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(This file was produced from - images generously made available by The Internet - Archive/Canadian Libraries.) - -*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK OBRAS *** - - -NOTA DE TRANSCRIPCIÓN - - * Las cursivas se muestran entre _subrayados_ y las versalitas se han - convertido a MAYÚSCULAS. - - * Los errores de imprenta han sido corregidos. - - * La ortografía del texto original ha sido modernizada de acuerdo con - las normas publicadas en 2010 por la Real Academia Española, excepto - cuando quedaba afectada la métrica del verso o el arcaísmo de la - expresión. - - * Las notas a pie de página han sido renumeradas y colocadas al final - del libro. - - * Nueve páginas en blanco han sido eliminadas. - - - - -Garcilaso - - - - - CLÁSICOS CASTELLANOS - - - GARCILASO - - OBRAS - - - MADRID - EDICIONES DE «LA LECTURA» - 1911 - - - - -IMPRENTA DE «CLÁSICOS CASTELLANOS» - - - - -INTRODUCCIÓN - - -Garcilaso de la Vega nació en Toledo, año de 1503; fue hijo segundo de -D. García[1], notable político de la Corte católica, y de D.ª Sancha -de Guzmán, señora de Batres; hubo en su estirpe escritores, artistas, -santos y guerreros, desde D. Pedro Laso, almirante del Rey Alfonso -_el Sabio_, hasta su hermano el mayorazgo, llamado también D. Pedro -Laso, corregidor de Toledo y capitán del partido rebelde al comienzo -de las Comunidades, cuando estas defendían sinceramente los fueros -castellanos[2]. - -Siendo Garcilaso mozo de pocos años quedó huérfano de padre; pasó en -Toledo su primera juventud[3], y cuando fue de edad para servir al -César, recibiole este en la noble guardia de su persona. - -«En el hábito del cuerpo tuvo justa proporción, porque fue más grande -que mediano, respondiendo los lineamentos y compostura a la grandeza; -la trabazón de los miembros igual, el rostro apacible con gravedad, la -frente dilatada con majestad, los ojos vivísimos con sosiego, y todo -el talle tal, que aun los que no le conocían, viéndole le juzgaran por -hombre principal y esforzado, porque resultaba de él una hermosura -verdaderamente viril[4].» - -Fue un perfecto cortesano; hablaba el griego, el latín, el toscano y el -francés; manejaba las armas con gentileza; tañía el arpa y la vihuela -con rara habilidad, y en las fiestas galantes, con Boscán, Acuña, -Mendoza y Villalobos, triunfaba por su ingenio y su donaire; llevole -a la corte de Francisco I una airosa embajada de la Emperatriz; en la -deleitosa Nápoles, predilecto del virrey D. Pedro de Toledo, sirvió al -Estado en cargos de privanza; y en cortejos y amoríos, como poeta y -caballero, rindió su tributo a las costumbres de su tiempo; dos amores, -en distintas fechas, pasaron por sus versos con singular fragancia -de sinceridad: el de _Galatea_ o _Elisa_, la musa campesina de sus -églogas, muerta en la juventud[5], y el de cierta dama napolitana, -sirena misteriosa, musa gentil de sus sonetos[6]; en 1526, acaso -demasiado joven, fue desposado con doña Elena de Zúñiga, señora muy -principal, hija de D. Íñigo, el maestresala de la Reina D.ª Isabel; en -1532, por su complicidad en el desposorio de un sobrino suyo con D.ª -Isabel de la Cueva, sobrina del Duque de Alburquerque, desobedeciendo -la voluntad de los Reyes, estuvo algunos meses desterrado en una isla -del Danubio[7]. - -Garcilaso, soldado, fue espejo de valientes; afecto al César por -educación y gratitud, se batió contra los comuneros en Olías[8]; -formó en la expedición de los sanjuanistas en defensa de la malograda -isla de Rodas, 1522[9]; peleó contra los franceses en Fuenterrabía, -1523, y contra los florentinos en Italia, 1530; tomó parte, acaso, -en el socorro de Viena, amenazada por Solimán el Magnífico, 1532, y -luchó contra Barbarroja en la caballeresca empresa de Túnez; varias -veces fue herido, y las más de ellas en el rostro; osado hasta la -temeridad, se halló en trances de muerte, y en un siglo de héroes, la -fama de su valor sobresalió hasta lo legendario[10]. En 1536, día 23 -de setiembre, pasando las tropas imperiales frente a la torre de Muey, -a cuatro millas de Frejus, en la Provenza, unos cuantos arcabuceros, -con piedras y venablos, molestaron a los soldados desde los muros; en -ellos abrió brecha la artillería, y como el Emperador se extrañase de -que sus peones retardaran el asalto, picose más que nadie Garcilaso, -maestre de campo de la gente que al caso estaba más obligada, y sin -casco ni coraza, solo con rodela y espada, arremetió escala arriba -temerariamente; despeñaron de lo alto una gran piedra que, alcanzándole -en la cabeza, le hizo caer de espaldas en el foso con herida mortal; -irritados sus soldados, escalaron la torre, y el Emperador, sañoso, -mandó demolerla hasta los cimientos y ahorcar a sus defensores, «rigor -desacostumbrado en el ánimo benigno de tan gran Príncipe, que nos -muestra bien el exceso de dolor y rabia con que destrozó su alma tan -trágico suceso»[11]; llevado el herido a los reales de Niza, acabó sus -días en 14 de octubre, a los treinta y tres años de edad[12]. - - * * * * * - -Perdiose el poeta Garcilaso antes de manifestar plenamente el fruto -de su virtud; la guerra y la política ocuparon su actividad; gastó su -vagar en ejercicios cortesanos, y solo por deleite, por homenaje de -amistad, por discreteo galante o por desahogo de su corazón dio a las -letras, en cortas ocasiones, el regalo de sus versos. Era en su tiempo -el humanismo gala de la nobleza, privaban los poetas entre las gentes -de calidad, y los príncipes y los magnates estudiaban las obras de los -clásicos. - -No publicó él sus versos ni acaso se cuidó de conservarlos; olvidados -quedaron los que escribió en toscano y en latín[13], y de los -castellanos, solo han llegado hasta nosotros los que la diligencia -de Boscán, su entrañable amigo, logró reunir; estos fueron tres -_églogas_, dos _elegías_, una _epístola_, cinco _canciones_ y varios -_sonetos_[14], los cuales, dados a la imprenta en 1543 por D.ª -Ana Girón de Rebolledo, viuda de Boscán, juntamente con los de su -marido[15], fueron reeditados en aquel mismo siglo hasta veinticuatro o -veinticinco veces. - -La métrica italiana, apenas importada por Boscán, halló en Garcilaso un -feliz defensor; si erró su gusto en la _rima al mezzo_, acertó en el -_terceto_ y en la _octava rima_; del _verso suelto_ solo dejó un breve -ensayo; dio del _soneto_ y de la _estancia lírica_ ejemplos acabados, -y de su dulce _lira_ tanto supo pulir la perfección, que el mismo -fray Luis no pudo aventajarle; por su destreza técnica y su intuición -poética, aventajando extraordinariamente a sus compañeros Acuña, -Mendoza y Boscán, primeros adalides del verso endecasílabo, aseguró en -España, con triunfo prodigioso, el estilo toscano[16]. - -Con las nuevas formas métricas recibimos de Italia abundantes -materiales de su Parnaso; «nuestros poetas se apropiaron, como bienes -mostrencos las ideas que --en aquellas formas-- habían vertido -los italianos, y estos y los clásicos antiguos de Grecia y Roma -abastecieron a la Musa ibérica, de tal modo, que en los unos y en -los otros pueden buscarse, casi siempre con fruto, durante los dos -últimos tercios del siglo XVI y una buena parte del XVII, las fuentes -de nuestro vasto caudal de asuntos y pensamientos poéticos. Todos -imitaban, todos traducían; trajímonos con los moldes la masa echada en -ellos, y nuestro Parnaso perdió en originalidad genuínamente española -cuanto ganó en brillantes atavíos, en amplitud de formas y en riqueza y -variedad de modos de expresión[17].» - -Los modelos preferentemente seguidos por Garcilaso fueron Sannazaro -en las _églogas_, y en las _canciones y sonetos_, el Petrarca; el -Brocense y Herrera, grandes eruditos, pusieron tal cuidado en descubrir -sus imitaciones, que apenas le dejaron idea original; fueron en gran -parte justificadas las protestas que esto ocasionó. Hallose Garcilaso -en el principio de una edad naciente, rota la vieja tradición poética, -transformada la vida nacional y encendido el espíritu en nuevas ideas -con el hervor de las humanidades; no fue pequeña empresa en tales -circunstancias adaptar su sentir al gusto clásico, sacar de la Edad -Media al habla castellana dándole la dulzura y flexibilidad que faltaba -a su bizarría, y sin hacer de las letras profesión --entre las armas -del sangriento Marte--, tomando ora la espada, ora la pluma[18], echar -los fundamentos de la lírica moderna. Media en la historia de nuestra -poesía, un paso de gigante entre Garcilaso y el más moderno de sus -predecesores. - -Si en sus obras falta, realmente, originalidad, castellanía, espíritu -de raza, en fin, alma española, las andanzas de su vida, el provecho -de sus pocos años, su obra mal conservada y su temprana muerte le -disculpan. - -Es su estilo suave y armonioso, dotado de elegancia y humildad en -admirable ligamento; «las sentencias son agudas, deleitosas y graves; -las palabras, propias y bien sonantes; los modos de decir, escogidos -y cortesanos; los números, aunque generosos y llenos, son blandos y -regalados; el arreo de toda la oración está retocado de lumbres y -matices que despiden un resplandor antes nunca visto; los versos son -tersos y fáciles, todos ilustrados de claridad y ternura, virtudes muy -loadas en los poetas de su género»[19]; el castellano ha conservado -fielmente todos sus giros y modismos; después de cuatro siglos de -existencia, su lenguaje aún mantiene lozanía y juventud. - -Por natural predilección de su temperamento fue más afortunado en la -llaneza de las _églogas_ que en el petrarquismo de los _sonetos_. -Admiraban las gentes la bondad de su trato, el agrado de sus palabras -y la singular simpatía con que ganaba los corazones; enemigo de -vituperio, detúvose de sí mismo sorprendido, si alguna vez a sátira -se fue su paso a paso[20]; sentía la paz del campo, la majestad de la -naturaleza, el encanto del agua y de los árboles, del cielo y de la -luz; envidiaba a Boscán en su vida burguesa y sosegada[21], y en más de -una ocasión, deseando, sin duda, apartarse de la milicia y de la Corte, -solicitó servicios provincianos; soldado del gran César, no se inspiró -su musa, al parecer, ni en los triunfos de las armas ni en el esplendor -imperial. - -Nótase en el fondo de sus versos cierto amargor de vida malograda, -cierta inquietud y descontentamiento de una no realizada aspiración; -sentíase corrido y salteado de generosa vergüenza ante la flaqueza de -su voluntad (_Canción IV_, 53); lamentaba el errado proceso de sus años -(_Soneto VI_), y maldecía las horas y momentos --gastados mal en libres -pensamientos-- (_Canción IV_, 119). Diez años fue casado, y de ellos -más de seis anduvo lejos de su hogar; pródigo de su pluma con amigos y -parientes[22], el nombre de su esposa D.ª Elena, en el desconsuelo de -su soledad, no tuvo entre sus versos, que se sepa, ni una dedicatoria -ni un recuerdo; y en tanto _Elisa_ --D.ª Isabel Freyre--, cuyos -cabellos de oro tejieron la red en que el poeta vio enredada y revuelta -su razón (_Canción IV_, 101), fue númen inspirador de sus composiciones -más sentidas; _Elisa_, _Galatea_ y acaso _Camila_, fueron D.ª Isabel, -como _Salicio_ y _Nemoroso_, y acaso _Albanio_, fueron, en suma, -Garcilaso[23]; lícitas eran, ciertamente, en aquellos tiempos del -_amor perfecto_, galanterías que hoy condenan nuestras costumbres, pero -ello no fue obstáculo para que el mismo traductor de _El Cortesano_, el -buen Boscán, cantara las delicias de la vida doméstica y las bondades -de su propia mujer[24]. Si drama hubo secreto en la conciencia del -poeta, y hay medio de poderlo descubrir, no faltará quien pronto -nos lo diga; sea, entre tanto, permitida la indiscreción de estos -aventurados pormenores, contra la injusticia de los que han culpado a -Garcilaso de vano, artificioso y falto de interés en la expresión de -sus sentimientos. - -Llamáronle sus contemporáneos _príncipe_ de los poetas castellanos; -cien ingenios lamentaron su muerte en canciones de duelo; sus -imitadores y partidarios fueron denominados _garcilasistas_ por -Cervantes; Lope, en muchos pasajes, le tuvo en la memoria; Sebastián de -Córdoba, viendo cuán común y manual andaba su libro entre las gentes, -pretendió mejorar su doctrina vertiéndolo _a lo divino_[25]; por el -mismo camino, D. Juan de Andosilla Larramendi salió con su _Cristo -Nuestro Señor en la Cruz, hallado en los versos de Garcilaso_, y el -sabio Sánchez de las Brozas, el divino Herrera y el culto Tamayo de -Vargas pusiéronle con sus comentarios en la consideración de un autor -clásico; estas son pruebas fehacientes de la popularidad que en todos -tiempos disfrutó Garcilaso. - - * * * * * - -El texto de la presente edición se ajusta exactamente al que Fernando -de Herrera dio en sus _Anotaciones_; CLÁSICOS CASTELLANOS prefieren -reproducir este texto famoso, indiscutiblemente útil para el estudio -de las letras, en vez de lanzarse a una edición _nueva_, semi-erudita, -que, sin responder de lleno a las exigencias de la crítica filológica, -pudiera resultar indigesta e ineficaz en su misión vulgarizadora. - -Herrera usó en su libro aquella escrupulosa ortografía, por él ideada, -que apenas tuvo partidarios sino en Sevilla, entre sus familiares[26]; -de ella respeta esta edición todo lo que puede tener valor fonético, -como en la Égloga I, _dino_ 34, _vitoria_ 35, _entristesco_ 254, -_mesquina_ 368, _inesorable_ 377, _comovida_ 383, en la Égloga II, -_acidente_ 131, _eleción_ 166, _mesclado_ 252, _noturna_ 297, _nétar_ -1298, etc.; pero se ha modernizado aquello que solo afecta a la -escritura, como en la Égloga I _apressura_ 18, _iedra_ 38, _avezina_ -83, _immortales_ 395, y se ha repuesto la vocal, prescindiendo del -apóstrofo, en formas como _nombre ’n todo_ (Égloga I, 8); _qu’ -apressura_ 18, _qu’ en vano_ 20, _al’ otra_ (Elegía II, 20), etc. - -Entre nuestras notas ha sido recogido de los libros del Brocense, -Herrera, Tamayo y Azara todo cuanto ha parecido adaptable al carácter -de CLÁSICOS CASTELLANOS, omitiendo, por tanto, muchas citas sobre -concordancias e imitaciones, que son asunto para tratarlo detenidamente -en un trabajo de pura erudición. - - TOMÁS NAVARRO TOMÁS. - - - - -DATOS BIBLIOGRÁFICOS - - -Las obras de Garcilaso, a partir de la primera edición, hecha, como se -ha dicho, en Barcelona en 1543, se publicaron muchas veces con las de -Boscán, ocupando el cuarto libro de _Las obras de Boscán y algunas de -Garci Lasso de la Vega, repartidas en cuatro libros_; pero el gusto del -público, demostrando de día en día creciente predilección por las de -Garcilaso, movió a los impresores a editarlas separadamente, quedando, -desde este punto, casi olvidadas las del amigo que hasta entonces, en -su compañía, había participado de su triunfo. En 1570 tuvo ya Garcilaso -por sí solo una edición: «_Las obras del Excellente Poeta Garci-Lasso -de la Vega, en esta postrera imprission corregidas de muchos errores -que en todas las passadas auia_ -- Madrid, Alonso Gómez, 1570--; 8.º, -78 hojas foliadas, incluso las preliminares. -- Contiene únicamente -las poesías sin anotaciones»; véase Pérez Pastor, _Bibliografía -madrileña_, Madrid, 1901, núm. 43. - ---_Obras del excelente poeta Garci-Lasso de la Vega; con Anotaciones -y Emiendas del Maestro Francisco Sánchez, Catedrático de Retórica en -Salamanca_; conforme a la edición de Salamanca de 1581: Francisci -Sanctii Brocensis, Opera Omnia -- Tomus Quartus seu Opera Poetica -- -Genevae -- Apud Fratres de Tournes -- MDCCLXVI. -- La primera edición -de las anotaciones del Brocense es de 1574, en Salamanca, casa de Pedro -Laso, en 16.º, según D. Nicolás Antonio; edición que se repitió en -1577, 1581, 1589, etc.; sus notas tienden principalmente a señalar los -pasajes de autores latinos e italianos que imitó Garcilaso; dan por -hecho que el poeta imitó consciente e intencionadamente, y hubo quien -protestó de esta censura como Jerónimo de los Cobos, poeta gaditano, -con su soneto: _Descubierto se ha un hurto de gran fama -- del ladrón -Garcilaso_... Sánchez defendió su sistema en el prólogo de la edición -de 1581; su trabajo es, sin duda, el más sobrio y erudito entre todos -los comentarios de Garcilaso. - ---_Obras de Garci-Lasso de la Vega con anotaciones de Fernando de -Herrera._ En Sevilla, por Alonso de la Barrera. Año de 1580. Precede -un _Discurso a los lectores_ del maestro Francisco de Medina, modelo -de elegancia y clasicismo; el estudio de Herrera es el más completo -y minucioso, pero peca de pesado e indigesto; el anotador debió -proponerse decir todo lo que sabía en toda clase de materias, y a -veces, muy fuera de propósito, cualquier palabra del texto, sirve de -tema a un largo discurso tan erudito como innecesario para el caso; la -severidad de Herrera, preceptista y retórico escrupuloso, condenando -algunos defectos que creyó encontrar, le valió la célebre réplica de -_Prete Jacopin_ -- D. Pedro Fernández de Velasco. - ---_Garci-Lasso de la Vega, natural de Toledo -- Príncipe de los poetas -castellanos_ -- De Don Thomas Tamaio de Vargas -- Con licencia; en -Madrid, por Luis Sánchez. Año 1622. -- Tamayo dedicó principalmente su -trabajo a hacer crítica, expurgo y fijación del texto y a dar noticia -de los pasajes imitados. - ---_Obras de Garcilaso, ilustradas con notas._ En la Imprenta Real de la -_Gaceta_, Madrid -- 1765; esta fue la edición que compuso el magnífico -caballero aragonés D. José Nicolás de Azara, autor del elocuente -prólogo que la precede, sobre la decadencia del habla castellana, y -de las breves notas que la siguen, referentes en general a la cita de -pasajes imitados, según el Brocense; pecó, a mi juicio, de displicencia -y acritud en ciertas observaciones sobre Garcilaso, así como al decir ---en su prólogo-- respecto a Tamayo, que «hizo de sus notas el mejor -dechado de los despropósitos». - ---_Poetas líricos de los siglos XVI y XVII_ -- Colección ordenada por -D. Adolfo de Castro -- Dos tomos -- Colecc. de Autores Españoles -- -Rivadeneyra -- Madrid -- 1854. -- Castro debió poner su mayor atención -en hacer crítica del texto; a esto se reducen sus notas casi siempre; -pero se encuentran en cualquiera de las fuentes que él compulsó muchas -variantes de interés, no recogidas ni mencionadas en su estudio. - ---_Vida del célebre poeta Garcilaso de la Vega_, escrita por D. -Eustaquio Fernández de Navarrete: Colección de documentos inéditos para -la Historia de España, tomo XVI: Madrid, 1850; razonada monografía, -trabajada con claridad y acierto sobre documentos originales relativos -al poeta; precede el retrato de este, grabado por don Manuel Salvador -Carmona, y el facsímil de una carta autógrafa de Garcilaso. - - - - - OBRAS - DE - GARCILASO DE LA VEGA - PRÍNCIPE - DE LOS POETAS CASTELLANOS - - - - -ÉGLOGA PRIMERA - - - El dulce lamentar de dos pastores,[27] - Salicio juntamente y Nemoroso,[28] - he de contar, sus quejas imitando; - cuyas ovejas al cantar sabroso - estaban muy atentas, los amores, 5 - de pacer olvidadas, escuchando. - Tú, que ganaste obrando - un nombre en todo el mundo, - y un grado sin segundo, - agora estés atento, solo y dado 10 - al ínclito gobierno del Estado - albano; agora vuelto a la otra parte,[29] - resplandeciente, armado, - representando en tierra el fiero Marte;[30] - agora de cuidados enojosos 15 - y de negocios libre, por ventura - andes a caza, el monte fatigando - en ardiente jinete, que apresura - el curso tras los ciervos temerosos, - que en vano su morir van dilatando; 20 - espera, que en tornando - a ser restituído - al ocio ya perdido, - luego verás ejercitar mi pluma - por la infinita innumerable suma 25 - de tus virtudes y famosas obras; - antes que me consuma, - faltando a ti, que a todo el mundo sobras.[31] - En tanto que este tiempo que adivino - viene a sacarme de la deuda un día, 30 - que se debe a tu fama y a tu gloria; - que es deuda general, no solo mía, - mas de cualquier ingenio peregrino - que celebra lo dino de memoria;[32] - el árbol de vitoria[33] 35 - que ciñe estrechamente - tu gloriosa frente - dé lugar a la hiedra que se planta[34] - debajo de tu sombra, y se levanta - poco a poco, arrimada a tus loores; 40 - y en cuanto esto se canta, - escucha tú el cantar de mis pastores. - Saliendo de las ondas encendido, - rayaba de los montes el altura[35] - el sol, cuando Salicio, recostado 45 - al pie de un alta haya, en la verdura,[36] - por donde un agua clara con sonido - atravesaba el fresco y verde prado; - él, con canto acordado - al rumor que sonaba, 50 - del agua que pasaba, - se quejaba tan dulce y blandamente - como si no estuviera de allí ausente - la que de su dolor culpa tenía; - y así, como presente, 55 - razonando con ella, le decía. - - SALICIO - - ¡Oh más dura que mármol a mis quejas, - y al encendido fuego en que me quemo - más helada que nieve, Galatea![37] - Estoy muriendo, y aún la vida temo; 60 - témola con razón, pues tú me dejas; - que no hay, sin ti, el vivir para qué sea. - Vergüenza he que me vea - ninguno en tal estado, - de ti desamparado, 65 - y de mí mismo yo me corro agora. - ¿De un alma te desdeñas ser señora, - donde siempre moraste, no pudiendo - della salir un hora? - Salid sin duelo, lágrimas, corriendo. 70 - El sol tiende los rayos de su lumbre - por montes y por valles, despertando - las aves y animales y la gente: - cuál por el aire claro va volando, - cuál por el verde valle o alta cumbre 75 - paciendo va segura y libremente, - cuál con el sol presente - va de nuevo al oficio, - y al usado ejercicio - do su natura o menester le inclina: 80 - siempre está en llanto esta ánima mesquina,[38] - cuando la sombra el mundo va cubriendo - o la luz se avecina. - Salid sin duelo, lágrimas, corriendo. - ¿Y tú, desta mi vida ya olvidada, 85 - sin mostrar un pequeño sentimiento - de que por ti Salicio triste muera, - dejas llevar, desconocida, al viento - el amor y la fe que ser guardada - eternamente solo a mí debiera? 90 - ¡Oh Dios! ¿Por qué siquiera, - pues ves desde tu altura - esta falsa perjura - causar la muerte de un estrecho amigo, - no recibe del cielo algún castigo? 95 - Si en pago del amor yo estoy muriendo, - ¿qué hará el enemigo?[39] - Salid sin duelo, lágrimas, corriendo. - Por ti el silencio de la selva umbrosa, - por ti la esquividad y apartamiento 100 - del solitario monte me agradaba; - por ti la verde hierba, el fresco viento, - el blanco lirio y colorada rosa - y dulce primavera deseaba. - ¡Ay, cuánto me engañaba! 105 - ¡Ay, cuán diferente era - y cuán de otra manera[40] - lo que en tu falso pecho se escondía! - Bien claro con su voz me lo decía - la siniestra corneja repitiendo[41] 110 - la desventura mía. - Salid sin duelo, lágrimas, corriendo. - ¡Cuántas veces, durmiendo en la floresta, - reputándolo yo por desvarío, - vi mi mal entre sueños desdichado! 115 - Soñaba que en el tiempo del estío - llevaba, por pasar allí la siesta, - a beber en el Tajo mi ganado;[42] - y después de llegado, - sin saber de cuál arte, 120 - por desusada parte - y por nuevo camino el agua se iba; - ardiendo ya con la calor estiva, - el curso, enajenado, iba siguiendo - del agua fugitiva.[43] 125 - Salid sin duelo, lágrimas, corriendo. - Tu dulce habla ¿en cúya oreja suena?[44] - Tus claros ojos ¿a quién los volviste? - ¿Por quién tan sin respeto me trocaste? - Tu quebrantada fe ¿dó la pusiste? 130 - ¿Cuál es el cuello que, como en cadena, - de tus hermosos brazos anudaste? - No hay corazón que baste, - aunque fuese de piedra, - viendo mi amada hiedra, 135 - de mí arrancada, en otro muro asida, - y mi parra en otro olmo entretejida,[45] - que no se esté con llanto deshaciendo - hasta acabar la vida. - Salid sin duelo, lágrimas, corriendo. 140 - ¿Qué no se esperará de aquí adelante, - por difícil que sea y por incierto? - O ¿qué discordia no será juntada? - y juntamente ¿qué tendrá por cierto, - o qué de hoy más no temerá el amante, 145 - siendo a todo materia por ti dada? - Cuando tú enajenada - de mí, cuidado fuiste, - notable causa diste - y ejemplo a todos cuantos cubre el cielo, 150 - que el más seguro tema con recelo - perder lo que estuviere poseyendo. - Salid fuera sin duelo, - salid sin duelo, lágrimas, corriendo. - Materia diste al mundo de esperanza 155 - de alcanzar lo imposible y no pensado, - y de hacer juntar lo diferente,[46] - dando a quien diste el corazón malvado, - quitándolo de mí con tal mudanza, - que siempre sonará de gente en gente. 160 - La cordera paciente - con el lobo hambriento - hará su ayuntamiento, - y con las simples aves sin ruído - harán las bravas sierpes ya su nido; 165 - que mayor diferencia comprehendo - de ti al que has escogido. - Salid sin duelo, lágrimas, corriendo. - Siempre de nueva leche en el verano - y en el invierno abundo; en mi majada 170 - la manteca y el queso está sobrado;[47] - de mi cantar, pues, yo te vi agradada, - tanto, que no pudiera el mantuano - Títiro ser de ti más alabado.[48] - No soy, pues, bien mirado, 175 - tan disforme ni feo; - que aun agora me veo - en esta agua que corre clara y pura,[49] - y cierto no trocara mi figura[50] - con ese que de mí se está riendo;[51] 180 - ¡trocara mi ventura! - Salid sin duelo, lágrimas, corriendo. - ¿Cómo te vine en tanto menosprecio? - ¿Cómo te fui tan presto aborrecible? - ¿Cómo te faltó en mí el conocimiento? 185 - Si no tuvieras condición terrible, - siempre fuera tenido de ti en precio, - y no viera de ti este apartamiento. - ¿No sabes que sin cuento - buscan en el estío 190 - mis ovejas el frío - de la sierra de Cuenca, y el gobierno - del abrigado Estremo en el invierno?[52] - Mas ¡qué vale el tener, si derritiendo - me estoy en llanto eterno! 195 - Salid sin duelo, lágrimas, corriendo. - Con mi llorar las piedras enternecen[53] - su natural dureza y la quebrantan, - los árboles parece que se inclinan, - las aves que me escuchan, cuando cantan, 200 - con diferente voz se condolecen, - y mi morir cantando me adivinan. - Las fieras que reclinan - su cuerpo fatigado, - dejan el sosegado 205 - sueño por escuchar mi llanto triste. - Tú sola contra mí te endureciste, - los ojos aun siquiera no volviendo - a los que tú heciste - salir sin duelo, lágrimas, corriendo.[54] 210 - Mas ya que a socorrer aquí no vienes, - no dejes el lugar que tanto amaste, - que bien podrás venir de mí segura. - Yo dejaré el lugar do me dejaste; - ven, si por solo esto te detienes. 215 - Ves aquí un prado lleno de verdura, - ves aquí un espesura,[55] - ves aquí un agua clara, - en otro tiempo cara, - a quien de ti con lágrimas me quejo. 220 - Quizá aquí hallarás, pues yo me alejo, - al que todo mi bien quitarme puede;[56] - que pues el bien le dejo, - no es mucho que el lugar también le quede.-- - Aquí dio fin a su cantar Salicio, 225 - y sospirando en el postrero acento, - soltó de llanto una profunda vena. - Queriendo el monte al grave sentimiento - de aquel dolor en algo ser propicio, - con la pasada voz retumba y suena. 230 - La blanca Filomena,[57] - casi como dolida - y a compasión movida, - dulcemente responde al son lloroso. - Lo que cantó tras esto Nemoroso[58] 235 - decidlo vos, Piérides; que tanto[59] - no puedo yo ni oso, - que siento enflaquecer mi débil canto. - - NEMOROSO - - Corrientes aguas, puras, cristalinas; - árboles que os estáis mirando en ellas, 240 - verde prado de fresca sombra lleno, - aves que aquí sembráis vuestras querellas, - hiedra que por los árboles caminas, - torciendo el paso por su verde seno; - yo me vi tan ajeno 245 - del grave mal que siento, - que de puro contento - con vuestra soledad me recreaba, - donde con dulce sueño reposaba, - o con el pensamiento discurría 250 - por donde no hallaba - sino memorias llenas de alegría; - y en este mismo valle, donde agora - me entristesco y me canso, en el reposo - estuve ya contento y descansado. 255 - ¡Oh bien caduco, vano y presuroso! - Acuérdome durmiendo aquí algún hora, - que despertando, a Elisa vi a mi lado.[60] - ¡Oh miserable hado! - ¡Oh tela delicada, 260 - antes de tiempo dada - a los agudos filos de la muerte! - Mas convenible suerte[61] - a los cansados años de mi vida, - que es más que el hierro fuerte, 265 - pues no la ha quebrantado tu partida. - ¿Dó están agora aquellos claros ojos - que llevaban tras sí, como colgada, - mi alma doquier que ellos se volvían? - ¿Dó está la blanca mano delicada, 270 - llena de vencimientos y despojos - que de mí mis sentidos le ofrecían? - Los cabellos que vían - con gran desprecio el oro, - como a menor tesoro, 275 - ¿adónde están? ¿Adónde el blando pecho? - ¿Dó la coluna que el dorado techo[62] - con presunción graciosa sostenía? - Aquesto todo agora ya se encierra, - por desventura mía, 280 - en la fría, desierta y dura tierra.[63] - ¿Quién me dijera, Elisa, vida mía, - cuando en aqueste valle al fresco viento - andábamos cogiendo tiernas flores, - que había de ver con largo apartamiento 285 - venir el triste y solitario día - que diese amargo fin a mis amores? - El cielo en mis dolores - cargó la mano tanto,[64] - que a sempiterno llanto 290 - y a triste soledad me ha condenado; - y lo que siento más es verme atado - a la pesada vida y enojosa, - solo, desamparado, - ciego sin lumbre en cárcel tenebrosa. 295 - Después que nos dejaste, nunca pace - en hartura el ganado ya, ni acude - el campo al labrador con mano llena. - No hay bien que en mal no se convierta y mude: - la mala hierba al trigo ahoga, y nace 300 - en lugar suyo la infelice avena; - la tierra, que de buena - gana nos producía - flores con que solía - quitar en solo vellas mil enojos, 305 - produce agora en cambio estos abrojos, - ya de rigor de espinas intratable; - yo hago con mis ojos - crecer, lloviendo, el fruto miserable. - Como al partir del sol la sombra crece, 310 - y en cayendo su rayo se levanta - la negra escuridad que el mundo cubre, - de do viene el temor que nos espanta, - y la medrosa forma en que se ofrece - aquella que la noche nos encubre,[65] 315 - hasta que el sol descubre - su luz pura y hermosa;[66] - tal es la tenebrosa - noche de tu partir, en que he quedado - de sombra y de temor atormentado, 320 - hasta que muerte el tiempo determine - que a ver el deseado - sol de tu clara vista me encamine. - Cual suele el ruiseñor con triste canto - quejarse, entre las hojas escondido, 325 - del duro labrador, que cautamente - le despojó su caro y dulce nido - de los tiernos hijuelos, entre tanto - que del amado ramo estaba ausente,[67] - y aquel dolor que siente 330 - con diferencia tanta - por la dulce garganta - despide, y a su canto el aire suena, - y la callada noche no refrena - su lamentable oficio y sus querellas,[68] 335 - trayendo de su pena - al cielo por testigo y las estrellas; - desta manera suelto ya la rienda - a mi dolor, y así me quejo en vano - de la dureza de la muerte airada. 340 - Ella en mi corazón metió la mano, - y de allí me llevó mi dulce prenda; - que aquel era su nido y su morada. - ¡Ay muerte arrebatada! - Por ti me estoy quejando 345 - al cielo y enojando - con importuno llanto al mundo todo: - el desigual dolor no sufre modo.[69] - No me podrán quitar el dolorido - sentir, si ya del todo 350 - primero no me quitan el sentido. - Tengo una parte aquí de tus cabellos, - Elisa, envueltos en un blanco paño, - que nunca de mi seno se me apartan; - descójolos, y de un dolor tamaño 355 - enternecerme siento, que sobre ellos - nunca mis ojos de llorar se hartan. - Sin que de allí se partan, - con suspiros calientes, - más que la llama ardientes,[70] 360 - los enjugo del llanto, y de consuno - casi los paso y cuento uno a uno; - juntándolos, con un cordón los ato. - Tras esto el importuno - dolor me deja descansar un rato. 365 - Mas luego a la memoria se me ofrece - aquella noche tenebrosa, escura,[71] - que tanto aflige esta ánima mesquina - con la memoria de mi desventura. - Verte presente agora me parece 370 - en aquel duro trance de Lucina,[72] - y aquella voz divina, - con cuyo son y acentos - a los airados vientos - pudieras amansar, que agora es muda; 375 - me parece que oigo que a la cruda, - inesorable diosa demandabas[73] - en aquel paso ayuda; - y tú, rústica diosa, ¿dónde estabas?[74] - ¿Íbate tanto en perseguir las fieras? 380 - ¿Íbate tanto en un pastor dormido?[75] - ¿Cosa pudo bastar a tal crueza, - que, comovida a compasión, oído[76] - a los votos y lágrimas no dieras - por no ver hecha tierra tal belleza, 385 - o no ver la tristeza - en que tu Nemoroso - queda, que su reposo - era seguir tu oficio, persiguiendo - las fieras por los montes, y ofreciendo 390 - a tus sagradas aras los despojos? - ¿Y tú, ingrata, riendo - dejas morir mi bien ante los ojos? - Divina Elisa, pues agora el cielo - con inmortales pies pisas y mides, 395 - y su mudanza ves, estando queda, - ¿por qué de mí te olvidas, y no pides - que se apresure el tiempo en que este velo - rompa del cuerpo, y verme libre pueda, - y en la tercera rueda[77] 400 - contigo mano a mano - busquemos otro llano, - busquemos otros montes y otros ríos, - otros valles floridos y sombríos, - donde descanse y siempre pueda verte 405 - ante los ojos míos, - sin miedo y sobresalto de perderte?-- - Nunca pusieran fin al triste lloro - los pastores, ni fueran acabadas - las canciones que solo el monte oía, 410 - si mirando las nubes coloradas, - al tramontar del sol bordadas de oro, - no vieran que era ya pasado el día.[78] - La sombra se veía - venir corriendo apriesa 415 - ya por la falda espesa - del altísimo monte, y recordando[79] - ambos como de sueño, y acabando - el fugitivo sol, de luz escaso, - su ganado llevando, 420 - se fueron recogiendo paso a paso. - - - - -ÉGLOGA SEGUNDA - - - ALBANIO - - En medio del invierno está templada[80] - el agua dulce desta clara fuente,[81] - y en el verano más que nieve helada. - ¡Oh claras ondas, cómo veo presente, - en viéndoos, la memoria de aquel día 5 - de que el alma temblar y arder se siente! - En vuestra claridad vi mi alegría - escurecerse toda y enturbiarse; - cuando os cobré perdí mi compañía. - ¿A quién pudiera igual tormento darse, 10 - que con lo que descansa otro afligido - venga mi corazón a atormentarse? - El dulce murmurar de este ruído, - el mover de los árboles al viento, - el suave olor del prado florecido,[82] 15 - podrían tornar, de enfermo y descontento, - cualquier pastor del mundo, alegre y sano; - yo solo en tanto bien morir me siento. - ¡Oh hermosura sobre el ser humano! - ¡Oh claros ojos! ¡Oh cabellos de oro![83] 20 - ¡Oh cuello de marfil! ¡Oh blanca mano! - ¿Cómo puede ora ser que en triste lloro - se convirtiese tan alegre vida, - y en tal pobreza todo mi tesoro? - Quiero mudar lugar, y a la partida 25 - quizá me dejará parte del daño - que tiene el alma casi consumida. - ¡Cuán vano imaginar, cuán claro engaño - es darme yo a entender que con partirme, - de mí se ha de partir un mal tamaño! 30 - ¡Ay miembros fatigados, y cuán firme - es el dolor que os cansa y enflaquece! - ¡Oh si pudiese un rato aquí dormirme! - Al que velando el bien nunca se ofrece, - quizá que el sueño le dará durmiendo 35 - algún placer, que presto desfallece - en tus manos ¡oh sueño! me encomiendo.[84] - - SALICIO - - ¡Cuán bienaventurado[85] - aquel puede llamarse - que con la dulce soledad se abraza, 40 - y vive descuidado, - y lejos de empacharse - en lo que al alma impide y embaraza! - No ve la llena plaza, - ni la soberbia puerta 45 - de los grandes señores, - ni los aduladores - a quien la hambre del favor despierta; - no le será forzoso - rogar, fingir, temer y estar quejoso. 50 - A la sombra holgando - de un alto pino o robre, - o de alguna robusta y verde encina, - el ganado contando - de su manada pobre; 55 - que por la verde selva se avecina, - plata cendrada y fina, - oro luciente y puro, - baja y vil le parece, - y tanto lo aborrece, 60 - que aun no piensa que dello está seguro; - y como está en su seso, - rehuye la cerviz del grave peso. - Convida a dulce sueño - aquel manso ruído 65 - del agua que la clara fuente envía, - y las aves sin dueño - con canto no aprendido - hinchen el aire de dulce armonía; - háceles compañía, 70 - a la sombra volando, - y entre varios olores - gustando tiernas flores, - la solícita abeja susurrando; - los árboles y el viento 75 - al sueño ayudan con su movimiento. - ¿Quién duerme aquí? ¿Dó está que no le veo? - ¡Oh! helo allí. Dichoso tú, que aflojas - la cuerda al pensamiento o al deseo. - ¡Oh natura, cuán pocas obras cojas 80 - en el mundo son hechas por tu mano! - Creciendo el bien, menguando las congojas, - el sueño diste al corazón humano - para que al despertar más se alegrase - del estado gozoso, alegre y sano; 85 - que, como si de nuevo le hallase, - hace aquel intervalo que ha pasado - que el nuevo gusto nunca al bien se pase.[86] - Y al que de pensamiento fatigado - el sueño baña con licor piadoso, 90 - curando el corazón despedazado, - aquel breve descanso, aquel reposo - basta para cobrar de nuevo aliento, - con que se pase el curso trabajoso. - Llegarme quiero cerca con buen tiento, 95 - y ver, si de mí fuere conocido, - si es del número triste o del contento. - Albanio es este que está aquí dormido, - o yo conozco mal. Albanio es, cierto. - Duerme, garzón cansado y afligido. 100 - ¡Por cuán mejor librado tengo un muerto - que acaba el curso de la vida humana - y es reducido a más seguro puerto, - que el que, viviendo acá, de vida ufana - y de estado gozoso, noble y alto, 105 - es derrocado de fortuna insana! - Dicen que este mancebo dio un gran salto: - que de amorosos bienes fue abundante, - y agora es pobre, miserable y falto. - No sé la historia bien; mas quien delante 110 - se halló al duelo me contó algún poco - del grave caso deste pobre amante. - - ALBANIO - - ¿Es esto sueño, o ciertamente toco - la blanca mano? ¡Ah sueño! ¿estás burlando? - Yo estábate creyendo como loco. 115 - ¡Oh cuitado de mí! Tú vas volando - con prestas alas por la ebúrnea puerta;[87] - yo quédome tendido aquí llorando. - ¿No basta el grave mal en que despierta - el alma vive, o por mejor decillo, 120 - está muriendo de una vida incierta? - - SALICIO - - Albanio, deja el llanto, que en oíllo - me aflijo. - - ALBANIO - - ¿Quién presente está a mi duelo? - - SALICIO - - Aquí está quien te ayudará a sentillo. - - ALBANIO - - ¿Aquí estás tú, Salicio? Gran consuelo 125 - me fuera en cualquier mal tu compañía; - mas tengo en esto por contrario al cielo. - - SALICIO - - Parte de tu trabajo ya me había - contado Galafrón, que fue presente - en aqueste lugar el mismo día; 130 - mas no supo decir del acidente - la causa principal; bien que pensaba - que era mal que decir no se consiente; - y a la sazón en la ciudad yo estaba, - como tú sabes bien, aparejando 135 - aquel largo camino que esperaba; - y esto que digo me contaron cuando - torné a volver; mas yo te ruego agora, - si esto no es enojoso que demando, - que particularmente el punto y hora, 140 - la causa, el daño cuentes y el proceso; - que el mal comunicado se mejora.[88] - - ALBANIO - - Con un amigo tal verdad es eso, - cuando el mal sufre cura, mi Salicio; - mas este ha penetrado hasta el hueso. 145 - Verdad es que la vida y ejercicio - común, y el amistad que a ti me ayunta, - mandan que complacerte sea mi oficio; - mas ¿qué haré? que el alma ya barrunta, - que quiero renovar en la memoria 150 - la herida mortal de aguda punta; - y póneme delante aquella gloria - pasada, y la presente desventura, - para espantarme de la horrible historia. - Por otra parte, pienso que es cordura 155 - renovar tanto el mal que me atormenta, - que a morir venga de tristeza pura. - Y por esto, Salicio, entera cuenta - te daré de mi mal como pudiere, - aunque el alma rehuya y no consienta. 160 - Quise bien, y querré mientras rigiere - aquestos miembros el espirtu mío, - aquella por quien muero, si muriere.[89] - En este amor no entré por desvarío,[90] - ni lo traté, como otros, con engaños, 165 - ni fue por eleción de mi albedrío. - Desde mis tiernos y primeros años - a aquella parte me inclinó mi estrella, - y a aquel fiero destino de mis daños. - Tú conociste bien una doncella, 170 - de mi sangre y abuelos descendida,[91] - más que la misma hermosura bella. - En su verde niñez, siendo ofrecida - por montes y por selvas a Diana,[92] - ejercitaba allí su edad florida. 175 - Yo, que desde la noche a la mañana - y del un sol al otro, sin cansarme, - seguía la caza con estudio y gana, - por deudo y ejercicio a conformarme - vine con ella en tal domestiqueza, 180 - que della un punto no sabía apartarme. - Iba de un hora en otra la estrecheza - haciéndose mayor, acompañada - de un amor sano y lleno de pureza. - ¿Qué montaña dejó de ser pisada 185 - de nuestros pies? ¿Qué bosque o selva umbrosa - no fue de nuestra caza fatigada? - Siempre con mano larga y abundosa - con parte de la caza visitando - el sacro altar de nuestra santa diosa. 190 - La colmilluda testa ora llevando - del puerco jabalí cerdoso y fiero, - del peligro pasado razonando; - ora clavando del ciervo ligero - en algún sacro pino los ganchosos 195 - cuernos, con puro corazón sincero - tornábamos contentos y gozosos, - y al disponer de lo que nos quedaba, - jamás me acuerdo de quedar quejosos. - Cualquiera caza a entrambos agradaba; 200 - pero la de las simples avecillas - menos trabajo y más placer nos daba. - En mostrando el aurora sus mejillas - de rosa, y sus cabellos de oro fino - humedeciendo ya las florecillas, 205 - nosotros, yendo fuera de camino, - buscábamos un valle, el más secreto - y de conversación menos vecino; - aquí con una red de muy perfeto - verde tejida, aquel valle atajábamos 210 - muy sin rumor, con paso muy quieto. - De dos árboles altos la colgábamos, - y habiéndonos un poco lejos ido, - hacia la red armada nos tornábamos, - y por lo más espeso y escondido, 215 - los árboles y matas sacudiendo, - turbábamos el valle con ruído. - Zorzales, tordos, mirlas, que temiendo - delante de nosotros, espantados - del peligro menor, iban huyendo, 220 - daban en el mayor, desatinados, - quedando en la sutil red engañosa - confusamente todos enredados. - Y entonces era vellos una cosa - estraña y agradable, dando gritos, 225 - y con voz lamentándose quejosa. - Algunos dellos, que eran infinitos, - su libertad buscaban revolando; - otros estaban míseros y aflitos.[93] - Al fin las cuerdas de la red tirando, 230 - llevábamosla juntos casi llena, - la caza a cuestas y la red cargando. - Cuando el húmido otoño ya refrena - del seco estío el gran calor ardiente, - y va faltando sombra a Filomena,[94] 235 - con otra caza desta diferente, - aunque también de vida ociosa y blanda, - pasábamos el tiempo alegremente. - Entonces siempre, como sabes, anda - de estorninos volando a cada parte 240 - de acá y allá la espesa y negra banda. - Y cierto aquesto es cosa de contarte, - cómo con los que andaban por el viento - usábamos también de astucia y arte. - Uno vivo primero de aquel cuento 245 - tomábamos, y en esto sin fatiga - era cumplido luego nuestro intento; - al pie del cual un hilo, untado en liga, - atando, le soltábamos al punto - que vía volar aquella banda amiga. 250 - Apenas era suelto, cuando junto - estaba con los otros y mesclado, - secutando el efeto de su asunto.