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-The Project Gutenberg EBook of El Jayón, by Concha Espina
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
-almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
-re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
-with this eBook or online at www.gutenberg.org
-
-
-Title: El Jayón
- Drama en tres actos
-
-Author: Concha Espina
-
-Release Date: April 1, 2013 [EBook #42456]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: ISO-8859-1
-
-*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EL JAYÓN ***
-
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-
-
-Produced by Carlos Colon and the Online Distributed
-Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This book was
-created from images of public domain material made available
-by the University of Toronto Libraries
-(http://link.library.utoronto.ca/booksonline/).)
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- Nota del Transcriptor:
-
- Errores obvios de imprenta han sido corregidos.
- Páginas en blanco han sido eliminadas.
- Letras itálicas son denotadas con _líneas_.
- Letras oscuras son denotadas con =signos de igual=.
-
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-
- OBRAS
-
- DE CONCHA ESPINA
-
-
- LA NIÑA DE LUZMELA (novela). Segunda edición.
-
- DESPERTAR PARA MORIR (novela). Segunda edición.
-
- AGUA DE NIEVE (novela). Segunda edición.
-
- LA ESFINGE MARAGATA (novela). Segunda edición. Obra
- premiada por la Real Academia Española.
-
- LA ROSA DE LOS VIENTOS (novela). Segunda edición.
-
- AL AMOR DE LAS ESTRELLAS (mujeres del _Quijote_).
-
- RUECAS DE MARFIL (novela). Segunda edición.
-
- EL JAYÓN (drama en tres actos).
-
-
-
-
- EL JAYÓN
-
-
-
-
- EL JAYÓN
-
-
- DRAMA EN TRES ACTOS
-
- ORIGINAL DE
-
- CONCHA ESPINA
-
-
- ESTRENADO EN EL TEATRO DE ESLAVA, DE MADRID,
-
- EL DÍA 9 DE DICIEMBRE DE 1918.
-
-
- MADRID
- EDITORIAL PUEYO
- Calle del Arenal, 6.
- 1919
-
-
-
-
- Esta obra es propiedad de su autora, y nadie podrá, sin su
- permiso, reimprimirla ni representarla en España ni en los
- países con los cuales se hayan celebrado o se celebren
- tratados internacionales de propiedad literaria.
-
- La autora se reserva el derecho de traducción.
-
- Los comisionados y representantes de la Sociedad de Autores
- Españoles son los encargados exclusivamente de conceder o
- negar el permiso de representación y del cobro de los derechos
- de propiedad.
-
- Queda hecho el depósito que marca la ley.
-
-
- IMPRENTA HELÉNICA, PASAJE DE LA ALHAMBRA, 3, MADRID
-
-
-
-
- AL INSIGNE DRAMATURGO DR. MAX NORDAU
-
-
-_Amigo y maestro: Usted que ha tenido para esta obra, cuando apareció en
-novela, singulares alabanzas; que la supo alentar hacia el teatro con
-generosas profecías, y en público la quiso aplaudir con inolvidable
-favor, me permite, ahora, encender en la portada de este libro, como una
-lámpara gloriosa, un nombre universal: el claro nombre de usted._
-
-_Al prender su lumbre refulgente sobre el obscuro don que aquí le
-ofrezco, siento la mano un poco temblorosa, empañados los ojos con el
-vaho del alma, torpe la pluma al peso del corazón._
-
-_A usted, que tanto sabe de las humanas dolencias, de los ideales
-sublimes, del arte y de la vida, estas páginas, niñas aún, le llevan, a
-falta de otros encantos, los matices de una existencia ya saturada por
-los vientos del mundo. Ellas nacieron en las cumbres, en la augusta paz
-de los montes; bajaron a la calle en manos humildes, a merced de una
-revista popular; subieron a la escena, empujadas por móviles distintos,
-en una noche buena para mí, y hoy vienen a doblarse plácidamente, bajo
-el nombre luminoso de usted, esperando nuevas andanzas._
-
-_Conocen, pues, deleites de la robusta soledad; hervores de la multitud;
-fiebres de la exaltación; contactos de las cosas turbias y malignas que
-nos hacen huir. Y sobre todas las emociones, el alto gozo de este
-homenaje lleno de admiración para el gran artista y de gratitud para el
-noble amigo..._
-
-_Que en la ausencia le sirvan a usted de afectuoso recuerdo español, si
-no como rosas de cultivado jardín, como flores agrestes de mi huerto
-montaraz..._
-
- CONCHA ESPINA.
-
- Madrid, 1.º de Enero de 1919.
-
-
-
-
-AUTOCRÍTICA
-
-Publicada en «La Tribuna».
-
-
-_El Jayón_ es un drama rústico, amargo, lo mismo que la vida, fatal como
-un _karma_ que se cumple.
-
-Se desarrolla entre pasiones desnudas, entre criaturas buenas, en un
-medio primitivo, dentro del cual intervienen los elementos, con sus
-voces y su poder misterioso, como un personaje más. No está hecho a la
-medida de ningún actor; así los de Eslava, que lo desempeñan con patente
-gallardía, pregonan la condición de su talento, dócil y flexible.
-
-No es _El Jayón_ una obra regional, o por lo menos, es muy secundario su
-regionalismo; la acción puede suceder en todos los rincones del mundo
-donde el Amor y el Dolor vayan de la mano, como suelen ir; si yo la
-sitúo en mi tierra de Cantabria, es porque de ella conozco, con más
-entrañado sentimiento que de ninguna otra, el paisaje y las costumbres,
-el lenguaje culto y señoril, modelo popular de buen castellano, con
-todos sus ritmos y matices.
-
-En este drama no trato de decir nada nuevo, de plantear problema alguno,
-ni mucho menos de resolverle. Aspiro sólo a llevar a la escena un pedazo
-palpitante de vida, un bloque de la cantera humana, labrado por mi
-corazón. Para darle forma no me preocuparon ardides técnicos y me dejé
-conducir por la emoción y la realidad, creyendo que este camino, si no
-fácil y corto, es el único que logra llegar a un alto fin.
-
-Cuanto a la incertidumbre que pueda causarme esta primera obra teatral,
-confesaré que, teniendo yo del público un elevadísimo concepto y dándole
-siempre lo mejor de mi alma en mi arte, espero su fallo con la serenidad
-de quien, al ofrecer con pura intención su dádiva más noble, merece,
-siquiera, un poco de gratitud...
-
- Madrid, 8 de Diciembre de 1918.
-
-
-
-
-REPARTO
-
-
- PERSONAJES ACTORES
-
- _Marcela_ (21 años) JOSEFINA MORER.
- _Irene_ (22 » ) HERMINIA PEÑARANDA.
- _Luisa_ (28 » ) ANA SIRIA.
- _Remedios_ (50 » ) ANA MARÍA QUIJADA.
- _Carmen_ (20 » ) JOAQUINA ALMARCHE.
- _Flora_ (16 » ) ISABEL GARCÉS.
- _Andrés_ (29 » ) FRANCISCO HERNÁNDEZ.
- _Antonio_ (38 » ) RICARDO DE LA VEGA.
- _Elías_ (30 » ) PABLO HIDALGO.
- _Manuel_ (31 » ) ANDRÉS TOBÍAS.
- _Cándido_ (19 » ) JUAN BERINGOLA.
- _Serafín_ y _Jesús_. (Niños de la
- misma edad que en el primer
- acto aparecen en las cunas).
-
-La escena en una aldea montaraz de Santander. Época actual.
-
-Los trajes como los usa en el Norte la gente del pueblo, sin marcado
-color regional que ya no existe. En el acto segundo, casi todos los
-personajes llevan abarcas de madera a estilo del país. Los hombres usan
-boina. Se habla el castellano correctamente, con escasas alteraciones,
-según el texto y la realidad.
-
-
-
-
-ACTO PRIMERO
-
-
- Un portal rústico, sostenido por vigas, abierto al campo
- en casa de ANDRÉS, sobre un paisaje agreste que descubre
- la alta sierra y el hondo río. El techado ocupa la escena
- por el lado derecho, de través. Al fondo corre la
- empalizada de un huerto con portilla, y a la izquierda,
- en terreno que lo mismo puede ser campo que corralada y
- que linda con el camino vecinal, hay un pozo con brocal
- alto, torno y cadena. A un extremo del portal dos
- escanillas--las cunas pobres de la Montaña--donde duermen
- los niños. Un banco, algunas sillas de madera, una cesta
- de costura y los útiles de un pequeño taller de abarcas,
- dan la impresión de que allí se vive al aire libre la
- mayor parte del tiempo. Varias puertas comunican con el
- interior del hogar. Es verano. La tarde empieza a caer.
-
-
-ESCENA PRIMERA
-
-MARCELA Y ANDRÉS
-
-Al levantarse el telón aparecen MARCELA cosiendo cerca de las cunas y
-ANDRÉS labrando unas abarcas en medio del portal.
-
-MARCELA
-
-(_Suspirando_.) No acabas de estar alegre, no... Ni sabes disimular que
-tienes siempre una pena. ¡Dime al menos cuál es!
-
-ANDRÉS
-
-Aprensiones tuyas. Te he repetido muchas veces que soy feliz, que no hay
-hombre en el pueblo con más suerte que yo: tengo lucios ganados, buenas
-cosechas, una mujer como tú...
-
-MARCELA
-
-(_Interrumpiéndole_.) Y un hijo que merece su nombre.
-
-ANDRÉS
-
-También...
-
-MARCELA
-
-Serafín está cada día más hermoso.
-
-ANDRÉS
-
-Se asemeja a ti.
-
-MARCELA
-
-(_Con prontitud_.) No; a mí no.
-
-ANDRÉS
-
-(_Sonriendo_.) Pues entonces ¿a quién?
-
-MARCELA
-
-(_Algo brusca_.) A ti, será...
-
-ANDRÉS
-
-(_Reflexivo_.) Es robusto como nosotros dos, y junto a ese pobre Jesús,
-parece talmente un serafín.
-
-MARCELA
-
-(_Quejosa_.) ¿Te pesa?
-
-ANDRÉS
-
-¡Mujer, qué cosas se te ocurren!
-
-MARCELA
-
-¡Es que lo dices con una lástima!... Tú quieres más al jayón.
-
-ANDRÉS
-
-¡Marcela!
-
-MARCELA
-
-(_Ansiosa y dolida_.) No me lo niegues, Andrés... Si ya todo el pueblo
-sabe de quién es el niño; si está corrupto por los alrededores...
-
-ANDRÉS
-
-(_Impaciente_.) Habíamos quedado en no hablar más de eso.
-
-MARCELA
-
-(_Decidida, con voz sorda_.) ¡Es tuyo y de Irene!
-
-ANDRÉS
-
-(_Se levanta bruscamente y ruedan algunos instrumentos del taller_.) ¡Te
-prohibo que vuelvas a nombrar a esa infeliz!
-
-MARCELA
-
-(_Sollozando_.) ¡Ay, Andrés!... ¡La quieres, la quieres!... Ahora lo
-comprendo mejor que nunca... El hijo «es vuestro»... ¡La quieres! Todo
-lo que se decía era verdad.
-
-ANDRÉS
-
-(DESARMADO Y PESAROSO.) ¿Qué se dijo? Vamos a ver.
-
-MARCELA
-
-Lo que yo misma vi.
-
-ANDRÉS
-
-Pero ¿qué viste?
-
-MARCELA
-
-A ella la tuvo su madre escondida algún tiempo; contó que la muchacha
-estaba en la ciudad, pero se murmuraron otras cosas... Y cuando nuestro
-nene cumplía un mes... ¿te acuerdas?
-
-ANDRÉS
-
-Sí; una noche te desperté para decirte:--Escucha; parece que a la puerta
-balita un corderín... Contestaste:--Es un niño que llora; abre: es un
-jayón... ¡Habías acertado! Te le llevé a la cama y le diste cobijo...
-
-MARCELA
-
-No le había de dejar morir de frío y de hambre, como una hereje; pero al
-ser de día quise llevarle a la inclusa y te opusiste.
-
-ANDRÉS
-
-(_Confuso_.) Después de haberle recogido...
-
-MARCELA
-
-La caridad de una hora no nos obligaba para toda la vida. Como no
-atendías mis razones, empecé a sospechar.
-
-ANDRÉS
-
-¡Y los chismes de los vecinos!...
-
-MARCELA
-
-No, Andrés, no; que sin ver a nadie aquella mañana, porque llamé bribona
-a la madre del niño abandonado, te pusiste furioso... (_Indignada y
-celosa_.) ¡Saliste a defenderla!
-
-ANDRÉS
-
-Y ahora también. Aunque una moza tenga un desliz y pretenda ocultarle,
-no me parece justo insultarla.
-
-MARCELA
-
-La verdad no es un insulto. La madre que abandona su criatura es...
-
-ANDRÉS
-
-(_Interrumpiéndola exaltado_.) ¡No lo digas!
-
-MARCELA
-
-¡Ay, Andrés!...
-
-ANDRÉS
-
-(_Conmovido_.) Si le pone a la puerta de una mujer tan buena como tú, no
-es más que una desgraciada.
-
-MARCELA
-
-¡La sigues defendiendo!
-
-ANDRÉS
-
-A una sola como tú dices, no. A todas las que sufran el mismo penar.
-
-MARCELA
-
-¡Dios mío!... ¡Cómo te descubres! Ya quedo bien segura de que aquella
-noche estabas despierto aguardando al jayón.
-
-ANDRÉS
-
-(_Volviendo a impacientarse_.) ¡Otra vez!...
-
-MARCELA
-
-Querías recogerle antes de que el frío le dañara... Te dolía su llanto
-como si te clavasen un puñal... Sí, sí; es carne tuya y de esa...
-
-ANDRÉS
-
-(_Violento_.) ¡No la nombres!
-
-MARCELA
-
-(_Entre lágrimas_.) ¡Qué desdichada soy!
-
-ANDRÉS
-
-(_Compadecido y acercándose a ella_.) Porque te empeñas tú. Te dejas
-llevar por cuentos de comadres como si no valieras más que todas ellas
-juntas... (_Acariciándole el pelo y separándole las manos con que se
-cubre la cara_.) ¡Vamos, no llores!... ¿Qué motivos tienes para
-sospechar de mí?... Di la verdad.
-
-MARCELA
-
-(_Con deseos de que la consuelen_.) Sí que los tengo. Fuiste novio suyo;
-os ibais a casar cuando fuiste a mi pueblo y me conociste a mí... ella
-dicen que... te quiere todavía...
-
-ANDRÉS
-
-(_Incrédulo_.) Dicen... dicen...
-
-MARCELA
-
-No se le ha conocido otro rondador...
-
-ANDRÉS
-
-Y eso, ¿qué?
-
-MARCELA
-
-(_Vacilando_.) El niño se parece a ti.
-
-ANDRÉS
-
-(_Irónico_.) ¿En lo derecho?
-
-MARCELA
-
-(_Con amargura_.) ¡No te burles!
-
-ANDRÉS
-
-¡Pero si una pizca de crío a los ocho meses no se parece a nadie!
-
-MARCELA
-
-(_Con cierto despecho_.) ¿No decías antes que Serafín?...
-
-ANDRÉS
-
-Le comparo contigo porque es fuerte y galán, mientras que el otro
-pobre, contrahecho y enfermizo...
-
-MARCELA
-
-(_En desconsolada actitud_.) Sí; ¡es una compasión!...
-
-ANDRÉS
-
-(_La mira en silencio. Coloca junto a ella el taburete donde antes
-trabajaba y se sienta muy pensativo. Sale al cabo de su meditación_.)
-¡Qué buena eres!... ¡Cuando cavilo que te hago llorar, alguna vez, como
-ahora, por ser yo torpe y brusco!
-
-MARCELA
-
-(_Conmovida_.) Calla, calla...
-
-ANDRÉS
-
-(_Buscándole las manos y los ojos_.) ¡Perdóname, Marcela!... No hay en
-el mundo otra criatura tan santa y generosa como tú... Creíste que ese
-niño era mío; desconfiaste de mí... y le diste la sangre y el calor; le
-aselaste en tu pecho como a un pajaruco sin nidal...
-
-MARCELA
-
-(_Muy turbada_.) ¡Calla, por Dios, Andrés!
-
-ANDRÉS
-
-(_Vehemente_.) Por lo que haces, a la vera de lo que dudas, ¡bendita
-seas!
-
-MARCELA
-
-(_Bajo inexplicable confusión_.) ¡No me hables así!
-
-ANDRÉS
-
-Más mereces tú, y yo soy hombre de poca labia... Hoy tengo que decirte
-para toda la vida: es cierto que quise a esa mujer... pero te quise a ti
-más y la dejé por ti. Nada tengo que ver con ella. Si la encuentro me
-voy por otro camino. No la hablo nunca; no la miro jamás... ¿Qué otra
-cosa me pides?
-
-MARCELA
-
-(_Siempre atribulada_.) ¡Ay, ni yo misma lo sé!
-
-ANDRÉS
-
-Y en lo tocante al nene, no me puedes decir que te obligo a guardarle,
-porque le tienes tanta ley como yo... Le estás criando como a tu propio
-hijo; pusiste juntas las escanillas en tu alcoba; los confundes a los
-dos en un mismo desvelo y tanta lástima sientes por Jesús...
-
-MARCELA
-
-(_Ansiosa_.) ¿Qué?
-
-ANDRÉS
-
-Como si le hubieras echado al mundo.
-
-MARCELA
-
-(_Bajando los ojos muy confusa_.) ¡Pobre chiquitín!
-
-ANDRÉS
-
-Si te afligen sus cuitas, ¿por qué te pasma que le compadezca yo?
-
-MARCELA
-
-¡Me haces unas preguntas!...
-
-ANDRÉS
-
-(_Triunfante_.) ¿Quieres que le llevemos al hospicio?
-
-MARCELA
-
-(_Con pánico_.) ¡Qué atrocidad!
