla en vilo. Mantvola en alto +sin esfuerzo alguno, como si fuera un chiquito +de tres aos.</p> + +<p>—Y ahora? Qu dices ahora, Zapaquilda? +Dnde estn esos hgados? Dnde esas manos? +Anda, bruja, pide perdn; si no, te dejo caer +como una rana—bramaba el cazurrn, zarandendola +en el aire.</p> + +<p>—Djame, Mann! Djame, burro! Habr +cochinazo! Mira que grito!</p> + +<p>Al fin la puso delicadamente en el suelo. La +doncella, jadeante, desgreada, frunciendo mucho +las cejas para aparecer ms enfadada, deca +con voz anhelante:</p> + +<p>—No tienes vergenza, Mann. Si no fuera +mirando a la casa donde estamos, te tiraba este +quinqu a las narices y te las rompa, por bruto +y por insolentn. A lo mejor estn los criados +oyendo todo esto, y qu dirn? Quita, quita +all! No me vuelvas a decir palabra, porque no +te contesto.</p> + +<p>—Eso! Grita ahora, fachendosa, despus que +te hice ver a Dios—roncaba Mann con sorna, +mirndola de reojo y sobndose la barba.</p> + +<p>—Si no te quitas de mi vista, baldragote!...—exclamaba +la diminuta criada, pasndole a su +despecho relmpagos de risa por los ojos.</p> + +<p>Mann se sent de nuevo para engullir el pan +que quedaba y beber otro vaso de lo blanco. Josefina +mientras tanto sollozaba en un rincn, llevndose +las manos heridas a la boca, palpndose +las mejillas acardenaladas por los ballenatos. +Mann se dign echar hacia ella una mirada.</p> + +<p>—No llores, tontina, que el dolor de los zurriagazos +pasar y la ciencia te quedar en la +mollera para siempre—dijo cortando con su navaja +un pedazo del pan y metindolo en la boca.—Si +quieres saber mi dictamen, cuanto ms te +peguen ms contenta debes de estar. Qu seras +t si Concha no tuviese la misericordia de +castigarte duro? Una chafandina que no valdra +un celemn de bellotas, una bestia, salva sea la +comparanza. Y ahora qu sers? Una mujer pa +too lo que se la pida. (Pausa mientras se corta +otro pedazo de pan y lo muele, levantando un +bulto como el puo en el carrillo derecho)... +Anda, que si yo hubiera tenido como t maestros +que me alzasen el pellejo a correazos, no sera +un burro, no me llamaran Mann, sino don +Manuel, y en vez de ser un msero sdito, andara +por ah dndome importancia, paseando +por Altavilla con las manos atrs como los seores +y leyendo las gacetas en el casino. (Otra +pausa y otra amputacin del zoquete)... Ponte +en lo justo si tienes caletre para ello. Cmo +quieres aprender esas cosas tan enrevesadas sin +algunos lampreazos? Quin aprendi <i>daqu</i> nunca +sin azotes? Nadie. Pues entonces! Si tuvieras +conocimiento, criatura, daras gracias a Dios +por haberte puesto una maestra que es como una +gloria. Para too sirve la endina, para too tiene +las manos finas y los pies listos, verd, t?</p> + +<p>Concha se haba puesto grave otra vez, sentndose +y haciendo un gesto imperioso a la nia +para que se acercase. Tocbale el turno a la +gramtica. Aqu andaba peor todava que en la +historia, sase por la falta de memoria o porque +el miedo la turbase. Comenz el vapuleo: un ballenazo +ahora y otro despus y otro y otro. Mann, +fiel a sus convicciones pedaggicas, aplauda +con la boca llena, cortando grave, esmeradamente, +en figuras geomtricas los pedazos del +pan antes de conducirlos con toda solemnidad a +los labios. Las faltas fueron muchas; los golpes +fueron otros tantos. Pero al terminar la leccin, +Concha consider que a ms del castigo correspondiente +a cada falta, teniendo en cuenta lo +mal que la nia lo haba hecho, convena terminar +con un vapuleo general que las comprendiese +todas. La alz de la silla y, blandiendo la +formidable ballena, exclam:</p> + +<p>—Ahora, para que estudies mejor y se te despierten +los sentidos, toma!</p> + +<p>Tantos y tan recios fueron los golpes, que la +criatura, tratando de huir aquel martirio, se +agarr con las manos crispadas a las sayas de +su verdugo. Sin saber cmo, tal vez por haberse +colgado inconscientemente a ellas, la cinta que +las sujetaba se rompi y vinieron al suelo, dejando +a la costurera solamente con la camisa. +Dio un grito de vergenza y se apresur a levantarlas. +Pero sin pararse a atar otra vez la cinta, +echando una mirada de profundo rencor a la +chica, sali de la estancia sujetndolas con las +manos.</p> + +<p>—Buena la has hecho, buena, buena, buena!—exclam +Mann, tallando con primor el bocado +que iba a llevar a la boca.</p> + +<p>La criatura, paralizada de terror, no lloraba. +No le dolan siquiera las heridas. Al cabo de +pocos momentos se present de nuevo Concha +acompaada de la seora. sta vena sonriendo +sarcsticamente.</p> + +<p>—Por lo visto, a la seorita le gusta ahora +desnudar a las doncellas delante de los hombres. +Estar usted contenta, seorita, no es cierto? +Mann habr visto bien por todos lados a Concha. +Verdad, Mann, que la has visto cmodamente?</p> + +<p>Avanz unos pasos. La nia retrocedi asustada.</p> + +<p>—No tenga miedo, seorita. Tranquilcese usted, +seorita. Yo no vengo aqu a azotarla. Eso +de los azotes es muy antiguo. Quin se acuerda +ya de azotes! Slo vengo a invitar a usted para +que d una vuelta por la cueva... la cueva de los +ratones... ya sabe usted. All se puede entretener +en desnudar alguna rata de las muchas que vendrn +a visitarla... Vamos, deme usted la mano +para que la conduzca con toda ceremonia.</p> + +<p>La nia fue a ponerse detrs de una silla; desde +all, perseguida por Amalia y por Concha, corri +alrededor de la mesa; por ltimo, se refugi +detrs del mayordomo.