[95] - A cuantos era el hilo enmarañado - por alas o por pies o por cabeza, 255 - todos venían al suelo mal su grado. - Andaban forcejando una gran pieza - a su pesar y a mucho placer nuestro; - que así de un mal ajeno bien se empieza.[96] - Acuérdaseme agora que el siniestro 260 - canto de la corneja y el agüero - para escaparse no le fue maestro. - Cuando una dellas, como es muy ligero, - a nuestras manos viva nos venía, - era ocasión de más de un prisionero. 265 - La cual a un llano grande yo traía, - a do muchas cornejas andar juntas - o por el suelo o por el aire vía; - clavándola en la tierra por las puntas - estremas de las alas, sin rompellas, 270 - seguíase lo que apenas tú barruntas. - Parecía que mirando a las estrellas, - clavada boca arriba en aquel suelo, - estaba a contemplar el curso dellas. - De allí nos alejábamos, y el cielo 275 - rompía con gritos ella, y convocaba - de las cornejas el superno vuelo.[97] - En un solo momento se ayuntaba - una gran muchedumbre presurosa - a socorrer la que en el suelo estaba. 280 - Cercábanla, y alguna, más piadosa - del mal ajeno de la compañera - que del suyo avisada y temerosa, - llegábase muy cerca, y la primera - que esto hacía, pagaba su inocencia 285 - con prisión o con muerte lastimera. - Con tal fuerza la presa y tal violencia - se engarrafaba de la que venía, - que no se despidiera sin licencia. - Ya puedes ver cuán gran placer sería 290 - ver, de una por soltarse y desasirse, - de otra por socorrerse, la porfía. - Al fin la fiera lucha a despartirse - venía por nuestra mano, y la cuitada - del bien hecho empezaba a arrepentirse. 295 - ¿Qué me dirás si con su mano alzada - haciendo la noturna centinela, - la grúa de nosotros fue engañada?[98] - No aprovechaba al ánsar la cautela, - ni ser siempre sagaz descubridora 300 - de noturnos engaños con su vela.[99] - Ni al blanco cisne que en las aguas mora - por no morir como Faetón en fuego, - del cual el triste caso canta y llora. - Y tú, perdiz cuitada, ¿piensas luego 305 - que en huyendo del techo estás segura?[100] - En el campo turbamos tu sosiego. - A ningún ave o animal natura[101] - dotó de tanta astucia que no fuese - vencido al fin de nuestra astucia pura. 310 - Si por menudo de contarte hubiese - de aquesta vida cada partecilla, - temo que antes del fin anocheciese. - Basta saber que aquesta tan sencilla - y tan pura amistad, quiso mi hado 315 - en diferente especie convertilla: - en un amor tan fuerte y tan sobrado, - y en un desasosiego no creíble, - tal, que no me conosco, de trocado. - El placer de miralla, con terrible 320 - y fiero desear sentí mesclarse, - que siempre me llevaba a lo imposible. - La pena de su ausencia vi mudarse, - no en pena, no en congoja, en cruda muerte, - y en fuego eterno el alma atormentarse. 325 - A aqueste estado en fin mi dura suerte - me trajo poco a poco, y no pensara - que contra mí pudiera ser más fuerte, - si con mi grave daño no probara - que, en comparación de esta, aquella vida 330 - cualquiera por descanso la juzgara. - Ser debe aquesta historia aborrecida - de tus orejas ya, que así atormenta - mi lengua y mi memoria entristecida. - Decir ya más no es bien que se consienta; 335 - junto todo mi bien perdí en un hora, - y esta es la suma, en fin, de aquesta cuenta. - - SALICIO - - Albanio, si tu mal comunicaras[102] - con otro, que pensaras que tu pena - juzgaba como ajena, o que este fuego 340 - nunca probó, ni el juego peligroso - de que tú estás quejoso, yo confieso - que fuera bueno aqueso que hora haces; - mas si tú me deshaces con tus quejas, - ¿por qué agora me dejas como a estraño, 345 - sin dar de aqueste daño fin al cuento? - ¿Piensas que tu tormento como nuevo - escucho, y que no pruebo, por mi suerte, - aquesta viva muerte en las entrañas? - Si no con todas mañas ni esperiencia 350 - esta grave dolencia se desecha, - al menos aprovecha, yo te digo, - para que de un amigo que adolesca - otro se condolesca, que ha llegado - de bien acuchillado a ser maestro.[103] 355 - Así que, pues te muestro abiertamente - que no estoy inocente destos males, - que aún traigo las señales de las llagas, - no es bien que tú te hagas tan esquivo; - que mientras estás vivo, ser podría 360 - que por alguna vía te avisase, - y contigo llorase; que no es malo - tener al pie del palo quien se duela[104] - del mal, y sin cautela te aconseje. - - ALBANIO - - Tú quieres que forceje y que contraste[105] 365 - con quien al fin no baste a derrocalle. - Amor quiere que calle; yo no puedo - mover el paso un dedo sin gran mengua. - Él tiene de mi lengua el movimiento; - así que no me siento ser bastante. 370 - - SALICIO - - ¿Qué te pone delante que te impida - el descubrir tu vida al que aliviarte - del mal alguna parte cierto espera? - - ALBANIO - - Amor quiere que muera sin reparo; - y conociendo claro que bastaba 375 - lo que yo descansaba en este llanto - contigo, a que entre tanto me aliviase, - y aquel tiempo probase a sostenerme; - por más presto perderme, como injusto, - me ha ya quitado el gusto que tenía 380 - de echar la pena mía por la boca. - Así que ya no toca nada dello - a ti querer sabello, ni contallo - a quien solo pasallo le conviene, - y muerte solo por alivio tiene. 385 - - SALICIO - - ¿Quién es contra su ser tan inhumano, - que al enemigo entrega su despojo, - y pone su poder en otra mano? - ¿Cómo, y no tienes ora algún enojo - de ver que amor tu misma lengua ataje, 390 - o la desate por su solo antojo? - - ALBANIO - - Salicio amigo, cese este lenguaje; - cierra tu boca, y más aquí no la abras; - yo siento mi dolor, y tú mi ultraje. - ¿Para qué son maníficas palabras?[106] 395 - ¿Quién te hizo filósofo elocuente,[107] - siendo pastor de ovejas y de cabras? - ¡Oh cuitado de mí, cuán fácilmente - con espedida lengua y rigurosa - el sano da consejos al doliente! 400 - - SALICIO - - No te aconsejo yo, ni digo cosa - para que debas tú por ella darme - respuesta tan aceda y tan odiosa. - Ruégote que tu mal quieras contarme, - porque dél pueda tanto entristecerme, 405 - cuanto suelo del bien tuyo alegrarme. - - ALBANIO - - Pues ya de ti no puedo defenderme, - yo tornaré a mi cuento cuando hayas - prometido una gracia concederme; - y es, que en oyendo el fin, luego te vayas 410 - y me dejes llorar mi desventura - entre estos pinos solo y estas hayas. - - SALICIO - - Aunque pedir tú eso no es cordura, - yo seré dulce más que sano amigo, - y daré bien lugar a tu tristura. 415 - - ALBANIO - - Hora, Salicio, escucha lo que digo; - y vos, oh ninfas deste bosque umbroso, - a doquiera que estáis, estad conmigo. - Ya te conté el estado tan dichoso - a do me puso amor, si en él yo firme 420 - pudiera sostenerme con reposo; - mas, como de callar y de encubrirme - de aquella por quien vivo me encendía,[108] - llegué ya casi al punto de morirme, - mil veces ella preguntó qué había, 425 - y me rogó que el mal le descubriese, - que mi rostro y color lo descubría. - Mas no acabó con cuanto me dijese, - que de mí a su pregunta otra respuesta - que un sospiro con lágrimas hubiese. 430 - Aconteció que en una ardiente siesta, - viniendo de la caza fatigados, - en el mejor lugar desta floresta, - que es este donde estamos asentados, - a la sombra de un árbol aflojamos 435 - las cuerdas a los arcos trabajados. - En aquel prado allí nos reclinamos, - y del céfiro fresco recogiendo - el agradable espirtu, respiramos. - Las flores, a los ojos ofreciendo 440 - diversidad estraña de pintura, - diversamente así estaban oliendo. - Y en medio aquesta fuente clara y pura, - que como de cristal resplandecía, - mostrando abiertamente su hondura, 445 - el arena, que de oro parecía, - de blancas pedrezuelas variada, - por do manaba el agua, se bullía. - En derredor ni sola una pisada - de fiera o de pastor o de ganado 450 - a la sazón estaba señalada. - Después que con el agua resfriado - hubimos el calor, y juntamente - la sed de todo punto mitigado, - ella, que con cuidado diligente 455 - a conocer mi mal tenía el intento, - y a escudriñar el ánimo doliente, - con nuevo ruego y firme juramento - me conjuró y rogó que le contase - la causa de mi grave pensamiento; 460 - y si era amor, que no me recelase - de hacelle mi caso manifiesto, - y demostralle aquella que yo amase, - que me juraba que también en esto - el verdadero amor que me tenía 465 - con pura voluntad estaba presto. - Yo, que tanto callar ya no podía, - y claro descubrir menos osaba - lo que en el alma triste se sentía, - le dije que en aquella fuente clara 470 - vería de aquella que yo tanto amaba - abiertamente la hermosa cara. - Ella, que ver aquesta deseaba, - con menos diligencia discurriendo - de aquella con que el paso apresuraba, 475 - a la pura fontana fue corriendo, - y en viendo el agua, toda fue alterada, - en ella su figura sola viendo.[109] - Y no de otra manera, arrebatada, - del agua rehuyó, que si estuviera 480 - de la rabiosa enfermedad tocada. - Y sin mirarme, desdeñosa y fiera, - no sé qué allá entre dientes murmurando, - me dejó aquí, y aquí quiere que muera. - Quedé yo triste y solo allí, culpando 485 - mi temerario osar, mi desvarío, - la pérdida del bien considerando. - Creció de tal manera el dolor mío, - y de mi loco error el desconsuelo, - que hice de mis lágrimas un río. 490 - Fijos los ojos en el alto cielo, - estuve boca arriba una gran pieza - tendido, sin mudarme en este suelo.[110] - Y como de un dolor otro se empieza,[111] - el largo llanto, el desvanecimiento, 495 - el vano imaginar de la cabeza, - de mi gran culpa aquel remordimiento, - verme del todo al fin sin esperanza, - me trastornaron casi el sentimiento. - Cómo deste lugar hice mudanza 500 - no sé, ni quién de aquí me condujese - al triste albergo y a mi pobre estanza. - Sé que tornando en mí, como estuviese - sin comer y dormir bien cuatro días, - y sin que el cuerpo de un lugar moviese, 505 - las ya desamparadas vacas mías - por otro tanto tiempo no gustaron - las verdes hierbas ni las aguas frías. - Los pequeños hijuelos, que hallaron - las tetas secas ya de las hambrientas 510 - madres, bramando al cielo se quejaron. - Las selvas, a su voz también atentas, - bramando pareció que respondían, - condolidas del daño y descontentas. - Aquestas cosas nada me movían, 515 - antes con mi llorar hacía espantados - todos cuantos a verme allí venían. - Vinieron los pastores de ganados, - vinieron de los sotos los vaqueros, - para ser de mi mal de mí informados. 520 - Y todos con los gestos lastimeros - me preguntaban cuáles habían sido - los acidentes de mi mal primeros. - A los cuales, en tierra yo tendido, - ninguna otra respuesta dar sabía, 525 - rompiendo con sollozos mi gemido, - sino de rato en rato les decía: - «Vosotros, los de Tajo en su ribera, - cantaréis la mi muerte cada día.[112] - »Este descanso llevaré aunque muera, 530 - que cada día cantaréis mi muerte - vosotros, los de Tajo, en su ribera.»[113] - La quinta noche, en fin, mi cruda suerte, - queriéndome llevar do se rompiese - aquesta tela de la vida fuerte, 535 - hizo que de mi choza me saliese - por el silencio de la noche escura - a buscar un lugar donde muriese. - Y caminando por do mi ventura - y mis enfermos pies me condujeron, 540 - llegué a un barranco de muy gran altura. - Luego mis ojos lo reconocieron, - que pende sobre el agua, y su cimiento - las ondas poco a poco le comieron. - Al pie de un olmo hice allí mi asiento, 545 - y acordeme que ya con ella estuve - pasando allí la siesta al fresco viento. - En aquesta memoria me detuve, - como si aquesta fuera medicina - de mi furor y cuanto mal sostuve. 550 - Denunciaba el aurora ya vecina - la venida del sol resplandeciente, - a quien la tierra, a quien la mar se inclina. - Entonces, como cuando el cisne siente - el ansia postrimera que le aqueja, 555 - y tienta el cuerpo mísero y doliente, - con triste y lamentable son se queja, - y se despide con funesto canto - del espirtu vital que dél se aleja;[114] - así, aquejado yo de dolor tanto, 560 - que el alma abandonaba ya la humana - carne, solté la rienda al triste llanto. - «¡Oh fiera, dije, más que tigre hircana, - y más sorda a mis quejas que el ruído - embravecido de la mar insana! 565 - »Heme entregado, heme aquí rendido, - he aquí vences; toma los despojos - de un cuerpo miserable y afligido. - »Yo pondré fin del todo a tus enojos, - ya no te ofenderá mi rostro triste, 570 - mi temerosa voz y húmidos ojos. - »Quizá tú, que en mi vida no moviste - el paso a consolarme en tal estado, - ni tu dureza cruda enterneciste, - »viendo mi cuerpo aquí desamparado, 575 - vendrás a arrepentirte y lastimarte; - mas tu socorro tarde habrá llegado. - »¿Cómo pudiste tan presto olvidarte - de aquel tan luengo amor, y de sus ciegos - nudos en sola un hora desligarte? 580 - »¿No se te acuerda de los dulces juegos - ya de nuestra niñez, que fueron leña - destos dañosos y encendidos fuegos, - »cuando la encina desta espesa breña - de sus bellotas dulces despojaba, 585 - que íbamos a comer sobre esta peña? - »¿Quién las castañas tiernas derrocaba - del árbol al subir dificultoso? - ¿Quién en su limpia falda las llevaba? - »¿Cuándo en valle florido, espeso, umbroso 590 - metí jamás el pie, que dél no fuese - cargado a ti de flores y oloroso? - »Jurábasme, si ausente yo estuviese, - que ni el agua sabor, ni olor la rosa, - ni el prado hierba para ti tuviese. 595 - »¿A quién me quejo, que no escucha cosa - de cuantas digo, quien debría escucharme? - Eco sola me muestra ser piadosa; - »respondiéndome prueba conhortarme,[115] - como quien probó mal tan importuno;[116] 600 - mas no quiere mostrarse y consolarme.[117] - »¡Oh dioses! si allá juntos de consuno - de los amantes el cuidado os toca; - ¡oh tú solo! si toca a solo uno, - »recebid las palabras que la boca 605 - echa con la doliente ánima fuera, - antes que el cuerpo torne en tierra poca. - »¡Oh náyades, de aquesta mi ribera[118] - corriente moradoras! ¡Oh napeas, - guarda del verde bosque verdadera![119] 610 - »Alce una de vosotras, blancas deas, - del agua su cabeza rubia un poco, - así, ninfa, jamás en tal se vea. - »Podré decir que con mis quejas toco - las divinas orejas, no pudiendo[120] 615 - las humanas tocar, cuerdo ni loco. - »¡Oh hermosas oréades, que teniendo - el gobierno de selvas y montañas, - a caza andáis por ellas discurriendo! - »Dejad de perseguir las alimañas; 620 - venid a ver un hombre perseguido, - a quien ni valen fuerzas ya ni mañas. - »¡Oh dríades, de amor hermoso nido,[121] - dulces y graciosísimas doncellas, - que a la tarde salís de lo escondido, 625 - »con los cabellos rubios, que las bellas - espaldas dejan de oro cobijadas, - parad mientes un rato a mis querellas! - »Y si con mi ventura conjuradas - no estáis, haced que sean las ocasiones 630 - de mi muerte aquí siempre celebradas. - »¡Oh lobos, oh osos, que, por los rincones - destas fieras cavernas escondidos, - estáis oyendo agora mis razones! - »Quedaos adiós, que ya vuestros oídos 635 - de mi zampoña fueron halagados, - y alguna vez de amor enternecidos. - »Adiós, montañas; adiós, verdes prados; - adiós, corrientes ríos espumosos; - vivid sin mí con siglos prolongados; 640 - »y mientras en el curso presurosos - iréis al mar a dalle su tributo, - corriendo por los valles pedregosos, - »haced que aquí se muestre triste luto - por quien, viviendo alegre, os alegraba 645 - con agradable son y viso enjuto.[122] - »Por quien aquí sus vacas abrevaba, - por quien, ramos de lauro entretejiendo, - aquí sus fuertes toros coronaba.» - Estas palabras tales en diciendo, 650 - en pie me alcé por dar ya fin al duro - dolor que en vida estaba padeciendo. - Y por el paso en que me ves te juro[123] - que ya me iba a arrojar de do te cuento, - con paso largo y corazón seguro,[124] 655 - cuando una fuerza súbita de viento - vino con tal furor, que de una sierra - pudiera remover el firme asiento. - De espaldas, como atónito, en la tierra - desde ha gran rato me hallé tendido;[125] 660 - que así se halla siempre aquel que yerra.[126] - Con más sano discurso en mi sentido, - comencé de culpar el presupuesto[127] - y temerario error que había seguido, - en querer dar con triste muerte al resto 665 - de aquesta breve vida fin amargo, - no siendo por los hados aún dispuesto. - De allí me fui con corazón más largo - para esperar la muerte, cuando venga - a relevarme deste grave cargo. 670 - Bien has ya visto cuánto me convenga, - que pues buscalla a mí no se consiente, - ella en buscarme a mí no se detenga. - Contado te he la causa, el acidente, - el daño y el proceso todo entero; 675 - cúmpleme tu promesa prestamente. - Y si mi amigo cierto y verdadero - eres, como yo pienso, vete agora; - no estorbes un dolor acerbo y fiero - al afligido y triste cuando llora. 680 - - SALICIO - - Tratara de una parte - que agora solo siento, - si no pensaras que era dar consuelo. - Quisiera preguntarte - cómo tu pensamiento 685 - se derribó tan presto en ese suelo, - o se cubrió de un velo, - para que no mirase - que quien tan luengamente - amó, no se consiente 690 - que tan presto del todo te olvidase. - ¿Qué sabes si ella agora - juntamente su mal y el tuyo llora? - - ALBANIO - - Cese ya el artificio - de la maestra mano; 695 - no me hagas pasar tan grave pena. - Harásme tú, Salicio, - ir do nunca pie humano - estampó su pisada en el arena. - Ella está tan ajena 700 - de estar desa manera - como tú de pensallo, - aunque quieres mostrallo - con razón aparente a verdadera. - Ejercita aquí el arte 705 - a solas, que yo voyme en otra parte. - - SALICIO - - No es tiempo de curalle, - hasta que menos tema - la cura del maestro y su crueza. - Solo quiero dejalle; 710 - que aún está el apostema - intratable, a mi ver, por su dureza. - Quebrante la braveza - del pecho empedernido - con largo y tierno llanto; 715 - ireme yo entre tanto - a requerir de un ruiseñor el nido, - que está en un alta encina, - y estará presto en manos de Gravina.[128] - - CAMILA - - Si desta tierra no he perdido el tino, 720 - por aquí el corzo vino que ha traído, - después que fue herido, atrás el viento. - ¿Qué recio movimiento en la corrida - lleva, de tal herida lastimado? - En el siniestro lado soterrada 725 - la flecha enherbolada va mostrando, - las plumas blanqueando solas fuera. - Y háceme que muera con buscalle. - No pasó deste valle; aquí está cierto,[129] - y por ventura muerto. ¡Quién me diese 730 - alguno que siguiese el rastro agora, - mientras la ardiente hora de la siesta - en aquesta floresta yo descanso! - ¡Ay viento fresco y manso y amoroso, - almo, dulce, sabroso! Esfuerza, esfuerza 735 - tu soplo, y esta fuerza tan caliente - del alto sol ardiente hora quebranta; - que ya la tierna planta del pie mío - anda a buscar el frío desta hierba. - A los hombres reserva tú, Diana, 740 - en esta siesta insana tu ejercicio; - por agora tu oficio desamparo, - que me ha costado caro en este día. - ¡Ay dulce fuente mía, y de cuán alto - con solo un sobresalto me arrojaste! 745 - ¿Sabes qué me quitaste, fuente clara? - Los ojos de la cara, que no quiero - menos un compañero que yo amaba; - mas no como él pensaba. Dios ya quiera - que antes Camila muera que padesca 750 - culpa por do meresca ser echada - de la selva sagrada de Diana.[130] - ¡Oh cuán de mala gana mi memoria - renueva aquesta historia! Mas la culpa - ajena me desculpa; que si fuera 755 - yo la causa primera desta ausencia, - yo diera la sentencia en mi contrario. - Él fue muy voluntario y sin respeto. - Mas ¿para qué me meto en esta cuenta? - Quiero vivir contenta y olvidallo, 760 - y aquí donde me hallo recrearme. - Aquí quiero acostarme, y en cayendo - la siesta iré siguiendo mi corcillo, - que yo me maravillo ya y me espanto - cómo con tal herida huyó tanto. 765 - - ALBANIO - - Si mi turbada vista no me miente, - paréceme que vi entre rama y rama - una ninfa llegar a aquella fuente. - Quiero llegar allá; quizá, si ella ama, - me dirá alguna cosa con que engañe 770 - con algún falso alivio aquesta llama. - Y no se me da nada que desbañe[131] - mi alma, si es contrario lo que creo; - que a quien no espera bien no hay mal que dañe. - ¡Oh santos dioses! ¿Qué es esto que veo? 775 - ¿Es error de fantasma convertida - en forma de mi amor y mi deseo? - Camila es esta que está aquí dormida; - no puede de otra ser su hermosura; - la razón está clara y conocida: 780 - una obra sola quiso la natura[132] - hacer como esta, y rompió luego apriesa - la estampa do fue hecha tal figura.[133] - ¿Quién podrá luego de su forma espresa - el traslado sacar, si la maestra 785 - misma no basta, y ella lo confiesa? - Mas ya que es cierto el bien que a mí se muestra - ¿cómo podré llegar a despertalla, - temiendo yo la luz que a ella me adiestra?[134] - ¿Si solamente de poder tocalla 790 - perdiese el miedo yo? Mas ¿si despierta?... - Si despierta, tenella y no soltalla. - Esta osadía temo que no es cierta. - Mas ¿qué me puede hacer? Quiero llegarme. - En fin, ella está agora como muerta. 795 - Cabe ella por lo menos asentarme - bien puedo; mas no ya como solía. - ¡Oh mano poderosa de matarme! - ¿Viste cuánto tu fuerza en mí podía? - ¿Por qué para sanarme no la pruebas? 800 - Que tu poder a todo bastaría. - - CAMILA - - Socórreme, Diana. - - ALBANIO - - No te muevas, - que no te he de soltar; escucha un poco. - - CAMILA - - ¿Quién me dijera, Albanio, tales nuevas? - Ninfas del verde bosque a vos invoco, 805 - a vos pido socorro desta fuerza. - ¿Qué es esto, Albanio? Dime si estás loco. - - ALBANIO - - Locura debe ser la que me fuerza - a querer más que el alma y que la vida - a la que a aborrecerme así se esfuerza. 810 - - CAMILA - - Yo debo ser de ti la aborrecida, - pues me quieres tratar de tal manera, - siendo tuya la culpa conocida. - - ALBANIO - - ¿Yo culpa contra ti? Si la primera - no está por cometer, Camila mía, 815 - en tu desgracia y disfavor yo muera. - - CAMILA - - ¿Tú no violaste nuestra compañía, - queriéndola torcer por el camino - que de la vida honesta se desvía? - - ALBANIO - - ¿Cómo de sola un hora el desatino 820 - ha de perder mil años de servicio, - si el arrepentimiento tras él vino? - - CAMILA - - Aqueste es de los hombres el oficio: - tentar el mal, y si es malo el suceso, - pedir con humildad perdón del vicio. 825 - - ALBANIO - - ¿Qué tenté yo, Camila? - - CAMILA - - Bueno es eso. - Esta fuente lo diga, que ha quedado - por un testigo de tu mal proceso. - - ALBANIO - - Si puede ser mi yerro castigado - con muerte, con deshonra o con tormento, 830 - vesme aquí, estoy a todo aparejado. - - CAMILA - - Suéltame ya la mano, que el aliento - me falta de congoja. - - ALBANIO - - He muy gran miedo - que te me irás, que corres más que el viento. - - CAMILA - - No estoy como solía, que no puedo 835 - moverme ya, de mal ejercitada. - Suelta, que casi me has quebrado un dedo. - - ALBANIO - - ¿Estarás, si te suelto, sosegada, - mientras con razón clara yo te muestro - que fuiste sin razón de mí enojada? 840 - - CAMILA - - Eres tú de razones gran maestro. - Suelta, que sí estaré. - - ALBANIO - - Primero jura - por la primera fe del amor nuestro. - - CAMILA - - Yo juro por la ley sincera y pura - de la amistad pasada, de sentarme, 845 - y de escuchar tus quejas muy segura. - ¡Cuál me tienes la mano, de apretarme - con esa dura mano, descreído! - - ALBANIO - - ¡Cuál me tienes el alma de dejarme! - - CAMILA - - Mi prendedero de oro ¡si es perdido!...[135] 850 - ¡Oh cuitada de mí! Mi prendedero - desde aquel valle aquí se me ha caído. - - ALBANIO - - Mira no se cayese allá primero, - antes de aqueste al Val de la Hortiga. - - CAMILA - - Doquier que se perdió, buscallo quiero. 855 - - ALBANIO - - Yo iré a buscado, escusa esa fatiga; - que no puedo sufrir que aquesta arena - abrase el blanco pie de mi enemiga. - - CAMILA - - Pues que quieres tomar por mí esta pena, - derecho ve primero a aquellas hayas; 860 - que allí estuve yo echada un hora buena. - - ALBANIO - - Ya voy; mas entre tanto no te vayas. - - CAMILA - - Seguro ve, que antes verás mi muerte - que tú me cobres ni a tus manos hayas. - - ALBANIO - - ¡Ah, ninfa desleal! Y ¿desa suerte 865 - se guarda el juramento que me diste? - ¡Ah condición de vida dura y fuerte! - ¡Oh falso amor, de nuevo me heciste - revivir con un poco de esperanza! - ¡Oh modo de matar penoso y triste! 870 - ¡Oh muerte llena de mortal tardanza! - Podré por ti llamar injusto el cielo, - injusta su medida y su balanza. - Recibe tú, terreno y duro suelo, - este rebelde cuerpo, que detiene 875 - del alma el espedido y leve vuelo. - Yo me daré la muerte, y aun si viene - alguno a resistirme... ¿A resistirme? - Él verá que a su vida no conviene. - ¿No puedo yo morir, no puedo irme 880 - por aquí, por allí, por do quisiere, - desnudo espirtu o carne y hueso firme? - - SALICIO - - Escucha, que algún mal hacerse quiere, - o cierto tiene trastornado el seso. - - ALBANIO - - Aquí tuviese yo quien mal me quiere. 885 - Descargado me siento de un gran peso; - paréceme que vuelo, despreciando - monte, choza, ganado, leche y queso. - ¿No son aquestos pies? Con ellos ando. - Ya caigo en ello, el cuerpo se me ha ido; 890 - solo el espirtu es este que hora mando. - ¿Hale hurtado alguno o escondido - mientras mirando estaba yo otra cosa? - ¿O si quedó por caso allí dormido? - Una figura de color de rosa 895 - estaba allí durmiendo; ¿si es aquella - mi cuerpo? No, que aquella es muy hermosa - - NEMOROSO - - Gentil cabeza; no daría por ella - yo para mi traer solo un cornado.[136] - - ALBANIO - - ¿A quién iré del hurto a dar querella? 900 - - SALICIO - - Estraño ejemplo es ver en qué ha parado - este gentil mancebo, Nemoroso; - ¡Y a nosotros que le hemos más tratado, - manso, cuerdo, agradable, virtuoso, - sufrido, conversable, buen amigo, 905 - y con un alto ingenio, gran reposo! - - ALBANIO - - Yo podré poco, o hallaré testigo - de quién hurtó mi cuerpo; aunque esté ausente, - yo lo perseguiré como enemigo. - ¿Sabrásme decir dél, mi clara fuente? 910 - Dímelo, si lo sabes; así Febo - nunca tus frescas ondas escaliente. - Allá dentro en lo fondo está un mancebo - de laurel coronado, y en la mano - un palo propio, como yo, de acebo. 915 - Hola, ¿quién está allá? Responde, hermano. - ¡Válgame Dios! O tú eres sordo o mudo, - o enemigo mortal del trato humano. - Espirtu soy, de carne ya desnudo, - que busco el cuerpo mío, que me ha hurtado 920 - algún ladrón malvado, injusto y crudo. - Callar que callarás. ¿Hasme escuchado? - ¡Oh santo Dios! Mi cuerpo mismo veo, - o yo tengo el sentido trastornado. - ¡Oh cuerpo! Hete hallado, y no lo creo; 925 - tanto sin ti me hallo descontento. - Pon fin ya a tu destierro y mi deseo. - - NEMOROSO - - Sospecho que el contino pensamiento - que tuvo de morir antes de agora - le representa aqueste apartamiento. 930 - - SALICIO - - Como del que velando siempre llora, - quedan durmiendo las especies llenas - del dolor que en el alma triste mora. - - ALBANIO - - Si no estás en cadenas, sal ya fuera - a darme verdadera forma de hombre, 935 - que agora solo el nombre me ha quedado. - Y si no estás forzado en ese suelo, - dímelo; que si al cielo que me oyere, - con quejas no moviere y llanto tierno, - convocaré el infierno y reino escuro, 940 - y romperé su muro de diamante, - como hizo el amante blandamente[137] - por la consorte ausente, que cantando - estuvo halagando las culebras - de las hermanas negras mal peinadas.[138] 945 - - NEMOROSO - - ¡De cuán desvariadas opiniones - saca buenas razones el cuitado! - - SALICIO - - El curso acostumbrado del ingenio, - aunque le falte el genio que lo mueva, - con la fuga que lleva, corre un poco; 950 - y aunque este está hora loco, no por eso - ha de dar al travieso su sentido - en todo, habiendo sido cual tú sabes. - - NEMOROSO - - No más, no me le alabes, que por cierto, - de vello como muerto estoy llorando. 955 - - ALBANIO - - Estaba contemplando qué tormento - es este apartamiento. A lo que pienso - no nos aparta inmenso mar airado, - no torres de fosado rodeadas,[139] - no montañas cerradas y sin vía, 960 - no ajena compañía, dulce y cara; - un poco de agua clara nos detiene; - por ella no conviene lo que entramos[140] - con ansia deseamos; porque al punto - que a ti me acerco y junto, no te apartas; 965 - antes nunca te hartas de mirarme, - y de sinificarme en tu meneo - que tienes gran deseo de juntarte - con esta media parte. Daca, hermano, - échame acá esa mano, y como buenos 970 - amigos a lo menos nos juntemos, - y aquí nos abracemos. Ah ¿burlaste? - ¿Así te me escapaste? Yo te digo - que no es obra de amigo hacer eso. - ¿Quedo yo, don Travieso, remojado, 975 - y tú estás enojado? ¡Cuán apriesa - mueves ¿qué cosa es esa? tu figura! - ¿Aún esa desventura me quedaba? - Ya yo me consolaba en ver serena - tu imagen, y tan buena y amorosa.[141] 980 - No hay bien ni alegre cosa ya que dure. - - NEMOROSO - - A lo menos, que cure tu cabeza. - - SALICIO - - Salgamos, que ya empieza un furor nuevo. - - ALBANIO - - ¡Oh Dios! ¿Por qué no pruebo a echarme dentro - hasta llegar al centro de la fuente? 985 - - SALICIO - - ¿Qué es esto, Albanio? Tente. - - ALBANIO - - ¡Oh manifiesto - ladrón! Mas ¿qué es aquesto? Y ¿es muy bueno - vestiros de lo ajeno, y ante el dueño, - como si fuese un leño sin sentido, - venir muy revestido de mi carne? 990 - Yo haré que descarne esa alma osada - aquesta mano airada. - - SALICIO - - Está quedo. - Llega tú, que no puedo detenelle. - - NEMOROSO - - Pues ¿qué quieres hacelle? - - SALICIO - - ¿Yo? dejalle, - si desenclavijalle yo acabase 995 - la mano, a que escapase mi garganta. - - NEMOROSO - - No tiene fuerza tanta; solo puedes[142] - hacer lo que tú debes a quien eres. - - SALICIO - - ¡Qué tiempo de placeres y de burlas! - ¿Con la vida te burlas, Nemoroso? 1000 - Ven ya, no estés donoso. - - NEMOROSO - - Luego vengo, - en cuanto me detengo yo aquí un poco. - Veré cómo de un loco te desatas. - - SALICIO - - ¡Ay! paso, que me matas. - - ALBANIO - - Aunque mueras... - - NEMOROSO - - Ya aquello va de veras. Suelta, loco. 1005 - - ALBANIO - - Déjame estar un poco, que ya acabo. - - NEMOROSO - - Suelta ya. - - ALBANIO - - ¿Qué te hago? - - NEMOROSO - - ¿A mí? No, nada. - - ALBANIO - - Pues vete tu jornada, y nunca entiendas - en ajenas contiendas. - - SALICIO - - ¡Ah, furioso! - Afierra, Nemoroso; tenle fuerte.[143] 1010 - Yo te daré la muerte, don Perdido. - Ténmele tú tendido mientras lo ato; - probemos así un rato a castigallo. - Quizá con espantallo habrá algún miedo. - - ALBANIO - - Señores, si estoy quedo ¿dejareisme? 1015 - - SALICIO - - No. - - ALBANIO - - ¡Pues qué! ¿matareisme? - - SALICIO - - Sí. - - ALBANIO - - ¿Sin falta? - Mira cuánto más alta aquella sierra - está que la otra tierra. - - NEMOROSO - - Bueno es esto. - Él olvidará presto la braveza. - - SALICIO - - Calla, que así se aveza a tener seso. 1020 - - ALBANIO - - ¿Cómo? ¡Azotado y preso! - - SALICIO - - Calla, escucha. - - ALBANIO - - Negra fue aquella lucha que contigo - hice, que tal castigo dan tus manos. - ¿No éramos como hermanos de primero? - - NEMOROSO - - Albanio, compañero, calla agora, 1025 - y duerme aquí algún hora, y no te muevas. - - ALBANIO - - ¿Sabes algunas nuevas de mí? - - SALICIO - - Loco. - - ALBANIO - - Paso, que duermo un poco. - - SALICIO - - ¿Duermes, cierto? - - ALBANIO - - ¿No me ves como un muerto? Pues ¿qué hago? - - SALICIO - - Este te dará el pago, si despiertas, 1030 - en esas carnes muertas, te prometo. - - NEMOROSO - - Algo está más quieto y reposado - que hasta aquí. ¿Qué dices tú, Salicio? - ¿Parécete que puede ser curado? - - SALICIO - - En procurar cualquiera beneficio 1035 - a la vida y salud de un tal amigo - haremos el debido y justo oficio. - - NEMOROSO - - Escucha, pues, un poco lo que digo, - y contaré una estraña y nueva cosa, - de que yo fui la parte y el testigo. 1040 - En la ribera verde y deleitosa[144] - del sacro Tormes, dulce y claro río, - hay una vega grande y espaciosa, - verde en el medio del invierno frío, - en el otoño verde y primavera, 1045 - verde en la fuerza del ardiente estío. - Levántase al fin della una ladera - con proporción graciosa en el altura, - que sojuzga la vega y la ribera. - Allí está sobrepuesta la espesura 1050 - de las hermosas torres, levantadas - al cielo con estraña hermosura.[145] - No tanto por la fábrica estimadas, - aunque estraña labor allí se vea, - cuanto de sus señores ensalzadas. 1055 - Allí se halla lo que se desea: - virtud, linaje, haber y todo cuanto - bien de natura o de fortuna sea. - Un hombre mora allí de ingenio tanto,[146] - que toda la ribera adonde él vino 1060 - nunca se harta de escuchar su canto. - Nacido fue en el campo placentino,[147] - que con estrago y destruición romana - en el antiguo tiempo fue sanguino;[148] - y en este, con la propia, la inhumana 1065 - furia infernal, por otro nombre guerra, - lo tiñe, lo arruína y lo profana. - Él, viendo aquesto, abandonó su tierra, - por ser más del reposo compañero, - que de la patria que el furor atierra.[149] 1070 - Llevole a aquella parte el buen agüero, - de aquella tierra de Alba tan nombrada, - que este es el nombre della, y dél Severo. - A aqueste Febo no le escondió nada; - antes de piedras, hierbas y animales 1075 - diz que le fue noticia entera dada. - Este, cuando le place, a los caudales - ríos el curso presuroso enfrena - con fuerza de palabras y señales. - La negra tempestad en muy serena 1080 - y clara luz convierte, y aquel día, - si quiere revolvello, el mundo atruena. - La luna de allá arriba bajaría - si al son de las palabras no impidiese - el son del carro que la mueve y guía. 1085 - Temo que si decirte presumiese - de su saber la fuerza con loores, - que en lugar de alaballo, lo ofendiese. - Mas no te callaré que los amores - con un tan eficaz remedio cura, 1090 - cuanto conviene a tristes amadores. - En un punto remueve la tristura, - convierte en odio aquel amor insano, - y restituye el alma a su natura.[150] - No te sabré decir, Salicio hermano, 1095 - la orden de mi cura y la manera; - mas sé que me partí dél libre y sano. - Acuérdaseme bien que en la ribera - de Tormes lo hallé solo cantando, - tan dulce, que a una piedra enterneciera. 1100 - Como cerca me vido, adivinando - la causa y la razón de mi venida, - suspenso un rato estuvo allí callando; - y luego con voz clara y espedida - soltó la rienda al verso numeroso 1105 - en alabanzas de la libre vida. - Yo estaba embebecido y vergonzoso; - atento al son, y viéndome del todo - fuera de libertad y de reposo, - no sé decir sino que, en fin, de modo 1110 - aplicó a mi dolor la medicina, - que el mal desarraigó de todo en todo. - Quedé yo entonces como quien camina - de noche por caminos enriscados, - sin ver dónde la senda o paso inclina, 1115 - mas venida la luz, y contemplados, - del peligro pasado nace un miedo, - que deja los cabellos erizados. - Así estaba mirando atento y quedo - aquel peligro yo que atrás dejaba, 1120 - que nunca sin temor pensado puedo. - Tras esto luego se me presentaba, - sin antojos delante, la vileza - de lo que antes ardiendo deseaba. - Así curó mi mal con tal destreza 1125 - el sabio viejo, como te he contado, - que volvió el alma a su naturaleza, - y soltó el corazón aherrojado. - - SALICIO - - ¡Oh gran saber! ¡Oh viejo frutuoso! - que el perdido reposo al alma vuelve, 1130 - y lo que la revuelve y lleva a tierra - del corazón destierra encontinente. - Con esto solamente que contaste, - así lo reputaste acá comigo, - que sin otro testigo, a desealle 1135 - ver presente y hablalle me levantas. - - NEMOROSO - - ¿Desto poco te espantas tú, Salicio? - De más te daré indicio manifiesto, - si no te soy molesto y enojoso. - - SALICIO - - ¿Qué es esto, Nemoroso, y qué cosa 1140 - puede ser tan sabrosa en otra parte - a mí, como escucharte? No la siento, - cuanto más este cuento de Severo; - dímelo por entero, por tu vida, - pues no hay quien nos impida ni embarace. 1145 - Nuestro ganado pace, el viento espira, - Filomena sospira en dulce canto, - y en amoroso llanto se amancilla;[151] - gime la tortolilla sobre el olmo, - preséntanos a colmo el prado flores, 1150 - y esmalta en mil colores su verdura; - la fuente clara y pura murmurando - nos está convidando a dulce trato. - - NEMOROSO - - Escucha, pues, un rato, y diré cosas - estrañas y espantosas poco a poco. 1155 - Ninfas, a vos invoco; verdes faunos, - sátiros y silvanos, soltad todos - mi lengua en dulces modos y sutiles; - que ni los pastoriles ni la avena[152] - ni la zampoña suena como quiero. 1160 - Este nuestro Severo pudo tanto - con el suave canto y dulce lira, - que, revueltos en ira y torbellino, - en medio del camino se pararon - los vientos, y escucharon muy atentos 1165 - la voz y los acentos, muy bastantes - a que los repunantes y contrarios - hiciesen voluntarios y conformes. - A aqueste el viejo Tormes como a hijo - lo metió al escondrijo de su fuente, 1170 - de do va su corriente comenzada. - Mostrole una labrada y cristalina - urna, donde él reclina el diestro lado; - y en ella vio entallado y esculpido - lo que antes de haber sido, el sacro viejo 1175 - por divino consejo puso en arte, - labrado a cada parte, las estrañas - virtudes y hazañas de los hombres - que con sus claros nombres ilustraron - cuanto señorearon de aquel río. 1180 - Estaba con un brío desdeñoso, - con pecho corajoso, aquel valiente - que contra un rey potente y de gran seso, - que el viejo padre preso le tenía,[153] - cruda guerra movía, despertando 1185 - su ilustre y claro bando al ejercicio - de aquel piadoso oficio. A aqueste junto - la gran labor al punto señalaba - al hijo, que mostraba acá en la tierra - ser otro Marte en guerra, en corte Febo.[154] 1190 - Mostrábase mancebo en las señales - del rostro, que eran tales, que esperanza - y cierta confianza claro daban - a cuantos le miraban, que él sería - en quien se informaría un ser divino. 1195 - Al campo sarracino en tiernos años - daba con graves daños a sentillo;[155] - que, como fue caudillo del cristiano, - ejercitó la mano y el maduro - seso y aquel seguro y firme pecho. 1200 - En otra parte, hecho ya más hombre, - con más ilustre nombre los arneses - de los fieros franceses abollaba.[156] - Junto tras esto estaba figurado - con el arnés manchado de otra sangre, 1205 - sosteniendo la hambre en el asedio, - siendo él solo remedio del combate, - que con fiero rebate y con ruído - por el muro batido le ofrecían. - Tantos, al fin, morían por su espada, 1210 - a tantos la jornada puso espanto, - que no hay labor que tanto notifique - cuánto el fiero Fadrique de Toledo - puso terror y miedo al enemigo. - Tras aqueste que digo se veía 1215 - el hijo don García, que en el mundo[157] - sin par y sin segundo solo fuera, - si hijo no tuviera. ¿Quién mirara - de su hermosa cara el rayo ardiente, - quién su resplandeciente y clara vista, 1220 - que no diera por vista su grandeza? - Estaban de crueza fiera armadas - las tres inicas hadas, cruda guerra[158] - haciendo allí a la tierra con quitalle - a este, que en alcanzalle fue dichosa. 1225 - ¡Oh patria lagrimosa, y cómo vuelves - los ojos a los Gelves, sospirando![159] - Él está ejercitando el duro oficio, - y con tal artificio la pintura - mostraba su figura, que dijeras, 1230 - si pintado le vieras, que hablaba. - El arena quemaba, el sol ardía, - la gente se caía medio muerta; - él solo con despierta vigilanza - dañaba la tardanza floja, inerte, 1235 - y alababa la muerte gloriosa. - Luego la polvorosa muchedumbre - gritando a su costumbre le cercaba; - mas el que se llegaba al fiero mozo, - llevaba con destrozo y con tormento 1240 - del loco atrevimiento el justo pago. - Unos en bruto lago de su sangre, - cortado ya el estambre de la vida, - la cabeza partida revolcaban; - otros claro mostraban espirando, 1245 - de fuera palpitando las entrañas, - por las fieras y estrañas cuchilladas - de aquella mano dadas. Mas el hado - acerbo, triste, airado, fue venido; - y al fin él, confundido de alboroto, 1250 - atravesado y roto de mil hierros, - pidiendo de sus yerros venia al cielo, - puso en el duro suelo la hermosa - cara, como la rosa matutina,[160] - cuando ya el sol declina al mediodía, 1255 - que pierde su alegría, y marchitando - va la color mudando; o en el campo - cual queda el lirio blanco, que el arado - crudamente cortado al pasar deja, - del cual aún no se aleja presuroso 1260 - aquel color hermoso, o se destierra; - mas ya la madre tierra, descuidada, - no le administra nada de su aliento, - que era el sustentamiento y vigor suyo; - ¡Tal está el rostro tuyo en la arena, 1265 - fresca rosa, azucena blanca y pura! - Tras esto una pintura estraña tira - los ojos de quien mira, y los detiene - tanto, que no conviene mirar cosa - estraña ni hermosa, sino aquella. 1270 - De vestidura bella allí vestidas - las Gracias esculpidas se veían; - solamente traían un delgado - velo, que el delicado cuerpo viste; - mas tal, que no resiste a nuestra vista. 1275 - Su diligencia en vista demostraban;[161] - todas tres ayudaban en un hora - a una muy gran señora que paría.[162] - Un infante se vía ya nacido,[163] - tal, cual jamás salido de otro parto, 1280 - del primer siglo al cuarto vio la luna.[164] - En la pequeña cuna se leía - un nombre que decía: _Don Fernando_. - Bajaban, dél hablando, de dos cumbres[165] - aquellas nueve lumbres de la vida;[166] 1285 - con ligera corrida iba con ellas, - cual luna con estrellas, el mancebo - intonso y rubio Febo; y en llegando,[167] - por orden abrazando todas fueron - al niño, que tuvieron luengamente 1290 - visto como presente. De otra parte[168] - Mercurio estaba, y Marte cauto y fiero, - viendo el gran caballero que encogido - en el recién nacido cuerpo estaba. - Entonces lugar daba mesurado 1295 - a Venus, que a su lado estaba puesta. - Ella con mano presta y abundante - nétar sobre el infante desparcía;[169] - mas Febo la desvía de aquel tierno - niño, y daba el gobierno a sus hermanas. 1300 - Del cargo están ufanas todas nueve. - El tiempo el paso mueve, el niño crece, - y en tierna edad florece, y se levanta - como felice planta en buen terreno. - Ya sin preceto ajeno daba tales 1305 - de su ingenio señales, que espantaban - a los que lo criaban. Luego estaba - cómo una lo entregaba a un gran maestro, - que con ingenio diestro y vida honesta - hiciese manifiesta al mundo y clara 1310 - aquella ánima rara que allí vía. - Al niño recebía con respeto - un viejo, en cuyo aspeto se vía junto - severidad a un punto con dulzura. - Quedó desta figura como helado 1315 - Severo, y espantado viendo al viejo, - que, como si en espejo se mirara, - en cuerpo, edad y cara eran conformes. - En esto, el rostro a Tormes revolviendo, - vio que estaba riendo de su espanto. 