-
-ANDRÉS
-
-(_Muy cariñoso_.) ¿Qué puedo hacer para verte contenta?
-
-MARCELA
-
-Estarlo tú.
-
-ANDRÉS
-
-¡Si lo estoy!
-
-MARCELA
-
-No; eso no, Andrés... Llevas siempre una arruga aquí (_Tocándole en la
-frente_.), un tajo que se te hunde hasta el mismo corazón...
-
-ANDRÉS
-
-(_Bromista_.) ¡Pues no has dicho tú poco!
-
-MARCELA
-
-Digo la verdad... Y en la mirada una pesadumbre que no la sabes
-esconder.
-
-ANDRÉS
-
-Tienes, tienes explique... (_Se levanta y va recogiendo las herramientas
-caídas_.)
-
-MARCELA
-
-No he ido a la escuela tanto como tú, no entiendo de finuras ni de
-sabidurías; pero en las cosas del sentir...
-
-ANDRÉS
-
-Para eso no hace falta aprender... (_Quedan un momento silenciosos_.)
-
-MARCELA
-
-(_Mirando hacia el camino_.) Ahí vienen Carmen y Flora.
-
-ANDRÉS
-
-Y Cándido detrás. (_Acabó de ordenar el taller y se dirige al pozo para
-llenar una regadera grande que habrá junto al brocal_.)
-
-
-ESCENA II
-
-Dichos, CARMEN, FLORA y CÁNDIDO
-
-CARMEN y FLORA llevan, debajo del brazo y en la mano, botijos de barro
-al uso del país. CÁNDIDO, en mangas de camisa, con el dalle al hombro y
-la colodra en la cintura, llega detrás de las mozas.
-
-CARMEN Y FLORA
-
-Buenas tardes. (_Posan los botijos en la piedra que con ese objeto hay
-cerca del pozo_.)
-
-MARCELA
-
-Muy buenas.
-
-ANDRÉS
-
-Hola, muchachas.
-
-CÁNDIDO
-
-(_Sin acercarse del todo_.) A la paz de Dios.
-
-ANDRÉS
-
-(_Alusivo_.) ¡Hombre, qué milagro tú por aquí!
-
-CARMEN
-
-(_Con malicia_.) Un milagro patente... ¡Como que él y Flora no se
-encuentran nunca!
-
-FLORA
-
-No mucho.
-
-MARCELA
-
-(_A_ CÁNDIDO.) Llégate, Cándido. (_Está recogiendo la costura y las
-muchachas se le acercan_.)
-
-CARMEN
-
-(_Adelantándose hacia las cunas_.) Yo voy a ver los crios. (_Observando
-a uno y a otro_.) ¡Si están despiertos! (_Las tres mujeres se reúnen
-junto a los niños hablando en voz baja_.)
-
-ANDRÉS
-
-(_A_ CÁNDIDO.) Vamos, no te quedes ahí como un hito. (_Con la regadera
-llena hace ademán de dirigirse al huerto_.)
-
-CÁNDIDO
-
-(_Aproximándose_.) Pues, yo venía al tanto de la siega: que si voy para
-ti mañana al prao de la Coteruca.
-
-ANDRÉS
-
-Sí, hombre, cuento contigo.
-
-CÁNDIDO
-
-Se estima.
-
-FLORA
-
-(_Que atiende a lo que hablan los dos hombres se acerca a ellos_.) Y
-nosotras, Andrés, ¿iremos por la tarde a eslombillar? (_Se pone a sacar
-agua_.)
-
-ANDRÉS
-
-Si «tiran» el prao por la mañana podéis ir.
-
-CÁNDIDO
-
-Escajudo es; pero... ¡madrugando bien d'ello!...
-
-ANDRÉS
-
-A todos los segadores de la cuadrilla os cunde la labor... y si con el
-alba salís...
-
-CÁNDIDO
-
-(_Dándose importancia_.) Se saldrá. (_Andrés entra en el huerto_.)
-
-CÁNDIDO
-
-(_A_ FLORA _indeciso_.) Conque, ¿os aguardo ahí alante?
-
-FLORA
-
-Bueno...
-
-CÁNDIDO
-
-(_A las otras mujeres_.) Vaya, condiós.
-
-MARCELA y CARMEN
-
-Adiós. (FLORA _sigue sacando agua y llenando los botijos_.)
-
-MARCELA
-
-(_A_ CARMEN. _Hablando de los niños_.) Tienen buena pasta, que si no me
-darían mucha guerra... El uno porque está sano y rollizo llora poco...
-el otro apenas tiene resuello para llorar.
-
-CARMEN
-
-En santas manos cayó el inocente... ¡Mira que ser un infeliz jayón y
-salir jiboso además!
-
-MARCELA
-
-(_Suspirante_.) ¡Pobre criatura!
-
-CARMEN
-
-¡No tan pobre que dió contigo!
-
-FLORA
-
-(_Termina su labor y se acerca a las otras mujeres secándose las manos
-con el delantal_.) Sí, Marcela, no es por alabarte, pero lo que estás
-haciendo con ese chiquillo es como para ponerlo en los libros de misa.
-
-MARCELA
-
-(_Azorada_.) ¡Por Dios!
-
-CARMEN
-
-(_Ponderativa_.) ¡Ahí es nada...! Recoger al hijo de otra mujer que le
-abandona a la santimperie, y criarle como si fuera de las propias
-entrañas, y quererle más, según se le ve endeble y cativo, hecho un
-pingajo... ¡ahí es nada!
-
-FLORA
-
-(_Con calor a_ MARCELA.) ¡Eso no lo hace nadie más que tú!...
-
-MARCELA
-
-¡Si lo contáis así!... No hay que aumentar... Le hemos tomado ley y en
-vez de un hijo tenemos dos...
-
-CARMEN
-
-(_Intencionada_.) Ya, ya... ¡dos hijos!... razón llevas.
-
-FLORA
-
-(_En el mismo tono_.) Para disimular y sufrir eres la única.
-
-MARCELA
-
-(_Pesarosa_.) ¡Ay, no me habléis de ello! (ANDRÉS _vuelve con la
-regadera vacía a buscar más agua_.)
-
-FLORA
-
-¿Vamos, Carmen?
-
-CARMEN
-
-Sí, vamos. (_Se dirigen a coger los botijos_.)
-
-ANDRÉS
-
-(_A_ FLORA.) Ahí te esperan, muchacha.
-
-FLORA
-
-Deja que esperen.
-
-CARMEN
-
-Hay algunos que no tienen otro oficio.
-
-FLORA
-
-(_Sentida_.) ¡Vaya, mujer!
-
-FLORA Y CARMEN
-
-(_Despidiéndose_.) Hasta luego.
-
-MARCELA Y ANDRÉS
-
-Adiós.
-
-
-ESCENA III
-
-MARCELA y ANDRÉS
-
-MARCELA
-
-(_Sale del portal hacia su marido que se dirige al pozo_.) Oye, Andrés,
-¿no estás disgustado conmigo?
-
-ANDRÉS
-
-(_Complaciente y triste_.) No, Marcela, no.
-
-MARCELA
-
-(_Afanosa_.) ¿Me quieres mucho?
-
-ANDRÉS
-
-¡Haga Dios que algún día te lo pueda probar!
-
-(_Vacila un momento, luego habla como si tomase una determinación_.) Y,
-dime, si se puede saber: ¿por qué hoy, así tan de súpito, saliste con
-esa cuestión que al cabo de los meses no habíamos mentado... ni falta
-que le hacía?
-
-MARCELA
-
-Porque ahora «ella»... (_Con timidez_.) bien sabes quién te digo, desde
-que volvió al pueblo al fallecer su madre, se acerca mucho por aquí. No
-se conforma con mirarnos desde su ventana, la que da al camino por el
-lado de allá (_Señalando detrás de la casa_.) enfrente de la mía, sino
-que ronda estos brañales... y me hacen temblar sus ojos que relucen como
-dos luciérnagas, tan hondos, tan tristes...
-
-ANDRÉS
-
-(_Inquieto_.) ¿Y qué más?
-
-MARCELA
-
-Pasa por ahí (_Indicando los alrededores_.) como una sombra, casi
-siempre al oscurecer, sin decir ni «buenas tardes».
-
-ANDRÉS
-
-¡Si no sois amigas!
-
-MARCELA
-
-Algo lo fuimos. Cuando me trajiste a la aldea, de recién casada, me
-amigué con todas las mozas, pero «ella» siempre huída, como una res que
-la persiguen, no se dejó tratar. Al cabo del tiempo desaparecióse y...
-no la he vuelto a ver hasta el otro día...
-
-ANDRÉS
-
-(_Tratando de parecer indiferente_.) ¿Qué pasó?
-
-MARCELA
-
-Dejé a los nenes solos un instante para coger un poco de hierbabuena, y
-al volver del huerto la encontré aquí, entre las dos cunas, muy
-descolorida, muy asombrada. Di un grito, creyendo que era una aparición.
-Ella dió otro, como si la despertasen de un sueño... Quedóse muy cobarde
-y dijo:--Pasaba por aquí... y entré a mirar los niños. (ANDRÉS _oye el
-relato muy absorto, con la cabeza baja_.) Conque, yo, fuí y le dije:
-«Mira lo que quieras.» Y me metí adentro; pero volví en seguida,
-temerosa no sé de qué.
-
-ANDRÉS
-
-(_Con voz sorda_.) ¿Y ella?
-
-MARCELA
-
-Se había marchado lo mismo que un fantasma... Desde entonces me cela
-como si quisiera hablarme. Y yo tengo mucho miedo a sus ojos verdes
-igual que el río del ansar; a su cara sin colores; a su voz llena de
-agruras...
-
-ANDRÉS
-
-¿Sólo por eso te acuerdas hoy de tus sospechas, y sufres, y me haces
-sufrir? (_Hace un movimiento para volver a su tarea_.)
-
-MARCELA
-
-(_Siguiéndole_.) Es que te encuentro más preocupado que nunca, más
-pesaroso... Según «ella» quiere acercarse a mí, parece que te me alejas
-tú... y pierdo la razón.
-
-ANDRÉS
-
-Pues no receles nada que te nuble; no llames a las penas ni hagas caso
-de sombras y fantasmas.
-
-MARCELA
-
-(_Con deseos de retenerle_.) ¿Adónde vas?
-
-ANDRÉS
-
-A seguir regando el plantío que hice ayer.
-
-MARCELA
-
-(_Insinuante_.) ¿Y voy a verte un poco más gozoso?
-
-ANDRÉS
-
-(_Condescendiente_.) ¡Pero, hija mía!
-
-MARCELA
-
-¡Casi nunca te ríes ni te alegras!
-
-ANDRÉS
-
-Se me habrá pegado a la cara la neblina del monte, la tristeza del
-país... ¡Yo no lo puedo remediar!
-
-MARCELA
-
-No siempre está nublado... ¡mira, mira qué sol!
-
-ANDRÉS
-
-(_Melancólico_.) ¡Sí; ya traspone!
-
-MARCELA
-
-(_Apoyada en el hombro de su marido, contemplando con él el horizonte
-crepuscular_.) Mira cómo se hunde en la mies.
-
-ANDRÉS
-
-Parece un ascua.
-
-MARCELA
-
-Parece, talmente, la hostia cuando relumbra en el viril...
-
-
-ESCENA IV
-
-Dichos y REMEDIOS, luego LUISA.
-
-ANDRÉS vuelve a llenar su regadera.
-
-REMEDIOS
-
-(_Viene por el camino, llamando_.) ¡Flora... Flora!
-
-MARCELA
-
-(_Volviéndose al portal_.) Fuése con Carmen, tía Remedios.
-
-REMEDIOS
-
-¡Si en juntándose las dos es el acabóse!... Pues a casa no ha llegado.
-
-ANDRÉS
-
-(_A_ REMEDIOS.) Déjela que se esparza, mujer.
-
-REMEDIOS
-
-No; que las mozas están muy bien arrecogidas. (ANDRÉS _vuelve a entrar
-en el huerto_.) ¡Ay Marcela, con el aquel de que tu agua es la mejor no
-te dejamos vivir!
-
-MARCELA
-
-Al contrario, me gusta ver aquí a la mocedad.
-
-REMEDIOS
-
-(_Acercándose misteriosa_.) Sí, hijuca, sí; más te valen esas visitas
-que no otras.
-
-MARCELA
-
-(_Con inquietud_.) ¿Cuáles dice usted?
-
-REMEDIOS
-
-(_Mirando hacia el camino y en voz baja_.) Por estos andurriales pena
-Irene igual que un ánima.
-
-MARCELA
-
-(_Disimulando su zozobra_.) ¡Como vive ahí detrás!
-
-REMEDIOS
-
-Pero ronda por aquí delante.
-
-MARCELA
-
-¿Ahora mismo?
-
-REMEDIOS
-
-Veníame a la zaga y se me oscureció no sé por dónde... Paéz que pisa en
-el aire: no le suenan los pasos ni siquiera el respiro: ¡Jesús qué
-mujer! (_Curiosa y confidencial_.) ¿Sabías que estuvo para casarse con
-el tu marido?
-
-MARCELA
-
-(_Algo brusca_.) Sí, señora: y a pesar de saberlo... quise a Andrés...
-
-REMEDIOS
-
-Por ti la dejó.
-
-MARCELA
-
-Y por su gusto.
-
-REMEDIOS
-
-(_Cada vez más insinuante_.) ¡Ay, los primeros amores, dicen que suelen
-retoñar!
-
-MARCELA
-
-(_Dolida y orgullosa_.) ¡Qué le vamos a hacer!
-
-LUISA
-
-(_Desde el camino, llamando_.) ¡Marcela!
-
-MARCELA
-
-(_Asomándose fuera del portal_.) Pasa, Luisa.
-
-LUISA
-
-(_Entrando_.) Buenas tardes, tía Remedios.
-
-REMEDIOS
-
-Buenas te las dé Dios y quedaros con Él, que yo me marcho; no venía más
-que a buscar a la muchacha.
-
-LUISA
-
-(_A_ REMEDIOS.) Ahí la encontré con el serroján ¡mucho platican!...
-
-REMEDIOS
-
-¡Bah, cosas del mocerío!... ¿Quién hace caso d'ello?
-
-MARCELA
-
-(_Que aparece muy preocupada_.) Es verdad.
-
-REMEDIOS
-
-Conque adiós. (_Sale despacio_.)
-
-LUISA
-
-Adiós.
-
-MARCELA
-
-Que le vaya bien.
-
-LUISA
-
-Quería que me prestases el mandil de color de rosa para hacer uno igual.
-
-MARCELA
-
-Sí, mujer.
-
-LUISA
-
-(_Reparando en la preocupación de_ MARCELA _que se ha sentado en una
-silla de través y apoya los brazos en el respaldo_.) Pero, oye, ¿qué te
-pasa?
-
-MARCELA
-
-(_Suspirante_.) Lo de siempre.
-
-LUISA
-
-¿Está peor Jesusín?
-
-MARCELA
-
-Lo mismo sigue.
-
-LUISA
-
-Tan ruinuco ¿verdad?... Para el primer ahijado que tuve me lucí.
-
-MARCELA
-
-Lleva nombre de mártir.
-
-LUISA
-
-¡Vaya, y de rey!
-
-MARCELA
-
-¡Si su mal tuviera remedio!
-
-LUISA
-
-Claro que no le tiene: nunca habrás visto un jiboso... que se le quite
-la jiba...
-
-MARCELA
-
-Ya lo sé: no me lo asegures.
-
-LUISA
-
-(_Algo extrañada_.) ¡Cuidado Marcela que te duele el jayón!
-
-MARCELA
-
-(_Se levanta suspirando_.) Hay que tener caridad.
-
-LUISA
-
-Harto hiciste por él: bien puedes decir que te debe la vida.
-
-MARCELA
-
-¡Una vida que vale tan poco!
-
-LUISA
-
-¿Y qué culpa tienes tú?
-
-MARCELA
-
-¡Que va a ser un tormento!
-
-LUISA
-
-¡Dale! ¡Si lo tomas así! ¡Mira que tienes una cara de angustia!
-
-MARCELA
-
-(_Queriendo justificarse_.) No es por eso, mujer.
-
-LUISA
-
-¿Pues qué, sigue el tu hombre con la melancolía?
-
-MARCELA
-
-Y otra cosa además.
-
-LUISA
-
-Chismes y cuentos, de seguro. Desde que Irene volvió al pueblo te están
-mortificando entre unos y otros.
-
-MARCELA
-
-Si es ella misma que...
-
-LUISA
-
-¿Ella?
-
-MARCELA
-
-Sí; me ronda la casa, me persigue...
-
-LUISA
-
-(_Incrédula_.) Tú ves visiones.
-
-MARCELA
-
-No; que la tía Remedios la sorprendió ahora poco, ahí cerca...
-
-LUISA
-
-Pero el camino es de todo el mundo. Irene es vecina tuya.
-
-MARCELA
-
-Ya te dije que la encontré la otra tarde entre las escanillas.
-
-LUISA
-
-No importa... Sentiría un poco de curiosidad... Debes ponerte en su
-caso...
-
-MARCELA
-
-(_Muy alterada_.) Le tengo miedo.
-
-LUISA
-
-¿Miedo?
-
-MARCELA
-
-Sí.
-
-LUISA
-
-¿Piensas que va robarte el hijo?
-
-MARCELA
-
-¡Qué sé yo!
-
-LUISA
-
-¡Vamos, no estás en tus cabales!... Ya ves tú, a mí esa moza me da mucha
-lástima: tiene cara de hambre; está muy pobre, sola en el mundo, sin un
-consuelo, sin un arrimo... ¡y tan cerca de la dicha tuya!... ¡Su madre
-dicen que se murió de pena al ver a la hija deshonrada!
-
-MARCELA
-
-(_Muy conmovida_.) ¡No me lo mientes, no!
