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L. - -Release Date: June 7, 2016 [EBook #52262] - -Language: Spanish - -Character set encoding: ISO-8859-1 - -*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK CUENTOS DE LA ALHAMBRA *** - - - - -Produced by Josep Cols Canals, Ramon Pajares Box and the -Distributed Proofreading team at DP-test Italia. - - - - - - -NOTA DE TRANSCRIPCIÓN - - * En el texto las cursivas se muestran entre _subrayados_. - - * Se ha respetado la ortografía original, normalizándola a la - grafía de mayor frecuencia. - - * Los errores obvios de imprenta han sido corregidos sin avisar. - - - - - CUENTOS - DE LA - ALHAMBRA. - - - - - Con Licencia. - - IMPR. DE J. FERRER DE ORGA. - _Valencia_ 1833. - - - - -[Ilustración: _L. Tellez lo d.º_ _T. Blasco lo g.º_ - -_Mientras esa mano no se baje hasta tocar la llave, ningún artificio -mágico triunfará del Señor de esta colina._] - - - - - [Ilustración: Cuentos de la Alhambra - - Valencia - Librería de Mallén y Berard - 1833 - Teodoro Blasco lo g.] - - - - - CUENTOS - DE - LA ALHAMBRA, - - DE - - Washington Irving. - - Traducidos - - POR D. L. L. - - [Ilustración] - - PARIS, - LIBRERÍA HISPANO-AMERICANA, - CALLE DE RICHELIEU Nº 60. - - 1833. - - - - -EL EDITOR. - - -_Si los_ Cuentos de la Alhambra _han alcanzado tan buena acogida -entre los ingleses y franceses, con mayor razon puede esperarse -que la logren entre nosotros; porque enlazadas estas fábulas con -las tradiciones y consejas populares del pais, es muy natural que -produzcan aquel interes que inspiran al hombre de buen corazon las -antiguallas de su patria, y la tierna memoria de los cuentos de la -niñez._ - -_Esta consideracion nos ha impulsado á dar á luz el presente -tomito, como una muestra de la obra que con el mismo título y mayor -estension acaba de escribir el célebre Washington Irving; y si el -éxito nos diese motivo para juzgar que ha merecido el aprecio de los -inteligentes, quizá pensaremos en publicar otra serie, y aun acaso -todos los que restan del original._ - - - - -ÍNDICE. - - - PÁG. - _El viage._ 1 - - _Gobierno de la Alhambra._ 45 - - _Interior de la Alhambra._ 53 - - _Economía doméstica._ 74 - - _Tradiciones locales._ 88 - - _La casa del Gallo._ 95 - - _Leyenda del astrólogo árabe._ 98 - - _Historia del príncipe Ahmed - Al Kamel, ó el Peregrino de - amor._ 152 - - - - -El Viage. - - -Conducido á España á impulsos de la curiosidad en la primavera de -1829, hice una escursion desde Sevilla á Granada en compañía de -un amigo, agregado entonces á la embajada rusa en Madrid. Desde -regiones muy distantes nos habia llevado el acaso al pais en que nos -hallábamos reunidos, y la conformidad de nuestros gustos nos inspiró -el deseo de recorrer juntos las románticas montañas de Andalucía. -¡Ojalá que si estas páginas llegan á sus manos en el pais adonde las -obligaciones de su destino hayan podido conducirle, ya le hallen -engolfado en la pompa tumultuosa de las córtes, ya meditando sobre -las glorias mas efectivas de la naturaleza; le recuerden nuestra -feliz peregrinacion y la memoria de un amigo, á quien ni el tiempo ni -la distancia harán jamas olvidar su amabilidad y su mérito! - -Antes de pasar adelante, no será inoportuno presentar algunas -observaciones preliminares sobre el aspecto general de España, y -el modo de viajar por aquel pais. En las provincias centrales, al -atravesar el viagero inmensos campos de trigo, ora verdes y undosos, -ya rubios como el oro, ya secos y abrasados por el sol; buscará -en vano la mano que los ha cultivado, hasta que al fin divisará, -sobre la cima de un monte escarpado, un lugar con fortificaciones -moriscas medio arruinadas, ó alguna torre que sirviera de asilo á -los habitantes durante las guerras civiles, ó en las invasiones de -los moros. La costumbre de reunirse para protegerse mútuamente en -los peligros, existe aun entre los labradores españoles, merced á la -rapiña de los ladrones que infestan los caminos. - -La mayor parte de España se halla desnuda del rico atavío de los -bosques y las selvas, y de las gracias mas risueñas del cultivo; -pero sus paisages tienen un carácter de grandeza que compensa lo -que les falta bajo otros respetos: hállanse en ellos algunas de las -cualidades de sus habitantes, y de ahí es que yo concibo mejor al -duro, indomable y frugal español despues que he visto su pais. - -Los sencillos y severos rasgos de los paisages españoles tienen una -sublimidad que no puede desconocerse. Las inmensas llanuras de las -Castillas y de la Mancha, estendiéndose hasta perderse de vista, -adquieren cierto interes con su estension y uniformidad, y causan una -impresion análoga á la que produce la vista del océano. Recorriendo -aquellas soledades sin límites visibles, suele descubrirse de cuando -en cuando un rebaño apacentado por un pastor inmóvil como una -estátua, con su baston herrado en la mano á guisa de lanza; una recua -de mulos que cruzan pausadamente el desierto, cual atraviesan las -carabanas de camellos los arenales de la Arabia; ó bien un zagal que -camina solo con su cuchillo y carabina. - -Los peligros de los caminos dan ocasion á un modo de viajar que -presenta en escala menor las carabanas del oriente: los arrieros -parten en gran número y bien armados á dias señalados, y los viageros -que accidentalmente se les reunen aumentan sus fuerzas. - -El arriero español posee un caudal inagotable de canciones y -romances con que aligera sus continuas fatigas. La música de estos -cantos populares es sobremanera sencilla, pues que se reduce á -un corto número de notas, y las letras por lo comun son algunos -romances antiguos sobre los moros, endechas amorosas, y con mayor -frecuencia romances en que se refieren los hechos de algun famoso -contrabandista; y sucede no pocas veces, que tanto la música como -la letra es improvisado, y se refiere á una escena local ó á algun -incidente del viage. Este talento de improvisacion, tan comun en -aquel pais, parece se ha trasmitido de los árabes, y es fuerza -convenir en que aquellos cantos de tan fácil melodía producen una -sensacion sumamente deliciosa cuando se oyen en medio de los campos -salvages y solitarios que celebran, y acompañados por el argentino -sonido de las campanillas de las mulas. - -No es posible imaginarse cosa mas pintoresca que el encuentro de -una recua de mulas en el tránsito de aquellos montes. Oireis ante -todo las campanillas de la delantera, cuyo sonido repetido y monótono -rompe el silencio de las alturas aéreas, y tal vez la voz de un -arriero que llama á su deber á alguna bestia tarda ó descaminada, -ó que canta con toda la fuerza de sus pulmones un antiguo romance -nacional. Al cabo de rato descubrís las mulas que pasan lentamente -los desfiladeros, ya bajando una pendiente tan rápida y elevada, que -las vereis como designadas de relieve sobre el fondo azul del cielo, -ya avanzando trabajosamente al traves de los barrancos que están á -vuestros pies. Á medida que se aproximan distinguís sus adornos de -color brillante, sus arreos bordados, sus plumages; y cuando ya -están mas cerca, el trabuco, siempre cargado, que cuelga detras de -los fardos como una advertencia de los peligros del camino. - -El antiguo reino de Granada, en el que íbamos á entrar, es uno de -los paises mas montuosos de España. Sierras vastas ó cadenas de -montes desnudos de árboles y de maleza, y abigarrados de canteras de -mármol y de granito de diversos colores, levantan sus peladas crestas -en medio de un cielo de azul oscuro; mas en su seno están ocultos -algunos valles fértiles y frondosos, y el desierto cede el lugar al -cultivo, que fuerza á las rocas mas áridas á producir el naranjo, la -higuera y el limonero, y á engalanarse con las flores del mirto y el -rosal. - -En las gargantas mas salvages de aquellos montes se encuentran -varios lugarejos murados, construidos á manera de nidos de águilas -en las cimas de los precipicios, y algunas torres derruidas, -colgadas por decirlo así sobre los picos mas elevados, recordando -los tiempos caballerescos, las guerras de moros y cristianos, y la -lucha romántica que precedió á la toma de Granada. Al transitar el -viagero por aquellas altas cordilleras, se ve á cada paso precisado -á echar pie á tierra, y conducir el caballo de la brida para subir y -bajar por algunas sendas ásperas y angostas, semejantes á escaleras -arruinadas. Algunas veces corre el camino á orillas de precipicios -espantosos, de que ningun parapeto os defiende; otras se sumerge -en una pendiente rápida y peligrosa que se pierde en una oscura -profundidad, ó pasa por entre barrancos formados por los torrentes -del invierno, y que sirven de guarida á los malhechores. Descúbrese -de cuando en cuando una cruz de funesto presagio; y este monumento -del robo y del asesinato, erigido sobre un monton de piedras á la -orilla del camino, advierte al caminante que se halla en un parage -frecuentado por los bandidos, y que quizá entonces mismo le acecha -en emboscada alguno de aquellos malvados. Muchas veces sorprendido -el caminante en el recodo de un valle sombrío por un bramido ronco -y espantoso, levanta la cabeza, y en una de las frondosas quebradas -del monte descubre una manada de fieros toros andaluces destinados -á los combates del circo. Nada mas imponente que el aspecto de -aquellos brutos terribles, errantes en su terreno nativo con toda la -fuerza que les da la naturaleza: indómitos y casi estraños al hombre, -solo conocen al pastor que los guarda, y que no siempre se atreve á -aproximárseles; el mugido de estos animales, y los amenazantes ojos -con que miran hácia abajo desde sus elevadas praderas, añaden todavía -espresion al aspecto salvage de la escena. - -El 1º de mayo salimos mi compañero y yo de Sevilla para Granada, y -como conocíamos el pais que íbamos á recorrer, y lo incómodo y poco -seguro de los caminos, enviamos delante con arrieros los efectos de -mas valor, y llevábamos únicamente nuestros vestidos y el dinero -necesario para el viage, con un aumento destinado á satisfacer á -los bandoleros, caso de vernos atacados, y libertarnos así del mal -trato á que se ven espuestos los viageros muy avaros ó muy pobres. -Sabíamos tambien que no debe confiarse en la despensa de las posadas, -y que habíamos de cruzar largos espacios inhabitados; y con este -conocimiento tomamos las precauciones convenientes para asegurar -nuestra subsistencia, y alquilamos dos caballos para nosotros, y otro -para que llevase nuestro corto equipage y á un robusto vizcaino, -que debia guiarnos en el laberinto de aquellas montañas, cuidar de -las caballerías, y en fin, servirnos en la ocasion, ya de ayuda de -cámara, ya de guarda. Habíase este prevenido de un formidable trabuco -para defendernos, segun decia contra los rateros: sus fanfarronadas -sobre esta arma no tenian término; mas sin embargo, con descrédito -de su prudencia militar, la carabina en cuestion colgaba descargada -al arzon trasero de la silla. Como quiera, el vizcaino era un criado -fiel, celoso y jovial; tan fecundo en chistes y refranes como aquel -modelo de escuderos, el célebre Sancho, cuyo nombre le dimos: -verdadero español en los momentos de su mayor alegria; mas á pesar de -la familiaridad con que le tratábamos, no pasó jamas los límites de -un respetuoso decoro. - -Equipados en estos términos nos pusimos en camino, resueltos -á sacar todo el partido posible de nuestro viage; y con tales -disposiciones, ¡cuán delicioso era el pais que íbamos á recorrer! -La venta mas infeliz de España es mas fecunda de aventuras que un -castillo encantado, y cada comida que se efectua puede mirarse -como una especie de hazaña. Ensalcen otros enhorabuena los caminos -resguardados de parapetos, las suntuosas fondas de un pais cultivado -y civilizado hasta el punto de no ofrecer sino superficies planas; -en cuanto á mí, solo la España con sus agrestes montes y francas -costumbres puede saciar mi imaginacion. - -Desde la primera noche disfrutamos ya uno de los placeres novelescos -del pais. Acababa de ponerse el sol cuando llegamos á una villa muy -grande, cansados por haber cruzado una llanura inmensa y desierta, y -calados de agua, en razon de la copiosa lluvia que habia caido sobre -nosotros. Apeamos en un meson, en donde se alojaba una compañía -de fusileros, ocupada entonces en persecucion de los ladrones que -infestaban la comarca; y como unos estrangeros de nuestra clase eran -un objeto de admiracion en aquel pueblo estraviado, el huésped, -ayudado de dos ó tres vecinos embozados en sus capas pardas, -examinaba nuestros pasaportes en un rincon de la pieza, mientras un -alguacil con su capita negra, tomaba apuntaciones á la débil luz -de un farol. Unos pasaportes en lengua estrangera les daban mucha -grima; mas acudió á su socorro nuestro escudero Sancho, y nos dió -aun mayor importancia con la pomposa elocuencia de un español. Al -mismo tiempo la distribucion de algunos cigarros nos ganó todos los -corazones, y á poco rato ya estaba el pueblo entero en movimiento -para obsequiarnos. Visitónos el alcalde en persona, y la misma -huéspeda llevó con gran ceremonia á nuestro cuarto un gran sillon -de juncos para que el ilustre viagero pudiese sentarse con mayor -comodidad. Hicimos cenar con nosotros al comandante de los fusileros, -el cual nos divirtió sobremanera con la animada relacion de una -campaña que habia hecho en la América del Sur, y otras hazañas -amorosas y guerreras, que debian todo su interes á sus ampulosas -frases y multiplicados ademanes, y sobre todo á cierto movimiento -de los ojos, que sin duda queria decir mucho. Pretendia saber el -nombre y señas de todos los bandidos de la provincia, y se prometia -ojearlos y prenderlos uno á uno. El buen oficial se empeñó en que -nos habia de dar algunos hombres para nuestra escolta. «Mas uno solo -bastará, añadió, porque los ladrones nos conocen, y la vista sola -de uno de mis muchachos derramará el espanto por toda la sierra.» -Le agradecimos su ofrecimiento y buena voluntad, asegurándole en -el mismo tono, que con el formidable escudero Sancho no temeríamos -haberlas con todos los bandoleros de Andalucía. - -Mientras estábamos cenando con el amable perdonavidas, llegó á -nuestros oidos el sonido de una guitarra, acompañado de un repiqueteo -de castañuelas, y poco despues un coro de bien concertadas voces -que cantaba una tonada popular. Era un obsequio del huésped, que -para divertirnos habia reunido aquellos músicos aficionados y á -las hermosas de la vecindad, y cuando salimos al patio vimos una -verdadera escena de alegria española. Nos colocamos bajo el soportal -con los huéspedes y el comandante, y pasando la guitarra de mano en -mano, vino á parar en las de un alegre zapatero, que nos pareció -el Orfeo de la tierra. Era un jóven de aspecto agradable, patilla -negra, y las mangas de la camisa arremangadas hasta encima del codo. -Sus dedos recorrian el instrumento con estraordinaria ligereza y -habilidad, cantando al mismo tiempo algunas seguidillas amorosas, -acompañadas de espresivas miradas á las mozas, con las que al parecer -estaba en gran favor. En seguida bailó el fandango con una graciosa -andaluza, causando gran placer á los espectadores. Pero ninguna de -las mugeres que se hallaban presentes podia compararse á la linda -Pepita, hija del huésped, que aunque con mucha prisa, se habia -prendido con la mayor gracia para el baile improvisado, entrelazando -con frescas rosas las trenzas de sus hermosos cabellos: esta lució -su habilidad con un bolero que bailó, acompañada de un gallardo -dragon. Habíamos nosotros dispuesto que se sirviese á discrecion -vino, dulces y otras frioleras; y sin embargo de que la reunion se -componia de soldados, arrieros y paisanos de todas clases, nadie se -escedió de los límites de una diversion honesta; y en verdad que -cualquier pintor se hubiera tenido por dichoso de poder contemplar -aquella escena. El elegante grupo de los bailadores, los soldados de -á caballo de medio uniforme, los paisanos envueltos en sus capas, -y en fin, hasta el amojamado alguacil, digno de los tiempos de D. -Quijote, á quien se veía escribir con gran diligencia á la moribunda -luz de una gran lámpara de cobre, sin cuidarse de lo que pasaba en su -derredor, todo esto formaba un conjunto verdaderamente pintoresco. - -No daré aquí la historia exacta de los acontecimientos de esta -espedicion de algunos dias por montes y valles. Viajábamos como -verdaderos contrabandistas, abandonándonos al azar en todas las -cosas, y tomándolas buenas ó malas segun las deparaba la suerte. -Este es el mejor modo de viajar por España, mas nosotros sin -embargo habíamos cuidado de llenar de buenos fiambres las alforjas -de nuestro escudero, y su gran bota de esquisito vino de Valdepeñas. -Como este último artículo era en verdad de mayor importancia para -nuestra campaña que la misma carabina de Sancho, conjuramos á este -que estuviese en continua vigilancia sobre esta parte preciosa de -su carga; y debo hacerle la justicia de decir que su homónimo, tan -célebre por el celo con que cuidaba de la mesa, no le escedia en nada -como proveedor inteligente. Así pues, á pesar de que las alforjas -y la bota eran vigorosa y frecuentemente atacadas, no parecia sino -que tenian la milagrosa propiedad de no vaciarse jamas, porque -nuestro ingenioso escudero nunca se olvidaba de colocar en ellas -los relieves de la cena de la venta, para que sirviesen á la comida -que hacíamos á campo raso al dia siguiente. ¡Con cuánta delicia -almorzábamos algunas veces á la mitad de la mañana, sentados á la -sombra de un árbol, á orillas de una fuente ó de un arroyo! ¡Qué -siestas tan dulces no tomamos, sirviéndonos de colchon nuestras capas -tendidas sobre la fresca yerba! - -En cierta ocasion hicimos alto á medio dia en una frondosa pradera, -situada entre dos colinas cubiertas de olivos. Tendimos las capas -bajo de un pomposo álamo que daba sombra á un bullicioso arroyuelo, -y arrendados los caballos de modo que pudiesen pacer, ostentó Sancho -con aire de triunfo todo el caudal de su despensa. Los sacos -contenian algunas municiones recogidas en el espacio de cuatro dias; -pero habian sido notablemente enriquecidos con los restos de la cena -que habíamos tenido la noche anterior en una de las mejores posadas -de Antequera. Sacaba nuestro escudero poco á poco el heterogeneo -contenido en su zurron y yo creí que no acababa jamas. Apareció ante -todo una pierna de cabrito asada, casi tan buena como cuando nos la -habian servido; siguióse un gran pedazo de bacalao seco envuelto -en un papel, los restos de un jamon, medio pollo, una porcion de -panecillos, y en fin, un sinnúmero de naranjas, higos, pasas y -nueces: la bota habia sido tambien reforzada con escelente vino de -Málaga. Á cada nueva aparicion gozaba de nuestra cómica sorpresa, -dejándose caer sobre el césped con grandes carcajadas. Elogiábamos -estremadamente á nuestro sencillo y amable criado, comparándole en su -aficion á llenar la panza, al célebre escudero de D. Quijote. Estaba -él muy versado en la historia de este caballero, y como la mayor -parte de las gentes de su clase, creía á pie juntillas en su realidad. - -«¿Y hace mucho tiempo que sucedió eso? me dijo un dia con semblante -interrogativo. - ---Sí, mucho tiempo, le contesté yo. - ---Yo apostaria á que ha ya mas de mil años, replicó mirándome con una -espresion de duda todavía mas marcada. - ---No creo yo que haya mucho menos.» El escudero no preguntó mas. - -Mientras al compas de sus gracias esplotábamos nosotros las -provisiones que quedan descritas, se nos acercó un mendigo que casi -parecia un peregrino. Su entrecana barba y el baston en que se -apoyaba anunciaban vejez; mas su cuerpo muy poco inclinado, mostraba -aun los restos de una estatura gallarda. Llevaba un sombrero redondo -de los que usan los andaluces, una especie de zamarra de piel de -carnero, calzon de correal, botin y sandalias. Sus vestidos, aunque -ajados y cubiertos de remiendos, estaban limpios, y se llegó á -nosotros con aquella atenta gravedad que se nota en los españoles, -aun de la ínfima clase. Habia en nosotros disposicion favorable -para recibir semejante visita, y así, por un impulso espontáneo de -caridad, le dimos algunas monedas, un pedazo de pan blanco y un vaso -de buen vino de Málaga. Recibiólo todo con reconocimiento; mas sin -manifestar con ninguna bajeza su gratitud. Luego que probó el vino, -le miró al trasluz, y mostrando cierta admiracion se lo bebió de un -sorbo, diciendo: «¡Cuántos años ha que no habia yo probado tan buen -vino! Esto es un verdadero cordial para los pobres viejos.» Contempló -luego el pan, y dijo besándole: «Bendito sea Dios.» Dicho esto se -lo metió en el zurron, y habiéndole instado nosotros para que se -lo comiese en el acto: «No señores, replicó; el vino era preciso -beberlo ó dejarlo, mas el pan debo llevarlo á mi casa y partirlo con -mi pobre familia.» Sancho consultó nuestros ojos, y dió al pobre -abundantes fragmentos de la comida, bien que con la condicion de que -se comeria en el acto una parte. - -Sentóse pues á poca distancia de nosotros y comió pausadamente, con -una finura y una sobriedad, que hubieran podido honrar á un hidalgo. -Yo creí descubrir en él una especie de tranquila dignidad y atenta -cortesanía, que anunciaban que habia conocido mejores dias; pero -no habia nada de esto: no tenia mas que la política natural á todo -español, y aquel aire poético que caracteriza los pensamientos y el -lenguage de este pueblo vivo é ingenioso. Nuestro peregrino habia -sido pastor por espacio de cincuenta años, y al presente se hallaba -desacomodado y sin medios para subsistir. «Cuando yo era jóven, -decia, no habia cosa alguna capaz de hacerme tomar pesadumbre: -hallábame siempre sano y contento; mas ahora tengo setenta y nueve -años, me veo precisado á mendigar el sustento, y ya empiezan á -abandonarme las fuerzas.» - -Sin embargo, todavía no estaba acostumbrado á la mendiguez; hacia -poco tiempo que la necesidad le habia obligado á recurrir á tan -triste y desagradable recurso, y nos hizo una pintura muy patética -de los combates que habia sostenido su orgullo contra la necesidad. -Volvia de Málaga