</p> + +<p>—Mann! Mann, por Dios me escondas!</p> + +<p>Pero ste la sujet por un brazo y la entreg +a la seora. Tomronla cada una por una mano +y la arrastraron, apesar de sus gritos penetrantes.</p> + +<p>—A la cueva no! A la cueva no! Madrina, +perdn! Mtame primero. Mira que tengo mucho +miedo! A la cueva no, que me comen los +ratones!</p> + +<p>Los criados salieron al pasillo y presenciaban +mudos y graves aquella escena. Los gritos de la +nia se fueron perdiendo en la oscura y tortuosa +escalera que conduca al stano.</p> + +<p>Amalia abri la puerta de la terrible cueva y +empuj a su hija hacia el interior. Cerr con furia; +pero la nia haba corrido hacia la salida, y +la puerta le cogi la mano. Oyose un grito desgarrador. +La valenciana abri otra vez la puerta, +dio un fuerte empujn a la criatura que la +hizo caer al suelo, y ech la llave.</p> + +<p>La cueva era un calabozo hmedo y negro +donde slo penetraban algunos tenues rayos de +luz por un ojo de buey abierto en lo alto. Sirvi +en otro tiempo para bodega de vinos. Ahora no +haba all ms que botellas vacas.</p> + +<p>La nia apenas qued sola se incorpor, mir +a todos lados loca de terror, quiso gritar y la +voz se le anud en la garganta; por ltimo, extendiendo +las manos, acometida de un fuerte +temblor, cay desvanecida.</p> + +<p>Al cabo de media hora el mozo de cuadra, que +haba presenciado el encierro, movido de compasin, +acercose a la puerta y mir por el ojo de +la cerradura. Nada pudo ver. Llam muy quedo.</p> + +<p>—Josefina.</p> + +<p>La chica no respondi. Llam ms fuerte. El +mismo silencio. Asustado, grit y golpe en la +puerta con todas sus fuerzas sin obtener contestacin. +Entonces apresurose a subir para dar +parte de lo que pasaba, a riesgo de perder su +empleo. Amalia mand a Concha con la llave +para ver lo que ocurra. Entre ella y Paula subieron +a la criatura privada de sentido, fra y rgida, +con los caracteres de la muerte impresos +en el rostro. Temerosa de las complicaciones +que con esto pudieran sobrevenir, la esposa del +maestrante se apresur a meterla en la cama. +Tard poco la pequea en volver en s, pero inmediatamente +se declar una fuerte calentura. +Llamose al mdico. Encontrola bastante mal. +Para explicar la herida de la mano y los cardenales +que presentaba, Amalia, frtil en mentiras, +invent una historia que el doctor crey o fingi +creer.</p> + +<p>Estuvo entre la vida y la muerte algunos das. +Amalia segua con ojos inquietos el curso de la +enfermedad. No le dola la prdida de aquel ser +sobre el cual haba vertido las hieles amargas +de su corazn; pero le agitaba la idea de perder +de una vez su venganza. Justamente al tercer +da de hallarse en cama Josefina, tuvo noticia +de que en la noche anterior haba salido Fernanda +en la silla de posta para Madrid, y que +Luis slo tardara cuatro o cinco das en reunirse +con ella. Experiment violenta sacudida. +Una ola hirviente de bilis inund su pecho. +Aquella noche tuvo fiebre tambin. Se le escapaban! +No haba posible venganza para aquel +traidor. Ira a Madrid, se casara; tal vez all +recibira la noticia de la muerte de su hija; llorara +un poco; al cabo las caricias de su adorada +esposa se la haran olvidar. De aquellos amores +tan largos, tan vivos, no quedara ms que +un hombre paseando su dicha por Europa, y en +Lancia una pobre mujer vieja y triste sirviendo +de befa a los corrillos de Altavilla. Sus carnes +flccidas temblaron. Los instintos vengativos de +su raza gritaron furiosos, avasalladores. No, no +poda ser! Antes arrojarle su hija muerta a los +pies, antes clavarle un pual en el corazn.</p> + +<p>Ocurriosele una idea singular y terrible: contrselo +todo a su marido. Ignoraba lo que esto +dara de s, pero por lo pronto provocara un escndalo. +D. Pedro era violento, gozaba de gran +poder y prestigio. Quin sabe el destrozo que +la bomba poda causar? Cierto que estaba paraltico +y no poda tomar venganza por su mano; +pero no se le ocurriran a aquel hombre tan altivo +y puntilloso medios de volver el mal que le +causaran? Ella caera entre las ruinas, pero caera +con gusto si el traidor pagaba de algn modo +su perfidia.</p> + +<p>Despus de mucho batallar con este pensamiento, +no arriesgndose a hacer la confesin +de palabra ni a escribirla bajo su firma, remiti +a D. Pedro, disfrazando la letra, una carta annima. +La nia que usted ha recogido hace seis +aos es hija de su esposa y de un caballero que +frecuenta su casa y a quien usted llama su amigo. +No le digo a usted el nombre. Busque usted +y no tardar en hallar al traidor.—<i>Un amigo +leal.</i> Echola al correo y esper con ansia el +efecto que produca.</p> + +<p>D. Pedro la recibi delante de ella y la ley. +Su rostro se contrajo fuertemente y se cubri de +palidez cadavrica.</p> + +<p>—Quin te escribe?—pregunt ella con naturalidad.</p> + +<p>El maestrante se repuso inmediatamente y, +doblando la carta y guardndola, respondi haciendo +esfuerzos por asegurar su voz, que temblaba:</p> + +<p>—Nada, un recomendado mo que se queja de +que le han dejado cesante... Ese gobernador! +No tiene memoria ni formalidad ninguna.</p> + +<p>Inquieta ya y esperando con ansia los acontecimientos +se retir a su gabinete. Por la tarde +lleg Jacoba con misterio y le entreg un billete +de parte del conde.</p> + +<p>—Qu quiere de m ese hombre?