1320 - «¿De qué te espantas tanto? --dijo el río-- - ¿No basta el saber mío a que primero - que naciese Severo, yo supiese - que había de ser quien diese la dotrina - al ánima divina deste mozo?» 1325 - Él, lleno de alborozo y de alegría, - sus ojos mantenía de pintura. - Miraba otra figura de un mancebo, - el cual venía con Febo mano a mano, - al modo cortesano. En su manera,[170] 1330 - lo juzgara cualquiera, viendo el gesto - lleno de un sabio, honesto y dulce afeto, - por un hombre perfeto en la alta parte - de la difícil arte cortesana, - maestra de la humana y dulce vida. 1335 - Luego fue conocida de Severo - la imagen por entero fácilmente - deste que allí presente era pintado. - Vio que era el que había dado a don Fernando, - su ánimo formando en luenga usanza, 1340 - el trato, la crianza y gentileza, - la dulzura y llaneza acomodada, - la virtud apartada y generosa, - y en fin, cualquiera cosa que se vía - en la cortesanía, de que lleno 1345 - Fernando tuvo el seno y bastecido. - Después de conocido, leyó el nombre - Severo de aqueste hombre que se llama - Boscán, de cuya llama clara y pura - sale el fuego que apura sus escritos, 1350 - que en siglos infinitos tendrán vida. - De algo más crecida edad miraba - al niño que escuchaba sus consejos, - luego los aparejos ya de Marte, - estotro puesto aparte, le traía. 1355 - Así les convenía a todos ellos, - que no pudiera dellos dar noticia - a otro la milicia en muchos años. - Obraba los engaños de la lucha; - la maña y fuerza mucha y ejercicio 1360 - con el robusto oficio está mesclando.[171] - Allí con rostro blando y amoroso - Venus aquel hermoso mozo mira, - y luego lo retira por un rato - de aquel áspero trato y son de hierro. 1365 - Mostrábale ser yerro y ser mal hecho - armar contino el pecho de dureza, - no dando a la terneza alguna puerta. - Entrada en una huerta, con él siendo, - una ninfa durmiendo le mostraba. 1370 - El mozo la miraba, y juntamente - de súbito acidente acometido, - estaba embebecido, y a la diosa, - que a la ninfa hermosa se allegase - mostraba que rogase, y parecía 1375 - que la diosa temía de llegarse. - Él no podía hartarse de miralla, - eternamente amalla proponiendo. - Luego venía corriendo Marte airado, - mostrándose alterado en la persona, 1380 - y daba la corona a don Fernando. - Estábale mostrando un caballero - que con semblante fiero amenazaba - al mozo que quitaba el nombre a todos. - Con atentados modos se movía 1385 - contra el que le atendía en una puente.[172] - Mostraba claramente la pintura - que acaso noche escura entonces era. - De la batalla fiera era testigo - Marte, que al enemigo condenaba 1390 - y al mozo coronaba en el fin della; - el cual como la estrella relumbrante - que el sol envía delante, resplandece. - De allí su nombre crece, y se derrama - su valerosa fama a todas partes. 1395 - Luego con nuevas artes se convierte - a hurtar a la muerte y a su abismo - gran parte de sí mismo y quedar vivo - cuando el vulgo cautivo lo llorare, - y muerto lo llamare con deseo. 1400 - Estaba el Himeneo allí pintado, - el diestro pie calzado en lazos de oro.[173] - De vírgenes un coro está cantando, - partidas altercando y respondiendo, - y en un lecho poniendo una doncella,[174] 1405 - que quien atento aquella bien mirase, - y bien la cotejase en su sentido - con la que el mozo vido allá en la huerta, - verá que la despierta y la dormida - por una es conocida de presente. 1410 - Mostraba juntamente ser señora - dina y merecedora de tal hombre. - El almohada el nombre contenía, - el cual doña María Enriques era.[175] - Apenas tienen fuera a don Fernando, 1415 - ardiendo y deseando estar ya echado.[176] - Al fin era dejado con su esposa, - dulce, pura, hermosa, sabia, honesta. - En un pie estaba puesta la fortuna, - nunca estable ni una, que llamaba 1420 - a Fernando, que estaba en vida ociosa, - que por dificultosa y ardua vía - quisiera ser su guía y ser primera; - mas él por compañera toma aquella, - siguiendo a la que es bella descubierta, 1425 - y juzgada cubierta por disforme; - el nombre era conforme a aquesta fama: - virtud esta se llama, al mundo rara.[177] - ¿Quién tras ella guiara igual en curso, - sino este, que el discurso de su lumbre 1430 - forzaba la costumbre de sus años, - no recibiendo engaños sus deseos? - Los montes Pirineos (que se estima[178] - de abajo que la cima está en el cielo, - y desde arriba el suelo en el infierno) 1435 - por medio del invierno atravesaba. - La nieve blanqueaba, y las corrientes - por debajo de puentes cristalinas - y por heladas minas van calladas. - El aire las cargadas ramas mueve, 1440 - que el peso de la nieve las desgaja. - Por aquí se trabaja el Duque osado, - del tiempo contrastado y de la vía, - con clara compañía de ir delante. - El trabajo constante y tan loable 1445 - por la Francia mudable, en fin, le lleva,[179] - la fama en él renueva la presteza; - la cual con ligereza iba volando, - y con el gran Fernando se paraba, - y le sinificaba en modo y gesto 1450 - que el caminar muy presto convenía. - De todos escogía el Duque uno,[180] - y entrambos de consuno cabalgaban; - los caballos mudaban fatigados; - mas a la fin llegados a los muros 1455 - del gran París seguros, la dolencia, - con su débil presencia y amarilla,[181] - bajaba de la silla al Duque sano, - y con la pesada mano le tocaba. - El luego comenzaba a demudarse, 1460 - y amarillo pararse y a dolerse. - Luego pudiera verse de travieso - venir por un espeso bosque ameno, - de buenas hierbas lleno y medicina, - Esculapio, y camina, no parando,[182] 1465 - hasta donde Fernando está en el lecho. - Entró con pie derecho, y parecía - que le restituía en tanta fuerza, - que a proseguir se esfuerza su viaje, - que le llevó al pasaje del gran Reno.[183] 1470 - Tomábale en su seno el caudaloso - y claro río, gozoso de tal gloria, - trayendo a la memoria cuándo vino - el vencedor latino al mismo paso.[184] - No se mostraba escaso de sus ondas; 1475 - antes con aguas hondas que engendraba, - los bajos igualaba y al liviano - barco daba de mano, el cual, volando, - atrás iba dejando muros, torres. - Con tanta priesa corres, navecilla, 1480 - que llegas do amancilla una doncella, - y once mil más con ella, y mancha el suelo - de sangre, que en el cielo está esmaltada:[185] - Úrsula, desposada y virgen pura, - mostraba su figura, en una pieza 1485 - pintada su cabeza. Allí se vía - que los ojos volvía ya espirando; - y estábate mirando aquel tirano[186] - que con acerba mano llevó a hecho - de tierno en tierno pecho tu compaña. 1490 - Por la fiera Alemaña de aquí parte - el Duque, a aquella parte enderezado - donde el cristiano estado estaba en dubio.[187] - En fin al gran Danubio se encomienda; - por él suelta la rienda a su navío,[188] 1495 - que con poco desvío de la tierra, - entre una y otra sierra el agua hiende. - El remo, que deciende en fuerza suma, - mueve la blanca espuma como argento. - El veloz movimiento parecía 1500 - que pintado se vía ante los ojos. - Con amorosos ojos adelante - Carlo, César triunfante, le abrazaba - cuando desembarcaba en Ratisbona.[189] - Allí por la corona del imperio 1505 - estaba el magisterio de la tierra - convocado a la guerra que esperaban. - Todos ellos estaban enclavando - los ojos en Fernando, y en el punto - que así le vieron junto, se prometen 1510 - de cuanto allí acometen la vitoria. - Con falsa y vana gloria y arrogancia, - con bárbara jatancia allí se vía - a los fines de Hungría el campo puesto - de aquel que fue molesto en tanto grado 1515 - al húngaro cuitado y afligido;[190] - las armas y el vestido a su costumbre, - era la muchedumbre tan estraña, - que apenas la campaña la abrazaba, - ni a dar pasto bastaba, ni agua el río. 1520 - César con celo pío y con valiente - ánimo aquella gente despreciaba; - la suya convocaba, y en un punto - vieras un campo junto de naciones - diversas y razones, mas de un celo.[191] 1525 - No ocupaban el suelo en tanto grado - con número sobrado y infinito - como el campo maldito; mas mostraban - virtud, con que sobraban su contrario,[192] - ánimo voluntario, industria y maña; 1530 - con generosa saña y viva fuerza - Fernando los esfuerza y los recoge, - y a sueldo suyo coge muchos dellos. - De un arte usaba entre ellos admirable; - con el disciplinable alemán fiero 1535 - a su manera y fuero conversaba; - a todos se aplicaba de manera, - que el flamenco dijera que nacido - en Flandes había sido, y el osado - español y sobrado, imaginando[193] 1540 - ser suyo don Fernando y de su suelo, - demanda sin recelo la batalla. - Quien más cerca se halla del gran hombre - piensa que crece el nombre por su mano. - El cauto italiano nota y mira,[194] 1545 - los ojos nunca tira del guerrero,[195] - y aquel valor primero de su gente[196] - junto en este y presente considera. - En él ve la manera misma y maña - del que pasó en España sin tardanza, 1550 - siendo solo esperanza de su tierra, - y acabó aquella guerra peligrosa - con mano poderosa y con estrago - de la fiera Cartago y de su muro, - y del terrible y duro su caudillo, 1555 - cuyo agudo cuchillo a las gargantas - Italia tuvo tantas veces puesto.[197] - Mostrábase tras esto allí esculpida - la envidia carcomida, así molesta;[198] - contra Fernando puesta frente a frente, 1560 - la desvalida gente convocaba, - y contra aquel la armaba, y con sus artes - busca por todas partes daño y mengua. - Él con su mansa lengua y largas manos - los tumultos livianos asentando, 1565 - poco a poco iba alzando tanto el vuelo, - que la envidia en el cielo lo miraba; - y como no bastaba a la conquista, - vencida ya su vista de tal lumbre, - forzaba su costumbre, y parecía 1570 - que perdón le pedía, en tierra echada. - Él, después de pisada, descansado - quedaba y aliviado de este enojo; - y lleno del despojo desta fiera, - hallaba en la ribera del gran río, 1575 - de noche, al puro frío del sereno, - a César, que en su seno está pensoso, - del suceso dudoso desta guerra; - que, aunque de sí destierra la tristeza, - del caso la grandeza trae consigo 1580 - el pensamiento amigo del remedio.[199] - Entrambos buscan medio convenible - para que aquel terrible furor loco - les empeciese poco, y recibiese - tal estrago, que fuese destrozado. 1585 - Después de haber hablado, ya cansados, - en la hierba acostados se dormían; - el gran Danubio oían ir sonando, - casi como aprobando aquel consejo. - En esto el claro viejo río se vía 1590 - que del agua salía muy callado, - de sauces coronado y de un vestido - de las ovas tejido mal cubierto, - y en aquel sueño incierto les mostraba - todo cuanto tocaba al gran negocio. 1595 - Y parecía que el ocio sin provecho - les sacaba del pecho; porque luego, - como si en vivo fuego se quemara - alguna cosa cara, se levantan - del gran sueño y se espantan, alegrando 1600 - el ánimo y alzando la esperanza. - El río sin tardanza parecía - que el agua disponía al gran viaje; - allanaba el pasaje y la corriente, - para que fácilmente aquella armada[200] 1605 - que había de ser guiada por su mano, - en el remar liviano y dulce viese - cuánto el Danubio fuese favorable. - Con presteza admirable vieras junto - un ejército a punto denodado; 1610 - y después de embarcado, el remo lento, - el duro movimiento de los brazos, - los pocos embarazos de las ondas - llevaban por las hondas aguas presta - el armada, molesta al gran tirano.[201] 1615 - El artificio humano no hiciera - pintura que esprimiera vivamente, - el armada, la gente, el curso, el agua; - apenas en la fragua, donde sudan - los cíclopes y mudan fatigados[202] 1620 - los brazos, ya cansados del martillo, - pudiera así esprimillo el gran maestro. - Quien viera el curso diestro por la clara - corriente, bien jurara a aquellas horas[203] - que las agudas proras dividían 1625 - el agua y la hendían con sonido, - y el rastro iba seguido. Luego vieras - al viento las banderas tremolando, - las ondas imitando en el moverse. - Pudiera también verse casi viva 1630 - la otra gente esquiva y descreída, - que, de ensoberbecida y arrogante, - pensaban que delante no hallaran - hombres que se pararan, a su furia. - Los nuestros, tal injuria no sufriendo, 1635 - remos iban metiendo con tal gana, - que iba de espuma cana el agua llena. - El temor enajena al otro bando; - el sentido, volando de uno en uno, - entrábase importuno por la puerta 1640 - de la opinión incierta, y siendo dentro, - en el íntimo centro allá del pecho - les dejaba deshecho un hielo frío, - el cual, como un gran río en flujos gruesos, - por médulas y huesos discurría. 1645 - Todo el campo se vía conturbado - y con arrebatado movimiento; - solo del salvamento platicaban.[204] - Luego se levantaban con desorden, - confusos y sin orden caminando, 1650 - atrás iban dejando con recelo, - tendida por el suelo, su riqueza. - Las tiendas do pereza y do fornicio, - con todo bruto vicio obrar solían, - sin ellas se partían. Así armadas, 1655 - eran desamparadas de sus dueños. - A grandes y pequeños juntamente - era el temor presente por testigo, - y el áspero enemigo a las espaldas, - que les iba las faldas ya mordiendo. 1660 - César estar teniendo allí se vía - a Fernando, que ardía sin tardanza - por colorar su lanza en turca sangre. - Con animosa hambre y con denuedo - forcejea con quien quedo estar le manda. 1665 - Como lebrel de Irlanda generoso - que el jabalí cerdoso y fiero mira, - rebátese, sospira, fuerza y riñe, - y apenas le constriñe el atadura, - que el dueño con cordura más aprieta;[205] 1670 - así estaba perfeta y bien labrada - la imagen figurada de Fernando, - que quien allí mirándola estuviera, - que era desta manera bien juzgara. - Resplandeciente y clara de su gloria 1675 - pintada la vitoria se mostraba; - a César abrazaba, y no parando, - los brazos a Fernando echaba al cuello. - Él mostraba de aquello sentimiento, - por ser el vencimiento tan holgado. 1680 - Estaba figurado un carro estraño - con el despojo y daño de la gente - bárbara, y juntamente allí pintados - cautivos amarrados a las ruedas, - con hábitos y sedas variadas; 1685 - lanzas rotas, celadas y banderas, - armaduras ligeras de los brazos, - escudos en pedazos divididos, - vieras allí cogidos en trofeo, - con que el común deseo y voluntades 1690 - de tierras y ciudades se alegraba. - Tras esto blanqueaba falda y seno - con velas al Tirreno de la armada - sublime y ensalzada y gloriosa. - Con la prora espumosa las galeras, 1695 - como nadantes fieras, el mar cortan, - hasta que en fin aportan con corona - de lauro a Barcelona, do cumplidos[206] - los votos ofrecidos y deseos, - y los grandes trofeos ya repuestos, 1700 - con movimientos prestos de allí luego, - en amoroso fuego todo ardiendo, - el Duque iba corriendo, y no paraba. - Cataluña pasaba, atrás la deja; - ya de Aragón se aleja, y en Castilla, 1705 - sin bajar de la silla, los pies pone. - El corazón dispone a la alegría - que vecina tenía, y reserena - su rostro, y enajena de sus ojos - muerte, daños, enojos, sangre y guerra. 1710 - Con solo amor se encierra sin respeto, - y el amoroso afeto y celo ardiente - figurado y presente está en la cara; - y la consorte cara, presurosa, - de un tal placer dudosa, aunque lo vía, 1715 - el cuello le ceñía en nudo estrecho,[207] - de aquellos brazos hecho delicados; - de lágrimas preñados relumbraban - los ojos que sobraban al sol claro. - Con su Fernando caro y señor pío 1720 - la tierra, el campo, el río, el monte, el llano, - alegres a una mano estaban todos, - mas con diversos modos lo decían. - Los muros parecían de otra altura; - el campo en hermosura de otras flores 1725 - pintaba mil colores disconformes; - estaba el mismo Tormes figurado, - en torno rodeado de sus ninfas, - vertiendo claras linfas con instancia, - en mayor abundancia que solía; 1730 - del monte se veía el verde seno - de ciervos todo lleno, corzos, gamos, - que de los tiernos ramos van rumiando; - el llano está mostrando su verdura, - tendiendo su llanura así espaciosa, 1735 - que a la vida curiosa nada empece, - ni deja en qué tropiece el ojo vago. - Bañados en un lago, no de olvido, - mas de un embebecido gozo, estaban - cuantos consideraban la presencia 1740 - deste, cuya ecelencia el mundo canta, - cuyo valor quebranta al turco fiero. - Aquesto vio Severo por sus ojos, - y no fueron antojos ni ficiones; - si oyeras sus razones, yo te digo 1745 - que como a buen testigo lo creyeras. - Contaba muy de veras que, mirando - atento y contemplando las pinturas, - hallaba en las figuras tal destreza, - que con mayor viveza no pudieran 1750 - estar si ser les dieran vivo y puro. - Lo que dellas escuro allí hallaba, - y el ojo no bastaba a recogello, - el río le daba dello gran noticia. - --Este de la milicia --dijo el río-- 1755 - la cumbre y señorío tendrá solo - del uno al otro polo, y porque espantes - a todos cuantos cantes los famosos - hechos tan gloriosos, tan ilustres,[208] - sabe que en cinco lustres de sus años[209] 1760 - hará tantos engaños a la muerte, - que con ánimo fuerte habrá pasado - por cuanto aquí pintado della has visto. - Ya todo lo has previsto, vamos fuera, - dejarte he en la ribera do estar sueles. 1765 - --Quiero que me reveles tú primero, - --le replicó Severo--, qué es aquello, - que de mirar en ello se me ofusca - la vista; así corusca y resplandece,[210] - y tan claro parece allí en la urna, 1770 - como en hora noturna la cometa. - --Amigo, no se meta --dijo el viejo-- - ninguno, le aconsejo, en este suelo - en saber más que el cielo le otorgare; - y si no te mostrare lo que pides, 1775 - tú mismo me lo impides, porque en tanto - que el mortal velo y manto el alma cubren, - mil cosas se te encubren, que no bastan - tus ojos, que contrastan, a mirallas. - No pude yo pintallas con menores 1780 - luces y resplandores, porque sabe, - y aquesto en ti bien cabe, que esto todo - que en ecesivo modo resplandece - tanto, que no parece ni se muestra, - es lo que aquella diestra mano osada 1785 - y virtud sublimada de Fernando - acabarán entrando más los días. - Lo cual, con lo que vías comparado, - es como con nublado muy escuro - el sol ardiente, puro, relumbrante. 1790 - Tu vista no es bastante a tanta lumbre, - hasta que la costumbre de miralla - tu ver al contemplalla no confunda. - Como en cárcel profunda el encerrado, - que, súbito sacado, le atormenta 1795 - el sol que se presenta a sus tinieblas; - así tú, que las nieblas y hondura, - metido en estrechura, contemplabas - que era cuanto mirabas otra gente, - viendo tan diferente suerte de hombre, 1800 - no es mucho que te asombre luz tamaña; - pero vete, que baña el sol hermoso - su carro presuroso ya en las ondas, - y antes que me respondas será puesto.-- - Diciendo así, con gesto muy humano 1805 - tomole por la mano. ¡Oh admirable - caso, y, cierto, espantable! Que en saliendo, - se fueron estriñendo de una parte - y de otra de tal arte aquellas ondas, - que las aguas, que hondas ser solían, 1810 - el suelo descubrían, y dejaban - seca por do pasaban la carrera, - hasta que en la ribera se hallaron; - y como se pararon en un alto, - el viejo de allí un salto dio con brío, 1815 - y levantó del río espuma al cielo, - y comovió del suelo negra arena. - Severo, ya de ajena ciencia instruto, - fuese a coger el fruto sin tardanza - de futura esperanza; y escribiendo, 1820 - las cosas fue esprimiendo muy conformes - a las que había de Tormes aprendido; - y aunque de mi sentido él bien juzgase - que no las alcanzase, no por eso - este largo proceso sin pereza 1825 - dejó, por su nobleza, de mostrarme. - Yo no podía hartarme allí leyendo, - y tú de estarme oyendo estás cansado. - - SALICIO - - Espantado me tienes - con tan estraño cuento, 1830 - y al son de tu hablar embebecido; - acá dentro me siento, - oyendo tantos bienes - y el valor deste príncipe escogido, - bullir con el sentido 1835 - y arder con el deseo, - por contemplar presente - a aquel que, estando ausente, - por tu divina relación ya veo. - ¡Quién viese la escritura, 1840 - ya que no puede verse la pintura! - Por firme y verdadero, - después que te he escuchado, - tengo que ha de sanar Albanio cierto; - que, según me has contado, 1845 - bastará a tu Severo - a dar salud a un vivo y vida a un muerto; - que a quien fue descubierto - un tamaño secreto, - razón es que se crea 1850 - que, cualquiera que sea, - alcanzará con su saber perfeto, - y a las enfermedades - aplicará contrarias calidades. - - NEMOROSO - - Pues ¿en qué te resumes, di, Salicio, 1855 - acerca deste enfermo compañero? - - SALICIO - - En que hagamos el debido oficio. - Luego de aquí partamos, y primero - que haga curso el mal y se envejesca, - así le presentemos a Severo. 1860 - - NEMOROSO - - Yo soy contento, y antes que amanesca - y que del sol el claro rayo ardiente - sobre las altas cumbres se paresca, - el compañero mísero y doliente - llevemos luego donde cierto entiendo 1865 - que será guarecido fácilmente. - - SALICIO - - Recoge tu ganado, que cayendo - ya de los altos montes las mayores - sombras, con ligereza van corriendo. - Mira en torno, y verás por los alcores 1870 - salir el humo de las caserías - de aquestos comarcanos labradores.[211] - Recoge tus ovejas y las mías, - y vete ya con ellas poco a poco - por aquel mismo valle que solías. 1875 - Yo solo me avendré con nuestro loco, - que pues él hasta aquí no se ha movido, - la braveza y furor debe ser poco. - - NEMOROSO - - Si llegas antes, no te estés dormido; - apareja la cena, que sospecho 1880 - que aún fuego Galafrón no habrá encendido. - - SALICIO - - Yo lo haré, que al hato iré derecho, - si no me lleva a despeñar consigo - de algún barranco Albanio a mi despecho. - Adiós, hermano. - - NEMOROSO - - Adiós, Salicio amigo. 1885 - - - - -ÉGLOGA III - - Aquella voluntad honesta y pura,[212] - ilustre y hermosísima María, - que en mí de celebrar tu hermosura, - tu ingenio y tu valor estar solía, - a despecho y pesar de la ventura 5 - que por otro camino me desvía, - está y estará en mí tanto clavada, - cuanto del cuerpo el alma acompañada.[213] - Y aun no se me figura que me toca - aqueste oficio solamente en vida; 10 - mas con la lengua muerta y fría en la boca[214] - pienso mover la voz a ti debida. - Libre mi alma de su estrecha roca, - por el Estigio lago conducida, - celebrándote irá, y aquel sonido 15 - hará parar las aguas del olvido. - Mas la fortuna, de mi mal no harta, - me aflige y de un trabajo en otro lleva; - ya de la patria, ya del bien me aparta, - ya mi paciencia en mil maneras prueba; 20 - y lo que siento más, es que la carta,[215] - donde mi pluma en tu alabanza mueva, - poniendo en su lugar cuidados vanos, - me quita y me arrebata de las manos. - Pero, por más que en mí su fuerza pruebe, 25 - no tornará mi corazón mudable; - nunca dirán jamás que me remueve - fortuna de un estudio tan loable. - Apolo y las hermanas, todas nueve, - me darán ocio y lengua con que hable 30 - lo menos de lo que en tu ser cupiere, - que esto será lo más que yo pudiere.[216] - En tanto no te ofenda ni te harte - tratar del campo y soledad que amaste, - ni desdeñes aquesta inculta parte 35 - de mi estilo, que en algo ya estimaste. - Entre las armas del sangriento Marte, - do apenas hay quien su furor contraste, - hurté de el tiempo aquesta breve suma, - tomando, ora la espada, ora la pluma.[217] 40 - Aplica, pues, un rato los sentidos - al bajo son de mi zampoña ruda, - indina de llegar a tus oídos, - pues de ornamento y gracia va desnuda; - mas a las veces son mejor oídos 45 - el puro ingenio y lengua casi muda, - testigos limpios de ánimo inocente, - que la curiosidad del elocuente. - Por aquesta razón de ti escuchado, - aunque me falten otras, ser meresco. 50 - Lo que puedo te doy, y lo que he dado, - con recibillo tú yo me enriquesco. - De cuatro ninfas que del Tajo amado - salieron juntas, a cantar me ofresco, - Filódoce, Dinámene y Crimene, 55 - Nise, que en hermosura par no tiene. - Cerca del Tajo en soledad amena, - de verdes sauces hay una espesura, - toda de hiedra revestida y llena, - que por el tronco va hasta el altura, 60 - y así la teje arriba y encadena, - que el sol no halla paso a la verdura; - el agua baña el prado, con sonido - alegrando la vista y el oído. - Con tanta mansedumbre el cristalino 65 - Tajo en aquella parte caminaba, - que pudieran los ojos el camino - determinar apenas que llevaba. - Peinando sus cabellos de oro fino, - una ninfa, del agua, do moraba, 70 - la cabeza sacó, y el prado ameno - vido de flores y de sombra lleno. - Moviola el sitio umbroso, el manso viento, - el suave olor de aquel florido suelo. - Las aves en el fresco apartamiento 75 - vio descansar del trabajoso vuelo. - Secaba entonces el terreno aliento - el sol subido en la mitad del cielo. - En el silencio solo se escuchaba - un susurro de abejas que sonaba. 80 - Habiendo contemplado una gran pieza - atentamente aquel lugar sombrío, - somorgujó de nuevo su cabeza,[218] - y al fondo se dejó calar del río.[219] - A sus hermanas a contar empieza 85 - del verde sitio el agradable frío, - y que vayan les ruega y amonesta - allí con su labor a estar la siesta. - No perdió en esto mucho tiempo el ruego, - que las tres dellas su labor tomaron, 90 - y en mirando de fuera, vieron luego - el prado, hacia el cual enderezaron. - El agua clara con lacivo juego[220] - nadando dividieron y cortaron,[221] - hasta que el blanco pie tocó mojado, 95 - saliendo de la arena, el verde prado. - Poniendo ya en lo enjuto las pisadas,[222] - escurrieron del agua sus cabellos, - los cuales esparciendo, cubijadas - las hermosas espaldas fueron dellos. 100 - Luego sacando telas delicadas, - que en delgadeza competían con ellos,[223] - en lo más escondido se metieron, - y a su labor atentas se pusieron. - Las telas eran hechas y tejidas 105 - del oro que el felice Tajo envía, - apurado, después de bien cernidas - las menudas arenas do se cría.[224] - Y de las verdes hojas reducidas - en estambre sutil, cual convenía 110 - para seguir el delicado estilo - del oro ya tirado en rico hilo. - La delicada estambre era distinta - de las colores que antes le habían dado - con la fineza de la varia tinta 115 - que se halla en las conchas del pescado. - Tanto artificio muestra en lo que pinta - y teje cada ninfa en su labrado, - cuanto mostraron en sus tablas antes - el celebrado Apeles y Timantes. 120 - Filódoce, que así de aquellas era - llamada la mayor, con diestra mano - tenía figurada la ribera - de Estrimón, de una parte el verde llano, - y de otra el monte de aspereza fiera, 125 - pisado tarde o nunca de pie humano, - donde el amor movió con tanta gracia - la dolorosa lengua del de Tracia.[225] - Estaba figurada la hermosa - Eurídice, en el blanco pie mordida[226] 130 - de la pequeña sierpe ponzoñosa,[227] - entre la hierba y flores escondida; - descolorida estaba como rosa - que ha sido fuera de sazón cogida, - y el ánima, los ojos ya volviendo, 135 - de su hermosa carne despidiendo. - Figurado se vía estensamente - el osado marido que bajaba - al triste reino de la escura gente, - y la mujer perdida recobraba; 140 - y cómo después desto él, impaciente - por miralla de nuevo, la tornaba - a perder otra vez, y del tirano - se queja al monte solitario en vano.[228] - Dinámene no menos artificio 145 - mostraba en la labor que había tejido, - pintando a Apolo en el robusto oficio - de la silvestre caza embebecido. - Mudar luego le hace el ejercicio - la vengativa mano de Cupido, 150 - que hizo a Apolo consumirse en lloro - después que le enclavó con punta de oro.[229] - Dafne con el cabello suelto al viento,[230] - sin perdonar al blanco pie, corría - por áspero camino tan sin tiento, 155 - que Apolo en la pintura parecía - que, porque ella templase el movimiento, - con menos ligereza la seguía. - Él va siguiendo, y ella huye como - quien siente al pecho el odioso plomo.[231] 160 - Mas a la fin los brazos le crecían, - y en sendos ramos vueltos se mostraban, - y los cabellos, que vencer solían - al oro fino, en hojas se tornaban; - en torcidas raíces se estendían 165 - los blancos pies, y en tierra se hincaban. - Llora el amante, y busca el ser primero, - besando y abrazando aquel madero. - Climene, llena de destreza y maña, - el oro y las colores matizando, 170 - iba de hayas una gran montaña - de robles y de peñas variando. - Un puerco entre ellas, de braveza estraña, - estaba los colmillos aguzando - contra un mozo, no menos animoso, 175 - con su venablo en mano, que hermoso.[232] - Tras esto, el puerco allí se vía herido - de aquel mancebo por su mal valiente, - y el mozo en tierra estaba ya tendido, - abierto el pecho del rabioso diente; 180 - con el cabello de oro desparcido - barriendo el suelo miserablemente, - las rosas blancas por allí sembradas - tornaba con su sangre coloradas. - Adonis este se mostraba que era, 185 - según se muestra Venus dolorida, - que viendo la herida abierta y fiera, - estaba sobre él casi amortecida. - Boca con boca coge la postrera[233] - parte del aire que solía dar vida 190 - al cuerpo, por quien ella en este suelo - aborrecido tuvo al alto cielo. - La blanca Nise no tomó a destajo - de los pasados casos la memoria, - y en la labor de su sutil trabajo 195 - no quiso entretejer antigua historia; - antes mostrando de su claro Tajo - en su labor la celebrada gloria, - lo figuró en la parte donde él baña - la más felice tierra de la España.[234] 200 - Pintado el caudaloso río se vía, - que, en áspera estrecheza reducido, - un monte casi al rededor teñía, - con ímpetu corriendo y con ruído; - querer cercallo todo parecía[235] 205 - en su volver; mas era afán perdido; - dejábase correr, en fin, derecho,[236] - contento de lo mucho que había hecho. - Estaba puesta en la sublime cumbre - del monte, y desde allí por él sembrada, 210 - aquella ilustre y clara pesadumbre, - de antiguos edificios adornada. - De allí con agradable mansedumbre - el Tajo va siguiendo su jornada, - y regando los campos y arboledas 215 - con artificio de las altas ruedas.[237] - En la hermosa tela se veían - entretejidas las silvestres diosas - salir de la espesura, y que venían - todas a la ribera presurosas, 220 - en el semblante tristes, y traían - cestillos blancos de purpúreas rosas, - las cuales esparciendo, derramaban - sobre una ninfa muerta que lloraban.[238] - Todas con el cabello desparcido[239] 225 - lloraban una ninfa delicada,[240] - cuya vida mostraba que había sido - antes de tiempo y casi en flor cortada.[241] - Cerca del agua, en un lugar florido, - estaba entre la hierba degollada,[242] 230 - cual queda el blanco cisne cuando pierde - la dulce vida entre la hierba verde. - Una de aquellas diosas, que en belleza, - al parecer, a todas ecedía, - mostrando en el semblante la tristeza 235 - que del funesto y triste caso había, - apartada algún tanto, en la corteza - de un álamo unas letras escribía, - como epitafio de la ninfa bella, - que hablaban así por parte della: 240 - «Elisa soy, en cuyo nombre suena - y se lamenta el monte cavernoso, - testigo del dolor y grave pena - en que por mí se aflige Nemoroso, - y llama Elisa; Elisa a boca llena 245 - responde el Tajo, y lleva presuroso - al mar de Lusitania el nombre mío,[243] - donde será escuchado, yo lo fío.» - En fin, en esta tela artificiosa - toda la historia estaba figurada, 250 - que en aquella ribera deleitosa - de Nemoroso fue tan celebrada; - porque de todo aquesto y cada cosa - estaba Nise ya tan informada, - que llorando el pastor, mil veces ella 255 - se enterneció escuchando su querella. - Y porque aqueste lamentable cuento, - no solo entre las selvas se contase, - mas, dentro de las ondas, sentimiento - con la noticia de esto se mostrase, 260 - quiso que de su tela el argumento - la bella ninfa muerta señalase, - y así se publicase de uno en uno - por el húmido reino de Netuno. - Destas historias tales variadas 265 - eran las telas de las cuatro hermanas, - las cuales, con colores matizadas - y claras luces de las sombras vanas, - mostraban a los ojos relevadas - las cosas y figuras que eran llanas; 270 - tanto que, al parecer, el cuerpo vano - pudiera ser tomado con la mano.[244] - Los rayos ya del sol se trastornaban,[245] - escondiendo su luz, al mundo cara, - tras altos montes, y a la luna daban 275 - lugar para mostrar su blanca cara; - los peces a menudo ya saltaban, - con la cola azotando el agua clara, - cuando las ninfas, la labor dejando, - hacia el agua se fueron paseando. 280 - En las templadas ondas ya metidos - tenían los pies, y reclinar querían - los blancos cuerpos, cuando sus oídos - fueron de dos zampoñas que tañían - suave y dulcemente, detenidos; 285 - tanto, que sin mudarse las oían, - y al son de las zampoñas escuchaban - dos pastores, a veces, que cantaban. - Más claro cada vez el son se oía - de dos pastores, que venían cantando 290 - tras el ganado, que también venía - por aquel verde soto caminando, - y a la majada, ya pasado el día, - recogido llevaban, alegrando - las verdes selvas con el son suave, 295 - haciendo su trabajo menos grave. - Tirreno destos dos el uno era, - Alcino el otro, entrambos estimados, - y sobre cuantos pacen la ribera - del Tajo, con sus vacas, enseñados; 300 - mancebos de una edad, de una manera - a cantar juntamente aparejados, - y a responder. Aquesto van diciendo, - cantando el uno, el otro respondiendo. - - TIRRENO - - Flérida, para mí dulce y sabrosa 305 - más que la fruta del cercado ajeno,[246] - más blanca que la leche y más hermosa - que el prado por abril, de flores lleno; - si tú respondes pura y amorosa - al verdadero amor de tu Tirreno, 310 - a mi majada arribarás, primero - que el cielo nos amuestre su lucero. - - ALCINO - - Hermosa Filis, siempre yo te sea - amargo al gusto más que la retama, - y de ti despojado yo me vea, 315 - cual queda el tronco de su verde rama, - si más que yo el murciélago desea - la escuridad, ni más la luz desama, - por ver ya el fin de un término tamaño - deste día, para mí mayor que un año. 320 - - TIRRENO - - Cual suele acompañada de su bando - aparecer la dulce primavera, - cuando Favonio y Céfiro soplando,[247] - al campo toman su beldad primera, - y van artificiosos esmaltando 325 - de rojo, azul y blanco la ribera; - en tal manera a mí, Flérida mía, - viniendo, reverdece mi alegría. - - ALCINO - - ¿Ves el furor del animoso viento, - embravecido en la fragosa sierra, 330 - que los antiguos robles ciento a ciento - y los pinos altísimos atierra, - y de tanto destrozo aún no contento, - al espantoso mar mueve la guerra? - Pequeña es esta furia, comparada 335 - a la de Filis, con Alcino airada. - - TIRRENO - - El blanco trigo multiplica y crece, - produce el campo en abundancia tierno - pasto al ganado, el verde monte ofrece - a las fieras salvajes su gobierno; 340 - adoquiera que miro me parece - que derrama la copia todo el cuerno;[248] - mas todo se convertirá en abrojos - si dello aparta Flérida sus ojos. - - ALCINO - - De la esterilidad es oprimido 345 - el monte, el campo, el soto y el ganado; - la malicia del aire corrompido - hace morir la hierba mal su grado;[249] - las aves ven su descubierto nido, - que ya de verdes hojas fue cercado; 350 - pero si Filis por aquí tornare, - hará reverdecer cuanto mirare. - - TIRRENO - - El álamo de Alcides escogido - fue siempre, y el laurel del rojo Apolo; - de la hermosa Venus fue tenido 355 - en precio y en estima el mirto solo; - el verde sauz de Flérida es querido, - y por suyo entre todos escogiolo;[250] - doquiera que de hoy más sauces se hallen, - el álamo, el laurel y el mirto callen. 360 - - ALCINO - - El fresno por la selva en hermosura - sabemos ya que sobre todos vaya, - y en aspereza y monte de espesura - se aventaja la verde y alta haya; - mas el que la beldad de tu figura 365 - dondequiera mirado, Filis, haya, - al fresno y a la haya en su aspereza - confesará que vence tu belleza.-- - - Esto cantó Tirreno, y esto Alcino - le respondió; y habiendo ya acabado 370 - el dulce son, siguieron su camino - con paso un poco más apresurado. - Siendo a las ninfas ya el rumor vecino, - todas juntas se arrojan por el vado, - y de la blanca espuma que movieron 375 - las cristalinas hondas se cubrieron. - - - - -ELEGÍA PRIMERA - - - Aunque este grave caso haya tocado[251] - con tanto sentimiento el alma mía, - que de consuelo estoy necesitado, - con que de su dolor mi fantasía - se descargase un poco, y se acabase 5 - de mi continuo llanto la porfía, - quise, pero, probar si me bastase[252] - el ingenio a escribirte algún consuelo, - estando cual estoy, que aprovechase - para que tu reciente desconsuelo 10 - la furia mitigase, si las musas - pueden un corazón alzar del suelo - y poner fin a las querellas que usas, - con que de Pindo ya las moradoras - se muestran lastimadas y confusas; 15 - que, según he sabido, ni a las horas - que el sol se muestra ni en el mar se esconde, - de tu lloroso estado no mejoras; - antes en él permaneciendo, donde - quiera que estás tus ojos siempre bañas, 20 - y el llanto a tu dolor así responde, - que temo ver deshechas tus entrañas - en lágrimas, como al lluvioso viento - se derrite la nieve en las montañas. - Si acaso el trabajado pensamiento 25 - en el común reposo se adormece, - por tornar al dolor con nuevo aliento, - en aquel breve sueño te aparece - la imagen amarilla del hermano, - que de la dulce vida desfallece; 30 - y tú, tendiendo la piadosa mano, - probando a levantar el cuerpo amado, - levantas solamente el aire vano; - y del dolor el sueño desterrado - con ansia vas buscando, el que partido 35 - era ya con el sueño y alongado. - Así desfalleciendo en tu sentido, - como fuera de ti, por la ribera - de Trápana con llanto y con gemido - el caro hermano buscas, que sola era 40 - la mitad de tu alma, el cual muriendo, - no quedará ya tu alma entera.[253] - Y no de otra manera repitiendo - vas el amado nombre, en desusada - figura a todas partes revolviendo, 45 - que cerca del Erídano aquejada,[254] - lloró y llamó Lampecie el nombre en vano,[255] - con la fraterna muerte lastimada: - «Ondas, tornadme ya mi dulce hermano - Faetón; si no, aquí veréis mi muerte, 50 - regando con mis ojos este llano.» - ¡Oh cuántas veces, con el dolor fuerte - avivadas las fuerzas, renovaba - las quejas de su cruda y dura suerte! - ¡Y cuántas otras, cuando se acababa 55 - aquel furor, en la ribera umbrosa, - muerta, cansada, el cuerpo reclinaba! - Bien te confieso que si alguna cosa - entre la humana puede y mortal gente - entristecer un alma generosa, 60 - con gran razón podrá ser la presente, - pues te ha privado de un tan dulce amigo, - no solamente hermano, un acidente; - el cual, no solo siempre fue testigo - de tus consejos y íntimos secretos, 65 - mas de cuanto lo fuiste tú contigo. - En él se reclinaban tus discretos - y honestos pareceres, y hacían - conformes al asiento sus efetos. - En él ya se mostraban y leían 70 - tus gracias y virtudes una a una, - y con hermosa luz resplandecían, - como en luciente de cristal coluna,[256] - que no encubre de cuanto se avecina - a su viva pureza cosa alguna. 75 - ¡Oh, miserables hados! ¡Oh, mesquina - suerte la del estado humano, y dura, - do por tantos trabajos se camina! - Y agora muy mayor la desventura - de aquesta nuestra edad, cuyo progreso 80 - muda de un mal en otro su figura. - ¿A quién ya de nosotros el eceso - de guerras, de peligros y destierro - no toca, y no ha cansado el gran proceso? - ¿Quién no vio desparcir su sangre al hierro 85 - del enemigo? ¿Quién no vio su vida - perder mil veces y escapar por yerro? - ¿De cuántos queda y quedará perdida - la casa y la mujer y la memoria, - y de otros la hacienda despendida? 90 - ¿Qué se saca de aquesto? ¿Alguna gloria? - ¿Algunos premios o agradecimientos? - Sabralo quien leyere nuestra historia. - Verase allí que como polvo al viento, - así se deshará nuestra fatiga 95 - ante quien se endereza nuestro intento. - No contenta con esto la enemiga - del humano linaje, que invidiosa - coge sin tiempo el grano de la espiga, - nos ha querido ser tan rigurosa, 100 - que ni a tu juventud, don Bernaldino, - ni ha sido a nuestra pérdida piadosa. - ¿Quién pudiera de tal ser adivino? - ¿A quién no le engañara la esperanza, - viéndote caminar por tal camino? 105 - ¿Quién no se prometiera en abastanza[257] - seguridad entera de tus años, - sin temer de natura tal mudanza? - Nunca los tuyos, mas los propios daños, - dolernos deben; que la muerte amarga 110 - nos muestra claros ya mil desengaños: - hanos mostrado ya que en vida larga - apenas de tormentos y de enojos - llevar podemos la pesada carga; - hanos mostrado en ti que claros ojos 115 - y juventud y gracia y hermosura,[258] - son también, cuando quiere, sus despojos. - Mas no puede hacer que tu figura, - después de ser de vida ya privada, - no muestre el artificio de natura. 120 - Bien es verdad que no está acompañada - de la color de rosa que solía - con la blanca azucena ser mesclada; - porque el calor templado que encendía - la blanca nieve de tu rostro puro, 125 - robado ya la muerte te lo había. - En todo lo demás, como en seguro - y reposado sueño descansabas, - indicio dando del vivir futuro.[259] - Mas ¿qué hará la madre que tú amabas, 130 - de quien perdidamente eras amado, - a quien la vida con la tuya dabas? - Aquí se me figura que ha llegado - de su lamento el son, que con su fuerza - rompe el aire vecino y apartado; 135 - tras el cual a venir también se esfuerza - el de las cuatro hermanas, que teniendo - va con el de la madre viva fuerza. - A todas las contemplo desparciendo - de su cabello luengo el fino oro, 140 - al cual ultraje y daño están haciendo. - El viejo Tormes con el blanco coro - de sus hermosas ninfas seca el río, - y humedece la tierra con su lloro. - No recostado en urna al dulce frío[260] 145 - de su caverna umbrosa, mas tendido - por el arena en el ardiente estío, - con ronco son de llanto y de gemido, - los cabellos y barbas mal paradas - se despedaza, y el sutil vestido. 150 - En torno dél sus ninfas, desmayadas, - llorando en tierra están sin ornamento, - con las cabezas de oro despeinadas. - Cese ya del dolor, el sentimiento, - hermosas moradoras del undoso 155 - Tormes; tened más provechoso intento; - consolad a la madre, que el piadoso - dolor la tiene puesta en tal estado, - que es menester socorro presuroso. - Presto será que el cuerpo, sepultado 160 - en un perpetuo mármol, de las ondas - podrá de vuestro Tormes ser bañado. - Y tú, hermoso coro, allá en las hondas - aguas metido, podrá ser que al llanto - de mi dolor te muevas y respondas. 165 - Vos, altos promontorios, entre tanto - con toda la Trinacria entristecida[261] - buscad alivio en desconsuelo tanto. - Sátiros, faunos, ninfas, cuya vida[262] - sin enojos se pasa, moradores 170 - de la parte repuesta y escondida, - con luenga esperiencia sabidores, - buscad para consuelo de Fernando - hierbas de propriedad oculta y flores; - así en el escondido bosque, cuando 175 - ardiendo en vivo y agradable fuego - las fugitivas ninfas vais buscando, - ellas se inclinen al piadoso ruego, - y en recíproco lazo estén ligadas, - sin esquivar el amoroso juego. 180 - Tú, gran Fernando, que entre tus pasadas - y tus presentes obras resplandeces, - y a mayor fama están por ti obligadas, - contempla dónde estás; que si falleces - al nombre que has ganado entre la gente, 185 - de tu virtud en algo te enflaqueces. - Porque al fuerte varón no se consiente - no resistir los casos de fortuna - con firme rostro y corazón valiente. - Y no tan solamente esta importuna, 190 - con proceso cruel y riguroso, - con revolver de sol, de cielo y luna - mover no debe un pecho generoso, - ni entristecello con funesto vuelo, - turbando con molestia su reposo; 195 - mas si toda la máquina del cielo - con espantable son y con ruído, - hecha pedazos, se viniere al suelo, - debe ser aterrado y oprimido - del grave peso y de la gran ruína, 200 - primero que espantado y comovido. - Por estas asperezas se camina - de la inmortalidad al alto asiento, - do nunca arriba quien de aquí declina. - En fin, Señor, tornando al movimiento 205 - de la humana natura, bien permito - a nuestra flaca parte un sentimiento; - mas el eceso en esto vedo y quito, - si alguna cosa puedo, que parece - que quiere proceder en infinito. 