-
-LUISA
-
-A ti ya, ¿qué daño te puede hacer?
-
-MARCELA
-
-¡Bastante me hizo!... Estoy segura de que Andrés no la olvida, de que la
-quiere más que a mí; de que está prendado de ella como nunca; ¡para
-siempre!: ¡los primeros amores suelen retoñar!
-
-LUISA
-
-(_Maliciosa_.) ¡Juraría que eso te lo acaban de decir!
-
-MARCELA
-
-¡Puede ser!... Pero el amor que a mí me tuvo fué un capricho y ya se le
-pasó.
-
-LUISA
-
-¿Y en qué lo conoces?
-
-MARCELA
-
-(_Obstinada_.) En todo: debiendo ser feliz, está siempre sombrío,
-amargurado; si la nombran se altera, si la ve se aturde... ¡Esas son
-malas señales!
-
-LUISA
-
-¡No seas aprensiva! Si es verdad que Andrés volvió a buscarla fué sólo
-por compasión, sin dejar de quererte... ¡Así acabó de perderla!
-
-MARCELA
-
-¡Por eso la compadece más!
-
-LUISA
-
-Ahora, considerando lo que estás haciendo por esa criatura (_Indicando
-al niño_.) te venera lo mismo que a una imagen.
-
-MARCELA
-
-(_Muy huraña_.) No basta que me venere... si se acuerda de la otra...
-Además... yo no merezco esa veneración.
-
-LUISA
-
-(_Con asombro_.) ¿Qué dices?
-
-MARCELA
-
-(_Evadiéndose_.) Nada, nada... Te estoy entreteniendo... Iré a buscarte
-el delantal. (_Entra en la casa_.)
-
-LUISA
-
-(_Suspirante_.) Pues, señor, esta moza se consume: ¡tan guapa, tan
-buena!... Y la otra lo mismo... Todo por un hombre; ¡no tenemos remedio
-las mujeres!... Voy a ver a este crío infeliz. (_Se acerca a la cuna de
-Jesús_.) ¡Ay, qué ojos luce más implorantes!
-
-MARCELA
-
-(_Saliendo con el delantal en la mano_.) Estará despierto ¿verdad? Se
-pasa horas enteras con los ojos abiertos, sin moverse, sin quejarse:
-parece que escucha, que discurre y cavila... (_Entrega la prenda a_
-LUISA.) Toma.
-
-LUISA
-
-Tú sí que cavilas, mujer.
-
-MARCELA
-
-(_Bajo su preocupación_.) El otro se despierta y se vuelve a dormir...
-
-LUISA
-
-Me voy. Ya es tarde y Antonio me estará esperando para cenar. (_Va
-anocheciendo_.)
-
-MARCELA
-
-Yo voy a recoger las cunas y a cerrar las puertas: hace frío.
-
-LUISA
-
-(_Asombrada_.) ¿Frío?
-
-MARCELA
-
-(_Estremecida_.) Sí; en cuanto se va el sol, siento un aire helado que
-no sé si baja del monte o sube del valle...
-
-LUISA
-
-Nada, hija, que estás perdiendo la salud.
-
-MARCELA
-
-(_Sombría_.) ¡Puede ser!
-
-LUISA
-
-Vaya, que no te mortifiques; que mires algo por ti, y hasta mañana.
-(_Sale_ LUISA.)
-
-MARCELA
-
-Vete con Dios...
-
-
-ESCENA V
-
-Se acentúa en el campo la sombra del crepúsculo. MARCELA; luego IRENE y
-ANDRÉS.
-
-MARCELA
-
-(_En actitud de profunda desolación_.) Sí; tengo frío, tengo miedo;
-¡tengo una pesadumbre y unas ansias!...
-
-IRENE
-
-(_Llega despacio, con mucha timidez, vestida pobremente de negro y habla
-con la voz contenida y cobarde_.) ¡Marcela!
-
-MARCELA
-
-(_Con un grito de espanto_.) ¡Ah!... ¿Qué?
-
-IRENE
-
-¿Te causo miedo?
-
-MARCELA
-
-¡Venías tan callando!... (_Dominándose entre brusca y medrosa_.) ¿Qué
-quieres?
-
-IRENE
-
-No tengo trabajo ni qué comer... Sé que mañana segáis el alto de la
-Coteruca, y venía a pedirte un jornal.
-
-MARCELA
-
-(_Sin mirarla_.) Se lo diré... a mi marido, y ya te avisaré...
-
-IRENE
-
-(_Que no ha entrado en el portal_.) Dios te lo pague... con razón dicen
-que eres tan generosa... (_Vacilando_.) ¿Me dejas... dar un beso a los
-niños?
-
-MARCELA
-
-(_Se yergue muy altiva, con un ímpetu bárbaro de crueldad, y apunta
-hacia la cuna de Jesús, quedándose de pie junto a la de Serafín, con
-orgulloso gesto_.) Sí; entra, entra; mira; acércate más: ese desgraciado
-que no duerme ni llora... ¡ese es el jayón!... (IRENE _se acerca a la
-cuna señalada, y arrodillándose reverente, se inclina con suprema
-ternura a besar al niño. En la puerta del huerto aparece_ ANDRÉS _que
-observa a las dos madres_.)
-
-TELÓN.
-
-
-
-
-ACTO SEGUNDO
-
-
- La misma decoración. Han pasado nueve años, nieva y es
- media tarde en el mes de febrero.
-
-
-ESCENA PRIMERA
-
-MARCELA, después LUISA
-
-MARCELA
-
-(_Con un chal obscuro atado a la cintura, se asoma al borde del portal
-en atisbo impaciente de la borrasca, muy afligida_.) ¡Virgen Santa!...
-Arrecia el temporal y Andrés no vuelve con los niños... ¡Buena locura
-haberlos dejado ir!... ¿Qué será de ellos, Señor?
-
-LUISA
-
-(_Envuelta en un mantón, con abarcas, llega muy arrebujada, llamando
-desde el camino_.) ¡Marcela!... ¿Dónde estás?
-
-MARCELA
-
-Aquí, ¿dónde quieres que esté? Clavada en esta linde, esperando que pase
-la cellisca, pidiéndole a Dios que «aquellos» vuelvan sin mal ninguno.
-
-LUISA
-
-(_Desembarazándose un poco del chal_.) Ya sabía yo que estarías así, con
-el alma en un hilo, hecha una calamidad... Por eso vine.
-
-MARCELA
-
-(_Agradecida_.) Hiciste bien.
-
-LUISA
-
-(_Mirándola con aire de reproche_.) No; si tú no vas a llegar a vieja:
-¡lo digo yo!
-
-MARCELA
-
-(_Pesimista_.) ¡Poco me falta!
-
-LUISA
-
-(_Con indignación_.) Pues, hija, ¡te luciste! Vieja tú, a los treinta
-años, con una salud como un roble; con esa cara; con ese pelo... ¿qué
-diremos, entonces, las demás?
-
-MARCELA
-
-¡Ay Luisa, he sufrido tanto!...
-
-LUISA
-
-(_Animosa_.) Para todo da el tiempo.
-
-MARCELA
-
-¡Y lo que me espera!
-
-LUISA
-
-Mira, si te pones de pésame me vuelvo a mi casa.
-
-MARCELA
-
-(_Sentándose y poniéndole otra silla_.) ¡Si supieras lo que estoy
-padeciendo!
-
-LUISA
-
-(_Sentándose_.) Pero criatura, atiéndete a razones: Andrés salió con los
-muchachos ayer a media tarde.
-
-MARCELA
-
-Sí; estaba el día nublado y sereno.
-
-LUISA
-
-¡Ya lo sé!... Pensaban dar la vuelta hoy, tal como a estas horas.
-
-MARCELA
-
-Eso mismo.
-
-LUISA
-
-Y como nieva, y como en el invernal están asubio, con torta caliente y
-leche abundante... ¡pues no vuelven hasta que mejore el tiempo!
-
-MARCELA
-
-(_Sin persuadirse_.) Es que Jesús está cada día peor... Yo creo que
-tiene calentura: no come, no duerme... y tiemblo por él.
-
-LUISA
-
-¿No decís que el monte le prueba, y que el médico le manda subir?
-
-MARCELA
-
-Por eso subió; porque arriba duerme y come algo más, y Andrés le lleva a
-menudo.
-
-LUISA
-
-(_Convencida_.) Pues habrá dormido y habrá cenado anoche.
-
-MARCELA
-
-¡Pero el frío le hace mucho daño!
-
-LUISA
-
-Tendrán buena lumbre. Además ha calentado un poco la tarde. Mira: ya me
-sobra el mantón. (_Echándole para atrás sobre la silla_.) Todo eso que
-ves (_Señalando hacia fuera)_ no va a durar ni veinticuatro horas. Va a
-saltar el ábrego y a barrer la nevada en un periquete.
-
-MARCELA
-
-(_Que permanece ensimismada_.) ¡Ay, tú me animas!
-
-LUISA
-
-A eso he venido.
-
-MARCELA
-
-Pero no sabes...
-
-LUISA
-
-¿Qué es ello, di?: vamos a ver.
-
-MARCELA
-
-(_Con voz sorda_.) No... no.
-
-LUISA
-
-Bueno: pues no lo dices y en paz.
-
-MARCELA
-
-(_Pasándose las manos por la frente_.) ¡Dios mío! (_Para esconder su
-pensamiento se levanta y vuelve a escrudiñar los horizontes_.) Cunde la
-nieve; se rasan las veredas... todas las lejuras parecen una sola
-mortaja... (LUISA _se asoma también a mirar_.) Oye, oye los frémitos del
-aire, los clamores del agua en el fondo de la hoz...
-
-LUISA
-
-(_Le interrumpe_.) Sí, Marcela, sí; ya veo, ya oigo... Cuando hay un
-temporal aquí, en el mes de febrero, suele suceder que cae la nieve; que
-la tierra parece mismamente una difunta; que el viento muge igual que un
-toro; que el río se pone ronco de dar voces...
-
-MARCELA
-
-Tú lo dices así porque no tienes un hijo en medio de la borrasca.
-
-LUISA
-
-¡Mujer, ni tú tampoco! El tu muchacho, valiente y robusto, que salta y
-brinca lo mismo que un rebeco, está con su padre en la cabaña; no en
-medio de la sierra...
-
-MARCELA
-
-(_Confusa_.) Pero Andrés se verá muy mal con el otro, enfermo...
-
-LUISA
-
-El otro... el otro...
-
-
-ESCENA II
-
-Dichas y REMEDIOS
-
-REMEDIOS aparece en el camino con la falda por la cabeza, descubriendo
-un refajo rojo. Lleva abarcas y una toquilla cruzada a la cintura.
-
-REMEDIOS
-
-¡Eh, Marcela, aquí estoy yo!
-
-MARCELA
-
-(_Asomándose a encontrarla_.) Pase, pase, tía Remedios.
-
-LUISA
-
-Venga con Dios.
-
-REMEDIOS
-
-(_Dejando caer el vestido_.) ¡Ah, tienes buena compaña! Pues, hijuca,
-lleguéme acá pensando que estarías sola.
-
-MARCELA
-
-Se lo agradezco. (_Acerca otra silla para_ REMEDIOS _y las tres se
-sientan_.)
-
-REMEDIOS
-
-Y a saber si habían venido los del invernal. (_Saca de una gran
-faltriquera una media empezada y unos espejuelos que se pone y comienza
-a tejer_.)
-
-MARCELA
-
-¡No fuera malo!
-
-LUISA
-
-Ya le digo yo, que vendrán así que escampe.
-
-REMEDIOS
-
-¡Eso es!... Y en el ínterin, no te apures, que buena cabaña tienen.
-
-MARCELA
-
-(_Sin tranquilizarse_.) ¿Y si les ha cogido fuera la nevisca, ya en el
-retorno, es un suponer?
-
-LUISA
-
-(_Impaciente_.) ¿Y si llega el día del juicio final?
-
-MARCELA
-
-¡Ay, Dios mío!
-
-REMEDIOS
-
-(_Sacando de la faltriquera un mazo de algodón_.) Miray, y si no hacéis
-nada, devanarme esta madeja.
-
-LUISA
-
-(_Cogiendo el mazo y desdoblándole_.) Venga; no nos ha de sobrar mucha
-luz, por eso no traje labor.
-
-MARCELA
-
-Yo no puedo hacer nada: me sería imposible.
-
-LUISA
-
-(_Alargándole la madeja para que le ayude_.) ¿Ni tener aquí?
-
-MARCELA
-
-¡Ni eso!
-
-LUISA
-
-¡Válgame el Señor! (_Se levanta, cuelga la madeja en el respaldo de la
-silla y se pone a devanar_.)
-
-REMEDIOS
-
-(_A_ LUISA.) Bien considero lo que padece esta infeliz, que el que tiene
-un hijo solo, está siempre si le ve o no le ve.
-
-LUISA
-
-Yo, ¡como no tengo ninguno!
-
-REMEDIOS
-
-¡Y no estarás conforme!
-
-LUISA
-
-¡Qué remedio me queda!
-
-MARCELA
-
-¡Dichosa de ti!
-
-REMEDIOS
-
-(_Suspirando_.) ¡Ay, una sola he criado yo, de seis que tuve, y quisiera
-meterla en un fanal!
-
-LUISA
-
-Tú, Marcela, no has pensado siempre como ahora.
-
-MARCELA
-
-Tienes razón.
-
-LUISA
-
-Esperaste a Serafín como si fuera el premio gordo.
-
-MARCELA
-
-Mucho más: hubiese dado media vida por él.
-
-LUISA
-
-Como tardaba en venir, toda te volvías ofertas y peregrinaciones...
-
-REMEDIOS
-
-¡No sabe una lo que pide!
-
-MARCELA
-
-(_Evocadora_.) Sí; me puse muchas veces en cruz a los pies de la Virgen
-de la Esperanza, y fuí sola, cuando llenó la luna, a beber agua en la
-fuente del argomal...
-
-REMEDIOS
-
-Dicen que tiene mucha virtud.
-
-LUISA
-
-(_Incrédula_.) Puede ser.
-
-REMEDIOS
-
-(_A_ LUISA.) ¿Tú no has hecho la prueba?
-
-LUISA
-
-No, señora; yo no.
-
-MARCELA
-
-(_Embargada en sus recuerdos_.) Una noche, la última que fuí, campaba la
-luna, para mi cuenta, más grande y más luciente... Era por el mes de
-mayo; estaban las árgomas en flor, olía todo el valle a madurez y un
-malvís cantaba como un loco en el ansar... (_Ni_ LUISA _devana ni_
-REMEDIOS _teje_.) Llegué a la fuente, me hinqué a beber en la misma boca
-del manantío, y al levantarme vi una mujer a mi lado.
-
-REMEDIOS
-
-¡Te quedarías como lela!
-
-LUISA
-
-¿No sería tu sombra?
-
-MARCELA
-
-Una sombra muerta me pareció... pero estaba viva... Tenía los ojos del
-color del bosque; los pasos, chitos; el habla, muda...
-
-REMEDIOS
-
-No digas más: ya sabemos quién era.
-
-LUISA
-
-¿Y qué hiciste?
-
-MARCELA
-
-Eché a correr sin buscar el sendero. El vestido se me enganchaba en las
-púas de la ramazón, y pensaba yo que «la otra» corría detrás de mí; que
-me quería detener, que me iba a matar... rodé por la tierra, volví a
-levantarme...
-
-REMEDIOS
-
-Sólo de oirlo se me acorta el resuello, muchachas.
-
-LUISA
-
-Y se pone un ñudo en el corazón.
-
-MARCELA
-
-Pasaron nueve años, y tengo patente en el alma, como si fuera hoy,
-aquella noche blanca de luna y de miedo, llena de flores amarillas, que
-me tiraban de la ropa... (_Va anocheciendo. Se oyen pasos en el corral._
-LUISA, _que sigue de pie, se asoma a ver quién llega, sin soltar el
-ovillo que devana_.)
-
-LUISA
-
-Aquí viene Antonio.
-
-REMEDIOS
-
-(_A_ MARCELA, _volviendo a su labor_.) ¡No sé cómo lograste el hijo, con
-el susto y la caída!
-
-MARCELA
-
-(_Aparte_.) ¡Lograrse! ¡Más se logró el de «ella»!
-
-
-ESCENA III
-
-Dichas y ANTONIO
-
-ANTONIO con abarcas y tapabocas y un paraguas grande, de color, abierto.
-
-LUISA
-
-(_Esperando a su marido al borde del portal_.) ¿Venías a buscarme?
-
-ANTONIO
-
-No; vengo a preguntar por Andrés.
-
-LUISA
-
-No ha llegado.
-
-MARCELA
-
-(_Levantándose muy impaciente. Va al encuentro de_ ANTONIO.) ¿Sabes tú
-algo de ellos?
-
-ANTONIO
-
-Ni una palabra. Pero oí decir que bajaban ahora dos pastores con el
-serroján, y acerquéme por si habían traído algún mandado.
-
-LUISA
-
-No hemos visto a nadie. (_Vuelve a devanar_.)
-
-MARCELA
-
-¿Qué pastores dices?
-
-ANTONIO
-
-Manuel y Elías, de la cabaña de Cos.
-
-LUISA
-
-Y el serroján será Cándido, ¿eh?
-
-ANTONIO
-
-El mismo.
-
-REMEDIOS
-
-(_Sin dejar su calceta_.) ¡Diez años hace que espera subir hasta pastor!
-
-MARCELA
-
-(_Siempre muy preocupada_.) ¿Y a qué vienen?
-
-ANTONIO
-
-A buscar harina para la borona por si se cierra el tiempo a nevar.
-
-MARCELA
-
-(_A_ LUISA.) ¿Lo ves?
-
-LUISA
-
-(_A su marido_.) Está empeñada en que va a durar la tormenta hasta el
-verano.
-
-ANTONIO
-
-Pues yo barrunto que será cuestión de pocas horas; ahí ves tú.