sin dinero, hacia mucho tiempo que no habia comido, -y aun tenia que atravesar una de aquellas vastas llanuras en donde -se hallan tan pocas habitaciones: muerto casi de debilidad, pidió -primeramente á la puerta de una venta: _Perdone usted por Dios, -hermano_, le contestaron. «Pasé adelante, dijo, con mas vergüenza -aun que hambre, porque todavía no se hallaba abatido el orgullo de -mi corazon. Al pasar por un rio, cuyas márgenes estaban muy elevadas -y la corriente era profunda y rápida, estuve tentado de precipitarme -en él. ¿Á qué ha de permanecer sobre la tierra, dije interiormente, -un viejo miserable como yo? Iba ya á arrojarme; mas Dios iluminó -mi corazon y me apartó de tan criminal idea. Dirigíme á una casita -que se hallaba situada á cierta distancia del camino, entréme en el -patio; la puerta de la casa estaba cerrada, mas habia dos señoritas -asomadas á una de las ventanas. Las pedí limosna, y--_Perdone usted -por Dios, hermano_, fue otra vez la respuesta que recibí, cerrándose -al mismo tiempo la ventana. Salíme casi arrastrando del patio, pronto -ya á desmayarme; y creyendo que era llegada mi hora, me dejé caer -contra la puerta, me encomendé de todo corazon á la Vírgen nuestra -señora, y me cubrí la cabeza para morir. Á pocos minutos llegó el -dueño de la casa, y viéndome tendido á su puerta, se compadeció de -mis canas, me hizo entrar y me dió algun alimento, con que pude -recobrarme. Ya veis, señores, que nunca debe perderse la confianza en -la proteccion de la santísima Vírgen.» - -El anciano se dirigió hácia Archidona, su pais natural, que -descubríamos á poca distancia en la cima de un monte escarpado, y -en el camino nos hizo reparar en las ruinas de un antiguo castillo -de los moros, que habitó uno de sus reyes en tiempo de las guerras -de Granada. «La reina Isabel, nos dijo, le sitió con un egército -poderoso; mas él, mirándolo desde lo alto de su fortaleza, se burlaba -de sus esfuerzos. Entonces se apareció la Vírgen á la reina, y á ella -y á sus soldados los condujo por un camino misterioso, que nadie -hasta entonces habia frecuentado ni frecuentó despues. Cuando el moro -vió llegar á la reina quedó pasmado, y acosando el caballo hácia el -precipicio, se arrojó en él y se hizo pedazos. Aun se ven á la orilla -del peñasco las señas de las herraduras, y ustedes mismos pueden -descubrir desde aquí el camino por donde la reina y el egército -subieron á la montaña, que se estiende á manera de una cinta á lo -largo de sus laderas; mas lo que hay en esto de milagroso es, que -aunque á cierta distancia puede conocerse, desaparece luego que se -trata de examinarle de cerca.» El camino ideal que el buen pastor nos -enseñaba, no era probablemente otra cosa que alguna arroyada arenosa, -que se distinguia á cierta distancia en que la perspectiva disminuía -su anchura, y se confundia con el resto de la superficie cuando se -miraba mas de cerca. - -Como con el vino y la buena acogida se habia restablecido el anciano, -nos refirió otra historia de un tesoro que el rey moro habia -enterrado bajo el castillo, junto á cuyos cimientos estaba situada -su casa. El cura y el boticario del pueblo, habiendo soñado por tres -veces en el tesoro, hicieron una escavacion en el parage que sus -sueños les habian indicado, y el yerno de nuestro convidado oyó por -la noche el ruido de los azadones. Nadie sabe lo que hallaron; pero -lo cierto es que ellos se hicieron ricos de repente y guardaron su -secreto. De modo que el viejo pastor se habia visto al umbral de la -fortuna; mas estaba decretado que él y esta no habian de morar jamas -bajo un mismo techo. - -Tengo observado que las historias de tesoros enterrados por los moros -corren principalmente entre las gentes mas pobres de España, como -si la naturaleza quisiese compensar con la sombra la falta de la -realidad: el hombre sediento sueña arroyos y fuentes cristalinas, -el que tiene hambre banquetes opíparos, y el pobre montes de oro -escondido: no hay cosa mas rica que la imaginacion de un mendigo. - -La última escena de nuestro viage que referiré, es la noche que -pasamos en la pequeña ciudad de Loja, célebre plaza fronteriza -en tiempo de los moros, y en cuyas murallas se estrelló el poder -de Fernando. De esta fortaleza salió el viejo Aliatar, suegro de -Boabdil, acompañado de su yerno para la desastrada espedicion, que -acabó con la muerte del general y la prision del monarca. Está Loja -en una situacion pintoresca en medio de un desfiladero que sigue las -márgenes del Genil, circuida de rocas inaccesibles, bosquecillos, -prados y jardines. Nuestra posada, que en nada desdecia del aspecto -del pueblo, la tenia una jóven y linda viudita andaluza, cuya -basquiña negra de seda guarnecida de franjas, dibujaba graciosamente -unas formas mórbidas y elegantes. Paso firme y ligero, ojos negros -y llenos de fuego, y su aire de presuncion y su esmerado aliño, -manifestaban sobradamente que estaba acostumbrada á escitar la -admiracion. - -Un hermano, que tendria en corta diferencia la misma edad, ofrecia -con ella el perfecto modelo del majo y la maja andaluces. Era -alto, robusto y bien dispuesto; color moreno claro, ojos negros y -brillantes, y patillas castañas y rizadas que se unian por bajo de -la barba. Ajustaba su cuerpo una chaquetilla de terciopelo verde, -adornada de un sinnúmero de botoncillos de plata, y por cada una de -las faltriqueras asomaba la punta de un pañuelo blanco; calzon de la -misma tela, con una carrera de botones que bajaba desde la cadera -á la rodilla; rodeaba su cuello un pañuelo de seda color de rosa, -que pasando por una sortija, bajaba á cruzarse sobre una camisa -aplanchada con esmero. Llevaba ademas un cinto, lindos botines de -hermoso becerro leonado, que abiertos hácia la pantorrilla, dejaban -ver una media muy fina; y en fin, zapatos anteados, que hacian -campear con ventaja un pie perfecto. - -Hallándose este á la puerta llegó un hombre á caballo, y en voz baja -entabló con él una conversacion que parecia muy séria. Su trage era -del mismo gusto, y casi tan elegante como el del huésped: podria -tener treinta años, era alto y fornido, y aunque ligeramente pintado -de viruelas, no dejaba de haber gracia en sus bellas facciones; su -ademan y su aire, no solo tenian soltura sino resolucion, y aun -osadía. El poderoso caballo que montaba, negro como el azabache, -estaba adornado de gallardos arreos, y llevaba un par de trabucos -pendientes del arzon trasero. La figura de este hombre me hizo -acordar de los contrabandistas que habia visto en los montes de -Ronda. Conocí que tenia íntimas relaciones con el hermano de nuestra -huéspeda, y tambien pensé, salvo error, que era amante favorecido -de la graciosa viuda. Con efecto, toda la casa y sus habitantes -tenian cierto aspecto de contrabando: la carabina descansaba en un -rincon, junto á la guitarra. El referido caballero pasó la noche en -la posada, y cantó con mucha espresion diferentes romances guerreros -de las montañas. Estando nosotros cenando, llegaron dos pobres -asturianos pidiendo un pedazo de pan y un asilo para pasar aquella -noche. Habíanlos asaltado los ladrones al volver de una feria, y -despues de robarles el caballo con las mercaderías que llevaba, -el dinero y una parte de sus vestidos, los habian apaleado porque -quisieron defenderse. Mi compañero, con la pronta generosidad que le -es natural, pidió cena y cama para los dos, y les dió el dinero que -necesitaban para llegar á sus casas. - -Á medida que entraba la noche, iban presentándose en la escena nuevos -personages. Un hombre alto y gordiflon, de unos sesenta años, vino -á tomar parte en la alegre cháchara de la huéspeda. Vestia el trage -ordinario del pais, con la adicion de un enorme sable que llevaba -bajo el brazo; sus anchos bigotes daban al semblante cierta gravedad, -que anunciaba una especie de insolente confianza, y al parecer le -miraban todos con mucho respeto. - -Sancho nos dijo al oido que aquel personage era D. Alfonso Gutierrez, -el héroe y campeon de Loja, célebre por su fuerza prodigiosa, y -por las muchas hazañas con que se señaló en tiempo de la invasion -francesa. Con efecto, su lenguage y singulares maneras me divertian -estraordinariamente; porque nuestro hombre era un verdadero andaluz, -cuya jactancia igualaba cuando menos á su bravura. Iba siempre -cargado con su sable como una niña con la muñeca; tan pronto le tenia -en la mano como bajo el brazo, llamábale su _santa Teresa_, y solia -decir: «Cuando le saco tiembla la tierra.» - -Estuvimos hasta muy tarde oyendo las conversaciones de tan diversos -personages, que platicaban juntos con toda la franqueza de una posada -española. Oimos cantares de contrabandistas, historias de ladrones, -antiguos romances moriscos, y por fin de fiesta, nuestra bella -huéspeda cantó _los infiernos_, ó las regiones infernales de Loja, -que son unas cavernas sombrías, por donde corren y se precipitan con -espantoso estruendo rios y cascadas subterráneas. El vulgo cree que -desde tiempo de los moros, cuyos reyes tenian sus tesoros en estas -cuevas, habitan en ellas monederos falsos. - -No seria difícil llenar estas páginas de incidentes de nuestra -espedicion; pero me llaman otros objetos. Viajando de este modo, -Salimos en fin de los montes para entrar en la hermosa vega de -Granada. Sentámonos á la orilla de un riachuelo sombreado de -frondosos olivos, y allí hicimos nuestra última comida á campo raso, -teniendo á la vista la antigua capital del postrer reino musulman en -España. Las altas torres de la Alhambra comunicaban á la ciudad un -interes irresistible, al paso que la Sierra-Nevada descollaba por -encima de los edificios á manera de una corona de plata. Brillaba -el dia puro y despejado, y la fresca brisa de los montes templaba -los ardores del sol. Cuando hubimos comido tendimos las capas, y -disfrutamos por última vez del placer de dormir sobre el césped, -halagados por el blando susurro de las abejas que vagan de flor en -flor, y el tierno arrullo de las tórtolas que posan en los olivos. -Pasadas las horas del calor volvimos á emprender la marcha, y despues -de haber caminado entre vallados de aloes y bananos, y atravesado una -multitud de jardines, llegamos á la que anochecia á las puertas de -Granada. - -Á los ojos del viagero que se halle poseido de un sentimiento de -predileccion hácia la histórica y poética Alhambra de Granada, es -este monumento tan venerable como para los peregrinos musulmanes -la Kaaba ó casa sagrada de Mahoma. ¡Cuántas leyendas y tradiciones -verdaderas ó fabulosas, cuántos cantares, cuántos romances amorosos -ó heroicos, españoles ó árabes tienen por objeto este edificio -encantado! ¡Figúrese pues el lector cuál seria nuestro alborozo, -cuando á poco de haber llegado á Granada, nos permitió el gobernador -de la Alhambra que habitásemos los aposentos que tenia desocupados -en aquel palacio de los reyes moros! Los siguientes rasgos son el -fruto de mis investigaciones y meditacion durante esta deliciosa -permanencia; y si pudiesen comunicar á la imaginacion del lector una -parte del misterioso interes que inspiran los sitios donde fueron -trazados, yo sé que habia de lastimarse de no haber pasado un verano -conmigo en aquellos salones de la Alhambra, tan fecundos en memorias -maravillosas. - - - - -Gobierno de la Alhambra. - - -Es la Alhambra una fortaleza antigua, ó un palacio fortificado, -desde cuya morada dominaban los reyes moros de Granada su ponderado -paraiso terrenal, y en donde estuvo la última silla de su imperio -en España. El palacio forma solo una parte de la fortaleza, cuyas -almenadas murallas se estienden en direccion irregular en derredor -de la cresta de una elevada colina que se desprende de la cadena -de montes nevados y domina la ciudad. En tiempo de los moros podia -esta fortaleza contener en su recinto un egército de cuarenta mil -hombres, y no pocas veces sirvió á los soberanos de asilo contra -sus vasallos sublevados. Despues de haber pasado el reino á manos -de los cristianos, siguió la Alhambra siendo una morada real, y la -habitaron algunas veces los monarcas castellanos. Cárlos V comenzó á -levantar un palacio dentro de sus muros; mas los repetidos terremotos -no dejaron llevar adelante esta empresa. Los últimos reyes que -habitaron este edificio, fueron Felipe V y su esposa la reina Isabel -de Parma, al principio del siglo diez y ocho. - -Hiciéronse grandes preparativos para recibirlos, se reparó el palacio -y los jardines, y se construyeron nuevas habitaciones, que fueron -ricamente adornadas por artistas italianos. Mas á pesar de todo, -despues de la mansion pasagera de estos príncipes, la Alhambra quedó -de nuevo desierta y desolada, si bien se conservaba siempre en ella -un estado militar y guarnicion bastante numerosa. El gobernador era -nombrado directamente por el rey, y su jurisdiccion se estendia hasta -los arrabales de la ciudad, sin ninguna dependencia del capitan -general de Granada. Habitaba la parte que corresponde á la fachada -del antiguo palacio, y jamas bajaba á Granada sin algun aparato -militar. La fortaleza era en efecto una pequeña ciudad, pues que -contenia muchas calles, un convento de franciscos y una iglesia -parroquial. - -Pero el abandono de la córte fue un golpe fatal para la Alhambra: -sus hermosas salas fueron deteriorándose de dia en dia, quedando -muchas del todo arruinadas; destruyéronse los jardines, y las fuentes -cesaron de correr. Un enjambre de vagabundos se fue apoderando poco -á poco de las partes desiertas de los edificios; los contrabandistas -se aprovechaban de la independencia de su jurisdiccion para seguir -con seguridad sus criminales operaciones; los ladrones, los pícaros -de todas clases se refugiaban en su recinto, y dirigian desde -allí sus tiros sobre Granada y sus inmediaciones. Por fin, puso -el gobierno la mano, y desapareció este desórden: la plaza fue -enteramente purificada, quedando solo en ella aquellos moradores de -notoria honradez, y cuyo derecho de residencia era incontestable; -demoliéronse la mayor parte de las casas, y únicamente se conservó -una pequeña aldea, el convento y la parroquia. Durante las últimas -guerras de la península, habiendo ocupado los franceses á Granada, -pusieron una guarnicion en la Alhambra: alojóse el comandante en -el palacio, y este monumento de la grandeza y de la elegancia de -los moros, se salvó entonces de una completa devastacion por efecto -de aquel gusto ilustrado que distingue á la nacion francesa. Se -repararon los techos, y lo que quedaba de las salas y las galerías -fue puesto á cubierto de la injuria del tiempo; se cultivaron los -jardines, pusiéronse corrientes los conductos del agua, y volvió á -saltar esta en medio de las flores: de modo que España debe á sus -invasores la conservacion del mas hermoso y mas interesante de sus -monumentos históricos. - -Antes de evacuar la fortaleza, volaron los franceses muchas torres -de la muralla esterior é inutilizaron las fortificaciones; y como -desde entonces no existe ya la importancia militar de esta plaza, su -guarnicion consiste únicamente en algunos inválidos, cuyo principal -servicio está reducido á guardar las torres esteriores, que suelen -servir para prision de reos de estado. El mismo gobernador ha -abandonado ya las alturas de la Alhambra y vive en el centro de -Granada, en donde le es mucho mas fácil comunicarse con el gobierno. - -No puedo terminar esta breve noticia sin dar testimonio de la -exactitud y laudable celo con que el actual comandante de la Alhambra -D. Francisco de la Serna, llena los deberes de su destino, y emplea -los cortos recursos de que puede disponer en reparar las ruinas del -palacio, y retardar por medio de sabias precauciones una ruina que -por desgracia es sobrado cierta. Si hubiesen hecho otro tanto sus -predecesores, este monumento conservaria aun casi toda su belleza -primitiva, y si el gobierno ausiliase los buenos deseos de este -benemérito oficial, aquellos preciosos vestigios adornarian aun el -pais por largo tiempo, y de todos los puntos de la tierra conducirian -á él á los curiosos ilustrados. - - - - -Interior de la Alhambra. - - -Son tantas y tan minuciosas las descripciones que se han hecho de -la Alhambra, que sin duda bastarán algunos rasgos generales para -refrescar la memoria del lector. Voy pues á referir sucintamente la -visita que hicimos á este monumento la mañana inmediata á nuestra -llegada á Granada. - -Habiendo salido del meson de la Espada, en donde parábamos, -atravesamos la célebre plaza de Vivarrambla, teatro en otros tiempos -de justas y torneos, y trasformada ahora en mercado muy concurrido. -De allí pasamos al Zacatin, cuya calle principal era en tiempo de los -moros un gran mercado: sus pequeñas tiendas y angostos soportales -conservan aun el carácter oriental. Despues de haber cruzado la plaza -donde se halla el palacio del capitan general, subimos una calle -tortuosa y no muy ancha, cuyo nombre recuerda los dias caballerescos -de Granada; á saber, la calle de los Gomeles, así llamada de una -tribu famosa en las crónicas y en los romances, la cual conduce á -una puerta de arquitectura griega, edificada por Cárlos V, que da -entrada á los dominios de la Alhambra. - -Dos ó tres veteranos, sentados en un banco de piedra, reemplazaban -á los zegries y abencerrages; y el canoso centinela estaba hablando -con un ganapan alto y seco, cuyo pardo y raido capote cubria apenas -el resto de unos vestidos mas miserables todavía, el cual luego que -nos descubrió se vino á nosotros, ofreciéndose á acompañarnos y -enseñarnos la fortaleza. - -Yo he mirado siempre á los _Ciceroni_ con cierta repugnancia de -viagero, y el aspecto de este no me inclinaba ciertamente á hacer una -escepcion en su favor. - -«¿Sin duda, le dije, conocereis muy bien el edificio? - ---Palmo por palmo, señor; como que soy hijo de la Alhambra.» - -No puede negarse, que los españoles tienen un modo de espresarse muy -poético. ¡Hijo de la Alhambra! Este título hirió mi imaginacion, los -andrajos de mi interlocutor adquirieron á mis ojos cierta dignidad, -pareciéronme el justo emblema de la vária fortuna del sitio, y por -otra parte, cuadraban perfectamente á la progenitura de unas ruinas. - -Le hice algunas preguntas, y quedé convencido de que tenia un derecho -legítimo al título que tomaba: su familia habitaba la fortaleza desde -el tiempo de la conquista, y él se llamaba Mateo Gimenez. - -«¿Seréis tal vez, le pregunté, algun pariente del gran cardenal -Gimenez? - ---Quién sabe, señor; todo podria ser.... lo que no cabe duda es que -somos la familia mas antigua de la Alhambra, cristianos viejos sin -mezcla de moro ni judío. Yo sé que pertenecemos á una gran casa, -pero no me acuerdo cuál: mi padre lo sabe todo, y conserva nuestro -blason colgado á la pared de su cabaña, que está en lo mas alto de la -fortaleza.» Estas razones, y el primer título que se habia dado el -andrajoso hidalgo me cautivaron de modo, que desde luego acepté con -gusto los servicios del hijo de la Alhambra. - -Entramos en un angosto y profundo barranco lleno de bosquecillos y -cubierto de verdura. Atravesábale una avenida rápida, y cortábanle -en todas direcciones varios senderos tortuosos, adornados de fuentes -y bancos de piedra. Á la izquierda se elevaban por encima de nuestras -cabezas las torres de la Alhambra, y á la derecha, por la parte -opuesta del barranco, nos dominaban otras no menos altas, edificadas -sobre la peña viva: estas eran las _Torres bermejas_, llamadas así á -causa de su color. Nadie conoce su orígen, si bien se sabe que son -mucho mas antiguas que la Alhambra: algunos las suponen construidas -por los romanos, y otros las creen obra de una colonia errante de los -fenicios. Subiendo la sombría y rápida avenida, llegamos al pie de -una torre cuadrada, que es la entrada principal de la fortaleza. Allí -encontramos otro grupo de inválidos, uno de los cuales estaba de -centinela bajo el arco de la puerta, en tanto que los demas dormian -sobre los bancos de piedra, envueltos en sus capas. Llámase á esta -la _puerta del Juicio_, porque durante la dominacion de los moros se -reunia bajo su pórtico el tribunal que juzgaba inmediatamente las -causas de poca entidad. Esta costumbre, comun á todo el oriente, se -halla consignada en muchos pasages de la Escritura. - -El gran vestíbulo ó pórtico lo forma un arco inmenso que se eleva -casi hasta la mitad de la torre. Sobre la piedra fundamental de -la bóveda esterior esta esculpida una mano gigantesca, y en la -correspondiente de la parte interior se ve representada del mismo -modo una enorme llave. Los que creen tener algun conocimiento de los -símbolos mahometanos, dicen que la mano es el emblema de la doctrina, -y la llave el de la fe; añadiendo que este último signo era el -distintivo constante de los estandartes musulmanes cuando subyugaron -la Andalucía. Mas el hijo legítimo de la Alhambra esplicaba la cosa -de otro modo. - -Segun Mateo, que se apoyaba en la autoridad de una tradicion -trasmitida de padres á hijos desde los primeros habitantes de la -fortaleza, la mano y la llave eran figuras mágicas, y pendia de -ellas la suerte de la Alhambra. El rey moro que hizo construir este -edificio, mágico famoso, y que aun, segun la opinion de muchos, -habia vendido su alma al diablo, puso la fortaleza bajo el influjo -de un encanto, en fuerza del cual ha resistido siglos enteros á -los asaltos y terremotos que han destruido la mayor parte de los -edificios moriscos; y es fama comun que el encanto conservará toda su -virtud hasta el momento en que la mano se baje de tal modo que llegue -á tocar la llave, en cuyo acto se hundirá la Alhambra, y quedarán de -manifiesto los tesoros de los reyes moros que están enterrados bajo -sus moles. - -Sin embargo de esta espantosa prediccion, nosotros pasamos sin -vacilar por bajo del arco encantado. - -Desde allí, por un camino angosto y sinuoso practicado entre las -murallas, subimos á una esplanada interior, llamada la _plaza de los -Algibes_, en razon de unos grandes depósitos de agua abiertos en -la peña, y tambien hay un pozo inmenso que da un agua sobremanera -fresca y cristalina. Estas obras prueban la esquisita