210 - A lo menos el tiempo que, descrece - y muda de las cosas el estado, - debe bastar, si la razón fallece. - No fue el troyano príncipe llorado[263] - siempre del viejo padre dolorido, 215 - ni siempre de la madre lamentado; - antes, después del cuerpo redemido - con lágrimas humildes y con oro, - que fue del fiero Aquiles concedido, - y reprimido el lamentable coro 220 - del frigio llanto, dieron fin al vano - y sin provecho sentimiento y lloro. - El tierno pecho, en esta parte humano, - de Venus, ¿qué sintió, su Adonis viendo - de su sangre regar el verde llano?[264] 225 - Mas des que vido bien que corrompiendo - con lágrimas sus ojos no hacía - sino en su llanto estarse deshaciendo, - y que tornar llorando no podía - su caro y dulce amigo de la escura 230 - y tenebrosa noche al claro día, - los ojos enjugó, y la frente pura - mostró con algo más contentamiento, - dejando con el muerto la tristura; - y luego con gracioso movimiento 235 - se fue su paso por el verde suelo, - con su guirnalda usada y su ornamento. - Desordenaba con lacivo vuelo - el viento su cabello, y con su vista - alegraba la tierra, el mar y el cielo. 240 - Con discurso y razón que es tan prevista, - con fortaleza y ser que en ti contemplo, - a la flaca tristeza se resista. - Tu ardiente gana de subir al templo - donde la muerte pierde su derecho, 245 - te baste, sin mostrarte yo otro ejemplo. - Allí verás cuán poco mal ha hecho - la muerte en la memoria y clara fama - de los famosos hombres que ha deshecho. - Vuelve los ojos donde al fin te llama 250 - la suprema esperanza, do perfeta - sube y purgada el alma en pura llama. - ¿Piensas que es otro el fuego que en Oeta[265] - de Alcides consumió la mortal parte[266] - cuando voló el espirtu al alta meta? 255 - Desta manera aquel por quien reparte - tu corazón sospiros mil al día, - y resuena tu llanto en cada parte, - subió por la difícil y alta vía, - de la carne mortal purgado y puro, 260 - en la dulce región del alegría; - do con discurso libre ya y seguro - mira la vanidad de los mortales, - ciegos, errados en el aire escuro; - y viendo y contemplando nuestros males, 265 - alégrase de haber alzado el vuelo - a gozar de las horas inmortales. - Pisa el inmenso y cristalino cielo - teniendo puestos de una y otra mano - el claro padre y el sublime abuelo.[267] 270 - El uno ve de su proceso humano - sus virtudes estar allí presentes, - que el áspero camino hacen llano; - el otro, que acá hizo entre las gentes - en la vida mortal menor tardanza, 275 - sus llagas muestra allá resplandecientes. - Dellas aqueste premio allá se alcanza; - porque del enemigo no conviene - procurar en el cielo otra venganza. - Mira la tierra, el mar que la contiene,[268] 280 - todo lo cual por un pequeño punto - a respeto del cielo juzga y tiene. - Puesta la vista en aquel gran trasunto - y espejo, do se muestra lo pasado - con lo futuro y lo presente junto, 285 - el tiempo que a tu vida limitado - de allá arriba te está, Fernando, mira, - y allí ve tu lugar ya deputado. - ¡Oh bienaventurado! que sin ira, - sin odio, en paz estás, sin amor ciego, 290 - con quien acá se muere y se sospira; - y en eterna holganza y en sosiego - vives, y vivirás cuanto encendiere - las almas del divino amor el fuego! - Si el cielo piadoso y largo diere 295 - luenga vida a la voz deste mi llanto, - lo cual tú sabes que pretende y quiere, - yo te prometo, amigo, que entre tanto - que el sol al mundo alumbre, y que la escura - noche cubra la tierra con su manto, 300 - y en tanto que los peces la hondura - húmida habitarán del mar profundo, - y las fieras del monte la espesura, - se cantará de ti por todo el mundo; - que en cuanto se discurre, nunca visto 305 - de tus años jamás otro segundo - será desde el Antártico a Calisto.[269] - - - - -ELEGÍA SEGUNDA - - - Aquí, Boscán, donde del buen troyano[270] - Anquises con eterno nombre y vida[271] - conserva la ceniza el Mantuano,[272] - debajo de la seña esclarecida - de César Africano nos hallamos,[273] 5 - la vencedora gente recogida; - diversos en estudio; que unos vamos - muriendo por coger de la fatiga - el fruto que con el sudor sembramos; - otros, que hacen la virtud amiga 10 - y premio de sus obras, y así quieren - que la gente lo piense y que lo diga, - destotros en lo público difieren, - y en lo secreto sabe Dios en cuánto - se contradicen en lo que profieren. 15 - Yo voy por medio, porque nunca tanto - quise obligarme a procurar hacienda; - que un poco más que aquellos me levanto. - Ni voy tampoco por la estrecha senda - de los que cierto sé que a la otra vía 20 - vuelven de noche, al caminar, la rienda. - Mas, ¿dónde me llevó la pluma mía, - que a sátira me voy mi paso a paso,[274] - y aquesta que os escribo es elegía? - Yo enderezo, señor, en fin, mi paso 25 - por donde vos sabéis, que su proceso - siempre ha llevado y lleva Garcilaso;[275] - y así, en mitad de aqueste monte espeso - de las diversidades me sostengo, - no sin dificultad, mas no por eso 30 - dejo las musas, antes torno y vengo - dellas al negociar, y variando, - con ellas dulcemente me entretengo. - Así se van las horas engañando, - así del duro afán y grave pena 35 - estamos algún hora descansando. - De aquí iremos a ver de la sirena - la patria, que bien muestra haber ya sido[276] - de ocio y de amor antiguamente llena.[277] - Allí mi corazón tuvo su nido 40 - un tiempo ya; mas no sé ¡triste! agora - o si estará ocupado o desparcido.[278] - De aquesto un frío temor así a deshora - por mis huesos discurre en tal manera, - que no puedo vivir con él un hora. 45 - Si ¡triste! de mi bien estado hubiera - un breve tiempo ausente, yo no niego - que con mayor seguridad viviera. - La breve ausencia hace el mismo juego - en la fragua de amor, que en fragua ardiente 50 - el agua moderada hace al fuego; - la cual verás que no tan solamente - no lo suele matar, mas lo refuerza - con ardor más intenso y eminente; - porque un contrario con la poca fuerza 55 - de su contrario, por vencer la lucha, - su brazo aviva y su valor esfuerza; - pero si el agua en abundancia mucha - sobre el fuego se esparce y se derrama, - el humo sube al cielo, el son se escucha, 60 - y el claro resplandor de viva llama, - en polvo y en ceniza convertido, - apenas queda dél sino la fama. - Así el ausencia larga, que ha esparcido - en abundancia su licor, que amata 65 - el fuego que el amor tenía encendido, - de tal suerte lo deja, que lo trata - la mano sin peligro en el momento - que en aparencia y son se desbarata. - Yo solo fuera voy de aqueste cuento; 70 - porque el amor me aflige y me atormenta, - y en el ausencia crece el mal que siento; - y pienso yo que la razón consienta - y permita la causa deste efeto, - que a mí solo entre todos se presenta; 75 - porque, como del cielo yo sujeto - estaba eternamente y deputado - al amoroso fuego en que me meto, - así para poder ser amatado, - el ausencia sin término infinita 80 - debe ser, y sin tiempo limitado; - lo cual no habrá razón que lo permita; - porque, por más y más que ausencia dure, - con la vida se acaba, que es finita. - Mas a mí ¿quién habrá que me asegure 85 - que mi mala fortuna con mudanza - y olvido contra mí no se conjure? - Este temor persigue la esperanza - y oprime y enflaquece el gran deseo - con que mis ojos van de su holganza.[279] 90 - Con ellos solamente agora veo - este dolor que el corazón me parte, - y con él y comigo aquí peleo. - ¡Oh crudo, oh riguroso, oh fiero Marte, - de túnica cubierto de diamante,[280] 95 - y endurecido siempre en toda parte! - ¿Qué tiene que hacer el tierno amante - con tu dureza y áspero ejercicio - llevado siempre del furor delante? - Ejercitando, por mi mal, tu oficio, 100 - soy reducido a términos que muerte - será mi postrimero beneficio.[281] - Y esta no permitió mi dura suerte - que me sobreviniese peleando, - de hierro traspasado agudo y fuerte,[282] 105 - por que me consumiese contemplando - mi amado y dulce fruto en mano ajena, - y el duro posesor de mí burlando. - Mas, ¿dónde me trasporta y enajena - de mi proprio sentido el triste miedo? 110 - Aparte de vergüenza y dolor llena, - donde si el mal yo viese, ya no puedo, - según con esperalle estoy perdido, - acrecentar en la miseria un dedo. - Así lo pienso agora, y si él venido 115 - fuese en su misma forma y su figura, - tendría el presente por mejor partido, - y agradecería siempre a la ventura - mostrarme de mi mal solo el retrato, - que pintan mi temor y mi tristura. 120 - Yo sé qué cosa es esperar un rato - el bien del propio engaño, y solamente - tener con él inteligencia y trato. - Como acontece al mísero doliente, - que del un cabo el cierto amigo y sano 125 - le muestra el grave mal de su acidente, - y le amonesta que del cuerpo humano - comience a levantar a mejor parte - el alma suelta con volar liviano; - mas la tierna mujer, de la otra parte, 130 - no se puede entregar a desengaño, - y encúbrele del mal la mayor parte; - él, abrazado con su dulce engaño, - vuelve los ojos a la voz piadosa, - y alégrase muriendo con su daño, 135 - así los quito yo de toda cosa, - y póngolos en solo el pensamiento - de la esperanza cierta o mentirosa. - En este dulce error muero contento; - porque ver claro y conocer mi estado 140 - no puede ya curar el mal que siento; - y acabo como aquel que en un templado - baño metido, sin sentido muere, - las venas dulcemente desatado.[283] - Tú, que en la patria entre quien bien te quiere 145 - la deleitosa playa estás mirando,[284] - y oyendo el son del mar que en ella hiere, - y sin impedimento contemplando - la misma a quien tú vas eterna fama, - en tus vivos escritos, procurando; 150 - alégrate, que más hermosa llama[285] - que aquella que el troyano encendimiento - pudo causar, el corazón te inflama. - No tienes que temer el movimiento - de la fortuna con soplar contrario, 155 - que el puro resplandor serena el viento. - Yo, como conducido mercenario, - voy do fortuna a mi pesar me envía, - si no a morir, que aquesto es voluntario. - Solo sostiene la esperanza mía 160 - un tan débil engaño, que de nuevo - es menester hacello cada día; - y si no lo fabrico y lo renuevo, - da consigo en el suelo mi esperanza; - tanto, que en vano a levantalla pruebo. 165 - Aqueste premio mi servir alcanza, - que en sola la miseria de mi vida - negó fortuna su común mudanza. - ¿Dónde podré huir que sacudida - un rato sea de mí la grave carga 170 - que oprime mi cerviz enflaquecida? - Mas ¡ay! que la distancia no descarga - el triste corazón, y el mal, doquiera - que estoy, para alcanzarme el vuelo alarga. - Si donde el sol ardiente reverbera 175 - en la arenosa Libia, engendradora - de toda cosa ponzoñosa y fiera; - o adonde es él vencido a cualquiera hora - de la rígida nieve y viento frío, - parte do no se vive ni se mora; 180 - si en esta o en aquella el desvarío - o la fortuna me llevase un día, - y allí gastase todo el tiempo mío; - el celoso temor con mano fría - en medio del calor y ardiente arena 185 - el triste corazón me apretaría; - y en el rigor del hielo, en la serena - noche, soplando el viento agudo y puro, - que el veloce correr del agua enfrena, - de aqueste vivo fuego en que me apuro 190 - y consumirme poco a poco espero, - sé que aun allí no podré estar seguro; - y así, diverso entre contrarios muero. - - - - -EPÍSTOLA - - - Señor Boscán, quien tanto gusto tiene[286] - de daros cuenta de los pensamientos - hasta en las cosas que no tienen nombre, - no le podrá con vos faltar materia, - ni será menester buscar estilo 5 - presto, distinto, de ornamento puro,[287] - tal cual a culta epístola conviene. - Entre muy grandes bienes que consigo - el amistad perfeta nos concede, - es aqueste descuido suelto y puro, 10 - lejos de la curiosa pesadumbre; - y así, de aquesta libertad gozando, - digo que vine, cuanto a lo primero, - tan sano como aquel que en doce días - lo que solo veréis ha caminado 15 - cuando el fin de la carta os lo mostrare.[288] - Alargo y suelto a su placer la rienda, - mucho más que al caballo, al pensamiento, - y llévame a las veces por camino - tan dulce y agradable, que me hace 20 - olvidar el trabajo del pasado. - Otras me lleva por tan duros pasos, - que con la fuerza del afán presente, - también de los pasados se me olvida. - A veces sigo un agradable medio 25 - honesto y reposado en que el discurso - del gusto y del ingenio se ejercita. - Iba pensando y discurriendo un día - a cuántos bienes alargó la mano - el que de la amistad mostró el camino; 30 - y luego vos, de la amistad ejemplo, - os me ofrecéis en estos pensamientos. - Y con vos a lo menos me acontece - una gran cosa, al parecer estraña; - y porque la sepáis en pocos versos, 35 - es que, considerando los provechos, - las honras y los gustos que me vienen - desta vuestra amistad, que en tanto tengo, - ninguna cosa en mayor precio estimo,[289] - ni me hace gustar del dulce estado, 40 - tanto como el amor de parte mía. - Este conmigo tiene tanta fuerza, - que sabiendo muy bien las otras partes - de la amistad, de la estrecheza nuestra, - con solo aqueste el alma se enternece; 45 - y sé que otra mente me aprovecha, - que el deleite, que suele ser pospuesto - a las útiles cosas y a las graves.[290] - Llévame a escudriñar la causa desto - ver contino tan recio en mí el efeto, 50 - y hallo que el provecho, el ornamento, - el gusto y el placer que se me sigue - del vínculo de amor que nuestro genio - enredó sobre nuestros corazones, - son cosas que de mí no salen fuera, 55 - y en mí el provecho solo se convierte. - Mas el amor, de donde por ventura - nacen todas las cosas, si hay algunas - que a vuestra utilidad y gusto miren, - es razón grande que en mayor estima 60 - tenido sea de mí, que todo el resto, - cuánto más generosa y alta parte - es el hacer el bien que el recebillo;[291] - así que amando me deleito, y hallo - que no es locura este deleite mío. 65 - ¡Oh cuán corrido estoy y arrepentido - de haberos alabado el tratamiento - del camino de Francia y las posadas![292] - Corrido de que ya por mentiroso - con razón me tendréis; arrepentido 70 - de haber perdido tiempo en alabaros - cosa tan dina ya de vituperio; - donde no hallaréis sino mentiras, - vinos acedos, camareras feas, - varletes codiciosos, malas postas,[293] 75 - gran paga, poco argén, largo camino;[294] - llegar al fin a Nápoles no habiendo - dejado allá enterrado algún tesoro, - salvo si no decís que es enterrado - lo que nunca se halla ni se tiene. 80 - A mi señor Dural estrechamente[295] - abrazad de mi parte, si pudierdes. - Doce del mes de Otubre, de la tierra - do nació el claro fuego del Petrarca, - y donde están del fuego las cenizas.[296] 85 - - - - -CANCIÓN PRIMERA - - - Si a la región desierta, inhabitable - por el hervor del sol demasiado, - y sequedad de aquella arena ardiente; - o a la que por el hielo congelado - y rigurosa nieve es intratable, 5 - del todo inhabitada de la gente, - por algún acidente - o acaso de fortuna desastrada, - me fuésedes llevada, - y supiese que allá vuestra dureza 10 - estaba en su crueza, - allá os iría a buscar, como perdido,[297] - hasta morir a vuestros pies tendido.[298] - - Vuestra soberbia y condición esquiva - acabe ya, pues es tan acabada 15 - la fuerza de en quien ha de esecutarse.[299] - Mirad bien que el amor se desagrada - deso, pues quiere que el amante viva - y se convierta a do piense salvarse.[300] - El tiempo ha de pasarse, 20 - y de mis males, arrepentimiento, - confusión y tormento - sé que os ha de quedar, y esto recelo; - ¡que aún de aquesto me duelo! - Como en mí vuestros males son de otra arte, 25 - duélenme en más sensible y tierna parte. - - Así paso la vida, acrecentando - materia de dolor a mis sentidos, - como si la que tengo no bastase; - los cuales para todo están perdidos, 30 - sino para mostrarme a mí cuál ando. - Pluguiese a Dios que aquesto aprovechase - para que yo pensase - un rato en mi remedio, pues os veo - siempre ir con un deseo 35 - de perseguir al triste y al caído; - yo estoy aquí tendido,[301] - mostrándoos de mi muerte las señales, - y vos viviendo solo de mis males. - - Si aquella amarillez y los sospiros[302] 40 - salidos sin licencia de su dueño; - si aquel hondo silencio no han podido - un sentimiento grande ni pequeño - mover en vos, que baste convertiros - a siquiera saber que soy nacido, 45 - baste ya haber sufrido - tanto tiempo, a pesar de lo que basto; - que a mí mismo contrasto,[303] - dándome a entender que mi flaqueza - me tiene en la tristeza 50 - en que estoy puesto, y no lo que yo entiendo; - así que con flaqueza me defiendo. - - Canción, no has de tener - comigo que ver más en malo o en bueno; - trátame como ajeno, 55 - que no te faltará de quien lo aprendas. - Si has miedo que me ofendas, - no quieras hacer más por mi derecho - de lo que hice yo, que el mal me he hecho. - - - - -CANCIÓN SEGUNDA - - - La soledad siguiendo, - rendido a mi fortuna, - me voy por los caminos que se ofrecen, - por ellos esparciendo - mis quejas de una en una 5 - al viento, que las lleva do perecen;[304] - puesto que ellas merecen - ser de vos escuchadas, - pues son tan bien vertidas, - he lástima de ver que van perdidas 10 - por donde suelen ir las remediadas. - A mí se han de tornar, - adonde para siempre habrán de estar.[305] - - Mas ¿qué haré, señora, - en tanta desventura? 15 - ¿Adónde iré, si a vos no voy con ella? - ¿De quién podré yo agora - valerme en mi tristura, - si en vos no halla abrigo mi querella? - Vos sola sois aquella 20 - con quien mi voluntad - recibe tal engaño, - que viéndoos holgar siempre con mi daño, - me quejo a vos, como si en la verdad - vuestra condición fuerte 25 - tuviese alguna cuenta con mi muerte. - - Los árboles presento - entre las duras peñas - por testigo de cuanto os he encubierto; - de lo que entrellas cuento 30 - podrán dar buenas señas, - si señas pueden dar del desconcierto. - Mas ¿quién tendrá concierto - en contar el dolor, - que es de orden enemigo? 35 - No me den pena, pues, por lo que digo; - que ya no me refrenará el temor. - ¡Quién pudiese hartarse[306] - de no esperar remedio y de quejarse! - - Mas esto me es vedado 40 - con unas obras tales - con que nunca fue a nadie defendido; - que si otros han dejado - de publicar sus males, - llorando el mal estado a que han venido, 45 - señora, no habrá sido - sino con mejoría - y alivio en su tormento; - mas ha venido en mí a ser lo que siento - de tal arte, que ya en mi fantasía 50 - no cabe; y así, quedo - sufriendo aquello que decir no puedo. - - Si por ventura estiendo - alguna vez mis ojos - por el proceso luengo de mis daños, 55 - con lo que me defiendo - de tan grandes enojos, - solamente es allí con mis engaños; - mas vuestros desengaños - vencen mi desvarío 60 - y apocan mis defensas. - Sin yo poder dar otras recompensas, - sino que, siendo vuestro más que mío, - quise perderme así, - por vengarme de vos, señora, en mí. 65 - - Canción, yo he dicho más que me mandaron, - y menos que pensé; - no me pregunten más, que lo diré.[307] - - - - -CANCIÓN TERCERA - - - Con un manso ruído - de agua corriente y clara, - cerca el Danubio una isla, que pudiera[308] - ser lugar escogido - para que descansara 5 - quien como yo estó agora, no estuviera; - do siempre primavera - parece en la verdura - sembrada de las flores; - hacen los ruiseñores 10 - renovar el placer o la tristura - con sus blandas querellas, - que nunca día ni noche cesan dellas. - - Aquí estuve yo puesto, - o por mejor decillo, 15 - preso y forzado y solo en tierra ajena;[309] - bien pueden hacer esto - en quien puede sufrillo - y en quien él a sí mismo se condena. - Tengo solo una pena, 20 - si muero desterrado - y en tanta desventura, - que piensen por ventura - que juntos tantos males me han llevado; - y sé yo bien que muero 25 - por solo aquello que morir espero. - - El cuerpo está en poder - y en manos de quien puede - hacer a su placer lo que quisiere; - mas no podrá hacer 30 - que mal librado quede, - mientras de mí otra prenda no tuviere. - Cuando ya el mal viniere - y la postrera suerte, - aquí me ha de hallar, 35 - en el mismo lugar; - que otra cosa más dura que la muerte - me halla y ha hallado; - y esto sabe muy bien quien lo ha probado. - - No es necesario agora 40 - hablar más sin provecho, - que es mi necesidad muy apretada; - pues ha sido en un hora - todo aquello deshecho - en que toda mi vida fue gastada. 45 - Y al fin de tal jornada - ¿presumen espantarme? - Sepan que ya no puedo - morir sino sin miedo; - que aun nunca qué temer quiso dejarme 50 - la desventura mía, - que el bien y el miedo me quitó en un día. - - Danubio, río divino,[310] - que por fieras naciones[311] - vas con tus claras ondas discurriendo, 55 - pues no hay otro camino - por donde mis razones - vayan fuera de aquí, sino corriendo - por tus aguas y siendo - en ellas anegadas; 60 - si en tierra tan ajena - en la desierta arena - fueren de alguno acaso en fin halladas, - entiérrelas, siquiera, - porque su error se acabe en tu ribera. 65 - - Aunque en el agua mueras, - canción, no has de quejarte; - que yo he mirado bien lo que te toca. - Menos vida tuvieras - si hubieras de igualarte 70 - con otras que se me han muerto en la boca. - Quién tiene culpa desto, - allá lo entenderás de mí muy presto. - - - - -CANCIÓN CUARTA[312] - - - El aspereza de mis males quiero[313] - que se muestre también en mis razones, - como ya en los efetos se ha mostrado. - Lloraré de mi mal las ocasiones, - sabrá el mundo la causa por que muero, 5 - y moriré a lo menos confesado.[314] - Pues soy por los cabellos arrastrado - de un tan desatinado pensamiento, - que por agudas peñas peligrosas, - por matas espinosas, 10 - corre con ligereza más que el viento, - bañando de mi sangre la carrera; - y para más despacio atormentarme, - llévame alguna vez por entre flores, - a do de mis tormentos y dolores 15 - descanso, y dellos vengo a no acordarme; - mas él a más descanso no me espera; - antes, como me ve desta manera, - con un nuevo furor y desatino - toma a seguir el áspero camino. 20 - - No vine por mis pies a tantos daños; - fuerzas de mi destino me trajeron, - y a la que me atormenta me entregaron. - Mi razón y juicio bien creyeron - guardarme, como en los pasados años 25 - de otros graves peligros me guardaron; - mas cuando los pasados compararon - con los que venir vieron, no sabían - lo que hacer de sí ni dó meterse; - que luego empezó a verse 30 - la fuerza y el rigor con que venían. - Mas de pura vergüenza constreñida, - con tardo paso y corazón medroso - al fin ya mi razón salió al camino. - Cuanto era el enemigo más vecino, 35 - tanto más el recelo temeroso - le mostraba el peligro de su vida. - Pensar en el temor de ser vencida, - la sangre alguna vez le calentaba, - mas el mismo temor se la enfriaba. 40 - - Estaba yo a mirar, y peleando - en mi defensa mi razón estaba - cansada, y en mil partes ya herida; - y sin ver yo quién dentro me incitaba, - ni saber cómo, estaba deseando 45 - que allí quedase mi razón vencida.[315] - Nunca en todo el proceso de mi vida - cosa se me cumplió que desease - tan presto como aquesta; que a la hora[316] - se rindió la señora, 50 - y al siervo consintió que gobernase[317] - y usase de la ley del vencimiento. - Entonces yo sentime salteado - de una vergüenza libre y generosa; - corrime gravemente que una cosa 55 - tan sin razón hubiese así pasado. - Luego siguió el dolor al corrimiento - de ver mi reino en mano de quien cuento - que me da vida y muerte cada día, - y es la más moderada tiranía. 60 - - Los ojos, cuya lumbre bien pudiera - tornar clara la noche tenebrosa, - y escurecer al sol a mediodía, - me convirtieron luego en otra cosa. - En volviéndose a mí la vez primera 65 - con el calor del rayo que salía - de su vista, que en mí se difundía, - y de mis ojos la abundante vena - de lágrimas, al sol que me inflamaba, - no menos ayudaba 70 - a hacer mi natura en todo ajena - de lo que era primero. Corromperse - sentí el sosiego y libertad pasada, - y el mal de que muriendo estó, engendrarse, - y en tierra sus raíces ahondarse 75 - tanto cuanto su cima levantada - sobre cualquier altura hace verse. - El fruto que de aquí suele cogerse, - mil es amargo, alguna vez sabroso; - mas mortífero siempre y ponzoñoso. 80 - - De mí agora huyendo, voy buscando - a quien huye de mí como enemiga; - que al un error añado el otro yerro, - y en medio del trabajo y la fatiga - estoy cantando yo, y está sonando 85 - de mis atados pies el grave hierro; - mas poco dura el canto si me encierro - acá dentro de mí, porque allí veo - un campo lleno de desconfianza. - Muéstrame la esperanza 90 - de lejos su vestido y su meneo; - mas ver su rostro nunca me consiente. - Torno a llorar mis daños, porque entiendo - que es un crudo linaje de tormento - para matar aquel que está sediento, 95 - mostralle el agua por que está muriendo; - de la cual el cuitado juntamente - la claridad contempla, el ruido siente; - mas cuando llega ya para bebella, - gran espacio se halla lejos della.[318] 100 - - De los cabellos de oro fue tejida - la red que fabricó mi sentimiento, - do mi razón revuelta y enredada - con gran vergüenza suya y corrimiento, - sujeta al apetito y sometida, 105 - en público adulterio fue tomada, - del cielo y de la tierra contemplada.[319] - Mas ya no es tiempo de mirar yo en esto, - pues no tengo con qué considerallo, - y en tal punto me hallo, 110 - que estoy sin armas en el campo puesto, - y el paso ya cerrado y la huida. - ¿Quién no se espantará de lo que digo? - Que es cierto que he venido a tal estremo, - que del grave dolor que huyo y temo, 115 - me hallo algunas veces tan amigo, - que en medio dél, si vuelvo a ver la vida - de libertad, la juzgo por perdida, - y maldigo las horas y momentos - gastados mal en libres pensamientos. 120 - - No reina siempre aquesta fantasía, - que en imaginación tan variable - no se reposa un hora el pensamiento. - Viene con un rigor tan intratable - a tiempos el rigor, que al alma mía 125 - desampara, huyendo, el sufrimiento, - lo que dura la fuerza del tormento. - No hay parte en mí que no se me trastorne - y que en torno de mí no esté llorando; - de nuevo protestando 130 - que de la vía espantosa atrás me torne. - Esto ya por razón no va fundado, - ni le dan parte dello a mi juicio, - que este discurso todo es ya perdido; - mas es en tanto daño del sentido 135 - este dolor, y en tanto perjuicio, - que todo lo sensible atormentado, - del bien, si alguno tuvo, ya olvidado - está de todo punto, y solo siente - la furia y el rigor del mal presente. 140 - - En medio de la fuerza del tormento - una sombra de bien se me presenta, - do el fiero ardor un poco se mitiga. - Figúraseme cierto a mí que sienta - alguna parte de lo que yo siento 145 - aquella tan amada mi enemiga. - Es tan incomportable la fatiga, - que si con algo yo no me engañase - para poder llevalla, moriría; - y así, me acabaría 150 - sin que de mí en el mundo se hablase. - Así que, del estado más perdido - saco algún bien; mas luego en mí la suerte - trueca y revuelve el orden; que algún hora, - si el mal acaso un poco en mí mejora, 155 - aquel descanso luego se convierte - en un temor que me ha puesto en olvido - aquella por quien sola me he perdido. - Así, del bien que un rato satisface, - nace el dolor que el alma me deshace. 160 - - Canción, si quien te viere se espantare - de la instabilidad y ligereza - y revuelta del vago pensamiento; - estable, grave y firme es el tormento - le di, que es causa; cuya fortaleza 165 - es tal, que en cualquier parte que tocare, - la hará revolver hasta que pare - en aquel fin de lo terrible y fuerte, - que todo el mundo afirma que es la muerte. - - - - -CANCIÓN QUINTA - - - Si de mi baja lira[320] - tanto pudiese el son, que un momento - aplacase la ira - del animoso viento, - y la furia del mar y el movimiento;[321] 5 - - y en ásperas montañas - con el suave canto enterneciese - las fieras alimañas, - los árboles moviese, - y al son confusamente los trajese;[322] 10 - - no pienses que cantado - sería de mí, hermosa flor de Nido,[323] - el fiero Marte airado, - a muerte convertido, - de polvo y sangre y de sudor teñido; 15 - - ni aquellos capitanes - en las sublimes ruedas colocados,[324] - por quien los alemanes - el fiero cuello atados, - y los franceses van domesticados.[325] 20 - - Mas solamente aquella - fuerza de tu beldad sería cantada, - y alguna vez con ella - también sería notada - el aspereza de que estás armada; 25 - - y cómo por ti sola, - y por tu gran valor y hermosura, - convertida en viola,[326] - llora su desventura - el miserable amante en su figura. 30 - - Hablo de aquel cativo, - de quien tener se debe más cuidado, - que está muriendo vivo, - al remo condenado, - en la concha de Venus amarrado.[327] 35 - - Por ti, como solía, - del áspero caballo no corrige - la furia y gallardía, - ni con freno le rige, - ni con vivas espuelas ya le aflige. 40 - - Por ti, con diestra mano - no revuelve la espada presurosa, - y en el dudoso llano - huye la polvorosa - palestra como sierpe ponzoñosa.[328] 45 - - Por ti, su blanda musa, - en lugar de la cítara sonante, - tristes querellas usa,[329] - que con llanto abundante - hacen bañar el rostro del amante. 50 - - Por ti, el mayor amigo - le es importuno, grave y enojoso; - yo puedo ser testigo, - que ya del peligroso - naufragio fui su puerto y su reposo. 55 - - Y agora en tal manera - vence el dolor a la razón perdida, - que ponzoñosa fiera - nunca fue aborrecida - tanto como yo dél, ni tan temida. 60 - - No fuiste tú engendrada - ni producida de la dura tierra; - no debe ser notada - que ingratamente yerra - quien todo el otro error de sí destierra.[330] 65 - - Hágate temerosa - el caso de Anajerete, y cobarde, - que de ser desdeñosa - se arrepintió muy tarde; - y así, su alma con su mármol arde.[331] 70 - - Estábase alegrando - del mal ajeno el pecho empedernido, - cuando abajo mirando, - el cuerpo muerto vido - del miserable amante, allí tendido. 75 - - Y al cuello el lazo atado, - con que desenlazó de la cadena - el corazón cuitado, - que con su breve pena - compró la eterna punición ajena. 80 - - Sintió allí convertirse - en piedad amorosa el aspereza. - ¡Oh tarde arrepentirse! - ¡Oh última terneza! - ¿Cómo te sucedió mayor dureza? 85 - - Los ojos se enclavaron - en el tendido cuerpo que allí vieron, - los huesos se tornaron - más duros y crecieron, - y en sí toda la carne convirtieron; 90 - - las entrañas heladas - tornaron poco a poco en piedra dura; - por las venas cuitadas - la sangre su figura - iba desconociendo y su natura;[332] 95 - - hasta que, finalmente, - en duro mármol vuelta y trasformada, - hizo de sí la gente - no tan maravillada - cuanto de aquella ingratitud vengada. 100 - - No quieras tú, señora, - de Némesis airada las saetas[333] - probar, por Dios, agora; - baste que tus perfetas - obras y hermosura a los poetas 105 - - den inmortal materia, - sin que también en verso lamentable - celebren la miseria - de algún caso notable - que por ti pase triste y miserable. 110 - - - - -SONETOS - -I - - - Cuando me paro a contemplar mi estado,[334] - y a ver los pasos por do me ha traído, - hallo, según por do anduve perdido, - que a mayor mal pudiera haber llegado; - mas cuando del camino estó olvidado, 5 - a tanto mal no sé por dó he venido; - sé que me acabo, y más he yo sentido - ver acabar comigo mi cuidado. - Yo acabaré, que me entregué sin arte - a quien sabrá perderme y acabarme, 10 - si ella quisiere, y aun sabrá querello; - que pues mi voluntad puede matarme, - la suya, que no es tanto de mi parte, - pudiendo, ¿qué hará sino hacello?[335] - - - - -II - - - En fin, a vuestras manos he venido, - do sé que he de morir tan apretado, - que aun aliviar con quejas mi cuidado, - como remedio, me es ya defendido. - Mi vida no sé en qué se ha sostenido, 5 - si no es en haber sido yo guardado - para que solo en mí fuese probado - cuánto corta un espada en un rendido.[336] - Mis lágrimas han sido derramadas - donde la sequedad y la aspereza 10 - dieron mal fruto dellas y mi suerte. - Basten las que por vos tengo lloradas. - No os venguéis más de mí con mi flaqueza; - allá os vengad, señora, con mi muerte. - - - - -III - - - La mar en medio y tierras he dejado - de cuanto bien, cuitado, yo tenía; - yéndome alejando cada día,[337] - gentes, costumbres, lenguas he pasado. - Ya de volver estoy desconfiado; 5 - pienso remedios en mi fantasía, - y el que más cierto espero es aquel día - que acabará la vida y el cuidado. - De cualquier mal pudiera socorrerme - con veros yo, señora, o esperallo, 10 - si esperallo pudiera sin perdello. - Mas de no veros ya para valerme, - si no es morir, ningún remedio hallo; - y si esto lo es, tampoco podré habello.[338] - - - - -IV - - - Un rato se levanta mi esperanza. - Tan cansada de haberse levantado - torna a caer, que deja, mal mi grado, - libre el lugar a la desconfianza. - ¿Quién sufrirá tan áspera mudanza 5 - del bien al mal? ¡Oh, corazón cansado! - esfuerza en la miseria de tu estado; - que tras fortuna suele haber bonanza.[339] - Yo mismo emprenderé a fuerza de brazos - romper un monte, que otro no rompiera, 10 - de mil inconvenientes muy espeso. - Muerte, prisión no pueden, ni embarazos, - quitarme de ir a veros, como quiera - desnudo espirtu o hombre en carne y hueso.[340] - - - - -V - - - Escrito está en mi alma vuestro gesto, - y cuanto yo escrebir de vos deseo; - vos sola lo escrebistes, yo lo leo - tan solo, que aun de vos me guardo en esto. - En esto estoy y estaré siempre puesto; 5 - que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo, - de tanto bien lo que no entiendo creo, - tomando ya la fe por presupuesto. - Yo no nací sino para quereros; - mi alma os ha cortado a su medida; 10 - por hábito del alma misma os quiero. - Cuanto tengo confieso yo deberos; - por vos nací, por vos tengo la vida, - por vos he de morir y por vos muero. - - - - -VI - - - Por ásperos caminos he llegado - a parte que de miedo no me muevo; - y si a mudarme o dar un paso pruebo, - allí por los cabellos soy tornado.[341] - Mas tal estoy, que con la muerte al lado 5 - busco de mi vivir consejo nuevo; - y conozco el mejor y el peor apruebo,[342] - o por costumbre mala o por mi hado. - Por otra parte, el breve tiempo mío, - y el errado proceso de mis años, 10 - en su primer principio y en su medio, - mi inclinación, con quien ya no porfío,[343] - la cierta muerte, fin de tantos daños, - me hacen descuidar de mi remedio. - - - - -VII - - - No pierda más quien ha tanto perdido;[344] - bástete, amor, lo que ha por mí pasado; - válgame agora haber jamás probado - a defenderme de lo que has querido. - Tu templo y sus paredes he vestido 5 - de mis mojadas ropas, y adornado, - como acontece a quien ha ya escapado - libre de la tormenta en que se vido.[345] - Yo había jurado nunca más meterme, - a poder mío y a mi consentimiento, 10 - en otro tal peligro, como vano.[346] - Mas del que viene no podré valerme; - y en esto no voy contra el juramento; - que ni es como los otros ni en mi mano. - - - - -VIII - - - De aquella vista pura y ecelente - salen espirtus vivos y encendidos, - y siendo por mis ojos recebidos, - me pasan hasta donde el mal se siente. - Encuéntranse al camino fácilmente,[347] 5 - con los míos, que de tal calor movidos - salen fuera de mí como perdidos,[348] - llamados de aquel bien que está presente. - Ausente, en la memoria la imagino; - mis espirtus, pensando que la vían, 10 - se mueven y se encienden sin medida; - mas no hallando fácil el camino, - que los suyos entrando derretían, - revientan por salir do no hay salida. - - - - -IX - - - Señora mía, si de vos yo ausente - en esta vida turo y no me muero,[349] - paréceme que ofendo a lo que os quiero, - y al bien de que gozaba en ser presente. - Tras este, luego siento otro acidente, 5 - que es ver que si de vida desespero, - yo pierdo cuanto bien de vos espero, - y así ando en lo que siento diferente. - En esta diferencia mis sentidos - están en vuestra ausencia y en porfía. 10 - No sé ya qué hacerme en mal tamaño.[350] - Nunca entre sí los veo sino reñidos. - De tal arte pelean noche y día, - que solo se conciertan en mi daño. - - - - -X - - - ¡Oh dulces prendas, por mi mal halladas,[351] - dulces y alegres cuando Dios quería! - Juntas estáis en la memoria mía, - y con ella en mi muerte conjuradas. - ¿Quién me dijera, cuando en las pasadas 5 - horas en tanto bien por vos me vía, - que me habíades de ser en algún día - con tan grave dolor representadas? - Pues en un hora junto me llevastes - todo el bien que por términos me distes, 10 - llevadme junto el mal que me dejastes. - Si no, sospecharé que me pusistes - en tantos bienes, porque deseastes - verme morir entre memorias tristes.[352] - - - - -XI - - - Hermosas ninfas, que en el río metidas, - contentas habitáis en las moradas - de relucientes piedras fabricadas - y en colunas de vidro sostenidas; - agora estéis labrando embebecidas, 5 - o tejiendo las telas delicadas; - agora unas con otras apartadas, - contándoos los amores y las vidas; - dejad un rato la labor, alzando - vuestras rubias cabezas a mirarme, 10 - y no os detendréis mucho según ando; - que o no podréis de lástima escucharme, - o convertido en agua aquí llorando, - podréis allá de espacio consolarme.[353] - - - - -XII - - - Si para refrenar este deseo - loco, imposible, vano, temeroso, - y guarecer de un mal tan peligroso, - que es darme a entender yo lo que no creo, - no me aprovecha verme cual me veo, 5 - o muy aventurado o muy medroso, - en tanta confusión, que nunca oso - fiar el mal de mí que lo poseo, - ¿qué me ha de aprovechar ver la pintura - de aquel que con las alas derretidas 10 - cayendo, fama y nombre al mar ha dado; - y la del que su fuego y su locura - llora entre aquellas plantas conocidas, - apenas en el agua resfriado? - - - - -XIII - - - A Dafne ya los brazos le crecían,[354] - y en luengos ramos vueltos se mostraban; - en verdes hojas vi que se tornaban - los cabellos que al oro escurecían. - De áspera corteza se cubrían 5 - los tiernos miembros, que aún bullendo estaban; - los blancos pies en tierra se hincaban, - y en torcidas raíces se volvían. - Aquel que fue la causa de tal daño, - a fuerza de llorar, crecer hacía 10 - este árbol que con lágrimas regaba. - ¡Oh miserable estado, oh mal tamaño! - ¡Que con lloralla cresca cada día - la causa y la razón por que lloraba! - - - - -XIV - - - Como la tierna madre que el doliente - hijo le está con lágrimas pidiendo - alguna cosa, de la cual comiendo, - sabe que ha de doblarse el mal que siente, - y aquel piadoso amor no le consiente 5 - que considere el daño que haciendo - lo que le pide hace, va corriendo, - y dobla el mal, y aplaca el acidente;[355] - así a mi enfermo y loco pensamiento, - que en su daño os me pide, yo querría 10 - quitar este mortal mantenimiento. - Mas pídemelo, y llora cada día - tanto, que cuanto quiere le consiento, - olvidando su muerte y aun la mía. - - - - -XV - - - Si quejas y lamentos pueden tanto, - que el curso refrenaron de los ríos, - y en los diversos montes y sombríos - los árboles movieron con su canto; - si convirtieron a escuchar su llanto 5 - las fieras tigres y peñascos fríos; - si, en fin, con menos casos que los míos - bajaron a los reinos del espanto;[356] - ¿por qué no ablandará mi trabajosa - vida, en miseria y lágrimas pasada, 10 - un corazón comigo endurecido? - Con más piedad debría ser escuchada - la voz del que se llora por perdido - que la del que perdió y llora otra cosa. - - - - -XVI - - - No las francesas armas odiosas,[357] - en contra puestas del airado pecho, - ni en los guardados muros con pertrecho - los tiros y saetas ponzoñosas; - no las escaramuzas peligrosas, 5 - ni aquel fiero ruido contrahecho - de aquel que para Júpiter fue hecho - por manos de Vulcano artificiosas,[358] - pudieron, aunque más yo me ofrecía - a los peligros de la dura guerra, 10 - quitar un hora sola de mi hado. - Mas infición de aire en solo un día - me quitó al mundo, y me ha en ti sepultado, - Parténope, tan lejos de mi tierra.[359] - - - - -XVII - - - Pensando que el camino iba derecho, - vine a parar en tanta desventura, - que imaginar no puedo, aun con locura, - algo de que esté un rato satisfecho. - El ancho campo me parece estrecho; 5 - la noche clara para mí es escura; - la dulce compañía, amarga y dura, - y duro campo de batalla el lecho. - Del sueño, si hay alguno, aquella parte - sola que es ser imagen de la muerte 10 - se aviene con el alma fatigada. - En fin, que como quiera, estoy de arte, - que juzgo ya por hora menos fuerte, - aunque en ella me vi, la que es pasada. - - - - -XVIII - - - Si a vuestra voluntad yo soy de cera, - y por sol tengo solo vuestra vista, - la cual a quien no inflama o no conquista - con su mirar, es de sentido fuera; - de do viene una cosa, que si fuera 5 - menos veces de mí probada y vista, - según parece que a razón resista, - a mi sentido mismo no creyera, - y es, que yo soy de lejos inflamado - de vuestra ardiente vista, y encendido 10 - tanto, que en vida me sostengo apenas. - Mas si de cerca soy acometido - de vuestros ojos, luego siento helado - cuajárseme la sangre por las venas. - - - - -XIX - - - Julio, después que me partí llorando[360] - de quien jamás mi pensamiento parte, - y dejé de mi alma aquella parte - que al cuerpo vida y fuerza estaba dando, - de mi bien a mí mismo voy tomando 5 - estrecha cuenta, y siento de tal arte - faltarme todo el bien, que temo en parte - que ha de faltarme el aire sospirando; - y con este temor, mi lengua prueba - a razonar con vos ¡oh dulce amigo! 10 - del amarga memoria de aquel día - en que yo comencé como testigo - a poder dar del alma vuestra nueva, - y a sabella de vos del alma mía.[361] - - - - -XX - - - Con tal fuerza y vigor son concertados[362] - para mi perdición los duros vientos, - que cortaron mis tiernos pensamientos - luego que sobre mí fueron mostrados. - El mal es que me quedan los cuidados 5 - en salvo destos acontecimientos, - que son duros, y tienen fundamentos - en todos mis sentidos bien echados. - Aunque por otra parte no me duelo, - ya que el bien me dejó con su partida, 10 - del grave mal que en mí está de contino; - antes con él me abrazo y me consuelo; - porque en proceso de tan dura vida - atajaré la guerra del camino.[363] - - - - -XXI - - - Clarísimo Marqués, en quien derrama[364] - el cielo cuanto bien conoce el mundo; - si al gran valor en que el sujeto fundo, - y al claro resplandor de vuestra llama - arribare mi pluma, y do la llama 5 - la voz de vuestro nombre alto y profundo, - seréis vos solo eterno y sin segundo, - y por vos inmortal quien tanto os ama. - Cuanto del largo cielo se desea, - cuanto sobre la tierra se procura, 10 - todo se halla en vos de parte en parte; - y, en fin, de solo vos formó natura - una estraña y no vista al mundo idea, - y hizo igual al pensamiento el arte. - - - - -XXII - - - Con ansia estrema de mirar qué tiene - vuestro pecho escondido allá en su centro, - y ver si a lo de fuera lo de dentro - en aparencia y ser igual conviene, - en él puse la vista; mas detiene 5 - de vuestra hermosura el duro encuentro - mis ojos, y no pasan tan adentro, - que miren lo que el alma en sí contiene.