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-The Project Gutenberg eBook of Obras, by Garcilaso de la Vega
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and
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-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms
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-using this eBook.
-
-Title: Obras
-
-Author: Garcilaso de la Vega
-
-Editor: Tomás Navarro Tomás
-
-Release Date: May 20, 2022 [eBook #68131]
-
-Language: Spanish
-
-Produced by: Ramón Pajares Box and the Online Distributed Proofreading
- Team at https://www.pgdp.net. (This file was produced from
- images generously made available by The Internet
- Archive/Canadian Libraries.)
-
-*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK OBRAS ***
-
-
-NOTA DE TRANSCRIPCIÓN
-
- * Las cursivas se muestran entre _subrayados_ y las versalitas se han
- convertido a MAYÚSCULAS.
-
- * Los errores de imprenta han sido corregidos.
-
- * La ortografía del texto original ha sido modernizada de acuerdo con
- las normas publicadas en 2010 por la Real Academia Española, excepto
- cuando quedaba afectada la métrica del verso o el arcaísmo de la
- expresión.
-
- * Las notas a pie de página han sido renumeradas y colocadas al final
- del libro.
-
- * Nueve páginas en blanco han sido eliminadas.
-
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-Garcilaso
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-
- CLÁSICOS CASTELLANOS
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- GARCILASO
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- OBRAS
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- MADRID
- EDICIONES DE «LA LECTURA»
- 1911
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-IMPRENTA DE «CLÁSICOS CASTELLANOS»
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-
-INTRODUCCIÓN
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-
-Garcilaso de la Vega nació en Toledo, año de 1503; fue hijo segundo de
-D. García[1], notable político de la Corte católica, y de D.ª Sancha
-de Guzmán, señora de Batres; hubo en su estirpe escritores, artistas,
-santos y guerreros, desde D. Pedro Laso, almirante del Rey Alfonso
-_el Sabio_, hasta su hermano el mayorazgo, llamado también D. Pedro
-Laso, corregidor de Toledo y capitán del partido rebelde al comienzo
-de las Comunidades, cuando estas defendían sinceramente los fueros
-castellanos[2].
-
-Siendo Garcilaso mozo de pocos años quedó huérfano de padre; pasó en
-Toledo su primera juventud[3], y cuando fue de edad para servir al
-César, recibiole este en la noble guardia de su persona.
-
-«En el hábito del cuerpo tuvo justa proporción, porque fue más grande
-que mediano, respondiendo los lineamentos y compostura a la grandeza;
-la trabazón de los miembros igual, el rostro apacible con gravedad, la
-frente dilatada con majestad, los ojos vivísimos con sosiego, y todo
-el talle tal, que aun los que no le conocían, viéndole le juzgaran por
-hombre principal y esforzado, porque resultaba de él una hermosura
-verdaderamente viril[4].»
-
-Fue un perfecto cortesano; hablaba el griego, el latín, el toscano y el
-francés; manejaba las armas con gentileza; tañía el arpa y la vihuela
-con rara habilidad, y en las fiestas galantes, con Boscán, Acuña,
-Mendoza y Villalobos, triunfaba por su ingenio y su donaire; llevole
-a la corte de Francisco I una airosa embajada de la Emperatriz; en la
-deleitosa Nápoles, predilecto del virrey D. Pedro de Toledo, sirvió al
-Estado en cargos de privanza; y en cortejos y amoríos, como poeta y
-caballero, rindió su tributo a las costumbres de su tiempo; dos amores,
-en distintas fechas, pasaron por sus versos con singular fragancia
-de sinceridad: el de _Galatea_ o _Elisa_, la musa campesina de sus
-églogas, muerta en la juventud[5], y el de cierta dama napolitana,
-sirena misteriosa, musa gentil de sus sonetos[6]; en 1526, acaso
-demasiado joven, fue desposado con doña Elena de Zúñiga, señora muy
-principal, hija de D. Íñigo, el maestresala de la Reina D.ª Isabel; en
-1532, por su complicidad en el desposorio de un sobrino suyo con D.ª
-Isabel de la Cueva, sobrina del Duque de Alburquerque, desobedeciendo
-la voluntad de los Reyes, estuvo algunos meses desterrado en una isla
-del Danubio[7].
-
-Garcilaso, soldado, fue espejo de valientes; afecto al César por
-educación y gratitud, se batió contra los comuneros en Olías[8];
-formó en la expedición de los sanjuanistas en defensa de la malograda
-isla de Rodas, 1522[9]; peleó contra los franceses en Fuenterrabía,
-1523, y contra los florentinos en Italia, 1530; tomó parte, acaso,
-en el socorro de Viena, amenazada por Solimán el Magnífico, 1532, y
-luchó contra Barbarroja en la caballeresca empresa de Túnez; varias
-veces fue herido, y las más de ellas en el rostro; osado hasta la
-temeridad, se halló en trances de muerte, y en un siglo de héroes, la
-fama de su valor sobresalió hasta lo legendario[10]. En 1536, día 23
-de setiembre, pasando las tropas imperiales frente a la torre de Muey,
-a cuatro millas de Frejus, en la Provenza, unos cuantos arcabuceros,
-con piedras y venablos, molestaron a los soldados desde los muros; en
-ellos abrió brecha la artillería, y como el Emperador se extrañase de
-que sus peones retardaran el asalto, picose más que nadie Garcilaso,
-maestre de campo de la gente que al caso estaba más obligada, y sin
-casco ni coraza, solo con rodela y espada, arremetió escala arriba
-temerariamente; despeñaron de lo alto una gran piedra que, alcanzándole
-en la cabeza, le hizo caer de espaldas en el foso con herida mortal;
-irritados sus soldados, escalaron la torre, y el Emperador, sañoso,
-mandó demolerla hasta los cimientos y ahorcar a sus defensores, «rigor
-desacostumbrado en el ánimo benigno de tan gran Príncipe, que nos
-muestra bien el exceso de dolor y rabia con que destrozó su alma tan
-trágico suceso»[11]; llevado el herido a los reales de Niza, acabó sus
-días en 14 de octubre, a los treinta y tres años de edad[12].
-
- * * * * *
-
-Perdiose el poeta Garcilaso antes de manifestar plenamente el fruto
-de su virtud; la guerra y la política ocuparon su actividad; gastó su
-vagar en ejercicios cortesanos, y solo por deleite, por homenaje de
-amistad, por discreteo galante o por desahogo de su corazón dio a las
-letras, en cortas ocasiones, el regalo de sus versos. Era en su tiempo
-el humanismo gala de la nobleza, privaban los poetas entre las gentes
-de calidad, y los príncipes y los magnates estudiaban las obras de los
-clásicos.
-
-No publicó él sus versos ni acaso se cuidó de conservarlos; olvidados
-quedaron los que escribió en toscano y en latín[13], y de los
-castellanos, solo han llegado hasta nosotros los que la diligencia
-de Boscán, su entrañable amigo, logró reunir; estos fueron tres
-_églogas_, dos _elegías_, una _epístola_, cinco _canciones_ y varios
-_sonetos_[14], los cuales, dados a la imprenta en 1543 por D.ª
-Ana Girón de Rebolledo, viuda de Boscán, juntamente con los de su
-marido[15], fueron reeditados en aquel mismo siglo hasta veinticuatro o
-veinticinco veces.
-
-La métrica italiana, apenas importada por Boscán, halló en Garcilaso un
-feliz defensor; si erró su gusto en la _rima al mezzo_, acertó en el
-_terceto_ y en la _octava rima_; del _verso suelto_ solo dejó un breve
-ensayo; dio del _soneto_ y de la _estancia lírica_ ejemplos acabados,
-y de su dulce _lira_ tanto supo pulir la perfección, que el mismo
-fray Luis no pudo aventajarle; por su destreza técnica y su intuición
-poética, aventajando extraordinariamente a sus compañeros Acuña,
-Mendoza y Boscán, primeros adalides del verso endecasílabo, aseguró en
-España, con triunfo prodigioso, el estilo toscano[16].
-
-Con las nuevas formas métricas recibimos de Italia abundantes
-materiales de su Parnaso; «nuestros poetas se apropiaron, como bienes
-mostrencos las ideas que --en aquellas formas-- habían vertido
-los italianos, y estos y los clásicos antiguos de Grecia y Roma
-abastecieron a la Musa ibérica, de tal modo, que en los unos y en
-los otros pueden buscarse, casi siempre con fruto, durante los dos
-últimos tercios del siglo XVI y una buena parte del XVII, las fuentes
-de nuestro vasto caudal de asuntos y pensamientos poéticos. Todos
-imitaban, todos traducían; trajímonos con los moldes la masa echada en
-ellos, y nuestro Parnaso perdió en originalidad genuínamente española
-cuanto ganó en brillantes atavíos, en amplitud de formas y en riqueza y
-variedad de modos de expresión[17].»
-
-Los modelos preferentemente seguidos por Garcilaso fueron Sannazaro
-en las _églogas_, y en las _canciones y sonetos_, el Petrarca; el
-Brocense y Herrera, grandes eruditos, pusieron tal cuidado en descubrir
-sus imitaciones, que apenas le dejaron idea original; fueron en gran
-parte justificadas las protestas que esto ocasionó. Hallose Garcilaso
-en el principio de una edad naciente, rota la vieja tradición poética,
-transformada la vida nacional y encendido el espíritu en nuevas ideas
-con el hervor de las humanidades; no fue pequeña empresa en tales
-circunstancias adaptar su sentir al gusto clásico, sacar de la Edad
-Media al habla castellana dándole la dulzura y flexibilidad que faltaba
-a su bizarría, y sin hacer de las letras profesión --entre las armas
-del sangriento Marte--, tomando ora la espada, ora la pluma[18], echar
-los fundamentos de la lírica moderna. Media en la historia de nuestra
-poesía, un paso de gigante entre Garcilaso y el más moderno de sus
-predecesores.
-
-Si en sus obras falta, realmente, originalidad, castellanía, espíritu
-de raza, en fin, alma española, las andanzas de su vida, el provecho
-de sus pocos años, su obra mal conservada y su temprana muerte le
-disculpan.
-
-Es su estilo suave y armonioso, dotado de elegancia y humildad en
-admirable ligamento; «las sentencias son agudas, deleitosas y graves;
-las palabras, propias y bien sonantes; los modos de decir, escogidos
-y cortesanos; los números, aunque generosos y llenos, son blandos y
-regalados; el arreo de toda la oración está retocado de lumbres y
-matices que despiden un resplandor antes nunca visto; los versos son
-tersos y fáciles, todos ilustrados de claridad y ternura, virtudes muy
-loadas en los poetas de su género»[19]; el castellano ha conservado
-fielmente todos sus giros y modismos; después de cuatro siglos de
-existencia, su lenguaje aún mantiene lozanía y juventud.
-
-Por natural predilección de su temperamento fue más afortunado en la
-llaneza de las _églogas_ que en el petrarquismo de los _sonetos_.
-Admiraban las gentes la bondad de su trato, el agrado de sus palabras
-y la singular simpatía con que ganaba los corazones; enemigo de
-vituperio, detúvose de sí mismo sorprendido, si alguna vez a sátira
-se fue su paso a paso[20]; sentía la paz del campo, la majestad de la
-naturaleza, el encanto del agua y de los árboles, del cielo y de la
-luz; envidiaba a Boscán en su vida burguesa y sosegada[21], y en más de
-una ocasión, deseando, sin duda, apartarse de la milicia y de la Corte,
-solicitó servicios provincianos; soldado del gran César, no se inspiró
-su musa, al parecer, ni en los triunfos de las armas ni en el esplendor
-imperial.
-
-Nótase en el fondo de sus versos cierto amargor de vida malograda,
-cierta inquietud y descontentamiento de una no realizada aspiración;
-sentíase corrido y salteado de generosa vergüenza ante la flaqueza de
-su voluntad (_Canción IV_, 53); lamentaba el errado proceso de sus años
-(_Soneto VI_), y maldecía las horas y momentos --gastados mal en libres
-pensamientos-- (_Canción IV_, 119). Diez años fue casado, y de ellos
-más de seis anduvo lejos de su hogar; pródigo de su pluma con amigos y
-parientes[22], el nombre de su esposa D.ª Elena, en el desconsuelo de
-su soledad, no tuvo entre sus versos, que se sepa, ni una dedicatoria
-ni un recuerdo; y en tanto _Elisa_ --D.ª Isabel Freyre--, cuyos
-cabellos de oro tejieron la red en que el poeta vio enredada y revuelta
-su razón (_Canción IV_, 101), fue númen inspirador de sus composiciones
-más sentidas; _Elisa_, _Galatea_ y acaso _Camila_, fueron D.ª Isabel,
-como _Salicio_ y _Nemoroso_, y acaso _Albanio_, fueron, en suma,
-Garcilaso[23]; lícitas eran, ciertamente, en aquellos tiempos del
-_amor perfecto_, galanterías que hoy condenan nuestras costumbres, pero
-ello no fue obstáculo para que el mismo traductor de _El Cortesano_, el
-buen Boscán, cantara las delicias de la vida doméstica y las bondades
-de su propia mujer[24]. Si drama hubo secreto en la conciencia del
-poeta, y hay medio de poderlo descubrir, no faltará quien pronto
-nos lo diga; sea, entre tanto, permitida la indiscreción de estos
-aventurados pormenores, contra la injusticia de los que han culpado a
-Garcilaso de vano, artificioso y falto de interés en la expresión de
-sus sentimientos.
-
-Llamáronle sus contemporáneos _príncipe_ de los poetas castellanos;
-cien ingenios lamentaron su muerte en canciones de duelo; sus
-imitadores y partidarios fueron denominados _garcilasistas_ por
-Cervantes; Lope, en muchos pasajes, le tuvo en la memoria; Sebastián de
-Córdoba, viendo cuán común y manual andaba su libro entre las gentes,
-pretendió mejorar su doctrina vertiéndolo _a lo divino_[25]; por el
-mismo camino, D. Juan de Andosilla Larramendi salió con su _Cristo
-Nuestro Señor en la Cruz, hallado en los versos de Garcilaso_, y el
-sabio Sánchez de las Brozas, el divino Herrera y el culto Tamayo de
-Vargas pusiéronle con sus comentarios en la consideración de un autor
-clásico; estas son pruebas fehacientes de la popularidad que en todos
-tiempos disfrutó Garcilaso.
-
- * * * * *
-
-El texto de la presente edición se ajusta exactamente al que Fernando
-de Herrera dio en sus _Anotaciones_; CLÁSICOS CASTELLANOS prefieren
-reproducir este texto famoso, indiscutiblemente útil para el estudio
-de las letras, en vez de lanzarse a una edición _nueva_, semi-erudita,
-que, sin responder de lleno a las exigencias de la crítica filológica,
-pudiera resultar indigesta e ineficaz en su misión vulgarizadora.
-
-Herrera usó en su libro aquella escrupulosa ortografía, por él ideada,
-que apenas tuvo partidarios sino en Sevilla, entre sus familiares[26];
-de ella respeta esta edición todo lo que puede tener valor fonético,
-como en la Égloga I, _dino_ 34, _vitoria_ 35, _entristesco_ 254,
-_mesquina_ 368, _inesorable_ 377, _comovida_ 383, en la Égloga II,
-_acidente_ 131, _eleción_ 166, _mesclado_ 252, _noturna_ 297, _nétar_
-1298, etc.; pero se ha modernizado aquello que solo afecta a la
-escritura, como en la Égloga I _apressura_ 18, _iedra_ 38, _avezina_
-83, _immortales_ 395, y se ha repuesto la vocal, prescindiendo del
-apóstrofo, en formas como _nombre ’n todo_ (Égloga I, 8); _qu’
-apressura_ 18, _qu’ en vano_ 20, _al’ otra_ (Elegía II, 20), etc.
-
-Entre nuestras notas ha sido recogido de los libros del Brocense,
-Herrera, Tamayo y Azara todo cuanto ha parecido adaptable al carácter
-de CLÁSICOS CASTELLANOS, omitiendo, por tanto, muchas citas sobre
-concordancias e imitaciones, que son asunto para tratarlo detenidamente
-en un trabajo de pura erudición.
-
- TOMÁS NAVARRO TOMÁS.
-
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-
-DATOS BIBLIOGRÁFICOS
-
-
-Las obras de Garcilaso, a partir de la primera edición, hecha, como se
-ha dicho, en Barcelona en 1543, se publicaron muchas veces con las de
-Boscán, ocupando el cuarto libro de _Las obras de Boscán y algunas de
-Garci Lasso de la Vega, repartidas en cuatro libros_; pero el gusto del
-público, demostrando de día en día creciente predilección por las de
-Garcilaso, movió a los impresores a editarlas separadamente, quedando,
-desde este punto, casi olvidadas las del amigo que hasta entonces, en
-su compañía, había participado de su triunfo. En 1570 tuvo ya Garcilaso
-por sí solo una edición: «_Las obras del Excellente Poeta Garci-Lasso
-de la Vega, en esta postrera imprission corregidas de muchos errores
-que en todas las passadas auia_ -- Madrid, Alonso Gómez, 1570--; 8.º,
-78 hojas foliadas, incluso las preliminares. -- Contiene únicamente
-las poesías sin anotaciones»; véase Pérez Pastor, _Bibliografía
-madrileña_, Madrid, 1901, núm. 43.
-
---_Obras del excelente poeta Garci-Lasso de la Vega; con Anotaciones
-y Emiendas del Maestro Francisco Sánchez, Catedrático de Retórica en
-Salamanca_; conforme a la edición de Salamanca de 1581: Francisci
-Sanctii Brocensis, Opera Omnia -- Tomus Quartus seu Opera Poetica --
-Genevae -- Apud Fratres de Tournes -- MDCCLXVI. -- La primera edición
-de las anotaciones del Brocense es de 1574, en Salamanca, casa de Pedro
-Laso, en 16.º, según D. Nicolás Antonio; edición que se repitió en
-1577, 1581, 1589, etc.; sus notas tienden principalmente a señalar los
-pasajes de autores latinos e italianos que imitó Garcilaso; dan por
-hecho que el poeta imitó consciente e intencionadamente, y hubo quien
-protestó de esta censura como Jerónimo de los Cobos, poeta gaditano,
-con su soneto: _Descubierto se ha un hurto de gran fama -- del ladrón
-Garcilaso_... Sánchez defendió su sistema en el prólogo de la edición
-de 1581; su trabajo es, sin duda, el más sobrio y erudito entre todos
-los comentarios de Garcilaso.
-
---_Obras de Garci-Lasso de la Vega con anotaciones de Fernando de
-Herrera._ En Sevilla, por Alonso de la Barrera. Año de 1580. Precede
-un _Discurso a los lectores_ del maestro Francisco de Medina, modelo
-de elegancia y clasicismo; el estudio de Herrera es el más completo
-y minucioso, pero peca de pesado e indigesto; el anotador debió
-proponerse decir todo lo que sabía en toda clase de materias, y a
-veces, muy fuera de propósito, cualquier palabra del texto, sirve de
-tema a un largo discurso tan erudito como innecesario para el caso; la
-severidad de Herrera, preceptista y retórico escrupuloso, condenando
-algunos defectos que creyó encontrar, le valió la célebre réplica de
-_Prete Jacopin_ -- D. Pedro Fernández de Velasco.
-
---_Garci-Lasso de la Vega, natural de Toledo -- Príncipe de los poetas
-castellanos_ -- De Don Thomas Tamaio de Vargas -- Con licencia; en
-Madrid, por Luis Sánchez. Año 1622. -- Tamayo dedicó principalmente su
-trabajo a hacer crítica, expurgo y fijación del texto y a dar noticia
-de los pasajes imitados.
-
---_Obras de Garcilaso, ilustradas con notas._ En la Imprenta Real de la
-_Gaceta_, Madrid -- 1765; esta fue la edición que compuso el magnífico
-caballero aragonés D. José Nicolás de Azara, autor del elocuente
-prólogo que la precede, sobre la decadencia del habla castellana, y
-de las breves notas que la siguen, referentes en general a la cita de
-pasajes imitados, según el Brocense; pecó, a mi juicio, de displicencia
-y acritud en ciertas observaciones sobre Garcilaso, así como al decir
---en su prólogo-- respecto a Tamayo, que «hizo de sus notas el mejor
-dechado de los despropósitos».
-
---_Poetas líricos de los siglos XVI y XVII_ -- Colección ordenada por
-D. Adolfo de Castro -- Dos tomos -- Colecc. de Autores Españoles --
-Rivadeneyra -- Madrid -- 1854. -- Castro debió poner su mayor atención
-en hacer crítica del texto; a esto se reducen sus notas casi siempre;
-pero se encuentran en cualquiera de las fuentes que él compulsó muchas
-variantes de interés, no recogidas ni mencionadas en su estudio.
-
---_Vida del célebre poeta Garcilaso de la Vega_, escrita por D.
-Eustaquio Fernández de Navarrete: Colección de documentos inéditos para
-la Historia de España, tomo XVI: Madrid, 1850; razonada monografía,
-trabajada con claridad y acierto sobre documentos originales relativos
-al poeta; precede el retrato de este, grabado por don Manuel Salvador
-Carmona, y el facsímil de una carta autógrafa de Garcilaso.
-
-
-
-
- OBRAS
- DE
- GARCILASO DE LA VEGA
- PRÍNCIPE
- DE LOS POETAS CASTELLANOS
-
-
-
-
-ÉGLOGA PRIMERA
-
-
- El dulce lamentar de dos pastores,[27]
- Salicio juntamente y Nemoroso,[28]
- he de contar, sus quejas imitando;
- cuyas ovejas al cantar sabroso
- estaban muy atentas, los amores, 5
- de pacer olvidadas, escuchando.
- Tú, que ganaste obrando
- un nombre en todo el mundo,
- y un grado sin segundo,
- agora estés atento, solo y dado 10
- al ínclito gobierno del Estado
- albano; agora vuelto a la otra parte,[29]
- resplandeciente, armado,
- representando en tierra el fiero Marte;[30]
- agora de cuidados enojosos 15
- y de negocios libre, por ventura
- andes a caza, el monte fatigando
- en ardiente jinete, que apresura
- el curso tras los ciervos temerosos,
- que en vano su morir van dilatando; 20
- espera, que en tornando
- a ser restituído
- al ocio ya perdido,
- luego verás ejercitar mi pluma
- por la infinita innumerable suma 25
- de tus virtudes y famosas obras;
- antes que me consuma,
- faltando a ti, que a todo el mundo sobras.[31]
- En tanto que este tiempo que adivino
- viene a sacarme de la deuda un día, 30
- que se debe a tu fama y a tu gloria;
- que es deuda general, no solo mía,
- mas de cualquier ingenio peregrino
- que celebra lo dino de memoria;[32]
- el árbol de vitoria[33] 35
- que ciñe estrechamente
- tu gloriosa frente
- dé lugar a la hiedra que se planta[34]
- debajo de tu sombra, y se levanta
- poco a poco, arrimada a tus loores; 40
- y en cuanto esto se canta,
- escucha tú el cantar de mis pastores.
- Saliendo de las ondas encendido,
- rayaba de los montes el altura[35]
- el sol, cuando Salicio, recostado 45
- al pie de un alta haya, en la verdura,[36]
- por donde un agua clara con sonido
- atravesaba el fresco y verde prado;
- él, con canto acordado
- al rumor que sonaba, 50
- del agua que pasaba,
- se quejaba tan dulce y blandamente
- como si no estuviera de allí ausente
- la que de su dolor culpa tenía;
- y así, como presente, 55
- razonando con ella, le decía.
-
- SALICIO
-
- ¡Oh más dura que mármol a mis quejas,
- y al encendido fuego en que me quemo
- más helada que nieve, Galatea![37]
- Estoy muriendo, y aún la vida temo; 60
- témola con razón, pues tú me dejas;
- que no hay, sin ti, el vivir para qué sea.
- Vergüenza he que me vea
- ninguno en tal estado,
- de ti desamparado, 65
- y de mí mismo yo me corro agora.
- ¿De un alma te desdeñas ser señora,
- donde siempre moraste, no pudiendo
- della salir un hora?
- Salid sin duelo, lágrimas, corriendo. 70
- El sol tiende los rayos de su lumbre
- por montes y por valles, despertando
- las aves y animales y la gente:
- cuál por el aire claro va volando,
- cuál por el verde valle o alta cumbre 75
- paciendo va segura y libremente,
- cuál con el sol presente
- va de nuevo al oficio,
- y al usado ejercicio
- do su natura o menester le inclina: 80
- siempre está en llanto esta ánima mesquina,[38]
- cuando la sombra el mundo va cubriendo
- o la luz se avecina.
- Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.
- ¿Y tú, desta mi vida ya olvidada, 85
- sin mostrar un pequeño sentimiento
- de que por ti Salicio triste muera,
- dejas llevar, desconocida, al viento
- el amor y la fe que ser guardada
- eternamente solo a mí debiera? 90
- ¡Oh Dios! ¿Por qué siquiera,
- pues ves desde tu altura
- esta falsa perjura
- causar la muerte de un estrecho amigo,
- no recibe del cielo algún castigo? 95
- Si en pago del amor yo estoy muriendo,
- ¿qué hará el enemigo?[39]
- Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.
- Por ti el silencio de la selva umbrosa,
- por ti la esquividad y apartamiento 100
- del solitario monte me agradaba;
- por ti la verde hierba, el fresco viento,
- el blanco lirio y colorada rosa
- y dulce primavera deseaba.
- ¡Ay, cuánto me engañaba! 105
- ¡Ay, cuán diferente era
- y cuán de otra manera[40]
- lo que en tu falso pecho se escondía!
- Bien claro con su voz me lo decía
- la siniestra corneja repitiendo[41] 110
- la desventura mía.
- Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.
- ¡Cuántas veces, durmiendo en la floresta,
- reputándolo yo por desvarío,
- vi mi mal entre sueños desdichado! 115
- Soñaba que en el tiempo del estío
- llevaba, por pasar allí la siesta,
- a beber en el Tajo mi ganado;[42]
- y después de llegado,
- sin saber de cuál arte, 120
- por desusada parte
- y por nuevo camino el agua se iba;
- ardiendo ya con la calor estiva,
- el curso, enajenado, iba siguiendo
- del agua fugitiva.[43] 125
- Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.
- Tu dulce habla ¿en cúya oreja suena?[44]
- Tus claros ojos ¿a quién los volviste?
- ¿Por quién tan sin respeto me trocaste?
- Tu quebrantada fe ¿dó la pusiste? 130
- ¿Cuál es el cuello que, como en cadena,
- de tus hermosos brazos anudaste?
- No hay corazón que baste,
- aunque fuese de piedra,
- viendo mi amada hiedra, 135
- de mí arrancada, en otro muro asida,
- y mi parra en otro olmo entretejida,[45]
- que no se esté con llanto deshaciendo
- hasta acabar la vida.
- Salid sin duelo, lágrimas, corriendo. 140
- ¿Qué no se esperará de aquí adelante,
- por difícil que sea y por incierto?
- O ¿qué discordia no será juntada?
- y juntamente ¿qué tendrá por cierto,
- o qué de hoy más no temerá el amante, 145
- siendo a todo materia por ti dada?
- Cuando tú enajenada
- de mí, cuidado fuiste,
- notable causa diste
- y ejemplo a todos cuantos cubre el cielo, 150
- que el más seguro tema con recelo
- perder lo que estuviere poseyendo.
- Salid fuera sin duelo,
- salid sin duelo, lágrimas, corriendo.
- Materia diste al mundo de esperanza 155
- de alcanzar lo imposible y no pensado,
- y de hacer juntar lo diferente,[46]
- dando a quien diste el corazón malvado,
- quitándolo de mí con tal mudanza,
- que siempre sonará de gente en gente. 160
- La cordera paciente
- con el lobo hambriento
- hará su ayuntamiento,
- y con las simples aves sin ruído
- harán las bravas sierpes ya su nido; 165
- que mayor diferencia comprehendo
- de ti al que has escogido.
- Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.
- Siempre de nueva leche en el verano
- y en el invierno abundo; en mi majada 170
- la manteca y el queso está sobrado;[47]
- de mi cantar, pues, yo te vi agradada,
- tanto, que no pudiera el mantuano
- Títiro ser de ti más alabado.[48]
- No soy, pues, bien mirado, 175
- tan disforme ni feo;
- que aun agora me veo
- en esta agua que corre clara y pura,[49]
- y cierto no trocara mi figura[50]
- con ese que de mí se está riendo;[51] 180
- ¡trocara mi ventura!
- Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.
- ¿Cómo te vine en tanto menosprecio?
- ¿Cómo te fui tan presto aborrecible?
- ¿Cómo te faltó en mí el conocimiento? 185
- Si no tuvieras condición terrible,
- siempre fuera tenido de ti en precio,
- y no viera de ti este apartamiento.
- ¿No sabes que sin cuento
- buscan en el estío 190
- mis ovejas el frío
- de la sierra de Cuenca, y el gobierno
- del abrigado Estremo en el invierno?[52]
- Mas ¡qué vale el tener, si derritiendo
- me estoy en llanto eterno! 195
- Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.
- Con mi llorar las piedras enternecen[53]
- su natural dureza y la quebrantan,
- los árboles parece que se inclinan,
- las aves que me escuchan, cuando cantan, 200
- con diferente voz se condolecen,
- y mi morir cantando me adivinan.
- Las fieras que reclinan
- su cuerpo fatigado,
- dejan el sosegado 205
- sueño por escuchar mi llanto triste.
- Tú sola contra mí te endureciste,
- los ojos aun siquiera no volviendo
- a los que tú heciste
- salir sin duelo, lágrimas, corriendo.[54] 210
- Mas ya que a socorrer aquí no vienes,
- no dejes el lugar que tanto amaste,
- que bien podrás venir de mí segura.
- Yo dejaré el lugar do me dejaste;
- ven, si por solo esto te detienes. 215
- Ves aquí un prado lleno de verdura,
- ves aquí un espesura,[55]
- ves aquí un agua clara,
- en otro tiempo cara,
- a quien de ti con lágrimas me quejo. 220
- Quizá aquí hallarás, pues yo me alejo,
- al que todo mi bien quitarme puede;[56]
- que pues el bien le dejo,
- no es mucho que el lugar también le quede.--
- Aquí dio fin a su cantar Salicio, 225
- y sospirando en el postrero acento,
- soltó de llanto una profunda vena.
- Queriendo el monte al grave sentimiento
- de aquel dolor en algo ser propicio,
- con la pasada voz retumba y suena. 230
- La blanca Filomena,[57]
- casi como dolida
- y a compasión movida,
- dulcemente responde al son lloroso.
- Lo que cantó tras esto Nemoroso[58] 235
- decidlo vos, Piérides; que tanto[59]
- no puedo yo ni oso,
- que siento enflaquecer mi débil canto.
-
- NEMOROSO
-
- Corrientes aguas, puras, cristalinas;
- árboles que os estáis mirando en ellas, 240
- verde prado de fresca sombra lleno,
- aves que aquí sembráis vuestras querellas,
- hiedra que por los árboles caminas,
- torciendo el paso por su verde seno;
- yo me vi tan ajeno 245
- del grave mal que siento,
- que de puro contento
- con vuestra soledad me recreaba,
- donde con dulce sueño reposaba,
- o con el pensamiento discurría 250
- por donde no hallaba
- sino memorias llenas de alegría;
- y en este mismo valle, donde agora
- me entristesco y me canso, en el reposo
- estuve ya contento y descansado. 255
- ¡Oh bien caduco, vano y presuroso!
- Acuérdome durmiendo aquí algún hora,
- que despertando, a Elisa vi a mi lado.[60]
- ¡Oh miserable hado!
- ¡Oh tela delicada, 260
- antes de tiempo dada
- a los agudos filos de la muerte!
- Mas convenible suerte[61]
- a los cansados años de mi vida,
- que es más que el hierro fuerte, 265
- pues no la ha quebrantado tu partida.
- ¿Dó están agora aquellos claros ojos
- que llevaban tras sí, como colgada,
- mi alma doquier que ellos se volvían?
- ¿Dó está la blanca mano delicada, 270
- llena de vencimientos y despojos
- que de mí mis sentidos le ofrecían?
- Los cabellos que vían
- con gran desprecio el oro,
- como a menor tesoro, 275
- ¿adónde están? ¿Adónde el blando pecho?
- ¿Dó la coluna que el dorado techo[62]
- con presunción graciosa sostenía?
- Aquesto todo agora ya se encierra,
- por desventura mía, 280
- en la fría, desierta y dura tierra.[63]
- ¿Quién me dijera, Elisa, vida mía,
- cuando en aqueste valle al fresco viento
- andábamos cogiendo tiernas flores,
- que había de ver con largo apartamiento 285
- venir el triste y solitario día
- que diese amargo fin a mis amores?
- El cielo en mis dolores
- cargó la mano tanto,[64]
- que a sempiterno llanto 290
- y a triste soledad me ha condenado;
- y lo que siento más es verme atado
- a la pesada vida y enojosa,
- solo, desamparado,
- ciego sin lumbre en cárcel tenebrosa. 295
- Después que nos dejaste, nunca pace
- en hartura el ganado ya, ni acude
- el campo al labrador con mano llena.
- No hay bien que en mal no se convierta y mude:
- la mala hierba al trigo ahoga, y nace 300
- en lugar suyo la infelice avena;
- la tierra, que de buena
- gana nos producía
- flores con que solía
- quitar en solo vellas mil enojos, 305
- produce agora en cambio estos abrojos,
- ya de rigor de espinas intratable;
- yo hago con mis ojos
- crecer, lloviendo, el fruto miserable.
- Como al partir del sol la sombra crece, 310
- y en cayendo su rayo se levanta
- la negra escuridad que el mundo cubre,
- de do viene el temor que nos espanta,
- y la medrosa forma en que se ofrece
- aquella que la noche nos encubre,[65] 315
- hasta que el sol descubre
- su luz pura y hermosa;[66]
- tal es la tenebrosa
- noche de tu partir, en que he quedado
- de sombra y de temor atormentado, 320
- hasta que muerte el tiempo determine
- que a ver el deseado
- sol de tu clara vista me encamine.
- Cual suele el ruiseñor con triste canto
- quejarse, entre las hojas escondido, 325
- del duro labrador, que cautamente
- le despojó su caro y dulce nido
- de los tiernos hijuelos, entre tanto
- que del amado ramo estaba ausente,[67]
- y aquel dolor que siente 330
- con diferencia tanta
- por la dulce garganta
- despide, y a su canto el aire suena,
- y la callada noche no refrena
- su lamentable oficio y sus querellas,[68] 335
- trayendo de su pena
- al cielo por testigo y las estrellas;
- desta manera suelto ya la rienda
- a mi dolor, y así me quejo en vano
- de la dureza de la muerte airada. 340
- Ella en mi corazón metió la mano,
- y de allí me llevó mi dulce prenda;
- que aquel era su nido y su morada.
- ¡Ay muerte arrebatada!
- Por ti me estoy quejando 345
- al cielo y enojando
- con importuno llanto al mundo todo:
- el desigual dolor no sufre modo.[69]
- No me podrán quitar el dolorido
- sentir, si ya del todo 350
- primero no me quitan el sentido.
- Tengo una parte aquí de tus cabellos,
- Elisa, envueltos en un blanco paño,
- que nunca de mi seno se me apartan;
- descójolos, y de un dolor tamaño 355
- enternecerme siento, que sobre ellos
- nunca mis ojos de llorar se hartan.
- Sin que de allí se partan,
- con suspiros calientes,
- más que la llama ardientes,[70] 360
- los enjugo del llanto, y de consuno
- casi los paso y cuento uno a uno;
- juntándolos, con un cordón los ato.
- Tras esto el importuno
- dolor me deja descansar un rato. 365
- Mas luego a la memoria se me ofrece
- aquella noche tenebrosa, escura,[71]
- que tanto aflige esta ánima mesquina
- con la memoria de mi desventura.
- Verte presente agora me parece 370
- en aquel duro trance de Lucina,[72]
- y aquella voz divina,
- con cuyo son y acentos
- a los airados vientos
- pudieras amansar, que agora es muda; 375
- me parece que oigo que a la cruda,
- inesorable diosa demandabas[73]
- en aquel paso ayuda;
- y tú, rústica diosa, ¿dónde estabas?[74]
- ¿Íbate tanto en perseguir las fieras? 380
- ¿Íbate tanto en un pastor dormido?[75]
- ¿Cosa pudo bastar a tal crueza,
- que, comovida a compasión, oído[76]
- a los votos y lágrimas no dieras
- por no ver hecha tierra tal belleza, 385
- o no ver la tristeza
- en que tu Nemoroso
- queda, que su reposo
- era seguir tu oficio, persiguiendo
- las fieras por los montes, y ofreciendo 390
- a tus sagradas aras los despojos?
- ¿Y tú, ingrata, riendo
- dejas morir mi bien ante los ojos?
- Divina Elisa, pues agora el cielo
- con inmortales pies pisas y mides, 395
- y su mudanza ves, estando queda,
- ¿por qué de mí te olvidas, y no pides
- que se apresure el tiempo en que este velo
- rompa del cuerpo, y verme libre pueda,
- y en la tercera rueda[77] 400
- contigo mano a mano
- busquemos otro llano,
- busquemos otros montes y otros ríos,
- otros valles floridos y sombríos,
- donde descanse y siempre pueda verte 405
- ante los ojos míos,
- sin miedo y sobresalto de perderte?--
- Nunca pusieran fin al triste lloro
- los pastores, ni fueran acabadas
- las canciones que solo el monte oía, 410
- si mirando las nubes coloradas,
- al tramontar del sol bordadas de oro,
- no vieran que era ya pasado el día.[78]
- La sombra se veía
- venir corriendo apriesa 415
- ya por la falda espesa
- del altísimo monte, y recordando[79]
- ambos como de sueño, y acabando
- el fugitivo sol, de luz escaso,
- su ganado llevando, 420
- se fueron recogiendo paso a paso.
-
-
-
-
-ÉGLOGA SEGUNDA
-
-
- ALBANIO
-
- En medio del invierno está templada[80]
- el agua dulce desta clara fuente,[81]
- y en el verano más que nieve helada.
- ¡Oh claras ondas, cómo veo presente,
- en viéndoos, la memoria de aquel día 5
- de que el alma temblar y arder se siente!
- En vuestra claridad vi mi alegría
- escurecerse toda y enturbiarse;
- cuando os cobré perdí mi compañía.
- ¿A quién pudiera igual tormento darse, 10
- que con lo que descansa otro afligido
- venga mi corazón a atormentarse?
- El dulce murmurar de este ruído,
- el mover de los árboles al viento,
- el suave olor del prado florecido,[82] 15
- podrían tornar, de enfermo y descontento,
- cualquier pastor del mundo, alegre y sano;
- yo solo en tanto bien morir me siento.
- ¡Oh hermosura sobre el ser humano!
- ¡Oh claros ojos! ¡Oh cabellos de oro![83] 20
- ¡Oh cuello de marfil! ¡Oh blanca mano!
- ¿Cómo puede ora ser que en triste lloro
- se convirtiese tan alegre vida,
- y en tal pobreza todo mi tesoro?
- Quiero mudar lugar, y a la partida 25
- quizá me dejará parte del daño
- que tiene el alma casi consumida.
- ¡Cuán vano imaginar, cuán claro engaño
- es darme yo a entender que con partirme,
- de mí se ha de partir un mal tamaño! 30
- ¡Ay miembros fatigados, y cuán firme
- es el dolor que os cansa y enflaquece!
- ¡Oh si pudiese un rato aquí dormirme!
- Al que velando el bien nunca se ofrece,
- quizá que el sueño le dará durmiendo 35
- algún placer, que presto desfallece
- en tus manos ¡oh sueño! me encomiendo.[84]
-
- SALICIO
-
- ¡Cuán bienaventurado[85]
- aquel puede llamarse
- que con la dulce soledad se abraza, 40
- y vive descuidado,
- y lejos de empacharse
- en lo que al alma impide y embaraza!
- No ve la llena plaza,
- ni la soberbia puerta 45
- de los grandes señores,
- ni los aduladores
- a quien la hambre del favor despierta;
- no le será forzoso
- rogar, fingir, temer y estar quejoso. 50
- A la sombra holgando
- de un alto pino o robre,
- o de alguna robusta y verde encina,
- el ganado contando
- de su manada pobre; 55
- que por la verde selva se avecina,
- plata cendrada y fina,
- oro luciente y puro,
- baja y vil le parece,
- y tanto lo aborrece, 60
- que aun no piensa que dello está seguro;
- y como está en su seso,
- rehuye la cerviz del grave peso.
- Convida a dulce sueño
- aquel manso ruído 65
- del agua que la clara fuente envía,
- y las aves sin dueño
- con canto no aprendido
- hinchen el aire de dulce armonía;
- háceles compañía, 70
- a la sombra volando,
- y entre varios olores
- gustando tiernas flores,
- la solícita abeja susurrando;
- los árboles y el viento 75
- al sueño ayudan con su movimiento.
- ¿Quién duerme aquí? ¿Dó está que no le veo?
- ¡Oh! helo allí. Dichoso tú, que aflojas
- la cuerda al pensamiento o al deseo.
- ¡Oh natura, cuán pocas obras cojas 80
- en el mundo son hechas por tu mano!
- Creciendo el bien, menguando las congojas,
- el sueño diste al corazón humano
- para que al despertar más se alegrase
- del estado gozoso, alegre y sano; 85
- que, como si de nuevo le hallase,
- hace aquel intervalo que ha pasado
- que el nuevo gusto nunca al bien se pase.[86]
- Y al que de pensamiento fatigado
- el sueño baña con licor piadoso, 90
- curando el corazón despedazado,
- aquel breve descanso, aquel reposo
- basta para cobrar de nuevo aliento,
- con que se pase el curso trabajoso.
- Llegarme quiero cerca con buen tiento, 95
- y ver, si de mí fuere conocido,
- si es del número triste o del contento.
- Albanio es este que está aquí dormido,
- o yo conozco mal. Albanio es, cierto.
- Duerme, garzón cansado y afligido. 100
- ¡Por cuán mejor librado tengo un muerto
- que acaba el curso de la vida humana
- y es reducido a más seguro puerto,
- que el que, viviendo acá, de vida ufana
- y de estado gozoso, noble y alto, 105
- es derrocado de fortuna insana!
- Dicen que este mancebo dio un gran salto:
- que de amorosos bienes fue abundante,
- y agora es pobre, miserable y falto.
- No sé la historia bien; mas quien delante 110
- se halló al duelo me contó algún poco
- del grave caso deste pobre amante.
-
- ALBANIO
-
- ¿Es esto sueño, o ciertamente toco
- la blanca mano? ¡Ah sueño! ¿estás burlando?
- Yo estábate creyendo como loco. 115
- ¡Oh cuitado de mí! Tú vas volando
- con prestas alas por la ebúrnea puerta;[87]
- yo quédome tendido aquí llorando.
- ¿No basta el grave mal en que despierta
- el alma vive, o por mejor decillo, 120
- está muriendo de una vida incierta?
-
- SALICIO
-
- Albanio, deja el llanto, que en oíllo
- me aflijo.
-
- ALBANIO
-
- ¿Quién presente está a mi duelo?
-
- SALICIO
-
- Aquí está quien te ayudará a sentillo.
-
- ALBANIO
-
- ¿Aquí estás tú, Salicio? Gran consuelo 125
- me fuera en cualquier mal tu compañía;
- mas tengo en esto por contrario al cielo.
-
- SALICIO
-
- Parte de tu trabajo ya me había
- contado Galafrón, que fue presente
- en aqueste lugar el mismo día; 130
- mas no supo decir del acidente
- la causa principal; bien que pensaba
- que era mal que decir no se consiente;
- y a la sazón en la ciudad yo estaba,
- como tú sabes bien, aparejando 135
- aquel largo camino que esperaba;
- y esto que digo me contaron cuando
- torné a volver; mas yo te ruego agora,
- si esto no es enojoso que demando,
- que particularmente el punto y hora, 140
- la causa, el daño cuentes y el proceso;
- que el mal comunicado se mejora.[88]
-
- ALBANIO
-
- Con un amigo tal verdad es eso,
- cuando el mal sufre cura, mi Salicio;
- mas este ha penetrado hasta el hueso. 145
- Verdad es que la vida y ejercicio
- común, y el amistad que a ti me ayunta,
- mandan que complacerte sea mi oficio;
- mas ¿qué haré? que el alma ya barrunta,
- que quiero renovar en la memoria 150
- la herida mortal de aguda punta;
- y póneme delante aquella gloria
- pasada, y la presente desventura,
- para espantarme de la horrible historia.
- Por otra parte, pienso que es cordura 155
- renovar tanto el mal que me atormenta,
- que a morir venga de tristeza pura.
- Y por esto, Salicio, entera cuenta
- te daré de mi mal como pudiere,
- aunque el alma rehuya y no consienta. 160
- Quise bien, y querré mientras rigiere
- aquestos miembros el espirtu mío,
- aquella por quien muero, si muriere.[89]
- En este amor no entré por desvarío,[90]
- ni lo traté, como otros, con engaños, 165
- ni fue por eleción de mi albedrío.
- Desde mis tiernos y primeros años
- a aquella parte me inclinó mi estrella,
- y a aquel fiero destino de mis daños.
- Tú conociste bien una doncella, 170
- de mi sangre y abuelos descendida,[91]
- más que la misma hermosura bella.
- En su verde niñez, siendo ofrecida
- por montes y por selvas a Diana,[92]
- ejercitaba allí su edad florida. 175
- Yo, que desde la noche a la mañana
- y del un sol al otro, sin cansarme,
- seguía la caza con estudio y gana,
- por deudo y ejercicio a conformarme
- vine con ella en tal domestiqueza, 180
- que della un punto no sabía apartarme.
- Iba de un hora en otra la estrecheza
- haciéndose mayor, acompañada
- de un amor sano y lleno de pureza.
- ¿Qué montaña dejó de ser pisada 185
- de nuestros pies? ¿Qué bosque o selva umbrosa
- no fue de nuestra caza fatigada?
- Siempre con mano larga y abundosa
- con parte de la caza visitando
- el sacro altar de nuestra santa diosa. 190
- La colmilluda testa ora llevando
- del puerco jabalí cerdoso y fiero,
- del peligro pasado razonando;
- ora clavando del ciervo ligero
- en algún sacro pino los ganchosos 195
- cuernos, con puro corazón sincero
- tornábamos contentos y gozosos,
- y al disponer de lo que nos quedaba,
- jamás me acuerdo de quedar quejosos.
- Cualquiera caza a entrambos agradaba; 200
- pero la de las simples avecillas
- menos trabajo y más placer nos daba.
- En mostrando el aurora sus mejillas
- de rosa, y sus cabellos de oro fino
- humedeciendo ya las florecillas, 205
- nosotros, yendo fuera de camino,
- buscábamos un valle, el más secreto
- y de conversación menos vecino;
- aquí con una red de muy perfeto
- verde tejida, aquel valle atajábamos 210
- muy sin rumor, con paso muy quieto.
- De dos árboles altos la colgábamos,
- y habiéndonos un poco lejos ido,
- hacia la red armada nos tornábamos,
- y por lo más espeso y escondido, 215
- los árboles y matas sacudiendo,
- turbábamos el valle con ruído.
- Zorzales, tordos, mirlas, que temiendo
- delante de nosotros, espantados
- del peligro menor, iban huyendo, 220
- daban en el mayor, desatinados,
- quedando en la sutil red engañosa
- confusamente todos enredados.
- Y entonces era vellos una cosa
- estraña y agradable, dando gritos, 225
- y con voz lamentándose quejosa.
- Algunos dellos, que eran infinitos,
- su libertad buscaban revolando;
- otros estaban míseros y aflitos.[93]
- Al fin las cuerdas de la red tirando, 230
- llevábamosla juntos casi llena,
- la caza a cuestas y la red cargando.
- Cuando el húmido otoño ya refrena
- del seco estío el gran calor ardiente,
- y va faltando sombra a Filomena,[94] 235
- con otra caza desta diferente,
- aunque también de vida ociosa y blanda,
- pasábamos el tiempo alegremente.
- Entonces siempre, como sabes, anda
- de estorninos volando a cada parte 240
- de acá y allá la espesa y negra banda.
- Y cierto aquesto es cosa de contarte,
- cómo con los que andaban por el viento
- usábamos también de astucia y arte.
- Uno vivo primero de aquel cuento 245
- tomábamos, y en esto sin fatiga
- era cumplido luego nuestro intento;
- al pie del cual un hilo, untado en liga,
- atando, le soltábamos al punto
- que vía volar aquella banda amiga. 250
- Apenas era suelto, cuando junto
- estaba con los otros y mesclado,
- secutando el efeto de su asunto.[95]
- A cuantos era el hilo enmarañado
- por alas o por pies o por cabeza, 255
- todos venían al suelo mal su grado.
- Andaban forcejando una gran pieza
- a su pesar y a mucho placer nuestro;
- que así de un mal ajeno bien se empieza.[96]
- Acuérdaseme agora que el siniestro 260
- canto de la corneja y el agüero
- para escaparse no le fue maestro.
- Cuando una dellas, como es muy ligero,
- a nuestras manos viva nos venía,
- era ocasión de más de un prisionero. 265
- La cual a un llano grande yo traía,
- a do muchas cornejas andar juntas
- o por el suelo o por el aire vía;
- clavándola en la tierra por las puntas
- estremas de las alas, sin rompellas, 270
- seguíase lo que apenas tú barruntas.