-
-LUISA
-
-(_A_ MARCELA.) ¡Claro, mujer!
-
-MARCELA
-
-Entonces, ¿por qué bajan con una tarde así?
-
-ANTONIO
-
-Porque se equivocaron, si a mano viene... En el monte se hacen las horas
-siglos y parecen los temporales el cuento de nunca acabar.
-
-MARCELA
-
-¿Habrán pasado por Bustarredondo?
-
-ANTONIO
-
-Camino derecho no lo es...
-
-MARCELA
-
-(_Con recelo_.) ¿No dijiste que podrían traerme alguna razón?
-
-ANTONIO
-
-¡Como poder...!
-
-LUISA
-
-(_A_ ANTONIO.) ¡No la metas en confusiones!
-
-ANTONIO
-
-Es que podían. En la sierra todo está cercano, al respetive... Si se
-enciende una fogata en el tu invernal (_A_ MARCELA_)_ los otros
-invernales se dan por entendidos y los pastores se ponen al habla; se
-ayudan, si lo han menester...
-
-MARCELA
-
-(_Que escucha recelosa_.) Yo voy a hablar con esos hombres.
-
-REMEDIOS
-
-¡Ay, qué súpita eres!
-
-LUISA
-
-Pero, ¿qué te van a decir?
-
-ANTONIO
-
-Si es por eso, iré yo.
-
-MARCELA
-
-(_Resuelta_.) No; yo misma. Voy de un pronto y vuelvo a escape.
-
-ANTONIO
-
-Y, ¿adónde?
-
-LUISA
-
-¡Eso digo!
-
-MARCELA
-
-Adonde estén.
-
-REMEDIOS
-
-¿Vas a buscarlos por todo el lugar?
-
-ANTONIO
-
-Habrán ido cada uno a su casa o, juntos, a la taberna.
-
-LUISA
-
-(_A_ REMEDIOS.) Cándido puede ser que esté con Flora, tía Remedios, que,
-por lo visto, la corteja de viuda también.
-
-REMEDIOS
-
-¡Dióle por ahí...!
-
-MARCELA
-
-(_Coge el mantón de_ LUISA.) Me voy; llevo tu chal.
-
-LUISA
-
-(_A su marido_.) Anda, hombre; vete tú.
-
-ANTONIO
-
-(_Deteniendo a_ MARCELA.) Voy ahora mismo.
-
-MARCELA
-
-Es que me quedo más conforme si los hablo yo.
-
-ANTONIO
-
-Te los traigo aquí.
-
-LUISA
-
-Muy bien.
-
-REMEDIOS
-
-¡Así se hace!
-
-MARCELA
-
-(_Cediendo_.) ¿Y no tardarás?
-
-ANTONIO
-
-De la que los tope doy la vuelta.
-
-MARCELA
-
-Bueno, pues anda, sí... (ANTONIO _recoge el paraguas y sale_.)
-
-
-ESCENA IV
-
-Dichas menos ANTONIO
-
-REMEDIOS
-
-(_Acomodando sus gafas y su labor en la faltriquera_.) Y yo, muchachas,
-voy a dejaros; porque cavilo que ese mozón igual se me cuela donde la
-hija, y se quedó sola.
-
-MARCELA
-
-Además se está haciendo tarde para usted.
-
-LUISA
-
-(_Devanando las últimas vueltas de la madeja_.) Sí; que van los caminos
-muy malos. Ya está el ovillo hecho.
-
-REMEDIOS
-
-(_Coge la mano que le ofrece_ MARCELA _para levantarse_.) ¡Aúpa!... ¡Ay,
-hija, estoy muy torpe! (_Se cubre otra vez la cabeza con la falda,
-ayudada por_ MARCELA.)
-
-LUISA
-
-¿Conque el bueno de Cándido sigue pretendiendo a Flora?
-
-REMEDIOS
-
-No sé qué te diga, mujer. Es como si hubiera nacido de suyo con esa
-condición; serroján y cortejo de la mi muchacha: de ahí no sale...
-Pasaron los años, ella se cansó de esperar y casóse con otro. Ahora
-enviuda, con dos rapaces, y ya le tienes ahí.
-
-MARCELA
-
-Se conoce que la quiere.
-
-REMEDIOS
-
-¿Sabrálo él...?
-
-LUISA
-
-(_A_ REMEDIOS, _dándole el ovillo_.) Tenga.
-
-REMEDIOS
-
-Dios te lo pague. (_Le mete en la faltriquera_.) Y tú, hijuca (_A_
-MARCELA_)_, no te apures; que ni al hombre ni al hijo tuyo les puede
-suceder ningún percance. Son fuertes y sanotes; conque, si alguno lo
-pasa mal, será el jayón...
-
-MARCELA
-
-(_Sin poderse contener_.) ¡No le llame usted así!
-
-REMEDIOS
-
-Al fin y al cabo nada te toca, y un ser tan ruino poco vale...
-
-MARCELA
-
-(_Aparte_.) ¡Dios de mi alma!
-
-REMEDIOS
-
-Tú bastante sufriste por causa «de otros»... que tienen muchas culpas
-que pagar.
-
-MARCELA
-
-(_Abstraída, desesperada_.) ¡Culpas...! ¡culpas...!
-
-REMEDIOS
-
-Vaya, adiós.
-
-LUISA
-
-Adiós, y tenga cuidado dónde pisa. (_Va con ella hasta el corral._
-MARCELA _se deja caer en una silla y se cubre la cara con las manos_.)
-
-REMEDIOS
-
-(_Alejándose despacio_.) Sí; que la nieve resbala mucho.
-
-LUISA
-
-¡Ahinque bien las abarcas...!
-
-
-ESCENA V
-
-LUISA y MARCELA
-
-LUISA
-
-(_Vuelve al portal y queda muy sorprendida ante la actitud de_ MARCELA.)
-Pero, ¿vas a llorar ahora?
-
-MARCELA
-
-(_Con desolación_.) ¿Tú sabes lo que me ha dicho esa mujer?
-
-LUISA
-
-Nada nuevo.
-
-MARCELA
-
-(_Exaltada_.) Nada nuevo, ¿verdad?
-
-LUISA
-
-¡Claro que no!
-
-MARCELA
-
-(_Con impulso irrefrenable_.) Aquel hijo que aguardé tres años, de
-rodillas a la vera del altar y de la fuente, aquel hijo que había de
-servir de orgullo a Andrés y me iba a vengar para siempre de «la
-otra»... es Jesús, ¿sabes?... Es Jesús, el niño maltrecho y ruin, ese
-que vale poco, ese a quien llamáis con desdeño el jayón...
-
-LUISA
-
-(_Con asombro inmenso_.) Pero... ¿qué dices?
-
-MARCELA
-
-(_Delirante lanzada a la confidencia como en un vértigo_.) Que los
-cambié en la cuna, que sentí el bochorno de confesar por mío al
-jorobado, al que mira todo el mundo con burlas o con lástima, y mentí...
-los troqué... ¡Soy una criminal!
-
-LUISA
-
-¿Te has vuelto loca?
-
-MARCELA
-
-No, Luisa; estoy en mi sana razón.
-
-LUISA
-
-(_Sentándose al lado de_ MARCELA.) Pero... ¿cómo pudiste?...
-
-MARCELA
-
-Yo sola conocí la desgracia de mi criatura. Tenían los niños tres meses
-cada uno; eran como dos mellizos de semejantes y únicamente yo los
-diferenciaba, cuando un día palpé en el pecho de Serafín las costillas
-viciosas, los huesos retorcidos... Nublé de espanto.
-
-LUISA
-
-¿Y, entonces?
-
-MARCELA
-
-Llamé al médico. Le examinó con señales de compadecerse mucho, y sin
-decir el mal que tenía, va y me pregunta:--Este niño, ¿cuál es? Yo
-conocí que le iba a sentenciar para siempre, y como la comedianta que
-representa una mentira, salté y repuse:--Este es el jayón.
-
-LUISA
-
-¡Te creyó a pies juntos!
-
-MARCELA
-
-Igual que al Evangelio. Aun quiso echarme flores tratándome de generosa
-y buena porque criaba yo misma al infeliz... Y le sentenció a padecer
-doblado y enfermo, toda la vida...
-
-LUISA
-
-¡Vaya un trance!
-
-MARCELA
-
-(_Con desesperada tristeza_.) Desde aquella hora, Serafín, el pobre hijo
-de mi alma, se llamó Jesús, y ya solo fué mío en las entrañas obscuras
-de mi corazón...
-
-LUISA
-
-¡Te creímos todos!
-
-MARCELA
-
-Y el primero Andrés... Así empezó mi castigo... Tuve que cuidar al niño
-ajeno como si fuera el mío, y esconder para el otro el amor y la
-misericordia...
-
-LUISA
-
-No lo escondiste mucho...
-
-MARCELA
-
-¡Por eso me creisteis llena de virtudes y me ensalzasteis más!
-
-LUISA
-
-¡Dabas un ejemplo tan noble!
-
-MARCELA
-
-Sí; ¡mintiendo...! Andrés me mira como a las efigies de los santos...
-(_Con infinita amargura_.) sin conseguir «olvidarla»... Por bien
-agradecido huye de Irene y quisiera tratar al hijo sano con todas las
-finuras, creyendo que me premia... A veces le registra los ojos con
-afán... (_Clavando mucho la mirada_.) así... así... como un loco... Es
-que los tiene lo mismo que su madre, verdes, tristes, pungidos de penas
-y de brasas... ¿te has fijado?
-
-LUISA
-
-En que son muy hermosos; pero en la semejanza no... ¡Cómo se me iba a
-ocurrir...!
-
-MARCELA
-
-Pues el padre los teme y los busca sin saber por qué... Debe pensar que
-engendró en mí un hijo lleno de la pasión de la otra, dueño de aquellos
-ojos y de aquella mirada... En tanto se me oculta para consolar al
-enfermo imaginando que es el de «ella» y que me duele ese cariño.
-
-LUISA
-
-Por desgraciado le prefiere.
-
-MARCELA
-
-¡Y también porque en él la sigue queriendo todavía!...
-
-LUISA
-
-Tú discurres demasiado. Al cabo del tiempo, Andrés no se acuerda de
-Irene, que está, la pobre, acabada, consumida...
-
-MARCELA
-
-(_Con sombría expresión_.) ¡No; que le quedan los ojos!
-
-LUISA
-
-¿Querías que estuviese ciega?
-
-MARCELA
-
-(_Misteriosa_.) Pero los tiene llenos de lumbre, llenos de esperanza...
-le viven, allá en la hondura, unos secretos que Andrés no puede olvidar.
-
-LUISA
-
-(_Fascinada_.) ¿Y tú los descubriste?
-
-MARCELA
-
-No, no... parecen cosa de brujería...
-
-LUISA
-
-(_Con la misma inquietud_.) ¡Cosa de sortilegio!
-
-MARCELA
-
-Es como si otras almas que sufrieron de amores y de olvidos se asomaran
-al semblante de esa mujer, para rogar clemencia.
-
-LUISA
-
-(_Levantándose y sacudiendo la obsesión_.) La mitad de lo que hablas es
-porque la compadeces y porque...
-
-MARCELA
-
-(_Interrumpiendo_.) Sí, dilo, dilo: porque tengo remordimientos...
-
-LUISA
-
-¡Mujer!
-
-MARCELA
-
-(_Atendiendo a rumores del camino_.) Se oyen pasos: viene gente.
-
-LUISA
-
-(_Asomándose al corral_.) ¡Si ya es de noche!
-
-MARCELA
-
-(_Observando también_.) Y ha dejado de nevar.
-
-LUISA
-
-Sin duda Antonio vuelve con los pastores.
-
-MARCELA
-
-(_Estrechando las manos de su amiga_.) ¡Guárdame el secreto, por Dios!
-
-LUISA
-
-Descuida, mujer.
-
-MARCELA
-
-¡Nadie en el mundo lo sabe más que tú! (_Llega_ ANTONIO _con los
-pastores_.)
-
-
-ESCENA VI
-
-Dichas, ANTONIO, ELÍAS y MANUEL.
-
-Los dos últimos llevan zajones a estilo del país, cayados y abarcas.
-
-ANTONIO
-
-(_A_ MARCELA.) Aquí tienes a éstos.
-
-ELÍAS
-
-Buenas noches.
-
-MANUEL
-
-Dios os guarde.
-
-MARCELA
-
-Ya disimularéis el incomodo...
-
-ELÍAS
-
-¡Bah! ¡Siendo cosa tuya y de Andrés!
-
-MANUEL
-
-¡Lástima fuera!
-
-MARCELA
-
-¿Y el serroján?
-
-ANTONIO
-
-Está en casa de Flora y dijo, dice: Dile que no puedo ir.
-
-LUISA
-
-¡Qué zoquete!... Pero no os quedéis al raso. (_Viéndoles a la orilla
-del portal_.) Adelante. Voy a encender luz.
-
-MANUEL
-
-(_A_ LUISA.) Déjalo: se ve bastante así.
-
-MARCELA
-
-No, no; os vais a sentar. Ahora sacaré un farol. (_Entran bajo el
-techado y se sientan todos menos las mujeres_.)
-
-LUISA
-
-Yo entro por él. (_A su marido_.) Alúmbrame tú.
-
-ANTONIO
-
-Voy. (_Sin levantarse enciende la mecha con mucha calma._ LUISA _aguarda
-de pie_.)
-
-MARCELA
-
-(_A los pastores_.) Conque no pasasteis por Bustarredondo ¿verdad?
-(_Sentándose_.)
-
-ELÍAS
-
-No.
-
-MANUEL
-
-No es camino ni menos pensarlo.
-
-MARCELA
-
-¡Tengo una inquietud!... Quería saber si es muy recio allá arriba el
-temporal.
-
-MANUEL
-
-Pues... no sé qué decirte. (ANTONIO _alumbra a su mujer y entran en la
-casa_.)
-
-MARCELA
-
-¡Ay, Dios mío; será tremendo!
-
-ELÍAS
-
-De todas suertes ya pasó lo peor.
-
-MARCELA
-
-(_Ansiosa_.) ¿Si?
-
-MANUEL
-
-¡Toma! Como que saltó el ábrego ¿no le oyes bufar? (_Se oye un trueno
-sordo_.)
-
-MARCELA
-
-(_Escuchando_.) Me parece que lo que oigo es un trueno.
-
-ELÍAS
-
-Eso mismo es.
-
-MARCELA
-
-Entonces vuelve la tormenta.
-
-MANUEL
-
-Al contrario, se va hacia la costa.
-
-ELÍAS
-
-El viento la sorbe. (_Luce un relámpago_.)
-
-MARCELA
-
-(_Se santigua_.) ¡Virgen santa!
-
-MANUEL
-
-Todo ese aparato es música celestial.
-
-MARCELA
-
-¿Y en el monte cayó mucha nieve?
-
-ELÍAS
-
-¡Bastante!
-
-MARCELA
-
-¿Como cuanta?
-
-MANUEL
-
-Era nevasca, ¿sabes? de esa que cae en torbellinos y le ciega a uno.
-
-MARCELA
-
-¡Eso temía yo!
-
-ELÍAS
-
-Fué esta mañana; de repente: mostróse el cielo gacho y turbio y empezó
-una cellisca que tenía que ver.
-
-MARCELA
-
-¡Ay, Señor! (_Se levanta y se acerca a la puerta por donde entraron_
-LUISA _y_ ANTONIO.) ¡Luisa!
-
-LUISA
-
-(_Desde dentro_.) Allá vamos.
-
-MARCELA
-
-Trae un jarro de vino; haz el favor: ya sabes dónde está. (_Volviendo a
-sentarse_.) ¡Yo no vivo de incertidumbre!
-
-MANUEL
-
-¡Pero si ya está desnevando!
-
-ELÍAS
-
-¡Y que va por la posta!
-
-MARCELA
-
-(_Bajo su preocupación_.) ¿De modo que esta mañana hubo remolinos y
-ventisca?
-
-MANUEL
-
-¡Con fuerza!
-
-MARCELA
-
-¿A qué hora empezó?
-
-ELÍAS
-
-Sobre eso de las diez.
-
-MARCELA
-
-¿Y duró mucho?
-
-ELÍAS
-
-Hasta media tarde. Así que me amainó bajamos nosotros para acá. Ya
-rodaba la nube contra la llanura y en los pliegues del monte remanecía
-el ábrego.
-
-MARCELA
-
-En el valle escampó bien anochecido; ahora poco. (_Salen_ ANTONIO _y_
-LUISA_. Él lleva en la mano, encendido, un farol pequeño, de cuatro
-vidrios, uno de los cuales gira para servir de puerta._ LUISA _lleva una
-jarra de loza con ramos de colores y un solo vaso_.)
-
-LUISA
-
-Aquí tenéis.
-
-MARCELA
-
-Sentaros. (_A_ LUISA.) Anda, sirve tú, ¿quieres? (_Se sienta_ ANTONIO.)
-
-LUISA
-
-Ahora mismo. (_Escancia y ofrece vino blanco a los pastores y luego a su
-marido. Beben mientras sigue la conversación; lían cigarrillos en hojas
-de maíz y los encienden en la mecha del farol, descolgándole del clavo
-donde_ ANTONIO _le habrá puesto en una viga próxima. Durante la escena,
-hasta el final del acto, se siguen sucediendo algunos truenos y
-relámpagos de la tormenta ya lejana_.)
-
-MARCELA
-
-Estarán cubiertos los caminos allá arriba, ¿eh?
-
-MANUEL
-
-¡Hazte cargo!
-
-MARCELA
-
-¿Y será fácil perderse?
-
-MANUEL
-
-A todo nevar, sí.
-
-ANTONIO
-
-Porque le envuelven a uno el viento y los copos, y se nubla el sentido.
-
-ELÍAS
-
-Hasta puede uno ahogarse, si se tercia.