[365] - Y así, se quedan tristes en la puerta - hecha por mi dolor, con esa mano, 10 - que aun a su mismo pecho no perdona;[366] - donde vi claro mi esperanza muerta, - y el golpe que os hizo amor en vano - _non esservi passato oltra la gonna_.[367] - - - - -XXIII - - - En tanto que de rosa y azucena - se muestra la color en vuestro gesto, - y que vuestro mirar ardiente, honesto, - enciende el corazón y lo refrena; - y en tanto que el cabello, que en la vena 5 - del oro se escogió, con vuelo presto, - por el hermoso cuello blanco, enhiesto, - el viento mueve, esparce y desordena; - coged de vuestra alegre primavera - el dulce fruto, antes que el tiempo airado 10 - cubra de nieve la hermosa cumbre. - Marchitará la rosa el viento helado, - todo lo mudará la edad ligera, - por no hacer mudanza en su costumbre.[368] - - - - -XXIV - - - Ilustre honor del nombre de Cardona,[369] - décima moradora de Parnaso,[370] - a Tansilo, a Minturno, al culto Taso[371] - sujeto noble de inmortal corona; - si en medio del camino no abandona 5 - la fuerza y el espirtu a vuestro Laso, - por vos me llevará mi osado paso - a la cumbre difícil de Helicona.[372] - Podré llevar entonces sin trabajo - con dulce son que el curso al agua enfrena, 10 - por un camino hasta agora enjuto, - el patrio celebrado y rico Tajo, - que del valor de su luciente arena - a vuestro nombre pague el gran tributo. - - - - -XXV - - - ¡Oh hado esecutivo en mis dolores,[373] - cómo sentí tus leyes rigurosas! - Cortaste el árbol con manos dañosas, - y esparciste por tierra fruta y flores. - En poco espacio yacen mis amores 5 - y toda la esperanza de mis cosas, - tornadas en cenizas desdeñosas, - y sordas a mis quejas y clamores. - Las lágrimas que en esta sepultura - se vierten hoy en día y se vertieron 10 - recibe, aunque sin fruto allá te sean, - hasta que aquella eterna noche escura - me cierre aquestos ojos que te vieron, - dejándome con otros que te vean.[374] - - - - -XXVI - - - Echado está por tierra el fundamento[375] - que mi vivir cansado sostenía. - ¡Oh cuánto bien se acaba en solo un día! - ¡Oh cuántas esperanzas lleva el viento! - ¡Oh cuán ocioso está mi pensamiento 5 - cuando se ocupa en bien de cosa mía! - A mi esperanza, así como a baldía, - mil veces la castiga mi tormento. - Las más veces me entrego, otras resisto - con tal furor, con una fuerza nueva, 10 - que un monte puesto encima rompería. - Aqueste es el deseo que me lleva - a que desee tornar a ver un día - a quien fuera mejor nunca haber visto. - - - - -XXVII - - - Amor, amor, un hábito vestí,[376] - el cual de vuestro paño fue cortado; - al vestir ancho fue, mas apretado - y estrecho cuando estuvo sobre mí. - Después acá de lo que consentí, 5 - tal arrepentimiento me ha tornado, - que pruebo alguna vez, de congojado, - a romper esto en que yo me metí. - Mas ¿quién podrá deste hábito librarse, - teniendo tan contraria su natura, 10 - que con él ha venido a conformarse? - Si alguna parte queda por ventura - de mi razón, por mí no osa mostrarse; - que en tal contradición no está segura. - - - - -XXVIII - - - Boscán, vengado estáis, con mengua mía, - de mi rigor pasado y mi aspereza, - con que reheprenderos la terneza - de vuestro blando corazón solía. - Agora me castigo cada día 5 - de tal salvatiquez y tal torpeza;[377] - mas es a tiempo que de mi bajeza - correrme y castigarme bien podría. - Sabed que en mi perfeta edad y armado, - con mis ojos abiertos me he rendido 10 - al niño que sabéis, ciego y desnudo. - De tan hermoso fuego consumido - nunca fue corazón. Si preguntado - soy lo demás, en lo demás soy mudo. - - - - -XXIX - - - Pasando el mar Leandro el animoso,[378] - en amoroso fuego todo ardiendo, - esforzó el viento, y fuese embraveciendo - el agua con un ímpetu furioso. - Vencido del trabajo presuroso, 5 - contrastar a las ondas no pudiendo, - y más del bien que allí perdía muriendo, - que de su propia vida congojoso, - como pudo esforzó su voz cansada, - y a las ondas habló desta manera, 10 - (mas nunca fue la voz dellas oída): - «Ondas, pues no os escusa que yo muera, - dejadme allá llegar, y a la tornada - vuestro furor esecutá en mi vida.»[379] - - - - -XXX - - - Sospechas, que en mi triste fantasía - puestas, hacéis la guerra a mi sentido, - volviendo y revolviendo el afligido - pecho, con dura mano, noche y día; - ya se acabó la resistencia mía 5 - y la fuerza del alma; ya rendido - vencer de vos me dejo, arrepentido - de haberos contrastado en tal porfía.[380] - Llevadme a aquel lugar tan espantable, - do por no ver mi muerte allí esculpida, 10 - cerrados hasta aquí tuve los ojos. - Las armas pongo ya; que concedida[381] - no es tan larga defensa al miserable; - colgad en vuestro carro mis despojos.[382] - - - - -XXXI - - - Dentro en mi alma fue de mí engendrado - un dulce amor, y de mi sentimiento - tan aprobado fue su nacimiento - como de un solo hijo deseado; - mas luego dél nació quien ha estragado 5 - del todo el amoroso pensamiento; - que en áspero rigor y en gran tormento - los primeros deleites ha trocado. - ¡Oh crudo nieto, que das vida al padre[383] - y matas al abuelo! ¿por qué creces 10 - tan disconforme a aquel de que has nacido? - ¡Oh celoso temor! ¿a quién pareces? - ¡Que la envidia, tu propia y fiera madre, - se espanta en ver el mostro que ha parido![384] - - - - -XXXII - - - Estoy contino en lágrimas bañado, - rompiendo el aire siempre con sospiros; - y más me duele nunca osar deciros - que he llegado por vos a tal estado, - que viéndome do estoy y lo que he andado 5 - por el camino estrecho de seguiros, - si me quiero tornar para huiros, - desmayo viendo atrás lo que he dejado; - si a subir pruebo, en la difícil cumbre, - a cada paso espántanme en la vía 10 - ejemplos tristes de los que han caído. - Y sobre todo, fáltame la lumbre - de la esperanza, con que andar solía - por la escura región de vuestro olvido.[385] - - - - -XXXIII - - - Mario, el ingrato amor, como testigo[386] - de mi fe pura y de mi gran firmeza, - usando en mí su vil naturaleza, - que es hacer más ofensa al más amigo; - teniendo miedo que si escribo o digo 5 - su condición, abajo su grandeza, - no bastando su fuerza a mi crueza, - ha esforzado la mano a mi enemigo. - Y así, en la parte que la diestra mano - gobierna, y en aquella que declara 10 - el conceto del alma, fui herido. - Mas yo haré que aquesta ofensa, cara - le cueste al ofensor, que ya estoy sano, - libre, desesperado y ofendido. - - - - -XXXIV - - - Gracias al cielo doy que ya del cuello - del todo el grave yugo he sacudido, - y que del viento el mar embravecido - veré desde la tierra sin temello. - Veré colgada de un sutil cabello[387] 5 - la vida del amante embebecido - en su error, y en su engaño adormecido, - sordo a las voces que le avisan dello. - Alegrárame el mal de los mortales; - mas no es mi corazón tan inhumano 10 - en aqueste mi error como parece, - porque yo huelgo, como huelga el sano, - no de ver a los otros en los males, - sino de ver que dellos él carece.[388] - - - - -XXXV - - - Boscán, las armas y el furor de Marte,[389] - que con su propia sangre el africano - suelo regando, hacen que el romano - imperio reverdesca en esta parte, - han reducido a la memoria el arte 5 - y el antiguo valor italiano, - por cuya fuerza y valerosa mano - África se aterró de parte a parte. - Aquí donde el romano encendimiento, - donde el fuego y la llama licenciosa 10 - solo el nombre dejaron a Cartago, - vuelve y revuelve amor mi pensamiento, - hiere y enciende el alma temerosa, - y en llanto y en ceniza me deshago.[390] - - - - -XXXVI - - - A la entrada de un valle, en un desierto, - do nadie atravesaba ni se vía, - vi que con estrañeza un can hacía - estremos de dolor con desconcierto; - ahora suelta el llanto al cielo abierto, 5 - ora va rastreando por la vía; - camina, vuelve, para, y todavía - quedaba desmayado como muerto. - Y fue que se apartó de su presencia - su amo, y no le hallaba, y esto siente: 10 - mirad hasta dó llega el mal de ausencia. - Moviome a compasión ver su acidente; - díjele lastimado: «Ten paciencia, - que yo alcanzo razón, y estoy ausente.»[391] - - - - -XXXVII - - - Mi lengua va por do el dolor la guía; - ya yo con mi dolor sin guía camino; - entrambos hemos de ir con puro tino; - cada uno va a parar do no querría, - yo, porque voy sin otra compañía, 5 - sino la que me hace el desatino; - ella, porque la lleve aquel que vino - a hacella decir más que querría. - Y es para mí la ley tan desigual, - que aunque inocencia siempre en mí conoce, 10 - siempre yo pago el yerro ajeno y mío. - ¿Qué culpa tengo yo del desvarío - de mi lengua, si estoy en tanto mal, - que el sufrimiento ya me desconoce? - - - - -XXXVIII - - - Siento el dolor menguarme poco a poco, - no porque ser le sienta más sencillo, - mas fallece el sentir para sentillo, - después que de sentillo estoy tan loco. - Ni en sello pienso que en locura toco, 5 - antes voy tan ufano con oíllo, - que no dejaré el sello y el sufrillo, - que si dejo de sello el seso apoco. - Todo me empece, el seso y la locura; - prívame este de sí por ser tan mío; 10 - mátame estotra por ser yo tan suyo. - Parecerá a la gente desvarío - preciarme deste mal, do me destruyo: - yo lo tengo por única ventura.[392] - - - - -CANCIONES - -EN VERSOS CORTOS - -I - - - Culpa debe ser quereros,[393] - según lo que en mí hacéis; - mas allá lo pagaréis, - do no sabrán conoceros, - por mal que me conocéis. - Por quereros, ser perdido - pensaba, que no culpado; - mas que todo lo haya sido - así me lo habéis mostrado, - que lo tengo bien sabido. - ¡Quién pudiese no quereros - tanto, como vos sabéis, - por holgarme que paguéis - lo que no han de conoceros - con lo que no conocéis! - - - - -II - - - Yo dejaré desde aquí - de ofenderos más hablando; - porque mi morir callando - os ha de hablar por mí. - Gran ofensa os tengo hecha - hasta aquí en haber hablado, - pues en cosa os he enojado - que tampoco me aprovecha. - Derramaré desde aquí - mis lágrimas no hablando; - porque quien muere callando - tiene quien hable por sí. - - - - -III - - - Acaso supo, a mi ver,[394] - y por acierto quereros, - quien tal yerro fue a hacer, - como partirse de veros - donde os dejase de ver. - Imposible es que este tal, - pensando que os conocía, - supiese lo que hacía, - cuando su bien y su mal - junto os entregó en un día. - Acertó acaso a hacer - lo que si por conoceros - hiciera, no podía ser - partirse, y con solo veros - dejaros siempre de ver. - - - - -IV - - - Pues este nombre perdí,[395] - Dido, mujer de Siqueo, - en mi muerte esto deseo - que se escriba sobre mí: - «El peor de los troyanos - dio la causa y el espada; - Dido, a tal punto llegada, - no puso más de las manos.» - - - - -V - - - De la red y del hilado[396] - hemos de tomar, señora, - que echáis de vos en un hora - todo el trabajo pasado. - Y si el vuestro se ha de dar - a los que se pasearen, - lo que por vos trabajaren, - ¿dónde lo pensáis echar? - - - - -VI - - - ¿Qué testimonios son estos[397] - que le queréis levantar? - Que no fue sino bailar. - ¿Esta tienen por gran culpa? - No lo fue a mi parecer, - porque tiene por desculpa - que lo hizo la mujer. - Esta le hizo caer, - mucho más que no el saltar - que hizo con el bailar. - - - - -VII - - - La gente se espanta toda[398] - que hablar a todos distes, - que un milagro que hecistes, - hubo de ser en la boda. - Pienso que habéis de venir, - si vais por este camino, - a tornar el agua en vino, - como el danzar en reír. - - - - -VIII - - - Nadie puede ser dichoso; - señora, ni desdichado, - sino que os haya mirado. - Porque la gloria de veros - en ese punto se quita - que se piensa mereceros. - Así que, sin conoceros, - nadie puede ser dichoso, - señora, ni desdichado, - sino que os haya mirado. - - - - -APÉNDICES - -I - -A LA MUY MAGNÍFICA SEÑORA DOÑA JERÓNIMA PALOVA DE ALMOGÁVAR, GARCILASO -DE LA VEGA[399] - - -Si no hubiera sabido antes de ahora dónde llega el juicio de V. m. -bastárame para entenderlo ver que os parescía bien este libro; mas -ya estábades tan adelante en mi opinión que paresciéndome este libro -bien hasta ahora por muchas causas, la principal por donde ahora me lo -paresce es porque le habéis aprobado de tal manera, que podemos decir -que le habéis hecho, pues por vuestra causa le alcanzamos a tener en -lengua que le entendemos. Porque, no solamente no pensé poder acabar -con Boscán que le tradujese,[400] mas nunca me osé poner en decírselo, -según le vía siempre aborrecer a los que romanzan libros, aunque él a -esto no lo llama romanzar, ni yo tampoco,[401] mas aunque lo fuera creo -que no se escusara dello mandándolo V. m. - -Estoy muy satisfecho de mí, porque antes que el libro viniese a -vuestras manos,[402] ya yo le tenía en tanto como entonces debía; -porque si ahora, después que os parece bien, empezara a conocerle, -creyera que me llevaba el juicio de vuestra opinión. Pero ya no hay que -sospechar en esto, sino tener por cierto que es libro que merece andar -en vuestras manos para que luego se le parezca dónde anduvo y pueda -después andar por el mundo sin peligro; porque una de las cosas de que -mayor necesidad hay doquiera que hay hombres y damas principales, es de -hacer, no solamente todas las cosas que en aquella su manera de vivir -acrecienta el punto y el valor de las personas, mas aun de guardarse de -todas las que pueden abajarle: lo uno y lo otro se trata en este libro -tan sabia y tan cortesanamente que no me parece que hay que desear en -él, sino vello cumplido todo en algún hombre, y también iba a decir en -alguna dama, si no me acordara que estábades en el mundo para pedirme -cuenta de las palabras ociosas. - -Demás de todo esto puédese considerar en este libro que, como las cosas -muy acertadas, siempre se estienden a más de lo que prometen: de tal -manera escribió el Conde Castellón[403] lo que debía hacer un singular -cortesano, que casi no dejó estado a quien no avisase de su oficio. En -esto se puede ver lo que perdiéramos a no entenderle. - -Y también tengo por muy principal el beneficio que se hace a la lengua -castellana en poner en ella cosas que merezcan ser leídas, porque yo -no sé qué desventura ha sido siempre la nuestra, que apenas ha nadie -escrito en nuestra lengua sino lo que se pudiera muy bien escusar; -aunque esto sería malo de probar con los que traen entre las manos -estos libros que matan hombres.[404] - -Y supo V. m. muy bien escoger persona por cuyo medio hiciésedes este -bien a todos; que siendo, a mi parecer, tan dificultosa cosa traducir -bien un libro como hacerle de nuevo, diose Boscán en esto tan buena -maña, que cada vez que me pongo a leer este su libro, o por mejor -decir, vuestro, no me parece que le hay escrito en otra lengua; y si -alguna vez se me acuerda del que he visto y leído, luego el pensamiento -se me vuelve al que tengo entre las manos. Guardó una cosa en la -lengua castellana que muy pocos la han alcanzado, que fue huir de la -afectación, sin dar consigo en una sequedad; y con gran limpieza de -estilo usó de términos muy cortesanos y muy admitidos de los buenos -oídos, y no nuevos ni al parecer desusados de la gente. Fue, más desto, -muy fiel traductor, porque no se ató al rigor de la letra, como hacen -algunos, sino a la verdad de las sentencias, y por diferentes caminos -puso en esta lengua toda la fuerza y el ornamento de la otra.[405] -Así lo dejó todo tan en su punto como lo halló, y hallolo tal que -con poco trabajo podrían los defensores deste libro responder a los -que quisiesen tachar alguna cosa dél.[406] No hablo en los hombres -de tan tiernos y tan delicados oídos, que entre mil cosas buenas que -tendrá este libro, les ofenderá una o dos que no serán tan buenas como -las otras; que destos tales no puedo creer sino que aquellas dos les -agradan y las otras les ofenden, y podríalo probar con muchas cosas que -ellos fuera de esto aprueban. Mas no es de perder tiempo con estos, -sino remitirlos a quien les habla y responde dentro en ellos mismos, y -volverme a los que con alguna aparencia de razón podrían en un lugar -desear satisfacción de algo que les ofendiese; y es, que allí donde -se trata de todas las maneras que puede haber de decir donaires y -cosas bien dichas a propósito de hacer reír, y de hablar delgadamente, -hay algunas puestas por ejemplo que paresce que no llegan al punto -de las otras ni merecen ser tenidas por muy buenas de un hombre que -tan avisadamente trató las otras partes; y de aquí podrían inferir -una sospecha de no tan buen juicio ni tanta fineza del auctor como le -damos. Lo que a esto se puede responder es que la intención del auctor -fue poner diversas maneras de hablar graciosamente y de decir donaires, -y porque mejor pudiésemos conocer la diferencia y el linaje de cada -una de aquellas maneras, púsonos ejemplo de todas, y discurriendo por -tantas suertes de hablar, no podía haber tantas cosas bien dichas en -cada una destas, que algunas de las que daba por ejemplo no fuesen algo -más bajas que otras; y por tales creo yo que las tuvo, sin engañarse -punto en ellas, un auctor tan discreto y tan avisado como este. Así -que ya en esto se ve que él está fuera de culpa; yo solo habré de -quedar con una, que es haberme alargado más de lo que era menester; mas -enójanme las sinrazones, y hácenme que las haga con una carta tan larga -a quien no me tiene culpa. - -Confieso a V. md. que hube tanta invidia de veros merecer sola las -gracias que se deben por este libro, que me quise meter allá entre los -renglones o como pudiese; y porque hube miedo que alguno se quisiese -meter en traducir este libro,[407] o por mejor decir, dañarle, trabajé -con Boscán que sin esperar otra cosa le hiciese luego imprimir, -por atajar la presteza que los que escriben mal alguna cosa suelen -tener en publicarla; y aunque esta traducción me diera venganza de -cualquier otra que hubiera, soy tan enemigo de cisma, que aun esta -tan sin peligro me enojara; y por esto, casi por fuerza, le hice que -a todo correr le pasase, y él me hizo estar presente a la postrera -lima, más como a hombre acogido a razón que como ayudador de ninguna -enmienda.[408] - -Suplico a V. md. que pues este libro está debajo de vuestro amparo, que -no pierda nada por esta poca de parte que yo dél tomo, pues en pago -desto os le doy escrito de mejor letra donde se lea vuestro nombre y -vuestras obras.[409] - - - - -II - -CARTA DE GARCILASO AL EMPERADOR CARLOS V[410] - - -† - -S. C. C. M.t[411] - -La orden q̄ el Principe[412] a dado enel caminar de la gente es q̄ -se deſenbarquen enbaya o en saona y de alli tomen el camino la via -de alexandria y paren en medio desta ciudad y de alexandria lo qual -se pone luego en obra y yo me parto delante para tener prouisto lo -neceſsario en saona. - -El capitan sabajosa va alo q̄ el principe y el embaxador[413] escriuen; -lagente q̄ viene segū todos afirman es muy buena. Nro. Sor. la S. -perſona de V. M.t[414] guarde con acrecētamjēto de nueuos Reynos y -srios.[415] De genoua XX de mayo 1536. - -S. C. C. M.t - -Criado de V. S. M.t - - Garcilaſso.[416] - - - - -III - -GARSIAE LASSI DE LA VEGA AD FERDINANDUM DE ACUÑA[417] - -EPIGRAMMA - - - Dum Reges, Fernande, canis, dum Caesaris altam - Progeniem nostri, claraque facta Ducum, - Dum Hispana memoras fractas sub cuspide gentes, - Obstupuere homines, obstupuere Dei: - Extollensque caput sacri de vertice Pindi - Calliope blandis vocibus haec retulit; - Macte puer gemina praecinctus tempora lauro, - Qui nova nunc Martis gloria solus eras; - Hac tibi dat Bacchusque pater, dat Phoebus-Apollo - Nympharumque leves Castalidumque chori, - Ut quos divino celebrasti carmine Reges, - Teque simul, curva qui canis arma lyra, - Saepe legant, laudent, celebrent post fata Nepotes: - Nullaque perpetuos nox fuget atra dies. - - - - -IV - -OCTAVA RIMA - - -«Cristóbal de Castillejo, poeta de agudo ingenio en su tiempo, da el -nombre de _poeta_ solamente al nuestro --a Garcilaso-- fol. 27 de sus -obras, y da por suya, fol. 275, esta octava rima: - - Y ya que mis tormentos son forzados, - Aunque vienen sin fuerza consentidos - ¿Pues qué mayor alivio [a] mis cuidados - que ser por vuestra causa padecidos? - Si como son por vos bien empleados, - De vos fuesen, señora, conocidos, - La más crecida angustia de mi pena - Sería de descanso y gloria llena.» - -(Don Tomás Tamayo de Vargas, _Garcilaso de la Vega_, Madrid, 1622, fol. -86 de las anotaciones.) - - - - -V - -ANÉCDOTA - - -«Garcilaso, como era un caballero muy cortesano, y el doctor Villalobos -un muy del palacio y gracioso médico, así muy ordinariamente --es -decir, frecuentemente-- ambos se burlaban; y habiendo estado muy malo -Garcilaso, curole el dotor y sanole muy cuidadosamente; y viendo que -un día y otro se tardaba la paga, enviole un paje el dotor, que pues -le había hecho tanto mal como volverle al mundo, que le pagase. Él ---Garcilaso-- abriendo un arca vacía, sacó della también una bolsa -vacía, y enviósela con esta copla dentro: - - La bolsa dice: --Yo vengo - Como el arca de moré, - Que es el arca de _Noé_ - Que quiere decir: _no tengo_.» - -(_Miscelánea_ de don Luis Zapata, tomo XI del _Memorial histórico -español_, pág. 297.) De este mismo juego de vocablos: _Noé_ = _no -he_ = _no tengo_, usó también Barahona de Soto en su paradoja _A la -pobreza_ y Luis Rufo en _Las quinientas apotegmas_. (V. F. Rodríguez -Marín, _Luis Barahona de Soto_, Madrid, 1903, págs 739-740.) - - - - -ÍNDICE ALFABÉTICO - -DE PRIMEROS VERSOS - - - Págs. - - Acaso supo a mi ver, _Versos cortos III_. 257 - - A Dafne ya los brazos le crecían, _Soneto XIII_. 220 - - A la entrada de un valle, en un desierto, _Soneto XXXVI_. 252 - - Amor, amor, un hábito vestí, _Soneto XXVII_. 237 - - Aquella voluntad honesta y pura, _Égloga III_. 123 - - Aquí, Boscán, donde del buen troyano, _Elegía II_. 159 - - Aunque este grave caso haya tocado, _Elegía I_. 145 - - Boscán, las armas y el furor de Marte, _Soneto XXXV_. 250 - - Boscán, vengado estáis, con mengua mía, _Soneto XXVIII_. 239 - - Clarísimo Marqués, en quien derrama, _Soneto XXI_. 228 - - Como la tierna madre que al doliente, _Soneto XIV_. 221 - - Con ansia estrema de mirar qué tiene, _Soneto XXII_. 229 - - Con tal fuerza y vigor son concertados, _Soneto XX_. 227 - - Con un manso ruido, _Canción III_. 183 - - Cuando me paro a contemplar mi estado, _Soneto I_. 205 - - Culpa debe ser quereros, _Versos cortos I_. 255 - - De aquella vista pura y ecelente, _Soneto VIII_. 215 - - De la red y del hilado, _Versos cortos V_. 258 - - Dentro en mi alma fue de mí engendrado, _Soneto XXXI_. 243 - - Echado está por tierra el fundamento, _Soneto XXVI_. 235 - - El aspereza de mis males quiero, _Canción IV_. 187 - - El dulce lamentar de dos pastores, _Égloga I_. 1 - - En fin, a vuestras manos he venido, _Soneto II_. 207 - - En medio del invierno está templada, _Égloga II_. 27 - - En tanto que de rosa y azucena, _Soneto XXIII_. 231 - - Escrito está en mi alma vuestro gesto, _Soneto V_. 211 - - Estoy contino en lágrimas bañado, _Soneto XXXII_. 245 - - Gracias al cielo doy que ya del cuello, _Soneto XXXIV_. 248 - - Hermosas ninfas, que en el río metidas, _Soneto XI_. 218 - - Ilustre honor del nombre de Cardona, _Soneto XXIV_. 232 - - Julio, después que me partí llorando, _Soneto XIX_. 226 - - La gente se espanta toda, _Versos cortos VII_. 259 - - La mar en medio y tierras he dejado, _Soneto III_. 208 - - La soledad siguiendo, _Canción II_. 179 - - Mario, el ingrato amor, como testigo, _Soneto XXXIII_. 246 - - Mi lengua va por do el dolor la guía, _Soneto XXXVII_. 253 - - Nadie puede ser dichoso, _Versos cortos VIII_. 260 - - No las francesas armas odiosas, _Soneto XVI_. 223 - - No pierda más quien ha tanto perdido, _Soneto VII_. 214 - - ¡Oh hado esecutivo en mis dolores, _Soneto XXV_. 234 - - ¡Oh dulces prendas, por mi mal halladas, _Soneto X_. 217 - - Pasando el mar Leandro el animoso, _Soneto XXIX_. 240 - - Pensando que el camino iba derecho, _Soneto XVII_. 224 - - Por ásperos caminos he llegado, _Soneto VI_. 212 - - Pues este nombre perdí, _Versos cortos IV_. 257 - - ¿Qué testimonios son estos, _Versos cortos VI_. 258 - - Señora mía, si de vos yo ausente, _Soneto IX_. 216 - - Señor Boscán, quien tanto gusto tiene, _Epístola_. 169 - - Si a la región desierta, inhabitable, _Canción I_. 175 - - Si a vuestra voluntad yo soy de cera, _Soneto XVIII_. 225 - - Si de mi baja lira, _Canción V_. 197 - - Siento el dolor menguarme poco a poco, _Soneto XXXVIII_. 254 - - Si para refrenar este deseo, _Soneto XII_. 219 - - Si quejas y lamentos pueden tanto, _Soneto XV_. 222 - - Sospechas, que en mi triste fantasía, _Soneto XXX_. 242 - - Un rato se levanta mi esperanza, _Soneto IV_. 210 - - Yo dejaré desde aquí, _Versos cortos II_. 256 - - - - -ÍNDICE GENERAL - - - Págs. - - _Introducción._ VII - - _Datos bibliográficos._ XXI - - - ÉGLOGAS - - I.--El dulce lamentar de dos pastores. 1 - - II.--En medio del invierno está templada. 27 - - III.--Aquella voluntad honesta y pura. 123 - - - ELEGÍAS - - I.--Aunque este grave caso haya tocado. 145 - - II.--Aquí, Boscán, donde del buen troyano. 159 - - - EPÍSTOLA - - Señor Boscán, quien tanto gusto tiene. 169 - - - CANCIONES - - I.--Si a la región desierta, inhabitable. 175 - - II.--La soledad siguiendo. 179 - - III.--Con un manso ruído. 183 - - IV.--El aspereza de mis males quiero. 187 - - V.--Si de mi baja lira. 197 - - - SONETOS - - I.--Cuando me paro a contemplar mi estado. 205 - - II.--En fin, a vuestras manos he venido. 207 - - III.--La mar en medio y tierras he dejado. 208 - - IV.--Un rato se levanta mi esperanza. 210 - - V.--Escrito está en mi alma vuestro gesto. 211 - - VI.--Por ásperos caminos he llegado. 212 - - VII.--No pierda más quien ha tanto perdido. 214 - - VIII.--De aquella vista pura y ecelente. 215 - - IX.--Señora mía, si de vos yo ausente. 216 - - X.--¡Oh dulces prendas, por mi mal halladas! 217 - - XI.--Hermosas ninfas, que en el río metidas. 218 - - XII.--Si para refrenar este deseo. 219 - - XIII.--A Dafne ya los brazos le crecían. 220 - - XIV.--Como la tierna madre que al doliente. 221 - - XV.--Si quejas y lamentos pueden tanto. 222 - - XVI.--No las francesas armas odiosas. 223 - - XVII.--Pensando que el camino iba derecho. 224 - - XVIII.--Si a vuestra voluntad yo soy de cera. 225 - - XIX.--Julio, después que me partí llorando. 226 - - XX.--Con tal fuerza y vigor van concertados. 227 - - XXI.--Clarísimo Marqués, en quien derrama. 228 - - XXII.--Con ansia estrema de mirar qué tiene. 229 - - XXIII.--En tanto que de rosa y azucena. 231 - - XXIV.--Ilustre honor del nombre de Cardona. 232 - - XXV.--¡Oh hado esecutivo en mis dolores! 234 - - XXVI.--Echado está por tierra el fundamento. 235 - - XXVII.--Amor, amor, un hábito vestí. 237 - - XXVIII.--Boscán, vengado estáis con mengua mía. 239 - - XXIX.--Pasando el mar Leandro el animoso. 240 - - XXX.--Sospechas que en mi triste fantasía. 242 - - XXXI.--Dentro en mi alma fue de mí engendrado. 243 - - XXXII.--Estoy contino en lágrimas bañado. 245 - - XXXIII.--Mario, el ingrato amor, como testigo. 246 - - XXXIV.--Gracias al cielo doy que ya del cuello. 248 - - XXXV.--Boscán, las armas y el furor de Marte. 250 - - XXXVI.--A la entrada de un valle, en un desierto. 252 - - XXXVII.--Mi lengua va por do el dolor la guía. 253 - - XXXVIII.--Siento el dolor menguarme poco a poco. 254 - - - CANCIONES EN VERSOS CORTOS - - I.--Culpa debe ser quereros. 255 - - II.--Yo dejaré desde aquí. 256 - - III.--Acaso supo a mi ver. 257 - - IV.--Pues este nombre perdí. 257 - - V.--De la red y del hilado. 258 - - VI.--¿Qué testimonios son estos? 258 - - VII.--La gente se espanta toda. 259 - - VIII.--Nadie puede ser dichoso. 260 - - - APÉNDICES - - I.--A la muy magnífica señora doña Jerónima Palova - de Almogávar, Garcilaso de la Vega. 261 - - II.--Carta de Garcilaso al Emperador Carlos V. 269 - - III.--Garsiae Lassi de la Vega ad Ferdinandum - de Acuña, Epigramma. 271 - - IV.--Octava rima. 272 - - V.--Anécdota. 273 - - Índice alfabético de primeros versos. 275 - - - - - ESTE LIBRO SE ACABÓ DE IMPRIMIR - EN LA TIPOGRAFÍA DE «CLÁSICOS CASTELLANOS» - EL DÍA III DE FEBRERO - DEL AÑO MCMXI - - - - -NOTAS - - -[1] Heredaba D. García, por su padre D. Pedro, el apellido Suárez de -Figueroa; pero, hijo segundón, educado acaso con su abuela D.ª Elvira, -hermana de D. Íñigo, el famoso Marqués de Santillana, tomó el apellido -de esta, la cual a su vez quiso conservar el de su madre D.ª Leonor -Laso de la Vega en vez del de su padre D. Diego Hurtado de Mendoza. El -solar de la Vega se halla en las Asturias de Santillana, en la ribera -del Besaya, a una legua de Santillana y otra del mar. (V. Navarrete, -_Vida de Garcilaso_, Ilust. I.) - -[2] «Don Pedro era un caballero de sanas entrañas y sin malicia, y -junto con esta bondad, amigo de justicia y del bien del reino, y por -esto se metió tanto en estos bullicios.» (Sandoval, _Hist. de Carlos -V_, lib. V.) - -[3] Así dicen Herrera, Tamayo y Cienfuegos; pero Navarrete supone que -debió criarse en la Casa Real, según la antigua costumbre que hacía -educar junto a los príncipes a los hijos de los nobles. - -[4] Tamayo de Vargas, fol. 4. - -[5] V. Égloga I, notas a los versos 2 y 258. - -[6] V. Soneto XXVI, nota. - -[7] Los del linaje de la Cueva se oponían a aquel desposorio en su -interés de que D.ª Isabel, única sucesora de Alburquerque, casara de -modo que no se perdiera el nombre de la casa; tuvieron de su parte al -Emperador, el cual despachó una cédula desde Bruselas a 4 de setiembre -de 1531, prohibiendo que aquel matrimonio siguiera adelante; no -obstante parece ser que los novios fueron desposados, en secreto, en -una iglesia de Ávila, siendo testigo Garcilaso; noticioso de lo cual el -Emperador le impuso dicho destierro, como castigo, en ocasión en que -fue a servirle contra los turcos que asediaban a Viena. (V. Navarrete, -_Vida_, 35 y siguientes.) - -[8] Véase la carta de creencia otorgada a Garcilaso por D. Juan Ribera, -Capitán General de Toledo, en 12 de mayo de 1522. (Navarrete, _Vida_, -pág. 203.) - -[9] V. Menéndez y Pelayo, _Antología_, XIII, pág. 38. - -[10] Cuenta D. Luis Zapata en su _Carlo Famoso_ que yendo Garcilaso a -Roma a reunirse con el Emperador, después de cierta aventura galante, -saliole al paso una dama que le anunció el peligro que le amenazaba -por los facinerosos, hacia cuyas guaridas inconscientemente caminaba; -agradeciendo el aviso, resolvió el caballero seguir adelante, y al -internarse en un bosque, oyó resonar de silvos, cuernos y bocinas, con -que se convocaban los salteadores; más de trescientos, bien armados, -le rodearon; lanza en ristre, y firme en su caballo, les acometió; y -matando a unos, hiriendo a otros y haciendo huir a los restantes, logró -llegar, salvo y con honra, a su destino. Es evidente que en el fondo -de este fantástico relato hay, por lo menos, de cierto la opinión de -valiente en que el poeta vivió. - -[11] Navarrete, _Vida_, pág. 85. - -[12] Dejó Garcilaso tres hijos: Garcilaso, D. Pedro y D.ª Sancha, y -otro, además, D. Lorenzo, que se sospecha fuese natural; murió el -primero a los veinticinco años en la defensa de Ulpiano contra los -franceses; profesó el segundo en la Orden de Santo Domingo; casó D.ª -Sancha con D. Antonio Puertocarrero, y D. Lorenzo, espíritu cáustico, -desterrado a Orán, como autor de una aguda sátira, dícese que murió en -el camino. - -[13] Un epigrama latino se hallará en el Apéndice de este volumen. - -[14] Los sonetos, por hallazgos posteriores, montan hoy a 38, algunos -de dudosa autenticidad, según se advertirá en su lugar; figuran, -además, en la presente edición, varias composiciones que el autor -escribió en versos cortos, la carta-prólogo escrita para la traducción -de _El Cortesano_ de Boscán, y otra breve carta del poeta al Emperador. - -[15] _Las obras de Boscán y algunas de Garcilasso de la Vega, -repartidas en cuatro libros._ -- Escudo del Emperador con el _Plus -Ultra_. -- _Cvm Privilegio Imperiali. Carles Amorós._ -- Colofón: -«Acabaronse de imprimir las obras de Boscán y Garcilasso de la Vega: en -Barcelona, en la Officina de Carles Amoros, a los XX del mes de Março: -Año de M.D.XLIII.» 4.º, 8 hojas preliminares, más 242 de texto. - -[16] El mismo Boscán en su carta a la Duquesa de Soma, prólogo del -segundo libro de sus poesías, declara la parte que tomó Garcilaso -en la reforma: «Comencé a tentar este género de verso, en el cual -al principio hallé alguna dificultad, por ser muy dificultoso y -tener muchas particularidades diferentes del nuestro; pero después -pareciéndome, quizá con el amor de las cosas propias, que esto -comenzaba a sucederme bien, fui paso a paso metiéndome con calor en -ello; mas esto no bastara a hacerme pasar muy adelante, si Garcilaso -con su juicio, el cual, no solamente en mi opinión, mas en la de todo -el mundo, ha sido tenido por regla cierta, no me confirmara en esta mi -demanda, y así alabándome muchas veces este mi propósito y acabándomele -de aprobar con su ejemplo, porque quiso él también llevar este camino, -al cabo me hizo ocupar mis ratos ociosos en esto más particularmente.» - -[17] F. Rodríguez Marín, _Luis Barahona de Soto_, página 282. - -[18] Versos 37 y 40 de su égloga III. - -[19] Prólogo de Francisco de Medina a las _Anotaciones_ de Herrera, -pág. 8. - -[20] Elegía II, verso 24. - -[21] Elegía II, verso 145 y siguientes. - -[22] Hizo lugar honroso en sus escritos al nombre de D. Fernando de -Toledo, gran Duque de Alba, Eg. II; D. Pedro de Toledo, Virrey de -Nápoles, Eg. I; fray Severo, ayo del gran Duque, Eg. II; D.ª María de -la Cueva, Condesa de Osuna, Eg. III; D. Bernardino de Toledo, Eleg. I; -D.ª Catalina Sanseverino, la Flor de Gnido, Canc. V; Mario Galeota, -soneto XXXIII; D. Fernando de Guzmán, hermano del poeta, soneto XVI; -Julio César, poeta napolitano, soneto XIX; D. Alonso de Ávalos, Marqués -del Vasto, soneto XXI; D.ª María de Cardona, Marquesa de la Padula, -soneto XXIV, y particularmente a su amigo Boscán, Eg. II, Eleg. II, -epíst., sonetos XXVIII y XXXV, y versos cortos VII. - -[23] Véanse las notas a los versos 2 y 258 de la Eg. I, y al 20 de la -Eg. II. - -[24] V. M. Menéndez y Pelayo, _Juan Boscán_, páginas 132-138. - -[25] Égloga I: - - El dulce lamentar de dos pastores - Cristo y el pecador triste y lloroso - He de cantar sus quejas imitando, etc. - -[26] Se halla noticia de tal sistema ortográfico y de sus pormenores en -el libro del Conde de la Viñaza, _Biblioteca histórica de la Filología -Castellana_, Madrid, 1893, número 544. - -[27] Dedicó Garcilaso esta égloga a D. Pedro de Toledo, el _gran -justador_, primer Marqués de Villafranca y Virrey de Nápoles desde -1532 a 1553; fue hijo segundo de don Fadrique de Toledo y tío carnal -del gran Duque de Alba D. Fernando. Hombre de carácter y talento, -recibió del César el virreinato de Nápoles en momentos de peligro; -al encargarse de él, llevó consigo desde Alemania a Garcilaso, -consiguiendo que el Emperador le sacase de su destierro del Danubio. -Fue su más constante protector. (Navarrete, págs. 44 a 49.) - -[28] _Salicio_ laméntase de celos; _Nemoroso_ llora la muerte de -su pastora _Elisa_. _Salicio_ es Garcilaso, y _Elisa_, según todos -los comentadores, es D.ª Isabel Freyre, dama portuguesa, esposa de -D. Antonio de Fonseca. Muchos, desde Herrera, han creído que este -D. Antonio es el _Nemoroso_ de la égloga; muchos más, desde el -Brocense, han dicho que _Nemoroso_ no es sino Boscán, «porque _nemus_ -es bosque», y D. Luis Zapata, autor del _Carlo Famoso_, asegura, en -efecto, que Boscán conoció a _Elisa_ en la Corte, como dama que era -de la Emperatriz D.ª Isabel de Portugal, y «fue su servidor antes que -casase»; pero ambas opiniones en lucha han dado sus razones contrarias -y se han destruido mutuamente. Y dice D. Manuel de Faria y Sousa: «Lo -cierto es que no fue Boscán ni otro alguno, sino que Garcilaso se -representa con ambos nombres, y esto es ordinario en los escritores de -églogas... El introducir nombres sirve solo al diálogo; pero la persona -es una sola. Así en la égloga de Garcilaso, lo mismo es _Salicio_ que -_Nemoroso_.» El enamorado de D.ª Isabel Freyre, según el mismo Faria, -no fue Boscán, sino Garcilaso «que de sus amores fue muy derretido -estando ella en Palacio, y a ella son los más de sus versos... como -quien la galanteó antes de casar». Sa de Miranda llama siempre -_Nemoroso_ a Garcilaso. D.ª Carolina Michaëlis de Vasconcellos defiende -la opinión de Faria y Sousa, y el maestro Menéndez y Pelayo dice: -«Prefiero la tradición de Faria a la de Zapata, porque no es verosímil, -ni posible siquiera, que la divina lamentación de _Nemoroso_, que es -lo más tierno y apasionado que brotó de la pluma de Garcilaso, sea el -eco o el reflejo de una pasión ajena, de la cual, por otra parte, no -hay rastro en los versos de Boscán. Garcilaso ha puesto en aquellas -estancias todo su corazón, y habla allí en nombre propio, no en el de -su amigo, ni mucho menos en nombre del marido de su dama.» Todo esto -con más extensión y con la documentación necesaria puede verse en el -tomo XIII de la _Antología_ de Menéndez y Pelayo, págs. 55 a 60. - -[29] _Estado Albano_: el Reino de Nápoles, llamado así, acaso, por la -vieja y famosa _Alba-Longa_, o por _Alba_, ciudad también famosa, donde -los romanos hospedaban a los reyes bárbaros, sus cautivos. Se ha creído -que _Albano_ es nombre propio (Bello-Cuervo, _Gram._, París, 1907, § -1171), y se ha dicho que representa al mismo Virrey (Mérimée, _Litt. -Esp._, París, 1908, pág. 156); no advirtieron tal cosa los comentadores -antiguos; ni D. Pedro era hombre para juegos pastoriles, ni Albano -figura para nada en las églogas de Garcilaso, y si llama la atención -encontrar en las ediciones antiguas _estado-Albano_, no siendo entonces -obligada la mayúscula inicial de verso, téngase presente que también se -imprimía _tigre Hircana_, _campo Placentino_, _campo Sarracino_, _arte -Cortesana_, _sangre Turca_, etc., sin tratarse de nombres propios. Son -ejemplos del texto de Tamayo, Eg. II. - -[30] _Marte_, para los griegos era el más odioso de los inmortales; -los romanos le tenían por dios favorable y bienhechor; este rasgo, en -pequeño, retrata a ambos pueblos. - -[31] _sobras_ = _superas_. _Sobrar_ tiene la misma etimología que -_superar_, y en este caso tiene también la misma significación, que es -la del latín _superare_. Repítese en la Eg. II, versos 1529 y 1540. El -poeta juega aquí del vocablo entre _faltar_ y _sobrar_, este último en -sus acepciones culta y corriente. - -[32] _dino_ = _digno_, como _maníficas_, Eg. II, v. 395. Demuestra que -en aquel tiempo se pronunciaba _dino_, aun en lenguaje culto, el hecho -de encontrar en buenos poetas rimas como _contino_, _dino_, etc. (F. -Rodríguez Marín, _Luis Barahona de Soto_, pág. 402.) - -[33] Perífrasis del laurel con que se coronaban los guerreros -triunfantes y los poetas heroicos, los eróticos se coronaban de mirto, -y de hiedra los poetas menores. (Herrera, pág. 411.) Apolo dijo al -laurel-Dafne--: «Tu follaje adornará mi cabellera y mis armas, y -servirás de atavío a los guerreros del Lacio al resonar los alborozados -gritos de la victoria y al desplegar el Capitolio sus triunfales -pompas.» Ovidio, _Metamórfosis_, lib. I, fáb. X; véase adelante el -soneto XIII. - -[34] La hiedra simboliza afecto y humildad; repítese esta imagen -adelante, versos 135 y 243 de esta misma égloga: «Fue Ciso --la -hiedra-- un mancebo que servía a Baco de danzante... y ejercitándose -una vez delante él en aquel oficio, cayó en el suelo y se mató del -golpe; y la tierra por honra de Baco crió... una planta, que luego que -salió por la tierra, comenzó a abrazar la vid de la mesma suerte que -solía en las danzas y bailes abrazar y rodear Ciso a Baco.» (Herrera, -pág. 411.) - -[35] _el altura_. En tiempo de Garcilaso era lícita esta construcción: -_el alegría_, Eleg. I, v. 261; _el ausencia_, Eleg. II, versos 72 y 80; -_el aspereza_, canc. IV, v. 1; _el amarga memoria_, soneto XIX, v. 11, -etc.; pero luego se admitió _el_ con femenino, tan solo en el caso en -que siguiese _a_ acentuada, _el alma_, etc. (R. Menéndez Pidal, _Gram. -Hist._, § 100,2.) - -[36] Herrera escribió aquí _un’ alta haya_; en el verso siguiente, -_un’ agua_; en el 69, _un’ hora_, y así en muchos casos análogos, Eg. -I, v. 217, 218, 257, etc.; Eg. II, 580, 718, etc.; yo he prescindido -del apóstrofo y de la vocal _a_, huyendo de la contradicción de otros -editores que, en iguales circunstancias, y sin motivo razonable, han -escrito unas veces _un alta, un agua, un hora_, etc., y otras, _una -alta, una agua, una hora_; comp., por ejemplo, en la edición de Castro, -Eg. I, v. 46, 47, 218, y 69, 259; Eg. II, 182, 718, etc. - -[37] Galatea, Elisa, Camila, Gravina, Flérida y Filis son los nombres -de las pastoras de Garcilaso, pero la historia recuerda preferentemente -a la primera unida al nombre del poeta: «Aquella cuyo nombre -entronizado -- por vos ha sido más que de Catulo -- el nombre de su -Lesbia celebrado... -- Más que del claro Castillejo, Ana, -- Más que de -Garcilaso, Galatea...» (F. Rodríguez Marín, _Barahona_, pág. 29.) - -[38] _mesquina_, como _entristesco_, Eg. I, v. 254; _mesclado_, Eg. II, -v. 252, etc.; estas formas con _sc_ tienen en castellano más abolengo -y más historia que las modernas con _zc_. (R. Menéndez Pidal, _Gram. -Hist._, § 112,3.) - -[39] Tal pensamiento encontró Herrera (pág. 406) en Dante, Ariosto y -Jorge de Resende; este último dijo así: «Senhora, pois me matais --Por -vos dar meu coraçãm. -- Peço vos que me digais -- De que manera tratais --- A os que vossos nam sãm...» Aun cuando en lengua extraña, entiendo -que estos versos pueden aquí servir para comprender mejor los de -Garcilaso. - -[40] «Injustamente, en mi humilde opinión, censuró Hermosilla, como -ociosamente pleonástico, este verso, que tan sentidamente exprime el -dolor de Salicio por la inconstancia de Galatea. Dudo que a nadie -parezcan más expresivos aquellos acumulados pleonasmos de Homero que el -mismo escritor llama bellísimos: “Pero Aquiles pretende _sobre todos_ --- _Los otros ser, a todos dominarlos_, -- _Sobre todos mandar, y como -jefe_, -- _Dictar leyes a todos_.”» Bello-Cuervo, _Gramática_, París, -1907, § 411, nota. - -[41] No ha desaparecido aún la creencia vulgar en los agüeros de las -aves. Dicen de la lechuza, ave nocturna, que cuando grazna sobre -la chimenea de alguna casa es anuncio de una gran desgracia para -la familia que allí viva (La Mancha). Sobre la antigüedad de estas -supersticiones y lo arraigadas que estuvieron en España y en el -mediodía de Francia, véase Amador de los Ríos, _Hist. de la Lit._, IV, -520, etc.; _Rev. de España_, tomo 17 y 18; Fauriel, _Histoire de la -poésie provenç._, III, 305, etc.; Restori, _La Gesta del Cid_, pág. -208; sobre los agüeros de las aves en nuestra literatura medioeval, -véase R. Menéndez Pidal, _La Leyenda de los Infantes de Lara_, pág. 8. - -[42] Garcilaso recuerda en muchas de sus poesías el patrio, celebrado y -rico Tajo, felice y claro río de su tierra natal, Eg. III, v. 106, 197, -214, 246 y 300; Eg. II, v. 528, 532; Son. XXIV, v. 12, etc.; lo cual -llenaba de satisfacción al insigne toledano D. Tomás Tamayo de Vargas; -en cambio, el nombre de la ciudad de Toledo no aparece nunca en estos -versos, aun cuando el poeta habla de ella en la Eg. III, a no ser como -apellido de la casa de Alba. - -[43] Dice el Brocense: «Alegoría es, como si dijera: De la suerte que -el agua se huía por camino desusado, ansí imaginaba que me habías de -dejar por otro.» - -[44] El uso de _cúyo_, interrogativo, ha desaparecido de nuestro -idioma. «No creo que sean aceptables en el día las construcciones: -_¿Cúyo buque ha naufragado?