- Parecía que mirando a las estrellas,
- clavada boca arriba en aquel suelo,
- estaba a contemplar el curso dellas.
- De allí nos alejábamos, y el cielo 275
- rompía con gritos ella, y convocaba
- de las cornejas el superno vuelo.[97]
- En un solo momento se ayuntaba
- una gran muchedumbre presurosa
- a socorrer la que en el suelo estaba. 280
- Cercábanla, y alguna, más piadosa
- del mal ajeno de la compañera
- que del suyo avisada y temerosa,
- llegábase muy cerca, y la primera
- que esto hacía, pagaba su inocencia 285
- con prisión o con muerte lastimera.
- Con tal fuerza la presa y tal violencia
- se engarrafaba de la que venía,
- que no se despidiera sin licencia.
- Ya puedes ver cuán gran placer sería 290
- ver, de una por soltarse y desasirse,
- de otra por socorrerse, la porfía.
- Al fin la fiera lucha a despartirse
- venía por nuestra mano, y la cuitada
- del bien hecho empezaba a arrepentirse. 295
- ¿Qué me dirás si con su mano alzada
- haciendo la noturna centinela,
- la grúa de nosotros fue engañada?[98]
- No aprovechaba al ánsar la cautela,
- ni ser siempre sagaz descubridora 300
- de noturnos engaños con su vela.[99]
- Ni al blanco cisne que en las aguas mora
- por no morir como Faetón en fuego,
- del cual el triste caso canta y llora.
- Y tú, perdiz cuitada, ¿piensas luego 305
- que en huyendo del techo estás segura?[100]
- En el campo turbamos tu sosiego.
- A ningún ave o animal natura[101]
- dotó de tanta astucia que no fuese
- vencido al fin de nuestra astucia pura. 310
- Si por menudo de contarte hubiese
- de aquesta vida cada partecilla,
- temo que antes del fin anocheciese.
- Basta saber que aquesta tan sencilla
- y tan pura amistad, quiso mi hado 315
- en diferente especie convertilla:
- en un amor tan fuerte y tan sobrado,
- y en un desasosiego no creíble,
- tal, que no me conosco, de trocado.
- El placer de miralla, con terrible 320
- y fiero desear sentí mesclarse,
- que siempre me llevaba a lo imposible.
- La pena de su ausencia vi mudarse,
- no en pena, no en congoja, en cruda muerte,
- y en fuego eterno el alma atormentarse. 325
- A aqueste estado en fin mi dura suerte
- me trajo poco a poco, y no pensara
- que contra mí pudiera ser más fuerte,
- si con mi grave daño no probara
- que, en comparación de esta, aquella vida 330
- cualquiera por descanso la juzgara.
- Ser debe aquesta historia aborrecida
- de tus orejas ya, que así atormenta
- mi lengua y mi memoria entristecida.
- Decir ya más no es bien que se consienta; 335
- junto todo mi bien perdí en un hora,
- y esta es la suma, en fin, de aquesta cuenta.
-
- SALICIO
-
- Albanio, si tu mal comunicaras[102]
- con otro, que pensaras que tu pena
- juzgaba como ajena, o que este fuego 340
- nunca probó, ni el juego peligroso
- de que tú estás quejoso, yo confieso
- que fuera bueno aqueso que hora haces;
- mas si tú me deshaces con tus quejas,
- ¿por qué agora me dejas como a estraño, 345
- sin dar de aqueste daño fin al cuento?
- ¿Piensas que tu tormento como nuevo
- escucho, y que no pruebo, por mi suerte,
- aquesta viva muerte en las entrañas?
- Si no con todas mañas ni esperiencia 350
- esta grave dolencia se desecha,
- al menos aprovecha, yo te digo,
- para que de un amigo que adolesca
- otro se condolesca, que ha llegado
- de bien acuchillado a ser maestro.[103] 355
- Así que, pues te muestro abiertamente
- que no estoy inocente destos males,
- que aún traigo las señales de las llagas,
- no es bien que tú te hagas tan esquivo;
- que mientras estás vivo, ser podría 360
- que por alguna vía te avisase,
- y contigo llorase; que no es malo
- tener al pie del palo quien se duela[104]
- del mal, y sin cautela te aconseje.
-
- ALBANIO
-
- Tú quieres que forceje y que contraste[105] 365
- con quien al fin no baste a derrocalle.
- Amor quiere que calle; yo no puedo
- mover el paso un dedo sin gran mengua.
- Él tiene de mi lengua el movimiento;
- así que no me siento ser bastante. 370
-
- SALICIO
-
- ¿Qué te pone delante que te impida
- el descubrir tu vida al que aliviarte
- del mal alguna parte cierto espera?
-
- ALBANIO
-
- Amor quiere que muera sin reparo;
- y conociendo claro que bastaba 375
- lo que yo descansaba en este llanto
- contigo, a que entre tanto me aliviase,
- y aquel tiempo probase a sostenerme;
- por más presto perderme, como injusto,
- me ha ya quitado el gusto que tenía 380
- de echar la pena mía por la boca.
- Así que ya no toca nada dello
- a ti querer sabello, ni contallo
- a quien solo pasallo le conviene,
- y muerte solo por alivio tiene. 385
-
- SALICIO
-
- ¿Quién es contra su ser tan inhumano,
- que al enemigo entrega su despojo,
- y pone su poder en otra mano?
- ¿Cómo, y no tienes ora algún enojo
- de ver que amor tu misma lengua ataje, 390
- o la desate por su solo antojo?
-
- ALBANIO
-
- Salicio amigo, cese este lenguaje;
- cierra tu boca, y más aquí no la abras;
- yo siento mi dolor, y tú mi ultraje.
- ¿Para qué son maníficas palabras?[106] 395
- ¿Quién te hizo filósofo elocuente,[107]
- siendo pastor de ovejas y de cabras?
- ¡Oh cuitado de mí, cuán fácilmente
- con espedida lengua y rigurosa
- el sano da consejos al doliente! 400
-
- SALICIO
-
- No te aconsejo yo, ni digo cosa
- para que debas tú por ella darme
- respuesta tan aceda y tan odiosa.
- Ruégote que tu mal quieras contarme,
- porque dél pueda tanto entristecerme, 405
- cuanto suelo del bien tuyo alegrarme.
-
- ALBANIO
-
- Pues ya de ti no puedo defenderme,
- yo tornaré a mi cuento cuando hayas
- prometido una gracia concederme;
- y es, que en oyendo el fin, luego te vayas 410
- y me dejes llorar mi desventura
- entre estos pinos solo y estas hayas.
-
- SALICIO
-
- Aunque pedir tú eso no es cordura,
- yo seré dulce más que sano amigo,
- y daré bien lugar a tu tristura. 415
-
- ALBANIO
-
- Hora, Salicio, escucha lo que digo;
- y vos, oh ninfas deste bosque umbroso,
- a doquiera que estáis, estad conmigo.
- Ya te conté el estado tan dichoso
- a do me puso amor, si en él yo firme 420
- pudiera sostenerme con reposo;
- mas, como de callar y de encubrirme
- de aquella por quien vivo me encendía,[108]
- llegué ya casi al punto de morirme,
- mil veces ella preguntó qué había, 425
- y me rogó que el mal le descubriese,
- que mi rostro y color lo descubría.
- Mas no acabó con cuanto me dijese,
- que de mí a su pregunta otra respuesta
- que un sospiro con lágrimas hubiese. 430
- Aconteció que en una ardiente siesta,
- viniendo de la caza fatigados,
- en el mejor lugar desta floresta,
- que es este donde estamos asentados,
- a la sombra de un árbol aflojamos 435
- las cuerdas a los arcos trabajados.
- En aquel prado allí nos reclinamos,
- y del céfiro fresco recogiendo
- el agradable espirtu, respiramos.
- Las flores, a los ojos ofreciendo 440
- diversidad estraña de pintura,
- diversamente así estaban oliendo.
- Y en medio aquesta fuente clara y pura,
- que como de cristal resplandecía,
- mostrando abiertamente su hondura, 445
- el arena, que de oro parecía,
- de blancas pedrezuelas variada,
- por do manaba el agua, se bullía.
- En derredor ni sola una pisada
- de fiera o de pastor o de ganado 450
- a la sazón estaba señalada.
- Después que con el agua resfriado
- hubimos el calor, y juntamente
- la sed de todo punto mitigado,
- ella, que con cuidado diligente 455
- a conocer mi mal tenía el intento,
- y a escudriñar el ánimo doliente,
- con nuevo ruego y firme juramento
- me conjuró y rogó que le contase
- la causa de mi grave pensamiento; 460
- y si era amor, que no me recelase
- de hacelle mi caso manifiesto,
- y demostralle aquella que yo amase,
- que me juraba que también en esto
- el verdadero amor que me tenía 465
- con pura voluntad estaba presto.
- Yo, que tanto callar ya no podía,
- y claro descubrir menos osaba
- lo que en el alma triste se sentía,
- le dije que en aquella fuente clara 470
- vería de aquella que yo tanto amaba
- abiertamente la hermosa cara.
- Ella, que ver aquesta deseaba,
- con menos diligencia discurriendo
- de aquella con que el paso apresuraba, 475
- a la pura fontana fue corriendo,
- y en viendo el agua, toda fue alterada,
- en ella su figura sola viendo.[109]
- Y no de otra manera, arrebatada,
- del agua rehuyó, que si estuviera 480
- de la rabiosa enfermedad tocada.
- Y sin mirarme, desdeñosa y fiera,
- no sé qué allá entre dientes murmurando,
- me dejó aquí, y aquí quiere que muera.
- Quedé yo triste y solo allí, culpando 485
- mi temerario osar, mi desvarío,
- la pérdida del bien considerando.
- Creció de tal manera el dolor mío,
- y de mi loco error el desconsuelo,
- que hice de mis lágrimas un río. 490
- Fijos los ojos en el alto cielo,
- estuve boca arriba una gran pieza
- tendido, sin mudarme en este suelo.[110]
- Y como de un dolor otro se empieza,[111]
- el largo llanto, el desvanecimiento, 495
- el vano imaginar de la cabeza,
- de mi gran culpa aquel remordimiento,
- verme del todo al fin sin esperanza,
- me trastornaron casi el sentimiento.
- Cómo deste lugar hice mudanza 500
- no sé, ni quién de aquí me condujese
- al triste albergo y a mi pobre estanza.
- Sé que tornando en mí, como estuviese
- sin comer y dormir bien cuatro días,
- y sin que el cuerpo de un lugar moviese, 505
- las ya desamparadas vacas mías
- por otro tanto tiempo no gustaron
- las verdes hierbas ni las aguas frías.
- Los pequeños hijuelos, que hallaron
- las tetas secas ya de las hambrientas 510
- madres, bramando al cielo se quejaron.
- Las selvas, a su voz también atentas,
- bramando pareció que respondían,
- condolidas del daño y descontentas.
- Aquestas cosas nada me movían, 515
- antes con mi llorar hacía espantados
- todos cuantos a verme allí venían.
- Vinieron los pastores de ganados,
- vinieron de los sotos los vaqueros,
- para ser de mi mal de mí informados. 520
- Y todos con los gestos lastimeros
- me preguntaban cuáles habían sido
- los acidentes de mi mal primeros.
- A los cuales, en tierra yo tendido,
- ninguna otra respuesta dar sabía, 525
- rompiendo con sollozos mi gemido,
- sino de rato en rato les decía:
- «Vosotros, los de Tajo en su ribera,
- cantaréis la mi muerte cada día.[112]
- »Este descanso llevaré aunque muera, 530
- que cada día cantaréis mi muerte
- vosotros, los de Tajo, en su ribera.»[113]
- La quinta noche, en fin, mi cruda suerte,
- queriéndome llevar do se rompiese
- aquesta tela de la vida fuerte, 535
- hizo que de mi choza me saliese
- por el silencio de la noche escura
- a buscar un lugar donde muriese.
- Y caminando por do mi ventura
- y mis enfermos pies me condujeron, 540
- llegué a un barranco de muy gran altura.
- Luego mis ojos lo reconocieron,
- que pende sobre el agua, y su cimiento
- las ondas poco a poco le comieron.
- Al pie de un olmo hice allí mi asiento, 545
- y acordeme que ya con ella estuve
- pasando allí la siesta al fresco viento.
- En aquesta memoria me detuve,
- como si aquesta fuera medicina
- de mi furor y cuanto mal sostuve. 550
- Denunciaba el aurora ya vecina
- la venida del sol resplandeciente,
- a quien la tierra, a quien la mar se inclina.
- Entonces, como cuando el cisne siente
- el ansia postrimera que le aqueja, 555
- y tienta el cuerpo mísero y doliente,
- con triste y lamentable son se queja,
- y se despide con funesto canto
- del espirtu vital que dél se aleja;[114]
- así, aquejado yo de dolor tanto, 560
- que el alma abandonaba ya la humana
- carne, solté la rienda al triste llanto.
- «¡Oh fiera, dije, más que tigre hircana,
- y más sorda a mis quejas que el ruído
- embravecido de la mar insana! 565
- »Heme entregado, heme aquí rendido,
- he aquí vences; toma los despojos
- de un cuerpo miserable y afligido.
- »Yo pondré fin del todo a tus enojos,
- ya no te ofenderá mi rostro triste, 570
- mi temerosa voz y húmidos ojos.
- »Quizá tú, que en mi vida no moviste
- el paso a consolarme en tal estado,
- ni tu dureza cruda enterneciste,
- »viendo mi cuerpo aquí desamparado, 575
- vendrás a arrepentirte y lastimarte;
- mas tu socorro tarde habrá llegado.
- »¿Cómo pudiste tan presto olvidarte
- de aquel tan luengo amor, y de sus ciegos
- nudos en sola un hora desligarte? 580
- »¿No se te acuerda de los dulces juegos
- ya de nuestra niñez, que fueron leña
- destos dañosos y encendidos fuegos,
- »cuando la encina desta espesa breña
- de sus bellotas dulces despojaba, 585
- que íbamos a comer sobre esta peña?
- »¿Quién las castañas tiernas derrocaba
- del árbol al subir dificultoso?
- ¿Quién en su limpia falda las llevaba?
- »¿Cuándo en valle florido, espeso, umbroso 590
- metí jamás el pie, que dél no fuese
- cargado a ti de flores y oloroso?
- »Jurábasme, si ausente yo estuviese,
- que ni el agua sabor, ni olor la rosa,
- ni el prado hierba para ti tuviese. 595
- »¿A quién me quejo, que no escucha cosa
- de cuantas digo, quien debría escucharme?
- Eco sola me muestra ser piadosa;
- »respondiéndome prueba conhortarme,[115]
- como quien probó mal tan importuno;[116] 600
- mas no quiere mostrarse y consolarme.[117]
- »¡Oh dioses! si allá juntos de consuno
- de los amantes el cuidado os toca;
- ¡oh tú solo! si toca a solo uno,
- »recebid las palabras que la boca 605
- echa con la doliente ánima fuera,
- antes que el cuerpo torne en tierra poca.
- »¡Oh náyades, de aquesta mi ribera[118]
- corriente moradoras! ¡Oh napeas,
- guarda del verde bosque verdadera![119] 610
- »Alce una de vosotras, blancas deas,
- del agua su cabeza rubia un poco,
- así, ninfa, jamás en tal se vea.
- »Podré decir que con mis quejas toco
- las divinas orejas, no pudiendo[120] 615
- las humanas tocar, cuerdo ni loco.
- »¡Oh hermosas oréades, que teniendo
- el gobierno de selvas y montañas,
- a caza andáis por ellas discurriendo!
- »Dejad de perseguir las alimañas; 620
- venid a ver un hombre perseguido,
- a quien ni valen fuerzas ya ni mañas.
- »¡Oh dríades, de amor hermoso nido,[121]
- dulces y graciosísimas doncellas,
- que a la tarde salís de lo escondido, 625
- »con los cabellos rubios, que las bellas
- espaldas dejan de oro cobijadas,
- parad mientes un rato a mis querellas!
- »Y si con mi ventura conjuradas
- no estáis, haced que sean las ocasiones 630
- de mi muerte aquí siempre celebradas.
- »¡Oh lobos, oh osos, que, por los rincones
- destas fieras cavernas escondidos,
- estáis oyendo agora mis razones!
- »Quedaos adiós, que ya vuestros oídos 635
- de mi zampoña fueron halagados,
- y alguna vez de amor enternecidos.
- »Adiós, montañas; adiós, verdes prados;
- adiós, corrientes ríos espumosos;
- vivid sin mí con siglos prolongados; 640
- »y mientras en el curso presurosos
- iréis al mar a dalle su tributo,
- corriendo por los valles pedregosos,
- »haced que aquí se muestre triste luto
- por quien, viviendo alegre, os alegraba 645
- con agradable son y viso enjuto.[122]
- »Por quien aquí sus vacas abrevaba,
- por quien, ramos de lauro entretejiendo,
- aquí sus fuertes toros coronaba.»
- Estas palabras tales en diciendo, 650
- en pie me alcé por dar ya fin al duro
- dolor que en vida estaba padeciendo.
- Y por el paso en que me ves te juro[123]
- que ya me iba a arrojar de do te cuento,
- con paso largo y corazón seguro,[124] 655
- cuando una fuerza súbita de viento
- vino con tal furor, que de una sierra
- pudiera remover el firme asiento.
- De espaldas, como atónito, en la tierra
- desde ha gran rato me hallé tendido;[125] 660
- que así se halla siempre aquel que yerra.[126]
- Con más sano discurso en mi sentido,
- comencé de culpar el presupuesto[127]
- y temerario error que había seguido,
- en querer dar con triste muerte al resto 665
- de aquesta breve vida fin amargo,
- no siendo por los hados aún dispuesto.
- De allí me fui con corazón más largo
- para esperar la muerte, cuando venga
- a relevarme deste grave cargo. 670
- Bien has ya visto cuánto me convenga,
- que pues buscalla a mí no se consiente,
- ella en buscarme a mí no se detenga.
- Contado te he la causa, el acidente,
- el daño y el proceso todo entero; 675
- cúmpleme tu promesa prestamente.
- Y si mi amigo cierto y verdadero
- eres, como yo pienso, vete agora;
- no estorbes un dolor acerbo y fiero
- al afligido y triste cuando llora. 680
-
- SALICIO
-
- Tratara de una parte
- que agora solo siento,
- si no pensaras que era dar consuelo.
- Quisiera preguntarte
- cómo tu pensamiento 685
- se derribó tan presto en ese suelo,
- o se cubrió de un velo,
- para que no mirase
- que quien tan luengamente
- amó, no se consiente 690
- que tan presto del todo te olvidase.
- ¿Qué sabes si ella agora
- juntamente su mal y el tuyo llora?
-
- ALBANIO
-
- Cese ya el artificio
- de la maestra mano; 695
- no me hagas pasar tan grave pena.
- Harásme tú, Salicio,
- ir do nunca pie humano
- estampó su pisada en el arena.
- Ella está tan ajena 700
- de estar desa manera
- como tú de pensallo,
- aunque quieres mostrallo
- con razón aparente a verdadera.
- Ejercita aquí el arte 705
- a solas, que yo voyme en otra parte.
-
- SALICIO
-
- No es tiempo de curalle,
- hasta que menos tema
- la cura del maestro y su crueza.
- Solo quiero dejalle; 710
- que aún está el apostema
- intratable, a mi ver, por su dureza.
- Quebrante la braveza
- del pecho empedernido
- con largo y tierno llanto; 715
- ireme yo entre tanto
- a requerir de un ruiseñor el nido,
- que está en un alta encina,
- y estará presto en manos de Gravina.[128]
-
- CAMILA
-
- Si desta tierra no he perdido el tino, 720
- por aquí el corzo vino que ha traído,
- después que fue herido, atrás el viento.
- ¿Qué recio movimiento en la corrida
- lleva, de tal herida lastimado?
- En el siniestro lado soterrada 725
- la flecha enherbolada va mostrando,
- las plumas blanqueando solas fuera.
- Y háceme que muera con buscalle.
- No pasó deste valle; aquí está cierto,[129]
- y por ventura muerto. ¡Quién me diese 730
- alguno que siguiese el rastro agora,
- mientras la ardiente hora de la siesta
- en aquesta floresta yo descanso!
- ¡Ay viento fresco y manso y amoroso,
- almo, dulce, sabroso! Esfuerza, esfuerza 735
- tu soplo, y esta fuerza tan caliente
- del alto sol ardiente hora quebranta;
- que ya la tierna planta del pie mío
- anda a buscar el frío desta hierba.
- A los hombres reserva tú, Diana, 740
- en esta siesta insana tu ejercicio;
- por agora tu oficio desamparo,
- que me ha costado caro en este día.
- ¡Ay dulce fuente mía, y de cuán alto
- con solo un sobresalto me arrojaste! 745
- ¿Sabes qué me quitaste, fuente clara?
- Los ojos de la cara, que no quiero
- menos un compañero que yo amaba;
- mas no como él pensaba. Dios ya quiera
- que antes Camila muera que padesca 750
- culpa por do meresca ser echada
- de la selva sagrada de Diana.[130]
- ¡Oh cuán de mala gana mi memoria
- renueva aquesta historia! Mas la culpa
- ajena me desculpa; que si fuera 755
- yo la causa primera desta ausencia,
- yo diera la sentencia en mi contrario.
- Él fue muy voluntario y sin respeto.
- Mas ¿para qué me meto en esta cuenta?
- Quiero vivir contenta y olvidallo, 760
- y aquí donde me hallo recrearme.
- Aquí quiero acostarme, y en cayendo
- la siesta iré siguiendo mi corcillo,
- que yo me maravillo ya y me espanto
- cómo con tal herida huyó tanto. 765
-
- ALBANIO
-
- Si mi turbada vista no me miente,
- paréceme que vi entre rama y rama
- una ninfa llegar a aquella fuente.
- Quiero llegar allá; quizá, si ella ama,
- me dirá alguna cosa con que engañe 770
- con algún falso alivio aquesta llama.
- Y no se me da nada que desbañe[131]
- mi alma, si es contrario lo que creo;
- que a quien no espera bien no hay mal que dañe.
- ¡Oh santos dioses! ¿Qué es esto que veo? 775
- ¿Es error de fantasma convertida
- en forma de mi amor y mi deseo?
- Camila es esta que está aquí dormida;
- no puede de otra ser su hermosura;
- la razón está clara y conocida: 780
- una obra sola quiso la natura[132]
- hacer como esta, y rompió luego apriesa
- la estampa do fue hecha tal figura.[133]
- ¿Quién podrá luego de su forma espresa
- el traslado sacar, si la maestra 785
- misma no basta, y ella lo confiesa?
- Mas ya que es cierto el bien que a mí se muestra
- ¿cómo podré llegar a despertalla,
- temiendo yo la luz que a ella me adiestra?[134]
- ¿Si solamente de poder tocalla 790
- perdiese el miedo yo? Mas ¿si despierta?...
- Si despierta, tenella y no soltalla.
- Esta osadía temo que no es cierta.
- Mas ¿qué me puede hacer? Quiero llegarme.
- En fin, ella está agora como muerta. 795
- Cabe ella por lo menos asentarme
- bien puedo; mas no ya como solía.
- ¡Oh mano poderosa de matarme!
- ¿Viste cuánto tu fuerza en mí podía?
- ¿Por qué para sanarme no la pruebas? 800
- Que tu poder a todo bastaría.
-
- CAMILA
-
- Socórreme, Diana.
-
- ALBANIO
-
- No te muevas,
- que no te he de soltar; escucha un poco.
-
- CAMILA
-
- ¿Quién me dijera, Albanio, tales nuevas?
- Ninfas del verde bosque a vos invoco, 805
- a vos pido socorro desta fuerza.
- ¿Qué es esto, Albanio? Dime si estás loco.
-
- ALBANIO
-
- Locura debe ser la que me fuerza
- a querer más que el alma y que la vida
- a la que a aborrecerme así se esfuerza. 810
-
- CAMILA
-
- Yo debo ser de ti la aborrecida,
- pues me quieres tratar de tal manera,
- siendo tuya la culpa conocida.
-
- ALBANIO
-
- ¿Yo culpa contra ti? Si la primera
- no está por cometer, Camila mía, 815
- en tu desgracia y disfavor yo muera.
-
- CAMILA
-
- ¿Tú no violaste nuestra compañía,
- queriéndola torcer por el camino
- que de la vida honesta se desvía?
-
- ALBANIO
-
- ¿Cómo de sola un hora el desatino 820
- ha de perder mil años de servicio,
- si el arrepentimiento tras él vino?
-
- CAMILA
-
- Aqueste es de los hombres el oficio:
- tentar el mal, y si es malo el suceso,
- pedir con humildad perdón del vicio. 825
-
- ALBANIO
-
- ¿Qué tenté yo, Camila?
-
- CAMILA
-
- Bueno es eso.
- Esta fuente lo diga, que ha quedado
- por un testigo de tu mal proceso.
-
- ALBANIO
-
- Si puede ser mi yerro castigado
- con muerte, con deshonra o con tormento, 830
- vesme aquí, estoy a todo aparejado.
-
- CAMILA
-
- Suéltame ya la mano, que el aliento
- me falta de congoja.
-
- ALBANIO
-
- He muy gran miedo
- que te me irás, que corres más que el viento.
-
- CAMILA
-
- No estoy como solía, que no puedo 835
- moverme ya, de mal ejercitada.
- Suelta, que casi me has quebrado un dedo.
-
- ALBANIO
-
- ¿Estarás, si te suelto, sosegada,
- mientras con razón clara yo te muestro
- que fuiste sin razón de mí enojada? 840
-
- CAMILA
-
- Eres tú de razones gran maestro.
- Suelta, que sí estaré.
-
- ALBANIO
-
- Primero jura
- por la primera fe del amor nuestro.
-
- CAMILA
-
- Yo juro por la ley sincera y pura
- de la amistad pasada, de sentarme, 845
- y de escuchar tus quejas muy segura.
- ¡Cuál me tienes la mano, de apretarme
- con esa dura mano, descreído!
-
- ALBANIO
-
- ¡Cuál me tienes el alma de dejarme!
-
- CAMILA
-
- Mi prendedero de oro ¡si es perdido!...[135] 850
- ¡Oh cuitada de mí! Mi prendedero
- desde aquel valle aquí se me ha caído.
-
- ALBANIO
-
- Mira no se cayese allá primero,
- antes de aqueste al Val de la Hortiga.
-
- CAMILA
-
- Doquier que se perdió, buscallo quiero. 855
-
- ALBANIO
-
- Yo iré a buscado, escusa esa fatiga;
- que no puedo sufrir que aquesta arena
- abrase el blanco pie de mi enemiga.
-
- CAMILA
-
- Pues que quieres tomar por mí esta pena,
- derecho ve primero a aquellas hayas; 860
- que allí estuve yo echada un hora buena.
-
- ALBANIO
-
- Ya voy; mas entre tanto no te vayas.
-
- CAMILA
-
- Seguro ve, que antes verás mi muerte
- que tú me cobres ni a tus manos hayas.
-
- ALBANIO
-
- ¡Ah, ninfa desleal! Y ¿desa suerte 865
- se guarda el juramento que me diste?
- ¡Ah condición de vida dura y fuerte!
- ¡Oh falso amor, de nuevo me heciste
- revivir con un poco de esperanza!
- ¡Oh modo de matar penoso y triste! 870
- ¡Oh muerte llena de mortal tardanza!
- Podré por ti llamar injusto el cielo,
- injusta su medida y su balanza.
- Recibe tú, terreno y duro suelo,
- este rebelde cuerpo, que detiene 875
- del alma el espedido y leve vuelo.
- Yo me daré la muerte, y aun si viene
- alguno a resistirme... ¿A resistirme?
- Él verá que a su vida no conviene.
- ¿No puedo yo morir, no puedo irme 880
- por aquí, por allí, por do quisiere,
- desnudo espirtu o carne y hueso firme?
-
- SALICIO
-
- Escucha, que algún mal hacerse quiere,
- o cierto tiene trastornado el seso.
-
- ALBANIO
-
- Aquí tuviese yo quien mal me quiere. 885
- Descargado me siento de un gran peso;
- paréceme que vuelo, despreciando
- monte, choza, ganado, leche y queso.
- ¿No son aquestos pies? Con ellos ando.
- Ya caigo en ello, el cuerpo se me ha ido; 890
- solo el espirtu es este que hora mando.
- ¿Hale hurtado alguno o escondido
- mientras mirando estaba yo otra cosa?
- ¿O si quedó por caso allí dormido?
- Una figura de color de rosa 895
- estaba allí durmiendo; ¿si es aquella
- mi cuerpo? No, que aquella es muy hermosa
-
- NEMOROSO
-
- Gentil cabeza; no daría por ella
- yo para mi traer solo un cornado.[136]
-
- ALBANIO
-
- ¿A quién iré del hurto a dar querella? 900
-
- SALICIO
-
- Estraño ejemplo es ver en qué ha parado
- este gentil mancebo, Nemoroso;
- ¡Y a nosotros que le hemos más tratado,
- manso, cuerdo, agradable, virtuoso,
- sufrido, conversable, buen amigo, 905
- y con un alto ingenio, gran reposo!
-
- ALBANIO
-
- Yo podré poco, o hallaré testigo
- de quién hurtó mi cuerpo; aunque esté ausente,
- yo lo perseguiré como enemigo.
- ¿Sabrásme decir dél, mi clara fuente? 910
- Dímelo, si lo sabes; así Febo
- nunca tus frescas ondas escaliente.
- Allá dentro en lo fondo está un mancebo
- de laurel coronado, y en la mano
- un palo propio, como yo, de acebo. 915
- Hola, ¿quién está allá? Responde, hermano.
- ¡Válgame Dios! O tú eres sordo o mudo,
- o enemigo mortal del trato humano.
- Espirtu soy, de carne ya desnudo,
- que busco el cuerpo mío, que me ha hurtado 920
- algún ladrón malvado, injusto y crudo.
- Callar que callarás. ¿Hasme escuchado?
- ¡Oh santo Dios! Mi cuerpo mismo veo,
- o yo tengo el sentido trastornado.
- ¡Oh cuerpo! Hete hallado, y no lo creo; 925
- tanto sin ti me hallo descontento.
- Pon fin ya a tu destierro y mi deseo.
-
- NEMOROSO
-
- Sospecho que el contino pensamiento
- que tuvo de morir antes de agora
- le representa aqueste apartamiento. 930
-
- SALICIO
-
- Como del que velando siempre llora,
- quedan durmiendo las especies llenas
- del dolor que en el alma triste mora.
-
- ALBANIO
-
- Si no estás en cadenas, sal ya fuera
- a darme verdadera forma de hombre, 935
- que agora solo el nombre me ha quedado.
- Y si no estás forzado en ese suelo,
- dímelo; que si al cielo que me oyere,
- con quejas no moviere y llanto tierno,
- convocaré el infierno y reino escuro, 940
- y romperé su muro de diamante,
- como hizo el amante blandamente[137]
- por la consorte ausente, que cantando
- estuvo halagando las culebras
- de las hermanas negras mal peinadas.[138] 945
-
- NEMOROSO
-
- ¡De cuán desvariadas opiniones
- saca buenas razones el cuitado!
-
- SALICIO
-
- El curso acostumbrado del ingenio,
- aunque le falte el genio que lo mueva,
- con la fuga que lleva, corre un poco; 950
- y aunque este está hora loco, no por eso
- ha de dar al travieso su sentido
- en todo, habiendo sido cual tú sabes.
-
- NEMOROSO
-
- No más, no me le alabes, que por cierto,
- de vello como muerto estoy llorando. 955
-
- ALBANIO
-
- Estaba contemplando qué tormento
- es este apartamiento. A lo que pienso
- no nos aparta inmenso mar airado,
- no torres de fosado rodeadas,[139]
- no montañas cerradas y sin vía, 960
- no ajena compañía, dulce y cara;
- un poco de agua clara nos detiene;
- por ella no conviene lo que entramos[140]
- con ansia deseamos; porque al punto
- que a ti me acerco y junto, no te apartas; 965
- antes nunca te hartas de mirarme,
- y de sinificarme en tu meneo
- que tienes gran deseo de juntarte
- con esta media parte. Daca, hermano,
- échame acá esa mano, y como buenos 970
- amigos a lo menos nos juntemos,
- y aquí nos abracemos. Ah ¿burlaste?
- ¿Así te me escapaste? Yo te digo
- que no es obra de amigo hacer eso.
- ¿Quedo yo, don Travieso, remojado, 975
- y tú estás enojado? ¡Cuán apriesa
- mueves ¿qué cosa es esa? tu figura!
- ¿Aún esa desventura me quedaba?
- Ya yo me consolaba en ver serena
- tu imagen, y tan buena y amorosa.[141] 980
- No hay bien ni alegre cosa ya que dure.
-
- NEMOROSO
-
- A lo menos, que cure tu cabeza.
-
- SALICIO
-
- Salgamos, que ya empieza un furor nuevo.
-
- ALBANIO
-
- ¡Oh Dios! ¿Por qué no pruebo a echarme dentro
- hasta llegar al centro de la fuente? 985
-
- SALICIO
-
- ¿Qué es esto, Albanio? Tente.
-
- ALBANIO
-
- ¡Oh manifiesto
- ladrón! Mas ¿qué es aquesto? Y ¿es muy bueno
- vestiros de lo ajeno, y ante el dueño,
- como si fuese un leño sin sentido,
- venir muy revestido de mi carne? 990
- Yo haré que descarne esa alma osada
- aquesta mano airada.
-
- SALICIO
-
- Está quedo.
- Llega tú, que no puedo detenelle.
-
- NEMOROSO
-
- Pues ¿qué quieres hacelle?
-
- SALICIO
-
- ¿Yo? dejalle,
- si desenclavijalle yo acabase 995
- la mano, a que escapase mi garganta.
-
- NEMOROSO
-
- No tiene fuerza tanta; solo puedes[142]
- hacer lo que tú debes a quien eres.
-
- SALICIO
-
- ¡Qué tiempo de placeres y de burlas!
- ¿Con la vida te burlas, Nemoroso? 1000
- Ven ya, no estés donoso.
-
- NEMOROSO
-
- Luego vengo,
- en cuanto me detengo yo aquí un poco.
- Veré cómo de un loco te desatas.
-
- SALICIO
-
- ¡Ay! paso, que me matas.
-
- ALBANIO
-
- Aunque mueras...
-
- NEMOROSO
-
- Ya aquello va de veras. Suelta, loco. 1005
-
- ALBANIO
-
- Déjame estar un poco, que ya acabo.
-
- NEMOROSO
-
- Suelta ya.
-
- ALBANIO
-
- ¿Qué te hago?
-
- NEMOROSO
-
- ¿A mí? No, nada.
-
- ALBANIO
-
- Pues vete tu jornada, y nunca entiendas
- en ajenas contiendas.
-
- SALICIO
-
- ¡Ah, furioso!
- Afierra, Nemoroso; tenle fuerte.[143] 1010
- Yo te daré la muerte, don Perdido.
- Ténmele tú tendido mientras lo ato;
- probemos así un rato a castigallo.
- Quizá con espantallo habrá algún miedo.
-
- ALBANIO
-
- Señores, si estoy quedo ¿dejareisme? 1015
-
- SALICIO
-
- No.
-
- ALBANIO
-
- ¡Pues qué! ¿matareisme?
-
- SALICIO
-
- Sí.
-
- ALBANIO
-
- ¿Sin falta?
- Mira cuánto más alta aquella sierra
- está que la otra tierra.
-
- NEMOROSO
-
- Bueno es esto.
- Él olvidará presto la braveza.
-
- SALICIO
-
- Calla, que así se aveza a tener seso. 1020
-
- ALBANIO
-
- ¿Cómo? ¡Azotado y preso!
-
- SALICIO
-
- Calla, escucha.
-
- ALBANIO
-
- Negra fue aquella lucha que contigo
- hice, que tal castigo dan tus manos.
- ¿No éramos como hermanos de primero?
-
- NEMOROSO
-
- Albanio, compañero, calla agora, 1025
- y duerme aquí algún hora, y no te muevas.
-
- ALBANIO
-
- ¿Sabes algunas nuevas de mí?
-
- SALICIO
-
- Loco.
-
- ALBANIO
-
- Paso, que duermo un poco.
-
- SALICIO
-
- ¿Duermes, cierto?
-
- ALBANIO
-
- ¿No me ves como un muerto? Pues ¿qué hago?
-
- SALICIO
-
- Este te dará el pago, si despiertas, 1030
- en esas carnes muertas, te prometo.
-
- NEMOROSO
-
- Algo está más quieto y reposado
- que hasta aquí. ¿Qué dices tú, Salicio?
- ¿Parécete que puede ser curado?
-
- SALICIO
-
- En procurar cualquiera beneficio 1035
- a la vida y salud de un tal amigo
- haremos el debido y justo oficio.
-
- NEMOROSO
-
- Escucha, pues, un poco lo que digo,
- y contaré una estraña y nueva cosa,
- de que yo fui la parte y el testigo. 1040
- En la ribera verde y deleitosa[144]
- del sacro Tormes, dulce y claro río,
- hay una vega grande y espaciosa,
- verde en el medio del invierno frío,
- en el otoño verde y primavera, 1045
- verde en la fuerza del ardiente estío.
- Levántase al fin della una ladera
- con proporción graciosa en el altura,
- que sojuzga la vega y la ribera.
- Allí está sobrepuesta la espesura 1050
- de las hermosas torres, levantadas
- al cielo con estraña hermosura.[145]
- No tanto por la fábrica estimadas,
- aunque estraña labor allí se vea,
- cuanto de sus señores ensalzadas. 1055
- Allí se halla lo que se desea:
- virtud, linaje, haber y todo cuanto
- bien de natura o de fortuna sea.
- Un hombre mora allí de ingenio tanto,[146]
- que toda la ribera adonde él vino 1060
- nunca se harta de escuchar su canto.
- Nacido fue en el campo placentino,[147]
- que con estrago y destruición romana
- en el antiguo tiempo fue sanguino;[148]
- y en este, con la propia, la inhumana 1065
- furia infernal, por otro nombre guerra,
- lo tiñe, lo arruína y lo profana.
- Él, viendo aquesto, abandonó su tierra,
- por ser más del reposo compañero,
- que de la patria que el furor atierra.[149] 1070
- Llevole a aquella parte el buen agüero,
- de aquella tierra de Alba tan nombrada,
- que este es el nombre della, y dél Severo.
- A aqueste Febo no le escondió nada;
- antes de piedras, hierbas y animales 1075
- diz que le fue noticia entera dada.
- Este, cuando le place, a los caudales
- ríos el curso presuroso enfrena
- con fuerza de palabras y señales.
- La negra tempestad en muy serena 1080
- y clara luz convierte, y aquel día,
- si quiere revolvello, el mundo atruena.
- La luna de allá arriba bajaría
- si al son de las palabras no impidiese
- el son del carro que la mueve y guía. 1085
- Temo que si decirte presumiese
- de su saber la fuerza con loores,
- que en lugar de alaballo, lo ofendiese.
- Mas no te callaré que los amores
- con un tan eficaz remedio cura, 1090
- cuanto conviene a tristes amadores.
- En un punto remueve la tristura,
- convierte en odio aquel amor insano,
- y restituye el alma a su natura.[150]
- No te sabré decir, Salicio hermano, 1095
- la orden de mi cura y la manera;
- mas sé que me partí dél libre y sano.
- Acuérdaseme bien que en la ribera
- de Tormes lo hallé solo cantando,
- tan dulce, que a una piedra enterneciera. 1100
- Como cerca me vido, adivinando
- la causa y la razón de mi venida,
- suspenso un rato estuvo allí callando;
- y luego con voz clara y espedida
- soltó la rienda al verso numeroso 1105
- en alabanzas de la libre vida.
- Yo estaba embebecido y vergonzoso;
- atento al son, y viéndome del todo
- fuera de libertad y de reposo,
- no sé decir sino que, en fin, de modo 1110
- aplicó a mi dolor la medicina,
- que el mal desarraigó de todo en todo.
- Quedé yo entonces como quien camina
- de noche por caminos enriscados,
- sin ver dónde la senda o paso inclina, 1115
- mas venida la luz, y contemplados,
- del peligro pasado nace un miedo,
- que deja los cabellos erizados.
- Así estaba mirando atento y quedo
- aquel peligro yo que atrás dejaba, 1120
- que nunca sin temor pensado puedo.
- Tras esto luego se me presentaba,
- sin antojos delante, la vileza
- de lo que antes ardiendo deseaba.
- Así curó mi mal con tal destreza 1125
- el sabio viejo, como te he contado,
- que volvió el alma a su naturaleza,
- y soltó el corazón aherrojado.
-
- SALICIO
-
- ¡Oh gran saber! ¡Oh viejo frutuoso!
- que el perdido reposo al alma vuelve, 1130
- y lo que la revuelve y lleva a tierra
- del corazón destierra encontinente.
- Con esto solamente que contaste,
- así lo reputaste acá comigo,
- que sin otro testigo, a desealle 1135
- ver presente y hablalle me levantas.
-
- NEMOROSO
-
- ¿Desto poco te espantas tú, Salicio?
- De más te daré indicio manifiesto,
- si no te soy molesto y enojoso.
-
- SALICIO
-
- ¿Qué es esto, Nemoroso, y qué cosa 1140
- puede ser tan sabrosa en otra parte
- a mí, como escucharte? No la siento,
- cuanto más este cuento de Severo;
- dímelo por entero, por tu vida,
- pues no hay quien nos impida ni embarace. 1145
- Nuestro ganado pace, el viento espira,
- Filomena sospira en dulce canto,
- y en amoroso llanto se amancilla;[151]
- gime la tortolilla sobre el olmo,
- preséntanos a colmo el prado flores, 1150
- y esmalta en mil colores su verdura;
- la fuente clara y pura murmurando
- nos está convidando a dulce trato.
-
- NEMOROSO
-
- Escucha, pues, un rato, y diré cosas
- estrañas y espantosas poco a poco. 1155
- Ninfas, a vos invoco; verdes faunos,
- sátiros y silvanos, soltad todos
- mi lengua en dulces modos y sutiles;
- que ni los pastoriles ni la avena[152]
- ni la zampoña suena como quiero. 1160
- Este nuestro Severo pudo tanto
- con el suave canto y dulce lira,
- que, revueltos en ira y torbellino,
- en medio del camino se pararon
- los vientos, y escucharon muy atentos 1165
- la voz y los acentos, muy bastantes
- a que los repunantes y contrarios
- hiciesen voluntarios y conformes.
- A aqueste el viejo Tormes como a hijo
- lo metió al escondrijo de su fuente, 1170
- de do va su corriente comenzada.
- Mostrole una labrada y cristalina
- urna, donde él reclina el diestro lado;
- y en ella vio entallado y esculpido
- lo que antes de haber sido, el sacro viejo 1175
- por divino consejo puso en arte,
- labrado a cada parte, las estrañas
- virtudes y hazañas de los hombres
- que con sus claros nombres ilustraron
- cuanto señorearon de aquel río. 1180
- Estaba con un brío desdeñoso,
- con pecho corajoso, aquel valiente
- que contra un rey potente y de gran seso,
- que el viejo padre preso le tenía,[153]
- cruda guerra movía, despertando 1185
- su ilustre y claro bando al ejercicio
- de aquel piadoso oficio. A aqueste junto
- la gran labor al punto señalaba
- al hijo, que mostraba acá en la tierra
- ser otro Marte en guerra, en corte Febo.[154] 1190
- Mostrábase mancebo en las señales
- del rostro, que eran tales, que esperanza
- y cierta confianza claro daban
- a cuantos le miraban, que él sería
- en quien se informaría un ser divino. 1195
- Al campo sarracino en tiernos años
- daba con graves daños a sentillo;[155]
- que, como fue caudillo del cristiano,
- ejercitó la mano y el maduro
- seso y aquel seguro y firme pecho. 1200
- En otra parte, hecho ya más hombre,
- con más ilustre nombre los arneses
- de los fieros franceses abollaba.[156]
- Junto tras esto estaba figurado
- con el arnés manchado de otra sangre, 1205
- sosteniendo la hambre en el asedio,
- siendo él solo remedio del combate,
- que con fiero rebate y con ruído
- por el muro batido le ofrecían.
- Tantos, al fin, morían por su espada, 1210
- a tantos la jornada puso espanto,
- que no hay labor que tanto notifique
- cuánto el fiero Fadrique de Toledo
- puso terror y miedo al enemigo.
- Tras aqueste que digo se veía 1215
- el hijo don García, que en el mundo[157]
- sin par y sin segundo solo fuera,
- si hijo no tuviera. ¿Quién mirara
- de su hermosa cara el rayo ardiente,
- quién su resplandeciente y clara vista, 1220
- que no diera por vista su grandeza?
- Estaban de crueza fiera armadas
- las tres inicas hadas, cruda guerra[158]
- haciendo allí a la tierra con quitalle
- a este, que en alcanzalle fue dichosa. 1225
- ¡Oh patria lagrimosa, y cómo vuelves
- los ojos a los Gelves, sospirando![159]
- Él está ejercitando el duro oficio,
- y con tal artificio la pintura
- mostraba su figura, que dijeras, 1230
- si pintado le vieras, que hablaba.
- El arena quemaba, el sol ardía,
- la gente se caía medio muerta;
- él solo con despierta vigilanza
- dañaba la tardanza floja, inerte, 1235
- y alababa la muerte gloriosa.
- Luego la polvorosa muchedumbre
- gritando a su costumbre le cercaba;
- mas el que se llegaba al fiero mozo,
- llevaba con destrozo y con tormento 1240
- del loco atrevimiento el justo pago.
- Unos en bruto lago de su sangre,
- cortado ya el estambre de la vida,
- la cabeza partida revolcaban;
- otros claro mostraban espirando, 1245
- de fuera palpitando las entrañas,
- por las fieras y estrañas cuchilladas
- de aquella mano dadas. Mas el hado
- acerbo, triste, airado, fue venido;
- y al fin él, confundido de alboroto, 1250
- atravesado y roto de mil hierros,
- pidiendo de sus yerros venia al cielo,
- puso en el duro suelo la hermosa
- cara, como la rosa matutina,[160]
- cuando ya el sol declina al mediodía, 1255
- que pierde su alegría, y marchitando
- va la color mudando; o en el campo
- cual queda el lirio blanco, que el arado
- crudamente cortado al pasar deja,
- del cual aún no se aleja presuroso 1260
- aquel color hermoso, o se destierra;
- mas ya la madre tierra, descuidada,
- no le administra nada de su aliento,
- que era el sustentamiento y vigor suyo;
- ¡Tal está el rostro tuyo en la arena, 1265
- fresca rosa, azucena blanca y pura!
- Tras esto una pintura estraña tira
- los ojos de quien mira, y los detiene
- tanto, que no conviene mirar cosa
- estraña ni hermosa, sino aquella. 1270
- De vestidura bella allí vestidas
- las Gracias esculpidas se veían;
- solamente traían un delgado
- velo, que el delicado cuerpo viste;
- mas tal, que no resiste a nuestra vista. 1275
- Su diligencia en vista demostraban;[161]
- todas tres ayudaban en un hora
- a una muy gran señora que paría.[162]
- Un infante se vía ya nacido,[163]
- tal, cual jamás salido de otro parto, 1280
- del primer siglo al cuarto vio la luna.[164]
- En la pequeña cuna se leía
- un nombre que decía: _Don Fernando_.
- Bajaban, dél hablando, de dos cumbres[165]
- aquellas nueve lumbres de la vida;[166] 1285
- con ligera corrida iba con ellas,
- cual luna con estrellas, el mancebo
- intonso y rubio Febo; y en llegando,[167]
- por orden abrazando todas fueron
- al niño, que tuvieron luengamente 1290
- visto como presente. De otra parte[168]
- Mercurio estaba, y Marte cauto y fiero,
- viendo el gran caballero que encogido
- en el recién nacido cuerpo estaba.
- Entonces lugar daba mesurado 1295
- a Venus, que a su lado estaba puesta.
- Ella con mano presta y abundante
- nétar sobre el infante desparcía;[169]
- mas Febo la desvía de aquel tierno
- niño, y daba el gobierno a sus hermanas. 1300
- Del cargo están ufanas todas nueve.
- El tiempo el paso mueve, el niño crece,
- y en tierna edad florece, y se levanta
- como felice planta en buen terreno.
- Ya sin preceto ajeno daba tales 1305
- de su ingenio señales, que espantaban
- a los que lo criaban. Luego estaba
- cómo una lo entregaba a un gran maestro,
- que con ingenio diestro y vida honesta
- hiciese manifiesta al mundo y clara 1310
- aquella ánima rara que allí vía.
- Al niño recebía con respeto
- un viejo, en cuyo aspeto se vía junto
- severidad a un punto con dulzura.
- Quedó desta figura como helado 1315
- Severo, y espantado viendo al viejo,
- que, como si en espejo se mirara,
- en cuerpo, edad y cara eran conformes.
- En esto, el rostro a Tormes revolviendo,
- vio que estaba riendo de su espanto. 1320
- «¿De qué te espantas tanto? --dijo el río--
- ¿No basta el saber mío a que primero
- que naciese Severo, yo supiese
- que había de ser quien diese la dotrina
- al ánima divina deste mozo?» 1325
- Él, lleno de alborozo y de alegría,
- sus ojos mantenía de pintura.