-
-LUISA
-
-(_Con censura_.) ¡Tan grave lo ponéis!
-
-MARCELA
-
-(_A_ LUISA.) ¿Ves cómo yo tengo razón en afligirme?
-
-ANTONIO
-
-Dicen estos que no.
-
-MANUEL
-
-¡Quiá!
-
-ELÍAS
-
-Andrés no sale con los muchachos de la cabaña hoy.
-
-MARCELA
-
-Pero, ¿si salió antes que empezara a nevar?
-
-ELÍAS
-
-(_Muy complaciente_.) ¡Todo pudiera suceder!
-
-MARCELA
-
-(_Alarmadísima_.) ¿Cómo dices?
-
-LUISA
-
-¡Hombre, qué ocurrencia!
-
-ANTONIO
-
-¡Qué había de salir!
-
-MANUEL
-
-En lo tocante a eso...
-
-MARCELA
-
-¿Qué?
-
-MANUEL
-
-(_Con mucha parsimonia_.) ¡Sábelo Dios!
-
-ANTONIO
-
-¡Vaya una salida!
-
-MARCELA
-
-Sí; ¡Dios lo sabe! (_A los pastores_.) ¿Y no supisteis nada del nuestro
-invernal?
-
-MANUEL
-
-Nada, hija... Considera que el vuestro cae ponentino y el de nosotros
-cara al sur.
-
-ELÍAS
-
-¡Si hubiéramos barruntado que andaba por allí Andrés!
-
-MARCELA
-
-Pero la bajada al pueblo es la misma.
-
-ANTONIO
-
-Desde medio camino sí...
-
-MARCELA
-
-(_A los pastores_.) ¿Y no hallasteis huella ninguna?
-
-LUISA
-
-¡Marcela, no te mortifiques más!
-
-MARCELA
-
-¡No puedo remediarlo!
-
-ELÍAS
-
-Ni vimos alma viviente: ¡estaba el monte frío y solo como un muerto!
-
-MANUEL
-
-Y nos sucedió un caso.
-
-ELÍAS
-
-Es verdad.
-
-MARCELA
-
-¿Qué fué?
-
-ANTONIO
-
-No me lo habíais dicho.
-
-ELÍAS
-
-Vale poco la pena.
-
-LUISA
-
-A ver qué es ello.
-
-MARCELA
-
-¡Sí!
-
-MANUEL
-
-Pues, veníamos por el soto de la Cruz, cuando, en esto, va el serroján y
-echa un relincho que retumbó en la nieve por todas las camberas abajo. Y
-quien os dice que a tal tiempo, oímos unas voces como si fueran cosa del
-otro mundo.
-
-MARCELA
-
-¡Virgen de la Esperanza!
-
-LUISA
-
-¿Y qué hicisteis?
-
-MANUEL
-
-Pararnos a escuchar.
-
-MARCELA
-
-¿Entonces?
-
-MANUEL
-
-¡Todo estaba mudo, igual que antes!
-
-MARCELA
-
-¿Pero, aquel clamor?...
-
-ANTONIO
-
-La quejumbre del ábrego...
-
-ELÍAS
-
-O el eco del ijujú...
-
-LUISA
-
-¡Claro está!
-
-MARCELA
-
-¿No sería la voz de Andrés?
-
-ELÍAS
-
-¿Por aquellos rodales?
-
-MARCELA
-
-¿O el llanto de un niño?
-
-LUISA
-
-(_A_ MARCELA.) ¡Lo que tú amontonas, criatura!
-
-MANUEL
-
-¡Cosa muy amarga parecía!
-
-MARCELA
-
-(_Desolada_.) ¡Me consume el miedo!
-
-ELÍAS
-
-Para mi cuenta fueron los crujidos del invernal ruinoso.
-
-ANTONIO
-
-Justo: que se hundía al peso de la nieve.
-
-MARCELA
-
-¿Y no fuisteis allá?
-
-ELÍAS
-
-¿A qué habíamos de ir?
-
-MARCELA
-
-(_Dominada por su inquietud_.) Por si algún caminante se hubiera
-guarecido y demandara socorro.
-
-ANTONIO
-
-No, mujer; por el monte no transita ningún forastero.
-
-ELÍAS
-
-Y los del país no asubiamos en el soto de la Cruz.
-
-MARCELA
-
-(_A_ MANUEL_, que parece reservado_.) ¿Tú qué piensas, Manuel?
-
-LUISA
-
-(_A_ MANUEL _aparte_.) ¡No la atemorices!
-
-MANUEL
-
-(_Después de pensarlo_.) Pues... en finiquito: yo pienso... que todos
-tenéis razón.
-
-ELÍAS
-
-(_Riendo_.) Está bien.
-
-ANTONIO
-
-(A MARCELA.) Mira: el invernal ese que cruje y se está hundiendo, no es
-camino de Bustarredondo, ni semejante cosa.
-
-MARCELA
-
-(_Con recelo, a los pastores_.) ¿No?
-
-ELÍAS
-
-No; queda muy a trasmano.
-
-MANUEL
-
-¡Mucho!
-
-LUISA
-
-(_A_ MARCELA.) ¡Bien lo sabes tú!
-
-MARCELA
-
-(_Con desaliento_.) ¡No sé nada!
-
-ELÍAS
-
-(_Haciendo ademán de levantarse_.) Conque, Marcela, si no mandas más...
-
-MANUEL
-
-Sí; nos iremos.
-
-ANTONIO
-
-(_A su mujer_.) Y también nosotros.
-
-LUISA
-
-Sí. (_Todos se levantan_.)
-
-MARCELA
-
-(_Dominándose_.) ¿No queréis otro vaso de vino?
-
-ELÍAS
-
-Ya basta.
-
-MANUEL
-
-Se agradece.
-
-ANTONIO
-
-(_A_ MARCELA.) A la mañanuca temprano yo vendré por aquí a ver lo que se
-te ocurre.
-
-LUISA
-
-Y yo lo mismo. (_Vacilando_.) ¿Tendrás miedo esta noche?
-
-MARCELA
-
-Para la soledad no soy medrosa.
-
-ANTONIO
-
-(_A su mujer_.) Puedes quedarte con ella.
-
-LUISA
-
-Eso estaba cavilando.
-
-MARCELA
-
-No. (_Ante el ademán insistente de_ LUISA.) No he de ceder. Que mañana
-madrugues, eso sí. (_Los pastores han recogido sus cayados y aguardan en
-el corral.) (_LUISA _se pone el mantón_.)
-
-MANUEL
-
-(_Desde fuera_.) Si hacia el mediodía no ha bajado Andrés, iremos a
-buscarle.
-
-ELÍAS
-
-(_A_ MARCELA.) Tú dispones.
-
-MARCELA
-
-Gracias por todo... ¡Ah! llevaros el farol. (_Le descuelga y se le
-ofrece a la orilla del portal_.)
-
-LUISA
-
-¿Te íbamos a dejar a oscuras?
-
-MARCELA
-
-Encenderé el candil.
-
-ELÍAS
-
-No es menester luz, no.
-
-ANTONIO
-
-La nieve nos alumbra.
-
-ELÍAS y MANUEL
-
-Buenas noches.
-
-MARCELA
-
-Que descanseis.
-
-LUISA
-
-(_Volviendo unos pasos atrás._) A ver si te acuestas y duermes.
-
-MARCELA
-
-(_A media voz_.) ¡Ay, pídele a Dios por mí!
-
-LUISA
-
-(_En el mismo tono_.) Sosiégate, mujer, ten confianza...
-
-ANTONIO
-
-(_Ya en el camino esperando a_ LUISA.) ¿Vamos?
-
-LUISA
-
-(_A su marido_.) Allá voy. (_A_ MARCELA _abrazándola_.) Adiós...
-
-MARCELA
-
-Adiós... (_Desaparecen en el campo_.)
-
-
-ESCENA VII
-
-MARCELA, luego IRENE
-
-MARCELA permanece al borde del portal con el farol en la mano, inmóvil,
-aterrados los ojos. No se sabe si escucha o aguarda. La noche se aclara
-con la nieve; brillan algunos relámpagos; suena el toque de las
-oraciones.
-
-MARCELA
-
-(_Sale de su quietud con un largo suspiro y se santigua_.) ¡Las
-oraciones! ¡Si yo pudiera rezar!... ¡Y un poco he desahogado el corazón
-que se me quería partir! (_Apaga el farol y le deja en el suelo_.) No me
-hace falta luz: ¿para qué? He de estarme en esta orilla de cara al cielo
-y a la nieve, esperando, esperando... ¿Qué espero?... Aquí se me figura
-que sufro, más cerca del inocente que sufre... más lejos del castigo...
-¡Aquellas voces del soto de la Cruz! (_Levanta la cabeza, mira al campo
-y se estremece. Una sombra enlutada va acercándose con sigilo._ MARCELA
-_se recoge al fondo del portal_.) ¡Ah...! ¡Una sombra, Dios mío!... La
-sombra de una mujer... No es un fantasma, no: bien cierta la descubro...
-Es «ella»... siempre «ella»... Padece por la misma criatura que yo; la
-empuja hacia mí esta misma inquietud que me consume... ¡Nos come un solo
-penar! (_Con vehemente impulso de compasión, llamando, ensordecida la
-voz_.) ¡Irene... Irene!
-
-IRENE
-
-(_Estremecida, adelantándose_.) ¡Marcela! ¿Eres tú?
-
-MARCELA
-
-Ven.
-
-IRENE
-
-(_Acercándose dudosa_.) ¿Es verdad que me llamas?... ¿Estás ahí?
-
-MARCELA
-
-Te llamo: aquí estoy.
-
-IRENE
-
-¡No te veo!
-
-MARCELA
-
-Porque llegas de la claridad... En cambio a mi se me hace que vienes
-toda llena de luz. (_Sale a recibirla_.)
-
-IRENE
-
-(_Pasándose las manos por los ojos_.) Me ciega la blancura de la
-nieve... ¿Estás sola?
-
-MARCELA
-
-Sí.
-
-IRENE
-
-(_Trémula, con la voz tapada_.) ¿Han vuelto?
-
-MARCELA
-
-(_Con tono igual_.) ¡No!
-
-IRENE
-
-¿Y qué hacías?
-
-MARCELA
-
-Esperar... ¿y tú?
-
-IRENE
-
-Yo también.
-
-MARCELA
-
-Esperaremos juntas.
-
-IRENE
-
-¡Si me dejas!
-
-MARCELA
-
-Ven. (_Al salir a buscarla atisba otra vez el celaje_.) Has traído la
-bonanza. Ya se afinan las nubes... Repara cómo se hiende el cielo y las
-estrellas se asoman a ese retal azul...
-
-IRENE
-
-(_Fijándose donde_ MARCELA _dice_.) Parece que se miran y que
-tiemblan...
-
-MARCELA
-
-(_Muy conmovida_.) ¡Lo mismo que nosotras! (_Luce un relámpago; a su
-resplandor las dos mujeres se miran temblorosas con suprema ansiedad_.)
-
-IRENE
-
-¡Marcela!
-
-MARCELA
-
-(_Tendiéndole la mano_.) ¡Ven!
-
-TELÓN
-
-
-
-
-ACTO TERCERO
-
-
- Una cocina montañesa con el llar en el suelo, gran
- campana, espetera brillante, de cobre, colmada botijera y
- bancos rústicos de nogal. Hay varios taburetes de la
- misma madera, una puerta lateral que comunica con el
- interior, y otra grande, abierta sobre el portal con una
- ventana pequeña en la misma dirección. Ha pasado la noche
- y ha salido el sol encima de la nieve: su luz debe
- asomarse a la escena.
-
-
-ESCENA PRIMERA
-
-LUISA y ANTONIO
-
-LUISA
-
-(_Trajinando_.) ¡Qué cosas se ven en este mundo!... ¡Mira que llegar yo
-aquí al amanecer y encontrarme a Irene y a Marcela juntas en un mismo
-banco!
-
-ANTONIO
-
-(_Con alguna suficiencia, mientras pasea y fuma_.) Las mujeres sois así:
-tan repentinas para aborrecer como para perdonar.
-
-LUISA
-
-Ellas no se aborrecen...
-
-ANTONIO
-
-Pues esa es la cuestión; que en los quebraderos de esta casa todo el
-personal es de valía... Marcela una venturada que no hay más que
-pedirle; ya lo estamos viendo; mejor criatura no cabe. Andrés, bueno a
-carta cabal, amigo de los pobres y pronto a sacarnos de un apuro al que
-más y al que menos... ¡Da en cara verle padecer el humor de la
-melancolía!
-
-LUISA
-
-(_Cavilosa_.) ¡Sí; llevas razón!
-
-ANTONIO
-
-Y si vamos a Irene, otra infeliz. Desde el percance aquel no ha vuelto a
-dar qué hablar ni ese es el camino... Ella trabaja, sola y enferma, dale
-que dale, y puja con la vida siempre clavando los ojos en este llar,
-donde le recogieron al hijo.
-
-LUISA
-
-¡Por ahí duele! (_Acabó de ordenar la cocina y atiende con mucho
-interés a la conversación: hablan en voz discreta_.)
-
-ANTONIO
-
-¿Y van a estar los tres como en el Purgatorio, talmente, hasta el sin
-fin de los años?
-
-LUISA
-
-(_Desanimada_.) ¡Qué sé yo!
-
-ANTONIO
-
-¡Es el sino de las personas, no digas!... Nacen con la negrura de un
-desvelo, como quien saca una pinta en la piel, y arrastran aquella nube
-hasta que vuelven a la tierra.
-
-LUISA
-
-¡Será... será! (_Pausa_.)
-
-
-ESCENA II
-
-Dichos y MARCELA
-
-MARCELA
-
-(_Saliendo del interior, siempre con aire inquieto_.) ¡Qué largas se me
-van a hacer las horas de aquí al mediodía!
-
-ANTONIO
-
-Paréceme que antes no pueden venir. Porque Andrés aguardará a que el
-sol caliente para traer a los muchachos poco a poco.
-
-LUISA
-
-Y si no llegan a eso de las doce, suben a buscarlos.
-
-ANTONIO
-
-(_A_ MARCELA.) No sé si habrán subido ya; porque todo el pueblo está
-pendiente de tus cavilaciones.
-
-MARCELA
-
-Nos queréis bien.
-
-ANTONIO
-
-Merecido estará.
-
-LUISA
-
-(_A_ MARCELA.) ¿Por qué no te acuestas un rato y yo me quedo aquí a la
-mira?
-
-MARCELA
-
-No estoy cansada... Después de calentarme a la lumbre maté el frío y el
-sueño y no me importaría quedarme en vela otra noche.
-
-LUISA
-
-¡Gastas recia salud!
-
-MARCELA
-
-¡Si la pudiera repartir!...
-
-ANTONIO
-
-(_A_ MARCELA.) Ya que no mandas ninguna cosa voy a soltar el ganado y
-volveré más tarde.
-
-LUISA
-
-Es lo mejor.
-
-MARCELA
-
-Sí; comeréis con nosotros.
-
-ANTONIO
-
-Hasta luego. (_Sale despacio_.)
-
-LUISA
-
-(_A_ ANTONIO.) ¿Sabes qué hora es?
-
-ANTONIO
-
-(_Deteniéndose en la puerta a mirar hacia delante quitándose el sol con
-la mano_.) Las ocho dadas, que ya cayó la sombra en la cerca del
-maestro.
-
-
-ESCENA III
-
-MARCELA y LUISA
-
-MARCELA
-
-Entonces, si te puedes quedar aquí voy un rato a la iglesia. Se me hará
-el tiempo más corto y aprovecharé la blandura que siento en el corazón.
-
-LUISA
-
-Yo te aguardo lo que necesites, y contenta, porque te veo más animosa.
-
-MARCELA
-
-¡Qué buena eres conmigo!
-
-LUISA
-
-Si te sirvo de algo no haré más que corresponderte.
-
-MARCELA
-
-Me sirves de mucho. Desde ayer puedo rezar y no se me endurecen los
-pensamientos, cerrados en la esclavitud... Es como si te diese un poco
-de este peso que me agobia.
-
-LUISA
-
-Me lo diste y se me aposentó aquí. (_Señalándose el pecho_.)
-
-MARCELA
-
-Pues con llevarlo tú me alivias. Me consuela saber que tengo a quién
-decirle hasta dónde se me hunde la compasión y la ternura por Jesús;
-como le quiero de un modo diferente a las otras madres que en el hijo
-disfrutan bienandanzas y goces... En mí todo el amor es una cuita que me
-consume... un dolor que me parte las entrañas...
-
-LUISA
-
-¡Así será para Irene!
-
-MARCELA
-
-¡Te acordaste de ella!, ¿verdad? ¿Qué haré yo, Luisa?
-
-LUISA
-
-¡Bien lo considero!...
-
-MARCELA
-
-Muchas veces en tantos años de padecer, tuve tentaciones de confesar a
-gritos mi culpa, que a todos nos aflige.
-
-LUISA
-
-¡Es un caso muy fuerte!
-
-MARCELA
-
-(_Con pasión_.) ¡Y está Andrés por el medio!
-
-LUISA
-
-Pero él es tu marido.
-
-MARCELA
-
-(_Sordamente_.) ¡Por gratitud!
-
-LUISA
-
-¡No, mujer!
-
-MARCELA
-
-¡Por Serafín!
-
-LUISA
-
-¿No dices que quiere más al otro?
-
-MARCELA
-
-En el hijo dañado le tira la pasión; en el saludable el orgullo...
-
-LUISA
-
-Andrés es bueno...
-
-MARCELA
-
-Sí, pero no la olvida; no la puede olvidar, ¡y si supiera!...
-
-LUISA
-
-¿Y cómo anoche la diste arrimo?
-
-MARCELA
-
-No te lo sé decir... Toda la lástima y el sentimiento subiéronse a mi
-boca de un pronto. «Estaba» ahí esperando como yo: la llamé y vino.