_ _¿Cúya casa habitas?_ _¿A cúya protección -te acoges?_, sin embargo de recomendarlas su precisión y sencillez y -la autoridad de nuestros clásicos.» (Bello-Cuervo, _Gramática_, París, -1907, § 336.) - -[45] «La parra se casa con el olmo y es su amiga, porque crece en él, -que, según Virgilio, se maridaban las parras a los olmos, y hoy se usa -junto a Barcelona. La que estaba sola se decía viuda, y así la llama -Catulo; y al olmo nombra el mesmo, marido de la vid...» (Herrera, 423.) - -[46] Hay que leer: _Y-de-ha-cer_...para que el verso resulte cabal. -La _f_ del latín se conservó en el castellano escrito hasta fines del -siglo XV: _fablar_, _fazer_, _folgar_, _foja_, _fijo_, etc., y después -fue sustituida por la _h_, que era verdadera aspirada en los siglos XV -y XVI. No he encontrado ningún caso en que Garcilaso prescindiese de la -aspiración de la _h_: véase más abajo, versos 162, 209; Eg. II, v. 462, -472, 490, 509, 535, 545, etc; cuando a la _h_ precede una consonante, -el verso no sirve para dar idea de la aspiración: Eg. II, 500, 510, -516, 536, 623, 630, etc.; a fines del siglo XVI los escritores empiezan -a vacilar, y unas veces aspiran la _h_ y otras no. (R. Menéndez Pidal, -_Gramática Hist._, § 38,2; F. Rodríguez Marín, _Luis Barahona de Soto_, -págs. 399-402.) Extraño es que Boscán elidiese ya la _h_ en muchos -casos al uso moderno. (M. Menéndez y Pelayo, _Antología_, XIII, pág. -215.) - -[47] Herrera puntúa aquí de esta manera: ..._abundo en mi majada; -- La -manteca y el queso está sobrado_. El sentido es el mismo, pero la frase -parece mejor con la variante seguida en el texto. - -[48] _Títiro_: divinidad campestre de la alegre corte de Baco. Los -poetas bucólicos usaban este nombre como sinónimo de _pastor_. _El -mantuano títiro_, llamado más comúnmente _el cisne de Mantua_, es el -poeta latino Virgilio. - -[49] «Esto de mirarse en el mar --dice el Brocense--, primero lo dijo -Teócrito, y de allí lo tomó Virgilio, y luego los demás. Y con todo eso -dicen que es yerro decirlo, porque en el mar ni en aguas corrientes no -se puede ver la figura.» Salicio no mentía; Herrera lo defiende con -ejemplos clásicos; pero mejor testimonio es el de la experiencia: puede -verse la figura en cualquier remanso de agua corriente. - -[50] _cierto_, con valor adverbial, por _ciertamente_, como _dulce_ -por _dulcemente_, Eg. II, v. 1100; _inmenso_ por _inmensamente_: -«Las grandes virtudes _inmenso_ le aplacen.» (Juan de Mena, _Las -Trescientas_, copla CCXIII.) - -[51] Esta ingenua declaración de Salicio no estaba mal vista en los -pastores de églogas; pruébanlo los ejemplos de Herrera, pág. 246; no -obstante, el ingenioso Lope, que en multitud de ocasiones recordó a -Garcilaso, parodió este pasaje en su _Gatomaquia_: «Pues no soy yo tan -feo, -- Que ayer me vi, mas no como veo, -- En un caldero de agua, -que de un pozo -- Sacó para regar mi casa un mozo, -- Y dije: “¿Esto -desprecia Zapaquilda? -- Oh celos, oh impiedad, oh amor, reñilda.”» - -[52] _Estremo_ es la Extremadura, así dicha, según Mariana, por haber -sido mucho tiempo frontera, y lo extremo y postrero que por aquella -parte poseían los cristianos. - -[53] «Las tristes lágrimas mías -- En piedras hacen señal -- Y en vos -nunca por mi mal.» Canción antigua de la cual no cita Herrera, pág. -428, más que estos versos. - -[54] _No volviendo siguiera los ojos a los desgraciados a quienes tú -hiciste derramar lágrimas._ Esto se lee de una manera muy diferente en -los textos de Tamayo, Azara y Castro. - -[55] _un espesura._ La elisión de la a ha sido lícita ante vocal, aun -fuera de los casos indicados en la nota al verso 46; escritores en -prosa, poco anteriores a Garcilaso, usaban también, con los poetas, de -esta licencia; Micer Gonzalo de Santa María en _Evangelios e Epistolas_ -(1485), reedición de Upsala, 1908, escribía _un statua_, 78-3; _un -estrella_, 281-12. - -[56] He enmendado el verso de Herrera que, sin duda, por error de -imprenta dice así: _Al que todo mi bien quitarme me puede_. - -[57] _Filomena_ es el ruiseñor; tiene una trágica leyenda. Un viejo -rey de Atenas, Pandión, tenía dos hijas bellísimas, y Tereo, rey de -Tracia, casó con una de ellas, con Procné. Cierto día Procné quiso -ver a su hermana Filomena, y el rey Tereo marchó a Atenas para traer -a sus palacios a la princesa, su cuñada. A la vista de la joven ardió -Tereo en ciega pasión; durante el viaje le descubrió sus torpes -deseos, y al llegar a una selva triunfó de su virginidad. Vuelta en -sí Filomena, juró al cielo venganza. «Yo misma --dijo a Tereo-- he de -arrostrar la vergüenza para publicar tu delito: he de descubrirlo al -universo entero.» El feroz tirano, en su ira, para que no le delatase, -le cortó la lengua y la dejó presa en cárcel de rocas. Filomena -bordó en una tela la historia de su desgracia, y con una criada la -envió a su hermana Procné, que la lloraba creyéndola muerta. Procné, -secretamente, la sacó de su cárcel; sintió hacia su marido un odio -mortal; ¿qué venganza podía ser la más cruel?... Sacrificó en sí misma -su amor de madre; mató a Itis, su propio hijo; puso a hervir una parte -de él en vasijas de cobre, y, en la comida, sirvió a su esposo aquel -manjar. Pregunta el padre: «¿Dónde está Itis?» Procné contesta: «Está -contigo.» Y entonces Filomena se adelanta y arroja la lívida cabeza -del niño al rostro de Tereo. Prorrumpe este en horrorosos lamentos; -desnudando la espada corre tras de las hijas de Pandión; pero ellas, -como si tuvieran alas, huyeron. Y en efecto, alas tenían: Filomena, -transformada en ruiseñor, desapareció en una arboleda inmediata; -Procné, hecha golondrina, aún tiene en su plumaje, como vestigios de -su cruel asesinato, manchas de sangre. Tereo, sediento de venganza, -fue convertido en abubilla, la de vistoso penacho y pico de dardo; -hay quien dice que se transformó en gavilán; Itis, quedó en jilguero. -(Ovidio, _Metamórfosis_, lib. VI, fáb. VI.) Ahora bien: el ruiseñor no -es blanco, _la blanca Filomena_, por lo cual al Brocense le pareció -mejor _la blanda Filomena_, y esta enmienda siguieron Azara, Castro y -otros; también la defiende Tamayo (fol. 41-43), porque aquel ruiseñor -blanco que presentaron, según dicen, a Agripina, mujer de Claudio, -túvolo Plinio ya por maravilla; pero dice Herrera (pág. 429): «con -licencia de ellos no hizo mal Garcilaso en dalle tal apuesto, porque -el color blanco es purísimo y el más perfeto de los colores, y por -traslación al ánimo se toma por sincero, y así _blanca_ significa -simple, sencilla, pura y piadosa...» - -[58] Este nombre, _Nemoroso_, ha servido también de adjetivo -poético aplicado a cosas propias de bosques; Castro cita ejemplos -de Cairasco de Figueroa en su _Templo militante_, y de Lope de Vega -en su _Arcadia_; San Juan de la Cruz en la _Canción entre el alma y -su esposo_, dice: «Mi amado, las montañas, -- Los valles solitarios -_nemorosos_, -- Las ínsulas extrañas, -- Los ríos sonorosos, -- El -silbo de los aires amorosos...» - -[59] _Piérides_, las Musas. Piero, rey de Macedonia, tenía nueve -hijas que creían cantar mejor y ser más sabias que las nueve Musas, -tanto que, audaces, como poetas vanidosos, se disputaron con ellas el -triunfo de las artes, y en castigo de su temeridad fueron convertidas -en urracas. (Ovidio, _Metamórfosis_, lib. V, fáb. IV.) No obstante la -poesía suele llamar también _Piérides_ a las Musas verdaderas, sin -duda, porque, según Hesiodo, nacieron en la Piérida, provincia de -Macedonia. - -[60] Si _Nemoroso_ y _Salicio_ son Garcilaso (nota al verso 2), _Elisa_ -y _Galatea_ deben ser D.ª Isabel Freyre; las quejas de ambos pastores -son, en efecto, compatibles como episodios de un mismo amor. El -afortunado rival a quien alude _Salicio_ en los versos 127-137 y en el -180, acaso fue D. Antonio de Fonseca, marido de D.ª Isabel; esto parece -confirmar el epígrafe de la _Canción primera en versos cortos_, según -el manuscrito de Iriarte: «A D.ª Isabel Freyra, porque se casó con un -hombre fuera de su condición.» - -[61] Según la estructura de las demás estrofas, este verso debiera ser -endecasílabo; el Brocense lo enmendó de este modo: _Más convenible -fuera aquesta suerte_; pero Herrera, aunque advirtió el defecto, tuvo a -bien respetarlo. - -[62] _coluna._ Evolución tardía del cultismo _columna_. El grupo de -consonante _mn_ dio _ñ_ en su primitiva evolución: _damnu_, _daño_; -_somnu_, _sueño_. (V. R. Menéndez Pidal, _Gram. Hist._, § 47,2,a.) - -[63] Esta estancia tiene 15 versos en vez de los 14 que le -corresponden, y Tamayo (notas, fol. 43), por indicación de Luis -Tribaldos de Toledo, propone una enmienda en que se suprime un verso -«y se quita la superfluidad, y aquel _blanco pecho_, que tiene algo -de lascivo, y se refiere la gloria a los cabellos, _el dorado techo_, -sobre el cuello, _la coluna_, con mayor encarecimiento». En cuanto a -Herrera, lo que quisiera corregir es lo de _blando pecho_, y decir en -su lugar _blanco_. Muchas ediciones han aceptado esta corrección, entre -ellas la de Tamayo. Por lo demás, el mismo Herrera, pág. 436, dijo: -«¿quién ha de poner mano en obras de un escritor tan alabado y recebido -de la opinión pública? Basta apuntar este error, y quede así solamente -notado.» - -[64] _Cargar la mano_; no es pequeño mérito de un poeta tan ilustre -como Garcilaso haber sabido mantener correcto y elegante su lenguaje, -sin desdeñar giros, frases y modismos sacados de la entraña del -castellano: _Por el paso en que me ves, te juro_..., Eg. II, v. 653; -_Callar que callarás_, íd., 922; _Yo, para mi traer_..., íd., 899; _Dar -al travieso_, íd., 952; _Daca, hermano_..., íd., 969; _Diz que_..., -íd., 1076; _Entrar con pie derecho_, íd., 1467; _Dar de mano_, íd. -1478; _Tomar a destajo_, Eg. III, 193; _Traer por los cabellos_..., -canc. IV, v. 7; _Darse buena mano_, Apéndice I; _A todo correr_, -Apéndice I, etc. Complétase esta nota con las de los versos 360, Eg. I, -y 142, Eg. II. El culto Herrera se indignaba de esto. - -[65] El Brocense enmendó _aquello que_; pero Herrera dejó _aquella_, -interpretando, sin duda, así: «Aquella cosa que con medrosa forma o -imagen se nos ofrece de noche y pone horror.» - -[66] Parece que en este verso puede elidirse la aspiración de la _h_, -pero acaso le corresponda esta lectura: «Su-luz-pu-ra-y-her-mo-sa.» (V. -nota anterior, al verso 157.) - -[67] Este pensamiento es el mismo de la famosa cantilena de Esteban -Manuel de Villegas (1595-1669): «Yo vi sobre un tomillo -- quejarse un -pajarillo -- viendo su nido amado, -- de quien era caudillo -- de un -labrador robado...» Hállase en poetas latinos y en otros castellanos; -nació en las _Geórgicas_ de Virgilio, según Herrera, pág. 439. - -[68] La noche no consuela su llanto ni sus quejas. - -[69] Dolor tan grande no puede soportarse en modo alguno. - -[70] Deseo insistir en la intención de la nota al verso 289, de esta -misma égloga, sobre la simpatía de Garcilaso por ciertas formas del -castellano familiar, recordando al lado de esta: _más ardiente que la -llama_, las siguientes: _más dura que mármol_, v. 57; _más helada que -nieve_, v. 59; _más fuerte que el hierro_, v. 265; _más rubio que el -oro_, v. 274; _lo quiero más que a mis ojos_, Eg. II.ª, v. 747, etc. - -[71] La noche de la muerte de Elisa. - -[72] _Aquel duro trance_ es el trance del parto. _Lucina_ es Diana, a -quien tenían los gentiles por abogada en los partos y, a la vez, por -diosa de la castidad. «Suponía la fábula que Diana, nacida momentos -antes que Apolo, había presenciado los dolores y padecimientos de -su madre Latona, y que esto le inspiró tal horror al matrimonio y -compasión por las mujeres en el trance de ser madres, que imploró de -Júpiter el don de perpetua virginidad y la facultad de favorecer los -alumbramientos difíciles.» (Gebhardt, _Los dioses de Grecia y Roma_, -tomo I, pág. 119.) - -[73] _inesorable_, inexorable; véase Eg. II.ª, v. 253, nota. - -[74] Recordaba estos sentidos versos Cristóbal Mosquera de Figueroa -en su lamentación por la muerte de Garcilaso: «¡Murió Salicio; ya -Salicio es ido! -- ¡Salicio es ido! luego respondieron -- Las selvas, -redoblando su ruído... -- Y tú, Apolo, ¿dó estabas, que testigo --No -fuiste cuando el cuerpo dio en el suelo -- Por mano del sacrílego -enemigo?... -- Y tú, Venus dorada... -- ¿Por qué no socorriste el -doloroso -- Trance de tu poeta?...» - -[75] Diana cazadora, la diosa de los riscos y los montes, encontró una -vez al gentil pastor Endimión dormido en una gruta. Endimión, hijo de -Júpiter, tiene la facultad de dormir eternamente, sin envejecer ni -morir. Diana, la Luna, enamorada de él, baja todas las noches en su -carro de plata, a contemplarle en silencio, a besarle y a reposar a su -lado. (Véase Gebhardt, _obr. cit._, tomo I, pág. 133.) - -[76] _comovida_; reducción de la forma culta _conmovida_; casos -análogos _tramontar_, Eg. I, v. 412; _ecelencia_, Eg. II, v. 1741; -_comovió_, Eg. II, v. 1817; _lacivo_, Eg. III, v. 93, etc.; véase nota -al v. 1298 de la Eg. II. - -[77] _Tercera rueda_: Juan de Mena, _Las Trescientas_, tercer cerco. -«Es el cielo de Venus, cuya luz cría amorosos efectos, y de ninguna -otra benina estrella se engendran cosas tan cercanas al poder de la -hermosa Venus.» (Herrera, pág. 444.) - -[78] El escrupuloso Herrera, a quien no podía ocultarse el -convencionalismo pastoril, en vez de disculpar a Garcilaso, le hace -aquí la siguiente reconvención: «Mucho es gastar un día en el canto; -porque _Salicio_ comenzó al salir del sol.» y «_Nemoroso_ acaba al -poner del sol.» (Pág. 445.) - -[79] _recordando_, despertando. De esta significación antigua de -_recordar_ hay un bello ejemplo en el romance de Melisenda: «Vase -para los palacios -- donde sus damas están -- dando palmadas en ellas ---Las empezó de llamar: -- Si dormides, mis doncellas, -- si dormides, -recordad! -- Las que sabedes de amores -- consejos me queráis dar...» -(R. Menéndez Pidal, _El Romancero Español_, The Hispanic Society of -America, 1910, págs. 25-26.) - -[80] Intervienen tres pastores: _Albanio_, _Salicio_ y _Nemoroso_ y la -pastora _Camila_, ninfa de _Albanio_. «Esta égloga es poema dramático, -que también se dice _ativo_, en que no habla el poeta, sino las -personas introducidas... Tiene mucha parte de principios medianos de -comedia, de tragedia, fábula, coro y elegía.» (Herrera, pág. 537.) «Es -muy desigual, y aunque en ella se hallan muchos pedazos excelentes, en -el todo no puede compararse con la primera.» Azara. Fue escrita después -del socorro de Viena y después del destierro del poeta en la isla del -Danubio; seguramente en Nápoles, hacia 1533. - -[81] Se ha creído que la fuente que aquí se cita es una que hay en -Batres, antigua posesión de la casa del autor, de la cual dice Tamayo -(fol. 45) que se ha conservado con el nombre de _Fuente de Garcilaso_, -y como ilustre monumento de sus escritos se venera. - -[82] Hay que leer _sua-ve_, en dos sílabas, y no _su-a-ve_, como -_rui-do_, canc. IV, v. 98; en cambio dos versos antes del presente se -encuentra _ru-í-do_; más adelante veremos como monosílabos _peor_, -_mío_, _míos_, _río_, _día_, etc., Son. VI, 7; Son. VII, 10; Son. VIII, -6; Son. XXVI, 13; Eg. II, 1472; Eg. III, 330. «De esta sinéresis, -enemicísimas de la buena prosodia, abusaron nuestros clásicos... a -extremo tal, que más pueden pasar por vicio común de aquella época que -por rudeza de oído de este o aquel versificador.» (V. Rodríguez Marín, -_Luis Barahona de Soto_, págs. 411-413.) - -[83] Claros ojos, delicada y blanca mano, cabello de oro y cuello -de marfil; la belleza de _Elisa_ (Eg. I, v. 267 y sigs.) coincide -exactamente con la de _Camila_ que aquí describe _Albanio_; conviene -apuntar la sospecha de que este _Albanio_ no sea sino Garcilaso, y, -asimismo, que la parte sentimental de esta égloga sea una nueva ofrenda -del poeta hacia aquella dama cuyos amores, de que fue tan derretido -(Eg. I, nota al v. 2), le inspiraron toda la égloga anterior, cuatro -bellas octavas de la tercera (versos 217-248), las dos primeras -canciones en versos cortos y acaso los sonetos XXV y XXVI. No he podido -persuadirme de que _Albanio_ sea el gran Duque de Alba, como se ha -dicho. (V. adelante, nota al v. 1716.) - -[84] Conviene advertir de estos tercetos dichos por _Albanio_ que son -los más antiguos que hay en castellano, aparte los de Boscán, y de algo -debe servirles este mérito frente aquella ventaja que puedan llevarles -los de Quevedo, de los Argensolas y del gran incógnito sevillano, -autor de la _Epístola Moral_ (siglo XVII). (V. Menéndez y Pelayo, -_Antología_, XIII, pág. 237.) - -[85] «Imita en estas tres estanzas la famosa oda de Horacio _Beatus -ille_. No se pone aquí porque la saben aun los muchachos medianamente -instruidos y porque tenemos en castellano más de veinte traducciones.» -(Azara.) - -[86] «Don Francisco Gómez de Quevedo, ejemplo de las ingeniosidades de -los nobles de nuestra nación, me escribe que le parece que se ha de -leer así: _Que en nuevo gusto nunca el bien se pase_. Basta su parecer -para que se siga.» (Tamayo, fol. 46.) - -[87] «Dice Virgilio, tomándolo de Homero, al fin del libro VI de la -_Eneida_, que hay dos puertas del sueño: por la de marfil salen los -sueños falsos, y por la de cuerno, los verdaderos. _Ebúrnea_ es de -marfil.» (Brocense, nota 118.) - -[88] El mejor testimonio de la consideración que mereció a Garcilaso el -castellano familiar y corriente está en la frecuencia con que se vale -de adagios y refranes: _el mal, comunicado, se mejora; de un mal, ajeno -bien se empieza_, Eg. II, v. 259; _no hay mejor cirujano que el bien -acuchillado_, Eg. II, v. 355; _no es malo tener quien llore al pie del -palo_, Eg. II, v. 363; _fácilmente, el sano da consejo al doliente_, -Eg. II, v. 400; _de un dolor a otro se empieza_, Eg. II, v. 494; _a -quien no espera bien, no hay mal que dañe_, Eg. II, v. 774; etc. (V. -Eg. I, v. 289, nota.) - -[89] «Este verso está en Boscán en un soneto.» (Brocense, nota 123.) -Castro podía haber repetido en este lugar lo que dijo con motivo del v. -32 de la Eg. III. - -[90] Sujeto estaba enteramente, y _destinado_ por el cielo, a -consumirse en vivo amor, Eleg. II, v. 76; a poder suyo, se hubiera -resistido, mas no hay defensa contra lo que el _destino_ determina, -Son. VII. Los que creyeron en el fatalismo, pensando que la fuerza del -hado podía ahogar nuestro libre albedrío, fueron juzgados por herejes; -de aquí que Herrera, pág. 551, y Tamayo, fol. 37, hayan intentado -defender la ortodoxia de nuestro poeta. Acaso Garcilaso había aceptado -esta opinión, a la vez que su respeto a los dioses, a las musas y -a natura, como uno de tantos aderezos poéticos, resucitados por el -clasicismo, de la antigüedad pagana; pero lo cierto es que los poetas, -en materia de amor especialmente, y el vulgo, en esta y otras muchas -materias, han concedido siempre gran influencia al poder del destino, a -pesar de las decisiones ecuménicas de la religión. - -[91] Esta referencia al parentesco entre _Camila_ y _Albanio_ habrá -sido recogida, seguramente, por el Sr. Menéndez y Pelayo en el próximo -tomo XIV de su _Antología_, para identificar definitivamente las -personas en ambos pastores representadas. - -[92] Ofrecerse a Diana era jurar castidad, vivir en las selvas y -consagrarse a los ejercicios de la caza; era parte del culto de esta -religión ofrendar a la diosa, en su silvestre altar, la testa del -jabalí, los cuernos del ciervo y otros tales despojos de las piezas -cobradas. - -[93] _aflitos_ por _aflictos_, afligidos. (V. nota adelante, verso -1298.) - -[94] Empieza a faltar sombra al ruiseñor --_Filomena_-- en el otoño, -cuando los árboles van quedando sin hoja. - -[95] _secutando_, ejecutando; _esecutarse_, canc. I, v. 16; -_esecutivo_, Son. XXV, v. 1; en el Son. XXIX, v. 14, _esecutá_, -ejecutad. (*exsecutare, Körting, _Lateinisch-Romanisches Wörterbuch_, -1907, núm. 3483.) En español antiguo se escribía _executar_; pero la -_x_ equivale al grupo _cs_, y este grupo, en palabras cultas, podía -simplificarse en _s_, como hoy se simplifica en las formas vulgares: -_desaminar_, _desención_, etc., Eg. I, v. 377, _inesorable_. - -[96] «Este es proverbio latino, _Nulla mala hora est, quin alicui sit -bona_. No hay mal sin bien, catá para quien.» (Brocense, nota 127.) - -[97] «_Superno_, adj. Supremo, o lo que está más alto. Es del latino -_Supernus_ y tiene poco uso.» (_Dicc. Aut._, 1739.) - -[98] _grúa_, grulla. «Escribe Eliano que las grúas duermen todas de -noche, y que tres o cuatro velan haciendo guarda a las demás, y que por -no vencerse del sueño, sufren un fatigoso y molesto trabajo, porque -levantando un pie, tienen en él con gran cuidado una piedra, para que -cuando las acometa el sueño y se haga señor dellas, las despierte el -ruido de la piedra que se les cayere.» (Herrera, 555.) - -[99] Esta fama ha quedado a los ánsares desde aquella hazaña en -que, gracias a ellos, se salvó Roma. «Teniendo los Galos sitiado el -Capitolio, lo asaltaron una noche que los centinelas estaban dormidos; -pero los ánsares con sus graznidos despertaron a Manlio, que con sus -romanos rechazó el asalto.» (Azara.) - -[100] Primo de Faetón era el rey de Liguria, el cual llorando la muerte -de su pariente se convirtió en cisne. De esta fábula va una nota más -amplia en el Son. X, v. 14. - -[101] «La fábula de la perdiz se cuenta en Ovidio, y dice que era ---Talo-- un criado de Dédalo, y que halló --es decir, inventó-- la -sierra, y Dédalo de envidia de tan buena invención le echó de una -torre abajo, y agora las perdices por miedo de la caída hacen nido -en el suelo huyendo de los techos.» Brocense, nota 129. (Ovidio, -_Metamórfosis_, lib. VIII, fáb. IV.) - -[102] En este lugar y en tres pasajes más de la presente égloga, versos -720, 934 y 1129, ensaya Garcilaso la _rima interior_, imitando al -Petrarca. Es esta rima pariente de los viejos versos leoninos usados -alguna vez en la _Eneida_ y no desconocidos en el _Cantar de mío Cid_. -(V. la obra de este título por D. R. Menéndez Pidal, Madrid, 1908, -tomo I, parte 1.ª § 35.) Garcilaso estuvo poco afortunado en esta rima -trabada; sus continuadores, Cervantes, Cetina, Tirso, Barahona y otros, -no tuvieron mejor éxito. (V. sobre esto una interesante nota de D. F. -Rodríguez Marín en _Luis Barahona de Soto_, pág. 330.) - -[103] No hay mejor cirujano que el bien acuchillado. Proverbio antiguo. - -[104] _al pie del palo_, al pie de la horca. «También es refrán, que -alude a los que ahorcan.» (Brocense, nota 132. V. Eg. II, v. 142, nota.) - -[105] _contrastar_: hacer oposición y frente, combatir y lidiar. -(_Dicc. Aut._, 1739.) - -[106] _maníficas_, magníficas. V. Eg. I, v. 34, nota. - -[107] «Quiere el licenciado Cristóbal de Mesa que diga _retórico_ -por _filósofo_, por ser más propia la elocuencia de aquel que -déste.» (Tamayo, notas, fol. 49.) Sin embargo, por lo que Salicio ha -venido discurriendo para consuelo de Albanio, cabe que este pudiese -calificarle con lo de _filósofo_ además de lo de _elocuente_. - -[108] «El silencio es alimento de las enfermedades de amor.» (Herrera, -559.) - -[109] Camila, deseosa de conocer a la ninfa de Albanio, levantose con -tanta prisa que no dio lugar al pensamiento para discurrir sobre la -imposibilidad de que en la fuente se encontrase mujer alguna. Conviene -intentar esta explicación para que no parezca excesiva la candidez, o -acaso la coquetería de Camila. - -[110] _boca arriba tendido_: Garcilaso repite algunas veces esta imagen -como última expresión del aniquilamiento y postración del ánimo; en -esta misma égloga, versos 118, 659, y Canción I, versos 13 y 37; la -rusticidad de la vida pastoril disculpa la llaneza de esta figura, no -bien acogida por algunos críticos. - -[111] «Proverbio latino: _malis mala succedunt_. Por eso decimos: Bien -vengas, mal, si vienes solo.» (Brocense, nota 139.) - -[112] _la mi muerte._ «Los pronombres posesivos y demostrativos se -suponen envolver el artículo cuando preceden al substantivo: _Mi libro, -el libro mío_... Pero antiguamente solía construirse el posesivo con el -artículo, precediendo ambos al substantivo, en sentido determinado; uso -que subsiste en las expresiones _el tu nombre_, _el tu reino_, de la -oración dominical; en _el mi consejo_, _la mi cámara_, y otras de las -provisiones reales.» (Bello-Cuervo, _Gramática_, París, 1907, § 878.) - -[113] Murió Garcilaso, y «luego que se oyó su muerte, se desataron -en elogios y en lágrimas las lenguas y las Musas compitiéndose las -naciones extranjeras unas a otras. En Toledo fue universal el luto y el -llanto, en una muerte tan digna de sentimiento, que hasta hoy no acabó -de llorarla bien el Tajo, como predijo él mismo en este que quiso ser -verso y fue vaticinio.» (Cienfuegos, _Vida de San Francisco_, Madrid, -1726, pág. 52.) - -[114] «Cosa muy vulgar es decir que el cisne canta dulcemente siempre, -pero más al fin de su muerte. Dícelo Platón _in Phaedone_, y Plutarco -y muchos poetas griegos y latinos; pero Luciano se burla mucho desto, -y Eliano, grave historiador, en el libro 1.º de _Varia Historia_, y -Plinio, libro 10, cap. 23. Puede ser que en unas tierras cantan y en -otras no; a lo menos en España no sabemos que canten, mas de que en -Tordesillas oyeron muchas gentes entre los juncos del río unos gaznidos -(_sic_) espantosos, tanto que pensaron ser alguna cosa monstruosa, y -algunos se atrevieron a llegar allá, y hallaron un cisne que había -venido de otra parte, y murió muy presto. Desto hubo muchos testigos.» -(Brocense, nota 146.) - -[115] De la ninfa Eco y del castigo que Juno la impuso por ayudar a -Júpiter en sus devaneos tiénese noticia a mano en el tomo II, pág. -17, de esta _Colección_, nota a los versos 294-295, acto I de _El -Vergonzoso en Palacio_, de Tirso de Molina. - -[116] Porque también Eco fue muy desgraciada en sus amores con Narciso. - -[117] Eco no puede mostrarse; pero se oye su voz, que es lo único que -de ella ha sobrevivido. - -[118] «Para que se entienda la propiedad destas ninfas que aquí pone, -digo que _Nayades_, son de los ríos; _Napeas_, de los collados; -_Dríades_, de los bosques; _Hamadríades_, de los árboles; _Oreades_, de -los montes; _Henides_, de los prados.» (Brocense, nota 149.) - -[119] _Las napeas son la verdadera guarda del bosque._ Creo, a pesar de -Castro, que en esta frase no hay nada contrario a la Gramática. - -[120] A las _orejas_ de algún purista acaso suene mal esta expresión, -como a la de aquellos contemporáneos de Herrera que hubieran querido -enmendar _divinos oídos_, «por parecerles que no significan _orejas_, -en el sermón vulgar, sino las del asno... lo cual no es otra cosa que -una solicitud demasiadamente curiosa y afectada, y que procede antes -de inorancia, que del conocimiento de la fuerza y hermosura de nuestra -habla... ¿Mas qué, merecen menos las orejas, varia y hermosísima parte -de la composición humana, que las otras que constituyen el cuerpo? ¿No -son ministras de nobilísima operación? ¿No es esta voz bien compuesta? -El oído, ¿no es ajeno de la significación dellas? ¿Pues qué barbaria -se ha introducido en los ánimos de los nuestros, que huyen como si -fuese sacrilegio inespiable, el uso de esta dición?...» (Herrera, -_Anotaciones_, 568-569.) - -[121] Dríades o Hamadríades son las ninfas de los bosques que viven en -los troncos de los árboles: - - «Y así las ninfas, el cantar rompido, - Volviendo al campo do el oculto moro - Riquezas guarda con el puño avaro, - Desnudas se metieron - En las encinas huecas, do salieron.» - -_Luis Barahona de Soto._ Fin de la égloga de las Hamadríades. - -[122] _viso_, vista, italianismo usado especialmente por los poetas -del siglo XV. «Señora, flor de azucena -- Claro viso angelical,» -Villasandino, _Canc. Baena_, 18-a. «Tanto quel viso de la criatura ---Por la diáfana claror de los cantos -- Pudiera traer objetos a tantos --- Cuantos celaba so sí la clausura.» (Juan de Mena, _Las Trescientas_, -cap. XV.) - -[123] _Por el paso en que me ves_... El culto Herrera nos hace saber -el carácter popular de esta forma de juramento al decir de ella, como -censura, que es traída de en medio de la plebe. - -[124] Albanio no hubiera pensado en suicidarse con un arma, «porque la -muerte de hierro es trágica y no conviene a la rustiqueza y simplicidad -de pastores». (Herrera, 570.) - -[125] En situación semejante a la de _Albanio_, _Carino_, pastor de -Sannazaro, fue distraído de su desesperación por el vuelo de unas -palomas, y tal recurso es, acaso, más verosímil que el que utiliza -Garcilaso, pero, desde luego, se advierte en la intención de este el -deseo de valerse de un fenómeno puramente natural, y al mismo tiempo -decisivo, para vencer la voluntad de Albanio sin dejar sospecha sobre -la firmeza y sinceridad de su resolución. - -[126] Tamayo, notas, fol. 18, discute el sentido de este terceto: «Si -el último verso se aplica al _atónito_, es floja la sentencia; si al -segundo, no tiene ninguna. Si se lee _rendido_, en vez de _tendido_, -parece que puede ser alusión al rendimiento del ánimo cuando se -ha caído en la cuenta, haciendo equívoca la translación. Los más -ingeniosos lo juzguen.» La enmienda de _tendido_ en _rendido_ se ha -propuesto también para la Canc. I, v. 13 y 37. - -[127] _presupuesto_, usado como substantivo se toma por el motivo, -causa o pretexto con que se ejecuta alguna cosa. (_Dicc. Aut._) - -[128] _Salicio_ piensa llevar a _Gravina_ el nido de su ruiseñor, con -agravio de la desdeñada _Galatea_, si no es que se trata de un segundo -nombre de esta misma pastora, exigido aquí por la consonancia de -_encina_. - -[129] Herrera acentúa _pásso_, como si Camila dijese: _no paso, me -quedo en este valle_; ha parecido mejor acentuar _pasó_, como hizo el -Brocense, entendiendo que esta palabra se refiere al corzo herido que -Camila persigue. - -[130] Tal ocurrió a la ninfa Calisto, que por corresponder a los amores -de Júpiter, perdió la compañía de las demás ninfas, y, además, Juno, en -venganza, la transformó en osa. (Ovidio, _Metam._, lib. II, fáb. IV.) - -[131] _desbañar_, quiere decir _afligir_, _congojar_, lo contrario de -_bañar_, que, según Tamayo, fol. 51-52, se usó en latín --_balineum_, -_balineare_-- con la significación de _aliviar_, _quitar cuidados_. El -mismo Tamayo trae unos versos de otro poeta, sin decir quién es, en -donde aparece también _desbañar_ dicha acepción de _afligir_. - -[132] Un elogio semejante hállase también en el último terceto del Son. -XXI. - -[133] _estampa_, idea, original, dibujo y molde principal o prototipo. -(_Dicc. Aut._) - -[134] _me adiestra_: por me guía o me conduce. - -[135] _prendedero_: «cierto instrumento, que se hace de hierro, -alambre u otro metal, y consta de dos o tres ganchos pequeños, con que -regularmente las aldeanas prenden sus sayas, cuando las enfaldan.» -(_Dicc. Aut._) - -[136] _cornado_. Moneda de baja ley que mandó batir el rey D. Alfonso -el Onceno el año de 1331 para remediar la falta de dinero, carestía y -falta de mantenimientos. (_Dicc. Aut._) A lo cual Sancho respondió que -por la ley de Caballería que su amo había recibido no pagaría un solo -cornado aunque le costase la vida. (_Don Quijote_, tomo I, cap. 17.) - -[137] Eurídice, huyendo del pastor Aristeo, fue mordida en un talón por -una sierpe y murió el día de su boda; Orfeo, su esposo, fue a buscarla -a los infiernos, y de tal modo embelesó a las divinidades infernales -con su voz y su lira, que le concedieron sacase a Eurídice. (Ovidio, -_Metamórfosis_, lib. X, fáb. I.) - -[138] Son divinidades infernales las tres Furias hermanas, Alecto, -Tisífone y Meguera, las de ojos de ira y cabellera de culebras. - -[139] _fosado_: foso. - -[140] _entramos_ y _entrambos_ eran formas igualmente usadas en tiempo -de Garcilaso, pero la primera tiene más color popular; él mismo dice -_entrambos_ en otros lugares. - -[141] En esto hay un recuerdo de la fábula del lindo Narciso, el cual, -habiéndose visto en una fuente, gustó tanto de su propia belleza, que -falleció de amor. (Ovidio, _Metamórfosis_, lib. III, fáb. V.) - -[142] _puedes_, _debes_ no son consonantes, ni tampoco _culebras_, -_negras_, v. 945; _acabo_, _hago_, v. 1007; _faunos_, _silvanos_, v. -1157; _sangre_, _hambre_, v. 1205; _sangre_, _estambre_, v. 1242 y -1663; _campo_, _blanco_, v. 1257, y a propósito de esto dice Tamayo, -fol. 54: «en este género de metro, como tan lleno de consonancias, no -ofende al oído que alguna difiera en alguna letra... fuera de que en -el furor de tan largo discurso como este de Nemoroso, es más permitida -esta licencia, que denota el valor acreditado de Garcilaso, que podía -reconocer sin reprehensión en sí, facultad libre para no reparar en -menudencias tan accidentales.» - -[143] «_aferrar_, de que en los siglos XVI y XVII se decía -indiferentemente _afierro_ o _aferro_, no admite hoy sino la última -forma.» (Bello-Cuervo, _Gram._, pág. 77, n.) - -[144] Empiezan aquí los loores a la casa de Alba. - -[145] Se refiere a la ciudad de los duques, de la cual dice el refrán: -«Alba de Tormes, baja de muros y alta de torres.» (Herrera, 626.) - -[146] Habla de Fr. Severo, monje italiano, preceptor del gran Duque D. -Fernando. «Este fraile fue el que, abusando de la confianza del Duque -de Alba, D. Fadrique, engañó miserablemente a Luis Vives, que era -el verdadero preceptor que el Duque de Alba quería para su nieto... -Severo, que iba a Lovaina, se encargó de hablar a Vives y de entregarle -una carta sobre el asunto, pero ni una cosa ni otra hizo, a pesar de -haber tenido con él larga conversación más de diez veces. Ofendido -el Duque por no recibir contestación, creyó que el sabio valenciano -despreciaba su oferta, y dio la plaza de preceptor al mismo Fr. Severo, -que con tan malas artes la había granjeado.» (Menéndez y Pelayo, -_Antología_, tomo XIII, pág. 48.) - -[147] Quintana se equivocó haciéndole benedictino y siciliano. (_Obras -inéditas de D. Manuel José Quintana_, Madrid, 1872, págs. 117 y 118.) -Era dominico y había nacido en Plasencia de Lombardía o en su campo. -(M. Menéndez y Pelayo, l. c.) - -[148] Refiérese a las famosas batallas entre cartagineses y romanos en -la segunda guerra púnica. - -[149] «En _aterrar_ quieren los gramáticos hacer una distinción -entre _atierro_, en sentido de “echar por tierra”, y _aterro_, en el -metafórico de “consternar”, creyendo, sin duda, que en esta segunda -acepción el verbo se deriva de _terror_.» (R. Menéndez Pidal, _Gram. -Hist._, § 112 bis,-2.) - -[150] «¿Cómo se pueden traducir en lenguaje vulgar estas maravillas? -¿Sería, por ventura, Fr. Severo un físico más o menos teósofo, a estilo -de su tiempo, una especie de Cardano o de Agripa, iniciado en la magia -natural, y aun en la teurgia? Si algo de esto hubiese sido, por otra -parte lo sabríamos, y quizá los procesos de la Inquisición nos diesen -razón de él como nos la dan del licenciado Torralba. Es muy probable -que Severo tuviese algunos conocimientos de ciencias naturales, aparte -de su física escolástica, y que las cultivase para recreo propio y de -sus amigos; pero todo lo demás debe de ser pura fantasmagoría poética. -Y lo que me confirma más en esta idea es que Garcilaso, en varios -lugares de esta égloga, no hace más que poner en verso mucha parte -de las prosas octava y novena de la _Arcadia_ de Sanazzaro, como ya -advirtieron en sus respectivos comentarios el Brocense y Herrera: los -prodigios de Severo son los mismos que se refieren del mágico Enareto -en la novela italiana... la adaptación de estos pasajes a Severo pudo -tener algún fundamento en los estudios y aficiones de este; pero pudo -ser también mero capricho del poeta. Una de las muchas convenciones -del género bucólico era el uso frecuente de la magia y de las -supersticiones gentílicas.» (M. Menéndez y Pelayo, _Ob. cit._, págs. 53 -y 54.) - -[151] _amancilla_: entristece. - -[152] _pastoriles_, _avena_: instrumentos músicos; la _avena_ es una -especie de flauta, voz poética y puramente latina. (_Dicc. Aut._) - -[153] «El Rey D. Juan el Segundo prendió a D. Fernando Álvarez de -Toledo, Conde de Alba, y su hijo D. García, que después fue primer -Duque de Alba, le hizo mucha guerra desde las fortalezas de su padre, -mayormente desde la villa de Piedrahita, que es a diez leguas de Béjar, -procurando su libertad; pero muriendo el Rey don Juan, D. Enrique el -4.º, su hijo, luego que fue jurado por rey, voluntariamente sacó de -la prisión al Conde de Alba y a D. Diego Manrique, Conde de Treviño.» -(Herrera, 588.) Esta era la época de las famosas rivalidades entre -la nobleza y el Condestable D. Álvaro de Luna. «De este D. Fernando -Álvarez de Toledo hace mención el Bachiller Fernán Gómez de Cibda-real, -y Hernando del Pulgar lo incluye entre sus _Claros Varones_, tít. V.» -(Navarrete, pág. 154.) - -[154] Hijo de D. García y de una tía carnal del Rey Católico fue D. -Fadrique de Toledo, segundo Duque de Alba, el cual casó con D.ª Isabel -Pimentel, de la casa de Benavente, y fue también Marqués de Coria. (V. -Herrera, 588; Navarrete, 156.) - -[155] «Don Fadrique, siendo vivo su padre, D. García, fue general de -los cristianos en los pueblos de la frontera de Granada.» (Herrera, -589.) - -[156] Esto fue en la guerra de Navarra. El Duque de Alba fue el jefe -del ejército que conquistó aquel reino para D. Fernando el Católico, -1515. (Mariana, lib. XXX, cap. XXII.) - -[157] «Este caballero, D. García, fue hijo mayor de D. Fadrique de -Toledo y de D.ª Isabel Pimentel, Duques de Alba y Marqueses de Coria, -y padre del Duque don Fernando.» (Herrera, pág. 589.) Hermano de D. -García, pero de otra madre, de D.