voluptuosidad -de los árabes, y lo mucho que apreciaban obtener este elemento en -toda su pureza. - -En frente de esta esplanada se halla el palacio de Cárlos V, que -debia eclipsar segun dicen á la antigua mansion de los reyes moros. -Mas á despecho de su magnificencia y de una arquitectura que no -carece de mérito, este monumento no parece otra cosa que un intruso -orgulloso; y de ahí es que mi compañero y yo pasamos por delante sin -detenernos, y nos dirigimos á la sencilla puerta por donde se penetra -en el palacio antiguo. - -La transicion es casi mágica: creímonos trasportados de repente á -otros parages y á otro siglo, y que íbamos á presenciar las escenas -que refiere la historia de los árabes. Nos hallamos en un gran patio -pavimentado de mármol blanco, y decorado á sus ángulos con ligeros -perístilos moriscos. Era el patio de la Alberca ó del gran Vivero, y -ocupaba su centro un estanque de ciento treinta pies de largo, lleno -de peces y circuido de rosales. - -Al estremo superior de este patio se halla la torre de Comáres; pero -nosotros, dirigiéndonos al lado opuesto, entramos por un pasadizo -cubierto en el célebre _patio de los Leones_. Ninguna parte del -edificio da una idea tan completa de su antigua magnificencia; -porque ninguna ha sufrido menos los estragos del tiempo. Vese en -el centro aquella fuente, tan famosa en la historia y en los cantos -populares; las tazas de alabastro derraman de continuo una lluvia -de líquidos diamantes, y los doce leones arrojan por las narices -torrentes de agua cristalina lo mismo que en los dias de Boabdil. -El patio se halla cubierto de flores y rodeado de ligeros arcos, -adornados de esculturas y filigranas de una labor tan delicada -como el encage, y sostenidos sobre delgadísimas columnas de mármol -blanco. La arquitectura, lo mismo que la del resto del palacio, -tiene mas elegancia que grandeza, y está indicando un gusto blando -y delicado, y cierta disposicion á los placeres de la indolencia. -Cuando se dirige la vista á aquellos pórticos aéreos con sus frágiles -apoyos, que parecen obra de las hadas, apenas puede concebirse -cómo el tiempo, los temblores de tierra, el abandono y la rapiña de -los viageros curiosos, no menos temible que la de los guerreros, ha -perdonado una parte tan grande de este monumento: estas reflexiones -podrian casi hacer admitir la tradicion que le supone protegido por -un encanto. Á un lado del patio, por una puerta ricamente adornada, -se entra á una gran pieza embaldosada de mármol blanco, llamada -la _sala de las dos hermanas_. Una cúpula abierta da paso al aire -esterior, y deja penetrar una luz templada; la parte inferior de las -paredes está incrustada de hermosos azulejos moriscos, en los cuales -se ven los escudos de armas de los reyes moros; la superior se halla -revestida de aquel hermoso estuco inventado en Damasco, compuesto de -grandes chapas vaciadas y unidas con tanto arte, que parece se hayan -esculpido en el mismo sitio los elegantes relieves y caprichosos -arabescos que en ellas se ven entrelazados con testos del alcorán -é inscripciones árabes. Los adornos de las paredes y de la cúpula -están ricamente dorados, y sus intersticios revestidos de lapislázuli -y otros colores hermosos y permanentes. Á uno y otro lado de la -sala están las alcobas destinadas á contener las otomanas ó lechos -orientales. Sobre un pórtico interior corre una galería que comunica -con la vivienda de las mugeres; y todavía se ven allí las celosías -por donde las lindas odaliscas del harem podian ver sin ser vistas -las fiestas de la sala inferior. - -Es imposible contemplar aquella antigua y privilegiada mansion de los -árabes, aquel palacio donde las costumbres orientales desplegaron -todo su esplendor y elegancia, sin que se renueven en la imaginacion -las antiguas escenas que se han leido en las novelas: casi espera uno -ver la blanca mano de una princesa que hace señas desde un balcon, ó -bien unos ojos negros que lanzan miradas de fuego al traves de una -celosía. El asilo de la hermosura existe aun allí como si lo hubiesen -habitado ayer; mas ¿qué se han hecho las Zoraidas y Lindaraxas? - -Al lado opuesto del patio de los Leones está la _sala de los -Abencerrages_, llamada así en memoria de los valientes caballeros -de aquella ilustre familia que fueron degollados en este sitio. No -falta quien ponga en duda la verdad de esta historia en todos sus -pormenores; pero nuestro humilde guia nos enseñó la portezuela por -donde los hicieron entrar uno á uno, y la fuente de mármol blanco -que existe en medio de la sala, en cuya taza cayeron sus cabezas; -haciéndonos ademas observar en el pavimento ciertas manchas rogizas, -las cuales nos dijo eran los rastros de su sangre, que jamas han -podido borrarse; y persuadido de que le escuchábamos con fácil -credulidad, añadió que algunas noches se percibia en el patio de los -Leones un rumor sordo y confuso como el murmullo de una multitud, al -que se unia de cuando en cuando un crujido semejante al estrépito de -cadenas oido á cierta distancia. Es muy probable que estos ruidos -provengan de las corrientes de agua que por diferentes cañerías -pasan por bajo el piso para alimentar las fuentes; mas el hijo de la -Alhambra los atribuía á las almas de los abencerrages degollados, que -vagan durante la noche por el teatro de su suplicio, é imploran la -venganza divina sobre su asesino. - -Del patio de los Leones volvimos atras, y cruzando de nuevo el de -la Alberca, llegamos á la torre de Comáres, que lleva el nombre -del arquitecto que la construyó. Es fuerte, sólida, de atrevida -elevacion, y domina todo el edificio y el lado mas escarpado de -la colina, que baja rápidamente hasta la orilla del Darro. Por un -cobertizo pasamos al salon inmenso que ocupa el interior de la -torre, el cual era la sala de audiencia de los reyes de Granada, y -se llama por esta razon la _sala de los Embajadores_. Todavía se -descubren en él algunos vestigios de su antigua magnificencia: las -paredes están adornadas de ricos arabescos de estuco; y en el techo, -cimbrado de madera de cedro, que por la mucha elevacion apenas se -distingue, brillan los hermosos dorados y ricas tintas del pincel -árabe. Por tres lados del salon hay ventanas abiertas en el inmenso -espesor de las paredes, y desde sus balcones, que dan á las frondosas -márgenes del Darro, y á las calles y conventos del Albaicin, se -descubre á lo lejos la vega. - -Bien pudiera yo describir prolijamente otras piezas elegantes como -son el _Tocador de la reina_, que es un mirador abierto en lo mas -alto de una torre, adonde solia subir la sultana á respirar la brisa -refrigerante de los montes, y gozar de la vista de aquel paraiso que -rodea el palacio; el pequeño patio retirado ó jardin de Lindaraxa -con su fuente de alabastro, sus rosales y sus bosquecillos de mirtos -y limoneros; y en fin, las salas y grutas de los baños, en donde la -claridad y el calor del dia quedan reducidos á una luz misteriosa y -una temperatura suave; mas no quiero detenerme en dar una relacion -circunstanciada de estos objetos, porque mi idea en este momento se -limita á introducir al lector en una mansion, que si quiere podrá -recorrer conmigo durante todo el curso de esta obra, hasta irse -familiarizando con sus localidades. - -Diferentes acueductos de construccion árabe conducen de las montañas -el agua que circula en abundancia por todo el palacio, llena los -baños y los estanques, salta en medio de los salones y murmura bajo -los enlosados de mármol. Cuando ha pagado su tributo á la mansion de -los reyes y visitado sus prados y jardines, desciende en riachuelos -y fuentes innumerables por los lados de la alameda que conduce á -la ciudad, y mantiene en perpetua primavera los bosquecillos que -embellecen y dan sombra á la colina de la Alhambra. - -Se necesita haber habitado en los climas ardientes del mediodía para -conocer todo el precio de un retiro, en donde los vientos frescos y -suaves de los montes se unen á la frondosa verdura de los valles. - -Entre tanto que la parte baja de la ciudad desfallece abrasada por -los rayos de un sol devorador, y mientras la hermosa vega se mira -agostada por un ardor sofocante, las frescas brisas de Sierra-Nevada -juguetean en las altas salas de la Alhambra, difundiendo por todo su -recinto los suaves aromas de los jardines que la rodean. Todo convida -allí á aquel reposo profundo que constituye el mayor recreo en los -paises meridionales; los medio cerrados ojos distinguen por entre los -sombríos balcones el risueño paisage, y se gozan en aquella vista -deleitosa, hasta que halagados por el manso ruido de los árboles y el -suave murmullo de las aguas, se quedan dulcemente dormidos. - - - - -Economía doméstica. - - -Tiempo es ya de dar alguna idea del método de vida que establecí en -esta singular habitacion. El palacio de la Alhambra está al cuidado -de una buena vieja llamada D.ª Antonia Molina; pero mas conocida -con el nombre familiar de _la tia Antonia_. Esta procura tener en -buen estado las salas y jardines, y enseñarlos á los curiosos; y -en recompensa recibe los regalos de los viageros y dispone de todo -el producto de los jardines, escepto el tributo de frutas y flores -que envia de cuando en cuando al gobernador. Esta buena muger y su -familia, compuesta de un sobrino y una sobrina, hijos de dos hermanos -suyos, habitan un ángulo del palacio. El sobrino Manuel Molina, es un -jóven de carácter sólido y de una gravedad verdaderamente española. -Despues de haber servido algun tiempo en España y en América, dejó la -carrera militar y se puso á estudiar medicina, con la esperanza de -ser un dia médico de la Alhambra, plaza que cuando menos vale tres -mil reales al año. En cuanto á la sobrina es una andalucilla fresca y -rolliza, de ojos negros y gesto risueño, que aunque se llama Dolores, -desmiente con su alegre afabilidad la tristeza de este nombre. Esta -jóven es la heredera declarada de todos los bienes de su tia, que -consisten en algunas bicocas de lo interior del fuerte, cuyo alquiler -produce cerca de tres mil reales. Desde los primeros dias de mi -residencia en la Alhambra, ya descubrí yo que un amor discreto unia -al prudente Manuel y á su vivaracha prima, los cuales solo esperaban -para ver colmados sus votos la dispensa del Papa, precisa á causa del -parentesco, y el título que debia dar al futuro el carácter de doctor. - -Concerté con la señora Antonia todo lo relativo á mi habitacion -y asistencia, y quedó convenido que la gentil Dolores cuidaria de -mi aposento y me serviria á la mesa. Tenia ademas á mis órdenes -un muchacho alto, rojo y tartamudo llamado Pepe, que trabajaba de -ordinario en el jardin, y que me hubiera servido de criado con la -mejor voluntad, á no haberle ganado por la mano Mateo Gimenez, el -hijo de la Alhambra. Este despejado y oficioso personage, sin saber -cómo, habia conseguido no separarse de mí desde nuestro primer -encuentro; se entrometia en todos mis planes, y al fin logró ser -admitido en debida forma como ayuda de cámara, _Cicerone_, guia y -escudero-historiógrafo. Habíame sido preciso mejorar el estado de -su guardaropa para que no afrentase al amo en el desempeño de sus -diversas funciones; y en consecuencia, bien como la serpiente deja -la piel, habia él dejado la vieja capa parda, y con no poca sorpresa -de sus camaradas, se presentaba en la fortaleza con una chaqueta y -un sombrero andaluz muy graciosos. El principal defecto de Mateo era -un celo escesivo y un deseo inquieto de ser útil, con que llegaba -á hacerse importuno. Como no dejaba de conocer que casi me habia -forzado á admitirle en mi servicio, y que mis costumbres sencillas y -tranquilas hacian de su empleo un beneficio simple; daba tormento á -su ingenio para hallar medios de hacerse necesario á mi bien estar -interior. En cierto modo era yo víctima de su solicitud, porque no -podia poner el pie en el umbral del palacio para salir á dar un -paseo por la fortaleza, sin verle luego á mi lado para esplicarme -todo lo que se presentase, y si me resolvia recorrer las colinas -inmediatas, se empeñaba en seguirme para servirme de guarda; bien -que yo estoy íntimamente convencido de que en caso de algun ataque, -antes hubiera apelado á la ligereza de los pies que á la fuerza de -los brazos. Con todo eso el pobre mozo era algunas veces divertido: -sencillo, siempre de buen humor, y parlanchin como un barbero de -lugar, está al corriente de todos los chismes del pueblo; pero lo -que le da mas orgullo es el tesoro de noticias locales que posee. No -existe en la fortaleza una sola torre, una puerta, una bóveda de la -que no sepa una historia llena de prodigios, y creida por él como -artículo de fe. La mayor parte de estas consejas las ha heredado -de su abuelo, un sastrecillo hablantin y novelero, que habiendo -vivido cerca de cien años, solo dejó dos veces el recinto de la -fortaleza. Su tienda fue por mas de un siglo el punto de reunion de -un enjambre de venerables chuzonas, que pasaban allí una parte de -la noche hablando de los tiempos antiguos, de los acontecimientos -maravillosos y de los misterios del edificio. Toda la vida, las -acciones, los pensamientos del sastrecillo historiador habian -quedado encerrados en los muros de la Alhambra: aquellos muros le -vieron nacer, crecer y envejecer; allí halló su existencia, allí -murió y allí fue enterrado. Mas felizmente para la posteridad, -sus tradiciones no murieron con él: el auténtico Mateo, cuando era -mozalvete, escuchaba embelesado las narraciones de su abuelo y de -las viejas que formaban su tertulia, y de este modo acumuló en su -cabeza un tesoro de conocimientos verdaderamente preciosos sobre la -Alhambra: conocimientos que no se hallan en ningun libro, y que en -realidad son dignos de la atencion de todo viagero curioso. Tales -eran los personages que contribuían á hacer cómoda y agradable mi -vida doméstica de la Alhambra; y yo creo que ninguno de los soberanos -cristianos ó musulmanes que me precedieron en aquel palacio, fue -servido con mas fidelidad, ni gozó de un imperio mas pacífico. - -Luego que me levantaba, Pepe, el jardinero tartamudo, me traía -flores acabadas de coger, y la diestra mano de Dolores, que no dejaba -de tener cierto orgullo mugeril en la decoracion de mi cuarto, las -colocaba luego en jarros dispuestos al intento. Almorzaba y comia -segun el humor que reinaba, ya en una de las salas, ya bajo los -pórticos del patio de los Leones, rodeado de flores y de fuentes; -y cuando deseaba correr la campiña, mi infatigable escudero me -acompañaba á los parages mas pintorescos de los montes ó valles -inmediatos, refiriéndome en cada uno de estos puntos alguna aventura -maravillosa de que habia sido teatro. No obstante mi aficion á la -soledad, solia interrumpir la uniformidad de la mia, pasando algunos -ratos con la familia de Doña Antonia, que se reunia de ordinario -en una antigua cámara morisca que servia de cocina y de salon. Á un -estremo de la pieza estaba una chimenea groseramente construída, -cuyo humo habia tiznado las paredes, y borrado casi del todo los -arabescos; al otro habia un balcon que caía á la orilla del Darro, y -daba libre entrada á la fresca brisa de la noche. Allí pues hacia yo -mi frugal cena, compuesta de frutas y leche, entreteniéndome al mismo -tiempo con la conversacion de aquellas buenas gentes. Nunca deja de -hallarse entre los españoles lo que ellos llaman ingenio natural; y -de ahí es que cualquiera que sea su educacion y su clase, siempre su -conversacion es interesante y agradable; á lo cual debe añadirse, que -merced á cierta dignidad inherente al carácter, nunca son bajos sus -modales. La buena tia Antonia es una muger de no menos ingenio que -juicio, aunque sin ninguna especie de cultura; y la graciosa Dolores, -que en todo el discurso de su vida no habia leido cuatro volúmenes, -ofrecia una reunion interesante de sencillez y agudeza, y muchas -veces me dejaba admirado con sus discretas ocurrencias. Algunas -noches el sobrino, con el conocido objeto de instruir y agradar á -su primita, nos leía una comedia de Calderon ó Lope de Vega; mas -con grande mortificacion suya, la muchacha solia quedarse dormida -antes de concluirse el primer acto. De cuando en cuando recibia la -tia Antonia á sus humildes amigos y dependientes las mugeres de los -inválidos y los habitantes de la aldea, todos los cuales miraban con -el mayor respeto á la intendenta del palacio, la hacian la córte, -y la participaban las noticias de la fortaleza y las novedades que -corrian por Granada, cuando llegaban por casualidad á sus oidos. -En estos corrillos de viejas he aprendido yo muchas veces hechos -curiosos, que me han ilustrado mucho sobro las costumbres del pueblo -español, instruyéndome en ciertas particularidades muy interesantes -de los usos locales. Que se me perdone pues la relacion de estas -sencillas diversiones, que tal vez parecerá insignificante á los que -no conocen el embeleso que las daban á mis ojos los sitios en donde -pasaban. Hallábame en un suelo encantado y rodeado de recuerdos -romanticos. Salido apenas de la infancia, recorrí en las riberas -del Hudson una antigua historia de las guerras de Granada, y esta -ciudad se hizo el objeto de mis dulces delirios. Desde aquel momento -mi imaginacion me habia trasportado mil veces á los salones de la -Alhambra, y al verme ahora en ellos, bastaba apenas el testimonio -de mis sentidos á persuadirme que se hubiese realizado para mí un -verdadero castillo en España[1]. ¿Me hallo efectivamente, decia, en -el palacio de Boabdil? ¿Es aquella Granada tan célebre en los fastos -de la caballería, la que distingo desde este elevado balcon? Sí, no -es ilusion: recorro á mi placer estos salones orientales, oigo el -murmullo de las fuentes, respiro la fragancia de las rosas, cedo á la -influencia de esta atmósfera embalsamada, y casi me persuado que me -hallo en el paraiso de Mahoma, y que la tierna y graciosa Dolores es -una de las hurís de brillantes ojos, destinadas á hacer la felicidad -de los verdaderos creyentes. - - [1] Esto alude á la frase francesa: _Faire des châteaux en - Espagne_, que equivale á la castellana: _Hacer castillos en el - aire_. - - - - -Tradiciones locales. - - -El pueblo español tiene una pasion oriental á los cuentos, y -señaladamente á los que refieren acontecimientos maravillosos. Es -muy comun en España el ver á las gentes vulgares reunidas en un -corro á la puerta de sus cabañas, ó bajo las inmensas campanas de -las chimeneas de las ventas, escuchando embelesadas las leyendas en -que se trata de las peligrosas aventuras de los viageros, ó de las -refriegas de los ladrones y contrabandistas. Pero los temas favoritos -de estas historias son los tesoros escondidos por los moros: al -atravesar aquellas montañas desiertas, teatro otro tiempo de tantos -combates gloriosos, no encuentra el viagero una sola atalaya puesta -sobre un pico elevado en medio de las rocas, ó dominando un lugarejo -que parece abierto á pico en la peña, sin que el mozo que le acompaña -no se quite el cigarro de la boca para referirle alguna conseja de -las monedas árabes que están enterradas bajo sus cimientos. Ni se -halla tampoco un solo alcázar en las ciudades que no tenga tambien -su historia dorada, trasmitida entre los pobres del pueblo de -generacion en generacion. - -Estas tradiciones, como la mayor parte de las fábulas populares, -deben su orígen á algunos hechos verdaderos. Durante las guerras de -moros y cristianos, que afligieron por tanto tiempo el pais, los -castillos y las ciudades mudaban de dueño con gran frecuencia, y sus -habitantes cuando se veían sitiados, solian enterrar sus alhajas y -dinero en las cuevas y en los pozos, como se practica aun en las -naciones guerreras del oriente. En la época de la espulsion de los -moros, muchos de ellos escondieron los efectos mas preciosos que -poseían, con la esperanza de regresar muy pronto á su tierra natal -y recobrar su tesoro. Ello es cierto que algunas veces cavando entre -las ruinas, ó en las inmediaciones de las casas ó palacios moriscos, -se han hallado arcas llenas de monedas de oro y de plata, que vuelven -á ver la luz despues de haber estado enterradas por espacio de muchos -años; y basta un corto número de estos hechos para dar lugar á mil -fábulas. - -Estas historias se presentan con aquella reunion de gótico y -oriental, que en mi concepto caracteriza todos los usos y rasgos -esenciales de las costumbres de España, señaladamente en las -provincias meridionales: el tesoro escondido está siempre protegido -por un encanto; unas veces le defiende un horrible dragon, otras le -guardan unos moros encantados, que al cabo de siglos permanecen aun -armados de punta en blanco, con la espada desnuda é inmóviles como -unas estátuas, en el sitio donde fueron enterradas sus riquezas. - -Es muy natural que la Alhambra, en razon de las circunstancias -particulares de su historia, preste materia mas amplia á estas -ficciones que ninguno de los otros lugares célebres en las crónicas; -y algunos vestigios encontrados de tarde en tarde entre sus ruinas, -han acreditado las maravillosas tradiciones que sobre ellos andan -esparcidas. En una ocasion se desenterró una olla llena de oro, y -el esqueleto de un gallo; y los mas inteligentes en estas materias, -opinaron que esta ave habia sida enterrada viva. En otro tiempo se -descubrió una caja, y dentro de ella se halló un grande escarabajo -cubierto de inscripciones árabes, que se creyó fuesen palabras -mágicas de gran virtud. En una palabra, los ingenios mas aventajados -de la poblacion andrajosa de la Alhambra, se han devanado los sesos -hasta lograr que no hubiese en esta antigua fortaleza una torre, -una sala, ni una bóveda sin su correspondiente historia prodigiosa. -Creo que los capítulos anteriores habrán familiarizado ya á mis -lectores con las localidades de este palacio, y así voy á engolfarme -atrevidamente en sus pasmosas leyendas, que me ha sido preciso -restaurar enteramente, reuniendo los fragmentos que me fueron -contados en diferentes épocas y por distintas personas; bien así como -un sábio anticuario suele formar un documento histórico con algunas -letras sueltas de una inscripcion medio borrada por el tiempo. - -Si el lector encontrase en mis relaciones alguna cosa increible, -tenga la bondad de considerar que el sitio en que me hallo no -puede gobernarse por las leyes de la probabilidad que rigen en las -escenas de la vida comun. El suelo que piso está encantado, y los -acontecimientos mas tribiales reciben en él un aspecto sobrenatural y -maravilloso. - - - - -La Casa del Gallo. - - -En la cumbre de la alta colina del Albaicin, que es el barrio mas -elevado de Granada, se ven los restos de un castillo levantado poco -despues de la conquista de España por los árabes. Al presente está -trasformado en una fábrica, y ha caido en tal olvido, que á pesar -del ausilio que me prestaba el sapientísimo Mateo, me costó gran -trabajo el descubrirle. Este edificio conserva aun el nombre con que -fue conocido por espacio de algunos siglos; esto es, el de _casa -del Gallo de viento_. Se llamó así por tener en la parte superior -una figura de bronce que giraba á modo de veleta á todos vientos, y -representaba un guerrero á caballo, armado de lanza y adarga, con dos -versos árabes, que dicen así traducidos al castellano: - - Dice el sábio Aben-Habuz - Que así se defiende el andaluz. - -Este Aben-Habuz, segun las crónicas árabes, fue uno de los capitanes -de Tarik, quien le nombró alcaide de Granada; y es probable que -hiciese erigir dicha efigie guerrera, para recordar á los habitantes -musulmanes del pais, que hallándose como se hallaban rodeados de -enemigos, su seguridad exigia que estuviesen á toda hora prontos á -combatir. - -Sin embargo, las tradiciones populares esplican de otro modo lo que -concierne á Aben-Habuz y su palacio, y nos enseñan que el guerrero de -bronce fue en su orígen un talisman que tenia oculta una gran virtud; -mas que con el tiempo ha perdido su poder mágico, quedando reducido á -una simple veleta. - -Estas tradiciones son las que me he propuesto dejar consignadas en el -capítulo siguiente. - - - - -Leyenda del Astrólogo Árabe. - - -En cierto tiempo, hace muchos siglos, reinaba en Granada un rey -moro llamado Aben-Habuz, el cual era un conquistador retirado de -los negocios; esto es, un hombre que despues de haber llevado en su -juventud una vida de hostilidades y rapiñas continuas, cuando se vió -viejo y débil, ya no deseó otra cosa sino vivir en paz con todo el -mundo, poner á cubierto sus laureles, y gozar tranquilamente de los -estados que habia usurpado á sus vecinos. - -Sucedió sin embargo, que este monarca tan razonable y pacífico, tuvo -que medir sus fuerzas con algunos rivales jóvenes, que hallándose -con todo el fuego de su pasion á la gloria y á los combates, estaban -decididos á pedirle cuentas de lo que habia usurpado á sus padres. -Algunos puntos distantes de su territorio, que en los dias de su -mocedad no se atrevian á rebullirse bajo su mano de hierro, trataron -tambien de alborotarse ahora que aspiraba al descanso, llegando -á amenazar á la capital. De modo que el desventurado Aben-Habuz, -atacado en lo interior y en lo esterior, vivia en continuo sobresalto -en medio de las montañas que rodean á Granada, sin saber por qué -parte romperian las hostilidades. - -En vano levantó atalayas en los montes, en vano hizo guardar todos -los pasos por tropas estacionarias, que tenian órden de anunciar la -proximidad de los enemigos con fuegos por la noche y ahumadas durante -el dia: las habia con enemigos mas activos y vigilantes que él, y que -á pesar de todas sus precauciones hallaban siempre medios de penetrar -en sus tierras por algun desfiladero, talaban el pais y se llevaban -consigo muchos prisioneros. ¿Se vió nunca un conquistador retirado -y pacífico mas atormentado que el pobre Aben-Habuz? Hallábase en tan -triste situacion, abrumábanle las tribulaciones que por todas partes -le rodeaban, cuando se presentó en su córte un médico árabe. Bajábale -hasta la cintura una barba blanca y poblada, y todo su aspecto -anunciaba una estrema vejez; mas no por esto habia dejado de hacer -el viage á Egipto, á pie y sin mas ayuda que el apoyo de un baston -en el que estaban grabados algunos geroglíficos. Habíale precedido -su celebridad: llamábase Ibrahim Eben Abou Agib, creíasele nacido -en tiempo de Mahoma, y se decia que su padre Abou Agib habia sido -el último compañero de este profeta. El Eben Abou Agib de que ahora -hablamos, habiendo seguido en su juventud el egército victorioso de -Amrou en Egipto, fijó su residencia en este pais, en donde permaneció -muchos años con el objeto de estudiar las ciencias abstractas, y -particularmente la mágia con aquellos sacerdotes. Decíase ademas que -poseía el secreto de prolongar la vida, y que por su medio habia -cumplido ya mas de dos siglos: la lástima era que habia descubierto -el secreto siendo ya muy viejo, y solo habia podido perpetuar sus -rugas y sus canas. - -Este famoso anciano fue honrosamente acogido por el rey, que como -la mayor parte de los monarcas viejos, empezaba ya á manifestar una -aficion decidida á los médicos y á los astrólogos. Quiso hospedar á -este en su palacio; mas el sábio moro prefirió para su habitacion -una caverna de la colina que dominaba á Granada, que fue precisamente -la misma en donde mas adelante se edificó la Alhambra. La hizo -ensanchar, convirtiéndola en una vasta sala, y practicó en el techo -una abertura circular, que comunicando con el esterior, facilitaba -el que pudiesen verse las estrellas al lleno del dia, bien así como -se ven desde el fondo de un pozo. Las paredes de la sala estaban -cubiertas de geroglíficos egipcios, signos cabalísticos, y figuras -de las estrellas y constelaciones, y ademas toda la caverna estaba -llena de instrumentos que fabricaron bajo la direccion del sábio los -artistas mas inteligentes de Granada; mas estos instrumentos tenian -cualidades ocultas que solo Ibrahim conocia. - -En poco tiempo logró este ser el consejero íntimo del rey, el cual -no hacia nada sin consultarle. Cierto dia, hallándose Aben-Habuz con -su confidente, se lamentaba lleno de dolor de la injusticia de sus -vecinos, y de la continua vigilancia que tenia precision de observar -para estorvar sus invasiones. Cuando hubo acabado de lastimarse, -le miró el astrólogo en silencio por algunos momentos, y tras esto -le dirigió en corta diferencia estas palabras: «Sabe, ó rey, que -cuando yo estuve en Egipto ví una gran maravilla, que era obra de -una princesa pagana de los tiempos antiguos. Sobre una montaña que -domina una ciudad considerable, situada á la orilla del Nilo, se veía -la figura de un carnero de bronce, y encima de este estaba un gallo -del mismo metal; todo ello giraba sobre un quicio, y cuantas veces -se veía el pais amenazado de alguna invasion, se volvia el carnero -hácia la parte por donde venia el enemigo, y cantaba el gallo; lo -cual advertia á los habitantes de la ciudad del peligro en que se -hallaban, indicándoles al mismo tiempo el punto hácia donde debian -dirigir su defensa. - ---¡Gran Dios! esclamó el pacífico Aben-Habuz, ¡qué tesoro seria para -mí un carnero semejante, que sin cesar tuviese la vista fija en -las montañas que me rodean, y un gallo queme advirtiese en caso de -peligro! ¡Allah Akbar! ¡Cuánto mas tranquilo dormiria yo si velasen -tales centinelas en lo alto de mi palacio!» - -El astrólogo dejó pasar los primeros trasportes del rey, y continuó -así: - -«Despues que el victorioso Amrou (¡téngale Allah en descanso!) hubo -acabado la conquista de Egipto, me quedé yo entre los antiguos -sacerdotes de este pais, con los cuales estudié los ritos y -ceremonias de su idolatría, procurando principalmente penetrar los -conocimientos ocultos que les han dado tanta celebridad. Estando un -dia en conversacion con un sacerdote anciano, sentados ambos á la -orilla del Nilo, me señaló con el dedo las enormes pirámides que -se levantaban como unos montes en medio del desierto, y me dijo al -mismo tiempo estas palabras: «Todo lo que yo puedo enseñarte no es -nada en comparacion de los conocimientos que esas masas gigantescas -encierran. En el centro de la pirámide del medio se halla una cámara -sepulcral y en donde reposa la momia del gran sacerdote que ayudó -á edificar ese enorme edificio, y con él está enterrado tambien un -libro maravilloso, que contiene todos los secretos del arte mágica. -Este libro lo poseyó Adan antes de su caida, y pasó de padres á hijos -hasta el sábio rey Salomon, á quien fue de gran provecho para la -construccion del templo de Jerusalen; mas el modo cómo llegó despues -al arquitecto de las pirámides, aquel que nada ignora podrá solo -decirlo.» - -«Luego que oí estas palabras del sacerdote egipcio ardió mi corazon -en deseos de poseer el libro; y como podia disponer de una parte -del egército victorioso, agregué á ella cierto número de egipcios, -y con su ausilio acometí la empresa de penetrar en la sólida masa -de la pirámide. Despues de largos trabajos logré descubrir uno de -los tránsitos secretos del edificio; le seguí, y arrastrándome al -traves de un laberinto lóbrego y espantoso, me introduje en la cámara -sepulcral del centro, en donde reposaba hacia muchos siglos la momia -del gran sacerdote. Rasgué sus vestiduras esteriores, y desatando -las vendas que ceñian el cadáver, hallé al fin el precioso volúmen. -Cogíle con mano trémula, y salí presuroso de la pirámide, dejando á -la momia del gran sacerdote esperando el último dia en el silencio y -la oscuridad de su sepulcro. - ---¡Hijo de Abou Agib! esclamó Aben-Habuz, eres ciertamente un gran -viagero, y has visto cosas maravillosas; ¿mas qué tengo yo que ver -con el secreto de la pirámide, ni con el libro de la ciencia del -sábio Salomon? - ---Vas á saberlo, ó rey. Con el estudio constante de este libro me -he instruido en todos los secretos de la mágia, y puedo mandar á -los genios que me ayuden en la egecucion de mis planes. Conozco el -misterio del talisman de Bursa, y puedo construir otro semejante y -darle todavía mas fuerza. - ---¡Ó sábio hijo de Abou Agib! dijo Aben Habuz enagenado de alegria; -semejante talisman vale mas que las centinelas que tengo en la -frontera y las atalayas de los montes. Dame luego esa feliz -salvaguardia, y toma todas las riquezas de mi tesoro.» - -El astrólogo puso luego manos á la obra para satisfacer los deseos -del viejo monarca. Al efecto hizo construir una altísima torre en lo -mas elevado del palacio, frente la colina del Albaicin; y es fama que -las piedras que sirvieron para su construccion fueron sacadas de una -de las pirámides de Egipto. La parte superior de la torre la ocupaba -una sala de figura circular, con ventanas que caían á todos los -puntos del horizonte; delante de cada una de estas ventanas habia una -mesa, y sobre ella, á manera de un juego de ajedrez, estaba colocado -un pequeño egército, compuesto de infantería y caballería con su rey -á la cabeza, labrado todo en madera. Junto á cada mesa se veía ademas -una lanza del tamaño de un punzon, en la cual estaban grabados -ciertos caracteres caldeos. La rotunda estaba siempre cerrada con una -puerta de bronce y una reja de acero, cuya llave guardaba el rey. En -lo mas alto de la torre habia sobre un quicio una figura de bronce, -que representaba un guerrero moro con una adarga en la una mano y una -lanza en la otra: tenia la cara vuelta hácia la parte de la ciudad, -en actitud de velar sobre ella; mas en el momento en que se acercaba -algun enemigo, se volvia hácia el punto amenazado, enristrando al -mismo tiempo la lanza. - -Concluido que estuvo el talisman, impaciente Aben-Habuz de -esperimentar su eficacia, deseaba una invasion tanto como antes la -habia temido. No tardaron á cumplirse sus deseos: acababa de amanecer -una mañana, cuando el centinela de la torre avisó al rey que el -guerrero de bronce estaba vuelto hácia la parte de Elvira, y su lanza -apuntaba en línea recta al paso de Lope. - -«Corre pues, dijo el rey, que los atambores y trompetas toquen -inmediatamente al arma, y acuda á la defensa toda Granada. - ---Ó rey, dijo el astrólogo, deja descansar á tus guerreros, que no -es necesaria la fuerza para librarte de los enemigos. Manda que se -retiren tus criados, y subamos solos á la pieza secreta de la torre.» - -El anciano Aben-Habuz subió la escalera de la torre, apoyado en el -brazo de Ibrahim Eben Abou Agib, que aun era mas viejo, y abriendo -la puerta de bronce se entraron ambos en la rotunda, en donde -encontraron abierta la ventana que miraba al paso de Lope. «Por -este lado, dijo el astrólogo, viene el peligro; acércate, ó rey, y -contempla las maravillas de la mesa.» - -Llegóse Aben-Habuz al tablero en donde estaban colocadas las -figuritas de madera, y advirtió con gran sorpresa que todas estaban -en movimiento. Los caballos caracoleaban y batian el suelo con los -pies, los guerreros blandian las lanzas, y oíase como en miniatura -el sonido de las trompetas y atambores, el crugido de las armas y el -relincho de los corceles; mas todo esto no producia sino un ruido muy -débil, semejante al zumbido de una abeja. - -«Ves aquí, ó gran rey, dijo el astrólogo, la prueba de que tus -enemigos están en campaña y deben venir por el paso de Lope. -¿Quieres introducir la confusion en sus filas por medio de un terror -pánico, y forzarlos á que se retiren sin efusion de sangre? no tienes -mas que herir esas figuras con el asta de la lanza mágica; mas si por -el contrario quieres sangre, tócalas con la punta.» - -El semblante del pacífico Aben-Habuz se cubrió por un momento de -un colorido cárdeno, y el movimiento de su cana y poblada barba -descubria el trasporte que agitaba todos los músculos de su rostro: -tomó con mano trémula la lanza y se acercó á la mesa. «Hijo de Abou -Agib, dijo, creo que se verterá una poca sangre.» - -Dichas estas palabras hirió con la punta de la lanza algunas de -aquellas figuras mágicas, y tocó las otras con el cuento. Los -primeros guerreros cayeron al momento muertos sobre el tablero, y -los demas revolviéndose unos contra otros, trabaron confundidos un -combate, cuyos resultados eran en corta diferencia iguales para unos -y otros. - -No costó poco trabajo al astrólogo el contener la mano del monarca -mas pacífico, para impedirle que esterminase hasta el último de sus -enemigos; mas al fin consiguió hacerle bajar de la torre para enviar -espias á los montes por el paso de Lope. - -Regresados estos, refirieron al rey que un egército cristiano, -cruzando la sierra, habia llegado casi hasta las puertas de Granada; -mas que de repente, suscitándose entre ellos una quimera, habian -vuelto sus armas unos contra otros, y despues de un combate muy -encarnizado, se habian retirado á sus fronteras. - -El buen Aben-Habuz no cabia en sí de contento al ver tan -cumplidamente acreditada la eficacia de su talisman. «Ya en fin, -decia, voy á pasar una vida tranquila, pues que tengo en mis manos -la suerte de mis enemigos. Sábio hijo de Abou Agib, ¿qué recompensa -podré ofrecerte por tan señalado beneficio? - ---Las necesidades de un anciano y un filósofo son muy simples y -reducidas: proporcionadme, ó rey, los medios para convertir mi -caverna en un retiro habitable, nada mas deseo. - ---He aquí la modestia del verdadero sábio,» esclamó Aben-Habuz -interiormente, muy satisfecho de lo moderado de la peticion; y -llamando á su tesorero, le mandó que entregase á Ibrahim todas las -sumas que le pidiese, ora para acabar de construir su retiro, ora -para amueblarle. - -El astrólogo hizo abrir en la peña muchas piezas que formaron -una habitacion contigua á su salon mágico; luego las amuebló con -ricos canapes y soberbias camas, y cubrió las paredes de hermosas -colgaduras de damasco. «Soy viejo, decia; mis huesos no pueden ya -descansar sobre un lecho de piedra; estas paredes son húmedas y es -preciso vestirlas.» - -Dispuso tambien se construyesen unos baños, provistos de toda especie -de perfumes y aceites aromáticos. «Porque los baños, decia, son -necesarios para combatir la estenuacion de la edad, y restituir la -morbidez y la frescura á un cuerpo fatigado por el estudio.» - -Hizo colgar en todo el edificio una multitud prodigiosa de lámparas -de plata y cristal, en las cuales ardia un aceite odorífero, cuya -receta habia encontrado en los sepulcros egipcios, el cual tenia la -propiedad de arder sin consumirse, y despedia un apacible resplandor. -«La luz del sol, decia el astrólogo, es demasiado viva y fuerte para -los cansados ojos de un pobre viejo; la de la lámpara es la que -conviene para los estudios de un filósofo.» - -Entre tanto el tesorero de Aben-Habuz iba ya regañando al entregar -las sumas, que cada dia se le pedian para acabar el retiro, hasta -que al fin dirigió sus quejas al rey. - -«Está empeñada mi palabra real, dijo Aben-Habuz encogiéndose de -hombros, y no hay sino prestar paciencia. Ese viejo quiere imitar -en su retiro filosófico lo que vió en lo interior de las pirámides -y en los vastos edificios de Egipto; mas todas las cosas tienen un -término, y el mueblage de la caverna tendrá sin duda el suyo.» - -No se engañaba el rey; por fin se concluyó el retiro, y quedó formado -un palacio subterráneo de inaudita magnificencia. - -«Ya estoy contento, dijo Ibrahim Eben Abou Agib al tesorero; ahora -voy á encerrarme en mi celda y á consagrar todo mi tiempo al estudio. -Nada deseo ya sino una friolera; una pequeña distraccion para llenar -los intervalos de mis tareas abstractas. - ---Ó sábio Ibrahim, pide lo que quieras, que tengo órden de proveerte -de todo lo que necesites en tu soledad. - ---Pues entonces, dijo el filósofo, no me desagradaria el tener -conmigo algunas bailarinas. - ---¡Bailarinas! esclamó sorprendido el tesorero. - ---Sí, bailarinas, repitió gravemente el sábio; pero con pocas habrá -bastante, porque yo soy un viejo y un filósofo: mis costumbres son -muy sencillas y sé contentarme con poco; solo os encargo que sean -jóvenes y graciosas, porque la vista de la juventud y la hermosura -alegra y reanima la vejez.» - -Mientras el filósofo Ibrahim Eben Abou Agib pasaba sábiamente su -vida del modo que se ha dicho en su solitario retiro, el pacífico -Aben-Habuz hacia gloriosas campañas en efigie en la rotunda de su -torre. Á la verdad para un rey de sus años y de su humor era una -cosa muy cómoda y agradable aquel talisman, por cuyo medio, al -mismo tiempo que se divertia á sus solas, podia derrotar poderosos -egércitos, ni mas ni menos que si fueran enjambres de moscas. - -Gozó por algun tiempo de este placer, y aun algunas veces solia -insultar á sus enemigos, sin mas objeto que el de inducirlos á que le -atacasen; mas habiéndolos hecho prudentes sus repetidas desgracias, -ninguno de ellos se atrevió ya á invadir el territorio de Aben-Habuz. -Por espacio de muchos meses permaneció la figura de bronce bajo el -pie de paz con su lanza perpendicular, y el buen rey empezaba ya á -echar menos la acostumbrada diversion, y á fastidiarse en gran manera -de su monótona tranquilidad. - -Al fin llegó un dia en que el guerrero mágico giró súbitamente -sobre su ege, y puso la lanza en ristre con direccion á los montes -de Cádiz. Inmediatamente subió Aben-Habuz á la torre; pero quedó -sorprendido al no ver ningun movimiento en el tablero que estaba -colocado en la direccion indicada por el talisman: ni uno solo de los -pequeños guerreros se movia. Inquieto el rey con esta novedad, envió -á los montes una compañía de caballos, con órden de reconocerlos y -darle cuenta de lo que descubriesen. Tres dias estuvieron ausentes -los soldados, y cuando volvieron al cabo de este tiempo, dijeron á -su señor: - -«Hemos recorrido todos los desfiladeros de los montes, y no hemos -descubierto picas ni capacetes: lo único que hemos hallado en nuestra -espedicion es una jóven cristiana de peregrina hermosura, que estaba -durmiendo junto á una fuente, y nos la hemos traido cautiva. - ---¡Una jóven de peregrina hermosura! esclamó Aben-Habuz, brillando en -sus ojos la alegria; que la traigan luego á mi presencia.» - -Llevaron con efecto ante el viejo rey á la hermosa doncella, en cuyo -trage se veía todo el lujo que distinguia á los godos españoles en -la época de la invasion de los sarracenos. Las negras trenzas de sus -cabellos estaban entretejidas con rastras de finísimas perlas; los -diamantes que brillaban en su frente rivalizaban con la hermosura de -sus ojos, y de la cadena de oro que pendia de su cuello colgaba hasta -el lado izquierdo una lira de plata. - -El fuego que lanzaban sus negros y brillantes ojos cayó á manera de -rayo sobre el corazon de Aben-Habuz, que á pesar de su vejez, todavía -era combustible, y estaba contemplando con éxtasis el esvelto y -gracioso talle de la jóven. - -«¡Ó la mas hermosa de las mugeres! esclamó; ¿quién eres? ¿cómo te -llamas? - ---Soy hija de uno de los príncipes godos, á quienes obedecia hace -poco este pais. Los egércitos de mi padre han quedado destruidos como -por encanto en esas montañas: él ha sido desterrado de su suelo -natal, y su triste hija se halla ahora cautiva. - ---¡Guarda, ó rey! dijo en voz baja Ibrahim, esa jóven podria muy -bien ser una de aquellas magas del norte, que toman las formas mas -seductoras para coger en sus lazos á los imprudentes que se fian -de ellas. Yo creo leer la hechicería en sus ojos y en todos sus -movimientos; no lo dudes, este es el enemigo que señalaba el talisman. - ---Hijo de Abou Agib, contestó el rey, tú eres un gran filósofo, y á -mas á mas un gran mágico, yo lo concedo; pero no sabes una palabra -de lo que concierne á las mugeres. Sobre este punto no cedo en -conocimientos á nadie del mundo, incluso el mismo Salomon á pesar -del prodigioso número de sus mugeres y concubinas. En cuanto á esta -jóven, yo no veo en sus ojos nada de espantoso, y toda su persona -agrada singularmente á los mios. - ---Ó rey, replicó el astrólogo, escúchame: yo te he procurado con mi -talisman un sinnúmero de victorias, sin haber tenido jamas la menor -parte en los despojos de los vencidos. Concédeme pues esta cautiva -para que amenice con su lira mi soledad; que si es en efecto maga, yo -tengo conmigo contrahechizos que harán ilusorias sus artes. - ---¿Aun necesitas otra muger? contestó ya amostazado Aben-Habuz, ¿no -te bastan