—pregunt +sorprendida y en tono despreciativo.</p> + +<p>—No lo s, seorita. Escribi la carta en mi +casa y all espera contestacin.</p> + +<p>El billete del conde deca:</p> + +<p>Amalia, s que nuestra hija se halla en peligro +de muerte. Por lo que ms quieras en este +mundo, por la salvacin de tu alma, concdeme +una entrevista. Necesito hablarte. Si esta tarde +ya no puede ser, ven maana por la maana a +casa de Jacoba.—Tuyo, <i>Luis</i>.</p> + +<p>—Tuyo! tuyo!—murmur con amarga sonrisa.—Has +sido mo, s, pero has cambiado de +dueo. Te costar caro.</p> + +<p>—Llevo contestacin, seorita?</p> + +<p>Qued pensativa unos momentos; dio algunas +vueltas por la estancia, completamente abstrada; +se acerc al balcn y mir por los cristales. +Al fin dijo, volvindose a medias y con +gran sequedad:</p> + +<p>—Bueno, ir maana a la hora de misa.</p> + +<p>—Me ha preguntado con grandsimo inters +por la nia.</p> + +<p>—Dile que sigue lo mismo.</p> + +<p>Marchose la entremetida, y ella permaneci +largo rato mirando a la calle, al travs de los +cristales, sin verla.</p> + +<p>Desde las siete de la maana del da siguiente +estaba Luis aguardndola en la casucha de Jacoba. +No haba all ms que una cocina en la planta +baja y una salita arriba con alcoba, tan bajas de +techo que el conde con sombrero tocaba en el +cielo raso. En esta salita daba paseos furiosos +con las manos en los bolsillos, mirando con precaucin +a cada momento por los visillos de la +nica ventana que tena. Hasta las nueve no acudi +la dama. La vio llegar con la mantilla echada +por los ojos, el devocionario en la mano y el +rosario colgado de la mueca, con el paso firme +y sosegado, como si viniese a dar algunos encargos +a su antigua protegida. Cuando oy su +voz en la cocina, le dio un vuelco el corazn, se +puso a temblar como un azogado y se le borraron +por completo las palabras que tena preparadas.</p> + +<p>—Cmo est usted, conde?—dijo ella con +gran naturalidad al entrar, tendindole una +mano.</p> + +<p>—Bien, y t?</p> + +<p>Levant la cabeza como sorprendida de orse +tutear y respondi mirndole fijamente:</p> + +<p>—Perfectamente.</p> + +<p>—Y la nia?</p> + +<p>—Algo mejor.</p> + +<p>Despejose al or esto la fisonoma del caballero. +Brill un rayo de alegra en sus ojos y dijo +tomando de la mano a su ex-querida y atrayndola +hacia el pobre sof de paja que all haba.</p> + +<p>—Sentmonos, Amalia. Aunque sea un atrevimiento +por mi parte, te ruego que me permitas +seguir tutendote cuando estemos solos... Yo no +olvido, no podr olvidar jams cuntas horas de +dicha te debo, cunta felicidad has vertido en +mi vida triste y montona. T me has revelado +lo ms dulce y ms ntimo que exista en mi corazn +sin que yo lo sospechase siquiera. Para t +han sido los primeros impulsos de mi alma. Slo +t has penetrado hasta ahora en ella, la has sondeado +y conoces sus melancolas, sus flaquezas, +y sus ternura. Si me separo de ti, si digo adis +a nuestro amor, no creas que es porque he dejado +de estimarlo: obedezco solamente a una ley +de la naturaleza que nos empuja a todos a crear +una familia. No tengo en el mundo ms que a mi +madre, una pobre anciana que muy pronto me +dejar solo... No debe parecerte mal que quiera +formar un hogar y poseer un heredero de mi nombre +y mis ttulos... Adems, el grito de la conciencia +me persegua...</p> + +<p>El conde, regocijado con la mejora de la nia, +se mostraba expansivo y ms locuaz que de costumbre, +sin poder ocultar la felicidad que le embargaba, +pensando que todo estaba arreglado a +medida de sus deseos. Josefina dichosa al lado +de su madre; l dichoso al lado de Fernanda; +Amalia resignada y tributndole siempre un cario +dulce y cada da ms acendrado.</p> + +<p>sta le miraba con cierta curiosidad burlona. +Cuando termin, dijo sonriendo benvolamente:</p> + +<p>—Sobre todo desde la noche en que viste a +Fernanda con aquel precioso vestido descotado, +ese grito debi de hacerse insoportable.</p> + +<p>El conde sonri tambin, avergonzado.</p> + +<p>—No lo creas, Amalia; siempre he sentido remordimientos. +Claro est que al hacerse uno +viejo ve las cosas con ms claridad. Mi barba ya +blanquea por varios sitios, como ests observando. +Lo que en un joven puede disculparse como locura, +como expansin irremediable del fuego que +corre por las venas, en un viejo se llama crimen. +El amor, a la edad en que yo estoy, no debe tapar +con sus alas la luz de la razn, y si la tapa +merezco el calificativo de insensato. Mi resolucin +podr sernos amarga a los dos. A m me +lo es mucho; me cuesta trabajo desprenderme +de una pasin que a fuerza de tiempo casi se ha +convertido en costumbre. Existe, adems, por +desgracia, entre los dos un lazo imposible de +romper por completo. El Destino ha hecho nacer +del fango de nuestro pecado una flor hermosa, +una cndida azucena. Apartemos el crimen +de su frente: ya que ha sido engendrada por un +amor ilegtimo, no la manchemos con nuestra +conducta vituperable. Hagmonos dignos de ella +viviendo como cristianos.</p> + +<p>—Est muy bien todo eso. Slo siento que ese +curso de doctrina cristiana haya venido tan tarde +y haya coincidido con la llegada a esta poblacin +de tu antigua novia. Porque parece as como +si tuvieras olvidado por completo el catecismo, y +ella viniese a refrescarte la memoria. Pero, en fin, +en eso no debo meterme porque no me concierne. +El resultado es que te casas. Haces bien. El +hombre est mal solo, y cuando halla una compaera +digna, como t has hallado, no debe perder +la ocasin. Fernanda es una buena muchacha; +segura estoy de que te har feliz. Tendris +muchos hijos y, despus de una vida larga y dichosa, +iris al cielo.