- Miraba otra figura de un mancebo,
- el cual venía con Febo mano a mano,
- al modo cortesano. En su manera,[170] 1330
- lo juzgara cualquiera, viendo el gesto
- lleno de un sabio, honesto y dulce afeto,
- por un hombre perfeto en la alta parte
- de la difícil arte cortesana,
- maestra de la humana y dulce vida. 1335
- Luego fue conocida de Severo
- la imagen por entero fácilmente
- deste que allí presente era pintado.
- Vio que era el que había dado a don Fernando,
- su ánimo formando en luenga usanza, 1340
- el trato, la crianza y gentileza,
- la dulzura y llaneza acomodada,
- la virtud apartada y generosa,
- y en fin, cualquiera cosa que se vía
- en la cortesanía, de que lleno 1345
- Fernando tuvo el seno y bastecido.
- Después de conocido, leyó el nombre
- Severo de aqueste hombre que se llama
- Boscán, de cuya llama clara y pura
- sale el fuego que apura sus escritos, 1350
- que en siglos infinitos tendrán vida.
- De algo más crecida edad miraba
- al niño que escuchaba sus consejos,
- luego los aparejos ya de Marte,
- estotro puesto aparte, le traía. 1355
- Así les convenía a todos ellos,
- que no pudiera dellos dar noticia
- a otro la milicia en muchos años.
- Obraba los engaños de la lucha;
- la maña y fuerza mucha y ejercicio 1360
- con el robusto oficio está mesclando.[171]
- Allí con rostro blando y amoroso
- Venus aquel hermoso mozo mira,
- y luego lo retira por un rato
- de aquel áspero trato y son de hierro. 1365
- Mostrábale ser yerro y ser mal hecho
- armar contino el pecho de dureza,
- no dando a la terneza alguna puerta.
- Entrada en una huerta, con él siendo,
- una ninfa durmiendo le mostraba. 1370
- El mozo la miraba, y juntamente
- de súbito acidente acometido,
- estaba embebecido, y a la diosa,
- que a la ninfa hermosa se allegase
- mostraba que rogase, y parecía 1375
- que la diosa temía de llegarse.
- Él no podía hartarse de miralla,
- eternamente amalla proponiendo.
- Luego venía corriendo Marte airado,
- mostrándose alterado en la persona, 1380
- y daba la corona a don Fernando.
- Estábale mostrando un caballero
- que con semblante fiero amenazaba
- al mozo que quitaba el nombre a todos.
- Con atentados modos se movía 1385
- contra el que le atendía en una puente.[172]
- Mostraba claramente la pintura
- que acaso noche escura entonces era.
- De la batalla fiera era testigo
- Marte, que al enemigo condenaba 1390
- y al mozo coronaba en el fin della;
- el cual como la estrella relumbrante
- que el sol envía delante, resplandece.
- De allí su nombre crece, y se derrama
- su valerosa fama a todas partes. 1395
- Luego con nuevas artes se convierte
- a hurtar a la muerte y a su abismo
- gran parte de sí mismo y quedar vivo
- cuando el vulgo cautivo lo llorare,
- y muerto lo llamare con deseo. 1400
- Estaba el Himeneo allí pintado,
- el diestro pie calzado en lazos de oro.[173]
- De vírgenes un coro está cantando,
- partidas altercando y respondiendo,
- y en un lecho poniendo una doncella,[174] 1405
- que quien atento aquella bien mirase,
- y bien la cotejase en su sentido
- con la que el mozo vido allá en la huerta,
- verá que la despierta y la dormida
- por una es conocida de presente. 1410
- Mostraba juntamente ser señora
- dina y merecedora de tal hombre.
- El almohada el nombre contenía,
- el cual doña María Enriques era.[175]
- Apenas tienen fuera a don Fernando, 1415
- ardiendo y deseando estar ya echado.[176]
- Al fin era dejado con su esposa,
- dulce, pura, hermosa, sabia, honesta.
- En un pie estaba puesta la fortuna,
- nunca estable ni una, que llamaba 1420
- a Fernando, que estaba en vida ociosa,
- que por dificultosa y ardua vía
- quisiera ser su guía y ser primera;
- mas él por compañera toma aquella,
- siguiendo a la que es bella descubierta, 1425
- y juzgada cubierta por disforme;
- el nombre era conforme a aquesta fama:
- virtud esta se llama, al mundo rara.[177]
- ¿Quién tras ella guiara igual en curso,
- sino este, que el discurso de su lumbre 1430
- forzaba la costumbre de sus años,
- no recibiendo engaños sus deseos?
- Los montes Pirineos (que se estima[178]
- de abajo que la cima está en el cielo,
- y desde arriba el suelo en el infierno) 1435
- por medio del invierno atravesaba.
- La nieve blanqueaba, y las corrientes
- por debajo de puentes cristalinas
- y por heladas minas van calladas.
- El aire las cargadas ramas mueve, 1440
- que el peso de la nieve las desgaja.
- Por aquí se trabaja el Duque osado,
- del tiempo contrastado y de la vía,
- con clara compañía de ir delante.
- El trabajo constante y tan loable 1445
- por la Francia mudable, en fin, le lleva,[179]
- la fama en él renueva la presteza;
- la cual con ligereza iba volando,
- y con el gran Fernando se paraba,
- y le sinificaba en modo y gesto 1450
- que el caminar muy presto convenía.
- De todos escogía el Duque uno,[180]
- y entrambos de consuno cabalgaban;
- los caballos mudaban fatigados;
- mas a la fin llegados a los muros 1455
- del gran París seguros, la dolencia,
- con su débil presencia y amarilla,[181]
- bajaba de la silla al Duque sano,
- y con la pesada mano le tocaba.
- El luego comenzaba a demudarse, 1460
- y amarillo pararse y a dolerse.
- Luego pudiera verse de travieso
- venir por un espeso bosque ameno,
- de buenas hierbas lleno y medicina,
- Esculapio, y camina, no parando,[182] 1465
- hasta donde Fernando está en el lecho.
- Entró con pie derecho, y parecía
- que le restituía en tanta fuerza,
- que a proseguir se esfuerza su viaje,
- que le llevó al pasaje del gran Reno.[183] 1470
- Tomábale en su seno el caudaloso
- y claro río, gozoso de tal gloria,
- trayendo a la memoria cuándo vino
- el vencedor latino al mismo paso.[184]
- No se mostraba escaso de sus ondas; 1475
- antes con aguas hondas que engendraba,
- los bajos igualaba y al liviano
- barco daba de mano, el cual, volando,
- atrás iba dejando muros, torres.
- Con tanta priesa corres, navecilla, 1480
- que llegas do amancilla una doncella,
- y once mil más con ella, y mancha el suelo
- de sangre, que en el cielo está esmaltada:[185]
- Úrsula, desposada y virgen pura,
- mostraba su figura, en una pieza 1485
- pintada su cabeza. Allí se vía
- que los ojos volvía ya espirando;
- y estábate mirando aquel tirano[186]
- que con acerba mano llevó a hecho
- de tierno en tierno pecho tu compaña. 1490
- Por la fiera Alemaña de aquí parte
- el Duque, a aquella parte enderezado
- donde el cristiano estado estaba en dubio.[187]
- En fin al gran Danubio se encomienda;
- por él suelta la rienda a su navío,[188] 1495
- que con poco desvío de la tierra,
- entre una y otra sierra el agua hiende.
- El remo, que deciende en fuerza suma,
- mueve la blanca espuma como argento.
- El veloz movimiento parecía 1500
- que pintado se vía ante los ojos.
- Con amorosos ojos adelante
- Carlo, César triunfante, le abrazaba
- cuando desembarcaba en Ratisbona.[189]
- Allí por la corona del imperio 1505
- estaba el magisterio de la tierra
- convocado a la guerra que esperaban.
- Todos ellos estaban enclavando
- los ojos en Fernando, y en el punto
- que así le vieron junto, se prometen 1510
- de cuanto allí acometen la vitoria.
- Con falsa y vana gloria y arrogancia,
- con bárbara jatancia allí se vía
- a los fines de Hungría el campo puesto
- de aquel que fue molesto en tanto grado 1515
- al húngaro cuitado y afligido;[190]
- las armas y el vestido a su costumbre,
- era la muchedumbre tan estraña,
- que apenas la campaña la abrazaba,
- ni a dar pasto bastaba, ni agua el río. 1520
- César con celo pío y con valiente
- ánimo aquella gente despreciaba;
- la suya convocaba, y en un punto
- vieras un campo junto de naciones
- diversas y razones, mas de un celo.[191] 1525
- No ocupaban el suelo en tanto grado
- con número sobrado y infinito
- como el campo maldito; mas mostraban
- virtud, con que sobraban su contrario,[192]
- ánimo voluntario, industria y maña; 1530
- con generosa saña y viva fuerza
- Fernando los esfuerza y los recoge,
- y a sueldo suyo coge muchos dellos.
- De un arte usaba entre ellos admirable;
- con el disciplinable alemán fiero 1535
- a su manera y fuero conversaba;
- a todos se aplicaba de manera,
- que el flamenco dijera que nacido
- en Flandes había sido, y el osado
- español y sobrado, imaginando[193] 1540
- ser suyo don Fernando y de su suelo,
- demanda sin recelo la batalla.
- Quien más cerca se halla del gran hombre
- piensa que crece el nombre por su mano.
- El cauto italiano nota y mira,[194] 1545
- los ojos nunca tira del guerrero,[195]
- y aquel valor primero de su gente[196]
- junto en este y presente considera.
- En él ve la manera misma y maña
- del que pasó en España sin tardanza, 1550
- siendo solo esperanza de su tierra,
- y acabó aquella guerra peligrosa
- con mano poderosa y con estrago
- de la fiera Cartago y de su muro,
- y del terrible y duro su caudillo, 1555
- cuyo agudo cuchillo a las gargantas
- Italia tuvo tantas veces puesto.[197]
- Mostrábase tras esto allí esculpida
- la envidia carcomida, así molesta;[198]
- contra Fernando puesta frente a frente, 1560
- la desvalida gente convocaba,
- y contra aquel la armaba, y con sus artes
- busca por todas partes daño y mengua.
- Él con su mansa lengua y largas manos
- los tumultos livianos asentando, 1565
- poco a poco iba alzando tanto el vuelo,
- que la envidia en el cielo lo miraba;
- y como no bastaba a la conquista,
- vencida ya su vista de tal lumbre,
- forzaba su costumbre, y parecía 1570
- que perdón le pedía, en tierra echada.
- Él, después de pisada, descansado
- quedaba y aliviado de este enojo;
- y lleno del despojo desta fiera,
- hallaba en la ribera del gran río, 1575
- de noche, al puro frío del sereno,
- a César, que en su seno está pensoso,
- del suceso dudoso desta guerra;
- que, aunque de sí destierra la tristeza,
- del caso la grandeza trae consigo 1580
- el pensamiento amigo del remedio.[199]
- Entrambos buscan medio convenible
- para que aquel terrible furor loco
- les empeciese poco, y recibiese
- tal estrago, que fuese destrozado. 1585
- Después de haber hablado, ya cansados,
- en la hierba acostados se dormían;
- el gran Danubio oían ir sonando,
- casi como aprobando aquel consejo.
- En esto el claro viejo río se vía 1590
- que del agua salía muy callado,
- de sauces coronado y de un vestido
- de las ovas tejido mal cubierto,
- y en aquel sueño incierto les mostraba
- todo cuanto tocaba al gran negocio. 1595
- Y parecía que el ocio sin provecho
- les sacaba del pecho; porque luego,
- como si en vivo fuego se quemara
- alguna cosa cara, se levantan
- del gran sueño y se espantan, alegrando 1600
- el ánimo y alzando la esperanza.
- El río sin tardanza parecía
- que el agua disponía al gran viaje;
- allanaba el pasaje y la corriente,
- para que fácilmente aquella armada[200] 1605
- que había de ser guiada por su mano,
- en el remar liviano y dulce viese
- cuánto el Danubio fuese favorable.
- Con presteza admirable vieras junto
- un ejército a punto denodado; 1610
- y después de embarcado, el remo lento,
- el duro movimiento de los brazos,
- los pocos embarazos de las ondas
- llevaban por las hondas aguas presta
- el armada, molesta al gran tirano.[201] 1615
- El artificio humano no hiciera
- pintura que esprimiera vivamente,
- el armada, la gente, el curso, el agua;
- apenas en la fragua, donde sudan
- los cíclopes y mudan fatigados[202] 1620
- los brazos, ya cansados del martillo,
- pudiera así esprimillo el gran maestro.
- Quien viera el curso diestro por la clara
- corriente, bien jurara a aquellas horas[203]
- que las agudas proras dividían 1625
- el agua y la hendían con sonido,
- y el rastro iba seguido. Luego vieras
- al viento las banderas tremolando,
- las ondas imitando en el moverse.
- Pudiera también verse casi viva 1630
- la otra gente esquiva y descreída,
- que, de ensoberbecida y arrogante,
- pensaban que delante no hallaran
- hombres que se pararan, a su furia.
- Los nuestros, tal injuria no sufriendo, 1635
- remos iban metiendo con tal gana,
- que iba de espuma cana el agua llena.
- El temor enajena al otro bando;
- el sentido, volando de uno en uno,
- entrábase importuno por la puerta 1640
- de la opinión incierta, y siendo dentro,
- en el íntimo centro allá del pecho
- les dejaba deshecho un hielo frío,
- el cual, como un gran río en flujos gruesos,
- por médulas y huesos discurría. 1645
- Todo el campo se vía conturbado
- y con arrebatado movimiento;
- solo del salvamento platicaban.[204]
- Luego se levantaban con desorden,
- confusos y sin orden caminando, 1650
- atrás iban dejando con recelo,
- tendida por el suelo, su riqueza.
- Las tiendas do pereza y do fornicio,
- con todo bruto vicio obrar solían,
- sin ellas se partían. Así armadas, 1655
- eran desamparadas de sus dueños.
- A grandes y pequeños juntamente
- era el temor presente por testigo,
- y el áspero enemigo a las espaldas,
- que les iba las faldas ya mordiendo. 1660
- César estar teniendo allí se vía
- a Fernando, que ardía sin tardanza
- por colorar su lanza en turca sangre.
- Con animosa hambre y con denuedo
- forcejea con quien quedo estar le manda. 1665
- Como lebrel de Irlanda generoso
- que el jabalí cerdoso y fiero mira,
- rebátese, sospira, fuerza y riñe,
- y apenas le constriñe el atadura,
- que el dueño con cordura más aprieta;[205] 1670
- así estaba perfeta y bien labrada
- la imagen figurada de Fernando,
- que quien allí mirándola estuviera,
- que era desta manera bien juzgara.
- Resplandeciente y clara de su gloria 1675
- pintada la vitoria se mostraba;
- a César abrazaba, y no parando,
- los brazos a Fernando echaba al cuello.
- Él mostraba de aquello sentimiento,
- por ser el vencimiento tan holgado. 1680
- Estaba figurado un carro estraño
- con el despojo y daño de la gente
- bárbara, y juntamente allí pintados
- cautivos amarrados a las ruedas,
- con hábitos y sedas variadas; 1685
- lanzas rotas, celadas y banderas,
- armaduras ligeras de los brazos,
- escudos en pedazos divididos,
- vieras allí cogidos en trofeo,
- con que el común deseo y voluntades 1690
- de tierras y ciudades se alegraba.
- Tras esto blanqueaba falda y seno
- con velas al Tirreno de la armada
- sublime y ensalzada y gloriosa.
- Con la prora espumosa las galeras, 1695
- como nadantes fieras, el mar cortan,
- hasta que en fin aportan con corona
- de lauro a Barcelona, do cumplidos[206]
- los votos ofrecidos y deseos,
- y los grandes trofeos ya repuestos, 1700
- con movimientos prestos de allí luego,
- en amoroso fuego todo ardiendo,
- el Duque iba corriendo, y no paraba.
- Cataluña pasaba, atrás la deja;
- ya de Aragón se aleja, y en Castilla, 1705
- sin bajar de la silla, los pies pone.
- El corazón dispone a la alegría
- que vecina tenía, y reserena
- su rostro, y enajena de sus ojos
- muerte, daños, enojos, sangre y guerra. 1710
- Con solo amor se encierra sin respeto,
- y el amoroso afeto y celo ardiente
- figurado y presente está en la cara;
- y la consorte cara, presurosa,
- de un tal placer dudosa, aunque lo vía, 1715
- el cuello le ceñía en nudo estrecho,[207]
- de aquellos brazos hecho delicados;
- de lágrimas preñados relumbraban
- los ojos que sobraban al sol claro.
- Con su Fernando caro y señor pío 1720
- la tierra, el campo, el río, el monte, el llano,
- alegres a una mano estaban todos,
- mas con diversos modos lo decían.
- Los muros parecían de otra altura;
- el campo en hermosura de otras flores 1725
- pintaba mil colores disconformes;
- estaba el mismo Tormes figurado,
- en torno rodeado de sus ninfas,
- vertiendo claras linfas con instancia,
- en mayor abundancia que solía; 1730
- del monte se veía el verde seno
- de ciervos todo lleno, corzos, gamos,
- que de los tiernos ramos van rumiando;
- el llano está mostrando su verdura,
- tendiendo su llanura así espaciosa, 1735
- que a la vida curiosa nada empece,
- ni deja en qué tropiece el ojo vago.
- Bañados en un lago, no de olvido,
- mas de un embebecido gozo, estaban
- cuantos consideraban la presencia 1740
- deste, cuya ecelencia el mundo canta,
- cuyo valor quebranta al turco fiero.
- Aquesto vio Severo por sus ojos,
- y no fueron antojos ni ficiones;
- si oyeras sus razones, yo te digo 1745
- que como a buen testigo lo creyeras.
- Contaba muy de veras que, mirando
- atento y contemplando las pinturas,
- hallaba en las figuras tal destreza,
- que con mayor viveza no pudieran 1750
- estar si ser les dieran vivo y puro.
- Lo que dellas escuro allí hallaba,
- y el ojo no bastaba a recogello,
- el río le daba dello gran noticia.
- --Este de la milicia --dijo el río-- 1755
- la cumbre y señorío tendrá solo
- del uno al otro polo, y porque espantes
- a todos cuantos cantes los famosos
- hechos tan gloriosos, tan ilustres,[208]
- sabe que en cinco lustres de sus años[209] 1760
- hará tantos engaños a la muerte,
- que con ánimo fuerte habrá pasado
- por cuanto aquí pintado della has visto.
- Ya todo lo has previsto, vamos fuera,
- dejarte he en la ribera do estar sueles. 1765
- --Quiero que me reveles tú primero,
- --le replicó Severo--, qué es aquello,
- que de mirar en ello se me ofusca
- la vista; así corusca y resplandece,[210]
- y tan claro parece allí en la urna, 1770
- como en hora noturna la cometa.
- --Amigo, no se meta --dijo el viejo--
- ninguno, le aconsejo, en este suelo
- en saber más que el cielo le otorgare;
- y si no te mostrare lo que pides, 1775
- tú mismo me lo impides, porque en tanto
- que el mortal velo y manto el alma cubren,
- mil cosas se te encubren, que no bastan
- tus ojos, que contrastan, a mirallas.
- No pude yo pintallas con menores 1780
- luces y resplandores, porque sabe,
- y aquesto en ti bien cabe, que esto todo
- que en ecesivo modo resplandece
- tanto, que no parece ni se muestra,
- es lo que aquella diestra mano osada 1785
- y virtud sublimada de Fernando
- acabarán entrando más los días.
- Lo cual, con lo que vías comparado,
- es como con nublado muy escuro
- el sol ardiente, puro, relumbrante. 1790
- Tu vista no es bastante a tanta lumbre,
- hasta que la costumbre de miralla
- tu ver al contemplalla no confunda.
- Como en cárcel profunda el encerrado,
- que, súbito sacado, le atormenta 1795
- el sol que se presenta a sus tinieblas;
- así tú, que las nieblas y hondura,
- metido en estrechura, contemplabas
- que era cuanto mirabas otra gente,
- viendo tan diferente suerte de hombre, 1800
- no es mucho que te asombre luz tamaña;
- pero vete, que baña el sol hermoso
- su carro presuroso ya en las ondas,
- y antes que me respondas será puesto.--
- Diciendo así, con gesto muy humano 1805
- tomole por la mano. ¡Oh admirable
- caso, y, cierto, espantable! Que en saliendo,
- se fueron estriñendo de una parte
- y de otra de tal arte aquellas ondas,
- que las aguas, que hondas ser solían, 1810
- el suelo descubrían, y dejaban
- seca por do pasaban la carrera,
- hasta que en la ribera se hallaron;
- y como se pararon en un alto,
- el viejo de allí un salto dio con brío, 1815
- y levantó del río espuma al cielo,
- y comovió del suelo negra arena.
- Severo, ya de ajena ciencia instruto,
- fuese a coger el fruto sin tardanza
- de futura esperanza; y escribiendo, 1820
- las cosas fue esprimiendo muy conformes
- a las que había de Tormes aprendido;
- y aunque de mi sentido él bien juzgase
- que no las alcanzase, no por eso
- este largo proceso sin pereza 1825
- dejó, por su nobleza, de mostrarme.
- Yo no podía hartarme allí leyendo,
- y tú de estarme oyendo estás cansado.
-
- SALICIO
-
- Espantado me tienes
- con tan estraño cuento, 1830
- y al son de tu hablar embebecido;
- acá dentro me siento,
- oyendo tantos bienes
- y el valor deste príncipe escogido,
- bullir con el sentido 1835
- y arder con el deseo,
- por contemplar presente
- a aquel que, estando ausente,
- por tu divina relación ya veo.
- ¡Quién viese la escritura, 1840
- ya que no puede verse la pintura!
- Por firme y verdadero,
- después que te he escuchado,
- tengo que ha de sanar Albanio cierto;
- que, según me has contado, 1845
- bastará a tu Severo
- a dar salud a un vivo y vida a un muerto;
- que a quien fue descubierto
- un tamaño secreto,
- razón es que se crea 1850
- que, cualquiera que sea,
- alcanzará con su saber perfeto,
- y a las enfermedades
- aplicará contrarias calidades.
-
- NEMOROSO
-
- Pues ¿en qué te resumes, di, Salicio, 1855
- acerca deste enfermo compañero?
-
- SALICIO
-
- En que hagamos el debido oficio.
- Luego de aquí partamos, y primero
- que haga curso el mal y se envejesca,
- así le presentemos a Severo. 1860
-
- NEMOROSO
-
- Yo soy contento, y antes que amanesca
- y que del sol el claro rayo ardiente
- sobre las altas cumbres se paresca,
- el compañero mísero y doliente
- llevemos luego donde cierto entiendo 1865
- que será guarecido fácilmente.
-
- SALICIO
-
- Recoge tu ganado, que cayendo
- ya de los altos montes las mayores
- sombras, con ligereza van corriendo.
- Mira en torno, y verás por los alcores 1870
- salir el humo de las caserías
- de aquestos comarcanos labradores.[211]
- Recoge tus ovejas y las mías,
- y vete ya con ellas poco a poco
- por aquel mismo valle que solías. 1875
- Yo solo me avendré con nuestro loco,
- que pues él hasta aquí no se ha movido,
- la braveza y furor debe ser poco.
-
- NEMOROSO
-
- Si llegas antes, no te estés dormido;
- apareja la cena, que sospecho 1880
- que aún fuego Galafrón no habrá encendido.
-
- SALICIO
-
- Yo lo haré, que al hato iré derecho,
- si no me lleva a despeñar consigo
- de algún barranco Albanio a mi despecho.
- Adiós, hermano.
-
- NEMOROSO
-
- Adiós, Salicio amigo. 1885
-
-
-
-
-ÉGLOGA III
-
- Aquella voluntad honesta y pura,[212]
- ilustre y hermosísima María,
- que en mí de celebrar tu hermosura,
- tu ingenio y tu valor estar solía,
- a despecho y pesar de la ventura 5
- que por otro camino me desvía,
- está y estará en mí tanto clavada,
- cuanto del cuerpo el alma acompañada.[213]
- Y aun no se me figura que me toca
- aqueste oficio solamente en vida; 10
- mas con la lengua muerta y fría en la boca[214]
- pienso mover la voz a ti debida.
- Libre mi alma de su estrecha roca,
- por el Estigio lago conducida,
- celebrándote irá, y aquel sonido 15
- hará parar las aguas del olvido.
- Mas la fortuna, de mi mal no harta,
- me aflige y de un trabajo en otro lleva;
- ya de la patria, ya del bien me aparta,
- ya mi paciencia en mil maneras prueba; 20
- y lo que siento más, es que la carta,[215]
- donde mi pluma en tu alabanza mueva,
- poniendo en su lugar cuidados vanos,
- me quita y me arrebata de las manos.
- Pero, por más que en mí su fuerza pruebe, 25
- no tornará mi corazón mudable;
- nunca dirán jamás que me remueve
- fortuna de un estudio tan loable.
- Apolo y las hermanas, todas nueve,
- me darán ocio y lengua con que hable 30
- lo menos de lo que en tu ser cupiere,
- que esto será lo más que yo pudiere.[216]
- En tanto no te ofenda ni te harte
- tratar del campo y soledad que amaste,
- ni desdeñes aquesta inculta parte 35
- de mi estilo, que en algo ya estimaste.
- Entre las armas del sangriento Marte,
- do apenas hay quien su furor contraste,
- hurté de el tiempo aquesta breve suma,
- tomando, ora la espada, ora la pluma.[217] 40
- Aplica, pues, un rato los sentidos
- al bajo son de mi zampoña ruda,
- indina de llegar a tus oídos,
- pues de ornamento y gracia va desnuda;
- mas a las veces son mejor oídos 45
- el puro ingenio y lengua casi muda,
- testigos limpios de ánimo inocente,
- que la curiosidad del elocuente.
- Por aquesta razón de ti escuchado,
- aunque me falten otras, ser meresco. 50
- Lo que puedo te doy, y lo que he dado,
- con recibillo tú yo me enriquesco.
- De cuatro ninfas que del Tajo amado
- salieron juntas, a cantar me ofresco,
- Filódoce, Dinámene y Crimene, 55
- Nise, que en hermosura par no tiene.
- Cerca del Tajo en soledad amena,
- de verdes sauces hay una espesura,
- toda de hiedra revestida y llena,
- que por el tronco va hasta el altura, 60
- y así la teje arriba y encadena,
- que el sol no halla paso a la verdura;
- el agua baña el prado, con sonido
- alegrando la vista y el oído.
- Con tanta mansedumbre el cristalino 65
- Tajo en aquella parte caminaba,
- que pudieran los ojos el camino
- determinar apenas que llevaba.
- Peinando sus cabellos de oro fino,
- una ninfa, del agua, do moraba, 70
- la cabeza sacó, y el prado ameno
- vido de flores y de sombra lleno.
- Moviola el sitio umbroso, el manso viento,
- el suave olor de aquel florido suelo.
- Las aves en el fresco apartamiento 75
- vio descansar del trabajoso vuelo.
- Secaba entonces el terreno aliento
- el sol subido en la mitad del cielo.
- En el silencio solo se escuchaba
- un susurro de abejas que sonaba. 80
- Habiendo contemplado una gran pieza
- atentamente aquel lugar sombrío,
- somorgujó de nuevo su cabeza,[218]
- y al fondo se dejó calar del río.[219]
- A sus hermanas a contar empieza 85
- del verde sitio el agradable frío,
- y que vayan les ruega y amonesta
- allí con su labor a estar la siesta.
- No perdió en esto mucho tiempo el ruego,
- que las tres dellas su labor tomaron, 90
- y en mirando de fuera, vieron luego
- el prado, hacia el cual enderezaron.
- El agua clara con lacivo juego[220]
- nadando dividieron y cortaron,[221]
- hasta que el blanco pie tocó mojado, 95
- saliendo de la arena, el verde prado.
- Poniendo ya en lo enjuto las pisadas,[222]
- escurrieron del agua sus cabellos,
- los cuales esparciendo, cubijadas
- las hermosas espaldas fueron dellos. 100
- Luego sacando telas delicadas,
- que en delgadeza competían con ellos,[223]
- en lo más escondido se metieron,
- y a su labor atentas se pusieron.
- Las telas eran hechas y tejidas 105
- del oro que el felice Tajo envía,
- apurado, después de bien cernidas
- las menudas arenas do se cría.[224]
- Y de las verdes hojas reducidas
- en estambre sutil, cual convenía 110
- para seguir el delicado estilo
- del oro ya tirado en rico hilo.
- La delicada estambre era distinta
- de las colores que antes le habían dado
- con la fineza de la varia tinta 115
- que se halla en las conchas del pescado.
- Tanto artificio muestra en lo que pinta
- y teje cada ninfa en su labrado,
- cuanto mostraron en sus tablas antes
- el celebrado Apeles y Timantes. 120
- Filódoce, que así de aquellas era
- llamada la mayor, con diestra mano
- tenía figurada la ribera
- de Estrimón, de una parte el verde llano,
- y de otra el monte de aspereza fiera, 125
- pisado tarde o nunca de pie humano,
- donde el amor movió con tanta gracia
- la dolorosa lengua del de Tracia.[225]
- Estaba figurada la hermosa
- Eurídice, en el blanco pie mordida[226] 130
- de la pequeña sierpe ponzoñosa,[227]
- entre la hierba y flores escondida;
- descolorida estaba como rosa
- que ha sido fuera de sazón cogida,
- y el ánima, los ojos ya volviendo, 135
- de su hermosa carne despidiendo.
- Figurado se vía estensamente
- el osado marido que bajaba
- al triste reino de la escura gente,
- y la mujer perdida recobraba; 140
- y cómo después desto él, impaciente
- por miralla de nuevo, la tornaba
- a perder otra vez, y del tirano
- se queja al monte solitario en vano.[228]
- Dinámene no menos artificio 145
- mostraba en la labor que había tejido,
- pintando a Apolo en el robusto oficio
- de la silvestre caza embebecido.
- Mudar luego le hace el ejercicio
- la vengativa mano de Cupido, 150
- que hizo a Apolo consumirse en lloro
- después que le enclavó con punta de oro.[229]
- Dafne con el cabello suelto al viento,[230]
- sin perdonar al blanco pie, corría
- por áspero camino tan sin tiento, 155
- que Apolo en la pintura parecía
- que, porque ella templase el movimiento,
- con menos ligereza la seguía.
- Él va siguiendo, y ella huye como
- quien siente al pecho el odioso plomo.[231] 160
- Mas a la fin los brazos le crecían,
- y en sendos ramos vueltos se mostraban,
- y los cabellos, que vencer solían
- al oro fino, en hojas se tornaban;
- en torcidas raíces se estendían 165
- los blancos pies, y en tierra se hincaban.
- Llora el amante, y busca el ser primero,
- besando y abrazando aquel madero.
- Climene, llena de destreza y maña,
- el oro y las colores matizando, 170
- iba de hayas una gran montaña
- de robles y de peñas variando.
- Un puerco entre ellas, de braveza estraña,
- estaba los colmillos aguzando
- contra un mozo, no menos animoso, 175
- con su venablo en mano, que hermoso.[232]
- Tras esto, el puerco allí se vía herido
- de aquel mancebo por su mal valiente,
- y el mozo en tierra estaba ya tendido,
- abierto el pecho del rabioso diente; 180
- con el cabello de oro desparcido
- barriendo el suelo miserablemente,
- las rosas blancas por allí sembradas
- tornaba con su sangre coloradas.
- Adonis este se mostraba que era, 185
- según se muestra Venus dolorida,
- que viendo la herida abierta y fiera,
- estaba sobre él casi amortecida.
- Boca con boca coge la postrera[233]
- parte del aire que solía dar vida 190
- al cuerpo, por quien ella en este suelo
- aborrecido tuvo al alto cielo.
- La blanca Nise no tomó a destajo
- de los pasados casos la memoria,
- y en la labor de su sutil trabajo 195
- no quiso entretejer antigua historia;
- antes mostrando de su claro Tajo
- en su labor la celebrada gloria,
- lo figuró en la parte donde él baña
- la más felice tierra de la España.[234] 200
- Pintado el caudaloso río se vía,
- que, en áspera estrecheza reducido,
- un monte casi al rededor teñía,
- con ímpetu corriendo y con ruído;
- querer cercallo todo parecía[235] 205
- en su volver; mas era afán perdido;
- dejábase correr, en fin, derecho,[236]
- contento de lo mucho que había hecho.
- Estaba puesta en la sublime cumbre
- del monte, y desde allí por él sembrada, 210
- aquella ilustre y clara pesadumbre,
- de antiguos edificios adornada.
- De allí con agradable mansedumbre
- el Tajo va siguiendo su jornada,
- y regando los campos y arboledas 215
- con artificio de las altas ruedas.[237]
- En la hermosa tela se veían
- entretejidas las silvestres diosas
- salir de la espesura, y que venían
- todas a la ribera presurosas, 220
- en el semblante tristes, y traían
- cestillos blancos de purpúreas rosas,
- las cuales esparciendo, derramaban
- sobre una ninfa muerta que lloraban.[238]
- Todas con el cabello desparcido[239] 225
- lloraban una ninfa delicada,[240]
- cuya vida mostraba que había sido
- antes de tiempo y casi en flor cortada.[241]
- Cerca del agua, en un lugar florido,
- estaba entre la hierba degollada,[242] 230
- cual queda el blanco cisne cuando pierde
- la dulce vida entre la hierba verde.
- Una de aquellas diosas, que en belleza,
- al parecer, a todas ecedía,
- mostrando en el semblante la tristeza 235
- que del funesto y triste caso había,
- apartada algún tanto, en la corteza
- de un álamo unas letras escribía,
- como epitafio de la ninfa bella,
- que hablaban así por parte della: 240
- «Elisa soy, en cuyo nombre suena
- y se lamenta el monte cavernoso,
- testigo del dolor y grave pena
- en que por mí se aflige Nemoroso,
- y llama Elisa; Elisa a boca llena 245
- responde el Tajo, y lleva presuroso
- al mar de Lusitania el nombre mío,[243]
- donde será escuchado, yo lo fío.»
- En fin, en esta tela artificiosa
- toda la historia estaba figurada, 250
- que en aquella ribera deleitosa
- de Nemoroso fue tan celebrada;
- porque de todo aquesto y cada cosa
- estaba Nise ya tan informada,
- que llorando el pastor, mil veces ella 255
- se enterneció escuchando su querella.
- Y porque aqueste lamentable cuento,
- no solo entre las selvas se contase,
- mas, dentro de las ondas, sentimiento
- con la noticia de esto se mostrase, 260
- quiso que de su tela el argumento
- la bella ninfa muerta señalase,
- y así se publicase de uno en uno
- por el húmido reino de Netuno.
- Destas historias tales variadas 265
- eran las telas de las cuatro hermanas,
- las cuales, con colores matizadas
- y claras luces de las sombras vanas,
- mostraban a los ojos relevadas
- las cosas y figuras que eran llanas; 270
- tanto que, al parecer, el cuerpo vano
- pudiera ser tomado con la mano.[244]
- Los rayos ya del sol se trastornaban,[245]
- escondiendo su luz, al mundo cara,
- tras altos montes, y a la luna daban 275
- lugar para mostrar su blanca cara;
- los peces a menudo ya saltaban,
- con la cola azotando el agua clara,
- cuando las ninfas, la labor dejando,
- hacia el agua se fueron paseando. 280
- En las templadas ondas ya metidos
- tenían los pies, y reclinar querían
- los blancos cuerpos, cuando sus oídos
- fueron de dos zampoñas que tañían
- suave y dulcemente, detenidos; 285
- tanto, que sin mudarse las oían,
- y al son de las zampoñas escuchaban
- dos pastores, a veces, que cantaban.
- Más claro cada vez el son se oía
- de dos pastores, que venían cantando 290
- tras el ganado, que también venía
- por aquel verde soto caminando,
- y a la majada, ya pasado el día,
- recogido llevaban, alegrando
- las verdes selvas con el son suave, 295
- haciendo su trabajo menos grave.
- Tirreno destos dos el uno era,
- Alcino el otro, entrambos estimados,
- y sobre cuantos pacen la ribera
- del Tajo, con sus vacas, enseñados; 300
- mancebos de una edad, de una manera
- a cantar juntamente aparejados,
- y a responder. Aquesto van diciendo,
- cantando el uno, el otro respondiendo.
-
- TIRRENO
-
- Flérida, para mí dulce y sabrosa 305
- más que la fruta del cercado ajeno,[246]
- más blanca que la leche y más hermosa
- que el prado por abril, de flores lleno;
- si tú respondes pura y amorosa
- al verdadero amor de tu Tirreno, 310
- a mi majada arribarás, primero
- que el cielo nos amuestre su lucero.
-
- ALCINO
-
- Hermosa Filis, siempre yo te sea
- amargo al gusto más que la retama,
- y de ti despojado yo me vea, 315
- cual queda el tronco de su verde rama,
- si más que yo el murciélago desea
- la escuridad, ni más la luz desama,
- por ver ya el fin de un término tamaño
- deste día, para mí mayor que un año. 320
-
- TIRRENO
-
- Cual suele acompañada de su bando
- aparecer la dulce primavera,
- cuando Favonio y Céfiro soplando,[247]
- al campo toman su beldad primera,
- y van artificiosos esmaltando 325
- de rojo, azul y blanco la ribera;
- en tal manera a mí, Flérida mía,
- viniendo, reverdece mi alegría.
-
- ALCINO
-
- ¿Ves el furor del animoso viento,
- embravecido en la fragosa sierra, 330
- que los antiguos robles ciento a ciento
- y los pinos altísimos atierra,
- y de tanto destrozo aún no contento,
- al espantoso mar mueve la guerra?
- Pequeña es esta furia, comparada 335
- a la de Filis, con Alcino airada.
-
- TIRRENO
-
- El blanco trigo multiplica y crece,
- produce el campo en abundancia tierno
- pasto al ganado, el verde monte ofrece
- a las fieras salvajes su gobierno; 340
- adoquiera que miro me parece
- que derrama la copia todo el cuerno;[248]
- mas todo se convertirá en abrojos
- si dello aparta Flérida sus ojos.
-
- ALCINO
-
- De la esterilidad es oprimido 345
- el monte, el campo, el soto y el ganado;
- la malicia del aire corrompido
- hace morir la hierba mal su grado;[249]
- las aves ven su descubierto nido,
- que ya de verdes hojas fue cercado; 350
- pero si Filis por aquí tornare,
- hará reverdecer cuanto mirare.
-
- TIRRENO
-
- El álamo de Alcides escogido
- fue siempre, y el laurel del rojo Apolo;
- de la hermosa Venus fue tenido 355
- en precio y en estima el mirto solo;
- el verde sauz de Flérida es querido,
- y por suyo entre todos escogiolo;[250]
- doquiera que de hoy más sauces se hallen,
- el álamo, el laurel y el mirto callen. 360
-
- ALCINO
-
- El fresno por la selva en hermosura
- sabemos ya que sobre todos vaya,
- y en aspereza y monte de espesura
- se aventaja la verde y alta haya;
- mas el que la beldad de tu figura 365
- dondequiera mirado, Filis, haya,
- al fresno y a la haya en su aspereza
- confesará que vence tu belleza.--
-
- Esto cantó Tirreno, y esto Alcino
- le respondió; y habiendo ya acabado 370
- el dulce son, siguieron su camino
- con paso un poco más apresurado.
- Siendo a las ninfas ya el rumor vecino,
- todas juntas se arrojan por el vado,
- y de la blanca espuma que movieron 375
- las cristalinas hondas se cubrieron.
-
-
-
-
-ELEGÍA PRIMERA
-
-
- Aunque este grave caso haya tocado[251]
- con tanto sentimiento el alma mía,
- que de consuelo estoy necesitado,
- con que de su dolor mi fantasía
- se descargase un poco, y se acabase 5
- de mi continuo llanto la porfía,
- quise, pero, probar si me bastase[252]
- el ingenio a escribirte algún consuelo,
- estando cual estoy, que aprovechase
- para que tu reciente desconsuelo 10
- la furia mitigase, si las musas
- pueden un corazón alzar del suelo
- y poner fin a las querellas que usas,
- con que de Pindo ya las moradoras
- se muestran lastimadas y confusas; 15
- que, según he sabido, ni a las horas
- que el sol se muestra ni en el mar se esconde,
- de tu lloroso estado no mejoras;
- antes en él permaneciendo, donde
- quiera que estás tus ojos siempre bañas, 20
- y el llanto a tu dolor así responde,
- que temo ver deshechas tus entrañas
- en lágrimas, como al lluvioso viento
- se derrite la nieve en las montañas.
- Si acaso el trabajado pensamiento 25
- en el común reposo se adormece,
- por tornar al dolor con nuevo aliento,
- en aquel breve sueño te aparece
- la imagen amarilla del hermano,
- que de la dulce vida desfallece; 30
- y tú, tendiendo la piadosa mano,
- probando a levantar el cuerpo amado,
- levantas solamente el aire vano;
- y del dolor el sueño desterrado
- con ansia vas buscando, el que partido 35
- era ya con el sueño y alongado.
- Así desfalleciendo en tu sentido,
- como fuera de ti, por la ribera
- de Trápana con llanto y con gemido
- el caro hermano buscas, que sola era 40
- la mitad de tu alma, el cual muriendo,
- no quedará ya tu alma entera.[253]
- Y no de otra manera repitiendo
- vas el amado nombre, en desusada
- figura a todas partes revolviendo, 45
- que cerca del Erídano aquejada,[254]
- lloró y llamó Lampecie el nombre en vano,[255]
- con la fraterna muerte lastimada:
- «Ondas, tornadme ya mi dulce hermano
- Faetón; si no, aquí veréis mi muerte, 50
- regando con mis ojos este llano.»
- ¡Oh cuántas veces, con el dolor fuerte
- avivadas las fuerzas, renovaba
- las quejas de su cruda y dura suerte!
- ¡Y cuántas otras, cuando se acababa 55
- aquel furor, en la ribera umbrosa,
- muerta, cansada, el cuerpo reclinaba!
- Bien te confieso que si alguna cosa
- entre la humana puede y mortal gente
- entristecer un alma generosa, 60
- con gran razón podrá ser la presente,
- pues te ha privado de un tan dulce amigo,
- no solamente hermano, un acidente;
- el cual, no solo siempre fue testigo
- de tus consejos y íntimos secretos, 65
- mas de cuanto lo fuiste tú contigo.
- En él se reclinaban tus discretos
- y honestos pareceres, y hacían
- conformes al asiento sus efetos.
- En él ya se mostraban y leían 70
- tus gracias y virtudes una a una,
- y con hermosa luz resplandecían,
- como en luciente de cristal coluna,[256]
- que no encubre de cuanto se avecina
- a su viva pureza cosa alguna. 75
- ¡Oh, miserables hados! ¡Oh, mesquina
- suerte la del estado humano, y dura,
- do por tantos trabajos se camina!
- Y agora muy mayor la desventura
- de aquesta nuestra edad, cuyo progreso 80
- muda de un mal en otro su figura.
- ¿A quién ya de nosotros el eceso
- de guerras, de peligros y destierro
- no toca, y no ha cansado el gran proceso?
- ¿Quién no vio desparcir su sangre al hierro 85
- del enemigo? ¿Quién no vio su vida
- perder mil veces y escapar por yerro?
- ¿De cuántos queda y quedará perdida
- la casa y la mujer y la memoria,
- y de otros la hacienda despendida? 90
- ¿Qué se saca de aquesto? ¿Alguna gloria?
- ¿Algunos premios o agradecimientos?
- Sabralo quien leyere nuestra historia.
- Verase allí que como polvo al viento,
- así se deshará nuestra fatiga 95
- ante quien se endereza nuestro intento.
- No contenta con esto la enemiga
- del humano linaje, que invidiosa
- coge sin tiempo el grano de la espiga,
- nos ha querido ser tan rigurosa, 100
- que ni a tu juventud, don Bernaldino,
- ni ha sido a nuestra pérdida piadosa.
- ¿Quién pudiera de tal ser adivino?
- ¿A quién no le engañara la esperanza,
- viéndote caminar por tal camino? 105
- ¿Quién no se prometiera en abastanza[257]
- seguridad entera de tus años,
- sin temer de natura tal mudanza?
- Nunca los tuyos, mas los propios daños,
- dolernos deben; que la muerte amarga 110
- nos muestra claros ya mil desengaños:
- hanos mostrado ya que en vida larga
- apenas de tormentos y de enojos
- llevar podemos la pesada carga;
- hanos mostrado en ti que claros ojos 115
- y juventud y gracia y hermosura,[258]
- son también, cuando quiere, sus despojos.
- Mas no puede hacer que tu figura,
- después de ser de vida ya privada,
- no muestre el artificio de natura. 120
- Bien es verdad que no está acompañada
- de la color de rosa que solía
- con la blanca azucena ser mesclada;
- porque el calor templado que encendía
- la blanca nieve de tu rostro puro, 125
- robado ya la muerte te lo había.
- En todo lo demás, como en seguro
- y reposado sueño descansabas,
- indicio dando del vivir futuro.[259]
- Mas ¿qué hará la madre que tú amabas, 130
- de quien perdidamente eras amado,
- a quien la vida con la tuya dabas?
- Aquí se me figura que ha llegado
- de su lamento el son, que con su fuerza
- rompe el aire vecino y apartado; 135
- tras el cual a venir también se esfuerza
- el de las cuatro hermanas, que teniendo
- va con el de la madre viva fuerza.
- A todas las contemplo desparciendo
- de su cabello luengo el fino oro, 140
- al cual ultraje y daño están haciendo.
- El viejo Tormes con el blanco coro
- de sus hermosas ninfas seca el río,
- y humedece la tierra con su lloro.
- No recostado en urna al dulce frío[260] 145
- de su caverna umbrosa, mas tendido
- por el arena en el ardiente estío,
- con ronco son de llanto y de gemido,
- los cabellos y barbas mal paradas
- se despedaza, y el sutil vestido. 150
- En torno dél sus ninfas, desmayadas,
- llorando en tierra están sin ornamento,
- con las cabezas de oro despeinadas.
- Cese ya del dolor, el sentimiento,
- hermosas moradoras del undoso 155
- Tormes; tened más provechoso intento;
- consolad a la madre, que el piadoso
- dolor la tiene puesta en tal estado,
- que es menester socorro presuroso.
- Presto será que el cuerpo, sepultado 160
- en un perpetuo mármol, de las ondas
- podrá de vuestro Tormes ser bañado.
- Y tú, hermoso coro, allá en las hondas
- aguas metido, podrá ser que al llanto
- de mi dolor te muevas y respondas. 165
- Vos, altos promontorios, entre tanto
- con toda la Trinacria entristecida[261]
- buscad alivio en desconsuelo tanto.
- Sátiros, faunos, ninfas, cuya vida[262]
- sin enojos se pasa, moradores 170
- de la parte repuesta y escondida,
- con luenga esperiencia sabidores,
- buscad para consuelo de Fernando
- hierbas de propriedad oculta y flores;
- así en el escondido bosque, cuando 175
- ardiendo en vivo y agradable fuego
- las fugitivas ninfas vais buscando,
- ellas se inclinen al piadoso ruego,
- y en recíproco lazo estén ligadas,
- sin esquivar el amoroso juego. 180
- Tú, gran Fernando, que entre tus pasadas
- y tus presentes obras resplandeces,
- y a mayor fama están por ti obligadas,
- contempla dónde estás; que si falleces
- al nombre que has ganado entre la gente, 185
- de tu virtud en algo te enflaqueces.
- Porque al fuerte varón no se consiente
- no resistir los casos de fortuna
- con firme rostro y corazón valiente.
- Y no tan solamente esta importuna, 190
- con proceso cruel y riguroso,
- con revolver de sol, de cielo y luna
- mover no debe un pecho generoso,
- ni entristecello con funesto vuelo,
- turbando con molestia su reposo; 195
- mas si toda la máquina del cielo
- con espantable son y con ruído,
- hecha pedazos, se viniere al suelo,
- debe ser aterrado y oprimido
- del grave peso y de la gran ruína, 200
- primero que espantado y comovido.
- Por estas asperezas se camina
- de la inmortalidad al alto asiento,
- do nunca arriba quien de aquí declina.
- En fin, Señor, tornando al movimiento 205
- de la humana natura, bien permito
- a nuestra flaca parte un sentimiento;
- mas el eceso en esto vedo y quito,
- si alguna cosa puedo, que parece
- que quiere proceder en infinito. 210
- A lo menos el tiempo que, descrece
- y muda de las cosas el estado,
- debe bastar, si la razón fallece.
- No fue el troyano príncipe llorado[263]
- siempre del viejo padre dolorido, 215
- ni siempre de la madre lamentado;
- antes, después del cuerpo redemido
- con lágrimas humildes y con oro,
- que fue del fiero Aquiles concedido,
- y reprimido el lamentable coro 220
- del frigio llanto, dieron fin al vano
- y sin provecho sentimiento y lloro.
- El tierno pecho, en esta parte humano,
- de Venus, ¿qué sintió, su Adonis viendo
- de su sangre regar el verde llano?[264] 225
- Mas des que vido bien que corrompiendo
- con lágrimas sus ojos no hacía
- sino en su llanto estarse deshaciendo,
- y que tornar llorando no podía
- su caro y dulce amigo de la escura 230
- y tenebrosa noche al claro día,
- los ojos enjugó, y la frente pura
- mostró con algo más contentamiento,
- dejando con el muerto la tristura;
- y luego con gracioso movimiento 235
- se fue su paso por el verde suelo,
- con su guirnalda usada y su ornamento.