-Juntas lloramos y yo sentí consuelo al cobijarla. Pero si nos hallaste
-juntas... ¡nos apartaban muchas cosas!...
-
-LUISA
-
-¡Se te haría la noche un siglo!
-
-MARCELA
-
-Al revés... se me pasó como un vuelo. Las penas se me pasmaron aturdidas
-y ya no supe si yo era yo.
-
-LUISA
-
-Estarías trasoñada.
-
-MARCELA
-
-Estuve con los ojos abiertos como ahora.
-
-LUISA
-
-(_Con mucho interés_.) ¿Y ella?
-
-MARCELA
-
-Ella, igual.
-
-LUISA
-
-¿Hablasteis?
-
-MARCELA
-
-(_Con voz sorda_.) No: lloramos.
-
-LUISA
-
-¿Y no te dió recelo su mirada como otras veces?
-
-MARCELA
-
-Ninguno: con el llanto se le apagó la lumbre de los ojos...
-
-LUISA
-
-Parece mentira... Ahí en la soledad oscura, yo lo que tú me traspaso de
-miedo.
-
-MARCELA
-
-Había mucha luz. Como está creciendo la luna, quebró las nubes y se puso
-cada vez más blanca la noche... Según el ábrego iba deshaciendo la
-nieve, llenóse el valle con el vocerío de la riada...
-
-LUISA
-
-(_Interrumpiéndola_.) ¡Ya lo creo! Estaban rotos los azutes del ansar y
-los saetines del molino.
-
-MARCELA
-
-Y bajaban despeñados los chortales del monte. ¿Los oíste?
-
-LUISA
-
-¡Qué había de hacer!
-
-MARCELA
-
-(_Con honda evocación_.) Pues yo no sabía si aquel llorar tan grande era
-de Irene o mío, o de todas las tristezas de la vida juntas.
-
-LUISA
-
-Es que soñabas sin dormir.
-
-MARCELA
-
-Con todo y eso, no se me despertaron las agonías tan duras como ayer y
-ahora parece que se me derrite un poco la pesadumbre con el sol.
-
-LUISA
-
-(_Alentándola_.) Sí, Marcela, a ver si te recobras: Dios te ayudará.
-
-MARCELA
-
-(_Con alguna esperanza_.) ¡Ay!, mucho se lo tengo que pedir... Voy a
-buscar la mantilla. (_Entra en la casa_.)
-
-LUISA
-
-(_Sola_.) Y yo a sacar unos cántaros de agua y a gobernar allá dentro.
-(_Hay un silencio, mientras el cual_ LUISA _dispone los cántaros_.)
-
-MARCELA
-
-(_Sale con la mantilla en la mano y se la va poniendo_.) Si algo ocurre
-te acercas a llamarme, ¿eh?
-
-LUISA
-
-Vete sin cuidado. (_Se va_ MARCELA.) ¡Pobre criatura! ¡Lo que ella pena
-y se martiriza por el amor del su hombre!... Y él, tan amargo y
-sobrecogido como si la ventura le supiera a hieles. ¡Qué vida, Señor!
-
-
-ESCENA IV
-
-CARMEN y LUISA
-
-CARMEN
-
-(_Llega con un cántaro y un botijo a sacar agua también. Habla con tono
-de misterio y emoción_.) Una que va por ahí delante, ¿es Marcela?
-
-LUISA
-
-Lo será, porque acaba de salir.
-
-CARMEN
-
-Víla al doblar la cerca del maestro y no pude fijarme bien. ¿Iba a la
-parroquia?
-
-LUISA
-
-Eso mismo.
-
-CARMEN
-
-Entonces, ¿no sabéis lo que pasa?
-
-LUISA
-
-(_Con inquietud_.) No..., ¿qué?
-
-CARMEN
-
-Pues dicen que bajó Andrés con un muchacho sólo entre los brazos y que
-al otro le dejó muerto encima de la nieve.
-
-LUISA
-
-(_Muy apurada_.) ¿Cuándo? ¿Quién lo dice?
-
-CARMEN
-
-El serroján lo habló en la mi cambera.
-
-LUISA
-
-Pero, ¿dónde están?
-
-CARMEN
-
-Venía Cándido de casa de Flora y decía que estaban allí; que llegaban
-aterecidos y los querían fortalecer un poco, antes que los viese
-Marcela.
-
-LUISA
-
-¿Será verdad?... ¡Era lo que faltaba!... ¿Y cuál niño dicen que pereció?
-
-CARMEN
-
-Eso no lo sé.
-
-LUISA
-
-¡Ay, no quisiera encontrarme aquí!
-
-CARMEN
-
-Yo me vine a buscar agua para enterarme de si era cierto.
-
-LUISA
-
-(_Perpleja_.) ¿Y qué hago yo ahora?... No; a Marcela no la llamo hasta
-saber...
-
-CARMEN
-
-(_Mirando hacia el camino_.) ¡Ahí vienen!
-
-LUISA
-
-(_En la misma actitud_.) ¡Andrés!... ¡Si parece más viejo!... ¿Qué habrá
-sucedido?
-
-
-ESCENA V
-
-Dichas, ANDRÉS, MANUEL, ELÍAS; después ANTONIO.
-
-ANDRÉS
-
-(_Con la cabeza descubierta. En zapatos; traje de pana con remonta.
-Aspecto de fatiga y desesperación. A_ LUISA.) ¿Marcela?
-
-LUISA
-
-(_Temblando_.) No está.
-
-ANDRÉS
-
-¿Cómo?...
-
-LUISA
-
-Fué a la iglesia y vendrá en seguida... Pero, ¿qué te pasa?
-
-ANDRÉS
-
-(_Se deja caer en una silla, con la frente entre las manos. Todos le
-rodean en actitud solícita y penosa_.) ¡El jayón!... (_Con amarguísimos
-acentos_.) No era más que eso..., ¡un pobre jayón!...
-
-LUISA
-
-(_A los pastores_.) ¿Qué dice?
-
-CARMEN
-
-(_Comprendiéndolo_.) ¡Es Jesús el que ha perecido!
-
-ELÍAS
-
-Sí.
-
-LUISA
-
-¡Virgen de los Dolores!
-
-MANUEL
-
-¡Y del mal, el menos!
-
-ANDRÉS
-
-(_Levantando la cabeza; saturada la voz de amargura_.) ¡Eso es!... Un
-niño sin padres, raquítico, inútil, para nada sirve en el mundo.
-
-MANUEL
-
-Hombre, eso no... (_Alusivo_.) Bien consideramos la pena tuya.
-
-ELÍAS
-
-(_En el mismo tono_.) Y conocemos que él y tú... ¡Claro está!
-
-CARMEN
-
-(_Corroborando_.) ¡Las cosas de la vida!...
-
-LUISA
-
-(_Aparte_.) ¡El hijo de las dos madres!...
-
-ANTONIO
-
-(_Llega buscando a_ ANDRÉS _y le abraza contristado_.) Andrés: supe
-ahora mismo la desgracia...
-
-ANDRÉS
-
-(_Con honda intención_.) Una desgracia, sí... aunque no lo parezca.
-
-ANTONIO
-
-¿Quién lo había de pensar? Ibamos a subir a buscarte sólo por tu mujer.
-(_Mirando alrededor_.) ¿Dónde está ella?
-
-CARMEN
-
-Yo iré a llamarla.
-
-LUISA
-
-(_Deteniéndola con viva ansiedad_.) No vayas, no... Ahora viene...
-
-ANDRÉS
-
-¡A tiempo llegará!
-
-ANTONIO
-
-(_A los pastores_.) ¿Dónde le encontrasteis vosotros?
-
-ELÍAS
-
-Vímosle bajar por la calzada y fuimos a ayudarle.
-
-MANUEL
-
-Venía con cara de difunto, cargado con el hijo.
-
-ANTONIO
-
-¿Y Serafín?
-
-ELÍAS
-
-La tía Remedios le está aliñando para traérsele a su madre.
-
-LUISA
-
-(_Aparte_.) ¡Pobre Marcela!
-
-ANTONIO
-
-(_A_ ANDRÉS, _que permanece absorto en un dolor sombrío_.) Pero ¿cómo
-fué eso?
-
-ANDRÉS
-
-¡Por mi culpa!
-
-ANTONIO
-
-A ver: dilo.
-
-MANUEL
-
-Sí, hombre, cuenta. (_Todos se preparan a escuchar con mucho interés_.)
-
-ANDRÉS
-
-¿Qué voy a deciros? No vale para contado. (_Pausa_.) Cuando ayer
-barrunté la nieve en los cielos y en el aire, quise venir antes que
-reventara la nube, creyendo que había lugar...
-
-ELÍAS
-
-¿Y salisteis?
-
-ANDRÉS
-
-Esa fué mi torpeza. Jesús no había querido almorzar. Ardía y temblaba, y
-me entró la prisa de traerle. Como a la hora de camino, en la mitad del
-monte, nos alcanzó la lluvia de través, un cierzo helado que se volvía
-nevasca, todo envuelto en huracanes. Entonces quise volverme al
-invernal... Pero ya estaban rasas las veredas: nos cegaba la nieve;
-perdí el tino y erré el sendero.
-
-MANUEL
-
-¡No hay mucho que asombrarse!
-
-ELÍAS
-
-¡El temporal aturde al más valiente!
-
-ANTONIO
-
-¡El monte es cosa muy seria!
-
-ANDRÉS
-
-(_Con la voz traspasada por el desaliento_.) ¡Para qué voy a contaros
-más!
-
-ANTONIO
-
-Sí: acaba.
-
-CARMEN
-
-¿Cómo fué lo del niño?
-
-LUISA
-
-¡Dilo pronto, Andrés!
-
-ANDRÉS
-
-¡Que le roían la tristeza y la enfermedad y no pudo resistir como el
-otro!... Fuí tirando por ellos monte arriba igual que un orate, pensando
-acertar con la cabaña. Puse en los hombros a Jesús y llevé de la mano a
-Serafín no sé qué tiempo... Era todo el aire una pura cellisca y la
-tormenta rodaba con tronidos y relámpagos.
-
-MANUEL
-
-¡Pues no bregaste tú poco!
-
-ELÍAS
-
-Sí; que empezó a tronar a media tarde.
-
-ANDRÉS
-
-¡Y a escampar también!
-
-ELÍAS
-
-Eso.
-
-ANDRÉS
-
-Pero ¿sabéis dónde estábamos a aquella hora?
-
-MANUEL
-
-¿Dónde?
-
-ANDRÉS
-
-En el soto de la Cruz.
-
-MANUEL
-
-(_Alteradísimo_.) ¿En el invernal?
-
-ANDRÉS
-
-Sí.
-
-ELÍAS
-
-¿Y diste unas voces?
-
-ANTONIO
-
-¡Marcela acertó!
-
-LUISA
-
-¡Fué una corazonada!
-
-ANDRÉS
-
-(_A los pastores, muy asombrado_.) ¿De qué sabéis?...
-
-MANUEL
-
-¿Oíste el ijujú?
-
-ANDRÉS
-
-(_Levantándose, con tremenda ansiedad_.) Me lo pareció: ¿erais vosotros?
-
-ELÍAS
-
-(_Desolado_.) Sí; ¿cómo íbamos a pensar que eras tú?
-
-ANDRÉS
-
-Pero ¿escuchasteis mi grito?
-
-MANUEL
-
-¡El tuyo fué; no le tuvimos por cosa humana!
-
-ELÍAS
-
-Contamos que al hundirse gemía el invernal...
-
-MANUEL
-
-¡Que aullaba el viento!...
-
-ANDRÉS
-
-(_Entre dolido y desesperado_.) ¡No me disteis socorro!
-
-MANUEL Y ELÍAS
-
-(_Muy afligidos, abrazándole_.) ¡Andrés!
-
-ANTONIO
-
-(_Con cierta pavura_.) El monte es así, como una madriguera...
-
-MANUEL
-
-(_En el mismo tono_.) ¡Igual que una sima!...
-
-ELÍAS
-
-(_A_ ANDRÉS.) Repara que tampoco tú fiaste en nuestra voz.
-
-ANDRÉS
-
-(_Muy abatido_.) Tampoco; asubié en la cabaña porque ya no podía Serafín
-andar ni yo mismo debatirme contra la fatiga y la inquietud. Esperaba
-allí una ayuda de Dios: ¡llegó el milagro y no tuve fe!... Respondí con
-un grito a otro apagado entre la nieve y el vendaval; pero respondí sin
-confianza, como quien sueña o tiene calentura, y no hallé amparo...
-
-ANTONIO
-
-(_Profético_.) ¡Es el destino de cada cual!
-
-LUISA
-
-(_Llorosa_.) ¡Qué lástima!
-
-CARMEN
-
-(_Lo mismo_.) Da mucha compasión.
-
-ANDRÉS
-
-(_Vuelve a sentarse, caído en su quebranto_.) ¡Sí; la suerte suya!...
-¡Tenía que morirse a las inclemencias del cielo, según había nacido!
-
-LUISA
-
-¿Fué allí en el invernal?
-
-ANDRÉS
-
-Ni eso siquiera. Toda la noche padeció sin lamentarse, con los ojos más
-despiertos que nunca, mientras Serafín, deshambrido y cansado, acabó por
-dormirse. Bajo las hendeduras abiertas a los temporales no les hallé
-apenas el abrigo de un rincón y ni un puñado de rozo o de escamonda para
-mullirles una cama. Quise darles calor con mi cuerpo y no logré que
-Jesús dejara de temblar...
-
-MANUEL
-
-A lo menos tuviste luna.
-
-ANDRÉS
-
-Sí; muy grande y muy amarilla; ¡más triste que las mismas tinieblas!...
-
-LUISA
-
-¿Y después?
-
-ANDRÉS
-
-De amanecida empezó a crujir la techumbre con señales de hundirse. Saqué
-a los niños fuera, de un brazado, y se vino abajo lo que quedaba del
-invernal.
-
-ANTONIO
-
-¡Miray que es mala suerte!
-
-MANUEL
-
-¡Apañado estuvo!
-
-LUISA
-
-(_A_ ANDRÉS, _apremiante_.) ¿Y qué?
-
-ANDRÉS
-
-Era en el valle de noche, pero hacía bonanza y ya en las cumbres quería
-salir el sol. Cobré ánimo, tomé rumbo de cara a la llanura y volví a
-cargar con Jesús; ya no le ardían más que los ojos y parecíame que
-estaba mejor. Pero Serafín, al despertar, sintió hambre y empezó a
-dolerse, muy cansado y lloroso. Y va y me dice:--Me quieres menos que a
-Jesús; por eso le llevas siempre a él... (_Con la voz muy ensordecida_.)
-¡Tenía razón!... Yo entonces preguntéle al dañado. ¿Puedes andar? Y fué
-y contestó:--Sí. Le posé y cargué al otro... Al poco tiempo rodaba en la
-nieve Jesús detrás de mí. Conté que se había resbalado y quise
-levantarle, pero no se movía; estaba yerto. Me hinqué al lado suyo; le
-llamé:--¡Jesús... Jesusín!... y comenzó a reirse... ¡ja ja ja!... (_Ríe
-de un modo siniestro_.)
-
-LUISA
-
-(_Con asombro mientras todos se alarman_.) ¿A reirse?
-
-ANDRÉS
-
-(_Poseído por la profunda emoción de su relato, se obsesiona con el
-recuerdo de la risa fatal, y la repite aunque con la mano sobre la boca
-la quiere contener_.) ¡Ja ja ja!... Así ríen los que se hielan. (_Sigue
-riendo_.)
-
-CARMEN
-
-¡Se trascorda!
-
-ANTONIO
-
-(_Asustado_.) Pero, hombre; ¿estás en ti?
-
-ANDRÉS
-
-(_Se domina, se levanta y continúa con la más elevada pesadumbre_.) ¡Lo
-estoy!... Íbase la risa del niño por el monte abajo sin dejar de
-oirse... ¡todavía se oye!... y los ojos le relucían como un cristal,
-llenos de lágrimas, abiertos contra las nubes, mirando al sol... Dentro
-de ellos el alma fuese apagando como un cirio cuando se consume; hasta
-que se le nublaron los últimos ardores con una sombra muy fría, y toda
-la carne de la criatura se cuajó en cera mortal... (_Las mujeres
-sollozan; los hombres se muestran muy enternecidos_.) Eché a correr con
-el hijo que me quedaba y dejé allí solo al inocente... No le sirvieron
-estos brazos míos para nacer ni para morir... Una noche, hace ya nueve
-años, temiendo que pereciese de frío y de hambre, le abrí esa puerta y
-le calenté en ese llar... ¡Bendita sea la mujer que le remedió!... Pero
-Jesús traía consigo la condena, arrastraba una culpa, y luego de padecer
-toda su vida, tenía que morir de hambre y de frío, sin un regazo, sin un
-consuelo... ¡delante de mí!...
-
-
-ESCENA VI
-
-Dichos, IRENE, después MARCELA
-
-IRENE
-
-(_Llega en silencio cuando_ ANDRÉS _pronuncia las últimas palabras.
-Demuestra una ansiedad desgarradora_.) ¡Andrés... Andrés!... ¿Qué es lo
-que dices?
-
-ANDRÉS
-
-(_Con un grito inexplicable_.) ¡Irene!... ¿Tú?...
-
-IRENE
-
-(_Mirándole con suprema angustia_.) ¿Es verdad que dejaste a Jesús
-muerto en el monte, solo, encima de la nieve?
-
-ANDRÉS
-
-(_Bajando la cabeza al peso de toda su amargura_.) ¡Es verdad!
-
-IRENE
-
-(_Trastornada por la pena_.) ¡Ah! ¿Qué has hecho de él?... ¿Qué has
-hecho, di?
-
-ANDRÉS
-
-¡Lo quiso Dios!