</p> + +<p>Sorprendiole a Luis aquella resignacin y no +pudo menos de sentir alguna inquietud.</p> + +<p>—Y t sers tambin feliz?—le pregunt tmidamente.</p> + +<p>—Yo?... Qu importa que yo sea feliz o desgraciada!—dijo +alzando los hombros con ademn +desdeoso.</p> + +<p>—No digas eso, Amalia! La felicidad no es la +locura a que nos entregamos durante siete aos. +Haba un dejo amargo en ella que yo perciba +hace tiempo, y que t no tardaras en percibir. +Una vida pura y digna, la tranquilidad de la +conciencia, la estimacin de las personas honradas +te darn ms contento que la pasin culpable... +Adems, tienes lo que yo no tengo... tienes +a tu lado un ngel, un lirio tierno y fragante +que embalsamar tu existencia.</p> + +<p>—Ah, s, Josefina!... Efectivamente, ella +ser la que me ha de proporcionar los nicos +buenos ratos que pasar en adelante.</p> + +<p>Lo dijo con una inflexin de voz tan extraa, tan +aguda y estridente, que Luis sinti un escalofro.</p> + +<p>—Qu quieres decir con eso?</p> + +<p>—Lo que he dicho; que por fortuna tengo a +Josefina para resarcirme.</p> + +<p>—Es que lo dices de un modo tan raro!</p> + +<p>La valenciana dej escapar una risita singular +que sala all del fondo de la garganta y sonaba +de modo siniestro. Luis la miraba fijamente, +cada vez ms inquieto.</p> + +<p>—Pero qu tonto eres, Luis! pero qu retontsimo! +El egosmo ha puesto tales cataratas en +tus ojos que no ves ni lo que tienes delante. Si +tuvieses veinte aos, esa inocencia podra quizs +inspirarme lstima; a tu edad no me inspira ms +que risa y desprecio. Pensar en que cuatro palabrillas +insolentes sobre la moral y la conciencia +bastaran a obligarme a aceptar satisfecha la +humillacin que me impones; suponer que yo, a +quien si no conoces debieras conocer, voy a consentir +que me arrojes como un trapo sucio, que +me arrastres como una cautiva enamorada a los +pies de Fernanda para que le sirva de almohadn +cuando suba a tu lecho, es el colmo de la +estupidez y la fanfarronera. Por qu no me pides +tambin que sea tu madrina de boda?</p> + +<p>El conde la contemplaba con los ojos dilatados, +expresando la ansiedad y el espanto.</p> + +<p>—De modo que lo que me han dicho de los +martirios que haces pasar a nuestra hija es +cierto?</p> + +<p>—Y tan exacto! Y an no los sabes por completo... +Mira, voy a referrtelos todos para que +no te llames a engao...</p> + +<p>Y con palabra breve, incisiva, con una cruel +satisfaccin que se le trasluca en la voz, puso +delante de su vista el cuadro espantoso de las +miserias y dolores que la desgraciada criatura +haba padecido en los ltimos meses. Aquel +cuadro era infinitamente ms aterrador que el +que le haba exhibido Mara la planchadora. El +conde, plido, desencajado, sin hacer el ms leve +movimiento, pareca la estatua de la desesperacin. +Al poco rato se tap la cara con las manos +y as escuch hasta el fin.</p> + +<p>—Oh, qu infame! oh, qu infame!—murmur +sordamente.</p> + +<p>—S, muy infame, pero an espero serlo ms. +Has odo todas estas infamias? Pues no son +nada en comparacin con las que har.</p> + +<p>—No las hars tal, malvada!—profiri Luis +levantndose y abalanzndose a ella.—Antes te +ahogar con mis manos.</p> + +<p>La valenciana se escap hacia la puerta.</p> + +<p>—Si das un paso ms, grito!</p> + +<p>—Oh, infame, infame!—volvi a exclamar +con voz profunda el conde.—Y Dios consiente +sobre la tierra estos monstruos!</p> + +<p>Dio unos pasos atrs y se dej caer nuevamente +sobre el sof. Apoy los codos sobre las +rodillas y meti la cabeza entre las manos. Al +cabo de largo silencio la levant diciendo:</p> + +<p>—Bueno, y qu exiges de m?</p> + +<p>Amalia dio un paso para acercarse.</p> + +<p>—Lo que ya debes de suponer, si es que te +queda un poco de sentido comn. No exijo que +nuestras relaciones continen, porque a los trminos +a que hemos llegado no es posible: sera +tanto como mendigar tu amor, y tengo demasiado +orgullo para ello. Pero no quiero que ni +t ni esa mujer os quedis riendo de m; no +quiero servir de befa a los que conocen nuestras +relaciones, que son todos los que frecuentan la +casa. Exijo, pues, como condicin para que la +nia vuelva a ser lo que era que rompas inmediatamente +con Fernanda y no te acuerdes ms +de ella.</p> + +<p>—Pero Amalia!—exclam con acento dolorido.—Bien +comprendes que es imposible. Mi +boda est concertada; lo sabe ya todo Lancia: +Fernanda me espera en Madrid; faltan muy pocos +das...</p> + +<p>—Aunque faltase un minuto. Esa boda no se +celebrar. Si te casas con Fernanda, tu hija pagar +el agravio en la forma que ya sabes.</p> + +<p>—Oh! Yo lo impedir. Dar parte a la autoridad. +Pedir el depsito de la nia.</p> + +<p>—Eso es hablar por hablar, Luis—replic +con calma y sonriendo Amalia.—Las autoridades +de Lancia son hechura de Quiones. Nadie +osar declarar una palabra contra m.</p> + +<p>—Se lo referir todo a D. Pedro.</p> + +<p>—No te creer; y si te creyese, qu adelantaras? +En vez de impedir mi venganza, como +es la suya tambin, me ayudar.