- Desordenaba con lacivo vuelo
- el viento su cabello, y con su vista
- alegraba la tierra, el mar y el cielo. 240
- Con discurso y razón que es tan prevista,
- con fortaleza y ser que en ti contemplo,
- a la flaca tristeza se resista.
- Tu ardiente gana de subir al templo
- donde la muerte pierde su derecho, 245
- te baste, sin mostrarte yo otro ejemplo.
- Allí verás cuán poco mal ha hecho
- la muerte en la memoria y clara fama
- de los famosos hombres que ha deshecho.
- Vuelve los ojos donde al fin te llama 250
- la suprema esperanza, do perfeta
- sube y purgada el alma en pura llama.
- ¿Piensas que es otro el fuego que en Oeta[265]
- de Alcides consumió la mortal parte[266]
- cuando voló el espirtu al alta meta? 255
- Desta manera aquel por quien reparte
- tu corazón sospiros mil al día,
- y resuena tu llanto en cada parte,
- subió por la difícil y alta vía,
- de la carne mortal purgado y puro, 260
- en la dulce región del alegría;
- do con discurso libre ya y seguro
- mira la vanidad de los mortales,
- ciegos, errados en el aire escuro;
- y viendo y contemplando nuestros males, 265
- alégrase de haber alzado el vuelo
- a gozar de las horas inmortales.
- Pisa el inmenso y cristalino cielo
- teniendo puestos de una y otra mano
- el claro padre y el sublime abuelo.[267] 270
- El uno ve de su proceso humano
- sus virtudes estar allí presentes,
- que el áspero camino hacen llano;
- el otro, que acá hizo entre las gentes
- en la vida mortal menor tardanza, 275
- sus llagas muestra allá resplandecientes.
- Dellas aqueste premio allá se alcanza;
- porque del enemigo no conviene
- procurar en el cielo otra venganza.
- Mira la tierra, el mar que la contiene,[268] 280
- todo lo cual por un pequeño punto
- a respeto del cielo juzga y tiene.
- Puesta la vista en aquel gran trasunto
- y espejo, do se muestra lo pasado
- con lo futuro y lo presente junto, 285
- el tiempo que a tu vida limitado
- de allá arriba te está, Fernando, mira,
- y allí ve tu lugar ya deputado.
- ¡Oh bienaventurado! que sin ira,
- sin odio, en paz estás, sin amor ciego, 290
- con quien acá se muere y se sospira;
- y en eterna holganza y en sosiego
- vives, y vivirás cuanto encendiere
- las almas del divino amor el fuego!
- Si el cielo piadoso y largo diere 295
- luenga vida a la voz deste mi llanto,
- lo cual tú sabes que pretende y quiere,
- yo te prometo, amigo, que entre tanto
- que el sol al mundo alumbre, y que la escura
- noche cubra la tierra con su manto, 300
- y en tanto que los peces la hondura
- húmida habitarán del mar profundo,
- y las fieras del monte la espesura,
- se cantará de ti por todo el mundo;
- que en cuanto se discurre, nunca visto 305
- de tus años jamás otro segundo
- será desde el Antártico a Calisto.[269]
-
-
-
-
-ELEGÍA SEGUNDA
-
-
- Aquí, Boscán, donde del buen troyano[270]
- Anquises con eterno nombre y vida[271]
- conserva la ceniza el Mantuano,[272]
- debajo de la seña esclarecida
- de César Africano nos hallamos,[273] 5
- la vencedora gente recogida;
- diversos en estudio; que unos vamos
- muriendo por coger de la fatiga
- el fruto que con el sudor sembramos;
- otros, que hacen la virtud amiga 10
- y premio de sus obras, y así quieren
- que la gente lo piense y que lo diga,
- destotros en lo público difieren,
- y en lo secreto sabe Dios en cuánto
- se contradicen en lo que profieren. 15
- Yo voy por medio, porque nunca tanto
- quise obligarme a procurar hacienda;
- que un poco más que aquellos me levanto.
- Ni voy tampoco por la estrecha senda
- de los que cierto sé que a la otra vía 20
- vuelven de noche, al caminar, la rienda.
- Mas, ¿dónde me llevó la pluma mía,
- que a sátira me voy mi paso a paso,[274]
- y aquesta que os escribo es elegía?
- Yo enderezo, señor, en fin, mi paso 25
- por donde vos sabéis, que su proceso
- siempre ha llevado y lleva Garcilaso;[275]
- y así, en mitad de aqueste monte espeso
- de las diversidades me sostengo,
- no sin dificultad, mas no por eso 30
- dejo las musas, antes torno y vengo
- dellas al negociar, y variando,
- con ellas dulcemente me entretengo.
- Así se van las horas engañando,
- así del duro afán y grave pena 35
- estamos algún hora descansando.
- De aquí iremos a ver de la sirena
- la patria, que bien muestra haber ya sido[276]
- de ocio y de amor antiguamente llena.[277]
- Allí mi corazón tuvo su nido 40
- un tiempo ya; mas no sé ¡triste! agora
- o si estará ocupado o desparcido.[278]
- De aquesto un frío temor así a deshora
- por mis huesos discurre en tal manera,
- que no puedo vivir con él un hora. 45
- Si ¡triste! de mi bien estado hubiera
- un breve tiempo ausente, yo no niego
- que con mayor seguridad viviera.
- La breve ausencia hace el mismo juego
- en la fragua de amor, que en fragua ardiente 50
- el agua moderada hace al fuego;
- la cual verás que no tan solamente
- no lo suele matar, mas lo refuerza
- con ardor más intenso y eminente;
- porque un contrario con la poca fuerza 55
- de su contrario, por vencer la lucha,
- su brazo aviva y su valor esfuerza;
- pero si el agua en abundancia mucha
- sobre el fuego se esparce y se derrama,
- el humo sube al cielo, el son se escucha, 60
- y el claro resplandor de viva llama,
- en polvo y en ceniza convertido,
- apenas queda dél sino la fama.
- Así el ausencia larga, que ha esparcido
- en abundancia su licor, que amata 65
- el fuego que el amor tenía encendido,
- de tal suerte lo deja, que lo trata
- la mano sin peligro en el momento
- que en aparencia y son se desbarata.
- Yo solo fuera voy de aqueste cuento; 70
- porque el amor me aflige y me atormenta,
- y en el ausencia crece el mal que siento;
- y pienso yo que la razón consienta
- y permita la causa deste efeto,
- que a mí solo entre todos se presenta; 75
- porque, como del cielo yo sujeto
- estaba eternamente y deputado
- al amoroso fuego en que me meto,
- así para poder ser amatado,
- el ausencia sin término infinita 80
- debe ser, y sin tiempo limitado;
- lo cual no habrá razón que lo permita;
- porque, por más y más que ausencia dure,
- con la vida se acaba, que es finita.
- Mas a mí ¿quién habrá que me asegure 85
- que mi mala fortuna con mudanza
- y olvido contra mí no se conjure?
- Este temor persigue la esperanza
- y oprime y enflaquece el gran deseo
- con que mis ojos van de su holganza.[279] 90
- Con ellos solamente agora veo
- este dolor que el corazón me parte,
- y con él y comigo aquí peleo.
- ¡Oh crudo, oh riguroso, oh fiero Marte,
- de túnica cubierto de diamante,[280] 95
- y endurecido siempre en toda parte!
- ¿Qué tiene que hacer el tierno amante
- con tu dureza y áspero ejercicio
- llevado siempre del furor delante?
- Ejercitando, por mi mal, tu oficio, 100
- soy reducido a términos que muerte
- será mi postrimero beneficio.[281]
- Y esta no permitió mi dura suerte
- que me sobreviniese peleando,
- de hierro traspasado agudo y fuerte,[282] 105
- por que me consumiese contemplando
- mi amado y dulce fruto en mano ajena,
- y el duro posesor de mí burlando.
- Mas, ¿dónde me trasporta y enajena
- de mi proprio sentido el triste miedo? 110
- Aparte de vergüenza y dolor llena,
- donde si el mal yo viese, ya no puedo,
- según con esperalle estoy perdido,
- acrecentar en la miseria un dedo.
- Así lo pienso agora, y si él venido 115
- fuese en su misma forma y su figura,
- tendría el presente por mejor partido,
- y agradecería siempre a la ventura
- mostrarme de mi mal solo el retrato,
- que pintan mi temor y mi tristura. 120
- Yo sé qué cosa es esperar un rato
- el bien del propio engaño, y solamente
- tener con él inteligencia y trato.
- Como acontece al mísero doliente,
- que del un cabo el cierto amigo y sano 125
- le muestra el grave mal de su acidente,
- y le amonesta que del cuerpo humano
- comience a levantar a mejor parte
- el alma suelta con volar liviano;
- mas la tierna mujer, de la otra parte, 130
- no se puede entregar a desengaño,
- y encúbrele del mal la mayor parte;
- él, abrazado con su dulce engaño,
- vuelve los ojos a la voz piadosa,
- y alégrase muriendo con su daño, 135
- así los quito yo de toda cosa,
- y póngolos en solo el pensamiento
- de la esperanza cierta o mentirosa.
- En este dulce error muero contento;
- porque ver claro y conocer mi estado 140
- no puede ya curar el mal que siento;
- y acabo como aquel que en un templado
- baño metido, sin sentido muere,
- las venas dulcemente desatado.[283]
- Tú, que en la patria entre quien bien te quiere 145
- la deleitosa playa estás mirando,[284]
- y oyendo el son del mar que en ella hiere,
- y sin impedimento contemplando
- la misma a quien tú vas eterna fama,
- en tus vivos escritos, procurando; 150
- alégrate, que más hermosa llama[285]
- que aquella que el troyano encendimiento
- pudo causar, el corazón te inflama.
- No tienes que temer el movimiento
- de la fortuna con soplar contrario, 155
- que el puro resplandor serena el viento.
- Yo, como conducido mercenario,
- voy do fortuna a mi pesar me envía,
- si no a morir, que aquesto es voluntario.
- Solo sostiene la esperanza mía 160
- un tan débil engaño, que de nuevo
- es menester hacello cada día;
- y si no lo fabrico y lo renuevo,
- da consigo en el suelo mi esperanza;
- tanto, que en vano a levantalla pruebo. 165
- Aqueste premio mi servir alcanza,
- que en sola la miseria de mi vida
- negó fortuna su común mudanza.
- ¿Dónde podré huir que sacudida
- un rato sea de mí la grave carga 170
- que oprime mi cerviz enflaquecida?
- Mas ¡ay! que la distancia no descarga
- el triste corazón, y el mal, doquiera
- que estoy, para alcanzarme el vuelo alarga.
- Si donde el sol ardiente reverbera 175
- en la arenosa Libia, engendradora
- de toda cosa ponzoñosa y fiera;
- o adonde es él vencido a cualquiera hora
- de la rígida nieve y viento frío,
- parte do no se vive ni se mora; 180
- si en esta o en aquella el desvarío
- o la fortuna me llevase un día,
- y allí gastase todo el tiempo mío;
- el celoso temor con mano fría
- en medio del calor y ardiente arena 185
- el triste corazón me apretaría;
- y en el rigor del hielo, en la serena
- noche, soplando el viento agudo y puro,
- que el veloce correr del agua enfrena,
- de aqueste vivo fuego en que me apuro 190
- y consumirme poco a poco espero,
- sé que aun allí no podré estar seguro;
- y así, diverso entre contrarios muero.
-
-
-
-
-EPÍSTOLA
-
-
- Señor Boscán, quien tanto gusto tiene[286]
- de daros cuenta de los pensamientos
- hasta en las cosas que no tienen nombre,
- no le podrá con vos faltar materia,
- ni será menester buscar estilo 5
- presto, distinto, de ornamento puro,[287]
- tal cual a culta epístola conviene.
- Entre muy grandes bienes que consigo
- el amistad perfeta nos concede,
- es aqueste descuido suelto y puro, 10
- lejos de la curiosa pesadumbre;
- y así, de aquesta libertad gozando,
- digo que vine, cuanto a lo primero,
- tan sano como aquel que en doce días
- lo que solo veréis ha caminado 15
- cuando el fin de la carta os lo mostrare.[288]
- Alargo y suelto a su placer la rienda,
- mucho más que al caballo, al pensamiento,
- y llévame a las veces por camino
- tan dulce y agradable, que me hace 20
- olvidar el trabajo del pasado.
- Otras me lleva por tan duros pasos,
- que con la fuerza del afán presente,
- también de los pasados se me olvida.
- A veces sigo un agradable medio 25
- honesto y reposado en que el discurso
- del gusto y del ingenio se ejercita.
- Iba pensando y discurriendo un día
- a cuántos bienes alargó la mano
- el que de la amistad mostró el camino; 30
- y luego vos, de la amistad ejemplo,
- os me ofrecéis en estos pensamientos.
- Y con vos a lo menos me acontece
- una gran cosa, al parecer estraña;
- y porque la sepáis en pocos versos, 35
- es que, considerando los provechos,
- las honras y los gustos que me vienen
- desta vuestra amistad, que en tanto tengo,
- ninguna cosa en mayor precio estimo,[289]
- ni me hace gustar del dulce estado, 40
- tanto como el amor de parte mía.
- Este conmigo tiene tanta fuerza,
- que sabiendo muy bien las otras partes
- de la amistad, de la estrecheza nuestra,
- con solo aqueste el alma se enternece; 45
- y sé que otra mente me aprovecha,
- que el deleite, que suele ser pospuesto
- a las útiles cosas y a las graves.[290]
- Llévame a escudriñar la causa desto
- ver contino tan recio en mí el efeto, 50
- y hallo que el provecho, el ornamento,
- el gusto y el placer que se me sigue
- del vínculo de amor que nuestro genio
- enredó sobre nuestros corazones,
- son cosas que de mí no salen fuera, 55
- y en mí el provecho solo se convierte.
- Mas el amor, de donde por ventura
- nacen todas las cosas, si hay algunas
- que a vuestra utilidad y gusto miren,
- es razón grande que en mayor estima 60
- tenido sea de mí, que todo el resto,
- cuánto más generosa y alta parte
- es el hacer el bien que el recebillo;[291]
- así que amando me deleito, y hallo
- que no es locura este deleite mío. 65
- ¡Oh cuán corrido estoy y arrepentido
- de haberos alabado el tratamiento
- del camino de Francia y las posadas![292]
- Corrido de que ya por mentiroso
- con razón me tendréis; arrepentido 70
- de haber perdido tiempo en alabaros
- cosa tan dina ya de vituperio;
- donde no hallaréis sino mentiras,
- vinos acedos, camareras feas,
- varletes codiciosos, malas postas,[293] 75
- gran paga, poco argén, largo camino;[294]
- llegar al fin a Nápoles no habiendo
- dejado allá enterrado algún tesoro,
- salvo si no decís que es enterrado
- lo que nunca se halla ni se tiene. 80
- A mi señor Dural estrechamente[295]
- abrazad de mi parte, si pudierdes.
- Doce del mes de Otubre, de la tierra
- do nació el claro fuego del Petrarca,
- y donde están del fuego las cenizas.[296] 85
-
-
-
-
-CANCIÓN PRIMERA
-
-
- Si a la región desierta, inhabitable
- por el hervor del sol demasiado,
- y sequedad de aquella arena ardiente;
- o a la que por el hielo congelado
- y rigurosa nieve es intratable, 5
- del todo inhabitada de la gente,
- por algún acidente
- o acaso de fortuna desastrada,
- me fuésedes llevada,
- y supiese que allá vuestra dureza 10
- estaba en su crueza,
- allá os iría a buscar, como perdido,[297]
- hasta morir a vuestros pies tendido.[298]
-
- Vuestra soberbia y condición esquiva
- acabe ya, pues es tan acabada 15
- la fuerza de en quien ha de esecutarse.[299]
- Mirad bien que el amor se desagrada
- deso, pues quiere que el amante viva
- y se convierta a do piense salvarse.[300]
- El tiempo ha de pasarse, 20
- y de mis males, arrepentimiento,
- confusión y tormento
- sé que os ha de quedar, y esto recelo;
- ¡que aún de aquesto me duelo!
- Como en mí vuestros males son de otra arte, 25
- duélenme en más sensible y tierna parte.
-
- Así paso la vida, acrecentando
- materia de dolor a mis sentidos,
- como si la que tengo no bastase;
- los cuales para todo están perdidos, 30
- sino para mostrarme a mí cuál ando.
- Pluguiese a Dios que aquesto aprovechase
- para que yo pensase
- un rato en mi remedio, pues os veo
- siempre ir con un deseo 35
- de perseguir al triste y al caído;
- yo estoy aquí tendido,[301]
- mostrándoos de mi muerte las señales,
- y vos viviendo solo de mis males.
-
- Si aquella amarillez y los sospiros[302] 40
- salidos sin licencia de su dueño;
- si aquel hondo silencio no han podido
- un sentimiento grande ni pequeño
- mover en vos, que baste convertiros
- a siquiera saber que soy nacido, 45
- baste ya haber sufrido
- tanto tiempo, a pesar de lo que basto;
- que a mí mismo contrasto,[303]
- dándome a entender que mi flaqueza
- me tiene en la tristeza 50
- en que estoy puesto, y no lo que yo entiendo;
- así que con flaqueza me defiendo.
-
- Canción, no has de tener
- comigo que ver más en malo o en bueno;
- trátame como ajeno, 55
- que no te faltará de quien lo aprendas.
- Si has miedo que me ofendas,
- no quieras hacer más por mi derecho
- de lo que hice yo, que el mal me he hecho.
-
-
-
-
-CANCIÓN SEGUNDA
-
-
- La soledad siguiendo,
- rendido a mi fortuna,
- me voy por los caminos que se ofrecen,
- por ellos esparciendo
- mis quejas de una en una 5
- al viento, que las lleva do perecen;[304]
- puesto que ellas merecen
- ser de vos escuchadas,
- pues son tan bien vertidas,
- he lástima de ver que van perdidas 10
- por donde suelen ir las remediadas.
- A mí se han de tornar,
- adonde para siempre habrán de estar.[305]
-
- Mas ¿qué haré, señora,
- en tanta desventura? 15
- ¿Adónde iré, si a vos no voy con ella?
- ¿De quién podré yo agora
- valerme en mi tristura,
- si en vos no halla abrigo mi querella?
- Vos sola sois aquella 20
- con quien mi voluntad
- recibe tal engaño,
- que viéndoos holgar siempre con mi daño,
- me quejo a vos, como si en la verdad
- vuestra condición fuerte 25
- tuviese alguna cuenta con mi muerte.
-
- Los árboles presento
- entre las duras peñas
- por testigo de cuanto os he encubierto;
- de lo que entrellas cuento 30
- podrán dar buenas señas,
- si señas pueden dar del desconcierto.
- Mas ¿quién tendrá concierto
- en contar el dolor,
- que es de orden enemigo? 35
- No me den pena, pues, por lo que digo;
- que ya no me refrenará el temor.
- ¡Quién pudiese hartarse[306]
- de no esperar remedio y de quejarse!
-
- Mas esto me es vedado 40
- con unas obras tales
- con que nunca fue a nadie defendido;
- que si otros han dejado
- de publicar sus males,
- llorando el mal estado a que han venido, 45
- señora, no habrá sido
- sino con mejoría
- y alivio en su tormento;
- mas ha venido en mí a ser lo que siento
- de tal arte, que ya en mi fantasía 50
- no cabe; y así, quedo
- sufriendo aquello que decir no puedo.
-
- Si por ventura estiendo
- alguna vez mis ojos
- por el proceso luengo de mis daños, 55
- con lo que me defiendo
- de tan grandes enojos,
- solamente es allí con mis engaños;
- mas vuestros desengaños
- vencen mi desvarío 60
- y apocan mis defensas.
- Sin yo poder dar otras recompensas,
- sino que, siendo vuestro más que mío,
- quise perderme así,
- por vengarme de vos, señora, en mí. 65
-
- Canción, yo he dicho más que me mandaron,
- y menos que pensé;
- no me pregunten más, que lo diré.[307]
-
-
-
-
-CANCIÓN TERCERA
-
-
- Con un manso ruído
- de agua corriente y clara,
- cerca el Danubio una isla, que pudiera[308]
- ser lugar escogido
- para que descansara 5
- quien como yo estó agora, no estuviera;
- do siempre primavera
- parece en la verdura
- sembrada de las flores;
- hacen los ruiseñores 10
- renovar el placer o la tristura
- con sus blandas querellas,
- que nunca día ni noche cesan dellas.
-
- Aquí estuve yo puesto,
- o por mejor decillo, 15
- preso y forzado y solo en tierra ajena;[309]
- bien pueden hacer esto
- en quien puede sufrillo
- y en quien él a sí mismo se condena.
- Tengo solo una pena, 20
- si muero desterrado
- y en tanta desventura,
- que piensen por ventura
- que juntos tantos males me han llevado;
- y sé yo bien que muero 25
- por solo aquello que morir espero.
-
- El cuerpo está en poder
- y en manos de quien puede
- hacer a su placer lo que quisiere;
- mas no podrá hacer 30
- que mal librado quede,
- mientras de mí otra prenda no tuviere.
- Cuando ya el mal viniere
- y la postrera suerte,
- aquí me ha de hallar, 35
- en el mismo lugar;
- que otra cosa más dura que la muerte
- me halla y ha hallado;
- y esto sabe muy bien quien lo ha probado.
-
- No es necesario agora 40
- hablar más sin provecho,
- que es mi necesidad muy apretada;
- pues ha sido en un hora
- todo aquello deshecho
- en que toda mi vida fue gastada. 45
- Y al fin de tal jornada
- ¿presumen espantarme?
- Sepan que ya no puedo
- morir sino sin miedo;
- que aun nunca qué temer quiso dejarme 50
- la desventura mía,
- que el bien y el miedo me quitó en un día.
-
- Danubio, río divino,[310]
- que por fieras naciones[311]
- vas con tus claras ondas discurriendo, 55
- pues no hay otro camino
- por donde mis razones
- vayan fuera de aquí, sino corriendo
- por tus aguas y siendo
- en ellas anegadas; 60
- si en tierra tan ajena
- en la desierta arena
- fueren de alguno acaso en fin halladas,
- entiérrelas, siquiera,
- porque su error se acabe en tu ribera. 65
-
- Aunque en el agua mueras,
- canción, no has de quejarte;
- que yo he mirado bien lo que te toca.
- Menos vida tuvieras
- si hubieras de igualarte 70
- con otras que se me han muerto en la boca.
- Quién tiene culpa desto,
- allá lo entenderás de mí muy presto.
-
-
-
-
-CANCIÓN CUARTA[312]
-
-
- El aspereza de mis males quiero[313]
- que se muestre también en mis razones,
- como ya en los efetos se ha mostrado.
- Lloraré de mi mal las ocasiones,
- sabrá el mundo la causa por que muero, 5
- y moriré a lo menos confesado.[314]
- Pues soy por los cabellos arrastrado
- de un tan desatinado pensamiento,
- que por agudas peñas peligrosas,
- por matas espinosas, 10
- corre con ligereza más que el viento,
- bañando de mi sangre la carrera;
- y para más despacio atormentarme,
- llévame alguna vez por entre flores,
- a do de mis tormentos y dolores 15
- descanso, y dellos vengo a no acordarme;
- mas él a más descanso no me espera;
- antes, como me ve desta manera,
- con un nuevo furor y desatino
- toma a seguir el áspero camino. 20
-
- No vine por mis pies a tantos daños;
- fuerzas de mi destino me trajeron,
- y a la que me atormenta me entregaron.
- Mi razón y juicio bien creyeron
- guardarme, como en los pasados años 25
- de otros graves peligros me guardaron;
- mas cuando los pasados compararon
- con los que venir vieron, no sabían
- lo que hacer de sí ni dó meterse;
- que luego empezó a verse 30
- la fuerza y el rigor con que venían.
- Mas de pura vergüenza constreñida,
- con tardo paso y corazón medroso
- al fin ya mi razón salió al camino.
- Cuanto era el enemigo más vecino, 35
- tanto más el recelo temeroso
- le mostraba el peligro de su vida.
- Pensar en el temor de ser vencida,
- la sangre alguna vez le calentaba,
- mas el mismo temor se la enfriaba. 40
-
- Estaba yo a mirar, y peleando
- en mi defensa mi razón estaba
- cansada, y en mil partes ya herida;
- y sin ver yo quién dentro me incitaba,
- ni saber cómo, estaba deseando 45
- que allí quedase mi razón vencida.[315]
- Nunca en todo el proceso de mi vida
- cosa se me cumplió que desease
- tan presto como aquesta; que a la hora[316]
- se rindió la señora, 50
- y al siervo consintió que gobernase[317]
- y usase de la ley del vencimiento.
- Entonces yo sentime salteado
- de una vergüenza libre y generosa;
- corrime gravemente que una cosa 55
- tan sin razón hubiese así pasado.
- Luego siguió el dolor al corrimiento
- de ver mi reino en mano de quien cuento
- que me da vida y muerte cada día,
- y es la más moderada tiranía. 60
-
- Los ojos, cuya lumbre bien pudiera
- tornar clara la noche tenebrosa,
- y escurecer al sol a mediodía,
- me convirtieron luego en otra cosa.
- En volviéndose a mí la vez primera 65
- con el calor del rayo que salía
- de su vista, que en mí se difundía,
- y de mis ojos la abundante vena
- de lágrimas, al sol que me inflamaba,
- no menos ayudaba 70
- a hacer mi natura en todo ajena
- de lo que era primero. Corromperse
- sentí el sosiego y libertad pasada,
- y el mal de que muriendo estó, engendrarse,
- y en tierra sus raíces ahondarse 75
- tanto cuanto su cima levantada
- sobre cualquier altura hace verse.
- El fruto que de aquí suele cogerse,
- mil es amargo, alguna vez sabroso;
- mas mortífero siempre y ponzoñoso. 80
-
- De mí agora huyendo, voy buscando
- a quien huye de mí como enemiga;
- que al un error añado el otro yerro,
- y en medio del trabajo y la fatiga
- estoy cantando yo, y está sonando 85
- de mis atados pies el grave hierro;
- mas poco dura el canto si me encierro
- acá dentro de mí, porque allí veo
- un campo lleno de desconfianza.
- Muéstrame la esperanza 90
- de lejos su vestido y su meneo;
- mas ver su rostro nunca me consiente.
- Torno a llorar mis daños, porque entiendo
- que es un crudo linaje de tormento
- para matar aquel que está sediento, 95
- mostralle el agua por que está muriendo;
- de la cual el cuitado juntamente
- la claridad contempla, el ruido siente;
- mas cuando llega ya para bebella,
- gran espacio se halla lejos della.[318] 100
-
- De los cabellos de oro fue tejida
- la red que fabricó mi sentimiento,
- do mi razón revuelta y enredada
- con gran vergüenza suya y corrimiento,
- sujeta al apetito y sometida, 105
- en público adulterio fue tomada,
- del cielo y de la tierra contemplada.[319]
- Mas ya no es tiempo de mirar yo en esto,
- pues no tengo con qué considerallo,
- y en tal punto me hallo, 110
- que estoy sin armas en el campo puesto,
- y el paso ya cerrado y la huida.
- ¿Quién no se espantará de lo que digo?
- Que es cierto que he venido a tal estremo,
- que del grave dolor que huyo y temo, 115
- me hallo algunas veces tan amigo,
- que en medio dél, si vuelvo a ver la vida
- de libertad, la juzgo por perdida,
- y maldigo las horas y momentos
- gastados mal en libres pensamientos. 120
-
- No reina siempre aquesta fantasía,
- que en imaginación tan variable
- no se reposa un hora el pensamiento.
- Viene con un rigor tan intratable
- a tiempos el rigor, que al alma mía 125
- desampara, huyendo, el sufrimiento,
- lo que dura la fuerza del tormento.
- No hay parte en mí que no se me trastorne
- y que en torno de mí no esté llorando;
- de nuevo protestando 130
- que de la vía espantosa atrás me torne.
- Esto ya por razón no va fundado,
- ni le dan parte dello a mi juicio,
- que este discurso todo es ya perdido;
- mas es en tanto daño del sentido 135
- este dolor, y en tanto perjuicio,
- que todo lo sensible atormentado,
- del bien, si alguno tuvo, ya olvidado
- está de todo punto, y solo siente
- la furia y el rigor del mal presente. 140
-
- En medio de la fuerza del tormento
- una sombra de bien se me presenta,
- do el fiero ardor un poco se mitiga.
- Figúraseme cierto a mí que sienta
- alguna parte de lo que yo siento 145
- aquella tan amada mi enemiga.
- Es tan incomportable la fatiga,
- que si con algo yo no me engañase
- para poder llevalla, moriría;
- y así, me acabaría 150
- sin que de mí en el mundo se hablase.
- Así que, del estado más perdido
- saco algún bien; mas luego en mí la suerte
- trueca y revuelve el orden; que algún hora,
- si el mal acaso un poco en mí mejora, 155
- aquel descanso luego se convierte
- en un temor que me ha puesto en olvido
- aquella por quien sola me he perdido.
- Así, del bien que un rato satisface,
- nace el dolor que el alma me deshace. 160
-
- Canción, si quien te viere se espantare
- de la instabilidad y ligereza
- y revuelta del vago pensamiento;
- estable, grave y firme es el tormento
- le di, que es causa; cuya fortaleza 165
- es tal, que en cualquier parte que tocare,
- la hará revolver hasta que pare
- en aquel fin de lo terrible y fuerte,
- que todo el mundo afirma que es la muerte.
-
-
-
-
-CANCIÓN QUINTA
-
-
- Si de mi baja lira[320]
- tanto pudiese el son, que un momento
- aplacase la ira
- del animoso viento,
- y la furia del mar y el movimiento;[321] 5
-
- y en ásperas montañas
- con el suave canto enterneciese
- las fieras alimañas,
- los árboles moviese,
- y al son confusamente los trajese;[322] 10
-
- no pienses que cantado
- sería de mí, hermosa flor de Nido,[323]
- el fiero Marte airado,
- a muerte convertido,
- de polvo y sangre y de sudor teñido; 15
-
- ni aquellos capitanes
- en las sublimes ruedas colocados,[324]
- por quien los alemanes
- el fiero cuello atados,
- y los franceses van domesticados.[325] 20
-
- Mas solamente aquella
- fuerza de tu beldad sería cantada,
- y alguna vez con ella
- también sería notada
- el aspereza de que estás armada; 25
-
- y cómo por ti sola,
- y por tu gran valor y hermosura,
- convertida en viola,[326]
- llora su desventura
- el miserable amante en su figura. 30
-
- Hablo de aquel cativo,
- de quien tener se debe más cuidado,
- que está muriendo vivo,
- al remo condenado,
- en la concha de Venus amarrado.[327] 35
-
- Por ti, como solía,
- del áspero caballo no corrige
- la furia y gallardía,
- ni con freno le rige,
- ni con vivas espuelas ya le aflige. 40
-
- Por ti, con diestra mano
- no revuelve la espada presurosa,
- y en el dudoso llano
- huye la polvorosa
- palestra como sierpe ponzoñosa.[328] 45
-
- Por ti, su blanda musa,
- en lugar de la cítara sonante,
- tristes querellas usa,[329]
- que con llanto abundante
- hacen bañar el rostro del amante. 50
-
- Por ti, el mayor amigo
- le es importuno, grave y enojoso;
- yo puedo ser testigo,
- que ya del peligroso
- naufragio fui su puerto y su reposo. 55
-
- Y agora en tal manera
- vence el dolor a la razón perdida,
- que ponzoñosa fiera
- nunca fue aborrecida
- tanto como yo dél, ni tan temida. 60
-
- No fuiste tú engendrada
- ni producida de la dura tierra;
- no debe ser notada
- que ingratamente yerra
- quien todo el otro error de sí destierra.[330] 65
-
- Hágate temerosa
- el caso de Anajerete, y cobarde,
- que de ser desdeñosa
- se arrepintió muy tarde;
- y así, su alma con su mármol arde.[331] 70
-
- Estábase alegrando
- del mal ajeno el pecho empedernido,
- cuando abajo mirando,
- el cuerpo muerto vido
- del miserable amante, allí tendido. 75
-
- Y al cuello el lazo atado,
- con que desenlazó de la cadena
- el corazón cuitado,
- que con su breve pena
- compró la eterna punición ajena. 80
-
- Sintió allí convertirse
- en piedad amorosa el aspereza.
- ¡Oh tarde arrepentirse!
- ¡Oh última terneza!
- ¿Cómo te sucedió mayor dureza? 85
-
- Los ojos se enclavaron
- en el tendido cuerpo que allí vieron,
- los huesos se tornaron
- más duros y crecieron,
- y en sí toda la carne convirtieron; 90
-
- las entrañas heladas
- tornaron poco a poco en piedra dura;
- por las venas cuitadas
- la sangre su figura
- iba desconociendo y su natura;[332] 95
-
- hasta que, finalmente,
- en duro mármol vuelta y trasformada,
- hizo de sí la gente
- no tan maravillada
- cuanto de aquella ingratitud vengada. 100
-
- No quieras tú, señora,
- de Némesis airada las saetas[333]
- probar, por Dios, agora;
- baste que tus perfetas
- obras y hermosura a los poetas 105
-
- den inmortal materia,
- sin que también en verso lamentable
- celebren la miseria
- de algún caso notable
- que por ti pase triste y miserable. 110
-
-
-
-
-SONETOS
-
-I
-
-
- Cuando me paro a contemplar mi estado,[334]
- y a ver los pasos por do me ha traído,
- hallo, según por do anduve perdido,
- que a mayor mal pudiera haber llegado;
- mas cuando del camino estó olvidado, 5
- a tanto mal no sé por dó he venido;
- sé que me acabo, y más he yo sentido
- ver acabar comigo mi cuidado.
- Yo acabaré, que me entregué sin arte
- a quien sabrá perderme y acabarme, 10
- si ella quisiere, y aun sabrá querello;
- que pues mi voluntad puede matarme,
- la suya, que no es tanto de mi parte,
- pudiendo, ¿qué hará sino hacello?[335]
-
-
-
-
-II
-
-
- En fin, a vuestras manos he venido,
- do sé que he de morir tan apretado,
- que aun aliviar con quejas mi cuidado,
- como remedio, me es ya defendido.
- Mi vida no sé en qué se ha sostenido, 5
- si no es en haber sido yo guardado
- para que solo en mí fuese probado
- cuánto corta un espada en un rendido.[336]
- Mis lágrimas han sido derramadas
- donde la sequedad y la aspereza 10
- dieron mal fruto dellas y mi suerte.
- Basten las que por vos tengo lloradas.
- No os venguéis más de mí con mi flaqueza;
- allá os vengad, señora, con mi muerte.
-
-
-
-
-III
-
-
- La mar en medio y tierras he dejado
- de cuanto bien, cuitado, yo tenía;
- yéndome alejando cada día,[337]
- gentes, costumbres, lenguas he pasado.
- Ya de volver estoy desconfiado; 5
- pienso remedios en mi fantasía,
- y el que más cierto espero es aquel día
- que acabará la vida y el cuidado.
- De cualquier mal pudiera socorrerme
- con veros yo, señora, o esperallo, 10
- si esperallo pudiera sin perdello.
- Mas de no veros ya para valerme,
- si no es morir, ningún remedio hallo;
- y si esto lo es, tampoco podré habello.[338]
-
-
-
-
-IV
-
-
- Un rato se levanta mi esperanza.
- Tan cansada de haberse levantado
- torna a caer, que deja, mal mi grado,
- libre el lugar a la desconfianza.
- ¿Quién sufrirá tan áspera mudanza 5
- del bien al mal? ¡Oh, corazón cansado!
- esfuerza en la miseria de tu estado;
- que tras fortuna suele haber bonanza.[339]
- Yo mismo emprenderé a fuerza de brazos
- romper un monte, que otro no rompiera, 10
- de mil inconvenientes muy espeso.
- Muerte, prisión no pueden, ni embarazos,
- quitarme de ir a veros, como quiera
- desnudo espirtu o hombre en carne y hueso.[340]
-
-
-
-
-V
-
-
- Escrito está en mi alma vuestro gesto,
- y cuanto yo escrebir de vos deseo;
- vos sola lo escrebistes, yo lo leo
- tan solo, que aun de vos me guardo en esto.
- En esto estoy y estaré siempre puesto; 5
- que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,
- de tanto bien lo que no entiendo creo,
- tomando ya la fe por presupuesto.
- Yo no nací sino para quereros;
- mi alma os ha cortado a su medida; 10
- por hábito del alma misma os quiero.
- Cuanto tengo confieso yo deberos;
- por vos nací, por vos tengo la vida,
- por vos he de morir y por vos muero.
-
-
-
-
-VI
-
-
- Por ásperos caminos he llegado
- a parte que de miedo no me muevo;
- y si a mudarme o dar un paso pruebo,
- allí por los cabellos soy tornado.[341]
- Mas tal estoy, que con la muerte al lado 5
- busco de mi vivir consejo nuevo;
- y conozco el mejor y el peor apruebo,[342]
- o por costumbre mala o por mi hado.
- Por otra parte, el breve tiempo mío,
- y el errado proceso de mis años, 10
- en su primer principio y en su medio,
- mi inclinación, con quien ya no porfío,[343]
- la cierta muerte, fin de tantos daños,
- me hacen descuidar de mi remedio.
-
-
-
-
-VII
-
-
- No pierda más quien ha tanto perdido;[344]
- bástete, amor, lo que ha por mí pasado;
- válgame agora haber jamás probado
- a defenderme de lo que has querido.
- Tu templo y sus paredes he vestido 5
- de mis mojadas ropas, y adornado,
- como acontece a quien ha ya escapado
- libre de la tormenta en que se vido.[345]
- Yo había jurado nunca más meterme,
- a poder mío y a mi consentimiento, 10
- en otro tal peligro, como vano.[346]
- Mas del que viene no podré valerme;
- y en esto no voy contra el juramento;
- que ni es como los otros ni en mi mano.
-
-
-
-
-VIII
-
-
- De aquella vista pura y ecelente
- salen espirtus vivos y encendidos,
- y siendo por mis ojos recebidos,
- me pasan hasta donde el mal se siente.
- Encuéntranse al camino fácilmente,[347] 5
- con los míos, que de tal calor movidos
- salen fuera de mí como perdidos,[348]
- llamados de aquel bien que está presente.
- Ausente, en la memoria la imagino;
- mis espirtus, pensando que la vían, 10
- se mueven y se encienden sin medida;
- mas no hallando fácil el camino,
- que los suyos entrando derretían,
- revientan por salir do no hay salida.
-
-
-
-
-IX
-
-
- Señora mía, si de vos yo ausente
- en esta vida turo y no me muero,[349]
- paréceme que ofendo a lo que os quiero,
- y al bien de que gozaba en ser presente.
- Tras este, luego siento otro acidente, 5
- que es ver que si de vida desespero,
- yo pierdo cuanto bien de vos espero,
- y así ando en lo que siento diferente.
- En esta diferencia mis sentidos
- están en vuestra ausencia y en porfía. 10
- No sé ya qué hacerme en mal tamaño.[350]
- Nunca entre sí los veo sino reñidos.
- De tal arte pelean noche y día,
- que solo se conciertan en mi daño.
-
-
-
-
-X
-
-
- ¡Oh dulces prendas, por mi mal halladas,[351]
- dulces y alegres cuando Dios quería!
- Juntas estáis en la memoria mía,
- y con ella en mi muerte conjuradas.
- ¿Quién me dijera, cuando en las pasadas 5
- horas en tanto bien por vos me vía,
- que me habíades de ser en algún día
- con tan grave dolor representadas?
- Pues en un hora junto me llevastes
- todo el bien que por términos me distes, 10
- llevadme junto el mal que me dejastes.
- Si no, sospecharé que me pusistes
- en tantos bienes, porque deseastes
- verme morir entre memorias tristes.[352]
-
-
-
-
-XI
-
-
- Hermosas ninfas, que en el río metidas,
- contentas habitáis en las moradas
- de relucientes piedras fabricadas
- y en colunas de vidro sostenidas;
- agora estéis labrando embebecidas, 5
- o tejiendo las telas delicadas;
- agora unas con otras apartadas,
- contándoos los amores y las vidas;
- dejad un rato la labor, alzando
- vuestras rubias cabezas a mirarme, 10
- y no os detendréis mucho según ando;
- que o no podréis de lástima escucharme,
- o convertido en agua aquí llorando,
- podréis allá de espacio consolarme.[353]
-
-
-
-
-XII
-
-
- Si para refrenar este deseo
- loco, imposible, vano, temeroso,
- y guarecer de un mal tan peligroso,
- que es darme a entender yo lo que no creo,
- no me aprovecha verme cual me veo, 5
- o muy aventurado o muy medroso,
- en tanta confusión, que nunca oso
- fiar el mal de mí que lo poseo,
- ¿qué me ha de aprovechar ver la pintura
- de aquel que con las alas derretidas 10
- cayendo, fama y nombre al mar ha dado;
- y la del que su fuego y su locura
- llora entre aquellas plantas conocidas,
- apenas en el agua resfriado?
-
-
-
-
-XIII
-
-
- A Dafne ya los brazos le crecían,[354]
- y en luengos ramos vueltos se mostraban;
- en verdes hojas vi que se tornaban
- los cabellos que al oro escurecían.
- De áspera corteza se cubrían 5
- los tiernos miembros, que aún bullendo estaban;
- los blancos pies en tierra se hincaban,
- y en torcidas raíces se volvían.
- Aquel que fue la causa de tal daño,
- a fuerza de llorar, crecer hacía 10
- este árbol que con lágrimas regaba.
- ¡Oh miserable estado, oh mal tamaño!
- ¡Que con lloralla cresca cada día
- la causa y la razón por que lloraba!
-
-
-
-
-XIV
-
-
- Como la tierna madre que el doliente
- hijo le está con lágrimas pidiendo
- alguna cosa, de la cual comiendo,
- sabe que ha de doblarse el mal que siente,
- y aquel piadoso amor no le consiente 5
- que considere el daño que haciendo
- lo que le pide hace, va corriendo,
- y dobla el mal, y aplaca el acidente;[355]
- así a mi enfermo y loco pensamiento,
- que en su daño os me pide, yo querría 10
- quitar este mortal mantenimiento.
- Mas pídemelo, y llora cada día
- tanto, que cuanto quiere le consiento,
- olvidando su muerte y aun la mía.
-
-
-
-
-XV
-
-
- Si quejas y lamentos pueden tanto,
- que el curso refrenaron de los ríos,
- y en los diversos montes y sombríos
- los árboles movieron con su canto;
- si convirtieron a escuchar su llanto 5
- las fieras tigres y peñascos fríos;
- si, en fin, con menos casos que los míos
- bajaron a los reinos del espanto;[356]
- ¿por qué no ablandará mi trabajosa
- vida, en miseria y lágrimas pasada, 10
- un corazón comigo endurecido?
- Con más piedad debría ser escuchada
- la voz del que se llora por perdido
- que la del que perdió y llora otra cosa.
-
-
-
-
-XVI
-
-
- No las francesas armas odiosas,[357]
- en contra puestas del airado pecho,
- ni en los guardados muros con pertrecho
- los tiros y saetas ponzoñosas;
- no las escaramuzas peligrosas, 5
- ni aquel fiero ruido contrahecho
- de aquel que para Júpiter fue hecho
- por manos de Vulcano artificiosas,[358]
- pudieron, aunque más yo me ofrecía
- a los peligros de la dura guerra, 10
- quitar un hora sola de mi hado.
- Mas infición de aire en solo un día
- me quitó al mundo, y me ha en ti sepultado,
- Parténope, tan lejos de mi tierra.[359]
-
-
-
-
-XVII
-
-
- Pensando que el camino iba derecho,
- vine a parar en tanta desventura,
- que imaginar no puedo, aun con locura,
- algo de que esté un rato satisfecho.
- El ancho campo me parece estrecho; 5
- la noche clara para mí es escura;
- la dulce compañía, amarga y dura,
- y duro campo de batalla el lecho.
- Del sueño, si hay alguno, aquella parte
- sola que es ser imagen de la muerte 10
- se aviene con el alma fatigada.
- En fin, que como quiera, estoy de arte,
- que juzgo ya por hora menos fuerte,
- aunque en ella me vi, la que es pasada.
-
-
-
-
-XVIII
-
-
- Si a vuestra voluntad yo soy de cera,
- y por sol tengo solo vuestra vista,
- la cual a quien no inflama o no conquista
- con su mirar, es de sentido fuera;
- de do viene una cosa, que si fuera 5
- menos veces de mí probada y vista,
- según parece que a razón resista,
- a mi sentido mismo no creyera,
- y es, que yo soy de lejos inflamado
- de vuestra ardiente vista, y encendido 10
- tanto, que en vida me sostengo apenas.
- Mas si de cerca soy acometido
- de vuestros ojos, luego siento helado
- cuajárseme la sangre por las venas.
-
-
-
-
-XIX
-
-
- Julio, después que me partí llorando[360]
- de quien jamás mi pensamiento parte,
- y dejé de mi alma aquella parte
- que al cuerpo vida y fuerza estaba dando,
- de mi bien a mí mismo voy tomando 5
- estrecha cuenta, y siento de tal arte
- faltarme todo el bien, que temo en parte
- que ha de faltarme el aire sospirando;
- y con este temor, mi lengua prueba
- a razonar con vos ¡oh dulce amigo! 10
- del amarga memoria de aquel día
- en que yo comencé como testigo
- a poder dar del alma vuestra nueva,
- y a sabella de vos del alma mía.[361]
-
-
-
-
-XX
-
-
- Con tal fuerza y vigor son concertados[362]
- para mi perdición los duros vientos,
- que cortaron mis tiernos pensamientos
- luego que sobre mí fueron mostrados.
- El mal es que me quedan los cuidados 5
- en salvo destos acontecimientos,
- que son duros, y tienen fundamentos
- en todos mis sentidos bien echados.
- Aunque por otra parte no me duelo,
- ya que el bien me dejó con su partida, 10
- del grave mal que en mí está de contino;
- antes con él me abrazo y me consuelo;
- porque en proceso de tan dura vida
- atajaré la guerra del camino.[363]
-
-
-
-
-XXI
-
-
- Clarísimo Marqués, en quien derrama[364]
- el cielo cuanto bien conoce el mundo;
- si al gran valor en que el sujeto fundo,
- y al claro resplandor de vuestra llama
- arribare mi pluma, y do la llama 5
- la voz de vuestro nombre alto y profundo,
- seréis vos solo eterno y sin segundo,
- y por vos inmortal quien tanto os ama.
- Cuanto del largo cielo se desea,
- cuanto sobre la tierra se procura, 10
- todo se halla en vos de parte en parte;
- y, en fin, de solo vos formó natura
- una estraña y no vista al mundo idea,
- y hizo igual al pensamiento el arte.
-
-
-
-
-XXII
-
-
- Con ansia estrema de mirar qué tiene
- vuestro pecho escondido allá en su centro,
- y ver si a lo de fuera lo de dentro
- en aparencia y ser igual conviene,
- en él puse la vista; mas detiene 5
- de vuestra hermosura el duro encuentro
- mis ojos, y no pasan tan adentro,
- que miren lo que el alma en sí contiene.[365]
- Y así, se quedan tristes en la puerta
- hecha por mi dolor, con esa mano, 10
- que aun a su mismo pecho no perdona;[366]
- donde vi claro mi esperanza muerta,
- y el golpe que os hizo amor en vano
- _non esservi passato oltra la gonna_.[367]
-
-
-
-
-XXIII
-
-
- En tanto que de rosa y azucena
- se muestra la color en vuestro gesto,
- y que vuestro mirar ardiente, honesto,
- enciende el corazón y lo refrena;
- y en tanto que el cabello, que en la vena 5
- del oro se escogió, con vuelo presto,
- por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
- el viento mueve, esparce y desordena;
- coged de vuestra alegre primavera
- el dulce fruto, antes que el tiempo airado 10
- cubra de nieve la hermosa cumbre.
- Marchitará la rosa el viento helado,
- todo lo mudará la edad ligera,
- por no hacer mudanza en su costumbre.[368]
-
-
-
-
-XXIV
-
-
- Ilustre honor del nombre de Cardona,[369]
- décima moradora de Parnaso,[370]
- a Tansilo, a Minturno, al culto Taso[371]
- sujeto noble de inmortal corona;
- si en medio del camino no abandona 5
- la fuerza y el espirtu a vuestro Laso,
- por vos me llevará mi osado paso
- a la cumbre difícil de Helicona.[372]
- Podré llevar entonces sin trabajo
- con dulce son que el curso al agua enfrena, 10
- por un camino hasta agora enjuto,
- el patrio celebrado y rico Tajo,
- que del valor de su luciente arena
- a vuestro nombre pague el gran tributo.
-
-
-
-
-XXV
-
-
- ¡Oh hado esecutivo en mis dolores,[373]
- cómo sentí tus leyes rigurosas!
- Cortaste el árbol con manos dañosas,
- y esparciste por tierra fruta y flores.
- En poco espacio yacen mis amores 5
- y toda la esperanza de mis cosas,
- tornadas en cenizas desdeñosas,
- y sordas a mis quejas y clamores.
- Las lágrimas que en esta sepultura
- se vierten hoy en día y se vertieron 10
- recibe, aunque sin fruto allá te sean,
- hasta que aquella eterna noche escura
- me cierre aquestos ojos que te vieron,
- dejándome con otros que te vean.[374]
-
-
-
-
-XXVI
-
-
- Echado está por tierra el fundamento[375]
- que mi vivir cansado sostenía.
- ¡Oh cuánto bien se acaba en solo un día!