las bailarinas para amenizar como dices tu soledad? - ---Sí, tengo bailarinas; pero no tengo cantoras, y me convendría un -poco de música para descansar y reanimar mi espíritu cuando se halla -fatigado por el estudio. - ---Basta ya de peticiones para el retiro, dijo el rey encolerizado; -esta doncella está destinada á consolar mi vejez en el harem.» - -Nuevas pretensiones y nuevos argumentos de parte del astrólogo, solo -sirvieron para provocar una negativa mas decisiva de la del monarca; -con lo que se separaron llenos uno y otro de despecho. El sábio se -encerró en su soledad para digerir allí el desaire; mas antes de -retirarse, volvió á decir al rey que no se fiase de la peligrosa -cautiva. ¿Pero qué viejo enamorado dió jamas oidos á semejantes -consejos? Aben-Habuz soltó las riendas á la pasion que le dominaba, -y puso todo su estudio en hacerse amable á los ojos de la bella -cristiana. Á la verdad no podia agradarla por su juventud; mas era -rico, y los amantes viejos son de ordinario muy generosos. El Zacatin -de Granada fue despojado de sus mas preciosas mercaderías: las ricas -telas de seda, los diamantes, los perfumes, cuanto ofrecian de mas -raro y costoso el África y el Asia era prodigado á la princesa. -Inventábanse para divertirla toda suerte de espectáculos y de -fiestas: torneos, conciertos, bailes, corridas de toros; Granada en -fin se habia convertido en la mansion de los placeres. La princesa -goda lo miraba todo como persona acostumbrada á la magnificencia, -y recibia los obsequios y los presentes del rey como unos tributos -debidos á su rango, ó mas bien á su belleza: que el orgullo de la -hermosura es aun mayor que el de la nobleza. Sentia un placer secreto -en empeñar al fascinado monarca en unos gastos que agotaban su -tesoro, mirando su estravagante profusion como una cosa muy sencilla; -mas á pesar de sus atenciones y generosidad, el venerable amante no -podia envanecerse de haber hecho la menor impresion en el corazon -de la cautiva; porque si bien es cierto que no le recibia jamas con -semblante adusto, no lo es menos que nunca le concedia una sonrisa. -Apenas empezaba á hablarle de su amor, hacia ella resonar las cuerdas -de su lira, y este sonido tenia tal encanto, que luego que llegaba á -los oidos de Aben-Habuz, caía el pobre viejo en un sueño profundo, -del que salia luego fresco, alegre y momentáneamente libre de su -pasion. El efecto de esta música no podia ser peor para el éxito de -su galantería; mas como en estos instantes de adormecimiento, estaban -sus sentidos embelesados con sueños agradables, siguió soñando de -este modo al lado de su hermosa, al mismo tiempo que toda Granada se -mofaba de su infatuacion, y murmuraba sin rebozo al verle prodigar -sus tesoros á cambio de canciones. - -Entre tanto amenazaba á Aben-Habuz un peligro, sobre el que no podia -darle ningun aviso su talisman. Estalló una insurreccion en la -capital, y el populacho armado cercó el palacio, pidiendo á gritos -su cabeza y la de la cristiana. Encendióse en el corazon del rey una -chispa de su antiguo valor; salió á la cabeza de unos cuantos de sus -guardias, puso en fuga á los rebeldes, y el alboroto quedó sofocado -en su orígen. - -Restablecida la tranquilidad, se fue á ver al astrólogo, que devorado -por el despecho, estaba encerrado en su retiro, y alimentaba contra -el rey el mas amargo resentimiento. - -Llegóse á él Aben-Habuz, y le dijo con semblante franco y amistoso: -«Sábio hijo de Abou Agib, razon tenias cuando me anunciaste que la -hermosa cautiva atraeria sobre mí muchos peligros; mas ya que eres -tan profundo en la ciencia de anunciar los males, dime ahora qué es -lo que debo hacer para evitarlos. - ---Separar de tu lado á la infiel que los causa. - ---¡Antes perder el reino! dijo con resolucion Aben-Habuz. - ---Te arriesgas á perder uno y otro, replicó el astrólogo. - ---No seas tan áspero y desconfiado, ¡ó el mas profundo de los -filósofos! Conduélete de la doble desgracia de un monarca y un -amante, y busca algun medio de libertarme de los peligros que me -amenazan. Nada me importan ya el poder ni la grandeza, solo suspiro -por la tranquilidad. ¿No me seria dado hallar algun asilo, en donde -lejos del mundo, de sus pompas y de su bullicio, consagrase el resto -de mis dias al reposo y al amor?» - -El astrólogo le miró por algunos momentos frunciendo las pobladas -cejas. - -«¿Y qué me darias, le dijo en fin, si te procurase un retiro -semejante? - ---Tú mismo señalarias la recompensa, y si estaba en mi mano -concedértela, te aseguro sobre mi palabra que podias mirarla como -tuya. - ---¿Has oido hablar, ó rey, del jardin de Hirám, uno de los prodigios -de la Arabia Feliz? - ---Sí, el Alcorán habla de ese jardin en el capítulo titulado la -_Aurora del dia_. Ademas he oido referir muchas cosas maravillosas -á los peregrinos de la Meca; pero siempre creí que eran cuentos de -viageros. - ---No desprecies, ó rey, las relaciones de los viageros, replicó con -semblante grave el astrólogo; porque en ellas se encierran raros -conocimientos, trasportados de un estremo á otro de la tierra. En -cuanto al palacio y jardin de Hirám, en general es cierto lo que -refieren.... yo he visto uno y otro por mis propios ojos.... Escucha -bien lo que voy á referirte, porque mi aventura tiene relaciones muy -íntimas con el objeto de tu pretension. - -«En mis primeros años, cuando yo no era mas que un simple árabe del -desierto, guardaba los camellos de mi padre. Atravesando un dia el -desierto de Eden se descarrió uno de ellos, y yo le busqué en vano -por espacio de muchos dias: estenuado en fin de fatiga á la hora en -que se halla el sol en el meridiano, me quedé dormido bajo una palma, -al lado de un pozo que estaba casi seco. Al despertarme me encontré -á la puerta de una ciudad, y habiendo entrado en ella ví unas calles -hermosas, plazas y mercados espaciosos; mas todo estaba silencioso -como la tumba: la ciudad parecia inhabitada. Anduve, errando por -todas partes, hasta que descubrí un palacio situado en medio de -un jardin adornado de fuentes, estanques, bosquecillos llenos de -flores y árboles frondosos cargados de frutos. Sin embargo, ningun -viviente se mostraba aun en aquel lugar de delicias. Espantado de -tanta soledad, salí apresuradamente del palacio y de la ciudad, y -habiéndome alejado algunos pasos, me volví para contemplarla; pero ya -no ví nada, sino el desierto que se estendia hasta perderse de vista. - -«Poco despues encontré á un viejo dérvis muy versado en los -secretos y tradiciones del pais, á quien referí mi aventura. «Lo -que has visto, me dijo, es el célebre jardin de Hirám, una de las -maravillas del desierto, el cual aparece de cuando en cuando á los -viageros estraviados como tú, los divierte con la vista de sus -torres, jardines y árboles cargados de frutos, y se desvanece al -momento, dejando en su lugar una inmensa y árida soledad. En los -tiempos antiguos, cuando este pais estaba habitado por los Additas, -el rey Sheddah, hijo de Ad, biznieto de Noé, fundó en él una ciudad -magnífica, y cuando estuvo concluida y vió su grandeza y hermosura, -enchido de orgullo su corazon, resolvió levantar un palacio y unos -jardines que igualasen á lo que refiere el Alcorán de las bellezas -del paraiso. Pero su presuncion atrajo sobre él la maldicion del -cielo: él y todo su pueblo desaparecieron de la tierra, y su -opulenta ciudad, su palacio y sus jardines fueron puestos bajo la -influencia de un encanto que los separa de la vista de los hombres, -fuera de ciertos momentos en que aparece para perpetuar la memoria de -su pecado.» - -«Esta historia y las maravillas que habia visto no se borraron -jamas de mi imaginacion, y cuando estuve mas adelante en Egipto, -dueño ya del libro del sábio Salomon, resolví visitar de nuevo el -jardin de Hirám. Le hallé en efecto con el ausilio de mi libro, tomé -posesion de él, pasé muchos dias en aquella imitacion del paraiso, y -obedientes á mi poder mágico los genios que le guardan, me revelaron -los encantos por cuya fuerza habia sido construido, y los que le -hacian invisible. - -«Yo pues, ó rey, puedo construirte un palacio semejante en la montaña -que domina la ciudad; conozco todos los secretos mágicos y poseo el -libro del sábio Salomon: nada es inaccesible á mi poder. - ---¡Ó hijo de Abou Agib! ¡ó el mas sábio de todos los hombres! dijo -Aben-Habuz ardiendo en deseos, ¡tú eres un gran viagero, tú has visto -y aprendido cosas maravillosas! Débate yo un paraiso semejante, y -pide en recompensa cuanto quieras, que yo te lo concedo, aunque sea -la mitad de mi reino. - ---¡Ah! replicó el astrólogo, ya sabes que yo no soy mas que un -anciano, un pobre filósofo bien fácil de contentar; no te pido otra -cosa sino la primera cabalgadura que pase por la puerta del palacio -mágico, con la carga que lleve.» - -Aceptó gustoso el monarca esta modesta condicion y el astrólogo puso -manos á la obra. Ante todo, en la cumbre de la colina que dominaba -inmediatamente su retiro subterráneo, hizo erigir una gran portada, -que pasaba por el centro de una torre fortísima. Sobre la piedra -fundamental del arco esterior que formaba el pórtico, esculpió el -mismo mágico una mano gigantesca, y en la del arco interior, encima -de las puertas, representó una gran llave; cuyas figuras eran -poderosos talismanes, sobre los cuales pronunció ciertas palabras en -lengua desconocida. - -Concluida esta puerta, permaneció por espacio de dos dias encerrado -en su cámara mágica, y el tercero se subió á la colina, y se estuvo -en la cumbre hasta alta noche. Bajó á esta hora, y presentándose á -Aben-Habuz: «En fin, ó rey, le dijo, ya está terminada mi obra: en -la cumbre de ese monte he erigido el palacio mas delicioso que pudo -inventar jamas el ingenio humano; allí está reunido todo lo que puede -contribuir á la felicidad de la vida; salones magníficos, jardines -sombríos y floridos, fuentes cristalinas, baños perfumados: en una -palabra, la colina se ha trasformado en un paraiso; y á la manera que -el palacio de Hirám, se halla tambien este protegido por un encanto -de gran poder, que le hace invisible á todos los que no poseen el -secreto de su talisman. - ---Basta, dijo lleno de júbilo Aben-Habuz: mañana al despuntar la -aurora subiremos á la colina, y tomaremos posesion de esa morada de -ventura.» Aquella noche durmió poco el monarca, y apenas los primeros -rayos del sol comenzaban á dorar los picos de Sierra-Nevada, montó -en su caballo, y seguido de una corta y escogida comitiva, subió la -colina por un camino angosto y escarpado. Al lado de Aben-Habuz iba -la princesa, montada en un palafren blanco; su trage estaba sembrado -de diamantes, y del hermoso cuello colgaba segun costumbre la lira de -plata. El astrólogo, que nunca montaba á caballo, caminaba á pie al -otro lado del rey, apoyado sobre su baston geroglífico. - -Hacíase todo ojos Aben-Habuz, esperando ver en lo alto las torres del -palacio con sus jardines y bosquecillos; mas nada podia descubrir. -«Ved ahí, dijo el astrólogo, en lo que consiste la seguridad y el -misterio de este lugar: nada puede distinguirse hasta que se ha -pasado la puerta encantada.» - -Luego que llegaron delante de la puerta, deteniéndose el astrólogo, -enseñó al rey la mano y la llave misteriosas grabadas sobre el arco. -«Las figuras que veis, dijo, son los talismanes que guardan la -entrada de este paraiso: entre tanto esa mano no se baje hasta tocar -la llave, ningun poder humano, ningun artificio mágico podrá triunfar -del señor de esta colina.» - -Mientras Aben-Habuz contemplaba embelesado, y en un silencio de -admiracion y pasmo los misteriosos talismanes, el palafren de la -princesa, que seguia caminando, se entró por el pórtico hasta el -centro de la torre. - -«He aquí, dijo el astrólogo, la recompensa que me habeis prometido; -la primera cabalgadura que entre por estas puertas mágicas, con la -carga que lleve.» - -Sonrióse Aben-Habuz, creyendo que era un chiste del viejo; mas cuando -conoció que hablaba con seriedad, temblaron de indignacion las canas -de su barba. - -«Hijo de Abou Agib, dijo con airado semblante, ¿qué significa este -engaño? Bien sabes tú lo que yo creí prometer: la primera cabalgadura -que entrase por la puerta con la carga que llevase. Ve pues, toma la -mula mas poderosa de mis caballerizas, cárgala de los objetos mas -preciosos que se hallen en mi tesoro, tuya es; mas no levantes tus -pensamientos hasta la que forma, las delicias de mi corazon. - ---¿Y qué se me da á mí de tu oro ni de tus riquezas? dijo con aire de -desprecio el astrólogo. ¿No poseo yo el libro del sábio Salomon? ¿No -tengo á mi disposicion todos los tesoros de la tierra? La princesa me -pertenece de derecho: tu palabra real está empeñada, yo la reclamo -como alhaja mia.» - -Á todo esto, desde lo alto de su palafren les dirigia la princesa -mirandas altivas, y se sonreía desdeñosamente al contemplar á -aquellos dos vestiglos disputándose la posesion de su juventud y -belleza. - -Despues de un largo debate, dominando la rabia del monarca sobre su -prudencia, esclamó: «¡Hijo vil del desierto! tú puedes ser sábio en -mas de una ciencia; pero reconoce en mí á tu señor, y no lleves la -temeridad hasta el punto de burlarte de tu rey. - ---¡Tú mi señor! replicó el astrólogo, ¡tú mi rey! ¡El soberano de -una ratonera daria leyes al que posee el libro de Salomon! Adios, -Aben-Habuz, reina en tu pequeño reino, y gózate en tu paraiso de los -locos; que yo voy á reirme á tus espensas en mi retiro filosófico.» - -Dichas estas palabras, cogió de la brida el palafren de la princesa, -hirió la tierra con el baston y se hundió con la hermosa dama al -traves del centro de la torre. Tras esto se cerró la tierra sobre sus -cabezas, sin dejar el menor rastro de la abertura por donde habian -desaparecido. - -Quedó Aben-Habuz tan asombrado, que por algunos momentos no acertó -á articular una palabra. Vuelto al fin de su sorpresa, dispuso -que mil obreros hiciesen una escavacion profunda en el sitio por -donde se habia hundido el astrólogo: trabajaron con teson, pero -todos sus esfuerzos fueron vanos: en algunos puntos saltaban los -picos rechazados por la peña, y la tierra llenaba en otros el hoyo -practicado, casi tan pronto como lo habian hecho. Aben-Habuz buscó en -la falda de la montaña la boca de la caverna que conducia al palacio -subterráneo del pérfido mago; pero no fue posible descubrirla, pues -en el lugar donde estaba la entrada de la cueva, no se veía ya otra -cosa que la roca firme y unida. - -Entre tanto, con la desaparicion de Ibrahim Eben Abou Agib perdieron -la eficacia sus talismanes: el guerrero de bronce quedó inmóvil, -vuelto el semblante hácia la colina, y con la lanza apuntada al sitio -por donde se habia hundido el astrólogo, como si quisiera indicar que -se ocultaba allí el mayor enemigo de Aben-Habuz. - -Algunas veces se oían en aquel sitio los sonidos de un instrumento, -y los acentos de una voz de muger, que apenas se distinguian, y al -parecer salian de las entrañas de la tierra. Cierto dia refirió un -labrador al rey que la noche anterior habia notado en la peña una -hendedura, y habiéndose introducido por ella habia distinguido á gran -profundidad un salon subterráneo, en el cual, recostado el astrólogo -sobre un magnífico sofá, dormitaba dando cabezadas al sonido de la -lira de la princesa, que segun los efectos egercia un poder mágico -sobre sus sentidos. - -Buscó Aben-Habuz esta hendedura; mas no le fue posible encontrarla, -porque sin duda habia vuelto á cerrarse. Tambien reiteró las -tentativas de la escavacion; mas fueron tan infructuosas como las -primeras: y es que ningun poder humano podia superar al encanto de -la mano y la llave. En cuanto á la cumbre del monte, donde debian -haberse construido el palacio y los jardines ofrecidos, ora fuese que -dicho elíseo permaneciese invisible por efecto del encanto, ora que -no hubiese existido jamas, y solo fuera una fábula del astrólogo; -lo cierto es que allí no se veía otra cosa que una soledad árida; -y escabrosa. Las gentes adoptaron piadosamente la última opinion, y -unos llamaban á aquel sitio la _Locura del rey_, y otros el _Paraiso -de los locos_. - -Para poner el colmo á las desgracias de Aben-Habuz, los vecinos, á -quienes habia desafiado, insultado y deshecho á su placer cuando -poseía el talisman, habiendo llegado á conocer que ya no se -hallaba protegido por la mágia, invadieron por todos los puntos su -territorio, de modo que el resto de la vida del mas pacífico de los -monarcas fue una serie de guerras y disturbios. - -En fin, Aben-Habuz murió, y hace algunos siglos que está enterrado; -y sobre la colina venturosa se edificó mas adelante la Alhambra, -que realiza en cierto modo las fábulas del jardin de Hirám. El -pórtico encantado, que se conserva aun entero, protegido sin duda -por la mano y llave misteriosas, forma la puerta llamada _del -Juicio_ y la entrada principal de la fortaleza; y es opinion comun -que el astrólogo permanece todavía bajo este pórtico en el salon -subterráneo, dormitando en su sofá al son de la lira de la princesa. - -Los inválidos que dan la guardia de dicha puerta, suelen oir estos -sonidos en las noches de verano, y cediendo entonces á su virtud -soporífica, se quedan tranquilamente dormidos en sus puestos. Todo -lo cual, segun las leyendas, debe perpetuarse de edad en edad: la -princesa, dicen, permanecerá cautiva del astrólogo, y el astrólogo -sometido á la mágia somnífera de la princesa hasta el dia del juicio; -á menos que la mano, empuñando la llave fatal, deshaga antes el -encanto de la montaña. - - - - -Historia del príncipe Ahmed Al Kamel, ó el peregrino de amor. - - -Antiguamente habia en Granada un rey, que solo tenia un hijo, llamado -Ahmed, á quien los cortesanos, á causa de los signos indubitables -de superioridad que notaron en él desde su tierna infancia, le -dieron el sobrenombre de Al Kamel, que quiere decir El Perfecto. -Las predicciones de los astrólogos se conformaban bastante con esta -lisonja, pues habian leido en los astros que el príncipe seria el -mas perfecto y dichoso de los soberanos. Una sola nube amenazaba su -destino, y aun en esta se distinguia cierto color purpúreo que la -hermoseaba: habíale dotado naturaleza de una propension irresistible -al amor, y esta pasion le habia de hacer correr grandes riesgos. Con -todo, si se conseguia libertarle de sus ataques hasta la edad madura, -se desvanecerian estos peligros, y su vida ofreceria una serie no -interrumpida de prosperidades. - -Confiado el rey en los consejos de los astrólogos, adoptó la sábia -resolucion de hacer educar al príncipe en un retiro absoluto, en -donde no pudiese ver un rostro femenil, ni llegase á sus oidos el -solo nombre de amor. Can esta mira hizo construir en la colina que -domina la Alhambra un palacio suntuoso, y le rodeó de deliciosos -jardines, cercados de murallas altísimas, que son los mismos que -conocemos al presente con el nombre de _Generalife_. - -En este retiro fue encerrado el jóven Ahmed Al Kamel, bajo la tutela -de Eben Bonabben, filósofo árabe de saber profundo; pero de carácter -severo é insensible. Habia este pasado la mayor parte de su vida -en Egipto, ocupado en el estudio de los geroglíficos, y en hacer -investigaciones científicas en los sepulcros y en las pirámides; y -de ahí es que á sus ojos tenia mucho mas atractivo una momia egipcia, -que la belleza viviente mas seductora. Confióse pues á tan digno -preceptor la educacion del príncipe, previniéndole le instruyese -en toda clase de conocimientos, escepto uno solo: debia ignorar -completamente todo lo relativo al amor. - -«Emplead, le dijo el rey, cuantas precauciones creais necesarias -para conseguir este objeto; y tened presente, ó Eben Bonabben, que -si mi hijo llega á adquirir la menor noticia de este objeto vedado, -pagareis con la cabeza esta trasgresion á mis órdenes.» - -Una sonrisa forzada conmovió el descarnado rostro del sábio Bonabben -al oir esta amenaza. «Tan seguro podeis estar vos de vuestro hijo -como yo de mi cabeza. ¿Creeis que un hombre como yo habia de ir á dar -al príncipe lecciones de amor?» - -Bajo la vigilante custodia del filósofo fue creciendo el príncipe, -prisionero en aquellos jardines y palacio. Servíanle esclavos -negros y mudos, de figura horrible, que ó no tenian ninguna noticia -del amor, ó carecian de palabras para comunicarlas. Eben Bonabben -trabajaba con teson en formar el entendimiento de su alumno, -enriqueciéndole con toda suerte de conocimientos, y señaladamente con -las ciencias abstractas de los egipcios; mas el príncipe hacia muy -pocos progresos en estas últimas, y su Mentor se convenció muy pronto -de que no se hallaba en él ninguna aptitud para la metafísica. -Sin embargo, tenia une docilidad estraordinaria en un príncipe, y -estaba siempre pronto á seguir las opiniones de los demas, dejándose -guiar por el último que le aconsejaba: tanto que resistiendo con no -pequeño esfuerzo los ataques del sueño, escuchaba con una paciencia -verdaderamente egemplar los doctos y perdurables discursos de -Bonabben, que dejaron en su espíritu una idea ligera de casi todas -las ciencias. De este modo llegó felizmente Ahmed á los veinte años -de su edad; mas aunque podia pasar por un prodigio de saber, ignoraba -absolutamente lo que era amor. - -Por este tiempo se cambiaron las costumbres del príncipe: abandonó -de todo punto los estudios, y pasaba los dias vagando por los -jardines, ó sentado á la orilla de una fuente, abismado en profundas -cavilaciones. Habíanle enseñado algunos principios de música, y -empleaba una parte del dia en cultivar este arte, manifestando al -mismo tiempo una aficion naciente á la poesía. Estos caprichos -sobresaltaron al sábio Eben Bonabben, el cual trató de desvanecerlos -por medio de un curso de álgebra; mas el príncipe tenia horror á todo -lo que era cálculo: «No puedo soportar el estudio del álgebra, dijo; -necesito alguna cosa que hable á mi corazon. - ---¡Medrados estamos! dijo para sí el sábio preceptor, meneando la -despoblada cabeza. ¡Adios filosofía! el príncipe ha descubierto que -hay corazon.» Desde entonces dobló la vigilancia con que celaba -todos los pasos y