</p> + +<p>Hubo un largo silencio. El conde meditaba +con la frente apoyada en la mano. De pronto se +alz violentamente y se puso a dar agitados paseos +murmurando:</p> + +<p>—No puede ser! no puede ser!</p> + +<p>La valenciana le segua con la vista. Al cabo, +dijo dando un paso hacia la puerta:</p> + +<p>—Adis.</p> + +<p>El conde la detuvo con un gesto.</p> + +<p>—Espera.</p> + +<p>Amalia permaneci inmvil, con la mano en +el marco de la puerta, clavndole una mirada +penetrante.</p> + +<p>El conde sigui paseando todava algunos momentos +sin hacer caso de ella.</p> + +<p>—Est bien—dijo con voz enronquecida, parndose;—no +se efectuar el matrimonio. T me +dirs lo que debo hacer.</p> + +<p>Su rostro demudado revelaba la calma de la +desesperacin.</p> + +<p>—Es necesario que escribas una carta a Fernanda +despidindote.</p> + +<p>—La escribir.</p> + +<p>—Ahora mismo.</p> + +<p>—Ahora mismo.</p> + +<p>Amalia se asom a la escalera y pidi a Jacoba +recado de escribir. Como no haba all mesa, +lo puso sobre la cmoda. El conde se acerc y +se dispuso a escribir de pie. Amalia tambin se +acerc.</p> + +<p>—Es esto lo que quiero que le escribas—dijo +presentndole un papel.</p> + +<p>Era el borrador de la carta. El conde pas la +vista por l.</p> + +<p>Mi buena amiga Fernanda:—deca—He querido +que te fueses para decirte por escrito lo que +de palabra sera superior a mis fuerzas. No puedo +ser tuyo. No necesito explicarte las razones +porque t las adivinars. Quisiera amarte bastante +para sobreponerme a todo y huir contigo. +Por desgracia o por fortuna, hay cosas que pesan +en mi corazn ms que tu amor. Perdname +el haberte engaado y procura ser feliz, como +lo desea tu mejor amigo—<i>Luis</i>.</p> + +<p>Traz los renglones de esta carta con mano +trmula. Antes de terminar, algunas lgrimas +asomaron a sus ojos.</p> + + + +<hr /> +<h3><a name="XV" id="XV"></a>XV</h3> + +<p class="cab">Josefina duerme.</p> + + +<p>El noble maestrante fcilmente dio con +el autor de su deshonra. As que ley +el annimo y se recobr del susto, sus +sospechas fueron a parar al conde de Ons. +No otra cosa le empuj a ello que el parecido, +que ahora adverta claramente, entre ste y la +nia recogida. Por lo dems, o porque su excesivo +orgullo le vendase los ojos, o porque Amalia +haba sabido tenerle engaado, jams advirti +entre ellos ms que una fra y ceremoniosa +amistad que nada tena de ofensiva. El mismo +orgullo detuvo el curso de sus pensamientos +amargos con esta consideracin: Por qu dar +asenso a lo que el annimo deca? Por qu no +suponer que se trataba de una vil calumnia con +que algn enemigo quera envenenar su existencia? +Mas el dardo haba entrado tan profundamente +en su corazn que no poda arrancrselo. +Todas las consideraciones que su deseo +le sugera no bastaban a destruir la gran certidumbre +que, sin saber cmo, se le haba colado +de rondn en el cerebro. Algunos pormenores, +que haban pasado para l inadvertidos, adquirieron +de pronto alto relieve, se alzaron como +antorchas encendidas para guiarle. El principal +de todos era, como es natural, la enfermedad de +su esposa coincidiendo con la aparicin de la +nia. Recordaba la extraa tenacidad con que se +opuso a que subiese mdico alguno a verla; luego +el mimo, los cuidados exquisitos que se prodigaron +a la criatura. Acudieron tambin a su memoria +aquellas visitas que en otro tiempo hizo +su esposa a la Granja con pretexto de escoger +algunas plantas. Ninguna circunstancia qued, +referente a la amistad del conde y al hallazgo de +la nia, que no revolviese y pesase en su pensamiento.</p> + +<p>Tornose silencioso y meditabundo. La mirada +dura de sus ojos hundidos se posaba con insistencia +en Amalia siempre que sta entraba en +su habitacin. En diferentes ocasiones se hizo +traer la nia con cualquier pretexto y la contempl +largamente, tratando de descifrar en los rasgos +de su fisonoma el enigma de su existencia. +Amalia observaba todo esto, y lea tan perfectamente +en el cerebro de su esposo como en un +libro abierto.</p> + +<p>—Cundo se casa Luis?—le pregunt un da +en tono afectadamente distrado el maestrante.</p> + +<p>—Dicen que an tardar algn tiempo. Necesita +arreglar no s qu asuntos antes de irse a +Madrid—respondi con la mayor tranquilidad.</p> + +<p>—Contina en la Granja?</p> + +<p>—Siempre. No viene ms que alguna que otra +vez por la tarde, segn me ha dicho un da que +le hall en la tienda de Barrosa.</p> + +<p>Justamente a la noche siguiente apareci en +la tertulia el conde.</p> + +<p>—Cmo? Usted por aqu? Ha regresado ya +de la Granja?—le pregunt D. Pedro, clavndole +una mirada penetrante.</p> + +<p>—Definitivamente, no. Tengo el coche abajo, +y me vuelvo a dormir.</p> + +<p>—Se aburre usted all, verdad?—le pregunt +D. Cristbal Mateo.</p> + +<p>—Por el da no. Estoy muy entretenido con +los trabajos del campo, el molino, los bichos, +etc. Pero las noches se hacen tan largas!...</p> + +<p>Luis vena solamente por ver a su hija. Amalia +no se lo permiti hasta que la nia estuvo +medianamente repuesta. Volvi a vestirla como +antes y le devolvi los fueros que tena. Pero no +el cario. El encanto se haba roto.