- ¡Oh cuántas esperanzas lleva el viento!
- ¡Oh cuán ocioso está mi pensamiento 5
- cuando se ocupa en bien de cosa mía!
- A mi esperanza, así como a baldía,
- mil veces la castiga mi tormento.
- Las más veces me entrego, otras resisto
- con tal furor, con una fuerza nueva, 10
- que un monte puesto encima rompería.
- Aqueste es el deseo que me lleva
- a que desee tornar a ver un día
- a quien fuera mejor nunca haber visto.
-
-
-
-
-XXVII
-
-
- Amor, amor, un hábito vestí,[376]
- el cual de vuestro paño fue cortado;
- al vestir ancho fue, mas apretado
- y estrecho cuando estuvo sobre mí.
- Después acá de lo que consentí, 5
- tal arrepentimiento me ha tornado,
- que pruebo alguna vez, de congojado,
- a romper esto en que yo me metí.
- Mas ¿quién podrá deste hábito librarse,
- teniendo tan contraria su natura, 10
- que con él ha venido a conformarse?
- Si alguna parte queda por ventura
- de mi razón, por mí no osa mostrarse;
- que en tal contradición no está segura.
-
-
-
-
-XXVIII
-
-
- Boscán, vengado estáis, con mengua mía,
- de mi rigor pasado y mi aspereza,
- con que reheprenderos la terneza
- de vuestro blando corazón solía.
- Agora me castigo cada día 5
- de tal salvatiquez y tal torpeza;[377]
- mas es a tiempo que de mi bajeza
- correrme y castigarme bien podría.
- Sabed que en mi perfeta edad y armado,
- con mis ojos abiertos me he rendido 10
- al niño que sabéis, ciego y desnudo.
- De tan hermoso fuego consumido
- nunca fue corazón. Si preguntado
- soy lo demás, en lo demás soy mudo.
-
-
-
-
-XXIX
-
-
- Pasando el mar Leandro el animoso,[378]
- en amoroso fuego todo ardiendo,
- esforzó el viento, y fuese embraveciendo
- el agua con un ímpetu furioso.
- Vencido del trabajo presuroso, 5
- contrastar a las ondas no pudiendo,
- y más del bien que allí perdía muriendo,
- que de su propia vida congojoso,
- como pudo esforzó su voz cansada,
- y a las ondas habló desta manera, 10
- (mas nunca fue la voz dellas oída):
- «Ondas, pues no os escusa que yo muera,
- dejadme allá llegar, y a la tornada
- vuestro furor esecutá en mi vida.»[379]
-
-
-
-
-XXX
-
-
- Sospechas, que en mi triste fantasía
- puestas, hacéis la guerra a mi sentido,
- volviendo y revolviendo el afligido
- pecho, con dura mano, noche y día;
- ya se acabó la resistencia mía 5
- y la fuerza del alma; ya rendido
- vencer de vos me dejo, arrepentido
- de haberos contrastado en tal porfía.[380]
- Llevadme a aquel lugar tan espantable,
- do por no ver mi muerte allí esculpida, 10
- cerrados hasta aquí tuve los ojos.
- Las armas pongo ya; que concedida[381]
- no es tan larga defensa al miserable;
- colgad en vuestro carro mis despojos.[382]
-
-
-
-
-XXXI
-
-
- Dentro en mi alma fue de mí engendrado
- un dulce amor, y de mi sentimiento
- tan aprobado fue su nacimiento
- como de un solo hijo deseado;
- mas luego dél nació quien ha estragado 5
- del todo el amoroso pensamiento;
- que en áspero rigor y en gran tormento
- los primeros deleites ha trocado.
- ¡Oh crudo nieto, que das vida al padre[383]
- y matas al abuelo! ¿por qué creces 10
- tan disconforme a aquel de que has nacido?
- ¡Oh celoso temor! ¿a quién pareces?
- ¡Que la envidia, tu propia y fiera madre,
- se espanta en ver el mostro que ha parido![384]
-
-
-
-
-XXXII
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-
- Estoy contino en lágrimas bañado,
- rompiendo el aire siempre con sospiros;
- y más me duele nunca osar deciros
- que he llegado por vos a tal estado,
- que viéndome do estoy y lo que he andado 5
- por el camino estrecho de seguiros,
- si me quiero tornar para huiros,
- desmayo viendo atrás lo que he dejado;
- si a subir pruebo, en la difícil cumbre,
- a cada paso espántanme en la vía 10
- ejemplos tristes de los que han caído.
- Y sobre todo, fáltame la lumbre
- de la esperanza, con que andar solía
- por la escura región de vuestro olvido.[385]
-
-
-
-
-XXXIII
-
-
- Mario, el ingrato amor, como testigo[386]
- de mi fe pura y de mi gran firmeza,
- usando en mí su vil naturaleza,
- que es hacer más ofensa al más amigo;
- teniendo miedo que si escribo o digo 5
- su condición, abajo su grandeza,
- no bastando su fuerza a mi crueza,
- ha esforzado la mano a mi enemigo.
- Y así, en la parte que la diestra mano
- gobierna, y en aquella que declara 10
- el conceto del alma, fui herido.
- Mas yo haré que aquesta ofensa, cara
- le cueste al ofensor, que ya estoy sano,
- libre, desesperado y ofendido.
-
-
-
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-XXXIV
-
-
- Gracias al cielo doy que ya del cuello
- del todo el grave yugo he sacudido,
- y que del viento el mar embravecido
- veré desde la tierra sin temello.
- Veré colgada de un sutil cabello[387] 5
- la vida del amante embebecido
- en su error, y en su engaño adormecido,
- sordo a las voces que le avisan dello.
- Alegrárame el mal de los mortales;
- mas no es mi corazón tan inhumano 10
- en aqueste mi error como parece,
- porque yo huelgo, como huelga el sano,
- no de ver a los otros en los males,
- sino de ver que dellos él carece.[388]
-
-
-
-
-XXXV
-
-
- Boscán, las armas y el furor de Marte,[389]
- que con su propia sangre el africano
- suelo regando, hacen que el romano
- imperio reverdesca en esta parte,
- han reducido a la memoria el arte 5
- y el antiguo valor italiano,
- por cuya fuerza y valerosa mano
- África se aterró de parte a parte.
- Aquí donde el romano encendimiento,
- donde el fuego y la llama licenciosa 10
- solo el nombre dejaron a Cartago,
- vuelve y revuelve amor mi pensamiento,
- hiere y enciende el alma temerosa,
- y en llanto y en ceniza me deshago.[390]
-
-
-
-
-XXXVI
-
-
- A la entrada de un valle, en un desierto,
- do nadie atravesaba ni se vía,
- vi que con estrañeza un can hacía
- estremos de dolor con desconcierto;
- ahora suelta el llanto al cielo abierto, 5
- ora va rastreando por la vía;
- camina, vuelve, para, y todavía
- quedaba desmayado como muerto.
- Y fue que se apartó de su presencia
- su amo, y no le hallaba, y esto siente: 10
- mirad hasta dó llega el mal de ausencia.
- Moviome a compasión ver su acidente;
- díjele lastimado: «Ten paciencia,
- que yo alcanzo razón, y estoy ausente.»[391]
-
-
-
-
-XXXVII
-
-
- Mi lengua va por do el dolor la guía;
- ya yo con mi dolor sin guía camino;
- entrambos hemos de ir con puro tino;
- cada uno va a parar do no querría,
- yo, porque voy sin otra compañía, 5
- sino la que me hace el desatino;
- ella, porque la lleve aquel que vino
- a hacella decir más que querría.
- Y es para mí la ley tan desigual,
- que aunque inocencia siempre en mí conoce, 10
- siempre yo pago el yerro ajeno y mío.
- ¿Qué culpa tengo yo del desvarío
- de mi lengua, si estoy en tanto mal,
- que el sufrimiento ya me desconoce?
-
-
-
-
-XXXVIII
-
-
- Siento el dolor menguarme poco a poco,
- no porque ser le sienta más sencillo,
- mas fallece el sentir para sentillo,
- después que de sentillo estoy tan loco.
- Ni en sello pienso que en locura toco, 5
- antes voy tan ufano con oíllo,
- que no dejaré el sello y el sufrillo,
- que si dejo de sello el seso apoco.
- Todo me empece, el seso y la locura;
- prívame este de sí por ser tan mío; 10
- mátame estotra por ser yo tan suyo.
- Parecerá a la gente desvarío
- preciarme deste mal, do me destruyo:
- yo lo tengo por única ventura.[392]
-
-
-
-
-CANCIONES
-
-EN VERSOS CORTOS
-
-I
-
-
- Culpa debe ser quereros,[393]
- según lo que en mí hacéis;
- mas allá lo pagaréis,
- do no sabrán conoceros,
- por mal que me conocéis.
- Por quereros, ser perdido
- pensaba, que no culpado;
- mas que todo lo haya sido
- así me lo habéis mostrado,
- que lo tengo bien sabido.
- ¡Quién pudiese no quereros
- tanto, como vos sabéis,
- por holgarme que paguéis
- lo que no han de conoceros
- con lo que no conocéis!
-
-
-
-
-II
-
-
- Yo dejaré desde aquí
- de ofenderos más hablando;
- porque mi morir callando
- os ha de hablar por mí.
- Gran ofensa os tengo hecha
- hasta aquí en haber hablado,
- pues en cosa os he enojado
- que tampoco me aprovecha.
- Derramaré desde aquí
- mis lágrimas no hablando;
- porque quien muere callando
- tiene quien hable por sí.
-
-
-
-
-III
-
-
- Acaso supo, a mi ver,[394]
- y por acierto quereros,
- quien tal yerro fue a hacer,
- como partirse de veros
- donde os dejase de ver.
- Imposible es que este tal,
- pensando que os conocía,
- supiese lo que hacía,
- cuando su bien y su mal
- junto os entregó en un día.
- Acertó acaso a hacer
- lo que si por conoceros
- hiciera, no podía ser
- partirse, y con solo veros
- dejaros siempre de ver.
-
-
-
-
-IV
-
-
- Pues este nombre perdí,[395]
- Dido, mujer de Siqueo,
- en mi muerte esto deseo
- que se escriba sobre mí:
- «El peor de los troyanos
- dio la causa y el espada;
- Dido, a tal punto llegada,
- no puso más de las manos.»
-
-
-
-
-V
-
-
- De la red y del hilado[396]
- hemos de tomar, señora,
- que echáis de vos en un hora
- todo el trabajo pasado.
- Y si el vuestro se ha de dar
- a los que se pasearen,
- lo que por vos trabajaren,
- ¿dónde lo pensáis echar?
-
-
-
-
-VI
-
-
- ¿Qué testimonios son estos[397]
- que le queréis levantar?
- Que no fue sino bailar.
- ¿Esta tienen por gran culpa?
- No lo fue a mi parecer,
- porque tiene por desculpa
- que lo hizo la mujer.
- Esta le hizo caer,
- mucho más que no el saltar
- que hizo con el bailar.
-
-
-
-
-VII
-
-
- La gente se espanta toda[398]
- que hablar a todos distes,
- que un milagro que hecistes,
- hubo de ser en la boda.
- Pienso que habéis de venir,
- si vais por este camino,
- a tornar el agua en vino,
- como el danzar en reír.
-
-
-
-
-VIII
-
-
- Nadie puede ser dichoso;
- señora, ni desdichado,
- sino que os haya mirado.
- Porque la gloria de veros
- en ese punto se quita
- que se piensa mereceros.
- Así que, sin conoceros,
- nadie puede ser dichoso,
- señora, ni desdichado,
- sino que os haya mirado.
-
-
-
-
-APÉNDICES
-
-I
-
-A LA MUY MAGNÍFICA SEÑORA DOÑA JERÓNIMA PALOVA DE ALMOGÁVAR, GARCILASO
-DE LA VEGA[399]
-
-
-Si no hubiera sabido antes de ahora dónde llega el juicio de V. m.
-bastárame para entenderlo ver que os parescía bien este libro; mas
-ya estábades tan adelante en mi opinión que paresciéndome este libro
-bien hasta ahora por muchas causas, la principal por donde ahora me lo
-paresce es porque le habéis aprobado de tal manera, que podemos decir
-que le habéis hecho, pues por vuestra causa le alcanzamos a tener en
-lengua que le entendemos. Porque, no solamente no pensé poder acabar
-con Boscán que le tradujese,[400] mas nunca me osé poner en decírselo,
-según le vía siempre aborrecer a los que romanzan libros, aunque él a
-esto no lo llama romanzar, ni yo tampoco,[401] mas aunque lo fuera creo
-que no se escusara dello mandándolo V. m.
-
-Estoy muy satisfecho de mí, porque antes que el libro viniese a
-vuestras manos,[402] ya yo le tenía en tanto como entonces debía;
-porque si ahora, después que os parece bien, empezara a conocerle,
-creyera que me llevaba el juicio de vuestra opinión. Pero ya no hay que
-sospechar en esto, sino tener por cierto que es libro que merece andar
-en vuestras manos para que luego se le parezca dónde anduvo y pueda
-después andar por el mundo sin peligro; porque una de las cosas de que
-mayor necesidad hay doquiera que hay hombres y damas principales, es de
-hacer, no solamente todas las cosas que en aquella su manera de vivir
-acrecienta el punto y el valor de las personas, mas aun de guardarse de
-todas las que pueden abajarle: lo uno y lo otro se trata en este libro
-tan sabia y tan cortesanamente que no me parece que hay que desear en
-él, sino vello cumplido todo en algún hombre, y también iba a decir en
-alguna dama, si no me acordara que estábades en el mundo para pedirme
-cuenta de las palabras ociosas.
-
-Demás de todo esto puédese considerar en este libro que, como las cosas
-muy acertadas, siempre se estienden a más de lo que prometen: de tal
-manera escribió el Conde Castellón[403] lo que debía hacer un singular
-cortesano, que casi no dejó estado a quien no avisase de su oficio. En
-esto se puede ver lo que perdiéramos a no entenderle.
-
-Y también tengo por muy principal el beneficio que se hace a la lengua
-castellana en poner en ella cosas que merezcan ser leídas, porque yo
-no sé qué desventura ha sido siempre la nuestra, que apenas ha nadie
-escrito en nuestra lengua sino lo que se pudiera muy bien escusar;
-aunque esto sería malo de probar con los que traen entre las manos
-estos libros que matan hombres.[404]
-
-Y supo V. m. muy bien escoger persona por cuyo medio hiciésedes este
-bien a todos; que siendo, a mi parecer, tan dificultosa cosa traducir
-bien un libro como hacerle de nuevo, diose Boscán en esto tan buena
-maña, que cada vez que me pongo a leer este su libro, o por mejor
-decir, vuestro, no me parece que le hay escrito en otra lengua; y si
-alguna vez se me acuerda del que he visto y leído, luego el pensamiento
-se me vuelve al que tengo entre las manos. Guardó una cosa en la
-lengua castellana que muy pocos la han alcanzado, que fue huir de la
-afectación, sin dar consigo en una sequedad; y con gran limpieza de
-estilo usó de términos muy cortesanos y muy admitidos de los buenos
-oídos, y no nuevos ni al parecer desusados de la gente. Fue, más desto,
-muy fiel traductor, porque no se ató al rigor de la letra, como hacen
-algunos, sino a la verdad de las sentencias, y por diferentes caminos
-puso en esta lengua toda la fuerza y el ornamento de la otra.[405]
-Así lo dejó todo tan en su punto como lo halló, y hallolo tal que
-con poco trabajo podrían los defensores deste libro responder a los
-que quisiesen tachar alguna cosa dél.[406] No hablo en los hombres
-de tan tiernos y tan delicados oídos, que entre mil cosas buenas que
-tendrá este libro, les ofenderá una o dos que no serán tan buenas como
-las otras; que destos tales no puedo creer sino que aquellas dos les
-agradan y las otras les ofenden, y podríalo probar con muchas cosas que
-ellos fuera de esto aprueban. Mas no es de perder tiempo con estos,
-sino remitirlos a quien les habla y responde dentro en ellos mismos, y
-volverme a los que con alguna aparencia de razón podrían en un lugar
-desear satisfacción de algo que les ofendiese; y es, que allí donde
-se trata de todas las maneras que puede haber de decir donaires y
-cosas bien dichas a propósito de hacer reír, y de hablar delgadamente,
-hay algunas puestas por ejemplo que paresce que no llegan al punto
-de las otras ni merecen ser tenidas por muy buenas de un hombre que
-tan avisadamente trató las otras partes; y de aquí podrían inferir
-una sospecha de no tan buen juicio ni tanta fineza del auctor como le
-damos. Lo que a esto se puede responder es que la intención del auctor
-fue poner diversas maneras de hablar graciosamente y de decir donaires,
-y porque mejor pudiésemos conocer la diferencia y el linaje de cada
-una de aquellas maneras, púsonos ejemplo de todas, y discurriendo por
-tantas suertes de hablar, no podía haber tantas cosas bien dichas en
-cada una destas, que algunas de las que daba por ejemplo no fuesen algo
-más bajas que otras; y por tales creo yo que las tuvo, sin engañarse
-punto en ellas, un auctor tan discreto y tan avisado como este. Así
-que ya en esto se ve que él está fuera de culpa; yo solo habré de
-quedar con una, que es haberme alargado más de lo que era menester; mas
-enójanme las sinrazones, y hácenme que las haga con una carta tan larga
-a quien no me tiene culpa.
-
-Confieso a V. md. que hube tanta invidia de veros merecer sola las
-gracias que se deben por este libro, que me quise meter allá entre los
-renglones o como pudiese; y porque hube miedo que alguno se quisiese
-meter en traducir este libro,[407] o por mejor decir, dañarle, trabajé
-con Boscán que sin esperar otra cosa le hiciese luego imprimir,
-por atajar la presteza que los que escriben mal alguna cosa suelen
-tener en publicarla; y aunque esta traducción me diera venganza de
-cualquier otra que hubiera, soy tan enemigo de cisma, que aun esta
-tan sin peligro me enojara; y por esto, casi por fuerza, le hice que
-a todo correr le pasase, y él me hizo estar presente a la postrera
-lima, más como a hombre acogido a razón que como ayudador de ninguna
-enmienda.[408]
-
-Suplico a V. md. que pues este libro está debajo de vuestro amparo, que
-no pierda nada por esta poca de parte que yo dél tomo, pues en pago
-desto os le doy escrito de mejor letra donde se lea vuestro nombre y
-vuestras obras.[409]
-
-
-
-
-II
-
-CARTA DE GARCILASO AL EMPERADOR CARLOS V[410]
-
-
-†
-
-S. C. C. M.t[411]
-
-La orden q̄ el Principe[412] a dado enel caminar de la gente es q̄
-se deſenbarquen enbaya o en saona y de alli tomen el camino la via
-de alexandria y paren en medio desta ciudad y de alexandria lo qual
-se pone luego en obra y yo me parto delante para tener prouisto lo
-neceſsario en saona.
-
-El capitan sabajosa va alo q̄ el principe y el embaxador[413] escriuen;
-lagente q̄ viene segū todos afirman es muy buena. Nro. Sor. la S.
-perſona de V. M.t[414] guarde con acrecētamjēto de nueuos Reynos y
-srios.[415] De genoua XX de mayo 1536.
-
-S. C. C. M.t
-
-Criado de V. S. M.t
-
- Garcilaſso.[416]
-
-
-
-
-III
-
-GARSIAE LASSI DE LA VEGA AD FERDINANDUM DE ACUÑA[417]
-
-EPIGRAMMA
-
-
- Dum Reges, Fernande, canis, dum Caesaris altam
- Progeniem nostri, claraque facta Ducum,
- Dum Hispana memoras fractas sub cuspide gentes,
- Obstupuere homines, obstupuere Dei:
- Extollensque caput sacri de vertice Pindi
- Calliope blandis vocibus haec retulit;
- Macte puer gemina praecinctus tempora lauro,
- Qui nova nunc Martis gloria solus eras;
- Hac tibi dat Bacchusque pater, dat Phoebus-Apollo
- Nympharumque leves Castalidumque chori,
- Ut quos divino celebrasti carmine Reges,
- Teque simul, curva qui canis arma lyra,
- Saepe legant, laudent, celebrent post fata Nepotes:
- Nullaque perpetuos nox fuget atra dies.
-
-
-
-
-IV
-
-OCTAVA RIMA
-
-
-«Cristóbal de Castillejo, poeta de agudo ingenio en su tiempo, da el
-nombre de _poeta_ solamente al nuestro --a Garcilaso-- fol. 27 de sus
-obras, y da por suya, fol. 275, esta octava rima:
-
- Y ya que mis tormentos son forzados,
- Aunque vienen sin fuerza consentidos
- ¿Pues qué mayor alivio [a] mis cuidados
- que ser por vuestra causa padecidos?
- Si como son por vos bien empleados,
- De vos fuesen, señora, conocidos,
- La más crecida angustia de mi pena
- Sería de descanso y gloria llena.»
-
-(Don Tomás Tamayo de Vargas, _Garcilaso de la Vega_, Madrid, 1622, fol.
-86 de las anotaciones.)
-
-
-
-
-V
-
-ANÉCDOTA
-
-
-«Garcilaso, como era un caballero muy cortesano, y el doctor Villalobos
-un muy del palacio y gracioso médico, así muy ordinariamente --es
-decir, frecuentemente-- ambos se burlaban; y habiendo estado muy malo
-Garcilaso, curole el dotor y sanole muy cuidadosamente; y viendo que
-un día y otro se tardaba la paga, enviole un paje el dotor, que pues
-le había hecho tanto mal como volverle al mundo, que le pagase. Él
---Garcilaso-- abriendo un arca vacía, sacó della también una bolsa
-vacía, y enviósela con esta copla dentro:
-
- La bolsa dice: --Yo vengo
- Como el arca de moré,
- Que es el arca de _Noé_
- Que quiere decir: _no tengo_.»
-
-(_Miscelánea_ de don Luis Zapata, tomo XI del _Memorial histórico
-español_, pág. 297.) De este mismo juego de vocablos: _Noé_ = _no
-he_ = _no tengo_, usó también Barahona de Soto en su paradoja _A la
-pobreza_ y Luis Rufo en _Las quinientas apotegmas_. (V. F. Rodríguez
-Marín, _Luis Barahona de Soto_, Madrid, 1903, págs 739-740.)
-
-
-
-
-ÍNDICE ALFABÉTICO
-
-DE PRIMEROS VERSOS
-
-
- Págs.
-
- Acaso supo a mi ver, _Versos cortos III_. 257
-
- A Dafne ya los brazos le crecían, _Soneto XIII_. 220
-
- A la entrada de un valle, en un desierto, _Soneto XXXVI_. 252
-
- Amor, amor, un hábito vestí, _Soneto XXVII_. 237
-
- Aquella voluntad honesta y pura, _Égloga III_. 123
-
- Aquí, Boscán, donde del buen troyano, _Elegía II_. 159
-
- Aunque este grave caso haya tocado, _Elegía I_. 145
-
- Boscán, las armas y el furor de Marte, _Soneto XXXV_. 250
-
- Boscán, vengado estáis, con mengua mía, _Soneto XXVIII_. 239
-
- Clarísimo Marqués, en quien derrama, _Soneto XXI_. 228
-
- Como la tierna madre que al doliente, _Soneto XIV_. 221
-
- Con ansia estrema de mirar qué tiene, _Soneto XXII_. 229
-
- Con tal fuerza y vigor son concertados, _Soneto XX_. 227
-
- Con un manso ruido, _Canción III_. 183
-
- Cuando me paro a contemplar mi estado, _Soneto I_. 205
-
- Culpa debe ser quereros, _Versos cortos I_. 255
-
- De aquella vista pura y ecelente, _Soneto VIII_. 215
-
- De la red y del hilado, _Versos cortos V_. 258
-
- Dentro en mi alma fue de mí engendrado, _Soneto XXXI_. 243
-
- Echado está por tierra el fundamento, _Soneto XXVI_. 235
-
- El aspereza de mis males quiero, _Canción IV_. 187
-
- El dulce lamentar de dos pastores, _Égloga I_. 1
-
- En fin, a vuestras manos he venido, _Soneto II_. 207
-
- En medio del invierno está templada, _Égloga II_. 27
-
- En tanto que de rosa y azucena, _Soneto XXIII_. 231
-
- Escrito está en mi alma vuestro gesto, _Soneto V_. 211
-
- Estoy contino en lágrimas bañado, _Soneto XXXII_. 245
-
- Gracias al cielo doy que ya del cuello, _Soneto XXXIV_. 248
-
- Hermosas ninfas, que en el río metidas, _Soneto XI_. 218
-
- Ilustre honor del nombre de Cardona, _Soneto XXIV_. 232
-
- Julio, después que me partí llorando, _Soneto XIX_. 226
-
- La gente se espanta toda, _Versos cortos VII_. 259
-
- La mar en medio y tierras he dejado, _Soneto III_. 208
-
- La soledad siguiendo, _Canción II_. 179
-
- Mario, el ingrato amor, como testigo, _Soneto XXXIII_. 246
-
- Mi lengua va por do el dolor la guía, _Soneto XXXVII_. 253
-
- Nadie puede ser dichoso, _Versos cortos VIII_. 260
-
- No las francesas armas odiosas, _Soneto XVI_. 223
-
- No pierda más quien ha tanto perdido, _Soneto VII_. 214
-
- ¡Oh hado esecutivo en mis dolores, _Soneto XXV_. 234
-
- ¡Oh dulces prendas, por mi mal halladas, _Soneto X_. 217
-
- Pasando el mar Leandro el animoso, _Soneto XXIX_. 240
-
- Pensando que el camino iba derecho, _Soneto XVII_. 224
-
- Por ásperos caminos he llegado, _Soneto VI_. 212
-
- Pues este nombre perdí, _Versos cortos IV_. 257
-
- ¿Qué testimonios son estos, _Versos cortos VI_. 258
-
- Señora mía, si de vos yo ausente, _Soneto IX_. 216
-
- Señor Boscán, quien tanto gusto tiene, _Epístola_. 169
-
- Si a la región desierta, inhabitable, _Canción I_. 175
-
- Si a vuestra voluntad yo soy de cera, _Soneto XVIII_. 225
-
- Si de mi baja lira, _Canción V_. 197
-
- Siento el dolor menguarme poco a poco, _Soneto XXXVIII_. 254
-
- Si para refrenar este deseo, _Soneto XII_. 219
-
- Si quejas y lamentos pueden tanto, _Soneto XV_. 222
-
- Sospechas, que en mi triste fantasía, _Soneto XXX_. 242
-
- Un rato se levanta mi esperanza, _Soneto IV_. 210
-
- Yo dejaré desde aquí, _Versos cortos II_. 256
-
-
-
-
-ÍNDICE GENERAL
-
-
- Págs.
-
- _Introducción._ VII
-
- _Datos bibliográficos._ XXI
-
-
- ÉGLOGAS
-
- I.--El dulce lamentar de dos pastores. 1
-
- II.--En medio del invierno está templada. 27
-
- III.--Aquella voluntad honesta y pura. 123
-
-
- ELEGÍAS
-
- I.--Aunque este grave caso haya tocado. 145
-
- II.--Aquí, Boscán, donde del buen troyano. 159
-
-
- EPÍSTOLA
-
- Señor Boscán, quien tanto gusto tiene. 169
-
-
- CANCIONES
-
- I.--Si a la región desierta, inhabitable. 175
-
- II.--La soledad siguiendo. 179
-
- III.--Con un manso ruído. 183
-
- IV.--El aspereza de mis males quiero. 187
-
- V.--Si de mi baja lira. 197
-
-
- SONETOS
-
- I.--Cuando me paro a contemplar mi estado. 205
-
- II.--En fin, a vuestras manos he venido. 207
-
- III.--La mar en medio y tierras he dejado. 208
-
- IV.--Un rato se levanta mi esperanza. 210
-
- V.--Escrito está en mi alma vuestro gesto. 211
-
- VI.--Por ásperos caminos he llegado. 212
-
- VII.--No pierda más quien ha tanto perdido. 214
-
- VIII.--De aquella vista pura y ecelente. 215
-
- IX.--Señora mía, si de vos yo ausente. 216
-
- X.--¡Oh dulces prendas, por mi mal halladas! 217
-
- XI.--Hermosas ninfas, que en el río metidas. 218
-
- XII.--Si para refrenar este deseo. 219
-
- XIII.--A Dafne ya los brazos le crecían. 220
-
- XIV.--Como la tierna madre que al doliente. 221
-
- XV.--Si quejas y lamentos pueden tanto. 222
-
- XVI.--No las francesas armas odiosas. 223
-
- XVII.--Pensando que el camino iba derecho. 224
-
- XVIII.--Si a vuestra voluntad yo soy de cera. 225
-
- XIX.--Julio, después que me partí llorando. 226
-
- XX.--Con tal fuerza y vigor van concertados. 227
-
- XXI.--Clarísimo Marqués, en quien derrama. 228
-
- XXII.--Con ansia estrema de mirar qué tiene. 229
-
- XXIII.--En tanto que de rosa y azucena. 231
-
- XXIV.--Ilustre honor del nombre de Cardona. 232
-
- XXV.--¡Oh hado esecutivo en mis dolores! 234
-
- XXVI.--Echado está por tierra el fundamento. 235
-
- XXVII.--Amor, amor, un hábito vestí. 237
-
- XXVIII.--Boscán, vengado estáis con mengua mía. 239
-
- XXIX.--Pasando el mar Leandro el animoso. 240
-
- XXX.--Sospechas que en mi triste fantasía. 242
-
- XXXI.--Dentro en mi alma fue de mí engendrado. 243
-
- XXXII.--Estoy contino en lágrimas bañado. 245
-
- XXXIII.--Mario, el ingrato amor, como testigo. 246
-
- XXXIV.--Gracias al cielo doy que ya del cuello. 248
-
- XXXV.--Boscán, las armas y el furor de Marte. 250
-
- XXXVI.--A la entrada de un valle, en un desierto. 252
-
- XXXVII.--Mi lengua va por do el dolor la guía. 253
-
- XXXVIII.--Siento el dolor menguarme poco a poco. 254
-
-
- CANCIONES EN VERSOS CORTOS
-
- I.--Culpa debe ser quereros. 255
-
- II.--Yo dejaré desde aquí. 256
-
- III.--Acaso supo a mi ver. 257
-
- IV.--Pues este nombre perdí. 257
-
- V.--De la red y del hilado. 258
-
- VI.--¿Qué testimonios son estos? 258
-
- VII.--La gente se espanta toda. 259
-
- VIII.--Nadie puede ser dichoso. 260
-
-
- APÉNDICES
-
- I.--A la muy magnífica señora doña Jerónima Palova
- de Almogávar, Garcilaso de la Vega. 261
-
- II.--Carta de Garcilaso al Emperador Carlos V. 269
-
- III.--Garsiae Lassi de la Vega ad Ferdinandum
- de Acuña, Epigramma. 271
-
- IV.--Octava rima. 272
-
- V.--Anécdota. 273
-
- Índice alfabético de primeros versos. 275
-
-
-
-
- ESTE LIBRO SE ACABÓ DE IMPRIMIR
- EN LA TIPOGRAFÍA DE «CLÁSICOS CASTELLANOS»
- EL DÍA III DE FEBRERO
- DEL AÑO MCMXI
-
-
-
-
-NOTAS
-
-
-[1] Heredaba D. García, por su padre D. Pedro, el apellido Suárez de
-Figueroa; pero, hijo segundón, educado acaso con su abuela D.ª Elvira,
-hermana de D. Íñigo, el famoso Marqués de Santillana, tomó el apellido
-de esta, la cual a su vez quiso conservar el de su madre D.ª Leonor
-Laso de la Vega en vez del de su padre D. Diego Hurtado de Mendoza. El
-solar de la Vega se halla en las Asturias de Santillana, en la ribera
-del Besaya, a una legua de Santillana y otra del mar. (V. Navarrete,
-_Vida de Garcilaso_, Ilust. I.)
-
-[2] «Don Pedro era un caballero de sanas entrañas y sin malicia, y
-junto con esta bondad, amigo de justicia y del bien del reino, y por
-esto se metió tanto en estos bullicios.» (Sandoval, _Hist. de Carlos
-V_, lib. V.)
-
-[3] Así dicen Herrera, Tamayo y Cienfuegos; pero Navarrete supone que
-debió criarse en la Casa Real, según la antigua costumbre que hacía
-educar junto a los príncipes a los hijos de los nobles.
-
-[4] Tamayo de Vargas, fol. 4.
-
-[5] V. Égloga I, notas a los versos 2 y 258.
-
-[6] V. Soneto XXVI, nota.
-
-[7] Los del linaje de la Cueva se oponían a aquel desposorio en su
-interés de que D.ª Isabel, única sucesora de Alburquerque, casara de
-modo que no se perdiera el nombre de la casa; tuvieron de su parte al
-Emperador, el cual despachó una cédula desde Bruselas a 4 de setiembre
-de 1531, prohibiendo que aquel matrimonio siguiera adelante; no
-obstante parece ser que los novios fueron desposados, en secreto, en
-una iglesia de Ávila, siendo testigo Garcilaso; noticioso de lo cual el
-Emperador le impuso dicho destierro, como castigo, en ocasión en que
-fue a servirle contra los turcos que asediaban a Viena. (V. Navarrete,
-_Vida_, 35 y siguientes.)
-
-[8] Véase la carta de creencia otorgada a Garcilaso por D. Juan Ribera,
-Capitán General de Toledo, en 12 de mayo de 1522. (Navarrete, _Vida_,
-pág. 203.)
-
-[9] V. Menéndez y Pelayo, _Antología_, XIII, pág. 38.
-
-[10] Cuenta D. Luis Zapata en su _Carlo Famoso_ que yendo Garcilaso a
-Roma a reunirse con el Emperador, después de cierta aventura galante,
-saliole al paso una dama que le anunció el peligro que le amenazaba
-por los facinerosos, hacia cuyas guaridas inconscientemente caminaba;
-agradeciendo el aviso, resolvió el caballero seguir adelante, y al
-internarse en un bosque, oyó resonar de silvos, cuernos y bocinas, con
-que se convocaban los salteadores; más de trescientos, bien armados,
-le rodearon; lanza en ristre, y firme en su caballo, les acometió; y
-matando a unos, hiriendo a otros y haciendo huir a los restantes, logró
-llegar, salvo y con honra, a su destino. Es evidente que en el fondo
-de este fantástico relato hay, por lo menos, de cierto la opinión de
-valiente en que el poeta vivió.
-
-[11] Navarrete, _Vida_, pág. 85.
-
-[12] Dejó Garcilaso tres hijos: Garcilaso, D. Pedro y D.ª Sancha, y
-otro, además, D. Lorenzo, que se sospecha fuese natural; murió el
-primero a los veinticinco años en la defensa de Ulpiano contra los
-franceses; profesó el segundo en la Orden de Santo Domingo; casó D.ª
-Sancha con D. Antonio Puertocarrero, y D. Lorenzo, espíritu cáustico,
-desterrado a Orán, como autor de una aguda sátira, dícese que murió en
-el camino.
-
-[13] Un epigrama latino se hallará en el Apéndice de este volumen.
-
-[14] Los sonetos, por hallazgos posteriores, montan hoy a 38, algunos
-de dudosa autenticidad, según se advertirá en su lugar; figuran,
-además, en la presente edición, varias composiciones que el autor
-escribió en versos cortos, la carta-prólogo escrita para la traducción
-de _El Cortesano_ de Boscán, y otra breve carta del poeta al Emperador.
-
-[15] _Las obras de Boscán y algunas de Garcilasso de la Vega,
-repartidas en cuatro libros._ -- Escudo del Emperador con el _Plus
-Ultra_. -- _Cvm Privilegio Imperiali. Carles Amorós._ -- Colofón:
-«Acabaronse de imprimir las obras de Boscán y Garcilasso de la Vega: en
-Barcelona, en la Officina de Carles Amoros, a los XX del mes de Março:
-Año de M.D.XLIII.» 4.º, 8 hojas preliminares, más 242 de texto.
-
-[16] El mismo Boscán en su carta a la Duquesa de Soma, prólogo del
-segundo libro de sus poesías, declara la parte que tomó Garcilaso
-en la reforma: «Comencé a tentar este género de verso, en el cual
-al principio hallé alguna dificultad, por ser muy dificultoso y
-tener muchas particularidades diferentes del nuestro; pero después
-pareciéndome, quizá con el amor de las cosas propias, que esto
-comenzaba a sucederme bien, fui paso a paso metiéndome con calor en
-ello; mas esto no bastara a hacerme pasar muy adelante, si Garcilaso
-con su juicio, el cual, no solamente en mi opinión, mas en la de todo
-el mundo, ha sido tenido por regla cierta, no me confirmara en esta mi
-demanda, y así alabándome muchas veces este mi propósito y acabándomele
-de aprobar con su ejemplo, porque quiso él también llevar este camino,
-al cabo me hizo ocupar mis ratos ociosos en esto más particularmente.»
-
-[17] F. Rodríguez Marín, _Luis Barahona de Soto_, página 282.
-
-[18] Versos 37 y 40 de su égloga III.
-
-[19] Prólogo de Francisco de Medina a las _Anotaciones_ de Herrera,
-pág. 8.
-
-[20] Elegía II, verso 24.
-
-[21] Elegía II, verso 145 y siguientes.
-
-[22] Hizo lugar honroso en sus escritos al nombre de D. Fernando de
-Toledo, gran Duque de Alba, Eg. II; D. Pedro de Toledo, Virrey de
-Nápoles, Eg. I; fray Severo, ayo del gran Duque, Eg. II; D.ª María de
-la Cueva, Condesa de Osuna, Eg. III; D. Bernardino de Toledo, Eleg. I;
-D.ª Catalina Sanseverino, la Flor de Gnido, Canc. V; Mario Galeota,
-soneto XXXIII; D. Fernando de Guzmán, hermano del poeta, soneto XVI;
-Julio César, poeta napolitano, soneto XIX; D. Alonso de Ávalos, Marqués
-del Vasto, soneto XXI; D.ª María de Cardona, Marquesa de la Padula,
-soneto XXIV, y particularmente a su amigo Boscán, Eg. II, Eleg. II,
-epíst., sonetos XXVIII y XXXV, y versos cortos VII.
-
-[23] Véanse las notas a los versos 2 y 258 de la Eg. I, y al 20 de la
-Eg. II.
-
-[24] V. M. Menéndez y Pelayo, _Juan Boscán_, páginas 132-138.
-
-[25] Égloga I:
-
- El dulce lamentar de dos pastores
- Cristo y el pecador triste y lloroso
- He de cantar sus quejas imitando, etc.
-
-[26] Se halla noticia de tal sistema ortográfico y de sus pormenores en
-el libro del Conde de la Viñaza, _Biblioteca histórica de la Filología
-Castellana_, Madrid, 1893, número 544.
-
-[27] Dedicó Garcilaso esta égloga a D. Pedro de Toledo, el _gran
-justador_, primer Marqués de Villafranca y Virrey de Nápoles desde
-1532 a 1553; fue hijo segundo de don Fadrique de Toledo y tío carnal
-del gran Duque de Alba D. Fernando. Hombre de carácter y talento,
-recibió del César el virreinato de Nápoles en momentos de peligro;
-al encargarse de él, llevó consigo desde Alemania a Garcilaso,
-consiguiendo que el Emperador le sacase de su destierro del Danubio.
-Fue su más constante protector. (Navarrete, págs. 44 a 49.)
-
-[28] _Salicio_ laméntase de celos; _Nemoroso_ llora la muerte de
-su pastora _Elisa_. _Salicio_ es Garcilaso, y _Elisa_, según todos
-los comentadores, es D.ª Isabel Freyre, dama portuguesa, esposa de
-D. Antonio de Fonseca. Muchos, desde Herrera, han creído que este
-D. Antonio es el _Nemoroso_ de la égloga; muchos más, desde el
-Brocense, han dicho que _Nemoroso_ no es sino Boscán, «porque _nemus_
-es bosque», y D. Luis Zapata, autor del _Carlo Famoso_, asegura, en
-efecto, que Boscán conoció a _Elisa_ en la Corte, como dama que era
-de la Emperatriz D.ª Isabel de Portugal, y «fue su servidor antes que
-casase»; pero ambas opiniones en lucha han dado sus razones contrarias
-y se han destruido mutuamente. Y dice D. Manuel de Faria y Sousa: «Lo
-cierto es que no fue Boscán ni otro alguno, sino que Garcilaso se
-representa con ambos nombres, y esto es ordinario en los escritores de
-églogas... El introducir nombres sirve solo al diálogo; pero la persona
-es una sola. Así en la égloga de Garcilaso, lo mismo es _Salicio_ que
-_Nemoroso_.» El enamorado de D.ª Isabel Freyre, según el mismo Faria,
-no fue Boscán, sino Garcilaso «que de sus amores fue muy derretido
-estando ella en Palacio, y a ella son los más de sus versos... como
-quien la galanteó antes de casar». Sa de Miranda llama siempre
-_Nemoroso_ a Garcilaso. D.ª Carolina Michaëlis de Vasconcellos defiende
-la opinión de Faria y Sousa, y el maestro Menéndez y Pelayo dice:
-«Prefiero la tradición de Faria a la de Zapata, porque no es verosímil,
-ni posible siquiera, que la divina lamentación de _Nemoroso_, que es
-lo más tierno y apasionado que brotó de la pluma de Garcilaso, sea el
-eco o el reflejo de una pasión ajena, de la cual, por otra parte, no
-hay rastro en los versos de Boscán. Garcilaso ha puesto en aquellas
-estancias todo su corazón, y habla allí en nombre propio, no en el de
-su amigo, ni mucho menos en nombre del marido de su dama.» Todo esto
-con más extensión y con la documentación necesaria puede verse en el
-tomo XIII de la _Antología_ de Menéndez y Pelayo, págs. 55 a 60.
-
-[29] _Estado Albano_: el Reino de Nápoles, llamado así, acaso, por la
-vieja y famosa _Alba-Longa_, o por _Alba_, ciudad también famosa, donde
-los romanos hospedaban a los reyes bárbaros, sus cautivos. Se ha creído
-que _Albano_ es nombre propio (Bello-Cuervo, _Gram._, París, 1907, §
-1171), y se ha dicho que representa al mismo Virrey (Mérimée, _Litt.
-Esp._, París, 1908, pág. 156); no advirtieron tal cosa los comentadores
-antiguos; ni D. Pedro era hombre para juegos pastoriles, ni Albano
-figura para nada en las églogas de Garcilaso, y si llama la atención
-encontrar en las ediciones antiguas _estado-Albano_, no siendo entonces
-obligada la mayúscula inicial de verso, téngase presente que también se
-imprimía _tigre Hircana_, _campo Placentino_, _campo Sarracino_, _arte
-Cortesana_, _sangre Turca_, etc., sin tratarse de nombres propios. Son
-ejemplos del texto de Tamayo, Eg. II.
-
-[30] _Marte_, para los griegos era el más odioso de los inmortales;
-los romanos le tenían por dios favorable y bienhechor; este rasgo, en
-pequeño, retrata a ambos pueblos.
-
-[31] _sobras_ = _superas_. _Sobrar_ tiene la misma etimología que
-_superar_, y en este caso tiene también la misma significación, que es
-la del latín _superare_. Repítese en la Eg. II, versos 1529 y 1540. El
-poeta juega aquí del vocablo entre _faltar_ y _sobrar_, este último en
-sus acepciones culta y corriente.
-
-[32] _dino_ = _digno_, como _maníficas_, Eg. II, v. 395. Demuestra que
-en aquel tiempo se pronunciaba _dino_, aun en lenguaje culto, el hecho
-de encontrar en buenos poetas rimas como _contino_, _dino_, etc. (F.
-Rodríguez Marín, _Luis Barahona de Soto_, pág. 402.)
-
-[33] Perífrasis del laurel con que se coronaban los guerreros
-triunfantes y los poetas heroicos, los eróticos se coronaban de mirto,
-y de hiedra los poetas menores. (Herrera, pág. 411.) Apolo dijo al
-laurel-Dafne--: «Tu follaje adornará mi cabellera y mis armas, y
-servirás de atavío a los guerreros del Lacio al resonar los alborozados
-gritos de la victoria y al desplegar el Capitolio sus triunfales
-pompas.» Ovidio, _Metamórfosis_, lib. I, fáb. X; véase adelante el
-soneto XIII.
-
-[34] La hiedra simboliza afecto y humildad; repítese esta imagen
-adelante, versos 135 y 243 de esta misma égloga: «Fue Ciso --la
-hiedra-- un mancebo que servía a Baco de danzante... y ejercitándose
-una vez delante él en aquel oficio, cayó en el suelo y se mató del
-golpe; y la tierra por honra de Baco crió... una planta, que luego que
-salió por la tierra, comenzó a abrazar la vid de la mesma suerte que
-solía en las danzas y bailes abrazar y rodear Ciso a Baco.» (Herrera,
-pág. 411.)
-
-[35] _el altura_. En tiempo de Garcilaso era lícita esta construcción:
-_el alegría_, Eleg. I, v. 261; _el ausencia_, Eleg. II, versos 72 y 80;
-_el aspereza_, canc. IV, v. 1; _el amarga memoria_, soneto XIX, v. 11,
-etc.; pero luego se admitió _el_ con femenino, tan solo en el caso en
-que siguiese _a_ acentuada, _el alma_, etc. (R. Menéndez Pidal, _Gram.
-Hist._, § 100,2.)
-
-[36] Herrera escribió aquí _un’ alta haya_; en el verso siguiente,
-_un’ agua_; en el 69, _un’ hora_, y así en muchos casos análogos, Eg.
-I, v. 217, 218, 257, etc.; Eg. II, 580, 718, etc.; yo he prescindido
-del apóstrofo y de la vocal _a_, huyendo de la contradicción de otros
-editores que, en iguales circunstancias, y sin motivo razonable, han
-escrito unas veces _un alta, un agua, un hora_, etc., y otras, _una
-alta, una agua, una hora_; comp., por ejemplo, en la edición de Castro,
-Eg. I, v. 46, 47, 218, y 69, 259; Eg. II, 182, 718, etc.
-
-[37] Galatea, Elisa, Camila, Gravina, Flérida y Filis son los nombres
-de las pastoras de Garcilaso, pero la historia recuerda preferentemente
-a la primera unida al nombre del poeta: «Aquella cuyo nombre
-entronizado -- por vos ha sido más que de Catulo -- el nombre de su
-Lesbia celebrado... -- Más que del claro Castillejo, Ana, -- Más que de
-Garcilaso, Galatea...» (F. Rodríguez Marín, _Barahona_, pág. 29.)
-
-[38] _mesquina_, como _entristesco_, Eg. I, v. 254; _mesclado_, Eg. II,
-v. 252, etc.; estas formas con _sc_ tienen en castellano más abolengo
-y más historia que las modernas con _zc_. (R. Menéndez Pidal, _Gram.
-Hist._, § 112,3.)
-
-[39] Tal pensamiento encontró Herrera (pág. 406) en Dante, Ariosto y
-Jorge de Resende; este último dijo así: «Senhora, pois me matais --Por
-vos dar meu coraçãm. -- Peço vos que me digais -- De que manera tratais
--- A os que vossos nam sãm...» Aun cuando en lengua extraña, entiendo
-que estos versos pueden aquí servir para comprender mejor los de
-Garcilaso.
-
-[40] «Injustamente, en mi humilde opinión, censuró Hermosilla, como
-ociosamente pleonástico, este verso, que tan sentidamente exprime el
-dolor de Salicio por la inconstancia de Galatea. Dudo que a nadie
-parezcan más expresivos aquellos acumulados pleonasmos de Homero que el
-mismo escritor llama bellísimos: “Pero Aquiles pretende _sobre todos_
--- _Los otros ser, a todos dominarlos_, -- _Sobre todos mandar, y como
-jefe_, -- _Dictar leyes a todos_.”» Bello-Cuervo, _Gramática_, París,
-1907, § 411, nota.
-
-[41] No ha desaparecido aún la creencia vulgar en los agüeros de las
-aves. Dicen de la lechuza, ave nocturna, que cuando grazna sobre
-la chimenea de alguna casa es anuncio de una gran desgracia para
-la familia que allí viva (La Mancha). Sobre la antigüedad de estas
-supersticiones y lo arraigadas que estuvieron en España y en el
-mediodía de Francia, véase Amador de los Ríos, _Hist. de la Lit._, IV,
-520, etc.; _Rev. de España_, tomo 17 y 18; Fauriel, _Histoire de la
-poésie provenç._, III, 305, etc.; Restori, _La Gesta del Cid_, pág.
-208; sobre los agüeros de las aves en nuestra literatura medioeval,
-véase R. Menéndez Pidal, _La Leyenda de los Infantes de Lara_, pág. 8.
-
-[42] Garcilaso recuerda en muchas de sus poesías el patrio, celebrado y
-rico Tajo, felice y claro río de su tierra natal, Eg. III, v. 106, 197,
-214, 246 y 300; Eg. II, v. 528, 532; Son. XXIV, v. 12, etc.; lo cual
-llenaba de satisfacción al insigne toledano D. Tomás Tamayo de Vargas;
-en cambio, el nombre de la ciudad de Toledo no aparece nunca en estos
-versos, aun cuando el poeta habla de ella en la Eg. III, a no ser como
-apellido de la casa de Alba.
-
-[43] Dice el Brocense: «Alegoría es, como si dijera: De la suerte que
-el agua se huía por camino desusado, ansí imaginaba que me habías de
-dejar por otro.»