ª Isabel de Zúñiga, hija del Duque de -Béjar, fue D. Pedro de Toledo, primer Marqués de Villafranca y Virrey -de Nápoles. (Navarrete, página 156.) - -[158] _inicas_, inicuas; refiérese a las Parcas. (V. adelante v. 1581, -nota.) - -[159] «Militando D. García de Toledo con el Conde Pedro Navarro en -la costa de África, paso a la conquista de la isla de los Gelves. -Luego que desembarcó quiso internarse en el país desierto y arenoso. -Era el tiempo extremamente caloroso, y su gente, fatigada del ardor -del sol y del cansancio, fue a beber a unos pozos, donde los moros -estaban en emboscada. Dieron sobre los nuestros, que de pura sed y -fatiga apenas se pusieron en defensa. D. García les animó con la -voz y con el ejemplo; y con una pica en la mano peleó como valeroso -soldado, hasta que muertos o dispersos todos sus españoles, oprimido -de la muchedumbre, lleno de heridas, cayó muerto en la arena a los -veintitrés años de su edad, el de 1510.» (Azara.) «Allí pereció la flor -de la gente española... murieron casi 4000 escogidos soldados con sus -capitanes y oficiales, pocos a hierro, muchos con sed y ahogados en -aquellas cuevas y bocas cubiertas de la tierra y en aquellos tragaderos -ascondidos.» (Herrera, 595.) Por esta derrota se levantó aquel cantar -español: «Y los Gelves, madre -- malos son de tomare.» etc. (Brocense, -nota 169.) - -[160] Queda dicho que cuando murió D. García solo contaba veintitrés -años de edad, lo cual disculpa el elogio de su belleza, que parecería -poco oportuno si se tratase de un guerrero veterano. (V. Eleg. I, v. -116, nota.) - -[161] _vista_, nombre; _en vista_, advervio, como _a la vista_. -Palabras iguales, pero equívocas, pueden formar rima, porque, en -realidad, al tener distinta significación, vienen a ser palabras -diferentes; Tirso y Barahona usaron de esto (Rodríguez Marín, _Luis -Barahona de Soto_, pág. 404), y aun hoy se ha defendido como licencia -que se debe permitir. (E. Benot, _Prosodia castellana y versificación_, -tomo III, pág. 236.) - -[162] Doña Beatriz Pimentel, hija del Conde de Benavente, mujer de D. -García y madre de D. Fernando, el gran Duque de Alba. - -[163] Don Fernando Álvarez de Toledo nació en Piedrahita, villa de -la provincia de Ávila, en el año de 1507, y murió en Lisboa a 11 de -diciembre de 1582, a los setenta y cinco años de edad. (V. Navarrete, -156-157.) - -[164] «Si bello infante n’ apparia che’ l mondo -- Non hebbe un tal -dal secol primo al quarto.» (Ariosto, canto 46) Pónese como término de -ponderación el nacimiento de Jesús a los 4000 años de la Creación. - -[165] El monte Parnaso tiene dos cumbres. En una estaban los templos de -Apolo y Diana, y en otra, el de Baco. (Herrera, pág. 188.) - -[166] _Aquellas nueve lumbres_, las nueve Musas. - -[167] Pintan mancebo a Febo, porque naciendo y escondiéndose todos -los días, nunca siente vejez, y le llaman intonso, porque nadie puede -cortar de su frente su cabellera de luz. - -[168] Las Musas, _luengamente_, es decir, desde hacía mucho tiempo -tenían visto y sabido lo que había de ser el porvenir del recién nacido. - -[169] _nétar_, voz semiculta, por _néctar_, como _vitoria_, Eg. I, -v. 35; _acidente_, Eg. II, v. 131; _eleción_, íd., 166; _aflitos_, -íd., 229; _efeto_, íd., 253; _noturna_, íd., 297 y 301; _jatancia_, -íd., 1513, etc.; la pronunciación de estas palabras respondía a su -ortografía, como demuestra el hecho de encontrar en rima _trompetas_, -_perfetas_ y otros casos análogos. (F. Rodríguez Marín, _Luis Barahona -de Soto_, pág. 402.) - -[170] Este mancebo de quien habla Garcilaso es su amigo Juan Boscán; -da su nombre más abajo, v. 1349. Boscán, siendo muy joven, entró en la -casa de Alba a ser ayo de D. Fernando. «El ayo, en las costumbres de -entonces, tenía más de camarada que de pedagogo, pero aun así, no es -verosímil que se confiara tal cargo a quien, por lo menos, no excediese -en diez años a su educando.» (Menéndez y Pelayo, _Antología_, XIII.) -Hace igual conjetura Navarrete, pág. 161. Debió, pues, nacer Boscán a -fines del siglo XV, y murió en 1542. - -[171] El robusto oficio de la silvestre caza. Eg. III, v. 147. - -[172] «En el año de XXIV (1524), en Burgos, un caballero servía -a una dama a quien también el Duque de Alba servía, y aún no era -Duque; y en aquel tiempo se habían comenzado a usar los arcabuces, y -teníase por caso de menos valer, entre caballeros, usar de arcabuces, -principalmente los que se preciaban de la espada. Y aquel caballero -preciábase de gran tirador de arcabuz; y estando los dos delante de la -dama, sacó el Duque un lienzo, y poniéndolo en las narices dijo: “¡Oh, -como hiede por aquí a pólvora!” Entonces riose la dama, y corriose el -caballero; y luego lo más secreto que pudo apartó al Duque y desafiole -a espada y capa a la puente de San Pablo, a cierta hora de la noche. Y -llegando el Duque, dijo el otro: “¿Qué armas traéis?” Dijo el Duque: -“Espada y daga.” Dijo el otro: “Yo no tengo más que espada.” Entonces -el Duque sacó su daga y echola de la puente abajo en el río. Comenzaron -su desafío; y allí se hicieron amigos y trataron de que no se supiese -este hecho; mas húbose de descubrir, porque al tomar de las capas -que estaban en el suelo, se trocaron, y el Duque no cayendo en ello, -descubrió en palacio la encomienda que tenía la capa del otro, y por -aquí se vino a saber el desafío.» (Brocense, nota 177.) - -[173] «Himeneo era el dios de las bodas. El diestro pie calzado -significa buen agüero, porque la reina Dido, para desatar el casamiento -de Eneas, tenía un pie descalzo, como dice Virgilio.» (Brocense, nota -179.) De este rito de calzarse o descalzarse el pie derecho, para -significar firmeza o rompimiento de los lazos matrimoniales, entre los -gentiles recogió varios datos Tamayo, notas, fol. 62-65. - -[174] «Comprehende aquí Garcilaso las costumbres de las bodas antiguas -(paganas). Dice que alternaban el canto las que ponían a la novia en -el lecho... Las que llama aquí _vírgines_ eran las pronubas antiguas, -aunque no vírgines, pero castas, que tenían este oficio a su cargo...» -(Tamayo, notas, fol. 65.) - -[175] «Esta señora era hija del Conde de Alba de Liste, y prima y mujer -del Duque.» (Herrera, 603.) - -[176] Al divino Herrera, pág. 603, le escandalizó este atrevimiento de -Garcilaso «que muy ajeno es de su modestia y pureza, y que deslustró -mucho la limpieza y honestidad de toda esta descrición.» Pero no se -trata de cosa indigna, impura ni inmodesta, sino de la casta y legítima -correspondencia del lecho conyugal, y aun solamente del deseo de -D. Fernando, no del suceso. Homero, Virgilio, y el mismo Petrarca, -llegaron en sus versos a mayores libertades. (V. Tamayo, notas 61-62.) - -[177] «Toca aquí la ficción del filósofo Pródico, la cual refiere -Xenofon. Y es, que Hércules siendo mancebo, yendo por un camino llegó -adonde se partían dos caminos, y estando dudoso por cuál iría, vio -venir por cada uno una doncella, una muy hermosa, y otra robusta y -varonil; cada una le rogaba que fuese por su camino, y la muy hermosa, -al parecer exterior, que era Voluptas, el deleite, prometía en su -camino muchos regalos y descansos; la otra, que era Virtud, le prometía -mal camino y muchos trabajos, pero prometía al cabo dellos descanso y -fama, al revés de la otra. Hércules dijo que más quería trabajos con -aquella condición; y fuese tras la Virtud.» (Brocense, nota 181.) - -[178] A partir de este verso cuenta Garcilaso el viaje que el Duque -hizo a Alemania para intervenir en el socorro de Viena, amenazada por -Solimán, gran Sultán de Turquía. Garcilaso acompañaba al Duque en dicho -viaje: año de 1532. (Navarrete, págs. 32 y 33.) - -[179] «_mudable_: atributo propio de los franceses.» (Herrera, pág. -605.) - -[180] «Pasadas las asperezas del Pirineo recibió orden el Duque de -caminar con más rapidez, dejó su escolta y comitiva, y solo con -Garcilaso, atravesó por la posta de Francia hasta París, donde -cayó enfermo, acaso de las fatigas del viaje; su amigo le asistió -esmeradamente, hasta que ya convalecido pudieron ambos continuar -adelante...» (Navarrete, pág. 40.) - -[181] «Parece que es alusión a la Morbania, deidad falsa y ridícula de -los antiguos.» (Tamayo, notas, fol. 66.) - -[182] «Esculapio fue gran médico, tenido por los antiguos por dios de -la medicina. Fue hijo de Apolo y padre de Padalirio y Macaón, grandes -médicos.» (Brocense, nota 182.) «Halló muchas cosas útiles a la salud -de los hombres. Fue tan excelente en la curación de los enfermos, que -fuera de la opinión de todos, dicen que restituyó a muchos desesperados -a la vida y que volvió a ella a muchos muertos. Acusado por esto ante -Júpiter, lo mató con un rayo... Enojado Apolo desta muerte, mató a los -Cíclopes que fabricaron el rayo a Júpiter.» (Herrera, pág. 606.) - -[183] Repuesto D. Fernando de su enfermedad, Garcilaso y él continuaron -su viaje; llegaron al Rin, y embarcados en sus aguas, pasaron a Colonia. - -[184] «Dícelo por Julio César, que pasó del Rheno (Rin) contra -alemanes.» (Brocense, nota 183.) - -[185] «Fue Santa Úrsula hija de Dioneto, nobilísimo príncipe de -Inglaterra; padeció martirio con once mil vírgenes de la mesma nación -en Colonia Agripina, a la ribera del Rin, por los capitanes de Atila -que la tenían cercada, en el año de nuestra salud, 352, siendo -emperador Marciano.» (Herrera, pág. 607.) - -[186] Aquel tirano fue, según se cree, Giula, capitán general de Atila. -(Azara.) - -[187] _estaba en dubio_, en duda; _dubio_ es voz latina. - -[188] Emplea metafóricamente _suelta la rienda a su navío_, como ahora -decimos dar rienda suelta al llanto, al entusiasmo, a los deseos; de -otro modo «parecería dura esta translación del uso de los caballos -al de la navegación; pero es elegantísima, y como tal usada de los -antiguos griegos y latinos de mejor fama...» (Tamayo, notas, fol. 66.) - -[189] El César Carlos V recibió en sus brazos al Duque de Alba -en Ratisbona, donde se hallaba convocada la Dieta entendiendo en -el conflicto político-religioso promovido por el protestantismo. -(Navarrete, 32.) Era también aquella ciudad punto de reunión para los -caballeros que acudían al socorro de Viena. - -[190] «El Príncipe turco, Solimán, que dos años antes había sojuzgado -la Hungría y puesto, aunque infructuosamente, cerco sobre Viena, salió -segunda vez de Constantinopla con innumerables gentes, para repetir el -asedio de aquella ciudad.» (Navarrete, pág. 32.) - -[191] _Eran gentes de diversos pueblos y opiniones, pero con un solo -propósito e intención. Los nuestros ocupaban mucho menos terreno que -los enemigos._.. Este pasaje ha tenido mala interpretación en la -edición de Castro. - -[192] _Sobrar_: exceder, sobrepujar. V. Eg. I, v. 28, nota. - -[193] _Sobrado_: el que excede a otro. V. Eg. I, v. 28, nota. - -[194] En el ejército del César había alemanes, flamencos, italianos y -españoles: «El Emperador al ver la gran tempestad que sobrevenía pidió -auxilio a la Dieta, escribió al Marqués del Vasto para que recogiese -toda la infantería española que acababa de poner fin a la guerra -de Florencia, y juntase más italiana, avisó a los hombres de armas -ordinarios de Flandes y Borgoña, y pidió a los grandes y ciudades de -España apercibiesen hombres de armas y todo recaudo, preparándose a -sostener solo este glorioso empeño, en que ni el Rey de Francia ni el -de Inglaterra quisieron ayudarle.» (Navarrete, pág. 32-33.) - -[195] _Tirar_, quitar, apartar. - -[196] _Su gente_, no se refiere al _guerrero_, sino al _cauto -italiano_, que en el valor del Duque recordaba el de los famosos -capitanes de la antigua Roma. - -[197] Habla en estos versos de Cornelio Escipión el primer Africano, -única esperanza de la República, vencedor del terrible y duro Aníbal, y -demoledor de la fiera Cartago. - -[198] _así molesta_, acaso deba interpretarse _tan molesta_, del mismo -modo que en frases como «no puedo dudar de un hombre tan honrado; tan -cordiales relaciones quedaron rotas»... En el castellano antiguo, _tan_ -y _así_ tenían un valor equivalente en comparaciones. (V. R. Menéndez -y Pidal, _El Cantar de mío Cid_, tomo I, parte II, § 180.) Compárense -en esta misma égloga, versos 1671, 1735 y 1769. El Brocense interpretó -de otro modo «dividiendo aquella palabra, _assí_, en dos, _a sí_, que -es en latín _sibi_», y la mayor parte de las ediciones han seguido esta -enmienda del Brocense. - -[199] Se entiende mejor leyendo el _pensamiento ambigo_, como -propone Tamayo, fol. 67; el estado cristiano estaba en dubio, v. -1493; el suceso de esta guerra era dudoso, v. 1578; su remedio, por -consiguiente, ambiguo. Las tropas del César apenas eran, en efecto, -la mitad de las que llevaba el sultán. (Navarrete, pág. 43.) La forma -_ambigo_ corresponde a _ambiguo_, como _inicas_ a _inicuas_, verso -1223, y como _antigo_ a _antiguo_. - -[200] «Salió, el Emperador, de Ratisbona con la caballería flamenca y -un lucido tren de artillería, pasando por el Danubio a Linz, seguido -de numerosa comitiva en barcas construidas al efecto, con el nombre de -_nasadas_, cuya dilatada hilera formaba una escuadra de sorprendente -vista.» (Navarrete, pág. 42.) - -[201] _Gran tirano_: entiéndase por el Sultán de Turquía, Solimán el -Magnífico, contra quien fue toda esta expedición. - -[202] «Los Cíclopes fueron unos salvajes en Sicilia, que no tenían más -de un ojo en la frente, y eso quiere decir en griego _Ciclops_. Dicen -los poetas que son los herreros de Vulcano, al cual llaman aquí _el -gran maestro_.» (Brocense, nota 191.) - -[203] Nuestro lenguaje antiguo empleaba las formas _esora_, _la hora_, -_a esas horas_, etc., con el valor castellano actual _entonces_, como -el francés _alors_ y el italiano _allora_; esta interpretación conviene -en este caso _a aquellas horas_, en vez de suponer como Tamayo, notas, -fol. 68, el latinismo _ora_ por _ribera_, cuyo uso, si ha existido, -debió ser rarísimo en castellano: comp. _a la hora_, Canc. IV, v. 49, -nota. - -[204] Noticioso el Sultán de los preparativos con que acudía el -Emperador, retirose de Viena a Gratz, sin aventurarse a darle la -batalla, y después retrocedió definitivamente a Constantinopla. -(Navarrete, págs. 42 y 43.) - -[205] «Don Fernando estuvo en la persecución de algunos de los -capitanes enemigos, y anhelando teñir su espada en sangre turca, sintió -que la suerte no preparase a los imperiales más difíciles triunfos.» -(Navarrete, pág. 43.) Cree este autor que Garcilaso no debió tomar -parte en estos sucesos por haber sido desterrado por el Emperador desde -el principio de la jornada, cuando el Duque y el poeta llegaron a -Ratisbona. (V. nota a la Canc. III, v. 3.) - -[206] Cuentan que los antiguos coronaban con ramos sus naves después de -una victoria, y que tales ramos solían poner en el sagrario o capilla -de popa; a esta costumbre pudo aludir Garcilaso, aun cuando lo que -dice puede también decirse metafóricamente por las naves que volvían -vencedoras. - -[207] Ha dicho el Sr. Menéndez y Pelayo, _Antología_, XIII, pág. 54, -que el pastor _Albanio_, enfermo de mal de amores por la hermosa -_Camila_, debe de ser el Duque de Alba, D. Fernando; a esto quiero -decir que no acierto a comprender cómo a Garcilaso pudo ocurrírsele -introducir dos veces al Duque en esta Égloga con tan distinto carácter, -a saber: como Duque en persona y como pastor; como esposo enamorado, -correspondido y satisfecho, y, a la vez, como amante desesperado y loco -furioso; téngase presente que mientras _Nemoroso_ ha estado elogiando -al Duque por su prudencia y su valor, ha tenido a sus pies al mismo -_Albanio_, aletargado y rendido en su locura. - -[208] Es necesario leer _glo-ri-o-so_, como _o-di-o-sas_, soneto XVI, -v. 1; nuestros poetas clásicos medían a la manera latina e italiana, -_la-bi-os_, _o-di-o_, _glo-ri-a_, y del mismo modo los derivados -_fu-ri-o-so_, _in-ge-ni-o-so_, etc. (V. Elías Zerolo, _Noticias de -Cariasco y del empleo del verso esdrújulo en el siglo XVI. Legajo de -Varios_, París, 1897, y F. Rodríguez Marín, _Luis Barahona de Soto_, -págs. 405-411.) - -[209] _lustre_ por _lustro_, que fue primitivamente espacio de cuatro -años, y que «el uso y abuso de los gramáticos lo ha hecho de cinco». -(Herrera, pág. 267.) Cuando la expedición a Alemania (1532) el Duque D. -Fernando solo tenía veinticinco años, y Garcilaso veintinueve. - -[210] _coruscar_, lucir, brillar. El _Dicc. Aut._ solo da _coruscante_ -y _corusco_, «resplandeciente, sumamente lucido y brillante». - -[211] Describe pastoralmente el tiempo de la cena, de la cual es -indicio el humo que sale por los _alcores_, chimeneas. - -[212] Garcilaso dedicó esta Égloga, según afirmación de D. Antonio -Puertocarrero, su yerno, a D.ª María de la Cueva, esposa de D. Juan -Téllez Girón, Conde de Osuna, fundador del Colegio Mayor y Universidad -de dicha villa, y gran amigo de los hombres de letras. D.ª María, ya -viuda, fue Camarera mayor de la Reina D.ª Isabel de Valois, tercera -mujer de Felipe II, y falleció en Madrid a 19 de abril de 1566. (V. F. -Rodríguez Marín, _Luis Barahona de Soto_, Madrid, 1903, pág. 73.) - -[213] Garcilaso no ha dejado más _octavas rimas_ que las que componen -esta Égloga y la que nos conservó Castillejo (V. Apéndice IV): «_La -octava rima_, enteramente desconocida en todas las literaturas de la -Península antes de Boscán, es una de las adquisiciones más importantes -que este hizo para nuestra métrica, y quizá el género en que sobresalió -más. Su modelo inmediato, aunque no único, fueron las estancias -compuestas por Bembo para el Carnaval de la corte de Urbino en 1507.» -(M. Menéndez y Pelayo, _Antología_, XIII, 237.) - -[214] Entiende Tamayo, fol. 68, «que es demasía sin fruto decir que -la lengua está en la boca, pues ¿adónde había de estar?,» y sin más -que esto, en algunas ediciones se ha corregido el presente verso, -imprimiendo: «Mas con la lengua muerta y fría la boca», que es la -lectura que el mismo Tamayo proponía. Yo respeto tal _demasía_ porque -he visto que Herrera, más escrupuloso que nadie en estas cuestiones, la -conserva, y el elegante prosista Cienfuegos, hablando precisamente de -la muerte de Garcilaso por la honda impresión que causó en el espíritu -del Marqués de Lombay, la repite diciendo: «él vio fría y difunta en su -boca aquella espiritosa lengua, ramillete de las más cultas flores de -la erudición y de la elocuencia...» (_Vida del Grande San Francisco de -Borja_, Madrid, 1726, pág. 48.) - -[215] «_Carta_ por el papel, en significación latina o italiana.» -(Azara.) - -[216] «En Boscán se hallan en una estancia de una canción los versos -que dicen: - - “_Hablaré yo lo menos que tuviere_ - _Que esto será lo más que yo pudiere._” - -¿Quién tomó a quién en este último verso? ¿Boscán a Garcilaso o -Garcilaso a Boscán? Tamayo afirma, notas, fol. 69, que Boscán -aprovechose de este verso como de hacienda de amigo. Ignoro en qué se -fundó para decir lo que dijo.» (Castro, pág. 21.) - -[217] Nadie ha hablado de Garcilaso que no haya repetido este famoso -verso, el cual glosa Cienfuegos (_Vida del Grande San Francisco de -Borja_, Madrid, 1726, pág. 50) de esta manera: «Él había nacido para -decidir aquella antigua batalla entre las armas y las letras, siendo a -un tiempo milagro de ambas escuelas... Él hizo cantar las Musas al son -de los clarines y de las cajas roncas, como al compás de las cítaras -templadas...» - -[218] _somorgujar_ y _somormujar_, verbo que significa meter debajo -del agua, chapuzar, zabullir; la forma verbal se ha hecho sobre el -substantivo _somorgujo_, cuya etimología es *_submergulio_, derivado -de _submergo_, y con el sentido de _submergulus_. (V. R. Menéndez -Pidal, _Gramática Hist._ § 65.) - -[219] _calar_, bajar, descender. «Entonces se levantó (Don Quijote) -y... dándole soga el primo y Sancho, le dejaron calar al fondo de la -caverna espantosa.» (_Don Quijote_, I.ª Parte, cap. XXII.) - -[220] _lacivo_ por _lascivo_, como _picina_ por _piscina_. (Santa -Teresa, _Las Moradas_, ed. _Cl. Castellanos_, Madrid, 1910, 11-23; v. -nota al v. 383 de la Eg. I.) - -[221] «Burlaba un poeta de este verso: _nadando dividieron y cortaron_, -porque parece que hay en él ripia para henchir el verso, y sobra el -_cortaron_. Digo que de no entender el punto, se erraba él, porque se -ha de leer: - - _El agua clara con lascivo juego_ - _Nadando dividieron; y cortaron,_ - _Hasta que el blanco pie_, etc.» - -(Brocense, nota 219.) - -[222] Por lo visto alguno protestó de que el poeta sacase de las aguas -a estas ninfas, que siendo moradoras de dicho elemento no podrían vivir -en tierra seca. Tamayo defiende a Garcilaso con el testimonio de varios -autores clásicos. - -[223] _delgadeza_, _domestiqueza_, Eg. II, v. 180, y _selvatiquez_, -Son. XXVIII, tienen procedencia italiana. - -[224] «Debe Toledo a Garcilaso muchas alabanzas, pues no deja ocasión -en que las olvide; y aquí no son encarecidas, sino verdaderas las del -oro de sus arenas, pues hasta hoy se experimenta lo que en los tiempos -antiguos fue tan recibido.» (Tamayo, notas, fol. 71.) Del aurífero Tajo -hablan muchos autores latinos. - -[225] El de Tracia es Orfeo, a quien se refieren las dos octavas -siguientes. - -[226] «No dejaré de notar el cuidado de las palabras de Garcilaso en -todo lo que es ornato de las mujeres, cuya blancura, particularmente en -los pies, repite tantas veces.» (Tamayo, notas, fol. 65.) - -[227] Por si alguno aspira a resolver la cuestión advertiré que hay -discrepancia entre los autores sobre si la sierpe que mordió a Eurídice -fue pequeña o grande. (V. Brocense, nota 215.) - -[228] En otro lugar, Eg. II, v. 942, fue necesario decir parte de -esta fábula. Dejaron, pues, a Orfeo, marido de Eurídice, que sacase a -su esposa de los infiernos, pero con la condición de que no había de -mirarla hasta que saliese de los límites y jurisdicción de ellos, y -no habiendo podido abstenerse de verla, le fue arrebatada por segunda -vez; Orfeo, desesperado de su infortunio, retirose sobre el monte Hemo. -(Ovidio, _Metam._, lib. X, fáb. I.) - -[229] Hallábase Cupido ofendido contra Apolo porque este se había -atrevido a burlarse de las astucias del Amor; fue su venganza -dispararle una flecha dorada para rendirle al amor de Dafne, y, al -mismo tiempo, inspirar a esta un gran desamor hacia Apolo. - -[230] La fábula de Apolo y Dafne se trata más adelante en el Son. XIII. - -[231] Cupido hiere con dos géneros de saetas; con las de oro engendra -el amor firme y verdadero, v. 152; con las de plomo inspira la -antipatía y el desdén. (Ovidio, _Metam._, lib. I, fáb. X.) - -[232] Adonis, hijo de Mirra, de famosísima belleza, fue amado de Venus -con la mayor ternura. Un día estando cazando hirió a un jabalí, el cual -se volvió contra él con la mayor furia y le mató. (Ovidio, _Metam._, -lib. X, fáb. X.) Y quieren decir que aquel jabalí no fue sino el dios -Marte, enamorado de Venus, y convertido expresamente en aquella fiera -para matar a Adonis por los celos que le tenía. (Brocense, nota 217.) - -[233] Porque Herrera creyó excesivo el color de este detalle, contesta -Tamayo, notas, fol. 71: «Melindre es llamar _complosiones torpes_ estos -afectos cuidadosos en Garcilaso, pues es imitación de Virgilio; díjolo -doctamente nuestro poeta con alusión a la costumbre antigua de recibir -con la boca, los parientes y amigos, el último aliento de los que se -morían...» - -[234] Pinta Garcilaso en las dos octavas siguientes «la ciudad, cabeza -y asiento del Imperio de España, Toledo, su patria, con tanta grandeza -y suavidad de palabras, que dudo haya cosa mejor tratada en todas sus -obras, ni más digna de la majestad de tan insigne madre, ni del ingenio -de tan noble hijo...» (Tamayo, notas, fol. 72.) - -[235] «Aquí comienza un género de Bucólica que llaman los griegos -_canto amebeo_, que es responsorio, en el cual se suele guardar esta -ley: que el que comienza es libre, y puede mudar propósitos, mas el que -responde y sigue, o ha de decir mucho más en la misma materia, o lo -contrario; y ansí se hace aquí imitando el proceder de Virgilio en la -primera y séptima Égloga.» (Brocense, nota 225.) - -[236] Describe exactamente el curso del Tajo en torno de la ciudad de -Toledo. - -[237] Refiérese a las ruedas de las _azudas_, máquinas hidráulicas con -que se saca agua de los ríos por el impulso de su misma corriente. «Se -llaman _azudas_, voz arábiga, significadora de su color y de su ruido, -propiedad particular de las lenguas orientales.» (Tamayo, notas, fol. -73.) - -[238] «En la pompa funeral que las diosas silvestres hacían a la ninfa, -observa sin afectación, Garcilaso, la costumbre de los entierros -antiguos... Los antiguos esparcían flores sobre los cuerpos o sepulcros -de sus defunctos... Flores cortadas para dar a entender, sin duda, la -fragilidad de la vida que retratan las rosas...» (Tamayo, notas, fol. -73 y 74.) - -[239] «Era señal de tristeza el desperdicio de los cabellos; en los -libros sagrados no hay pocos ejemplos de los hebreos,» y lo mismo entre -griegos y latinos. (Tamayo, notas, fol. 74.) - -[240] Recuerda nuevamente Garcilaso la muerte de doña Isabel Freyre. -(V. Eg. I, v. 2, nota.) - -[241] «Una ninfa muerta, a quien las divinidades de los bosques, -saliendo de los árboles en que están metidas, cantan y lloran a su vez, -y después de haber cumplido con esta triste solemnidad, se vuelven -a esconder en los huecos mismos de las encinas, era un argumento -nuevo, al paso que sencillo, y que por su naturaleza y por la calidad -de los interlocutores podía ser enriquecido con todas las galas del -sentimiento y la fantasía.» Tal decía D. Manuel José Quintana (_Poesías -castellanas_, ed. 1830, pág. 371.) a propósito de la famosa Égloga de -Barahona de Soto, llamada _de las Hamadríades_, cuyo argumento, como se -ve, dejó indicado Garcilaso en este lugar. - -[242] El Brocense dice que halló en un libro antiguo, en vez de -_degollada_, _igualada_, que significa _amortajada_. Herrera afirma -que _degollada_ se tomaba por _desangrada_, «como decimos cuando -sangran mucho a uno, que lo _degolló_ el barbero.» Covarrubias en su -_Tesoro de la Lengua castellana_, escribe: «Cuando sacan a uno mucha -sangre por las venas, solemos decir que conviene _degollarle_, si el -accidente requiere tanta evacuación.» Azara dice que «más natural era -que se leyese en el verso _desangrada_, puesto que D.ª Isabel murió -de sobreparto. Tamayo acepta la voz _degollada_ siguiendo a Herrera.» -(Castro, pág. 22.) - -[243] Dice _al mar de Lusitania_ porque D.ª Isabel era portuguesa; -había venido a la Corte española como dama de honor de la Infanta D.ª -Isabel de Portugal, casada en 1526 con Carlos V. - -[244] Es encarecimiento de las labores de las ninfas, pues el presentar -como en relieve figuras llanas «es artificio de la mejor pintura»... -(Tamayo, notas, fol. 76.) - -[245] _trastornarse_, _trasponerse_. Barahona de Soto dio a -_trastornarse_ esta misma acepción en los siguientes versos de su -Égloga III: - - «Cual con sencillo rostro y pecho tierno - Al levantar del sol o al _trastornarse_ - Te ofrecerá el panar recién cogido...» - -[246] «Adagio es latino: _Aquae furtivae dulciores_. Mucho sabe lo -hurtado.» (Brocense, nota 225.) No latino, sino hebreo, cree Tamayo, -fol. 77, esto de que _las aguas hurtadas son las más dulces_ o las que -mejor saben. - -[247] «Aquí, sin duda, se descuidó nuestro poeta, porque hace dos -vientos, siendo uno; porque al que los griegos llaman _zephyro_, porque -trae vida, llaman los latinos _favonio_, porque favorece la vida, de -modo que la cosa es una y los nombres son dos.» (Brocense, nota 227.) A -este parecer se inclina también Herrera; pero D. Tomás Tamayo defiende -a Garcilaso con el testimonio de muchos escritores antiguos que, como -él, tuvieron a _zefiro_ y _favonio_ por vientos diferentes, notas, -fol. 78. D. Adolfo de Castro, pág. 23, prescindiendo de esa defensa, -cree que, «o Garcilaso se engañó o puso el nombre de otro viento que -equivocaron los escribientes o los impresores». Queda, pues, esta -cuestión en planta como la de la sierpe de Eurídice, Eg. III, v. 130. - -[248] «El cuerno de Amaltea --o cornucopia--, que denota la fertilidad -y abundancia de las cosas, no era de buey como fingían los pintores, -sino de plata, que quien la tuviere puede pedille lo que quisiere, que -se lo dará. Fue Amaltea... una mujer vieja y muy rica que contrataba, -la cual guardaba en un cuerno la mayor parte de la ganancia... y -robándoselo Hércules lleno de dineros, vivía a su gusto y deleite, y de -aquí tuvo origen decir que el cuerno de Amaltea ministraba a Hércules -todos los bienes.» (Herrera, pág. 686.) - -[249] Dijo Garcilaso esto de _morir la yerba_ «por la opinión de -Pitágoras que creía que las plantas y otras cosas, no solo vivían, -sino que sentían el mal que les hacían; o porque la resolución de la -forma no es otra cosa que muerte.» (Tamayo, notas, fol. 79.) Esto -último, sin necesidad de acudir a la doctrina pitagórica, es suficiente -explicación, dada la natural inclinación y libertad que tienen los -poetas para suponer vida y sentimientos en lo inanimado. - -[250] _escogiolo._ Andrés Rey de Artieda en sus _Discursos, epístolas -y epigramas de Artemidoro_, Zaragoza. 1605, censuraba a Garcilaso esta -forma, porque, según él, sería más concreto _escogiole_. (Castro, pág. -23.) Nuestro texto --es decir, el de Herrera-- es _loísta_, Eg. II, v. -1088, 1099, 1307, 1308, 1364, 1399, 1400, 1567, etc.; en todos estos -casos el de Tamayo es _leísta_. La indecisión entre _le_ y _lo_, que -aún dura en nuestra lengua, viene manifestándose desde los textos más -antiguos. (V. R. Menéndez Pidal, _El Cantar de Mío Cid_, tomo I, Parte -II, § 130.) - -[251] _Al Duque de Alba en la muerte de D. Bernardino de Toledo, su -hermano._ -- De regreso de la conquista de Túnez (1535), y de resultas -de los muchos padecimientos que en aquel país ardiente, seco y arenoso -había pasado, murió el gallardo joven D. Bernardino de Toledo, hermano -del gran Duque de Alba y amadísimo amigo de Garcilaso. Murió en Túnez, -según Argote de Molina, _Nobleza de Andalucía_, lib. II, cap. XXII; en -Trápana, camino de Palermo, según Sandoval, _Historia de la vida del -Emperador Carlos V_, lib. XXII, § 48, o en la ciudad de Palermo, como -dice Navarrete, pág. 67, desmintiendo a los anteriores. - -[252] «Frase italiana.» Azara, _pero_ por _empero_: «quise, _no -obstante_, probar si me _bastaría_ el ingenio _para_ escribirte»... - -[253] «Algunos, pareciéndoles que está falto este verso de Garcilaso, -no considerando la diéresis, lo han enmendado o dañado desta suerte: -_No quedará ya toda tu alma entera_; pero Garcilaso que conocía mejor -los números, se contentó con aquel modo, porque demás de sinificar así -la falta del alma, que él pretendió mostrar, no es flojo número de -verso, sino artificioso y no ajeno de suavidad.» (Herrera, 305. Del -mismo parecer es Tamayo, notas, fol. 30.) - -[254] Erídano es el río fabuloso donde las Helíades, hermanas de -Faetón, lloran su muerte convertidas en álamos. (Son. XII, 14.) Han -creído muchos que se trataba del Po, otros, del Ródano, y autor de -tanta antigüedad como Esquilo, dijo que era un río de España. (Herrera, -305.) - -[255] Lampecie, Lampetura y Faetura fueron las tres Helíades. - -[256] Censuró Juan de Mal-lara la dislocación de esta frase tal como -aparece en el verso, y defendieron a Garcilaso Herrera y Tamayo: «la -prosa no tiene licencias, a los versos se les consienten... el juicio -de la una se puede quedar al oído, como el de la otra a la licencia de -los poetas; pero menos lo fue Mal-lara, que docto y hombre de bien, y -rara vez juzgan bien de los poetas los que no lo son». (Tamayo, notas, -fol. 31.) - -[257] «_Abastanza._ Voz antigua, hoy desusada enteramente en nuestra -lengua. Los italianos la han conservado.» (Azara.) - -[258] «Más propio es esto que dice Garcilaso para alabar una dama que -a un caballero... mas, porque D. Bernaldino era mancebo de edad tierna -que no había dado muestra de su valor, pudiera emplear esto en lamentar -las esperanzas perdidas.» (Herrera, pág. 311.) Esta misma consideración -requiere el pasaje de la Eg. II, v. 1254 y siguientes. Por lo demás, -en muchos autores antiguos se encontraron ejemplos semejantes, «porque -la hermosura es siempre digna de imperio y no desdice a la fortaleza -viril». (Tamayo, notas, fol. 56.) - -[259] «Declara la índole y lo que prometían las esperanzas de su -valor.» (Herrera, pág. 312.) - -[260] «Cosa muy usada fue poner dioses a los ríos, pintándolos -recostados, y alzado el medio cuerpo, y con las urnas debajo el -brazo, enviar de allí los ríos como de una fuente; coronábanlos por -la mayor parte con guirnaldas de cañas, y cubiertos hasta el ombligo -de un carbaso, que es vestidura floja y ancha, y desnudos la parte -superior del cuerpo; tal se ve Tibre en Roma en casa Cesi, tal Arno en -los huertos del Pontífice y tal describe Virgilio en el 8.º al mesmo -Tibre...» (Herrera, 312.) - -[261] _Trinacria_ es lo mismo que decir Sicilia. (Herrera, 316.) - -[262] Los lascivos sátiros, compañeros de Baco, provocadores y -deshonestos, con su busto de hombre, cuerpo de caballo y patas -de carnero, tuvieron para los antiguos tal realidad, que algunos -historiadores hablan de sátiros de carne y hueso conocidos por las -gentes. (V. Herrera, 317.) - -[263] Refiérese a Héctor, defensor de Troya, vencido y muerto por -Aquiles. - -[264] Recuerda de nuevo la fábula de Adonis. (Véase Eg. III, 176, nota.) - -[265] Oeta es un monte de Tesalia que, según Estrabón, lib. 9, se -extiende de oriente a occidente, desde las Termópilas hasta el golfo de -Arta. (V. Herrera, 331.) - -[266] «_Alcides_ se llamó Hércules por su gran fuerza, porque en griego -_Alce_ es fuerza. Otros dicen que por su agüelo Alceo. Dicen que -sintiéndose morir de la ponzoña de la camisa, que su mujer Dejanira -le había enviado, hizo una hoguera en el monte Oeta y allí se quemó. -Esta ficción quieren que sea la purificación de los excelentes hombres -que suben a ser dioses, dejando acá la vestidura grosera del alma.» -(Brocense, nota 59.) - -[267] «_El claro padre._ D. García de Toledo, que murió en los Gelves -de poca edad. _El sublime abuelo._ D. Fadrique, Duque de Alba.» (Azara.) - -[268] «El mar, sin duda, cerca la tierra y la tierra el mar, mas -creyendo los antiguos que este era mayor, dijeron que la coronaba... -Pero los modernos que con curiosidad lo tienen especulado, prueban ser -mayor la tierra que el Océano, según, no sus superficies, sino sus -cuerpos, en que es, sin comparación, mayor la tierra, como fácilmente -se deduce de sus diámetros...» (Tamayo, notas, fol. 35.) - -[269] Como si dijese desde el polo Sur al polo Norte _Calisto_ es la -Osa Mayor. Antes fue una bella ninfa de quien Júpiter anduvo enamorado. -La iracunda Juno la convirtió en osa, y entonces Júpiter la transportó -al cielo. (Ovidio, _Metam._, lib. II, fáb. IV.) - -[270] _Elegía a Boscán_; la escribió Garcilaso a su amigo desde -Sicilia, de regreso de su expedición a Túnez con el ejército del -Emperador, año de 1535. Esta Elegía y la anterior debieron ser escritas -hacia la misma fecha. - -[271] «Anquises fue hijo de Asáraco y padre de Eneas, que lo engendró -en Venus junto a la Ribera de Simois, río de Troya.» (Herrera, 356.) - -[272] «Este confusísimo terceto quiere decir que el Mantuano Virgilio, -en sus eternos versos, nos conserva la memoria de que Anquises está -enterrado en Trápana --ciudad de Sicilia--. Libro III de la Eneida.» -(Azara.) - -[273] «Llama César Africano al Emperador Carlos quinto porque venció a -África.» (Brocense, nota 66.) - -[274] De la celebridad de este verso dan testimonio Sa de Miranda, -en su égloga _Nemoroso_; Barahona de Soto, en su soneto a Herrera, a -propósito de las _Anotaciones_, y Lope de Vega, v. Cayetano A. de la -Barrera, _Nueva biografía_, tomo I de las _Obras de Lope de Vega_, -publicadas por la R. A. Española, Madrid, 1890, pág. 122. - -[275] Dice Cienfuegos (_Vida del Grande San Francisco de Borja_, -Madrid, 1726, pág. 49) que «lo que más robaba en Garcilaso la afición -del Marqués de Lombay... era el no haber sentido jamás en sus labios -respiración que empañase la fama ajena...; escribiendo con pluma -elegante en todos los estilos, solo parece que ignoraba el de la -sátira, en que son elocuentes y agudos aun los menos discretos». - -[276] Llama _la patria de la Sirena_ a Nápoles, que antes se llamó -Parténope, por una de las tres Sirenas así llamada, cuyo cuerpo allí se -halló. (Brocense, nota 66.) - -[277] Nápoles fue tierra de muchos deleites y regalos, según el -testimonio de los clásicos (V. notas de Azara y Tamayo, y acaso por -esto la tradición la hizo patria de las Sirenas.) Era una ciudad -nobilísima, vestida de jardines y bellos edificios, y llena de -caballeros y gente rica, «domicilio de hombres ociosos, que muchos, por -huir de negocios, se iban de Roma a ella». (Herrera, págs. 359-364.) - -[278] Sobre estos amores a que alude el poeta véase adelante, nota al -Son. XXVI, v. 1. - -[279] «Quiere decir: Este temor persigue la esperanza y oprime el gran -deseo de su holganza, con el cual deseo van mis ojos.» (Brocense, nota -69.) - -[280] «La túnica de diamante significa la fortaleza, que tan importante -es para la guerra; aunque escribe San Isidoro que pintaban a Marte con -el pecho desnudo y sin armas, porque el que se halla en la guerra, se -debe arrojar en la batalla sin miedo de la muerte.» (Herrera, pág. 346.) - -[281] - - «Y en medio de la guerra peligrosa... - Te acuerdas del amor y del ausencia - Y maldices allí el rigor de Marte - Pronosticando en ti dura sentencia...» - -(Cristóbal Mosquera de Figueroa, _Elegía a la muerte de Garcilaso, -Anotaciones_ de Herrera, pág. 40.) Pocos meses después de escribir -Garcilaso la presente Elegía se cumplió, en efecto, este siniestro -presentimiento de su muerte. - -[282] «Y se cumplió --su pronóstico-- hasta en sus términos literales, -porque murió... asaltando una torre como a su valor cuadraba, pero -no cayó _traspasado de hierro agudo y fuerte_, sino prosaicamente -descalabrado por una piedra...» (M. Menéndez y Pelayo, _Antología_, -XIII, pág. 147.) - -[283] _Las venas dulcemente desatado_, es una cláusula casi _absoluta_ -en que el participio _desatado_ no concierta con el substantivo de su -oración, _venas_, sino con el sujeto principal, aquel, mantenido por -el pensamiento aun dentro de la aposición; en prosa habría que decir, -_las venas dulcemente desatadas_. Es tan rara tal construcción que las -gramáticas no dan cuenta de ella; sin embargo, pueden recogerse algunos -ejemplos: - ---«Los alemanes, -- El fiero cuello _atados_, -- Y los franceses van -domesticados.» (Garcilaso, Canc. V, v. 18.) -- «_Desnuda el pecho anda -ella._» (Góngora.) -- «_Desnuda_ el pecho, el brazo _descubierta_.» -(Góngora.) -- «Febo... cantó -- _Revuelto_ en oro la encrespada -frente.» (Herrera.) -- «estuve... ya entregado -- Al agudo cuchillo -la garganta.» (Ercilla.) -- «El cuerpo de nieve pura -- Que excede a -toda blancura -- _Vestido_ del sol los rayos -- Vertiendo abriles y -mayos --de la blanca vestidura.» (Cristobalina Fernández.) (V. Castro, -_Poetas líricos_, etc., pág. 31, nota.) - -[284] Elogia también la playa de Barcelona, patria de Boscán, D. Diego -Hurtado de Mendoza en su carta V, a María de Peña (_Auts. Esps. poetas -líricos de los siglos XVI y XVII_, pág. 59): «Que, como desparece -Barcelona -- Y huye aquella plaza gloriosa, -- Ansí va enflaqueciendo -la persona...» - -[285] Alude a D.ª Ana Girón de Rebolledo, dama valenciana, esposa -de Boscán. «Era de singular belleza, como se deduce de estos versos -de Garcilaso. D. Diego Hurtado de Mendoza la llama sabia, gentil y -cortés, en una epístola a Boscán. Este, en su respuesta, encarece la -vida quieta, dulce y sosegada que llevaba en compañía de su esposa, de -quien elogia con entusiasmo la belleza, bondad y discreción. Dícese que -juntos leían y saboreaban los poetas clásicos, especialmente Homero, -Virgilio, Catulo y Propercio, lo cual arguye en pro de la cultura -literaria de doña Ana... Al frente de las ediciones de Boscán va un -prólogo que, bien leído, a nadie puede ser atribuido sino a D.ª Ana...» -(M. Serrano y Sanz, _Apuntes para una Bibl. de Escritoras Españolas_, -Madrid, 1903, tomo I, pág. 459. V. Menéndez y Pelayo, _Antología_, -XIII, págs. 131-136.) - -[286] La presente Epístola es el único ensayo de _verso suelto_ -que de Garcilaso conocemos. Boscán y Garcilaso fueron los primeros -artífices castellanos que se ejercitaron en esta clase de verso. En -sus composiciones es preciso apreciar el valor histórico más que el -artístico. El _verso suelto_ tuvo que pasar por muchas pruebas antes de -conseguir la perfección clásica del _Aminta_ de Jáuregui. (V. Menéndez -y Pelayo, _Antología_, XIII, pág. 239.) - -[287] «...facilidad, descuido, libertad sin afectación de palabras ni -exornación de sentencias, todo lo tiene esta carta, cuya llaneza, en -vano y sin razón es culpada, pues ella es particular alabanza en este -género de escritura.» (Tamayo, notas, fol. 38.) - -[288] Garcilaso había venido desde Nápoles a Barcelona, enviado por -el Virrey D. Pedro, para informar personalmente al Emperador de los -desastres que había causado en las costas de Italia la armada de -Barbarroja. Debió llegar a Barcelona poco después del 4 de septiembre -de 1534, y estuvo en ella hasta el 1.º de octubre, en que emprendió su -regreso a Nápoles, haciendo en doce días el camino, a caballo, desde -Barcelona a Valclusa. (V. Navarrete, pág. 237.) - -[289] De Boscán a Garcilaso hay una sincera expresión de amistad honda -y sentida en el soneto: _Garcilaso, que al bien siempre aspirante_... - -[290] En honor de Garcilaso se ha dicho que, en medio de la llaneza -de esta carta, da idea de su erudición el hecho de que la mayor parte -de sus consideraciones sobre la amistad coinciden con la doctrina de -Aristóteles en su _Ética_, lib. VIII. (V. Conti, _Col. de poesías -castellanas_, traducidas al italiano, Parte 1.ª, tomo II, pág. 345.) - -[291] «Vulgar dicho es: _Beatius est dare, quam accipere_.» (Brocense, -nota 76.) - -[292] Volvía Garcilaso esta vez a Italia por la Provenza, patria de los -trovadores, no siendo acaso prudente ir por mar a causa de las naves de -Barbarroja que lo infestaban. (Navarrete, pág. 59.) - -[293] _Varlet_, palabra francesa antigua, como _vaslet_, hoy _valet_: -criado, fámulo. - -[294] _Argén_, es otro galicismo, que solamente por donaire emplea -Garcilaso en esta ocasión. - -[295] Mosén Durall, uno de los mejores amigos de Boscán, fue un -caballero principal y rico de Barcelona, maestro racional o contador -del Principado, y hombre de noble trato y buen burlar, según el mismo -Boscán en su _Epístola_ a Hurtado de Mendoza. Era muy gordo el Dorall, -y por eso dice Garcilaso lo de _abrazad si pudiereis_. (Herrera, pág. -384.) - -[296] 12 del mes de octubre del año 1534. Escribe Garcilaso desde -Valclusa, do nació madona Laura, claro fuego del Petrarca. - -[297] _como perdido_: ciegamente, como loco. «Noto que es frase -particular de las ponderaciones de nuestro poeta, esta _como perdido_, -así en el Son. VIII, v. 7: _Salen fuera de sí como perdidos_.» (Tamayo, -notas, fol. 17.) - -[298] Hállase repetido este pensamiento en varios poetas, en Horacio, -Petrarca, Tansillo, y aun en el mismo Garcilaso, Eleg. II, v. 176 y -sigs. Horacio en la Oda 22, libro I, acaba diciendo: - - «...ya me ponga alguno - En la región al sol más allegada, - Do no vive ninguno, - Siempre será de mí Lalage amada: - La del reír gracioso - La del parlar muy más que miel sabroso.» - -(Brocense, nota 19.) - -[299] _esecutarse_, ejecutarse. (V. Eg. II, v. 253, nota.) La doble -_ss_ que pone Herrera, conforme a la ortografía de su tiempo, en -_essecutarse_, _fuessedes_, _supiesse_, _desso_, _passarse_, etc., no -la conservamos en ningún caso. - -[300] A esto aludió F. de Cangas, diciendo: - -«Porque no quiere el amor -- La muerte del amador, -- Sino tomallo -a partido; -- Que perdonar al rendido -- Es gloria del vencedor.» -(Herrera, _Anotaciones_, pág. 224.) - -[301] Lo de _tendido_ en este verso y en el 13 de esta misma -canción fue enmendado en _rendido_ por D. Diego Hurtado de Mendoza, -considerando aquella voz menos digna, «pero juzga doctamente D. Juan -de Fonseca y Figueroa que no se ha de mudar, por ser modo ordinario -de los poetas latinos _jacere ante pedes_... y en los griegos -frecuentísimamente, mirando por ventura a la costumbre de los que -rogaban tocando las rodillas y echados a los pies.» (Tamayo, notas, -fol. 18.) (V. Eg. II, v. 661, nota.) - -[302] La amarillez de los que aman, dice Herrera que «debe proceder, -por ventura, de tristeza y profundo cuidado, porque arrebatados en -consideración de lo que desean, gastan y destruyen la propia virtud y -impiden sus operaciones con la vigilia y trabajo de los espíritus», -pero reconoce como causa general «la poca fuerza del calor natural que -no puede digerir bien ni hacer buena sangre». (_Anotaciones_, pág. 225.) - -[303] _Contrastar_: hacer frente, resistir. - -[304] «Pensaron los antiguos que los vientos eran intérpretes y -mensajeros que llevaban los ruegos y votos y todas las palabras a las -orejas de los dioses... y los votos que no tenían suceso y eran vanos, -pensaban que los vientos no los llevaban ante los dioses, antes los -disipaban o arrojaban lejos, en regiones apartadas.» (Herrera, pág. -231.) - -[305] Los últimos versos de esta estancia, mal conocidos en su forma -original, han sido modificados a su manera por cada anotador, como -puede verse en Tamayo, notas, fol. 20. - -[306] Herrera llama aquí la atención con estas palabras: «Ningún poeta -élogo (de elegía), conforme a lo que yo he leído dellos y me acuerdo, -pudo alcanzar a decir tanto como esto.» (_Anotaciones_, pág. 233.) - -[307] En esta Canción hay diez versos agudos, uno en la Canción -primera, cuatro en la tercera y cuatro en el Soneto XXVII, y estos -versos troncados o mancos, que llama el toscano, «son dinos de -reprehensión», como dice Herrera, pág. 232. Tienen versos endecasílabos -agudos el Marqués de Santillana, y en el Boscán, Sa de Miranda, -Hurtado de Mendoza y otros. Siglo XVI. Parece seguro que en tiempos -de Garcilaso, el rigor del criterio paroxitónico, o de acentuación -grave, que después ha prevalecido, no se cumplía ni entre los mismos -italianos, puesto que en el mismo _Orlando_ de Ariosto hay cinco o -seis casos de versos agudos. Hoy solamente son lícitos en ciertas -combinaciones métricas. (Menéndez y Pelayo, _Antología_, XIII, _págs. -219 y sigs._; Rodríguez Marín, _Luis Barahona de Soto_, págs. 414-417.) - -[308] «Más abajo de Presbourg, ciudad de la Hungría occidental, se -divide el Danubio en dos brazos, los cuales no se reúnen hasta Komorn, -plaza fuerte de la Hungría oriental, y forman una gran isla a la que se -ha dado el nombre de Schut. Previendo Carlos V --cuando el socorro de -Viena, 1532-- que Solimán podía traer embarcados por el río víveres y -pertrechos de guerra, para estorbarlo envió algunas tropas a esta isla -con orden de formar en ellas cuantas baterías se juzgasen necesarias.» -(Navarrete, páginas 40-43.) - -[309] En la isla de Schut, cuya frondosidad y belleza tanto alaba -Garcilaso, estuvo él preso, en efecto, de orden del Emperador, desde -marzo a junio de 1532, por su intervención en el desposorio de su -sobrino con D.