acciones de su alumno, y no tardó en conocer -que su propension natural á la terneza se habia ya desarrollado, y -solo necesitaba un objeto para acabar de manifestarse. Veíasele con -frecuencia discurriendo sin direccion por los jardines embebecido en -una especie de enagenamiento, cuya causa ignoraba él mismo: algunas -veces parecia hallarse sumergido en una ilusion deliciosa; otras -tomaba un laud, y pulsándole con blandura, le hacia producir los -sonidos mas tiernos, tras lo cual solia arrojarle con despecho lejos -de sí, suspirando y prorumpiendo en esclamaciones apasionadas. - -Esta disposicion al amor la manifestaba hasta con los objetos -inanimados: tenia algunas flores favoritas, á las que prodigaba -las atenciones mas asiduas; tomó cariño á muchos árboles, y uno -en particular le inspiró la mas viva pasion por su graciosa forma -y delicado ramage, que se inclinaba al suelo blandamente. Esculpia -su nombre en la corteza, adornaba sus ramas con guirnaldas, y -acompañándose con el laud, cantaba coplas en su alabanza. - -El sábio Eben Bonabben entró en graves temores al observar en su -alumno estos síntomas de escitacion: veíale al umbral de la ciencia -vedada, el menor indicio bastaba ya para descubrirle el secreto -fatal. Temblando pues por la seguridad del príncipe y por su propia -cabeza, se apresuró á alejarle de las seducciones del jardin, y con -este objeto le confinó en la torre mas alta del Generalife. Contenia -esta magníficas habitaciones, desde donde descubria la vista un -horizonte inmenso; pero su elevacion la separaba de aquella atmósfera -embalsamada, de aquellos bosquecillos risueños, tan peligrosos para -el sobrado sensible Ahmed. - -Mas era necesario conciliar al príncipe con esta medida violenta, -y procurarle alguna distraccion que le hiciese mas llevadera su -soledad. Habia ya apurado todos los estudios amenos, y no podia -hablársele de álgebra ni de nada que se le pareciese; mas por fortuna -Eben Bonabben se acordó de que en otro tiempo habia aprendido en -Egipto la lengua de los pájaros, la cual le enseñára un rabino judío, -que la habia heredado directamente del sábio Salomon. Al solo nombre -de esta ciencia brillaron de alegria los ojos del príncipe, el cual -se aplicó á su estudio con tal teson, que en poco tiempo se halló tan -versado en ella como su mismo maestro. - -La torre del Generalife dejó desde entonces de ser una soledad para -Ahmed, pues este tenia á toda hora con quien hablar. Su primer -conocimiento de vecindad fue el de un gavilan, que tenia su guarida -en una hendidura de las almenas, desde cuya elevacion se lanzaba -sobre la presa que á lo lejos descubria. Mas el príncipe halló poco -agradable la amistad de este pájaro: verdadero pirata del aire, -su conversacion se componia únicamente de fanfarronadas sobre sus -rapiñas, su valor y sus hazañas. - -Mas adelante se relacionó Ahmed con un buho de aspecto grave y -presumido, cabeza voluminosa y ojos redondos y espantados. Este -pasaba todo el dia dormitando en un agujero de la muralla, de donde -no salia hasta la noche: picábase de sábio; de cuando en cuando -dejaba escapar algunas voces campanudas sobre la astrología; hablaba -de la luna, y daba á entender que no era del todo estraño á las -ciencias ocultas; mas estaba furiosamente apasionado á la metafísica, -y sus disertaciones eran aun mas intolerables que las del sábio Eben -Bonabben. - -Algunas veces tambien solia el príncipe comunicar con un murciélago, -que pasaba el dia pegado á la pared en un rincon oscuro de la bóveda, -y solo salia al anochecer para dar algunos paseos, por decirlo así, -con chinelas y gorro de dormir. Esta ave no tenia tampoco sino ideas -superficiales de todo, se mofaba de las cosas que ignoraba, ó de que -solo habia adquirido conocimientos imperfectos, y no hallaba placer -en nada. - -Completaba la plumífera sociedad una golondrina, con quien el -príncipe trabó al principio estrechas relaciones: era una habladora -eterna, pero muy picotera y quisquillosa; y como nunca paraba en un -punto, se hacia imposible tener con ella una conversacion seguida. - -Tales eran los únicos compañeros con quienes podia el príncipe -egercitar la nueva ciencia, que habia adquirido; porque la torre -estaba demasiado elevada para que pudiesen frecuentarla otras aves. -Cansóse pronto de sus nuevos conocimientos, cuya conversacion, poco -interesante para su espíritu, no decia nada á su corazon, y poco á -poco volvió á caer en su primera melancolía. Pasó el invierno, y -volvió la primavera con su séquito de flores y verdura, y su dulce -y balsámico aliento; llegó el tiempo dichoso en que las aves vuelan -de dos en dos á labrar sus nidos en la enramada. De repente, cual si -correspondieran á una señal convenida, se levantó de las florestas -del Generalife un concierto de dulce melodía, y llegó hasta los oidos -del príncipe en la elevada soledad de su torre. Todas las voces -cantaban el mismo tema: _Amor_, _amor_, _amor_: esto era lo que se -oía proferir en todos los tonos. Escuchaba el príncipe en silencio -perplejo y sobresaltado: «¿Qué será este amor, discurria, que -parece ocupar al mundo entero, al paso que á mí me es absolutamente -desconocido?» Quiso tomar algunas noticias por medio de su amigo el -gavilan; mas este bribon le respondió con tono de burla: «Dirigíos á -las pacíficas y vulgares aves de la tierra, destinadas á servirnos -de pasto á nosotros los príncipes del aire; ellas podrán satisfacer -vuestras preguntas: por lo que á mí hace, no conozco mas oficio que -la guerra, ni otras delicias que los combates; en una palabra, soy un -guerrero é ignoro de todo punto lo que es amor.» - -El príncipe se apartó de él disgustado, y se fue á buscar al buho que -estaba escondido en su retiro. «Este, decia, es un pájaro sensato y -reflexivo, que sin duda podrá darme las noticias que necesito.» Con -efecto, suplicó al buho que le dijese qué venia á ser el amor que -cantaban en aquel momento todas las aves de las florestas inmediatas -á la torre. - -Á esta pregunta se manifestó el buho sorprendido é incomodado. -«Mis noches, contestó con cierto aire de dignidad ofendida, están -consagradas á las investigaciones científicas, y mis dias á rumiar -en mi retiro todas las especies que he recogido en mis viages. Por -lo que hace á esas aves vocingleras de que me hablais, jamas me -he cuidado de escucharlas; porque las desprecio á ellas y á los -objetos de sus necias canciones. Yo no canto, loado sea Allah; soy un -filósofo é ignoro de todo punto lo que es amor.» - -Oida esta respuesta, se trasladó el príncipe al rincon, en donde su -amigo el murciélago estaba colgado de las patas, y despertándole, -le dirigió la misma pregunta. El murciélago, frunciendo el hocico, -puso un gesto el mas ceñudo y emperrado, y le respondió regañando. -«¿Á qué venís ahora á interrumpir de este modo mi sueño de la mañana -para hacerme una pregunta necia? Yo no salgo sino al anochecer -cuando se hallan durmiendo todas las demas aves, y nunca me mezclo -en sus negocios. Á Dios gracias, no pertenezco á las aves ni á -los cuadrúpedos; he descubierto los vicios de unos y otros, y los -aborrezco á todos igualmente. En una palabra, soy misantropo é ignoro -de todo punto lo que es amor.» - -En último recurso acudió el príncipe á la golondrina, y la detuvo á -la que pasaba en uno de sus círculos por lo mas elevado de la torre. - -La golondrina, segun su costumbre, andaba muy atrafagada, y apenas -se detuvo el tiempo preciso para contestar: «Os aseguro sobre mi -palabra, le dijo, que como tengo que acudir á tantas cosas de interes -general, no me he detenido jamas á pensar en el objeto de que me -hablais. Todos los dias tengo cien visitas que hacer, y otros tantos -negocios importantes que examinar, los cuales no me dejan tiempo para -ocuparme en los frívolos objetos de las canciones que se oyen en -derredor de los nidos. En una palabra, soy cosmopolita é ignoro de -todo punto lo que es amor.» - -Quedó Ahmed en la misma duda, y su curiosidad se aumentó todavía -con la dificultad de satisfacerla. Hallándose un dia discurriendo -sobre este objeto misterioso, entró en la torre su anciano preceptor, -y viéndole el príncipe corrió luego á su encuentro, y le dijo con -el mayor interes: «¡Ó sábio Eben Bonabben! tú me has revelado una -gran parte de la sabiduría de la tierra; mas hay una cosa que ignoro -absolutamente, y en la que tengo vivos deseos de instruirme. - ---Diríjame mi príncipe las cuestiones que quiera, y toda la -inteligencia de su siervo está á sus órdenes. - ---Dime pues, ó el mas profundo de los filósofos, ¿cuál es la -naturaleza de esa cosa que se llama amor?» - -El sábio Eben Bonabben quedó tan asombrado como si hubiese caido un -rayo á sus pies; tembló, perdió el color, y le pareció que la cabeza -le bamboleaba ya sobre los hombros. - -«¿Y quién ha podido sugerir á mi príncipe semejante pregunta? ¿En -dónde ha aprendido esa palabra vana?» - -El príncipe, llevando á su preceptor á la ventana: «Escucha, le -dijo, Eben Bonabben.» Escuchó el sábio, y oyó el dulce canto de un -ruiseñor, que escondido en un bosquecillo que estaba al pie de la -torre, dirigia tiernas querellas á su amada: de todos los rosales, de -todas las ramas floridas salian trinos melodiosos, que espresaban el -mismo pensamiento: _Amor_, _amor_, _amor_, era el tema de todos los -cantos. - -«¡Allah akbar! ¡Dios es grande! esclamó el sábio Bonabben; ¿quién -será osado á ocultar al hombre este secreto, cuando las mismas aves -del aire conspiran á revelárselo?» - -Entonces volviéndose á Ahmed: «¡Ó príncipe mio! le dijo juntando -las manos, cierra los oidos á esos cantos peligrosos; huye de tan -nocivo conocimiento. Sabe que la mitad de los males que afligen á -la humanidad no reconocen otra causa que ese funesto amor: él es -el que fomenta la discordia y el rencor entre los hermanos y los -amigos; él enciende la guerra, él escita á la traicion. Los cuidados, -la tristeza, los dias inquietos, las noches sin sueño; he aquí sus -efectos. Marchita la flor, destruye la alegria de la juventud, y -lleva consigo los males y los pesares de una vejez prematura. -Consérvete Allah, ó príncipe mio, en la feliz y total ignorancia de -esa cosa que se llama amor.» - -Dichas estas palabras se salió el sábio Bonabben, dejando al príncipe -en una perplejidad mas profunda aun que la que le mortificaba antes -de hablarle. En vano procuraba separar de su imaginacion este objeto -que absorvia todas sus ideas: á pesar suyo le ocupaba continuamente, -y su espíritu se fatigaba y se perdia en vanas congeturas. -«Seguramente, decia prestando oidos á las dulces canciones de -las aves, estos acentos no tienen nada de tristes, y antes bien, -parece que solo espresan placer y ternura. Si el amor causa tantas -desgracias y enemistades, ¿en qué consiste que estas aves no están -todas gimiendo en la soledad, ó bien despedazándose unas á otras, en -vez de revolotear alegremente por las selvas, y juguetear bulliciosas -entre las flores?» - -Cierta mañana, tendido blandamente en su lecho, discurria entre sí -sobre este misterio inesplicable. Abierta la ventana, penetraba por -ella el fresco vientecillo, que despues de empaparse en el suave -aroma de los azahares que florecen á la orilla del Darro, subia -á recrear los sentidos del príncipe; oíase á lo lejos la voz del -ruiseñor que repetia su tema acostumbrado, y cuando el príncipe le -escuchaba suspirando, oyó cerca de sí el ruido de las alas de un ave. -Perseguido por el gavilan un hermoso palomo, se entró en su aposento -y cayó palpitando en el suelo; y el gavilan, viéndose privado de la -presa, dirigió el vuelo hácia los montes. - -Levantó el príncipe al pobre palomo que estaba medio muerto, le -besó y le abrigó en su seno. Luego que lo hubo tranquilizado con -sus caricias, le puso en una jaula de oro, y le presentó con sus -propias manos trigo del mas puro y agua cristalina. El ave sin -embargo se negaba á tomar alimento, y permanecia con la cabeza caida, -lamentándose con tono lastimero. - -«¿De qué te afliges? decia Ahmed, ¿no tienes todo lo que puede desear -tu corazon? - ---¡Ah! no, replicó el palomo; ¿por ventura no estoy separado de mi -amada compañera, y precisamente en la época feliz de la primavera, -en la estacion hermosa de los amores? - ---¡De los amores! replicó Ahmed, ¡ah! yo te lo suplico, ave graciosa, -¿podrias decirme lo que es amor? - ---¡Ay príncipe mio! ¡Demasiado! El amor hace el tormento de uno, -la felicidad de dos, y se convierte en una fuente de enemistades y -desgracias si llegan á ser tres. Es un encanto poderoso que atrae -mútuamente á dos séres, y los une con la mas dulce simpatía; los hace -dichosos si están unidos; pero muy dignos de lástima cuando se hallan -separados. Mas ¿acaso no existe ningun sér con quien os haya unido un -afecto tierno? - ---Sí, yo amo á mi anciano preceptor Eben Bonabben mas que á ningun -otro sér conocido; pero sin embargo suele parecerme fastidioso, y -algunas veces me creo mas feliz en su ausencia que en su compañía. - ---No trato yo de esa clase de afecto: hablo del amor, del gran -misterio y principio de la vida, de la felicidad inefable de la -juventud y delicia tranquila de la edad madura. Mira en torno de -tí, príncipe mio, y verás como todo respira amor en esta deliciosa -estacion: de cuantas criaturas existen, no hay una que no tenga su -compañera; el mas pequeño pajarillo canta para agradar á su amada; -el insecto, que apenas se distingue sobre la yerba, busca tambien á -su querida, y esas mariposas que suben volando hasta por encima de -la torre, y vagan jugueteando por el aire, son felices por su mútua -ternura. ¡Ah príncipe mio! ¿será posible que hayas perdido los dias -mas preciosos de tu juventud sin conocer el amor? ¿Ningun sér de -sexo diferente, ninguna hermosa princesa, ninguna jóven agraciada ha -cautivado tu corazon, y hecho nacer en tu seno una dulce inquietud, -un conjunto agradable de penas y deseos? - ---Ya empiezo á comprenderte, dijo el príncipe suspirando; mas de una -vez he esperimentado una inquietud semejante á la que me dices sin -adivinar la causa. Mas reducido á esta espantosa soledad, ¿dónde -podré hallar un objeto tal como tú le pintas?» - -La conversacion continuó aun por algun tiempo sobre el mismo objeto, -y la primera leccion que recibió el príncipe fue completa. - -«¡Ay! esclamó despues, si el amor es una felicidad tan grande, y -tanta pena causa la ausencia del objeto amado, ¡no permita Allah que -yo turbe la alegria de dos amantes!» - -Dicho esto abrió la jaula, sacó el palomo y le dejó sobre la ventana. -«Ve, dijo, ave dichosa, goza con la amada de tu corazon los hermosos -dias de la juventud y la deliciosa estacion de la primavera. ¿Con qué -razon habia yo de retenerte en este triste encierro, adonde jamas -podrá penetrar el amor?» - -Batió el ave las alas en señal de contento, formó un círculo en el -aire, y voló como una flecha hácia los floridos bosquecillos del -Darro. - -Siguióla Ahmed con los ojos hasta perderla de vista, y quedó -sumergido en la mas profunda tristeza. El canto de las aves que tanto -le complacia pocos momentos antes, redoblaba ahora sus penas ¡Amor, -amor, amor! ¡Ah pobre jóven! Entonces conoció el significado de este -tema tan repetido. - -La primera vez que vió al sábio Bonabben despues de esta -conversacion, le dirigió una mirada de resentimiento. «¿Por qué me -has dejado en tan crasa ignorancia? le dijo encolerizado. ¿Por qué -me ha de ser desconocido el gran misterio, el principio de la vida -que está al alcance del mas humilde insecto? La naturaleza entera -se entrega en este momento á los mas dulces placeres; todas las -criaturas se gozan con una compañera, y ve ahí precisamente ese -amor que yo queria conocer. ¿Por qué he de ser yo el único que se -halle privado de sus delicias? ¿Por qué he de haber pasado los dias -mas floridos de mi juventud, sin conocer la felicidad que puede -proporcionar?» - -El sábio Bonabben conoció sobradamente que ya era inútil toda -reserva, puesto que el príncipe habia adquirido la ciencia prohibida. -Le reveló pues las predicciones de los astrólogos; y le enteró de las -precauciones que se habian tomado en su educacion para conjurar la -tempestad que le amenazaba. - -«Ahora, príncipe mio, añadió, teneis mi vida en vuestras manos. Si -el rey vuestro padre llega á entender que bajo mi vigilancia habeis -aprendido lo que es amor, perezco sin remedio; porque respondí con mi -cabeza de vuestra completa ignorancia en esta materia.» - -Era el príncipe mas razonable de lo que pudiera esperarse de un -jóven de su edad, y así escuchó las reflexiones de su preceptor con -tanta mayor deferencia, cuanto que nada le hablaba contra ellas. Por -otra parte Ahmed profesaba un verdadero afecto al sábio Bonabben, -y como solo conocia la teórica del amor, consintió fácilmente en -encerrar en su seno todas las noticias que sobre este objeto acababa -de adquirir, antes que poner en peligro la cabeza del filósofo. - -Su discrecion empero tuvo que sufrir muy pronto una prueba mas -fuerte. Algunos dias despues, hallándose engolfado en tristes -imaginaciones junto á las almenas de la torre, apareció en los aires -el palomo á quien habia restituido la libertad, y abatiendo el vuelo, -se le puso sobre el hombro con singular familiaridad. - -Cogióle el príncipe, y estrechándole contra su corazon: «¡Ave -dichosa, esclamó, que puedes volar con la rapidez de la luz de la -mañana de un estremo á otro de la tierra! ¿Qué pais has visitado -despues que no nos hemos visto? - ---Vengo, ó príncipe, de una region muy distante; y en recompensa de -la libertad que os debo, os traigo las mas alegres nuevas. En mi -remontado vuelo puedo cernerme sobre una altura prodigiosa, y dominar -una estension inmensa de pais. Cierto dia pues descubrí bajo de mí un -jardin delicioso, lleno de toda suerte de frutas y flores: un límpido -arroyuelo corria serpenteando por entre las flores, que esmaltaban -una frondosa pradera; y en el centro del jardin se levantaba un -magnífico palacio. Poséme sobre un árbol para descansar, y junto al -arroyuelo que pasaba bañando el tronco, descubrí una princesa en -todo el brillo de la primera juventud, rodeada de doncellas de su -misma edad, que la adornaban con guirnaldas de flores tan frescas -como ella, pero no con mucho tan hermosas. Tantos hechizos sin -embargo florecian en aquella soledad ocultos á los ojos de todos; -porque el jardin se hallaba cercado de murallas altísimas, y nadie -podia penetrar en él. Á la vista de una tierna jóven tan llena de -atractivos, á quien su separacion del mundo ha conservado toda la -inocencia de la edad infantil, he discurrido que esta era la que el -cielo tenia destinada para inspirar amor á mi querido Ahmed.» - -Esta descripcion se grabó con caracteres de fuego en el corazon -sobrado sensible de Ahmed. La vaga ternura que comprimia en su seno -hacia tanto tiempo, hallaba en fin un objeto en que fijarse, y la -pasion que concibió por la princesa, se enunció desde su nacimiento -con la mayor violencia. Escribió una carta, en la que con las frases -mas apasionadas espresaba el ardiente amor y tierno cariño que ya -profesaba á la bella desconocida; lastimándose del cautiverio que -le impedia arrojarse á sus pies. Á este amoroso billete añadió -algunas estancias, en las que la verdad de los afectos iba unida á -la delicadeza de las palabras; porque ademas de que el príncipe era -naturalmente poeta, en este momento le inspiraba el amor. La carta -iba dirigida _Á la bella desconocida: del príncipe cautivo Ahmed_. Y -despues de haberla perfumado con almizcle y esencia de rosas, se la -entregó al palomo. - -«Parte, dijo, ó el mas fiel de los mensageros, salva los montes y los -valles, y no te detengas en ninguna floresta, hasta haber entregado -esta carta á la señora de mi corazon.» - -Remontóse el palomo hasta una altura prodigiosa, y en seguida dirigió -el vuelo en línea recta. Siguióle el príncipe largo rato con la -vista, ya no le distinguia sino como un punto casi imperceptible, y -al fin se ocultó enteramente detras de una montaña. - -Contaba Ahmed con impaciencia los dias que se siguieron á la partida -de su mensagero, y cada mañana se prometia verle antes de la noche; -mas esperaba en vano. Ya comenzaba á acusarle de ingratitud, cuando á -la caida de una hermosa tarde, vió al fiel palomo que llegó volando -á su habitacion y cayó muerto á sus pies. La flecha cruel de algun -desapiadado cazador habia atravesado su pecho, y la pobre avecilla -empleó toda la fuerza y vida que le quedaban en llegar al término de -su viage y dejar cumplida su mision. - -Inclinóse el príncipe lloroso sobre el cuerpo inanimado de aquel -mártir de la fidelidad, cuando notó al rededor de su cuello una -cadena de perlas, de la que pendia un retrato que estaba oculto bajo -el ala, y representaba sobre esmalte una hermosa princesa en la flor -de su edad. Esta era sin duda la bella desconocida del jardin; mas -¿quién era? ¿En dónde estaba? ¿Habria recibido la carta y le enviaba -en cambio aquel retrato, como prenda de correspondencia? - -Todo esto quedaba desgraciadamente envuelto en la duda y en la -oscuridad con la lastimera muerte del palomo. - -Contemplaba el príncipe la miniatura, y arrasábanse de lágrimas sus -ojos. Estrechábala contra su corazon y contra sus labios, pasaba -horas enteras mirándola sumergido en una tierna agonía. «Bella -imágen, decia, ¡ah! no eres mas que una imágen; empero tus ojos -cristalinos se fijan en mí con ternura; tus labios de rosa parece se -abren para consolar mi pena.... ¡Vanos delirios! Esos hermosos ojos, -esa boca adorable, tal vez habrán hablado un lenguage tan dulce á un -rival mas feliz. Pero ¿en dónde podria yo hallar el original de esta -copia divina? ¿Quién sabe cuántos reinos y montes nos separan, ni qué -acontecimientos podrán impedir nuestra union? Acaso en este momento -la colma de atenciones y obsequios una turba de admiradores, y yo -triste, prisionero en mi torre, paso mis amargos dias adorando una -sombra.» - -El príncipe tomó de repente una resolucion estraordinaria. «Huiré, -dijo, de este palacio, ó mas bien de esta prision odiosa, y peregrino -de amor, buscaré por todo