-
-[44] El uso de _cúyo_, interrogativo, ha desaparecido de nuestro
-idioma. «No creo que sean aceptables en el día las construcciones:
-_¿Cúyo buque ha naufragado?_ _¿Cúya casa habitas?_ _¿A cúya protección
-te acoges?_, sin embargo de recomendarlas su precisión y sencillez y
-la autoridad de nuestros clásicos.» (Bello-Cuervo, _Gramática_, París,
-1907, § 336.)
-
-[45] «La parra se casa con el olmo y es su amiga, porque crece en él,
-que, según Virgilio, se maridaban las parras a los olmos, y hoy se usa
-junto a Barcelona. La que estaba sola se decía viuda, y así la llama
-Catulo; y al olmo nombra el mesmo, marido de la vid...» (Herrera, 423.)
-
-[46] Hay que leer: _Y-de-ha-cer_...para que el verso resulte cabal.
-La _f_ del latín se conservó en el castellano escrito hasta fines del
-siglo XV: _fablar_, _fazer_, _folgar_, _foja_, _fijo_, etc., y después
-fue sustituida por la _h_, que era verdadera aspirada en los siglos XV
-y XVI. No he encontrado ningún caso en que Garcilaso prescindiese de la
-aspiración de la _h_: véase más abajo, versos 162, 209; Eg. II, v. 462,
-472, 490, 509, 535, 545, etc; cuando a la _h_ precede una consonante,
-el verso no sirve para dar idea de la aspiración: Eg. II, 500, 510,
-516, 536, 623, 630, etc.; a fines del siglo XVI los escritores empiezan
-a vacilar, y unas veces aspiran la _h_ y otras no. (R. Menéndez Pidal,
-_Gramática Hist._, § 38,2; F. Rodríguez Marín, _Luis Barahona de Soto_,
-págs. 399-402.) Extraño es que Boscán elidiese ya la _h_ en muchos
-casos al uso moderno. (M. Menéndez y Pelayo, _Antología_, XIII, pág.
-215.)
-
-[47] Herrera puntúa aquí de esta manera: ..._abundo en mi majada; -- La
-manteca y el queso está sobrado_. El sentido es el mismo, pero la frase
-parece mejor con la variante seguida en el texto.
-
-[48] _Títiro_: divinidad campestre de la alegre corte de Baco. Los
-poetas bucólicos usaban este nombre como sinónimo de _pastor_. _El
-mantuano títiro_, llamado más comúnmente _el cisne de Mantua_, es el
-poeta latino Virgilio.
-
-[49] «Esto de mirarse en el mar --dice el Brocense--, primero lo dijo
-Teócrito, y de allí lo tomó Virgilio, y luego los demás. Y con todo eso
-dicen que es yerro decirlo, porque en el mar ni en aguas corrientes no
-se puede ver la figura.» Salicio no mentía; Herrera lo defiende con
-ejemplos clásicos; pero mejor testimonio es el de la experiencia: puede
-verse la figura en cualquier remanso de agua corriente.
-
-[50] _cierto_, con valor adverbial, por _ciertamente_, como _dulce_
-por _dulcemente_, Eg. II, v. 1100; _inmenso_ por _inmensamente_:
-«Las grandes virtudes _inmenso_ le aplacen.» (Juan de Mena, _Las
-Trescientas_, copla CCXIII.)
-
-[51] Esta ingenua declaración de Salicio no estaba mal vista en los
-pastores de églogas; pruébanlo los ejemplos de Herrera, pág. 246; no
-obstante, el ingenioso Lope, que en multitud de ocasiones recordó a
-Garcilaso, parodió este pasaje en su _Gatomaquia_: «Pues no soy yo tan
-feo, -- Que ayer me vi, mas no como veo, -- En un caldero de agua,
-que de un pozo -- Sacó para regar mi casa un mozo, -- Y dije: “¿Esto
-desprecia Zapaquilda? -- Oh celos, oh impiedad, oh amor, reñilda.”»
-
-[52] _Estremo_ es la Extremadura, así dicha, según Mariana, por haber
-sido mucho tiempo frontera, y lo extremo y postrero que por aquella
-parte poseían los cristianos.
-
-[53] «Las tristes lágrimas mías -- En piedras hacen señal -- Y en vos
-nunca por mi mal.» Canción antigua de la cual no cita Herrera, pág.
-428, más que estos versos.
-
-[54] _No volviendo siguiera los ojos a los desgraciados a quienes tú
-hiciste derramar lágrimas._ Esto se lee de una manera muy diferente en
-los textos de Tamayo, Azara y Castro.
-
-[55] _un espesura._ La elisión de la a ha sido lícita ante vocal, aun
-fuera de los casos indicados en la nota al verso 46; escritores en
-prosa, poco anteriores a Garcilaso, usaban también, con los poetas, de
-esta licencia; Micer Gonzalo de Santa María en _Evangelios e Epistolas_
-(1485), reedición de Upsala, 1908, escribía _un statua_, 78-3; _un
-estrella_, 281-12.
-
-[56] He enmendado el verso de Herrera que, sin duda, por error de
-imprenta dice así: _Al que todo mi bien quitarme me puede_.
-
-[57] _Filomena_ es el ruiseñor; tiene una trágica leyenda. Un viejo
-rey de Atenas, Pandión, tenía dos hijas bellísimas, y Tereo, rey de
-Tracia, casó con una de ellas, con Procné. Cierto día Procné quiso
-ver a su hermana Filomena, y el rey Tereo marchó a Atenas para traer
-a sus palacios a la princesa, su cuñada. A la vista de la joven ardió
-Tereo en ciega pasión; durante el viaje le descubrió sus torpes
-deseos, y al llegar a una selva triunfó de su virginidad. Vuelta en
-sí Filomena, juró al cielo venganza. «Yo misma --dijo a Tereo-- he de
-arrostrar la vergüenza para publicar tu delito: he de descubrirlo al
-universo entero.» El feroz tirano, en su ira, para que no le delatase,
-le cortó la lengua y la dejó presa en cárcel de rocas. Filomena
-bordó en una tela la historia de su desgracia, y con una criada la
-envió a su hermana Procné, que la lloraba creyéndola muerta. Procné,
-secretamente, la sacó de su cárcel; sintió hacia su marido un odio
-mortal; ¿qué venganza podía ser la más cruel?... Sacrificó en sí misma
-su amor de madre; mató a Itis, su propio hijo; puso a hervir una parte
-de él en vasijas de cobre, y, en la comida, sirvió a su esposo aquel
-manjar. Pregunta el padre: «¿Dónde está Itis?» Procné contesta: «Está
-contigo.» Y entonces Filomena se adelanta y arroja la lívida cabeza
-del niño al rostro de Tereo. Prorrumpe este en horrorosos lamentos;
-desnudando la espada corre tras de las hijas de Pandión; pero ellas,
-como si tuvieran alas, huyeron. Y en efecto, alas tenían: Filomena,
-transformada en ruiseñor, desapareció en una arboleda inmediata;
-Procné, hecha golondrina, aún tiene en su plumaje, como vestigios de
-su cruel asesinato, manchas de sangre. Tereo, sediento de venganza,
-fue convertido en abubilla, la de vistoso penacho y pico de dardo;
-hay quien dice que se transformó en gavilán; Itis, quedó en jilguero.
-(Ovidio, _Metamórfosis_, lib. VI, fáb. VI.) Ahora bien: el ruiseñor no
-es blanco, _la blanca Filomena_, por lo cual al Brocense le pareció
-mejor _la blanda Filomena_, y esta enmienda siguieron Azara, Castro y
-otros; también la defiende Tamayo (fol. 41-43), porque aquel ruiseñor
-blanco que presentaron, según dicen, a Agripina, mujer de Claudio,
-túvolo Plinio ya por maravilla; pero dice Herrera (pág. 429): «con
-licencia de ellos no hizo mal Garcilaso en dalle tal apuesto, porque
-el color blanco es purísimo y el más perfeto de los colores, y por
-traslación al ánimo se toma por sincero, y así _blanca_ significa
-simple, sencilla, pura y piadosa...»
-
-[58] Este nombre, _Nemoroso_, ha servido también de adjetivo
-poético aplicado a cosas propias de bosques; Castro cita ejemplos
-de Cairasco de Figueroa en su _Templo militante_, y de Lope de Vega
-en su _Arcadia_; San Juan de la Cruz en la _Canción entre el alma y
-su esposo_, dice: «Mi amado, las montañas, -- Los valles solitarios
-_nemorosos_, -- Las ínsulas extrañas, -- Los ríos sonorosos, -- El
-silbo de los aires amorosos...»
-
-[59] _Piérides_, las Musas. Piero, rey de Macedonia, tenía nueve
-hijas que creían cantar mejor y ser más sabias que las nueve Musas,
-tanto que, audaces, como poetas vanidosos, se disputaron con ellas el
-triunfo de las artes, y en castigo de su temeridad fueron convertidas
-en urracas. (Ovidio, _Metamórfosis_, lib. V, fáb. IV.) No obstante la
-poesía suele llamar también _Piérides_ a las Musas verdaderas, sin
-duda, porque, según Hesiodo, nacieron en la Piérida, provincia de
-Macedonia.
-
-[60] Si _Nemoroso_ y _Salicio_ son Garcilaso (nota al verso 2), _Elisa_
-y _Galatea_ deben ser D.ª Isabel Freyre; las quejas de ambos pastores
-son, en efecto, compatibles como episodios de un mismo amor. El
-afortunado rival a quien alude _Salicio_ en los versos 127-137 y en el
-180, acaso fue D. Antonio de Fonseca, marido de D.ª Isabel; esto parece
-confirmar el epígrafe de la _Canción primera en versos cortos_, según
-el manuscrito de Iriarte: «A D.ª Isabel Freyra, porque se casó con un
-hombre fuera de su condición.»
-
-[61] Según la estructura de las demás estrofas, este verso debiera ser
-endecasílabo; el Brocense lo enmendó de este modo: _Más convenible
-fuera aquesta suerte_; pero Herrera, aunque advirtió el defecto, tuvo a
-bien respetarlo.
-
-[62] _coluna._ Evolución tardía del cultismo _columna_. El grupo de
-consonante _mn_ dio _ñ_ en su primitiva evolución: _damnu_, _daño_;
-_somnu_, _sueño_. (V. R. Menéndez Pidal, _Gram. Hist._, § 47,2,a.)
-
-[63] Esta estancia tiene 15 versos en vez de los 14 que le
-corresponden, y Tamayo (notas, fol. 43), por indicación de Luis
-Tribaldos de Toledo, propone una enmienda en que se suprime un verso
-«y se quita la superfluidad, y aquel _blanco pecho_, que tiene algo
-de lascivo, y se refiere la gloria a los cabellos, _el dorado techo_,
-sobre el cuello, _la coluna_, con mayor encarecimiento». En cuanto a
-Herrera, lo que quisiera corregir es lo de _blando pecho_, y decir en
-su lugar _blanco_. Muchas ediciones han aceptado esta corrección, entre
-ellas la de Tamayo. Por lo demás, el mismo Herrera, pág. 436, dijo:
-«¿quién ha de poner mano en obras de un escritor tan alabado y recebido
-de la opinión pública? Basta apuntar este error, y quede así solamente
-notado.»
-
-[64] _Cargar la mano_; no es pequeño mérito de un poeta tan ilustre
-como Garcilaso haber sabido mantener correcto y elegante su lenguaje,
-sin desdeñar giros, frases y modismos sacados de la entraña del
-castellano: _Por el paso en que me ves, te juro_..., Eg. II, v. 653;
-_Callar que callarás_, íd., 922; _Yo, para mi traer_..., íd., 899; _Dar
-al travieso_, íd., 952; _Daca, hermano_..., íd., 969; _Diz que_...,
-íd., 1076; _Entrar con pie derecho_, íd., 1467; _Dar de mano_, íd.
-1478; _Tomar a destajo_, Eg. III, 193; _Traer por los cabellos_...,
-canc. IV, v. 7; _Darse buena mano_, Apéndice I; _A todo correr_,
-Apéndice I, etc. Complétase esta nota con las de los versos 360, Eg. I,
-y 142, Eg. II. El culto Herrera se indignaba de esto.
-
-[65] El Brocense enmendó _aquello que_; pero Herrera dejó _aquella_,
-interpretando, sin duda, así: «Aquella cosa que con medrosa forma o
-imagen se nos ofrece de noche y pone horror.»
-
-[66] Parece que en este verso puede elidirse la aspiración de la _h_,
-pero acaso le corresponda esta lectura: «Su-luz-pu-ra-y-her-mo-sa.» (V.
-nota anterior, al verso 157.)
-
-[67] Este pensamiento es el mismo de la famosa cantilena de Esteban
-Manuel de Villegas (1595-1669): «Yo vi sobre un tomillo -- quejarse un
-pajarillo -- viendo su nido amado, -- de quien era caudillo -- de un
-labrador robado...» Hállase en poetas latinos y en otros castellanos;
-nació en las _Geórgicas_ de Virgilio, según Herrera, pág. 439.
-
-[68] La noche no consuela su llanto ni sus quejas.
-
-[69] Dolor tan grande no puede soportarse en modo alguno.
-
-[70] Deseo insistir en la intención de la nota al verso 289, de esta
-misma égloga, sobre la simpatía de Garcilaso por ciertas formas del
-castellano familiar, recordando al lado de esta: _más ardiente que la
-llama_, las siguientes: _más dura que mármol_, v. 57; _más helada que
-nieve_, v. 59; _más fuerte que el hierro_, v. 265; _más rubio que el
-oro_, v. 274; _lo quiero más que a mis ojos_, Eg. II.ª, v. 747, etc.
-
-[71] La noche de la muerte de Elisa.
-
-[72] _Aquel duro trance_ es el trance del parto. _Lucina_ es Diana, a
-quien tenían los gentiles por abogada en los partos y, a la vez, por
-diosa de la castidad. «Suponía la fábula que Diana, nacida momentos
-antes que Apolo, había presenciado los dolores y padecimientos de
-su madre Latona, y que esto le inspiró tal horror al matrimonio y
-compasión por las mujeres en el trance de ser madres, que imploró de
-Júpiter el don de perpetua virginidad y la facultad de favorecer los
-alumbramientos difíciles.» (Gebhardt, _Los dioses de Grecia y Roma_,
-tomo I, pág. 119.)
-
-[73] _inesorable_, inexorable; véase Eg. II.ª, v. 253, nota.
-
-[74] Recordaba estos sentidos versos Cristóbal Mosquera de Figueroa
-en su lamentación por la muerte de Garcilaso: «¡Murió Salicio; ya
-Salicio es ido! -- ¡Salicio es ido! luego respondieron -- Las selvas,
-redoblando su ruído... -- Y tú, Apolo, ¿dó estabas, que testigo --No
-fuiste cuando el cuerpo dio en el suelo -- Por mano del sacrílego
-enemigo?... -- Y tú, Venus dorada... -- ¿Por qué no socorriste el
-doloroso -- Trance de tu poeta?...»
-
-[75] Diana cazadora, la diosa de los riscos y los montes, encontró una
-vez al gentil pastor Endimión dormido en una gruta. Endimión, hijo de
-Júpiter, tiene la facultad de dormir eternamente, sin envejecer ni
-morir. Diana, la Luna, enamorada de él, baja todas las noches en su
-carro de plata, a contemplarle en silencio, a besarle y a reposar a su
-lado. (Véase Gebhardt, _obr. cit._, tomo I, pág. 133.)
-
-[76] _comovida_; reducción de la forma culta _conmovida_; casos
-análogos _tramontar_, Eg. I, v. 412; _ecelencia_, Eg. II, v. 1741;
-_comovió_, Eg. II, v. 1817; _lacivo_, Eg. III, v. 93, etc.; véase nota
-al v. 1298 de la Eg. II.
-
-[77] _Tercera rueda_: Juan de Mena, _Las Trescientas_, tercer cerco.
-«Es el cielo de Venus, cuya luz cría amorosos efectos, y de ninguna
-otra benina estrella se engendran cosas tan cercanas al poder de la
-hermosa Venus.» (Herrera, pág. 444.)
-
-[78] El escrupuloso Herrera, a quien no podía ocultarse el
-convencionalismo pastoril, en vez de disculpar a Garcilaso, le hace
-aquí la siguiente reconvención: «Mucho es gastar un día en el canto;
-porque _Salicio_ comenzó al salir del sol.» y «_Nemoroso_ acaba al
-poner del sol.» (Pág. 445.)
-
-[79] _recordando_, despertando. De esta significación antigua de
-_recordar_ hay un bello ejemplo en el romance de Melisenda: «Vase
-para los palacios -- donde sus damas están -- dando palmadas en ellas
---Las empezó de llamar: -- Si dormides, mis doncellas, -- si dormides,
-recordad! -- Las que sabedes de amores -- consejos me queráis dar...»
-(R. Menéndez Pidal, _El Romancero Español_, The Hispanic Society of
-America, 1910, págs. 25-26.)
-
-[80] Intervienen tres pastores: _Albanio_, _Salicio_ y _Nemoroso_ y la
-pastora _Camila_, ninfa de _Albanio_. «Esta égloga es poema dramático,
-que también se dice _ativo_, en que no habla el poeta, sino las
-personas introducidas... Tiene mucha parte de principios medianos de
-comedia, de tragedia, fábula, coro y elegía.» (Herrera, pág. 537.) «Es
-muy desigual, y aunque en ella se hallan muchos pedazos excelentes, en
-el todo no puede compararse con la primera.» Azara. Fue escrita después
-del socorro de Viena y después del destierro del poeta en la isla del
-Danubio; seguramente en Nápoles, hacia 1533.
-
-[81] Se ha creído que la fuente que aquí se cita es una que hay en
-Batres, antigua posesión de la casa del autor, de la cual dice Tamayo
-(fol. 45) que se ha conservado con el nombre de _Fuente de Garcilaso_,
-y como ilustre monumento de sus escritos se venera.
-
-[82] Hay que leer _sua-ve_, en dos sílabas, y no _su-a-ve_, como
-_rui-do_, canc. IV, v. 98; en cambio dos versos antes del presente se
-encuentra _ru-í-do_; más adelante veremos como monosílabos _peor_,
-_mío_, _míos_, _río_, _día_, etc., Son. VI, 7; Son. VII, 10; Son. VIII,
-6; Son. XXVI, 13; Eg. II, 1472; Eg. III, 330. «De esta sinéresis,
-enemicísimas de la buena prosodia, abusaron nuestros clásicos... a
-extremo tal, que más pueden pasar por vicio común de aquella época que
-por rudeza de oído de este o aquel versificador.» (V. Rodríguez Marín,
-_Luis Barahona de Soto_, págs. 411-413.)
-
-[83] Claros ojos, delicada y blanca mano, cabello de oro y cuello
-de marfil; la belleza de _Elisa_ (Eg. I, v. 267 y sigs.) coincide
-exactamente con la de _Camila_ que aquí describe _Albanio_; conviene
-apuntar la sospecha de que este _Albanio_ no sea sino Garcilaso, y,
-asimismo, que la parte sentimental de esta égloga sea una nueva ofrenda
-del poeta hacia aquella dama cuyos amores, de que fue tan derretido
-(Eg. I, nota al v. 2), le inspiraron toda la égloga anterior, cuatro
-bellas octavas de la tercera (versos 217-248), las dos primeras
-canciones en versos cortos y acaso los sonetos XXV y XXVI. No he podido
-persuadirme de que _Albanio_ sea el gran Duque de Alba, como se ha
-dicho. (V. adelante, nota al v. 1716.)
-
-[84] Conviene advertir de estos tercetos dichos por _Albanio_ que son
-los más antiguos que hay en castellano, aparte los de Boscán, y de algo
-debe servirles este mérito frente aquella ventaja que puedan llevarles
-los de Quevedo, de los Argensolas y del gran incógnito sevillano,
-autor de la _Epístola Moral_ (siglo XVII). (V. Menéndez y Pelayo,
-_Antología_, XIII, pág. 237.)
-
-[85] «Imita en estas tres estanzas la famosa oda de Horacio _Beatus
-ille_. No se pone aquí porque la saben aun los muchachos medianamente
-instruidos y porque tenemos en castellano más de veinte traducciones.»
-(Azara.)
-
-[86] «Don Francisco Gómez de Quevedo, ejemplo de las ingeniosidades de
-los nobles de nuestra nación, me escribe que le parece que se ha de
-leer así: _Que en nuevo gusto nunca el bien se pase_. Basta su parecer
-para que se siga.» (Tamayo, fol. 46.)
-
-[87] «Dice Virgilio, tomándolo de Homero, al fin del libro VI de la
-_Eneida_, que hay dos puertas del sueño: por la de marfil salen los
-sueños falsos, y por la de cuerno, los verdaderos. _Ebúrnea_ es de
-marfil.» (Brocense, nota 118.)
-
-[88] El mejor testimonio de la consideración que mereció a Garcilaso el
-castellano familiar y corriente está en la frecuencia con que se vale
-de adagios y refranes: _el mal, comunicado, se mejora; de un mal, ajeno
-bien se empieza_, Eg. II, v. 259; _no hay mejor cirujano que el bien
-acuchillado_, Eg. II, v. 355; _no es malo tener quien llore al pie del
-palo_, Eg. II, v. 363; _fácilmente, el sano da consejo al doliente_,
-Eg. II, v. 400; _de un dolor a otro se empieza_, Eg. II, v. 494; _a
-quien no espera bien, no hay mal que dañe_, Eg. II, v. 774; etc. (V.
-Eg. I, v. 289, nota.)
-
-[89] «Este verso está en Boscán en un soneto.» (Brocense, nota 123.)
-Castro podía haber repetido en este lugar lo que dijo con motivo del v.
-32 de la Eg. III.
-
-[90] Sujeto estaba enteramente, y _destinado_ por el cielo, a
-consumirse en vivo amor, Eleg. II, v. 76; a poder suyo, se hubiera
-resistido, mas no hay defensa contra lo que el _destino_ determina,
-Son. VII. Los que creyeron en el fatalismo, pensando que la fuerza del
-hado podía ahogar nuestro libre albedrío, fueron juzgados por herejes;
-de aquí que Herrera, pág. 551, y Tamayo, fol. 37, hayan intentado
-defender la ortodoxia de nuestro poeta. Acaso Garcilaso había aceptado
-esta opinión, a la vez que su respeto a los dioses, a las musas y
-a natura, como uno de tantos aderezos poéticos, resucitados por el
-clasicismo, de la antigüedad pagana; pero lo cierto es que los poetas,
-en materia de amor especialmente, y el vulgo, en esta y otras muchas
-materias, han concedido siempre gran influencia al poder del destino, a
-pesar de las decisiones ecuménicas de la religión.
-
-[91] Esta referencia al parentesco entre _Camila_ y _Albanio_ habrá
-sido recogida, seguramente, por el Sr. Menéndez y Pelayo en el próximo
-tomo XIV de su _Antología_, para identificar definitivamente las
-personas en ambos pastores representadas.
-
-[92] Ofrecerse a Diana era jurar castidad, vivir en las selvas y
-consagrarse a los ejercicios de la caza; era parte del culto de esta
-religión ofrendar a la diosa, en su silvestre altar, la testa del
-jabalí, los cuernos del ciervo y otros tales despojos de las piezas
-cobradas.
-
-[93] _aflitos_ por _aflictos_, afligidos. (V. nota adelante, verso
-1298.)
-
-[94] Empieza a faltar sombra al ruiseñor --_Filomena_-- en el otoño,
-cuando los árboles van quedando sin hoja.
-
-[95] _secutando_, ejecutando; _esecutarse_, canc. I, v. 16;
-_esecutivo_, Son. XXV, v. 1; en el Son. XXIX, v. 14, _esecutá_,
-ejecutad. (*exsecutare, Körting, _Lateinisch-Romanisches Wörterbuch_,
-1907, núm. 3483.) En español antiguo se escribía _executar_; pero la
-_x_ equivale al grupo _cs_, y este grupo, en palabras cultas, podía
-simplificarse en _s_, como hoy se simplifica en las formas vulgares:
-_desaminar_, _desención_, etc., Eg. I, v. 377, _inesorable_.
-
-[96] «Este es proverbio latino, _Nulla mala hora est, quin alicui sit
-bona_. No hay mal sin bien, catá para quien.» (Brocense, nota 127.)
-
-[97] «_Superno_, adj. Supremo, o lo que está más alto. Es del latino
-_Supernus_ y tiene poco uso.» (_Dicc. Aut._, 1739.)
-
-[98] _grúa_, grulla. «Escribe Eliano que las grúas duermen todas de
-noche, y que tres o cuatro velan haciendo guarda a las demás, y que por
-no vencerse del sueño, sufren un fatigoso y molesto trabajo, porque
-levantando un pie, tienen en él con gran cuidado una piedra, para que
-cuando las acometa el sueño y se haga señor dellas, las despierte el
-ruido de la piedra que se les cayere.» (Herrera, 555.)
-
-[99] Esta fama ha quedado a los ánsares desde aquella hazaña en
-que, gracias a ellos, se salvó Roma. «Teniendo los Galos sitiado el
-Capitolio, lo asaltaron una noche que los centinelas estaban dormidos;
-pero los ánsares con sus graznidos despertaron a Manlio, que con sus
-romanos rechazó el asalto.» (Azara.)
-
-[100] Primo de Faetón era el rey de Liguria, el cual llorando la muerte
-de su pariente se convirtió en cisne. De esta fábula va una nota más
-amplia en el Son. X, v. 14.
-
-[101] «La fábula de la perdiz se cuenta en Ovidio, y dice que era
---Talo-- un criado de Dédalo, y que halló --es decir, inventó-- la
-sierra, y Dédalo de envidia de tan buena invención le echó de una
-torre abajo, y agora las perdices por miedo de la caída hacen nido
-en el suelo huyendo de los techos.» Brocense, nota 129. (Ovidio,
-_Metamórfosis_, lib. VIII, fáb. IV.)
-
-[102] En este lugar y en tres pasajes más de la presente égloga, versos
-720, 934 y 1129, ensaya Garcilaso la _rima interior_, imitando al
-Petrarca. Es esta rima pariente de los viejos versos leoninos usados
-alguna vez en la _Eneida_ y no desconocidos en el _Cantar de mío Cid_.
-(V. la obra de este título por D. R. Menéndez Pidal, Madrid, 1908,
-tomo I, parte 1.ª § 35.) Garcilaso estuvo poco afortunado en esta rima
-trabada; sus continuadores, Cervantes, Cetina, Tirso, Barahona y otros,
-no tuvieron mejor éxito. (V. sobre esto una interesante nota de D. F.
-Rodríguez Marín en _Luis Barahona de Soto_, pág. 330.)
-
-[103] No hay mejor cirujano que el bien acuchillado. Proverbio antiguo.
-
-[104] _al pie del palo_, al pie de la horca. «También es refrán, que
-alude a los que ahorcan.» (Brocense, nota 132. V. Eg. II, v. 142, nota.)
-
-[105] _contrastar_: hacer oposición y frente, combatir y lidiar.
-(_Dicc. Aut._, 1739.)
-
-[106] _maníficas_, magníficas. V. Eg. I, v. 34, nota.
-
-[107] «Quiere el licenciado Cristóbal de Mesa que diga _retórico_
-por _filósofo_, por ser más propia la elocuencia de aquel que
-déste.» (Tamayo, notas, fol. 49.) Sin embargo, por lo que Salicio ha
-venido discurriendo para consuelo de Albanio, cabe que este pudiese
-calificarle con lo de _filósofo_ además de lo de _elocuente_.
-
-[108] «El silencio es alimento de las enfermedades de amor.» (Herrera,
-559.)
-
-[109] Camila, deseosa de conocer a la ninfa de Albanio, levantose con
-tanta prisa que no dio lugar al pensamiento para discurrir sobre la
-imposibilidad de que en la fuente se encontrase mujer alguna. Conviene
-intentar esta explicación para que no parezca excesiva la candidez, o
-acaso la coquetería de Camila.
-
-[110] _boca arriba tendido_: Garcilaso repite algunas veces esta imagen
-como última expresión del aniquilamiento y postración del ánimo; en
-esta misma égloga, versos 118, 659, y Canción I, versos 13 y 37; la
-rusticidad de la vida pastoril disculpa la llaneza de esta figura, no
-bien acogida por algunos críticos.
-
-[111] «Proverbio latino: _malis mala succedunt_. Por eso decimos: Bien
-vengas, mal, si vienes solo.» (Brocense, nota 139.)
-
-[112] _la mi muerte._ «Los pronombres posesivos y demostrativos se
-suponen envolver el artículo cuando preceden al substantivo: _Mi libro,
-el libro mío_... Pero antiguamente solía construirse el posesivo con el
-artículo, precediendo ambos al substantivo, en sentido determinado; uso
-que subsiste en las expresiones _el tu nombre_, _el tu reino_, de la
-oración dominical; en _el mi consejo_, _la mi cámara_, y otras de las
-provisiones reales.» (Bello-Cuervo, _Gramática_, París, 1907, § 878.)
-
-[113] Murió Garcilaso, y «luego que se oyó su muerte, se desataron
-en elogios y en lágrimas las lenguas y las Musas compitiéndose las
-naciones extranjeras unas a otras. En Toledo fue universal el luto y el
-llanto, en una muerte tan digna de sentimiento, que hasta hoy no acabó
-de llorarla bien el Tajo, como predijo él mismo en este que quiso ser
-verso y fue vaticinio.» (Cienfuegos, _Vida de San Francisco_, Madrid,
-1726, pág. 52.)
-
-[114] «Cosa muy vulgar es decir que el cisne canta dulcemente siempre,
-pero más al fin de su muerte. Dícelo Platón _in Phaedone_, y Plutarco
-y muchos poetas griegos y latinos; pero Luciano se burla mucho desto,
-y Eliano, grave historiador, en el libro 1.º de _Varia Historia_, y
-Plinio, libro 10, cap. 23. Puede ser que en unas tierras cantan y en
-otras no; a lo menos en España no sabemos que canten, mas de que en
-Tordesillas oyeron muchas gentes entre los juncos del río unos gaznidos
-(_sic_) espantosos, tanto que pensaron ser alguna cosa monstruosa, y
-algunos se atrevieron a llegar allá, y hallaron un cisne que había
-venido de otra parte, y murió muy presto. Desto hubo muchos testigos.»
-(Brocense, nota 146.)
-
-[115] De la ninfa Eco y del castigo que Juno la impuso por ayudar a
-Júpiter en sus devaneos tiénese noticia a mano en el tomo II, pág.
-17, de esta _Colección_, nota a los versos 294-295, acto I de _El
-Vergonzoso en Palacio_, de Tirso de Molina.
-
-[116] Porque también Eco fue muy desgraciada en sus amores con Narciso.
-
-[117] Eco no puede mostrarse; pero se oye su voz, que es lo único que
-de ella ha sobrevivido.
-
-[118] «Para que se entienda la propiedad destas ninfas que aquí pone,
-digo que _Nayades_, son de los ríos; _Napeas_, de los collados;
-_Dríades_, de los bosques; _Hamadríades_, de los árboles; _Oreades_, de
-los montes; _Henides_, de los prados.» (Brocense, nota 149.)
-
-[119] _Las napeas son la verdadera guarda del bosque._ Creo, a pesar de
-Castro, que en esta frase no hay nada contrario a la Gramática.
-
-[120] A las _orejas_ de algún purista acaso suene mal esta expresión,
-como a la de aquellos contemporáneos de Herrera que hubieran querido
-enmendar _divinos oídos_, «por parecerles que no significan _orejas_,
-en el sermón vulgar, sino las del asno... lo cual no es otra cosa que
-una solicitud demasiadamente curiosa y afectada, y que procede antes
-de inorancia, que del conocimiento de la fuerza y hermosura de nuestra
-habla... ¿Mas qué, merecen menos las orejas, varia y hermosísima parte
-de la composición humana, que las otras que constituyen el cuerpo? ¿No
-son ministras de nobilísima operación? ¿No es esta voz bien compuesta?
-El oído, ¿no es ajeno de la significación dellas? ¿Pues qué barbaria
-se ha introducido en los ánimos de los nuestros, que huyen como si
-fuese sacrilegio inespiable, el uso de esta dición?...» (Herrera,
-_Anotaciones_, 568-569.)
-
-[121] Dríades o Hamadríades son las ninfas de los bosques que viven en
-los troncos de los árboles:
-
- «Y así las ninfas, el cantar rompido,
- Volviendo al campo do el oculto moro
- Riquezas guarda con el puño avaro,
- Desnudas se metieron
- En las encinas huecas, do salieron.»
-
-_Luis Barahona de Soto._ Fin de la égloga de las Hamadríades.
-
-[122] _viso_, vista, italianismo usado especialmente por los poetas
-del siglo XV. «Señora, flor de azucena -- Claro viso angelical,»
-Villasandino, _Canc. Baena_, 18-a. «Tanto quel viso de la criatura
---Por la diáfana claror de los cantos -- Pudiera traer objetos a tantos
--- Cuantos celaba so sí la clausura.» (Juan de Mena, _Las Trescientas_,
-cap. XV.)
-
-[123] _Por el paso en que me ves_... El culto Herrera nos hace saber
-el carácter popular de esta forma de juramento al decir de ella, como
-censura, que es traída de en medio de la plebe.
-
-[124] Albanio no hubiera pensado en suicidarse con un arma, «porque la
-muerte de hierro es trágica y no conviene a la rustiqueza y simplicidad
-de pastores». (Herrera, 570.)
-
-[125] En situación semejante a la de _Albanio_, _Carino_, pastor de
-Sannazaro, fue distraído de su desesperación por el vuelo de unas
-palomas, y tal recurso es, acaso, más verosímil que el que utiliza
-Garcilaso, pero, desde luego, se advierte en la intención de este el
-deseo de valerse de un fenómeno puramente natural, y al mismo tiempo
-decisivo, para vencer la voluntad de Albanio sin dejar sospecha sobre
-la firmeza y sinceridad de su resolución.
-
-[126] Tamayo, notas, fol. 18, discute el sentido de este terceto: «Si
-el último verso se aplica al _atónito_, es floja la sentencia; si al
-segundo, no tiene ninguna. Si se lee _rendido_, en vez de _tendido_,
-parece que puede ser alusión al rendimiento del ánimo cuando se
-ha caído en la cuenta, haciendo equívoca la translación. Los más
-ingeniosos lo juzguen.» La enmienda de _tendido_ en _rendido_ se ha
-propuesto también para la Canc. I, v. 13 y 37.
-
-[127] _presupuesto_, usado como substantivo se toma por el motivo,
-causa o pretexto con que se ejecuta alguna cosa. (_Dicc. Aut._)
-
-[128] _Salicio_ piensa llevar a _Gravina_ el nido de su ruiseñor, con
-agravio de la desdeñada _Galatea_, si no es que se trata de un segundo
-nombre de esta misma pastora, exigido aquí por la consonancia de
-_encina_.
-
-[129] Herrera acentúa _pásso_, como si Camila dijese: _no paso, me
-quedo en este valle_; ha parecido mejor acentuar _pasó_, como hizo el
-Brocense, entendiendo que esta palabra se refiere al corzo herido que
-Camila persigue.
-
-[130] Tal ocurrió a la ninfa Calisto, que por corresponder a los amores
-de Júpiter, perdió la compañía de las demás ninfas, y, además, Juno, en
-venganza, la transformó en osa. (Ovidio, _Metam._, lib. II, fáb. IV.)
-
-[131] _desbañar_, quiere decir _afligir_, _congojar_, lo contrario de
-_bañar_, que, según Tamayo, fol. 51-52, se usó en latín --_balineum_,
-_balineare_-- con la significación de _aliviar_, _quitar cuidados_. El
-mismo Tamayo trae unos versos de otro poeta, sin decir quién es, en
-donde aparece también _desbañar_ dicha acepción de _afligir_.
-
-[132] Un elogio semejante hállase también en el último terceto del Son.
-XXI.
-
-[133] _estampa_, idea, original, dibujo y molde principal o prototipo.
-(_Dicc. Aut._)
-
-[134] _me adiestra_: por me guía o me conduce.
-
-[135] _prendedero_: «cierto instrumento, que se hace de hierro,
-alambre u otro metal, y consta de dos o tres ganchos pequeños, con que
-regularmente las aldeanas prenden sus sayas, cuando las enfaldan.»
-(_Dicc. Aut._)
-
-[136] _cornado_. Moneda de baja ley que mandó batir el rey D. Alfonso
-el Onceno el año de 1331 para remediar la falta de dinero, carestía y
-falta de mantenimientos. (_Dicc. Aut._) A lo cual Sancho respondió que
-por la ley de Caballería que su amo había recibido no pagaría un solo
-cornado aunque le costase la vida. (_Don Quijote_, tomo I, cap. 17.)
-
-[137] Eurídice, huyendo del pastor Aristeo, fue mordida en un talón por
-una sierpe y murió el día de su boda; Orfeo, su esposo, fue a buscarla
-a los infiernos, y de tal modo embelesó a las divinidades infernales
-con su voz y su lira, que le concedieron sacase a Eurídice. (Ovidio,
-_Metamórfosis_, lib. X, fáb. I.)
-
-[138] Son divinidades infernales las tres Furias hermanas, Alecto,
-Tisífone y Meguera, las de ojos de ira y cabellera de culebras.
-
-[139] _fosado_: foso.
-
-[140] _entramos_ y _entrambos_ eran formas igualmente usadas en tiempo
-de Garcilaso, pero la primera tiene más color popular; él mismo dice
-_entrambos_ en otros lugares.
-
-[141] En esto hay un recuerdo de la fábula del lindo Narciso, el cual,
-habiéndose visto en una fuente, gustó tanto de su propia belleza, que
-falleció de amor. (Ovidio, _Metamórfosis_, lib. III, fáb. V.)
-
-[142] _puedes_, _debes_ no son consonantes, ni tampoco _culebras_,
-_negras_, v. 945; _acabo_, _hago_, v. 1007; _faunos_, _silvanos_, v.
-1157; _sangre_, _hambre_, v. 1205; _sangre_, _estambre_, v. 1242 y
-1663; _campo_, _blanco_, v. 1257, y a propósito de esto dice Tamayo,
-fol. 54: «en este género de metro, como tan lleno de consonancias, no
-ofende al oído que alguna difiera en alguna letra... fuera de que en
-el furor de tan largo discurso como este de Nemoroso, es más permitida
-esta licencia, que denota el valor acreditado de Garcilaso, que podía
-reconocer sin reprehensión en sí, facultad libre para no reparar en
-menudencias tan accidentales.»
-
-[143] «_aferrar_, de que en los siglos XVI y XVII se decía
-indiferentemente _afierro_ o _aferro_, no admite hoy sino la última
-forma.» (Bello-Cuervo, _Gram._, pág. 77, n.)
-
-[144] Empiezan aquí los loores a la casa de Alba.
-
-[145] Se refiere a la ciudad de los duques, de la cual dice el refrán:
-«Alba de Tormes, baja de muros y alta de torres.» (Herrera, 626.)
-
-[146] Habla de Fr. Severo, monje italiano, preceptor del gran Duque D.
-Fernando. «Este fraile fue el que, abusando de la confianza del Duque
-de Alba, D. Fadrique, engañó miserablemente a Luis Vives, que era
-el verdadero preceptor que el Duque de Alba quería para su nieto...
-Severo, que iba a Lovaina, se encargó de hablar a Vives y de entregarle
-una carta sobre el asunto, pero ni una cosa ni otra hizo, a pesar de
-haber tenido con él larga conversación más de diez veces. Ofendido
-el Duque por no recibir contestación, creyó que el sabio valenciano
-despreciaba su oferta, y dio la plaza de preceptor al mismo Fr. Severo,
-que con tan malas artes la había granjeado.» (Menéndez y Pelayo,
-_Antología_, tomo XIII, pág. 48.)
-
-[147] Quintana se equivocó haciéndole benedictino y siciliano. (_Obras
-inéditas de D. Manuel José Quintana_, Madrid, 1872, págs. 117 y 118.)
-Era dominico y había nacido en Plasencia de Lombardía o en su campo.
-(M. Menéndez y Pelayo, l. c.)
-
-[148] Refiérese a las famosas batallas entre cartagineses y romanos en
-la segunda guerra púnica.
-
-[149] «En _aterrar_ quieren los gramáticos hacer una distinción
-entre _atierro_, en sentido de “echar por tierra”, y _aterro_, en el
-metafórico de “consternar”, creyendo, sin duda, que en esta segunda
-acepción el verbo se deriva de _terror_.» (R. Menéndez Pidal, _Gram.
-Hist._, § 112 bis,-2.)
-
-[150] «¿Cómo se pueden traducir en lenguaje vulgar estas maravillas?
-¿Sería, por ventura, Fr. Severo un físico más o menos teósofo, a estilo
-de su tiempo, una especie de Cardano o de Agripa, iniciado en la magia
-natural, y aun en la teurgia? Si algo de esto hubiese sido, por otra
-parte lo sabríamos, y quizá los procesos de la Inquisición nos diesen
-razón de él como nos la dan del licenciado Torralba. Es muy probable
-que Severo tuviese algunos conocimientos de ciencias naturales, aparte
-de su física escolástica, y que las cultivase para recreo propio y de
-sus amigos; pero todo lo demás debe de ser pura fantasmagoría poética.
-Y lo que me confirma más en esta idea es que Garcilaso, en varios
-lugares de esta égloga, no hace más que poner en verso mucha parte
-de las prosas octava y novena de la _Arcadia_ de Sanazzaro, como ya
-advirtieron en sus respectivos comentarios el Brocense y Herrera: los
-prodigios de Severo son los mismos que se refieren del mágico Enareto
-en la novela italiana... la adaptación de estos pasajes a Severo pudo
-tener algún fundamento en los estudios y aficiones de este; pero pudo
-ser también mero capricho del poeta. Una de las muchas convenciones
-del género bucólico era el uso frecuente de la magia y de las
-supersticiones gentílicas.» (M. Menéndez y Pelayo, _Ob. cit._, págs. 53
-y 54.)
-
-[151] _amancilla_: entristece.
-
-[152] _pastoriles_, _avena_: instrumentos músicos; la _avena_ es una
-especie de flauta, voz poética y puramente latina. (_Dicc. Aut._)
-
-[153] «El Rey D. Juan el Segundo prendió a D. Fernando Álvarez de
-Toledo, Conde de Alba, y su hijo D. García, que después fue primer
-Duque de Alba, le hizo mucha guerra desde las fortalezas de su padre,
-mayormente desde la villa de Piedrahita, que es a diez leguas de Béjar,
-procurando su libertad; pero muriendo el Rey don Juan, D. Enrique el
-4.º, su hijo, luego que fue jurado por rey, voluntariamente sacó de
-la prisión al Conde de Alba y a D. Diego Manrique, Conde de Treviño.»
-(Herrera, 588.) Esta era la época de las famosas rivalidades entre
-la nobleza y el Condestable D. Álvaro de Luna. «De este D. Fernando
-Álvarez de Toledo hace mención el Bachiller Fernán Gómez de Cibda-real,
-y Hernando del Pulgar lo incluye entre sus _Claros Varones_, tít. V.»
-(Navarrete, pág. 154.)
-
-[154] Hijo de D. García y de una tía carnal del Rey Católico fue D.
-Fadrique de Toledo, segundo Duque de Alba, el cual casó con D.ª Isabel
-Pimentel, de la casa de Benavente, y fue también Marqués de Coria. (V.
-Herrera, 588; Navarrete, 156.)
-
-[155] «Don Fadrique, siendo vivo su padre, D. García, fue general de
-los cristianos en los pueblos de la frontera de Granada.» (Herrera,
-589.)
-
-[156] Esto fue en la guerra de Navarra. El Duque de Alba fue el jefe
-del ejército que conquistó aquel reino para D. Fernando el Católico,
-1515. (Mariana, lib. XXX, cap. XXII.)
-
-[157] «Este caballero, D. García, fue hijo mayor de D. Fadrique de
-Toledo y de D.ª Isabel Pimentel, Duques de Alba y Marqueses de Coria,
-y padre del Duque don Fernando.» (Herrera, pág. 589.) Hermano de D.
-García, pero de otra madre, de D.ª Isabel de Zúñiga, hija del Duque de
-Béjar, fue D. Pedro de Toledo, primer Marqués de Villafranca y Virrey
-de Nápoles. (Navarrete, página 156.)
-
-[158] _inicas_, inicuas; refiérese a las Parcas. (V. adelante v. 1581,
-nota.)
-
-[159] «Militando D. García de Toledo con el Conde Pedro Navarro en
-la costa de África, paso a la conquista de la isla de los Gelves.
-Luego que desembarcó quiso internarse en el país desierto y arenoso.
-Era el tiempo extremamente caloroso, y su gente, fatigada del ardor
-del sol y del cansancio, fue a beber a unos pozos, donde los moros
-estaban en emboscada. Dieron sobre los nuestros, que de pura sed y
-fatiga apenas se pusieron en defensa. D. García les animó con la
-voz y con el ejemplo; y con una pica en la mano peleó como valeroso
-soldado, hasta que muertos o dispersos todos sus españoles, oprimido
-de la muchedumbre, lleno de heridas, cayó muerto en la arena a los
-veintitrés años de su edad, el de 1510.» (Azara.) «Allí pereció la flor
-de la gente española... murieron casi 4000 escogidos soldados con sus
-capitanes y oficiales, pocos a hierro, muchos con sed y ahogados en
-aquellas cuevas y bocas cubiertas de la tierra y en aquellos tragaderos
-ascondidos.» (Herrera, 595.) Por esta derrota se levantó aquel cantar
-español: «Y los Gelves, madre -- malos son de tomare.» etc. (Brocense,
-nota 169.)
-
-[160] Queda dicho que cuando murió D. García solo contaba veintitrés
-años de edad, lo cual disculpa el elogio de su belleza, que parecería
-poco oportuno si se tratase de un guerrero veterano. (V. Eleg. I, v.
-116, nota.)
-
-[161] _vista_, nombre; _en vista_, advervio, como _a la vista_.
-Palabras iguales, pero equívocas, pueden formar rima, porque, en
-realidad, al tener distinta significación, vienen a ser palabras
-diferentes; Tirso y Barahona usaron de esto (Rodríguez Marín, _Luis
-Barahona de Soto_, pág. 404), y aun hoy se ha defendido como licencia
-que se debe permitir. (E. Benot, _Prosodia castellana y versificación_,
-tomo III, pág. 236.)
-
-[162] Doña Beatriz Pimentel, hija del Conde de Benavente, mujer de D.
-García y madre de D. Fernando, el gran Duque de Alba.
-
-[163] Don Fernando Álvarez de Toledo nació en Piedrahita, villa de
-la provincia de Ávila, en el año de 1507, y murió en Lisboa a 11 de
-diciembre de 1582, a los setenta y cinco años de edad. (V. Navarrete,
-156-157.)
-
-[164] «Si bello infante n’ apparia che’ l mondo -- Non hebbe un tal
-dal secol primo al quarto.» (Ariosto, canto 46) Pónese como término de
-ponderación el nacimiento de Jesús a los 4000 años de la Creación.
-
-[165] El monte Parnaso tiene dos cumbres. En una estaban los templos de
-Apolo y Diana, y en otra, el de Baco. (Herrera, pág. 188.)
-
-[166] _Aquellas nueve lumbres_, las nueve Musas.
-
-[167] Pintan mancebo a Febo, porque naciendo y escondiéndose todos
-los días, nunca siente vejez, y le llaman intonso, porque nadie puede
-cortar de su frente su cabellera de luz.
-
-[168] Las Musas, _luengamente_, es decir, desde hacía mucho tiempo
-tenían visto y sabido lo que había de ser el porvenir del recién nacido.
-
-[169] _nétar_, voz semiculta, por _néctar_, como _vitoria_, Eg. I,
-v. 35; _acidente_, Eg. II, v. 131; _eleción_, íd., 166; _aflitos_,
-íd., 229; _efeto_, íd., 253; _noturna_, íd., 297 y 301; _jatancia_,
-íd., 1513, etc.; la pronunciación de estas palabras respondía a su
-ortografía, como demuestra el hecho de encontrar en rima _trompetas_,
-_perfetas_ y otros casos análogos. (F. Rodríguez Marín, _Luis Barahona
-de Soto_, pág. 402.)
-
-[170] Este mancebo de quien habla Garcilaso es su amigo Juan Boscán;
-da su nombre más abajo, v. 1349. Boscán, siendo muy joven, entró en la
-casa de Alba a ser ayo de D. Fernando. «El ayo, en las costumbres de
-entonces, tenía más de camarada que de pedagogo, pero aun así, no es
-verosímil que se confiara tal cargo a quien, por lo menos, no excediese
-en diez años a su educando.» (Menéndez y Pelayo, _Antología_, XIII.)
-Hace igual conjetura Navarrete, pág. 161. Debió, pues, nacer Boscán a
-fines del siglo XV, y murió en 1542.
-
-[171] El robusto oficio de la silvestre caza. Eg. III, v. 147.