-
-IRENE
-
-(_Desesperada_.) ¡Mi hijo... mi hijo! (ANDRÉS _hace un generoso
-movimiento para recibirla en sus brazos pero se detiene con un sollozo
-y_ LUISA _y_ CARMEN _la reciben en los suyos piadosamente_.)
-
-LUISA
-
-(_A_ IRENE _y_ ANDRÉS.) ¡Se os escapa a gritos el secreto!
-
-MARCELA
-
-(_Sin aparecer, llamando con ansia_.) ¡Luisa!... ¡Luisa!...
-
-ANTONIO
-
-¡Ahí viene Marcela!
-
-ANDRÉS
-
-(_Dominándose_.) Mucho la debo, pero algo se lo voy a pagar.
-
-IRENE
-
-(_En medio de su llanto_.) ¡Sí; con mi carne!...
-
-ANDRÉS
-
-(_Mordiendo la frase con pasión_.) ¡Y con la mía!
-
-LUISA
-
-(_Ha salido a recibir a_ MARCELA _que llega desolada, con la mantilla
-caída en los hombros_.) ¡Detente... aguarda!
-
-MARCELA
-
-(_Desasiéndose_.) ¡No... no!... ¿Dónde está Andrés?
-
-ANDRÉS
-
-(_Acogiéndola en un abrazo_.) ¡Aquí!
-
-MARCELA
-
-(_Mirando en torno suyo como una loca_.) ¿Pero qué sucede? ¿Dónde están
-los niños, dónde?
-
-ANDRÉS
-
-(_Solemnemente_.) ¡Salvé al hijo tuyo, mujer!
-
-MARCELA
-
-(_Convulsa_.) ¿Al mío?... ¿al mío?... ¿A cuál?
-
-ANDRÉS
-
-Al tuyo: ¡a Serafín!
-
-MARCELA
-
-(_Con un grito indecible_.) ¡Hijo de mi alma! (_Oculta la cara entre las
-manos con infinita desolación... Después de una pausa habla
-exaltadamente_.) ¡No, ese no es el mío, no; el mío es el otro, el otro!
-
-IRENE
-
-(_Absorta_.) ¿Qué dices?
-
-ANDRÉS
-
-(_Asombradísimo_.) ¿Cómo?
-
-TODOS
-
-(_Con vivísima ansiedad_.) ¿Qué?
-
-MARCELA
-
-(_A_ ANDRÉS.) Dime tú qué fué del infeliz. ¿Dónde está?... ¿No
-alienta?... ¿No le veré ya nunca, nunca?
-
-ANDRÉS
-
-(_Angustiado_.) ¡Vivo, nunca!
-
-MARCELA
-
-(_Abrumadísima_.) ¡Ah!
-
-ANDRÉS
-
-(_Siempre con voz opaca_.) Le alcanzaron la nieve y el mal... y le dobló
-la muerte allá arriba.
-
-MARCELA
-
-(_Delirante_.) ¡El castigo, el castigo!
-
-
-ESCENA VII
-
-Dichos, REMEDIOS y SERAFÍN
-
-REMEDIOS
-
-(_Llevando de la mano al niño, que viste blusa y pantalón largo y
-representa nueve años muy gentiles_.) Aquí tenéis al muchacho tan
-campante.
-
-MARCELA
-
-(_Mira al niño con extravío y le empuja al medio de la escena_.) Pues
-éste, éste es Jesús, el jayón... Te le devuelvo, Irene, toma: ¡no llores
-más por él!
-
-IRENE
-
-¿Que este es Jesús?... ¡Mi hijo!... ¿No me engañas?
-
-ANDRÉS
-
-(_A Marcela, con ansiosa inquietud_.) ¿Pero es verdad?
-
-LUISA
-
-(_Suplicante_.) ¡Marcela, por Dios!
-
-MARCELA
-
-(_A su marido_.) ¡Es verdad! (_A_ IRENE.) ¡No te engaño! (_Señalando al
-niño_.) Quise valerme de él contra ti, y no quiso el que todo lo
-puede!... Este niño es _el vuestro_, el saludable y dulce, el de los
-ojos verdes que embrujan como los tuyos. (_Habla con pasión y violencia,
-arrepentida y desesperada a un tiempo, mientras_ IRENE _se sacia mirando
-al hijo y le tiende los brazos_.) ¡Fíjate! Cuando Andrés le mira, es
-igual que si te mirase a ti.
-
-IRENE
-
-(_Mirando y abrazando al niño, que se resiste asustado_.) ¡Yo no pienso
-en Andrés!
-
-MARCELA
-
-(_Con lógica brutal_.) ¡La que se lleva al hijo se lleva al hombre!
-
-IRENE
-
-No; al hijo nada más; al hijo, sí; ¡ven! (_Muy codiciosa_.)
-
-JESÚS
-
-(_Lloroso, muy aturdido, queriendo irse con_ MARCELA.) ¡Madre!
-
-ANDRÉS
-
-(_Aparte_.) ¡No acabo de creerlo!
-
-MARCELA
-
-(_Echando al niño con brusquedad en brazos de_ IRENE.) ¡Esa es tu madre!
-(_A ella_.) ¡Tómale!... Te le doy y me quedo sola en el mundo, como
-estabas tú...
-
-ANDRÉS
-
-¡Calla, calla, te confiesas a voces!
-
-MARCELA
-
-(_Con infinita amargura_.) ¡Como los sentenciados a muerte! (_Haciendo
-un ademán de huída_.) Ahora... ¡adiós!
-
-ANDRÉS
-
-(_Adelantándose a detenerla_.) ¿Que te vas? ¿adónde?
-
-MARCELA
-
-(_Pugnando por soltar la mano con que la sujeta su marido_.) Por la
-nieve adelante, por los caminos altos donde las criaturas perecen de
-frío y pesadumbre...
-
-IRENE
-
-(_Aparte_.) ¡Como el hijo suyo!
-
-ANDRÉS
-
-(_Compasivo_.) ¡No, eso no!
-
-MARCELA
-
-(_Con obscura intención_.) Si cada alma vuelve a su estrella, yo quiero
-acercarme a la mía sola y en paz.
-
-ANDRÉS
-
-Y yo no puedo abandonarte.
-
-MARCELA
-
-(_Imperiosa, magnífica en su terrible desesperación_.) ¡Déjame, Andrés!
-Ya oíste mi culpa: no te acuerdes más de mí!
-
-ANDRÉS
-
-(_Muy sombrío_.) ¡No sé lo que oigo!
-
-MARCELA
-
-¡Sí; lo que no sabes lo adivinas!... Nada me preguntes ni me prometas:
-me duele tu caridad... ¡Quédate con ellos!
-
-ANDRÉS
-
-(_Vacilante_.) ¡Pero, aguarda!
-
-MARCELA
-
-¡No! ¡Quiero acabar de arrancarme el corazón! (_Volviéndose a la gente
-que escucha con murmullos de inquietud y compasión_.) Que nadie me siga:
-¡Que nadie me busque!
-
-ANDRÉS
-
-(_Porfiando débilmente_.) ¡Marcela!
-
-MARCELA
-
-(_Empujándole hacia_ IRENE _y_ JESÚS _con un sollozo que más parece un
-rugido_.) ¡Quédate ahí! (_Huye desatinadamente, mientras_ IRENE _y_
-ANDRÉS _se miran con infinita ansiedad_.)
-
-IRENE
-
-(_Dando un paso hacia el hombre como para retenerle, con descubierta
-pasión_.) ¡Andrés!...
-
-TELÓN.
-
-
-
-
- LA PRENSA Y EL ESTRENO DE «EL JAYÓN»
-
-
-
-
-De "El Debate":
-
-
-La Sra. Concha Espina figura en primera línea entre los novelistas
-españoles contemporáneos. En las columnas de _El Debate_ hemos rendido
-pleitesía a la alcurnia literaria de la egregia escritora al estudiar
-dos libros suyos: _Agua de nieve_ y _La Esfinge Maragata_. Hoy tenemos
-la satisfacción de volver a aplaudirla con motivo del estreno de su
-primera obra teatral, _El Jayón_.
-
-La rutina suele clasificar a los publicistas inapelablemente. Al que lo
-encasilla entre los poetas no le reconoce aptitudes para la novela; al
-que lo diputa novelista, no lo aguanta dramaturgo. Diríase que la rutina
-es envidiosa y la ofenden la ductilidad y el proteísmo del talento
-ajeno. Por esta vez, la rutina habrá de resignarse con que una novelista
-ilustre haya triunfado en la escena de Eslava, desde la que hubo de
-saludar, al fin de los tres actos, a los espectadores que la aclamaban.
-
- * * * * *
-
-La Sra. Espina ha acertado a poner en su obra una intensidad emotiva
-extraordinaria; y como el arte esencialmente es emoción, se deduce que
-_El Jayón_ merece los aplausos con que fué acogido por el público.
-Añádase que los caracteres de Marcela, Irene, Andrés y Luisa están
-trazados con habilidad; que el diálogo es sobrio y el estilo primoroso,
-y se comprenderá que la crítica debe asociarse al fallo de la opinión.
-
- * * * * *
-
-En la autocrítica publicada en _La Tribuna_, afirma la autora:
-
-«En este drama no trato de decir nada nuevo, de plantear problema
-alguno, ni mucho menos de resolverle. Aspiro sólo a llevar a la escena
-un pedazo palpitante de vida, un bloque de la cantera humana, labrado
-por mi corazón. Para darle forma no me preocuparon ardides técnicos, y
-me dejé conducir por la emoción y la realidad, creyendo que este camino,
-si no fácil y corto, es el único que logra llegar a un alto fin.»
-
-Completamente de acuerdo con la teoría que este párrafo expone. La Sra.
-Espina ha conseguido realizar sus propósitos, y éstos son noblemente
-artísticos.
-
-En la interpretación, la Srta. Morer, admirable de vis trágica, puso a
-contribución su gesto natural, fuerte, elegante y su voz privilegiada,
-cuyas vibraciones emocionan por sí mismas, aun descartado el contenido
-de lo que exprese. El Sr. Hernández, adusto, seco, pensativo o
-fogosamente dramático, según las exigencias de las situaciones. Muy bien
-las Sras. Peñaranda y Siria y la Srta. Almarche.
-
-Mignoni ha pintado para _El Jayón_ dos bellas decoraciones.
-
- RAFAEL ROTLLAN.
-
-
-De "A B C":
-
-La primera manifestación teatral del temperamento literario de Concha
-Espina ha respondido al prestigio de que goza desde hace mucho tiempo
-como novelista la ilustre autora de _La Esfinge Maragata_.
-
-_El Jayón_, drama en tres actos, estrenado anoche en el teatro de
-Eslava, obtuvo un éxito franco, unánime, cordial y justísimo. No podía
-esperarse otra cosa de quien tan ponderadamente ha sabido interpretar
-momentos y sensaciones de un realismo doloroso y vivo, descubriendo la
-llaga de lo trágico, no con la grosera tenacidad de los gusanos, sino
-con la solícita atención de un psicólogo.
-
-_El Jayón_ es un afortunado ensayo dramático. Concha Espina ha tenido el
-acierto, además, de mostrarse como dramaturgo femenino de sutiles y
-vibrantes percepciones estéticas y humanas.
-
-Su primera obra escénica es, como la obra de una madre, la exaltación
-del más puro sentimiento de la maternidad, y esta postura sentimental
-tan simpática y tan excepcional en este ciclo literario en que la mujer
-propende a sentir como el hombre, fué acogida con visible complacencia
-por el público, sugestionado al mismo tiempo por la plasticidad del
-cuadro, del ambiente, de la luz local; la riqueza de la expresión en su
-poética rusticidad, y, finalmente, la tembladura de bondad, de
-sencillez, de almas buenas, que circula, como la sangre caliente y
-generosa por las venas, por todos los instantes del drama.
-
-Es el jayón un niño prohijado, una criatura con paternidad adoptiva,
-según la lexicografía vulgar montañesa.
-
-En la obra de la exquisita y gentil escritora, el jayón es un niño
-tullido, una lacra fisiológica, un rollito santo donde la Fatalidad se
-ha complacido en grabar una arruga deforme. Y este niño, hijo aparente
-del infortunio, cuando es el infortunio mismo, viene a ser el eje de la
-delicada trama, es como la línea de primer término de la linda, de la
-sugestiva acuarela dramática que ha compuesto Concha Espina.
-
-De su triunfo absoluto y clamoroso le hablarían anoche con clara
-elocuencia las ovaciones cerradas que le prodigó el entusiasmo de la
-concurrencia.
-
-La Srta. Morer tuvo ocasión de contrastar sus admirables aptitudes,
-dando la máxima sensación de la ternura, de la abnegación, del
-sacrificio y, finalmente, del desgarrante dolor maternal, interpretando
-la figura dulce y bondadosa de Marcela, la madre del jayón, la madre
-secreta para todo el mundo, menos para sus entrañas laceradas por la
-suprema adversidad.
-
-La Sra. Peñaranda y el Sr. Hernández se hicieron una vez más acreedores
-a la legítima complacencia con que el público de Eslava sabe
-justipreciar sus méritos artísticos indiscutibles.
-
-Para los tres, como para sus estudiosos auxiliares, hubo muchos y
-merecidos aplausos.
-
-Concha Espina fué llamada al palco escénico multitud de veces.
-
-El decorado, de Mignoni, de justo verismo.
-
- J. SAN GERMÁN OCAÑA.
-
-
-De "El Sol":
-
-Nosotros tenemos que recibir complacidos siempre cualquier ensayo
-escénico de los novelistas, seguros de que han de llevar a la dramática,
-con la sinceridad de sus análisis, graves preocupaciones de lenguaje y
-de estilo. En este último aspecto, principalmente, tiene un innegable
-valor la aparición ante la batería de una obra de Concha Espina, la
-interesante autora montañesa.
-
- * * * * *
-
-La sugestión innegable de esa fábula tiene aún menor importancia que la
-pintura del ambiente. La Sra. Espina ha llevado al teatro todo el color
-y todo el encanto descriptivo de la novela. Y, atenta al paso que daba,
-cuidó de conceder a los episodios una sobriedad plausible, que los hacía
-resaltar vivamente. El diálogo sostenía, en tanto, sus prestancias, y
-los actos se deslizaban bajo un innegable encanto literario.
-
- * * * * *
-
-El público aplaudió los tres actos del drama, reclamando en todos la
-presencia de la autora. Josefina Morer exteriorizó una vez más su alto
-temperamento dramático en la interpretación de Marcela. Y fué secundada
-con acierto por la Sra. Siria, y por los Sres. Hernández y Vega,
-especialmente.
-
-
-De "La Vanguardia", de Barcelona:
-
-Otra producción no sólo interesante por sí misma, sino reveladora de
-aptitudes dramáticas ciertas ha sido _El Jayón_, primer trabajo escénico
-de la insigne novelista Concha Espina. Se trata de una bella narración
-publicada ya y adaptada perspicazmente al teatro por su autora. El
-público percibía con claridad los dos elementos indispensables: el
-ambiente montañés que envuelve el episodio, y la curiosa experimentación
-del amor maternal que se intenta realizar. Así la potencialidad de la
-fábula destacaba sus vigores y la emoción surgía eficazmente. El dolor
-de aquella madre que en lejano día señalara al hijo legítimo como
-espurio, como hallado, como el _jayón_, avergonzado del raquitismo y de
-la fealdad del niño, adquiere una alta significación en el momento de
-perecer el muchacho víctima de un accidente fortuito. El verdadero
-_jayón_, el muchacho sano y hermoso se salva. Quien perece es el
-muchacho aquel que todos creían no era el de la triste. Ved por lo
-apuntado cómo en el drama de la Sra. Espina asoma mejor que una
-Fatalidad ciega o una Fatalidad hecha de determinismos, una decisiva
-acción providencial, pronta a ejercer sus justicias inexorables. La
-sencillez de los personajes que conocemos, el tono misterioso, recogido
-y apacible de la obra y la necesidad que tienen aquellos campesinos
-humildes del amparo constante de lo alto, concluyen de establecer las
-condiciones especiales de _El Jayón_. Y todo esto forma un conjunto
-organizado cuyas finalidades idealistas arriban sin mengua de la
-realidad viva y palpitante. Prueba, además, que la insigne autora de _La
-Esfinge Maragata_ y de _La Rosa de los Vientos_ puede caminar por la
-escena. Y a la par afirmaba, con el ejemplo ante nosotros, que no son
-tan insondables como se cree los abismos separadores de la novela y de
-la dramática.
-
- JOSÉ ALSINA.
-
-
-De "El Liberal":
-
-«El Jayón», por Concha Espina.
-
-La excelente novelista y escritora ha demostrado con ese su primer
-ensayo teatral que tiene todas las condiciones de un buen dramaturgo.
-
-_El Jayón_ es una obra dramática, trágica más bien, llena de emoción y
-de fuerza, cuyo fondo es hondamente patético. Y que por la forma y el
-ambiente--escenas de la montaña santanderina--está llena de verdadera
-poesía real.
-
-Fué muy aplaudida.
-
- MANUEL MACHADO.
-
-
-De "La Acción":
-
-Concha Espina es una escritora que goza de grandes simpatías entre las
-damas. El arte de sus novelas y la ejemplaridad que resplandece en la
-vida de esta mujer iluminan su personalidad con los prestigios más
-ingentes. Concha Espina ha sabido ser una gran escritora y una dama
-amante de su hogar, términos no antitéticos, pero, en realidad, no muy
-avenidos en la vida corriente y moliente. Por eso sus lectores muestran
-hacia su autora predilecta, tanta simpatía como admiración.
-
-_El Jayón_ es el primer intento teatral de la Sra. Espina. Nadie lo
-diría al ver el dominio técnico de que da gallardas muestras esta
-escritora en el drama estrenado anoche en Eslava.
-
-En _El Jayón_, a través de una trama simplicísima y de gran fuerza
-patética, Concha Espina exalta con toda la vehemencia de su corazón
-femenino, dotado de una gran sensibilidad, el sentimiento de la
-maternidad, que es eje y esencia del drama.