ª Isabel de la Cueva. Ya se ha dado noticia de este -suceso en la _Introducción_. - -[310] «... Tú, Danubio, río divino, -- Envolviste en tus ondas sus -razones...» (_Elegía a la muerte de Garcilaso_, por Cristóbal Mosquera -de Figueroa, _Anotaciones_ de Herrera, pág. 39.) - -[311] _Fieras_ tiene el valor de _belicosas_, y el poeta lo dice -particularmente por los antiguos suevos, etc., pobladores de las -naciones del Danubio. (Herrera, pág. 240.) - -[312] De esta Canción hace Tamayo, notas, fol. 21, el siguiente elogio: -«Es tal, que a mi ver, no tienen todas las lenguas juntas cosa más -culta, y así, es la primera de las obras de Garcilaso, que cuando -sola quedara de tanto como tenemos que agradecer al tiempo que nos ha -conservado, como de quejarnos dél por lo que nos quitó, bastaba para -la honra de un gran varón; porque si se mira la poesía, es cuidadosa; -si la materia, importantísima; si la disposición, extremada; si la -dificultad de la mucha filosofía que en sí encierra, reducida con -suma claridad a lo que solo el ingenio capacísimo de Garcilaso podía -comprehender, no otro...» Poco menos dice Herrera en sus _Anotaciones_, -pág. 250. - -[313] El licenciado Juan López de Úbeda dice en el prólogo de su -_Vergel de Flores divinas_ (1582) que Garcilaso, Boscán, Castillejo -y otros muchos autores después de haber gastado tiempo en escribir -versos _a lo humano_, vueltos en sí, y comprendiendo la vanidad de -sus escritos, «escribieron cosas maravillosas a lo divino, como la -_Conversión_, de Boscán, que anda escrita de molde; la _Elegía al -Alma_, de Garcilaso, y ansí otras muchas». No se sabe a que elegía de -Garcilaso alude Úbeda. (Menéndez y Pelayo sospecha que acaso quiso -referirse a esta Canción cuarta, _Antología_, XIII, pág. 393.) - -[314] «_Confesado_: habiendo publicado mi mal. Este verso humilló mucho -la grandeza de esta estanza.» (Herrera, pág. 250.) Es la única alusión -de Garcilaso al dogma católico. - -[315] «Describe hermosamente aquella interna discordia y guerra en que -contrasta, reluchando, la razón, con el apetito sensual y bruto...» -(Herrera, pág. 252.) - -[316] _a la hora_ por _luego, inmediatamente_: el escribano Rodrigo de -Idoyaga, que actuó en el proceso de Garcilaso por lo del _desposorio_, -empleaba con frecuencia este giro: «dijo que estaba presto de las -complir, y para ello ir _a la hora_ a la villa de Tolosa.» «E luego _a -la hora_, visto lo susodicho, el dicho Corregidor dijo:» (Navarrete, -págs. 211 y 220.) «Él, avergonzado, conoció su yerro; pidió perdón, -que le dio _a la hora_ de buena gana, contento de sastisfacerse de su -injuria con la muestra de su valor y esfuerzo.» (Mariana, _Historia_. -Conquista de Sevilla.) - -[317] Se rindió la razón al apetito. - -[318] «Aquí moraliza la fábula de Tántalo, el cual fingen los poetas -que está en el infierno metido en el río con el agua hasta la boca, y -cuando quiere beber, le huye el agua.» (Brocense, nota 40.) - -[319] «Moraliza la fábula de Venus, que fingen los poetas que la -prendió Vulcano en una sutilísima red, tomándola en adulterio con el -dios Marte.» (Brocense, nota 41.) «Clemente Alejandrino dice en el -Libro 2.º de su _Pedagogo_, que las cadenas con que fue presa Venus... -son el oro y ornato mujeril... los aderezos, y vestidos y joyas, -señales del adulterio...» (Herrera, _Anotaciones_, pág. 256. Trató esta -fábula Ovidio en sus _Metamórfosis_, lib. IV, fáb. III.) - -[320] Escribió Garcilaso esta Canción a la _Flor de Gnido_ --D.ª -Catalina San Severino, hermana del Príncipe de Bisignano y viuda del -Duque de Traggeto-- para persuadirla a ser menos esquiva con Mario -Galeota, su cortejante, gran amigo del poeta. Hay otras opiniones, como -se verá en la nota al verso 12; pero esta, apoyada directamente en el -testimonio de D. Antonio Puertocarrero, yerno de Garcilaso, parece la -más autorizada. (Herrera, pág. 266.) De esta bellísima composición -dicen los críticos que nada le faltó si acertó con su halago a -conseguir lo que antes no pudieran los rendimientos y obsequios del -galán. (Navarrete, pág. 52.) El nombre de Mario Galeota aparece otra -vez en el Soneto XXXIII. - -[321] Este género de estrofas que Garcilaso trajo al castellano han -quedado en nuestra poética con el nombre de _liras_ por aparecer esta -palabra en el primero de los presentes versos. Entre los que siguieron -a Garcilaso escribiendo en _liras_ sus canciones, ninguno honró tanto -esta combinación métrica como el ilustre Fr. Luis de León. - -[322] Tal fue el maravilloso prodigio que obró el infortunado Orfeo en -los montes de Tracia lamentando la pérdida de su bella esposa Eurídice. -(V. notas a los versos 942, Eg. II, y 144, Eg. III.) - -[323] «En Nápoles hay un barrio que se dice _Il Seggio di Gnido_, que -es como una parte donde se ayuntan los caballeros. Allí había muchas -damas, entre las cuales una, llamada Violante Sant Severino, hija del -Duque de Soma, era servida de un amigo de Garcilaso llamado Fabio -Galeota.» (Brocense, nota 43.) Por Fabio, hijo de Vicencio Belprato, -Conde de Aversa, que sirvió a Violante San Severino, escribió Garcilaso -esta Canción, dice Tamayo, fol. 10, sin tener en cuenta la explicación -dada antes por Herrera; y de estas afirmaciones viene la duda sobre -si los interesados en esta Canción fueron Mario o Fabio, Catalina o -Violante. - -[324] En lo de _sublimes ruedas_ se debe entender _carros triunfales_. -(Herrera, pág. 268.) Si aludiese a la _rueda de Fortuna_ sería -superfluo el plural _ruedas_, como dice Tamayo, fol. 24; mas Garcilaso -habla de los Capitanes romanos y sus triunfos, y así _sublimes ruedas_ -serán los carros triunfales y sublimidad del triunfo en que aquellos -Capitanes se manifestaban al pueblo entre trofeos de sus victorias y -cautivos encadenados; «y al tiempo que los truhanes van delante de los -carros triunfales diciendo: _¡Viva, viva la invencible Roma!_, por otra -parte los pobres cautivos van, en sus corazones, diciendo a los dioses: -_¡Justicia, justicia!_...» (A. de Guevara, _Reloj de Príncipes_.) -(Razonamiento de un germano al Senado de Roma.) - -[325] Aquellos capitanes que domesticaron a los alemanes y a los -franceses fueron los romanos, domesticadores también de España. - -[326] Dice bien Herrera, pág. 266, que lo de ver una alusión al nombre -de Violante, en _convertido en viola_, y negar por ello que esta -Canción fuese escrita a D.ª Catalina, «es conjetura muy flaca y de poco -fundamento». La conjetura es del Brocense, nota 43. - -[327] Venus apareció en el mar flotando en una concha. _A la concha -de Venus amarrado_, es alusión al apellido _Galeota_, como si dijera -_galeote_, forzado de la _galera_ de Venus. En esto están de acuerdo el -Brocense, nota 43, y Herrera, pág. 269. - -[328] _Palestra_: «En la habla griega significa _lucha_. Halló la -palestra Mercurio, y su invención dice Filostrato que fue en Arcadia; -y por ser el autor della, fingieron que era su hija.» (Herrera, -_Anotaciones_, 269.) Garcilaso dice _la polvorosa palestra_, por el -lugar o sitio donde se lucha. - -[329] De estos versos se deduce que el cortejante de la _Flor de Gnido_ -era poeta; y, al efecto, dice el Brocense, nota 43, que «entre las -rimas de diversos poetas hay una elegía de Fabio Galeota a Violante, -que comienza: _Andrete senza me, chara Violante_...» Tal noticia -defiende mucho a _Fabio_ en cuanto a la propiedad de esta Canción de -Garcilaso; mas, por lo que toca a _Mario_, candidato de Herrera, siendo -joven, cortesano, galanteador y amigo de nuestro poeta, en tiempos en -que tanto se estimaba la poesía en los palacios, no es difícil suponer -que también escribiría versos. - -[330] «Este lugar muchos le han querido enmendar por no entenderle; -quiere decir: No debe ser notada una dama de ingrata, pues no tiene -otra falta.» (Brocense, nota 43.) «No debe merecer nombre de ingrata -quien carece de todos los demás vicios.» (Herrera, 270.) - -[331] «Esta fábula cuenta largamente -- Ovidio, _Metam._, lib. XIV, -fáb. XIII. En suma es que Ifis andaba muy enamorado de Anaxárite, y no -pudiéndola enternecer a sus plegarias, amaneciole un día ahorcado a la -puerta. Y ella, como le vio, quedose helada y fue vuelta en mármol.» -(Brocense, nota 43.) Está traducida por D. Diego de Mendoza, en coplas -españolas, en la carta que empieza: «Amor, amor que consientes -- que -los días se me alarguen...» (V. _Auts. Esps. Poetas líricos de los s. -XVI y XVII_, pág. 73.) - -[332] _Por las venas la sangre iba_... Los comentadores de Garcilaso -han creído hallar en estos versos una noticia de la circulación de la -sangre, anterior a las alusiones del español Servet y a la explicación -científica del inglés Hervey. - -[333] «Es _Némesis_ la venganza divina que castiga los soberbios y sus -arrogancias.» (Herrera, 273.) - -[334] El primero que aclimató el soneto en España fue Boscán; Garcilaso -acabó de perfeccionar su estructura. Antes que ellos, el Marqués de -Santillana escribió sonetos castellanos, pero su ensayo no fructificó. -Sobre esto véase M. Menéndez y Pelayo, _Antología_, XIII, págs. 227-232. - -[335] Lope imitó ceñidamente este soneto en el primero de sus _Rimas -Sacras_, y el Duque de Sesa túvolo por modelo cuando en otro soneto, -«con puntas de festivo, pero con ribetes de melancólico», lamentó la -ruina de su hacienda. (V. F. Rodríguez Marín, _Barahona_, pág. 68.) - -[336] Es caso tan lastimoso acuchillar a un rendido que el amante -pudo fiar en esta imagen para mover su dama a compasión. Asimismo -dijo Torres Naharro: «¿Cuál honra te pudo ser -- Dar lanzada a moro -muerto...» (Herrera, pág. 82.) - -[337] Resulta corto este verso, llanamente pronunciado. -Herrera le impone una diéresis violenta: _Y_-_en_-do-me -a-le-jan-do-ca-da-dí-a. Tamayo le antepone una sílaba: Y-yen-do-me -ale-jan-do... Remedio más sencillo parece deshacer la sinéresis -del verso que uno y otro conservan en medio del verso, midiendo: -Yen-do-_me_-_a_-le-jan-do-ca-da-dí-a. A esto da derecho la libertad -con que los clásicos usaron de la diéresis y de la sinéresis, como -se ve en Lope: _Se_-_a_-jus-to o-no-sea-jus-to; y en Góngora: -E-llas-po-nían-el-de-dal; Y-yo-po-ní-a-la a-gu-ja. (V. Rodríguez Marín, -l. c. en la nota, Eg. II, v. 15.) - -[338] Dice el poeta que consolaría su amargura volviendo a ver a -su dama, ¡teniendo siquiera la esperanza de volverla a ver!; fuera -de esto, solo aguarda consuelo en la muerte; mas tan desgraciado -se considera, que cree que ni la misma muerte le ha de hacer la -misericordia de llevárselo --tan pronto como quisiera él--. Este mismo -pensamiento puso Fernando de Cangas en una copla citada por Herrera -en sus _Anotaciones_: «Y si es remedio a mi pena -- Morir por causa -tan buena -- Yo sé que no moriré; -- Porque no mereceré -- Gozar de -gloria tan llena.» El ilustre Azara dice que Garcilaso puso en los seis -últimos versos de este soneto «una antítesis ridícula, esto es: que -morirá si ve o no ve a su dama.» No es cierto: el poeta no dice _que -morirá si ve a su dama_; todo lo contrario. - -[339] Tras de la tempestad viene la calma. «Con lluvia y noche scura ---Si el cielo se escurece, él se serena. -- No si falta ventura -- -Agora ha de durar siempre la pena.» Horacio. (V. Brocense, nota 5.) - -[340] Las amarguras de la ausencia inspiraron a Garcilaso, además del -presente soneto, los núms. III, IX, XIX, XX y XXXVI. Del presente y -del IX sospechó Tamayo, fols. 7 y 8, que debieron ser escritos en la -isla del Danubio, donde el poeta estuvo desterrado. Esto mismo puede -sospecharse del núm. XI. - -[341] En este pasaje y en la Canc. IV, v. 6, da Garcilaso a la frase -_traer por los cabellos_ un valor distinto de su uso corriente. Dice -traer por los cabellos de la violencia con que es aportado al discurso -algún argumento, autoridad o consecuencia: «puesto que los refranes -son sentencias breves (dijo Don Quijote a Sancho), muchas veces los -traes tan por los cabellos que más parecen disparates que sentencias»; -pero Garcilaso no se refiere al discurso, sino a la violencia moral de -ser una persona arrastrada involuntariamente a una determinada acción. -_Tornado_, vuelto, era ya para Herrera voz envejecida y desusada. - -[342] Conocer lo mejor y, sin embargo, seguir lo peor es dejar triunfar -la pasión sobre el pensamiento, el apetito sobre la voluntad, y esto -es tan humano y tan frecuente, que se encontrará repetido en muchos -poetas; Herrera cita ejemplos de Ovidio, Petrarca, Chariteo, Salvago, -Rebeiro y Hurtado de Mendoza. - -[343] Empleamos hoy _quien_, _quienes_, cuando el relativo se refiere a -persona o cosa personificada; pero el uso antiguo lo empleaba también -algunas veces como relativo de cosa: «Quiérote contar las maravillas -que este transparente alcázar solapa, de _quien_ yo soy el alcaide...» -(Cervantes.) Por ligero tinte de personificación que a una cosa se -atribuya, como en este verso ocurre con _inclinación_, cabe el uso -de _quien_, según se puede ver en Rioja, Ercilla, Jovellanos, Alcalá -Galiano, etc. (V. Andrés Bello, _Obras completas_, tomo IV, Madrid, -1903, págs, 179-182.) - -[344] El pensamiento de este soneto es muy común entre los poetas. El -amante libre de pasados amores y de sus amarguras, jura no volver por -tales pasos; pero se le ofrece una nueva ocasión, un amor _que no es -como los otros ni está en su mano poderse valer contra él_, y el poeta -rinde su corazón una vez más. - -[345] Esta antigua costumbre, de la cual hablan Virgilio, Horacio, -Tasso y otros muchos poetas, no se ha perdido aun entre los marineros, -y particularmente la conservan los pescadores. - -[346] _Como_, no me parece aquí correlativo de _tal_, leo así: «Yo, -_como_ vano e incauto había jurado nunca más meterme, etc...» - -[347] _al camino_ por _en el camino_; este uso de _al_ se conserva aún -como provincialismo: «Ricardo no estuvo al baile; le encontré al arco -del Alcázar.» (Ávila.) - -[348] _como perdidos_: ciegamente como locos. (V. Canc. I, verso 12.) - -[349] _turo_ de _turar_: durar, permanecer. En los valles del Pirineo -aragonés es aun corriente esta palabra en la forma de _aturar_: -«_atúrame exas crabas_:=» detenme esas cabras. - -[350] tamaño, _tam magnus_, quiere decir propiamente _tan grande_, pero -aquí no con valor comparativo, sino absoluto, como cuando decimos: no -se puede vivir en clima _tan frío_. Del uso de esta palabra en este -verso han hablado largamente Herrera, _Prete Jacopin_ y Tamayo de -Vargas, y un buen comentario de ello se encuentra en Rodríguez Marín, -_Luis Barahona de Soto_, pág. 680-681. - -[351] «Este soneto es, sin comparación, el más dulce y suave de los de -Garcilaso.» (Azara.) - -[352] «Acordábase el Cisne que sus plumas habían vestido más color de -fuego que de nieve... que su corazón había quemado muchas veces las -alas en torno de unas luces mentidas... y comenzó a llorar lo que antes -había cantado; porque derribando de su memoria las imágenes que habían -ocupado sus aras, deshojando esperanzas y prendas antiguas, decía -inspirado de mejor Numen: _¡Oh, dulces prendas por mi mal halladas!_» -(Cienfuegos, _Vida del Grande San Francisco de Borja_, Madrid, 1726, -pág. 52.) - -[353] También Herrera en un soneto decía al Betis: «... destilado --Iré -en tu curso largo y extendido, -- en llanto desatado -- Seré en tus -blancas manos recogido.» (_Anotaciones_, pág. 129.) - -[354] Dicen que fue Dafne una hermosísima hija del río Perseo, de -Tesalia, y que encendido Apolo en amor loco, la seguía, perdido por -ella; y ya que la iba alcanzando, suplicó Dafne a la Tierra, su madre, -que la recogiese en sí, librándola de aquel trance, y la tierra escuchó -su voto y transformó a la doncella en un bello laurel, al pie del cual -tanto ha llorado Apolo su imposible amor, que con sus lágrimas mantiene -al laurel siempre verde y lozano. (Ovidio, _Metam._, lib. I, fáb. X.) - -[355] El símil de la madre y el hijo doliente contenido en estos -primeros versos, hállase también rimado por Boscán y Hurtado de -Mendoza, y procede, según el Brocense, nota 16, y Menéndez y Pelayo, -_Antología_, XIII, 302, del gran poeta del amor, Ausías March: «Li’n -pren aixi com dona ab son infant, -- Que si veri li demana plorant, ---Ha tant poch seny que no l’sab contradir.» (_Cants d’Amor_, XXVIII.) - -[356] Recuerda en estos versos el prodigio del amoroso llanto de Orfeo, -por manera semejante a como se lee en las dos primeras liras de la -Canción _A la Flor de Gnido_. - -[357] Hizo Garcilaso este soneto como epitafio a la sepultura de su -hermano D. Fernando, que murió de pestilencia en Nápoles, de edad de -veinte años, hallándose en el ejército del Emperador Carlos V contra -los franceses. - -[358] Ese fiero ruido que quiere imitar el estampido del rayo que -Vulcano labró en las fraguas del Etna para el padre Júpiter, es el -ruido de la artillería, «cruelísimo linaje de máquina militar que -llamaron _bombarda_, del estruendo y ardor, y nosotros _lombarda_... -Pero no eran estas como las de ahora, sino más cortas y más gruesas, -que por ventura debían ser las piezas que hoy llaman _morteros_.» -(Herrera, págs. 149-150.) - -[359] _Parténope_ es la ciudad de Nápoles, como queda dicho en la Eleg. -II, v. 38. - -[360] «Por ventura fue este numeroso y bellísimo y afectuoso soneto -escrito a Julio César, poeta napolitano, de la nobilísima casa -Caraciola de aquel reino.» (Herrera, página 184.) - -[361] Garcilaso, partiendo de Nápoles, parece ser que había ido -precisamente adonde vivía la dama de Julio, y Julio había quedado en -Nápoles, donde vivía la dama de Garcilaso; uno y otro, pues, podían -cambiarse _nuevas_, noticias, de sus damas respectivas. ¿Por qué ha -de ser _ridículo de puro exquisito_, este modo de explicarse? Azara -es algo descontentadizo: Garcilaso no escribió este soneto para -nosotros, sino para Julio, que estaría bien enterado de los pormenores -de su asunto, y que, por consiguiente, no había de tropezar en las -dificultades de que Azara protesta. - -[362] Una ausencia de la dama del poeta le inspiró las quejas del -presente soneto. - -[363] En un ejemplar antiguo que manejó el Brocense, nota 24, leíase -_largueza_ en vez de _guerra_, palabra que, a mi juicio, aclara más -el pensamiento del poeta, el cual, acongojado por la partida de su -dama, abrázase a su propia pena, deseando atajar así la _largueza_ del -camino, es decir, deseando abreviar su vida. - -[364] «Este soneto fue escrito a D. Pedro de Toledo, Marqués de -Villafranca y Virrey de Nápoles; aunque algunos piensan que a D. Alonso -de Ávalos, Marqués del Vasto, grande amigo de Garcilaso.» (Herrera, -pág. 168.) - -[365] «El argumento de este soneto es caso particular, y por eso -difícil de inteligencia. Parece que yendo a ver a su señora, que tenía -descubiertos los pechos, el poeta puso los ojos en ellos, alargándose -en la consideración de la belleza del alma, aunque el duro encuentro -de la hermosura corporal impidió su intento, y compelió a olvidar su -primer pensamiento y parar en la belleza exterior.» (Herrera, pág. 170.) - -[366] La precedente explicación pareció a Herrera más acertada que -las demás conjeturas que se le ocurrieron, y en esto coincidió con -el Brocense, el cual decía de este primer terceto, que la dama, -pesándole de que el poeta le hubiese visto el pecho, «acudió con la -mano a cubrillo y hiriose, con algún alfiler de la beatilla, en él». -(Nota 25) Tamayo, fol. 11, se muestra conforme con esta interpretación -más _material que espiritual_; sin embargo, Azara dice que «las -circunstancias con que lo visten Herrera y Sánchez son conjeturas que -no satisfacen». - -[367] _gonna_: ropa larga de mujer, a manera de bata. El poeta, -considerando la picadura del alfiler como golpe de saeta de amor, -se duele de que su herida _no hubiese pasado más allá de la gonna_. -Este verso «del Petrarca, Canc. IV, Stanc. II, reprehenden, por ser -introducido entre los castellanos; más engáñanse, no considerando -que debía de ser este soneto para alguna señora de Italia, donde tan -favorecido vivió Garcilaso, fuera de que no es cosa vituperable cuando -se toman estos versos de hombres insignes»... (Tamayo, notas, fol. 11.) - -[368] Dice la Pipota en _Rinconete y Cortadillo_: «Holgaos, hijos..., -que vendrá la vejez y lloraréis en ella los ratos que perdisteis en -la mocedad, como yo los lloro»; que no es otra cosa sino lo que dijo -Ausonio en su famoso epigrama: «Collige, virgo, rosas...», mil veces -repetido y parafraseado por los poetas españoles y extranjeros (V. -ejemplos en Herrera, _Anotaciones_, págs. 175, 186, y F. Rodríguez -Marín, _Barahona_, págs. 295-297 y 628-630), y asimismo, lo que una -vieja de antigua edad aconsejaba a la bella Melisenda, encendida en -amores del Conde Ayuelos: «Mientras sois moza, mi hija, -- placer vos -querades dar -- que si esperáis a vejez -- no vos querrá un rapaz.» -(R. Menéndez Pidal, _El Romancero Español_, The Hispanic Society of -America, 1910, pág. 26.) - -[369] «Este soneto fue escrito a la Marquesa de la Padula, D.ª María de -Cardona, hija del Marqués D. Juan de Cardona... Fue su esposo D. Artal -de Cardona, Conde de Colisano... Después casó en el año de 1538 con D. -Francico de Este, hermano del Duque de Ferrara. Por ella escribió Mario -de Leo el _Amor preso_, y a ella dedicó el Gesualdo sus _Comentos_ en -Petrarca. Fue muy discreta y valerosa, inclinada al conocimiento de -la historia y poesía, y aunque no muy hermosa, tuvo mucha gracia y -donaire.» (Herrera, pág. 187.) - -[370] Se ha hecho clásico este elogio de llamar _décima Musa_ a una -dama docta, como _cuarta Gracia_ a una dama bella, siendo nueve las -Musas, _las moradoras del Parnaso_, y las Gracias, tres; D. Adolfo -de Castro llama a doña Cristobalina Fernández de Alarcón décima musa -antequerana (_Auts. Esps. Poetas Líricos de los siglos XVI y XVII_, -Madrid, 1854, tomo I, pág. 31), y el Sr. Rodríguez Marín (_Luis -Barahona de Soto_, Madrid, 1903, pág. 425), a propósito de D.ª Rosalía -de Castro, dice también «la dulce Rosalía, décima musa del Parnaso de -España, y no primera, sino única, del gallego». - -[371] Luis Tansillo (¿1510?-1568), poeta italiano, autor del malicioso -poema _Il Vendemmiatore_, que la Inquisición condenó, y de _Le -Lagrime di San Pietro_. Estuvo con Garcilaso en la expedición a -Túnez. --Antonio Sebastián Minturno, obispo y literato italiano († -1574), que escribió varias poesías y libros de erudición. -- Bernardo -Tasso, (1493-1569), poeta italiano también, Secretario del Príncipe -de Salerno, cantor de la bella Ginebra Malatesta, amante de Tulia de -Aragón y padre del famosísimo _Cisne de Sorrento_, que escribió la -_Jerusalén conquistada_ y la _Aminta_. Bernardo Tasso fue autor del -poema _Amadigi_ (Amadís de Gaula). - -[372] Helicona por Helicón. Monte de Grecia consagrado por los poetas -como el Pindo y el Parnaso; en él tenían su morada Apolo y las Musas. - -[373] Habla el poeta junto a la sepultura de su dama. - -[374] Este soneto, por su honda melancolía y por la llaneza de su -forma, me parece uno de los mejores de Garcilaso. Es un lamento lleno -de amargura. Los que le han censurado cuando sutiliza y alambica a la -manera italiana, no debieran haber callado su elogio en este lugar. - -[375] El poeta, experimentado en amarguras, había jurado nunca más -amar, pero una sirena napolitana cautivó su espíritu, soneto VII; dio -cuenta a Boscán del principio de esta aventura en el soneto XXVIII, -guardando, respecto a quien fuese la dama, absoluta reserva; esto -pudo ocurrir a fines de 1532; el poeta no era ya un mancebo, pero se -enamoró con loco encendimiento, y rindiose apasionadamente a la sirena -misteriosa, soneto V; un feliz descuido del tocado, soneto XXII, le -arriesgó a un consejo malicioso, soneto XXIII, y, al mismo tiempo, -lamentaba rigores, cuidados, arrepentimientos y sospechas, sonetos -XV, XX, XXVII, XXX y XXXI. Llegó la empresa de África: el poeta, -desde Túnez, duélese de su ausencia, soneto XXXV; y desde Sicilia, a -su regreso, confía a Boscán sus inquietudes, temeroso de olvidos y -mudanzas, Elegía II. Volvió el poeta a Nápoles, hacia septiembre de -1535; su dama no le había sido infiel, pero había muerto, o acaso murió -poco después de su llegada; en los sonetos XXV y XXVI hay un hondo -dolor, un dolor verdadero; un año después murió el poeta. Tal pudo -ser, en fin, esta historia sencilla y sentimental. Una duda: estos dos -últimos sonetos pueden ser también a la muerte de D.ª Isabel Freyre. -(V. Eg. I., v. 2, nota.) - -[376] «Niega Morel-Fatio (_L’Espagne au XVIe et au XVIIe siècle_, pág. -602) que este soneto, imitado de Ausías March, pueda ser de Garcilaso, -porque este no se hubiera atrevido a truncar el endecasílabo, y le -atribuye a Boscán o D. Diego de Mendoza. Pero es cierto que Garcilaso, -en la Canc. II, usa con insistencia los versos agudos (véase la nota -a la Canc. II, v. 68), y nada tiene de particular que los emplease -imitando unos versos de Ausías, puesto que el original catalán los -tiene también. Hay de este soneto una refundición en que los agudos -se han convertido en graves (publicada por Knapp, por Morel y por -Walberg, notas a Juan de la Cueva, pág. 91), según copias distintas: -_Amor, amor, me ha un hábito vestido_. Esta refundición lleva en los -manuscritos el nombre de Mendoza. Hay, finalmente, otra refundición, -también sin agudos, de que se valió el Brocense en su edición de -Garcilaso. D. Diego de Mendoza imitó el mismo pasaje de Ausías en una -canción.» (M. Menéndez y Pelayo, _Antología_, XIII, pág. 221, nota.) - -[377] _salvatiquez_, en italiano _selvatichezza_. La _e_ de la -primera sílaba de _selvatiquez_ se ha transformado en _a_, por -asimilación de la _a_ siguiente, por influencia de la forma vulgar -_salvaje_ (silvaticu), o por ambas causas; casos análogos: _balanza_ -(bilance), _zarcillo_ (circellu), ant. _cercillo_, etc. (V. R. Menéndez -Pidal, _Gram. Hist._, Madrid, 1905, § 18-3.) También otro cultismo: -_parálisis_, dejose influir por la forma vulgar _perlesía_, dando -origen a _paralisía_. (_Bulletin de Dialectologie romane_, Bruxelles, -1909, pág. 126.) - -[378] Leandro, para ver a su amante Hero, atravesaba de noche, a -nado, el Helesponto. Hero le orientaba desde su torre con la luz de -una antorcha. La posibilidad del viaje de Leandro fue demostrada -experimentalmente por Lord Byron, atravesando a nado aquel estrecho, -entre Sestos y Abidos, en 31 de mayo de 1810, según él mismo refiere en -una nota del canto 2.º de _Don Juan_. Una noche de tempestad apagose la -luz; Leandro, perdido entre bravas olas, murió ahogado, y Hero murió -también al descubrir desde la orilla su cadáver. De la historia de este -bello asunto en nuestra literatura ha hecho un magnífico estudio el Sr. -Menéndez y Pelayo en su _Antología_, tomo XIII, págs. 334-378. - -[379] _esecutá_ por _ejecutad_. (V. nota al v. 253 de la Eg. II.) La -pérdida de la _d_ final en la pronunciación de los imperativos _vení_, -_poné_, _mirá_, etc., nació, sin duda, en el lenguaje familiar; este -valor tiene el testimonio de Santa Teresa (_Las Moradas_, ed. _Clásicos -Castellanos_, Madrid, 1910, pág. 43, nota 16), aparte de la tradición -de dicho fenómeno conservada en la Argentina: _cantá_, _hacé_, y en la -lengua literaria ante el pronombre _os_: _andaos_, _salíos_ (excepto -_idos_); pero los clásicos, desde Garcilaso, adoptaron también aquella -pronunciación, y pusiéronla en moda: «Andá, señor, que estáis muy mal -criado.» (V. Bello-Cuervo, _Gramática_, París, 1907, § 614; R. Menéndez -Pidal, _Gram. Hist._, § 107-2.) - -[380] _contrastado_: resistido. - -[381] _poner_ por _deponer_, rendir las armas. - -[382] _despojos_: las armas del vencido y demás restos de la derrota de -que se rodeaban los victoriosos en sus carros triunfales. (V. Canc. V, -v. 17.) - -[383] Endecasílabos de _muiñeira_, propuestos, como endecasílabos -malos, por no tener los acentos en su sitio, para ingresar en la sala -segunda del _Hospital de los versos incurables_, fundado por D. Eduardo -Benot en su _Prosodia castellana y versificación_, tomo III, págs. -154-249: - ---Oh, crudo nieto, que das vida al padre-- - ---Ora clavando del ciervo ligero. --Eg. II, v. 194. - ---Cómo pudiste tan presto olvidarte. --Eg. II, v. 578. - ---Hace tremer con terrible sonido. --Hurtado de Mendoza. - ---¡Qué! ¿no te acuerdas de cuando cantando? --Barahona. - ---Se la mia vita dall’ aspro tormento. --Petrarca. - ---Gran Cardinal di la Chiesa di Roma. --Ariosto. - -(V. F. Rodríguez Marín, _Barahona_, pág. 425.) - -[384] Supónese esta genealogía: El espíritu engendra el amor, y del -amor, en maridaje con la envidia, nacen los celos; estos, que son el -_monstruo_ parido por la envidia, son _el nieto cruel_ que encendiendo -el amor matan el alma --dan vida al padre y matan al abuelo. - -[385] «Hermosísima alegoría por todo el terceto, y no sé si se hallará -en la lengua latina otra más ilustre y bien tratada que esta.» -(Herrera, _Anotaciones_, pág. 209.) - -[386] _A Mario Galeota._ Soneto núm. XXXV en las ediciones de Azara y -Castro. Expedición a Túnez contra Barbarroja. El 14 de julio de 1535, -el ejército del Emperador se apoderó del fuerte de la Goleta, y estuvo -en aquella empresa Garcilaso con su hermano D. Pedro Laso, el Marqués -de Lombay, D. Diego Hurtado de Mendoza y otros muchos caballeros -ilustres. Doce guerreros, Garcilaso entre ellos, se atrevieron a -acometer ochenta caballos númidas que les provocaban; fue el aprieto -grande; nuestro poeta fue socorrido por Federico Carraffa, napolitano, -y por el César en persona, que sabiendo el peligro en que se encontraba -le ayudó con sus hombres y peleó a su lado. Garcilaso salió herido de -dos lanzadas, en la mano diestra y en la cara; esta le interesó la -lengua, dejándole cierto defecto de pronunciación que le agraciaba. -(Cienfuegos, _Vida del Grande San Francisco de Borja_, pág. 50; -Navarrete, págs. 62, 65 y 66.) - -[387] Alude a la leyenda de la famosa espada que Dionisio I, tirano de -Siracusa, hizo colgar, suspendiéndola de un cabello, sobre la cabeza de -Damocles, en tanto que le rodeaba de todo el regalo y la suntuosidad -de un rey, para dar a entender a aquel cortesano cuán poco envidiables -eran las grandezas que tanto le elogiaba, teniendo que gozarlas bajo -la constante amenaza de un peligro mortal: el odio, la envidia, la -ambición. - -[388] Como esto es lo que dijo D. Diego Hurtado de Mendoza en su carta -IX, tercetos 33-36, dirigida a don Diego Laso (_Auts. Esps. Poetas -líricos de los siglos XVI y XVII_, Madrid, 1854, tomo I, pág. 65): - - «Dulce ver es de tierra un bravo viento... - No porque el mal ajeno te contente, - Mas porque, en la verdad, es dulce cosa - Carecer del dolor que el otro siente...» - -Garcilaso y Mendoza, según Herrera, imitaron aquí a Lucrecio. -(_Anotaciones_, pág. 211.) - -[389] _A Boscán, desde la Goleta._ Soneto núm. XXXIII, en Azara y -Castro. Por lo que Garcilaso dice en estos últimos versos de este -soneto, se ha supuesto que debió tener alguna aventura galante en -la Goleta, durante la curación de sus heridas (Cienfuegos, _o. c._, -lib. II, pág. 50; Navarrete, pág. 66, nota 1); me parece que no hay -suficiente fundamento para esta conjetura; el 14 de julio, con la -toma de la Goleta, o acaso después, en alguna escaramuza, fue herido -Garcilaso, el 20 se sometió Túnez, y el 12 de agosto regresaron -las tropas a España; ciertamente, en menos de un mes que Garcilaso -estuvo en la Goleta, y con heridas que le tuvieron _a los umbrales -de la muerte_ (Navarrete, pág. 65), ¿qué aventuras galantes había de -tener?... más lógico es relacionar estas quejas de su alma _temerosa_ -y estas incertidumbres de sus esperanzas, con los temores y las -incertidumbres de que pocos días después hablaba a Boscán en la Eleg. -II, por la suerte que en su ausencia hubiera podido seguir el _nido_ -que su corazón había dejado en Nápoles. - -[390] Hasta aquí llegan los sonetos en Herrera; los seis últimos, -desde el XXX inclusive, los admitió como auténticos por opinión común -y por afirmación de D. Antonio Puertocarrero, yerno de Garcilaso; pero -desechó los tres siguientes por no parecerle tan segura su autenticidad -(_Anotaciones_, pág. 206); yo pongo también estos siguiendo una -costumbre establecida; conservo estrictamente el texto del Brocense, -_Opera Omnia_, Genevae, 1766, tomo IV. - -[391] De este soneto, como del XXXII y XXXVIII, decía el Brocense «que -se tienen por de Garcilaso, de un libro de mano». - -[392] Tamayo admite este soneto como auténtico; el Brocense lo -considera dudoso; Herrera y Azara lo rechazan, y Castro lo tiene por -indigno de Garcilaso. Verdaderamente, con tan desdichado juego de -_sentir_, _siento_, _sienta_, _sentillo_ y _sello_, su autor acertó a -decir poco de provecho; tal vez no es sino un pobre soneto advenedizo, -que debe su fortuna al desconocido editor de aquel libro de mano en que -lo encontró el Brocense, figurando entre las demás composiciones de -Garcilaso como hijo de la misma mano. - -[393] Estas pocas composiciones al estilo antiguo de Castilla, acaso -no fueron las únicas que escribió Garcilaso, pero la ruina que alcanzó -seguramente a todas las poesías de nuestro poeta, por causa de su -orfandad, debió señalarse en las de este género, como más humildes -y menos estimadas. Herrera no las acogió en su edición. Los versos -cortos, ante la magnificencia del endecasílabo italiano, vinieron a -creerse incapaces de conceptos graves, y por esto, y por ser vicio -común dar más estima a las cosas extrañas que a las nuestras, cayeron -en menosprecio. (Tamayo, fols. 80-82.) Según Castro, esta primera -Canción lleva en un manuscrito de Iriarte el siguiente epígrafe: _A -doña Isabel Freyra, porque se casó con un hombre fuera de su condición._ - -[394] En otras ediciones lleva este epígrafe: _A una partida_. - -[395] Epígrafe: _Traduciendo cuatro versos de Ovidio_. - -[396] «A una señora que andando él y otro paseando, les echó una red -empezada y un uso comenzado a hilar en él, y dijo que aquello había -trabajado todo el día.» En el citado manuscrito de Iriarte, según -Castro, decía: _A D.ª Mencía de la Cerda que le dio una red y díjole -que aquello había hilado aquel día._ - -[397] «Glosa de Garci-Lasso sobre este villancico», dice el Brocense; -el villancico solo lo forman los tres primeros versos, y dice Castro -que, según se ve en las obras de Boscán, esta copla fue escrita a D. -Luis de la Cueva porque bailó en palacio con una dama que llamaban la -Pájara. Boscán, el Duque de Alba y otros muchos caballeros escribieron -a propósito del mismo asunto. - -[398] «En un códice de poesías varias que perteneció al célebre -anticuario aragonés D. Vicencio Juan de Lastanosa, y más tarde a los -Iriartes, se leen estas redondillas: _A Boscán, porque estando en -Alemaña danzó en unas bodas_.» Las publicó Gayangos, notas a Ticknor, -tomo II, pág. 488. El Sr. Menéndez y Pelayo, _Antología_, XIII, pág. -479, supone que Boscán debió ir a Alemania acompañando al Duque de -Alba, como Garcilaso, cuando el socorro de Viena, 1532, aunque el poeta -no le menciona en la descripción que de aquel viaje dejó en la Eg. II. - -[399] Esta carta escribió Garcilaso de la Vega en 1533, hallándose en -Barcelona como emisario del Virrey de Nápoles; sirve de prólogo a la -traducción de _El Cortesano_ hecha por Boscán, y es la única muestra -que la áurea pluma de nuestro poeta dejó de la excelencia de su prosa. -D.ª Jerónima Palova de Almogávar, parienta, acaso de Boscán, a juzgar -por el segundo apellido, es la misma a quien este dedicó su libro. -Sigo el texto dado por D. Tomás Tamayo de Vargas en su edición de -_Garcilaso_, Madrid, 1622. El Brocense, Herrera, Azara y Castro no -publicaron esta carta. - -[400] «Andando yo en estas dudas, Vuestra Merced ha sido la que me -ha hecho determinar, mandándome que le tradujese; y así todos los -inconvenientes han cesado, y solo he tenido ojo a serviros.» (Boscán, -_Carta-dedicatoria a D.ª Jerónima Palova_.) - -[401] «Mas como estas cosas me movían a hacello, así otras muchas me -detenían que no lo hiciese, y la más principal era una opinión que -siempre tuve de parecerme vanidad baja y de hombres de pocas letras -andar romanzando libros; que aun para hacerse bien vale poco, cuanto -más haciéndose tan mal que ya no hay cosa más lejos de lo que se -traduce que lo que es traducido... viendo yo esto, y acordándome del -mal que he dicho muchas veces de estos romancistas (aunque traducir -este libro no es propiamente romanzalle, sino mudalle de una lengua -vulgar en otra quizá tan buena), no se me levantaban los brazos a esta -traducción.» (Boscán, _ibid._) - -[402] Y aun antes de que viniese a manos de Boscán, puesto que -Garcilaso fue quien lo envió a su amigo desde Italia: «No ha muchos -días que me envió Garcilaso de la Vega, como Vuestra Merced sabe, este -libro llamado _El Cortesano_, compuesto en lengua italiana por el Conde -Baltasar Castellón.» (Boscán, _ibid._) - -[403] El famoso autor de _Il Cortegiano_, Baltasar Castiglione, nació -en tierra de Mantua, el 6 de diciembre de 1478, y murió en Toledo -el 2 de febrero de 1529, siendo Nuncio en España del Papa Clemente -VII, en cuyo tiempo las tropas imperiales saquearon a Roma. El Conde -Castiglione «fue hombre de armas y hombre de corte, aventajado en todos -los ejercicios y deportes caballerescos, maestro en el arte de la -conversación y en todo primor de urbana galantería; profesor sutil de -aquella filosofía de amor que la escuela platónica de Florencia había -renovado doctamente; curioso especulador de la belleza en los cuerpos, -en las almas y en las puras ideas; conocedor fino en las artes del -diseño; amigo y consejero de Rafael, en quien parece haber inoculado -su propio idealismo estético; pensador político y ameno moralista; -poeta lírico y dramático y organizador de fiestas áulicas: todas estas -cosas era Castiglione, sin sombra de pedantismo, con aquella cultura -íntegra y multiforme, con aquella serena visión del mundo que renovaba -los prodigios de la antigüedad en algunos espíritus selectos del siglo -XVI». (M. Menéndez y Pelayo, _Antología_, XIII, págs. 80-81.) Primera -edición de su obra: _Il Libro del Cortegiano_ | _del Conte Baldesar_ | -_Castiglione_ (Escudo del impresor con el áncora aldina.) Colofón: _In -Venetia, nelle case d’Aldo Romano, et d’Andrea d’Asola_ | _suo Suocero -nell’ anno MDXXVIII_ | _del mese d’aprile_. La más sabia edición y -comentario: _Il Cortegiano del Conte Baldesar Castiglione, annotato e -illustrato da Vittorio Cian. Firenze, Sansoni, 1894_. - -[404] _Libros que matan hombres_; ¿aludirá a los de Caballerías? Sería -de notar tan temprana protesta. - -[405] «Yo no terné fin en la traducción deste libro a ser tan estrecho -que me apriete a sacalle palabra por palabra; antes, si alguna cosa en -él se ofreciere, que en su lengua parezca bien y en la nuestra mal, no -dejaré de mudarla o de callarla.» (Boscán, _ibid._) - -[406] «El sujeto del libro es tal, y su proceso tan bueno, que quien -le leyere será muy delicado si entre tantas y tan buenas cosas no -perdonare algunas pequeñas, compensando las unas con las otras.» -(Boscán, _ibid._) - -[407] Publicó Boscán su traducción en 1534: _Los cuatro libros del -Cortesano, compuestos en italiano por el Conde Baltasar_ | _Castellón, -y agora nuevamente traducidos en len_ | _gua castellana por Boscán_. -(Escudo de las armas reales.) _Con privilegio imperial por diez -años._ Colofón: _Aquí se acaban los cuatro libros del Cortesa_ | _no, -compuestos en italiano por el Conde Baltasar Castellon, y traducidos en -lengua castellana por Boscán, imprimidos en_ | _la muy noble ciudad de -Barcelona por Pedro Mon_ | _pezat, imprimidor. A dos del presente mes -de abril_ | _Mil y quinientos treinta y cuatro_. Fol. gót., 113 hojas. - -[408] Don Eustaquio Fernández de Navarrete, hablando de la traducción -de _El Cortesano_ dice: «Al ver la gran ventaja que su elegante y -castiza prosa lleva, no solo a los duros y penosos versos del autor -(Boscán), sino aun a la de los prólogos que acompañan sus poesías, -hemos sospechado que en esta perfección debió tener parte la mano de -Garcilaso. Este, por empeño de Boscán, estuvo presente a la última -línea, y aunque por modestia nos diga que asistió _más como hombre -acogido a razón que como ayudador de ninguna enmienda_, no cabe duda de -que sus consejos y advertencias serían de grande utilidad al traductor. -Nos dice, además, que él tomó a su cargo la copia que se remitió a D.ª -Jerónima --esto parece decir en las dos últimas líneas--; y en ella su -gusto y conocimiento de la lengua, es posible corrigiesen todo aquello -que ofendiese a sus delicados oídos, dando así a esta obra un sabor de -elegancia de que carecen las obras de Boscán.» _Vida de Garcilaso_, -Col. de documentos inéditos para la Historia de España, tomo XVI, pág. -165. Todo esto es mera conjetura, y es, a mi juicio, querer deducir -demasiado de las palabras de Garcilaso; para menguar de tal modo a -Boscán la gloria de su trabajo se necesitan pruebas más seguras; por -otra parte, la carta de Boscán, muestra cierta de su prosa, a D.ª -Jerónima Palova, está evidentemente a la altura de la de Garcilaso y no -desdice del estilo de lo demás del libro; por estas razones, acaso, el -Sr. Menéndez y Pelayo en su libro _Juan Boscán_ no hizo mención de las -sospechas de Navarrete. - -[409] «De antiguo viene la costumbre de los prólogos ajustados por mano -amiga al talle de la obra, pero pocos habrá tan galanos y discretos -como este y tan finamente justos. El fallo de Garcilaso quedó como -inapelable.» (M. Menéndez y Pelayo, _Antología_, XIII, pág. 114.) - -[410] Don Álvaro de Bazán, Capitán General de las Galeras de España, -aportó en Génova el 19 de mayo de 1536 con 3000 soldados españoles, -reclamados por el Emperador para la guerra que se preparaba contra el -rey francés. Garcilaso fue nombrado Maestre de Campo de estos soldados, -y hallándose en Génova para recibirles, escribió al Emperador la -presente carta dándole cuenta de su gestión. El Sr. Navarrete puso -al frente de su _Vida de Garcilaso_ un facsímil de esta carta que se -conserva autógrafa. Dicho facsímil transcribo conservando todos sus -detalles para que pueda tenerse más fiel idea del original. - -[411] S. C. C. M. Sacra Cesárea Católica Majestad. - -[412] El _Príncipe_ a quien Garcilaso se refiere es el famoso Capitán -Andrea Doria, de cuya autoridad dependía él por orden del Emperador. - -[413] Era embajador español en Génova el caballero don Gómez Suárez de -Figueroa. - -[414] _Nuestro Señor_ la _Sacra_ persona de _Vuestra Majestad_, etc. - -[415] _Srios_, señoríos. - -[416] En el sobre dice: _A la S. C. C. M. del Emperador Rey nuestro -Señor_. - -[417] Sigo el texto dado por Tamayo, el cual, a propósito de este -epigrama de Garcilaso, dice: «De sus versos latinos, celebrados por el -Bembo, Tansillo, Jovio y Boscán nos quedó por muestra un elegantísimo -epigrama al fin del _Caballero Determinado_ de D. Fernando de Acuña, -que es tal que no se puede mejorar en invención, elocución y gallardía.» - -*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK OBRAS *** - -Updated editions will replace the previous one--the old editions will -be renamed. - -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the -United States without permission and without paying copyright -royalties. Special rules, set forth in the General Terms of Use part -of this license, apply to copying and distributing Project -Gutenberg-tm electronic works to protect the PROJECT GUTENBERG-tm -concept and trademark. Project Gutenberg is a registered trademark, -and may not be used if you charge for an eBook, except by following -the terms of the trademark license, including paying royalties for use -of the Project Gutenberg trademark. 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