</p> + +<p>Porque Luis la aborreca: estaba sometido a +la fuerza. Con aquella pasin ardorosa, con aquel +amor lleno de misterio y placer se haba unido +tambin la aficin a la criatura. Pero los martirios +que su clera insensata le haba hecho padecer +abri entre ellas un abismo. Josefina jams +amara a su verdugo. La pobre nia, vestida con +ricos trajes, vagaba sola por el palacio de Quiones, +sin hallar en nadie ternura. Amalia hua, +de ella. Los criados, avergonzados de sus malos +tratos y pesarosos de aquel repentino cambio, +que elevaba de nuevo a la expsita sobre ellos, +no le dirigan la palabra. El largo martirio sufrido +y la terrible enfermedad con que termin +haban dejado huellas profundas en su semblante. +Su rostro plido se trasparentaba como el +ncar. En torno de los ojos persista aquel +crculo oscuro, negro, de agitacin y dolor. El +conde senta apretarse su corazn cada vez que +la vea. Costbale trabajo retener las lgrimas.</p> + +<p>Amalia no dio noticia a su amante del imprudente +annimo que haba dirigido a Quiones. +Temiendo, por la actitud de ste, algn grave +acontecimiento, resolviose a despistarle, ya +que volverle la calma no era posible. El partido +que mejor le pareci fue apartar las sospechas +de Luis y encaminarlas hacia Jaime Moro. Era +el nico que por su edad, figura y posicin poda +aparecer como un amante verosmil. Principi +por tratarle, en presencia de D. Pedro, con particular +afecto, distinguindole de los dems tertulios +de modo harto visible. Dirigale miradas +y sonrisas significativas; gustaba de ponerse detrs +de su silla cuando estaba jugando al tresillo, +y embromarle; llambale a cada instante con +cualquier pretexto y le retena a su lado largos +ratos hablndole en secreto, acercando ms de +la cuenta el rostro al suyo. No era tan fcil como +puede parecer seducir a Moro, aunque slo fuese +en la apariencia. Nada tena de arisco; al contrario, +gozaba justa fama de caballeroso y galante +con las damas. Pero cuando las damas se +hacan incompatibles con el billar o el tresillo +no lo haba ms grosero y cerril en seis leguas a +la redonda. Amalia le mortificaba infinitamente +retenindole cuando los tresillistas le aguardaban. +Entonces no responda acorde a sus preguntas, +sonrea por mquina y diriga frecuentes y +codiciosas miradas a la mesa donde sus compaeros +gozaban ya las dulzuras de alguna vuelta +con palo de favor.</p> + +<p>—Moro, sintese usted aqu; vamos a charlar +un rato.</p> + +<p>Moro temblaba: se le vena el mundo encima. +Tomaba asiento al lado de la dama con una cara +larga, larga, que no daba idea cabal de la pasin +que deba arder en su pecho.</p> + +<p>El maestrante haba hecho poco caso de aquellos +apartes, de las preferencias y las sonrisas insinuantes +de su esposa. Les miraba con ojos distrados, +sin venrsele a la mente ninguna sospecha, +preocupado enteramente con la verdadera +pista. Sin embargo, al cabo de algunos das, tanto +insisti Amalia y tan buena maa se dio, que +el noble caballero principi a fijarse en aquellos +signos y a darles algn valor. La valenciana sinti +el placer del triunfo. Sus clculos iban camino +de realizarse. Y para dar impulso poderoso +y decisivo a su enredo, ocurriosele en el momento +una treta peregrina. Se hallaba sentada +en un rincn, teniendo a su lado a Jaime Moro, +bien a la vista de D. Pedro. Moro, distrado +como siempre. La esposa de Quiones necesitaba +hacer prodigios de habilidad para sostener la +conversacin, le sonrea, le mimaba, le envolva +en una red de palabras melosas, que acentuaba +fuertemente con la sonrisa a fin de llamar +la atencin de D. Pedro.</p> + +<p>—Qu es eso? Est usted mirando mi brazalete?</p> + +<p>Moro no haba reparado en l.</p> + +<p>—Es muy lindo—se apresur a decir por +complacencia.</p> + +<p>—Ha pertenecido a mi madre. Tiene ms mrito +de lo que parece. Este retrato, que es el de +mi abuela, est hecho de mosaico... vea usted.</p> + +<p>Al mismo tiempo levant la mano. Moro lo +contempl con afectada admiracin.</p> + +<p>—Reprelo usted bien.</p> + +<p>Y la alz an ms, ponindosela cerca de los +ojos. Observando con el rabillo del ojo que don +Pedro la miraba, todava la alz un poquito, +hasta rozar con ella los labios del joven. Pero +en aquel instante la retir bruscamente con vivo +ademn. Moro qued estupefacto. Involuntariamente +dirigi la vista hacia D. Pedro, y notando +que ste le clavaba una mirada fra y penetrante, +se puso colorado hasta las orejas. Amalia +se levant y se fue al saln, como si quisiera +disimular su turbacin.</p> + +<p>Fue grande la que se apoder del orgulloso +maestrante con el secreto que pens sorprender. +Sus ideas experimentaron violenta sacudida. +Agitado por mil sospechas contrarias, dominado +por una clera furiosa, mova entre sus trmulas +manos las cartas, sin pensar en ellas, imaginando +horribles venganzas contra su esposa y +contra el...</p> + +<p>Contra quin? Cul era el traidor? La duda +encenda an ms su rabia.</p> + +<p>Lo que haba visto era bien concluyente. Y, +sin embargo, su pensamiento no poda apartarse +del conde de Ons. Contra el testimonio de +sus propios ojos alegaba el instinto, una voz +interior que le sealaba sin cesar a su enemigo.</p> + +<p>Apareci ste en la tertulia. Salud framente +a Amalia y se fue derecho al gabinete; pero Manuel +Antonio le retuvo tirndole por el faldn +del frac.</p> + +<p>—Dnde vas, Luis? Ven aqu, muchacho; no +te nos enfrasques tan pronto en el juego. Mira, +aqu Mara Josefa y Jovita han estado disputando +toda la noche sobre la fecha de tu matrimonio. +Yo les he dicho: No disputis ms. Si +viene hoy Luis, es tan amable que de seguro os +lo ha de decir.</p> + +<p>—Pues las has engaado—respondi el conde +aproximndose al grupo.