-
-[172] «En el año de XXIV (1524), en Burgos, un caballero servía
-a una dama a quien también el Duque de Alba servía, y aún no era
-Duque; y en aquel tiempo se habían comenzado a usar los arcabuces, y
-teníase por caso de menos valer, entre caballeros, usar de arcabuces,
-principalmente los que se preciaban de la espada. Y aquel caballero
-preciábase de gran tirador de arcabuz; y estando los dos delante de la
-dama, sacó el Duque un lienzo, y poniéndolo en las narices dijo: “¡Oh,
-como hiede por aquí a pólvora!” Entonces riose la dama, y corriose el
-caballero; y luego lo más secreto que pudo apartó al Duque y desafiole
-a espada y capa a la puente de San Pablo, a cierta hora de la noche. Y
-llegando el Duque, dijo el otro: “¿Qué armas traéis?” Dijo el Duque:
-“Espada y daga.” Dijo el otro: “Yo no tengo más que espada.” Entonces
-el Duque sacó su daga y echola de la puente abajo en el río. Comenzaron
-su desafío; y allí se hicieron amigos y trataron de que no se supiese
-este hecho; mas húbose de descubrir, porque al tomar de las capas
-que estaban en el suelo, se trocaron, y el Duque no cayendo en ello,
-descubrió en palacio la encomienda que tenía la capa del otro, y por
-aquí se vino a saber el desafío.» (Brocense, nota 177.)
-
-[173] «Himeneo era el dios de las bodas. El diestro pie calzado
-significa buen agüero, porque la reina Dido, para desatar el casamiento
-de Eneas, tenía un pie descalzo, como dice Virgilio.» (Brocense, nota
-179.) De este rito de calzarse o descalzarse el pie derecho, para
-significar firmeza o rompimiento de los lazos matrimoniales, entre los
-gentiles recogió varios datos Tamayo, notas, fol. 62-65.
-
-[174] «Comprehende aquí Garcilaso las costumbres de las bodas antiguas
-(paganas). Dice que alternaban el canto las que ponían a la novia en
-el lecho... Las que llama aquí _vírgines_ eran las pronubas antiguas,
-aunque no vírgines, pero castas, que tenían este oficio a su cargo...»
-(Tamayo, notas, fol. 65.)
-
-[175] «Esta señora era hija del Conde de Alba de Liste, y prima y mujer
-del Duque.» (Herrera, 603.)
-
-[176] Al divino Herrera, pág. 603, le escandalizó este atrevimiento de
-Garcilaso «que muy ajeno es de su modestia y pureza, y que deslustró
-mucho la limpieza y honestidad de toda esta descrición.» Pero no se
-trata de cosa indigna, impura ni inmodesta, sino de la casta y legítima
-correspondencia del lecho conyugal, y aun solamente del deseo de
-D. Fernando, no del suceso. Homero, Virgilio, y el mismo Petrarca,
-llegaron en sus versos a mayores libertades. (V. Tamayo, notas 61-62.)
-
-[177] «Toca aquí la ficción del filósofo Pródico, la cual refiere
-Xenofon. Y es, que Hércules siendo mancebo, yendo por un camino llegó
-adonde se partían dos caminos, y estando dudoso por cuál iría, vio
-venir por cada uno una doncella, una muy hermosa, y otra robusta y
-varonil; cada una le rogaba que fuese por su camino, y la muy hermosa,
-al parecer exterior, que era Voluptas, el deleite, prometía en su
-camino muchos regalos y descansos; la otra, que era Virtud, le prometía
-mal camino y muchos trabajos, pero prometía al cabo dellos descanso y
-fama, al revés de la otra. Hércules dijo que más quería trabajos con
-aquella condición; y fuese tras la Virtud.» (Brocense, nota 181.)
-
-[178] A partir de este verso cuenta Garcilaso el viaje que el Duque
-hizo a Alemania para intervenir en el socorro de Viena, amenazada por
-Solimán, gran Sultán de Turquía. Garcilaso acompañaba al Duque en dicho
-viaje: año de 1532. (Navarrete, págs. 32 y 33.)
-
-[179] «_mudable_: atributo propio de los franceses.» (Herrera, pág.
-605.)
-
-[180] «Pasadas las asperezas del Pirineo recibió orden el Duque de
-caminar con más rapidez, dejó su escolta y comitiva, y solo con
-Garcilaso, atravesó por la posta de Francia hasta París, donde
-cayó enfermo, acaso de las fatigas del viaje; su amigo le asistió
-esmeradamente, hasta que ya convalecido pudieron ambos continuar
-adelante...» (Navarrete, pág. 40.)
-
-[181] «Parece que es alusión a la Morbania, deidad falsa y ridícula de
-los antiguos.» (Tamayo, notas, fol. 66.)
-
-[182] «Esculapio fue gran médico, tenido por los antiguos por dios de
-la medicina. Fue hijo de Apolo y padre de Padalirio y Macaón, grandes
-médicos.» (Brocense, nota 182.) «Halló muchas cosas útiles a la salud
-de los hombres. Fue tan excelente en la curación de los enfermos, que
-fuera de la opinión de todos, dicen que restituyó a muchos desesperados
-a la vida y que volvió a ella a muchos muertos. Acusado por esto ante
-Júpiter, lo mató con un rayo... Enojado Apolo desta muerte, mató a los
-Cíclopes que fabricaron el rayo a Júpiter.» (Herrera, pág. 606.)
-
-[183] Repuesto D. Fernando de su enfermedad, Garcilaso y él continuaron
-su viaje; llegaron al Rin, y embarcados en sus aguas, pasaron a Colonia.
-
-[184] «Dícelo por Julio César, que pasó del Rheno (Rin) contra
-alemanes.» (Brocense, nota 183.)
-
-[185] «Fue Santa Úrsula hija de Dioneto, nobilísimo príncipe de
-Inglaterra; padeció martirio con once mil vírgenes de la mesma nación
-en Colonia Agripina, a la ribera del Rin, por los capitanes de Atila
-que la tenían cercada, en el año de nuestra salud, 352, siendo
-emperador Marciano.» (Herrera, pág. 607.)
-
-[186] Aquel tirano fue, según se cree, Giula, capitán general de Atila.
-(Azara.)
-
-[187] _estaba en dubio_, en duda; _dubio_ es voz latina.
-
-[188] Emplea metafóricamente _suelta la rienda a su navío_, como ahora
-decimos dar rienda suelta al llanto, al entusiasmo, a los deseos; de
-otro modo «parecería dura esta translación del uso de los caballos
-al de la navegación; pero es elegantísima, y como tal usada de los
-antiguos griegos y latinos de mejor fama...» (Tamayo, notas, fol. 66.)
-
-[189] El César Carlos V recibió en sus brazos al Duque de Alba
-en Ratisbona, donde se hallaba convocada la Dieta entendiendo en
-el conflicto político-religioso promovido por el protestantismo.
-(Navarrete, 32.) Era también aquella ciudad punto de reunión para los
-caballeros que acudían al socorro de Viena.
-
-[190] «El Príncipe turco, Solimán, que dos años antes había sojuzgado
-la Hungría y puesto, aunque infructuosamente, cerco sobre Viena, salió
-segunda vez de Constantinopla con innumerables gentes, para repetir el
-asedio de aquella ciudad.» (Navarrete, pág. 32.)
-
-[191] _Eran gentes de diversos pueblos y opiniones, pero con un solo
-propósito e intención. Los nuestros ocupaban mucho menos terreno que
-los enemigos._.. Este pasaje ha tenido mala interpretación en la
-edición de Castro.
-
-[192] _Sobrar_: exceder, sobrepujar. V. Eg. I, v. 28, nota.
-
-[193] _Sobrado_: el que excede a otro. V. Eg. I, v. 28, nota.
-
-[194] En el ejército del César había alemanes, flamencos, italianos y
-españoles: «El Emperador al ver la gran tempestad que sobrevenía pidió
-auxilio a la Dieta, escribió al Marqués del Vasto para que recogiese
-toda la infantería española que acababa de poner fin a la guerra
-de Florencia, y juntase más italiana, avisó a los hombres de armas
-ordinarios de Flandes y Borgoña, y pidió a los grandes y ciudades de
-España apercibiesen hombres de armas y todo recaudo, preparándose a
-sostener solo este glorioso empeño, en que ni el Rey de Francia ni el
-de Inglaterra quisieron ayudarle.» (Navarrete, pág. 32-33.)
-
-[195] _Tirar_, quitar, apartar.
-
-[196] _Su gente_, no se refiere al _guerrero_, sino al _cauto
-italiano_, que en el valor del Duque recordaba el de los famosos
-capitanes de la antigua Roma.
-
-[197] Habla en estos versos de Cornelio Escipión el primer Africano,
-única esperanza de la República, vencedor del terrible y duro Aníbal, y
-demoledor de la fiera Cartago.
-
-[198] _así molesta_, acaso deba interpretarse _tan molesta_, del mismo
-modo que en frases como «no puedo dudar de un hombre tan honrado; tan
-cordiales relaciones quedaron rotas»... En el castellano antiguo, _tan_
-y _así_ tenían un valor equivalente en comparaciones. (V. R. Menéndez
-y Pidal, _El Cantar de mío Cid_, tomo I, parte II, § 180.) Compárense
-en esta misma égloga, versos 1671, 1735 y 1769. El Brocense interpretó
-de otro modo «dividiendo aquella palabra, _assí_, en dos, _a sí_, que
-es en latín _sibi_», y la mayor parte de las ediciones han seguido esta
-enmienda del Brocense.
-
-[199] Se entiende mejor leyendo el _pensamiento ambigo_, como
-propone Tamayo, fol. 67; el estado cristiano estaba en dubio, v.
-1493; el suceso de esta guerra era dudoso, v. 1578; su remedio, por
-consiguiente, ambiguo. Las tropas del César apenas eran, en efecto,
-la mitad de las que llevaba el sultán. (Navarrete, pág. 43.) La forma
-_ambigo_ corresponde a _ambiguo_, como _inicas_ a _inicuas_, verso
-1223, y como _antigo_ a _antiguo_.
-
-[200] «Salió, el Emperador, de Ratisbona con la caballería flamenca y
-un lucido tren de artillería, pasando por el Danubio a Linz, seguido
-de numerosa comitiva en barcas construidas al efecto, con el nombre de
-_nasadas_, cuya dilatada hilera formaba una escuadra de sorprendente
-vista.» (Navarrete, pág. 42.)
-
-[201] _Gran tirano_: entiéndase por el Sultán de Turquía, Solimán el
-Magnífico, contra quien fue toda esta expedición.
-
-[202] «Los Cíclopes fueron unos salvajes en Sicilia, que no tenían más
-de un ojo en la frente, y eso quiere decir en griego _Ciclops_. Dicen
-los poetas que son los herreros de Vulcano, al cual llaman aquí _el
-gran maestro_.» (Brocense, nota 191.)
-
-[203] Nuestro lenguaje antiguo empleaba las formas _esora_, _la hora_,
-_a esas horas_, etc., con el valor castellano actual _entonces_, como
-el francés _alors_ y el italiano _allora_; esta interpretación conviene
-en este caso _a aquellas horas_, en vez de suponer como Tamayo, notas,
-fol. 68, el latinismo _ora_ por _ribera_, cuyo uso, si ha existido,
-debió ser rarísimo en castellano: comp. _a la hora_, Canc. IV, v. 49,
-nota.
-
-[204] Noticioso el Sultán de los preparativos con que acudía el
-Emperador, retirose de Viena a Gratz, sin aventurarse a darle la
-batalla, y después retrocedió definitivamente a Constantinopla.
-(Navarrete, págs. 42 y 43.)
-
-[205] «Don Fernando estuvo en la persecución de algunos de los
-capitanes enemigos, y anhelando teñir su espada en sangre turca, sintió
-que la suerte no preparase a los imperiales más difíciles triunfos.»
-(Navarrete, pág. 43.) Cree este autor que Garcilaso no debió tomar
-parte en estos sucesos por haber sido desterrado por el Emperador desde
-el principio de la jornada, cuando el Duque y el poeta llegaron a
-Ratisbona. (V. nota a la Canc. III, v. 3.)
-
-[206] Cuentan que los antiguos coronaban con ramos sus naves después de
-una victoria, y que tales ramos solían poner en el sagrario o capilla
-de popa; a esta costumbre pudo aludir Garcilaso, aun cuando lo que
-dice puede también decirse metafóricamente por las naves que volvían
-vencedoras.
-
-[207] Ha dicho el Sr. Menéndez y Pelayo, _Antología_, XIII, pág. 54,
-que el pastor _Albanio_, enfermo de mal de amores por la hermosa
-_Camila_, debe de ser el Duque de Alba, D. Fernando; a esto quiero
-decir que no acierto a comprender cómo a Garcilaso pudo ocurrírsele
-introducir dos veces al Duque en esta Égloga con tan distinto carácter,
-a saber: como Duque en persona y como pastor; como esposo enamorado,
-correspondido y satisfecho, y, a la vez, como amante desesperado y loco
-furioso; téngase presente que mientras _Nemoroso_ ha estado elogiando
-al Duque por su prudencia y su valor, ha tenido a sus pies al mismo
-_Albanio_, aletargado y rendido en su locura.
-
-[208] Es necesario leer _glo-ri-o-so_, como _o-di-o-sas_, soneto XVI,
-v. 1; nuestros poetas clásicos medían a la manera latina e italiana,
-_la-bi-os_, _o-di-o_, _glo-ri-a_, y del mismo modo los derivados
-_fu-ri-o-so_, _in-ge-ni-o-so_, etc. (V. Elías Zerolo, _Noticias de
-Cariasco y del empleo del verso esdrújulo en el siglo XVI. Legajo de
-Varios_, París, 1897, y F. Rodríguez Marín, _Luis Barahona de Soto_,
-págs. 405-411.)
-
-[209] _lustre_ por _lustro_, que fue primitivamente espacio de cuatro
-años, y que «el uso y abuso de los gramáticos lo ha hecho de cinco».
-(Herrera, pág. 267.) Cuando la expedición a Alemania (1532) el Duque D.
-Fernando solo tenía veinticinco años, y Garcilaso veintinueve.
-
-[210] _coruscar_, lucir, brillar. El _Dicc. Aut._ solo da _coruscante_
-y _corusco_, «resplandeciente, sumamente lucido y brillante».
-
-[211] Describe pastoralmente el tiempo de la cena, de la cual es
-indicio el humo que sale por los _alcores_, chimeneas.
-
-[212] Garcilaso dedicó esta Égloga, según afirmación de D. Antonio
-Puertocarrero, su yerno, a D.ª María de la Cueva, esposa de D. Juan
-Téllez Girón, Conde de Osuna, fundador del Colegio Mayor y Universidad
-de dicha villa, y gran amigo de los hombres de letras. D.ª María, ya
-viuda, fue Camarera mayor de la Reina D.ª Isabel de Valois, tercera
-mujer de Felipe II, y falleció en Madrid a 19 de abril de 1566. (V. F.
-Rodríguez Marín, _Luis Barahona de Soto_, Madrid, 1903, pág. 73.)
-
-[213] Garcilaso no ha dejado más _octavas rimas_ que las que componen
-esta Égloga y la que nos conservó Castillejo (V. Apéndice IV): «_La
-octava rima_, enteramente desconocida en todas las literaturas de la
-Península antes de Boscán, es una de las adquisiciones más importantes
-que este hizo para nuestra métrica, y quizá el género en que sobresalió
-más. Su modelo inmediato, aunque no único, fueron las estancias
-compuestas por Bembo para el Carnaval de la corte de Urbino en 1507.»
-(M. Menéndez y Pelayo, _Antología_, XIII, 237.)
-
-[214] Entiende Tamayo, fol. 68, «que es demasía sin fruto decir que
-la lengua está en la boca, pues ¿adónde había de estar?,» y sin más
-que esto, en algunas ediciones se ha corregido el presente verso,
-imprimiendo: «Mas con la lengua muerta y fría la boca», que es la
-lectura que el mismo Tamayo proponía. Yo respeto tal _demasía_ porque
-he visto que Herrera, más escrupuloso que nadie en estas cuestiones, la
-conserva, y el elegante prosista Cienfuegos, hablando precisamente de
-la muerte de Garcilaso por la honda impresión que causó en el espíritu
-del Marqués de Lombay, la repite diciendo: «él vio fría y difunta en su
-boca aquella espiritosa lengua, ramillete de las más cultas flores de
-la erudición y de la elocuencia...» (_Vida del Grande San Francisco de
-Borja_, Madrid, 1726, pág. 48.)
-
-[215] «_Carta_ por el papel, en significación latina o italiana.»
-(Azara.)
-
-[216] «En Boscán se hallan en una estancia de una canción los versos
-que dicen:
-
- “_Hablaré yo lo menos que tuviere_
- _Que esto será lo más que yo pudiere._”
-
-¿Quién tomó a quién en este último verso? ¿Boscán a Garcilaso o
-Garcilaso a Boscán? Tamayo afirma, notas, fol. 69, que Boscán
-aprovechose de este verso como de hacienda de amigo. Ignoro en qué se
-fundó para decir lo que dijo.» (Castro, pág. 21.)
-
-[217] Nadie ha hablado de Garcilaso que no haya repetido este famoso
-verso, el cual glosa Cienfuegos (_Vida del Grande San Francisco de
-Borja_, Madrid, 1726, pág. 50) de esta manera: «Él había nacido para
-decidir aquella antigua batalla entre las armas y las letras, siendo a
-un tiempo milagro de ambas escuelas... Él hizo cantar las Musas al son
-de los clarines y de las cajas roncas, como al compás de las cítaras
-templadas...»
-
-[218] _somorgujar_ y _somormujar_, verbo que significa meter debajo
-del agua, chapuzar, zabullir; la forma verbal se ha hecho sobre el
-substantivo _somorgujo_, cuya etimología es *_submergulio_, derivado
-de _submergo_, y con el sentido de _submergulus_. (V. R. Menéndez
-Pidal, _Gramática Hist._ § 65.)
-
-[219] _calar_, bajar, descender. «Entonces se levantó (Don Quijote)
-y... dándole soga el primo y Sancho, le dejaron calar al fondo de la
-caverna espantosa.» (_Don Quijote_, I.ª Parte, cap. XXII.)
-
-[220] _lacivo_ por _lascivo_, como _picina_ por _piscina_. (Santa
-Teresa, _Las Moradas_, ed. _Cl. Castellanos_, Madrid, 1910, 11-23; v.
-nota al v. 383 de la Eg. I.)
-
-[221] «Burlaba un poeta de este verso: _nadando dividieron y cortaron_,
-porque parece que hay en él ripia para henchir el verso, y sobra el
-_cortaron_. Digo que de no entender el punto, se erraba él, porque se
-ha de leer:
-
- _El agua clara con lascivo juego_
- _Nadando dividieron; y cortaron,_
- _Hasta que el blanco pie_, etc.»
-
-(Brocense, nota 219.)
-
-[222] Por lo visto alguno protestó de que el poeta sacase de las aguas
-a estas ninfas, que siendo moradoras de dicho elemento no podrían vivir
-en tierra seca. Tamayo defiende a Garcilaso con el testimonio de varios
-autores clásicos.
-
-[223] _delgadeza_, _domestiqueza_, Eg. II, v. 180, y _selvatiquez_,
-Son. XXVIII, tienen procedencia italiana.
-
-[224] «Debe Toledo a Garcilaso muchas alabanzas, pues no deja ocasión
-en que las olvide; y aquí no son encarecidas, sino verdaderas las del
-oro de sus arenas, pues hasta hoy se experimenta lo que en los tiempos
-antiguos fue tan recibido.» (Tamayo, notas, fol. 71.) Del aurífero Tajo
-hablan muchos autores latinos.
-
-[225] El de Tracia es Orfeo, a quien se refieren las dos octavas
-siguientes.
-
-[226] «No dejaré de notar el cuidado de las palabras de Garcilaso en
-todo lo que es ornato de las mujeres, cuya blancura, particularmente en
-los pies, repite tantas veces.» (Tamayo, notas, fol. 65.)
-
-[227] Por si alguno aspira a resolver la cuestión advertiré que hay
-discrepancia entre los autores sobre si la sierpe que mordió a Eurídice
-fue pequeña o grande. (V. Brocense, nota 215.)
-
-[228] En otro lugar, Eg. II, v. 942, fue necesario decir parte de
-esta fábula. Dejaron, pues, a Orfeo, marido de Eurídice, que sacase a
-su esposa de los infiernos, pero con la condición de que no había de
-mirarla hasta que saliese de los límites y jurisdicción de ellos, y
-no habiendo podido abstenerse de verla, le fue arrebatada por segunda
-vez; Orfeo, desesperado de su infortunio, retirose sobre el monte Hemo.
-(Ovidio, _Metam._, lib. X, fáb. I.)
-
-[229] Hallábase Cupido ofendido contra Apolo porque este se había
-atrevido a burlarse de las astucias del Amor; fue su venganza
-dispararle una flecha dorada para rendirle al amor de Dafne, y, al
-mismo tiempo, inspirar a esta un gran desamor hacia Apolo.
-
-[230] La fábula de Apolo y Dafne se trata más adelante en el Son. XIII.
-
-[231] Cupido hiere con dos géneros de saetas; con las de oro engendra
-el amor firme y verdadero, v. 152; con las de plomo inspira la
-antipatía y el desdén. (Ovidio, _Metam._, lib. I, fáb. X.)
-
-[232] Adonis, hijo de Mirra, de famosísima belleza, fue amado de Venus
-con la mayor ternura. Un día estando cazando hirió a un jabalí, el cual
-se volvió contra él con la mayor furia y le mató. (Ovidio, _Metam._,
-lib. X, fáb. X.) Y quieren decir que aquel jabalí no fue sino el dios
-Marte, enamorado de Venus, y convertido expresamente en aquella fiera
-para matar a Adonis por los celos que le tenía. (Brocense, nota 217.)
-
-[233] Porque Herrera creyó excesivo el color de este detalle, contesta
-Tamayo, notas, fol. 71: «Melindre es llamar _complosiones torpes_ estos
-afectos cuidadosos en Garcilaso, pues es imitación de Virgilio; díjolo
-doctamente nuestro poeta con alusión a la costumbre antigua de recibir
-con la boca, los parientes y amigos, el último aliento de los que se
-morían...»
-
-[234] Pinta Garcilaso en las dos octavas siguientes «la ciudad, cabeza
-y asiento del Imperio de España, Toledo, su patria, con tanta grandeza
-y suavidad de palabras, que dudo haya cosa mejor tratada en todas sus
-obras, ni más digna de la majestad de tan insigne madre, ni del ingenio
-de tan noble hijo...» (Tamayo, notas, fol. 72.)
-
-[235] «Aquí comienza un género de Bucólica que llaman los griegos
-_canto amebeo_, que es responsorio, en el cual se suele guardar esta
-ley: que el que comienza es libre, y puede mudar propósitos, mas el que
-responde y sigue, o ha de decir mucho más en la misma materia, o lo
-contrario; y ansí se hace aquí imitando el proceder de Virgilio en la
-primera y séptima Égloga.» (Brocense, nota 225.)
-
-[236] Describe exactamente el curso del Tajo en torno de la ciudad de
-Toledo.
-
-[237] Refiérese a las ruedas de las _azudas_, máquinas hidráulicas con
-que se saca agua de los ríos por el impulso de su misma corriente. «Se
-llaman _azudas_, voz arábiga, significadora de su color y de su ruido,
-propiedad particular de las lenguas orientales.» (Tamayo, notas, fol.
-73.)
-
-[238] «En la pompa funeral que las diosas silvestres hacían a la ninfa,
-observa sin afectación, Garcilaso, la costumbre de los entierros
-antiguos... Los antiguos esparcían flores sobre los cuerpos o sepulcros
-de sus defunctos... Flores cortadas para dar a entender, sin duda, la
-fragilidad de la vida que retratan las rosas...» (Tamayo, notas, fol.
-73 y 74.)
-
-[239] «Era señal de tristeza el desperdicio de los cabellos; en los
-libros sagrados no hay pocos ejemplos de los hebreos,» y lo mismo entre
-griegos y latinos. (Tamayo, notas, fol. 74.)
-
-[240] Recuerda nuevamente Garcilaso la muerte de doña Isabel Freyre.
-(V. Eg. I, v. 2, nota.)
-
-[241] «Una ninfa muerta, a quien las divinidades de los bosques,
-saliendo de los árboles en que están metidas, cantan y lloran a su vez,
-y después de haber cumplido con esta triste solemnidad, se vuelven
-a esconder en los huecos mismos de las encinas, era un argumento
-nuevo, al paso que sencillo, y que por su naturaleza y por la calidad
-de los interlocutores podía ser enriquecido con todas las galas del
-sentimiento y la fantasía.» Tal decía D. Manuel José Quintana (_Poesías
-castellanas_, ed. 1830, pág. 371.) a propósito de la famosa Égloga de
-Barahona de Soto, llamada _de las Hamadríades_, cuyo argumento, como se
-ve, dejó indicado Garcilaso en este lugar.
-
-[242] El Brocense dice que halló en un libro antiguo, en vez de
-_degollada_, _igualada_, que significa _amortajada_. Herrera afirma
-que _degollada_ se tomaba por _desangrada_, «como decimos cuando
-sangran mucho a uno, que lo _degolló_ el barbero.» Covarrubias en su
-_Tesoro de la Lengua castellana_, escribe: «Cuando sacan a uno mucha
-sangre por las venas, solemos decir que conviene _degollarle_, si el
-accidente requiere tanta evacuación.» Azara dice que «más natural era
-que se leyese en el verso _desangrada_, puesto que D.ª Isabel murió
-de sobreparto. Tamayo acepta la voz _degollada_ siguiendo a Herrera.»
-(Castro, pág. 22.)
-
-[243] Dice _al mar de Lusitania_ porque D.ª Isabel era portuguesa;
-había venido a la Corte española como dama de honor de la Infanta D.ª
-Isabel de Portugal, casada en 1526 con Carlos V.
-
-[244] Es encarecimiento de las labores de las ninfas, pues el presentar
-como en relieve figuras llanas «es artificio de la mejor pintura»...
-(Tamayo, notas, fol. 76.)
-
-[245] _trastornarse_, _trasponerse_. Barahona de Soto dio a
-_trastornarse_ esta misma acepción en los siguientes versos de su
-Égloga III:
-
- «Cual con sencillo rostro y pecho tierno
- Al levantar del sol o al _trastornarse_
- Te ofrecerá el panar recién cogido...»
-
-[246] «Adagio es latino: _Aquae furtivae dulciores_. Mucho sabe lo
-hurtado.» (Brocense, nota 225.) No latino, sino hebreo, cree Tamayo,
-fol. 77, esto de que _las aguas hurtadas son las más dulces_ o las que
-mejor saben.
-
-[247] «Aquí, sin duda, se descuidó nuestro poeta, porque hace dos
-vientos, siendo uno; porque al que los griegos llaman _zephyro_, porque
-trae vida, llaman los latinos _favonio_, porque favorece la vida, de
-modo que la cosa es una y los nombres son dos.» (Brocense, nota 227.) A
-este parecer se inclina también Herrera; pero D. Tomás Tamayo defiende
-a Garcilaso con el testimonio de muchos escritores antiguos que, como
-él, tuvieron a _zefiro_ y _favonio_ por vientos diferentes, notas,
-fol. 78. D. Adolfo de Castro, pág. 23, prescindiendo de esa defensa,
-cree que, «o Garcilaso se engañó o puso el nombre de otro viento que
-equivocaron los escribientes o los impresores». Queda, pues, esta
-cuestión en planta como la de la sierpe de Eurídice, Eg. III, v. 130.
-
-[248] «El cuerno de Amaltea --o cornucopia--, que denota la fertilidad
-y abundancia de las cosas, no era de buey como fingían los pintores,
-sino de plata, que quien la tuviere puede pedille lo que quisiere, que
-se lo dará. Fue Amaltea... una mujer vieja y muy rica que contrataba,
-la cual guardaba en un cuerno la mayor parte de la ganancia... y
-robándoselo Hércules lleno de dineros, vivía a su gusto y deleite, y de
-aquí tuvo origen decir que el cuerno de Amaltea ministraba a Hércules
-todos los bienes.» (Herrera, pág. 686.)
-
-[249] Dijo Garcilaso esto de _morir la yerba_ «por la opinión de
-Pitágoras que creía que las plantas y otras cosas, no solo vivían,
-sino que sentían el mal que les hacían; o porque la resolución de la
-forma no es otra cosa que muerte.» (Tamayo, notas, fol. 79.) Esto
-último, sin necesidad de acudir a la doctrina pitagórica, es suficiente
-explicación, dada la natural inclinación y libertad que tienen los
-poetas para suponer vida y sentimientos en lo inanimado.
-
-[250] _escogiolo._ Andrés Rey de Artieda en sus _Discursos, epístolas
-y epigramas de Artemidoro_, Zaragoza. 1605, censuraba a Garcilaso esta
-forma, porque, según él, sería más concreto _escogiole_. (Castro, pág.
-23.) Nuestro texto --es decir, el de Herrera-- es _loísta_, Eg. II, v.
-1088, 1099, 1307, 1308, 1364, 1399, 1400, 1567, etc.; en todos estos
-casos el de Tamayo es _leísta_. La indecisión entre _le_ y _lo_, que
-aún dura en nuestra lengua, viene manifestándose desde los textos más
-antiguos. (V. R. Menéndez Pidal, _El Cantar de Mío Cid_, tomo I, Parte
-II, § 130.)
-
-[251] _Al Duque de Alba en la muerte de D. Bernardino de Toledo, su
-hermano._ -- De regreso de la conquista de Túnez (1535), y de resultas
-de los muchos padecimientos que en aquel país ardiente, seco y arenoso
-había pasado, murió el gallardo joven D. Bernardino de Toledo, hermano
-del gran Duque de Alba y amadísimo amigo de Garcilaso. Murió en Túnez,
-según Argote de Molina, _Nobleza de Andalucía_, lib. II, cap. XXII; en
-Trápana, camino de Palermo, según Sandoval, _Historia de la vida del
-Emperador Carlos V_, lib. XXII, § 48, o en la ciudad de Palermo, como
-dice Navarrete, pág. 67, desmintiendo a los anteriores.
-
-[252] «Frase italiana.» Azara, _pero_ por _empero_: «quise, _no
-obstante_, probar si me _bastaría_ el ingenio _para_ escribirte»...
-
-[253] «Algunos, pareciéndoles que está falto este verso de Garcilaso,
-no considerando la diéresis, lo han enmendado o dañado desta suerte:
-_No quedará ya toda tu alma entera_; pero Garcilaso que conocía mejor
-los números, se contentó con aquel modo, porque demás de sinificar así
-la falta del alma, que él pretendió mostrar, no es flojo número de
-verso, sino artificioso y no ajeno de suavidad.» (Herrera, 305. Del
-mismo parecer es Tamayo, notas, fol. 30.)
-
-[254] Erídano es el río fabuloso donde las Helíades, hermanas de
-Faetón, lloran su muerte convertidas en álamos. (Son. XII, 14.) Han
-creído muchos que se trataba del Po, otros, del Ródano, y autor de
-tanta antigüedad como Esquilo, dijo que era un río de España. (Herrera,
-305.)
-
-[255] Lampecie, Lampetura y Faetura fueron las tres Helíades.
-
-[256] Censuró Juan de Mal-lara la dislocación de esta frase tal como
-aparece en el verso, y defendieron a Garcilaso Herrera y Tamayo: «la
-prosa no tiene licencias, a los versos se les consienten... el juicio
-de la una se puede quedar al oído, como el de la otra a la licencia de
-los poetas; pero menos lo fue Mal-lara, que docto y hombre de bien, y
-rara vez juzgan bien de los poetas los que no lo son». (Tamayo, notas,
-fol. 31.)
-
-[257] «_Abastanza._ Voz antigua, hoy desusada enteramente en nuestra
-lengua. Los italianos la han conservado.» (Azara.)
-
-[258] «Más propio es esto que dice Garcilaso para alabar una dama que
-a un caballero... mas, porque D. Bernaldino era mancebo de edad tierna
-que no había dado muestra de su valor, pudiera emplear esto en lamentar
-las esperanzas perdidas.» (Herrera, pág. 311.) Esta misma consideración
-requiere el pasaje de la Eg. II, v. 1254 y siguientes. Por lo demás,
-en muchos autores antiguos se encontraron ejemplos semejantes, «porque
-la hermosura es siempre digna de imperio y no desdice a la fortaleza
-viril». (Tamayo, notas, fol. 56.)
-
-[259] «Declara la índole y lo que prometían las esperanzas de su
-valor.» (Herrera, pág. 312.)
-
-[260] «Cosa muy usada fue poner dioses a los ríos, pintándolos
-recostados, y alzado el medio cuerpo, y con las urnas debajo el
-brazo, enviar de allí los ríos como de una fuente; coronábanlos por
-la mayor parte con guirnaldas de cañas, y cubiertos hasta el ombligo
-de un carbaso, que es vestidura floja y ancha, y desnudos la parte
-superior del cuerpo; tal se ve Tibre en Roma en casa Cesi, tal Arno en
-los huertos del Pontífice y tal describe Virgilio en el 8.º al mesmo
-Tibre...» (Herrera, 312.)
-
-[261] _Trinacria_ es lo mismo que decir Sicilia. (Herrera, 316.)
-
-[262] Los lascivos sátiros, compañeros de Baco, provocadores y
-deshonestos, con su busto de hombre, cuerpo de caballo y patas
-de carnero, tuvieron para los antiguos tal realidad, que algunos
-historiadores hablan de sátiros de carne y hueso conocidos por las
-gentes. (V. Herrera, 317.)
-
-[263] Refiérese a Héctor, defensor de Troya, vencido y muerto por
-Aquiles.
-
-[264] Recuerda de nuevo la fábula de Adonis. (Véase Eg. III, 176, nota.)
-
-[265] Oeta es un monte de Tesalia que, según Estrabón, lib. 9, se
-extiende de oriente a occidente, desde las Termópilas hasta el golfo de
-Arta. (V. Herrera, 331.)
-
-[266] «_Alcides_ se llamó Hércules por su gran fuerza, porque en griego
-_Alce_ es fuerza. Otros dicen que por su agüelo Alceo. Dicen que
-sintiéndose morir de la ponzoña de la camisa, que su mujer Dejanira
-le había enviado, hizo una hoguera en el monte Oeta y allí se quemó.
-Esta ficción quieren que sea la purificación de los excelentes hombres
-que suben a ser dioses, dejando acá la vestidura grosera del alma.»
-(Brocense, nota 59.)
-
-[267] «_El claro padre._ D. García de Toledo, que murió en los Gelves
-de poca edad. _El sublime abuelo._ D. Fadrique, Duque de Alba.» (Azara.)
-
-[268] «El mar, sin duda, cerca la tierra y la tierra el mar, mas
-creyendo los antiguos que este era mayor, dijeron que la coronaba...
-Pero los modernos que con curiosidad lo tienen especulado, prueban ser
-mayor la tierra que el Océano, según, no sus superficies, sino sus
-cuerpos, en que es, sin comparación, mayor la tierra, como fácilmente
-se deduce de sus diámetros...» (Tamayo, notas, fol. 35.)
-
-[269] Como si dijese desde el polo Sur al polo Norte _Calisto_ es la
-Osa Mayor. Antes fue una bella ninfa de quien Júpiter anduvo enamorado.
-La iracunda Juno la convirtió en osa, y entonces Júpiter la transportó
-al cielo. (Ovidio, _Metam._, lib. II, fáb. IV.)
-
-[270] _Elegía a Boscán_; la escribió Garcilaso a su amigo desde
-Sicilia, de regreso de su expedición a Túnez con el ejército del
-Emperador, año de 1535. Esta Elegía y la anterior debieron ser escritas
-hacia la misma fecha.
-
-[271] «Anquises fue hijo de Asáraco y padre de Eneas, que lo engendró
-en Venus junto a la Ribera de Simois, río de Troya.» (Herrera, 356.)
-
-[272] «Este confusísimo terceto quiere decir que el Mantuano Virgilio,
-en sus eternos versos, nos conserva la memoria de que Anquises está
-enterrado en Trápana --ciudad de Sicilia--. Libro III de la Eneida.»
-(Azara.)
-
-[273] «Llama César Africano al Emperador Carlos quinto porque venció a
-África.» (Brocense, nota 66.)
-
-[274] De la celebridad de este verso dan testimonio Sa de Miranda,
-en su égloga _Nemoroso_; Barahona de Soto, en su soneto a Herrera, a
-propósito de las _Anotaciones_, y Lope de Vega, v. Cayetano A. de la
-Barrera, _Nueva biografía_, tomo I de las _Obras de Lope de Vega_,
-publicadas por la R. A. Española, Madrid, 1890, pág. 122.
-
-[275] Dice Cienfuegos (_Vida del Grande San Francisco de Borja_,
-Madrid, 1726, pág. 49) que «lo que más robaba en Garcilaso la afición
-del Marqués de Lombay... era el no haber sentido jamás en sus labios
-respiración que empañase la fama ajena...; escribiendo con pluma
-elegante en todos los estilos, solo parece que ignoraba el de la
-sátira, en que son elocuentes y agudos aun los menos discretos».
-
-[276] Llama _la patria de la Sirena_ a Nápoles, que antes se llamó
-Parténope, por una de las tres Sirenas así llamada, cuyo cuerpo allí se
-halló. (Brocense, nota 66.)
-
-[277] Nápoles fue tierra de muchos deleites y regalos, según el
-testimonio de los clásicos (V. notas de Azara y Tamayo, y acaso por
-esto la tradición la hizo patria de las Sirenas.) Era una ciudad
-nobilísima, vestida de jardines y bellos edificios, y llena de
-caballeros y gente rica, «domicilio de hombres ociosos, que muchos, por
-huir de negocios, se iban de Roma a ella». (Herrera, págs. 359-364.)
-
-[278] Sobre estos amores a que alude el poeta véase adelante, nota al
-Son. XXVI, v. 1.
-
-[279] «Quiere decir: Este temor persigue la esperanza y oprime el gran
-deseo de su holganza, con el cual deseo van mis ojos.» (Brocense, nota
-69.)
-
-[280] «La túnica de diamante significa la fortaleza, que tan importante
-es para la guerra; aunque escribe San Isidoro que pintaban a Marte con
-el pecho desnudo y sin armas, porque el que se halla en la guerra, se
-debe arrojar en la batalla sin miedo de la muerte.» (Herrera, pág. 346.)
-
-[281]
-
- «Y en medio de la guerra peligrosa...
- Te acuerdas del amor y del ausencia
- Y maldices allí el rigor de Marte
- Pronosticando en ti dura sentencia...»
-
-(Cristóbal Mosquera de Figueroa, _Elegía a la muerte de Garcilaso,
-Anotaciones_ de Herrera, pág. 40.) Pocos meses después de escribir
-Garcilaso la presente Elegía se cumplió, en efecto, este siniestro
-presentimiento de su muerte.
-
-[282] «Y se cumplió --su pronóstico-- hasta en sus términos literales,
-porque murió... asaltando una torre como a su valor cuadraba, pero
-no cayó _traspasado de hierro agudo y fuerte_, sino prosaicamente
-descalabrado por una piedra...» (M. Menéndez y Pelayo, _Antología_,
-XIII, pág. 147.)
-
-[283] _Las venas dulcemente desatado_, es una cláusula casi _absoluta_
-en que el participio _desatado_ no concierta con el substantivo de su
-oración, _venas_, sino con el sujeto principal, aquel, mantenido por
-el pensamiento aun dentro de la aposición; en prosa habría que decir,
-_las venas dulcemente desatadas_. Es tan rara tal construcción que las
-gramáticas no dan cuenta de ella; sin embargo, pueden recogerse algunos
-ejemplos:
-
---«Los alemanes, -- El fiero cuello _atados_, -- Y los franceses van
-domesticados.» (Garcilaso, Canc. V, v. 18.) -- «_Desnuda el pecho anda
-ella._» (Góngora.) -- «_Desnuda_ el pecho, el brazo _descubierta_.»
-(Góngora.) -- «Febo... cantó -- _Revuelto_ en oro la encrespada
-frente.» (Herrera.) -- «estuve... ya entregado -- Al agudo cuchillo
-la garganta.» (Ercilla.) -- «El cuerpo de nieve pura -- Que excede a
-toda blancura -- _Vestido_ del sol los rayos -- Vertiendo abriles y
-mayos --de la blanca vestidura.» (Cristobalina Fernández.) (V. Castro,
-_Poetas líricos_, etc., pág. 31, nota.)
-
-[284] Elogia también la playa de Barcelona, patria de Boscán, D. Diego
-Hurtado de Mendoza en su carta V, a María de Peña (_Auts. Esps. poetas
-líricos de los siglos XVI y XVII_, pág. 59): «Que, como desparece
-Barcelona -- Y huye aquella plaza gloriosa, -- Ansí va enflaqueciendo
-la persona...»
-
-[285] Alude a D.ª Ana Girón de Rebolledo, dama valenciana, esposa
-de Boscán. «Era de singular belleza, como se deduce de estos versos
-de Garcilaso. D. Diego Hurtado de Mendoza la llama sabia, gentil y
-cortés, en una epístola a Boscán. Este, en su respuesta, encarece la
-vida quieta, dulce y sosegada que llevaba en compañía de su esposa, de
-quien elogia con entusiasmo la belleza, bondad y discreción. Dícese que
-juntos leían y saboreaban los poetas clásicos, especialmente Homero,
-Virgilio, Catulo y Propercio, lo cual arguye en pro de la cultura
-literaria de doña Ana... Al frente de las ediciones de Boscán va un
-prólogo que, bien leído, a nadie puede ser atribuido sino a D.ª Ana...»
-(M. Serrano y Sanz, _Apuntes para una Bibl. de Escritoras Españolas_,
-Madrid, 1903, tomo I, pág. 459. V. Menéndez y Pelayo, _Antología_,
-XIII, págs. 131-136.)
-
-[286] La presente Epístola es el único ensayo de _verso suelto_
-que de Garcilaso conocemos. Boscán y Garcilaso fueron los primeros
-artífices castellanos que se ejercitaron en esta clase de verso. En
-sus composiciones es preciso apreciar el valor histórico más que el
-artístico. El _verso suelto_ tuvo que pasar por muchas pruebas antes de
-conseguir la perfección clásica del _Aminta_ de Jáuregui. (V. Menéndez
-y Pelayo, _Antología_, XIII, pág. 239.)
-
-[287] «...facilidad, descuido, libertad sin afectación de palabras ni
-exornación de sentencias, todo lo tiene esta carta, cuya llaneza, en
-vano y sin razón es culpada, pues ella es particular alabanza en este
-género de escritura.» (Tamayo, notas, fol. 38.)
-
-[288] Garcilaso había venido desde Nápoles a Barcelona, enviado por
-el Virrey D. Pedro, para informar personalmente al Emperador de los
-desastres que había causado en las costas de Italia la armada de
-Barbarroja. Debió llegar a Barcelona poco después del 4 de septiembre
-de 1534, y estuvo en ella hasta el 1.º de octubre, en que emprendió su
-regreso a Nápoles, haciendo en doce días el camino, a caballo, desde
-Barcelona a Valclusa. (V. Navarrete, pág. 237.)
-
-[289] De Boscán a Garcilaso hay una sincera expresión de amistad honda
-y sentida en el soneto: _Garcilaso, que al bien siempre aspirante_...
-
-[290] En honor de Garcilaso se ha dicho que, en medio de la llaneza
-de esta carta, da idea de su erudición el hecho de que la mayor parte
-de sus consideraciones sobre la amistad coinciden con la doctrina de
-Aristóteles en su _Ética_, lib. VIII. (V. Conti, _Col. de poesías
-castellanas_, traducidas al italiano, Parte 1.ª, tomo II, pág. 345.)
-
-[291] «Vulgar dicho es: _Beatius est dare, quam accipere_.» (Brocense,
-nota 76.)
-
-[292] Volvía Garcilaso esta vez a Italia por la Provenza, patria de los
-trovadores, no siendo acaso prudente ir por mar a causa de las naves de
-Barbarroja que lo infestaban. (Navarrete, pág. 59.)
-
-[293] _Varlet_, palabra francesa antigua, como _vaslet_, hoy _valet_:
-criado, fámulo.
-
-[294] _Argén_, es otro galicismo, que solamente por donaire emplea
-Garcilaso en esta ocasión.
-
-[295] Mosén Durall, uno de los mejores amigos de Boscán, fue un
-caballero principal y rico de Barcelona, maestro racional o contador
-del Principado, y hombre de noble trato y buen burlar, según el mismo
-Boscán en su _Epístola_ a Hurtado de Mendoza. Era muy gordo el Dorall,
-y por eso dice Garcilaso lo de _abrazad si pudiereis_. (Herrera, pág.
-384.)
-
-[296] 12 del mes de octubre del año 1534. Escribe Garcilaso desde
-Valclusa, do nació madona Laura, claro fuego del Petrarca.
-
-[297] _como perdido_: ciegamente, como loco. «Noto que es frase
-particular de las ponderaciones de nuestro poeta, esta _como perdido_,
-así en el Son. VIII, v. 7: _Salen fuera de sí como perdidos_.» (Tamayo,
-notas, fol. 17.)
-
-[298] Hállase repetido este pensamiento en varios poetas, en Horacio,
-Petrarca, Tansillo, y aun en el mismo Garcilaso, Eleg. II, v. 176 y
-sigs. Horacio en la Oda 22, libro I, acaba diciendo:
-
- «...ya me ponga alguno
- En la región al sol más allegada,
- Do no vive ninguno,
- Siempre será de mí Lalage amada:
- La del reír gracioso
- La del parlar muy más que miel sabroso.»
-
-(Brocense, nota 19.)
-
-[299] _esecutarse_, ejecutarse. (V. Eg. II, v. 253, nota.) La doble
-_ss_ que pone Herrera, conforme a la ortografía de su tiempo, en
-_essecutarse_, _fuessedes_, _supiesse_, _desso_, _passarse_, etc., no
-la conservamos en ningún caso.
-
-[300] A esto aludió F. de Cangas, diciendo:
-
-«Porque no quiere el amor -- La muerte del amador, -- Sino tomallo
-a partido; -- Que perdonar al rendido -- Es gloria del vencedor.»
-(Herrera, _Anotaciones_, pág. 224.)
-
-[301] Lo de _tendido_ en este verso y en el 13 de esta misma
-canción fue enmendado en _rendido_ por D. Diego Hurtado de Mendoza,
-considerando aquella voz menos digna, «pero juzga doctamente D. Juan
-de Fonseca y Figueroa que no se ha de mudar, por ser modo ordinario
-de los poetas latinos _jacere ante pedes_... y en los griegos
-frecuentísimamente, mirando por ventura a la costumbre de los que
-rogaban tocando las rodillas y echados a los pies.» (Tamayo, notas,
-fol. 18.) (V. Eg. II, v. 661, nota.)
-
-[302] La amarillez de los que aman, dice Herrera que «debe proceder,
-por ventura, de tristeza y profundo cuidado, porque arrebatados en
-consideración de lo que desean, gastan y destruyen la propia virtud y
-impiden sus operaciones con la vigilia y trabajo de los espíritus»,
-pero reconoce como causa general «la poca fuerza del calor natural que
-no puede digerir bien ni hacer buena sangre». (_Anotaciones_, pág. 225.)
-
-[303] _Contrastar_: hacer frente, resistir.
-
-[304] «Pensaron los antiguos que los vientos eran intérpretes y
-mensajeros que llevaban los ruegos y votos y todas las palabras a las
-orejas de los dioses... y los votos que no tenían suceso y eran vanos,
-pensaban que los vientos no los llevaban ante los dioses, antes los
-disipaban o arrojaban lejos, en regiones apartadas.» (Herrera, pág.
-231.)
-
-[305] Los últimos versos de esta estancia, mal conocidos en su forma
-original, han sido modificados a su manera por cada anotador, como
-puede verse en Tamayo, notas, fol. 20.
-
-[306] Herrera llama aquí la atención con estas palabras: «Ningún poeta
-élogo (de elegía), conforme a lo que yo he leído dellos y me acuerdo,
-pudo alcanzar a decir tanto como esto.» (_Anotaciones_, pág. 233.)
-
-[307] En esta Canción hay diez versos agudos, uno en la Canción
-primera, cuatro en la tercera y cuatro en el Soneto XXVII, y estos
-versos troncados o mancos, que llama el toscano, «son dinos de
-reprehensión», como dice Herrera, pág. 232. Tienen versos endecasílabos
-agudos el Marqués de Santillana, y en el Boscán, Sa de Miranda,
-Hurtado de Mendoza y otros. Siglo XVI. Parece seguro que en tiempos
-de Garcilaso, el rigor del criterio paroxitónico, o de acentuación
-grave, que después ha prevalecido, no se cumplía ni entre los mismos
-italianos, puesto que en el mismo _Orlando_ de Ariosto hay cinco o
-seis casos de versos agudos. Hoy solamente son lícitos en ciertas
-combinaciones métricas. (Menéndez y Pelayo, _Antología_, XIII, _págs.
-219 y sigs._; Rodríguez Marín, _Luis Barahona de Soto_, págs. 414-417.)
-
-[308] «Más abajo de Presbourg, ciudad de la Hungría occidental, se
-divide el Danubio en dos brazos, los cuales no se reúnen hasta Komorn,
-plaza fuerte de la Hungría oriental, y forman una gran isla a la que se
-ha dado el nombre de Schut. Previendo Carlos V --cuando el socorro de
-Viena, 1532-- que Solimán podía traer embarcados por el río víveres y
-pertrechos de guerra, para estorbarlo envió algunas tropas a esta isla
-con orden de formar en ellas cuantas baterías se juzgasen necesarias.»
-(Navarrete, páginas 40-43.)