-
-No queremos hurtar a nuestros lectores el interés que en ellos ha de
-despertar el argumento del drama. Por eso, contrariando nuestros deseos,
-nos abstenemos de relatar las incidencias del asunto.
-
-Hay en esta primera obra de Concha Espina verdaderos alardes de
-sagacidad psicológica, que delatan un gran temperamento dramático en la
-ilustre escritora. La acción de la obra se desarrolla en la montaña
-santanderina, y los personajes, a pesar de su rusticidad, se expresan
-con la sobria elegancia de lenguaje que es característica en aquella
-comarca castellana. Sorprenden en _El Jayón_, la fluidez y naturalidad
-del diálogo y la elevación literaria de los giros, por cuyo extremoso
-celo merece sinceros plácemes esta ilustre autora.
-
-El interés del drama no desmaya un solo instante. La obsesión amarga de
-que están embargados los personajes de la obra se transmite al público,
-poniendo en tensión sus nervios en espera del desenlace. Y éste
-sobreviene, sencillo, noble y patético, coronando con los rigores de la
-adversidad definitiva la gama de torturas en que han venido
-consumiéndose las almas.
-
-El público rindió pródigos homenajes a Concha Espina, la cual hubo de
-salir a escena al final de cada jornada, requerida por los insistentes
-aplausos.
-
-Josefina Morer, en la protagonista de la obra, puso de relieve sus
-grandes aptitudes para los papeles dramáticos. La bella y gentil actriz,
-que es todavía una niña, si, como es de esperar, persevera en el
-estudio, será muy pronto una de las figuras culminantes de nuestra
-escena.
-
-Asimismo merecen un sincero aplauso el Sr. Hernández, que cada día añade
-mayores perfecciones a su arte, y la Sra. Siria, siempre ajustada y
-excelente actriz.
-
- ALBERTO MARÍN ALCALDE.
-
-
-De "El Universo":
-
-Las delicadezas del estilo de Concha Espina no son nuevas para nuestros
-lectores.
-
-Esta escritora, quizás la más espiritual de las de su sexo, ha triunfado
-en el cuento, en la novela y en el comentario sentimental, con estilo
-propio, y con triunfos tan rotundos como generales. Sus artículos,
-gustados por el público y consagrados, como sus novelas, por la
-crítica, la han granjeado una reputación literaria de las más sólidas.
-
-Pero si como creadora de las más bellas farsas poéticas es estimada por
-los lectores, quizás las exquisiteces de su estilo, por lo raras y
-escogidas, por lo depuradas literariamente, la han conquistado, en el
-mundo de los artistas una personalidad sobre todas original.
-
-Concha Espina, aplaudida y mimada del público por toda su labor
-anterior, va ahora al teatro con una obra dramática de ambiente rústico.
-
-En declaración autocrítica nos dice la ilustre autora que en su nuevo
-drama no pretende ni enseñar ni demostrar nada, y que el público está
-libre de todo intrincado problema moral de complicada solución.
-
-El ensayo dramático de la ilustre autora de _La Esfinge Maragata_
-pertenece a lo que pudiéramos llamar teatro poético. _El Jayón_ es la
-poética exaltación de la maternidad y el canto a las sublimes y
-misteriosas profundidades y siniestros de las montañas. Allá arriba, en
-las cimas donde las ventiscas y las tempestades se forjan, la nieve
-entierra, quitando antes el último suspiro, al jayón.
-
- * * * * *
-
-El diálogo, que es el oro puro de esta narración novelesca, tiene
-primores poéticos y de estilo verdaderamente espléndidos.
-
-El lenguaje florido de aquellas montañesas toma color con la acción, y
-nos sabe más a mieles que en las lecturas.
-
-La Srta. Moner, en primer lugar, y Hernández, prestan el calor de su
-arte sincero y conmovedor a aquellas ternísimas escenas sentimentales.
-
-La Sra. Siria y Ricardo de la Vega, en papeles episódicos, admirables de
-carácter.
-
-Hidalgo y los demás intérpretes, muy bien.
-
-Concha Espina salió a escena al final de todos los actos a recibir los
-aplausos numerosos y entusiastas.
-
- FEDERICO LEAL.
-
-
-De "El Fígaro":
-
-Los intérpretes del drama.
-
-El drama estrenado anoche por la compañía que acaudilla D. Gregorio
-Martínez Sierra no va a los artistas del teatro Eslava. Sinceramente
-estimamos que merece otra interpretación más de emoción, de más nervio,
-que la que le dieron, con la mejor intención, la Srta. Morer, la Sra.
-Peñaranda y Paco Hernández, principales intérpretes de _El Jayón_.
-
-Y es que, acostumbrados al género diametralmente opuesto que cultiva el
-director artístico del teatro, no sienten, no viven, no cultivan el
-drama intenso que con tan buena fe les ha entregado la Sra. Espina, de
-quien teníamos un alto concepto literario por sus novelas y cuentos, y a
-la que debemos desde ahora una mayor consideración escénica.
-
-Esta misma opinión nuestra sustentaba el público que acudió al estreno
-del drama, otorgando con afecto prolongados aplausos a la autora y
-reclamando su presencia en escena al finalizar cada uno de los tres
-actos en que la obra está desarrollada.
-
-
-«El Jayón».
-
-_El Jayón_, el niño hallado sin padres, recogido por caridad, es al
-contrario de lo que estamos acostumbrados a ver en teatros, el motivo
-del drama íntimo que ahoga la felicidad del matrimonio montañés, eje de
-la obra.
-
-Este hijo del amor adúltero, hijo del marido y de una moza del valle, es
-encontrado una noche de nieve y de frío junto a la puerta de la casa del
-padre.
-
-La esposa, que sospecha la tragedia de aquel hombre, acoge con amor a la
-criatura y procura hermanarla con su hijo, el legítimo, recién nacido
-también. Pero un día descubre que éste es defectuoso, enfermizo,
-contrahecho, y en un arranque de orgullo, sintiéndose humillada,
-vencida, viendo al _jayón_ fuerte y sano, cambia a los niños de cuna
-para no avergonzarse ante la gente del fracaso de su amor.
-
-Y como un castigo ultrahumano, fingiendo siempre, eternamente dolorida,
-ve sucumbir, poco a poco, a su hijo verdadero, hasta que una noche
-trágica, también de fríos y nieves, perdidos en la montaña, el padre de
-los dos niños abandona, muerto, helado, al enfermo, para salvar al otro
-sano...
-
-Este es el drama fatal, sombrío, en el que interviene, como una sombra
-acusadora, la madre del _jayón_, errante y triste, para recobrarlo al
-final, en una escena de extremada intensidad, de un agobio profundo,
-dislacerante, amargo.
-
-
-El drama.
-
-Se desarrolla fácilmente, sin complicaciones, muy ponderado y muy
-interesante. Un momento, cuando acaba la obra, pesa algo, por la
-extensión del momento que, una vez expuesto, no debiera prolongarse con
-la desesperación y el dolor de la madre.
-
-Literariamente merece algo más que el ligero comentario que podríamos
-hacerle. A nuestro juicio, modestísimo, hace tiempo que no se
-representaba una comedia tan fácilmente dialogada ni tan elegante de
-expresión.
-
-Sin perder un momento el ambiente rústico, sin un alarde, se escucha con
-verdadera complacencia por el buen gusto de la escritora, que, a no ser
-mujer, seguramente hubiese alcanzado los honores de la Academia hace
-tiempo.
-
-
-Presentación.
-
-Así como los efectos escénicos del acto primero nos causaron una
-impresión de espanto, de desesperación, por los tonos chillones del
-decorado, por la falsedad absoluta del paisaje, por la colocación, en
-general, en cambio tenemos que confesar el acierto del escenógrafo
-Mignoni al presentar la misma, exacta decoración de paisaje en el
-segundo, con un efecto de nieve verdaderamente originalísimo. El
-decorado del tercer acto es de escasa, nula originalidad. Su
-indumentaria, aceptable nada más.
-
- JOSÉ MAIRAL.
-
-
-De "La Correspondencia de España":
-
-«_El Jayón_, nos dice su autora, es un drama rústico, amargo, lo mismo
-que la vida, fatal como un _karma_ que se cumple.
-
-Se desarrolla entre pasiones desnudas, entre criaturas buenas, en un
-medio primitivo, dentro del cual intervienen los elementos, con sus
-voces y su poder misterioso, como un personaje más. No está hecho a la
-medida de ningún actor», etc.
-
-Esto nos dice la Sra. Espina, y aun algo más, y en verdad no nos
-defrauda.
-
-Es _El Jayón_ uno de esos dramas humanos que, por lo mismo, por lo
-humanos, pueden pasar en cualquier parte, en cualquier época, allí donde
-latan dos humanos corazones... ¿Qué decimos dos? No; aquí son necesarios
-más; cinco por lo menos: tres _activos_, digámoslo así (los de dos
-mujeres madres y un hombre padre), y dos _pasivos_ (los de los hijos):
-el _jayón_ y el legítimo.
-
-En la vida se han dado sin duda muchos casos como el que presenciamos
-ayer en la escena. La novedad en estos asuntos nada importa; su
-verdadera novedad no está en el motivo, sino en el modo de
-desarrollarlo, y la distinguida y laureada autora de _La Esfinge
-Maragata_ ha demostrado un tacto escénico admirable.
-
-Sobriamente y con creciente interés en cada escena, va desenvolviéndose
-el drama, que tiene instantes felicísimos de emoción y poesía.
-
-Es verdad que ninguno de los papeles está hecho _a la medida de ningún
-actor_; pero es cierto también que todos estos papeles de la vida real,
-con sus palabras y sus sentimiento comunes, _caen_ siempre como hechos a
-la medida para nuestros cómicos, que son insuperables en cuanto se les
-hace caminar por la superficie terrena y no se les obliga a explorar en
-psicologías subterráneas o aéreas.
-
-Anoche, todos los actores de Eslava que tomaron parte en la obra lo
-hicieron a maravilla. Hasta los más secundarios; por ejemplo, aquellos
-dos pastores, llegados al llano de las alturas nevadas, parecían tipos
-arrancados de la propia sierra.
-
-Todos dignos de plácemes, y sobre todos hemos de mencionar especialmente
-y en justicia a la Sra. Peñaranda, que dió la nota dramática más
-emocionante, sin gritos desentonados, gestos extemporáneos, sin
-aspavientos, sino con una sobriedad en la actitud y en la palabra,
-palabra cálida, humana, de dolor profundo y contenido, mil veces más
-emocionante y trágica que un coro de voces plañideras.
-
-La Sra. Espina salió al final de todos los actos, reclamada por los
-aplausos unánimes del público. Reciba también el nuestro fervoroso.
-
- GOY DE SILVA.
-
-
-De "El Imparcial":
-
-Con motivo del estreno de «El Jayón».
-
-_Hablando con Concha Espina._
-
-Dulzura; todo en ella es dulzura: los ojos puros que miran siempre _más
-allá_, el pliegue de la boca cansada, los gestos pausados, la voz
-igual...
-
-Entra en el saloncillo del teatro, donde la espero; el ancho sombrero de
-terciopelo negro proyecta una sombra suave sobre su rostro, cubriendo
-los cabellos negros; los largos pendientes de coral rojo no son en ella
-una extravagancia, ni siquiera una fantasía: son un adorno encantador e
-inmóvil, porque su cabeza apenas se mueve.
-
---Vengo a molestarla--la digo--con motivo del estreno de esta noche; la
-actualidad manda, y usted es hoy una figura de actualidad de primer
-orden...
-
---¡Oh, no!--protesta casi intimidada--: de primer orden, no.
-
---Un estreno teatral femenino--prosigo--es aquí un acontecimiento, y
-tratándose de una firma, como la de usted... Pero esto es un pretexto;
-hace mucho que yo deseaba hablar con usted para poder luego hablar de
-usted a mis lectoras. Y antes de tratar de su nueva personalidad
-literaria, yo quisiera que me hablase usted de su vida.
-
-Y me habló de su vida muy sencillamente, con su voz dulce e igual,
-parándose a menudo, como si cada palabra evocase algo ante sus ojos, que
-miran siempre _más allá_...
-
- * * * * *
-
---Y ahora hablemos un poco de su última encarnación literaria. ¿Cómo se
-le ocurrió escribir para el teatro?
-
---Paso de la novela al teatro con la misma naturalidad y lógica que pasé
-del periodismo a la novela, o de los versos a la prosa. Hace algún
-tiempo escribí _El Jayón_ en novela para _La Novela Corta_. Mis pocos
-amigos intelectuales me aseguraron que los tres capítulos de _El Jayón_
-eran más bien tres actos de un drama. Y un buen día me decidí a seguir
-su consejo y, en efecto, a medida que escribía me parecía que mi novela
-iba adquiriendo su verdadera forma, realizando su verdadera misión.
-
---Volviendo al motivo _de actualidad_ de mi visita, ¿cuáles son sus
-impresiones de autora dramática en día de primer estreno?
-
---Estos días confieso que en los ensayos sufrí un poco; es doloroso el
-oir las frases que nos dictó la emoción, cien veces remachadas,
-indiferentemente, desapasionadamente. Yo comprendo que esto es una
-sensación algo pueril, de autora novicia.
-
---No sé si es pueril, pero me parece que debe ser muy justa. ¿Y hoy?
-
---Hoy estoy muy tranquila; soy muy optimista.
-
-Y sus ojos, y su actitud toda, confirman tan sinceramente sus palabras
-que la miro algo desconcertada, y no temiendo ya turbar tan robusta
-serenidad, insisto:
-
---Sin embargo, descontado el valor seguro de una obra de usted, hay
-obras muy hermosas y hasta de gran éxito más tarde, que fueron, el día
-de su estreno...
-
---... ¿Un fracaso?--concluye tranquilamente--. Pues bien, yo me pongo
-perfectamente en el caso; de todas maneras no será culpa mía. Yo he
-escrito un drama que yo misma he presenciado y hondamente sentido,
-entregándome en mi obra con toda pasión, con toda fe. Yo no podía hacer
-más; luego, sean las cosas como sean, mi trabajo es el mismo; yo
-también...
-
-¡Admirable Concha Espina, inmortal autora de _La Esfinge Maragata_; el
-éxito de su primer drama ha debido llenarla de una alegría digna, sin
-nervosidad, como sin nervosidad también fué la espera! Porque usted en
-la gloria como en el arte, como en la vida misma, permanece siempre
-fuerte con dulzura, optimista sin vanidad, y sin pasividad, serena.
-Porque usted, como sus ojos claros, está siempre _más allá_...
-
- MAGDA DONATO.
-
-
-De "La Unión", de Sevilla:
-
-Anoche, en el escenario de Eslava, se representó una obra teatral debida
-al ingenio de Concha Espina, la de la prosa correcta y clara como agua
-de manantial serrano, la novelista que sabe tejer realidades de nuestra
-propia vida con finos hilos de ensueño, dando a la labor un tono suave,
-de verdad y de ilusión, tan perfectamente armonizado, que logra poner un
-suspiro en nuestros labios, al mismo tiempo que, embebecidos, pensando
-en unas dulces quimeras, miramos a las lejanías más azules.
-
-Y la representación de _El Jayón_--que así se denomina la nueva comedia
-dramática--nos proporcionó aquella hora grata que el espíritu nos
-demandaba, cansado de tanta aridez y de tanto mezquino prosaísmo como
-estamos viviendo estos días en este nuestro buen pueblo español.
-
-Concha Espina, dotada de un exquisito temperamento artístico,
-escribiendo para el teatro como escribe sus novelas, tuvo el
-singularísimo acierto de subyugar a los espectadores, brindándoles
-generosamente aquellas exquisiteces de que estamos tan ayunos y que, en
-verdad, hemos echado de menos en tantas temporadas teatrales perdidas
-para la cultura, para el buen gusto y para el arte, nuestro supremo
-soberano.
-
-_El Jayón_, que tiene por fondo un brioso panorama de vidas rurales, que
-exalta hasta un sacrificio eterno--el de dejar el amor al hombre
-único--, el santo cariño maternal, está enmarcado en una pureza de
-lenguaje y en una simplicidad de tecnicismo que constituyen la triunfal
-ejecutoria de la pluma que anoche fué aclamada, no ya por el aplauso de
-los selectos, sino por el público de la galería, que, abierta el alma a
-la llegada de la emoción, supo gustar ésta y apropiársela,
-agradeciéndola como una señalada merced.
-
-Los periódicos madrileños relatarán, de seguro, el argumento de la obra
-que de modo tan definitivo triunfó anoche en Eslava, y por ello, para no
-hacer demasiado extenso este apunte, no he de meterme en tal detalle;
-pero, por si no te lo dijesen los críticos de teatros al hacer el
-comentario del estreno, yo he de manifestarte, amigo lector, que _El
-Jayón_ tiene una escena tan intensa y tan sublime, tan generosa y tan
-llena de dulzores de alma de mujer, tan ungida por la gracia de las que
-fueron madres, que la diputo como uno de los mayores aciertos de nuestro
-teatro.
-
- * * * * *
-
-Cuando _El Jayón_ siga su camino por todos los teatros de España, que la
-ruta es amplia y reclaman las gentes de todos los lugares beber en el
-mismo fresco y grato manantial, Concha Espina recogerá el fruto de la
-gratitud, pues ha puesto en el duro surco de nuestra vida semilla de
-arte noble y grande.
-
-Y bien haya quien así atiende la sed de nuestro espíritu, que ya
-empezaba a mostrar grietas producidas por la hosca resequedad que
-hubieron de proporcionarnos los que se propusieron extraviarnos en
-nuestro camino hacia lugares de cordialidad, de ternuras, de realidades
-suavizadas por el dulzor del ensueño.
-
- LEOCADIO MARTÍN RUIZ.
-
-
-
-
-
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-*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EL JAYÓN ***
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