</p> + +<p>—Tan grosero te has vuelto?</p> + +<p>—No es grosera, es ignorancia. Estas seoritas +saben muy bien que las cosas no se realizan +nunca como y cuando queremos. Si yo les +dijese ahora una poca y resultase otra, pensaran +que haba tratado de burlarme de ellas.</p> + +<p>Apesar de los esfuerzos que haca por sonrer, +el semblante del conde reflejaba tristeza infinita. +Su voz sala apagada y enronquecida.</p> + +<p>—No, no! Nada de eso!—exclam riendo +Jovita.—Dganos usted un da cualquiera, que +aunque luego resulte otro, pensaremos que no +ha sido por su voluntad.</p> + +<p>—Bueno, pues maana.</p> + +<p>—Eso tampoco!—gritaron ambas solteronas +alborozadas.</p> + +<p>—No son ustedes fciles de contentar. Qu +da quieren que me case? Selenlo ustedes.</p> + +<p>El conde no haba dicho una palabra a nadie +de la ruptura de su matrimonio. La innata debilidad +de su carcter le obligaba a callar una +noticia que muy pronto haba de difundirse. Tena +miedo a la curiosidad pblica, a las preguntas, +a que en el rostro le adivinasen las causas +de tal resolucin. Y temblaba y se entristeca +profundamente cada vez que, como ahora, le tocaban +este punto.</p> + +<p>Hasta entonces no se haba traslucido nada. +Crease en la ciudad que de un da a otro se ira +a Madrid a reunirse con su futura. Sin embargo, +Manuel Antonio, cuyo olfato era superior al de +todos sus contemporneos, haba olido algo. Y +con la tenacidad y el disimulo de una Isabel de +Inglaterra, principi a recoger noticias y a atar +cabos de tal modo que a la hora presente andaba +muy cerca de la verdad.</p> + +<p>—Muy triste te veo estos das, Luisito—le +dijo bruscamente.—Ms que de matrimonio tienes +cara de testamento.</p> + +<p>El conde se turb y no supo ms que contestar +sonriendo forzadamente:</p> + +<p>—El matrimonio es un paso muy serio.</p> + +<p>Trat de marcharse, pero Manuel Antonio volvi +a retenerlo. A todo trance quera dar con la clave +del enigma, saber de un modo positivo lo +que sospechaba. Y ayudndose de Mara Josefa, +que saba mejor que l a qu atenerse, mantuvo +alerta la conversacin algn tiempo sobre el +escabroso tema. Luis estaba en brasas. Diriga +frecuentes miradas hacia el sitio de Amalia, como +reclamando lo que estaba obligada a concederle. +Levantose al fin la dama, se asom a la puerta +y torn a sentarse. A los pocos momentos apareci +el rostro plido y suave de Josefina. Pase +sus ojos tristes por la sala, y a una sea de su +madrina dirigi sus pasos al gabinete. Al cruzar +por detrs del conde, volviose ste a medias y le +ech una mirada rpida y ansiosa, que no pas +inadvertida a la sagacidad de sus interlocutores. +La nia levant sus ojos hacia l, brillando +con sonrisa feliz. Fue un choque magntico que +hizo arder sbito toda la alegra de su corazn +infantil. Los tertulios la llamaron, trataron de +retenerla; pero ella, obedeciendo la orden de su +madrina, sigui hasta el gabinete. Pocos momentos +despus se oy la voz spera de Quiones.</p> + +<p>—No est el conde de Ons por ah? Cmo +no entra?</p> + +<p>—All voy, D. Pedro—se apresur a responder +Luis, contento de separarse de aquel enfadoso +grupo.</p> + +<p>Al entrar en el gabinete se produjo, en menos +tiempo del que puede tardarse en referirla, una +terrible escena que puso en conmocin y espanto +a toda la tertulia. D. Pedro estaba con las +cartas en la mano y lo mismo Jaime Moro y +D. Enrique Valero. Saleta, que haca el cuarto, +hablaba con el capelln sentado detrs de l. En +torno de la mesa haba tres o cuatro personas +de pie mirando el juego. Cerca del noble maestrante +se hallaba Josefina con los bracitos cruzados +esperando su bendicin para irse a la cama.</p> + +<p>Al entrar el conde, Quiones le lanz una rpida +mirada escrutadora, clav enseguida otra +de profundo odio en la nia y dijo con sonrisa +sarcstica:</p> + +<p>—Ah, quieres la bendicin?... Toma la bendicin.</p> + +<p>Y le dio de revs un tremendo bofetn que la +hizo rodar por el suelo, soltando sangre por boca +y narices. Luis sinti aquella bofetada en sus +mejillas. Huy repentinamente de ellas toda la +sangre y qued densamente plido. Y por un +impulso ciego, superior a su voluntad, grit fuera +de s:</p> + +<p>—Eso es una vileza! Una cobarda!</p> + +<p>Y aun trat de lanzarse sobre l. Pero le detuvieron. +D. Pedro gritaba mientras tanto a +grandes voces, loco de furor:</p> + +<p>—Por fin caste! Por fin caste, perro!</p> + +<p>Hizo un esfuerzo supremo para alzarse del +asiento y lanzarse sobre el ladrn de su honra, +consiguiolo a medias, y cay al fin de nuevo, +privado de sentido, torciendo la boca.</p> + +<p>Los tertulios se haban levantado todos y acudieron +al gabinete. Las seoras gritaban aterradas. +Los hombres preguntaban a los de dentro +lo que ocurra. El conde de Ons pase una mirada +de extravo por ellos, se dirigi al sitio +donde yaca Josefina, alzola del suelo y, con ella +en brazos, trat de abrirse paso. Amalia se le +puso delante.</p> + +<p>—Adnde va usted?</p> + +<p>Y quiso arrancarle la nia. Pero Luis extendi +la mano, agarr a la valenciana por los cabellos +y, despus de sacudirla tres o cuatro veces +con fuerza, la arroj lejos de s y se lanz a +la puerta del saln.</p> + +<p>Baj la escalera a saltos, sali a la calle, donde +esperaba el coche, y brincando en l con su +preciosa carga dijo al cochero:</p> + +<p>—A escape, a la Granja!</p> + +<p>El pesado vehculo rod con estrpito por las +calles mal empedradas. No tard en salir a la +carretera.