-
-[309] En la isla de Schut, cuya frondosidad y belleza tanto alaba
-Garcilaso, estuvo él preso, en efecto, de orden del Emperador, desde
-marzo a junio de 1532, por su intervención en el desposorio de su
-sobrino con D.ª Isabel de la Cueva. Ya se ha dado noticia de este
-suceso en la _Introducción_.
-
-[310] «... Tú, Danubio, río divino, -- Envolviste en tus ondas sus
-razones...» (_Elegía a la muerte de Garcilaso_, por Cristóbal Mosquera
-de Figueroa, _Anotaciones_ de Herrera, pág. 39.)
-
-[311] _Fieras_ tiene el valor de _belicosas_, y el poeta lo dice
-particularmente por los antiguos suevos, etc., pobladores de las
-naciones del Danubio. (Herrera, pág. 240.)
-
-[312] De esta Canción hace Tamayo, notas, fol. 21, el siguiente elogio:
-«Es tal, que a mi ver, no tienen todas las lenguas juntas cosa más
-culta, y así, es la primera de las obras de Garcilaso, que cuando
-sola quedara de tanto como tenemos que agradecer al tiempo que nos ha
-conservado, como de quejarnos dél por lo que nos quitó, bastaba para
-la honra de un gran varón; porque si se mira la poesía, es cuidadosa;
-si la materia, importantísima; si la disposición, extremada; si la
-dificultad de la mucha filosofía que en sí encierra, reducida con
-suma claridad a lo que solo el ingenio capacísimo de Garcilaso podía
-comprehender, no otro...» Poco menos dice Herrera en sus _Anotaciones_,
-pág. 250.
-
-[313] El licenciado Juan López de Úbeda dice en el prólogo de su
-_Vergel de Flores divinas_ (1582) que Garcilaso, Boscán, Castillejo
-y otros muchos autores después de haber gastado tiempo en escribir
-versos _a lo humano_, vueltos en sí, y comprendiendo la vanidad de
-sus escritos, «escribieron cosas maravillosas a lo divino, como la
-_Conversión_, de Boscán, que anda escrita de molde; la _Elegía al
-Alma_, de Garcilaso, y ansí otras muchas». No se sabe a que elegía de
-Garcilaso alude Úbeda. (Menéndez y Pelayo sospecha que acaso quiso
-referirse a esta Canción cuarta, _Antología_, XIII, pág. 393.)
-
-[314] «_Confesado_: habiendo publicado mi mal. Este verso humilló mucho
-la grandeza de esta estanza.» (Herrera, pág. 250.) Es la única alusión
-de Garcilaso al dogma católico.
-
-[315] «Describe hermosamente aquella interna discordia y guerra en que
-contrasta, reluchando, la razón, con el apetito sensual y bruto...»
-(Herrera, pág. 252.)
-
-[316] _a la hora_ por _luego, inmediatamente_: el escribano Rodrigo de
-Idoyaga, que actuó en el proceso de Garcilaso por lo del _desposorio_,
-empleaba con frecuencia este giro: «dijo que estaba presto de las
-complir, y para ello ir _a la hora_ a la villa de Tolosa.» «E luego _a
-la hora_, visto lo susodicho, el dicho Corregidor dijo:» (Navarrete,
-págs. 211 y 220.) «Él, avergonzado, conoció su yerro; pidió perdón,
-que le dio _a la hora_ de buena gana, contento de sastisfacerse de su
-injuria con la muestra de su valor y esfuerzo.» (Mariana, _Historia_.
-Conquista de Sevilla.)
-
-[317] Se rindió la razón al apetito.
-
-[318] «Aquí moraliza la fábula de Tántalo, el cual fingen los poetas
-que está en el infierno metido en el río con el agua hasta la boca, y
-cuando quiere beber, le huye el agua.» (Brocense, nota 40.)
-
-[319] «Moraliza la fábula de Venus, que fingen los poetas que la
-prendió Vulcano en una sutilísima red, tomándola en adulterio con el
-dios Marte.» (Brocense, nota 41.) «Clemente Alejandrino dice en el
-Libro 2.º de su _Pedagogo_, que las cadenas con que fue presa Venus...
-son el oro y ornato mujeril... los aderezos, y vestidos y joyas,
-señales del adulterio...» (Herrera, _Anotaciones_, pág. 256. Trató esta
-fábula Ovidio en sus _Metamórfosis_, lib. IV, fáb. III.)
-
-[320] Escribió Garcilaso esta Canción a la _Flor de Gnido_ --D.ª
-Catalina San Severino, hermana del Príncipe de Bisignano y viuda del
-Duque de Traggeto-- para persuadirla a ser menos esquiva con Mario
-Galeota, su cortejante, gran amigo del poeta. Hay otras opiniones, como
-se verá en la nota al verso 12; pero esta, apoyada directamente en el
-testimonio de D. Antonio Puertocarrero, yerno de Garcilaso, parece la
-más autorizada. (Herrera, pág. 266.) De esta bellísima composición
-dicen los críticos que nada le faltó si acertó con su halago a
-conseguir lo que antes no pudieran los rendimientos y obsequios del
-galán. (Navarrete, pág. 52.) El nombre de Mario Galeota aparece otra
-vez en el Soneto XXXIII.
-
-[321] Este género de estrofas que Garcilaso trajo al castellano han
-quedado en nuestra poética con el nombre de _liras_ por aparecer esta
-palabra en el primero de los presentes versos. Entre los que siguieron
-a Garcilaso escribiendo en _liras_ sus canciones, ninguno honró tanto
-esta combinación métrica como el ilustre Fr. Luis de León.
-
-[322] Tal fue el maravilloso prodigio que obró el infortunado Orfeo en
-los montes de Tracia lamentando la pérdida de su bella esposa Eurídice.
-(V. notas a los versos 942, Eg. II, y 144, Eg. III.)
-
-[323] «En Nápoles hay un barrio que se dice _Il Seggio di Gnido_, que
-es como una parte donde se ayuntan los caballeros. Allí había muchas
-damas, entre las cuales una, llamada Violante Sant Severino, hija del
-Duque de Soma, era servida de un amigo de Garcilaso llamado Fabio
-Galeota.» (Brocense, nota 43.) Por Fabio, hijo de Vicencio Belprato,
-Conde de Aversa, que sirvió a Violante San Severino, escribió Garcilaso
-esta Canción, dice Tamayo, fol. 10, sin tener en cuenta la explicación
-dada antes por Herrera; y de estas afirmaciones viene la duda sobre
-si los interesados en esta Canción fueron Mario o Fabio, Catalina o
-Violante.
-
-[324] En lo de _sublimes ruedas_ se debe entender _carros triunfales_.
-(Herrera, pág. 268.) Si aludiese a la _rueda de Fortuna_ sería
-superfluo el plural _ruedas_, como dice Tamayo, fol. 24; mas Garcilaso
-habla de los Capitanes romanos y sus triunfos, y así _sublimes ruedas_
-serán los carros triunfales y sublimidad del triunfo en que aquellos
-Capitanes se manifestaban al pueblo entre trofeos de sus victorias y
-cautivos encadenados; «y al tiempo que los truhanes van delante de los
-carros triunfales diciendo: _¡Viva, viva la invencible Roma!_, por otra
-parte los pobres cautivos van, en sus corazones, diciendo a los dioses:
-_¡Justicia, justicia!_...» (A. de Guevara, _Reloj de Príncipes_.)
-(Razonamiento de un germano al Senado de Roma.)
-
-[325] Aquellos capitanes que domesticaron a los alemanes y a los
-franceses fueron los romanos, domesticadores también de España.
-
-[326] Dice bien Herrera, pág. 266, que lo de ver una alusión al nombre
-de Violante, en _convertido en viola_, y negar por ello que esta
-Canción fuese escrita a D.ª Catalina, «es conjetura muy flaca y de poco
-fundamento». La conjetura es del Brocense, nota 43.
-
-[327] Venus apareció en el mar flotando en una concha. _A la concha
-de Venus amarrado_, es alusión al apellido _Galeota_, como si dijera
-_galeote_, forzado de la _galera_ de Venus. En esto están de acuerdo el
-Brocense, nota 43, y Herrera, pág. 269.
-
-[328] _Palestra_: «En la habla griega significa _lucha_. Halló la
-palestra Mercurio, y su invención dice Filostrato que fue en Arcadia;
-y por ser el autor della, fingieron que era su hija.» (Herrera,
-_Anotaciones_, 269.) Garcilaso dice _la polvorosa palestra_, por el
-lugar o sitio donde se lucha.
-
-[329] De estos versos se deduce que el cortejante de la _Flor de Gnido_
-era poeta; y, al efecto, dice el Brocense, nota 43, que «entre las
-rimas de diversos poetas hay una elegía de Fabio Galeota a Violante,
-que comienza: _Andrete senza me, chara Violante_...» Tal noticia
-defiende mucho a _Fabio_ en cuanto a la propiedad de esta Canción de
-Garcilaso; mas, por lo que toca a _Mario_, candidato de Herrera, siendo
-joven, cortesano, galanteador y amigo de nuestro poeta, en tiempos en
-que tanto se estimaba la poesía en los palacios, no es difícil suponer
-que también escribiría versos.
-
-[330] «Este lugar muchos le han querido enmendar por no entenderle;
-quiere decir: No debe ser notada una dama de ingrata, pues no tiene
-otra falta.» (Brocense, nota 43.) «No debe merecer nombre de ingrata
-quien carece de todos los demás vicios.» (Herrera, 270.)
-
-[331] «Esta fábula cuenta largamente -- Ovidio, _Metam._, lib. XIV,
-fáb. XIII. En suma es que Ifis andaba muy enamorado de Anaxárite, y no
-pudiéndola enternecer a sus plegarias, amaneciole un día ahorcado a la
-puerta. Y ella, como le vio, quedose helada y fue vuelta en mármol.»
-(Brocense, nota 43.) Está traducida por D. Diego de Mendoza, en coplas
-españolas, en la carta que empieza: «Amor, amor que consientes -- que
-los días se me alarguen...» (V. _Auts. Esps. Poetas líricos de los s.
-XVI y XVII_, pág. 73.)
-
-[332] _Por las venas la sangre iba_... Los comentadores de Garcilaso
-han creído hallar en estos versos una noticia de la circulación de la
-sangre, anterior a las alusiones del español Servet y a la explicación
-científica del inglés Hervey.
-
-[333] «Es _Némesis_ la venganza divina que castiga los soberbios y sus
-arrogancias.» (Herrera, 273.)
-
-[334] El primero que aclimató el soneto en España fue Boscán; Garcilaso
-acabó de perfeccionar su estructura. Antes que ellos, el Marqués de
-Santillana escribió sonetos castellanos, pero su ensayo no fructificó.
-Sobre esto véase M. Menéndez y Pelayo, _Antología_, XIII, págs. 227-232.
-
-[335] Lope imitó ceñidamente este soneto en el primero de sus _Rimas
-Sacras_, y el Duque de Sesa túvolo por modelo cuando en otro soneto,
-«con puntas de festivo, pero con ribetes de melancólico», lamentó la
-ruina de su hacienda. (V. F. Rodríguez Marín, _Barahona_, pág. 68.)
-
-[336] Es caso tan lastimoso acuchillar a un rendido que el amante
-pudo fiar en esta imagen para mover su dama a compasión. Asimismo
-dijo Torres Naharro: «¿Cuál honra te pudo ser -- Dar lanzada a moro
-muerto...» (Herrera, pág. 82.)
-
-[337] Resulta corto este verso, llanamente pronunciado.
-Herrera le impone una diéresis violenta: _Y_-_en_-do-me
-a-le-jan-do-ca-da-dí-a. Tamayo le antepone una sílaba: Y-yen-do-me
-ale-jan-do... Remedio más sencillo parece deshacer la sinéresis
-del verso que uno y otro conservan en medio del verso, midiendo:
-Yen-do-_me_-_a_-le-jan-do-ca-da-dí-a. A esto da derecho la libertad
-con que los clásicos usaron de la diéresis y de la sinéresis, como
-se ve en Lope: _Se_-_a_-jus-to o-no-sea-jus-to; y en Góngora:
-E-llas-po-nían-el-de-dal; Y-yo-po-ní-a-la a-gu-ja. (V. Rodríguez Marín,
-l. c. en la nota, Eg. II, v. 15.)
-
-[338] Dice el poeta que consolaría su amargura volviendo a ver a
-su dama, ¡teniendo siquiera la esperanza de volverla a ver!; fuera
-de esto, solo aguarda consuelo en la muerte; mas tan desgraciado
-se considera, que cree que ni la misma muerte le ha de hacer la
-misericordia de llevárselo --tan pronto como quisiera él--. Este mismo
-pensamiento puso Fernando de Cangas en una copla citada por Herrera
-en sus _Anotaciones_: «Y si es remedio a mi pena -- Morir por causa
-tan buena -- Yo sé que no moriré; -- Porque no mereceré -- Gozar de
-gloria tan llena.» El ilustre Azara dice que Garcilaso puso en los seis
-últimos versos de este soneto «una antítesis ridícula, esto es: que
-morirá si ve o no ve a su dama.» No es cierto: el poeta no dice _que
-morirá si ve a su dama_; todo lo contrario.
-
-[339] Tras de la tempestad viene la calma. «Con lluvia y noche scura
---Si el cielo se escurece, él se serena. -- No si falta ventura --
-Agora ha de durar siempre la pena.» Horacio. (V. Brocense, nota 5.)
-
-[340] Las amarguras de la ausencia inspiraron a Garcilaso, además del
-presente soneto, los núms. III, IX, XIX, XX y XXXVI. Del presente y
-del IX sospechó Tamayo, fols. 7 y 8, que debieron ser escritos en la
-isla del Danubio, donde el poeta estuvo desterrado. Esto mismo puede
-sospecharse del núm. XI.
-
-[341] En este pasaje y en la Canc. IV, v. 6, da Garcilaso a la frase
-_traer por los cabellos_ un valor distinto de su uso corriente. Dice
-traer por los cabellos de la violencia con que es aportado al discurso
-algún argumento, autoridad o consecuencia: «puesto que los refranes
-son sentencias breves (dijo Don Quijote a Sancho), muchas veces los
-traes tan por los cabellos que más parecen disparates que sentencias»;
-pero Garcilaso no se refiere al discurso, sino a la violencia moral de
-ser una persona arrastrada involuntariamente a una determinada acción.
-_Tornado_, vuelto, era ya para Herrera voz envejecida y desusada.
-
-[342] Conocer lo mejor y, sin embargo, seguir lo peor es dejar triunfar
-la pasión sobre el pensamiento, el apetito sobre la voluntad, y esto
-es tan humano y tan frecuente, que se encontrará repetido en muchos
-poetas; Herrera cita ejemplos de Ovidio, Petrarca, Chariteo, Salvago,
-Rebeiro y Hurtado de Mendoza.
-
-[343] Empleamos hoy _quien_, _quienes_, cuando el relativo se refiere a
-persona o cosa personificada; pero el uso antiguo lo empleaba también
-algunas veces como relativo de cosa: «Quiérote contar las maravillas
-que este transparente alcázar solapa, de _quien_ yo soy el alcaide...»
-(Cervantes.) Por ligero tinte de personificación que a una cosa se
-atribuya, como en este verso ocurre con _inclinación_, cabe el uso
-de _quien_, según se puede ver en Rioja, Ercilla, Jovellanos, Alcalá
-Galiano, etc. (V. Andrés Bello, _Obras completas_, tomo IV, Madrid,
-1903, págs, 179-182.)
-
-[344] El pensamiento de este soneto es muy común entre los poetas. El
-amante libre de pasados amores y de sus amarguras, jura no volver por
-tales pasos; pero se le ofrece una nueva ocasión, un amor _que no es
-como los otros ni está en su mano poderse valer contra él_, y el poeta
-rinde su corazón una vez más.
-
-[345] Esta antigua costumbre, de la cual hablan Virgilio, Horacio,
-Tasso y otros muchos poetas, no se ha perdido aun entre los marineros,
-y particularmente la conservan los pescadores.
-
-[346] _Como_, no me parece aquí correlativo de _tal_, leo así: «Yo,
-_como_ vano e incauto había jurado nunca más meterme, etc...»
-
-[347] _al camino_ por _en el camino_; este uso de _al_ se conserva aún
-como provincialismo: «Ricardo no estuvo al baile; le encontré al arco
-del Alcázar.» (Ávila.)
-
-[348] _como perdidos_: ciegamente como locos. (V. Canc. I, verso 12.)
-
-[349] _turo_ de _turar_: durar, permanecer. En los valles del Pirineo
-aragonés es aun corriente esta palabra en la forma de _aturar_:
-«_atúrame exas crabas_:=» detenme esas cabras.
-
-[350] tamaño, _tam magnus_, quiere decir propiamente _tan grande_, pero
-aquí no con valor comparativo, sino absoluto, como cuando decimos: no
-se puede vivir en clima _tan frío_. Del uso de esta palabra en este
-verso han hablado largamente Herrera, _Prete Jacopin_ y Tamayo de
-Vargas, y un buen comentario de ello se encuentra en Rodríguez Marín,
-_Luis Barahona de Soto_, pág. 680-681.
-
-[351] «Este soneto es, sin comparación, el más dulce y suave de los de
-Garcilaso.» (Azara.)
-
-[352] «Acordábase el Cisne que sus plumas habían vestido más color de
-fuego que de nieve... que su corazón había quemado muchas veces las
-alas en torno de unas luces mentidas... y comenzó a llorar lo que antes
-había cantado; porque derribando de su memoria las imágenes que habían
-ocupado sus aras, deshojando esperanzas y prendas antiguas, decía
-inspirado de mejor Numen: _¡Oh, dulces prendas por mi mal halladas!_»
-(Cienfuegos, _Vida del Grande San Francisco de Borja_, Madrid, 1726,
-pág. 52.)
-
-[353] También Herrera en un soneto decía al Betis: «... destilado --Iré
-en tu curso largo y extendido, -- en llanto desatado -- Seré en tus
-blancas manos recogido.» (_Anotaciones_, pág. 129.)
-
-[354] Dicen que fue Dafne una hermosísima hija del río Perseo, de
-Tesalia, y que encendido Apolo en amor loco, la seguía, perdido por
-ella; y ya que la iba alcanzando, suplicó Dafne a la Tierra, su madre,
-que la recogiese en sí, librándola de aquel trance, y la tierra escuchó
-su voto y transformó a la doncella en un bello laurel, al pie del cual
-tanto ha llorado Apolo su imposible amor, que con sus lágrimas mantiene
-al laurel siempre verde y lozano. (Ovidio, _Metam._, lib. I, fáb. X.)
-
-[355] El símil de la madre y el hijo doliente contenido en estos
-primeros versos, hállase también rimado por Boscán y Hurtado de
-Mendoza, y procede, según el Brocense, nota 16, y Menéndez y Pelayo,
-_Antología_, XIII, 302, del gran poeta del amor, Ausías March: «Li’n
-pren aixi com dona ab son infant, -- Que si veri li demana plorant,
---Ha tant poch seny que no l’sab contradir.» (_Cants d’Amor_, XXVIII.)
-
-[356] Recuerda en estos versos el prodigio del amoroso llanto de Orfeo,
-por manera semejante a como se lee en las dos primeras liras de la
-Canción _A la Flor de Gnido_.
-
-[357] Hizo Garcilaso este soneto como epitafio a la sepultura de su
-hermano D. Fernando, que murió de pestilencia en Nápoles, de edad de
-veinte años, hallándose en el ejército del Emperador Carlos V contra
-los franceses.
-
-[358] Ese fiero ruido que quiere imitar el estampido del rayo que
-Vulcano labró en las fraguas del Etna para el padre Júpiter, es el
-ruido de la artillería, «cruelísimo linaje de máquina militar que
-llamaron _bombarda_, del estruendo y ardor, y nosotros _lombarda_...
-Pero no eran estas como las de ahora, sino más cortas y más gruesas,
-que por ventura debían ser las piezas que hoy llaman _morteros_.»
-(Herrera, págs. 149-150.)
-
-[359] _Parténope_ es la ciudad de Nápoles, como queda dicho en la Eleg.
-II, v. 38.
-
-[360] «Por ventura fue este numeroso y bellísimo y afectuoso soneto
-escrito a Julio César, poeta napolitano, de la nobilísima casa
-Caraciola de aquel reino.» (Herrera, página 184.)
-
-[361] Garcilaso, partiendo de Nápoles, parece ser que había ido
-precisamente adonde vivía la dama de Julio, y Julio había quedado en
-Nápoles, donde vivía la dama de Garcilaso; uno y otro, pues, podían
-cambiarse _nuevas_, noticias, de sus damas respectivas. ¿Por qué ha
-de ser _ridículo de puro exquisito_, este modo de explicarse? Azara
-es algo descontentadizo: Garcilaso no escribió este soneto para
-nosotros, sino para Julio, que estaría bien enterado de los pormenores
-de su asunto, y que, por consiguiente, no había de tropezar en las
-dificultades de que Azara protesta.
-
-[362] Una ausencia de la dama del poeta le inspiró las quejas del
-presente soneto.
-
-[363] En un ejemplar antiguo que manejó el Brocense, nota 24, leíase
-_largueza_ en vez de _guerra_, palabra que, a mi juicio, aclara más
-el pensamiento del poeta, el cual, acongojado por la partida de su
-dama, abrázase a su propia pena, deseando atajar así la _largueza_ del
-camino, es decir, deseando abreviar su vida.
-
-[364] «Este soneto fue escrito a D. Pedro de Toledo, Marqués de
-Villafranca y Virrey de Nápoles; aunque algunos piensan que a D. Alonso
-de Ávalos, Marqués del Vasto, grande amigo de Garcilaso.» (Herrera,
-pág. 168.)
-
-[365] «El argumento de este soneto es caso particular, y por eso
-difícil de inteligencia. Parece que yendo a ver a su señora, que tenía
-descubiertos los pechos, el poeta puso los ojos en ellos, alargándose
-en la consideración de la belleza del alma, aunque el duro encuentro
-de la hermosura corporal impidió su intento, y compelió a olvidar su
-primer pensamiento y parar en la belleza exterior.» (Herrera, pág. 170.)
-
-[366] La precedente explicación pareció a Herrera más acertada que
-las demás conjeturas que se le ocurrieron, y en esto coincidió con
-el Brocense, el cual decía de este primer terceto, que la dama,
-pesándole de que el poeta le hubiese visto el pecho, «acudió con la
-mano a cubrillo y hiriose, con algún alfiler de la beatilla, en él».
-(Nota 25) Tamayo, fol. 11, se muestra conforme con esta interpretación
-más _material que espiritual_; sin embargo, Azara dice que «las
-circunstancias con que lo visten Herrera y Sánchez son conjeturas que
-no satisfacen».
-
-[367] _gonna_: ropa larga de mujer, a manera de bata. El poeta,
-considerando la picadura del alfiler como golpe de saeta de amor,
-se duele de que su herida _no hubiese pasado más allá de la gonna_.
-Este verso «del Petrarca, Canc. IV, Stanc. II, reprehenden, por ser
-introducido entre los castellanos; más engáñanse, no considerando
-que debía de ser este soneto para alguna señora de Italia, donde tan
-favorecido vivió Garcilaso, fuera de que no es cosa vituperable cuando
-se toman estos versos de hombres insignes»... (Tamayo, notas, fol. 11.)
-
-[368] Dice la Pipota en _Rinconete y Cortadillo_: «Holgaos, hijos...,
-que vendrá la vejez y lloraréis en ella los ratos que perdisteis en
-la mocedad, como yo los lloro»; que no es otra cosa sino lo que dijo
-Ausonio en su famoso epigrama: «Collige, virgo, rosas...», mil veces
-repetido y parafraseado por los poetas españoles y extranjeros (V.
-ejemplos en Herrera, _Anotaciones_, págs. 175, 186, y F. Rodríguez
-Marín, _Barahona_, págs. 295-297 y 628-630), y asimismo, lo que una
-vieja de antigua edad aconsejaba a la bella Melisenda, encendida en
-amores del Conde Ayuelos: «Mientras sois moza, mi hija, -- placer vos
-querades dar -- que si esperáis a vejez -- no vos querrá un rapaz.»
-(R. Menéndez Pidal, _El Romancero Español_, The Hispanic Society of
-America, 1910, pág. 26.)
-
-[369] «Este soneto fue escrito a la Marquesa de la Padula, D.ª María de
-Cardona, hija del Marqués D. Juan de Cardona... Fue su esposo D. Artal
-de Cardona, Conde de Colisano... Después casó en el año de 1538 con D.
-Francico de Este, hermano del Duque de Ferrara. Por ella escribió Mario
-de Leo el _Amor preso_, y a ella dedicó el Gesualdo sus _Comentos_ en
-Petrarca. Fue muy discreta y valerosa, inclinada al conocimiento de
-la historia y poesía, y aunque no muy hermosa, tuvo mucha gracia y
-donaire.» (Herrera, pág. 187.)
-
-[370] Se ha hecho clásico este elogio de llamar _décima Musa_ a una
-dama docta, como _cuarta Gracia_ a una dama bella, siendo nueve las
-Musas, _las moradoras del Parnaso_, y las Gracias, tres; D. Adolfo
-de Castro llama a doña Cristobalina Fernández de Alarcón décima musa
-antequerana (_Auts. Esps. Poetas Líricos de los siglos XVI y XVII_,
-Madrid, 1854, tomo I, pág. 31), y el Sr. Rodríguez Marín (_Luis
-Barahona de Soto_, Madrid, 1903, pág. 425), a propósito de D.ª Rosalía
-de Castro, dice también «la dulce Rosalía, décima musa del Parnaso de
-España, y no primera, sino única, del gallego».
-
-[371] Luis Tansillo (¿1510?-1568), poeta italiano, autor del malicioso
-poema _Il Vendemmiatore_, que la Inquisición condenó, y de _Le
-Lagrime di San Pietro_. Estuvo con Garcilaso en la expedición a
-Túnez. --Antonio Sebastián Minturno, obispo y literato italiano (†
-1574), que escribió varias poesías y libros de erudición. -- Bernardo
-Tasso, (1493-1569), poeta italiano también, Secretario del Príncipe
-de Salerno, cantor de la bella Ginebra Malatesta, amante de Tulia de
-Aragón y padre del famosísimo _Cisne de Sorrento_, que escribió la
-_Jerusalén conquistada_ y la _Aminta_. Bernardo Tasso fue autor del
-poema _Amadigi_ (Amadís de Gaula).
-
-[372] Helicona por Helicón. Monte de Grecia consagrado por los poetas
-como el Pindo y el Parnaso; en él tenían su morada Apolo y las Musas.
-
-[373] Habla el poeta junto a la sepultura de su dama.
-
-[374] Este soneto, por su honda melancolía y por la llaneza de su
-forma, me parece uno de los mejores de Garcilaso. Es un lamento lleno
-de amargura. Los que le han censurado cuando sutiliza y alambica a la
-manera italiana, no debieran haber callado su elogio en este lugar.
-
-[375] El poeta, experimentado en amarguras, había jurado nunca más
-amar, pero una sirena napolitana cautivó su espíritu, soneto VII; dio
-cuenta a Boscán del principio de esta aventura en el soneto XXVIII,
-guardando, respecto a quien fuese la dama, absoluta reserva; esto
-pudo ocurrir a fines de 1532; el poeta no era ya un mancebo, pero se
-enamoró con loco encendimiento, y rindiose apasionadamente a la sirena
-misteriosa, soneto V; un feliz descuido del tocado, soneto XXII, le
-arriesgó a un consejo malicioso, soneto XXIII, y, al mismo tiempo,
-lamentaba rigores, cuidados, arrepentimientos y sospechas, sonetos
-XV, XX, XXVII, XXX y XXXI. Llegó la empresa de África: el poeta,
-desde Túnez, duélese de su ausencia, soneto XXXV; y desde Sicilia, a
-su regreso, confía a Boscán sus inquietudes, temeroso de olvidos y
-mudanzas, Elegía II. Volvió el poeta a Nápoles, hacia septiembre de
-1535; su dama no le había sido infiel, pero había muerto, o acaso murió
-poco después de su llegada; en los sonetos XXV y XXVI hay un hondo
-dolor, un dolor verdadero; un año después murió el poeta. Tal pudo
-ser, en fin, esta historia sencilla y sentimental. Una duda: estos dos
-últimos sonetos pueden ser también a la muerte de D.ª Isabel Freyre.
-(V. Eg. I., v. 2, nota.)
-
-[376] «Niega Morel-Fatio (_L’Espagne au XVIe et au XVIIe siècle_, pág.
-602) que este soneto, imitado de Ausías March, pueda ser de Garcilaso,
-porque este no se hubiera atrevido a truncar el endecasílabo, y le
-atribuye a Boscán o D. Diego de Mendoza. Pero es cierto que Garcilaso,
-en la Canc. II, usa con insistencia los versos agudos (véase la nota
-a la Canc. II, v. 68), y nada tiene de particular que los emplease
-imitando unos versos de Ausías, puesto que el original catalán los
-tiene también. Hay de este soneto una refundición en que los agudos
-se han convertido en graves (publicada por Knapp, por Morel y por
-Walberg, notas a Juan de la Cueva, pág. 91), según copias distintas:
-_Amor, amor, me ha un hábito vestido_. Esta refundición lleva en los
-manuscritos el nombre de Mendoza. Hay, finalmente, otra refundición,
-también sin agudos, de que se valió el Brocense en su edición de
-Garcilaso. D. Diego de Mendoza imitó el mismo pasaje de Ausías en una
-canción.» (M. Menéndez y Pelayo, _Antología_, XIII, pág. 221, nota.)
-
-[377] _salvatiquez_, en italiano _selvatichezza_. La _e_ de la
-primera sílaba de _selvatiquez_ se ha transformado en _a_, por
-asimilación de la _a_ siguiente, por influencia de la forma vulgar
-_salvaje_ (silvaticu), o por ambas causas; casos análogos: _balanza_
-(bilance), _zarcillo_ (circellu), ant. _cercillo_, etc. (V. R. Menéndez
-Pidal, _Gram. Hist._, Madrid, 1905, § 18-3.) También otro cultismo:
-_parálisis_, dejose influir por la forma vulgar _perlesía_, dando
-origen a _paralisía_. (_Bulletin de Dialectologie romane_, Bruxelles,
-1909, pág. 126.)
-
-[378] Leandro, para ver a su amante Hero, atravesaba de noche, a
-nado, el Helesponto. Hero le orientaba desde su torre con la luz de
-una antorcha. La posibilidad del viaje de Leandro fue demostrada
-experimentalmente por Lord Byron, atravesando a nado aquel estrecho,
-entre Sestos y Abidos, en 31 de mayo de 1810, según él mismo refiere en
-una nota del canto 2.º de _Don Juan_. Una noche de tempestad apagose la
-luz; Leandro, perdido entre bravas olas, murió ahogado, y Hero murió
-también al descubrir desde la orilla su cadáver. De la historia de este
-bello asunto en nuestra literatura ha hecho un magnífico estudio el Sr.
-Menéndez y Pelayo en su _Antología_, tomo XIII, págs. 334-378.
-
-[379] _esecutá_ por _ejecutad_. (V. nota al v. 253 de la Eg. II.) La
-pérdida de la _d_ final en la pronunciación de los imperativos _vení_,
-_poné_, _mirá_, etc., nació, sin duda, en el lenguaje familiar; este
-valor tiene el testimonio de Santa Teresa (_Las Moradas_, ed. _Clásicos
-Castellanos_, Madrid, 1910, pág. 43, nota 16), aparte de la tradición
-de dicho fenómeno conservada en la Argentina: _cantá_, _hacé_, y en la
-lengua literaria ante el pronombre _os_: _andaos_, _salíos_ (excepto
-_idos_); pero los clásicos, desde Garcilaso, adoptaron también aquella
-pronunciación, y pusiéronla en moda: «Andá, señor, que estáis muy mal
-criado.» (V. Bello-Cuervo, _Gramática_, París, 1907, § 614; R. Menéndez
-Pidal, _Gram. Hist._, § 107-2.)
-
-[380] _contrastado_: resistido.
-
-[381] _poner_ por _deponer_, rendir las armas.
-
-[382] _despojos_: las armas del vencido y demás restos de la derrota de
-que se rodeaban los victoriosos en sus carros triunfales. (V. Canc. V,
-v. 17.)
-
-[383] Endecasílabos de _muiñeira_, propuestos, como endecasílabos
-malos, por no tener los acentos en su sitio, para ingresar en la sala
-segunda del _Hospital de los versos incurables_, fundado por D. Eduardo
-Benot en su _Prosodia castellana y versificación_, tomo III, págs.
-154-249:
-
---Oh, crudo nieto, que das vida al padre--
-
---Ora clavando del ciervo ligero. --Eg. II, v. 194.
-
---Cómo pudiste tan presto olvidarte. --Eg. II, v. 578.
-
---Hace tremer con terrible sonido. --Hurtado de Mendoza.
-
---¡Qué! ¿no te acuerdas de cuando cantando? --Barahona.
-
---Se la mia vita dall’ aspro tormento. --Petrarca.
-
---Gran Cardinal di la Chiesa di Roma. --Ariosto.
-
-(V. F. Rodríguez Marín, _Barahona_, pág. 425.)
-
-[384] Supónese esta genealogía: El espíritu engendra el amor, y del
-amor, en maridaje con la envidia, nacen los celos; estos, que son el
-_monstruo_ parido por la envidia, son _el nieto cruel_ que encendiendo
-el amor matan el alma --dan vida al padre y matan al abuelo.
-
-[385] «Hermosísima alegoría por todo el terceto, y no sé si se hallará
-en la lengua latina otra más ilustre y bien tratada que esta.»
-(Herrera, _Anotaciones_, pág. 209.)
-
-[386] _A Mario Galeota._ Soneto núm. XXXV en las ediciones de Azara y
-Castro. Expedición a Túnez contra Barbarroja. El 14 de julio de 1535,
-el ejército del Emperador se apoderó del fuerte de la Goleta, y estuvo
-en aquella empresa Garcilaso con su hermano D. Pedro Laso, el Marqués
-de Lombay, D. Diego Hurtado de Mendoza y otros muchos caballeros
-ilustres. Doce guerreros, Garcilaso entre ellos, se atrevieron a
-acometer ochenta caballos númidas que les provocaban; fue el aprieto
-grande; nuestro poeta fue socorrido por Federico Carraffa, napolitano,
-y por el César en persona, que sabiendo el peligro en que se encontraba
-le ayudó con sus hombres y peleó a su lado. Garcilaso salió herido de
-dos lanzadas, en la mano diestra y en la cara; esta le interesó la
-lengua, dejándole cierto defecto de pronunciación que le agraciaba.
-(Cienfuegos, _Vida del Grande San Francisco de Borja_, pág. 50;
-Navarrete, págs. 62, 65 y 66.)
-
-[387] Alude a la leyenda de la famosa espada que Dionisio I, tirano de
-Siracusa, hizo colgar, suspendiéndola de un cabello, sobre la cabeza de
-Damocles, en tanto que le rodeaba de todo el regalo y la suntuosidad
-de un rey, para dar a entender a aquel cortesano cuán poco envidiables
-eran las grandezas que tanto le elogiaba, teniendo que gozarlas bajo
-la constante amenaza de un peligro mortal: el odio, la envidia, la
-ambición.
-
-[388] Como esto es lo que dijo D. Diego Hurtado de Mendoza en su carta
-IX, tercetos 33-36, dirigida a don Diego Laso (_Auts. Esps. Poetas
-líricos de los siglos XVI y XVII_, Madrid, 1854, tomo I, pág. 65):
-
- «Dulce ver es de tierra un bravo viento...
- No porque el mal ajeno te contente,
- Mas porque, en la verdad, es dulce cosa
- Carecer del dolor que el otro siente...»
-
-Garcilaso y Mendoza, según Herrera, imitaron aquí a Lucrecio.
-(_Anotaciones_, pág. 211.)
-
-[389] _A Boscán, desde la Goleta._ Soneto núm. XXXIII, en Azara y
-Castro. Por lo que Garcilaso dice en estos últimos versos de este
-soneto, se ha supuesto que debió tener alguna aventura galante en
-la Goleta, durante la curación de sus heridas (Cienfuegos, _o. c._,
-lib. II, pág. 50; Navarrete, pág. 66, nota 1); me parece que no hay
-suficiente fundamento para esta conjetura; el 14 de julio, con la
-toma de la Goleta, o acaso después, en alguna escaramuza, fue herido
-Garcilaso, el 20 se sometió Túnez, y el 12 de agosto regresaron
-las tropas a España; ciertamente, en menos de un mes que Garcilaso
-estuvo en la Goleta, y con heridas que le tuvieron _a los umbrales
-de la muerte_ (Navarrete, pág. 65), ¿qué aventuras galantes había de
-tener?... más lógico es relacionar estas quejas de su alma _temerosa_
-y estas incertidumbres de sus esperanzas, con los temores y las
-incertidumbres de que pocos días después hablaba a Boscán en la Eleg.
-II, por la suerte que en su ausencia hubiera podido seguir el _nido_
-que su corazón había dejado en Nápoles.
-
-[390] Hasta aquí llegan los sonetos en Herrera; los seis últimos,
-desde el XXX inclusive, los admitió como auténticos por opinión común
-y por afirmación de D. Antonio Puertocarrero, yerno de Garcilaso; pero
-desechó los tres siguientes por no parecerle tan segura su autenticidad
-(_Anotaciones_, pág. 206); yo pongo también estos siguiendo una
-costumbre establecida; conservo estrictamente el texto del Brocense,
-_Opera Omnia_, Genevae, 1766, tomo IV.
-
-[391] De este soneto, como del XXXII y XXXVIII, decía el Brocense «que
-se tienen por de Garcilaso, de un libro de mano».
-
-[392] Tamayo admite este soneto como auténtico; el Brocense lo
-considera dudoso; Herrera y Azara lo rechazan, y Castro lo tiene por
-indigno de Garcilaso. Verdaderamente, con tan desdichado juego de
-_sentir_, _siento_, _sienta_, _sentillo_ y _sello_, su autor acertó a
-decir poco de provecho; tal vez no es sino un pobre soneto advenedizo,
-que debe su fortuna al desconocido editor de aquel libro de mano en que
-lo encontró el Brocense, figurando entre las demás composiciones de
-Garcilaso como hijo de la misma mano.
-
-[393] Estas pocas composiciones al estilo antiguo de Castilla, acaso
-no fueron las únicas que escribió Garcilaso, pero la ruina que alcanzó
-seguramente a todas las poesías de nuestro poeta, por causa de su
-orfandad, debió señalarse en las de este género, como más humildes
-y menos estimadas. Herrera no las acogió en su edición. Los versos
-cortos, ante la magnificencia del endecasílabo italiano, vinieron a
-creerse incapaces de conceptos graves, y por esto, y por ser vicio
-común dar más estima a las cosas extrañas que a las nuestras, cayeron
-en menosprecio. (Tamayo, fols. 80-82.) Según Castro, esta primera
-Canción lleva en un manuscrito de Iriarte el siguiente epígrafe: _A
-doña Isabel Freyra, porque se casó con un hombre fuera de su condición._
-
-[394] En otras ediciones lleva este epígrafe: _A una partida_.
-
-[395] Epígrafe: _Traduciendo cuatro versos de Ovidio_.
-
-[396] «A una señora que andando él y otro paseando, les echó una red
-empezada y un uso comenzado a hilar en él, y dijo que aquello había
-trabajado todo el día.» En el citado manuscrito de Iriarte, según
-Castro, decía: _A D.ª Mencía de la Cerda que le dio una red y díjole
-que aquello había hilado aquel día._
-
-[397] «Glosa de Garci-Lasso sobre este villancico», dice el Brocense;
-el villancico solo lo forman los tres primeros versos, y dice Castro
-que, según se ve en las obras de Boscán, esta copla fue escrita a D.
-Luis de la Cueva porque bailó en palacio con una dama que llamaban la
-Pájara. Boscán, el Duque de Alba y otros muchos caballeros escribieron
-a propósito del mismo asunto.
-
-[398] «En un códice de poesías varias que perteneció al célebre
-anticuario aragonés D. Vicencio Juan de Lastanosa, y más tarde a los
-Iriartes, se leen estas redondillas: _A Boscán, porque estando en
-Alemaña danzó en unas bodas_.» Las publicó Gayangos, notas a Ticknor,
-tomo II, pág. 488. El Sr. Menéndez y Pelayo, _Antología_, XIII, pág.
-479, supone que Boscán debió ir a Alemania acompañando al Duque de
-Alba, como Garcilaso, cuando el socorro de Viena, 1532, aunque el poeta
-no le menciona en la descripción que de aquel viaje dejó en la Eg. II.
-
-[399] Esta carta escribió Garcilaso de la Vega en 1533, hallándose en
-Barcelona como emisario del Virrey de Nápoles; sirve de prólogo a la
-traducción de _El Cortesano_ hecha por Boscán, y es la única muestra
-que la áurea pluma de nuestro poeta dejó de la excelencia de su prosa.
-D.ª Jerónima Palova de Almogávar, parienta, acaso de Boscán, a juzgar
-por el segundo apellido, es la misma a quien este dedicó su libro.
-Sigo el texto dado por D. Tomás Tamayo de Vargas en su edición de
-_Garcilaso_, Madrid, 1622. El Brocense, Herrera, Azara y Castro no
-publicaron esta carta.
-
-[400] «Andando yo en estas dudas, Vuestra Merced ha sido la que me
-ha hecho determinar, mandándome que le tradujese; y así todos los
-inconvenientes han cesado, y solo he tenido ojo a serviros.» (Boscán,
-_Carta-dedicatoria a D.ª Jerónima Palova_.)
-
-[401] «Mas como estas cosas me movían a hacello, así otras muchas me
-detenían que no lo hiciese, y la más principal era una opinión que
-siempre tuve de parecerme vanidad baja y de hombres de pocas letras
-andar romanzando libros; que aun para hacerse bien vale poco, cuanto
-más haciéndose tan mal que ya no hay cosa más lejos de lo que se
-traduce que lo que es traducido... viendo yo esto, y acordándome del
-mal que he dicho muchas veces de estos romancistas (aunque traducir
-este libro no es propiamente romanzalle, sino mudalle de una lengua
-vulgar en otra quizá tan buena), no se me levantaban los brazos a esta
-traducción.» (Boscán, _ibid._)
-
-[402] Y aun antes de que viniese a manos de Boscán, puesto que
-Garcilaso fue quien lo envió a su amigo desde Italia: «No ha muchos
-días que me envió Garcilaso de la Vega, como Vuestra Merced sabe, este
-libro llamado _El Cortesano_, compuesto en lengua italiana por el Conde
-Baltasar Castellón.» (Boscán, _ibid._)
-
-[403] El famoso autor de _Il Cortegiano_, Baltasar Castiglione, nació
-en tierra de Mantua, el 6 de diciembre de 1478, y murió en Toledo
-el 2 de febrero de 1529, siendo Nuncio en España del Papa Clemente
-VII, en cuyo tiempo las tropas imperiales saquearon a Roma. El Conde
-Castiglione «fue hombre de armas y hombre de corte, aventajado en todos
-los ejercicios y deportes caballerescos, maestro en el arte de la
-conversación y en todo primor de urbana galantería; profesor sutil de
-aquella filosofía de amor que la escuela platónica de Florencia había
-renovado doctamente; curioso especulador de la belleza en los cuerpos,
-en las almas y en las puras ideas; conocedor fino en las artes del
-diseño; amigo y consejero de Rafael, en quien parece haber inoculado
-su propio idealismo estético; pensador político y ameno moralista;
-poeta lírico y dramático y organizador de fiestas áulicas: todas estas
-cosas era Castiglione, sin sombra de pedantismo, con aquella cultura
-íntegra y multiforme, con aquella serena visión del mundo que renovaba
-los prodigios de la antigüedad en algunos espíritus selectos del siglo
-XVI». (M. Menéndez y Pelayo, _Antología_, XIII, págs. 80-81.) Primera
-edición de su obra: _Il Libro del Cortegiano_ | _del Conte Baldesar_ |
-_Castiglione_ (Escudo del impresor con el áncora aldina.) Colofón: _In
-Venetia, nelle case d’Aldo Romano, et d’Andrea d’Asola_ | _suo Suocero
-nell’ anno MDXXVIII_ | _del mese d’aprile_. La más sabia edición y
-comentario: _Il Cortegiano del Conte Baldesar Castiglione, annotato e
-illustrato da Vittorio Cian. Firenze, Sansoni, 1894_.
-
-[404] _Libros que matan hombres_; ¿aludirá a los de Caballerías? Sería
-de notar tan temprana protesta.
-
-[405] «Yo no terné fin en la traducción deste libro a ser tan estrecho
-que me apriete a sacalle palabra por palabra; antes, si alguna cosa en
-él se ofreciere, que en su lengua parezca bien y en la nuestra mal, no
-dejaré de mudarla o de callarla.» (Boscán, _ibid._)
-
-[406] «El sujeto del libro es tal, y su proceso tan bueno, que quien
-le leyere será muy delicado si entre tantas y tan buenas cosas no
-perdonare algunas pequeñas, compensando las unas con las otras.»
-(Boscán, _ibid._)
-
-[407] Publicó Boscán su traducción en 1534: _Los cuatro libros del
-Cortesano, compuestos en italiano por el Conde Baltasar_ | _Castellón,
-y agora nuevamente traducidos en len_ | _gua castellana por Boscán_.
-(Escudo de las armas reales.) _Con privilegio imperial por diez
-años._ Colofón: _Aquí se acaban los cuatro libros del Cortesa_ | _no,
-compuestos en italiano por el Conde Baltasar Castellon, y traducidos en
-lengua castellana por Boscán, imprimidos en_ | _la muy noble ciudad de
-Barcelona por Pedro Mon_ | _pezat, imprimidor. A dos del presente mes
-de abril_ | _Mil y quinientos treinta y cuatro_. Fol. gót., 113 hojas.
-
-[408] Don Eustaquio Fernández de Navarrete, hablando de la traducción
-de _El Cortesano_ dice: «Al ver la gran ventaja que su elegante y
-castiza prosa lleva, no solo a los duros y penosos versos del autor
-(Boscán), sino aun a la de los prólogos que acompañan sus poesías,
-hemos sospechado que en esta perfección debió tener parte la mano de
-Garcilaso. Este, por empeño de Boscán, estuvo presente a la última
-línea, y aunque por modestia nos diga que asistió _más como hombre
-acogido a razón que como ayudador de ninguna enmienda_, no cabe duda de
-que sus consejos y advertencias serían de grande utilidad al traductor.
-Nos dice, además, que él tomó a su cargo la copia que se remitió a D.ª
-Jerónima --esto parece decir en las dos últimas líneas--; y en ella su
-gusto y conocimiento de la lengua, es posible corrigiesen todo aquello
-que ofendiese a sus delicados oídos, dando así a esta obra un sabor de
-elegancia de que carecen las obras de Boscán.» _Vida de Garcilaso_,
-Col. de documentos inéditos para la Historia de España, tomo XVI, pág.
-165. Todo esto es mera conjetura, y es, a mi juicio, querer deducir
-demasiado de las palabras de Garcilaso; para menguar de tal modo a
-Boscán la gloria de su trabajo se necesitan pruebas más seguras; por
-otra parte, la carta de Boscán, muestra cierta de su prosa, a D.ª
-Jerónima Palova, está evidentemente a la altura de la de Garcilaso y no
-desdice del estilo de lo demás del libro; por estas razones, acaso, el
-Sr. Menéndez y Pelayo en su libro _Juan Boscán_ no hizo mención de las
-sospechas de Navarrete.
-
-[409] «De antiguo viene la costumbre de los prólogos ajustados por mano
-amiga al talle de la obra, pero pocos habrá tan galanos y discretos
-como este y tan finamente justos. El fallo de Garcilaso quedó como
-inapelable.» (M. Menéndez y Pelayo, _Antología_, XIII, pág. 114.)
-
-[410] Don Álvaro de Bazán, Capitán General de las Galeras de España,
-aportó en Génova el 19 de mayo de 1536 con 3000 soldados españoles,
-reclamados por el Emperador para la guerra que se preparaba contra el
-rey francés. Garcilaso fue nombrado Maestre de Campo de estos soldados,
-y hallándose en Génova para recibirles, escribió al Emperador la
-presente carta dándole cuenta de su gestión. El Sr. Navarrete puso
-al frente de su _Vida de Garcilaso_ un facsímil de esta carta que se
-conserva autógrafa. Dicho facsímil transcribo conservando todos sus
-detalles para que pueda tenerse más fiel idea del original.
-
-[411] S. C. C. M. Sacra Cesárea Católica Majestad.
-
-[412] El _Príncipe_ a quien Garcilaso se refiere es el famoso Capitán
-Andrea Doria, de cuya autoridad dependía él por orden del Emperador.
-
-[413] Era embajador español en Génova el caballero don Gómez Suárez de
-Figueroa.
-
-[414] _Nuestro Señor_ la _Sacra_ persona de _Vuestra Majestad_, etc.
-
-[415] _Srios_, señoríos.
-
-[416] En el sobre dice: _A la S. C. C. M. del Emperador Rey nuestro
-Señor_.
-
-[417] Sigo el texto dado por Tamayo, el cual, a propósito de este
-epigrama de Garcilaso, dice: «De sus versos latinos, celebrados por el
-Bembo, Tansillo, Jovio y Boscán nos quedó por muestra un elegantísimo
-epigrama al fin del _Caballero Determinado_ de D. Fernando de Acuña,
-que es tal que no se puede mejorar en invención, elocución y gallardía.»
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