el mundo á la desconocida princesa que -reina en mi corazon.» - -Era inútil pensar en huir durante el dia; mas la guarda del palacio -estaba bastante descuidada por la noche, en razon de que no se temía -ninguna tentativa de este género de parte del príncipe, que siempre -habia llevado con paciencia su cautiverio. Con todo eso Ahmed no -sabia cómo conducirse para efectuar una fuga nocturna por un pais -que le era absolutamente desconocido; pero discurriendo que el -buho, como acostumbrado á pasearse durante la noche, debia conocer -todos los caminos escusados de las inmediaciones, pasó á su retiro -para consultarle. Puso el buho un semblante grave, y dándose grande -importancia, contestó en estos términos al príncipe Ahmed: «Habeis de -saber, ó príncipe, que nosotros los buhos pertenecemos á una familia -muy antigua y numerosa, que aunque algo decaida tiene todavía mucho -poder. En todos los puntos de España poseemos castillos y palacios; y -puedo aseguraros con verdad que me seria imposible hallar una torre, -una ciudadela, un edificio cualquiera, tanto en las ciudades como -en los campos, en donde no esté seguro de encontrar un hermano, un -tio ó un primo. Ademas, haciendo mi vuelta de visitas de parentela, -he cruzado el pais en todas direcciones, y conozco los sitios mas -ocultos.» Lleno el príncipe de júbilo al encontrar al buho tan -profundamente versado en la topografía le confió el secreto de su -amor y su proyecto de fuga, y le suplicó tuviese á bien servirle de -guia y consejero. - -«¡Cómo! respondió el buho algo picado, ¿he nacido yo acaso para -mezclarme en intrigas de amor? ¿Yo que tengo consagrado todo mi -tiempo á la meditacion y á la luna? - ---Sosegaos, augusto buho, repuso el príncipe, y dignaos de salir por -un instante de vuestras meditaciones y de la luna para ausiliar mi -fuga, y yo os concederé en cambio todo lo que acerteis á pedirme. - ---Yo poseo todo lo que deseo, replicó el buho: algunos ratones bastan -para la provision de mi frugal mesa, y este agujero es harto capaz -para poder meditar. ¿Qué mas necesita un filósofo? - ---Considera sin embargo, sapientísimo buho, que entre tanto que tú -meditas y miras á la luna en tu retiro, tus talentos son perdidos -para el mundo. Yo seré un dia soberano, y podré colocarte en algun -puesto honroso, y darte alguna dignidad en donde brille y sea útil tu -profunda sabiduría.» - -La filosofía del buho le hacia muy superior á las necesidades de la -vida; mas no le habia libertado enteramente de la ambicion. Rindióse -pues á las ofertas del príncipe, y consintió en servirle de guia y -Mentor en su peregrinacion. - -Los proyectos de un amante se egecutan con mucha prontitud. Ante -todo reunió el príncipe sus diamantes y demas alhajas, y las -ocultó entre sus vestidos como caudal para el viage; y la noche -siguiente, sirviéndole de escalera una de sus fajas, y siguiendo las -indicaciones del buho, saltó de la torre por un balcon de la muralla -esterior, y antes de amanecer ya se hallaban en medio de los montes -él y su esperimentado guia. - -Allí consultó con su Mentor sobre la ruta que deberian tomar. - -«Yo creo, dijo el buho, que seria acertado ir á Sevilla; porque -habeis de saber que hace muchos años hice yo una visita á mi tio, -un buho de ilustre abolengo, que habitaba en uno de los ángulos -arruinados del alcázar: con esta ocasion hice muchas escursiones -nocturnas por aquella ciudad, y habiéndome llamado La atencion -cierta luz que brillaba en una torre abandonada, dirigí una noche -el vuelo á las almenas, y ví que aquella luz era la lámpara de un -mágico árabe, á quien descubrí tambien en su escondrijo rodeado de -los libros de su ciencia, y que tenia sobre el hombro un cuervo muy -viejo que habia traido consigo de Egipto. Trabé estrechas relaciones -con dicho cuervo, y aprendí de él la mayor parte de los conocimientos -que poseo. Despues de aquella época murió el mágico; mas el cuervo -habita aun la torre, porque estos pájaros son admirables por su -longevidad. Yo pues, ó príncipe, os aconsejaria que buscaseis á este -cuervo; porque ademas de que es adivino y algo hechicero, profesa -tambien la mágia negra, en la que son muy celebrados los cuervos, y -señaladamente los de Egipto.» - -Admirado el príncipe de este consejo, se dirigió á Sevilla; mas por -consideracion á su compañero, caminaba únicamente durante la noche, y -pasaba el dia en alguna gruta oscura, ó en una torre arruinada; pues -el buho conocia todas estas guaridas secretas, y su aficion á las -ruinas era igual á la de un anticuario. - -Llegaron en fin á Sevilla una mañana antes de salir el sol, y el -buho, que detestaba la luz del dia y el tráfago de una ciudad tan -populosa, se quedó fuera de los muros, y puso su cuartel en el hueco -de un árbol. - -Entró el príncipe en la ciudad, y no tardó á hallar la torre mágica, -que descollaba por encima de las casas, no de otra manera que una -palma sobre los matorrales del desierto. Dicha torre era la misma que -existe hoy, y es conocida con el nombre de _la Giralda_. Una escalera -trabajosa condujo al príncipe hasta la estancia mas elevada, en donde -halló efectivamente al cuervo cabalístico. Era este un pájaro viejo, -de cabeza cana y plumage ralo, semblante ceñudo, y una nube en el -ojo izquierdo que le daba una mirada de espectro. Sostenido sobre una -pata tenia la cabeza inclinada, y con el ojo que le quedaba estaba -examinando un diagrama que se veía trazado en el suelo. - -Llegóse á él el príncipe con todo el respeto que su alta reputacion -y venerable aspecto debian naturalmente inspirarle: «Perdonadme, le -dijo, respetable y sapientísimo cuervo, si me atrevo á distraeros -por un instante de los estudios con que teneis admirado al mundo -entero. Veis en vuestra presencia á un amante que desea vivamente le -indiqueis los medios de que podrá valerse para lograr el objeto de su -amor. - ---En otros términos, contestó el cuervo con una mirada -significativa, ¿queréis que os diga la buena ventura? Enhorabuena, -enseñadme la mano, y dejadme descifrar las líneas misteriosas de -vuestro destino. - ---Perdonad, replicó el príncipe: yo no vengo aquí con objeto de -conocer los decretos del destino que Allah ha querido ocultar á los -ojos de los mortales; soy un peregrino de amor, y solo pido un hilo -que pueda dirigirme por entre el laberinto del mundo hácia el objeto -de mi peregrinacion. - ---¿Y os podrán faltar objetos de esta especie en la enamorada -Andalucía? dijo el viejo cuervo dirigiendo al príncipe con semblante -maligno el único ojo que tenia, sobre todo en la alegre y deliciosa -Sevilla, donde mil bellezas de ojos negros bailan de continuo la -zambra á la fresca sombra de los floridos bosques de naranjos.» - -Sonrojóse el príncipe, y se escandalizó sobremanera al oir palabras -tan libres en boca de un pájaro viejo, que estaba ya con un pie en -la sepultura. «Creedme, le dijo con gravedad, mi objeto no es tan -frívolo é innoble como parece lo suponeis. Las bellezas de ojos -negros que bailan en los bosques de naranjos del Guadalquivir, no -tienen atractivo alguno para mí: busco una beldad desconocida; pero -inocente y pura, el original de este retrato; y vuelvo á suplicarte, -muy poderoso cuervo, que si á tan lo alcanza tu ciencia, me digas en -dónde podré hallarla.» - -La seriedad del príncipe desagradó al cuervo estantigua, el cual -contestó con secatura: «Todo lo que pertenece á la juventud y á la -belleza me es estraño: la vejez, la decrepitud es lo único que tiene -atractivo para mí. Soy el heraldo del destino; desde lo alto de las -chimeneas anuncio con mis graznidos los pronósticos de la muerte, -y me agrada cernerme sobre el tejado del enfermo moribundo. Id -pues, y buscad en otra parte quien os dé mas señas de vuestra bella -desconocida. - ---¿Y en dónde buscarla sino entre los hijos de la sabiduría? Nací -para reinar, y los astros que precedieron á mi nacimiento, me -precisan á acometer una empresa misteriosa, de la que depende tal vez -el destino de muchos imperios.» - -Cuando el cuervo oyó hablar de imperios y destinos en que estaban -interesadas las estrellas, cambió de tono, escuchó con oido atento -la historia del príncipe, y cuando la hubo terminado, le dirigió -con afabilidad estas palabras: «No puedo daros por mí mismo ninguna -noticia; porque como ya os he dicho, frecuento muy poco los jardines -y los retretes de las damas; pero dirigíos á Córdoba, y buscad la -palma del grande Abderramen, que se halla en el patio principal de -la mezquita. Al pie de este árbol hallareis un gran viagero que ha -visitado todos los paises y todas las córtes: favorecido en todas -partes por las reinas y las princesas, esta relacionado con todos los -magnates del reino, y yo no dudo que podrá daros noticias del objeto -de vuestras diligencias. - ---Mil millones de gracias por tan precioso consejo, dijo el -príncipe: adios, venerable brujo. - ---Adios, peregrino de amor,» respondió el cuervo con tono seco, y se -puso á calcular de nuevo sobre su diagrama. - -Salió el príncipe de Sevilla, y se fue á buscar á su compañero el -buho, que dormitaba todavía dentro de su árbol; despertóle, y tomaron -ambos el camino de Córdoba, atravesando los bosques de naranjos y -limoneros, que refrescan con su sombra las deliciosas márgenes del -Guadalquivir. Llegados á las puertas de la ciudad, el buho levantó -el vuelo, y se metió en una grieta de la muralla, y el príncipe se -dirigió al momento á buscar la palma que plantára en los antiguos -tiempos el grande Abderramen. Estaba en el patio de la mezquita, -descollando por encima de los mas altos naranjos y cipreses; algunos -dérvises y faquires, formaban diversos grupos sentados bajo los -pórticos; y muchos devotos hacian sus abluciones en la fuente antes -de entrar en la mezquita. - -Al pie del árbol habia un numeroso concurso de gentes de todas -clases, que segun parecia, estaban escuchando á una persona que -hablaba con estraordinaria volubilidad. «Este es sin duda, dijo para -sí el príncipe, el gran viagero que me dará noticias de mi princesa.» -Mezclóse entre la multitud, y quedó sobremanera sorprendido al -ver que el orador, en derredor del cual se reunia tan distinguido -auditorio, era un papagayo de hermoso plumage verde, gesto remilgado -y copete erguido, que tenia todas las trazas de un pájaro sumamente -pagado de sí mismo. - -«¿En qué consiste, dijo el príncipe á uno de los oyentes, que tantas -personas de razon se estén divirtiendo con la parladuria de un pájaro -de esta especie? - ---Vos no sabeis de quién hablais, replicó el otro: este papagayo -desciende del famoso loro de Persia, tan célebre por sus talentos en -la adivinacion: tiene toda la ciencia del oriente en el pico de la -lengua, y cita versos como agua. En todos los paises que ha recorrido -le han mirado como un milagro de erudicion; con las mugeres, sobre -todo, se ha adquirido un partido prodigioso; porque el bello sexo ha -hecho siempre mucho caso de los papagayos que citan versos. - ---Muy bien, dijo el príncipe, conozco que me habia equivocado, y -en verdad que me holgaria de tener un rato de conversacion con tan -distinguido viagero.» - -Con efecto solicitó y obtuvo una entrevista privada, y empezó á -esponer el objeto de su peregrinacion; mas apenas habia pronunciado -algunas palabras, cuando soltó el loro una gran carcajada, y continuó -riendo hasta llorar. «Perdonad, dije, mi loca alegria; pero el solo -nombre de amor me hace descoyuntar de risa.» Mortificado el príncipe -de tan intempestiva jovialidad, le replicó con tono grave: «¿Por -ventura no es el amor el gran misterio de la naturaleza, el principio -secreto de la vida, el vínculo universal de la simpatía? - ---¡Patarata! ¡Pura patarata! Decidme os ruego, ¿en dónde habeis -aprendido esa gerigonza sentimental? Creedme, ya no es moda el amor, -ni siquiera se habla ya de él entre las gentes de talento, ni en la -buena sociedad.» - -Suspiró el príncipe, acordándose del lenguage tan diferente de su -amigo el palomo. «Mas este papagayo, discurria, ha pasado su vida -en las córtes; blasona de elegante, y afecta ser un personage: -seguramente no sabrá nada de amor; y como no queria provocar nuevas -chufletas sobre el afecto que llenaba su corazon, se encaminó -directamente al objeto de su visita. - -«Dignaos decirme, ó incomparable papagayo; vos, para quien han estado -abiertos los asilos mas reconditos de la belleza, ¿habeis tal vez -encontrado en el discurso de vuestros viages el original de este -retrato?» - -Tomó el papagayo el retrato entre las garras, volvió á uno y otro -lado la cabeza para observarle con ambos ojos, y esclamó en fin: «Ve -aquí, por vida mia, una liada cara; sí, cierto, una cara lindísima. -Mas como yo he visto en mis viages tantas mugeres hermosas, me seria -muy difícil.... pero no.... aguardad.... sí.... ahora me acuerdo de -estas facciones.... no, no me engaño: esta es la princesa Aldegunda: -¿es posible que haya yo podido desconocer á una de mis mayores amigas? - ---¡La princesa Aldegunda! repitió el príncipe; ¿y en dónde la -hallaremos? - ---Cachaza, señor mio, cachaza; que mas fácil es hallarla que -obtenerla. Esta princesa es la hija única del rey cristiano de -Toledo, la cual, merced á ciertas predicciones de esos bellacos de -astrólogos, debe vivir separada del mundo hasta cumplir los diez y -siete años. Y yo creo que os ha de ser imposible el verla, porque -ningun mortal puede llegarse al palacio en donde su padre la tiene -encerrada. Yo he sido admitido á su presencia para divertirla, y os -juro á fe de papagayo de mundo, que conozco mas de una princesa menos -amable que ella. - ---Hablemos en confianza, querido papagayo, dijo el príncipe: yo -soy heredero de un reino; veo que sois un pájaro de talento y que -conoceis el mundo; ayudadme pues á ganar el corazon de la princesa, -y os prometo un puesto distinguido en mi córte. - ---Lo acepto de todo corazon, dijo el papagayo; pero cuidado, que ha -de ser un bocado sin hueso, porque nosotros los sábios tenemos horror -al trabajo.» - -Conviniéronse muy pronto en las condiciones, y saliendo -inmediatamente de Córdoba llamó el príncipe al buho, le presentó al -nuevo compañero de viage como un sábio concolega, y todos juntos -tomaron la vuelta de Toledo. Caminaban con mucha mas lentitud de -la que el impaciente Ahmed hubiera deseado; mas el papagayo, como -acostumbrado á la vida de caballero, era poco amigo de madrugar; y -el buho por otra parte queria echarse á dormir á la mitad de la -jornada, y hacia perder mucho tiempo con sus largas siestas. Ademas -su manía de anticuario, era un nuevo motivo de retardo; porque se -empeñaba en detenerse en todas las ruinas á fin de esplorarlas, y -poseía un caudal de largas historias de todos los monumentos antiguos -del pais, que no dejaba de referir á poca ocasion que se presentase. -Tenia el príncipe creido que este pájaro y el papagayo, como personas -instruidas que uno y otro eran, habian de avenirse muy bien; pero se -engañó completamente, porque lejos de observar semejante armonía, -casi siempre se estaban picoteando. El uno era un filósofo, y el -otro un _elegante_: el papagayo citaba versos, hacia observaciones -críticas sobre algunas obras recientes, y abundaba en pequeñas -advertencias sobre algunos puntos poco importantes de erudicion. El -buho por su parte consideraba todo esto como cosa muy frívola, y -decia abiertamente que solo estimaba la metafísica. Entonces se ponia -el papagayo á cantar, y lanzaba epigramas y pullas picantes sobre la -gravedad de su camarada, acompañándolas de una risa de satisfaccion -sobremanera insultante. Miraba el buho estos procedimientos como -otros tantos ultrages insoportables que se hacian á su autoridad; -se engallaba, esponjaba el plumage con semblante desazonado, y -permanecia silencioso todo el resto de la jornada. - -El príncipe apenas notaba la poca conformidad que existia entre -sus dos amigos; porque ocupado enteramente en las ilusiones de su -fantasía y en la contemplacion del retrato de la hermosa princesa, -no veía nada de lo que pasaba en su derredor. De este modo pasaron -nuestros viageros la árida y salvage Sierra-Morena, y las agostadas -llanuras de la Mancha y Castilla, siguiendo siempre las orillas -del Tajo, que en su tortuoso curso baña la mitad de la España y de -Portugal. Llegados en fin á una ciudad fortificada con torres y muros -almenados, y edificada sobre una roca, que circundan con grande -estrépito las aguas de aquel rio: - -«Veis ahí, dijo el buho, la antigua y célebre ciudad de Toledo, tan -famosa por sus antigüedades. Mirad esas cúpulas venerables, esas -torres que aunque degradadas ya por el tiempo, tienen impresa la -grandeza de los recuerdos históricos; esas torres en fin, en donde -vivieron y meditaron tantos de mis antepasados. - ---¡Bah! dijo el papagayo interrumpiendo sin piedad al buho en medio -de sus trasportes de anticuario, ¿y qué nos importan á nosotros todos -esos vejestorios de torres arruinadas, ni las antiguas historias -de vuestros abuelos? Otra cosa hay aquí que interesa mucho mas -directamente á nuestro objeto. Ved ahí el asilo de la juventud y la -belleza: ya en fin, ó príncipe, teneis delante de vuestros ojos la -morada de la princesa que hace tanto tiempo buscais.» - -Dirigió el príncipe la vista hácia el punto que indicaba el -papagayo, y en el centro de una deliciosa pradera, situada á la -orilla del Tajo, descubrió un suntuoso palacio que se levantaba -por entre la frondosa arboleda de un amenísimo jardin: tal era el -sitio que habia descrito el palomo como retiro del original del -retrato. Contemplábale el príncipe con el corazon agitado de varios -sentimientos. «Quizá en este momento, decia, estará la hermosa -princesa solazándose con sus doncellas á la sombra de esos frondosos -bosquecillos, ó tal vez recorrerá con paso ligero los elevados -terraplenes, si no es que se halla reposando en lo interior de la -magnífica morada.» Al examinar con atencion el edificio, observó -Ahmed, no sin disgusto, que las tapias del jardin eran de una -elevacion que imposibilitaba absolutamente el acceso; fuera de que -estaban guardadas por centinelas bien armados. - -Volvióse pues al papagayo, y le dijo: «Ó el mas perfecto de los -pájaros, pues que la naturaleza te ha dotado con el dón de la -palabra, ve al jardin, busca al ídolo de mi corazon, y dile que el -príncipe Ahmed, peregrino de amor guiado por las estrellas, viene en -su busca, y acaba de llegar á la florida ribera del Tajo.» - -Lleno de vanidad el papagayo al verse honrado con semejante embajada, -voló al jardin, se remontó por encima de sus altos muros, y -cerniéndose por algunos instantes sobre los céspedes y bosquecillos, -fue á posarse á la ventana de un pabellon, desde donde descubrió á la -princesa medio recostada sobre un sofá, fijos los ojos en un papel, -y bañadas de hermosas lágrimas sus cándidas megillas. - -Despues de haber concertado con el pico todas las plumas de sus alas, -recompuesto su verde trage y rizádose el copete, de un vuelo se puso -con aire risueño al lado de la tierna doncella, y con el tono mas -dulce que le fue posible tomar le dirigió estas palabras: «Enjuga -tus lágrimas, ó la mas hechicera de las princesas, que vengo á traer -consuelo á tu corazon.» - -Asustóse la princesa al oir una voz tan cerca de ella; mas no viendo -sino un pájaro verde que la saludaba batiendo las alas: «¡Ay! dijo, -¿qué consuelo puedes tú darme no siendo mas que un papagayo?» - -Algo picado el loro con esta contestacion, respondió con cierta -secatura: «Á mas de una bella consolé yo en mi tiempo; pero dejemos -esto. Ahora vengo como embajador de un príncipe real. Sabe, ó -princesa, que Ahmed Al Kamel, príncipe de Granada, acaba de llegar en -busca tuya, y se halla en este momento en la florida ribera del Tajo.» - -Á estas palabras brillaron los ojos de la princesa con mas fuego que -los diamantes de su corona. - -«¡Ó el mas amable de los papagayos, dijo, benditas sean las nuevas -que me traes! La duda en que me hallaba acerca de la constancia del -príncipe me tenia ya á la orilla del sepulcro. Vuelve al príncipe, -y asegúrale que todas las palabras de su carta están grabadas en mi -corazon, y que sus versos han sido el alimento de mi alma. Pero -dile tambien que debe disponerse á probarme su amor con la fuerza -de las armas; porque mañana mismo, en celebridad del decimoséptimo -aniversario de mi nacimiento, celebrará mi padre un torneo: justarán -en él muchos príncipes, y mi mano será el premio del vencedor.» - -Levantó el papagayo el vuelo, se remontó sobre los árboles del -jardin, y salvando el recinto del palacio, llegó en un momento adonde -estaba Ahmed. No es posible describir el júbilo de este: habia -hallado el original de la imágen que hacia tanto tiempo adoraba, y -le habia hallado fiel y sensible. Los mortales favorecidos que han -logrado como él la dicha de ver cumplidos sus dulces delirios y -trocarse la sombra en realidad, son los únicos que pueden formarse -una idea de su delicioso enagenamiento. Con todo no dejaba este -de hallarse mezclado con alguna inquietud: aquel torneo, aquellos -caballeros que se disponian á disputarle la posesion del objeto -amado, no le permitian entregarse enteramente á la alegria. El clarin -guerrero llenaba ya con su marcial sonido las frondosas riberas del -Tajo, y por do quiera se encontraban paladines que acudian á las -fiestas de Toledo, seguidos de numerosas y brillantes comitivas. - -La misma estrella que precediera al destino de Ahmed habia influido -en el de la princesa, la cual para precaverse de los males que el -amor podia ocasionarle, debia permanecer encerrada en el solitario -palacio hasta haber cumplido diez y siete años. Sin embargo, como su -mismo retiro habia acrecentado la fama de sus gracias, se disputaban -su mano muchos príncipes; y el rey de Toledo su padre, monarca -señalado por su prudencia, para no atraerse enemigos si se inclinaba -á uno ú otro de los pretendientes, confió la eleccion de un yerno -á la suerte de las armas. Entre los que aspiraban al prez de la -victoria habia muchos célebres ya por su fuerza y bravura; al paso -que el desventurado Ahmed se veía desprovisto de armas, y sin ninguna -idea de los egercicios de la caballería ¡Qué situacion tan triste la -suya! - -«¡Cuánta es mi desgracia, decia, en haber sido educado en el retiro -y bajo la direccion de un filósofo! ¿De qué sirven el álgebra ni la -filosofía para los negocios de amor? ¡Ah Eben Bonabben! ¿Por qué te -olvidaste de instruirme en el manejo de las armas?» - -En esto rompió el silencio el buho, y como buen musulman que era, -empezó su discurso por una invocacion piadosa. - -«¡Allah akbar! ¡Dios es grande! Las cosas mas recónditas están en sus -manos. ¡Él solo gobierna el destino de los príncipes! Sabe, ó Ahmed, -que toda esta comarca está llena de misterios, conocidos únicamente -de un corto número de eruditos, que se han dedicado como yo á las -ciencias ocultas. En uno de los montes vecinos se halla una caverna -profunda; en el centro de esta caverna hay una mesa de hierro, sobre -esta mesa están unas armas encantadas, y junto á ellas se ve un -hermoso caballo, igualmente encantado, todo lo cual ha permanecido -oculto por espacio de muchos siglos.» - -Quedó el príncipe sobrecogido de admiracion; y el buho abriendo y -guiñando alternativamente sus grandes y redondos ojos, y enhestando -los cuernos, continuó así: - -«Hace muchos años vine yo acompañando á mi padre en un viage que hizo -por este pais para visitar sus posesiones; y como fijamos nuestra -habitacion en la caverna de que os hablo, tuve proporcion de conocer -los misterios que encierra. Segun una tradicion de nuestra familia, -que me refirió mi abuelo siendo yo muy niño, dichas armas pertenecian -á un mágico moro, el cual habiéndose refugiado en la caverna cuando -los cristianos tomaron á Toledo, murió en ella, y dejó su caballo -y armadura bajo el influjo de un encanto, que no permitia pudiesen -servir á otro que un musulman; y aun á este solo desde el amanecer -hasta el medio dia. Pero cualquiera que haga uso de ellas en este -intervalo, está seguro de triunfar de todos sus enemigos. - ---¡Basta! esclamó el príncipe, busquemos al momento esa caverna.» - -Guiado por su sábio Mentor halló Ahmed la caverna, que era una -de aquellas guaridas salvages que se encuentran en medio de los -escarpados montes de Toledo; y á la verdad, solo el ojo de un -anticuario ó de un buho pudiera descubrir la entrada. Una lámpara -sepulcral, en donde ardia sin consumirse un aceite odorífero, bañaba -de pálida luz aquel misterioso retiro. Sobre una mesa, colocada en el -centro de la gruta, yacia la armadura encantada, y á su lado se veía -el corcel árabe enjaezado como para el combate, pero inmoble como -una estátua. Las armas estaban tan tersas y brillantes como cuando -salieron de las manos del artífice; el caballo fresco y lozano como -si acabase de pacer en el campo; y en el momento en que Ahmed le dió -una palmada en el cuello, empezó á herir la tierra con la mano, y -dió un relincho de alegria que estremeció toda la caverna. Provisto -de armas y caballo, ya no sintió el príncipe otro afecto que la -impaciencia de entrar en liza con sus rivales. - -Llegó en fin el dia fatal. El palenque para el torneo se dispuso -en la vega ó llanura que se estiende al pie de las murallas de -Toledo; y á su rededor se levantaron anfiteatros y galerías para -los espectadores, cubriéndolos de ricas tapicerías y toldos -de seda que los defendian de los rayos del sol. Ocupaban las -galerías todas las hermosas del contorno; y veíanse al pie de -ellas mil bizarros caballeros, que se paseaban por el circo con -gentil continente, cubiertos de ricas armas y capacetes, en donde -flotaban vistosos penachos de plumas. Pero todas las bellezas -quedaron eclipsadas cuando apareció en el pabellon real la princesa -Aldegunda, mostrándose por primera vez á los ojos de una multitud de -admiradores: en todas las gradas, en todos los pabellones, en todo -el campo se levantó al momento un murmullo de placer y sorpresa; y -los príncipes, que solo aspiraban á su mano atraidos por la nombradía -de su belleza, sintieron que se redoblaba estraordinariamente su -ansia de combatir. - -Mas la princesa se mostraba inquieta, y ora pálida, ora con el color -encendido, tendia la vista por la multitud, y sus miradas indicaban -temor y disgusto. Ya los clarines iban á dar la señal para el primer -combate, cuando anunció un heraldo la llegada de un caballero -estrangero, y entró en la liza el príncipe Ahmed. Llevaba sobre el -turbante un almete de acero, guarnecido de piedras preciosas; la -coraza era dorada; la cimitarra y el puñal, fabricados en Fez, -centelleaban rebutidos de diamantes; embrazaba un escudo redondo, y -llevaba la lanza encantada. El caparazon del caballo árabe estaba -ricamente bordado y colgaba hasta el suelo, y el fogoso bruto hacia -graciosas corbetas, arrojaba humo por las narices, y daba alegres -relinchos al verse de nuevo en un campo de batalla. El noble ademan -y gallardo talle del príncipe Ahmed cautivaron la atencion general; -y cuando fue anunciado bajo el nombre del _Peregrino de amor_, todas -las damas de las galerías esperimentaron una agitacion estraordinaria. - -Entre tanto, al presentarse Ahmed para entrar en la liza, le -fue cerrada la barrera; porque para ser admitido al combate era -indispensable ser príncipe. Declaró su nombre y su rango; pero fue -mucho peor, porque siendo mahometano no podia tomar parte en un -torneo, cuyo premio era la mano de una princesa cristiana. - -Rodeáronle con ademan altivo y amenazador los príncipes sus -competidores; y uno de ellos, notable por sus insolentes maneras -y talla hercúlea, quiso poner en ridículo el tierno renombre de -peregrino de amor. Ofendido el príncipe desafió lleno de furia á su -rival: volvieron las riendas, tomaron campo y corrieron impetuosos -á encontrarse; mas al primer bote de la lanza mágica, el indiscreto -bufon, á pesar de su enorme estatura y fuerza prodigiosa, saltó de -la silla. Hubiera querido Ahmed detenerse aquí, mas las habia con un -caballo endemoniado y con unas armas encantadas, que nada era capaz -de contener una vez puestas en accion. El corcel se lanzó sobre el -grupo mas cerrado, y la lanza se llevaba por delante todo lo que -encontraba. El amable y pacífico príncipe, hendiendo con violencia -por entre la asombrada multitud, y cubriendo la arena de caballeros -vencidos, sin distincion de clases, de valor ó de destreza, se -lastimaba él mismo de sus involuntarias hazañas. Pateaba el rey de -corage, y al ver tan mal parados á sus vasallos y á sus huéspedes, -mandó á los guardias que se apoderasen del que así se atrevia á -ultrajarle; mas los guardias quedaban fuera de combate luego que se -acercaban al príncipe. Mesábase el rey su larga barba, y tomando -el escudo y la lanza, saltó él mismo á la arena para imponer al -estrangero con la magestad real. Mas en aquel momento llegaba el -sol al meridiano: el encanto recobraba su influjo, y el caballo -árabe se lanzó en la llanura, saltó la barrera, se arrojó en el -Tajo, rompió nadando sus espumosas olas, y llevó al príncipe sin -aliento y desesperado á la caverna mágica. Sobrado feliz Ahmed al -apearse sano y salvo del diabólico bridon, volvió á dejar las armas -y se sometió á los nuevos decretos del destino. Sentado en la gruta -reflexionaba sobre las desgracias que aquel caballo y aquellas armas -le habian atraido. ¿Cómo habia de atreverse á presentarse en Toledo -despues de haber llenado de vergüenza á sus caballeros de un modo -tan ignominioso? ¿Qué dirian, señaladamente la princesa, de una -conducta tan insultante y grosera? Lleno de ansiedad envió á caza de -noticias á sus dos confidentes alados. El papagayo corrió todas las -encrucijadas y plazas públicas de Toledo, y volvió muy pronto con -abundante provision de chismes. Toda la ciudad estaba consternada: -á la princesa se la habian llevado sin sentido del pabellon; el -torneo se habia concluido con el mayor desórden; todos hablaban de la -repentina aparicion, de las prodigiosas hazañas, y de la desaparicion -todavía mas prodigiosa del caballero musulman: quién decia que era -sin duda algun moro mágico; quién opinaba que no podia ser otro -sino un demonio en figura humana; al paso que muchos, recordando -las tradiciones de los guerreros que permanecian encantados en -las cavernas de los montes, suponian que podia ser alguno de ellos -que hubiese hecho esta irupcion desde el centro de su guarida. Por -lo demas todos convenian en que un simple mortal no hubiera podido -egecutar aquellos hechos estraordinarios, ni arrancar tan fácilmente -de las sillas á la flor de los caballeros cristianos. - -Luego que cerró la noche salió tambien el buho á dar su vuelta, y -á favor de la oscuridad corrió todo el pueblo, posándose en los -tejados y en las chimeneas. Dirigió en fin el vuelo al palacio real, -construido en la cumbre del monte de Toledo, recorrió los terraplenes -y las almenas; y husmeando por todos los rincones, y aplicando sus -espantados ojos á todas las ventanas en donde distinguia luz; hizo -tambien desmayar de miedo á dos ó tres doncellas de la princesa, y -continuó sus investigaciones hasta el amanecer, á cuya hora se fue á -buscar al príncipe, y le participó todo lo que habia descubierto en -su espedicion. - -«Volando, le dijo, por delante de una de las torres mas elevadas -del palacio, descubrí desde una ventana á la hermosa princesa, que -tendida en su lecho y rodeada de médicos y de mugeres, no queria -tomar nada de lo que la daban para aliviarla. Cuando se salieron, ví -que sacaba de su seno una carta, la leía la besaba y prorrumpia en -amargos lamentos, de que yo, como filósofo, no hice ningun caso.» - -El tierno corazon de Ahmed quedó oprimido bajo el peso de tan -tristes noticias: «Tú tenias razon, esclamaba, sábio Eben Bonabben; -la tristeza, los cuidados, dias de tribulacion y noches de vigilia -son el patrimonio de los amantes: ¡Allah preserve á la princesa del -funesto influjo de este amor, que tanto deseé conocer en mi delirio!» - -Las nuevas noticias que el príncipe recibió de Toledo confirmaron -la relacion del buho: toda la ciudad estaba consternada; habian -encerrado á la princesa en la torre mas alta del palacio, y -guardábanse con la mayor vigilancia todas las avenidas. Entre tanto -se habia apoderado de ella una melancolía profunda, cuya causa no -podia nadie penetrar: negábase á tomar alimento, y cerraba los oidos -á todo consuelo. En vano habian ensayado los médicos mas hábiles -todos los recursos del arte, en términos que al fin llegó á creerse -que estaba bajo el dominio de algun sortilegio. En situacion tan -lastimera mandó el rey publicar por todo el reino, que cualquiera que -lograse curar á la princesa, recibiria en premio la joya mas rica de -su tesoro. - -Cuando oyó el buho esta noticia desde un rincon de la caverna en -donde estaba dormitando, volvió alternativamente sus grandes ojos á -uno y otro lado, y tomando un aspecto mas misterioso que nunca: - -«¡Allah akbar! dijo, dichoso el que pueda efectuar esta curacion, si -sabe únicamente cuál de las joyas de la corona debe elegir. - ---¿Y qué idea es la vuestra, ó venerable buho? preguntó el príncipe. - ---Estadme atento, ó príncipe, y vereis el término adonde se dirige lo -que acabo de deciros. Nosotros los buhos formamos, como ya sabeis, -un cuerpo sábio, dedicado principalmente á investigaciones oscuras -y polvorientas: pues ahora bien: en mi última escursion nocturna á -las torres y chapiteles de Toledo, descubrí una academia de buhos -anticuarios, que celebra sus sesiones en la gran torre, donde se -halla depositado el tesoro real. Reunidos allí aquellos sábios, -disertan largamente acerca de las formas, inscripciones y objetos -de las antiguas alhajas, y vasos de oro y plata que se hallan -amontonados en aquella pieza; sobre los usos de los diferentes -pueblos y edades; pero lo que principalmente los ocupa, son ciertas -antiguallas y talismanes que se conservan allí desde el tiempo del -rey godo D. Rodrigo. Entre estos últimos objetos existe un cofre -de madera de sándalo, precintado con barras de hierro á la manera -oriental, y cubierto de caracteres misteriosos, conocidos únicamente -por algunas personas doctas. Este cofre y su inscripcion han sido -el objeto de muchas sesiones de la academia, y ocasionado grandes -debates entre sus miembros; y en el momento de mi visita, puesto á -una esquina del cofre un buho muy viejo que acababa de llegar de -Egipto, estaba leyendo las palabras escritas sobre la cubierta; y -ateniéndose á su sentido, probó que el cofre contenia la alfombra de -seda que cubria el trono del sábio Salomon: cuya alhaja debieron de -traer á Toledo los judíos que se refugiaron aquí cuando la pérdida de -Jerusalen.» - -Luego que terminó el buho su erudito discurso, quedó el príncipe como -sumergido en profundas meditaciones; y al cabo de breves momentos -dijo dirigiéndose á sus compañeros: - -«Mas de una vez he oido hablar al sábio Eben Bonabben de las -propiedades de ese talisman, que habiendo desaparecido en la -destruccion de Jerusalen, se creía ya perdido para el género humano. -Su existencia es sin duda un misterio para los cristianos de Toledo; -y si yo pudiese apoderarme de ese cofre, era cierta mi felicidad.» - -Desde el dia siguiente trocó el príncipe sus ricas vestiduras por -el humilde trage de un árabe del desierto, se pintó el rostro y -las manos de color cobrizo, y quedó tal que nadie hubiera conocido -en él al gallardo caballero que causára tanta admiracion y espanto -en el torneo. Con un palo en la mano, una canasta al lado y una -flauta campestre se dirigió á Toledo, y presentándose á las puertas -de palacio, se anunció como un aspirante á la recompensa prometida -por la curacion de la princesa. Los guardias querian arrojarle -ignominiosamente. «¡Cómo! decian, ¿un beduino miserable podria hacer -lo que han intentado en vano los primeros sábios?» Mas el rey, oido -el alboroto y preguntada la causa, mandó que le presentasen aquel -hombre. - -«Poderoso rey, dijo Ahmed, teneis en vuestra presencia á un árabe -beduino, que ha pasado la mayor parte de su vida en las soledades del -desierto. Notorio es que estas se hallan infestadas de toda suerte -de demonios y espíritus malignos, que nos atormentan á los pobres -pastores, cuando apacentamos nuestros ganados lejos de los pueblos; -se entran en los cuerpos de las reses, y algunas veces comunican -fiereza hasta al paciente camello. Para deshacer estos sortilegios, -no empleamos otros medios que la música; y ciertas tonadas que se han -trasmitido de generacion en generacion, ora cantadas, ora tocadas con -el caramillo, tienen la virtud de ahuyentar aquellos malos espíritus. -Yo pues pertenezco por dicha á una familia eminentemente dotada de -esta virtud maravillosa contra los hechizos y sortilegios; la poseo -en toda su plenitud; y si el estado lastimoso en que parece se halla -vuestra hija es ocasionado por alguna influencia maligna de este -género, me obligo desde luego á libertarla, y respondo de su salud -con mi cabeza.» - -Era el rey un hombre de muy buen juicio; conocia los secretos de los -árabes de que el beduino acababa de hablarle, y habiéndole inspirado -la mayor confianza la franqueza con que este pastor se esplicaba, -le condujo al gabinete de la princesa, cuyas ventanas daban á una -especie de galería, desde donde se descubria toda la ciudad de Toledo -con las campiñas circunvecinas. - -Sentóse el príncipe en una silla que se habia colocado en la -galería, y tocó algunas tonadas árabes que habia aprendido de sus -criados en el Generalife. La princesa permaneció insensible, y los -médicos que se hallaban allí meneaban la cabeza y se sonreían con -semblante de incredulidad y menosprecio. En fin, el príncipe dejó -el caramillo, y se puso á cantar los versos que envió á la princesa -declarándola su amor. - -La hermosa doncella reconoció al momento las estancias, apoderóse -de su corazon una alegria repentina, levantó la cabeza, escuchó; -arrasáronse de lágrimas sus ojos, palpitaba su seno, y tiñósele de -púrpura el semblante. Bien hubiera pedido que hiciesen entrar al -músico; pero el tímido pudor de una vírgen no la dejaba hablar. -Comprendió el rey su deseo, y mandó al momento que entrase el -cantor. Viéronse los dos amantes y fueron discretos, pues se -contentaron con dirigirse mútuamente algunas tiernas miradas que -decian mucho mas que largos discursos. Nunca se vió triunfo mas -completo: las rosas aparecieron de nuevo en las megillas de la -encantadora Aldegunda; sus labios recobraron su frescura, sus ojos su -brillo seductor. - -Mirábanse atónitos los médicos, y el rey consideraba al beduino con -una admiracion mezclada de respeto. «Jóven prodigioso, esclamó, -quiero que seas mi primer médico, y jamas tomaré otros remedios que -tu dulce melodía. Por ahora recibe la recompensa que te es debida; -elige la joya mas preciosa de mi tesoro. - ---Ó rey, contestó Ahmed, el oro, la plata ni las piedras preciosas -tienen á mis ojos muy poco valor; mas tú posees una reliquia, un -cofre de madera de sándalo que encierra una alfombra de seda. Dame -pues ese cofre y nada mas deseo.» - -Todos los circunstantes quedaron sorprendidos de lo moderado de la -eleccion; y mas aun, cuando traido el cofre, fue sacada la alfombra: -la materia era seda, el color un verde muy hermoso, y estaba cubierta -de caracteres hebreos y caldeos. Los médicos de la córte se miraban -encogiéndose de hombros, y sonriéndose de la simplicidad de su nuevo -compañero, que se contentaba con tan módicos honorarios. - -«Esta alfombra, dijo el príncipe, cubrió en otro tiempo el trono de -Salomon, el mas sábio de los monarcas: digna es de ser colocada á -los pies de la belleza.» - -Dicho esto desplegó la alfombra y la tendió en la galería, debajo de -un lecho que habian colocado allí para la princesa, y sentándose á -los pies de esta: - -«¿Quién podrá oponerse, continuó, á los decretos del destino? -¡Cumpliéronse las predicciones de los astrólogos! Sabe, ó rey, que tu -hija y yo nos amábamos en secreto hacia largo tiempo: ya tienes en tu -presencia al Peregrino de amor.» - -No bien habia pronunciado estas palabras, cuando se levantó la -alfombra en el aire, llevándose al príncipe y á la princesa. El rey -y los médicos se quedaron pasmados, y siguieron con la vista á los -fugitivos, hasta que ya no se distinguian sino como un punto negro -que resaltaba sobre el fondo blanco de una nube, y que al fin se -perdió en el azul del cielo. - -Indignado el rey, hizo llamar inmediatamente á su tesorero. «¿Cómo, -le dijo, has permitido que un infiel tomase posesion de tan precioso -talisman? - ---¡Ah señor! respondió el tesorero, aquí no conocíamos sus virtudes, -ni el sentido de los caracteres inscritos sobre el cofre que le -guardaba. Si es en efecto la alfombra del rey Salomon, no cabe duda -que se halla dotada del poder mágico de trasportar á su posesor por -los aires adonde le plazca ir.» - -Reunió el rey un poderoso egército y se dirigió á Granada, adonde -llegó despues de una marcha larga y penosa. Luego que dió vista á -la ciudad sentó sus reales en la vega, y envió un heraldo á reclamar -á su hija. El rey de Granada salió en persona á saludar al monarca -toledano, que reconoció en él al músico beduino. Ahmed acababa de -subir al trono por muerte de su padre, y la bella Aldegunda era su -sultana. - -El rey cristiano consintió en el enlace de su hija con Ahmed, cuando -se le prometió que la princesa quedaria en libertad para conservar su -religion; porque de otro modo estaba resuelto á oponerse con todo su -poder. En vez de batallas sangrientas hubo fiestas y regocijos; el -anciano rey regresó luego á Toledo, y los jóvenes esposos continuaron -reinando en la Alhambra con no menos sabiduría que felicidad. - -Para completar mi historia no puedo dispensarme de añadir que el -buho y el papagayo habian seguido al príncipe á cortas jornadas: el -primero solo viajaba por la noche, alojándose durante el dia en las -diferentes posesiones hereditarias de su familia; el último figuraba -en las reuniones mas brillantes de las ciudades que se hallaban en el -tránsito. Ahmed recompensó generosamente los servicios que uno y otro -le habian hecho durante su peregrinacion, pues nombró primer ministro -al buho, y maestro de ceremonias al papagayo. Con lo cual parece -inútil añadir que jamas hubo reino mejor administrado; ni córte mas -escrupulosa en la observancia de las reglas de la etiqueta. - - -FIN. - - - - - - -End of Project Gutenberg's Cuentos de la Alhambra, by Washington Irving - -*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK CUENTOS DE LA ALHAMBRA *** - -***** This file should be named 52262-8.txt or 52262-8.zip ***** -This and all associated files of various formats will be found in: - http://www.gutenberg.org/5/2/2/6/52262/ - -Produced by Josep Cols Canals, Ramon Pajares Box and the -Distributed Proofreading team at DP-test Italia. - - -Updated editions will replace the previous one--the old editions -will be renamed. - -Creating the works from public domain print editions means that no -one owns a United States copyright in these works, so the Foundation -(and you!) can copy and distribute it in the United States without -permission and without paying copyright royalties. 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Email contact links and up to date contact -information can be found at the Foundation's web site and official -page at http://pglaf.org - -For additional contact information: - Dr. Gregory B. Newby - Chief Executive and Director - gbnewby@pglaf.org - - -Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg -Literary Archive Foundation - -Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide -spread public support and donations to carry out its mission of -increasing the number of public domain and licensed works that can be -freely distributed in machine readable form accessible by the widest -array of equipment including outdated equipment. Many small donations -($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt -status with the IRS. - -The Foundation is committed to complying with the laws regulating -charities and charitable donations in all 50 states of the United -States. 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