</p> + +<p>La luna brillaba en lo alto del firmamento. De +vez en cuando, grandes nubes espesas, flotantes +tapaban su disco, pero al instante volva a lucir. +En las regiones superiores de la atmsfera soplaba +un viento huracanado. Abajo parecan reinar +el silencio y la paz.</p> + +<p>Josefina no sala de su desmayo. El conde le +limpiaba con su pauelo la sangre. Despus trataba +de reanimarla imprimiendo largos, apasionados +besos en su rostro de alabastro.</p> + +<p>Al fin se entreabrieron sus ojos, contempl +con extraa fijeza al conde y relampague en +ellos una dulce sonrisa.</p> + +<p>—Eres t, Luis?</p> + +<p>—S, vida ma, yo soy.</p> + +<p>—Adnde me llevas?</p> + +<p>—Donde t quieras.</p> + +<p>—Llvame lejos, muy lejos!... Llvame a tu +casa... Llvame aunque no me des de comer. +Estando contigo no me importa morir.</p> + +<p>El conde la apret contra su seno y la cubri +de besos.</p> + +<p>—S, s, a mi casa vas—exclam mientras las +lgrimas baaban sus mejillas.—De all no saldrs +ya nunca, porque para arrancarte necesitarn +antes arrancarme la vida... Escucha, Josefina, +voy a decirte una cosa. Procura entenderla. Haz +un esfuerzo y lo conseguirs... Yo soy tu padre... +Los seores de Quiones te han recogido +en su casa... pero yo soy tu padre... lo entiendes?</p> + +<p>—S, Luis, te entiendo.</p> + +<p>—Te han recogido, porque yo soy tan malo +que te he entregado a ellos en vez de tenerte +conmigo.</p> + +<p>—Ahora no te entiendo, Luis. T no eres +malo. T eres bueno y me quieres.</p> + +<p>—S, hija de mi alma, te quiero ms que a +mi vida... Perdname.</p> + +<p>—Yo tambin te quiero a t... A ellos no! +Antes quera a madrina, pero ahora no... Me +ha pegado tanto! Si supieras!... Me morda, me +araaba, me arrastraba por el suelo, mandaba a +Concha que me azotase con la ballena, me ataba +con una cuerda como a los perros...</p> + +<p>—Calla, calla, que me matas!—profiri Luis +sollozando.</p> + +<p>—No llores, Luis, no llores!... Ves cmo eres +bueno? Ests llorando por m.</p> + +<p>—No he de llorar por t si eres mi hija! Llmame +padre... Yo soy tu padre! Lo sabes, lo +sabes?</p> + +<p>—S, lo s... T eres mi padre y yo soy tu +hija... Tengo sueo... Djame dormir sobre tu +pecho.</p> + +<p>Y dej caer sobre l la cabecita blonda. Inclin +la suya el conde para darle un beso en la frente y +sinti sus labios abrasados por el calor de la fiebre.</p> + +<p>Goz la criatura algunos momentos de sueo +letrgico. Corran de vez en cuando por su tierno +cuerpo vivos estremecimientos. Despert al +fin dando un grito.</p> + +<p>—Luis, que me llevan!... Mralos, mralos... +ah estn!</p> + +<p>Sus ojos expresaban un terror pnico.</p> + +<p>—No, hija, no; son los rboles del camino que +extienden sus ramas hacia nosotros.</p> + +<p>—No ves a D. Pedro que me amenaza? No +oyes lo que me est diciendo?</p> + +<p>—Sosigate, mi alma; es el mugido del viento.</p> + +<p>—Tienes razn. Ya se fueron. Mira cmo +brilla la luna! Mira qu campos tan hermosos y +cuntas flores!... Un palacio de cristal... Delante +hay una nia jugando con un gatito blanco... +Qu precioso!... Es ms bonito que el Rojo... +Djame jugar con ella, Luis...</p> + +<p>—Jugars cuanto quieras, y te comprar un +gatito y una palomita blanca que venga a comer +a tu mano.</p> + +<p>—No, no quiero que gastes dinero. Estoy +contenta con que no me separes de ti.</p> + +<p>—Nunca ya. Vivirs conmigo siempre, porque +eres mi hija. Duerme, mi vida.</p> + +<p>—Otra vez la oscuridad!... Ya vuelve! chalos, +Luis, chalos, por Dios! Que me agarran!</p> + +<p>—No temas; ests conmigo... Mira la luna +otra vez... Ves cunta luz?... Durmete, corazn.</p> + +<p>—Es verdad... ya veo los campos llenos de +flores... ya veo el gatito blanco... La nia no +est... Dnde se fue, Luis?</p> + +<p>—Est en mi casa, esperndote para jugar. +Estamos muy cerca ya. Durmete.</p> + +<p>—S, Luis, voy a dormir. T me lo mandas, +no es cierto? Yo debo obedecerte porque soy tu +hija... Tengo fro... Apritame ms.</p> + +<p>Apretola ms y ms contra su pecho. Josefina +se durmi al fin. El carruaje rodaba por la carretera +desierta al travs de los campos esclarecidos +por la luz de la luna. Las nubes volaban +tambin dispersas por los aires. El viento muga +sordamente a lo lejos. Los rboles comenzaban +a agitar sus penachos.</p> + +<p>Ya se divisaba el cercado de la Granja. Luis +inclin la cabeza para despertar a la nia; pero +al darla un beso sinti en sus labios el fro de la +muerte. Alzola vivamente, sacudiola con fuerza +varias veces, llamndola a gritos.</p> + +<p>—Josefina!... Hija! hija! hija!... Despierta!</p> + +<p>La blonda cabeza de la nia se doblaba a un +lado y a otro como una azucena que tuviese +quebrado el tallo.</p> + +<hr class="full" /> + + + + + + + +<pre> + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of El maestrante, by Armando Palacio Valds + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EL MAESTRANTE *** + +***** This file should be named 30425-h.htm or 30425-h.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + http://www.gutenberg.org/3/0/4/2/30425/ + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This book was +produced from scanned images of public domain material +from the Google Print project.) + + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. 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